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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
HORIZONTE. Rutas utópicas en bastiones rebeldes del México posrevolucionario
Andrea García Rodríguez
Licenciada en Diseño Gráfico
Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas
Estudiante de la Maestría en Historia del Arte
Universidad Nacional Autónoma de México

Resumen
La revista Horizonte fue publicada entre 1926 y 1927 por los miembros del movimiento
estridentista, grupo de vanguardia que se dio a conocer en 1921 y en 1924 se trasladó a
la ciudad de Xalapa, Veracruz, para colaborar con el gobierno de Heriberto Jara. En el
presente trabajo, se hace un recorrido por los contextos políticos y estéticos que
enmarcaron a la revista y se propone un análisis a partir de varios ejes de lectura, desde
los cuales se organizaron los contenidos y los recursos visuales.
Palabras clave: estridentismo, revista, vanguardia, Horizonte, México

Abstract: Horizonte was a cultural magazine published between 1926 and 1927 by the
members of an avant-garde group called stridentists, whose first manifest came out in
december, 1921. In 1924 they moved to Xalapa, Veracruz, where they collaborated with
the governor, Heriberto Jara. This work aims to recognize the different political and
aesthetic contexts in which the magazine was inscribed, and to propose an analysis that
considers the various reading axes, which determined its contents and its visual
resources.
Keywords: stridentism, magazine, avant-garde, Horizonte, Mexico

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El presente texto tiene como objetivo aproximarse a la historia de una revista, digamos,
incómoda. Resulta incómoda porque su ubicación en el campo cultural, en el momento
de su publicación, dificulta enormemente su clasificación y la lectura unívoca de sus
contenidos. En buena medida, esta tendencia en contra de la uniformidad y el género
definido fue una característica compartida con otras publicaciones de la época y es afín
1
a esfuerzos similares de otros grupos de vanguardia .

Horizonte. Revista mensual de actividad contemporánea, 1926-27

Horizonte. Revista mensual de actividad contemporánea fue publicada entre 1926 y
1927 en la ciudad de Xalapa, Veracruz y fue auspiciada por el entonces gobernador del
estado, Heriberto Jara. En sus páginas están plasmados algunos de los debates
nacionales que mayor importancia tuvieron durante el periodo. Las discusiones sobre
educación, el arte nacional y la condición social del trabajador se desplegaron junto a
elogiosos artículos sobre las obras de gobierno e instrucciones para la instalación de
antenas eléctricas. En este sentido, puede decirse que su constitución discursiva es
híbrida, no sólo por incorporar géneros distintos, sino por oscilar entre registros de
lectura variables, buscando con ello ofrecer un amplio espectro de contenidos para
diversos lectores.
Desde el presente, se observa con sospecha una publicación que se autodenominaba de
vanguardia, a la vez que fungió como órgano propagandístico del gobierno estatal e
incorporó una vocación periodística en paralelo. Pero es precisamente esta gravitación
en varios ejes de lectura, lo que da cuenta de una voluntad por ampliar los públicos
receptores –en relación con la publicación estridentista anterior, Irradiador (1923)–, a
través de cambios significativos en las temáticas y el lenguaje, así como a partir de un
uso más estable de la imagen. Por ende, se propone una acercamiento a esta publicación
desde distintos ejes de lectura, que permita reconocer sus diversas facetas e identificar
cómo se transformaron los usos de la imagen en función de éstas. La fotografía, el
grabado y el trabajo editorial fueron los principales recursos para dotar de un discurso
visual a la publicación, en algunos casos asociado a la estética vanguardista, y en otros,
a una estética regional o con tendencias de identificación nacionalista.

1

Este trabajo forma parte de una investigación realizada para la tesis de grado, de la licenciatura en
Lengua y Literaturas Hispánicas, en la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo la dirección del
Dr. Renato González Mello. La tesis tuvo como título “La lectura en tiempos de cambio: la revista
Horizonte”.

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I. Literatura en tiempos eléctricos
Las imágenes del ferrocarril poblaron el imaginario del siglo XIX. Su fuerza y velocidad
era representativa de un cambio significativo asociado a la primera revolución industrial
en la que las máquinas de vapor representaban «lo nuevo», “marca distintiva de lo
moderno”, dice Jürgen Habermas, “que es superado y condenado a la obsolescencia por
la novedad del estilo que le sigue (1998:1)”. En 1900 se estrenó el primer tranvía
eléctrico en la Ciudad de México, éste se erigiría como el nuevo símbolo de modernidad
en la urbe, que modificaría el sentido del tiempo de los capitalinos y ampliaría los
márgenes de la ciudad más allá del cuadrante central.
De símbolos nuevos se iría configurando el imaginario del habitante del siglo XX. Otro
de ellos, la bombilla eléctrica, se asociaría al sentido de progreso y reconfiguraría la
visión nocturna de la ciudad. No sería el único elemento de esa época que trastocaría la
forma de mirar el mundo: la prensa y los medios masivos también tuvieron un papel
esencial en la transformación de las pautas de lectura, el acceso a la información y la
democratización de la cultura. 2 Lo anterior fue producto, por un lado, de un proceso de
modernización tecnológica, que permitió el aumento en los tirajes y la aceleración en
los tiempos de difusión y distribución; por otro lado, de cambios profundos en la
concepción de la vida cotidiana, en los sistemas de valores, el imaginario social y el
comportamiento; aquello que François-Xavier Guerra denomina “la invención del
individuo (2009: 113)”.
En el caso de México, los procesos de modernización en las décadas de los años veinte
y treinta coincidieron con periodos de intensa agitación política y la creación de
instituciones, como parte de un gran proyecto de reconstrucción nacional. Las ideas de
renovación no se ciñeron al ámbito político. Hacia la segunda década del siglo, el
secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, puso en marcha un ambicioso
proyecto educativo que contemplaba la creación de murales, la impresión de obras
clásicas de literatura y la organización de grupos magisteriales que recorrieran el
extenso territorio nacional, para alfabetizar y educar a las poblaciones más marginadas.
Asimismo, en el terreno cultural se buscó insuflar de vida a las corrientes estéticas
decimonónicas, percibidas entonces como los resabios del antiguo régimen porfirista.
Lo anterior resultó en la conformación de un amplio espectro de propuestas artísticas y
literarias, que dieron respuesta sobre el rumbo que la cultura nacional habría de tomar.
En ese contexto de tensiones y polémicas surgió el movimiento estridentista. Su primer
manifiesto, aparecido en la Ciudad de México en diciembre de 1921, fue una
declaratoria provocativa y de franca ruptura con las tradiciones anteriores. Los
estridentistas se pronunciaban actualistas, apasionados del automóvil y las máquinas de
escribir; exaltaban la literatura de los avisos económicos sobre el lirismo romántico y
reconocían la belleza de las máquinas y los paisajes urbanos industrializados como la
“belleza del siglo (Maples Arce, 1921)”.

2

Estas transformaciones también fueron promovidas por los cambios en el valor de las imágenes, es
decir, la destrucción del “aura”, que suscitó una apertura en cuanto a los modos de percepción, acceso e
interpretación de éstas (Benjamin, 2003).

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Entre 1922 y 1924 el estridentismo fue sumando aliados a sus filas: hombres de letras,
artistas, grabadores y periodistas participaron, durante distintos periodos, de aquél
impulso de renovación en diversos campos, en diálogo con las vanguardias
internacionales. Arqueles Vela, Germán List Arzubide, Fermín Revueltas, Leopoldo
Méndez, Ramón Alva de la Canal, Salvador Gallardo, Miguel Aguillón Guzmán,
Germán Cueto y Luis Quintanilla, entre otros personajes, se contaron entre los
miembros de un grupo que, aunque permaneció en los linderos de la escena cultural, se
erigió desde la polémica y representó una visión alternativa del panorama nacional.

Los estridentistas tuvieron una producción individual constante durante aquellos años.
En algunos casos es posible ver un trabajo en conjunto entre ilustradores y poetas, como
es el caso de Plebe (1925), de Germán List Arzubide o El Pentagrama Eléctrico (1925),
de Salvador Gallardo, ambos ilustrados por Ramón Alva de la Canal. Sin embargo, su
trabajo colaborativo es realmente visible en las revistas que editaron. La primera de
ellas, Actual. Hoja de vanguardia 3 tuvo tres números, aparecidos entre 1921 y 1922. A
pesar de que su paradero es desconocido, Luis Mario Schneider afirma que Pedro
Echeverría colaboró en Actual No. 2, mientras que Lucía Sánchez Saornil, Salvador
Novo y Humberto Rivas estuvieron entre los colaboradores de la tercera edición
(Schneider, 1970: 50-51). La segunda revista, publicada ya formalmente por el grupo
estridentista, fue Irradiador, que apareció en septiembre, octubre y noviembre de 1923.
En ella es patente un esfuerzo de experimentación a nivel textual y gráfico, que
coincidió con los postulados de su primer manifiesto, además de entablar un diálogo
visual con publicaciones vanguardistas de otros países como Sic, Cosmópolis y Ultra
(Zurián: 2013).

3

A pesar de que esta publicación fue elaborada en solitario por Manuel Maples Arce, se puede considerar
un carácter colaborativo en la medida en que permitió la difusión de los postulados iniciales, que fueron
después apropiados por personajes con inquietudes semejantes, como Germán List Arzubide y Miguel
Aguillón Guzmán en Puebla, con quienes Maples Arce publicó el segundo manifiesto estridentista.

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Irradiador, nº 1 y 2

Durante este periodo, los estridentistas compartieron el fervor por la novedad, la
velocidad y la urbe que bullía de la mirada vanguardista y de la gradual modernización
de la Ciudad de México. Sin embargo, hacia finales de 1924, Manuel Maples Arce,
aceptó colaborar en el gobierno de Heriberto Jara, como juez de primera instancia y
meses después, como secretario del estado. Su traslado a Veracruz representó un cambio
significativo en la conformación y el devenir del grupo. Algunos de los miembros como
List Arzubide, Ramón Alva de la Canal y Leopoldo Méndez, se trasladaron a Xalapa
para darle continuidad al trabajo que habían emprendido en la capital, bajo la promesa
de que el gobierno de Jara les brindaría el apoyo para poner en marcha su proyecto
cultural, además de ser una oportunidad para legitimar sus propuestas artísticas y
literarias en el campo cultural. 4
Este suceso permite pensar en los movimientos de vanguardia y su relación con los
espacios geográficos que ocuparon: ¿qué sucedió cuando éstos se trasladaron a otras
latitudes?, ¿cómo se transvasaron las ideas sobre la modernidad y la ruptura en espacios
que no habían compartido las mismas trayectorias que las grandes urbes?, y ¿cómo se
construyó la relación entre los miembros de estos grupos y sus nuevos públicos? Lo
anterior da pie para reflexionar sobre la dimensión regional de las vanguardias y los
espacios de intercambio entre el pensamiento del ‘hombre moderno’, anclado a las
urbes y los espacios de socialización cosmopolitas, y aquellos territorios, más propios
del ámbito latinoamericano, a los que esa modernidad llegó desigualmente. 5
En esos años, Veracruz era un estado con historia propia y desenmarcada del centro en
muchos sentidos, donde la Revolución había asumido un rumbo particular. A su
traslado, el fervor por la máquina y la mirada prismática de los estridentistas, se
volcarían sobre otra realidad.

4

Apoyo que los estridentistas no habían recibido y significaba una forma de visibilización importante, en
comparación con el grupo de Contemporáneos, quienes contaban con el respaldo de Vasconcelos.
5

Esta reflexión respecto de los estridentistas en Xalapa con una perspectiva regional, ha sido
ampliamente trabajada por Elissa J. Rashkin (2014 y 2015).

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II. Horizonte y sus múltiples rutas de lectura
El caso de Veracruz es significativo en muchos sentidos. Por su privilegiada ubicación
geográfica, históricamente el estado ha tenido intensa actividad comercial y de
intercambio de bienes, además de ser un punto estratégico en las rutas de contacto con
el exterior a través del puerto. Por ello, desde la llegada de la prensa al estado en 1790,
existió una preferencia de los lectores por la noticia, sobre otros géneros periodísticos,
en un afán por mantenerse informados y proteger sus intereses comerciales (Del
Palacio: 2006a, 2006b, 2009). Asimismo, con la llegada de la industria al estado, se
formaron grupos sindicales que buscaron darle salida a sus posturas y demandas a través
de la prensa, lo que significó una diversificación de las publicaciones y la posibilidad de
que grupos emergentes adquirieran voz en el terreno de la opinión pública. Finalmente,
vale la pena mencionar la importancia del trabajo pedagógico que desarrollaron
personajes como Enrique Laubscher, 6 Carlos A. Carrillo y Enrique C. Rébsamen en la
entidad, al poner a discusión en distintas revistas, los métodos de enseñanza y los
cambios que concebían necesarios para los nuevos proyectos educativos.

Horizonte. Revista mensual de actividad contemporánea, 1926-27

Por su parte, la llegada de Heriberto Jara Corona a la cabeza del gobierno estatal dio
continuidad a una serie de medidas progresistas emprendidas por los gobernadores
anteriores, como el reparto agrario y el apoyo a los derechos de los trabajadores.
Durante su administración, entre 1924 y 1927, Jara implementó una serie de proyectos
que pretendían fortalecer la autonomía del gobierno veracruzano respecto de la capital y
consolidar su papel como potencia regional. Para ello, se apoyó en dos aspectos
medulares: la transformación material del estado, efectuada a partir de numerosas obras
de desarrollo urbano, telecomunicaciones e infraestructura; y, una renovación cultural,
impulsada por un amplio proyecto que abrevaba de las discusiones pedagógicas en

6

Heriberto Jara fue alumno del pedagogo Enrique Laubscher, por lo que es probable que de él retomara
la idea de “privilegiar los sentidos y la observación directa de los objetos como acceso al conocimiento
científico (Lara, 2000: 14)”, que después redundaría en un proyecto apoyado en la transformación
material.

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boga, las tendencias internacionales de construcción y traza urbana, 7 el apoyo a nuevos
medios como el cine y la fotografía y, por supuesto, el proyecto que los estridentistas
pusieron en marcha a su llegada a Xalapa.
En abril de 1926 salió a luz el primer número de Horizonte. La revista tuvo un papel
central en la difusión de obras y actividades de gobierno, así como en la promoción de
los valores centrales para el proyecto estatal. A su vez, incorporó diferentes géneros
literarios como cuento, ensayo, nota periodística, artículos de difusión científica, teatro,
poesía y crítica literaria. Horizonte tuvo una periodicidad mensual durante ese año,
hasta que en diciembre se interrumpió su publicación, y no se renovó sino hasta marzo
de 1927. El siguiente número, correspondiente a abril y mayo, fue la última edición de
la revista. La interrupción es sintomática si se piensa en los conflictos políticos y
económicos que el gobernador enfrentaba durante esa etapa. Para fines de 1926, el
gobierno tenía fuertes deudas y debía varios meses de salario a trabajadores y maestros
–puesto que los recursos se habían destinado al programa de obras–, situación que para
1927 tuvo como consecuencia el despido de buena parte de los empleados de gobierno,
entre ellos, policías y recolectores de basura. Esta medida, aunada a la falta de servicios
generalizada, el retiro de apoyos económicos a las organizaciones sociales y laborales y
la fractura en la relación de Jara con el presidente Plutarco Elías Calles, derivó en un
golpe de estado para destituir a Jara, el 28 de septiembre de 1927 (Corzo, 1990: 103129).
El fin del gobierno de Jara significó la dispersión de los miembros estridentistas y la
disolución del movimiento. En este contexto, Horizonte constituyó un documento
estrechamente ligado a la trayectoria política del proyecto cultural de Heriberto Jara en
Veracruz y, como se verá más adelante, también revela una intención por darle
continuidad a dicho proyecto en el gobierno federal. Asimismo, la revista representa una
vía fundamental para explorar la relación entre la estética vanguardista y el poder,
particularmente aquél encarnado por personajes del periodo posrevolucionario
mexicano, quienes modelaron el proceso de reconstrucción nacional, valiéndose de un
conjunto de imágenes, valores, artefactos culturales y discursos diversos. El caso de
Heriberto Jara es especialmente interesante al reconocer que su proyecto político era
indisoluble de una transformación material e intelectual, cuya incidencia abarcaba el
terreno educativo, la ideología política, la planeación urbana, la construcción de obras y

7

Esto hace referencia a proyectos como el de “Ciudad Jardín”, de Modesto C. Rolland, inspirado en las
modernas ideas de Ebenezer Howard, de generar un equilibrio entre el campo y la ciudad, al incorporar
las ventajas de cada uno en un mismo espacio. Otro proyecto de esta índole fue el estadio de Xalapa
inaugurado en 1925, el cual dialogaba con las tendencias funcionalistas del momento por hacer uso del
concreto, que entonces se posicionaba como la tecnología preferida para las obras de gobierno, por evocar
la fuerza y estabilidad, valores asociados al gobierno posrevolucionario.
A propósito, vale la pena mencionar que en el tercer número de Horizonte, Maples Arce publicó un
artículo sobre las bondades del cemento titulado “Nuevas ideas: la estética del sidero-cemento”, donde
asienta: “La bondad y la fuerza del material constructivo –el cemento–, corresponde a la sinoptía del
espíritu contemporáneo, cuyo sentido esencial y equilibrado de las cosas, es el resultado cíclico de una
profunda experiencia filosófica (10).”

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una vinculación de la vida cotidiana y la cultura, preceptos asociados, a su vez, con los
postulados de vanguardia. 8
En total se editaron diez números de la revista Horizonte. Desde el primer número se
anunciaba el cometido de la publicación:
Ha sido inútil que los inconformistas, en un afán ególatra, intenten negar los caminos
del libro; la letra, dúctil al genio de la época, seguirá siendo el pregón del espíritu. [...]
Sólo que es indispensable abrir a las letras, las ventanas de la vida actual.
La revista, primer peldaño del libro, ha sido también negada como taller de vacuas
ortodoxias; nada más falso; la revista, cuando tiene senderos propicios, puede llegar a
ser escala de los anhelos esplendentes.
Una revista que sea la tribuna de las modernas doctrinas políticas, sociales, filosóficas y
estéticas, –que aclare el paso y valore el esfuerzo–, puede ser en el momento que corre,
algo exacto y decisivo, puede ser, desde luego, el faro palpitante que señale el sendero
de esta hora convulsa.
Para llegar a la realización de este ideal subjetivo, y para aceptar tan grande
responsabilidad, es necesario ampliar la visión hacia todos los rumbos; por eso, nada
mejor que el nombre que señalamos a esta publicación que intenta ser guía de una
época: HORIZONTE (1926:3).

En esas líneas iniciales se asentaba una firme creencia en el poder de la palabra y su
capacidad para orientar, educar, difundir ideas, transmitir las coordenadas de la época y
dirigir el pensamiento a través de los medios impresos; en suma, para ordenar 9 una
realidad que había quedado profundamente trastocada después de la Revolución y era
necesario reedificar. Julio Ramos abordó el problema de la escritura en los contextos de
formación de los nuevos Estados nacionales durante el siglo XIX, y sostuvo que el
periódico fue el medio idóneo para: “Convertir al «bárbaro» en lector, someter su
oralidad a la ley de la escritura [...] era uno de los proyectos ligados a la voluntad de
ordenar y generar el espacio nacional. El periodismo era un dispositivo pedagógico
fundamental para la formación de la ciudadanía (Ramos, 2009: 181).” Así, los medios
impresos –afirma Ramos– tuvieron un papel de instrumentos modernizadores y de
racionalización de la vida pública (Ramos, 2009: 180).
Durante este periodo, diversas publicaciones asumieron como uno de sus cometidos, el
darle continuidad al proyecto educativo a través de sus páginas, ampliar el horizonte
cultural de los lectores y ofrecer información útil y formativa para ellos. De este modo,
el propósito declarado en Horizonte fue compartido por otras publicaciones de la época,
como El maestro y El libro y el Pueblo, ambas editadas por la Secretaría de Educación
Pública. Sin embargo, la idea de difundir “modernas doctrinas” de diversas disciplinas,
representa una iniciativa particular de esta publicación, más afín a las revistas de
vanguardia que deseaban entablar múltiples diálogos, a veces interdisciplinares, a veces

8

Esto se puede asociar a la noción de “praxis vital” postulada por Peter Burger en relación con los
movimientos de vanguardia, que constituye una respuesta a la separación esteticista del arte y la vida
cotidiana, en la cual se intentó devolver la práctica y el gozo estético a la experiencia vital (1974).

9

Esta idea está ligada al planteamiento de Ángel Rama sobre la ciudad letrada, que fungió como un
aparato ordenador y de control social impuesto sobre la realidad desordenada del territorio americano
(1998).

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transcontinentales, con la red de producciones literarias y artísticas que tenían lugar en
ese momento.
Esta confluencia de propósitos obedece a un rasgo propio de Horizonte, que se
mencionaba en un principio, y que remite al carácter polivalente de su constitución, en
el sentido de ser un terreno de cruce de al menos tres ejes discursivos, en torno de los
cuales se organizaron los contenidos. 10 Cada uno de ellos respondió a objetivos
específicos y se dirigió a públicos particulares. Por un lado, la revista fungió como
órgano de propaganda del estado veracruzano y dio a conocer las obras del gobierno, la
labor que realizaban sus funcionarios y la reestructuración que atravesó el gabinete
durante esos años. Asimismo, se buscó legitimar al gobierno jarista como un proyecto
heredero de los ideales revolucionarios, que había llegado a una fase de estabilidad
política y gobernabilidad, imagen que sería clave en un momento de intensas pugnas
políticas por la defensa de la autonomía regional, así como por asegurar un lugar en la
contienda hacia la silla presidencial.
Un segundo eje discursivo está asociado a la labor periodística de los editores y el
posicionamiento de Horizonte dentro del universo de publicaciones periódicas de
circulación estatal y nacional. “Será un periódico moderno –proclamaban en la
contraportada de cada número–, abierto a todas las tendencias nuevas, sin prejuicios ni
vacilaciones. Interesará a todos. Preocupará a muchos.” Así se inscribía la revista en una
trayectoria histórica regional, en la que había florecido la discusión sobre métodos
educativos, había especial interés por la noticia y los grupos emergentes de la entidad,
como sindicatos y asociaciones civiles, participaban en el terreno de la opinión pública.
Asimismo, al asumir la labor periodística, los editores se integraban al esfuerzo
modernizador volcado sobre los medios masivos, que pretendía ofrecer contenidos
formativos, instruir sobre diversos temas, así como dar a conocer la discusión sobre los
derechos humanos y laborales. Finalmente, se buscaba entablar un diálogo con los
sectores más politizados del estado: los sindicatos de trabajadores, a partir de la
incorporación de temas de índole local, que fomentaran un sentido de pertenencia y
unidad al estado veracruzano.
Por último, el tercer eje discursivo sería el referente a la dimensión vanguardista de la
publicación, emparentada con la trayectoria del grupo editor: sus publicaciones previas,
postulados teóricos, redes de diálogo e itinerarios intelectuales y materiales. Si bien es
cierto que en términos de experimentación visual y literaria, fue en Irradiador donde
mayor trabajo realizaron, en Horizonte se le dio espacio a otros géneros literarios como
el teatro y el cuento –su formato también lo permitió así– y se reafirmó un interés por la
profesionalización de la crítica, tanto de arte como literaria. Por otro lado, sus ideas
iniciales de renovación cultural tuvieron continuidad en un campo mucho más concreto,
como fue el ámbito xalapeño, en el cual proyectaron la ciudad utópica que habían
venido imaginando. La filiación vanguardista de Horizonte también estuvo en
consonancia con una serie de proyectos editoriales afines de otros grupos, que vieron en
las revistas un terreno fértil para las miradas múltiples, la polifonía de voces y la
creación colectiva, además de permitir el intercambio con los lectores.

10

Esta propuesta de análisis está basada en la distinción de vertientes ideológicas en Horizonte, que
señaló Carla Zurián de la Fuente en su tesis de maestría (2010: 134-135).

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III. Imágenes de cambio y revolución
En mayo de 1927, Heriberto Jara equipó los Talleres Gráficos del Gobierno con dos
modernas imprentas y dos máquinas de linotipos, que permitieron incrementar el tiraje y
calidad en la impresión de revistas y libros, bajo el sello de la Editorial Horizonte, así
como la impresión masiva de folletos, panfletos y discursos (Rashkin, 2014: 276).
Como se ha podido ver, esto representó una decisión notable en el contexto de crisis
económica por la que atravesaba el estado: es significativo por dar cuenta de la
importancia que la prensa y la difusión de materiales tenían para el gobierno estatal.
Un ejemplo de estos impresos viene incluido en el sexto número de Horizonte, como
parte de un artículo titulado “La obra del Gobierno VERACRUZANO”. El artículo en
cuestión es representativo del tipo de contenidos que se publicaron desde el eje
discursivo de propaganda política, cuyos intereses se orientaban a la promoción del
aparato gubernamental y sus obras, y pretendía generar simpatizantes entre los lectores.
El artículo inicia con una fotografía de Maples Arce, detrás de un escritorio lleno de
papeles, libros y una discreta lámpara. El fondo está completamente difuminado, pero
da la apariencia de ser una oficina. La presencia de Maples Arce destaca por ser nítida y
clara en la fotografía, impecablemente vestido con traje oscuro y un pañuelo en la
solapa. Si bien la imagen ostenta una postura solemne, el encuadre y la situación dejan
ver un acercamiento más íntimo del personaje, en una construcción visual que retrata al
nuevo intelectual, en sus funciones institucionales. El pie de foto reafirma esta
impresión al declararlo “uno de los más altos exponentes de la Literatura Americana,
juventud creadora y fuertemente equilibrada, que ha cooperado con el Gral. Jara para
dar a la Administración veracruzana, un rumbo nuevo de acuerdo con las instancias de
la Revolución (1926:25).”
A lo largo de doce páginas, el artículo comenta las iniciativas del gobierno veracruzano
y afirma que la labor de Heriberto Jara es admirable y “revolucionaria”, buscando con
ello refrendar su imagen como sucesor legítimo de la lucha armada. Asimismo, se
declara el deseo de renovación y de “entrar a la corriente viva y dinámica” de la época,
principios en los que inevitablemente resuenan los postulados de la primera etapa
estridentista. En este sentido, se puede hablar de una disolución de las marcas
fronterizas entre la retórica política y la de la vanguardia estridentista, fenómeno que se
dio a lo largo de los diez números de la publicación. Este vaivén discursivo produjo,
tanto en los contenidos escritos, como en los visuales, un espacio de negociación en el
que se podría pensar que el lenguaje de vanguardia revistió al proyecto político, y le
traspasó valores propios del terreno cultural, para dotarlo de una imagen más a tono con
el proyecto modernizador. En el sentido inverso, la retórica política institucionalizó, en
buena medida, el proyecto estridentista y le otorgó un lugar privilegiado en el campo
cultural xalapeño, lo cual fue motivo de conflicto con otras ciudades de la entidad en las
que aún se veneraba a los modernistas de fines de siglo, como Salvador Díaz Mirón.
La fotografía documental fue el recurso visual predominante en el marco de los
contenidos con fines propagandísticos de Horizonte, puesto que permitió acercar la
mirada de la población veracruzana hacia el interior del aparato de gobierno, dándole

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con ello un rostro, una voz y una caracterización de avanzada, asociada a la idea de que
con las obras y las múltiples actividades retratadas, el estado estaba en vías de progreso.
Asimismo, la fotografía documental dio la posibilidad de establecer una comunicación
entre las distintas regiones del estado veracruzano, aportando datos sobre los eventos y
cambios que se llevaban a cabo en otros municipios, fomentando con ello, un sentido de
pertenencia e identidad de los pobladores de una de las entidades más diversas y
topográficamente complejas del país. En este contexto, destacó la labor del fotógrafo y
productor fílmico Atanasio D. Vázquez, quien se dedicó a documentar los eventos
civiles y culturales que acontecían en el estado (Rashkin, 2015).
En el artículo citado aparecen profusamente imágenes de zonas agrícolas, salones
escolares, calles en pavimentación y retratos del personal administrativo. Como se
mencionó previamente, también se incluyó una muestra de los folletos distribuidos
como parte de la “Campaña contra la tuberculosis”, de los cuales se informa, se
imprimieron cien mil ejemplares. El diseño del folleto, hecho por Ramón Alva de la
Canal, está compuesto por el nombre de la campaña en la parte superior, con tipografía
de alto puntaje y plecas de color que separan y generan contraste entre las palabras. En
la parte central, una serie de formas geométricas se interceptan, dan lugar a la aparición
de triángulos y diagonales que, en conjunto, conforman un bloque dinámico, muy
parecido a las composiciones de Irradiador. Si bien este folleto estaba asociado a la
promoción de un hospital en proceso de construcción, otros materiales informativos
semejantes formaron parte de la faceta periodística de la publicación.
Bajo este rubro discursivo, se publicaron mensualmente artículos con información
práctica para los lectores, cuyo fin era ofrecer contenidos útiles, relacionados con las
actividades productivas de las distintas regiones del estado, propósito que como se vio,
formaba parte del programa editorial de otras publicaciones. Esto incluyó temas de
apicultura, maquinaria para la agricultura, reparación de motores o recomendaciones
para el cultivo de la piña. Para ello, se empleó un tipo de imágenes cuyo
acompañamiento del texto era ilustrativo, aunque no ornamental, es decir, su función
era generar reconocimiento desde el principio del artículo, especialmente para los
lectores menos experimentados o con un interés muy definido en ciertos temas de la
revista. En otros casos, el artículo tenía formato de instructivo, por lo que el apoyo
visual consistía en diagramas que permitían ir siguiendo una serie de pasos. Así, las
imágenes se caracterizaron por ser explícitas y lo más realistas posible, de modo que
fueran comprensibles para los lectores.
Por otro lado, el discurso periodístico en Horizonte también asumió una voluntad
instructiva, por lo que abundaron los artículos de difusión cultural como biografías,
episodios históricos, extractos de clásicos literarios y discusiones sobre temas de lucha
social. Este tipo de contenidos estuvieron acompañados de viñetas y grabados de Alva
de la Canal y Leopoldo Méndez, en un trabajo editorial mucho más cercano al del
diseño gráfico. Finalmente, cabe reconocer como parte de estos contenidos a la sección
publicitaria de la revista, que generalmente antecedía a las “Notas Editoriales”. A pesar
de carecer de imágenes, en este apartado se puede observar un trabajo de acomodo
tipográfico dinámico, con variaciones de puntaje, alineaciones alteradas y elementos
ornamentales.

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Si bien las imágenes no fueron un recurso imprescindible en el eje periodístico, sí fue
en este terreno de enunciación desde donde se realizó el mayor esfuerzo por ampliar los
públicos y ofrecer contenidos que incidieran de manera efectiva en la vida de los
lectores. Desde este eje también se extendió una relación con el mercado, al ser un
espacio propicio para que los comerciantes de distintas ciudades veracruzanas, e incluso
de la Ciudad de México, se anunciaran. Sin embargo, siempre permaneció bien
delimitado, los anuncios nunca se mezclaron con artículos ni ilustraciones.
El repertorio visual conformado por las fotografías documentales y las imágenes de
difusión cultural e instrucción técnica tuvieron como contraparte a la fotografía
vanguardista. Dicha tendencia apenas empezaba a conformarse en México por esos
años, impulsada en buena medida por la llegada de Tina Modotti y Edward Weston en
1923. El trabajo de ambos ofreció una mirada distinta del objeto popular mexicano, al
enfatizar sus formas y los juegos de luz y sombra en su composición. Así, en los últimos
números de Horizonte se publicaron las fotografías de ambos personajes: imágenes que
habitaron las páginas sin acompañamiento textual, sin explicación alguna sobre las
visiones que se presentaban. Se inducía a la contemplación estética de un nuevo tipo de
belleza que afirmaba el valor de los objetos cotidianos.
Lo anterior formó parte de un propósito de educación visual orientado al programa
estético vanguardista, que fue visible en todos los números de Horizonte. Aunado a ello,
en el octavo y noveno números de la revista se publicaron las fotografías de Pedro S.
Casillas, probablemente un personaje de la entidad, cuyo trabajo también se orientó
hacia la fotografía de vanguardia. Entre los lugares que retrató, sobretodo destaca la
imagen del Estadio de Xalapa, al conjugar el fervor por el cemento, el posicionamiento
de la fotografía como medio de la modernidad, el tratamiento formal dentro de la
estética vanguardista y los valores con los que se buscaba revestir al régimen político de
Heriberto Jara: solidez, permanencia y progreso. De esta manera fue como la retórica de
avanzada política y estética construyeron un imaginario visual que se difundió a través
de las páginas de Horizonte.
Además de la fotografía artística, el eje de vanguardia también se nutrió con artículos de
crítica de arte de Maples Arce y List Arzubide, referentes a los nuevos materiales de
construcción –el cemento–, las nuevas formas arquitectónicas y la creación artística a
tono con las nuevas tendencias estéticas, como la obra de Lola Cueto.

Palabras finales
Como se ha podido ver, la revista Horizonte se ubicó en un intersticio entre dos formas
de vanguardia: la estridentista, que estuvo en diálogo con las vanguardias europeas, fue
iconoclasta, concibió un programa estético de ruptura con las tradiciones anteriores e
integró un grado de experimentación visual y literario en su producción. Y, por otro
lado, la vanguardia de Heriberto Jara, que abrevó de ideas políticas, postulados
pedagógicos y contempló una renovación material en la vida de la gente; se trata de otra
forma de enfocar a la vanguardia, que consideró la transformación de la realidad
material como un modo de vincular la modernidad y los nuevos símbolos del progreso –

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como las máquinas de vapor y los estadios– a la vida cotidiana de la población
veracruzana.
El resultado fue una publicación con múltiples posibilidades de lectura, que integró
programas de índole diversa y operó en distintos registros discursivos. Fue así como sus
páginas se volvieron el espacio de encuentro de lectores distantes, con intereses y
prácticas vitales muy diferentes. Ahí tuvieron lugar los campesinos y los escritores
cosmopolitas, los comerciantes y los políticos. Por eso mismo esta revista resulta
intrigante y compleja, porque como los nuevos espacios de la modernidad, despojados
del aura y el valor ritual, Horizonte fue también un terreno de democratización de la
lectura.

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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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              <name>Creator</name>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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        <name>Dublin Core</name>
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                <text>HORIZONTE. Rutas utópicas en bastiones rebeldes del México posrevolucionario</text>
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                <text>El objeto revista. Agentes y contextos de enunciación. Escenarios políticos internacionales</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;estridentismo - revista - vanguardia - Horizonte - México</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;stridentism - magazine - avant-garde - Horizonte - Mexic</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La revista Horizonte fue publicada entre 1926 y 1927 por los miembros del movimiento estridentista, grupo de vanguardia que se dio a conocer en 1921 y en 1924 se trasladó a la ciudad de Xalapa, Veracruz, para colaborar con el gobierno de Heriberto Jara. En el presente trabajo, se hace un recorrido por los contextos políticos y estéticos que enmarcaron a la revista y se propone un análisis a partir de varios ejes de lectura, desde los cuales se organizaron los contenidos y los recursos visuales.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horizonte was a cultural magazine published between 1926 and 1927 by the members of an avant-garde group called stridentists, whose first manifest came out in december, 1921. In 1924 they moved to Xalapa, Veracruz, where they collaborated with the governor, Heriberto Jara. This work aims to recognize the different political and aesthetic contexts in which the magazine was inscribed, and to propose an analysis that considers the various reading axes, which determined its contents and its visual resources.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Andrea García Rodríguez&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Licenciada en Diseño Gráfico &lt;br /&gt;Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas &lt;br /&gt;Estudiante de la Maestría en Historia del Arte &lt;br /&gt;Universidad Nacional Autónoma de México</text>
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REVISTAS E INSTITUCIONES ARTÍSTICAS EN LAS PROVINCIAS. Los casos
de Ángulo (Salta) y Calíbar (La Rioja)
Dr. Pablo Fasce
(CONICET/IIPC TAREA-UNSAM/UBA)

Resumen:
En el siguiente trabajo analizaremos dos revistas culturales que circularon en dos
provincias argentinas entre las décadas de 1940 y 1950: Ángulo, de Salta, y Calíbar, de
La Rioja. Ambas fueron creadas por agrupaciones de artistas plásticos y escritores con
la intención de establecer redes por dentro y fuera de sus provincias y consolidar sus
campos artísticos. A lo largo del texto reconstruiremos sus contextos de creación,
analizaremos el contenido de sus páginas e identificaremos sus principales ideas
estéticas. Tanto Ángulo como Calíbar funcionaron como plataformas que posibilitaron
el acceso de ambos grupos a posiciones centrales del campo de cada provincia, lo que a
su vez les permitió concretar dos ansiados proyectos institucionales: la creación de la
Escuela de Bellas Artes “Tomás Cabrera” en Salta y la apertura del Museo Municipal de
Bellas Artes “Octavio de la Colina” en La Rioja.
Palabras clave: Instituciones, modernidad, provincias, arte argentino.
Abstract:
In this text we will analyze two cultural magazines created in two Argentinian
provinces during the 1940 and 1950 decades: Ángulo, from Salta, and Calíbar, from La
Rioja. Both of them were created by groups of artists and writers that intended to
establish networks and bonds inside and out of their provinces and to consolidate their
artistic fields. Throughout the text we will reconstruct their contexts of creation, we will
analyze the content of their pages and recognize their main aesthetic ideas. Both Ángulo
and Calíbar functioned as platforms that enabled the access of both groups to central
positions on their artistic fields, wich also allowed them to carry out two long-sought
institutional projects: the creation of the Fine Arts School “Tomás Cabrera” in Salta and
the opening of the Municipal Museum of Fine Arts “Octavio de la Colina” in La Rioja.
Keywords: Institutions, modernity, provinces, Argentinian art.

Las revistas culturales forman parte de tramas que exceden sus límites materiales. Los
discursos e imágenes que portan establecen relaciones dialógicas con el contexto
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inmediato y las tradiciones que las anteceden, reproduciendo la hegemonía o
construyendo una posición disruptiva que busca reconfigurar las posiciones de los
agentes en la disputa por el capital simbólico. Si esto es así en los grandes centros
metropolitanos, en las revistas de circulación provincial esta premisa resulta central a la
hora de analizarlas: en muchas ocasiones estos proyectos editoriales funcionaron como
plataformas de visibilidad para agrupaciones que construyeron vínculos y espacios de
poder a través de ellas. Para poder comprenderlas es necesario realizar una lectura entre
líneas que devele las redes que se tejen alrededor de sus páginas.
En esta ponencia indagaré dos revistas de artes y letras producidas en provincias del
noroeste argentino: Ángulo, publicada en la ciudad de Salta, y Calíbar, oriunda de La
Rioja. Ambas tienen varios aspectos en común. Una existencia breve y la materialidad
austera son las características más evidentes; pero además, ambas fueron utilizadas
como instancias propositivas por parte de agrupaciones cuyos objetivos giraban en torno
a la modernización del campo artístico 1 en espacios en donde los proyectos
institucionales habían demostrado debilidades que impedían su consolidación. Así,
varias preguntas guiarán mi mirada a la hora de aproximarme a ellas: ¿Cuál era su
mirada de la situación del campo local? ¿Qué posición construyeron y de qué modo se
distanciaron de sus antecesores? ¿Qué lugar ocupan las tradiciones y las instituciones en
sus proyectos estéticos?

Ángulo y la renovación de la escena plástica salteña
La revista Ángulo hizo su primera aparición en junio de 1945 en la ciudad de Salta.
Dirigida por el escritor Manuel Castilla y los artistas plásticos Carlos García Bes y Raúl
Brie, tuvo un total de dieciocho números, cuya frecuencia de aparición comenzó siendo
mensual aproximadamente hasta la entrega 15, en la que la fecha de edición dejó de
salir impresa 2; la última aparición de la revista fue en 1947 (posiblemente en diciembre,
dada la temática navideña del contenido). La materialidad de Ángulo coincide con su
autodefinición como “boletín”: de formato pequeño y sobrio, cada uno de sus números
tiene cuatro folios (puesto se trata de una sola hoja con un pliegue). La mayor
proporción de sus páginas está dominada por textos de tipografías sencillas y sin
ornamentos ni elementos decorativos. Salvo algunas excepciones la revista no contiene
imágenes; la única marca gráfica que siempre se repite es el nombre de la publicación,
en color y con una tipografía de curvas y aristas pronunciadas, encabezando cada uno de
los números (Fig. 1).

1

Me refiero aquí al clásico concepto de Pierre Bourdieu, definido como una porción del entramado
simbólico total (al que denomina “espacio social”) en el que un grupo de actores asumen posiciones de
disputa alrededor de un capital específico (Bourdieu, 1992).
2
La biblioteca J. Armando Caro, ubicada en la localidad salteña de Cerrillos, es el único repositorio en el
que pude encontrar una colección de la revista. Si bien está casi completa, desafortunadamente no posee
los números 7 y 14.
2

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Portada de la revista Ángulo, nº1, Salta, Junio de 1945. Biblioteca Armando J. Caro.

Si bien se presentaba como un boletín de literatura, música y pintura, también incluyó al
teatro y la estética filosófica.
Ángulo se presentó como una plataforma de discusión y difusión de las propuestas que
en ese momento estaban renovando la escena artística de Salta y el noroeste, desde una
perspectiva asociable a la de los lenguajes e ideas de vanguardia que habían comenzado
a expandirse por el país a partir de la década de 1920 pero que aún no habían logrado
irrumpir en esa provincia. El primer número de la revista abre con un texto de retórica
próxima al género del manifiesto, donde los miembros del grupo realizan una suerte de
declaración de intenciones:
ÁNGULO, sencilla pero no humildemente, trasunta la inquietud del artista
nuevo. Será una ventana abierta a los cuatro vientos del arte (…) ÁNGULO no
hará cuestión de círculos, pero sí de calidades. Estará con la belleza sea ella de
hoy o de ayer, porque la belleza no tiene tiempo. Tiene sí, una ubicación en la
sensibilidad de la época. 3

De este modo, al proponer a la calidad como el criterio más relevante, los editores
plantean tácitamente la ruptura con la situación de un campo artístico al que vienen a
dinamizar. Aunque el manifestarse a favor de la belleza “de hoy o de ayer” los pone en
un plano de indefinición, esta situación queda atrás rápidamente en cuanto identifican a
sus contrincantes:
ÁNGULO combatirá lo fácil, lo intrascendente y lo pintoresco dentro del campo
artístico (…) Para nosotros el arte no tiene fronteras y el hombre nos interesa no
por lo que tiene de folklórico, sino por lo que significa artísticamente como
producto de la naturaleza, como hombre en sí (…) Estamos con la época, porque
somos su producto inmediato, su pulso. 4

3
4

Ángulo, Salta, nº1, junio de 1945.
Ibid.
3

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De este modo, la revista se distancia de las definiciones regionalistas de lo estético que
la antecedieron. En el terreno de la plástica, esto implicaba contraponerse a un tipo de
pintura y escultura a la que los estudios han denominado en ocasiones como
“nativismo”: con un alto grado de visibilidad a lo largo de todo el siglo XX, estas obras
se centraban en la representación del paisaje y los tipos regionales, que eran vistos como
los temas centrales de un “arte nacional” por construir 5. En Salta esta tendencia había
estado representada por artistas como Guillermo Usandivaras, Agustín Hoyos y
Mariano Coll, activos en la provincia desde al menos dos décadas antes de la llegada de
la revista y que, de acuerdo a Luna de la Cruz, eran ejemplos de un tipo de artista
“notable”, que ejercía la actividad de manera pasatista (De la Cruz, 2011). Lejos de lo
“pintoresco” y lo “folklórico”, Ángulo asume al presente como lugar de enunciación al
reconocerse como su producto: una posición que, en términos de Frederic Jameson,
forma parte de la modernidad en tanto categoría narrativa (Jameson, 2002). La primera
página del número cuatro reproduce un dibujo de Raúl Brie al que podemos entender
como una suerte de traducción visual de la propuesta (Fig. 2).

Fig. 2: Dibujo de Raúl Brie reproducido en la portada de la revista Ángulo,
nº4, Salta, octubre de 1945. Biblitoeca Armando J. Caro

Un plano inclinado que asemeja una mesa y un marco que podría indicar una ventana
enmarcan un conjunto de líneas y formas tanto geométricas como orgánicas que se
suceden en distintos planos de profundidad, a modo de paisaje abstracto; al pie de la
imagen, la inscripción “Cafayate, septiembre de 1945” es la única referencia que ancla
al dibujo a un lugar y un momento.
Si bien el universo de manifestaciones artísticas que abarca Ángulo es amplio, pueden
reconocerse ciertas regularidades en el tipo de contribuciones que publicó. La literatura
(y más específicamente, la poesía) fue la disciplina que ocupó más espacio, lo que
resulta llamativo considerando que dos de sus directores eran pintores, aunque esto
5

Si bien el fenómeno de la pintura nativista es muy complejo como para poder ofrecer una síntesis aquí,
la investigación de Roberto Amigo puede ofrecer un panorama abarcador del tema en su multiplicidad de
variantes. Ver: (Amigo, 2014).
4

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posiblemente se explique por el hecho de que seguramente sería más sencillo imprimir
textos originales antes que incluir dibujos o reproducciones de obras. La revista no solo
publicó a autores salteños, sino que también incluyó nombres del resto del noroeste, de
Buenos Aires y de Bolivia, lo que puede ser tomado como evidencia de la intención del
grupo de trascender las fronteras provinciales y regionales para construir una
comunidad artística de mayor escala 6. No obstante, Ángulo también logró congregar a
algunas de las voces más legitimadas de las letras norteñas, visibles en las
contribuciones de Jaime Dávalos y Juan Alfonso Carrizo 7. En una segunda instancia
pueden contarse los ensayos de estética, que abordan temas de crítica literaria 8,
musicología 9 y reflexiones sobre el teatro 10; todos estos textos plantean el problema de
la modernización de los lenguajes de sus disciplinas artísticas, lo cual demuestra la
concordancia entre los autores y los lineamientos del texto que abre el primer número.
Si bien las artes plásticas ocupan un lugar relativamente menor, sus apariciones son
significativas. Los primeros dos números contienen una serie de notas y reseñas sobre
exposiciones organizadas por la asociación Amigos del Arte, una institución creada en
1936 por varios de los artistas y gestores activos desde la década anterior que se habían
congregado para suplir la carencia de apoyo estatal en el ámbito de la cultura 11. Las
notas destacan especialmente a las exposiciones de Gertrudis Chale, Héctor Julio Párido
Bernabó (conocido como Carybé), Victor Rebuffo, Juan Carlos Castagnino y Clement
Moreau, artistas vinculados a las experiencias de vanguardia que irrumpieron en el país
a partir de la década de 1920; el lugar de privilegio que Ángulo les otorgó no solo
resaltó su pasaje por la provincia, sino que también construyó desde el discurso una
comunidad de sensibilidades. Chale y Carybé son los que recibieron mayor atención,
dado que las reseñas de sus exposiciones fueron los artículos centrales de los dos
primeros números de la revista 12. Esto no es casual: ambos se habían conocido con Brie
en Buenos Aires y viajaron con él a Salta, donde confluyeron con el resto de los artistas
del grupo y junto con ellos recorrieron la zona del Chaco salteño en varias ocasiones
(De la Cruz, 2011). Además, Chale y Carybé también contribuyeron con Ángulo: un
6

Además de los poetas y escritores salteños, Ángulo recibió contribuciones de Marcos Silva Sangines (La
Paz), Libertad Demitropulos (Ledesma), Joaquín Giannuzi (Buenos Aires), Nicandro Pereyra (Tucumán),
Raúl Araoz Anzotaegui (Buenos Aires), Antonio Ávila Jimenez (La Paz), Octavio Campero Echazú
(Tarija), María Elvira Juárez (Tucumán), Otero Pizarro (Córdoba), Clementina Rosa Quenel (Santiago del
Estero), Joaquín Guianuzzi (La Plata).
7
El número 15 de la revista contiene tres poemas de Dávalos, que eran presentados como adelanto del
libro que el grupo Ángulo le publicaría. En el mismo número también se encuentra un poema anónimo
recogido por Carrizo.
8
Libertad Demitrópulos, “Presencia de la poesía moderna”, Ángulo, Salta, nº9, marzo de 1946. “Sentido
de la nueva poesía del Norte”, Ángulo, Salta, nº11, mayo de 1946. José María Mirau, “De mística y
poesía”, Ángulo, Salta, nº16, 1947.
9
Rodrigo Montero, “La música moderna y su desconocimiento”, Ángulo, Salta, nº3, septiembre de 1945.
Oscar Camisaca, “El compositor moderno y el público”, Ángulo, Salta, nº5, noviembre de 1945. Rodrigo
Montero, “Paralelo entre la obra de Franz Kafka y el Objetivismo en la Música”, Ángulo, Salta, nº13,
julio de 1946.
10
Julio A. Pérez, “Degradación del arte”, Ángulo, Salta, nº6, diciembre de 1945.
11
Entre sus miembros se encontraba el folclorista Guillermo “pajarito” Velarde, el político y gestor
cultural Rafael P. Sosa y los artistas Guillermo Usandivaras, Mariano Coll, Dagoberto Papi y Agustín
Hoyos. Ver: (De la Cruz, 2011).
12
“La exposición de Carybé”, Ángulo, Salta, nº1, julio de 1945. Raúl Brie, “Un mundo y su pintura”,
Ángulo, Salta, nº2, agosto de 1945.
5

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dibujo de la primera fue reproducido en el número diecisiete (Fig. 3), mientas que el
otro aportó dos fragmentos de su traducción al español del libro Macunaíma del escritor
brasileño Mario de Andrade para el número diez.

Fig. 3: Dibujo de Gertrudis Chale reproducido en la portada de la revista Ángulo,
nº 17, 1947. Biblioteca Armando J. Caro

Un artículo dedicado a las artes plásticas aborda un problema que merece atención
particular. Titulado “La plástica en Salta. Los ‘prestamos’ a nuestro museo”, el texto
realiza un análisis de la situación del campo artístico de la provincia y su institución de
mayor relevancia simbólica. La posición de Ángulo respecto del desempeño de los
artistas y gestores que los precedieron es sumamente crítica:
Es que no hubo, en ningún momento, un verdadero sentido de comprensión de la
importancia del arte plástico. Tampoco existió por parte de quienes estaban
obligados a trabajar por la cultura artística, el más mínimo interés. Hoy sabemos
que no podían enseñar mucho, pero si algo. Pero es que ni ese “algo” ha sido
vertido, sobre el espíritu virgen de las nuevas generaciones. 13

La distancia con la generación de los pintores nativistas se replica en este punto en
relación a su responsabilidad en la gestación de un campo artístico para la provincia y se
extiende también a los funcionarios públicos encargados de fomentar la actividad. No
obstante, la mirada más severa no está dirigida a los agentes locales, sino a los de la
capital del país:
La culpa no puede recaer sobre los de aquí. Ellos tienen una parte de esa culpa,
pero, son los “otros” los que tienen que cargar el peso de sus desatinos. Esos
“otros” son las cabezas salientes, los dirigentes del arte en el país que tenían en
sus manos la dirección del Museo Nacional. 14

El responsable local de la creación del Museo Provincial de Bellas Artes de Salta fue
Rafael Sosa, que había sido funcionario público durante la gestión del gobernador
13
14

“La plástica en Salta. Los ‘prestamos’ a nuestro museo”, Ángulo, Salta, nº3, septiembre de 1945.
Ibid.
6

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radical Julio Cornejo y gracias a gestiones personales logró fundar la institución en
1930, aunque la intervención federal a la provincia suscitada por el golpe de Estado de
ese mismo año dejó al museo prácticamente clausurado 15. En ese momento Sosa
formaba parte de la asociación Amigos del Arte mencionada anteriormente, por lo que
resulta coherente que las críticas hacia él fueran ponderadas en esta ocasión. Los artistas
de Ángulo apuntaron a las autoridades del Museo Nacional de Bellas Artes y al sistema
de préstamo de obras que idearon en la década de 1910 como una vía de distribución del
patrimonio artístico que permitiría dar inicio a las colecciones provinciales 16:
Nuestro museo provincial, ahora resucitado, y en plena integración, se ha
formado por “prestamos” provenientes del museo Madre. La palabra
“préstamo”, escondía en su fondo un temeroso respeto. Creaba, implícitamente
la idea de que la obra “era muy valiosa” e involucraba un favor que debía
reconocerse eternamente, generando, de paso, una aureola que iluminaba a los
directores de arte de todo el país y les hacía ganar la posteridad etc.
Pero hete aquí que el Museo Nacional, a pesar de sus “arriesgados prestamos”,
no ha hecho sino zafarse de obras que -¡Vaya uno a saber por qué fueron
adquiridas!- artísticamente no poseían valor alguno. 17

De esta manera, los miembros de Ángulo no solo cuestionaban las jerarquías del campo
local, sino que también impugnaban las relaciones entre los centros metropolitanos y las
relaciones de dependencia que habían establecido con las periferias. La agrupación
señaló la necesidad de que los artistas locales tomaran las riendas en la construcción del
campo y sus instituciones; la oportunidad de participar en esta tarea se les presentaría
muy pronto.
En el año 1946 accedió a la gobernación Lucio Cornejo, hijo de Julio Cornejo y primer
mandatario peronista de la provincia. Dos años más tarde el Ministerio de Gobierno,
Justicia e Instrucción Pública presentó un plan de organización de la educación artística
sintetizado en un documento en el que se contempla la creación de una Comisión
Provincial de Cultura y un Instituto Provincial de Extensión Artística Popular, en el que
estaría nucleada la enseñanza de las distintas disciplinas y la difusión y estudio de todas
las manifestaciones estéticas 18. Entre los suplementos, el documento contiene un
proyecto elaborado por el grupo Ángulo con una serie de sugerencias para la
organización de las distintas tareas y programas de la sub comisión de Bellas Artes a
crearse, tales como la adquisición de obras para el museo, el otorgamiento de becas para
formación en la Academia Superior de Bellas Artes de la Nación y la organización de
salones y concursos de todas las disciplinas, entre otras. Desconocemos si existieron
vínculos políticos entre la agrupación y los funcionarios que facilitaran la llegada del
proyecto a la esfera del ministerio; aun así, no es arriesgado interpretar que la posición
que habían construido desde la revista les había otorgado la suficiente visibilidad para
ser considerados por parte de una gestión decidida a apoyar proyectos para la
consolidación del campo cultural y sus instituciones.
15

He abordado en un trabajo previo la gestión de Rafael Sosa en la creación del museo provincial entre
los años 1928 y 1930: (Fasce, 21016).
16
Sobre el sistema de préstamos y la creación de colecciones fundadoras, ver: (Herrera, 2012).
17
“La plástica en Salta. Los ‘prestamos’ a nuestro museo”, Ángulo, Salta, nº3, septiembre de 1945.
18
Organización de la educación artística, Ministerio de Gobierno, Justicia e Instrucción Pública, Salta,
1948.
7

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El capital específico construido por Ángulo daría su fruto un tiempo después. En 1950
se creó la ley 1191 que creó la Escuela de Bellas Artes de la Provincia; tras su
reglamentación en 1951 se designó formalmente como director a Carlos García Bes. El
llamamiento a los artistas locales que había realizado desde la revista le permitió tener
un lugar protagónico en la gestación de una institución orientada a la profesionalización
de la actividad artística; quizás por este motivo la escuela fue bautizada con el nombre
de Tomás Cabrera, pintor del período colonial residente en Salta con el que podía
comenzar una genealogía del arte local.

La revista Calíbar y la consolidación del Museo Municipal de La Rioja
El primer y único número de la revista Calíbar se publicó en la ciudad de La Rioja en
septiembre de 1954. Fue la plataforma de presentación de la agrupación homónima, que
había comenzado a formarse dos años atrás a partir de las reuniones de un grupo de
poetas y artistas plásticos, entre los que se encontraban Ariel Ferraro, Pedro Herrera,
Eloy López, Carlos Lanzilloto y Mario Aciar, entre otros. Según Luis Orecchia, la
elección del nombre tuvo lugar en 1953: de acuerdo a Sarmiento, “Calíbar” era el
nombre de uno de los hombres de Facundo Quiroga que cumplía el oficio de rastreador,
capaz de reconocer pisadas de animales y otros signos naturales en el campo para poder
ubicar y guiar a las tropas. (Orecchia, 2088: 41). La idea del guía que conoce
profundamente a su tierra fue central en el imaginario que el grupo articuló como marca
identitaria.
A primera vista la revista se parece más a un diario. Está compuesta por solo seis
páginas de papel de bajo gramaje y en formato tabloide, sin encuadernación ni tapas y
con una gran proporción de texto, distribuido en recuadros o columnas. Dos elementos
de la primera página se constituyen como cartas de presentación: el nombre Calíbar
pintado en expresivas pinceladas rojas y acompañado por la pajarita de papel (símbolo
del grupo) a modo de encabezado (Fig. 4) y el escrito titulado “Justificación y
presencia”, a medio camino entre el manifiesto y la declaración de intenciones.

Fig. 4: Encabezado de la revista Calíbar, nº1, La Rioja, septiembre de 1954.
Archivo Museo Octavio de la Colina, La Rioja
8

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En sus primeras líneas los miembros de Calíbar se sitúan en relación a su contexto,
especulando con la recepción que tendrá su propuesta:
Quizás los oráculos del Arte y del intelecto digan que somos unos osados
aventureros porque no creemos en los pedestales hechos con terrones de
elogios cambiados. A lo mejor digan que nuestra excesiva juventud nos empuja
a insolentarnos con los artistas consagrados por la opinión pública. Muchas
serán las voces de protesta y muchos los enojos. «Cabalgamos Sancho» 19

Estas afirmaciones resultan llamativas, dado que no existen registros de una agrupación
o revista dedicada a las artes que precediera a Calíbar en La Rioja. Con la excepción de
algunos artistas que se radicaron temporalmente en la provincia (como Mario Anganussi
y Víctor Cúnsolo, que la visitaron en las décadas de 1930 y 1940) y algunos nombres
locales, sabemos poco de la actividad artística en esta zona del noroeste. Más allá de las
dudas sobre el interlocutor que imaginaban, la imagen del conflicto entre “jóvenes” y
“consagrados” ya formaba parte de una estrategia típica de los escritos de vanguardia a
la hora de plantear una redefinición de las posiciones dentro del campo. En ese mismo
sentido, el texto cierra planteando la necesidad de crear un arte con identidad propia,
que pueda situar a La Rioja en un mapa cultural más amplio:
Estamos muy lejos de Buenos Aires para ser tangueros, más aún del siglo 19
para ser llorones, pero si estamos muy cerca de nuestra tierra y en pleno siglo
XX. El problema y el anhelo son los mismos en cualquier aspecto de la creación
estética. Nos ahogan los ismos y anhelamos una plenitud de autenticidad, eso es
todo. 20

Estas palabras parecerían señalar una inclinación de Calíbar hacia temas relacionados a
lo telúrico, pero esto no fue necesariamente cierto. Como mencioné antes, en la revista
predomina el texto y particularmente la poesía; posiblemente se deba a la presencia
mayoritaria de escritores en el grupo, aunque seguramente puede haber incidido el
mayor costo y complejidad de la impresión de imágenes (solamente se incluyen tres
xilografías de Mario Aciar, de espíritu próximo a la figuración del Retorno al Orden)
(Figs. 5 a 7).

Figs. 5 a 7: Xilografías de Mario Aciar reproducidas en Calíbar, nº 1, La Rioja, septiembre de 1954.
Archivo Museo Octavio de la Colina, La Rioja.

19
20

“Justificación y presencia”, Calíbar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre de 1954, p. 1.
Ibid.
9

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Sin embargo, la posición más clara alrededor de la cuestión plástica está en la breve
pero significativa sección de crítica de exposiciones. Dos reseñas firmadas con el
seudónimo “Cirano” se encuentran agrupadas en la quinta página, como dos ejemplos
contrapuestos de lo que el grupo reprueba y lo que defiende. La primera está dedicada a
una exposición de Lidoro Barrionuevo, pintor de la generación que precedía a la de los
miembros de Calíbar y cuya pintura nativista recibe una crítica lapidaria de parte de los
jóvenes:
Nada tienen que ver esos óleos de postal con el paisaje de La Rioja. La vivencia
y la sugerencia están por encima de lo bonito y lo oficioso. Los tiempos que
corren nos enseñado [sic] que eso nada tiene que ver repetimos con la plástica de
ley, porque aquí, en La Rioja, también hay librerías donde se venden tarjetitas
coloreadas y ya lo sabemos que no hay quien pueda discutir la fidelidad
maquinística. Y todo esto viene después de apretar un botón. ¿No es así?… 21

A través de esta argumentación el grupo estableció una distancia con la tradición
nativista de la pintura de paisajes y tipos regionales que se emparentaba con el
regionalismo español y que había tenido al noroeste como uno de sus objetos
predilectos desde la época del Centenario. En contraposición, la segunda crítica se
centra en un artista plástico que será un modelo ejemplar para Calíbar. Se trata de
Miguel Dávila, en ese entonces un joven riojano que tras pasar por la experiencia del
Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán (donde estudió con
Lino Enea Spilimbergo y Pompeyo Audivert) se radicó en Buenos Aires para continuar
con su carrera. La nota de Calíbar se refiere a su primera exposición individual,
realizada en 1953 en la galería Viau y en la que se pudo ver “(…) una serie de pinturas
y monocopias en las cuales campea una concepción razonada y genuina” 22. Dávila
había iniciado una vía de indagación plástica que lo llevaría a vincularse con el grupo de
la Nueva Figuración, con quienes compartiría su estancia en París a partir de la beca que
le otorgaría el Fondo Nacional de las Artes en 1961. Si bien en 1954 la carrera del
pintor recién comenzaba, el gesto de señalarlo como una joven promesa mientras se
criticaba a Barrionuevo da cuenta de la intención de Calíbar de asociarse a la renovación
de la escena de la vanguardia que estaba en pleno desarrollo a mediados de la década
del cincuenta.
El acercamiento a las posiciones modernizadoras del campo tiene su correlato en otras
facetas de la acción cultural del grupo. La ausencia de información acerca de la
actividad artística en La Rioja no solo se traduce en la falta de nombres propios, sino
también de instituciones y plataformas específicas que permitieran definir un campo. En
este sentido, en uno de los textos publicados en la revista podemos leer un indicio de la
actitud que adoptaría Calíbar en la dinámica cultural de la provincia. Titulado “363 años
de continuo trabajar”, plantea una reflexión acerca de las condiciones de la ciudad de La
Rioja a más de tres siglos de su fundación e invita a repensarla de cara al futuro:
(…) si queremos concretizar las fuerzas económicas con lo que hoy llamamos
Planificación, debe vivirse el espacio donde la técnica se confunda con el Pueblo,
con la Tierra y el Paisaje, pues consideramos, en esta hora de madurez histórica,
21

“Lidoro Barrionuevo realizó una muestra poco afortunada”, Calibar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre
de 1954, p. 5.
22
“Miguel Dávila hizo una buena exposición en la Metrópolis”, Calibar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre
de 1954, p. 5.
10

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que la conquista del espacio tiene que hacerla el Pueblo desde su ámbito físico,
estético e histórico, para que ese afán de poderse realizar tenga trascendencia
histórica, tenga responsabilidad cultural.
Ya no creemos en la Planificación que termina en el dibujo y en el expediente.Ya no creemos en las perspectivas dibujadas a regla y escuadra ni en la
propaganda colorística de sensaciones, pero si creemos en la perspectiva aérea o
espacial en la que el mensaje del artista es penetrado y definitivamente
dimensionado por la realidad social y telúrica del medio en que actúa, para
concretar una realidad cultural.- De lo contrario, todo lo que hagamos seguirá
teniendo sabor a cosa copiada, de revista o biblioteca o de alguna necesidad de
baja política. 23

El artículo hace un llamamiento a volver a concebir la ciudad desde una perspectiva
sensible, en la que la cultura y el arte serían elementos centrales para construir una
identidad auténtica. Es posible pensar que este proyecto de comunidad futura tenía sus
antecedentes en uno de los poetas que se había sumado a Calíbar y participaba en la
revista con un texto: Ángel María Vargas. Además de su vocación literaria, ejerció el
periodismo y la militancia política: en 1933 fundó el diario La Rioja (que se
autoproclamaba como el más leído de la provincia) y por los mismos años integró la
rama local del partido radical 24. Vargas fue un activo partícipe de la formación del
peronismo riojano. En diciembre de 1945, durante la visita de Perón a la provincia en el
marco de su campaña electoral, fue uno de los oradores que abrieron el acto en el que el
candidato se dirigió al pueblo riojano; al año siguiente asumió el rol de Ministro de
Gobierno e Instrucción de la gestión del justicialista José Francisco de la Vega, aunque
al poco tiempo dimitió del cargo por diferencias con su mandatario (Rojo, 1991).
Vargas regresó a la gestión pública en 1949, año en el que fue designado intendente de
la ciudad de La Rioja; a partir de ese momento desarrolló una serie de políticas
culturales orientadas, entre otros fines, a la gestación de un conjunto de instituciones
que consolidarían el campo de las artes plásticas. A finales del año en el que asumió el
cargo, el intendente proyectó una Galería Municipal de Arte para albergar una media
docena de pinturas que el gobierno provincial había adquirido en el Primer Salón de
Verano de Artes Plásticas que se había realizado pocos días antes 25. Al año siguiente
Vargas inició los preparativos para un nuevo salón bautizado con el nombre de Joaquín
V. González, que tendría un carácter anual y estaría abierto a artistas de todo el país y el
exterior 26; el evento se inauguró el 12 de octubre de 1950, en el marco de los festejos de
la semana de la lealtad peronista, tuvo entre el jurado y los premiados a artistas
argentinos consagrados y atrajo la atención de medios de circulación nacional 27. A
23

“363 años de continuo trabajar”, Calibar, La Rioja, año 1, nº1, septiembre de 1954, p. 6.
En la primera plana de La Rioja del día 13 de julio de 1935 aparece el retrato de Vargas, designado
como vocal del partido en la provincia, junto con el resto de sus directivos. Desconozco el momento
exacto de su enrolamiento, así como cuando se dio su salida.
25
“Fue creada la Galería Municipal de Arte”, La Rioja, 30 de diciembre de 1949.
26
“Se trabaja activamente en la organización del Primer Salón Anual de Arte, “Joaquín V. González”, La
Rioja, 14 de julio de 1950. La nota consigna que se había convocado al pintor Raúl Schurjin (mendocino
radicado en Santa Fe) para sumarse a la organización del salón.
27
El diario La Rioja realizó un seguimiento detallado de todos los sucesos vinculados al salón entre julio
y noviembre de 1950. Vargas consiguió el apoyo del Ministerio de Transportes de la Nación, que eximió
del costo de flete a todas las obras enviadas al certamen, y de la comisión de cultura del gobierno de
Santiago del Estero, que aportó una suma para un premio adquisición. El jurado de la sección pintura fue
24

11

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inicios de 1951 Vargas creó por decreto el Museo Municipal de Bellas Artes, que
tendría como colección inicial a las obras adquiridas en el salón del año anterior 28; sin
embargo, poco tiempo después el escritor renunció al cargo de intendente por motivos
que desconocemos 29. De este modo, la existencia del museo no pasó de los papeles.
Los miembros de Calíbar demostraron desde el primer momento cierta predisposición
para asumir el rol de gestores culturales. Entre 1954 y 1955 crearon una editorial y una
galería con el nombre de la agrupación que sirvieron como plataformas de visibilidad de
sus obras (Orecchia, 2008:58 y 59). En este sentido, el retorno de Miguel Dávila a la
provincia y su integración a Calíbar fue significativo. En julio de 1958 Dávila fue
designado director del museo que había fundado Vargas 30; al año siguiente el nuevo
responsable de la institución consiguió un préstamo de cuarenta y ocho obras
provenientes del Museo Nacional de Bellas Artes para inaugurar su primera sede, que
abrió las puertas en marzo de 1960 (Estrada, 2013). Dávila partió de la provincia a fines
de ese año, dejando a cargo del museo a Alfredo Portillos.
Así, por más que la revista solo vivió un número, fue el puntapié inicial para que el
grupo se adueñara de la escena artística local y lograra consolidar el anhelado museo.
Existe una diferencia fundamental entre la iniciativa de Vargas y el discurso de Calíbar:
mientras que el proyecto cultural del intendente era inescindible de la política, los textos
de la revista se inclinan por la búsqueda de una identidad estética autónoma. Quizás esta
diferencia haya sido la causa del alejamiento de Vargas del grupo en el año 1958;
también es posible que el enfoque de Calíbar haya estado tras la decisión de 1961 de
bautizar al museo con el nombre de Octavio de la Colina, que dos años más tarde sería
señalado como el iniciador de la pintura riojana en el primer texto historiográfico que
buscó establecer una tradición y un canon local (García Martínez, 1963).
Conclusiones
La indagación alrededor de Ángulo y Calíbar dio cuenta de una serie de puntos en
común entre ambos proyectos. Las agrupaciones que sostuvieron las dos revistas
coincidieron en la idea de que las iniciativas de modernización del campo artístico de
sus provincias debían estar aparejadas con la necesidad de consolidar las instituciones
existentes o crear las faltantes. Si bien en nuestro país los imaginarios modernizadores
estuvieron frecuentemente asociados a la institucionalización de las artes al menos
desde finales del siglo XIX, ya en el siglo XX este vínculo adquirió matices inusuales
en contextos donde las plataformas oficiales eran débiles o inexistentes: en ambos casos
pudimos ver elementos de la retórica disruptiva e iconoclasta de las vanguardias en
conjunción con el deseo de construir bases sólidas que permitieran profesionalizar el
integrado por Segundo Ávila, Raúl Soldi, Wladimiro Mejgarejo Muñoz, Demetrio Urruchúa y Horacio
Butler, mientras que el de escultura estaba compuesto por Nicolás de San Luis y Antonio Sibellino;
participaron 420 artistas con 500 obras y se premiaron trabajos de Ramón Gómez Cornet, Miguel Carlos
Victorica y Enrique Policastro, entre otros. En los días posteriores a la exposición se convocó a Córdova
Iturburu a la provincia para dar un ciclo de conferencias y la revista Continente dedicó por completo su
número de enero de 1951 al salón.
28
Decreto municipal nº4803, La Rioja, 10 de marzo de 1951.
29
“Renunció el Intendente Municipal”, La Rioja, 30 de octubre de 1951.
30
Decreto municipal nº94, La Rioja, 16 de julio de 1958.
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trabajo artístico y transformarlo en un objeto de interés social. Por otra parte, las dos
revistas presentan una inflexión con sus pasados inmediatos: si bien ambas
agrupaciones establecieron lazos políticos que les permitieron acceder a la dirección de
instituciones centrales de sus campos artísticos, lo que las diferenció de las gestiones de
Sosa y Vargas fue el mayor énfasis en la retórica modernizadora de las artes.
Posiblemente su independencia partidaria y su acercamiento a la idea de la autonomía
de lo estético hayan sido condiciones que permitieron la supervivencia de sus
instituciones, en contextos donde la finalización abrupta de los proyectos políticos
implicaba la clausura de todos sus aspectos.

Bibliografía
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                <text>REVISTAS E INSTITUCIONES ARTÍSTICAS EN LAS PROVINCIAS. Los casos de Ángulo (Salta) y Calíbar (La Rioja)</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siguiente trabajo analizaremos dos revistas culturales que circularon en dos provincias argentinas entre las décadas de 1940 y 1950: Ángulo, de Salta, y Calíbar, de La Rioja. Ambas fueron creadas por agrupaciones de artistas plásticos y escritores con la intención de establecer redes por dentro y fuera de sus provincias y consolidar sus campos artísticos. A lo largo del texto reconstruiremos sus contextos de creación, analizaremos el contenido de sus páginas e identificaremos sus principales ideas estéticas. Tanto Ángulo como Calíbar funcionaron como plataformas que posibilitaron el acceso de ambos grupos a posiciones centrales del campo de cada provincia, lo que a su vez les permitió concretar dos ansiados proyectos institucionales: la creación de la Escuela de Bellas Artes “Tomás Cabrera” en Salta y la apertura del Museo Municipal de Bellas Artes “Octavio de la Colina” en La Rioja.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In this text we will analyze two cultural magazines created in two Argentinian provinces during the 1940 and 1950 decades: Ángulo, from Salta, and Calíbar, from La Rioja. Both of them were created by groups of artists and writers that intended to establish networks and bonds inside and out of their provinces and to consolidate their artistic fields. Throughout the text we will reconstruct their contexts of creation, we will analyze the content of their pages and recognize their main aesthetic ideas. Both Ángulo and Calíbar functioned as platforms that enabled the access of both groups to central positions on their artistic fields, wich also allowed them to carry out two long-sought institutional projects: the creation of the Fine Arts School “Tomás Cabrera” in Salta and the opening of the Municipal Museum of Fine Arts “Octavio de la Colina” in La Rioja.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dr. Pablo Fasce&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CONICET/IIPC TAREA-UNSAM/UBA)</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

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LA CIRCULACIÓN DE LAS IDEAS DEL PANAMERICANISMO EN
REVISTAS LATINOAMERICANAS. Saber Vivir y una red de intelectuales a
favor de la causa aliada

Dra. Fabiana Serviddio
CONICET-Universidad Nacional
de Tres de Febrero

Resumen
La ponencia propone analizar la política editorial de la revista de interés general Saber
Vivir durante la segunda Guerra Mundial, articulando las notas de arte con aquellas de
literatura, educación y política, en el contexto de los programas de propaganda del
panamericanismo en Latinoamérica.
Palabras clave: Saber Vivir, Panamericanismo, exhibiciones, Latinoamérica.
Abstract
The paper will analyze the editorial policy of the journal Saber Vivir during the Second
World War, putting together the visual arts, literature, education and politics’ articles, in
the light of the propaganda programs of Panamericanism in Latin America.
Keywords: Saber Vivir, Panamericanism, exhibitions, Latin America.

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Durante la Segunda Guerra mundial, frente al peligro por la gravitación del
nazifascismo en Latinoamérica, el gobierno de Estados Unidos implementó un paquete
de medidas políticas, económicas y culturales dirigidas a mejorar los vínculos con la
región y así defender sus propios intereses en el continente americano. En sintonía con
la agenda política que imponía la segunda guerra, la administración de presidente
norteamericano Franklin Roosevelt buscó instalar la idea de la confraternidad de los
países del continente americano, más allá de sus diferencias culturales, raciales y
sociales, a través de la denominada Política del Buen Vecino.
De acuerdo a la nueva argumentación americanista, el hemisferio americano,
heredero de las tradiciones de América del norte y sur, constituía la alternativa de
progreso para el proyecto moderno, que Europa ya no podía llevar adelante. En el área
de las artes visuales, una amplia red de instituciones fue sede de exhibiciones que
reunieron obras de arte de todo el continente, tras el objetivo de asegurar los buenos
vínculos culturales entre Estados Unidos y Latinoamérica. De esta política cultural
estatal se hicieron eco también algunas instituciones y empresas privadas, que buscando
proteger sus intereses y mantener su hegemonía acompañaron las tácticas de diplomacia
cultural del gobierno sumando principalmente la organización de concursos y también,
como en el caso de la multinacional IBM, la creación de una colección de arte
hemisférico.
El 17 de marzo de 1943, El Mundo publicó una nota de Julio Rinaldini en la
sección “Artes Plásticas”, en donde el autor contrastaba la atención dispensada hacia las
actividades culturales argentinas de parte de los Estados Unidos, y la escasa respuesta
que el país había dado a ese interés (Rinaldini, 1943). Mientras que la administración
brasileña de Vargas respondió a la proposición panamericanista a través de una
significativa inversión en la construcción del moderno Pabellón Brasileño para la Feria
Mundial de Nueva York a cargo de Lucio Costa y Oscar Niemeyer junto al contundente
envío de murales de Cándido Portinari, en la Argentina la inestabilidad política del
gobierno de Roberto Ortiz y Ramón Castillo, el mantenimiento de la política neutralista
en la guerra mundial como maniobra para sostener la precaria alianza con sectores del
Ejército, y finalmente el golpe de estado de junio de 1943, dejaron los intercambios
culturales en manos de intelectuales y artistas, con una tibia intervención del Estado.
La política panamericanista de propaganda cultural ponía especial interés en
establecer sólidas relaciones con los intelectuales, puesto que se esperaba con su
aprobación generar corrientes de opinión favorables a la causa aliada. En efecto, los
intercambios promovidos no se circunscribieron solamente a la organización de
exhibiciones: el Comité para las Relaciones Artísticas e Intelectuales Interamericanas
financió un intercambio constante de artistas, escritores, gestores culturales y
coleccionistas entre ambos países. En 1943 el artista Emilio Pettoruti fue invitado, en su
calidad de director del Museo Provincial de Bellas Artes, a una gira de estudio para
conocer las instituciones artísticas más importantes de los Estados Unidos. Horacio
Butler también fue huésped del gobierno norteamericano durante dos meses junto a
Ezequiel Martínez Estrada, Sebastián Soler y Teodoro Becú (Butler, 1966, p.180). Viaje
similar emprendió en 1945 el crítico y ensayista Julio E. Payró.
Era central que las exhibiciones que propiciaban el intercambio artístico
intercontinental recibieran la mayor difusión posible en la región a través de la prensa
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periódica y de las revistas. Las instituciones y agentes que trabajaban en pos de esta
política intervenían por lo general solicitando se le consignase reseñas a las
exhibiciones de “buen voluntad”, o pidiendo dedicar algún número o sección especial a
Latinoamérica. En Norteamérica las exposiciones y concursos se difundieron a través de
reseñas en revistas especializadas como Magazine of Art -que recibió un subsidio de una
agencia gubernamental para la adquisición y envío de ejemplares a todos los países
latinoamericanos- o revistas de interés general como Life. A las personalidades de la
cultura que viajaban de Latinoamérica a los Estados Unidos en calidad de visitantes, se
les solicitaba difundir sus “impresiones” a través de revistas locales. Julio Payró brindó
a su regreso sus opiniones positivas a través de un extenso artículo en la revista Sur
(Payró, 1946, pp. 83-91). Pettoruti por su parte escribió numerosos artículos sobre el
excelente estado de situación de los museos de los Estados Unidos para el periódico
mendocino Los Andes, que distribuía sus notas a periódicos de la región cuyana.
En Latinoamérica si bien solo algunas publicaciones declararon abiertamente sus
posicionamientos ideológicos, ninguna quedó exenta de una toma de partido, plasmada
bajo la forma de decisiones editoriales y el espectro de colaboradores que participaban
de la misma (Gramuglio, 2002). En la escena artística porteña, revistas como Saber
Vivir, Anuario Plástica y Atlántida se hicieron eco de las exhibiciones de arte
hemisférico y, aún tomando distancia, de la ideología panamericanista las acompañaba.
Como señaló María Amalia García, Saber Vivir, publicación dedicada a las artes
en general y a la gastronomía, se había planteado en sus inicios como guía del buen
gusto, como lugar de preservación de las formas de la cultura “universal”, una suerte de
refugio en tiempos de guerra, intentando mantenerse al margen de los debates políticos.
Sin embargo, el espectro de colaboradores de la revista la situó como un espacio ligado
a la causa antifascista y antineutralista, a favor de los Aliados y de la política
norteamericana del panamericanismo.
Saber Vivir se fundó a inicios de 1940, década marcada a nivel internacional por
la II Guerra Mundial y, a nivel local, por el arribo de exiliados españoles en un caudal
mayor a partir del cierre de la Guerra Civil en España. Entre ellos se contaban artistas,
escritores, profesores e intelectuales que tendrían una importante actividad en nuestro
campo cultural. El medio intelectual que los recibió ya estaba fuertemente marcado por
un antifascismo que se radicalizaría durante la década de 1940. Es así que en sus
primeros años de existencia, Saber Vivir estuvo estrechamente ligada a la producción
cultural del exilio republicano en la Argentina (García 2008).
Patricia Artundo la compara con publicaciones contemporáneas que a comienzos
de los años cuarenta apoyaron la opción antifacista, como es el caso de Correo
Literario, o de Argentina Libre, con las cuales compartieron críticos y artistas: María
Rosa Oliver, Jorge Romero Brest, Oliverio Girondo, Raquel Forner, Attilio Rossi,
Mário de Andrade, señalando el carácter diferencial de cada una de estas
intervenciones. Con respecto a Saber Vivir, la historiadora precisa que la publicación
buscaba poner al alcance de un público educado notas que lo mantuviesen al día en
áreas diversas pero sin realizar mayores esfuerzos en lecturas más arriesgadas a nivel
ideológico, a pesar de que la mayoría de sus colaboradores ejercían profesionalmente de
manera más comprometida en otros medios (Artundo 2004). Un análisis de la política
editorial general de la revista permitirá profundizar la cuestión.
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Saber Vivir compartía sus escritores con el consejo literario del diario La
Nación: Enrique de Gandia, Ricardo Rojas, Mariano Vedia y Mitre y Mujica Láinez.
También cruzaba con Sur los miembros del comité editorial y sus principales
articulistas: Eduardo Bullrich, Alfredo González Garaño, Eduardo Mallea, María Rosa
Oliver, Guillermo de Torre. Y aunque Victoria Ocampo sólo participó con una nota
sobre su departamento, la proximidad geográfica de ambas oficinas de redacción puso a
ambas revistas en estrecha vinculación. María Amalia García señala respecto de esta
articulación de posiciones en relación con los bandos de la guerra civil, que la revista
tuvo, en un principio, desde su consejo de redacción una estructura contradictoria de
participación española. Si Joan Merli, exiliado republicano catalán organizaba la
sección de artes plásticas, Álvaro de las Casas, con una postura política dudosa
(denunciada desde otras publicaciones vinculadas a la comunidad española), se encargó
hasta el número 4/5 de la selección literaria. Con el alejamiento de este último de la
dirección literaria a partir del número 6 en 1941, Joan Merli quedó a cargo de la
dirección artística general, y fue en ese momento que se iniciaron las participaciones de
los intelectuales republicanos como Varela, Alberti, Dieste y León. Estas inclusiones
permiten pensar que fue Merli quien introdujo a este grupo en la revista y quien, a partir
de entonces, coordinó ambas secciones e impuso un cambio de rumbo. Merli acogió a
los artistas exiliados: Manuel Ángeles Ortiz fue el más cercano a la revista; María Rosa
Oliver escribía sobre sus cuadros en el primer número y él ilustró profusamente notas de
la revista. Luis Seoane, Manuel Colmeiro y Ramón Pontones también participaron con
sus ilustraciones aunque en menor medida (Garcia 2008).
En Saber Vivir estuvieron también presentes los artistas conocidos como los
“muchachos de París”, la generación más joven que realizó su viaje iniciático a
mediados de la década del ´20. Horacio Butler fue una de las figuras centrales por la
gran participación que tienen sus ilustraciones a lo largo de la vida de la revista, además
de realizar las tapas de los cuatro primeros números del año 1940; entre ellas, la portada
del número dedicado al Día de las Américas.

Horacio Butler, Día de las Américas. Ilustración de portada para Saber Vivir núm. 21

En 1942, Lincoln Kirstein, representante del Museo de Arte Moderno de Nueva
York, fue enviado a Latinoamérica por Nelson Rockefeller con el encargo de adquirir
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obras latinoamericanas para formar una colección especial, y María Rosa Oliver lo
acompañó y guió a través de los distintos talleres de artistas. Kirstein se interesó por las
ilustraciones de Butler a la Geografía argentina de la Biblioteca infantil de Editorial
Sudamericana, con texto de María Rosa Oliver, y sus decorados escenográficos (Oliver
2008 [1981) 1 –adquirió para la colección del Moma Orpheus, un gouache diseñado para
el espectáculo de Jean Cocteau en el teatro La Cortina de Buenos Aires- (Kirstein
1943). De allí que le propuso que creara decorados para su propia compañía de danza:
Butler recibió el encargo de realizar diseños a la acuarela como decoración
escenográfica del ballet Estancia de Alberto Ginastera. María Rosa Oliver, por su parte,
fue invitada al año siguiente a integrar un consejo especial conformado por escritores
latinoamericanos para la Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos en
Washington DC (Oliver 2008, pp. 145-159) 2. Las invitaciones a viajar y los encargos
artísticos eran estrategias recurrentes para afianzar los vínculos con los
latinoamericanos. Saber Vivir fue un nodo de articulación y discusión que convocaba y
concentraba a los sectores favorables a la causa aliada en contra de los totalitarismos.
Los portadores de la ideología panamericanista aprovecharon el clima antifascista
preexistente.
Otro de los intelectuales que se comprometieron con la causa aliada y
colaboraron para Saber Vivir fue el crítico de artes plásticas Julio Rinaldini que tuvo en
el campo de las artes visuales un papel central. A partir del estallido de la segunda
Guerra Mundial, su escritura crítica adquirió un tono decididamente antineutralista y
antifascista (Artundo 2007, pp. 13-28). Rinaldini mantenía contacto epistolar con
algunos miembros del programa de propaganda panamericanista de la Oficina del
Coordinador como María Rosa Oliver, quien como se dijo había sido contratada como
consejera especial entre 1942 y 1944; estos contactos pueden constatarse a través de
algunas cartas alojadas en el epistolario de la escritora argentina en la Universidad de
Princeton. Sus artículos referidos a la cuestión panamericanista no pasaron
desapercibidos; el arriba citado del diario El Mundo fue fotocopiado, traducido al inglés
y analizado por integrantes de la mencionada OCIAA, y se encuentra alojado en los
archivos de la directora del Museo de Arte de San Francisco, Grace Morley,
colaboradora activa del programa desde su fundación en 1940.
Saber Vivir fue una importante plataforma de circulación de las ideas del
panamericanismo al momento de realizar las críticas de las exhibiciones. Dio cuenta de
la exposición de grabados y pinturas de la colección de arte hemisférico de la IBM que
llegó a Buenos Aires en agosto de 1941 y se exhibió en los salones de la Comisión de
Bellas Artes. El autor del artículo sin firmar reportó la retórica panamericanista que
1

Para el análisis del rol de Oliver como nexo en las redes culturales panamericanas que crecieron en esta
época, véase el estudio preliminar de Álvaro Fernández Bravo a esta última edición.

2

Junto a Oliver trabajaron distintos asesores latinoamericanos que colaboraron en la evaluación del
diseño de los proyectos, el examen de artículos, notas o ensayos destinados a la prensa latinoamericana,
señalando errores de información en que incurriera la prensa local, revisando discursos de hombres
públicos estadounidenses sobre la “buena vecindad” o escribiéndolos de acuerdo a los datos
proporcionados; redactando discursos para ciertos actos; y sugiriendo qué latinoamericanos convendría
invitar para para dar conferencias o realizar actividades culturales en Estados Unidos. Se organizaban las
actividades de los invitados y se señalaban las fallas en la propaganda de guerra, debidas al
“desconocimiento de la sensibilidad de los pueblos a los cuales se le destinaba”.
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acompañaba la muestra –la “comprensión, amistad y buena vecindad” hemisférica que
este tipo de exhibiciones simbolizaban- pero decidió expresamente dejar de lado los
motivos de la llegada de esta muestra al país, y dedicarse estrictamente al análisis de las
obras en sí mismas (Arte contemporáneo del Hemisferio Occidental, 1941).
Julio Rinaldini reseñó la Exposición de Pintura Norteamericana
Contemporánea, el primer gran proyecto expositivo de la Oficina del Coordinador, que
reunió una selección de trescientas obras pertenecientes al Museo de Brooklyn, el
Museo Americano de Historia Natural, el Museo Metropolitano de Arte, el Museo de
Arte Moderno de Nueva York y el Museo Whitney de Arte Americano, y se exhibió en
el Museo Nacional de Bellas Artes. Rinaldini hizo referencia expresa a su
funcionamiento como instrumento de diplomacia cultural entre los países del
continente. A su juicio, la exposición ayudaba a que argentinos y norteamericanos se
conocieran mejor, y así contribuía a que se pusieran de acuerdo, dando de esta manera
una respuesta activa tanto a la política cultural del panamericanismo como a la
coyuntura política que atravesaban las relaciones bilaterales en aquel momento. Las
obras de arte eran instrumentos que permitían establecer diferencias entre el
temperamento de la pintura norteamericana –que encontraba mucho más atada al
realismo y a los hechos concretos, a la representación del hecho-, y la pintura argentina,
mucho más preocupada por los valores plásticos y la creación de una obra de valor
estético. El crítico no se privó de ponderar indirectamente el arte nacional por encima de
las realizaciones de los Estados Unidos. Terminó la reseña señalando que, a través de la
acción de los particularismos de las naciones de América se estaba creando, en lo
hondo, una sólida armonía continental, metáfora musical que le servía para aludir a la
armonía de las diferencias (Rinaldini, 1941, pp. 14-17).
En “La historia en el origen del arte norteamericano”, Rinaldini analizó el origen
de la actividad pictórica en los Estados Unidos, estableciendo estrechos paralelismos
con el arte latinoamericano. El arte de las repúblicas independientes de la colonia, tanto
en EE.UU. como en Hispanoamérica, florecía y adquiría caracteres locales en tanto arte
documental, al representar los principales acontecimientos históricos y sus
protagonistas. La originalidad se lograba a partir de la paulatina localización de los
temas. “La historia nacional mueve a los artistas y está estrechamente vinculada al
origen del arte de la república” (Rinaldini, 1942, pp. 30-31).

Art. de Rinaldini en Saber Vivir 24

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En “Itinerario de ida y vuelta en el arte de América”, Rinaldini se detuvo en el
problema de los procesos de apropiación de modelos europeos y las sucesivas etapas de
independencia de los mecanismos de la creación. La Europa de posguerra había
producido un primer movimiento de reintegración de los artistas americanos emigrados
a Europa en busca del origen de la práctica del arte. El movimiento mexicano y Diego
Rivera representaban la primer voluntad disciplinada y sistemática de retorno, de
restauración y reconquista. De regreso a América la creación no se había interrumpido,
sino que había atravesado un interludio, una pausa, y con los nuevos aportes
conseguidos en Europa presentaba nuevas posibilidades de desarrollo. A los artistas les
faltaba ver nuestro propio mundo “que espera el momento de enriquecer con su imagen
las representaciones del arte”. Y subscribiendo de algún modo la retórica de
identificación hemisférica, consideró que el continente tenía ya capitales como Río,
México, Buenos Aires, Nueva York y Washington, grandes centros americanos que ya
generaban un ambiente propicio para el desarrollo de los individuos y del arte
(Rinaldini, 1942, pp. 12-16).
Este tipo de exhibiciones apuntaba a poner en circulación, a través de objetos
artísticos, un relato unificado del pasado de América, de modo tal de generar la
percepción de una pertenencia común al hemisferio occidental y construir así una sólida
identidad cultural panamericana. Los objetos estéticos en sí mismos, que para los
organizadores eran medios para alcanzar objetivos políticos, fueron sin embargo
recolocados en primer término del análisis en la escena artística porteña, puesto que
como vimos se hizo un análisis pormenorizado de su calidad estética. La coyuntura
brindaba nuevas herramientas comparativas para esclarecer los distintos caminos
posibles que el arte moderno había tomado en territorio americano. En general se
asumió una posición favorable pero independiente, dejando de lado las obvias
intencionalidades políticas, y sacando provecho del intercambio y competencia que la
llegada de las exhibiciones permitía en el campo específico de las artes visuales. La
misma postura notamos en el caso de las reseñas que hicieron Pettoruti y Payró al viajar
a los Estados Unidos y escribir sus artículos críticos donde se evaluaban el estado de los
museos y las colecciones de arte en los Estados Unidos.
La pertenencia de Saber Vivir a un espacio ligado a la causa aliada puede
también constatarse a través de su política editorial. Entre 1941 y 1943 se publicó una
gran cantidad de artículos dedicados a destacar las virtudes morales y los alcances del
desarrollo de la educación, las artes y la política en los Estados Unidos, difundiendo el
progreso espiritual del vecino país del norte y operando activamente contra las
argumentaciones de las publicaciones filofascistas respecto de la pobreza espiritual de
Norteamérica y su falta de un lazo con las tradiciones culturales de los latinos. En este
sentido la causa panamericana no sólo era propiciada por los artículos específicos sobre
arte de Julio Rinaldini, sino también la profusión de trabajos dedicados a demostrar el
interés de Estados Unidos en los logros culturales de Latinoamérica, a resaltar sus
valores esencialmente democráticos de vida, a revertir la perspectiva sobre sus
fundamentos éticos y a dar a conocer el progreso que las artes habían alcanzado en su
propio territorio.
Saber Vivir dedicó por ejemplo dos sendos artículos a la figura de Eleanor
Roosevelt. El epígrafe del título “La Primera Dama de los Estados Unidos” rezaba: “No
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es solamente la “Primera Dama” de los Estados Unidos, es también una mujer
trabajadora, una aristócrata y una funcionaria pública que gasta todas sus energías en
bien del hemisferio”. El artículo narraba la historia de Eleanor y cómo, debido a la
enfermedad de su esposo, se había visto obligada a ingresar a la actividad política.
Ampliamente laudatorio en todo sentido, la imagen de la primera dama era la de una
mujer simple que se preocupaba y trabajaba por el bien de la “Humanidad”, y que
cuando daba beneficencia lo hacía para ayudar a que las personas pudieran
independizarse económicamente y no depender de nadie. La autora destacaba su
carácter de trabajadora a la par que cualquier otra persona del pueblo y de paladín de la
Democracia en suelo estadounidense (Martínez Guerrero, 1942, pp. 46-47).
En “Un almuerzo en la Casa Blanca”, Aimée S. B. De Ramos Mejía presentaba
a la primera dama describiendo su forma sencilla y directa de relacionarse: la forma de
conducirse de quienes trabajaban en la Casa Blanca y de la misma Eleanor, así como el
ejemplo de la columna periodística My day desde donde la primera dama intercambiaba
cartas con ciudadanos de todo el país, daba cuenta de una “verdadera democracia”
(Ramos Mejía, 1941, agosto).
En otro artículo Edmundo Correas, rector fundador de la UNCuyo, trazaba una
detallada descripción del sistema educativo en los Estados Unidos, y de los valores de
honestidad que se le inculcaban a los niños desde temprana edad. Destacaba lo
entretenido, práctico y lleno en recursos del sistema de enseñanza, y a los principios
democráticos como parte integrante del mismo, practicados por todos los ciudadanos
(Correas, 1942, pp. 52-54).

Edmundo Correas, La instrucción Pública en Los Estados Unidos, Saber Vivir

Los paralelismos entre las tradiciones y los procesos históricos de la Argentina y
los Estados Unidos ayudaban a establecer una plataforma cultural común entre ambos
países que hacían mucho más fácil luego un análisis comparativo de la producción
plástica argentina y norteamericana. Si no era posible establecer similitudes entre los
desarrollos históricos de cada región, el discurso de la confraternidad hemisférica se
desdoblaba para encontrar, por debajo de las notas discordantes, similitudes que
hermanaban a las repúblicas americanas.
El número 21, dedicado al Día de las Américas, daba cuenta en su introducción
editorial del posicionamiento ideológico de Saber Vivir frente a los argumentos de
pertenencia hemisférica del panamericanismo:
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La armonía de las tres Américas debe interpretarse y sentirse como una armonía
de la diversidad, pues es evidente la heterogeneidad de los elementos que componen el
Nuevo Mundo. De ahí que para conciliarnos debamos recurrir a la comprensión mutua,
que sólo se conseguirá como resultado del ejercicio consciente de la sensibilidad y de la
inteligencia. Sintiéndonos y conociéndonos, podremos llegar fácilmente a
comprendernos. Y no hay a nuestro juicio camino más recto hacia este objetivo, que la
divulgación conjunta de la literatura, el arte, el paisaje natural y humano, las
gravitaciones históricas a través de hechos y hombres, para abstraer una síntesis capaz
de vertebrar las piezas del organismo continental (Nota editorial del número dedicado al
Día de las Américas, 1942, p. 11).
Los colaboradores de Saber Vivir presentaron también numerosos estudios sobre
poesía y literatura contemporánea estadounidense –cuatro ensayos en distintos números
de la revista, en un lapso de menos de dos años-, artículos sobre Fantasía de Walt
Disney (Ilustración 4), el cinematógrafo “como expresión de cultura”, los derechos
laborales y sociales alcanzados por la mujer en los Estados Unidos –cuestión
particularmente admirada por María Rosa Oliver-, y hasta la reproducción de la
declaración de la independencia de Tomas Jefferson y el segundo manifiesto de
Abraham Lincoln en el suplemento dedicado al Día de las Américas. Todos los artículos
por lo general estaban narrados en tono ameno y entretenido, siguiendo las pautas del
género de diario de viaje, con un aventurero en primera persona que se sorprende al
descubrir que las cosas no eran como él las creía y busca la complicidad de su lector.

Mercedes Iglesias de Mac Donough, Fantasía de Walt Disney. Saber Vivir, n. 9, abril 1941

El panamericanismo fue un proyecto imperial que se coló en Saber Vivir
tomando ventaja de su rechazo a los totalitarismos, pero artistas y críticos
latinoamericanos reformularon su propuesta regionalista proponiendo construir una
identidad americana que pudiera establecerse en términos de iguales y de respeto a las
diferencias culturales.

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>El objeto revista. Agentes y contextos de enunciación. Escenarios políticos internacionales</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Saber Vivir - Panamericanismo - exhibiciones - Latinoamérica</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Saber Vivir - Panamericanism - exhibitions - Latin America</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ponencia propone analizar la política editorial de la revista de interés general Saber Vivir durante la segunda Guerra Mundial, articulando las notas de arte con aquellas de literatura, educación y política, en el contexto de los programas de propaganda del panamericanismo en Latinoamérica.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract &lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;The paper will analyze the editorial policy of the journal Saber Vivir during the Second World War, putting together the visual arts, literature, education and politics’ articles, in the light of the propaganda programs of Panamericanism in Latin America.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dra. Fabiana Serviddio &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CONICET-Universidad Nacional&amp;nbsp; de Tres de Febrero</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
DISPOSITIVOS PARA LO NUEVO: Diálogos entre publicaciones de la
modernidad latinoamericana

Silvia Dolinko
(Conicet- IDAES/UNSMAM)
María Amalia García
(Conicet- IIPC Tarea/UNSAM)

Resumen
Este trabajo hace foco en las revistas culturales latinoamericanas como espacios de
interlocución e intercambios, en tanto las considera como un núcleo central para abordar
la conformación de programas y circuitos de la modernidad. Luego de un breve repaso
de algunos de los trabajos clave sobre la cuestión, se abordarán algunos casos de
publicaciones editadas entre los años veinte y principios de los setenta del siglo XX,
considerando a las revistas en tanto dispositivos de circulación de “lo nuevo” y soportes
de difusión y promoción de nuevas poéticas y discursos.
Palabras clave: artes visuales, modernidad, vanguardia, renovación, disrupción.

Abstract
This work focuses on Latin American cultural magazines considering them key cores
for dialogues and exchanges. Cultural reviews are crucial to address the conformation of
programs and circuits of modernity. After a brief overview over some central researches
on the subject, publications published between the twenties and early seventies of the
twentieth century will be studied. This paper understands magazines as circulating
devices of “the new”and supports of diffusion and promotion of new poetics and
speeches.
Keywords: visual arts, modernity, avant-garde, renovation, disruption.

1

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A fines de 1927, el cuarto número de Verde, la revista publicada en Cataguazes
(Minas Gerais, Brasil) incluía en su sección “Noticias sobre livros e outras noticias” una
reseña sobre los contenidos del número 43 de Martín Fierro, “conhecidissima revista
moderna argentina”: refería al artículo de Eduardo González Lanuza que analizaba las
revoluciones tanto literarias como políticas, y destacaba la publicación de “poesía,
estudos, notas de arte e outras notas bem interessantes”. 1 La revista porteña no solo
incluía notas de arte sino también, y en forma profusa, cantidad de reproducciones de
obras de arte: Martín Fierro era por entonces uno de los principales dispositivos
editoriales que apoyaban al arte moderno, y su impacto llegaba hasta las páginas de
varias revistas latinoamericanas.
Diecisiete años más tarde, en diciembre de 1943, aparecía en Sur de Buenos
Aires, la revista dirigida por Victoria Ocampo, una reseña elogiosa sobre Correo
Literario a la que comparaban con la parisina Les Nouvelles Litteraires, aunque en
verdad tomara su diseño de la mexicana Romance. Se trataba de una nueva publicación
dirigida por un colectivo de exiliados gallegos llegados a la Argentina a partir del
estallido de la Guerra Civil Española; pocos meses después, desde esa misma
publicación se destacaban algunos hallazgos de Sur en materia literario-política. 2 No
sólo estos elogios y referencias cruzadas vinculaban ambos emprendimientos
editoriales, sino también su carácter cosmopolita, la relación activa con el ámbito
americano y europeo, la idea de la preservación de los valores culturales como
responsabilidad intelectual en tiempos de conflicto bélico, su oposición a los regímenes
totalitarios y el apoyo a la causa de los exiliados. Las páginas de Correo Literario
también daban cuenta de vínculos simultáneos con otras publicaciones de distinta
orientación que aquella dedicada a las “minorías selectas” a la que apuntaba Sur. Las
afinidades ideológicas y estéticas con Latitud y Contrapunto eran remarcadas en una
nota de la redacción de marzo de 1945, al mencionarse que con éstas compartían “la
ardua tarea de luchar en la divulgación de las artes y las letras. Tarea obligada de
propalar, fecundar, crear y contribuir por los medios más puros a la defensa de la
cultura. [...] Ellas, y otras que aparecerán, han de formar ese estado de afirmación por el
cual el pueblo al fin encontrará sus verdaderos órganos de expresión cultural, esa
expresión que es connatural con la vida grande y heroica de América.” 3
No era a partir de la afinidad y la comunión, sino de la reacción violenta desde
donde uruguayo Sarandy Cabrera contestaba en 1947, en las páginas de Removedor, las
críticas de Tomás Maldonado contra la obra de Joaquín Torres-García: “Lo he visto
insultando a Torres García quien no entiende porqué Tomás Maldonado no entiende la
pintura con su libresca sabiduría recién aprendida, su erudición a la violeta, y se regodea
con una seminosa masturbación de seudo arte.” 4 Esta fuerte respuesta estaba a la altura
1

F., Martim Fierro. En Verde. Revista mensual de arte e cultura, a. 1, n. 4, dezembro 1927, p. 24.
Reproducido en Puntoni y Titan Jr (2014).
2
Anónimo (1944). Correo Literario (13), 2.
3
Nota de la redacción (1945). Nuevas revistas. Correo Literario (31), 2.
4
Sarandy Cabrera (1947). En defensa de la Pintura, de un Artista y del Arte Moderno: con motivo de un
artículo aparecido en la revista – Arte Concreto Invención – B.A. Removedor: revista del Taller
Torres García (16): 2, 5. Recogido en
http://icaadocs.mfah.org/icaadocs/ELARCHIVO/RegistroCompleto/tabid/99/doc/731079/language/esMX/Default.aspx
2

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de los cuestionamientos que Maldonado, antiguo seguidor de Torres-García y ahora
convertido en detractor, había proferido en su artículo publicado en el segundo número
de la revista de la Asociación Arte Concreto-Invención, en el cual descalificaba al
maestro uruguayo y sus teorías respecto del universalismo constructivo. 5 Evidentemente
la propuesta de Torres-García que conjugaba la renovación abstracta con elementos de
las antiguas culturas americanas estaba muy lejos del ascetismo formal pregonado por el
movimiento concretista argentino.
En el quinto número de la revista colombiana Plástica dirigida por la artista
Judith Márquez se celebraba a comienzos de 1957 la aparición en el medio bogotano –
que padecía de un escaso apoyo oficial a las artes plásticas–, de la revista Prisma,
editada por la crítica argentina Marta Traba. Dada su esmerada factura y su alto nivel
de contenidos, Plástica auguraba longevidad a Prisma; sin embargo, esto no ocurrió, ya
que se publicaron con rapidez doce números, pero sólo durante el año 1957. Prisma
tenía un modelo muy elocuente: la revista argentina Ver y Estimar, dirigida por Jorge
Romero Brest y en la cual Traba había dado sus primeros pasos como crítica de arte.
Las dos revistas compartían el objetivo formativo de educar la mirada de sus lectores en
torno a una pluralidad de acontecimientos estéticos, aunque el arte moderno tuvo
especial énfasis en las páginas de ambas publicaciones (Bazzano-Nelson, 2005).
Los poetas y artistas americanos reunidos en febrero de 1964 en México –
agrupados como Movimiento Nueva Solidaridad y Acción Poética Interamericana–
sostenían que: “desde hace años, los jóvenes americanos han venido saliendo de sus
ciudades para superar la incomunicación reinante con los de otras latitudes, mientras en
sus propios países otros iniciaban revistas para cooperar con la superación de esas vallas
[...]. Las revistas no son otra cosa que los signos externos de esa revolución interior, al
igual que el resto de los sucesos en el campo político, científico y económico [...] el
intercambio, el contacto y la cooperación de los escritores, intelectuales y artistas de
América, entre sí, son vitales para el destino del Continente”. Esta Declaración fue
reproducida en el décimo número de la revista mexicana bilingüe El corno emplumado
dirigida por Sergio Mondragón y Margaret Randall y, retomada de allí, en la argentina
Diagonal Cero publicada por Edgardo Antonio Vigo, quien reproducía el manifiesto en
el número del mes de agosto de 1964.
Las relaciones entre distintas revistas latinoamericanas aquí presentadas a modo
de ejemplo permiten considerarlas como puntos de partida para reflexionar sobre el
lugar clave de las publicaciones en la articulación de intercambios intelectuales y
artísticos continentales a lo largo del siglo XX, cuando numerosas instancias de
comunicación, de debate y discusión se tejieron a través de plataformas de papel. Las
revistas constituyen una producción privilegiada para abordar la conformación de
programas y circuitos de la modernidad cultural latinoamericana. Espacios de
intercambio, páginas abiertas a caminos congruentes –con ideas, referencias, apoyos,
publicidades, principios, imágenes, autores y artículos compartidos–, pero también
lugares clave para la discrepancia y el combate, las revistas culturales resultan espacios
de enunciación relevantes para comprender las propuestas, las vicisitudes y el devenir

5

Tomás Maldonado (1946). Torres-García contra el arte moderno. Boletín de la Asociación Arte
Concreto-Invención (2), 1.
3

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de las formaciones artístico-literarias, a la vez que a las tramas de problemas y debates
en las que ellas se inscriben o que activan.
En este sentido, la confluencia de una constelación de referencias, de materiales
y de retóricas permite considerar a las revistas como “espacio de cruce” o también
“obras en movimiento” (Rocca, 2004; Manzoni, 2007). En sus tapas y en las páginas se
articulan imágenes, textos, citas, palabras clave, anclajes en lugares y fechas precisos,
como así también la selección de nombres centrales para los programas que sostienen:
allí tiene lugar un universo de ideas que asocia cada publicación a un proyecto colectivo
o, tal vez, a una figura líder. Manifiestos, proclamas, encuestas, ensayos coexisten en
sus páginas con fotografías, viñetas, imágenes gráficas, reproducción de obras visuales.
Sostenemos que las revistas culturales de América Latina de entre los años
veinte y principios de los setenta del siglo pasado constituyeron dispositivos de
interlocución, y también de disrupción y enfrentamiento, a la vez que espacios centrales
para abordar la conformación de discursos y circuitos de la modernidad visual. Desde
allí se conformaron redes tejidas a través de obras, poéticas y discursos sobre lo visual.
Nos interesa destacar el rol de las publicaciones en la construcción de vínculos o
sincronías a través de las narrativas, problemáticas y dispositivos de la imagen y su
relación en la conformación de programas de modernización cultural. En este sentido,
consideramos esta propuesta como una ampliación del estudio sobre estos
emprendimientos que, en general, han sido leídos desde el análisis literario. En efecto,
aun considerando los diálogos entre discursos inscriptos en el cruce dinámico de
proyectos de la modernidad, muchos de los trabajos de referencia sobre las revistas
culturales en América Latina las han abordado fundamentalmente en tanto objeto de
estudio sobre las vanguardias literarias, priorizando o haciendo foco en cuestiones
textuales y dejando de lado las particularidades y aportes de los contenidos visuales.
Proponemos a continuación un breve repaso de algunos de estos abordajes.
I
Si bien formular un estado de la cuestión respecto de los trabajos sobre las
revistas culturales es una tarea ambiciosa que esta presentación no pretende asumir, sí
nos interesa señalar sucintamente algunos aportes en torno a esta problemática. Beatriz
Sarlo (1988, 1992) ha abordado las publicaciones periódicas en tanto soporte de
circulación de discursos literarios en los años veinte y treinta en la Argentina, a la vez
que ha reflexionado en torno a la revista como dispositivo cultural. Nos resulta
relevante destacar su análisis de la sintaxis de la revista y su inscripción en la coyuntura
en la cual responde; son las decisiones entre contenidos, imágenes y diagramación las
que le otorgan su entidad como soporte de circulación gráfica. Asimismo, esta autora
señala cómo las revistas son la arena del debate contemporáneo y de qué manera es
posible recorrer la historia de las vanguardias, o bien de los procesos de modernización
cultural, a través de las revistas. Otro punto central para nuestro enfoque se involucra
con lo que Sarlo denomina la doble geografía cultural de las revistas: “el espacio
intelectual concreto donde circulan y el espacio-bricolage imaginario donde se ubican
idealmente” (Sarlo 1992: 12). La geografía de una revista es, como el deseo del viaje,
una vía regia hacia su imaginario cultural.
4

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Por su parte, Jorge Schwartz (1991) ha puesto especial énfasis en las revistas en
su abordaje de las vanguardias en América Latina, al considerarlas desde su condición
de medio fundamental para los debates en torno a las renovaciones estéticas de los años
veinte y treinta. Al oponerlas a las publicaciones cuyas preocupaciones son puramente
políticas, el autor aborda las revistas que promueven “la renovación de las artes, los
nuevos valores, el combate contra los valores del pasado y el statu quo impuesto por las
academias”. Schwartz, junto a Roxana Patiño, también plantea que las revistas no tienen
un lugar definido y fijo dentro de un orden cultural dado, sino que tienen funciones
específicas y variables: puede tratarse de revistas que funcionen a modo de instituciones
o que dependan de una institucionalidad determinada, y otras que nacen en el seno de
las formaciones intelectuales y artísticas (Schwartz y Patiño 2004: 649). Estas últimas
son aquellas que a lo largo del siglo XX conformaron los principales núcleos
ideológico-estéticos por los cuales pasó y se modernizó la cultura latinoamericana.
Pablo Rocca (2004) también ha reflexionado sobre este objeto considerando
tanto su inscripción en una trama cultural como su visualidad y su relación con lo
textual; plantea de qué manera la revista –principalmente la revista vanguardista–
emerge con la voluntad de cambiar el mundo aunque se dirija a un pequeño grupo de
iniciados: escritores, artistas, universitarios, profesionales de la cultura, de un reducido
sector de los grupos sociales que tienen más fortaleza. Gana la partida cuando sobrevive
lo suficiente como para que algunos de los valores o de las ideas que encumbra pasan,
justamente, a otros medios más democráticos. En sí, la revista también es producto de
un grupo, un colectivo, que encuentra un área de vacancia, una necesidad de intervenir
públicamente y hacer política cultural. Respecto del tiempo de la revista, Rocca señala
que aun viviendo en el presente la revista apunta, siempre, al futuro; tiene una suerte de
mirada bifocal: construye la actualidad y levanta la cabeza para vislumbrar el porvenir.
También se pueden mencionar los trabajos de Saúl Sosnowski (1999), Diana Wechsler
(2003), Sylvia Saítta (2005), Celina Manzoni (2007), Patricia Artundo (2010) e Ivonne
Pini (2012) en su labor de análisis y reflexión sobre este objeto de difusión de ideas y
proyectos; 6 muchos de estos estudios han privilegiado el abordaje literario de las
revistas de las primeras décadas del siglo XX.
Si bien en nuestro trabajo continuamos con las perspectivas abiertas desde estos
valiosos aportes, consideramos una amplitud cronológica mayor, y aunque muchas
veces artistas y escritores formularon juntos sus propuestas, nos concentraremos a
continuación en problemas que permiten reflexionar sobre la construcción de una
modernidad visual en América Latina a partir de un enfoque articulado de distintas
publicaciones. 7

6

A esta revisión puede sumarse la referencia a las diversas publicaciones que indizan o catalogan los
datos sobre revistas. Entre los más recientes, Carman (2015).
7
Si bien en nuestros trabajos precedentes sobre revistas culturales –realizados tanto en forma individual
como en aquellos en co-autoría- hemos sostenido lecturas de publicaciones particulares en tanto estudio
de caso, en esta ocasión nos interesa abrir esta lectura en forma más amplia e integradora.
5

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II
La novedad apareció como fundamento y motor de la mayoría de las revistas
culturales del siglo XX, en distintos grados y con diversos objetivos: actualización,
renovación, revolución. La modernización o ruptura como variable es formulada por
Sarlo (1988) cuando contrapone Proa respecto de Martín Fierro: la primera es
presentada como revista de nexo; la segunda, de artillería intelectual. Si bien tanto las
revistas de modernización como las de ruptura sostuvieron un programa renovador, en
el primer caso los lineamientos se mantuvieron dentro del decorum cultural, mientras
que en el segundo el objetivo era desestabilizador: épater le bourgeois. En este mismo
sentido, Schwartz ha señalado cómo las publicaciones de tendencia modernizante,
desprovistas del carácter agresivo de las de vanguardia, apuntaban a una renovación del
campo artístico local sin pretender una transgresión de normas (Schwartz 1991). A la
vez –y más allá de esta diferenciación entre los distintos tipos de revistas–, es posible
señalar que todas estas publicaciones contemporáneas formaban parte de una política
del “frente de revistas”, modo como Oliverio Girondo llamaba a Martín Fierro, Proa y
otros medios renovadores de los años veinte (Aguilar, 2009: 174).
La consideración de algunas revistas como apuesta disruptiva y otras de
modernización atemperada no sólo depende de los materiales presentados sino también
de los contextos de circulación y lectura. Por ejemplo, la ya mencionada revista
colombiana Plástica (1956-1960), podría considerarse en términos generales como una
publicación de modernización, ya que su tarea básica fue la difusión del nuevo arte
colombiano en el extranjero y del arte moderno –abstracto– internacional en Colombia
(Gómez y Serna, 2007: 30). Desde la lectura de Carmen María Jaramillo (2007: 16),
algunos de los escritos allí aparecidos funcionaron como textos manifiestos para el arte
moderno colombiano, ya que ubicaron a la revista en una toma de posición política,
pública y reivindicativa por parte de los artistas frente a las instituciones del poder,
como museos y salones.
En esta línea de circulación de materiales e ideas de renovación, Joaquim (19461948) de Curitiba, Brasil, buscó integrarse a la vida contemporánea en la tensión del
contexto internacional: fue el descubrimiento del arte moderno y sus implicaciones
progresistas lo que catalizó la aparición de la revista que oxigenó el ambiente
provinciano del Estado de Paraná. En esta búsqueda de apertura a nuevas ideas,
Joaquim le hizo espacio en sus páginas a las propuestas del abstraccionismo de Buenos
Aires, publicando el Manifiesto Invencionista y una particular versión gráfica de las
obras de ese grupo (Sanches Neto, 2004: 857-874; García, 2001: 70-76). Así, las
pinturas de marcos recortados constitutiva del programa invencionista argentino,
caracterizados por la ruptura con el cuadro ortogonal y la herencia constructiva de
aspecto casi maquinal, eran reinterpretadas en Joaquim a través de la xilografía. Las
figuras netas de planos lisos sobre fondos neutros se transmutaban en las páginas de la
revista brasileña en imágenes de delicadas texturas lineales que aludían a un claroscuro
de la superposición figura/fondo. Un registro que contradecía las investigaciones
planistas llevadas adelante por los artistas argentinos. Así, mientras posibilitaban la
circulación de estas imágenes modernas, los medios de reproducción también
tergiversaban las exigencias de los programas artísticos. La apertura a nuevos círculos
implicaba relecturas (a veces no del todo exactas) del propio proyecto.
6

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Las revistas fueron los soportes gráficos privilegiados para diseminar “lo
nuevo”, intercambiando, reproduciendo, reinterpretando y haciendo circular imágenes
en distintas latitudes. En general, la reproducción fotomecánica de producciones
visuales contemporáneas –pintura, escultura, arquitectura, fotografías– coexistió en las
páginas de las publicaciones con toda una artillería de recursos gráficos: viñetas, juegos
tipográficos y dibujos. Particularmente, los grabados fueron recursos destacados dentro
de las publicaciones. En tiempos en los que la industria de la impresión expandía sus
posibilidades técnicas, Walter Benjamin (1994 [1936]) reflexionaba en torno a la
reproductibilidad de la obra de arte, mientras que Clement Greenberg (1986 [1939])
alertaba sobre la creciente expansión de la cultura visual como arma de “lo kitsch”,
poco antes de que André Malraux (1956 [1947]) enunciara su contracara optimista en
clave de la conformación, gracias a las posibilidades de la reproducción, de un extenso
museo imaginario.
En ese marco de una creciente presencia de la imagen impresa como
conformadora de una cultura visual contemporánea y una vía para la difusión de un
imaginario de la modernidad artística, la multiejemplaridad propia de las estampas
producidas en linóleo, litografía o xilografía era potenciada por su inclusión en las
revistas (Dolinko 2012). Los grabados allí publicados podían ser reproducciones de
estampas realizadas previamente, el anticipo a su aparición en otros círculos artísticos,
como así también grabados originales editados especialmente en estos medios y, en
muchos casos, impresos directamente de la matriz realizada por el artista. La
reproducción de litografías de tono combativo de Guillermo Facio Hebequer en la
anarquista Nervio o en la comunista Actualidad (1933) en la Argentina o de los gofrados
experimentales de Omar Rayo en el número 7 de la colombiana Nadaísmo 70 (1971),
dirigida por Gonzalo Arango, dan cuenta de la puesta en juego de diversas poéticas
gráficas en distintas coyunturas históricas y artísticas. Así, la posibilidad de impresión
accesible –tanto en términos visuales como económicos– facilitó la difusión de
imaginarios tanto revolucionarios como modernizadores.
Un ejemplo particular de este arsenal de estrategias gráficas es la transposición
lineal de Abaporu de Tarsila do Amaral en el primer número de la Revista de
Antropofagia paulista (1928-1929), publicación considerada como “el periódico más
extremista de la vanguardia de los años veinte”. (Schwartz, 1991: 287). Mientras que la
pintura está estructurada con atractivos planos de colores y sólidos volúmenes, en el
dibujo éstos se acotan a una ascética y ligera definición de la línea negra sobre fondo
blanco. Contemplando que “en contradicción con sus intenciones literarias, el proyecto
gráfico [de Revista de Antropofagia] era bastante trivial, como los otros periódicos
modernistas, con excepción de Klaxon” (Ferraz; 2014: 11), la presencia de las pocas
obras allí reproducidas cobra interés en relación con las selecciones y recortes
editoriales: resultaban, sin dudas, imágenes relevantes para el programa editorial. En
particular, el ejemplo de la versión gráfica del Abaporu se torna más significativo aún al
considerar el espacio en el que se encontró diagramado: enmarcado por el “Manifiesto
Antropófago” de Oswald de Andrade, pieza fundamental de la vanguardia
latinoamericana y que, en este contexto, brindaba la orientación general a la revista. Así,
en esta relación dialógica con el texto, el dibujo de Tarsila daba el anclaje visual a la

7

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propuesta de la publicación y de la antropofagia como keyword que, en verdad, había
encontrado en la propia obra de la artista su punto de partida. 8
Fueron las imágenes de Tarsila do Amaral las que primaron en las páginas de la
publicación: su obra apareció seis veces a lo largo de sus veintiséis entregas, sobre todo
en su segunda etapa o “segunda dentición”, donde la participación de Oswald de
Andrade también cobró mayor presencia. A la vez, junto a la inclusión de un dibujo de
la mineira Rosario Fusco y otro de María Clemencia enviado desde Buenos Aires,
también fueron reproducidos dibujos de Antonio Gomide, Pagú, Emiliano di Cavalcanti
y Cícero Dias. Así, ya en momentos de consolidación y balance seis años después de la
Semana de Arte Moderna como hito del modernismo brasileño, el imaginario visual de
esa avanzada artística se multiplicaba en las páginas de Revista de Antropofagia como
un espacio de difusión que –trascendiendo los acotados límites de la formación de
vanguardia y su estrecho círculo de allegados– se expandía hacia un público más
amplio, al ser incluido como suplemento en el Diário de S. Paulo.
La pretensión de renovación vanguardista sostenida desde las páginas de las
revistas tuvo en algunas ocasiones expansión a otro tipo de visibilidad y soporte: los
muros de la ciudad. En su irrupción en el espacio público, la vanguardia se leía y veía
en las paredes. En diciembre de 1921, se lanzaba en la Ciudad de México Actual. Hoja
de Vanguardia como “comprimido estridentista”; el diseño de la publicación mexicana
se encontraba dominado por la imagen del autor del manifiesto e ideólogo del
movimiento, Manuel Maples Arce, en relación con un juego tipográfico. Junto con la
progresiva aparición de los cuatro manifiestos del estridentismo surgieron las revistas
del movimiento, como Horizonte o Irradiador, con abundancia de imágenes de temática
urbana de Diego Rivera, Leopoldo Méndez, Fermín Revueltas y, especialmente, Ramón
Alva de la Canal (González Mello y Stanton, 2014). En esos mismos tiempos, la
vanguardia ultraísta irrumpía en Buenos Aires a través de Prisma. Revista Mural, donde
se estableció un diálogo entre la xilografía modernista Buenos Aires de Norah Borges y
la proclama-manifiesto de su hermano Jorge Luis y sus poesías, junto con las de
Eduardo González Lanuza y Guillermo de Torre, entre otros (Artundo, 1994). En esta
línea, podría establecerse otro vínculo lejano con la revista-cartel Alicia la Roja
publicada en Puerto Rico, con cuatro ediciones entre 1972 y 1979 (Reyes Franco,
2013).
Tomando en cuenta los usos de los espacios editoriales convencionales y los
soportes tradicionales, podría pensarse en cambio a otras publicaciones consideradas
como modernizadoras y que cumplieron un rol clave en la circulación de obras y
discursos: entre ellas, Ver y Estimar en Buenos Aires (Giunta y Malosetti Costa, 2005),
Hábitat en São Paulo, Prisma en Bogotá. Aparecida en Buenos Aires en 1943-1944,
Correo Literario fue también una revista de modernización; dirigida por los escritores
Lorenzo Varela y Arturo Cuadrado junto con el artista Luis Seoane, el emprendimiento
se inscribía dentro del proceso de crecimiento de la industria editorial argentina
8

De acuerdo al testimonio de Tarsila, el movimiento antropofágico había surgido a partir de su pintura,
obsequiada a Oswald de Andrade el 11 de enero de 1928. “Perante esse cuadro, que [De Andrade y Raul
Bopp] deram o nome de Abaporu –antropófago–, resolveram criar um movimento artístico e literário
radiado na terra brasileira”. En Tarsila 1918-1950, São Paulo, Museu de Arte Moderna, 1950. Retomado
en Schwartz, 2002: 147.
8

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relacionado con la llegada de exiliados españoles a partir del desarrollo de la Guerra
Civil Española (Dolinko, 2008).
Su diagramación incluyó un nutrido conjunto de imágenes que dio anclaje visual
a las notas de los colaboradores y a los discursos sostenidos por los editores. Junto a la
puesta en evidencia de una comunidad de intereses ideológicos o culturales con otras
revistas del campo local –Sur, Latitud, Contrapunto, De Mar a Mar– no resulta casual
su “parentesco” gráfico y de contenidos con la mexicana Romance (1940-1941), en
cuyo comité de redacción había participado Varela antes de su radicación rioplatense
(Zuleta, 1983; Caudet, 2007). El espacio otorgado en Correo Literario a la producción
plástica fue profuso, con reseñas y comentarios de exposiciones, noticias del campo
artístico local e internacional, notas sobre personalidades de la historia del arte
occidental y de la actualidad local. La imagen diagramada en el centro de la primera
página ponía en relieve el importante papel asignado en la revista a los discursos
visuales, y también operaba desde ese espacio simbólico a la manera de “puerta de
acceso” al imaginario sostenido por la publicación en materia estético-ideológica. En
efecto, el predominio de imágenes de artistas franceses o asociados a la Escuela de París
apuntaba a la proyección de un “universalismo” estético que, representado a través de
estas imágenes del modernismo de las primeras décadas del siglo XX, daba lugar a un
discurso asociado en forma implícita a la libertad y a la expresión artística individual
durante la Segunda Guerra Mundial. A la vez, en sus páginas se desplegó un compendio
de información sobre producciones históricas y contemporáneas, poniéndose en sintonía
a Pablo Picasso y Mario de Andrade, Antonio Berni y Piet Mondrian, Lasar Segall y
Joaquín Torres-García. 9 Si se considera que en Correo Literario se acentuaban los
diálogos entre lo local y lo universal, esta publicación bien puede entenderse como un
órgano de difusión de la más amplia corriente cultural de la modernidad cosmopolita, en
su presentación de “lo nuevo” en forma altamente actualizada.
Asociadas a la consolidación y la propagación de un ideario moderno, las
revistas que aquí tratamos, como otras producciones culturales del siglo XX, pueden
inscribirse dentro de una tradición de lo nuevo, parafraseando a Harold Rosenberg
(1969). En ellas se sucedieron imágenes asociadas a las nuevas formas, a una nueva
estética o la aspiración por un mundo transformado augurado desde sus páginas.

9

Sobre la circulación de Torres-García en Buenos Aires en esos años, cf. Rossi, 2013, 231-246.
9

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>DISPOSITIVOS PARA LO NUEVO: diálogos entre publicaciones de la modernidad latinoamericana</text>
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                <text>Estudios comparados. Zonas de contacto y simultaneidades</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;artes visuales- modernidad-vanguardia-renovación-disrupción</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; visual arts- modernity- avant-garde- renovation- disruption</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este trabajo hace foco en las revistas culturales latinoamericanas como espacios de interlocución e intercambios, en tanto las considera como un núcleo central para abordar la conformación de programas y circuitos de la modernidad. Luego de un breve repaso de algunos de los trabajos clave sobre la cuestión, se abordarán algunos casos de publicaciones editadas entre los años veinte y principios de los setenta del siglo XX, considerando a las revistas en tanto dispositivos de circulación de “lo nuevo” y soportes de difusión y promoción de nuevas poéticas y discursos.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;This work focuses on Latin American cultural magazines considering them key cores for dialogues and exchanges. Cultural reviews are crucial to address the conformation of programs and circuits of modernity. After a brief overview over some central researches on the subject, publications published between the twenties and early seventies of the twentieth century will be studied. This paper understands magazines as circulating devices of “the new”and supports of diffusion and promotion of new poetics and speeches.</text>
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              <elementText elementTextId="550">
                <text>&lt;strong&gt;Dra. María Amalia García&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CONICET/Centro Espigas-IIPC-UNSAM/UBA)</text>
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                <text>&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Dra. Silvia Dolinko&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CONICET/IIPC TAREA-UNSAM/UBA)</text>
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FICCIONES METROPOLITANAS&#13;
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana&#13;
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017&#13;
La revista Arturo en su tiempo inaugural&#13;
Dra. María Cristina Rossi&#13;
UBA-ITHA – UNTREF-IICA&#13;
Centro de Estudios Espigas-IIPC-UNSAM&#13;
Esta presentación sintetiza los aspectos centrales de la investigación realizada en el&#13;
marco del proyecto “Modernidad, Vanguardia y Neo-vanguardias en las Américas,&#13;
Revistas y Archivos de Fundación Espigas (1920s- 1950s)” del Centro EspigasUNSAM y Getty Foundation y es deudor de los trabajos realizados en 2009 para la&#13;
escritura de mi tesis doctoral 1.&#13;
Como es conocido, la revista Arturo no logró superar el número inicial y el conjunto de&#13;
textos e imágenes que reunió pusieron de manifiesto un eclecticismo muchas veces&#13;
observado en los distintos análisis específicos que se ocuparon de estudiarla. Mi trabajo&#13;
considera que Arturo se planeaba como una revista abierta a las expresiones modernas y&#13;
que en el momento de publicación estaban surgiendo cambios reflejados en algunas&#13;
contradicciones que aparecen en la revista. Por este motivo, para mi estudio el tiempo&#13;
de gestación es central para comprender esas transformaciones que se mantuvieron en&#13;
estado latente y, desde esta perspectiva, el rol desempeñado por Carmelo Arden Quin es&#13;
clave para entender la conformación del grupo edito y las conexiones que se&#13;
establecieron para lograr las primeras colaboraciones.&#13;
Los intereses de poetas y artistas noveles se habían ido reuniendo durante el largo&#13;
período de la Segunda Guerra Mundial y, para la fecha de su fundación, el comité de&#13;
redacción resultó integrado por Edgar Bayley, Arden Quin, Gyula Kosice y Rhod&#13;
Rothfuss. Los textos de los editores marcaron un rumbo ideológico y estético articulado&#13;
con los contactos y las posiciones adoptadas por Joaquín Torres García y Vicente&#13;
Huidobro al regresar a América, de quienes decidieron incluir colaboraciones junto a un&#13;
grupo de poemas de Murilo Mendes.&#13;
El enfoque de nuestro análisis considera que si bien Arturo fue importante para la&#13;
circulación de esas ideas de vanguardia, lo que la convirtió en una publicación&#13;
emblemática fue su poder de intervención sobre las iniciativas y los debates que&#13;
involucraron a significativos sectores del campo cultural del momento. Por esta razón,&#13;
entendemos que para tener una idea cabal del espacio que ocupó, es preciso inscribir su&#13;
estudio en una trama de intercambios regionales.&#13;
Aunque para defender estas hipótesis sería necesario desarrollar el análisis sobre los&#13;
contenidos y los elecciones visuales que forma parte de mi trabajo, en esta presentación&#13;
me referiré centralmente al proceso de gestación, para analizar hasta qué punto el&#13;
momento de conformación del colectivo editor y la obtención de las colaboraciones&#13;
incidieron la decisiones finales y, en una segunda instancia trataré de esbozar por qué&#13;
esta revista fue central para el arte regional.&#13;
En un mapeo del entramado en el que se vincularon los jóvenes que formaron el núcleo&#13;
de Arturo quiero puntualizar:&#13;
&#13;
1&#13;
&#13;
El texto completo puede consultarse en el sitio Revistas de arte latinoamericano en línea:&#13;
http://revistasdeartelatinoamericano.org/ Estudios críticos: &lt;http://revistasdeartelatinoamericano.org/items/show/57&gt;.&#13;
1&#13;
&#13;
�I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas&#13;
&#13;
FICCIONES METROPOLITANAS&#13;
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana&#13;
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017&#13;
•&#13;
&#13;
Como es bien conocido en 1934 regresó Torres García a Montevideo y mantuvo&#13;
su amistad con los artistas europeos o latinoamericanos que había frecuentado&#13;
en Europa, entre ellos con Vicente Huidobro, que había regresado a Chile un&#13;
año antes y en su entorno habían surgido el grupo de los Decembristas, que&#13;
plantearon las primeras manifestaciones de la abstracción.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
También es conocido que en 1935 Arden Quin conoció a Torres y comenzó a&#13;
procesar la enseñanza del arte constructivo. Desde Montevideo viajaba a Buenos&#13;
Aires y hacia 1937-8 se insertó en los círculos estudiantiles porteños.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
En esos círculos surgió una primera revista (hoy inhallable) titulada Sinesis, que&#13;
reunía al grupo formado por Holt Maldonado, Amaury Sarmiento, Pablo Becker&#13;
y Guy Ponce de León, entre otros.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
Precisamente, Holt Maldonado dirigía Universitario. Voz estudiantil periódico&#13;
de los estudiantes de la UBA donde, hacia finales de 1941, publicó Arden Quin&#13;
y, en febrero de 1942, circuló un cuento de Edgar Bayley, ilustrado por su&#13;
hermano Tomás.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
En estos círculos también estaba el poeta Godofredo Iommi –que más tarde fue&#13;
central para el arte moderno chileno aunque en la Argentina se lo desconoce–&#13;
Godofredo estudiaba con Efraín Tomás Bo y Juan Raúl Young y en 1940&#13;
partieron en barco con la intención de llegar a Europa pero, al arribar a Río de&#13;
Janeiro, se enteraron que había comenzado la Segunda Guerra. Allí conocieron a&#13;
los poetas brasileños Gerardo Mello Mourão, Abdías do Nascimento y&#13;
Napoleón Lopes Filho, y formaron la Santa Hermandad de la Orquídea, quienes&#13;
hacían poesía surrealista y admiraban a Murilo Mendes.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
Simultáneamente Arden Quin frecuentaba a Carlos María Rothfuss, a quien&#13;
había conocido en 1939 en la exposición de Emilio Pettoruti presentada en&#13;
Montevideo, y a través del tenor chileno con el que compartía su habitación&#13;
había conocido a Fernando Fallik (luego Rhod Rothfuss y Gyula Kosice)&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
Disconformes con el sistema, en 1939 los estudiantes de bellas artes de Buenos&#13;
Aires habían realizado una huelga y en 1942 Jorge Brito, Claudio Girola,&#13;
Alfredo Hlito y Tomás Maldonado firmaron el “Manifiesto de cuatro jóvenes”;&#13;
que, a través de una provocación a los consagrados en el Salón Nacional&#13;
cuestionaba a todo el sistema e intentaba sumar todo el estudiantado aunque&#13;
solo provocó el alejamiento de la escuela de estos cuatro alumnos. Para esta&#13;
época, los poetas de la Hermandad realizaron un viaje a la amazonia y por&#13;
diferentes razones Godofredo terminó el viaje en Chile, donde visitó la casa de&#13;
Huidobro y, más tarde, junto a su amigo Young frecuentaron al poeta chileno&#13;
con asiduidad.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
También 1942 Gerardo Mello Mourão, otro poeta de la Hermandad viajó a la&#13;
Argentina para realizar unas entrevistas que publicó Argentina 1942.&#13;
2&#13;
&#13;
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FICCIONES METROPOLITANAS&#13;
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana&#13;
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017&#13;
Reportagens, libro que da testimonio de la relación con Edgar Maldonado y con&#13;
Godofredo.&#13;
•&#13;
&#13;
Tomás Maldonado sabía que en este libro que se mencionaba a Manuel&#13;
Espinosa, y se acercó a este artista 10 años mayor y que ya había egresado de la&#13;
Escuela Superior y comentarle y entregarle un libro, momento desde el cual&#13;
fueron amigos&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
En 1942 los estudiantes de artes tuvieron la oportunidad de conocer la obra de&#13;
Torres García en la muestra presentada en la Galería Müller. Después de conocer&#13;
sus retratos, paisajes, bodegones y obra constructiva, se interesaron por el trazo&#13;
moderno de una pintura que rechazaba la imitación, sin embargo, el arte&#13;
constructivo de Torres que incluía símbolos y tomaba distancia del&#13;
neoplasticismo o el constructivismo ruso (orientación que más adelante elegirían&#13;
para sus programas), por lo tanto, desde este momento los jóvenes porteños que&#13;
criticaban la formación artística local, admiraron su enfoque antiacadémico pero&#13;
comenzaron a discutir la orientación de su programa de arte constructivo y&#13;
universal.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
Cuando a finales de 1942, Torres García se fue de Buenos Aires fundó el Taller&#13;
Torres García y Maldonado viajó a Montevideo para conocerlo&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
En esa época Maldonado dictaba clases de pintura, a las que asistía Lidy Prati,&#13;
con quien se casó.&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
También Espinosa visitó a Torres García y, luego, realizó una serie de collages&#13;
constructivos que exhibió en la galería Comte&#13;
&#13;
Estos jóvenes habían comenzado a madurar la idea de fundar una nueva revista de&#13;
vanguardia, y entre ellos Arden Quin fue una pieza clave tal como se puede seguir a&#13;
partir del estudio de su epistolario relacionado con la fundación de esta revista:&#13;
1.&#13;
&#13;
Debido a su estrecha relación con Torres García, a mediados de 1942 Arden Quin&#13;
no solo contana con su texto y el Divertimento finalmente incluido en la revista,&#13;
sino con los contactos del círculo de amistades de Torres, como Vicente Huidobro,&#13;
Jules Supervielle o Braulio Arenas (quienes según le explica a Huidobro en una&#13;
carta ya le habían entregado colaboraciones, aunque no fueron incluidas).&#13;
&#13;
2.&#13;
&#13;
Cuando en 1942 viajó a Río de Janeiro donde se encontró con Edgar Bayley, ambos&#13;
comentaron que estaban encarando la fundación de una revista, y lograron que&#13;
Murilo Mendes les entregara 6 poemas, 5 de los cuales Marita García identificó&#13;
como pertenecientes a su libro As Metamorfoses de 1944.&#13;
&#13;
3.&#13;
&#13;
Luego de la conversación que Arden Quin mantuvo con el matrimonio formado por&#13;
Arpad Szenes y la artista portuguesa Ma. Helena Viera da Silva respecto de la&#13;
admiración que compartían por la obra de Torres García, Szenes le entregó una&#13;
carta para el maestro uruguayo que contenía fotografías de las pinturas de esta&#13;
artista portuguesa que luego fueron publicadas en Arturo.&#13;
3&#13;
&#13;
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4.&#13;
&#13;
A través de las cartas de Arden Quin también se puede reconstruir la intención de&#13;
incluir en Arturo el trabajo de otros artistas, como el caso de un comentario sobre la&#13;
exposición del TTG realizada a finales de 1943 que, sin embargo, quedó reducido a&#13;
la reproducción de una obra de Augusto tomada del conjunto publicado por Circulo&#13;
y Cuadrado sobre esa muestra.&#13;
&#13;
5.&#13;
&#13;
Para ese momento también habían obtenido un poema de Huidobro (inédito según&#13;
ha señalado Alejandro Crispiani), aunque el texto y el poema que habían logrado de&#13;
Torres ya no eran inéditos porque en 1942 también se los había entregado a los&#13;
jóvenes uruguayos que publicaron Apex; no obstante, Torres les cedió un segundo&#13;
poema, que por este motivo fecho en octubre de l934.&#13;
&#13;
6.&#13;
&#13;
A partir de las sucesivas cartas se observa cómo se fue dilatando el momento de&#13;
aparición de la revista, al comienzo pensado para mediados/fines de 1942, después&#13;
para octubre de 1943, en el pedido de una colaboración a Huidobro enviado en&#13;
noviembre de 1943 ya se menciona el comienzo de 1944 y, finalmente, se publicó&#13;
con los textos de Bayley firmados en marzo y el taco de Maldonado salió en el&#13;
mítico verano de 1944, que tal vez nos dice más sobre el deseo de los editores que&#13;
sobre el verdadero momento de aparición ya que en un escrito de la época de Juan&#13;
Jacobo Bajarlía menciona que había aparecido en el otoñal mes de abril.&#13;
&#13;
7.&#13;
&#13;
El otro asunto clave que surge de la carta a Huidobro (y que también aparece&#13;
mencionado en la carta que Arden Quin envió a fines de abril de 1944 a Murilo&#13;
Mendes para mandarle algunos ejemplares de Arturo) y es el referido a la&#13;
orientación de la revista, ya que textualmente dice:&#13;
Parte de nuestro grupo es surrealista y parte constructivista. La selección del&#13;
material y la orientación literaria de “Arturo” son rigurosas Arturo X 2 acepta el&#13;
Surrealismo, el Creacionismo y el Constructivismo de Torres García&#13;
&#13;
Entonces, el eclecticismo que muchas veces se ha señalado y que se lee en los textos y&#13;
poemas (contradicciones que no puedo desarrollar en esta presentación abreviada, pero&#13;
que en mi trabajo propongo leer a la luz del ideario torresgarciano, como por ejemplo el&#13;
rechazo al automatismo pensado desde la relación entre intuición y razón que proponía&#13;
Torres en su idea de universalismo constructivo) era parte del proyecto inicial de la&#13;
revista, aunque en fechas cercanas a la publicación se fortalecieron los rasgos&#13;
principales del programa desarrollado ulteriormente: la preeminencia de la invención, la&#13;
orientación marxista y el quiebre con la tradición del encuadre ortogonal mediante la&#13;
noción de marco recortado.&#13;
Esas contradicciones también se pueden seguir a través los materiales visuales que se&#13;
acompañan, no obstante, puestas en el tiempo de gestación se comprende que eran parte&#13;
de los desarrollos de ese período, tal como puede observarse en las fluctuaciones de los&#13;
trabajos Maldonado, correspondientes a una fase temprana y de experimentación:&#13;
algunos de filiación kandinskyana como los dibujos, otros como el óleo Invención 2,&#13;
más cercano a los trabajos del TTG con respecto a la huella de la materia y el acabado&#13;
rústico, así como al tabicado de las formas y, por último, a la de la cubierta de carácter&#13;
expresivo y cercano al trazo de la pintura Paisaje que había presentado en el Salón de&#13;
4&#13;
&#13;
�I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas&#13;
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FICCIONES METROPOLITANAS&#13;
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Mar del Plata de 1944, proceso de experimentación con la forma que hacia el fin de ese&#13;
mismo año ya lo encontraría realizando los dibujos trazados con regla con compás para&#13;
ilustrar el libro Tratado del Amor de Piterbarg.&#13;
Los obras de Rothfuss se relacionan con ambiente torresgarciano donde circulaban las&#13;
revistas y los trabajos ya realizados en París, así como a la propia reflexión sobre la obra&#13;
del “cubista de otoño” –como llamó a Pettoruti en su artículo sobre el marco recortado–.&#13;
Por último, aunque la revista apareció más tarde de lo que deseaban sus impulsores,&#13;
rápidamente logró generar iniciativas y encender polémicas.&#13;
De este modo Arturo dio el puntapié inicial para remover a la estética dominante en el&#13;
campo artístico rioplatense a través de la formación de los grupos de arte concreto y sus&#13;
propias publicaciones programáticas, de los debates que involucraron a significativos&#13;
sectores que resistieron esas ideas (como la encuesta publicada en Contrapunto o las&#13;
reacciones a los artículos sobre arte concreto publicados en el periódico comunista&#13;
Orientación) o mediante el acercamiento de otros grupos que compartían ideales&#13;
estéticos políticos, como por ej.: los que acogieron las primeras exhibiciones públicas&#13;
realizados en la casa de Pichon Rivière o Grete Stern. A diferencia de las propuestas no&#13;
figurativas precedentes tanto en suelo rioplatense, como con los Decembristas en la escena&#13;
chilena que rodeó a Huidobro, Arturo logró remover es status quo y estas reacciones&#13;
demuestran que el poder de intervención de Arturo sobre la realidad no solo radicó en el&#13;
entusiasmo o las convicciones de quienes la impulsaron, sino en las condiciones de&#13;
posibilidad del campo en el que echaron raíces sus postulados.&#13;
&#13;
5&#13;
&#13;
�</text>
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                    <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;Arturo - arte concreto-invención - revista de vanguardia - marco recortado&lt;/span&gt;</text>
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                    <text>&lt;span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span id="docs-internal-guid-d57d7d85-349d-8b6c-5666-6f1dbddf2a1b"&gt;Keywords&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Arturo -&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;concrete art - invention art - avant-garde publication - cutout frame&lt;/span&gt;</text>
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                    <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;El artículo analiza &lt;em&gt;Arturo. Revista de artes abstractas&lt;/em&gt; frente a un renovado corpus de fuentes y reinstala interrogantes acerca de los intereses iniciales, la conformación del grupo editorial, las colaboraciones, las apuestas discursivas, las elecciones gráficas y el impacto sobre el campo cultural de la región en su momento inaugural. Si bien el conjunto de imágenes, escritos y poesías publicados pone en evidencia las contradicciones iniciales, este texto considera que el análisis del tiempo de gestación es central para comprender las transformaciones que se mantuvieron en estado latente bajo su despliegue discursivo, y sostiene que el rol desempeñado por Arden Quin es clave para comprender tanto el momento de conformación del grupo editor, como las conexiones establecidas para lograr las primeras colaboraciones.&lt;/span&gt;</text>
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                    <text>&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span&gt;The article analyzes &lt;em&gt;Arturo. Revista de artes abstractas&lt;/em&gt; before a renewed corpus of bibliography and reinstates questions about the publishing group conformation and their collaborations: the initial interests, the discursive bets, the graphic elections and the impact on the cultural field of the region in its inaugural moment. Although the original set of images, writings and poems highlight the initial contradictions, this text considers that the analysis of its gestation time is crucial to comprehend the transformations that were kept dormant during its discursive deployment, and affirms that the role played by Arden Quin is key to understand both the publishing group foundation time as the connections stablished to set up the first collaborations.&lt;/span&gt;</text>
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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>La revista Arturo en su tiempo inaugural</text>
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                <text>Las revistas como casos específicos. Programas estéticos y grupos editoriales</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Arturo - arte concreto-invención - revista de vanguardia - marco recortado</text>
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                <text>&lt;span id="docs-internal-guid-d57d7d85-349d-39ce-7715-e7cddea56bc4"&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span id="docs-internal-guid-d57d7d85-349d-8b6c-5666-6f1dbddf2a1b"&gt;Keywords&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;Arturo -&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;concrete art - invention art - avant-garde publication - cutout frame&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dra. María Cristina Rossi&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UBA-ITHA – UNTREF-IICA &lt;br /&gt;Centro de Estudios Espigas-IIPC-UNSAM</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El artículo analiza &lt;em&gt;Arturo. Revista de artes abstractas&lt;/em&gt; frente a un renovado corpus de fuentes, y reinstala interrogantes acerca de los intereses iniciales, la conformación del grupo editorial, las colaboraciones, las apuestas discursivas, las elecciones gráficas y el impacto sobre el campo cultural de la región en su momento inaugural. Si bien el conjunto de imágenes, escritos y poesías publicados pone en evidencia las contradicciones iniciales, este texto considera que el análisis del tiempo de gestación es central para comprender las transformaciones que se mantuvieron en estado latente bajo su despliegue discursivo, y sostiene que el rol desempeñado por Arden Quin es clave para comprender tanto el momento de conformación del grupo editor, como las conexiones establecidas para lograr las primeras colaboraciones.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The article analyzes &lt;em&gt;Arturo. Revista de artes abstractas&lt;/em&gt; before a renewed corpus of bibliography and reinstates questions about the publishing group conformation and their collaborations: the initial interests, the discursive bets, the graphic elections and the impact on the cultural field of the region in its inaugural moment. Although the original set of images, writings and poems highlight the initial contradictions, this text considers that the analysis of its gestation time is crucial to comprehend the transformations that were kept dormant during its discursive deployment, and affirms that the role played by Arden Quin is key to understand both the publishing group foundation time as the connections stablished to set up the first collaborations.</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

REVISTAS DE ARQUITECTURA ARGENTINAS Y CHILENAS DE LA
SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX: perspectivas comparadas en la cultura
regional
Dra. Patricia Méndez
Arquitecta - Universidad de Buenos Aires
Master en Gestión Cultural - Universidad de Barcelona
Doctora en Ciencias Sociales - FLACSO

Resumen
En los últimos años, la historiografía de la arquitectura latinoamericana creció
exponencialmente gracias a la categorización adquirida por las revistas especializadas como
herramienta de investigación. Esta presentación ofrece adelanta resultados de una
investigación cuya hipótesis aventura que, durante la segunda mitad del siglo XX existió
una alianza arquitectónica intelectual entre Argentina y Chile. Las evidencias surgen al
analizar este tipo de publicaciones, cuyas páginas exhibieron los avances culturales
regionales y que, confirmaron, a posteriori, el reconocimiento arquitectónico de la
“modernidad apropiada” latinoamericana. La metodología desarrollada se concentró en un
análisis comparativo de doble vía, distinguiendo los trayectos y las relaciones de sus actores
(editores y profesionales), el contexto geográfico en el que se desempeñaron y las obras y
publicaciones que los instalaron en el medio arquitectónico. De esta manera, la
investigación considera cuatro planos de estudio: el temporal (1950-2000), el geográfico
(Chile y Argentina), el tema (la arquitectura) y los medios informativos que los reflejaron.
Los resultados, aún incipientes, surgen de la catalogación y digitalización de algunas de las
colecciones observadas en ambos países para los cuales se consideró la frecuencia, las
temáticas, la ideología de sus promotores, las categorías de sus orígenes (comerciales,
institucionales, estudiantiles, por ejemplo), la estructura y el perfil de sus discursos (análisis
del poder, de las estrategias, de los protagonistas, entre varios más).
Palabras claves:
revistas de arquitectura; cultura regional; Argentina; Chile; siglo XX
Abstract
In recent years, the historiography of Latin American architecture has grown exponentially
thanks to the categorization of specialized journals as a research tool. This presentation
offers advances of an investigation whose hypothesis adventure that, during the second half
of the 20th century, there was an intellectual architectural alliance between Argentina and
Chile. The evidence emerges from the specialized publications, in which pages the regional
cultural advances were exhibited and which, a posteriori, confirmed the architectural
recognition of Latin American "appropriate modernity". The methodology developed
focused on a comparative two-way analysis, distinguishing the paths and relationships of its
actors (editors and professionals), the geographical context in which they performed and the
works and publications that installed them in the architectural medium. In this way, the
research considers four levels of study: temporal (1950-2000); geographical (Chile and
Argentina); theme (architecture) and the media that reflected them. The results, still
incipient, arise from the cataloging and digitization of some of the observed collections of
both countries in which the frequency, the themes, the ideology of their promoters, the
categories of their origins (commercial, institutional, student, etc.), the structure and profile
of their speeches (analysis of power, strategies, protagonists, etc.).
Keywords:
architecture magazines; regional culture; Argentina; Chile; twentieth century
1

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En la última década y con un crecimiento exponencial en los circuitos académicos más
próximos, el campo de investigación en Arquitectura se vio favorecido gracias a la
profundización de análisis adquirida por las publicaciones periódicas de arquitectura en
tanto fuente primaria de investigación. Si bien, para dar cuenta del devenir
arquitectónico, los programas universitarios se concentran en exhibir obras
paradigmáticas, por otro camino numerosos investigadores (Gutiérrez, 1994; Gutiérrez
y Méndez, 2001; Colomina, 2010; Mondragón, 2010; De Ambrosis, 2011; Méndez,
2011; Aguirre, 2012 y Portal, 2015, entre otros) entienden que les cabe a las revistas sin distingo de fronteras, ni de temporalidad- indicar el pulso sincrónico de su época, así
como también señalar -desde la teoría y los debates-, todo aquello que la arquitectura
edificada esconde entre sus muros y visibiliza a través de sus páginas. Al respecto,
Horacio Torrent (2013:7) equipara a las revistas de arquitectura con los tratados
renacentistas considerando que, además de la capacidad de difusión que conllevan por
su raíz periodística, el rol que de ellas surge fue fundamental en el campo disciplinar,
tanto por el pregón de sus discursos como por los impactos que suscitaron.

Ediciones cuyo objeto de estudio fueron las revistas especializadas

Considerando estas ideas previas, este texto ofrece resultados iniciales de
investigaciones 1 más amplias que se han planteado analizar la prensa arquitectónica,
producida en Argentina y en Chile durante la segunda mitad del siglo pasado
presumiendo que, entre ellos, exisitó un tránsito editorial cuyos contenidos alentaron la
conformación de una cultura arquitectónica regional. El problema de investigación
postula así que, en ambos países, a posteriori de la industrialización de los medios de
comunicación surgidos en las décadas previas a 1950, la correspondencia entre
profesionales y editores aceleró el camino hacia una arquitectura más propia a sus
contextos 2 y derivó, con el correr del tiempo, en el establecimiento de la “modernidad
regional”.
Una lectura arquitectónica regional pendiente
Un repaso veloz del contexto que se estudia indica que en Chile, luego de la segunda
posguerra, la accesibilidad a materiales hemerográficos y ediciones de libros provenía
habitualmente de Argentina, aunque también era frecuente el cruce de intereses y la
1

PICT 2014-0700 y FONDECYT 3150013; en ambos proyectos se agradece la colaboración de los
Licenciados Andrés Saavedra Araneda y Julieta Pestarino.
2
Coincidían, para entonces, que el Movimiento Moderno iniciaba su decadencia internacional y, en estas
latitudes, la profesión se afianzaba en términos académicos con la formalización de la carrera de
Arquitectura en las Universidades públicas (en Chile en 1944 y en Argentina en 1947).
2

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participación de corresponsales simultáneos en la arquitectura de uno y otro lado de los
Andes. Por citar algunos casos, al staff de Tecné 3 se había integrado el chileno Enrique
Gebhard, quien publicaba en el semanario ProArte de su país y difundía en sus páginas
algunos proyectos para la provincia de Buenos Aires; situaciones similares se observan
en la revista AUCA 4 que brindaba su espacio a los argentinos Marcos Winograd y
Antonio Díaz, como también el caso del arquitecto Mario Buschiazzo -a cargo del
Instituto de Arte Americano de la UBA-, quien contactaba directamente al equipo
chileno “Bresciani-Valdés-Castillo-Huidobro” para editar el libro 5 que promocionaría
sus obras.
Sobre estas líneas radican los colectivos de interés que motivaron esta propuesta y que
se concentraron en la observación de las coincidencias del surgimiento editorial
arquitectónico en ambos países pues, ya fuese como consecuencia de dificultades
económicas, de catástrofes naturales o de crisis sociales, sus intereses atendieron la
resolución de ejes comunes a la arquitectura en las dos naciones y, desde ese estrado,
alentaron temáticas con desarrollo novedoso como la vivienda social, los museos, los
centros deportivos, distintos planes urbanos o la preservación del patrimonio, entre
otros. Considerando que estamos frente un sistema periodístico, en el cual la
información es traducida a conocimientos, tanto en sus formas como en las maneras de
interpretar la novedad arquitectónica (aunque en estas editoriales no existiera una
estrategia de prensa explícita inicialmente), la información vertida en estas
publicaciones nos permite enlazarla a los planos de estudio propuestos de tal manera
que, el hacer-saber se convierte en un saber-hacer (Santa Cruz A., 2014:15). Estos
atributos se perciben rápidamente en las revistas de arquitectura de este período y
permiten la reconstrucción de un discurso sincrónico a la vez que consolidan a las
revistas en un modo hegemónico y único dentro del campo disciplinar (Méndez, 2012).
Inicialmente y, en forma estimativa, el corpus de análisis seleccionado detectó que,
entre ambos países y durante la segunda mitad del siglo XX, se publicaron poco más de
un centenar de nuevos títulos dedicados a la arquitectura 6 y, en su trayectoria,
subrayaron propuestas espaciales mucho más cercanas a sus realidades geográficas que
las contempladas en décadas previas. Ciertamente, en la observación de la mayoría de
sus páginas, aun de distinta vigencia en el tiempo, se detectan causas comunes tanto en
su origen como en su éxito, también revelan que varios promotores surgieron desde
grupos profesionales desprendidos de sus núcleos académicos, a través de equipos
innovadores e, incluso, desde movimientos estudiantiles que alentaron propuestas
vanguardistas tanto en diseño como en gobierno universitario. Sin embargo, ninguna de
estas publicaciones excluye, en su germen editorial, el desafiar al futuro con teorías
mucho más acordes a la cultura local que las impuestas desde Europa o USA.
Se trató de una cultura con fuerte impronta, un sistema que jalonó el siglo y zambulló en
ella a sus promotores, tal como expresara la arquitecta argentina Marina Waisman en
3

Editada en Buenos Aires, Argentina, entre 1942 y 1944.
Editada en Santiago de Chile, entre 1965 y 1986.
5
Cfr. Braun Menéndez, 1962.
6
Este estudio no ha considerado aquellas publicaciones cuya temática central fuera dedicada a las artes,
ni a la decoración, tampoco aquellas provenientes de organismos estatales, editadas habitualmente con
formato de Boletín ni tampoco las provenientes de Ministerios o reparticiones oficiales dedicadas a la
acción gubernamental en arquitectura y sus disciplinas.
4

3

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una editorial de la revista que ella misma conducía, Summarios:
[…] al ser esta una época esencialmente crítica de la arquitectura, proliferan
los escritos –tanto de formulación de teorías como de crítica y de historiaque exigen un verdadero esfuerzo […] en estos tiempos, el libro es solo un
aspecto casi subsidiario entre los productos culturales: las revistas y las
exposiciones han pasado a primer plano como vehículo de ideas; el número y
la calidad de las revistas nos asombra día a día […] (Waisman, 1980: 210).

Por supuesto, estas intenciones también se promocionaron desde las páginas chilenas de
AUCA o de ARS y desde las argentinas Summa o DANA 7, además de las acuñadas a
partir de emprendimientos comerciales, centros gremiales o estudiantiles. Si se revisa
cualquiera de estos ejemplos a lo largo de estos cincuenta años de estudio, es posible
percibir la instalación de un discurso inter-regional en los modos de pensar y, por sobre
todo, en el de “hacer” arquitectura. Fueron reflexiones incipientes, tal vez espontáneas,
emanadas de encuentros internacionales (como el de la UIA, Buenos Aires, 1961) y
reforzadas años después en los debates de los Seminarios de Arquitectura
Latinoamericana 8 (SAL). Así lo expresaban los arquitectos y editores 9 chilenos Eliash y
Moreno en las páginas de Summa, convencidos que: “[…] Nos encontramos en un
momento en que, más que relevante, parece urgente suturar ciertos episodios de nuestra
historia reciente como latinoamericanos (1986:54).
Estas opiniones, sumadas a múltiples textos contemporáneos, han respaldado las
vertientes comunes en ambos países, reforzaron los lazos editoriales y culturales e
incrementaron las razones que, a través de una visión panorámica, hoy nos permite
aclarar el tránsito de la cultura arquitectónica que avanzó sobre los desafíos pendientes,
aquellos mismos que demarcaron los valores de nuestra “modernidad apropiada” (Eliash
y Moreno, 1989 y Fernández Cox, 1990: 50,55-56;) y confirmarían, desde el plano
editorial, la preexistencia de una relación intelectual.
Aun contando con estos precedentes, la literatura académica que se ha nutrido de las
revistas especializadas como fuente de investigación, salvo casos excepcionales, señala
la carencia de un análisis interdisciplinario que merece este tipo de ediciones. Este fue
el motor que justifica esta investigación que traspasa los límites temporales
habitualmente estudiados y los analiza desde una alianza geográfico-histórico-cultural
concentrada en la arquitectura de Argentina y de Chile (Bloch, citado por Aróstegui,
2001:357) y, así, intenta comprender aquellos factores que motivaron e impulsaron
nuestra profesión y las peculiaridades que la distinguen, fuera por sus éxitos o por sus
fracasos, pero siempre ajustada a la arquitectura latinoamericana a través de los medios
de difusión especializados.
La investigación asumió así el desafío de aclarar distintos interrogantes, tales como:
¿qué proyecto editorial animó a las revistas en la construcción de sus lectores?, en esa
época ¿coexistieron otros canales de promoción profesional?, ¿cuáles fueron y cómo
actuaron?; las revistas ¿durante cuánto tiempo se mantuvieron vigentes?, ¿qué sinergia
regional tuvieron y por qué sobresalieron?, ¿cuánto influyeron en la formación
7

Exceptuando AUCA, Marina Waisman mantuvo participación directa.
Encuentros que desde entonces hasta hoy son promovidos y auspiciados desde diversas editoriales de
arquitectura.
9
Promotores de las revistas chilenas CEDLA y ARS.
8

4

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profesional? Y, por supuesto, ¿cuánta incidencia tuvieron los hechos políticos para
favorecer o acallar una determinada promoción editorial?
El ámbito temporal escogido escapa a los plazos habitualmente seleccionados y
coincide con momentos de agitación y de renovación sociocultural tanto en Chile como
en Argentina, a la vez que encierra un lapso -gracias a la renovación alcanzada por las
Facultades de Arquitectura, la afirmación de los Consejos Profesionales y la vigencia de
las normas edificatorias- en el que convergieron publicaciones que trascendieron sus
objetivos iniciales, que postularon nuevas teorías y, consecuentemente, exhibieron en
sus páginas un modo diferente de hacer, de definir y de entender nuestra arquitectura.
Lecturas paralelas: métodos de análisis
En atención al ámbito latinoamericano que esta propuesta persigue, se consideró la
teoría elaborada por Marina Waisman en La estructura histórica del entorno (1972), allí
la autora observaba a la arquitectura inserta en una red de unidades culturales con
múltiples interrelaciones. Siguiendo esta vía, las revistas de arquitectura fueron
consideradas como unidades culturales autónomas en las cuales pueden leerse las
relaciones entre los núcleos –profesionales e individuales- que las llevaron adelante;
consecuentemente, intenta revelar los programas ideológicos que las sustentaron,
corroborando y/o contrastando las transformaciones y consolidación de la cultura
arquitectónica.
La metodología aplicada en este proyecto responde a un sistema analítico de doble vía:
considera las relaciones entre los actores (editores y profesionales), el contexto regional
en el que se desempeñaron y permite, asimismo, articular los acontecimientos relevantes
durante el lapso considerado. En tanto investigación histórica, adoptó cuatro planos de
estudio: el temporal (1950-2000); el geográfico (Argentina y Chile); el tema (la
arquitectura) y los fenómenos sociohistóricos desde los cuales se reflejaron (la prensa).
El corpus documental fue tamizado bajo una óptica cualitativa y cuantitativa con el fin
de rescatar las recurrencias de sus contenidos, también se atendió su frecuencia, el
campo que abarcaron (temáticas proyectuales), las categorías (textual y gráfica), la
estructura, el perfil de sus discursos (análisis del poder, de las estrategias, de los
protagonistas, entre otros), las causas y consecuencias surgidas de sus enunciados, de
sus propuestas, opiniones o debates y que fueron visibles en cada uno de los programas
editoriales.
Considerando aquella publicaciones surgidas a partir de 1950, se detectó un volumen
editorial que ofrece, a modo de ejemplo, estos títulos 10:
Para el caso argentino: Canon (Buenos Aires, 1951-1952); Boletín del CEA (2º época,
Buenos Aires, 1961); Línea. Publicaciones de la Arquitectura y el Planeamiento
(Córdoba, 1961-1961); Obrador. Revista de Arquitectura (Buenos Aires, 1963-1965);
Summa (Buenos Aires, 1963-1993); Tarea. Revista Universitaria de Arquitectura (La
Plata, 1964-1965); Noticiero de los talleres FAU. Servicio Auxiliar de la Docencia y la
Investigación (Buenos Aires, 1969); Revista SCA (Buenos Aires, 1970); Andamio. Una
Revista de Arquitectura (La Plata; 1971); DANA. Documentos de Arquitectura Nacional
10

Los títulos se presentan cronológicamente según fecha de inicio; entre paréntesis se indica la ciudad de
edición, el año de inicio y el de cierre de cada publicación.
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y Americana (Resistencia; 1973); Summarios (Buenos Aires, 1977-1990); Entrega
(Luego Entrega de Arquitectura, Rosario; 1981); AyC. Arquitectura y Construcción
(Tucumán; 1982-1986); CH. Cuadernos de Historia y Arquitectura (Buenos Aires,
1982-1998); Replanteo ( Buenos Aires,; 1982-1990); Revista del Taller (Rosario; 19821987); Summa Colección Temática (Buenos Aires, 1983-1990); Arquitectura y
Comunidad Nacional ( Buenos Aires,; 1984-1987); Cuadernos A+A. Revista de temas
de la arquitectura y el medio (Mar del Plata; 1984); Trama. Revista de Arquitectura
(Buenos Aires, 1985-1994); Summa Universitaria (Buenos Aires, 1986); Taller de
arquitectura (La Plata; 1986-1993); Topos. Revista de Arquitectura, Urbanismo y
Diseño (Santa Fe; 1990-1995); Tikal (Buenos Aires, 1991-1997); Obras-Proyectos
(Córdoba; 1993-1996); Revista 3. Teoría, historia y crítica de la arquitectura (Buenos
Aires, 1993-1998); Arquis (Buenos Aires, 1994-1999); Cuadernos del Sur (Córdoba;
1997-1999) y Block (Buenos Aires, 1997), entre muchas otras.

Portadas de algunas de las ediciones argentinas de arquitectura analizadas

Para el caso chileno: La vivienda (Santiago, 1954); Técnica y creación (Santiago, 19601967); Revista de la Facultad de Arquitectura (Santiago, 1961-1962); Revista de
Planificación. Vivienda, ciudad región (Santiago, 1964-1973); AUCA. Arquitectura
Urbanismo Construcción Arte (1965-1986); CA (Santiago, 1968-2011); CEDLA
(Santiago, 1977); ARS (Santiago, 1978-1991); ARQ. Arquitectura, diseño, urbanismo
(Santiago, 1980-2007); Arquitecturas del Sur (Concepción; 1983); Ágora (Santiago,
1986-1987); Cuadernos de la Facultad de Arquitectura (Valparaíso; 1989); Revista de
Arquitectura (Santiago, 1990); Cuadernos de arquitectura (Antofagasta; 1992-1998) y
Revista de la Facultad de Arquitectura (Valparaíso; 1997-2000), entre otras.

Portadas de algunas de las ediciones chilenas de arquitectura analizadas

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Lecturas sincrónicas: resultados preliminares
En coincidencia con las teorías que nutren el ámbito periodístico, es lógico que frente a
productos informativos similares, sus estrategias de prensa no resulten exactamente
idénticas. Interesa, en este sentido, apelar a las categorías de las que se nutre cualquier
medio periodístico, de tal manera que el conjunto a observar resulte mejor organizado.
Para este aspecto, Santa Cruz establece tres principios que son intrínsecos a todo
sistema de prensa: el ideológico, el periodístico y el comercial; de entre ellos resultará –
con la primacía de uno por sobre los otros- la esencia que definirá el perfil adoptado por
la publicación a lo largo de sus ediciones (2014:14).
A partir de estas líneas, un primer acercamiento al conjunto editorial de ambos países
ofreció un centenar de títulos 11 -cifra que superó ampliamente la prevista inicialmente-,
y con el fin de catalogar el conjunto, cada revista fue clasificada según el origen de sus
promotores editoriales. Se detectaron entonces cuatro tipos básicos según su origen y
que fueron rotuladas como “Universitarias” (provenientes de instituciones académicas),
“Estudiantiles” (generadas por centros de estudiantes o grupos de ellos),
“Institucionales” (surgidas de institutos privados, asociaciones gremiales u
organizaciones no gubernamentales, por ejemplo) y “Privadas” (fundadas con espíritu
independiente en el seno de instituciones autónomas de aquellas universitarias, siendo
individuales o grupales y, habitualmente, con la existencia de un capital comercial).
Si el estudio fuera cronológico (sin distingo de origen), resaltan cuatro fases que pueden
encerrarse en períodos de quince años cada una. Estos lapsos se resumen bajo los
siguientes argumentos: el tramo que va de 1950 a 1965 se corresponde con la formación
de una nueva generación de profesionales y coincide con el establecimiento de las
facultades de Arquitectura que se independizan de otras carreras o renuevan
radicalmente sus programas de estudio; el período entre 1965 y 1980 muestra un
quiebre en virtud de los hechos políticos que señalarán, aún más, la siguiente etapa: por
un lado se inicia la difusión arquitectónica de la mano de aquellos profesionales
egresados en las escuelas independientes, surgen las revistas estandartes de uno y otro
país y, consecuentemente con ello, asoma la arquitectura con sesgos ad-hoc a cada
contexto y, por otra parte, la década del 70 exhibe un corte radical con la instalación de
las dictaduras militares en sendos países y su consecuente retraimiento en las acciones
profesionales. El intervalo que va entre 1980 y 1995 incluye el ocaso de las revistas de
mayor trascendencia regional (AUCA, en Chile y Summa, en Argentina), pero también
exhibe el éxito discursivo de la “modernidad apropiada” a través de revistas
independientes, algunas de relevante opinión (como ARS en Chile y Summarios en
Argentina) junto con otras de breve vida editorial. Finalmente, el último lapso, a partir
de 1995 y de cara al siglo XXI, el periodismo especializado encontrará nuevos formatos
de prensa gracias a los modos de difusión informáticos que, desde ese entonces, ofreció
internet.

11

El volumen de las publicaciones que se han revisado en físico son las que se conservan en el
CEDODAL (Argentina); en la Sociedad Central de Arquitectos (Buenos Aires); en la Biblioteca Nacional
de Chile, en la Biblioteca Central "Luis David Cruz Ocampo" de la Universidad de Concepción,
Biblioteca “Hilario Hernández Gurruchaga” de la Universidad del Bio-Bío, Biblioteca “Lo Contador”,
Pontificia Universidad Católica (Santiago) y también en colecciones particulares.
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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

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Como se anticipara, del conjunto editorial pesquisado pueden realizarse múltiples
lecturas. Inicialmente, el resultado cuantitativo muestra un volumen argentino
mayormente originado en producciones del ámbito privado (40%) y complementado
con cifras similares para las que provienen tanto de instituciones como de
universidades; asimismo, en cantidades absolutas, el conjunto supera en un 20% al total
producido en Chile.

Estadísticas cuantitativas de publicaciones de arquitectura editadas en la Argentina

En el país trasandino, el panorama se revela diferente: poco más de la mitad del total de
publicaciones se ha originado en entidades académicas universitarias 12, en tanto el
volumen restante comprende las provenientes de instituciones, las estudiantiles y
alcanzan el porcentaje mayor las de sesgo comercial (23%) superando las dos últimas
categorías citadas. Una perspectiva que permite entender estos resultados es considerar
el factor gubernamental dictatorial que reprimió las acciones democráticas –ergo,
dificultó la libertad de difusión- durante casi dos décadas (1973-1990).

Estadísticas cuantitativas de publicaciones de arquitectura editadas en Chile
12

Esta cifra, probablemente, quede avalada gracias a una numerosa cantidad de revistas emitidas desde
los distintos centros de investigación que componían autárquicamente las Escuelas de Arquitectura y,
además, se incrementa al considerar iniciativas editoriales de los estudiantes que, aun siendo de corta
vida, se manifestaron en varias de las Universidades chilenas.
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Si el análisis del comportamiento editorial se efectuara por décadas y se ajustara a cada
una de las categorías, el crecimiento que exhiben los tipos de revistas, lejos de mostrar
resultados lineales y previsibles, por el contrario, se manifiesta alterado y con franca
coincidencia de cara a las circunstancias históricas de cada país. Por ejemplo, tanto en
Argentina como en Chile, el mayor pico de revistas de origen estudiantil coincide con la
instalación de los gobiernos democráticos y, por contraste, las académicas son las que
mantienen regularidad constante (disminuyendo apenas en Chile con el derrocamiento
del Presidente Allende) y retomarán fuerza con la reinstalación democrática.

Argentina: estadística por décadas, según origen de revistas (1950-2000)
Chile: estadística por décadas, según origen de revistas (1950-2000)

En el total de las categorías propuestas, la década de 1970 revela un incremento parejo
en las cuatro con origen argentino, y exponencialmente fuerte en las revistas
universitarias chilenas. Puntualmente, y dentro de la jerarquía universitaria, la
producción de revistas mantiene diferencias entre ambos países. Mientras que en
Argentina el crecimiento se muestra sostenido en el transcurso del tiempo y con un
crecimiento coincidente con la llegada del gobierno democrático (1983), en Chile se
intensifica abruptamente a partir de la misma década. Asimismo, la situación económica
general de cada país también concuerda con las estadísticas antes citadas: en tanto en
Argentina se alcanzan picos inflacionarios a partir de 1987, en Chile fue en torno de
1990 y, efectivamente, para ambos casos estos hechos repercuten negativamente en este
mercado editorial específico y debilita su producción, sobre todo en aquellas iniciativas
privadas o en las estudiantiles (sostenidas por alumnos, con mayores esfuerzos
personales que dinero).

Chile: estadística por décadas, según origen de revistas (1950-2000)

Como en todo trabajo de investigación en proceso, estas cifras apenas alcanzan a trazar
un panorama inicial, ofreciendo valores preliminares pero en el cual se delimitaron los
perfiles de cada uno de los medios analizados. Las categorizaciones realizadas insertan
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a las revistas de este conjunto dentro de un contexto sociocultural particular, dando una
identidad al núcleo editor como al público al que iban dirigidas.
Todas estas estrategias, que alcanzaron mayor o menor amplitud de discusión en su
momento, confirman la generación de un modelo discursivo de la arquitectura. También
permiten confirmar que las revistas de arquitectura son un instrumento de información,
de afirmación y de debate y que, efectivamente, a través de sus páginas, consolidan la
espina dorsal en la producción intelectual y profesional de la arquitectura regional.
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10

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REVISTAS DE ARQUITECTURA ARGENTINAS Y CHILENAS DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX: perspectivas comparadas en la cultura regional</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras claves&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; revistas de arquitectura - cultura regional - Argentina - Chile - siglo XX</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;architecture magazines - regional culture - Argentina - Chile - twentieth century</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos años, la historiografía de la arquitectura latinoamericana creció exponencialmente gracias a la categorización adquirida por las revistas especializadas como herramienta de investigación. Esta presentación ofrece adelanta resultados de una investigación cuya hipótesis aventura que, durante la segunda mitad del siglo XX existió una alianza arquitectónica intelectual entre Argentina y Chile. Las evidencias surgen al analizar este tipo de publicaciones, cuyas páginas exhibieron los avances culturales regionales y que, confirmaron, a posteriori, el reconocimiento arquitectónico de la “modernidad apropiada” latinoamericana. La metodología desarrollada se concentró en un análisis comparativo de doble vía, distinguiendo los trayectos y las relaciones de sus actores (editores y profesionales), el contexto geográfico en el que se desempeñaron y las obras y publicaciones que los instalaron en el medio arquitectónico. De esta manera, la investigación considera cuatro planos de estudio: el temporal (1950-2000), el geográfico (Chile y Argentina), el tema (la arquitectura) y los medios informativos que los reflejaron. Los resultados, aún incipientes, surgen de la catalogación y digitalización de algunas de las colecciones observadas en ambos países para los cuales se consideró la frecuencia, las temáticas, la ideología de sus promotores, las categorías de sus orígenes (comerciales, institucionales, estudiantiles, por ejemplo), la estructura y el perfil de sus discursos (análisis del poder, de las estrategias, de los protagonistas, entre varios más).</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In recent years, the historiography of Latin American architecture has grown exponentially thanks to the categorization of specialized journals as a research tool. This presentation offers advances of an investigation whose hypothesis adventure that, during the second half of the 20th century, there was an intellectual architectural alliance between Argentina and Chile. The evidence emerges from the specialized publications, in which pages the regional cultural advances were exhibited and which, a posteriori, confirmed the architectural recognition of Latin American "appropriate modernity". The methodology developed focused on a comparative two-way analysis, distinguishing the paths and relationships of its actors (editors and professionals), the geographical context in which they performed and the works and publications that installed them in the architectural medium. In this way, the research considers four levels of study: temporal (1950-2000); geographical (Chile and Argentina); theme (architecture) and the media that reflected them. The results, still incipient, arise from the cataloging and digitization of some of the observed collections of both countries in which the frequency, the themes, the ideology of their promoters, the categories of their origins (commercial, institutional, student, etc.), the structure and profile of their speeches (analysis of power, strategies, protagonists, etc.).</text>
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            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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              <elementText elementTextId="774">
                <text>&lt;strong&gt;Dra. Patricia Méndez&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arquitecta - Universidad de Buenos Aires&amp;nbsp; &lt;br /&gt;Master en Gestión Cultural - Universidad de Barcelona &lt;br /&gt;Doctora en Ciencias Sociales - FLACSO</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
Representaciones del arte y otras formas culturales
en la intermedialidad de Caras y Caretas

Dra. Sandra M. Szir
UNSAM-UBA
Resumen
El semanario popular Caras y Caretas (1898-1939) constituyó el primer periódico ilustrado que
alcanzó un público masivo y resultó innovador en términos comunicativos ya que en sus páginas
convergieron una miscelánea de contenidos y géneros textuales junto con variadas modalidades
gráficas de comunicación visual. Las noticias, intervenciones o posicionamientos acerca del arte
eran frecuentes y si su intención era ubicarse como formadora de gusto o valores estéticos, éstos
debían negociarse con las competencias e intereses de los distintos sectores sociales que
consumían la revista.
Como periódico ilustrado contribuyó a extender y diseminar una cultura gráfica, promoviendo
tecnologías y una difusión de imágenes en una proporción inédita. Caras y Caretas configuró
entonces tanto en sus formas textuales como visuales, ideas de lo artístico que articulaban las
bellas artes con otras modalidades, entre ellas, las formas gráficas y múltiples de la cultura
visual.
Este trabajo se propone entonces relevar en el contexto discursivo y visual del semanario
ilustrado Caras y Caretas en sus primeros años, las representaciones de los artistas y de sus
producciones, del arte y del campo artístico en formación y articularlos con la atención al propio
dispositivo de la revista y su particular intermedialidad con las herramientas que provee la
historia cultural.
Palabras clave
Revistas ilustradas, Cultura masiva, 1900, Argentina, multiplicación de imágenes.
Abstract
The popular weekly Caras y Caretas (1898-1939) was the first illustrated magazine that reached
a mass audience and was innovative in communicative terms as in its pages converged a
miscellany of content and textual genres along with various graphic forms of visual
communication. News, interventions or positioning related to art were frequent, and if it was the
editors’ intention to set themselves up as shapers of taste or aesthetic values, this had to be
negotiated with the tools and interests of the various social sectors that consumed the magazine.
As illustrated journal, it contributed to extend and spread a graphic culture, promoting
technologies and dissemination of images in an unprecedented proportion. Caras y Caretas set
then, both in their textual and visual forms, artistic ideas that articulated the arts with other
modalities, including the graphics and multiple forms of visual culture.
This work intends then, to relieve the representations of artists and their productions, the art and
the artistic field conformation in the discursive and visual context of the early years of Caras y
Caretas. This perspective is articulated with the regard of the magazine as a device and its
particular intermediality with the tools that are provided by the cultural history discipline.
Key words
Illustrated magazines, Massive culture, 1900, Argentina, images multiplication.

1

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Introducción
En sus primeros años, Caras y Caretas, surgida en 1898, ofrecía una sección
“Páginas Artísticas”, con escenas reproducidas a página entera que desplegaban
iconografías de la cotidianidad, hábitos y aspectos de la sociabilidad de Buenos Aires.
“Amateurs” 1 [fig. 1], firmada por Cándido Villalobos, representa una exposición de
cuadros y sus visitantes. Dos mujeres dominan el primer plano y se observa que una de
ellas consulta una guía o catálogo. El arte, sus prácticas de exhibición y consumo
aparecen aquí junto con paseos por el parque, el teatro, la iglesia, las tiendas o el trabajo
como una de las escenas o personajes urbanos del entorno porteño que caracterizaban la
sección [figs. 2 y 3]. El arte, además, forma parte de una práctica y de un discurso
inserto en otros discursos generales de promesas y logros nacionales. Pero el título de la
imagen indica la emergencia de un nuevo público que accedía a un consumo artístico y
un orden cultural en esos espacios que se multiplicaban hacia fines del siglo XIX y
comienzos del XX, el consumo artístico amplio era una práctica emergente y existían
nuevos públicos que accedían a ese orden cultural. El catálogo resultaba un elemento
necesario para la educación de esos espectadores “amateurs” cuyos gustos y
sensibilidades pretendían acomodarse a los códigos que imponía el consumo de las
“bellas artes”. De modo que Caras y Caretas, desde su lugar de enunciación como
impulsora de una cultura impresa masiva problematiza las tensiones entre los diversos
registros culturales y sus vínculos. En efecto, Caras y Caretas fue el primer periódico
ilustrado que a pocos años de publicación alcanzó una circulación amplia entre un
público diverso y heterogéneo. 2 Por consiguiente, al igual que otras formas culturales de
comienzos del siglo XX, debía negociar gustos y valores con los distintos sectores
sociales que consumían la revista, habilitando una convergencia de los modos y hábitos
del centro y de los barrios, de los registros de las sociabilidades burguesa y de la clase
trabajadora, de las voces de criollos e inmigrantes 3.

1

C. Villalobos, “Amateurs”, Caras y Caretas, a. IV, n. 195, Buenos Aires, 28 de junio de 1902.
En 1904 la revista alcanzó una tirada promedio de 80.760 ejemplares, en 1907 la cifra había ascendido a
106.000, y en 1910 llegó a 109.700. Pero ese mismo año, celebrando el centenario del 25 de mayo,
publicó un número especial compuesto de 400 páginas profusamente ilustradas del cual se tiraron 201.150
ejemplares de los cuales la mitad fue vendida en el interior del país. De modo que la cifra aproximada de
100.000 ejemplares vendidos en Buenos Aires para una población de 1.306.000 habitantes señala que
Caras y Caretas había alcanzado una popularidad inédita en el mercado local para una publicación
periódica.

2

3

Para un reciente análisis de formas culturales masivas como el tango y el circo a fines del siglo XIX y
comienzos del XX véase Graciela Montaldo, Museos del consumo. Archivos de la cultura de masas en
Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2016.
2

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Fig. 1. “Páginas Artísticas. Amateurs”, por Villalobos,
Caras y Caretas, a. IV, n. 195, Buenos Aires, 28 de junio de 1902

Pero además, Caras y Caretas se configuró como una organización comercial
innovadora dentro del campo de las artes gráficas ya que presentó un rol significativo en
las operaciones de implementación de novedades tecnológica que condujeron a
disminuir los costos y optimizar la calidad de impresión y reproducción de imágenes. Es
decir, Caras y Caretas se inscribe en los desarrollos de una cultura gráfica a la cual el
semanario contribuyó indudablemente a extender y diseminar, promoviendo una
difusión de imágenes en una proporción inédita. Por lo tanto, el semanario popular
ilustrado presentó tanto en sus formas textuales y visuales ideas de lo artístico que
articulaban las bellas artes con otras modalidades, entre ellas, las formas gráficas y
múltiples de la cultura visual.

Fig. 2. “Páginas Artísticas. En busca de pichinchas”, por Sanuy

3

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Este trabajo se propone entonces relevar en el contexto discursivo y visual del
semanario ilustrado Caras y Caretas en sus primeros años, las representaciones de los
artistas y de sus producciones, del arte y del campo artístico en formación y articularlos
con la atención al propio dispositivo de la revista y su particular intermedialidad con las
herramientas que provee la disciplina de la historia cultural 4 para abordar los objetos
impresos de publicación periódica y reflexionar acerca de las metodologías de análisis
de revistas como objetos autónomos.

Fig. 3. “Páginas Artísticas. Bellas Artes”, por Eusevi.

4

Nos referimos a una perspectiva trazada por una amplia lista de autores que ha teorizado acerca del
abordaje de los impresos en tanto artefactos culturales, pero también gráficos y visuales con los efectos
metodológicos que eso implica. Véase como ejemplos Donald McKenzie, Bibliografía y sociología de los
textos, Madrid, Akal, 2005 [1986]; Roger Chartier, El orden de los libros, Barcelona, Gedisa, 1992; El
mundo como representación: historia cultural. Entre la práctica y la representación, Barcelona, Gedisa,
1994; Roger Chartier y Guglielmo Cavallo (dir.), Historia de la lectura en el mundo occidental, Madrid,
Taurus, 1997; Armando Petrucci, Alfabetismo, escritura y sociedad, Barcelona, Gedisa, 1999.
4

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Institucionalización del campo artístico nacional
A partir de su origen, el 8 de octubre de 1898 en Buenos Aires, Caras y Caretas
se erigió como un periódico innovador con respecto a las publicaciones periódicas
decimonónicas precedentes, tanto en sus contenidos como en sus rasgos materiales y sus
modos de producción. 5 Desde la perspectiva de los estudios literarios, por lo general se
consideró que la originalidad de la publicación consistía en una presentación tipológica
que reunía como rasgo principal la combinación miscelánea de contenidos y géneros
discursivos junto a imágenes de distintas modalidades visuales. Caras y Caretas
convocaba así en sus páginas artículos de información general, ficción, humor, poesía,
notas técnicas o científicas, noticias sobre el extranjero, actualidad política, cultural y
social, publicidad.
Entre las notas de actualidad cultural de carácter local, el arte ocupa un lugar
significativo en términos cuantitativos. 6 Más que reseñas de exposiciones o críticas de
obras, se trata de noticias que registran la actividad de los artistas y de las instituciones
públicas recientemente fundadas. Del mismo modo que los literatos o los hombres de
ciencias, los artistas reciben en el discurso de la revista la asignación de cumplir
importantes funciones públicas, la de simbolización pedagógica, y la de propaganda
sobre todo en el exterior, tareas imprescindibles en el proceso político de organización
nacional.
Exposiciones, viajes y encargos eran las marcas del tránsito hacia la
consagración, a la que el artista aportaba su obra “fina”, “elegante”, “notable”, “bella”,
tal las categorías aplicadas a la descripción de pinturas y esculturas. Pero por sobre todo,
los artistas y sus producciones demostraban a los ojos de los cronistas que el “arte
nacional” era o un augurio cercano o una realidad innegable. Los trabajos expuestos en
los concursos de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes en 1904 son celebrados como
“un conjunto digno de elogio y una hermosa promesa para el naciente arte nacional.” 7
Pero no solamente invitación a futuro, también verdad presente en “el movimiento
intelectual digno de toda clase de estímulo y aplauso” en la producción de libros, en las
obras pictóricas y en los monumentos “que forman un conjunto honroso para el arte
nacional”. Sin embargo, a menudo las autoridades desoían esas voces emergentes como
al momento de erigir una estatua al general Mitre, la comisión designada para la
ejecución había decidido encargarla en Europa porque afirmaba, “la Argentina no tiene
artistas.” La nota, sin firma, continuaba

5

Hemos estudiado estos desarrollos en varios trabajos anteriores. Véase al respecto, por ejemplo, Sandra
M. Szir, “De la cultura impresa a la cultura de lo visible. Las publicaciones periódicas ilustradas en
Buenos Aires en el siglo XIX. Colección Biblioteca Nacional”, en Marcelo H. Garabedian, Sandra M.
Szir y Miranda Lida, Prensa Argentina siglo XIX. Imágenes, textos y contextos, Buenos Aires, TeseoBiblioteca Nacional, Argentina, 2009 y Sandra M. Szir, “Entre el arte y la cultura masiva. Las
ilustraciones de la ficción literaria en Caras y Caretas (1898-1908)”, en Laura Malosetti Costa y Marcela
Gené (comps.) Impresiones porteñas. Imagen y palabra en la historia cultural de Buenos Aires, Buenos
Aires, Edhasa, 2009.
6
La frecuencia de este tipo de contenido es variable, pero el número de notas sobre arte es altamente
representativo.
7
“Sociedad Estímulo de Bellas Artes. El último concurso”, Caras y Caretas, a. VII, n. 307, Buenos Aires,
20 de agosto de 1904.
5

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No entraremos a discutir la mayor o menor verdad que exista en tal afirmación, pero
consecuentes con nuestro propósito de ser imparciales presentamos esta nota de escultura
para los que dudan de nuestro arte, sino para aquellos que niegan de su existencia.
Con este propósito hemos pedido y conseguido de nuestros buenos artistas, una fotografía
de su obra maestra, aquella que fue trabajada con más cariño y dedicación, y hoy la
presentamos al público para que este se de cuenta clara y precisa de la importancia que el
“arte nacional” reviste entre nosotros. 8

Así, las fotografías presentan la “Cautiva” y el “Abel” de Lucio Correa Morales,
el busto “La ira” y el monumento a Nicasio Oroño, de Torcuato Tasso, el proyecto de
monumento a Alcorta y una fuente de Arturo Dresco, “La Armonía” de Mateo Alonso,
“Las Pecadoras” de Rogelio Irurtia, entre otros que se mencionan para exhibir con la
palabra, pero, sobre todo, con la fuerza de las imágenes “toda la importancia del ‘arte
nacional’”.

Fig. 4. “Artistas argentinos en Italia. Dresco y Collivadino”,
Caras y Caretas, a. VI, n. 228, Buenos Aires, 14 de febrero de 1903

Si los editores de Caras y Caretas tenían una idea de ‘arte nacional’ que
resultaba coincidente con alguna de las posturas de los debates en la literatura crítica de
la época, el despliegue de imágenes en la propia publicación presenta una
heterogeneidad discursiva más amplia. Uno de los problemas presentes en las
discusiones de críticos, artistas e intelectuales refería a los temas más representativos
para un arte propio. 9 Si la pampa u otros paisajes rurales, las escenas de costumbres y
los tipos tradicionales eran las propuestas más frecuentes, el semanario responde
añadiendo a esas representaciones gran cantidad de temas urbanos en ilustraciones y
fotografías. Pero resulta altamente plausible la idea de que, con la afirmación de la
8

“Las obras favoritas”, Caras y Caretas,
Para los debates en torno al arte nacional véase, entre otros, los análisis de Laura Malosetti Costa, Los
primeros modernos. Arte y sociedad en Buenos Aires a fones del siglo XIX, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica, 2001; Miguel Ángel Muñoz, “El arte ‘nacional’: un modelo para armar”, en AAVV.,
El arte entre lo público y lo privado, Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA), 1995; “Un
campo para el arte argentino. Modernidad artística y nacionalismo en torno al Centenario”, en Diana
Wechsler (ed.), Desde la otra vereda, Archivos del CAIA 1, Buenos Aires, Ediciones del Jilguero, 1998.
9

6

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existencia de un arte nacional, Caras y Caretas no esté dando cuenta de los motivos o
temas pictóricos más adecuados para manifestarlo si no de un impulso institucional y de
la constitución de un campo, así como de multiplicación de artistas y exhibiciones que,
con mayor apoyo estatal, lograban encauzar al arte como una herramienta más del
progreso civilizatorio moderno e identitario.
Las páginas de la revista confirman esta vía institucionalizadora que habían
emprendido las artes, y relevan las actividades del Museo de Bellas Artes 10, las entregas
de premios de concursos anuales para optar por una beca del gobierno que realizaba la
Sociedad Estímulo de Bellas Artes, 11 pero también reseña exposiciones, 12 publica las
actividades de los artistas argentinos que se estaban formando en Europa, 13 así como
concreciones materiales ligadas a inauguraciones de monumentos, o aquellos que aún
estaban en proyecto. 14 [figs. 5 y 6]

Fig. 5. “La exposición de Bellas Artes”, Caras y Caretas, a. V, n. 194, Buenos Aires, 21 de junio de 1902

10

“Regreso del Sr. Schiaffino. Las adquisiciones para el Museo de Bellas Artes”, Caras y Caretas, a.
VIII, n. 344, Buenos Aires, 6 de mayo de 1905.
11
“El concurso de pensionados”, Caras y Caretas, a. II, n. 60, Buenos Aires, 25 de noviembre de 1899;
“Estímulo de Bellas Artes. La distribución de premios”, Caras y Caretas, a. V, n. 194, Buenos Aires, 21
de junio de 1902, entre muchas otras.
12
”Rosario. Exposición artística”, Caras y Caretas, a. VII, n. 309, Buenos Aires, 3 de septiembre de 1904;
”Las obras del escultor Cafferata”, Caras y Caretas, a. VII, n. 310, Buenos Aires, 10 de septiembre de
1904, entre muchas otras.
13
“Artistas argentinos en Italia. Dresco y Collivadino”, Caras y Caretas, a. VI, n. 228, Buenos Aires, 14
de febrero de 1903; ”Artistas argentinos en Roma”, Caras y Caretas, a. V, n. 201, Buenos Aires, 9 de
agosto de 1902; ”Pintores argentinos en Paris”, Caras y Caretas, a. V., n. 29, Buenos Aires, 13 de
diciembre de 1902.
14
”El monumento a Garibaldi para Buenos Aires. Una visita al escultor Maccagnani”, Caras y Caretas, a.
VI, n. 248, Buenos Aires, 4 de julio de 1903; ”Arte y artistas. La fuente de Lola Mora”, Caras y Caretas,
a. VI, n. 225, Buenos Aires, 24 de enero de 1903; ”Arte y artistas. La placa para Humberto I. El
monumento á Alberdi”, Caras y Caretas, a. III, n. 104, Buenos Aires, 29 de septiembre de 1900.
7

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Fig. 6. “La exposición argentina en el Salón Freitas y Castillo”
y “La exposición italiana en el salón Witcomb”

En un artículo de extensión inusual para Caras y Caretas, ocho páginas firmadas
por Figarillo, seudónimo de José S. Álvarez, más conocido como Fray Mocho, “La
Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”, 15 traza la historia de la fundación
de la Sociedad Estímulo “a la cual se deben en el país los actuales progresos en el orden
artístico.” Celebra los esfuerzos de los artistas por la profesionalización del oficio, y
afirma que quienes hasta hace pocos años no encontraban estímulo alguno y debían
ejercer otras tareas, ya podían vivir de su arte. El cambio había sucedido a partir de
1880, época en la cual el movimiento de los pintores, “aficionados” aún, reunidos por
José Agujari, establecieron un taller “que fue pronto una especie de cenáculo.” La
página reproduce la carta dirigida por Eduardo Sívori y Alfredo Paris a Agujari, en una
suerte de crónica ilustrada en la que se atribuye, con humor, el rol fundador de la
Sociedad a Braulio Berrotarán, un comerciante conocido como Braulio “el de la
puntilla”, que hacía de modelo a los pintores [fig. 7].

15

Figarillo, “La Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”, Caras y Caretas, a. IV, n. 137,
Buenos Aires, 18 de mayo de 1901.
8

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Fig. 7. Figarillo, “La Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”,
Caras y Caretas, a. IV, n. 137, Buenos Aires, 18 de mayo de 1901.

En una semblanza de la historia de la institución, pero más extensamente del
presente de la misma, reseña a la Academia de Bellas Arte, “a cuyas clases de estudio se
refieren las ilustraciones que aquí presentamos”, sus talleres de dibujo, pintura,
escultura, plástica ornamental, dibujo lineal, perspectiva, anatomía e historia del arte
instalados en la calle Florida 783, en “pleno barrio aristocrático”. Menciona a los
fundadores, así como a su Comisión Directiva y profesores, que con el apoyo del
gobierno nacional junto con recursos propios les permitía brindar a sus 536 alumnos y
87 alumnas comodidades, modelos y materiales necesarios para sus estudios. Señala el
carácter de centro de cultura intelectual con que se identifica a la Academia, la
concurrencia de “distinguidas señoritas” así como de jóvenes de todas las clases sociales
que adquieren conocimientos, algunos para hacer arte y otros para aplicarlos a la
industria. [fig. 8]

9

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Fig. 8. Figarillo, “La Academia de Bellas Artes. Su origen y estado actual”,
Caras y Caretas, a. IV, n. 137, Buenos Aires, 18 de mayo de 1901

Pero el foco del artículo indica que la hazaña de la Academia ha sido formarse
“una atmósfera para poder vivir”, y contribuyó también a que muchos artistas que se
han educado en ella copiando los tipos porteños populares hoy desaparecidos,
reproducen esas imágenes como documentos históricos del pasado local y además, las
difunden en el exterior, llevando “el nombre de su patria en órbitas que escapan a la
acción de los propagandistas oficiales.” Este discurso que reproduce palabras conocidas
y reiteradas en la crítica de arte de la época por Eduardo Schiaffino entre otros, se
encuentra acompañado de doce fotografías atribuidas a los fotógrafos de la revista, de
los talleres y sus alumnos, los profesores. El destino de esas imágenes es el amplio
público de Buenos Aires y de numerosas ciudades del país.

Contexto discursivo y visual de Caras y Caretas
En el prospecto de presentación previo al nacimiento de la revista, Caras y
Caretas niega tener un programa preconcebido, pero señala que en los apelativos de
“festiva, literaria, artística y de actualidades” se condensa lo que podría decirse de las
características de su proyecto editorial. Indagar la noción de lo “artístico” para los
editores de la revista implica considerar un ámbito complejo de un amplio campo que
tiene a las artes gráficas como centro, al dibujo como cruce de caminos entre las bellas
artes y otras manifestaciones visuales y a la reproducción de imágenes como condición
de posibilidad pública.
En un sentido empírico Caras y Caretas se constituyó como el primer periódico
que utilizó en forma sostenida los procesos de reproducción tecnológica que autorizaron
una disponibilidad masiva de imágenes para un público amplio imponiendo una mayor
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presencia visual en el contexto material de la cultura urbana de entresiglos. La puesta en
página fragmentada por una profusión de imágenes insertas junto a lo escrito se
complementa con una diversidad de formas gráficas que se manifiesta en una cubierta
policromada en papel ilustración, viñetas, fotografías, caricaturas y publicidad ilustrada,
reproducidas mediante técnicas diversas.
Se ha vinculado este despliegue visual de las publicaciones periódicas 16 de la
modernidad con otras formas culturales y tecnologías de exhibición como el museo, las
exposiciones universales, 17 los dioramas, panoramas y otras, y se las ha leído con los
conceptos e impulsos de “espectacularización” 18 y “complejo exhibicionario”, 19
favorecidos por las tecnologías visuales, los desarrollos disciplinares de la historia,
antropología, biología, higienismo y sus formaciones discursivas, articuladas con las
relaciones de saber y poder desarrolladas en el capitalismo analizadas por M. Foucault.
Lejos de considerar a Caras y Caretas como operaria en el disciplinamiento de la
mirada y como dispositivo panóptico, debemos especular acerca de su lugar de
enunciación como medio de comunicación masiva que pretendía dotar de sentido a las
miradas de una multitud de lectores, y que a su vez se encuentra con sensibilidades y
competencias diversas.
El profuso despliegue visual que se asemeja al de otras formas de exhibición de
carácter comercial como la vidriera, es convocado en la revista con las recurrentes
noticias sobre las exposiciones universales reforzado con las imágenes y con el énfasis
que se hace de los envíos “argentinos”. Se describe con particular énfasis el espacio
donde se desarrolla la exhibición, y se habla de la concurrencia. El público está aludido
frecuentemente en este tipo de notas, en los que “familias de la sociedad” o
“distinguidas señoritas” se encuentra con una “concurrida multitud” o un “crecido
número” de espectadores que desfilaban por las exposiciones. 20 La información gráfica
acompaña invariablemente esta idea de multitudes anónimas que señalan el éxito de los
eventos artísticos pero también se vincula con una entidad nueva para el siglo XIX, la
masa, que tenía a su vez, un protagonismo político en otras notas del semanario
referidas a cuestiones sociales. [fig. 9]

16

Algo de esto hemos analizado en: Sandra Szir, “Discursos, prácticas y formas culturales de lo visual.
Buenos Aires, 1880-1910”, en María Isabel Baldasarre y Silvia Dolinko (eds.), Travesías de la imagen.
Historias de las Artes Visuales en la Argentina, vol. I, Buenos Aires, Ed. CAIA/EDUNTREF, 2011, pp.
65-93
17
Donald Preziosi, entre otros, analiza estos procesos en Brain of the Earth’s Body. Art, Museums, and
the Phantasms of Modernity, Minneapolis-London, University of Minnesota Press, 2003.
18
Guy Débord lo ha propuesto en La sociedad del espectáculo, Santiago de Chile, Ediciones Náufrago,
1995 [1967]
19
Tony Bennett, The Birth of the Museum: History, Theory, Politics, London-New York, Routledge,
1995 y del mismo autor, Past Beyond Memory. Evolution, Museums, Colonialism, London-New York,
Routledge, 2004. Véase para una perspectiva panorámica sobre este tema Bettina Messias Carbonell (ed.),
Museum Studies. An Anthology of Contexts, Malden-Oxford, Blackwell Publishing, 2004.
20
Por ejemplo en ”Los artistas argentinos premiados en la exposición de San Luis”, Caras y Caretas, a.
VII, n. 314, Buenos Aires, 8 de octubre de 1904.
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Fig. 9. En la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. La distribución de premios”,
Caras y Caretas, a. V, n. 194, Buenos Aires, 21 de junio de 1902”

Si bien no se trata del mismo público que asiste a las exhibiciones y aquel que se
organizaba en el movimiento obrero 21 [fig. 10] o protagonizó la huelga de inquilinos de
1907, 22 hay un nuevo sujeto en términos sociales, objeto de preocupación política por
parte de los dirigentes y de estudio para la naciente sociología representada por Gustave
Le Bon y Gabriel Tarde, y en el ámbito local por José María Ramos Mejía. 23

21

Alberto Ghiraldo, “Movimiento obrero”, Caras y Caretas, a. VII, n. 276, Buenos Aires, 16 de enero de
1904.
22
“La guerra de los inquilinatos”, Caras y Caretas, a. X, n. 468, Buenos Aires, 21 de septiembre de 1907;
“Sigue la huelga y principia el desalojo”, Caras y Caretas, a. X, n. 470, Buenos Aires, 5 de octubre de
1907.
23
Gustave Le Bon, Psicología de las masas, Madrid, Morata, 2014 [1895]; Gabriel Tarde, La opinión y la
multitud, Buenos Aires, Urbanita, 2013 [1901]; José María Ramos Mejía, Las multitudes argentinas,
Buenos Aires, Secretaría de Cultura de la Nación-Editorial Marymar, s/f. [1899]
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Fig. 10. Fotografía de muchedumbre en Caras y Caretas

En lo que concierne a Caras y Caretas a comienzos del siglo XX hay un nuevo
público que accede a la cultura impresa y esto es un fenómeno verificable, así como una
problemática social y política que implicó decisiones y suscitó una gran variedad de
representaciones y discursos. Las visiones optimistas acerca de las posibilidades de la
instrucción pública y la expansión de la lectura como factores decisivos del progreso,
provenientes de la ideología iluminista e impulsados en la Argentina, entre otros, por el
proyecto educativo de Domingo F. Sarmiento, fue seguido por un sentimiento de
inquietud frente a resultados no deseados de esa expansión, la preferencia por las
novelas por sobre otro tipo de lecturas o la diseminación de folletines criollistas. La idea
de acompañamiento en la lectura popular fue abonada entonces por las elites letradas
que se consideraban a sí mismas con los criterios y las condiciones morales para operar
como guías. 24 La prensa por lo general asumió el proyecto cultural de ilustrar al pueblo
y ya desde El Museo Americano de C. H. Bacle en 1835 hasta La Ilustración
Sudamericana de fines del siglo XIX, diversas periódicos ilustrados hicieron explícita
esa pretensión de intervenir en ese sentido con textos y con imágenes.
Al respecto de esa intervención puede percibirse en Caras y Caretas una
posición inestable y ambivalente, proponiéndose en una situación de acompañamiento,
como “educadora” en materia de arte, ciencia, y otras cuestiones, pero a menudo
también impugnando a las elites y sus espacios consagrados a las prácticas culturales
eruditas. Por otra parte, resulta claro que para la propia elite, Caras y Caretas representa
24

Este proceso es presentado también en el contexto de algunos países europeos. Véase Jean Hébrard
“Les nouveaux lecteurs”, en Roger Chartier y Henri-Jean Martin (dir.), Histoire de l’édition française. Le
temps des éditeurs. Du romantisme à la Belle Époque, Paris, Fayard- Promodis, 1990, pp. 526-567. En la
Argentina diversas voces se alzan en ese sentido como V. Quesada.
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uno de esos productos vulgarizadores del gusto para consumo de un público popular.
Schiaffino comparaba una mala obra pictórica con una oleografía y Ramos Mejía había
afirmado que “la imitación que es más chillona y alegre, halaga mucho más el sentido
amortecido de la muchedumbre que la realidad discreta, y la oleografía triunfa sobre el
cuadro al óleo: Watteau y Rembrandt son derrotados por Caras y Caretas.” 25
Ciertamente el semanario a la vez que impugnaba las imitaciones y el mal gusto
de los sectores medios, 26 promovía en parte la cultura de la copia. Publicitaba desde sus
páginas la comercialización de reproducciones de fotografías que habían sido
publicadas, y desplegaba amplia información acerca de otras formas visuales que
conformaban los márgenes de las bellas artes como exposiciones humorísticas, de
afiches o de bordados. 27 Asimismo daba cuenta de la circulación de tarjetas postales y
todo tipo de estampas comerciales. Puede citarse la exposición de dibujos que Caras y
Caretas realiza en 1905 en el Salón Castillo, el registro correspondiente indica que
Por eso mismo, los amantes del dibujo comprenden desde luego, que las obras
que hoy presentamos cuando fueron hechas, lo fueron sin pretensiones de ser
expuestas algún día. Son dibujos de ocasión, trazados al correr del lápiz la
mayor parte –casi todos- para someterlos al grabado inmediatamente, sin pérdida
de tiempo, cuando ya las máquinas de imprimir están prontas para recibirlos y
dárselos al público en miles y millares de reproducciones. 28
En ese mismo sentido, la diversidad de imágenes que Caras y Caretas exhibe en
cada ejemplar se produce con escasa jerarquización y también con yuxtaposición de
registros que indica tensiones e intercambios entre la culturas popular y letrada, oral y
escrita, rural y urbana, textual y visual, tradicional y moderna, atravesados por las
características de los modos de producción y del propio objeto gráfico, que sirvió de
soporte a esos múltiples y variados cruzamientos culturales. [fig. 11]

25

José María Ramos Mejía, Los simuladores del talento en las luchas por la personalidad y la vida,
Buenos Aires, Félix Lejouane &amp; Cía., 1904, p. 35
26
Para el consumo artístico véase María Isabel Baldasarre, Los dueños del arte. Coleccionismo y
consumo cultural en Buenos Aires, Buenos Aires, Edhasa, 2006.
27
”La exposición humorística. Su inauguración en el Círculo Italiano”, Caras y Caretas, a. V, n. 220,
Buenos Aires, 20 de diciembre de 1902; ”Exposición arte humorístico”, Caras y Caretas, a. V, n. 216,
Buenos Aires, 22 de noviembre de 1902; ”Bellas Artes. Exposición de estampas”, Caras y Caretas, a. IV,
n. 148, Buenos Aires, 28 de julio de 1901; “Arte y artistas. La exposición de ‘affiches’ del concurso
universal”, Caras y Caretas, a. IV, n. 158, Buenos Aires, 12 de octubre de 1901; ”El concurso universal
de ‘affiches’. Los tres primeros premios”, Caras y Caretas, a. IV, n. 161, Buenos Aires, 2 de noviembre
de 1901.
28
“La exposición de CARAS Y CARETAS”, Caras y Caretas, a. VIII, n. 339, Buenos Aires, 1º de abril
de 1905.
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Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
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Fig. 11. “La exposición de ‘affiches’ del concurso universal”,
Caras y Caretas, a. IV, n. 158, Buenos Aires, 12 de octubre de 1901

Fig. 12. Concurso de carteles de Coñac Domecq

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El concepto de cultura masiva viene en auxilio, pero cabe aclarar que no es
considerado -utilizando un término de Grignon y Passeron- como un concepto
‘bulldozer’ tales como ‘urbanización’, ‘industrialización’, ‘cultura de masas’,
‘sociedad de consumo’, etc., que despejan de modo tan enérgico el terreno, que no podemos
distinguir nada más después de su paso. Por el contrario, hay que procurarse los medios
empíricos para estudiar la relación entre los consumos y los gustos, para tratar de reconstruir
la lógica, diferente según los grupos y según las épocas, de los préstamos y de las
retraducciones, para examinar en qué medida las diferentes capas de las clases populares
llegan a apropiarse, no sólo materialmente, sino también simbólicamente, de los bienes de
gran consumo. 29

Es decir, esta homogeneización del concepto debe ser desplegada para dar lugar
en el caso de Caras y Caretas a lo que los historiadores culturales proponen para
comprender las dinámicas de la cultura de cruces, y los modos como se enlazan las
formas impuestas y las identidades salvaguardadas, más o menos alteradas. 30 La cultura
masiva resulta entonces un espacio poroso en el cual formas de la cultura letrada y de la
cultura popular se entrelazan de maneras variadas y complejas.
Consideraciones finales
Se han mostrado algunos de los contenidos que Caras y Caretas presentó con
respecto al arte, los artistas y sus obras, y hemos indicado que más que desplegar
argumentos y reflexiones acerca de esos temas, el semanario registraba noticias y
movimientos en el campo artístico. Sin embargo, a su manera Caras y Caretas intervino
en los debates del momento acerca de la consideración del arte y la conformación de un
arte nacional. Los modos cómo lo hizo se vinculan con la utilización por parte del
semanario popular ilustrado de las herramientas discursivas y gráficas que conformaban
el modo de comunicación que alcanzó públicos masivos. Con sus palabras, sus
imágenes, y sus innumerables entrecruzamientos de contenidos, registros y medios,
brindaba al lector una suerte de orientación acerca de todos los temas posibles. Caras y
Caretas encauzó a partir de las formas discursivas breves y géneros diversos, una forma
de ver y concebir los sucesos de actualidad política nacional e internacional, eventos
sociales, crónica urbana, ciencias o bellas artes, en clave nacional. Esto interpeló a un
público masivo que se identificaba con sus modos de representación y que hicieron
posible la convergencia entre intelectuales formadores del gusto, intermediarios y
público.

29

Claude Grignon y Jean-Claude Passeron, Lo culto y lo popular. Miserabilismo y populismo en
sociología y en literatura, Buenos Aires, Nueva Visión, 1991, p. 20.
30
Roger Chartier, “¿Existe una nueva historia cultural?”, en Sandra Gayol y Marta Madero (eds.),
Formas de historia cultural, Buenos Aires, Universidad Nacional de Gral. Sarmiento/Prometeo, 2007, p.
39.
16

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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REPRESENTACIONES DEL ARTE Y OTRAS FORMAS CULTURALES EN LA INTERMEDIALIDAD DE CARAS Y CARETAS</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Revistas ilustradas- Cultura masiva- comunicación gráfica- Argentina- multiplicación de imágenes</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Illustrated magazines - Massive culture - Graphic communication - Argentina - images multiplication</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El semanario popular Caras y Caretas (1898-1939) constituyó el primer periódico ilustrado que alcanzó un público masivo y resultó innovador en términos comunicativos ya que en sus páginas convergieron una miscelánea de contenidos y géneros textuales junto con variadas modalidades gráficas de comunicación visual. Las noticias, intervenciones o posicionamientos acerca del arte eran frecuentes y si su intención era ubicarse como formadora de gusto o valores estéticos, éstos debían negociarse con los distintos sectores sociales que consumían la revista.&amp;nbsp; Como periódico ilustrado contribuyó a extender y diseminar una cultura gráfica, promoviendo tecnologías y una difusión de imágenes en una proporción inédita. Caras y Caretas configuró entonces tanto en sus formas textuales como visuales, ideas de lo artístico que articulaban las bellas artes con otras modalidades, entre ellas, las formas gráficas y múltiples de la cultura visual. Este trabajo se propone entonces relevar en el contexto discursivo y visual del semanario ilustrado Caras y Caretas en sus primeros años, las representaciones de los artistas y de sus producciones, del arte y del campo artístico en formación y articularlos con la atención al propio dispositivo de la revista y su particular intermedialidad con las herramientas que provee la historia cultural.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The popular weekly Caras y Caretas (1898-1939) was the first illustrated magazine that reached a mass audience and was innovative in communicative terms as in its pages converged a miscellany of content and textual genres along with various graphic forms of visual communication. News, interventions or positioning related to art were frequent, and if it was the editors’ intention to set themselves up as shapers of taste or aesthetic values, this had to be negotiated with the various social sectors that consumed the magazine. As illustrated journal, it contributed to extend and spread a graphic culture, promoting technologies and dissemination of images in an unprecedented proportion. Caras y Caretas set then, both in their textual and visual forms,&amp;nbsp; artistic ideas that articulated the arts with other modalities, including the graphics and multiple forms of visual culture. This work intends then, to relieve the representations of artists and their productions, the art and the artistic field conformation in the discursive and visual context of the early years of&amp;nbsp; Caras y Caretas. This perspective is articulated with the regard of the magazine as a device and its particular intermediality with the tools that are provided by the cultural history discipline.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dra. Sandra M. Szir&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires &lt;br /&gt;Universidad Nacional de General San Martín</text>
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Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
DEL KIOSCO AL MUNDO Y VICEVERSA. Itinerarios textuales y visuales del
Diario de Poesía

Viviana Usubiaga
CONICET – IDAES/UNSAM - UBA
Resumen
El Diario de Poesía fue uno de los proyectos editoriales más significativos y continuos
de los últimos años en América Latina. Creado en 1986 entre las ciudades de Buenos
Aires, Rosario y Montevideo, a lo largo de sus 25 años de existencia se convirtió en un
lugar fecundo para los encuentros entre artistas visuales y de las letras. Si bien tuvo
como protagonista a la poesía, la publicación constituyó un complejo espacio de
circulación de debates estéticos y políticos. Este trabajo estudia sus estrategias de
circulación, su formato y recursos visuales que componen sus páginas. Se analiza su
itinerario en una red de revistas culturales que teje a partir de un pensamiento crítico
sobre el legado de las vanguardias. Se aproxima a ciertos momentos esclarecedores de
sus 82 números comprobando una trama de imágenes poéticas y visuales que registran
las variadas discusiones que han atravesado las disciplinas entre el último cuarto del
siglo XX y comienzos del XXI. Entre ellas, el Diario de Poesía ha tenido un rol
fundamental en los intercambios y posicionamientos culturales latinoamericanos y en la
difusión del pensamiento contemporáneo sobre las vanguardias.
Palabras claves
Diario de Poesía, Imagen, Vanguardias, Latinoamérica.

Abstract
Diario de Poesía was one of the most significant and continuous editorial projects of
recent years in Latin America. It was founded in 1986 in between the cities of Buenos
Aires, Rosario and Montevideo. Throughout 25 years it became a productive space for
encounters between visual artists and writers. Although poetry was the protagonist, the
publication set a complex space for the circulation of aesthetic and political debates.
This paper studies the circulation strategies of Diario de Poesía and its format and
visual resources that make up their pages. Aims to analize a network of cultural
magazines that provides a critical thought about the avant-gardes legacy, and focuses at
certain moments of its 82 numbers when poetic and visual images recorded the varied
discussions that the disciplines have gone through between the end of 20th century and
the beginning of the 21st. Among them, Diario de Poesía has played a fundamental role
in the exchanges and cultural positions of Latin America and in communication of
contemporary theory about avant-gardes.

Keywords
Diario de Poesía, Image, Avant-garde, Latin America.

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Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
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Es fácil ver que la mayoría de las revistas culturales
latinoamericanas de fin de siglo
son hijas de un deseo, no de una necesidad del mercado.
En la tradición de las "revistas-manifiesto" de las
vanguardias,
responden básicamente a las ganas de decir algo,
de puntualizar ciertos problemas, discutir, ya el canon,
ya cierta idea de la cultura, ya cierto estado de las cosas.
Daniel Samoilovich (1998)
El Diario de Poesía fue uno de los proyectos editoriales más significativos y continuos
de los últimos años en América Latina. Creado a mediados de la década de 1980 entre
las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Montevideo, a lo largo de sus 25 años de
existencia se convirtió en un lugar fecundo para los encuentros entre artistas visuales y
de las letras. Si bien tuvo como protagonista a la poesía, la publicación constituyó un
complejo espacio de circulación de debates estéticos y políticos, a la vez que se
posicionó como un peculiar artefacto enraizado en las artes visuales, tanto en la
concepción plástica de su formato y en la multiplicidad de recursos visuales que
componen sus páginas, como en sus propios contenidos. En otras palabras, a lo largo de
sus 83 números se teje una trama de imágenes poéticas y visuales que registran las
variadas discusiones que atravesaron las disciplinas entre el último cuarto del siglo XX
y comienzos del XXI. Entre ellas, el Diario de Poesía ha tenido un rol fundamental en
los intercambios y posicionamientos culturales latinoamericanos y en la difusión del
pensamiento contemporáneo sobre las vanguardias.
Orígenes
El poeta y periodista Daniel Samoilovich colaboraba aportando reflexiones sobre poesía
en la revista cultural Punto de Vista, creada por Beatriz Sarlo en 1978, cuando comenzó
a pensar la posibilidad de crear una publicación anexa dedicada específica e
íntegramente a la poesía. Más tarde descartó la idea del suplemento para idear la edición
de un periódico exento sobre poesía, cuyo programa maduró junto a sus amigos y
colegas Martín Prieto y Daniel García Helder hacia 1984. Para la concreción y
perdurabilidad de este proyecto editorial fueron clave dos premisas: su formato tabloide
y su distribución y venta en kioscos. Samoilovich tenía en mente otros proyectos
editoriales que había conocido o en los que incluso había trabajado años antes cuando
vivió en España. Revistas especializadas en materias diversas como medicina que
volcando sus contenidos en esa matriz de papel periódico habían logrado aumentar su
circulación. De alguna manera la experiencia de lectura tan diferente a la del libro, en
ese formato tan portable como difícil de guardar en una biblioteca, lograba hacer más
concreto y efectivo su uso. “Como es muy incómoda de guardar, no hay más remedio
que leerla antes de tirarla” –recordó el poeta haber escuchado sobre aquella idea
editorial:
Así fue que pensé que, por más que la poesía sea de lo más duradero que hay
(Horacio dijo que sus versos vivirían mientras viviera el imperio y la religión de
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Roma, y se quedó corto), lo cierto es que la poesía vive cada vez que alguien la lee,
no cada vez que alguien plumerea una biblioteca. De modo que la combinación de
algo efímero como el periódico con algo casi eterno, o de lo más parecido a la
eternidad que podamos pensar, como la poesía, me parecía de lo más excitante: por
otra parte, a los poetas suele gustarnos esa clase de combinaciones de opuestos,
más que la concordancia y la monotonía. (Samoilovich 1998)

Se trataba así de sostener un diario potencialmente descartable pero de
contenidos perennes. Con estos principios y la idea de las secciones que tendría
(reportaje, ensayo, poemas, una agenda con noticias y concursos) Samoilovich habló
con su amigo, el artista Juan Pablo Renzi, para que pensara un posible diseño, “sencillo
y versátil que pudiera manejarse desde la redacción, sin necesitar un diseñador para
cada nota de cada número.” (Samoilovich, 2006: 11) Tenía en mente algunas de las
tapas que Renzi había hecho para Punto de Vista. A los pocos días el artista había
dibujado una docena de páginas maestras, una propuesta de tapa y un logotipo. “Eran
dibujos, cada página era un dibujo con sus rayitas en vez de texto y sus fotos
cualesquiera, redibujadas o pegadas o evocadas con rectángulos negros”, recuerda el
poeta. (Fig. 1) En otras palabras, el formato del Diario nació junto con la idea del
contenido. El proyecto tenía algo de periódico ilustrado, “una revista exigente en su
contenido pero animada en su forma”, que recurría a los protocolos visuales del
periodismo gráfico: título, subtítulos copete, imagen, epígrafe, elementos que establecen
jerarquías en la página. Renzi parecía ser la persona indicada para su desarrollo visual,
se convirtió en el director de arte del Diario hasta su muerte en 1992, cuando fue
reemplazado por Eduardo Stupía. También escribió una columna, sin demasiada
continuidad, llamada “Pintada. La columna de Juan Pablo Renzi.” 1

Fig. 1. Juan Pablo Renzi Boceto de tapa nº 3 de
Diario de Poesía, 1986.Tinta al agua sobre papel, 30,8 x 21,7 cm.

1

Véase, Juan Pablo Renzi, “Pintada”, Diario de Poesía, Buenos Aires, Rosario, año 1, nº 4, marzo de
1987, p. 5 y Diario de Poesía, Buenos Aires, Rosario, año 2, nº 6, septiembre de 1987, p. 5, entre otras.
3

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El proyecto de la revista fue madurando durante 1985 al tiempo que se sumaban
para trabajar en la propuesta amigos y colegas porteños, rosarinos y residentes en
Montevideo como fue el caso de Elvio Gandolfo. En marzo siguiente comenzaron a
trabajar en el primer número que finalmente salió a la venta en julio de 1986. El primer
consejo de redacción estuvo integrado por Diana Bellessi, Jorge Fondebrider (secretario
de redacción), Daniel Freidemberg, Gandolfo, Daniel García Helder, Ricardo Ibarlucía,
Martín Prieto, Mirta Rosenberg y Samoilovich (director). Más tarde se unieron Jorge
Ricardo Aulicino y Josefina Darriba como coordinadora. Aquel primer número tuvo una
tirada de cinco mil ejemplares que, para sorpresa de todos, se agotó. Debieron realizar
una segunda tirada de dos mil ejemplares más.

Fig. 2. Daniel García Helder, Martín Prieto, Daniel Samoilovich, Hugo Padeletti, Juan Pablo Renzi,
Jorge Fondebrider y Ricardo Ibarlucía, frente a carteles de Diario de Poesía
la noche de la presentación del nº 1 en Buenos Aires, 1986.

El lanzamiento del Diario fue precedido por una pegatina de afiches en la vía
pública (Fig. 2). Este fue también uno de los rasgos distintivos de la publicación que, a
diferencia de otras revistas culturales, hacía uso de los canales de circulación y de los
recursos utilizados por la prensa masiva. No sólo en la opción por el kiosco, es decir,
por ocupar el espacio de la calle en lugar de circunscribirse a la librería especializada,
sino por sus estrategias comerciales. Al respecto, Samoilovich ha señalado:
Una idea que estuvo bastante clara desde un comienzo era que la revista podía
tener avisos, pero no a la manera de muchas revistas literarias –como Sur en su
momento, o la Revista de Occidente– que tenían algunos anuncios agrupados en las
últimas páginas como si fueran algo vergonzoso o contaminante. En ese sentido,
me gustaba el concepto de la revista italiana Alfabeta, de literatura y filosofía, en la
cual los avisos aparecen en el medio de la página. La idea era: si vendemos un
aviso, ojalá le sirva al anunciante, así vuelve a anunciar.” (2006)

En los primeros números del Diario también pueden encontrarse anuncios que
dan cuenta de una red de revistas literarias y culturales que se apoyaban y sustentaban
mutuamente, por ejemplo, con Punto de Vista, Quimera, El Porteño, Babel, entre otras.
4

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El primer número contenía un dossier dedicado a Juan L. Ortiz, una entrevista a
Hugo Padeletti, poemas de Allen Ginsberg –en cuyas traducciones había colaborado
Eduardo Stupía a la vez que había realizado el reportaje al mismo poeta beatnik– y “Las
memorias de Kikí de Montparnasse”, modelo del pintor Fujita y amante de Man Ray. La
foto principal de la tapa era un retrato de Kikí semidesnuda, que en los afiches callejeros
había cobrado mayor tamaño. Esta imagen fue el blanco de cierta censura puritana
durante una marcha contra la ley de divorcio que se estaba tratando en el Congreso por
entonces. La ley que autorizaba el divorcio, hasta ese momento un tema tabú en la
sociedad argentina y ampliamente resistido por la Iglesia católica cuyos fieles salieron a
manifestarse en las calles. Su aprobación significó un punto culminante de
“modernización cultural” luego de la dictadura. A pesar de las resistencias, la ley sobre
divorcio contaba con amplio consenso y fue sancionada a comienzos de 1987.
En efecto, la imagen del cuerpo de Kikí –cuya exhibición era en realidad mucho
más sutil que las que formaban parte del “destape” durante los años del regreso de la
democracia– fue fugazmente anatematizada por aquellos grupos de extremistas
católicos. Al día siguiente de la marcha, en los carteles pegados en la avenida 9 de Julio
y Alsina, los pechos de Kikí aparecieron tachados, pudorosamente cubiertos con un top
pintado con aerosol rojo y con la palabra graffiteada que la condenaba como: “Puta”.
(Fig. 3) Los miembros del Diario ironizaron sobre la cosecha de admiradores y
detractores que había generado aquella primera y audaz tapa. “No le preocupó la poesía,
ni Juanele, ni Juan Gelman: el tipo se fue directo contra las tetas de Kikí; al lado pintó
‘puta’ en una prosa perfecta, sin errores de ortografía. Quizás no supo dónde
cometerlos. Durante quince días, Kikí quedó allí, sonriendo, con el corpiñito rojo y su
mirada desafiante: ‘¿Y qué?’” 2

Fig. 3. Afiches callejeros con la tapa del primer número del
Diario de Poesía intervenida sobre la imagen de Kikí de Montparnasse.

2

“¿Y qué?”, Diario de Poesía, año 1, nº 2, Buenos Aires-Rosario, septiembre de 1986, p. 10.
5

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Imágenes
La editorial de aquel número 1 de Diario de Poesía era muy clara al exponer los
objetivos de la publicación que se publicitaba con el provocativo slogan: “¡Basta ya de
prosa!”
La poesía de este siglo es de por sí bastante difícil como para que además se
agregue opacidad en su presentación, escasez informativa, y en general se
prodiguen señales de un goce autofinanciado en que muy pocos entiendan de qué
se trata.
En cuanto a esta publicación, de lo que trata es de tentar los límites de circulación
de la poesía, en lugar de aceptarlos como un dato ya establecido. Esta tentativa
sería poco seria si, por buscar un margen más amplio de lectura, partiera de una
simplificación de lo que la poesía es, eligiendo lo supuestamente ‘más fácil’ para
llegar a los más. En lugar de ello, nos hemos imaginado un lector sensible,
inteligente e interesado, aunque no necesariamente un erudito, y nos propusimos
crear para él un ámbito donde todas las voces que nos parecían de valor pudieran
hacerse oír, independientemente de su ‘claridad’ u ‘oscuridad’. 3

En la creación de ese ámbito de expresión plural que además se distanciara de la
opacidad en la presentación del lenguaje poético, fue clave el desarrollo visual de la
revista. La primera maqueta realizada por Juan Pablo Renzi había establecido una tapa
dividida en cinco columnas que podían unirse por sectores y de modos diferentes. Esta
estructura –que perduró hasta el último número– se encuentra coronada por el nombre
de la revista donde la palabra “poesía” adquiere una presencia ordenadora en la lectura
global de la tapa. Al repasar las virtudes de esa arquitectura inicial mentada por Renzi,
Stupía ha señalado que es “virtualmente indestructible” por la suerte de “audacia
estructurada” que el primer director de arte había logrado en su diseño. “Creo que la
maqueta ha sobrevivido veinte años porque tiene algo apropiado que te permite diseñar,
una especie de rigidez dinámica. [...] Si hubiera que examinar porqué decimos que es
indestructible, habría que pensar qué elementos fijos la anclan muy fuertemente en lo
visual. Y la palabra POESÍA, y hasta esa ese anómala justo en el medio del universo
geográfico de la tapa, ordena todo.” (2006)
Por otro lado, el contenido visual de las portadas, fueran fotos o dibujos, daba
siempre lugar a lo inesperado, a lo probable en relación con un artículo pero incluso a
“lo incomprensible en términos de una primera legibilidad.” Cada una de las imágenes
incorporadas era resultado de una decisión meditada y ensayada por Renzi. Así lo
demuestran las decenas de bocetos de tapas y portadas para los dossiers realizados por
el artista, que en realidad exceden las cualidades de un boceto por sus trazos detenidos
y nivel de detalle. Renzi no sólo diagramaba los espacios y ubicación de los materiales
en la hoja sino que ideaba las tipografías y dibujaba en forma minuciosa cada una de
las imágenes fotográficas o de ilustración que acompañarían a cada artículo. La
comparación con los resultados impresos de las primeras ediciones, permite apreciar su
maestría como dibujante al tiempo que conocer sus peculiares propuestas para articular
la palabra con la imagen. (Fig. 4) Las ilustraciones nunca eran serviles al texto, más
3

Editorial, Diario de Poesía, año 1, nº 1, Buenos Aires-Rosario, junio de 1986, p. 2.
6

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bien se deslizaban entre líneas pulsando sus sentidos. De esta manera, las imágenes y
las notas, aún siendo de universos diversos y ajenos, una vez puestas juntas
funcionaban y con el tiempo el Diario logró un peculiar “contexto escénico propio, de
legalidad visual.”

Fig. 4. Juan Pablo Renzi, Boceto de tapa Dossier 2:
el lagrimal trifurca, 1986. Tinta al agua sobre papel., 28 x 22 cm.

Por otro lado, los recursos visuales utilizados provenían de muy diversas
fuentes. Podía tratarse de retratos realizados por un fotógrafo local como fotografías
importadas de otras publicaciones; dibujos hechos especialmente para el Diario o
imágenes extraídas de otros impresos antiguos o contemporáneos; historietas y libros
de medicina; reproducciones de cuadros, obras maestras de la historia del arte universal
o pequeñas viñetas de mano anónima. Todo este caudal de imágenes, como archivos
visuales disponibles, ha sido el material utilizado para los diferentes montajes, como
constelaciones gráficas orbitando en cada página. En este sentido el Diario ha
desplegado un singular espacio donde la edición literaria convive en equilibrio con el
collage plástico.
Esta postura de comunión entre lenguajes se sostenía en relaciones concretas con
los integrantes del campo de las artes visuales. El mismo Renzi propició que la
presentación del número 1 del Diario en Buenos Aires se realizara en la galería de arte
Ruth Benzacar. 4 El 11 de julio de 1986 las puertas de la galería porteña se abrieron para
los poetas que fueron ampliamente acompañados por sus amigos pintores. Renzi
escribió y leyó para la ocasión:
En estas épocas tan duras para la subsistencia del arte y de los artistas, en estas
épocas en que todo parece querer referirse al aburrimiento de los actos seguros, la
publicación de 5.000 ejemplares de una revista exclusivamente dedicada a la
poesía, parece una utopía demente y por demente muy seductora, tanto que nos

4

En Rosario se presentó en la librería Ross y el segundo número en la galería Krass con un dossier
dedicado a la revista rosarina El lagrimal trifurca.
7

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atrajo a todos, aún a los que no somos poetas. Alguien se preguntará seguramente,
como yo mismo lo he hecho: ¿qué hace un pintor en un proyecto de poetas?
Después de la respuesta más obvia –ocuparse del aspecto visual de la publicación–
queda otra, más compleja y que tiene que ver [...] con una idea, mejor dicho, un
deseo, también personal, de restituir aquél viejo diálogo estético entre pintores y
poetas. (1986)

Con obras de Berni como telón de fondo, 5 se hicieron lecturas de poemas y se
cerró la noche con un recital del poeta y artista visual Hugo Padeletti. La velada fue
descripta como una fiesta, “y a que lo fuera ayudaban los pintores –relataba la editorial
del segundo número–. Que la fiesta se realizara en una galería de arte contribuía a
destacar el aspecto de confluencia poetas-artistas plásticos.” 6

Fig. 5. Página de artista dedicada a Juan Pablo Renzi.

Más allá de la composición visual de cada página, el Diario destinó un espacio
particular a los artistas plásticos, creando desde su segundo número la sección “Página
de artista”. Allí se reprodujeron a página completa dibujos, pinturas o fotos de
reconocidos creadores junto a una breve biografía o reseña crítica al pie. Inauguró la
sección una obra del propio director de arte del Diario (Fig. 5) junto a un texto de Juan
José Saer que se había adentrado en las configuraciones inestables que el artista rosarino
comenzó a transitar a comienzos de la década:
Como el sentido se le escapa, poco a poco comprende que da lo mismo que llame a
lo que está viendo percepciones o visiones. Con o sin alcohol, piensa a veces, el
delirio, aunque cambie de forma, es uno e indivisible. Toda forma, por otra parte,
bien mirada es una mancha, todo objeto compacto y nítido torbellino, todo
momento calmo infinitud a la deriva. Huracán o brisa, siempre le está soplando en
la cara, sin darle casi tiempo a parpadear, el viento de lo visible. Esa jungla de

5

El 10 de junio de 1986 había inaugurado en la galería la muestra individual de Antonio Berni: Juanito
Laguna, la memoria de la imagen.
6

Editorial, Diario de Poesía, año 1, nº 2, Buenos Aires-Rosario, septiembre de 1986, p. 2.
8

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manchas estables o cambiantes, de sensaciones íntimas y familiares pero a menudo
incomprensibles. (Saer 1986: 11)

Lo siguieron las páginas dedicadas a: Enrique Aguirrezabala, Ana Eckell, Luis
Felipe Noé, Alberto Heredia, Fernando Fazzolari, Stupía, Américo Castilla, León
Ferrari, Guillermo Kuitca, Mimi Doretti, Luis Pereyra, Pablo Suárez y Eduardo Medici
(Fig. 6). 7 En ocasión de la muestra individual de Renzi en Ruth Benzacar se editó una
versión especial en “Página de Artista” bajo el título de “La Poesía de los visible” en las
que se incluía fotos del artista en su taller y obras acompañadas por los textos dedicados
al artista rosarino de tres poetas Saer, Edgar Bayley y Raúl Santana. 8
El conjunto de las “Páginas de Artista”, sin duda, configuran un pequeño
panorama de las producciones plásticas que de alguno u otro modo acompañaron a la
producción poética contemporánea.

Fig. 6. Página de artista dedicada a Enrique Aguillezabala.

Momentos
En el segundo editorial en la primavera de 1986 se señaló que el Diario había sido
“bienvenido y comprendida su intención de traer algo nuevo, de contribuir a la
recomposición de lo que fuera aventado por tantos años de terror y exilio.” Se lo
reconocía así como un proyecto signado por los años de la postdictadura. Una
publicación que pasada la euforia primera por el regreso de la democracia en
Argentina, se asentaba como un proyecto maduro y reflexivo respecto del estado de la
cultura. En este sentido, Eduardo Stupía ha reconocido que:

7

Entrada la década del ’90 la sección continuó con las páginas de: Luis Wells, Enrique Aguirrezabala,
Jorge Gumier Maier, Daniel Scheimberg, Emilio Torti, Roberto Elía, Juan Astica, Felipe Pino, Carlos
Gorriarena y Mirtha Dermisache, entre otros.
8

“Renzi: la poesía de lo visible”, Diario de Poesía, año 3, nº 11, Buenos Aires-Montevideo-Rosario,
diciembre de 1988, pp. 26 y 27.
9

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El Diario no sale en el ‘83, en el momento mismo de irrupción democrática; para
este particular fenómeno del Diario, hicieron falta tres años de desaceleración y
aceleración. De desaceleración militante, probablemente, y de aceleración en otros
órdenes en los que la sociedad y sus productores de bienes culturales estuvieran en
la misma tesitura, en la misma sintonía, bajo el mismo síntoma. Por alguna razón el
Diario sale recién en el ‘86, cuando la democracia ya tenía problemas de la
democracia, económicos fundamentalmente, y muy graves en lo institucional. Y de
repente me parece que todo eso que fue la postdictadura maceró también de un
modo u otro, indirectamente, elípticamente, la aparición de un fenómeno como
este, como hubo otros, muchas otras instancias que, quizás, al estudiarlas nos
permitan ver cómo se recompuso la sociedad y cómo volvió a ponerse en
movimiento en una dirección diferente a la dirección militante. Así como en los ‘70
lo que quizás unía o separaba más a la gente era la ideología, y no tanto las
adhesiones o fanatismos culturales.
Después de toda esa curva trágica, primero épica y después trágica, hay que ver
cómo enfrentó la sociedad la construcción de un nuevo rumbo en instancias no
necesariamente de franca militancia política. (2006)

En el momento de gestación de la revista la tarea parecía urgente, como una
iniciativa más que, sumada a otras dentro de la esfera cultural, trabajaba para
recomponer los lazos comunes, generar un foro de debate cultural e intervenir en la
construcción de una sociedad plenamente democrática.
Si bien el Diario no naturalizó la escritura de editoriales en cada uno de
números, fue el espacio que en ocasiones su consejo de redacción utilizó para explicitar
sus posturas frente a ciertos acontecimientos políticos insoslayables para el espíritu del
proyecto. Fue así como tras el levantamiento de los militares carapintadas de Semana
Santa de 1987 9, a modo de editorial la revista reprodujo en su número 5, un texto
elaborado en forma conjunta con otras revistas como Revista Unidos, Gaceta
Psicológica, Revista Argentina de Psicología y Punto de Vista. Con el título “Por una
Argentina con futuro, contra una argentina oscura” el apelativo texto incitaba a los
lectores a asumir la democracia como un bien común que, como tal, debía ser
defendida por todos:
El terrorismo de estado, norma de hierro en los años del Proceso, es
reivindicado ahora por grupos minoritarios pero poseedores de los medios para
obtener sus fines. Para esos sectores del autoritarismo civil y militar, la
democracia no es un valor. Quienes creemos, en cambio, que la democracia es
un bien irrenunciable no deseamos que el ejército patrulle otra vez nuestra
ciudad, ni que sus socios civiles manejen la economía vaciando el país. ¿Desea
usted que le digan qué puede leer y qué no, qué películas puede ver y cuáles
no? ¿Desea vivir una vez más la triste incertidumbre sobres sus hijos
perseguidos o desterrados, la tragedia humillante de la tortura, las
desapariciones o la guerra? (12)

9

Encabezados por el teniente coronel Aldo Rico una serie de oficiales del ejército se acuarteló en Campo
de Mayo poniendo a prueba las instituciones democráticas durante las Pascuas, entre el 15 y el 19 de abril
de 1987. Reivindicando el accionar de las Fuerzas Armadas en la lucha “antisubversiva”, exigían una
“solución política” para las citaciones y juicios emprendidos por violación a los derechos humanos. En
otras palabras, buscaban la amnistía.
10

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A la crisis institucional del gobierno alfonsinista se sumó el agravamiento del
deterioro económico nacional hacia finales de la década. La continuidad del Diario se
encontró en peligro por estos avatares y sus hacedores convocaron a sus lectores en
forma peculiar. Comenzaban citando un diálogo de Miguel de Cervantes: “Babieca:
Metafísico estáis. / Rocinante: Es que no como.” Y continuaban invitando a sumar el
apoyo económico para encarar el nuevo año: “Diario de Poesía está atravesando en
este, su segundo año de vida, una crisis económica seria. No está metafísico: es que no
come. No se trata de un descenso extraordinario de la cantidad de ejemplares vendidos –
un promedio de 2500 por edición en este año, lo cual constituye un número alentador–
sino de definitivo recorte que la inflación hace al dinero percibido por la venta de
ejemplares así como a los ingresos por publicidad.” 10 A pesar de las dificultades, el
Diario subsistió, mientras en el ángulo superior derecho de su tapa, donde figuraba el
precio del ejemplar, parecía marcarse el ritmo en ascenso acelerado del índice
inflacionario hasta el colapso en 1989. 11
Desatada la crisis de la hiperinflación y luego de las elecciones que dieron
ganador a Carlos Saúl Menem, el 1 de julio Ricardo Alfonsín presentó su renuncia en
el Congreso y el 8 de julio de 1989 asumió el nuevo presidente, seis meses antes del
plazo constitucional. Antes de terminar el año, Menem había ofrecido el indulto a 280
militares y civiles acusados de violación a los derechos humanos durante la dictadura y
de sublevación durante el gobierno de Alfonsín. Por esa razón, en diciembre de 1989 el
Diario publicó una solicitada de “Los poetas contra el indulto”. Una larga lista de
hombres y mujeres de las letras firmaban una sintética y contundente postura: “nos
manifestamos en contra del INDULTO, PUNTO FINAL y OBEDIENCIA DEBIDA, y
de cualquier otra forma jurídica que deje en libertad a los culpables (así declarados por
la Justicia) de cometer crímenes de lesa humanidad.” 12
Al cabo de un año, mientras el gobierno redactaba el decreto presidencial que
indultaría a los jefes militares de la dictadura –finalmente firmado el 29 de diciembre de
1990–, se montó un encuentro latinoamericano de escritores organizado por la
Secretaría de Cultura de la Nación. Se anunció que a su cierre hablaría Menem en el
Teatro Cervantes. Los integrantes de Diario de Poesía decidieron participar en las
cuatro mesas a las que habían sido invitados y difundieron en las mismas un breve texto
en el que, junto a otros participantes, llamaban a no concurrir al acto de Menem, “en
señal de repudio a la falta de apoyo real a la cultura desde las esferas oficiales, al
desmantelamiento de la educación pública y a la decisión presidencial de indultar a los
ex-comandantes de las Fuerzas Armadas y otros condenados por la justicia. Nuestro
rechazo –decía el texto– no es a la formalidad de que el presidente de la república cierre
10

“Este no es un aviso de oferta de suscripción”, Diario de Poesía, año 2, nº 7, Buenos Aires,
Montevideo, Rosario, diciembre de 1987, p. 5.

11

Es significativo como dato económico de la época que el primer número del Diario salió a la venta en
1986 por 2,5 australes; pasados casi cuatro años, en diciembre de 1989 el costo del número 14 fue de
2.800 australes, el siguiente de 13.000 y el número 16 llegó a 20.000 australes. La moneda continuó
devaluándose, en noviembre de 1990 salía 30.000 australes y el número siguiente 50.000. En el número
del quinto aniversario, en agosto de 1991, el costo del Diario había llegado a los 60.000 australes.

12

Solicitada, “Los poetas contra el indulto”, Diario de Poesía, año 4, nº 14, Buenos Aires-MontevideoRosario, diciembre de 1989, p. 2. El destacado es original.
11

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un acto cultural: sino concretamente al político Menem y a su política.” 13 El boicot fue
registrado por la prensa, incluso extranjera. Según reseñaron varios periódicos, el día
del cierre del encuentro, a falta de escritores, los funcionarios hicieron bajar de los
coches oficiales a sus choferes y guardaespaldas que, entre risueños y asombrados,
tomaron posición en las butacas del teatro semivacío. Más allá de lo anecdótico, la
editorial dedicada al episodio concluía a tono con el panorama desolador:
Créase o no, cuando salió el número anterior de esta publicación ligeramente
trimestral el indulto no se había producido, y si ahora parece historia antigua es
porque este país canibaliza acontecimientos a un ritmo desaforado. Sin
embargo, vale la pena recordar que hace cuatro meses algunos chacales
estaban todavía presos y este pequeño país era un poco más grande y mejor de
lo que es hoy. No al olvido, no al olvido, no al olvido.

En 1992 falleció Juan Pablo Renzi. A partir del número 23 se hizo cargo de la
dirección de arte Eduardo Stupía quien continuó trabajando sobre la estructura gráfica
de su predecesor dinamizando las posibilidades de esa suerte de pentagrama de 5
columnas, siembre desbordadas de formas. (Fig. 7)

Fig. 7. Eduardo Stupía, Boceto de tapa Dossier 32:
Jazz y poesía, 1994. Técnica mixta sobre papel, 43 x 28 cm.

La participación en el Festival Internacional de Poesía de Medellín en 1993 y
del grupo que convoca al primer Encuentro de Poetas Hispanoamericanos de Fin de
Siglo en Bogotá fue el punto de partida de la colaboración sostenida del Diario en
ambos eventos a lo lardo de la década del ´90. Los contactos e intercambios producidos
en esos encuentros se vislumbran en las páginas del Diario e intensifican la presencia
de la poesía latinoamericana en la publicación. Si bien fue pionero el dossier dedicado
a la poesía brasileña en 1987 (Fig. 8) en los años siguientes, aparte de la publicación de
la poesía contemporánea de América Latina en diferentes ocasiones, se elaboraron
dossiers especiales sobre poesía peruana (primavera 1994), venezolana (verano 1996),
de poesía concreta del Brasil (invierno 1997), entre otros. En 1994 D. H. Helder y
Osvaldo Aguirre elaboraron un dossier dedicado a Marosa di Giorgio impulsando el
13

Editorial, Diario de Poesía, año 5, nº 18, Buenos Aires, mayo de 1991, p. 2.
12

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relanzamiento de la revista en la ciudad de Montevideo con la presencia de la poeta
uruguaya.

Fig. 8. Juan Pablo Renzi, Boceto de tapa Dossier 5:
Poesía brasileña, 1987. Grafito sobre papel, 21,7 x 28 cm.

Ese mismo año el Diario convocó al Primer Concurso Hispanoamericano de
Poesía para poemarios inéditos, se recibieron centenares de trabajos en especial de
Argentina, Chile, Colombia y Uruguay. Ganó el primer premio Martín Gambarotta con
su libro Punctum. En la segunda edición en 1996 fueron distinguidos con el primer
premio compartido Santiago Llach y Santiago Vega. En 1999 el premio se organizó
junto a la editorial Vox de Bahía Blanca y el jurado otorgó el máximo galardón al
chileno Germán Carrasco por su libro Calas (kermese).
El Diario se posicionó como una revista cultural de referencia no sólo en la
Argentina, sino en las redes latinoamericanas y sus conexiones internacionales. En 1998
participó de la fundación de la Asociación de Revistas Culturales Argentinas.
Samoilovich fue elegido presidente de la misma. Desde ese lugar, la publicación
participa también de la fundación, en 2000, de la Federación Iberoamericana de
Revistas Culturales, de cuya primera junta directiva formó parte el director. Asimismo
cabe mencionar entre otros encuentros la participación en 1997 del Primer Encuentro
Iberoamericano de Revistas Culturales, organizado en Bogotá por la Asociación de
Revistas Culturales de Colombia. En octubre del mismo año, en el Encuentro “La
cultura de un siglo: América Latina en sus revistas” y en marzo de 1998, en el
Encuentro de periódicos literarios ‘O vehículo da poesia’ en la Biblioteca Municipal
Mario de Andrade de San Pablo. En cada una de estas reuniones sus representantes
compartiron con otras publicaciones las peculiaridades de su caso. Se discutieron los
modos de entender la tradición de las vanguardias en sentido amplio que subyace en la
experiencia como revista cultural y que se filtra en sus contenidos. Las páginas del
Diario contienen en su estructura dinámica las variaciones del arte experimental. Hay
en ellas una apreciación y lectura rigurosas de las vanguardias, llámense vanguardias
rusas, cultura beatnik o concretismo en América Latina. 14 Sin las construcciones de
14

Un importante interlocutor en este sentido, que colaboró en reiteradas ocasiones en la revista ha sido
Jorge Schwartz, autor entre otros del insoslayable libro Las vanguardias latinoamericanas, editado por
cátedra en 1991 y reeditado por Fondo de Cultura Económica en 2003.
13

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jerarquías que pueda forjar el tiempo cronológico o las latitudes de origen, las
producciones estéticas que han provocado algo por fuera de la norma (de la métrica sin
abolirla), están allí presentes, en simultáneo, apareciendo aquí y allí, en textos e
imágenes. En definitiva, el Diario mantuvo el ejercicio constante de pensar las
posibilidades contemporáneas de la herencia de las vanguardias. Un ejercicio que
necesariamente debió asumir la actuación del mercado en general y en la vida de las
revistas culturales en particular. Su director expresó en el último encuentro
mencionado:
… a diferencia de las "revistas-manifiesto", a la cual la propia ruptura les creaba un
sitio, alimentado por la solidez de un canon establecido, o, al menos, de un gusto
convencional fuertemente asentado, hoy una revista se enfrenta con sociedades más
complejas y cambiantes [...]. No se trata solo de que el canon esté más disperso, o
que el gusto predominante sea menos firme; por sobre todo, en un mundo que se
aleja aceleradamente de la Galaxia Gutenberg, el gran enemigo no es el rechazo
sino la indiferencia. En ese mismo marco, la idea futurista de tirar la tradición por
la borda, o la surrealista de arrancar a la literatura de las bibliotecas, no tienen
aplicación directa: la tradición se hunde sola, empobreciendo el mundo, y las
bibliotecas languidecen también solas, dejando paso a un paisaje y unas lenguas sin
profundidad histórica.
En ese marco, si las revistas quieren durar se ven forzadas a articular cierta
relación con el mercado que a sus predecesoras las tenía sin cuidado. Y una de las
novedades quizás sea justamente esa, que quieren durar, pues no están pensadas
para el apocalipsis de la revolución mundial sino para defender cierta relación con
la tradición y cierta relación con el cambio. Para hacerse un sitio, entonces, no
basta con sorprender o escandalizar; y especialmente para conservarlo, las revistas
necesitan asentar un lugar en un mercado saturado de información y de bienes
culturales o semi. De las vanguardias, entonces, las revistas heredan un espíritu, un
propósito crítico; de las revistas comerciales, necesitan adoptar un horizonte
profesional y unos sistemas de producción y circulación que las alejan de las
revistas manifiesto, pero sin los cuales se tornarían aventuras privadas, sin peso en
un espacio público extendido, fragmentado, complejo. […] La opción de base es
entonces clara, hacer una revista que ningún estudio de mercado aconsejaría. Pero
si la primera decisión es no hacer una revista para el mercado, la segunda es lograr
que ese producto no mercantil se venda. Dicho de otro modo: hacer lo que a uno se
le da la gana, pero no para uno mismo, sino para otros. ¿Qué sentido tendría, si no,
una revista? (Samoilovich, 1998)

En esas relaciones estratégicas que el Diario supo construir, solo dilató su
periodicidad en el primer semestre de 2002 luego del caos económico que se vivió en la
Argentina a fines del 2001. A pesar de las dificultades de la época, las energías de los
colaboradores se fueron renovando con el ingreso de nuevos miembros.

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Fig. 9. Exposición “¡Basta ya de prosa! Veinte años de
Diario de Poesía 1986-2006”, 7 de septiembre al 1 de octubre de 2006
Galerías del Centro Cultural Parque de España/AECI, Rosario, Argentina

Luego de cumplir 20 años de existencia en 2006 y celebrarlo con una exhibición
(Fig. 9) y la organización del seminario “Ut pictura poiesis” en el Parque Espala de
Rosario, hacia 2007 se reorganizó el Consejo de Dirección integrado a partir de ese año
por Edgardo Dorbry, Pablo Gianera como secretario de redacción, Matías Serra
Bradford, junto a Samoilovich, Stupía, Aguirre, Ibarlucía y Rosenberg y a Jaime
Arrambide que se sumó en 2010.
Al alcanzar sus 25 años y la publicación del número 82, se organizó una
segunda exposición en el Espacio de Arte de la Fundación Osde en Buenos Aires, que
fue inaugurada en febrero de 2012. (Fig. 10) Sin haber sido programado de ese modo,
el catálogo de aquella exposición, que adoptó el formato tabloide, se convirtió en una
suerte de último número de la revista.

Fig. 10. Exposición 25 años de Diario de Poesía, 9 de febrero al 31 de marzo de 2012,
Espacio de arte de la Fundación OSDE, Buenos Aires, Argentina.
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Diario de Poesía fue entre otras cosas una singular usina de traducción de
poesía de todos los tiempos al castellano (Mallol 2012, 2013); se convirtió sin duda en
una escuela de papel para la generación de poetas de la década del ’90 y posteriores,
abriendo espacios para la publicación de poesía contemporánea inédita, poniendo en
discusión y en escena sus lecturas. Su proyecto se inscribe entre aquellos artefactos
culturales que lograron romper anquilosadas jerarquías y diluir las separaciones polares
entre “alta” y “baja” cultura. Lo hizo también desde una audaz articulación con los
recursos disponibles en los tiempos de los medios de masas. Asimismo ha funcionado,
en términos políticos, como una caja de resonancia de los acontecimientos más
relevantes dentro y fuera del campo artístico. Ha sido hasta su último número, un
laboratorio de experimentación que en cada página ensayó hipótesis sobre las
relaciones posibles entre la imagen y la palabra, que brindan lecturas punzantes sobre
los itinerarios textuales y visuales de la cultura moderna a la contemporánea.

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latinoamericana y española, 25 al 27 de noviembre de 2004, Mar del Plata, en:
2003http://www.mdp.edu.ar/humanidades/letras/celehis/congreso/2004/actas/conferencias/D/1_
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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              <name>Creator</name>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>DEL KIOSCO AL MUNDO Y VICEVERSA. Itinerarios textuales y visuales del Diario de Poesía</text>
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                <text>La revista como escenario de intervención política. Dictaduras y posdictaduras</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras claves&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Diario de Poesía – Imagen – Vanguardias - Latinoamérica&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Diario de Poesía fue uno de los proyectos editoriales más significativos y continuos de los últimos años en América Latina. Creado en 1986 entre las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Montevideo, a lo largo de sus 25 años de existencia se convirtió en un lugar fecundo para los encuentros entre artistas visuales y de las letras. Si bien tuvo como protagonista a la poesía, la publicación constituyó un complejo espacio de circulación de debates estéticos y políticos. Este trabajo estudia sus estrategias de circulación, su formato y recursos visuales que componen sus páginas. Se analiza su itinerario en una red de revistas culturales que teje a partir de un pensamiento crítico sobre el legado de las vanguardias. Se aproxima a ciertos momentos esclarecedores de sus 82 números comprobando una trama de imágenes poéticas y visuales que registran las variadas discusiones que han atravesado las disciplinas entre el último cuarto del siglo XX y comienzos del XXI. Entre ellas, el Diario de Poesía ha tenido un rol fundamental en los intercambios y posicionamientos culturales latinoamericanos y en la difusión del pensamiento contemporáneo sobre las vanguardias.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Dra. Viviana Usubiaga&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad Nacional&amp;nbsp; de General San Martín &lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires</text>
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DE BOLETÍN INFORMATIVO A PUBLICACIÓN CULTURAL: Lanzadera y la
educación en las artes en las revistas institucionales durante las Bienales de
Coltejer
Federico Ardila
Universidad Nacional de Colombia
Sede Medellín

Resumen
Como parte de sus programas de mecenazgo cultural, las compañías textiles de
Medellín como Coltejer y Fabricato llevaron a cabo diversos programas de promoción y
difusión de las artes en el contexto local y nacional. A partir de mediados del siglo XX,
ese interés por el apoyo a la cultura se vio reflejado en los boletines informativos de
esas compañías que, creados con el objeto de difundir información sobre las novedades
de la vida laboral, se convirtieron de manera paulatina en medios de comunicación de
diversos eventos culturales. Este trabajo toma como objeto de estudio la revista
Lanzadera, publicada por la compañía Coltejer, que fue durante la década de 1970 uno
de los medios privilegiados de información sobre las Bienales de Arte de Coltejer.
Como intentaremos demostrar, el carácter institucional de esa publicación, cuyo público
objetivo eran los obreros y obreras de la fábrica y sus familias, permitió que los
contenidos de la bienal de arte llegaran a un público no especializado y no conocedor de
los del arte moderno y contemporáneo internacional y, por ese motivo, fue fundamental
para la formación de un nuevo público para esos lenguajes.
Palabras claves: Boletín institucional, arte moderno, mecenazgo cultural.
Abstract
The textile companies of Medellín, such as Coltejer and Fabricato, carried out various
programs of promotion and diffusion of the arts in the local context as part of its cultural
patronage programs. Since the middle of the 20th century, this interest in supporting
culture was reflected in the news bulletins of these companies -which were created with
the aim of informing of internal and institutional news- gradually became a media of
communication of the cultural events that they organized or financed. This paper studies
the magazine Lanzadera, published by the company Coltejer. This bulletin was during
the 1970s one of the main medias of information on the Bienales de Arte de Coltejer. As
we will try to demonstrate, the institutional nature of this publication, whose target
audience was the workers of the factory and their families, allowed the contents of the
biennale of art to reach a non-specialized public with no knowledge of international
modern and contemporary art.
Keywords: Institutional bulletin, modern art, cultural patronage.

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El sector de la producción textil en Antioquia tuvo un papel fundamental en los
procesos de industrialización que hicieron de Medellín una de las ciudades de mayor
crecimiento económico durante el siglo pasado en Colombia. 1 Aun hasta finales de la
década del sesenta, esa actividad productiva fue uno de los principales motores del
desarrollo económico en la región, representando para esos años el 90% de la
producción de textiles de algodón del país, mayor que en cualquier otra ciudad
latinoamericana (Melo, 1996, p. 476).
Un caso paradigmático de la producción textil de Medellín, y su incidencia en de
los procesos de industrialización y crecimiento económico de la región, fue presentado
por la Compañía Colombiana de Tejidos, Coltejer, fundada en 1907 por Alejandro
Echavarría (Barbosa, 1859 – Medellín, 1928) y sus hijos, en sociedad con Vicente B.
Villa. Al igual que otras compañías de la región, Coltejer se originó con capitales
provenientes de una casa de comercio: la Casa Comercial de los Echavarría que abrió en
1904 en sustitución de la casa R. Echavarría e Hijo, fundada en 1872 que
comercializaba, entre otros productos, telas importadas (Botero Herrera, 2003, p. 54).
Coltejer tuvo un remarcado crecimiento durante el transcurso del siglo XX que le
permitió, además de la ampliación de sus fábricas de producción y su mercado, el
incursionar en proyectos asistencialistas que contribuyeron a solucionar dificultades de
tipo social en ámbitos tan heterogéneos como: el de la educación (financiación de
escuelas para los hijos de los obreros); en la vivienda de tipo social (construcción de
barrios y concentraciones de obreros por medio de la creación de fundaciones como
Fraternidad Medellín de 1957); o en la alimentación y la salud pública (programas de
salud preventiva y la creación de instituciones como el Hospital Universitario San
Vicente de Paúl en 1912).
A partir de la década del sesenta, bajo la dirección Rodrigo Uribe Echavarría,
quien se desempeñó como presidente de la compañía desde 1961 hasta 1974, Coltejer
incursionó en proyectos asistencialistas y de mecenazgo en el sector de las artes, cuyo
objetivo fue promover el desarrollo cultural como parte fundamental de los procesos de
modernización de la sociedad. Según expresó en varias oportunidades, Echavarría
consideraba que su labor social al mando de la compañía Coltejer tenía como objetivo
consolidar unos procesos particulares de modernización de la sociedad colombiana y
antioqueña:
Un gerente no debe interesarse tan solo en los aspectos económicos: debe estar atento a
los problemas de su país, a su desarrollo; al mejoramiento del pueblo colombiano. Hay
que tener en cuenta que la empresa privada es un patrimonio nacional y como tal, debe
aprovecharse en beneficio de todos (citado en Valencia D., 1972, p. 3D).
Echavarría concebía la empresa privada como un patrimonio del país que “se
proyecta a la Comunidad en todos los campos”, y que no respondía a la satisfacción de
1

Algunas de las más importantes compañías textiles de la zona urbana de Medellín, además de Coltejer,
fueron Rosellón, fundada en el municipio de Envigado con un edificio propio en 1912 y que comenzó sus
actividades en 1915 y, posteriormente, la Fábrica de Hilados y Tejidos El Hato, Fabricato, creada en
1920 en el municipio de Bello por Carlos Mejía Restrepo (representante de la Casa Comercial L. Mejía S.
y Cía.), Antonio Navarro (representante de la Casa Comercial Miguel Navarro y Cía.) y Alberto
Echavarría (de la Casa R. Echavarría y Cía.).
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beneficios particulares sino colectivos (1972, pp. 4 y 5). Es decir, se pensaba así mismo,
en tanto empresario, como un servidor público que compartía obligaciones con los
obreros de la fábrica en el sentido de que, tanto los unos como los otros, tenía la
obligación de defender determinados intereses nacionales. Esa perspectiva sustentaba
las diversas propuestas sociales y culturales que llevó a cabo la compañía durante su
presidencia, entre las que se encuentra la realización de eventos de exhibición artísticos
como las Bienales Iberoamericanas de Arte de Coltejer (1968, 1970 y 1972), la
publicación de revistas culturales, y la creación de un departamento de cultura para sus
empleados. 2 Según afirmó durante su discurso inaugural de la II Bienal de Coltejer en
1970, su visión del trabajo como director de la empresa privada debía estar conectado
con la sociedad en su conjunto:
La empresa que propicia este certamen no es autónoma. Es dependiente de todos los
sectores de la sociedad y a todos y cada uno de ellos quiere servir para que la relación
entre Empresa y Comunidad tienda a robustecerse. […] Por eso Coltejer ha creado
escuelas, ha ayudado al avance de las universidades colombianas, ha estimulado a los
bachilleres y a los universitarios, ha prestado su ayuda a los hospitales, ha propiciado el
deporte, ha estimulado las artes plásticas, escénicas y musicales. Por eso mismo ha
creado la Bienal de Medellín, la Bienal de Colombia. (Uribe Echavarría, 1970)
El tipo de iniciativas que mencionaba Echavarría pueden clasificarse dentro del
paradigma político de acción cultural que García Canclini ha denominado como
“mecenazgo liberal” (1987, pp. 28-30). El mecenazgo, explica el autor, ha sido la
primera forma de promoción moderna de la cultura para lo que respecta a la literatura y
las artes. En ellas, la burguesía, su principal promotor, impone pocas indicaciones en
cuanto al contenido y el estilo de las obras que en otro tipo de mecenazgo, debido a que
ésta “no exige relaciones de dependencia y fidelidad extremas al modo de los señores
feudales” (1987, p. 28). El protectorado de la burguesía hacia el desarrollo cultural,
continúa Canclini, “establece los vínculos entre mecenas y artistas según los ideales de
gratuidad y de libre creación. Declaran apoyar a los creadores sin más motivos que su
generosidad y sin otro fin que el de impulsar “el desarrollo espiritual” (1987, p. 28).
Ese tipo de forma de promoción de la cultura no es vista como producto de un
accionar colectivo de la sociedad, sino como el “resultado de relaciones individuales”,
aun cuando esas acciones estén dirigidas a la difusión masiva de la cultura, como ocurre
con el patrocino de bienales o publicaciones culturales (1987, p. 29). En esos casos, y
como ocurrió con las iniciativas de Coltejer, las acciones de mecenazgo liberal
persiguen un beneficio publicitario para la compañía o el grupo que las financia, y que
es materializado en la utilización de los nombres de las iniciativas, como forma de
detentación de poder, pero que se esconde en un discurso filantrópico desinteresado.
Ahora bien, el mecenazgo cultural por parte de la empresa privada en Antioquia
no adquirió, solamente, la forma de exposiciones o eventos especializados en la difusión
2

Otros de los proyectos realizados durante su presidencia fueron la construcción de la escuela de Santo
Domingo Savio de Medellín; donaciones a la Universidad del Norte en Barranquilla y al Instituto de
Integración Cultural, ese último encargado de realizar actividades de investigación y divulgación
científica; la financiación del Concurso Nacional Folclórico y la publicación de una revista sobre poesía
y literatura llamada Colombia Ilustrada.
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de las artes, como las Bienales de Arte realizadas por Coltejer. Las revistas y
publicaciones editadas por las compañías de ese sector como boletines informativos
jugaron un papel importante en la difusión y la educación cultural de la sociedad, y en
particular de los empleados de las fábricas a las que iban dirigidas. Las más importantes
de ellas, al menos en términos del alcance de su distribución y de su interés por abordar
temas culturales fueron Gloria, Fabricato Al Día, ambas de la compañía Fabricato, y
Lanzadera de Coltejer. 3
La revista Gloria, que tuvo su primera edición en el mes de marzo de 1946, fue
creada con el propósito de llenar un vacío de información sobre cuestiones que no se
cubrían por la prensa local y estaba dirigida a los obreros que trabajaban en la
compañía, que eran en su mayoría mujeres jóvenes. Los contenidos de la revista
versaban sobre temas de belleza, moda y otras “cuestiones de capital importancia para
las amas de casa”, pero, además, se publicaba información sobre literatura, música,
pintura y poesía (citado en Arango de Tobón, 2006, p. 429). Eventualmente, Gloría fue
un medio de difusión de los eventos culturales impulsados por Fabricato, como los
concursos de música que financió entre1950 y 1952, año en el que la revista dejó de
publicarse.
Como prolongación de Gloría, Fabricato emprendió en octubre de 1956 la
publicación de un boletín mensual de su departamento de cultura, que en el mes de junio
de 1959 pasó a llamarse Fabricado Al Día. A pesar de ser pensada en sus inicios como
una revista de información sobre la fábrica para sus empleados, Fabricato Al Día
comenzó a incluir temas tan variados como el arte, la historia, la literatura, la medicina
y la espiritualidad. Su objetivo, según dictaba su slogan, era ser “Un aporte de Fabricato
a la cultura nacional”, por lo cual su distribución empezó a hacerse por fuera de los
límites de la compañía hasta 1964, cuando regresó a ser un boletín de información
interna. Tanto Gloria como Fabricato al día fueron dos ejemplos tempranos de cómo
las publicaciones informativas para los empleados de las fábricas textiles sobrepasaron
los límites laborales para constituirse, eventualmente, en publicaciones de divulgación
cultural en la ciudad.
En Medellín, que para ese entonces contaba con muy pocas publicaciones
culturales, ese tipo de revistas, que abordaban temas culturales de un modo abierto y
heterogéneo para un público no especializado, eran una novedad.
En la misma línea de Gloria y Fabricato Al Día, Coltejer publicó de manera
interrumpida desde 1944 hasta 1975 su “semanario al servicio de los trabajadores”
titulado Lanzadera. Esa revista -que incluía notas sobre temas de literatura colombiana
y universal, historia, actualidad, arte y, por supuesto, noticias sobre la empresa- no tenía
ningún costo y podía ser adquirida libremente por empleados de Coltejer y por sus
familias. A partir de 1964 la publicación pasó a ser dirigida por Rodolfo Pérez, quien
fuera el jefe del Departamento Cultural de la compañía durante las Bienales. 4 En 1966
3

El caso de Colombia Ilustrada, al ser una publicación específica sobre contenidos de literatura, que no
partió como boletín informativo, no es tomada como objeto en este trabajo que se centra en las formas de
difusión de las artes visuales en medios no especializados.
4
El departamento de cultura de Coltejer fue la oficina encargada de llevar a cabo iniciativas como la
creación de un grupo de teatro, conjuntos musicales, una Capilla Polifónica entre sus propios
4

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dejó de publicarse por un período de cinco años para ser, en 1971, reeditada
bimensualmente, bajo de la dirección del mismo Rodolfo Pérez en colaboración con
Luis Fernando Cano, Adolfo de Greiff y Francisco Pérez; y la edición de Ana Cristina
Navarro y Marta Luz Posada.
Entre 1971 y 1975, Lanzadera atraviesa por una nueva etapa donde se advierte
en su edición el interés de la compañía por llevar a cabo una publicación de carácter
cultural y artístico. Dicho interés se percibe tanto en los contenidos de la revista como
en su mismo diseño gráfico y su diagramación, realizado en esa etapa por el artista,
arquitecto, y posteriormente curador y co-fundador del Museo de Arte Moderno de
Medellín Alberto Sierra. Su diseño moderno, de colores planos y vibrantes, con
numerosas reproducciones fotográficas, algunas de ellas a todo color, y la posibilidad de
ver en sus páginas obras de artistas de talla internacional, hizo de Lanzadera un caso
excepcional entre las publicaciones institucionales de las compañías textiles.

La revista, además de presentarse como boletín informativo sobre las novedades
de la vida en la fábrica, funcionó como un medio de divulgación de los eventos
artísticos desarrollados por Coltejer como su Bienal de Arte. En esa línea, Lanzadera
intentó continuar el carácter didáctico que se le imprimió a las bienales con artículos de
un marcado tinte pedagógico y educativo cuyo objetivo era informar a los obreros y
demás lectores sobre los conceptos básicos del arte moderno y contemporáneo.
A mediados y finales de la década del sesenta, antes de la realización de las
Bienales de Coltejer, el arte moderno y contemporáneo tenía poca circulación en la
trabajadores, así como el concurso nacional de mejores Bachilleres y la difusión de prensa de las
exposiciones bienales.
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sociedad medellinense. Esto hizo necesario la formación de un público que pudiese
comprender las formas nuevas de individualidades, de escalas y de ritmos diferentes
presentadas por los lenguajes del arte moderno a los que las bienales pretendían dar
visibilidad. Para conseguir tal fin, sus los organizadores, en cabeza de su director Leonel
Estrada, llevaron a cabo un ambicioso proyecto didáctico cuyo objetivo era la educación
y formación de un público para el arte moderno en Medellín. Según afirmó Estrada en la
prensa local, como director del evento estaba especialmente interesado en que
“estudiantes, empleados y obreros tengan una vinculación real con la bienal” y, por ese
motivo, no era suficiente con que ese público visitara los espacios, sino que se hacía
necesario de un programa pedagógico que incluyera conferencias, mesas redondas,
sesiones de cine cultural y artículos en medios masivos no especializados que pudiesen
llegarle a un público mayor (Hurtado de Paz, 1972, s/p.).
Uno de los artículos educativos sobre temas artísticos que fueron publicados en
esos años por Lanzadera fue “Pero que es el arte” [sic]. Según se leía al comienzo de
esa nota, presentaba en el primer número de 1971, su objetivo era ser complemento
informativo de la Bienal de Arte que tendría lugar el año siguiente: “Como una sección
fija de la revista, presentaremos a ustedes temas relacionados con el arte y la Bienal
Coltejer. En cada número obsequiaremos a los lectores reproducción de una obra.
Despéguela y decore con ella cualquier lugar de la casa para darle alegría y calor”
(1971, pp. 44-47). El artículo contaba con una reproducción a color de una obra del
argentino Rogelio Polesello y una en blanco y negro del hondureño José Antonio
Velásquez, ambas presentadas en la Bienal de Coltejer de 1970.
La nota respondía a la pregunta planteada en el título de manera clara y con
ejemplos, afirmando que el “Arte es una manifestación nueva y distinta de una forma de
belleza o de un mensaje”, que podía encontrarse tanto en pinturas como en objetos de la
vida cotidiana como muebles o macetas (1971, p. 44). Además de permitir la
distribución de imágenes entre sus lectores, el texto ofrecía un mensaje directo y
didáctico que podía ser fácilmente entendido por el público no especializado al que iba
dirigido. Su objetivo era explicar a sus lectores los lenguajes del arte moderno para que
estos pudiesen visitar y observar las obras de la Bienal de Arte con herramientas básica
para su comprensión.

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La financiación de una exposición internacional como la Bienal de Arte, que
agrupó en 1970 a 324 obras de 200 artistas y 170.000 visitantes, hizo necesario la
publicación de una nota en 1971 explicando el motivo de su realización y argumentando
la enorme inversión que significó para la compañía. El artículo se tituló “Para que una
bienal de arte” [sic] y fue escrito por el coordinador general de la muestra de 1972, el
arquitecto Óscar Mejía. El autor explicaba los alcances y repercusiones de la bienal para
el mundo cultural de Medellín con el acompañamiento de reproducciones de obras del
artista Omar Rayo (Mejía, 1971, pp. 46-47).
Además del artículo mencionado, Lanzadera publicó en ediciones posteriores
una reseña sobre la tercera bienal de 1972 titulada “La Bienal de Coltejer. Una bienal
para aprender”, con reproducciones de obras expuestas en esa muestra; y dos artículos
más en la edición n°5 de marzo-abril de 1972, incluido uno de Leonel Estrada (1972,
p.3). En ese último, Estrada afirmaba que una bienal “vale como vehículo de educación,
de transformación del ambiente, de acercamiento social, de diálogo, más que como
evento de promoción de artistas.” Lo importante, según explicaba, era que el arte
expuesto en las Bienales le llegara al pueblo y que éste le “perdiera el miedo al arte”
(Estrada, 1972, s/p.).
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A pesar de que Estrada no participó directamente en la edición de Lanzadera, la
línea que siguió esa publicación a partir de 1971 estaba, entonces, en consonancia con
los objetivos educativos que se me imprimieron a la Bienal de Arte. Tal idea era
compartida por el presidente del Coltejer Rodrigo Echavarría, quien afirmó en el
discurso de inauguración de la II bienal que: “Estamos complacidos porque este
acontecimiento constituye para Colombia un nuevo medio didáctico. Queremos
popularizar el arte” (Uribe Echavarría, 1970). De esa manera, Lanzadera respondía a un
propósito de democratización de las artes acercando esos contenidos a un público no
especializado, cuyo acceso y conocimiento de las publicaciones culturales de los
circuitos oficiales del arte era bastante limitado. No obstante, no todos los artículos
publicados en Lanzadera sobre temas artísticos estaban relacionados con las Bienales.
Así lo demuestran las notas “Arte en Rionegro y Oriente”, donde se reseñaba un festival
de arte popular, danza, teatro y música realizado en esas poblaciones a las afueras de
Medellín. La nota contaba con fotografías de dicho festival que fue visitado, según se
informaba, por 30.000 personas. Por su parte, Rodolfo Pérez escribió para la revista una
nota titulada “Educación por el arte”, donde se explicaba la importancia de la educación
artística y creativa en las escuelas infantiles como parte del pensum regular. El artículo
contó con reproducciones de dibujos infantiles, que el autor analizaba bajo una
perspectiva psicológica para resaltar determinadas actitudes de los niños (Pérez, 1971,
pp. 6-10).

El interés manifiesto por el arte en todas sus expresiones y la búsqueda de su
democratización se perdió paulatinamente luego de la renuncia de Rodrigo Echavarría
como presidente de la compañía. Al igual que las Bienales de Arte cuya última edición
bajo la financiación de Coltejer fue en 1972, Lanzadera perdió por esos años su línea
editorial, tanto formalmente como en lo referente a sus contenidos, y pasó a ser un
boletín de información exclusivo para los trabajadores de la compañía a partir de 1974.
Para concluir, el carácter informativo de los boletines institucionales responde,
generalmente, a una identidad corporativa que funciona como elemento de
identificación grupal para los miembros de las compañías. Esas publicaciones reafirman
determinados valores y principios corporativos, a la vez que funcionan como medios de
información, de dinamización y de identificación en el ámbito del trabajo. De esa
manera, el interés por abordar temas artísticos que sobresale en Lanzadera durante los
años que mencionamos permiten comprender el interés de los empresarios por el
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mecenazgo cultural como estrategia de diferenciación corporativa y social, que fueron
determinantes para a reactivación del campo del arte moderno y contemporáneo en la
ciudad de Medellín durante el siglo XX.

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>DE BOLETÍN INFORMATIVO A PUBLICACIÓN CULTURAL: Lanzadera y la educación en las artes en las revistas institucionales durante las Bienales de Coltejer</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como parte de sus programas de mecenazgo cultural, las compañías textiles de Medellín como Coltejer y Fabricato llevaron a cabo diversos programas de promoción y difusión de las artes en el contexto local y nacional. A partir de mediados del siglo XX, ese interés por el apoyo a la cultura se vio reflejado en los boletines informativos de esas compañías que, creados con el objeto de difundir información sobre las novedades de la vida laboral, se convirtieron de manera paulatina en medios de comunicación de diversos eventos culturales. Este trabajo toma como objeto de estudio la revista Lanzadera, publicada por la compañía Coltejer, que fue durante la década de 1970 uno de los medios privilegiados de información sobre las Bienales de Arte de Coltejer. Como intentaremos demostrar, el carácter institucional de esa publicación, cuyo público objetivo eran los obreros y obreras de la fábrica y sus familias, permitió que los contenidos de la bienal de arte llegaran a un público no especializado y no conocedor de los del arte moderno y contemporáneo internacional y, por ese motivo, fue fundamental para la formación de un nuevo público para esos lenguajes.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The textile companies of Medellín, such as Coltejer and Fabricato, carried out various programs of promotion and diffusion of the arts in the local context as part of its cultural patronage programs. Since the middle of the 20th century, this interest in supporting culture was reflected in the news bulletins of these companies -which were created with the aim of informing of internal and institutional news- gradually became a media of communication of the cultural events that they organized or financed. This paper studies the magazine Lanzadera, published by the company Coltejer. This bulletin was during the 1970s one of the main medias of information on the Bienales de Arte de Coltejer. As we will try to demonstrate, the institutional nature of this publication, whose target audience was the workers of the factory and their families, allowed the contents of the biennale of art to reach a non-specialized public with no knowledge of international modern and contemporary art.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Federico Ardila&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad Nacional de Colombia &lt;br /&gt;Sede Medellín</text>
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                <text>9 de mayo 2017</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
EL PROBLEMA DEL ARTE Y EDITORIALIDAD EN LAS REVISTAS
ALTERNATIVAS DURANTE LA DICTADURA CHILENA, 1978 - 1983
Gastón J. Muñoz J.
Universidad de Chile
Vania Montgomery
Universidad de Chile
Suelo comentar la perversa relación establecida
entre el lector de periódicos y la virtualidad
testimonial-participativa de la prensa: trabamos
conocimiento de algo que insiste en recordarnos
que no hemos sido necesarios para que ello haya
tenido lugar y, al mismo tiempo, en la
fragmentación propia del dato, la prensa deja a
cada cual, a sus experiencias, a sus saberes y a
su «temperamento» la responsabilidad –o
posibilidad– de dar forma al mundo. No hay
sentido sin trabajo.
Guadalupe Álvarez de Araya, 2003

El periodo inmediatamente posterior al golpe del 11 de septiembre de 1973, da inicio a
lo que reconocemos como un descampado de guerrilla en la metrópolis santiaguina y a
lo largo de Chile. El atentado contra el gobierno de Salvador Allende fue símil de un
descampado histórico; llanura baldía que no permite las sinuosidades del sentido
utópico propio de la época de los socialismos reales. No sólo en cuanto «quiebre de todo
sistema de referencias sociales y culturales que, hasta 1973, garantizaba ciertas claves
de entendimiento colectivo» (Richard, 1986 [2014]: 16) cómo fue diagnosticado por
Nelly Richard, sino más tangiblemente en lo que compete a los medios de
comunicación.
Son clausurados ipso facto todos los medios de comunicación en general y la prensa
impresa en particular, con la excepción de algunos diarios y unas cuantas revistas. La
reciente muerte de Agustín Edwards atestigua el deceso del empresario cuyos tres
diarios ―El Mercurio, La Segunda y Las Últimas Noticias― recibieron órdenes
directas de la Junta Militar para encubrir miríada de crímenes en contra de los Derechos
Humanos, mientras el diario La Tercera siguió la línea editorial marcadamente antimarxista que cultivaba desde antes de la dictadura. Las revistas Ercilla y Vea fueron de
las pocas cuya impresión fue permitida, medios amarillistas que distaban de cualquier
peligro para la Junta. No sería sino hasta 1976, con la emergencia de las revistas
Agencia de Prensa de Servicios Internacionales (APSI), HOY y Solidaridad, que se
trabajaría por denunciar la reclusión, violación, tortura, asesinato y desaparición
sistemática de librepensadores, militantes de izquierda, minorías y opositores al
régimen.
Poco después de este primer periodismo de oposición, que no se vería consolidado sino
hasta 1977 con la impresión de Análisis 1, nacen las revistas alternativas sobre cultura y
1

Emitido por la Academia de Humanismo Cristiano, y cuyo primer número se tituló Academia.
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artes. 2 Definidas por Catalina Urtubia como «publicaciones que no se enmarcan en el
círculo de medios oficiales (...) y que, por lo tanto, en la mayoría de los casos se
reconocen como publicaciones opositoras a la dictadura» (2016: 74), el año 1978 marca
un hito en cuanto comienzan a circular medios cuyos contenidos recaen exclusivamente
en cultura y artes, proponiendo un nuevo flanco para la resistencia política. En el marco
de estas revistas alternativas, distintos ejercicios de arte conceptual o extensiones de la
técnica del grabado apelaban a un vínculo directo con la «esfera extra-artística» (Parada:
1980) de movilización en contra de la dictadura de Augusto Pinochet.
Entenderemos al arte editorial como manifestaciones artísticas cuyo soporte son las
páginas de una revista sobre cultura o artes (o bien alguna sección artística dentro de un
medio impreso). Inexorablemente, nuestra aproximación histórico-artística para este
estudio ―que recoge de las corrientes sociológicas, el análisis formal y el estudio de la
fortuna crítica devenida soporte― debe informarse por los estudios visuales 3, para
poder asir la especificidad material del objeto revista el cual es entendido,
canónicamente, como extra-artístico. Hemos definido el inicio de nuestra periodización
en el año 1978, momento en donde se cristalizan aquellos soportes alternativos como
opciones de resistencia artística. Cerramos esta periodización hacia el año 1983, donde
la efervescencia de las manifestaciones públicas en contra del régimen instigaron,
proponemos, una huida de las estrategias simbólicas en asociación con un énfasis en el
activismo directo de agentes culturales sobre su entorno social.
Dentro de la periodización establecida, consideramos un primer subperiodo entre los
años 1978 y 1980, en donde la crítica y ensayismo en torno a las artes visuales
coetáneas da pie para ciertas prácticas conceptualistas o pos-grabadistas, que «inventan»
a las páginas de una publicación sobre arte como posible soporte artístico en el contexto
chileno. Por motivos de tiempo, solo destacamos dos revistas alternativas dentro de
nuestro primer subperíodo en este momento.
El año 1978 (y hasta 1987) se conformaría la revista La Bicicleta, con Eduardo Yentzen
como director; era común, especialmente durante los primeros números, que la
identidad de dirección o redactores fuera omitida, probablemente como medida cautelar.
Cabe mencionar que posterior al año 80, La Bicicleta adquiere un cariz menos ligado a
2

Por revistas comprenderemos ediciones o microediciones que comprenden cierto tipo de
encuadernación ―desde la espiral, el canutillo plástico, la grapa, el encolado o incluso la costura, o sea
que varían en una gama más o menos rica de complejidad― que mantienen, de manera dinámica, una
temática o línea editorial propia y que además aspiran, por lo menos en potencia, a un cierto grado de
periodicidad. Por ende, entenderemos por revista solamente a aquellas ediciones que cuentan, por lo
menos, con dos hojas de papel unidas a través de la encuadernación, y que se proyectan en el tiempo con
cierta frecuencia o regularidad (pudiendo o no cumplir con este proyecto en la práctica), por lo que otro
tipo de insumos gráficos o textuales como afiches, folletos o tarjetones no constituirán nuestro objeto de
estudio. Lo mismo los catálogos de exposiciones de arte o series de ellos, que, si bien pueden llegar a
grados muy elevados de autonomía visual y escritural, se encuentran siempre supeditados al evento
artístico señalado, traicionando así el requisito de la autonomía de la línea editorial.
3
Según Nelly Richard, «los “estudios visuales” se proponen analizar el universo de las imágenes en sus
más variadas formas de tecnologización, de mediatización y socialización, cualesquiera sean la
procedencia y circulación de estas imágenes (el arte, la publicidad, el diseño, la moda, la televisión, el
video, cine, Internet[sic], las cámaras de vigilancia, etc.), sin otorgarle mayor sentido a la diferencia entre
arte y no-arte, en la que se basaban tradicionalmente la historia del arte y la teoría artística para demarcar
lo “estético”.» (2003 [2006]: 97-98)
2

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publicar textos sobre arte y pasa a concentrarse en el Nuevo Canto y los cancioneros de
música popular. No obstante, el espesor crítico y teórico que los números entre su
génesis y 1980 sería muy relevante para la articulación de redes en las artes visuales no
oficialistas, donde eran frecuentes los catastros y análisis de agentes o autoridades del
campo cultural sobre el arte de vanguardia en espacios no oficiales.
En junio de 1979 comenzará a editarse la revista de la galería Coordinación Artística
Latinoamericana (CAL), espacio artístico dirigido por Luz Pereira Correa. Esta
publicación llevaba el subtítulo Arte expresiones culturales y era editada por N.
Richard, alcanzando un total de cuatro números que son un valioso documento a la hora
de comprender el vínculo entre el arte y la editorialidad durante este período.
El primer número sería diagramado por Teresa Günther y Rodrigo Cociña, el último
quien ―en colaboración con la reflexión de N. Richard― «inventaría» a las páginas de
una publicación sobre arte como posible obra de arte en el contexto chileno. En la
página 13 del primer número, N. Richard escribiría un texto llamado «Aproximaciones
al concepto de ocupación de la página de una publicación de arte como soporte de arte».
En este texto, influenciado por la contingencia social y artística y por los postulados
críticos de Walter Benjamin, pregona la suspensión de la pasividad informacional,
textual o fotográfica de la página de una revista alternativa para pasar a ser «lugar de
ocupación por el arte, en términos de presentación y no de re/presentación.» Dando
vuelta la página, encontramos una doble página [crossover] donde R. Cociña aloja una
obra de título «Ocupación de la publicación de arte como soporte de arte», la cual es
conformada por dos imágenes sobre fondo negro acompañadas de señas de medición y
texto a mano alzada.
En el segundo número de CAL, N. Richard nuevamente acompañaría su texto con una
obra editorial. El ensayo breve «La historia del arte en Chile, una la que se recita, otra la
que se construye» en las páginas 12 y 13 fue visualizado por C. Leppe, si bien el arte y
diagramación general de la revista seguiría a cargo de R. Cociña y T. Günther. La
última de las cuatro columnas en la página 13 es un cuadrado de texto con el siguiente
mensaje: «Yo, Carlos Leppe, me responsabilizo por mi inclusión en la historia del arte,
en pro de la historia de los hombres.» (CAL 2, 1979, p. 13) y es fechado 2 de julio de
1979 en Santiago de Chile. La siguiente doble página [crossover] correspondiente a las
páginas 14 y 15 son dos intervenciones artísticas de C. Leppe.
Una de estas obras, diagramación constituida por bandera y texto anunciando la
retrospectiva de C. Leppe Trabajo 1977-1979 se encontraría en la página 49 del cuarto
número de La bicicleta, de los meses agosto y septiembre de 1979.
En el tercer número de CAL, nuevamente encontraremos una intervención artística de C.
Leppe que desdobla no solamente la escisión entre arte y editorialidad, sino que
continúa un juego sardónico que combina aviso publicitario con obra de arte. En la
última de cuatro columnas en la página 25, C. Leppe diagrama una fotografía de la nuca
del artista Marcel Duchamp. Al dar vuelta aquella página, que está del lado derecho,
una nueva intervención de C. Leppe emplea la cuarta columna de cuatro para
sobreponer otro aviso/obra que abre una narratividad para con la intervención anterior.
Dentro de este segundo subperiodo ―que datamos entre 1981 y 1983―, encontramos el
término «llamamiento político», rescatado dentro del catálogo Poner el cuerpo.
3

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Llamamientos de arte y política en los años ochenta en América Latina (2016) a
propósito de una exposición homónima en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende.
Este concepto fue empleado con frecuencia en grupos disidentes y/o sindicales hacia la
década de 1980, refiriéndose al ejercicio de interpelación pública hacia la toma de
posición y acción colectiva en contra de A. Pinochet (Manzi y Varas, 2016: s.d.). Dicho
concepto pone de manifiesto un cambio en el modo del arte editorial del país, con una
intencionalidad de denuncia más ligada a lo público y menos hacia lo incógnito y
clandestino, dándose «propuestas que refieren a hechos de la coyuntura nacional y que a
la vez hacen política de manera inmediata en los lugares que intervienen y
descontextualizan.» (de la Fuente y Maureira, 2016: 66)
El año 1981 el grupo Colectivo de Acciones de Arte (C.A.D.A.) 4 realiza su acción ¡Ay
Sudamérica!, arrojando 400.000 volantes con frases como «Nosotros somos artistas,
pero cada hombre que trabaja por la ampliación, aunque sea mental, de sus espacios de
vida es un artista» sobre la ciudad de Santiago. A partir de esta obra encontramos
diversas inscripciones editoriales del suceso, específicamente, como es el caso de la
revista HOY a través de dos artículos, uno firmado por el colectivo (HOY 208, 1981: 54)
y otro escrito por Ana María Foxley con imágenes de la acción (HOY 209, 1981: 45 46). Igualmente, la revista APSI en su número 105 publica un artículo escrito por María
Eugenia Brito, con una entrevista al C.A.D.A. junto a un apartado sin foliar titulado y
dedicado a ¡Ay Sudamérica! (APSI 105, 1981: 23 - 24 y ocho pp. sin foliar). La decisión
de incluir este trabajo del C.A.D.A. da cuenta de una política editorial que se movía a la
par con las prácticas artísticas, incluyendo obras que instaban a la acción social, es decir,
al llamamiento político directo.
Cuando hablamos de intervenciones en revistas, no podemos dejar de mencionar a la
agrupación Al Margen, compuesto por Juan Castillo y Ximena Prieto, quienes realizan
un «inserto» en la revista APSI ―específicamente en su sección «APSICREACIÓN»― el año 1982 (APSI 111, 1982: sin foliar) exhibiendo un registro de sus
intervenciones en diferentes locaciones nacionales bajo el título Interacciones sobre el
‘paisaje chileno’, obra en desarrollo que inaugura su primera exhibición pública en esta
revista. La segunda acción se informa unas páginas después, con un artículo que analiza
la primera y promociona lo que se realizará en el conjunto residencial Villa Presidente
Frei, con un montaje audiovisual de las experiencias registradas, junto a dos planchas de
acrílico quemándose en el lugar (APSI 111, 1982: 23). Lo anterior, tomando el análisis
de C. Urtubia, constituirá una «intervención pública con plena conciencia del aparato
mediático, en el que no solo le interesa “registrar”, sino también gestionar a través de él»
(2015: 82).
El 7 de diciembre de 1982 aparece el primer número de la revista Pluma &amp; Pincel en su
etapa chilena (anteriormente había funcionado en Argentina entre 1976 y 1978), medio
cultural alternativo que se vio fuertemente afectado por las políticas de censura
impuestas por la dictadura. Por lo mismo, se vuelve importante destacar la edición
número 4, en abril de 1983, dedicado a la censura y contenedora de una intervención
firmada por Gonzalo Díaz (p. 33), donde se pone en práctica el acto de tachar distintas
4

El Colectivo Acciones de Arte estuvo vigente entre fines de 1978 (posterior a la inauguración de la
exposición Recreando a Goya en el Goethe-Institut) y 1985, conformado por los literatos Diamela Eltit y
Raúl Zurita, el sociólogo Fernando Balcells y los artistas visuales Juan Castillo y Lotty Rosenfeld.
4

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palabras de la frase «Mi mamá me ama porque yo hago arte.» intervenidas a través de
una serie de palimpsestos.
Posterior a nuestro segundo subperiodo, caracterizamos un giro en el modo de
manifestación, con un perfil más ligado a lo público reflejado en actos como protestas
callejeras ―las cuales comienzan tímidamente durante 1982―, unión de estudiantes
universitarios y secundarios, además del movimiento feminista, gran eje impulsor de
dicha ocupación de la calle como plataforma de protesta. Entendemos los procesos
anteriores como el ingreso de la performatividad 5 del cuerpo en la vía pública, ya no
mediado por el intertexto de página impresa, sino demandando libertad de reunión. Así,
la primera protesta nacional en contra de la dictadura ocurre en 1983 y es a partir de
dichos sucesos que se establece un periodo de «descarga controlada» conocido como la
Primavera de Jarpa, cuyo espacio de «desquite» intencionado es la revista Cauce (1983
- 1989). Este sería uno de los medios donde aparece la acción Viuda del C.A.D.A.
(1985). Además, simultáneamente el Colectivo se apoya en las revistas APSI (162) y
HOY (425) para exhibir la imagen de la mujer, encarnando y simbolizando a todas las
viudas que causó la dictadura.
Resumiendo nuestros hallazgos, nos gustaría partir por comentar ciertos estrategias
visuales y materiales con los cuales nos encontramos frecuentemente dentro de los
ejercicios de arte editorial comprendidos por nuestra periodización. En primer lugar, la
diagramación en crossover permitió a artistas desdoblar el ceñimiento a la página
singular y explayarse visualmente en el rectángulo generado por dos páginas
enfrentadas, como fue el caso de R. Cociña en el paradigmático primer número de la
CAL. Lo mismo, en el cuarto y último número de aquella revista, sería Catalina Parra
quien intervendría la revista con una obra de título «Ocupación de una página como
soporte de arte», la cual muestra una tipo de jaula de malla sobre un fondo texturado, en
cuyo interior una suerte de redondel contiene lo que asemeja ser un cerebro. 6
En segundo lugar, percibimos como algunos artista buscan tensionar los tiempos de la
lectura, al ofrecer intervenciones de tipo progresivas que exhiben una autoconciencia
del soporte editorial. Esto es visto en los juegos publicitarios con los que C. Leppe
anuncia sus acciones o exposiciones en los números dos y tres de la CAL, o en un Carlos
Altamirano que incita a los futuros asistentes a su exposición a completar un formulario
sobre la historia del arte chileno en el tercer número de esa misma editorial. En tercer
lugar, percibimos también las separatas como fórmula privilegiada de los artistas por
generar poéticas desde el editorialismo. Los casos más emblemáticos fueron quizás los
de los grupos artísticos Al Márgen y C.A.D.A. para el apartado especial APSICREACIÓN.

5

Rescatamos la acepción que formula Erika Fischer-Lichte sobre la performatividad, en particular por su
proyección de la performatividad (perlocucionaria) del género en Judith Butler hacia el campo artístico:
«Apelando a Merleau-Ponty, que no considera el cuerpo únicamente como noción histórica, sino también
como un repertorio de posibilidades que estar[sic] continuamente haciendo realidad, es decir, como ‹an
active process of embodying certain cultural and historical possibilities›, Butler explica el proceso de
generación performativa de la identidad como un proceso de corporización (embodiment).» Erika FischerLichte, «Aclaración de conceptos», en Estética de lo performativo, Madrid, Abada, 2004 [2014], pp. 55.
6
En este último número de CAL, el equipo de Arte y Diagramación ―conformado por R. Cociña y T.
Günther― pasaría a incluir a C. Altamirano y C. Leppe de manera oficial.
5

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Por otra parte, destacamos la presencia de ciertos internacionalismos en algunas
ediciones y revistas indagadas, encontrando influencias foráneas en soportes como el
catálogo de la exposición de Wolf Vostell publicado por Galería Época 7, donde se
incluyen y traducen reflexiones de Allan Kaprow a propósito de la muestra. Igualmente,
se debe dar cuenta de ciertos números de revistas editadas en el extranjero, como las
italianas Domus, donde en 1981 aparece una ilustración que retrata a la teórica N.
Richard en su portada, a partir de una fotografía instantánea tomada por Francisco
Zegers, sumada a una reseña del libro cuerpo correccional. Asimismo, encontramos a la
revista Palimpsesto, arte e letteratura, cuyo primer número (abril de 1982) cubre parte
del escenario artístico chileno y como tal aparece la acción ¡Ay Sudamérica!, con
fotografías y textos breves sobre la obra. Por su parte, la revista australiana Art and
Text dedica un número especial al libro Margins and Institutions; art in Chile since
1973, de N. Richard durante 1986, previo a su presentación en Chile.
En otra arista de internacionalismos, encontramos lo que nombramos como diáspora del
exilio, con revistas como Araucaria de Chile, fundada por chilenas y chilenos
expatriados (Madrid, 1978 - 1989) y dirigida por Volodia Teitelboim. Esta revista
criticó las políticas y violencia autoritaria del régimen, con textos e ilustraciones mucho
más explícitas que lo permisible dentro del contexto chileno, contando con una línea
editorial apegada a la cultura, el arte y la literatura, pero que incluía textos que
abordaban la contingencia chilena desde otros enfoques como el sociológico, la crítica
cultural o la historia reciente. En sus primeros números, hubo un cuestionamiento sobre
el llamado «apagón cultural» posterior al golpe, destacando las micropolíticas de
resistencia cultural y visual del período.
Para finalizar, nos gustaría vincular el soporte de la revista de artes con el concepto de
memoria histórica. En el ensayo Con motivo del 11 de septiembre publicado en el
número 15 de la Revista de Crítica Cultural, N. Richard describe la capacidad de la
visualidad por producir memoria cuando
descongela lo estático del pasado mediante una lecto-escritura de planos en
continuos avances y retrocesos que conjugan el mirar hacia atrás con un presente
físicamente involucrado en la mirada, donde se juntan afectividades y
comprensiones todavía desencajadas pero que el carácter vinculante del recuerdo
pone en correspondencias de búsquedas y tactos. (1998 [2005]: 125)

Siguiendo la tesis de N. Richard, podemos entender a la revista artística cuando es
empleada como soporte artístico como medio productor de memoria, en el sentido en
que la lectura de las encuadernaciones de una época marcada por el terror y la
resistencia ―encuadernaciones posteriormente auratizadas por el archivo y el
coleccionismo― es en sí un acto de memoria. La especificidad material de la revista es
la del objeto-códice, su soporte y su materialidad sumado el gesto íntimo de la lectura,
donde se enfrentan la visualidad acentuada de la página sola (en la portada y
contraportada) con la narratividad de las dos páginas enfrentadas en el interior.
La acción que junta al objeto-revista con la intimidad de la lectura es el de dar vuelta la
página, vinculando las ideas textuales o visuales contenidas por las páginas: ocultando
7

Producido por el sello editorial experimental V.I.S.U.A.L., grupo de trabajo compuesto por Eugenio
Dittborn, Ronald Kay y C. Parra que nace en 1976.
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lo visto para revelar lo no visto y así enfrentar de manera fragmentada una comprensión
total de la materialidad del objeto. El recuerdo de la página anterior ocultada tensiona lo
nuevamente revelado. Así, la temporalidad de la lectura implicada por el formato revista
estaría especialmente capacitada para datar el shock que la teoría crítica asocia a la
experiencia metropolitana moderna, no solo como proyecto de circulación de masas
sino porque nunca deja asimilar el todo, entregando en vez una serie de planos cerrados
y recuerdos de planos anteriores, tal como el striptease fragmenta el cuerpo humano en
una serie de objetos de deseo y/o deseantes. De este modo, la lectura de revistas de arte
se transformaría en una lecto-escritura, cuando el cúmulo de imágenes fragmentarias del
pasado devienen un discurso presente sobre la historia cada vez que son visitadas por el
lector. La lectura es siempre palimpsesto, en cuanto produce memoria y sobre-escribe el
discurso histórico consensuado.

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I.

Cal, número 1, junio 1979. Portada / página 13, texto Nelly Richard.

Cal, número 1, junio 1979. Páginas 14-15, Rodrigo S. Cociña.
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II.

La Bicicleta, número 4, agosto-septiembre 1979. Portada, visualización Juan Castillo /
página 49, Carlos Leppe.

III.

APSI, número 111, sección “APSI-CREACIÓN”, agosto 1982. Páginas sin foliar,
Grupo Al Margen (Juan Castillo y Ximena Prieto)
9

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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

IV.

Pluma &amp; Pincel, número 4, abril 1983. Portada / página 33, Gonzalo Díaz.

10

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FICCIONES METROPOLITANAS
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11

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                <text>EL PROBLEMA DEL ARTE Y EDITORIALIDAD EN LAS REVISTAS ALTERNATIVAS DURANTE LA DICTADURA CHILENA, 1978 - 1983</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Gastón J. Muñoz J.&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Chile</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Vania Montgomery&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Chile</text>
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                <text>La revista como escenario de intervención política. Dictaduras y posdictaduras</text>
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‹‹QUATTRO ANNI DI VITA BUTTATI VIA››. Enrico Sacchetti en Buenos Aires
(1908-1911)
Giulia Murace
IIPC-TAREA/Universidad Nacional
de General San Martín - CONICET

Resumen:
En este trabajo se aborda una pequeña pieza de la enorme red internacional de la que
participaron los periódicos argentinos de comienzos del siglo XX, poniendo en foco la
obra de Enrico Sacchetti (1877-1967) en el país. Artista italiano, desarrolló su actividad
principalmente como dibujante en diarios y revistas y como ilustrador de libros. Entre
1908 y 1911 se encontró en Buenos Aires, contratado por El Diario de Manuel Laínez,
donde no solamente se desempeñó como dibujante en la revista La Vida Moderna, sino
también en otros medios, involucrándose activamente en la vida cultural porteña.
Palabras clave: Enrico Sacchetti, Revistas ilustradas argentinas, Caricatura, Principios
del siglo XX.

Abstract:
This paper attempts to give an account of a small piece of the enormous international
network to which the Argentine newspapers participated in the early twentieth century,
highlighting the work of Enrico Sacchetti (1877-1967) in the country. Sacchetti was an
Italian artist that developed his activity mainly as an illustrator in newspapers,
magazines and books. Between 1908 and 1911 he was in Buenos Aires, hired by El
Diario, where he not only work as an illustrator in the magazine La Vida Moderna but
also in other media, participating in the cultural life of the city.
Keywords: Enrico Sacchetti, Argentine illustrated magazines, Caricature, Early
twentieth century.

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In America rimasi quattro anni e
ringrazio Iddio di non esserci stato di
più. Quattro anni di vita buttati via
(Sacchetti 1935, p. 118)

Fue tal vez esta seca y definitiva descripción de su vida en Argentina 1 la que hizo
prevalecer en los escritos sobre Enrico Sacchetti 2 un silencio general acerca de su
actividad entre los años 1908 y 1911. Pero, ¿fueron realmente cuatro años tirados?
Durante su permanencia en Buenos Aires, el lápiz de Sacchetti ilustró múltiples
publicaciones periódicas argentinas y, no obstante hacia el final de su estadía escribiera
a Ugo Ojetti que en aquella ciudad vivía “malvolentieri” 3, se podría afirmar que fue
aquél el comienzo de su verdadera fortuna internacional. Es difícil juzgar a distancia de
tanto tiempo estas sensaciones personales, como así también las poco felices
afirmaciones que algunos años después de su regreso a Europa el artículo de G.
Fanciulli en Emporium (1919) reservó a la paréntesis bonaerense de Sacchetti:
Gli anni di vita americana costituiscono una curiosa parentesi nella memoria di
Sacchetti. ‘Mi ricordo soltanto – vi dice – di aver dormito immensamente’. Nelle
prime ventiquattr’ore intese che in Argentina non c’era nulla da fare; eccessivo
era lo squilibrio fra la sua anima di fiorentino antico e quella civiltà piantata nel
terriccio appena smosso, variopinta e monotona, frenetica e infantile; eccessivo lo
squilibrio fra la sua arte originale, pensosa, e le imitazioni, le improvvisazioni che
lì erano apprezzate. Pensò di tornar via col medesimo piroscafo che l’aveva
portato; poi si distrasse un momento... e ripartì solamente quattro anni dopo
(p.22). 4

En este trabajo, se intenta rescatar la labor de Enrico Sacchetti en Buenos Aires y darle
nueva luz, considerado el hecho de que en las biografías del artista, los años pasados en
la ciudad platense se resuelven casi siempre en un renglón o dos de simples datos, como
1

La cita original se encuentra en.
Nacido en Roma de familia florentina en 1877, su educación artística fue mérito del padre, pintor
aficionado quien nunca renunció a su trabajo administrativo. Sacchetti, después de haber terminado la
escuela secundaria decidió irse a Florencia, donde transcurrió algunos años de juventud errabunda, no del
todo convencido que el arte sería su trabajo para toda la vida. Empezó a trabajar por el periódico
Bruscolo, luego se mudó a Milán, alcanzando Libero Andreotti su amigo fraterno. Ahí comenzó a
construirse una cierta fama gracias a la colaboración con algunos periódicos ilustrados: Verde e Azzurro y
Teatro Illustrato entre otros. En 1905 realizó los dibujos para Le roi bombance de Filippo Marinetti. Otra
colaboración importante antes de zarpar para la Argentina fue con la revista romana L’Avanti!della
Domenica. A su regreso a Europa, en 1911, después de un brevísimo periodo en Italia se mudó a París
donde operó con gran éxito desde 1912 a 1914, cuando con el estallido de la primera guerra mundial
volvió a Italia. A partir de estos años Sacchetti a la profesión de artista unió la de escritor que mantuvo
hasta su muerte en 1967. Cfr. Bibolotti, Calotti 2003. Para una historia de la ilustración en Italia se vea
Pallottino (2010).
3
Carta de Enrico Sacchetti a Ugo Ojetti, 15 de junio de 1911, Roma, Archivos de la Galleria Nazionale
d’Arte Moderna e Contemporanea, Fondo Ojetti, Correspondencia Sacchetti, fasc. 1907-1929
4
Este mismo texto, ha sido traducido y publicado en el mismo año a distancia de seis meses en Augusta.
Revista de arte, vol. 2, n.13, junio 1919, Buenos Aires, pp.264-268 omitiendo naturalmente este párrafo.
La dificultad de analizar estas palabras surge del hecho que en la primera mitad del siglo XX, muchos de
los testimonios de viajeros italianos al Plata, tuvieron sentimientos contrastantes y a veces pronunciaron
duras palabras sobre la Argentina – movidos por la constatación de la forma en que venían considerados y
de la vida que tenían los italianos en la República. Algunos ejemplos se encuentran investigados por
Gallinari, 2009.
2

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para rellenar un vacío cronológico inexplicable de otros modos. Por un lado, intentando
suplir esta falencia en la literatura artística italiana dedicada al tema, se quiere
evidenciar la importancia de estudiar la historia en manera conectada para que los
acontecimientos histórico-artísticos de un lado y del otro del Atlántico no se
desvanezcan en cerradas historias locales. Por el otro, la breve presencia de Sacchetti en
el país se presenta como una pieza más de la amplísima red de relaciones
internacionales tejidas en el paso de los siglos XIX al XX por la República Argentina.
Las circunstancias que llevaron a Sacchetti a atravesar el océano no se conocen con
exactitud. Las biografías italianas remiten el dato de que en 1908 le llegó una propuesta
de colaboración a El Diario, incluido un buen estipendio y el pasaje en barco para
Buenos Aires. 5 El director y fundador de El Diario, Manuel Laínez, era un personaje
ligado por vínculos familiares a Miguel Cané, había viajado por Europa y estaba
perfectamente informado de los acontecimientos mundiales. Su diario empezó a editar,
a partir de principios del siglo XX, algunas revistas que por distintos motivos fueron de
gran relevancia para la historia de la cultura impresa en Argentina. 6 Una de ellas fue La
Vida Moderna. Semanario – magazine argentino, iniciativa de Arturo y Aurelio
Giménez Pastor. Escritor y crítico uno, artista el otro, la dirigieron desde su nacimiento
en 1907 hasta la muerte de Aurelio, en 1910. 7
Es probable que en realidad la oferta de trabajo transoceánica viniera efectivamente de
la editorial de El Diario pero para colaborar a la recién nacida revista ilustrada, ya que
es ahí que aparecen en forma más seguida caricaturas con su firma. 8 Sacchetti llegaba a
Buenos Aires con una fama de caricaturista consolidada gracias a las importantes
colaboraciones con Verde e Azzurro y, sobre todo, Il Teatro Illustrato, dos revistas

5

Sacchetti mismo, en una de las piezas autobiográficas que intercala en su libro sobre el escultor y amigo
Libero Andreotti, cuenta de haber recibido la propuesta desde Buenos Aires: “Un giorno mi arrivò da
Buenos Aires una lettera con la proposta d’andare laggiù a far caricature per una rivista argentina. Se
accettavo, mi avrebbero mandato mille lire e il passaggio in seconda su di un piroscafo. Risposi di sì e,
quando ebbi le mille lire e il passaggio, partii. […] Senza nessun programma. Sarei rimasto laggiù? Sarei
tornato? Queste domande non me le feci.” (Sacchetti, 1935, p.117). La biografía escrita por Roberto Pace
en Di Castro (1980, p.49) menciona el dato que la propuesta llegaba desde El Diario de Buenos Aires.
Sacchetti en una carta que envía a Ugo Ojetti en los primeros meses de estadía argentina, deja como
dirección de contacto la redacción de El Diario (Carta de Enrico Sacchetti a Ugo Ojetti, s.f., Roma,
Archivos de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea, Fondo Ojetti, Correspondencia
Sacchetti, fasc. 1907-1929)
6
No hay muchas noticias bibliográficas sobre la Editorial Lainez. Seguramente la revista Tit-bits que
salió en 1909 fue una de las primeras en ser publicadas, aunque a lo largo de la primera mitad del siglo
XX fueron publicadas por esta editorial un número creciente de periódicos dedicados a la historieta. En
Que es la caricatura, Ramón Columba (1959) afirma que La vida moderna se editaba por El Diario de
Manuel Laínez.
7
Acompañaban el título de la revista los nombres de Arturo y Aurelio Giménez Pastor en cualidad de
directores desde el primer número, 18 de abril 1907, hasta el mes de marzo de 1910. A partir de abril de
1910 hubo probablemente un cambio en la redacción, sin embargo la revista se publicó sin mencionar
ningún director hasta el 8 de noviembre de 1910, cuando aparecen Rodolfo de Puga como director y
Pedro de Rojas como director artístico. Este directorio se mantendrá muy poco, hasta el cambio – también
en el formato, que se reduce de la mitad – el 12 de julio de 1911, cuando aparece el nombre de J. Pérez
Carmena como director-gerente.
8
El Diario como la mayoría de las publicaciones diarias, contenía raramente ilustraciones – y la mayoría
de ellas se reducían a pequeñas viñetas.
3

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culturales milanesas cuya amplia difusión suscitó los primeros imitadores de su peculiar
estilo gráfico (Fanciulli, 1919, p.22). 9
Sacchetti años más tarde, consciente y orgulloso de sus éxitos, explicaba la filosofía que
subyacía a sus obras:
È opinione corrente (l’opinione di chi pensa con economia) che per fare la
caricatura di un individuo basti rappresentarlo esagerando i suoi difetti fisici o
tutt’al più esasperandone certi caratteri fisionomici. Così un naso lungo diventa
chilometrico, d’una bocca un po’ larga se ne fa un forno e via di seguito. Ma la
caricatura intesa a questo modo non è che uno scherzo innocente e spesso
arbitrario. E se si limitasse davvero a questo gioco leggero dovrebbe rinunciare ad
attaccare la bellezza. […] Un vero umorista del disegno, quando fa la caricatura
d’una persona, non si interessa che mediocremente al ridicolo fisico giacché il suo
vero compito non è di commentare e rappresentare il ridicolo quando è evidente
ma di scoprirlo e rivelarlo anche e soprattutto quando meno appare. Per questo,
intesa ed esercitata così, la caricatura è un’arte (Sacchetti, 1942 en Bibolotti,
Calotti, 2003, p.46).

El arte del caricaturista según él, era entonces aquel de describir hurgando más allá de la
superficie, de indagar la personalidad, de observar, pese a la importancia del sujeto
retratado. Y a la Caricatura le atribuía una noble tarea: hermana menor de las grandes
artes figurativas era l’enfant terrible de la familia, quien decía cándidamente lo que los
grandes retratistas contemporáneos ya no osaban o no sabían decir. Por este motivo la
caricatura personal “o per lo meno la sua funzione sociale” nació cuando los retratistas
“perduta la bella libertà e spregiudicatezza degli antichi, si son ridotti tutti o quasi tutti a
far opera cortigianesca e lusinghiera” (Sacchetti, 1942 en Bibolotti, Calotti, 2003, p.45).
El caricaturizado podía ser un rey o un santo, pero no por eso el artista había de corregir
o esconder las desarmonías de su modelo, dado que “il caricaturista capisce un uomo, e
aiuta gli altri a capirlo, perché riesce a rubargli il suo più geloso segreto: la dissonanza,
appunto” (Sacchetti, 1942 en Bibolotti, Calotti, 2003, p.47).
Así, directas y sutiles, aparecieron también sus caricaturas en La Vida Moderna, casi
siempre retratos de personajes que protagonizaban la escena cultural de la capital
argentina. En el fondo, su carrera se había construido sobre la búsqueda de l’uomo
celebre (Sacchetti, 1942 en Bibolotti, Calotti, 2003, p.46). La Vida Moderna era un
magazine de un número de páginas relevante (en promedio alrededor de cuarenta), que
desde su primera aparición denotaba una gran similitud con la más popular Caras y
Caretas, en la cual los hermanos Giménez Pastor trabajaron muchos años. 10 Las
publicaciones eran muy heterogéneas y configuraban una revista de interés general,
reuniendo firmas muy variadas. 11 En los reportajes se abordaban noticias de todo el
9

Es aquí importante destacar que la revista milanés Il teatro illustrato fue el órgano de la Sociedad
Teatral Italo-Argentina, fundada por el empresario teatral Walter Mocchi en Buenos Aires en 1907 –
financiador de la misma revista y un personaje muy importantes en los vínculos culturales entre Italia y
Argentina.
10

También el precio, de 10 centavos los primeros tres años y de 15 a partir de 1910, emulaba el de Caras
y Caretas.
11
Entre otras aparecen las firmas de: Vicente Rossi, uruguayo, con el seudónimo de William Wilson
escribió algunos cuentos policiales; de Máximo Torres (Carlos Máximo Maeso Torres), otro uruguayo;
José de Maturana, poeta y dramaturgo argentino; se publicaron algunos cuentos de Maude Mason Austin
escritora estadounidense; algunos poemas de Leopoldo Lugones; Los gauchos judíos de Alberto
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mundo, con un uso extenso de la fotografía y probablemente se hacían fuertes las
relaciones de correspondencia que tenía El Diario mismo para poder llegar a cubrir un
espacio geográfico muy vasto. Cabe destacar la gran apertura de la revista desde sus
comienzos, además de ofrecer traducciones de cuentos extranjeros y crónica del mundo,
fue la primera en publicar historietas norteamericanas en la Argentina, como es
señalado por José María Gutiérrez en un reciente artículo (2014). Fue, además, una
publicación atenta a la situación política, la mayoría de las veces objeto de ataques
satíricos sobre todo en las ilustraciones de tapa, debidas a los lápices del mismo Aurelio
Giménez y de Juan Carlos Alonso en los primeros números, a los cuales se fueron
agregando Pedro de Rojas, Pedro Navarrete, Federico Ribas y el mismo Sacchetti.

Enrico Sacchetti y las revistas porteñas
Examinando los años 1908-1911, se evidencia una suerte de altibajo de la presencia de
Sacchetti en la revista. En el primer trimestre de 1908, el italiano caricaturizó sobre todo
personajes políticos [Fig. 1] llegando incluso a dibujar alegorías satíricas de la patria
argentina, en un momento en el cual la misma revista parecía debatir en formas
explícitas – más de lo que hizo sucesivamente – la situación política del país. El 13 de
febrero de 1908 (La Vida Moderna, 1908, a. II n.44) Sacchetti firmaba la tapa
representante una Medusa con gorro friso que se convierte en el modelo de cuño de las
monedas para pagar el nuevo presupuesto [Fig. 2].

Fig. 1: Victor Emanuel III, La Vida Moderna, 9 de enero de 1908, a. II n. 39
Fig. 2: Tapa de La Vida Moderna, 13 de febrero de 1908, a. II n. 44

Gerchunoff. Además se publicaron muchos policiales extranjeros, como los célebres de Arthur Conan
Doyle y las aventuras de Nick Carter por John Coryell.
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Mientras que en una página del número 46 (La Vida Moderna, 1908, a. II, n.46) del
mismo año ironizaba sobre las capacidades de Figueroa Alcorta de sostener la
presidencia [Fig. 3].

Fig. 3: La Vida Moderna, 27 de febrero de 1908, a. II n. 46

Los primeros dibujos de temática teatral que Sacchetti realizó para el semanario
aparecieron en 1909. Florencio Sánchez, el dramaturgo que renovó el teatro rioplatense,
es representado en su silouette esquelética (La Vida Moderna, 1909, a. III, n.100), con
sus particulares rasgos faciales anticipando en lápiz lo que diría de él Roberto Giusti en
1920: “Alto, flaco, encorvado, con aquella cara mansa y algo aindiada a la que los ojos
saltones y encapotados, el labio inferior caído y la mandíbula larga daban cierto aire de
bobería” (p.60) [Fig. 4].

Fig. 4: Florencio Sánchez, La Vida Moderna, 10 de marzo de 1909, a. III, n.100
Fig. 5: Lida Borrelli, La Vida Moderna, 8 de septiembre de 1909, a. III n. 126

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La caricatura de la melancólica Lida Borrelli es acompañada por el texto “La Borrelli y
su belleza” (La Vida Moderna, 1909, a.III n.126), que es casi una ekphrasis de la
misma: “La Borelli tiene, sin duda, su belleza propia; […] La casi enjuta figura, el perfil
bastante acentuado en las depresiones y la tensión doliente y por demás lánguida de los
ojos no dan la sensación de armoniosa y estable plenitud que corresponde a aquel
concepto” [Fig. 5]. Pero también el hoy casi olvidado barítono Eugenio Giraldosi,
inventor del célebre personaje del barón Scarpia de la Tosca de Puccini, mereció una
caricatura (La Vida Moderna,1908, a. II, n.56, p. 17); como Eugenia Burzio, corpulenta
soprano de voz potente (La Vida Moderna, 1908, a. II, n.56, p. 16).
Estos son solo algunos ejemplos, pero bien muestran la capacidad del artista en capturar
la psicología del personaje retratado, y explican el valor de la Caricatura por el mismo
Sacchetti. En 1910, su presencia en las páginas del periódico fue más continuada y
adquirió mayor importancia visual, gracias a la realización de algunas tapas e
ilustraciones en página doble. En este momento, volvió a incursionar en la temática de
la política y de la economía argentina. Aparecen, por ejemplo, tres tapas consecutivas en
el mes de abril con la caricatura a toda página de personalidades ligadas al mundo de los
bancos. Los dos gerentes del Banco de Italia y Río de la Plata, Ezio Bertelli y José
Bernasconi (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.157 y n.159) están dibujados con una
técnica que Sacchetti supo explotar exitosamente, la del carboncillo, que tanta
intensidad psicológica daba a las figuras, desde el mofletudo Bertelli dibujado como un
hombre risueño y bonachón al rostro puntiagudo de un temible Bernasconi, de mirada
decidida y fulminante [Fig. 6-7].

Fig. 6: Gente conocida. Ezio Bertelli, La Vida Moderna, 13 de abril de 1910, a. IV, n.157
Fig. 7: Gente conocida. José Bernasconi, La Vida Moderna, 27 de abril de 1910, a. IV, n.159

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Trazado a pluma, a figura entera, en cambio, el señor Lorenzo Pellerano está
representado en su cargo de director del Banco de la Provincia (La Vida Moderna, a. IV,
n.158), pero con los atributos que le eran más acordes, los del coleccionista de arte [Fig.
8]. Algunos meses más tarde, la última caricatura que Sacchetti realizó para la revista
durante su estadía bonaerense fue la de Manuel de Iriondo, nombrado aquel año director
del Banco de la Nación, cuya leyenda recitaba “Manuel de Iriondo ministro de las
finanzas alegres” (La Vida Moderna, a. IV, n.182).

Fig. 8 : Gente conocida. Lorenzo Pellerano, La Vida Moderna, 20 de abril 1910, a. IV, n.158

El magazine de Arturo y Aurelio Giménez Pastor fue muy atento a todos los
acontecimientos culturales, por lo tanto una gran relevancia tuvieron los festejos del
primer Centenario de la Revolución de Mayo y entre ellos primó la Exposición
Internacional de Arte. 12 A lo largo de 1910 hubo reportajes fotográficos de los diversos
certámenes y se reprodujeron dibujos de Federico Ribas – joven artista español llegado
a Buenos Aires el año anterior y de inmediato colaborador de varias revistas porteñas –
que ironizaban sobre la proliferación de monumentos y de conferencias eruditas;
caricaturas de los conferencistas ilustres por Alonso y de las obras de arte
internacionales por Ortiga. Sacchetti eligió representar tanto la presencia de Italia en las

12

El número 172 del 27 de julio de 1910 aparece con una ilustración de tapa de Pedro de Rojas
representante el público de la exposición de arte. Sin embargo todos los números de este año contienen
una alusión a los festejos para el Centenario, ya sea en una nota, en un dibujo o en las palabras satíricas de
la sección “Mirando Pasar”.
8

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celebraciones a través de los retratos de políticos en visita oficial, 13 como el arte
argentino, encarnado en la figura soberbia y ostentosa de Cesáreo Bernaldo de Quirós
(La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.181), que en aquel certamen acababa de tener su
consagración. 14
Sin embargo, el teatro siguió siendo el ámbito que mayormente exploró en los años
bonaerenses y en el que tan eficaz resultó en sus ilustraciones. En 1910 aparecieron dos
preciosas caricaturas grupales a doble página. La primera, donde se despliegan a figura
entera seis empresarios teatrales 15, está acompañada por un texto irónico que de nuevo
funciona como representación verbal de los personajes dibujados, en sus
particularidades y en sus extravagancias (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.160). En la
segunda figuran los críticos teatrales, los cuales ocupan de margen a margen la doble
página en una suerte de instantánea: Arturo Giménez Pastor, Angelo di Napoli Vita,
Barrenechea, la Señora Baroffio, Joaquín de Vedia, Romaniello, Pachierotti, Gismondi
y Mastrojani, están ahí todos juntos, casi como en un casual encuentro por las calles de
Buenos Aires, cada uno con la actitud que lo distingue (La Vida Moderna, 1910, a. IV,
n.170).
Sacchetti fue también activo participante de aquella movida cultural que fue sujeto
predilecto de sus obras. Al poco tiempo de haber desembarcado en Buenos Aires,
tomaba parte en la segunda exposición del Blanco y Negro organizada por el grupo
Nexus en las salas de la galería Witcomb en abril de 1908. En una polémica nota
dedicada a la muestra La Nación recordaba (16/04/1908):
Sachetti, el notable caricaturista italiano que desde hace algunos meses reside
entre nosotros, ha presentado catorce dibujos. Algunos son inéditos, otros son los
originales de las caricaturas publicadas en distintos periódicos. Todas afirman un
talento vigoroso y personalísimo, admirablemente dotado para sorprender y fijar
los rasgos sintéticos de la personalidad física. Desde luego llama la atención la
sencillez de recursos empleados en su arte. Allí, ante sus originales, se aprecia
mejor el simplicismo que tanto preocupa en las reproducciones. 16

Es muy plausible que Sacchetti hubiese estado en contacto con algunos de los
integrantes del grupo Nexus desde sus años de colaboración con el periódico romano
L’Avanti! della Domenica (1904-1905). En estos mismos años en el semanario dirigido
por Vittorio Piva colaboró también Alberto María Rossi y a la misma altura cronológica
en la ciudad eterna estaban activos numerosos artistas sudamericanos, entre los cuales
13

Fueron estos el diputado Ferdinando Martini, enviado especial en representación del rey Vittorio
Emanuele III (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.163) y el conde Vincenzo Macchi di Cellere,embajador
italiano en la Argentina (La Vida Moderna, 1910, a. IV, n.175)
14
Quirós fue el artista argentino mejor representado en la exhibición donde una sala entera fue destinada
a sus 26 pinturas, obteniendo también una medalla de oro. El año anterior Sacchetti había hecho la
caricatura del escultor Victor de Pol, italiano argentinizado en un artículo que presentaba su labor en la
ciudad platense (La Vida Moderna, 1909, a. III, n.126). Otras caricaturas argentinas del mundo de la
cultura son la de Ricardo Rojas, otra de las tapas aparecidas en los meses de los festejos del Centenario
(La Vida Moderna, 1910, a. IV, n. 170).
15
Son estos Nino Barnabei, Ducci, Faustino da Rosa, Ambrosini de Milán, Paradossi y Longinotti.
16
“Los dibujos de Sachetti constituyen sin duda una de las notas más interesantes de este conjunto”,
continuaba el diario, después de haber polemizado contra la organización de la exposición ya que no se
había logrado el objetivo de la llamada de libre participación: no solo muchos artistas de renombre habían
sido rechazados, sino que además no se encontraba variedad de técnicas como debería ser en una
exposición de blanco y negro. Solo se exhibían dibujos, excepción una litografía de Alberto María Rossi.
9

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los argentinos Pio Collivadino, pintor que había ya alcanzado un cierto renombre en el
ambiente romano, Carlos Ripamonte, Arturo Dresco y Cesareo Bernaldo de Quirós. 17
La colaboración de Sacchetti con L’Avanti! della Domenica, suplemento dominical del
diario socialista L’Avanti!, dirigido por Vittorio Piva (Bolpagni, 2009) interesa aquí
sobre todo porque permite un acercamiento a la ideología del artista toscano. En la
revista de Piva, dejando de lado el espectáculo en sus formas más mundanas, publicó
algunas de sus caricaturas más comprometidas. 18 El semanario tenía una política
estética no combativa ni explícitamente partidaria, no obstante no fuera indiferente a la
ideología del diario padre, dando largo espacio a obras gráficas del llamado arte social a
veces de abierta denuncia. Vittorio Piva mismo afirmaba en las páginas de la revista que
el arte tenía una función social, alineándose con las recientes teorías de l’art au point de
vue sociologique de Jean Marie Guyau, que circulaban ampliamente en la península
gracias a los escritos de Vittore Grubicy y Ugo Ojetti entre otros (Damigella, 1981 y De
Lorenzi, 2004).
En este sentido pueden leerse también las breves colaboraciones de Sacchetti con las
revistas porteñas Ideas y Figuras y Libre Palabra. Esta última, dirigida por Tito Livio
Foppa y Rodolfo González Pacheco, revista de lucha de muy corta vida – se publicaron
solamente cuatro números entre diciembre de 1911 y enero de 1912 – eligió la
caricatura de Maksim Gor’kij firmada por Enrico Sacchetti para ilustrar la tapa de su
primer número. No inédito, ya que se había publicado en la tapa de L’Avanti! della
Domenica del 19 de febrero de 1905, declaraba una cercanía cultural e ideológica de la
neonata revista platense con el escritor ruso y la causa revolucionaria. Libre Palabra era
un “periódico de ideas” como recita su subtítulo, de salida semanal que abarcaba tanto
el ámbito político como del literario y artístico, tenía una reseña teatral de página entera
y aparecían otras ilustraciones a lo largo del número, algunas aisladas otras de
acompañamiento visual al texto. Una revista de pocas páginas, con una difusión de
textos y dibujos variados donde la ideología anarquista era el común denominador.
Más sofisticada y con un programa estético bien definido resultó ser, en cambio, la
revista Ideas y Figuras, dirigida por Alberto Ghiraldo, que apareció el primero de mayo
de 1909, de larga duración, aunque no siempre de constante salida, cesó su publicación
en 1916. 19 Los estudios que ya largamente investigaron sobre la revista (Rey, 2007;
Minguzzi, 2014) y su director (Malosetti Costa, Plante 2009) pusieron en relieve como
Ghiraldo tenía claro el proyecto de hacer dialogar imagen y texto poniendo en práctica
los enunciados de Guyau sobre la función social del arte. “Ideas y Figuras, desde sus
primeros números propone el desarrollo de un problema social, ético o moral a través de
imágenes. […] No importa cuál fue el contexto de producción de la obra o si ella fue
creada con las mismas motivaciones que movió a la publicación, el conjunto se
resignifica” explica Rey (2007, p.8).
17

Estos artistas fueron los que, en Roma, fundaron el grupo Nexus. Cfr. Malosetti Costa, 2006, pp.69-86
Siempre con sutileza caricatural, como es su estilo, Enrico Sacchetti retrató a hombres de grande
relevancia, como los millonarios norteamericanos, polemizando con el momento de crisis que estaba
atravesando claramente Italia o el rey de España. También dedica una ilustración a Maxim Gorky gran
símbolo de pensamiento libre e igualitario, a Ada Negri, poeta y socialista en esos años (más tarde adhirió
al fascismo), símbolo de emancipación de la mujer. (Bolpagni, 2008, Regesto)
19
Hay que precisar que desde 1909 a 1916 se publicaron 136 números de Ideas y Figuras en Buenos
Aires, mientras que a partir de 1918 y hasta 1919, salieron en Madrid 11 números. Minguzzi, 2014, p. 9
18

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Es sintomático que Enrico Sacchetti fuera el autor del dibujo que apareció en el número
de lanzamiento de la revista de Ghiraldo (Ideas y figuras, a.1 n.0). 20 Este número
funcionó como una pieza fundamental de la performance que el director de la revista
puso en escena durante la manifestación anarquista del primero de mayo de 1909. 21 Era
un folleto de seis páginas, sin ninguna declaración de principios ni un manifiesto
inaugural, que introducía el nuevo emprendimiento editorial. El dibujo de Sacchetti
ocupaba la doble página central, enmarcando la composición poética de Ghiraldo.
Este dibujo es muy singular y distinto de la producción contemporánea de Sacchetti, y
casi con seguridad fue delineado bajo la guía de Ghiraldo mismo, como ilustración de
su escrito. “Las horcas florecidas” es el título que engloba tanto la representación
gráfica como aquella textual. Por un lado una imagen estilizada, de pocos elementos,
pero con mucha carga simbólica y emotiva: un cuerpo de hombre decapitado yace al
lado de una horca que cuelga como si fuera una rama de un árbol lleno de hojas y de
vida. Brota sangre de su cuello y como una cascada cae hacia los pies del árbol donde
un putto arrodillado con alas casi diabólicas la recoge en un cuenco. En la lejanía una
guillotina. Por el otro, el texto, titulado simplemente “1º de mayo” explica en poesía su
significado, haciendo explicita la correspondencia entre los mártires cristianos y
aquellos de Chicago, analogía visual inmediatamente resaltada por el dibujo. 22 Aquí
Sacchetti mostró toda su habilidad con el carboncillo y con la composición, sin
renunciar a aquel matiz caricatural que le era tan propio.
Entre los números que el folleto de lanzamiento anunciaba, el número 4 tenía como
tema “las profesiones ridículas”, y debía ser editado por Enrico Sacchetti y Joaquín de
Vedia. A la hora de salir, ese número se transformó en “Patriotas de hoy” por José
María Cao. Mientras que la firma de Sacchetti apareció nuevamente en el número 15 del
28 de septiembre de 1909, dedicado a los “Tipos de teatro”. 23 Una emblemática tapa
reproducía las caricaturas de Eleonora Duse y Gabriele D’Annunzio como dos máscaras
atadas y colgadas a la pared. La Diva y el Vate, están perfectamente capturados en su
relación de amor y odio, de acercamiento y desprecio a la vez, con una fineza
psicológica del trato que es el sello del arte de Sacchetti. Las caricaturas en forma de
máscaras son casi la enseña de su pensamiento artístico, de su mayor inquietud: la de
capire. 24 Ya anciano, declaraba: “l’artista non si può contentare di copiare quella
maschera che gli uomini si mettono sul viso per recitare la commedia della loro vita. È
così trasparente per lui quella maschera che, qualche volta, non la vede neppure. Invece
20

La revista Ideas y Figuras se encuentra digitalizada en la página:
http://americalee.cedinci.org/portfolio-items/ideas-y-figuras/
21
Rey (2007, p.1) cuenta que “en Plaza Lorea […] Ghiraldo y algunos de sus compañeros volantearon un
folleto anunciando la publicación de la revista, donde se detalla el contenido de los cinco primeros
números”. Sacchetti en una carta sin fecha enviada a Ugo Ojetti quien probablemente en un escrito había
recordado sus pasadas simpatías anarquistas, responde que: “Tu parli poi d’una mia crisi d’anarchismo e
mezzo romanticismo ecc ecc da me sofferto in America tra il 1907 e il 1911. Ma no! Quello stato d’animo
di cui parli è fondamentale e irriducibile!”. (Roma, Archivos de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e
Contemporanea, Fondo Ojetti, Correspondencia Sacchetti, fasc. 1907-1929).
22
“La sangre de los mártires, ardiente, / Regando ideas [re]voleó en la entraña / De una tierra
[incomprensible] que tenía/ El aspecto de [falta] y de bárbara. … En la noche social que nos circunda /
Ello sellaron la virtual palabra / Con un gesto más grande que el de Cristo: / ¡Sembraron más, la mano fue
más larga!
23
Los textos de este número de Luigi Rasi – crítico teatral quien escribe un texto sobre Sacchetti; y otros
de Enrique Banchs, José de Maturana, Fernando Márquez, Vicente Medina, A. O. Olivetti, Evar Méndez,
Marino Brais. Todos conciernen el tema teatral.
24
Que será también el título de un libro editado en 1947. Cfr. Sacchetti 1947
11

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vuol proprio sapere come è fatto dentro e fuori quell’uomo che gli posa davanti”
(Sacchetti, 1947 citado por Pallottino en Bibolotti, Calotti 2003).
Conclusión
La producción gráfica de Enrico Sacchetti fruto de la constante colaboración con el
semanario ilustrado de El Diario, y de las otras esporádicas colaboraciones con revistas
argentinas, declara, sin necesidad de intermediarios, las relaciones internacionales que
tanto la prensa como el mundo de la cultura en general vivía en este comienzo de siglo.
Las caricaturas del artista italiano lo muestran cada vez más involucrado en la vida
porteña y al mismo tiempo muestran una gran variedad de personajes extranjeros que se
movían alrededor de la cultura teatral y artística de la ciudad.
Se podría decir, parafraseando las palabras de Stefan Zweig, que probablemente nada
contribuyó tanto a la movilidad intelectual y a la orientación internacional sea del
austriaco, del francés o del argentino, como la facilidad que éstos tenían para estar
informados sobre los acontecimientos mundiales desde las mesas de un cualquier café
de la ciudad (citado por Charle 2006, p.4). Sin embargo, esta “unificación cultural”
(Charle 2006, p.4) se volvió también visual gracias a la publicación masiva de la prensa
ilustrada a partir de finales del siglo XIX. Enrico Sacchetti llegó a Buenos Aires en el
momento en que la publicación de revistas culturales empezaba a crecer en forma
exponencial por cantidad y calidad tanto de información como de imagen. La caricatura
y el dibujo satírico iban perfeccionándose y se puede afirmar que Sacchetti tiene
derecho a un pequeño lugar en la historia de la ilustración argentina 25.

25

Algunas dudas todavía no han sido resueltas y seguramente fueron muchas más las colaboraciones de
Sacchetti con la prensa ilustrada argentina. Existen algunos dibujos en la colección de familia, por
ejemplo, fechados 1908 y que muy de cerca recuerdan algunas de las ilustraciones publicadas en La Vida
Moderna, de las cuales sin embargo no se conoce el destino final. Cfr. Bibolotti, Calotti 2003, pp. 28, 29,
54, 58. Además, este trabajo abrió nuevas puertas a la investigación sobre la presencia de otros críticos y
artistas italianos en la prensa contemporánea argentina. Se citan en forma de ejemplos: Vittorio Pica,
crítico de arte y amigo de Ruben Darío; Gabriele D’Annunzio; Ettore Ximenes, escultor y dibujante,
quien vivió en Buenos Aires durante algunos años; Carlo Montani, dibujante romano amigo de Pio
Collivadino. Por lo que concierne las publicaciones periódicas pertenecientes a la comunidad italiana
instalada en la Argentina, las recientes investigaciones de Ignacio Weber (2014) resultan muy interesantes
y un indispensable punto de partida.
12

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13

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>QUATTRO ANNI DI VITA BUTTATI VIA. Enrico Sacchetti en Buenos Aires (1908-1911)</text>
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                <text>Las revistas como casos específicos. Circulación de la imagen</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Enrico Sacchetti - Revistas ilustradas argentinas - Caricatura - Principios del siglo XX</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Enrico Sacchetti - Argentine illustrated magazines - Caricature - Early twentieth century</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este trabajo se aborda una pequeña pieza de la enorme red internacional de la que participaron los periódicos argentinos de comienzos del siglo XX, poniendo en foco la obra de Enrico Sacchetti (1877-1967) en el país. Artista italiano, desarrolló su actividad principalmente como dibujante en diarios y revistas y como ilustrador de libros. Entre 1908 y 1911 se encontró en Buenos Aires, contratado por El Diario de Manuel Laínez, donde no solamente se desempeñó como dibujante en la revista La Vida Moderna, sino también en otros medios, involucrándose activamente en la vida cultural porteña.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;This paper attempts to give an account of a small piece of the enormous international network to which the Argentine newspapers participated in the early twentieth century, highlighting the work of Enrico Sacchetti (1877-1967) in the country. Sacchetti was an Italian artist that developed his activity mainly as an illustrator in newspapers, magazines and books. Between 1908 and 1911 he was in Buenos Aires, hired by El Diario, where he not only work as an illustrator in the magazine La Vida Moderna but also in other media, participating in the cultural life of the city.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Giulia Murace&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IIPC-TAREA/Universidad&amp;nbsp; Nacional&amp;nbsp; de General San Martín - CONICET</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

EL PORTEÑO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UN DISCURSO HEGEMÓNICO
ALTERNATIVO PARA EL CAMPO CULTURAL ARGENTINO (1982-1986)
Isabela Di Lorenzo
Universidad de Buenos Aires
Facultad de Filosofía y Letras
Irene Gelfman
Universidad de Buenos Aires
Facultad de Filosofía y Letras
Resumen
La redemocratización en la década del ochenta en Argentina inicia un periodo de
transformación y redefinición de poderes, que a su vez alteró la dinámica del campo
artístico, reconfigurando las producciones estético-artísticas del periodo. Es en este
contexto que el análisis de las revistas o los periódicos nos permiten reconstruir las
relaciones entre los discursos, quién los emite y quién los recibe. El estudio de los
diversos agentes del campo cultural y artístico nos habilita a realizar un análisis sobre la
apropiación que los distintos sectores en pugna hacen de los bienes simbólicos. Así,
proponemos como objetivo el comprender el posicionamiento ético-intelectual de la
revista El Porteño (1982-1986) y sus colaboraciones en el diálogo responsivo con sus
contextos en un momento de cambio de hegemonía cultural. Postulamos que El Porteño
brindó un lugar de redefinición en el campo cultural de la Argentina de los años
ochenta, en tanto los intelectuales de la revista ―organizándose como un grupo―
habrían enunciado un discurso hegemónico alternativo que se habría encargado de
unificar y luego difundir intereses y preocupaciones en relación con la situación política
y social del país en ese momento.
Palabras clave: Contra-hegemonía, Intelectuales, Revistas, Crítica cultural.
Abstract
The redemocratization during the eighties in Argentina started a period of
transformation and redefinition of powers. This altered the dynamics of the artistic field
reconfiguring the aesthetic-artistic productions of the period. It is in this context that the
analysis of magazines or newspapers allows to reconstruct the relations between the
speeches, who emits them and who receives them. The study of the diverse agents of the
cultural and artistic field enables to make an analysis on the appropriation that the
different sectors in dispute do of the symbolic goods. We aim to understand the ethicalintellectual position of the magazine El Porteño (1982-1986) and its collaborations in
the responsive dialogue with its contexts in a moment of change of cultural hegemony.
We postulate that El Porteño provided a place of redefinition in the cultural field of
Argentina in the eighties, while the intellectuals of the magazine -organized as a groupwould have enunciated an alternative hegemonic discourse that would have been in
charge of diffusing concerns about the country's political and social situation at that
time.
Keywords: Counter-hegemony, Intellectuals, Journals, Cultural critic.
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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

El intelectual no puede aislarse de la sociedad,
ni la sociedad podrá explicarse sin él
Jean Paul Sartre

Introducción
La década del ochenta en Argentina se define como un periodo histórico de
transformación y redefinición de poderes en la cual el buscar la liberación de un pasado
oscuro implicó a su vez la reconfiguración de todas las producciones estético-artísticas.
La redemocratización y la nueva libertad de expresión debían remover los resabios de
autoritarismo que anidaban en las instituciones, las prácticas y las conciencias, a fin de
iniciar una tarea renovadora que instalara otra manera de ver y pensar al arte. La
necesidad imperante de reeducar a la sociedad, de liberar a la creación y a la mirada, fue
alterando la dinámica de un campo artístico que nuevamente se abría a la
experimentación y a la improvisación. Luego de la censura y autocensura, la
atomización y la reclusión de la sociedad, el arte salía de nuevo a la esfera pública y
ahora se mostraba sin restricciones.
Tras años de silencios forzados, artistas e intelectuales debieron encontrar un equilibrio
entre lo que se podía decir y lo que se deseaba decir, entre lo qué se podía representar y
cómo debía ser representado. Es en este contexto que el estudio de las revistas o los
periódicos de la década del ochenta resulta de suma importancia, en tanto permite
reconstruir las relaciones entre los discursos, quién los emite y quién los recibe. El
estudio de los diversos agentes del campo cultural y artístico nos permite realizar un
análisis sobre la apropiación que los distintos sectores en pugna hacen de los bienes
simbólicos. A su vez, el funcionamiento y la configuración de los distintos espacios
culturales nos dejan entrever las luchas de poder así como los diferentes
posicionamientos religiosos, sociológicos y políticos de los textos críticos de la época.
El estudio y análisis de las producciones estético-artísticas realizadas durante la década
del ochenta nos habilitan la compresión de un período complejo en tanto inestable. En
un país que se encontraba en pleno proceso de cambios y re-acomodamientos políticos,
sociales y culturales, estas producciones vinieron a cuestionar las nuevas formas de
representación de una sociedad sumamente convulsionada. Por tanto, proponemos como
objetivo de este trabajo el comprender el posicionamiento ético-intelectual de la revista
El Porteño (1982-1986) y sus colaboraciones en el diálogo responsivo con sus contextos
en un momento de cambio de hegemonía cultural. Postulamos que El Porteño brindó un
lugar de redefinición en el campo cultural de la Argentina de los años ochenta, en tanto
los intelectuales de la revista ―organizándose como un grupo― habrían enunciado un
discurso hegemónico alternativo que se habría encargado de unificar y luego difundir
intereses y preocupaciones en relación con la situación política y social del país en ese
momento.
Para analizar el papel que tuvo la revista El Porteño se decidió recurrir a la perspectiva
propuesta por los estudios culturales por presentarse estos como un campo intelectual
diverso, interdisciplinario y político, así como por haber sido difundidos en América
Latina como parte de un movimiento democratizador de la cultura. A su vez, es
menester destacar que en nuestro territorio la marca de lo político a partir de los años
treinta ha sido tradicionalmente marxista, institucionalizándose con los movimientos
revolucionarios latinoamericanos.
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El rol de la cultura y los intelectuales desde la perspectiva de los estudios culturales
Los estudios culturales son una fuente clave a la hora de analizar el papel de la revista
El Porteño como una alternativa cultural. Aquellos heredan la preocupación por el poder
de la industria cultural y el interés por los nuevos modos de producción cultural
pensados como espacios de resistencia dentro la de cultura popular y de masas. Es por
tanto en el marco de estas problemáticas que se produce una revisión, indagación y
experimentación de las nuevas prácticas estético-artísticas. En nuestro territorio, fueron
Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano los pioneros en los estudios de revistas literarias de
vanguardia. Ellos proponen como «cultura» a una suerte de espacio en el conviven ―a
veces de manera armónica y otras no tanto― las producciones elevadas y populares, el
patrimonio de la historia y las innovaciones evocadas por los cambios sociales (1980).
Esta nueva mirada permitió incorporar conceptos y nociones vernáculas para adaptarlos
a la escena latinoamericana.
A su vez, los estudios culturales parten de la ampliación de la noción de cultura
propuesta por Raymond Williams. Este suspende la división entre lo alto y lo bajo
considerando que «lo cultural» se encuentra en esferas tan diversas como el trabajo, la
política y la cotidianeidad. Williams desafía al elitismo cultural de la institución y junto
a Hoggart y otros, posicionan a «lo marginal» como una esfera digna de ocupar la
atención de investigaciones y académicos, brindando al sujeto popular y a la
«subcultura» un papel protagónico en la escena intelectual (1975). Asimismo, sí
consideramos a la cultura como una zona de resistencia en los procesos de dominación,
es posible establecer una relación con la actitud que tomaron los intelectuales de El
Porteño basándonos en la selección de las notas y en los temas que fueron abordados
(desde el primer fascículo, con la nota sobre el impenetrable chaqueño, o la primer nota
y tapa con Hebe de Bonafini, hasta las notas sobre las revistas subte y los movimientos
underground que estaban aconteciendo). Si tenemos en cuenta que El Porteño fue una
forma de sociabilidad alternativa al régimen debemos también considerar el concepto de
hegemonía presentado también por Raymond Williams (1977). La hegemonía cobra
sustancia a partir de la aparición de la resistencia. No existe una sin la otra, ni tampoco
se relacionan pasivamente, sino que se provoca la mutabilidad y la transformación
constante de la hegemonía y viceversa. En los primeros años de la década del ochenta se
diagramó una sociedad cuya hegemonía era ejercida por la clase dirigente política.
Siguiendo esta línea, la noción gramsciana de hegemonía constituye una herramienta
clave en torno a los diversos proyectos políticos que aspiran a forjar una «nueva»
hegemonía. Dentro de esta noción se le da especial atención a los procesos culturales
que acompañan tanto al ejercicio de dominación como al de resistencia. En este sentido,
la noción de hegemonía de Gramsci entiende a la cultura como un espacio de
intervención y conflicto que resulta fundamental no solo en las formas en las que se
ejerce sino en las que se refuta el poder. De esta manera, es interesante reflexionar sobre
sí el discurso de El Porteño fue representativo de las alternativas hegemónicas culturales
o de la hegemonía; y sobre como decidió mostrar este momento de fuerzas en puja en
donde se encontraban una cultura dinámica y la caída de una formación ideológica con
sus principios rectores.
En el marco del surgimiento de El Porteño, ciertas categorías propuestas por Pierre
Bourdieu (1995) resultan útiles para el estudio de los contextos culturales en los cuales
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los diversos actores sociales y las distintas instituciones se caracterizan por ser
inestables y ambivalentes. Aquí nos proponemos analizar el modelo de cultura de la
década del ochenta como un cruce de tensiones sociales y como un campo de lucha. A
partir del análisis de El porteño y de la escena cultural observamos como la separación
tradicional entre cultura de élite y cultura popular se desarticula para mostrar que las
interrelaciones entre los diferentes actores suponen negociaciones y luchas por el poder
simbólico. De esta manera, se debe intentar definir cuál fue el campo cultural en el cual
se insertó El porteño, qué cambios se generaron (sí es que los hubo) en el pasaje hacia la
democracia y cómo se fueron relacionando los distintos agentes del campo. Este análisis
se vuelve relevante cuando consideramos que los sistemas de dominación encuentran en
la cultura un vehículo propicio para manifestarse.
Por otro lado, los intelectuales de la revista se encargaron de unificar y luego difundir
intereses y preocupaciones en relación a la situación política y social de la Argentina
durante los últimos años del régimen y el primer gobierno democrático. Para la
comprensión de su rol en tanto agentes de la cultura, es necesario retomar el origen y la
definición de la noción de intelectual de Raymond Williams. Para el autor, el
significado del concepto fue variando a lo largo de la historia, representando en el siglo
XIX ―y es aquí donde encontramos la definición más acertada para los actores de El
Porteño― a un grupo de personas dedicado al trabajo intelectual pero con una cierta
independencia de los poderes políticos o de las instituciones (1982:188). Es de sumo
interés cruzar este concepto con la noción de intelectuales de Antonio Gramsci. Este
considera que todos los hombres con las facultades intelectuales y racionales pueden ser
considerados intelectuales; pero a su vez, remarca que no todos los hombres tienen la
función de intelectuales en la sociedad. Por este motivo, destaca el papel que cumplen
en la sociedad este grupo, ya sea para la construcción de la hegemonía como para la
contra-hegemonía. Es decir, si consideramos que el conjunto de creencias y prácticas
que constituyen una cultura determinada son susceptibles a ser utilizadas como una
tecnología de control o como un conjunto de límites dentro de los cuales la conducta
social debe ser contenida; es en este momento crítico de nuestra historia –de
reestructuración del orden y de las fuerzas– que los intelectuales habrían cumplido un
rol clave en la sociedad. A partir de notas de denuncia y al dar lugar a sectores no
escuchados, habrían dado cuenta de una cultura que estaba asociada a los discursos
hegemónicos y a su vez asociada a los discursos que desestabilizaban dicha hegemonía.
Los nuevos modos de producción cultural como espacios contra-hegemónicos
A la hora de encarar un análisis como el nuestro es menester tener presente qué
acontecía en el campo artístico del periodo, es decir, en la escena cultural. Por este
motivo, nos valdremos de investigaciones que han entendido que la sociedad no está
solamente determinada por una base económica o social, sino que también depende de
relaciones de fuerzas más profundas. Así, trabajos como el de Daniela Lucena (2013)
nos permiten entender al campo cultural de la década del ochenta como una práctica
política de resistencia y de confrontación. La autora analiza como en una sociedad
quebrada por el terror revistas como El porteño fueron una forma de sociabilidad
alternativa al régimen. El periodo que se inicia con el debilitamiento del régimen militar
–y potenciado con la derrota de la guerra de las Malvinas–, se caracteriza por la
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reestructuración parcial o total de sus tradiciones ideológico-políticas en donde la
literatura vino a cumplir un rol central en dicho proceso. Consecuentemente, se produce
una crisis en los paradigmas estético-culturales que dominaban el campo, así como una
resignificación de las tradiciones culturales, de la relación entre el arte y la política; pero
por sobre todo, se establece una nueva definición para la función del intelectual y del
artista.
A su vez, los estudios sobre los modos discursivos y las distintas formas de interpelar al
público son siempre herramientas claves a la hora de profundizar sobre nuestro objeto
de estudio. Jorge Warley destaca que fue el lenguaje ―ajeno a las formalidades y a los
estereotipos del periodismo tradicional― lo que posicionó a El Porteño como una
revista de referencia (1993). En un análisis paralelo, Carlos Ulanovsky marca como fue
el lenguaje abierto y no censurado de la redacción lo que llamó la atención de los
lectores, generando un vínculo que posicionó a la revista en un lugar privilegiado
(1997). Es así que estas reflexiones nos permiten pensar a El Porteño como una
propuesta alternativa que ―desde una mirada crítica― recuperó los matices y las
contradicciones surgidas en torno a los nuevos mecanismos de visibilidad, producción,
legitimación y recepción de las diversas producciones culturales. Si bien el ámbito del
debate público fue obstruido por la censura y la autocensura instaurada durante el
gobierno militar, las producciones estético-artísticas encontraron siempre alguna forma
de volverse visibles y audibles. Los nuevos espacios de exhibición y circulación, entre
los que se destacaron la galería chilena Carmen Waugh, la Galería Bonino, Arte Nuevo,
ArteMúltiple 1 y la revista El Porteño ―estas últimas fundadas y dirigidas por Gabriel
Levinas―, permitieron la filtración de contenidos ―de producción visual y escrita―
constituyéndose como lugares de reunión y resistencia.
A los fines de este análisis nos interesa destacar particularmente la labor de Gabriel
Levinas, quien sostenía que el arte plástico era un nicho que escapaba a la compresión
de los militares, por lo cual, no era un espacio abiertamente contestatario u opositor del
régimen. Levinas sostuvo que la galería ArteMúltiple fue,
el único espacio opositor durante la dictadura. Pero no era difícil ser opositor con
actividades artísticas. Para los militares era una cosa socialmente sofisticada y
crítica como para ver que ahí también sucedían cosas. Pero al mismo tiempo, era la
única posibilidad de permanecer amparado dentro de ese lenguaje y mantener una
llama prendida (Moreno, 2003).

Asimismo, es de interés recordar que en la sede de ArteMúltiple se escribió una de las
primeras solicitadas por los desaparecidos ―publicada en el diario Clarín en el año
1978―, mientras que en el año 1983 la redacción de El Porteño sufrió un atentado de
bomba a raíz de una serie de artículos había publicado sobre los detenidos políticos, los
niños desaparecidos y los intentos de las Fuerzas Armadas de conseguir la amnistía
antes de dejar el poder. Considerando que Gabriel Levinas decidió cerrar las puertas de
ArteMúltiple a fines de 1981, y siguiendo a Verón quien señala que siempre que las
condiciones de producción varíen, los discursos vuelven visibles esos cambios; se puede
inferir la razón por la cual en enero de 1982 nace El Porteño. Si tenemos en cuenta que
el periodo analizado comprende el inicio de los ochenta ―en donde hay un progresivo
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Además de muestras visuales, la galería organizaba funciones de teatro, espectáculos de música, charlas
con críticos y la edición de publicaciones con ideas y comentarios del arte de distribución gratuita.

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debilitamiento de las fuerzas militares como actores políticos representantes del Poder
Ejecutivo―, advertimos paralelamente un paulatino avance de posiciones enunciativas
que pusieron a circular discursos disidentes con el régimen e hicieron ingresar un
conjunto de temas antes marginados en la topografía gráfica. Es por este motivo que
postulamos que los intelectuales de la revista habrían funcionado como un grupo
creativo que habría cumplido el rol de resistencia y confrontación a partir de un discurso
hegemónico alternativa.
Reflexiones finales
Los trabajos sobre revistas culturales realizados hasta el momento han aportado fuertes
bases para la comprensión de la década del ochenta al conceder relevancia a las revistas
culturales y al fenómeno del arte en un momento de redefinición democrática. Si bien
estos trabajos previos han entendido a las revistas culturales y al arte de los ochenta
como espacios de redefinición o de resistencia, no se han centrado hasta el momento en
la divulgación de las tendencias ideológico-intelectuales del periodo. Es esta falencia la
que se intentó comenzar a sanear a partir del presente trabajo.
En el marco de una sociedad convulsionada por el acontecer histórico ―marcada por el
tránsito de un poder político dictatorial hacia uno democrático―, las producciones
estético-artísticas realizadas en la década del ochenta demandaron para su abordaje una
mirada determinante que pusiera en evidencia los vínculos reales y complejos que
unieron en ese momento al arte con la política. Hadjinicolaou argumentaba que la
significación o interpretación de una obra debía ser considerada en su relación con las
realidades ―sociales, políticas, económicas, religiosas― de la época en que había sido
creada (1979). Es así que, a la luz de considerar a los integrantes de la revista El Porteño
como un grupo creativo ―por su pertinencia común, de la que se deriva la pertenencia y
la consecuente práctica―, se intentó analizar el papel de resistencia y confrontación de
un discurso hegemónico.
Si bien en la década del ochenta aparecieron obras y textos que no tematizaron
específicamente sobre el conflicto de la década del setenta, aún así fue necesario
desmontar sus sentidos en clave histórica, ya que analizados fuera de su dimensión
histórica se desactualizarían y se despolitizarían volviéndose completamente
inofensivos. Un modo de aprehender nuestro pasado artístico es a partir de la
reconstrucción de las circunstancias en que los artistas e intelectuales hicieron uso de las
formas y de los sistemas simbólicos que les permitieron crear y decir. Desde las páginas
de El Porteño se trató de alterar y cuestionar el orden de las lecturas más tradicionalistas
con el fin de desactivar aquellas formulas que silenciaban nuestro presente. Así, y a
modo de conclusión, sostenemos que la revista tuvo la peculiaridad de presentarse como
un testimonio de su tiempo; pero por sobre todo, como un aporte al progreso de la
democracia y la libertad de expresión.

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                  <text>Ficciones metropolitanas. Revistas y Redes Internacionales en la modernidad artística latinoamericana</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>EL PORTEÑO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UN DISCURSO HEGEMÓNICO ALTERNATIVO PARA EL CAMPO CULTURAL ARGENTINO (1982-1986)</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La redemocratización en la década del ochenta en Argentina inicia un periodo de transformación y redefinición de poderes, que a su vez alteró la dinámica del campo artístico, reconfigurando las producciones estético-artísticas del periodo. Es en este contexto que el análisis de las revistas o los periódicos nos permiten reconstruir las relaciones entre los discursos, quién los emite y quién los recibe. El estudio de los diversos agentes del campo cultural y artístico nos habilita a realizar un análisis sobre la apropiación que los distintos sectores en pugna hacen de los bienes simbólicos. Así, proponemos como objetivo el comprender el posicionamiento ético-intelectual de la revista El Porteño (1982-1986) y sus colaboraciones en el diálogo responsivo con sus contextos en un momento de cambio de hegemonía cultural. Postulamos que El Porteño brindó un lugar de redefinición en el campo cultural de la Argentina de los años ochenta, en tanto los intelectuales de la revista ―organizándose como un grupo― habrían enunciado un discurso hegemónico alternativo que se habría encargado de unificar y luego difundir intereses y preocupaciones en relación con la situación política y social del país en ese momento.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The redemocratization during the eighties in Argentina started a period of transformation and redefinition of powers. This altered the dynamics of the artistic field reconfiguring the aesthetic-artistic productions of the period. It is in this context that the analysis of magazines or newspapers allows to reconstruct the relations between the speeches, who emits them and who receives them. The study of the diverse agents of the cultural and artistic field enables to make an analysis on the appropriation that the different sectors in dispute do of the symbolic goods. We aim to understand the ethicalintellectual position of the magazine El Porteño (1982-1986) and its collaborations in the responsive dialogue with its contexts in a moment of change of cultural hegemony. We postulate that El Porteño provided a place of redefinition in the cultural field of Argentina in the eighties, while the intellectuals of the magazine -organized as a group- would have enunciated an alternative hegemonic discourse that would have been in charge of diffusing concerns about the country's political and social situation at that time.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Isabela Di Lorenzo&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires &lt;br /&gt;Facultad de Filosofía y Letras</text>
              </elementText>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Irene Gelfman&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires &lt;br /&gt;Facultad de Filosofía y Letras</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

ARTE MADI UNIVERSAL en clave visual
Lic. Milena Yolis
Universidad de Buenos Aires – F.F.y L.
Centro de Estudios Espigas-IIPC-UNSAM
Resumen:
En el siguiente trabajo analizaremos el conjunto de la revista Arte Madí Universal
publicado entre 1947 y 1954 en Buenos Aires. A partir del relevamiento general de los
contenidos, focalizaremos nuestro estudio en las decisiones tomadas con relación a los
aspectos visuales y materiales. Arte Madí Universal funcionó como plataforma de las
aspiraciones del grupo Madí, desde la cual proyectaron una imagen visual que reflejó
los preceptos presentes en su manifiesto: el carácter multidisciplinario, la conexión entre
todas las artes y el concepto de creación e invención. Asimismo, el estudio de la revista
contribuye a develar las estrategias utilizadas para la proyección internacional del
movimiento y la conformación de las redes trazadas por su director, entre las que fue
surgiendo y desarrollándose este proyecto editorial.
Palabras claves: Revista, madí, Kosice, vanguardias, materialidad.
Abstract:
In the following study we will analyze Arte Madí Universal magazine published
between 1947 and 1954 in Buenos Aires. Based on a general survey of its contents, we
will focus on its decisions regarding visual and material aspects. Arte Madí Universal
worked as a platform for Madí group’s aspirations, from which they projected a visual
image showing the precepts present in their manifesto: multi-disciplinary approach,
linkage between all arts and the concept of creation and invention. At the same time, the
study of the magazine helps in revealing the undertaken strategy for the international
diffusion of the movement and the establishment of the networks designed by its
director which served as a basis for the appearance and development of this publishing
project.
Keywords: Magazine, madí, Kosice, avant-garde, materiality.

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Las revistas y publicaciones periódicas son una fuente valiosa para la obtención de
información sobre artistas, obras, debates y programas estéticos que circulan en ellas.
Durante la década del 40 y 50 encontramos un corpus de revistas en torno a los grupos
de la vanguardia de arte concreto que se planteaban como órganos de difusión de sus
ideas y propuestas. Entre estas revistas de carácter programático, Arte Madí Universal
se inscribe en un conjunto más amplio integrado por: Arturo, Invención n. 1 e Invención
n. 2 (1945) 1, Arte Concreto-Invención (agosto de 1946); Boletín de la Asociación Arte
Concreto-Invención (diciembre de 1946); (1947-1954), Perceptismo. Teórico y
Polémico (octubre de 1950- julio de 1953) y nueva visión 2 (entre 1951 y 1957).
Revistas que, tal como señaló María Amalia García, funcionaron como espacios clave
para el procesamiento, distorsión, y reapropiación de los debates en torno a la
abstracción, y por ende, fueron soportes privilegiados para el intercambio y la
circulación de imágenes (2011, p.18). La revista Arte Madí Universal se publicó bajo
dirección de Gyula Kosice (1924–2016), quien había sido co-editor de Arturo. Revista
de artes abstractas 3 en 1944 y, al año siguiente, estuvo a cargo de uno de los dos
cuadernos Invención.
Después de la publicación de Arturo, el núcleo original se agrupó y reagrupó muchas
veces y entre finales de 1945 y a principio de 1946 se terminaron de definir dos
agrupaciones: el grupo MADI 4 y la Asociación Arte Concreto Invención 5 (AACI). Más
tarde, a finales de 1947, Raúl Lozza se separó de la AACI y fundó el Perceptismo (línea
de trabajo que continuó hasta en fin de su trayectoria), quedando conformado el
panorama de estas tres agrupaciones como principales representantes de esta
vanguardia.
La revista del grupo Madí ofrece la posibilidad de ser estudiada como testimonio de las
ideas, ambiciones y utopías, dado que en ella confluyeron todas las disciplinas
enumeradas en el Manifiesto Madí y, en este sentido, documenta el momento inicial y la
evolución del grupo. Al mismo tiempo, la variedad de materiales del archivo de Gyula
Kosice 6 y la bibliografía que se ocupó del tema hasta el presente permiten reconstruir
las redes trazadas por su director, entre las que fue surgiendo y desarrollándose la
revista 7.
La invención, la creación sin límites y a la re-invención de metodologías de expresión
artística así como el recurso de lo lúdico y lo fantástico fueron los preceptos del arte
madí presentes en el manifiesto que se publicó en el número cero de la revista en 1947
1

Se trataba de cuadernos monográficos sobre la obra de Gyula Kosice y Edgar Bayley.
El término nueva visión aparecerá en minúsculas para respetar la nomenclatura original de la revista.
3
La redacción de la revista estaba integrada por Arden Quin, Rhod Rothfuss, Gyula Kosice y el poeta
Edgar Bayley, la cubierta corresponde a Tomás Maldonado y las viñetas a Lidy Prati. Además se
publicaron poemas de Murilo Mendes (brasileño), Vicente Huidobro (chileno) y Joaquín Torres-García
(uruguayo). Se reprodujeron obras de Vieira Da Silva, Torres García, Augusto Torres, Maldonado,
Kandinsky, Piet Mondrian y Rothfuss.
4
Formado por Kosice, Diyi Laañ, Martín Blaszko, Arden Quin y Rothfuss, entre otros.
5
Integrada por Tomás Maldonado, Edgar Bayley, Lidy Prati, Alfredo Hlito, Claudio Girola, Manuel
Espinoza, Raúl Lozza, Enio Iommi, entre otros). Su primera exposición de conjunto fue en el Salón
Peuser en 1946.
6
Archivo especial Gyula Kosice. Fundación Espigas-UNSAM.
7
Sobre la revista se puede consultar: Crispiani (2011), García (2011), Rossi (2007; 2010; y 2016), entre
otros
2

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como “Manifiesto de la escuela” que, entre otras ideas expresaba: “Para el madismo, la
invención es un ‘método’ interno superable, y la creación una totalidad incambiable.
Madí, por lo tanto, INVENTA y CREA” 8.
Si bien todos los grupos de la vanguardia constructiva postularon la interrelación
disciplinaria, Nelly Perazzo señaló que mientras la AACI se acercó más al diseño en
general y al diseño gráfico en particular, el grupo Madí se aproximó más al teatro y a la
danza (1997, p. 26). Con respecto al tema de la multiplicidad de disciplinas Madí, en el
número 4 de la revista se publicó el texto “Pluralidad de madí”, en breves líneas
distinguieron esa diversificación de la “interpenetración”, pues si bien hay un punto de
coincidencia entre los puntos de partida y sus fines, cada disciplina resuelve su
continuidad de acuerdo a su propio lenguaje.
La revista Arte Madí Universal circuló entre 1947 y 1954, se publicó un ejemplar por
año salvo en 1953, y el último número fue doble (n° 7/8), el primer número de la revista
se llamó Nemsor del Movimiento Madí Universal y luego adquirió el nombre definitivo
Arte Madí Universal. El conjunto de siete revistas, se completó en 2006 con la aparición
de un nuevo y último número, dirigido por Kosice y editado por Rafael Cippolini,
donde se recapituló sobre diversos aspectos de la revista y del grupo Madí con un
espíritu diferente al de su versión original.
En el marco de una investigación más amplia y en curso sobre la revista Arte Madí
Universal, el presente trabajo se propone analizar los aspectos materiales y visuales de
los números correspondientes al período 1947-54, teniendo en cuenta las decisiones
tomadas en cuanto a diseño, diagramación, tipografía, uso de las imágenes y relación
con los contenidos 9. Desde esta perspectiva, intentaremos indagar si el proyecto de esta
publicación se planteó una determinada imagen pública en términos visuales y,
atendiendo a los postulados del arte Madí nos preguntamos: ¿el diseño de la revista está
en correlación con el programa Madí?; ¿el concepto de invención y creación está
presente en los aspectos visuales?, ¿las estrategias gráficas reflejan las búsquedas de
pluralidad que se propusieron?

8

Otra versión de este documento había sido leído al público por Carmelo Arden Quin en la primera
exposición en 1946.
9
Este texto se inscribe por un lado en el proyecto de investigación presentado para mi adscripción a la
Cátedra Historia del Arte Americano II, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires y,
por otro, en el marco de mi participación en el proyecto Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes
in the Americas: Journals and archives at Espigas Foundation (1920s- 1950s), de Fundación EspigasUniversidad Nacional de San Martín, apoyado por la Getty Foundation.

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Ilus.1. Portada de Arte Concreto, Buenos Aires, agosto de 1946
Ilus. 2. Portada de Nemsor del Movimiento Madí Universal, n. 0, Buenos Aires, 1947
Ilus.3. Portada de Perceptismo, n°4, Buenos Aires, mayo de 1952

Organización de los contenidos
Con respecto a su organización interna, la revista no presenta una estructura rígida y no
incluye un índice o sumario que aporte un orden de los contenidos; sin embargo, en los
distintos números hay algunos temas que se repiten a modo de secciones:
“Colaboraciones especiales”, “Madigrafías”, “Aquí Madí”, “Libros-Autores”,
“Anuncios”. Para los fines de nuestro estudio y teniendo en cuenta las características de
los temas tratados, establecimos las siguientes agrupaciones: escritos programáticos,
textos de carácter literario y, finalmente, avisos y comentarios referidos al registro y
difusión de las actividades del grupo.
Los textos programáticos referidos al programa estético se ubican en el comienzo de
cada revista, cumplen la función de editorial y delimitan las líneas de acción. El
Manifiesto Madí toma este lugar en el primer número y, en los siguientes, se trata de
textos como “Esencialidad de madi” 10 o “Estilo y concepto universalista de madi” 11, de
carácter institucional, firmados por “la redacción” o “la dirección” y que finalizan con
un planteo claro sobre los objetivos de ese número. El único texto de autor que se ubicó
en la apertura de la revista fue “Esencia del arte madí” firmado por Juan Eduardo Cirlot
y publicado en el último número.
Con excepción del Manifiesto, que está acompañado por una fotografía de la exposición
en el Instituto Francés, en la diagramación de los editoriales no se utilizaron imágenes.
Tampoco se ilustró el texto de Cirlot, a pesar de que en la carta que envió a Kosice
desde Barcelona le pedía expresamente que publicara su retrato junto al texto que le
mandaba 12. Sin embargo, en el diseño de los títulos de esta parte de la revista se jugó
con la tipografía y en algunos casos se utilizaron imágenes de tipos móviles de imprenta
para destacar algunas palabras (ilus.4).
10

Se publicó en el n°3 de Arte Universal Madí, 1950, Buenos Aires, s/p.
Se publicó en el n°6 de Arte Universal Madí, 1952, Buenos Aires, s/p.
12
Cirlot, Juan Eduardo (11 de abril de 1953). [Carta para Gyula Kosice]. Archivo Gyula Kosice 19242005, Fundación Espigas-UNSAM.
11

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Ilus.4. “Concepto de creación é invención madi”,
Arte Madí Universal, n°2, 1948

En cambio, el uso de imágenes tuvo preponderancia en la diagramación en los textos
programáticos vinculados a los problemas plásticos, ya que aportaban información para
apoyar la comprensión. Entre estos escritos se destacan los textos de Rhod Rothfuss que
adquirió protagonismo luego de la publicación de “El marco: un problema de la plástica
actual” en Arturo. Su planteo, central para el quiebre con los formatos tradicionales, dio
lugar a la publicación de “Un aspecto de la superposición”, que continúa en la misma
línea y explica los efectos visuales de la superposición, yuxtaposición de figuras y de las
tensiones provocadas por su interacción.

Ilus. 5. Rhod Rothfuss, “Un aspecto de la superposición”, Arte Madí Universal, n°2, 1948

Para pensar la participación de los distintos integrantes del grupo, resulta de interés la
carta que Rothfuss envió desde Montevideo en mayo de 1948, con el contenido y la
diagramación de "Un aspecto de la superposición”, donde le explicaba a Kosice que
dado el carácter técnico y por tratarse de temas geométricos es necesario que incluya los
dibujos junto al texto. Por este motivo le solicita que le envíe las “dimensiones exactas”
que tendrá la revista para enviarle la página diagramada con los dibujos en el tamaño

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adecuado 13. Asimismo, en el número 4 y bajo el título "A propósito del marco",
Rothfuss retomó el tema del marco recortado con una doble página ilustrada con dos sus
pinturas, que le otorgan cierto movimiento al planteo visual.
En el Manifiesto se enunció la tridimensionalidad, ausencia de color y movimiento
articular, rotativo o de traslación como características de la escultura mádica, ideas que
ya estaban presentes en la serie de esculturas articuladas y transformables de Kosice,
como es el caso de Röyi de 1944. En ese sentido, entre los escritos programáticos
también se destacan los textos de Kosice sobre este tema. En "Escultura Madi" 14, afirma
que el fenómeno de desplazamiento, conversión y mudanza de formas llenó el vacío
previo que existía en la escultura no figurativa y, por otra parte, señala que la base de la
escultura pasa a ser una parte más de la organización plástica, mientras que en
"Escultura Madinemsor" 15, dedica un breve texto a los lineamientos del Manifiesto y
privilegia los aspectos visuales a partir de la reproducción de tres de sus esculturas
articuladas y transformables, que muestran tres tipos de movimiento: universal, lineal y
articulada lúdica.

Ilus. 6. Gyula Kosice, "Escultura Madinemsor",
Nemsor del Movimiento Madí Universal, n. 0, Buenos Aires, 1947

El principio fundamental de “invención” sobre el que se basaba el arte Madí constituye
el denominador común de los textos literarios. Este grupo está integrado por relatos,
poemas y cuentos en los que observa un uso imaginativo del lenguaje, dado que para el
grupo Madí fue importante la búsqueda de lo fantástico, lo inventivo y lo lúdico tal
como ha señalado Nelly Perazzo (1997, p. 26).
Esta centralidad de la escritura se vio reflejada en las distintas secciones y contenidos
que se generaron, como “Autores libros” 16, que fue una sección con comentarios
críticos sobre autores, libros y editoriales frutos de la invención mádica a cargo de
Kosice, quien en una entrevista reconoció que él mismo escribía esos textos inventados
(Wenner, 2014, p. 16). También se publicó un “Diccionario madí” 17, donde los términos
13

Rhotfuss, Rhod (17 de mayo de 1948). [Carta para Gyula Kosice]. Archivo Gyula Kosice 1924-2005,
Fundación Espigas.
14
Se publicó en el n°0 de Nemsor del Movimiento Madi Universal, n. 0, Buenos Aires, 1947.
15
Se publicó en el n°2 de Arte Universal Madí, 1948, Buenos Aires, s/p.
16
Apareció en los número de desde 1948 a 1951.
17
Se publicó en el n°2 de Arte Universal Madí, 1948, Buenos Aires, s/p.

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y las definiciones en su mayoría eran inventados y, desde el primer número hasta el
final, aparecieron las “Madigrafías”, sección firmada por Raymundo Rasas Pet
(heterónimo para Kosice), que consistía en un tipo de escritura Madí, presentada en
general ilustrada con obras de Eitler, Biedma y otros integrantes del grupo.
Este mismo interés en el uso del lenguaje puede verse en la participación de Diyi Laañ,
artista plástica, poetisa y esposa de Kosice, que publicó una serie de relatos fantásticos,
como "La batalla de Inod" 18, además de sus pinturas. Es importante destacar que los
textos de Laañ no están ilustrados con sus obras sino con obras de otros artistas; en
cambio, sus obras ilustraron los textos de otros autores.

Ilus. 7. Raymundo Rasas Pet, "… Madigrafias", Arte Madí Universal n°2, 1948
Ilus. 8. "Suplemento para el diccionario MADI", Arte Madí Universal, n°2, 1948

La poesía tuvo un lugar preponderante entre las producciones Madí, ya que desde el
primer número se publicaron más de cuarenta poemas. Incluso, a partir de 1951, en los
número 5, 6 y 7/8 se observa un incremento en la cantidad de poemas publicados, lo
cual le otorga mayor protagonismo aún 19. Si bien en el caso de Kosice se destaca la
producción plástica, especialmente en la escultura, también ha frecuentado la poesía y
publicado sus poemas en la revista. Su interés en este género lo llevó a publicar, en
1952, su primer libro de poemas, Golsé-se con prólogo de Hidalgo, que aparece
anunciado en la sección “Aquí Madí” de ese año. 20
Desde sus inicios la revista buscó difundir las actividades y exposiciones del grupo
Madí. En su afán por documentar lo realizado, en todos los números se sucedían las
conferencias, exposiciones o encuentros. En ese sentido, las fotografías que acompañan
a los textos adquieren un nuevo sentido y actúan como testimonio de los momentos en
los que el grupo intentaba legitimarse. En el primer número de la revista se incluyeron
las dos primeras exposiciones de 1946 21, con un despliegue a doble página donde se
18

Se publicó en el n°2 de Arte Universal Madí, 1948, Buenos Aires, s/p.
Publicaron poemas: Alberto Hidalgo, Aníbal Biedma, Antonio Undurraga , Augusto Elmore, Diyi
Laañ, Himne Raiss , Horacio Faedo, Jorge Bacacorzo , José Escobar Faría, Juan Bay, Juan Jacobo
Bajarlía, Lilyan Schwartkopf, María Teresa Domínguez , Myrtha Sessarego , Numinar, Rasas Pet y Valdo
Wellington.
20
Una vez terminada la revista, en 1955 Kosice publicó el libro de poemas Antología Madí.
21
1° Exposición del movimiento Madí en el Salón del Instituto Francés (agosto) y Primera exposición
internacional en la A.I.A.P.E (Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores) de
Montevideo (diciembre).
19

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registraron las salas del Instituto Francés, con el texto en el centro, las fotografías se
acomodaron a un lado y al otro con distintos juegos compositivos. Ahora bien, desde
una perspectiva histórica la difusión de esas imágenes, en apariencia ingenuas, tomaron
un sentido estratégico, dado que en torno a esta primera exposición surgió la polémica
acerca de la escritura y lectura del Manifiesto Madi que mantuvo las discusiones a
través de los años entre Kosice y Carmelo Arden Quin. Si bien el manifiesto fue leído
por primera vez en ese contexto, las fotos no dan cuenta de ese momento y dejan abierto
el interrogante.
Como resultado de la gestión de Kosice, en 1948 diez artistas del grupo Madí
participaron en el 3ème Salon de Réalités Nouvelles en la capital francesa, participación
que representaba el reconocimiento europeo y el acceso al circuito internacional. La
revista publicada ese año dio cuenta del envío argentino con dos fotografías del stand –
una en primer plano en la que se ven con más detalle las obras dentro de las limitaciones
del blanco y negro–, que en la diagramación ganaron protagonismo frente a un texto de
corta extensión. Esta documentación incorporada en una revista de la época resultó
significativa en el momento de la polémica que se generó alrededor de quiénes habían
intervenido en esa exhibición. Si bien Kosice afirmaba que solo se habían presentado
obras Madí, un afiche del salón testimoniaba la presentación de los artistas Madí y de la
Asociación de Arte Concreto Invención. En estas discusiones las fotografías publicadas
en Arte Madí Universal coincidían con las manifestaciones de la crítica, así como con
los datos del catálogo y la correspondencia de Kosice 22.
Otro hecho central para la revista fue la participación en la II Bienal de San Pablo en
1953. En la revista publicada en junio de 1954, y que sería el último ejemplar, se
dedicaron muchas páginas a la documentación de esa visita con textos y fotografías
reproducidas en un tamaño mayor al que habitualmente utilizaban. Algunos registros
muestran a Kosice posando junto a las obras del envío argentino y otras documentan las
salas del Parque Ibirapuera; también se publicaron fotografías de Walter Gropius,
fundador de la Bauhaus y de los directivos del Museo de Arte Moderno de Rio de
Janeiro.

22

En cada entrevista Kosice defendió la presentación de obras Madí únicamente (Giunta y Rossi, 2009:
111), Nelly Perazzo reconoció que el artículo de Pierre Descargues solo hablaba de Madí (1983: 94) y
Cristina Rossi rastreó la invitación para participar en la correspondencia Kosice-Del Marle y en la lista
de artistas registrados en el catálogo (2010: 346).

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Ilus. 9. 1° Exposición del movimiento Madí en el Salón del Instituto Francés,
Arte Madí Universal, n°2, 1948
Ilus. 10. Vista del Stand de Madí en el 3ème Salon de Réalités Nouvelles,
Nemsor del Movimiento Madi Universal, n°0, 1947

Otra sección que operó en ese sentido de registro y difusión fue “Aquí Madí” que, a
modo de punteo, en breves líneas y sin imágenes, estaba dedicada a informar las
actividades y novedades tanto del país como desde el exterior. Por este motivo resulta
de interés para seguir y reconstruir la trama de relaciones internacionales, el vínculo con
otros artistas y con otras disciplinas artísticas. En esta sección se mencionaban, por
ejemplo, tanto las nuevas adhesiones al grupo y la salida de nuevas publicaciones, como
las exposiciones de otros artistas que no pertenecían al grupo.

Aspectos materiales y visuales
Los aspectos materiales y visuales son un elemento clave a tener en cuenta a la hora de
estudiar las publicaciones periódicas. Al tratar este tema, Patricia Artundo observa que
la materialidad y visualidad son instrumentos para un posible abordaje y dan cuenta de
la imagen pública que una revista propone a través de los elementos de diseño y de
ornamentación a los que recurre; sin embargo, aclara que no todas las publicaciones se
plantean a sí mismas una imagen en términos visuales (2010, p. 1-15). Siguiendo estos
lineamientos y a partir de los aspectos ya desplegados en el texto podemos afirmar que
Arte Madí Universal efectivamente presenta elecciones que responden a una búsqueda
de identidad en términos visuales.
Del mismo modo que con los contenidos, el tratamiento de las imágenes reproducidas
permite establecer una clasificación para los fines de nuestro análisis. Por un lado, se
encuentran las reproducciones de obras: pinturas, dibujos, esculturas, fotomontajes,
proyectos y partituras musicales y, por otro, las fotografías documentales, vistas de las
salas de exposiciones, registros donde se destacan las obras, escenas de danza, teatro y
musicales, retratos de los artistas y fotografías sociales. Por lo tanto, al recorrer el
conjunto y analizar la forma en la que se diagramaban estos contenidos textuales y
visuales, se observa que la revista expresaba el pensamiento vanguardista de los
miembros que buscaban la integración de las artes (plástica, música, poesía, teatro, etc.).

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Para estudiar los aspectos visuales, en primer lugar cabe consignar que el formato de los
ejemplares no mantiene la uniformidad. Entre los siete números hay tres tamaños
diferentes: el número 0/1 mide 27 x 21 cm, los siguientes tres son de mayor dimensión
(30 x 25 cm) y, finalmente, en los números 5,6 y 7/8 se redujo el tamaño a 23 x 18,5
cm. Al mismo tiempo, estos cambios llevaron a que la cantidad de hojas fluctúe, el
número 0/1 tiene ocho, los siguientes entre catorce y veintidós hojas, y el número 7/8
tiene treinta y una. Es posible que las variaciones de formato y en la calidad de
impresión no sólo estén vinculadas a un proyecto que no se regía por una pauta previa,
sino también a los cambios de los talleres gráficos donde se imprimió. Si bien en el
primer número no figura el dato de la imprenta, en los siguientes correspondió a:
Optimus en el caso del número 2 y 3, C. Clancy y Cia. Imprimió los números 4, 5 y 6 y,
finalmente, el número 7/8 salió de los Talleres Gráficos S.R.L.
En segundo lugar, las portadas de las siete revistas publicadas no mantuvieron un
criterio uniforme, tanto en la imagen que las ilustra como en su diagramación, en ese
sentido podemos diferenciarlas de la propuesta de otras revistas de la época, como
nueva visión 23 dirigida por Tomás Maldonado, que luego del número inicial redefinió su
portada y en los siguientes mantuvo el mismo diseño simple, compuesto por un plano de
un solo color de fondo que distinguía cada número. Arte Madí Universal fue buscando y
variando su imagen en cada una de sus publicaciones, María Amalia García (2002, p.
174) observó que el número 1 de nueva visión conservaba un dejo del aspecto
experimental de las publicaciones de vanguardia de los 40. Por otra parte, la portada de
Madí no contiene las informaciones básicas: fecha, lugar de edición, número de revista
y responsables, aunque estos datos están en el interior. A partir de la imagen y el título,
la portada solamente informa que se trata de la revista de arte Madí.
La revista Madí utilizó en cuatro de sus portadas (n° 2, 3, 4 y 5) reproducciones de
obras de Kosice, Rothfuss y Biedma para ilustrar las tapas. En un solo caso, para el
número 1, se recurrió a una fotografía de las obras expuestas en el Salón Altamira en
1946, mientras que en los últimos dos ejemplares, las portadas tienen un diseño propio,
sin reproducciones de obra, que está en relación directa con la producción plástica del
grupo. En el caso del número 6, la tapa es un diseño de Kosice en la que combina
formas geométricas simples que organizan el título “arte MADI”. En el número doble
7/8, no se menciona el autor de la portada, pero se trata de un diseñó en dos niveles con
recortes triangulares que deja ver solamente las iniciales de arte madi (a m) sobre un
fondo de círculos concéntricos, las palabras completas están impresas en la hoja
siguiente. En ambas revistas (ilus. 18 y 19), predomina el uso de la diagonal que opone
los dinámico a los estático, siguiendo uno de los postulados Madí.

23

Fue fundada por Tomás Maldonado, Alfredo Hlito y Carlos A. Méndez Mosquera en 1951, y dirigida
por el primero hasta 1954. El Comité de Redacción estuvo integrado por Borthagaray, Bullrich, Grisetti,
Goldemberg, sumándose luego Baliero, Hlito, Bayley. Se publicaron números entre 1951 y 1957.

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Ilus.11. Portada de nueva visión, n°1, 1951
1952
Ilus.12. Portada de nueva visión, n°5, 1954

Ilus.13. Portada de Arte Madí Universal, n°6,
Ilus.14. Portada de Arte Madí Universal, n°7/8,
1954

En tercer lugar, se utilizó en todos los ejemplares una variedad de fuentes tipográficas y
tamaños en constante alternancia. De la misma forma operó el uso arbitrario de la
mayúscula y minúscula -como una variable más tipográfica- y el uso de los caracteres
en negrita para aportar mayor peso visual (ilus.15). Este aspecto tiene un punto de
contacto con su antecesora, la revista Arturo, en la que el uso de múltiples tipografías
también era una característica. En cuanto a las portadas, la revista no desarrolló un
logotipo que la identifique, si bien en todas se lee “arte madí”, en algunos de los casos
con una fuente similar, la disposición se altera en cada ejemplar.

Ilus.15. “Poemas”, Arte Madí Universal, n°2, 1948

En cuarto lugar, la diagramación y el diseño también presentan un carácter heterogéneo.
En los diferentes tipos de textos (escritos, poemas, relatos, ensayos, etc.) se alterna el
uso de la alineación –izquierda, derecha, centrado, justificado–, página a página se
utiliza una forma distinta de plasmar los textos e imágenes que la componen. Los juegos
con los interlineados también operan en este mismo sentido aportando diferentes efectos
visuales. Al igual que en algunas de las portadas, aparece el uso de la diagonal en la
diagramación de los textos, dividiendo el bloque de texto y generando espacios que se
relacionan con las formas de las obras que ilustran, como en el caso del paralelismo
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entre el uso de la diagonal en la diagramación (ilus. 16 y 17) y la obra de Alejandro
Havas (ilus. 18). También se utilizó la curva como recurso, como en el caso del poema
“Prosa sondable” donde la disposición del texto sigue un movimiento ondulante que le
agrega un componente visual al texto poético.

Ilus. 16. “Autores y libros”, Arte Madí Universal, n°4, 1950
Ilus. 17 “Pluralidad de madí”, Arte Madí Universal, n°4, 1950
Ilus. 18. Dibujo de Havas, Arte Madí Universal, n°3, 1949
Ilus. 19 Poema “Prosa sondable”, Arte Madí Universal, n°3, 1949

Con respecto a las imágenes y del mismo modo que en Arturo, algunas obras se
imprimieron a color y fueron pegadas artesanalmente en cada uno de los ejemplares,
donde se había reservado previamente el espacio para tal fin con el epígrafe impreso.
Este recurso no solo se utilizó en el interior de la revista sino también en el diseño de
algunas de las portadas Este tipo de resolución formal tuvo como resultado que dos
ejemplares del mismo número presenten dos imágenes diferentes, colocadas en el
mismo lugar (ilus. 23).
Al referirse a la pintura en “Esencialidad de Madi” –el texto incluido en el número 2–
puede leerse “(…) una pintura regularizando el marco de acuerdo al continuo interno de
la composición, el color y el ritmo; planos y colores articulados; volúmenes de luz!
colores de luz!” (1949, s/p). En este sentido, la decisión de incluir algunas de las obras
en su versión a color, superando las dificultades técnicas y probablemente de
presupuesto que esto implicaba, da cuenta de la relevancia que los artistas Madí le
otorgaban al color en las pinturas.

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Ilus. 20. Obra de Mondrian a color, “El marco: un problema de la plástica actual”,
Arturo, nº 1, 1944
Ilus. 21. Obras de Diyi Laañ y Anibal J. Biedma, Arte Madí Universal, n° 2, 1948
Ilus. 22. Reproducciones de obras sueltas para la revista Arte Madi Universal,
Archivo Silvia Braier, Fundación Espigas-UNSAM

Ilus.23. Dos versiones de portada de Arte Madi Universal, n°3, 1949.

Integrantes y redes de colaboradores
Arte Madí Universal fue una revista grupal en la que los miembros publicaron los textos
firmados, aunque en los primeros cuatro números solo su director aparece reconocido en
los créditos editoriales. Este criterio cambió en el número 5 y 6, a partir de la inclusión
de un “consejo directivo” integrado por Kosice, Rothfuss, Biedma y Wellington, aunque
tampoco en este número se desplegó el índice con el detalle de los artículos y los
autores participantes 24. Desde 1951 se añadió un listado de representantes de arte Madí
en el interior y exterior, en el que figuraban como corresponsales: Lucio Fontana, Jean

24

Como en el caso de Diyi Laañ y Rodolfo Uricchio que participaron activamente en la revista con
textos, obras, cuentos y poemas y, en menor medida, Lorin-Kaldor, Martín Blaszko, Juan Jacobo Bajarlía,
Alberto Hidalgo, entre otros.

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Leppien, Alberto Sartoris, Ben Nicholson y Juan Eduardo Cirlot, entre otros importantes
críticos y artistas internacionales.
También incorporó colaboraciones de todas las disciplinas que trabajaban en la línea del
arte no figurativo. Ya desde el número 3 contó con una sección de “Colaboraciones
especiales”, donde se reprodujeron obras en pequeño formato de artistas de la talla de
Antonie Pevsner, Max Bill, František Kupka, Jean Gorin, Fontana y Alexander Calder,
entre muchos otros. Esta sección estaba encabezada por un breve texto que volcaba a los
artistas para que enviaran sus obras. En algunos casos los vínculos de estos
colaboradores se extendieron en el tiempo, tal como se puede seguir a través del
intercambio de correspondencia con Kosice.

Ilus. 24. Obras reproducidas en la sección de colaboraciones especiales,
Arte Madí Universal, n°3, 1949
Ilus. 25. Obras enviadas a la revista por Lucio Fontana, Arte Madí Universal, n°5, 1951

En un estudio reciente, Cristina Rossi señala que el perfil expansivo y abierto del
movimiento Madí favoreció la incorporación de nuevos miembros, entre los que se
integraron artistas procedentes de la escena internacional como el ruso Nikolai Kasak, el
rumano Sandú Darié y el músico alemán Hans Joachim Koellreutter (2016, p. 133).
Sandú Darié artista que desarrolló su obra en Cuba, tomó protagonismo a partir del
número 4 para el que envió una reseña escrita por él mismo sobre su exposición
presentada en La Habana, ilustrada con fotografías panorámicas que permitían una clara
visualización de las obras. Al año siguiente se publicó una reflexión titulada
“Pensamiento Madista”, en la que refuerza su compromiso con estas ideas. En este
mismo sentido, en el número 7/8 los editores comentaron su envío en “Aquí Madi”
destacando: “Desde La Habana, nos envía Sandú Darié sus últimas experiencias
pictóricas, ‘Composiciones céntricas en movimiento’, que revelan su incansable
búsqueda en nuestra plástica”.
En esa dirección, en la sección “Aquí Madi” del número 4 se anunció la adhesión al
grupo del coreógrafo japonés Masami Kuni. Al año siguiente se publicó un texto de su
autoría sobre el tema de la danza ilustrado con una fotografía y un esquema de una
coreografía para 40 bailarines construido de manera geométrica. Por otra parte, desde el
primer ejemplar, se publicaron partituras del compositor de origen austriaco-italiano
Esteban Eitler, como las versiones musicales que realizó de tres poemas de Kosice.
Eitler estudió con el músico Juan Carlos Paz y, junto a Daniel Devoto, fue uno de los

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primeros miembros de la Agrupación Nueva Música. Antes de relacionarse con los
artistas Madí creó obras de vanguardia y composiciones dodecafónicas, y se relacionó
con Hans-Joachim Koellreutter, (Rossi, 2007, p.11). Con la misma importancia, se
publicaron desde el principio sus dibujos Madí de carácter lineal, en algunos casos
acompañando poemas o textos y, en otros casos, se reprodujeron las obras a página
completa.

Ilus. 26. Partitura y dibujo de Esteban Eitler, Arte Madí Universal, n°2, 1948
Ilus. 27. Fotografía ensayo de danza Madí y dibujo de Esteban Eitler, Arte Madí Universal, n°5, 1951

Por último, el estudio del epistolario de Kosice contribuye a develar la trama de
relaciones que le permitió contar con numerosas colaboraciones durante los años de
publicación de la revista. En un intercambio permanente, que buscaba ampliar los
horizontes del movimiento, los artistas respondían desde distintas ciudades del mundo y
manifestaban su interés en colaborar y participar en la revista, en algunos casos
enviando fotografías de obras o textos para ser publicados. En la mayoría de los envíos
se puede constatar que estos aportes llegaron a las páginas impresas. Por ejemplo, en
1952 Antoine Pevsner envió una carta desde París, donde por un lado agradecía el envío
de los ejemplares de la revista y, por el otro, mencionaba algunos problemas: “Lo que
es una lástima que las reproducciones de mis obras no dan su valor exacto
especialmente cuando se reducen las fotos” 25.

A modo de conclusión
Cuando Beatriz Sarlo aborda el estudio de las publicaciones periódicas en Intelectuales
y revistas: razones de una práctica, se refiere a las revistas como “bancos de pruebas”
que llevan las marcas de una determinada coyuntura. De este modo la sintaxis de la
revista, es decir, la forma en la que se muestran los contenidos busca intervenir en una
coyuntura. Esa sintaxis nos informa sobre un determinado presente de un modo que no
podrían hacerlo los textos si se los considerara individualmente, porque es la
apreciación del conjunto lo que permite recuperar la arena de debates en donde se
inscribe y la problemática de ese presente (Sarlo, 1992, p. 10-11).
25

Pevsner, Antoine (2 de febrero de 1952). [Carta para Gyula Kosice]. Archivo Gyula Kosice 1924-2005,
Fundación Espigas.

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Desde esta perspectiva entendemos que la revista Arte Madi Universal es el testimonio
del impulso vanguardista de un grupo de artistas que, encabezados por Kosice, pensaron
la revista como un modo de intervenir en la realidad y transformarla. El abordaje de la
revista en su conjunto, desde la perspectiva de las decisiones tomadas en relación a la
dimensión visual, demuestran que esas elecciones no fueron arbitrarias, sino que
actuaron en estrecha relación con el carácter multidisciplinario, inventivo y
experimental que caracterizó desde sus orígenes al grupo Madí, desde donde adquieren
sentido las palabras de Sarlo cuando señaló que “La geografía de una revista es, como el
deseo del viaje, una vía regia hacia su imaginario cultural” (Sarlo, 1992, p.12).

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Bibliografía citada
Artundo, P. (2010). “Reflexiones en torno a un nuevo objeto de estudio: las revistas”,
en IX Congreso Argentino de Hispanistas: el hispanismo ante el Bicentenario,
Asociación Argentina de Hispanistas, Instituto de Investigaciones en Humanidades y
Ciencias Sociales (UNLP/CONICET), Universidad Nacional de La Plata, La Plata, 27 al
30 de abril, disponible en http://ixcah.fahce.unlp.edu.ar/actas/artundo-patricia-m/view.
García, M. A. (2011). El arte abstracto. Intercambios culturales entre Argentina y
Brasil. Buenos Aires, Siglo XXI.
------ (2002). "La ilusión concreta: un recorrido a través de nueva visión. Revista de
cultura visual, 1951-1957", en: Saavedra, María Inés y Artundo, Patricia M.
(dir.): Leer las artes. Las artes plásticas en ocho revistas culturales argentinas
(1878-1951), Instituto de Teoría e Historia de las Artes “Julio E. Payró”,
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. pp.
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Giunta, A. y Rossi, M. C. (2009). “El poder de la palabra en la disputa por el sentido
de la historia”, en Gradowczyk, M. H. (Ed.): Tomás Maldonado, un moderno en
acción: ensayos sobre su obra, Buenos Aires, Eduntref, pp. 110-132.
Maldonado, T., Méndez, M. C. A., y Perazzo, N. (1997). Tómas Maldonado: Escritos
preulmianos, Buenos Aires, Ediciones Infinito.
Perazzo, N. (1983). El Arte Concreto en la Argentina, Buenos Aires, Gaglianone.
Rossi, M. C. (2007). “Vanguardia concreta rioplatense: Acerca del Arte Concreto y la
Música”. ICAA Documents Project Working Papers. The Publication Series for
Documents of 20th-Century Latin American and Latino Art, N°1, pp. 11-16.
------- (2010). Las utopías constructivas en la posguerra rioplatense. Tesis de doctorado,
Facultad de Filosofía y Letras, UBA, mimeo.
-------. (2016). “Confluencias”. Nikolai Kasak. Confluentia. Physical Art &amp; MADI,
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Sarlo, B. (1992). “Intelectuales y revistas: razones de una práctica”, Le discours
culturel dans las revues latino-américaines (1940-1970), París, América-Cahiers
du CRICCAL, número 9/10, pp. 9-16.
Wenner, L. (2014). “Conversación con Gyula Kosice”, en Revista Arturo. Edición
facsimilar, Buenos Aires, Ediciones Biblioteca Nacional, pp. 14-17.
Bibliografía consultada
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1900-1950, Beatriz Viterbo Editora, Rosario.
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Semestre, pp. 25-35.

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Arte Madí Universal, N° 0-7/8, Buenos Aires, de 1947 a 1954.
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Perceptismo, Nº 1-7, Buenos Aires, de 1950 a 1953.
Nueva Visión, N° 1-9, Buenos Aires, de 1951 a 1957.
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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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              <name>Creator</name>
              <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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                <elementText elementTextId="540">
                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>ARTE MADI UNIVERSAL en clave visual</text>
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                <text>Las revistas como casos específicos. Programas estéticos y grupos editoriales</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras claves&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Revista- madí - Kosice -vanguardias- materialidad</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="733">
                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Magazine - madí - Kosice - avant-garde - materiality</text>
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            <description>An account of the resource</description>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siguiente trabajo analizaremos el conjunto de la revista Arte Madí Universal publicado entre 1947 y 1954 en Buenos Aires. A partir del relevamiento general de los contenidos, focalizaremos nuestro estudio en las decisiones tomadas con relación a los aspectos visuales y materiales. Arte Madí Universal funcionó como plataforma de las aspiraciones del grupo Madí, desde la cual proyectaron una imagen visual que reflejó los preceptos presentes en su manifiesto: el carácter multidisciplinario, la conexión entre todas las artes y el concepto de creación e invención. Asimismo, el estudio de la revista contribuye a develar las estrategias utilizadas para la proyección internacional del movimiento y la conformación de las redes trazadas por su director, entre las que fue surgiendo y desarrollándose este proyecto editorial.</text>
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              <elementText elementTextId="735">
                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In the following study we will analyze Arte Madí Universal magazine published between 1947 and 1954 in Buenos Aires. Based on a general survey of its contents, we will focus on its decisions regarding visual and material aspects. Arte Madí Universal worked as a platform for Madí group’s aspirations, from which they projected a visual image showing the precepts present in their manifesto: multi-disciplinary approach, linkage between all arts and the concept of creation and invention. At the same time, the study of the magazine helps in revealing the undertaken strategy for the international diffusion of the movement and the establishment of the networks designed by its director which served as a basis for the appearance and development of this publishing project.</text>
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            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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              <elementText elementTextId="736">
                <text>&lt;strong&gt;Lic. Milena Yolis&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires – F.F.y L. &lt;br /&gt;Centro de Estudios Espigas-IIPC-UNSAM</text>
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FICCIONES	METROPOLITANAS	
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Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
GAUCHO Y VIHUELA – TUPÍ Y LAÚD. Martín Fierro y la Revista de
Antropofagia
Marcela Croce
Dra. en Letras
UBA-FFyL/INDEAL
Resumen:
El texto postula una comparación entre la revista Martín Fierro (1924-1927) y la
Revista de Antropofagia (1927-1928) en el marco de la vanguardia argentina y
brasileña. Aunque el recorrido procura ser amplio y detenerse en aquellos puntos que
son susceptibles de entrar en un parangón, perfila tres o cuatro elementos de interés
centrales como la relación con las artes plásticas (a través de las ilustraciones y los
juicios estéticos), el manejo del humor (en las secciones previstas para tal práctica), el
vínculo con las antiguas metrópolis políticas y las figuras orientadoras de cada
movimiento, papel que cumplen Oliverio Girondo y Oswald de Andrade. Asimismo, el
artículo sitúa a ambas manifestaciones de la vanguardia argentina y brasileña dentro del
sistema literario respectivo, estableciendo el rol que les corresponde a las revistas en la
concepción de la cultura de los dos países y en el trazado de líneas de pertenencia y
afinidades estéticas. A través de estos puntos, se ofrece un modelo comparativo que se
estima fundamental para dimensionar las relaciones entre Argentina y Brasil, las que
siguen siendo una materia pendiente en la investigación cultural desarrollada en el orden
latinoamericano.
Palabras claves: Comparatismo intraamericano, Vanguardia argentina y brasileña,
Revistas culturales de los años 20, Martinfierrismo, Antropofagia.
Abstract:
The text postulates a comparison between two magazines, Martín Fierro (1924-1927)
and Revista de Antropofagia (1927-1928) in the framework of the Argentine and
Brazilian avant-garde. Although the route seeks to be broad and stop at those points that
are likely to enter in a comparison, it outlines three or four elements of central interest
such as the relationship with the visual arts (through illustrations and aesthetic
judgments), handling humor (in the sections provided for such practice), the link with
the old political metropolis and the guiding figures of each movement, a role played by
Oliverio Girondo and Oswald de Andrade. Likewise, the article places both
manifestations of the Argentine and Brazilian avant-garde within the respective literary
system, establishing the role that corresponds to the magazines in the conception of the
culture of the two countries and in the drawing of lines of belonging and aesthetic
affinities. Through these points, a comparative model is offered that is considered
fundamental to dimension the relations between Argentina and Brazil, which continue
being a pending subject in the cultural research developed in the Latin American order.
Keywords: Intra-American Comparativism, Argentine and Brazilian Avant-garde,
Cultural Magazines of the 20s, Martinfierrismo, Anthropophagy.

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Justificaciones
Este texto parte de una intuición propia que aspira a tornarse comprobación fehaciente
en el transcurso de la escritura: la de que solamente el abordaje comparativo puede
salvar una nueva acometida sobre dos revistas a las que una frecuentación obsesiva y
una voluntad compendiadora han vuelto canónicas. Martín Fierro (1924-1927) fue la
vocera de la vanguardia argentina, auxiliada en un primer momento por Proa (19241925) y por las editoriales homónimas que dieron a conocer Luna de enfrente de Jorge
Luis Borges en 1925 y Veinte poemas para ser leídos en el tranvía en 1924, en la
“edición tranviaria a 20 centavos” que ponía al alcance de un público popular el libro
con que Oliverio Girondo inauguró su producción en Argenteuil en 1922. La Revista de
Antropofagia, publicada entre 1928 y 1929 en dos “denticiones”, coronaba el
modernismo surgido seis años antes con la Semana de Arte Moderno desarrollada en
San Pablo en febrero de 1922.
En tanto los martinfierristas mantuvieron una disputa estética y política con el grupo de
Boedo –sobredimensionada en buena parte de la bibliografía,1 que se resiste a la
dialéctica con la misma vehemencia que dedica a relativizar figuras de intersección
entre ambos espacios, como Nicolás Olivari o Enrique González Tuñón–, los
antropófagos se enfrentaron a los escritores regionalistas entregados a la denuncia social
a través de ciclos novelísticos. En ambos casos, el género dominante de los
vanguardistas fue la poesía, y a través de esta práctica se establecieron los contactos con
exponentes europeos como Filippo Tomasso Marinetti, abundante en tecnificadas
higienes bélicas, y Blaise Cendrars, pasajero estético de un Transiberiano recorrido a
dúo con Sonia Delaunay.
En función de un propósito que renuncia a cumplir los itinerarios que la crítica ha
transitado hasta la sofocación, declino ocuparme del modo en que los escritores
argentinos y brasileños que obtendrían consagración en las décadas siguientes se
iniciaron en Martín Fierro y en Revista de Antropofagia. Aunque sin duda menos
indagada, me abstengo también de expansiones sobre la recaída derechista y de
sostenida militancia católica que acarrean ambos fenómenos. Baste la referencia a
Ernesto Palacio, que funda con los hermanos Irazusta La Nueva República en 1928 con
el propósito inequívoco de fogonear el golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen,
abandonando la tradición jocosa que lo había convertido en ejecutor infalible de
figurones locales en los “Epitafios” y el “Parnaso Satírico” de Martín Fierro, donde
apelaba al seudónimo casi transparente de Héctor Castillo. Del lado brasileño, Plínio
Salgado refuncionaliza sus investigaciones sobre la lengua tupí vertidas en los dos
números iniciales de la Revista de Antropofagia para hacer una primera escala en el
grupo “Anta” verdeamarelo –cuyo animal emblemático es una especie de tapir con
fuerte arraigo territorial– y diseñar luego el saludo “Anauê” (Hermano) que identifica a
los miembros de la Acción Integralista Brasileña (AIB), portadores de camisas verdes y
brazaletes con una sigma ostentosa en concentraciones masivas que le permiten
especular con la presidencia de la República en 1937.
Prefiero, en disidencia con el populoso catálogo que someto a veloz revisión,
entregarme a las inquisiciones de un proyecto estético que trasciende la individualidad
1

Prieto, Adolfo (1964), Sarlo, Beatriz (1969) y (1988).
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de sus miembros y que incorpora el interés por las artes plásticas en un arco que va
desde las ilustraciones que ocupan las páginas y especialmente las portadas de las
publicaciones hasta el afán provocador que esparce zócalos como el que reclama “un
proyecto de Código Penal de las Bellas Artes”,2 pasando por la promoción de las
exposiciones de Emilio Pettoruti, Alejandro Xul Solar y Norah Borges realizada en
Amigos del Arte en 1926, o la de Tarsila do Amaral en Río de Janeiro en 1929.
Paradojas de la renovación
La misma Semana de Arte Moderno registró un antecedente polémico en el artículo con
el cual Monteiro Lobato condenaba la pintura de Anita Malfatti desde la muestra que la
artista había hecho en diciembre de 1917 en Mappin Stores. La nota de Lobato fue
publicada en O Estado de São Paulo el 13 de diciembre de 1917 con el título “Paranóia
ou mistificação – A propósito da exposição Malfatti”. Allí integraba a la pintora en las
huestes aborrecidas de “Picasso &amp; Cia.”. La andanada antivanguardista –que recuerda al
Lukács más intransigente y revela una incomprensión absoluta de la producción
secular– se excede en descalificaciones: “arte anormal o teratológico”, similar al que
ornamenta las paredes de los manicomios, aunque en este caso se trata de una expresión
auténtica de “cerebros trastornados por las más extrañas psicosis”, mientras en el
ejercicio de Malfatti resulta una impostación, “siendo todo mistificación pura”.
En la Argentina, el contexto de los 20 demandaba una virulencia menor. Las opciones
estéticas no eran tan tajantes (de hecho, los martinfierristas admiten ciertos resabios del
modernismo hispanoamericano anclado en la figura de Rubén Darío, como Leopoldo
Lugones), los jóvenes de la clase media no requerían un mecenas como Paulo Prado
para expresarse –lo que introduce una nota anacrónica habitualmente salteada por la
crítica– sino que habían encontrado un canal apropiado para sus intereses en la Reforma
Universitaria desde 1918, y los “viejos” que rondaban a la vanguardia no eran
académicos como Graça Aranha, presentador de la Semana, sino filósofos ácratas como
Macedonio Fernández, que había intentado un experimento de colonia anarquista en
Paraguay a fines del siglo XIX. La política local no estaba regida, como la brasileña, por
la irregularidad permanente en el ejercicio de la democracia; al contrario, había
consolidado al radicalismo en el poder, aunque el momento de Boedo y Florida
corresponde al antipersonalismo alvearista y no a la opción popular representada por
Yrigoyen. El promotor y director de Martín Fierro, Evar Méndez, era un puntero radical
de Entre Ríos llamado Evaristo González que respondía al ala de Marcelo T. de Alvear,
lo que justifica que la alternativa yrigoyenista sostenida por varios colaboradores de
Martín Fierro en 1927 derivara en el cierre del periódico en vísperas de la campaña
presidencial. La Revista de Antropofagia, por su parte, acusó el golpe de la crisis
mundial de 1929 que afectó las exportaciones brasileñas de café, al fin y al cabo un
producto suntuario, prescindible en momentos de estrechez económica.
El martinfierrismo fue definido como “actitud frente a la literatura y el arte, signada por
lo lúdico y la gratuidad” (Sarlo, 1969:12), que trasciende a la propia revista y “se
conforma en signo constituyente de un grupo coetáneo y generacional” (Morse, 1995).
2

MF Año 2 nº 18: 3.
3

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Tal situación resulta asimétrica con la relevancia que registra la Antropofagia en Brasil,
que supera notoriamente la capacidad de unificación grupal para elevarse a metáfora
mayor de la cultura brasileña. La descendencia de cada una de ambas actitudes es
lógicamente diversa, y su representatividad dentro del país respectivo –sin ignorar el
papel que reviste la Antropofagia en la consolidación de una cultura latinoamericana,
pese a la frecuencia con que Brasil es situado como visitante descolocado dentro de
ella– resulta consecuentemente diversa. Así, en tanto la Antropofagia abarca todas las
ciencias sociales y se entroniza en principio organizador por el cual se rigen la
antropología –de Gilberto Freyre a Darcy Ribeiro–, la sociología –de Sérgio Buarque de
Holanda a la Teoría de la Dependencia– y la crítica literaria –de Antonio Candido a
Roberto Schwartz, enfático diagnosticador de ideas fuera de lugar–, Martín Fierro opera
en la Argentina como disparador de una serie de “hombres” congruente con un interés
epocal en la tipificación que se plasma en El hombre que habló en la Sorbona (1926) de
Alberto Gerchunoff y El hombre que está solo y espera (1931) de Raúl Scalabrini Ortiz.

Portadas de Revista de Antropofagia y de Martín Fierro

En verdad, la nómina de hombres desprendida de la revista resulta superpuesta a la
función que se atribuyen en la diacronía del siglo XX las publicaciones periódicas más
relevantes: a los “últimos hombres felices” que Carlos Mastronardi encuentra en Martín
Fierro le siguen los hombres serios que colaboran en Sur desde la década de 1930, los
hombres de gravedad ofuscada que integran Contorno en los 50 –ya desde esa
presentación con aires de manifiesto que es “Los martinfierristas, su tiempo y el
nuestro” de Juan José Sebreli en el n.º 1–, los de adscripción gramsciana que orientan
Pasado y presente en los 60, los de ansiedad actualizadora que difunden el
estructuralismo y se lanzan a la militancia política en los 70 en Los Libros para recalar
en los de gravedad política que atraviesan la dictadura y la serie democrática
posdictarorial en los treinta años que abarca Punto de Vista de 1978 a 2008 (donde, se
impone subrayarlo, el tono grave no está provisto solo por una cofradía eminentemente
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masculina sino sobre todo por la figura femenina central de Beatriz Sarlo desde la
dirección colegiada de la revista).
La Antropofagia, cuya condición ritual la exime de la inmediatez alimenticia del
canibalismo (Morse, 1995), repone la presencia central del indígena en la cultura
brasileña. Personaje eliminado –real y simbólicamente– de la cultura argentina,
soslayado en el gaucho cuya condición mestiza queda suspendida para especializarse en
figura de sabiduría rural y exponente de la lengua pretendidamente propia del país de la
cual se desprende una literatura original, el indio es la figura central de la Antropofagia
brasileña, que desafía la tipificación que Monteiro Lobato había trazado en el caboclo
Jeca Tatu e incentiva la reivindicación del negro que cumplirá Freyre en Casa-grande e
senzala (1933). Si ya en el manifiesto Poesia Pau-Brasil (1924), insertado como
prólogo al poemario homónimo de Oswald de Andrade ilustrado por Tarsila (1925), el
indio es quien resiste al conquistador y, en consecuencia, el antecesor del poeta que
denuncia los efectos de la colonización, en el Manifiesto Antropófago se recorta sobre
una tribu específica para llegar a la fórmula “Tupi or not tupi: that is the question”.

Manifiesto Antropófago, 1928

Pero caer en esa superstición del adanismo oswaldiano, que convierte al autor en fuente
de todas las originalidades, tiene el inconveniente de ignorar o falsear los datos y
atribuir al sujeto cosmopolita la implantación de un emblema que instaló, en verdad, el
recatado Mário de Andrade, quien nunca abandonó el país y prefirió indagar el folklore
nacional en sus manifestaciones auténticas antes que alucinarse con el descubrimiento
de la propia tierra bajo los efluvios parisinos. Es Mário quien, en Paulicéia desvairada
–colección de poemas de 1922 que pone el “Oratorio profano” al servicio de la crítica
literaria, desestabilizando a la literatura institucionalizada y desconfiando prácticamente
de todos los grupos que se desplazan por el campo intelectual local–, incluye en el
poema “El trovador” el verso que condensa en la precisión de la proclama y la belleza
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de la frase la confesión de pertenencia estética doble sin que eso implique contradicción
ni disonancia: “soy un tupí que tañe un laúd”.

Portada de Pau Brasil y de Paulicea desvairada
Para Oswald, la opción indigenista como estrategia renovadora es el modo de zanjar las
disidencias con los modelos europeos enfrentados. Los dos manifiestos que redacta se
orientan en ese sentido, aunque con diversa entonación. En el Manifiesto Pau-Brasil
reivindica una cultura local de la cual el carnaval es el ritual distintivo, flanqueado por
comidas de origen negro y danzas tupís, desdeñando el habla docta –cuyo modelo fue el
orador republicano Rui Barbosa– y toda la pedantería que conlleva. La apelación al
pueblo tupí renuncia a cualquier trasposición externa, prescinde de traducciones y
convierte a la poesía Pau-Brasil en producto de exportación, invirtiendo el trayecto
habitual en la relación con Occidente. Por otra parte, apela a una reivindicación
lingüística “sin arcaísmos, sin erudición. Natural y neológica. La contribución
millonaria de todos los errores. Como hablamos. Como somos”.3 Ese mismo año, el
Manifiesto publicado en el n.º 4 de la revista porteña, redactado por Oliverio Girondo,
proclamaba la “fe en nuestra fonética” que presuponía la resistencia a toda imposición
exterior en el orden de la lengua. Sin embargo, resolvía las cuestiones estéticas de un
modo similar al que había definido el modernismo hispanoamericano, por lo que el
“hipopotámico público” despreciado desde la primera línea reponía al burgués tipificado
en celui qui ne comprends pas del rechazo dariano.
El primitivismo como ademán de vanguardia no puede asimilarse a la preferencia
martinfierrista por el gaucho. Además, el personaje Martín Fierro arrastra un
componente político de vehemencia comprobada, como lo certifica el poema de José
Hernández, y un antecedente directo en la revista también encarada por Evar Méndez en
1919. Este emprendimiento constituye una “primera época” de Martín Fierro a la que
no se hace mayor alusión excepto en la entrega inicial y que, por consiguiente, tampoco
es equiparable a la “primera dentición” de la Revista de Antropofagia, cuando era
dirigida por Antonio de Alcântara Machado y revestía un formato homogéneo al de la

3

Apud Croce, Marcela (2007).
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publicación argentina, con una cantidad de páginas similar aunque con tipografía
diversa que redundaba en textos más comprimidos en el periódico porteño.
Para Martín Fierro no se trata de reasignarle un espacio a un grupo humano que lo ha
perdido, como el tupí, sino de distribuir estéticamente el catastro urbano, a lo sumo en
pugna con los boedistas. En el reparto de zonas ciudadanas, a Girondo le corresponde el
barrio de Flores, cuyas chicas con los pechos colgando de los balcones protagonizan
uno de los Veinte poemas... Borges, en sus primeros escarceos criollistas, opta por el
barrio de Palermo –continuando la preferencia establecida por su precursor elegido,
Evaristo Carriego–, pródigo en tapias rosadas en el declive de la urbe hacia la pampa.
Raúl González Tuñón escoge el puerto y sus alrededores, zona prostibularia donde una
máquina que funciona con 20 centavos promete paisajes imaginarios que ofrecen un
reemplazo lumpen a los paraísos artificiales frecuentados por los poetas franceses.
También en el orden prostibulario se mueve Olivari, para quien la esquina de Corrientes
y Talcahuano es un ícono ciudadano. La prostitución judía explotada por la Zwi Migdal,
en cambio, es evocada por César Tiempo desde la esquina de Junín y Lavalle, en
Balvanera, típica zona de la colectividad. Habrá que esperar un par de décadas para que
Leopoldo Marechal, lanzado a una biografía colectiva y burlesca del martinfierrismo en
el Adán Buenosayres (1948), les otorgue categoría estética a los barrios de Villa Crespo
(donde habita Samuel Tesler, representante ficcional de Jacobo Fijman) y de Saavedra,
sede de la excursión demencial que realizan los personajes en que resuenan Borges,
Scalabrini Ortiz y Xul Solar, cuyo alter ego novelístico es el astrólogo Schultze que
repone con apenas una letra adicional el apellido real –de origen letón– del pintor que
inventaba idiomas e imponía en Buenos Aires la geometría del cubismo y el cromatismo
de Kandinsky.

Portada de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y de Adán Buenosayres

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Estómagos eclécticos
La función de Girondo como animador, agitador y poeta es simétrica a la que cumple
Oswald en el modernismo brasileño. A la redacción de los manifiestos respectivos y la
sucesión de viajes por Europa en los que adquieren contactos artísticos –Girondo con
Jules Supervielle y Ramón Gómez de la Serna; Oswald con Cendrars y los pintores que
instruyeron a Tarsila durante la estadía francesa, Fernand Léger y Max Jacob– hay que
añadir las obras revulsivas que lanzaron en los 20: de un lado, Veinte poemas… y
Calcomanías (1925); del otro Poesia Pau Brasil y Memórias Sentimentais de João
Miramar, escritas durante casi diez años. Y, por supuesto, les corresponde la mayor
responsabilidad en el diseño de la fisonomía efectiva de los movimientos que lideraron
y que terminan enlazándose en algún punto clave: así, la “Carta abierta a ‘La Púa’” con
que se abren los Veinte poemas…, reproducida en el n° 2 de Martín Fierro, anuncia las
respectivas proclamas martinfierrista y antropofágica al predicar conjuntamente la “fe
en nuestra fonética” que retoma Martín Fierro en el n° 4 y el “estómago ecléctico”
capaz de digerir bien la comida de todas las latitudes, con la misma capacidad de
asimilación e idéntica voluntad irreverente que declara la Antropofagia.
El paralelo entre Girondo y Oswald (Schwartz, 1993) provee un modelo para habilitar el
parangón entre artistas plásticos como Xul Solar en la Argentina y Lasar Segall en
Brasil (Miceli, 2012). El primero anduvo doce años por Europa, adquiriendo destrezas y
realizando alguna exposición para retornar finalmente a la Argentina natal, donde fue
ilustrador de Proa, especializándose como pintor de pequeño formato y difusor de
elementos vanguardistas aprendidos en el expresionismo, el simbolismo –igual que
Segall– y el futurismo italiano nucleado en Novecento con representantes como
Boccioni, Carrà y Severini, entre los más notorios.
Segall, de origen lituano, pasó dieciocho años de peregrinación infructuosa en Europa,
para asentarse finalmente en Brasil desde 1924, donde estaba radicada su hermana tras
el matrimonio con el industrial Klabin.4 Las tradiciones judías que ocupan la primera
etapa del pintor –marcada por la obra de un autor como Marc Chagall– viran entonces
hacia los trabajos por encargo realizados para edificios de la clase alta paulista, ya sea el
Automóvil Club o la mansión de la mecenas Olívia Guedes Penteado, lo que le da
acceso a los artistas del modernismo. Xul Solar preferirá la indagación de religiones
orientales y saberes esotéricos y, aunque sus obras se integraron a colecciones
particulares –como la de la cineasta María Luisa Bemberg–, su público no era
exclusivamente ese y su cercanía con la vanguardia argentina no se limita a Proa sino
que se extiende a las viñetas para los libros de ensayo iniciales de Borges.
Las páginas de Martín Fierro marcan asimismo la proximidad de Xul Solar con
Pettoruti, cuando Xul sintetiza en una nota la formación de su colega, quien estuvo en
Florencia, en Roma, en Milán, “en Alemania unos meses en contacto con los
expresionistas; luego en París entre el arte más nuevo”.5 El trayecto coincide en parte
con el que Miceli reconstruye para el propio Xul (Miceli, 2012) y repone la relación de
Pettoruti con el martinfierrismo, que excede el ámbito de la revista y se plasma en el
cuadro “El hombre de la flor amarilla (El poeta Alberto Hidalgo)” (1932). La figura,
4
5

Miceli, 2012: 113.
A. Xul Solar: “Pettoruti”. MF Año 1 n° 10-11 (1924): 66.
8

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informada por una perspectiva cubista, retrata al peruano responsable de la Revista Oral
que tenía su sede en el café Aue’s Keller. El poeta recaló en Buenos Aires luego de sus
inicios en Lima, donde participó de la revista Colónida. En 1928, ya identificado con el
“simplismo” que le depara alguna pulla en los “Epitafios”,6 su nombre integra el listado
sometido a juicio en “El proceso de la literatura”, el último de los Siete ensayos de
interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui. La profusa
correspondencia de Mariátegui con Pettoruti permite cerrar el círculo de vinculaciones y
reconocer en ciertos rasgos del hombre de la flor amarilla el rostro anguloso y el
mechón sobre la frente que identifican al mismo Mariátegui quien, desde Amauta,
reseñaba los números de Martín Fierro que le llegaban, o bien los que Girondo le dejó
durante la gira de representación de varias revistas argentinas y uruguayas que inició en
1924.
La exposición en Amigos del Arte que reúne a Xul, Pettoruti y Norah Borges es
presentada por Alberto Prebisch como resultado de la presencia de Marinetti en Buenos
Aires, al cabo de un paso por Brasil y en el marco de una gira solventada por un
empresario carioca (Saítta, 1995). En vistas de que el paso del jefe futurista por tierras
tropicales no registró mayor interés y tuvo una serie de desencuentros con la prensa
local en la Argentina, que subrayó su adscripción fascista y se erigió en juez estético
para establecer que el futurismo estaba caduco, no es arriesgado especular que el
italiano vale más por sus efectos que por su obra. Prebisch –a quien su propia
participación en la muestra, junto con su colega Vautier, no lleva siquiera a vacilar sobre
la conveniencia de firmar la nota elogiosa– coincide en que el movimiento orientado por
Marinetti “sabe ya a vino pasado, según el paladar de los buenos catadores”7 y reduce su
valor al impulso que provee para otras manifestaciones vanguardistas.8 Exigido por la
diversidad de los artistas congregados en la exhibición –los rasgos cubistas de Xul y
Pettoruti entran en colisión con el sencillismo de Norah Borges, más próximo a los
ilustradores de Proa María Clemencia López Pombo y Alfredo Gramajo Gutiérrez–,
Prebisch pontifica que “el acento moderno puede manifestarse bajo apariencias
contradictorias”.9
El modernismo brasileño no dio buena acogida a Marinetti y las conferencias de San
Pablo resultaron desafortunadas. Sin embargo, en las de Río de Janeiro contó con el
beneplácito de Graça Aranha. Mário de Andade, antiguo animador de la revista Klaxon
que había sido acusada de futurista por Lima Barreto –quien entabló así la última
polémica de su vida, ya que falleció en el mismo 1922 en que surgió la publicación–,
estimaba que Marinetti resultaba menos rescatable que el futurismo, del cual recupera
las obras de Giovanni Papini, Umberto Boccioni y Aldo Palazzeschi. Pero es evidente
que los antropófagos ya no se identifican con el movimiento: la provocación verbal en
que se especializan puede responder tanto a la escuela marinettiana como a las ínfulas
6

“Aquí yace –¡Dios lo asista!– / Alberto Hidalgo enterrado, / murió en tierras de Eldorado / de jaqueca
futurista”. MF Año 2 n° 14-15: 82.
7
MF Año 3 n° 30-31 (1926): 1.
8
Tanto contemporáneamente como mucho después, e ignorando en ambos casos las advertencias de
Prebisch, la crítica llegaría a las mismas conclusiones. Así, mientras para Mariátegui el futurismo
marinettiano fue “un caso de longevidad, no de continuación ni desarrollo” (apud Schwartz (1991:368),
para Annateresa Fabris el futurismo vale menos por las obras que como voluntad agitativa (Íbid.: 369).
9
MF Año 3 n° 30-31 (1926): 3.
9

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surrealistas, mucho más afines con el primitivismo hipostasiado de la Antropofagia, y
las manifestaciones plásticas que ilustran la revista brasileña declaman gráficamente su
raigambre cubista, como enfatiza el Abaporu (1928) de Tarsila que es la imagen que
corresponde al pronunciamiento del manifiesto.
La “segunda dentición” de la Revista de Antropofagia, cuando abandona los
cuadernillos de ocho hojas para recortarse a una única página en el Diário de São Paulo
desde el 17 de marzo de 1929, gracias a los buenos oficios de Rubens do Amaral y un
mes después de la clausura de la “primera dentición”, comienza con una variante del
Abaporu que irá mutando hasta el dibujo Antropofagia en el n° 6 del 24 de abril de
1929. Poco después se instala la muestra de Tarsila en Río de Janeiro donde, pese a las
disidencias internas que provocaron la escisión entre ambas denticiones, muchos de los
colaboradores que desaparecen en la segunda serie de la revista o que pasan a ser
burlados y escarnecidos en ella, escriben para el catálogo de la exposición. Es el caso de
Mário –flanqueado por Aníbal Falcão y Tasso da Silveira– y, lateralmente, de Alcântara
Machado, quien no participa de esa publicación pero es citado en una nota del n° 13 de
la revista por el “grado tan intenso de brasilidad” que reconoce en Tarsila. En el n° 16,
la exhibición montada en el Palace Hotel (de la cual se ofrece como adelanto el cuadro
Floresta) se presenta como “la primera gran batalla de la Antropofagia”, en sintonía con
las sucesivas identificaciones de la revista: “Órgano del Club de Antropofagia” hasta el
n° 4 y “Órgano de la Antropofagia Brasileña de Letras” a partir del n° 5, dirigida
principalmente por Raul Bopp, además de ejercitadora del “Santo Oficio
Antropofágico” que condena al padre Anchieta en el n° 5 para suspenderse por falta de
espacio en el n° 14.
Así como Martín Fierro despliega en sus páginas una diversidad de autores en que se
cruzan boedistas y floridistas –acaso respondiendo a la propuesta que formula Arturo
Cancela en la carta a Evar Méndez del n° 19 de reunir a ambos grupos en la “Escuela de
Floredo” y nombrar presidente a Manuel Gálvez, cuya vivienda en la calle Pueyrredón
es equidistante entre las dos zonas, salteando la distancia estética y política entre los
criollos vanguardistas y los hijos de inmigrantes entregados a la militancia en la
izquierda– y una variedad de ilustradores cuya forzada convivencia puede sintetizarse
en la colindancia de Pettoruti y Pedro Figari, la Revista de Antropofagia alterna las
producciones de Tarsila con las de Patricia Galvão (Pagu), inminente pareja de Oswald
en ese 1929 en que se separa de la artista emblemática del grupo. El debut de Pagu
corresponde al n° 2 de la “segunda dentición”, donde el dibujo acompaña el adelanto de
Cobra Norato de Bopp, poema que se editará en 1931 con una portada modernista
diseñada por Flávio de Carvalho. Aunque vuelve a participar en los números 8 y 11, la
presencia de Pagu es secundaria respecto de la de Tarsila, entronizada como símbolo
antropófago en un gesto simétrico al que combate el anta de los verdeamarelos
capitaneados por Cassiano Ricardo para embanderarse con el tamanduá.
Martín Fierro incurre en una práctica que la Revista de Antropofagia evita: la de la
condena a ciertos ejercicios artísticos. Para los antropófagos, la distancia estética se
restringe a cuestiones retóricas, y cuando se aparta de los artistas plásticos son los
impresionistas europeos quienes ingresan en el catálogo de rechazos. En Martín Fierro,
en cambio, la defenestración de Quinquela Martín responde en parte a la preferencia que
muestran por él las instituciones y la prensa, y en parte al miserabilismo boedista en que
10

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se enfrasca,10 y algo similar se les depara a Pedro Zonza Briano –contra la exaltación de
Figari, devenida tópico y compartida con Proa– y a Rogelio Yrurtia, introduciendo una
dimensión escultórica ausente en la Antropofagia. El artículo que Prebisch le dedica a
Yrurtia abusa de un esquematismo simplificador apoyado en fotografías, cuyas leyendas
sindican a un anónimo azteca de “bueno” y a Yrurtia de “malo”.11 Semejante rigidez
confirma la aplicación de una ortodoxia estética que en el mismo número se promueve
mediante el cartel provocativo sobre el Código Penal de las Bellas Artes.
Independencia estética
El último punto que abordo en este recorrido es el que atañe a la relación del
martinfierrismo y la Antropofagia con las respectivas metrópolis. Las diferencias aquí
son abrumadoras. Por un lado, porque los argentinos estaban empeñados, ya desde la
Generación del 37, en apartarse de la norma lingüística hispánica y en desconocer la
validez de la literatura peninsular. El desprecio que le reserva Juan María Gutiérrez a la
producción española en la década de 1830 –apenas si rescata a Jorge Manrique– se
intensifica en el plano de la lengua cuando en 1875 rechaza el diploma de miembro
correspondiente de la Real Academia Española y desata una polémica con un periodista
español que se ventila en las Cartas de un porteño. Por el otro, porque los brasileños
habían quedado absorbidos por el imperio portugués y recién en 1889 habían
conseguido avanzar hacia la República. Como efecto de esa dependencia, el naturalismo
brasileño que surge en la década de 1880 y se extiende durante la siguiente tiene una
fuerte impronta lusa que impregna las producciones locales con la marca de Eça de
Queirós.
Es así como los embates contra los portugueses que incluye el Manifiesto Antropófago
son episódicos y llegan a remontarse a figuras coloniales, sin atacar a los
contemporáneos. A lo sumo, son los vanguardistas franceses los que resultan
descastados por los antropófagos, quienes esquivan la polémica para dar otras señales
de disgusto, como es la venta de libros de Cendrars, Cocteau y Breton para adquirir en
contrapartida volúmenes locales.12 En cambio, el Manifiesto de Martín Fierro otorga
resonancia a los conflictos sobre la lengua ya en la consigna “fe en nuestra fonética”.
Pero el momento de mayor encono hacia lo hispánico corresponde al año 1927, cuando
Guillermo de Torre –quien también se había acercado a las revistas brasileñas y que es
el inminente esposo de Norah Borges– publica en La Gaceta Literaria de Madrid un
artículo provocativo que establece que el “meridiano intelectual de Hispanoamérica”
pasa por Madrid. La serie de respuestas irritadas consta en el n.º 42 de Martín Fierro
(junio-julio de 1927) y confirma que la acción de la vanguardia ha sido eficaz al
erradicar los lazos con España y al desconocer cualquier pretensión de lo que Pablo
Rojas Paz considera “imperialismo baldío”.
En verdad, lo que los españoles están reclamando a través de la nota absurda de de Torre
es un público americano para sus producciones, apenas capaces de despertar un interés
10

“Kin-ke-la”. MF Año 3 n° 27-28: 135.
“Irurtia” (sic). MF Año 2 n° 18: 1.
12
Revista de Antropofagia Año 1 n.º 3: 2. Paradójicamente, en el nº 6 de la publicación se incluye el
autógrafo de Max Jacob y en el nº 8 el de Krishnamurti, ambos obtenidos por Oswald.
11

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escaso o nulo dentro y fuera de España. Baste el ejemplo de la Generación del 27
peninsular –que se ufana de agremiar a Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente
Aleixandre y Luis Cernuda– cuyo elemento unificador es el tricentenario de Góngora.
Desde Martín Fierro, Borges desacredita tal asociación, compilando en Góngora una
literatura repudiable que se alimenta “de la cuidadosa tecniquería, de la simulación del
misterio, de las meras aventuras de la sintaxis”.13 La ratificación de la traducibilidad
imposible entre la lengua española y la porteña corre por cuenta de Roberto Ortelli,
quien abusando del seudónimo “Ortelli y Gasset” despliega un vocabulario abstruso,
mezcla de lunfardo e invención belicosa en el artículo “A un meridiano encontrao en
una fiambrera”.
Semejante intervención es una muestra más del humor impenitente que se plasmó en los
“Epitafios” y el “Parnaso Satírico” en las contratapas de Martín Fierro, donde se
despelleja a propios y ajenos aunque la práctica queda restringida a la dimensión
estética y aplica una gradación que reserva “prismas intestinales” a Eduardo González
Lanuza, desdeña los “libros truculentos” de Elías Castelnuovo y vitupera con
vehemencia a Alfonsina Storni al asociar su libro Ocre con su talento “medio-ocre”. La
revista de Antropofagia es menos permeable a las intervenciones humorísticas, acaso
por el afán dogmático que se empecina en hacer de la Antropofagia una ortodoxia y que
inevitablemente hay que imputar a las causas de su desintegración como grupo. La
sección dedicada a estos ejercicios se titula “Brasiliana” y prescinde de crítica: más bien
se trata de citas insólitas, fragmentos periodísticos, ordenanzas burocráticas, una serie
de materiales equívocamente selectos, más próximos al Sottisier flaubertiano14
pasmado ante la estupidez circundante que a la vocación burlona de los jóvenes
porteños. Paradójicamente, la Antropofagia ostenta un tono mucho más agresivo que el
de los martinfierristas, antes proclives a la ironía que al ataque sangriento.
La desaparición de ambas revistas antes de iniciarse la década del 30, con el golpe de
Estado de José Félix Uriburu (primo de Girondo, dicho sea al pasar) en la Argentina y el
de Getúlio Vargas en Brasil confirma que los experimentos juveniles había perdido el
margen lúdico propio de los “años locos” y sus protagonistas debían despojarse de la
condición de “hombres felices”. Las revistas de los 30, carentes por igual de desenfado
y de vocación renovadora, representan a su vez un retroceso en la posibilidad de
comparación porque atenúan el americanismo que en los años 20 se apoyaba en una red
de solidaridad que la Reforma Universitaria había engendrado y sostenido con variantes
que van desde el contacto directo hasta la creación de partidos políticos como el APRA.
La relación entre Argentina y Brasil, que admite destellos de semejanza y aventuras
comparativas, sigue siendo una deuda en los estudios de la cultura latinoamericana.

13

Borges, Jorge Luis (1927). “Para el centenario de Góngora”. MF Año 4 n.º 41.
Campos, Augusto de (1975). “Revistas re-vistas: os antropófagos”, en Revista de Antropofagia. Edición
facsimilar. San Pablo: Editora Abril-Metal Leve (5-16).

14

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Bibliografía
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Miceli, Sérgio. (2012). Ensayos porteños. Borges, el nacionalismo y las vanguardias.
Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.
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Prieto, Adolfo. (1964). Antología de Boedo y Florida. Córdoba: Universidad Nacional
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Sarlo, Beatriz. (1969). Revista Martín Fierro. Antología y prólogo. Buenos Aires:
Carlos Pérez
-----. (1988). Buenos Aires 1920 y 1930. Una modernidad periférica. Buenos Aires:
Nueva Visión.
Saítta, Sylvia. (1995). “Entre la política y el arte: Marinetti en Buenos Aires”.
Cuadernos Hispanoamericanos. Madrid (161-169).
Schwartz, Jorge. (1991). Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y
críticos. Madrid: Cátedra
-----. (1993). Vanguardia y cosmopolitismo en la década del 20. Oliverio Girondo y
Oswald de Andrade. Rosario: Beatriz Viterbo (1era. edición: Vanguarda e
cosmopolitismo. São Paulo, Perspectiva, 1983).

13

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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>GAUCHO Y VIHUELA – TUPÍ Y LAÚD. Martín Fierro y la Revista de Antropofagia</text>
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                <text>Estudios comparados. Zonas de contacto y simultaneidades</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras claves&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Comparatismo intraamericano, Vanguardia argentina y brasileña, Revistas culturales de los años 20, Martinfierrismo, Antropofagia</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Intra-American Comparativism, Argentine and Brazilian Avant-garde, Cultural Magazines of the 20s, Martinfierrismo, Anthropophagy</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El texto postula una comparación entre la revista Martín Fierro (1924-1927) y la Revista de Antropofagia (1927-1928) en el marco de la vanguardia argentina y brasileña. Aunque el recorrido procura ser amplio y detenerse en aquellos puntos que son susceptibles de entrar en un parangón, perfila tres o cuatro elementos de interés centrales como la relación con las artes plásticas (a través de las ilustraciones y los juicios estéticos), el manejo del humor (en las secciones previstas para tal práctica), el vínculo con las antiguas metrópolis políticas y las figuras orientadoras de cada movimiento, papel que cumplen Oliverio Girondo y Oswald de Andrade. Asimismo, el artículo sitúa a ambas manifestaciones de la vanguardia argentina y brasileña dentro del sistema literario respectivo, estableciendo el rol que les corresponde a las revistas en la concepción de la cultura de los dos países y en el trazado de líneas de pertenencia y afinidades estéticas. A través de estos puntos, se ofrece un modelo comparativo que se estima fundamental para dimensionar las relaciones entre Argentina y Brasil, las que siguen siendo una materia pendiente en la investigación cultural desarrollada en el orden latinoamericano.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Abstract&amp;nbsp;&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The text postulates a comparison between two magazines, Martín Fierro (1924-1927) and Revista de Antropofagia (1927-1928) in the framework of the Argentine and Brazilian avant-garde. Although the route seeks to be broad and stop at those points that are likely to enter in a comparison, it outlines three or four elements of central interest such as the relationship with the visual arts (through illustrations and aesthetic judgments), handling humor (in the sections provided for such practice), the link with the old political metropolis and the guiding figures of each movement, a role played by Oliverio Girondo and Oswald de Andrade. Likewise, the article places both manifestations of the Argentine and Brazilian avant-garde within the respective literary system, establishing the role that corresponds to the magazines in the conception of the culture of the two countries and in the drawing of lines of belonging and aesthetic affinities. Through these points, a comparative model is offered that is considered fundamental to dimension the relations between Argentina and Brazil, which continue being a pending subject in the cultural research developed in the Latin American order.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Marcela Croce&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dra. en Letras &lt;br /&gt;UBA-FFyL/INDEAL</text>
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                <text>8 de mayo 2017</text>
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VANGUARDIAS ARTÍSTICAS Y VANGUARDIAS PEDAGÓGICAS. ANÁLISIS
DE LA REVISTA QUID NOVI? (ROSARIO, 1932 – 1934)
María del Carmen Fernández
UNR‐ FHyA – Rosario
Gabriela D’Ascanio
UNR ‐ FHyA/CONICET – Rosario
Elisa Welti
UNR‐ FHyA – Rosario
Resumen
En este trabajo indagamos la singular articulación producida entre expresiones de
vanguardia artísticas y pedagógicas evidenciadas en la serie de revistas Quid Novi?
Estas revistas fueron publicadas entre 1932 y 1934 por asociaciones vinculadas a la
Escuela Normal Superior N° 2 de la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe,
Argentina). La publicación se anunciada como revista de “pedagogía, literatura, ciencia
y arte”, ofreciendo escritos de intelectuales y pedagogos reconocidos así como
reproducciones de dibujos y grabados de artistas de la ciudad. Quid Novi? presentaba,
además, una cuidada estética de corte modernista y una calidad de impresión en colores
que se destaca entre las producciones de la época.
Este estudio se enfoca en la revista en tanto objeto poseedor de una “materialidad y
visualidad propia” (Artundo, 2008: 10) en el que se evidencian las marcas reconocibles
de un proyecto intelectual potente, capaz de articular ideas e iniciativas provenientes del
movimiento pedagógico escolanovista con manifestaciones estéticas innovadoras del
campo artístico local.
Palabras clave: arte, pedagogía, vanguardia, revista, ilustraciones.
Abstract
In this work we propose to investigate the unique articulation produced between avantgarde artistic and pedagogical expressions evidenced in the series of Quid Novi
magazines, published between 1932 and 1934 by the Associations of Parents and Exstudents of the Escuela Normal Superior N °2 of the city of Rosario (Santa Fe,
Argentina). The publication, advertised as a journal of "pedagogy, literature, science
and art," offered writings by renowned intellectuals and pedagogues as well as
reproductions of drawings and engravings by artists of the city. Quid Novi? It also had a
careful aesthetic of modernist court and a quality of color printing that stands out among
the productions of the time.
Our study focuses on the magazine as an object possessor of “own materiality and
visuality" (Artundo, 2008: 10) in which the recognizable marks of a powerful
intellectual project are perceived capable of articulating ideas and initiatives coming
from the pedagogical movement Escolanovista with innovative aesthetic manifestations
of the local artistic field.
Keywords: art, pedagogy, avant-garde, Rosario, magazine, images.
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Modernización cultural y renovación pedagógica1
En las décadas del veinte y del treinta del siglo XX se produce en la Argentina un
proceso de modernización cultural cuyo mayor impacto se observa en las ciudades. Este
proceso se caracteriza, entre otras cosas, por el surgimiento y consolidación de las
vanguardias estéticas, el creciente desarrollo del mercado editorial, la consolidación de
las agencias de regulación y legitimación del arte y la cultura (Sarlo, 1988; Schwartz,
1993).
En la ciudad de Rosario –urbe del interior del país de gran desarrollo económico y
cultural- se crearon y afianzaron durante esos años buena parte de las instituciones
vinculadas al arte y la cultura2. Se desarrollaron, asimismo, experiencias educativas que
plasmaron ideas pedagógicas renovadoras vinculadas al movimiento escolanovista3.
Algunas de estas experiencias lograron articular de modo singular los campos de la
cultura, el arte y la pedagogía. Son ejemplos de esta conjunción, las propuestas
inspiradas en el ideario escolanovista impulsadas por Dolores Dabat en la Escuela
Normal N° 2 y por Olga Cossettini en la Escuela N° 69 “Dr. Gabriel Carrasco”, ambas
instituciones educativas de la ciudad de Rosario. En dichas experiencias se puede
observar que, junto a las innovaciones pedagógicas, ocuparon lugares centrales las
manifestaciones culturales y las expresiones estéticas de vanguardia4.
En el marco de una de estas experiencias, acontecida en la escuela normal dirigida por
Dabat, comenzó a publicarse la revista Quid Novi? que analizamos en este estudio.
La revista Quid Novi?
En 1932 las Asociaciones de Padres y de Ex–alumnas de la Escuela Normal N° 2
iniciaron la publicación de la revista Quid Novi? La dirección general le correspondió a
1

El trabajo es parte de las investigaciones “Campo pedagógico y modernización cultural en la ciudad de
Rosario (1920 – 1940)”, desarrollada entre 2013 y 2016, y “Arte, pedagogía y cultura en ciudad de
rosario (1930 - 1950)”, radicadas en la Secretaría de Ciencia y Tecnología, Facultad de Humanidades y
artes, Universidad Nacional de Rosario.
2
En estas décadas en la ciudad de Rosario se formalizaron los espacios públicos de difusión artística,
entre los que se destaca el Museo “Juan B. Castagnino”, que empieza a funcionar en 1937 bajo la
dirección del reconocido arquitecto Hilarión Hernández Larguía con el artista Julio Vanzo como
secretario. Poco antes, en 1918, había iniciado su labor la sede local de la galería de arte Witcomb, filial
de la galería porteña del mismo nombre, en 1913 se crea la Biblioteca Argentina, dirigida en sus primeros
años por Juan Álvarez. También comenzaron a circular numerosas publicaciones periodísticas, artísticas y
políticas entre las que destacamos, como ejemplos, la revista “Monos y Monadas” y la revista “El
Círculo” (Álvarez, 1998; Mikielevich, 1972; Fernández, 2010).
3
El movimiento escolanovista, si bien tenían su origen en Europa y Norteamérica, asumió en la
Argentina una fisonomía propia, insertándose en una trama histórica particular delineada por el modelo
pedagógico normalista y estableciendo, al mismo tiempo, posiciones disidentes y alternativas (Puiggrós,
1992; Carli, 1992). Los principios de la escuela activa comienzan a difundirse en el país a través de
revistas de educación (El Monitor de la Educación Común, La Obra, Nueva Era).
4
Las iniciativas pedagógicas innovadoras que se desarrollaron en la provincia de Santa Fe en la década
del 30 fueron impulsadas, entre otros factores, por la sanción de la Ley provincial de “Educación Común,
Normal y Especial” N° 2364 en 1934 que avaló y respaldó legalmente ‘una enseñanza conforme a
métodos activos’, contemplando actividades recreativas y estéticas, juegos, deportes, cantos, música y
declamación.
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Dolores Dabat, quien por esos años era, además, directora del establecimiento
educacional5. A cargo de la dirección artística se encontraba el pintor Julio Vanzo. Con
él colaboraron otros artistas plásticos locales como Ricardo Warecki y Lelia
Echezarreta.
El nombre elegido por los editores para la revista indica que dar cabida a la novedad -al
presente, a lo actual- era la clave de la publicación. La apertura de criterios y el
antidogmatismo se enunciaban como principios, la expansión de la cultura era el
propósito que se esperaba alcanzar. El primer número explicaba a los lectores las
razones de esta elección del siguiente modo:
Iniciamos nuestra labor con el saludo común entre los camaradas latinos. “¿Qué
hay de nuevo?” es la frase con que se abordaban los amigos de la antigua Roma.
Expresión de amistad, lo es también de inquietud, de curiosidad, de deseo de
aprender (…) No enunciamos programas; nuestra labor comprenderá todo aquello
que esté a nuestro alcance, significando un aporte hacia la difusión y afianzamiento
de la cultura general. Sin dogmas, sin preconceptos, con los ojos del espíritu
plenamente abiertos a esta realidad maravillosa que es el panorama de la actualidad
(Quid Novi?, 1932a).

Paradójicamente, la invocación de los editores de la revista a lo nuevo se efectúa en una
lengua clásica, apelando, de este modo, al resguardo de la tradición y la historia frente a
la novedad del presente y al futuro.
Según Dabat (1935) la edición de Quid Novi? implicó la acción concurrente del “pueblo
y la escuela” y estaba orientada a satisfacer las necesidades y las exigencias de la
comunidad rosarina que merecía una obra cultural capaz de incrementar la erudición de
sus habitantes. El examen atento de las páginas de Quid Novi? permite comprobar que
el comité editorial obró en favor de alcanzar este propósito. La revista reprodujo obras
gráficas de diverso tipo, poesías y otros textos literarios; también albergó escritos de
medicina, literatura, biología, antropología, paleontología, física, derecho e historia,
entre otros.
La serie de Quid Novi? analizada consta de seis números: el primero y el segundo,
publicados en abril y julio de 1932 respectivamente; el tercero y el cuarto, publicados de
forma conjunta en diciembre de 1932; el quinto, correspondiente a julio de 1933; y el
sexto, que data de abril de 1934. Si bien en diversas fuentes se afirma que la publicación
de la revista se mantuvo hasta 1936, año en el que por razones económicas dejó de
editarse, no hemos hallado en nuestra investigación rastros de ningún número publicado
con posterioridad al sexto, de abril de 1934 (Dabat, 1935).
Se trata de una revista de formato rectangular, de 30 cm. de altura por 22 cm. de ancho,
con una encuadernación cosida y una cuidada edición gráfica, las tapas son de cartulina
flexible, las páginas interiores son de textura satinada. Cada número tiene
aproximadamente entre sesenta y setenta páginas.

5

Dolores Dabat, maestra egresada de la Escuela Normal de Paraná, asume la dirección de esta escuela en
1924 y permanece en ella hasta 1940, año de su fallecimiento.
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La portada está impresa a dos tintas y posee con un grabado que, si bien asume
características de estilo similares, es diferente en cada número: un libro abierto, una
lechuza, una garza, una imagen de Ícaro, una hoja de muérdago. En la parte inferior de
la portada se especifican los datos de la publicación (fecha, número, año) y se anuncian
los tópicos de los que la publicación se ocupa: “Pedagogía – Literatura – Ciencia – Arte
– Notas varias”.

Portada de Quid Novi? correspondiente al número doble 3 y 4 (1932).

Cada número cuenta con un índice sumario que presenta el contenido. El cuerpo del
texto de estos índices se encuentra rodeado por un grabado de corte futurista que,
alternando planos oscuros con otros planos claros inclinados de modo oblicuo,
representa edificaciones de una ciudad. La misma diagramación del índice sumario se
replica en todos los números variando el color de la tinta de impresión.

Sumario del número 2, Quid Novi? (1932)

En todas las páginas interiores de la publicación se destaca el minucioso cuidado
estético. Grabados monocromos y a dos tintas, fotografías y dibujos se intercalan entre
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los textos. Casi todas las páginas de los números de la revista cuentan con alguna
imagen; aquellas que carecen de dibujos, grabados o fotografías poseen una guarda –en
general de carácter geométrico- en la parte inferior o superior de la página haciéndola
visualmente más atractiva. El texto se encuentra organizado en dos, tres o cuatro
columnas y el tamaño de la letra varía, aunque la tipografía, con excepción de los
títulos, es casi siempre la misma.
Por otra parte, numerosas publicidades comerciales ocupan las páginas de Quid Novi?,
dando cuenta de los vínculos de la institución con diversos sectores económicos de la
ciudad. Los ramos presentes en las propagandas son diversos: joyerías, cigarrillos,
vinos, librerías, etc. Se destaca la publicidad de la casa Witcomb –negocio de fotografías
y sala de arte, filial de la casa del mismo nombre de la ciudad de Buenos Aires- que era
por entonces un espacio artístico de importancia en la ciudad.

Una de las páginas de publicidades del primer número de la revista Quid Novi? (1932).
Se destaca la propaganda de la Casa Witcomb, filial de la casa del mismo nombre
de la ciudad de Buenos Aires, en la que usualmente se realizaban exposiciones artísticas

Acompañando a estos números de la revista, fueron publicados numerosos
“suplementos” durante la década del 30. Estos tenían un formato distinto, similar al de
un libro, con tapas duras, hojas en papel obra, sin imágenes ni colores, de un tamaño
aproximado de 15 cm. x 20 cm. En estas publicaciones complementarias circularon
escritos provenientes, en su gran mayoría, de conferencias dictadas en la institución por
intelectuales, pedagogos o artistas que la visitaron en esos años.
El proyecto estético de Quid Novi?
Hemos anticipado que la revista mostraba un cuidado y homogéneo diseño gráfico de
estilo modernista: las tapas de los diferentes números componen, tal como ya
mencionamos, una serie con idéntica diagramación en la que sólo cambian el color y los
motivos; la imagen que acompaña el sumario de todos los números tiene, como también
se dijo, una clara impronta futurista, seguramente diseñada por Julio Vanzo, responsable
de la dirección artística; además, en cada página de la revista, intercalada entre artículos,
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cuentos o poesías, aparece alguna ilustración, una fotografía o, al menos, una guarda
geométrica.
Esta articulación entre texto e imagen constituyó, sin dudas, una opción editorial y una
elección estética que requieren particular atención en nuestro estudio. El conjunto de
ilustraciones elaboradas especialmente para la revista por diferentes artistas de la ciudad
formaba parte de un programa artístico y cultural más extenso que, como veremos en el
siguiente apartado, implicó numerosas acciones tendientes a favorecer el desarrollo
cultural de la ciudad.
En ese contexto, la revista funcionó como una “galería” impresa de obras de artistas
locales, sentando una posición definida en el campo del arte, contribuyendo a la
difusión y legitimación de nuevos paradigmas artísticos. Las ilustraciones proponían un
nuevo registro de gusto artístico, desplazando otros más tradicionales y conservadores,
desarrollando un itinerario para la educación de la mirada del público lector.
Obviamente, la dirección artística de la revista a cargo de Julio Vanzo fue clave para
definir el programa estético-editorial de Quid Novi? Al respecto, cabe señalar que
Vanzo no era solamente un ilustrador gráfico, era un reconocido artista plástico de la
ciudad. Sus primeras producciones en la década del veinte se caracterizaron por su
impronta modernista, acrecentada en contacto con las vanguardias locales en los treinta.
Según afirma Córdova Iturburu (1978: 110), “Julio Vanzo es el introductor en la
plástica rosarina, en la década de los años veinte, de la problemática y de las soluciones
de los movimientos renovadores del primer cuarto de siglo”. Por otra parte, el mismo
Vanzo ilustró otras publicaciones de circulación local, entre las que se destaca la
segunda etapa de “Monos y Monadas”, editada entre 1934 y 1936 (Mouguelar, 2013).
En Quid Novi? las ilustraciones realizadas por Vanzo presentan formas estilizadas y
geometrizadas, con fuertes contrastes de color y de valor, abundantes planos
segmentados y yuxtapuestos con escasos efectos de volumen. Son imágenes que asumen
una función estética, introduciendo sentidos que no se encuentran presentes en el texto
escrito; imágenes que no tienen por finalidad acompañar mansamente la escritura, sino
que pretenden avanzar más allá de ella.

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Página interior de Quid Novi?: Ilustración de la obra de teatro “La Delfina de Ramírez”
de la autora entrerriana Argentina Martínez Soler, realizada por Julio Vanzo para el número doble (3 y 4)
de la revista Quid Novi? (1932). Figuras geometrizadas en magenta y negro, logradas con planos
homogéneos de color.
Ilustración de la poesía “Los siete reyes del mundo” de Ricardo Rojas, realizada por Julio Vanzo
para el número 5 de la revista Quid Novi? (1933).
En esta obra de Vanzo se aprecian la estilización de las formas y el movimiento de las líneas que
componen las figuras. Los tintes predominantes son el azul y el negro, con matices de grises.

Asimismo, podemos decir que los artistas que ilustraban la revista tenían un estrecho
contacto con la institución escolar y con las ideas pedagógicas que circulaban por
entonces en ella, auspiciadas y difundidas desde la revista. El propio Vanzo, además de
dirigir artísticamente la revista, diseñó el emblema de la escuela: un círculo que posee
en la base un libro abierto y detrás de este, elevándose hacia arriba, un árbol.
Otro de los artistas locales que se desempeñó como ilustrador en Quid Novi? fue
Ricardo Warecki, quien en la imagen que realiza para el artículo “La escuela activa y
los practicantes de la escuela normal” demuestra su conocimiento de las debates
pedagógicos de la época: una escena de enseñanza debajo de la cual aparecen
desmoronándose un ábaco y un reloj de arena, aludiendo a las transformaciones que se
están produciendo en la educación (Quid Novi?, 1932a). Otras ilustraciones de Warecki
-grabador, periodista y crítico de arte- en la revista son más complejas, con mayor
número de elementos visuales, con un predominio de la línea curva.

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Página interior de Quid Novi?: artículo “La escuela activa y los practicantes de la Escuela Normal” de A.
F. Astiz de Koegel, con ilustración realizada por Ricardo Warecki (Quid Novi?, núm. 1, 1932).
La imagen de Warecki sintetiza el debate pedagógico vigente entre los enfoques conservadores y las
nuevas pedagogías: el haz de luz que emana de la figura femenina ilumina al joven, generando la caída de
objetos asociados a la enseñanza tradicional.

Las ilustraciones de Lelia Echezarreta son de corte naturalista y figurativo: plantas con
hojas y flores en las que se observan nítidamente todos los detalles, insectos, animales
de diversa índole, etc. Estas imágenes acompañan, en general, los escritos científicos,
complementándolos con minuciosas representaciones. Se trata de ilustraciones de valor
documental y pedagógico, que se encuentran subordinadas al texto, lo amplían,
extienden su alcance descriptivo.
Lelia Echezarreta fue una de las pocas mujeres artistas que alcanzó alguna visibilidad en
la ciudad de Rosario en este período. Llegó a escuela en la década del veinte para dictar
un curso de dibujo, fue docente del Instituto Social de la UNL que funcionó allí y, más
tarde, del Profesorado de Dibujo creado en la institución en 19356. Echezarreta se
especializaba, como puede observarse en numerosas ilustraciones, en “dibujo botánico”;
dibujo acerca del que señala lúcidamente Dabat fue “algo más, fue un documento”:
[…] las imágenes confiadas al recuerdo y la estructura de los vegetales a ojo
desnudo o a través de lupas o del microscopio se fueron aclarando y “rectificando”
y se trasladaron al papel en rasgos o en colores como expresión de una verdad
científica a la que –por añadidura– acompañaba una belleza de ejecución
inesperada (Dabat, 1935: 321).

6
La figura de Echezarreta se asocia a la del Arq. Ángel Guido, hermano de Alfredo Guido, puesto que
este estuvo al frente del profesorado de Dibujo, creado en la Escuela Normal 2 de la ciudad de Rosario en
1935, desde sus inicios, impulsando su traslado al nivel universitario a fines de la década del 40. Allí
Echezarreta se desempeñó como docente. Vale decir que, además, Echezarreta participó de exposiciones
realizadas en la ciudad de Rosario por el Grupo Nexus en 1926 y 1927 y de salones organizados por la
agrupación Refugio durante la década del 30 (Armando, 2011).
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Echezarreta fue también ilustradora de publicaciones especializadas del naturalista
francés Jean Henry Fabre, una de ellas exhibida en 1927 en el IV Salón del Museo Rosa
Galisteo de Rodríguez de la ciudad de Santa Fe.

Ilustración del artículo “El aguaribay” de Dolores Dabat, efectuada por Lelia Echezarreta para el número
1 de la revista Quid Novi? (1932). De carácter naturalista, en colores variados. La imagen es acompañada
por números ubicados junto a las diferentes partes de la planta para facilitar la localización de las
referencias que se encuentran debajo.

Además de ilustraciones realizadas por artistas y dibujantes, la revista ofrece numerosas
fotografías. Algunas de ellas son retratos de los autores de los textos que se publican, o
de personas a las que se hace referencia. Otras son instantáneas de la vida escolar –del
Normal N° 2 o de otras experiencias educativas- que informan sobre modos no
tradicionales de organización del espacio y de las actividades educacionales.
En general, estas fotografías enriquecen gráficamente los textos escritos, tornando más
convincente su contenido, aunque en ciertos casos ponen en evidencia contradicciones,
produciendo bifurcaciones de sentido (Szir, 2009). A propósito de esto último, llama la
atención en particular una fotografía publicada en el primer número, en la que se
muestra un grupo de niñas pequeñas con guardapolvo blanco formando hileras en el
patio escolar, cuyo pie de foto dice: “no aprenderán todas lo mismo ni de la misma
manera” (Quid Novi?, 1932a). Paradójicamente, la escena escolar representada resulta
esquemática y tradicional: un grupo homogéneo, en idéntica postura y vestimenta
similar. En este caso, el discurso visual contradice o, al menos, interroga aquello que el
pie de foto intenta sostener como principio proveniente de la Nueva Escuela.

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Los tópicos en Quid Novi?: un proyecto intelectual y pedagógico
La variedad de los temas presentes en la revista revela la estrecha articulación entre los
campos cultural, científico, estético y pedagógico que hemos anticipado, así como la
heterogeneidad de autores y producciones que ella comprendía.
Uno de los asuntos recurrentes en los artículos publicados en Quid Novi? es el
conformado por las nuevas pedagogías escolanovistas, a las que adscribía
explícitamente el proyecto escolar liderado por Dabat. El primer número de Quid Novi?
presenta un artículo titulado “La escuela activa y los practicantes de la Escuela
Normal”, verdadero alegato en favor de la incorporación de experiencias originadas en
las ideas de la escuela activa en las prácticas de la formación del magisterio: “A nuestro
criterio la Escuela Normal no puede permanecer estática viendo pasar a su lado esas
fuerzas incontenibles ya del espíritu nuevo en la educación” (Quid Novi?, 1932a). En el
segundo número se publica una experiencia innovadora local “Ensayos en la Escuela N°
56 Almafuerte” y un homenaje a Clotilde Guillén de Rezzano –impulsora del
escolanovismo en el país- con motivo de su jubilación. Los números tercero y cuarto se
inician con el texto “Nuestro tributo al maestro Decroly”, en alusión al pedagogo belga
perteneciente al movimiento europeo de la Educación Nueva. El quinto número presenta
un trabajo denominado “La escuela del hacer”, ilustrado con fotografías de niños
realizando actividades escolares al aire libre, remitidas por Ángel Guido especialmente
para la revista. El último número de nuestra serie incluye el artículo “El ensayo de
Escuela Serena de la Escuela Normal de Rafaela”, firmado por la pedagoga Celia Ortiz
de Montoya y referido a la primera experiencia escolanovista desarrollada por Olga
Cossettini, junto a Amanda Arias, en la provincia de Santa Fe.
La revista incluye además escritos pedagógicos de figuras locales relevantes, aunque
ajenas a las ideas de la Escuela Nueva, tales como Antonio Sagarna, quien estuvo a
cargo de la cartera educativa en el ámbito nacional, y el pedagogo normalista Víctor
Mercante, entre otros.
En algunos artículos se hacen visibles las claves de la modernización de la sociedad y la
cultura que se consolidan por esos años: a modo de ejemplo, mencionamos un escrito de
Julio Alizón, “Importancia de la cinematografía educativa”, aparecido en el primer
número de 1932. En ese texto el autor aboga firmemente por la inclusión de las
proyecciones fílmicas en la enseñanza y por la formación de los maestros en actividades
de este tipo que, según expresa, acercarían la realidad a la escuela, tal como postula el
escolanovismo: “La técnica (...) hizo del cinematógrafo la maravilla que admiramos (...)
ensanchando al infinito nuestras posibilidades de saber” (Quid Novi?, 1932a). En
sintonía con esta afirmación, un collage futurista de fotografías en blanco y negro
completa la página de la revista.
Otro tópico que se reitera en los artículos de Quid Novi? es el de la enseñanza de las
artes en general y del dibujo en particular, evidenciando la importancia otorgada por la
revista a la educación estética. En el primer número, la propia Dolores Dabat aparece
como autora del escrito “La enseñanza del dibujo en las escuelas primarias de Chile” en
el que analiza las obras infantiles pertenecientes a una exposición de trabajos de niños
de ese país que pasó por la Escuela Normal. Guido Buffo, original arquitecto, docente y
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artista, es autor de dos artículos publicados en números posteriores: “El dibujo en
relación con los temperamentos” (Quid Novi?, 1932c) y “El valor de la enseñanza del
dibujo” (Quid Novi?, 1933). El número seis incluye “El arte deshumanizado”, de Hugo
Calzetti, en el que se analiza el progresivo alejamiento entre lo humano y las artes
plásticas, asociado a la deshumanización de la vida moderna en general.
Una buena parte de los artículos se inscribe en el terreno de las ciencias, dando cuenta
de otro tema de interés central para los editores de la revista: “El problema de la
población” (Quid Novi?, 1932a); “Los estrigiformes” (Quid Novi?, 1932b); “La raza
sudamericana de Lagoa Santa y las migraciones malayo-polinesias”, “Material
arqueológico del Departamento San Cristóbal”, “Telescopios refractarios y reflectores
astrográficos” (Quid Novi?, 1932c); “El poder de las alas”, “Las dos fundaciones de
Buenos Aires”, “Las arenas del antiguo río Paraná y la perforación de Villa Ballester”
(Quid Novi?, 1933); “Material arqueológico del Neuquén” (Quid Novi?, 1934). Son
textos descriptivos, destinados a la divulgación de contenidos científicos, algunos tienen
como autora a la propia Dolores Dabat, otros han sido escritos por especialistas locales,
como Alfredo Castellanos o Antonio Serranos.
Los artículos científicos o pedagógicos se alternan entre las páginas de la revista con
poesías o cuentos de diversos escritores: Ricardo Rojas, Álvaro Yunque, Juan Álvarez,
César Tiempo, José Pedroni, son algunos de ellos.
Un proyecto cultural para la ciudad
Ahora bien, ¿por qué organismos asociados a una escuela normal de maestras editan una
revista de tales características? La escuela en cuestión se distinguía por algunos rasgos
singulares que permiten comprender la trama institucional, social y cultural que da
origen a esta publicación.
La Escuela Normal N° 2, fundada en 1910, fue la segunda de su tipo en la ciudad y
estaba destinada a la preparación de maestras para la educación primaria. Ocupó desde
su creación un edificio situado en el centro geográfico y comercial de Rosario. En pocos
años, la tarea educativa y cultural desarrollada desde la escuela comenzó a destacarse en
el panorama de la ciudad. ¿Cómo logró la institución esta relevancia? Según las
investigaciones histórico-educativas, la escuela fue reconocida fundamentalmente por
las experiencias escolanovistas que en ella –y a partir de ella– se realizaron;
experiencias que, sin dudas, lograron instalarla en un lugar relevante en el escenario
pedagógico de la época. De la misma manera, son reconocidas como figuras claves
dentro del movimiento de la Escuela Nueva vernácula sus primeros directores: Martín
Herrera y Dolores Dabat (Carli, 2002). Por otra parte, la visibilidad de la institución en
la ciudad y, específicamente, en el campo de la cultura local se vinculó también con la
fundación de la Universidad Popular de Rosario en 1918, cuya primera y principal sede
física se radicó en la escuela (más tarde la Universidad Popular se incorpora al Instituto
Social de la Universidad Nacional del Litoral). Esta proximidad dio origen a una
colaboración que se extendió en el tiempo, articulando a la escuela con el desarrollo de
la ciudad y su cultura.
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�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
En la década del 30 se destaca la profusa cantidad de eventos desarrollados en la escuela
–la mayor parte organizados desde la Asociación de Ex–alumnas– que convocaron a
artistas, intelectuales y pedagogos reconocidos, tales como, Aníbal Ponce, el crítico de
arte Jorge Romero Brest, el especialista en historia del arte José León Pagano, las
poetisas Alfonsina Storni y Gabriela Mistral, los escritores Eduardo Mallea, Ramón
Gómez de la Serna, Rafael Alberti y Enrique González Tuñón, la actriz Lola
Membrives, los pedagogos Adolfo Ferriere, Ernesto Nelson, Lorenzo Luzuriaga, Juan
Mantovani y Olga Cossettini (Dabat, 1935).
Estas visitas dan cuenta de las redes que se tejían en torno a esta escuela normal entre
educadores, intelectuales y artistas, conformando un marco propicio para el desarrollo
de una publicación con las cualidades de la revista que analizamos. Es también evidente
que los responsables de la institución en esos años tenían clara conciencia del lugar
central que la escuela ocupaba en el conjunto cultural de la ciudad:
Traducir en números los actos culturales sería caer en la transcripción de cifras y
más cifras. Tómese el programa de trabajo de la ‘Asociación cultural’ o del
‘Instituto Social’, por ejemplo, y el nombre de nuestra casa aparecerá como sede de
la labor que realizan. Hojéese “La Capital” y se verá, a diario, el anuncio del acto
que se desarrollará por la tarde en nuestra casa (Dabat, 1935: 139).

En esta misma institución, y probablemente como consecuencia del intenso movimiento
cultural y artístico, en 1935 se crearon los Profesorados de Dibujo y Música, que a
mediados del siglo XX pasarían a integrar el conjunto de carreras universitarias de la
ciudad de Rosario.

Vanguardias artísticas y vanguardias pedagógicas
El lenguaje visual y el contenido de la revista la ubican fuera del estereotipo de la
publicación “típicamente escolar”: no es una revista infantil ni está destinada a un
público estrictamente vinculado a la educación, no aparecen tampoco los alumnos-niños
como protagonistas en la revista, esto es, no hay dibujos ni escritos de niños; por el
contrario, las ilustraciones son realizadas por artistas, los textos son escritos por
especialistas. Los destinatarios -el público lector de Quid Novi?- excedían el ámbito de
la escuela. La revista, sin dudas, aspiraba a impactar en el escenario cultural de la
ciudad de Rosario y, tal vez, del país.
En este sentido, resulta pertinente transcribir algunos de los comentarios y críticas,
provenientes de destacados medios gráficos, obtenidos por el primer número de la
revista y publicados en el segundo, que dan cuenta del efecto producido por la revista en
la ciudad y en el país. El diario La Capital, de la ciudad de Rosario, afirmaba:
Una presentación esmeradísima, que habla muy alto de las dotes artísticas de la
dirección, ilustraciones y decoraciones de un refinado buen gusto, material inédito
seleccionado con excelente criterio y distribuido en forma harto inteligente, hacen
de este número que comentamos toda una revelación para la ciudad (Diario La
Capital, Rosario, 21 de junio de 1932, en Quid Novi?, 1932b).
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�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
El diario La Prensa expresaba:
El primer número llama la atención por su orientación educadora, por el caudal de
buena lectura y por su artística y lujosa presentación, en la cual han colaborado artistas
rosarinos de prestigio tales como Lelia Echezarreta, Miller, Warecki y Julio Vanzo
(Diario La prensa, 27 de junio de 1932, en Quid Novi?, 1932b).

La revista Nosotros manifestaba al respecto lo siguiente:
No es un periódico “escolar” de tantos, sino una revista muy amplia de pedagogía,
literatura y actualidades, elegantemente presentada, ilustrada con arte e impresa
nítidamente en papel satinado, quizás demasiado bueno para los días que corren
(Revista Nosotros, Junio 1932, en Quid Novi?, 1932b).

De este modo, Quid Novi? constituye una publicación acorde al conjunto de la prensa
escrita de la época, reflejando las intensas transformaciones de la sociedad y de la
cultura de la ciudad y del país. Las opciones estéticas y conceptuales que la revista
evidencia son muy definidas, precisas, sin ambigüedades: se inscribe en el terreno del
modernismo estético y de las innovaciones pedagógicas. La elaborada producción
gráfica pretende –y logra- establecer vínculos explícitos entre las producciones del
campo artístico y las tensiones de la cultura escolar. La revista desarrolla un discurso
visual consecuente con las últimas expresiones del arte local, al tiempo que se inscribe
en el debate del campo pedagógico de la época tomando partido por la escuela activa.
Finalmente, es posible afirmar que la revista Quid Novi? conjugó intereses pedagógicos,
científicos y artísticos y convocó a referentes de estos campos a participar de sus
páginas, configurando un territorio singular de intersecciones entre la educación, el arte
y la cultura y desplegando en sus páginas un proyecto intelectual, pedagógico y artístico
de vanguardia.

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FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
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�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Ficciones metropolitanas. Revistas y Redes Internacionales en la modernidad artística latinoamericana</text>
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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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              <name>Creator</name>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>VANGUARDIAS ARTÍSTICAS Y VANGUARDIAS PEDAGÓGICAS. ANÁLISIS DE LA REVISTA QUID NOVI? (ROSARIO, 1932 – 1934)</text>
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                <text>El objeto revista. Escuelas y espacios de formación</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Arte – pedagogía – vanguardia – revista - ilustraciones</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Art – pedagogy - avant-garde – Rosario – magazine – images</text>
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              <elementText elementTextId="610">
                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este trabajo indagamos la singular articulación producida entre expresiones de vanguardia artísticas y pedagógicas evidenciadas en la serie de revistas Quid Novi? Estas revistas fueron publicadas entre 1932 y 1934 por asociaciones vinculadas a la Escuela Normal Superior N° 2 de la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina). La publicación se anunciada como revista de “pedagogía, literatura, ciencia y arte”, ofreciendo escritos de intelectuales y pedagogos reconocidos así como reproducciones de dibujos y grabados de artistas de la ciudad. Quid Novi? presentaba, además, una cuidada estética de corte modernista y una calidad de impresión en colores que se destaca entre las producciones de la época.&amp;nbsp; Este estudio se enfoca en la revista en tanto objeto poseedor de una “materialidad y visualidad propia” (Artundo, 2008: 10) en el que se evidencian las marcas reconocibles de un proyecto intelectual potente, capaz de articular ideas e iniciativas provenientes del movimiento pedagógico escolanovista con manifestaciones estéticas innovadoras del campo artístico local.</text>
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              <elementText elementTextId="611">
                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In this work we propose to investigate the unique articulation produced between avantgarde artistic and pedagogical expressions evidenced in the series of Quid Novi magazines, published between 1932 and 1934 by the Associations of Parents and Exstudents of the Escuela Normal Superior N °2 of the city of Rosario (Santa Fe, Argentina). The publication, advertised as a journal of "pedagogy, literature, science and art," offered writings by renowned intellectuals and pedagogues as well as reproductions of drawings and engravings by artists of the city. Quid Novi? It also had a careful aesthetic of modernist court and a quality of color printing that stands out among the productions of the time.&amp;nbsp; Our study focuses on the magazine as an object possessor of “own materiality and visuality" (Artundo, 2008: 10) in which the recognizable marks of a powerful intellectual project are perceived capable of articulating ideas and initiatives coming from the pedagogical movement Escolanovista with innovative aesthetic manifestations of the local artistic field.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;María del Carmen Fernández&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNR‐ FHyA – Rosario</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="613">
                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Gabriela D’Ascanio&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNR ‐ FHyA/CONICET – Rosario</text>
              </elementText>
              <elementText elementTextId="614">
                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Elisa Welti&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNR‐ FHyA – Rosario</text>
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                <text>8 de mayo 2017</text>
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Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
a: aproximaciones a una publicación de arte
Mercedes Figallo
Centro de Estudios Espigas
Sofía Frigerio
Centro de Estudios Espigas

El siguiente trabajo presentado en el marco de las Jornadas Internacionales: Ficciones
metropolitanas. Revista y redes internacionales en la modernidad artística
latinoamericana, propone analizar la publicación a desde el contexto general en el cual
se produce y plantear algunas posibles lecturas que parten de la relación de un grupo de
artistas con un recorrido en particular y los puntos de contacto con otros espacios y
publicaciones de la época, así como también desde la materialidad de la propia
publicación y los desafíos técnicos que implicó su edición. Así, se irán entrelazando el
grupo de Artistas Modernos de la Argentina, la revista y la editorial nueva visión, ideas
relacionadas al buen diseño y la circulación de obrasen los años 50. El trabajo
presentado aquí es sólo una primera aproximación a una publicación que editó tres
números, pero intenta abrir el camino hacia nuevas investigaciones acerca de los modos
de producción y de circulación de “múltiples originales”.
Palabras clave:
Publicaciones de Arte / Arte Concreto / Abstracción Libre / Argentina

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Este trabajo es una primera aproximación a la publicación a, editada por nueva visión
entre 1956 y 1958, y que en su tercer y último número aparecido se presenta también
como a: publicación de arte. Nos interesa plantear algunas posibles lecturas en base a la
relación de los artistas que participan de sus números y los diferentes proyectos y
espacios que compartieron durante la década del 50 y por otra parte, a partir de la
materialidad del objeto en sí mismo; proponemos de esta manera empezar a pensar
sobre un corpus que, hasta el momento y hasta donde sabemos, no ha sido trabajado.
A partir de búsquedas realizadas en diferentes archivos y bibliotecas, hemos hallado
muy pocos lugares que cuentan con los tres números de la publicación en sus
colecciones1 y algunos ejemplares sueltos en diferentes archivos y sitios de subastas o
ventas online. En cuanto a referencias bibliográficas, la publicación aparece relevada en
Las revistas literarias argentinas (1893-1960) (Lafleur, Provezano y Alonso, 1960, p.
261), pero sólo los dos primeros números, y creemos que es por esto que en varios
lugares no se menciona el tercer número de la publicación.
La información a la que hemos podido acceder, fuera de los números publicados, es
escasa, casi nula. Sabemos que su editorial era nueva visión, y con esto cabe suponer
que detrás de su edición se encuentra al menos su director, Jorge Grisetti. Y sabemos
que Carlos Ruiz fue su fundador a partir del último número de a dedicado a su
memoria.En la publicación no aparecen datos referidos a la dirección, diseño o editor,
sólo los nombres de los artistas y poetas que participaron en los diferentes números:
Sarah Grilo, Alfredo Hlito, José Antonio Fernández Muro, Tom Gonda, Eduardo
Jonquières, Clorindo Testa, Edgar Bayley y Raúl Gustavo Aguirre. Los textos están
firmados por sus autores: Alfredo Hlito, Edgar Bayley, José Antonio Fernández Muro,
Germaine Derbecq, Jorge Romero Brest y Damian Carlos Bayón.
De esta manera, nos enfrentamos a una publicación que en sus páginas nos presenta
poemas y obras de artistas vinculados al arte concreto y a la abstracción que, en algunos
casos, ya habían participado de otros grupos y revistas, y en su mayoría, también
estuvieron presentes en diferentes números de nueva visión.

1 Nos referimos a la Biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, donde hemos
podido acceder a uno de los ejemplares firmados de la publicación. Esto nos sirvió para descartar algunas
dudas respecto a las posibles diferencias entre los ejemplares firmados y los ejemplares sencillos. Ambos
tipos de ejemplares presentan las mismas características. El otro archivo donde se encuentran los tres
ejemplares es en el Archivo Lafuente, en España.
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1. Tapas: a, n. 1, [Buenos Aires], agosto 1956; a, n. 2, [Buenos Aires], marzo 1957 y a, n. 3, [Buenos
Aires], marzo. 1958.

a no es una revista dentro de los parámetros tradicionales, sino una publicación editada
en serie vinculada con la circulación de obras y objetos artísticos dirigidos a un público
específico, ligada a esta idea de acercar el arte a un público más amplio aunque de todas
maneras ese público termine siendo limitado, sea por el valor de los ejemplares o por
una tirada que estimamos limitada por las características de su producción.
El enfoque que proponemos en relación a los artistas y poetas que participaron de la
publicación, parte de los diferentes proyectos y espacios que compartieron durante la
década del 50 tomados de trabajos detallados como los de María Amalia García (2002,
2006) y Cristina Rossi (2010), de las ideas planteadas en torno al “buen diseño”,
presentes en textos como los de Alejandro Crispiani (1996) y María José Herrera
(2014), sumados al concepto de “múltiples originales” y la circulación de obras
propuesto por Silvia Dolinko (2012).

Artistas, recorridos y publicación.
En 1952 y por iniciativa de Aldo Pellegrini, los artistas concretos Girola, Hlito, Iommi,
Maldonado y Prati, y artistas orientados hacia la abstracción libre como Hans Aebi, José
Antonio Fernández Muro, Sarah Grilo y Miguel Ocampo, confluyeron en el grupo
denominado Artistas Modernos de la Argentina2 (Rossi, 2010, p. 380). Como menciona
Cristina Rossi, nueva visión "concedió una amplia difusión y documentación a las
exposiciones de GAMA" (Rossi, 2010, p. 384), y entre otras cosas, también difundió
2 Para una lectura sobre estos artistas y sobre lo años centrales de la abstracción en la Argentina, Véase:
García, María Amalia (2011), El arte abstracto: intercambios culturales entre Argentina y Brasil, Buenos
Aires, Siglo XXI y Rossi, Cristina (2010), Las utopías constructivas en la posguerra rioplatense, Tesis de
doctorado, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires
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desde sus primeros números y desde sus fundamentos las teorías vinculadas al "buen
diseño", introducidas en la Argentina según María José Herrera (2014, p. 117) y
Alejandro Crispiani (1996) a través de las publicaciones Nuestra Arquitectura y [...]
nueva visión. En nueva visión "los artistas concretos se reunieron con arquitectos y
diseñadores para que el arte, la arquitectura, el diseño industrial y la tipografía moderna
hicieran su aporte cognoscitivo a las experiencias de la vida contemporánea" (Herrera,
2014, p. 117). Entre 1954 y 1955 Alfredo Hlito, José Antonio Fernández Muro, Sarah
Grilo y Miguel Ocampo, participaron del proyecto Buen diseño para la industria, que
surgió por iniciativa de Jacobo Soifer3, quien fue el nexo entre directivos de empresas
nacionales y estos artistas. No hay notas referidas a este proyecto desde las páginas de
nueva visión pero si aparecen avisos publicitarios y, de la misma manera que sucedía
con el grupo de Artistas Modernos de la Argentina, en el proyecto Buen diseño para la
industria y en los números de la publicación a, confluyen nuevamente artistas abstractos
provenientes del arte concreto y de la abstracción libre. La última exposición del grupo
de Artistas Modernos de la Argentina fue en 1955 en la Galería Viau y la experiencia del
proyecto Buen diseño para la industria, dedicado a "producir diseños para estampar
telas para tapicería, sábanas, vestidos, camisas y pañuelos de vestir" (Herrera, 2014, p.
118), también parece haber finalizado ese mismo año.

2. Buen diseño para la industria, Aviso publicitario, nueva visión, n. 5, Buenos Aires, p. 47.

El Grupo de Artistas Modernos de la Argentina, el proyecto Buen diseño para la
industria y la publicación a, se convierten en espacios y propuestas que reúnen a
algunos artistas una y otra vez. Si bien no es un grupo homogéneo que se repite en todas
las oportunidades, hay nombres que se mantienen: Hlito, Fernández Muro, Grilo, Testa
(desde su participación en las exposiciones de 1953 en Río de Janeiro y Amsterdam), y
sumados a ellos, Gonda, Jonquières, Raúl Gustavo Aguirre y Edgardo Bayley. Este
3 Sobre Buen diseño para la industria, Véase: Herrera, María José (2014), Cien años de arte argentino,
Buenos Aires, Biblos - Fundación OSDE, pp. 116-118.
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último, ya no desde la participación en los espacios mencionados, pero sí como
miembro activo de nueva visión que apoyaba ese tipo de propuestas.
Como señala María Amalia García, la revista "continuó adhiriendo a los postulados
fundantes del arte concreto: el repudio a todo rastro ilusionista en la composición
plástica y el deseo de intervención estética sobre la realidad cotidiana del hombre
moderno" (García, 2002, p. 172). Y por qué no pensar que la misma editorial que
desde 1955 comenzó a editar también libros que replicaron algunos de los ejes
marcados por la revista4, no tenía una intención de que esta intervención sobre la
cotidianidad del hombre moderno no pudiera realizarse también a través de una
publicación que lo acercara a una de las corrientes artísticas más alentada desde las
páginas de nueva visión. Al respecto cabe señalar que los números que edita nueva
visión de esta publicación distan mucho de las características de los libros y de la revista
homónima. García señala en relación a los libros que “las ediciones se caracterizaron
por su formato despojado y ascético, sólo se reprodujeron imágenes en blanco y negro y
por lo tanto resultaban libros accesibles. El énfasis estaba puesto en la circulación de
nuevos textos hasta el momento no accesibles en castellano” (García, 2006, p. 179).
Esta misma descripción puede aplicarse en el caso de la revista. En cambio a se presenta
como una experiencia concreta de acceder a la producción de un objeto artístico
compuesto por serigrafías e impresiones fotomecánicas de obras de diferentes artistas.
En definitiva, es una publicación de arte dedicada a un público especializado, interesado
en el arte abstracto y concreto y en la adquisición de obras “múltiples originales” con la
posibilidad de obtener un ejemplar con mayor valor en el caso de los firmados y
numerados. En relación a esto y sobre la circulación de estampas, cabe destacar las
observaciones que hace Silvia Dolinko sobre la producción y comercialización de prints
por esos años (Dolinko, 2012, pp. 54-55):
La pugna por un mercado de arte en continuo ascenso planteaba la necesidad -tanto
a los artistas como a los dealers- de estrategias para un buen posicionamiento en el
nuevo circuito de circulación. Para una parte de los artistas, este tipo de producción
implicaba la llegada de su obra a mayor cantidad de potenciales compradores; por
otra parte, la estampa podía convertirse en un vehículo para los marchands en tanto
posibilitaba la circulación de «múltiples originales» de sus artistas, difundiendo su
imagen, su nombre, haciendo conocer su obra.

Por su parte Rossi también señala que en la Galería Krayd, en la que también tuvieron
espacio estos artistas, “habían comenzado a estampar carpetas litográficas, como la
realizada con 50 ejemplares firmados y 500 no firmados de Hlito, Fernández Muro,
Grilo, Torres Agüero, Ideal Sánchez, Lanús y Badii” (Rossi, 2010, p. 406). Con respecto
a las estrategias de circulación podemos mencionar concretamente el caso de
Composición de Sarah Grilo, aparecida en el primer número (p. 4-5). La serigrafía
parece haber sido realizada a partir de la obra de la misma artista titulada: Composición
nº 23 en rojos, (1955), que aparece reproducida en blanco y negro en el n. 8 de la revista
4 Entre los títulos lanzados por la editorial se encuentran: Max Bill de Tomás Maldonado, Introducción
a la música de nuestro tiempo de Juan Carlos Paz, Problemática del arte contemporáneo de W.
Worringer, Forma y poesía moderna de Herbert Read, Arquitectura y comunidad de Siegfried
Guideon, Frank Lloyd Wright de Enrico Tedeschi y Walter Gropius y la Bauhaus de Giulio Carlo
Argan.
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nueva visión5.

3 y 4. Composición n. 23 en rojos (1955) y Composición (1956), Sarah Grilo.

La materialidad de la publicación
a se presenta como una publicación trimestral. Sin embargo su aparición nunca tuvo esa
periodicidad. Asimismo, aparece la opción de suscripción a cuatro números, lo que hace
suponer que tenía una edición planificada que se completaría en el término de un año.
La publicación aparece en agosto de 1956. Entre el primer número y el segundo pasan
siete meses. Entre el segundo y el tercero, un año. Una propuesta pensada en el término
de un año que termina extendiéndose a un año y medio. No es la única publicación que
en la extensa tradición de publicaciones periódicas tiene saltos en su aparición o
interrupciones. Pero no deja de llamarnos la atención que, al igual que en la revista
nueva visión, este dato permanece inalterable en todos sus pie de imprenta.
a promovía la circulación de un tipo de obras específicas, alineada dentro del programa
estético propuesto por la editorial y por la revista nueva visión, enmarcada en un
discurso particular, del que participan artistas, poetas y diseñadores vinculados a la
abstracción de los años 40 y 50, pero lo hace destacando su edición a partir de la
incorporación de impresiones en color y de calidad.
El primer número de la publicación, aparecido en agosto de 1956, está compuesto por
dos pliegos de diferente papel. Un gran pliego de papel especial para grabado plegado 2
veces, dando como resultado cuatro páginas visibles (tapa, p. 4, p. 5 y contratapa), y
cuatro páginas internas (p. 2, 3, 6 y 7). Las cuatro páginas visibles tienen estampadas
tres serigrafías, a tres y cuatro colores, las de la tapa y la contratapa realizadas por José
Antonio Fernández Muro, y la tercera por Sarah Grilo, ocupa dos páginas, las cuatro
páginas internas tienen serigráficas que consisten en dos imágenes de Alfredo Hlito y
dos poemas de Edgar Bayley y Raúl Gustavo Aguirre. El segundo pliego, tiene la mitad
del tamaño del anterior y está plegado sólo una vez e impreso en cada una de sus
5 En el n. 8 de nueva visión, se publica la nota “Exposición Sarah Grilo. Bs. As., Galería Krayd, 1955”,
acompañada de tres obras reproducidas en blanco y negro. Mirando con detenimiento la imagen, tiene una
leve diferencia en uno de sus planos, pero el resto de la composición es exacta. Véase: “Exposición Sarah
Grilo. Bs. As., Galería Krayd, 1955”, nueva visión, Buenos Aires, n. 8, 1955, p. 33.
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páginas, sin numerar. Contiene textos de Alfredo Hlito: "Arte, arquitectura y poesía";
Edgar Bayley: "La memoria y la aventura"; José Antonio Fernández Muro: "Subjektive
fotografie" y "Sobre una exposición"; además de una breve nota sin firmar "Willi
Baumeister" sobre su reciente fallecimiento. Todos los textos están acompañados por
imágenes a los costados o intercaladas en el texto.
El segundo número de a, aparecido en marzo de 1957, tiene un diseño de edición igual
al anterior compuesto por dos pliegos de diferente papel. Uno que soporta los grabados
y otro para los textos. En este caso, la tapa y contratapa están a cargo de Sarah Grilo con
serigrafías realizadas a partir de cuatro matrices de color, y las páginas 4 y 5 están
ocupadas por una serigrafía de Clorindo Testa, a tres colores. La parte interna del
desplegable, p. 2, 3, 6 y 7, están compuestas por un poema de Edgar Bayley y dibujos
de Fernández Muro.El segundo pliego está compuesto por un único texto de Germaine
Derbecq "De las bellas artes al arte visual", acompañada por imágenes al costado del
texto, no intercaladas.
En relación a la composición de la publicación, llama la atención en los dos primeros
números la presencia de pliegos o cuadernillos intonso. En algunos casos este tipo de
ediciones suelen darle un valor agregado a las publicaciones pero en el caso de a los
cuadernillos no están unidos. Si bien las páginas están numeradas, es decir hay una
intencionalidad de que los pliegos fueran páginas independientes, las estampas en el
frente y dorso están diseñadas para ser vistas como póster (el pliego abierto) y también
para que funcionen como hojas/pliegos independientes. Lo que resulta más extraño aún
es que solo en el caso del segundo número el pliego desplegado que funciona como una
gran estampa la numeración de las páginas resulta molesta visualmente.
Antes de pasar al tercer número sólo queda señalar que el diseño de las tapas y
contratapas de los dos primeros números sumados al formato rectangular (38 x 27,8 cm)
varía hacia el tercer número. En los primeros casos, las tapas tienen impresiones
serigráficas, que incorporan dentro de su diseño una “a” en gran formato (7,5 x 12,3 cm
aprox.) en el ángulo inferior izquierdo. Esa “a” minúscula en tipografía Clarendon que
inmediatamente nos remite al catálogo de la exposición Acht Argentijnse Abstracten del
grupo Artistas Modernos de la Argentina realizada en 1953 en el Stedelijk Museum de
Amsterdam, no sólo por su diseño sino también por la presencia que impone su tamaño.
Las contratapas también tienen impresiones serigráficas de los artistas claramente
delimitadas que dejan un espacio de margen inferior donde aparecen los datos de la
publicación y detalles de las autorías de las estampas en color gris.
El tercer número, publicado en marzo de 1958, cambia su formato, volviéndose más
bien cuadrado (32 x 28,5 cm). El diseño de la tapa, de la contratapa y,de su interior, se
acerca más a una propuesta de lectura tradicional. La tapa consta de una impresión
serigráfica realizada por Tom Gonda, pero hay una clara delimitación entre la imagen y
la información textual. Esto no quiere decir que hayan sido realizadas por separado pero
sí marca un tipo de diseño diferente. La parte inferior de la composición está destinada
al nombre extendido de la publicación y fecha de aparición. La “a” destaca nuevamente
por su tamaño pero ya no se trata de una imagen tan imponente como la de los números
anteriores. Se reduce visiblemente (2,5 x 3,8 cm) y el resto de la información lo hace
mucho más aún (0,5 cm de alto aprox.). Toda la información está asentada sobre una
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misma línea, el nombre alineado hacia el margen izquierdo y la fecha alineada hacia el
margen derecho, dentro de los límites marcados por los márgenes invisibles de la
imagen que ocupa la mayor parte de la página. La contratapa no tiene imagen y los
datos de la publicación conservan la composición de los números anteriores. La edición
consta de tres pliegos. Los papeles utilizados para las impresiones serigráficas y
fotomecánicas son independientes. El primero, como dijimos, soporta una serigrafía de
Tom Gonda en la tapa, la primera página es un pleno de color violeta, la ante última
página soporta una serigrafía de Fernández Muro, y la contratapa los datos de la edición.
En el segundo pliego, la página 3 tiene una serigrafía de Sarah Grilo, las páginas 4 y 5
una impresión serigráfica en gris de Clorindo Testa y la página 6 una serigrafía de
Eduardo Jonquières. La página 7 se trata de una hoja suelta, impresa en uno solo de sus
lados con tinta verde de base que soporta una reproducción fotomecánica de un
fotograma6 realizado por Tomás Gonda. El pliego que soporta los textos es amarillo y es
del doble de tamaño de los anteriores, plegado dos veces y sólo impreso en las caras que
quedan visibles, con un texto de Jorge Romero Brest: "El arte de los griegos y de
nuestros días" y un texto de Damián Carlos Bayón: "Balance del año plástico".En esta
edición, aunque en la contratapa se encuentran las referencias a las impresiones
serigráficas y fotomecánicas en el índice, la edición no está paginada. Cabe señalar que
a diferencia de los números anteriores, las imágenes que encontramos son únicamente
estampas en serigrafía, no aparecen ilustraciones reproducidas en blanco y negro que
acompañen a los textos.

Contratapas: 5. a, n. 1, [Buenos Aires],
agosto 1956; 6. a, n. 2, [Buenos Aires], marzo 1957 y 7. a, n. 3, [Buenos Aires], marzo 1958.

Producción de la revista

6 Según la nota “Sobre la exposición de fotogramas de Sigrid von Schweinitz en la Galería Galatea”,
aparecida en el n. 6 de nueva visión: “El fotograma se obtiene trabajando sin cámara negra y poniendo
objetos en contacto con el papel fotosensible. Según sea la duración de ese contacto, la mayor o menor
aproximación de los objetos”, [su opacidad] “y la intensidad de luz artificial utilizada, se logran
combinaciones plásticas, en todas las escalas de tonos, desde el blanco más claro hasta el negro más
oscuro”, véase: nueva visión, Buenos Aires, n. 6, 1955, p. 49.
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a fue editada por nueva visión entre 1956 y 1958. De esta manera se superpone con el
último número de nueva visión, aparecido en 1957, que desde sus páginas publicita a:
publicación de arte, mencionando las características de su valor y lugar donde
conseguirla: "dibujos originales en negro y color, poesía y textos, ejemplares simples a
$25 y ejemplares firmados a $100, en venta en las librerías, editorial nueva visión". A
partir de los originales también sabemos que tenía opción a suscripción a cuatro
números a $90.

8. Aviso publicitario de a en nueva visión, n. 9, Buenos Aires, p. 40.

La calidad y el diseño de la revista nos hablan de un gran desafío técnico para la época,
tanto por la utilización de varios sistemas de impresión combinados como por la
producción y montaje que requería cada ejemplar. El proceso de producción resulta
notablemente artesanal. Cada número es el producto de la combinación de tres sistemas
de impresión que se realizaban en talleres y casas diferentes: la impresión de las
estampas serigráficas; la producción de las matrices para las ilustraciones y finalmente
el trabajo en imprenta.
En la contratapa del primer número aparecen las referencias a diferentes talleres:
"planograf: plan arte" y "clissés: caparrós", y en la del segundo: "planograf: bustos" y
"clissés: silca". En ambos números se menciona "imprenta: girard". Sólo el tercer
número fue producido por una única casa, "Adhesión de Imprenta López", casa
reconocida y de gran prestigio desde los años 40 en Argentina7. Las imágenes color se
realizaban a partir de la serigrafía o planograf en talleres especializados, sobre papeles
con un alto gramaje que soportaban adecuadamente las estampas de este tipo de
técnicas; mientras que los textos y las imágenes monocromas se obtenían a partir de
impresiones fotomecánicas, sobre un papel de menor gramaje y diferente calidad. Las
7 Tanto Silvia Dolinko como Lorenzo Amengual fueron de gran ayuda en sus observaciones referidas a
los tipos de impresión presentes en la publicación. En conversación con Lorenzo Amengual, nos confirmó
que el uso de la palabra “planograf” se refiere a serigrafías y también nos señaló que los fotocromistas de
Silca, que se ocupó de los clichés, eran muy respetados (comunicación personal, 29 de marzo, 2017).
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ilustraciones blanco y negro eran producidas de manera diferente que los textos, a través
decliches, tacos grabados mediante procedimientos fotográficos (¨fotograbados¨) que
posibilitaban la reproducción de toda la escala de grises. En la imprenta, estas matrices
eran montadas sobre los moldes de tipografía en donde se las combinaba junto con los
tipos para el texto. Así se imprimía texto e imagen en un solo paso; la impresión
tipográfica era directa porque el cliché entintado tomaba contacto con el papel.

Referencias sobre el nombre y la tipografía
El nombre y la tipografía utilizados por la publicación, “a” minúscula en tipografía
Clarendon, retoma la imagen del catálogo y del afiche de la exposición Acht Argentijnse
Abstracten en el Stedelijk Museum.. El catálogo y el afiche de esta exposición fueron
diseñados por Willem Sandberg, curador del museo de Amsterdam en ese momento,
quien aplicó su formación como diseñador y tipógrafo en numerosos catálogos y
afiches.

9. Afiche de exposición en Acht Argentijnse Abstracten,
en el Stedelijk Museum, reproducido en nueva visión, nueva visión, n. 5, Buenos Aires, p. 38.

La tipografía elegida para la "a", así como para el resto de la información en la tapa del
catálogo y en el afiche, tiene una particularidad. Si bien proviene de una tipografía
originalmente creada en Inglaterra a mediados del siglo XIX, diseñada por William
Thorowgood para Robert Besley &amp; Co, fue revisada en 1953 por Hermann Eidenbenz
para su versión Linotype, quien añadió las variaciones negrita y cursiva. Estas
variaciones son las utilizadas en los diseños para la exposición de 1953 en Amsterdam,
y la tipografía elegida para la publicación a, cuya elección del uso de minúsculas en
todos los textos que aparecen publicados en sus números, también se corresponde con la
estética adoptada por la revista nueva visión.
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En torno al Buen diseño
Exposiciones, proyecto de diseño para la industria, críticos que legitimaban sus obras,
revistas que los legitimaban en sus páginas. Puede pensarse a la publicación a, como un
nuevo proyecto de estos artistas que habían logrado sortear las intransigencias entre las
diferentes abstracciones y que funcionaban en conjunto hacía al menos cinco años. Un
nuevo proyecto, tal vez inspirado en Buen diseño para la industria en el sentido de
realizar una producción sistemática y seriada a partir de postulados vinculados al diseño
moderno, que hacía accesible estas obras a un público más amplio. En este punto es
interesante lo que plantea María José Herrera sobre Buen diseño para la industria
(Herrera, 2010, p. 118):
Buen diseño tuvo todas las características de los proyectos de modernización de su
época. Apuntó a la profesionalización del trabajo del artista y el diseñador en una
propuesta de artes aplicadas deudora de la tradición de la Bauhaus, ampliamente
difundida en los años 40 y 50 en nuestro país. No obstante su silencioso perfil, Buen
diseño fue uno de los proyectos vinculados al arte concreto que efectivamente
materializó la voluntad de «participación en el mundo» planteada por los artistas.

En el caso de a: publicación de arte podemos decir que se trata de una publicación
seriada realizada a partir de una propuesta vinculada a la circulación de obras,
combinando diferentes sistemas de impresión, mecanismos industriales y artesanales
para la producción y montaje o articulación de las estampas-textos que aparecen en sus
páginas.

Consideraciones finales
Por último, nos gustaría detenernos un momento sobre la diferencia que se presenta
entre los primeros números y el tercero, y proponer dos aspectos que pueden estar
relacionados. Por un lado, tanto Fernández Muro como Hlito eran artistas que habían
realizado diseños para catálogos (Rossi, 2010, p. 381). No sabemos a ciencia cierta si
estuvieron a cargo de estos aspectos en a pero en el caso de Fernández Muro, sí estuvo a
cargo de las estampas de la tapa y la contratapa en el primer número. El tercer número
cuenta con la participación de Gonda, diseñador gráfico húngaro cercano a Tomás
Maldonado, que vivió en Argentina entre 1948 y 1958. Durante su estadía en la
Argentina realizó varios diseños para catálogos de exposiciones, entre otras cosas, como
señala Rossi (2010, p. 402, 424). La tapa y la contratapa de este número tienen un estilo
más ligado al diseño gráfico, probablemente producto de la formación de Gonda. Dado
que es el único número donde en la contratapa la imagen que figura en la tapa no está
señalada con paginación sino justamente como “tapa”, esto plantea la duda si la
colaboración de Gonda fue a partir de una estampa serigráfica como en el caso del
fotograma, o si fue un diseño de tapa creado a pedido como diseñador. Por otra parte,
también creemos que el diseño completo del tercer número de la publicación guarda una
relación muy cercana con la simplificación de la producción centralizada en un solo
lugar, Imprenta López.
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FICCIONES	METROPOLITANAS	
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12

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>Las revistas como casos específicos. Programas estéticos y grupos editoriales</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Publicaciones de Arte - Arte Concreto - Abstracción Libre - Argentina</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siguiente trabajo presentado en el marco de las Jornadas Internacionales: Ficciones metropolitanas. Revista y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana, propone analizar la publicación a desde el contexto general en el cual se produce y plantear algunas posibles lecturas que parten de la relación de un grupo de artistas con un recorrido en particular y los puntos de contacto con otros espacios y publicaciones de la época, así como también desde la materialidad de la propia publicación y los desafíos técnicos que implicó su edición. Así, se irán entrelazando el grupo de Artistas Modernos de la Argentina, la revista y la editorial nueva visión, ideas relacionadas al buen diseño y la circulación de obrasen los años 50. El trabajo presentado aquí es sólo una primera aproximación a una publicación que editó tres números, pero intenta abrir el camino hacia nuevas investigaciones acerca de los modos de producción y de circulación de “múltiples originales”.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Mercedes Figallo&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Centro de Estudios Espigas</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sofía Frigerio&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Centro de Estudios Espigas</text>
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FICCIONES	METROPOLITANAS	
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CUANDO LA SOBERANÍA DE LAS IMÁGENES SE VUELVE UN ASUNTO
CONTEMPORÁNEO

	

Mgtr. Antonio Silva
Doctorando de la Universidad de Chile
Escuela de Arte de la
Universidad Diego Portales

Resumen
En este artículo el autor realiza un abordaje a Cuadernos de Arte, aparato editorial en
cuyas páginas se han plasmado distintos regímenes estéticos que transitan de un
localismo regionalista a una praxis artística globalizada. Se analiza la trama de
escrituras y las discontinuidades editoriales, las que dan cuenta tanto de una
performance singular de escritura de arte (Giunta, 2010) al interior del contexto
latinoamericano, como de un “conflicto de facultades” en el cual el proyecto académico
que subyace a la publicación ha estado inmerso. Se plantea que las discursividades que
habitan Cuadernos de Arte no han sido leídas con suficiente atención, en particular el
rol que han jugado en la consolidación del proyecto académico. Así mismo, se propone
que la soberanía intelectual de las imágenes instala un lugar de enunciación de la praxis
e investigación ligada a la creación artística cuyo énfasis interpela nuestra mirada desde
lo contemporáneo.
Palabras claves
Escritura de arte, crítica de arte, visualidad, contemporáneo, revista de arte.

Abstract
In this article the author makes an approach to Cuadernos de Arte, editorial apparatus
whose pages have shaped different aesthetic regimes that move from a regionalist
localism to a globalized artistic praxis. The collection of writings and the editorial
discontinuities are analyzed, which account for both a unique performance of art writing
(Giunta, 2010) within the Latin American context, and a "conflict of faculties" in which
the academic project that underlying the publication has been immersed. It is argued
that the discoursiveness that inhabit Cuadernos de Arte have not been read with
sufficient attention, in particular the role that they have played in the consolidation of
the academic project. As well, it is proposed that the intellectual sovereignty of images
installs a site of enunciation of praxis and research tied to artistic creation whose
emphasis challenges our sight from the contemporary.
	
Keywords
Art writing, art criticism, visuality, contemporary, art journal.
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Cuadernos de Arte (CdA) se funda el año 1996 en la Escuela de Arte de la Pontificia
Universidad Católica de Chile (UC), teniendo a su haber 21 números publicados hasta
la fecha, lo que la convierte en la más antigua, entre las revista editadas de manera
ininterrumpida por una escuela de arte en Chile. Cabe señalar que el inmediato interés
que de esto podría surgir es el hecho de que las escuelas de arte en esta latitud tienen un
influyente rol no solo en la formación de los artistas sino en las agendas y debates del
arte, cuestión que las hace reconocidamente una particularidad latinoamericana
(Mosquera, 2006; Valdés, 2006) 1.
Desde su inicios esta publicación ha sido un aparato editorial en cuyas páginas se han
inscrito y escrito distintos regímenes estéticos, cuyo sustrato reúne una diversidad de
prácticas de escrituras desde y sobre el arte. Estos regímenes estéticos no han estado
exentos de interrupciones y discontinuidades, y sin proponérselo dan cuenta de un
territorio de escrituras desde y sobre el arte en Chile. Al examinar el cuerpo de textos
publicados, se evidencia en primer término, una preocupación por un diálogo y
pertenencia a un contexto latinoamericano, en el que se transita de un localismo
regionalista, en sus inicios, a una praxis artística globalizada, en la actualidad. En un
segundo nivel, referido a la consolidación de un proyecto académico, identificamos un
“conflicto de facultades” que circunda la trama a partir de la que se funda y despliega
esta publicación en el tiempo. En un tercer nivel, se observa –ya tempranamente desde
la fundación de la Escuela– el propósito de establecer una relación entre la práctica
artística y la investigación, y que el soporte de CdA permite trazar tanto en la
discursividad sobre la praxis artística como en la autonomía de la propia imagen.
Este artículo realiza un abordaje de la revista CdA y del cuerpo de textos que alhoja,
como un caso de estudio en el que se han trenzado discusiones y cruces sobre el
territorio de la escritura de arte, la legitimación de prácticas y escrituras desde y sobre el
arte contemporáneo. Desde esta perspectiva, en esta publicación confluye un conjunto
entrelazado sobre escritura de arte que no ha sido mirado con suficiente atención. Se ha
propuesto tener en cuenta para el análisis del cuerpo de textos de CdA no solo el
escenario local, propietario de un sustrato a momentos hermético y endogámico, sino,
tal como lo plantea Pablo Oyarzún (2011), entendido a modo de un sistema de
coordenadas más conveniente para pensar una teoría del arte latinoamericano, “sobre
todo para un análisis del arte en general y del arte que se produce desde nuestras
regiones hoy, es la inscripción del contexto, de la coyuntura, del emplazamiento y del
lugar de la enunciación en esta misma” (p. 109).

Contexto, coyuntura y lugar de enunciación
En particular nos interesa problematizar en función de los regímenes estéticos y pugnas
entre agentes del arte –curador, critico, investigador, profesor y artista. Cuatro
momentos editoriales se identifican en CdA, los que quedan graficados por sus diseños
                                                       
1

Una versión preliminar de este escrito tuve ocasión de presentarlo gracias a una invitación que me
cursaran los editores de la revista Mario Navarro y Paula Dittborn para el lanzamiento del N°21 de la
Revista Cuadernos de Arte. La presentación tuvo lugar el 6 de diciembre de 2016 en la Pontificia
Universidad Católica de Chile.
2

 

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de portada. Las dos primeras etapas, que en nuestro análisis denominamos Práctica
docente e investigación programática e Investigación desde la historia del arte,
friccionan el territorio desde que se enuncian los textos; mientras que los recientes
períodos, que denominamos Creación e investigación en las artes visuales y La
soberanía de las imágenes respectivamente, más bien convergen en una soberanía de
visualidades plurales, donde la preponderancia del texto y la ortodoxia de voces
unívocas ceden al relato coral de lo contemporáneo.
Concédanme dos digresiones antes de avanzar en el análisis. La primera me permite
poner en contexto la existencia de CdA en una pequeña historia anterior. Previamente la
Escuela de Arte UC tenía otra publicación llamada Revista de Arte UC (Figura 1), cuya
existencia se remite a ocho números editados entre 1987 y 1995. La mencionada revista
da cuenta de concepciones circunscritas al trabajo plástico, estrategias curriculares para
promover el acceso al (ya entonces) reducido número de galerías de arte comerciales y
la utilización de imágenes no solo para documentar obras plásticas, como acertadamente
lo hiciera en su tiempo la Revista de Arte (Figura 2) del Instituto de Extensión en Artes
Plásticas de la Universidad de Chile en los años 50 y 60; sino, mas bien para dar cuenta
(recurrentemente) de la vida social al interior de las aulas.

Fig. 1: Portada Revista de Arte UC N°4, año 1989,
con imágenes de obras de los profesores de la Escuela de Arte UC
Fig. 2: Portada Revista de Arte N°8, Agosto de 1957, del Instituto de Extensión en Artes Plásticas
de la Universidad de Chile. Antecedente de Cuadernos de Arte

Así también la caracteriza una referencia a una identidad latinoamericanista2. Esta era la
época en que la editorial estaba a cargo del director de la Escuela, quien además
estampaba su firma en esta sección. Téngase presente el alcance que la firma y la idea
de autor conllevan en el arte y los espacios donde los artistas se forman. La Revista de
                                                       
2

Un ejemplo de esto se observa en la siguiente cita: (…) debe entregar una respuesta (artística) que
privilegie lo característico de esta cultura, que permita entregar nuestro lenguaje y asimilar lo que nos
aporta el resto de las culturas, desde el enunciado básico de nuestro origen común, nuestra raíz regional
en su base cultural de memoria colectiva hispano-indígena. (Cruz, 1989, p. 3)
3

 

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Arte UC cumplía de esta manera con dar cuenta del trabajo de los profesores,
actividades de extensión y el mercado de galerías de arte por medio de algunas
entrevistas sobre actualidad. El año 1995 se edita el número 8 de la Revista Arte UC,
tiempo en el que asume la editorial el profesor y artista Pedro Millar. Menciono a
Millar, ya que en mi opinión no se ha aquilatado el rol que cumplió en el proyecto
académico de dicha Escuela3. La relevancia de su obra y docencia anticipó una
conceptualización del grabado (Lihn, 1970) que luego quedarían bajo la sombra de la
inflación de la figura de otro artista docente, como es Eduardo Vilches4.
En este número se incluye un artículo del historiador de arte Gonzalo Arqueros sobre el
artista José Balmes, Carlos Navarrete publica el artículo El triángulo paradigmático, se
amplían fronteras locales con un artículo sobre la obra de Juan Downey, artista chileno
residente en Nueva York; además, se incluye un dossier con distintos abordajes a la
exposición5 del pintor de los movimientos independentistas de Perú, Chile y Argentina
José Gil de Castro; y finalmente un dossier creativo sobre Eugenio Dittborn. En este
punto se produce una aceleración, y la Revista de Arte UC se transforma en una
plataforma reflexiva, más allá de las tareas de extensión a las que estaba acostumbrada,
lo que provoca una crisis terminal en el ethos que animaba este proyecto editorial. Muy
sintomático de esto resulta el artículo de Jaime Cruz ex director de esta Escuela, en el
que reflexiona sobre la profesionalización de los curriculum de las escuelas de arte y su
quehacer. Aquí Cruz (1995), le coloca el cierra a esta publicación declarando:
Las cosas en el arte han cambiado, las Escuelas de Arte en Chile no pueden
permanecer impávidas […]. Se debe descubrir todavía de buen o de mal grado, la
necesidad de abrir también los espacios a una formación conceptual o teórica, en
una situación donde el arte “mezcla” indisociablemente práctica, técnica, reflexión,
saber hacer y saber pensar (p. 66).

La segunda deriva es biográfica, y define mi posición, en ningún caso neutral, como
investigador. Me refiero a mi experiencia como editor de la Revista Índice, documento
de arte y crítica (Figura 3) entre los años 1997 y 2000, publicación auto gestionada en
aquel entonces por estudiantes y egresados de la Escuela de Arte6.

                                                       
3

Cabe señalar que Millar fue militante comunista lo que provocó que fuera exonerado de esta
Universidad el año 1973 y luego recontratado en 1980. Sin duda, esta fue la principal razón de que su
figura se halla silenciado de los relatos oficiales.
4
Esto podemos evidenciarlo en el artículo de Justo Pastor Mellado Eduardo Vilches: un caso para la
investigación en artes plásticas publicado en el número 1 de la revista (1996), una monografía dedicada a
Eduardo Vilches y su figura en la Escuela de Arte en el número 10 de la Revista (2004), y el reciente
coffee table book titulado Pintura chilena contemporánea: práctica y desplazamientos disciplinares desde
la Escuela de Arte UC (Ampuero, Novoa y Schwember, 2015) donde se insiste en la práctica del
desplazamiento (una suerte de doxa común de esta escuela surgida de prácticas experimentales del
grabado y la fotografía en los años 60, 70 y 80) y recientemente llevado a la pintura.
5
Esta exposición se realizó en el Museo Nacional de Bellas Artes el año 1994 y los textos del
mencionado dossier incluyen a Gaspar Galaz, Justo Pastor Mellado, Ramón Castillo, Francisca Lizana y
Vanessa Vásquez, Silvia Ready y Flu Voionmaa.
6
En el primer número publicado el año 1998 tuvo artículos de artes visuales, filosofía, teatro y música,
mientras que los números 2 y 3 de esta revista se focalizaron exclusivamente a las artes visuales.
4

 

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Fig. 3: Portada N°3 Revista Índice, documento de arte y crítica, 2000

La referencia a esta revista7, señala la existencia paralela a CdA, la que da cuenta de este
giro analítico en la enseñanza en las escuelas de arte, que como resultado arroja la
publicación de 28 ensayos de artistas y teóricos en torno a la enseñanza del arte, la
formación de artistas y debates de una escena artística emergente. Sin saberlo, llegamos
a una fase epigonal de esta performance de escritura (Giunta, 2010), en la que este
sistema de legitimación de las artes visuales chilenas –catálogos, publicaciones y ciertas
escrituras de arte locales– cedían a nuevas formas de intercambio y circulación
provocadas por el advenimiento de la globalización del arte. Probablemente nunca
sopesamos el efecto de esta comunidad de escrituras ni comprendimos del todo los
gestos, borraduras y controversias de quienes nos precedían.

Práctica docente e investigación programática
Volviendo a la fundación de CdA, ésta tiene lugar en un contexto en el que el proyecto
académico de la Escuela de Arte UC transitaba de un modelo de enseñanza de las artes
plásticas con base bauhausiana, a uno de autonomía tanto de la arquitectura y el
formalismo funcionalista. Con un acotado equipo, y Justo Pastor Mellado como editor,
se funda esta publicación bajo el nombre de Cuadernos de la Escuela de Arte. Se
editaron siete números bajo esta definición editorial, con una periodicidad semestral. La
propuesta visual fue drástica: papel bond, tapa de cartulina española, retracción de la
imagen a un uso muy acotado e impresión a una tinta. Un análisis de la portada del N°1
(Figura 4) nos muestra una imagen emblemática en la iconografía escolar, una
                                                       
7

La Revista Índice, documento de arte y crítica la editamos los años 1998 y 2000.con Gerardo Pulido y
Juan Pablo Díaz. En el primer número participaron también en el comité editorial del primer número
Christian Spencer de Música, Iris Flores de Filosofía, Francisca Bernardi y Ana Harcha de Teatro.
5

 

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ilustración de la carabela de Colón como una exaltación de una gesta didáctica8 la que al
mismo tiempo funciona como metáfora de la subordinación de la imagen – ¿o acaso de
una escuela?– a la conducción programática de una investigación en artes plásticas. Se
propone instalar una doxa mas afín a las ciencias sociales y la filosofía, que a una donde
las artes plásticas, como se venía practicando, tuviera su centro en la concepción del
“papel del artista en la sociedad” (Galaz, 2009, p. 14). Irónicamente esta etapa editorial
tuvo su punto más alto en el N°4 donde la recuperación de la oralidad discursiva de
artistas y teóricos de principio de los años 70 se imbrica con la reposición de las utopías
latinoamericanas, propuesta por Frederico Morais para la curatoría de la Primera Bienal
del Mercosur, en la que Mellado fue curador del envío chileno. Sin duda, la articulación
programática entre el trabajo de artistas y teóricos9 trajo un efecto de la teoría en la
crítica y en la escritura sobre arte.

Fig. 4: Portada N°1 Revista Cuadernos de Arte,
bajo la editorial de Justo Pastor Mellado

El primer número de CdA en tanto soporte, encarna la posibilidad tanto de alcanzar un
grado de autonomía intelectual universitaria, así como de la escena de arte nacional.
Esta aspiración de transitar desde una de enseñanza de la práctica del arte localista y
autocomplaciente a una que realiza un ejercicio crítico y ambiciona una articulación
regional e internacional de sus académicos podemos apreciarla en la rúbrica de Mellado
(1996), su primer editor:
Cuadernos de la Escuela de Arte es el formato editorial de un modelo de
conducción académica y comprende una línea de trabajo que acoge la publicación

                                                       
8

La imagen proviene de la marca de cuadernos escolares Colón, cuya figura ilustraba sus tapas.
Recordemos que este ejercicio crítico entre artistas y teórico no tuvo un lugar preponderante, más bien
lateral en la formación de la Escuela de Arte UC, y que durante la dictadura del General Pinochet se
mantuvo al margen de la Escena de Avanzada. Este fue un firme propósito que se planteó Eduardo
Vilches como queda de manifiesto en una entrevista al editor del suplemento Artes y Letras del Diario El
Mercurio: “siempre traté de mantener a mis alumnos lo más alejado de esas influencias para que no
copiaran e hicieran sus propios trabajos” (Swinburn, 2004, p. 28).
9

6

 

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de textos académicos de mediana y corta extensión, de autores nacionales y
extranjeros, directamente vinculados a la práctica docente. Así mismo incluiremos
trabajos que corresponden a la puesta en circulación de la reflexión de la Escuela
sobre navegabilidad del arte en el océano social, elaborada (sic) tanto en sus
seminarios como en investigación formal emprendidos por los artistas (p. 4).

Este proceso tardó varios años y es un antecedente de los movimientos de fuerzas
impulsados en esta escuela que buscaban escindirse de la Facultad de Arquitectura y
Bellas Artes10, la que consigue refundarse el año 1999 como un proyecto académico en
el que convergieron la Escuela de Arte, el Instituto de Música y la Escuela de Teatro11.
Es relevante señalar que la noción de investigación se nombra como meta desde la
práctica docente. Este primer número incluye textos de académicos presentados en las
ponencias del II Coloquio Internacional de Investigación en Artes Plásticas, entre
quienes destacan Gonzalo Díaz, Alberto Madrid, Gaspar Galaz y Gonzalo Arqueros; se
incluyen de ésta y otras escuelas de artes, alumnos como Alejandra Wolff, Daniela
Rivera y Vanessa Vásquez, e invitados extranjeros entre los que hay que destacar a
Pierre Baqué y Jacques Cohen de la Universidad de París I, Panthéon Sorbonne. Me
detengo aquí porque la noción de investigación que estos académicos exponen12 adopta
aquí un cariz propio del paradigma de las ciencias sociales. Es en ese entonces que entra
con fuerza en el currículum el curso Metodología de la Investigación13, una versión
destilada de aquello que los académicos de la Sorbonne aplicaban en los programas de
maestría y doctorado en París y Río de Janeiro. ¿Cuánto de este curso que se introdujo
en la malla curricular del plan de estudio permeó en la formación de la Escuela? Es algo
difícil de medir, pero lo cierto es que esta definición de investigación provocó mucha
resistencia entre artistas plásticos, ya que buscaba incidir no solo en la docencia sino en
cómo los mismos profesores-artistas comprendían su propio trabajo plástico.
Si bien la noción de investigación en arte es algo que está presente desde la fundación
misma de la Escuela de Arte el año 1959, la ideología o cuerpo de conocimiento del
grupo que la sustenta es diferente. Ese año en el mes de abril se publica un aviso en el
periódico El Mercurio informando de la apertura de esta Escuela (Figura 5).

                                                       
10

La Escuela de Arte estuvo adscrita a esta Facultad en las décadas del 80 y 90.
La Facultad de Artes de la PUC se establece en 1999, está conformada por la Escuela de Arte, el
Instituto de Música y la Escuela de Teatro; pero no fue sino hasta el año 2004 en que éstas se reúnen en
un solo campus universitario.
12
Este intercambio surge como parte de un convenio para que los académicos de la PUC obtuvieran su
maestría en artes plásticas.
13
Cabe señalar que fui ayudante de esta cátedra, la que estuvo a cargo de Justo Pastor Mellado, entre los
años 1997 y 1999.
11

7

 

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Fig. 5: Anuncio 1ª admisión Escuela de Arte UC abril 1959,
publicado en el periódico El Mercurio

Puede leerse en el anuncio: “Se invita a iniciar estudios en esta nueva Escuela de
Investigación Artística a todas las personas de cualquiera edad, que con vocación seria,
voluntad y constancia, deseen trabajar” (en Galaz, 2009, p. 8). Esta noción de
investigación plástica, que traía fuerte influencia del profesor Sewell Sillmann –
discípulo de Joseph Albers en el Departamento de Arte de la Universidad de Yale–,
poco se asemeja a la investigación plástica con componentes de las ciencias sociales de
los profesores Cohen y Baqué arriba mencionados.
En los números siguientes se publicaron entre otros un seminario sobre Joaquín Torres
García (N°2) realizado en Santiago el año 1996; una selección de tesinas, memorias de
obras de estudiantes egresados (N°3); la transcripción de un registro de Gaspar Galaz 14
del foro Arte y Revolución realizado el año 1971 en el Instituto de Arte Latinoamericano
de la Universidad de Chile (N°4), entre quienes participaron destacan15 José Balmes,
Francisco Brugnoli, Mario Carreño, Luis Felipe Noé, Mario Pedroza, Aldo Pellegrini,
Miguel Rojas-Mix; una investigación sobre la iconografía del ingreso de Cristo a
Jerusalén en la obra de artistas sieneses de la historiadora del arte Claudia Campana
(N°5); aproximaciones a la obra de Adolfo Couve (N°6) de esta misma académica; y
una compilación de 10 años de escritos críticos de Justo Pastor Mellado bajo el título
Textos estratégicos (N°7). Este último expone la “infraestructura discursiva” de este
autor, precedida por un prólogo del filólogo Alberto Madrid. Los números 6 y 7 marcan
un cambio en cuanto a la estructura del equipo, si bien el director de la revista continua
siendo el director de Escuela, se crea el Comité Editorial primeramente con integrantes
de la misma, y desde el N°9 incluye a académicos de otras universidades, chilenas y
extranjeras. En cuanto a la función del Comité, éste cumplirá hasta el N°18 un rol más

                                                       
14

Gaspar Galaz registró buena parte de las producciones del arte chileno por décadas.
Los otros participantes son Carmelo Carrá, Ernesto Fontecilla, Gaspar Galaz, Ana María Lira, Carlos
Matamala, José María Moreno Galván, Carlos Peters, Ernesto Saúl, Raúl Sotomayor, Iván Vial y María
Eugenia Zamudio 
15

8

 

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bien nominal16, el que gradualmente irá adoptando tareas en proponer temáticas y
evaluar los artículos, con una participación más incidente a partir del N°19 en adelante.

Investigación desde la historia del arte
La salida forzada de Justo Pastor Mellado de la Escuela de Arte el año 2001, tiene como
consecuencia una refundación del proyecto editorial de CdA17. El trasfondo de esta
trama tiene la fricción entre la noción de investigación en artes visuales, que es la que se
intenta instalar por cuatro años, y que se debilita frente a una articulación sustentada
desde la historia del arte (Mellado Ruiz, 2001).
El N° 8 tarde dos años en ser editado. Claudia Campaña asume el rol de editora hasta el
N° 15. Los cambios implicaron espaciar la periodicidad, de bianual a anual, se
abandona el formato de cuaderno (14 x 22 cm) dando paso al de revista (19 x 22 cm), se
eliminó el papel Bond reemplazándolo por la superficie brillante del couché e interior a
un color hasta el número 12, y desde el número 13 hasta la fecha su interior es impreso
a cuatro colores. Por razones de financiamiento se incorpora un auspiciador, el Bank
Boston hasta el N°12 y luego el Banco Itaú hasta la fecha. Como una manera de darle
visibilidad internacional, se tradujo al inglés la editorial hasta el N°12. Al examinar la
portada del N°9 (Figura 6) nos ofrece un detalle de la espléndida obra Palmas de Ocoa
de Onofre Jarpa, es decir, se opta por un retorno a los problemas de representación y
modelo de la pintura de paisaje de la academia decimonónica, que en Chile se
extendieron al siglo XX.

Fig. 6: Portada N°9 Revista Cuadernos de Arte, bajo la editorial de Claudia Campaña

                                                       
16

Comunicación personal con Paula Dittborn, 2 de abril de 2017. 
Cabe señalar que a partir del N°8 hasta la fecha la publicación modifico parcialmente, desde el N°1
hasta el N°7 llamado Cuadernos de la Escuela de Arte, por el de Cuadernos de Arte, Escuela de Arte UC,
sin embargo en la práctica es llamada Cuadernos de Arte, razón por la que a lo largo del texto me refiero
a ella bajo esta denominación.
17

9

 

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Se trabajaron números temáticos: Ernest Pignon-Ernest: el mural en el campo
expandido (N°11); El paisaje como genero pictórico (N°9), con la re-edición de un
texto de Claudia Campaña sobre la pintura de paisaje europeo, la traducción de las
conferencias sobre el paisaje inglés de los siglos XVIII y XIX realizadas el año 1995
por David H. Solkin, una reflexión sobre la pintura de paisaje en el arte chileno de
Gaspar Galaz, y un análisis contemporáneo sobre el paisaje en las obras de Eugenio
Dittborn, Carlos Altamirano y Gonzalo Díaz escrito por Mariana Babarovic; Eduardo
Vilches (N°10); Trabajos de Taller y Memoria (N°11), con un texto de validación de la
crítico de arte Adriana Valdés; Arte desde Latinoamérica (N°13) con textos de Guy
Brett, Gerardo Mosquera y Ticio Escobar; Bienales (N°14) con textos de artistas
chilenos como Paul Beuchat, Livia Marín, Pablo Chiuminatto, Camilo Yáñez, Voluspa
Jarpa, Daniela Montenegro, Mario Navarro, Iván Navarro, y una conversación en torno
a las bienales entre Magdalena Atria, Mónica Bengoa, Álvaro Oyarzún y Pablo Rivera.
El N°15 por su parte, dedicado a los 50 años de la Escuela con una selección de 50 exalumnos destacados y sus testimonios, marca la fatiga de esta etapa editorial. Se abre
con un texto testimonial del escultor y académico Gaspar Galaz (2009) sobre la
impronta bauhausiana y fricciones con el arte geométrico y el informalismo durante las
primeras décadas. Este número retorna la práctica de la extinta Revista de Arte UC, que
fue tan característico del imaginario autorreferencial, al transformar la publicación en
una suerte de memoria institucional (al incorporar fotos, relatos y recuerdos de sus
profesores, alumnos y el hacer de los talleres). Si bien, esta etapa editorial de la revista
se ve desperfilada en su propósito editorial de aportar a la “difusión, critica, estudio y
divulgación de las diversas manifestaciones de las artes visuales” (Celedón, 2003, p.7),
consolida la colaboración internacional que tiene en los números dedicados al paisaje
como género pictórico y arte latinoamericano sus momentos más altos.
 
 

Creación e investigación en las artes visuales
La tercera etapa de CdA abarca los N° 16, 17 y 18 bajo la edición del pintor Francisco
Schwember, consolida una apertura a problemas del pensamiento contemporáneo.
Podemos apreciar de qué manera vuelve a aparecer la noción de investigación, pero esta
vez vinculada a la creación. Cito un fragmento de la editorial (Prato y Schwember, 2011),
la primera y única firmada por el director y editor:
(…) busca constituirse en una plataforma que permite facilitar el dialogo informado
en el contexto nacional y contribuya a la generación de mayor conocimiento y debate
en torno a las artes visuales. (…) Esta edición da cuenta de reorientación de la
política editorial a un ámbito contemporáneo de reflexión (…) con la finalidad de
reforzar la relación entre creación e investigación, propia de las artes visuales (p.5).

A todas luces, este corrimiento en la noción de investigación es revelador. Estimo que
este énfasis en aquello que es propio del arte contemporáneo es la noción que todavía
acompaña los procesos docentes y de formación de pregrado en esta escuela de arte y
que trasuntan en la variedad de escrituras que concurren desde esta fecha en CdA. Estos
tres números se orientan temáticamente: el futuro (N° 16), la abstracción (N° 17) y la
inmigración (N° 18). Hay varias cuestiones destacadas que se incorporan como parte de
10

 

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la propuesta editorial: se invita a un artista por número –Rubens Mano, Luis Camnitzer
y Juan Castillo– para establecer por medio de imágenes articulaciones entre texto e
imagen18. Adicionalmente, se incorpora una sección de reseña y se mitiga la rigidez
gráfica de la diagramación que antecedía, por medio de una organización de los bloques
de texto en dos columnas. El formato se agranda a 20 x 25 cm, para volver a una
composición vertical. Examinar la portada del N°17 (Figura 7) nos permite visibilizar la
intervención realizada por Luis Camnitzer, una operación gráfica y conceptual de
designar “instituciones ficticias” donde el artista es la máxima autoridad.

Portada N°17 Revista Cuadernos de Arte, con intervención del artista uruguayo Luis Camnitzer,
bajo la editorial de Francisco Schwember.

Mejora sustantivamente la calidad y resolución de las imágenes impresa. Es interesante
que los textos produzcan intersecciones y cruces con las imágenes sin establecer una
hegemonía de la textualidad sobre la imagen como ocurría con notoriedad hasta el N°
15. Al mismo tiempo logra ampliar las problemáticas abordadas alcanzando interés no
solo plástico, historiográfico o de coyunturas especificas del campo del arte local, sino
que también concurren asuntos de la cultura contemporánea abordados con amplitud
interdisciplinar. Esto permite la convergencia de imaginarios y epistemologías
provenientes del cine, la literatura y la arquitectura. Varios artículos merecen atención
como los de Ignacio Villegas, José de Nordenchlych, Paula Dittborn, Nikos
Papastergiadis, Enrique Morales, Rodrigo Galecio, Teresa Blanch, Catalina Donoso,
Pablo Corro, Alberto Sánchez, Carla Macchiavelo y Katya Cazar.

                                                       
18

Recordemos que esta contaminación entre el cuerpo de textos y la obra de un artista fue ensayada entre
1990 y 2008 en la Revista de Critica Cultural dirigida por Nelly Richard.
11

 

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La soberanía de las imágenes

La cuarta etapa de CdA, correspondiente a la edición de los números 19, 20 y 21, ha
estado a cargo de Mario Navarro y Paula Dittborn. Se destaca bajo esta orientación un
refinamiento expresados en el diseño de la revista lo que da cuenta de una comunión
entre editor y diseñador, inexistente en los números anteriores. Se reduce el gramaje de
las páginas y portada, lo que disminuye su rigidez. El trabajo tipográfico se
profesionaliza: se rompe esa tabularidad rígida y ya no parece una publicación
diagramada por estudiantes en práctica. Se explora el soporte de manera que ofrezca
diversas posibilidades de lecturas. Se termina la lógica en la que el texto, como ropaje
de la teoría, predomina por sobre la imagen. Las imágenes son potenciadas en su
cualidad connotativa, cumpliendo así distintas funciones, no solo la de ilustrar
autonomía. Al examinar la portada y contraportada del N°21 (Figura 8 y 9), nos
encontramos con la ilustración botánica y un diorama del artista brasileño Walmor
Correa, propuesta que nos visibiliza la taxidermia, la naturaleza muerta y el gabinete
como asuntos contemporáneos.

Fig. 8: Portada del N°21 Revista Cuadernos de Arte. Intervención del artista brasileño Walmor Correa.
Bajo la editorial de Paula Dittborn y Mario Navarro
Fig. 9: Contraportada N°21 Revista Cuadernos de Arte. Intervención del artista brasileño Walmor Correa.
Se libera la contraportada utilizada para el avisaje comercial

Se incorpora literalmente la conversación en el formato, al angostar el ancho de la hoja
para señalar esta sección (Figura 10).

12

 

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El género de la conversación se introduce produciendo un corte en la lectura y en el formato de la hoja,
como se puede apreciar en el N°20 de la Revista Cuadernos de Arte, páginas 65 y 67 respectivamente

Se utiliza en su función compositiva, el color brillante y saturado para separar las
secciones. Se profundizan las reseñas. Se gira la cabecera del título de la revista y se
incorporan los contenidos en la portada. También cabe destacar que las intervenciones
de los artistas latinoamericanos invitados –Regina Silveira, Liliana Porter y Walmor
Correa–establecen una relación más experimental, desprejuiciada y lúdica entre
visualidad y texto. Lo contemporáneo es visible también en la editorial de Dittborn y
Navarro (2017), la que deja de ocupar un rol protocolar y apuesta por recuperar una
lectura más punzante, donde el extrañamiento esta en el cruce con la historia del arte.
En las artes visuales, la presencia de lo animal ha sido recurrente a lo largo de toda
su historia, desde las divinidades zoomórficas en Egipto, India, o Mesoamérica,
pasando por las representaciones del Tetramorfos o Jardín del Edén en la Alta Edad
Media, hasta el acercamiento naturalista consolidado en el renacimiento […]. El
arte del siglo XX y de lo que llevamos del XXI, en cambio, se ha nutrido más bien
de la incidencia de la presencia humana, haciendo del animal un objeto
evidentemente mediado por la representación que hacemos de él en la obra (p.3).

Finalmente, vemos entonces que esta trama de escrituras publicadas en CdA a lo largo
de 21 años ha generado las condiciones de posibilidad para consolidar un proyecto
académico, diferente por cierto al que se declaró en sus inicios. ¿Pero acaso no es lo que
ocurre siempre en procesos colectivos? Como nos enseña Chartier (2014, p.130), “el
proceso de publicación, cualquiera que sea su modalidad, siempre es un proceso
colectivo, que implica a numerosos actores y que nunca separa la materialidad del texto
de la textualidad […]”. Las alteraciones en la regularidad del formato y orientación
editorial nos revelan las fricciones de un proyecto académico, que ha tenido desde un
comienzo entre sus preocupaciones la investigación artística, y que como consecuencia
–casi sin proponérselo, para ser justos– ha alcanzado una soberanía de las imágenes.

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Bibliografía

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Arte UC. Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile.
Celedón, Pedro (2003). Editorial. Cuadernos de Arte (9), 7.
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Dittborn. Paula y Navarro, Mario. (2017). Editorial. Cuadernos de Arte (21), 3-5.
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Swinburn, Daniel (2004). Eduardo Vilches: la memoria transparente de un artista.
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Mosquera (Ed.), Copiar el Eden: Arte Reciente en Chile (pp. 50-64). Santiago,
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14

 

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                  <text>Ficciones metropolitanas. Revistas y Redes Internacionales en la modernidad artística latinoamericana</text>
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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>CUANDO LA SOBERANÍA DE LAS IMÁGENES SE VUELVE UN ASUNTO CONTEMPORÁNEO</text>
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                <text>El objeto revista. Escuelas y espacios de formación</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras claves&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Escritura de arte – crítica de arte – visualidad – contemporáneo – revista de arte</text>
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                <text>&lt;strong&gt;&amp;nbsp;Key words&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Art writing –art críticism – visuality – contemporary – art journal</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este artículo el autor realiza un abordaje a Cuadernos de Arte, aparato editorial en cuyas páginas se han plasmado distintos regímenes estéticos que transitan de un localismo regionalista a una praxis artística globalizada. Se analiza la trama de escrituras y las discontinuidades editoriales, las que dan cuenta tanto de una performance singular de escritura de arte (Giunta, 2010) al interior del contexto latinoamericano, como de un “conflicto de facultades” en el cual el proyecto académico que subyace a la publicación ha estado inmerso. Se plantea que las discursividades que habitan Cuadernos de Arte no han sido leídas con suficiente atención, en particular el rol que han jugado en la consolidación del proyecto académico. Así mismo, se propone que la soberanía intelectual de las imágenes instala un lugar de enunciación de la praxis e investigación ligada a la creación artística cuyo énfasis interpela nuestra mirada desde lo contemporáneo.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;In this article the author makes an approach to Cuadernos de Arte, editorial apparatus whose pages have shaped different aesthetic regimes that move from a regionalist localism to a globalized artistic praxis. The collection of writings and the editorial discontinuities are analyzed, which account for both a unique performance of art writing (Giunta, 2010) within the Latin American context, and a "conflict of faculties" in which the academic project that underlying the publication has been immersed. It is argued that the discoursiveness that inhabit Cuadernos de Arte have not been read with sufficient attention, in particular the role that they have played in the consolidation of the academic project. As well, it is proposed that the intellectual sovereignty of images installs a site of enunciation of praxis and research tied to artistic creation whose emphasis challenges our sight from the contemporary.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Mgtr. Antonio Silva&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doctorando de la Universidad de Chile &lt;br /&gt;Escuela de Arte de la Universidad Diego Portales</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
DISEÑAR LAS TRANSICIONES. Una mirada a las publicaciones de la Facultad
de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y su impacto en la conformación de una
cultura del diseño en Uruguay
Mónica Farkas
Universidad de Buenos Aires
Universidad de la República-Montevideo
Laura Cesio
Universidad de la República-Montevideo
Magdalena Sprechamann
Universidad de la República-Montevideo

Resumen

En el presente trabajo nos proponemos identificar las mediaciones y proyecciones
expresadas por tres publicaciones periódicas de la Facultad de Arquitectura, Diseño y
Urbanismo de la Universidad de la República (Montevideo. Uruguay) que a lo largo del
siglo XX pusieron en escena ideas, debates y propuestas editoriales con impacto en la
configuración de una Cultura del diseño en Uruguay en el siglo XXI. Si bien la carrera
de Diseño de Comunicación Visual inició su dictado en la universidad pública en
Uruguay en la Facultad de Arquitectura en el año 2009 las publicaciones abordadas:
- debatieron cómo superar la mera formación de profesionales vinculados al diseño
ampliando las funciones universitarias con un fuerte compromiso social y local.
- se preguntaron por los modos a través de los cuales revitalizar la menguada presencia
cultural del diseño para producir la trama de una producción contemporánea que
incorpore las profundas transformaciones vividas en el paso de gobiernos dictatoriales a
democráticos.
- generaron dispositivos editoriales que desde sus especificidades tipológicas dieron voz
a diversos agentes comprometidos en la Cultura del diseño en formación en el Uruguay
del siglo XXI.
Desde esta perspectiva analizaremos la Revista de la Facultad de Arquitectura,
publicación institucional; Trazo, producida por el Centro de Estudiantes de la Facultad
y el Boletín del Instituto de Teoría del Urbanismo, caracterizado por la generación de
un leguaje gráfico universal orientado al urbanismo pero que hoy enmarcaríamos en el
diseño de información.

1

�I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
Introducción
Con el objetivo de identificar la configuración de una Cultura de Diseño en Uruguay en
el siglo XXI abordaremos las mediaciones expresadas por tres 1 publicaciones
periódicas de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la
República (FADU-UdelaR. Montevideo. Uruguay) que a lo largo del siglo XX pusieron
en escena ideas, debates y propuestas editoriales y construyeron tres enunciadores con
impacto en el campo del diseño.
Analizaremos la Revista de la Facultad de Arquitectura que expresa la voz
institucional; Trazo, producida por el Centro de Estudiantes de la Facultad de
Arquitectura y el Boletín del Instituto de Teoría del Urbanismo, caracterizado por la
búsqueda de un lenguaje gráfico universal orientado al urbanismo pero que hoy se
podría enmarcar en el diseño de información.
Si bien la carrera de Diseño de Comunicación Visual (DCV) inició su dictado en la
universidad pública en Uruguay en la Facultad de Arquitectura en el año 2009 las
publicaciones abordadas:
− debatieron la formación de profesionales vinculados al diseño ampliando las
funciones universitarias con un fuerte compromiso social y local.
− se preguntaron por los modos a través de los cuales revitalizar la menguada
presencia cultural del diseño para afrontar las profundas transformaciones
vividas en el paso de gobiernos dictatoriales a democráticos.
− generaron dispositivos editoriales que dieron voz a diversos agentes
comprometidos en la Cultura del diseño en formación en el Uruguay del siglo
XXI.

Las revistas como objeto de estudio del Diseño de Comunicación Visual
Las publicaciones periódicas y las revistas en particular se han constituido en objeto de
estudio por derecho propio. Diversas disciplinas y áreas de conocimiento las han
estudiado como un artefacto que da cuenta de la institucionalización de diversas
organizaciones así como de los proyectos, actores y debates que atravesaron esos
procesos; la circulación de saberes y la producción de conocimiento científico; la
formación de redes de intelectuales nacionales, regionales e internacionales en torno a
contenidos específicos; la profesionalización de especialistas en la producción y diseño
de las revistas: editores, impresores, tipógrafos, ilustradores, fotógrafos, artistas,
diseñadores.
En ausencia de un trabajo que haya reunido y discutido la especificidad de las
mediaciones y proyecciones expresadas por estas tres publicaciones periódicas de la
Facultad de Arquitectura para constituir una Cultura del Diseño en Uruguay esta
1

Otras publicaciones de carácter periódico de la FADU que no hemos abordado en este trabajo: Vivienda
Popular, Revista CEDA, Seminario Montevideo, Extensión en Tensión, Entrevistas, Exposición del año,
Conferencia inaugural, Vitruvia, entre otras.
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ponencia se propone poner en evidencia un aspecto de una larga tradición de revistas
culturales en Uruguay que hemos abordado en otros trabajos. Al situarlas como objeto
privilegiado de nuestra atención permiten poner en discusión el estudio de las mismas
atendiendo tanto a sus contenidos como a las características materiales y
transformaciones como artefacto editorial con modalidades específicas de producción
de sentido así como también al diseño como mediador de las operaciones culturales en
las que se insertan. 2
Dar voz a los diversos agentes del campo del proyecto: la institución, el instituto y
el centro de estudiantes
Los contextos de producción y edición, los modos de enunciación, el tono y las
secciones que organizaron cada una de estas tres publicaciones dieron voz a un conjunto
de agentes
cuyos discursos buscaron materializarse en objetos editoriales
representativos y con impacto en la coyuntura política y disciplinar en la que surgieron
y se fueron transformando a lo largo de su existencia en interacción mutua y con otras
publicaciones internacionales. La construcción de enunciadores diferenciados tiene su
correlato en rasgos identitarios tanto desde sus características gráficas, tipográficas,
como desde sus secciones. Concientes de los modos dialógicos específicos de este tipo
de objetos, las tres dedicaron secciones especiales a la difusión y resención de otras
publicaciones.
La Revista de la Facultad de Arquitectura aparece en el año 1958 en medio de un
fermental y conflictivo proceso en la Universidad de la República, que de la mano del
rector Mario Cassinoni planificó una nueva Ley Orgánica transformadora. Era una
revista institucional que pretendía dar a conocer ideas de los distintos actores
universitarios, a la vez que promover y difundir la cultura arquitectónica y proyectual
dirigida a un espectro amplio de lectores:
la revista deberá registrar nuestro momento económico, social, político y cultural,
con sus consensos, polémicas y controversias, quedando como referencia y aporte
al proceso dialéctico de la historia, y en particular en lo referente al propio hacer de
la Facultad (...) dar elementos que generen conciencia de nuestra realidad para que
desde ella se desarrollen actitudes críticas, comprometidas y creativas respecto a la
misma (...) para que en sus páginas tengan acceso los más, profundizando la idea
de Universidad Democrática. (Artucio, Revista Facultad de Arquitectura (RFA),
1958: 1, 1)

La existencia de La Gaceta de la Universidad desde agosto de 1957 con el objetivo de
“...estimular lo universitario, pero también las artes, la literatura, la música, el teatro y el
cine.” (Gaceta de la Universidad, 1957: 1,1) da cuenta de que se buscaba superar la
2

Este trabajo se enmarca en los trabajos desarrollados desde 2011 por el Grupo de Investigación CSIC
Cultura del diseño y comunicación visual: perspectivas histórico-críticas para la formación de un campo
del diseño en Uruguay. Existen trabajos académicos que constituyen antecedentes fundamentales del
estudio de estos objetos en el Uruguay: los proyectos Archivo de Prensa y Publicaciones Periódicas de
los equipos de investigación dirigidos por la Dra Lisa Block de Behar. Otro antecedente que
consideramos relevante es el trabajo de indagación teórico-crítica y sistematización de publicaciones
periódicas del Uruguay desde la perspectiva de la Historia del Diseño de Comunicación Visual que se
viene realizando en el Área Socio-cultural de la LDCV de la FADU_UdelaR.
3

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mera formación de profesionales al ampliar las funciones universitarias hacia un fuerte
compromiso social. “Nuestra Universidad irradia a la colectividad por la acción de sus
hombres, por la resonancia de sus actos o escritos ...” (Gaceta de la Universidad, 1957:
1,1).
Entre 1958 y 1972 se editaron ocho números de la Revista de la Facultad de
Arquitectura con una destacada calidad gráfica y con la participación de reconocidos
artistas uruguayos como Miguel Angel Pareja y Vicente Martín invitados a diseñar las
portadas.
En el editorial del primer número se explicitaban las secciones consideradas necesarias
para el nuevo proyecto editorial: trabajos de profesores, de alumnos y de profesionales,
la labor de Institutos, actividades directivas y “…una sección en la cual podrán
colaborar todos aquellos que tengan algo serio que decir en el sentido de nuestras
preocupaciones de arquitectos, en cuanto a sociología, a economía, a historia, a estética
y a técnicas específicas o afines.” (Artucio, RFA,1958: 1, 1). Es interesante destacar que
a lo largo de los números publicados hasta la dictadura se busca correlacionar
explícitamente decisiones editoriales y políticas. En este sentido, todas las secciones en
las que participan los Institutos y talleres de arquitectura cuentan con la misma
extensión y Leopoldo C. Artucio 3 explicita que, “Nuestra publicación no será una
revista controlada … proponemos que toda colaboración aparezca firmada, por breve
que sea, para así precisamente dar más amplios límites a la libertad.” (RFA, 1958: 1, 1)
Asimismo, la Arquitectura aparece como un agente de cambio con un papel
fundamental en la reestructuración del mundo:
Bajo su forma más extensa de actividad urbanística y de planificación física del
territorio, es hoy un capitulo básico de cualquier movimiento cultural…¿No
contribuye el marco visual del hombre a su auto-elaboración? ¿No influye la
organización práctica y estética del medio en que se vive, en la estructuración de la
propia vida? Un sistema complejísimo entre el medio y el hombre, cuyo análisis
debe ser el tema central de una Facultad de Arquitectura y por tanto de su órgano
de publicidad, provoca la constante trasformación del medio y la modificación
permanente del hombre.” (Artucio, RFA, 1958: 1, 2)

Con una manifiesta vocación interdisciplinaria busca que tanto los contenidos como las
decisiones de diseño expresen los objetivos de la publicación institucional asociados a
una noción de cultura del diseño como forma de acción: “…una manera de hacer
cosas…” que transforma las prácticas, un diseño enculturizado asociado a valores.
(Julier, 2010: 21)
Para alcanzar un alto grado de difusión y apreciación consideraban necesario un bajo
precio, claridad de conceptos, fácil comprensibilidad, sencillez de presentación y de
estructura. "Si algunos trabajos exigen cierto tono excesivamente técnico en el
concepto, se recomendará muy particularmente a sus autores la mayor sencillez en la
expresión, para asegurar el acceso a ellos al mayor número de los lectores que
pretendemos conquistar.” (RFA, 1958: 1, 2)

3

Leopoldo C. Artucio (1903-1976), arquitecto. Catedrático de Historia y Teoría de la Arquitectura y
decano de la Facultad de Arquitectura. UdelaR.
4

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Con el advenimiento de la dictadura militar en Uruguay y la intervención de la UdelaR
en octubre de 1973, la revista se interrumpe hasta la apertura democrática en 1986 con
la publicación del N° 9. En el año 2012 se edita el N°10 en un contexto totalmente
distinto, tal como lo expresa el decano Gustavo Scheps:
recomponer un puente de continuidades sobre tamaño vacío y qué talante debía
caracterizar esta nueva época de la Revista de la Facultad de Arquitectura, para
establecer los esenciales y los conductores sobre los que tejer una construcción
contemporánea que incorpore las profundas transformaciones vividas. Cómo, con
dichos y con hechos, podía revitalizarse la menguada presencia cultural del diseño
y la arquitectura y contribuir a la afirmación cultural de nuestras disciplinas. ...
luego del nocivo suspenso de un cuarto de siglo... ¿cómo hacerlo? (RFA, 2012:10,
8)

Los últimos tres números de la Revista presentarán un cambio importante con secciones
como "Samotracia" que remiten de modo alegórico a los contenidos generando
referencias espaciales con el edificio en las cuales se desarrollan ciertas actividades. Su
contexto de publicación ya encuentra una Facultad de Arquitectura que incorporó al
Diseño de Comunicación Visual, al Diseño Industrial, de Indumentaria y Textil, al
Diseño de Paisaje y al Diseño Integrado como carreras de grado.
El plan de estudios de 1952 de la carrera de arquitectura, discutido recurrentemente en
la Revista de Arquitectura y en Trazo, posicionó al Instituto de Teoría y Urbanismo
(ITU) 4 en relación directa con las cátedras de Sociología, Economía, Talleres de
Proyecto, y Arquitectura Legal.
Los boletines informativos del ITU, editados entre 1951 y 1972 bajo la dirección del
Arq. Carlos Gómez Gavazzo 5 conforman un conjunto gráfico de gran interés. La
creación de una “simbología urbanística” con pretensiones de aplicación generalizada,
debitaria del positivismo, podría interpretarse como un recurso en el contexto de un ITU
cuyo director los consideraba un "idioma gráfico" para desarrollar el proyecto moderno.
El último boletín se edita en 1972 sincrónicamente al número 8 de la revista de la
facultad.
El interés de los boletines como antecedente para la conformación de una cultura del
diseño en general y, en particular, para una historia de la infografía en Uruguay parte
del hecho de que buscan dar cuenta de la actividad del ITU y, simultáneamente,
constituyen un programa gráfico de comunicación de esas actividades que enuncian
algunos de los principios presentes en las conceptualizaciones actuales del llamado
diseño de información.
Nacida en una coyuntura política de la República Oriental del Uruguay muy diferente,
Trazo, la revista del Centro de Estudiantes de Arquitectura (CEDA), comenzó a editarse
en marzo de 1981 durante la dictadura militar como voz de los estudiantes. Se publicó
en forma continua pero irregular hasta 1999; en 2010 se intentó reeditarla pero salió un
solo número. Tomó otra denominación que la Revista previa del CEDA, órgano de los
4

En 1936 se crea el Instituto de Urbanismo como dependencia de la Facultad de Arquitectura de la
Universidad de la República-Uruguay,
5
Carlos Gómez Gavazzo (1904-1987). Arquitecto y urbanista uruguayo perteneciente a las primeras
generaciones de egresados de la Facultad de Arquitectura de Uruguay. De filiación moderna, trabajó con
Le Corbusier en París.
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estudiantes entre 1932 y 1973 para no poner a la nueva revista bajo sospecha por
activismo gremial ante las autoridades de la intervención. Su vinculación con el “grupo
de viaje” 6 marcará fuertemente su devenir y su fuente de financiación. En cuanto a su
diseño pueden identificarse tres momentos claramente diferenciables.
Impresa en blanco y negro, la primera Trazo, de 16 páginas, afirma en su editorial: “La
Universidad debe ser algo más que una fábrica de técnicos.” (Trazo, 1981: 1, 3). Esta
toma de posición caracterizará su línea editorial de los primeros años. Ya aparece aquí
un cuestionamiento a una historia del término diseño que se construyó en relación al
reconocimiento profesional y la profesionalización de su práctica señalada y
problematizada por Julier al delinear su noción de Cultura del diseño. (2010: 64). Como
correlato de esto, en los números iniciales de la publicación estudiantil, predominaba
tanto un contenido político como una lectura política de los fenómenos de la
arquitectura y el proyecto; primero, en forma solapada y luego, más explícita, se
constituyó en un medio de protesta y defensa de los principios democráticos.
El número 2 deja constancia del cuestionado examen de ingreso “tras haber sorteado un
escollo que dejó por el camino a 94 compañeros.” (Trazo, 1981: 2, 3). También
destacan los compromisos universitarios irrenunciables respecto a la cultura nacional
que dan validez a los universitarios y profesionales: son los que deben asumirse con la
sociedad uruguaya.
Esta declaración de principios se da en un tramo de la historia uruguaya que culmina,
como en otros países de Latinoamérica, en el golpe de Estado de 1973 y en una crisis
estructural en la que alguno de los rasgos más típicos de la formación social y política
uruguaya, la sociedad amortiguadora, hiperintegrada, partidocrática, frágilmente
próspera, se rompieron para entrar en una fase de radicalización y violencia sin
precedentes en el siglo XX. A mediados de la década de 1950 el ciclo económico
mundial de prosperidad no permitía prever que veinte años después la economía
capitalista mundial ingresaría en una fase crítica y un endeudamiento cuyos resultados
más adversos en América Latina se harían notar en la década de 1980. (Caetano, Rila,
2008: 271-322)
Hasta el número doble 6-7 podemos decir que Trazo polemiza y pone en escena temas
vinculados a la defensa de la ciudad, al Grupo de Estudios Urbanos (GEU) 7 y el
patrimonio con los correspondientes problemas contemporáneos de la demolición de
edificios relevantes. Con tapa a dos tintas, papel de más gramaje y mejor calidad
incluye como tema central de sus 68 páginas una serie de encuestas a todos los
directores de talleres, una modalidad de jerarquizar el carácter dialógico y polifónico
que Trazo mantendrá a lo largo de su historia con un espacio destacado para los talleres
de enseñanza.
6

Los viajes de estudio de la Facultad de Arquitectura forman parte de una larga tradición que tiene
aproximadamente 70 años. Son viajes de estudio para enriquecer y complementar la formación de los
estudiantes. Se organizan por generaciones de ingreso llamadas Grupo de Viaje y se financian mediante la
venta de rifas organizadas como Arquitectura Rifa. Una de las iniciativas más importantes es la de
construir las casas que constituyen el premio mayor de esta rifa cada año.
7
Grupo de arquitectos y estudiantes de arquitectura, que se constituyó en 1980 como Grupo de Estudios
Urbanos en torno al Arq. Mariano Arana cuyo objetivo fundamental fue la defensa de la ciudad y el
patrimonio y la generación de propuestas alternativas frente a las demoliciones insensatas que se estaban
dando en la ciudad de Montevideo.
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Luego se priorizarán los temas de la Universidad, la idea de una transición en el número
9 es interpelada en su editorial "¿De qué transición me hablan? Es el tercer editorial que
le dedicamos." (Trazo, 1982: 9, 3). La enseñanza, el plan de estudios, el problema de la
historia conectado a la llamada Ciudad Vieja 8 están entre sus preocupaciones.
Como revista estudiantil y con un espíritu contestatario pero también propositivo las
relaciones entre texto e imagen a lo largo de la historia de Trazo expresan una constante
búsqueda de expresar la irreverencia y la libertad en cambios en su diseño.

"¿De qué transición me hablan?": diseñar la transición
Entre el Nº 8 (mayo,1982) y el 15 (junio,1985), podemos encontrar en Trazo un relato,
hoy una posible historia sincrónica de los acontecimientos que llevaron al fin de la
dictadura y la restauración democrática. Con compromiso, crítica y asumiendo riesgos,
desde su lugar de universitarios y desde la arquitectura, la revista se convirtió en otro de
los tantos actores civiles en contribuir al trámite final de la dictadura, como lo expresan
Caetano y Rila (2008: 355): “Fue la civilidad, pacíficamente impuesta desde el
plebiscito el 80, la que cobró protagonismo y la que llevó a los militares a plantearse la
estrategia de hallar la mejor salida.” Incorporaron temas disciplinares y propios de la
facultad y un lugar central para los talleres de arquitectura, el concurso de viviendas
para Arquitectura Rifa y el problema de la vivienda en el país. En este período, Trazo
también operó como un generador de eventos culturales. Organizó el "encon-TRAZO",
(nombre que tomaría en la posdictadura el Encuentro Latinoamericano de Estudiantes
de Arquitectura, ELEA) que fue más allá de la arquitectura y asumió el compromiso
formulado desde su inicio con la cultura nacional. “Es tiempo de encon-TRAZO, un
mazazo a la apatía ... que se vehiculiza en un evento y se constituye en un espacio. Un
espacio para intercambiar sobre arquitectura y universidad, para exponer plástica, para
hacer música” (Trazo, 1982: 8, 18)
La Trazo 16 (junio,1986) premiada en la Bienal de Arquitectura de Quito, marcó un
punto de inflexión. En un contexto universitario y político que ya no tenía el peligroso
enemigo de la dictadura y en una universidad co-gobernada, comenzó a mutar hacia
contenidos más disciplinares. A partir del Nº 17 cambiaron el formato, las portadas, se
incorporaron más imágenes y fotografías, en un diseño de página más limpio y
ordenado. El premio fue, como señala el acta de veredicto que otorga la Mención de
Honor publicada en Trazo (1986: 17, 20)
un "... reconocimiento al esfuerzo de la comunidad de estudiantes por tener una
presencia crítica en la problemática de la arquitectura y el diseño urbano en lo que se
refiere a cuestiones tanto académicas como profesionales. El jurado desea también
destacar la frescura en la presentación y la seriedad en los contenidos como
aportaciones de esta publicación”

8

Ciudad Vieja es la denominación que se utiliza para nombrar el casco histórico y núcleo fundacional de
la ciudad de Montevideo.
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Intersecciones y redes de revistas
Es inevitable vincular el rediseño de Trazo con la reaparición, en octubre de 1986, luego
de catorce años, de la Revista de la Facultad de Arquitectura. Parecía haber una clara
conciencia de la capacidad del diseño gráfico para expresar el deseo de diferenciación
de una plataforma estudiantil, fresca y experimental, de la resurgida publicación
institucional.
La revista Nº 9 expresa la bienvenida a la democracia, a la manifestación de diversas
visiones sobre un mismo tema a través de dar cabida a la mayor cantidad posible de
órganos de la Facultad. A diferencia de los números previos donde se publicaban los
trabajos de un solo taller por número, en ésta se le otorga un espacio a todos los talleres
de ese momento. Es notable la relevancia que adquieren las imágenes fotográficas.
La participación de Trazo en las bienales de arquitectura y en los encuentros de revistas
latinoamericanas paralelos a las bienales, resulta fermental para la constitución de redes
latinoamericanas de publicaciones, en donde Trazo fue por mucho tiempo la única
revista realizada por estudiantes. Este hecho se materializa en la incorporación de
"Revistero", una sección de la revista que adquirió carácter permanente donde se
reseñaban todas las publicaciones que se recibían y sus índices. Estas revistas luego
pasaban a formar parte de la biblioteca de la facultad lo que permitió la circulación de
arquitecturas, ideas y diseño gráfico fundamentalmente latinoamericano en la
comunidad académica.
En 1989, el Nº 21 da cuenta de la vigencia de este intercambio en la nota relativa al
encuentro realizado en Tlaxcala, México 9: “Como única publicación estudiantil Trazo
encontró el elogio y sorprendió. Por seguir en el camino, por superarnos gráficamente
después de la premiada Trazo 16, por el esfuerzo de una facultad que sigue llamando la
atención, la revista tiene un lugar legítimo.“ (1989: 21, 61-63)
Estos encuentros de revistas generaron una red, aglutinada por la arquitectura y el
diseño en la que el diseño gráfico tuvo un papel central. Como expresa Julier (2010:
10) el concepto de cultura de diseño abarca:
…las redes e interacciones que configuran los procesos de producción y consumo,
tanto materiales como inmateriales. Como tal, se sitúa en el punto de encuentro
entre los productos y los usuarios, pero también se extiende hacia sistemas de
intercambio más complejos. Describe las acciones normativas, los valores, recursos
y lenguajes con los que cuentan los diseñadores, los gestores del diseño y los
responsables de sus directrices, así como el público, en su relación con el diseño.

Asimismo, la cultura de diseño como práctica informada por el contexto caracterizada
por Julier (2010: 21) permite sugerir que esta red de revistas de arquitectura
latinoamericanas fue una plataforma para la comunicación, un foro, “a través del cual
creadores de diferentes lugares se conectan, se comunican y legitiman sus actividades”.
Con el aumento notable de publicaciones sobre arquitectura en la década del 90 en el
mundo y en Uruguay, y en otro contexto político donde un espacio de expresión

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IV Encuentro de Arquitectura Latinoamericana / México. La Trinidad, Tlaxcala. Encuentro de Revistas
de Arquitectura. Junio de 1989.
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estudiantil no parecía tan necesario, la publicación de la revista se produjo cada vez con
mayores dificultades.
En Trazo N° 23 saludan la aparición de la revista de arquitectura y diseño Elarqa, cuyo
comité se integra con los llamados “Tracitos” Charlee Velazquez, Julio Gaeta, Fernando
de Sierra, Gustavo Vera Ocampo. “Parece que Trazo es un buen trampolín, no?” (1991:
23, 11) afirman, aparecen dos artículos de opinión sobre la publicación del grupo de
viaje Arquitectura en Uruguay 1980-1990. Ambas situaciones dan cuenta de un
contexto más plural y múltiple, en donde Trazo debía mantener su especificidad como
revista creada y gestionada por estudiantes. Probablemente la incorporación del
concurso de portada, rescatando el espíritu y la tradición de los concursos de vivienda
para Arquitectura Rifa como oportunidades para los estudiantes, da cuenta de esta nueva
situación expresada en el editorial de Trazo 26 (1991: 26,11):
La pequeña pero rica historia de esta revista es quizás el espejo de la realidad, por
lo tanto también de esta facultad, es la complicidad de su entorno. Los que ayer
participaron desde el primer número hasta el día de hoy son el recuerdo que va
armando la memoria del pasado. Este pequeño gesto de saber conjugar la imagen y
la palabra va escondiendo también un manojo de ausencias y develando un racimo
de presencias.

Hay un nuevo cambio en el formato y el diseño gráfico, se incorpora color en el interior,
mejora la calidad del papel y de la tapa.
La Revista de la Facultad comienza su existencia recogiendo el pensamiento dominante
en la facultad, encarnado por significativos personajes como Aurelio Lucchini, decano y
director del Instituto de la arquitectura (IHA), y Gomez Gavazzo, actores históricos en
el pensamiento dominante de la modernidad en la facultad presente en la línea inicial de
la revista y claramente manifiesta en los sumarios. Lucchini pensaba en la formación de
arquitectos modernos
…con arreglo a un enfoque teórico renovador, no arqueologizante ni tampoco
culturizante, que maneje la historia con sentido crítico, …
En los años sesenta la Facultad transitó un camino que inclinó las preocupaciones
hacia lo político y lo social, en desmedro de la especificidad disciplinar. En este
contexto se conformó un grupo de opinión dentro de lo académico, contrario al
“oficialismo” y considerado elitista, que procuraba “desarrollar una arquitectura y
un pensamiento no sólo referidos al medio sino comprometidos con el oficio de
arquitecto y su especificidad.” (Cesio; Ponte; 2008,28)

Antonio Cravotto, emerge como otro actor histórico en materia patrimonial, debido a su
pensamiento dúctil, en un momento de dogmatismo. Esto lo pone en contacto con el
arquitecto Mariano Arana durante las grandes confrontaciones vividas en la Facultad.
La reconocida libertad de pensamiento de Cravotto lo ubica en el "cisma del 64" en una
postura abierta, no dogmática, que orientó su Taller, calificado por otros como un taller
"sin línea". Destacados estudiantes cursaron quinto año allí, Thomas Sprechmann,
Daniel Heide, Ramón Martínez Guarino -entre otros-, al constatar el pensamiento más
rico, proyectado en el tiempo y más vinculado a una realidad sensible de Cravotto.
En la Revista 4, se presenta el novel Taller Cravotto mostrando, sorprendentemente para
lo habitual, trabajos de estudiantes dedicados al diseño de equipamiento, tareas
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realizadas en el Instituto de Diseño (ID) que se muestran en números anteriores. La
experiencia del ID no era un isla en la facultad: el diseño de muebles se consideraba un
tema de arquitectos. Se hacían en primer año de taller por lo que se puede suponer que
se concebía como un tema de escalas dentro del proyecto arquitectónico, el estudiante
transitaba de la pequeña escala (proyecto de equipamiento), a la mediana (edilicia) a la
gran escala (territorio). Esta concepción se mantiene en la facultad hasta la actualidad
desde el supuesto que encuentra a un estudiante más maduro, formado y avanzado en la
carrera, “Considerando que resulta necesario proceder gradualmente y no extremar el
choque que el cambio brusco de ambiente, métodos y nivel de exigencia produce en la
gran mayoría de los estudiantes (...)"(RFA, 1963: 4, 59). En el numero 5, de 1964, año
del “cisma”, se produce un cambio en la comisión; en sustitución de Lucchini y Artucio
vinculados a la historia de la arquitectura, Isern y Bayardo, afines a la “línea dura”,
estaban acompañados por el estudiante Lorente Mourelle y, encargado de la revista,
Arana, ambos cercanos a Cravotto, al ala renovadora e integrantes del Núcleo Sol. No
pasa desapercibido el cambio en el diseño gráfico con mayor protagonismo de las
imágenes “No es con afán de eludir responsabilidades ni de disimular errores, que
queremos dejar señalado que la producción de este número, ... ha sentido también de
algún modo el impacto que ha significado el difícil momento que ha vivido y vive la
Universidad en conjunto, y la Facultad de Arquitectura en particular ...”(RFA, 1965: 6,
2). En el sumario se puede visualizar un viraje evidente hacia otra sensibilidad,
mostrando obras de Vilamajó, Scasso, Petit de la Villeon, el arte de Augusto Torres y
una de Cravotto.
Creemos que la fórmula que insiste hoy en crear formas nuevas mediante esquemas
abstractos consagrados, quizás valiosa ayer, debe ser superada por una vuelta al
contacto espontáneo de la naturaleza y de la situación histórica, para allí encontrar
los modos de construir que están respondiendo naturalmente a una nueva
sensibilidad estética...surge claramente la necesidad de un lenguaje más amplio
capaz de recibir un mayor contenido emocional innegablemente diferente del
cosmopolitismo dogmático que se practica alrededor nuestro con sus búsquedas de
un objetivismo que da resultados desoladores y estériles... hallar las esencias de lo
universal en las entrañas de lo local...La consecución plástica no es más feliz; así
vemos por todas nuestras ciudades apretados entre medianeras segmentos de cuanta
obra clásica de la Arquitectura moderna existe. (“Hoy nuestra realidad”, Revista
Arquitectura SAU, 1963: 237, 36) 10

El "Núcleo Sol" formado por jóvenes estudiantes en búsqueda de planteos alternativos,
retomó ideas subyacentes en corrientes nacionales: Vilamajó, Bonet, Leborgne, Dieste
entre otros. "Creemos imperioso encontrar raíces y exigimos el duelo generacional".
Como un símbolo de este duelo, el primer artículo del Nº 6 se titula “Ha muerto Le
Corbusier”.
Mientras tanto, los boletines del ITU, que venían publicándose en forma ininterrumpida
desde 1951, continúan inmutablemente con la misma lógica y el mismo diseño,
10

Tomado de “Hoy nuestra realidad”, Revista Arquitectura Sociedad de Arquitectos del Uruguay, 1963:
237, 36. Esta publicación de la SAU, cuyo primer número se publicó en septiembre de 1914, es objeto de
estudio del grupo de investigación, especialmente en lo relativo a las articulaciones con el diseño y la
teoría e historia del arte; aquí no se aborda en particular porque se ha decidido circunscribir el artículo a
la edición universitaria.
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expresando la confianza de Gómez Gavazzo en un lenguaje gráfico, la "simbología
urbanística", por considerarlo un principio de interpretación mnemotécnica universal
dando cuenta de un alineamiento con la ortodoxia del proyecto moderno que pervivía
aún firme en la facultad.

Los Boletines del ITU: la visualización de información como contenido
Esa vocación interdisciplinaria expresada en los contenidos de las otras publicaciones
analizadas, se materializa en los Boletines del ITU en desplegables que contienen
información producida mediante instrumentos metodológicos de las ciencias sociales.
La traducción al “lenguaje gráfico” no solo facilitaría la comprensión de la
información, sino que articularía los sistemas de representación de la arquitectura y las
prácticas proyectuales. Este corpus constituido en objeto de estudio del diseño de
información y como antecedente de una historia de éste en Uruguay los ubica en las
preocupaciones de diseñadores y comunicadores visuales ya que trascendió la
planificación del territorio para convertirse en instrumento que, mediante la
visualización, se propuso hacer emerger información relevante sobre organizaciones
administrativas, educativas e interacciones entre la comunidad y el ámbito académico
en Uruguay, imperativo que ya podemos encontrar en el Vienna Method of Pictorial
Statistic delineado en 1925 por el economista y lógico del Circulo de Viena Otto
Neurath y al que en 1935 se denominó Isotype, International System of Typographic
Picture Education (Jubert, 2006: 211). Concebido para todos los campos de la
educación, Neurath pretendía convertirlo en un lenguaje universal con un principio
asociado a la capacidad diferencial de conectar asignada a las imágenes frente a la
segmentación producida por las palabras. Entre 1931 y 1935 Neurath y el Congreso
Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) realizaron el primer intento sistemático
de estandarización del lenguaje del planeamiento humano en clave transnacional. Desde
la primera invitación realizada a Neurath por Cornelis van Eesteren al IV CIAM
llamado "Functional City", sus integrantes veían que el mayor obstáculo para articular
su visión de la ciudad moderna era comunicacional y veían en el sistema de Neurath un
camino para superarlo. (Vossoughian, 2006: 51).
Si bien Neurath destacó la importancia de la colaboración fue muy crítico de la
propuesta de CIAM porque iba en detrimento de la accesibilidad y transparencia visual.
Gomez Gavazzo estaba en total conocimiento de estos debates ya que está documentado
(Nudelman, 2013: 87-88) que tradujo las conclusiones del IV CIAM, suministradas
obviamente por Le Corbusier, las envió a Montevideo, pero no fueron publicadas. Al
recorrer el conjunto de los boletines la propuesta visual de Gómez Gavazzo aparenta
estar más alineada con la línea críptica de visualización que defendía Van Eesteren.
Pero si se observa que él trató de aplicarla con objetivos más amplios, como organizar
el plan de estudios y todas las escalas de trabajo de los arquitectos y de toda la
población, parece haber una búsqueda de poner en juego las posibilidades de los
dispositivos para expresar concepciones epistémicas del mundo más amplias en clave de
diseño de comunicación visual.

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Diversificación e innovación: el proyecto editorial de la Facultad como
protagonista de la configuración de una Cultura del diseño en Uruguay en el siglo
XXI
En su segundo ciclo iniciado en 2012, la Revista de la Facultad de Arquitectura adopta
la denominación de R, que se transforma en identificador tipográfico y protagonista en
el diseño de las tapas, necesario quizás para la implantación de una nueva “marca
identitaria.” (Scheps, RFA, 2012: 10, 8-9) Los tres números editados marcan un cambio
importante en la estructura editorial y en el diseño gráfico.
En su primera etapa la revista contenía secciones permanentes que contaban con la
misma extensión y trataban temas diversos, así como espacios reservados para la
participación equitativa de los institutos y talleres de arquitectura. Ahora, cada revista
tiene un dossier con un tema que es abordado por una variedad de áreas del diseño,
poniendo en evidencia la complejidad del proceso de diversificación de carreras que la
facultad transitó en la última década. Esta temática se conforma en la primera y más
extensa sección donde la fotografía adquiere un rol central y se transforma en el
elemento estructurador de los artículos. Tiene dos secciones permanentes. Samotracia,
que incluye actividades de estudiantes como el Archiprix y el concurso de viviendas de
Arquitectura Rifa, y las representaciones de Uruguay en las bienales de arquitectura de
Venecia. En la Casa presenta actividades realizadas en el Museo Casa Vilamajó
centradas en figuras internacionales que visitaron la facultad, a través de una entrevista
y muestra de obras.
Es un sistema abierto y plural, tal como lo expresa Gustavo Scheps, decano de la
facultad: “Para asumir su carácter institucional, la REVISTA elude la versión
descriptiva. Para expresar nuestra condición, de modo más indirecto pero exacto, parte
de alentar la reflexión crítica y de convocar ampliamente la diversidad”. (Scheps, R:
2012, 10, 8) Se plantea desde las especificidades de las distintas disciplinas del diseño
que convoca, como un aporte a la cultura; desde lo local pero en un diálogo global a
través de guiños y reenvíos que atraviesan el contenido en forma de visitantes,
articulistas invitados, eventos internacionales.
Público?, Cambio, Casa i, aluden, remiten, simbolizan y posibilitan múltiples lecturas,
en la larga duración y en la contemporaneidad, en “las continuidades profundas” y en
“las profundas transformaciones vividas” (Scheps, R:2012, 10, 8)
Pero R no es un artefacto aislado. Integra un proyecto editorial de la facultad que, desde
2010 ha inaugurado seis colecciones (Catálogos de Arquitectos Uruguayos,
Conferencias, Entrevistas, Integralidad, Colección MVDLAB, Premio Vilamajó y
continuado otras (Seminario Montevideo, Bienal de Venecia); ha editado publicaciones
periódicas de las distintas áreas de investigación (Vivienda Popular, Vitrubia) y ha
estimulado la participación de sus docentes en las publicaciones financiadas en forma
central por la Universidad a través de sus comisiones sectoriales (Educación
Permanente, Biblioteca Plural).

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Conclusiones
La Revista de la Facultad de Arquitectura, Trazo y los boletines del ITU no solamente
fueron publicaciones disciplinares y académicas, fueron verdaderos proyectos
culturales, sociales y políticos. La cultura del diseño exige al observador ir más allá de
los atributos visuales y materiales para considerar redes multidiversas y
multilocacionales de su creación y su manifestación. Desde esa multiplicidad, las
publicaciones analizadas trazan estrategias posibles para trascender la opacidad de los
objetos de conocimiento proyectuales, aparentemente tan vinculados entre sí pero con
diferentes formas de hacer y de implicación con el entorno/hábitat, y permiten
retroalimentar críticamente las discontinuidades entre las prácticas proyectuales del
diseño y de la arquitectura entre transiciones, mutaciones y cristalizaciones.
Acompañaron las transformaciones y transiciones vividas desde la mitad del siglo XX
hasta la contemporaneidad buscando incidir en la cultura, tal como lo expresaban los
estudiantes de la FEUU (Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay) en el
marco del debate de la reforma constitucional:
Hoy ya no puede entenderse la Universidad como el organismo del Estado para la
formación de las clases dirigentes –manifestaba el representante del Centro de
Estudiantes de Arquitectura en 1950– […] sino como un organismo de los
estudiosos, para trasmitir sus conocimientos a todo el pueblo, y el laboratorio
donde se analicen todas las ideas científicas, filosóficas y sociológicas, con el
propósito de dar una cultura en función social, para una actuación consciente en las
diversas manifestaciones del vivir individual y colectivo. (Caetano, Rila, 2008: 277
-279)

Las tres publicaciones generaron dispositivos editoriales que fueron vehículo de una
facultad comprometida con el medio desde su disciplina, conformando entre ellas un
sistema de relaciones múltiples y complementarias, llenando vacíos, supliéndose,
generando alianzas no explicitas y dando voz a diversos actores: "Si todo proyecto
presenta zonas de contacto con otros proyectos, si todo proyecto es un subproyecto de
otro que lo contiene y este a su vez contiene en su interior subproyectos, entonces es
posible encontrar (diseñar) sistemas de relaciones que ejercen cierta influencia sobre las
partes" (RFA, 2014, 12, 8). Y estos sistemas llegan al siglo XXI incidiendo en la
Cultura del diseño en formación en el Uruguay.
A lo largo de casi 60 años en la Institución se produjeron publicaciones que intentaron
mirar hacia la realidad cultural del país y la realidad universitaria, pero que estuvieron
muy vinculadas a lo que pasaba en el diseño a nivel mundial. Se genera a través de estas
revistas una mirada hacia lo local, pero con una mirada global.

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Fuentes
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Revista de la Facultad de Arquitectura
Trazo
Boletines del ITU
Arquitectura

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>DISEÑAR LAS TRANSICIONES. Una mirada a las publicaciones de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y su impacto en la conformación de una cultura del diseño en Uruguay</text>
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                <text>&lt;b&gt;Resumen&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el presente trabajo nos proponemos identificar las mediaciones y proyecciones expresadas por tres publicaciones periódicas de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República (Montevideo. Uruguay) que a lo largo del siglo XX pusieron en escena ideas, debates y propuestas editoriales con impacto en la configuración de una Cultura del diseño en Uruguay en el siglo XXI. Si bien la carrera de Diseño de Comunicación Visual inició su dictado en la universidad pública en Uruguay en la Facultad de Arquitectura en el año 2009 las publicaciones abordadas: - debatieron cómo superar la mera formación de profesionales vinculados al diseño ampliando las funciones universitarias con un fuerte compromiso social y local.&amp;nbsp; - se preguntaron por los modos a través de los cuales revitalizar la menguada presencia cultural del diseño para producir la trama de una producción contemporánea que incorpore las profundas transformaciones vividas en el paso de gobiernos dictatoriales a democráticos. - generaron dispositivos editoriales que desde sus especificidades tipológicas dieron voz a diversos agentes comprometidos en la Cultura del diseño en formación en el Uruguay del siglo XXI. Desde esta perspectiva analizaremos la Revista de la Facultad de Arquitectura, publicación institucional; Trazo, producida por el Centro de Estudiantes de la Facultad y el&amp;nbsp; Boletín del Instituto de Teoría del Urbanismo, caracterizado por la generación de un leguaje gráfico universal orientado al urbanismo pero que hoy enmarcaríamos en el diseño de información.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Mónica Farkas&amp;nbsp;&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;br /&gt;Universidad de la República-Montevideo</text>
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                <text>&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Laura Cesio&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Universidad de la República-Montevideo</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Magdalena Sprechamann&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de la República-Montevideo</text>
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FICCIONES	METROPOLITANAS	
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Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	
	
PAUL WESTHEIM Y MÉXICO EN LA CULTURA: Circuitos críticos, teóricos y
editoriales entre México y Alemania (1941-1961)
	
Natalia de la Rosa
Duke	University	
	Carolina	del	Norte
Resumen
Paul Westheim (1886-1963) fue uno de los críticos de arte más relevantes del siglo XX,
tanto de México, su segunda patria, como de Alemania, donde fue importante voz del
expresionismo y de las vanguardias artísticas entre las dos guerras mundiales. Este
trabajo ofrece un retrato de su pensamiento estético a través de su participación en el
semanario México en la cultura (1948-1961). Se parte de una selección de escritos tanto
de su periodo alemán, al frente de la revista Das Kunstblatt, como de su etapa mexicana,
en la que publicó sus principales libros y fue asiduo colaborador del suplemento cultural
dirigido por Fernando Benítez. Sus antecedentes como editor de las vanguardias le
permitieron establecer puentes conceptuales transhistóricos y transculturales; así, en
México pudo retomar temas de trabajo como la muerte y el grabado en madera, lo
mismo que sentar los fundamentos estéticos del arte prehispánico, y asimismo seguir
con atención el efervescente medio de la pintura mexicana del momento.
Palabras clave: Paul Westheim, Vicente Rojo, México en la cultura, arte moderno
mexicano, vanguardia.
This essay offers a research on Paul Westheim aesthetic thought through his
collaboration in the publication México en la cultura (1948-1961). Paul Westheim
(1886-1963) is one of the most important art critics of the XX Century, for Mexican Art
History, and for German art criticism, where he was an important voice of
expressionism and artistic avant-gardes, between the two World Wars. This text present
an analysis on a selection of his writings from both his German period, leading the Das
Kunstblatt magazine, and his Mexican stage, in which he published his main books and
was a regular contributor to this cultural supplement directed by Fernando Benítez. His
background as editor of the avant-garde allowed him to establish trans-historical and
transcultural conceptual connections. Thus, in Mexico he was able to rework themes
such as death and wood engraving, as well as laying the aesthetic foundations of preHispanic art, as well as carefully following the effervescent medium of Mexican
painting of the time.
Keywords: Paul Westheim, Vicente Rojo, México en la cultura, Mexican Modern Art,
Latin American Avant-garde.

	

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�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	

	
Introducción

El suplemento cultural México en la Cultura presentó en junio de 1953 el artículo
“Wilhelm Worringer. Abstracción y naturaleza”, firmado por el crítico de arte y asiduo
colaborador de este semanario del periódico Novedades, Paul Westheim, con motivo de
la traducción del libro al español realizada por la hispanista Mariana Frenk. En el texto,
el autor alemán descifró la teoría y el legado de Worringer para los estudios del arte: el
libro modificaba radicalmente las jerarquías de los valores estéticos y asumía este valor
no en el objeto, sino en la respuesta del espectador, “sólo hasta donde existe esta
proyección sentimental son bellas las formas”. (Westheim, 1953, p.1).
Esta reseña es significativa por varias razones. Una de ellas porque remite
directamente a la cercanía que existió entre Worringer y el personaje. En Berlín, durante
las primeras décadas del siglo XX, Paul Westheim fue alumno directo del autor de La
esencia del estilo gótico. Nadie mejor que su discípulo para reiterar la importancia de
Worringer al contexto mexicano. Además, esta breve reflexión daba cuenta de la
adaptación que el propio Westheim había hecho a los conceptos de su maestro en el
exilio, ya que recuperaba en el artículo las tesis del historiador del arte para explicar la
producción artística del México antiguo: “¿habrá acaso algún lector mexicano a quien el
pasaje siguiente con que Worringer ilustra su tesis, no evoque a Teotihuacán; a quien no
le recuerde la voluntad de arte manifiesta en la grandeza del arte teotihuacano?”
(Westheim, 1953, p.1). Con este tipo de acciones, Westheim anunciaba la radicalización
a dicho modelo por medio de una apertura geográfica y temporal.
Esta investigación analiza el trabajo de Paul Westheim como editor de la revista
vanguardista de la República de Weimar, Das Kunstblatt (Revista de arte, 1917-1933),
y como colaborador del semanario cultural, México en la cultura (1949-1961). Al tomar
a Westheim como el eje del argumento, se busca entender cómo este personaje llevó y
reactivó conceptos y metodologías desarrollados en la revista europea, a las páginas de
la publicación mexicana durante las primeras décadas de la posguerra, mientras escribió
para este suplemento, entre 1948 y 1961.
Al dar seguimiento a esta línea editorial, es posible mostrar un modelo
explicativo del arte moderno mexicano alternativo, alejado del relato canónico de la
historia del arte local, establecido por personajes como Justino Fernández.1 Dicho
modelo fue propuesto por Westheim al reinterpretar la teoría del arte alemán en este
otro contexto durante los años que vivió y trabajó en México (1941-1963). Es decir, se
trata de evidenciar la existencia de un relato, como señala José Emilio Burucúa (2016),
neo-nietzscheano, contra-historicista y psicológico-antropológico por la escuela a la que
remite, puesto en marcha por uno de sus protagonistas. Los conceptos y estructuras de
análisis que Westheim exhibió, permiten establecer nuevas consideraciones sobre
																																																								
1	 Claudia Garay Molina ha trabajado los debates entre Paul Westheim y Justino Fernández. Garay
demuestra la forma en que los estudios formalistas dedicados al arte prehispánico, en específico sobre la
figura de Coatlicue, o a pintores modernos como José Clemente Orozco, disienten de lo propuesto por
Westheim. Este enfrentamiento intelectual tuvo como resultado un alejamiento del crítico alemán de la
academia mexicana. Por ejemplo, a pesar de que sus escritos sobre arte antiguo son reeditados y
bibliografía obligada, en el caso de sus estudios sobre arte moderno, no existe un estudio o compilación
de sus textos críticos. Cfr. Claudia Garay Molina, “Paul Westheim y Justino Fernández. Dos visiones del
arte mexicano” en Paul Westheim. El sentido de la forma, México: Museo de Arte Moderno, 2016.

	

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Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
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producciones de imágenes pero, en mayor medida, ofrecen la posibilidad de asumirlas
como símbolos abiertos y como objetos con estructuras espacio-temporales activas.

	

En Alemania, el trabajo intelectual de Paul Westheim, además de mostrar la
impronta de los trabajos de Worringer, funcionó como receptor directo de la Escuela de
Viena, a través de la figura de Alois Riegl (1858-1905), de su texto Problemas de la
forma, y de sus disertaciones sobre el estilo, la forma, y el barroco, como puede notarse
en el párrafo anterior al hacer uso del término “voluntad de forma” (Kunstwollen)
Asimismo, Westheim fue un historiador paralelo a la Escuela de Hamburgo, compuesta
por Ernst Cassirer, Aby Warburg y Erwin Panofsky. (Levine, 2013). Sobre este segundo
caso, Westheim, judío ortodoxo, coincidió en un acercamiento neo-kantiano en el
estudio de la cultura. En el caso de Cassirer, durante el exilio en México, la categoría de
“forma simbólica” de corte filosófico-antropológico (Burucúa, 2016) fue fundamental
para que Westheim desarrollara un estudio sobre el arte antiguo en este nuevo contexto.
Uno de los referentes neo-kantianos que le permitieron realizar esta
transposición del arte antiguo al contemporáneo, vinculado al Kunstwollen, fue el
Vorstellung. Cassirer explica este concepto: “Kant hizo uso del concepto de Vorstellung
y Darstellung típicamente para traducirlos como ‘representación’ y ‘presentación’,
respectivamente. Ambas palabras son construidas por medio del verbo stellen (tomar
lugar y hacer que algo esté en pie) [...] Vor-Stellung, por tanto, significa colocarse
‘antes’ o ‘delante’ (Vor-). [...] La forma reflexiva del verbo, sich vorstellen, significa
representar o imaginar algo”. (S.G. Lofts y A. Calcagno, 2013). Con ello, se enfatiza la
acción de la mirada como la idea sólo en conexión con el ojo, y como Kant señaló en la
Crítica de la razón pura, la representación siempre está ligada a una posible
experiencia, donde el objeto existe sólo después de ser pensado. (S.G. Lofts y A.
Calcagno, 2013).
En el caso de Warburg, Lina Báez plantea también un acercamiento directo con
los postulados de la Bildwissenschaft (ciencia o conocimiento de la imagen).2 En este
sentido, Westheim y Warburg hicieron uso de las imágenes como parte de su
metodología de trabajo, y también como parte de su vida cotidiana, siendo ambos
grandes coleccionistas de ellas. Esto queda claro en el trabajo de montaje que realizó
Westheim durante sus años de trabajo en México en la cultura, como se verá más
adelante, ya que, ante la imposibilidad del coleccionismo que ejerció en Alemania, al
perder sus más de 4,000 obras de pintura y gráfica en manos del gobierno nazi, las
fotografías que rescató y sumó en México, funcionaron como un “Atlas” que le permitió
poner en marcha una yuxtaposición, elaborada para relacionar temas y hacer evidente
sus vínculos, con el fin de que, como en el caso de Warburg, dieran “cuenta de su
gestación, transmisión y transformación.” (Báez, 2010, p.175). Ambos autores se
preguntarán constantemente sobre el nacimiento de la forma, a la que verán como una
necesidad de expresión. Por tanto, coinciden en cuestionar, en términos de la
psicofisiología, cuál es el proceso de la generación de la imagen en el hombre. (Báez,
2010). Este punto es fundamental para entender porqué Westheim fue uno de los
																																																								
2	Esta

relación fue descrita por la autora en las mesas de reflexión llevadas a cabo en el Museo de Arte
Moderno de México en el marco de la exposición Paul Westheim. El sentido de la forma, llevadas a cabo
el 20 de agosto de 2016.

	

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ideólogos del expresionismo.

Existen estudios que han enfatizado la relación el proceso de trabajo de
Westheim en Europa y la adaptación de sus escritos hacia los casos mexicanos.3 No
obstante, esta investigación se concentra en su trabajo como crítico en una publicación
concreta. El objetivo de este trabajo es presentar una forma de reactivación de estos
referentes teóricos a partir de la serie de artículos que Paul Westheim presentó para
México en la cultura, los cuales son vistos como extensiones de un programa estético.
El argumento central del ensayo busca exhibir cómo fue en este semanario, y debido a
su colaboración con el equipo de Fernando Benítez, en el que se encontraba el joven
pintor y diseñador Vicente Rojo, que Westheim logró construir un complejo narrativo
alterno por medio del montaje de fotografías, el cual tradujo de manera visual los
conceptos descritos en el texto. Este entramado generaba una reacción inmediata en el
lector, ofreciendo una síntesis icónica que remite al contenido del escrito. Por medio de
este análisis, se presenta un comentario específico sobre la relación entre crítica y teoría
a partir de un ejercicio narrativo-visual.

Das Kunstblatt: El pensamiento crítico de la vanguardia
Paul Westheim nació en Eschwege, Alemania en 1886. A pesar de la importancia que
tuvo tanto para el desarrollo del arte moderno alemán y de la teoría del arte mexicano,
su figura no forma parte del discurso historiográfico hegemónico, y pocos historiadores
han dedicado trabajos a su pensamiento.4 Juan Adolfo Vázquez fue de los primeros
historiadores en realizar un recuento biográfico sobre el autor, ya que dedicó un texto al
autor tras su muerte, ocurrida en Berlín en 1963.5 Vázquez destacó el sentido de sus
escritos sobre arte precolombino en México y reiteró que representaban la unión de dos
modelos de estudio, uno que comenzaba a desarrollarse en torno al arte antiguo, y otro
modelo teórico estético representado por la escuela formalista alemana. El autor explica
cómo Westheim estableció un aspecto que no se había planteado en textos anteriores
sobre dicha problemática, como lo representaban el estudio de Eulalia Guzmán
																																																								
3	 Destaca

el estudio de Peter Chametzky que refiere al problema del intelectual en el exilio: Peter
Chametzky, “Paul Westheim in Mexico: A Cosmopolitan Man Contemplating the Heavens”. Oxford Art
Journal, Vol. 24, No. 1 (2001), pp. 25-43.		
4	 Destaca el trabajo realizado en Alemania: Lutz Windhöfel, Paul Westheim und Das Kunstblatt. Eine
Zeitschrift und ihr Herausgeber in der Weimar Republik, Colonia-Weimar, Ed. Böh-lau, 1995. En el caso
mexicano dos ensayos dan cuenta de su impacto en el estudio del arte mexicano: Durdica Segota, Paul
Westheim (1886-1963). Expresionismo, un potencial universal” en Rita Eder (coord.), El arte en México:
autores, temas, problemas, México: Fondo de Cultura Económica/Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes, 2001, pp.321-422 (Colección Biblioteca Mexicana) y Rita Eder, “Benjamin Péret y Paul
Westheim: Surrealism and other Genealogies in the Land of the Aztecs”. Surrealism in Latin America:
Vivísimo muerto, Los Angeles: The Getty Research Institute, 2012. En el 2016, el Museo de Arte
Moderno de México presentó la muestra Paul Westheim. El sentido de la forma con curaduría de Natalia
de la Rosa y Gonzalo Vélez.
5 Paul Westheim se encontraba de regreso en su país natal, a donde regresó después de dos décadas de
estar fuera de Europa.

	

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Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
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“Caracteres esenciales del arte antiguo mexicano” de 1933, o los acercamientos de
Salvador Toscano, con “La estética indígena” de 1944 y el “Arte antiguo” de 1946, al
plantear la condición estética de estos objetos. A pesar de utilizar los trabajos de
Guzmán y Toscano como fuente y referencia, Westheim indicó en su primer libro, El
arte del México antiguo (1950), que su proyecto buscaba “captar fenómenos artísticos
desde sus fundamentos espirituales y psíquicos”. (Vázquez, 1964, p.617). De esta
forma, Vázquez introduce la línea teórica de Westheim, iniciada con sus estudios en
Historia del arte en la Escuela Superior de Darmstadt, y que continuaría después como
alumno de Heinrich Wölfflin y Wilhelm Worringer en la Universidad de Berlín. Esta
línea de estudio y pensamiento fue aplicada por Westheim a través de la dirección de las
revistas Das Kunstblatt, Die Schaffenden (1917-1932, Los creadores), y de la serie
Orbis Pictus. Weltkunst-Bücherei, relevante por la presentacion de monografias de
artistas y temas universales del arte, con la cual abrió el panorama a casos como al arte
oriental, africano y americano.6 (Vázquez, 1964)
Sin duda, una de las características de Paul Westheim desde sus años de labor en
la República de Weimar radica en que, las indagaciones que el historiador del arte
realizó al método de Worringer, se centraron en pensar la contemporaneidad desde la
vinculación y promoción de la vanguardia alemana, centrada en el expresionismo y la
bauhaus, siendo este punto el aporte fundamental de Westheim a dicha teoría. Es decir,
el autor describió la aparición de formas nuevas en la pintura, la escultura y la
arquitectura, en relación directa con otras manifestaciones culturales, tomando en cuenta
los casos del pasado artístico europeo, en especial alemán, pero también refirió a
culturas y prácticas de expresión no-occidentales o populares. Si bien Worringer
mantuvo cercanía a las vanguardias, debido en gran parte al interés que sus propios
actores mostraron al acercarse a él, como fue el caso de Vasili Kandinsky, Paul
Westheim abrazó desde el expresionismo una postura crítica que buscó en el pasado la
explicación, significación y respuesta al presente. Su actitud como intérprete de
prácticas culturales vigentes y de la renovación formal a partir del quiebre de las
jerarquías artísticas que propuso su maestro, abrió el camino a que Westheim
entremezclara distintos campos de conocimiento, entre ellos: la arqueología, el arte
popular, la antropología y el arte moderno, disciplinas que son pensadas por Westheim
como prácticas vivas y como respuestas de actores dinámicos. Un ejercicio reflexivo
elaborado bajo estos términos fue el libro Architektonik des Plastischen (Plástica
arquitectónica, 1923), en el que Westheim yuxtapuso imágenes de construcciones
clásicas y ejemplos de tecnología científica, con la escultura y arquitectura moderna
alemana. No obstante, fue la revista Das Kunstblatt, hecha en colaboración con Carl
Einstein, en paralelo a la organización de Europa! Europa?-Almanach (1925), también
realizada en colaboración con Einstein, donde Westheim pudo desarrollar un programa
de producción más amplio y con mayor impacto. La aportación de Einstein a la teoría de
la vanguardia se aprecia en la publicación de Negerplastik (Plástica negra, 1915), libro
que subraya la importancia de la escultura negra para el desarrollo del cubismo, y en el
																																																								
6	Sobre

este aspecto, Vázquez remite como antecedente el escrito sobre arte de la India presentado por
Paul Westheim para esta colección, debido a que fue la primera vez que su análisis era basado en la
relación entre religión y arte. Además, recordó que en esta misma Orbis Pictus, Westheim había dirigido
la edición del caso mexicano, a cargo de Walter Lehman.	

	

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caso de Westheim, este diálogo logró consolidar su método de explicación del arte
moderno en términos de la psicología-antropológica. Por tanto, el aporte de Westheim a
la teoría alemana desde su incorporación a la vanguardia, fue el uso del concepto
Vorstellung, el cual enfatizó el sentido psicológico en la constitución de la forma, y
cuyo argumento fue puesto en marcha de manera gradual en esta revista y por medio de
ejemplos contemporáneos del arte alemán.
La fundación de Das Kunstblatt inaugura una apertura crítica sobre la
vanguardia. El expresionismo visto desde la mirada de Westheim era ante nada una
propuesta teórica sobre el presente. En este proyecto, Westheim se dedicó a exponer
continuamente y de forma inmediata, el desarrollo artístico de personajes como
Wilhelm Lehmbruck, Oskar Kokoschka, George Grosz, Paul Klee, Marc Chagall,
Edvard Munch, Max Pechstein, Otto Dix, Bruno Taut, Walter Gropius y Hans Poelzing.
El estudio presentado en estos espacios se encargó de referir varios aspectos: la
alternativa de la forma dinámica (alejada de la línea clásica albertiana) en el
impresionismo, el postimpresionismo, el cubismo y el expresionismo; la actualización
temática, formal y material en las obras expresionistas de otras producciones icónicas
del pasado, como lo eran el grabado medieval o la escultura gótica; y el desarrollo
simbólico de la forma a través de su relación con contextos culturales.
El exilio en México y la radicalización del método
Los trabajos críticos de Paul Westheim en México fueron concebidos como respuestas
ante el ataque que los nazis llevaron a cabo en contra de la vanguardia desde 1933, año
en que el intelectual huyó de Alemania hacia Francia después de la llegada del nazismo
al poder. Fueron justamente los artistas que defendió y este recurso de transposición
teórica para explicar el arte, lo que fue llamado en el Tercer Reich “arte degenerado”
(Entartete Kunst). La continuidad y la reestructuración del modelo iniciado en Europa
dieron la oportunidad a que Westheim tuviera un nuevo comienzo en México y, sobre
todo, que construyera un nuevo bastión que le permitiera reconstruir lo perdido por
medio de una reformulación crítica.
Además de ser un propagador del expresionismo en México, como lo llamó Ida
Rodríguez Prampolini, (Dúrdica Ségota, 2001) este autor representó la lucha por la
defensa y la libertad del arte. En el primer momento de censura, persecusión y
allanamiento a su biblioteca y colección, Westheim respondió con la denuncia, como lo
exhiben sus trabajos referentes al arte denigrado, pero también los relatos de sátira al
nazismo que hizo como refugiado en Francia, Heil Kaddslatz (1936) y Rassenschande
(1935), término aplicado por los nazis para referir las relaciones amorosas entre un judío
y un ario, acto que era penado severamente. (Von Hanffstengel y Tercero Vasconcelos,
1995). En palabras de su traductora y compañera Mariana Frenk, “criticó
implacablemente, como muy pocos, la ideología artística del régimen nacionalsocialista,
cuya política cultural había impuesto el anatema del ‘arte degenerado’ a las
producciones de muchos de los artistas que él había apoyado.” (Mariana FrenkWestheim, 2005). Es posible encontrar una continuidad de estas mismas imputaciones
en muchas de sus críticas presentadas desde México, como la que presenta en el texto
“La pintura perseguida”, de 1960, dedicada a su colección perdida, la cual contaba con
obras de Oskar Kokoschka, Otto Dix, George Grosz, Max Pechstein y Alexander
	

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Calder. Por tanto, su crítica siempre un arma de denuncia, tanto de los actos vividos en
la Alemania del Tercer Reich, como de las consecuencias del ocaso de la Modernidad
tras las dos guerras.
Al llegar a México, después de la segunda expoliación a Paul Westheim
organizada por la Gestapo en París, presentó como primer obra El pensamiento artístico
moderno (1945). Es muy conocida la anécdota que Westheim contaba sobre su primera
visita al Museo Nacional en 1941. En esta misma ocasión exploró el edificio de la
Preparatoria Nacional y apreció los murales de José Clemente Orozco. El encuentro
entre dos manifestaciones artísticas distintas, pero características del arte local,
anunciaron el interés y vuelco que tendría Westheim en los siguientes años, en los que
analizaría ambos casos, el arte precolombino y el arte moderno, no de forma separada,
sino como manifestaciones entrecruzadas. Con ello, demostró que el método de
Westheim permitía pensar estas manifestaciones, no como derivativas de un modelo
hegemónico, sino paralelas y complementarias.
El crítico interpretó a los artistas contemporáneos bajo las nociones del arte
imaginativo, el movimiento, la abstracción, el arte popular, los estudios cromáticos y,
por supuesto, la forma expresiva, todas ellas asumidas como contrapuntos, alternativas y
extensiones del proceso vanguardista del que fue partícipe. De forma paralela, Paul
Westheim se acercó al arte precolombino poco después de su llegada a México. Escribió
el ensayo “El textil del arte antiguo” (1948) y de inmediato presentó Arte antiguo de
México (1950), al que le siguieron varios títulos más. Para llevar a cabo dichas
investigaciones, el autor se sirvió de material visual diverso y de colecciones
específicas. Además de las visitas a los emplazamientos más significativos, recurrió a la
colección de lo que era el Museo Nacional de México y a acervos privados, entre los
que destacan los de Kurt Stavenhagen, Diego Rivera y Mathias Goeritz. Asimismo,
estos estudios le permitieron colaborar de nueva cuenta con Ernst Rathenau, otro
importante editor de las vanguardias alemanas que emigró.
Este primer libro publicado en México resultó un compendio de pequeños
artículos dedicados a artistas europeos, sin embargo, funcionó también como un primer
esbozo en la nueva etapa de labor intelectual de Westheim, ya que el nombre de Orozco
hizo aparición en el texto. La mención hecha al muralista fue realizada dentro del
apartado dedicado al expresionismo, donde equiparó el mural de San Ildefonso con la
obra del alemán Franz Marc:
Cuando Franz Marc pinta el cuadro Lobos, lo importante, en cambio, para él es
evitar ese rodeo, es expresar directamente el sentimiento y arrebatar al espectador
(como Orozco en el fresco de la Escuela Nacional Preparatoria, cuando trata de
expresar la idea de “juventud”, caracteriza con unas cuantas líneas lo revoltoso, el
espíritu conquistador de los cielos; el impulso de la juventud, que traspone
montañas). El carácter del lobo, para Marc, se reduce a un empuje, a una avidez, a
un enseñar los dientes; y queda comprimido (lo mismo que en el fresco de
Orozco) en unas cuantas líneas que encierran en sí justamente este enseñar los
dientes del lobo. (Westheim, 1945, p.15)

A partir de este paralelismo, Westheim inauguró una segunda alternativa al modelo
crítico que llevaría a cabo en el contexto mexicano, tendiente a reconocer en la pintura
moderna local las semejanzas, pero también particularidades, con respecto a la

	

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vanguardia europea. Para Westheim, México era un espacio de desarrollo vanguardista
y pensó en todo momento, en las vinculaciones y particularidades, y jamás realizó estas
relaciones entre artistas europeos y mexicanos como desde una mirada derivativa.
En el prólogo de su primer obra al castellano, el crítico refirió a su situación
política y explicó que la publicación de la pequeña monografía era sumamente
relevante. Después de servir como voluntario del ejército francés, Westheim perdió un
ojo y en México pudo reparar el daño con una intervención quirúrgica, que de no
realizarse a tiempo habría tenido consecuencias fatales para un historiador del arte. Era
la primera vez en diez años que al crítico se le permitió presentar un trabajo en forma.
Había participado en ediciones apoyadas por la Unión de Artistas Alemanes en París,
pero sólo hasta la llegada a México pudo poner en marcha toda su maquinaria creativa y
dar un giro a sus intereses. De modo paralelo, Westheim recuperó parte de su biblioteca
y buscó noticias sobre su colección extraviada, otro acto que demuestra su interés por
ejercer justicia desde su nuevo hogar.
En 1976, una década después de la muerte de Paul Westheim, Mariana Frenk se
encargó de ampliar esta versión de El pensamiento artístico moderno y de distribuir el
libro, ya que la primera edición de 1945 no la tuvo. Frenk logró transmitir de modo
inigualable la consolidación del modelo de Westheim para el análisis del arte moderno
mexicano. Tal y como hizo a lo largo de dos décadas en sus artículos de Hoy!, La
cultura en México, la Revista de la Universidad y, en mayor medida, México en la
cultura, los textos combinaron reflexiones que describen diversos tópicos del arte bajo
una explicación que incluye al mismo tiempo artistas europeos y mexicanos. Este modo
de argumentación tenía dos virtudes, ya que por una parte permitió mantener viva la
crítica que se vio interrumpida por el exilio y, por otra, mantuvo la condición funcional
de esa crítica, al dar cuenta de la creación artística más inmediata. De este modo, se
evidenció de forma absoluta el modo en que Westheim dio cuenta del arte mexicano y
los nombres que le fueron fundamentales: José Clemente Orozco, Carlos Mérida,
Rufino Tamayo, Gunther Gerzso, Chucho Reyes, Pedro Coronel, Alberto Gironella,
Lilia Carrillo, Juan Soriano, Vicente Rojo y Alvar Carrillo Gil.
Para llevar a cabo esta reformulación, Westheim revivió también el diálogo que
mantuvo en sus años de juventud con Carl Einstein, sumando además las referencias a
Rudolph Otto, Ernst Cassirer y Adolf Riegl, señaladas anteriormente, determinantes
para que Westheim aprehendiera el arte prehispánico en México y lo estudiara a partir
del mito, la religión, la concepción de la naturaleza y las estructuras sociales. Además,
la aplicación de la escuela alemana dio la pauta para que realizara un análisis que
extendió estas manifestaciones culturales al arte moderno mexicano. Los trabajos que
Westheim elaboró en México son análisis sobre las variaciones formales del arte local
en los que encuentra alternativas y una transversalidad con las artes de distintas épocas
y contextos.
En cuatro artistas –Carlos Mérida, Henry Moore, Mathias Goertiz y Gunther Gerzso– el
autor observó el juego de una actualización formal dependiente del pasado. Esta
dinámica artística significó la presentación de símbolos pretéritos (la greca, la serpiente,
la muerte) bajo fórmulas del arte moderno.
Los trabajos que Westheim elaboró en México son análisis sobre las variaciones
formales del arte local que demuestran alternativas y una conexión formal y simbólica
	

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con las artes de distintas épocas y contextos. Debido a su condición de intelectual
cosmopolita,7 Westheim concibe un mundo sin fronteras, y no duda en establecer
vínculos que combinan nacionalidades y etnicidad, especialmente para el arte
contemporáneo mexicano. (Peter Chamezky, 2001). Ejemplo de estas conexiones son
las que señala entre la escultura de Henry Moore y la figura de Chac-Mool, la pintura de
Rufino Tamayo y Xipe Totec y más sorprendente aún, entre el mural de La Piedad
(1942) de Manuel Rodríguez Lozano y el Xiuhtecuhtli. La obra de José Clemente
Orozco mantuvo este mismo sentido de interconexión con el pasado y, a decir de
Westheim, con artistas como El Greco, Rubens, Goya y Picasso, por medio de su
correspondencia a la pintura dinámica, ya que para Westheim, el muralista tuvo la
cualidad de inventar formas expresivas como estos otros autores. Por medio de la greca,
símbolo fundamental de la cultura mexicana, Orozco creó una plástica monumental y en
movimiento.
El muralista jalisciense fue el artista mexicano al que Westheim prestó mayor
atención, al lado de Carlos Mérida y Rufino Tamayo. Además de encontrar en Orozco
una cualidad de creación de un artística, Westheim se apropió de una frase que el pintor
enunció en los Estados Unidos, tras la realización del Dive Bomber (1940) para el
MoMA: “La pintura es un poema y nada más”. Esta máxima de Orozco le permitió a
Westheim explicar la generación del arte en concordancia con sus intereses teóricos: “se
debía inventar una forma de expresión que corresponda a una idea.”
Otro de los artículos publicados en México en la cultura refleja el sentido que
Westheim observó en la crítica. Al hablar del expresionismo refirió al mismo tiempo a
su postura frente a la escritura: “Expresionismo. ¿Qué quiere expresar? No los
acontecimientos de la vida exterior, sino las vivencias internas en que se refleja el
encuentro del individuo frente al mundo. Su sentimiento hacia la realidad es el
sufrimiento.” (Westheim, 1954, p.2) De esta definición, Westheim asumió que su
práctica crítica partía de la necesidad de crear como respuesta a los acontecimientos
presentes. En palabras del autor, el arte es creación de formas y el artista debe descifrar
y explicar estas invenciones con las cuales pueda transmitir sus vivencias al espectador.
El crítico es el encargado de leer este nuevo código, de modo que, como la expresión de
emociones modifica el mundo, la crítica en tanto lenguaje y creación también participa
de este proceso. Se trata de una forma de postura frente a la realidad, ya que la crítica es
una labor que busca revelar la esencia de las cosas y no su apariencia. Esta
espiritualidad de una época fue la que Westheim buscó exponer constantemente hasta el
día de su muerte, durante un viaje a Berlín, cuando preparaba justamente una
monografía sobre Orozco. En el Cristo destruyendo su cruz (1943) de este mismo
artista, el crítico encontró la referencia a su escritura, ya que para Westheim, la imagen
traduce la añoranza del retorno al alma, los valores humanos y espirituales, y
comprende las amenazas, pero también los aportes de una época.
El expresionismo es un arte que está cargado de ideas trascendentes, casi
religiosas. Fueron estas formas expresivas de la arquitectura moderna mexicana las que
más causaron impacto en Paul Westheim. En México en la cultura resaltó la obra de
																																																								
7	Peter

Chamezky explica que esta condición de intelectual cosmopolita radica en su origen judío. El
autor recupera las consideraciones de Henrich Heine sobre este tema.

	

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José Villagrán, Vladimir Kaspé y Max Cetto, pero fueron los diseños de Enrique de la
Mora, debido a la espiritualidad que manifiesta, los que mayor fortuna crítica tuvieron
en los escritos de Westheim, ya que dedicó artículos a cada uno de sus proyectos más
importantes: La Bolsa de Valores, El Fondo de Cultura Económica, La Purísima y El
Altillo, en colaboración con Félix Candela. En el caso de la arquitectura religiosa,
Westheim resaltó la participación de los artistas Herbert Hoffman-Ysenbourg, antiguo
colaborador de la bauhaus, y Kitzia Hoffman, cuyas esculturas y vitrales
complementaron el sentido místico de la construcción.
En términos del estudio del arte moderno, la heterodoxia de Westheim, permite
una apertura metodológica en el estudio de estas manifestaciones. Por medio de este
acercamiento, es posible quebrar las separaciones realizadas por los estudios
historiográficos. Por ejemplo, una división común en el relato del arte de la mitad del
siglo XX en México es entre la Escuela Mexicana de Pintura y el movimiento de la
Ruptura. En el caso de Westheim, al estar alejado de los enfrentamientos ideológicos
entre estos dos grupos o de las disputas por la representación hegemónica cultural, pudo
trabajar al mismo tiempo a Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro
Siqueiros que a Pedro Coronel, Vicente Rojo o Lilia Carrillo.

México en la Cultura: Paul Westheim, Vicente Rojo, y el montaje simbólico
Sin duda, las páginas de México en la cultura, semanario cultural del periódico
Novedades, eran distintas a otras publicaciones mexicanas de la época. México en la
cultura fue fundada por el editor y promotor cultural, Fernando Benítez.8 No obstante,
el diseño, así como el contenido de la publicación, establecieron una diferencia
sustancial con otras producciones paralelas. Aunque en ciertas ediciones algunos
autores colaboraban al mismo tiempo para la Revista de la Universidad o para Hoy!,
México en la cultura mantuvo, por lo menos hasta 1961, año en que Benítez deja la
dirección, una línea o estructura editorial que consolidó un programa intelectual
particular en la época.9 Por una parte, representó la consolidación de un acercamiento
crítico consistente sobre la producción cultural de esos años, por gente como José
Moreno Villa, Ceferino Palencia, Raquel Tibol, por otra, el paso hacia otra generación,
de la que formaron parte Ida Rodríguez Prampolini o Juan García Ponce. En sus páginas
se habló de la introducción de Merleau Ponty al contexto mexicano, de los formatos
más experimentales en el cine o de las adaptaciones de teatro más radicales. En el
equipo estuvieron acompañando a Benítez Pablo y Henríquez González Casanova,
																																																								
8	 Fernando Benítez (1912-2000) fue un periodista, escritor, editor e historiador mexicano. Comenzó su
carrera en Revista de Revistas en 1934, y posteriormente fue corresponsal, editor, y director de el
periódico oficialista El Nacional para posteriormente transformar el semanario del periódico Novedades
en el suplemento cultural México en la cultura. Como escritor estuvo vinculado a la política y la
antropología. Destaca el libro Los indios de México de 1969.
9	 La

salida de Fernando Benítez sucedió después de varios enfrentamientos con el director del diario
Novedades, el político e ideólogo del PRI, Ramón Beteta. Las tensiones existían, debido a que el diario
tenía un corte conservador, no obstante, en el contexto de la Revolución cubana, las negociaciones con el
suplemento progresista se volvieron imposibles.

	

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Leopoldo Zea, Gastón García Cantú, y otros personajes relevantes de la siguiente
generación intelectual, entre ellos, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Juan Vicente
Mello, Emilio García Riera, Jorge Ibargüengoitia y José Emilio Pacheco.
Al abrir las páginas del suplemento, la primera página introducía a una síntesis de los
temas más importantes, una mezcla de tres o cuatro artículos. Pero, la mayoría de las
veces, la primera plana estaba dedicada a un autor: Paul Westheim. El armado de texto e
imagen estaba dedicado a generar un impacto en el lector. Se trataban de los temas que
no narraban, a manera de periodismo cultural, noticias sobre exhibiciones o
acontecimientos culturales, sino que eran disertaciones concentradas en el arte
precolombino, el arte moderno europeo y el desarrollo de la vanguardia mexicana.
Además, el diseño de la página estaba concebido de una forma distinta a las demás
páginas, en gran medida por el material fotográfico que la componía, y por el diálogo
existente entre autor y diseñador.

Artículos de Paul Westheim para México en la cultura suplemento de Novedades (1948-1961), con la
dirección artística de Vicente Rojo. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, Secretaría de Relaciones
Exteriores, México.

	

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Paul Westheim, “Maestros del arte moderno”, México en la cultura suplemento de Novedades, México,
24 de abril de 1955, p.1. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, Secretaría de Relaciones Exteriores, México.

Fernando Benítez llevó a las imprentas de México en la cultura al artista español Miguel
Prieto, exiliado en México desde 1939, después de trabajar con él en el diario El
Nacional. Así como el papel de Benítez fue fundamental para contener e impulsar un
proyecto cultural local, el caso de Prieto revela la importancia de su trabajo para el
desarrollo del diseño gráfico en México.
En 1956, Vicente Rojo comenzó a hacerse cargo del semanario México en la
cultura, tras una larga enfermedad de Miguel Prieto: “Quienes más me atraían eran Paul
Westheim y José Moreno Villa, quizá porque escribían sobre arte. Dada mi timidez, me
costaba mucho relacionarme con ellos, sin embargo; con oirlos hablar y discutir me
daba por satisfecho.” (Vicente Rojo, 2017, p.1) En la reciente muestra realizada al
artista Vicente Rojo en el Museo Universitario Arte Contemporáneo, se enfatizó la
relevancia de su trabajo diseñístico paralelo a la producción plástica: “Ayudado por su
rigor personal y su fabulosa productividad, Rojo contribuyó como casi nadie más a dar
forma y fondo a la producción cultural de la segunda mitad del siglo XX.” (Medida y
De la Garza, 2015). La experiencia de Rojo en estos años fue determinante, y su diálogo
con Westheim significó para el joven pintor, la introducción a los temas que trató el
crítico alemán, además de impactar el desenvolvimiento de la función comunicativa de
su producción que le caracterizan. Prueba de ello es la obra homenaje que Rojo dedica a
este personaje, Carta a Westheim (2008), en la que el artista reactiva no sólo la teoría
visual del crítico, al combinar referencias a reproducciones de obras que remiten al arte
prehispánico, al arte medieval, renacentista, o al cubismo, sino que señala directamente
a la forma de trabajo en sus años de colaboración.

	

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Vicente Rojo, Carta a Paul Westheim, técnica mixta sobre tela, 2008, 180x180, díptico,
colección particular.
Según relata Vicente Rojo, la colaboración con Paul Westheim era distinta a la que
realizaba con otros contribuidores del semanario, quienes entregaban el texto y las
ilustraciones corrían a cargo del equipo editorial. En cambio, Westheim llevaba su
propio material visual. El teórico alemán incluía fotografías específicas para activar el
texto que le acompañaban, y después de la sesión de trabajo con Rojo, pedía de vuelta
sus imágenes.10 Estas fotografías representaban su nueva colección, las cuales llevaba
consigo desde su exilio o fue consiguiendo de alguna forma con otros colegas
refugiados en países como los Estados Unidos. Este acto da sentido al resultado tan
peculiar de las páginas de México en la Cultura. ¿Qué imágenes eran llevadas por
Westheim y cómo fueron utilizadas por Rojo? Podemos referir brevemente a tres
ejemplos y, por tanto, dos líneas de montaje distintas: uno vinculado al desarrollo de la
fotografía antropológica, y uno más, mucho más sofisticado, que activa la combinación
de referentes para la activación simbólica.
Para el primer caso, es indispensable retomar las intervenciones de Ernst
Rathenau en los textos de su colega y amigo. Rathenau, a quien Paul Westheim conoció
en Alemania, donde trabajaron juntos en el mundo editorial, viajó una temporada a
México proveniente desde desde Nueva York, donde se vivió permanentemente tras el
exilio. Durante estos años, no ejerció la labor de editor, que tanto renombre le dio en
Europa y los Estados Unidos, sino que realizó una labor como fotógrafo, centrado en los
temas de arqueología, los cuales a la par estaba estudiando Westheim. Este
acercamiento a la fotografía funcionó para que el crítico dedicara un texto al trabajo de
Rathenau, “Un fotógrafo que ve a México”, aparecido el 29 de julio de 1949. En el
artículo, Westheim explica: “Ernst Rathenau, nacido en Alemania, reside en Nueva
York y hace años que es ciudadano de los Estados Unidos. Su tío fue aquel Walter
Rathenau, director de la AEG-una de las más importantes compañías de electricidad en
																																																								
10	(Vicente

	

Rojo, comunicación personal. Ciudad de México, diciembre de 2015).
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Europa-, culto escritor y finalmente ministro de Relaciones Exteriores de la República
de Weimar, hasta que los nazis lo mandaron a asesinar por unos muchachos jóvenes,
pues los estorbaba en su camino hacia el poder.” (Westheim, 1949, p.1). En seguida, el
crítico refirió a su formación como editor y coleccionista, relatando cómo fue
conocedor, promotor y editor de las obras de Kaethe Kollwitz, Lovis Corinth, Wilhelm
Lehmbruck, Oskar Kokoschka, George Grosz, como fundador de la editorial
Euphorion-Verlag, “expresamente para difundir grabados y libros ilustrados de artistas
jóvenes”. Fue de esta forma, y a través de la revista trimestral Die Schaffenden (Los
creadores), que ambos trabajaron juntos, al ser Westheim director de la publicación
fundada por Rathenau. Como fotógrafo, este personaje viajó por India, Malasia, China,
cuyas imágenes fueron presentadas en el libro Oriente de la editorial J.J. de Nueva
York. Westheim advierte en su nota que, más allá de un “exotismo” o de retratar lo
“pintoresco”, las imágenes de Rathenau fueron realizadas desde una mirada que
representa “las auténticas manifestaciones de la vida popular”, la cual resulta particular,
no por los temas elegidos y conjuntados (pirámides, iglesias barracas o el México
contemporáneo), sino por el enfoque de este registro debido, indica Westheim, a que el
acercamiento que hace un realizador de libros y revistas, a quien nombra como un
Humboldt contemporáneo.
Si recordamos el aporte de Paul Westheim a la crítica de la vanguardia, queda
claro que su postura retomó las consideraciones que Charles Baudelaire presentó en el
Pintor de la vida moderna sobre la escritura en la Modernidad. Si los grabados de
Honoré Daumier eran la manifestación visual equivalente a la crítica de Baudelaire, la
caricatura y los fotomontajes de George Grosz representan el paralelo icónico al trabajo
crítico de Westheim. El carácter dinámico de su escritura es equiparable al fotomontaje
político de Grosz. A través del montaje, Westheim, de la mano de Rojo, reactivó dicha
alternativa. Cuenta Grosz que al inventar el fotomontaje con John Heartfield, buscó
utilizar las imágenes para expresar ideas que los censores nunca les hubieran permitido
presentar por medio de la palabra. En el momento de su radicalización teórica, el crítico
e historiador del arte alemán hizo uso de esta yuxtaposición de imágenes para presentar
un comentario político. Así como su crítica no olvidó el paso de los nazis por Alemania,
el acomodo de sus imágenes remitió constantemente a este suceso, al publicar las
propias fotografías de su colección perdida, como una forma de herramienta
mnemotécnica. Además, era una estrategia efectiva para hacer evidente los entrecruces
que estaba realizando. Uno de los ejemplos más claros es el expuesto en “La Calavera”
o “La danza macabra”, artículos en los que Westheim combina grabados medievales
con esculturas aztecas, y grabados expresionistas con xilografías de José Guadalupe
Posada.

	

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“Paul Westheim. Homenaje en sus 70 años”, México en la cultura suplemento de
Novedades, México, 6 de agosto de 1961, p.1. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada,
Secretaría de Relaciones Exteriores, México.
Podemos concluir que el aporte de Paul Westheim a la teoría formalista alemana
radicó en pensar las formas del pasado en su relación expresiva con la
contemporaneidad. Por esta razón, es necesario retomar la escritura crítica de Westheim
generada desde las páginas de México en la cultura, ya que dan cuenta de un flujo de
categorías teóricas que iniciaron en la Alemania revolucionaria y se radicalizaron en un
México que, tras la posguerra, comenzaba a redefinirse. Al retomar este personaje se
abre la posibilidad de omitir las barreras nacionales, ya que las herramientas
conceptuales que Westheim propuso permiten repensar la producción artística de forma
distinta. La intervención crítica de Westheim evidencia una línea en la producción
intelectual en México que rompe la estructura centro-periferia constante en el estudio de
la vanguardia continental.
	
	

	

	

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�I	Jornadas	Internacionales	de	Estudios	sobre	Revistas	Culturales	Latinoamericanas	

FICCIONES	METROPOLITANAS	
Revistas	y	redes	internacionales	en	la	modernidad	artística	latinoamericana	
Centro	de	Estudios	Espigas	–	IIPC‐UNSAM,	Buenos	Aires,	8‐9	de	mayo	de	2017	
	

	
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>PAUL WESTHEIM Y MÉXICO EN LA CULTURA: Circuitos críticos, teóricos y editoriales entre México y Alemania (1941-1961)</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Paul Westheim - Vicente Rojo - México en la cultura - arte moderno mexicano - vanguardia</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Paul Westheim - Vicente Rojo - México en la cultura - Mexican Modern Art - Latin American Avant-gard</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paul Westheim (1886-1963) fue uno de los críticos de arte más relevantes del siglo XX, tanto de México, su segunda patria, como de Alemania, donde fue importante voz del expresionismo y de las vanguardias artísticas entre las dos guerras mundiales. Este trabajo ofrece un retrato de su pensamiento estético a través de su participación en el semanario México en la cultura (1948-1961). Se parte de una selección de escritos tanto de su periodo alemán, al frente de la revista Das Kunstblatt, como de su etapa mexicana, en la que publicó sus principales libros y fue asiduo colaborador del suplemento cultural dirigido por Fernando Benítez. Sus antecedentes como editor de las vanguardias le permitieron establecer puentes conceptuales transhistóricos y transculturales; así, en México pudo retomar temas de trabajo como la muerte y el grabado en madera, lo mismo que sentar los fundamentos estéticos del arte prehispánico, y asimismo seguir con atención el efervescente medio de la pintura mexicana del momento.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;This essay offers a research on Paul Westheim aesthetic thought through his collaboration in the publication México en la cultura (1948-1961). Paul Westheim (1886-1963) is one of the most important art critics of the XX Century, for Mexican Art History, and for German art criticism, where he was an important voice of expressionism and artistic avant-gardes, between the two World Wars. This text present an analysis on a selection of his writings from both his German period, leading the Das Kunstblatt magazine, and his Mexican stage, in which he published his main books and was a regular contributor to this cultural supplement directed by Fernando Benítez. His background as editor of the avant-garde allowed him to establish trans-historical and transcultural conceptual connections. Thus, in Mexico he was able to rework themes such as death and wood engraving, as well as laying the aesthetic foundations of preHispanic art, as well as carefully following the effervescent medium of Mexican painting of the time.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Natalia de la Rosa&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DukeUniversity&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Carolina&lt;span&gt; &lt;/span&gt;del&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Norte</text>
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Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

REVISTAS DE VANGUARDIA. El discurso fundacional de la arquitectura
moderna chilena.

Pablo Fuentes Hernández
Universidad del Bío-Bío
Concepción, Chile*
Resumen
Este trabajo muestra los primeros contactos de los artistas y arquitectos chilenos con la
vanguardia arquitectónica de la modernidad. Asimismo, examina la divulgación escrita
de sus textos así como la primera propagación del ideario CIAM en Chile. En particular,
acentúa la difusión y aplicación de los nuevos conceptos urbanísticos modernos de la
ciudad funcional muchos de ellos aplicables a la generación de los colectivos
residenciales, que caracterizan la producción habitacional del siglo XX.
Palabras clave:
Arquitectura moderna, revistas de arquitectura, conjuntos habitacionales.
Abstract
The present research identifies the first contacts of the Chilean artists and architects
with the architectural modernist avant-garde.At the same time, we analyze the
dissemination of their texts, as well as the spreading of the CIAM ideology in Chile. In
particular, we enhance the propagation and application of the new urban concepts of the
functional city as they were applied to the construction of residencial complexes, which
characterize the residential production in the 20th century.
Keywords:
Modern architecture, Architecture magazines, Residencial complexes.

* Resultado del Proyecto FONDECYT: La cultura arquitectónica regional. Lecturas críticas y perspectivas
comparadas entre las revistas de arquitectura chilenas y argentinas de la segunda mitad del siglo XX, nº 3150013; y
del Grupo de Investigación en Patrimonio de la Universidad del Bío-Bío nº 171804/VC y del Proyecto PÍA-Anillos
de Investigación SOC 1403 Patrimonio industrial: Formas de habitar colectivo en el sur de Chile. Aportes para su
puesta en valor y recuperación integrada.

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El debate sobre el ideario de la arquitectura moderna en Chile se inició
tempranamente, cuando en le década de los 20 se publicaron las primeras referencias a
la nueva arquitectura. Las 3 intervenciones del poeta chileno Vicente Huidobro en la
revista de vanguardia L´Esprit Nouveau, dirigida por Paul Dermée, donde Charles
Edouard Jeanneret -Le Corbusier- y Amédée Ozenfat tuvieron una participación
fundamental, alentó la atención de artistas chilenos sobre los fundamentos de una nueva
arquitectura que en ese espacio editorial se debatía 1. El contacto de Vicente Huidobro
con Le Corbusier, quien había publicado 4 artículos en L`Esprit Nouveau, abrió la
oportunidad para que ese conocimiento se extendiera a otros vanguardistas como Juan
Emar que incluso por entonces llegó a residir en París.
De ese modo, en Chile, los artistas de vanguardia tuvieron la posibilidad de
desarrollar ese debate nacional en la revista Notas de Arte (1923-1927) -suplemento del
Diario La Nación- dirigida precisamente por Juan Emar, pseudónimo de Álvaro Yáñez
Bianchi, hijo del director del diario Eliodoro Yáñez. Así, esta publicación fue el medio
difusor de los preceptos de la vanguardia artística europea de comienzos del siglo XX
en Chile y el medio por el que la vanguardia chilena pudo expresarse con ideas propias.
A Emar se debe la divulgación en Chile de artistas como Cézanne, Matisse, Juan Gris,
Picasso, Van Dongen, etc. Asimismo, la presentación de connacionales como, Arturo
Valdés Alfonso, Totila Albert, Camilo Mori, Magallenes Moure, Vicente Huidobro y
del grupo Montparnasse, que incluía a Manuel Ortiz, Julio Ortíz de Zárate, Henriette
Petit, José Perotti y Luis Vargas Rosas, entre otros.
Para el caso comparecieron en Notas de Arte análisis y comentarios sobre
música, danza, literatura, cine, diseño industrial, que actualizaban sus fundamentos y
renovaban el debate nacional (Fig. 1). Específicamente, la arquitectura moderna se abrió
un espacio con la divulgación de varios textos que introducían las nuevas ideas y
algunos de los principales arquitectos europeos que dirigían ese debate.

Fig.1.Detalle de la portada de La Nación, miércoles 30 de julio, 1924
1

Huidobro publicó en L´Esprit Nouveau “La littérature de langue espagnole d`aujourd`hui. Lettre
ouverte à Paul Dermée” “La littérature de langue espagnole d`aujourd`hui. Lettre ouverte à Paul
Dermée” (1920,1: 111); “Époque de Création”(1922, 15:1820-1821); “La Création Pure. Propos
D´Esthétique” (1921, 7: 769-776) y “Espagne” (1923,18:s/p).
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A Notas de Arte se debe la divulgación pionera de uno de los arquitectos más
emblemáticos del Movimiento Moderno: de Charles Eduoard Jeanneret -Le Corbusier
Saugnier-, se tradujeron con prontitud algunos de sus primeros textos, entre ellos cabe
destacar: “El camino de los asnos el camino de los hombres” (1 de octubre de 1924). A
la postre, Le Corbusier se transformó en un personaje citado y comentado innumerables
veces adscribiendo a su pensamiento, llegándose incluso a publicar algunos de sus
dibujos y fotografías. Especial mención revisten los comentarios a su libro Vers une
Architecture (1923), -compilación de muchos de sus artículos escritos en L`Esprit
Nouveau- de gran impacto e influencia internacional, que llegó a transformarse en texto
predilecto para la discusión y divulgación de los preceptos. 2 Sus reflexiones sobre la
ciudad, que sentaron las bases del ideario CIAM tuvieron de esta manera una primera
divulgación en Chile. Notas de Arte también recibió comentarios la obra de otros
arquitectos como André Lurçat Mallet Stevens, Tony Garnier, etc.
El propio Emar se transformó en un entusiasta admirador de los derroteros por
los que avanzaba la nueva arquitectura, como se aprecia en “Ideas sueltas sobre
arquitectura” (18 de junio de 1924) (Fig. 2) y crítico de la contingencia arquitectónica
nacional en “Ilusiones santiaguinas. Tango triste, con acompañamiento de serrucho” 3 (1
de octubre de 1924).

Fig. 2.Detalle de la portada de La Nación, 18 de junio de 1924

2

FUENTES, Pablo. “Vanguardia artística y arquitectura moderna en Chile. De Charles-Édouard
Jeanneret a Le Corbusier, trama y escritos para un hilo conductor”. Revista 180, 2015, nº 36, pp. 4855.
3
EMAR, Jean. Ilusiones santiaguinas. Tango triste, con acompañamiento de serrucho”3, La Nación, 1
de octubre de 1924, p. 5.
3

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De esta forma, se puede entender a Notas de Arte no solo como el primer órgano
difusor de la vanguardia artística nacional, sino como el primer medio en exponer las
innovaciones de la arquitectura moderna en Chile. En ese marco, el papel de Le
Corbusier aparece perfilado no solo como un creador innovador, sino como el incipiente
ideólogo del ideario CIAM en general y de las supuestas ventajas de la ciudad funcional
en particular. La aparición de Le Corbusier en Notas de Arte hasta 1927 constituye el
primer antecedente de una divulgación más sistematizada de los conceptos
arquitecturales contemporáneos que van a aparecer en la prensa especializada de la
arquitectura en los años posteriores en Chile.

Difusión para un nuevo urbanismo. Los CIAM en Chile
El ambiente autoritario del primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (19271931) desencadenó, contrariamente a su opresión social, aires nuevos en algunos artistas
y arquitectos que, conocedores del arte de vanguardia, apreciaron en su desarrollo en
Chile un espacio de creación y libertad. Para entonces, en 1928, la revista Atenea,
órgano de divulgación cultural de la Universidad de Concepción publicó tempranamente
en el artículo firmado por J. M. Rojas “En torno a la nueva arquitectura” las primeras
noticias de la primera reunión CIAM de La Sarraz, (Sánchez, 1928: 402). Esta mención
en septiembre de 1928 se hizo apenas unos tres meses después del encuentro en La
Sarraz de junio de ese año, instalando en el debate nacional las nuevas ideas sobre
arquitectura, allí emanadas. De este texto se pueden inferir al menos tres cuestiones. El
primero es que se trata del primer documento que expone en Chile el nuevo lenguaje de
la arquitectura como una expresión autónoma y abstracta, en consecuencia lejana a
imitaciones, ornamentaciones y estandarizaciones estilísticas inaugurando un debate
formal rara vez tratado en Chile; el segundo, es que induce a la adhesión universal de
sus preceptos ratificando que su ámbito es internacional, y en consecuencia rupturista
frente a cualquier tipo de tradición artística local, incluida la académica; y la tercera, es
que su ámbito traspasa el problema formal de la arquitectura para decantarlo sobre la
contingencia social y por ende, política en función de describirlo como un problema
contemporáneo, en manos de un especialista técnico más que un artista.
Resumiendo, podemos decir que la arquitectura, al ajustarse a sus elementos propios y a sus
medios prácticos, se ha encontrado a si misma, ha llegado a ser sólo arquitectura; que el
nuevo hecho arquitectónico obedece a dos factores principales: uno de orden material, que
se refiere tanto a la renovación de los medios como a la cumplida satisfacción de las
necesidades sociales, y otro de orden cultural que reside en la evolución de los conceptos
estéticos, ambos cointervienen y se complementan; que la nueva arquitectura toma una
apariencia netamente geométrica, y que, teniendo puntos de contacto con ciertos órdenes de
la antigüedad, aparece como un estilo clásico frente a los híbridos antiestéticos que le han
precedido; que con ser la arquitectura actual unan forma evolucionada hacia fines
utilitarios, tiene una indudable belleza emanada de la misma lozanía y sobriedad de sus
elementos, y, finalmente, que la arquitectura se define como un arte de condición
esencialmente racionalista o puramente &lt;deshumanizado&gt;; ella no necesita imitar nada; es
el arte puro por excelencia como es por excelencia el arte práctico. 4
4

ROJAS, J.M. “En torno a la nueva arquitectura”. Atenea, Universidad de Concepción, 1928, pp. 407408. En el texto se introducen, además de Le Corbusier los nombres de Perret, Oud y Wagner.
4

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Las acciones del grupo los Decembristas, que asombraron al medio nacional,
hizo coincidir allí en 1934 a dos prometedores estudiantes de arquitectura de la
Universidad de Chile: Jaime Dvor (Jaime Dvoresky) y Waldo Parraguez, quienes
experimentaron con aparatajes plásticos tridimensionales las posibilidades abstractas del
nuevo arte (Fig. 3).

Fig. 3. Visión optimista de Santiago, en La Nación, 1 de octubre de 1924

Poco más tarde, asumiendo que al arte de vanguardia tenía un trasfondo político,
y evidentemente social, la revista chilena ARQuitectura (1935-1936, 6 nºs), dirigida por
Enrique Gebhard, Waldo Parraguez y Mario Antonioletti, -los dos primeros estudiantes
de arquitectura de la Universidad de Chile- entrelazó activamente los problemas de la
vanguardia artística chilena con la arquitectónica; para el caso citaba especialmente
trabajos y textos de Le Corbusier para justificar sus argumentos; prueba de ello que ya
en su primer número ilustró su portada con uno de sus bocetos de la Granja Cooperativa
(1934) (f. 5), correspondiente al estudio de Réorganization agraire, ferme et village
radieux (Reorganización Agraria, granja y ciudad radiante) 5 que luego, en 1937, Le
Corbusier habría de usar en el Pabellón de los Tiempos Nuevos en la Exposición de
5

La idea y el boceto original se debe a Norbert Berzard, pero Le Corbusier lo hizo suyo, actualizó,
mejoró y publicó en el capítulo 7 de La Ville Radieuse donde aparece publicado en 1935. Le
Corbusier. Ville Radieuse. 7ème Partie: Réorganisation rurale. Éditions de l'Architecture
d'Aujourd'hui, Collection de l'équipement de la civilisation machiniste, Boulogne-sur-Seine, 1935.
Fue publicado posteriormente en Le Corbusier. «Réorganisation rurale». En La Ville Radieuse, 31936. Paris: Vincent Fréal and Cie., 1964, p. 324. El documento original pertenece a la Fundación Le
Corbusier, Reorganisation Agricole. FLC. 28624. “Réorganisation agraire, ferme et village radieux,
Sans lieu”, Disponible en:
&lt;http://www.fondationlecorbusier.fr/corbuweb/morpheus.aspx?sysId=13&amp;IrisObjectId=5725&amp;sysLan
guage=fr-fr&amp;itemPos=3&amp;itemSort=frfr_sort_string1%20&amp;itemCount=4&amp;sysParentName=Home&amp;sysParentId=65&gt;.
Le Corbusier usó este boceto en 1937 en un panel del Pabellón de los Tiempos Nuevos en la
Exposición de París. Esta información ha sido recabada por el Dr. David Arredondo de quien se puede
“Le Corbusier y la Reorganización del hábitat rural”, Le Corbusier, 50 years later International
Congress, Valencia, 2015. Disponible en
&lt;http://ocs.editorial.upv.es/index.php/LC2015/LC2015/paper/viewFile/713/1259&gt;.
5

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París (f. X). 6 El uso de esta imagen en la portada de ARQuitectura no es explícito,
aunque como se advierte las argumentaciones de esta revista aspiraban a una completa
renovación de la ciudad chilena, el entorno rural, presente en los procesos migratorios
campo-ciudad chilenos era también de necesaria renovación contemporánea, tema que
también atiende la redacción. Las referencias al urbanismo desarrollado por Le
Corbusier tuvo una nueva oportunidad gráfica en la portada del nº 3 (nov., 1935) de
ARQuitectura, donde fueron publicadas dos fotos con el plan de Obus para Argel (1931)
(Fig. 4).

Fig. 4. Portada revista ARQuitectura, nº 3, 1935. Imágenes del Plan Obus de Le Corbusier

La revista respaldó sus contenidos con la publicación de varios artículos de
arquitectos precursores en la difusión de la arquitectura moderna. De W. Gropius
publicó tres textos: “Los fundamentos sociológicos de la Habitación mínima” 7 (nº 1,
1935: 8-10), “Casa baja, casa mediana, casa alta?” 8 (nº 2, 1935: 10-13 y 23). Se trataba
de un trabajo presentado en el III CIAM (Bruselas en 1930), en él se estudiaba las
relaciones optimas entre la altura de los edificios, sus respectivas densidades y los
espacios entre ellos, es decir, “como, en condiciones análogas de insolación, la casa alta
permite, por medio de una máxima ocupación en volumen y un mínimo porcentaje de
suelo, la creación de zonas verdes” 9. Gropius barajó factores técnicos y económicos
inclinándose por la edificación en altura considerando las posibilidades que la técnica
otorgaba, pero con la comprensión que era necesaria la integración de servicios
colectivos a modo de potenciar la vida comunitaria y las nuevas organizaciones
sociales. 10 Este texto, fundamental en la historiografía de la modernidad, asentaba la
6

Precisamente en este número de ARQuitectura se publicaba “El anexo de «la Habitación» en la
Exposición Internacional de París de 1937, en París”, ARQquitectura, nº 1, 1935, p. 4.
7
GROPIUS, Walter. Traducción de “Die Soziologischen Grundlagen der Minimalwohnung für die
städtische Industriebevölkerung”, Die Wohnung für das Existenzminimun, Englert &amp; Schlosser,
Frankfurt a. M.-Stuttgart, 1930, pp. 17-19.
8
GROPIUS, Walter. Traducción de “Flach-Mittel-, oder Hochbau?”, Rattionelle Bebauungswesein,
Frankfurt a. M.- Stuttgart, relación del III congreso CIAM “Das Neue Frankfurt”, V, 1931.
9
BERDINI, Paolo. Walter Gropius. Edic. Gustavo Gili, Barcelona, 1994, p., 114.
10
Ver GIMÉNEZ, Emilio. “Arquitectura Escolar de Entreguerras” en CASANOVA, María et. al.,
Infancia y Arte Moderno, catálogo de la exposición en el IVAM (Institut Valencià d`Art Modern)
6

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idea de construir bloques en altura media y alta, lo que sería una cuestión fundamental y
decisiva para la propagación del lenguaje moderno asociado a la nueva imagen de la
vivienda colectiva.
De Gropius también se publicó “Arquitectura funcional” (nº 3, 1935: 12-24). De Theo
van Doesburg: “Espíritu Fundamental de la Arquitectura Contemporánea” (nº 3, 1935:
25-27) (Fig. 5). Se trata de una conferencia dictada en la Residencia de Estudiantes de
Madrid en mayo de 1930 y posteriormente en Barcelona el mismo año. Fue publicada
en la revista española Arquitectura, año XII, nº 137, septiembre, 1930.

Fig. 5. Detalle de Theo van Doesburg en artículo “Espíritu Fundamental de la Arquitectura”, Revista
ARQuitectura nº 3, 1935, p. 25

De Sigfried Giedion se presentó “Los Congresos Internacionales para las nuevas
Construcciones” 11 (nº 3, 1935: 30), eran las actas del II CIAM de Frankfurt de 1929, un
texto sobre la dinámica de trabajo CIAM que propiciaba su ideario en Chile, y “Le
Corbusier y la Arquitectura Contemporánea” 12 (nº 4, 1936: 15-17) texto que revelaba su
trabajo.
También se presentó en la revista el texto “Extracto de los Estatutos que
sirvieron de base al Congreso de Francfort-sur-le-Main, el 26 de Octubre de 1929”, que
mostraba de forma completa la estructura organizacional de los CIAM y un resumen de
los cuatro primeros congresos entre 1928 y 1933 (Fig. 6). Esta síntesis comenzó con la
presentación de la Declaración de la Sarraz del 28 de julio de 1928 y concluyó con la
publicación del programa de análisis para la Ciudad Funcional. 13

Centre Julio González 17 diciembre 1998/ marzo 1999, editado por el IVAM y la Generalitat
Valenciana. Valencia, 1998, p., 330.
11
Traducción de “Die Internationalen Kongresse für Neues Bauen”, en Die Wohnung für das
Existenzminimun. Verlag Englert &amp;Schlosser. Frankfurt am Main, 1930.
12
Traducción de GIEDION, Sigfried. “Le Corbusier et l`architecture contemporaine”, Cahiers d`art,
V. París, 1930, pp. 205-215.
13
“Extracto de los Estatutos que sirvieron de base al Congreso de Francfort-sur-le-Main, el 26 de
Octubre de 1929”, ARQuitectura, Nº 3, noviembre, 1935, pp. 31-32.
7

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Fig. 6.- Diagrama CIAM, ARQuitectura n 3, nov. 1935, p. 31

Cabe mencionar que en el nº 1 de agosto de 1935, el artículo “El anexo de «la
habitación» en la Exposición Internacional de 1937, en París” informó de la gestión de
Le Corbusier para la construcción de “una obra de construcción modelo” y las labores
de los CIAM en el proyecto de exposición y construcción del mismo. El texto concluyó
manifestando que “la exposición de 1937 es el lugar donde polarizarán las fuerzas
creadoras”. 14 En el mismo número se publicó un artículo de E. Gebhard “La evolución
de la ciudad y su caos actual” donde analizaba las relaciones de las funciones de
habitación, trabajo y circulación en el contexto de la ciudad de Santiago, un texto crítico
con el desarrollo urbano de la ciudad que repasaba entre otros temas los graves
problemas del déficit habitacional. 15 El texto incorporaba un fotomontaje con el título
“Los nuevos Problemas Sociales. Es necesario organizar el reposo de las masas” que
correspondía al Folleto publicitario de La Ciutat de Repos i de Vacances (1932) para el
Pla Macià reproducido desde la revista A.C. Documentos de Actividad Contemporánea,
de Barcelona, y que había servido de portada al nº 7, año II, y que Gebhard mencionaba
como “revista del formidable GATEPAC”. 16
Finalmente, hay que decir que los acuerdos de los Congresos europeos de La
Sarraz (1928), Francfort (1929), Bruselas (1930), Atenas (1933) y Amsterdam (1935)
fueron presentados en el Congreso Nacional de Urbanismo realizado en Valparaíso en
1938; al parecer el éxito de su exposición fue relativo; un comentario sobre estos
encuentros revelaba ciertas reticencias locales al ideario, al decir que: “no logran

14

“El anexo de «la habitación» en la Exposición Internacional de 1937, en París”, ARQuitectura, nº 1,
agosto, 1935, p. 4.
15
GEBHARD, Enrique. “La evolución de la ciudad y su caos actual”. Revista ARQuitectura, nº 1,
agosto, 1935, pp. 21-28.
16
“Los nuevos problemas sociales.” Fotomontaje reproducido de la revista A.C. Documentos de
Actividad Contemporánea, nº 7, Barcelona, revista del GATEPAC, ARQuitectura, nº 1, agosto, 1935,
p. 28.
8

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vincular sus claras directivas en el espíritu de los miembros de este congreso criollo del
urbanismo.” 17
Sobre Le Corbusier existieron además otros documentos que se refirieron a él o
a algunos de sus libros indirectamente, dando cuenta de su marcada influencia sobre la
difusión de la arquitectura moderna en Chile. Le Corbusier, de este modo, fue el
arquitecto más considerado por los articulistas nacionales, y aún más, en algunos casos
venerado. Al respecto corresponde mencionar al artículo “Le Corbusier”, del médico y
profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile José Garciatello. 18
Es leyendo a este hombre maravilloso que van cristalizándose en mí las ideas cada vez más
hondas y más grandes de estudiar en doctrina, como si fuera urbanismo, el saneamiento de
mi país, a fin de tener agotados los debates en el momento supremo de la acción.
Es por esto que siendo médico y cirujano, escribo sobre Le Corbusier.
Porque amo a Le Corbusier, como amo a Lenin.
(Garcíatello, 1936, 6: 12)

Garciatello, cirujano y seguidor de la arquitectura y al arte de vanguardia, realizó
una amplia labor divulgativa de los principios de la arquitectura moderna en Chile,
especialmente de las consideraciones biológicas, colectivas y funcionales. Trabó
amistad con Le Corbusier y fue un gran admirador de su pensamiento. Llegó a ser
profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile, allí dictó el curso
Bio-Arquitectura, fruto de la Reforma a la Enseñanza de la Arquitectura acaecida en
1946. Entre sus textos destacan: “¿Por qué yo habría sido arquitecto?”, “Le Corbusier”,
“Vida y Arquitectura”, “Una nueva concepción de la Cirugía en relación con la
Psicología”. 19
Así, la revista ARQuitectura arremetió la divulgación de la modernidad
arquitectónica y con el entusiasmo de Parraguez y Gebhard publicó varios artículos de
Le Corbusier, para entonces, un personaje fascinante de la escena arquitectónica
internacional cuyos textos y obras representaban el espíritu nuevo de la disciplina. En el
nº 1, (ago., 1935), presentó el apartado llamado “Dos Cartas”, polémica en la que una de
ellas recogía el fragmento de la “Carta de Le Corbusier a Ginsburg” y la
correspondiente respuesta “De Ginsburg a Le Corbusier”. 20 En su nº 2, (oct., 1935),
publicó el artículo del Dr. Garciatello “Porqué yo habría sido Arquitecto” que incluyó
una foto extraída del libro La Ville Radieuse de Le Corbusier. 21 Igualmente, el artículo
“Urbanismo y Habitación” (nº 2: 15-19, oct., 1935), de Enrique Gebhard, donde incluyó
dos fotos del mismo libro (p. 129 y 149). También publicó, aparentemente por primera

17

CHARLIN OJEDA, Carlos. “Se ha celebrado en Valparaíso un Congreso Nacional de Urbanismo”,
Zig-Zag, nº 1718, 25 de febrero de 1938, p. 41.
18
GARCIATELLO, José. “Le Corbusier”, ARQuitectura, nº 6, abril, 1936. pp. 12-13, 24.
19
Cfr. GARCIATELLO, José (1950). Programa del Curso de Bio-Arquitectura. Escuela de
Arquitectura Universidad de Chile. Imprenta y Litografía Universo S. A., Valparaíso, Chile, 1950.
20
“Dos Cartas”. ARQuitectura, nº 1, agosto, 1935, p. 9.
21
GARCIATELLO, José. “Porqué yo habría sido Arquitecto”, ARQuitectura, nº 2, octubre, 1935, pp.
8-9. La foto fue tomada del libro de Le Corbusier La Ville Radieuse, Editions de “L`Architecture
d`Aujourd`hui”, Bolougne-sur-Seine, París, 1933, p. 155.
9

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vez en español, el texto “La división del Terreno de las ciudades” (nº 2, parte I, nov.,
1935: 33-36). 22
También se publicó el artículo “La Ville Radieuse” 23 (nº 2, oct., 1935:20-23)
extracto libre del libro homónimo (1935) de Le Corbusier que, como se ha visto, era un
texto fundamental y predilecto para los redactores de ARQuitectura que ya habían usado
en la portada del nº 1 un boceto para la Granja Cooperativa publicado allí. 24 En el nº 3,
(nov., parte II, 1935: 33-36), se publicó “La división del terreno de las ciudades.
Ciudades-Jardines versus concentración de la Ciudad”. El nº 4, (ene., 1936: 34-35),
publicó nuevamente otro artículo de Le Corbusier llamado “Las llamadas Artes
Primitivas en la Casa Moderna”. 25

22

Se trata del artículo “Rapport sur le parcellement du sol des villes” presentado al III CIAM,
Bruselas, 1930. Fue publicado por primera vez en el libro recopilatorio de las actas del III Congreso
de Arquitectos Modernos Rationelle Bebauungsweisen, de la Editorial Julius Hoffman, 1931.
23
Se trató de un extracto libre del libro de Le Corbusier “La Ville Radieuse”, Editions de
“L`Architecture d`Aujourd`hui”, Bolougne-sur-Seine, París, 1933. El traductor anónimo eligió
párrafos alternados del libro y los dispuso en continuidad. La investigación ha determinado que los
párrafos corresponden consecutivamente a las páginas, 136, 139, 140, 93, 94, 121, 122, 126, 128, 129
del original. También algunas imágenes fueron tomadas del libro de Le Corbusier en este orden desde
las páginas 141, 139, 167, 207, 131, 126. Otras fotos corresponden a la que ilustró el artículo “La
ciudad de mañana”, revista Arquitectura, Revista Oficial de la Sociedad Central de Arquitectos,
Madrid, a. XIII, nº 114, abril, 1931, pp. 115 y 117.
24
Ver Ut infra N. al P. 27.
25
LE CORBUSIER. “Les Arts Primitifs dans la Maison D`Aujourd`hui”, L`Architecture
D`Aujurd`hui, a. 5, nº 7, julio, 1935, pp. 83-85.
10

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12

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>REVISTAS DE VANGUARDIA. El discurso fundacional de la arquitectura moderna chilena</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;Arquitectura moderna – revistas de arquitectura - conjuntos habitacionales</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este trabajo muestra los primeros contactos de los artistas y arquitectos chilenos con la vanguardia arquitectónica de la modernidad. Asimismo, examina la divulgación escrita de sus textos, así como la primera propagación del ideario CIAM en Chile. En particular, acentúa la difusión y aplicación de los nuevos conceptos urbanísticos modernos de la ciudad funcional muchos de ellos aplicables a la generación de los colectivos residenciales, que caracterizan la producción habitacional del siglo XX.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&amp;nbsp; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The present research identifies the first contacts of the Chilean artists and architects with the architectural modernist avant-garde.&amp;nbsp; At the same time, we analyze the dissemination of their texts, as well as the spreading of the CIAM ideology in Chile. In particular, we enhance the propagation and application of the new urban concepts of the functional city as they were applied to the construction of residencial complexes, which characterize the residential production in the XXth century.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Pablo Fuentes Hernández&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad del Bío-Bío&amp;nbsp; &lt;br /&gt;Concepción, Chile</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
LA FOTOGRAFÍA EN LA REVISTA SUR: Víctor Delhez, fotógrafo

Patricia. M. Artundo
Universidad de Buenos Aires,
Facultad de Filosofía y Letras,
Instituto de Teoría e Historia
del Arte “Julio E. Payró”
Resumen
Sur ha sido abordada desde fecha muy temprana desde distintas áreas del conocimiento; en
nuestro caso se trata de conocer cuál fue el lugar que otorgó a las imágenes partiendo del
concepto de revista ilustrada y cómo ese ser “ilustrada” la llevó a asignar un espacio destacado a
la fotografía moderna. Presentamos así a Víctor Delhez, reconocido como grabador pero solo
conocido por unos pocos como fotógrafo. Sin embargo, en los primeros números de Sur él
cumplió un rol que lo situó junto a algunos de los representantes de la nueva fotografía en
América Latina, como Manuel Álvarez Bravo y Agustín Jiménez, además de Horacio Coppola.
Este artículo se ocupa del conjunto de fotografías y collages refotografiados publicados en Sur y
analiza su trabajo con las fotografías del libro de Karl Blossfeldt, Urformen der Kunst, en su
edición francesa de 1929.
Asimismo, si reconocemos que en la revista existe una clara sintaxis que organiza y separa
ensayos y notas, jerarquizando a los primeros por el empleo de diversos recursos, lo mismo
puede afirmarse en el caso de la fotografía de Delhez. Sur jerarquizó su fotografía en términos
cuantitativos pero también la valorizó en tanto resultado de la acción de un fotógrafo moderno
capaz de ilustrar un texto pero también, y sobre todo, de proponer una estructura narrativa a
partir de sus fotografías.

Palabras clave
Revistas culturales, Sur, fotografía, Víctor Delhez.

Abstract
Sur has been approached from a very early date from different areas of knowledge; in our case it
is a question of knowing the place given to the images starting from the concept of illustrated
magazine and how that being “illustrated” it took to assign a prominent space to the modern
photography. We present Victor Delhez, recognized as an engraver but only known by a few as
a photographer. Nevertheless, in the first numbers of Sur he fulfilled a role that placed him next
to some of the representatives of the new photography in Latin America, like Manuel Álvarez
Bravo and Agustín Jiménez, besides Horacio Coppola. This article also deals with the set of
photographs and collages refotografiados published in Sur and analyzes its work with the
photographs of the book of Karl Blossfeldt, Urformen der Kunst, in its French edition of 1929.
Likewise, if we recognize that there is a clear syntax in the magazine that separates essays and
notes, organizing the former hierarchically by the use of diverse resources, the same can be said
in the case of Delhez’s photography. Sur gave relevance to his photograph in quantitative terms
but also valued them as a result of the action of a modern photographer capable of illustrating a
text but also, and above all, of proposing a narrative structure based on his photographs.

Keywords
Cultural magazines, Sur, photography, Víctor Delhez.
1

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Sur es, sin lugar a dudas, una revista clave en la historia cultural argentina y de ello es
testigo la innumerable cantidad de artículos que se le han dedicado hasta el presente:
analizada desde la literatura, la política, el idioma y la traducción, la antropología, o la
fotografía, entre algunas de las muchísimas áreas del conocimiento que se han detenido
en ella.
No obstante esto, es necesario insistir acerca del hecho de que Sur no llegó a
constituirse en un espacio institucionalizado de manera inmediata desde su aparición en
1931, sino que a lo largo de los primeros años de existencia tuvo que definir y, en algún
caso, redefinir sus propias estrategias de intervención pública (Artundo, 2016, p. 25). Al
respecto, señalamos el lugar destacado acordado a la fotografía que en sus páginas es
dotada de valor propio. Sur se presenta a sí misma como revista ilustrada y lo hace a
partir de dos elecciones: la primera de ellas, la fotografía, que va a ocupar un lugar
central en sus primeros cinco números y, luego, otra elección, el empleo de papel
ilustración para las reproducciones que aparece intercalado a manera de insert entre sus
páginas, en un lugar predeterminado pero que no coincide necesariamente en su
ubicación con el ensayo o nota al que refiere. Asimismo, le reconocemos un valor
programático que se manifiesta en el hecho de que las fotografías, aun ilustrando
ensayos y notas, pueden ser ellas mismas entendidas como ensayos y notas, según la
sintaxis propuesta por la revista. 1
Sin embargo, también señalamos que a pesar de su cantidad y presencia destacada no
figuraron en el índice del número de lanzamiento y que en los subsiguientes solo se
indicaría la cantidad de “láminas de fotografías documentales y artísticas”, se tratase de
las fotografías de Horacio Coppola o las de Manuel Álvarez Bravo. Y si en el caso de
las de Film - Valle –una empresa de perfil profesional consolidado– el crédito
fotográfico apareció en el cuarto número, no ocurrió lo mismo con aquellas otras fotos
publicadas en el número 1 –aun cuando en una de ellas se indicase “Reproducción
prohibida”– atribución a la que se llega a partir del análisis del material que podía
proveer la empresa mencionada. 2 Una irregularidad a la que se suma en muchos casos la
ausencia de créditos fotográficos, por ejemplo para las fotografías de obras de arte. Ahí
el caso más emblemático es que ignoramos si las fotos de los murales de los artistas
mexicanos reproducidas fueron realizadas por Tina Modotti o Álvarez Bravo, en tanto
solo las relacionadas con Alfred Stieglitz –las de Georgia O’Keeffe y las de John
Marin– fueron acompañadas con la leyenda “Con permiso de ‘An American Place’, N.
Y.”, reconociéndole el derecho de copyright.
En Sur, además, uno puede reconocer los distintos “géneros” con los que la fotografía
aparece representada: además de las fotografías de obras de arte, retrato, paisaje,
arquitectura y urbanismo, etnografía. En la mayoría de los casos, ella aparece asociada a
un ensayo o nota que ilustra. Solo en dos oportunidades ese parámetro se vio invertido:
en la nota publicada en el número de lanzamiento, “Nuevos pintores argentinos” –en la
que según su autor, Guillermo de Torre (Torre, 1931, p. 186), su nota en realidad eran
apostillas a las fotografías– y en el número 3, en las que 46 fotografías reproducidas en
1

Aquí seguimos el concepto de sintaxis revista propuesto por Beatriz Sarlo (1992) quien además se
refiere al caso específico de Sur, aunque proporciona una lectura distinta a la nuestra.
2
El Archivo General de la Nación de Argentina conserva la Colección Federico Valle; entre otros, acerca
de esta empresa, cf. Marrone (2003, pp. 39-54 y 131-149).
2

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ocho páginas acompañadas por su correspondiente epígrafe. En realidad se trataba de
una extensa explicación acerca de cada una las fotografías, es decir que estas no
“ilustraban” el ensayo de Walter Gropius sino que el arquitecto se basaba en las
imágenes para tratar su tema “Arquitectura funcional” (Gropius, 1931).
En este contexto que venimos considerando y en relación ya directa con lo que es ahora
nuestro objeto de estudio, la pregunta es ¿cuál es el lugar que ocupan las fotografías de
Víctor Delhez en los dos números iniciales de Sur y qué es lo que se desprende de este
análisis? Para responder, recordemos primero que nuestro estudio parte de la
consideración del objeto revista (Artundo, 2010) y que se extiende al lector que ella
propone y a las capacidades que este posee, además de las operaciones que debe
realizar, en los casos que es necesario, para asociar un texto a una fotografía. En este
punto es claro que la revista tiene confianza en él, en un lector activo, capaz de saber
moverse –o por lo menos capaz de aprender a hacerlo– en el interior de la revista, de
establecer relaciones y asociaciones, capaz también de completar la información que
falta, entre tantas acciones que deberá realizar.
El caso de Víctor Delhez (Amberes, 1902-Chacras de Coria, Mendoza, 1985), siempre
más recordado como grabador que como fotógrafo, resulta complejo por varios motivos.
Primero en lo que hace a la recepción de su obra, en tanto es prácticamente desconocida
su actividad profesional en el campo de la fotografía y solo los trabajos de Rubén Biselli
(2002, pp. 3-7), Verónica Tell (2006, pp. 95-97) y Raúl Antelo (2015, pp. 7-10) se han
ocupado de su presencia en Sur, proporcionando distintas líneas de análisis aunque con
distintos niveles de profundidad en su abordaje.
Por otra parte, la única biografía sobre el artista, El arte nocturno de Víctor Delhez de
Fernando Díez de Medina (Díez de Medina, [1938]), es una “biografía poética” y en
ella, tal como lo destacó en su momento Sturges E. Leavitt, y no precisamente como
algo positivo, “se funden rasgos históricos, novelísticos y poéticos” (Leavitt, 1939, p.
28), y en la que a su carácter poético debe sumarse el hecho de que los nombres de los
actores aparecen cambiados. Asimismo, a su arribo a la Argentina a comienzos de 1926,
su primera exposición en Amigos del Arte –al mismo tiempo que la Exposición de
Pintores Modernos organizada con motivo de la visita de Filippo T. Marinetti–, su
activa participación en publicaciones como Criterio y en Número –hoy más conocidas a
través de los estudios dedicados a la historia del catolicismo– también se ignora su labor
como crítico de arte en revistas como Áurea y su frecuentación de distintos espacios de
sociabilidad como Convivio y la Asociación Amigos del Arte, además de su relación
con un núcleo importante de la élite porteña. Todo esto sin contar toda su actuación
previa a su viaje a la Argentina con la vanguardia belga junto a Michel Seuphor y su
actividad en torno a la revista Het Overzicht (Amberes, 1921-1925) y, en consecuencia,
su conocimiento de los modelos de intervención pública vanguardista, o su estancia en
París y su propia obra como grabador abstracto.
Si todo esto que señalamos nos inclina a reconocer una deuda pendiente que saldada nos
permitiría saber que en 1929 realizó su primera exposición fotográfica en Amigos del
Arte. Según él mismo lo indica en un breve texto autobiográfico: “En 1929 primera
exposición de fotografía modernista en Buenos Aires con ensayos de fotos surrealistas y
abstractos y collage refotografiado y montaje y fotogramas […]” (Delhez, [1975]). Esta
sola información obligaría a replantear la lectura ahora tradicional acerca de la
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exposición de Coppola y Stern en la sala de la redacción de Sur como la primera
exposición de fotografía moderna en la Argentina. 3
Sin embargo, la falta de información apuntada nos permite concentrarnos más aún en su
propia fotografía, tal como fue presentada en la revista. En principio, entre las “24
láminas de fotografías documentales y artísticas” del número 1 (verano de 1931) que
incluyen veintiséis fotografías, solo cuatro pertenecen al artista belga, mientras que en el
segundo número (otoño de 1931) de las veinticuatro láminas son veinte las que le
corresponden a él. La causa de esta inversión cuantitativa en cuanto a su participación a
Sur, solo se puede plantear como hipótesis de trabajo: un número 1, si se quiere ansioso
por dar cuenta de tantas cosas –las exposiciones de arte, el Brasil, la nueva arquitectura,
el arte moderno, la Argentina, Picasso, el arte del siglo XIX– las láminas dedicadas a
Delhez perdían fuerza en un conjunto tan dispar. Es posible pensar que para el número 2
el lugar de privilegio que se le otorgó haya tenido que ver con la necesidad no solo de
jerarquizar la fotografía sino también de hacer más legible al lector aquello que se
entendía por fotografía moderna.
En todo caso el número 1 muestra la complejidad y aun los problemas existentes en
relación con la fotografía –el caso más evidente había sido la imagen “estandarizada”
proporcionada por las fotografías de paisajes del Brasil incluidas en él (Artundo, 2016,
pp. 30-31)– que queda ahora de manifiesto, sobre todo en el primer caso a considerar.
Bajo el epígrafe “Inscripciones de carros” se incluían dos láminas que presentaban lo
que Delhez denominó collages refotografiados. Se trata de fotografías –4 y 5
respectivamente en cada collage– que fueron montadas y pegadas siguiendo un patrón
en zigzag y vueltas a fotografiar (Figura 1).

Figura 1: Víctor Delhez (1931), Inscripciones de carros, Sur, a. 1, n. 1, verano, s.p.

3

Aclaremos que el archivo y biblioteca de Víctor Delhez, a los que aún no hemos podido acceder, es
conservada por su hijo Mario Delhez y sus familiares, en Chacras de Coria, Mendoza. Un trabajo allí
sería sin lugar a dudas revelador en tanto también se conservan los negativos de sus fotografías.
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Sabemos que ellas se relacionan con la nota de Jorge Luis Borges “Séneca en las
orillas” (Borges, 1931) (que aparece unas veinte páginas más adelante de donde se
encuentran las ilustraciones). Pero lo que es más importante es que no solo esos collages
refotografiados están alejados del texto al que deben ser anclados –algo que es casi una
norma en esos primeros cinco números de Sur–, sino que no coincide con su título.
“Inscripciones de carros” (el epígrafe con el que son identificados), alude a “Las
inscripciones de carros”, último capítulo de las “Páginas complementarias” que cierra el
libro Evaristo Carriego de Borges (1930), mientras que el título con el que se conoció
en Sur, “Séneca en las orillas”, refiere a aquel con el que fue publicado por primera vez
poco más de dos años antes en la revista Síntesis (Borges, 1928).
El texto de Borges, ese Séneca (por Séneca, el retórico) que se desplaza por las calles de
la ciudad, se ocupa de aquello que aun siendo menor, como las inscripciones que
identifican a los carros que circulan por ella, merecen su atención. El escritor recupera
treinta y nueve de esas inscripciones que organiza entre aquellas “clásicas” y otras que
son las que ostentan los carritos de los repartidores. Así, entre tantas circulan “La
dormitológica” de Belgrano, “La madre del Norte” de Saavedra, “La flor de plaza
Vertiz” o “La media luna de Morón”. Ese “colecticio capital de chirolas” (Borges, 1931,
p. 175) al ser pensado para ser publicado en Sur fue acompañado por los collages
refotografiados de Delhez. Pero allí también se presentaba un problema, en tanto esa
colección de textos menores y de dispar calidad, ahora presentada en imágenes no
coincide más que una vez con las inscripciones mencionadas por Borges. Es claro que
dos años después de escrito su artículo era difícil volver a encontrar esos mismos carros
y esto provoca que las fotografías más que ilustrar el artículo, en realidad lo
ejemplifiquen. Por otra parte, para realizar sus tomas Delhez debe haber salido con su
cámara a recorrer las calles de la ciudad, probablemente un recorrido y una búsqueda
que compartieron el escritor y el fotógrafo: “Sigo el destino”, “El jaileife”, “El guapo de
Lanús”, “Yo voy y vengo a nadie envidia le tengo”, “Miráme bien soy siempre el
mismo”, “El caído que se levanta”, “Sufra”, son las nuevas inscripciones que se leen en
las fotografías. Se trata del desplazamiento de un tema principal a uno secundario en
tanto no es el registro fotográfico de los carros que transitan por la ciudad, sino de los
textos –calificados por Borges como “colecticio”: “Del lat. collecticius/ 1. adj. Dicho
de un cuerpo de tropa: Compuesto de gente nueva, sin disciplina y recogida de
diferentes lugares”, según la definición de la RAE– inscriptos en ellos. Pero al igual que
sucede en el texto del escritor, al ser extraídas de su propia cotidianeidad las
inscripciones mismas, ahora a través de la fotografía, son jerarquizadas.
Pero las mismas fotografías también plantean otros problemas que Delhez tuvo que
resolver. Frente a tantas inscripciones mencionadas por Borges, cómo dar cuenta de
ellas. Para hacerlo eligió fotografiar el objeto –los carros tirados por caballos con sus
inscripciones– buscando, primero, un acercamiento a los textos que a veces dificulta el
reconocimiento del carro, ya que el fragmento ocupa todo el plano. A ello se suma el
recurrir a encuadres imprevistos –distintas distancias y puntos de vista– que generan en
algunos casos la ruptura del nivel de horizonte pero también permite que se cuelen
algunos personajes no previstos. Las fotografías se sitúan, además, en un registro
horizontal pero en zigzag, en donde franjas horizontales y verticales les sirven de marco
y las dotan de individualidad dentro del conjunto, todo esto para facilitar la
comprensión del lector, pero donde alternativamente se superponen y ocultan parte de
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otras fotografías. Para comprender el recurso propuesto por Delhez basta comparar sus
collages refotografiados con las dos fotografías de Horacio Coppola reproducidas en el
número 5 (verano 1932) de Sur, tituladas Venta de vinos y Venta de carne (Figura 3) y
la dificultad que se establece en su lectura al no existir una división clara entre ambas.

Figura 3: Horacio Coppola (1932) Venta de vinos y Venta de carne,
Sur, a. 2, n. 5, verano, s.p.

En otro sentido, es posible afirmar que nos encontramos frente aun registro moderno
que tiene su origen en la propia cultura visual del fotógrafo. En este punto uno puede
traer a colación un libro que –como veremos luego– fue conocido por Delhez. Se trata
de Kunst und Kultur von Peru de Max Schmidt (Schmidt, 1929). Allí, en varias de sus
páginas y también frente a la necesidad de dejar registro fotográfico de la variedad de
motivos decorativos de la cerámica precolombina, se empleó la reproducción de las
piezas a partir de fotografías que son presentadas en una misma página y en registros
paralelos (Figura 2).

Figura 2: Tonschalen mit geometrischer Bemalung. Ica,
en Max Schmidt (1929), Kunst und Kultur von Peru.

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En algunos casos la base sobre las que se apoyan las piezas operan como separación
entre un registro fotográfico y otro cuando en realidad no existe una separación de
blanco que las delimite. Si este puede ser el origen posible para el registro de Delhez, la
pregunta que se debe haber formulado fue cómo informar de esas inscripciones de
carros a partir de un registro logrado a partir de las posibilidades que brinda la
fotografía moderna. Las fotos de Delhez si bien aparecen dislocadas en relación con el
eje vertical siguen manteniendo una marcada horizontalidad; en este caso la acción del
fotógrafo estuvo orientada a la toma de una serie de decisiones. Primero, respecto de la
fotografía en su relación con el texto de Borges, y luego establecer una estructura
narrativa propia para el posible lector, proponiendo al mismo tiempo una organización
formal que permitiese reconocer aquello que era la fotografía moderna. En este punto
era, precisamente, donde se exhibía la libertad del fotógrafo para intervenir (pegando,
recortando u ocultando parcialmente) sobre su propia fotografía.
Las otras dos fotografías incluidas en ese número inicial de Sur muestran también una
nueva propuesta de Delhez. En este caso se trata de dos fotografías, ambas tituladas
Palo borracho – Argentina (Figura 4). Para comprender una de ellas, la de la lámina
derecha, es necesario considerar la de la página opuesta ya que aquella puede ser
pensada o entendida como un detalle de la segunda. En esta última existe una
referencialidad espacial y si se quiere temporal con el cielo cargado de nubes contra el
que se recortan el tronco y las ramas del árbol; el punto de vista elegido y la distancia,
permiten apreciar el entorno de la naturaleza con árboles (tal vez una Araucaria
araucana) y palmeras en el que el palo borracho se inserta. Esta fotografía es, sin lugar a
dudas más tradicional en términos de su composición aun cuando el fotógrafo optó por
un punto de vista bajo con un contraluz –la caída del sol– pero la aparición del follaje
equilibra la fotografía, pero es un recurso compositivo derivado de aquellos ya
tradicionales y normados de la pintura de paisaje.

Figura 4: Víctor Delhez (1931), Palo borracho – Argentina, Sur, a. 1, n. 1, verano, s.p.

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La fotografía de la izquierda, por el contrario, no solo se acerca al objeto de manera tal
que este pierde toda referencialidad: lo que se observa es un recorte que no busca
reconstruir ante la mirada del espectador la totalidad del árbol sino que se aproxima a él
y se detiene poniendo en foco distintos juegos de luces y sombras, además de la luz que
corre y se derrama desde lo alto del tronco y desciende por sobre la superficie, una
superficie que resulta valorada en su calidad táctil por la textura dada por los aguijones
cónicos del tronco. Es como si Delhez hubiese puesto en acto con un sentido didáctico
las dos posibilidades de la fotografía tal como se conocían en ese entonces. Aquí
podríamos seguir a Luis Priamo, quien al analizar las fotografías de Coppola publicadas
en Sur, propone:
Desde el punto de vista de una estética de la fotografía urbana sería interesante
asimilar históricamente la pintura figurativa y realista con la fotografía “sin estilo”
propia del siglo XIX –es decir: encuadre sin cortes o mutilizaciones del tema
principal y con nivel de horizonte equilibrado–; y, simultáneamente, equiparar la
fotografía moderna, basada en la fragmentación y el detalle del tema inicial hasta
su borramiento o hundimiento en la abstracción –e incluso lo hermético–, con la
pintura no figurativa del siglo XX en sus variadas maneras o estilos. (Priamo, 2009,
p. 16)

Las fotografías de Delhez analizadas nos permiten avanzar más y pensar en otros
términos, por ejemplo la relación entre sus collages refotografiados y el fotomontaje; o
su Palo borracho en el contexto de la Nueva Visión, inclusive acercándolo a la
fotografía de Coppola del mismo año, titulada Buenos Aires, reproducida en el número
5 de Sur, que ha sido contextualizada para la exposición Horacio Coppola: los viajes
(2009, s.p.) en cuyo catálogo una de sus páginas se ocupa precisamente de ponerlas en
relación con una cultura fotográfica en la que aparecen los nombres de Alekxandr
Rodchenko, Agustín Jiménez, Martin Munkácsi, Paul Strand y Edward Weston.
Pero también es posible pensarlas, ya en el contexto de su publicación en el número 1
de Sur relacionándolas, precisamente, con una de las cuestiones planteadas por la
inclusión de los paisajes de cuatro regiones de la Argentina, un debate que tuvo lugar
muchos años después en las voces de Borges y de Victoria Ocampo. Es decir, la
cuestión era si se trataba simplemente de mostrar a los extranjeros aquello que era la
Argentina o, como lo afirmó en su respuesta a esos cuestionamientos la misma Victoria,
mostrarla a los propios argentinos (Biselli, 2002, pp. 4-5; Artundo, 2016, p. 30). La
inclusión de “Séneca en las orillas” –un texto que había sido ya publicado en dos
oportunidades– acompañado por los collages refotografiados de Delhez, indica la
voluntad de presentar a la ciudad de Buenos Aires, desde un nuevo lugar, desde aquel
conjunto de expresiones menores pero que manifiestan una cultura, en este caso
popular. Asimismo, las dos fotografías de Palo borracho, fueron acompañadas en su
epígrafe por la aclaración “Argentina”, de la misma manera que se había aclarado en
aquellas objeto de disputa Borges/Ocampo: “Paisaje de las pampas”, “Paisaje Andino:
El Tupungato”, “Zona tropical: Cataratas del Iguazú” y “Paisaje austral: Tierra del
Fuego”. En el caso de las fotografías de Delhez, tanto pueden referir al país de un modo
más general –de hecho ignoramos a dónde fueron tomadas, aunque es claro que fue
durante los meses en los que el árbol pierde sus hojas– ya que el palo borracho procede
del noreste argentino pero también fue implantado en Buenos Aires por Carlos Thays,
integrando un programa más complejo en relación con el diseño de parques y plazas.
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Para 1930 el Palo borracho era parte indiscutible de la imagen de la ciudad. En
cualquier caso, los collages y las fotos del árbol pueden ser pensados como una forma
de registro fotográfico que difiere notablemente de la fotografía de paisaje incluida en el
mismo número, se trata de responder a un requerimiento –ilustrar o ejemplificar un
texto escrito, o presentar simplemente algo que es propio del país y/o de la ciudad– pero
haciéndolo a partir de la nueva fotografía.
Desconocemos cuál fue la respuesta a la propuesta de Delhez, pero es claro que esta
debe haber sido positiva ya que, como lo adelantáramos, el número 2 de Sur estuvo
prácticamente dedicado al fotógrafo y de las veinticuatro láminas incluidas en él, veinte
de respondían a una nueva propuesta suya. En primer término, podemos reconocer
aquellas fotografías que pueden ser identificadas como propias y que son presentadas
como tales (“Foto Delhez”). Dos de ellas, Pájaro volante del siglo XVIII y Barco
volante del siglo XVIII (Figura 5) incluían la leyenda “Exposición Británica”, es decir
que se trataba de dos piezas expuestas en la Exposición de Artes e Industrias Británicas
(1931). En ambos casos se reconoce la fotografía pura: las dos presentan objetos –un
pájaro y un barco volantes– sobre fondos neutros aunque esos fondos se diferencian
entre sí. El pájaro volante se despliega en el aire y su “cuerpo” proyecta una sombra,
mientras que en la segunda, el barco lo hace en el mar. Esta última, además de la
búsqueda de juegos de luces y sombras presenta una variedad de texturas dada por la
trama misma del tejido del velamen a lo que suma el trabajo directo sobre el negativo,
un rayado que bordea la base del casco.

Figura 6: Víctor Delhez (1932), Hélice, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 7: Víctor Delhez (1932), Pescado, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 8: Víctor Delhez (1932), Engranaje, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.

Las otras dos fotografías incluidas en ese número de Sur, Hélices y Pescado (Figura 6 y
7) exhiben otras posibilidades de la fotografía moderna. Hélices es un elaborado
fotomontaje, una gran hélice que ocupa prácticamente toda la superficie, en cuyo
capucete y pala se producen los más variados efectos. Estos últimos son producto de
reflejos sobre la superficie metálica que maximizan la potencia inherente a una hélice,
que va del detalle del reflejo del impreso de un diario sobre el capacete al hidroavión
que cruza en sentido contrario en la parte superior. Pescado, por su parte, muestra un
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complejo entramado dado por las líneas rectas que organizan el embaldosado a bastón
roto, contrapuesto al volumen de la caja de cristal. Esta caja exhibe un esqueleto del
pescado –una forma natural– que además provoca sombras irregulares sobre el plano del
piso que contrastan con las líneas del piso mismo y con la sombra ahora irregular
proyectada por la caja contenedora.
En las fotografías y en el fotomontaje Delhez muestra no ya su propia capacidad como
fotógrafo moderno, sino la variedad de posibilidades que proporciona la fotografía
moderna. Pero tal vez el caso más significativo en este conjunto de láminas que se
presentan en Sur sea su trabajo a partir del libro de Karl Blossfeldt, Urformen der Kunst
(Formas originales del arte) publicado en 1928, en su edición francesa conocida al año
siguiente, con el título La Plante. Cent vingt planches en héliogravure d’après des
détails très agrandis de formes végétales (Blossfeldt, 1929).
La propuesta de Delhez se apoyó también en la introducción de Karl Nierendorf quien
afirmaba la existencia de un “‘nuevo modo de ver’ por las analogías de formas entre el
arte y la naturaleza mediante la técnica fotográfica” (Grigoriadou , 2010, p. 327). Lo
que en realidad nos interesa señalar en este momento es cómo en su trabajo el fotógrafo
no solo cita a Blossfeldt sino que se apropia de sus fotografías de plantas magnificadas
y genera un nuevo contexto de publicación, fuera de un libro y ahora en una revista
ilustrada.
A partir de siete de las láminas incluidas en Le plante, Delhez propone un ensayo no
tanto sobre aquello acerca de lo que Blossfeldt trabajaba con su fotografía, sino con lo
que afirmaba quien había sido su marchand, Nierendorf
Le choix présent comprend 120 planches tirées de cette riche collection, et chacune d’elles
témoigne de l’unité de la volonté créatrice qu’on retrouve dans la Nature et dans l’Art : ces
documents sont d’autant plus probants qu’ils sont obtenus par le procédé objectif de la
photographie. Celui qui s’est assigné cette tâche et s’y est voué entièrement a pu faire
naitre, par l’intermédiaire de l’appareil photographique, devant l’artiste qui s’approchait
de la Nature, un monde qui englobe toutes les formes de style du passé, depuis la fantaisie
lyrique la plus exubérante jusqu’au calme le plus sévère. La grâce légère d’un ornement
rococo, aussi bien que la force héroïque d’un flambeau de la Renaissance, les rinceaux
mystiquement enroulés du gothique flamboyant, les nobles colonnades, coupoles et tours de
l’architecture byzantine, les crosses d’or sculptées des évêques, les grilles en fer forgé, les
sceptres ouvragés…. toute forme façonnée a son origine dans le monde des plantes.
(Nierendorf, p. VI)

Si dejamos en suspenso el análisis de Nierendorf referido “le procédé objectif de la
photographie”, cuáles son los recursos que Delhez aplicó para concretar su propia
lectura que excedía claramente “les formes de style du passé”. En principio, podemos
hablar de que no se trata solo de una cita de las fotos de Blossfeldt sino de su
apropiación: un procedimiento complejo que lo llevó a recurrir a distintas fuentes,
propias y ajenas, en su exploración de la relación arte y naturaleza y arte y tecnología.
Para eso recurrió, primero, a sus propias fotografías tomadas en ocasión de la
Exposición Británica ya mencionada, enfrentando en las láminas, por ejemplo su
Engranaje a la Equisetum Hiemale (Figura 8).

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Figura 8: Víctor Delhez (1932), Engranaje, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 9: Víctor Delhez (1932), Viruta de acero; Charles Blossfeldt,
Cucurbita: tallo de zapallo, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 10: Charles Blossfeldt (1929), Cucurbita. Tige de citrouille.
Grossissement 4 fois, en Le plante.

En este caso recurrió a un primer plano de un engranaje pero mientras que la Equisetum
se encuentra recortada y ampliada sobre un fondo neutro oscuro, el suyo es lo es sobre
un fondo texturado en el que trabaja sobre su superficie irregular contra la forma
geométrica pura del engranaje destacando su borde externo dentado. Pero si en este caso
no existe intervención sobre la imagen de Blossfeldt, en el de su Viruta de acero
contrapuesta a la Curcubita: tallo de zapallo (Figura 9): una de las fotografías
reproducida en la página 53 de Le plante (Figura 10) es sacada de su contexto original
girada en el sentido que es presentada, recortada y ahora contrapuesta a su propia viruta.

Figura 11: Víctor Delhez (1932), Motor de avión, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.

La tercera de sus fotografías a ser confrontada con la Parnasia Palustris, es su Motor de
avión (Figura 11) fotografiado de frente para que se pueda apreciar su proximidad
estructural con la Parnasia. En estos tres casos descriptos, existe claramente una
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fascinación por la tecnología y su poder –tal es el caso del motor “Jaguar Major”
fotografiado por Delhez– contrastándolos con la misma naturaleza, fascinación a la que
lo que tampoco son ajenos Hélices y sus pájaro y barco volantes.
Pero si dentro de los recursos con que contaba se encontraban sus propias fotografías,
con tomas pensadas previamente en relación directa con las de Blossfeldt –por eso los
primeros planos, puntos de vista, superficies y fondos elegidos– también Delhez se
apropió de otras imágenes que fue acopiando a partir de diversas fuentes. Ese es el caso
del libro de Max Schmidt ya citado –Kunst und Kultur von Peru (Schmidt, 1929)– y de
Die Kunst Indiens, Chinas und Japans de Otto Fischer (Fischer, 1928). Ambos libros
fueron empleados por Delhez pero de distintas maneras según el caso: aun cuando en
ellos es posible reconocer la misma acción (la apropiación) y a lo que conduce esa
acción en cuanto intervención directa sobre la fotografía de otro. Así, en relación con la
fotografía de las pipas tomadas del libro de Schmidt (p. 421), una de ellas, la cuarta
procedente del Ecuador, es eliminada para poder ser confrontada con los tres brotes
tempranos que registra el Castaño de indias americano de Blossfeldt. Asimismo, para
remarcar el carácter monumental de la Pagoda del templo Sun-yüeh-sen en el Sung-shan
(Figura 12) en China con la monumental fotografía del alemán Equisetum hiemale, no
duda en cortar por los laterales la fotografía de Fischer, restándole el paisaje que la
rodea para lograr así un acercamiento del ojo al gran edificio de la pagoda (Figura 13).

Figura 12: Otto Fischer (1928), Pagoda del templo Sun-yüeh-sen en el Sung-shan; Charles Blossfeldt
(1929), Equisetum hiemale: planta invernal, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 13: Otto Fischer (1928), Ziegelpagode des Tempels Sung-yüeh-sse im Sung-shan, en Otto Fischer,
en Die Kunst Indiens, Chinas und Japans.

Hay casos en que Delhez respeta la fotografía y solo se limita a ponerla en relación con
su par en Le Plante como sucede con la terraza superior del monumental Borobudur
(Java central) enfrentada a la Callistema Brachiatum, y lo mismo puede afirmarse de
otras fotografías tomadas del libro de Schmidt. Sin embargo, hay una diferencia notable
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en dos casos en los que Delhez se aparta de las fotografías de Blossfeldt para proponer
una lectura distinta. Nos referimos a aquella foto reproducida con el título Callejón del
Loreto en el Cuzco (Figura 14) –tomada de Kunst und Kultur von Peru– que es
contrapuesta a una del Dr. W. Baier (Wolfgang Baier) –en este caso sin identificar la
fuente de donde está levantada– (Figura 15), contraponiendo no solo dos
temporalidades sino también dos sistemas constructivos (piedra/hierro).

Figura 14: Max Schmidt (1932), Callejón de Loreto en el Cuzco, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 15: Dr. W. Baier (1932), Pasaje, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.

El segundo caso es quizá más complejo, pues parte de la reproducción de un dibujo de
Pablo Picasso, Ernst Ansermet –el celebrado director de orquesta, estrechamente
relacionado desde mediados de la década anterior con el medio musical y cultural
argentino y activo partícipe de Sur–, que es contrapuesto a una figura monolítica de
Tiahuanaco del mismo libro (Figura 16 y 17).

Figura 16: Max Schmidt (1932), Monolito, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.
Figura 17. Pablo Picasso (1932), Ernest Ansermet, Sur, a. 1, n. 2, otoño, s.p.

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Al hablar de una mayor complejidad nos referimos a que en el caso del dibujo de
Picasso indica un trabajo intertextual en tanto la explicación de su presencia no se
encuentra en este número 2 de Sur sino en su número de lanzamiento. Se trata del
ensayo de Eugenio D’Ors, “Los cuatro órdenes de la arquitectura picassiana” (D’Ors,
1931) en los que este también estrecho amigo de Victoria Ocampo y de Sur informa, al
referirse a uno de ellos, que existe “[…] un nuevo tipo tectónico, en que la figura o
racimo figurativo se agigantan, invadiendo lo que en derecho se pudiera llamar dominio
del fondo y constituyen, para mayor humillación del mismo, una mancha de
monumentalidad.” (p. 89). Es precisamente a este orden que pertenece el retrato de
Ansermet; ¿cómo es que el dibujo llegó a manos de Delhez? No lo sabemos, sin
embargo, es posible que aquel número inicial tan abigarrado de imágenes, en las que en
el artículo del español solo se incluyeron dos dibujos representativos de dos de los
cuatro órdenes estudiados, este dibujo haya quedado sin ubicación y entonces el
fotógrafo lo haya querido emplear para ejemplificar la existencia de ciertos principios
constructivos en el arte moderno como preexistentes en el pasado precolombino.
El recorrido que hemos propuesto aquí en relación con Delhez y su trabajo sobre Le
Plante de Blossfeldt nos lleva a algunas consideraciones. Primero, para reconstruir ese
recorrido hemos partido de la información brindada en los epígrafes que identifican las
fotos. En la mayoría de los casos Delhez indica la fuente de donde han sido extraídas,
pero esa indicación solo aparece la primera vez que es citado el texto. Luego, el lector
actual debe recorrer las páginas de los libros de Schmidt y de Fischer para poder
identificar el resto de las fotografías. Asimismo, la forma en que son presentadas las
láminas de fotografías a través de esos insert –seis en total, de cuatro páginas cada uno–
suman otra complejidad ya que solo en las páginas centrales (2 y 3) la confrontación
buscada es observada sin dificultad, mientras que el lector debe recuperar la asociación
propuesta en las páginas 1 y 4.
Por otra parte, existe el problema de la calidad de las fotografías reproducidas no solo
de aquellas que fueron levantadas de Le plante (allí reproducidas con una gran cuidado
y calidad mediante el heliograbado) y de los otros libros citados –lo que en todos los
casos implica un doble proceso de reproducción–, sino también de las propias.
Asimismo, persiste otra cuestión. ¿Es posible que el lector de Sur en 1931 pudiese
comprender la lectura propuesta por Delhez? Es evidente que en su trabajo existe una
intención didáctica que busca –a partir de las fotografías de plantas amplificadas, las
suyas y las de terceros– recuperar el sentido de la relación entre la acción del hombre,
ejercida a través del arte y de la tecnología, y la naturaleza.
Cuando hablamos acerca de que la fotografía en Sur puede ser entendida a partir de la
misma sintaxis que la organiza –esto es, a partir de ensayos y notas que difieren en su
ubicación en el cuerpo de la revista, extensión y tamaño de tipografía, de manera tal de
jerarquizar los ensayos por sobre las notas– resulta claro que el trabajo de Delhez a
partir del libro de Blossfeldt puede y debe ser entendido como un ensayo en torno a la
problemática arte y tecnología/naturaleza. En su presentación de las fotografías él
organiza y propone una estructura narrativa que excede, por ejemplo, a los “Siete temas
de Buenos Aires” de Horacio Coppola –publicado en el número 4–, que ahora uno
podría pensar como una “nota” según esa misma sintaxis que organiza los contenidos de
la revista.
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En el caso de Víctor Delhez, Sur jerarquizó su fotografía en términos cuantitativos pero
también la valorizó en tanto resultado de la acción de un fotógrafo moderno capaz de
ilustrar un texto pero también, y sobre todo, de proponer una estructura narrativa a partir
de sus fotografías. Es así que en sus primeros números el fotógrafo cumplió un rol que
lo situó junto a algunos de los representantes de la nueva fotografía en América latina
que también ocuparon sus páginas, como Manuel Álvarez Bravo y Agustín Jiménez,
además del mismo Coppola.

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Schmidt, Max (1929), Kunst und Kultur von Peru, Berlin, Propyläen.
Tell, Verónica (2006), “Latitud-sur: coordenadas estético-políticas de la fotografía
moderna en la Argentina”, en Territorios en diálogo, España, México y
Argentina, 1930-1945: [entre los realismos y lo surreal], México, Museo
Nacional de Arte, abril/junio, pp. 93-99.
Torre, Guillermo de (1931), “Nuevos pintores argentinos”, Sur, Buenos Aires, a. 1,
verano, pp. 182-192.

17

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>8 y 9 de mayo 2017</text>
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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>LA FOTOGRAFÍA EN LA REVISTA SUR: Víctor Delhez, fotógrafo</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Revistas culturales - Sur - fotografía - Víctor Delhez</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sur ha sido abordada desde fecha muy temprana desde distintas áreas del conocimiento; en nuestro caso se trata de conocer cuál fue el lugar que otorgó a las imágenes partiendo del concepto de revista ilustrada y cómo ese ser “ilustrada” la llevó a asignar un espacio destacado a la fotografía moderna. Presentamos así a Víctor Delhez, reconocido como grabador pero solo conocido por unos pocos como fotógrafo. Sin embargo, en los primeros números de Sur él cumplió un rol que lo situó junto a algunos de los representantes de la nueva fotografía en América Latina, como Manuel Álvarez Bravo y Agustín Jiménez, además de Horacio Coppola. Este artículo se ocupa del conjunto de fotografías y collages refotografiados publicados en Sur y analiza su trabajo con las fotografías del libro de Karl Blossfeldt, Urformen der Kunst, en su edición francesa de 1929. Asimismo, si reconocemos que en la revista existe una clara sintaxis que organiza y separa ensayos y notas, jerarquizando a los primeros por el empleo de diversos recursos, lo mismo puede afirmarse en el caso de la fotografía de Delhez. Sur jerarquizó su fotografía en términos cuantitativos pero también la valorizó en tanto resultado de la acción de un fotógrafo moderno capaz de ilustrar un texto pero también, y sobre todo, de proponer una estructura narrativa a partir de sus fotografías.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sur has been approached from a very early date from different areas of knowledge; in our case it is a question of knowing the place given to the images starting from the concept of illustrated magazine and how that being “illustrated” it took to assign a prominent space to the modern photography. We present Victor Delhez, recognized as an engraver but only known by a few as a photographer. Nevertheless, in the first numbers of Sur he fulfilled a role that placed him next to some of the representatives of the new photography in Latin America, like Manuel Álvarez Bravo and Agustín Jiménez, besides Horacio Coppola. This article also deals with the set of photographs and collages refotografiados published in Sur and analyzes its work with the photographs of the book of Karl Blossfeldt, Urformen der Kunst, in its French edition of 1929. Likewise, if we recognize that there is a clear syntax in the magazine that separates essays and notes, organizing the former hierarchically by the use of diverse resources, the same can be said in the case of Delhez’s photography. Sur gave relevance to his photograph in quantitative terms but also valued them as a result of the action of a modern photographer capable of illustrating a text but also, and above all, of proposing a narrative structure based on his photographs.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Patricia. M. Artundo&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Teoría e Historia del Arte “Julio E. Payró”</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
ARTE MODERNO EN PASTA BLANDA: las carátulas ilustradas de Mito
(Bogotá, 1955-1962)
Paulina Pardo Gaviria
Ph.D. Candidate
History of Art and Architecture
University of Pittsburgh
Resumen:
Entre 1955 y 1962, el escritor colombiano Jorge Gaitán Durán (1924-1962), en
compañía de algunos colegas, publicó Mito: Revista bimestral de cultura, una revista
literaria con un marcado corte político que pretendía crear vínculos entre Bogotá y
diferentes regiones colombianas de donde provenían sus directores y entre Bogotá y el
extranjero. Aún hoy, Mito es recordada por su formato pequeño y la impresión a dos
tintas (rojo y negro) de su carátula. Sin embargo, alejándose de su característica
austeridad visual, en tres de los cuarenta y dos números que se publicaron de la revista,
la carátula de Mito estuvo ilustrada por tres de los mayores exponentes del arte moderno
colombiano: Eduardo Ramírez Villamizar (1922–2004), Alejandro Obregón (1920–
1992) y Guillermo Wiedemann (1905–1969). La inclusión de estas ilustraciones de
Ramírez Villamizar, Obregón y Wiedemann supone una ruptura con la regularidad
visual y la línea editorial de la revista. En este ensayo presento una reconstrucción
histórica del medio artístico bogotano que dio pie al arte moderno en Colombia y
argumento que la inclusión en primera plana de las obras de tres reconocidos artistas de
la época corresponde a los vínculos personales entre estos artistas y los directores de
Mito, y a su común origen de diferentes regiones del país.
Palabras clave: Revista de cultura, ilustraciones, arte moderno, Bogotá, centro y
periferia.
Abstract
Between 1955 and 1962, Colombian writer Jorge Gaitán Durán (1924-1962), along with
a group of his collaborators, published Mito: revista bimestral de cultura, a literary
magazine with political overtones that aimed to build bridges between both Bogotá and
the different Colombian regions of their origin, and Bogotá and international centers.
While Mito is remembered for its small format and simple black and red covers, in a
departure from this visual austerity, three covers of the forty-two issues of Mito were
illustrated by three of the most representative artists of modern art in Colombia:
Eduardo Ramírez Villamizar (1922–2004), Alejandro Obregón (1920–1992), and
Guillermo Wiedemann (1905–1969). The inclusion of Ramírez Villamizar’s, Obregón’s
and Wiedemann’s illustrations in the covers of Mito represents a rupture with the
magazine’s visual regularity and its editorial mission. In this essay, I reconstruct the
historical and artistic milieu of Bogotá that gave way to modern art in Colombia, and
argue that the highly visible inclusion of three of the best-known artists of the time
reflects the personal networks among these artists and Mito directors, as well as their
common origins outside the capital.
Keywords: Cultural magazine, illustrations, modern art, Bogotá, center and periphery.
1

�I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

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Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
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Impresa a dos tintas –negro y rojo– Mito: revista bimestral de cultura fue una
publicación seriada que se imprimió en Bogotá de 1955 a 1962 con el objetivo de
conectar a Colombia con una red internacional de producción literaria y así poner a la
vida cultural bogotana en diálogo con otras regiones del país y con culturas extranjeras.
Esta revista estuvo enfocada principalmente en la producción literaria del momento y se
preocupó por incluir en sus páginas apartes de su contexto social y político bajo la
dirección principal del escritor y poeta Jorge Gaitán Durán (1924–1962). En los
cuarenta y dos números que publicó la revista se presentaron obras de emergentes
escritores y poetas colombianos y clásicos literarios traducidos al español especialmente
para Mito. En Mito también pueden leerse, entre una y otra obra literaria de
colaboradores nacionales e internacionales, las reacciones de los intelectuales
colombianos radicados en Bogotá a la deposición de la presidencia de la república del
general Gustavo Rojas Pinilla en 1957 o sus reacciones a la Revolución Cubana. 1 Mito:
revista bimestral de cultura tuvo un formato pequeño y un diseño consistente que
impreso en tinta negra y con el texto centrado anunciaba en su portada el contenido de
cada número. La palabra ‘Mito’, en mayúsculas y letras rojas, encabezaba cada carátula.

Carátula Mito: revista bimestral de cultura 1, no. 1 (abril-mayo, 1955)

1

Sobre las reacciones en Mito a propósito del mandato de Gustavo Rojas Pinilla (a quien en Mito
nombran “el Dictador”) pueden verse varios artículos en Mito: Revista bimestral de cultura, 13 (marzoabril-mayo, 1957) y sobre la Revolución Cubana, Jorge Gaitán Durán (1961), “Información sobre Cuba”,
Mito: Revista bimestral de cultura, 35, pp. 302-304.
2

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En consonancia con su sencillo aspecto visual, Mito le dedicó pocas páginas a las
artes visuales, al arte colombiano y a los artistas de la época. Sin embargo, durante los
siete años en los que fue publicada, Mito incluyó tres carátulas con vistosas ilustraciones
de los pintores colombianos Eduardo Ramírez Villamizar (1922–2004), Alejandro
Obregón (1920–1992) y Guillermo Wiedemann (1905–1969). Con miras a esclarecer
los motivos para incluir ilustraciones de página entera en tres de sus cuarenta y dos
carátulas y de entender por qué la dirección de la revista alteró en tres oportunidades la
regularidad visual de Mito y modificó, incluso, las características tintas de su impresión,
a continuación presento una reconstrucción histórica del medio artístico bogotano que
dio pie al arte moderno en el país y argumento que la inclusión en primera plana de las
obras de tres reconocidos artistas de la época corresponde a los vínculos personales
entre estos artistas y los poetas y directores de Mito, y a su común origen de ciudades
pequeñas y medianas.
Al alterar su portada en sólo tres ocasiones en siete años de publicaciones
constantes, Mito hizo prominente la presencia de algunos artistas visuales en su circuito
literario. En las portadas de los números 20, 30 y 37-38, las líneas rectas de Eduardo
Ramírez Villamizar, los colores sobrepuestos de Alejandro Obregón y los brochazos de
Guillermo Wiedemann reemplazan las regularizadas portadas de Mito que, a excepción
de estas tres ocasiones, estuvo impresa a dos tintas sin elementos visuales más que el
sello de la editorial. Dada la escasez de ilustraciones en Mito, los inexistentes debates
sobre arte en sus páginas y los esporádicos artículos sobre el tema, no puedo más que
preguntar por la intención de la revista al publicar obras de estos tres artistas creadas
especialmente para sus páginas, así como por el interés de Ramírez Villamizar, Obregón
y Wiedemann en circular en cuadernillos de papel y en pasta blanda impresiones de sus
obras. La primera parte de este ensayo está enfocada en el análisis de cada una de las
tres obras visuales incluidas en las carátulas Mito y de las referencias que de ellas se
hacen en el número que abren. La segunda parte trata sobre las conexiones entre los
pintores y directores de Mito, así como las preguntas que estas conexiones plantean con
respecto a las relaciones entre centro y periferia en un país centralizado como Colombia.
Ramírez Villamizar, Obregón y Wiedemann: sin título
Todos los números de Mito tienen un diseño regularizado (en dimensiones y
colores), salvo las tres carátulas ilustradas con las obras sin título de Ramírez
Villamizar, Obregón y Wiedemann. La carátula número 20 abre con la estandarizada
inscripción “Mito: Revista Bimestral de Cultura” y las indicaciones del año de la
publicación (“Año IV”) y los meses y año correspondientes a ese número (“JulioAgosto de 1958”). Inmediatamente debajo y tomándose la mayor parte de la carátula,
una imagen geométrica, abstracta y que por un segundo da la ilusión de ser simétrica
está reproducida en rojo y negro, las mismas dos tintas que predominan en Mito.

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Eduardo Ramírez Villamizar, Sin título
publicado en Mito: revista bimestral de cultura 4, no. 20 (julio-agosto, 1958)

La imagen del número 20 es un rectángulo vertical, dividido por la mitad de arriba a
abajo como una suerte de trapecio que se reproduce del centro a la izquierda y del
centro a la derecha recordando un libro abierto. Los colores –rojo, negro y el blanco del
papel– ocupan áreas opuestas del lado izquierdo y derecho de la imagen y están
delimitados en la sección media inferior por unas pocas líneas curvas que al
aproximarse al centro forman dos círculos de diferente tamaño dentro de los que se hace
evidente, por los colores que los ocupan, la división vertical de la imagen. Esta primera
carátula ilustrada de Mito mantiene la estética de la revista al conservar sus colores y la
simetría y ángulos rectos de su fuente tipográfica pero constituye, sin embargo, la
primera de tres rupturas en la línea editorial de Mito.
Enfatizando dicha ruptura, el texto “Ramírez Villamizar” sigue inmediatamente a
esta carátula y da autoría a la imagen. En este texto, Marta Traba (1930–1983), crítica
de arte argentina radicada en Bogotá, presenta esta obra sin título hecha especialmente
para la portada de Mito con ocasión de una exposición retrospectiva de Ramírez
Villamizar, artista colombiano nacido en Pamplona, Santander, y radicado en Bogotá. 2
2

“Tras destacar la excepción que MITO ha hecho de este número, al consagrarle su carátula a una
composición de Eduardo Ramírez Villamizar, y el hecho de que el pintor haya hecho esta obra
especialmente para MITO, quisiera recordar en estas breves líneas que celebran su actual exposición
retrospectiva, las razones que lo han puesto, firmemente, en la primera fila de la pintura colombiana.”
(Taba, 1958a, p. 85). Traba, quien en ese momento llevaba la voz cantante del arte moderno en Colombia,
no especifica cuál es la retrospectiva de Ramírez Villamizar a la que hace referencia. A partir del artículo
“Exposición retrospectiva de Ramírez Villamizar”, publicado en el periódico El Tiempo el 3 de agosto de
1958, asumo que la exposición tuvo lugar en la Biblioteca Nacional (mencionada en El Tiempo
únicamente como “la Biblioteca”) ubicada en la misma calle en donde se establecería la sede del Museo
de Arte Moderno en 1962 bajo la dirección de Traba. La exposición en referencia puede igualmente ser la
Biblioteca Luis Ángel Arango y su salón expositivo, inaugurados en 1957 y 1958 con la exposición
“Salón de Arte Moderno”. Sin embargo, las reseñas del “Salón de Arte Moderno” que abrió en noviembre
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Además del primero, los siguientes párrafos del texto de Traba no vuelven a mencionar
la exposición en referencia y están dedicados en cambio a exponer cómo la pintura de
Ramírez Villamizar ha ido evolucionando hasta dominar el arte abstracto y expresarlo
con un estilo propio. Traba (1958a) concluye enfáticamente su texto diciendo:
En 1958, Eduardo Ramírez Villamizar es el único pintor abstracto colombiano para
quien la abstracción no significa ni un ensayo, ni un experimento, ni un resultado
más o menos probable, ni una curiosidad, ni una línea de menor esfuerzo, ni un
juego eficaz o mediocre, sino un valor estético de carácter definitivo. (p. 85)

Con estas palabras, Traba no sólo presenta a este artista como una de las mayores
representaciones de la pintura abstracta en Colombia, sino que además adjudica a este
tipo de arte “un valor estético de carácter definitivo” (Traba, 1958a, p. 85). Esta
afirmación llama especialmente la atención puesto que uno de los principios que
guiaban la revista Mito era la invitación al diálogo bajo el propuesto de que las ideas no
podían ser dogmáticas ni perpetuamente fijas. Siguiendo esta línea y en contraste con el
“carácter definitivo” que Traba le adjudica a la obra de Ramírez Villamizar, una de las
intenciones de Mito fue poner de relieve el valor de la discusión. Expresada desde la
primera editorial y reiterada en repetidas ocasiones, una de las mayores características
de la revista es la de “Pretender hablar y discutir con gentes de todas las opiniones y de
todas las creencias” (Las palabras están en situación, 1955, p. 2). En oposición a las
pretensiones de la revista, el retrato de Ramírez Villamizar que hace Traba es tan
concluyente que pareciera no estar considerada la invitación al diálogo. Además del
texto de Traba, la única otra mención de la obra de Eduardo Ramírez Villamizar que
hay en Mito es una línea escrita tres años antes, en 1955, en el texto “Pintura:
Exposición de Cecilia Porras” de Jorge Gaitán Durán. En esta ocasión el director de
Mito menciona a Ramírez Villamizar junto a un grupo de artistas colombianos de
quienes dice que “poseen un sólido prestigio y [se] cuentan entre los más eminentes que
haya habido en Colombia” (Gaitán Durán, 1955, p. 199). Si la obra sin título de
Ramírez Villamizar irrumpe visualmente las carátulas de Mito, las referencias textuales
a este artista que se hacen en la revista interrumpen igualmente las intenciones literarias
e incluyentes de Mito (Traba, 1958a, p. 85).

de 1957 no dan pie para imaginar una retrospectiva de Ramírez Villamizar en ese mismo espacio a
mediados del año siguiente.
5

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Alejandro Obregón, Sin título
publicado en Mito: revista bimestral de cultura 5, no. 30 (mayo-junio, 1960)
La segunda obra de arte publicada por la revista rompe radicalmente el diseño
simétrico y la uniformidad de colores mantenidos hasta el momento, mudando incluso
el color de las letras de ‘Mito’ en el encabezado. La carátula del número 30 de mayo y
junio de 1960, con una firma pequeña en la esquina superior izquierda, está ilustrada por
Alejandro Obregón y es el único número en el que las dos tintas de la impresión
cambian el habitual negro y rojo por azul y negro.
En este número llaman la atención las referencias escritas sobre esta obra, en las que
figuras abstractas se sitúan hacia el lado derecho del papel y se sobreponen siluetas
negras y azules formando tal vez una flor, una mesa, una pluma o una ola. Repitiendo el
patrón de publicación del número 20, el primero texto que sigue a esta carátula ilustrada
está escrito por Marta Traba y se titula “Obregón” (1960). Si bien más largo que
“Ramírez Villamizar”, el texto de Traba no menciona la obra que sirve de carátula a
Mito. Del mismo modo a como ocurre con la obra anterior, podemos asumir que
Obregón hizo esta ilustración específicamente para la revista dado el fondo blanco de la
imagen, la composición aglomerada de las formas dentro del formato de la revista y la
escogencia de dos únicos colores saturados, raros de encontrar en los trabajos del
pintor. 3 Sin embargo, Traba en su texto no se refiere a la obra publicada en Mito. Por el
contrario, la crítica habla sobre el desarrollo pictórico de Obregón, de los impactos de la
costa colombiana en su obra y sobre su capacidad de transformar el mito en pintura
(1960, p. 304-7). Al concluir la lectura de “Obregón” no es claro cuál es el “mito” al
que se refiere Traba, ni la manera exacta en que Obregón logra transformarlo en pintura,
aunque el título azul de la portada podría ser un indicador de que el mito hecho pintura
refiere simplemente al título de la misma revista esta vez impreso en tinta azul. Resulta
3

Las imágenes de Alejandro Obregón que acompañan Los cuentos de Juana de Álvaro Cepeda Samudio
(edición de 1000 ejemplares de 1972) están producidas con una técnica de grabado similar a la portada de
Mito, aunque las de Los cuentos de Juana tienen figuras que pueden identificarse más claramente y una
paleta de color más amplia.
6

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interesante que ‘mito’ sea justamente la palabra escogida por Traba para hablar de la
pintura de Obregón –barcelonés radicado en Cartagena– en una revista cuyo nombre es
justamente ese, Mito, y cuyo interés principal es poner a la vida cultural bogotana en
diálogo con culturas desarrolladas en otras regiones del país y con culturas extranjeras. 4
El último número ilustrado en Mito es de julio-agosto y septiembre-octubre de 1961
y concluye las interrupciones visuales con una imagen de Guillermo Wiedemann en la
que los trazos del pincel y la manipulación de la pintura están en primer plano.

Guillermo Wiedemann, Sin título
publicado en Mito: revista bimestral de cultura 7, no. 37-38
(julio-agosto y septiembre-octubre, 1961).

En su obra sin título (muy probablemente creada para Mito), Wiedemann utiliza el
rojo y negro característicos de la revista y, contrario a las siluetas de Obregón y a las
bien delineadas formas de Ramírez Villamizar, hace visibles la cantidad de pintura en su
pincel, las marcas de la brocha en el papel y los gestos de su mano. A pesar de la
saturación del color, unas líneas delgadas propias de los pelos de una brocha anuncian
en esta portada de Mito que la técnica de Wiedemann es la pintura: en las líneas negras
del primer plano de la imagen la pintura escasea y revela el pincel, más delgado esta
vez, con el que ha sido aplicada. En la esquina superior izquierda de la forma roja, así
como en el contorno interior que delinea la sección blanca, pueden verse las marcas que
ha dejado una brocha gruesa en la aplicación de la pintura. Por su parte, los ángulos
agudos del cuadrante superior derecho indican la determinación de la mano que ha
movido el pincel y declaran la presencia del pintor y su contacto físico con la obra como
4

A diferencias de los otros dos artistas cuyas obras se encuentran en las páginas de Mito, Alejandro
Obregón había colaborado anteriormente con la revista, con la inclusión de su obra 4 de mayo como
anexo plegable, en blanco y negro y de pequeño formato horizontal en el número 13 de Mito (marzoabril-mayo, 1957). A diferencias de las tres carátulas ilustradas de la revista, 4 de mayo puede tomarse
como una colaboración visual en tanto que responde a los hechos violentos ocurridos en Bogotá en esa
fecha y comentados en el mismo número de Mito.
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parte fundamental de la realización de esta imagen. Si bien en la primera carátula
ilustrada de Mito la obra de Ramírez Villamizar interrumpe la línea editorial de la
revista y en la segunda carátula ilustrada la imagen de Obregón rompe radicalmente con
su diseño –aunque según el texto de Traba (1960) podría poner en diálogo a la cultura
de la capital con la de otras regiones– la obra de Wiedemann retoma la mítica
combinación de rojo y negro y a través de sus características pictóricas participa del
diálogo que pretende generar esta revista.
Igual que para cada edición de Mito en que su carátula fue ilustrada, Marta Traba
escribió el primer texto del número 37-38, titulado “Wiedemann” pero, a diferencia de
los dos anteriores, éste discute específicamente la obra del pintor. En este texto, Traba
(1961) hace un recorrido por la profesión de Guillermo Wiedemann, alemán radicado en
Colombia desde 1939, enfatizando su fascinación por el paisaje del trópico y por sus
habitantes afrodescendientes. Del extenso texto de Traba sobresale el reconocimiento de
elementos tanto cromáticos como lineales en la pintura de Wiedemann que pueden
reconocerse en la obra publicada en Mito. Dice la crítica,
Decir que la mancha es poética y que el dibujo es más cerebral y empeñado en
expresar conceptos sobre sensaciones, sería establecer una dicotomía algo falsa.
Porque el cuadro de Wiedemann es, en realidad, una unidad indestructible entre el
elemento cromático y el elemento lineal. (1961, p. 17)

Apartes como éste permiten acercarse directamente a esta obra de Wiedemann y
reconocer su interés tanto por las posibilidades cromáticas de la pintura (aun cuando los
colores utilizados en esta obra son limitados), como por la definición de las líneas,
expresado en la deliberada composición de la pintura sobre el papel. 5 Dado el interés
que tiene Wiedemann por los aspectos técnicos de la pintura y por los materiales que
esta requiere, Traba enfatiza, finalmente, en la importancia de la idea de movimiento y
la ligereza del sujeto representadas en las obras más recientes de Wiedemann, dentro de
las que se cuenta la ilustración de Mito 37-38. Bajo esta luz, Traba afirma que
“Wiedemann acepta que las formas se deshagan pero les imprime una nueva vida, que
no queriendo ser ya representativa, es equivalente al movimiento”, para concluir luego
que “Wiedemann somete ahora cada cuadro al rigor de una disciplina particular: por eso
[a cada cuadro] los emparenta más la técnica y el color de la paleta, que la composición
o la idea general” (1961, p. 20-21). A diferencia de los textos “Ramírez Villamizar” y
“Obregón”, estas afirmaciones de Traba en “Wiedemann” resaltan la importancia de las
particularidades visuales de la carátula ilustrada y les permiten a los lectores
aproximarse a la obra de arte que tienen entre sus manos y participar de su discusión.
Además del texto de Traba, “Circunstancias: la pintura de Wiedemann”, escrito por
Andrés Holguín y publicado en el número 15 de Mito (agosto-septiembre, 1957),
presenta la obra de Wiedemann a través de una invitación al diálogo al discutir el uso de
los materiales artísticos que hace este pintor. En este texto, escrito para la inauguración
el dos de julio de 1957 de la exposición de acuarelas de Wiedemann en la galería El
Callejón, Holguín describe a Wiedemann como un artista que invita a la observación a
través de la manera como integra los colores de su entorno en su obra y por la
5

Para reforzar este punto, un poco más adelante en su texto Traba resalta las impresiones técnicas de este
pintor sobre la acuarela y las posibilidades que para el propio Wiedemann permite la relación de la
acuarela con el papel (1960, p. 18).
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versatilidad con la que pasa del manejo del óleo al de la acuarela. Holguín sostiene que
“Guillermo Wiedemann ha ido de asombro en asombro, frente a esta rica naturaleza
americana –hombre y paisaje– y ahora somos nosotros los que, frente al multiplicado y
cambiante espejo de su obra, vamos de asombro en asombro, reconociendo los objetos y
los seres, la luz, la sombra, el color, la línea” (1957, p. 195). Si bien en esta primera
oración de su texto Holguín pone el énfasis en las capacidades técnicas de Wiedemann,
el crítico subraya a continuación la integración del pintor con su entorno –ambiental y
cultural– y el asombro visual en el que basa su obra. Según Holguín, “La mayor parte de
quienes estamos aquí reunidos hemos conocido, admirado y aplaudido la obra anterior
de Guillermo Wiedemann” (1957, p. 195). En este texto se pueden leer las
consecuencias visuales y pictóricas de la relación del pintor con el paisaje colombiano y
las implicaciones que éste tuvo para su obra. Aún más importante, la segunda persona
del plural en la que escribe Holguín y la familiaridad con la que lo hace dejan ver el
escenario para el que escribió, el público con el que compartió su crítica y el círculo
social que compone este paisaje cultural.
Resulta pertinente recordar en este punto que las tres ilustraciones de Mito,
aleatorias en su aparición y excepcionales para esta publicación, son impresiones en
papel de obras únicas de tres artistas radicados en Colombia y con una trayectoria
profesional reconocida internacionalmente al momento de su publicación. Como dije
anteriormente, puede asumirse que todas estas obras fueron creadas expresamente para
ser publicadas en Mito dadas las características visuales de su composición, su falta de
título y los textos de Traba que las acompañan (1958a, 1960 y 1961). Igualmente, el
reconocimiento artístico de estos tres pintores puede verse en referencias textuales que
se hacen de sus exposiciones fuera y dentro del país, por ejemplo en el texto “Ramírez
Villamizar” y en la biografía de Alejandro Obregón que sigue inmediatamente al texto
“Obregón” (1958a, 85 y 1960, 310-11). Los números 20, 30 y 37-38 de Mito
constituyen pues una distribución relativamente masiva, aunque centralizada, de obras
originales de reconocidos artistas para el consumo individual de quien quisiera
comparar un ejemplar. 6 Bien vale entonces volver a preguntar cuál es la intención de los
directores de Mito al incluir notoriamente estas imágenes en su publicación y hacer a
estos artistas participantes parciales de los discursos entre los que se inserta la revista,
teniendo en cuenta que éstas no participan de las discusiones publicadas en las páginas
interiores.
Algunas conexiones entre los pintor y directores de Mito
Con el objetivo de explicar la abrupta inclusión de tres obras de arte en las carátulas
de Mito, veamos cuál es el panorama bogotano de las artes plásticas y de las
publicaciones sobre el tema por los años en los que se imprimieron estas carátulas. En
esfuerzos paralelos a Mito, la pintora Judith Márquez (1925-1994), publicó entre 1956 y
6

El tiraje promedio de cada número de Mito fue de más o menos 1000 ejemplares y su distribución no
sobrepasó Bogotá, salvo por unos cuantos ejemplares enviados a suscriptores en el exterior. Sobre la
impresión y distribución de Mito, recomiendo ver la sección VII de Pedro Sarmiento Sandoval (2006), La
revista Mito en el tránsito de la modernidad a la posmodernidad literaria en Colombia (Bogotá, Instituto
Caro y Cuervo).
9

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1960 en Bogotá la revista Plástica que, como su nombre lo anuncia, puso el énfasis en
la producción de las artes visuales en Colombia y abrió un espacio para la discusión
sobre el tema. Marta Traba, por su parte, dirigió Prisma: revista de estudios de crítica
de arte durante los doce números de su publicación en 1957. De la publicación paralela
de estas dos revistas, el crítico Ricardo Rodríguez Morales dice que la “seriedad” –
entendida como el compromiso y profesionalismo– es un elemento que “debemos
abonarles a sus fundadores y al cuerpo de colaboradores, ya que su tenacidad y amplitud
de temas y de miras posibilitaron que el arte moderno ganara resonancia en nuestro
medio y que los artistas que han trabajado en Colombia dispusieran de un horizonte más
amplio en donde desarrollar su labor” (2002, p. 59). Aunque Rodríguez Morales destaca
la calidad de los contenidos y la relevancia de estas dos publicaciones para el campo de
las artes en Colombia, el énfasis de Rodríguez Morales está puesto sobre todo en la
necesidad de que publicaciones periódicas colombianas se ocupen de la cultura y la
estética pues, según el autor, estas son fundamentales para que el arte moderno tenga
cabida en el país. Este último punto es evidente en la descripción que hace Rodríguez
Morales de Plástica, que bien puede extenderse a Prisma, llamándola “Una revista de
arte en un país en el cual el interés por la estética parece, todavía, exclusivo de una
minoría (minoría que se recluta, es cierto, en todas las capas sociales, tanto en los
departamentos como en la capital), ¡y en un tiempo en el cual ninguna revista de pura
cultura ha podido sostenerse!” (2002, p. 51). La aclaración que hace el autor sobre la
proveniencia de esa minoría interesada por la estética llama la atención por la directa
relación que se tiende entre esta afirmación y la inclusión en Mito de ilustraciones de
artistas provenientes de ciudades diferentes a Bogotá. Si, por un lado, el medio artístico
a finales de los años 50 cuenta con un campo de acción reducido dada la limitada
vigencia de las publicaciones culturales en Colombia, la promoción de artistas
modernos provenientes de diferentes ciudades en una publicación capitalina como Mito,
cuya área principal no eran las artes visuales, refleja el círculo social en el que se movía
los directores de Mito (y, para tal efecto, también las directoras de Plástica y Prisma).
Debo en este punto mencionar que de los tres pintores de Mito ninguno era
bogotano, así como tampoco lo eran los directores de la revista, Gaitán Durán, Eduardo
Cote Lamus (1928-1964) y Hernando Valencia Goelkel (1928- 2004). Al venir estos
tres últimos de los departamentos de Norte de Santander y Santander (de las ciudades de
Pamplona, Cúcuta y Bucaramanga respectivamente) y compartir su lugar de origen con
Ramírez Villamizar (también nacido en Pamplona), y con Obregón y Wiedemann su
preocupación por las regiones rurales de Colombia y por el limitado contacto que estas
tenían con la capital del país es significativa la unión de sus esfuerzos profesionales en
páginas que circulaban casi exclusivamente en Bogotá.
Un rastreo de los textos de la redacción de Mito dedicados a las artes visuales
permite ver que los directores de esta revista compartían los mismos círculos sociales
que los artistas incluidos en sus carátulas. Además de los tres artículos de Traba aquí
discutidos, Mito publicó cuatro notas sobre arte, tres de las cuales anuncian las
exposiciones en Bogotá de pintores que pertenecían a una misma generación –Cecilia
Porras (n. Cartagena, 1920-1971), Lucy Tejada (n. Pereira, 1920-2011) y Obregón– y
que, además de intereses y amistades, compartían espacios expositivos como el Salón de
Arte Moderno de la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA). Dada la sincronía con la
que en 1957 la BLAA inaugura su sala de exposición y Marta Traba publica su revista
Prisma, no podía más que leerse en las páginas de la revista de Traba el resultado crítico
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de dicha inauguración en el número 11-12, correspondiente a noviembre y diciembre de
1957. Significativamente, en este número de Prisma Traba resalta la exhibición
inaugural de la BLAA “por considerarla la mejor exposición colectiva del año” y añade
que “por unanimidad, ha seleccionado la Exposición de Guillermo Wiedemann [en la
Galería El Callejón] como la mejor muestra individual” (Traba, 1957b, s.p.). 7 Además
de llamar la atención sobre la exposición de Wiedemann, en el mismo número se
declara que “el comité de redacción de PRISMA resolvió hacer una mención especial de
la exposición de la pintora caldense Judith Márquez, considerando que el conjunto de
sus cuadros nuevos expuestos en El Callejón significaba un notable adelanto en la
calidad y definición de su obra” (1957c, s.p.). Si bien esta mención sobre la obra de
Márquez no interfiere directamente con las obras ni los artistas que desde el año
siguiente se incluyeron en las carátulas de Mito, es prudente traerla a colación para
resaltar las estrechas relaciones –en términos editoriales, artísticos y sociales– que, en la
capital del país, se tejieron entre este grupo de pintores y escritores, todos provenientes
de diferentes ciudades. Tanto Prisma, publicada por Traba, como Plástica, publicada
por Márquez, pusieron parte de su énfasis en los pintores que paulatinamente
comenzaban a exhibir sus obras internacionalmente y que desarrollaban por esos días
sus carreras artísticas en Bogotá exponiendo en espacios culturales como la Galería El
Callejón, adjunta a la Librería Central, o como la Librería Buchholz, dos
establecimientos en los que igualmente se distribuía la revista Mito. La coincidencia de
nombres y fechas alrededor de la publicación de Mito y los círculos de artistas y críticos
de arte en Bogotá, una ciudad de un millón y medio de habitantes en 1960, no permiten
más que suponer que sus trabajos y espacios sociales estaban estrechamente
compartidos.
Además de la recurrencia con la que pueden encontrarse en revistas publicadas en
Bogotá los nombres y obras del grupo de artistas aquí mencionados y de las constantes
referencias a las exposiciones colectivas en las que participaron en la capital,
documentos privados demuestran sus relaciones personales y la camaradería, tanto en
términos profesionales como personales, que existió entre ellos. Tal es el caso de las
tres cartas que Jorge Gaitán Durán (1950), Eduardo Ramírez Villamizar (1950) y
Alejandro Obregón (n.p.) enviaron individualmente a Casimiro Eiger (1909-1987),
polaco radicado en Bogotá, dueño de la Galería El Callejón y profesionalmente activo
en la ciudad durante la publicación de Mito. Las dos cartas a Eiger de Gaitán Durán y de
Ramírez Villamizar fueron escritas y enviadas desde París en 1950 y dan cuenta, cada
una por su lado, de la llegada de estos dos colombianos a la capital francesa y de sus
impresiones y experiencias de París. Escritas con tres meses de diferencia, Gaitán Durán
y Ramírez Villamizar se dirigen a Eiger como un corresponsal central dentro de una red
de contactos personales y profesionales de alcance internacional. Aunque estas dos
cartas preceden por cinco años el primer número de Mito y por ocho la aparición de su
primera carátula ilustrada, es significativo el tejido social que dejan entrever, no sólo
por su común destinatario, sino por las menciones que hacen de otros artistas y críticos
7

Según el artículo de Prisma, el Salón de Arte Moderno exhibió obras de los artistas Eduardo Ramírez
Villamizar, Alejandro Obregón y Guillermo Wiedemann, además de Fernando Botero, Enrique Grau,
Lucy Tejada, Carlos Rojas, Judith Márquez, Marco Ospina, Alberto Acuña, Cecilia Porras, Hernando
Tejada, Alicia Tafur de Villegas, Julio Abril, José Domingo Rodríguez, Hugo Martínez y Edgar Negret.
Marta Traba (1957b), Salón de Arte Moderno de la Biblioteca del Banco de la República, Prisma, 11-12,
s.p.
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que se encuentran tanto en Bogotá como en París. Por un lado, Gaitán Durán menciona
a Andrés Holguín (autor de “Circunstancias: la pintura de Wiedemann”, leído en El
Callejón y publicado en Mito en 1957) como el contacto principal de su llegada a París
y, dados los sobresaltos de su llegada, le escribe a Eiger con el claro propósito de recibir
del galerista indicaciones para navegar la ciudad; “Espero, eso sí, que me contestes y me
de las instrucciones que tanto me prometiste y que yo por badulaque no recibí. No recibí
en Bogotá, pero recibiré ahora con mucho gusto y mucha necesidad” (Gaitán Durán,
1950, s.p.). Por el otro, Ramírez Villamizar menciona a Gaitán Durán como uno de sus
principales contactos al llegar a París. Además de noticias de Gaitán Durán, Ramírez
Villamizar da a Eiger noticias de Obregón, saluda a Wiedemann, le pide a Eiger las
cartas para “sus amigos” pues, dice, “necesito contactarme con gente de aquí” y cierra
su carta con “agradecimiento por su ayuda para llegar hasta aquí” (Ramírez Villamizar,
1950, s.p.). A diferencia de estas dos cartas, en las que Casimiro Eiger aparece como un
punto de referencia tanto para Gaitán Durán como para Ramírez Villamizar, la nota que
le escribe Alejandro Obregón a Eiger en directa relación con el Museo de Arte Moderno
de Bogotá cuenta sólo con unas líneas de presentación de José Gómez Sicre, director de
la sección de artes visuales de la Unión Panamericana (Organización de Estados
Americanos) en Washington D.C. (s.f., s.p.). Esta corta nota, así como la presentación
de Gómez Sicre, el papel timbrado con el sello del Museo de Arte Moderno de Bogotá y
la escritura a mano de Obregón, dan cuenta de la cercanía entre el grupo de artistas,
críticos y galeristas ligados por su interés y común oficio de abrir espacios para el arte
moderno, exponer su trabajo artístico y escribir sobre arte y recientes exposiciones en la
capital, Bogotá, una ciudad diferente a su lugar de origen.
Además de las exposiciones específicas que compartieron los artistas publicados en
las carátulas de Mito y desde la perspectiva histórica que permiten las artes visuales, la
serie de fotografías Seis pintores (c.1962) de Hernán Díaz (n. Ibagué, 1929-2009) es
testimonio de la cercanía entre los artistas publicados en Mito. Publicadas en el libro
Seis artistas contemporáneos colombianos (Díaz y Traba, 1963), algunas de las
fotografías de esta serie muestran a Ramírez Villamizar, Obregón y Wiedemann
posando juntos para Díaz, acompañados por Fernando Botero (n. Medellín, 1932),
Enrique Grau (n. Panamá, Panamá, 1920-2004) y Armando Villegas (n. Pomabamba,
Perú, 1926-2013). En dos de estas fotografías, tomadas en Bogotá en un pasaje de
escalera al aire libre, se ven los seis pintores en blanco y negro como un sólido grupo de
artistas relativamente homogéneo. Si bien dicha homogeneidad puede resultar de la
monocromía de la fotografía y del saco de paño y camisa que visten la mayoría de los
retratados, ambas fotografías dan la impresión de capturar una cierta camaradería entre
los pintores.
Mientras que una fotografía los sitúa explícitamente en Bogotá, recorriendo
colectivamente una calle del barrio La Macarena, cercano al centro de la ciudad, la otra
fotografía enfatiza la figura de estos seis hombres, el carácter personal y social de la
figura del pintor y el espacio relativamente estrecho que comparten.[Fig.: Hernán Díaz,
Seis pintores, c.1962] 8 Esta imagen está tomada desde la base de las escaleras, con dos
8

Hernán Díaz, Seis pintores, c.1962 (Archivo de Hernán Díaz, Colección de Arte del Banco de la
República) puede consultarse en línea en la página de la exposición Hernán Díaz revelado: retratos,
sesiones y hojas de contactos: http://proyectos.banrepcultural.org/hernan-diaz/es/el-mundo-como-unapintura-en-rollo/seis-pintores Consultado en noviembre 29 de 2017.
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de los pintores sentados en los peldaños, con las piernas cruzadas; Ramírez Villamizar
al frente, Grau, Botero y Villegas en segundo plano, seguidos por Wiedemann y
Obregón completando al fondo la composición con el último firmemente parado, en
posición frontal a la cámara y con los brazos cruzados. A pesar del espacio abierto que
estos pintores habitan en la foto y de los diferentes planos que ocupan, los seis parecen
íntimamente ligados puesto que todas las figuras, salvo la de Grau, están sobrepuestas
unas con otras y conjuntamente ubicadas hacia el centro de la imagen. Si bien en esta
fotografía los pintores no tienen contacto visual entre ellos, la distancia a la que se
sitúan unos de otros no sobrepasa uno o dos escalones, todos ocupan el limitado espacio
de cinco peldaños y la posición de sus cuerpos, y en especial de sus brazos, es relajada,
así como la mirada tranquila y sin prisa de sus caras. Igualmente, una cierta
homogeneidad puede verse en la vestimenta que llevan y en la similitud de sus zapatos
de mocasín, sin que por esto deje ninguno de mostrarse de manera individual a partir de
diferencias tales como los rasgos de la edad, corte de pelo, de barba, gafas, cigarrillos y
chaleco. Teniendo en cuenta dichas precisiones de la composición, una imagen como
esta no puede sólo tomarse como el producto artístico del fotógrafo, en este caso Díaz, y
de su instantánea capacidad para reunir en unas escaleras urbanas al grupo de los más
reconocidos artistas modernos de Colombia (en ese momento y ahora), sino que deben
considerarse las relaciones personales de estos personajes para entender cómo llegaron
todos a las mismas escaleras y a la misma foto.
Además de los artistas ya mencionados, al reflexionar sobre su entorno e intentar
entender su aparición en Mito es pertinente traer a colación la presencia de la escultora
bogotana de padres polacos Feliza Bursztyn (1933- 1982) con respecto a las conexiones
personales de Ramírez Villamizar, Obregón y Wiedemann. Al igual que los pintores
que aparecen en la serie de fotografías de Díaz, Bursztyn hizo parte de las series de
retratos de este fotógrafo en más de una ocasión y su taller, tal como lo mantenía la
escultora, se conoce en gran medida por las fotografías de Díaz. [Fig.: Hernán Díaz,
Feliza Bursztyn en su estudio, hoja de contactos, 1970] 9 Si bien ya se ha mencionado la
cercanía profesional entre Obregón y otros pintores de su generación radicados en
Bogotá, la cercanía entro Obregón y Bursztyn se puede trazar a partir del libro de Traba
Bursztyn-Obregón: Elogio de la locura (1986), enteramente dedicado a las obras de
Obregón y Bursztyn. Aún más significativo que la cercanía que permite la escritura
crítica, pudo haber sido Bursztyn quien reforzara los vínculos entre las artes y los poetas
de Mito, o al menos quien, indirectamente, abogara por su aparición. Dicha conclusión
resulta de la común estadía que Bursztyn y Gaitán Durán tuvieron en París durante
algunos años de la publicación de Mito, de la cercanía resultante de compartir una casa
en esa ciudad extranjera y porque la última carta escrita por Gaitán Durán antes de
tomar el fatal vuelo París–Pointe-à-Pitre–Bogotá en 1962 iba dirigida a Bursztyn y
anticipaba su futuro reencuentro (Leyva, Ochoa y Osorio, Feliza Bursztyn: Elogio de la
chatarra, 2009).
Puesto que la información sobre la relación entre Bursztyn y Gaitán Durán es
escasa, resulta significativa la descripción que en 1958 hizo Gaitán Durán de la
9

Hernán Díaz, Feliza Bursztyn en su estudio, hoja de contactos, 1970 (Archivo de Hernán Díaz,
Colección de Arte del Banco de la República) puede consultarse en línea en la página de la exposición
Hernán Díaz revelado: retratos, sesiones y hojas de contactos:
http://proyectos.banrepcultural.org/hernan-diaz/es/el-mundo-como-una-pintura-en-rollo/feliza-bursztynen-su-estudio-hoja-de-contactos Consultado en noviembre 29 de 2017.
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exposición de aguadas de Bursztyn: “no ha retenido el color, el accidente, sino la
opacidad, la viscosidad, el bulto de la figura humana en el instante de revelarse y de
tornarse presencia: la mancha de tinta y agua que el cortón [sic] o el papel absorbe
vertiginosamente, capta el surgimiento de la densa nube del ser” (1958b). Si bien la
crítica de Gaitán Durán al trabajo en aguadas de Bursztyn es positiva y llega incluso a
escogerla como la única ilustración de su poemario Amantes (1958a), publicado por
Ediciones Mito, éstas no le merecieron a Bursztyn la inclusión de una de sus obras
gráficas en Mito, que publica en el número 36 en 1961 cuatro fotografías en blanco y
negro de las obras escultóricas de Bursztyn y un retrato de la artista.

Guillermo Angulo, Feliza Bursztyn con su Ejercicio No. 1
publicado en Mito: revista bimestral de cultura 6, no. 36 (mayo-junio, 1961): s.p.
Su publicación en las páginas interiores de Mito, en vez de realizar una obra sin
título para su carátula, no le impidió a Bursztyn en todo caso tener un papel relevante en
la configuración de las relaciones que unen a los artistas y directores de Mito. A
diferencia de las otras obras de arte que ocupan las páginas de la revista, el trabajo de
Bursztyn no circula en primera plana y en Mito no hay ninguna palabra escrita sobre su
trabajo, además del pie de página de cada una de las fotografías con la información
técnica de casa pieza: Figura, Nena, Una flor y Ejercicio No 1, “esculturas en chatarra,
fotografía de Guillermo Angulo” y una línea que dice “Feliza Bursztyn expondrá sus
esculturas en “El Callejón”, Bogotá, D. E.”. Siendo esta última la galería de Casimiro
Eiger en donde cuatro años antes Wiedemann había presentado la exposición individual
que le valió el reconocimiento como el mejor artista del año según la revista Prisma
(Traba, 1957b, s.p.) y uno de los lugares en donde se distribuía Mito, no es descabellado

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completar aquí el círculo que rodea y une a los pintores y escritores de esta última
publicación.
A pesar de la diversidad de trabajos de los artistas que contribuyeron con Mito, ya
fueran estos escultores, pintores o escritores, las estrechas conexiones que ligan a uno
con otro y a otro con un tercero cobran significativa importancia al considerarse el
origen de la mayoría de estos personajes en la provincia colombiana, su encuentro en la
capital del país y la geográficamente limitada distribución que tuvo Mito. Para concluir
es relevante mencionar que en 1963, luego de que el principal director de Mito falleciera
en un accidente aéreo, Ramírez Villamizar produjo la obra Homenaje a Jorge Gaitán
Durán, una escultura en metal pintada toda de blanco con austeras formas geométricas
que recuerdan la división de los planos de la imagen de Mito.

Eduardo Ramírez Villamizar, Homenaje al poeta Jorge Gaitán Durán, 1963.
Escultura, 185 x 258 x 44 cm. Colección de Arte del Banco de la República.
El poeta, inspiración de la obra, no supo de su existencia por obvias razones, pero su
vital conexión con esta escultura de Ramírez Villamizar constituye un punto más en el
tejido de relaciones entre artistas colombianos que he pretendido recomponer en este
texto con la finalidad última de aclarar la incorporación de vistosas imágenes en tres
carátulas de Mito: revista bimestral de cultura. Así pues, la relación de Ramírez
Villamizar y Gaitán Durán, resaltada por el escultural homenaje que el primero le rindió
al segundo, refuerza, una vez más, que artista y escritor gozaban de una simpatía mutua
y de una amistad que, independientemente de los razonamientos intelectuales que
compartieran, les permitían situar sus trabajos, así como los de Obregón y Wiedemann,
en un mismo plano, distribuirlos en pasta blanda y presentarlos en el mismo cuadernillo
de papel.

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>El objeto revista. Agentes y contextos de enunciación. De artistas y mecenas</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Revista de cultura - ilustraciones - arte moderno - Bogotá - centro y periferia</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Cultural magazine - illustrations - modern art - Bogotá - center and periphery</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre 1955 y 1962, el escritor colombiano Jorge Gaitán Durán (1924-1962), en compañía de algunos colegas, publicó Mito: Revista bimestral de cultura, una revista literaria con un marcado corte político que pretendía crear vínculos entre Bogotá y diferentes regiones colombianas de donde provenían sus directores y entre Bogotá y el extranjero. Aún hoy, Mito es recordada por su formato pequeño y la impresión a dos tintas (rojo y negro) de su carátula. Sin embargo, alejándose de su característica austeridad visual, en tres de los cuarenta y dos números que se publicaron de la revista, la carátula de Mito estuvo ilustrada por tres de los mayores exponentes del arte moderno colombiano: Eduardo Ramírez Villamizar (1922–2004), Alejandro Obregón (1920– 1992) y Guillermo Wiedemann (1905–1969). La inclusión de estas ilustraciones de Ramírez Villamizar, Obregón y Wiedemann supone una ruptura con la regularidad visual y la línea editorial de la revista. En este ensayo presento una reconstrucción histórica del medio artístico bogotano que dio pie al arte moderno en Colombia y argumento que la inclusión en primera plana de las obras de tres reconocidos artistas de la época corresponde a los vínculos personales entre estos artistas y los directores de Mito, y a su común origen de diferentes regiones del país.</text>
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              <elementText elementTextId="709">
                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Between 1955 and 1962, Colombian writer Jorge Gaitán Durán (1924-1962), along with a group of his collaborators, published Mito: revista bimestral de cultura, a literary magazine with political overtones that aimed to build bridges between both Bogotá and the different Colombian regions of their origin, and Bogotá and international centers. While Mito is remembered for its small format and simple black and red covers, in a departure from this visual austerity, three covers of the forty-two issues of Mito were illustrated by three of the most representative artists of modern art in Colombia: Eduardo Ramírez Villamizar (1922–2004), Alejandro Obregón (1920–1992), and Guillermo Wiedemann (1905–1969). The inclusion of Ramírez Villamizar’s, Obregón’s and Wiedemann’s illustrations in the covers of Mito represents a rupture with the magazine’s visual regularity and its editorial mission. In this essay, I reconstruct the historical and artistic milieu of Bogotá that gave way to modern art in Colombia, and argue that the highly visible inclusion of three of the best-known artists of the time reflects the personal networks among these artists and Mito directors, as well as their common origins outside the capital.</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Paulina Pardo Gaviria&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ph.D. Candidate &lt;br /&gt;History of Art and Architecture &lt;br /&gt;University of Pittsburgh</text>
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            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas
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LA CIUDAD POR DETRÁS DE LA HISTORIA. Representaciones urbanas de la
vanguardia literaria en San Pablo y Buenos Aires a la luz del poscolonialismo

Ricardo Marchesini Galvão
Arquitecto y Urbanista
Magister en Historia y Fundamentos
de la Arquitectura y del Urbanismo
Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Universidad de San Pablo, Brasil

Resumen
Este trabajo sugiere una aproximación a la historia urbana a partir de un abordaje
poscolonial, a partir de algunas revistas de la vanguardia literaria publicadas en San
Pablo y Buenos Aires durante las décadas de 1920 y 1930. Así, pretendemos apuntar
hacia una nueva posibilidad de lectura sobre las representaciones urbanas encontradas
en estas fuentes, formulando cuestiones sobre la formación de una identidad
latinoamericana o la posibilidad de influencia del poder económico sobre las
representaciones culturales, puntos claves para comprender la narrativa de la
modernidad y el lugar de la ciudad en esta construcción.
Palabras clave: Historiografía poscolonial, Vanguardia literaria, Representaciones
urbanas, Latinoamérica, Modernidad.
Abstract
This paper suggests an approach to the urban history from a postcolonial perspective,
using some avant-garde magazines published in São Paulo and Buenos Aires during the
decades of 1920 and 1930. Thus, we aim to point to a new possibility of interpretation
about the urban representations inside these sources, identify and framing some issues
about the development of a Latin American identity or the possibility of the economic
power influence over the cultural representations, key points to understand the narrative
of modernity and the place of city in this construction.

Keywords: Postcolonial historiography, Avant-garde literature, Urban representation,
Latin America, Modernity.

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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana

Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017

La ciudad por detrás de la historia
O problema que deve resolver a critica historica (...) não é o
da critica dos textos somente. Mas o de reconstituir, com a
imagem deformada do objecto, o objecto mesmo. A nossa
historia tem sido mal contada, exige uma revisão (...). O mal
dos nossos escriptores é estudar o Brasil do ponto de vista,
falso, da falsa cultura e da falsa moral do Occidente. 1*

Este trabajo pretende señalar la necesidad de llenar un vacío en los
estudios sobre historia urbana a partir de un abordaje poscolonial. Para ello, partimos de
la literatura como fuente primaria de investigación, trabajando sobre un grupo de
escritores de la llamada vanguardia literaria en Latinoamérica en torno a algunas
cuestiones asociadas al pensamiento poscolonial, tal como el intento de formación de
una identidad propia en oposición a la importación de valores ajenos a una determinada
condición cultural o la interferencia de la esfera económica sobre las representaciones
de esta cultura. En estas representaciones, la ciudad emerge no solo como un escenario,
sino como un elemento que ayuda a sintetizar y materializar un cotidiano repleto de
nuevas experiencias y marcado por las intensas transformaciones urbanas verificadas en
la Latinoamérica de las primeras décadas del siglo XX. Al analizar estas
representaciones urbanas a la luz del poscolonialismo, comienzan a revelarse algunas
estructuras históricas otrora disfrazadas bajo el velo de la modernidad.

Portada de Klaxon, mensário de arte moderna

1. COSTA, Oswaldo. “Revisão necessária”. Revista de Antropofagia, San Pablo, 2ª Dentição, n. 1, mar,
1929.
* El problema que debe resolver la crítica histórica (…) no es el de la crítica de los textos solamente. Sino
el de reconstruir, con la imagen deformada del objeto, el objeto mismo. Nuestra historia viene siendo mal
contada, exige una revisión. (…) El mal de nuestros escritores es estudiar el Brasil desde el punto de
vista, falso, de la falsa cultura y de la falsa moral del Occidente.
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Así, fueron seleccionados cuatro periódicos publicados en San Pablo y en Buenos Aires
entre los años de 1922 y 1936 –Klaxon, mensário de arte moderna (1922, San Pablo),
Martín Fierro, periódico quincenal de arte y crítica libre (1924, Buenos Aires), Revista
de Antropofagia (1928, San Pablo) y Sur (1931, Buenos Aires) 2–, los cuales coinciden
con el “ciclo cronológico de las vanguardias”, expresión de Jorge Schwartz para
referirse al período de mayor trabajo intelectual de este grupo de escritores
latinoamericanos (1995, p. 34). Resaltamos que la relación entre vanguardia y
modernidad excede los límites de este trabajo, tratándose de ideas que surgen como un
intento de abarcar bajo sus contornos movimientos derivados de un período
posrevolucionario y que, a veces, se muestran irreconciliables entre sí. Podemos
considerar a priori la modernidad como la faceta social de un proceso de modernización
de las estructuras económicas y políticas, siendo las vanguardias el movimiento
artístico responsable por representar en sus formas y en sus palabras esa nueva
sociedad. 3

Portada de Martín Fierro, periódico quincenal de arte y crítica libre y de Revista de Antropofagia

2. Aunque la revista Sur haya sido publicada hasta el año de 1992, nos detendremos a sus primeros años,
período en que sus páginas aún están empeñadas en las discusiones estéticas e ideológicas pertinentes al
discurso vanguardista.
3. Adoptamos la definición de Adrián Gorelik para la idea de vanguardia: “Lo que entendemos por
vanguardia parece haber sido un conjunto plural de intrincadas tramas en que se cruzan producciones
estéticas, vidas de artistas, manifiestos, programas, posiciones políticas, valoraciones críticas, llamados
genealógicos o postulados filosóficos. Muchas veces encontramos esas tramas funcionando como (...)
agregados heterogéneos de contornos difusos, compartiendo algunos de sus componentes con las
formaciones rivales o simplemente diluyendo o contradiciendo otros en sus propias prácticas” (2005, p.
19).
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Al contrario de lo que ocurre en Europa, las vanguardias latinoamericanas sienten la
necesidad de forjar una identidad, identidad entendida como parte de una historia,
personal o colectiva. Escriben para construir, y en esta construcción asumen técnicas y
proyectos que no son propios: se apropian de estructuras narrativas forjadas en otros
lugares para intentar, con ellas, explicar su propia condición cultural y social. En este
proceso, terminan por distorsionar parte de la realidad para que la misma pueda ser
explicada dentro de los moldes de la estructura histórica adoptada: por más que el
objetivo de estos grupos sea fundar una identidad propia, ellos se dejan permear por una
esencia traída de otra realidad. Si la estructura narrativa no es propia, el objeto debe ser
deformado para ser comprendido y asimilado; de ahí que el adjetivo moderno es mejor
aplicado en la imagen del objeto que en el objeto mismo. Los objetos, entre ellos la
ciudad, no necesitan ser modernos (no necesitan responder a los cánones de una idea
abstracta de universalidad diseminada por un núcleo que desea para sí el título de
modelo central), desde que su representación lo sea. Así, en última instancia, podemos
decir que este grupo de escritores no representaban ciudades modernas, sino que hacían
representaciones modernas de ciudades.
Una revisión histórica necesaria: “reconstruir, con la imagen deformada del objeto, el
objeto mismo”. Si podemos considerar imposible llegar al objeto mismo, sin cualquier
deformación histórica, podemos, por hora, ocuparnos del descompás presentido por
nuestros escritores entre aquel mundo que ellos representan (y que reflete el lugar al
cual ellos creen o desean pertenecer) y aquel que ellos realmente vivencian, difícilmente
comprendido a partir de una estructura histórica forjada por la modernidad (o, en otras
palabras, por el deseo universalizador de la condición europea). Si es difícil librarse
completamente del “punto de vista, falso, de la falsa cultura y de la falsa moral del
Occidente”, más fácil es encontrar trechos donde nuestros autores dejan entrever un
sentimiento de inquietud o angustia con relación al ambiente que vivencian.
Es en este sentido que proponemos la utilización de la perspectiva poscolonialista –una
corriente historiográfica aún poco explorada en el universo de las representaciones
urbanas– para analizar las revistas producidas por determinados grupos de la vanguardia
literaria en Latinoamérica. Dentro de la teoría poscolonial encontramos autores que
defienden una revisión macro-histórica, transformando a Europa (y a su historia) en
apenas un capítulo más de esa nueva versión y no en el hilo conductor de toda la
narrativa de la modernidad. Esta, a su vez, pasa a ser considerada como una idea
abstracta que solo puede ser entendida cuando se adopta una nueva perspectiva para ver
y comprender el mundo; idea que, al comenzar por las grandes navegaciones, pasando
por el período revolucionario y, finalmente, por los más recientes desarrollos
tecnológicos, es transformada por una nueva dinámica de redes y conexiones por donde
las ideas pasan a circular cada vez con mayor intensidad. Es decir, aunque sea posible
identificar diferentes formas de circulación de las ideas muchos años antes de que la
idea de modernidad emergiera en el panorama histórico, es en el período del
colonialismo que se inicia un proceso que transforma las relaciones entre diferentes
partes del globo y del que resultará una manera de comprenderlo y de representarlo
hasta entonces desconocida.
Con ello, esa línea teórica toma parte de la historia cultural, pero intenta reposicionarla
delante de una historia global revisada, buscando relaciones de fuerza y poder que son
omitidas cuando analizamos apenas una micro-escala. A diferencia de la historia
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cultural, que apunta hacia la imposibilidad de grandes narrativas temporales y
espaciales, los autores poscolonialistas procuran contextualizar la historia moderna
europea en relación a otras historias, recuperando una macro-dimensión temporal, pero
sin el protagonismo europeo, su supuesta superioridad o su centralidad en el discurso de
la modernidad. Sin embargo, la perspectiva que fortalece la centralidad europea es
aquella que más se diseminó en diferentes puntos del globo en el período del
colonialismo, de forma tal que, como indica el historiador Henrique Dussel, “desde
finales del siglo XV, Europa (...) se había constituido como el ‘centro’ de la historia
‘mundial’: mundial por primera vez en la historia” (2004, p. 7, énfasis del autor). Dussel
se distingue de otros poscolonialistas porque adopta un tono muy crítico contra Europa
con la intención de demonstrar que su falsa centralidad histórica puede ser combatida,
por ejemplo, con la exaltación de la posición alcanzada por China en el período de las
grandes navegaciones. Su trabajo trae una nueva interpretación sobre la construcción de
esta posición eurocéntrica, la cual es formulada “por primera vez a finales del siglo
XVII, con la ‘ilustración’ francesa e inglesa y los ‘románticos’ alemanes”,
reinterpretando, así,
la Historia Mundial entera; proyectando a Europa como "centro" hacia el pasado, e
intentando demostrar (...) que todo había sido preparado en la Historia del Mundo
para que Europa fuera "el fin y el centro de la Historia Mundial", al decir de Hegel.
(2004, p. 10)

Como demostrará en otros trabajos, la Europa del siglo XVIII se apropia de diversos
episodios anteriores para forzar la alusión a la cuna intelectual de la sociedad y la
cultura occidental (DUSSEL, 2000). 4 Así, forjando su pasado, Europa crea la imagen de
una permanencia en el tiempo, incluso cuando todavía no era, de hecho, una potencia
económica y política mundial. Solamente con esta amplia visión del recurrido narrativo
trazado por la historia europea es que podemos acercarnos a nuestras revistas y
comprender mejor tanto la propuesta revisionista promovida en particular por la Revista
de Antropofagia como los cuestionamientos que muchos escritores de estos grupos
formulan a través de sus personajes. No está demás recordar que la propia noción de
vanguardia artística es formulada en el interior de la idea de una historia moderna
europea, siendo que su apropiación para la definición de grupos externos a esta realidad
–caso de “nuestras vanguardias”– termina por deformar tanto el artista cuanto su obra.
Esta línea de pensamiento nos acerca a otro trabajo que se utiliza del cuestionamiento
histórico sobre la centralidad europea, pero ahora para dedicarse a un análisis crítico de
la literatura india: se trata de la obra Al margen de Europa: pensamiento poscolonial y
diferencia histórica (2008), del historiador bengalí Dipesh Chakrabarty. 5 En ella, el
autor parte de una desconfianza inicial sobre los métodos y las referencias teóricas
adoptadas por la academia india para analizar las obras literarias de su país, admitiendo
4. Conforme sigue el autor, “nadie piensa que [Europa moderna] es una ‘invención’ ideológica (que
‘rapta’ a la cultura griega como exclusivamente ‘europea’ y ‘occidental’), y que pretende que desde la
época griega y romana dichas culturas fueron ‘centro’ de la historia mundial. Esta visión es doblemente
falsa: en primer lugar, porque (…) no hay fácticamente todavía historia mundial (sino historias de
ecúmenes yuxtapuestas y aisladas: la romana, persa, de los reinos hindúes, del Siam, de la China, del
mundo mesoamericano o inca en América, etc.). En segundo lugar, porque el lugar geopolítico le impide
poder ser ‘centro’ (el Mar Rojo o Antioquía, lugar de término del comercio del Oriente, no son el ‘centro’
sino el límite occidental del mercado euro-afro-asiático).” (DUSSEL, 2000, p. 26)
5. La primera edición es de 2000.
5

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que muchas veces son utilizados ideas y procedimientos extranjeros (ingleses, en la
mayoría de las veces) para estudiar textos o autores nacionales, independientemente del
grado de contacto que estas obras mantuvieron con los ingleses en el período colonial.
Con ello, Chakrabarty pone en jaque el valor universal de las ideas iluministas que
surgieron en Europa, considerando que la historia moderna fue la herramienta adoptada
para crear la ilusión de lo universal:
el mito opera haciendo que lo histórico parezca “natural” (...). La “historia”, en el
famoso ensayo de Barthes sobre “el mito hoy” (...) consistía en salvar la brecha (...)
entre la palabra y el mundo orientando el lenguaje más directamente hacia sus
referentes de “ahí afuera”. (...) En la vida diaria, práctica, “Europa” no era un
problema que nombrar o discutir conscientemente. (2008, p. 16)

Fue así que, según el autor, operando en el universo del lenguaje, la historia naturalizó
el mito, transformando el “europeo” en el “universal”. De esta forma, prosigue:
Las denominadas ideas universales que los pensadores europeos produjeron
durante el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración y que, desde
entonces, han influenciado los proyectos de modernidad y modernización en todo
el mundo, nunca pueden ser conceptos completamente universales y puros. (2008,
p. 19-20)

La historia se transforma en herramienta de lenguaje y representación, una
representación que supera las instancias artísticas para reflejarse en la forma que el
hombre que se creía moderno encontró para asimilar el ambiente al cual pertenecía,
recreando la realidad de la cual hace parte y, así, concibió una nueva representación del
propio yo. La historia moderna hace la representación parecer real. Es esta la postura
que la Antropofagía parece querer denunciar, llamándola de falsa y alertando para la
necesidad de reconstruir nuevas formas (de pensar, de actuar, de vivir) que se alejen de
aquella artificial incorporada por los primeros modernos. En lugar del “hombre
moderno”, el “hombre antropófago”:
Vivemos agarrados a estreitas limitações de cultura. A imaginação ainda é para
nosso espirito mal formado – um vasto deserto, cuja solidão asfixiante, com a
representação das influencias exteriores, deforma, cada vez mais, nossa vida. Mas
atingimos o último momento da insinceridade. Porque o traço principal da
psicologia do nosso povo, não tem, como característica, uma individualidade
exclusivamente literaria, artistica, inexpressiva, marcada, tão-sómente pela psyche
dos intrusos. 6*

Vivacqua considera la Antropofagía una filosofía auténticamente local capaz de buscar
nuevas formas de representación. El autor parece reconocer que la estructura del
pensamiento de su pueblo (“la psicología de nuestro pueblo”) es bastante limitada en
términos culturales, resultado de la “representación de las influencias exteriores” que
“deforma, cada vez más, nuestra vida”. Al final, Vivacqua reconoce que llegó el
6. VIVACQUA, Acquilles. “A propósito do homem antropófago”. Revista de Antropofagia, San Pablo, 2ª
Dentição, n. 7, may, 1929.
* Vivimos agarrados a estrechas limitaciones de cultura. La imaginación aún es para nuestro espíritu mal
formado – un vasto desierto, cuya soledad asfixiante, con la representación de las influencias exteriores,
deforma, cada vez más, nuestra vida. Pero atingimos el último momento de insinceridad. Porque el trazo
principal de la psicología de nuestro pueble, no tiene, como característica, una individualidad
exclusivamente literaria, artística, inexpresiva, marcada tan solamente por la psique de los intrusos.
6

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momento de interrumpir ese proceso, afirmando que su pueblo tiene una individualidad
literaria y artística que ultrapasa aquella impuesta por los intrusos.

Portada de la revista Sur

Cuando ampliamos nuestra mirada sobre la producción de esta vanguardia percibimos
que no solo los intelectuales brasileños están pensando sobre su condición en este
período. La forma como un determinado grupo se representa a sí mismo también
atraviesa el pensamiento del joven José Luis Romero, en un artículo publicado en Sur
unos cuarenta años antes de la publicación de Latinoamérica: las ciudades y las ideas
(1976). En Sur, Romero se ocupa de la idea de una esencia sudamericana, pero
considerándola una representación que no es propia:
Es algo de nosotros mismos la imagen que de nosotros se tiene. (...)
Mientras más tenue e impreciso sea un objeto, más arbitrarias y parciales suelen ser
sus imágenes.
De esa especie de objetos es Sudamérica y esa suerte de imágenes ha proyectado:
indecisas, capciosas, superficiales. (...)
Entre todas estas imágenes que Sudamérica ha proyectado, una sola nota es posible
encontrar en que todas coincidan. En inexplicable concierto, el banquero y el
materialista, el pensador y el dueño del cabaret, sobreentienden que Sudamérica no
vale hoy por sí misma y que no es sino un reflejo de otra cosa, sin carácter y casi
sin contenido esencial. Un reflejo de la economía capitalista europea, del carácter
ibero-mejicano, de la novela francesa de fin de siglo. Categóricamente, Waldo
Frank afirmaba que lo único que existe por ahora son esas prometedoras palabras:
Nuevo Mundo. (...)

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Este mundo y esta vida (...) se estructuran en un orden complejo, que no es, eso sí,
un orden intelectual. Ese orden (...) es no racional, sino emocional. 7

Para Romero, Sudamérica se asemeja a un objeto impreciso, una vez que aquellos que
participan de ella no tienen claro para sí mismos cuál es la esencia de este continente.
Alertando sobre sus falsas representaciones, Romero afirma que ellas son el resultado
de una “economía capitalista europea”, la cual conforma una Sudamérica sin carácter y
sin esencia. Desde el punto de vista europeo, América es apenas el Nuevo Mundo, una
tabula rasa que acaba de ser descubierta; dentro de esta perspectiva no se puede ignorar
el poder económico europeo y su influencia sobre la estructura de valores culturales que
se forma en Sudamérica (para utilizar la referencia geográfica adoptada por Romero).
No por acaso encontramos en el primer número de la revista Sur una advertencia de
Victoria Ocampo sobre los europeos en una carta direccionada a Waldo Frank: “esas
gentes tienen costumbre de bautizarnos”. 8
Nos acercamos aquí a una característica central de los trabajos poscoloniales y que
parece permear el universo de las reflexiones colocadas por nuestros escritores: algunos
autores de estas revistas parecen no subestimar la existencia de un modelo central y su
capacidad de irradiar ideas, bien como la fuerza universalizadora que la modernidad
adquiere con el proceso de expansión del capital. Esto no quiere decir que no
concordamos con la posibilidad de un proceso de transculturación, donde todas las
partes involucradas en un conflicto poseerían una posición activa y las ideas o los
comportamientos culturales serían resignificados y reinterpretados al ser incorporados
por determinados grupos, poniendo en jaque la idea de influencia directa sobre una
determinada cultura en razón de su condición económica. De hecho, como señala
Edward Said, uno de los primeros autores a adoptar una postura poscolonialista:
El contacto imperial nunca consistió en la relación entre un activo intruso
occidental contra un nativo no occidental inerte o pasivo; siempre hubo algún tipo
de resistencia activa y, en la mayoría abrumadora de los casos, esa resistencia
acabó preponderando. (1995, p. 12)

No obstante, aunque exista una resistencia activa por parte de grupos locales, el sistema
representativo de estas sociedades acaba siendo comprometido por la presencia
potencial de un “activo intruso occidental”, en parte como mencionó Romero sobre
utilizar un “orden estructural racional para intentar comprender un mundo y una vida
que son, antes, emocionales”. En otras palabras: aunque exista un encuentro y un
intercambio de culturas, la forma de interpretar y representar ese proceso no consigue
huir de la “lógica racional moderna”. Como prosigue Said: “la manera como
formulamos o representamos el pasado molda nuestra comprensión y nuestras
concepciones del presente” (1995, p. 34-35). Nuevamente ella, la historia, a pesar de
todo proceso de transculturación, insiste en adoptar una narrativa unívoca de los
factores históricos, difundiendo su propia versión como única (disfrazada de universal)
7. ROMERO, José Luis. “Introducción a un Sudamericanismo esencial”. Revista Sur, Buenos Aires, año
3, n. 8, p. 131-140, sep, 1933.
8. OCAMPO, Victoria. “Carta a Waldo Frank”. Revista Sur, Buenos Aires, año 1, n. 1, p. 14, verano,
1931.
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y distorsionando el objeto. Ese proceso narrativo que reconstruye un dominio ignorando
un lado de la historia es la clave para la relación entre cultura e imperialismo propuesta
por Said, para quien “el poder de narrar, o de impedir que se formen y surjan otras
narrativas, es muy importante para la cultura y el imperialismo, y constituye una de las
principales conexiones entre ambos” (p. 19). O sea, mientras el proceso de
transculturación es limitado al objeto en sí y ocurre independiente de las fuerzas
económicas y políticas en juego, el poder imperialista se da sobre la representación de
ese objeto, pudiendo obedecer, ahí sí, a un orden que extrapola la esfera cultural. Aún
según Said: “el imperialismo, como narrativa, monopolizó todo el sistema de
representación” (p. 57).
De vuelta a nuestras revistas, encontramos la misma referencia de crítica a un estado de
servilismo y dependencia cultural contra el cual esas vanguardias pretendían oponerse:
Nenhum problema brasileiro resolveram a Semana de Arte Moderna e correntes
derivativas. Continuamos, ainda depois, escravos do Ocidente (...).
Entramos (...) no ciclo antropofágico. Libertação. Para o canto as ditaduras
espirituais. O que vale agora são as dentaduras. 9 *

Desmontar un sistema de representación al cual fueron sometidos y, luego, “librarse de
las dictaduras espirituales”, o, para usar la expresión de Said, del imperialismo
cultural. Nos vemos delante de una voluntad de tornarse independientes, pero no solo
políticamente, actitud que ya venía siendo perseguida desde Klaxon:
Está chegando o dia em que o Brasil, em vez de celebrar centenários de fantasmas,
proclamará a sua Independencia. 10**

Aunque en este caso se trate de una independencia con carácter más artístico, queda en
evidencia que la independencia de Brasil (proclamada hacía un siglo) no es reconocida
en su plenitud: culturalmente, este grupo de escritores aún se ve dependientes. Como
explica Said: “las naciones contemporáneas de Asia, Latinoamérica y África son
políticamente independientes, pero, bajo muchos aspectos, continúan tan dominadas y
dependientes cuanto lo eran en la época en que vivían gobernadas directamente por las
potencias europeas” (1995, p. 51). Son naciones que parecen buscar, antes que su
independencia, su identidad, en una actitud que tiende a desvincularse de un centro de
dominación para cuestionar su propia condición. Así como en Klaxon, también algunos
autores de Martín Fierro cuestionan su origen, reconociendo que ya se habían
desvinculado del dominio político ibérico cuando recayeron en el dominio cultural
italiano o francés:
España no tiene ningún interés intelectual para nosotros. Seamos justos, más lo
tienen Francia e Italia, pero nosotros vanguardistas de la N. S. Argentina,
9. TAMANDARÉ [Oswald Costa]. “Moquem”. Revista de Antropofagia, San Pablo, 2ª Dentição, n. 5,
abr, 1929.
* Ningún problema brasileño resolvieron la Semana de Arte Moderna y corrientes derivadas.
Continuamos, aún después, esclavos del Occidente (...). / Entramos (...) en el ciclo antropofágico.
Liberación. Para el rincón las dictaduras espirituales. Lo que vale ahora son las dentaduras.
10. V.L. “Livros”. Klaxon, mensário de arte moderna, San Pablo, n. 2, p. 15, jun, 1922.
** Está llegando el día en que Brasil, en vez de celebrar centenarios de fantasmas, proclamará su
independencia.
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reivindicamos el derecho de ser vírgenes de toda influencia y maravillarnos todos
los días con las cosas nuestras, nacionales, criollas, que vamos descubriendo en
nuestra ciudad y en nuestro campo. 11

En formato de respuesta a un artículo intitulado Madrid, meridiano intelectual de
Hispano-América, publicado en el periódico español La Gazeta Literaria, una serie de
autores reflexiona sobre la condición de esa región denominada Hispano-América,
afirmando su completa independencia cultural e intelectual de España, pero sin saber
definir una identidad propia. Se consideran libres de cualquier influencia y asumen
descubrir en sus ciudades y en sus campos las maravillas nacionales y criollas. Podemos
afirmar que en estos textos la idea de independencia significa recuperar la esencia de un
determinado lugar antes, o a pesar, de la presencia del europeo: se reconoce que apenas
desvinculándose del pensamiento que fue importado será posible identificar el propio
lugar al cual se pertenece, éste aún desconocido. De ahí la propuesta antropofágica de
deglutir y digerir la cultura europea, como deja en claro el poema O homem que eu comi
aos bocadinhos:
Elle me amolava tanto que eu já o tinha de olho para um churrasco
Uma vez elle falou em “Amor por principio”.
Eu achei que uma citação dessa merecia uma dentada. E ferrei-lhe os dentes.
Outra vez sahiu-se com “A ordem por base”.
Eu me indignei tanto que mordi-lhe de novo.
De uma feita, passeando com elle, ouvi de sua boca “O progresso por fim”.
Era demais!
Rasguei a carne do “cidadão” a causa de dentadas.
Agora elle anda branquinho por causa da brancura do esqueleto.
Eu comi toda carne d’elle e somente deixei a lingua avermelhando na alvura da
caveira.
Eu deixei a lingua de proposito.
E quero ver si elle tem coragem de me dizer “Viver para outrem, viver às claras”.
Si elle disser, então morrerá como peixe: pela boca.
O coitado é positivista, e talvez por isso estava com a carne mesmo no ponto de ser
comida.
E eu comi. 12 *

Aparentemente, el autor se muestra contrario a las ideas propagadas por el “ciudadano”,
provenientes de la corriente de pensamiento positivista tan criticada y atacada por los
antropófagos. Sin embargo, lo que nos llama la atención es la denominación dada al
11. OLIVARI, Nicolás. “Madrid, meridiano intelectual Hispano América”. Martín Fierro, Buenos Aires,
año 4, n. 42, jun/jul. 1927. No paginado.
12. PRESENTE, João do [Oswald de Andrade, possivelmente]. “O homem que eu comi aos bocadinhos”.
Revista de Antropofagia, San Pablo, año 1, n. 6, p. 4, oct, 1928.
* Él me molestaba tanto que yo ya lo tenía de ojo para un asado. / Una vez él habló de “amor por
principio”. / Me pareció que una citación así merecía una mordida. Y le clave los dientes. / Otra vez se
salió con “El orden por base”. / Yo me indigné tanto que lo mordí de nuevo. / De repente, paseando con
él, escuché de su boca “El progreso por fin”. / ¡Era demasiado! / Rasgué la carne del “ciudadano” con mis
dientes. / Ahora él anda blanquito de calmo por causa de la blancura del esqueleto. / Yo comí toda su
carne y solamente dejé su lengua enrojeciendo en la albura de la calavera. / Yo dejé la lengua a propósito.
/ Y quiero ver si él tiene coraje de decirme “Vivir para otro, vivir a las claras”. / Si él lo dice, entonces
morirá como pez: por la boca. / El pobrecito es positivista, y tal vez por eso estaba con la carne a punto de
ser comida. / Y yo la comí.
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hombre que fue devorado: “ciudadano”, cuya ironía embutida en las comillas nos aclara
la posición tomada por el autor con relación a la idea de “pertenecer a una ciudad”.
Pocas son las menciones que surgen en la Revista de Antropofagia al ambiente urbano,
generalmente asociado a un grado de civilidad que debe ser devorado junto con las
demás características europeas. Si bien no con tanta intensidad y frecuencia, también en
las otras revistas aparecen menciones a un ambiente europeo que parece no ser aquel
ideal para la realidad que se vive en las ciudades habitadas por nuestros personajes.
De esta forma, la imagen del ambiente urbano concebida adentro de la idea de
modernidad es vista por algunos autores como un elemento más del pensamiento
europeo indebidamente o irresponsablemente absorbido por el hombre que vive en “las
periferias” del mundo moderno. Son representaciones de ciudades que nacen del
conflicto entre la extrañeza y la asimilación de la idea de lo moderno, ya sea como
condición intrínseca al “nuevo hombre”, ya sea como una irrealidad fantasiosa e
inalcanzable que jamás encontró su lugar en el “nuevo mundo”. La historia de esas
ciudades surge, aquí, a partir de un pasado fantasmagórico y sombrío que se proyectó
sobre un incierto presente: no parece ser el correr del pasado que conduce a la
conformación del presente, sino una condición de indefinición identitaria del presente
que lleva a la idealización de una historia pasada que oculta las fuerzas que de ella
realmente hicieron parte y que siguen presentes. A ejemplo de la pesadilla de Borges, se
trata de una máscara que esconde una historia verdadera y atroz:
Siempre sueño con laberintos o con espejos. En el sueño del espejo aparece otra
visión, otro terror de mis noches, que es la idea de las máscaras. Siempre las
máscaras me dieron miedo. Sin duda sentí en la infancia que si alguien usaba una
máscara estaba ocultando algo horrible. A veces (éstas son mis pesadillas más
terribles) me veo reflejado en un espejo, pero me veo reflejado con una máscara.
Tengo miedo de arrancar la máscara porque tengo miedo de ver mi verdadero
rostro, que imagino atroz. Ahí puede estar la lepra o el mal o algo más terrible que
cualquier imaginación mía. (BORGES, 1980, p. 16)

Ese sentimiento de Borges, que se angustia por saber que existe algo por detrás de su
propio rostro-máscara, pero que no se atreve a retirarlo por miedo de descubrir su
apariencia real, es traducida para un lenguaje urbano en el poema Estación Nocturna, de
Andrés Caro, que utiliza elementos de la ciudad modernizada para trabajar en ella su
propio desespero cuanto a su origen, que se mezcla con la falsa historia de esta ciudad
(probablemente Buenos Aires):
Toda una geometría de señales lucientes:
fantasmas de ojos verdes, sangrientos y amarillos
que espían en la sombra de los nocturnos puentes
para clavar las hojas de sus negros cuchillos
en nuestros corazones. Los trenes fatigados
vuelven de un mundo extraño de dolor y de olvido
y en el aire nocturno sus respiros ahogados
parecen la tos ronca de un pulmón dolorido.
(...)
Corazón que entre tantas inquietudes te pierdes
mitad dolor divino, mitad dolor humano,

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al dar vuelta el recodo de la vida ilusoria
no grites sobre el mundo y no cuentes tu historia. 13

La soledad nocturna en la estación de tren lleva nuestro personaje a rememorar junto a
los trenes un pasado que, con cierta dificultad, tarda en surgir, viniendo de un “mundo
extraño de dolor y de olvido”. Las luces del semáforo (verde, rojo-sangre y amarillo)
son fantasmas que pasan por la oscuridad evocando recuerdos que son como una
puñalada en el corazón, seguidas de una tos ronca y dolorida del pulmón atingido por la
tuberculosis, enfermedad presente en la ciudad moderna porteña. Pero ese dolor se
divide: además de humano, es también divino. Le duele el alma al poeta, que se molesta
con una “vida ilusoria”, vida por detrás de las máscaras de una ciudad que no puede
contar al mundo su propia historia. La ciudad y el poeta se esconden –o son
encubiertos– por una historia falsa, irreal, que no es propia, sino forjada para crear una
vida ilusoria en medio de elementos de una modernidad evocada en la soledad nocturna
de una estación de tren. Esta región del mundo está privada de contar su historia, al
contrario de lo que ocurre con las “zonas prestigiosas que autorizan la voz” (SARLO,
2010, p. 105).
Así, el habitante-poeta debe optar entre el dolor de una vida sin identidad con la
constante presencia de un incierto pasado, o la permanente experiencia de un presente
inmediato, en una vida impropia, sin poder cuestionar su historia y sus orígenes.
Observando a San Pablo y compartiendo este pensamiento, Nicolau Sevcenko indaga el
comportamiento sumiso propio de esos hombres modernos:
Qué será que había en ese canto de las sirenas modernas para que tanta gente en
tantas partes del mundo se entregara a él de forma tan completa, física y
mentalmente? O será que era otro sonido, un grito interior (...) que les sofocara la
conciencia y la memoria? (1992, p. 308, énfasis nuestro)

Ese punto de vista será clave para comprender el comportamiento del inmigrante
Avesquín, personaje de un cuento de Eduardo Mallea publicado en Martín Fierro. Aquí,
el inmigrante recién llegado se muestra confuso delante de una gran ciudad –en
principio, hipotética– que se presenta “amable y engañosa” a la vez. El propio título del
cuento (Sumersión) muestra claramente como Avesquín se deja llevar por la ciudad.
Notaremos que, incluso en un primer momento, cuando la ciudad aún parece hipnotizar
a nuestro personaje con el brillo de las luces en las aguas al anochecer, estará siempre
presente el presentimiento de una mentira oculta:
Aquella ciudad no ofrecía destinos blandos, aquella ciudad marcaba. (...) Tenía un
aspecto amable y engañoso; engañaban sus calles rectas y limpias, tan hospitalarias
que hasta su seno entraban, venidos de ultramar, las chimeneas y los mástiles para
mezclarse con los árboles del país, en sus plazas; engañaban las luces, al
anochecer, de un gigantesco estuario que esperaba a los viajeros como un horizonte
suntuoso, iluminado; engañaban sus hombres, engañaban sus mujeres (...).
Avesquín, llegado al puente, se detuvo. El puerto abría su boca monstruosa, la
noche viajaba, las bellas aguas nocturnas oscilaban brillando. (…)

13

. CARO, Andrés L. “Estación nocturna”. Martín Fierro, Buenos Aires, año 1, n. 10-11, oct. 1924. No
paginado.
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Lo iba llenando una alucinación angustiosa y al mismo tiempo una placidez, un
bienestar, semejante a ese alivio que se siente al entregarse del todo, después de la
crisis, a un lento dolor. (...) ¿qué secreto podía guardarle la ciudad? (...). 14

En este trecho encontramos una primera impresión que Avesquín forma de la ciudad.
Con el pasar de las páginas, nuestro personaje comienza a rememorar su lugar de
origen, su país, su cotidiano y su historia. Esas imágenes van siendo contrapuestas a
aquellas que Avesquín va construyendo de la nueva ciudad, imagen que entra en
conflicto con la representación de una ciudad hipotética moderna que no puede ser
asimilada por el inmigrante. Sus caminatas cada vez están menos cargadas de encanto y
esplendor. Las lindas y limpias calles arboladas ya no son objeto de admiración,
tampoco sus cafés o su puerto. Al fin, se vuelven un desafío para quien, como
Avesquín, procura un refugio para si en medio de una repetición de casas y más casas.
El secreto de la ciudad va revelándose de a poco:
Las avenidas no acababan nunca, todo lo largo exhibían casas y casas, ni un solo
refugio, ni un núcleo de humana diversión, sino cafés con hombres, donde se
apostaba a la luz de una claridad de escenario y se discutían concursos de
supremacía sexual.
[Avesquín] concibió un odio indecible por ese desierto populoso y edificado.
Ahora no se alejaba con rencor, sino con ese gran silencio que lo tenía invadido.
Chocaba después con la rectitud violenta de los muros, con las cuadras regulares y
áridas, con unos rostros sonrientes pero impenetrables, ásperos, inatentos, y sufría.
(...) El asfalto le infundía una sorda desesperación, como al preso el espesor del
hierro circundante; toda la impotencia de su carne se resentía. (...)
Cada uno tenía su ruta; en esta ciudad las rutas eran paralelas, como sus calles. (...)
Se encaraba el progreso, el Progreso. Un enorme silencio humano gravitaba sobre
la ciudad. (...)
Una profunda angustia acumulada lo hacía jadear y, al tropezar con un alambrado,
cayó. Había quedado en una postura grotesca, extendido como un sapo, y se
incorporó, despacio, sin pararse. Podía esperar el alba así, inmóvil; las
embarcaciones estaban cerca. Las miró con alivio y esperó, antes de volver los ojos
hacia esa elevación ya distante, donde comenzaba la ciudad, sus edificios, el
páramo inmenso: Buenos Aires. 15

Al final del cuento ya no hay más que vestigios de aquella ciudad alegre con la cual
nuestro personaje se había sorprendido desde el inicio. A la sensación de curiosidad y
descubrimiento que existía antes al caminar por sus calles, se opone ahora la más dura y
violenta monotonía de sus cuadras, repletas de “rostros sonrientes pero impenetrables”,
el mismo rostro impenetrable y alegremente engañador detrás del cual se esconde la
ciudad real. Repetición, monotonía y una sonrisa exhaustivamente falsa moldan la
máscara del progreso con la cual la ciudad viste a sus habitantes y a si propia. Cuando
Avesquín tropieza y se cae, su máscara se suelta. Después del choque, se recompone
vagamente, pero finalmente libre de sus angustias, respirando aliviado mientras espera,
solo, el amanecer.

14. MALLEA, Eduardo. “Sumersión”. Revista Sur, Buenos Aires, año 1, n. 2, p. 86-134, otoño, 1931, p.
87-98.
15. Ibid., p. 100-134.
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Avesquín consigue, así, soltarse del canto hipnótico de esta ciudad. Desprendido de su
dominio, puede vislumbrar una distancia entre ellos, aunque siguiera en el origen de
esta ciudad: el puerto, desde donde Avesquín vuelve sus “ojos hacia esa elevación ya
distante, donde comenzaba la ciudad, sus edificios, el páramo inmenso”. En este
desprendimiento, Avesquín conquista su respeto sobre la ciudad; no se entrega más a
ella, sino que impone una barrera para evitar ser devorado por ella. El secreto se revela:
que esta ciudad sea Buenos Aires, ya no es ningún misterio; pero que esta Buenos Aires,
símbolo máximo de la pujanza moderna de Latinoamérica de este período, sea vista
como un “desierto populoso y edificado”, un “páramo inmenso”, un vacío cultural y
también de sentimientos, de espíritu y de alma, de seres humanos en fin, nos demuestra
cómo nuestro personaje se libra no solo del mecanismo que hace funcionar la ciudad,
sino también de la narrativa que construyó su historia y es utilizada para “sofocar la
conciencia y la memoria” de su gente. Como quien se despide de una vida, esperando el
nacer de un nuevo día, Avesquín prepara su nueva llegada en el mismo puerto donde
había desembarcado días atrás, pero rumbo a una nueva ciudad: no la Buenos Aires
moderna, sino su Buenos Aires.
La comparación con las sensaciones provocadas en los inmigrantes descriptos por
Sevcenko prosigue: “a los anhelos de comunidad de los desarraigados en el espacio
correspondían los anhelos de continuidad histórica de los desarraigados en el tiempo”
(1992, p. 40). Solamente cuando Avesquín se aleja de la ciudad moderna es que él
puede librarse de una falsa historia para reencontrarse consigo mismo. Así, alejarse del
canto de las sirenas y de la luz hipnotizadora de la ciudad moderna significa también
escapar del hechizo lanzado por la historia oficial forjada por un centro de poder,
significa librarse del escenario físico y artificial de la ciudad y también de su significado
histórico, para mirar con otros ojos la historia de la cual se hace parte. Si, como señala
Beatriz Sarlo, “se puede decir que la ‘realidad’ de un acontecimiento reside en su
posibilidad de ser narrado” (2010, p. 373), al cuestionar la ciudad en que viven, esos
personajes cuestionan la narrativa que la construyó y, así, la propia centralidad que
detiene el poder de escribir la Historia. No obstante, en el momento en que esta historia
se concebía, la percepción de esta artificialidad no aparecía de forma tan clara,
resultando, por ejemplo, en las angustias inexplicables de nuestros personajes. En este
período, mientras la ciudad se efectivizaba como símbolo de modernidad y se
naturalizaba como el hábitat proprio para el nuevo hombre, se procesaba la
reestructuración de un modo de producción y consumo que se materializaba en esa
misma forma urbana.
Desde esta perspectiva, la condición naturalizada de la ciudad moderna resulta de una
combinación de valores (como el progreso, el liberalismo o la razón) que se asocian
para ocultar la llegada del “dominio del capital y del orden burgués”, disfrazados bajo el
discurso ideológico de la universalidad moderna. En ese sentido, al cuestionar esa
ciudad alegórica, nuestros escritores-personajes rompen sus fachadas-escenarios,
deparándose con las estructuras históricas que las sostienen. Delante de esta falsa
realidad, aflora en ellos la impresión de que no pertenecen a ese universo de valores –el
universo de la modernidad–, resultando en el desánimo observado en el último poema
que Mário de Andrade publica en Klaxon, intitulado Poema abúlico. Caminando por
San Pablo, el poeta paulistano se topa con una ciudad a la cual desea pertenecer, pero de
la cual se ve de a poco cada vez más lejos:
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Ondas de automóveis
árvores
jardins.
As maretas das calçadas vêm brincar a meus pés.
E os vagalhões dos edifícios ao largo.
Viajo no sulco das ondas
ondulantemente.
Sinto-me entre mim e a Terra exterior.
TERRA SUBCONSCIENTE DE NINGUEM
Mas não passa ano sem guerra!
Nem mês sem revoluções!
Os jornaleiros fascistas invadem o bonde, impondo-me a leitura dos jornais.
(...)
As brisas colorem-me os lábios com as rosas do Anhangabaú.
Sol pálido chauffeur japonês atarracado como um boxista.
Luz e fôrça!
Light &amp; Power
Eu sou o poeta das viagens de bonde!
Explorador em busca de aventuras urbanas!
Cendrans viajou o universo vendo a dansa das paisagens.
Viagei em todos os bondes de Paulicéa!
Mas em vez da dansa das paisagens,
contei uma por uma todas rosas paulistanas
e penetrei o segrêdo das casas baixas!
Oh! quartos de dormir!
Oh! alcovas escuras e sáias brancas de morim!
Conheço todos os enfeites das salas de visita!
(...)
Em seguida: Invasão dos Estados Unidos.
Shimmyficação universal!
O fox-trott é a verdadeira música!
Mas Liszt ainda atrái paladares burgueses.
(...)
Mas para mim os mais infelizes do mundo
são os que nascem duvidando si são turcos ou gregos.
franceses ou alemães?
Nem se sabe a quem pertence a ilha de Martim Garcia!
HISTORIA UNIVERSAL EM PEQUENAS SENSAÇÕES
Terras-de-Ninguem!
(...)
Meus olhos procuram de amor.
Sensualidade sem motivo.
É o olor ólio das magnólias no ar voluptuoso desta rua 16 *

16. ANDRADE, Mário de. “Poema abúlico”. Klaxon, mensário de arte moderna, San Pablo, n. 8 e 9, p.
13-15, dic/ene, 1922/23, énfasis del autor.
* Olas de automóviles / árboles / jardines. / Las maretas de las veredas vienen jugar a mis pies. / Y los
oleajes de los edificios a lo largo. / Viajo en el surco de las olas. / ondulantemente. / Me siento entre mí y
la Tierra exterior. / TIERRA SUBCONSCIENTE DE NADIE / ¡Pero no pasa año sin guerra! / ¡Ni mes
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Mário de Andrade observa la ciudad de dentro de un tranvía, lo que ya impone cierta
distancia entre él y los jardines, las bajas veredas y los altos edificios. Como de dentro
de un barco a flotar sobre el mar urbano, el poeta aprecia la ciudad sin poder tocarla. La
guerra y los diarios que la divulgan están presentes en el cotidiano paulistano, trayendo
las noticias de ultramar, aparentemente opuestas a las sensaciones de tranquilidad que
invaden el poeta brasileño al sentir la brisa del Anhangabaú. Desde su tranvía, Mário
penetra en la intimidad de la ciudad, pero también encuentra costumbres americanizadas
exhibidas en el espacio público. Conociendo toda la ciudad, entre las noticias que lee en
los periódicos, la urbe que ve sin poder tocar y la sensación de una inquietante
tranquilidad, el autor-personaje termina por no reconocerse más en esta imagen, percibe
que algo existe entre “él y la Tierra exterior”, probablemente una “Tierra subconsciente
de nadie”.
La San Pablo que el poeta puede ver desde del interior del tranvía surge de la velocidad
y de la dinámica que este transporte ofrece. Las ondulaciones permiten diferentes
aproximaciones con la ciudad, dejando emerger el lado moderno de San Pablo, el
mismo que se presenta de forma intangible para el poeta, que no consigue satisfacerse
con esta San Pablo. Al abandonarla, transformándola en una “tierra-de-nadie”, Mário se
desarraiga, experimentando “pequeñas sensaciones” (como la brisa de rosas o el olor de
las magnolias), ignoradas por la “Historia universal”. O aún más: reconstruye una nueva
historia universal a partir de otras experiencias que huyen de aquellas vinculadas al
ideal de una ciudad moderna, la misma historia universal que las “historias infames” de
Borges intentan reconstruir, afirmando así “la legitimidad de toda la historia, inclusive
la más despropositadamente exótica o impensable, [posicionándose] con astucia en las
márgenes, en las orillas, en las zonas obscuras de las historias centrales” (SARLO,
2010, p. 92).
En este sentido, la noción unívoca de una historia universal presentida por Mário de
Andrade y combatida por Borges remite al intento de legitimar una narrativa que señala
la predominancia de un centro de poder escondido detrás del disfraz de una supuesta
universalidad. El dispositivo utilizado para el mantenimiento de la unicidad de esta
historia determina, principalmente, la negación de historias locales –pasadas y
presentes– sobre las cuales se instauraba un nuevo orden narrativo. Éste, pasa a
distorsionar los objetos históricos en función de una otra mirada, unidireccional, cuyo
centro geográfico apunta hacia una Europa que aflora aún en el período del
colonialismo, interpretado por José Luir Romero como una expansión de la sociedad
sin revoluciones! / Los vendedores de diarios fascistas invaden el tranvía, imponiéndome la lectura de los
periódicos. (...) / Las brisas me colorean los labios con las rosas del Anhangabaú. / Sol pálido chauffeur
japonés rechoncho como un boxeador. / ¡Luz y fuerza! / ¡Light &amp; Power! / ¡Yo soy el poeta de los viajes
en tranvías! / ¡Explorador en busca de aventuras urbanas! / Cendrars ha viajado por el universo viendo la
danza de los paisajes. / ¡Yo he viajado todos los tranvías de Paulicéia! / ¡Pero en lugar de danza de
paisajes, / he contado una a una todas las rosas paulistanas / y he penetrado en el secreto de las casas
bajas! / ¡Oh! ¡Cuartos de dormir! / ¡Oh! ¡Alcobas oscuras y polleras blancas de estameña! / ¡Conozco
todos los adornos de las salas de visita! (...) / En seguida: invasión de los Estados Unidos. /
¡Shimmyficación universal! / ¡El fox-trott es la verdadera música! / Pero Liszt aún atrae los paladares
burgueses. (...) / Pero para mí lo más infelices del mundo / son los que nacen dudando si son turcos o
griegos. / franceses o alemanes? / ¡Ni se sabe quién pertenece a la isla de Martin García! / HISTORIA
UNIVERSAL EN PEQUEÑAS SENSACIONES / ¡Tierras-de-nadie! (...) / Mis ojos buscan un amor. /
Sensualidad sin motivos. / Es el olor olio de las magnolias en el aire voluptuoso de esta calle.
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feudo-burguesa, siendo esta última, la burguesa, detentora del aparato jurídico a través
“del cual reordenó la nueva sociedad urbana, asegurándose en ella la preeminencia”
(ROMERO, 2010, p. 32). No obstante, esta Europa geográfica, modelo de referencia
para el patrón cultural moderno que, como vimos, es una construcción histórica cuyos
orígenes remiten apenas al reciente siglo XVIII (DUSSEL, 2000), termina por ser ella
misma una invención tan abstracta cuanto la noción de modernidad, una idea que surge,
quizá, para poder materializar la centralidad de una otra instancia de poder que
comienza a emerger en este período: el dominio cultural y político burgués y el modo de
producción capitalista. Bajo este punto de vista, la historia moderna no es nada más que
la visión burguesa de los acontecimientos históricos, forma de dominio simbólico que
pretende expandir sus fronteras para el ultramar. “Resulta innegable”, afirma
Chakrabarty, “que el dominio británico trasplantó al suelo indio las prácticas, las
instituciones y el discurso del individualismo burgués” (2008, p. 64).
Dentro de esta visión, podemos sugerir que, antes que una simple respuesta artística, los
grupos de vanguardia fueron absorbidos y utilizados por la historia moderna como una
forma de afirmación de la idea de la modernidad, promovida aun cuando procuraban
rechazarla. Así, si las ciudades de este período pueden presentarse de diversas formas a
sus habitantes –siendo la faceta moderna apenas una entre innumerables posibilidades
de vivenciarlas–, la vanguardia artística demostrará una gran dificultad para irrumpir
con esa realidad y traer en sus representaciones la multiplicidad de miradas que huyen a
las imágenes culturales impuestas por el poder económico burgués, tal vez porque las
propias vanguardias surgen del mismo proceso que lleva la burguesía a la cima de la
jerarquía social de la sociedad moderna.

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>LA CIUDAD POR DETRÁS DE LA HISTORIA. Representaciones urbanas de la vanguardia literaria en San Pablo y Buenos Aires a la luz del poscolonialismo</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este trabajo sugiere una aproximación a la historia urbana a partir de un abordaje poscolonial, utilizándose de algunas revistas de la vanguardia literaria publicadas en San Pablo y Buenos Aires durante las décadas de 1920 y 1930. Así, pretendemos apuntar hacia una nueva posibilidad de lectura sobre las representaciones urbanas encontradas en estas fuentes, formulando cuestiones sobre la formación de una identidad latinoamericana o la posibilidad de influencia del poder económico sobre las representaciones culturales, puntos claves para comprender la narrativa de la modernidad y el lugar de la ciudad en esta construcción.</text>
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                <text>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;This paper suggests an approach to the urban history from a postcolonial perspective, using some avant-garde magazines published in São Paulo and Buenos Aires during the decades of 1920 and 1930. Thus, we aim to point to a new possibility of interpretation about the urban representations inside these sources, identify and framing some issues about the development of a Latin American identity or the possibility of the economic power influence over the cultural representations, key points to understand the narrative of modernity and the place of city in this construction.&lt;/p&gt;</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Ricardo Marchesini Galvão&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arquitecto y urbanista&amp;nbsp; con Maestría en Historia y Fundamentos&amp;nbsp; de la Arquitectura y del Urbanismo.&lt;br /&gt;Facultad de Arquitectura y Urbanismo Universidad de San Pablo, Brasil.</text>
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                    <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas

FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
PANORAMA PETROLERO: El regreso de Cruz-Diez a El Farol
Sean Nesselrode Moncada
PhD, Institute of Fine Arts
Nueva York University
Resumen
Aunque sirvió como el órgano corporativo para la Creole Petroleum Corporation, la
revista El Farol (1939–1975) se distingue como una revista cultural fundamental para la
legitimación de la abstracción y la profesionalización del diseño. Pero la ausencia de
discusión sobra el programa ideológico de la revista fue de hecho parte del programa de
El Farol, que tenía como objetivo la naturalización de la intervención corporativa como
prerrequisito de la modernidad venezolana y un sentido nacionalista emergente. En
1974, Director Artístico anterior Carlos Cruz-Diez regresó a la revista para diseñar un
número especial, en el que el artista reestructuró sus páginas en el formato de sus
Fisicromías cinéticas. Así hizo un acto de reinterpretación de su anterior obra figurativa
para la revista como anticipatoria de una metamorfosis cinética subsiguiente. El proceso
de auto-redefinición artístico también confirmó el programa de la publicación, de ser
una revista tan artística como corporativa. Ocurriendo sólo un año antes de la disolución
de El Farol y de la Creole, la intervención de Cruz-Diez sirve como el final lógico de un
proceso imaginado de transformación. La revista pasó de ser un producto de la
intervención ajena a convertirse un emblema de la posibilidad de ser moderno en
Venezuela.
Palabras clave
Venezuela, Carlos Cruz-Diez, El Farol, diseño gráfico, cultura petrolera.
Abstract
Although it served as the official organ of the U.S.–owned company Creole Petroleum
Corporation in Venezuela, the journal El Farol (1939–1975) is best remembered for its
role in the legitimization of abstraction and the professionalization of design in the
country. Yet this apparent elision of the journal’s ideological coordinates was in fact
built into the very premise of El Farol, which aimed from its foundation to naturalize
corporate intervention as a prerequisite for Venezuelan modernity and an emergent
sense of nationalism. In 1974, former art director Carlos Cruz-Diez returned to the
journal to design a special issue, in which the artist wholly restructured the journal in
the format of his kinetic Fisicromías. In doing so, he reframed his earlier, figurative
work for the journal as anticipatory of a later kinetic metamorphosis. Yet this process of
artistic self-redefinition also crystallized the journal’s stated aim to amount to
“something more than petroleum.” Occurring one year before the dissolution of the
publication and of Creole, Cruz-Diez’s intervention serves as the logical endpoint of an
imagined process of metamorphosis, from a product of foreign intervention to an
assertion of national(ist) self-actualization—a trajectory of self-presentation that mirrors
that of Venezuela’s modernist experiment.
Keywords
Venezuela, Carlos Cruz-Diez, El Farol, graphic design, petroleum.
1

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Un número de la revista venezolana El Farol, del año 1974, tiene una portada
que es aparentemente sencilla

El Farol: La calidad de la vida 1 (1974), diseño de Carlos Cruz-Diez.

La portada se divide en dos. En la izquierda, se puede leer el título de este
número –“El Farol 1974: La calidad de la vida 1”– escrito en blanco sobre un fondo
monocromo negro y mate; y la derecha, en contraste, se ve en una serie vibrante de
formas angulares repetidas en lustrosos rojos, verdes, azules, y negros (El Farol: La
calidad de la vida, 1974). Para cualquier persona que conozca el arte venezolano
moderno, es evidente que estas formas son la firma singular de su creador, el artista
cinético Carlos Cruz-Diez. Tan reconocibles son sus formas coloridas que la revista, nos
parece, llega a ser un medio para introducir la obra de Cruz-Diez al público. De alguna
manera es típico que su geometría aparece en una publicación imprenta en los años
setenta, cuando Cruz-Diez espacializaba sus Fisicromías cromáticas para realizar la
“integración a la arquitectura” pública (Cruz-Diez Art Foundation, 2017). 1 Pero el
hecho de que El Farol fuera el lugar para esta intervención impresa conlleva un
significado tanto personal como nacional. Por un lado, Cruz-Diez trabajó como
diseñador gráfico y Director Artístico para la revista entre 1944 y 1955, siendo
responsable de la creación de dibujos y portadas en un estilo figurativo que antecedió su
traslado a Europa y el resulto metamórfico de su viaje en un lenguaje abstracto. Su
presencia notable en este número es una declaración clara de la distancia que
recorrieron Cruz-Diez y El Farol durante esos once años.
En las historias del diseño gráfico moderno en Venezuela, se distingue El Farol
como una revista cultural fundamental para la legitimación de la abstracción y la
profesionalización del diseño, a través de sus directores artísticos dentro de los que se
encuentran Cruz-Diez, Gerd Leufert, y Nedo Mion Ferrario, quienes cultivaron una
identidad visual para la revista promoviendo lo abstracto, lo gráfico, y lo cinético –en
1

Dice Cruz-Diez que esta integraciones proponen “un discurso plástico que se genera en el tiempo y
en el espacio, creando situaciones y acontecimientos cromáticos que cambian la dialéctica entre el
espectador y la obra.”

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suma– lo moderno. Pero El Farol nunca fue exclusivamente una publicación cultural, y
en la última página de este número de 1974 se puede ver que El Farol nunca fue
exclusivamente una publicación cultural, sino que también sirvió –y fue establecida–
como un órgano corporativo.

Detalle del colofón de El Farol: La calidad de la vida 1 (1974)

Aquí el lector lee que esta revista, impresa por el editorial caraqueño Cromotip,
fue financiada y “editada por la CREOLE PETROLEUM CORPORATION para su distribución
gratuita en el país” (El Farol: La calidad de la vida, 1974). La Creole Petroleum
Corporation fue la sucursal venezolana de la Standard Oil de New Jersey. Más de
cuarenta años después de su último número, el hecho de que cada edición de El Farol
fue parte de una campaña de relaciones públicas implementada vigorosamente por una
compañía petrolera extranjera, se ha alejado de la memoria pública. Pero la coexistencia
de lo petro-corporativo y lo artístico en las páginas de El Farol no fue ni irreconciliable
ni circunstancial. Al contrario, se reforzaron mutuamente. Cuando consideramos las
estructuras ideológicas que crearon y mantuvieron el contenido de la revista (tanto
discursivo como visual), lo que parece una intervención singular de Cruz-Diez en 1974
se convierte en un resultado deliberado producto de la unión entre los sectores
corporativos y culturales. El Farol es el final lógico de un proceso imaginado de
transformación. La revista pasó de ser un producto de la intervención ajena a convertirse
un emblema de la posibilidad de ser moderno en la Venezuela de mediados del siglo
XX.
Cuando Cruz-Diez regresó a El Farol, la publicación ya tenía treinta y cinco
años. El primer número de El Farol apareció en junio de 1939, y su primera portada
reprodujo un paisaje pintado por el artista venezolano Tomás Golding.

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El Farol 1 (junio de 1939), pintura de Tomás Golding
En este se observa una visión romántica de la playa caribeña, un contraste total a
los diseños no-figurativos de los años sesenta y setenta. En el paisaje de Golding
caminan dos mujeres anónimas llevando cestas en la cabeza, una composición que
establece el terreno caribeño como tropical, virgen, y latentemente productivo. Este tipo
de pintura, de un artista venezolano menos reconocido que Cruz-Diez pero sin embargo
distinguido en los círculos artísticos por sus paisajes tropicales, estableció una plantilla
que definiría la primera década de la revista: fue una fantasía de un paraíso tropical y
primitivo, la cual fue no sólo un programa visual tan como una misión ideológica. A
Nelson Rockefeller, miembro de la junta directiva de la Creole, le impresionó esta
fantasía cuando viajó a Venezuela en 1937 para reconocer las actividades de la
compañía. Escribiendo a sus padres, Rockefeller declaró:
De verdad no se puede imaginar qué bonito [es] aquí en el Río [Orinoco].… Las orillas
son cubiertas por un matorral colgante denso.… Los árboles son llenos de monos y
pájaros de todos…colores.… Pero lo más interesante de todo son los indios. Viven en
cabañas pequeñas de palmas al lado del río, prácticamente sin ropa, y se trasladan por
todo en troncos vacíos. (Rockefeller, 1937) 2

Pero él guarda su observación más significativa para el final—el hecho de que
“verdaderamente hay mucho petróleo por aquí!” (Rockefeller, 1937). 3 Con este giro del
paisaje visible a su contenido subterráneo, articula inconscientemente la base del
proyecto entero desarrollista como era dirigido por el petróleo: la “comodificación” del
paisaje, y su elaboración visual a dentro de las páginas de El Farol.

2

“Really you can’t imagine how lovely [it is] here in the [Orinoco] river.… The banks are covered with a
dense overhanging growth.… The trees are full of monkeys &amp; birds of all…colors.… But most interesting
of all are the indians [sic]. They live in little palm leaf [huts] along the river, wear practically no clothes
&amp; paddle around in hollowed out logs.” Traducciones son del autor a menos que se indique lo contrario.
3
“….there is certainly plenty of oil here!”

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El número inaugural de El Farol fue publicado en respuesta a una crisis
internacional de relaciones públicas, resultado de la recién expropiación de las reservas
petroleras mexicanas en 1938 y una campaña de huelgas petroleras en Venezuela, en las
cuales la clase trabajadora demandaba un aumento del salario, mejores condiciones
laborales, y el derecho a la creación de un sindicato (Ramírez MacGregor, 1953). En un
momento de tumulto tanto regional como global, las compañías petroleras como la
Creole tuvieron que justificar su presencia en países como Venezuela, la Creole lo hizo
a través de la creación de una revista con la que se comprometía por “el bienestar del
país,” en las palabras de Nelson Rockefeller (Rockefeller, 1939). Con El Farol los
ejecutivos de la Creole fabricaron una plataforma en la que se podían unir (conceptual y
literalmente) las operaciones de la industria petrolera con la historia, la cultura, y la
identidad de la Venezuela moderna. En este sentido, este primer número de El Farol
abre con unas “Palabras Preliminares,” en donde se articula la estrategia formulada por
Rockefeller: “aspiramos a recoger en nuestras páginas las palpitaciones más intensas del
alma nacional, y…ratificamos…lo sincero de nuestra patriótica devoción” (“Palabras
preliminares,” 1939). 4 El contenido de este primer número –y de todos los números de
la revista– mezclan relatos de las nuevas operaciones y campos petroleros de la
compañía, con artículos sobre la historia y cultura del país, mezclando así los intereses
de la industria con un emergente sentido de “patriótica devoción.”
Como se puede ver con la inclusión de la pintura de Golding, parte de la misión
de El Farol fue el apoyo a artistas jóvenes venezolanos. Entre los años treinta y
cuarenta, aparecieron artículos sobre el Salón de Arte Venezolano y otros pintores como
Héctor Poleo, Rafael Monasterios y Mateo Manaure (“VII Salón de Arte Venezolano,”
1946; “VIII Salón de Arte Venezolano: Caracas, 1947,” 1947; “IX Salón de Arte
Venezolano,” 1948). 5 Pero quizás aún más notable fue la contratación de artistas locales
como empleados de la revista. Entre ellos estaba Carlos Cruz-Diez, quien se unió al
personal de la revista en los años cuarenta como ilustrador y, eventualmente, como
Director Artístico. Se conoció el diseñador norteamericano Larry June, quien había
llegado a Caracas dos años antes a la invitación de la Creole para trabajar en el equipo
de El Farol. Asumió responsabilidad por el plano de la revista y, según su pupilo CruzDiez, llevó una actitud alegre a la tipografía. Con la llegada de Cruz-Diez y June, y el
lanzamiento de la publicación hermana Nosotros en 1946 –que adquirió la mayoría de
las secciones de sociales, deportes, y promociones de los empleados de la Creole– El
Farol empezó a definirse como una publicación cultural además de un órgano
empresarial (Armas Alfonzo, 1985, p. 21–23).
En este momento, todavía no había llegado Cruz-Diez a su estilo abstracto
característico; más bien, la obra que produjo para la revista fue decididamente
figurativa, inspirada en parte por el florecimiento del realismo social en la hemisferio
(Jiménez &amp; Cruz-Diez, 2010, p. 22–36). Durante esos primeros años en la revista, CruzDiez creó dos portadas, y las quiero analizar acá porque representan un contraste
4

“…aspiramos a recoger en nuestras páginas las palpitaciones más intensas del alma nacional, y en forma
clara, preferentemente objetiva y sencilla, llevarlas al conocimiento de nuestros densos grupos de
empleados y obreros, creyendo sinceramente, que al proceder así, ratificamos, una vez más, lo sincero de
nuestra patriótica devoción.”
5
También, el artículo regular “Arte y Cultura” llevó reportajes sobre eventos culturales locales y
nacionales, de número 82 (marzo de 1946) a número 101 (octubre de 1947).

5

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estético y temático que expresa la división conceptual que formuló El Farol como
motivo subyacente de la modernidad venezolana. La primera de las dos portadas es la
de diciembre de 1946, en donde se presenta una escena folklórica de una fiesta de
Navidad. Se pueden ver, de manera caricaturesca, una serie de anécdotas visuales en las
que personas cantan, bailan, y van a la iglesia.

El Farol 91 (diciembre de 1946), diseño de Carlos Cruz-Diez

Como una declaración del compromiso de la Creole con la cultura venezolana,
la junta editorial elogió la portada por su “acertado enfoque moderno” (El Farol, 1946,
p. 1). Pero unos tres años después, esta misma escena sería descartada como un ejemplo
de “valoración nativa” (El Farol, 1949, p. 1). Esta revisión se hizo posible sólo por la
producción de un contraejemplo de lo moderno, una segunda portada de Cruz-Diez que
no representa un pueblo del campo, sino las oficinas del nuevo Edificio de la Creole en
Caracas. En un estilo semi-abstracto, de formas planas y trabajadores anónimos, CruzDiez nos muestra una visión de la Venezuela capitalista petrolera, de espacios y
ciudadanos mecanizados.

El Farol 121 (junio de 1949), diseño de Carlos Cruz-Diez

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La narrativa del progreso petrolero implicó no sólo el traslado del pueblo a la
metrópolis, sino también la reducción de las formas. Así se dio la representación visual
del modelo ideológico que emergió en los artículos de El Farol, aceptando la
abstracción como una analogía de las ideas de progreso económico y social.
Si seguimos esta marcha supuesta a la abstracción, un momento decisivo ocurre
en el número de febrero de 1954. Consta de cincuenta páginas, y fue el número más
grande hasta la fecha. También fue el primero que identificó a Alfredo Armas Alfonzo
como Director. También afirmó que Cruz-Diez fue responsable por “imposición
gráfica,” en una designación que confirmó el cambio de imagen como sitio del diseño
gráfico (El Farol, 1954, p. 50). 6 El tema del número fue la metamorfosis de Caracas
bajo el Nuevo Ideal Nacional de Marcos Pérez Jiménez, policía que modificó la práctica
de “sembrar el petróleo”—escrito por primera vez por Arturo Uslar Pietri en 1936
(Uslar Pietri, 1936)—a una frase más expresamente desarrollista: “la transformación
racional del medio físico” (Pérez Jiménez, 1954). Los artículos celebraron la capital
modernista como sinécdoque de una transformación nacional bajo el “petroestado”, y se
publicó el número para conmemorar la X Conferencia Interamericana, albergada por
Caracas y patrocinada por la OEA (Organización de los Estados Americanos). La
Conferencia fue una oportunidad para la dictadura de Pérez Jiménez a mostrar la capital
como metrópolis urbana, así dando legitimación a sus pólizas desarrollistas políticas,
económicas, y culturales (Boulton, 2008). Y como el arte abstracto emergió como la
expresión visual de este país modernista, la portada de este número El Farol reprodujo
una fotografía casi-abstracta de las Nubes acústicas de Alexander Calder, colgadas en la
famosa Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Carlos Raúl Villanueva.

El Farol 150 (febrero de 1954), diseño de Carlos Cruz-Diez

6

De verdad Cruz-Diez fue el segundo Director Artístico que recibió crédito público en las páginas de la
revista. El primer fue Luis E. Mejías Donzella, en El Farol número 97 de 1947.
Otros individuos e instituciones nombrados en el número 150 fueron Pedro Duin, Michael Pintea, y
Gediminas Orentas por fotografía en color; el Departamento de Geología de la Creole por un mapa de
Venezuela; Alejandro Vásquez por un mapa de la Carretera Panamericana; Miguel León por fotografías
panorámicas de Caracas; y Marcel Florís por un dibujo del escudo de armas de Caracas.

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Así el móvil sirvió como una clave visual para un modernismo abstracto (y
últimamente cinético) que fue promocionado por El Farol como manera de alinearse
con esta visión petrolífica de la Venezuela moderna abstracta.
En 1955 salió Cruz-Diez para París, y la historia de El Farol después su partida
es una de la continua legitimación del diseño abstracto a través de la obra de dos
diseñadores europeos recién llegados a Venezuela en los cincuenta: Gerd Leufert y
Nedo Mion Ferrario. Entre los dos, establecieron una identidad visual de vanguardia en
El Farol con portadas que mezclaban la geometría con grabados históricos venezolanos,
y que incorporaban una variedad de materiales como nuevos papeles para cultivar una
estética lujosa. Emblemática de estas tendencias fue la primera portada de Leufert de
1956, cuya una composición abstracta geométrica constituyó, según Cruz-Diez años
después, el momento en que “Farol empezó a ser El Farol” (Puig-Corvé, 1969, p. 50).
Las formas planas sirven como una matriz estructural en la que aparecen imágenes de
varios tiempos y contextos, incluyendo referencias al Estadio Olímpico y los escultores
de la Ciudad Universitaria—el mismo sitio que fue el sujeto de la portada anterior de
1954, y que señaló la legitimación de lo abstracto como idioma venezolano.

El Farol 166 (septiembre–octubre 1956), diseño de Gerd Leufert

En la época modernista de El Farol en los sesenta, el perfil del arte cinético
empezó a ser más prominente—con artículos sobre la obra de Jesús Soto o Alejandro
Otero. En el caso de Cruz-Diez, el artista fue el sujeto de un artículo en 1969 que,
además de introducir al lector al “espacio infinito del color” en su obra abstracta, lo ató
al legado artístico de la revista petrolera. El artículo empieza con una descripción de la
historia de Cruz-Diez en El Farol, afirmando que aunque el artista es una de “las
figuras más importantes del arte cinético mundial,” todavía “tiene la misma sonrisa de
ayer” cuando era Director Artístico de la revista. El Cruz-Diez del pasado y el del
presente se hacen contiguos, y su éxito artístico ratifica el éxito publicitario de El Farol,
como prueba de la benevolencia cultural de la Creole y la industria petrolera
(Velásquez, 1969, p. 66).

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FICCIONES METROPOLITANAS
Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana
Centro de Estudios Espigas – IIPC-UNSAM, Buenos Aires, 8-9 de mayo de 2017
Cuando Cruz-Diez regresó a El Farol en 1974, había consideraciones personales
e institucionales a tener en cuenta. En las décadas siguientes al trabajo del artista para la
revista, su nombre había llegado a ser sinónimo del éxito del arte cinético como
expresión visual de la modernidad venezolana. De esta manera, es significativo que
cuando el director de la revista, Felipe Llerandi, lo invitó a hacer el diseño de este
número, Cruz-Diez decidió adaptar el formato de la publicación a su estilo particular, en
una manera radical y sin precedentes. Su intervención no sólo fue estética sino también
estructural: mientras que el monocromo ocupa una página completa que mide la mitad
del ancho de la revista, lo que parece una composición abstracta policromática a la
derecha, es en realidad un efecto visual de la superposición de las formas de las páginas
siguientes, cada una, unos centímetros más ancha. La misma operación ocurre, al revés,
en la segunda mitad del número. El efecto fue el de convertir la revista petrolera en un
objeto cinético, porque cuando se leen los artículos de este número, la forma material de
El Farol cambia físicamente, la Fisicromía de papel se separa y se fusiona mientras que
literalmente circunscriben el contenido escrito.

El Farol: La calidad de la vida 1 (1974), diseño de Carlos Cruz-Diez

Cruz-Diez no solo redefine su relación con El Farol, al no sólo actuar como
diseñador gráfico y convertirse en artista cinético, sino que también transforma la
intervención en una declaración de ruptura con el pasado. Si al principio El Farol
anticipó un futuro modernista petrolero para Venezuela, este número de 1974
aparentemente confirma su llegada. Aquí hay un artista venezolano, con reconocimiento
internacional, que puso en orden los códigos del modernismo artístico para revisar
materialmente—o tal vez desmontar—la publicación petrolera. Sin embargo, lo que fue
presentado como ruptura había sido anticipado estética, institucional, e ideológicamente
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desde la fundación de la revista. Tal vez irónicamente, el número tomó como tema el
papel de la industria petrolera en preservar el medio ambiente. Sus artículos
“environmentalistas” describen “El hombre amenazado” y la “polución atmosférica de
Caracas,” confesiones de los costos de una modernidad petrolera en un momento de
conocimiento ecológico (El Farol: La calidad de la vida, 1974). En alguna manera, el
contraste entre contenido y diseño muestra el privilegio de Cruz-Diez a manipular o aún
ignorar el texto de El Farol. Pero, dada la conceptualización del paisaje venezolano, del
“medio físico,” que distingue la ideología de la revista, la abstracción cromática
propone otro nivel de “transformación racional” del mundo natural en una modernidad
cinética. No es una metamorfosis literal de la naturaleza a la abstracción, sino
metafórica e conceptual—de una atemporalidad primitivista imaginada a una urbanidad
modernista cosmopolita.
Cuando vemos y analizamos este número, se puede entender que el diseño se
incrusta profundamente en una cultura petrolera. La inestabilidad material de El Farol
evoca no solo el cambio material que formó la lógica original de “sembrar el petróleo”
de Arturo Uslar Pietri, sino también la emergencia del petróleo iconográficamente. El
monocromo negro viene a parecerse al crudo subterráneo y la tipografía evoca
oleoductos tubulares. En otra instancia, las formas angulares de Cruz-Diez dirigen la
mirada a la frase “Panorama petrolero,” que se encuentra superpuesta a una fotografía
aérea del Lago de Maracaibo, grabada en oro como manifestación visual del mito del
“oro negro.”.

Detalle de El Farol: La calidad de la vida 1 (1974): 36, diseño de Carlos Cruz-Diez

Aquí, el cinetismo de Cruz-Diez sirve no sólo como complemento de un
vocabulario sobre el petróleo que abarca la naturaleza, la industria, y la riqueza
material—pero también como la consolidación y sublimación de este vocabulario con la
retórica formal del modernismo cinético venezolano. Su intervención representa el final

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del cambio de un desarrollo importado a la manera estadounidense a una confianza
nacionalista en el florecimiento de una modernidad que fue relevante
internacionalmente pero intrínsecamente local. ¿Busca excesivamente la presencia del
petróleo en lo abstracto esta interpretación? Tal vez sí. Es más probable que tanto CruzDiez como la junta editorial consideraran este número como ejemplo de buen diseño.
Pero cuando se considera el “panorama petrolero,” es difícil olvidar la carga ideológica:
satura nuestra visión de la modernidad cinética de Venezuela; la mancha. No podemos
sino descubrirla adondequiera que miremos, como una revelación de las estructuras
ideológicas que desde hace tiempo se quedaron bajo la superficie.

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                  <text>Publicación de las I Jornadas de Estudios sobre Revistas Culturales.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas son soportes materiales que permiten la expresión de una comunidad de ideas, la gestación de proyectos, la difusión de valores, y también el desarrollo de debates. Actúan como plataformas de redes que permiten discutir tanto la visión homogeneizadora de “lo latinoamericano” como la contextualista de “lo nacional”. Activan, al mismo tiempo, ficciones metropolitanas: sus páginas pueden entenderse como espacios de encuentro y de debate como los que podrían producirse en una conferencia, un ateneo o un café. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las revistas de arte o las secciones de arte en las revistas culturales constituyen el objeto principal de este encuentro que aspira a delinear los programas y los mapas de ideas que se trazaron durante el siglo xx hasta el presente. Se abordarán las revistas desde sus programas estéticos y políticos, considerando tanto aquellos que se vincularon a las vanguardias simultáneas (abstracciones, realismos, informalismos) como las que abordaron los problemas de la contemporaneidad (tanto en términos de poéticas como de políticas de la diferencia, entendidas en términos de género o de raza). Nos interesa entender las revistas como escenarios de ideas; como ámbitos de intercambios y construcciones que guardan, o no, relación con un espacio geográfico específico. Desde esta perspectiva, proponemos pensar las revistas como ciudades. Metrópolis de papel que desplegarían en la superficie de sus páginas ideas surgidas en el contexto de ciudades reales como son México, Santiago de Chile, Lima, Asunción, La Paz, Montevideo, Quito, Buenos Aires, Bogotá, San Pablo, Río de Janeiro, La Habana, Tegucigalpa, San Salvador, Guatemala, Sucre, Madrid, San Juan, Santo Domingo, San José, París, Managua, Panamá, New York, Caracas o Rosario, entre muchas otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver publicación online en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                  <text>Organizado por el proyecto &lt;em&gt;Modernity, Avant-Garde and Neo-Avant-Gardes in the Americas: Journals and archives (1920s-1950s)&lt;/em&gt;&amp;nbsp;desarrollado por el Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) de la Universidad Nacional de San Martín, y la Fundación Espigas, con el financiamiento de la Getty Foundation, bajo la direccion de Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi.</text>
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                  <text>I Jornadas Internacionales de Estudios sobre Revistas Culturales Latinoamericanas FICCIONES METROPOLITANAS Revistas y redes internacionales en la modernidad artística latinoamericana Ver publicación online en: &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/7&lt;/a&gt;</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Venezuela - Carlos Cruz-Diez - El Farol - diseño gráfico - cultura petrolera</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;Venezuela - Carlos Cruz-Diez - El Farol - graphic design - petroleum</text>
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                <text>&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque sirvió como el órgano corporativo para la Creole Petroleum Corporation, la revista El Farol (1939–1975) se distingue como una revista cultural fundamental para la legitimación de la abstracción y la profesionalización del diseño. Pero la ausencia de discusión sobra el programa ideológico de la revista fue de hecho parte del programa de El Farol, que tenía como objetivo la naturalización de la intervención corporativa como prerrequisito de la modernidad venezolana y un sentido nacionalista emergente. En 1974, Director Artístico anterior Carlos Cruz-Diez regresó a la revista para diseñar un número especial, en el que el artista reestructuró sus páginas en el formato de sus Fisicromías cinéticas. Así hizo un acto de reinterpretación de su anterior obra figurativa para la revista como anticipatoria de una metamorfosis cinética subsiguiente. El proceso de auto-redefinición artístico también confirmó el programa de la publicación, de ser una revista tan artística como corporativa. Ocurriendo sólo un año antes de la disolución de El Farol y de la Creole, la intervención de Cruz-Diez sirve como el final lógico de un proceso imaginado de transformación. La revista pasó de ser un producto de la intervención ajena a convertirse un emblema de la posibilidad de ser moderno en Venezuela.</text>
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                <text>&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Although it served as the official organ of the U.S.–owned company Creole Petroleum Corporation in Venezuela, the journal El Farol (1939–1975) is best remembered for its role in the legitimization of abstraction and the professionalization of design in the country. Yet this apparent elision of the journal’s ideological coordinates was in fact built into the very premise of El Farol, which aimed from its foundation to naturalize corporate intervention as a prerequisite for Venezuelan modernity and an emergent sense of nationalism. In 1974, former art director Carlos Cruz-Diez returned to the journal to design a special issue, in which the artist wholly restructured the journal in the format of his kinetic Fisicromías. In doing so, he reframed his earlier, figurative work for the journal as anticipatory of a later kinetic metamorphosis. Yet this process of artistic self-redefinition also crystallized the journal’s stated aim to amount to “something more than petroleum.” Occurring one year before the dissolution of the publication and of Creole, Cruz-Diez’s intervention serves as the logical endpoint of an imagined process of metamorphosis, from a product of foreign intervention to an assertion of national(ist) self-actualization—a trajectory of self-presentation that mirrors that of Venezuela’s modernist experiment.</text>
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                    <text>PANORAMA
REVI STA I N T E R A M E R I C A N A DE CULTURA
INTER-AMERICAN CULTURAL REVIEW
REVUE I NTER A ME R I C A I N E DE CULTURE

i.

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UNION PANAMERICANA
PAN AMERICAN UNION
UNIÁO PAN-AMERICANA
UNION PANAMERICAINE
WASHINGTON. D. C.

Mi

��FU N D A C IO N E S P I G A S
Buenos Aires * Argentina

PANORAMA

Revista trimestral publicada por el Departamento de Asuntos Cultura­
les de la Unión Panamericana ~ Quarterly review published by the
Department of Cultural Affairs of the Pan American Union ~ Revista
trimestral publicada pelo Departamento de Assuntos Culturáis da
Uniáo Pan-Americana ~ Revue trimestrielle publiée par le Département
des Affaires Culturelles de l’Union Panaméricaine.
Y ol. IV

W ashington , 1955

N u m . 13

Alceu Amoroso Lima, civilizaqao brasileira ............................. 3
José M. Machín, caudillismo y democracia en america
LATINA......................................................................................... 27
Vincent C. Hopkins, the American in

european eye s ............

36

Guillermo de la Cruz-Coronado, graciliano ramos: trayec­
toria Y PERSONALIDAD............................................................. 48
Julio E. Payró, contemporary argentine sculpture .............. 61
José Juan Bruera, tres ideas sobre
Joseph Wood Krutch, he

la soledad ......................

74

was there before coronado ........

86

Arturo Sergio Visca, el repentinismo
NOTICIAS

en el rioplatense

.. . 95
103

�P anokama aspira a presentar un cuadro objetivo de la actividad
intelectual de América, aunque no comparta necesariamente las
opiniones expresadas por los autores. ~ P anorama aims to present
a purely objective view of the intellectual activity of the Americas.
It does not necessarily share the opinions expressed by the authors.
P anorama visa apresentar um quadro objetivo da atividade inte­
lectual da América, embora nao compartilhe necessáriamente as
opiniQes expressas pelos autores. ~ Le but de P anorama est de
présenter une vue purement objective de l’activité intellectuelle
á travers les pays de l’Amérique. La revue ne partage pas nécessairement les opinions émises par les auteurs.

Toda la correspondencia debe dirigirse a
Address all correspondence to
Tóda correspondencia deve ser enderezada a
Toute correspondence sera adressée á

PANORAMA
Department of Cultural Affairs
Pan American Union
Washington 6, D. C., U.S.A.

�CIVILIZACAO BRASILEIRA
ALCEU AMOROSO LIMA*
N a hora em que o povo é chamado a deliberar sobre a renovagáo
dos seus delegados, que constituem o govérno de urna democracia,—
regime em que governantes e governados constituem um corpo só,
como no organismo humano, em que órgáos dirigentes e órgáos dirigidos
constituem a mesma unidade constitucional—nessa hora é conveniente
que meditemos um pouco sóbre a natureza e o destino da nossa nacionalidade.

Urna nacionalidade é sempre o conjunto de trés elementos:
a térra,
o homem,
as instituigóes,
e de trés torgas orientadoras:
as de conservagáo, ou estática social,
as de progresso, ou dinámica social,
e as de equilibrio, ou orgánica social.

O primerio elemento é a base física, o território. O nomadismo é
sempre um estado imperfeito e sempre com tendencia á estabilizagáo.
Ou é urna condigáo permanente de povos inferiores, como as nossas
tribos selvagens que precisamente só alcangaram um estado superior de
civilizagáo, de que eram perfeitamente capazes como se viu, assim que,
pela agáo da Companhia de Jesús, alcangaram aquela estabiüdade que
até hoje constitui o assombro dos sociólogos, ou é urna condigáo his­
tórica de povos superiores, como os judeus e os árabes, que também
mostraram que só estabilizados podiam desenvolver as suas virtua­
lidades coletivas, ou residuos de povos em decadéncia, como os ciganos.
Um território fixo é a condigáo normal para a constituigáo de urna
verdadeira nacionalidade. É urna condigáo, porém. Náo é urna causa.
A geografía de um povo náo é a medida de suas características, mas é
um elemento essencial de sua historia, de sua populagáo e até de sua
* Alceu Amoroso Lima, antigo Diretor do Departamento de Assuntos Culturáis
da Uniáo Pan-Americana, é, dentre os escritores brasileiros contemporáneos, um
dos mais prolíficos. As suas Obras Completas, lanzadas pela Livraria AGIR, já
compreendem 35 tomos, sendo o último déles um ensaio de interpretagáo dos
Estados Unidos—A Realidade Americana. No estudo que ora reproduzimos, o
autor analisa a formagáo da nacionalidade brasileira, servindo-se de trés elemen­
tos : a térra, o homem e as instituigoes, e de trés fórgas orientadoras: as de con­
servagáo (estática social), as de progresso (dinámica social) e as de equilibrio
(orgánica social). O aludido estudo veio a lume na revista A Ordem, da qual Alceu
Amoroso Lima é o Diretor (Rio de Janeiro, Vol. LII, No. 5, novembro de 1954).

3

�cultura. A base física de urna nacionalidade é um elemento essencial de
sua constituigáo.
O homem é o elemento central de urna nacionalidade. O território
existe, naturalmente, em fungáo do homem. Urna nacionalidade é um
povo estabilizado em urna determinada regiáo da térra, nao é um territó­
rio sobre o qual exista urna populagáo. Há, pois, urna hierarquia natural
entre os dois elementos. A térra é destinada a servir ao homem. O homem
é a medida da térra. Nao há, pois, um determinismo geocéntrico. A
geografía humana é o ramo mais moderno e mais fecundo da ciencia da
térra, exatamente porque estuda o dominio da térra pelo homem através
da técnica. A primeira condigáo de urna civilizagáo é a adequagáo da
térra ao homem. Há urna adequagáo natural, operada pela agáo das
próprias forjas naturais. O homem toma sempre, até certo ponto, o
feitio da térra em que vive. Mas o grau e o valor de urna civilizagáo se
medem justamente pela proporgáo entre os dois elementos. O grau de
urna civilizagáo cresce no valor inverso da agáo da térra sobre o homem.
Toda civilizagáo é urna vitória do homem sobre a térra, náo pelo desconhecimento ou pela modificagáo radical dessa última, mas por aquela
adaptagáo ao homem, que é o sinal de sua superioridade.
Quanto ás instituigóes, representam a organizagáo dos grupos de
vivéncia e de convivéncia do homem sobre a térra. O homem é, náo
apenas um animal naturalmente social, mas um ser naturalmente
grupal. Isto é, sua vida se desenvolve náo apenas como um individuo
isolado dentro de urna sociedade coletiva, mas de urna personalidade que
alcanga a realizagáo de sua natureza através de vários círculos concéntri­
cos, que partem dessa personalidade como centro e razáo de ser de
toda a sociedade. As instituigóes sáo os grupos especializados que se
formam em torno da pessoa humana e com modos diversos de sua irradiagáo, segundo as especificagóes das diferentes finalidades normáis do
ser humano. O homem nasce, educa-se, trabalha, convive dentro e fora
das fronteiras nacionais, e reza. É essa a parábola normal de toda vida
humana, desprezadas as atividades margináis ou efémeras. Essas sáo as
suas atividades-tronco. E com elas se constituem as instituigóes funda­
mentáis de toda sociedade: familia, escola, profissáo, nagáo, comunidade
de nagóes, Igreja. Sáo ésses os grandes grupos fundamentáis da sociedade.
Sáo grupos que possuem autonomia própria porque tém urna finalidade
específica. Mas vivemos, ao mesmo tempo, integrados no conjunto dos
demais grupos e articulados uns com os outros. Há urna hierarquia
natural entre ésses grupos, mormente em relagáo ao grupo biológico de
onde todos os demais derivam, pois as sociedades evoluídas sáo, de
certo modo, explicitagóes de fungóes realizadas primitivamente pela
4

�familia. A evolugáo social é um processo de desmembramiento de grupos
sociais a partir do grupo-fonte, provocado pela complexidade crescente
de fungóes sociais incompatíveis com a concentragáo doméstica. Isso,
porém, nao diminui a autonomía de cada grupo e o respeito recíproco
necessário á boa ordem da sociedade. O desenvolvimento de instituigoes
sociais permanentes e autónomas é, por conseguinte, o terceiro elemento
capital para a constituigáo de urna nacionalidade.
Quanto ás fórgas que regulam as relagoes constantes entre ésses ele­
mentos e representam a vitalidade de urna patria, vimos que sao trés,
se bem que geralmente só as duas primeiras sejam focalizadas. A primeira délas é a fórga de concentragáo, a que se costuma chamar de
estática social.
O primeiro dever de um organismo, seja individual, seja coletivo, é
o dever de permanencia. Todo ser tende a permanecer. E a medida do
vigor de um ser é, ipso fado, a sua tendéncia mais forte a continuar a ser.
Daí ser a estática social a primeira fórga de urna sociedade. É o que a
mantém unida e estável. É a que permite a agáo das demais fórgas que
nascem do seu ser ou que atuam sobre ela, de fora para dentro. Há
fórgas espontáneas de corrupgáo interna e há fórgas externas de destruigáo. Contra urnas e outras é que exercem a sua agáo de inércia de­
fensiva as fórgas de estabilidade. A estática social é que mantém a
tradigáo e a tradigáo é a continuidade, é a ligagáo com o passado, é a
preservagáo dos valores, é a fidelidade ás fontes. Tudo isso representa o
próprio núcleo vital de urna nacionalidade. Toda ruptura com o passado,
toda condescendéncia com as tendéncias desagregadoras, tóda desergáo
em face das tentativas externas de conquista ou de exploragáo, repre­
sentam sinais de fraqueza e de perturbagáo grave no metabolismo natural
das fórgas de conservagáo de um povo. A estática social nao é urna posigáo
de passividade. Nao é urna imobilidade em face do movimento. Nao é
um sinal negativo. É urna fórga positiva, apenas dirigida á preservagáo
da nacionalidade em suas raízes.
Quando essa fórga, porém, náo é contrabalangada por outra ten­
déncia contrária, náo mais no sentido da permanéncia e do passado, mas
na diregáo do progresso e do futuro, dá-se um fenómeno de confusáo
entre estática e paralisia, entre tradigáo e rotina. Daí a existencia de
outro estado tendencial em tóda nacionalidade viva, o estado dinámico.
É a marcha para a frente. É a procura de novas formas, de novos processos de dominar a térra ou de organizar os grupos sociais, é o processo
de aperfeigoamento constante e de reforma perene a que tem de estar
sujeito o organismo social, como tem de estar sujeita a pessoa humana,
sob pena de decadéncia. Na vida social, como na vida individual, náo
5

�progredir implica regredir. 0 homem, como os grupos sociais, nao é
um ser perfeito, nem um ser condenado á estagnagáo. Ao contrario.
É um ser perfectível. É um ser em estado continuo de aperfeigoamento
sob pena de decadencia. Parar é cair. Imobilizar-se é desaparecer. De
modo que o dinamismo social é um estado táo essencial quanto a es­
tática social para a vida normal de urna nacionalidade.
Como há, porém, um estado de tensáo latente entre essas duas tendéncias contraditórias, é preciso recorrer a urna terceira fórga capaz de
neutralizar os efeitos maus do choque entre as duas fórgas contrarias
e, ao contrario, aproveitar constantemente os beneficios da combinagao
dos dois conjuntos, o estático e o dinámico.
Se a estática social fósse apenas passividade, e a dinámica social
apenas atividade, entáo a vida social poderia resultar apenas da aplicagáo da dinámica á estática social, como a forma se aplica á matéria
para produzir um ser vivo. Mas estática e dinámica sao duas fórgas
vivas e humanas (pois as fórgas sociais nao sao tensóes cegas e mecánicas,
ás quais estejam subordinados os homens, como quer o determinismo
sociológico, e sim fórgas dirigidas pelos homens, constituidas pelo ele­
mento humano da sociedade e por isso mesmo igualmente vivas e
poderosas e antitéticas), fórgas humanas que tendem sempre a chocar-se
e a produzir a luta social que estala constantemente, na luta de classe ou
ñas guerras de todo tipo, que provocam sempre um estado de ameaga,
de risco e de desperdicio social, que é preciso justamente evitar, em
beneficio do bem comum. Pois urna das faces do bem comum é, precisa­
mente, o ajustamento adequado entre ésses dois feixes contrários de
tensóes vivas.
Ora, o que chamamos a orgánica social, e que completa o jógo re­
cíproco da estática e da dinámica, é o equilibrio social entre os dois
conjuntos com sinal contrário. É urna terceira fórga, táo viva e humana
como as outras duas, táo carregada de tensóes como elas, mas cuja
natureza e finalidade sáo justamente estabelecer a conjungáo harmoniosa
das duas fórgas de sinal antitético, para que de seu contato resulte o
progresso harmonioso e náo a luta, o ódio e a destruigáo recíprocas.
Eis ai como se pode descrever sucintamente, a meu ver, o conjunto de
elementos e fórgas, sempre desenvolvidos pela inteligéncia, pela vontade
e pelas paixoes humanas—pois o homem é o animador central désses
elementos e dessas fórgas em agáo continua e variável numa dada na­
cionalidade—que constituem o principio de vitalidade latente ou patente
de um povo qualquer.
Procuremos, agora, aplicar essas nogóes básicas e de aplicagáo, a meu
ver, universal, ao caso brasileiro.
6

�I

A T erra
A primeira característica do solo brasileiro é a sua antiguidade. Há
quem diga que o planalto brasileiro é a zona mais velha da América,
se nao do mundo. De qualquer modo, é urna térra antiga e, por isso
mesmo, em contraste com outras zonas americanas, urna térra con­
solidada, endurecida, onde nao há terremotos nem vulcóes.
A segunda e mais importante característica do nosso território é
a sua vastidáo. O Brasil está entre a meia dúzia de nacionalidades mais
vastas de todo o mundo. E a relagáo entre espago e populagáo produz um
dos problemas de mais difícil solugáo para todas as nagóes e que a antropogeografia alema e principalmente a geopolítica erigiram em problema
número um das civilizagoes: o espago vital.
Há nagóes cuja história é dominada pela idéia de espago, como há
aquelas que sao dominadas pela idéia de tempo. Como podemos inda
anotar aquelas em que os dois elementos se combinam e aquelas em que
nenhum dos dois é dominante.
E o continente americano que nos dá o tríplice exemplo de nagóes
dominadas, acima de tudo, pela nota espacial: o Canadá, os Estados
Unidos e o Brasil. Sao nagóes de civilizagáo recente, se datarmos a
civilizagáo americana, como deve ser, nao da idade das metrópoles
coloniais, mas do primeiro contato entre a forma européia e a matéria
americana, de que comegariam a nascer as nacionalidades novas. É
o espago que domina a história dessas trés nagóes americanas, todas
trés na vanguarda do século XX, como nagóes que pela primeira vez
contam, de modo decisivo, na história da civilizagáo universal, como
partes integrantes e valiosas.
As nagóes dominadas pelo tempo e nao pelo espago sao aquelas que
carregam hoje com um passado mais que milenar e ñas quais á exiguidade de espago corresponde, ao contrário, urna continuidade histó­
rica, que desempenha um papel decisivo no choque, acima apontado,
entre as tendéncias estáticas e as tendéncias dinámicas. Sao elas as
grandes nagóes latinas da Europa, a Franga, a Itália, a Espanha e
Portugal, e a própria Alemanha, a despeito da relativa ruptura entre
a Alemanha premedieval ou medieval e a Alemanha moderna.
Há outro grupo de nagóes em que os dois elementos, o de espago
e o de tempo histórico, desempenham papel concomitante. Refiro-me
á Inglaterra (a “Commonwealth”), á Rússia, á China e á índia, quatro
nacionalidades centráis do mundo contemporáneo, ñas quais os dois
problemas, as duas notas, se somam—a espacial e a temporal, para lhes
dar urna fisionomía própria.
7

�E há, finalmente, nagóes onde nenhum dos dois tragos representa um
papel decisivo, nem o espago nem o tempo, como sao, por exemplo, as
nacionalidades hispano-americanas, recentes como nós, mas dentro
de fronteiras que permitem urna densidade natural de populagao ao
menos até agora.
A vastidáo, por conseguinte, é outra nota típica da térra brasileira.
Outra aínda é a sua variedade. Se temos, por exemplo, urna meseta de
antiguidade geológica excepcional, temos urna Amazonia que, segundo a
expressáo keyserlinguiana, aínda se encontra no terceiro dia da Criagáo!
Terra aínda de tal modo embebida ñas águas origináis, que representa
um pedago da Asia no coragao da América. Nossas florestas tropicais,
alias, se assemelham de tal modo as da índia, que desde os tempos coloniais há intercambio de flora e de fauna e, psicológicamente, nao é
um paradoxo afirmar que somos o povo mais oriental da América, a
despeito da marca demográfica ou religiosa muito mais profunda em
zonas da América Central e das Antilhas, ponto de encontró do Oriente
e do Ocidente, no solo americano, desde Colombo confundido com o
asiático, quando ele estava a caminho do Extremo Oriente pelo Oeste.
A variedade do solo e das condigoes meteorológicas, da configuragño
geográfica e da flora, permite realmente chamar urna atengáo toda
especial para essa multiplicidade de aspectos que apresentam as nossas
condigoes físicas e constituem urna das possibilidades mais consideráveis
de desenvolvimento de nossa térra e também alguns dos seus mais graves
problemas políticos.
A última das notas típicas do territorio brasileiro é a sua dificuldade.
É urna térra, em geral, áspera e difícil. É urna térra onde nao há grandes
montanhas, como na Asia ou na Hispano-América, mas onde há um
solo de pequeñas montanhas continuadas, criando obstáculos con­
sideráveis ás comunicagóes e á mecanizagáo da lavoura, por exemplo.
É urna térra onde as planicies sao a excegáo, onde os grandes rios navegáveis sao em menor número que as inúmeras torrentes pedregosas, onde
a micro-fauna cria barreiras mais intransponíveis que a macro-fauna
africana e em que o solo, mesmo o mais fértil, se cansa depressa, é
sujeito a constantes erosoes, nao possui, ao que parece, riquezas líquidas
de fácil acesso e as próprias minas em parte se esgotaram, e exige, de
qualquer modo, urna agáo constante e exaustiva do homem. Longe de ser
o paraíso terreal, que certo romantismo ufanista estimulou, é urna térra
cuja dominagáo técnica exige do homem um formidável esfórgo. Por isso
mesmo, quase se pode inverter a famosa sentenga de Bryce e dizer que
aqui tudo é pequeño exceto o homem. Ou, pelo menos, tudo é difícil para
o homem, exigindo désse elemento central da nacionalidade um esfórgo
8

�que compense e valorize as dificuldades e as virtualidades oferecidas pelo
território.
A primeira dessas exigéncias é a quantidade demográfica.
Urna térra, com o espago vital que tem o Brasil, é urna térra que pede
urna abundante populagáo. Num mundo superlotado, onde há nagoes,
como as européias, cuja populagáo profundamente dinámica já nao é
contida pelas fronteiras nacionais, e países asiáticos em que o nivel de
vida, de populagóes abundantes, é baixíssimo (Claudel disse, urna vez,
a Paul Morand que com os desperdicios alimentares de Nova York se
poderia alimentar a Asia. . . )—num mundo assim superlotado, um
espago vital como o nosso ou é ocupado por urna abundante populagáo
ou constitui um problema gravíssimo para a nossa independéncia.
Quando se ve, portanto, entre nos a propaganda do “birth control” e
as barreiras á colonizagáo, sentimos quanto é forte a tendéncia ao
mimetismo, á xenofobia e ao egoísmo das classes afortunadas.
Outra conseqüéncia natural désse abundante espago vital é a multiplicidade de atividades. Urna térra, assim variada, permite vários tipos
de civilizagáo parcial integrando a nota comum da civilizagáo global.
A unidade brasileira é baseada formalmente na variedade. Devemos
sempre distinguir os nossos planos de cultura e as nossas zonas de cultura,
para compreender a unidade da civilizagáo brasileira. Somos típicamente
urna nacionalidade em que coexistem as mais variadas culturas, das mais
primitivas as mais evoluídas. Podemos distinguir, ao menos, trés grandes
zonas naturais: a de cultura primitiva, a de cultura caipira e a de cultura
atlántica. Na primeira, encontramos os espécimes mais atrasados de
cultura, que podemos chamar de pré-líticas, pois ainda se encontram na
idade da madeira, que precede a idade da pedra.
Na segunda é que se encontra a grande massa da populagáo sertaneja,
das fazendas ou dos arraiais, gradativamente transitando para a cultura
atlántica, através das cidades menores.
Como destas passamos gradativamente para os grandes centros citadinos, de cultura atlántica universal, em competigáo nivelada com os
maiores centros culturáis do mundo.
Essa coexisténcia—e, por vézes, a convivéncia nos grandes centros,
especialmente no Rio de Janeiro—entre a cultura mais primitiva e a
cultura mais evoluída, é um dos tragos típicos dessa variedade da nossa
térra, refletida em nossa civilizagáo.
E também costumamos distinguir as zonas culturáis, em que pre­
dominara tipos diferentes de cultura, que náo podemos aqui analisar,
mas que podemos esbogar como sendo a zona Oeste e Norte, a zona Nordestina, a zona Sul e a zona Central, cada urna das quais com um tipo
9

�diverso de cultura, nao em antagonismo entre si, mas oferecendo urna
multiplicidade de aspectos e atividades distintas, que nos levam a outra
conseqüéncia política necessária desta nota de nosso próprio território:
a plasticidade das instituigoes. A democracia, como sendo a mais elástica
das formas de govérno, nao é no Brasil nenhum “idealismo”, nenhum
mimetismo, nenhuma importagáo artificial. E urna conseqüéncia das
próprias condigoes sociais, das características da térra como da psicologia
do homem. É, portanto, a mais realista das exigéncias de urna formagáo
orgánica e sedimentada, como deve ser tóda formagáo nacional que aspire
á estabilidade.
Outra conseqüéncia dessas condigoes telúricas da civilizagáo brasileira
é a importancia da técnica, isto é, dos meios de dominio do homem sobre
a natureza.
Se o homem brasileiro do interior, se o jagungo, se o caboclo, se o
piraquara, se o lavrador e o matuto nao sao nem o “hércules quasímodo”
de Euclides da Cunha, nem o “homem de cócoras” de Monteiro Lobato,
extremos do otimismo e do pessimismo realistas, fora mesmo do lirismo
ufanista, é, sem dúvida, um homem perfeitamente adaptado ao meio
e capaz de um esfórgo e de um engenho que nenhum colono consegue
exceder ñas zonas difíceis. Mas é inegável, outrossim, que o trabalho do
homem brasileiro é baseado no desperdicio e na ineficiéncia. Despende-se
um enorme esfórgo para um resultado exiguo, em desproporgáo com a
energía desenvolvida. A captagáo racional dessa energía e dessa adequagáo maravilhosa do homem brasileiro e, particularmente, do sertanejo á nossa térra, de modo a aproveitá-la de um modo eficiente, é
o problema central do trabalho, no Brasil. Nao se pode falar de trabalhismo, no Brasil, sem partir dessa premissa. Nao podemos, como
querem alguns, adiar o problema da justiga social para quando se tenha,
préviamente, resolvido o problema da eficiéncia no trabalho e da riqueza.
O problema moral (e, portanto, essencialmente social) nao pode ser
adiado para quando esteja resolvido um problema económico. Sao
problemas coincidentes e interdependentes. Nao pode haver eficiéncia
económica do trabalho sem justiga social, nem justiga social sem prosperidade económica, que depende diretamente da chamada “produtividade”. Sao problemas indissociáveis e concomitantes. E ambos
diretamente ligados as dificuldades naturais de elementos telúricos da
nacionalidade, sempre intimamente ligados ao problema capital que é
sempre, e em nosso caso de modo todo especial, o problema humano.
O H omem

O segundo elemento constitutivo de tóda civilizagáo é o homem.
Podemas, entretanto, diferengar as civilizagóes pela predomináncia
10

�maior ou menor de um désses elementos sobre os outros. Há tipos de
civilizagáo em que domina a térra sobre o homem e as instituigoes.
Outros, em que dominam as instituigoes. Outros, em que domina o
homem.
Podemos mesmo dizer que a distingáo fundamental entre a civili­
zagáo oriental e a ocidental, se é possível chegar a essa generalizagáo
superior, dentro das generalizagóes relativas, é que na primeira as Coisas
predominam sobre as Pessoas e, na segunda, é a Pessoa que predomina
sobre as Coisas. Tanto a arte como a cultura do Oriente é essencialmente
objetiva. É a natureza que predomina, tanto na filosofía oriental como
na arte. O homem vale por sua insergáo na natureza. A vida humana
tem um valor muito relativo. É a autoridade que regula a política. É a
fome que domina na economia. É a floresta que se traduz na arquitetura
ou na música. E a paisagem que inspira a pintura e a poesia. É o imanentismo que orienta a filosofía. Em tudo, o homem é um elemento reflexo e inserido. A natureza absorve a sociedade e esta, o homem.
Ao passo que, no Ocidente, e de modo particular na Europa, e na sua
projegáo atlántica, o elemento primordial é o Homem. A primazia do
humano é a lei da civilizagáo européia que se transmitiu á civilizagáo
americana. Na arte como na política, na filosofía como na economia, a
Sociedade domina a natureza, como o homem domina a sociedade. Na
filosofía, a Razáo; na economia, a Propriedade; na política, a Liberdade;
na sociedade, o Direito; na arte, o Sujeito—sáo os elementos predominan­
tes em toda a história da civilizagáo ocidental. E em todos ésses ele­
mentos o que se destaca é sempre o homem. O homem, com as irradiagoes
conseqüentes de suas instituigOes naturais, dos grupos sociais, da familia
á Igreja, que se desenvolveram como explicitagáo natural désse hu­
manismo congénito da civilizagáo ocidental, como reflexo natural de urna
hierarquia que náo é nem do Ocidente nem do Oriente, e sim da própria
humanidade. Pois o que há de mais perfeito nesse humanismo é de
esséncia natural e, portanto, universal. Assim como o que há de exagerado
nesse humanismo se desdobrou em dois erros iguais e contrários, que
assinalaram os dois últimos sáculos de civilizagáo ocidental, depois de
perdido o sentido de equilibrio que por tanto tempo a distinguiu: o
individualismo, no sáculo XIX, e o totalitarismo, no sáculo XX. O
individualismo representa um desligamento do homem, em relagáo á
térra e as instituigoes. É urna falsa libertagáo. Ao passo que o totali­
tarismo representa a hipertrofia daquele terceiro elemento social: a
instituigáo. O que há no sociaüsmo ou no nacionalismo totalitário é
precisamente a inversáo daquela primazia natural do homem, que é
um principio universal da ciéncia social. Daí a subordinagáo do homem
ás instituigáes e a conseqüente hipertrofia institucional.
11

�O humanismo brasileiro é um derivado do humanismo europeu e ocidental. Mas como dentro dessa primazia geral do homem, no Ocidente
e na Europa, em particular, há variedades de distribuigáo dos valores,
podemos dizer que a civilizagáo luso-brasileira, mais do que qualquer
outra forma de humanismo euro-americano, é fundamentalmente
subjetiva e homocéntrica. O predominio do homem sóbre a térra e sobre
as instituigoes é a nota característica central da civilizagáo brasileira.
E ésse humanismo brasileiro apresenta alguns tragos próprios que po­
demos rápidamente analisar.
1- 0 primeiro é a primazia do sentimento sóbre a razáo. Somos um povo
naturalmente afetivo, como o francés naturalmente racionalista, o
alemáo romántico, o inglés controlado, o norte-americano prático, o russo
místico, o italiano artístico, e assim por diante. Todos os grandes povos
apresentam, geralmente, urna qualidade dominante. A nossa é o senti­
mento. A psicología do homem brasileiro gira em torno do coragáo e
náo da cabega. Já o lirismo, o saudosismo, o imagismo, constituem tragos
tradicionais da alma portuguésa. Nossa psicología herdou de Portugal
a nota típica da sua configuragáo, junta á de outros elementos super­
venientes, como a nota africana, que, longe de a compensar, acentuou-a.
Ésse e outros tragos do nosso humanismo náo se pode dizer que sejam
defeitos ou qualidades, sáo urna e outra coisa, simultáneamente e con­
forme o ponto de vista segundo o qual os encaramos. A bondade, por
exemplo, é urna qualidade derivada dessa psicología afetiva e é um trago
altamente positivo, que devemos cultivar e defender. O sentimentalismo
é um defeito que temos de corrigir constantemente, pois constituí um
trago negativo da mesma característica. Mas, de qualquer modo, tratar
o homem brasileiro com o desconhecimento désse trago, é laborar no mais
grave dos equívocos. O humanismo brasileiro ou será de tipo afetivo ou
náo será.
2- Outro trago é a primazia do abstrato sóbre o concreto. As idéias
predominara sóbre as coisas, em nossa inteligéncia. Sentimo-nos mais á
vontade lidando com os conceitos do que lidando com os objetos e mais
aínda com as imagens e com as palavras do que com os conceitos. Graga
Aranha colocou a imaginagáo como o trago mais nosso da psicología
nacional. E a eloqüéncia é o mais disseminado dos nossos géneros
literários. Temos a tendéncia natural a abstrair das circunstáncias
concretas e individuáis, para procurar os tragos comuns. Generalizamos
com facilidade e náo hesitamos em tirar conclusoes apressadas de
premissas incompletas. Com seus defeitos e suas qualidades, como no
primeiro caso, esta outra nota é típica do nosso humanismo.
12

�3- Como a tendéncia a preferir o geral ao particular, diretamente
ligada á anterior, é das tendéncias mais espontáneas do nosso modo de
pensar. Ao contrário do homem anglo-americano, que só se sente á
vontade lidando com as coisas concretas e particulares, nos só nos
sentimos bem lidando com as coisas abstratas e, sobretudo, gerais. Pois
confundimos freqüentemente abstragáo com general izagáo. E o nosso
tipo de abstragáo, congénita á nossa alma subjetiva (se assim podemos
falar da psicologia coletiva do povo brasileiro), nao é a abstragáo mate­
mático-metafísica, de rigor intelectual, que nos leva ao ámago do ser, mas
um tipo de abstragáo do particular ao geral, que se confunde, ao con­
trário, com a passagem do rigoroso ao indistinto, do profundo ao super­
ficial, do preciso ao vago. Mas há também um espirito de qualidade,
nesse trago, que faz com que o brasileiro se sinta bem nos páramos da
alta cultura, onde as idéias gerais e as grandes sínteses, os principios e as
matrizes, as grandes verdades universais e os grandes conjuntos, explicam, melhor que a análise minuciosa, o funcionamento das coisas mais
vitáis, no homem e na sociedade, como na própria natureza.
4- De qualquer forma, essa inclinagáo ao geral nos leva, fácilmente, ao
predominio do improvisado sobre o preparado.
Somos inimigos das lentas preparagoes, somos impacientes, ávidos de
resultados imediatos e capazes de brilhantes improvisagóes. Em linguagem militar, diría que somos mais capazes na tática que na estratégia, na realizagáo que nos planej amentos á distáncia. O engenho, a
habilidade, a esperteza (no bom sentido e sem desconhecer também o
outro. . .), sáomuito nossos. O famoso “jeitinho”, que é até urna palavra
típica do nosso vocabulário popular, representa bem o perfil do espirito
brasileiro. Chega-se mesmo a dizer que, no Brasil, só as coisas improvisa­
das dáo bom resultado, o que é um paradoxo perigoso, mas náo sem
fundamento.
5- Outro aspecto dessa psicologia é o predominio do talento sobre o
estudo. Como a inteligencia brasileira é naturalmente clara e aberta, o
brasileiro geralmente confia mais nela do que na cultura e, de modo
particular, na preparagáo. Note-se, por exemplo, a deficiéncia de nossa
erudigáo. Só há pouco tempo temos instituigoes universitárias e essas
mesmo ainda em nivel quase secundário. Falta-nos o gósto da pesquisa,
da procura do fato, da análise lenta, do estudo em profundidade. Con­
fiamos em demasía na luz natural de nossa inteligencia. Mas essa geral­
mente existe e por isso mesmo ilude.
6- Como conclusáo a estas indicagoes, exemplificativas e náo taxativas,
diría que o brasileiro é naturalmente amador e náo profissional. Faz as
13

�coisas mais por amor que por obrigagáo, mais por tendencia que por
aplicagáo, mais por conaturalidade que por conceituagáo. 0 homem dos
Estados Unidos, por exemplo, é naturalmente um profissional, ao con­
trario do nosso. A vida norte-americana é profissionalizada. Cada qual
ocupa um setor. A divisáo do trabadlo é prematura. A preparagáo
profissional, generalizada. Desde cedo, cada um se prepara para ocupar
urna determinada posigao na sociedade e nela se conserva a vida inteira,
quando nao a recebe já dos pais para transmiti-la aos filhos. Mas essa
seqüéncia hereditária, que era táo típica da nossa civilizagáo de outros
tempos, nao é geral nos Estados Unidos. É cada homem, cada tempera­
mento individual por si mesmo, e nao o costume, que leva os homens a se
profissionalizarem desde cedo e assim permanecerem a vida inteira. Ao
passo que o nomadismo profissional é geralmente o caráter mais gene­
ralizado do nosso povo e, de modo especial, ñas camadas mais estritamente populares. E a ésse nomadismo popular corresponde o amadorismo
das elites.
Do exame sumário dessas notas típicas do humanismo brasileiro trés
conclusoes podemos tirar.
A primeira é a manutengáo e defesa das qualidades que elas repre­
sentara e que constituem a própria configuragao natural do nosso hu­
manismo. É a fórga estática social aplicada á psicologia coletiva. E
désse tipo, ou de tipo semelhante, o nosso humanismo. E é no sentido
dessas linhas mestras, dessas bases sólidas e dessa orientagáo geral que
temos de o encaminhar.
A segunda conclusáo é que nao devemos confundir qualidades e
defeitos e notas positivas e criadoras com inclinagóes viciadas e hiper­
trofias corruptoras. Já aponíamos algumas dessas confusoes e a necessidade das corregoes necessárias, objeto da educagáo do caráter, que é
sempre urna parte fundamental da educagáo de um povo. A nossa
precocidade, por exemplo. Resulta de alguns désses caracteres, ou de
outro, de tipo biológico, no entanto é urna perigosa inclinagáo, responsável por outro sinal nativo da nossa vida coletiva: o envelhecimento
precoce.
Mas a conclusáo mais importante a tirar é a que acentuamos de
inicio: a importancia central da pessoa humana, em todos os setores e
aspectos da nossa civilizagáo. O homem, com sua dignidade, com seu
caráter, com seus sentimentos afetivos, com a sua espiritualidade, com
os seus direitos, é que está no próprio centro da civilizagáo brasileira, de
tipo, por isso mesmo, essencialmente humanista, no pleno sentido da
expressáo.
14

�As iNSTITUigOES
As instituigoes constituem, como vimos, o terceiro elemento cons­
titutivo de toda nacionalidade. Assinalemos alguns tragos característicos
de nossas instituigoes fundamentáis, na evolugáo histórica da nacionali­
dade.
A familia
Esta é sempre a instituigáo fundamental e constitui até hoje, entre
nós, o sinal mais importante da estabilidade nacional. A familia grande,
unida, hierárquica, baseada no sentimento, no sacramento, na fecundidade e na autonomia, tem sido a norma da formagáo social brasileira,
do século XVI aos nossos dias. O desbravamento do território, logo
depois da conquista, a extensáo das fronteiras para oeste, a estabilizagáo
das “bandeiras”, a colonizagáo tanto por nacionais como por estrangeiros
nao foi obra do homem isolado e sim da familia. A formagáo da autoridade
política ñas zonas mais rudes, bem como a política em geral, no interior e
mormente nos campos, foi obra da familia. A economia teve e continua
a ter, em grande parte, um caráter doméstico. A educagáo foi feita,
também em grande parte, dentro de casa, e a educagáo doméstica, com
suas qualidades e seus vicios, ainda é o sinal da pedagogia brasileira. A
tendéncia geral ao “privatismo”, que alguns sociólogos apresentam como
sendo um dos grandes defeitos da sociedade brasileira, com sua auséncia
de espirito público, é urna conseqüéncia da importancia fundamental da
familia na formagáo nacional. Mas ésse mesmo “privatismo” é que
permitiu a existéncia désse trago peculiar e táo louvável em nossa
história: a evolugáo pacífica. Se os nossos grandes acontecimentos
históricos se operaram sem derramamento de sangue: a passagem do
período colonial para o período imperial e a passagem déste para a
República, e se todas as revolugoes brasileiras foram pouco sangrentas
e toda a vida política brasileira, nacional e internacional, orientada muito
mais pela idéia de paz e harmonía, de acomodagáo, do que pela idéia
de luta e de violencia, tudo isso se deve, antes de tudo, á formagáo
essencialmente doméstica do povo brasileiro, com o predominio crescente
da mulher.
Pois houve na familia brasileira, dentro dessa norma geral de estabili­
dade ou organicidade, que é a lei de sua natureza própria, urna transformagáo de valores, que pode ser definida como sendo:
a redugáo gradativa da autoridade paterna;
a importancia considerável da agáo materna;
a emancipagáo crescente dos filhos.
15

�Essa evolugáo é patente num confronto direto, através de tres ou
quatro séculos, entre a familia colonial e a familia moderna.
A primeira deve muito de suas características á longa influéncia
mogárabe sobre a península ibérica. Capistrano de Abreu a definiu, como
se sabe, naquele tríptico famoso: pai carrancudo, mulher submissa,
filhos aterrados. Era a hipertrofia dos sinais normativos da verdadeira
familia: a responsabilidade paterna, a dogura materna, a obediencia
filial. A familia colonial corrompeu ésses caracteres pelo exagero, como
do exagéro contrário está sofrendo um movimento crescente, no Brasil
moderno, de corrigir um extremo pelo outro, suprimindo a autoridade
paterna, mundanizando a mulher e proclamando a completa e prematura
emancipagáo dos filhos. É a tendéncia desastrosa do casamento sem
intengáo de fundar um grupo social, isto é, sem tendéncia á familia e
visando apenas á aproximagáo efémera de dois egoísmos.
Tudo aquilo que representa, no Brasil, essa tendéncia antifamilista,
e que é ainda, felizmente, um mimetismo ou um individualismo sinto­
mático de meia cultura e da civilizagáo apressada e cosmopolita dos
grandes centros urbanos, é urna inclinagáo contrária ás leis mais pro­
fundas da formagáo sociológica brasileira e, por conseguinte, um veneno
corruptor da nacionalidade.
Se a instituigáo fundamental e mais típica da formagáo nacional
brasileira é a familia, e por isso sobre ela nos estendemos um pouco mais,
nao podemos deixar ao menos de mencionar as demais.
A escola
É urna especializagáo da familia, ñas fungoes precipuas da educagáo.
A educagáo brasileira é tradicionalmente privatista e pragmática, feita
no ámago da familia e pela prática do trabalho. A educagáo própriamente
escolar foi tardia e com urna tendéncia constante a ser orientada por
outros grupos sociais: a principio, a própria familia, em seguida, a
Igreja e as Ordens Religiosas e, finalmente, em nossos dias, o Estado.
É o que poderíamos chamar a tendéncia constante á heteronomia, como
o trago típico da evolugáo pedagógica no Brasil. Só muito lentamente vai
surgindo o conceito de Escola como um grupo á parte, como vemos, por
exemplo, na dificuldade em térmos universidades, no que fomos o
último país do Continente, e nestas de respeitarmos a sua autonomía.
Outro trago da educagáo brasileira que concorre para essa heteronomia
do grupo pedagógico, é a já apontada precocidade, na formagáo física,
intelectual e moral do homem brasileiro e no sentimentalismo doméstico,
produto ainda da importancia social da familia. O estímulo ao desenvolvimento da autonomía pedagógica, com o cuidado constante de que autono­
mía náo signifique independéncia ou anarquía e a luta contra a tendéncia
16

�aos sistemas padronizados e á centralizado estatal, sao outros tantos
rumos essenciais no desenvolvimento sadio da educado nacional.
O trabalho
O grupo económico acompanha o grupo pedagógico na formado ins­
titucional de urna nacionalidade.
Já vimos como o trabalho no Brasil carece de urna racionalizado
adequada e como o profissionalismo é contrario á índole naturalmente
amadorística do povo brasileiro.
Ésse individualismo económico é que leva ao capitalismo pluto­
crático e, daí, a todas as formas larvares ou patentes de socialismo,
mais ou menos totalitario. Contra essas tendéncias igualmente nocivas
e derivadas, ambas, de urna errada formado institucional económica, é
que precisamos erguer e desenvolver o senso da empresa, da comunidade
de trabalho, em que se conjugam o capital, o trabalho e a técnica,
para constituir o grupo económico sobre o qual repousa, cada vez
mais, a estabilidade da prosperidade material, táo importante como
condigáo de vitalidade orgánica.
Capacidade natural do povo, adequagáo entre o homem e a natureza,
esforgos desperdigados, trabalho ineficiente, impreparado profissional,
todos ésses fatóres negativos e positivos se conjugam para nos fornecer
o quadro real das instituigóes económicas brasileiras.
O Estado
O grupo político é o que organiza a autoridade e, portanto, a harmonía
entre os demais grupos. Se a familia é o grupo básico e original, as instituigóes políticas constituem o centro da sociedade, no seu afá con­
tinuo de articular as duas tendéncias contrárias de liberdade com a
autoridade.
A nota típica, porventura, das instituigóes políticas brasileiras é
representada por sua formagáo inorgánica. Essa inorganicidade proveio
de urna formagáo que poderíamos dizer ter sido operada de fora para
dentro e de cima para baixo.
De fora para dentro, isto é, pela importagáo de modelos estranhos.
Na Colonia, o dominio absoluto da Metrópole ultramarina. No Império,
as instituigóes parlamentaristas, de modélo franco-británico. Na Re­
pública, as instituigóes presidencialistas, de modélo norte-americano.
É a isso que podemos chamar urna formagáo de fora para dentro, por
instituigóes, como dizia Nabuco, “pegadas de galho”.
Quanto á inorganicidade por aquéle predominio da aplicando da
autoridade sobre a sua gestagáo natural a partir do povo (pois, como disse
Pió XII, assim como a autoridade na Igreja desee, porque vem direta17

�mente de Deus, a autoridade no Estado sobe, porque só indiretamente
vem de Deus e é diretamente formada pelo povo)—o sinal característico
em nossa evolugáo nacional é a import&amp;ncia do Govérno. A fórga do govérno tem sempre constituido um dos tragos típicos de nossas institui­
goes políticas, junto a outros que o facilitam como se diz: o conformismo
do povo, a auséncia de espirito partidário ou mesmo de forte espirito
público, o absenteísmo, o oligarquismo e outros sinais de imaturidade
política e, por conseguinte, a inorganicidade de nossas instituigoes nesse
terreno.
A Igreja
O grupo espiritual é o que congrega os homens em torno da mais alta
de suas atividades, a que o liga diretamente a Deus, pela oragao e
pelos costumes. Tivemos a felicidade de ter urna formagáo articulada
com o desenvolvimento da Fé católica, em pleno Renascimento e quando
se abriam para a Igreja Romana as comportas de sua universalizagáo,
pelas grandes expressóes geográficas do inicio dos tempos modernos.
Quaisquer que tenham sido os graves problemas provocados por essa
expansáo em nossa térra e sem querer entrar, de modo algum, no ámago
de um problema extremamente complexo, queremos aqui acentuar apenas
os dois tragos mais típicos da formagáo de nossas instituigoes religiosas.
O primeiro é a importancia que teve a Fé na formagáo da nacionalidade
brasileira. O Brasil, como tóda a civilizagáo americana, náo nasceu de
urna conquista política ou de urna expansáo económica. Mas diretamente
de urna intengáo religiosa. Tanto na América chamada protestante, como
na América chamada católica, o sentimento religioso, a preocupagáo da
dilatagáo da Fé teve urna preeminencia fundamental e intencional
sobre todos os demais objetivos, embora ligada a ésses outros objetivos
de caráter político e económico. Desde a nossa descoberta, portanto,
marcada por urna Missa e por urna Cruz, até os nossos dias, o problema
religioso é o problema central e capital em torno do qual giram natural­
mente todos os demais, confessada ou inconfessadamente, a favor ou
contra a Fé.
O outro trago que desejaria anotar neste terreno é o do caráter direta­
mente e orgánicamente institucional da Fé Católica, que representou
desde o inicio a Fé característica da nossa formagáo religiosa. A Igreja,
para o catolicismo, náo é urna instituigáo de caráter político ou voluntário, de caráter tradicionalista ou puramente espiritual. É um sinal
consubstancial ao próprio patrimonio da Fé, pois um dos Dogmas
essenciais da Igreja é o do Corpo Místico de Cristo, que nos mostra a
Igreja como sendo a própria presenga do Cristo, místicamente incor­
porado com todos os fiéis, de que Éle é a cabega, segundo a comparagáo
18

�mais autorizada, mais tradicional e mais representativa da conformado
sobrenatural dessa instituido básica e orgánica da Fé, que é a Igreja.
De modo que o papel da Igreja na formado do Brasil é o de urna
verdadeira pedra angular, em torno da qual se vém multiplicando os
problemas e cuja história se confunde, até certo ponto, com a própria
história da formado da nacionalidade.
Eis ai, rápidamente esbozadas, algumas notas características dos
trés elementos fundamentáis da nacionalidade brasileira: a térra, o
homem e as instituigoes.
n

Passemos agora á segunda parte desta visáo sumária e global, con­
siderando as trés grandes fórgas, humanas e conscientes, na formagáo
da nacionalidade brasileira: as fórgas de conservagáo, de progresso e de
equilibrio.
CONSERVAgAO

O primeiro dever de urna nacionalidade é conservar a continuidade da
sua natureza. A tradigáo é a raiz mais forte de um povo. É o aproveitamento, pelos pósteros, de tudo aquilo que de bom foi legado pelos antepassados. Nao é apenas um direito, mas um dever. Nao é apenas o sinal
de um partido, o partido conservador que com éste ou outro nome sempre
existe nos países democráticos. É a lei de toda vitalidade social que em
váo é negada pelo espirito revolucionário que pretende criar as na­
cionalidades na base de urna ruptura com o passado. E urna ilusáo que
os povos sempre pagam muito caro, pois nao há quem possa desfazer
a história senáo o váo orgulho dos conquistadores ou dos tiranos. Revolucionários e reacionários, em nossos dias, desconhecem o verdadeiro
valor da tradigáo. Uns porque a negam. Outros porque fazem do tradi­
cionalismo ou do legitimismo, ou do imobilismo, urna tentativa vá de
parar o curso do tempo. O verdadeiro espirito de conservagáo, que escapa
a um como a outro désses extremos, é o que mantém intactos os valores
fundamentáis na história da formagáo de um povo sem impedir as
adaptagoes e renovagóes necessárias.
Quais sáo, em nossa civilizagáo, ésses valores fundamentáis que devem
ser preservados sob pena de decadéncia e dissolugáo nacional?
Unidade nacional
O primeiro déles é a unidade nacional. O Brasil constitui, na América,
urna área cultural, em face das áreas anglo-americana, hispano-americana e franco-americana. Dessas áreas, a anglo-americana e a lusoamericana preservaram a sua unidade. As outras duas se subdividiram,
19

�ou por formagáo de nacionalidades independentes, a partir do mesmo
tronco, como na América espanhola, ou em virtude de aliangas cul­
turáis distintas, como o Canadá ou o Haiti.
A unidade política brasileira foi conservada por segregagáo, como a dos
Estados Unidos foi conquistada por agregagáo e a da América espanhola
se perdeu por dissociagáo. Essa unidade representa um valor inicial, que
acompanha a nossa historia e que já hoje constituí, por isso mesmo, um
dado primordial e permanente, cuja conservagáo representa o dever
primeiro de nossa vivéncia nacional.
Autonomía regional
O segundo valor é a autonomía regional. Se bem que a unidade precedesse a variedade local, em nossa formagáo histórica, nem por isso
deixou sempre essa diferenciagáo regional de constituir um elemento
primordial de nossa história, motivado pelas próprias condigoes geo­
gráficas. Se a nossa unidade também tem bases telúricas naturais,
contidas dentro de fronteiras naturais como o océano a leste, a floresta
amazónica ao norte, a Cordilheira a oeste e um grande rio ao sul—a
variedade regional também se prende nao só a razoes políticas, mas aínda
a motivos geográficos e climatéricos. Políticamente, porém, é que essa
variedade se desenvolve, de modo mais continuo, fazendo do movimento
federativo urna aspiragáo cujas raízes já vinham dos tempos coloniais,
firmaram-se ñas lutas contra a centralizagáo imperial e se realizaram na
República, resistindo á própria tentativa malograda das idéias integralistas adotadas pelo Estado Novo, de 1937 a 1945.
A autonomía provincial, porém, tem raízes naturais na geografía, na
história e na psicologia, e deve ser, portanto, outro dos valores per­
manentes a serem conservados por qualquer regime político.
Características psicológicas
Outro valor permanente a conservar sao as características psicológicas
do nosso povo, que tentamos sumáriamente expor. Se urna nacionalidade
é, acima de tudo, o povo que a constituí e se, no homem, o espirito é
que deve ser a lei do corpo, mais importante é manter os tragos diferen­
ciáis da alma brasileira, até mesmo do que alcangar os tragos definidos
de urna raga brasileira. Espirito e corpo, aliás, constituem um amálgama
e nao duas realidades antagónicas aleatoriamente ligadas numa pessoa,
de modo que a formagáo do homem brasileiro, que só o tempo e a cultura
sedimentada alcangam realizar, é urna aspiragáo de certo modo indissociável. Manter, cultivar e corrigir para o bem os tragos essenciais da
nossa forma coletiva, do que chamamos o humanismo brasileiro, é, pois,
20

�outro dos deveres fundamentáis de conservagáo de que temos de cuidar
muito vivamente.
Língua
A língua é outro sinal de manutengo de urna nacionalidade. Con­
servar e cultivar a língua portuguésa é outro valor primordial da na­
cionalidade. Ésse dever da responsabilidade lingüística nao se confunde,
porém, com as tentativas continuas de manter “a unidade lingüística
luso-brasileira” ou, pelo contrário, de criar urna “língua brasileira”.
Sao duas tentativas igualmente vas. Por mais que se esforcem gramáticos
e escritores, em pugnar por urna das duas teses, o fato é que as duas se
realizam como que automáticamente, isto é, se realizam para lá dos
esforgos contrários de manter ou de acelerar a evolugáo da língua. Creio
que hoje ninguém mais se ilude sóbre a formagáo de urna língua brasileira.
Mas há ainda muita gente empenhada em impedir o desenvolvimento
livre da língua.
A defesa da língua, como urna das bases da nacionalidade, está,
como dissemos, a cavaleiro das duas facgoes. Representa, de um lado,
a necessidade da fixagáo da sua ortografía, se possível ñas bases do
acórdo luso-brasileiro, e o seu ensino rigoroso e sem preocupagóes inovadoras ñas escolas primárias e secundárias. Representa, por outro lado,
o estímulo á liberdade criadora dos verdadeiros escritores, capazes, como
um José de Alencar ou como um Mário de Andrade, de apressar a
formagáo do estilo brasileira. E junto a isso o registo de todos os brasileirismos com que o povo, independente dos debates entre reacionários
e revolucionários filológicos, vai enriquecendo e transformando lenta­
mente o patrimonio recebido. De todo ésse movimento estático e diná­
mico é que resulta a verdadeira manutengáo de urna língua, como ele­
mento vivo da existéncia fecunda de um povo.
Familia
Já vimos como o espirito de familia representa um dos fatóres his­
tóricos mais fortes da formagáo brasileira. A defesa désse valor socioló­
gico fundamental é outro dos axiomas da sociología brasileira, a defender
contra as tentativas crescentes dos introdutores do individualismo
doméstico, pelo divórcio e pelo anticoncepcionismo, imitados e im­
portados, por argumentos de egoísmo burgués ou de puro mimetismo
especioso.
A grande fórga, a grande novidade, o verdadeira sinal de nossa independéncia moral e social, é resistir a essas tentativas de destruigáo de
um dos valores capitais de nossa formagáo nacional. O esfórgo, aliás,
tem der ser duplo: impedir que se legalize ésse individualismo anti21

�familiarista e lutar contra a introdugáo fatual désse individualismo,
através da corrupgáo dos costumes.
Amor da cultura
Outro valor a conservar em nossa eivilizagáo é o respeito pela cultura,
que ficou sendo urna das características do nosso regime imperial. Em
nome do utilitarismo, houve e há muitos que ridicularizem ésse sentimento e atribuam as nossas dificuldades político-económicas a ésse idea­
lismo cultural.
Mas a verdadeira posigáo a tomar nao é a de desdenhar os valores
práticos, em nome de urna cultura livresca. Trata-se de desenvolver a
verdadeira cultura, em todos os sentidos, especulativo e prático, mas
dentro da fidelidade a ésse espirito de reveréncia as coisas desinteressadas
da alta cultura, de dedicagáo as formas literárias ou artísticas da cultura,
que ficou tradicionalmente ligado entre nós, em boa hora, á personalidade de Pedro II e que nao devemos deixar perder. Nao se trata de
urna opgáo entre dois tipos de cultura. Trata-se de organizar a vida
cultural brasileira, em todos os sentidos, na base sempre da importancia
dos valores culturáis desinteressados.
Virtudes moráis
É um lugar comum, sem dúvida, louvar a virtude como base
da sociedade. Mas nem por isso deixa de ser verdade. E deixa de precisar,
hoje, de um grande esfórgo de recuperagao, precisamente devido a urna
desastrosa confusao entre progresso material e relaxamento moral.
O que queremos aqui acentuar é que as virtudes, individuáis e sociais,
longe de serem um anacronismo, representam um valor de dinamismo
social. Como já acentuamos, a estática social é táo dinámica quanto a
dinámica social. Apenas o é de outro modo. É dinámica por ser estática,
isto é, por preservar a fórga e a solidez das coisas que se devem fixar.
Nada táo dinámico num edificio do que a fixidez, a imobilidade dos seus
fundamentos. Assim ocorre com todos éstes valores estáticos, e de modo
especial com o patrimonio de virtudes, privadas e públicas, sem as
quais tudo o mais é supérfluo e inútil. É sempre o homem que representa
as fórgas da sociedade. E no homem a sua fórga está ñas virtudes e nao
nos músculos. É o que queremos significar com éste dever de preservagáo
da base ética da nacionalidade e do humanismo brasileiro.
Fé crista
Nascido sob o signo da Cruz e ao som das preces de urna Missa, o
Brasil deve á sua Fé crista o elemento mais sólido de sua conservagáo
nacional.
22

�A Fé nao vale pelos seus resultados sociais. Ao contrário. É um ele­
mento essencial de vida sobrenatural que pode até estar em contradigáo
com as exigencias do naturalismo social, seja de que tipo fór. Tanto o
cosmopolitismo sem Fé como o nacionalismo sem Fé representam erros
que transcenderá totalmente o plano da sociología. Urna Fé nao vale
pelas qualidades de fórga viva que fornece a um povo, e sim pela sua
adequagao á verdade. Por isso a Fé crista nao é um nacionalismo reli­
gioso, como foi o paganismo, ou é o totalitarismo da direita. Nem um
cosmopolitismo anti-religioso, como é a fé ateísta dos totalitarios da
esquerda, mas urna revelagao universal e supranacional da Verdade.
Nem por isso deixa a Fé crista de dar aos cidadaos de urna nacionalidade as grandes virtudes necessárias á sua formagáo e ao seu desenvolvimento. Por isso mesmo, quando um povo tem a sorte de ter sido
formado á luz da verdade sobrenatural, mesmo quando veiculada através
de tantas dificuldades e tantos erros, tem o dever de preservar essa Fé
crista como o mais precioso dos seus tesouros moráis e sociais. Longe,
pois, de qualquer pragmatismo religioso, temos de manter a nossa Fé
crista, do ponto de vista puramente sociológico, como o primeiro e o
mais importante dos valores fundamentáis da nossa conservagao na­
cional dinámica.
P rogresso

Passemos agora aos elementos própriamente dinámicos, nao apenas
no sentido de sua vitalidade intrínseca, pois nesse ponto, como vimos, os
estáticos nao lhes devem ficar atrás, mas no sentido de se voltarem para
o futuro e nao para o passado. Sao os fatóres de progresso, renovagáo,
inovagáo, que, longe de serem intemporais e qualitativos, como os
fatóres estáticos, representam precisamente o contato que a nacionalidade deve manter com o tempo, com os acontecimentos, com as invengóes, com as melhorias e reformas governadas apenas pela lei do
crescimento e do fortalecimento nacional.
Prosperidade económica
A primeira dessas fórgas de impulsáo quantitativa é a prosperidade
económica. O desenvolvimento da riqueza nacional é urna das bases
essenciais de toda espécie de progresso social. Urna economia sólida é
a condigáo de urna boa política e de urna moralidade social adequada.
Sao fatóres interdependentes, como de inicio recordamos, de modo que
é váo o debate de saber quais os valores que devem ser previamente
estimulados, os moráis ou os materiais. Nao há uns sem outros. De
modo que podemos apresentar como elementos dessa prosperidade
23

�económica tres fenómenos indissociáveis, no caso concreto e atual do
Brasil:
a eficiéncia do trabalho;
a moralidade pública e particular;
a luta contra a inflagáo.
Sao trés aspectos concretos da nossa prosperidade económica, além
de tudo mais que técnicamente está ligado, dentro e fora de nossas
fronteiras, á importáncia de urna economia sólida para o futuro da
civilizagáo brasileira.
A eficiéncia do trabalho nacional, em todos os setores, desde o do
trabalho manual mais empírico no trato dos campos até o trabalho
cultural mais especulativo, é um sinal negativo para o qual já chamamos
a atengan, mostrando a importáncia da técnica, da especializagáo, da
organizagáo, da iniciativa, da racionalizagáo da produgáo, como con­
digno precipua da boa economia.
A moralidade, por sua vez, nao é um fator secundário ou recessivo.
É concomitante á técnica e sua auséncia ou corrupgáo torna todo o
aparelhamento técnico táo desastroso como a sua auséncia.
Quanto á inflagáo, nao é apenas um problema financeiro. É um pro­
blema de civilizagáo, na sua globalidade, pois é um reflexo de erros de
orientagáo que ultrapassam o terreno própriamente financeiro, e que
refletem urna tendéncia geral desastrosa, em toda a nossa evolugáo
nacional, a tendéncia as solugoes mais facéis e de resultados mais imediatos, em suma, a auséncia de urna política e de urna filosofía social de
largos horizontes.
Liberdades cívicas
Outro elemento capital, junto ao progresso material, em suas inúmeras
facétas, é a defesa e a garantía crescente das liberdades cívicas.
Se o progresso económico representa a incorporagáo de tudo quanto
possa valer para aumentar a nossa riqueza pública e particular, de modo
a elevar o nivel material da vida do povo, o progresso político representa
o aumento da liberdade. Em política, os fatóres de conservagáo repre­
sentara a ordem e os fatóres de renovagáo representam a liberdade. A
ordem náo é um fim, é um meio. É um meio para alcangar a Felicidade,
que é o ideal a que tende o Bem Comum de urna nacionalidade. É a
felicidade pessoal dos seus membros, no sentido completo do térmo—
como realizagáo plena da personalidade do maior número possível dos
cidadáos e idealmente de todos,—que o Bem Comum pretende realizar.
E nesse caminho a ordem (elemento de conservagáo) é um caminho para
a liberdade (elemento de renovagáo), como ambos juntos levam á
24

�Felicidade relativa, a que pode atingir normalmente urna nacionalidade.
A defesa e o aumento das liberdades cívicas constituem, portanto, um
dado fundamental no dinamismo da civilizagáo brasileira.
Disseminagáo da cultura
Com a disseminagáo da cultura completa-se o quadro do progresso
nacional. A luta contra o analfabetismo, aínda maniendo 60 % da populagáo á margem da participaban democrática no govérno e como ele­
mento ineficiente no nivel da produgáo coletiva; a organizagáo do ensino
secundário, nao como privilégio de poucos mas como urna base da maioria e a elevagáo do nivel da cultura superior, em matéria de educagáo,
como a sua consolidagáo e extensáo, no terreno extra-pedagógico,
representam os elementos dessa disseminagáo cultural, que corrija um
dos males da nossa evolugáo histórica, baseada nos privilegios e na
escravidáo, de distribuir por camadas afastadas entre si os planos da
populagáo, dificultando a sua integragáo orgánica, que deve ser sempre o
ideal na constituigáo de urna nacionalidade.
E quilíbrio

Ás duas fórgas clássicas, estática e dinámica, acrescentamos um ele­
mento novo, que julgamos essencial nesse movimento de integragáo
nacional a que acabamos de nos referir: a orgánica social. É o bom-senso
na articulagáo das várias fórgas sociais em presenga e muito particular­
mente ñas relagoes entre autoridade e liberdade, entre as fórgas de conservagáo e as de progresso, entre os elementos autóctones de nacionalismo
latente e os elementos universais de influéncias ou de tendéncias alie­
nígenas. É também o equilíbrio entre as várias regióes nacionais, com
suas tendéncias próprias, entre as áreas culturáis diferenciadas por zonas
e por planos de cultura, táo afastadas entre si como a idade da madeira
e a idade do arranha-céu, em que a convivencia atual é um dos dados
elementares da nossa sociología.
No plano político, essa orgánica social visa, de modo particular, á
fuga aos extremismos, que representam, em nosso século essencialmente
passional e com o nosso temperamento fácilmente inflamável e senti­
mental, um perigo latente e continuo para a nossa civilizagáo. O estabelecimento do imperio da Lei, como mediador entre ésses extremismos
latentes, é um objetivo primordial da nossa orgánica política.
No plano económico, ésse bom-senso tem de lutar contra tres males:
a rotina, a especulagáo, o desperdicio, em favor de urna economía que
venga o perigo da monocultura, dos mercados distantes, do desequilibrio
entre o progresso industrial e a estagnagáo agrícola, que impedem o
nosso equilíbrio económico.
25

�No plano cultural, essas fórgas orgánicas tém de lutar, simultánea­
mente, contra o nacionalismo xenófobo e contra o cosmopolitismo
mimetista.
No plano moral, contra os exageros de um puritanismo, ou um tra­
dicionalismo, que tolha a agáo das fórgas dinámicas e, acima de tudo,
contra o relaxamento moral que confunde progresso com facilidade de
costumes e quebra de principios.
Em todos ésses terrenos, essas fórgas de equilibrio, entre a estática e a
dinámica social, devem aplicar á nossa civilizagáo essa primazia da
Prudencia, que, desde Esquilo e Aristóteles, a sabedoria coloca no ápice
das virtudes humanas.
Essa prudencia é que tem de dirigir, finalmente, a marcha da nacionalidade no sentido de resolver, com sabedoria, na vida nacional e na
vida internacional, os problemas básicos do nosso futuro.
No plano nacional, o problema concomitante da ascensáo das massas
e da responsabilidade das elites, operando a educagáo daquelas, na
passagem das massas passivas—pasto fácil de demagogos e imperialis­
mos e totalitarismos, especialmente do imperialismo soviético ou dos
neo-fascismos latentes e indefinidos—em massas ativas, e a preparagáo
racional das elites, reduzindo as elites fechadas e parasitárias e aumen­
tando as elites abertas e criadoras, onde sempre residem as grandes fórgas
que guiam as nacionalidades em progresso.
No plano internacional, essa sabedoria é que deve guiar a vocagáo
americana da civilizagáo brasileira, como trago de uniáo entre a América
espanhola e os Estados Unidos, cuja civilizagáo, sob tantos pontos de
vista, é complementar da sua. Como deve guiar, no plano mundial, a
vocagáo universalista da cultura brasileira, aberta a todas as influéncias
do Ocidente e sempre fiel á esséncia do espirito cristáo e, portanto, uni­
versal, que presidiu á sua constituigáo inicial e á sua lenta integragáo
histórica.
Acreditamos, pois, que, da aplicagáo das trés fórgas básicas de inte­
gragáo social—a estática, a dinámica e a orgánica, aos trés elementos
fundamentáis da nacionalidade brasileira—a térra, o homem e as instituigoes—, tendo sempre em vista a primazia do homem, é que chegaremos a constituir, no futuro, um humanismo brasileiro, de base universal
e cristá, para o qual devemos, hoje, trabalhar, nos limites de nossas
fragilidades e com todo o ardor de nossa boa-vontade, de modo a trans­
mitir, um pouco enriquecida, pelo nosso esfórgo, a heranga recebida dos
nossos antepassados, na linha de desenvolvimento coletivo que tenta­
mos, muito sumariamente, esbogar.
26

�CAUDILLISMO Y DEMOCRACIA
EN AMERICA LATINA
JOSÉ M. MACHÍN*
E n u n libro reciente sobre América Latina, que merece ser leído con
atención, el escritor Tibor Mende hace una acertada observación de la
manera como muchos europeos ven aquella extensa parte geográfica
del continente americano. Dice él: “Para la mayoría de la gente, América
Latina es todavía—como lo era para mí antes de este viaje—un concepto
bastante vago y confuso: un país donde los generales conspiran y pre­
paran golpes de Estado; en que los indígenas con sombrero de paja tocan
la guitarra; de donde se importa el tango, la samba y el café, y donde
los ricos pueden ir a pasar exóticas vacaciones. Cualquiera que haya
podido ser la validez de esta creencia hace un siglo, el cuadro tiene poca
relación con la realidad contemporánea”.1
Es atinada la certera observación del escritor. Numerosos intelec­
tuales del llamado Viejo Mundo, influenciados por historiadores y so­
ciólogos que no pudieron ni han podido—o no han querido—interpretar
la fenomenología latinoamericana, se han dejado cegar por las nocivas
exterioridades que presentan las repúblicas de Latinoamérica y le han
achacado características lejanas a la verdad. Con el mismo lente con
que los turistas miran los paisajes, monumentos y ciudades, parte de la
intelectualidad europea—con más razón otras capas sociales de Europa
—han creído que los pueblos de habla española no han podido—ni
pueden—por diferentes causas, abrazar los principios latentes de toda
civilización y por ende están todavía condenados a los gobiernos fuertes,
despóticos, donde la voluntad de un caudillo superior se impone como
consecuencia de su inadaptación a las normas evolutivas de progreso.
Si a la Historia pudiera considerársela como fotográficas placas o
como sucesión de simples hechos a los cuales no hay que profundizar
ni buscar su razón de ser, esa opinión que sobre América Latina tienen
muchos sociólogos pasaría como válida, sin objeción alguna. Pero la
historia y la realidad son más complejas que sus falsos intérpretes.
Lo cierto es que los pueblos latinoamericanos desde la propia época
* Joven periodista y crítico venezolano. Reside actualmente en París. El presente
ensayo, en que se discuten las interpretaciones pesimistas de la historia y de la
realidad político-social de Hispanoamérica, apareció originalmente en Cuadernos
(París, No. 8, setiembre-octubre de 1954).
‘ Tibor Mende: L’Amérique Latine entre en scbne. Editorial du Seuil, París,
1953.

27

�colonial dieron manifestaciones de su declarada aptitud para las artes,
las letras y en general para avanzadas formas de composición política.
Ni siquiera hace un siglo podía tenerse concepto erróneo de la substantividad latinoamericana. Humboldt observa en la Academia de Nobles
Artes de México una colección de obras maestras “más bella y completa
que ninguna de las de Alemania” y dice que encontró en las familias de
Caracas un “decidido gusto por la instrucción, conocimiento de la litera­
tura francesa e italiana y notable predilección por la música que cultivan
con éxito”. Depons habla del carácter vivo y penetrante de los criollos
de Tierra Firme. Y contestes están los que han estudiado con ánimo desa­
pasionado y científico nuestra estructura social de la Colonia, en recono­
cer la importancia que para la vida política tuvieron los Municipios.
Durante la lucha de independencia ese espíritu de cultivo, de culturización, es también palpitante en nuestras sociedades. El hecho mismo
de que se le haya atribuido a dicha lucha influencias políticas y culturales
entonces en boga en Europa, demuestra la certitud de esta opinión.
Con este aditamento: el Mundo ha debido considerar en aquel momento
que en América se jugaba el destino de la libertad humana, lo que hizo
exclamar al inspirado Chateaubriand: “Si el Nuevo Mundo se hace
completamente republicano, perecerán las monarquías del viejo Conti­
nente”.
Pero sobreviene la etapa posterior a la batalla emancipadora. Corren
los años siguientes a 1830. Y comienza a escribirse y a decirse—¡de
repente!—que las repúblicas hispanoamericanas carecen de disciplina
para la evolución social. Como brote inesperado, dirá Germán Arciniegas,
se nos descubrió el salvaje que llevábamos en el fondo del alma. Lo
más curioso—y lo peor—es que también muchos de nuestros com­
patriotas admitieron la tesis de la “inadaptación” de los pueblos de
América. De allí ha surgido toda una literatura tendiente a explicar
las causas del caudillismo—“gendarme necesario”, “jefe absoluto”,
“tirano benefactor”—que constituye la llamada interpretación pesi­
mista de la Sociología hispanoamericana, la que envuelta en discutibles
teorías ha olvidado, en el anáfisis, lo esencial, lo fundamental de nuestras
masas: su gran apego a la Democracia.
En nombre de un exagerado positivismo y alrededor de las teorías de
Hobbes, de Taine, del Conde de Gobineau, de Spencer, Le Bon, Gidding,
etcétera, se ha tejido en América Latina esa Sociología del pesimismo.
Se han invocado razones diversas para su justificación: el determinismo
geográfico, la condición de nuestras razas, la herencia española, el atraso
cultural y la psicología bárbara de nuestros pueblos. Se ha considerado
el caudillismo como fenómeno típico de nuestras costumbres políticas
y sociales. Sin embargo, los objetivos—las buscadas soluciones—di28

�fieren, en muchos casos, del planteamiento. Porque algunos, al reconocer
el caudillismo como esencia de nuestra idiosincrasia, lo combaten bus­
cando mejores fines sociales para nuestros pueblos. Otros, al contrario,
han exaltado sus excelencias, sus beneficios, su necesaria existencia en
la formación de nuestra nacionalidad.
Domingo F. Sarmiento, que escribe su obra Facundo para combatir
la tiranía de Rosas en Argentina, hace derivar el predominio del Cau­
dillo de la imposición del campo—pampa, desierto—sobre la ciudad.
“El hombre de la ciudad—escribe—viste traje europeo, vive la vida
civilizada tal como la conocemos en todas partes; allí están las leyes,
las ideas de progreso, los medios de instrucción, alguna organización
municipal, el gobierno regular, etc. Saliendo del recinto de la ciudad,
todo cambia de aspecto; el hombre del campo lleva otro traje que lla­
maré americano, por ser común a todos los pueblos, sus hábitos de vida
son diversos, sus necesidades peculiares y limitadas: parecen dos socie­
dades distintas, dos pueblos extraños uno de otro”. De las pampas ar­
gentinas saldrán, según el autor de Facundo, los caudillos que impon­
drán su barbarie después de la guerra de independencia. “Había—
agrega—antes de 1810 en la República Argentina dos sociedades dis­
tintas, rivales e incompatibles; dos civilizaciones diversas: la una espa­
ñola, europea, culta, y la otra bárbara, americana, casi indígena; y la
revolución de las ciudades sólo iba a servir de causa, de móvil, para que
estas dos maneras distintas de ser de un pueblo se pusiesen en presencia
una de otra, se acometiesen y después de largos años de lucha la una
absorbiese a la otra”.2
Para Sarmiento el caudillismo es un mal que proviene de la “civiliza­
ción bárbara americana, casi indígena”. Para exterminarlo se hace im­
prescindible importar la civilización, la cultura europea.
Con este criterio de importación europea coincide el escritor Juan B.
Alberdi. Pero la tesis de Alberdi va más lejos aún: no se contenta con el
aporte cultural de Europa, pide la presencia de su raza. Preconiza la
inmigración en gran escala. Su frase “gobernar es poblar” se hará un
estribillo constante. Poblar es civilizar. “Mas para civilizar por medio
de la población es preciso hacerlo con poblaciones civilizadas; para
educar a nuestro América en la libertad y en la industria es preciso
poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad e
industria, como sucede en los Estados Unidos”.3 El autor de Bases se
parcializa por la inmigración inglesa. En su libro Luz del día en América
repetirá: “La ley inglesa es libre porque el inglés es libre. ¿Queréis
2 Domingo F. Sarmiento: Facundo. Editorial Losada, Buenos Aires, 1938.
3 J. B. Alberdi: Bases y punto de partida para la organización política de la Re­
pública Argentina. Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso.

29

�copiar su libertad? No copiéis su ley, copiad la persona del inglés, es
decir, sus costumbres, su modo de ser”. En cambio el español es incapaz
de realizar hasta en su propia patria. Tampoco la población mestiza,
que es casi primitiva.
Lucas Ayarragaray también considera la europeización de América
Latina como único medio para su transformación política y social, de
su camino hacia la evolución, porque “las ideas como la sangre para
ennoblecerse deben filtrarse a través de las generaciones”. El caudillismo
es producto de un deterninismo étnico. Halló consagrada su arbitrarie­
dad en la tradición y en los hábitos predominantes. La incapacidad polí­
tica de América Latina se debe a la mestización de las razas conquista­
dora e indígena. Por eso su diferencia con la América del Norte: “Cuando
América del Norte cortó sus vínculos con Inglaterra, encontróse con
experiencia y hábitos suficientes incorporados a la nueva entidad y con
los gérmenes de una democracia representativa. ¡Cuán distinta perspec­
tiva ofrecía nuestro pasado! Si los nativos tornaban hacia él los ojos,
solamente vislumbraban oprobio y tiranías”.4
Por último, en la obra Nuestra América de Carlos Octavio Bunge,
prologada por José Ingenieros, ambos escritores mantienen la necesidad
del inmigrante. Del inmigrante de Europa, salvación para la libertad.
Porque para Bunge el hispanoamericano se adapta al caudillismo como
resultante de su mezcla psicológica. El latinoamericano es fruto de
tres razas: la indígena, la española, la negra. A las “taras psicológicas”
de una se agregaron las otras, se acumularon los defectos, y el despo­
tismo—producto del más activo en una sociedad perezosa—se engendró.
En el prólogo, José Ingenieros no está en total acuerdo con el juicio
de Bunge. Piensa aquél que circunstancias económicas deben tomarse
en consideración. “La pereza, como sus tributarias, la tristeza y la
arrogancia, no es una causa primordial, sino una manifestación psi­
cológica germinada sobre algo más hondo. La pereza es un fenómeno
secundario, como el caciquismo lo es de la política. No depende el uno
del otro; ambos están subordinados a condiciones de ambiente, y en
particular, a las economías creadas por el feudalismo colonial”. La
europeización es el remedio, la panacea contra nuestros males, sesgo
para lograr el avance, si bien Ingenieros—haciendo resaltar el fatalismo
geográfico—condena a las naciones hispanoamericanas situadas en zonas
intertropicales donde sólo pueden habitar gentes de color.
Pero los apologistas del caudillismo, los escritores del despotismo, son
Francisco García Calderón y Laureano Vallenilla Lanz. Son los cantores
de la dictadura. De ellos vienen los calificativos de “dictador necesario”,
4 Lucas Ayarragaray: La anarquía argentina y el caudillismo. J. Lajouana
y Cía., Buenos Aires.

30

�“gendarme necesario”, “César democrático”. Para ellos el Caudillo es
la constitución positiva de los países latinoamericanos. Ambos asientan
que éste es expresión de la realidad social de Hispanoamérica. Puesto
que nuestros pueblos—argumentan—son anárquicos, anarquismo que
se desarrolló aún más en la guerra independentista, necesitan de la
mano dura del dictador para gobernarlos. El Dictador es así creador del
orden, del progreso material, de la riqueza y del bienestar. “Los grandes
caudillos—dice García Calderón—abandonan toda abstracción: su es­
píritu realista los lleva a levantar el comercio, la industria, la inmigra­
ción, la agricultura. Imponiendo una larga paz, favorecen el desenvolvi­
miento de las fuerzas económicas”. El Caudillo, además, compendia la
vida, la historia de nuestras repúblicas. En tal sentido, para estudiar
América nada mejor que estudiar la biografía de sus caudillos que per­
sonifican, en un momento dado, las virtudes y los vicios de sus pueblos:
“El espíritu nacional se concentra en los caudillos, jefes absolutos,
tiranos bienhechores. Ellos dominan por el valor, el prestigio personal,
la audacia agresiva. Ellos representan a lo vivo las Democracias que
los deifican”.6
Vallenilla Lanz estima que aún después de asegurada la independencia
de América, “la preservación social no podía de ninguna manera en­
comendarse a las leyes, sino a los caudillos prestigiosos y más temibles,
del modo que había sucedido en los campamentos”. Páez, Francia,
García Moreno, Rosas, Porfirio Díaz—de Venezuela, Paraguay, Ecuador,
Argentina y México—son hombres que “ejerciendo una autoridad tu­
telar han realizado durante cien años en toda la América, el principio
fundamental del gobierno formulado por el Libertador desde 1815:
‘Los Estados americanos han menester de los cuidados paternales que
curen las llagas y las heridas del despotismo y la guerra’ ”.6
No defienden sino se oponen estos escritores a la europeización de
Latinoamérica. Alzan el grito, llamemos, de la “latinidad” o de la
“criollería”. Proclaman como deber primordial la protección del espí­
ritu latino de los países hispanoamericanos. García Calderón llega a
considerar peligrosa la influencia de la raza anglosajona. La América
española no debe destruir sus tradiciones sino contrariamente conser­
varlas frente a las nuevas influencias de Europa o de Estados Unidos.
Vallenilla insurge contra los “ideólogos” que han querido transplantar
“instituciones extrañas” funestas para “la tranquilidad, la prosperidad y
la evolución nacionalista y civilizada de estos pueblos”.
6 F. García Calderón: Les démocraties latines de l’Amérique. Ernest Flammarion, París.
'Laureano Vallenilla Lanz: Cesarismo democrático. Tipografía Garrido, Ca­
racas, 1952.

31

�Síntesis del pensamiento americano—del pensamiento especializado,
digamos—es, pues, la consideración de que el caudillismo obedece a
nuestra idiosincrasia. Es un fatalismo que hemos cargado—y debemos
cargar—por causas varias. Así lo reconocen, unos para impugnarlo, otros
para glorificarlo. Para los últimos todo intento de combate no es más
que majadería, transposición de ideas extrañas, ilusionismo ideológico
que no encajan en la realidad de nuestros pueblos y que, más bien, per­
judican la marcha de nuestra nacionalidad de la cual el Caudillo es fiel
reflejo. Para los primeros la solución está en la europeización de América
Hispana mediante la inmigración humana y cultural.
Las conclusiones por exclusivistas pecan de fatales y anticientíficas.
Pensar que Hispanoamérica es manantial de dictaduras por la sola
razón de que su raza no ha recibido suficientemente la sangre de Europa
y el acervo cultural de este Continente, es desconocer—o querer volun­
tariamente olvidar—la Historia. Europa, históricamente hablando, ha
sido pródiga en gobiernos autocráticos y personalistas. Sin remontarnos
muy lejos, en el siglo XVIII el Viejo Mundo conoció—cuando América
vivía todavía su etapa colonial—odiados regímenes absolutos. En el
siglo XIX—cuando América luchaba por su independencia—muchos
pueblos europeos estaban sometidos al capricho personal de un manda­
tario. Y en pleno siglo XX, ¿no ha conocido Europa totalitarismos omi­
nosos? Cuando las generalizaciones se hacen movidas por leyes inexactas,
irreales, se cae fácilmente en tesis antisociológicas. Sarmiento, Alberdi,
Ayarragaray, creyeron que con “colonos de buena raza” podía implan­
tarse la democracia en América, porque ellos ayudarían a resolver el
problema étnico de nuestras poblaciones. Europa misma los ha desmen­
tido. No es en la pureza de sangre, ni en el color de la piel, ni en la asimi­
lación de ciertas formas culturales, donde exclusivamente estriba la
tendencia—la adaptación—democrática o caudillesca de los hombres,
de una sociedad, nación o continente. Por casualidad—y escribo a pro­
pósito la advertencia de uno de los mejores escritores de América—
muchos de nuestros caudillos—enérgicos dictadores—han sido de pura
estirpe europea. “Mosquera en Colombia, por ejemplo, estaba emparen­
tado con la familia reinante en Francia. Rosas era blanco y de ojos azu­
les. El doctor Francia llevaba en sus venas la sangre de su apellido”.7
Defender el caudillismo en nombre de la “criollería”, como lo hacen
García Calderón y Vallenilla Lanz, es pretender caracterizar a nuestros
pueblos con una “cualidad” que por falsa es poco honrosa e inadmisible.
Es generalizar también inexactamente. Es actuar interesada, sectaria­
mente. No se puede deducir una ley sociológica general por el hecho de
7 Germán Areiniegas: Este pueblo de América. Fondo de Cultura Económica,
México, 1945.

32

�que algunas de nuestras repúblicas hayan vivido bajo el peso de “gen­
darmes necesarios”. De igual modo otras han tenido reconocidos gobier­
nos respetuosos de la justicia y de las libertades públicas. Chile, Uruguay,
México, Costa Rica, son pueblos latinoamericanos con semejantes carac­
terísticas étnicas, geográficas, psicológicas, etcétera, a la Argentina,
Venezuela, Guatemala o Cuba. En aquéllas, largos períodos democrá­
ticos han subsistido con su existencia republicana. En éstas, los dicta­
dores han florecido, pero sin que por eso pueda considerarse que la
tiranía forma su esencia, su “constitución positiva”.
No. No es lo esencial en la América Latina el fenómeno del caudillismo.
Es un fenómeno transitorio y episódico como lo califica Augusto Mijares.
Quizás este autor es quien mejor lo ha planteado. “La crítica histórica—
dice—debe guardarse de tomar situaciones circunstanciales como
realidades definitivas; a base de símbolos y de anécdotas no se puede
juzgar a los pueblos; en todas las naciones surgen en los momentos de
crisis apariencias negativas y deprimentes, y sería injusto y erróneo
convertirlas en exponentes del carácter nacional”.8 La tesis de Mijares
es incompleta—a pesar de lo que él aclara al respecto—porque desdeña
la interpretación económica que debe dársele al problema del caudillismo.
Y es que esa interpretación es imprescindible para conocer el fondo del
asunto. Sin llegar al dogmatismo de los que vocean las causas econó­
micas como regidoras de los múltiples fenómenos de la vida universal,
se tiene que reconocer que esas causas son predominantes en muchas
situaciones de nuestro acontecer social. A la supervivencia de una
economía nacional atrasada y a la ayuda de sectores extranjeros, econó­
micamente poderosos, el Caudillo en América ha podido pervivir con­
tra las legítimas aspiraciones de nuestros pueblos.
Y porque ha actuado contra los anhelos democráticos, el “dictador
necesario” no ha podido ser el personificador del orden, creador del
patriotismo, fomentador de la riqueza y bienestar. Todo lo contrario:
su obra ha sido disgregativa. En general carece de un plan para gobernar.
No basa su gobierno en un programa de acción administrativa sino en
bastardos caprichos personales. La paz que establece es el terror. Simplistamente divide al país en “amigos” y “enemigos”. Carente de ideales,
de verdaderas fuerzas morales, sienta su poder en sus instintivas ambi­
ciones de mando. Es rémora del progreso material y espiritual.
Lo verdaderamente esencial en los pueblos de América Latina es su
afección por los ideales democráticos. Su auténtica expresión son esos
ideales. Que no los ha alcanzado integralmente como son sus aspiracio­
nes, cierto. Pero por ellos lucha y por ellos ha luchado siempre. Basta
8 Augusto Mijares: La interpretación pesimista de la sociología hispanoameri­
cana. Ediciones Castilla, S. A., Madrid, 1952.

33

�leer las admirables páginas de nuestra historia para convencerse de
que el ideal americano ha sido—y es—un tenaz esfuerzo por lograr lo
que íntimamente siente el pueblo: la democracia. Toda nuestra época
colonial, que tan tranquila ha aparecido para quienes no se han dedi­
cado a desentrañarla detenidamente, fue un grito de reclamo ante la
Metrópoli: ¡libertad! Fue un deseo incontenible de justicia e igualdad.
Nuestra guerra emancipadora fue el resultado de ese grito y de ese
deseo. Luis Alberto Sánchez señala con razón que “no es posible olvidar
que antes de 1810 ocurrieron muchas insurrecciones espontáneas y que
éstas conmovieron a todos los círculos, conventos y universidades, en­
comiendas y capitales de Intendencias, a militares y civiles, a blancos y
mestizos, a negros e indígenas, a pobres y ricos, a funcionarios y merca­
deres. Las crónicas virreinales registran motines diarios, inconformidad
recalcitrante y pública, alzamientos reiterados”.9 Y en su hermosa prosa,
Germán Arciniegas escribe: “Si se le buscan antecedentes a las explo­
siones en favor de la libertad que tuvieron lugar en el siglo XVIII,
cuando hubo con los comuneros la revuelta de los campesinos, cuando los
esclavos hicieron una revolución por su libertad en Antioquia, cuando
los criollos redactaron sus primeros memoriales reclamando los mismos
derechos que los españoles de la Península para gobernar en su propia
tierra, se encontrará que todas estas cosas estaban latentes en ese siglo
XVII que nos ha aparecido tan quieto y sumiso. Y más aún: a tiempo
con la libertad, se perfiló entonces la otra característica del espíritu ame­
ricano: la democracia. Porque esa libertad que entonces se incubaba era
la libertad que pedían los de abajo. En el fondo, el blanco, el negro y el
cobrizo se daban la mano. El problema, en distintas escalas, era el mismo.
La solución era y fue idéntica. Y así como la vida de los árboles está
hundida en la tierra y hay que cavar para descubrir las raíces blancas
que son caminos iniciales de la vida, en la oscuridad de aquella edad
media colonial estaba la raíz de lo que en realidad constituye el espíritu
americano”.
Lo que de grande tienen Bolívar y San Martín—principales héroes
de la Independencia—es que descubrieron precisamente ese sentimiento
democrático que bullía en nuestros pueblos. Por eso se hicieron apóstoles
de la libertad. Por eso entregaron sus vidas a la Democracia. No deja
de ser una evasiva histórica—un subterfugio interesado—la frase de
Vallenilla Lanz cuando, para justificar su tesis del “gendarme necesario”,
habla de “ley bolivariana”. Bolívar fue un convencido demócrata: sus
cartas y proclamas, sus actos y su comportamiento, confirman esta
apreciación. “Yo he combatido—escribe el héroe en carta para Leandro
9 Luis Alberto Sánchez: El pueblo en la revolución americana. Editorial Americalee, Buenos Aires, 1942.

34

�Palacios, en 1829—por la libertad y por la gloria; de consiguiente juz­
gárseme de tirano y con ignominia es el complemento de la pena”.
“Yo he sido el soldado de la beldad—le dirá a un grupo de damas perua­
nas—porque he combatido por la libertad, que es bella”.
El continente americano nació con vocación democrática. Los llaneros
de Colombia y Venezuela, los indios de Ecuador y Perú, el gaucho argen­
tino, el “roto” de Chile, el zambo de Panamá, siguieron a Bolívar y a
San Martín, a los realizadores de la Independencia, porque éstos re­
cogieron el ideal que era expressión de aquéllos: el ideal de libertad, por
el cual desde hace tiempo luchaban. Si fuésemos a enumerar la lucha del
pueblo hispanoamericano con el objeto de comprobar que esa lucha ha
sido y es de pura esencia democrática, la enumeración se haría larga;
tendríamos que recurrir—haciendo un gran esfuerzo de abreviación—
a los de mayor significado: al levantamiento popular del Paraguay, a
la revuelta de los comuneros en Nueva Granada, a la sublevación de
Tupac Amaru en el Perú, a la rebelión criolla de México, al movimiento
de José Francisco León en Venezuela . . . hasta llegar a la que en la
actualidad se libra para enterrar a los tiranuelos de turno. En todo caso,
la enumeración sería un bello aporte de lo que es la substantividad la­
tinoamericana.
De cómo es lo esencial en el pueblo hispanoamericano ese ideal demo­
crático, lo testifica también el hecho de que los propios dictadores dis­
frazan sus ambiciones personalistas y totalitarias hablando de la “de­
fensa de la libertad”. Claro está, el dictador habla para engañar. Miente
para establecer su dictadura. Pero miente y engaña con conocimiento, a
sabiendas de que en el alma del pueblo palpitan los grandes principios
de la democracia.
Hacia ese terreno de lo fundamental en el alma americana deben girar
los estudios de nuestros historiadores y sociólogos. Y hacia él, igualmente,
deben mirar los ojos de los europeos que quieran comprender la realidad
de América.

35

�THE AMERICAN
IN EUROPEAN EYES
VINCENT C. HOPKINS*

has remarked that “A people is a mirror in which each
traveller contemplates his own image” ; in many cases it should be added,
“and his own interests.” This has been and still is true of many of the
visitors to what is now the United States who carne and saw and wrote
a book; H.-J. Duteil’s recent description, The Great American Parade,
is something of a case in point. It is particularly true of those commentators on the American scene whose concerns were predominantly
political and who wrote with one eye on the United States and the other
on the political situation in their respective countries of origin. It has
also happened that a picture of “the American,” sketched either by
Americans or Europeans whose interests lay elsewhere, became grist
for the European political mili, and was used in rather surprising ways
by various groups in their discussions of their own public policies. The
image in these cases became a stereotype, a symbol, something to admire
and applaud or to decry and attack, not for itself but with reference
to some current interest of the group which applauded or attacked.
That the image-symbol might not reflect reality accurately was a matter
of no great moment.
The United States, of course, is not unique in this respect ñor are its
citizens guiltless of the practice in their estimates of other countries.
However, a brief review of some of the European images of the inhabitants of the United States and of the uses to which they were put maybe
relevant in view of the psychological battle currently taking place all
over the world between the forces of freedom and totalitarianism.
The aboriginal American, the Indian, whose ñame commemorates the
initial European misunderstanding of the inhabitants of the North and
South American continents, was the first denizen of what is now the
United States to be made into a symbol that ultimately had political
repercussions. The mere knowledge of his existence had caused something
of a moral revolution in Europe in the sixteenth century, as Gilbert
A n d r é M auro is

* Father Vincent Charles Hopkins, S.J., is professor of history at the Gradúate
School of Fordham University and lecturer in historical jurisprudence at the
Law School of the same institution. He is the author of Dred Scott’s Case, and
editor of The Catholic Encyclopedia, and a contributor to various learned journals.
The present article is reprinted from Thought (Fordham University, New York,
Yol. XX IX, No. 112, Spring 1954), by special permission of the editors.

36

�Chinará pointed out a number of years ago. However, interest in the
Indian had lapsed to a considerable degree and he had practically to be
reintroduced to the European public. This was done chiefly by Catholic
missionaries. A little while later the brethren of the missionaries in
America who were in the Orient introduced another image to their fellow
Europeans, one also to become a symbol, the Chinese sage.
Europeans carne to know about the savage largely through those excerpts of the Jesuit Relations which were published annually as Lettres
Edifiantes. The purpose of this series was to stimulate interest in the
missions and obtain financial and other support for them. In the course
of their remarks the fathers would, from time to time, mention the nat­
ural virtues of the objects of their care and contrast them, the balance
being in favor of the Indians, with the moral capacities of Europeans.
Father Pierre Charlevoix, whose History of New France appeared in 1744,
made something of a point of this difference, stressing that, for all their
faults (which included cannibalism), the Indians appeared more naturally virtuous than Europeans. The inference that Father Charlevoix
and his colleagues drew from this observation was that, if and when they
became Catholics, they would be much better sons and daughters of the
Church than their European contemporaries. By this time, however,
in Paul Hazard’s phrase, the European conscience was in crisis, a situation that has proved to be of long duration. More and more the intelec­
tual life of the continent was getting into the hands of men who had no
desire to make Catholics or Christians out of anyone but who did have a
great desire to belabor all existing institutions in Church and State with
whatever clubs were handy. “The noble savage” was one such club.
Why, asked “the enlightened” of the mid-eighteenth century, was the
savage good and noble (calmly assuming that he was in truth both)?
The answer was simple. He had never had to endure the institutions
which dominated life in Europe. His natural goodness was not perverted by Church, state, or both. So “the noble savage” became a
literary type with a social and political purpose.
One of the lesser figures of the period, the Barón de La Hontan, was
among the first to see the advantages of the ennobled savage as a means
to his own ends. The barón was an adventurer in both senses of the word.
Because of certain experiences he had with the French law courts while
he was trying to get back the family property which had been sold to
pay his father’s debts, La Hontan became bitter and turned on the whole
of European civilization. His later experiences as a spy confirmed him in
his attitude. He developed a hatred of lawyers, judges, kings, ministers
of state and religión. He had been a soldier in New France and, in his
pique, he decided to use the inhabitants of North America to attack the
37

�institutions which, to his way of thinking, had refused him justice. In
his Supplement to the Travels of the Barón of La Hontan, or, a Dialogue
between the Barón of La Hontan and a Savage of America, published in
1703, he introduced the character Adario, “a savage of good sense who
had travelled.” Adario’s questions concerning European institutions—
La Hontan brought the allegedly artless to bear on the presumably
artificial—showed the ways of that continent to no good advantage.
Adario was followed by Zakaro, the invention of another nobleman, the
Marquis d’Argens, who had fallen on evil days. Zakaro, the savage of the
Lettres d’un Sauvage Dépaysé, found the manners of Europeans unreasonable and their moráis corrupt. The root of the evil, he eoncluded,
was the Catholic Church. Zakaro, a good deist like the Marquis, insisted
that religión consisted in offering “respectful worship to the Supreme
Being alone” and praised the religious freedom enjoyed by the natives
of the American continents, forgetting that this freedom involved a
willingness on the part of certain of the inhabitants of those continents
to be sacrificed to rather malevolent deities. The fact that these revolutionary reflections were made by two noblemen down on their luck gives
point to Toynbee’s observation that the hallmark of the proletarian is
not that stamped on him by the means of production, but rather a man’s
feeling that he has been cheated out of his rightful position in society.
Adario and Zakaro were joined by Igli of the Lettres Iroquoises of JeanHenri Maubert de Gouvest, who at various times had been a Capuchin,
a soldier and the director of a troupe of comedians. The ennobling of the
savage was carried still further by Rousseau, especially in his Discourse
on Inequality. He became all virtue, the source, in fact, of virtue. He
enjoyed this beatific state because he lived instinctively and because
his simplicity, really the height of wisdom, had never been “sicklied
o’er by the palé cast of thought” or by the menacing shadows of inequitable civilization.1
An allegedly scientific basis was given to this literary device by the
Abbé Raynal whose Philosophical and Political History of the Colonies
and Commerce of Europeans in the Two Indies appeared in 1770. This
1 The literature on the “noble savage” and his counterparts, the “wise Egyptian,” the “Turkish spy,” the Persian, the “Chínese sage,” is large. See Gilbert
Chinard, L’Exotisme américain dans la Littérature frangaise au X V I sibcle; id.,
L’Amérique et le Reve Exotique dans la Littérature frangaise au X V II et au X V III
sibcle-, Paul Hazard, La Crise de la Conscience Européenne; id., La Pensée
Européenne au X V III siecle-, John H. Kennedy, Jesuit and Savage in New
France. A convenient selection from the Jesuit Relations is that edited by Edna
Kenton. Among the main sources of information on China during the eighteenth
century were the works compiled or edited by Father Jean Baptiste Du Halde
and others.

38

�book was a great success despite the fact that Voltaire privately commented that it was “declamation full of errors badly thrown together.”
It was a combination of the “club idea” and the exotic, qualities that
would appeal strongly both to the growing revolutionary spirit in France
and to the embryonic romanticism of the period. Chateaubriand says he
devoured it and arrived in Philadelphia with his head full of it. Manon
Philipon, who as the Girondist Madame Roland was to find at the foot
of the guillotine that many crimes were committed in the ñame of liberty,
reported that she was galvanized by it. Barón Grimm thought it would
be the book of the century longest remembered by posterity. The hero
of RaynaPs book, however, was “the Quaker” ; the Indian, about whom
knowledge was becoming more widely diffused, occupied a secondary
place. The pacific and meek members of the Society of Friends had long
been favorites of the irascible and mordant Voltaire, whose praises of
them can be found all through his works. The philosophes, hardly a democratic group, were of the opinión that the people needed more than their
own highly abstract dieu fainéant if they were to be kept in order. In
Quakerism they thought they had found an almost “natural” religión, a
poor man’s Deism, ready to hand. It had no dogmas, no hierarchy, no
sacramental system—and, in addition, some of the Quakers were antitrinitarian. The customs of the Friends also had the charm of the primitive in a rococo age. Raynal raised the tone of the tributes paid by the
philosophes to the simplicity of the Quakers, not their substance. “Go,
ye warrior peoples, ye peoples of slaves and of tyrants,” he urged his
contemporaries, “go to Pennsylvania! There you will find every door
open, all possesions unguarded, not a soldier and many merchants
and laborers. . .. Pennsylvania gives the lie to the imposture and
flattery that proclaim with impunity in temples and courts that man
has need of gods and kings. The righteous man, the free man, needs only
his equals to be happy.” As is obvious, the Abbé knew very little about
Pennsylvania or about Quaker belief and life there in 1770. Indeed, he
knew very little about the Americas, as the Marquis de Chastellux would
point out. But accurate information was not the Abbé’s forte ñor his
purpose. He, like most of the other devotees of the “good Quaker,” was
interested in a revolution in Europe—and the Indian and the Quaker,
rather his ideas of them, were means to achieve one.
Another image of the American played its part in European politics—
the idea of the American as “the Republican sage,” “the noble savage”
civilized, “the Quaker” quite thoroughly secularized. The European
reading public had read Crévecoeur’s Letters from an American Farmer
and were looking for his “new man” who, like young Lochinvar, would
39

�come out of the West. It found him in the elderly and highly civilized
Franklin. Among the high nobility those who were interested in change
made him a rallying point. Mind and justice were the triumph and all
were to be free: behold Franklin! The Duc de Croy, the la Rochefoucaulds, the Noailles, the Maréchale de Mouchy, Turgot, Madame
Helvétius, were all in awe of “this eagle-creator of America,” so grave,
so modérate, so virtuous, who had, in Turgot’s epigram, “snatched the
lightning from Heaven and the sceptre from tyrants.” Franklin deliberately cultivated this impression, and his diplomatic successes at the
French court owed a great deal to this bit of wishful thinking on the
part of some of the people with whom he was dealing.2
Europe became involved in the Wars of the French Revolution and
the Napoleonic Wars, events not unconnected with the images of the
American described above. After the One Hundred Days carne the Holy
Alliance, signed by every European ruler but the Pope, the King of
England and the Sultán of Turkey, and the more effective Quadruple
Alliance beteeen England, Austria, Prussia and Russia. The groups that
had emerged as dominant in the various European countries had no
interest, apart from the literary, in “noble savages,” stylized Quakers, or
“republican sages.” The consensus among them may not unfairly be
described as hostile to “the experiment” (as they regarded it) in majority rule taking place in America. In this cümate of opinión a new
stereotype developed, largely in England, of the American as the hopeless vulgarian. To a great extent, this image remained on the intellectual
and social levels, and did not at the time become a political weapon. Its
vogue was almost exclusively among the middle and upper classes. Out of
the real coarsenesses of some aspects of American life an image of almost
complete brutalization was evolved. The Americans who were not
brutalized were described as pretentious. Among the more celebrated
contributors to this myth were the Trollopes, mother and son, Basil
Hall and a Dickens whose Martin Chuzzlewit and American Notes almost
made his American devotees forget their fondness for the creator of
Little Nell and David Copperfield. This stereotype received a most
thorough delineation in a three-volume work published in 1841, Play2 The “good Quaker” is the subject of a monograph by Edith Philips. See her
The Good Quaker in French Legend. Voltaire praised the Friends in his Lettres sur
les Anglais, his Traite sur la Tolérance, his Essai sur les Moeurs and in various
places in the Philosophical Dictionary. See also Bernard Fay, The Revolutionary
Spirit in France and America and his Benjamín Franklin, Apostle of Modern
Times. The Everyman edition of Héctor St. John de Crévecoeur’s Letters from an
American Farmer is readily available. The Marquis de Chastellux wrote his Travels in North America after three years residence here.

40

�fair Papers, or Brother Jonathan, the Smartest Nation in All Creation.
The London Times in a lengthy review of this burlesque assured its
readers that it had been informed that the picture contained little or no
exaggeration. Punch helped the slow of imagination by presenting numerous illustrations of the degenerate American at work and play. The
conclusión drawn by the upper classes of England and the continent was
that inequality of status was essential if the dehumanization of mankind
was to be prevented. This picture of the American as a cultural blank, if
not worse, survived and is being used by a very different class of people
for very different purposes, but still against the United States and in the
interest of their own social and political partis-pris.
One of the most perceptive of the European visitors to the United
States, not only before the Civil War but since, Alexis de Tocqueville,
was more interested in the deeper aspects of equalitarianism as it was
practiced in the United States than in such surface manifestations as
the uninhibited behavior of theater-goers in Cincinnati. Tocqueville was
of the aristocracy and had witnessed with foreboding the flight of the
Bourbons from París in 1830. He and his friend Beaumont had no desire
to become involved in the July monarchy of Louis-Philippe and obtained
permission to come to this country, ostensibly to study its penal system.
Tocqueville’s main interest was to seek “the image of democracy itself,
with its inclinations, its character, its prejudices, and its passions, in
order to learn what we have to fear or to hope from its progress.” The
problem, as he saw it, was to find out how freedom could survive in a
democracy. Democracy meant majority rule, and was it or was it not
inevitable that in such a situation the majority would trample on the
minority? If the answer to this question was in the afíirmative, then
democracy was incompatible with freedom. His report to his fellow
Europeans was favorable. In the United States, he found, the freedom of
the individual was quite thoroughly safeguarded. Among these safeguards he counted as basic the fact that the citizens of the United States
were a religious people and that equality in their eyes was a moral thing
consisting chiefly of equality before the law and of opportunity, founded,
at least tacitly, on the equality of all men before God. He also cited
general American literacy and political knowledge, freedom of the press,
federalism, decentralized administration and judicial review. Tocque­
ville left the United States in a happier frame of mind than that in which
he had arrived and publicized his findings in Europe where many men
were concerned with this drift of the times toward greater self-rule on
the part of mankind. His pages are a tract for these times when totaütarianism presents itself as the purest form of democracy, a hoax for
41

�which not a few Americans as well as many Europeans have fallen and
still fall.3
While the rulers of early nineteenth-century Europe and those who
supported them did not hold the United States and its citizens in too
high esteem intellectually, socially or politically, the existence of the
country gave inspiration and courage to those who regarded the settlements achieved by the Congress of Yienna as anything but desirable.
In this period nationalism and democracy were closely allied, especially
in those regions where minorities were trying to assert themselves
against more or less alien and autocratic governments or, as in the case
of Italy, where a native majority was trying to throw off foreign rule.
To these peoples, whose ideal was liberty, the United States appeared as
a beacon in the night and a possible source of support. The support, in
the event, was chiefly moral, with some exceptions, such as that given
by dubious characters like George N. Sanders of the “Young America”
movement of the fifties. However, the United States was and remained
for a long time a model for those peoples who had not yet achieved selfdetermination and self-government despite the unfortunate fact that
there were currently in the country some several millions of human beings who were held in chattel slavery, an incongruity only remedied by
much blood, sweat and tears.
Connected with this ideal of the United States as a model of democratic nationalism was the picture of the country as a haven for all those
who were suffering persecution or deprivation in Europe. This was
beautifully expressed by the immigrant Emma Lazaras whose verses are
inscribed on the Statue of Liberty. While some of the immigrants, en3 A good summary of upper-class European opinión of the United States in
the forties and fifties of the nineteenth century is contained in John W. Dodds,
The Age of Paradox, A Biography of England, 184-1-1851. The author summarizes
the impressions of various travelers and finds that “The United States was obviously a nation of bumptious people, loud, truculent, Tepublican,’ murderous,
given to threatening war on slight provocation, coarse in manners, boisterous in
humor.” He cites a lengthy review of James S. Buckingham’s America—Historie,
Statistic and Descriptive and George Combe’s Notes on the United States of Amer­
ica. The review appeared in the Quarterly Review for September 1841. The reviewer, using these two accounts as a point of departure, described the inhabitants of the United States as “peculiarly sensitive to the censures of foreigners,
especially English, deplorably indifferent to sanguinary outrages, too much characterized by an inordinate love of gain and a mania for speculation.” He gave an
“amusing specimen of their inflated language.” He also described their “nasal
tone” and “coarse manners.” American reading, he said, was “of a light and
trifling character.” The reference to Tocqueville is to his Democracy in America.
See also George W. Pierson, Tocqueville and Beaumont in America and William J.
Schlaerth, ed., Alexis de Tocqueville’s Democracy in America, A Symposium.
Henry S. Commager’s America in Perspective contains other and more balanced
appraisals of the United States in the forties.

42

�countering Know-Nothings in one period and Klansmen in another, may
have thought for a while that Liberty’s beacon hand did not glow with
an unqualified world-wide welcome, still the lines were not belied substantially for any length of time or by a majority of Americans.4
During the First World War, the picture of the United States entertained by many Europeans engaged on the Allied side had Messianic
overtones. This was especially trae of those countries which found themselves liberated from foreign rale. The idea the average European had
of Woodrow Wilson differed in kind from those he entertained of the
other heads of States at Versailles. But this image soon changed. The
war had not settled all problems. In fact, it created quite a few more.
Europe had suffered heavily in men and material. W hat was more, she
had suffered in morale. She was chagrined. Above all, there was the question of the money loaned by the United States to various European
countries. The United States wanted it back; they also wanted a protective tariff. Calvin Coolidge’s phrase apropos the payment of war
debts, “They hired the money, didn’t they?” struck many Americans as
the essence of common sense. So the picture of the United States as
“Unele Shylock” gained currency. J. L. Chastenet wrote a book, Unele
Shylock, or, American Imperialism Tries to Conquer the World. Georges
Duhamel described America the Menace. C. E. M. Joad produced The
Babbitt Warren. In all this Europeans were aided and abetted, as the
last-mentioned title would indicate, by the more disillusioned American
writers of “the lost generation” who were full of “the modera temper.”
Their picture of life in America now fits in nicely with the propaganda
devised by Soviet Russia and its agents of various nationalities to
frighten fastidious intellectuals who have a tendeney to forget that
Flaubert, Balzac, Zola and Proust wrote about European society, not
American. It also has much in common with the image of the American
created by the upper classes of the post-Napoleonic period.
The eighteenth-century portraits of the American as a young man were
pleasant if a trille patronizing. The nineteenth-century pictures varied.
Some were complimentary, others were not, but none were very dangerous to the United States. The picture of the American of the midtwentieth century as drawn by numerous European publicists is, as
André Visson has pointed out in his As Others See Us, unpleasant, uncomplimentary and quite dangerous. The American is depicted as a materialistic, imperialistic vulgarian. Apart from inspired distortions, such as
4 See William O. Scroggs, Filibusters and Financiers, and Merle Curtí, “Young
America,” American Historical Review, 32 (October 1926), pp. 34-55. Marcus L.
Hansen, The Atlantic Migration, 1607-1860 and Ray A. Billington, The Protestant
Crusade, 1800-1860 describe the nativist reaction to the immigrant.

43

�those described in Frederick Barghoorn’s The Soviet Image of the United
States, and apart from the remnants of earlier stereotypes, this carica­
ture of the American springs largely from misconceptions, wounded
sensibihties and, in not a few cases, from simple envy. This image is one
of the reasons why, as Lewis Galantiére recently said, Stockholm peace
circulars, Picasso doves, inane cries of “governed by Wall St.” and
“cultural barbarían” outweigh, in many European minds, slave labor
camps, abject standards of living, mass murders and the very real
military, economic and social assistance given by the United States to
European countries in their time of trial. It is one of the reasons why
certain deracinated segments of the European intelligentsia have felt
so strong a “drag to the East,” to Soviet Russia, an impulse, it would
appear from all ascertainable facts, to intellectual and moral suicide.
It is probably the reason why Sartre symbolized American public
opinión by a prostitute. It may be the basis for Gilson’s decisión to be
neutral, finding he had only a Hobson’s choice between the United States
and Soviet Russia, the civilization of the one appearing to him to be as
banal and pernicious as the other.
“Few intellectual phenomena of our times have been more disturbing,”
a writer in the London Times Literary Supplement recently remarked,
“than the refusal of the European intelligentsia to apply to the American
problem any serious curiosity or any adequate amount of intellectual
humility in the face of so extraordinary a creation as the United States.
Laments, one might say yelps, that the world is being Americanized—
that it is barbarized; hasty explanations of American power in terms of
luck or mere greed and craft—these have been too often the contributions of the spokesmen of the march of the mind in this century.” It is
interesting to observe that the writer uses the phrase, “the American
problem.” The inhabitants of the United States have been accustomed to
regard Europeans as problems, and a desire to avoid such problems was a
basis for the policy of isolationism. There are Europeans who find Americans problems for very simple reasons, like those so pithily put by an
English officer shortly after the cessation of hostilities. The omnipresent
American soldier appeared to him to be overpaid, oversexed and over
there. The presence of an alien even if allied army in a country, with all
that implies, is bound to create friction. When its presence reminds the
native that he is dependent on the country from which the army comes,
his feelings are likely to be more exacerbated. This is all rather obvious
and understandable. Unfortunately it provides a reservoir of ill will
which can be tapped by those who are opposed to the United States for
ideological reasons.
Among these are the doctrinaire socialists of the non-Stalinist variety.
44

�Being wedded to their dialectic, they do not and perhaps do not care to
understand that in the United States a way has been found to solve
economic and social problems without the assistance of a self- and classconscious élite, without destroying human initiative and sacrificing
human liberty. It has not been felt necessary to surrender, to use an oíd
American phrase, “the purse and the sword” to a bureaucratic governing
caste. But the dialectic demands a thesis and the United States must be
described as the stronghold of economic individualism. Fortunately,
many European trade unionists know better.
Another group is composed of Catholics who are described by Raymond Aron as “antibourgeois.” However, as Robert Rouquette has
pointed out, this group is made up of people of varying attitudes, opinions
and reactions. In general it may be said of them that they are keenly
aware of the gray, non-Christian quality that positivistic materialism,
the indiscriminate application to the whole of human life of the techniques and even the routine of the laboratory, has given the world during
the past one hundred years. Of the economic and sociological aspects of
this development they are as resentful as they are aware. It may also be
said of them in general that history hangs heavily over them. In the
past, as they read it, the Church appeared to be identified with forces
that were not only conservative but which may properly be called reactionary. There are bad memories of formulae like “the altar and the
throne,” the Dreyfus case, the Action Frangaise. In their opinión the
Church must have a radical change of faubourg. This combination of
sharp feelings of resentment and of awareness of the mistakes of the
past creates in the members of this group an urgency, a need to act.
While ideologically they reject the premises of Marxism, the Communist
Party, appearing as an ángel of light, attracts them by its activity. They
think material cooperation with the Party either possible, practicable or
desirable or all three. The Party is active. Its immediate aims frequently
coincide with those of the group in question. It Controls the proletariat.
The impulse to collaborate is very strong.
It is unfortunate that in their detestation of some forms of reaction
this group should exclusively associate itself with or be sympathetic to
another and that for expediential reasons. That the temporal interests of
the Church were closely connected at various periods with those of one
class is no reason to identify her present interests with those of another.
The Church should be above class and her mission be exercised independently of classes. A nineteenth-century error is not going to be corrected by a twentieth-century repetition of it. Moreover, in following
such a course of action the group makes the same mistake Koestler attributes to the Leftin general: they do not know the extreme Right when
45

�they see it. If churchmen of the past century are to be denounced for
countenancing or supporting monarchy or aristocracy, what is to be said
of those of the twentieth who have only kind words for one of the crudest
forms of despotism? Ex-Communists made excellent Nazis and ex-Nazis
are making excellent Communists. It should be apparent that high on
the agenda of both is the destruction of the institution of which this
group is a part.
Another party, the neutralists, who seem to wish to be neutral in order
to plague both houses, profess to take the position of Pangloss and his
friends and wish to be left alone to cultívate their gardens. Still another,
more shifting in its composition, is that made up of men with a keen
sense of nationalism—toward the development of which modern education has been geared. These men are loath to admit any lack of selfsufficiency in their native countries. Nationalism and romanticism, like
nationalism and democracy, have been closely allied and surely it is a
romantic notion that any country can be at present self-sufficient in a
nationalistic sense.
F. S. C. Northrop has referred to “the conceptual spectacles” through
which one culture looks at another. Misconceptions are bound to arise
when the older nations of the world look at the United States and judge
the latter in terms of their own social and cultural forms, something the
late Hilaire Belloc warned then not to do in his The Contrast. The United
States at the moment does not fit any convenient cultural pigeonhole
and it is being very simpliste to make the superficial judgement that it is
a country dominated by excessive economic individualism, concerned
only with gadgets and Communists and driven by an obsession to make
the rest of the world over into its own image and likeness.6
Socialists, nationalists, antibourgeois Catholics, neutralists are all
susceptible to Soviet propaganda against the United States, wittingly or
unwittingly, and are furthering it, probably unintentionally, in their
own milieus. It is, therefore, of primary importance that the picture of
the American offered for the contemplation of the average European be
met by a counter-picture. There are agencies which are doing this.
Error should yield to competently presented truth. But what of the residue which gives these errors some foundation?6 Europeans have the idea
6 Apart from the titles mentioned in the text, see Lewis Galantiére, ed., Amer­
ica and the Mind of Europe, Robert Rouquette, “French Catholicism Confronts
Communism,” Thought, X X V III (Autumn, 1953), 354-374, and F. S. C. Northrop,
The Taming of the Nations.
6 For several pleas for a truly catholic approach to international understanding and the abolition of invidious stereotypes see the recent Christmas Messages
of Pius X II. These can be found in The Catholic Mind. Earlier considerations by
previous Popes can be found in John F. Wright, National Patriotism in Papal
Teaching.

46

�that Americans regard all their institutions and producís as exportable,
desirable and digestible. Consequently, they fear that the aim of the
United States is to Americanize the whole of the rest of the world from
cellar to roof. The American must learn that his institutions, ideas,
principies have a particular as well as a universal aspect, that, though
they are expressed in general terms, they did have a history. He is not
to talk as though he still subscribed to the jingoistic messianism of Josiah
Strong’s Our Country. He is not to indulge in the self-conscious giggling
of an innocent abroad when he travels. He must look to himself at home
also. The position of the Negro in American life, for example, gives a
basis for European charges of hypocrisy. The status of the Negro is not
that depicted for European consumption; American nights are not made
lurid by burnings and lynchings. But the economic and social status of
the Negro is ambiguous—to use an understatement.
Again, while the greatness of current issues demands strong action,
they are not of such proportions and the danger is not so urgent that
human rights should be violated. The American should not argüe that the
omelette of security demands broken eggs, a mode of argument popular
among Marxists in the thirties and with a pedigree reaching at least as
far back as Machiavelli. One of the basic principies of the American
government and one of its proudest boasts is that it is a government of
law and not of men. The American should be careful to follow legal procedures; he should not avail himself too easily of an oíd Román solution
and allow largely self-appointed consuls to see that the republic does not
take harm. He should act tactfully in his external affairs and with poise
in his domestic concerns. He must remember that, while appearances are
notoriously deceptive, men ordinarily take people at their face valué.
To act otherwise would be alien to himself and would provide fuel for the
Soviet propaganda fires. It would be to lend circumstantial evidence to
another stereotype of the American entertained by Europeans, one much
more dangerous to the security of the United States than those drawn by
bankrupt noblemen, philosophical abbés, upperclass Englishmen and
litterateurs.

47

�GRACILIANO RAMOS:
TRAYECTORIA Y PERSONALIDAD
GUILLERMO DE LA CRUZ-CORONADO*
E l 20 d e marzo del pasado año 1953, minado por una aguda dolencia
que resistió a todos los cuidados, moría a las 6 de la mañana en Rio de
Janeiro el escritor y novelista brasileño Graciliano Ramos. La crítica
nacional le ha erigido un monumento de loor casi unánime. Estas ala­
banzas apuntaban a su personalidad de escritor, a su estilo refinado y
de altas calidades literarias, a su potencia creadora en la literatura de
imaginación. Las alusiones a su ideología comunista han sido ligeras y
evasivas cuando no se han pasado del todo por alto, y esto por diversos
motivos. Desde luego esa ideología, cuando aflora a su obra, lo hace
desde un fondo obscuro de concepciones de la vida y descripciones con­
cretas de hombres; sólo en libros de recuerdos personales (v.gr. Memorias
do Cárcere) se descara su pensamiento político, como era de esperar,
pues es él la causa, debida o no, de los dolores relatados; la reacción in­
terior le lanza afuera sus más intimas preocupaciones, sus protestas, y
toda la problemática ideológica y sentimental que ese hecho de su
“prisión por motivos políticos” le plantea.
Mas no nos engañemos; en muchos casos el vítor iba veladamente
encaminado a la exaltación del hombre como símbolo de una posición
política, y aprovechaba su muerte para llamar la atención sobre una
figura que con su fama literaria atraía insensiblemente los ojos hacia
una ideología, a la que el elogiado vivió adherido hasta el final. La táctica
de utilizar ese resquicio literario para el medro y prestigio político, comu­
nista o comunistoide, no es insólita; la veladura era forzada en un país
donde el comunismo, como partido y como propaganda, está fuera de
ley.
Aparte y a pesar de intenciones partidarias, Graciliano Ramos fue
un excelente escritor de obras de imaginación y memorias personales,
tal vez uno de los más poderosos novelistas brasileños; en este sentido
el clamor de alabanzas ha sido muy justo.
Un estudio de los valores positivos (y negativos, que no faltan en
Graciliano Ramos) requiere más espacio; quiero reducirme a dar una
* Poeta y crítico español. Estudió en las universidades de Sevilla y Madrid.
Desde 1952 enseña lengua y literatura castellana en la Universidad Federal de
Paraná (Brasil), donde dirige además la revista Letras, órgano de la Facultad de
Filosofía. Es autor de varios libros de versos. El artículo que reproducimos, con
correcciones del autor, fue publicado en Estudios Americanos (Sevilla, Vol. VIII,
N°. 37, octubre de 1954).

48

�visión conjunta de su obra explicándola a través de la trayectoria de
su vida y aplicando ésta a extraer esencias de su personalidad como
estilista y como creador.
Hijo de un comerciante con modesta tienda de tejidos, nace el 27 de
octubre de 1892 en Quebrángulo (Estado de Alagoas); pasa su infancia
en una finca del estado de Pernambuco, permanencia que va a tener
un doble reflejo en su vida; porque el recuerdo de estos días de niño será
un refugio a la vez literario y espiritual, en años maduros de íntimas
complejidades, y los tipos pernambucanos se llenarán de vida entre los
rasgos de su pluma reconstructora de memorias infantiles. En Vigosa
comienza los estudios; los continúa en el colegio de Maceió; pronto vuelve
a Vigosa. Estudios que no se completan, pero en cambio, muy temprano
se dedica a leer novelas y poesías (a menudo, ya mayor, en voz alta du­
rante la noche, según testimonio de amigos y vecinos) y a componer
sonetos; detalles muy significativos para dos aspectos de su personalidad
literaria: la precoz orientación hacia la literatura imaginativa, y su cons­
tante preocupación por la exactitud expresiva, por el rigor de las pala­
bras y de los pensamientos a que necesariamente obliga la estrechez y
medida indesbordable de un soneto.
En 1914, llega a Rio de Janeiro para abrirse camino; es la plenitud
de los deseos; la realidad le resulta dura; sus intentos, fraguando mo­
mentáneamente sobre el periodismo en la redacción de un diario, pierden
alas; caminos penosos y, al fin, sensación de fracaso definitivo. Esta
conciencia de inicial fracasado es otro hecho que ha de marcar también
huella en su carácter y en su obra, y puede descubrirnos la raíz verda­
dera de varios de sus rasgos y actitudes, v.gr., la introversión espiritual
(acentuando una tendencia ya temperamental), tal vez la filiación po­
lítica al comunismo y, en los temas literarios, su gusto por los contenidos
de abstracción (recuerdos lejanos y ensueños) y por los relatos no elabo­
rados (memorias de su propria lucha y de su propio fracaso), en con­
traste con la creación realista en que mundo exterior e imaginación se
juntan, si no se equilibran, porque uno y otra viven acariciados en el
alma del creador; de estas construcciones sobre la realidad, Graciliano
Ramos sólo se preocupa más tarde y durante un período relativamente
breve de su vida; mas de ese período y de esa actitud fusionadora nacen
sus mejores obras como novelista; la realidad será siempre para él un
mal recuerdo y la huirá cuanto pueda, tránsfuga hacia su mundo interior
de recuerdos personales o de mera fantasía onírica.
De Rio de Janeiro vuelve a su retiro casi rural de Palmeira dos Indios
con un alma de vencido en que los horizontes, los planes literarios y la
propia vivencia están sometidos a una forzosa alimentación y hasta
aburguesamiento. Se casa, vegeta, enviuda. Entra en el funcionalismo
49

�político; ejerce varios cargos, llega a alcalde de Palmeira dos Indios y
a director de la prensa oficial del Estado en que vive. Parecía que su vida
iba a cerrarse definitivamente dentro de este cerco y de este provincia­
lismo, de esta “vida interior”, como se dice en el Brasil, donde el “in­
terior” es esa inmensidad territorial más o menos alejada de las grandes
capitales; “interior” que por su misma inmensidad, si posibilita las más
amplias y múltiples ambiciones, también puede matar los mayores es­
fuerzos de expresión personal en la voracidad de su infinito.
El augurio fúnebre se rompe inesperadamente; el destino literario,
tan ansiosamente buscado y ya casi esfumado como un fantasma ina­
prensible, se le vuelve de rostro y se le ofrece de lleno. Un contacto perso­
nal con un auténtico captador de genios ocultos le presenta a Graciliano
Ramos la posibilidad de realizarse como escritor, le descubre su valor
personal y le urge y anima a cristalizarlo en obras; el encuentro de
Augusto Frederico Schmidt con unas cuartillas de Graciliano Ramos,
de contenido lo menos literario que cabe imaginar, resuelve el milagro;
este encuentro es un verdadero “descubrimiento literario” que lanza
a vida pública a un escritor que ya antes de conocerse a sí mismo y
darse a conocer, agonizaba obscuramente entre quehaceres de un pro­
vincialismo vulgar; un descubrimiento de ésos de que gusta la leyenda
para inaugurar la vida artística de no pocos maestros; pero la diferencia
aquí está en que el descubrimiento del genio por otro genio benéfico y
ya consagrado es un hecho histórico, con la particularidad de ser hasta
cierto punto “tardío”. Cuando el poeta Schmidt descubre a un escritor
en Graciliano, éste cuenta ya 34 años, estaba de vuelta de ideales o ambi­
ciones literarias y parecía haber dado a su vida un rumbo bien dis­
tinto; pero su cuño de gran escritor deja la huella allí donde pone la
pluma y de estas huellas, abandonadas al desgaire, brota el descubri­
miento al recogerlas el tacto fino de un poeta. Fue así: dos informes
oficiales, enviados por Graciliano al Gobierno del Estado, caen en manos
del poeta Augusto Frederico Schmidt que los lee e intuye inmediata­
mente entre aquellas páginas al escritor de garra; Schmidt era también
editor entonces, y a disposición del informador oficial pone los recursos
de su influencia literaria y de sus prensas editoras; es en 1926. Graciliano
recobra los ideales desandados; de nuevo se levanta ante su vida la gloria
literaria. En realidad él no ha dejado nunca de escribir, de elaborar
secretamente una personalidad literaria original, elaboración oculta—
de años y sin esperanza—que da a la formación de su estilo una sinceri­
dad, una limpieza de expresión que será una de sus más originales caracte­
rísticas: la del estilo trabajado en secreto consigo mismo, sin las deforma­
ciones a que se expone todo escritor que comienza con un punto de la
50

�pluma sobre sí, sobre la cuartilla, y el otro floreando engañosamente
hacia fuera, a “hacer literatura”.
Todavía siete años de silencio; sólo en 1933 publica su primer libro
que es su primera novela: Caetés. Tras la singular trayectoria de su
vocación con tantos afanes de emergencia a la publicidad, este hecho
inicial de su vida pública como literato acontece a los 41 años, edad
típica de escritores tardíos; no nos engañemos con todo: Graciliano
Ramos no es un escritor de vocación literaria tardía; lo único tardío en
él ha sido la oportunidad de sacar a flote una vocación que él sentía y
vivía desde niño y que nunca dejó de urgirle; y desde niño estaba prepa­
rándose y moldeándose el escritor público con años de arrancadas
juveniles y con muchos más de secreta y acaso desesperanzada, pero
perseverante elaboración; lo veremos rápidamente luego.
Basta analizar un poco su primera obra; Caetés, primera novela, nada
tiene de primeriza: ni vacilaciones de estilo, ni confusión en los trances,
ni imprecisiones de expresión; la seguridad técnica es casi consumada;
el autor sabe lo que quiere y lo lleva a cabo tranquilamente. La limpidez
del tema y su construcción, la proposición de los lances y sus resoluciones,
la exactitud y vigor en el manejo del lenguaje, la fluidez de la narración
y su claridad, etc. etc. delatan una larga y firme preparación no sólo
para la pluma sino concretamente para el género novelesco y aun para
esta novela. Obra primera de un escritor maduro de años, ella está
también madura en casi todos sus elementos técnicos; hasta se advierte
la ausencia de preocupación, tanto la del profesional que mira demasiado
al público como la del candidato que no logra eliminar la impresión
penosa del esfuerzo, del adiestramiento. Si en el orden de valores supraliterarios (sin dejar de ser plenamente literario) como la ideología y su
contenido humano, la obra de Graciliano Ramos no pasa de un lastimoso
negativismo, técnica y estilísticamente ya su Caetés “acontece” como
un hecho espontáneo tras una gestación natural, retardada antes que
repentina; un hecho que le pone en trance de lanzarse con una fuerza
largamente adquirida para revelarse ante sí mismo y ante el público.
No importa que un ojo despierto señale aquí y allá influencias de Ega
de Queiroz; la personalidad del autor de Caetés está patente, y aun esos
rasgos de pluma extraña serán eliminados al año siguiente en su segunda
novela. Lo importante en la curva del escritor es que con Caetés rompe
los marcos regionalistas o provincialistas de su pluma y que el éxito
halagüeño de esta primera experiencia lo arroja al ámbito plenamente
nacional.
Un año más, 1934, y aparece su segunda novela: Sao Bernardo.
Entonces es ya Director de Instrucción Púbüca del Estado de Alagoas.
51

�Su originalidad está ahí neta, liberada de aproximaciones y de modelos.
Para muchos críticos es ésta la más densa, la mejor construida de todas
las novelas de Graciliano Ramos. Por su forma literaria representa el
momento de la atracción pública: si Caetés echa a Graciliano Ramos sobre
la atención nacional reclamándola, Sao Bernardo vuelve la atención
nacional sobre Graciliano Ramos buscándolo y situándolo categórica­
mente. De hecho, a raíz de su segunda novela vuelve él a la capital de la
nación.
Es posible que no fueran sólo motivos literarios los que a esa altura le
llevan a Rio de Janeiro; afanes políticos acaso también actúen. Lo
cierto es que en 1935 se fragua una intentona comunista armada y
sangrienta en Rio de Janeiro, y al ser sofocada, no sin efusión de sangre,
Graciliano Ramos es encarcelado, y en prisión permanece un año en la
Ilha Grande. Días amargos, cuya tortura le seguirá en el recuerdo hasta
asomar como contenido de la obra postuma de que hablaremos a su
tiempo. (No queremos aventurar nada sobre su actuación en la revuelta
comunista, mezcla vergonzante de traición y osadía; tal vez se reduzca
la complicidad de Graciliano Ramos a una complicidad teórica en ideas
comunistas que él libremente profesaba. No sería justo acusar de fecho­
rías a un hombre que acaso por carácter mismo no era capaz de ellas,
pero tampoco creamos a piés juntillas lo que el interesado cuenta en sus
Memorias do Cárcere. La prensa, a su muerte, no tocó el asunto y aun
pareció soslayarlo de propósito, señalando simplemente el hecho de su
“prisión por motivos políticos”).
En 1936 publica su tercera y más famosa novela: Angustia. No debe
extrañarnos que así sea al año de cárcel política, ni es necesario, para
explicar su rápida aparición, acudir a causas recónditas, v. gr. atribu­
yéndola a esa “genialidad carcelaria” de que hay tan gloriosos ejemplos
en la historia literaria. Angustia parece en la temática una reelaboración
o rehacimiento de escritos anteriores que ahora toman cuerpo de obra
única con una refundición más alta de contenido y de estilo.
Su cuarta y última novela, Vidas Secas, asegura su posición cimera
en la novelística contemporánea del Brasil, ya conseguida con Angustia.
Pero Vidas Secas tiene sus peculiaridades; es la única de sus novelas
nacida del contacto con el mundo exterior, y a la vez la más cercana a
su propia vida. Por eso el giro que, después de esa obra, toma la pluma
del novelista, confunde a primera vista, y solamente una honda penetra­
ción en sus estados espirituales puede explicarlo. Con Vidas Secas se
corta bruscamente la actividad propiamente novelística de Graciliano y
se suplanta por una actividad de literato, de profesional de la literatura
dedicado a la rebusca de sus fondos íntimos y a su exploración literaria
escapando todo lo posible a la realidad exterior. Notemos que ese hecho
52

�se cumple cabalmente después de la novela en que esa realidad ha sido
más personalmente asimilada como sentimiento y como pensamiento;
¿por qué? La vida de Graciliano Ramos está llena de cansancios y de
repugnancias, como secuelas de su temperamento en parte y en parte
de sus luchas y fracasos, que imprimen una amargura a su persona y a
su obra, que apenas logra desaparecer en los momentos más felices. No
pasemos por alto el golpe mortal de aquella reclusa de la fortuna literaria
a su primera cita en plena juventud; son heridas que nunca o difícilmente
cicatrizan, y a menudo motivan unos complejos que entumecen al alma
para la creación, al menos para la creación generosa y fecunda que
requiere siempre, de una forma o de otra, contactos con la realidad. En
Graciliano Ramos su carácter, sus sufrimientos espirituales y físicos,
sus amargas derrotas, su forzada limitación de tantos años a la estrechez
provinciana, entumecen su alma de creador; si por unos años se libera
de ello, no sin grande esfuerzo, pronto vuelve a invadir su ánimo la
repugnancia a ponerse en roces con el mundo externo; y cuando esa
repugnancia domina, la fantasía creadora se paraliza y se pierde; el
mundo exterior es el material insustituible para toda creación—más para
la novelística—por muy íntima que ésta sea en su gestación o en su
contenido. Graciliano Ramos es buena muestra; sin el mundo circun­
dante, la mirada del espíritu creador se tiene que reducir a sí mismo y
entregarse a lo que le queda de anteriores exploraciones: el ámbito de la
memoria, el mundo del recuerdo. Este proceso psicológico, universal y
fatal, explica, a mi ver, la brusca interrupción del novelista que, en
pleno éxito nacional y ya con proyección internacional, cambia el rumbo
y se convierte en un memorialista, en un escritor de memorias.
De este estado espiritual surgen los recuerdos de años infantiles que
cuajan en una narrativa autobiográfica: Infancia. Muy alabada por la
crítica, es para algunos uno de los mejores libros de memorias escritos
en lengua portuguesa. Y de ese estado, que perdura hasta la muerte,
también la redacción de sus Memorias do Cárcere. En Infancia la re­
viviscencia literaria de los más lejanos y felices instantes de su vida, y
en Memorias do Cárcere la de las horas más dolorosas y atormentadas
física y espiritualmente, he ahí donde ha venido a refugiarse la labor del
novelista huidizo de su propio presente. Las Memorias han salido postu­
mas en cuatro tomos; su éxito editorial ha sido verdaderamente extraordi­
nario a pesar del alto precio. Se han alzado suspicacias sobre alteraciones
del texto original de esas Memorias con fines políticos, pero un hijo del
difunto, Ricardo, también escritor, ha rechazado indignadamente la
suposición, explicando las variantes por el mismo sistema del escritor
de redactar sus obras en varias fases o correcciones, como luego veremos.
El crítico que levantó la sospecha de falsificación califica a Graciliano
53

�Ramos de “pésimo comunista”, “tolerado por sus colegas sólo gracias al
prestigio de su nombre y que probablemente no escaparía del primer
expurgo serio” (Wilson Martins). De todas formas, la filiación comunista
del autor, nunca negada por él, se ofrece aquí de manera descarada y
flagrante, y esto hay que tenerlo en cuenta al valorar su objetividad en
contraste con los propósitos efectivos del encarcelado.
Con sus colecciones de cuentos tenemos otro aspecto de Graciliano
Ramos; estas colecciones son Historias Incompletas, Insónia y Dois
Dedos, tres volúmenes reducibles a uno solo porque en la reedición de
cada uno de ellos se fueron incluyendo los cuentos editados en los
anteriores. La temática de estos cuentos es de la misma índole que las
novelas: la cárcel y el hospital, el dolor y la injusticia, etc. Sin embargo,
varía parcialmente el sentido y la emoción de esos mismos temas en las
novelas y en los cuentos: la causticidad de las novelas (en uno de cuyos
extremos, el de arranque, está la amargura vital, y en el otro, el de la
pluma, fluye el sarcasmo y la ironía mordaz) se suaviza en los cuentos
declinando en momentos dados hacia sentimientos muy humanos,
concretizados en deliciosas personalidades de niños y en animales; basta
recordar a Luciana y a la perrita Baleia, que hay que relacionar con
figuras de la novela Vidas Sécas.
Mencionemos su reciente viaje a Europa: Francia, Italia, Checo­
eslovaquia, Polonia, Rusia; no podía fallar su preferencia por la Europa
del área comunista. Esperemos que salgan a la luz sus impresiones de
viajero; la editorial ha levantado su voz de propaganda como lo hizo
en seguida, a partir de la muerte, con las Memorias do Cárcere; será un
relato de viajes que al fin cabe en la categoría de libro de memorias,
género que es el último refugio del alma de Graciliano Ramos.
El 27 de octubre de 1952, con ocasión de su sexagésimo cumpleaños,
en la Cámara del Distrito Federal de Rio de Janeiro se le tributó un
homenaje de admiradores y amigos, al que él ya no pudo asistir pues la
enfermedad cruel, que le arrastraría a la muerte pocos meses después, le
retenía en casa completamente impedido.
Las obras completas de Graciliano Ramos abarcarán catorce volú­
menes en la edición de la “Livraria José Olympio” : seis, de obras publi­
cadas en vida del autor, de las cuales cuatro son novelas (Caetés, Sao
Bernardo, Angustia y Vidas Sécas), uno de cuentos (Insónia) y otro de
memorias de niño (Infáncia); cuatro tomos más de escritos postumos
(Memorias do Cárcere) han salido ya a luz. Queda todavía un tomo de
crónicas; otro de literatura infantil que integrará una “Pequeña Historia
da República” para niños; otro, anunciado con el título de “Cenas e
Costumes do Nordeste,” que recoge cuentos breves y crónicas escritas
54

�para la revista Cultura Política-, finalmente sus relatos o impresiones de
viajero por Europa, sobre todo la Unión Soviética.
Al morir Graciliano Ramos, desempeñaba el cargo de Inspector
Federal de Enseñanza Media en Rio de Janeiro. Muerto en la fecha
indicada arriba, su cadáver fue trasladado de la “Casa de Saúde Sao
Vítor” (en Botafogo) donde estaba internado, a la Cámara Municipal,
y de allí al cementerio de San Juan Bautista, quiera Dios que en espera
de una felicidad y una luz mejor que la que en vida le llevó, en ausencia
de la fe, a obscuridades y desvarios.
Hemos ido insinuando rasgos de carácter y cuarteles recónditos del
alma del difunto novelista a través de la trayectoria de su vida pro­
yectada en su obra; no estará de más ahondarlos aparte rápidamente.
Graciliano Ramos era temperamentalmente un introvertido, un
espíritu sin flexibilidad con lo circundante, un alma esquinada; hay en
ello mucho de constitutivo, sin duda, pero también mucho de huellas
de la vida. Amigos de infancia y juventud lo describen como asiduo
contertulio de familiaridad, mas también ausente de las alborotadas
expansiones juveniles; ello supone sólo un carácter serio y precoces
preocupaciones muy humanas, muy naturales y en él muy tempera­
mentales. Lentamente, esa seriedad se transforma en esquivez partiendo
de una niñez marchita por una adolescencia desorbitada a una virilidad
que se debate amargamente. Esas luchas de todo orden determinan en
su actitud un rictus de cansancio, un gesto de desconfianza y de hostilidad
para todo lo que le rodea; la realidad ha sido acerada para él en los
instantes más decisivos de su destino, de su persona, y él se acera con
una perdurable mueca angulada ante la realidad, ante lo exterior, ante
la humanidad sobre todo. Esta actitud tiene su reflejo natural y su
huella permanente en su mismo físico; su dolor anímico, como un estilete,
fue grabando, agrandando esas líneas duras que son las características
de su rostro: enjuto, seco, anguloso, con unos ojos tristes y pesados, de
mirada absorta y velada por una alertada reserva; ojos abiertos, cuya
luz percibimos vuelta hacia sí mismo en un afán de concentración y de
evasiva. Graciliano Ramos esquiva sus sentidos al orden exterior; no es
recogimiento, sino más bien encogimiento; no embebecimiento espiritual
de una secreta luz superior y muy entrañada, sino más bien hurañez
de la luz de fuera que le hiere. Y naturalmente también el silencio, la
ausencia de la comunicación verbal, la reserva de la palabra; Graciliano
Ramos por razón de su misma introversión, de su esquividad, fue un
empedernido taciturno. No fue hombre de diálogo.
Lo importante es que estos estados psíquicos pasan del alma del
creador a la de sus criaturas, como no podía menos de esperarse; el
55

�conjunto de los personajes literarios de Graciliano Ramos no son más
que la proyección literaria de sus estados interiores: v. g i, su misantropía
(con la tendencia a apoyarse sentimentalmente en los seres irracionales,
que tienen en aquella frecuentemente su base y su impulso en busca de
una afectividad fuera de los humanos) está proyectada en su personaje
Fabiano, del que el novelista dice que no gustaba de los hombres y
sólo se daba bien con los animales; de Graciliano cabe decir exactamente
lo mismo. La humanidad que él siente más cercana es la que se configura
mejor con sus concepciones de la vida, esas concepciones negativas
arrancadas de su personal existencia llena de negaciones, abnegaciones
y renuncias. Es lo más natural que así sea por otra parte. La humanidad
más próxima al alma de Graciliano Ramos es la de los miserables, la de
los malaventurados, la de los angustiosamente preocupados, porque esa
humanidad tiene mucho de parecido con su manera de ser y de vivir la
existencia; él mismo se consideraba una víctima, un perseguido de sino
maléfico, y era desde luego un torturado interior, un preocupado por
agudas inquietudes espirituales.
Corazón bandeado por incertidumbres, por perplejidades constantes,
de él le salen esos personajes angustiados y desorientados de los que es
un símbolo el título de una de sus novelas, la más celebrada, Angustia-,
de él, ese conjunto de figuras de mirada perennemente vaciadas hacia
un mundo privado; figuras solitarias devanándose en un monólogo
interior, monólogo que existe casi siempre en Graciliano Ramos y es el
hilo de sus enredos novelísticos; figuras de tramas interiores que son el
punto de partida y el eje de observación para el desenvolvimiento de los
hechos y situaciones del mundo social; de él, esas almas sin asidero ideal,
sin arrimo a un sentido de la vida, que se agarran a los restos de su
naufragio vital, a su recuerdo, a su pasado, lo único que les queda porque
sólo con ellos puede morir; almas como la suya, asida decididamente a
su pasado, ya de dulces añoranzas (Infáncia), ya de dolorida experiencia
(Memorias do Cárcere), ya hacia la real irrealidad onírica (Insónia). De
su corazón resecado le brotan esas vidas que se consumen sobre sí mismas
en una parálisis espiritual de diversos orígenes, y de las que también
puede tomarse como símbolo el título de su última novela, Vidas Secas.
“Vida seca”, en realidad, es el rótulo que encaja en buena parte de los
personajes inventados o recogidos por Graciliano Ramos: siendo esa su
última creación novelística, bien puede interpretarse como el límite o la
meta a que ha alcanzado la potencia inventora de Graciliano, y también
como cristalización de su concepto sobre la vida humana: vida sin
sentido superior, sin contenido efectivo, vida condenada a una ineluctable
esterilidad. Ante esas criaturas de Graciliano Ramos nos quedamos
perplejos: seres acosados de un dolor sin esperanza, de un dolor infecundo,
56

�de horizontes cerrados, de aspiraciones muertas, de pensamientos ali­
cortos, si no es que el pensamiento se aprieta en un reducto de incesante
rumia interior como una rueda de tortura.
Hasta aquí hay que llegar para comprender las dimensiones del
pensamiento humano de Graciliano Ramos y valorarlo justamente; para
saber a qué se reduce ese sentido suyo humano “tan hondo”, como se
nos proclama a boca llena. Adepto a una ideología materialista, como
la del comunismo, su sentido humano no tiene de hondo sino lo que
ahonda en sus miserias, sobre todo en sus miserias espirituales; y no
deja de ser bien deshumana, y aun inhumana, esa valoración negativa
de lo humano. Se nos quiere calificar como “humano” todo aquello que
presenta vivamente las lacras, los bajos fondos del corazón y del pensa­
miento de los hombres, algo así como en arte se nos decía “realista”
toda obra de fealdades, más realista cuanto más deforme (hoy ha
variado ya no poco esa interpretación); y no se advierte que todo eso,
siendo “muy de los hombres” es “muy poco humano”, y que siendo muy
explicable, lo es sólo por la capacidad de hombre, de cada hombre, de
desviar en sí el sentido de su naturaleza, de su humanidad, el sentido de
sus nobles destinos temporales y eternos. Realmente, muchos de esos
seres novelados de Graciliano Ramos, esos seres irredimibles de la
miseria física o de la tortura moral, en los que se pretende ver más
sentido humano, son precisamente los que más carecen de él, porque en
ellos, como ruinas de una humanidad irreconstruible, se ha destruido lo
que hay de más humano en el hombre, su inalienable capacidad de
redención y de superación; porque son detritus de la humanidad en que
lo humano ha perdido su sentido: “vidas secas”, vidas humanas sin
jugo, sin sentido de humanidad.
Mírese también desde este ángulo otra actitud característica de
Graciliano Ramos como escritor: el sarcasmo, la ironía, la amargura
cáustica. Esta la tiene él muy arraigada en su misma alma, y le viene
de un primordial escepticismo ante la vida, ante los hombres, fruto a su
vez de una existencia desgarrada. Sus creaciones tienen mucho de pobres
diablos trágicos por cuyas muecas él desahoga su dolor. Pero la ironía
mayor, el sarcasmo más lancinante para ciertos seres humanos, para
ciertas situaciones humanas, no está en el color burlesco con que se las
pinta, sino en haberlos dotado de forma humana, de alma humana, en
haberlos hecho hombres, vaciándolos por dentro de humanidad, de
contenido humano, de esperanza y amor; haberlos creado con nombres
humanos, con gestos humanos, negándoles humanidad. Desde aquí se
verá hasta donde puede calibrarse el sentido humano de ciertos escritores
cuya actitud esencial para con el hombre (el hombre real y el que ellos
crean) es sarcasmo, causticidad; digo de la ironía despiadada y mal57

�hiriente, y no del humorismo propiamente dicho, que es una actitud
bien distinta. La ironía no puede crear más que seres demoníacos o
muñecos vacíos, “vidas secas” ; y ya sabemos cuánta sequedad espiritual
hay por ahí cavada en el corazón de los personajes de Graciliano Ramos.
Esto, naturalmente, no empece a que determinados trances de su obra y
determinados personajes estén dotados de un auténtico sentido humano;
pero la atmósfera espiritual más común quizá sea muy otra.
Por esto de la sequedad nos introducimos en el estilo de Graciliano
Ramos; es nota común a todos los aspectos de su personalidad, y en el
estilo se delata desde el primer instante. El estilo de Graciliano Ramos
es un caso bien perfilado de aquel tipo que los preceptistas latinos
calificaron como “siccum” en contraposición al estilo “pingüe” o florido.
En Graciliano las calidades de esta manera de escribir son de unos
quilates que pocas veces ha alcanzado la literatura brasileña.
La perfección formal fue una de sus más angustiosas preocupaciones.
Nunca cejó en su esfuerzo por aclararse el pensamiento y plasmarlo con
la mayor justeza; no floreo, sino delgadez y elegancia expresivas. Esta
búsqueda de la frase precisa, de la palabra más expresiva, explica el
sistema de redacción de Graciliano, que era una manera de obligarse a
volver continuamente sobre lo escrito para afinarlo, para adelgazarlo en
líneas cada vez más puras; su técnica le forzaba a escribir dos o tres
veces los capítulos, y la redacción final era el resultado de este lento
proceso de aquilatamiento. El mecanismo de redacción de las Memorias
do Cárcere lo conocemos por unas declaraciones de su hijo Ricardo: una
primera redacción a lápiz, un repaso sobre este primer original lo dejaba
listo para pasarlo a tinta, corregido y enmendado, y finalmente este
original a tinta se copiaba a máquina con nuevas correcciones, que no
siempre eran las definitivas; tres originales con tres medios de escribir
escalonados: lápiz, tinta, máquina, representando cada uno un nuevo
esfuerzo hacia la depuración final. Nada de improvisación o de esponta­
neidad; Graciliano era un gran escritor que tenía a la vez el golpe genial
del artista y el martilleo paciente del artesano. Sus páginas, cuidadosa­
mente elaboradas, maduradas en largos silencios, rehechas a distancia,
son de una perfección nítida, porque todo, palabras, giros, ordenación,
se conjura para la más adecuada plasmación de la idea; adecuación
perfectiva que requiere al mismo tiempo exactitud, expresividad y
elegancia. Esta elaboración formal tenía un propósito, la “economía de
las palabras” hasta el límite posible sin salirse del reino del arte; es más,
hasta el límite en que resultaba un elemento maravilloso para el arte; la
economía verbal da a sus pensamientos una expresión ceñida e intensa
sin la menor concesión a la musicalidad artificiosa o al abandono del
ritmo de mal gusto; pocas palabras, pero seguras, propias, insustituibles.
58

�El uso de sinónimos, de repeticiones, las insistencias sobre un mismo
pensamiento, es caso raro en él, y siempre con determinados fines
estéticos o expresivos, por precisión de claridad, nada por retoricismo.
Con la economía, la selección. Graciliano Ramos posee un rico y
variado arsenal de vocablos nobles, tomados de la boca del pueblo y
del tesoro clásico de la lengua portuguesa que algunos escritores brasi­
leños cuidan tan poco por desgracia. Se apunta certeramente en Graci­
liano el retorno a lo que podríamos llamar el espíritu lingüístico de M a­
chado de Assis, con todo lo que eso significa para el lenguaje de un gran
escritor. Una larga asimilación de elementos, un largo ejercicio técnico a
solas o en reducido círculo provinciano, preparan ya de pequeño al
futuro escritor: preparación solitaria, porque Graciliano es un autodi­
dacta, pero hábilmente orientada por esa innata intuición de toda
grande vocación literaria. El nos cuenta de sus lecturas tendidas e
interminables y de sus versos de juventud como ejercicios encaminados
a superar una deficiente formación de primeras letras, y también como
desahogo de una necesidad casi fisiológica de tener que decir algo, hecho
que nos revela su primitiva y radical vocación a las letras. Lo de menos
entonces era la forma, y el ejercitante tardará muchos años todavía en
encontrar su verdadero camino, que no era el de la poesía: “jamás
pretendí ser poeta; componía mis sonetos sólo para adquirir un poco de
ritmo”. Pero el adiestramiento fue un factor operante, y sus logros
técnicos madurarán después, no precisamente en forma poética, sino en
una estupenda prosa literaria.
Con esta previa acumulación de integrantes vivos y operadores en la
gestación estilística, en cada obra de Graciliano Ramos todo está previsto,
todo está sometido a nobles principios literarios, simples y claros, y
nada accesorio o artificial tiene cabida. Fruto de tamaños afanes de
depuración literaria es su estilo, tan personal, tan limpio, tan sintético,
tan intenso de expresión, tan decantado hasta lo justo, tan elegante y
tan sobrio; con un concepto de la arquitectura española, llamaría yo
“herreriano” al estilo literario de Graciliano Ramos: líneas puras, pero
en una ordenación genial de simplicidad y de nobleza. Piedra de toque
para una estimación, sirven más al crítico los cuentos que las novelas;
aquéllos, piezas menores, ponen al escritor en trance de demostrar
mejor sus posibilidades.
En buena parte hay que buscar en su preocupación de estilización
expresiva la causa de esos productos “secos” que son casi todas las
obras de Graciliano Ramos; sin duda el complejo proceso de decantación
las ha descarnado, frecuentemente hasta las ha chupado no poco de
jugo vital. Mas en la esencia hay que convenir en que son hinos de un
temperamento artístico formado por un natural adusto y seco aunque
59

�de mucha veta, resabiado en su “sequedad” y en los caracteres de la
misma por las circunstancias de su vida. Finalmente esa preocupación—
y su afán de constante apuración literaria—pudo contribuir parcialmente
al hecho de su tardía revelación como escritor y al de su escasa produccón. Todos esos angustiados por la perfección formal, si juntan a ello
un carácter de indecisiones y agobios psicológicos—como sucede grande­
mente en Graciliano Ramos—suelen estar siempre insatisfechos de su
obra y se dejan poseer de pavores para una publicidad que les corte
definitivamente su labor secreta de artesanos.
Concluyo con un pequeño parangón entre el difunto novelista moderno
y otro novelista brasileño considerado como acaso el mejor de la litera­
tura nacional del Brasil, Machado de Assis; se ha aludido a él reiterada­
mente con ocasión de la muerte de Graciliano, y no siempre con acierto.
Desde luego hay, a mi juicio, muchos aspectos para enfrentar y equiparar
a los dos novelistas: ambos viven bajo la acción oprimente de complejos
que siembran su espíritu de vacilaciones, de resistencias ante la realidad,
de ansias de eludirla y ahuyentarla; ambos poseen un rico arsenal
lingüístico, variado y puro, más característicamente portugués-portugués
el de Machado de Assis, más portugués-brasileño el de Graciliano Ramos;
ambos son artífices de la expresión literaria en palabras, en giros, en
descripciones; en ambos la incisión irónica es frecuentemente la actitud
ante sus criaturas literarias y ante la vida, como ideología y como reali­
dad, que en ellas intentan reflejar; en ambos, el precipitado literario de
su temperamento, de sus conceptos sobre la literatura y sobre la vida,
de sus preocupaciones técnicas, es ese estilo típicamente “seco”, despo­
jado de adornos, de rasgos directos e incisivos, tan aptos para la ironía
penetrante como para la descripción desnuda y palpitante de ciertas
almas vitalmente anuladas, esas almas “secas”—por inanidad o por
limitación espiritual o por un dolor irredento o por egoísmo inconfesable
—que son el fondo de muchos personajes de Machado de Assis y de
Graciliano Ramos; “vidas secas” que llegan a símbolo en una obra de
Graciliano Ramos, y que, en un sentido, están condensadas en la frase
final del protagonista de una de las mejores obras de Machado de Assis:
“Este último capítulo é todo de negativas. Nao alcancei a celebridade do
emplasto, nao fui ministro, nao fui califa, nao conheci o casamento”
. . . y . . . “a derradeira negativa déste capítulo de negativas: Nao tive
filhos, nao transmiti a nenhuma criatura o legado da nossa miséria”
(Memorias Postumas de Brás Cubas).

60

�CONTEMPORARY ARGENTINE
SCULPTURE
JULIO E. PAYEÓ*

C onfronted with the reproductions which illustrate this article, the
reader perhaps will be surprised not to find in these examples of contemporary Argentine sculpture something of the exotic flavor many
Europeans automatically look for in anything coming from South
America. It would therefore be convenient to explain that Argentine
art does not normally bear the traits of tropicalism or other exotic
manifestations, since Argentina’s case is somewhat peculiar in the
“ensemble” of the Latin-American nations. Culturally, Argentina
belongs completely to the Occident. It is not an “occidentalized” country,
forcibly marched into Occidental ways, but a country where Occidentalism is a natural consequence of history and demographic characteristics.
When the Spaniards arrived at the River Píate, they did not find here
developed aboriginal cultures like those in Pera or México, ñor speci&amp;lly
large indigenous populations. They transplanted Occidental culture to
the discovered, conquered and colonized territories. They brought with
them a language, a religión, a social organization, a juridical system, an
agriculture, a commerce, ways of living and styles of dressing, Sciences
and also fine arts which were European. As loRg as ihe natire ímfcaxr
had some part, as an artisan, in works of architecture, sculpture and
painting such as were created, for instance, in the oíd Missions, his
peculiar lyricism eventually transformed in small measure the imported
artistic forms. But this did not create a precedent for future local development. During the centuries following the discovery, the Indian
retreated gradually to the farthest frontiers of the land and in the meantime successive waves of European immigration tilted more and more
the demographical scales to the side of the white man’s predominance,
numerical and otherwise. A sudden growth of the population occurred
during the second half of the nineteenth century, when Argentina already
was an independent Republic and had a strong national organization.
From then on the Indian population diminished continuously while the
* Perhaps the best known of Argentine art critics, Julio E. Payró studied in Spain
and Belgium, and for a time was on the editorial staff of La Nación in Buenos
Aires. He is the author of a number of works on art criticism and history, among
these being Veintidós pintores: facetas del arte argentino. The article here reproduced was originally published in The Studio (London and New York, No. 735,
June 1954).

61

�cosmopolitan white inhabitants—most of them of European stock, or
Argentine-born but of European parentage—outnumbered completely
the aborígenes.1
The Argentine-born of European descent inhabit the large cities
where naturally the artists are to be found, considering that the artistical
activity is essentially urban. And, logically, the artists, in their modern
surrounding and with their transplanted and inherited Occidental
traditions, feel more forcefully the attraction of the living and active
artistic forms submitted by Europe than the lure of the dead forms in the
arts of the Incas, the Mayas or the Aztecs, which are as foreign to them
and as irreconcilable with their deepest nature as they are to the European proper or, to choose a continental example, to the Canadian artist.
Consequently, the American part in Argentine art cannot be of Indian
or aboriginal flavor and may only be some local perfume originated in
mysterious influences of the land, of the American “genius loci.” The
originality of an Argentine sculpture does not depend at all on a racial
diíference in the approach to the sculptural problems and can only be
measured in terms of individual singularity: in terms of personality. It
follows that to form an opinión about an Argentine sculptor it will be
fair not to object that his work looks like the work of this or that European master, but to look for the things by which he differs, by which he
reveáis a different quality of the spirit, of the conception, of the feeling
or even the technique, that is to say for the things that may show the
uniqueness of the individual artist belonging to the universal sphere of
modern Occidental art. There is a narrow correspondence—and not an
arbitrary one, as I hope to show—between European and Argentine art.
As a consequence, Argentina has not looked askance at the change in
the approaches and the creations of modern sculpture, which has been
noticeable in the last fifty years. Through a series of astounding leaps,
sculpture has attained today to the “liberation of the material” that
was announced by Laszlo Moholy-Nagy in the days of the Bauhaus in
Dessau. A sculpture conceived as modelled mass, as Rodin wanted it,
seems almost something of the past, when we look at a mobile by Calder,
constituted by planes in movement. And a new step has been taken
towards the unknown since the sculptors began to define in space aerial
spaces—like those we discover in the perforated figures—or tried to
suggest virtual volumes—“hypothetical spaces” as Elie Faure would
put it—by way of subtle constructions where solid matter is reduced to
1 Cf. the last edition of the South American Handbook. The statistical estimation is that 75 per cent of the population are Argentine-born and of European
descent; 20 per cent are foreign-born, generally European. There are about 5 per
cent Indians or of mixed descent.

62

�tlie scant corporality of generating lines made of wire or string, which
are intended to determine spatial bodies. At this point, sculpture seems
to have arrived at the limit of dematerialization. Several young Argentine
artists—Martin Blaszko, Julio Gero, Enio Iommi, Gyula Kosice,
Gregorio Verdánega and others—work now in the aforesaid spirit.
But as their effort can be considered still in the experimental stage, I
shall refrain from speaking about it for the time being and will concén­
trate on more orthodox creators.
Chronologically, the first Argentine-born sculptor in independent
Argentina was Lucio Correa Morales (1852-1923) who studied in Italy
under academic teachers, belonged to the school of realism, executed
several good public monuments, beginning with the statue of the
legendary patriot Falucho (1897) and taught sound technique to some
of the best sculptors belonging to the second all-Argentine sculptural
generation. Argentine sculpture remained for some time strongly attached to the Renaissance tradition. Rodin’s influence, noticeable in
several Argentine masters and particularly in Rogelio Yrurtia (18791950), an exceptionally well-bestowed artist, did not alter fundamentally
the naturalistic approach, which still is fostered by a host of sculptors
who take from modernism only a simplification of the modelling effects
and a very discreet stylization of the natural form. A really modera will
to form appeared only with the group of Antonio Sibellino (born 1891),
Pablo Curatella Manes (born the same year) and Alfredo Bigatti
(born 1898). These three took without effort the post-Rodinian trend,
largely inaugurated by Bourdelle, whose masterpiece, the General
Alvear monument, stands with grandeur in a square in Buenos Aires.
Curatella Manes, the author of the style dedicated to the “Doulce
France” in the great exhibition of Decorative Arts in París (1925) lived
about thirteen years in Europe before returning to his country after
the last war. He profits from suggestion of Cubist experience, which
showed the way to a very abstract and very constructive sculpture
where the balance and harmony of volumes count more than the analytical modelling or the attainment of an anatomical ideal. It cannot be
doubted that the discoveries by Brancusi, Lipschitz, Laurens, Archipenko and other European innovators served as stimuli to their Argentine
colleagues but, of course, they have had something of their own to say.
Curatella Manes was interested from the beginning in the creation of
architectural rhythms in his abstract figures and he very soon also tried
his hand at non-figurative art, an expression that he evidently prefers,
even if from time to time he agrees to revert to figurative sculpture,
which he conceives and executes with the greatest freedom. When he
modelled the total abstractions Rugby and Dance (1925), both pieces
63

�became the first Argentine examples of perforated and semi-suspended
sculpture, so very dynamic that they almost could be termed kinelic.
Alfredo Bigatti, faithful to the teaching of his master Bourdelle,
takes his essential data from reality and adheres to the classical principie
of mass sculpture. But he is not enslaved to imitation and he works out
strong organisms which show his natural inclination to monumentality,
even when he carves figures in small scale. A specialist in direct stone
carving, Bigatti has created several important monuments, for instance
those dedicated to Bartolomé Mitre (in the capital of the Province of
Buenos Aires), which was inaugurated in 1939, and to General Roca
(1941) in Choele-Choel. He has modelled expressive portraits, beautiful
figures in the round and impressive reliefs where formal nobility and
simplicity are allied to a superior sense of the narrative. For long past
years he stood under tremendous strain to carve the collossal allegorical
figures and the huge sculptural groups for the Monument to the National
Flag, in Rosario.
José Fioravanti (born 1896) worked with Bigatti in conceiving and
executing half of the said Monument to the Flag. A sensitive artist, he
is quite different from his co-worker and looks for delicacy, suavity and
plenitude of form instead of seeking strength and brevity as Bigatti does.
The latter is in love with the archaic Greek and Fioravanti holds hard
for the Hellenic Golden Age. He has won distinction with some fine
portraits and with a series of beautiful nude figures on which light plays
deliciously, but he has also made monumental groups and an equestrian
figure of Simón Bolívar which stands in a park in Buenos Aires.
A special place in Argentine sculpture is occupied by Lucio Fontana
(born 1898) who made part of his career in Italy, where he lives now.
While other Argentine moderns experimented in the field of constructive
plasticity, Fontana, a baroque by temperament, set his bearings towards
a vibrant expressionism. Naturally, in his works there is construction,
but it is not shown and stressed deliberately as in the productions of his
colleagues. And Fontana expresses himself with a real gusto for the
utmost freedom of the technical resources. A real virtuoso in modelling,
he uses strong deformation to inject dynamism into his works. He often
applies polychromy and covers his sculptures with bright colors and gold.
Antonio Sibellino, a high-class artist who has done outstanding, even
if numerically little, work, learned his trade in Argentina and travelled
afterwards twice through Europe, perfecting his knowledge without the
help of a master. He has intelligence, imagination and deep feeling and
he likes to combine strong and vital synthetic masses to re-create the
natural form. In doing so, he bestows extraordinary animation on these
masses, because he never falls into a formula and never loses contact
64

�CONTEMPORARY ARGENTINE SCULPTURE

Rogelio Yrurtia: Moses

�José Fioravanti: Monument to President Roque Saenz Peña (detail)

�Pablo Curatella Manes: Feminine Torso

�Pablo Curatella Manes: Dance

Alfredo Bigatti: The Dancer K

��Alfredo Bigatti: Wornan’s Head

�Juan Carlos Iramain: Yiew of the artist’s studio

�Gyula KoSice: Transparent Structure

�with reality and especially with the sense of the human. About 1925 he
tried non-figurative sculpture, but he soon reverted to abstract figuration because he wished to express, with the aid of the human form,
emotive contents such as can be found in his Death of the Son (1924), a
relief belonging to a series about love and marriage, or in the powerful
and vibrant figure of The Rebel (1937), for which he took his inspiration
in the Spanish Civil War. The best of Sibellino’s work is due to the
acuteness of his self-critical spirit and to the anguish derived from his
own temperamental complexity, since he has to reconcile two conflicting
aspects of his personality: the rationalism which pushes towards the
more intellectual expressions and the heartiness, the sensuality and a
kind of popular lyricism which cannot be satisfied without passionate
effusion and a taking hold of the real.
The list of Argentine sculptors is long, but the limits of this article
allow only a brief survey. Notwithstanding, it may be useful to ñame
at least the better-known artists of today whose work has not been
commented upon. They are Arturo Dresco (born 1875), Troiano Troiani
(1885), Alberto Lagos (1885), Ernesto Soto Avendaño (1886), Héctor
Rocha (1893), Juan Carlos Iramain (1900), Horacio Juárez (1901) and
Carlos de la Cárcova (1903), a refined stylist who has signed good decorative work and belongs, as Bigatti and Fioravanti, to the Academia
Nacional de Bellas Artes, Argentina’s counterpart to Great Britain’s
Royal Academy.
The younger sculptors who are distinguishing themselves nowadays
are José Alonso (born 1911), Nicasio Fernández Mar (born 1916),
Aurelio Macchi (1916), Libero Badii (1916), Wenceslao Sedlacek and
Noemí Gerstein. The last named is a highly talented sculptress who
first submitted to serious classical discipline under Bigatti and later
adopted, perhaps under the influence of Zadkine, an expressionist
language. In her work, elegance blends with vigor and an effective
distortion reinforces the essential plasticity.

73

�TRES IDEAS SOBRE LA SOLEDAD
JOSE JUAN BRUERA*
M e parece que fue Unamuno quien dijo que todo lector a conciencia
debía serlo, contemporáneamente, de dos o tres libros. La utilidad del
procedimiento aconsejado es obvia: diversifica la atención, ameniza el
esfuerzo y permite que se fijen los conceptos con mejor provecho.
Sea por haberlo puesto en práctica desde hace mucho tiempo o bien
por mera casualidad, lo cierto es que últimamente se me han juntado
tres lecturas, en otras tantas obras que, evidentemente, se hallan pre­
sididas por una común manera de enjuiciar el apasionante tema de la
soledad. Cuestión ésta—la de la soledad—tan vasta como tremenda, ha
de tener por fuerza ubicación y tratamiento en disciplinas diversas.
Vista desde cierto ángulo, resulta ser materia de estudios psicológicos o
antropológicos; la sociología puede hallar aquí un rico venero para el
examen de ciertos síntomas patológicos de la comunidad, y por fin, el
tema de la soledad, contemplado desde el plano de la experiencia filo­
sófica, se presta a fecundas exploraciones en las que lo metafísico y lo
reügioso andarán a menudo entremezclados.
No cabría—y no cabe—en un trabajo de reducida extensión como
éste, intentar una revisión a fondo de la profusa casuística a que ha
dado origen el concepto de la soledad según cómo y desde qué perspec­
tiva se lo enfoque. Sí es posible, en cambio, proyectar algunos es­
clarecimientos alrededor de asunto tan entrañable y próximo para los
hombres todos, como que peculiariza y define—ya por presencia, ya por
ausencia—una “circunstancia” colectiva de vigencia universal. Porque
lo interesante del caso es que los tres autores a quienes vamos a referirnos:
Ibsen, Martínez Estrada, Windelband, coinciden en lo que, con un
poco de licencia, llamaremos la ontología y la axiología de la soledad. Y
no amengua de ningún modo la importancia de esta unanimidad el que
provenga cada uno de aquéllos de campos teóricos tan relativamente
cercanos entre sí como pueden serlo la filosofía, la literatura, y la inter­
pretación sociológica porque, si bien se mira, el debate sobre cuestión
tal no concierne específicamente sino a estas esferas del conocimiento
humano.
* Jurista, escritor y profesor argentino. Antiguo profesor del Colegio Nacional de
Rosario (Argentina), enseña actualmente en el Colegio Libre de Estudios
Superiores de la misma ciudad. Se ha ocupado preferentemente de temas de filo­
sofía jurídica. Entre sus obras más recientes merece mencionarse el volumen titu­
lado Filosofía de la paz, que apareció en 1953. Tomamos el presente artículo de la
revista Sur (Buenos Aires, N°. 229, julio-agosto de 1954).
74

�Mas dígase también desde ahora que una abrumadora mayoría de
pensadores, en concordancia con los citados, juzga que la soledad es
“buena” y no dañosa; que corrientemente contribuye al perfecciona­
miento y decoro de la vida espiritual y, en fin, y para decirlo en pocas
palabras, que la grandeza de alma suele tener que ver, y mucho, con la
soledad que el poseedor de esta alma haya logrado constituirse más o
menos laboriosamente.
Como el lector comprenderá, los términos soledad “buena” y “da­
ñosa”, “grandeza del alma solitaria” y su virtuosidad subsiguiente, son
utilizados ahora de modo enteramente provisional y con intención de
darles más adelante la connotación adecuada; pero en estas palabras
liminares no estará de más añadir que hoy se presenta como un deber,
que corresponde a una justa militanciaen el campo de las ideas, defender
la soledad y hacer que se la mire con buenos y no torcidos ojos. Ello
toda vez que aclaremos el alcance y condiciones de la especie de soledad
a que nos referimos. La gente—y habrá que perdonar todavía la vaga
generalidad del vocablo—ha olvidado o se está olvidando de la práctica
de la soledad y la rechaza y huye de ella como del más negro y tortu­
rante mal. Puesto que el juntarse, el agruparse, está de moda (y hasta se
halla impuesto por razones de la técnica moderna), no estará de más
volver un tanto los escrutadores ojos hacia la otra cara de la moneda:
qué le pasa al hombre que está solo y qué recibe o puede recibir de una
consciente y aquerenciada soledad.
El orden cronológico en que se me presentaron las tres ideas sobre la
soledad, derivadas de otras tantas lecturas, es el siguiente:
En El enemigo del pueblo, Ibsen utiliza para clausurar la obra la
siguiente frase: “El hombre más fuerte es el que está más solo”. Para
interpretar su sentido no puede prescindirse del carácter, hasta cierto
punto autobiográfico, que particulariza a esta pieza teatral. Un año
antes de su estreno, Ibsen había llevado a escena Los espectros o Es­
pectros, como corrientemente se la denomina, extraordinaria creación
del autor noruego que fue bastante mal recibida en su país. En El
enemigo del pueblo trató de mostrar el juego de los resortes que deciden
el éxito o fracaso de ciertos proyectos, de determinados ideales, evi­
dentemente inspirado por la reacción desfavorable que había suscitado
el estreno de Espectros.
En aquella otra obra presenta el caso de un médico que descubre que
las aguas de un pequeño y muy visitado balneario pueblerino se hallan
contaminadas. Juzga que es su deber poner sobre aviso al público del
peligro que lo acecha, pero con ello se malquista con la gran cantidad
de personas interesadas en la explotación del balneario y en los pingües
beneficios que de él obtiene la parroquia. . . Llueven entonces, re­
75

�partidas sobre el médico, seducciones y amenazas ante las cuales se
mantiene firme por igual. Su valentía y franqueza lo convierten gradual­
mente en el enemigo de los habitantes de la localidad los que, en un
rapto de furor colectivo, llegan incluso hasta apedrearle su casa.
Considera Brandes que en este drama exhibe Ibsen su inclinación por
las ideas aristocráticas. “Nunca había predicado—dice—tan enérgica­
mente y con tanta fuerza que la mayoría es siempre injusta.” Y en las
palabras que resumen toda la desesperanza del médico por su fracaso
al impedir que se siga utilizando una fuente de enfermedad y de pon­
zoña, creemos adivinar un resto de amargo escepticismo proveniente
del mismo Ibsen obligado a confrontar las opiniones vertidas por algu­
nos críticos sobre Espectros. Al escribir, pues, “el hombre más fuerte
del mundo es el que está más solo”, claramente quiso referirse Ibsen a
la fortaleza del hombre que posee la verdad y que con ella ahuyenta a
la masa; porque frecuentemente la multitud iletrada prefiere ser en­
gañada a ser instruida. El engaño es fácil y dulce al oído; la verdad es
amarga, rispida y a menudo muy dolorosa.
También pudo haber querido expresar Ibsen este otro hecho indubita­
ble: el hombre corriente y moliente, el tipo común de hombre, busca
el contacto del prójimo cuando se siente desdichado o triste a fin de
que su semejante le dé consuelo. Pero para que el alivio sea de algún
modo efectivo, es menester que quien consuela sea en algún sentido
más fuerte, es decir, de carácter más templado y firme que el del cuitado.
Por eso buscamos en ese trance el calor de una personalidad vigorosa, y
difícilmente podríamos confiar nuestras penas a quien, por cualquier
motivo, consideramos más débil o inferior a nosotros. Mas surge en­
tonces la cuestión: ¿y al hombre fuerte quién lo consuela? Es evidente
que él debe buscar y hallar en sí mismo el remedio para su angustia, la
panacea para su dolor.
Yale decir que, en la concepción de Ibsen, el hombre no es fuerte
porque esté solo, sino al revés: está solo porque se sabe fuerte. La sole­
dad aparece como una virtud derivada de la reciedumbre del ánimo, de
la capacidad para enfrentar la vida sin auxilio ajeno, de la potencia y
profundidad de sus reservas interiores.
El hombre en soledad sería pues, para Ibsen, un hombre completo,
todo un hombre. Prescinde o puede prescindir de los otros seres porque
éstos no son capaces de decirle nada que él no se haya dicho antes a sí
mismo. Dentro de sí, y no fuera, es donde encuentra los hilos que lo
atan a la existencia y con los cuales se maneja.
Aunque con intención distinta, Ferrater Mora viene a coincidir en
esta interpretación de la soledad, cuando escribe: “Muchas veces me
76

�he preguntado lo que habría hecho hoy Sócrates en el horror de un
campo de concentración. Fiel a sí mismo, no se habría rebelado. Esto
es propio del que confía aún en la eficacia de la sociedad. Tampoco
habría pedido auxilio. Se habría adentrado en sí mismo lenta y serena­
mente y habría buscado en la razón—en su razón, pues no habría en­
contrado otra—la fuerza suficiente para resistir al horror que lo circun­
dara”1 (El hombre en la encrucijada).
Lo cual quiere decir, sucintamente, que en los momentos de máxima
tensión, en los instantes decisivos de la vida, el filósofo—el hombre que
es fuerte por virtud de sus pensamientos—no encuentra auxilio sino en sí
mismo. La radical soledad que lo rodea no obsta a su fortaleza sino que
es más bien signo de ella, así como el aroma denota la presencia de la
flor. Es evidente que nos hallamos solos en las situaciones culminantes
en que se decide nuestro destino. Amiel comienza una nota de su Diario
(fechada el 27 de octubre de 1856) con estas palabras: “Siempre esta­
mos solos para las cosas capitales de la vida y nuestra verdadera his­
toria casi nunca ha sido descifrada por los demás”.
Lo que suele ocurrir es que en tal coyuntura el hombre timorato y
apocado corre de aquí para allá en busca de ayuda y consej o, pero Ibsen
pudo haber querido significar que quien tiene energía para decidir por
sí, prescinde de los demás y está solo con su decisión aunque lo rodeen
miles. Su soledad es expresión de un ánimo indeclinable y vigoroso,
porque su fortaleza proviene del espíritu y no del cuerpo.
Examinando en otra dirección el pensamiento de Ibsen “El hombre
más fuerte es el que está más solo” y relacionándolo con lo que llevamos
dicho, cabría agregar que la concepción general a que el juicio alude no
se basa, en modo alguno, en una psicología del desprecio; es decir, no
hay por qué vincular el estado de soledad que el sujeto se autoimpone
con un temperamento forzosamente inclinado a menospreciar al pró­
jimo, ya ignorándolo, ya desentendiéndose de él. Bastaría citar el caso
del santo que elige un lugar apartado para sus oraciones en las cuales
está lejos de implorar sólo para sí mismo, y aun es frecuente que pida
a Dios para los demás. El religioso no puede prescindir para sus ejercicios
espirituales de un retiro apropiado que lo aísle no solamente de las
cosas circundantes, sino de los demás seres. Así el solitario puede sentirse
corrientemente más fuerte que sus congéneres, pero no es de ningún
modo ineludible que esta confianza en sus propias fuerzas se traduzca
en desapego por el resto de los mortales. Por el contrario puede darse el
caso—como en el ejemplo de la castidad—de que alguien se aísle por
amor. “Pues ¿por qué—dijo el sabio—me he venido yo a los bosques y
1 El subrayado es nuestro.
77

�a la soledad? ¿No es porque amaba demasiado a los hombres?”
(Nietzsche, Preámbulo de Zarathustra).
Más bien la mecánica de la soledad juega de un modo inverso: la re­
luctancia, la resistencia no se dirige del solitario hacia el mundo, sino
que se manifiesta (cuando el solitario es un ejemplar selecto, tanto
grande como fuerte espiritualmente) desde el mundo, desde la sociedad,
desde las gentes, hacia él. Y es en el desarrollo de esta idea, que inter­
viene mi segunda lectura sobre la soledad.
Escribe Ezequiel Martínez Estrada en Muerte y transfiguración de
Martín Fierro (T. I, pág. 38): “Cualquier excelencia despierta la hos­
tilidad que desde el centro de los seres más queridos se propaga hacia
la periferia. Todo grande hombre está solo y el movimiento de sístole que
protege al incapaz, expulsa en vigorosa diástole al bien dotado por Dios
o por la naturaleza, particularmente al benefactor”.
Con esto queda planteado un oscuro y difícil problema de psicología
de lo colectivo, concerniente a la relación individuo-sociedad. Sin el
menor deseo de formular paradojas, puede decirse que no todo hombre
por el hecho de ser solitario es grande; pero sí, en cambio, puede afir­
marse que todo grande hombre es, de preferencia, un solitario. Y es
igualmente exacto que la grandeza (cualquier “excelencia”, como dice
Martínez Estrada) despierta la hostilidad.
En los medios aun más civilizados (no los más cultos), se tiene la
impresión evidentemente errónea de que el sujeto que se aísla renuncia,
por así decirlo, al Pacto Social; y esta renuncia implicaría—según aquel
juicio—, aparte de la superioridad y el desprecio a que antes se aludió,
falta de colaboración, ausencia de solidaridad . . . Nada más falso.
Dígase en primer lugar que ningún hombre hállase radical y absoluta­
mente solo, pues como después se verá, toda soledad lo es respecto de
“los otros”, de “los demás”. Por otro lado, repárese que vive más en
comunidad el sabio, el filósofo, el pedagogo, el artista, que encerrado
entre cuatro paredes busca y encuentra los medios para hacer menos
imperfecta y dolorosa la condición humana, que la inconmensurable
multitud de personas que se juntan jueves o domingos para reunir sus
individualidades en un todo ficticio, que es más inútil, estéril y seco
que las arenas del desierto.
Y no es difícil que al paladar de los festejantes de tales juntas suba al
poco rato, o al día siguiente, el regusto del hastío. Explica Thackeray
que “. . . sin pretender invadir el terreno de los misioneros, diremos que
el ruido, la algazara, el bullicio, las carcajadas, la alegría, que en público
exhibe la feria de las vanidades, no siempre acompañan al actor en su
vida privada, a quien con mucha frecuencia acometen mortales de78

�presiones de espíritu y arrepentimientos lacerantes, a raíz de las ex­
pansiones alegres” (La feria de las vanidades).
Refiriéndose también a lo poco que hay de verdadero intercambio
espiritual en cierto tipo de reuniones, Unamuno solía poner como
ejemplo el de los jugadores de ajedrez. Enfurruñado más que abstraído
en el juego, cada participante lo ignora todo de su ocasional adversario,
como no sea la habilidad en el manejo de las piezas. “No—exclamaba
el gran escritor vasco—, no es esta sociedad la que debemos promover,
sino otra más íntima, más espiritual, más comunicativa. Es comunión,
comunión de ideas y sentimientos, no sociabilidad lo que nos hace falta”
(Contra esto y aquello).
Convengamos por otro lado que, so peligro de caer en un sermoneo de
corte calvinista, una consideración de la soledad no tiene por qué colo­
carse forzosamente en el terreno de los elogios. Lo importante es que
no la desdeñemos, pues para decir verdad es mucho más lo que puede
argumentarse en favor de ella y de sus beneficios, que en contra de ella.
En rigor habría que destacar en primerísimo lugar (aunque bien se
desprende de cuanto se ha venido explicando) que la soledad que se
predica como útil es la física, la de los cuerpos y no la de las almas.
El espíritu comunitario, la constitución del cuerpo social que es un
logro efectivo de la civilización sobre la barbarie primitiva, no padece
porque el hombre se decida a estar solo en las horas culminantes de su
vida si esta soledad es, de alguna manera, garantía de su quehacer en
favor de los demás. Bastaría recordar ¡entre tantos! el caso del descu­
bridor de la penicilina quien, según los frutos que tenemos a la vista,
no empleó muy mal sus días y sus noches de encierro y aislamiento . . .
No es ciertamente la soledad de Robinson Crusoe la que se presenta
como apetecible y aun loable (aunque Robinson hizo de aquélla una
virtud y la ennobleció de varias maneras y en muchas dimensiones): la
soledad que apareja óptima cosecha es la que nos permite, a pesar de
nuestro “retiro”, atender a la existencia de los demás y hasta nos obliga
a recordar que es en función de esos “demás” que nuestra existencia
cobra dignidad y sentido. Con razón ha dicho Julián Marías que el
hombre nunca está solo, pero en todo caso está solo únicamente aquel
ente cuyo ser reside en la convivencia o en la compañía, pues cuando
estamos solos, estamos solos “de los otros”. (V. Introducción a la Filo­
sofía). Agréguese que totalmente solos no nos sentimos nunca sino
respecto de lo inorgánico. Es suficiente que se dé algún rudimento de
vida vegetal o animal para que, en cierto modo, aquella soledad desa­
parezca. (Y. Francisco Romero, Teoría del hombre).
Pese a que la actitud del hombre que está a solas no aparece como
79

�dañosa ni como perjudicial, antes bien se manifiesta como reflejo de
una conducta de signo positivo, no obstante ello, repito, el conglomerado
social suele no mirarlo con buenos ojos. Y por aquí, y a esta altura,
tócase uno de los puntos neurálgicos del tema encarado. Si se nos ocurre
preguntar el porqué de esta verdadera desconfianza de la generalidad,
de la mayoría, por el solitario, veremos que no sin un motivo, que a
veces es razón, ha decidido aquel espíritu de cofradía ponerse en guardia
contra el individuo que vive habitualmente recoleto. Pues, en efecto,
¿qué peligro, qué suerte de mal—no discernible a primera vista—
puede derivarse de la soledad?
Es que, y aquí llegamos al cabo de un largo periplo, hay varias clases
de soledad, como varios son los caminos que conducen a ella. Puede
alguien, por ejemplo, estar solo movido por el resentimiento, o por
creerse inferior al tipo medio humano o por serlo efectivamente, y
producirle esta creencia un definido sentimiento de repudio por el
ambiente que lo circunda. Otras veces la soledad está determinada por
la timidez, por la cortedad de genio, que invalida y frustra en quien la
padece la posibilidad de convivencia. Pero también puede buscarse la
soledad por causas menos inocentes. Quien proyecta delinquir, quien
planea un acto contrario al derecho o a la moral o, en general, contra
cualquier orden constituido, opera solo o bien admite exclusivamente
la compañía de unos pocos que, en puridad, no son compañeros sino
cómplices. Y por último está solo, y volvemos con ello a lo que antes
se examinó, el hombre espiritualmente vigoroso, moralmente fuerte,
intelectualmente selecto.
Se darían así varías clases de soledades, derivadas de otros tantos
motivos que impulsan a ella, pero que en cualquier caso la sociedad no
mira nunca con simpatía. ¿Por qué?
Hagamos, en primer lugar, una distinción elemental. No es la misma,
es decir, no es de la misma naturaleza, la soledad del resentido, que la
del tímido, que la del delincuente en ciernes o convicto, que la del
genio . . . Sólo en el caso de no existir impulsos subalternos que la
determinen creo que puede hablarse correctamente de soledad. Pues el
resentido tanto como el introvertido, como el sujeto que proyecta
empresas criminosas (para no extender más esta enumeración de situa­
ciones), no están solos sino que se aíslan, lo cual es a todas luces diferente.
En el aislamiento, en el aislarse, hay siempre como una resonancia
de estados de ánimo inferiores, de ideas y pasiones bajas, algo así como
la presencia de una psicología que por algún costado es enfermiza o, al
menos, deficiente. Busca la soledad, en cambio, con propósito deliberado,
con lúcida conciencia, quien percibe en ella el medio más lícito para
80

�darse a luz a sí mismo, para elaborar sus conceptos, madurar sus juicios,
organizar sus razonamientos a través de una palingenesia que abarca
la gama entera de su personalidad intransferible.
Con esto podemos intentar una explicación bastante atinada de las
razones que mueven “a las gentes” para calificar negativamente, sin
discriminar, y en un único e inapelable fallo, al aislado y al solitario.
Y ello, justamente, por lo que antes se dijo: la sociedad desconfía, en
bloque, de quien se aparta de su seno, porque tal secesión parece obe­
decer a propósitos aviesos: dar suelta al resentimiento, al rapto criminal,
a un complejo de inferioridad . . . o bien a una personalidad exquisita
que de algún modo sobresale de la masa plural y anónima y con esto
denuncia su singular señorío.
Si pudiera adjudicarse—con alguna licencia—capacidad concreta de
expresión al cuerpo social, se vería que su inclinación hacia lo multi­
tudinario, y la fuga y el temor a la soledad, provienen de este discurso
simplista: la soledad es mala porque en ella “no hay nada” (esto es:
hay aburrimiento, abulia, nostalgia; en un palabra, ausencia y carencia
de todo bien). Y el solitario suscita desconfianza porque se esconde
para hacernos daño—lo cual puede ser exacto, como ya vimos—o se
aísla porque nos siente como seres inferiores y de bajo nivel. En cual­
quier caso—y aquí viene el sofisma de falsa generalización—la soledad
es condenable.
Sucede entonces, en el caso particular del grande hombre plantado
en su soledad (y por virtud de una dinámica de la sociedad de masas
que a esta altura debe aparecer bastante clara), que este sujeto que se
aparta es a su vez apartado; y que quien ha buscado la soledad es pronta­
mente condenado a ella.
A la línea general de nuestras reflexiones se adaptan pues con rara
precisión las palabras de Martínez Estrada quien, en el pasaje trans­
crito, dice concisamente que “todo grande hombre está solo”. Según
las explicaciones precedentes la razón de esta soledad es doble: la ex­
quisitez humana, su carácter de infrecuente flor de altura, le exigen vivir
más arriba del nivel común; pero es que, por otro lado, esta medianía
que vive “al nivel del mar” se siente incómoda ante una superioridad
clara y definida y obliga a su poseedor a exilarse y refugiarse en otros
mundos. Cuestión ya más personal, íntima y casi autobiográfica, es
aquella patética aclaración sobre que la acción de rechazo se inicia
“desde el centro de los seres más queridos” y que de allí se propaga
hacia afuera. Afirmación de tal naturaleza necesite acaso ser un tanto
morigerada. Si quienes nos rodean son seres realmente queridos—que
nos aman y a quienes amamos—sabrán sobreponerse a todas las diferen­
81

�cias y desniveles. Cualidad intrínseca y nota paradigmática del amor es
la de entregarse al ser amado sin hesitaciones, sin reticencias y sin
cálculo. Pero, naturalmente, éste es otro problema.
Lo incancelable, y también en cierto sentido, trágico, es que—-y
ahora venimos a la tercera idea—“la soledad es el destino de la gran­
deza”.
Tal juicio, que encaja formal y sustantivamente con lo que se viene
sosteniendo, proviene de Wilhelm Windelband y es expresado por el
autor alemán al comienzo de su estudio sobre Kant (Historia de la
filosofía moderna).
Es el más general de todos los juicios sobre la soledad, pero es también
el más riguroso y definitorio. Amén de lo que dice concretamente, se
transparenta en él algo de lo que le sucede a la “grandeza” de un modo
necesario; e involuntariamente lo asociamos con aquel otro giro acuñado
por Hegel: “El que está condenado por Dios a ser un filósofo . . . ” Viene
a significar, en la intención de Windelband, que el grande hombre
precisa—al menos en los extensos lapsos de creación y elaboración—
segregarse del mundo, de la charla vana, del contacto puramente
exterior de la vecindad y del agrupamiento. En su soledad, la grandeza
dialoga con la humanidad entera a través de su propio monologar, mas
imponiendo la materia y orientación del diálogo mediante una cuida­
dosa selección de cuestiones y de personajes.
Con esto queda dicho que la soledad no es egotismo, ni que el yo del
solitario ocupe siempre el centro de su interés especulativo o práctico.
Error tan grosero como difundido es creer que el solitario piensa siempre
en sí mismo o en su personal conveniencia, cuando lo más frecuente es
que su preocupación gire alrededor de aquellos demás, de aquellos otros
con los que establece continua plática. Razón sobrada le asiste a Bertrand
Russell cuando dice: “La personalidad armoniosa se proyecta hacia el
exterior . . . Nada es tan triste como encerrarse dentro de sí mismo;
nada tan exultante como dirigir la atención y energía al exterior”
(Lo conquista de la felicidad).
La grandeza mora en la soledad; pero en una soledad fructuosa, au­
sente de convencionalismos y de proximidades inocuas, poblada, en
cambio, por todas las voces que forman el gran concierto humano y
también por la suma de razones, intuiciones, voliciones y sentimientos
que constituyen toda la rica vida interior del solitario. Que estar solo
es todo lo contrario de estar aislado, lo ha visto muy bien Vicente
Fatone, cuando al adoptar como conclusión de un ensayo sobre la
soberbia estas palabras de Zubiri: “Quien se ha sentido radicalmente
solo es quien tiene la capacidad de estar realmente acompañado”,
82

�añade por su cuenta: “0, yendo aún un poco más lejos que Zubiri:
quien se ha sentido realmente solo es quien está realmente acompañado.
Porque sentirse solo es precisamente lo contrario de estar aislado”
{La existencia humana y sus filósofos).
Las virtudes que de la soledad derivan, aun siendo de orden múltiple
y diverso, no convienen sin duda a todos los hombres, sino a unos pocos
escogidos y hasta podríamos decir, predestinados. Ella permite, en
efecto, mayor neutralidad en el juicio y una mejor consideración de
los hechos y de los actos, que se observan siempre en legítima pers­
pectiva; permite, asimismo, pensar anticipadamente al obrar y no
obrar sujetos al primer impulso como cuando debemos tomar una
decisión al propio tiempo que actuamos. Permite, en fin, un limpio y
desapasionado examen de conciencia que la urgencia de la vida tu­
multuosa nos impide practicar. Alguna vez me agradaría escribir sobre
un tema que guarda estrechísima relación con el esbozado en estas
páginas y que a falta de denominación preceptiva creo que puede titu­
larse “Psicología del espectáculo compartido”. Allí habría de mostrarse—
y de demostrarse—, entre otras cosas, el carácter de infinidad de aconte­
cimientos: sucesos, ficciones, espectáculos, que apreciamos mucho mejor
solos que acompañados; y algunos otros en que sucede lo opuesto. Hasta
autores que—excepcionalmente—descreen de las virtudes de la soledad,
coinciden con este punto de vista: “Es verdad que en la soledad se
goza más del mundo y de la vida que de otra manera; ¿cómo gustar
mejor de una flor, un árbol, una nube, los animales, hasta los hombres
que pasan a lo lejos, y las mujeres? Pero ya es, asimismo, la pendiente
por la cual uno se pierde del mundo” (Drieu la Rochelle, Relato secreto,
en Sur, octubre-diciembre 1950).
Y no hay ni qué decir de la delicia del soliloquio, del estar y del
sentirse a solas luego del trauma que a menudo produce—sin que por
esto se sea un romántico trasnochado—el cotidiano encuentro con tanta
vulgaridad desatada y circulante, con tanta banalidad vestida de
pedantería como en el mundo existe. Cuando nos refugiamos en nuestro
auténtico yo volviendo la mirada hacia dentro de nosotros mismos,
luego de la vocinglería multánime y callejera, parecería que en la inti­
midad de nuestro refugio se encendiera nuevamente la luz equilibrada
y armoniosa del espíritu. Goethe ha descrito en Fausto, como nadie,
el sentido de esta experiencia:
!Ahl, cuando en nuestra reducida celda
la lámpara de nuevo amable brilla,
inunda el pecho claridad sencilla
y el corazón libérase de mal.

83

�¡La razón recupera la palabra,
florece la esperanza nuevamente
y la sed nos conduce hacia el torrente
de la vida, al eterno manantial/s

Y bien, la soledad es el destino de la grandeza. Si ello es así, estará
de más preocuparse por una terapéutica que induzca a la mayoría a
hurtarse del agrupamiento indiferenciado, de su voluntaria entrega a
las seducciones de la masifieación, para practicar el saludable ejercicio
de la soledad. Mas si en materia de costumbres y usos sociales todo
concepto ha de ser relativo (al medio, a la época, a las peculiaridades de
tradición y de raza, etc.), también lo es éste de la soledad. Visto el
actual desarrollo y el estilo de vida en que se mueve la cultura occi­
dental, no podrá pedírsele a quien de ella se beneficia que se lance a la
práctica de la soledad a la manera de esos santos orientales que se sientan
desnudos, en impávida soledad, en medio de la cellisca y de la nieve y
allí caen sumidos en meditaciones profundas que duran largo tiempo.
(V. el libro de Alejandra David-Necl, Místicos y magos del Tibet, donde
un hombre de tales características se halla fotografiado.)
Pero tampoco parece posible aceptar sin protesta (al menos: sin
reservas) la conducta de millares de seres que habiéndole cobrado un
terror sin límites al vigorizante ejercicio de estar en compañía de sí
mismo, se vuelcan en el fragor impersonal y anónimo de una aparente
entrega al prójimo. Aparente, digo, porque en esta junta de individuos
cada uno se encierra en sí mismo, aunque abunde en frases, gestos y
actitudes, y ni el menor asomo de interioridad parece posible—y mucho
menos oportuno—en esa circunstancia. Me refiero, desde luego, al tipo
de reunión social, tanto como al agrupamiento multitudinario provo­
cado por el gran acontecimiento deportivo o por el así llamado meeting
político. En tales juntas numerosas (y aun en las que no lo son tanto,
pero cojean del mismo pie como el “té de los jueves” o “la cena de los
sábados”), es difícil encontrar ni la más diminuta expresión de solidari­
dad comunitaria, y no se hable ya de logros culturales. En sentido
coincidente, no puedo menos que citar aquí el penetrante artículo de
Dwight Macdonald, “Cultura de masas” (Diógenes, no. 3), donde dice:
“Existen razones teóricas por las cuales la cultura de masas no es ni
será jamás buena. Considero axiomático que una cultura sólo puede
ser producida por y para seres humanos. Pero en tanto el pueblo esté
organizado (o, más estrictamente, desorganizado) como masa, habrá
de perder su identidad y su cualidad humanas. Pues las masas son en
el tiempo histórico lo que las muchedumbres en un espacio: una gran
cantidad de gentes incapaces de expresarse por sí mismas como seres
2Traducción de A. Bunge.

84

�humanos, por cuanto no están vinculadas entre sí como individuos ni
como miembros de una comunidad . . . ” Precisando un tanto los con­
ceptos, señálese que no podría decirse que los miembros de un congreso,
un ateneo, una academia, formen una multitud por numerosos que sean,
así como no podría tampoco afirmarse que una multitud en marcha
vivando una consigna política o gritando en favor de un héroe del de­
porte constituya una reunión de personas.
Si fuese entonces posible—con posibilidad auténtica y no puramente
fantasiosa y declamatoria, y sin caer tampoco en el horror del sermón
calvinista—aconsejar a quienes por comodidad se llama aquí “las
gentes”, habría que atreverse a recomendarles una revisión de su con­
ducta, en cuanto es impertérrita vocación de contertulios de la colmena,
y un pausado regreso a la fuente interior, a los claros manantiales en
que nace cuanto se es y cuanto significa cada uno como persona. La
actitud a seguirse podría ser razonablemente ecléctica: ni derviche
sentado en medio de la nieve, ni consuetudinario átomo-espectador del
partido de fútbol o de la manifestación vociferante.
En razón del grado de desarrollo económico y técnico alcanzado, una
indicación de la naturaleza de la anterior seguramente será desoída, y
hasta podría reportar, a quien la propusiera, la desconcertante cosecha
de la burla. Pero el hombre que de veras quiera salvarse, tendrá que
optar por la soledad, por “esa” soledad que hemos descrito y, de in­
mediato, pagar por ello-, pues si no fuera excesiva petulancia pienso que
podría introducirse una leve variante en el juicio de Windelband y
expresarlo así: la soledad es el precio de la grandeza.

85

�HE WAS THERE BEFORE CORONADO
JOSEPH WOOD KRUTCH*
A ccording to an ancient and anonym ous jocosity, the bravest m an
w ho ever lived w as th e first w ho ever ate an oyster— alive.

A more sober judgment might want to make a case for that equally
forgotten hero of paleolithic times who first domesticated fire. It must
have been one of the first of his achievments in home-making, but no
wolf destined to turn into a dog and no buffalo destined to become a
cow can possibly have seemed one-tenth so dangerous as devouring
fíame. Early man, like every other animal, must have long been accustomed to flee from it in abject terror. We shall never know what
Prometheus first dared snatch a bit from some forest fire or some erupting volcano. But when he put it down in the middle of the domestic
circle he must have said, “This I can tame and use.”
Long before even his day, courage of some sort had been a characteristic of living things, and even the tamer of fire was not the first hero.
Perhaps the first and greatest of all was whatever little blob of jelly—
not yet either plant or animal but a little of both—first consented to
take on the responsibility of being alive at all. And surely the second
greatest was that plant or animal which first dared leave the water in
which, ever since the very dawn of creation, every other organism had
been born and died. Men are talking now about journeys to the moon
or to Mars, but neither is more unsuited to human life than the bare
earth was to the first creatures who risked it.
For millions of years, only the submerged areas of the earth had been
habitable. It was in water that the first hypothetical one-celled creatures, too insubstantial to leave fossil remains, must have been generated. None ventured out of it during millions of years while stony
skeletons were evolved and became the earliest sure evidence of life in
some of the oldest rocks. In water stayed also all the worm-like, squidlike, shrimp-like creatures who represented, in their day, the highest
development of life.
* Formerly the Brander Matthews Professor of Dramatic Literature at Columbia
University, Mr. Krutch has in recent years devoted himself entirely to writing,
winning the 1954 National Book Award for non-fiction with his philosophical work
The Measure of Man. The present article first appeared in The American Scholar
for Winter 1954 and is to be included in Mr. Krutch’s fortheoming book The Voice
of the Desert. It is reproduced with the special permission of the author and of his
publishers, William Sloane Associates.
86

�Meanwhile, during the major part of the earth’s history—during
considerably more than half the time sinee life began—all dry land was
desert to a degree almost inconceivable, without soil of any kind, as
bare as the moon, and subject to no changes except those produced by
geological forces. Volcanoes flowed and mountains heaved. Rain falling
on an earth without any protecting plant cover washed cruel gullies as
remorselessly as they are cut in the most unqualified badlands of today.
Had any creature of that time been capable of thought, life in any
médium other than water would have seemed as fantastic to it as life
without an atmosphere seems to us.
Then at some time—geologists say it was probably something like
three hundred million years ago—the first living thing dared to expose
itself temporarily to the deadly air. If it was an animal, as some think
most probable, then it must have rushed back (or perhaps ducked
back) before the gills through which it breathed could dry out. It could
hardly have done much more during many thousands of years after the
first bold venture, because it could not actually live beyond easy reach
of water until its whole anatomy and physiology had undergone funda­
mental changes. But patience is a quality which the universe seems
never to have lacked until man carne along, and it was the animal
which broke most rashly with all previous tradition that presently became the most highly developed and the most competent, as well as the
least patient.
So far as I am concerned, I see no reason to apologize for calling that
animal a “hero” or for referring to his “courage.” Such terms can have
no real meaning except in connection with something which is alive, and
when we talk about “the suffering earth” or the “nobility” of a mountain
range, we are merely using a figure of speech. But it is hard to say just
where meaning begins or to decide just which animal, or even which
plant, is still too simple to be capable of something analogous to daring
and courage. If these virtues are real in man, then they are real in him
because they began to be so as soon as there was anything in the uni­
verse which could defy law and habit by risking something which had
never been done before.
Few of us are so committed to a merely mechanical behaviorism that
we would refuse to cali “brave” and “adventurous” the first human
pioneers who carne to live in the American West. So, in their own way,
were the plants and animáis who had preceded them there. And so, a
fortiori, were those far back in time who first dared learn how to adapt
themselves to that desert which all dry land then was. If daring to do
what our intelligence recognizes as dangerous constitutes “courage,”
87

�then the animal who similarly rejects the imperatives of its instinct is
exhibiting a virtue at least analogous; and so, in some still dimmer
fashion, was the simplest creature, animal or even vegetable, which refused to obey its long-established reflexes. The whole course of evolution is directed by just such courageous acts. It must have its countless,
unremembered heroes who created diversity by daring to do what no
member of their species had ever done before.
Most scientists, I am well aware, would object strenuously to any
such line of reasoning. But then many scientists are firmly convinced
that in man himself there is also no such thing as either daring or courage
as distinguished from a reflex, congenital or conditioned. And perhaps
that conclusión is inevitable if one begins by denying their reality to all
creatures “lower” than man. If every other animal is a machine, then
why shouldn’t human beings be machines also? Henee, if to speak of
the “courage” of some very lowly creature is to indulge in exaggeration,
it is at least an exaggeration opposite and corrective to a more usual one.
Is it possible, one may ask, to guess at the identity of the first great
pioneer and radical who carne to dry land? Or is it, like the song the
sirens sang, “beyond all conjecture”? Does he have a ñame? By saying,
“But for you and your enterprise I might still be a fish—at least your
ancestors provided the food for my ancestors when they carne to land,”
can we give him honor?
Well, if the paleontologists are right—and their evidence seems pretty
good—we can answer these questions. As a matter of fact, I met only
the day before yesterday one of the almost unchanged relatives of our
first air-breathing ancestors, and he did not seem especially proud. He
crawled on eight legs out from under a board in my storeroom, and I
confess that, though I do not do such things lightly, I put my foot
upon him. Before he was crushed into nothing, he was about two inches
long and palé straw in color. He carried two pincers before him, and
over his back he carried a long tail with a sting at its end. He was, in
short, one of the least popular of desert dwellers, a scorpion.
Finding out about one’s ancestors, especially correlative ones, is
often a risky business, and perhaps most people would rather not know
how much all of us are indebted to this rather unattractive creature.
But so far as geologists can tell from the fossils they study and date,
the first animal actually capable of breathing air was not only a member
of the scorpion kind but amazingly like the one we step on when we
find him.
To even the most uninstructed eye, a scorpion fossilized during the
Silurian or Devonian epoch—say, something like three hundred million
88

�years ago—is unmistakably a scorpion. If one of them were to come to
life again and crawl out of his stone sarcophagus into your desert patio,
you would not be particularly surprised by his appearance, unless you
happened to be a biologist specially devoted to the study of that group
of animáis called arachnids to which the scorpion belongs. There are
several species now common hereabout—some, like the victim of my
brutality, only two inches long and some several times that length. A
three-hundred-million-year-old specimen would look, to the casual eye,
like merely a sort one had not happened to see before and not much
more different from the familiar kinds than they are from one another.
In the highly improbable event that a living dinosaur should be found
in some African or South American hiding place, it would create quite
a stir in even the popular press, and any big game hunter would count
it a high distinction to shoot one. Yet any one who happens to live in
one of the many parts of the earth where scorpions abound can have
the privilege of stepping upon a creature who has been going about his
business (such as it is) far longer than any dinosaur went about dinosaur
business. As a matter of fact, scorpions put in their appearance more
years before the first dinosaur than have slipped away since the last
known dinosaur decided that he and his kind had had their day.
The horseshoe crab and the gingko tree are sometimes called “living
fossils,” and the epithet has more recently been applied to that strange
fish known as Latimeria, which was taken not many years ago off the
coast of Australia, despite the fact that it, as well as all its immediate
relatives, was supposed to have become extinct a very long time ago.
Yet no sort of fish is much older than the scorpion, and the horseshoe
crab is not as nearly like any very ancient form as the scorpion in my
storeroom is like his Silurian ancestor. He may not be much to look at,
but the least we can do is to regard him in the spirit of the naturalist
Sutherland when he contemplated the living members of a tribe somewhat less ancient than the scorpions: “If the test of nobility is antiquity
of family, then the cockroach that hides behind the kitchen sink is the
true aristocrat. He does not date back merely to the three brothers who
carne over in 1640 or to William the Conqueror. Wherever there have
been great epoch-making movements of people he has been with them
heart and soul. . . . Since ever a ship turned a foamy furrow in the sea
he has been a passenger, not a paying one certainly but still a passenger. But man himself is but a creature of the last twenty minutes or
so compared with the cockroach, for, from its crevice by the kitchen
sink, it can point its antennae to the coal in the hod and say: ‘When
that was being made my family was already well established.’ ”
Scorpions have never been as closely associated with man as the cock89

�roach, but they may not consider that anything to be ashamed of, and
on the score of antiquity they have a right to snub the cockroaches as
upstarts, at least relatively speaking.
It may seem odd that they have hung on so long while changing so
little. It may seem even odder that they should be found in deserts
despite the fact that they are so similar to the scorpions which had
recently left the water. But they do not insist upon dryness, and some
species will even tolérate a certain amount of coid. Though there are
none in New England or in the Great Lakes región, they do occur in the
Alps and, on our continent, as far north as Southern Cañada. On the
whole, however, they prefer warm climates, and they have been in the
Southwest for a long, long time. Tracks almost precisely like those made
by a living species have been found in the Coconino sandstone, which
was laid down in Permian times, or not more than a million or a million
and a half years after scorpions took the first drastic step out of the
water.
Most people today underestimate the intelligence and awareness of
most creatures other than man because recent official Science has often
encouraged them to do so. But the scorpion is probably even dumber
than he looks. At first sight you would have no reason to suppose that
his senses were much less keen or his awareness much less dim than
those of any common insect, but they are. By comparison, even a
beetle, to say nothing of a bee, an ant or a fly, is a miracle of alertness
and competence. The life which I extinguished when I stepped on my
specimen was about as dim as we can imagine life to be. The scorpion’s
brain stopped growing about the time he left the water, and braininess
had not got very far by then.
Neither his habits ñor his character are very engaging even as such
things go. The young—miniature replicas of their parents—are born
alive, and, like the young of the wolf spider, they clamber about on
their mother’s back until they are oíd enough to take care of themselves. But maternal solicitude is probably a rather large term to use
in connection with this mother’s tolerance, and at least until mating
time comes around, scorpions do not seem to do anything very interesting. They skulk under bits of wood or stone, and they sometimes choose
to hide in shoes incautiously left in their neighborhood. I have never
seen a scorpion outside captivity do anything more interesting than
nibble rather languidly at the body of a moth which had come to my
light.
In fact, watching them closely, even in captivity, does not provide
90

�much excitement most of the time. If two or three are kept together,
one sometimes absent-mindedly eats a companion, but this cannibalism
—which is usual—is probably nothing very delibérate. The poor things
not only have a very rudimentary brain but also eyesight probably not
keen enough to do more than distinguish the dark corners where they
hide from the bright light they avoid, and it is too dim even to make
them aware of movement. Probably they do not actually perceive anything they do not touch.
As one observer has put it, if you see two together, then either they
are making love or one of them is being eaten. Even anatomically the
most interesting things about scorpions is their curious way of breathing. Insects have, of course, no lungs. They have merely ramifying
tubes open to the outside which permit the penetration of air into the
body cavity. But scorpions, being even older than the insect tribe, have
what are called book lungs—curious purse-like organs which no insect
possesses, though spiders, more nearly related to scorpions than to in­
sects, often have both the insect’s tubes or tracheae and the scorpion’s
book lungs. No doubt book lungs—which are a sort of air-breathing
gills—were invented cióse to the water’s edge.
So far as I know, no detailed account of the mating habits of the
Arizona species has ever been published, but, in a creature which varíes
so little, they are probably the same as those described in Henri Fabre’s
classic account of those which live in Provence and also, more recently,
as the result of some observations made in the Philippines. Male and
female stand face to face with their tails raised and their stings touching. The male takes his partner by the claw and then backs away, leading her with him. This holding of hands in a sort of dance may last for
more than an hour, after which the couple disappears under a stone or
into some other recess, the male walking backward as he conducts his
partner. This sounds almost romantic, and it probably does involve a
sort of courtship. But the holding of hands is probably necessary, because creatures which are deaf and almost blind can’t afford to lose one
another once happy accident has brought them together. And though
human lovers have been known on occasion to cali one another “good
enough to eat,” we are likely to be shocked when the female scorpion
takes this extravagant metaphor literally—as she frequently does.
Even the scorpion’s venom is said to be of some very ancient kind
quite different from that of the serpent. And for once, a creature commonly regarded as dangerous really is, to some slight extent. The largest
kind are relatively innocuous and capable of giving, as I have been informed by a friend who knows from direct experience, nothing worse
91

�than a wasp sting. But two Arizona species, neither more than about
two inches long, can be deadly to small children and may give even an
adult several painful days in bed. Records kept at the Arizona State
College over a period of nineteen years ending in 1948 charge them with
causing sixty-four fatalities during that time—or more than four times
as many as rattlesnakes can be blamed for. Naturalists get rather tired
of insisting that few animáis are dangerous at all and very few indeed
anything like so dangerous as we like to imagine them, and it is almost
a relief for them to be able to say: Scorpions really do sting, some
species really are deadly to small children, and even adults really should
beware of them.
Even so, we tend to exaggerate the danger, both because we always
do and perhaps also, in the case of the scorpion, because there is something which we recognize as terrifyingly strange in many of the very
primitive creatures. Even the so-called deadly sort are deadly only to
the very young or the very feeble, and I myself have seen an adult who
had been stung by one go back to his work after keeping his finger in
ice water for an hour. By comparison with the automobile, for example,
they have very little effect upon the life expectancy of any inhabitant
of the desert country, even though a human being is more likely to be
killed by a scorpion than by a rattlesnake. No doubt men have been
killing them on sight at least since the earliest Stone Age. But they must
also have been impressed by them, for Scorpio was put among the
zodiacal constellations a very long time ago. And it is appropriate that
this constellation, rather inconspicuous in the north, becomes very
prominent in the summer sky above the desert.
So much, then, for this creature which, only a few pages back, I
insisted upon endowing with “daring” and with “courage” when it
first ventured upon the land some three hundred millions of years ago.
Judged even by the acuteness of its senses, much less by its intelligence,
it belongs very low indeed in the hierarchy of life. What a long, long
way it was from, say, the scorpion’s eye—almost too primitive to deserve
the ñame—to the eye of even so primitive an insect as the praying mantis.
Yet the fact remains that between the scorpion and man himself the
distance is not nearly so great as it is between the scorpion and anything
which does not live at all. The difference between seeing, no matter how
dimly, and not seeing at all is greater than the difference between the
scorpion’s visión and ours. It is easier to imagine how, given time
enough, a scorpion could become a man than it is to imagine how sea
water and mineral substances could have become a scorpion. Primitive
as his eye is, it is indubitably an eye. Its owner can see with it, however
92

�dimly. And sight in itself is a process beyond comprehension. It involves
awareness of some sort. Perhaps the difference between the scorpion’s
courage and what is possible for us is no greater than that between his
eyesight and ours. And who would refuse to use the word “seeing” to
describe what even a scorpion can do? Why should we not assume that
his courage and ours are no less essentially, though remotely, the same?
Even granting all this, it is, however, still possible to wonder why this
once so adventurous creature became so soon a very paragon of conservatism. As the first air-breather he may very well have been the remóte
ancestor of all the insects who were to proceed from originality to originality until they became capable of achievements which even man cannot wholly grasp. But this prototype of the insect himself continúes to
crawl upon the desert and to poison human beings with his ancient
venom, millions of years after almost all the other creatures which were
even his near contemporaries gave up their effort to survive in their
original forms. Like the horseshoe crab and the gingko tree, he should
have become extinct eons ago. But he has changed even less than they
have and has become one of the most striking examples not of evolution,
but of a refusal to evolve. Some of the irrational distaste and fear which
the sight of him inspires in most people may be the result of their dim
half-realization that he comes down from a past too remóte not to suggest unimaginable horrors. He is a living reminder of “the dark backward and abysm of time,” and like the earliest myths of the human race
he suggests the monstrous beginnings of instinct and mind and emotion.
He is altogether too much like some bad dream, and we do not like to
be reminded of it.
As to the mystery of why he is still here, we shall have to be contení
to put him down as a left-over without knowing precisely how he managed to achieve that humble status. A long time ago he wandered into
the desert pretty much what he is now and found that he could survive
there, no doubt partly because his demands are modest and he can
satisfy them without exposing himself very much. He eats insects, which
are plentiful, and he can do without water as well as without food for
long periods. Like the members of certain very oíd human families, he
has little to be proud of except the achievements of his remóte ancestors;
and if he were capable of pride, he might, like them, grow prouder just
in proportion as he comes to be more and more remóte from them in time.
Like such people, he also makes us wonder what became of the virtue
that once was in his race. Did the scorpion use up all the daring of his
tribe in his one great exploit all those millions of years ago? Perhaps he
93

�squandered it all at once like the wits at the Mermaid Tavern, each of
whom
Had meant to put his whole wit in a jest,
And had resolv’d to live a fool, the rest
Of his dull life. . . .

It is a pleasant fancy. But one had better not put it into words when
there are any paleontologists about. And though we honor the scorpion
for his early achievement, we have to admit that he doesn’t seem to have
done much to be proud of in recent years.

94

�EL REPENTINISIMO
EN EL RIOPLATENSE
ARTURO SERGIO VISCA*
Antes piensa y luego habla;
y después de haber hablado,
vuelve a pensar lo que has dicho,
y verás si es bueno o malo.
Augusto F errán .

en un café cualquiera, escuchamos a alguien que imprevista­
mente emite la opinión más imprevisible; cuando, en la oficina respec­
tiva, alguien va a patentar un invento de imposible ejecución; cuando,
en 1954, alguien descubre inopinadamente (y lo que sigue tiene carácter
histórico) que Lucrecio o Quevedo son grandes poetas, o manifiesta,
de golpe y con plena irresponsabilidad, que el Dante es un turista de
tres mundos que nos fatiga contándonos, en rítmicos tercetos, sus re­
cuerdos de viajero, podemos afirmar, sin mayor reflexión, que nos
hallamos en presencia de manifestaciones varias de una enfermedad,
de orden espiritual, que denomino repentinismo. Esta enfermedad se
manifiesta como una singular manera de funcionamiento de la afectivi­
dad y de la inteligencia y en su conjunto configura una actitud vital
que, desde hace mucho, se llama compadrismo. Actitud vital que si
bien ha tenido su paradigmático representante en el hombre del subur­
bio, sin embargo, como la fiebre, salta donde menos se piensa, y tiñe con
colores desvaídos a veces pero no por eso menos visibles, gran parte
de nuestra vida nacional. Esta nota se propone caracterizar ese mal,
y, en lo posible, establecer su etiología.
Pero, ¿qué es el repentinismo? Para saberlo conviene previamente
inquirir sus causas, que, a mi juicio, son la singular situación en que
está ubicado el rioplatense ante los valores culturales y el sesgo carac­
terístico que el individualismo de la raza latina toma en él, como con­
secuencia de aquella ubicación. Dejemos sentado aquí, para evitar malas
inteligencias, que ésta, como toda afirmación que se refiera a un ser
colectivo, no tiene más que un valor promedial, que no abarca al todo
en cada uno de sus integrantes sino a la generalidad. Pero admitidas
C ua n d o ,

* Joven escritor uruguayo. Nació en Montevideo en 1917. En el presente ensayo,
como en otros suyos anteriores, procura discernir los rasgos diferenciales carac­
terísticos de la psicología rioplatense. Este trabajo fue publicado en la revista
Asir (Montevideo, N°. 35, julio de 1954), de donde lo reproducimos con especial
autorización del autor.
95

�las naturales excepciones y advertidos del peligro de una generaliza­
ción excesiva, es posible plantear, sin temor y con sinceridad, la situación
aludida. Enfrentar nuestros problemas, y atender a ellos con ojos vera­
ces, es la mejor manera de empezar a resolverlos.
Debemos admitir, en primer término, que por destino histórico vivi­
mos, y estamos obligados a vivir, revestidos de formas vitales y cul­
turales que no son peculio nuestro intransferible ni creaciones naturales
de nuestra propia vida en su prístina espontaneidad. La trayectoria
natural que debió iniciarse en el aborigen y continuarse en el gaucho
sufrió una solución de continuidad. Del gaucho y del aborigen—a pesar
de la mentada sangre charrúa de la cual seguramente nadie tiene ni una
gota—sólo pueden quedarnos esos rasgos, como nacidos de la noche de
los tiempos, que, quién sabe por qué extraño atavismo, saltan viboreando,
de pronto, bajo nuestro indumento de hombres occidentales. Quebrada
esta primera línea de tradición o herencia vital, debimos crecer en la
que el conquistador nos impuso. Si esto fue una desdicha o una suerte
para América, puede discutirse, pero lo cierto es que perdimos hasta el
idioma. Y es bien sabido que el idioma, esa maravillosa creación mediante
la cual es posible hacer externo lo interior del alma, así como esa otra
maravillosa creación del hombre, el pudor, ha convertido en íntimo lo
exterior del cuerpo, constituye uno de los sostenes sustanciales de la
continuidad de toda tradición colectiva, cosa que no ignoraban, por
cierto, los que propugnaron la vuelta al guaraní como forma de habla
americana. Así, pues, nuestra verdadera tradición es, en sus líneas más
generales, la gran tradición de Occidente, que impuso, de la cabeza a
los pies de América, la conquista española. Pero nuestra calidad de
pueblos jóvenes ha imposibilitado hasta ahora que las formas hondas
de esa tradición arraiguen profundamente entre nosotros amoldándose
plásticamente a las nuevas circunstancias que constituyen el nuevo
ambiente vital. No somos los patricios—herederos directos—de esa
gran tradición. Somos los proletarios de ella. No luchamos impune­
mente con la distancia geográfica que nos separa de los centros originales
de esa tradición, de los lugares en que han cristalizado materialmente
sus productos seculares. Al cruzar el Atlántico esa línea de tradición
se ha quebrado, y debemos retomarla con esfuerzo. Y este esfuerzo no
es el que debe realizar el europeo culto que, según T. S. Eliot, no hereda
la tradición sino que debe conquistarla en ardua lucha. Porque el es­
fuerzo del europeo culto consistirá en religarse vitalmente cada vez
más a su tradición, adquiriendo más lúcido sentimiento de sus relacio­
nes con ella, pero se inicia ya naturalmente instalado dentro de ella.
Nuestro esfuerzo es mucho más ingente: desde nuestra intemperie
cultural, desde “el afuera” de una tradición que no nos es ingénita ni
96

�connatural, debemos empezar por instalarnos dentro de ella, para asi­
milarnos luego a ella vitalmente. Y debemos hacerlo reconquistando,
además, nuestra originalidad. Porque no podemos admitir, (sería exceso
de resignación) que la originalidad del hombre rioplatense radique en el
fervor popular por el fútbol, ni en el sentimiento, en general interiori­
zante, que expresa el tango, ni en los alardes arrabaleros y compadres,
ni en el uso del gacho a lo Gardel o del pañuelo blanco de seda, ni del
taco militar y pantalón bombilla, ni, en fin, en tantos otros subproductos
ante los cuales suelen pasmarse los tontos. Podrán ser todas éstas, cosas
muy rioplatenses, pero son, al mismo tiempo, muy dignas de ser com­
batidas. Tampoco podemos resignarnos a admitir que nuestra originali­
dad quede agotada en aquellas pocas cosas puras que aún podemos
rastrear en el sentimiento manifestado en una vidalita, por ejemplo,
o en algún otro aire auténticamente campesino, ni en aquellos pocos
usos, costumbres, sentimientos e ideas en los que, con igual pureza,
aflora algo de nuestra prístina originalidad. Esto, en cantidad y calidad,
es todavía muy poco. Como ya quedó dicho debemos reconquistar
nuestra originalidad, en cierto modo crearla. Y esta tarea consistirá en
la creación de nuevas formas de vida y de cultura, nacidas de nuestra
propia realidad, vinculadas con nuestros casi perdidos orígenes nativos
(en lo que éstos tengan de auténtico y profundo, no en lo externo e
indumentario) pero coordenadas a la gran tradición occidental, a la cual
deben ingresar las nuevas concreciones vitales que nuestra propia vida—
la más auténtica: la que nace del quehacer cotidiano y en él se expresa—
ha creado ya en el pasado y va creando día a día. En esto consistirá
nuestra verdadera originalidad, pero hasta ahora sólo muy parcialmente
lo hemos logrado. Sólo hemos construido, en general y en cuanto realidad
colectiva, una mimesis de las formas vitales y culturales de esa tradición
y vivimos un remedo superficial de sus auténticas concreciones en los
usos, costumbres, hábitos mentales y efectivos, en la expresión literaria,
artística y filosófica. No podemos ni siquiera llamarnos europeos radica­
dos en América, porque para serlo nos faltan muchas cosas, y para ser
absolutamente americanos nos sobran. Nada más aleccionador para
hacer evidente esta mimesis, que recordar ciertas actitudes, frecuentes
por el novecientos, que postulaban un dandysmo mal avenido con nuestra
índole más profunda y un satanismo de importación francesa, que
tuvieron su ejemplar representante en Roberto de las Carreras, y
escandalizaron al aldeano Montevideo de la época. No tenemos ya,
quizás lo hubo en algún momento, un estilo propio de vida, ni en lo
material ni en lo espiritual. Nuestro carácter general es el amorfismo, es
decir: la carencia de formas definidas. Carencia que se expresa entre
nosotros por una monstruosa mezcla de formas dispares que no han
97

�logrado armonizarse. (Mal agravado en nuestros días por la aparición,
en ciertos sectores, de un falso estilo deportivo de vida, de filiación
norteamericana, y por una malsana ansiedad de lo espectacular, de
idéntica filiación). Poseedores, por simple importación, de riquezas
espirituales que no hemos contribuido a crear, no sabemos hacer uso de
ellas ni penetrar en su intimidad. Estamos, en realidad, desubicados
frente a los valores culturales. Por eso es tan frecuente entre nosotros
ver aparecer al bárbaro bajo las apariencias del hombre civilizado, y
por eso no poseemos ni la espiritualidad del primitivo, hecha de inocen­
cia, ni la del cultivado, hecha del dramático esfuerzo por superar, con­
servándola, esa inocencia. La consecuencia más inmediata, y fatal, de
todo esto, es que cada vez sabemos menos quiénes somos, qué queremos,
a dónde vamos, y cada vez nos forzamos menos por saberlo.
Pues bien: de este no saber quiénes somos, qué queremos, a dónde
vamos, nace, a mi juicio, ese sesgo característico que, como he dicho,
toma en el rioplatense el individualismo del hombre de raza latina y en
el que radica el origen del repentinismo. El individualismo es un áspero
anhelo de plenitud de sí mismo. Quien quiere realizarse en su total esen­
cia humana, viva, aspira en cada instante alcanzar la plenitud de su
yo más hondo. Pero esta plenitud, para que tenga signo positivo, sólo
es posible lograrla haciéndonos profundamente con la plenitud del
mundo que nos rodea. La plenitud del yo sólo se adquiere por el contacto
activo, por el diálogo sincero, con el no-yo. (Para lo cual se requiere,
paradójicamente, una cierta abdicación de sí mismo). Por eso este anhelo
de plenitud sólo puede realizarse por un acto esencialmente generoso:
comprender el mundo, los seres y las cosas, que nos rodean, para apre­
henderlas, pero dejándolos intactos en su íntima esencia. El individua­
lismo, pues, no implica una oposición con respecto al contorno vital en
que se está inmerso, sino una fuerte diferenciación que incluye en sí los
rasgos de ese contorno. Por eso para ser “él mismo” cada ser tiene que
conocer las facciones esenciales de su ámbito vital. Que ese conocimiento
sea intelectual o emotivo, tanto da. Pero es necesario poseerlo. Y este
conocimiento no lo posee el rioplatense. Cuando vuelve la mirada a su
alrededor, tropieza con ese amorfismo a que me he referido; cuando busca
un mundo espiritual en que apoyarse, se encuentra con que lo tiene ante
sí, pero tan lejano, que sólo instalarse en él significa ya un gran esfuerzo;
cuando se pregunta qué es ser rioplatense, percibe que no lo sabe. A
menos que se conforme con una mera definición geográfica, o crea que
ser rioplatense consiste en mimetizar alguna de esas caricaturas que ha
popularizado cierta literatura vernácula: el compadrito orillero, el
gaucho noble y taciturno, o vivaz y dicharachero, etc. En esta situación
98

�el anhelo de querer ser “él mismo” significa para el rioplatense bucear en
busca de un yo desasido de todo, de un yo que se asienta, casi, sólo
en sí mismo. El individualismo del rioplatense, como todo individualismo,
quiere ser una afirmación de sí mismo, pero empieza por ser una búsqueda
angustiada de su propio ser y termina por convertirse en un simple
afán de singularizarse, oponiéndose antagónicamente a su contorno vital.
Su individualismo es una rebelión sin porqués y tiene un carácter nega­
tivo. Su individualismo suele hacerlo un desarraigado que se jacta
secreta o públicamente de ello y configura una mera rebelión o contra
molinos de viento que toma por gigantes o contra gigantes verdaderos
ante los cuales se rebela sin razón o sin tener conciencia clara del porqué.
Por eso los gestos—de espíritu—con que este individualismo se expresa
son los de quien se siente ahogar y busca donde asirse o los gestos airados
del resentido.
Estamos ahora en condiciones de comprender, o expresar, más cabal­
mente lo que es el repentinismo. El repentinismo es un disparo del singu­
lar individualismo rioplatense. Yo diría que es la forma expresa y cons­
ciente en que se manifiesta el fracaso del inconsciente anhelo de afirma­
ción del yo. Es, en definitiva, el culatazo que ese fracaso produce. En el
repentinista, de hecho, existe ese anhelo de plenitud a que he aludido.
Pero esa plenitud, como queda dicho también, sólo se logra por la religa­
ción con el ambiente que lo rodea y de cuyos jugos vitales debe nutrirse.
Y aquí choca con el amorfismo de ese ambiente, con la ausencia de una
tradición arraigada. Extranjero en su propio mundo, se hace náufrago
de sí mismo. Para salvarse es necesario asirse de algo. Y para esto existen
dos posibilidades. O bien, con infinita paciencia se van creando, con un
esfuerzo pausado y constante, esas formas de vida y cultura originales
y auténticas, que deben nacer de la armónica alianza de nuestra realidad
propia y de la tradición de Occidente, o bien, en un acto desesperado,
se inventa un mundo artificial, improvisado y sin raíces, en el cual alo­
jarse. El repentinista escoge, inconscientemente, la segunda posibilidad.
Por impaciencia es incapaz de colaborar en esa gran tarea, que colectiva­
mente debiéramos imponernos todos, de crear nuestra originalidad. O,
lo que es lo mismo, de buscar nuestra verdad. De ahí esas súbitas opi­
niones sin consistencia, disparadas como proyectiles, acerca de cualquier
cosa, que ni siquiera expresan una convicción profunda de quien las
emite y que son características del repentinista. De ahí que el mismo
adopte estilos de vida que no le son propios, y que los cambie con la
misma facilidad que los adoptó. De ahí la necesidad de acudir en masa
a espectáculos que no le interesan. De ahí la invención de vocaciones sin
la capacidad de dar la vida para su cumplimiento y de ahí el dedicarse
99

�a actividades sin saber realmente por qué. Es que el repentinista está
improvisando ése su falso mundo del que necesita nutrirse, ya que le
falta el auténtico en el cual apoyarse, y es impotente para crearlo.
Y es en la creación de este mundo artificial que interviene aquella
singular manera del funcionamiento de la inteligencia y de la afectivi­
dad que he dicho. Para el repentinista la inteügencia no es un instru­
mento de aprehensión del mundo, ha perdido en él su poder relacio­
nante, no le sirve para entablar un diálogo activo con los seres y las
cosas. “Nadie tiene ideas”,—afirma, en El tostadero de don Patricio
de José Bergantín, el personaje que le da título—“las ideas no se tienen,
las ideas nos tienen, y sostienen quiméricamente con sus alas”. Pero el
repentinista es impotente para ser tenido, o poseído, por las ideas. Para
ello se requiere fe en la existencia real de las ideas, en su corporeidad,
y convicción de que el mundo real está impregnado de Nous anaxagórico. Y el repentinista carece de esa convicción y de esa fe. En el re­
pentinista la inteligencia no funciona tampoco como instrumento para
hallar una verdad—ni siquiera de una verdad privativa del repentinista.
La verdad no le interesa, pues no le es necesario para la creación de su
mundo personal. Su inteligencia se conforma con larvas de ideas que no
se adecúan al objeto al cual quiere referirse. La inteügencia del repen­
tinista es una inteligencia boomerang. El pensamiento, arrojado como
un proyectil mental, describe una trayectoria en el aire y vuelve al punto
de partida. Y vuelve tal como había partido: sin traer nada. La inteügen­
cia se hace así círculo vicioso, y el repentinista, espectador de sí mismo.
El es teatro, actor y púbüco, simultáneamente. En lo que se refiere a
la afectividad, el repentinista reacciona en forma análoga. El sentimiento
no lo religa cordialmente (de cor-cordis: corazón) con los seres y las cosas.
Sus reacciones emotivas, verdaderas explosiones a veces, son puro juego
de bengala. No le interesa el objeto del sentimiento. Las formas de su
afectividad son la expresión de la inconsciente sensación de angustia y
ansiedad que le produce la inconsistencia del mundo que lo rodea. De
ahí nace su rapidez para la reacción emotiva. Pero esa rapidez, que se
denomina entre nosotros “sentimentalismo criollo” y que tan chabacana
pero ajustada expresión ha encontrado en muchos tangos, es la expresión
del íntimo desarraigo efectivo. Como he dicho, al repentinista le in­
teresa muy poco el objeto que produce su sentimiento. Este objeto, tanto
como un sentimiento, son sólo pretextos para experimentarse a sí mismo.
El repentinista es un hedonista del sentimiento, del mismo modo que es
un falseador de la inteügencia. Pero estas dos singularidades—la in­
telectual, la afectiva—no agotan la expresión del repentinismo. El repentinismo culmina en esa actitud vital típica llamada compadrismo.
Cuando el repentinista no se conforma con la mera exhibición inoperante
100

�de los falsos valores con que quiere sustentar su vida, sino que pretende
imponerlos como norma general, doblegando a ellos las voluntades ajenas,
se convierte en el compadre. El compadrismo, por esto, es la suprema
expresión, la expresión culminante, del individualismo rioplatense. El
compadrismo es el repentinismo convertido en violencia, y el compadre,
el repentinista resentido. El compadrismo, como actitud física o mental,
o física y mental, se proyecta en formas tan múltiples en toda nuestra
vida nacional, que no es posible aquí penetrar en el tema.
Pero es conveniente finalizar estas observaciones recalcando que no
todo es repentinismo en nuestro país. Y acude a mi memoria el recuerdo
de don Ceferino Moreira. El es, para mí, nítida y exacta, la contra­
figura del repentinista criollo. Conocí a don Ceferino por el año 1941 o
1942. Recuerdo bien su figura: un don Quijote criollo, rostro color
boniato, barba entrecana, movimientos pausados, como de quien sabe
emplear para cada cosa la exacta cantidad de energía. Don Ceferino, de
quien no he tenido más noticias desde entonces, tenía, y espero que
aún tenga, una chacra en el departamento de Maldonado, a pocas
cuadras de la costa. Había vivido allí durante cuarenta años, sin casi
moverse de sus tierras, ni para ir a la próxima capital del departamento.
Era, posiblemente sea todavía, uno de los pocos auténticos campesinos—
no peón rural—de este país. Y esa larga y entrañable convivencia con su
tierra le había dado una extraña sabiduría. Era un mago para pronosticar
el tiempo, para anunciar el resultado que tendrían las cosechas, para
aconsejar cómo, cuándo y qué debía sembrarse. Los pescadores lo con­
sultaban y él, que no se movía de su chacra, les indicaba donde encon­
trarían pesca y de qué clase. Pero su sabiduría iba más allá de todo esto.
Era verdadera sabiduría vital. Frente a él, uno sentía que don Ceferino
estaba bien asentado en el mundo, que conocía el mundo y que el mundo
y los acontecimientos no lo peloteaban. Con agudeza a veces, con resig­
nación otras, con una admirable serenidad siempre, sabía encauzar los
acontecimientos. Su pensamiento se asentaba en esas cosas cercanas,
muy conocidas y queridas, que lo rodeaban, pero desde allí saltaba, con
serenidad y precisión, a muchas cosas más. Don Ceferino era hombre de
pocas palabras: “¡Pajarito!”, “¡Qué me dice!”, “¡Mire usted!”, sus más
frecuentes contestaciones. Pero con esta parquedad de expresión, ¡de
cuántas cosas era posible conversar con don Ceferino, y cuánto era
posible aprender de él! Nuestra narrativa ha recogido vidas de este tipo
(recordemos a Julio C. da Rosa, a Juan José Morosoli). Y es que se ha
comprendido su importancia. Son, lo es para mí don Ceferino Moreira,
representación ejemplar de este tipo humano que Pedro Salinas, en su
estupendo libro Jorge Manrique: tradición y originalidad, denomina
“analfabeto profundo”, oponiéndolo al “alfabeto superficial”. Claro
101

�está que no propongo como ideal de hombre al analfabeto profundo.
Señalo únicamente que hay en él, rigurosamente, una forma más autén­
tica de cultura. Las mismas limitaciones que el analfabetismo le impone,
operan una reducción en el mundo interior del analfabeto, que, obligado
a vivir de un número más limitado de cosas acerca de las cuales es posible
su meditación, debe necesariamente profundizar más en ellas y en ellas
más profundamente interiorizarse. En cambio, el alfabeto superficial
es un hombre cargado de medios-saberes o saberes a medias que son en
definitiva un no saber. Y esto—producto de un contacto superficial con
la cultura—actúa como un lastre o peso muerto que termina por im­
posibilitarle el contacto sincero y espontáneo hasta con las cosas más
simples y cercanas de su propia vida. El alfabeto superficial vive sólo
con lo exterior del alma y no toca nunca la interioridad del mundo. No
es capaz siquiera de intuir el mundo en su misteriosidad. Y hasta el
lenguaje se le hace pérfido y traidor, porque la cantidad de vocablos que
conoce es mayor a la cantidad de ellos que, para él, están cargados de
verdadera significación y sentido. Pues bien: la consecuencia que se
infiere de todo lo dicho es clara: el analfabeto profundo nos ofrece una
enseñanza vital, tan alejada del repentinismo, que el repentinismo en él
es imposible. De él debemos aprender a tejer paciente, delicada y seria­
mente los hilos que la cultura y nuestra propia vida nos ofrecen; de él
debemos aprender a construir, sin precipitaciones, nuestro propio mundo.
Sólo así podremos combinar las fórmulas antagónicas (“analfabeto
profundo”, “alfabeto superficial”) en la síntesis ideal: el alfabeto pro­
fundo. Mientras tanto ¿de cuántos seres, en nuestro país, podremos creer
que sean capaces de crear su vida—porque la vida es algo que se hace—
de acuerdo con una verdadera pasión, una pasión que no sea como esa
explosiva, instantánea y destructiva fuerza del rayo: mera descarga,
sin finalidad, de electricidad anímica? Y sería aleccionador, para nosotros,
meditar hasta vivirlas, estas palabras con que el Dante concluye La
vida nueva: “Terminado este soneto, me sobrevino una extraordinaria
visión en que contemplé cosas tales que me determinaron a no hablar
de aquella alma bienaventurada hasta tanto que pudiera hablar de ella
más dignamente. Para lograrlo estudio cuanto puedo, como a ella le
consta. Así es que, si el Sumo Hacedor quiere que mi vida dure algunos
años, espero decir de ella lo que jamás se ha dicho de ninguna. Después,
¡quiera el Señor de toda bondad que mi alma pueda ir a contemplar la
gloria de mi amada, de la bienaventurada Beatriz, que gloriosamente
admira la faz de Aquél qui est per omnia sécula benedictus” !

102

�NOTICIAS
Seminario Interamericano de
Educación Secundaria

Mas de cien educadores concurrieron
al Seminario Interamericano de Educa­
ción Secundaria que se realizó en San­
tiago de Chile desde el 29 de diciembre
de 1954 hasta el 23 de enero del corriente
afio. Entre los asistentes figuraron di­
rectores generales de educación, ins­
pectores y superintendentes de en­
señanza, rectores de liceos, decanos de
facultades de educación y profesores. En
conjunto estuvieron representados la casi
totalidad de los países miembros de la
Organización de los Estados Americanos
y las más importantes organizaciones in­
ternacionales, como las Naciones Unidas,
la Oficina Internacional del Trabajo, la
FAO y el Instituto Panamericano de
Geografía e Historia.
El Seminario consideró los distintos as­
pectos déla enseñanza secundaria y se hi­
cieron recomendaciones relacionadas con
la finalidad de los estudios secundarios;
su posición dentro del ciclo medio; los
planes y programas de estudio; la gratuidad de la enseñanza y la igualdad de
oportunidades; el problema de la coedu­
cación; los sistemas de promoción y los
exámenes; la intervención del Estado y
la libertad de enseñanza; la formación,
nombramiento y remuneración de los pro­
fesores. Fue motivo de particular estu­
dio, también, la vinculación de la ense­
ñanza secundaria con la profesional o
especializada. En el grupo de trabajo
que discutió este asunto intervinieron
técnicos europeos enviados por la
UNESCO. Durante la realización del
Seminario, además, permaneció abierta
una exposición de textos de enseñanza
secundaria facilitados por diferentes edi­
toriales de América.
Este seminario es el quinto de la serie
que viene organizando la Unión Pana­

mericana para estudiar los problemas
educativos de América y contó con el
auspicio y el generoso apoyo del Go­
bierno de Chile y de la UNESCO. Se
estima que la adopción por parte de los
países de la Organización de los Estados
Americanos de las conclusiones y reco­
mendaciones de este seminario contri­
buiría a elevar notablemente el nivel de
la educación secundaria en América.

Donación de las obras de Rufino
José Cuervo
En la sesión que el Consej o de la Orga­
nización de los Estados Americanos rea­
lizó el 11 de marzo del corriente año,
el Embajador de Colombia ante la Orga­
nización, Dr. César Tubo Delgado, hizo
entrega oficial de la edición de las obras
de Don Rufino José Cuervo que acaba de
publicar el Instituto Caro y Cuervo de
Bogotá, bajo los auspicios del Gobierno
de Colombia. Entre los volúmenes dona­
dos figuran los dos primeros tomos del
monumental Diccionario de construcción
y régimen de la lengua castellana, obra
en la que el sabio erudito colombiano
trabajó durante muchos años, pero que
quedó inconclusa con motivo de su
muerte. Al hacer entrega de los volú­
menes, el Embajador Delgado tuvo
oportunidad de recordar que, de acuerdo
con las recomendaciones hechas por
varias Conferencias Interamericanas,
existe en la Unión Panamericana un
fondo especial destinado a completar y
publicar en su totalidad la mencionada
obra de Cuervo. Seis países, hasta ahora,
han hecho efectivas sus contribuciones
a dicho fondo: Argentina, Colombia, la
República Dominicana, Guatemala, El
Salvador y Venezuela. La suma re­
caudada asciende ya a la cantidad de
14.000 dólares.
103

�Sistema de clasificación decimal
de Dewey

su parte, está circulando por diversas
ciudades de los Estados Unidos, con el
patrocinio de la Smithsonian Institution
La editorial Forest Press, Inc. de de Washington.
Nueva York anuncia la próxima apari­
ción de la edición española del Sistema
de clasificación decimal de Dewey. La Cine del Brasil
traducción de esta importante obra ha
La Sección de Artes Visuales de la
sido realizada por personal técnico de la Unión Panamericana presentó en el
Biblioteca Conmemorativa Colón con la auditorio del Departamento del Interior
colaboración de numerosos especialistas de los Estados Unidos, en los días 19 y
de la Unión Panamericana.
22 de noviembre de 1954, un programa de
cine brasileño. Fueron exhibidas dos
Exposiciones de arte
películas de largo metraje, Sinhá Moga
Durante la segunda mitad de 1954 y O Cangaceiro, y dos documentales de
tuvieron lugar, en la galería de la Unión arte: Santuário y Painel.
Panamericana, varias exposiciones de
artistas latinoamericanos. Del 17 de Conciertos en la Unión Pana­
agosto al 16 de setiembre se efectuó una mericana
muestra de “collages” del brasileño
Ivan Serpa. Del 17 de setiembre al 6 de
Cerrando el ciclo de conciertos de
octubre se exhibió una colección de verano de 1954, la Banda de la Marina
óleos y dibujos del chileno Clarence de los Estados Unidos ofreció, el 2 de
Mundy. Con el título “Pájaros de Argen­ setiembre, en el Jardín Azteca de la
tina” se realizó, entre el 7 y el 30 de octu­ Unión Panamericana, un programa de
bre, una exposición de acuarelas del música de América en el que figuraron
argentino Salvador Magno, ilustrador del obras de Henry Cowell, Owen Reed y
Museo de Historia Natural de Buenos Heitor Villa-Lobos. El día 12 de octubre,
Aires. El 9 de noviembre se inauguró la en conmemoración del Descubrimiento
exhibición de óleos del pintor primiti­ de América, se inició un nuevo ciclo de
vista hondureno José Antonio Velázquez, conciertos con una audición del pianista
la cual permaneció abierta hasta el 6 de chileno Alfonso Montecino. El 17 de
diciembre. Finalmente, del 8 al 27 de di­ octubre tuvo lugar un recital de la folklo­
ciembre, se expuso la obra del pintor rista mexicana María de León Ortega;
boliviano Arturo Reque Meruvia. Todas el 23 de noviembre, el concierto del
estas exposiciones fueron organizadas guitarrista cubano Rey de la Torre y,
por la Sección de Artes Visuales y con­ el 7 de diciembre, el del violinista mexi­
taron con los auspicios de las Embaja­ cano Enrique Serratos, quien fue acom­
das respectivas ante la Organización de pañado al piano por Vladimir Sokoloff.
los Estados Americanos. La muestra de Todos estos conciertos fueron organiza­
Serpa fue preparada bajo la responsabili­ dos por la Sección de Música del Departa­
dad del Museo de Arte Moderno de Rio mento Cultural de la Unión Panameri­
de Janeiro y la exposición de Magno, por cana.

104

�AGENTES

—

AGENTS

—

DEPOSITALES

Argentina (Subscripción anual $10,00): Gilberto Morales V., Agencia General de

Buenos Aires: Eugenio C. Noé, Rioja
2375, Olivos (subscripciones); S.A. Edi­
torial Bell, Calle Campichuelo 553.(ven­
tas) .
Bolivia (subscripción anual Bs. 120):
La Paz: Librería Científica Literaria ‘‘Se­
lecciones’’, Avenida Camacho 369, Casilla
972.
Brasil (assinatura anual Cr $40,00):
Sao Paulo, S.P.: Sra. Jeanne Fernandes
Amaral, Largo S. Francisco 181-9°.
C añada (annual subscription US $2.00):
Montréal 34, Québec: Periódica, Inc.,
4234 Rüe de la Roche.
Colombia (subscripción anual $4,00):
Bogotá: J. Joaquín Castro Márquez,
Agente General de Revistas Extranjeras,
Carrera 8a. No, 6-67; Barranquilla: L i­
brería Nacional Ltda., 20 de Julio, San
Juan de Jesús; Bucaramanga, Santander:
Abelardo Cárdenas, Librería Iris, Calle
34 No. 17-36; Cali, Valle: Librería Nacio­
nal Limitada, Carrera 4a No. 12-59; Cúcuta: Librería Zig-Zag, Calle 11 No.
4-20; Medellín: Librería Central, Edificio
San Femando, Junín No. 56-58.
Costa R ica (subscripción anual C 11,00):
San José: Carlos Valevín Sáenz y Cía.,
Casa Valerln, Frente al Costado del
Teatro Raventós.
Cuba (subscripción anual $2,00): La Ha­
bana: Carlos Mantici Castro, Virtudes
257-259; Agencia de Publicaciones Madiedo, Presidente Zayas 407.
C hile (subscripción anual $85,00): San­
tiago: Librería Ivens, Moneda 822.
E cuador (subscripción anual 27 sucres):
Guayaquil: Muñoz Unos, y Cía., Boulevard 9 de Octubre 703; Quito: Muñoz
Hnos. y Cía., Sucursal, Venezuela 589 y
Sucre-Esq., Casilla 522.
E l Salvador (subscripción anual
C 4,00): San Salvador: Manuel Navas y
Cía., La Casa del Libro Barato, la. Ave­
nida Sur No. 37; Almacén y Librería “El
Siglo”, Steiner &amp; Schoening, 2a. Calle
Poniente No. 6.
E spaña (subscripción anual US $2.00):
Madrid: Librería J. Villegas, Preciados,
33.
'
F rance (abonnement annuel US $2.00):
Le Vésinet (S. &amp; O .): Joaquín Baéta, 37,
Ave. Georges Clemenceau.
Guatemala (subscripción anual Q 2,00):
Guatemala: Miguel A. Guzmán, Librería
“La Lectura”, 6a. Avenida Sur No. 2;

Publicaciones, Apartado Postal No. 84.
H aití (abonnement annuel 15 gourdes):
Port-au-Prince: Librairie “A la Caravelle”, Bolte Póstale 111-B.
H onduras (subscripción anual L 4,00):
Tegucigalpa: H. Tijerino, Agencia de
Piiblicaciones “Selecta".
México (subscripción anual $13,50):
México, D.F.: Selecciones Distribuidor a,
S.A., Plaza de la República No. 48;
DIMSA, Distribuidora de Impresos, S.A.,
Avenida Mariano Escobedo 218; Nuevo
Laredo, Tamps.: Juan B. Calderón, Hotel
Calderón.
N icaragua (subscripción anual 10,00
córdobas): Managua: Ramiro Ramírez,
Agencia de Publicaciones.
P anamá (subscripción anual B. $2,00):
Panamá: J. Menéndez, Agencia de Publi­
caciones, Plaza de Arango No. 3.
P anama Canal Zone (annual subscrip­
tion $2.00): Ancón: Albert A. Steer, Steer
Agencies, Inc., Box 5035.
P araguay (subscripción anual G 12,00):
Asunción: Moreno Hnos., Casa América,
Independencia Nacional 109.
P erú (subscripción anual S/20,00):Lima:
Librería Internacional del Perú, Boza 879,
Casilla 1417.
P hilippines (annual subscription US
$2.00): Manila: Rafael de Berenguer,
UNIVERS, P.O. Box 1427.
P ortugal (assinatura anual US $2.00):
Lisboa: Alberto Armando Pereira, Ave­
nida António Augusto Aguiar 13.
P uerto R ico (subscripción anual $2.00):
San Juan: Matías Photo Shop, Fortaleza
200.
R epública D ominicana (subscripción
anual $2,00): Ciudad Trujillo: Librería
Dominicana, Calle Mercedes 49.
U nited States (annual subscription
$2.00): Washington 6, D. C.: Publications
División, Pan American Union.
Uruguay (subscripción anual $3,80 ps.):
Montevideo: Héctor D’Elía, Oficina de
Representaciones de Editoriales, 18 de
Julio, 1333.
Venezuela (subscripción anual Bs.
7,00): En todas sus sucursales del país:
Banco de Venezuela.

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PANORAMA
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Aleeu Amoroso Lima
OIVILIZÁQÍO b r a s il e ib a -*

José M. Machín
CAUDILLISMO Y DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA

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\'incent C- Hopkins
THE AMERICAN IN EUROPEAN EYES

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Guillermo de la Gruz-Coronado

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GRACJLIANO RAMOS: TRAYECTORIA Y PERSONALIDAD
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Julio K. Payró

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Machín, José M.&#13;
Hopkins, Vincent C.&#13;
De la Cruz Coronado, Guillermo&#13;
Payró, Julio E.&#13;
Bruera, José Juan&#13;
Wood Krutch, Joseph&#13;
Visca, Arturo Sergio</text>
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REDACCION

Y

ADMINISTRACION:

Año III
Juni&lt;*

’erú 973 - Buenos Aires - Teléf. 34-2384

O ||
i¡ P

19 4 8
2‘'•Epoca

Precio del número: $ 1. moneda argentina
Suscripción an ual: $ 10. moneda argentina

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La Nueva
E§@OEL

DEL PERÚ COLONI AL

de Compositores

fr a y PramcSse® dleD ©sisuni®

Norteamericanos

Por ROSA ARCINIEGAS
Por AARON COPLAND
r ray Francisco del Castillo — al parecer, le sobraría el “ fra y ” porque

í sólo llegó a ser lego del convento de la Merced de Lima, pero así le deno­
minaron sus contemporáneos y así le reconoce la historia literaria del Pe­
ni
fue un epigramista y repentista popular a quien nuestro tiempo
actual, no obstante todo eso de “ por el pueblo, del pueblo y para el pueblo”
i que se dice aspirar tanto en política como en arte, negaría el título de
poeta. Le llamaría
sobre todo, sabiendo que era ciego— coplero, roman­
ero, versificador, pay ador, etc.; cualquiera de esas cosas despectivas en el
ondo, que se le suelen llamar al poeta a lo “ Martín Fierro” que canta con
frase pelada lo que le peta cantar, que recita como recita el pueblo — o para
jue el pueblo recite con él , que no usa papel ni pluma v que tiene el don
iel repentismo a flor de labio.
Esto del don del repentismo o de el mote de “ E l Ciego de la Mer­
i improvisación, puede no tener
ced” . Claro que, leyendo atenta­
íingún valor entre los poetas erumente los versos que de él han. lle­
litos y los críticos, pero lo tiene
gado hasta nosotros, cuesta cierto
-extraordinario— ante el. pueblo,
trabajo creer, por determinadas alu­
i tal extremo que, para éste último,
siones a objetos difíciles de imagi­
ao sería en realidad poeta aquel de
nar sin verlos, que aquel epigramis­
juien supiera que, para componer
ta mordaz jamás hubiese gozado del
ana estrofa, tiene que sumergirse
maravilloso sentido de la vista; y
Jurante horas en la soledad de su
aun se nos antoja extraño que, sien­
orre de marfil y corregir y agregnrf
do ciego, fuese admitido en el con­
i pitíai- y quitar, hasta dejarla .aviavento mercedario como lego. ¿ No se
la. El pueblo ha tenido y sigue tería lo más probable que la leyenda
íiendo la creencia de que el poeta
popular, en su admiración por el
‘habla en verso” en cuanto quiere
vate que tanto le divertía, echara a
1esté en trance, y esa virtud mistevolar la especie de que “ el ciego de
'iosa es, cabalmente, la que él admi­ la M erced” lo era de nacimiento a
racon asombro y venera con respeto
( Continúa en la pág. 5.)
■eligioso. Si admira y respeta más
&gt;quien le ofrece largos poemas por
scrito es, generalmente, porque cree
jue éste tiene la facultad de improisar todo aquello con la misma senillez con que el repentista a quien
conoce improvisa sus cantares, deci­
os y epigramas.
Fray Francisco del Castillo fué,
orno se ha comenzado por decir,
no de esos improvisadores o repena b l a r de m e n s a j e en una obra
stas que hacen sus versos a la vista
pictórica debe parecer rebusca­
lisma del pueblo y aun a incitación
miento
metafórico, por eso creo con­
d pueblo — con temas y estribillos

C

J. B á t e l e P l a n a s . L os m e c a n is m o s d e l n ú m e r o . 1945

EL MENSAJE PLASTICO DE
J. B A T L L E
PLANAS

H

Por ADOLFO ESTE
veniente comenzar por aclarar el
título de este trabajo. Siempre he
considerado que la obra de un artis-

«fijados— y por eso parece que su
ima fué inmensa entre la masa po­
dar de la Lima Colonial'del siglo
roí, masa heterogénea y alegre de
láñeos, negros, indios, mestizos,
holos y zambos jaraneros que se
•prendían de memoria y repetían,
lespués, por callejones y plazuelas,
anchas de las atrevidísimas coplas
jue aún hoy sabe todo el mundo en
Urna y las repite “ sotto voce” — la
gazmoñería de nuestro siglo no las
oleraría por escrito— sin saber cuya
s su paternidad.
De Fray Francisco del Castillo es
loco lo que se sabe y este poco gra­
bas a la diligencia del venerable pa­
triarca de las letras peruanas don
Acardo Palma, quien, husmeando
•'orno siempre entre polvorientos pa­
gotes y periódicos de antaño, dió
ion1el número 43 de la “ Gaceta de
hima” , correspondiente al 27 de
enero de 1771 y, en ella, con la úniCa noticia biográfica existente sobre
lego mercedario. Fray Francisco
era limeño, había nacido en 1714,
Egresado como lego en la Orden de
•nestra Señora de las Mercedes y
alleció en diciembre de 1770, a la
'dad de 55 años
Pero lo extraordinario de este
. a Popular es que era -ciego; y
3 ’° a creer en la noticia biográ,lea antes mentada— de nacimien?’ P°r cuya razón, tanto como por
p n°mbre de “ Fray Francisco del
-'astillo ’, se le conocía en Lima por

contaba yo veinte años,
era enorme mi interés por lo que
producían otros compositores jóve­
nes de mi generación. Aun antes de
haberme familiarizado con nombres
como los de Roy, Ilarris, Roger Sessions, W alter P istón y los dos
Thompson, ya me consideraba yo
instintivamente como miembro de
una “ escuela” de compositores. Sin
el esfuerzo conjunto de un grupo de
hombres no hubiera sido posible dar
a los Estados Unidos música propia.
Ahora mis contemporáneos y yo de­
bemos contarnos entre los padres
espirituales de una nueva genera­
ción de compositores. Pero perso­
nalmente yo encuentro que mi inte­
rés por lo que los jóvenes producen
es tan vivo como lo fué antaño. Es
evidente que no se puede lograr la
continuidad tradicional de la mú­
sica creadora en país alguno sin una
constante renovación del material
humano, por lo que cada década
produce una nueva hornada de com­
positores.
A juicio mío, una de las funciones
más importantes de los que se con­
ceptúan a sí mismos guardianes de
la tradición musical, particularmen­
te en nuestro Hemisferio Occiden­
tal, donde el movimiento musical
creador es joven todavía, consiste en
observar y alimentar cuidadosamen­
te las delicadas raíces de la genera­
ción más joven.
En los Estados Unidos los jóve­
nes compositores surgen por todas
partes. Mi impresión es que nos ha­
llamos precisamente en los comien­
zos de la explotación de nuestra
potencialidad creadora. La genera­
ción de 1930 — Marc Blitzstein, W illiam Schuman, Samuel Barber, Da­
vid Diamond y Paul Boxvles— ya
está perfectamente establecida. La
de 1940 — que es de la que me voy
a ocupar en este-artículo— está sien­
do estimulada con premios, encar­
gos, becas, donativos y a veces con la
representación de sus obras.
A l contrario do los compositores
de mi generación, la mayor parte de
estos jóvenes no han estado en Eu­
ropa. Pero Europa ha venido a ellos,
porque muchos han tenido contacto
personal con maestros como Stravinsky, H indem ith, S ch oen berg,
Milhaud y Martinu, todos los cua­
les viven y trabajan en Estados
Unidos. Sería ciertamente extraño
que la presencia de estos maestros
contemporáneos no hubiera ejercido
cierta influencia sobre la más joven
generación de compositores norte­
americanos. Mi propia generación
sentía poco interés por la obra de
sus antecesores: Mac Dowell, Chadwick o L oeffler; su influencia en
nuestra música fué nula. Hoy día
los jóvenes compositores norteameri­
canos están probablemente tan in­
fluidos por Ilarris o Schuman co­
mo por Stravinsky o Hindemith. En
general, la obra de la última gene­
ración representa una amplia varie­
dad de gustos en la composición más
bien que una tendencia unificada.

R a m ó n G ó m ez C ornet.

Niña. (O leo).

(Ver artículo de Romualdo Brughetti en la página 16.)

ta vale por lo que nos dice de su
propia personalidad, por lo que nos
relata y nos predica, por las cosas
desconocidas que nos revela. Todo
verdadero artista lanza en el acto
de la creación una sonda en la pro­
fundidad del misterio y en este sen­
tido su obra es un mensaje! Si toda
obra de arte debe ser concebida co­
mo mensaje, ninguna mejor que la
de Batlle Planas, quien ha elegido la
imagen y el color como los medios
apropiados para confiarnos sus des­
cubrimientos, hechos al incursionar
en ese mundo oscuro del incons­
ciente, el mundo de los misterios que
pese al psicoanálisis, no es territo­
rio apropiado para el hombre de
ciencia, sino para el artista.
Si la obra del artista fuera so­
lamente importante en cuanto nos
revela un mundo ignoto, no mere­
ciera el lugar tan especial y alejado
de lo científico que le ha dedicado
el hombre. La tarea fundamental
del artista es otra: con el material
en bruto obtenido en el campo de lo
desconocido, construye un objeto
nuevo y real, dotado de vida pro­
pia, independiente, nunca antes
ofrecido por la naturaleza en forma
espontánea; ese objeto constituye la
obra de arte. No hablo precisamen­
te de “ obra bella” porque el con­
cepto de lo bello ha sido reducido
por la frecuentación popular a una
connotación muy limitada, que im­
pide señalar la universalidad que
caracteriza a la obra de arte.
Siguiendo con este breve preám( Continúa en la pág. S.)

uando

( Continúa en la pág. G.)

�ca b a lga ta

2

Y a el tambor de los llanos no es su lecho;
los cascos redomones no repican su nombre hacia el
no tiembla ya esta pampa
[coraje;
sobre su pecho universal de las guerrillas;
vedle bajo la luz violada por la múerte
erguido entre las sombras indomables
con su carne que tiembla ante los ritos
que devoraron las constelaciones;
vedle otra vez fugado del retrato
con el tajo de un siglo entre él y la Patria.

N e v e r m o r e
But the silence teas unbrokcn,
and the stillness gave no token.
E

L

dgar

A

llax

F

oe

Palabras surgieron
con su golpe de arañas.

as

Era un
trágica
erguido
girando

El día despeinaba las cabelleras de alabastro,
el día, el d í a ...

sinfín violeta,
luz de crinolina y rayos,
sobre un plano,
entre medusas sobre el sueño del día.

La Dama descendió de su lomo del libro
inclinando hacia el muro fosforado
la cabellera de la ausencia e te rn a ...
Las Palabras, perfumadas arañas invasoras,
(nevermore, nevermore, nevermore,)
ojos de tul y patas de locura,
impelían el plano de la escena variante y tornavientos,
lúcida y espectral,
como un geómetra decantado y de pie
sobre el punto del tiempo.

Segundo l’ nema para mi Abuelo el General

¡ Otra vez, General, llegado en la mirada de los héroes;
el paso está de lanzas y retamos
bajo el clarín paisano de tus h om bres... !

Acaso todo fué olvidado,
saqueado, carcomido.

Galopad, galopad,
entre la brupta sinfonía que cercena batallas;
el viento arroja las cabelleras de los muertos
hacia el Sur infinito.
Alguien ha desmontado los corceles
y los facones danzan ante la túnica escarlata.

El General fugado del retrato
hundió su carne temblorosa
en otra sombra que esperaba
bajo las blancas garras de la lám para...

He ahí el pasadizo hacia el espanto,
aquel que el mar pisara
con su paso de albatros ten eb roso...
Ama en él a la sombra, que abrace tu cintura,
acaso sea el anuncio
que fué decapitado junto a ti,
que ya no eres de amor, N everm ore...
Escucha como el día destruye para siempre
al vidrio deslumbrante de la m u e rte ...

El General ha regresado,
ha enguantado la mano traicionada,
y un anillo de fuegos resurrectos
cierne a su corazón entre fantasm as...

N U E V O S

P a s e o

donde no se habita, frío espacio que no tocamos,
piedras en las que no respiro, opacas avenidas.

O E L

1
i

La estrella de tu suerte se disuelve
como un diamante de agonía
que ha caído en el mar,
y los caranchos surgen
desde la luz gaseada del espanto;
el puma limpia sus sueños amatistas
y mira al cañadón atropellado
por un río de sombras sin aperos,
como un torrente definitivamente trágico.

El General lleva otro rostro,
un rostro solo, como el galope de la muerte;
un rostro como un ámbito
recorrido por rayos y vidalas;
un mapa de llanuras y fogones
bajo la advocación de la esperanza...

Pero el silencio no fué roto
y la quietud era una danza
con su paso de dama
y su mano de plata como un ala.

E l

Si acudí para verle en esta noche,
traigo mi propia luz para besarle,
y mi potro auroral está presente
piafando entre profetas y v ictoria s...
Recorro entre los astros el trayecto funesto
y veo cómo acuden al signo de su mano
las tacuaras del Tala,
y cómo muerde el casco del bagual
sobre la ardiente brújula liberta,
sobre los yelmos n e g ro s...

El General ardió en la noche,
y la mano de insomnio con su guante de fósforo
abrió la primer puerta.

La Dama señaló con su mano de plata
y el ala negra y fina
batió la espuma cruel hacia la a u ro ra ...

P O E T A S

Aguardad, Nevermore,
el día ha prometido,
entre tanto,
abrázame y dancemos como leopardos ciegos;
giremos y giremos
entre las Palabras perfumadas. . .
La Dama ya nos cubre con sus cabellos de lo eterno
y el ala negra; y fina se tornará en silen cios...
Ved el muro de fósforo que crece y no es el día, Nevermore,
no es el d í a ...

Ju a n Carlos A . de La Madrid

P E R U

de un extraño perfume,
entre nosotros,

el alma desusada comienza, la dicha silenciosa penetra,
saluda a las estrellas.

en un desnudo
cíarto.

stros

En el carbón y los diarios inflexibles, como el humo
soy que escapa a la vieja; argamasa del hogar.
La ciudad es una helada cuadrícula, un pensamiento
agudo y persistente que rayara con la pureza de la mañana.
La ciudad es ya un alegre tren, un silbido de oro,
un fuego rápido y deshabitado al pasar los andenes.

El aire se rompe, adelgazado en entusiasmos de paloma,
el pobre aire se escapa — la voz sumergida en el cuerpo— ,
el aire al aire se da, en su mismo deseo y presto aullido,
en su lejano silbo.
La antigua sed que se incorpora, el paso que nos lleva,
la cosa total que nos derrumba- La suma del silencio y la figura
— mar que nadie ha visto— ,
la sola herida que ante tanto abandono se cierra.
¡A y , la grave gravedad que me llevo, el alma que me llevo!
Curios Alfonso Ríos

Una puerta que se abre sobre lo inesperado.
Ja v ie r Snlnguren
%

Librería Enterrada
uÉ libros son estos, Señor, en nuestro abismo, cuyas hojas
Estrelladas, pasan por el cielo y nos alumbran?
Verdes, inmemorables, en el humus se han abierto, quizás
Han acercado una oración a nuestros labios
O han callado tan sólo en sus sombras, cual desconocidos.
Naturaleza que ora aún en ellos, a sus signos
de hierro se arrodilla, con flores en el vientre,
Por el humano que al pasar no los vió en el polvo,
No los vió en el cielo, en la humedad de sus grutas,
Y se vinieron abajo como un bloque de los dioses.
De entonces sólo queda en ellos un verde velo
De armaduras de brazos enjoyados y corceles que volvieron
A su nobleza de esqueleto entre sus hojas.
Y olmos abatidos, tunas de la guerra, gloria y rosa,
Duermen también en ellos, cubiertos de invernal herrumbre
Y sólo hasta sus viejas letras, muy calladamente,
La sutil retama o el lirio de la orina acuden,
Y una mano azul que vuelve sus páginas de sodio
Entre las rocas y avienta sus escamas a la Muerte.
JMe permitiréis, Señor, morir entre estos libros, de cuyo seno
cubierto de aroma mana el negro aceite de la sabiduría?
Jorge Eduardo Elelson

O

P o e m a
el sueño se abandonan los huesos a su propio silencio
Ey hay
un ave muda volando en su tamaño, ¡ ave buscando todavía !
n

El día tremendo en que intensamente te busco
se agita el cuerpo en su misma luz dormida, herida de buscarte,
y te sueño dulcemente escondida entre la sombra y el agua,
abandonada, tendida y quizá muerta.
Llegaremos, tal vez, a lo secreto, ungidos de terneza y vertical
[altura;
al alba la flor se vuelve y mira, se adormita la palabra
en la rosa abierta;

Las

S u e ñ o

-

Cuando los labios
y el cuerpo
han terminado,
ella busca tus manos,
las roza,
y entonces llega el sueño,
sin prodigio,

Al a n o s

y sin ensueños,

M

i mano como enorme plomo esculpido, tu mano
como noble antigüedad
en nuestro beso profundo o en nuestra caída permanente,
podrían parecem os si quisiéramos
algo que^Dios lloraba
bajo las dulces sábanas conyugales
cubiertas serenamente por aquella arena del sueño
que pesa, avanza y se hunde enrojecida.
Mi mano y tú por ella. Mi mano
sobre la infausta cólera en invierno,
hasta ayer envuelta en sus dolores, en su fuego,
atada al corazón lejano se hermoseaba.
Mi mano, la tuya también,
tristes muertas a quienes nadie llama ni comprende.
SrbuHtiún Sala/ar Ilondy

La Afuerte de los Negros

N

o vade decirlo, en el barco no hay cuchillos
y los negros se persignan oscuros en desvelo.
Pues, los vi, los veo en la inmensa nariz,
en la frente chata de Harlem incendiada.
¡ Hoy han linchado á cuatro negros,
cuatro hermosas ^columnas venidas desde el cielo!

Hoy han linchado a cuatro negros.
Y sus mujeres devoran los párpados abiertos.
Y el río ha estado muy bello en su silencio.
Y el río ha preparado el pesado funeral
para estos hijos de Dios atados a sus alas.

cuando los labios
y el cuerpo
han terminado.

H o m b r e
Yo era un niño entonces,
y nada comprendía.

i

Creí que sólo amistad era
un apretón de manos vigoroso.
Creía que el amor con que soñaba
era tener tu cuerpo junto al mío.
Pensaba, ai ver a los borrachos,
que sólo el vino emborrachaba al
[hombre.
Pero yo era entonces sólo un niño,
y nada comprendía
de esas cosas que un niño aprende
[pronto
al convertirse en hombre.

I*
L

anciones

Yo, a su lado, le cantaba,
¡ Hoy han muerto a cuatro negros,
columnas de Israel caídas sobre el tiempo!

canciones en la oscuridad.
Ruúl Deústua

Me dijo,
no comprendo

5

POEMAS
de

LANGSTON HUGHES

U n o
Sólo,
como el viento

Sólo,
como una botella

en las praderas

en una mesa,

de Lincoln.

toda sola.

D e s e o
El deseo fue a nosotros
como una doble muerte,
prontamente agonizando
en el fundido aliento,
exhalación

las palabras.
Le respondí,
yo canto
sin palabras.
Versión castellana de Jubo Gihr-

�ca b a lg a ta

E

N T R E las tantísimas noticias
que nos llegan de la desgarrada
Europa había una, hace poco, anun­
ciando en breves palabras la muer­
te de un artista, ocurrida en Sue­
cia, quien, en su tiempo, representó
un poder político en la Alemania
del Kaiser Guillermo II. Sus cari­
caturas agudas, temidas en el mun­
do oficial y festejadas por la opi­
nión independiente, forman parte
integral de la historia cultural
europea de aquellos años.
Es un deber ineludible realzar
la memoria de este espíritu com­
bativo poco menos que desconocido
por las generaciones recientes.
E.n el mes de diciembre de 1942
escapó de Oslo un anciano busca­
do por la Gestapo alemana: Thomas Theodor Heine, pintor y dibu­
jante, nacido en Leipzig el 28 de
febrero de 1867. Llevando en su
mochila unos pocos utensilios, atraVc- a las montañas nevadas limí­
trofes a Suecia y arribó a Estocolmo donde lo esperaban unos ami­
gos. Fué ésta su tercera fuga de
Hitler y sus sayones; desde el co­
mienzo del “ Reich Milenario” tu­
vo que empezar, por tercera vez,
a r e c o n s t r u ir su vida, y esto a
la edad de 75 años. Había dejado
en Noruega el manuscrito de un
libro, escondido dentro de un mu­
ro, el cual, un año más tarde, iba
a llegar clandestinamente a sus
manos en Estocolmo. Este libro, in­
titulado “ Espero milagros” y pu­
blicado en 1944 en sueco, resultó
el “best seller” de Suecia de aquel
año. Desde entonces aparecieron
versiones en ocho diferentes idio­
mas.
Casi cuarenta años antes, en
círculos gubernamentales de Ber­
lín hubo gran agitación; un diplo­
mático chino, después de haber
vuelto de Alemania a su patria, ha­
bía afirm ado: “ Hay dos poderes en
Alemania, o sean el Kaiser y Thomas Theodor Heine.” No era esto
muy del agrado de la corte de Gui­
llermo II porque no carecía 'de
verdad: Heine o más bien su re­
vista satírica “ Simplicissimus” sig­
nificó una fuerza poderosa en A le­
mania, ampliándose su populari­
dad cada vez más merced a seis
pleitos por crimen de lesa majestad.
Dirigiéronse sus ataques irónicos,
ante todo, contra la rimbombancia
prusiana y el continuo chacolotear
de armas.
Este artista singular cuyo lápiz
era más temido que una docena
de diputados opositores del Reichstag, vivía en el sosegado retiro de
su casita campestre a orillas del
Ammersee cerca de Munich, en
compañía de su fa m ilia y sus

cabalgata
REVISTA MENSUAL DE LETRAS Y ARTES
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T. A. 34 -23 84
B uenos A ires

Precio del ejem plar: UN PESO m/n.
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ca de los trabajos, ni se devuelven los
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Perú 565
• Bueno* Aires

El

terremoto de

M e ss in a . (1 9 0 9 ).

' ‘ Todo estaba tan bien preparado para una guerra. /Ahora viene este tonto y hace
un terrem oto! Toda la humanidad vuelve a fraternizar y para nosotros no queda nada.”

£ i poder de la Q arieaíu ra

Por HELLMUTH N. BACHMANN

“ Mópse” (perros doguinos enanos,
siendo él y el poeta Karl Wolfskehl los únicos que podían jactar­
se ser dueños de perros de tal raza
casi extinguida). Una vez por se­
mana solía viajar a Munich para
presenciar la reunión de redacto­
res del “ Simplicissimus” con los
que decidía el contenido del núme­
ro siguiente del semanario. Raras
veces participó en manifestaciones
públicas, como en general no an­
heló captarse popularidad; sin em­
bargo era un poder público.
Heine inició su carrera artística
con el estudio de la pintura en las
academias de Dusseldorf y Mu­
nich. No conformándose con los es­
tériles modales académicos y la
“ salsa parda” — como ¡ fué califica­
da burlonamente la orientación
pictórica de aquellos tiempos— se
incorporó al pequeño núcleo de
pintores independientes que traba­
jó en la aldea de Haimhausen cerca
de Munich, conjunto éste al que
ta m b ié n pertenecieron el su e co
Gustaf Ankarcrona, joven de dones
extraordinarios, y el paisajista ale­
mán A lf Bachmann. La pintura
“ Plein air” le brindó impulsos; ade­
más comenzó a dedicarse en mayor
grado al dibujo colaborando en la
r e v is ta h u m o r ís tica “ Fliegende
Blatter” . Era la época en que los
dibujantes, bajo la influencia del
arte del lejano oriente y otros ele­
mentos, se entregaban a la manía
del ornamento (ejemplos caracte­
rísticos: Aubrey Beardsley en In­
glaterra y el “Jugendstil” en A le­
mania) ; Heine, por su parte, supo
rematar tal tendencia peligrosa in­
troduciendo el ornamentalismo en
la caricatura y así, con el correr
de los tiempos, llegó a crearse un
estilo muy individual.
En el año 1896 realizó un pro­
yecto que debió satisfacer sus am­
biciones artísticas y cívicas: Jun­
to con el editor Albert Langen fun­

dó el semanario satírico “ Simpli­
cissimus” con el famoso distintivo
del rojo perro doguino, dibujado
por él, e inició su lucha contra la

prepotencia y altanería del impe­
rialismo alemán y la servil burgue­
sía. Disponía de los mejores ayu­
dantes, entre ellos los dibujantes
Rudolf W ilk e , K a th e Kollwitz,
Bruno Paul y Eduard Thbny y los
escritores Ludwig Thoma, Frank
W edekind y Karl Kraus. En años
posteriores vinieron a colaborar
caricaturistas como Karl Arnold,
el noruego Olaf Gulbransson, el
sueco Blix y muchos otros.
Para el “ Simpl” no hubo nadie y
nada sagrado ya que él mismo se
había consagrado a la lucha por la
libertad humana, la pureza espiri­
tual y sinceridad artística. La ca­
marilla imperial con todo su chi­
rimbolo militarista, los influyentes
círculos burgueses en su hipocresía
y mojigatería eran sus enemigos
más enfurecidos. En el mundo ofi­
cial, en los clubs y escuelas milita­
res pronto quedó proscrito el “ Sim­
plicissimus” — por lo que se lo leyó
clandestinamente con mayor inte­
rés. Como el gobierno clerical de
Baviera se mostró irritadísimo es­
pecialmente a causa de la serie de
sátiras punzantes de Ludwig Tho­
ma denominadas “ Cartas de un
diputado bávaro” , la redacción del
“ Simplicissimus” se vió obligada a
trasladarse a Stuttgart, capital del
más liberal estado vecino de W urtemberg.
Sobrevino la p r im e r a g u e r ra
mundial y con ella terminó el pe­
ríodo más brillante del “ Simplicis­
simus” . Aunque en lo artístico si­
guió siendo la m ejor revista de A le­
mania, el hecho de que durante la
guerra se dejase arrastrar por la
corriente común luchando “hasta la
victoria final” , le quitó mucho de
su influencia — había perdido su
plataforma espiritual.
Durante los años de la República
de Weimar el periódico llevó una
existencia dualística y sólo ante la
amenaza de la tormenta del Tercer
Reich logró recuperar su prestigio.
Su último número (del año 1933)
ostentó en su portada un conductor
de tranvía y un pasajero que le
pregunta tímidamente: “ ¿Dígame,
amigo, adonde nos lleva?” El con­
ductor (o sea “ Führer” en alemán),
en vez de contestar, señala la ins­
cripción en el coch e: “ Es prohibido
hablar con el conductor” . El día
siguiente fué asaltada la redacción
por un comando volante nazi que­
dando en escombros. Su escudo, el
rojo perro doguino, resultó destro­
zado por tiros de revólver.
Empero, no ha sido éste el día
más sombrío; el colmo de la igno­
m in ia fn é c u a n d o Gulbransson,

E n LA ASOCIACION BERLINESA DE NUDISTAS.

El juicio de Parts.

Thóny y otros de los viejos colabo­
radores se presentaron ante Heine
ostentando sus libretas de afilia­
ción a la N. S. D. A. P. las que
tiempo atrás ya habían adquirido
subrepticiamente. Así, documenta­
dos como “ viejos combatientes na­
zis” usurparon la dirección de la
revista, el fundador fué “ destitui­
do” y se le prohibió toda actuación.
El “ Simpl” por un tiempo fué v i­
viendo una triste existencia ficticia
dependiente de los caprichos de
Goebbels.
Por lo pronto Heine permaneció
en su casa campestre; la atención
a su esposa enferma y su hija le
quitaron el libre movimiento. Escu­
chemos lo que él mismo escribe en
una carta dirigida desde Estocolmo,
fines de 1946, a un amigo en A le­
mania:
“ Olaf Gulbransson al igual que
mis otros colegas se ha portado con­
migo de manera cochina. Su última
maniobrita, o más bien la de su
mujer, era la tentativa de desacre­
ditarme en Oslo escribiendo a su
tío B jorn Bjornson que yo, en una
carta a Hitler, había denunciado a
Olaf por manifestaciones antinazis.
B jorn me mostró su carta y nos reí­
mos de e lla . . . En la revista nortea­
mericana “ Heute” (que se publica
en M unich) hubo un artículo mío
un tanto autobiográfico. Tal vez lo ­
gres conseguirlo y conocer a través
de él algo de mis hazañas. En efec­
to no han sido muy penosas. Y o ex ­
perimenté el derrumbe de mi vida
entera como algo muy interesante;
ni siquiera me molestó la falta abso­
luta de bienes. Lo que resultó tris­
te, fué el hecho que mi m ujer siem­
pre enfermiza y mi h ija tuvieran
que quedar allá con sus muebles y
perros. Además, mientras estaban
en vida, no pude hacer dibujos p o ­
líticos. He pintado mucho en P ra­
ga, Brno y Oslo con lo que se gana
más que dibujando. Luego, cuando
ya no estaba reprim ido por el tem or
a la venganza nazi contra mi fam i­
lia, he hecho muchos dibujos — casi
200— para “ Goeteborgs Handelstidning” . Después murió el editor y
con su sucesor no me llevé bien.
Entre tanto había aparecido aquí
mi novela “ Espero m ilagros” te­
niendo buen éxito de m odo que pue­
do vivir de su fruto. .. En Suecia
be pintado pocos cuadros debido a
que mis dos piezas, aunque p ro­
vistas de todo confort, no tienen
suficiente espacio ni luz. En Os­
lo tuve un lindo estudio hasta que
los alemanes me lo quitaron y tu­
ve que huir repentinamente a Sue­
cia dejando atrás todas mis pocas
cosas.
Tres veces, pues, tuve que insta­
larme de nuevo en la em igración.
Por lo demás, pude com probar que
el m ejor m odo de arreglarse con la
Gestapo era no tom arla en serio
sino burlarse de ella; entonces se
sentían desorientados y m uy inse­
guros. De esta manera me salvé
del campo de concentración, la to r­
tura y la cámara de gas.
A Oslo llegué huyendo de Brno
en el año 1938, de allá a aquí en
el 42 en el mes de diciem bre, lo
que no resultó del todo sencillo.
Aquí me encontré con Blix. nos v e ­
mos a menudo. A hora soy ciudada­
no su eco. . . La m ayoría de los am i­
gos de los tiempos de Haimliausen
han muerto, pronto ya no conoceré
más que ca d á v e re s...
En el m es d e a b r i l f u i . p o r
avión, unos quince días a Oslo, ciu­
dad que ofrece un aspecto bastan­
te triste. ¿Cóm o será, pues, A lem a­
nia? — Una vez quisiera visitar­
la. . . ”
Thomas Theodor Heine n o fué
más a Alemania, su antigua patria.
Murió en Suecia, su patria de adop­
ción, la que le supo honrar debida­
mente. En ocasión del 80J aniver­
sario de su nacimiento, el 28 de fe ­
brero de 1947, el Museo N acional
de Estocolm o realizó una gj.an ex ­
posición reuniendo m uchos de los
dibujos de los tiem pos gloriosos del
“ Simplicissimus” , cuadros, retra­
tos e ilustraciones; el catálogo
abarcó 260 números, docum entos
de la habilidad espiritual y caus­
ticidad, la soberanía artística, la
im placabilidad humana y m oral de
su autor frente a los males de aque­
lla época, los que en gran parte,
desgraciadamente, son los males de
nuestro tiempo.

�cabalgata

CARTA

DE

FRANCIA
Por JUAN SAAVEDRA

es la primera obra teatral de Emmanuel Robles, que
hasta ahora sólo había publicado uua novela'. La acción de la pieza
se desarrolla en Venezuela en 1812, durante la lucha contra la domina­
ción española. Miranda, el jefe de los patriotas venezolanos, os detenido;
su jefe, Bolívar, ha podido huir y representa todas las esperanzas de los
patriotas del país. Montserrat sabe donde se oculta Bolívar, pero se niega
a decirlo. Para hacerle hablar, Morales (el general español) recurre a
fusilar los rehenes si Montserrat no habla. Detenidas al azar, seis personas
serán ejecutadas si Montserrat no denuncia el lugar donde Bolívar se
encuentra. Y los tres actos de la obra están construidos a base del silencio
obstinado del protagonista.
“ Montserrat” es la obra que actualmente tiene más éxito en los
teatros de París.

M

ontserrat”

• Y hablando de éxitos escénicos estamos obligados a referirnos al de
Carmen Amava, que ya ha prorrogado varias veces sus Tenresontaeiones
en el Teatro de los Campos Elíseos. Carmen Amava ha ohtmrdo una
crítica entusiasta y unánime, como en muy pocas ocasiones se produce.
Los críticos la han consagrado elogios infinitos. Herrando incluso a decir
que era la mejor artista que se ha visto en París desde fines de la guerra
de 1914-18.
Un público apasionado llena todas las noches el teatro. El público
español e hispanoamericano, bastante abundante todas las noches, acom­
paña con sus manifestaciones de entusiasmo a la artista, arrastrando
también en su arrebato a los espectadores franceses.
• Jenn-Paul Sartre escribe actualmente,
en colaboración con Jacques Laurent Eost,
el escenario de su próxima película. Las
obras cinematográficas de Sartre se reco­
nocen por su título; ésta se titulará Los
malos caminos. La fecha de realización so
ha fijado para el mes de junio, y será
Marcel Pagliero quien la llevará a la pan­
talla.
Los malos caminos será el segundo film
de Sartre y el segundo de Pagliero. Este
ha realizado ya otra película: La noche,
buena consejera. La censura italiana la
prohibió durante algún tiempo. A su lle­
gada a París la película fué secuestrada
por la Aduana. Pagliero organizó en las
oficinas de la Aduana una proyección pri­
vada, a la cual fueron invitados los crí­
ticos. Enos se mostraron indignados, y se
marcharon antes de terminar la proyec­
ción ; otros se entusiasmaron con la obra.
Enterado de ello, Sartre fué también a
ver la película, que estimó excelente y
acordó confiar a Pagliero su próximo esce­
nario.
• Acaban de publicarse en Francia dos
obras de gran interés para todos los aman­
tes del arte del libro. Uno de ellos es
“ Essai sur le livre de qualité” , por V.-P.
Victor-Michel, y el otro “ L ’ecriture et
son dessin” , por R. H. Munsch.
El primero trata en general del libro
de calidad y de los cuidados y exigen­
cias que éste tiene. 1‘ Algunas leyes.. .
ninguna regla. .. ante todo, buen sentido
y buen gusto.’ ’ Que la forma armonice
con el texto es el único problema a resol­
ver, aunque no es fácil. Para la perfec­
ción es necesario el concurso de la tipogra­
fía, del dibujo, del ajuste, de la elección
del papel, de la encuadernación. Como dijo
el poeta, “ es una obra de selección que
exige mucho amor. ’ ’
El libro de Munsch, completado con
centenares de figuras, es la historia de los
signos de la escritura y de su evolución.
Se revela en él, el gusto, la sensibilidad
de cada época.

• Del 21 a! 28 de junio se reúne en Pa­
rís el Primer Gongreso Internacional de
Críticos de Arte. Han sido invitados al
mismo representantes do treinta países. El
objeto de este Congreso es reunir a los
críticos de todos los países para la crea­
ción de una Asociación Internacional de
Críticos de Arte y contribuir a facilitar
la información en materia de arte moderno
mediante la organización de una oficina
permanente de información y de docu­
mentación artísticas.
Del Comité de organización de este Con­
greso forman parte: Paul Fierens (Bél­
g ica ), James Johnson Sweeny (Estados
Unidos), Hebert Read (Inglaterra), Jean
Cassou (Francia), Mojnir Vassek (Che­
coeslovaquia).
• En su última asamblea general anual,
el Comité Nacional de Escritores France­
ses ha ratificado el nombramiento de Louis
Martin-Chauffier como presidente, Louis
Aragón como secretario, y ha designado
vicepresidente a Stanislas Fumet y Char­
les Vildrac.
• El Círculo de la Librería Francesa ha
dado a conocer que actualmente el número
de editoriales existentes en Francia es
da 1.700, lo que explica en cierta parte
la crisis del libro francés.
• La Convención de la Unión de Berna
de 1886 para la protección internacional
de las obras literarias y artísticas ha sido
objeto de varias revisiones periódicas. Se­
rá revisada de nuevo el próximo mes en
una conferencia diplomática que se cele­
brará en Bruselas.
A fin de preparar esta conferencia, en
la que estarán representados los diversos
países firmantes do la Convención de Berha, la Asociación Literaria y Artística In­
ternacional ha reunido a sus miembros en
Lucerna del 5 al 9 de mayo.

• ‘ ‘ Clochemerle’ ’, la célebre novela de
sátira social dp‘ Gabriel Chevallier, ha sido
adaptada al cinematógrafo. Pero esta
adaptación no ha sido del agrado de cier­
tos medios que creen que la película con­
serva ciertas crudezas del original. Prin­
cipalmente M. Abelin. secretario de Estado
en la Presidencia, ha. intervenido para so­
licitar ciertos cortes, a los que se ha visto
obligado a acceder el autor.

i
o En el Teatro Marignv se representa
actualmente un “ ballet” de Paul Olaudel,
“ La mujer v su sombra” , con música de
Alejandro Teherepnine y coreografía do
Janine Charrat.
• El Premio literario Glande Blanchard,
instituido para honrar el mejor reportaje
publicado durante el año, ha sido adjudi­
cado a Serge Groussard por su trabajo
‘ ‘ Solitude espagnole ’ ’ .
« Copiamos do un semanario literario de
París el siguiente “ eco” :
“ En una. serie de artículos de un pesi­
mismo muy negro. Ravmond Dumay pro­
nostica en la. “ Gazette des Lettres” la
oró-ama muerte de la literatura francesa.
Es un poco exagerado, claro está. Es ne­
cesario reconocer sin embargo, oue la
invasión de nuestras librerías por la lite­
ratura anglo-sajona. en lo que nuestro
Casandra ve una de las causas de esta
catástrofe, es un hecho evidente.
“ Hav algo peor. Andró Maurois nos
informaba recientemente que un librero de
Buenos Aires se lamentaba de, no recibir
do París más que . . traducciones de no­
velas americanas.”
• Sobro la misma cuestión, Jacques de
Laprade escribe lo siguiente en el sema­
nario “ Arta” , en- un artículo consagrado
a las “ Memorias” de André Maurois:
“ En Argentina, notamos este hecho sin­
gular: La literatura anglo-sajona, fenó­
meno imprevisible, ha conquistado el mer­
cado gracias a nuestra influencia. Ha sido
primeramente con traducciones francesas
cómo América Latina ha descubierto A ldous Iluxley, Maurice Baring, Virginia
W oolf. Después, los lectores argentinos han
ido a los originales, primero ingleses, des­
pués americanos. La joven generación ar­
gentina aprende menos el francés.”
• “ La Documentation Franqaise” , edi­
tada por la Presidencia del Consejo, aca­
ba do publicar un interesante folleto so­
bre las ediciones literarias en Rusia.
Las obras que han alcanzado una tirada
más elevada han sido las de Leniir y Stalin, con 600 millones de ejemplares en
treinta años; Marx y Engels, 56 millones
en el mismo lapso; Gorki, 44 millones;
Puchkin, 35 millones; Tolstoi, 25 millones;
Cliejov, 18 millones.
De los extranjeros es Jack London el
que ha logrado una tirada más importante,
con 10 millones; Grimin, 5 millones; Andersen, Wells y Mark Twain, 3 millones;
Kipling, Dickens y Upton Sinclair casi la
misma tirada.
De los escritores franceses ya desapare­
cidos: Julio Verne, 4 millones; Jules Va­
lles, 4 millones; Maupassant, 4 millones;
Henri Barbusse, 2 millones. En cuanto a
los escritores franceses actuales, Pierre
Ilamp es el más1conocido y de mayor ti­
rada; después Georges Duhamel y JeanRichard Bloch. De las obras de Paul Bourget se han tirado hasta 100.000 ejemplares.

_____________________ ;________

Ol l a

Podrida

« En una de las ventas de manuscritos .
del Hotel Drouot ha sido adjudicado, por
la suma de 3.600.000 francos, a una gran
PRAGA
librería, un importantísimo documento de
El Congreso Internacional de Composi­
Jean-Jacques Rousseau.
tores y Críticos Musicales, celebrado últi­
So trata dé un manuscrito autógrafo de
mamente se clausuró aprobándose un “ ma­
uu grandísimo interés: “ Rousseau juez de
nifiesto comunista de música’ ’, el cual
Jean-Jaeques” , en el que el escritor, al
termina con estas palabras: “ músicos
final de su vida, analiza sus ideas y sus
progresistas del mundo, unios' ’ . Esa ora­
( bras con respecto a la sociedad. Divide
ción, no tendría, en absoluto, originalidad
él mismo su obra en tres diálogos: del
alguna si no llevara el agregado de ‘ ‘ pro­
sistema de conducta hacia Jean-Jacques
gresistas ’ ’ , ni sería inconsecuente con- los
adoptado por la administración y aproba­
pronunciamientos del expresado Congreso
do por el público; do la naturaleza de
si no llevara ese agregado la conocida di­
Jean-Jacques y de sus costumbres; de sus
visa. Porque lo que se recomienda a los
libros y conclusión.
compositores ‘ ‘ progresistas ’ ’ es el regreso
all antico, es decir, a la música ayer lla­
Estas páginas, impregnadas de una viva
mada burguesa, puesto que, en efecto, abo­
indignación y, frecuentemente, de un gran
ga por el retorno a la melodía fácil, al
dolor, Rousseau las ha dedicado y entre­
“ retorno a los ideales musicales del siglo
gado a la Providencia: “ Preparo este
X I X ” . Un slogan do la declaración del
escrito desde haco varios años sin imagi­
Congreso es este: “ Lo bello debe ser com­
nar ningún medio de garantizarlo de las
prensible y debe tener sentido social’ ’ .
manos do mis perseguidores. Finalmente,
El secretario general de la Unión de
no viendo ningún recurso por parte de los
Compositores del Soviet, Tikson Khrennihombres, resolví confiarle únicamente a la
kow, condenó a Arnold Schocnberg, A rProvidencia, entregándolas en el gran altar
thur Honegger, Paul Hindemith, Benja­
do Notre Dame de París. Yo había elegido
mín Briten, etc., fustigando- duramente a
para esto el sábado 24 de febrero del pre­
Igor Stravinsky, “ el que fuera un gran
sento año 1776. Pero queriendo ejecutar
mi deseo encontré las rejas c e r r a d a s ...”
Do hecho, fué el abate Condillac quien se
PARIS
hizo cargo de él el 1 do julio de 1776.
André Maurois ha declarado, al agrade­
Esto manuscrito lleva en su cubierta al­
cer un agasajo de la Asociación do la pren­
gunas líneas particularmente reveladoras:
sa latinoamericana, que la superioridad de
‘ Protector de los oprimidos, Dios de Jus­
la cultura francesa se llalla amenazada,
ticia y do Verdad, recibe este depósito que
en Sudamérica, por la cultura anglosajona.
aporta a su altar y confía a la Providen­
Algunos editores podrían darlo al ilus­
cia un extranjero desgraciado, solo, sin
tre escritor la razón- del por qué ese hecho
apoyo, sin defensor sobre la tierra, burla­
se evidencia cada vez más. Esa razón la
do, difamado, traicionado por toda una
hallaría el señor Maurois en que los edi­
generación, cargado desde hace quince años
tores franceses están pidiendo por los de­
de un trato peor que la muerte y de in­
rechos de traducción al castellano de cualdignidades inauditas hasta ahora entre los
quior libro de autor francés una suma que
hombres, sin haber podido por lo menos
está por encima de toda posibilidad de
conocer la causa. Se me niega toda expli­
recuperación, más en los momentos ac­
cación, se me impide toda comunicación;
tuales en*los que, corno sólo ignoran los
no aguardo nada de los hombres, amarga­
editores franceses, el mercado americano
dos por su propia injusticia, más que
del libro so ha restringido de manera alar­
afrentas, mentiras y traiciones. ¡ Providen­
mante, al mismo tiempo que la novela an­
c ia eterna, mi sola esperanza eres t ú ! . . . ”
glosajona está conquistando las preferen­

cias del
gentino
ingleses
san los

lector, gracias a que el editor ar
recibe mejor trato de los editore
y americanos que el que le dispen
editores franceses.

WASHINGTON

%
Organizada por la Unión Panamerican;
se ha abierto en ésta una exposición d
plástica argentina, compuesta de 34 aeua
reías, grabados y temperas perteneciente
a 17 artistas, de los cuales el cable sól&lt;
nombra a Badi, Berni, Bonome, Noral
Borges, Raquel Forner, Larco y Soldi. L¡
falta do información local nos impidcitar otros nombres, seguramente de igua
significación. Exposiciones do pintura ar
gentina deberían celebrarse con- mayor fre
cuencia en los principales centros artísti
eos del mundo, con las cuales se contri
buiría, — como lo consiguió el libro d
edición nacional— a poner en valor 1:
gravitación del hecho argentino por si
paisajo y sus costumbres reflejados en 1:
obra de los más destacados artistas.
MEXICO

Diego Rivera nos tiene acostumbrado
al escándalo. Su capacidad conceptiva ex
cede con frecuencia del amplio margei
de sus pinturas murales, a las que desdi
haco años dedica su actividad, creandi
problemas ajenos al concepto de quiene
la confían la realización de sus obras
Ahora acaba de pon-er en un tremendi
apuro a los directores del Hotel Prado
propiedad del Estado, en cuyos muro
Diego Rivera ha pintado sil tema baji
esta oración, estampada en grandes le
tras: “ Dios no existe” . El arzobispo d
México se niega a bendecir la obra, lo
directores del Hotel Prado ruegan, y Die
go Rivera so niega a aceptar que cubra:
la pintura con un lienzo; amenaza, ade
más llevar a la Administración del Hote
ante los tribunales por incumplimiento d
contrato, pues según ha manifestado e
pintor últimamente ha de pintar aún tr»
muros más.

Bmxm

el
P or

LUCIANO

CANAZ

Maugham a su paso por Barcelona lia declarado a un perio­
dista q u e no pensaba escribir más novelas. “ La última —ha dicho__
ha sido Catalina, asunto español durante el reinado de Felipe III. A
partir de ahora escribiré, por placer, ensayos, cosas que a lo mejor no
las publicará nadie.” Después de manifestar su satisfacción por sus pro­
gresos en hablar correctamente el castellano, se ha referido a los escri­
tores españoles que más le entusiasman: Cervantes, Calderón de la Barca
y, sobre todo, San Juan de la Cruz. De los modernos Unamuno, Benavente y Azorín. Contestando a la pregunta de si una buena novela ha de
ser cosa imaginada o cosa vivida: “ Las dos cosas juntas; lo vivido es la
chispa; después viene el trabajo de imaginación” .
Una vez referidos sus primeros éxitos, el periodista le ha preguntado
cual era el mayor error de su vida. “ No sé si debo responder —ha decla­
rado el autor inglés— porque usted sabe que los grandes errores, algunas
veces, resultan bastante bien; de un error vienen consecuencias agrada­
b le s ... El error de mi vida: casarme; pero he aquí las consecuencias
agradables: tengo una hija hermosísima y dos nietos” . Por último esta
pregunta: “ ¿Y no cambiaría usted sus millones y su faina por una ju ­
ventud?” , y esta respuesta: “ N o; cuando se es viejo y se tiene fama, no
se ocupa uno de la opinión de los otros; esto da una gran libertad de
espíritu. Si una persona me quiere o ama, me complace; pero si no me
quiere o no me ama, igual me da. A esta conclusión he llegado” .

S

om erset

• Juan Ramón Jiménez, en una carta
abierta, dirigida a Carmen Laforet, auto­
ra de Nada, al acusar recibo de un ejem­
plar de la novela, escribe: “ . . . L e agra­
dezco la belleza tan humana de su libro,
belleza de su sentimiento en su lib ro;
mucha parte, sin duda, un libro de uno
mismo y más de lo que suele creerse,
sobre todo un libro como el de usted,
que se lo ve nutrirse, hoja tras hoja, de
la sustancia propia de su escritora. . .
Porque usted es una novelista de novela
sin asunto. Y en esto está lo más difícil
de la escritura novelesca o poemática.’ ’
A l pedirle unos ejemplares de Nada para
que sea publicada su traducción en Nor­
teamérica, añade: “ Me parece que gus­
taría de veras, porque Nada, como todo
lo auténtico, es de aquí también, y de
hoy, y será de mañana y do otra parte
cualquiera, como es de ayer y de todos ’ ’.
• La Escuela de Estudios Hispanoame­
ricanos de Sevilla acaba de editar “ Los
viajes de John Hawkins a América, del
catedrático Antonio Rumeu. La obra, eru­
dita y emotiva, ha de suscitar la réplica
do otros historiadores. Así lo esperamos
dado que se refiere a la tan discutida re­
seña de las primeras expediciones de in­
gleses y españoles al Continente ameri­
cano.
• José Ortega y Gasset está escribien­
do su obra más importante desde el pun­
to do vista metafísico, según unas de­
claraciones hechas por Julián Marías.
• Se anuncia la publicación de una nue­
va colección de clásicos titulada Biblió­
filos sevillanos. Entre los primeros títu­
los Los coloquios del docto y magnífico
caballero Pedro Mexías, el Libro de Ce­
trería y Montería, de Joan Valls (siglo
x v i) ; La Asinaria de Rodrigo Fernán­
dez Ribera (inédito, siglo x v u ) ; y Epis­
tolario do Arias Montero.
e Es por su estudio sobre Miguel de
Unamuno que el Premio Fastenrath ha
sido concedido por la Academia Espa­
ñola a Julián Marías. Filósofo y ensa­
yista, Julián Marías es autor, además, de
una Historia de la Filosofía, de una In­
troducción a la Filosofía, de La filoso­
fía del Padre Graty, El tema del hombre
y San Anselmo y el insensato. Actual­
mente está preparando un Diccionario
filosófico y un Diccionario literario.
• En Barcelona se ha inaugurado el “ Se­
minario de la Poesía Juan Boscán” , afec­
to a la Sección universitaria de la Aso­
ciación Cultural Iberoamericana y diri­
gida por Francisco Galí. Se propone fo ­
mentar las relaciones literarias con los
países americanos, publicar cuadernos li­
terarios y organizar cursos de conferen­
cias. En la inauguración J. María Ro­
dríguez Méndez habló de García Lorca,
lírico, y Enrique Navarro Ramos recitó
poesías del malogrado poeta andaluz.
• En el continuo desfile por las salas
de arte de Barcelona destaca hogaño la
exposición celebrada por el escultor ca­
talán Mario Vives. No sólo nos ha dado
noticia de un artista que ha permaneci­
do muchos años alejado do entre nos­
otros, sino que además nos demuestra en
qué forma ha llegado a la plenitud de
su arte. Casi siempre ha vivido en Pa­
rís, donde trabajó siguiendo de cerca a
Arístides Maillol, Manolo Hugué y Modigliani.
Pasó toda clase de dificultades, pero
haciendo frente a la adversidad, fia sa­
bido triunfar. Animándole a proseguir
en la capital de las artes plásticas, Ma­
nolo Iluguó le decía en 1918: “ ¡ Cuán­
to peor te vaya, menos has de pensar en
el regreso! ” Luego so trasladó al Me;
diodía de Franeia, en Céret, en Tuir y
Ferpiñán, donde prosiguió trabajando en
plena posesión de sus posibilidades. Más
tarde, pasó largas temporadas en la isla
do Ibiza. En la reciente exposición se ha
puesto do manifiesto la totalidad do ma­
tices y significados de su obra, la di­
versidad que media entre sus figuras ins­
piradas en tipos indígenas de Ibiza y
Céret, hasta sus desnudos y retratos más
rígidos y sintéticos. Su escultura de pe­
queño tamaño recuerda las antiguas tanagras. En sus retratos existe la suges­
tión magnífica de los grandes escultores
del siglo x v m franceses.
A l venir a presentar sus obras el ar­
tista ha dicho: “ Cuanto más he intenta­
do profundizar y más he estudiado a los
grandes maestros, más considero a Maillol
uno de los mejores escultores do todas las
-maeralme-Tte do concepto, mu-

” vu

o Nacido en el eorazón de la Mancha
castellana, el dibujante Gregorio Prieto,
además del realismo castellano da muestra
desde muy joven de la imaginación tan
común entre sus coterráneos. Después de
sus estudios en Madrid, conquista una be­
ca que le permite trasladarse al extran­
jero: Francia, Inglaterra y Bélgica, le
sirven de cátedra. Expone en París, y
obtiene un éxito. Se relaciona con poetas
como Valéry, Cocteau y Montherlant, quie­
nes le abren nuevos horizontes. Gana el
“ Prix de Rom e” y va a Italia y, luego,
a Grecia, de donde son sus pinturas de un
profundo lirismo. Desde 1935 vive en In­
glaterra y ahora ha expuesto en Barcelona
sus retratos y dibujos destinados a ilustrar
el Paraíso perdido de Milton, los Sonetos
de Shakespeare y otras obras clásicas.
Dibujos en los que la fuerza imaginativa
y el realismo poetizado se armonizan con
un dominio sutil y seguro de la línea y
el equilibrio.
• Se ha hecho público el veredicto del
jurado encargado de fallar el Premio In ­
ternacional de Primera Novela, instituido
por el editor Janes de la ciudad de Bar­
celona. El jurado calificador lo integran
Somerset Maugham, Eugenio d ’Ors, Jo­
sé María Cossío, Walter Starkie y Fer­
nando Gutiérrez. Acordaron por unani­
midad conceder el premio de veinticinco
mil pesetas a la novela Turbis ebúrnia,
i;uvo autor es Rodolfo L. Fonyeca, de
Montevideo. Se conceden además dos pre­
mios de diez mil pesetas cada uno a las
novelas Sombras viejas, de G. González
Ledesme, y a Sis o set sirenes de Marius
Gifreda. Asimismo se acordó recomendar
al editor Janés la adquisición y publica­
ción de cuatro novelas más, que son las
siguientes: Tlvis Other Edén, de Catherine Gaskin; La tierra brava, de Leocadio
A . Zurinaga Uribe; Adorable loca, de
Pedro Voltes, y El pont llevadís de Ra­
món Planes.

REPERCUSION
El libro es un elemento de re­
percusión. Es gracias a esa reper­
cusión c¡ue Buenos Aires, sede ac­
tual de la mayor industria del li­
bro en lengua castellana, ha al­
canzado el máximum de popula­
ridad en Sudamérica en estos úl\ timos años. Lo que el libro de
edición argentina, expuesto per\ manentemenle al público en los
anaqueles y vidrieras de las li­
brerías de la América latina y
i España ha logrado por la gravi­
tación de su calidad y belleza
tipográfica, merece ser destacado
y puesto en valor. Si de ahora en
adelante la Argentina se quedara
impasible ante las d ificu lta d es
que para la internación de libros
en algunos países hermanos se le
oponen, y no tratara de resolver
los inconvenientes que la jaita de
divisas que sufren los mercados de
consumo crea a la industria naj cional del libro, el país perdería,
además de un rubro importantí­
simo entre los de su exportación,
\el más eficaz vocero de una afir­
mación cada vez más cara al sen­
timiento patrio y fraterno de los
argentinos.
C a b a l c a t a vin o a sumar su
voz — voz hecha de acción — a
la gesta cumplida por el libro,
abriendo sus páginas imparciales,
eclécticas, heterogéneas, al escritor
j y al artista, al público argentino
|y al del mundo latino americano,
tratando de cooperar a la conse­
cución de un antiguo anhelo que
resumen estas palabras de un lec­
tor de Sucre ( Bolivia) : “ .. .de
llegar de veras a esa realidad en
que ya no quepan calificaciones
escépticas de nuestro continente
com o el continente absurdo de
despertar lento".

�cabalgata

r

11

i

1A 1

(CRISTIANOS, MOROS Y JUDÍOS)
por Américo Castro

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Luis Jiménez de Asúa: PSICOANÁLISIS CRIM INAL
íhin.&lt; Vlatschel'. Osito. (Gouache).

C a m t n o y R e a í i z ac i ón
a Hans Platschek como autor de algunos inteligen­
CONOCEMOS
tes estudios sobre pintura moderna; recordamos especialmente
su libro sobre Kokoschka y un ensayo extenso sobre Paul Klee. Si
examinamos estos trabajos de crítica para deducir de ellos una
postura general, hemos de decir que Platschek no se ha hecho fácil
por cierto su labor. No se conformó con comentarios idealistas y
vacíos sino que se abocó a la tarea, más dura, de analizar de modo
profundo las obras y los pintores de su elección. No es el cariz
psicológico lo que le ha atraído, sino principalmente los problemas
típicamente plásticos, el color, la forma, sus consonancias y ten­
siones. Y pese a haber encontrado el joven crítico cierto éxito y
rápida aceptación, abandona ahora esa actividad para dedicarse de
nuevo a los problemas íntimos y prácticos de la pintura que había
tratado de manera teórica y crítica.
Los frutos del tercer año de su arduo trabajo pueden contem­
plarse ahora en la exposición de conjunto que hace en el Ateneo
de Montevideo. En sus escritos Platschek ha puesto de relieve lo
mucho que sabe de pintura y esa misma impresión ofrecen sus
cuadros. En su favor y en su desventaja. En su favor, porque
presenta soluciones de una madurez y de un equilibrio que van
mucho más allá de las experiencias prácticas que pudo haber acu­
mulado en un tiempo relativamente corto. Mas, de otra parte,
hallamos en él trozos y fragmentos calculados fría y secamente,
asimilados como reminiscencias de soluciones ajenas. Platschek
no es. sin embargo, en modo alguno un pintor ecléctico que se
empeña en presentar sus experiencias científicas — es decir, expe­
riencias ajenas— , como creación personal. Esto se patentiza de
modo singular en sus “ gouaches” . Hay en estas obras un “ laisser
aller” , un florecer de su fantasía poblada de faunos, gatos, polichi­
nelas y mitos particularísimos, pintados todos en sonidos agudos
de rojos, amarillos y azules y en contornos caprichosos, resuelta­
mente definidos.
Al comparar precisamente estas obras más sueltas o. al menos,
más fácilmente comprensibles, con sus óleos, surge otra particula­
ridad de Platschek que hoy aun es difícil de juzgar; un cambio
estilístico a través de las técnicas. Toda la frescura y la ausencia
de trabas que tanto nos cautiva en los “ gouaches” , desaparece en
los óleos, lo cual no quiere decir que estos sean inferiores sino en
todo caso, que muestran un estilo diferente y responden a una
postura divergente. ¿Será la técnica lo que le conduce a cambiar
de concepción, o se vale de la técnica porque una realidad interior
le obliga a utilizar otros medios? De hecho, nada cabe decir en
definitiva por lo breve de 1a. elaboración y la aun poco abundante
obra del artista; pero puede ya anticiparse que el mayor peligro
para Platschek radica en su pasado crítico-científico y en su ten­
dencia reflexiva, aunque demás está decir que esto no significa que
el joven pintor debiera pintarrajear al compás de su instinto.
También él se ve ante la necesidad de encontrar la síntesis de su
problemática y, a decir verdad, creemos que se halla ya en el
camino hacia la solución con el retrato que en estas páginas se
reproduce.
Platschek revela un muy sensible y muy bien desarrollado
tacto colorístico. Más aún: diremos que revela un resuelto coraje
hacia el color. Mientras en obras de otras etapas solía contraponer
cautelosamente las tintas hasta neutralizarlas, en el “ Retrato” logra
dar colores francos, evidentes, sin que sus tintas sean chillonas
o desentonadas. La reducción del fuerte efecto de las orejas sono­
ramente rojas por unos grises amarillentos y verdosos es una
pequeña obra maestra que difícilmente puede ser imitada o repe­
tida. La caracterización de este retrato como de otros nuede sus­
citar el recuerdo de los retratos tempranos del joven Kokoschka,
aunque Platschek difiere en un punto esencial: su valor de obser­
var con su sentido de humor heineano que a veces parece que ni
considera el objeto de su cuadro como un santuario ni a sí mismo
como un profeta.
Es usual concluir las críticas de una primera exposición de
un pintor con una frase que exprese la esperanza en el futuro. En
el caso de Platschek no queremos seguir la costumbre. Y no
porque valga menos que otros, sino porque estas exposiciones pri­
meras prometen mucho y comprueban poco. Es Platschek el que
nos ha de comprobar y confirmar que su camino poco común por
la región del arte era algo más que un deseo de satisfacerse a sí
mismo: desde sus aficiones de aprendiz de pintura en su acomodada
existencia prebéhea en Alemania e Italia, pasando por el período
en que se da cuenta del nuevo mundo que le rodea al ejercicio del
análisis impersonal de la creación artística, para retornar hoy,
finalmente, a su propia creación artística.
Pintar significa hoy día meterse conscientemente en el purga­
torio. Veremos si Platschek tendrá el vigor y la firmeza de pasar
por las llamas del trabajo, de la duda, de la desesperación, de la
tentación comercial y la posición social para no pintar solamente
su Yo sino el Todo.

de un

Una de las obras capitales del autor, que ha ido enriqueciéndose y documentán­
dose en sus sucesivas ediciones hasta llegar a esta tercera. Es un estudio acabado
del valor de la psicología profunda en relación con la criminología. Un volumen
de 342 páginas, encuadernado en tela ........................................................
S 25.—

Helene Deutsch: PSICOLOGÍA DE LA MUJER
Lr. psicología de la mujer que, en algunos aspectos, ha sido llamada “ el conti­
nento oscuro” , es estudiada por la discípula de Sigmund Freud como sólo un
perspicaz psiconalista puede hacerlo. Un volumen de 366 páginas, encuader­
nado en tela ............................................................................. .......................
S 20 .—

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SO CIOLO G IA

PI NTOR

J OVEN

Francisco Ayala: T R A T A D O DE SOCIOLOGÍA
Tomo I, Historia de la Sociología. Tom o II, Sis­
tema de la Sociología. Tom o III, Nomenclátor biobibliográfico de la Sociología.
Lr. obra completa, integrada por tres hermosos volúmenes en gran formato con
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meradísima presentación tipográfica . . . . ................................ .*...............
S 80.—

PLEAMAR

León Felipe: AN TO LO G ÍA R O T A

inir
El
P ili
1
Lnl jI
Por FRIEDRICR BAYL

Los mejores poemas, las páginas más vibrantes y expresivas de este lírico cuya
voz resuena con acento patético y vindicativo. Epílogo de Guillermo de Torre.
Ilustraciones de doce artistas españoles y americanos. Un volumen encuadernado
en tela blanca, de la Colección Mirto ....................................................
$ 12.—

EDITORIAL LOSADAS.a.
ALSINA 1131 Montevideo
Lima

BUENOS AIRES
Santiago de Chile
En cuanto a sus dotes poéticas,
eran extraordinarias si hemos de
creer lo que se afirma en la noticia
biográfica descubierta por don R i­
cardo Palma. “ No improvisaba — se
lee allí— tan sólo sobre cuantos
asuntos le proponían, sino que com­
ponía con igual facundia y despejo
hasta piezas cómicas. Y si las con­
versaciones que sostenía versifican­
do se hubieran escrito, habría que
llenar inmensos volúmenes” .
F ray Francisco se sintió alguna
vez poeta épico y escribió sonoras
octavas reales que se conservan ac­
tualmente en el Museo B ritánico;
pero su Musa fué, en efecto, una
Musa improvisadora, callejera y li­
cenciosa que, sin respeto alguno ha­
cia los hábitos de lego que llevaba,
le dictó cosas que, en aquellos “ si­
glos inquisitoriales” , se tenían por
comunes y corrientes — y para ejem ­
plo. los clásicos— , pero que hoy, des­
de luego, no consiente editar ni
transcribir el siglo que más tinta y
saliva está gastando en hablar de
Libertad.

llana Platschek. Retrato. (O leo).

Un Mordaz Epigramista del Perú colonial:

FRAY FRANCISCO DEL CASTILLO
(n e n e ile la primera página.)

fin de conferirle mayor mérito o
que, en realidad, lo creyera sin que
el hecho se ajustara a la verdad ? Y
aun por otra parte, ese mote de “ el
ciego de la Merced” ¿no parecería
aludir — cuando menos en princi­
pio— a un ciego que, tal vez como
mendigo, tenía su puesto fijo en la
puerta de la iglesia y que, acaso por
razones especiales, fuese admitido

después como lego con opción a te­
cho y mesa 1
Hipótesis son éstas que acaso al­
guien pueda esclarecer andando el
tiempo con el hallazgo de algún in­
esperado documento; mas como sea,
el hecho es que a Fray Francisco se
le reconoce como lego y como ciego
de la Merced y hasta como “ hom­
bre instruido que tocaba con suma
habilidad varios instrumentos” mu­
sicales.

La literatura del Perú, como es
sabido, se caracterizó desde sus orí­
genes por su tono satírico, desenfa­
dado, picaresco; y esto, no tanto, co­
mo nos lo asevera el buen Padre
Fray Antonio de la Calancha en su
“ Crónica Moralizadora del Orden
de San Agustín en el P erú ” , porque
Júpiter y Piscis, “ que presidieron la
fundación de L im a” , hicieran a sus
habitantes “ amigos de burlarse” ,
sino porque, en aquella Lima virrei­
nal, muelle, rica y tan desocupada
como lo eran las cortes de Madrid
o de Yersailles, la gente tomó siem­
pre) a la vida con gusto y elegancia,
sonriéndose de todo y, especialmen­
te, de los atrevimientos de la pluma
con tal de que en ellos hubiera inge­
nio y gracia. Fray Francisco del
Castillo, “ el ciego de la M erced” ,
pudo, pues, dejar su lengua de san­
griento epigramLsta en completa li­
bertad ; y a fe que no se mostró ésta
remisa en su cometido, como se verá
por el siguiente ejem plo de una de
( Continúa en la pág. 6.)

�cab alg ata

6

C OL E C C I ON

(Viene de la pág. 5.)

sus décimas improvisadas con pie
forzado o lo que es igual: con verso
último propuesto por el auditorio:

••

f

i

ñ

M a l ic ia en el país de
LAS M ARA VILLAS, de N iN a p o l e ó n , de Stendhal

$ 3.00
OTROS TITULOS DE INTERES
V e n e n o en b r o m a , d e

Morales: a la verdad
estoy viendo de hito en hito
que hoy has puesto un sambenito
en esta Universidad.
Dios nos mire con piedad,
porque si tu calavera
por más tiempo persevera
en el cargo de Rector
se graduará de Doctor
toda mida calesera.

J. Dickson Carr $ 3.00
D ic c io n a r io de c ie n c ia ,

de E. B. Uvarov $ 5.00
S u persticion es y l e y e n ­
das , de Juan B. Am-

brosetti.......... $ 2.50
m ic r o b io s a l a l c a n ­

de Hugh
Nicol ............ $ 3.00
ce de t o d o s ,

En aquellos tiempos plácidos de
la Lima del 1750, ambulaba por las
calles un vendedor de canela, ape­
llidado Besares, y, a lo que se ve,
muy amigóte de “ el ciego de la Mer­
ced’ ’, con quien solía tener amenas
pláticas acerca de todos los chismes
de la ciudad. Cierto día, Besares le
pidió un elogio poético que termina­
ra con su apellido y fray Francisco
del Castillo, sin acordarse del há­
bito que llevaba, improvisó en un
dos por tres:

de Leonhard Adam . . . $ 3.00

A rte p r im it iv o ,

En venta en todas
las buenas librerías

EDITORIAL

Permita el cielo estrellado
que en tus dares y tomares
a rica canela sepa
la boca que t ú . . . Besares.

J. E. UR1BURU 1225
T. A. 44 - 4114

Ni respetaba siquiera la traviesa
Musa epigramática del lego a los sa­
cerdotes cuyos rezos no se atenían a
la levedad que el carácter del lime­
ño de aquel tiempo demandaba. Un
día, al terminar de decir la misa
cierto padre que tenía fama y hechos
de prolijo, algunos de sus oyentes
pidieron su opinión al lego de la
Merced y éste repentizó lo que
sigue:

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LITERATURA MUSICAL
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la musique. Souvenirs d ’un
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Boschot ........................ S 12.—

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Buch. 2 tom os...............S 25.60

•!

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m irror o f m usic. 1844-1944. A .
Century o f M usical L ife in
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;
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¡i

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LITERATURA MUSICAL

Estilísticamente Shapero parece
sentir el afán de adaptar su música
a la de un gran modelo. Así su ‘ ‘ Se­
renata ’ ’ de cinco movimientos para
orquesta de cuerda está basada so­
bre los principios neoclásicos stravinskianos, sus “ Tres sonatas ama­
teur para piano” , sobre los princi­
pios de Haydn, y su reciente gran
sinfonía, sobre los de Beethoven. A
la sazón parece sufrir el complejo de
adoración de un héroe. Pero cuando
decida acometer directamente los
problemas de la composición, dando
de lado todos los patrones y ponien­
do de manifiesto su propio valer, va­
ticino que el mundo musical habrá
de tomar muy en cuenta su nombre.

Allá a mediados del siglo xvm,
parece que fué elegido Rector de la
Universidad de San Marcos de Li­
ma un tal Doctor Morales, de no
gran reputación como erudito, y
Fray Francisco del Castillo que lo
supo, le dedicó esta saeta improvi­
sada :

cholas tílake . . S 4.00

C. HOW ELER. — Som m ets de
la m usique. Versión francesa
de R. H arteel ........... S 26.—

.

Preñada estaba una niña
y en riesgo de mal parir
y vínolo a conseguir
por antojo de una pina.
En la casa hubo gran riña;
la joven d ijo : — me em p re.. .
La madre le d ijo : — ¿ Q u é * .. .
V tal fué el grito que dió
que la niña malparió
y no pudo decir ñé.

N O V E D A D E S

Los

Examinar sus partituras es algo
fascinante. Pocos músicos de su
tiempo han compuesto con tanta se­
guridad y tanto dominio. Shaperc
sabe lo que hace y lo más notable
consiste en cómo pone su pericia mu­
sical al servicio de ynas dotes mara­
villosamente espontáneas.

::

De un sacerdote prolijo
la misa vengo de oír,
que bien se puede imprimir
en el tiempo que la dijo;
mas no por eso me aflijo
ni digo estuve impaciente
en acto tan reverente,
pues en el tiempo que echó
no sólo a Dios consumió
sino también a la gente.
La Iglesia de San Pedro y con­
vento de los jesuítas de Lima queda
a la espalda de la Merced y no muy
lejos de ella. Las órdenes religiosas
no vivían con gran armonía en la
capital del Perú y tal vez entre los
Padres de la Merced y los de San
Pedro hubiese soterrados celos a la
fecha. Ello es que, cierta tarde, el
reloj de San Pedro dió los tres cuar­
tos para las tres y, respondiendo a
un transeúnte que le preguntaba
por la hora, improvisó Fray Fran­
cisco :
. Tres cuartos para las tres
ha dado el reloj vecino
y lo que me admira es
que, siendo reloj teatino,
dé cuartos sin interés.
Uno de los epigramas más pun­
zantes de Fray Francisco nos permi­
te suponer que, en efecto, era lego y
que, en calidad de tal, servía al Pa­
dre mercedario F e ijo ó ; pero, al pro­
pio tiempo, nos hace dudar, con sus
alusiones al papel de estraza y al
carbón, de que fuese ciego de naci­
miento. Lo sucedido fué que un tal
Padre Soto acababa de predicar un
sermón bastante malo en la Iglesia
de la M erced; y, en la propia sacris­
tía, otros padres o feligreses obliga­
ron al ciego a que emitiera su pa-

La
Aaron Copland

ESCUELA

NUEVA

DE

COMPOSITORES

N O RTEAM ERICAN O S
Por AARON COPLAND

(Viene de

la primera página.)

Y basta de generalidades. Ue es­
cogido siete nombres de entre la
nueva “ escuela” de compositores
norteamericanos: Robert Palmer,
Alexei Ilaieff, Ilarold Shapero, Lukas Foss, Leonard Bernstein, W illiam Bergsma y John Cage. La ma­
yoría de ellos frisa en los 30 años.
(Foss es el benjamín del grupo,
pues ha cumplido recientemente
24). Todos han nacido en los Esta­
dos Unidos, a excepción de H aieff
recer al respecto. Y entonces contes­
tó de esta manera:
Si el lego que sirve fiel
al Padre Feijoó, tuviera
un lego que lego fuera
'
mucho más lego que él;
y este lego, en un papel
de estraza, manchado y roto,
de todas ciencias remoto,
escribiera con carbón
fuera su serm ón ... sermón
mejor que el del Padre Soto.
En la imposibilidad de transcribir
algunas de sus — para nuestro tiem­
po—• intocables im provisaciones
(tan semejantes, por lo demás, a las
de los clásicos españoles y para las
que el no menos travieso don Ricar­
do Palma pide “ perdón en gracia
de la chispa con que están ejecuta­
das” ), copiaremos tan sólo la que el
ciego de la Merced, basándose en un
sencillo juego de palabras para cla­
var su aguijón final, pone en boca
de un patrón cuya criada se en­
cuentra en estado grávido:
Mostrarme severo y vario
con la criada conviene,
porque he notado que tiene
muchas faltas de ordinario.
Yo la he pagado el salario
sin ponerle en ello tasa;
y si mi cólera pasa
a extremo de despedirla
sin querer verla ni oírla,
es porque no para en casa.

w' i t

Y es que por aquellos tiempos en
que le cupo vivir y versificar de
esta manera desenfadada a nuestro
lego de la Merced, gobernaba en el
Perú el amador y donjuanesco vi­
rrey don Manuel de Amat y Junient,
aquel que perdió un tanto la chave­
ta ante los hechizos de la seductora
Perricholi, que tenía un sentido ana­
creóntico de la vida y que, con la
construcción del Paseo de Aguas y
de la Plaza de Toros, así como con
su boato y su afición a las carro­
zas y al teatro, hizo de la capital del
Perú un pequeño Versailles sud­
americano donde imperaron la ele­
gancia, el donaire y la alegría des­
envuelta que tanto suelen odiar las
almas de sangre espesa. . .

Lukas Foss nació en Berlín don­
de se formó su primera cultura mu­
sical; prosiguió los estudios en el
Conservatorio de París durante la
época de Hitler y finalmente llegó
a Nueva York con sus padres a la
edad de 15 años. A los 13 había ya
compuesto piezas para piano (pos­
teriormente editadas por G. Schirmer) en las que campea el influjo
de su último maestro, Hindemith.
El contacto con América fué decisi­
vo para él. En Europa había adqui­
rido un género de absoluta seguri­
dad ; en Estados Unidas, a medida
que fué creciendo, tornóse más hu­
mano y más deseoso de reflejar la
atmósfera del nuevo país de adop­
ción. Su primera obra larga de ins­
piración “ americana” fué un ora­
torio, “ La Pradera” , para solistas,
coro y orquesta, con un texto selec­
cionado de poemas indígenas de Cari
Sandburg, obra extraordinaria por
ser su autor un mozalbete de 19
años. Desde entonces ha compuesto
dos obras largas para voces solas y
orquesta: “ Canción de Protesta” ,
para barítono, y “ E l Cantar de los
Cantares” , para soprano, inspira­
das en textos de la Biblia. No cabe
duda que Foss es un compositor
nato.

y Foss que llegaron al país a los 15
años. Todos ellos son compositores
de obras serias que han sido dadas
a conocer al público e incluso algu­
nas editadas e impresas en discos.
Robert Palmer es acaso el menos
conocido de los siete. Su música ra­
ra vez se oye en los conciertos co­
rrientes, habiéndose hecho conocer
en programas especiales de música
moderna o festivales anuales de mú­
sica norteamericana. Yves y Ilarris
constituyen sus máximas admiracio­
nes. Dos composiciones para cuarte­
tos de cuerda son lo mejor de su pro­
ducción. Se trata de trabajos exten­
sos nada fáciles de ejecutar y tam­
poco fáciles de digerir por quienes
los escuchan. Ambos contienen mo­
vimientos separados de verdadera
originalidad y honda sensibilidad.
En dos recientes composiciones, una
William Bergsma es natural de
de tipo orquestal, “ Elegía para Tilo­
California y procede de la Escuela
mas W o lfe ” , y una sonata para dos
de Música Eastman, de Rochester,
pianos, ha aplicado la disciplina al
Nueva York. Apenas salido de ella,
natural entusiasmo de sus escritos,
es ya uno de los profesores de com­
bien que a veces a expensas de una
posición de la Juillard School. Es
demasiado rígida polirritmia o es­ por temperamento un trabajador
quema melódico. Si él es capaz de
sobrio y serio. Comprendo que no es
resistir y 'desarrollarse puede decir­
esta la verdadera descripción de su
se que tiene un porvenir asegurado.
particular talento, pero es difícil
Alexei H aieff nació en Rusia y
decir más por hoy, ya que la cuali­
fué llevado a China, pero adquirió
dad específica de su carácter no es­
su educación musical bajo la direc­ tá definida. Posee un sentido poé­
ción de Rubin Goldmark, en los Es­
tico y crítico y es evidente, que sus
tados Unidos. Ultimamente estudió
composiciones han sido desarrolla­
en París con Nadia Boulanger. Su
das lentamente, después de madura
preparación y adiestramiento le han reflexión. Hasta ahora ha compues­
dado una fuerte afinidad con la mú­ to música orquestal y de cámara,
sica de Stravinsky del que H aieff
canciones y piezas para piano y
es gran amigo personal. La sombra
ballet. A l presente está trabajando
de Stravinsky está presente en sus
en su primera sinfonía.
primeros trabajos, pero gradualmen­
La obra del compositor de Leo­
te fué definiendo su propia perso­
nard Bernstein está ensombrecida
nalidad. Conjuga una sensibilidad y
por su brillo como director de or­
refinamiento musicales con una
questa y concertista de piano. En
mente alerta que a menudo ofrece
cierto modo sería raro que no com­
rasgos de sarcástico humor.
pusiera, porque su habilidad en tal
Hasta ahora H aieff ha compuesto
sentido es no solamente una de las
pocas obras extensas. Aunque tiene
varias facetas de una extraordinaria­
una “ Primera Sinfonía” , se nos
mente versátil personalidad musical.
muestra más cómodo en composicio­
Para nosotros Bersntein representa
nes breves, tales como el “ Divertiun nuevo tipo de músico, tan apto
mento” para orquesta de cámara,
para la música de jazz como para
“ Sonata” para dos pianos, “ Cinco
la música seria. Aunque su tiempo
piezas para piano” y otros trabajos
para componer está estrictamente
breves para violín y piano o violonrestringido por sus actividades de
eello. Actualmente está trabajando
director, Bernstein tiene en su ha­
en la partitura de un ballet inspira­
ber una sinfonía, “ Jeremiah” ; dos
do en la “ Bella y la Bestia” , que
ballets, “ Fancy F ree” y “ Facsí­
será coreografiado por George Bamile” ; una “ Sonata” para clari­
lanchine para la Sociedad del Ba­
nete y piano, canciones y piezas pa­
llet, de Nueva York.
ra piano.
'
Ilarold Shapero es al mismo tiem­
po el compositor mejor dotado y el
Lo más notable de la música de
más desconcertante de su genera­
Bernstein es su proximidad al sen­
ción. Joven bostoniano de 27 años,
tido emotivo. Melódica y armónica­
posee un “ oído” fenomenal y una
mente posee una espontaneidad y
brillante inteligencia. Uno y otra
calor que comunica al auditorio. Su
fueron sometidos a metódica prepa­ peor música es la música de direc­
ración bajo la dirección de Krenek,
tor, de estilo ecléctico e inspiración
Pistón, Hindemith y Boulanger. Es­
fá c il; la mejor, es música de vibran­
tos maestros dejaron su marca en
te sentido rítmico, de ímpetu irre­
él: Shapero es dueño hoy de una
sistible. Ciertamente, es cosa aven­
técnica absolutam ente perfecta.
turada predecir lá durabilidad de la

�P or
UANDO en las siestas calientes

C el chirriar del coyuyo comenza­
ba a limar el silencio, los montañe­
ses del lugar decían: “ Está madu­
rando la algarroba” . Desde la tie­
rra subía un vaho cadente color de
plata y sombra. Los vapores retor­
ciéndose en el aire, eiran ramas de
gigantescos árboles espectrales con
azules r eñe jos violáceos de nácar y
oscuro resplandor de hierro. Todo
estaba madurando: la montaña y
el bosque, el aire y el canto de los
pájaros, en la vaina de oro de la
algarroba. La tierra hervía y se
maceraba con un calor de horno y
de caldera que subía desde la espe­
sura de las lianas a la copa , más
alta de los árboles. La podredum­
bre de las flores, las hojas, las ra­
mas, las enredaderas, las raíces y
los tallos y los restos de animales,
iban convirtiéndose lentamente en
tierra salvaje y nueva lista para
un futuro renacer de heléchos y del
dulce madurar de la algarroba. El
valle era, así, gigantesco matraz en
que todas las esencias del mundo se
combinaban para que de la anti­
gua muerte surgiese la nueva vida.
Desde el humus vegetal nacía la
savia para ram ificarse en los copo­
sos cedros.
Mil escondidas raíces melódicas
se tejían en la música que necesita
toda resurrección de vida. El ru­
mor del torrente, el silbido de los
chalchaleros rebotando en los pe­
ñascos acústicos, el balido de las
cabras saltando en los breñales, el
cántico dolido e indolente del cam­
pesino, el rumor del agua lejana

música de Bernstein, tan enorme­
mente efectista cuando se escucha
por primera vez .
A propósito he dejado para el fi­
nal a John Cage. En 1920, la música
experimental de percusión de E d­
gar Várese y Henry Cowell hizo un
ruido enorme entre la vanguardia
musical. Cage procede de ahí para
gran sorpresa de muchos de nosotros
que creíamos definitivamente con­
cluido el período de percusión en la
música. Cage comenzó en California
con una música de percusión pro­
pia, bien que derivada de la de sus
maestros. Pero gradualmente puso
él de nuevo en uso el llamado piano
“ preparado” como un medio de
percusión. Se llama piano “ prepa­
rado” a aquel que lleva inserto en­
tre las cuerdas del instrumento ma­
teriales metálicos y no metálicos, lo
que produce un tono de sordina de
fina variedad. Para apreciarlo bien
hay que escucharlo; su sonido es de
poca duración, semejante al del ar­
pa. Fascinante como es, temo que
la música de Cage tenga ,más origi­
nalidad de sonido que de substan­
cia. Por su estilo se asemeja a la
música de Bali y a la de la India,
e incluso a la más reciente de A rnold Schoenberg.
En los Estados Unidos la música
seria está en vías de prosperidad.
Factor frecuentemente no advertido
es el de que del seno de los Conser­
vatorios salen compositores sin pa­
ralelo en el pasado musical del país.
Si podemos apreciar el futuro mu­
sical de una nación por la actividad
de su generación más joven de com­
positores, entonces Estados Unidos
puede afirmarse que progresa. Los
siete compositores de los que me lie
ocupado en este artículo se hallan
próximos a la meta, pero en muchos
aspectos son producto típico de su
generación. Son músicos bien pr&amp;
parados y, lo que es más, prepara­
dos a la norteamericana. No consti­
tuyen una escuela por lo que se re­
fiere al estilo, pero todos componen
música de ritmo vivaz, riqueza meló­
dica y claramente concebida. Y o
creo que tomados en conjunto for­
man un grupo notable capaz de re­
sistir la comparación con la genera­
ción más joven de cualquier otro
país. Lo que es algo nuevo para
los Estados Unidos.
(Publicación autorizada por “ The
New Yorle Times M agazine'’ ).

que es la insinuación de la brisa
en el ramaje, eran parte de aquella
vasta sinfonía que es flor del pai­
saje. Y la algarroba iba madurán­
dose con el vaho caliente de esa lla­
marada que se blandía como espa­
da de fuego. Todo este fervor de
vida parecía aquietarse cuando se
escuchaba lejano el lento percutir
de la caja a veces acompañado de
fúnebre canto:
Siempre te espero, mi vida
por verte llegar.
Tara rá tá tata
Pero nadie mi, vida
me ha visto llorar
Tara rá tá tata.
Un día los caminos se llenaron de
júbilo. Un grito de alegría partió
del valle “ ¡ La algarroba ha madu­
r a d o !” ¡Tenemos que hacer! Desde
lo alto bajaron al arenoso lecho del
río caravanas de campesinos a re­
coger el fruto dorado de la isla.
Cuando la creciente descendía bra­
mando hasta el valle para luego as­
cender amenazando tapar los cerros
con su espumosa furia, quedaba ca­
si siempre libre de las aguas, en
el centro del río, un gran barran­
co poblado de algarrobos. Este era
el lugar codiciado para las fiestas
con que por enero se decoraba la
cosecha. Era la algarroba de la isla
la más rica de esa reg ión : vaina an­
cha, gusto a miel, de una dulzúra
sin igual. “ Ha madurado la algarro­
ba, tenemos que hacer” . Y se iban
convocando de casa en casa. Ya sa­
lían las muchachas con vestidos de
colores agrios, cimba’ en tiara, pa­
ñuelo celeste a los hombros y al­
pargatas nuevas. Y ellos los varo­
nes, con su ancho tirador enmone­
dado, talero de plata, bombacha
comprada en lo del turco y guar­
dada en el arcén. Y así iban lle­
nando con canciones el aire trans­
parente del valle.
Pastor Brandan descolgó su ca­
ja y acarició el acústico cuero.
Una sonrisa suavizó la fiera expre­
sión de su faz. Caja para las pro­
cesiones con cohetes voladores, con
banderas hechas de pañuelos en­
astados en largas cañas huecas, con
el barbotar de las oraciones dichas
en tono litúrgico con el rosario en­
cadenado en ambas manos y la vio­
lencia de los jinetes haciendo rayar
los caballos al grito de ¡ Viva D ios!
Caja de los carnavales; ritmo de
letargo que comienza a sonar en la
madrugada lila. Tara rá tá ta ta
Palo y chalchál
palo y nogal;
pa que me has traído
pa verme llorar
Cáscara de sandía, instrumento
de agasajo destinado a ser arroja­
do a la cabeza del amigo, arrobas
de harina después de baldazos de
agua para que se form e una espe­
cie de engrudo sobre las ropas,
gruesas de cohetes atados a la co­
la de los caballos. Alegría semibár­
bara, bromas dignas de guerreros.
Carnaval brutal e ingenuo de la
montaña, acompasado por la caja
cada vez más lenta en su ritmo
cuando más copas debía agradecer
el cajero. Caja de los entierros,
tristeza guarnecida de silencio sin
llantos, sin lamentos, dolor que g o ­
ta a gota va horadando la piedra
del corazón. Y después la cruz tos­
ca de algarrobo al borde del cami­
no y un tarro para los níqueles que
la viuda irá a recoger de cuando
en cuando. Caja para los velorios
del angelito, música, canciones y
amoríos. Recóndito golpear del cue­
ro en el alba morada y en la noche
verde, con pájaros dormidos en los
árboles altos, con el rezongo del
torrente en la cumbre, y un pro­
testar de mar en la ribera del va­
lle. Caja de bautismos de los d o­
mingos claros y firmes como de
mármol y acero. Cánticos de se­
tiembre con los duraznos fioridos,
claridad de julio con las tiernas
violetas, octubre florecido de la­
pachos rojos y diciembre decorado

PABLO

ROJAS

PAZ

con su algarroba y su estrella fe ­
deral.
Pero, nunca el percutir de la ca­
ja era más alegre que en enero,
cuando la algarroba comenzaba a
madurar arrullada por el coyuyo,
en que el árbol se decoraba de oro.
Cuando el paisano dice “ árbol” ,
sólo se refiere al algarrobo. Una
dicha nueva nacía en los tiernos
heléchos, las dalias silvestres, la
modesta pasionaria y la rosa pequeñita de los San Antonio. El ár­
bol maduraba en el oro de sus vai­
nas. El agua era más clara y más
fácil el vuelo de las aves.
¡Apúrate, que están pasando to­
dos ! — gritó Pastor a Hiedra mien­
tras ésta se calzaba sus alpargatas
bordadas. Cada vez iba siendo más
densa la música del valle en el cie­
lo de miel y acero; el viento iba
jugando entre los mirtos hasta es­
conderse en el monte; los balidoí
volvían confusos los cánticos que
llegaban desde la cima de la mon­
taña y la acústica del valle era
prolífica por su resonancia innu­
merable. Después de llenar las bol­
sas con las vainas de algarroba, se
organizaban las fiestas. La guita­
rra adquiría resonancias nuevas en
aquel valle claro y alto. Y su mú­
sica fortalecida por los cantos, se
alzaba como un mar de ecos para
ir en invisibles olas a chocar con
las empinadas laderas. En lo me­
jo r del baile y de los cantos se es­
cuchaba ese alarido de júbilo con
que los paisanos rubrican su ale­
gría. Apicarados “ gatos” , presun­
tuosos “ cuandos” , cautelosos “ es­
condidos” eran bailados con el in­
dolente roncear de los mozos. Era
la fiesta de la algarroba, el home­
naje al árbol por excelencia que da
su leña, que da su sombra, que da
su fruto. Porque cuando el paisano
de la llanura del noroeste dice “ ár­
bol” , piensa solamente en el alga­
rrobo blanco, que es el amigo, de
la fruta dulce, cuya madera, horcón
del rancho o cruz en los caminos,
acompaña al paisano tanto cuando
duerme una noche como cuando
duerme para siempre.
Pero, se cuenta que cierta vez
acaeció algo catastrófico. Todo era
cantos y alegrías en la isla, cuando
de pronto retumbó el trueno en la
cumbre. Era tal el alborozo que
nadie lo oyó. Y se escuchó ese sub­
terráneo de la corriente que avan­
za, de esa mole de agua que se
abalanza desde los cerros con una
furia desatada, arrancando los ár­
boles de cuajo, llevándose pedazos
de montaña, el ganado, las casas.
Se anunciaba con un mugido ate­
rrador; pero, avanzaba, fulminan­
te, por el valle, sin que nadie pu­
diera escapar de ella. Y aquel día

CUATRO AÑOS EN LAS O RCADAS
DEL SUR
por José Manuel Moneta. (5* edición).
(Obra premiada por la Comisión Nacional de Cultura)
El extraordinario relato de un integrante de cuatro
expediciones argentinas, de las que anualmente son
enviadas a las Oreadas Australes, describiendo, con
pluma ágil, heroicas y vigorosas anécdotas sobre la
dureza de la vida polar que, en el Antártico, debe
afrontar un reducido núcleo de argentinos.
Un volumen de 342 páginas, esmeradamente impreso
e ilustrado con numerosos grabados en negro y dos
mapas fuera de texto .................................... .$ 12 .—

EL FORASTERO
por Rómulo Gallegos
Continuando la publicación de las obras completas del
gran escritor venezolano, se presenta al público lector
esta obra que es, quizá, la más humana de sus crea­
ciones. Bajo las mismas características de edición se
han publicado hasta el presente los siguientes títulos:
“ DOÑA BARBARA” , “ LA TREPADORA” , “ CANAIMA” , “ REINALDO SOLAR” , “ CANTA CLARO” y
“ SOBRE LA MISMA TIERRA” .
Un volumen de 290 páginas, con ilustraciones litográficas de Emilce Saforcada, ricamente encuaderna­
do en tela con sobrecubierta ........................ $ 12 .—
En preparación, dentro de la misma colección la obra
cumbre de Rómulo Gallegos: “ POBRE NEGRO” , ilus­
trada con xilografías de Raúl López Anaya.

LA MADRE GRANDE

norvt-o

GQ»

f

E lfo m o

(Novela)

por Francisco A. Rosito
Una novela argentina, de color local, donde el mo­
mento nuestro se refleja con objetiva imparcialidad.
Humanos sus personajes, con todas sus pasiones, gran­
dezas y miserias, desfilan ante el lector, en forma
amena, al conjuro de un estilo ágil y elegante, que
deleita y alecciona.
Un volumen en rústica, de 238 páginas, esmerada­
mente impreso ..................................................... $ 5 .__

I &lt;' » OM*. *■ S* V » « '*

V*

TRADICIONES SANJUANINAS
por Octavio Gil
En los tres primeros capítulos de este libro, dividido

f en siete, se resumen los pilares básicos de la historia
de San Juan como provincia argentina, desde su fun­
dación hasta la organización constitucional, para lle­
gar, en los cuatro últimos, a presentar todo aquello
que el viejo San Juan ha tenido de más típico y
característico.
Un volumen en rústica, esmeradamente impreso sobre
excelente papel ................................................... $ 7 __

CANTO A LA TIERRA DE CUYO
por Sixto C. Martelli
Un hermoso canto a la legendaria región cuyana, tie­
rra donde mejor se alternan los sueños, el trabajo
y el ocio fértil sobre el vasto cuerpo de la República.
Un volumen de cuidada edición, ilustrado profusa­
mente por Luis Macaya, Víctor L. Rebuffo, José Jor.
ge Fatta, Galeano Relardinelli y otros, de conformidad
a ideogramas del autor ..................................... $ 10 .__

SA N M A R T IN 200
F L O R ID A 750, F L O R ID A 205 y S U C U R SA L E S

de la fiesta de la algarroba suce­
dió eso. Cuando cayeron en la
cuenta del peligro, ya no pudieron
salvarse de él. Y la mayor parte de
los campesinos pereció ahogada. La
isla fué desde ese día lugar de luto
y sombra. Y como no fué posible
encontrar los cadáveres de los aho-

gados, una gran cruz de algarrobo,
en el centro de la isla, los recorda­
ba. Y el árbol amigo, queriendo aso­
ciarse al dolor del hombre, cambió
sus frutos de oro por vainas peque­
ñas y oscuras, sin gracia, pero de
una dulzura extraordinaria. Y así
nació la algarroba negra.

D el E sc r ito r y l a L it e r a t u r a
EN EL MUNDO ACTUAL

Por ALBERTO G1RRI

U

N A hipotética encuesta entre
lectores acerca de la literatura
y el escritor arrojaría resultados
bastantes aleccionadores y curiosos.
Para la generalidad, la literatura
sigue siendo, esencialmente, evasión
y lo que más atrae de ella es que
se trata de un producto de la ima­
ginación, siempre prestigiosa. Pero
cuántos son los lectores que, conc-ientemente, se han planteado esta
cuestión: ¿cuál es mi real interés
por la literatura ?; ¿ es para mí sim­
plemente una distracción confeccio­
nada por inteligentes desocupados,
para desocupados no tan inteligen­
tes, o es algo más serio 1; y el escri­
tor, ¿qué nexo me une a él? Obser­
varíamos que el escritor todavía es
un espectáculo, que aun existen con­
secuentes defensores de una imagen
envuelta en galas novecientistas.
Los ingenuos defensores de la cha­
lina, la melena artística, está visto
que quieren aferrarse cómodamente
a rasgos externos, mejor cuanto más

grotescos, rasgos que suponen seña­
lar inequívocamente la presencia
del ciudadano escritor. Es siempre
atrayente la búsqueda y la consta­
tación de un tipo humano diferente,
cual suele serlo el artista, pero des­
de el punto de vista del escritor,
tanto anacronismo va más allá de
lo pintoresco y le está diciendo que
hay una especie de divorcio entre
él y quien lee. Es significativa la
complacencia que despiertan las bio­
grafías a la manera de Hollywood,
donde Lamartine o Hugo o Balzac
— este último goza de preferencias
a causa de su gordura— se mueven
en actitudes de saltimbanquis de la
posteridad, al compás de frases es­
trictamente geniales. Quizas a mu­
chos agradará más saber que mo­
dales tenía Balzac sentado a la mesa,
o si George Sand siguió usando pan­
talones después de sus amores con
Musset, que las dificultades de Byron peleando por la libertad de Gre­
cia. Sigue pues en circulación una

imagen del escritor que es impos­
tura, y que parecería más bien un
intento de apartarlo del mundo por
una vía bastante eficaz como lo es la
del ridículo. La verdad es otra. Para
el escritor responsable ni este ni
otros fueron tiempos de bromas.
Ahora bien, ¿ que hechos negativos
son los encargados de desfigurar su
misión? Si en el orden particular
del cultivo de cualquier arte el es­
tilo es la efectiva representabilidad
formal de la materia artística, en lo
universal es expresión de la natura­
leza toda, de lo dado. Es unidad e
integración. Esto no se enfrenta
con el primer hecho negativo a con­
siderar : nuestra época carece de es­
tilo, carece de unidad. Hay, además,
una falsa premisa cuya vigencia
quiere mantenerse y que, disociando
al escritor del hombre, lo presenta
alejado, soslayando el mundo que to­
dos vivimos. De ello resulta una
( Continúa en la pág. 10.)

�ca b alg ata
(l'irn r ár la primera página.)

bulo teórico, debo agregar que el
artista moderno tiene en sus manos
un instrumento que constituye a un
tiempo lo grandioso y lo peligroso
de su misión histórica; este instru­
mento es la libertad absoluta de
crear, sin limitaciones ni trabas de
ninguna especie. Este extraordina­
rio movimiento de liberación en ar­
te, iniciado a comienzos del siglo
pasado por el romanticismo, tenía
que llegar en el transcurso de poco
más de un siglo a los resultados sor­
prendentes del arte actual, en que
se refunden todas las experiencias
artísticas desde el hombre primitivo
hasta el Renacimiento, lanzándose
desde allí a explorar nuevos mun­
dos con una audacia temeraria.
De todas las experiencias artísti­
cas de los últimos tiempos pueden
considerarse dos de ellas como fun­
damentales, por constituir la pola­
ridad de manifestaciones en que se
debate el espíritu del hom bre; son
ellas el arte abstracto que repre­
senta la anulación del individuo
en aras de lo universal y cuyo re­
presentante más puro fue Piet Mondrian — ese verdadero asceta de la
plástica— , y en el otro polo el
arte surrealista que significa la afir­
mación de la individual (podríamos
decir: una afirmación existencial),
cuyo representante más neto sería
Max Ernst. La actitud de estos ar­
tistas, su tarea de creadores de ob­
jetos de arte es completamente dis­
tinta : Mondrian buscaba expresar
en su obra los elementos de valor
universal reducidos al más puro es­
quema ; eso hacía que trabajara con­
tinuamente sobre el mismo cuadro
durante afros, depurándolo incesan­
temente de todo lo accesorio; el ar­
tista surrealista utilizando el meca­
nismo automático de la inspiración
pura, se niega al contralor de la ra­
zón, de modo que su obra está ter­
minada de entrada, y lo aparente­
mente accesorio tiene significado y
jerarquía en la totalidad del cuadro.
Doy término a este pequeño pre­
ámbulo — indispensable en el caso es­
pecial de Batlle Planas ya que este
artista se debate personalmente entre
la polaridad formada por el arte abs­
tracto y el arte automático puro—
para entrar ya de lleno al análisis
de la obra del artista, llamándonos
la atención, ante todo, sobre la sin­
ceridad de Batlle Planas consigo
mismo: no ha tratado de solidificar
su obra en una fórmula o receta,
que es frecuente causa de éxito fá­
cil, sino que su lenguaje se ha ido
modificando según se lo imponía la
necesidad interior, los distintos mo­
tivos que buscaban exteriorizarse a
través de las imágenes. Por esta ra­
zón no ha titubeado en abandonar
formas en las que había logrado una
perfección notable y el aplauso de
un público elegido — halago al que
el artista renuncia con dificultad—
porque en ellas encontraba agotadas
las posibilidades de expresar su vida
íntima. Una sinceridad parecida só­
lo puede encontrarse en dos grandes
artistas contemporáneos: Picasso y
W olfgang Paalen.
Quiero comenzar haciendo una
breve reseña de la historia artística
de Batlle Planas. Se inicia a los 20
años en la plástica como autodidac­
ta, ejecutando copias del natural.
Insatisfecho de estos ensayos descu­
bre pronto el método de creación
automático, en el que hace sus pri­
meras armas en el año 1935 con di­
bujos, para ejecutar al temple, en
el año 1936, la serie de “ radiogra­
fías paranoicas’ ’ en las que utiliza
como color además del negro, el ama­
rillo y el gris plomizo. Muy intere­
sante es descubrir que en estas pri­
meras obras de Batlle Planas ya se
encuentran los elementos fundamen­
tales que aparecerán como “ leit
m otiv” en toda su obra posterior,
como ser, por ejemplo, la figura del
hombre barbado y las imágenes de
los puntos guías, elementos que se
desarrollarán plenamente sólo en
época reciente.
A partir del año 1937 y hasta el
1939 el artista descubre las extra­
ordinarias posibilidades automáticas
del color, al mismo tiempo que apa­
recen en sus cuadros una gran va­
riedad de imágenes que abarcan des­

de elementos antropomórficos hasta
los estrictamente abstractos. En este
primer sondeo amplio que el artista
hace en sí mismo, se encuentra con
un mundo caótico e indiferenciado;
múltiples imágenes bullen por bus­
car salida, pero entre ellas se van
definiendo lentamente los elementos
que van a constituir — como ya he­
mos dicho— los motivos conductores
de la temática del artista: aparecen
ya entonces los fantasmas de vesti­
dura poliédrica en colores fríos, azu­
les y grises de sorprendentes mati­
ces, y usando magistralmente la
técnica del degradado. También sur­
ge entonces el personaje barbado,
que atravesará sin interrupción en
distintos momentos, a veces fugaz­
mente, apenas esbozado, la obra de
nuestro artista, hasta llegar a domi­
nar en los períodos más cercanos al
presente la totalidad de la tela, a
convertirse en la imagen de primer
plano exclusiva. Ya veremos más
adelante qué interpretación damos
a esta figura. Desde el año 39 al 42
y parte del 43, el artista crea su
famosa serie de cuadros fantasmales,
constituyendo un período que el pro­
pio artista denomina “ tibetano” , re­
firiéndose al cuadro denominado
“ Tibet’ ’, uno de los más caracte­
rísticos de este período. Domina en
estos cuadros un extraño clima de
desolación. Sumergidos en una at­
mósfera onírica, totalmente opuesta
a la que pudiera permitir la existen­
cia de seres vivos, encontramos fi­
guras fantasmales, que insinúan la
estructura general de seres huma­
nos, pero que nos muestran detalles,
al estar cubiertos de la cabeza a los
pies por vestiduras poliédricas, de
las que no puede asegurarse que
sean realmente vestiduras o consti­
tuyen la esencia material misma del
personaje que representan. A veces
las cabezas están constituidas por
formaciones cúbicas con aberturas
esquemáticas y geométricas, en otros
se esboza someramente un perfil hu­
mano. La tonalidad de estos cuadros
resume las extremas posibilidades
de los más melancólicos ensueños de
desolación. Tonos grises y azules y
sólo de cuando en cuando una man­
cha de bermellón rompe con su gri­
to de alta temperatura, con su deseo
de vida, la desolación escalofriante
de este paisaje de fantasmas. Con­
sidero este período uno de los más
fecundos del artista, aunque reco­
nozco que su exaltación suprah mini­
na lo hace poco apto para que el
pintor soporte su carga agobiante
por mucho tiempo.
Desde el año 43 — esporádicamen­
te desde el 42— al 46, la temática

J. B a t l l e P l a n a s . L os m e c a n is m o s d e l n ú m e r o . 1948.

del artista cambia fundamentalmen­
te. Aparece la figura humana, ba­
rriendo totalmente el mundo de fan­
tasmas. La atmósfera deja de ser la
atmósfera nocturna de lo irreal, pa­
ra saturarse de los cálidos colores
del sol, rojos y amarillos, entremez­
clados en palpitante combinación.
Los elementos humanos que apare­
cen pueden reducirse a dos: un per­
sonaje barbado y una mujer joven,
a veces representada desastradamen­
te vestida en un paisaje en el que
parece estar de tránsito, trotamun­
dos que no vienen de ninguna parte
y no van a ninguna parte, con un
báculo para ayudar al sostén de su
cuerpo cansado. En este período que
podríamos llamar de realismo auto­
mático, la figura humana está re­
presentada con minuciosa fidelidad,
pero se trata siempre de retratos
ideales, de la conformación plástica

de obsesionantes imágenes interio­
res, que se repiten en cuadros suce­
sivos casi como las variaciones de un
tema musical.
Desde el año 46 surge en el espí­
ritu del artista la concepción de los
puntos vectores, o más correctamen­
te: puntos iniciales. Partiendo de
estos puntos iniciales, el espíritu del
artista se lanza en busca de otros
pimíos y así sucesivamente, trazan­
do las líneas vectoras, imágenes re­
veladoras de las más audaces aven­
turas automáticas que van desde una
nueva concepción plástica de la fi ­
gura humana hasta figuraciones ín­
tegramente abstractas.
Aquí es oportuno mencionar que
el elemento abstracto — en su senti­
do de no objetivo— aparece repe­
tidamente durante la evolución ex­
presiva del pintor: se lo ve como
desintegración de la figura humana
en sus elementos abstractos en ' ‘ His­
toria de dos personajes automáti­
cos” , cuadro al temple ejecutado en
1943 y como auténticas y totales abs­
tracciones gráficas en “ Génesis”
del año 1943 y “ Génesis” del año
1946 ejecutados al pastel. Los colo­
res usados son el amarillo violento
y el negro y el abstracto es el de con­
tenido poético como sucede con las
grafías abstractas de Miró, de Klee
y en algunas obras de Kandinsky.
En el momento actual, el pintor
oscila entre distintos requerimientos
interiores: la técnica de los puntos
vectores lo lanza a veces hacia auda­
ces aventuras a través de la figura
humana o en el terreno abstracto;
otras veces, más apaciguado, se en­
trega a la ejecución de melodiosas
variaciones sobre una figura ideal
de mujer. También lo requiere el
grabado, en donde ha dado muestras
de una finura de realización excep­
cional. El dibujo, especialmente en
la ilustración de textos literarios, ha
logrado de su lápiz caligrafías sa­
turadas de extraña sugestión, líneas
que parecen dibujar las tortuosida­
des de un pensamiento torturado.

J. B a t l l e P l a n a s .

El m a e s tr o . 1946.

Después de esta somera descrip­
ción de la trayectoria histórica del
artista, quiero entrar a analizar más
detalladamente la personalidad del
mismo. A l examinar esa vasta pro­
ducción para una vida tan joven
nos encontramos en primer término
en una ausencia total del elemento
denominado realidad: el artista no
sólo no copia la realidad, sino que
ni siquiera se inspira en ella. Lógi­
camente, me refiero a la realidad
empírica, a la realidad aparente,
o dicho en otra forma más llana: a

la í’ealidad cotidiana. Esta fuga.de
la realidad es una cosa común en
muchos artistas contemporáneos y
tendría que decir que, aunque en
forma no tan clara, es común a los
artistas de todos los tiempos. El
motor que impulsa a determinados
hombres a alejarse de la realidad
aparente es justamente la idea de
que es tan sólo aparente, de que de­
trás o más allá tiene que haber una
realidad, podríamos decir, más “ ver­
dadera” , una realidad definitiva.
En busca de ella se han lanzado por
distintos caminos el artista, el hom­
bre de ciencia, el filósofo, el místico.
El elemento básico con el cual el
artista se ha lanzado a la conquista
de lo desconocido es la intuición
poética y el gran mérito del surrea­
lismo es haber introducido el ele­
mento poético en la plástica con la
máxima libertad y desenfado. Este
hecho de la inclusión del elemento
poético en la plástica es un aconte­
cimiento que ya tenía sus preceden­
tes perfectos, aunque aislados, en el
pasado; baste mencionar los&lt; nom­
bres, primero del máximo e inigua­
lado Jerónimo Bosch, luego de al­
gunos italianos, Piero di Cosimo y
Carpaccio entre otros, de William
Blake, de Grünewald, Durero, etc.
La fuga de la realidad, aunque sin
una franca introducción del elemen­
to poético, se encuentra en algunos
representantes del impresionismo:
Monet y Seurat especialmente. Las
complicadas deformaciones de los
elementos plásticos introducidas por
los cubistas y escuelas afines respon­
den al mismo mecanismo. El artista
moderno se lanza en basca de esa
realidad última por dos senderos
opuestos, aunque no incompatibles
(ya que pueden aparecer conjunta­
mente o sucesivamente en el mismo
artista) : el artista abstracto busca
la reducción del cuadro a las leyes
fundamentales, universales, impere­
cederas, que colocan en el número,
como hicieron desde Pitágoras hasta
los logieistas de hoy muchos filóso­
fos; este dominio del número se
presenta bajo forma de una geometrización implacable, reducida en
Mondrian a 1a. línea recta en dos úni­
cas posiciones: la vertical y la hori­
zontal, que son síntesis del sentido
de las dos grandes fuerzas de la na­
turaleza, de las cuales se derivan
todas las otras, secundarias, impu­
ras; los colores utilizados por Mon­
drian son los tres primarios en su
forma original, el resto de los colo­
res, por derivarse1de éstos, pierden,
debido a su impureza, interés para el
artista. El surrealista, en cambio,

�ca b a lga ta

TIC
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Planas
ir ADOLFO ESTE
J. B atlle P lanas. L os mecanismos del número. 1948

¡r

.

v.

-

!

cree en la revelación de esa realidad
última, no por un mecanismo racio­
nal como el abstracto, sino por un
mecanismo intuitivo. Esta confianza
en el posible contacto con las reali­
dades ocultas por mecanismos do
captación no racionales, hace que el
artista surrealista se encuentre en
íntimo parentesco con los místicos y
con los ocultistas. Aparece entonces
en el arte un elemento, extraordina­
riamente similar al poético, que eS
el elemento mágico. El extraordina­
rio pintor y teórico del surrealismo,
Kurt Seligmann, acaba de publicar
un hermoso lib r o : E l espejo de lo
mágico * en donde historia las ma­
nifestaciones de esa capacidad con­
creta de ver otra realidad. A ese li­
bro remito a quienes se interesen por
este problema particular. Bretón, la
primera figura del surrealismo, ha
indicado las estrechas relaciones del
artista con la magia en un libro re­
lativamente reciente publicado en
Nueva Y ork: Arcarte 17.
En resumen: el surrealismo tien­
de, por natural gravitación, a aban­
donar su exclusiva posición freudiada, es decir, de intérprete del in­
consciente y de los fenómenos de re­
presión y de frustación, para acer­
carse a un antiquísimo concepto del
artista: el concepto de vate, en que
el artista, vinculado a una realidad
oculta, actuaba como revelador de
ella y su lenguaje tenía el valor de
profecía.
Volviendo al concepto de realidad,
uo hay duda que el hombre se en­
frenta con muchas realidades distin­
tas. El realismo ingenuo entiende
como realidad, lo aparencial; es la
filosofía del hombre de la calle y
nada ni nadie podrá moverlo de esa
posición de seguridad. Cuando algún
motivo angustioso lo hace vacilar
vuelca su inquietud en el cómodo
receptáculo de la religión oficial,
por supuesto, sin conexión con cual­
quier intento de revelación directa
(es decir, lo que se llama fenómeno
místico) que pudiera apartarlo de
esa tranquilizadora realidad feno­
menal. La negación de la realidad
aparencial se refugió en lo antiguo
en la filosofía, pero la ciencia mo­
derna, desde Copérnico y Galileo,
y más aún con los modernos investi­
gadores de la estructura de la ma­
teria, se ha sumado a los enemigos de
dicha realidad ingenua.
Ahora bien ; en el artista, la fuga
de la realidad se debe no sólo a su
deseo de conocer (que comparte con
el filósofo y el hombre de ciencia),
* The Mirror o f 3lagic. (Panthcon Books,
N. Y.. 1948).

9
ellos; esa emoción sólo es comparable
a la que suelen tener frente a imá­
genes de hondo contenido religioso).
Como último contenido de estos re­
tratos ideales vemos en ellos la pro­
yección ideal de la propia persona­
lidad del artista. La autovalorización del artista, que, para usar un
término técnico, denom inarem os
narcisismo, hace que desarrolle en
todo retrato ideal un autoretrato.
El artista es continuamente, en cier­
to modo, una mezcla de Pigmalión
y de Narciso: hace la obra de arte
con parte de sí mismo .y vuelca en
ella su afecto por lo que contiene de
sí mismo.
El otro personaje que cruza obse­
sionante la obra de Batlle Planas en
los últimos años es una figura de
mujer joven, frecuentemente pre­
sentada como vestida de harapos y
apoyándose en un báculo, absoluta­
mente sola. El paisaje en que apa­
rece, aunque solitario, no ofrece ya.
en esta época de la evolución del
artista, el aspecto de desolación que
caracterizaba el período fantasmal;
hay una esperanza de vida vibrando
en una cálida atmósfera de día so­
leado que baña todo el cuadro. La
interpretación de esta figura tam­
bién ha sido varia: los psicoanalis­
tas la. consideran personificación de
la madre; no discutiremos esta in­
terpretación, pero, como creemos que
el artista vuelca en una misma ima­
gen un multitud de contenidos di­
versos, interpretamos esta figura y
su ubicación en el paisaje habitual
en que la coloca Batlle Planas, como
una expresión del enorme desamparo
en que vive el ser humano, de la cru­
da y desalentadora soledad. En otros
momentos la imagen femenina apa­
rece más serena, acercándose real­
mente al gran mito griego de la es­
posa-madre, al' cual el psicoanálisis
ha dado vida moderna. Hay un cua­
dro en el cual podemos observar la
combinación de las dos figuras: el
personaje barbado v la mujer joven
con el aspecto de una verdadera sa­
grada familia, extraordinaria coin­
cidencia entre la mitología personal
del pintor y la iconología religiosa.
Otro aspecto adquiere la figura
humana con la técnica de los pun­
tos vectores o guías utilizada últi­
mamente por el artista. Se obtiene
por este sistema una desintegración
de la forma humana que no se rela­
ciona con el análisis plástico de los
volúmenes que debemos al cubismo
— aunque aparentemente lo parecie­
ra— , sino que responde a una des­
integración de índole angustiosa, a
una verdadera ruptura emocional de
las formas fijas, que producen como
resultado imágenes terroríficas o
angustiosas, en algunas de las cuales
he observado un vago parecido con
las máscaras de los ritos religiosos
indígenas americanos, surgidas in-

sino a que su jerarquía espiritual lo • fundamentales, verdaderos arqueti­
convierte en un solitario, lo aparta
pos, modelos ideales. El personaje
del ambiente cotidiano, lo hace fu­
barbado — que ya dijimos aparece
gar de la realidad de todos los días.
desde el comienzo de la obra de nues­
tro artista—•, va absorbiendo gra­
Este fenómeno de repulsión hacia
dualmente el interés del pintor hasta
lo cotidiano da a la obra del artista
convertirse en la figura central, en
su carácter específico, lo que podría
llamarse su “ constante emocional” , el protagonista indiscutido del cua­
dro. La explicación de este perso­
y la separa, netamente de la obra de
investigación científica o filosófica.
naje es bastante oscura: los psico­
analistas verán en él la figura del
La obra de arte no puede ser, por lo
padre, el pintor mismo la ve como
tanto, desapasionada (no me refiero,
la evocación inconsciente de un an­
por supuesto, al arte abstracto que
constituye un fenómeno muy espe­ tepasado (sus padres dicen que se
cial, ni al arte académico que en asemeja a algún tatarabuelo) ; sin
negar ninguna de estas dos interpre­
general tiene poco que ver con el
taciones, creemos que el artista ha
arte).
volcado en esa figura otra cantidad
Hablamos de que el artista era un
de mecanismos: constituye, por lo
solitario y ahora, después de haber
pronto, un resumen de fuerzas o
dado este rodeo discutiendo el con­
aspiraciones suprahumanas, de ver­
cepto de realidad, la mención de la
daderos arquetipos, o imágenes idea­
palabra solitario nos vuelve repen­
les divinizadas (cosa que ha asom­
tinamente a la obra de Batlle Pla­
brado al pintor es la emoción que
nas. Dijimos que toda la obra de
ha despertado en algunas personas
nuestro artista expresaba una abso­
de condición humilde el espectáculo
luta desconexión con la realidad em­
de estos cuadros, pues los ha visto
pírica, pero ahora agregaremos que
quedarse largo rato en éxtasis ante
más allá de un simple problema de
realidad, la verdadera importancia
de ella estriba en que expresa la
profunda soledad del hombre a tra­
vés de su propia y grave soledad
personal. Hay que aclarar que la
soledad en el artista es un fenómeno
paradojal, ya que se deriva, no de
su desinterés por el hombre, sino del
apartamiento que produce una sen­
sibilidad volcada hacia motivos dis­
tintos de los comunes. Este aparta­
miento del resto de los hombres, no
buscado por el artista, se convierte
entonces en mecanismo de angustia,
la cual se tranquiliza sólo cuando
el artista da salida a su tensión in­
terior por medio de la obra de arte,
la que se constituye, en definitiva,
en un motivo de acercamiento hacia
el resto del género humano. Batlle
Planas expresa en sus obras, pues,
su concepción solitaria del mundo:
así en el período de las pinturas tibetanas o fantasmales, los hombres
aparecen como masas que, aunque
conservan una grosera estructura
humana, carecen de detalles que los
individualicen, teniendo todos, en
cambio, uniformes contornos polié­
dricos. El mundo de los hombres re­
sulta un mundo de fantasmas, de
entes cubiertos, de sombras, total­
mente impenetrables y todos apa­
rentemente iguales. Así los ve colo­
cados, en la más variadas situacio­
nes, en un ambiente desolado, en una
atmósfera angustiosa de pesadilla.
En un período posterior cambia el
clima emocional y se individualizan
J. B atlle P lanas. Noica. 1946.
en su pintura dos figuras humanas

dudablemente de parecidos estados
de angustia anímica.
Ahora pasemos a analizar siquiera
brevemente la técnica utilizada por
el pintor y que se conoce desde la
aparición del surrealismo como mé­
todo automático de creación artísti­
ca. Cuando el artista creador subor­
dina la realización de su obra a este
sistema — en realidad corresponde
al antiguo fenómeno de inspiración
poética— , sucede lo siguiente: en
primer término, si ha aprendido por
adecuado entrenamiento a escuchar
su voz interior -—la antigua musa— ,
•su obra se caracteriza por la rapi­
dez, diríamos fluidez, con que se
produce, al eliminarse todas las tra­
bas racionales que suspenden el pro­
ceso vertiginoso de la inspiración,
el dictado interior. Este es el caso de
Batlle Planas. Su producción revela
una fecundidad y facilidad poco co­
munes, resultado de una feliz cana­
lización de las tensiones interiores.
Bretón ha enunciado en el primer
manifiesto del surrealismo la adop­
ción del método automático, como
técnica del artista surrealista, defi­
niéndolo como “ un automatismo psí­
quico, que rechaza todo control de
la razón” . Este total rechazo del
control racional es la gran origina­
lidad del surrealismo. Bretón, en el
mismo texto, pronosticó la gran fe ­
cundidad del método, cosa que ya
podía preverse por sus utilizadores
en el pasado: en pintura, J. Bosch,
cuya obra tiene las características
de fluidez, de riqueza, de magia, que
caracterizan al método automático.
La utilización del método auto­
mático nos pone, entonces, en con­
tacto directo con el espíritu del ar­
tista, eliminando el censor que sig
nific-a la razón. Una gran conquista
del espíritu moderno es haber des­
cubierto que la gran potencia crea­
dora del hombre, la fuente motora,
de toda actividad positiva se en­
cuentra en las fuerzas irracionales
que posee el hombre, que habitan en
el núcleo mismo de su propia esen­
cia vital. Los más grandes pensa­
dores modernos defienden la jerar­
quía de lo irracional, cualesquiera
que sean después las diferencias que
los separen, llámense Bergson, Klages, Freud o Heidegger. Si la f i ­
losofía se ha lanzado a la defensa
de los factores irracionales de co­
nocimiento y de expresión, es el ar­
te, el que por su propia naturaleza,
debe estar a la cabeza de este movi­
miento de revalorización, un movi­
miento que se podría definir como
la lucha del espíritu contra la ra­
zón, como lo calificara el malogrado
escritor surrealista Eené Crevel. Es­
ta afirmación de la superior jerar­
quía de lo irracional es la, respuesta
que debe darse al hombre de la calle
cuando detenido frente a un cua­
dro moderno pregunte: “ ¿Qué sig­
nifica esto?” . El cuadro moderno
se convierte en un ser independien­
te y con vida propia, que no imita
ni reproduce nada. lía cumplido su
misión si determina en el especta­
dor un estado de ánimo — absoluta­
mente no racional— semejante al
que padeció el artista durante el
proceso de la creación. El espíritu
del espectador se enriquece enton­
ces con elementos de calidad tal que
ningún razonamiento puede darle.
Los valores estéticos son vivencias,
y donde hay incapacidad orgánica
para experimentarlas, no hay ele­
mento racional que pueda suplirla.
Esto no quiere decir que no sea posi­
ble un análisis intelectivo de la obra
de arte, ni una interpretación, pero
son éstas siempre condiciones a posteriori que pueden hacernos inte­
ligible el mensaje de un aiúista, pe­
ro nunca anular su valor.
á aquí volvemos a encontrarnos
frente a los cuadros de Batlle Pla­
nas como espectadores, y como es­
pectadores que saben que un artista
nos envía un mensaje plástico di­
rectamente a nuestra sensibilidad,
que intenta llegar a nuestra com­
prensión por un camino no racio­
nal. Nos habla en sus cuadros de
vagas angustias, de ensueños, de
aspiraciones indefinidas, de entes
ideales a cuya grandeza uno quisie­
ra aproximarse, y todo esto en un
lenguaje de colores nunca siquiera
imaginados, de azules y grises de
una transparencia sólo posibles en
( Continúa en la pág. 15.)

�caba lga ta

10

( Viene de la pág. 7.)

*

Acaba de Aparecer

H. G. W e lls

A PROPOSITO DE DOLORES
üno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Stephen W ilbeck contra Dolores” . Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como dé un
prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a lo largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíritu.

De Publicación Inmediata
en la misma Colección

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fractura y en lo social, el escritor
es visto como antes decíamos. ¿Que
queda entonces de su responsabili­
dad? Para un escritor que sabe que
su misión y su tarea es aclarar y
combatir la confusión de los valores
humanos, se le crean conflictos real­
mente dramáticos. El representa el
cada vez más raro tipo humano li­
bre, o por lo menos liberable. Su
creación es descubrimiento y es tam­
bién dominio de la realidad. Pro­
voca la intensificación de esa reali­
dad, y es fiel a su responsabilidad
en la medida que ayuda al hombre
a reconciliarse consigo mismo y con
los valores que le toca vivir.
En el mundo de hoy, más que
nunca, el hombre corre peligro de
ver definitivamente asesinado su es­
píritu. Hondas y poderosas fuerzas
le sacuden y constriñen a ceder más
y más terreno. La persona es ata­
cada por un desprecio manejado en
nombre de ideas abstractamente le­
gítimas, pero concretamente muchas
veces al servicio del mal. Estado,
nacionalidad, patria, estas ideas his­
tóricamente muy prestigiosas, son
los infatigables anzuelos. De tales
conceptos se hacen mitos. Se los
convierte en forma de idolatría y
entonces un escritor será, por ejem­
plo, un buen patriota y un buen
ciudadano cuando asocia su inteli­
gencia no a una lealtad particular
hacia su patria, con todos los de­
beres morales que al mismo tiempo
se impone para con ella, sino cuan­
do utiliza su espíritu para deificar­
la ciegamente y al amor por su
país, une el orgullo, la vanidad, la
sospecha por otro.
Todas las épocas espiritualmente
bien estructuradas se mueven alre­
dedor de un ideal humano caracte­
rístico. En el Renacimiento ese ideal *
fué llamado “ hombre universal’ 7,
en el barroco el “ cortesano” , la
ilustración francesa “ le bel esprit” ,
la ilustración inglesa el “ gentleman” . Este tipo ideal del hombre
es el guía espiritual de cada época
y la fuerza de sus caracteres es tan
efectiva que es el que da la fiso­
nomía de las generaciones. Es que
entonces hay un estilo de época que
todos sienten, viven y lo represen­
tan en cierta manera. El escritor,
el “ elere” medieval puede moverse
cómodamente entre ideas y formas
que todos comprenden porque for­
man parte de un patrimonio común.
Hoy, esa estructura unitaria no exis­
te, y el escritor tiene que luchar
contra una diabólica demagogia que
explota los bienes del espíritu. Cada
vez que un fuerte movimiento re­
gresivo ataca al hombre, llámese
guerras cruentas o revoluciones ex­
tremas, la disolución se acentúa.
Parecería fatal que una refinada
barbarie anule momentáneamente,
cada tanto, la condición ética labo­
riosamente forjada por el hombre.
Por eso es que su espíritu está cons­
tantemente en peligro, a veces sin
saberlo, y lo que diferencia al ar­
tista de "los demás y lo comprome­
te, es que a pesar de todo, seguirá
teniendo fe en el hombre. El pue­
blo olvida, y de sus muchos olvidos
han surgido las constancias histó­
ricas de locura, y el escepticismo
acerca del valor de la civilización,
para algo más que los alimentos
sintéticos o el “ confort” por men­
sualidades. He aquí pues el gran
deber del escritor, más que adular
ocios o proporcionar espectáculos,
a base de extravagancias sastreriles
o capilares.
Creo que la clave de la crisis
actual nos la da el siglo xix, exac­
tamente su segunda mitad. La crea­
ción de ciertos sistemas filosóficos,
y sus proyecciones en el campo so­
cial y del arte muestran el camino.
E l petulante positivismo con la ne­
gación de toda posibilidad metafísi­
ca, y sobre todo con la. idea, el mito
del progreso indefinido que a todos
embaucó y dejó boquiabiertos. En
lo económico social, asistimos al na­
cimiento del gran capitalismo in­
dustrial, y es el comienzo de una
inimaginada transformación mate­
rial de resultas de la cual todo el
arte es empujado a ser un reflejo
o eco de ese nuevo capitalismo, y
el artista a ser colocado en posición
muy diferente a la que tenía en
épocas anteriores. Se quiso hacer,

M

I
I U LITEBATURA
Jl

en

el

I I I ACTUAL
Por A LB E R TO GIRRI
y en muchos sentidos se lo consiguió*
que el artista cayera en el nuevo
impersonal carácter que empezaban
a tomar las relaciones entre los hom­
bres y con la sociedad. E l mito del
progreso indefinido lanzó el cebo
igualitario que sólo traería, a cam­
bio de un cosmopolitismo anónimo,
la anulación de la individualidad.
Los artistas más lúcidos escaparon
al canto de la sirena, pero tuvieron
que sacrificarlo todo. Asistimos así
a la formación de un hombre cuya
única ambición tendría que ser la
cordura y el equilibrio temeroso y
trivial. E l estado empieza a ser es­
pecialmente deificado y a limitar la
responsabilidad y la individualidad
del ciudadano. Mientras tanto, los
artistas conscientes se dan cuenta
que hay que trabajar para la recu­
peración del hombre. Ven que la
ilusión del progreso no era más que
ilusión y que de nada serviría para
la salvación del espíritu. Los fines
éticos se desconocieron o se quisie­
ron ajustar a una mentalidad ín fi­
mamente burguesa. Hay una baja
política del espíritu que lo convierte
todo en moda. Las modas literarias
que siempre significan momentos de
poca envergadura y, como modas,
cambiantes. Solo se admitió la con­
fianza en el poder de la ciencia y lo
que este garantizara y nunca vió
el mundo una afirmación más escan­
dalosa de un racionalismo prepara­
do para masacrar la existencia de
la persona. Contra esto se levantaron
las protestas de algunos de los es­
píritus más profundos del siglo. Ner­
val, Baudelaire, Rimbaud. Nerval se
ahorca no por una actitud románti­
ca al uso sino para realizar un acto
de fe supremo.
Nerval se ahorca pero su muerte
no es un suicidio sino un asesinato,
el instinto de defensa ante el hom­
bre amenazado. Baudelaire especial­
mente, tuvo el exacto sentido de su
propia época. Reconoció el peligro
cuando todos bailaban de alegría.
Se dió cuenta de lo que había de
espúreo en las nuevas tendencias,
anticipando muchos problemas en
lo estético y en lo moral. Por eso
dice al respecto E lio t: “ En la mitad
del siglo xix, una época de bullicio­
sos programas, plataformas, pro­
gresos científicos, humanitarios y
revoluciones que en nada enmenda­
ron una época de degradación pro­
gresiva, Baudelaire percibió que lo
que en realidad cuenta, es el pecado
y la Redención” .
Baudelaire se dió cuenta que en
ese mezquino igualitarismo, la sal­
vación era más difícil porque el in­
dividuo no tendría el vigor sufi­
ciente como para aceptar la con­
denación que implica toda salvación.
El caso de Rimbaud es igualmen­
te patético. Escribió sus poemas an­
tes de los veinte años y luego calló.
Se han conjeturado alrededor de su
silencio, historias ingeniosas o psicoanalíticas o sentimentales. Se ha­
bló de neurosis y de crisis sexuales,
pero con ello no se ha dado en el
blanco. Rimbaud se aleja de París
y en la tierra del negus comercia con
marfil y esclavos, se sumerje en la
pura barbarie, en la barbarie sim­
ple, natural, donde él quería ser el
dios rubio ambicioso de oro, pero
en busca siempre de la condenación
y la salvación final. En busca de
una redención por haber sido sa­
cudido por las nuevas perversiones
morales del siglo. La salvación en
suma, buscada por las vías que eada
uno eligió es el sacrificio que brin­
daron esos tm . hombres. Esto en
el plano ético. En lo artístico se sa­

crificaron y renunciaron para se­
guir siendo fieles a la gran tradi­
ción de los creadores auténticos. No
obstante corresponde al siglo xix un
mérito bastante importante a raíz
de ese nuevo capitalismo industrial.
Este, destrozando las condiciones de
individualidad que hace posible el
florecimiento de un arte cualquiera,
también creo las condiciones para
el desarrollo de un arte de caracte­
rísticas cosmopolitas. Por primera
vez en la historia sería posible una
literatura mundial, ya que la bur­
guesía mediante la explotación de
mercados mundiales, dió a la pro­
ducción y consumo de cada país un
carácter cosmopolita. Las creaciones
individuales en las naciones llega­
rían a ser propiedad común.
De las numerosas literaturas na­
cionales y locales podría nacer una
literatura mundial. Pero estas con­
diciones sólo se cumplieron en pe­
queña parte; lo que sí se produce es
la tremenda fractura entre los ar­
tistas y la sociedad. Toda la llamada
en Inglaterra época victoriana, es,
desde el punto de vista de sus poe­
tas más representativos, una mues­
tra del desconocimiento de los gran­
des problemas del hombre. En ese
momento de barbarie cuyo eufemis­
mo circunstancial la llamó edad del
progreso, se procuró ocultar celosa­
mente cuanto se refiriera al hom­
bre. Se modifican y empobrecen has­
ta un grado increíble las relaciones
entre hombre y hombre. Gran parte
de la literatura practica la evasión
hacia un pasado menos complicado
políticamente y moralmente más in­
genuo, tal Walter Scott. Se vuelve
a una poesía narrativa, legendaria,
que evocó el pasado a los países le­
janos rodeándolos de misterio. Poe­
sía impersonal donde tanto nos en­
contramos con largos poemas narra­
tivos, como con baladas donde se
cantan episodios nacionales. Fué
“ La Leyenda de los Siglos” de V íc­
tor Hugo, fué Tennvson saludado
como el poeta máximo de la Reina
Victoria, y que narró las leyendas
de los caballeros de la Tabla Re­
donda, fué el famoso Mathew A r­
nold narrando poemas de asuntos
legendarios como “ Empédocles en
el Etna” . Norma de esta época fué
que todo lo material quedara tapado
por una máscara de idealismo. Mu­
chos poetas y no entre los menos
dotados, pusieron su imaginación al
servicio del engaño, de la triviali­
dad y la mera efusión sentimental.
Eso dentro de un marco de pulcri­
tud cortesana y abundante almidón
en los cuellos de los poetas, en la;,
enaguas de sus musas hijas de ban­
queros, y almidón en todos los ce­
rebros. Siguieron deliberadamente
en un mundo alejado de la reali-dad. En un mundo de ninfas y la­
gos y mujeres fantasmales. Y sin
embargo, merced a esta traición ni
siquiera lograron salvar el arte que
tanto invocaron porque no hicieron
más que retórica y hoy sólo huelen
a humedad y musgo.
Afortunadamente, siempre hubo
dos clases de escritores y ante ellos
el pueblo reacciona de manera dis­
tinta. Es típico el caso de Hugo y
Baudelaire. Podría admitirse de un
modo general que el grado de difu­
sión que el poeta gana durante su
vida, está en relación inversa con
la profundidad de su obra. Mien­
tras que Baudelaire fué en su época
escasamente valorado y su obra so­
metida. a un proceso, símbolo de lo
que estaba sucediendo, vió, poéti­
camente hablando y como pensador,
cuanto había de mentido sórdido y
peligroso para la salvación del hom­
bre en la seudo infalibilidad de la
ciencia, y la fatalidad de un mun­
do racionalizado hasta la imbecili­
dad. Víctor Hugo, se erige en el
Júpiter y es condecorado y venera­
do. Y o me pregunto hasta que pun­
to era legítima ante la gran poesía
1a. adoración por Hugo, en el mismo
momento en que “ Las Flores del
M al” era escarnecida ante los tri­
bunales franceses y se veía en Bau­
delaire un empresario de endriagos,
vampiros, magia negra y otras lin­
duras aplicadas a la poesía. La res­
puesta no es dudosa. Hugo es el
responsable, el exponente visible de
la poesía permitida, sonoramente
accesible
( Continúa en la páS- D ' l

�cabalgata

Z M T I lv d lO
EL

“3 T

ARTE

ABSTRACTO
Por JUAN JACOBO BAJARLÍA

osé

Mimó Mena o la voluntad del

color. Así podrían empezar estas
Jlíneas.
O bien : Mimó Mena o el
impulso condicionado a la visión cro­
mática. E l aliento pluralizado en los
colores. Vertebrado en los arcos de
un cielo que es su misma expresión.
Optimista como sus azules. Rígido

dios expresivos. Copiar, por tanto,
un desnudo, o un objeto cualquiera
con su dimensión de profundidad
— o sin ella— ya no plantea ningún
problema de realismo. A l contrario.
Es un asalto contra la verdad, por­
que el pintor ha hecho de fotógrafo,
empleando su mano como instrumen-

i

II

Este juicio es válido para toda la
labor del artista. Sólo cabe una mo­
dificación. Y es la que podría hacer
respecto de su último cuadro. Aquí,
el planismo es más dinámico. Las
tintas, completamente planas. La es­
tructuración, connaturalmente ar­
mónica.
Tales son, a mucha prisa, las ca­
racterísticas de este pintor que un
día resuelve su destino en el cuadro
abstracto sin tener a su lado ningún
artista que le acompañe. Porque él
estaba solo en Venezuela cuando
resolvió abandonar la pintura figu­
rativa para lanzarse a la concreta.
Allí, en un medio hostil, o más bien,
hostilizado por la crítica, esa crítica
que jamás entendió nada, abandonó
sus éxitos para cosechar sonrisitas.
Pero ya sabemos qué cosa absurda
es la crítica y quiénes forman su
legión. Esto jamás le preocupó a
Mimó Mena. No ignora, quizá, que
el crítico, como decía Romain Rolland en uno de los volúmenes del
Juan Cristóbal, sólo debe limitarse
a consignar el triunfo o la derrota
de los autores. Luego, nada más.
Porque algo más sería una extrali­
mitación. Es por ello que aquí, en
Buenos Aires, no halló críticos por­
que éstos debían consignar sus ex­
celencias. Y consignar sus excelen­
cias era un tanto difícil, porque en
la Argentina, a pesar de su gran
movimiento de arte abstracto, no
hay críticos que entiendan esta pin­
tura. Y si los hay están comprome­
tidos con la reacción estética que
ataca todos los días las manifestacio­
nes revolucionarias del arte. O si no
son pintores fracasados que sólo
•pactan con aquellos que han de de­
jar su nombre en la losa enternecida
de algún cementerio. Las lágrimas
se unen, así, en la vida y en ia muer­
te. ¡ Curiosa anagnórlsis!
Mimó Mena es, por tanto, un hom­
bre de su tiempo. Un pintor en el
dominio de sus medios expresivos.
No estará mucho entre nosotros. Pa­
sará pronto a Santiago de Chile y
a otras capitales. Después regresará
a Venezuela, maravillado por nues­
tra pintura. Por nuestra gran pin­
tura. Luego contará. Sí. Contará.
Contará lo que vió aquí. El deslum­
bramiento de los grupos vanguar­
distas donde caben todos los talen­
tos. Todas las inteligencias, vengan
de donde vinieren.

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Q

Mimó Mena. Composición abstracta.
( Viene de la pág. 10.)

como sus amarillos. Pero exaltado
siempre. Y algo más. Libre de toda
sujeción a la naturaleza. Apocalíp­
tico con todo lo que no signifique
oponer la creación pura a la forma
que integra su esclavitud en el mo­
delo. He aquí, por tanto, la dimen­
sión de este artista hispano-venezolano que visita Buenos Aires.
Ante todo, fué un pintor figura­
tivo y surrealista. Y antes que nada
un dibujante de calidad. Simple co­
mo Picasso. Leve como Matisse. Pe­
ro un día resolvió abatir su propia
ciudadela. Fué en 1944, allá en Ca­
racas, cuando produjo su primera
composición abstracta. Había que
colocarse en los carriles del tiempo
y grabarse una de las máximas de
Van Gogh: o avanzar trabajando o
perecer. Desde entonces trabajó. In­
tegró su dimensión en el arte abs­
tracto. En este arte que todos com­
baten. En este arte que no debe lla­
marse abstracto, sino concreto. “ El
arte abstracto — dice Piet Mondrian
en A new realism— es concreto y,
por su determinado medio de expre­
sión, aun más concreto que el arte
naturalista” . (V . American Abs­
traed Artists, 1946). Es concreto,
agrego yo, porque la pintura em­
pieza a valer por sí misma como tin­
ta plana en una superficie plana.
La naturaleza bidimensional de la
tela exige un contenido bidimensio­
nal. Y esto sólo se cumple en el arte
que debemos llamar concreto. Pre­
tender otra cosa, oponer una figura
o una representación, es estar contra
la realidad. Es reaccionar contra el
realismo de los medios específicos
que caracterizan la dialéctica del
cuadro. Porque el realismo en pin­
tura, digámoslo de una vez, se obje­
tiva en función directa del último
proceso tendiente a mover sus me­

to receptor y olvidando que hay una
máquina que reproduce la realidad
en su color y en su tercera dimen­
sión. Por otra parte, al realismo se
le confunde con el naturalismo. Y
los que están por la reproducción del
objeto olvidaron también que la má­
quina fotográfica acabó con la re­
presentación de la naturaleza por
parte del pintor. Ahora o se es fotó­
grafo o se es pintor. Si se prefiere
ser pintor, nada de copia. Hay una
superficie bidimensional cuya dia­
léctica indica una pintura que tam­
bién debe ser bidimensional. He aquí
el realismo. La nueva realidad.
Mimó Mena está, pues, dentro del
gran arte. Trabaja sobre planos di­
vididos en zonas, e inscribe los co­
lores en una estructura un tanto ex­
presionista, cosa que está reñida con
el planismo. Emplea, asimismo, la
tercera dimensión, acercándose un
tanto a Werner Drewes y Alice T.
Masón, lo que también podría obje­
tarse si se considera el relieve y las
hinchazones del color. Considero que
una pintura planista, concreta, sólo
debe contener tintas planas. O, en
otros términos: la materia debe par­
ticipar de la naturaleza plana de la
superficie. No obstante, la pintura
de Mimó Mena es de calidad. Las
anécdotas — abstractas— se condi­
cionan a una visión de sumo equili­
brio en la composición. El suceso
plástico se articula, por consiguien­
te, en relación con un tema cromá­
tico sin figuración alguna, como no
sea la de ciertas curvas que inter­
fieren la composición para suavizar,
a veces, los colores cálidos, o bien
para darle más dinamismo a los
compuestos. No es nada más que un
recurso estilístico, muy de Mimó
Mena. Le sirve para enriquecer los
hallazgos formales de la obra.

¿Quien resiste hoy los fastidiosos
y petulantes versos de “ La Leyen­
da de los Siglos” , donde desde el
primer hombre hasta el juicio final
los episodios se mueven al son de
trompetas y falsa majestad hasta
llegar a sus honestas visiones del
futuro? Lo que hoy puede leerse de
Hugo es apenas parte de su obra.
Quienes sienten que la poesía, no es
entretenimiento sino conocimiento,
quienes creen que la poesía es la
búsqueda de la esencia del ser, des­
angrándose, sacrificándose, quienes
saben que la poesía no es ni lenguaje
simplemente evoeador, ni falso sen­
timentalismo, ni líneas iguales de
palabras para envoltorios de cara­
melos, ni está al servicio de cancio­
nes subsensuales, pueden ver que la
poesía, la verdadera poesía, le ha
dado la razón a Baudelaire frente a
Hugo. El escritor tiene la obliga­
ción de practicar fuertes virtudes y
en primerísimo lugar ser fiel a su
arte a pesar de cualquier obstáculo
o aparente destierro. Debe ser ade­
más fiel a la tradición. No me de­
tengo por ahora en la cuestión de
si la tradición se hereda o se con­
quista. Lo fundamental es compren­
der que en cierta medida esencial
todos los grandes artistas que hubo
en el mundo, son nuestros contem­
poráneos y a todos hay que conquis-.
tarlos. Además esa familiaridad de
vivir en la tradición así entendida,
es lo que prueba la salud espiritual
del escritor, pues esta tradición im­
plica un sentido histórico, enlace
con el pasado porque lo que le hace
el escritor consciente de su tiempo
y de su obra, es su relación ideal
con los modelos que lo precedieron.
Mejorando el valor de su arte, en­
sancha el escritor su influencia y su

autoridad en lo social. La indiferen­ tener de permanente para el hom­
cia moral, la pérdida de la concien­ bre. Por eso dice Leonardo que la
gran condición del artista es saber
cia de su misión, son sus pecados
capitales. E l no puede permanecer ver. Ahora bien, de ese proceso crea­
indiferente a eso que Berdiaief ha
dor participa el público, la socie­
llamado vocación social, puesto que
dad, pues comprender una obra de
lo social está profundamente liga­ arte es algo más que un esfuerzo
do a lo espiritual. Debe luehar por
pasivo, es repetir y reconstruir el
una situación que facilite el cultivo
proceso creador que le dió vida.
de su arte y no que lo abogue. Por
Ese saber ver de que habla Leonar­
su libertad en suma. Deben servir
do, el escritor lo demuestra en la
a la justicia con su pensamiento
captación de las formas y en el fino
libre. No se trata aquí de una visión
y exacto testimonio que es capaz
teórica de la situación. Demasiado
de dar de su tiempo. Cuando ter­
bien hemos visto en los últimos vein­ minó la primera guerra mundial un
ticinco años que puede esperar el
viento de euforia, de falso optimis­
escritor de sistemas sociales donde mo, y fe en la infalibilidad de la
todo parece moverse con, una ame­ razón del hombre, volvió a engañar
al mundo. Volvió a engañar porque
nazante pistola en la sien. Y su
importancia tan grande como insus­ se insistía aún en la ninguna im­
tituible no se basa tan sólo en razo­ portancia de los elementos irracio­
nales. El hombre — pensaban— se
nes ético sociales sino en otras de
orden estético. Si es función del
repone, su razón vale y domina.
arte trasmitir emociones no podrá
T. S. Eliot, contempla entonces
las ruinas de ese mundo, humeante
el artista cumplir con ese fin entre­
gándose al juego de los sentimien­
todavía de destrucción y meticulosa
tos. Eso será sentimentalismo, no
barbarie. Esboza una leve e irónica
arte. Trasmite la emoción de las sonrisa ante el mito del progreso y
la ciencia, que una vez más prome­
cosas y de la vida del hombre, por
eso no imita sino que descubre la
ten asegurar la bondad del hombre,
realidad y esa realidad la brinda
y escribe luego los versos inolvida­
bles de “ The Waste L and” . La
intensificada. Si el único punto de
tierra desierta, el páramo, eso es lo
partida con que el hombre contara
que del mundo iba quedando:
fuera el científico tendríamos una
visión del mundo incompleta, mu­
¿Que ruido es ese que vibra alto en el aire,
tilada, porque la ciencia es abstrac­
susurro de material lamentación?
ción o sea empobrecimiento de la
¿Que hordas encapuchadas son esas que
realidad. En el arte no existe esa
[hormiguean
por llanuras sin fin, tropezando en tierras
abstracción, es algo muy concreto
[ resquebrajadas
pues toda la materia existente pue­
Sólo anilladas por el raso horizontef
¿Que ciudad es esa sobre la montañas,
de ser tratada artísticamente, por­
Chasquidos y reformas y explosiones en
que la intuición artística es lo que
[el aire violeta
mejor nos revela las formas. Cual­
Torres que se derrumban?
quier hecho, cualquier escena pue­
den en sí no tener^ mayor interés,
Eliot, opone en su significativo
pero en cuanto interviene la intui­
lenguaje, la verdad ética a la mención del artista, la vemos en su pe­
culiar profundidad, en lo que puede
(Continúa en la pág. 12.)

�Una buena organización produce mejor
calidad , y no aumenta los costos por­
que eli?nina los gastos improductivos.

• I M P R E N T A

L O P E Z

al servicio del libro
P E R U

666

•

B U E N O S

AIRES

Habla para C A B A L G A T A

Don JOAQUIN TORRES
U AN DO el je fe de R eda cción nos
de que don Joaquín T o­
rres acababa de regresar de su ex ­
tensa gira p or A m érica, intuim os que
sería m uy interesante para los le c ­
tores de C A B A L G A T A con ocer las
im presiones recogida s p or el acredita­
do lib rero m ayorista.
Porqu e, además de los candentes
problem as que afectan al lib ro ar­
gentino, y de los cuales el v ia jero
nos podía hablar, existía el “ caso”
Joaquín Torres, que es tod o un caso,
o lo era, m ejor dicho, hasta hace p o ­
co. M ás de veinte años vendiendo li­
b ros al por m ayor, más de on ce tra­
bajando con las prin cipales librerías
d el Continente, y, sin em bargo, hasta
hace p oco tiem po T orres no había
efectu ado ni un solo viaje p or A m é­
rica, es decir, p or los países alejad os
d e éste, pues conocía m uy bien las seis
R epúblicas vecinas. La extraordinaria
la bor desarrollada p or él desde Buenos
A ires d ice bien a las claras cóm o, ba ­
sándose sólo en una perfecta orga n i­
zación com ercial, a través de los años
lleg ó a situarse entre los prim eros de
nuestros libreros-ed itores.
— El viaje, p royecta do desde 1940,
tenía para m í doble interés — com ien ­
za dicien do nuestro entrevistado— :
saludar a todos los lib reros de A m érica
y ver de cerca cóm o evolucionan los
graves problem as que afectan al lib ro
argentino. Tam bién tenía deseos de
pasear un p oco y un anhelo fervien te
de con ocer bien todas las repúblicas
herm anas de este continente. Y así lo
h ice em pren dien do viaje directo a
Ecuador, y siguiendo a C olom bia y a
todos los países centro-am ericanos, pa­
ra continuar p or M éjico, Estados U n i­
dos, las islas del Caribe, para term inar
en V enezuela, catorce repúblicas, en
total, con 36 ciudades visitadas. He pa­
sado cuatro m eses recorrien d o catorce
países. Si me hubiese decid id o a alar­
gar la gira, necesitaba el d ob le de tiem ­
po. Para realizar una la bor realm ente
proficu a , se necesita un año ju sto pa­
ra visitar tod o el C ontinente de punta
a punta.
— ¿Q u é im presión global trae de su
v ia je?
— Si m e perm ite com enzar hablando
de Joaquín Torres, lib rero-ed itor, pues
diré que he en con trado en todas pa r­
tes herm anos y am igos más que clien ­
tes reservados. L os prin cip ales lib reros
de los países visitados — unos qu i­
nientos— han ten ido para con m igo
atenciones que nunca olvidaré. Existe
m ucha sim patía p o r nuestra firm a y
en con tré una gran corrección , sin ex ­
cep cion es, in clusive cuando se trató de

C in form ó

resolv er los problem as pendientes, que
no eran pocos.
— Y en cuanto al lib ro argentino,
¿vu elv e usted tan en cantado?
— ¡No, p or cierto! Persiste la in cer­
tidum bre; arrastram os aún las co n ­
secuencias de la paralización p rod u ci­
da hace dos años p or la falta de
bodegas. Las m ontañas de lib ros acu­
m uladas en nuestra Aduana se des­
plazaron a los países de destino; los
lib reros están inundados de paquetes
que con tien en m iles y m iles de tom os,
cantidades su periores a las dem andas
de cada m ercado.

Joaquín Torres
— Este problem a, grave, ¿se com p li­
ca p or la falta de divisas?
— En efecto. Persiste, y aumenta, la
falta de m oneda extran jera en casi
to d o el continente. Cada día se p r o ­
ducen nuevas restriccion es y, al no
p od er liquidar las cuentas antiguas,
los lib reros cada vez ven más lejana
la posible norm alización.
— La casi total supresión de los
servicios de novedades ¿se debe única­
m ente a esos dos factores?
— A ñada usted, que tam bién han
con trib u ido a e llo el abuso en que
in cu rrieron algunos editores al enviar
tal cantidad de lib ros que p rod u jeron
la asfixia de m uchos lib reros; ello p ro.
v o có crecien te antipatía p or el lib ro
argentino en general, y, desgraciada­
m ente, hay quien ha llegado a criti*
carnos con saña p or tal falta de es­
crúpulos. No escapan a la crítica
algunos de los agentes v ia jeros que
re corrieron el C ontinente llevando,

casi siem pre, lib ros de editoriales in­
escrupulosas y hasta alguno de ellos
engañando a no p ocos libreros.
— O sea que el ansia de vender. . .
— El ansia de vender p rovocó la
avidez de m uchos libreros, que se en­
candilaron ante los grandes descuen­
tos y las liberalísim as facilidades de
pago que se les ofrecían. AI estacio­
narse los libros en sus estantes, r e ­
accionaron de ese absurdo, tom aron
represalias y decidieron no pagar; he
aquí el resultado de la inconsciencia.
— D íganos abora, señor Torres, para
hablar de un problem a m enos grave,
¿qu é ha constatado en cuanto a edi­
ciones clandestinas?
— ¿P roblem a m enos grave? No. h om ­
bre; el asunto es muy serio. En el
Continente existen varios fo co s piratas
— com o antaño— ; en materia de li­
bros, M éxico es el principal. A llí se
piratea tranquilam ente edicion es ar­
gentinas y españolas. Por desgracia,
las edicion es clandestinas se en cu en ­
tran en las m ejores librerías, que com ­
pran con grandes descuentos, com o
es lóg ico, lo que representa una com .
petencia ruinosa para el lib ro argen­
tino.
— Según nuestros inform es, se tiende
a legislar contra ello en M éxico, ¿es
cierto?
— L o es. P ero sobre ese asunto creo
que m uy p ocos serán los resultados,
salvo que, a grandes m ales. . . No o l­
vide añadir que en algunos países se
m e han qu eja d o tam bién de “ nuestra”
piratería editorial. “ L os argentinos no |
tienen derech o — dicen — de acusar
a nadie.” En Buenos A ires han ocu rri­
do casos con cretos de edicion es clan ­
destinas que fu eron en cu biertos o si­
lenciados. S ob re ese punto m e perm ito
recordar que propuse solucion es cuan­
do era m iem bro de la Cámara del.
L ib ro; hasta h oy sin resultado, y bien
p oco se escu ch ó la campaña contra la
piratería que h ice en mi revista “ Nue­
va Juventud” .
— Pese al panoram a som brío, ¿cree
usted en el fu tu ro del libro argentino?
— H ilvanando im presiones, llegu é a
B uenos A ires con v en cid o de que n ú es-»
tros envíos al ex terior se reducirían
en un 50 % . P ero ahora, ante los
constantes aum entos de costo, cada
vez va a ser más d ifícil coloca r lib ros
de edición argentina. No podem os o l­
vidar que llegan ya norm alm ente a
todos los m ercados libros españoles,
m exicanos, franceses, suizos, italianos.
Adem ás, en los países del Caribe se
leen m uchos lib ros cien tíficos y té c ­
n icos en idiom a inglés. C laro que el
com p etid or más califica d o, com o siem ­
pre, es España, que intenta recuperar
sus posiciones.
— ¿C ree usted, en suma, que la in ­
dustria editora argentina va a ser des­
plazada de los m ercados continentales?
— No p odem os suponer tal cosa. S e ­
guirá ten ien do un pie en ellos con
firm eza. P ero sólo enviarem os al ex ­
terior un 25 % de lo que rem itíam os
los pasados años. Las com plicacion es
serán m ayores si algún día, orientando
su política de cam bios, España logra
que el dólar se cotice a 20, 25 ó 30
pesetas, en lugar de las 10.95 a que
h oy se paga la m oneda norteam ericana.
— L os p recios del lib ro argentino,
visto su crecien te aum ento, ¿son o b ­
je to de q u eja ?
— Ya lo creo. L os lib reros se asustan
p or el aum ento de p recio de nuestros
lib ros. Una sana p olítica exigía editar
co leccion es económ icas, realm ente e c o ­
nóm icas, pues las grandes masas de
p osibles com pradores de A m érica tie ­
nen p rom edios de vida bien bajos,
com o es sabido; los recien tes aum entos
de la industria gráfica com plicarán
aún más las cosas en un fu tu ro no
lejan o.

Del ESCRITOR...
(Viene de la página anterior)

tira de los paños tibios de la retó­
rica. Los hechos de los hombres no
se complican con la luna. En Eliot
encontramos, al hombre de nuestro
tiempo, el pobrecito animal sobrevi­
viendo casi por milagro en el mun­
do que él se encargó de construir y
que creyó perfecto. Parece una hu­
millación, pero la actitud de Eliot
es la desesperada necesidad de que
el hombre vuelva a su centro aun­
que sea por los caminos más tor­
tuosos. El poeta opone a la miseria
de la ciencia, el camino de una mís­
tica y una santidad nueva. Parece
complacerse en tomar al hombre por
el cuello, hacerlo hincar y restre­
gar luego su cara, su hocico, con­
tra el estiércol que la soberbia ra­
cionalista ha sembrado y hecho ger­
minar para su propia destrucción.
Eso fué después de una primera gue­
rra mundial y sin embargo el ciclo
de la burla sangrienta aun no se
había cumplido. Todavía los altos
intereses del mal necesitaban más.
Primero fué la. tragedia española y
luego la última y más admirable
exhibición de locura sostenida du­
rante cinco años, desde luego que
siempre en nombre de la definitiva
liberación del hombre. El escritor,
el poeta, no podían quedarse en su
casa, ya habían tenido ejemplos
agazapados o evidentes. ; Que había
sido la vida espiritual en Alemania
durante el naeismo? ¿Que sucedió
en España? El término resistencia
no tiene un significado puramente
militar, eso es lo de menas. Es que
para el escritor ya no hubo defini­
tivamente, manera de seguir hablan­
do de flores, como no sea con amar­
ga ironía:
A yer las riñas teológicas en las tabernas
7 la cura milagrosa en la fuente
A yer el aquelarre; pero hoy, la lucha
A yer la instalación de dínamos y turbinas
La construcción de líneas férreas en el
[ desierto colonial
A yer la clásica conferencia
Sobre el origen del hombre. Pero hoy la
[lucha.
A yer la creencia-en el %alor absoluto de
[Grecia
La caída del telón sobre la muerte de un
[h éroe;
A yer la plegaria al sol cuando se pone
Y la adoración del loco. Pero hoy la lucha.
(W . H. Auden “ España” )

Salieron los escritores, los poetas,
a pelear por España y a morir en
la trinchera o manejando un ca­
mión. Muchos gerentes, y golfistas
millonarios, magnates de no impor­
ta que, se sorprendieron del hecho
insólito de los poetas peleando. Se
sorprendieron, si el miedo de que
salpicaran de sangre y barro las
puertas giratorias de sus casinos,
los dejó, al ver al poeta ser el ca­
marada, el hombre de carne y lá­
grimas verdaderas. Porque cumplían
su misión dando su vida como habi­
tantes de este mundo y como re­
F rente a la obturación de los m er.
presentantes de lo mejor que el hom­
cados, a la falta de divisas, a la
bre
es capaz de hacer. Y ese puñado
supresión del servicio de novedades,
de individuos en los que descansa el
a la com peten cia, al aum ento de nues­
porvenir cultural del mundo pelea­
tros precios, en fin , a los graves p r o ­
blem as que in ciden en el norm al des­
ron por un ideal de vida o lo que
a rrollo de la industria d el lib ro ar­
aun quedaba de él. Su resistencia
gentino, el redactor casi no se atreve
fué
defender al hombre de la bar­
a preguntar a don Joaquín T orres si.
razonablem ente, ve algún rem edio p o- i barie que quiso convertirlo todo en
sible para tanto mal. N o obstante, in j masa, simplificando hasta lo absur­
s in u a m o s .. .
do los tipos humanos.
— ¿C ree usted que se vislum bra al­
Y sin embargo, una de las acusa­
guna solución que resuelva los graves
ciones que debieron soportar y aún
problem as planteados?
— ¡Está usted lo c o . . . o me hace adi­
soportan los escritores es la de que
vino! — nos responde rápido— . Por aho­
ellos no se acercan al pueblo. Los
ra no v eo soluciones, com o no las ve
que así piensan, quisieron resolver
nadie para los graves problem as que
la
cuestión mediante una verdadera
ensom brecen el m undo.
traición, cual es la del arte al ser­
— ¿N i recu rrien do al m ercado in­
tern o?
vicio de la propaganda. Se trató de
— El m ercado interno, bien trabaja­
que el arte saliera de lo que tiene
do, puede resolver parcialm ente los
más
característico, o sea de sus for­
problem as. Con dedicación , buena pu ­
mas, para convertirse en el eco de
blicidad, ayuda oficial, y un gran es­
píritu grem ial, tal vez llegarem os a
cosas cuyos intereses no eran artís­
coloca r en el país el 50 % de nuestra
ticos precisamente. Por otra parte,
prod u cción ; con ello, cuanto m enos,
con igual legitimidad puede soste­
salvaríam os los gastos de costo.
nerse la tesis contraria o sea de que
— ¿Una últim a palabra?
— Sí. Para rendir un tributo, desde
lo que se presencia no es el aleja­
las páginas am ables de C A B A L G A T A ;
miento de los escritores ante el pue­
tributo de adm iración y agradecim ien­
blo, sino el fracaso del pueblo ante
to a ese puñado de libreros de A m é­
los escritores. La historia, de la lite­
rica, verdaderos héroes, enam orados
de su oficio, que batallan sin descanso
ratura y de cualquier arte suminis­
p or la causa del buen lib ro argentino,
tra excelentes argumentos para am­
del cual debem os d ecir que pu ede
bas
posiciones. Quiero expresar con
ponerse, orgullosam ente, al lado de
esto que cuando se habla del pro.los m ejores produ cidos en los países
de habla hispana.
blema de la relación entre el escri­
F. A.
tor y el lector, la responsabilidad

en esa relación es recíproca, es com­
partida. Ambos, están implicados.
Xo me parece exagerado creer que
el encuentro en la creación literaria
del escritor y el lector, es un ver­
dadero milagro. La literatura es lu­
gar de reunión de dos almas dijo
alguien. Y ciertamente el escritor
está ante numerosas almas a las
que su obra quiere hacer vivir, de
modo que la pasión por la vida, por
la belleza o la verdad no sean sim­
plemente palabras. Está el escritor,
ante hombres cuya historia invisi­
ble, es la historia de una sed con­
tinúa que no tiene donde satisfa­
cerse y que puede terminar por ma­
tar. ¿No es entonces un milagro,
lograr una fusión, merced a la cual
un hombre puede recrear lo creado
una vez por otro hombre?
Pero si a esto le llamamos mila­
gro es por su relativa frecuencia.
Ciertos medios de civilización que
en sí serían muy útiles, se encargan
de proseguir 1a. tarea de igualar los
espíritus, barbarizándolos. Medios
tan poderosos como la cinematogra­
fía y la radiotelefonía. El cinemató­
grafo en lugar de estimular la ca­
pacidad imaginativa, y enseñar a ver
o adivinar la virtud mágica de las
cosas está orientada para estructu­
rar una mentalidad y un espíritu
“ standard” . Para darle al cinema­
tógrafo, una fórmula de validez co­
mercial se han menospreciado las
posibilidades de la imagen como tal,
y lo que podría haber sido un es­
pectáculo milagroso, un misterio
profano, es apenas otra forma vul­
gar de evasión, una forma de vida
posible, sin má.s valor moral que el
folletín novecientista, ni más eficaz
que cualquier estupefaciente. Con el
lenguaje sucede lo propio, se lo
quiere despojar de sus elementos
propiamente artísticos y creadores.
De esto se ha encargado la radiote­
lefonía. Asistimos a im verdadero
empobrecimiento y anarquía del len­
guaje. Se confundió el estilo fami­
liar con la vulgaridad y se creyó que
la precisión, la economía y la pureza
nada tienen que hacer en la expre­
sión dirigida a los grandes públicos.
Ya vemos los resultados. “ La radio
— dice Denis de Iíougemont— mo­
dificó la función esencial y poderes
del lenguaje, permitiendo que las pa­
labras se separaran del rostro y del
medio en que fueron pronunciadas.
Nuestra civilización está amenazada
por la más grave enfermedad social:
la charlatanería” . De esta supera­
bundancia de palabras surge una
desvalorización. Pues en rigor, no
es superabundancia sino el uso cons­
tante de mil o dos mil palabras que
puedan servir para la intercomuni­
cación más urgente y. nada más. Las
palabras son símbolos de cosas y de
los matices y cambios de las cosas,
pero hoy no parece muy variado el
repertorio de cosas que quieren de­
cirse. ITay en todo individuo un mí­
nimum de apetencia estética que es
imposible anular por completo y la.
radiotelefonía, y el cinematógrafo eti
lugar de desarrollar esa posibilidad,
la entretienen y disminuyen. Si a
estos hechos agregamos otros me­
nores tendremos que la responsabi­
lidad de una buena relación entre
el lector y el escritor no es sólo de
éste. El lector, suele ser perezoso en
el esfuerzo, a menudo no parece com­
prender que lo verdaderamente ar­
tístico no siempre es fácil de captar,
que la comprensión es recreación,
retorno a la intuición que ha hecho
nacer la obra, es decir que también
requiere un esfuerzo. Por eso pre­
fiere lo anecdótico y lo documental,
prefiere lo que se designa con una
palabra hoy de m oda: lo objetivo.
De como se lee podemos deducirlo
ante la manía simplemente infor­
mativa aue nadece la cultura de
hoy, de la difusión increíble de las
antologías y libros de trozos elegi­
dos. Los hay de todas clases, en pro­
sa. en verso, por temas, etc. Y la ma­
nía condensatoria v la pereza llega a
la aberración de libros condensados
en quinientas palabras. Parecería
que hay que llegar a la conclusión
desconsoladora, de que el mundo no
necesita, no quiere necesitar de los
escritores, ni de la poesía, ni de la
literatura. En todo caso, es trivial
querer seguir considerando al escri­
tor como un ser desconectado de lo

�15

£ abaigata

E l C hiquillo
b l a n i; o
Cuento Por LUIS MERIKO REYES
llamaban Leonarda, aunque nadie sabía con precisión si ese nombre
era el suyo. A l mirarla inmóvil, con la faz sonriente y los ojos per­
didos en su propia ensoñación, podía relacionarse su cabeza^ con la de
un león sucio y maltrecho. Cuando reía, sus mandíbulas y sus/ dientes
anchos y amarillos, presagiaban un extraño mordisco. La impresión se
desvanecía al escucharla vocear los diarios, uno generalmente, pues ca­
recía de permiso municipal, con afán infantil lleno de indolencia y
capricho.
Atenida, a lo que sus amistades
cuando los dolores la encarcelaron
laboriosas querían darle, corría de­
en una jaula de crueles rebanadas
y la hicieron gritar: “ ¡No puedo
trás de los transeúntes con un ejem­
más, Mooocho! ¡Mátame, Moooeho!
plar del periódico en la mano iz­
¡Quiero m orirm e!” Ordenes que El
quierda, alargado como una bandeja
Mocho cumplió llevándola a un hos­
y regresaba, sin dejar de sonreír,
pital, donde le extrajeron un chi­
al banco de piedra donde pasaba
quillo rubio, igual a ella, tan dis­
el día.
tinto del padre como un huevo de
Si la pequeña hazaña se frustra­
una castaña.
ba, la repetía con frívola tenacidad
Más dueña que nunca de su son­
hasta que el transeúnte más impre­
risa impávida, volvió con el crío
visto satisfacía su oferta.
envuelto en pañales, obsequio estos
Próximo a ella trabajaba su ma­
últimos, de las señoritas católicas,
rido, E l Mocho. Le venía el apodo
a su cuartucho. La guiaba El Mo­
de que no tenía orejas. Había nacido
cho solícito, dando pasos cortos, co­
con ellas tapadas, carentes de lóbulo
mo si caminara sin avanzar con sus
y de pabellón, recogidas y arruga­
piernas habituadas a la plenitud de
das en su cabeza.
otros esfuerzos.
Pero E l Mocho sabía leer y hasta
Escasa leche brotaba de sus pe­
copiaba con lentitud las actas del
chos, prematuramente flácidos y po­
sindicato de lustradores, al cual él
co berreaba el chiquillo en demanda
tampoco pertenecía, huérfano, como
de su alimento, pero tenía la piel
Leonarda, de permiso municipal.
blanca como nieve, tan blanca que
Leonarda tenía el cabello rubio,
se hacía transparente en la zona
algo oxidado, tan largo que le al­
de las orejas perfectas, libres de la
canzaba los hombros. Sus ojos eran
herencia mocha de su padre, y sobre
de un intenso color añil qne hacía
su cráneo inmenso rebullía una pe­
pensar en un cruzamiento no muy
lusa trigueña que Leonarda acari­
distante de razas nórdicas. Mezcla
ciaba con deleite, como si pasara
que efectuada al revés, gracias a la
los dedos cargados de fluidos sen­
unión de ella con E l Mocho, produjo
sibles por la superficie velluda de
la hinchazón de su vientre y el
un durazno.
hecho molesto de que caminara des­
— Es lindo mi chiquillo — mur­
acompasada pregonando, eso sí, con
muró
risueña sin albergar ningún
acento eufónico, como si llevara va­
otro sentimiento, proyectada con
cías las entrañas.
sencillez hacia el más simple de los
Su labor anárquica, a la caza del
estados de ánimo.
dinero que no querían ganar los
E l Mocho miró ’ al niño rubio,
otros, se t^ornó más pesada. Su vien­
furioso contraste a su rostro more­
tre se extendió hacia adelante como
una proa sudorosa y turgente, has­ no y pálido; a su mechón oscuro
caído sobre la frente y sin anticipar
ta que el trabajo se hizo imposible
caricias ni melindres, salió a la
calle.
El dinero tenía que ganarse
que no sea su mundo personal. A l
con prisa después de tres días sin
menos él supo ver y vió lo que está
trabajar, preocupados del nacimien­
sucediendo. Posee el sentido de la
to del famoso crío que no se le
continuidad de la tradición como
parecía como tampoco se parecía él
antes dije, es guía y busca condu­
a Leonarda.
cirse como tal, pues no puede ne­
Fué un buen día y las monedas
garse que a pesar de todo, su len­
cayeron al 'cajón para lustrar zapa­
guaje privado termina por incorpotos que le prestaba su amigo El
&gt; rarse a todos, ni que los suicidios son
Terrible, con gozosa frecuencia;
actos de fe. Saben muy bien ellos
siempre hermanados un peso con
que el arte es una gran incógnita,
otro peso de acuerdo con la nueva
una gran aventura donde se les irá
tarifa. Además, el buen día estaba
la vida y donde nadie les puede ga­
hermoso, claro, abierto y perforaba
rantizar nada.
la diáfana y fría atmósfera, el sol
Y sin embargo insiste, porque ese
de invierno que inmovilizaba en los
es su privilegio, pues en rigor
bancos de piedra a los transeúntes
¿ cuántas son las cosas por las cuales
como reptiles frente a una flauta.
un hombre estaría dispuesto a mo­
Trabajó sin descanso hasta que
rir? No son muchas pues, para la
los cielos se arrebolaron y los gru­
dignidad de la muerte no todas las
pos de nubecillas detuvieron sus ma­
actitudes o empresas son eficientes.
tices volubles y cálidos, detrás de los
La poesía es una de las pocas ocasio­
ramajes esfumados de los árboles y
nes. Si un hombre se agrega tor­
de los metales de las sombrías es­
mentos como hombre y como artista,
tatuas.
por algo será. La economía vital
Estaba oscuro cuando guardó en
del poeta está regida por un orden
el cajón su frasco de tinta, sus
muy distinto al del hombre vulgar,
trapos y escobillas y su caja de ne­
su peligro, su jugarse a diario con
gra pasta, que él sabía gastar en
la aniquilación está en 'que su crea­
forma imperceptible, dando la im­
ción va más allá del placer estético.
presión de que cubría y recubría la
Es el problema del ser, es esa alta
superficie del zapato, pero sin en­
indagación surgiendo mediante la
señar jamás el brillo dorado del
irremplazable experiencia llamada
fondo. A l fin todos les oficios re­
poesía. ¡Que pueriles parecen las
quieren su inteligencia. . . Alzó des­
acusaciones de orgullo de soledad,
pués la vista, ahita de mirar cueros
de torre de marfil y otros lugares
más o menos iguales y experimentó
comunes de los semicultos que opi­
dentro de sí una sensación agri­
nan ! Escribir no es una actividad
dulce, semejante a la dicha y a la
divertida ni mucho menos, sobre
pena, que podía resolverse en una
todo cuando lo que mueve es una
carcajada, en una palabrota y hasta
convicción. Si el artista es capaz
en un puñete.
de ver más y mejor que los demás,
Determinó volver al cuartucho sin
éstas no pueden ob1igarle a que ado­
pasar por la cantina luminosa don­
re sus dioses v se quede en lo más
de sus amigos so chanceaban sin que
inferior del mundo. Es tonto con­
él lograra, muchas veces, compren­
fundir lucidez con soberbia.
derlos.
Bien o mal el escritor seguirá
Meditaba en que mientras Leo­
siendo un reflejo del mundo que lo
narda
no pudiera trabajar, vocean­
circunda, su creación es descubrir
do
diarios
ajenos y revistas cuyos
y mostrar ese mundo y si los demás
nombres
no
sabía distinguir, nadie
se dejan arrastrar por ilusiones más
más
que
él
debería procurarles el
fáciles, la culpa no será de él.
alimento. Después ella se quedaría
AI.BESTO Q irri .
Mago ate 1948
eon el chiquillo en un banco, mien­
a

L

tras él cazaría pesos en lo que fuera,
tuerto o derecho, limpio o sucio.
De ese modo organizaba sus ocupa­
ciones futuras, pero, entretanto, re­
cordó que Leonarda y el chiquillo
estaban en el cuartucho y que era
preciso apresurarse con el fin de
ganar la delantera a los camaradas
que dormían allí mismo y que lle­
gaban a botarse en sus payasas sa­
turados de fatiga y alcohol.
La noche comenzaba a enfriarse
y el viento helado le raspó la nuca.
“ La lesera de bañarse tan seguido
me está fregando ’ ’, pensó. Ansioso
de obtener dinero se bañaba en lu­
gar de sus amigos notificados por
los inspectores de aseo y les vendía
en seguida el comprobante. Aquello
duraría mientras no lo sorprendie­
ran o hasta el momento 'en que un
delator se vengara de cualquier co­
sa, acusándolo. Aceleró la marcha y
se introdujo en un almacén de co­
mestibles. Un buen día merecía fes­
tejo y compró dos botellas de vino
y una caja de sardinas que, junto
con la harina tostada que Leonarda
atesoraba en el cuarto, completarían
la abundante cena.
Ella lo aguardaba tranquila, son­
riendo de esa manera tan propia
que apenas recortaba las comisuras
de su boca, y caminando pausada
alrededor del fuego donde hervía
la tetera con agua.
— Se lo ha llevado llorando — dijo
Leonarda y mostró a la criatura co­
mo una maquinilla que no supiera
manejar— . Y todavía no me baja
la lech e...
El Mocho observó sus labios y
las miradas se eruzaron sobre la ca­
beza rubia del crío, guiados por una
fresca sencillez que los impulsaba
como niños hacia un nuevo y di­
fícil juguete. Este lloraba en una
esquina del camastro, cubierto has­
ta la barbilla por la frazada sebosa,
de la cual contrastaba como una
luz, con su blusita celeste donada
también por las señoritas católicas.
Un olor denso a cola recalentada
saturaba la atmósfera.
E l hombre depositó en el camas­
tro la caja de sardinas, destapó una
botella y se bebió un trago largo.
— Tenía sed — dijo pronto.
Leonarda se aproximó con la ma­
no estirada y murmuró entre risas:
— Pasa o ’acá, te lo vai a tomar
to o . . .
Ingurgitó el alcohol haciendo so­
nar su garganta y al instante sus
grandes pupilas de añil brillaron
felices.
— El Terrible me trajo un tarro
de leche áeida — habló sin preocu­
parse de que El Mocho tradujera
en sus labios— . Me he llevado dán­
dole como dijo la enfermera, pero
siempre llora. . . ¡E s más mamón!
De nuevo miraron al crío que
ahora dormía con las manos empu­
ñadas fuera de la frazada y con la
nariz brillante de mucosidad.
— Tan lindo mi chiquillo blanco
:—exclamó Leonarda y al momento
preguntó, como ella sabía hacerlo,
al Mocho— : ¿ Vendiste la tarjeta del
baño?
El hombre replicó con un que­
jido y empinó otra vez la botella.
— ¡ Dam e! — insistió con enojo
Leonarda y antes de mascar las
sardinas, descontrapesado su cuer­
po con el alcohol que regaba su
organismo, se tendió en el camastro,
bien pegada al niño blanco, dormi­
do baja la inmunda frazada.
El Mocho empezó a comer en cu­
clillas a la vez que bebía con muda
y rítmica frecuencia. Cuando eruc­
tó y se limpió los dientes con un
palo de fósforo, Leonarda ya estaba
dormida junto al crío.
El Mocho entreabrió la puerta de
la calle, orinó largamente y borra­
cho, de súbito, con el cambio de
temperatura, recorrió balanceándose
la distancia que lo separaba del ca­
mastro y cayó aplomado junto al
cuerpo de su mujer. Nada pudo im­
pedir que ocurriera lo de siempre,
entre las escamas pesadas del sueño,
en la intimidad sudorosa del estre­
cho abrazo. Después el grupo per­
maneció indiferente, seguros tal vez
de que El Terrible y los otros com­
pañeros de cuarto, llegarían al ama­
necer si es que regresaban. El si­
lencio de la noche se replegó sobre
los tres y la luz callejera los en­
volvió en su nimbo.
De improviso Leonarda despertó

APARECIO!..
É 't T O M O

de la TERCERA EDICION 1948

H ISTORIA
DEL ARTE
p o r José Pijoan

' O' .
•;

UN TOMO DE 552 PAGINAS, ILUSTRADO CON
844 FIGURAS. 25 LAM IN AS EN NEGRO Y 18
EN COLOR IN TER CA LA D A S EN EL TEXTO.
-

'

ES UNA EDICIÓN SAIVAT

y miró a su alrededor. El Mocho
magro y sudoroso roncaba con sua­
vidad haciendo un ruido análogo
al hervor de la tetera;- entre los
dos estaba el crío tranquilo, pero
cambiado, sin la blancura rubia que
cimentaba el orgullo de su madre,
negro y feo como el mismo Mocho.
— Me lo han cambiado — pensó
vagamente la mujer, dolorida su ca­
beza con las brumas tóxicas, sacu­
dido de náuseas su estómago des­
provisto.
— ¡ Mooocho! ¡ Mooocho! — gritó

El

pronto con sonriente extravío— .
Está igual a ti el chiquillo. ¡M ocho!
¡ M ocho!
Pero las orejas mochas del hom­
bre se destacaban más nítidas que
nunca, im placablem ente selladas.
Leonarda lo sacudió con todas sus
fuerzas, hasta que renunciando a
despertarlo, murmuró angustiada:
— ¡Está igual a ti, Mocho, el ca­
bro!— y cayó como una mole, con
los ojos nublados por las lágrimas,
sobre el crío asfixiado.

Indigenismo

y la Novela en América
( Viene de la pág. 16.)

sdlpica su oira, Jesús Lava, el
desenlace da por tierra con la no­
vela y el indigenismo literario que
cae por este epílogo. Lo afirma­
mos una vez más, en Bolivia las
diferencias de castas son tan mar­
cadas que, así uno no se imaginare,
no son principios sociales, sino ver­
daderas barreras infranqueables
las que separan una clase de otra.
Una blanca por desprecio que ten­
ga de sí misma, no cometería se­
gún ella este desatino. Esta es la
herencia, más palpable y defini­
tiva con que nos personalizamos
como criollos y seguramente es el
resabio o sello más contundente
con que nos marcó la conquista es­
pañola, definiendo nuestra perso­
nalidad. Y no solamente en BoUvia, Perú, Chile y Ecuador, sino
en todo el Continente donde to­
dos presumen una pretendida no­
bleza y aristocracia de origen.
Pero ello no quiere decir que
la novela en América sea una uto­
pía sino simplemente circunscri­
biéndonos a lo que denominaría­
mos corriente indigenista. Dijimos
que ésta se halla en plena ges­
tación y debemos esperar nuevos
frutos. En cambio, la novela acrio­
llada por el momento es la más
representativa y de la cual son fi­
guras descollantes escritores de
muchos países de la América La­
tina como Hámulo Gallegos, Eus­
tasio Rivera, Giiiraldes, Jorge Amado, Ciro Alegría, Humberto Sal­
vador, Albujar, Latorre y otros
que buscan acuciosamente nuestra
independencia intelectual.
Quiere decir entonces, que la
novela americana incide en dife­
rentes fases artísticas, con influen­
cias extra^continentales, pero siem­
pre con tendencia a personalizarse.
Si cada pueblo o raza, de acuerdo
al principio gassetiano tiene una
f isiognómica peculiar, los indoamericanos también así lo demuestran,
persiguiendo este fin como obje­
tivo primordial para fisonomizar
la novela foránea.
Esta tendencia a la que denomi­
namos “ indigenismo” en libros ac­
tuales como “ Sol de Justicia” de
Max Mendoza López, por ejemplo,

tienden demasiado a lo patético y
hasta la exageración, pero ello ade­
más de recurso literario obedece a
razones de emotividad. Y, no son
producto precisamente de un tiem­
po o de una época socializante; ha­
ce un siglo encontramos esta pecu­
liaridad en libros como “ Juan de
la Rosa” de Nataniel Aguirre, cu­
yo origen nace en la tierra misma,
y en una época de convulsión,
captados con el vigor de libros
rusos, como los de Puskhin o Gogol. Y sin exagerar, haciendo equi­
paración adecuada entre obra y
obra y entre tiempo y tiempo di­
ríase, hay 'más fuerza revolucio­
naria en la obra de Aguirre que
en “ La Madre” de Gorki.
En la actualidad, ha desapare­
cido casi la influencia de la no­
vela francesa, tan patente en obras
como “ El Hombre de H ierro” de
Fombona, libro de que se dijo era
el “ Madame Bovary” de Améri­
ca, para dar paso a la avasallado­
ra e indiscutible influencia de la
literatura rusa, cuyos surcos pal­
pables en nuestro continente, tam­
bién se imponen en Europa, don­
de el máximo novelista de la dé­
cada anterior, Franz Kafka, fué
como la estrella más cercana a la
gloria inmarcesible de Dostoievski.
A pesar de ello, la novela suda­
mericana se peculiariza por su
fuerza descriptiva, tanto en tipos
psicológicos y raciales como en la
descripción de su paisaje. En la
gran novela “ Doña Bárbara” de
Gallegos encontramos este hálito
definitivo de personalidad, así co­
mo un gran enfoque psicológico.
En “ Raza de Bronce” , “ La Vo­
rágine” de Arguedas y Rivera,
respectivamente, también hay ja­
lonamientos indiscutibles. Gallegos
el autor de. “ Canaima” puede ser
el novelista más representativo del
Continente.
En la actualidad Gogol, Puekhin, Korolenko, Tolstoi, Gorhi,
Bunin, Fedeiev, Kladkov, aunque
desordenadamente citados, gravi­
tan inevitablemente en nuestras le­
tras, su humanismo nos catequiza.
Para evidenciarlo baste citar obras
(Continúa en ta pág. 1¿.)

�cabalgata

14

EL RETORNO
Por MARIO PONTI
N O TA: Un inmerecido azar tipográfico me hace autor, en el N? 17
de CABALGATA, de “ El renegado” , relato de Mario Ponti cuya nota
final debía solamente llevar mi firma. Sigue aquí una vieja prosa _que
Ponti no hubiera publicado nunca, ya que data del período que él deno­
minaba “ helenístico” — y que conservo desde los tiempos en que frecuen­
tábamos la Facultad de Filosofía y Letras, hacia 1938. La publico, entre
otras razones — que la creo buena no es la menor de ellas— para dar más
peso a mis palabras y para cortar toda esperanza a las redacciones que
me abruman disputándose mi producción en mi “ dolce stil nuovo” . . . y
ajeno.
i
DANIEL DEVOTO
A Marina Biainquielle, née Rui2
Lagos.
Homero, que fué clérigo mara­
villoso, y cuerdo y sapiente, es­
cribió de la destrucción, del gran
sitio y de la ocasión por la que
Troya fué asolada, tanto que no
pudieron después habitarla. Pero
no dijo verdad en sus libros, no
hubiera podido hacerlo, porque
ya sabemos con certeza cabal que
nació más de cien años después
que se reunió el gran e jé r c ito .. .
Por el contrario, Pares, de quien
oiréis aquí, fué nacido y criado
en T r o y a .. .
Bénoit de Sainte-Maure, Le
román de Troie.
Menipo. Por lo menos, señála­
me a Helena, porque solo no po­
dría distinguirla.
Mercurio. Este cráneo es He­
lena.
Menipo. j Y por esto mil naves
zarparon de toda Grecia, tantos
griegos y tantos bárbaros caye­
ron, y arruinaron tantas ciudades!
Mercurio. ¡Oh, Menipo, tú no
la viste v iv a !. . .
El gallo. ¿Y cómo habría po­
dido Homero saber esas cosas,
él que entonces era camello en
Bactriana! Te digo que entonces
no hubo nada de sobrenatural. . .
ni Helena era tan bella como
se cree. Y o la he visto: era blan­
ca, tenía el cuello muy largo,
tanto que parecía hija de un cis­
ne, pero era madurita, y casi de
la edad de H écu b a.. .
Luciano, Diálogos de los muer­
tos, 18, y El sueño, o el gallo.

El ruido del combate llegaba ca­
da vez más fuerte. Estaba sola. Las
mujeres habían huido: las sirvien­
tas, a los barrios bajos, en busca
de los soldados; las esclavas, con lo
que habían podido alzar, quién sabe
hacia dónde. En la otra ala del pa­
lacio las mujeres lloraban rodeando
al viejo rey. Por suerte no se acor­
daban de ella, aunque nadie hubie­
ra podido decidir si era mejor aca­
bar a sus manos que ahora podían
dar sueltas a la envidia y los ren­
cores de tantos años, o esperar lo
mismo (por lo menos) de un marido
burlado y azuzado por un ejército.
“ Esperar, esperar” — pensó—
“ Esperar siempre” . Por los patios
entraba ya la aurora con el resplan­
dor de los incendios. La mujer fati­
gada se levantó y se miró en su
último espejo (las esclavas se ha­
bían llevado todos los otros, pero
éste era demasiado pesado). Se arre­
gló los cabellos, se miró el cuello casi
liso de hija del cisne, pensó en la es­
pada corta que podía herirlo, por de­
trás, donde comienzan los hombros,
o por delante, donde empieza a na-

Advertencia
En un artículo b a jo mi firm a
“ Rim baud: el ángel y el dem on io”
aparecido en C A B A L G A T A , he in­
cluido un párrafo que no me p er­
ten ece y cuya proceden cia he om i­
tid o sólo por una n egligencia de
m i parte. ” Su perm anente anhelo
de expresar el ser en toda su vi­
vencia y la concien cia de su lim i­
tación en el tiem po y en el espacio
producía en su sensibilidad un ch o­
que d oloroso p or gravitación del
cual v ivió siem pre en ardorosa v i­
gilia. Tres llamas tem pestuosas: la
rebeldía, la pasión y la angustia. El
sentido m oral, com o el sentido esté­
tico y el sentido religioso, sólo p u e­
de m anifestarse con autenticidad y
alcanzar fertilidad y plenitud en el
cam po sin lim itaciones de la lib er­
tad” .
C ú m plem e d ejar establecido que
lo s párrafos no son m íos sino del
escritor César Rosales, cu yo n om ­
b re sólo p or olv id o he d ejad o de
citar en el referid o artículo. R indo
de este m od o h om en aje a su autor,
tratando al m ism o tiem po de repa.
var una falencia.
P ablo R ojas Paz

cer el cuerpo desde la garganta. Su
piel todavía era blanca, de hija del
cisne, y casi tan tersa como antes.
¡ Cómo espiaban las otras las arru­
gas ligeras de los párpados, los cír­
culos que rodean el ojo, la boca y el
mentón vulnerables! ¡ Con qué bon­
dad fingida le aconsejaban leches
y ungüentos, o le reclamaban sus
secretas de belleza, los días en que
el calor o el viento o el amante le
fatigaban los miembros y la p ie l!
La mujer oyó los pasos, el ruido de
las armas, y se adelantó, con los
brazos caídos y las manos contra
los muslos: no las alzaría para de-

tener el golpe. El apartó las colga­
duras y entró violentamente, pero
se detuvo en los escalones que baja­
ban a la sala. ¿Pensó en su propia
entrada, tantos años atrás, a una
cámara donde la misma mujer lo
esperaba, a solas con él por la pri­
mera vez? ¿La vió hilando y tejien­
do, mandando a las esclavas, o sol­
tándose las ropas con el mismo gesto
cuya ausencia iniciaba todas las
ausencias en sus recuerdos? Ya no
sabía si había ido a castigar o a
perdonar, y se- oyó decirle:
— Helena: ¡ qué hermosa eres, He­
lena ! . . .
Y se acercó más. Ella no se movía.
Allí estaba el espejo, que decía la
verdad; y no decía lo mismo que
el hombrq: señalaba el paso del
tiempo, la obra de los días sobre
toda belleza. El le abrazaba las ro­
dillas, y siendo el ofendido, le pedía
el perdón. La mujer fatigada vió
entonces todo lo que vendría: ahora
él, después el ejército, desde la ciu­
dad hasta el mar, mañana los más
jóvenes; nunca la paz, siempre eso
entré el m undo'y su verdadero ros­
tro ya cansado. Y mientras el mari­
do celebraba dentro de sí su pudor
de mujer arrebatada del hogar a
traición, Helena de Troya, sola y
de pie, estaba llorando su propia
muerte que la sobreviviría, tantos
años.

Habla para C A B A L G A T A

Don Daniel Cosío Villegas
D RESID EN TE de la C on federación
*
Latinoam ericana de Cámaras del
L ib ro, director del F ondo de Cultura
E conóm ica de M éxico, D aniel C osío V i­
llegas n o necesita ser presentado. La
extraordinaria labor realizada p or él en
los últim os años — com o editor tanto
com o principal anim ador de los con ­
gresos celebrados en Chile y Buenos
Aires— , es am pliam ente conocida. Q ue­
dan com o testim onio de e llo las p o ­
nencias presentadas p or Cosío a esos
congresos p or un lado y el contenido
sustancial del catálogo de F on do de
Cultura E con óm ica de M éxico, una de
las prim eras e in discutibles editoriales
de Hispanoam érica.
La palabra de Cosío V illegas siem ­
pre es de sum o interés. Cualquier p r o ­
blem a que se relacion a con el lib ro es
en foca do p or este h om bre de excepción
con ju icio s y argum entos de real va­
lor. En sus repetidas visitas a Buenos
Aires, — que él, con agudeza, solicita
que ju stifiquem os con repetidos C on­
gresos del L ibro— , este v ia jero in fa­
tigable siem pre tiene algo que d ecir al
periodism o.
P o r e llo hem os recu rrid o a su p ro­
bada gentileza para que hablara a los
lectores de C A B A L G A T A de alguno de
los problem as relacion ados con el li­
bro. Concretam ente, nos interesaba sa­
ber la opinión de C osío V illegas sobre
la nueva ley de propiedad intelectual
m exicana, sobre el in tercam bio de li­
b ros con España y sobre la falta de
divisas existente en casi tod o el C on ti­
nente, problem as que tanto afectan al
norm al desarrollo de los editores ar­
gentinos.
Y don D aniel C osío V illegas nos r e ­
cibe en las oficin as de la sucursal de
F on do de Cultura con esta noticia, in­
esperada:
— L e presen to a usted a la nueva
directora de nuestra casa en Buenos
A ires, señorita D elia E cheverri — de
con ocida a c t u a c i ó n universitaria en
nuestro país— , la que ocupará el car­
go desem peñado tan acertadam ente du­
rante tres años p or el d octor A rnaldo
O rfila Reynal.

—¿?

— Y le presen to tam bién al nuevo
d irector de F on do de Cultura en M éxi­
co, doctor A rn aldo O rfila Reynal, quien
se trasladará en breve a la capital az­
teca para tom ar posesión de su nuevo
cargo. Y o, p or m i parte, nos aclara
C osío V illegas, seguiré en el C on sejo
D irectivo de nuestra Editorial.
— ¡Nuestra cordial felicita ción a to­
dos! — añadimos.
Y entram os ya en materia.
— ¿Q ué pu ede usted decirnos, señor
C osío Villegas, de la nueva ley de p r o ­
piedad intelectual m exicana?
— En lo que se refiere a ese tem a, al
de la propiedad intelectual en general,
la p rotección de los intereses del e d i­
tor latinoam ericano no pu ede ser lo
justa que todos deseam os a causa de
las distintas legislacion es que al res­
p ecto rigen en cada país. La nueva
le y de propiedad intelectual m exicana
es, sin duda, su perior a la preced en ­
te; pero persisten los prin cipales fa c ­
tores que afectan a ese problem a: v
únicam ente serán solucion ados cuando
jo s editores — com enzando p or los prin ­
cipales— nos convenzam os de que los
derech os de autor sólo son realm ente

nuestros cuando se ámparan en una
probada com pra de lo s m ism os y no en
legislaciones. A sí lo convin im os en el
C on greso de Chile. D esgraciadam ente,
persisten, y persistirán, los casos de
piratería editorial; que, no lo olv ide­
m os, se am para siem pre en leyes v i­
gentes en los países don de se produce;
leyes en su m ayoría anticuadas y p r o ­
m ulgadas en m om entos en que se ten ­
día, realm ente, a in corporar a los pa.
trim onios nacionales obras de interés
general. L os intentos de acuerdo u ni­
versal al respecto (C on ven ción de W áshington, 1946), no han contado con la
adhesión debida de todos los países
afectados p or ese problem a.
— L u ego, la única so lu c ió n . . .
— La única solución, por ahora, con ­
siste en que los grandes editores de
L atinoam érica sean los prim eros en dar
el ejem p lo y en recon ocer lealm ente lo
d ich o más arriba: S ólo existe una au­
téntica e in discu tible posesión de de­
rech os de determ inado lib ro y autor

Daniel Cosío Villegas
cuando se basa en contratos legales y
probatorios, no en leyes que, al fa v o ­
recer a los editores de un país, p e r ju ­
dican a los de otros que han adquiri­
do dichos derech os no sólo con ante
rioridad, sino pagándolos com o es justo.
— Y en lo que se refiere al intercam ­
b io de lib ros con España, ¿cu ál es su
opin ión ?
— Persisten los problem as tantas v e ­
ces repetidos: gran desequ ilibrio entre
im portación y exportación a favor de
España, bloqu eo de fon d os y censura
previa para todos los textos que envia­
m os a la Península. P or su innegable
im portancia com o m ercado consum idor,
los editores de H ispanoam érica n ece­
sitam os del m ercado español; nuestro
acceso a él debe producirse, pues, sin
traba alguna, tal com o los editores es­
pañoles lo tienen en toda A m érica. Los
intentos de solución hasta hoy reali­
zados no han dado resultado práctico.
Y ya va siendo, hora de que lo den.
Cabe esperarlo, tal vez, de las gestio­
nes que actualm ente realiza en Espa.
ña don Julián U rgoiti, quien lleva la
representación de la C on federación La­
tinoam ericana de Cámaras del L ibro.
A sí lo m erecem os los editores de este
Continente.
— El problem a de la crecien te falta
de divisas en m uchos países de A m éri­
ca, ¿cree usted que tiene solución p ró­
xim a?

t u

q u í

C o u sv sU

u u

X om ka Educado
Por O. C. CARMICHAEL
Presidente de la Fundación Carnegie para
el Mejoramiento &lt;le la Enseñanza y primer
canciller de la Universidad Vanderbilt.

educación es la actividad que

ocupa a mayor número de seres
I
humanos en todo el mundo y se ha­
a

lla en un estado de expansión ja ­
más visto. En los Estados Unidos
ocupa la atención completa de un
cuarto de la población en forma
continua. Mientras que el total de
los trabajadores alcanza escasamen­
te a 60 millones, la educación sola
abarca más de 30 millones entre
maestros y alumnos. En tanto que
antes sólo estudiaban los jóvenes,
ahora son adultos los que llenan las
aulas en busca de una mayor pre­
paración. Tal ocurre debido a nues­
tra irresistible fe en eso que llama­
mos “ educación” .
Pero con toda nuestra fe y con
todo el énfasis que ponemos en ella,
no hay dos personas contestes en de­
terminar qué es, para qué es, o có­
mo se adquiere la educación. Quizá
nuestro entendimiento se aclare si
pensamos concretamente, en lugar
de hacerlo en forma abstracta; si
nos dedicamos a bosquejar “ un
hombre educado” en vez de tratar
de definir la educación. Si esto no
ilumina todos los rincones oscuros
de nuestro misterio, debe, por lo me­
nos, develar algo en ese sentido.
El primer requisito del “ hombre
educado” es la adaptación, llamada
también orientación o ajuste a su
mundo. Los instrumentos de estu­
dio, la lectura, escritura, aritméti­
ca; la habilidad para expresar ideas,
el conocimiento del mundo y de sí
mismo, la destreza en la realización
de tareas, todo contribuye a su
adaptación. Ellos son los elementos
esenciales de su equipo. Empero el
“ hombre educado” es algo más que
un “ hombre adaptado” . No puede
constituir meramente una rueda
bien terminada en la maquinaria
social, política y económica de su
sociedad. Debe representar la inte­
ligencia que define los propósitos de
la sociedad, la razón que regula sus
movimientos y la aspiración que
proporciona la potencia conductora
del progreso social. En otras pala­
bras, debe ser no solamente adapta­
do a su universo, con todo lo que
ello implica; sino también inteligen­
te, razonable y ambicioso para el
bien común, v sensible a los valores
ya sean espirituales o sociales. Estas
consideraciones generales trazan a
grandes rasgos el perfil del “ hom­
bre educado” . Si se quiere que el
retrato sea completo y convincente,
ellas deben ser analizadas y amplia­
das.
El saber leer, escribir y calcular
no es más que la llave que da acceso
al tesoro del conocimiento, y consti­
tuye, por consiguiente, el primer
paso en el proceso de educación. Con
esta herramienta el hombre puede
comenzar a conocerse a sí mismo, a
su mundo, a su fisiología e higiene,
a sus necesidades y a- su capacidad;
los aspectos sociales, políticos, eco­
nómicos, históricos y filosóficos de
su sociedad; y los rasgos físicos, bio­
lógicas y astronómicos del mundo
natural. El conocimiento de sí mis­
mo, de los congéneres y del mundo
de la naturaleza es lo esencial en la

— No. El problem a es m uy com p lejo;
y afecta a los editores porqu e hasta
ahora se ha vivido, prin cipalm ente, de
los m ercados exteriores. H oy H ispano­
am érica su fre más necesidades que
nunca. Existen graves problem as e c o ­
nóm ico-sociales, que en unos países
presentan aspectos distintos de otros.
El esfuerzo que realizan algunas r e ­
pú blicas para salvar su econ om ía es
extraordin ario y adm irable. P ero sólo
es posible p rever solucion es a m uy lar­
go plazo.
— El Plan M arshall, ¿sería un r e ­
m ed io?
— Sería una solución tem poral, a pla­
zo fijo , para algunos países. Para otros
el problem a no es de créditos, sino do
profu n da tran sform ación en la ex p lo­
tación de las riquezas, en los m edios
de vida, en m il problem as graves que

adaptación a das complejidades de
la vida. De tal modo, constituye el
fundamento de la educación, el pri­
mer requisito de un “ hombre edu­
cado” .
Pero uno no debe ser “ adaptado”
para cierto momento, debe asimismo
ser “ adaptable” , ya que todo a 1
nuestro alrededor cambia. El “ hom­
bre educado” debe no sólo poseer
realidades si desea conocer lo que le
rodea; debe ser capaz de deducir
nuevos hechos a medida que su me­
dio ambiente varía. Esto requiere
inteligencia, razonamiento e inicia
tiva. Estas facultades solas hacen
posible el ajuste del hombre al cam­
biante panorama de la vida.
Se sabe ciertamente que la escue­
la y los años de colegio no propor­
cionan suficiente tiempo para ad­
quirir todo el conocimiento necesa­
rio para un completo ajuste. Más
aún, los descubrimientos científicos
van develando constantemente he­
chos ignorados hasta ahora. Las
fronteras de la erudición se en­
cuentran en fu g a permanente.
Quien sepa todo lo que puede saber­
se hoy será un ignorante de todo lo
que se descubra mañana, a menos
que continúe la búsqueda de la sa­
biduría, La curiosidad intelectual,
que mueve a uno a profundizar los
conocimientos en busca de más y
más conocimientos, es su ingrediente
necesario para el hombre completa­
mente adaptado.
Aquellos que adquieren el gusto
por la erudición durante los años
de estudios o que después continúan
al día en esta' materia, solamente
aquellos pueden ser llamados “ edu­
cados” . La flexibilidad mental, na­
cida de la continua búsqueda de la
sabiduría, es el signo del completa­
mente educado. Pero correr tras los
conocimientos no es sr¡ficiente; ello
debe complementarse con una per­
manente actividad en pos de los
principios básicos por los cuales vi­
ve el hombre — principios sobre los
cuales están basadas las acciones in­
dividuales, principios de conviven­
cia democrática— . La adquisición
de principios, filosofía de 1a. vida, es
más importante que el acopio de
materialidades. Estas se evaporan,
mientras que los principios quedan.
Los fundamentos básicos, estéticos,
intelectuales, morales y espirituales,
forman la base del juicio y de la
discriminación y proveen de un sen­
tido de estimación sin el cual no se
puede estar bien orientado. Ellos
sirven como ana. guía para el aná­
lisis de declaraciones, de otros prin­
cipios de conducta, de personas y
de acciones. Son básicos para el ca­
rácter, talante, poder e influencia.
Permiten al hombre distinguir en­
tre la pobreza y la grandeza de al­
ma. Son los elementos indispensa­
bles para la efectiva personalidad.
Mas el conocimiento de factores y
principios, la inteligencia y el ra­
zonamiento, y creciente uso de estas
tres facultades, no completan el re­
trato del “ hombre educado” , va que
el hombre no vive sólo del intelecto,
como no lo hace sólo de pan. Es un
ente social, puesto que habita entre

afectan de raíz
adentro.

la

vida

de

Am érica

— A nte esa realidad, y para no r o ­
ba rle a usted más tiem po ¿cu ál debe
ser la m isión del editor en la hora
presen te?
-i
— El editor debe seguir editando, cla ­
r o está, si piensa subsistir. D ebe cuidar
m u cho más sus edicion es; lo cual no
q u iere d ecir que por m ejores se vendan
más, naturalm ente. N o estará demás
que se p reocu p e de lanzar ediciones al
alcance de tod os lo s bolsillos — y que
conste que n o ig n oro lo disparatado de
los p recios de costo del libro— . Y no
olv id e u sted de record a r que, um ver­
salm ente, el o fic io de editor sólo da
satisfacciones m uy alejadas de las es­
trictam ente com erciales.
F. A.

�ca b a lg a ta
hombres; de aquí que el .entendi­
miento social es necesario para su
adaptación. El patán, el individuo
antisocial, el desconsiderado y el
intolerante pertenecen a esa gran
hueste de ignorantes que retardan
el progreso de la raza. Aunque el
censo no agrupe a los socialmente
ignorantes juntos con los otros, su
presencia en la sociedad es, no obs­
tante, real, y su bloqueo del pro­
greso no es menos serio que el de
sus colegas que no saben leer ni es­
cribir. Ser socialmente culto signi­
fica, en primer término, estar adap­
tado a la sociedad, la habilidad de
vivir en armonía con todos los hom­
bres de buena voluntad, cualquiera
sea la raza, el credo o el color. Sig­
nifica, además, el conocimiento de
las fuerzas que actúan en la sociedad
—económicas, sociales, políticas y
religiosas— y una actitud que le
permite vivir y trabajar efectiva­
mente con ellas. Significa creen­
cias, propósitos y convicciones cons­
tructivas. Finalmente, significa, no
sólo mentalidad social, sino un sen­
tido de responsabilidad social. Es
inconcebible que el hombre adecua­
damente ‘ ‘ educado ’ ’ pueda mostrar­
se indiferente a los problemas de su
comunidad o de su sociedad. La lealdad y la fidelidad, consideración e
interés social, y los principios por
los cuales ordena su vida son cua­
lidades esenciales en el “ hombre edueado” .
Para el completamente educado
no puede pasar ignorado uno de los
más profundos instintos de la hu­
manidad, más antiguo que el cien­
tífico y más universal. En esta era
mater’alista se tiende a olvidar que
la ciencia y la educación nacieron
de la marcha a tientas del hombre
tras lo desconocido; que la búsque­
da de la sabiduría no comenzó sinc
cuando el hombre reconoció que ha­
bía en el universo fuerzas que no
podía dominar. Humillado por ese
reconocimiento, comenzó a buscar el
entendimiento por medio de la re­
ligión y de la ciencia.
Oliver Wendell Ifolmes dijo una
vez que los hombres pueden dividir­
se naturalmente en tres clases, a
saber: hombres de un piso, hombres
de dos pisos y hombres de tres pisos
con claraboyas. ‘ ‘ Los que reúnen
hechos, sin intereses más allá de sus
cosas, son los de un piso. Los de dos
pisos son aquellos que razonan, cal­
culan, extraen conclusiones, usando
las cosas de los de un piso como
propias. L o syde tres pisos con cla­
raboyas — consignó—
imaginan,
predicen, tienen sueños, su mejor
iluminación proviene de lo alto a
través de la claraboya” . Los verda­
deramente educados, entonces, de
acuerdo con Mr. Ilolmes, son los
hombres de tres pisos con claraboya,
cuya imaginación es avivada y su
visión aclarada por los rayos invisi­
bles de la Verdad Universal que les
llega desde arriba “ a través de la
claraboya” .
¿ Que más se necesita para contes­
tar la interrogante: “ ¿ En que con­
siste un hombre educado?” ¿Quizá
solamente reunir los hiles de nuestro
argumento y tejer con ellos un mo­
delo en miniatura de un “ hombre
educado” . En primer lugar, debe
ser un hombre de estudio. El cono­
cimiento de sí mismo, de su sociedad
y del mundo de la naturaleza, que
lo hace sentirse cómodo en su medio
ambiente, es el primer elemento de
su equipo. La habilidad en el arte
de la comunicación, que le permite
expresar sus pensamientos, es el se­
gundo requisito. La expresión justa
indica un alto grado de discrimina­
ción en el uso de las palabras, que
es posible solamente cuando el pro­
ceso de pensamiento está aguzado
y refinado. La percepción es tam­
bién necesaria. La imaginación pa­
ra tratar relaciones, la inteligencia
para entender su significado y la
vperspicacia para descubrir nuevos
conocimientos son lo que caracteriza
a un hombre educado. Cuando estas
cualidades están completadas con
una insaciable curiosidad, la pintu­
ra del “ hombre intelectual” está
completa. Pero es sólo una parte del
asunto.
Si los intereses intelectuales cons­
tituyen la meta inmediata de una
educación efectiva, los intereses so­

E l, sentido de la muerte , por José Ferrater Mora. Editorial Sudameri­

cana, Buenos Aires. 1947. Rústica. $ 7.50 m/arg.
os modernos poetas y literatos, en una íntima angustia provocada quizá
por la realidad del mundo en que les ha tocado vivir, sienten la A s­
piración del destino final, de la anulación del ser humano en la muerte.
Pero sólo pasajeramente intentan penetrar su sentido. Esta tarea está
reservada a los filósofos. En realidad, todo filósofo ha sentido su aguijón
como problema; a veces lo han soslayado, otras lo han enfrentado con
mayor o menor franqueza. Sin embargo,, hay momentos en que se impone
la necesidad de que un recio pensador reconsidere el problema, asimile
logros anteriores, los someta a un fino análisis y nos dé un pensamiento
maduro. Ferrater Mora, entre los pensadores de habla hispana, aspira
a desentrañar, teniendo en cuenta no sólo las reflexiones de los filósofos
sino también las conquistas de los científicos, el sentido de la muerte.
En seguida el lector adivina, no al recolector de ideas hilvanadas
con acierto, sino al hombre de pensamiento propio dispuesto a extraer
el íntimo significado de lo que puede indicar el desaparecer de este mundo.
La exposición es sistemática, en un proceso que facilita la comprensión;
la muerte en la naturaleza inorgánica, en la orgánica y, postreramente,
en el hombre. Ascenso necesario, para que podamos darnos cuenta, en
esta especie de anulamiento que es la muerte, lo que indica para el ser
racional y consciente. Si mal no recordamos, un crítico severo le impu­
taba a Ferrater Mora como un defecto una demora excesiva en lo orgánico
y, especialmente, en lo inorgánico. Pero si el concepto de vida, genérica­
mente, es unitario, lo es también el de muerte; y no logramos ver la
exquisitez específica del vivir en el ser racional, si antes no percibimos
sus latidos en los seres considerados inferiores* Algo análogo acontece
con la muerte. Vida y muerte en este libro se reencuentran, pues son con­
ceptas que se presuponen, lo que quizá podría expresarse en esta forma,
una ontología de lo real y una ontología de la muerte podrán ser, en
cierto modo, una y la misma cosa” (p. 63). Llegamos a un pensamiento,
del que está saturado todo el libro, que la muerte no sólo es uno de los
problemas fundamentales de la filosofía, sino acaso el problema capital.
1 ara adoptar esta posición no hace falta declararse existencialista; in­
cluso el vitahsta y el mas decidido optimista tropiezan, quieran o no,
con la muerte como problema. Ferrater Mora nos desarrolla, al buscar
el sentido de la muerte, toda una ontología. No se- trata de explicar el
hecho, evidente, sino el sentido; y éste no se logra, sino en el conocimiento
del ser. Cómo nos dice él mismo cobra verdadero significado una analogía
mortis, yuxtapuesta a la de analogía entis. (p. 70).
En lo orgánico el vocablo muerte adquiere pleno sentido, especial­
mente en el hombre. Es el capítulo dedicado a la muerte humana, nu­
trido, jugoso, el centro del libro. Se desentraña su sentido, alrededor
de lo qué es y significa la “ persona” . “ Por este motivo hemos dicho
que existe un proceso de individualización del humano morir qué alcanza
su culminación cuando la vida misma del individuo se superpone, hasta
coincidir, con la realidad de la persona. La muerte personal, y aun po­
dría decir absolutamente personal, es entonces la perfección misma del
morir y con ello la misma perfección de la vida” (p. 277). Los pro­
pósitos del libro pueden sintetizarse en esta conclusión, cuyo íntimo sig­
nificado sólo puede ver el que haya seguido sus razonamientos: “ El sen­
tido de la muerte sería, por lo tanto, éste: otorgar su humanidad a cada
hombre y, enunciado de un modo más general, hacer que cada casa, por
el hecho de su limitación, cobrara una dimensión y, por lo tanto, la
realidad que le era propia” (p. 285).
El libro de Ferrater Mora está lleno de sugerencias filosóficas y
morales. El hombre, •que ha sido enfocado desde diversos puntos de vista,
aquí es observado, y con acierto, desde su cumbre o final: su humanidad
queda estructurada en la muerte. Que sepamos, el enfoque que realiza
Ferrater Mora del problema de la muerte hasta ahora no ha provocado
polémica; esperamos que así sea, para que ciertas afirmaciones se afirmen,
afinen o aclaren. El libro, precisamente por ser meritorio, es digno de
ser polemizado.
Luis Farré.

L

“ El

m ito , la

leyen da

y

el h o m b r e ”

.

por Félix Molina-Téllez. — Editado
por Claridad. 298 páginas. Cartonó.
$ 10 m|arg.
i-1 ONOCEDOR profundo del alma popular
^ argentina, a la cual ha sondeado a través
de muchos años de viajes y convivencia, Fé­
lix Molina-Téllez ofrece con este libro suyo
el mejor ejemplo para una da sus afirmacio­
nes: que el verdadero folklorista no es el que
entona las canciones o cultiva las leyendas
sino aquel que utilizando su cultura personal
ahonda en esas expresiones para descubrir
su origen, intuir su filosofía y definir los
rasgos psicológicos del pueblo que las creara.
De este modo,, “ El mitot la leyenda y el
hombre” no es una mera demostración lite­
raria sino que por la disciplina utilizada en
su desarrollo constituye una obra fundamental
para quienes deseen iniciarse en este terreno,

cíales le siguen de cerca. La toleran­
cia, la consideración y la conducta
social son las características destacables del hombre educado. La ac­
titud hacia la vida y el razonamien­
to claro representan el aspecto fi­
losófico y social esencial. Su flor
más fina es un sentido de responsa­
bilidad social básica para la aspi­
ración y el progreso humanos, y la
más alta expresión del “ hombre so­
cial” .
Estas son, entonces, las califica­
ciones que configuran al “ hombre
educado” : 1) erudición, inteligen­
cia, razonamiento, imaginación y el
don de la expresión propia; 2) con­
ciencia social y un sentido de res­
ponsabilidad social, y 3) humildad
en presencia de lo Desconocido. V
sobre todo, un profundo deseo no
solamente de descubrir nuevas cosas
sino de encontrar la verdad que
hace a los hombres realmente libres.
(Publicación
“ The American

autorizada

por

M ercury’ ’ , ex­

clusiva para la Argentina.)

pues no sólo explica el instrumental a em­
plearse en la investigación: también sistematiza los conocimientos y descubrimientos
realizados por el autor y traza un panorama
amplio de la tradición popular en el Norte
argentino, donde en su adolescencia 6U cu­
riosidad de incipiente investigador supo hallar
en la anécdota diaria los primeros elementos
para sus futuras deducciones.
El valor del trabajo de Molina-Téllez surge
a poco de iniciada la lectura, y resalta con
especial fuerza porque no obstante la moda­
lidad conservadora del alma popular, que no
olvida nunca las tradiciones, a medida que
pasa el tiempo y nuevos elementos se incor­
poran a la vida nacional, más se diluyen las
expresiones autóctonas haciendo penosa la ta­
rea del estudioso quien debe emplear toda su
sutileza para distinguir lo real de lo falso
o deformado.
Luego de un análisis rápido de las prin-

15
cipales culturas primitivas desarrolladas en
nuestro suelo, pasa a tratar con detenimiento
la evolución del mito en el pueblo, con citas
do casos recogidos en distintos lugares de
“ héroes” , “ santos” y “ familiares” , forjados
por la imaginación del hombre de mente pri­
mitiva, así como las prácticas de hechicería
de seres supuestamente dotados de poderes
sobrenaturales.
También la participación de animales y
vegetales en las expresiones populares mere­
cen el interés de Molina-Téllez, que vuelca
una abundante documentación sobre ese as­
pecto y contribuye con su aporte personal para
interpretarla. Igual tratamiento merecen en
capítulos aparte las coloridas fiestas del car­
naval norteño, con sus diferentes etapas y
modalidades lugareñas, y con mayor profun­
didad el problema do la divinidad en la civi­
lización chacosantiagueña.
“ El mito, la leyenda y el hombre” señala
un jalón en los estudios folklóricos efectuados
en el país porque contribuye a desenterrar las
raíces más profundas de la mentalidad po­
pular: las que corresponden al problema re­
ligioso, cuyas distintas actitudes y formas
permiten reconstruir el alma argentina pri­
mitiva. Esé es el punto de partida para cualquior empresa científica o literaria, porque
en él reside la esencia de la tradición popular
retransmitida hasta hoy. Molina-Téllez cons­
ciente de su responsabilidad, así lo ha en­
tendido.
\
«X. A. BRONENBERG ZUCCARELLI
“ V iaje

m u sical

al

p a ís

del p a sa d o ”

,

por Romain Rolland. — Editado por
Ricordi Americana. 203 páginas. Cartoné. $ 10 m|arg.
La apreciación de la música podría redu­
cirse exclusivamente a un ejercicio de los
sentidos, pero con ello sólo se cumpliría UJ13
de las finalidades de su creación y quizá la
menos elevada. Pero si, en cambio, nos si­
tuamos frente a la música como un producto
cultural, la nuestra será una actitud “ inteli­
gente ’ en el exacto significado del término
porque nos permitirá saborear ese algo que
está más allá de la mera audición y que es
el verdadero contenido de la expresión mu­
sical.
Una cantata, un cuarteto o una ópera no
son meras composiciones aisladas en el tiempo
ni han surgido en forma desordenada o an­
tojadiza. Cada una en sí — y todas las que
se conocen desde que el hombre utilizó el
más rudimentario de los instrumentos para
producir una nota— es producto de una
época y responde a las tendencias espiritua­
les y formales de ese momento.
Quiere decir esto que la historia debe ser
un complemento indispensable para el meló­
mano culto, pues le ayudará a interpretar el
mensaje contenido en las frases armónicas
do cualquier obra.
El “ Viaje musical al país del pasado" de
Romain Rolland llena ese cometido con efi­
cacia; proporciona, en efecto, abundantísimo
material de primera calidad para el mejor
conocimiento de un siglo musical por excelen­
cia : el XVIII, en que se opera la crisis que
habrá de originar la música “ moderna” .
Su retrato de Handel, cuya descripción
literaria refleja con exactitud el vigor espi­
ritual del sujeto; el de Metastasio, revolu­
cionario del drama musical, y el de Telcmann, introductor del estilo francés en la
música alemana, se destacan entre el resto
del material por el brillo de su estilo y la
cantidad de elementos de juicio que suminis­
tra a los devotos de esos maestros.
Junto a estas pinturas trazadas con mano
firmo de conocedor, Romain Rolland agrupa
otros dos artículos que ilustran con justez3
similar sobre el panorama musical en que
actuaron sus retratados y otras figuras tam­
bién importantes, con especial detenimiento
acerca del origen del estilo denominado “ clási­
co” en el siglo mencionado. Y como notas
pintorescas pero no desprovistas de valor, un
comentario sobre una novela cómica escrita
en el siglo XVII por el imisico alemán Kuhnau
para ridiculizar el ambiente musical de su
tiempo, y otro sobre la vida musical inglesa
bajo el reinado de Carlos II, abundante en
pinceladas de fino humorismo.
Sin duda alguna, esta reunión de artículos
de Romain Rolland servirá para robustecer la
cultura musical del aficionado inteligento.
Y nada mejor que utilizarla, como dilecta
compañía, en este viaje musical a una época
que obliga a procurarse un buen cicerone
para no perder detalle de sus estampas.
J. A. B.
vagabundo de l a s is l a s ” , por
Joseph Conrad. — Editado por Emecé.
330 páginas. Rústica. $ 5,75 m|arg.

“ Un

Quien lee un libro de aventuras de seguro
busca en él emociones que le distraigan de
sus pensamientos cotidianos o que exciten
su imaginación frenada por las circunstancias
que no le han permitido desarrollar su ideal
do andariego.
Pero quien tome en sus manos una obra
cualquiera de Joseph Conrad tendrá satisfac­
ciones a granel. Tal sucede con “ Un vaga­
bundo de las islas” . Dentro del especial esce­
nario que le presta el archipiélago malayo,
la acción de su novela gira en torno a un
europeo a quien el destino ha puesto como
un elemento más en el enredado juego de
pasiones, codicias y ambiciones mal reprimi­
das a que da lugar la riqueza de esa parte
del mundo.

LISANDRO
DE LA TORRE
por RAUL LARRA
T ercera ed ición de esta apasionan
te b iografía que trae textos co m .
plem entarios. El e jem p la r $ 6.—

E ditorial F U T U R O
JU JU Y 735

Y aquí volvemos a lo que decíamos antes.
La aventura, con todas sus victorias y reveses,
alcanza por momentos la cima de lo heroico
y también de lo patético; empero no se limita
únicamente a la acción sino que va más allá
y ahonda con prolijidad en el estudio psico­
lógico de cada personaje exhibiendo sus res­
pectivas reacciones.
Las arterías más infames de estos hombres
poseídos por la fiebre del dominio y el dinero
crean un clima que apasiona al lector y io
transporta al borde mismo de la lucha coavirtiéndole, sin desearlo expresamente, en un
inesperado actor. Pero la maestría de Con­
rad no se detiene en lo dinámico: hay en la
novela una extraordinaria pintura de mujer
que absorbe por igual la atención del lector
y llega a desviar su interés por la trama
para fijarlo en los episodios donde su figura
femenina se destaca por encima de todo en
su rara lucha por el amor de un hombre d#
raza distinta, lucha en que ambos mezclan
ios raptos de odio más hondo con las expresia
nes más puras y sublimes de ternura.
“ Un vagabundo de las islas” es un torbe­
llino de violentas pasiones en medio de una
atmósfera que enloquece a los individuos, del
cual surge la estampa de Aíssa, la muchacha
árabe, con contornos tales que muy bien
puede comparársela con alguna de las pro­
tagonistas del teatro clásico. Joseph Conrad
demuestra con ello ser algo más que un sim­
ple narrador de aventuras; el retrato de esta
mujer de fascinantes líneas espirituales bas­
taría para consagrarlo si no lo estuviese ya
con su estilo fuerte y su cautivante inspira­
ción.
J. A. B.

El Indigenismo. . .
( Viene de la pág. 13).

como “ Huaeipungo” de Icaza,
“ Cacao” de Jorge Amado, “ Los
Trabajadores” de Salvador, las
obras de Castelnouvo, Scalabrini
Ortiz, “ Los Siete Locos” de Ro­
berto A rlt, novela que fu é en el año
30, una de las revelaciones más
grandes de la literatura argenti­
na, demostrando así la verdadera
fuerza de la literatura americana.
E l atormentado Fapini, no tuvo
noticias al respecto, pero ello mis­
mo se explica. H ay quienes piensan
como Fapini, desde una torre de
marfil y no se detienen a efectuar
un pequeño análisis, antes de lan­
zar aventuradas declaraciones.
Circunscribiéndonos a Bolivia,
Perú y Ecuador, centro nuclear de
la literatura indigenista, aventura­
remos juicio. La nueva fisonomía
estética para estar asentada en
bases fundamentales debe nutrirse
invariablemente en los jugos ofre­
cidos por esta trilogía de nacio­
nes, cuyos escritores van demos­
trando su calidad en obras de re­
presentación racial y cultural de
su pueblo. Ello es muy promisorio
y halagüeño. De todas maneras, el
indigenismo, como novela y tema
sociológico está latente y ofrece
grandes perspectivas. E s la mo­
derna inquietud, que, se impondrá
en América y llegará a Europa
emergiendo del epicentro andino,
que ya ha demostrado en varios li­
bros, médida literaria, afán de sur­
gir y pasión creadora, totalmente
original y rica en perspectivas.
L a Paz, A bril 1948.

EL MENSAJE PLASTICO DE J. BATLLE PLANAS
( Viene de la pág. 9.)

la atmósfera del sueño. En otros
momentos nos presenta vibrantes
atmósferas doradas y cálidas que
nos hablan de la necesidad de vivir,
de superar la desesperanza en que
está sumido el hombre, o nos mues­
tra líneas torturadas que deshacen
rostros con la marca de terroríficas
angustias que parecen retroceder a
las pesadillas infantiles o a los terro­
res de razas primitivas. El color ad­
quiere una calidad emotiva extraor­
dinaria y con elementos simples, sin
estridencias, crea el clima emocio­
nal adecuado. El dibujo no es me­
nos dócil que el color al deseo de
expresión del artista y así se vuelve
rígido, directo, esquemático donde
domina la angustia, el terror, o la
melancolía y ondula hasta acabar en
la ternura de los arabescos o desa­
parecer en los juegos de luces de
los claroscuros cuando por el con­
trario las emociones cálidas y exaltadoras dominan el cuadro.
Finalmente una gran síntesis de
elementos polares abstractos y su-

rreales parece realizarse en el artis­
ta a raíz de la adopción de la téc­
nica de los puntos guías.- el pintor
busca solucionar el problema de su
soledad integrando en la figura hu­
mana los elementos de organización
cósmica, es decir fusionar en una
unidad los elementos automáticos
humano-intuitivos con los principios
de una matemática suprahumana de
validez universal. En esta aspira­
ción inconsciente el artista coincide
curiosamente con los grandes vi­
dentes del pasado y en especial Paracelso, para quien el hombre era
el microcosmos, imagen y repetición
del macrocosmos, idea esta que a
través de Goethe, ha constituido el
fundamento del humanismo moder­
no en el que todavía vivimos.
lie aquí en definitiva el mensaje
que nos envía «T. Batlle Planas, un
notable pintor contemporáneo, que
ha sabido buscar la fuente de ins­
piración en sí mismo y del cual to­
davía esperamos otros mensajes
plásticos, otras ^estupendas revela­
ciones de ese mundo de lo maravi­
lloso en el cual es explorador.

T. A . 45-7110

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P erú 973

B u en os A ire s

�:ahaÍgaía

16

D

F. Kierkegaard son estas pala­
bras: “ La verdad radica en la
subjetividad, en la existencia del
hombre’’. He aquí prefigurada la
expresión de Ramón Gómez Cornet.
La aventura contemporánea de la
forma y del color, en sus infinitos
avatares, integran la conciencia de
este argentino, a quien, al cabo, lo
que sobremanera le importa es su
visión personal e íntima de las cria­
turas que pinta. El gran combate
entre la estética de la forma y la
estética de la esencia, se decide en
él hacia un rigor que le conduce
del objeto de su pintura al sujeto
de su devoción entrañable.
Formado en años de hervor plás­
tico, no le fueron ajenas las expe­
riencias cubistas, futuristas y “fauves” , hasta que de regreso a su tie­
rra y sentidor del drama de sus
criaturas, se repliega en un hacer
expresivo que lo comprende y lo
trasciende. Gómez Cornet es quizá
el único artista de la Argentina que
resiste un discurrir a propósito de
una expresión con raíces en la tie­
rra nacional.
¿Hasta cuándo se habrá de re­
petir la frase, en un momento ál­
gida, de Maurice Denis: “ El cua­
dro, antes de ser una mujer o un
caballo de batalla, es una superfi­
cie plana recubierta de colores re­
unidos ordenadamente” ? Con este
pensamiento desembocamos en un
deccrativismo peligroso del que ur­
ge salir y al cual por cierto le son
extrañas las auténticas virtudes que
dan vida a una obra de arte, esa
facultad de sentir con hondura y
comunicarse con intensidad dentro
de un orden del espíritu.
¿Cómo se alcanza la verdad en
una existencia humana? ¿De qué
modo al ser fiel a sí mismo se res­
ponde al propio sentimiento pro­
fundo, a esa relación en aue uno
es parte de la tierra de un país e
in te g r a el universo se n sib le de
nuestras realidades y al par de
nuestros sueños?
Toda verdad mora en nuestra in­
timidad, y es a esa fuerza que de­
bemos acudir. Hablamos de hechos
imponderables que se agitan en
nuestro interior y se expresan por
conducto de un afinado sentimien­
to que toma de la materia su parte
ideal, su fundamento esclarecedor.
Ya es el volumen que guía a Gómez
Cornet en su primera etapa, o la
línea en su funcionalidad, pero es­
ta creativa lucidez de nada serviría
si el artista no entrara en un orbe
en el que la calidad y la pureza se
alian. Una sensibilidad hecha de
observación y mesura, de sobriedad
y contención, le hacen hallar el hu­
mano espíritu que vive en la pe­
numbra de la existencia: un tono
melancólico, una angustia macera­
da, o la ternura que no ostenta
otras virtudes que su desnudez.
Baste ver las figuras que Gómez
Cornet ha pintado para poder apre­
ciar hasta qué punto se identifican
con su figura física, con su propio
y humano linaje. El es como un
viejo tronco santiagueño, remozado
ahora en obras que datan de los
últimos años.
Analizada su obra a ctu a l1, surge
una coherente dignidad recorrida
por idéntica emoción que invade y
señorea en sus óleos, monocopias y
dibujos. Se trata de la unidad que
lo acerca a realidades que el pintor
siente y transfigura: retratos anó­
nimos o cabezas infantiles a cuyas
fisonomías concede a veces la cla­
ridad de un nombre: “ Muchacho” ,
“ Pocho” , “ T e r e s a ” , “ Mercedes” ,
“Niña” , “ Perfil” , "Cabeza” , "Niña
sentada” . De ese bucear en la tris­
te humanidad de esas criaturas, Gó­
mez Cornet aporta un mensaje que
se nos ofrece amorosamente some­
tido al control del artista. Su pin­
tura es estática, tiende a una se­
renidad sostenida por un arduo o fi­
cio que la vuelve expresiva adhe­
sión a las cosas reales, ajustadas
armonías que se manifiestan en la
transición de los tonos, superando
el puro juego — signo moderno—
de los claroscuros. Aquí, es la vi­
bración del dibujo y su justeza pic­
tórica, o el candor reflexivo, un
rostro, unos ojos penetrantes, un
perfil, unas presencias que cauti­
van en su natural delicadeza y de
las cuales fluye un remansado tor­
mento. Su materia cromática se de­

\

“ Niña” , “Maternidad” , “ Madre” ,
“ Desnudo” , “ Vecinas” o “ Chola” ,—
conducta de creador que ha elabo­
rado estas sinceras presencias que
se convierten en ricas existencias.
Estas obras de plasticidad o fuerza
táctil se hacen evidentes en soste­
nidas variaciones por la calidad.
Cada monocopia es una experien­
cia en donde la materia se torna
hallazgo sensible, cabal compren­
sión por dentro de una humanidad
que se define como substancia poé­
tica. Y en esta voluntad vemos cómo
el artista diversifica su quehacer

fine a sí misma, sin recurrir a con­
tornos, por el instrumento de un
hacer modulado, leal, honradamen­
te, sin preciosismos, siempre equi­
librado en superficies que buscan la
tercera dimensión mediante una
perspectiva que poco pide al ojo
físico y se atiene al concebir psí­
quico, soltándose, por sobre los va­
lores, hasta entonar el inédito can­
to de un sentimiento moral, sínte­
sis de la existencial subjetividad
aludida al comienzo.
Y es en estos años que Gómez Cor­
net, artista sensibilísimo, después

A PROPOSITO DE

R

amón

G óm ez C o r n et
Por

ROMUALDO

R a m ó n G ó m e z C o rnet .

de hallar para sus dibujos una lí­
nea plástica rigurosa y finísima,
habría de recalar en el acierto que
fundamenta la vida artística de sus
estampas o monocopias. Dijimos en
otra circunstancia que un gran ar­
te es ante todo y después de todo
regional: en el grado que penetra
en la tierra de una región alcanza
categoría de universalidad2. Cuan­
do el poeta Cardoza y Aragón se
refiere al arte de México y dice
de él que no debe buscarse en mo­
tivos épicos y grandilocuentes y sí
en un “tono íntimo, mesurado,
grande de la sobriedad, rico en ma­
tices, en pasión contenida” , y que
“ su gusto prefiere los tonos seve­
ros, oscuros y graves. Su sencillez
admira y busca las formas sobrias,
delicadas y desnudas” , parece estar
definiendo el arte de nuestro ar­
tista. Y nada tiene que ver en este
aspecto el color local — en cuya
exactitud veía Van Gogh una mez­
quina precisión— ; estamos en un
plano que supera las sensaciones,
las líneas, las masas, los colores;
entramos subterráneamente en una
zona de nuestro ser desconocido o
recién redescubierto.
Nos enfrentamos de este modo
con las monocopias en negro y en
color de Gómez Cornet. Las prime­
ras emergen después que el pintor
ha dispuesto la capa de color sobre
la cual trabaja, obteniendo de la
oscuridad — con sutiles toques —
nueva vida por la luz. En las se­
gundas el color es expuesto direc­
tamente pintando o, sobre una base
de sepia, viene a iluminarse la fi­
gura o composición de raras trans­
parencias. En estas recientes obras,
Gómez Cornet marca una buida eta­
pa de artista — como puede aquila­
tarse en “ La tinaja” , “ Rosa y azul” ,

BRUGHETTl

Chola. Monocopia. 1944.
formal. Si en los óleos mantiene,
necesariamente, la nobleza de la se­
renidad de sus figuras, las monoco­
pias participan de un vibracionismo que se aparta de efectos y ex­
terioridades para v o lv e r s e p u ro
ejercicio de intimidad y confesión
existencial. Así, esas calidades ex­
tremas precisan y amplifican la
voz de un artista tocado por una
genuina vivencia.
Sí, razón cabe al danés Kierke­
gaard al sostener que “ la verdad
radica en la subjetividad, en la
existencia del hombre” , o en esa
ineludible adquisición de la exis­
tencia verdadera cu a n d o ex iste
“ cierta relación con un ser” , según
aclara en horas recientes Guiller­
mo de Torre. Ese ser, en el artista
argentino, lo constituye su tierra
de Santiago del Estero, Catamarca
o La Rioja y, hoy, años vividos en
Mendoza de los que trae una luz
que invoca acentos cálidos, nuevo
testimonio que orna el rostro del
país, alquitarada ternura hacia f i ­
guras de niños y niñas de su origi­
nal dedicación que hallan el matiz
diferencial representativo de un su­
frido existir y la estructura a un
tiempo sobria y apasionada, ope­
rante en una proyección sentimen­
tal plástico-pictórica, que bien po­
dría definirse como aristocracia de
lo popular. Pero ¡nada de m orfo­
logías folkloristas o pintorescas!
Una tierra íntima en el dramatis­
m o sin desplantes de sus criaturas
elabora la razón estética que nos
hace vislumbrar un arte de incon­
fundible mirar.
1. Exposición auspiciada por la Asocia­
ción Amigos del Libro, Salón K raft.
2. Ver mi monografía: Ramón Gómez Cor­
net, Biblioteca Argentina de Arte. Edi­
torial Poseidon, 1945.

El Indigenismo
y la novela en América
P or

HUGO

BL Y M

arriba. Así, el paisaje circundante
apenas ha sido captado epidérmi­
camente, par dar paso a la imagi­
la novela de fondo universalista
sin sabor local o continental — re­ nación y al romanticismo.
Y en realidad, el indio como
calcamos— - Pero la novela indige­
sujeto noveladle, es el mejor pro­
nista apenas cuenta con reducido
número de simpatizantes. Eviden­ tagonista que pueda ofrecerse en
temente, hay marcada resistencia una obra americana, Su persona­
a esta tendencia quizá por su com­ lidad es tan grande y definitiva
plicada accesibilidad espiritual a que, cuatro siglos de sojuzgamiento no cambiaron su rudo tempe
los extraños y porque se presiente
será algún día el filón mas i ico ramento, ni tampoco entreabrieron
a los occidentales su m undo inter­
en sugerencias y sugestiones in­
no o verdadera personalidad,
novadoras en las viejas escuelas
occidentales, por el momento ex­
Arguedas, no obstante sus “ nehaustas en jugos creativos. Esta es
g adores” consiguió percibir alyo
la razón más valedera para quie­ en este escenario ‘‘ bolla” . Su li­
nes vaticinamos la corriente indi­ bro “ Raza de B r o n c e a s í lo de­
genista.
muestra, pero el tiempo por una
El criollo, indio y su paisaje cir­ parte y la consigna dirigida de
cundante, como motivos pictóricos
hundirlo en el fracaso por otra
o literarios, están cuasi intocados.
enmarañaron un ticmjm, tan emo
Ningún pintor, — ni el mismo Pantivo intento. De todas maneras, su
tigoso, tan acertado en sus retra­
insurgencia está latente y es por
tos bollas—- podría presumir de
el momento el aliciente más gran
haber plasmado perfectamente al
de para 'quienes interpretan el
indio, tanto en lo objetivo, así co­
sentir autóctono y la corriente in­
mo en lo subjetivo. Tampoco no­
digenista. Una revisión consciente
velista alguno, incluyendo a Ciro
del pasado, en el aspecto literario
Alegría pudo captar el verdadero
hará con seguridad que escritores
“ pathos” del autóctono. Quien
jóvenes y sin odios personales, le­
haga su enfoque perfecto, deberá
vanten la antorcha del Maestro
ser un indígena con todas las ca­
para seguir esta tendencia tan ori
racterísticas raciales y psicológicas
ginal, patente en Ibáñez, Alegría,
con las que se distingue el hombre
Icaza y otros indigenistas que es­
del Andes.
capan a la memoria.
Esta no es una afirmación aprioPor lo general, se toma al indio
rística. De ninguna manera. No
en su aspecto denigrante; se espe­
obstante la tendencia natural que
cula con sus miserias morales c
tenemos algunos religiosos de esta
materiales, con más saña que ra­
emoción, hemos llegado a esta fi­
zón. Se tejen a su sombra, las his­
nalidad contundente: El Cosmos
torias más complejas de las que
andino requiere — diremos hablan­
seguramente reiría piadosamente
do f iguradamente— también lentes el indígena, si las conociera en su
andinos. Primero por su grandio­
absurda interpretación. Conservar
sidad y luego por el frío hieratis- dores por naturaleza, parecen ha­
mo do sus hombres, difíciles de
ber nutrido sus principios en las j
auscultar, sobre todo con ojos que
fuentes del pensamiento chino. No
se han abierto a la cultura y al
es exageración afirmar que si fue­
arte occidental, cual la tenemos
ra por ellos se amurallarían, entre
cuasi todos los hijos de la Colonia.
sus montañas, a fin de evitar ex­
Quienes pretendieron interpre­
trañas convivencias cual lo ponti­
tar su paisaje hasta la fecha, fra­ fica Mencio, el conservador más
casaron en el intento. Aparente­
grande de la filosofía asiática, con
mente la pampa carece de matices
quienes no solamente deben existir
pero los tiene en todas sus rugosi­
nexos materiales, sino espirituales.
dades. Es que, para su enfoque■se
No ha mucho leíamos “ Surumi”
requiere esa interpretación telúri­
una novela del poeta Jesús Lara,
ca, planteada por Keyserling. Es
en la que el escritor envuelve a
decir, sentir la tierra en la sangre
los aborígenes en la más sui-geney en el alma. Ya lo dijimos, será
ris de las tramas con que pu-eda
la condición indispensable para to­
obsequiarnos un literato imagina­
da obra americanista del futuro.
tivo. Habla de un autóctono quien
Hace tiempo, una pluma de en­ por méritos propios sigue algunos
jundia como la de Víctor Ibáñez,
cursos de primaria. Dice luego de
pretendió ser de las creadoras o
sus huchas cotidianas, con el medio
mejor dicho precursoras del indi­
feroz que desea aplastarlo. Da a
genismo, can un libro novelado
entender del abismo inf ranqueable,
“ Chachapuma” y otro inspirado
separando a indios de blancos. Pa­
también en la mitología indígena,
ra el caso pinta a la patrono del
en forma de cuentos intitulada
fundo,
como al demonio tortura­
“ Aukakallu” . E l entusiasmo del
dor
de
su existencia. Estos odios
autor hace entrever en ambos li­
son verídicos, pero lo raro es el
bros al indio, en contra a esa teo­
final inconcebible en que concluye.
ría que decanta su inferioridad ra­
cial. ^Empero, y a pesar de su bue­ Es decir, concibe un romance en­
tre el indio sojuzgado, conocedor
na voluntad los citados libros no
exacto de su desnivel racial y la
pasan de ser recopilaciones frías
de
su verdugo, que tiene aún más
de leyendas autóctonas, carentes de
seguridad
y orgullo de su condi­
ese sabor a tierra y esa emotivi­
ción social. Luego desconociendo
dad, tan peculiar en obras localis­
los resquemores y odios ancestra­
tas en las qué, incluso se patentiza
les peculiares en los indígenas, ha­
su gracia en los recovecos delicio­
ce que este romance concluya en
sos del estilo; tal puede saborearse
un matrimonio feliz y normal en­
en plumas como las de Ricardo
tre enemigos. El indígena, como el
Palma y Modesto Omiste, en sus
negro, gusta de la mujer blanca,
“ Tradiciones Peruanas” y “ Cró­
pero no precisamente para el ma­
nicas de Potosí” de tanta perso­
trimonio. No así la- mujer blanca,
nalidad y originalidad en la li­
quien
posee una natural e indis­
teratura de América.
cutible
repulsión al indio. Segura­
Es que, la obra de Ibáñez está
mente,
esta trama obedece a esa
trunca en su doble intención. Di­
influencia
de los “ film s” mexi­
remos: ella corresponde a un tiem­
po en que el romanticismo predo­ canos tan poco reales, cuyo epílo­
go clásico siempre es el matrimo­
minante daba preferencia a libros
nio del peón con la patrono, o
sentimentales tipo “ María” de
Jorge Isaac, donde el romance pri­ viceversa, muy natural quiza en
México, pero alejado de la reali­
ma al color y las sensaciones fo ­
dad en nuestra tierra.
ráneas. El autor de “ Chachapu­
A pesar de las buenas figuras
ma” deriva hacia esta fuente sen
y
escenas de patetismo con que
timcntal respondiendo seguramen­
te a la influencia anotada líneas
(Continúa en la pág. 13•)
novela en America tiene in­
ZAnumerables
cultores. Es decir,

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                <text>Arciniegas, Rosa&#13;
Copland, Aaron&#13;
Este, Adolfo&#13;
Bachmann, Hellmuth N.&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Canaz, Luciano&#13;
Bayl, Friedrich&#13;
Rojas Paz, Pablo&#13;
Girri, Alberto&#13;
Este, Adolfo&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Torres, Juaquín&#13;
Merino Reyes, Luis&#13;
Ponti, Mario&#13;
Carmichael, O. C.&#13;
Cosío Villegas, Daniel&#13;
Farré, Luis&#13;
Brughetti, Romualdo</text>
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                    <text>ARTURO&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INVENTAR: Hallar o descubrir a &#13;
fuerza de ingenio o meditación, &#13;
o por mero acaso, una cosa nueva&#13;
o no conocida. /Hallar, imaginar, &#13;
crear su obra el poeta o el artista/&#13;
&#13;
INVENCIÓN: Acción y efecto de &#13;
inventar. /Cosa inventada. /HA-&#13;
­LLAZGO/&#13;
&#13;
INVENCIÓN&#13;
contra&#13;
AUTOMATISMO&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTURO&#13;
N. 1 VERANO 1944&#13;
&#13;
Sumario&#13;
&#13;
• Ardén Quin	• Edgar Bayley	• Gyula Kósice.&#13;
Con Respecto a una Futura Creación Literaria, J. Torres - García. El Marco:&#13;
un problema de plástica actual, Rhod Rothfuss.&#13;
&#13;
Poemas&#13;
&#13;
Una Mujer Baila sus Sueños, Vicente Huidobro. Estreno Escurre. Dos Poemas &#13;
en Ción, Edgar Bayley. Novísimo Orfeo; Homenaje a Mozart, La Libertad, &#13;
Momentos Puros, La Operación Plástica, La Vida Cotidiana, Murilo Mendes.&#13;
Divertimento, Torres - García. Pegaso come hierba en el caos,  Ardén Quin. &#13;
Transmisión de Tierra, Tiempo de un Kilómetro de Horizonte, Densidad del &#13;
Paisaje Abandonado, Gyula Kósice.&#13;
&#13;
Reproducciones&#13;
&#13;
Tomás Maldonado, Rhod Rothfuss, Vieira Da Silva, Augusto Torres, Lidy&#13;
Maldonado, Torres - García, Kandinsky, Piet Mondrián.&#13;
&#13;
ARTURO. Revista de Artes Abstractas. Aparece cuatro veces al año, al final &#13;
de cada estación. Redacción; Ardén Quin, Rhod Rothfuss, Gyula Kósice, &#13;
Edgar Bayley. La cubierta d e este número fué impresa con taco original de&#13;
Tomás Maldonado. Viñetas de Lidy Maldonado. Textos originales, Impresa &#13;
en los Talleres Gráficos Experimentales Domingo F. Rocco, Directorio 429.&#13;
&#13;
BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Invención No. 2 (óleo)&#13;
TOMAS  MALDONADO&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Son las condiciones materiales de la sociedad, las que condicio­-&#13;
nan las superestructuras ideológicas.&#13;
&#13;
 El arte, superestructura ideológica, nace y se desarrolla en base &#13;
a los movimientos económicos de la sociedad.&#13;
&#13;
 Esa es la revelación que sobre el arte hace el materialismo his­-&#13;
Tórico.&#13;
&#13;
 Para la exacta interpretación del arte, en su función histórica, &#13;
debe establecerse este orden dialéctico. Primitivismo - Realismo - Sim­-&#13;
Bolismo.&#13;
&#13;
 En este orden aparece el arte a todo lo largo de la historia.&#13;
&#13;
 Hasta ahora la característica fundamental de estos órdenes han &#13;
sido la expresión, la representación y la significación.&#13;
&#13;
 En el Primitivismo, el hombre, desarmado de razón y espacio &#13;
ante las fuerzas exteriores (seres, elementos; los dos igualmente “co­-&#13;
sas” para él) que lo presionaban, no ha podido menos que representar&#13;
sus temores, indecisiones, búsquedas, transformados en supersticio-&#13;
­nes, magia, signos, en sus obras; lo que devino expresión para la &#13;
naturaleza.&#13;
&#13;
 Sería, sin embargo, recaer en la interpretación idealista, si hicié-&#13;
­ramos con ello la ley única, permanente, del Primitivismo, y no le con-&#13;
­cediéramos ningún desarrollo dialéctico propio, a su vez; incluso con &#13;
una representación y una simbolización, y llegar así a explicarnos &#13;
sus períodos de realismo (siempre dentro de la ley de frontalidad) y&#13;
geometrización, sus etapas de monocromismo, policromismo, estiliza­-&#13;
ción, y retorno, en este caso siempre como retrogresión, como por &#13;
ejemplo el cuarto período, en el bosquimano, que es una vuelta total &#13;
al monocromo rojo. Lo que define y caracteriza al primitivismo, es &#13;
la expresión de las cosas, compuesta en la ley de frontalidad.&#13;
&#13;
 El Primitivismo (es de capital importancia) ha durado en toda &#13;
su fuerza de expresión mágica, hasta la Grecia del siglo V, donde, &#13;
por primera vez en la historia, el hombre ha sustituído la expresión &#13;
por la representación óptica pura.&#13;
&#13;
 Después de Grecia, los recomienzos, como los de Bizancio e &#13;
Italia (determinados por épocas de profundas transformaciones eco­-&#13;
nómicas y sociales. Pasaje del esclavajismo, al feudalismo. Temores &#13;
religiosos. Luchas religiosas.) no han podido sacudir del todo la he-&#13;
­rencia helenista de representación, herencia que tomaría cuerpo cada&#13;
vez más, hasta desembocar en el Renacimiento, de puro realismo casi &#13;
fotomecánico.&#13;
&#13;
&#13;
 Nadie se ha detenido con pensamiento dialéctico materialista, en &#13;
la Escuela de París, para ver que ella ha sido el resultado emocional &#13;
e ideológico de una transformación total del mundo.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
 Nadie pensó en subordinar el fenómeno del arte moderno, y sus &#13;
abstracciones, al proceso de liquidación económica y social del orden &#13;
capitalista, y a la creación de una nueva sociedad bajo formas socia­-&#13;
listas de producción.&#13;
&#13;
 Nosotros estamos viviendo, en economía como en arte, y demás &#13;
ideologías, un período de tesis; período de recomienzo; período pri­-&#13;
mitivo; pero bajo normas y estructuras científicas, en oposición al pri­-&#13;
mitivismo material, instintivo, de la formación de la historia.&#13;
&#13;
 El arte, dialécticamente, con una precisión de correspondencia &#13;
histórica, que asombra, entró en un recomienzo total, y sus creadores, &#13;
desde un principio y con gran intuición, han visto en el arte de los &#13;
pueblos aborígenes, su más pura correspondencia.&#13;
&#13;
 La sociedad humana, después de su comunismo primitivo, pasó &#13;
por tres órdenes de economía (esclavajismo, feudalismo, burguesía) &#13;
para retornar a sus olvidados cauces históricos.. Pero retorno nada &#13;
más que como correspondencia, pues la misma marcha ascensional de &#13;
la historia (Lenín dejó subrayada la proposición engeliana de la &#13;
“marcha en espiral” ), impide que ese retorno sea una copia exacta, &#13;
lo que sería una regresión. Se repite la historia, estructurada científi­-&#13;
camente en sus nuevas condiciones. Las etapas que se vuelven a en­-&#13;
contrar, en el constante devenir de la historia, están así separadas por &#13;
espacios de ascensión. En verdad la historia no se repite; y se co-&#13;
­rresponde.&#13;
&#13;
&#13;
 Así la expresión, que en arte, ha sido el fundamento del primiti-&#13;
­vismo natural, vino a ser reemplazada por la INVENCION, en el pri­-&#13;
mitivismo moderno, científico. Sus artistas más que intuitivos puros, &#13;
han sido inventores. Y más que un sentido de imaginación (Apolli-&#13;
naire no tenía gran imaginación), han tenido un sentido de creación. &#13;
De ahí que hayan podido levantar con toda conciencia (los movimien-&#13;
tos lo prueban) el sólido edificio del arte contemporáneo.&#13;
&#13;
&#13;
 Más allá de la expresión de la naturaleza ( representación de sí &#13;
mismo), el hombre grabó (imitando sus huellas en las arenas); &#13;
y pintó, en los árboles y paredes de sus cavernas (antes de la palabra;&#13;
 antes del pensamiento; cuando obraba nada más que con sus miem­-&#13;
bros; y por instinto) sus manos ensangrentadas, o húmedas de savia &#13;
vegetal; más allá del período de la Caza; en plena recolección de raí-&#13;
­ces y frutos; primero casualmente; por azar; y luego por imitación; &#13;
y después por juego inventivo; como es dado ver aún entre ciertos &#13;
primitivos; p. ej. los esquimales con sus tallas del marfil, en que no &#13;
aparece ningún signo expresivo mágico.&#13;
&#13;
 Así, yendo a más profundas fuentes históricas, podemos hallar &#13;
para el arte contemporáneo, todavía correspondencias más puras. Y &#13;
eso por determinismo. Y no por justificación, cosa que la historia &#13;
desconoce.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
 Se ve pues que no puede ser ya la expresión, la que domine el &#13;
espíritu de la composición artística actual; ni mucho menos una re-&#13;
presentación, o mágica, o signo. El lugar ha sido ocupado por la &#13;
INVENCION, por la creación pura.&#13;
&#13;
 En el momento actual, expresionismo, automatismo onírico, etc., &#13;
importan nada más que reacciones y retrocesos. Y deben ser deste-&#13;
­rrados, abolidos.&#13;
&#13;
 El automatismo no dió nunca una criatura viva. Ha dado &#13;
fetos. En buena hora el automatismo para despertar la ima-&#13;
­ginación. Pero inmediatamente recobrarse e incidir sobre él con una &#13;
alta conciencia artística, y cálculos, incluso fríos, pacientemente elabo­-&#13;
rados y aplicados. Automáticamente devendrá ello creación.&#13;
&#13;
&#13;
 Así la invención se hace rigurosa, no en los medios estéticos, &#13;
sino en los fines estéticos. Esto, naturalmente, implica primero la ima-&#13;
­ginación aflorando en todas sus contradicciones; y luego la concien-&#13;
­cia ordenándola y depurándola de toda imagen representativa natu­ra-&#13;
lista (aunque sea de sueños), y de todo símbolo (aunque sea sub-&#13;
­consciente).&#13;
&#13;
 Ni expresión (primitivismo); ni representación (realismo); ni &#13;
simbolismo (decadencia). INVENCION. De cualquier cosa; de cual-&#13;
­quier acción; forma; mito; por mero juego: por mero sentido de crea-&#13;
­ción: eternidad. FUNCION.&#13;
&#13;
ARDÉN QUIN&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Plástica en Madera&#13;
&#13;
RHOD ROTHFUSS&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
DURANTE MUCHO TIEMPO EL CRITE­-&#13;
RIO CON QUE SE HA PROCEDIDO PARA &#13;
DECIDIR CON RESPECTO A LA BUE­-&#13;
NA CONFORMACION DE UN DEDO HA &#13;
SIDO APROXIMADAMENTE EL MISMO &#13;
QUE EL UTIUZADO CON RELACION A &#13;
UNA ESTATUILLA TOTEMICA O UN &#13;
BISTURI. LO QUE HA IMPORTADO &#13;
FUNDAMENTALMENTE HA SIDO EL &#13;
COLOR, TAN LIGADO A LA PSICOLO-&#13;
GIA HUMANA.&#13;
&#13;
NO SE PUEDE AGOTAR EN UNAS PO­-&#13;
CAS LINEAS UN TEMA TAN APASIO­-&#13;
NANTE COMO ESTE. PERO INTENTA-&#13;
­REMOS AL MENOS FIJAR LOS LINEA-&#13;
MIENTOS GENERALES DE NUESTRAS &#13;
IDEAS.&#13;
&#13;
TODO HOMBRE RECONOCE COMO MO­-&#13;
VIL LA GRACIA Y SU ACTITUD ESTA &#13;
DETERMINADA. AL MENOS EN LO&#13;
ESENCIAL, POR EL DESEO DE PERMA-&#13;
NECER DE PIE. POR EJEMPLO: CUAN-&#13;
DO UN GRUPO DE PERSONAS HA ES-&#13;
­TADO DIRIGIENDO CONTINUAMENTE &#13;
SUS MIRADAS HACIA UN CALZADOR Y&#13;
ALGUNOS LADRILLOS ES PORQUE HAN &#13;
COINCIDIDO EN LA MISMA POSICION &#13;
ESTETICA. TAMBIEN PUEDE JUZGARSE &#13;
DE LA SINCERIDAD POR LA ALTURA &#13;
DE LAS PAREDES O POR LA CONVEXI-&#13;
DAD DE UNA COLINA, PERO, EN CUAL-&#13;
QUIER CASO OUE SEA, DEBE TENERSE &#13;
ESPECIALMENTE EN CUENTA EL NOM-&#13;
­BRE DE LA MUCHACHA. DE ESTO SE &#13;
DEDUCE CLARAMENTE QUE TODAS &#13;
LAS PERSONAS Y TODOS LOS INDIVI-&#13;
DUOS QUEDAN ABOLIDOS. OBSERVE-&#13;
­SE, POR EJEMPLO, DE QUE MODO AR-&#13;
DE UN PUENTE CUANDO SE SUSPIRA&#13;
SOBRE EL.&#13;
&#13;
POR OTRA PARTE, NUESTRA MUERTE &#13;
NO EXISTE. Y SE SABE, ADEMAS, OUE &#13;
SOLO LOS CRETINOS PUEDEN HOY &#13;
PRONUNCIAR LA PALABRA YO O DAR &#13;
A ENTENDER QUE LES DUELE ALGO. &#13;
VIAJAR EN TRANVIA NO DA DERECHO &#13;
A PELEARSE LUEGO EN EL ASCENSOR &#13;
CON. . . TUF; POR ELLO ES QUE HOY &#13;
SOLO PUEDE DAR BELLEZA LA IMA­-&#13;
GEN PURA.&#13;
&#13;
LA PREOCUPACION POR UNA SIGNIFI­-&#13;
CACION EXTERIOR A LA IMAGEN EXIS-&#13;
­TIO EN TODAS LAS EPOCAS DE LA &#13;
HISTORIA DEL ARTE. ES DECIR, QUE &#13;
LA IMAGEN NACIA COMO SIGNO DE &#13;
UNA REALIDAD PERSONAL, NATURAL, &#13;
CONCEPTUAL, ETC., PERO NUNCA CO­-&#13;
MO UNA REALIDAD INDEPENDIENTE &#13;
Y AUTONOMA, COMO UNA VERDADE-&#13;
­RA VIVENCIA. LA OBRA DE ARTE NA-&#13;
CIA ASI COMO RE-PRESENTACION, Y &#13;
EL PUBLICO SE HABITUABA A HACER &#13;
DE ESTA CONDICION UN REQUISITO &#13;
FUNDAMENTAL PARA LA CALIFICA-&#13;
CION ESTETICA DE LA OBRA. PERO &#13;
NUNCA UNA OBRA HA VALIDO POR &#13;
SU CAPACIDAD DE ACUERDO CON &#13;
UNA REALIDAD CUALQUIERA, EXTE­-&#13;
RIOR A ELLA, SINO POR SU CAPACIDAD &#13;
DE NOVEDAD, NOVEDAD, VALE DECIR,&#13;
DESPLAZAMIENTO DE VALORES DE &#13;
SENSIBILIDAD EJERCIDO POR UNA &#13;
IMAGEN.&#13;
&#13;
SE VE, ENTONCES, QUE EL VALOR ES­-&#13;
TETICO NO ES INCUMBENCIA DEL &#13;
ACUERDO CON UNA REALIDAD SINO&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
DE LA CONDICION DE LA PROPIA IMA-&#13;
­GEN.&#13;
&#13;
EN LAS EPOCAS CRITICAS, QUE ES &#13;
CUANDO SE HAN PRODUCIDO LAS &#13;
GRANDES REVOLUCIONES ESTETICAS, &#13;
EN LOS MOMENTOS EN QUE EL ARTIS-&#13;
­TA EXPERIMENTA CON MAYOR FUER-&#13;
­ZA UN SENTIMIENTO DE DIFERENCIA &#13;
CON RESPECTO AL MEDIO EN TRANS­-&#13;
FORMACION, LO MAS IMPORTANTE Y &#13;
LO MAS FECUNDO PARA EL ES ESA &#13;
REALIDAD DISTINTA QUE ADVIERTE &#13;
EN SI MISMO; DE AHI QUE SE DEDI-&#13;
­QUE A EXPRESAR ESA REALIDAD OUE &#13;
LE PROPORCIONA LO QUE, DESDE EL &#13;
PUNTO DE VISTA DEL ARTE, ES LO&#13;
UNICO QUE INTERESA: UNA IMAGEN &#13;
NUEVA. RIMBAUD, POR EJEMPLO, CON­-&#13;
TINUA CREYENDO QUE LO FUNDA-&#13;
­MENTAL PARA VER CLARO ES HACER-&#13;
­SE VER, MOSTRAR. MAS RECIEN-&#13;
TE­MENTE, EL EXPRESIONISMO HA LO­-&#13;
GRADO TODAVIA OBRAS DE CALIDAD &#13;
CON IMAGENES OUE HAN NACIDO DE &#13;
UN DESEO DE MOSTRAR.&#13;
&#13;
PERO HA LLEGADO UN MOMENTO EN &#13;
OUE TODA IMAGEN RE-PRESENTATI-&#13;
VA ES FORZOSAMENTE UNA REPETI­-&#13;
CION Y, POR CONSECUENCIA, CARECE &#13;
DE TODO VALOR. ASI, LO QUE AYER &#13;
RESULTO FECUNDO Y FUE EN DETER­-&#13;
MINADAS CIRCUNSTANCIAS FACTOR &#13;
DE RENOVACION ESTETICA, HOY ES &#13;
SOLO REACCION.&#13;
&#13;
EL DADAISMO, EL SURREALISMO, EL &#13;
CREACIONISMO, AL DAR IMAGENES PU-&#13;
­RAS SIN PREOCUPACION POR SU &#13;
ACUERDO CON REALIDADES EXTER-&#13;
­NAS, ECHAN LAS BASES PARA LA CON­-&#13;
CEPCION DE LA NUEVA IMAGEN. ESTA &#13;
ES LA IDEA ESTETICA MAS IMPORTAN­-&#13;
TE DEL MOMENTO QUE VIVIMOS.&#13;
&#13;
TODA PREOCUPACION RE-PRESENTA-&#13;
TIVA, TODA VOLUNTAD DE CONVER-&#13;
­TIR A LA OBRA DE ARTE EN UN IN­-&#13;
TERPRETE DE NO IMPORTA OUE REA-&#13;
LIDAD INTERIOR, DE QUE SUTIL, COM­-&#13;
PLEJA Y NUEVA ACTITUD, TODA SIM-&#13;
BOLOGIA POR MUY DIFUSA QUE SEA, &#13;
FALSEA LA IMAGEN Y LA DESPOJA DE &#13;
TODO VALOR ESTETICO. LA NOVEDAD &#13;
NO PUEDE RADICAR HOY MAS QUE &#13;
EN LA IMAGEN-INVENCION. TODO &#13;
REALISMO ES FALSO, TODO SIMBOLIS-&#13;
MO ES FALSO, TODO EXPRESIONISMO &#13;
ES FALSO. TODO ROMANTICISMO ES &#13;
FALSO.&#13;
&#13;
LA IMAGEN-INVENCION ES INTERPRE-&#13;
TE DE LO DESCONOCIDO, ACOSTUM­-&#13;
BRA AL HOMBRE A LA LIBERTAD. EL &#13;
CUENTO Y LA NOVELA LLAMADOS &#13;
FANTASTICOS ESTAN COMPUESTOS &#13;
POR IMAGENES DE RE-PRESENTACION, &#13;
REFERENCIAS A TEMORES COLECTI-&#13;
VOS, A OBJETOS YA EXISTENTES A LOS&#13;
CUALES BUSCAN INTERPRETAR. &#13;
AHI NO HAY IMAGEN NUEVA.&#13;
&#13;
LAS MODAS KAFKISMO, JOYCISMO, ET-&#13;
CETERA, TIENEN UNA SIMBOLOGIA, A &#13;
PESAR DE TODO.&#13;
&#13;
EN EL EXISTENClALISMO MUERTISTA &#13;
NO HAY TAMPOCO NINGUNA PUREZA &#13;
Y ES ABSOLUTAMENTE UNA REPETI­-&#13;
CION.&#13;
&#13;
NADA TAMPOCO CON DALI CUYO AR-&#13;
TE BASADO EN IMAGENES COPIAS DE &#13;
EXPERIENCIAS TERMINADAS IMPORTA &#13;
UNA REACCION.&#13;
&#13;
AL DEFENDER UNA IMAGEN LIBRA-&#13;
­DA DE LA NECESIDAD DE REFERIRSE &#13;
A OBJETOS YA EXISTENTES Y PROYEC­-&#13;
TARLA SOBRE EL PORVENIR, LO DES­-&#13;
CONOCIDO ADQUIERE UN SENTIDO &#13;
NUEVO; NOS VOLVEMOS FAMILIARES &#13;
CON LO MAS LEJANO Y DISTINTO DE &#13;
NOSOTROS. LA MUERTE, IMAGEN DE &#13;
COMPROMISO, LA SUPLANTAMOS CON&#13;
LA CONCEPCION POLIDIMENSIONAL O &#13;
EL SENTIDO DEL ETERNISMO.&#13;
&#13;
BUENOS AIRES, MARZO DE 1944.&#13;
&#13;
EDGAR BAYLEY&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
M. H. VIEIRA DA SILVA&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
UNA MUJER &#13;
BAILA SUS SUEÑOS&#13;
&#13;
Tierra de ritmo aéreo&#13;
Sangre raza escalonada hacia arriba&#13;
Profundidad geológica saliendo a luz en armonía&#13;
Células de antigua carne en nueva etapa&#13;
Tierra tierra para su cielo y traspasar su cielo&#13;
Hasta la negra nada giratoria y la locura del universo&#13;
&#13;
Recuperar el firmamento&#13;
Recuperar la tierra&#13;
Envolver el mundo en ritmos de experiencia&#13;
Aprisionar el éter que se escapa&#13;
Aprisionar el aire&#13;
Con esta carne presurosa&#13;
En olas envolventes sobre el ensueño&#13;
Y la fuga de las estrellas en el momento&#13;
en que iban a contar su historia&#13;
&#13;
Este gran torbellino de fuego originario y fuentes vivas&#13;
Este cuerpo de viento en su horizonte puro&#13;
No cae de su cumbre al drama sin razón precisa&#13;
&#13;
Significa la luz herida gravemente&#13;
La paloma sonámbula&#13;
El árbol que sueña que se está ahogando&#13;
La piedra que rueda y cambia de planeta&#13;
Significa el despertar de las edades&#13;
El camino hacia adentro con sus ejércitos de hormigas&#13;
Que empiezan a cantar para subir de rango&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Con su sangre que se pierde de vista&#13;
Antes de caer la noche&#13;
Con sus entrañas en lo más profundo&#13;
En lo anterior a todo pensamiento y la blancura misma&#13;
Significa hipnotizar los siglos las montañas y los mares&#13;
Llegar en un delirio de veranos entre polo y polo&#13;
Con los ojos pletóricos&#13;
Levantar sus abismos en los brazos&#13;
Y morirse de sol sobre la yerba&#13;
&#13;
Dice el torrente en vértigo de nubes y regiones&#13;
Aquí estoy para el triunfo de las viejas soledades&#13;
De las tumbas remotas que aprenden a volar&#13;
Aquí estoy entre los pueblos respirando&#13;
Sobre arenas calientes que se mueven&#13;
Aquí estoy con la fascinación de las esferas&#13;
En substancia de anhelos perdidos en la noche&#13;
Aquí estoy para atar el día a mis caderas&#13;
Y que la edad de piedra sea la edad de oro&#13;
Espantando las lágrimas que pudieran quemarse&#13;
Arrojando el dolor a sus eclipses solitarios&#13;
&#13;
Aquí estoy como una perla errante en el espacio&#13;
Para tus vendavales infinitos&#13;
Y tu cráter abierto a su primer suspiro&#13;
&#13;
Santiago de Chile&#13;
&#13;
VICENTE HUIDOBRO&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
™ &#13;
&#13;
&#13;
&#13;
 La aclimatación gratuita a las llamadas escuelas no &#13;
rompe con el patrón de los antiguos contemplativos.&#13;
 Es un error creer que toda escuela edificada sobre &#13;
doctrinas y definiciones (las definiciones exactas en su&#13;
inmovilidad no ayudan mucho) subsistirán indefinida-&#13;
mente.&#13;
 Las últimas aportaciones surrealistas y sus voceros &#13;
eliminan toda posibilidad de romper con esa subordina-&#13;
­ción cuando absorben con su exclusivismo esponjoso &#13;
toda nueva manifestación artística.&#13;
 La escuela surrealista define; hay el equilibrio de &#13;
una fuerza diferenciadora que a medida que cristaliza &#13;
las imágenes oníricas hace de ellas una “técnica”. En &#13;
cuanto a su periferia pictórica, el contenido latente del &#13;
pensamiento es bifurcado por la yuxtaposición; lo cual &#13;
automáticamente lo convierte en un valor de depen­-&#13;
dencia (1).&#13;
 F. Delanglade (por ejemplo) movido por su espí­-&#13;
ritu psicoanalítico reivindica la reproducción de los sue­-&#13;
ños en su estado primitivo.&#13;
 Pero este onirismo puro conduciría a una mayor es­-&#13;
tupidez aún, ya que su única fuente sería una constante &#13;
y sistemática evasión, que, analizada caería en una in-&#13;
timidad cerrada, en el enquistamiento de la personali-&#13;
dad; por eso se extiende casi exclusivamente (en su &#13;
forma pura) al arte pictórico.&#13;
 El residuo es sencillo, se hace parasitaria para te-&#13;
­rapéutica y estudio del Psicoanálisis.&#13;
 Resultado: lo consciente e inconsciente, con mucho &#13;
de elemento unificador, perjudican la necesidad sin &#13;
concomitancias de una liberación salvaje y del valor de &#13;
la imagen por sí.&#13;
 Arturo dice la afirmación de la imagen pura sin &#13;
ningún determinismo ni justificación.&#13;
 Si se suprimen las distancias, el Arte será solamen­-&#13;
te tensión, y la imagen pura, vibración estética.&#13;
 Esto no modifica la visión de continuidad, inmer­-&#13;
sión y desplazamiento.&#13;
 Las condiciones que determinan una evolución en &#13;
cada época, son materiales.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
 Si existiera la muerte no habría ningún principio. &#13;
 Y toda tendencia a otorgarle un significado vital &#13;
es decadencia y descomposición.&#13;
 Si la abstracción es menos transferible emocional-&#13;
­mente de hombre a hombre no es temática para dar va­-&#13;
lidez a una forma de cobardía e insuficiencia (2).&#13;
 Para verificar toda invención, exploración, que in-&#13;
­tervenga cierta ilegalidad y autonomía confirmando el &#13;
proceso.&#13;
 EL HOMBRE NO HA DE TERMINAR EN LA &#13;
TIERRA.&#13;
 EL ARTE ABSTRACTO englobado como relación &#13;
de un todo, asegurará la ARMONIA DE LO POLIDI-&#13;
MENSIONAL, SIN NECESIDAD DE ADAPTACIO­-&#13;
NES PSIQUICAS.&#13;
&#13;
 (1) El valor de la pintura de Dalí (por ejemplo), está contenido en los &#13;
objetos y en sus significaciones simbólicas a la vez que hay mucha descripción &#13;
entorpecedora...&#13;
 (2) El temor a perderse, la ignorancia, impiden a mucha gente expre-&#13;
­sarse plenamente, lo cual crea una atmósfera de “carne de gallina” al intentar &#13;
el contacto con el subconsciente.&#13;
&#13;
GYULA KÓSICE&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
TRES POEMAS&#13;
&#13;
ESTRENO ESCURRE&#13;
&#13;
El reducto cursa sacabocados. Verifica limaduras mi teatro. Sobre tus faldas. Regreso.&#13;
&#13;
Esto lo comprendo&#13;
No es preciso&#13;
Está bien&#13;
Lo veo&#13;
Así que adelante acero callhermano conceptuando&#13;
La lista está completa y lancha tiniebla&#13;
No se ha visto al displicente soldado de la cámara&#13;
No se ha visto a Marte esta mañana&#13;
El ajetreo no ha experimentado los sinsabores boreales&#13;
Contrincante descansa&#13;
Con el ala chocó la mujer&#13;
Chocó con blandura untuosa y lloró&#13;
Chocaba con flor dios linterna&#13;
La linterna se apagó&#13;
No es preciso&#13;
Hoy&#13;
Hoy es preciso llevarle este bastón barroso&#13;
Barroco&#13;
Hoy discurso hoy poeta hoy un salto&#13;
Hoy yo lo comprendo bien hoyado&#13;
Yo hoyo este día con su noche incluso hasta luego&#13;
Hoyo este aparato miristicáceo&#13;
Muchas gracias se vé muy bien dodecaedro&#13;
Si lo van a empujar sería&#13;
Una aspirina o la libertad&#13;
Libre conferva no estás en buen estado&#13;
Solsticio de verano sobre este pan huía&#13;
Y adentro por cuantos canales rampaba&#13;
Que bien bien bien bien&#13;
Había en la vejiga material de conversación&#13;
Pero el pan migaba y cuic&#13;
Hoy estreno hoy edgar&#13;
Loturcamonudolantianamente&#13;
Bastión tomado por mis tropas saludo&#13;
La libertad mandando los panes adelante&#13;
Telegramas cayendo yo me opongo al nazismo&#13;
Guitarra en bata me roba las botellas de leche&#13;
Celebro la decisión de no usar paracaídas&#13;
Una histérica savia subvierte la lotería&#13;
La eternidad se ha inclinado hacia el perfil del revólver.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pero&#13;
si eres un pulgar que horada&#13;
lo infinito grandulón que tropieza&#13;
o el simple cabrestante de la puna&#13;
con ganas de dormir&#13;
si eres un lento ojo complicado&#13;
en un viaje sin retorno de la rana&#13;
o abreviatura&#13;
o bioceánico tajo&#13;
o dedicado a mortificar el agua&#13;
si eres una edad y un sido&#13;
con demostraciones estaba y fué&#13;
encuentros escurre una mano este lado&#13;
y bueno así ha de ser&#13;
si eres estreno para las estrellas&#13;
y arrepientes el veloz dirigible vitriolo&#13;
dejas a la tierra librada a su pez.&#13;
&#13;
&#13;
PRIMER POEMA EN CION&#13;
&#13;
Desde la lona estribaba el pala&#13;
Y por eso&#13;
No se había decidido nada&#13;
La muchacha que traía desprendida la imagen&#13;
lisaba el cenicero que servía de planeta&#13;
Eso era todo&#13;
Aunque también es posible&#13;
que la muchacha hubiese tirado el pala&#13;
y la flor&#13;
Sin embargo&#13;
la fenicia versión&#13;
puede&#13;
ser cierta&#13;
Según ella la semana habría vertido&#13;
alguna regla en el armario&#13;
y de esa manera&#13;
se interrumpiera la eclosión&#13;
O el menudo dedo volara&#13;
hasta la Argentina&#13;
y entonces se produjera&#13;
LA IMAGINACION&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
SEGUNDO POEMA EN CION&#13;
&#13;
Está bien podemos ser tristes&#13;
Umumumumumumumumumu &#13;
mumumumumu ERTEMUR &#13;
Detrás de la cortina se ha detenido &#13;
el remanente&#13;
El pez se pone en la tarde como &#13;
si fuera una tarjeta postal &#13;
Y yo que estoy en la semana &#13;
me siento&#13;
por esa razón&#13;
muy triste y escribo:&#13;
lujo de la joroba en la muerta&#13;
Detrás vienen vagones&#13;
Ahora se sabe&#13;
que los vinos enredan los yugos&#13;
que la hierba crece de preferencia&#13;
en el cielo&#13;
y que un bello cuadro&#13;
es una&#13;
EYACULACION&#13;
Pero fundamentalmente&#13;
soy persuadido&#13;
por los colores y los años&#13;
y los mismos cementerios me persuaden&#13;
La persuasión es acaso necesaria&#13;
La voz y el piquete de fusilamiento&#13;
Se ha llegado&#13;
Y los grupos de hombres y mujeres jóvenes&#13;
que disparan entre sueños al paisaje&#13;
Es la nadadora azul en la guerra&#13;
Doblado sobre el mar bajo la ternura&#13;
Vuelven y establecen sobre el tiempo&#13;
Ahora definitivamente ganada la batalla&#13;
Desafío&#13;
Interrogo: ¿es preciso ser persuadido de este hecho?&#13;
Piedras para los inventores&#13;
Solos horadan el porvenir&#13;
Esta máquina reconstruye la luna&#13;
&#13;
Buenos Aires, Marzo 1944.&#13;
&#13;
EDGAR BAYLEY&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LIDY MALDONADO&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS &#13;
&#13;
NOVISIMO ORFEO&#13;
&#13;
Voy adonde la poesía me llama&#13;
&#13;
El amor es mi biografía&#13;
Trazo de fuego&#13;
&#13;
Aves contemporáneas&#13;
Largan de mis hombros&#13;
Llevando recado a los hombres&#13;
&#13;
El mundo alegórico se disipa&#13;
Queda esta substancia de lucha&#13;
De donde se divisa la eternidad&#13;
&#13;
La estrella azul familiar&#13;
Vuelve la espalda se fué&#13;
La Poesía sopla donde quiere.&#13;
&#13;
HOMENAJE A MOZART&#13;
&#13;
Sentado a la sombra de tu monumento aéreo&#13;
Vengo a conversar contigo oh Wolfgang Amadeo!&#13;
&#13;
La noche envuelve las montañas de Salzburg&#13;
Las espadas de los dictadores confabulan en las tinieblas.&#13;
Recogen las flautas los címbalos los violines&#13;
Y embarran el horizonte con los tanques los cañones los paracaídas&#13;
&#13;
Destruyen la cajita de música&#13;
Que alimentó nuestra infancia&#13;
Echan abajo los teatros de marionetas&#13;
Y levantan gigantes de plomo.&#13;
iOh Wolfgang Amadeo conspiran contra el ritmo!&#13;
Construyen las falsas patrias y mutilan la unidad&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
El corazón del universo&#13;
Estalla no puede más&#13;
El peso del Minotauro&#13;
Aplasta el ala de la música.&#13;
&#13;
Sofocan la danza de la mañana primera de la creación&#13;
Sofocan la libertad de danzar y de errar&#13;
&#13;
Fascinado por tu cristal&#13;
Que permanece altivo y simple por encima de la matanza&#13;
Vengo a confesarte mi fidelidad&#13;
Mientras los rayos de los dictadores se abaten sobre Europa&#13;
&#13;
Es de tí que el mundo necesita&#13;
Oh dominador de los elementos y de los instintos.&#13;
Por encima de las bayonetas y los tanques de los tiranos&#13;
Canta pura llama danza Wolfgang Amadeo&#13;
Para que el hombre retorne al paraíso.&#13;
Tu canto es libertad&#13;
Tu nombre es victoria.&#13;
&#13;
&#13;
LA LIBERTAD&#13;
&#13;
Un ramo de nubes&#13;
&#13;
El brazo de una constelación&#13;
Surge entre los encajes del cielo&#13;
&#13;
El espacio se transforma a mi gusto&#13;
Es un navío una ópera una usina&#13;
O sino la remota Persépolis&#13;
&#13;
Admiro el orden de la anarquía eterna&#13;
La nobleza de los elementos&#13;
Y la gran castidad de la Poesía&#13;
&#13;
Dormir en el mar! Dormir en las galeras antiguas!&#13;
&#13;
Sin el grito de los náufragos&#13;
Sin los muertos por los submarinos&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
MOMENTOS PUROS&#13;
&#13;
Beber en la fuente de la mañana&#13;
Beber en la fuente de la música&#13;
&#13;
Estamos frente a una vasta muralla&#13;
De donde las estrellas huyen a todo galope&#13;
&#13;
La ciudad vacía los sueños&#13;
Dos mujeres son dos maniquíes&#13;
En la ventana&#13;
&#13;
Arrojo un brazado de nubes&#13;
En el monumento de la Mujer Anónima&#13;
Vientos fríos vientos blancos&#13;
Telegrafían para Oriente&#13;
&#13;
Beber en la fuente aérea&#13;
&#13;
LA OPERACIÓN PLÁSTICA&#13;
&#13;
Album de crimen denuncia&#13;
María dejó el rastro en la nube&#13;
&#13;
Aletea el pájaro de cuatro hojas&#13;
Gritando traición&#13;
&#13;
El Ente sin color ni nombre&#13;
Graba su color su nombre.&#13;
&#13;
¿A quién telefonear?&#13;
&#13;
Masa de odio&#13;
De intuición&#13;
Me libro de las fajas de vidrio&#13;
Para devorar la Poesía&#13;
&#13;
El viento viene en mis alas&#13;
La tempestad sonríe&#13;
Dejen que duerma Eleonora&#13;
En su cuarto donde crecen girasoles.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LA VIDA COTIDIANA&#13;
&#13;
Espejo cerrado&#13;
Maniquí de pájaros&#13;
La vida breve&#13;
Te corta los sueños&#13;
&#13;
Cae la ciudad&#13;
De los estantes del cielo&#13;
&#13;
Hombre-gaveta&#13;
Guardó recuerdos&#13;
Guardó naranjas y el semen&#13;
De otros niños-gavetas&#13;
&#13;
Tres sirenas amenazan el mar&#13;
&#13;
Cordelia en el balcón&#13;
Traga nubes&#13;
Escupe jazmines&#13;
&#13;
Río de Janeiro&#13;
&#13;
MURILO MENDES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Con Respecto a una Futura &#13;
Creación Literaria &#13;
&#13;
 Previamente ¿de qué se trataría ? De abrir las compuertas, de de-&#13;
­jar pasar a todo. A todo, menos a lo sensato. Todo bienvenido en &#13;
nombre de la locura, en nombre de la expresión libre, incontrolada, &#13;
audaz y agresiva.&#13;
&#13;
 Sí, que pase todo lo que se proyecte en el sentido de romper el &#13;
orden lógico. Este debe caer, desaparecer, pues es la mala costumbre &#13;
descriptiva naturalista, que debemos extirpar de nuestro espíritu.&#13;
&#13;
 En este primer momento tenemos que sentirnos libres, sin im­-&#13;
pedimenta alguna, y decirlo todo. Todo, pero tomando directamente, &#13;
no de segunda mano.&#13;
&#13;
 Atrás, el que busque precedentes para justificarse, atrás el que&#13;
tenga abuelos o bisabuelos, atrás el que no sea hijo directo de la &#13;
tierra. Si hay que dar beligerancia a todo, si hay que abrir un cré-&#13;
dito a todo lo que se piense, sienta, y escriba, es bajo estas condiciones.&#13;
&#13;
 Este primer momento es necesario, indispensable. Pero sépase &#13;
que ha de ser provisional. De no pensarse así se iría a la ruina. &#13;
 Afluencia de materia viva, de sentir vivo, personal, auténtico. &#13;
Incursiones a lo desconocido. Osadía. Afirmación de fe en sí mismo. &#13;
Repudio a todo lo aprendido.&#13;
&#13;
 Vi yo tal cosa, y lo digo. Siento tal cosa, y la digo. Y lo digo po­-&#13;
niendo a la misma cosa, pues la cosa ha de estar allí. Y estará junto &#13;
a otra, pero no como en el mundo, sino dentro de un ritmo en el cual &#13;
yo quiero que esté. Y así ya estoy en el segundo momento. En el de &#13;
la construcción.&#13;
&#13;
 Más aún ahora podrá decirse con libertad, más aún ahora podrá &#13;
oponerse lo más heterogéneo, más aún ahora podrá romperse en el &#13;
orden lógico, porque estamos construyendo otro.&#13;
&#13;
 El plano ha cambiado. Ahora nos interesa menos la cosa que la &#13;
estructura en la cual se sitúa. La casa, el sol, el árbol que vemos que &#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ahora viven allí de otro modo: como piedras en un muro. Nos in­-&#13;
teresa más el muro que hicimos, la construcción, que no las cosas y &#13;
sucesos tras que andábamos. Y entonces vemos, que lo nuestro pro-&#13;
­pio y la originalidad, están del lado de esa construcción. Ya no más &#13;
las cosas, sino el ritmo en que ahora están, que es la esencialidad de &#13;
la creación poética.&#13;
&#13;
 Este es el plano del Arte. Y la poesía, que no puede ser más que &#13;
una de las manifestaciones de él, como éste lo es del orden universal, &#13;
debe estar en tal plano. Por esto, un poeta o un literato, debe ser un &#13;
constructor armonista, pues el arte es eso: construir dentro de la &#13;
ley armónica.&#13;
&#13;
 Y ahora yo digo: sólo aquel que ha sabido encontrar un ritmo &#13;
nuevo, propio, personal, sólo ése podrá poner lo que sienta y vea, de &#13;
manera también propia. Y aquí no entiendo por ritmo propio, lo que &#13;
pertenece a las leyes constructivas universales, sino a la modalidad &#13;
suya; esto es, la invención, que será su creación, dentro de aquellas&#13;
leyes que tienen que ser de todos. Por esto, un escollo en que puede &#13;
caer y debe evitar, es el trabajar dentro de la influencia, sea de otro &#13;
poeta o de una escuela, y hasta de lo que pueda denominarse moderno. &#13;
Debe proceder de una manera honrada y pura: lo que sienta o vea &#13;
directamente, pero que inmediatamente verá hecho en el plano abs­-&#13;
tracto de su invención constructiva.&#13;
&#13;
 Pues bien: si así procede habrá cortado absolutamente con el na­-&#13;
turalismo descriptivo (antítesis del arte y lugar común del que aún &#13;
no comprendió) para entrar en el plano estético, que es el del arte, &#13;
y por esto de la verdadera creación.&#13;
&#13;
“DIVERTIMENTO”&#13;
&#13;
El gato es el rato de la ratería&#13;
retintín sonoro de la algarabía&#13;
y es guerra&#13;
y es paz.&#13;
Bromitas&#13;
gotitas&#13;
ollitas&#13;
en cada señal.&#13;
Estruendo tremendo&#13;
se agita gigante&#13;
tirante y brutal.&#13;
Y cae el compás.&#13;
Botella ballesta de botillería&#13;
la bellaquería se hace triunfal&#13;
el germen es sangre&#13;
el aire es cristal&#13;
y el vino&#13;
y el tino&#13;
y el grafologismo&#13;
y el duende&#13;
y el pez&#13;
crecen al revés.&#13;
Las luces astrales&#13;
y los avestruces&#13;
son cosas iguales.&#13;
Las cosas iguales me causan pavor.&#13;
Diez dientes&#13;
diez dedos&#13;
las cosas iguales fatales.&#13;
El áspero yeso&#13;
y el barniz espeso&#13;
la brea&#13;
el lacre&#13;
y lacra de alacrán&#13;
son.&#13;
Son de sones.&#13;
Y araña velluda&#13;
redonda patuda&#13;
y el grillo&#13;
y el brillo&#13;
de abrillantamiento&#13;
no son.&#13;
No son&#13;
y son de sones sonoros&#13;
y lloros&#13;
y loros&#13;
que son y no son.&#13;
Son...&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
sonsonete.&#13;
Estribillo gallardo — brillo del sonar&#13;
din — don — la campana&#13;
tin — tan — el reloj.&#13;
Tam tam.&#13;
Voy brillando en firmamento&#13;
tan contento&#13;
tan jovial&#13;
tan animal&#13;
y tan lento&#13;
que siento&#13;
y quiero&#13;
y quiero ver&#13;
y huir&#13;
y decir&#13;
para contradecir.&#13;
Y huyendo&#13;
y gritando&#13;
y acaso saltando de gozo y vergüenza&#13;
veo una esperanza&#13;
veo un caracol&#13;
y apago la luz&#13;
y ya no hace sol.&#13;
Eterno brincar&#13;
y cabrillear&#13;
y decir y contar&#13;
y jamás estar.&#13;
Formas enormes&#13;
bichos escuálidos&#13;
seres extraños&#13;
llanos inmensos.&#13;
Acaso estoy solo.&#13;
Subo...&#13;
El ruido ya cesa.&#13;
Subo....&#13;
El vino no bebo.&#13;
Subo...&#13;
Y subo&#13;
y vengo&#13;
y tengo&#13;
y allá voy!&#13;
Venta de ventana&#13;
Subo...&#13;
Gratos perfumes&#13;
Subo...&#13;
subo súbitamente&#13;
y subo&#13;
subiendo.&#13;
¿Qué es subo?&#13;
Subo saba sibi sini&#13;
sini tini del arroz&#13;
somos dos&#13;
somos tres&#13;
bienvenido el portugués.&#13;
Hace tres días que estoy en Alcoy&#13;
hace tres noches que estudio el violín&#13;
y estando en Alcoy&#13;
y rascando tripa&#13;
me quedo sin fin.&#13;
Bendito violín.&#13;
&#13;
Hollín.&#13;
Hollín hollón&#13;
la eterna canción.&#13;
Los tropeles vienen&#13;
los tropeles van&#13;
tropeles de pieles.&#13;
Toneles.&#13;
A tropeles&#13;
atropellando&#13;
que brutos los hombres.&#13;
Son pez&#13;
son guinda&#13;
en el almirez.&#13;
Almirez blanco&#13;
almirez azul&#13;
estrella y sol a la vez.&#13;
Vela&#13;
bola&#13;
en el teztuz&#13;
de la vaca en cruz.&#13;
Y la ubre lechera&#13;
de la madre vaca.&#13;
Tres en la casa de enfrente&#13;
y otros diez&#13;
en el almirez.&#13;
Peritóneo idóneo&#13;
peristáltico&#13;
multicolor.&#13;
De la cristalería.&#13;
Cristal&#13;
ramal&#13;
pliegue inguinal&#13;
de la psiquiatría.&#13;
Y en día&#13;
y hora sonora&#13;
borrascas imprevistas&#13;
en las aristas vascas&#13;
adquieren nombradía de osadía.&#13;
El odio azul&#13;
del bisexual&#13;
el igual.&#13;
Porque pez no es pez&#13;
ni barniz&#13;
ni tomillo&#13;
ni grillo&#13;
sino brillo de ajimez.&#13;
Los rebordes de las cosas&#13;
y los casos&#13;
los rebordes de los quesos&#13;
y las cosas&#13;
queso cosa quisicosa y mariposa&#13;
y ambrosía de tonada en la enramada&#13;
causan risa.&#13;
Y en la cumbre del alumbre&#13;
y en el beso del cerezo&#13;
y en el verso del cantor&#13;
hay oculto un ruiseñor.&#13;
La ballena estaba llena&#13;
y nadie se preocupó.&#13;
Vizco viene de Vizcaya&#13;
y el hierro del herrador&#13;
el horror viene del miedo&#13;
y la chispa del calor.&#13;
El colibrí, de la antena&#13;
de un barco de pescador&#13;
y el viento viene del agua&#13;
y el hielo del Ecuador.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
El vizco no mira bien.&#13;
Vizco vasco de Vizcaya&#13;
colorado es tu color&#13;
y el color de la vergüenza&#13;
es el color del temblor.&#13;
Bimbo bambo de algodón&#13;
el negro se sube encima&#13;
y orina.&#13;
Libertad divina&#13;
de la creación&#13;
yo te doy las gracias&#13;
por tu rebelión.&#13;
Bambo bembo la carlinga&#13;
me enamora la catinga.&#13;
Catinga&#13;
rombo dorado&#13;
en cielo estrellado.&#13;
Y los áloes&#13;
diestros y aventureros&#13;
se yerguen altaneros&#13;
en los campos sinceros.&#13;
Y el Rhin sueña.&#13;
Sueña en la dina dora&#13;
de la aurora risueña&#13;
cuando el campo colora.&#13;
Borra borrasca de borrasca rosa&#13;
estrepitosa&#13;
en el centro polar.&#13;
Y así fueron desfilando los treinta y tres guardias civiles,&#13;
del Apocalipsis&#13;
apocalípticos.&#13;
Apocalípticos guardias civiles&#13;
elípticos.&#13;
Díptero y antítesis&#13;
electrólisis.&#13;
Vinagre sediento&#13;
y naranja frita&#13;
para Margarita.&#13;
La alcurnia sonora&#13;
cornuda y cornada&#13;
señora barbuda&#13;
y luz apagada&#13;
soñaba...&#13;
Y andaba sonando y llorando.&#13;
El pelícano portugués&#13;
me mira de través.&#13;
No mire así al revés&#13;
pelícano de través&#13;
que hiela al hielo&#13;
y al hilo de hielo&#13;
de hilo y de tilo.&#13;
No me mire más.&#13;
Rechina la risa de risa rechoncha&#13;
el algodón mezcla de pólipo azul&#13;
el engendro agudo&#13;
y el blasfemador&#13;
tocan el tambor.&#13;
Tambor&#13;
frenesí.&#13;
Dorada la entrada&#13;
la cuadra cuadrada&#13;
locura de cura&#13;
con cura se cura.&#13;
Militantes&#13;
degollados&#13;
cruzaban el Sena.&#13;
Iban todos extraviados&#13;
y daban pena.&#13;
Era un rumbo incierto&#13;
bajo la Cruz del Sur.&#13;
Locura con cura se cura.&#13;
Orbicular saliente de maxilar&#13;
epiceno y ambiguo se dan la mano&#13;
se dan el seno&#13;
se dan el sino&#13;
por el camino.&#13;
De vino de vinagrera&#13;
la perrera de los perros&#13;
y la rabia rabiosa de los espárragos&#13;
en la carrera&#13;
de tiempo y de trampa&#13;
trampero.&#13;
Trampero temprano&#13;
del trampolín tremendo.&#13;
Paralepípedo&#13;
y hoyito en la tierra&#13;
requetechiquito.&#13;
Cayó una bolita&#13;
requetechiquita.&#13;
Un pájaro miró&#13;
y sonrió.&#13;
Chascarrillo cogibambo&#13;
que te vas tambaleando&#13;
y el frutero ceji-junto&#13;
con el sartén por el cabo&#13;
hacen un bello conjunto.&#13;
Conjunto&#13;
conjuntivitis&#13;
de otitis.&#13;
Paragua de agua&#13;
de lluvia y arañas&#13;
de caña y cañizal&#13;
en el arenal.&#13;
Arenal blanco&#13;
arenal gris&#13;
gris y plata&#13;
pilotís.&#13;
Granja de granjeria y de granjero&#13;
poeta extranjero&#13;
gárgara de gárgola&#13;
gongorismo y cubismo&#13;
encefalismo&#13;
ismo.&#13;
Las luces astrales&#13;
y los avestruces&#13;
son cosas iguales.&#13;
Las cosas iguales me causan pavor.&#13;
El poeta sonríe&#13;
con compasión&#13;
al oír lo estúpido&#13;
de mi canción.&#13;
¡Pobre poeta...!&#13;
Poeta ringo&#13;
poeta tango&#13;
ringo rango.&#13;
Rengo de renguear y de rengífero&#13;
regenerar.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Regenerar la poesía&#13;
el poeta,&#13;
Poeta anémico&#13;
paseísta&#13;
figurista.&#13;
Poeta claro de luna&#13;
clara de huevo&#13;
clara de clarín.&#13;
Y el clarinete&#13;
de machete&#13;
erróneo.&#13;
Erróneo e infecundo&#13;
poeta iracundo.&#13;
Poeta bilingüe&#13;
estratósfera&#13;
pantera…&#13;
Y lirios endomingados para el poeta.&#13;
Marrón de la marronería&#13;
marronazo&#13;
marrón&#13;
marro hierro&#13;
hierro marrón&#13;
chispa de rojo marrón de fuego&#13;
del herrero de la herradura caballar&#13;
caballería de los caballos&#13;
de los soldados de caballería&#13;
de los cuarteles acuartelados por el acuartelamiento de los soldados&#13;
a sueldo de soldadura&#13;
soldada&#13;
dura&#13;
de través&#13;
de los travesaños&#13;
de los años de través&#13;
de los bes cabes&#13;
cavando.&#13;
Y va y viene y va&#13;
y ritmo y costura&#13;
de coste y contextura espacial&#13;
de espacio&#13;
y despacio de nubarrón&#13;
de nube&#13;
de negro y de claro&#13;
y de gota&#13;
y tac tac&#13;
y rayas miles&#13;
cielo rayado&#13;
rayador&#13;
y el rayo&#13;
ángulos cabalgando&#13;
ruido&#13;
ruido y retumbo de retumbar profundo&#13;
y hondo profundo y alto&#13;
picacho&#13;
pichahito&#13;
río risa risa de rosal rosado&#13;
frescamente&#13;
simple contumacia del masticar&#13;
de mandíbula masticadora de gusto&#13;
cruje hueso&#13;
visagra de masticación mandibular metabólica&#13;
por el metabolismo de los méritos de la me­ritación evangélica&#13;
de la cúspide membranosa tridimensional...&#13;
Y el otro respondió:&#13;
El drama es dramático&#13;
por la dramatización de las cualidades opacas de la opacidad&#13;
por la elaboración metafísica de la física fisical&#13;
de fisiquismo&#13;
de benoplástia errática&#13;
de hedonismo&#13;
de corrientes alternas. . .&#13;
De acuerdo:&#13;
Más teniendo en cuenta&#13;
el diapasón de la eurítmia eurítmica&#13;
micabilística y perniciosa&#13;
existencia es paz&#13;
existencia es cuerda&#13;
y siete&#13;
y diez y siete&#13;
Constante y contundente&#13;
pega&#13;
y dá por tres&#13;
y por ocho ...&#13;
¿Y entonces. . . ?&#13;
Su irritabilidad numérica me asombra&#13;
pero&#13;
constante y operante&#13;
debe ser secante y contundente&#13;
por oposición eurítmica de accidente.&#13;
Y entonces&#13;
el verso&#13;
¿dónde está?&#13;
¿dónde está el verso verde?&#13;
¿ese casto verde de expresión hendida&#13;
henchida&#13;
visualidad estenoplástica&#13;
etérea&#13;
cuerda glacial?&#13;
Está bien, pero contra esa yo opongo esta otra:&#13;
Bloque cerrado&#13;
en término apretado&#13;
mácula abigarrada&#13;
diablo azul&#13;
canción azucarada&#13;
son canciones de grises y de peces&#13;
en nieve bien templada.&#13;
Enigma incuestionable&#13;
pétrea superficie&#13;
benigno can:&#13;
tengamos el concepto&#13;
el pecho&#13;
el trueno&#13;
del formidable plan.&#13;
Divina melodía&#13;
Azul celeste y viento de ambrosía.&#13;
Espacio abierto&#13;
lagarto tremebundo y mal formado&#13;
la llama del desierto&#13;
son nada en el terreno medieval.&#13;
Del buque que venía&#13;
del aire que se iba&#13;
de la ola&#13;
del pez&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
de las tachuelas y viento que se hada&#13;
de eso se reia.&#13;
Pero el golpe del agua persistía&#13;
y era un contradecir.&#13;
Pasto verde&#13;
y conserva&#13;
conserva verde.&#13;
Tierra y terrón&#13;
de embrión.&#13;
Y de cataclismo ardiente&#13;
y canicular&#13;
de can.&#13;
Y canecillos&#13;
venita.&#13;
Baraúnda gris.&#13;
Bermejo&#13;
estridencia incolora&#13;
de astilla&#13;
y de silla&#13;
y de polilla&#13;
y de quilla&#13;
y de quincalla.&#13;
&#13;
¡Calla...!&#13;
Y calle&#13;
y avenida.&#13;
Avenida vienen&#13;
y son tres&#13;
al revés.&#13;
AI revés de los diez.&#13;
Gotera de gótico&#13;
goteando&#13;
glótis glótíco&#13;
glu glu&#13;
rinoceronte.&#13;
Rinoceronte glotón.&#13;
Glotón de glotonería&#13;
estafermo.&#13;
Fermo firmo&#13;
firmaría&#13;
firmemente y con audacia&#13;
la desgracia está en firmar&#13;
y afirmar&#13;
y decir&#13;
y no tener que admirar.&#13;
&#13;
"DIVERTIMENTO”&#13;
II&#13;
&#13;
El juez&#13;
al revés.&#13;
Juez barbudo&#13;
barbudo imberbe.&#13;
&#13;
Barba viene de barbero&#13;
barbero de barbecho&#13;
de bárbaro y de hecho&#13;
hecho de derecho.&#13;
&#13;
Y en derechura&#13;
de barba y hechura&#13;
de la barbería.&#13;
El peluquero&#13;
de peluquería&#13;
se pela la barba&#13;
con melancolía.&#13;
&#13;
Se afeita&#13;
afeitar&#13;
rapar&#13;
aceitar y perfumar&#13;
lavar y enjugar&#13;
oficio de barbero&#13;
por dinero.&#13;
&#13;
Dinero de barbero&#13;
buen dinero.&#13;
&#13;
Dinero contante&#13;
sonante&#13;
en papel moneda&#13;
resonante.&#13;
&#13;
Resonante&#13;
de son&#13;
de sonido&#13;
de sonido sordo&#13;
de papel moneda.&#13;
&#13;
Sonido sordo&#13;
sonido de dinero&#13;
nominal&#13;
fantasmagonal&#13;
cuadrangular y esférico&#13;
moneda.&#13;
&#13;
Moneda monada&#13;
(ponga cualquier cosa)&#13;
“la pierna quebrada".&#13;
&#13;
(Está mal&#13;
demasiado descriptivo&#13;
demasiado normal).&#13;
&#13;
Eso veo.&#13;
¡Ah...!&#13;
¡Las letras!&#13;
&#13;
A B C&#13;
C H D&#13;
¡Basta!&#13;
&#13;
Rima&#13;
rima que rima&#13;
rima con harina&#13;
y no rima&#13;
ni rimará&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ni podrá rimar&#13;
ni rimó&#13;
ni rimaría&#13;
con pipa o tabaco&#13;
de tabaquería&#13;
porque es bobería&#13;
y tal necedad&#13;
por necesidad&#13;
debe ser nefasta&#13;
nefasta y caliente&#13;
cono llama ardiente&#13;
brillante y sensual&#13;
como un animal&#13;
pertinaz y dura&#13;
como la locura&#13;
y vieja y sencilla&#13;
como la polilla.&#13;
&#13;
Pero. . . (¿te paras un poco?)&#13;
mejor es callar&#13;
que disparatar&#13;
reir que morir&#13;
dormir que velar&#13;
cobrar que pagar&#13;
danzar que llorar&#13;
comer y beber&#13;
y holgar&#13;
que trabajar.&#13;
&#13;
Trabajar de trabajo&#13;
trabajar al trabajo&#13;
(hacerle trabajar)&#13;
trabajar bajo&#13;
con traba y bajar&#13;
de bajar trabando&#13;
al trabajador&#13;
de trabajería&#13;
de los trabajeros&#13;
por los agujeros&#13;
y perforaciones&#13;
de algunas cuestiones&#13;
de ferretería&#13;
de alta jerarquía&#13;
que están en vigencia&#13;
por su alta prudencia&#13;
más que es tan trivial&#13;
como un general.&#13;
&#13;
General de Generalife&#13;
alife.&#13;
&#13;
Generalato&#13;
de pato.&#13;
&#13;
Pato&#13;
de patear&#13;
patear de patoso&#13;
patoso de oso&#13;
oso de osa&#13;
mozo de moza&#13;
coso de cosa&#13;
casa de saca&#13;
saca de vaca&#13;
conejo de nejo y de cojo&#13;
y cojo de enojo.&#13;
&#13;
Y así las cosas&#13;
van con casas&#13;
y las casas&#13;
con las cosas.&#13;
&#13;
Y es lógico y natural&#13;
que así sea&#13;
y no sea&#13;
porque es igual.&#13;
&#13;
Igual&#13;
por lo descabellado&#13;
y desigual.&#13;
&#13;
Igual...&#13;
¿qué será "igual”?&#13;
&#13;
Enigma insondable&#13;
triangular y opaco&#13;
espantable.&#13;
&#13;
¡Arcano!&#13;
de arco y de cano&#13;
llano como la mano.&#13;
&#13;
Languidez suprema&#13;
dulce como la crema&#13;
suave y pontificia&#13;
como una caricia.&#13;
&#13;
¡Oh...qué delicia!&#13;
¡Qué pontificia!&#13;
¡Qué dulce la crema suprema de leche y avena!&#13;
Filántropo.&#13;
&#13;
Aquí me paro&#13;
es raro&#13;
no lo es&#13;
al revés&#13;
es claro&#13;
clarísimo&#13;
con claridad sonora&#13;
como la aurora&#13;
clara y transparente&#13;
como una fuente&#13;
pues si me paro&#13;
y es verdad cierta&#13;
¡alerta!&#13;
alerta estoy&#13;
y no me voy&#13;
pero me paro&#13;
y no es raro&#13;
no lo es&#13;
ni al revés&#13;
porque es clarísimo&#13;
con claridad sonora&#13;
como la aurora&#13;
y transparente&#13;
(ya lo dije)&#13;
como el agua de una fuente.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Ahora&#13;
hipocresía rima con filantropía.&#13;
&#13;
Cosa casual. . .&#13;
pero es igual.&#13;
&#13;
Lo mismo que flor y olor&#13;
tambor y dolor&#13;
alarido y marido&#13;
perejil y ferrocarril&#13;
gallina y cocina&#13;
y barba y barbero&#13;
como dije primero.&#13;
&#13;
Y el juez al revés&#13;
el juez barbudo imberbe&#13;
cosas que son y no son.&#13;
&#13;
Acicate viene de tomate&#13;
y tomate de remate&#13;
así como escobar de barrer&#13;
y corrido de correr.&#13;
&#13;
Estoy corrido...&#13;
¿Qué dirá el poeta?&#13;
&#13;
Montevideo, Nov. 1937, Oct. 1943.&#13;
&#13;
J. TORRES - GARCÍA&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
PEGASO&#13;
COME HIERBA EN EL CAOS&#13;
(FRAGMENTO)&#13;
&#13;
la noche amanece en el pensamiento de su fábula&#13;
cuando pegaso se suelta de su instinto&#13;
se desboca en el espacio&#13;
dispara en los sitios anhelantes de la luz&#13;
pegaso esa sombra de leyenda&#13;
sombra terrestre&#13;
pasa en sentido de viento&#13;
el viento de su forma&#13;
atrae los flancos de la tierra&#13;
&#13;
en el tiempo hay un mar&#13;
en el espacio hay un mar&#13;
en el tiempo hay una pradera&#13;
en el espacio hay una pradera&#13;
los seres están en orden en el universo&#13;
pegaso cruza las cabezas para abajo&#13;
de los pacíficos de jacintos&#13;
hay furia en el espacio&#13;
geometrías ocultas se alborozan&#13;
las geometrías cobran júbilo&#13;
estridencia de los cascos de pegaso&#13;
una cota de malla de la noche&#13;
defensa para el sistema de los astros&#13;
un oído absoluto para los vacíos&#13;
aun excede el movimiento de su vuelo&#13;
sobre batallas abstractas&#13;
pegaso es llevado por su impulso de dínamos aéreos&#13;
caballo sin muerte&#13;
de duración azul&#13;
su estadía de universo&#13;
ha conseguido elevarse&#13;
y un ser que retrasa&#13;
a medida que necesita su deseo&#13;
para sorber agua&#13;
corcel que retarda la presencia de la muerte&#13;
la leyenda perseo bálser leñador marino&#13;
un día que baja a los bosques del mar&#13;
se encuentra con un monstruo horrendo&#13;
de cabellera de serpientes&#13;
que viene a robar sus islas&#13;
con su Hacha mecánica el buzo cercena la medusa&#13;
el óxido del pez posee reminiscencias,&#13;
suspendidas en el agua&#13;
una mano traza un caballo con alas&#13;
que salva las barreras del océano&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
cuando el Caballo nace&#13;
y su cuerpo conoce las aguas&#13;
ya puede ver el sentimiento de su forma&#13;
en las vueltas de sus crines&#13;
qué espacio es límite&#13;
con alas de acero&#13;
qué tiempo es límite&#13;
pegaso todo lo admira que siente salir en la luz&#13;
se empina fuera de las algas&#13;
desde la antigüedad recoge sus crines&#13;
las siembra extiende la altura del egeo&#13;
pisa universo de relojes&#13;
en día de lluvias&#13;
pisa imanes sobre el fuego&#13;
en noche de solsticios&#13;
atraviesa una espada de filo aéreo&#13;
contra el unicornio que le sonríe ganando la llanura&#13;
deshace la figura de una cosa&#13;
el unicornio aplasta la flor silvestre&#13;
que ninguna bestia lo hace&#13;
&#13;
el unicornio se echa de ver entre hierbas de lluvia&#13;
hierbas que fluyen los países al&#13;
sol fuera&#13;
en las manzardas&#13;
en el exterior del día de los árboles&#13;
que pueblan los prados del atlas&#13;
al costado del sol&#13;
muerde el árbol del tiempo el alerce&#13;
da frutas alaercitas&#13;
el grifo que alza el polvo&#13;
o separa el fuego&#13;
cae en un océano de mercurio&#13;
Nado en el aire de las noches&#13;
hace su movimiento de cerca&#13;
sube peldaños&#13;
de otro&#13;
orden&#13;
de universos&#13;
que es lo que pegaso atraviesa&#13;
galaxias en bandada de novas&#13;
los mundos se abren cuando su hambre de frente fresca&#13;
muestra la resolución de su boca&#13;
el almuerzo del animal&#13;
es verde lo que acaece&#13;
durante un paseo en las nubes&#13;
el relámpago de la maniobra de pegaso&#13;
vence a las estrellas&#13;
se traslada del mediterráneo al atlántico&#13;
otra orilla marina&#13;
las lunas atlánticas&#13;
que lo observen&#13;
él se hunde&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
antes que se puedan ver las estaciones leños&#13;
de hélice&#13;
plantaciones de bosques encendidos en el norte&#13;
en menos del tiempo se sumerge&#13;
crea a veces ja&#13;
el gulf stream&#13;
sale radiante después del sueño hacia el último árbol que existe&#13;
&#13;
se le da para que abreve entre las constelaciones&#13;
máquina sus motores en el comienzo de los cielos&#13;
otra vez pegaso&#13;
sin inmiscuirse con la eternidad&#13;
conoce los números del oro&#13;
otra vez lo conduce un anciano a otro lado de algo&#13;
otras cuando entra en una calle&#13;
y el agua que sueña&#13;
el cántaro se desborda&#13;
pasa un viento de éter&#13;
&#13;
caballo de los éteres&#13;
no es menor tu silencio. Ni es menor&#13;
la niña equina de los ojos de Pegaso&#13;
nada es tan alegre en el universo para medir la altura!&#13;
pegaso duermes&#13;
nace el horizonte&#13;
y pegaso, galopa en profundidades&#13;
vértigos retirados&#13;
con un ojo que mira desde el único instante del universo&#13;
&#13;
así pegaso&#13;
nadando en el perfume de los mundos&#13;
en su geometría del comienzo&#13;
en corto instante se pierde de vista&#13;
en el cielo es una magallánica y sus albas&#13;
y ahora que se establece pegaso ordena&#13;
aquello que falta&#13;
devora su hierba pace&#13;
una honda medida de la nada&#13;
en el fondo del campo hay un agua para los animales&#13;
al lado del manantial está un hombre mudo&#13;
el espejo atrae su equilibrio&#13;
después de su cena el caballo se dirigirá hacia allí&#13;
abrevará turbará el agua,&#13;
y habrá que lamentar el lugar de permanencia&#13;
pegaso se ve en eternidades que fluyen&#13;
de este modo es una violencia de rostros&#13;
detrás del agua o al borde de la resistencia del narciso&#13;
los hombres se detienen en las curvas de su sangre&#13;
hacen el silencio de sus fugas de jinetes&#13;
las cosas se detienen.&#13;
y en sus redes&#13;
los reinos&#13;
están prontos&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
y remolino veloz como es el hoyo de los ciclos&#13;
desequilibra el infinito sobre los ojos de las tumbas&#13;
Se pierde la memoria que yo existo&#13;
los termómetros logran bajar de azogues desde el Tiempo&#13;
piafa, apoya las manos encima de equinoccios&#13;
Noche de sal&#13;
sombra de luz&#13;
medalla en cuyo reverso pegaso se estaciona&#13;
en el anverso ha dejado con la pradera de su cuerpo&#13;
y que pegaso funde en la usina de sus hierros&#13;
superficie de su esencia&#13;
pegaso pasó bajo el insomnio de los mundos&#13;
&#13;
He pasado bajo la ira de los mundos&#13;
&#13;
ARDÉN QUIN&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Transmisión de Tierra&#13;
&#13;
Un hombre negro espera el sol&#13;
Un límite en las piedras encontradas&#13;
Empieza el aire&#13;
Se descubre la respiración&#13;
Los animales se mueven&#13;
Tienen la muerte donde acaba el hambre&#13;
El hueco de la vivienda no pesa sobre el tiempo&#13;
Del bosque&#13;
El suelo hace el horizonte&#13;
Cuando se caen las estrellas&#13;
Se va en la oscuridad el rastro del cansancio&#13;
Los peces no saben de otros climas&#13;
La huella que hace el agua&#13;
No alcanza la mirada de la mujer&#13;
Crece la montaña sin estacas&#13;
El fuego es durable como la sal&#13;
En el árbol&#13;
La luz es semilla&#13;
Las hormigas terminan de caminar&#13;
&#13;
Un masajista altera la perseverancia&#13;
Del leñador&#13;
Y la elaboración del viento&#13;
Los hangares alojan las vacaciones de la máquina&#13;
Se cultiva un rascacielo&#13;
Con el tema de las ruinas de la piscina&#13;
La revelación del cemento establece la dimensión&#13;
Del panorama&#13;
Orugas en la resistencia del petróleo&#13;
Propagan la visibilidad del helicóptero&#13;
El ejemplo en la solución de los cohetes&#13;
Secunda la velocidad del telescopio&#13;
Etapa avenida del termómetro&#13;
Teclas en la utilidad de la vacuna&#13;
El huésped de vitamina&#13;
La inundación de metal&#13;
Dirigida a la ventaja de los niños&#13;
Qué sucede testamento de la niebla&#13;
En el decreto de las zonas atléticas&#13;
Atención escalas en las ondas.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Tiempo de un Kilómetro de Horizonte&#13;
&#13;
Condensan a propósito&#13;
la resistencia de pañuelos de metal&#13;
está desatado en la jaula el origen de la ceniza&#13;
está en la doblez del cielo arrodillado&#13;
una distancia del suelo a la frente&#13;
una distancia de una valija&#13;
de ojos revisados en la despedida&#13;
se ve fácilmente un calendario sonámbulo&#13;
que radiografía el depósito de permanencia en la noche&#13;
del cadáver de 1 KILOMETRO DE HORIZONTE.&#13;
&#13;
Una vez más&#13;
al otro lado del meridiano&#13;
microbios en marcha forzada deciden la púa del bronce.&#13;
&#13;
Densidad del Paisaje Abandonado&#13;
&#13;
Más aún&#13;
Arco diferente reemplazo de las partes&#13;
El Espacio un pequeño espacio&#13;
Del sáfico alcafón&#13;
Equinos rodaje del gesto no&#13;
Se está dispuesto&#13;
Educación inicia atravesado por la costa&#13;
Dirige horda qué dirección&#13;
“Clase de mapas y límites” (descriptiva)&#13;
Jeroglífico ontogenia&#13;
Algunos peldaños&#13;
Captura al nivel del juicio&#13;
Inmensa cercanía civilizada&#13;
Gratis&#13;
No contestan geografía tierna&#13;
Estadística dispersión&#13;
Que recompensa el objetivo&#13;
No hay duda es considerable&#13;
La indiferencia vigor biográfico&#13;
Grado ensaya homenaje&#13;
cadenitas.&#13;
Promedio retención exposición durable&#13;
Latitud 0’08791&#13;
&#13;
GYULA KÓSlCE&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
EL MARCO:&#13;
UN PROBLEMA DE PLÁSTICA ACTUAL&#13;
&#13;
 Motivada por la revolución bur­gue-&#13;
sa del 79 en Francia, una fuer-&#13;
te corriente naturalista invade las&#13;
artes, especialmente la pintura, a &#13;
la que por largos años relegará a &#13;
una condición de máquina foto­-&#13;
gráfica.&#13;
&#13;
 Será necesario que surja un &#13;
Cézanne, en el panorama plástico, &#13;
con un concepto tan pictórico que &#13;
le permitió decir: “He descubierto &#13;
que el sol es una cosa que no se &#13;
puede reproducir, pero que se pue-&#13;
­de representar”; o un Gauguin que &#13;
escribió: “El arte primitivo pro-&#13;
cede del espíritu y amplía la na-&#13;
­turaleza. El arte que se hace lla­-&#13;
mar refinado, procede de la sensualidad y sirve a la naturaleza. La &#13;
naturaleza es la servidora del primero y el amo del segundo. Convir-&#13;
­tiéndolo en su servidor, haciéndose adorar por el artista, lo envilece. &#13;
Así es como hemos caído en el abominable error del naturalismo que &#13;
comenzó con los griegos de Péricles...” ( 1 ), para que, lentamente, la&#13;
pintura vuelva a sus viejas leyes, por tanto tiempo olvidadas.&#13;
 Esto se concretará en 1907 ( 2 ), con la aparición del cubismo, con &#13;
el cual cobrarán nuevamente todo su valor en la creación del cuadro, &#13;
las leyes de proporción, de colorido, la composición, y todo lo rela­-&#13;
tivo a técnica.&#13;
 El cubismo será definido sucintamente por Guillaume Apollinai-&#13;
re en “Le Temps” del 14 de octubre de 1914, refiriéndose al “As-&#13;
pecto geométrico de esas pinturas, donde los artistas habían querido &#13;
restituir, con una gran pureza, la realidad esencial”. Y será este de-&#13;
­seo de expresar la realidad de las cosas, lo que llevará la pintura a&#13;
una plástica cada vez más abstracta, pasando por el futurismo, hasta &#13;
culminar en las últimas épocas del cubismo, no-objetivismo, neo-plas-&#13;
ticismo y también, en su modo abstracto, el constructivismo.&#13;
&#13;
( 1 ) Paul Gauguin. — Notes Éparses.&#13;
( 2 ) Dado por Guillermo Janneau en ART CUBISTE.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
 En este momento, cuando más lejos &#13;
parece que está el artista de la natu-&#13;
ra­leza, Vicente Huidobro dirá: “Nunca&#13;
el hombre ha estado más cerca de la na­-&#13;
turaleza, que ahora que no trata de imi-&#13;
­tarla en sus apariencias, sino haciendo &#13;
como ella, imitándola en lo profundo de &#13;
sus leyes constructivas, en la realiza-&#13;
­ción de un todo dentro del mecanismo &#13;
de la producción de formas nuevas.”&#13;
 Pero, mientras se solucionaba el pro­-&#13;
blema de la creación plástica, pura, la &#13;
misma solución (por un principio dia­-&#13;
léctico inquebrantable) creaba otro, que &#13;
se siente menos en el neoplasticismo y &#13;
en el constructivismo, por su composi­-&#13;
ción ortogonal, que en el cubismo o en &#13;
el no-objetivismo, y fué: el marco.&#13;
 El cubismo y el no objetivismo, por &#13;
sus composiciones basadas, ya en rit­-&#13;
mos de líneas oblicuas, ya en figuras&#13;
triangulares o poligonales, se crearon a &#13;
sí mismos el problema de que un marco &#13;
rectangular, cortaba el desarrollo plás­-&#13;
tico del tema. E l cuadro, inevitable­-&#13;
mente, quedaba reducido a un frag-&#13;
mento.&#13;
 Pronto se intuye ésto. Y los cuadros &#13;
muestran las soluciones buscadas. Por &#13;
ejemplo MAN RAY, LÉGER, BRA-&#13;
QUE y más cerca nuestro, el cubista de &#13;
otoño Pettoruti, entre otros, componen &#13;
algunas de sus obras en círculos, elipses&#13;
o polígonos, que inscriben en el cuadri-&#13;
longo del marco. Pero esto no es tampo­-&#13;
co una solución. Porque, precisamente es &#13;
lo regular de esas figuras, el contorno &#13;
ininterrumpido, simétrico, lo que domi­-&#13;
na la composición, cortándola.&#13;
 Es por esto que la generalidad de &#13;
esos cuadros siguieron en aquel concep-&#13;
­to de ventana de los cuadros naturalis-&#13;
­tas, dándonos una parte del tema pero &#13;
no la totalidad de él. Una pintura con un &#13;
marco regular hace presentir una conti­-&#13;
nuidad del tema, que sólo desaparece, &#13;
cuando el marco está rigurosamente es­-&#13;
tructurado de acuerdo a la composición &#13;
de la pintura.&#13;
 Vale decir, cuando se hace jugar al &#13;
borde de la tela, un papel activo en la &#13;
creación plástica. Papel que debe tener­-&#13;
lo siempre. Una pintura debe ser algo &#13;
que empiece y termine en ella misma. &#13;
Sin solución de continuidad.&#13;
&#13;
RHOD ROTHFUSS&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Ninguna Expresión &#13;
Representación &#13;
Significación&#13;
&#13;
El hombre conquistará el espacio &#13;
multidimensional.&#13;
&#13;
Júbilo. Negación de toda melancolía. &#13;
Voluntad Constructiva. Comunión. &#13;
Poesía del contrato social.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
44 Verano</text>
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              <elementText elementTextId="1964">
                <text>Arden Quin, Carmelo&#13;
Bayley, Edgar&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Huidobro, Vicente&#13;
Mendes, Murilo&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Vieira da Silva&#13;
Torres, Augusto&#13;
Prati, Lidy</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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                <text>García, M. A., Naón, R. (2018). Edición facsimilar de la revista Arturo: Ensayos y traducciones. Buenos Aires : Fundación Espigas. &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/9" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/9&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossi, M. C. (2018). La revista Arturo en su tiempo inaugural. Buenos Aires : Fundación Espigas. &lt;a href="http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/36" target="_blank"&gt;http://publicaciones.espigas.org.ar/index.php/espigas/catalog/book/36&lt;/a&gt;</text>
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                    <text>�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST

CON LA COLABORACIÓN DI SUS DISCÍPULOS

SUMARIO
Programa
-

D irección

•

Bases para una sociología del arte.
F rancisco A yala
Encuentro con la sociología del arte.
J orge R omero Brest
Bibliografía:
Arte y Sociedad, por Roger Bastide
A lfredo E. R oland
Art and Society y Art and Industry,
por Hebert Read. R odolfo G. Bruhl
El artista frente al mundo:
Opina Campicli
Correspondencia:
Escribe Sebastián Gasch desde Bar­
celona
•

Documentos:
Presentación de Adolf Loos

A ngelina Camicia
Páginas de antología Adolf L oos

Critica:
Cándido Portinari.
J osé P edro Argul
El "viii Salón de Mar del Plata.
Blanca Stabile

Miscelánea:
Da Exposición Laurens en Bruselas —
Etc.•

Lámina suelta: La Sirena — Escultura
de

H enri L aurens

Volumen III, n&lt;? 9. Abril de 1949

��FRANCISCO DE GOYA Y LUCIENTES
El huracán

Colección Jockey Club, Buenos Aires

Hoja de VER Y ESTIM AR

�E ESTIMAR

JORGE

ROMERO

BREST

Número 9 - Abril de 1949

��P R O G R A M A
solidado al elaborar, penosa pero alegremente, los números
aparecidos desde abril a noviembre del año pasado. Se ha per­
feccionado, además, en el empleo de una técnica —la de razonar
tobre las cuestiones estéticas— y ha visto con satisfacción que sus
filas se engrosan. Quizá fuera suficiente decir, en el primer ani­
versario, que persistirá en el esfuerzo, no obstante las dificultades
que obligan a modificar a menudo los precios de suscripción y de
venta, pero también es necesario esbozar un programa. En lo
que se refiere a la labor en común, ampliar los horizontes y
hacer esfuerzos para llegar a comprender los movimientos pro­
gresistas del arte, sin abandonar por ello la juiciosa mesura para
juzgar los que pudieran parecer retardatarios.
En lo que se refiere a la colaboración extraña, publicar
ensayos magistrales, también de críticos e historiadores extran­
jeros, incorporar una sección de correspondencia, que irá siendo
cada vez más nutrida, y otra con las opiniones estrictamente
personales de valiosos artistas contemporáneos.
Anunciamos, finalmente, que este año se constituirá un gru­
po similar en Montevideo, el cual permitirá que esta revista
argentina se transforme en un órgano de expresión rioplatense.
D ir e c c ió n .

3

��BASES PARA UNA SOCIOLOGIA DEL ARTE

MI TRATADO DE SOCIOLOGÍA HE DEDICADO AL ARTE
SI unENespacio
mayor que a ningún otro objeto, fue por considerar que

constituye éste la sistematización cultural más caracterizada, más autóno­
ma, de más definido perfil. Con cierta amplitud he expuesto ahí los
sucesivos intentos que la historia de esa ciencia registra hasta el presente
con vistas a la construcción de una sociología del Arte, y los he compulsado
con el sistema propio. Mi propósito al hacerlo era mostrar, precisamente
sobre la base de un objeto cultural tan desligado de intereses sociales como
es el Arte, de qué modo y hasta qué punto la actividad artística se en­
cuentra conectada con la realidad social, cuáles son los puntos de inserción
del arte en la sociedad, y recíprocas influencias que pueden descubrirse.
Quiero reducir aquí a un simple esquema aquellas ideas, prescin­
diendo —es inevitable— de los ejemplos que la holgura del libro me per­
mitía acumular en el Tratado, así como de la discusión detallada de
algunas cuestiones particulares, que en él tenía su lugar oportuno y aquí
resultaría impertinente.
Para prestar mayor claridad a mi exposición, la descompondré en
apartados, cada uno de los cuales responde a un problema particular y,
todos juntos, dibujan el desarrollo completo de la sociología del arte,
según yo la concibo.
1. QUÉ ES, PARA LA SOCIOLOGÍA, EL OBJETO CULTURAL
DENOMINADO “ARTE”
Por de pronto, deberá afirmarse resueltamente la identidad del obje­
to: el Arte, para la Sociología, no es otra cosa, en sí mismo, que para la
Estética. La diferencia estriba en el modo de su relación con él; pues,
mientras que para esta última el Arte constituye su objeto propio, para la
Sociología, en cambio, no pasa de ser uno de tantos órdenes producidos

5

�por la Cultura, del que tiene que ocuparse por cuanto, concretado como
todas las demás objetivaciones espirituales sobre la realidad, encarna en
formas y estructuras sociales cuyo conocimiento le compete. Desde este
ángulo, es decir, como fenómeno social del espíritu y en su concreta mani­
festación, puede y debe ocuparse del Arte la Sociología. Si excediendo sus
legítimas posibilidades pretendiera, como tantas veces ha pretendido, al­
canzar su esencia y explicarlo exhaustivamente, el resultado único sería,
lejos de su pretensión, desvirtuarlo y disfrazarlo. Para conocer la esencia
del Arte no bastan ni sirven las categorías sociológicas; debe hacerse apli­
cación de las que nos ofrezca la Filosofía de la Cultura y, en particular,
la Estética.
Sin cansancio conviene insistir sobre este punto; hay que evitar el
común error de los que creen que un estudio sociológico del Arte es capaz
de descubrirnos su esencia, ni siquiera de explicarnos algo decisivo acerca
de él. Muy por el contrario, el punto de vista propio de la sociología im­
prime un sesgo forzado del que conviene tener conciencia, y que estare­
mos obligados a corregir siempre que interese considerar, no lo accesorio
del Arte, sino lo que concierne a su esencial sentido. El hecho curioso de
que para su enfoque sociológico sea indiferente el grado de logro o frus­
tración de la obra artística, y aun la malograda resulte a veces más ilus­
trativa, prueba de modo palmario la deformación a que esta ciencia so­
mete el objeto “Arte”.
Si no queremos incurrir por nuestra parte en tal yerro, tendremos
que comenzar imponiendo a la Sociología el reconocimiento de su inep­
titud para determinar la esencia de la obra de arte y, por lo tanto, para
atribuir a un objeto esa calidad, que viene establecida según criterios que
le son ajenos. En efecto: aceptará que es obra de arte todo producto de
cultura intencionalmente orientado hacia el valor estético, con el que la
Sociología no tiene nada que hacer. Ella sólo entra en funciones, una
vez circunscrito, definido, el campo artístico mediante dicha intencional
referencia al valor, para estudiar los aspectos generales y extrínsecos de
la actividad artística. Por lo tanto, el momento individual, decisivo, de
la creación, lo que es en ésta iniciativa única y viviente, se le escapa,
reteniendo tan sólo la organización, las formas, las relaciones, las estruc­

6

�turas, lo que es social y consiente por serlo una explicación a través de
referencias históricas. ¿Será acaso que la Sociología no capta del Arte sino
aquello que no es arte?
II. DESLINDE DEL ASPECTO SOCIOLÓGICO EN EL ARTE
1) Lo temporal y lo eterno.
Esta cuestión nos lleva a dilucidar la paradoja de que, siendo el Arte
un producto humano' y, como tal, eminentemente histórico, dado en el
tiempo y ligado al tiempo, se predique de él siempre la nota de eterni­
dad. Porque a su esencia pertenece la aspiración a realizar el valor de
Belleza, y ésta, en cuanto tal valor o principio de orientación espiritual,
se encuentra substraída a las determinaciones del tiempo, se dice que el
arte es eterno, no obstante que ninguna de sus obras, por alta que fuere,
puede reputarse perfecta e idéntica al valor, ya por la mera limitación
que le impone el hecho de manifestarse bajo una forma concreta cuya
determinación excluye otras infinitas formas de belleza. Pero no sería obra
de arte, por otra parte, la que renunciara a realizar el valor de Belleza
—problema distinto es el del grado en que lo consiga—; de manera que
aun la mínima obra artística, el más desdichado engendro, participa, por
esa esencial intención, de la eternidad que al valor le es propia. De ahí
la legitimidad de proclamar eterno el arte, contra la cotidiana y universal
experiencia que nos lo muestra perecedero, y hasta sometido a las alter­
nativas de la efímera moda.
Eterno, sí; pero, al mismo tiempo, ligado al decurso histórico, y li­
gado en modo tan íntimo y, a su vez, esencial que, en nuestra aprecia­
ción del logro estético, esto es: en nuestro juicio de valor, tomamos
siempre en cuenta, de modo consciente o inconsciente, el elemento de la
temporalidad. Si una obra artística no es de su tiempo , queda por ello
desvalorizada, cualesquiera sean sus demás cualidades; en el caso de má­
xima elasticidad, cuando es producto de un artista rezagado, la desvalo­
rización será relativa; más allá de ese límite, entra en la categoría de
pastiche, de falsificación, mientras que las obras valiosas del pasado, a

7

�las que tal vez imita con destreza, valen desde su tiempo, desde su tiempo
se dirigen a nuestra sensibilidad actual.
2) La historicidad del arte.
Si ninguna obra de arte, por subida que sea, puede lograr la eterni­
dad a que aspira; si toda obra se encuentra ligada ai su tiempo, y el hecho
de que así sea es condición para que aquella aspiración pueda estimarse
en alguna medida realizada, habrá que afirmar ya por principio lo que
sabemos por vías de experiencia: que el arte es un producto histórico,
manifestación concreta, relativizada, del espíritu, igual que todos los
demás productos de cultura, dependiendo por lo tanto para sus confi­
guraciones particulares de la realidad histórico-social en cuyo seno surge.
Partimos, pues, de la determinación según la cual el Arte se define
por la intención de realizar el valor absoluto de Belleza; pero esa inten­
ción reúne, caracterizándolos como obras de arte, los objetos más hetero­
géneos: un templo o un palacio, un retrato, una marcha militar, el relato
de un acontecimiento, real o fingido... A propósito del cine, se ha ha­
blado de arte nuevo; y nada impide, en verdad, que, así como en el pasa­
do se ha hecho arte —es decir, se ha aspirado a realizar la belleza—en los
objetos que conocemos como obras artísticas, otros diferentes vengan en
el futuro a agregárseles o a sustituirlos en su empeño.
Tal variedad, y cuantas variaciones puedan señalarse en el ámbito
del Arte, provienen de su condición histórica, como de ella procede tam­
bién el cambio sufrido a lo largo del tiempo por algunas artes: por ejem­
plo, la evolución de la pintura, o la evolución de la música. Pues bien,
al aspecto de la temporalidad en el Arte ha de ceñirse la consideración
sociológica; la Sociología sólo desde el punto de vista de su realización en
el tiempo, no desde el de la eternidad del valor, es capaz de aprehender
el Arte. Sobre la calidad estética no se pronuncia; limítase a averiguar y
poner de relieve los condicionamientos sociales a que está sometida su
producción, y las repercusiones de su presencia, de sus vigencias, de sus
frutos, sobre la sociedad misma de donde ha brotado.

8

�III. EL ARTE COMO SISTEMATIZACIÓN PARTICULAR
DENTRO DEL CAMPO DE LA CULTURA
Parando la atención en el conjunto de los objetos, heterogéneos en
extremo, que la intención estética califica como obras de arte, se observará
que en su mayor parte presentan otro sentido, distinto del que les con­
fiere dicha intención, y que por sí solo bastaría a justificarlos. Una igle­
sia, por mucho que su mérito artístico sea, es siempre y ante todo un
templo asignado al culto religioso; una composición musical puede tener
la finalidad de despertar emociones patrióticas o actitudes militares; un
relato literario puede perseguir la diversión del lector; una estatua, honrar
la memoria de un héroe; y ello, sin perjuicio, en ningún caso, de su valor
como obras de arte. A la vez, objetos análogos pueden darse, y se dan,
con plenitud de sentido, aparte de cualquier aspiración a la belleza: un
retrato que sólo aspira a fijar el parecido, una casa que sólo responde
a criterios de utilidad, etc.; y si, pese a ello, contienen alguna belleza,
será éste un resultado imprevisto, casual.
Pero, al mismo tiempo, se descubre también dentro del campo artís­
tico la existencia de objetos —cierto tipo de música, de poesía, de pinturatan predominantemente asignados a la finalidad estética que, sin ésta,
apenas tendrían sentido. Son puros objetos de arte; y respecto de ellos
nos será fácil obtener la convicción de que, en la historia del Arte, son
los menos abundantes y, por otro lado, resueltamente modernos: lo nor­
mal es que, junto a la finalidad estética, la obra de arte persiga o la utili­
dad, o el juego divertido, o la ostentación lujosa, o en definitiva el ser­
vicio de alguna otra finalidad ajena a la Belleza. Contemplemos, en suma,
los productos del llamado arte primitivo: obtendremos la impresión —que
la antropología confirma— de que sus creadores, artistas maravillosos a
veces, no se proponían hacer arte al fabricarlos, sino alguna otra cosa.
Más aún: lo que investiga en las culturas primitivas el antropólogo como
arte, religión, derecho, ciencia, instituciones, se le aparece en verdad for­
mando un todo indiscernible al que el hombre actual se esfuerza por
ajustar sus categorías propias, constituidas en una deliberada separación

�de los sectores culturales por virtud de la cual el derecho se distingue
bien de la moral, y ésta de la religión, y la religión del arte, y así suce­
sivamente; pero allí no hay tal separación: el arte primitivo yace, in­
distinto, con todas las demás manifestaciones de una cultura todavía no
diversificada, en el fondo del folklore. Mas, conforme el despliegue téc­
nico de la civilización hace evolucionar los contenidos primarios de una
cultura, ésta se despliega, por efecto de la diversificación interna, en sis­
tematizaciones independientes hasta cierto punto, o cuando menos dota­
das de una tendencia a independizarse; de tal manera que, por cuanto al
arte se refiere, aquella destreza manual que siempre fué prenda del artis­
ta, alfarero, imaginero, alarife, orífice, pintor, etc., y que dotaba de
belleza sus obras, destinadas a fines diversos, aquella perfección del ofi­
cial, pasa a convertirse en el verdadero y supremo fin de su actividad,
y el obrero, con ello, en un sacerdote de la Belleza al servicio cuasi di­
vino de un valor eterno.
Tal sustantivización de la actividad artística, que la aísla dentro del
ámbito de la cultura y le confiere, además, una particularísima dignidad,
no puede, sin embargo, como es comprensible, desconectarla de la reali­
dad social en cuyo seno se produce, por más que dé lugar a una concien­
cia muy aguzada del sentido estético como primordial momento de la
creación artística, y de la aspiración que le es esencial hacia el valor de
belleza, situado fuera del tiempo. En su determinación concreta, el arte
no puede dejar de ser histórico, y de estar perfectamente localizado en
el tiempo y en el espacio. Así, el llamado “arte puro” no es sino el arte
de una época de cultura avanzada, quizás decadente; y por mucha que
su pureza sea tendrá que estar repleto de referencias al mundo que lo
rodea, no menos que el arte mágico, el arte religioso o el arte suntuario
de otras épocas.
La sociología del arte cumple la misión de descubrir, apurar y orde­
nar esas referencias en su conjunto, situando el arte dentro de su marco
histórico, como fenómeno surgido de una realidad social, y susceptible de
repercutir sobre ella y de modificarla en alguna medida.

10

�IV. REPERTORIO DE PROBLEMAS PARA UNA SOCIOLOGÍA
DEL ARTE
1) Puesto del arte en la sociedad.
b
•y
Hemos señalado ya cómo, en fases tempranas de la cultura, el arte
aparece confundido con el resto de las manifestaciones objetivadas del
espíritu, a la manera de aspiración a la belleza vinculada sin particular
discriminación a las prácticas religiosas, al ejercicio lúdico, a las técnicas
industriales. Un aprecio especial del resultado bello en las creaciones hu­
manas está unido en su progreso a la interna diversificación de la socie­
dad por crecientes desdoblamientos funcionales; y sólo cuando la finali­
dad estética ha alcanzado así un cierto grado de autonomía y, con ella,
se ha desenvuelto la noción del Arte como algo sustantivo, es posible dis­
tinguir el papel que el arte cumple en la sociedad. Antes de haberse lle­
gado a ese punto, no podrá reconocérsele otro influjo específico que el
representado por la mayor estimación hacia el artesano más diestro y sus
rendimientos bellos. En cuanto al puesto que ese productor de arte ocupe
en la sociedad, no será otro que el reservado a aquella actividad con cuya
ocasión realiza su obra estética; y si se piensa en las distintas oportun!
dades de producir bellamente —ya en actividad industrial para la fabri­
cación de objetos útiles o de valor suntuario, ya en actividad ceremonial
como la que despliega el mago o sacerdote, ya en actividad de puro juego
para diversión de la clase alta— será fácil imaginar la posición del artista
oscilando entre los extremos de lo vil y de lo sagrado (tanto más, qué.
todas esas actividades pueden darse en una estrecha vinculación recípro­
ca) con característica ambivalencia de la que ahora no hemos de ocu­
parnos.
Pero tan pronto como empieza a reconocerse la sistematización cul­
tural llamada Arte y, con claridad mayor o menor, se atribuye sentido
al hecho de que ciertos hombres ejerciten una actividad cuyo principal
fin sea la realización del valor estético, surge la cuestión acerca del puesto
correspondiente a dicha sistematización dentro del orden social. Para fi­
jarlo, habrá que considerar el complejo de valores que en la sociedad

11

�prevalece. Resultará evidente por sí mismo que en una sociedad de tónica
militar merecerá una estimación mínima, quedando relegada a posicio­
nes ancilares como mero recreo afeminado o propio de gentes inferiores;
mientras que en una sociedad de tónica burguesa, comercial, encontrará
oportunidades honrosas y el sumo aprecio de factores cambiantes, estando
sometido a las oscilaciones que experimente su estructura por efecto del
movimiento histórico-social y, consiguientemente, el plexo de valores que
la dominen. Todo un cuadro de correlaciones podría establecerse, a par­
tir de datos históricos, entre el tipo de sociedad y el puesto reservado en
ella al Arte, mediante una investigación que hallaría cómodo centro en
el conocido contraste de Esparta y Atenas. Y claro está que para llevar
a cabo ese trabajo, el punto de orientación más firme sería el suminis­
trado por las posiciones sociales de los artistas mismos, fijadas con refe­
rencia a otras profesiones y sus respectivas posiciones sociales. Muy su­
gestiva resultaría la tarea de aportar algunos ejemplos, mostrando con
ellos cuán ilustrativos son ciertos hechos para esclarecer las situaciones
sociales y los fenómenos de transición; pero eso dilataría los estrictos már­
genes del presente esquema. Digamos, en términos generales, que el arte
sistematizado, al ser propio de una fase cultural muy madura con rica
diversificación social interna, ocupará un puesto elevado y disfrutará
de una consideración que será más o menos extensa según el peso re­
lativo del sector social que lo sostiene, pero que puede llegar, dentro
de ese sector al grado supremo.
2) El organismo del arte; su estructura.
Observábamos antes que el Arte se concreta históricamente en una
sistematización cultural que agrupa multitud de objetos heterogéneos.
Pero, no por serlo, se nos presentan éstos como un desordenado montón
de productos humanos coincidentes en el solo hecho de responder por
su factura a incitaciones estéticas. Lejos de ello, la sistematización cultu­
ral denominada Arte ofrece en su seno una ordenación precisa que dis­
tribuye sus elementos individuales y liga entre sí las obras artísticas, en­
cauzando su despliegue. El Arte —¿quién lo ignora?— está integrado por

12

�las varias artes que sendas Musas presiden, y que son otros tantos sistemas
aislados dentro de la gran sistematización cultural del Arte, cada uno de
ellos con sus técnicas propias, sus propias tradiciones y una evidente auto­
nomía de desarrollo, sin perjuicio de interferencias y recíprocos influjos.
Situadas dentro del proceso histórico, cada una de las artes posee su pro­
pia historia, de manera que hay, no sólo una Historia del Arte en general,
sino también, y quizás dotada de mayor trabazón, una historia de la
Pintura, una historia de la Música, de la Literatura, etc.
Constituye, pues, el Arte un organismo en el sentido de que, si bien
en principio carece de límites y es omnímoda la posibilidad que el hom­
bre tiene de objetivar su percepción de la belleza, de hecho realiza esa
operación dentro de técnicas rigurosas, que integran la aportación indi­
vidual a una común tradición, y dentro de las cuales hay un avance
gradual en la línea del proceso histórico, por cuyo efecto presenta el arte
esa nota de vinculación al tiempo de la que antes Hablábamos. El abi­
garrado conjunto de aquellos objetos heterogéneos unificados como obras
de arte por la intención estética que les es común, están, así, distribuidos
y ordenados —no artificialmente y desde fuera, sino por determinación
intrínseca—, de manera tal que, por ejemplo, el Orlando Furioso perte­
nece a la Literatura, y ahí se sitúa dentro de una tradición, responde a
unas técnicas, ocupa su lugar en una historia; la catedral de Reims per­
tenece a la Arquitectura, donde encuentra su puesto exacto; la Sinfonía
pastoral pertenece a la Música, y en su sistema debe encajar...
Se entiende, por supuesto, que la existencia de tales sistemas —las
diferentes musas— no cierra el camino a cualquier futuro desarrollo artís­
tico ajeno a sus tradicionales cauces, de igual manera que tampoco los
géneros dentro de cada uno de aquéllos tampoco impiden la renovación
e invención. Una nueva técnica material, como ha sido la aportada por
el cinematógrafo, puede dar ocasión a que se despliegue un nuevo sis­
tema, una nueva Musa, un arte dotado de verdadera autonomía y des­
prendido de las antes conocidas formas de figuración artística.
En relación con el organismo del arte, registrará la Sociología un
último rasgo lleno de significación: en cada punto del proceso histórico,
y cualquiera sea el puesto atribuido en la sociedad al Arte en general.

13

�alguna de las artes disfruta una primacía, cuyas causas deben averiguarse
en colaboración con la historia de la Cultura.
3) Cómo influye la realidad social sobre el contenido del arte.
Algún motivo de índole cultural-social ha de encontrarse detrás de
esa primacía histórica de un arte sobre las demás artes. En general, todos
los materiales, tanto como los motivos, con que el arte edifica sus obras
están extraídos del ambiente histórico-social a partir del cual el artista
crea. La originalidad de éste radica en la selección y combinación de tales
elementos con vistas a erigir un complejo dotado de eficacia estética, por
el que merecerá ser apreciado como creador. Pero los criterios de belleza,
los ideales estéticos establecidos mediante la obra, los módulos levanta­
dos en su operación, están condicionados de modo riguroso por el am­
biente social, a tal extremo que, según creo haber mostrado de modo
convincente en mi Tratado de Sociología, hasta la posición respectiva de
los grupos raciales en orden al poder político-social dentro de la comu­
nidad se reflejan en los ideales estéticos de ella, tanto como las confi­
guraciones del territorio físico sobre el que ha cuajado su cultura. A
partir de datos naturales tan primarios como son el tipo racial y el paisa­
je, ¡qué hecho de la realidad ambiente no marcará su impronta, actual
o potencialmente, sobre las creaciones artísticas! Por más que el Arte
aspire a lo absoluto, sólo en el terreno de la contingencia histórica puede
intentarlo; se produce dentro de una concreta realidad social, y se nutre
de los motivos, estímulos y materiales que éste le ofrece, adquiriendo por
su parte consistencia a través de formas y estructuras pertenecientes a los
comunes procesos de socialización. Descubrir las correlaciones entre esa
realidad y los contenidos del arte, sus tendencias y sus modalidades, es
una de las tareas más inmediatas del trabajo sociológico, y aquella en
que más ha abundado, como testimonian sobre todo los escritos de Taine.
4) Cómo influye el arte sobre la realidad social.
La misma actividad artística que en tan amplia escala de particulari­
dades refleja el ambiente social dentro del cual se produce, actúa, a la

14

�inversa, repercutiendo sobre la realidad social. Y ello, en primer término,
por cuanto dicha actividad es la que, mediante la objetivación artística
que produce, fija los criterios acerca del valor de belleza y los dota de
vigencia en la comunidad. El juicio que un objeto cualquiera, natural
o artificial, persona, paisaje u obra humana, merezca a la gente que
aprecia su belleza o fealdad, se encuentra respaldado siempre, haya o
no conciencia del hecho, en la educación del gusto mediante una tradi­
ción artística a través de cuyos módulos contempla la realidad el obser­
vador. En tal educación del gusto, como en todo proceso educativo, entra
en juego el principio de autoridad, el prestigio que sostiene unas normas
y rechaza otras hacia su abolición; y es evidente que la evolución del
gusto a lo largo de la historia está dirigida por los procesos creadores
que la historia del Arte registra.
Más, aun cuando ésta sea la principal, no es la única repercusión
del arte sobre la realidad social en torno. Desde siempre le han atribuido
los sociólogos dos funciones, que suelen apreciarse alternativamente, pero
que nada impide admitir en concurrencia: la de sublimar energías so­
brantes y la de prestar satisfacción simbólica a deseos o impulsos cuyo
efectivo cumplimiento carece de oportunidad en el mundo real. En ver­
dad, lejos de ser incompatibles ambas alegadas funciones, consienten ser
identificadas, puesto que la satisfacción simbólica o imaginativa de un
impulso equivale a la sublimación de la energía por su represión; meca­
nismo que la creación artística comparte con otras objetivaciones del
espíritu, asimilándola al juego en su múltiples manifestaciones, con sus
carácteres de gratuidad, de ficción y de diversión.
En modo también accesorio, se incorporan al ejercicio del arte, al­
canzando en él cumplimiento socializado, motivos de prestigio social, de
cortejo erótico, de lucro económico, y otros. Cada uno de tales motivos
presupone una determinada condición ambiental para hacerse efectivo
por esa vía: se comprende, por ejemplo, que la lucha de prestigio a través
del arte implica un cierto grado de consideración y respeto social para
el artista, sin lo cual esa lucha tendría poco sentido; que el cortejo eró­
tico implica una participación de la mujer en el culto de los valores esté­
ticos; el lucro, una cotización comercial del producto artístico, etc.

15

�5) La organización social del Arte.
Por último, y como estudio más propio y directo de la sociología
del arte, corresponde a esta ciencia investigar las formas y estructuras so­
ciales que su ejercicio asume o que de él derivan, tanto en el presente
como en el plano histórico, estableciendo su relación con las formaciones
sociológicas fundamentales.
Nos hallamos en presencia de una sistematización cultural demarca­
da en el seno de la sociedad. ¿Cómo se organiza? ¿Cuáles son sus sectores?
¿En qué estructuras sociológicas encaja? ¿Con qué instancias sociales se
relaciona, y cómo? Todas estas cuestiones, y otras por el orden, deben
constituir materia de investigación especializada hasta proporcionar un te­
mario de monografías del que pueden dar idea los epígrafes siguientes:
a) Desarrollo histórico-sociológico de las artes particulares. Las es­
cuelas; las generaciones artísticas.
b) Papel social reconocido al arte en la sociedad: industria, diver­
sión, adorno, lujo ...
c) Modo normal de su ejercicio: gremialismo, servicio privado, ser­
vicio público, libre iniciativa y competencia.
d) Jerarquización dentro de cada arte: espontánea (por obra de
la ley de oferta y demanda, de la opinión pública) ; oficial (bu­
rocracia artística, premios, academias).
e) Posición social del artista: profesional (libre, agremiado, a suel­
do, funcionario, esclavo) ; diletante, aficionado.
/) El destinatario del arte: magnates, particulares, público indeter­
minado, instituciones (Iglesia, Estado, municipio, club...).
g ) Arte mayoritario y minoritario; arte-espectáculo y arte para ar­
tistas: el esteta, el “connaisseur”, el “snob”.
h) Transfondo político y económico en las actividades artísticas.
Etcétera.
Para muchas de estas cuestiones existe apreciable bibliografía; otras
están prácticamente intactas.
F rancisco A vala

16

�ENCUENTRO
LA SOCIOLOGÍA

CON
DEL A R T E

yos de sociología del arte publicados hasta ahora; hecho bastante cu­
rioso por cierto cuando se piensa que la sociología tendrá que llegar a ser
fundamental ciencia del espíritu de nuestro tiempo, así como la historia
lo fué del pasado. Tal vez las razones sean muchas, desde la insuficiencia
de la sociología en general, en lo que a métodos se refiere hasta el tono
de improvisación que le han dado los literatos transformados en soció­
logos, la manía de comparar momentos históricos aparentemente pare­
cidos y la confusión de aquella ciencia con la política; pero no es mi
piopósito analizarlas en este artículo sino señalar tan sólo un fenómeno
que advierto en Europa y que favorecerá a mi juicio el desarrollo de tal
disciplina.
Quiero agregar, como prólogo, que hasta ahora la incipiente inda­
gación sociológica del arte se ha ejercido en el campo del que goza o
del que crea, sin que se haya advertido suficientemente que ella debe
reposar sobre una confrontación de ambas actitudes entre sí y con la
estructura económico-social, so pena de perderse el investigador, como

17

�ha sucedido más de una vez, en una confusa divagación politicista, en el
primer caso, o en una estéril divagación esteticista, en el segundo, ambas
ajenas por completo al problema mismo que se debe considerar. He de
confesar, no obstante, que las dificultades son múltiples porque no existe
en el plano del arte, o mejor dicho, no existía, ninguna claridad.
Si se contempla el panorama de la creación artística desde el último
cuarto del siglo pasado, se advierte que tanto los movimientos de grupo
que se produjeron hasta la liquidación del superrealismo, como los pura­
mente individuales que se han multiplicado en los últimos años, obede­
cen a una búsqueda de elementos expresivos de tal modo subjetiva, que
no llegan a configurar un lenguaje. El hecho, a mi juicio evidente, de
que la palabra misma haya caído en descrédito, favoreciendo todo los her­
metismos, no hace más que señalar ese tono individualista aludido, por
cierto muy diferente del que impusieron los románticos, para quienes
el arte fué ante todo y sobre todo un lenguaje. Los artistas contemporá­
neos empeñados por encontrar la palabra propia han desdeñado la comu­
nicación: se puede decir así porque no hay lenguaje posible sin un
mínimo de comprensión, por lo menos en determinados grupos sociales,
por pequeños que ellos sean. Quizá haya que señalar como excepciones
el futurismo y el superrealismo, pero los dos movimientos, por distintas
razones, abortaron rápidamente, dejando tan sólo un tesoro de experien­
cias que no podrá ser desdeñado por los artistas del futuro.
En contraste con esa actitud, lo que se advierte en la producción
artística europea de hoy —me refiero, claro está, a la de los jóvenes pro­
gresistas— es la búsqueda de formas que superen el plano de la mera
subjetividad, para llegar a constituir un verdadero lenguaje de nuestro
tiempo. Todos comprenden, aunque varíen los conceptos y los proce­
dimientos, que de nada valen las experiencias puramente personales y
que no se llega al arte de verdad sino en la medida en que las formas
se unlversalizan como lenguaje; en consecuencia las búsquedas están orien-

�tadas en un sentido radicalmente diferentes al de los mayores. Por esta
razón tal vez las disparidades estéticas se acentúan ahora y comienza a
desaparecer vertiginosamente aquella idea de que toda obra de arte puede
ser valiosa, cualquiera sea la orientación a que obedezca, con tal de que
tenga calidad. Se comprende de que la tan mentada calidad no es más
que el fruto de una invención sensible personal y los artistas jóvenes
saben que el problema no es el de inventar formas de acuerdo a vagas
resonancias en el espíritu de cada uno, sino el de contribuir a la formación
de una lengua, con la cual ha de ensayarse la construcción estética de
nuestra visión del mundo; comprenden la falacia del concepto de calidad,
basado en ciertos refinamientos de la sensibilidad creadora, y por tanto
piensan que la intuición sensible de cada uno debe ejercerse en el plano
de la intuición sensible de los demás.
¿Puede extrañar entonces que abunden las desestimas entre los gru­
pos como para que sea imposible alguna conciliación?
Los impresionistas pudieron admitir en su seno, y hasta venerarlo
como maestro, a un robusto naturalista como M anet, y en el grupo de
los jauves no faltaron representantes de una estética diferente; aún entre
los cubistas de la primera época, a pesar de que fué el de ellos un movi­
miento de mayor unidad, se advierte ahora que fueron muy diferentes
entre sí y las semejanzas bastante superficiales (Braque me ha confesado
que nunca se sintió cubista); y en lo que se refiere a los superrealistas,
¿cómo cohonestar el encendido pintoresquismo imaginativo de un M ax
E knst con el lirismo de un T anguy, el erotismo mediterráneo de un
D elvaux, el seudonaturalismo de un D aly y el decorativismo de un
M iró? Todos sin embargo pudieron considerarse componentes de un mis­
mo grupo, en su hora, porque bastaban las coincidencias estéticas y con­
servaban cada uno plena libertad para enviar su mensaje propio. Ahora,
en cambio, no sólo los grupos son pequeños, porque las coincidencias
deben ser totales, sino que se niegan entre sí de un modo casi absoluto,
sin violencias empero, como si la actitud dependiera de una convicción
pi ofundamente arraigada. Esto ocurre, a mi modo de ver, porque lo que

19

�se busca apasionadamente es la creación de una lengua expresiva de los
ideales de nuestro tiempo y accesible a los más, con lo que viene a com­
pletarse el esquema sociológico enunciado al comienzo. Porque desde el
momento en que un artista se propone crear con palabras dadas, renun­
ciando a ser personal de modo absoluto, supera toda posición esteticista
y entra en el dominio de la única estética legítima: la que procede de
actitudes vitales completas.
No es una coincidencia casual que la totalidad de los pintores y
escultores progresistas que he conocido en España, Italia, Bélgica, Ho­
landa, Suiza y Francia pertenezcan a los partidos de izquierda, la mayo­
ría de ellos comunistas. Y tampoco es casual que, entre éstos, muy pocos
obedezcan las equivocadas directivas del partido y luchen, en cambio,
por imponer las formas que crean, las únicas revolucionarias, es decir,
aquellas que implican una superación de todos los individualismos; que
luchen, además, por crear una pintura y una escultura que pueda con­
cillarse con la arquitectura, y que no sea la expresión del pequeño mundo
de las cosas, necesariamente limitado a causa de su fraccionamiento, sino
del gran mundo de los tensiones y fuerzas reciprocas.
Tal fenómeno, absolutamente nuevo, que no comprenden un Braque,
un Laurens, un Brancusi o un Carrá, ha forzado las actitudes estéticas
de los demás, y por tal razón se advierte que, por detrás de cada sistema
de signos —lo mismo en el cubista que en el abstractista, o en el superrealista, o en el fauve, o en cualquier otro— se agita una actitud vital, un
ideal político, una concepción social, porque cada uno sabe que el arte
que cultiva es la expresión de un mundo existente que aspira a perdurar
o de un mundo que se anuncia. Y de este modo el crítico se encuentra de
manos a boca con la sociología del arte, vale decir, con los elementos para
formularla y ahondarla; y comprende además que no es posible juzgar el
arte de acuerdo a principios estéticos pretendidamente autónomos, sino
que es necesario hallar razones para ellos que se encuentran en el fondo
abisal de la conciencia sociopolítica de la época.
En América no son fáciles de captar, en general, los fenómenos que

20

�pueden justificar una sociología del arte, pues los movimientos artísticos
de avanzada obedecen todavía a posiciones más bien esteticistas que
enmascaran las posiciones sociales, debilitando el pensamiento creador.
Pero en esta Europa de post guerra, en la que todos han debido hacer
una experiencia por demás dolorosa, ya no valen ciertos engaños y los
más inteligentes o los más sensibles calan hondo en búsqueda de la
verdad.
De manera deliberada, no quiero emitir juicio alguno en este artí­
culo sobre las obras, pues necesito de algún tiempo para que se decante
tanta experiencia. Tan sólo quiero señalar como anticipo a los ensayos
que escribiré en Buenos Aires, la urgencia que se siente aquí de una
indagación sociológica, la única que podrá vigorizar la crítica desmayada
y estéril que se viene haciendo.
J orge R omero B rest

París, abril 15 de 1949.

21

�hibliograf
E S T É T I C A

Y

S O C I O L O G Í A

T AS VINCULACIONES DEL ARTE CON LO SOCIAL SON MUÉ* chas y, en definitiva, la valoración de la obra de arte se efectúa en una
instancia sociológica. Que ella sea producto de una decantación a través
de élites especialmente capacitadas para dar fallos axiológicos o bien que
esos fallos sean de carácter universal, definitivos o transitorios, esa valo­
ración siempre ostentará —más o menos marcado— el signo de lo social.
La estética, pues, no puede prescindir del enfoque sociológico, aunque
él diste mucho de ser exclusivo. El problema estético ofrece múltiples
facetas y aun estudiando todas ellas en conjunto no se ha podido hasta
ahora lograr soluciones definitivas. Pero sin duda el factor social es uno
de los grandes puntos de apoyo, como en otro sentido lo es el psicológico.
Numerosos estudios se han realizado para aportar soluciones estéticas
desde el punto de vista sociológico, pero a la vez ellas difieren entre sí,
tanto como las distintas escuelas de sociología. Lo indudable es esto: que
la estética no puede dejar de lado el punto de vista sociológico y que la
sociología no puede menospreciar el problema artístico. Pero si la socio­
logía debe encarar el estudio de la obra de arte —un producto de la acti­
vidad humana susceptible de valorarse socialmente— ella es incapaz de
abarcar el problema estético en toda su magnitud, con sus implicaciones
psicológicas, filosóficas y las puramente históricas. Lo difícil para un
sociólogo es delimitar convenientemente su campo de investigación, apor­
tando luego a la Estética los resultados parciales que haya podido alcan­
zar. Esto exige una gran probidad científica y una plena conciencia de
la vastedad de ambos problemas en sí: del estético y del sociológico.
Roger Bastide es un ejemplo en tal sentido. En su libro Arte y
Sociedad 1, se propone un estudio científico, estrictamente positivo, del
problema sociológico del arte y para ello se esmera en circunscribir su &lt;
campo, desechando toda incursión en el terreno filosófico a fin de no
perderse en abstracciones metafísicas. No puede eludir una cuestión previa

22

1 R oger B astide, Arte y Sociedad, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1947.

�y la aborda con gallardía: el problema axiológico implícito en el pro­
blema estético. Admitida la imposibilidad de una estética no valorativa,
realiza un fino análisis de la axiología y su aplicación en lo social. Parte
de esta premisa: existen valores, existen sociedades; y apoyándose en las
conclusiones de la sociología norteamericana de Giddings y del francés
Richards, establece que “no es el régimen de producción, la infraestruc­
tura económica, lo que explica las ideologías estéticas, sino, al contrario,
la concepción estética de las cosas la que regula y dirige la vida econó­
mica”. El planteo es, pues, de un interés indudable. La ley de la sacie­
dad establecida por sociólogos y economistas partiendo de lo psicológico
—la ley de la utilidad última, basada en la decreciente valoración de las
necesidades a medida que las satisfacemos— no crea valores; al contrario,
los anula. La creación de valores sólo puede provenir de la subordinación
de lo económico a motivos ideales superiores.
He aquí aue el autor, sociólogo positivista, no teme plantear de en­
trada esta seria cuestión. Y al subordinar lo económico a motivos ideales
superiores, hace de la axiología sociológica el centro, el nudo de la socio­
logía general. ¿Cuáles pueden ser esos motivos ideales superiores a los
que se subordina lo económico? Para Bastide son motivos estéticos, cul­
turales. Aun admitiendo sólo estos últimos, en ellos está comprendido el
arte. Así, podríamos aceptar con él que la estética depende tanto de la
axiología como de la sociología, puesto que la evolución de la cultura
sólo puede explicarse sociológicamente. Pero al mismo tiempo vemos
que la sociología se supedita a una interpretación axiológica; y que por
la subordinación de lo económico a motivos ideales superiores, esa axio­
logía social depende a su vez de una concepción estético-cultural.
Estamos, pues, frente a un círculo vicioso de interdependencias contra
las que se estrella el particularismo científico, el prurito clasificatorio y
jerárquico del positivismo. No debe hablarse de dependencias o subordi­
naciones, sino simplemente de ligaduras y relaciones. Otra confusión se
produce por fallas del lenguaje al no hacerse un distingo entre estética
y arte, distingo indispensable como ya lo hemos señalado y según volve­
remos a verlo más adelante.
Después de un minucioso análisis de los distintos aspectos que ofrece
el problema del arte desde un punto de vista estrictamente sociológico
—Jos intentos realizados desde Comte hasta nuestros días para construir
una estética sociológica, los estudios hechos para establecer el origen de
las artes, el problema del productor de arte con relación a su medio y el
del arte y las instituciones sociales— llega Bastide a la conclusión de que

23

�es más patente el divorcio que la ligadura entre la infraestructura econó­
mico y la estructura ideológica. “Nuestro objeto ha sido ante todo -dicever cuáles eran las funciones formales de los diferentes grupos sociales,
si actuaban sobre el arte como instrumentos de división, de conservación,
de creación o de propagación.” Con ello limita considerablemente la esfera
de la sociología con relación a la estética. Limitación muy justa y opor­
tuna. Aquélla se reduce a una observación de hechos puramente formales,
que el autor reconoce es el solo terreno en que deben situarse las in­
vestigaciones de este tipo.
Al final plantea otro problema de fondo: si la estética y la sociología
son o no ciencias normativas. Se cierra así el libro con un interrogante
tan fundamental como el primero. Tiene esta obra, pues, el mérito de
afrontar los dos asuntos más riesgosos para el método positivo que se ha
impuesto: fijar las bases de una axiología social y establecer si el arte
y la propia sociología pueden ser normativos. En realidad, son dos as­
pectos del mismo grave problema; ambos interrogantes están estrecha­
mente vinculados. Y lo notable es que Bastide no teme llegar a la con­
clusión más desalentadora para un sociólogo. ¿Qué ideal —se preguntapuede recomendar una sociología positiva? Una serie de atinadas obje­
ciones interpone al empeño de Lalo en definir el ideal como “lo normal
futuro”, indefinible a su vez, por lo cual sus conclusiones no son sino
una escapatoria. Bastide, más prudente, se recoge dentro del campo estric­
to de su sociología positiva “abandonando la idea de una estética nor­
mativa, dejando la cuestión a los filósofos, los únicos competentes en la
materia”.
Al estudiar la estética fenomenológica de Geiger1, advertimos la
desesperación del filósofo al no hallar el camino seguro para constituir
la estética como ciencia autónoma. La estética seguirá “sacudiándose como
una veleta” ante cualquier racha filosófica, científica o cultural. Y resignadamente deberá volver a refugiarse en el regazo materno: en la filo­
sofía. Ahora vemos cómo un sociólogo, después de abordar científica­
mente el problema estético queriendo captarlo dentro de su especialización, en última instancia se remite también a la filosofía. Por dos ca­
minos distintos, los esfuerzos para dar una base científica a la estética
resultan vanos.
La estética no puede prescindir de la sociología —¿acaso algún aspecto
de la vida humana escapa enteramente a lo social?— y a su vez la socio1 Un panorama actual de la estética. Ver y Estimar, N? 4.

24

�logia no puede prescindir del arte. Estética y sociología se complementan,
pero las fuentes de la estética no se agotan en lo social.
Este es el balance positivo del libro de Bastide. Es, además, un nuevo
intento fallido para dar una base científica a la estética. Ésta podrá apli­
car parcialmente los métodos científicos. Escudriñar, por ejemplo, el ori­
gen de las artes; plantear, como Lalo, el problema de si el arte es o no el
reflejo de la sociedad. El origen de las artes ha sido objeto de serios
estudios y aunque las conclusiones son imprecisas —como resultado final
sólo puede hablarse de una preestética en los pueblos primitivos— los
datos aportados son suficientes para establecer que el elemento comuni­
tario o social es mayor a medida que nos alejamos en el tiempo, aunque
nunca desaparezca totalmente la parte de creación personal. Podrá com­
probarse por el método sociológico que en ninguna forma —directa o
indirectamente— el productor de arte escapa a la influencia de su medio.
Y que la función valorativa depende en última instancia de grupos so­
ciales, tales como, p. ej., los snobs, intermediarios entre el artista y el gran
público.
Muchas contribuciones como éstas puede aportar la sociología. Pero
toda su experimentación ha de realizarse concretamente frente al arte
—producto de la actividad humana susceptible de valorarse socialmente—
sin pretender sobre esa base fundamentar la estética, problema que rebasa
el de la obra de arte misma. Todo intento de esa índole no hará sino
empequeñecer el problema estético, que es mucho más vasto y más pro­
fundo. Las posibilidades de su autonomía —como ciencia— son todavía
muy remotas. Por lo tanto habrá que seguir considerándolo, fundamen­
talmente, un problema filosófico.
A lfredo E. R oland

ARTE

y

s o c i e d a d

T A PRESENTACIÓN DE UNA DE LAS OBRAS PRINCIPALES DEL EMINEN-

te critico de arte inglés, Herbert Read, se ha hecho ya en VER Y ESTIMAR J,
de manera que su modo de plantear sus problemas, su dialéctica aguda y cristalina,
y la ausencia de pensamientos sinuosos estarán en el recuerdo del lector.
1 Art. Now - N? 6, págs. 40-46.

25

�Otro de sus libros fundamentales, ART AND SOCIETY1, ha sido dedicado a
un estudio exhaustivo de las relaciones existentes entre la sociedad como ente socio­
lógico y los creadores de la obra de arte como entes individuales. Read se acerca al
tema no desde la ancha base de la sociología sino desde el enfoque parcial de las
artes plásticas. Innegablemente piensa y escribe mucho más en su carácter de crítico
e historiador de arte, que a su vez es capaz de escribir buena poesía, que como so­
ciólogo en el sentido científico más ceñido de esta rama de las ciencias especulativas.
El plantea, como buen inglés, sus problemas y puntos de vista bajo un aspecto emi­
nentemente práctico y positivista, yendo directamente a las cosas y a los ejemplos
materiales, más que partiendo de una base netamente sociológica. Es capaz de hacer
abstracción casi total de todo carácter sistemático y cerrado en sus enfoques y como
resultado logra que la lectura de este excelente libro suyo se haga no sólo placentera
sino amena, fuera de la gran riqueza de ideas originales que brinda al lector.
En sus consideraciones básicas Read distingue el arte como factor económico y
como factor ideológico. Arte no se crea, según él, para llenar necesidades económicas
ni para expresar ideas o credos religiosos o filosóficos, sino para conformar como
valor autónomo un mundo sintético y auto-existente, en un modo de encarar la
percepción de algunos aspectos de verdades y realidades universales por un individuo.
Necesariamente arte tiene relaciones con religión, política y todos los demás
modos de reacción del hombre hacia su destino. Pero como tal es diferente y contri­
buye en su propio fuero y derecho al proceso integrador de lo que convenimos en
liamar cultura. El arte comienza como actividad solitaria, y solamente a medida que
la sociedad lo reconoce y absorbe, se entrelaza con la urdimbre sociológica.
En un análisis cronológico de las vinculaciones entre el arte y ciertas sociedades
prototípicas a través de la historia, Read comienza por estudiar las relaciones entre
Arte y Magia. Según él, el significado mágico, en el sentido de ganar poder sobre el
animal u hombre dibujado, esculpido o pintado, del arte paleolítico está fuera de
toda duda, pero no hay por otro lado razones para presumir que ésta sea su única
raison d’étre. Hay amplia evidencia que este arte tiene sus valores estéticos exclusivos,
aun dentro de su carácter naturalista y representativo, que es tipico para toda socie­
dad mágica. El arte neolítico y eneolítico en cambio es totalmente distinto e inferior.
El origen de su ornamentación geométrica obedece sin duda principalmente al pro­
nunciado horror vacui de sus creadores, una necesidad psicológica que ha adquirido
carácter permanente en el hombre.
Luego Read entra a comparar el Arte y el Animismo. Contrario a la magia, que es
materialista en sus preocupaciones, el animismo, que en su época era fuente del sur-1
1 A rt end Society por H erbert R ead. William Heinemann Ltd., London - Toronto, 1937.

26

�gimiento del ídolo, de la máscara y del tótem, tiende a la búsqueda de una explica­
ción de los sucesos por agentes activos, invisibles y espirituales. Implica un mundo
dualista, de cuerpo y alma, casualmente conectados e imaginariamente concebidos. He
ahí la clave de todo arte animista que simboliza la espiritualidad detrás de las apa­
riencias fenomenológicas.
El contraste entre el arte bushman del siglo XIX y el arte negro en el resto del
continente africano refleja fielmente el contraste que existió entre el arte orgánico
paleolítico (mágico) y el arte geometrizado del período neolítico (animista). La
explicación para estos contrastes reside principalmente en diferentes modos de vivir
y, como consecuencia, en una diferente organización social.
En un tercer capítulo Read llega al planteo del problema de arte y religión.
Durante muchos siglos la interdependencia de arte y sociedad constituye un problema
de relación determinado primordialmente por la religión. El pensamiento lógico del
hombre, su logos, da a la obra de arte el carácter de intermediario entre el mundo
de los fenómenos naturales y el mundo de las presencias espirituales, ya sea siendo
símbolo, que expresa un estado mental o emocional, ya sea siendo representación o
imitación de un objeto natural.
Hasta el primer decantamiento del arte en el estado emotivo con fines rituales,
religión y arte son interdependientes. Pero para el credo ya evolucionado la obra
de arte sólo es benéfica para el iliterato, mientras que la ulterior racionalización
de la religión debe considerarla como antagonista al puro espíritu. De ahí se con­
cluye, que la religión en sus tardías manifestaciones históricas fué de decidida ani­
mosidad hacia el arte. La religión no es esencial para el arte, ni es el arte esencial para
la religión.
En un detenido y sumamente interesante estudio de las relaciones diversas exis­
tentes entre el arte y las distintas religiones —semítica, islámica, greco-romana y final­
mente la cristiana— Read define con prístina claridad las influencias que estas reli­
giones han tenido sobre el arte vinculado y perteneciente a sus respectivos entes so­
ciológicos. Dedicando su mayor atención al planteo de arte y cristianismo y al
devenir de sus influencias recíprocas, Read llega con el estudio del Renacimiento
a la conclusión que éste es más bien una secularización y paganización del arte que
se había vitalizado demasiado como para seguir subordinado al control religioso. Así
como la filosofía se libera del dogma supranatural, se emancipa también el arte de
su tutelaje eclesiástico. Con tal desarrollo, Occidente llega por primera vez a tener
un arte realmente secular.
Con el Renacimiento se produce además un desplazamiento de los valores colectivos
hacia los individuales. Para los comienzos de la humanidad pudo dudarse quizás de
la existencia de una noción colectiva del arte, pero durante el medioevo más que

27

�en otra época llegó a prevalecer claramente y en muchas fases un determinado as­
pecto colectivo del pensamiento, del sentimiento y del arte, controlados todos por
una iglesia universal. El Renacimiento no cambió profundamente el carácter del ar­
te, pero sí las condiciones de trabajo de los artistas, liberándolos de disciplinas e
inhibiciones eclesiásticas y costumbristas. Pero la libertad que ganan es harto relativa,
pues pronto descubren que habían cambiado de una dependencia vieja a una inhibi­
ción nueva: la del mercado, en el cual tienen que colocar sus obras, necesitadas de
un nuevo valor intrínseco. Esta forma de servidumbre económica se ha mantenido
con pocas variantes, hasta hoy día, siendo en sus consecuencias no menos perniciosa
y vil que la servidumbre espiritual de épocas pre-renacentistas. Este proceso implica,
además de un creciente auto-control y auto-afirmación de la personalidad individual
en sí, una nueva soledad del artista y su diferenciación y distanciamiento de la masa.
El artista, al pintar objetos inanimados, paisajes y naturalezas muertas, da un
paso de significativa importancia, pues para el espectador ya no existe el interés en
tal o cual incidente pintado o en la personalidad retratada, sino precisamente en
la manera habilidosa del pintor en sí, que sabe expresarse en armonías de color y
coherencia formal. Lógicamente al acentuarse esta nueva tendencia, el pintor queda
cada vez más distanciado del entendimiento y apreciación del pueblo. La demanda de
éste siempre irá en pos de un cuadro que cuente algo en forma naturalista y realista.
Por el otro lado el artista, miembro de una élite auténtica, quiere expresarse a si
mismo, a sus emociones y a sus pensamientos. Es ahí donde se produce la oposición
y se abre el abismo entre el artista y la sociedad, donde se define la contraposición
- del arte de la élite y el llamado arte popular. Querer exigir que el arte de una época
determinada sea a la fuerza también popular, sería un deplorable error. El arte arquetípico para cada época es el arte de su élite. El caso contrario, y tan solo en forma
de mera teoría, puede ser exigido para aquella sociedad que no tenga élite, la sociedad
sin clases. Incidentalmente el mismo Read observa que el estado sin clases, según
concepción de Marx y Engels, y explícitamente definido por Lenín en su Estado y Re­
volución, de ninguna manera incluye la abolición de las élites, las que admitidamente
son resultantes de una diferenciación natural de los talentos y habilidades del hombre.
No existiendo ya ninguna especie de representación colectiva, el artista para lograr
un medio de comunicación con esta élite aunque sea, desde el Renacimiento hasta
hoy trató de encontrar otro sustituto en distintas formas de idealismo, pasando por
un resucitado idealismo pagano helénico, por un nuevo moralismo del siglo XVIII
y por el romanticismo en sus más diversas formas, entre las cuales puede incluirse
hasta el más extremo individualismo contemporáneo.
A esta altura Read llega a un detenido estudio de las relaciones entre arte e
inconsciente y sostiene que para entender los problemas que surgen de la oposición

�de arte y sociedad es indispensable el estudio de los aspectos psicológicos tanto del
individuo como del grupo humano. Como punto de partida, Read adopta los prin­
cipios generales del psicoanálisis, aceptando a priori que las teorías de Freud están
hoy ya por encima de toda cuestión en cuanto a su validez. El psicoanálisis ya ha
dado la clave para numerosos problemas de la antropología y mitología y muy pro­
bablemente la dará también para infinitos problemas en el campo del arte.
Así expone Read que la obra de arte tiene su origen inmediato en la conscien­
cia del individuo, pero sólo adquiere significancia completa a medida que se integra
en una cultura general de un pueblo o período. Hay pues dos factores esenciales:
la voluntad de un individuo y los requerimientos de una sociedad.
El artista arranca por la senda de la fantasía y a su regreso al mundo real crea
arte. Vive una vida de fantasía debido a las exigencias de sus instintos reprimidos
que son característicos de un estado anormal y neurótico. Este mundo de fantasía está
completamente sancionado y todos tendemos hacia él para la satisfacción de nuestras
necesidades espirituales y emocionales, con la marcada distinción de que el artista por
sus mayores facultades captativas absorbe mayor goce de él que el no artista. Es él,
además, capaz de romper las barreras entre los egos individuales, uniéndolos en una
especie de ego colectivo —tolérese la aparente contradicción—, similar a la represen­
tación colectiva de la sociedad primitiva.
Ahora bien, Freud en fecha más reciente estableció tres escalas de consciencia
del individuo: el ego, el super-ego y el id. Sus diferenciaciones son de elásticas inter­
posiciones recíprocas. En cuanto a su aplicabilidad a la obra de arte, Read formula:
“la obra de arte deriva su energía, su irracionalidad y su poder misterioso del id, el
cual debe considerarse como la fuente de lo que comunmente se llama inspiración.
Se le da síntesis y unidad formal por el ego, y finalmente se la puede asimilar a
aquellas ideologías o aspiraciones espirituales que son creaciones particulares del
super-ego”. De esta formulación conceptual se comprueba además la absoluta univer­
salidad del carácter del arte a través de todos los tiempos, ya se trate de una pintura
rupestre del troglodita paleolítico, de un fetiche negro, de un mosaico bizantino, una
catedral gótica o un retrato renacentista. Sin explicación queda aún esa particular
sensibilidad del artista que le faculta a convertir sus fantasías en formas materiales
—el regreso a la realidad objetiva— el que para Freud constituye un misterio. Read
opina que probablemente se trata de una descolocación de los tres estratos psicológicos
citados, donde el ego entra en contacto directo con el id, y que como tal nos da una
clave hipotética para la inspiración lírica o intuitiva que en todas las edades ha sido
ese raro dominio de pocos individuos reconocidos como los verdaderos genios del arte.
Y ahí precisamente termina el arte de Goya, Cézanne, Picasso y de todo artista, ya
sea occidental u oriental, primitivo o contemporáneo.

29

�En un corto capítulo sobre Arte y Educación, Read sostiene que la apreciación
del arte no se logra por la vía puramente intelectual (facultades de mnemotécnica,
lógica y aplicación), sino por la vía de la sensibilidad estética. De ahí que la meta
principal de la correspondiente educación debe identificarse con el fomento y de­
san olio del impulso estético latente en todo hombre.
Para concluir, el autor quiere mirar hacia el futuro y considerando el arte con­
temporáneo como arte en transición, formula que todo arte debe ser considerado por
la sociedad humana como una necesidad elemental, y como tal debe ser aceptado,
formando parte integral de nuestra vida cotidiana, en un proceso de integración instin­
tiva. El arte crece inconscientemente, dice Read, y su racionalización lo extingue, y
a este punto peligroso y crucial ha llegado nuestra cultura contemporánea. Existen,
según el autor, fuera de algunos pocos artistas realmente independientes, tres grupos
o direciones principales en el arte contemporáneo: a) el arte académico-burgués;
b) el arte revolucionario y c) el arte funcional. El segundo grupo puede aún subdi­
vidirse en: expresionista-superrealista y abstracto o no-figurativo.
Para el arte académico, que siguió su tradición desde el Renacimiento, ya sea
como idealismo secular o religioso, ya sea como naturalismo popular, el invento de la
fotografía fué su golpe mortal. Desde mediados del siglo pasado la mayor corriente
del arte se desligó de todo academismo para lograr la expresión de auténticos valores
estéticos. Esta evolución, preciso es admitirlo, ha llegado a ser cada vez menos popular.
En cuanto al expresionismo 1, Read sugiere la posibilidad de considerarlo también
como un movimiento realista, ya que la realidad de un estado emotivo es tan admisible
como el realismo del intelecto.
Ahora si se busca un realismo completo, no solamente es lícito, sino será un
requerimiento lógico, incluir a todos los aspectos de la vida humana, y en tal caso
también sus sueños, alucinaciones, trances etc. Esta es la premisa básica del llamado
movimiento superrealista. El superrealismo es profundamente consciente de la falta de
conexión orgánica entre el artista y la sociedad contemporánea a causa de la estruc­
tura primordialmente económica de esta última. Basado en “la lógica de la totalidad’’
de Marx, sostiene que el sistema social constituye un ente total, y ninguna de sus
partes, economía, política, religión y arte, pueden ser entendidas debidamente en
forma aislada. El clamor por un dinámico modo de acción para todo artista resulta
por lo tanto perfectamente comprensible.
Opuesto al expresionismo se desarrolló un movimiento abstracto, constructivista
o no-figurativo, conforme a cuyos enunciados los artistas prefieren encontrar la realidad
subjetiva en sus conocimientos y sensaciones de los elementos más concretos del arte:1
1 He tratado de definir sus carácteres principales en VER Y ESTIM AR N? 7-8, págs. 62-67.

30

�forma, materia y color. Su exclusivo empleo como tales encerró desde un principio
el peligro de una mera decoración. Para desvirtuar tal posible descalificación como arte
auténtico, sus creadores proclamaron que sus obras encerraban, o por lo menos pretendian encerrar, fuera de su valor decorativo, el empleo de materiales apropiados,
ante todo en escalas y ritmos más adecuados e inherentes a la estructura del universo
mismo. Por el otro lado debe admitirse las positivas posibilidades que surgen para
este nuevo arte constructivista en el campo de las artes aplicadas y ante todo en la
arquitectura, y es allí donde encuentra inmediatamente su justificativo pleno como
función social.
Ya Hegel consideró más necesaria una ciencia del arte que el arte mismo. Si bien
esto hoy nos parecerá exagerado, todavía se supone que el arte tiene su función como
ayuda del pensamiento; más que como un modo de conocimiento per se. Su reinte­
gración como modo autónomo de expresión de experiencias parece ser el único ca­
mino para una reivindicación total del arte en el futuro. Por el sendero y la técnica
de la moderna psicología, por la liberación general de todo temor y reprensión dentro
del marco de la moderna y futura sociedad, sólo hallaremos el camino para una
regeneración y eclosión de un nuevo arte, que nos deparará el sublime placer y la
inmensurable alegría de seguir viviendo dentro de un mundo pleno de su realidad
imaginativa,
Al estudio de los problemas de las artes aplicadas, Herbert Read dedicó un libro
no muy voluminoso 1, cuya tónica es visiblemente más práctica, que la de su estudio
sobre las relaciones entre arte y sociedad. Este carácter, más materialista si se quiere,
no deriva solamente del tema en sí, sino del hecho qu no sólo se plantean problemas,
sino que se sugieren soluciones viables. Así la solución más importantd para el problema
que emana del evidente dualismo Arte e Industria se halla en la creación de un
standard estético nuevo que sea adaptable a los nuevos métodos de producción indus­
trial. La brecha abierta se cierra unificando los procesos de la producción con un
mayor entendimiento general del arte mediante un adecuado diseño industrial de un
potenciado valor estético. Para esto es preciso no solamente definir el arte en sus
elementos más universales sino en la adaptación de la capacidad de la máquina a una
producción de arte, elaborando materiales diversos en formas que tengan un definido
incentivo sensorial o intelectual. Los principios rectores serán armonía, proporción,
perceptividad y una metódica educación de la capacidad apreciativa. A primera vista
parecerá una herejía, para los apóstoles de viejas seudo reglas de una estética anticuada,1
1 A rt and Industry, The Principies of Industrial Design por H erbert R ead, Faber and
Faber, London, 1934.

31

�hablar de una producción de arte, pero las definiciones de Read no dejan lugar a
duda, que tal producción es, no tan sólo posible, sino perfectamente legítima.
Read considera necesario remontarse más allá de la época del llamado arte huma­
nista, yendo a los siglos XII, XIII y XV a. de J. C. para constatar que hubo, tanto
en la cuenca del Mediterráneo como en el Norte de Europa, fases de arquitectura y
diseños manufactureros nunca sobrepasados posteriormente. También el estudio de la
artesanía medieval revela una meta circunscripta por claridad, órden, armonía e inte­
gridad funcional. De estas comprobaciones se infiere no solamente la ubicuidad tem­
poral del problema de las artes aplicadas, sino que el diseño industrial de los objetos
utilitarios de ninguna manera significa una correlación con la era de la máquina. Es
verdad en cambio, que en la consideración del problema en sus aspectos históricotécnicos, la dualidad de arte e industria se plantea en una mucho mayor y más can­
dente inmediatez con la invención de la máquina como instrumento de producción
en masa, uniforme y carente de caracteres individuales. En este sentido el problema del
diseño industrial es un problema moderno.
Ya en el Renacimiento se perfiló una primera distinción entre Bellas Artes y
Artes Aplicadas. Aún anterior a él, y tomando como ejemplo las iluminaciones de
libros religiosos medievales, que estaban estrechamente vinculadas a su texto mismo,
perdiendo por sí solas su verdadero sentido, se encuentra ahí ya un principio de
artes aplicadas. Gradualmente la iluminación se agrandó en tamaño y a través de
la página ilustrada entera se llegó a la pintura independiente de los paneles aún
pertenecientes al medioevo. El Renacimiento, especialmente con Giorgione, llegó a la
separación total con el cuadro de caballete.
La declinación del significado cultural de la Iglesia y el nuevo humanismo cre­
ciente obligaron a los artistas a desarrollarse hacia esta nueva autonomía. La civi­
lización insistía en la especialización de la función artística. Del conocimiento de
estas nuevas obras de arte, producidas ya con fines utilitarios, se desarrolló entre
los diletantes el buen gusto, el que paulatinamente se ha convertido en standard de
medición para el nuevo arte industrial de la era de la máquina.
Desde que permanentemente está latente en el hombre la urgencia de dar ex­
presión plástica a sus sentimientos, el arte puede considerarse como una necesidad
biológica, admitiéndose que las intensidades y variedades de estas expresiones plásticas
llegan al infinito. Por consiguiente deben establecerse jerarquías, y esto conforme
a los elementos que componen toda obra de arte: elementos formales de dimensio­
nes y proporciones de efecto sensorial directo; elementos de expresión emocional
o intelectual que pueden combinarse con los elementos formales, y por último,
elementos intuitivos o subconscientes que no obedecen ni al raciocinio ni a los sen-

32

�timíentos. Es el arte humanista el que responde a los elementos del segundo grupo,
mientras que los demás conforman el arte abstracto, no-figurativo.
En cuanto al devenir histórico de la forma podrá observarse que ésta evolucionó
hacia una eficacia funcional cada vez mayor. Muy pronto se había descubierto las
proporciones de la naturaleza, sobre las que se edificaron los cánones de Pitágoras
y Platón. La divina proporción, la sección áurea, constituyen de ahí en adelante el orden
de composición y forma.
Ahora bien, para la contestación del interrogante: si la máquina de nuestra era
es capaz y apta para producir una obra de arte, es preciso una clara distinción entre
el arte humanista, que responde a la expresión en forma plástica de ideales o emo­
ciones humanos, y el arte abstracto o no-figurativo, que no tiene otra meta que la
creación de objetos, cuyas formas plásticas apelen a la sensibilidad estética del hombre.
Partiendo de esta premisa, Read considera a todo arte utilitario como correspondiendo
al arte no-figurativo, que responde a la sensibilidad estética, ya sea por motivos ra­
cionales o intuitivos.
Desde que la abstracción racional en el arte puede ser medida a base de leyes
y guarismos matemáticos, resulta obvio, según Read, que la máquina puede producir
tales obras de arte con precisión y en cantidades inigualadas. En tal posición, el
artista se desempeña como diseñador, quien decide y define las proporciones, ma­
teriales, formas y colores, a base de los cuales la máquina se pondrá a producir.
Asi el diseñador prototípico de nuestra era es el ingeniero que anticipa los principios
de la nueva estética en conformación. En cuanto él logre conciliar sus metas fun­
cionales con los ideales de simetría y proporción, tendrá jerarquía de artista abstracto.
Pero la forma más elevada del arte abstracto es la que se percibe por la via
intuitiva, no-medible. También estas formas pueden ser standardizadas. Perderán por
ello su valor de ser únicas, bien cierto, pero este valor en la era de la máquina obvia­
mente debe ser sacrificado. Además no se trata tampoco de un valor estético, sino de
una reflexión del impulso posesivo, éticamente desdeñable. En defensa de tal nueva
standardización debe alegarse además que ella no implica de ningún modo un sólo
standard, sino uno para cada función y diseño, de manera que la gama de valores
no queda restringido a una tipología de pobre alcance.
En uno de los capítulos principales, Read se dedica al estudio de la ornamenta­
ción (decoración), y sostiene que en el fondo de toda ornamentación hay una ne­
cesidad fisio-psicológica, determinada por el terror al vacío del hombre, su horror
vacui, que en él es tan viejo como su impulso estético. Luego el autor formula como
máxima que toda decoración debe tener como exclusiva función la de enaltecer la
belleza inherente a la forma. En su origen esta decoración puede ser estructural
o aplicada, pero en la mayoría de los casos se trata de una ornamentación posterior-

33

�mente aplicada. Es de ahí que se evolucionó, en una etimología equívoca, de ornamentación aplicada, que es lo correcto, a artes aplicadas, que responde a una termi­
nología falsa, pues arte no se aplica, decoración sí.
Para la decoración en general Read encuentra y enuncia dos leyes: por una parte,
la ornamentación apropiada surge natural e inevitablemente de las cualidades físicas
de la materia y de los procesos de trabajarla. Por otra parte la ornamentación tiende
hacia la abstracción, pues como tal llena las necesidades fisio-psicológicas del hombre
en su forma más adecuada y económica. Existen diversos tipos de ornamentación que
el autor define en un claro esquema:
1. la geométrica, sin significación pictórica ni simbólica;
2. la estilizada, basada en objetos naturalistas (plantas, animales, etc.) pero sin
dar una representación pictórica exacta, tendiendo hacia ritmos simplificados
de líneas y planos;
3. la orgánica o naturalista, pictórica en su intención (seres humanos, paisajes,
plantas, etc.);
4. la combinada de los tipos anteriores;
5. la plástica, no tanto aplicada como inherente a la forma misma por encima
de su carácter meramente funcional (cerámica antropo o zoomórfica).
Lógicamente todas estas ornamentaciones deben guardar sus proporciones en rela­
ción con las proporciones del objeto decorado mismo y de ello se concreta una tercera
ley: la ornamentación debe ser adecuada tanto a la forma como a la función.
Luego Read resume que la funcionalidad, los materiales y la tecnología empleados,
el ambiente y la psicología de los consumidores son factores decisivos para todo di­
seño moderno adecuado. Un error muy frecuente y fundamental es la creencia que
tal diseño tiene como principal propósito el de facilitar e incrementar ventas, y que
las ventas abultadas son la prueba concluyente para la excelencia de un diseño. La
primera consideración para un buen diseño invariablemente es y debe ser el uso o
función de un objeto, ya sea automóvil, cuchillo de mesa o rascacielo. Recién en segun­
do término vienen consideraciones de producción y de distribución, las que —¿para qué
negarlo?— para todas las artes aplicadas son de una importancia evidente.

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na
ca

��el artista frente al
O P I N A

C A M P I G L I
Campigli, el gran pintor italiano que se ha hecho
M assimo
conocer por sus figuras hieráticas, inspiradas en el arte

etrusco y en los retratos del Fayum, trabaja con fecunda
serenidad. Quizás su pintura sea menos pastosa, pero su
fuerza lírica es más pura. Hace justamente un año (N9 1,
pág. 39) dimos cuenta de sus ideas publicadas en la revista
DOMUS de Milán; ahora publicamos una rectificación que
ha escrito especialmente para VER Y E STIM A R .

DIRECCIÓN

P. Me pareció interesante su entrevista con el arquitecto Rogers,
aparecida en Domus.
R. Tal vez hoy no me habría expresado justamente con aquellas
palabras. A veces vale la pena escribir las propias ideas, aunque más no
sea por la emoción de encontrarse cambiado un poco más tarde con
respecto a ellas.
P. ¿Qué es lo que desaprueba de aquella entrevista?
R. La complacencia inmoderada en mi independencia y originalidad,
que sólo se explica con el espíritu polémico.
P. Polémico, ¿frente a qué?
R. Frente a la tendencia de los jóvenes a trabajar sobre el surco
de una de las fórmulas de Picasso.
P- Usted, entonces ¿no se siente ya tan seguro de su independencia?
R. Aunque todos los pintores modernos que puedan interesarnos

37

�traten de diferenciarse todo lo posible, ninguno sería concebible o com­
prensible fuera de nuestra época. Esto era lo que debía responderse a
la pregunta de cómo mi arte encuadra en nuestro tiempo. Y es una
comprobación que abarca las tendencias más diversas y aparentemente
inconciliables.
P. En efecto, usted decía que observa como común denominador
del arte moderno el espíritu de evasión.
R . Debía haber añadido el espíritu de muerte, en el sentido freudiano. Si consideramos en su conjunto a nuestro arte, podemos decir
que los superrealistas en un sentido, los abstractistas en otro, el infan­
tilismo, el arcaismo, el huevo de Brancusi, el hombre-alfiler de Giacometti,
todos tienden a la anulación, no ya sólo como casos psicológicos indivi­
duales, sino como señales de la voluntad de muerte en el cuerpo del arte
moderno. Añádase a eso la misteriosa ausencia de los jóvenes y la edad
de los grandes maestros sobre los cuales se va cristalizando en forma casi
exclusiva el interés de todos los aficionados.
P. ¿Con estas palabras no desacredita su arte y el de sus contem­
poráneos?
R. No creo. No lo quisiera. Considero que nuestro período artístico
es glorioso y maravilloso; el único intérprete de nuestro tiempo. A mi
parecer sólo hay esta novedad: mientras hace pocos años tratábamos de
ver en alguna obra nueva de un maestro un indicio de hacia dónde
iba el arte, hoy hay que resignarse a verlo moverse sin dirección alguna.
Es lo que es. Ahora ya todo el arte moderno es museo, en un sentido
que antes no dábamos a esta palabra. Antes se reprochaba al arte de éste
o de aquél (como al mío) de ser museo. ¡Estoy vengado!
P. ¿Y para qué pintar todavía?
P. Cada uno de nosotros tiene que completar su obra, decir mejor
lo que siempre ha pretendido decir.
P. ¿Y no le asalta la sospecha de que extiende a todo el arte su
estado de ánimo particular?
R. Ya he dicho que es bueno escribir de vez en cuando las opinio­
nes para reverlas y corregirlas más tarde.

�correspondencia
ESCRIBE SEBASTIÁN GASCH DESDE BARCELONA

EL ARTE EN BARCELONA
v ie r n o , la v id a a r t ís
E stticae inbarcelonesa
se ha centrado como

siempre en las exposiciones celebradas en
las galerías de arte.
Que el lector quiera disculpar la aridez
de las siguientes cifras, faltas de amenidad,
sí, pero que hablan por sí solas y con
elocuencia indestructible. En Barcelona
funcionan cuarenta salas de exposición, en
tanto que en Madrid sólo hay una veinte­
na. La temporada dura ocho meses, o sea
dieciséis quincenas, las cuales multiplica­
das por cuarenta galerías, dan como resul­
tado seiscientas cuarenta exposiciones. V,
considerando que en cada exposición fi­
guran una treintena de lienzos, llegamos

39

a la conclusión de que en la Ciudad Con­
dal se exhibe cada temporada la cantidad
fabulosa de 19.200 cuadros. Ni más ni
menos.
No es extraño, pues, que en casi toda
la actividad artística barcelonesa gire en
torno a esas exposiciones. Hay en ellas de
todo. Como en la viña del Señor. Bueno,
mediano y malo. Abunda por desgracia la
pintura que aún vive de los restos o de­
sechos del impresionismo. Aquellos paisa­
jes que han sido pintados sin un adarme
de imaginación ni pizca de espíritu crea­
dor. Y, para mayor desdicha, no se tras­
luce el más leve asomo de inquietud en
esas formas vagas y en esos colores desva­
necidos.
Es obvio decir que, de tarde en tarde,

�rasgando la rutina y el industrialismo que
envuelve a la pintura, brilla una clara luz
de esperanza. De vez en cuando dan seña­
les de vida algunos pintores que no pre­
tenden copiar con sumisión los episodios
del natural, que esto es lo más cómodo,
el arbitrio o pretexto para dar salida a las
dificultades, sino que crean. No son un
ojo que copia, sino una inteligencia que
elimina y ordena. Este invierno, los lien­
zos de algunos de esos pintores verdaderos
han colgado de las paredes de las Gale­
rías de arte barcelonesas. Los buenos afi­
cionados han podido deleitarse con su con­
templación.
Nuevamente ha expuesto M iguel V illa
en las Galerías Syra. Para expresar las
emociones recibidas del natural, Villá las
traslada atropelladamente al lienzo. Pin­
ta todo cuanto se le ofrece a la vista con
apasionada glotonería. Inscribe en la tela
rectangular todos los elementos que pue­
de. Hasta que queda extenuado... Los
momentos de emoción han pasado. Y,
aplazada ésta, interviene la inteligencia
que se horroriza ante aquella confusión.
La inteligencia que dá forma a lo informe,
que ordena el desorden, que organiza el
caos. No es pintor quien no organiza sus
sensaciones, suele decir Villá... Y él no
quiere desmentirse. Quiere seleccionar y
ordenar la confusión del premier jet. Y
empieza la lenta y paciente tarea de eli­
minación. Los accidentes dejan lentamen­
te paso a lo esencial. Los colores van pres­
cindiendo de las variaciones que les infli­

ge la luz y van acercándose paulatina­
mente al standard, al verdadero color de
las cosas, el color local. Las formas se
van despojando suavemente de su gan­
ga y, cual la piedra preciosa desprovista
de la parte terrosa, van apareciendo des­
nudas y descamadas, reducidas a lo esen­
cial. Hasta convertirse en aquellas masas
firmes, densas, recortadas en bloques com­
pactos de una intensidad expresiva escalo­
friante. Villá reconstruye el mundo que
el análisis impresionista disociara; reduce
a grandes planos coloreados el universo,
supedita el detalle al conjunto y descu­
bre, bajo las apariencias, la gran armonía
general.
M iguel V illá es la fuerza. G rau Sala
es la gracia. Temperamento hiperestésico
casi femenino, todo él es tremenda ner­
viosidad, pintor de los colores azul celeste
y rosa tierno, Grau Sala resucitó los mos­
tachos ensortijados y las mangas de ja­
món, introdujo en nuestro país aquel en­
tusiasmo exagerado por el 900 que Paul
Morand fué el primero en sentir. Pug­
nando luego incansablemente, por quitar­
se de encima aquel lastre que le hubiera
hecho caer en un decorativismo vacuo, este
artista ha conseguido expresarse con un
vocabulario mucho más pictórico. Su pa­
leta se ha enriquecido considerablemente
y la materia se ha vuelto más densa. El
aplomo técnico, empero, no ha amenguado
aquella frescura tan característica del ar­
tista. En París triunfó desde que allí llegó
Grau Sala, cuyo nombre suena en prime-

�PINTORES
CATALANES

M iguel V illá

Tucumdn

B enjamín F alencia

El trabajo y los dias

�G rau Sala

Seine - Po&lt;rt

J oaquín S un y i r

Interior

�rísima línea en la ilustración y ocupa se­
ñalado lugar en la pintura. La exposición
que en Barcelona ha celebrado ahora (Ga­
lerías Layetanas) significa la intensifica­
ción de Grau Sala pintor y al mismo tiem­
po la ratificación de sus envidiables fun­
ciones de ilustrador.
Equidistante de Villá y de Grau Sala,
a igual de la fuerza del primero y de la
gracia del segundo, J oaquín Sunyer nos
brinda una pintura en grado eminente
equilibrada. Después de quince años de
nieblas parisienses la atmósfera limpia de
la catalinísima Sitges, y aquella mar que,
de puro sosegada, parece sólida, dieron a
Sunyer un gusto por el orden y la clari­
dad que nunca jamás se ha separado de
su ánimo. El gran poeta Juan Maragall
fué el primero en descubrir la vida secreta
de la obra de Sunyer. A raíz de su expo­
sición en el Faianc Catala barcelonés, en
el 1911, el vate ya percibió en aquellos
lienzos el sentimiento mediterráneo de la
vida, y, al exclamar ante un Desnudo que
"el esfuerzo creador que había producido
las curvas de las montañas no podía de­
tenerse hasta producir las curvas del cuer­
po humano’, Maragall ya descubrió en
los mismos, la gran armonía general, la
armonía cósmica. Sentimientos mediterrá­
neos de la vida, armonía cósmica siempre
presentes en la obra de Sunyer, obra in­
teligente pero intuitiva, plástica pero poé­
tica, calculada pero espontánea, rigurosa­
mente formal pero delicadamente coloris­
ta, precisa pero humana, grave pero agu­

43

da, obra serena, llena de gracia y de me­
sura, obra total, completa, equilibrada, cíasicismo viviente... Su reciente exposición
en Galerías Syra, este ensanchamiento
sosegado del alcance de su lirismo, marca
esta etapa actual de lograda plenitud, de
espléndida madurez en que ya hace algu­
nos años Sunyer se desenvuelve.
También en Barcelona han sido expues­
tas últimamente las obras de algunos pin­
tores que no ignoran que el cuadro tiene
su significado propio, su realidad propia,
sus leyes propias. Y la organización del
cuadro es la capital preocupación de di­
chos pintores, que buscan la expresión por
medio de esa organización. No pintan lo
que ven sino que proceden a la organi­
zación del cuadro mediante una selección
de elementos sacados de la realidad obje­
tiva para hacerlos entrar en su universo
subjetivo. El más sobresaliente de esos pin­
tores es B enjamín P alencia, cuyas obras
expuestas en Galerías Layetanas sorpren­
den por su honda inquietud espiritual, y
su honda, imponente, vehemencia expre­
siva. Hemos visto la obra del pintor di­
versa, opulenta, deslumbrante, en virtud
de su empuje vital que se lleva por delan­
te prevenciones y compromisos, por obra
de una inspiración perpetuamente reno­
vada, estrenando, cada día al levantarse
un nuevo par de ojos para ver de dife­
rente modo el espectáculo del mundo,
un nuevo corazón con qué sentirlo y una
nueva sensibilidad gráfica con qué repre­
sentarlo.

�También en Galerías Layetanas ha re­
presentado sus obras recientes R amón R o cent uno de los pintores más inteligentes
y destacados de las nuevas promociones. Al
actuar ahora con una despreocupación de
la que antes de ahora carecía, su obra
ha ganado simplicidad, y al propio tiempo
intensidad. Rogent ha aprendido a decir
muchas cosas con pocas palabras. Con una
gran economía de medios de expresión,
con líneas breves y tonos enteros fuerte­
mente contrastados, nos transmite su men­
saje con una gracia expresiva de primer
orden, E duardo C astells (Sala Pictoria)
y M anuel Capdevilla (Argos) batallan con
ahinco por salir del callejón del ama­
neramiento y de la fabricación en serie en
el que se halla estancada la pintura bar­

celonesa y llevan a cabo una tarea de pura
creación.
Daré remate a esta correspondencia ha­
ciendo mención de dos importantes acon­
tecimientos: la estancia en Barcelona del
gran pintor francés R aoul D ufy que ha
sido nombrado socio honorario del Círcu­
lo Artístico, y la exhibición de cincuenta
litografías de P icasso, que después de ha­
ber sido presentadas en Nueva York, Lon­
dres, París y Madrid, han obtenido tam­
bién aquí un señalado éxito. Este ma­
ravilloso conjunto nos muestra a un Pi­
casso plural y siempre maestro, con sus
rasgos no superados cuya característica
principal es la suavidad mezclada de ro­
bustez.
Y esto es todo.
Sebastián G asch

�do cimientos
PRESENTACIÓN

DE

ADOLF

LOOS

« T U E DIRIJO SÓLO A LOS HOMBRES QUE SIENTAN LO MOderno, a los hombres que agradezcan al orden mundial que les
haya tocado vivir hoy y no en los siglos pasados”, escribía Adolfo Loos
a fines del 1800 poniendo en descubierto a los incapaces o a los cobardes
aferrados a una realidad sin valor de presente.
El hombre había cambiado sin duda. Su concepto del bienestar, su
modo de vestirse o de comer, y todos sus hábitos, respondían a un es­
quema original que buscaba su expresión propia, adecuada y valedera
en su momento, y tan auténtica como lo fueran las de otras culturas.
Como arquitecto, Loos sintió la crisis espiritual de su época que se
debatía por conservar el repertorio de formas de inspiración arqueológica,
incapaz o temerosa de encontrar las que respondiesen a las nuevas exi­
gencias vitales. Reducida la arquitectura a la copia servil de modelos
admitidos como irreemplazables, los estilos que cada época con mayor o
menor autenticidad había elaborado, perdió su función de arte rector,
resignándose a la provisión de fórmulas que el Renacimiento, la Edad
Media o la cultura oriental o cualquier otra, le suministraban. Ahí estaba
el catálogo para surtir las apariencias de cada edificio, según se tratase
45

�ART NOUVEAU
PETER BEHRENS
19 0 2

de un templo, o de un palacio o simplemente de una vivienda, depen­
diendo la elección de las afinidades del que lo hacía construir, olvidando
que cada época había creado conforme a su necesidad expresiva, a sus
posibilidades y medios, algunos más legítimos que otros pero sin duda
distintos de los que proporcionaba el siglo xix. Esas recetas, sobreestima­
das como arte verdadero encubrían las formas simples nacidas de la fun­
ción, o forzaban la honestidad de la técnica, invadiendo también los mue­
bles y los objetos de uso corriente.
La historia del movimiento moderno se sintetiza en la lucha contra
las convenciones por una parte, y en la incorporación de la máquina a la
producción por la otra, como medio capaz de renovar los sistemas cons-

46

�ADOLFO LOOS
19 0 4

tructivos proporcionando la vía de una creación totalmente original. La
aparición de la máquina, al plantear nuevas posibilidades técnicas, ame­
nazó destruir la rígida estructura fundada en la labor individual como
también la elaboración y los métodos de trabajo. Este acontecimiento
suscitó las más contradictorias opiniones, como invención benéfica pro­
piciatoria de la libertad del hombre, o como principio destructor de la
sensibilidad artística garantida por la manualidad.
Ya estaba iniciada la reacción contra el historicismo, primera fase del
movimiento moderno, cuando Loos tuvo conciencia del problema; el
fermento de nuevas teorías estéticas y la actitud crítica señalando la ver­
dadera tradición para separarla del mero formalismo, había organizado

47

�grupos de intelectuales y artistas cuya polémica se expresó en manifiestos,
publicaciones, conferencias y exposiciones, en la cátedra y en algunas
formas aisladas.
El clima del anticonvencionalismo tuvo sus precursores en los doctri­
narios del siglo xvm que señalaron el arte como un acto puro y original
del espíritu y en los románticos que postularon el individualismo.
En Inglaterra en el último cuarto del siglo xix, Morris había ini­
ciado la depuración al descubrir que “el arte no tiene ya raíz y los artistas
se fundan en modelos italianos o griegos, que no sienten” y “que es
estúpido hablar de inspiraciones donde sólo existe un problema de oficio”.
En el continente europeo, la antitradición se identificó con los nom­
bres de Art Noaveau, Liberty, Jugendstil o Sezession, nombres que co­
rrespondieron a un estilo sin antecedentes formales cuyo ideal simple
pretendió suplantar los otros estilos. Nació de la inspiración individual,
en la obra de Horta, en la de Van de Velde y en algunas otras; se divulgó
en los muebles y en los objetos y se organizó en talleres.
Cuando Loos regresó a Austria después de su viaje por Europa y
América, encontró a Otto Wagner cuyas ideas destruían toda actitud de
adhesión a lo que fuese un sistema ajeno al tiempo en que se vive: “la
creación artística puede tener como único punto de partida la vida mo­
derna”. Estas palabras de Wagner coincidían con el pensamiento de Loos,
por entonces joven y pleno de energía combativa, sustanciado con su
ideal y entregado a su logro. Encontró también ya organizado el grupo
de la Sezession cuya orientación era afín a la de Otto Wagner pero con
directivas propias. ¿Cómo explicar la crítica mordaz que sostuvo Loos
contra ellos, considerándolos tan peligrosos como los defensores del historicismo? “Vosotros, les dice, tenéis la fantasía de un sastre para señoras;
nuestro estilo está donde el artista de nuestro tiempo no ha metido la
nariz”, quejándose porque su producción sale de talleres provistos sola­
mente de mesas de dibujo y “velando para que la imaginación busque las
formas más audaces de expresarse”.
Loos condenó la fantasía abstracta o naturalista del nuevo estilo por­
que para él lo genuinamente moderno no admitía compromisos formales
y estaba originado tan sólo por la técnica. Los artistas aplicados, sus pro­
pulsores, encubrían la belleza desnuda de los objetos y de los edificios,
resultando tan convencionales como los que criticaban. “Sólo el producto
de los talleres representa el estilo de nuestro tiempo: carruajes, vasos, ins48

�GALERIES DES MACHINES

Ing. COTTANCIN

1881

trunientos ópticos. . . son modernos porque ningún intruso se hizo tutor
de ellos”. El taller tenía el secreto de las técnicas; no necesitaba inspira­
ción, contaba con conocimientos. Los artistas aplicados buscaban el disi­
mulo y el hombre moderno exigía la claridad. “El arte no debe adaptarse
a un fin. . . su misión es conducir al hombre cada vez más lejos, hasta
Dios”, porque “al artista no lo sostienen sus contemporáneos, su reino es
el futuro” —decía Loos. Por el contrario la obra que sirve para algo
satisface el presente y no debe pensarse en su perduración.
Loos hizo el distingo entre arte y arte aplicado; el arte libre por
naturaleza y el arte aplicado sometido y envilecido, envileciendo y some­

49

�tiendo las formas simplemente necesarias; el arte perdiendo su categoría
y lo útil, buscando el disimulo; el arte convertido en lo supérfluo.
Invitado en 1899 a exponer en una muestra de la Sezession. Loos
contesta: “Expondré cuando se admitan los baúles de Würzl y los trajes
de Frank”, es decir las cosas de nuestro tiempo cuya belleza no le preocupa
y que le satisfacen porque son simplemente correctas.
Con el tiempo, los mismos que promovieron el estilo neorromántico
de la Sezession o del Art Nouveau, fueron despojándose de sus inspira­
ciones floridas y creando formas racionales en correspondencia con la
producción mecánica. La máquina frenó su fantasía y canalizó su acción.
Pero su camino fué un gran rodeo; iniciado en la obra y en la teoría
individual de algunos arquitectos, adoleció de bases permanentes. Fué
una posición contra algo, las formas muertas de culturas muertas, y en
eso está su fuerza; pero le faltó coherencia, sentido de totalidad y llegó
a ser en los imitadores un instrumento falso empleado sin convicción;
fracasó porque reposaba en la condición creadora personal y no en prin­
cipios universales. Con el tiempo, fué languideciendo, confinándose por
último en la lista de estilos de algún fabricante de muebles. Terminaron
con él muchos de los propulsores del primer momento; sometidos a la
lección de los talleres, retomaron finalmente el punto de partida: la crea­
ción del estilo de nuestro tiempo, y esto cuando la máquina sustituyó a
la manualidad controlando las formas líricas incompatibles con la pro­
ducción en serie.
La labor constructiva de estos grupos está en los frentes que organizó,
frentes de eficacia combativa con un impulso común. En 1919, el Bauhaus
de Weimar .se fundó sobre la base de experiencias acumuladas por ellos
y llegó a ser el más completo y verdadero esfuerzo experimental en todos
los campos de la creación humana, logrando productos de verdadera vi­
gencia y de proyecciones insospechables.
Loos desvinculó también del dominio del arte a la arquitectura,
fundado en su carácter utilitario; condenó el arte espúreo que llegaba
hasta ella como un arte aplicado, agregado, como un disfraz, para llenar
sus apariencias ocultando su sentido orgánico, de totalidad, la auténtica
expresión arquitectónica.
En los Estados Unidos y en Inglaterra Loos había descubierto los
signos de la época en los edificios fabriles, en las obras de ingeniería, en
los puentes y en las bóvedas vidriadas de grandes luces donde el problema

�ADOLFO LOOS
CASA STEINER
VIENA 1 9 1 0

técnico se impone revelando una verdad necesaria, en la que no cabe
lo accesorio, tan dignos y honestos como los grandes ejemplos que la
humanidad había acumulado, desprovistos rL “exigencias ideales”, de
“tutores” convencionales, sobrios y contenidos, nacidos para una función
específica y conformados por ella, respetuosos de la verdad constructiva
manifiesta, evidente.
El pensamiento y la obra de Loos están en esta línea pura y austera

51

�de nombres olvidados que indicaron el camino más directo de una crea­
ción auténtica: los ingenieros del siglo pasado a quien Loos, llamó “nues­
tros helenos”. Ellos no discutieron el valor de la máquina, la emplearon
hasta imponerla evidenciando sus ventajas e incorporándola al orden
común. Su aprovechamiento futuro, sus consecuencias a largo plazo nos
incumben como depositarios de su obra.
Loos enseñó a desconfiar de la moda como enemigo de la economía
y de sus caprichos que desvalorizan el material y la mano de obra; de
su inestabilidad, de su trasgresión del sentido común apropiándose de lo
que no debe caer bajo su dominio, exigiendo la adaptación permanente
de lo que tiene un tiempo de madurez propio; la arquitectura, el mo­
biliario, por responder a razones de permanencia, superan los intereses
subalternos de la moda y deben escapar a sus imperativos transitorios.
También condenó Loos el escamoteo de los materiales; sostuvo que
el hombre moderno es sensible a la belleza del material desnudo y le
repugnan los sustitutos. Cada material tiene una ley que ordena su em­
pleo: el yesero no debe imitar la piedra. Además, cada material debe
usarse de acuerdo con la función señalada; no debe confundirse el ma­
terial que reviste con el que es revestido.
En 1907 ocupó el lugar de Otto Wagner en la enseñanza, creando
luego su escuela de construcción. Tuvo entonces oportunidad de desarro­
llar sus ideas, libre de las imposiciones que conoció en su vida profe
sional. Luchó contra los proyectos concebidos “como si fuesen pinturas”,
enseñando a pensar en las tres dimensiones, en el espacio interior, en el
amueblamiento y en los detalles técnicos. Formación racional y humana,
fundada en la verdadera tradición, excluyeme de normas preestablecidas.
Incorporó los roperos a la arquitectura según el ejemplo de los ingleses,
y de Francia hasta 1870. “El concepto de lo valioso ha cambiado, dijo;
cuanto más vulgar sea la familia tanto más rico y grande es el aparador.
En palacio no hay ninguno.” El ropero taraceado es un estuche para
guardar un traje lujoso, desarmoniza con nuestros trajes simples. El mo­
biliario como la habitación deben ser reflejo de la vida moderna.
Concreción de su doctrina es la obra de Adolfo Loos, plena de valores
simbólicos y efectivos, sustancia permanente que trasciende el límite his­
tórico. Su mística de visionario lo revela como uno de los grandes inicia­
dores de nuestra cultura. Actualizarla es un acto de justicia.
A ngelina C amicia
5?

�P A G I N A S DE A N T O L O G I A
LOS SUPERFLUOS (1908)
Han terminado definitivamente los bárbaros tiempos en que se mez­
claban las obras de arte con las cosas de uso diario. Y esto ha sido para
bien del arte, porque al arte del siglo diecinueve le será dedicado alguna
vez un gran capítulo en la historia de la humanidad: le debemos la magna
obra de haber llevado a cabo el divorcio absoluto entre el arte en sí y
la artesanía.
El adorno del utensilio es el comienzo del arte. El negro de Papuasia
cubre todo su ajuar con ornamentos. La historia de la humanidad nos
muestra cómo el arte busca liberarse de la profanación mediante su eman­
cipación del objeto de uso, del producto de artesanía. El bebedor del siglo
diecisiete podía beber tranquilamente en una jarra en la que se había ta­
llado una batalla de amazonas; el comensal tenía el coraje de cortar la
carne sobre el rapto de Proserpina. Nosotros no podemos hacerlo. Nos­
otros: los hombres modernos.
¿Somos acaso enemigos del arte porque lo queremos deslindar de la
artesanía? Que giman los pasatistas porque no se necesita su ayuda en la
fabricación de zapatos, mientras que —uno recuerda los tiempos pasados
con lágrimas en los ojos— hubo cortes de calzado hechos por Albrecht
Dürer. Pero el hombre moderno que se siente feliz de vivir hoy y no en
el siglo dieciséis, siente la profanación de lo artístico como una barbarie.
53

�Y esto es para bien de nuestra vida espiritual. Porque el hecho es que
la Crítica de la Razón Pura no pudo ser creada por un hombre con
cinco plumas de avestruz sobre su bonete; que la Novena no fué de alguien
que llevaba una rueda del tamaño de un plato alrededor del cuello; y la
pieza donde murió Goethe es más valiosa que la pieza del zapatero de
Hanz Sachs, aunque en ella cada cosa fuera dibujada por Dürer.
El siglo dieciocho libró a la ciencia del arte. Antes de él se dibujaban
atlas anatómicas cuyos grabados mostraban minuciosamente cómo son los
dioses griegos sin piel sobre el vientre. Y todavía se suministra ciencia a
los paletos bávaros en las verbenas mediante “la Venus anatómica”.
Nosotros nocesitamos una cultura de carpintero. La tendríamos si los
artistas aplicados se pusieran otra vez a pintar cuadros o a barrer las calles.
LOS MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN (1898)
Pero estoy predicando en el desierto. El público no quiere al artesa­
no arrogante. Cuanto mejor se sabe imitar, más se siente el apoyo del
público. El mejor signo del estado de nuevo rico en que se encuentra
nuestro pueblo es el respeto reverencioso frente a los materiales caros.
El nuevo rico encuentra vergonzoso no adornarse con brillantes, no car­
garse de pieles, no poder vivir en un palacio de piedra, desde que se
informó de que los brillantes, las pieles y las fachadas de piedra son muy
onerosas. Ignora que la falta de brillantes, de pieles y de fachada de
piedra no influye sobre la distinción. Pero como no tiene dinero Sufi­
ciente, echa mano de sustitutos. Ridicula empresa. Porque aquellos a
quienes quiere engañar, aquellos que pueden rodearse de brillantes,
pieles y fachadas de piedra, esos no pueden ser engañados. Por el contra­
rio, encuentran cómico el esfuerzo. Y para los que están por debajo de

54

�él, resulta innecesario, ya que, de todas maneras, él es consciente de su
superioridad.
En los últimos decenios la imitación ha dominado todo el ramo de
la construcción. El empapelado es de papel, pero por Dios ¡que nadie
se entere! Está por tanto, dibujado como damasco de seda, gobelino o
alfombra. Las puertas y ventanas de madera blanda deben pintarse como
si fueran de madera dura, porque éstas son más caras. El hierro debe
imitar el bronce o el cobre, por medio de pinturas. Pero frente a los
vaciados de hormigón, conquista de este siglo, se está completamente
inerme. A pesar de ser el hormigón como tal un material maravilloso,
se tiene, al usarlo, un solo pensamiento, pensamiento con el cual se va
al encuentro de cada nuevo material. ¿Qué puede imitarse con él? Lo em­
plean como sustituto de la piedra. Y como el hormigón es tan extraordi­
nariamente barato se hace —característica legítima del nuevo rico— un
gran derroche de él. Una verdadera peste de cemento se apodera del
siglo.
Actualmente se imitan con el cemento los trabajos de yesería. Es ca­
racterístico de nuestra actualidad vienesa que a mí, que me opongo enér­
gicamente a la violación del material y a la imitación, se me tilde de
materialista. Obsérvese el sofisma: es gente que confiere tanto valor al
material que no se detiene en nada y emplea sustitutos. Los ingleses nos
han traído sus empapelados. Lástima grande que no nos hayan podido
mandar casas enteras. Pero ya en los papeles vemos lo que los ingleses
quieren. Esos son empapelados, que no se avergüenzan de ser papel.
¿Y, por qué?
Hay ciertos revestimientos para muros que son más caros. Pero el
inglés no es un nuevo rico. A nadie, en su vivienda, se le ocurrirá que
no le alcanzó el dinero. También los géneros de sus trajes son de lana y
lo demuestran honestamente. Si se dejara a los vieneses dirigir la moda
del vestido, tejerían la lana de oveja como terciopelo o raso. Los géne­
ros ingleses —nuestros géneros, por consiguiente— no muestran nunca
el vienés “quiero y no puedo”.

55

�NO T O C A R ( 1917)
Adviértase que el material noble y la buena mano de obra no sólo
compensan la falta de ornamentación sino que, incluso, la superan con
mucho en su cualidad de valioso. Sí; excluyen la ornamentación porque
hasta el último de los hombres no se atrevería a adornar una noble su­
perficie lígnica con taraceas, grabar el extraño juego que la naturaleza
ha impreso en una chapa de mármol o cortar en pequeños cuadrados un
maravilloso zorro plateado para unirlo con otra piel en forma de damero.
Hubo épocas en las que no se estimaba el material de la manera como
lo sentimos nosotros. Entonces fué cuando se pudo fácilmente —y sin
remordimientos— ornamentar. Nosotros hemos trocado la ornamentación
de tiempos pasados por algo más maravilloso. El material noble es el
milagro de Dios.

En el año 1898 se entintaban las maderas de rojo, verde, azul o vio­
leta —pues el arquitecto tenía una caja de colores a su disposición— y
sólo cuando yo en mi café Museum, por primera vez, en un trabajo mo­
derno, usé madera de caoba, se dieron cuenta los vieneses de que no
sólo había formas y colores fantásticos, sino también distintos materiales.
Y mano de obra distinta también. Porque sabía esto y lo respetaba,
existen todavía en uso simples muebles que he hecho hace veinte años.
Los productos de fantasía del estilo Jugend y Sezeccion de aquel mismo
tiempo desaparecieron y se olvidaron.
El material y la mano de obra tienen derecho a no ser desvalorizados
todos los años por las nuevas corrientes de la moda.

56

�ORNAMENTO Y CRIMEN (1908)
El embrión humano pasa en el seno materno por todas las fases de
la evolución del reino animal. Al nacer, las percepciones sensoriales del
hombre son las mismas que las de un cachorro recién nacido. Su niñez
íecorre todas las mutaciones características de la historia de la humani­
dad. A los dos años ve como un papua; a los cuatro, como un germano;
a los seis, como Sócrates; a los ocho como Voltaire. Cuando llega a los
ocho años se hace consciente del violeta, ese color descubierto por el
siglo XVIII, ya que antes los violetas eran azules y las púrpuras rojas.
El niño es amoral; también el papúa lo es para nosotros. El papua
mata a sus enemigos y se los come; no es un criminal. En cambio, cuando
un hombre moderno mata a alguien y se lo come es o un criminal o
un degenerado. El papúa graba su piel y su bote, su remo y, en fin,
todo lo que está a su alcance; no es un criminal. El hombre moderno
que se tatúa es un criminal o un degenerado. Hay cárceles cuyo ochenta
por ciento de recluidos lucen tatuaje. Los tatuados en libertad son cri­
minales latentes o aristócratas degenerados. Si un hombre tatuado pe­
rece en libertad, es porque la muerte lo sorprendió algunos años antes
de cometer un asesinato.
El impulso a ornar su cara y todo lo accesible, explica el nacimiento
de las artes plásticas; es el balbuceo infantil de la pintura. Todo arte
es erótico; el primer ornamento nacido, la cruz, tuvo un origen erótico.
La primera obra de arte, el primer hecho artístico fué una mancha pin­
tada en la pared por el primer artista que tuvo necesidad de librarse
de su exceso emocional. Una raya horizontal: la mujer acostada; una
raya vertical: el hombre que la penetra. El hombre que creó esto sentía
el mismo impulso de Beethoven; estaba en el mismo ciclo en qu Beethoven compuso la Novena.

57

�Pero el hombre de nuestro tiempo que por impulso interior emba­
durna las paredes con símbolos eróticos es o un criminal o un degenerado.
Descubrí el siguiente apotegma y lo regalé al mundo: “La evolución
de la cultura es sinónimo de eliminación del ornamento en el objeto de
uso”. Creí traer con esto una nueva alegría al mundo, que no me lo

agradeció. Se entristecieron y abatieron las cabezas. Les dolía que no
pudiesen crearse nuevos ornamentos. ¡Cómo! ¿No somos capaces nosotros,
hombres del siglo diecinueve, de lo que puede cualquier negro, de lo
que pudieron todos los pueblos y todas las épocas anteriores a nosotros?
Los objetos sin ornato, de épocas pasadas, se tiraban sin cuidado y se
dejaban librados a la destrucción. No poseemos bancos de carpintero de
los carolingios; pero toda cosa baladí con algo de ornamento se colecta,
se limpia; y pomposos palacios se construyen para su albergue. La gente
marcha tristemente entre sus vitrinas y se avergüenza de su impotencia.
Toda época tiene su estilo. ¿Sólo a la nuestra le habrá sido vedado el
suyo? Al referirse a estilo se aludía al ornamento. Entonces yo dije: “Basta
de lamentos; el no ser capaz de crear un ornato nuevo, es lo que hace
la grandeza de nuestra época. Nosotros hemos superado el ornamento,
hemos alcanzado, fatigosamente, la prescindencia del ornamento. El tiem­
po se acerca; el ansiado fin nos aguarda. Pronto brillarán, como blancas
paredes, las calles de la ciudad. Cual Sion, la urbe santa, la capital ce­
leste. Entonces habrá llegado la hora”.
Pero hay espíritus aviesos que no lo admiten. La humanidad debe
seguir jadeando en la esclavitud del ornamento. Los hombres están bas­
tante adelantados para no sentir placer con el ornamento; bastante evo­
lucionados para alegrarse con una pitillera lisa, y desestimar otra deco­
rada que cueste lo mismo. Son felices con sus trajes y están contentos
de no tener que usar pantalones de terciopelo rojo con entorchados do­
rados como los monos de la feria. Y digo: “La pieza en que murió
Goethe es más hermosa que el rico aparato del Renacimiento, y un

�mueble liso, más bello que todas las piezas de museo taraceadas y esculturadas”.
El ritmo de la evolución cultural sufre por los rezagados. Yo vivo
posiblemente, en el año 1908, pero mi vecino está alrededor del 1900 y
aquel de más allá, en el año 1880. Es una desgracia para un país que
la cultura de sus habitantes se distribuya en un espacio tan grande de
tiempo. El campesino de Kala vive en el siglo XII. Y en el desfile del
Jubileo se vieron pueblos que hubieran sido retrógrados en la época de
las invasiones bárbaras. Feliz la tierra que no posee estos retrasados y
modernos. ¡Feliz América! Nosotros tenemos, hasta en las ciudades, za­
gueros de mentalidad siglo XVIII, que se horrorizan delante de un cuadro
con sombras moradas, porque son incapaces todavía de percibir los tonos
violados. Son aquellos a los que place más el faisán que obliga a trabajar
días y días al cocinero, los que prefieren la pitillera con adornos Rena­
cimiento a la lisa. ¿Y qué decir de provincia? Los trajes y los utensilios
domésticos pertenecen totalmente a los siglos pasados. El campesino no
es cristiano; es pagano aún.
La carencia de ornamentación implica abreviar el tiempo de elabo­
ración y aumentar el jornal obrero.
El ornato es mano de obra derrochada y, por tanto, derroche de
salud. Así fué siempre. Pero hoy significa también material malgastado;
o sea, en resumen, capital dilapidado.
Y puesto que la ornamentación no se halla unida orgánicamente a
nuestra cultura, ha dejado de ser expresión de nuestro tiempo. El orna­
mento que se crea en la actualidad no tiene nexo común con nosotros,
no tiene absolutamente ninguna relación humana, ninguna conexión con
el orden mundial.

59

�El hombre moderno que estima devotamente el ornamento de épo­
cas pasadas, como expresión de plenitud artística, reconocerá en seguida,
lo torturado, penoso, enfermizo y forzado del ornamento moderno. El
que vive a la escala actual de la cultura no puede crear ninguna clase de
ornamentación.
Adolfo L oos
Traducción de Enrique Pserhof
y Fernando García Esteban

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��Crítica
CANDIDO FORTINARI
Cándido Portinari ha venido a exponer
a nuestra ciudad tras una larga serie de
éxitos, tantos como exposiciones va des­
granando por Europa y América. Obtuvo
la atención investigadora de la alta crí­
tica artística de París, la más acostumbra­
da a discernir sobre lo nuevo; se le con­
sagró en Norteamérica, donde se le die­
ron muros de palacios para decorar; con­
citó los mayores comentarios de la última
temporada en Buenos Aires y ahora, antes
de regresar al Brasil, su patria, que lo re­
conoce como a su máximo pintor, expone
en el Salón de la Comisión Nacional de
Bellas Artes de Montevideo, donde sus
cuadros obtienen una inusitada curiosidad.
Por hoy, como corresponde a todo ar­
tista verdaderamente creador, el éxito hay
que apreciarlo en relación al vigor con que
enciende y extiende la polémica. Se le dis­
cute en su novedad y en la permanencia
de su mensaje; se aplaude su filiación mo­
dernista o se le niega autenticidad; se
objeta el desenfado de su libertad expre­
siva y se admira su desenvoltura mag
nífica y certera para cualquier empresa;
se rechaza su temática dolorosa o se le
estimula en su posición combativa de ar­
tista social. Portinari inquieta.

63

También por hoy Portinari es un des­
acomodado. No está pronto aún el casi­
llero que ha de rotularlo definitivamente
en la Historia del Arte y él mismo sigue
produciendo y exhibe lo que produce sin
preocuparse en aclaraciones que iluminen
su unidad. Descubrir la cifra de una
personalidad es obra de otros, parece pen­
sar el autor. Este hombre que no sabe
de límites lo muestra todo. En esta ex­
posición hay óleos, temples, dibujos y
grabados; incluso fotografías de grandes
realizaciones murales como las de la Bi­
blioteca del Congreso de Wáshington, Ra­
dio Tupí de San Pablo o el Ministerio de
Educación de Río de Janeiro. En esta
exposición hay figuras genéricas, retratos
sentimentales, cuadros de intención pura­
mente especulativa, bocetos o estudios de
decoraciones y vocinglería política, tal
Maternidad, cuya violencia de forma
excede lo admisible en el cuadro de ca­
ballete.
De por sí la grandeza manifiesta de su
obra presenta la complejidad epopéyica.
El pueblo representado es el Brasil natal,
el pueblo de los cafetales de Brodosqui,
de trabajadores campesinos miserables; la
época es la actual, que agita reivindica­
ciones; su expresión es la libertad y el
desborde. Todo esto irrita al público de­
masiado cercano a los disfrazados mendi­
gos, modelos de las aquietadas academias
romanas; admirando en éstos su pintores­
quismo banal no se resigna a aprobar la
labor de este pintor contemporáneo, que
como el bíblico relator de Job, toma en
serio el dolor de sus semejantes.

�Portinari expresa el dolor triunfando
sobre él. Lo sublimiza. Dicho en lengua­
je plástico, lo monumentaliza. Es claro y
luminoso y por encima de todo tiene su
luz. En esta luz clara de trópico radiante,
baña, —limpiándola—, la miseria humana,
motivo principal de su obra. Su expre­
sión valiente, como traducción de una
anímica sana, es preponderante al tema
desgarrador. Por aquí se puede hablar de
la alegría en la obra de Portinari que
bien lejos está de la melancolía expresio­
nista de los semitas germanos.
Su verue, su inspiración, no sabe de
vallas; tampoco tienen secretos ni dificul­
tades las más disímiles técnicas. Se diría
que carece de problemas de ejecución. Es
el artista que hace lo que quiere, sin que
nada entorpezca la total expresión de sus
intuiciones. Signa el dibujo y tritura el
color con discernimiento admirable. Ve
con claridad sus formas, sus propias for­
mas audaces de una morfología a volun­
tad, haciendo de un capricho una verdad
y con la misma dominante espontanei­
dad usa del lenguaje de sus contemporá­
neos. El dominio y entendimiento del
arte moderno en Portinari es total. Co­
mo Rafael Sanzio en el Renacimiento,
realiza su obra utilizando el panorama
ecuménico de la pintura de su tiempo.
Los signos y motivos del superrealismo y
cubismo se valoran en su obra con el ca­
rácter de la más pura autenticidad. Pero
estos signos de un esoterismo plástico por
los cuales un Ives Tanguy, Joan Miró o
Pablo Picasso se evaden de la realidad,
sólo le sirven a Portinari para dar a su
64

obra una mayor vibración de la hora; su
finalidad no es la abstracción sino la ad­
hesión humana: este artista busca deci­
didamente al hombre.
Abstracción y realismo se reúnen en sus
pinturas de una manera nueva. En esto
está el verdadero aporte personal de Por­
tinari. Entierro en la hamaca, la dra­
mática tela de Portinari que por su im­
portancia puede ejemplarizar, parecería
reunir a Picasso y Gutiérrez Solana; el
famoso creador del cubismo junto a su
compatriota el recio narrador de la Es­
paña Negra. ¿Quién hubiera osado pen­
sar una junción semejante? Sin embargo,
en éste como en tantos otros cuadros, la
realidad exaltada de la criatura humana
se describe o acompaña sin hacer dispa­
rate, con los elementos del lenguaje plás­
tico más nuevo. Trabajar con el arte nue­
vo más puro y reintegrarlo a un ejercicio
de potente humanismo, ha sido la gran
tarea que distingue a Cándido Portinari.
Montevideo
José P edro Argul.
EL VIII SALÓN DE MAR DEL PLATA
Al tomar bajo nuestra resopnsabilidad
la crítica del VIII Salón de Arte de Mar
del Plata, subrayamos lo dicho con moti­
vo del VII: características de la pintura,
escultura y grabado son la escasa imagi­
nación, el apego al modelo a la manera
naturalista, la pobreza en el empleo de
los elementos plásticos y la despreocu­
pación para componer. Sólo cabe por eso

�volver a las primeras figuras presentes,
para refirmar las valoraciones ya hechas
y señalar los esfuerzos nuevos.
Encontramos dos premios merecedores
de comentario, aún cuando estimemos no
ser ellos lo más expresivo de sus autores:
Balcón, de J uan Carlos Victorica y Mesa
Violeta, de R oberto Rossi. Victorica busca
expresar sensaciones visuales, pero no de
una manera naturalista, ya que modifica
la materia de la realidad con ayuda del
color. Su imaginación se solaza en tra­
ducir la luz, el espacio en ocres y grises
—que son como blancos—, en verdes y
azules. Esas notas vibrantes se encuentran
encerradas tal vez con excesiva simplicidad
por el marco de una puerta. La composi­
ción se empobrece aquí y en los fondos
repetidos, pero el ojo, llevado hacia el
ángulo superior derecho de la tela se en­
cuentra otra vez con el azul vivo de un
cielo audazmente recreado.
En Rossi hay composición y color en
función de ella. Dentro de una caracte­
rística general, los objetos no se recortan
sobre los fondos, se dispersan en pince­
ladas sueltas creando así, entre ellos y
la atmósfera, una verdadera penetración.
Esta modalidad le permite, por ejemplo,
pintar un ramo con fina maestría: el
ramo que tantos se empeñan en coformar
individualizando cada flor, se diluye ha­
cia los bordes en busca de luz.
En una misma sala, presidida por el
monumental óleo de R aquel Forner,
Símbolo, han sido agrupadas algunas de
nuestras primeras paletas. R aquel For­

ner , enraizada hoy en las manifestaciones
de un arte en cierto modo superrealista,
planta su figura colosal en el espacio, la
acompaña con la representación de objetos
varios, sugiriendo así en el espectador dis­
tintas emociones e ideas. Parecería que el
mismo color se ajustara con sus tonalida­
des ocres verdosas al mensaje total de su
obra, mensaje de angustia que se está adueñando en una peligrosa repetición del
rostro de todas sus criaturas.
El Retrato de la Sra. Elena Policastro
de R aúl Soldi nos ha parecido lo más ex­
quisito de toda la exposición. La belleza
plástica surge de ese personalísimo color
espectral que ya ha dejado de estar al ser­
vicio de la habitual estereotipación de las
figuras para servir a la expresión psicoló­
gica de los rostros; color amalgamado en
un empaste prieto, en el traje crea vo­
lúmenes y pasajes y con entera libertad
se abre en ágiles pinceladas para traducir
un detalle como los cabellos.
Frente a la Naturaleza muerta de Butler, volvemos a pensar como hace un
año que su arte es resultado de una
elaboración y afirmamos como funda­
mental su preocupación por componer, su
tendencia a la síntesis de la forma y
del color. Ciñe los objetos dentro de
trazos oscuros; los agrupa cuidadosamen­
te acentuando con la verticalidad de la
botella y el florero el máximo ordena­
miento; jerarquiza los colores, oponiendo
al rojo de las flores de la izquierda, el
azul de una compotera a la derecha. Pero
no da con el color la materialidad de

65

�cada cosa: el pan, la botella, las flores
están hechas con la misma intensidad de
pasta, como la mesa que las soporta y
el fondo, que en definitiva es aire que
circula.
Basaldúa construye la figura de Rincón
de estudio, la afirma con pleno volumen
en medio de la composición, por la mo­
vilidad de las masas cromáticas. Es la
pasta la que se mueve para crear un
arabesco de la forma; son las pinceladas
que se alargan en el sentido de la figura,
y, los pequeños toques de grises, los que
crean la fisonomía total.
Castagnino, lírico y colorista, en un
trabajo súbito y espontáneo, colorea su
figura con las tintas de su emoción. Tal
vez por esto es más expresivo cuando
traduce en pinceladas sueltas el color lo­
cal y los reflejos que cuando funde el
empaste. El traje de Doña Nati vale por
eso, aunque se repita en el matiz.
Policastro no ha necesitado para crear
su cuadro más que dar en su superficie
partes iguales a cielo y tierra, colocar en
el centro una tapera. Los grises, ocres y
azules del primero pesan sobre la pared,
que se ve blanca, dando con dramaticidad
la soledad y el abandono.
Aún encontramos en esta sala a T iglio
con Domingo en el puerto y a Mjraglia
con Viejo Molino. El primero tiene como
siempre la facultad de emocionarnos con
sus búsquedas de color, con el dinamismo
de las pinceladas; el segundo es expresivo
porque crea dentro de tonalidades bajas
un follaje con azules y ocres más que con
verdes.

66

Más allá de esta sala hemos apreciado
otros esfuerzos dignos de atención para
la crítica y la estimación del público.
Cogorno, con Atilio , pone en el Salón
atestado de naturalismo una auténtica
nota de arte renovado. La forma se bos­
queja en los grandes trazos de las pin­
celadas diferentemente cargadas de mate­
ria; el rostro halla su expresión en los ras­
gos apenas insinuados de unas manchas
pardas.
T orrallardona en Lavanderas, tradu­
ce con relaciones ópticas un paisaje; crea
con el color el movimiento de una esce­
na. No importa el modelo sino la sensa­
ción que un retazo de realidad le ha
producido. Con esto estamos definiendo
a un fauve, ante todo por el uso del
color como único medio de expresión, y
por su planismo, por la ausencia de tono
local. Las figuras inclinadas son expresi­
vas por las pinceladas dinámicas que las
traducen.
Barragán combina con acierto los ocres
y verdes suaves en Figuras, estáticas en
la actitud y en el juego vertical de los
brazos; expresivas en la dureza de los
rostros.
Diomede en Figura, aprovecha la poca
riqueza del empaste para modificar las
tintas superpuestas; equilibra el amarillo
de la blusa con los fondos verdes y ocres;
sabe oscurecer el ocre claro de las carnes
para acusar una sombra o insinuar un
volumen.
Presas en Desnudo, consigue una defor­
mación expresiva con la actitud de la
cabeza y el movimiento general de los

�brazos hacia abajo, lástima que ella se
malogre en el desdibujo burdo de las
piernas.
Violet S. de Carelli nos brinda en
Composición una cierta originalidad para
elegir objetos y distribuirlos, más sentida
que pensada; de aquí una primera im­
presión de abigarramiento que se pierde
cuando el análisis descubre finura en el
color que organiza; en las manchas rojas
—lápiz de labio, polvera y cisne—, y en
las gamas de los grises de un despojador
y del fondo.
Ernesto Fariña aplica el pincel desbor­
dante de aceitosa materia a su tela Natu­
raleza muerta con paño verde; entre el
azul del fondo y el gris de la mesa co­
loca un paño verde, dos manchas blan­
cas en una misma diagonal —el huevo y
la conchilla—; dos negras —la botella y
el racimo—. Simple en la habitación, pero
bien entonada en la gama general azul
y fría.
Mario Grandi con su pastel Homenaje
a Watteau demuestra virtudes de dibu­
jante maduro; la facilidad en el dibujo
le permite por sí sola animar sus figu­
ras; por ello el pastel resulta subordina­
do en su expresividad al primero y las
figuras no adquieren el dinamismo nece­
sario al tema, están detenidas en un mo­
mento del baile, fijadas contra los fondos.
No carecen de interes: el medio que
usa Corcostecui en Paisaje en Hudson
para traducir un follaje con pinceladas
irregulares de distintos verdes y azules
que llenan la totalidad del cuadro. El
esfuerzo por recordar la escuela impre­

61

sionista, que realiza Alberto Russo en

Estudio de paisaje. La organización de un

paisaje por obra del sol amalgamado dis­
tintamente con los colores que presente
el óleo de 1939 de March, La quebrada
de Humahuaca. El sintetismo de color y
forma del paisaje urbano de Pacenza, La
calle del Mirador. El juego decorativo de
ocres y grises, la conocida división en
planos a que somete las figuras Ciiiesa,
sin que llegue nunca a crear volúmenes.
Finalmente nos impresionaron bien: Ale­
jandro T omatis por la finura con que su­
po construir con ligeras pinceladas el traje,
el ambiente y las sombras de María Elisa
tejiendo. Centoira por la justeza con que
construye su cuadro Paisaje de la Reco­
leta volcando su sensibilidad en ciertos
elementos como son el cielo y unas pal­
meras. De la Fuente por la transparen­
cia y la distribución de los colores que
logra en su acuarela El Arroyo.
La escultura nos depara menos oportu­
nidades para complacernos en la contem­
plación de lo académico y naturalista. La
presencia de Alonso nos reconforta con
su habitual modo de expresión por el
volumen. Marina encuentra logro total en
la plenitud de formas; en el impulso
hacia abajo de la figura arrodillada que
al mismo tiempo, en un estiramiento ha­
cia atrás, lleva los brazos sobre la cabe­
za. Hay fuerza en la deformación de los
muslos redondos y fuertes; en los perfi­
les, especialmente en el posterior derecho
que en una línea ininterrumpida corre
desde la mano apoyada sobre la cabeza

�hasta la punta del pie; hay fuerza en el
modelado del torso y en la rusticidad del
rostro. El sentido total se ve acentuado
por el policromado descendente que como
agua surca la superficie.
Balduzzi en Busto de mujer, tendiendo
más a la síntesis de los planos que al detallismo, crea la cabeza con expresión psi­
cológica.
Profeta, de T roiani, importa por la
verticalidad de ciertos ritmos. Ermitaño,
de Devoto, por el modelado del torso,
que no es superficial, sino movimiento
de la masa misma, acaso ésta su única
virtud, ya que el resto se desenvuelve
dentro de un frío naturalismo. Y por
fin, Hipopótamo, de Labourdette, nos
pone otra vez en condiciones de valorar
una de sus formas de expresión por los
volúmenes pétreos, condensados en sín­
tesis.
La casi totalidad de nuestros grabado­
res nos han inducido a pensar que en
ellos rige la preocupación por el tema li­
terario, la anécdota, considerada en tal
forma que el espectador recoge la impre­
sión que el grabado no ha interesado al
artista más que como medio para ilus­
trar algún relato o leyenda. Abundan

68

las expresiones sentimentales, la compli­
cación y abigarramiento de las escenas,
de modo que, el sentido de las mismas,
se pierde al tratar de delimitar las figu­
ras humanas y los objetos. De ahí que
nuevamente deba señalarse como nota
destacada una xilografía de R ebuffo:
Nieve en el Aconquija, porque descarga
los personajes de su acento individual y
busca una expresión vigorosa en el con­
traste vibrante de grandes planos blancos
y negros y porque con tallas simples de
finas calidades llega al logro de distintos
planos creadores de profundidad.
Merecen recordarse; el aguafuerte de
Elgarte titulada Niños, trabajado fina­
mente con el buril y el dibujo a pluma
de Longarini, Venezia; la xilografía de
Zapata Gollán, Mar y la aguada de
Magda de Pamphils, Mercado de Naranjas.
Si en el ambular por las salas se ha
escapado a nuestros ojos ávidos de autén­
tica inquietud artística, alguna manifesta­
ción digna de estima, esperamos los pró­
ximos salones del año para evidenciarlas,
que para eso estamos: para refirmar va­
lores y para descubrir hasta el pequeño
destello de una posible promesa.
Blanca Stábile

��HENRI LAURENS
La sirena (19JS)

(Mármol)

Hoja de VER y ESTIMAR

�miscelánea
acaba de realizar una extraordinaria exposición re­
ospectiva de sus obras en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas. Tal
vez hubo que lamentar la ausencia de algunas esculturas de bulto im­
portantes que corresponden a su período cubista, pero el conjunto no
podía dejar de impresionar aún al espectador reaccionario y de justificar
el juicio de D. H. Kahnweiler, quien lo considera el escultor francés de
mayor valía en la actualidad.
Toda una vida de búsquedas y de lucha se reflejaba en dibujos,
esculturas y grabados de ilustración, a través de los cuales podía seguirse
de cerca la evolución de un pintor que ha sido moderno hasta hace al­
gunos años, pero que ahora se debate, casi se diría en la impotencia,
porque no ha sabido sacar todas las consecuencias, lo mismo que L ipchitz ,
de la legítima posición original.
Quienes lo conozcan y lo estimen, no dejarán de extrañarse por eso
al ver la fotografía de una de sus últimas obras, que publicamos en lá­
mina suelta: muy potente en sus ritmos, muy sabia en la composición
y no exenta de gracia, pero superficial en su expresión decorativa. Lo
que no deja de ser penoso en un artista que ha sabido encontrar más de
una vez ritmos de invención hondamente emotivos que procedían de
un amasamiento instintivo de la materia escultórica.
J. R. B.
• H enry L aurens
tí

• La fisonomía del mundo intelectual y artístico de París acaba de sufrir una sen­
sible transfiguración. Murió Christian “Bébé” Bérard y con él desaparece de los teatros,
ateliers, salones de la haute volé y de la haute couture, de las galerías de arte y del
cine su estampa tan familiar, caracterizada por su barba rojiza y su hermosa
perra Hyacinthe. En la reciente exposición del Museo Galliera Rostros Pari­
sienses pudieron verse varios retratos suyos, entre ellos de Raymond Radiguet, y

69

�entonces se recordó que Bérard, discípulo de Vuillard, era un dibujante de mara­
villosa pluma, de un lápiz casi etéreo, que pudo haber sido un eximio retratista,
si sus otras muchas actividades como metteur en scéne junto con Cocteau, Giraudoux
y Jouvet, para los decorados de Moliere, sus croquis para la creación de la moda le
hubieran dejado más tiempo. Ahora la muerte le arrancó el lápiz y el pincel cuando
sólo contaba 47 años; queda para la ligera vida de París un recuerdo cariñoso del
mimado, barbudo y genial “Bébé” Bérard.

• En un feroz auto de fe Georges Rouault quemó en la purgadora
llama de una inmensa hoguera 315 obras suyas, gouaches, acuarelas y di­
bujos, que habían sido objeto del ruidoso litigio judicial entre el artista
y los herederos del marchand Ambroise Vollard. Muy propio de él, afirmó
los inalienables derechos espirituales del artista sobre su obra, confirman­
do con esto el verdadero artista que es Rouault pues, aunque el fallo
del juez le diera satisfacción y razón, consideró el indigno juicio, en sí
mismo, como un estigma sobre los derechos de la creación artística. Pero
no deja de ser deplorable que este acto de soberana voluntad del hombre
y creador Rouault, el Sacrificio de Rouault como se llegó a llamarlo,
implica a su vez la desaparición y pérdida total de una importante y
valiosa parte de su obra temprana.
® El Museo Municipal de Amsterdam dió hace pocas semanas lugar a una expo­
sición de arte sudafricano en cuyo centro plástico se halla el hombre negro, su paisaje
y su ambiente. Para mencionar solamente algunos nombres, pintores como Kottler,
Mary Stainbank, de Sanderes-Hendrikz y Pierneff, muestran al negro en toda su
belleza física como expresión de la admirable entereza e ingenuidad de su alma.
Lo que en esta exposición llamó la atención del espectador europeo fue el hecho
de que, si bien los motivos —paisaje y figura— eran africanos, la forma plástica, el
concepto y la técnica eran tan europeoi —o si se quiere ya universales— como el arte
de Picasso o Marc Chagall, que parecen haber ejercido espécial influencia sobre los
■ pintores sudafricanos. Cierta excepción constituían los trabajos de Walter Batties quien
se muestra claramente influenciado por los dibujos prehistóricos del arte bushman.
En general pudo advertirse el curiosum que el arte sudafricano recibió su inspira­
ción y reflejo del arte primitivo africano no en forma directa, sino por la vía más
larga y más refinada del espíritu, europeo, y a través del crisol en el que se ha fundido
la aleación para una futura pintura verdaderamente y cada vez más universal, sin
menoscabo de rasgos y características propios de cada pueblo.

• Hace muchos años decía Camille Mauclair en “La Révue”: “En
cuanto al Señor Cézanne su nombre quedará incorporado a la broma
más memorable del arte de estos últimos quince años. No ha podido

�producir nada que merezca llamarse una obra”. ¿No será esta gaffe quizá
una advertencia sobre muchos juicios precipitados que hoy oímos sobre
nuestros artistas contemporáneos? ¿No convendría tomarla en considera­
ción en su justo valor aleccionador sobre lo relativo de una opinión ligada
al momento fugaz?
• En la Galería de Lutz y Meyer en Stuttgart se realizó en una exposición indi­
vidual los trabajos más recientes —55 óleos, acuarelas y dibujos— del joven y dotado
pintor superrealista alemán Heinz Trókes. Aparece en estos trabajos una nueva
visión cósmica, de un cosmos sideral cristalizado y abierto por la herida sangrante
de la era atómica. Supoder de abstracción y su eminente carácter gráfico refirman
una vez más esta característica del arte nórdico, que especialmente en la obra de
Trókes recuerda a ciertos grabados decorativos de los siglos xv - xvii en los que también
una especie de fantasía de sueños compuso con la lógica del sonambulismo, circuns­
cripta por la nada, cuadros que brotan de abigarradas formas parceladas de una nueva
realidad, que ha dejado de ser bonita y agradable para convertirse en una realidad
enérgica, agresiva y dinámica.
• Winston Churchill acaba de publicar un libro no político, sino sobre arte, inti­
tulado La Pintura como Pasatiempo. Este titulo indica a nuestro modo de ver una
evidente falta de comprensión de la pintura como manifestación de expresión y anhelo
de conformar plásticamente un mundo auto-existente de parte de un hombre que,
sin duda alguna, es un importante estadista, pero que parece estar muy lejos de la
posición de un auténtico artista. El arte jamás fue pasatiempo, y la verdadera pintura
lo es tan poco como lo puede ser la dirección de la nave de un estado.
• El Museum of Art de Cleveland, EE. UU., organizó hace poco una gran exposición
de la obra de Braque y ha podido reunir más de 110 obras abarcando todos los
periodos de su pintura. Georges Braque, que ahora alcanzó los 66 años, no pudo
revelarse como el gran pintor que es hasta que no entró en contacto y luego intima
amistad con Picasso. Esta influencia fructífero la obra de Braque sin que jamás haya
sido epígono de su amigo. No le gusta la naturaleza y es en su estudio, que se parece
más a un laboratorio que un atelier bohémien, donde elabora sus cuadros de concep­
ción mental, de acuerdo a leyes de valor solamente plástico. Dice Braque al respecto:
"Yo nunca visualizo un cuadro en mi mente antes de que lo comience a pintar. Por
el contrario, creo que un cuadro está concluido solamente cuando uno ha borrado
totalmente la idea que tenía al comenzarlo”.
R. G. B.

71

�VER Y ESTIMAR

CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

ÍN DIC E DEL V O LUM EN II

Agosto a noviembre de 1948

TÍTULOS

72

�73

�74

�autores

A lberti, Rafael:

A Gauguin. (Para “Ver y Estimar”) .

B ayón , Damián C.:

Arte abstracto, concreto, no figurativo.
Arts y Architecture.
Batlle Planas.
Crónica persiguiendo un estilo.
Exposición de artistas franceses contemporáneos.
Flavio Rosende de Carvalho.
Gauguin: coincidencias (Gauguin-Van Gogh).
Jorge Larco.
La esencia del estilo gótico, por Wilhelm Worringer.
Modern french painters, por R. H. Wilenski.
Vision and Design, por Roger Fry.
B eret, Angelia:
Domingo Viau, Enrique Policastro y Horacio March.
Ernst Barlach.
Roberto Terracini.
Vida y obra de Paul Gauguin.
XXXVIII Salón de Artes Plásticas: la escultura.
B ruhl, Rodolfo G.:
Colección Rafael A. Crespo.
Felice Casorati.
Gauguin y el expresionismo.
Paul Gauguin nach eigenen und fremden zeugnissen.
B ruzzone, Pamela:
Art, por Clive Bell.
C amicia , Angelina:
Aquiles Badi.
C arrea, Lía:
Bob Gésinius.
Gauguin: coincidencias (Gauguin-Renoir).
Juan Carlos Castagnino.
Juan Corradini.
The modern movement in art, por R. H. Wilenski.
XXXVIII Salón de Artes Plásticas: la pintura.

VII-VIII,

5

VI,
VI
VII-VIII,
V,
VII-VIII,
VII-VIII,
VII-VIII,
VII-VIII,
V,
VI,
VI,

60
62
113
41
123
122
51
114
36
49
36

V,
VI,
VII-VIII,
VII-VIII,
VI,

51
3
119
17
67

VII-VIII,
V,
VII-VIII,
VII-VIII,

96
47
57
87

VI, 31
V, 54
VII-VIII,
VII-VIII,
TI,
VII-VIII,
TI,
TI,

118
42
53
118
46
63

�76

�ILUSTRACIONES EN NEGRO

77

�78

�79

�80

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BARTOLOME U. CHIESINO

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ayala, Francisco&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Roland, Alfredo E.&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Campigli&#13;
Gasch, Sebastián&#13;
Camicia, Angelina&#13;
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                    <text>INVENCION&#13;
arte concReTo&#13;
BVENOS AIRES&#13;
&#13;
NUESTRA MILITANCIA&#13;
 Hemos escrito antes que alentába­-&#13;
mos la esperanza de contribuir, con&#13;
nuestro arte, a la revolución de nuestra&#13;
época. El propósito no es nuevo. Otros&#13;
escritores y artistas nos han precedido.&#13;
Nos referimos no sólo a los que han he-­&#13;
cho del arte llamado “social'’ su pre-­&#13;
ocupación mayor, sino también a los&#13;
que, utilizando técnicas estéticas dife-­&#13;
rentes de las sancionadas por la bur­-&#13;
guesía, pugnaron por crear las bases&#13;
de un arte nuevo, acorde con la trans-­&#13;
formación social que se avecinaba.&#13;
 &#13;
 Unos y otros han vinculado estrecha­-&#13;
mente su inquietud creadora a la con­-&#13;
ciencia política. Para todos ellos, la&#13;
obra de arte cumplía una función ac­-&#13;
tiva sobre el mundo, operaba o podía&#13;
operar, en un plazo más o menos breve,&#13;
una revolución espiritual en el hombre.&#13;
 &#13;
 Nosotros, como dejamos señalado, nos&#13;
manifestamos absolutamente solidarios&#13;
con ese criterio. Nuestras obras tienen&#13;
un cometido revolucionario; su finali­-&#13;
dad es ayudar a transformar la reali­-&#13;
dad cotidiana, por la intervención efec-­&#13;
tiva de cada lector o espectador en la&#13;
experiencia estética. Es decir, que ne­-&#13;
gamos, prácticamente, la “evasión” que&#13;
la antigua técnica representativa es­-&#13;
tablecía como una de las condiciones&#13;
de la obra de arte.&#13;
 &#13;
 En consecuencia, los artistas de nues­-&#13;
tro movimiento no permanecen indi­-&#13;
ferentes ante el mundo de todos los&#13;
días ni ante los problemas del hombre&#13;
común. Los artistas concretos se soli-&#13;
darizan con todos los pueblos del mun­-&#13;
do y con su gran aliado —la Unión&#13;
Soviética— en sus esfuerzos por pre­-&#13;
servar la paz y detener los planes im- ­&#13;
perialistas para resucitar el fascismo.&#13;
 &#13;
 No ven, por lo tanto, salida ni opor­-&#13;
tunidad para la invención que propug­-&#13;
nan, dentro de los moldes que los im- ­&#13;
perialismos y la burguesía reaccionaria&#13;
pretenden imponer a la humanidad.&#13;
 &#13;
Los Amigos del Pueblo&#13;
 Difícilmente objetivan la voluntad&#13;
del pueblo quienes se limitan a mar­-&#13;
char, cómodamente, a su zaga; en arte,&#13;
para estar con el pueblo, de un modo&#13;
efectivo, es necesario caminar a la van­-&#13;
guardia, sin contemplaciones pasatistas,&#13;
en base a una conciencia del desarrollo&#13;
de la sociedad y de las condiciones de&#13;
su transformación. Nos resulta difícil,&#13;
realmente, concebir a esos amigos del&#13;
pueblo, empeñados en un fijismo esté­-&#13;
tico, sordos a las proyecciones espiri­-&#13;
tuales del progreso social y técnico, fal­-&#13;
tos de la audacia de imaginación sufi­-&#13;
ciente para admitir, en un futuro pró­-&#13;
ximo, la expansión popular de un nuevo&#13;
arte. En el fondo, desconfían del pue­-&#13;
blo, a quien suponen incapaz de toda&#13;
empresa mental.&#13;
 &#13;
2&#13;
 &#13;
 SEMEJANTE AL  ACASO&#13;
POR LAS TARDES&#13;
 &#13;
 Recorro hasta la última inocencia de los días.&#13;
 &#13;
 Ahora puedo referir, sin justicia, el rigor de su som­-&#13;
bra a cada gota diferente; mucho más cerca de su me­-&#13;
moria, más atrás del cambio en que tiembla su fatiga.&#13;
 &#13;
 Ahora puedo enfilar los muros hacia la tarde, conven-&#13;
cido del alcance estricto de sus labios, apoyado por las pri­-&#13;
meras estribaciones del azar. Los días de su nombre termi­-&#13;
nan por no quedarse, se vacían, al fin, de los caminos, de&#13;
los paños y del futuro, su protegido; han transformado la&#13;
voluntad en un instante completo; necesitan del paladar&#13;
a cara o cruz, de los vasos que ríos más pequeños solían lle­-&#13;
var al fondo de los silbos. Cuando ella nos dejaba para&#13;
desprender las calles, junto a las rompientes, nosotros nos&#13;
quedábamos esperándola. “Este es el día, nos decíamos, ella&#13;
estará juntando, para nosotros, las últimas transparencias,&#13;
iluminada por los pigmentos de las marchas; se asomará&#13;
a lo lejos en desorden, sobre el destino de los peces.&#13;
 &#13;
 Otro esfuerzo del aluminio, de su nivel, y los triángu­-&#13;
los hurtarían todos sus deseos.&#13;
 &#13;
PERSUADIR EL LIMITE&#13;
 &#13;
No es de hoy cuando no queda en producción de irse&#13;
o de ayer a la existencia como dedos y rehermanada;&#13;
no es del costado de ver,&#13;
cercano a expensas de la discordia,&#13;
conquistando con partículas el término provisto&#13;
y renacido hacia las llaves, ilegal y a nado;&#13;
no es del olvido mirando y atado a su rumor,&#13;
bajo la inflexión ambiental de su nuca&#13;
o consultando los frentes para distinguir el aire.&#13;
 &#13;
Es del tiempo abierto;&#13;
es del asomo en que late el ademán del hallazgo,&#13;
tu excesivo alrededor,&#13;
tu siempre en asas diurnas,&#13;
es del follaje que ciñe las inundaciones,&#13;
que exige los siglos rotos y salobres&#13;
y la lanza convertida por los signos en vuelo.&#13;
 &#13;
No es de los hilos callados hacia el rumbo&#13;
de donde viene esta suma invitadora,&#13;
este rostro a sitios,&#13;
a débiles aguas pastadas.&#13;
 &#13;
Viene del nudo incoado al silencio,&#13;
del rincón instantáneo que oxida los milagros&#13;
y las lenguas centradas por el sol en armas.&#13;
 &#13;
¿Pero tras de qué denodado s&#13;
úbito se reclina el medio,&#13;
y hacía qué relación en avatar embrionario,&#13;
hacia qué cuño distenso se ilumina tu costumbre?&#13;
 &#13;
EDGAR BAYLEY&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
ESTA PUBLICACION HA SIDO&#13;
 &#13;
GENTILMENTE DONADA: POR RAQUEL GONZÁLEZ DE PEÑALVA&#13;
 &#13;
hacia una MUSICA INVENCIONISTA&#13;
 &#13;
Tomas Maldonado&#13;
 &#13;
 El mundo musical de la idolatría representativa, de la ficción y de la plutocracia artística llega ya a&#13;
su fin. Su estado actual desvirtúa su porvenir progresista; pues al mantener hoy sus bases expresionistas&#13;
 y representativas, ha caído en la negación de sus funciones estéticas y en la especulación idealista y de­-&#13;
cadente sobre un pasado renovador.&#13;
 Es así como sobre las bases de una trayectoria vivamente progresista de la música, hemos compren­-&#13;
dido la necesidad y la posibilidad, de emprender nuestro movimiento decisivo y revolucionario en la estética musical, hacia la invención concreta de sus valores.&#13;
 Partimos de la base que el único elemento de la música es el sonido, y establecemos las relaciones ele- mentaristas del mismo como estructura musical. En este aspecto fundamental, toda la historia de la música, desde sus épocas primitivas, ha significado una renovación constante de valores producidos todos ellos,natu-­&#13;
ralmente dentro de un círculo que consideraba al sonido solamente como un medio representativo. Las últi­-&#13;
mas renovaciones musicales, aún las composiciones abstractas atemáticas no han logrado superar su contenido expresionista. La expresión ha sido en realidad su elemento estructurante. Actualmente consideramos super­-&#13;
flua toda renovación de valores de un sistema superado, y establecemos un nuevo sistema de relaciones liberando al elemento sonoro de las extrañas funciones en que es sometido por los trasnochados apóstoles de &#13;
la decadencia.&#13;
 Solamente a través de un verdadero conocimiento estético real del sonido, es como se llega a concretar &#13;
su calidad objetiva su función en la composición invencionista &#13;
 La nueva relación de sonidos en base a la valorización y objetjivización del tiempo y vibraciones sono-&#13;
­ras, trae como consecuencia la anulación de la frase musical y el rechazo de todo problema relacionado con&#13;
los acordes. Se comprende que ello no implica la reducción de la variedad sonora ya que nosotros los inven- &#13;
cionistas impulsamos secundariamente todo desarrollo técnico que aporte nuevos sonidos; mantenemos,ade­- más en otros sistemas posibles en los instrumentos y en la orquestación. Es necesario aclarar una vez más &#13;
que a través del desarrollo técnico se han concretado variadísimos sonidos musicales para la composición, y nuevos sonidos se están logrando sin duda con la elaboración de nuevos instrumentos. Pero un sonido no es &#13;
la música, ni tampoco un nuevo sonido equivale a una nueva estética. Ella surge de la relación de sonidos entre sí, y de las relaciones totales como unidad de la obra. No hemos de rechazar ningún valor para el sonido mu-&#13;
sical propiamente dicho logrado por el desarrollo técnico. Contrariamente (a excepción de la voz humana), exaltamos todas las calidades sonoras. Solo rechazamos la vieja combinación de los sonidos en base a la subestimación de sus valores elementales de relación; rechazamos la composición de los sonidos sobre una su- ­puesta valorización sentimental de los mismos.&#13;
 La práctica invencionista llevada a cabo por nuestra compositora Matilde Werbin ha impuesto también &#13;
un desarrollo extraordinario en la escritura musical. Las viejas fórmulas técnicas de escritura han debido ser rechazadas, alteradas y ampliadas fundamentalmente debido a inconvenientes insalvables presentados &#13;
dentro del viejo sistema, especialmente para la valorización del tiempo sonoro como elemento de relaciones.&#13;
 El problema del tiempo y de la intensidad es considerado por el invencionista como un factor concreto &#13;
para las relaciones del sonido, y deberán estar ambos supeditados a la calidad sonora y no a la representa-&#13;
­ción de vivencias psicológicas individuales del compositor. Contra el tiempo metafísico del sonido, exaltamos&#13;
el timpo físico del mismo: una esencia realista de la duración y la relación. Llegamos as ia la conquista ob-&#13;
­jetiva en el campo sonoro temporal de la música y sentamos las bases para la nueva estructura de la mú-&#13;
­sica invencionista, para la unidad del tiempo sonoro&#13;
 Entendemos la creación musical como un suceder de relaciones sonoras y no como una subdivisión de&#13;
frases musicales con su clásico desarrollo. La música invencionista no puede dividirse en partes mediante la frase musical, pues éesta impondrá como condición la prioridad de determinados sonidos. Estamos contra la subestimación de un sonido o conjunto de sonidos y reclamamos un paralelismo elementarista. Todo desarro-&#13;
­llo de una frase musical impone la acepatción de parte independiente y parte derivadas. La estructura mu-&#13;
sical invencionista ha de basarse en una sucesión de sonidos paralelos en su valor. Esa nueva relación que &#13;
se establece recién cuando el elemento sonoro es considerado en su valor real, ha sido la médula vital de &#13;
la invención musical concreta. &#13;
 Así como no hemos aceptado la superposición de sonidos utilizados en muchos casos para la estructura musical, por significar ella una subestimación del valor concreto del sonido, también hemos rechazado to- ­talmente el silencio en la música, al no considerarlo ni como elemento ni como medio de relaciones. El silen-&#13;
­cio, que en toda la música pasada y especialmente en la romántica y expresionista donde ha sido exaltado, ha jugado un papel especial, se torna un contrasentido para la composición musical realista; atenta contra los valores sonoros, que en la invención se equilibran esencialmente mediante las relaciones sucesivas del tiempo- sonido. Ese suceder sonoro quedaría trunco, y así la invención, introduciendo elementos expresionistas como &#13;
lo es el silencio.&#13;
 Frente a las amplias posibilidades abiertas a la creación artística por nuestro movimiento, objetivando y humanizando sus propios elementos estéticos constitutivos, el hombre inicia una nueva era en su vivencia estética. Como todas las manifestaciones artísticas, la música recibe con la invención concreta un soplo rea-&#13;
­lista y renovador.&#13;
 La juventud tomará la antorcha de esta nueva concepción revolucionaria de la estética musical, pues re­-&#13;
presenta una realidad donde la naturaleza humana se da plenamente.&#13;
 Tal es la invención, contra la representación sonora. La invención contra la metafísica y el idealismo­  &#13;
estético de la música decadente.&#13;
 &#13;
RAUL LOZZA&#13;
 &#13;
3&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Alberto Molemberg&#13;
Sobre las artes aplicadas a la necesidad&#13;
revolucionaria y el arte de la invención concreta&#13;
 &#13;
 La interpretación marxista enseña que el arte&#13;
no es una posición humana melancólica ni una&#13;
actitud “realista romántica” con retorno a la expre­-&#13;
sión clásica, sin embargo, en nuestro país, el “pas-­&#13;
tiche” de la confusión y el resentimiento es hábil­-&#13;
mente pirocteniado por algunas honestas persona-­&#13;
lidades revolucionarias — me refiero a su condición&#13;
de militantes de fracciones políticas específicas— ,&#13;
pero reaccionarios en el ejercicio de sus expresiones&#13;
estéticas.&#13;
 Es despropósito vincular el pasatismo estéti­-&#13;
co con el interés y necesidad del pueblo, resuci­-&#13;
tando viejas fórmulas periodísticas según recetas&#13;
de versificación categóricamente superadas por&#13;
el auténtico arte popular, que no debe confundir&#13;
se con la producción aplicada a la necesidad po­-&#13;
lítico-revolucionaria.&#13;
 &#13;
 La gran aventura del artista es aquella que&#13;
irremisiblemente avalan los pueblos. Mis últimos&#13;
poemas han sido compuestos sobre temas de la&#13;
acción contra la dictadura y destinados a incitar&#13;
a la lucha cívica. Su condición ideológica de agi&#13;
tación y propaganda requería una estructura rít­-&#13;
mica y épica que actuara sobre el pulso de la san-­&#13;
gre, como el sonido del tambor en los espectáculos&#13;
marciales. Simultáneamente, en mi carácter de in­-&#13;
tegrante de la Asociación de Arte Concreto-Inven-­&#13;
ción, he trabajado en un arte de invención no figu-­&#13;
rativo, opuesto a la representación sancionada por&#13;
la sociedad capitalista decadente y fruto de su&#13;
saturación individualista. La creación de nuevos&#13;
objetos de arte que actúen y participen en la vida&#13;
integral de los pueblos y que contribuyan a revo­-&#13;
lucionar sus condiciones de existencia, es nuestro&#13;
objetivo estético esencial, que reviste, por tanto,&#13;
un carácter eminentemente político. La nueva obra&#13;
se dirige hacia la formación de una nueva con-­&#13;
ciencia estética popular, pasible de ser lograda so-­&#13;
lamente en base a la presencia de un arte despojado&#13;
del individualismo reaccionario.&#13;
 La actitud de los “ artepuristas”, los destilados&#13;
del “preciosismo” y el “ truquismo”, y los llamados&#13;
“postas sociales”, ha promovido un “arte” abso­-&#13;
lutamente falso. Un panfleto no se convertirá en&#13;
poema porque se le provea de ritmo más o menos&#13;
musical y se le salpique de algunas palabras posti­-&#13;
zas. La actitud revolucionaria del poeta ha de con-&#13;
cretarse con aportes estéticos inéditos de búsqueda&#13;
y acción inventivos.&#13;
 &#13;
 La inminencia de un nuevo tiempo revolucio&#13;
nario, que consolidará las fuerzas productivas pre-­&#13;
dominantes en el pueblo, asegura también la evolu-­&#13;
ción de las artes hacia una activa participación en&#13;
la construcción socialista del mundo. Nuevas rea&#13;
lidades se avecinan. El mundo espera con vital&#13;
esperanza la invención de nuevos elementos na­-&#13;
turales, mecánicos y técnicos. Gran tarea aguarda&#13;
a los poetas. El hombre habrá de liberarse de lo&#13;
preexistente y entonces no cantará el mundo: lo&#13;
inventará.&#13;
SIMON CONTRERAS&#13;
 &#13;
4&#13;
 &#13;
 &#13;
Alberto Molemberg&#13;
 &#13;
Lo abstracto y lo concreto en el arte moderno&#13;
 &#13;
 &#13;
 Ningún problema de la pintura pudo darse nunca &#13;
al margen del problema práctico que plantea a todo &#13;
ser humano la percepción del espacio y del tiempo. &#13;
Es más, en todas las épocas la pintura trató de ser &#13;
una definición gráfica de estas dos propiedades de&#13;
la realidad objetiva.&#13;
 Relacionar estética y anecdóticamente figuras re­-&#13;
presentadas en un espacio igualmente representado,&#13;
ha sido lo esencial del procedimiento creador de la &#13;
pintura del pasado. Se pretendía hacer valer las fi­-&#13;
guras como formas, y lo que en la tela estaba au-&#13;
­sente de figuras, como fondo; a las superficies “va- &#13;
cias”, sin anécdota gráfica.  se las consideraba  ám-&#13;
bitos espaciales concretos, verdaderas profundidades,&#13;
cuando en realidad eran sólo simulacros de formas&#13;
y espacios sobre una superficie de dos dimensiones.&#13;
Sin embargo, esta concepción tradicional del hacer &#13;
artístico, que la moderna psicología de la estructura&#13;
podría explicar, pero que los sentidos no verifican, &#13;
es motivo, desde principios de siglo, de una radical&#13;
revisión. La batalla fundamental librada por el arte &#13;
auténticamente revolucionario de nuestros días ha &#13;
estado enderezada a concretar el espacio y las for­-&#13;
mas, a promover una nueva práctica estética eximi-&#13;
­da en absoluto de toda sujeción a lo abstracto e ilu­-&#13;
sorio. Esta batalla, por lo demás, es el último paso en&#13;
el sentido de superar la milenaria contradicción, en el &#13;
seno del arte, entre lo imitativo (documento, símbolo,&#13;
signo, tótem) y lo inventivo (artístico), porque, en ri-&#13;
­gor de verdad, el problema del espacio y del tiempo en&#13;
la pintura es inseparable y dependiente de esa contra-&#13;
­dicción a la cual se [vincula], de hecho, a través de la&#13;
gnoseología implícita en toda pregunta sobre lo re­-&#13;
presentado y lo concreto. &#13;
 &#13;
 Los cubistas, llevando hasta sus últimas consecuen-&#13;
­cias lo que Cezanne y Seurat solo habían sugerido, pu­-&#13;
sieron al desnudo el mecanismo abstracto de toda re-&#13;
­presentación. Pero la voluntad de abstracción y pu-&#13;
­ridad — Langevin lo ha demostrado palmariamente en &#13;
el terreno de la nueva física atomística— puede des-&#13;
­embocar, por un proceso dialéctico perfectamente ex-&#13;
­plicable, en voluntad de objetivación. El cubismo, aún&#13;
cuando lo que más informa sobre él sea su procedi­-&#13;
miento abstracto, es indudablemente el primer paso en&#13;
la época contemporánea por objetivar la pintura, por &#13;
exaltar en ella sus elementos objetivos (colores, for-&#13;
­mas, materiales, etc.) y no las ficciones figurativas.&#13;
No hay que olvidar que una manzana gráficamente&#13;
representada es una abstracción de una manzana real,&#13;
aparezca ella en un cuadro de Chardin o de Braque;&#13;
empero, la disimilitud esencial entre una manzana de&#13;
Chardin y una de Braque, reside en que en la primera&#13;
es el elemento im tativo el que predomina, mientras&#13;
que en la segunda, es el inventivo. Y ha sido preci-­&#13;
samente este predominio de la invención sobre la imi-&#13;
­tación lo que llevó a los cubistas a una vecindad, sólo&#13;
a una vecindad entiéndase bien, con lo concreto. Cabe &#13;
aclarar, no obstante, que cuando ellos comienzan a lo-&#13;
­grar ciertas conquistas en este sentido concreto, la &#13;
primitiva doctrina de la escuela entra a perder su vi-&#13;
­gencia a ser negada en sus principios fundamentales. &#13;
En efecto, la introducción en la práctica cubista del&#13;
“collage”. verdadera apreciación concreta, señala ya&#13;
el fin del cubismo propiamente dicho; así como años&#13;
más tarde, desde otro punto de vista, los “objetos de&#13;
funcionamiento simbólico”, derivación concreta del su-&#13;
perrealismo, darán un mentís inesperado a la preten­-&#13;
dida gnoseología onírica de Bretón y sus amigos.&#13;
 Sin embargo, las críticas a estos aspectos abstrac­-&#13;
tos del cubismo y el anhelo de superar sus insuficien­-&#13;
cias en este sentido, tuvieron una importancia primor-&#13;
­dial en la evolución posterior dei arte. Los futuristas &#13;
se rebelaron contra la exaltación cubista de lo estático;&#13;
más como la representación de lo estático es asimismo, &#13;
un modo de abstración, éstas críticas se extendían, en&#13;
verdad al arte abstracto en general. No obstante, en &#13;
la práctica, los futuristas no supieron dar al problema&#13;
Del movimiento otra solución que no fuere abstracta. &#13;
En lugar de concretarlo en el espacio se limitaron, una&#13;
vez más a representarlo.&#13;
 Ahora bien: después del cubismo y del futurismo, &#13;
agotadas ya todas las formas de abstracción y de re­-&#13;
presentación, la necesidad de concretar el espacio, el&#13;
tiempo y el movimiento era la inquietud más sentida o&#13;
por todos los pintores que, desde sus respectivos campos&#13;
bregaban por una transformación radical del arte. Así, &#13;
en Rusia, como reacción a las experiencias meramente&#13;
abstractas de Larionov, que reducía el problema a la&#13;
imitación de rayos luminosos (“rayonismo”, 1910), Ma- &#13;
levitch y Rodchenko, en 1913, se esfuerzan por tornar &#13;
más sutil la lucha por la objetivación de la pintura. &#13;
La no representación, en un sentido general, se da por &#13;
sobreentendida; de lo que se trata ahora es de comba-&#13;
­tir los residuos que facilitan la aparición ficticia de&#13;
cosas, que, aunque no se había buscado representar, &#13;
emergen por sí solas a los ojos del espectador. Male- &#13;
vitch y Rodchenko reparan que, si bien se trabaja con&#13;
elementos geométricos, el espacio y el tiempo siguen&#13;
representados sobre sus telas y, por ende, también las&#13;
cosas, cosas menos cotidianas, de naturaleza geomé-&#13;
trica, pero cosas al fin. Es precisamente aquí cuando&#13;
 comienza a plantearse el problema a que hemos hecho&#13;
 referencia m ás arriba: MIENTRAS  HAYA  UNA  FI­-&#13;
GURA  SOBRE UN FONDO, ILUSORIAMENTE EX-&#13;
­HIBIDA, HABRA REPRESENTACION. Pero ¿cómo &#13;
resolver este problema? Malevitch tienta la solución&#13;
tonal: “blanco sobre blanco’’. Y al encontrarse con una&#13;
superficie monocrama y monotonal descubre el alto&#13;
valor estético y concreto del plano, iniciando la era de&#13;
su exaltación. En Holanda, durante la primera gue-&#13;
rra, Mondrian, Vantongerloo, Van Doesgurg, y más&#13;
tarde, el soviético Gorin, Moss y Einstein preconizan &#13;
una pintura “plana en el plano”, que ellos denominan&#13;
“abstracto real”. Pero el problema no está todavía re-&#13;
­suelto; recién ha quedado revelado el valor concreto&#13;
del plano, resta verificar su efectividad estética en &#13;
campos ajenos al estrictamente bidimensional.&#13;
 Los rusos Gabo, Pevsner, Tatlin, Miturisch, los hom-&#13;
­bres del taller “Obmuchu”. Meduniezki, Lissifzki y el &#13;
mismo Rodchenko. ya vivida la gran experiencia de&#13;
la revolución proletaria, dan los primeros pasos en es-&#13;
­te sentido y formulan, alrededor de 1920, una estética&#13;
realista-constructiva. “Las bases fundamentales de ar-&#13;
te — dicen los dos primeros en un manifiesto publicado&#13;
en la U R S S en 1920— deben reposar sobre un terreno&#13;
resistente: la vida real. El arte si quiere comprender&#13;
la vida debe basarse en el espacio y en el tiempo”. Los &#13;
participantes de esta escuela realizan objetos de vidrio,&#13;
hierro, acero, y otros materiales. El plano es usado por&#13;
ellos como elemento espacial. No obstante, estas pri­-&#13;
meras experiencias no podían aún lograr su finalidad;&#13;
los realistas constructivos tropezaban a cada instante,&#13;
por un lado, con el problema del plano, todavía no &#13;
resuelto; por otro, con la ausencia de un método de &#13;
composición espacial. De ahí que fuese necesario que&#13;
tanto el planteamiento hecho por Malevitch en lo re­-&#13;
ferente al plano como las búsquedas de una composi-&#13;
­ción verdaderamente no-representativa, cumpliesen, o&#13;
se tratase de hacerles cumplir, todas sus etapas de &#13;
desarrollo y crisis. El plano, antes de ser lanzado a&#13;
cualquier tipo de aventuras espaciales, tenía que perder&#13;
progresivamente, su modalidad ortogonal, despoiarse de &#13;
todo estatismo y aprender a valer como dirección, co­-&#13;
mo trayectoria en el espacio. De igual modo, la com-&#13;
posición clásica, que era eminentemente dispositiva, es-&#13;
­cenográfica, al servicio del tema y su representación, &#13;
no podía ya servir a este nuevo arte, que nada tenía&#13;
que disponer y que sólo buscaba componer, es decir, &#13;
relacionar estética, pero también concretamente, los ele-&#13;
­mentos pictóricos; de suerte que, antes de pensarse en &#13;
estructuras espaciales, debíase primero tentar la com­-&#13;
posición no-representativa en dos dimensiones, o sea, &#13;
antes de profundizarla, urgía redefinirla en sus prin-&#13;
­cipios. Pero hubo algo que no se supo ver: que el pro-&#13;
­blema de la exaltación objetiva del plano y el de la &#13;
estructura plástica son inseparables. Tanto es así que &#13;
toda la historia del arte no representativo bidimensio&#13;
-nal se puede sintetizar del siguiente modo: por un lado,&#13;
esfuerzos por hacer valer la superficie de la tela como &#13;
tal; por otro, esfuerzos por lograr una estructura no &#13;
representativa. Así, en 1923, el húngaro Peri, encarando &#13;
desde un punto de vista no-representativo lo que Ro&#13;
-sanova había hecho en Rusia como cubista (1916) y H. &#13;
Arp y K. Schwitters, en Zurich, como dadaístas, quie­-&#13;
bra la forma tradicional del cuadro, esforzándose por &#13;
separar sus elementos constitutivos. Sin embargo, Peri &#13;
no sistematiza debidamente este descubrimiento ni saca &#13;
de él ninguna conclusión atingente a la estructura. &#13;
Buchheister, Stasewski y Strseminski vuelven a tentar &#13;
la exaltación del plano por la solución tonal, aunque &#13;
con menos éxito que Malevitch y sin asomarse tam-&#13;
­poco al problema de una nueva composición. Contra­-&#13;
riamente, los neo-platicistas se abocan a la tarea de &#13;
lograr una composición no representativa, que ellos su­-&#13;
ponen basada sobre la función ortogonal, y restan &#13;
importancia al problema del plano, al que otorgan una &#13;
solución transitoria, disolviendo los “fondos” por medio &#13;
de complicaciones lineales hasta elevarlos al mismo ni­-&#13;
vel óptico de las figuras (Mordrian Moss, Gorin, etc.). &#13;
Pero ni los unos ni los otros logran dar una solución &#13;
satisfactoria. El espacio ilusorio no ha sido abolido y &#13;
la composición sigue siendo de un marcado clásico, dis­-&#13;
positivo. Porque ni Peri ni los neo platicistas se atre-&#13;
­vieron a relativizar el cuadro mismo; a poner en duda &#13;
su tradicional función de “organismo continente”, de &#13;
superficie dentro de la cual, necesariamente, se debe &#13;
desarrollar un suceso. Y este fue el principal error. &#13;
 &#13;
 Es en este momento que comienza a hablarse de &#13;
la necesidad, como única salida, de retornar al primi-&#13;
tivo planteamiento constructivista de un arte de espa-&#13;
­cio. Así el inglés Ben Nicholson, en oposición a las &#13;
“figuras blancas sobre fondo blanco” de Malevitch, pro-&#13;
­pone las formas blancas sobre fondo blanco, realizando &#13;
bajorrelieves y sobrerrelieves; mientras Dómela con sus &#13;
relieves policromados completa este regreso al espacio. &#13;
Apartada, hasta nuevo aviso, la cuestión bidimensional &#13;
quedaba expedido el camino para proseguir las formu- &#13;
laciones espaciales de los primitivos constructivistas. &#13;
Estos se habían declarado, en 1920, por la dirección y &#13;
contra la masa en el arte de espacio, desarrollando esta &#13;
idea, el húngaro Moholy Nagy y el suizo Max Bill, en &#13;
el Bauhaus de Dessau, estudian los problemas de cons-&#13;
­trucción de las direcciones en el espacio y las relaciones &#13;
de los distintos materiales, pero sin prestar, claro está, &#13;
mayor atención a los problemas de la estructura esté­-&#13;
tica. En rigor de verdad, en estas experiencias espa­-&#13;
ciales, como en las anteriores constructivistas, la com-&#13;
­posición no era la cuestión principal; en el deseo de &#13;
verificar y descubrir nuevas relaciones y elementos, era &#13;
lógico que el problema de la ordenación estética fuese &#13;
permanentemente postergado. &#13;
 &#13;
 Estos nuevos constructivistas no tardaron en ad-&#13;
­vertir que la plenitud concreta del espacio-tiempo se &#13;
logra en lo dinámico, y el anhelo de realizar objetos de &#13;
esta naturaleza se torna su inquietud predominante. &#13;
Cierto es que los hermanos Gabo y Pevsner — que tam-&#13;
bién están presentes en este nuevo período de investi-&#13;
­gaciones— y el mismo Rodchenko, habían ya creado &#13;
objetos dinámicos; pero lo reducido de sus repertorios &#13;
cinéticos, movimientos circulares o pendulares las más &#13;
de las veces, impedía que pudiesen ser considerados &#13;
como manifestaciones de un género artístico en ple­-&#13;
nitud. Consciente de ello, M. Nagy empieza a construir &#13;
objetos en base a un repertorio más amplio de movi-&#13;
­mientos, velocidades y materiales.&#13;
 &#13;
 Ahora bien, la incorporación de la dinámica con-&#13;
­creta al arte no-representativo era, a ciencia cierta, &#13;
una de las conquistas más valiosas, pero el no haberse&#13;
resuelto con anterioridad, los problemas de la compo-&#13;
­sición bidimensional y la postergación que por esta &#13;
}causa se hizo padecer a la composición tridimensional, &#13;
comenzaron hacer sentir sus efectos. Al redescubri­-&#13;
miento meramente automático del espacio seguían las &#13;
coincidencias inesperadas.&#13;
 &#13;
 En efecto; “L’ heure des traces” de Giacometti, uno &#13;
de los primeros “objetos de funcionamiento simbólico” &#13;
de los superrealistas, por su doble aspecto de objetivo &#13;
y dinámico, viene a poner en evidencia la inquietante &#13;
posibildad de que el arte no-representativo pudiese ser &#13;
usufructuado por el superrealismo, o, lo que es peor &#13;
aún, que se pretendiese una absurda síntesis de ambos. &#13;
Esto último fué tentado por el norteamericano Calder &#13;
— en un principio participante destacado en “Abstrac- &#13;
tion-Creation-Art nin figuratif”, frente único de ar-&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Raúl Lozza&#13;
tistas no-representativos (1931-1940)— a quien su ad-&#13;
­miración por el pintor Joan Miró condujo, primero, a &#13;
hacerle adoptar una actitud condescendiente para con &#13;
la pintura superrealista y, posteriormente, a realizar &#13;
obras donde subyace un notorio propósito expresionista- &#13;
onirico. Los “móviles” de Calder son, con todo, un paso &#13;
evidente hacia la liberación del objeto estético del ba-&#13;
­rroquismo a que habia sido llevado por Moholy Nagy, en&#13;
su anhelo de ampliar y sutilizar la materia prima de este &#13;
nuevo género artístico. Pero en lo que respecta a la &#13;
estructura Calder insiste en el nefasto error de no in-&#13;
­ventar la estructura estética dinámica, sino que, por&#13;
el contrario, se sujeta a la ordenación que le impone &#13;
el motor o la fuente de energía. Y es en esta insu-&#13;
fi­ciencia estructural — «que no es en el fondo inventiva— &#13;
común a todas las manifestaciones del arte no-repre­-&#13;
sentativo donde debemos buscar el motivo, no sólo de &#13;
la desviación de Calder, sino de todas las coinciden­-&#13;
cias posibles entre el arte no-representativo y el super­-&#13;
realismo o el expresionismo. Es evidente que cuando se &#13;
renuncia a la voluntad de estructura se abandona irre­-&#13;
misiblemente el campo de la invención y se pasa a una &#13;
incontrolada “tierra de nadie”, que, en última instancia, &#13;
resulta ser la tierra del sueño, del subconciente, de la &#13;
intuición pura, de la agorafobia, de las expresiones &#13;
delirantes, de todos los matices posibles en la ilusión &#13;
y de la representación.                                &#13;
 &#13;
 Por otra parte, en la pintura bidimensional se es-&#13;
­taba en Ios mismos problemas: Kandinski y Bauer, la &#13;
extrema derecha del arte no - representativo europeo, &#13;
que defendieron siempre un escepticismo radical &#13;
con respecto a la composición, exaltando el papel de la in­-&#13;
tuición y del automatismo geométrico (“expresionismo &#13;
abstracto”), comenzaban a tener adictos en los EE. &#13;
UU. En efecto, los no-objetivos norteamericanos si-&#13;
guiendo los pasos de Kandinski y Bauer retornan al &#13;
cuadro y a la anécdota plástica. Generalmente, la &#13;
anécdota consiste en un acento cromático (con alusiones &#13;
musicales), una flecha (signo) o un zig-zag (suceso &#13;
descriptivo), es decir, se vuelve al tema central de la &#13;
composición clásica. Antes, era la “Virgen de las ro-&#13;
­cas” (Virgen, primer momento de la percepción— tiem-&#13;
­po representado); ahora, es el ‘‘Acento Amarillo” de &#13;
Kandinski (Acento amarillo, primer momento de la per­-&#13;
cepción— tiempo representado).&#13;
 &#13;
 Es, precisamente, contra todas estas manifestacio­-&#13;
nes que implicaban una tendencia a extrañar al arte &#13;
no-representativo de su verdadero destino: la conquis-&#13;
­ta de lo concreto, que los militantes del movi-&#13;
­miento concretista de la Argentina iniciamos &#13;
hace algunos años nuestras tareas de inves-&#13;
ti­gación e invención, tratando de resolver sus &#13;
problemas fundamentales y alejarlo así, definitivamen-&#13;
­te, del tremedal del expresionismo, del superrealismo &#13;
o de cualquier otra forma artística idealista y repre­-&#13;
sentativa. Munidos del materialismo dialéctico, que es &#13;
la filosofía viva de Marx, Engels, Lenin y Stalin, que &#13;
confirmaba y confirma nuestras búsquedas, llegamos &#13;
a formular una estética materialista o concreta. Nues-&#13;
­tros primeros pasos estuvieron enderezados a replan-&#13;
­tear todos los problemas del arte no-representativo des­-&#13;
de Malevitch hasta nuestros días, buscando, claro está, &#13;
soluciones más certeras y exhaustivas; comprendimos &#13;
desde un principio que las mayores insuficiencias del &#13;
arte no-representativo tenían su origen en no haberse &#13;
logrado ni una nueva composición ni la liquidación de­-&#13;
finitiva de lo ilusorio. &#13;
Empezamos, por ésto, quebran­-&#13;
do la forma tradicional del cuadro (Rothffus, Maído-&#13;
nado, Arden Quin, Prati, Espinosa, y más tarde, HIi-&#13;
to, Mónaco y Souza); pero no nos quedamos allí (éste &#13;
fué el error de Peri) sino buscamos comprender la &#13;
utilidad y real trascendencia de esta conquista. Repa-&#13;
­ramos entonces que el “cuadro o marco recortado”, co­-&#13;
mo dimos en llamarlo, especializaba el plano; no po-&#13;
­díamos ser indiferentes al hecho que de este modo &#13;
abríamos las compuertas y que el espacio penetraba en &#13;
el cuadro, participando como un elemento más, esté­-&#13;
ticamente beligerante. Al mismo tiempo, repetimos las &#13;
experiencias de Nicholson y de Dómela: materializa-&#13;
­mos figuras, las hicimos formas (Maldonado, Prati, &#13;
Raúl Lozza, Antonio Caraduje). Pero a esta altura nos &#13;
sorprendimos buscando una solución tridimensional al &#13;
problema bidimensional: repetíamos el error... Y nos &#13;
detuvimos. Nos propusimos firmemente que si salía-&#13;
­mos al espacio iba a ser siempre después de una solu­-&#13;
ción, nunca como desviación ante un escollo en lo &#13;
bidimensional. Reiniciamos en profundidad el estudio &#13;
del problema del “cuadro o marco recortado”. Comen-&#13;
­zamos por otorgarle más importancia al espacio pe-&#13;
­netrante que al cuadro mismo (Molenberq, Raúl Lozza &#13;
Núñez). Y por este camino llegamos al descubrimiento &#13;
máximo de nuestro movimiento: la separación en el &#13;
espacio de los elementos constitutivos del cuadro sin &#13;
abandonar su disposición coplanaria (Molenberg, Raúl &#13;
Lozza). De este modo, el cuadro, como “organismo &#13;
continente”, quedaba abolido. Después de tantos años &#13;
de lucha lo concreto había sido logrado y recién a par­-&#13;
tir de este instante la composición no-representativa &#13;
podía ser una verdad, lo era ya de hecho. &#13;
 Hoy, el arte no-representativo se encuentra, por pri­-&#13;
mera vez. en la posibilidad de encarar el espacio y el &#13;
movimiento desde un punto de vista absolutamente &#13;
concreto.&#13;
7&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
MANIFIESTO INVENCIONISTA 1)&#13;
 &#13;
 La era artística de la ficción representativa toca a su fin. El &#13;
hombre se torna de más en más insensible a las imágenes ilusorias.&#13;
Es decir, progresa en el sentido de su integración en el mundo. Las &#13;
antiguas fantasmagorías no satisfacen ya las apetencias estéticas del &#13;
hombre nuevo, formado en una realidad que ha exigido de él su pre­-&#13;
sencia total, sin reservas. &#13;
 Se clausura así la prehistoria del espíritu humano.&#13;
 La estética científica reemplazará a la milenaria estética especu­-&#13;
lativa e idealista. Las consideraciones en torno a la naturaleza de lo&#13;
Bello ya no tienen razón de ser. La metafísica de lo Bello ha muer-&#13;
­to por agostamiento. Se impone ahora la física de la belleza. &#13;
 No hay nada esotérico en el arte; los que se pretenden “inicia-&#13;
­dos” son unos falsarios. &#13;
 El arte representativo muestra “ realidades” estáticas, abstracta­-&#13;
mente frenadas. Y es que todo el arte representativo ha sido abstrac­-&#13;
to. Sólo por un malentendido idealista se dió en llamar abstractas a&#13;
las experiencias estéticas no representativas. En verdad, a través de&#13;
estas experiencias, hubiese o no conciencia de ello, se ha marchado&#13;
en un sentido opuesto al de la abstracción; sus resultados, que han &#13;
sido una exaltación de los valores concretos de la pintura, lo prueban&#13;
de un modo irrecusable. La batalla librada por el arte llamado abs-&#13;
­tracto es, en el fondo, la batalla por la invención concreta. &#13;
 El arte representativo tiende a amortiguar la energía cognoscitiva&#13;
del hombre, a distraerlo de su propia potencia. &#13;
 La materia prima del arte representativo ha sido siempre la ilusión. &#13;
 Ilusión de espacio. &#13;
 Ilusión de expresión.&#13;
 Ilusión de realidad.&#13;
 Ilusión de movimiento.&#13;
 Formidable espejismo del cual el hombre ha retornado siempre de­-&#13;
fraudado y debilitado.&#13;
 El arte concreto, en cambio, exalta el Ser, pues lo practica. &#13;
 Arte de acto; genera la voluntad del acto. &#13;
 Que un poema o una pintura no sirvan para justificar una renun-&#13;
­cia a la acción, sino que, por el contrario, contribuyan a colocar al&#13;
hombre en el mundo. &#13;
Los artistas concretos no estamos por encima &#13;
de ninguna contienda. Estamos en todas las contiendas. Y en pri­-&#13;
mera línea.&#13;
 No más el arte como soporte de la diferencia. Por un arte que &#13;
sirva, desde su propia esfera, a la nueva comunión que se yergue&#13;
en el mundo. &#13;
 •Practicamos la técnica alegre. Sólo las técnicas agotadas se nu-&#13;
­tren de la tristeza, del resentimiento y de la confidencia.&#13;
 Por el júbilo inventivo. Contra la nefasta polilla existencialista o &#13;
romántica. Contra los subpoetas de la pequeña llaga y del pequeño &#13;
drama íntimo. Contra todo arte de élites. Por un arte colectivo.&#13;
 “Matar la óptica”, han dicho los surrealistas, los últimos mohica-&#13;
nos de la representación. EXALTAR  LA OPTICA, decimos nosotros.&#13;
 Lo fundamental: rodear al hombre de cosas reales y no de fan-&#13;
­tasmas.&#13;
 El arte concreto habitúa al hombre a la relación directa con las &#13;
cosas sino con las ficciones de las cosas. &#13;
 A una estética precisa, una técnica precisa. La función estética &#13;
contra el “buen gusto”. La función blanca.&#13;
NI BUSCAR NI ENCONTRAR: INVENTAR.&#13;
 &#13;
 &#13;
Edgar Bayly, Antonio Caraduje, Simón Contreras, Manuel O.&#13;
Espinosa, Alfredo Hlito, Enio Iommi, Obdulio Landi, Raúl&#13;
Lozza, R. V. D. Lozza, Tomás Maldonado, Alberto Molemberg, &#13;
Primaldo Mónaco, Oscar Núñez, Lidy Prati, Jorge Souza, Ma-&#13;
tilde Werbin.&#13;
 &#13;
1)Manifiesto publicado con motivo de nuestra primera exposición.&#13;
Realizado en el Salón Peuser en Marzo de 1946. &#13;
 &#13;
Jorge Souza Primaldo Mónaco Raúl Lozza Tomás Maldonado Manuel Espinoza&#13;
 &#13;
8&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Inio Iommi   Lidy Pratti&#13;
 &#13;
 &#13;
9&#13;
 &#13;
INVENCIÓN INTEGRAL&#13;
 &#13;
  Que se entienda claramente el carácter integral de la in-&#13;
vención que perseguimos. La pintura invencionista exige, de&#13;
modo implícito, una arquitectura y una composición urbanística&#13;
de la misma naturaleza; nuestra poesía, toda nuestra literatura, &#13;
nuestra música no son. en realidad, más que las primeras ma-&#13;
nifestaciones de un nuevo estado de espíritu en los hombres que&#13;
ha de lograrse en la extensión y en la profundidad necesarias&#13;
mediante el comunismo.&#13;
 Nuestras obras son factores revolucionarios; contribuímos&#13;
así, también desde ,el campo artístico, a la transformación social &#13;
y cultural que propugnamos.&#13;
 El valor y la trascendencia de la revolución invencionista &#13;
reside, entre otras cosas, en haber replanteado sobre bases cien-&#13;
­tíficas todo el problema estético y espiritual del hombre, pero &#13;
sin desvincularlo del problema, concreto de la liberación econó- &#13;
mica de la clase obrera y, antes bien, buscando una coordinación&#13;
lo más ajustada posible entre las actividades estrictamente po-&#13;
­líticas de los marxistas y los intentos invencionistas por superar &#13;
las formas mentales y estéticas de la burguesía.&#13;
 &#13;
Oscar Nuñez &#13;
 &#13;
LOS ARTISTAS CONCRETOS, EL “REALISMO" Y LA REALIDAD&#13;
 &#13;
Si hace un siglo el pintor Horacio Vernet se vana­-&#13;
gloriaba de ser Horacio Vernet, no sucede lo mismo&#13;
con sus descendientes y fieles continuadores de hoy,&#13;
quienes no se resignan a ser juzgados por lo que son.&#13;
La altivez reaccionaria de Bouguereau, que asombraba&#13;
a Cezanne, ha sido reemplazada en nuestros días por&#13;
un reaccionarismo vergonzante —menos insolente, pero&#13;
más pernicioso—, que trata, por todos los medios, de&#13;
mostrarse vinculado a las mejores y más populares&#13;
ideas de nuestro tiempo. En efecto, la reacción artís­-&#13;
tica burguesa pretende ser hoy realista, humanista y&#13;
revolucionaria. Explotando el milenario error interpre­-&#13;
tativo —acentuado del Renacimiento acá y muy espe-­&#13;
cialmente después de Courbet— de juzgar que una pin-­&#13;
tura cuanto más imitativa es más realista, y que el&#13;
verismo representativo está más cerca del humanismo&#13;
que cualquier otra tendencia, los reaccionarios exhiben,&#13;
como novedad, las todavía insepultas modalidades for­-&#13;
males de las academias burguesas; modalidades for-­&#13;
males que ellos rotulan “realistas’ y que, en última&#13;
instancia, sólo constituyen el trasunto artístico de su&#13;
concepción’ burguesa, idealista, de la realidad.&#13;
 “Este perro no es real sino pintado”, exclama Pe-&#13;
tronio ante un fresco romano que representa a ese&#13;
animal.&#13;
 El arte representativo no es realista; no puede&#13;
serlo nunca: sólo crea fantasmas de cosas. Para nos­-&#13;
otros, marxistas, real es lo que la acción, la práctica,&#13;
puede verificar. “El éxito de nuestros actos —ha es­-&#13;
crito Engels—, demuestra la correspondencia de nues­-&#13;
tra percepción con la naturaleza objetiva, con las co-­&#13;
sas percibidas”. Una representación gráfica, mecánica&#13;
(fotografía), o manualmente ejecutada (que puede ser&#13;
un medio de conocimiento), es una ilusión, un simu-­&#13;
lacro de conocimiento. Una representación gráfica es&#13;
la estatización abstracta de un solo momento del pro-­&#13;
ceso conognescente, nunca el conocimiento mismo. Pre­-&#13;
tender esto último, es descender a Berkeley.&#13;
 La representación gráfica manualmente ejecutada,&#13;
de técnica revolucionaria y socialmente necesaria, ha&#13;
pasado a ser, después de la fotografía, idealismo filo­-&#13;
sófico. O mejor aún: una de las tantas manías filo&#13;
sóficas de la burguesía, como el agnosticismo, el solip-&#13;
sismo o el existencialismo.&#13;
 La imaginación puede ser sistemáticamente defrauda-­&#13;
da sin que el hombre sucumba; el conocimiento, no.&#13;
Ni aun una supuesta belleza representativa podría&#13;
justificar una traición al conocimiento.&#13;
 Lo fundamental es la práctica, pues sólo ella po­-&#13;
tencia para la acción, CONOCER efectivamente un obje­-&#13;
to implica una ilimitada alegría para el hombre, una&#13;
afirmación de su poder.&#13;
 No puede ser humanista, por ende, una actividad&#13;
que debilite al hombre; que lo lleve a desconfiar de&#13;
su propio poder de conocimiento y acción.&#13;
 La reacción tiene también sus teóricos ; estamos&#13;
al tanto de su lenguaje: aptitudes mediúmnicas, in- ­&#13;
tuición reveladora, fenómeno y cosa en sí . . . “Historias&#13;
de aparecidos” llamaba Lenín a consideraciones de&#13;
este tipo; “historias de aparecidos’’ como el arte mis-­&#13;
mo que pretenden defender.&#13;
 El arte concreto será el arte socialista del futuro.&#13;
 El arte concreto es un arte de INVENCION.&#13;
 El arte concreto es práctica. La conciencia provie­-&#13;
ne del mundo, pero también opera sobre él, INVENTA.&#13;
Inventar, no en el sentido de Bergson, sino en el de&#13;
Marx, es decir, PRACTICA, TRABAJO.&#13;
 Nuestro arte no desemboca en la humillación, en&#13;
el escepticismo, o en la melancolía.&#13;
 Sabemos quiénes están contra nosotros; y nos alegra.&#13;
Están contra nosotros los neo-realistas-muralistas&#13;
(la burguesía quiere tener su Laocoonte); están los&#13;
lotheistas, demagogos de la modernidad; están los pin-&#13;
tores de “grises muy finos”; están los líricos que des­-&#13;
cubren el “alto valor sentimental de un caballo pas­-&#13;
tando” o “el profundo contenido de ciertas miradas”;&#13;
están, finalmente, los gordezuelos angustiados de la&#13;
Secretaría de Cultura, trepadores de la culpa cristiana,&#13;
que odian nuestro arte por jubiloso, claro y constructivo.&#13;
 Con nosotros, en cambio, está lo mejor y menos&#13;
contaminado de las nuevas promociones de artistas...&#13;
 El arte concreto es el único arte realista, huma-­&#13;
nista y revolucionario.&#13;
Tomás  Maldonado&#13;
10&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
POEMAS &#13;
1&#13;
 &#13;
Juego a la vieja sombra que no me representa&#13;
y mi sombrilla verde del cromático olvido&#13;
intercepta los cielos de la droga sinfónica&#13;
 &#13;
La catarata trepa las laderas sin límites&#13;
y un olor paralítico exhuma los solanges&#13;
mientras el piano esférico remonta en ademanes&#13;
la mirada del dios soltero de caballos.&#13;
 &#13;
¿Quién retoma el arqueo de relojantes mitos&#13;
que el rabdomante alquila a la mueca turingia?&#13;
He aquí la pregunta corsética, primera,&#13;
el botanismo que hunde sus aceros en nadie&#13;
 &#13;
 Este nograma de odio recorneadigrafado&#13;
 me returna de amores sobre la geografía&#13;
 y recorto bahías sobre los dulces mapas&#13;
 mientras urdo con trenes jubilosos recaldos.&#13;
 &#13;
 Pero la canción&#13;
magia del angulero&#13;
 es&#13;
caja botinal, &#13;
es decir, melocrática &#13;
bajo el brazo del hombre.&#13;
 &#13;
Y no es aquella soledad de los rombos suicidas,&#13;
(siempre los mismos rombos)&#13;
lejos aun del color conquistado &#13;
al par de la llanura y de los vinos.&#13;
Mesas pergaminadas, oleadoras, &#13;
traque traque del mazo, &#13;
hilando subibajas latigueros.&#13;
 &#13;
2&#13;
 &#13;
El búfalo recorre su primer lente de humo &#13;
fumando sutilmente sus espadas de libros.&#13;
El escorzo sutil de la mavrela &#13;
es regulado por el electrígneo, &#13;
nada es nacido ya entre las sombras.&#13;
 &#13;
 &#13;
Según mi itinerario,&#13;
mi caballo más rápido bebe ya en el Lagar de Ion&#13;
Ved cómo nacen los terceros hombres&#13;
entre los tirarnares danzarines&#13;
y cómo el viento hiende a la sextina capa de la tierra&#13;
danzarín en la espada del secreto.&#13;
Y aquí, entre sedicentes martingalas,&#13;
los bolsillos resbalan sobre el torso&#13;
de la ciudad.&#13;
El bastidor opina entre un litro de mar&#13;
y las escalinatas de bolsillo que compraré&#13;
para cazar adioses, mareas,&#13;
cabelleras de príncipes de gas y las innumerables cosas necesarias&#13;
a la nueva esperanza;&#13;
el bastidor de gas saluda al hombre que siempre vende los látigos&#13;
[ blancos&#13;
dos días antes de la partida de mi sombra&#13;
hacia eI [hangar] de rayos apresados.&#13;
 &#13;
SIMON CONTRERAS&#13;
 &#13;
Matilde Werbin&#13;
 &#13;
Edgar Bayley&#13;
 &#13;
Jorge Souzo&#13;
 &#13;
Obdulio Landi&#13;
 &#13;
Oscar Nuñez&#13;
 &#13;
Primaldo Monaco&#13;
 &#13;
Alfredo Hlito&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Notas para una estética materialista&#13;
 &#13;
1. — El materialismo dialéctico conciba el arte como &#13;
la práctica estética del hombre.&#13;
2. — Al mismo tiempo, considera las diversas formas &#13;
que ha adoptado el arte, en el. curso de la historia, &#13;
e interpreta su movimiento como producto de las con­-&#13;
tradicciones que se suscitan en el proceso de la prác­-&#13;
tica social.&#13;
3. — La historia de la evolución del arte moderno, &#13;
desde los impresionistas hasta el arte llamado “abs­-&#13;
tracto”, constituye un ejemplo en donde aquellas con- &#13;
tradicciones Internas, derivadas de la práctica misma, &#13;
conducen a resoluciones parciales. El antagonismo su-&#13;
r­ge, cuando las diversas resoluciones parciales —que en &#13;
la práctica estética pasan a- ser otros tantos elementos &#13;
concretos —-entran en contradicción con las viejas &#13;
formas del arte.&#13;
4. — El materialismo dialéctico aplicado a la in-&#13;
ter­pretación de la práctica artística, comienza por es-&#13;
­tablecer una distinción entre el proceso y su producto: &#13;
el objeto material con propiedades estéticas. Difiere, &#13;
por lo tanto, esencialmente, de las diversas interpre-&#13;
taciones idealistas, las que, por no concebir el arte y &#13;
la actividad sensible como práctica, no tienen en cuen­ta &#13;
tal distinción. &#13;
 En efecto, ellas parten de supuestos incondicionados, &#13;
[tales] como la pretendida “facultad representativa del &#13;
sentido interno”; de formas pre-establecidas de la sen- &#13;
sibilidad, que determinan a su vez las características &#13;
del juicio, etc. El error idealista consistía, pues, en &#13;
considerar los juicios y los sentimientos estéticos, co-&#13;
mo algo ya dado, en el sentido de intuiciones o cate-&#13;
­gorías formales.&#13;
5. — Los sistemas metafísicos se han distinguido, entre &#13;
otras cosas, por no reparar en la diferencia que media &#13;
entre el mundo físico e histórico y el mundo de la &#13;
representación. Esto equivalía, en estética, a no consi­-&#13;
derar la naturaleza histórica y práctica del arte, y, &#13;
en consecuencia, a confundir, en la especulación sobre &#13;
lo bello sobre los elementos del juicio, las propie­-&#13;
dades del objeto natural con las del estético.&#13;
6. — Como hemos dicho, para el materialismo el pro-&#13;
ceso estético constituye una práctica condicionada. Pe-&#13;
ro esta concepción materialista del arte como prác-&#13;
tica no ha sido, en modo alguno, resultado de una &#13;
crítica formal; ha surgido, cuando las contradicciones &#13;
internas de la obra de arte exigieron la verificación &#13;
del procedimiento que le daba origen.&#13;
7. — A la antigua estética idealista no le importaba &#13;
la realidad del objeto, ya que se conformaba con su re­-&#13;
presentación intuitiva; para la estética materialista, &#13;
en cambio, es indispensable que el objeto exista real­-&#13;
mente. O sea; mientras, para la estética idealista, el &#13;
objeto aparecía incluido en el proceso de la práctica&#13;
artística como mera "intuición sensible”, para la con-&#13;
cepción materialista ,el objeto se define y cobra rea­-&#13;
lidad en el proceso. Lo que equivale a decir que, en la &#13;
primera, el proceso consistía en una representación, &#13;
que, por supuesto, no se resolvía dialécticamente en &#13;
el objeto; mientras que, en la segunda, el proceso con-&#13;
siste en la invención y el objeto es su resultado.&#13;
8. -— Para la concepción formalista clásica, era el espí­-&#13;
rituel que proporcionaba el orden, la forma, mientras &#13;
el mundo sensible aportaba la materia, “el contenido”. &#13;
De esta manera, eran separdas metafísicamente las cua-&#13;
­lidades de las cosas de las cosas mismas.&#13;
 &#13;
 Hegel definió esta actitud “clásica”, como un mo-&#13;
­mento en el cual ‘‘el sujeto libre, determinándose a si-&#13;
mismo, encuentra en su propia esencia la forma exte-&#13;
­rior que le conviene”. Pero pronto se advierte que esa &#13;
forma constituye una limitación; es finita y tiende, &#13;
entonces, a integrarse en el espíritu puro. Nace así la &#13;
forma romántica, y la estética comienza a debatirse &#13;
infructuosamente en la teoría de los “contenidos”. El &#13;
proceso artístico se resuelve en la intuición pura y &#13;
en la contemplación; el sujeto no proporciona sola­-&#13;
mente la forma, sino que el "contenido” mismo de la &#13;
realidad es dado por él.&#13;
 &#13;
 En este sistema de las representaciones, en que su-&#13;
­jeto y objeto constituyen “contenidos implícitos”, con­-&#13;
fundiéndose en el abrazo de la “proyección senti-&#13;
i­mental”, todo se vuelve factible de convertirse en fe­-&#13;
nómeno estético, mientras contempla una necesidad &#13;
expresiva de la naturaleza humana.&#13;
 &#13;
9. — Para la estética materialista, el objeto se agota &#13;
en sus propiedades. Ella parte de la- Invención, como&#13;
 del único medio posible para construir un arte en con­-&#13;
sonancia con la concepción materialista del conoci-&#13;
miento.&#13;
 Al no separar el objeto de sus cualidades, determina&#13;
 que la propiedad estética resida en la concreta mate-&#13;
rialidad de la obra de arte.&#13;
 &#13;
10. — El arte, como toda actividad que en su proceso &#13;
“va cambiando constantemente de la form a de la ac­-&#13;
ción, a la forma del ser”, se verifica concretamente &#13;
en el objeto. En el proceso de la invención estética, &#13;
la práctica se manifiesta como productora de una nue-&#13;
va cosa, con propiedades nuevas.&#13;
 “Lo nuevo es la organizaciún y con ella deben rela-&#13;
­cionarse las nuevas propiedades” (Sellars. Cit. por J.&#13;
Lewis.)&#13;
11. — La nueva propiedad determina el nuevo conte­-&#13;
nido, el nuevo “ser”. “El trabajo ha sido incorporado &#13;
a la materia de trabajo; lo que en el obrero aparece &#13;
como movimiento, en el producto en reposo, aparece &#13;
como ser .en lugar de “proceso de ser" (C. Marx).&#13;
ALFREDO HLITO&#13;
Antonio Caraduje, M. Espinosa, Enio lommi, A. Molemperg, T. Maldonado, S. Contreras, L, Prati y Raúl Lozza&#13;
 &#13;
12&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Alfredo Hlito&#13;
 &#13;
SOBRE INVENCION POETICA&#13;
 &#13;
 El concepto inventado, que es la base de la nueva poesía, constituye una de las &#13;
formas de la praxis revolucionaria. A través de su invención, el poeta se integra en &#13;
el mundo; es decir, que participa activamente en la tarea teórico-práctica de trans­-&#13;
formarlo.&#13;
 &#13;
 Lo que se revela hoy ineficiente, en la antigua estética, es el intento de relacio­-&#13;
nar el poema con objetos determinados, para darle así una significación lógica.&#13;
 La poesía vive de una relación con la totalidad del mundo, y no con una parte de él.&#13;
 &#13;
 Las experiencias poéticas de los últimos años han permitido conocer algunas for­-&#13;
mas de la actividad creadora del hombre, que habían permanecido, hasta ese momen-&#13;
to, confundidas con otras funciones, especialmente con las de comunicación o expresión. &#13;
Tales experiencias han abierto el camino para la concepción estética invencionista.&#13;
 &#13;
 Un poem a debe constituir un hecho.&#13;
 Vivir el poem a como un acontecimiento de nuestra vida mental, y no como una re-&#13;
­presentación en la que somos meros espectadores.&#13;
 &#13;
 La técnica surrealista, en virtud de su carácter descriptivo, coloca con frecuencia el &#13;
poema en función de realidades que le son extrañas. No procede a construir una reali­-&#13;
dad poética (combinación de conceptos inventados), sino que toma el hecho surrealista &#13;
y se limita a describirlo.&#13;
 &#13;
 El poeta no canta ya parcelas del mundo, porque ha comprendido que su oficio no &#13;
reside en la mera enunciación de objetos, sino, en el más esencial, de producir en cada &#13;
hombre una relación poética con la totalidad de las cosas y de las situaciones.&#13;
 &#13;
 Hay un desarrollo histórico de las formas poéticas, que podemos explicar con res­-&#13;
pecto a los cambios sociales y económicos, pero hay también una función de la poesía, &#13;
que se ha ejercido a través de los más diversos estilos creadores, y cuyo carácter inte­-&#13;
resa definir.&#13;
 &#13;
 Por esa función, mucho más que por el tema o la anécdota, la obra poética se&#13;
ha convertido en una forma de conocimiento y de vida; ha establecido relaciones men­-&#13;
tales con el mundo y ha sostenido el júbilo creador en la aventura humana.&#13;
 La poesía invencionista persigue una familiaridad con lo desconocido.&#13;
 &#13;
EDGAR BAYLEY&#13;
 &#13;
13&#13;
 &#13;
 &#13;
GALERIA&#13;
 &#13;
ALD INSIGNE ALDI&#13;
 &#13;
GRABADOS DE GRANDES MAESTROS&#13;
 &#13;
GRABADOS PARA DECORACION&#13;
 &#13;
LIBROS RAROS - ANTIGÜEDADES&#13;
 &#13;
CORDOBA 999&#13;
 &#13;
U. T. 32 -2646&#13;
 &#13;
 &#13;
Arenales 1029&#13;
Studio&#13;
GRABADOS&#13;
AGUA FUERTES&#13;
TALLER DE MARCOS&#13;
PASSE PARTOUTS&#13;
 &#13;
14&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Cía. AMERICANA&#13;
de IMPORTACIONES&#13;
 &#13;
C O R R IE N T E S 2549&#13;
 &#13;
 &#13;
ATELIER DECORACIONES&#13;
 &#13;
 &#13;
CHARCAS 837&#13;
 &#13;
GRANDES SEDERIAS&#13;
Jose Salmún&#13;
ALTAS&#13;
NOVEDADES&#13;
Sederia Salmún&#13;
C PELLEGRINI 971&#13;
U.T. 32-1025&#13;
(LA UNICA SUCURSAL)&#13;
EN SUS NUEVOS&#13;
MODERNOS LOCALES&#13;
L IM A 1019 - 23&#13;
U.T. 23-2368 y 26-4888&#13;
Casa Central&#13;
SEDAS LANAS HILOS MEDIAS TAPICERIA ALGODONES&#13;
ESTA ES LA UNICA, ANTIGUA Y TRADICIONAL “Casa y Sederia Salmùn”&#13;
15&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
Asociación de&#13;
ARTE CONCRETO&#13;
INVENCIÓN&#13;
JOSE E. URIBURU 1170, 1° BUENOS AIRES&#13;
 &#13;
INTEGRANTES:&#13;
Edgar Bayley&#13;
Antonio Caraduje&#13;
Simón Contreras&#13;
Manuel Espinosa&#13;
Alfredo Hlito&#13;
Enio lommi&#13;
Obdulio Landi&#13;
Raúl Lozza&#13;
R. V. D. Lozza&#13;
Tomás Maldonado&#13;
Alberto Moiemberg&#13;
Primaldo Mónaco&#13;
Oscar Nuñez&#13;
Lidy Prati&#13;
Jorge Souza&#13;
Matilde Werbin&#13;
 &#13;
Secretariado:&#13;
Manuel Espinosa&#13;
Raul Lozza&#13;
Tomas Maldonado&#13;
 &#13;
REVISTA&#13;
ARTE CONCRETO&#13;
No. 1 - Agosto 1946 - Buenos Aires&#13;
COMITE DE REDACCION:&#13;
Edgar Bayley&#13;
Simon Contreras&#13;
Alfredo Hlito&#13;
Raul Lozza&#13;
 &#13;
Precio de venta $1.00 m n. &#13;
 &#13;
Manuel O. Espinosa&#13;
Antonio Caraduje&#13;
Alfredo Hlito&#13;
16&#13;
 &#13;
 &#13;
FE DE ERRATAS&#13;
EN LA PAGINA:            DICE:                DEBE DECIR:        &#13;
3       re n g ló n      39        Llegamos as  ia             Llegamos así a&#13;
3,    “          46                            la acepatcion             la  aceptación&#13;
4        “         29        cantara el mundo            cantará al mundo&#13;
6,      “         29           los neoplaticitas            los neoplasticistas&#13;
6.     “         39            “                “&#13;
6    “    38         marcado cl asico            marcado carácter clásico&#13;
6,    “    8 ( 2 a .c )    expedido                expedito&#13;
6.     “    5   “        bajorrelieves y sobrerelieves        bajorelieve y sobrelieve&#13;
6 .     “    55  “        nin - figuratif            non - figuratif&#13;
6,     “    11  “         de espacio desarrollando        de espacio ; desarrollando&#13;
6,     “    40  “         con anterioridad ,los problemas    con anterioridad los problemas    &#13;
6    “    42  “        tridimensional, comenzaron         tridimensional comenzaron&#13;
6,     “     43  “        comenzaron hacer            comenzaron a hacer&#13;
7,     “     3    “        -que no es            que lo es&#13;
 &#13;
 &#13;
Buenos Aires, Agosto de 1946&#13;
SUPLEMENTO&#13;
ASOCIACION ARTE CONCRETO INVENCION    poesía&#13;
 &#13;
EDGAR BAYLEY &#13;
SIMON CONTRERAS&#13;
 &#13;
simón. - Juani juado de pronto murió Ias avefrías y con mil&#13;
gramos de [reajo] recogió el versicolor demudado de&#13;
Ios estuarios en su bolsa de fina piel de abrojos&#13;
polares.&#13;
5&#13;
Edgar.- La verdadera razón de ser de la realidad sustituí&#13;
da no se encuentra en la autonomía del mundo,sino&#13;
en su registro civil.&#13;
*&#13;
*simon. Si tú corrieras el hombro sobre la vértebra micro&#13;
tonista para eliminar el ice-berg crecido, las pa&#13;
labras carnívoras alzarían sus ojos hacia las pa&#13;
noplias, danzarían de pronto colgando de los cue&#13;
llos de los escabeles, y los ríos, rápidamente,&#13;
retornarían a sus cajas de sorpresa.&#13;
*&#13;
Edgar.- Pero, de cualquier modo, se incurriría en las to&#13;
rres del porcentaje a rebotes. La inclinación no&#13;
parece suficientemente empalidecida por cada em&#13;
pleo de la frecuencia o, bien, por cada alejamien&#13;
to de las relaciones en la templanza. Sin embargo,&#13;
todo será fácil,cuan do los años escapen a las azo&#13;
teas y ambos, en un millar de teclas, nos unamos&#13;
a los surtidores.&#13;
*&#13;
Simon . - La arrugada vida de vulcán se irguió perezosamen&#13;
te desde su botella para restablecer sobre la me&#13;
sa espumeante, la-profunda matriz de los mares.&#13;
 &#13;
Del arte representativo neo-realista, lo único que me interesa es el tango.&#13;
SIMON CONTRERAS.&#13;
 &#13;
 &#13;
Edgar Bayley&#13;
POE&#13;
 &#13;
REMOVER LA EVIDENCIA&#13;
 &#13;
 Estoy de pie para mecer los puertos que ajan mi cigarro, para ol&#13;
vidarme del tope, cuando nadie soslaya el horizonte, y, sin saber&#13;
lo, la fe bienquista la vertical. Porque esto de marchar en labios,&#13;
lo sabemos, ayuda muy poco a la simetria, si mi oficio comportaran&#13;
hasta las venas de enfeente., Yo no discuto sus preferencias - diga&#13;
mos: su ablución - ni sus juicios en ochavas, y no me parecé justo&#13;
increparle sus bujías; pero no hay porque escindir las apuestas,ex&#13;
pulsar de vista el desarrollo. Yo espero.&#13;
 &#13;
 &#13;
ACUDE EL ANCLA QUE ALIMENTA LOS DESIERTOS&#13;
 &#13;
Llega de su fábula, junto al cauce erguido, el minuto en nieve,&#13;
como los vidrios o las excusas por las noches;&#13;
y en cada memoria decapitada,&#13;
en cada árbol, atento tan sólo al término del océano,&#13;
en cada amor, desgarrado tan sólo por el nudo repentino del agua,&#13;
se abre y tantea el cuello de la distancia.&#13;
 &#13;
La edad existe a selvas, dispersando las agujas del clima,&#13;
abatiendo toda sombra el rumor de los ojos o de las citas en rayas; por su parte, &#13;
el pulso voluntario del plomo&#13;
y mi propio contacto con la tregua liberada de espacios&#13;
dan, como respuesta, el latido de los objetos que nadan&#13;
sin cristales, porque la época no sirve ya para respirar de raíz&#13;
y el lenguaje se ha convertido en un punto de inmersión&#13;
porque el único naufragio que puedo ofrecerte,&#13;
el único alcohol semejante a la tierra, el único día y la única noche, confundidos aún con los ritos del paso,&#13;
o, simplemente, con el oficio del alba, es esta pupila sin escalas,&#13;
a tientas, que visita las campanadas del mar.&#13;
 &#13;
 &#13;
 &#13;
SIMON CONTRERAS&#13;
MAS&#13;
3&#13;
 &#13;
Acaso la llanura cubicada devuelva siete escalas prelunarias&#13;
y el lento vaho en su dorsal sonoro&#13;
recoja el elemento musical,&#13;
el micromado anuncio de la vida.&#13;
 &#13;
Para siempre el poeta,&#13;
ese mundo que hiendo con el realizamiento,&#13;
danza en albor de hachas digitantes&#13;
su dinamismo de la geometría.&#13;
 &#13;
La ía, la maestranza, el sudor de los vientos tejedores;&#13;
el cabezal que alquilan los crepúsculos&#13;
para Flórmaq, nuestra quinta estación,&#13;
todos ello s acaso, amen tu suerte, rosamund de vino.&#13;
 &#13;
4&#13;
 &#13;
YA NO ES APENAS EL GLACIAR DE BOLSILLO&#13;
CUANDO LA AGUJA ORDENA SU PELAMBRE&#13;
Y EL MARTILLO REEMBOLSA DANZÓMETROS DENTADOS.&#13;
YA SIN MANGO NI ADIÓS, COMO TANTO POEMA.&#13;
 &#13;
YA NO ES APENAS LA TARDE. NI EL ADIÓS.&#13;
NI EL OLVIDO MATADOR DEL SILENCIO ELEMENTAL.&#13;
O EL PLANO QUE DEVUELVE LA RÉPLICA DEL HOMBRE&#13;
A LA ZONA DE VÉRTEBRAS LUCÍNIGAS, DIALÉCTICAS.&#13;
 &#13;
MAVRELA ARDIÓ EN EL RIOMAR DE TANGOS&#13;
LA TARDE EN QUE ABRAZÉ SUS CARABELAS&#13;
CON MIS DOS FALOS DE NADÁR Y ÁMBAR.&#13;
ANTES ROTÓ MORDIDA DE ROMANCES&#13;
LEJAMENTE ABISMADA POR LA DUDA&#13;
DEL SKATING SOLEMNE RECORREDOR DEL CÍRCULO.&#13;
 &#13;
 &#13;
&#13;
&#13;
SUPLEMENTO Agosto 1946&#13;
DOS RELATOS (fragmentos)&#13;
&#13;
 La canoa recogió sus aldabas, y, con un golpe de paraguas, des &#13;
plazo sus terceras dimensiones del espacio iluminado por las in &#13;
termitencias del pasto iónico. Este movimiento pentográdico per &#13;
mitió que mi tonsura se manifestara en campanadas a través del &#13;
ámbito de jugos ágilmente armado por las innumerables patas de &#13;
otros tantos martillos neumáticos, que, a cada rotación de sus &#13;
escudos atmosféricos, acrecentaban la sensación de júbilo y fir &#13;
meza, dinamizando la planificación de los valores del mundo digi &#13;
tal. Corunal intercambió su juego de dedos 27 y extendió el ta &#13;
jamar hertziano en la esquina pulimentada, mientras,vigilaba el &#13;
funcionamiento de los grandes pulmones arenosos que regulaban, &#13;
distribuyendo colores y ángulos, el nivel~geo-aéreo de los hote&#13;
les algebraicos y de los parques rotativos.&#13;
&#13;
Simón Contreras&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
 ESA GENTE CUENTA DIVERTIDAS HISTORIAS .HAY UNA QUE ES PARTI&#13;
CULARMENTE INTERESANTE: EL SEÑOR T..POR UNO DE ESOS CAPRICHOS&#13;
TAN FRECUENTES EN EL ANÁLISIS. SE ENCONTRÓ DE BUENAS A PRIMERAS&#13;
CON LOS OJOS Y LA PARTIDA DE SU TESTIMONIO. EN ESA SITUACION.PO&#13;
CO LE QUEDABA POR HACER COMO NO FUERA EXTRALIMITAR LOS DONES DEL&#13;
DESALINO&#13;
 QUIENES LO HABIAN CONOCIDO EN OTRA EPOCA DUDABAN. CON RAZON. DE&#13;
SUS EXIGENCIAS BIÓGRAFICAS. NO COMPRENDIAN COMO, DESPUES DE SU&#13;
MATERIA, PODIA LLEGAR. APARENTEMENTE SIN ESFUERZO. AL MENSAJE.&#13;
AL MENSAJE CORRIENTE.&#13;
&#13;
Edgar Bayley</text>
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Lozza, Raúl&#13;
Contreras, Simon&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Hlito, Alfredo</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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                    <text>RhVISTA

DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO TREINTA Y TRES
TREINTA Y CUATRO
BUENOS AIRES

Ver y
Estimar

Este número c o n tie n e :
DAMIAN CARLOS BAYON: Discusión sobre el
cubismo • EDITH GAY:
Un gran pintor argentino:
Armando Coppola • JOR­
GE ROMERO BREST:
Punto de vista crítico •
Polémica: Carta abierta
de LORENZO DOMIN­
GUEZ. - Respuesta de
JORGE ROMERO BREST •
MAGDALENA BLEYLE:
Con La pintura europea
contemporánea frente a
obras y teorías • Crítica:
RAQUEL EDELMAN: So­
bre cuatro escultores. BEATRIZ HUBERMAN: La
nueva generación plástica
argentina. - ELSA TENCONI: Luis Seoane. BLANCA PASTOR: Cerá­
micas de "La Gotera". BLANCA STABILE: Kosice. -ELENA F. POGGI: Ra­
quel Forner • Miscelánea.

�VER
Y DESTIMAR
REVISTA
E CRITICA
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS

VOLUMEN

IX

N Ú M E R O

T RE INT A Y TRES
T R E IN T A Y CUA TRO
D IC IEM B R E DE 1953

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Cuatro números en el año, de abril a noviembre
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�DISCUSIÓN DEL CUBISMO
1. TOM ; DE POSICIÓN.
La Exposición del Cubismo que se realizó en el Museo de Arte Moderno
de París, entre febrero y abril de 1953, ha dado base a esta discusión h
La crítica atacó alguno de sus aspectos. En primer término porque
agrupaba a pintores que podrían no parecer directamente vinculados
con ese movimiento; por no incluir, en cambio, cuadros de D erain
(quien fué uno de los inventores si no el primero que encontró la
fórmula de las casas prismáticas inspiradas por C ézanne ) ; por empezar
por Les demoiselles d’Avignon, ese cuadro no totalmente cubista de
P icasso; por haber colgado la exposición por orden cronológico.
En general estoy de acuerdo con el organizador, B ernard D orival. Por
una vez el problema ha sido visto en grande y no en pequeño. Lo que
nos interesa cuarenta años después de la iniciación del movimiento no
es la mezquina enumeración de los pocos artistas reunidos alrededor de
una idea, sino el más amplio repercutir de esa nueva concepción del
espacio, del tiempo, de la realidad, en un amplio sector de pintores, los
cuales formaron todos su aprendizaje en aquella disciplina difícil, y evolu­
cionaron después de acuerdo a lo que cada uno creyó ser su más íntima
y sincera urgencia. D orival no limitó estrictamente el contenido de la
palabra Cubismo que desborda de implicancias todavía en nuestra época.
Es un grosero error, tanto histórico como humano, el que se comete con
el desmenuzamiento excesivo de un momento dado en escuelas, subes­
cuelas, movimientos, épocas, subépocas y maneras diferentes aun dentro
de la vida de un mismo pintor. Esta fragmentación no sólo no contribuye
i Naturalmente que el alcance de mis palabras se referirá de modo principal a los
cuadros que figuraron en dicha exposición.

1

�al estudio de los momentos artísticos sino que los transforma en un
mosaico arbitrario del cual corremos el riesgo de no sabernos servir
después. Ni la historia del Arte ni los artistas son discontinuos ni se
pueden dividir en capítulos arbitrariamente. Cortarlos cuando están
vivos no nos puede aclarar su fisiología.
Toda nuestra época, por la vastedad misma del saber, tiende a especia­
lizarse, pero estando prevenidos de este peligro, volvamos de cuando en
cuando una mirada circular al conjunto para tratar de no perdernos.
Hagamos una síntesis y no nos desmenucemos más en el análisis por el
análisis, que si bien resulta útil aplicado con cautela, puede llegar a
ser supérfluo o innocuo, y es invariablemente antididáctico.
No es posible seguir creyendo ingenuamente que la humanidad tenga
tal fuerza creativa como para ser capaz de inventar cada veinte años
(o menos en los últimos tiempos, según nos quieren hacer creer) un
nuevo vocabulario plástico, o sea una nueva estimación del mundo a su
alrededor. Un movimiento como el Impresionismo —por ejemplo— es
mucho más vasto y tiene raíces antes y después de su existencia propia­
mente histórica. Lo que el Impresionismo buscaba, se venía perfilando
lenta y trabajosamente en la experiencia de una cantidad de artistas que
iban enriqueciendo intuitivamente la nueva concepción del mundo a su
alcance.
- .
Si miramos hacia otro momento histórico como el Renacimiento, veremos
que ocurre algo semejante. De B runelleschi a R afael transcurre un
largo siglo. Y aun antes de B runelleschi había habido otro siglo repleto
de especulaciones anárquicas, pero no por eso menos extraordinariamente
ricas. No hay razón para creer que si el Renacimiento (que nos explican
falazmente como un relámpago genial), tuvo en realidad una lentísima
elaboración de siglos, el hombre moderno pueda saltarse las etapas obli­
gatorias que representa la nueva concepción, con todos los ejercicios de
acomodación que implican lo estético, lo filosófico, lo social, lo político,
lo religioso.
Toda la novedad que arranca desde mediados del siglo pasado y conti­
núa hasta nuestros días forma parte de un mismo impulso. Vistos así,
con perspectiva histórica, los distintos momentos del arte se leen con
mucha mayor claridad y, por qué no decirlo, con mucha mayor verosimi­
litud. La especulación que parte de los impresionistas no ha cesado ni
2

�culminado todavía, en ella estamos, tratando entre todos de contribuir
al estilo que nos defina.
En cuanto a D erain y Les demoiselles d’Avignon son objeciones menores.
El hecho de no figurar D erain puede ser considerado una falta grave,
pero no olvidemos que el mismo D erain fué el primero en abandonar
lo que quizá en él había sido solamente una intuición genial. No basta
descubrir, hay que perseverar en la intuición que puede abrir el camino
a un mundo nuevo. Del cuadro de P icasso Les demoiselles d’Avignon
dice K ahnweiler que su parte derecha es el primer intento de Cubismo
en la historia. Sólo por esa razón valía la pena hacerlo venir de Nueva
York donde forma parte del Museo de Arte Moderno de dicha ciudad.
Fué una ocasión de verlo en París, ocasión que fué muy bien recibida.
Más grave podría ser la objeción que también se le ha hecho de colgar
los cuadros cronológicamente, separando la obra de un mismo pintor.
En Museografía moderna se prefiere el juego de influencias y de inter­
penetraciones: el Museo Imaginario de M alraux . Casualmente en estos,
días se han reabierto las salas del Louvre agrupando los cuadros con un
nuevo criterio. En vez del absurdo separatismo por escuelas y países, ahora
las obras están presentadas en un plan realmente europeo en que sólo
se atiende a los parecidos e influencias.
En realidad cada exposición importante, retrospectiva o de conjunto,
debería ser colgada varias veces y cada vez con un criterio diferente: unas
veces por orden cronológico, otras agrupando las obras en forma tal que
se viera la evolución de cada artista o sus influencias. En una palabra,
todo lo que pudiera inferirse de semejantes comparaciones. Eso sería
lo pedagógico.
Claro que siempre se podrá decir que hubo un Cubismo circunstancial,
un Cubismo de momento, un Cubismo con minúscula si se quiere. No
es el que me interesa por ahora. Mi esfuerzo trata de integrar y no de
desintegrar. Tenemos ya la suficiente perspectiva histórica para abarcar
el panorama y no equivocarnos demasiado.
En realidad, la idea previa, tratándose del problema del Cubismo, debería
ser más o menos ésta: la búsqueda que se inició el siglo pasado y que
continúa hasta nuestros días es la que trata de la creación de una nueva
concepción espacial y en general, de una nueva concepción total del
3

�mundo. En la antigua, el hombre verdaderamente inquieto, moderno, no
se mueve ya a gusto.
Ese concepto antiguo, fué inventado por una prosapia extraordinaria de
hombres que tuvieron la fuerza de imponerlo. Otro tanto tenemos que
hacer nosotros con el nuestro si no queremos vivir de prestado y en falso.
En el campo de lo meramente espacial, fué concretamente la obra de un
puñado de hombres geniales: arquitectos, pintores, escultores y geómetras
del Renacimiento, que, desde el siglo XV hasta el XVII lucharon por
abrir una brecha en la niebla y crearse una realidad. La invención de
un espacio es una tarea tan concreta y urgente como la invención de la
brújula, la pólvora o la imprenta. En razón misma de la riqueza dél
sistema que inventaron, durante siglos, el hombre occidental se ha visto
prisionero en esa magnífica jaula. Entre los primeros en querer escapar
de ella están D egas y algunos pocos otros de sus contemporáneos; M anet ,
M onet , G auguin , V an G ogh y C ézanne . Influidos por el japonismo y
sintiendo en ellos el llamado de un algo distinto, que no sabían bien
cómo expresar, se lanzan poco a poco a la empresa temeraria de querer
romper con la tradición representativa. Pero ello no consiste en una
novedad cromática o en un tratamiento diferente de la atmósfera, tampoco
en la anécdota del tema o en el grosor de las pastas, sino más bien en
aquello que después se llamará en fotografía: el enfoque, el ángulo, o sea
simplemente el nuevo sentir del espacio, más complejo y más rico que lo
que habían sido los anteriores. En Le Fifre de M anet , por ejemplo, se
ve ya al niño del pífano flotando en un ambiente inexistente, irreal, inde­
finido. Espacio coloreado que no es ya el suelo fugado de la perspectiva
en la pintura tradicional. Las vistas de teatro de D egas con un primer
plano de bambalina o la cabeza de un músico ocupando media tela,
pueden aclarar lo que quiero decir.
Empieza a desmoronarse la concepción de la realidad como la de un
cubo escénico en el cual las cosas del microcosmos que es el cuadro pintado,
reproducen en menor escala las del macrocosmos (el mundo de fuera,
el nuestro, el que podemos experimentar). Convención del Renacimiento
en que además el todo debe ser visto por un espectador de talla normal
que mire fijamente en la perpendicular que parte de sus ojos (de su ojo
habría que decir, pues la visión del Renacimiento es decididamente mono*

4

�cular) i Los pintores, aun los mejores pintores de fines del siglo pasado
que no tuvieron esta intuición, se perdieron en la búsqueda de la luz, de
la paleta clara y lírica o, lo que es peor aún, del mero color local. Especu­
lación sobre la luz y el color que no fueron inútiles ni mucho menos para
la captación del mundo y que ablandaron en cierto modo la visión y la
prepararon a saltos más atrevidos.
En esa larga lucha en la que está comprometido el hombre moderno en
busca de su auténtica expresión, los cubistas marcan una de las vueltas
del camino, camino que no ha terminado de recorrerse ni mucho menos
y que camina con nosotros como una obsesión inalcanzable.
Para mí, en el problema de la pintura, desde hace un siglo, priva la bús­
queda desesperada de una nueva concepción espacial que sea capaz de
expresarnos; todas las otras dificultades me parecen pálidas y subordi­
nadas a aquella urgentísima y principal.
Aprehensión nueva del espacio. Esto es lo que el hombre moderno va
haciendo, casi sin darse cuenta, casi a su pesar muchas veces, por medio
del cinematógrafo, la televisión, la velocidad, el aeroplano y en el dominio
de la ciencia pura por medio del microscopio, del telescopio, de los rayos
infrarrojos, los ultravioleta, en fin, por todos aquellos sistemas conectados
con lo visual y que nos dan hoy, una visión mucho más cosmogónica del
universo en el que nos movemos. Una visión más rica, más compleja y
también más extraña porque todavía no la dominamos totalmente. Esto
en cuanto a lo puramente material de aparatos o procedimientos. Pero
también cabe hablar de una aprehensión espacial distinta de la especu­
lación de estos últimos años, ya sea en el campo de la topología, de la
teoría de los quanta, del espacio curvo o de la relatividad einsteniana.
Pero entendámonos: nada de esto implica una fundamentación matemá­
tica del arte nuevo; se trata simplemente de señalar un paralelo revelador
entre la equivalencia de lo plástico con lo que es ya una realidad y no
una simple intuición (como parecen creer algunos) en el campo de la
ciencia.
Es reconfortante comprobar que cuando creíamos que distintos grupos
de hombres estaban luchando separados por descubrir su verdad más
i El lector curioso tendrá toda la información y discusión apetecida del tema en el
libro capital de P ierre F ráncastel : Peinture et société. Lyon, Audin, 1951.
*

5

�profunda, notamos de golpe que se desmoronan las barreras y los obreros
de todas las direcciones se encuentran en el interior del túnel que todos
construían perseverando. Ésa es la coincidencia entre el más inquieto
arte de estos últimos años y las búsquedas de la geometría no-euclidiana
de R iem ann , de L angevin , de P oincaré, de N ils B ohr , de Luis de B roglie.
Y las de la física-matemática moderna de E instein y la punta de lanza
que constituyen la Psicología, la Sociología y la Biología de hoy.
El Cubismo, considerado así en su trascendencia más intemporal, no sería
más que el ir y venir de la lanzadera que va tejiendo la nueva realidad
cada vez más compleja, tal como las experiencias de A lberti, de P ao lo
U ccello , de P iero della F rancesca , de D onatello , de B runelleschi, no
eran definitivamente alcanzada. Habrá que borrarse de una vez por todas
la noción básicamente falsa de que la Historia del Arte es un acertijo con
una clave que puede ser encontrada de una vez por todas.
A pesar de que todos creemos estar prevenidos contra una posición dema­
siado simplista, no pasa día en que no podamos acusarnos de haber pensado
por medio de esquemas elementales o rudimentarios en exceso, ya sea
por pereza o por anquilosamiento mental.
I gnace M eyerson lo expresa muy bien cuando señala que el análisis de
los hechos humanos tiene que precaverse contra una interpretación dema­
siado fácil: “Ese análisis deberá resistir al primer movimiento”. Pensemos
en cada término de la historia como en un complejo de infinidad de
fuerzas —a veces antagónicas— y no nos dejemos llevar por la pendiente
cómoda de las generalizaciones decorativas.
Aplicado al arte, este criterio complejo y armónico de todas las relaciones
humanas en la captación de un momento o problema, nos evitarán el
peligro de una concepción puramente visual y el otro no menos grande
de las correspondencias que ha sido causante de tanta literatura.
Trataré pues del Cubismo (no simplemente del histórico) y me desocuparé
de las divisiones arbitrarias del profeta mayor: G uillaum e A pollinaire ,
cuyos libros y artículos se leen siempre con gran placer poético, pero que
no pueden tener, naturalmente, ningún rigor científico.
Y puesto que la exposición estaba presentada cronológicamente —y algúni
i I gnace M eyerson: Les fonctions psychologiques et les oeuvres, París, J. Vrin, 1948.

6

�método hay que seguir— iré historiando el paulatino enriquecer del
sistema por el aporte de cada uno de sus cultores,
2. NACIMIENTO DEL CUBISMO.
Ante todo, consejo previo: borrémonos la palabra de la mente. El Cubismo
como todo movimiento humano empieza sin saber que va a ser él mismo,
exactamente como actúa un ser vivo, tanteando la realidad a ciegas, creyen­
do que quiere una cosa cuando en realidad busca otra más compleja o pro­
funda. Dando manifiestos que después nunca se cumplen, apoyándose en
circunstanciales premisas rápidamente abandonadas, aceptando un nombre
que empezó siendo un mote despectivo (exclamación de M atisse —según
parece— ante un cuadro de B raque ) , tal como Impresionismo o Fauves
habían sido también peyorativos en un principio. No tiene demasiada
importancia.
Como todo momento humano, si lo analizamos, vemos en él a un grupo de
hombres jóvenes más o menos dotados luchando denodadamente por expre­
sarse. Impresionados quizá por las últimas exposiciones de Cézanne, cre­
yéndose cézanianos y enarbolando el famoso lema del cubo, el cilindro y la
esfera, discutiendo interminablemente con los amigos filósofos y poetas
para tratar de aclararse ellos mismos lo que sin embargo era ya intuición
en los más sensibles. Es evidente que querían salir de un punto muerto de
la pintura (siempre al arte parece estar en un callejón cerrado en el inme­
diato momento previo al próximo salto en el vacío). Porque seamos fran­
cos, sí la pintura de hoy día nos parece estar acorralada, ¿qué les pasaría
a los honrados pintores de principios de siglo? El color no era ya escapa­
toria suficiente como parecían haberlo creído los fauves. La tímida defor­
mación con contenido social de crítica, tampoco. La experiencia luminística
la habían hecho ya los impresionistas y habían llegado al punto cero de las
vistas de la Catedral de Rouen o las Ninfeas de M onet .
Pareciera quedar un solo camino: persistir en la vía del penúltimo C ézanne .
En ese sentido el crítico suizo G eorg Schmidt ,1 director del Museo de
Basilea, tiene una página esclarecedora donde dice que del C ézanne cons­
tructivo (siguiendo la nomenclatura del famoso Catálogo Razonado de
U ionello V enturi) sale el Cubismo, pero no del último C ézanne que sei
i Aquarelles de Paul Cézanne. B ale, Les Editions Holbein, 1952.

7

�puede llamar sintético-, el Cézanne de las infinitas versiones de la Montagne
Sainte-Victoire. De este período, según Schmidt, se ha tenido un juicio un
poco peyorativo, considerándoselo como un “fenómeno de vejez del cual
no se sabía bien qué pensar”.
Queriendo, pues, hacer Cézannes, estos pintores se encontraron —ya en
1910—en una posición realmente anticubista, si tomáramos la expresión en
el sentido de construir la realidad con la solidez de los cuerpos geométricos
cuyo paradigma es el cubo.
Si miramos ahora la realidad de la pintura de aquel momento en París
(1907-09), nos encontraremos con un grupo de jóvenes pintores perfecta­
mente desorientados, ensayando tímidamente lo que creen que debe ser el
arte, su arte. Artistas en busca de una expresión que les revele:
“Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo.. . ”
decía por aquel entonces maravillosamente R ubén D arío. A todos les pasa­
ba más o menos lo mismo, como a todos los verdaderos artistas en todas las
épocas.

Alguien, Braque en este caso (aunque hay quien dice que fué D erain) ,
empezó a pintar de otra manera. El hecho no tiene una importancia tras­
cendental. La chispa originaria puede haber estado en cualquiera, más
importante es el perseverar posterior. No creo que el hecho de haber
Picasso o Braque empezado a pintar aquellas casas cúbicas pueda ser califi­
cado de genialidad. Eso forma parte de una literatura que se inventa siem­
pre a posteriori.
Braque, por aquel entonces, pintó algunos cuadros pensando quizá vaga­
mente en uno de los modos de Cézanne, sin aprender —por otra parte— la
lección del maestro ni llevarla a sus últimas consecuencias. En efecto, en la
pintura de ese momento, Braque no pinta por mapas de color modulando
la forma, no extiende la pasta con espátula de una manera rasante, ni
sigue el color claro y en la gama azul de Cézanne. Aquellas casas que tanto
B raque como Picasso dieron en pintar, allí por los albores del Cubismo,
dentro de un registro bajo y ocre, no tienen nada que ver con la espléndida
realización de Cézanne en sus últimos años, ni con su maravilloso oficio
que estos jóvenes —por dotados que fueran— estaban muy lejos de poseer.
Un aplastamiento bastante convencional de casas, unos árboles algo artifi­
ciosos y un color térreo, son sus características. Color que nada tiene que
ver con los magníficos ocres y grises de dos años después.
*

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�Los artistas creen siempre tener un mensaje que transmitir, hasta los malos.
Ésa es, por otra parte, su fuerza. De modo que no es de extrañar que
prueben en ellos mismos, que traten de influir sobre sus amigos, que dis­
cutan en eternas charlas de café —no siempre tan inútiles como lo suponen
los de afuera—en lo que creen y, sobre todo, en lo que quieren creer.
Cada uno tiene sus afinidades, hay el que despotrica contra esto y el que
prefiere lo otro. Lo más importante en todo ese juego de odios y pasiones
es que ese creer en algo los haga creer en lo que quieren decir, que un
buen día con sus errores, sus convencionalismos, sus durezas, su mejor o
peor oficio lleguen a empezar a parecerse a ellos mismos y se lancen a
su propia conquista con todo afán.
Así y no de otra manera se forman los movimientos. No sólo por un mani­
fiesto —que tantas veces dice exactamente lo contrario de lo que se quie­
re probar—, no tanto por la obra aislada o anónima que no representa casi
nada en el contexto de una época. Sino sobre todo por la labor conjunta,
por las amistades, los salones de pintura, las exposiciones, los libros
que se manejan familiarmente en un medio, los amigos poetas, teorizadores
o filósofos del grupo. Entre todos esos elementos heterogéneos se va hacien­
do lentamente un estilo.
Los artistas se copian unos a otros y a ellos mismos como niños en la
escuela, se dejan influir por lo que admiran, crean y se forman entre todos
y contra todo. Algunos: más pararrayos, captan antes. Otros, más finos,
perfeccionan luego el sistema. Otros —en fin— no llegan nunca o cuando
llegan, se aferran a su pequeña receta para no abandonarla más.
No voy a hacer la reivindicación de cada pequeño detalle que fué contri­
buyendo a la formulación del estilo, tratándolo como una invención genial
para agregar una gloria fácil a cada uno de los artistas de que hablé.
Los constataré, por el contrario, de la manera más objetiva, para tratar de
demostrar precisamente mi tesis de la formación paulatina de un estilo.
Se verá así como todo contribuye a ese fin: los pequeños esfuerzos aparen­
temente inconexos, los impulsos, las repeticiones, rutinas, cambios de di­
rección o, a veces, hasta las humoradas que tuvieron después consecuencias
mucho más vastas que lo que supusieron los propios inventores del juego.
También habrá que señalar todo lo contrario: los caminos abiertos o entre­
abiertos que nunca llegaron a ser recorridos en su totalidad.
La humanidad se goza en destripar los muñecos que le depara el destino,
13

�llevando cada solución hasta sus últimas consecuencias. Cuando no lo hace,
parece que quedara un cabo suelto que algún otro artista, muchos años
o siglos después puede animarse a retomar. ¿Quién estudiará los senderos
interesantes que quedaron inexplorados? ¿Dónde está la consecuencia, el
continuador directo de la admirable geometrización de Piero della Francesca? ¿Por qué el barroco que se insinuaba en la decoración carolingia no
progresó y fué vencido por la rigidez austera de lo románico? Una historia
de los cabos que quedaron sueltos podría ser a veces más esclarecedora que
la otra. Conocemos mal que mal la historia de lo que fué, se podría
reclamar la de lo que pudo ser.
Lo cierto es que en esta aura del Cubismo, Braque intentó los ocres, sin
grises (como después será de rigor), pero esos ocres no están solos: los
acompañan unos verdes esmeralda muy líquidos. En cuanto al espacio,
tampoco es todavía el del Braque que llegará a ser. Aquí todavía se está
buscando a sí mismo y hay que reconocer —sin que esto quiera ser peyora­
tivo por cierto— que le cuesta llegar al verdadero talento mucho más que
a su tempestuoso compañero Picasso. Recorta las figuras de las casas y
las aplasta como barajas una por encima de las otras. En cada cuadro se va
viendo sin embargo el paulatino enriquecimiento del espacio, cada vez más
complejo y más expresivo. Primero es el elemental juego de cristalizaciones
en una gama muy baja. Algo le decía (con toda razón por otra parte) que
el color exasperado no se podía llevar bien con esta lucha por tratar de
atrapar un espacio virgen, no experimentado hasta entonces. Algo le decía
que la búsqueda que tentaban era fundamentalmente la del espacio y que
el color en sí o la luz, objeto de la investigación impresionista, no tenían
razón de ser. Entendámonos: también había espacio en los impresionistas,
pero aquel seguía siendo siempre el espacio que había impuesto el Rena­
cimiento italiano. Es decir que faltaba, no el espacio en el sentido de aire
Ubre que sí que lo tenían y de manera extrema, sino una concepción de
lo espacial (en el sentido más amplio de la palabra) como una nueva
aprehensión de la realidad. Y aquí se impone una digresión para en­
tendernos.
; * i'
3. DISTINTAS CONCEPCIONES ESPACIALES.
Cada hombre y cada época han tenido y tienen una diferente concepción
espacial. La tienen los niños (como lo han demostrado en sus estudios de

14

�Psicología infantil los maestros de la Escuela de Ginebra: Piaget, W allon
o I nhelder) , la tienen los pueblos primitivos, los orientales y el hombre
occidental hasta principios del Quattrocento. Cada una distinta y cada
una válida. El sistema egipcio no es el chino, el de A lTamira no es el de
Giotto.

La curiosa verdad que ha demostrado Francastel en su libro citado es
que la pintura impone antes que el teatro moderno (cuyo auge remonta
al siglo XVII) una visión de cubo escénico. El teatro antiguo: griego,
romano o medieval se desarrollaba en un espacio neutro o abstracto. Los
clásicos hadan evolucionar sus personajes delante de una arquitectura
inmutable y frente a la naturaleza. Todo era tono, el espectador ponía
con su imaginación lo que faltaba en realismo. Pero los personajes estaban
rodeados por el aire, no encerrados en ese cubo al cual falta la sexta cara
por donde espiamos la vida íntima de un grupo de personas. Pues bien,
esa concepción de la realidad como la de un cubo que por el lado del
espectador carece de muro, remonta a la especulación espacial del primer
Renacimiento y se continúa pacientemente hasta fines del siglo XVI en
que queda estatuida para uso de futuras academias.
Esa visión que tardó dos siglos en imponerse y que fué tan compleja como
para no poderse resumir en pocas palabras, se aplicó a tratar de represen­
tar la realidad como una serie de espacios segregados, unos detrás de otros,
un poco como las bambalinas de un teatro. El espectador con un punto
de vista central, monocular y perpendicular al escenario, tiene una visión
perspectiva del mundo en la que verticales y horizontales paralelas al
espectador se conservan como tales para sólo fugar hacia el horizonte u
otro punto o serie de puntos las que no cumplen ese requisito. Todo esto
a priori puede parecer cierto. Cualquiera que haya estudiado perspectiva
sabe que ni aún así es exacto, pues las cosas que están demasiado próximas
al espectador se deforman tanto (igual que lo que pasa con las fotografías)
que se hacen irreconocibles. Ante todo porque nuestra visión es mucho
más rica que la perspectiva, y el campo visual de nuestro ojo es esférico y
abarca en grados una zona que conocen los oftalmólogos. Además nuestra
visión no es ni fija ni monocular. Es decir aprehendemos la realidad más
como una cámara cinematográfica que como un aparato de fotografías. Y
para mayor diferencia nuestra visión se produce en el tiempo. Para perci­
bir cualquier conjunto visual ensayamos mil enfoques diferentes. Por si
eso fuera poco está todo lo que sabemos mentalmente de lo que vemos o
15

�creemos ver, toda nuestra vida psíquica respaldando nuestra visión. Ante
tanta riqueza, se comprenderá que esa visión de espiar por un agujerito
como en las máquinas perspectivas de Brunelleschi es pobre por demás.
No por falsa desde un punto de vista estrictamente geométrico, sino por
simplista y por no tener en cuenta más que un caso particular que no se
da nunca puro en la realidad.
Ante semejante descubrimiento la humanidad, por muchos siglos, se ha
declarado asombrada y plenamente satisfecha. Es más, no se ha llegado a
pensar que las cosas puedan ocurrir de otra manera. Los más avanzados
pensadores han caído en el error de creer que el espacio es una categoría
kantiana del pensamiento, un dato a priori y en cierto modo definitivo.
“El espacio no es una realidad en sí cuya representación sólo varía según
las épocas. El espacio es la experiencia misma del hombre”, dice
Francastel.

Uno de los grandes responsables de esta visión del Renacimiento es
del siglo XV tiende a transformarse hacia fines del mismo siglo en regla
de oro de la representación del espacio sobre la pantalla plástica de dos
dimensiones. Todas las vías de la especulación espacial parecen conjugarse
en ella.
Para convencerse de los titubeos con que avanzan los tentáculos de esta
aprehensión de la realidad basta observar los tres espacios imbricados —en
cierto modo contradictorios— de las Batallas de Paolo U ccello, uno de
los inventores de la perspectiva geométrica. Hay un primer plano fugado,
inmediatamente los caballos se presentan sólidos, un poco como caballitos
de madera. Por detrás, como un telón de fondo en el que las cosas suben
más cuanto más alejadas están (igual que en Egipto o en Pol de
L imbourg) el paisaje cierra la composición arbitraria de esos tres modos
distintos de ver la realidad contemporáneos de una sola pintura. Y Piero
della Francesca, ¿utiliza acaso siempre su descubrimiento? Entre todos
van probando fragmentos de novedad que aplican como las piezas de un
rompecabezas. Todo está por formularse y nadie puede tener una con­
cepción total y muerta de la experiencia mientras ella se está realizando
precisamente a expensas de¡ todos y cada uno.
De ese mundo álbertiano en el que quedaron para siempre los aportes
geniales de Brunelleschi, de D onatello, de R afael, de ese mundo que
A lberti y a pesar de no ser la única, su concepción formulada a principios

16

�se nos dió como modelo único y que se ha ido degradando con los siglos
para terminar en repertorio obligatorio de todos los gabinetes de dibujo
del mundo, se alimentaron los artistas del siglo pasado. Y se puede decir
claramente, sin cometer una herejía, hasta los mejores. Que ahora veamos
la enorme diferencia entre Bouguereau y M onet o que Couture o
C arolus D uran nos hagan sonreír no quiere decir que su concepción
espacial no fuera la misma que la de los artistas más dotados y más uni­
versales de la época. Sólo D egas, a veces Manet y Monet (por distintos
caminos), el Cézanne tardío, Gauguin y Van Gogh aportan un hálito
nuevo a la. búsqueda y la van haciendo marchar a lo que desembocará
después en el Cubismo y en el mejor arte de los cincuenta años de este
siglo.
Todos aceptaban —público y artistas— una concepción tan cerrada y
arbitraria como lo es la de la figuración perspectiva. Es curioso cómo la
gente que sabe interpretar lo gráfico de una película cinematográfica
(piénsese en la enorme cantidad de convenciones del cine: las dos dimen­
siones, el blanco y negro, la discontinuidad de las imágenes, primeros
planos, vistas desde todos los puntos imaginables), esa misma gente es
terriblemente conservadora en pintura, porque sus mecanismos intelectua­
les y sensibles no saben entrar en juego ante la riqueza del mundo que les
presenta la pintura moderna más significativa. Para su tranquilidad pien­
san que el mundo es perspectivo y fotográfico (más o menos deformado en
el plano de la figura o el color), pero siempre algo tangible y conocido.
Naturalmente, sacar de tan craso error a las personas adultas y con un
cierto nivel de cultura, resulta tarea ímproba. Nadie quiere penetrar en
un nuevo tembladeral donde nadie se siente seguro ni de lo que piensa ni
de lo que juzga cuando tiene a mano todavía el sólido suelo que le fabri­
caron los innovadores geniales de hace cuatro o cinco siglos.
No se trata de hacerse violencia, cada uno, reflexionando en su fuero
interno, puede descubrir la absoluta verdad de estas nociones.4
4. EL PROBLEMA DEL TIEMPO.
El Cubismo se va asentando. En la obra de Picasso y de Braque va
apareciendo no la visión antigua, sino la nueva visión hormigueante de
puntos de vista diversos en el tiempo y en el espacio. Pero esto es tema
que se presta a discusión.

17

�H ans P latschek en el número 20 de Ver y Estimar (dedicado al Cubismo),

aplicaba —como ya es tradicional— la simultaneidad espacial para el
Cubismo, dejando la concepción de desarrollo en el tiempo para el Futu­
rismo.
Me parece que se trata de divisiones arbitrarias. ¿Cómo habrá que consi­
derar a la arquitectura, por ejemplo? Evidentemente se trata de un arte
espacial, el arte espacial por antonomasia. ¿Pero cómo se lee ese espacio
si no es en función del tiempo? Ya lo dijo magistralmente V aléry en
Eupalinos o el arquitecto: la arquitectura, como la música, se desarrollan
en el tiempo. La única aprehensión del espacio está indisolublemente
ligada al tiempo.
Hay que tener cuidado con estas querellas que pueden limitarse a un
juego de palabras. ¿Cómo puede concebir el hombre el espacio sino en
función del tiempo o viceversa? Georg Schmidt ha encontrado una buena
fórmula cuando dice que en la pintura de D elaunay lo que se mueve es
el ojo alrededor del objeto, mientras que en el caso de los futuristas italia­
nos lo que se mueve es el objeto frente a un ojo inmóvil. Pienso que lo
que dice Sch¡midt de D elaunay se puede decir de todos los cubistas que
llegaron a dar una sensación de simultaneidad en sus cuadros. Hablando
en términos fotográficos que están al alcance de todos, se diría que en los
cubistas hay un montaje de distintas visiones del objeto (y en realidad es
el Cubismo el que nos ha familiarizado con la noción de los varios espacios
imbricados en un fotomontaje) y que en el futurismo se trata más bien
de una fotografía en que el elemento móvil ha salido movido dejando
un rastro que puede ser también expresivo.
De todas maneras no puede decirse que en esa simultaneidad que quieren
dar los cubistas pueda prescindirse de la noción de tiempo. No creo que
haya que elegir entre tiempo o espacio, sino por el contrario que hay que
hacer definitivamente su unión. Es ya hora de que nos acostumbremos a
manejar corrientemente el concepto de espacio-tiempo, que tiene ya una
larga vigencia científica.
Cuando R odin analiza en sus Entretiens sur l’Art, el Mariscal Ney de R ude,
el Embarque para Citerea de W atteau o su propio San Juan Bautista,
explica cómo los grandes efectos de animación resultan de la yuxtaposición
de elementos que en la naturaleza son sucesivos y no simultáneos. “Sola­
mente —sigue diciendo Francastel en el ya citado libro— que en Van
G ogh hay otra cosa: no es más una combinación de diferentes momentos
18

�de la acción sino de varios sistemas de representación del mundo”. Y
termina diciendo que V an G ogh : “ ...ju n ta acciones que se presentan
normalmente bajo diferentes ángulos de vista, es decir, en realidad, suce­
sivamente en el tiempo”. Aplicando esta noción al Cubismo, creo que se
puede tener una idea clara del problema.
5. DESARROLLO DEL CUBISMO: PICASSO Y BRAQUE.
Con estas ideas aclaradas y después de tanta aproximación puedo acercar­
me a plantear el problema en sí del Cubismo.
Uno de los pocos puntos en que se puede coincidir con A pollinaire es
quizá en la intuición que tuvo de que los dos grandes nombres del Cubismo
serían los de P icasso y B raque . En 1910-11 B raque sigue subiendo poco
a poco en su expresión. No nos deslumbra en seguida como su compa­
ñero español, pero se va afirmando cuadro tras cuadro y va ajustando el
color.
Algún día habrá que hacer el inventario de los elementos de que se sirvie­
ron en sus cuadros los cubistas en esta época. Se verá entonces qué pocos
son: guitarra, mandolín, violín, copa, vaso, naipes, compotera, acordeón,
diarios, letras, avisos, botella y algunos pocos más. Tanto B raque como
P icasso los van descomponiendo y ensamblándolos pacientemente de una
manera sensible. No hay ya perspectiva, puede haber todavía espacios
segregados y varias visiones simultáneas (como habíamos visto que ocurre
en las Batallas de Ü ccello), pero se lucha denodadamente por escapar del
cubo escénico del Renacimiento.
Pero en realidad el Cubismo ha procedido por descomposición y despla­
zamiento de las partes de la visión clásica. Su aporte no es tan revoluciona­
rio como aquellos pintores o sus contemporáneos creyeron. Antes de
construir es necesario empezar por destruir, y familiarizarse con un nuevo
vocabulario. Es lo que va a ocurrir después. Entre 1920 y 1930 los pin­
tores entrenados en la ascética práctica del primer Cubismo redescubrirán
con entusiasmo el color y las riquísimas posibilidades de la naturaleza
muerta. Pero entonces ya se sabrán mover por ella con una comodidad
que estaban muy lejos de tener veinte años antes.
Ya en 1910 P icasso maneja el espacio como una materia elástica. En la
gama baja de los grises y los ocres desintegra los elementos significativos

19

�de un conjunto de objetos o de un retrato (el paisaje ya ha sido abando­
nado por él y por Braque definitivamente en este período), y los vuelve
a ensamblar con toda coherencia plástica. Si lo representado no se reco­
noce de inmediato, hay que admitir sin embargo que tiene sus pistas que
lo hacen fácilmente explorable.

Esta nueva creación de conjuntos es sin embargo bastante tímida. Siguen
en pie muchas de las premisas anteriores. Picasso o Braque van reali­
zando lentamente en ellos lo que había sido una tendencia en esos
cuatro o cinco pintores verdaderamente revolucionarios de fines del siglo
anterior. Pero hay continuidad en el pasaje, no hay ruptura brusca, lo
vemos ahora claramente. Al negarse a representar dentro de la conven­
ción tradicional de Occidente (desde el Renacimiento hasta el siglo XIX),
los pintores cubistas preparaban el campo nuevo a algo que todavía
intuían confusamente. El problema a esas alturas se les presentaba como
una desintegración de las cosas, como una captación más rica. Había
que triturar objetos para poder pensarlos de nuevo. Es conmovedor
notar esa marcha ascendente y torpe a veces hacia la visión nueva. En
ese sentido si bien el Cubismo es una escuela histórica, no lo es por sus
consecuencias, la temperatura a que sometió a los artistas durante un
largo lapso que se prolonga hasta nuestros días. Sus derivaciones, enri­
quecimientos, habilidades son imprescindibles para comprender el arte
de nuestro siglo. En ese sentido rebasa lo meramente histórico.
Los artistas del momento no podían saltar libremente hacia períodos
artísticos que no hubieran sufrido la tutela terrible del Renacimiento,
ir hacia lo romántico, la miniatura medieval, el arte de algunos pueblos
primitivos, lo egipcio, en fin hacia cualquier forma aperspectiva. Sólo
heredaban el japonismo que había influido tan benéficamente a D egas
en su concepción espacial y al penúltimo Cézanne, lo que les permitía
aplastar la visión de una mesa o de unas botellas. Por aquel entonces
la feracidad del arte negro les tentaba también, el Ballet Ruso llegó a
entusiasmarlos. Pero cuidado con exagerar su influencia. La verdadera
prosapia cubista es puramente pictórica y viene de Cézanne, del famoso
cono, cilindro y la esfera y muy pronto fué negada (en el sentido volu­
métrico y lo que parece querer decir la palabra Cubismo) en una ato­
mización del objeto y un rebajar la gama cromática hasta casi la grisalla
obligatoria, con el punto de vista múltiple y el intento de implicar
duración.

20

�¿Qué hacían los otros artistas por ese tiempo? De la última manera de
Cézanne salen los fauves y su experiencia interesantísima. Cézanne en
sus Montagne Sainte-Victoire utiliza el signo cursivo (hay que precaverse
contra la palabra arabesco que podría inducir a error). Ese signo cursivo
es el elemento de unión entre las partes de una visión sensible y no ya
geométrica del mundo. Pero en los impresionistas o en Cézanne estos
acercamientos no son el producto de un juego de combinaciones gratuito
de elementos estilizados sino la sensación directa e íntima de la naturale­
za. Lo curioso es que aun los artistas que quedaron históricamente fuera
del movimiento como M atisse, ya sea por el camino del fauvisme, por la
acendrada acentuación de sus capacidades exploratorias y su sensibilidad
alerta como antenas muy afinadas, llegan tarde o temprano a visiones
tan nuevas y tan creadoras como las que más. Matisse viene por la ruta
del color y el dibujo sintético. Podría quizá hacérselo derivar de la hipó­
tesis cursiva de Cézanne que abarca la totalidad del mundo sin desinte­
grarlo en rectas y planos (hipótesis cubista del primer momento), sin
concebirlo como espacio coloreado en ensamblaje de grandes planos
(como en D elaunay) o sin el fértil amaneramiento del Cubismo en 1914.
Ya en La Danza (1909), Matisse avanzaba un paso sobre la exploración
de D egas. En él hay: “extensión con peso, plasticidad, indeterminación
de los límites” (Francastel). Con La Danza, por medio del arabesco,
M atisse consigue la unión de cosas objetivamente extrañas entre sí.
D ufy llegará por otros caminos que se enriquecerán con los años. Cada
uno es un caso particular. De los otros, ligados con la experiencia
cubista, paso a ocuparme a renglón seguido.6
6. JUAN GRIS, LÉGER, DELAUNAY.
Me tengo que referir ahora a tres grandes pintores que aportan junto
con Picasso y Braque otras versiones y soluciones a ese mismo problema.
Creo que la de J uan Gris es una experiencia que se agota en él mismo y
que no tiene historia posterior. En cambio, de los intentos de L éger y
de D elaunay no sólo vive una parte muy importante de la pintura actual
sino que además tienen todavía un largo porvenir. Y conste que ese
distingo no es peyorativo para Gris, al contrario. Hay artistas que llevan
su sistema hasta tan lejos que cuando lo abandonan queda prácticamente
exhausto para uso de futuros continuadores. Es el destino de un
R embrandt o de un L eonardo.
21

�De J uan G ris se ha escrito mucho estos últimos años, quizá demasiado
como para tener la conciencia libre de prejuicios (a favor o en contra).
Desde la obra admirable de K ahnw eiler : elogio y justificación, hasta la
opinión un poco arbitraria y dura de A pollinaire .
Si queremos hacer entrar a G ris en el sistema que tan ejemplarmente
nos dan P icasso o B raque entre 1910-12, naturalmente que nos parecerá
un pintor equivocado. Si en cambio tratamos de comprenderlo en sí,
veremos que su búsqueda puede correr paralela a la de ellos y ofrecer
aspectos extraordinariamente interesantes.
En realidad J uan G ris tiene otra historia en su pintura. Empieza con
una aparente inseguridad ensamblando curvas y tratando de construir
retratos en un color que se acerca a la grisalla. Poco a poco va instauran­
do su mundo. Un mundo no triturado y recompuesto como el de B raque
0 P icasso en 1910-12 sino más bien un sistema en que la realidad queda
apresada en un juego repetitivo de formas. Un objeto está cortado y
parece reflejarse en un gabinete de espejos, pero siempre es reconocible.
No se trata ni siquiera lo que se podría llamar la rebanada de objeto
que es el procedimiento de descomposición en L éger. Naturalmente, con
este sistema de G ris las cosas conservan una solidez, un aspecto físico
verosímil mucho mayor. Su gran problema es en esa época el del color L
Lo sube a una gama en la que no se siente cómodo. Son colores satura­
dos: marrones achocolatados, amarillos azufre, violetas, azules y verdes
crudos. Oposiciones de colores que destruyen la belleza formal y de
composición que ya para 1914 ha logrado. Los elementos de su compo­
sición se cortan en damero, muchas veces se trata de vistas aéreas como
si volara sobre las mesas de sus bodegones, con objetos que abate para
estudiar mejor. Paulatinamente va sabiendo ensamblar las curvas y las
rectas, las zonas punteadas, los subrayados de las líneas principales. A
medida que renuncia a esos elementos (que considera cada vez más
como parásitos) va rebajando la gama y se instala en los grises muy
matizados que domina maravillosamente. Quizá su mejor época sea la
que va de 1916-19 cuando está en la plenitud de sus medios, cuando se
puede decir de su pintura lo que A ndré M asson dice en general: “La
gran pintura es una pintura en la que los intervalos están cargados de1
1 “Creo que el color no es malo. Lo temo, porque me parece mi lado débil.” Carta
de G ris citada por Kahnweiler : Juan Gris. París, Gallimard, 1946 (191).

22

�tanta energía como las figuras que los determinan”. No hay vados, el
cuadro abarca y dice todo lo que tiene que decir sin énfasis pero sin
desmayos. Después, hasta el 26, va a estar obsesionado por las formas que
Kahnweiler llama: rimadas, es decir que una forma principal se repite
en una accesoria como un tema musical. Iba hacia una gran claridad y
una visibilidad que asusta a los cultores de un arte deliberadamente
oscuro. De todas maneras su experiencia no cuenta más que para él.
Su camino se cerraba en cierto modo después de su experiencia. Siempre
quedará como un maestro que ha enseñado a empalmar los juegos de
la realidad en esquemas formales de gran belleza expresiva. Irregular,
repitiendo en él la historia del despojamiento paulatino y del amanera­
miento, típicos del que trabaja en soledad.

L éger comporta un caso distinto. Él es otro de los grandes buscadores
de esta época y en el polo opuesto de P icasso: inventor consecutivo de
toda la historia del arte. O de Braque: antena sutil y artesano capaz
de dar hasta el último estremecimiento de la materia y el color.
Léger en cambio llega al Cubismo todavía inmaduro y después de algu­

nas experiencias muy acertadas empieza a forzarse en encontrar, con
dificultad, con una especie de torpeza esencial y con lentitud de obrero
obstinado, lo que quiere decir. Y lo que quiere decir se revela simple­
mente como una adhesión a la cosa, al objeto como él mismo lo llama.
A pollinaire lo ve como el rapsoda de lo mecánico. Pasados los años
comprendemos que su actitud sobrepasa lo mecánico. Lo que ocurre es
que las máquinas le dan ejemplarmente materia con peso y existencia
propia fuera de lo sentimental, de lo que huye este tierno. Su concepción
no es la estrecha del hombre mecanizado (aunque haya estado obsesionado
con el tema hasta el punto de haber realizado una película: el Ballet
Mécanique en 1924).
En ese tiempo de Cubismo, Léger, con absoluta originalidad se replantea
el problema, y para él no se trata de pulverizar el objeto para recom­
ponerlo, su abstracción no quiere ir tan lejos. Necesita seguir viendo
el signo de las cosas que incorpora a su pintura. En sus cuadros de esa
época se ven pues trozos de objeto, rebanadas de objeto, recompuestos y
ensamblados mucho más orgánicamente que en P icasso o en B raque en
quienes tenían simplemente categoría de signos en libertad.
Pero el espacio está presente. No solamente como profundidad en
trompe l’oeil sino como implicación de toda esa masa que quiere acumu23

�lar en sus pinturas. De pronto son vistas de París, todavía dos o tres
planos de espacio reconociblemente convencional, pero hay también
otra visión nueva que se zambulle desde arriba, en picada diríamos con
un término de aviación. El espacio va quedando captado, registrado en
redes que nada deben a la red tradicional ni a la impresionista. Esta
nueva óptica es propia de L éger, su aporte al arte contemporáneo.
Cuando llegue a organizar su mundo de objetos, se encontrará dominando
un espacio abstracto pero no por eso menos existente.
Un buen día Léger descubrirá el color violento como independiente
—experiencia tan útil de los fauves— y lo aplicará simplemente sobre ese
espacio para que cuente emocionalmente. El sistema es brutal pero
eficaz. P icasso, M atisse o D ufy lo han hecho con más elegancia, no
deja de ser interesante pensar que L éger le ha dado un sabor propio.
Tanto a L éger como a D elaunay, Georg Schmidt los llama: futuristas
franceses. La nomenclatura es discutible, la idea que está detrás es quizá
justa. En esta exposición del Cubismo se ha mostrado en qué punto de
la investigación espacial estaba L éger en ese entonces. Me parece justo
ocuparse de él como inventor de una de las versiones modernas de un
problema eterno.
Y llego al otro futurista francés, al creador del Orfismo (según
A pollinaire): R obert D elaunay cuyo nombre interesa cada día más a
críticos y público en general. Su búsqueda va por el lado del color y la
visión totalizadora del mundo. Visión que trata de abarcar más cantidad
de campo visual que el nuestro común.
Intenta primero en sus autorretratos y en las vistas de St. Severin un
cromatismo de gama impresionista', pero poco a poco, a medida que se
enriquece su concepción espacial, va desembocando en un color que
terminará siendo casi el primario: triunfante y asoleado. En sus
St. Severin empieza a ejercer su potencia de explorador de un nuevo
espacio, fascinado por su descubrimiento de la dinámica gótica. Intere­
sante experiencia que tiene un contenido paralelo al que se podría
obtener filmando con una cámara móvil dirigida hacia las bóvedas en
una construcción de ojivas. Toda anécdota desaparece. También la
tectónica del gótico. Queda solamente en su registro el exaltado sucederse
de curvas concéntricas, dominadas por un fuerte color puramente ima­
ginado. Se intuye con claridad cómo desde un principio D elaunay daba
vueltas alrededor de su idea clave de los círculos y anillos, segmentos
24

�circulares pigmentados en los primarios con que acabó su joven carrera.
Intermedia y capital su serie de Torre Eiffel. Esta construcción ha sido
para el mundo moderno un verdadero símbolo, no sólo de ingeniería
avanzada sino también una experiencia espacial como la que constituyó
en su tiempo la elevación de la cúpula de Santa María dei Fiori en
Florencia por Brunelleschi a principios del siglo XV. Es decir: fué
motivo de una distinta aprehensión del espacio. Esa construcción —la
Torre Eiffel— en la cual lo interior y lo exterior no tienen límites pre­
cisos ha fascinado a los fotógrafos que la han retratado desde todos los
ángulos posibles tratando de abarcarla en su inmensidad y en su riqueza
espacial, símbolo de la visión moderna.
D elaunay no podía escapar a esa especie de obsesión y se lanzó a ella
con todo su ímpetu. De pronto es la silueta familiar de la torre perfi­
lándose contra el horizonte del paisaje de París, de pronto en una cercanía
que nos hace pensar en primeros planos cinematográficos con sus arcos
que vuelan y abarcan espacio. Otras veces es su cuerpo ágil que se
quiebra y se integra en visiones más ricas que la unitaria, fija y momen­
tánea, visión oficial académica inaugurada con el Renacimiento, durante
el cual tuvo sentido, pues se trataba de una formidable innovación
tendiente a explorar con método y rigor un espacio, pero que en el
transcurso de los siglos había llegado a hacerse un lugar común comple­
tamente desprovisto de valor significativo.
Su espacio está creado por sus grandes planos de color, modulados apenas
pero nunca inertes. Planos que se abren en abanico, que se ensamblan
como una consciente y fuerte obra de carpintería. No hay huecos, tam­
poco hay flaquezas. La deformación va unida al color de una manera
tan consecuente que nadie podría intentar separarlos sin destruirlos. No
hay una visión arbitraria, enfermiza o absurda del espacio. No hay que
entender esas torres como si se derrumbaran, tampoco como una crítica
social de la disolución material de un mundo; por el contrario se trata
de los ejercicios de recomposición de la realidad de acuerdo a una visión
más rica, más total, que además —como lo hemos visto— implica el
tiempo. B oris Fraenkel en el prólogo de un libro que aparecerá próxi­
mamente sobre D elaunay dice: “D elaunay tenía que resolver el siguien­
te problema plástico: dar la impresión de un objeto del mundo exterior
de dimensiones gigantescas en el espacio de una tela necesariamente
limitada, y ello no por una solución relativamente académica, mostrán25

�dola de muy lejos, es decir, por fuera, sino colocándose en el interior,
sin dejar sin embargo de darnos la sensación del fenómeno global. Al
hacer esto, D elaunay reproduce en el lenguaje plástico el fenómeno
natural que el ojo del contemplador que se encuentra muy cerca de la
Torre Eiffel hace automática e inconscientemente, y que por eso nos
parece muy natural. La retina tampoco puede percibir la totalidad de la
Torre Eiffel de una sola vez, no puede hacerlo sino por la readaptación
ultrarrápida y casi automática del ángulo visual, sin que además ello
llegue a ser consciente”.
7. PICASSO Y BRAQUE A PARTIR DE 1914.
Pasan los años y Picasso y Braque van cambiando su experiencia, enri­
queciéndola, debilitándola quizá pero en todo caso haciéndola evolucio­
nar. Con su contribución o la de sus amigos se van completando los
rasgos del Cubismo que chocaron a los contemporáneos: fragmentos de
nombres, carteles (se empieza a redescubrir la virtud estimulante de la
escritura como dibujo), orlas. En un principio se imitan los títulos, la
madera, el papel de empapelar. Después el recorte y el collage de toda
clase de materias, hasta arena o papel de lija, serán lícitos.
Picasso ha alcanzado para aquel entonces la perfección formal. Domina
lo que todavía se le rebelaba dos años antes.
Braque lo ha igualado ya en esa fecha. Desde entonces correrán juntos,
el uno al lado del otro, y no se sabrá ya a simple vista de quién es cada
cuadro. No importa, ese mismo anonimato nos está proclamando clara­
mente la noción de estilo. Artistas amigos, coincidentes o influidos
mutuamente. La historia está llena de esos ejemplos.
Por ese tiempo ambos prueban la composición en óvalo que sirve para
cerrar admirablemente el ejercicio ortogonal que significa la tela.
Cuando empiezan a separarse se ve en seguida que Braque es menos
ascético y que su camino va a ser el del color. Prueba un azul oscuro
casi negro, agrega un toque de esmeralda. Arma, desarma, juega, cambia
de escala, sube todo el teclado, hace variaciones sobre un tema, se deja
obsesionar por la música. En 1911 B raque ya dibuja al carbón como
quien pinta: con todo dominio. Si no fuera por lo que les falta en
sensualidad táctil, sus dibujos podrían llegar a ser tan ricos como un
26

�cuadro. Esta experiencia es curiosa: el pintor que va desde un color muy
rico hacia el gris, el grabado o el dibujo, sabe llegar en el uso del blanco
y negro a una riqueza que el mero dibujante nunca alcanza. Goya tiene
unos negros aterciopelados, los rodea de blancos y medias tintas tan
refinadas como su paleta esplendorosa siempre nimbada, sin embargo,
de un gris plateado. Los cielos de México retratados por Eisenstein en
blanco y negro son profundamente azules sin serlo, por transposición.
El que empieza a tentar el dibujo sin haber tenido la experiencia del
color, raramente llega a esa profundidad en lo neutro. Es un lugar
común saber que los más ricos coloristas son los dibujantes y grabadores
más expresivos.
P icasso ya empieza entonces a probar otra cosa aun antes de agotar el
Cubismo. Sus cabezas de esa época reflejan el arte negro. Niño travieso
genial, cuando sus camaradas se aplican honradamente a su flamante
invención, él ya quiere saber qué va a hacer 30 años después. Ya en 1914,
P icasso que se aburre en la perfección, empieza a inventar nuevos trucos:
madera fingida, golpes de espátula, todo lo prueba incansablemente. Sin
embargo, toda esa pirotecnia no será inútil para su desarrollo futuro y
además tendrá consecuencias mucho mayores. Después del ejercicio rigu­
roso del primer momento, tanto él como Braque y ahora junto a ellos
Gris, son capaces de hacer malabarismos en los que el color vuelve a
tener un lugar importante, tanto como las cesuras de la tela, los blancos
que hacen el papel de los silencios en música. Pero tanto el fondo sin
pintar como el color están vistos con ojos nuevos. Si en cierto modo el
objeto se recompone después de su atomización, en realidad es ya otro
objeto nuevo. No será ya el anecdótico que tenía su lugar en el senti­
miento o el objeto material con forma y color propios. Ahora ya es la
composición liberada en un espacio que se va afirmando con su valor
propio. Históricamente, la actitud de 1914 es un dejarse ir por el gusto,
la arbitrariedad, el refinamiento, así como la de 1911 había sido una
cuaresma —admirable— como lo es el Clave bien templado en la obra de
Bach. Se evita pintar, simplemente se pega sobre la tela todo lo que se
tiene a mano. Apenas si unas muy tenues líneas, como telas de araña,
vinculan entre sí los elementos sabiamente desperdigados por el gran
fondo neutro. Hay como una calidad oriental de factura. Nada queda
insistido, todo sale de la asociación feliz de unos pocos elementos muy
bien concordados, como en una aguada china.
27

�P icasso aumenta entonces el grosor de sus pastas, después llega a ras­
carlas o modularlas con un peine. Imita así maderas, papel, todas las
materias. El repertorio está casi listo, cada uno se podrá lanzar a pintar
por veinte años de acuerdo a lo que le urja. El alfabeto ha sido inventado
y es hora de ponerse a escribir con él.
Ese impulso será diferente en cada uno. Para Léger será el culto del
objeto en un espacio abstracto; años después le aplicará el color primario
no coincidente con la forma, como trazos o zonas con vida propia.
D elaunay irá acercándose paulatinamente a los grandes círculos concén­
tricos que lo obsesionaban desde un principio. Pero habrá pasado por
los encuentros de fútbol, las escenas de aviación, todo lo que sea simul­
táneo en el movimiento y el color. El cine, el punto de vista aéreo, el
montaje fotográfico, están detrás de su experiencia pictórica y la con­
dicionan.
B raque se lanzará para siempre (sólo hace dos años nos sorprendió con
unos extraños y hermosos paisajes) a sus naturalezas muertas que con­
centran para él su ejercicio cezaniano de ser formas con color y materia.
P icasso, el incontenible, se dedicará a sublimar todo su mundo interior
haciendo cantar simultáneos o separados los dos genios que lo habitan.
A partir de 1914 el Cubismo había pasado quizá como escuela pero se
inscribía en la historia del arte como una experiencia de las más ricas y
de las que más consecuencias han dejado en la historia de la pintura.8

8. LAS OTRAS VERSIONES.
Los otros pintores que no sean los ya apuntados tienen que entrar
fatalmente en la categoría de los epígonos. La historia es también, en
cierto modo, la historia de los que triunfan. Creo, pues, justificable el
hecho de haber estudiado el comienzo del movimiento en aquellos artistas
en quienes se díó de una manera más favorable y en los que las posibili­
dades de estilo fueron más totales.
G leizes quizá sea importante históricamente, pues parece de los más
inquietos y tiene en su haber más de una invención interesante: punteado
de la tela o fragmentos de letras de imprenta. También el ejercicio de
querer combinar signos distintos entre sí. A veces son unas espirales,
unos arcos de círculo concéntricos que tratan de ensamblarse con rectas
y con ángulos. Hay que reconocer que el intento es interesante, aunque
28

�resulte bastante pobre. Sus primeros cuadros revelaban a un pintor, pero
en la búsqueda tomó un camino que no llevaba a nada. En cuanto a
su composición se puede decir que si sus arreglos son francamente feos
nunca resultan totalmente inútiles. Tanto en su calidad de pintor o como
teórico, G leizes merece ser considerado. Su color puede ser frío o desacor­
dado y su composición algo deliberada pero hay que tener en cuenta la
violencia que tuvo que hacerse para romper la malla de la figuración
tradicional de la cual se veía mucho más preso que sus compañeros. Se
fuerza tanto para liberarse que cuando lo consigue se encuentra con que
sus signos se han desperdigado y no tienen entre sí la cohesión exigible.
Ha seguido hasta nuestros días en su sistema de signos sueltos, una espe­
cie de taquigrafía plástica, que si bien no se traba como la de los más
excelentes, al menos actúa por presencia y siempre resulta estimulante y
problemática. Su sistema quizá sea más valedero en el grabado, en el que
se refugia desde hace muchos años. Quizá porque en él evita el problema
del color que siempre le resulta superpuesto y no sentido inseparable­
mente como un todo con la composición.
H erbin trivializa a Cézanne, pinta con un color que no tiene calidades
propias y, además, insiste en el paisaje para el cual no había salida en
ese punto de la especulación. Es curioso comprobar cómo el paisaje no
se prestaba al Cubismo. Su misma calidad de aire libre, de espacio
inapresable, le quitaba posibilidades. Cézanne había sabido domesticarlo
en su juego de planos y en su modulación del color por pequeñas zonas
vibrantes y superpuestas. Pero si el paisaje sufría un tratamiento envol­
vente, y era abarcado de manera espacio-temporal, ese mismo paisaje se
volvía duro, hostil, en una palabra, completamente inadaptado al fin
apetecido. El problema del tema es tan importante al hacer el proceso
de un movimiento como lo es el repertorio de objetos, la composición o
el tratamiento de la materia. Los epígonos sirven muchas veces (de
manera negativa por cierto) para saber dónde no había que apoyar o
qué zona era la prohibida. A pesar de haberse iniciado con compactas
composiciones de casas, Braque y Picasso se alejaron inmediatamente
con intuición segura, de aquellos temas como de aquel color ocre intenso
que los había tentado en un primer momento. Sabían —quizá sin saberlo
conscientemente— que ni tema ni color se prestaban a sustentar la pin­
tura que imaginaban. Su volver al rostro humano o la naturaleza muerta
no son en absoluto casuales sino la más elocuente demostración de lo

29

�que su genio tiene de intuitivo en la elección o rechazo de los medios
que elige para manifestarse. H erbin se equivoca, pues, al insistir en el
paisaje y sólo llegará a comunicarse con el público, cuando con su geo­
metría un poco elemental nos deslumbre con sus triángulos y círculos
vibrantes como una clarinada de color puro.
P icabia en esa época titubea. En algunos de los primeros cuadros cubis­

tas llega a pintar el peso y la solidez con tanta convicción que uno se
pregunta si no iba —sin quererlo quizá— en contra de la corriente de lo
que hacían sus compañeros de grupo. Después arma grandes composicio­
nes que tienen el mismo defecto que imputábamos a Gleizes: los ele­
mentos no están trabados entre sí, los signos flotan por una tela excesi­
vamente vacía sin llegar a ensamblarse como en el paradigma que es la
composición de D elaunay. Nadie podía sospechar en aquellos primeros
cuadros en que la materia está acumulada e inerte, en aquellos otros
aéreos y deshilvanados, al pintor que iba a desembocar en las trabajosas
maquinarias inventadas en su época Dadá. Quizá en ninguna de las
tres formas ese artista haya llegado nunca a transmitir lo que quería.
El suyo puede ser uno de los destinos trágicos del arte.
M etzinger es sin duda el más interesante de todo este grupo. Su figura
es de las que habrá que reivindicar con toda justicia. Lo ha probado
con sus exposiciones individuales de estos últimos años. Su universo es
sin embargo reducido, su principal intento: hacer poliédrica la realidad.
Busca continuamente diedros y triedros capaces de crear zonas de relativa
sombra o luz para hacer valer toda su gama de color tierno (en la gama
del pastel) y componer así sus telas. Pero en él las curvas se ensamblan
con mucha habilidad con los ángulos y no hay un solo agujero en la
trabazón de lo que con tanta firmeza compone, en esa especie de caña­
mazo en que hasta el último rincón del cuadro es significativo. Metzinger
ha seguido su línea invariable a través de los años. No ha triturado la
realidad. Lo cotidiano está allí presente pero firmemente descompuesto
en lo que tiene de más expresivo tanto como forma, color o composición.
Así se mantiene aún ahora, en una lección muy alta de pintura honrada
y firme en su vocación, a la que le falta quizá una resonancia universal
para ser la de un gran maestro.
L e Fauconnier es, según la invención de A pollinaire el único cubista
físico. La categoría no puede ser más arbitraria. En realidad sus retra­
tos, sin la acrobacia extraordinaria de los de Picasso o Braque, no tienen
30

�hoy día nada que decirnos. Su búsqueda queda, en cierto modo, estéril
y se va a sumar a la de los otros, que tampoco llegaron, para explicarnos
con una claridad cruda cómo el hecho extraordinario del gran artista
resulta no sólo de una vocación, de un trabajo acendrado, de una entrega
total, sino también de una intuición inapresable que señala cuáles son
los ríos navegables que llevan a lo presentido y cuáles se empantanan
inútilmente.
J acques V illon ofrece como M etzinger el caso de un pintor al que hay
que hacer justicia. Y por curioso que parezca, esa justicia la han empren­
dido los abstractos que ven en él a un precursor. El sitio de honor que
le asignan es completamente merecido.
En su caso también hay triangulación del espacio, aunque no pueda
escapar de lo que he llamado la concepción escénica del mundo. Pero, al
revés que en Metzinger, los ángulos vivos no se empalman con curvas
que podrían dulcificarlos. Aquí, triángulo se opone a triángulo sin que
ello implique búsqueda de efectos de luz y sombra sino simplemente
batalla de colores hermosísimos y detonantes. Colores llevados a lo más
alto de la gama sin el menor flaqueo o nota falsa. Las telas de V illon
quedan así en la memoria como el traje de un arlequín irreal, guardando
una contención y una serenidad inmutables.
No siempre utiliza los colores estridentes, muchas veces, por el contrario
se refugia en gamas sordas deliberadamente. Color de calidad de acuarela
en que cada tono se funde cromáticamente con el de al lado en una
pintura por napas, en un lavado unificador. Pinta retratos o escenas
íntimas y su composición se imbrica como las piezas de un rompecabezas.
Si los abstractos lo reclaman, es, porque, suprimida la anécdota (que
nunca tiene en él un valor sentimental demasiado grande) siempre queda
en sus cuadros una trama tan tupida y tan sentida de forma-color que no
desmerece de la más ardua y brillante abstracción.
D e la Fresnaye trabaja con un color denso —que no tuvo después histo­
ria en la pintura— pero que era interesante en sí mismo como experien­
cia. Un color revocado concienzudamente y sordo. Oscuro y de calidad
de fresco en su opacidad e intensidad. Pero su espacio es menos rico,
menos inquietante que los de Braque, Picasso o D elaunay. Si no hubie­
ra muerto tan joven quizá hubiera habido en él la fuerza de llegar a ser
un gran decorador mural, un continuador de lo constructivo de Cézanne

31

�sin sus transparencias aéreas pero con una expresión inédita que, desdi­
chadamente, se perdió con él.
A ndré Lhote es un caso particular. Es uno de los críticos más agudos
del oficio de la pintura y, según sus discípulos, un gran maestro de la
enseñanza. Y es curioso observar que este gran teórico ha tenido siempre
esa actitud vigilante de la crítica o de la enseñanza hasta cuando pintaba.
Sus cuadros tienen una calidad voluntaria que les quita toda esponta­
neidad. El razonador ha matado en él al verdadero pintor. Sus cuadros
dan siempre la sensación de ser más pensados que sentidos. Su compo­
sición, que, en frío, puede ser ingeniosa, no pasa de un alarde que
bordea —para sorpresa del pintor— el más convencional academismo. En
la Exposición del Cubismo no faltaron por cierto sus telas: hubiera sido
una gran injusticia. Desde el primer momento está enrolado en el
movimiento y contribuye a su formulación, pero incapaz de dominar su
saber teórico, su caso es el antitético del de tantos pintores mediocres: su
técnica le traba los pies de la expresión.
M arcoussis fué un pintor muy fino y con gran capacidad de vibración.
En él, sin embargo, el Cubismo no se presenta como una fatalidad. En
cualquier otra época que le hubiera tocado vivir, su talento hubiera
sabido plegarse perfectamente a otras circunstancias, siempre que ellas
no le hubieran sido adversas de manera total. Su composición está
admirablemente trabada y es de buena ley, su color en general compuesto
de tierras y grises: muy acordado. No existe en él esa peligrosa falta de
imaginación de algunos pintores menores que les hacía a veces poner
fríamente, un trozo recortado de la realidad al lado de otro cualquiera,
como mercaderías expuestas en una vitrina (esto es lo que Gris llama
en una de sus cartas citadas por Kahnweiller: “Les peintres étalagistes”).
No hay tampoco las notas en falso del retrato o del paisaje fallidos a que
he hecho alusión más arriba. Su carrera subirá a la mejor calidad después
de 1914 y, hasta su muerte en 1927, seguirá pintando con una gran
dignidad y finura de las que no están ausentes las lecciones aprendidas
de sus compañeros de promoción.
Marcel D úchame hace una experiencia heterodoxa. Compenetrado de
los mismos principios que sus compañeros y sus hermanos intenta sin
embargo trazar sus misteriosas señales que responden a veces a un signo
curvo y dinámico, y otras hacen pensar en Klee o en M iró. ¿Qué había
en germen en la pintura de Marcel D uchamp que nunca llegó a florecer?
32

�Su camino es uno de esos caminos rotos de la Historia del Arte de que
hablaba antes. Nos resulta difícil mirarlo porque no cae en el estilo, su
intento en soledad nos atrae y nos rechaza porque no encontramos la
fórmula para apresarlo. Gran pintor sin embargo, su obra queda latente
a la espera de quien la sepa descifrar.
Marie Laurencin nunca pudo entrar en el movimiento más que por
simpatía o amistad. Los elogios que de ella hace A pollinaire resultan
hoy día un poco triviales y deben tomarse como un cumplido a la mujer.
Si algo ha tenido que decir esta artista no ha sido, casualmente, por
medio del Cubismo. Aunque hasta ella misma —por osmosis— haya po­
dido parecer atormentada y con la obsesión de querer componer con
rigor.
K upka y M ondrian figuran también en la exposición. Kupka parece
desacordado en el color y brutal al lado de los ejercicios de finura de los
más grandes. Puede ser sin embargo, que, en su medio, el suyo haya sido
un aporte interesante.
Mondrian está en toda su calidad. ¡Pero qué fuera de lugar un cuadro
esquemático como el suyo enfrentado a la complejidad compositiva y
cromática de Picasso, Braque o Gris! Queda su obra aislada como el
testimonio de que él también estuvo asomado al movimiento, que, sin
duda, desencadenó toda su pintura posterior.
Los escultores. El problema de la escultura cubista es grave. En realidad,
la teoría y los mejores resultados se habían basado en la pintura. Trans­
poniendo simplemente los principios bidimensionales al volumen se podía
crear sólo algo espúreo o decorativo. Vistos hoy, Zadkine, L ipchitz o
Archipenko nos parecen menos atrevidos que sus compañeros pintores.
En realidad la escultura plantea otros problemas y debe resolverse tam­
bién en otro plano. Kahnweiler dice que ciertas soluciones pictóricas se
comprendan mejor en el relieve o las transparencias de un modelo fabri­
cado que en el dibujo directo. Es posible; quizá por eso las mejores
construcciones de esa época sean las del propio Picasso, equivalentes
—en cierto modo— a sus ensayos pictóricos. Hoy día, el balance de la
escultura que se mostraba en esa exposición, es bastante desconcertante:
G argallo parece realmente frívolo, con gran habilidad para jugar con
los elementos pero sin ninguna trascendencia. Brancusi ya desde enton­
ces se inclinaba más al núcleo que a una composición que fuera equiva33

�lente de lo cubista en pintura. L aurens es quizá el único que compone
sólidamente aunque sus construcciones puedan tener el inconveniente
de ser pictóricas en el sentido de tener un solo punto de vista óptimo y no
incitar a la circulación a su alrededor. Son planas y responden al relieve
tradicional: caso particular de la escultura.
El único que hoy día nos inquieta es R aymond D uchamp-Villon, el
autor de esa estupenda cabeza de B audelaire, que en ella hubiera pare­
cido quizá el más aferrado a lo tradicional y, que, sin embargo, es capaz
de dar el enorme salto que significan sus esculturas dinámicas como por
ejemplo el famoso Caballo. Sin embargo, en cuanto quiere transgredir
su dominio, cae en lo simplemente decorativo. En la exposición se
muestran fotos de una casa hecha y decorada por él y sus amigos. Se
trata simplemente de un ingenioso juego de volúmenes, ocasión de pegar
unos cuantos elementos escultóricos sobre una fachada convencional y en
la tradición menos revolucionaria: una casa de dos pisos con mansarda
de pizarra, lucarnas y todos los elementos del siglo XVIII, que, en vez
de estar resueltos como en aquella época tiene ingenuamente triángulos
en vez de arcos y decoración cubista en vez de rococó.
Ese desdichado intento arquitectónico no es más que el preludio de lo
que fué después la Exposición de Artes Decorativas de París en 1925 y lo
que han seguido haciendo los más nocivos decoradores (modernos según
ellos) tales como L eleu o L alique.
Sin embargo en ese mismo año los hermanos Perret habían construido las
tres maravillosas salas del Teatro des Champs-Elysées con la colaboración
de B ourdelle y de M aurice D enis. ,
La escultura y la arquitectura comportan en nuestra época casos parti­
culares y hay que historiarlas separadamente. Basta la mención de lo
que se creyó durante un tiempo ser la plástica cubista.9
9. LOS CRÍTICOS DEL CUBISMO.
Mucho se ha dicho y escrito sobre el Cubismo. Los contemporáneos del
movimiento, en su afán por convencer, han aportado mucho material
que hoy día podemos considerar como francamente espúreo. La única
disculpa que pueden todos tener es la de haber estado demasiado próxi­
mos a la época que juzgaban o ser amigos íntimos de los propios pintores
enjuiciados, cuando no los mismos artistas y críticos (como Gleizes,
34

i

�M etzinger, Severini, O zenfant, J eanneret). Si ahora comprendemos y
justificamos el Cubismo es sobre otras premisas, a veces antitéticas de las
antiguas: bienintencionadas e ingeniosas pero casi siempre falaces, lite­
rarias o pseudo-científicas.
En su libro Méditations Esthétiques, Les Peintres Cubistes, lo mismo que
en numerosos artículos desperdigados, Guillaume A pollinaire asumió
la defensa y explicación del Cubismo. Su intento era noble; hoy, cua­
renta años después comprendemos que, en realidad, acertó en pocos
puntos fundamentales. Ante todo, su división del Cubismo en dos cate­
gorías: el científico y el físico, que en seguida se vieron ampliadas además
al órfioo (para poder incluir a su amigo D elaunay) y al instintivo para
hacer elástico el concepto y permitirle abarcar prácticamente a todos los
buenos pintores del momento, no pasa de ser una clasificación arbitraria.
El científico podría justificarse: “Es el arte de pintar conjuntos nuevos
con elementos tomados no de la realidad visual sino de la realidad de co­
nocimiento’’. Quizá esta definición sea la base del impulso inicial que
sostuvo al primer Cubismo. Creo, sin embargo, que desde un principio la
inquietud era más rica y más compleja de la que deja suponer ese enun­
ciado.
En el Cubismo científico, A pollinaire incluye a: P icasso, B raque,
M etzinger, Gleizes, Marie Laurencin y Juan Gris. Janneau en su
libro L’Art cutiste le objeta la inclusión de M etzinger y de Marie L aurencin, objeción que encuentro perfectamente válida. Claro que las sor­
presas no terminan ahí, ya he dicho la ingenuidad que revela la creación
de la categoría de cubismo físico para poder incluir a L e Fauconnier.
Después veremos cómo en las otras categorías hay pintores que, como
Picasso, vuelven a figurar. Es lógico. A pollinaire escribía en 1913 cuando
la escuela estaba en plena efervescencia. Es inútil adoptar hoy día esa
clasificación; no haría más que confundirnos en vez de aportar mayor
claridad.
K ahnweiler en su libro sobre J uan G ris caracteriza exactamente las cua­
lidades y defectos de A pollinaire como crítico y exégeta. En cuanto al
pretendido conceptualismo de la pintura cubista, K ahnweiler dice:
“ ... pero A pollinaire se equivocaba al calificar a esa pintura de concep­
tual. No lo era, porque no eran conceptos, objetos concebidos por el
espíritu, lo que daban Gris y sus compañeros en ese entonces, sino por

31

�el contrario una multiplicidad de informaciones relativas a un mismo
objeto, extraídas de impresiones visuales anteriores. Se soñaba con una
pintura conceptual, pero el pintor de 1912 permanecía empírico, con lo
cual no hacía más que continuar la tradición del Renacimiento”.
El pretendido cientificismo o fundamento matemático también es tema
escabroso al que habrá que volver al tratar del libro de Severini.
Kahnweiler —que vivía con los cubistas y era una mente lúcida— sabe
distinguir muy bien cuáles eran los temas que los obsesionaban y qué
era lo que secretamente esperaban alcanzar. Explica cómo, Princet, era
un personaje que encontraban en el café, sin ningún rigor científico, al
que no tomaban tampoco demasiado en serio y, en cuanto a la cuarta
dimensión o n dimensión de que tanto se ha hablado, ninguno tenía una
noción clara de qué se trataba. Era agua que se aportaba al molino y
como tal se la utilizaba.
P icasso con su franqueza y su claridad lo ha dicho explícitamente: nadie
pensó en la geometría ni en la matemática (salvo quizá Severini), todos
se fiaban en una razón mucho más valedera: su intuición.
Pero es curioso cómo Kahnweiler, cuyo libro, con mucho, es el mejor

publicado sobre el tema, a pesar de casi rozar la explicación satisfactoria,
la pierde de vista por su empecinamiento en negar la búsqueda de una
nueva concepción espacial h Esta clave —para mí única— de la compren­
sión del problema se le escapa y tiene que enzarzarse en largas disquisi­
ciones sobre el lenguaje, que significan un loable esfuerzo pero que
confunden los principios de claridad sobre los que está edificada la
primera parte del libro. Y no es un error pasajero, Kahnweiler se aplica
con toda su inteligencia a demostrar que Gris —“que fué neo-kantiano
sin haber leído nunca a Kant— descubrió por su propia cuenta que la
existencia del espacio es una existencia a priori”. De ahí nace la diver­
gencia con el punto que sustento. No me explico cómo quiere probar la
validez de una pintura que luchaba por salir del marco de la represen­
tación tradicional, admitiendo el espacio como una categoría inmodificable. Casualmente porque no hay un espacio único, que nos es dado
a priori, sino que él depende y ha dependido siempre de nuestra apre-1
1 “No es una nueva figuración espacial —como se ha escrito a menudo— lo que inven­
taron los cubistas, sino una nueva figuración de los sólidos”. Juan Gris, Gallimard,
1945 (pág. 216) .

36

�hensión, la pintura moderna puede reclamar una nueva versión de ese
aprehender. Hay razones que se vuelven contra el mismo que las enuncia.
También el tiempo —fatal compañero del espacio— cae en las manos de
Kahnweiler que se niega a creer que en la captación de lo plástico in­
tervenga ese factor. Para él un cuadro se ve de golpe y de una vez.
Con esas limitaciones es difícil llevar con coherencia una tesis hasta el
final. El libro de Kahnweiler parece escrito por un hombre en soledad,
un hombre que ha rumiado largamente sus ideas y no las ha confrontado
con la ciencia de su tiempo. Su sentido común, su información de primera
mano, su cariño por el tema de que trata, lo hacen el más ilustre de los
críticos del Cubismo.
El libro de Janneau es de otra familia de libros. Su información le viene
de más lejos y a pesar de que tiene las virtudes francesas del orden y la
claridad en la exposición de las ideas me parece en todo momento un
libro mediocre. Janneau, que tiene una copiosa producción de libros
sobre la decoración y el mueble, habrá llegado al Cubismo como a un
tema candente en la época y que le resultaba interesante de tratar. Ma­
neja los conceptos sin ningún rigor. Él, que es tan duro con Gleizes y
Severini, utiliza ciertos términos con un alcance tan particular que falsea
todo el contenido del libro. Con la palabra expresionismo 1 quiere signi­
ficar algo equivalente a dinamismo; con esa impropiedad de lenguaje
son enormes los descalabros que se pueden producir en la comprensión
del libro. Tiene grandes aciertos como cuando descubre que “el maestro
de Aix, aportó una visión que se podría llamar vertical”, refiriéndose al
plantar los objetos de manera plana y escalando la tela. Otras veces,
también quizá por escribir a tambor batiente y demasiado próximo a lo
que juzga, nos quiere hacer creer que el Cubismo procede de Cézanne
y del arte melanesio. De acuerdo por Cézanne, evidentemente, pero el
error de creer que los ídolos africanos y melanesios fueron los causantes
de semejante revolución nos parece hoy día una ingenuidad. Para expli­
car el Cubismo se han esgrimido tres hipótesis; su cerebralidad, su fundamentación matemática, su origen en la escultura negra. Ninguna dei
i “...si por expresionismo entendemos, como corresponde hacerlo, la modificación de
la imagen conceptual del objeto por la interpretación plástica de las sensaciones com­
plementarias que sugiere esta imagen”. En otro sitio dice: "El expresionismo renuncia
a mostrar el movimiento en sí mismo y prefiere enumerar las etapas”. Como a; ve,
otro contenido completamente distinto del que hoy damos a esta palabra.

37

�las tres puede ser aceptada hoy. Sobre lo conceptual ya he citado una
frase bastante lapidaria de Kahnweiler. Ese conceptualismo es más
aparente que real. Los pintores cubistas no abstraían para pintar. Sola­
mente trataban de romper —sin conseguirlo totalmente por otra parte—
el marco que les venía imponiendo desde hacía siglos el Renacimiento
italiano. Si representaban una copa dibujando su perfil, luego el círculo
de su borde y aplastaban el todo en lo bidimensional, no era porque
trataran de hacer una pintura de abstracción sino como un ejercicio de
descomposición del mundo visible en distintas experiencias. Si además
creyeron poder hacerlo con rigor matemático también se equivocaron.
Porque aplicaran vagamente la regla de oro o ciertas proporciones armó­
nicas, al fin de cuentas, salvo L hote o Severini, los demás no creyeron
demasiado al pie de la letra en tanta sistematización. Si a esos errores
agregamos el creer que el hecho de coleccionar escultura negra —que
evidentemente les entusiasmó— influyó de una manera capital en su
concepción de lo representado, tendremos el cuadro perfecto de la
incomprensión en la que se mueve el juicio sobre el Cubismo. V laminck,
D erain, Picasso coleccionaron esos fetiches. En Les demoiselles d’Avignon hay por cierto influencia negra, que aun años después reaparecerá
en las obras de Picasso. Quizá en cierto corte de los objetos equivalente
a la incisión en la madera, quizá en un rayado paralelo de las superficies
pueda decirse que hay reminiscencias de lo negro, nada más. Pero hacer
derivar un movimiento tan complejo de una moda tan pasajera es un
error grave que puede desvirtuar los conceptos normativos. Sería como
exagerar la influencia de la estampa japonesa en los impresionistas o la
de los ballets rusos en el arte moderno.
Otro error de J anneau es hacer provenir la búsqueda cubista de D elacroix, Cézanne, Seurat y de Charles Cross y los divisionistas. Confusa­
mente arriesga nombres que en su sensibilidad ensamblarían los hechos
y podrían explicar el fenómeno. Si lo que dice de D elacroix y “la
construcción del cuadro según la fisiología de las sensaciones del color”
puede ser interesante aunque discutible; Seurat —a quien habrá que
poner en el sitio que le corresponde de una vez por todas— no tiene la
influencia que pretende J anneau. En cuanto a Charles Cross y los
divisionistas, esa teoría vista hoy veinticinco años después nos parece
realmente un tiro al aire sin consecuencias. Pero se le puede perdonar
mucho error cuando dice una verdad tan grande como que el Cubismo

�nació de la preocupación por las leyes mismas del oficio, o sea por el
afán de pintar bien en el sentido más directo de la palabra.
Ozenfant y Jeanneret escribieron en 1912. Su libro debuta con una
caracterización muy fina del Cubismo1, busca la explicación fácil:
“deformación expresiva, saneamiento de la tara imitativa, definición de
un arte austero y creación de un idioma severo adecuado.. . ” Sin encon­
trar que la necesidad urgente fué la de interpretar la realidad de manera
distinta, lo que hoy se nos impone como única explicación profunda. Sin
embargo en el texto lo dicen: “Los verdaderos creadores no siguen la
moda, la hacen”, pero es una frase que no corresponde a una idea arrai­
gada y además tiene el inmenso peligro de citar la palabra moda que
crea totalmente otros problemas. Más adelante insisten en: “saciar
apetitos”, “dar vuelta la página”, en fin confunden —como tanta gente
confundió— lo frívolo que pudo ser moda y perduró en cierto tipo de
decoración, con lo general de una concepción total en que está en juego
hasta lo metafísico.
Como el libro está bien escrito es doblemente peligroso, de pronto ca­
racteriza muy bien un momento o un pintor pero se va haciendo cada
vez, más dogmático y cuando se llega a lo que allí se llama: la tendencia
hacia el cristal, estamos ya camino de la justificación del Purismo y en
un punto muerto de la crítica.
G leizes y Metzinger son más pretenciosos y más vagos en su expresión.
Aquí ya son los grandes conceptos generales, las temibles grandes lineas
a vuelo de pájaro. En el prólogo a la nueva edición de su libro, Gleizes
dice que treinta y tres años después no tiene que corregir en nada su
libro (lo que corrobora Metzinger en el epílogo), pero también afirma
cosas tan graves como que: “El Renacimiento es el triunfo del sujeto
(sic) que rechaza la predominancia del objeto, preocupación principal
de los siglos anteriores al xm”. Creo que se podría postular exactamente
lo contrario. La pintura medieval está preocupada con el contenido de lo
que expresa, el triunfo del objeto es uno de los más significativos del
Renacimiento.1
l “... si se admite que las obras principales tienen algo de despojado, de económico,
de austero, de sereno, de general, de altivo, de intenso, con desdén por los medios de
seducción...” (pág. 95).
i G lkiz.es et M etzinger : D u Cubisme. Comp. Iranc. des Arts Graph. Paris, 1947.

39

�En un momento dado rozan una gran verdad cuando sostienen que en
el movimiento cubista debe verse más que una geometría tradicional, el
equivalente plástico de lo que R iem ann buscaba —en un terreno neo-euclidiano— en su Analysis situs, que hoy preferimos llamar Topología.
Pero es solamente una frase y no se lanzan a investigar hasta qué punto
es cierta. También dicen, como P icasso en alguna ocasión, la frase que
hay que repetir incansablemente para destruir una falsa noción: “No
somos ni geómetras, ni escultores; para nosotros líneas, superficies y vo­
lúmenes no son más que los matices de la noción de plenitud”. Pero
en seguida vienen las arbitrariedades: cómo el cuadro debe ser equilibrio
de curvas y rectas, las cuales a su vez si se compensan totalmente
se anulan porque dan cero.
Además, en las últimas páginas se hace la defensa del gusto que no es
ni bueno ni malo y se mide exclusivamente por su intensidad. El exceso
de intensidad acarrea el eclecticismo que implica la negación del gusto.
Como se ve estas construcciones no tienen ningún rigor ni siquiera mucha
calidad literaria. El estilo resulta siempre ampuloso y profético y muchas
veces no hace más que confundir las ideas. Los libros de G leizes poste­
riores a éste que analizo no hacen más que generalizar y diluir el problema.
S everini en Du Cubisme au Classicisme adopta la posición científica in­
transigente. Para él la causa de la decadencia artística es la separación
de la Ciencia y el Arte, y más adelante agrega: “El arte no es más que la
ciencia humanizada”. Inútil discutir temas tan vastos aquí, básteme decir
que así como para G leizes y M etzinger el problema de la pintura mo­
derna remontaba a C ourbet , para S everini consiste en un volver a lo
clásico y es el único entre los tratadistas que no quiere considerar a
C ézanne como antecedente. “He creído como todo el mundo en la ten­
dencia clásica de C ézanne ; pero ahora que veo claro el origen sensorial
de sus intenciones no puedo seguir creyendo en un hombre que quiere
hacer Poussin del natural, que quiere volverse clásico por la naturaleza
es decir por la sensación". Resulta curioso comprobar cómo Severini cree
haber sido defraudado por C ézanne y se refugia en lo ceñidamente ma­
temático para pitagorizar su neoclasicismo. Las matemáticas de su época
ya tomaban otro camino más rico, más complejo y nos volvían a sumergir2
2 Ver el artículo de A l f r e d o E. R o l a n d en el n*&gt; 20 de Ver y Estimar, donde el autor
desmenuza con gran agudeza las tesis de G l e iz e s y M e t z in g e r por una parte, y por la
otra, las de S e v e r in i .

40

�en el caos de la física moderna; el pretendido cientificismo de Severini
quedaba pues definitivamente trasnochado.

Muchos artículos se han escrito sobre el tema, tantos, que el analizar
siquiera una buena parte sería tarea titánica. Baste decir que en los más
ilustres, los de Maurice R aynal, R oger Fry o H erbert R ead, por ejem­
plo, se manejan habitualmente los conceptos enunciados más arriba y que
en general se trata de variaciones sobre unos pocos temas. H erbert R ead
propone dividir a los cubistas en tiernos y duros y hace una división arbi­
traria de un concepto que ya es arbitrario de por sí. R oger Fry aporta
nociones de apreciación muy fina pero siempre está enrolado en su escuela
intransigente de la visibilidad pura; sus juicios quedan teñidos de esa
circunstancia comprometedora. R aynal ha hecho una síntesis ajustada
pero se ha dedicado principalmente a los dos maestros ejemplares: P i­
casso y Braque. N o pueden dejar de citarse también las entrevistas de
Florent Fels y los trabajos de Christian Zervos.
Los críticos contemporáneos que escriben sobre el tema en sus libros:
Georg Schmidt, P ierre Francastel o J orge R omero B rest tienen otra
visión más amplia, más generosa, más nueva. Para ellos —como he tratado
de demostrar a lo largo de este ensayo— el Cubismo es un problema de
mayor trascendencia y obedece a otros motores. Aunque se pueda disentir
con ellos en la apreciación de algún detalle, no cabe duda que simbolizan
(junto con otra cantidad de críticos de espíritu joven) la tendencia a
replantear los problemas y analizarlos bajo una luz distinta, tendencia
que se basa en un conocimiento de lo que las otras ciencias investigan y
que partiendo de intuiciones —a veces muy atrevidas— construye el pa­
norama de nuestra realidad, que irá a inscribirse en la historia para
caracterizar a esta época angustiada y maravillosa en que vivimos.
París, 1953.
D ami An C arlos B ayón

41

�un gran pintor argentino:

ARMANDO COPPOLA
La exposición de A rmando Coppola que hemos visto en la Galería Krayd
ha tenido caracteres de sorpresa, alegría de descubrimiento.
He aquí un pintor, un gran pintor que poseíamos sin conocerlo. Después
del primer movimiento de sorpresa agradable, recapacitamos; es necesario
observarlo con espíritu crítico para escribir una nota que permita al lector
formarse una idea de su pintura. Alguien ha comentado, con su pizca de
ironía dudosa, cómo es posible pintar telas que difieran tanto entre sí.
Pero si una crítica no puede hacerse es en el sentido de que le falte uni­
dad. Aunque las formas aparezcan muy variadas y dejando de costado por
ahora el problema de que ellas no son lo fundamental en este caso, la
unidad está lograda por completo y de la manera más sutil.
Se da en la materia.
La materia es fundamental en cada una de estas telas y es el vínculo de
todas entre sí. Casi sin advertirlo se establece la relación que el espectador
siente, aunque no siempre se detenga a considerar su origen, ya que
no es el caso de la unidad formal o colorística, más fácilmente perceptibles.
Materia rara ésta, con una extraña calidad vidriosa, tal como si la llama
o algún agente químico hubieran actuado; por eso embebe el color que
no se destaca ni sobresale y aparece fundido aún en aquellas zonas donde,
diríamos, está como chorreado (Fig. 4). Es rica sin ser tampoco demasiado
nutrida, y forma capas superpuestas de fina película transparente, más

42

�densa o más fluida según los casos, conservando siempre un equilibrio
en su distribución. Muy trabajada, muy homogénea y tan transparente
que desaparece la pincelada como elemento expresivo; o no se la advierte
o carece de sentido formal.
Al hablar de la materia en la pintura de Coppola se hace urgente abordar
el problema del espacio. Casi resulta innecesario decir que para nosotros,
hoy el espacio se ha convertido en un elemento pictórico tan expresivo,
tan fundamental, que llegamos a una exposición con un alerta en el
espíritu que también es un ansia: deseamos sentir el espacio.
Ya no es un elemento que se nos da por añadidura; uno más mezclado
entre otros que se manifiesta casi sin que el espectador tenga conciencia
de él. No, hoy sentimos el espacio porque necesitamos sentirlo. Y cuan­
do llegamos hasta un pintor es siempre con este interrogante: ¿Cómo
habrá tornado expresivo e¿ espacio? Coppola logra sus principales efectos
con transparencias, pero ¿cómo es este espacio? Ya que hay muchas, mu­
chísimas maneras de lograr efectos espaciales. He hablado ya de capas
transparentes; y bien, diré que es un espacio flúido el que se agita entre
esas capas. ¿Un espacio flúido? ¿Acaso el espacio, para ser tal, no ha de
quedar libre, algo así como diáfano? ¿No ha de envolver las formas con
cierta cualidad etérea, diríamos sin peso ni medida? ¿Cómo puede ser
espacio y flúido?
Sin embargo, si bien conserva en este caso sus condiciones indispensables,
si siempre es aquello inapresable que flota y envuelve a las formas, no
es diáfano, es flúido. Es acuoso. Y es espacio. ¿Cómo puede ser así?
Se trata de un espacio que vibra con cierta carga material, que se nos
escurre; una carga que el ojo le agrega cuando al atravesar las capas
coloreadas va espesando el trayecto con la vida plena que absorbió en
la primera y que antes de liberarse de ella, antes de llegar a destino,
recibe las irradiaciones vitales —y sentimentales y espirituales, ¿es nece­
sario decirlo?— de la segunda, que estaba allí esperándolo, y así con la
tercera y la cuarta; todas mezclan sus aguas pues no existe línea diviso­
43

�ria entre una y otra. Sin embargo, entre ellas se anima el espacio, cargado
de irradiaciones, extraño, denso, flúido.
Resulta difícil explicarlo con más objetividad, ya que su matiz poético,
casi indescriptible, es un imponderable del arte.
El color embebido es radiante y juvenil hasta en las notas profundas;
carente de estridencias chillonas, no toca tampoco la nota dramática
porque una medida lo rige con perfecto sentido de equilibrio. Para
quien haya visto la exposición resulta innecesario decir que es un gran
colorista; que posee una paleta maravillosa por su amplitud; que con­
trasta y armoniza los tonos más opuestos sin equivocarse. ¡Y es tan difícil
eso! En raras ocasiones se vale de complementarios, sorteando con éxito
peligros que son verdaderas pruebas de fuego para un pintor. No creo que
puedan ponerse reparos a su calidad de colorista.
Del binomio color-materia fluye su voluntad expresiva, siendo ésta la vía
por donde llega al espectador. Por eso obtiene sus mejores efectos cuando
se deja arrastrar por esa voluntad unificadora quedando subyacente la
voluntad de forma, más palpable que visible. Allí donde forma y espado
se interpenetran mutuamente y cambian fermentos comunes nutridos en
la materia. Son esos cuadros de objetivación no muy precisa, en los que la
comunicación emocional es más directa.
Ahora que no siempre es impreciso —me refiero a la imprecisión de for­
mas que le favorece y que nada tiene que ver con la imprecisión del senti­
miento o de la idea—; también hay círculos, triángulos, planos geomé­
tricos cerrados y bien definidos.
Si de planos se vale, ya se trate de planos individualizados o de planos
románticamente esfumados, se plantea más claramente el problema espa­
cial y da entonces otra solución. Un espacio que se siente estático, aun
cuando superponga esos planos, los haga actuar por transparencia y
hasta entrar en choque; no importa, adentro el espacio queda inmóvil,
bien limitado por las formas geométricas.
44

�1

2

�3

4

�5

6

�7

�Forma y materia no siempre coinciden. Divergencia que se hace muy
evidente en ciertas telas donde sobrepone sobre fondos muy valorizados,
ricos y expresivos, estructuras geométricas muy mecánicas. Creo que
no se ha planteado el problema de la expresión geométrica entrando
en choque con esa materia que le es propia y que constituye su gran
instrumento.
Porque efectivamente no es el primer pintor que plantea el problema
de dos escrituras sobrepuestas, cada una independiente de la otra. Caso
el más conocido el de D ufy . Pero en Dufy, ya que tomamos este ejemplo,
la divergencia entre ambas escrituras es más aparente que real; no es pro­
blema de fondo, es sólo de forma. ¿Acaso en lo más íntimo se contradicen
sus manchas de color, frescas y livianas, con su graciosa caligrafía? De
ninguna manera. Son dos formas de expresar en una misma tela una
misma cosa. Es uno el movimiento del espíritu que se abre. Por eso
cuando la forma es geométrica, exacta, tiene exigencias de color y materia
también exactas. Y resulta inútil revelarse contra ellas. Cuando la preci­
sión se impone es porque se hace necesario decir algo preciso. ¿Pero
qué sentido puede tener la mezcla de dos lenguas distintas? Lo mismo
ocurre cuando no se domina un idioma, en el lenguaje corriente, el de
la palabra hablada; se balbucea, se mezclan expresiones de la lengua
propia con la extraña, y no se logra propiedad ni justeza en la expresión.
Apliquemos el caso al lenguaje pictórico, pues exactamente es lo mismo.
Para ser expresivo el pintor ha de hablamos una lengua que domine,
sin esfuerzo visible y con todos sus recursos.
Por fortuna aquella divergencia señalada ocurre en contadas telas, y esa
geometría inexpresiva se pierde en realidad dentro de la riqueza del
fondo. Casi es, volviendo al símil de los idiomas, como si por esnobismo
se matiza la lengua materna con expresiones extrañas. No tiene mayor
importancia. Pero si la palabra se pierde y desdibuja en el espacio, no
ocurre lo mismo con la objetivación permanente de una obra de arte

49

�plástico, la cual debe encerrar un mundo coherente en sí misma, supremo
logro a que debe aspirar un artista.
Cuando su voluntad de expresión se evidencia exclusivamente a través de
las formas, rechazando color y materia, como en cierta tela más bien
dibujada que no pintada; en ese caso no valoriza en absoluto el fondo
—todo lo contrario de los concretos— desarrollando sobre ese fondo casi
muerto un juego de círculos y elipses enlazadas que conforman una estruc­
tura en definitiva estática. No es inexpresivo porque sea estática sino
porque en este caso el estatismo es inexpresivo. En cambio, cuando pierde
rigor geométrico y logra la fusión color-materia-forma, alcanza estructuras
dinámicas equilibradas en su esencia más profunda. Me refiero no a un
aparente orden exterior y formal sino a un equilibrio de las potencias
anímicas del artista que impregnan y sostienen las formas pictóricas, en
las cuales se alojan, conformando la ecuación personal de este pintor.
¿Prueba de lo que afirmo? Una tela en la que molesta la ruptura del
equilibrio al introducir en una estructura de ritmo geométrico elementos
antropomórficos que alientan vagas resonancias animales y la transfor­
man en estructura geométrica expresionista! Pese a todos sus valores, ver­
daderos alardes técnicos, el rechazo es inmediato. ¡Hasta qué punto es
necesario la idea, que para ser rectora ha de continuar siendo lógica
consigo misma! Y porque ella existe, la tela N? 1 con su complejo ritmo
de color-forma-materia se torna tan expresiva: y la N? 7 donde vuelve a
plantear el problema del espacio estático; y la N*? 15 donde desarrolla el
tema de las arcadas como si fuese un tema musical con variaciones, si bien
resulta algo frío en su perfección técnica.
Algo más. Las formas se animan con la materia que las sostienen y que
en el caso de Coppola es, como ya se ha dicho, su fundamental herra­
mienta. Falta agregar que esa maravillosa materia-vidrio coloreada es casi
inhumana; en! ninguna parte la mano sensible ha dejado su huella.
Nos da, toda la belleza y todo el color de la vida con la inmensa riqueza
de sus matices, con los reflejos cambiantes de sus ondas sonoras y lumi50

�nosas, con el imperceptible temblor de sus más íntimas moléculas.
Pero a través de un cristal.
Sólo nos es permitido mirar, y si atraídos por la maravilla cedemos como
niños a la tentación de tocar, será inútil. Color y perfume quedaron más
allá, del otro lado del cristal.
Se diría el temblor vitrificado.
No está muerto, puesto que tiembla; ni está vivo ya que no crece; está
detenido. Es simplemente eso: vida suspendida.
Un refinado que apura el goce con delicia hasta el último estremeci­
miento, sin llegar al espasmo de dicha ni dolor.
Ha inmovilizado el instante, para no perderlo en su perfección.
¿Gran pintor? Sin duda, gran pintor.
¿Gran artista?
Si finalmente planteo este interrogante sorpresivo pese a mi admiración
por Armando Coppola, debo aclararlo. Es que asigno a la palabra “ar­
tista” alcances mucho más vastos que los comunes. Concibo un buen
pintor, o un mediocre escultor, pero nunca un “artista mediocre”; cuan­
do de él pueda decirse que es un “artista” huelga todo otro adjetivo. Es
mucho más que dedicarse al arte, o gustar del arte. Es. .. las palabras
se vuelven inexpresivas puesto que lo es todo. Algo así como tocar al arte
en su esencia más profunda. Dejo pues librado al criterio personal del
conocedor de la obra de Armando Coppola el uso de ese vocablo defini­
tivamente consagratorio.
E dith G ay

5/

�PUNTO DE VISTA CRÍTICO
La exposición que acaba de realizar en la Galería Krayd el Grupo de
artistas modernos de la Argentina, constituido en gran parte por pintores
y escultores que militan en la tendencia de vanguardia denominada de
arte concreto, presenta una oportunidad propicia para fijar mi punto de
vista crítico, no sólo frente a ella sino a las demás tendencias del arte
nacional.
Dicho grupo —integrado además con L idy P rAti, C lorindo T esta y
R afael O neto — ha realizado con éxito recientemente dos exposiciones
en el extranjero, primero en el Museo de Arte Moderno de Río de
Janeiro, luego en el Stedelijk Museum de Amsterdam. Como en ambos
casos prologué el catálogo 1, y en Río pronuncié conferencias, me siento
más obligado aún a explicar las razones de mi apoyo, sobre todo porque
se pretende, con demasiada frecuencia y no sin cierta malignidad, adju­
dicarme el papel de fanático defensor de los concretos.
La defensa que vengo haciendo desde hace algunos años del arte de los
concretos, tanto el que se desarrolla en Europa como en América del
Sud —Brasil y Argentina— es evidente, sin embargo. No pretendo negarla.
Aspiro solamente a que no se me juzgue con tanta ligereza, y no porque
el hecho tenga importancia por su referencia personal —nunca la tienen
los hechos personales para los demás— sino porque de esa manera se
invalida la eficacia de la crítica que ejerzo en su posible aspecto
constructivo.
Los defiendo, ante todo, porque son jóvenes. Y ser joven, para mí signi­
fica tener el ardor necesario para no conformarse con el repertorio de
Véase Ver y Estimar, N? 32, págs. 49/51, 1953.
52

�formas hechas, heredado, y para lanzarse a lá invención de otro repertorio
de formas, acorde con la manera de sentir de nuestro tiempo. Y porque
han alcanzado un alto nivel de calidad —se comprende en el plano en
que voluntariamente se colocan— no sólo por el ejercicio en cierto modo
incontrolado de la intuición sensible, sino por el afán inteligente de
ordenar las emociones y de trasponerlas en símbolos vivientes.
Pero estas razones, escuetamente formuladas, no pueden convencer a
nadie, ya que la misma actitud tienen, o pueden tener, otros artistas que
militan en campos opuestos. Por ello me propongo considerar el problema
que plantea el arte concreto con más amplitud, con el objeto de impedir
que torpes aseveraciones enciendan una falsa polémica.
El problema se plantea habitualmente de manera harto infantil, sin
matices, como una irreductible oposición entre artistas figurativos y nofigurativos. El término figurativo empieza por ser muy vago, pues todo
arte plástico en definitiva es figurativo, también el que se vale de figuras
geométricas. Luego, lo que importa no es la figuración en sí misma sino
la manera como el artista se apoya en un objeto de existencia visible
para dar a conocer, mediante una imagen del mismo, su peculiar concep­
ción de la vida. Desde este punto de vista lo que cabe señalar es el
carácter de la representación, no de la figuración, haciendo notar que en
tales casos la expresión espiritual se perfecciona al contacto con objetos
cuya existencia se revela por medio de la experiencia exterior; como
también cabe señalar todos los momentos en que la representación se
debilita hasta el punto de que los objetos visibles son empleados como
simples pretextos para vivificar una expresión espiritual que no coincide
ya con ellos.
A mi juicio, esa persistencia del apoyo en objetos conocidos por expe­
riencia a través de milenios, aunque sea como pretexto, se debe a la
predominante actitud materialista del hombre occidental.
Se dirá que dicha actitud no es constante y que basta consultar un
manual de historia de la filosofía para comprobarlo. Tal vez sea así
cuando se trata de las ideas; pero si dudo de esto mismo es porque no
se lo puede comprobar igualmente en el campo de las formas plásticas,
las cuales han venido siempre al mundo como un cuerpo animado de
movimiento. La línea que limita esas formas puede ser cerrada, o abierta
cuando las estructura; la materia que las nutre puede ser densa y com53

�pacta o fluida o transparente; el dolor que las anima puede ser plano
y homogéneo o modulado en el tono o enriquecido en el claroscuro;
pero siempre ha sido posible reconstruir la imagen del objeto como una
plenitud de volumen, hasta en el caso de que éste se reduzca al plano.
Si ha habido experiencia de espacio y si éste ha sido un elemento de la
obra pictórica o escultórica, también cumple destacar que ha estado
subordinado al volumen —el espacio ha sido siempre un escenario—
porque no obstante el descubrimiento de las relaciones que existen entre
las cosas, el artista del pasado se ha fundado en la experiencia exterior,
en la experiencia de las cosas, para concebir y expresar lo absoluto.
Y las cosas han constituido, por tanto, el riquísimo repertorio de suges­
tiones para la creación de las formas plásticas, formas que a pesar de su
materialidad valen como símbolos de una realidad espiritual. Pues, pre­
cisamente, en la medida que tales símbolos aluden al mismo tiempo a
la realidad material y a la espiritual se produce esa conjunción que
transforma al arte en un lenguaje.
No son las cosas, pues, las que producen emoción a causa de su materia­
lidad, cuando son reconocidas en la tela o la estatua, sino el mensaje
espiritual que trasmite el artista valiéndose de ellas; mensaje de tal
variabilidad como para que dos imágenes jamás se parezcan, aunque
sean creadas por el mismo artista. Pero son las cosas que se reconocen
en las imágenes las que crean la necesaria referencia significativa para
que la expresión subjetiva no se diluya en lo incomprensible. El paisaje,
la figura o la escena histórica no valen como representación, pero a
través de las cosas representadas se hace patente para el que estima la
unidad del sentimiento y de la idea que se condensan en la imagen.
La actitud representativa ha tenido, pues, su sentido mientras la con­
cepción del mundo tuvo limites abarcables por el ojo y mientras la
espiritualidad del hombre no pudo concebir lo absoluto más que en
función de esa misma realidad perecedera en la que se mueve como ser
igualmente perecedero. Pero esto no significa que siempre deba ser así.
Por el contrario, la evolución del arte en lo que va del siglo parece
demostrar la necesidad de que abandone el apoyo en la realidad visible
el artista de nuestro tiempo, ante la necesidad de crear símbolos que
aludan a una realidad más amplia, con extensión al infinito.
No puedo desarrollar aquí el sentido espiritual de esta necesidad —lo
54

�he hecho recientemente en un libro: Qué es el arte abstracto ' — pero sí
quiero destacar que el abandono de los objetos visibles para la creación
de imágenes simbólicas no ha significado, empero, una revolución tan
radical como se suele suponer, mientras los pintores y escultores se limi­
taron a crear imágenes plenas animadas por ritmos orgánicos todavía.
Son los artistas llamados abstractos —denominación también poco afor­
tunada— quienes han realizado y realizan esa faena, continuando la que
iniciaron los impresionistas. Inventores de formas son, en las que tiende
a desaparecer el valor significativo, la alusión a la realidad visible, pero
en las que se advierten los mismos elementos de expresión que en las
representativas. ¿No es siempre la fuerza de la línea-límite o de la líneaestructura la que dirige la emoción? ¿No es siempre la materia y el
color y el claroscuro los que dan apoyo material a esa emoción? Y
aunque la composición preste a las imágenes una estructura dinámicoespacial peculiar, ¿no se exterioriza con los mismos caracteres que en
una tela de R afael ?
Si se admite, entonces, que el lenguaje de la pintura, por ejemplo, es
el que se manifiesta a través de la especial vibración o tensión de la
línea, de la materia, del color, del claroscuro, como una escritura que
se funde con la escritura de representación, se admitirá también que
una tela de M agnelli o de V asarely no implican, desde el punto
de vista estrictamente plástico, una modificación esencial, salvo en lo
que se refiere a la desaparición de la imagen representativa. Lo que
se advierte en tales obras es el intento de resolver una desadecuación que
ya estaba implícita en el arte de los románticos, entre lo que desea
expresar el artista y los medios de que dispone para expresarse. Lo que
se advierte es una rebelión de la subjetividad, mas también la búsqueda
de una nueva objetividad para expresarse.
En esto reside el quid del problema que plantean los artistas no-repre­
sentativos. Pues el abandono de la representación ha traído como con­
secuencia el debilitamiento de la vigencia social de la pintura y la escul­
tura como lenguaje, vale decir, como medio de unión entre los hombres
en torno al símbolo que expresa una realidad espiritual, para justificar
en cambio esa loca carrera en pos de la expresión personal que amenaza
la estabilidad del arte desde hace poco menos de cincuenta añós. Ha
traído como consecuencia grándes restricciones en el terreno de la esti1 Editorial Columba, Buenos Aires, 1953.
T5

�marión de las obras, las cuales exigen ahora una mayor afinidad sensible
y sentimental entre el creador y el contemplador para que puedan ser
comunicativas. Pero no implica la destrucción del lenguaje de la pintura
y la escultura, que se mantiene con toda su riqueza, y que mantiene
además los soportes tradicionales de las formas: el cuadro o el muro,
la pequeña o la grande estatuaria.
Por esta razón creo que los abstractos o esos artistas que oscilan entre
la representación y la invención, para quienes pierde toda alusión a la
realidad visible su verdadero carácter significativo, son los que han lle­
gado al límite máximo de despersonalización que tal lenguaje pueda
admitir.
El arte de los concretos plantea un problema más grave. En la búsqueda
del símbolo dos hechos los justifican: por una parte, la desestima de la
experiencia exterior con la correspondiente estima de la experiencia inte­
rior, partiendo de la idea de que sólo en la intimidad del hombre se
halla la posibilidad de encontrar lo absoluto —carácter de extrema sub­
jetividad—; mas por otra parte se fortifican en el empeño de inventar
formas que expresen esos contenidos subjetivos con tremenda fuerza de
claridad y construción —Carácter de extrema objetividad— y por eso des­
embocan en el arte más descarnado que se haya podido imaginar. Desde
M ondrian y K andinsky , iniciadores de la tendencia, puede advertirse
esa lucha dialéctica para obtener signos objetivos, claros y precisos, de
una realidad que se gesta en términos de subjetividad. Las razones que
los explican son múltiples y nuevamente conduzco al lector al libro men­
cionado. Aquí solamente quiero destacar que esa experiencia interior se
vuelve experiencia de espacio vivido, la que parece suplir a la experien­
cia exterior del volumen —siempre volumen a pesar de la ampliación
espacial que significó la perspectiva geométrica o la atmosférica, como
se ha dicho— por cuya razón tienden todos, aunque en diferente medida,
a la supresión de las imágenes plenas, con el objeto de que la expresión
surja de las relaciones entre los signos y no de la fuerza vital de cada uno.
En esto reside el cambio fundamental. En el arte de los representativos
o de los abstractos siempre es la vitalidad propia de cada imagen la que
produce la emoción y todo lo que implica ordenación inteligente de las
mismas, todo lo que sea solución al juego de relaciones en el espacio,
aparece como subordinada a aquella vitalidad. En el arte de los concre­
tos, en cambio, la expresión de cada forma, reducida a signo, es poco
56

�menos que inexistente y son las relaciones entre los signos las destinadas
a conducir al contemplador.
Mas no se trata del signo con valor alusivo a la realidad visible, como lo
fuera el signo de los chinos y japoneses, no obstante el alto valor poético
con que supieron cargarlo, o el signo de P aúl K lee, para citar al más
característico en este sentido entre los modernos. Se trata, en verdad,
de un signo que deja de ser signo, puesto que nada significa y se trans­
forma en señal, es decir, en una forma que no tiene valor expresivo por
sí mismo, que indica algo convencionalmente, sin que lo que indique
tenga relación consustancial con la forma indicadora.
Por eso se explica la desestima relativa, hasta donde es posible, de los
medios tradicionales de la expresión plástica. El trazo pierde su nota de
vibración personal, la materia sus posibilidades de potenciar las formas
según sea la textura y el color de acuerdo a la riqueza de los matices
y los tonos. Imponen, en cambio, el fondo blanco y uniforme, o por lo
menos los tonos unidos, en la pintura —expresión simbólica de un espacio
virtual— sobre el cual se disponen elementos simples, desde el punto y
la línea hasta el plano descafnado, que sólo son hitos de una estructura
plástica desmaterializada al máximo. Actitud de limpieza y de claridad,
de supresión del temblor romántico, que justifica el descubrimiento de
la geometría como nueva objetividad en reemplazo de la naturaleza y
de todo lo que es visible; mas no. de la geometría de formas plenas, la
geometría plana o del espacio de concepción euclidiana, pues actúan ellas
en la tela con la misma fuerza que una imagen de representación, desde
el punto de vista material, sino de una geometría dinámica, puro juego
de relaciones que potencia los espacios, los campos de la tela como si
fuesen intervalos, para despersonalizarla. Una geometría que podría deno­
minarse de posición.
Se dice que los concretos no son sensibles, que no se fundan en la expe­
riencia, que han destruido la fantasía. Pero el reproche no es justo. Se
fundan en la experiencia del espacio en lugar de la experiencia de las
cosas y no destruyen la fantasía. Todo lo contrario. Diría que jamás
ha sido más libre para la construcción de un mundo que no guarda rela­
ción con el mundo que conocemos por experiencia sensible exterior. Y
no dejan de ser sensibles: lo que ocurre es que reemplazan una sensibi­
lidad necesariamente imprecisa —la que se ejerce por medio de la mano
que maneja el pincel o el cincel— en cuanto es resultado de un impulso
57

�primario del alma, por una sensibilidad necesariamente precisa porque
la reflexión hace que se condense en una idea.
La actitud de los concretos es legítima, a mi juicio, pero las consecuen­
cias han sido graves en cuanto al porvenir de la pintura y la escultura.
Porque la desestima del mundo visual para encontrar los apoyos empí­
ricos de la imagen, y la consiguiente estima del mundo interior para la
invención de formas que no conservan, en algunos casos, ninguna rela­
ción con aquel mundo visual, plantea la crisis del cuadro de caba­
llete y hasta cierto punto de la pintura y la escultura como lenguajes
específicos.
Al excluir la imagen plena —representativa, de invención imaginativa o
de invención geométrica— y al transformar el cuadro en un conjunto de
líneas y puntos —en los casos extremos— que actúan como elementos de
posición sobre un fondo uniforme, o al transformar la masa escultórica
en un juego de hilos de alambre o de cintas de acero, para indicar una
dinámica sui generis en un espacio igualmente sui generis, las formas
pierden cuerpo, en efecto, y al perder cuerpo dejan de expresar esa espe­
cial vibración que el artista infunde a la materia cuando lo mantiene,
y de actuar a su vez como materia sobre el espíritu del contemplador a
través de su ojo: de la materia del objeto representado o inventado a
la materia de la imagen que lo representa. Y de tal modo todo parece
resolverse en un juego extremadamente elemental de formas que pueden
ser alusivas al cosmos, pero que dejan de ser alusiones a ese pequeño
mundo, pequeño pero completo para que sea mundo, que dió origen al
cuadro de caballete. Porque éste nació y se desarrolló durante las épocas
en las que el hombre sintió la posibilidad de expresar lo universal me­
diante lo más particular. Mundo pequeño y completo, entonces —vitali­
dad, alma y espíritu; lo terrenal y lo divino; lo pasajero y lo perenne—,
en el que se manifiesta por trasposición metafórica la grandeza del cos­
mos. Aquella distinción que establecía G oethe —un romántico individua­
lista— entre microcosmo y macrocosmo.
Pero la posición extrema de los concretos debilita la riqueza del mundo
pictórico, como se ha visto, hasta el punto de que la expresión microcos­
mo no parece corresponderle a cada una de las telas que pintan. No
porque les falte expresión, sino porque ella es tan amplia, tan general
y tan extensa sobre todo, rebasando los límites del cuadro, como para
que, al sentirla, el alma no se recoja en sí misma y en cambio tienda a
58

�vertebrarse en una estructura más completa. Menos se debilita el mundo
escultórico, porque el concreto que emplea los nuevos materiales sigue
trabajando, en definitiva, con volúmenes en un espacio real. Tanto unos
como otros, empero, están decretando la caducidad del cuadro y de la
estatua.
Más aun, están provocando la caducidad de la pintura y la escultura
como lenguaje, ya que después de más de 25 mil años cabe señalar la
necesidad de las imágenes con cuerpo como una exigencia ineludible de
aquél. Y esto es lo que siente el contemplador habituado al arte de otros
tiempos: no encuentra los reparos materiales para que vibre su sensibi­
lidad individual, no puede solazarse con la materia, ni con el color mo­
dulado, ni con el trazo, ni con las sombras y las luces. Todo le habla de
rígida precisión, sin que advierta que la nota sensible y fina, que la
intuición fantástica y el vehículo por tanto de la emoción están allí, para
que los goce, en los intervalos entre las formas apenas visibles.
Sé que es discutible lo que digo a propósito de la caducidad del lenguaje
pictórico o escultórico, tal como lo practican los concretos, pero me con­
venzo de la justeza de mi aserto cuando pienso en todo lo que tales
creadores han cercenado en el orden de los goces —uso la expresión goce
en el sentido estrictamente estético— que la pintura y la escultura son
capaces de producir. En cambio, advierto que producen otros goces, veci­
nos a los de la arquitectura, ya que emplean los elementos constructivos
para indicar espacios y no para indicar masas. Y por ello afirmo que
si bien provocan tal vez la crisis de esas dos artes, no provocan la crisis
del arte, que es lo único imperecedero.
Bastará que se piense, en efecto, en el valor expresivo de la arquitectura
para que se comprenda el posible valor expresivo del arte de los concretos.
Sobre todo de la arquitectura pura de los egipcios o de los griegos de los
siglos VI y V, o de la arquitectura del Renacimiento italiano o francés:
obras en las cuales el espíritu se eleva gracias a una comprensión sensible
del espacio y en las que los muros y las columnas, los frontones o las
ventanas, las jambas o las balaustradas, sólo actúan como signos de orga­
nización del espacio que oscila entre la definición rotunda de esos mis­
mos elementos materiales y la indefinición que determinan las aberturas.
Con mayor razón cuando se piensa en la arquitectura moderna, que ha
suprimido hasta la expresión individual de cada elemento constructivo

59

�—la que conservaba un capitel o una modenatura en la arquitectura
del pasado— para emplear muros lisos, aristas afiladas y aberturas de forma
geométrica. Por cuya razón ha vuelto a ser en nuestros días el arte rector,
ajustándose pintores y escultores —los concretos, se comprende— en sus
creaciones al espíritu de la misma, con la que habrán de fundirse algún
día.
Con la que habrán de fundirse algún día, digo. Lo que no significa en
modo alguno rebajarlos. Lo que significa simplemente que la misión que
les compete no es la de crear cuadros o construcciones que se asemejan
a grandes o pequeñas estatuas, sino la de crear nuevos objetos destinados
a dinamizar el espacio arquitectónico. Objetos que serán tan expresivos,
y esto es lo único que importa, como lo fueron el cuadro o la estatua.
Convendrá hacer alguna aclaración a propósito de esta palabra objeto
que pusieron de moda especialmente los superrealistas. El artista ha
creado siempre objetos porque su actividad es primariamente manual.
El cuadro o la estatua son objetos. Lo que se quiere decir, pues, cuando
se le exige al pintor concreto que cree objetos, es que invente otros
objetos, los cuales deberán responder al espíritu de nuestra época de
modo tan eficaz como respondieron en otras épocas la decoración mu­
ral, el vitral o el cuadro de caballete. Y no se trata tampoco de una
exigencia determinada por el afán de novedad —no se trata de hacer
algo distinto a toda costa— sino por un afán de expresividad. Al ex­
tenderse el mundo conocido y al transformarse el espacio —como ya he
dicho— en el campo fundamental de la experiencia humana, los sopor­
tes objetivos que han empleado pintores y escultores han perdido, al
menos, una buena parte de su eficacia. Adviértase que no me refiero a
un problema de valoración intrínseca de las formas sino a un problema
de vigencia social de las mismas.
De tal planteo resulta el carácter necesariamente profético que ha de tener
la estimación del arte nuevo de los concretos, así como la necesaria cau­
tela para juzgar el arte de los que cultivan formas menos avanzadas. Si
el cuadro y la estatua no llegaran a desaparecer, porque las exigencias
de la expresión individual se mantuvieran en el mundo futuro inmediato,
seguro estoy de que los avances en el campo de la expresión plástica
no podrán ir más allá de ese curioso juego entre representación y no
representación que cultivan tantos pintores y escultores modernos. Porque
la pintura y la escultura, lenguajes del sentimiento individual a pesar de

60

�la objetivación ideativa que pueden admitir, no se prestan, por sus carac­
teres propios para tal impersonalidad como parece exigir el espíritu mo­
derno. Pero si la voluntad de estilo llegara a prevalecer, porque ese
espíritu nuevo que se manifiesta a través de un racionalismo extremo no
sufriera modificaciones, como es probable que ocurra, en el sentido de
una mayor flexibilidad incorporando de otro modo, se comprende, la
vibración del sentimiento individual, también estoy seguro de que tanto
la construcción arquitectónica como la de cualquier otra clase de objetos
—esa actividad inventora de formas que los ingleses y americanos llaman
design— serán dominadas por el espíritu de exploración y de creación que
denuncian, balbuceando aún, los concretos.
Con tal palabra se pretende designar la actividad inventora de formas
puras, sin relación inmediata con estados de sentimiento ocasionales y
expresivas por tanto de un sentimiento generalizado, condensado pudiera
decirse, las cuales pueden ser empleadas lo mismo en la construcción de
edificios que en cuadros o esculturas, muebles y artefactos de iluminación,
cubiertos y cualquier otra clase de objetos. Ünica manera, como se com­
prenderá, de obtener una clara unidad de estilo, la que se comprueba,
por otra parte, tal vez sin que hayan tenido conciencia del problema,
en los períodos de la historia del arte durante los cuales ha imperado
la voluntad de crearlo. La persistencia de las mismas formas en todas
las manifestaciones del arte griego del siglo V o del arte medieval del
siglo XIII o del arte francés de los comienzos del siglo XVIII ¿no está
probando que la idea del design es tan antigua como el espíritu que se
endereza hacia la unidad expresiva? A la inversa, la anarquía estilística
que caracteriza a la Edad Moderna, cada vez mayor a medida que se
imponen los valores individualistas, especialmente durante el siglo XIX,
¿no lo prueba igualmente al contrario sensu? Lo que cambia cuando pre­
domina la voluntad de estilo sobre la de expresión individual es el
sentido de las formas: en el segundo caso ellas responden a modos de
sentir la vida que, a pesar de su aliento universal, conservan siempre la
nota local y temporal, la vibración circunstanciada de un hombre; en
el primero, en cambio, si esa nota tiende a desaparecer es porque la
impersonalidad de las formas procede de ciertos denominadores comu­
nes espirituales. Entonces, en el gálibo de un vaso de cerámica, en la
curva de una bóveda, en el esquematismo de algunas figuras, en la pata
61

�de una mesa, se siente la presencia viva de un sentimiento que supera,
o tiende a superar, todo individualismo.
Por tal razón, para zanjar dificultades y resolver en lo posible las discre­
pancias que amenazan resolverse en lucha fanática de facciones, nublando
el espíritu e impidiendo cualquier comprensión inteligente de lo que está
ocurriendo, me parece posible dividir el campo de la expresión plástica
contemporánea en dos grandes zonas que cada vez mantienen menos lazos:
por una parte, el campo de la pintura y la escultura, en el que predomina
el afán de expresión individual, con sus notas de originalidad, y por tanto
necesariamente restringido en sus alcances sociales; por otra, el campo
del design, en el que predomina el afán de comunicación y por ende,
implica, no la anulación de la individualidad creadora, pero sí la subor­
dinación a una voluntad de estilo.
Que cesen, pues, las disputas acaloradas y que se adviertan simplemente
los diferentes ángulos de enfoque que conducen a la creación de formas
tan disímiles. Todo lo demás que se puede observar, en cuanto a varia­
ción de la sensibilidad, el sentimiento y la fantasía; en cuanto al trueque
de la imprecisión cuando se trabaja a mano por la precisión cuando se
trabaja con instrumentos; en cuanto al reemplazo de las formas de repre­
sentación por las formas geométricas; todo lo demás deriva de este punto
de partida, que constituye en el caso de los concretos una tremenda revo­
lución. En el fondo hay un peligroso juego de palabras: lo que más
irrita a los enemigos del arte concreto es que se llame pintura o escultura
a tales productos. Y bien, que se los llame de otra manera. Lo que
importa no es el nombre sino la posibilidad de hallar formas que expre­
sen más adecuadamente el sentir de la vida en su instancia de actualidad.
El problema debe ser planteado, además, como problema sociológico. La
elección de los motivos, en el pasado, nunca se ha debido a la arbitra­
riedad de los artistas; siempre ha sido determinada por razones extra­
estéticas —religiosas, sociales, políticas, ideológicas, sentimentales, etc.—.
Lo que el historiador advierte es la fortuna que han tenido los grandes
inventores de formas, los verdaderos creadores, al imaginar formas que
por su valor de comunicación se han transformado en símbolos, es decir,
en signos capaces de expresar lo absoluto. Y aunque este lenguaje de
formas comunicativas, por decirlo así, es lenguaje de superficie sujeto a
modificaciones —lenguaje histórico que se sobrepone a esa capacidad de
vitalización profunda, de raíz metafísica, que es la capacidad específica-

62

�mente estética— no hay duda de que sólo puede ejercerse ésta cuando el
artista es capaz de descubrir la forma apropiada que la exprese.
Entonces, la solución rebasa el campo puramente estético, y lo que debe
preguntarse quien quiera comprender el problema es simplemente esto:
¿son las imágenes representativas, con sus exigencias de materia y su radio
de acción restringida, las que podrán crear el símbolo de la realidad de
nuestro tiempo, o son esos signos claros y precisos de alusión espacial?
De la respuesta que se dé dependerá el grado de comprensión del fenó­
meno y la fe que se tenga en las formas nuevas. Fe que no nos obliga
a endiosar los productos obtenidos por los concretos, en cuyo caso sería
fetichismo, sino a considerar la posibilidad de que tales formas, por ahora
excesivamente elementales y pobres de contenidos anímicos, evolucionen
a medida que el hombre mismo encuentre su equilibrio y aprenda a inte­
grar en la estructura racional que le sirve de base los motivos de senti­
miento.
En lo que a mí respecta creo que la revolución está en marcha desde
hace más de cincuenta años y que ella nos conduce, a través de vacila­
ciones y retrocesos, a una nueva organización políticosocial en la que
no desaparecerá el individuo, porque éste no puede desaparecer simple­
mente, pero en la que se subordinará a valores más generales. No puedo
predecir cuáles serán los caracteres de la nueva sociedad, pero sí me ani­
mo a afirmar que cualquiera solución en ella, desde la económica y polí­
ticosocial hasta la sentimental y la espiritual, no podrá ser una solución
para minorías. Será una solución para mayorías. Y las mayorías no podrán
gozar las exquiciteces de la sensibilidad individual, como no podrán com­
prender las ideas restringidas por profundas que sean; como siempre,
reaccionarán ante las grandes ideas organizadoras y ante los símbolos
claros de una sensibilidad y una sentimentalidad que no admite variables
denominadores.
Y porque pienso y siento así la realidad de mi tiempo defiendo a los
concretos, porque me parece que aciertan en el planteo y preparan el
camino para la invención de formas que en plazo acaso no demasiado
lejano otorguen la necesaria fisonomía a la vida, que es la función del
arte cuando se engrandece como lenguaje. Pero esto no implica que des­
estime lo que realizan otros artistas, menos visionarios y más sujetos a la
inmediata realidad, con su cortejo de oscuridades; muy lejos de ello, en
cuanto mantienen vivo el lenguaje de la pintura y la escultura, aunque

63

�desvitalizado por las razones sociológicas expuestas, y además porque ac­
túan como necesario contrapeso al excesivo racionalismo de los concretos.
Dispuesto estoy, pues a registrar cualquiera otra manifestación artística
en campos opuestos, a valorarla como corresponde, pero exijo para esto,
además de esa calidad profunda que proviene de las dotes personales del
artista y que se exterioriza en la potencia expresiva que presta al material,
la búsqueda de formas universales y para que sean universales deben ser
comprensibles. Porque no se advierte hasta qué punto el movimiento
concreto está movido por el deseo de hacer comprensible el arte; hasta
qué punto implica una reacción contra el lenguaje excesivamente indi­
vidualista y por ende hermético que iniciaron los románticos, desde
R embrandt , y que culmina con los abstractos expresionistas. El orden
geométrico que impera en las obras concretas y la claridad de estructura
que obtienen hace que su lenguaje sea muy accesible. Ninguna dificul­
tad para comprenderlas. Si hay problema, será de expresividad pero no
de comprensibilidad.
Lo que no puedo aceptar, ni menos aun fomentar, es la anarquía
a que conduce la soberbia individualista en un momento en que las
reacciones individuales se debilitan cuando se mantienen como tales;
anarquía manifiesta en muchas tendencias semirepresentativas o abs­
tractas, las cuales sólo destacan, en el mejor de los casos, sensibilidades
finas, intuiciones agudas o ricas fantasías. Porque para mí el arte es otra
cosa. Aunque se resuelva siempre en la expresión de un hombre que pinta
o esculpe, se carga de una fuerza que supera los estrechos límites de la
individualidad, y dicha fuerza se manifiesta en el modo como las formas
se imponen a la mayor cantidad de personas, las cuales ven en ellas el
modelo que construye la vida que viven. De tal modo, dichas formas se
transforman en símbolos. Todas mis reservas ante las manifestaciones
actuales de la pintura y la escultura proceden, precisamente, de la cons­
tatación de este hecho: que no alcanzan esa potencia de símbolo que
todavía obtuvieron los artistas de las generaciones anteriores, un P icasso,
un M atisse o un K lee . En consecuencia, porque no creo que sea la
calidad de los apoyos lo que presta valor a una obra de arte. Puede ser
una figura humana, un árbol, una piedra o una manzana, como también
puede ser una forma que aluda a paradigmas geométricos. Lo que presta
valor a una obra de arte es la calidad del espíritu con que se enfrenta

64

�MIGUEL OCAMPO:

Pintura 53/114

�SARAH GRILO

�TOMAS MALDONADO:
Tres zonas y dos temas circulares

�FERNANDEZ MURO

�la invención y éste parece que sólo puede manifestarse con energía de
actualidad cuando procede de una rica vida interior que se funda en la
experiencia del espacio y se resuelve en un sistema de formas claras,
rigurosas y precisas.
Ahora es posible establecer las pautas que guian mi juicio crítico ante
el arte nacional. A) Quedan naturalistas, románticos, expresionistas,
fauves, etc., pintores y escultores que siguen los caminos trillados y que
se limitan a imponer ciertos acentos de personalidad a las formas here­
dadas. A veces son sensibles en la factura de la materia o del color, a
veces tienen sentido justo de la construcción de las formas o de la com­
posición, y no faltan casos en los cuales se advierte hasta una potencia
de imaginación que determina felices hallazgos. Y bien, me limito a
registrar esas notas positivas, pero en cada caso se levanta la sombra de
algún gran maestro que cultivó esa manera de expresarse no sólo con
sensibilidad sino además con potencia vital. Si no los juzgo interesantes,
entonces, no es porque desestime ese pequeño capital de sensibilidad,
inteligencia e imaginación que demuestra, en el mejor de los casos, que
son pintores o escultores; no los juzgo interesantes y me desentiendo
de ellos, ante todo por una razón emocional, porque no llegan a tocar
las fibras íntimas de mi sentimiento; luego por una razón teórica que me
justifica, la de que no construyen de tal modo ni siquiera el restringido
mundo de su personalidad. Y a mí no me basta, cuando juzgo una obra
de arte, el cosquilleo de la piel o el goce superficial de las ideas. Exijo
la conmoción profunda que denuncia la presencia de un hombre que
comprende la vida, que la conforma en consecuencia y que impone final­
mente esa forma como paradigma emotivo.
B) Están los neorrealistas, sobre cuya posición en general me ocupé en
otra ocasión 1. Creo que la posición que adoptan es justa, en teoría, en
cuanto se proponen fundarse en la realidad para la construcción de las
formas plásticas. Pero mi disidencia es fundamental en cuanto a lo que
entienden por realidad. Encerrados en un determinismo absoluto que
no puede sino conducirlos a un fanatismo suicida, menoscaban la fun­
ción del arte al pretender que cuadros y esculturas actúen de modo polé­
mico en la inmediata vida política, sin advertir cuánto hay de pasajero
Véase Ver y Estimar, N* 29/30, 19S2.

69

�en estos ideales circunstanciales que con toda justicia pretenden imponer.
Pero más grave es mi disidencia todavía cuando no se trata de la teoría,
pues en la práctica, sin duda a causa del planteo falso que hacen de la
creación artística, han retornado a los peores vicios del naturalismo y
el realismo finisecular. Sin que hasta este momento, por lo menos, ni
siquiera hayan logrado imponer esos valores de calidad a que he aludido
en el párrafo anterior. Aunque los obtuvieran, sospecho que no logra­
rían efectos de emoción profunda sin embargo.
C) En cuanto al grupo más numeroso de los abstractos y semiabstractos,
más o menos representativos, más o menos abstractos, puede ser definido,
precisamente, por esta expresión más o menos. A veces obtienen formas
enérgicas y hasta no faltan los casos en que se puede registrar la pre­
sencia de una personalidad potente que se expresa. Alguna vez pueden
llegar a satisfacer, porque se siente que el lenguaje pictórico o escultórico
es manejado con autoridad, con plena conciencia, y ello origina un juicio
favorable. Pero basta mirar hacia atrás para comprobar este hecho que
no quisiera que lo emplearan los reaccionarios para justificarse: se com­
prueba que la falta de ese lenguaje de superficie determinado por las
imágenes de representación vuelve híbrido el lenguaje profundo de la
materia, como si los artistas se movieran en un clima indeciso, incapaces
de condensar con claridad cuanto quieren decir.
Son estos pintores y escultores, sin duda, los que merecen toda mi aten­
ción, con independencia del ismo más o menos tibio en que se los pueda
incluir, porque son los últimos, como ya he dicho, que todavía hablan
el lenguaje pictórico o escultórico. A veces practican un superrealismo
híbrido, a veces se notan acentos de imaginación morbosa o son cons­
tructivos como los cubistas, o dinámicos como los futuristas, o más o
menos vagos y caóticos como tantos pintores y escultores que gozan de
gran boga en Europa. Los hay también más francamente inventores, pero
aun las obras de éstos, se diría que por el punto de partida equivocado,
o mejor aun, por el ejercicio de la intuición sensible sin la correspon­
diente meditación, dejan un regusto de insatisfacción que no producen
las obras del pasado, ni siquiera las del pasado inmediato. En presencia
de tales obras me pregunto a menudo la razón de esa carencia emotiva
profunda, sobre todo cuando no dejo de reconocer las aptitudes prima­
rias —lo mismo me ocurre cuando contemplo obras similares de artistas
70

�extranjeros— y no puedo explicármela sino por el aferramiento a una
realidad que es más bien un recuerdo que una realidad vigente. Si la
pintura que cultivan tiene algo de remedo, si la materia carece del vigor
que es menester y la forma de potencia expresiva, es porque pretenden
construir no la vida que viven, o la que deberían vivir, sino la que
recuerdan, y el recuerdo no es vivificador del arte sino en la medida que
mediante la trasposición épica adquiere la necesaria nota de actualidad.
No obstante, cultivan estos artistas el lenguaje con autoridad, he dicho.
Y si el cuadro o la decoración mural, el retrato o la estatua, han de
perdurar, son ellos quienes lo permiten, aunque pueda oponerles este
reparo fundamental. Tanto como para que piense a menudo que no es
posible hacer reproches de carácter personal y que simplemente se trata
de una capitis diminutio inexorable porque pretenden crear formas que
a causa del medio expresivo de que se valen tienen que ser anacrónicas.
D) Finalmente está el grupo de los concretos. Ellos demuestran más
valentía y resueltamente se lanzan a la creación de formas que sencilla­
mente van dejando de ser pictóricas o escultóricas, como ya he dicho.
Se valen del color y la materia, emplean ciertos materiales que conservan
alguna vinculación con los materiales escultóricos, pero el espíritu es tan
diferente al que imperaba en los viejos pintores y escultores como para
que no se los pueda confundir.
Se les acusa, entonces, a los pintores, de que sigan pintando cuadros.
Yo también los acuso porque me parece que se empeñan en una tarea
inútil, correspondiéndoles, en consecuencia, emplear ese talento de com­
posición, talento que les permite crear, aun en la tela, insisto en repetirlo,
una expresión de profundo sentido metafísico, en la invención de formas
que no exijan tanto refinamiento como lo exigen actualmente. Porque
de esta persistencia en el empleo de los viejos soportes de la pintura y
hasta cierto punto de la escultura deriva una contradicción que tienen
la obligación de superar: si lo que se proponen y con razón es obtener
formas claras y fácilmente comunicativas, por cuyo motivo excluyen los
modos tradicionales de la expresión individualista, deben obtener formas
que expresen el gran sentimiento de la vida con claridad y facilidad.
Y por ahora, tengo la obligación de decirlo, resulta la expresión que
comunican más hermética que la de los otros pintores.
Max B ill, apóstol del movimiento como se sabe, me reconoció no ha
mucho tiempo, en conversación privada, la justeza de mi planteo, en lo
71

�que se refiere a la mayor facilidad con que el público comprende las
construcciones espaciales de los concretos que los cuadros. El hecho es
por demás sintomático y nuestros concretos no deberían desdeñarlo, como
parecen hacerlo, al abroquelarse en una posición que inclusive puede
llegar a ser suicida. El arte concreto habrá de ser un arte de comprensión
universal o morirá. Y para que esto no suceda es menester que practi­
quen en gran escala, que practiquen y no se limiten a la teoría, la inven­
ción de objetos.
Por ahora se hallan en un callejón sin salida porque al limitarse los
pintores a la invención en los estrechos límites de la tela, o los escultores
a la invención entre los límites también estrechos a que obliga el esta­
tismo de la obra concebida aun como estructura ortogonal, pese a las
curvas y a la introducción del espacio, no pueden alcanzar toda la diná­
mica que es menester. Por una parte se les abre el vasto campo de las
artes industriales, en el que deberían imponer principios hasta obtener
el refinamiento del gusto de acuerdo a los nuevos principios del design;
por otra, la más delicada tarea de obtener también la expresión gratuita
pero con tal fuerza de imposición como para que la mayoría, a la que
tienen que dirigirse inexorablemente, pueda sentirla como símbolo de la
vida que vive.
Se trata de un programa que les esbozo más que de un reproche. Cada
vez más creo menos en la virtud del reproche. En lo único que creo es
en el espíritu de colaboración. Y por ello, así como les digo a los pintores
y escultores que mediten sobre la tarea que realizan para no esforzarse
tal vez infructuosamente en el logro de una expresión que les es esquiva,
sencillamente, porque no es posible lograrla, les digo a los concretos
argentinos que ellos también, como los de Europa, pueden estar en la
situación de querer abrir una puerta que no se puede abrir.
T om ás M aldonado acaba de pronunciar una conferencia que permite
abrigar toda clase de esperanzas, al postular el espíritu de duda en la
indagación de las formas que cultiva. Nada sería más grave que el ence­
rramiento en soluciones. Ni siquiera es legítimo el encerramiento en
planteos. Los de M ondrian o de los mismos concretos actuales —un M ax
B ill , un V antongerloo , un V ordemberge -G ildewart — son demasiado
sectarios, aunque los justifico porque todo movimiento revolucionario se

72

�gesta siempre en función de unas cuantas ideas elementales, y lo que
corresponde ahora es enriquecer el esquema inicial sin aferrarse dema­
siado a principios, dispuestos a modificarlo de acuerdo a las necesidades
espirituales del momento.
Hay vastas zonas de la realidad espiritual de nuestro tiempo que quedan
al margen en la expresión simbólica severamente racionalista que cul­
tivan. Me explico que la exploración a que se han dedicado les haya
exigido esa austeridad que por muchas razones resulta ejemplar, obli­
gados como estaban a descubrir el esqueleto de las nuevas formas, pero
acaso haya llegado el momento de enriquecerlo con carne más viva. Y
el modo fundamental de lograrlo sería a mi juicio intentar la expresión
por vías diferentes a las que emplean hasta ahora.
T omás M aldonado es el temperamento más fuerte del grupo de los con­
cretos, diré el dramático, porque a pesar del refinamiento de las zonas
cromáticas y de la severidad pulcra y limpia de las estructuras lineales,
otorga un grado de tensión a los campos, sobre todo a causa de los con­
trastes, que permite decirlo. También por la posesión viril de los espacios
virtuales, en los que se equilibra esa tensión dramática con la claridad
de las ideas. Algún cuadro, concebido todavía en la heterodoxia doc­
trinal, lo reveló en la exposición de Kraycl con la plenitud de sus medios
expresivos. Pero en los demás,- se notó una vuelta al empleo de formas
plenas de concepción geométrica, contrastadas en el tono, yuxtapuestas
además, respondiendo a una actitud menos claramente dinamizadora del
conjunto que en el pasado. Composiciones un poco duras que desilu­
sionaron a quienes ya se hallan acostumbrados al lirismo del espacio
incorpóreo, pero en las que puede verse algún principio de cambio
fecundo.
A lfredo H lito es menos subyugante con sus estructuras, de las que fluye
un ánimo menos agresivo también, extremando a veces la sugestión del
signo hasta parecer romántico. Esta aseveración debe ser entendida con
cautela, aunque en definitiva todo el movimiento concreto puede ser
explicado como resultado de una curiosa evolución de ciertas ideas que
plantearon los románticos. Es más lírico que Maldonado porque los
signos se cargan de una cierta escondida vibración emocional. En los
cuadros que acaba de exponer se advierte cierto cansancio, como si se
agotaran las posibilidades de combinación de líneas, puntos y planos.
73

�Agotamiento que no debe dejar de preocuparlo en el sentido general
expuesto anteriormente.
Si Maldonado y Hlito parecen pasar por un momento de estacionamiento
o de cambio, por cuya razón sus obras parecieron menos pujantes que
las expuestas el año pasado en Viau y este año en Río y Amsterdam,
M iguel O campo se halla en pleno ascenso, con esa energía que propor­
ciona siempre el descubrimiento de una nueva veta expresiva, cuando
un artista se lanza a explotarla. Todavía en las obras expuestas en las
exposiciones mencionadas se lo podía ubicar como un primitivo del arte
concreto, ya que se notaba cómo iba descargando progresivamente al
plano de todo vibracionismo, volviéndolo más preciso, aligerándolo de
materia. Sus ritmos no eran muy ricos todavía, porque su tarea ascética
no le permitía sentirse plenamente cómodo como para crear estructuras
de aliento geométrico, pero era posible suponer que se orientaría hacia
la creación de formas tan depuradas y precisas como las de sus compa­
ñeros de grupo. Y bien, tal transformación se produce ahora, como si
hubiera terminado la etapa del aprendizaje, obteniendo los más bellos
efectos, es decir, los de mayor potencia vital; pero es tan pintor todavía
que no puede renunciar a la expresión de la materia-color, por cuya
razón su esquema compositivo se establece sobre una contradicción. Sin
ninguna duda fué el triunfador de la exposición, fué el que más gustó
a quienes se inician en este género de obras, y el triunfo fué merecido,
pero no conviene exagerar su alcance, no sólo por las razones aludidas,
sino porque más gustaron por los resabios de pintura que por la seve­
ridad de las estructuras concretas.
J osé F ernández M uro no se plantea claramente problemas de espacio,
porque aun está preso de las formas mismas. En sus telas quedan resi­
duos de ritmos orgánicos y la pasión no se esconde ni se sublima como
en los otros, pero marcha, evidentemente, de la imprecisión todavía ur­
gida por una sensibilidad materialista del color y la línea, en algunos
cuadros, a una precisión cada vez más inmaterial en otros. En algunas
pequeñas obras pintadas a la gouache, empero, se lo ve más decidido,
tanto como para vaticinar un vuelco a corto plazo.
Más sutil es Sarah G rilo , extraño e inquieto espíritu que oscila entre
una concepción todavía temblorosa de las formas, respondiendo a una
intuición romántica en esencia, y una concepción más severa e imper-

74

�sonal que se vuelve explícita en la mayor realidad que poco a poco van
creando los espacios que crea. Oponiendo manchas con trazos negros
muy finos, a menudo paralelos, crea transparencias sui generis de raro
encanto, pero el camino es peligroso, porque no obedece a una gramática
rigurosa ni implica un repertorio bien nutrido de posibilidades; lo que
se vuelve explícito, precisamente, cuando se comparan los cuadros ex­
puestos recientemente con los expuestos en las exposiciones antedichas.
Tampoco los escultores estuvieron felices. E nio I om m i parecía el más
maduro, descollando en composiciones con cintas de yeso o de acero que
componían el espacio con fuertes acentos eróticos todavía. La compo­
sición de este tipo que expuso no es feliz, porque a pesar de las curvas
enroscadas el conjunto es pesadamente estático. Las demás exploraciones
con planchas de hierro agujereadas y juego minúsculo de pequeñas for­
mas de bronce tampoco me parecieron afortunadas, entre otras razones
por la falta de conexión entre el pequeño ritmo de éstas y el gran ritmo
de aquéllas. Sólo una pieza en hilo de alambre, valientemente engastada
en un basamento corpóreo, obedientes ambos al mismo ritmo de fluencia
erótica me pareció plenamente lograda.
C laudio G iróla expuso las mejores piezas de construcción espacial. Man­
tiene en ellas todavía resabios de ritmos orgánicos y la geometría en que
se fundan es extremadamente simple, pero las armonías son justas y en
una especie de estable —utilizo la expresión calderiana aunque no tiene
puntos de contacto con las obras de este artista norteamericano— obtiene
una expresión muy profunda.
Como se ve, después de la revelación para el público que fué la expo­
sición de este grupo el año pasado en la Galería Viau, ésta de la Galería
Krayd no ha significado un progrseo, por lo menos en apariencia, salvo
la madurez de O campo . La impresión en este sentido ha sido general
e inclusive fué la mía, pero después la reflexión me ha hecho ver que
en esas vacilaciones están la salud del grupo y la justificación de la fe
que se puede tener en él.
Si después de tan largo planteo he logrado aclarar el panorama de la
plástica nacional y he conseguido que mis lectores por lo menos com­
prendan con qué actitud libre y espontánea lo contemplo, sin que nada
me lleve a embanderarme, estaré verdaderamente satisfecho de haberlo
intentado. No soy paladín de ningún movimiento porque no creo que
75

�tal sea la función de un critico, por lo menos en el sentido como oriento
mi actividad. Lo que no implica que no profetice cuando es menester
y que no cargue toda la fuerza de mi apoyo cada vez que veo una posi­
bilidad expresiva en tren de desarrollarse y que, a la inversa, no des­
cargue todos los argumentos que pueda cuando advierto que alguien que
tiene talento y sensibilidad se pierde en los meandros de la arbitrariedad.
J orge R omero B rest

76

�#

CARTA ABIERTA DE LORENZO DOMINGUEZ
Querido Jorge: leí tu trabajo de “Ver y
Estimar’’ sobre el concurso del “prisionero
político desconocido”. Mi norma general
es no decir nunca una palabra en todo
aquello que se refiere a premios, concur­
sos, competencias, etc., una vez resueltos.
Me parece una cuestión de conducta.
Pero por tratarse de ti, a quien doy tanta
trascendencia en mi apreciación personal,
no puedo dejar pasar sin examen algu­
nos de tus juicios; y dada también, la im­
portancia del concurso creo que conviene
a todos escuchar la opinión que ambos,
concurso y crítica, nos pueden merecer a
los directamente interesados, no sólo como
participante sino por haber hecho de la
Escultura el objetivo fundamental de la
existencia. Excluyo de esta frase todo ma­
lentendido de sentimentalismo, que desde
va rechazo de plano, para referirme so­
lamente al aporte de experiencia activa,
intelectual y material, que una dedicación
absoluta significa.
En primer lugar, no creo que con un
concurso, por muy amplio e internacional
que sea, se pueda “impulsar” como se ha
dicho la Escultura; todo lo más, PULSAR
el estado de la Escultura actual, y eso
todavía, si las directivas del concurso
hubieran sido perfectamente trazadas y
después ejecutadas, pero no es el caso, ni
mucho menos, pues h: bo un desentendi­
miento total entre aquellas y la realización

del mismo. Las razones que me mueven
a hablar así son, como no se te escapan a
ti tampoco, muchas, pero no podré dejar
de señalar entre otras, que paso por alto,
tres o cuatro fundamentales.
Es la primera que se anunció un eclecti­
cismo que no se cumplió en ningún mo­
mento, ni por los jurados nacionales, ni
menos todavía por el internacional. Sola­
mente se recibieron y premiaron traba­
jos de “concepción abstracta o expresio­
nista” (son tus palabras) .
Es evidente, por otra parte, en el pensa­
miento y la actuación del jurado, la
exaltación de la tendencia no figurativa.
Respecto a lo cual es imprescindible seña­
lar de una vez, que en su forma extre­
mista esta posición tiene un profundo
sentido religioso, tan enraizado, que asu­
me en realidad caracteres de verdadero
complejo, con todas las turbias brumas
subconcicntes que se suele señalar en esta
clase de fenómenos. Todas las razones
inmediatas que se pretenda traer en su
defensa, no son más que ocultadoras o si­
muladoras de la primera, única y gran
razón, que se esconde como en todo com­
plejo y que debe ser, por higiene y tera­
péutica, desenmascarada.
La idea mágica y primitiva, de que la
representación es maléfica o perjudicial,
como ocurre en las prácticas superticio-

77

�sas de los pueblos más salvajes y primiti­
vas, es de presencia muy clara en este
pensamiento que, cuando logra una evolu­
ción religiosa, cuaja en leyes que llegan
a imprimir signo y carácter a las culturas
que lo practican. Baste recordar la religión
hebraica. Según la Mishna, “el rabino Mtir,
dijo que todas las imágenes deben ser pro­
hibidas”. “La Mishna, nos hace compren­
der que la ley Mosaica de imágenes, se
había relajado considerablemente al co­
menzar la Era Cristiana” 1.
La prohibición israelita de imágenes, que
se pretende justificar por el temor a caer
en la idolatría, sólo da origen a un pue­
blo prácticamente sin plástica hasta el
presente. En cambio, el relajamiento de
la ley determina en seguida la presencia
de manifestaciones plásticas interesantísi­
mas. Sinagogas de Palestina, Transjordania, Duna Europeos, etc. *
El período iconoclasta en el cristianismo
determina una larga época de obscuran­
tismo plástico. Así también ocurre en la
cultura árabe y en el Protestantismo, al
prohibir la representación.
Es lógico concluir de estas observacio­
nes fría y escuetamente históricas, primero,
que el no figurativismo es un pensamien­
to movido por subconscientes mágicos y re­
ligiosos, y segundo que practicado en una
forma extrema, sólo puede llevarnos a la
misma obscuridad plástica, todo lo más,
el decorativismo también característico de1

esas culturas o momentos históricos. (“Lo
dramático de este arte (el abstracto) —dice
Léger— es el peligro decorativo”) 1. Ha­
blando en términos optimistas creo que
todo lo más, una tendencia así, sólo pue­
de llevarnos a una especie de Arte Ve­
getariano.
No faltan como es lógico pretextos simu­
ladores, tras los que se quiere ocultar
la primera, única y gran razón que aspira
a permanecer escondida en los más pro­
fundos estratos del subconsciente colectivo
0 individual, el complejo ya señalado. Sue­
len ampararse estos pretextos en la Cien­
cia, en las Matemáticas, en el Futuro o
en otras palabras menores como cansan­
cio, aburrimiento, fatiga, etc., con el con­
siguiente peligro del señuelo que signifi­
can para los que, usando cualquiera de
esos grandes o pequeños tabús, y asistidos
de su prestigio, se sienten con derechos
de artistas o de críticos, improvisándose
inmediatamente en tales. Es así, por ejem­
plo, que el matematicismo ha arrojado en
brazos de esta tendencia a muchos pro­
fesionales de la Arquitectura, ansiosos de
sacudirse de un profesionalismo aplastan­
te, que sin embargo constituye su única
razón de ser, habiendo llegado hasta de­
clarar, enfáticamente, que la Pintura y
la Escultura no tienen porqué existir ya
(idea iconoclasta) desde que la Arquitec­
tura no necesita de ellas para nada, lo
que no deja de ser sino una afirmación
gratuita de la más pura egolatría profe-

1 Cossio P ijoan : Sumiría A rtis: Historia Gene­
ral del Arte. Tomo VII, p. 9.

p or B la nca P astor .

1 Ver y Estim ar, N (-’ 32. Tres Generaciones. . .

78

�sional. Y lo que no ha sido obstáculo
para que se hayan puesto inmediatamente
a pintar y esculpir en abstracto.
Todos los poderes de la tierra han pre­
tendido, aprisionar el Arte: la Política, la
Religión, la Economía, la Ciencia, la Fi­
losofía, el Periodismo, etc., etc., aprisio­
narlo y dirigirlo. Desde el Gobernante
hasta el último cronista, han creído siem­
pre llevar en sus bolsillos las leyes por
las cuales se lo debe y se lo puede regir.
Muy pocos han entendido que el Arte no
es un servicio social sino un hecho social
y que a la fórmula, “el Arte al servicio
de la política” por ejemplo debe opo­
nerse la contraria, como única aceptable
“la política al servicio del Arte”; y que
es el Arte mismo el solo portador de
sus propias leyes y no la crítica, ni el
periodismo, ni los Gobiernos. Muchas ve­
ces en la Historia el Arte ha sido hecho
prisionero, pero felizmente cada vez escapa
renovado de sus prisiones.
Otro aspecto interesante de tratar, es que
tanto en el concurso mismo, como en la
crítica, se ha hablado permanentemente
de tema y expresión. Se ha dicho que
el tema estaba expresado o no, que la
expresión era clara u obscura, o se ha
discutido los medios alegóricos, simbóli­
cos, descriptivos, o abstractos por los cua­
les se podría llegar a una expresión más
justa, etc., etc.
Me interesa hacer notar que creo que0el
Arte, sólo en una forma aplicada, inme­
diata y vulgar, puede ser considerado como
un medio o vehículo de expresión. El Arte
79

es una manifestación o presencia, libre de
ataduras. Las cosas deben estar conteni­
das en él, como ocurre en la naturaleza
misma, en que los seres y las cosas no
son expresión de ella, sino manifestacio­
nes. Así por ejemplo el Iodo ha existido
siempre, aunque sólo haya sido descubier­
to el siglo pasado, estaba contenido y
presente en la naturaleza, actuaba, actúa
y seguirá actuando mientras exista, y la
utilización que se haga de él, posterior a
su descubrimiento, es consecuente o secun­
daria. Lo que en la obra de arte esté
contenido, presente, actuará siempre, lo
mismo si ese contenido se descubre a la
primera mirada, que cien años más tar­
de, por más que su aplicación (carácter
secundario), sólo siga al descubrimiento
de este contenido, y a la inversa, aunque
se borre toda memoria temática en una
obra de arte, ésta actuará siempre por la
sola presencia. Aunque esto se va alar­
gando demasiado, me gustaría agregar un
ejemplo, para establecer más claro toda­
vía mi pensamiento: Si una naturaleza
muerta representando unas manzanas apa­
reciera un día entre los hombres, en cir­
cunstancias en que, habiendo desaparecido
las manzanas y todo recuerdo o noción
de ellas para siempre de la tierra y no
se tuviera ya, por lo tanto, idea alguna
de lo que pudieran representar, es decir,
hecha imposible la expresión del tema,
ese cuadro, siendo obra de arte, seguirá
actuando como tal, porque su contenido
no puede ser borrado por el desconoci­
miento o la ceguera del observador, lo
que sí ocurre con la expresión, que por su

�carácler secundario, medio y . no fin, de­ la brutalidad del hombre contra el hom­
pende más que de la obra en sí del que bre. ¿Cómo ha de responder el arte a la
la contempla, relación falsa y determinan­ barbarie que organiza y dirige todas las
te de toda clase de sugerencias, actitudes fuerzas modernas terribles y poderosas
sentimentales y corrientes románticas y como nunca, hacia la persecución, el odio,
la opresión y la guerra? El arte ha de
extra plásticas.
oponer
los acentos más duros y bruta­
Me parece por lo tanto absolutamente
les
para
que los oídos y las sensibilidades
equivocado todo enfoque de juicio, tanto
embotadas
de los hombres sientan la pro­
de parte del jurado como de la crítica,
testa.
(Goya,
Picasso.)
establecido sobre la base de un criterio
La
vacilación
y el hibridismo entre pen­
de expresión del tema y no al hecho de
que esté contenido en un orden esencial samiento y acción pretenden con métodos
y no puramente expresivo y secundario. y consignas excluyentes, extremas, que en
Y aunque aceptáramos este criterio del nada se diferencian del totalitarismo más
arte expresión como bueno, los juicios emi­ cerrado, imponer normas y conducta y a
tidos de una y otra parte serían todavía veces sólo so pretexto de que algunos
discutibles, y a ellos más que a nadie, están cansados de lo que llaman arte del
jurados y críticos, correspondería la cali­ pasado, cuando una de las cualidades del
ficación de “vacilantes”, que tanto gustan arte, justamente por ser presencia y no
de usar, pues oscilan permanentemente expresión, es ser presente siempre.
enlre un sentimentalismo blando frente a Muy pocas cosas en la vida constituyen
la propia comprensión del tema íbasfa placer. Las cosas verdaderas, los senti­
leer los considerandos del jurado) y las mientos profundos son siempre un traba­
exigencias más frías y asépticas para la jo, cuando no un dolor, y el trabajo y
obra de arte, lo que no se explica sino el dolor cansan. Ver auténticamente una
por la incapacidad de sentirla como lo obra de arte es un trabajo intelectual, y
que es: un acontecimiento y no una expe­ como tal puede y debe fatigar, pero abu­
riencia de laboratorio, una cosa viva y no rrir sólo a los que no comprenden, lo
una mariposa clavada con cuatro alfileres que es como si no vieran; por lo tanto
sobre un cartoncito.
no cuenla su opinión y no se puede es­
grimir
como argumento. Habrá que edu­
Pero si como se pretende, es el arte ex­
carlos,
o reeducarlos, darles descanso, o
presión, sería ante todo, como tantas veces
se ha dicho, expresión de su época, y lo proveerlos de algunos anteojos especiales
que caracteriza a la nuestra es la bruta­ que acomoden su endurecida retida.
lidad y la soberbia, ya que la misma Otro tema palpitante y actual que se re­
ciencia, la técnica, el progreso en todo plantea en forma acuciadora con motivo
orden de cosas, están sólo al servicio de del concurso también, y a mi juicio, tal
SO

�realización de una obra; ejemplo: las Ca­
tedrales.
Aclarando: volumen, hueco y espacio, se
deben comportar entre sí en una rela­
ción que no se puede variar más allá de
ciertos límites, sin trastornar esencialmen­
te una determinada manifestación para
convertirla en otra, así como no se puede
cambiar la esencia de la tercera dimen­
sión sin trasladarse al plano o convertirla
en cuarta dimensión. No niego que esto
no sea subyugante, pero es ilegítimo de
todo punto seguir llamando a la cosa
nueva con el mismo nombre, cuando ha
dejado de ser lo que era en sí. Y lo que
es inaceptable es que la nueva presencia
plástica excluya a la primera y la suplante.
Indudablemente que es un error lastimoso
de nuestra época que el cine hablado
haya excluido al cine mudo, o el cine en
color al en blanco y negro, o que el cine
en relieve pueda excluirlos a todos, ya
que son a mi juicio, expresiones esencial­
mente distintas y de distinto valor, tanto
como lo son entre sí la Pintura, la Es­
cultura y el Dibujo, sin que nunca haya
ocurrido que alguna de ellas haya despla­
zado a las otras, sino que siempre han
coexistido.
En la misma forma, escultura de volu­
men, de hueco y de espacio son una sola
cosa, con apenas un carácter diferente,
pero en cuanto se varían sus relaciones
que están determinadas por concepto y
materia, se transforma su esencia; y así
como el factor í por ejemplo, tiene un
valor y lugar en el espacio de tres di­

vez el más interesante de dirimir, es el
de la Escultura espacial.
En el concurso, que. se anunció ecléctico,
repito, se impuso desde arriba, desde el
jurado, el criterio de la Escultura espacial
para premiar puras y simples construccio­
nes casi únicamente, lo que es lo mismo
que si en una competencia de pintura se
hubieran elegido dibujos. Yo opino, de
una manera rotunda, que la Arquitec­
tura, la Construcción y la Escultura, son
tres cosas bien distintas, aunque las tres
sean, o puedan ser consideradas dentro de
una definición genérica, como expresio­
nes de la tercera dimensión. Ahora bien,
de ellas, las dos primeras pueden ser o
no, obra de arte, la última forzosamente
ha de serlo; primera diferencia. Segunda
diferencia: El orden de relaciones entre
volumen, hueco y espacio, que son las
únicas realidades que pueden darnos la
tercera dimensión, no puede tener el mis­
mo valor para las tres, porque si no
serían la misma cosa, ni se puede variar
dentro de cada una de ellas, sin conver­
tirla, ipso facto, en alguna de las otras
dos. Y tercero: El arte figurativo, que no
se puede excluir a “outrance” de la Escul­
tura, sino obedeciendo al complejo má­
gico-religioso ya citado, no cabría sino
en una forma postiza o muy lejana, como
en el conocido caso de la parrilla que re­
presenta la planta de El Escorial, en la
Arquitectura o la Construcción; aunque
una colaboración íntima de las tres o dos
de ellas es legítimamente factible en la

81

�mensiones, distinto al que representa y
ocupa en la cuarta dimensión, el elemento
o factor espacio, a su vez, tiene también
un valor y lugar diferentes en la Escul­
tura que en la Construcción o que en la
Arquitectura.
De un análisis químico de laboratorio
podemos desprender que el hombre es
un conjunto de hidrógeno, oxígeno, cal­
cio, hierro, fósforo, carbono, etc., etc., en
determinadas proporciones. No podemos,
sin destruir la estructura física misma
del hombre, variar el valor y orden de
esas proporciones, por subyugante que fue­
ra tener un hombre de agua, un hombre
de calcio, de hierro o de fósforo. Y tal
es el error a que los teóricos de la Es­
cultura llegan cuando afirman que es
esta expresión del volumen, expresión del
hueco, o expresión del espacio, basándose
en la interpretación maliciosa de una
definición justa, pero utilizada, descom­
puesta y parcialmente. Y si agregamos a
esto, todavía, el valor que la presencia
de la materia, como vehículo o lenguaje
del volumen, hueco y espacio, plantea en
la fórmula plástica, el problema se com­
plica. En efecto, se dice con frecuencia,
tal o cual es la materia de nuestro tiem­
po, el cemento, el acero, por ejemplo,
traen y ofrecen en sí nuevas posibilidades
que los viejos materiales no nos dan.
Por lo tanto, sólo a aquellos se debe utili­
zar y es inactual y anticuado seguir escul­
piendo en piedra o en mármol. Otro error,
pues el descubrimiento de un nuevo ma­
terial no es excluyente en modo alguno

del uso de los conocidos, sino que viene
a sumarse a ellos, enriqueciendo así el
caudal de nuestras posibilidades, y la re­
nuncia a utilizarlos, aparte de vana y pre­
tenciosa, pues que podemos afirmar rotun­
damente que sus posibilidades no han
sido agotadas, sólo significa la pérdida
efectiva de un valor logrado, pero no
exhausto. Más todavía, la inactualidad de
una materia no puede deducirse de su
antigüedad sino de su caducidad, en cuan­
to a posibilidades también, lo que no
puede establecerse por un arbitrario de­
creto ni de teoría ni de Gobierno.
Y para terminar un último aspecto fun­
damental por plantear es el que se refie­
re al arte del futuro de que tanto se
habla. Me parece completamente arbitra­
ria la justificación per un futuro siempre
problemático, de cualquier juicio o con­
ducta del presente. En general, la preocu­
pación por el futuro tan característica de
nuestros tiempos, no es sino un valor
negativo. Es en nombre de un futuro
muy dudoso que se ha pretendido justifi­
car muchos actos, sobre todo en los regí­
menes totalitarios.
¿Quién es el poseedor de ese aparato
que podríamos llamar “Futurómetro” y
con el cual se ha medido en el concurso
y por la critica la cantidad de futuro
que las obras presentadas tenían o deja­
ban de tener?
¿Cómo se puede hablar con esa seguridad
de juicio del arte del futuro, cuando no
sabemos todavía si a causa de la bomba
de hidrógeno,' tendremos que obedecer a

82

�ponerle a su servicio?
Te agradecería la publicación de esta
carta.
Recibe un gran abrazo de tu amigo de
siempre

un solo amo, o habremos de vivir y cons­
truir en ciudades subterráneas o subma­
rinas, debajo del fondo de los mares más
profundos?
¿Cómo será el Arte entonces?
¿Quién y bajo qué consignas pretenderá

L orenzo D omínguez .

RESPUESTA DE JORGE ROMERO BREST
Querido amigo: No puedo ni quiero escon­
derte que tu carta me ha producido satis­
facción, no sólo por el hecho mismo de la
polémica que implica intercambio útil de
ideas, esta vez entre un artista y un crí­
tico, sino por el tono elevado de la misma,
esta vez también con la calidez amistosa
que siempre nos ha unido. Por eso te voy
a responder con verdadero gusto.
Ante todo objetas a los organizadores dél
concurso y a mí en particular la actua­
ción de los jurados. Aquéllos no tienen
la culpa de que éstos hayan escogido con
rara unanimidad, en todas partes del mun­
do, obras que responden a una “concep­
ción abstracta o expresionista”. En cuanto
a mí no hice en el artículo a que te refie­
res sino constatar el hecho. Mis ideas per­
sonales han sido expuestas demasiado a
menudo para que las repita aquí, pero
tampoco soy responsable sino en medida
mínima de la actuación del Jurado inter­

nacional o del Jurado nacional argentino,
en los cuales sus componentes actuaron
con plena libertad de juicio. Cuando más
puede utilizarse el hecho para “pulsar”
un estado de espíritu general, como tú
mismo lo dices a continuación: “Es eviden­
te, por otra parte, en el pensamiento y la
actuación del jurado, la exaltación de la
tendencia no figurativa.”
Más importante es que entremos a dis­
cutir tus ideas a propósito del origen reli­
gioso —de raíz mágica y primitiva— de la
tendencia no figurativa. En mi reciente
libro Qué es el arte abstracto i explico mis
puntos de vista y en el artículo que pu­
blico en este mismo número, titulado Punto
de vista, critico, insisto en algunos motivos
determinantes. De modo que te remito a
esos trabajos, así como al lector que se
interese por esta polémica, ya que exigi1 Editorial Columba, Buenos Aires, 1953.

83

�ría esta respuesta una extensión exagerada.
Pero me parece oportuno señalarte algu­
nos hechos.
Nadie sostiene, y yo tampoco, que la repre­
sentación en la pintura o la escultura sea
“maléfica o perjudicial”. A mi juicio se
ha justificado plenamente en ciertos perío­
dos históricos. Si ahora no me parece legí­
timo persistir no es porque me moleste la
representación, sino porque justifico el
apoyo en otros elementos expresivos, con
los cuales el artista que siente el mundo
de manera diferente a la tuya puede sen­
tirse más cómodo. Los ejemplos históricos
([lie citas nada prueban. Ninguna razón
—aunque a tí te parezca "evidente”— puede
aducirse para interpretar el arte no repre­
sentativo de hoy como resultado de la
aplicación de la ley judía. Y si el período
iconoclasta en el arte bizantino fué real­
mente pernicioso para su desarrollo fué,
precisamente, porque el repudio de las
imágenes se debió a motivos religiosos y
no estéticos. Basta ver todo el preceso,
que se inicia con Manet y los impresio­
nistas para desembocar en el arte de los
concretos, a través de fauves, expresionistas,
cubistas, futuristas, etc., para comprender
que las razones determinantes proceden de
una concepción del mundo que rebasa lar­
gamente toda determinación racial. Amén
de que. te confieso, siento la más terrible
repugnancia ante la sola idea de explicar
tendencias del espíritu por motivos racia­
les. Me parece que ha conducido, en lo
que va del siglo, a terribles errores que
no estoy dispuesto a fomentar: ante todo

porque no se puede seguir hablando —con
inconciencia científica— de determinismo
racial, luego porque ni siquiera en este
caso puede decirse que sean judíos quienes
cultivan el arte abstracto o concreto. A
pesar de mi repugnancia me he puesto a
hacer el balance y me sorprendo al ver
que la inmensa mayoría de los abstractos
y concretos no son judíos. Puedes tú supo­
ner, sin embargo, que sea el espíritu de la
vieja ley mosaica el que todavía impera,
pero hasta que no lo pruebes científica­
mente será solamente una opinión, que por
ahora no comparto en absoluto. El pro­
blema que plantea el nacimiento de una
cultura artística es mucho más complejo,
a mi juicio, de como lo planteas, tanto
como para haber necesitado más de tres­
cientas páginas para dilucidarlo en otro
libro que tú conoces L
En cuanto a la idea que sostienes sobre
el complejo productor del arte abstracto,
“con todas las turbias brumas subconscien­
tes que se suelen señalar en esta clase de
fenómenos”, me parece extremadamente
aventurada. Pienso en algunas formas re­
presentativas —de R embrandt por ejemplo

0 las de los rom ánticos— y advierto que
a propósito de ellas sería acaso m ás legí­
tim o h ab lar de com plejos q ue a propósito
de los abstractos. Y pienso, que si p o r
com plejo entiendes una actitu d esp iritu al
no bien d efin id a a causa de actos re p ri­
m idos, tal vez la referencia a los abstraen s
p odría justificarse —un H artunc o un
1 La pintura europea contemporánea. Fondo de
Cultura Económica de México, 1952.

84

�directa. En el libro sobre Qué es el arte
abstracto intento la explicación del pro­
blema partiendo del naturalismo, con la
pretensión de probar que nunca son los
apoyos —representativos o no— los que
otorgan valor a una obra de arte, sino
esa energía vital sublimada que la siento
por igual frente a cualquier obra del pa­
sado o del presente más vanguardista. Si
L éger no lo entiende es, precisamente,
porque él no ha podido superar la con­
tradicción profunda sobre la cual ha edifi­
cado su sistema fermal, pero ni tú mismo,
estoy seguro, podrías sostener que el valor
procede de la forma como representación,
ya que resulta evidente que procede de
esa energía, o tensión, o dinámica conte­
nida, ajena a aquélla, que obtiene en su
pintura.
Te irritas con los arquitectos y con la pre­
tendida fundamentación matemática de
algunas formas artísticas actuales. Y bien,
no todos los arquitectos modernos, afor­
tunadamente, han hecho declaración tan
iconoclasta como la que reproduces. Todo
lo contrario, de lo que vienen hablando
es de la necesidad de integrar la obra
plástica en el organismo arquitectónico,
idea fecunda a mi juicio que explica el
desarrollo del arte actual. Cuando se
dice que “la arquitectura no necesita de
ellas (la pintura y la escultura) para
nada”, se alude precisamente al cuadro y
la pequeña estatua, los cuales obedecie­
ron, como lo digo ya en el otro artículo,
a una concepción cerradamente individua­
lista. Ni tú ni yo ni nadie puede ignorar

M anfssier —, pero de nin gú n m odo cuando

se trata de pintores o escultores como

\: agnf.lli o M ax B ill o P evsner , los cua­
les h an dem ostrado, p o r el contrario, que
tienen u n a clara conciencia de lo que bus­
can, practicando un sistem a de form as tan
cristalinas com o p ara que resulte in ad m i­
sible tal acusación.

Pero más aventurada me parece todavía
tu afirmación desde el punto de vista con­
ceptual. El mismo F reud cometió errores
gruesos al aplicar el método analítica en
la interpretación de las obras de L eonardo
o M iguel ángel . Yo no niego la posibi­
lidad de una investigación de esta clase,
pero me parece que debe ser realizada en­
tonces con todos los recaudos ci.ntíficos
y contemplando el problema expresivo en
toda su complejidad. Los psicoanalistas
han inventado complejos a granel y los
aplican a todo el mundo. Cuídate de no
caer, por exceso de prueba, en un fana­
tismo semejante al de ellos.
Sobre el tema del deccrativismo ahora,
término que, según veo, empleas en la
acepción corriente como sinónimo de super­
ficialidad o de vacuidad. Si las formas
abstractas o concretas respondieran sola­
mente a un juego visual, tendrías razón.
Pero en esto como siempre son los malos
pintores y escultores, llámense representa­
tivos o no-representativos, los que crean
formas superficiales o vacías; los buenos
crean formas que se cargan de una energía
\ i tal particular que les presta su verdadero
contenido, el cual resulta expresivo por
trasposición metafórica y no por expresión

85

�que asistimos a la crisis de los valores
individuales sobre los que se construyó la
imagen del mudo en la Edad Moderna,
particularmente en el siglo XIX: éste es
un hecho irrebatible que sirve para ex­
plicar la orientación de los artistas que
son más sensibles a las necesidades de
nuestro tiempo, en el sentido de crear un
lenguaje claro y fácil de acuerdo a ellas.
Si la arquitectura da la pauta, como ha
ocurrido otras veces, no me parece que
se deba lamentarlo, ya que implica sola­
mente que en el complejo cuadrante de
las artes la aguja marca otro rumbo.
Esa misma búsqueda de claridad y preci­
sión, que significa la superación de la
angustia existencial y acaso de “las bru­
mas inconscientes” a que tú aludes, es
la que ha llevado, lentamente, al artista
de nuestro tiempo a encontrar otros me­
dios para apoyarse: los geométricos, evolu­
cionando desde una geometría elemental
y estática cuando emplea formas hechas
—triángulos, cuadrados, rectángulos, etc.—
a una geometría igualmente simple pero
dinámica cuando sugiere formas, mediante
puntos y líneas, que implican la cons­
trucción del espacio en lugar de la cons­
trucción del volumen.
No hay aplicación de la matemática al
arte, como tantas veces he dicho, sino sim­
ple coincidencia de una actitud científica
que ha determinado los nuevos rumbos
en la concepción del espacio-tiempo y
de una actitud artística que se mani­
fiesta, como siempre, en la creación de
símbolos alusivos. Una y otra, además,

coinciden en la medida que ambas pro­
ceden de una concepción del mundo tan
evidente ya como para que la misma
evolución se advierta en todos los campos
de la cultura, tanto el económico y el
políticosocial como el filosófico.
Dices que “todos los poderes de la tierra
han pretendido aprisionar el Arte: la Polí­
tica, la Religión, la Economía, la Ciencia,
la Filosofía, el Periodismo, etc., aprisio­
narlo y dirigirlo.”
Comprenderás que me uno a tí para
señalar los peligros de tal pretendida direoción. Por eso combato el realismo
socialista. Mas no lo estoy en cuanto a
la autonomía que implícitamente defien­
des. Creo que si la admitiéramos, el arte
sería una actividad vacía de contenido.
A níi juicio, son esos “poderes de la tierra”
los que lo determinan, lo que no signi­
fica que el artista obedezca sino que tras­
pone en símbolos su peculiar concepción
de la vida. Y al decir concepción de la
vida, ¿no es la política, la religión, la
filosofía, etc., las que proporcionan la
sustancia a expresar, o, mejor dicho, no
son las condensaciones de lo que aprisiona
el artista de otro modo? Me parece que
te contradices al hacer ésta afirmación,
la que te llevaría a justificar el arte abs­
tracto y concreto, contra el cual arreme­
tes. No creo, sin embargo, que sea válido
el argumento respecto a estas formas; sólo
te señalo lo que a mi modo de ver es
una incongruencia.
Lo confirmas al decir inmediatamente que
“el arte es una manifestación o pre encia,

�libre de ataduras". Entonces, ¿por qué
lo quieres atar a las cosas? ¿Por qué no
puedes admitir que la percepción del es­
pacio —hecho cultural nuevo— pueda de­
terminar otras formas que no sean repre­
sentativas de las cosas? Estoy de acuerdo
contigo en todo lo que dices a propósito
de este tema, pero vuelvo a señalarte que
con tales ideas estás justificando el arte
nuevo en lugar de destruirlo; el ejemplo
de la naturaleza muerta en particular.
Es claro que discrepo también contigo en
lo que se refiere al uso de la palabra
expresión. Tú pareces emplearla en sen­
tido restringido como aquello que sugiere
el tema y por ende es necesariamente
circunstancial, en cuyo caso tendrás razón
en lo que afirmas. Pero debo hacerte
notar que a causa de esto reprocho a los
organizadores del concurso la idea misma
de erigir un Monumento al Prisionero
Político Desconocido i. El Jurado inter­
nacional, o los críticos, no podían haber
actuado de otro modo y esto es lo que
señalo en mi artículo. Pero si se emplea
la palabra expresión en el sentido que le
presta la Estética moderna, desde C roce
especialmente, ninguna contradicción exis­
te con lo que tú llamas “acontecimiento".
En verdad lo es, pero se trata de un
acontecimiento mediante el cual se ex­
presa un artista, es decir, expresa a tra­
vés de su modo peculiar de ser, algo que
es patrimonio común. Y solamente hay
verdadero arte cuando esa expresión está1
1 Ver y Estimar, N‘.' 32. 1953.

87

contenida “en un orden esencial", como
tú dices. Orden esencial que no exige la
representación sino la más absoluta ade­
cuación posible entré el espíritu general
de la época y las formas que los encaman.
Otro problema, ya más de fondo, planteas
después al caracterizar ese espíritu general
de nuestra época. Tú dices que “lo que
caracteriza a nuestra época es la bruta­
lidad y la soberbia”; luego que “el arte
ha de oponer los acentos más duros y bru­
tales para que los oídos y las sensibilida­
des embotadas de los hombres sientan la
protesta”. ¿No adviertes que al decir esto
vuelves a encadenar al arte, pese a tus
declaraciones, a la polémica políticosocial?
Yo también lo creo y por ello justifico
el tono trágico de la pintura de P icasso,
por ejemplo, pero creo no equivocarme al
percibir por debajo de “la brutalidad y
la soberbia” el nacimiento de una fuente
más pura que está haciendo brotar una
concepción de la vida ordenada según otros
ideales. Y por ello tampoco creo que ha
de quedar de P icasso esa nota actualista
sino lo que hay de constructivo en el or­
den universal en su arte. No me dejo
cegar por las apariencias —aunque los
hechos de la vida cotidiana me entristez­
can y hasta me destruyan— y abro los
ojos con optimismo. Pienso que el arte
de todos los tiempos ha sido constructivo,
a través de la emoción, y no mero reflejo
de los acontecimientas inmediatos, y me
abroquelo en la idea de que siempre el
artista ha trabajado, trabaja y trabajará
en el plano de la trasposición pcética.

�Nadie pretende imponer normas, como tú
dices. Se trata simplemente de un movi­
miento artístico que se impone, de modo
inexorable, al que yo, como tantos otros,
tratamos de comprender. Y jamás he di­
cho que el arte abstracto, mucho menos
el concreto, se deba al cansancio. Por el
contrario, creo que son los artistas más
militantes, lo que no significa que no esté
atento para entender nuevas posiciones.
En cuanto a lo que afirmas sobre la es­
cultura espacial, me parece que te limitas
demasiado dogmáticamente y que en defi­
nitiva lo que te molesta es el nombre.
No tengo ningún inconveniente en que se
le dé el nombre de construcciones a las
obras que realizan algunos escultores ac­
tuales. Ni sostengo tampoco que deban ser
excluidas las esculturas de bulto. El hecho
es más simple y explica el veredicto de
los jurados: las obras de bulto represen­
tativas que se presentaron eran inferiores
en calidad. Eso es todo.
Para terminar, te diré que aunque no
existe el “futurómetro” existe el espiritu
del hombre que no puede sino mirar
hacia el futuro porque lo alientan idea­
les. Nada hay más noble en el hombre
que su capacidad de orientar la vida de
acuerdo a ideales y nada compensa más
la inevitable tragedia de vivir que la as­

piración a perfeccionarla. Las utopías han
sido siempre de enorme valor cultural y
por ello sostengo que la gran misión de
la crítica es, precisamente, la de ser profética, la de abrir caminos y no la de
encerrarse en lo que se está haciendo so­
lamente. Por eso no hablamos con “se­
guridad de juicio”, como implícitamente
nos acusas, sino con espíritu problemático,
con fe, que no es lo mismo. Porque de
esa manera contribuimos a que se aclaren
las ideas y colaboramos con los encarga­
dos de crear las formas expresivas de
nuestro tiempo. No es que hayamos “me­
dido” “por la cantidad de futuro que las
obras presentadas tenían o dejaban de
tener”. Juzgamos, que no es lo mismo
que medir, de acuerdo a ciertos principios
de estilo que implican necesariamente una
concepción del futuro. No hay otro modo
de juzgar, a mi juicio. Y por ello será
siempre preferible equivocarse y no piétiner sur place en la mera estimación
sensible de las obras de arte. No ensayar
la explicación de los fenómenos nuevos y
no tratar de aprovecharlos en beneficio
de una futura realización fecunda es, para
mí, la mayor traición que se pueda hacer
al espíritu.
Te abraza tu amigo
J orge R omero B rf.st

88

�Con L a p in tu ra europea contem poránea
frente a obras y teorías
Conversando una tarde de agosto con el
Profesor R omero B rest, tuvo la deferen­
cia de pedirme opinión sobre La pintura
europea contemporánea, libro aparecido
hacía poco en la colección Breviarios del
Fondo de Cultura Económica. Le mani­
festé, que para familiarizarme con el enjundioso contenido del tomito, me había
propuesto llevarlo en mi rápido viaje por
Europa “como guía”. —“¡No es una guía!”
terció nuestro Profesor, que tiene tempera­
mento como buen artista. —“Aunque sí”
—agregó en seguida reflexivo, como buen
crítico, —"puede ser una guía de ideas”.
Y lo fué, en efecto para mí, que disponía
de poco tiempo y no llevaba un plan
de cultura artística, ya que mi gusto de
ver cosas de arte, debía quedar supedita­
do a un itinerario trazado por otros inte­
reses. Y si anoto ahora estas trivialidades
personales, es porque pienso que mucha
gente que tiene un secreto amor por el
arte está en análogas condiciones y pue­
de apreciar mi experiencia con este libro
ante los cuadros.
Pues en cada uno de nosotros, “los del
público”, se renueva el problema de la
comprensión del arte contemporáneo. Es­
tamos dispuestos a creer a los físicos sus
maravillosas teorías sobre la intimidad del

átomo, aceptamos de los químicos trans­
formaciones que suenan a alquimia, acom­
pañamos a los astrónomos en viajes legen­
darios a través de un universo “curvo” y
en “expansión”, del cual no dudamos que
nos llegan misteriosos y alguna vez apro­
vechables rayos cósmicos. Pero seguimos
negados ante expresiones artísticas que no
han recibido la consagración de los siglos
o que no obedecen a criterios paralelos a
una filosofía de hace setenta años por lo
menos. Ante las obras de arte olvidamos
que vivimos en el siglo XX, olvidamos
las nuevas filosofías de la naturaleza y
de la vida, la fenomenología, el existencialismo, las corrientes antropológicas, las
nuevas ontologías y también y absoluta­
mente, las nuevas teorías del conocimiento
y la lógica moderna.
Claro, los valores del arte gozan de una
permanencia que no tienen ni las verda­
des científicas que se van superando, ni
las conclusiones siempre abiertas a revi­
sión y crítica de los filósofos. Algo hay en
la Venus de Mito y en la Gioconda —¿y
por qué no y más bien, en las menos
citadas y menos vistas Venus genitrix de
C a l ím a o o , esa finísima figura de los ro­
pajes empapados, y en la Madona de las
rocas del propio L e o n a r d o ?— algo hay,

89

�decía, que habla a nuestra sensibilidad a otro ánimo, en otra compañía, en otra
través de los siglos. En la muestra que soledad, para ser más objetivos. Y des­
de los tesoros de arte del Museo de San pués: tratar de pensarlas. ¡Por favor, nos­
Pablo se hizo últimamente en l’Orangerie otros “los del público”, que pensamos, que
en París, había más público ante la Ma- relacionamos objetos reales e ideales todos
dona de M em ling que ante un retrato de los días, todo el día, no nos detengamos
la época azul de P icasso . Pero además de ante la obra de arte pidiéndole sólo que
ese valor intrínseco de la obra maestra, nos "guste por sí”! El arte tiene que ser
que en los artistas más recientes está aún síntesis de técnica y teoría, de intuición
por descubrir y por fijarse, hay en todo sensible e intuición óntica.
movimiento artístico de una época un En este punto, la guia de ideas del Pro­
estilo, una filosofía y un llamado que los fesor R omero B rest , puede ayudarnos con
contemporáneos no podemos ignorar. Y su probada autoridad. No pretende dar
si no, confíen en su intuición sensible, una noticia anecdótica de los artistas. No
sean francos y libres en su juicio como pretende dar los cánones para comparar y
niños, penetren en una exposición de la luego aceptar o desechar. Nb pretende
nueva pintura (así en general), y digan tampoco darnos una base filosófica para
entonces si no se sienten inmediatamente sostener una discusión. Intenta menos y
alegrados por el color, interesados por las obtiene mucho más para el caso: nos
formas y sometidos a trabajo mental in­ embarca en una fructuosa polémica con
tenso para seguir las nuevas relaciones. cada uno de los artistas que han marcado
Con toda seguridad que una cosa no les un rumbo o aportado una solución par­
sobrevendrá: es el tedio. El tedio y la in­ cial. Y como verdadero crítico, está siem­
diferencia que “los del público” sentimos pre un paso más adelante que todas las
a veces ante “lo antiguo”, aunque nues­ soluciones.
tra cultura, nuestra buena educación o Ya en el análisis rápido de la cultura
nuestro esnobismo no nos permitan confe­ artística del siglo XIX, se advierte que
sarlo en voz alta.
nos quiere hacer comprender que las
¿Pero cómo, cómo resolver la compleja diferentes maneras de expresarse, desde los
problemática que el arte nuevo nos pro­ clásicos, los naturalistas, los barrocos y ro­
diga? Claro está: se impone una informa­ mánticos, hasta los impresionistas, fauves,
ción histórica, hay que familiarizarse con expresionistas, cubistas, futuristas, irracio­
nombres y con fechas. Y luego: ¡ver las nalistas y abstractos que luego tratará más
obras! Ir a los museos, tratar de ver más, in extenso, son signos de otros tantos uni­
no juzgar por una obra, tener hambre de versos de ideas en los cuales no podemos
verlas todas. Mirarlas bien, mirarlas mu­ detenernos embelezados so pena de estan­
cho, volver a mirarlas con otra luz y con carnos y perder contacto con el propio

90

�nuevo estilo de vida que se está forjando. A propósito del fauvisme plantea así el
Y que se forja, nos guste o no, lo igno­ problema de este movimiento: “...para
remos o no, en base a la ciencia nueva, liquidar lo que quedaba de sentimenta­
a los desastres políticos y sociales, a las lismo romántico en la pintura” intenta­
lógicas y matemáticas generalizadas, a los ron crear "formas que no respondían más
sistemas y las ciudades en ruinas de Eu­ al conocimiento empírico o racional, sino
ropa y del mundo.
a una especie de adivinación o intuición
Si aún creyéramos en las ingenuas esta­ de la realidad, eternamente móvil y cam­
dísticas, podríamos fácilmente sacar una biante, como enseñaba entonces B ergson ”.
conclusión de la experiencia y sostener Más: “la revolución fué menos radical de
que es una ley natural que el gusto del lo que se supuso, porque al hacer del
público esté cincuenta años a la zaga de color un sustituto de estados emocionales,
las vanguardias artísticas. Eso que el inte­ los fauves eran tan subjetivos como los
ligente Conservador del Museo de Arte románticos”. Y: “el deseo de ser salvajes
de Lucerna, Dr. R ein le , llama el ‘‘des­ se cumplió a medias y desde el primer
plazamiento generacional del gusto”. Pero momento surgieron las personalidades, en­
tales consolaciones fatalistas nos están ve­ tre otras razones, porque el pretendido
dadas, desde que corazones tan jóvenes instintivismo estaba cargado de precon­
como los de los más que septuagenarios ceptos culturales y de maneras de sentir
artistas M atisse y P icasso nos desafían con muy refinadas”.
su renovación constante, y que hay críticos
En seguida, y para demostrar que el
pacientes como el que nos ocupa, que fauvisme “que comenzó siendo un arte de
se toman el trabajo de volver a trazar expresión, con garra de carnívoro y furia
para nosotros la génesis de las ideas ori­ de salvaje, ahora es un arte de ilustra­
ginales y nos las hacen accesibles.
ción”, los trae a uno por uno. V la m in k .
La pintura europea contemporánea da en Hay que recorrer una sala llena de telas
efecto la teoría que conscientemente o no, de V lam ink para comprender que: “más
fundamenta los distintos ismos del siglo. que pintar echaba la materia sobre la tela,
Sabe que "la obra de arte tiene que ser con energía que sobrecoge, no para que
forma, con un contenido procedente del fuera marca de las cosas, sino las cosas
patrimonio común”. Y nos indica cuándo mismas en vivencia dramática”, para com­
un contenido es sólo “desborde de un probar “la influencia de C ézanne ”, ver
estado de espíritu” y cuándo la forma es luego la “repetición de los fáciles efectos”
sólo “sensualidad del trazo y la materia”. y concluir que en las últimas “el arte,
Pero no es un libro puramente teórico, esa capacidad de adivinar un mundo
mal podría serlo. Las ideas están puestas y encerrarlo en una forma, el arte está
a prueba en cada párrafo. Veamos.
ausente”.

91

�Al tratar de O thon F riesz y la peligrosa

influencia de Van G ogh “pintor que puede
infundir ideas pero no recetas y que m u­
cho m al hace a quienes confunden las
ideas con las recetas”, en efecto, podemos
com probar en seguida sus claudicaciones:
sus “pesados ritm os” de los años 30 y las
“superficiales flores y paisajes de buen
gusto” de su vejez.
Después D ufy : “Para él la línea y el

color constituyen dos melodías que se su­
perponen sin encontrar mayores puntos
de apoyo recíprocos, asemejándose su pin­
tura a un coro a dos voces” y: “Le falta
densidad al arte de D ufy , esa densidad que
un artista obtiene cuando el vivir es un
modo de trascenderse”. He tenido la suer­
te de ver una extraordinaria retrospectiva
de R aoul D ufy y creo que es erróneo
defenderlo de la etiqueta de “decorador”
que algunos le han puesto, es un gran
decorador. Y si la construcción sigue débil
hasta el final, ¿no será que D ufy , a pesar
de los postulados teóricos ‘just didn’t care’?
Y he visto mucho M arquet, sus maravillo­
sas simplificaciones y cómo “se siente có­
modo sólo en la gama baja de los grises
y los ocres”, los cuales junto con los
tenues verdes oliváceos recién se me han
hecho plausibles al volver, cuando caía
la tarde otoñal, a lo largo del Sena. Y
luego lo he visto trivializarse en una tela
de 1936 en La lagune, Venise.
Y el fino M atisse “sin asom o de erotis­
m o ” q ue "parece q ue todo lo viera y
estim ara com o se ven y se estim an las
flores, im p erso nalm ente” . Y com prendo que

“su pintura tiene honda raíz metafísica”,
que es una aleluya, “el puro estar de las
cosas”.
Al expresionismo y en particular a su
matiz alemán (como Ausdrucks-kunst: an­
gustiado intento de dramatizar un estado
subjetivo), dedica R om ero B rest un inte­
resante capítulo. Deriva el movimiento de
El Puente y El Jinete azul de la influen­
cia de G auguin , de M unch y de H odler .
Por lo general se ha querido ver más
V an Gogh que H odler en la ascendencia
del expresionismo alemán. En una sala del
Museo de Bellas Artes de Zürich pueden
verse felizmente reunidos varios M unch y
muchos H odler . Y se hace allí patente
que no sólo “la tremenda fuerza de obje­
tividad y dureza” del suizo tuvo que
pasar a la generación joven, sino también
su impulso hacia la alegoría y su gran­
dilocuente pathos. Que se hermanan de
modo natural con la fantasía visionaria
y sentimental del noruego. Lovis C orinth
en cambio, tal como lo insinúa R omero
B rest , no puede considerarse como ante­
cedente a pesar de la dinámica de su
color, porque su época de resonancias
psicológicas más profundas, data efecti­
vamente del segundo decenio del siglo,
cuando el artista quedó cruelmente seña­
lado por la enfermedad y su genio tuvo
que crearse un más potente estilo para
expresar su quejumbre y auto-rehabilitarse.
Frente a los cuadros de los varios artistas
que se comentan con acierto en este capí­
tulo, he hallado en dos ocasiones la reali­
dad más rica que la exposición teórica. El

92

�primero es el caso de E m il N o i .de , del cual
he podido ver una serie de acuarelas eje­
cutadas con el método húmedo, magnífi­
cas y que parecen desmentir a quien le
niegue ironía y “esprit de finesse”. ¿No di­
ce de él el espiritualísimo P aul K lee : "N oIde es más que solamente terrenal, es el
demonio de esta región... Pero el cora­
zón de la Creación alimenta, pulsando para
todos, todas las regiones?”
El segundo es F ranz M arc , cuyo “esplén­
dido juego de contrastes tonales y violentos
ritmos concéntricos nunca sobrepasó lo sen­
sible” para R omero B rest. Creo que esta
opinión puede revisarse frente a un nu­
meroso conjunto de obras como el que
me fué dado ver, que constituían una sin­
fonía polícroma no sólo de gran finura,
sino testimoniaba una elevación poética
tal, que puede considerarse como lograda
la expresión óntica.
Y en vano he buscado dos palabras para
P aula M odersohn -B ecker , quizá su obra
alcanzó una objetividad que no permite
incorporar su nombre a este movimiento,
y luego, como la de M arc , quedó trunca.
En cambio el acierto frente a la obra de
G eorges R ouault se percibe en seguida
y se comprende como “el mundo que cons­
truye, aunque tiene la calidad de mundo
por la potencia expresiva de sus formas,
nunca deja de ser su mundo, el de sus
experiencias, de sus triunfos, de sus fra­
casos, sobre todo de su dolor”. Y que:
‘‘revitaliza los grandes temas, tal vez uno
solo, el de la redención por el sacrificio
de Jesús, con su cara cómica y su cara

93

trágica, como si permaneciese todavía en
la fase indiferenciada de los principios
del arte helénico: hasta en los momentos
más sublimes sus personajes cargados de
pathos se mueven como comediantes, en
tanto que sus personajes de Commedia
dell’Arte nunca dejan de exteriorizar una
honda melancolía metafísica”.
Para escribir los capítulos siguientes el
autor no sólo ha debido apelar a su enor­
me caudal informativo sino hacer gala de
erudición filosófica, ya que los movimien­
tos tratados pretendían casi todos inventar
una estética nueva.
Por eso puede darnos en pocas líneas por
ejemplo la débil y vaga fundamentación
racionalista del cubismo y su presunción
metafísica de crear una armonía cuyo prin­
cipio constructor era un “lirismo” que "se
inicia y termina en la subjetividad razo­
nante”. Pero “¿puede practicar el artista
un monismo subjetivista tan férreo si está
obligado a exteriorizar su visión? Los cu­
bistas no superaron el dualismo entre su­
jeto y objeto”. “Cerraban el ciclo del cono­
cimiento en el sujeto que piensa —y por
otra parte, afirmaban que el cuadro es
un objeto que nada expresa fuera de lo
que es”. “Como se ve, dos mundos que
no se comunican entre sí”.
También las elucubraciones del superrea­
lismo "opuestas a toda trascendencia idea­
lista” quedan expuestas. Y se ve que ese
“campo psicofísico total (del cual el campo
de la conciencia no es más que una débil
parte) ” y “al cual se llega solamente por
la ruta del automatismo” según sostienen

�en el futuro no es sino él mismo arries­
gándose en su palabra, como el artista
militante se arriesga en la obra. Dos son
las grandes corrientes de la pintura, dice:
“Una que tiende a crear objetos absoluta­
mente despersonalizados, que expresan la
secreta armonía del cosmos, otra que tien­
de a crear objetos personalizados que ex­
presan la secreta armonía del individuo”.
El crítico-artista anhela la formación de
un estilo como expresión colectiva y stan­
dard, superando la manera que es indi­
vidual y sentimental: “una nueva vertebración de las experiencias individuales en
el marco de las necesidades sociales”.
Esta solución sociológica está efectivamen­
te en el eje, en la axio-logia propia del
siglo. Pero es una idea que implica una
enorme síntesis, de la cual ningún proble­
ma humano está ausente.

aquellos sectarios, es considerado por ellos
erróneamente como más amplio, como si
se tratara de comparar superficies que se
contuvieran las unas a las otras (y eso a
pesar de la lección de Bergson!), cuando
su “amplitud” lo es conceptual, por deno­
tación en el campo más específico de la
conciencia alerta.
Las páginas dedicadas a K andinsky cons­
tituyen lo más profundo que sobre él
conozco y me despiertan la música de
todo lo que de este artista he visto. Creo
que R omero B rest utiliza cuatro grandes
artistas: a P icasso, M atisse , a K andinsky
(“que no deja de ser dramático y sólo
cambia de modo de generalizar”), y a P aul
K lee (a quien reconoce "inteligencia lú­
cida” pero “que se nubla en un cielo de
romántica impotencia”) , para llevarnos
poco a poco a sus propias "conclusiones".
Porque el superartista que el crítico sueña

M agdalena B i .eyle

94

�crítica
SOBRE CUATRO ESCULTORES
Habría que decir sobre cuatro escul­
tores d esv irtu a d o s. Pues, ¿es posible
olvidar que la escultura necesita del
espacio como del oxígeno los pulmones
y que sin espacio en el que pueda actuar
pierde su potencia de comunicación, se
olvida su voluntad de trascendencia, se
anula, se asfixia? Empero, los organizado­
res de la exposición parecen no haber te­
nido en cuenta esta exigencia primaria
de la escultura. Obras en piedra, en yeso,
en terracota se acumulan en la pequeña
Sala V de la Galería Van Riel. Asi, el
espectador trata en vano de gozar de
ellas, de entregarse; su campo de visión
abarca inevitablemente varias obras que
solicitándolo a la vez y de diverso modo
perturban su goce y superficializan su
entrega. Cada artista, cada obra en sí,
si es obra de arte, tiene algo que decir,
algo propio e irreemplazable. Pero, ¿có­
mo nos llegará su voz si la privan de su
caja de resonancia: un espacio propio,
personal? Todo se vuelve una algarabía
ininteligible. El espacio enérgicamente re­
chazado por un volumen compacto es el
mismo que penetra y circula a través de
los huecos de una escultura que tiende a
asimilarlo; el que se enrosca en un ritmo
de espiral en torno a un desnudo semiabstracto es el mismo que se fragmenta al
chocar contra pequeñas superficies mo-

95

duladas. Y no sólo el placer, la emoción
resulta lesionada; también se dificulta el
juicio. ¿Qué discriminar, cómo ahondar
en un artista si sólo se nos presentan de
él, dos, tres, a lo sumó cuatro obras, y
peor aún, si éstas denuncian distintas ten­
dencias? Pero la incertidumbre crítica lle­
ga al máximo cuando se observa que estos
cuatro escultores parecen reunidos al azar,
caprichosamente, sin que los enlace una
misma aspiración estética, una similar con­
cepción plástica, ni siquiera una coinci­
dencia de generación. Una cabeza de in­
tención monumental de A ntonio Sibeix in o
coexiste con un grupo de N oeímí G erstein
que aspira a la expresión espacial, con
obras de L ibero B adii en las que predo­
mina la expresión dinámico-sensual de la
materia. Frente a tal heterogeneidad, cabe
más describir que valorar. Si algo se pue­
de enjuiciar en esta exposición, es la expo­
sición misma.
Es sorprendente constatar que A ntonio S i bellino , el decano de los escultores pre­
sentados y el de más renombre, sea el
que expone el menor número de obras,
de antigua data por otra parte, y de me­
diana jerarquía. Sibellino se mantiene
dentro de la concepción tradicional de
la escultura de volumen. Su Cabeza de
criolla, gigantesca, revela en su desestima
de lo psicológico y en su búsqueda de la
síntesis, una intención monumental, apo­
yada por el material elegido, aunque la

�piedra reconstituida está lejos de crear la
sensación de perennidad que se requiere.
En esta escultura la masa impresiona por
su cantidad, por su peso físico, no por su
calidad, por esa potencia contenida que
debe animar desde dentro el volumen y
volverlo vivo. Si en la cabeza lo funda­
mental reside en el volumen, en el Des­
nudo sentado la expresión por la masa se
traba en lucha con la expresión por la
superficie. Una lucha sin solución clara: el
volumen sigue valiendo como tal pese a
los intentos de dinamizar con valores
táctiles el dorso y reducir la parte fron­
tal a un juego de planos. Aun desde el
punto de vista del tratamiento de las su­
perficies hay una dualidad ambigua: la
materia se-anima en el dorso con un dina­
mismo plástico no carente de sentimiento,
mientras el frente del desnudo revela,
sorpresivamente, una técnica distinta al
presentar ángulos agudos y aristas cortan­
tes. Busca aquí someter las formas repre­
sentativas a un ritmo: de planos de geo­
metría exterior. Pero lo representativo
subsiste, y el ritmo de los planos sólo
consigue un dinamismo falso de superfi­
cie que fracciona y debilita el sentido de
totalidad. Dominada la capacidad de in­
vención por la forma humana en que se
apoya el escultor, sojuzgados por ella, los
planos sólo pueden actuar como meros
límites de la masa, se ‘diría como pequeños
diques. Y pese a todos los esfuerzos del
artista. Desnudo sentado sigue siendo una
escultura estática.

G erstein . Pero aquí el tratamiento por
planos —menos francos, más sujetos a la
forma natural— agrava esa fragmentación
de la forma que se percibía en el desnudo.
La dinamización de la masa queda como
sobreagregada, exterior, la unidad fron­
tal amenaza destruirse. Lo representativo
subsiste, a través de una síntesis que re­
chaza toda emoción y todo atisbo de sub­
jetividad. Reina aquí un espíritu objetivo,
que se demuestra igualmente, pese a las
resonancias sentimentales del título, en
los dos pequeños grupos titulados Madre
é hijo. En ellos se alargan los brazos co­
mo arcos, se acercan las cabezas a ovoides
y las rodillas a paralelepíípedos; pero esta
reducción a formas simples geométricas
es sugerida por las formas de la realidad
concreta; se asocial la cabeza a un ovoide,
como resultado de una simplificación de
la forma natural misma; los brazos hacen
pensar en arcos: no se puede hablar aquí
de una auténtica invención. Lo impor­
tante a señalar es cómo actúa en estos
grupos el espacio. No es ya el volumen que
triunfa sobre el espacio, sino que éste úl­
timo se equipara al primero en cuanto a
potencia y calidad expresiva. El dar va­
lidez estética al espacio hasta hacerle asu­
mir un papel protagónico en la escultura,
el esculpir el espacio, define la más nueva
corriente escultórica. Pero N o em í G erstein
es medidamente moderna; el espacio que
entra y sale por los huecos se incorpora
a la expresión material y, en definitiva,
H ay parentesco entre esta obra de Sibe - espacio y materia recomponen un volu­
men.
l l i n o y el torso de terracota d e N oem í

96

�También en J uan C arlos L abourdette se
advierte un acento de modernidad en esa
suerte de espiritualización de la materia,
que es en cierto momento una negación ac
la misma. Lo tipifica su Figura, un des­
nudo de pie en el que la forma se alarga,
se descarna, se aligera, descarta toda sen­
sualidad, todo subjetivismo sentimental,
toda racionalidad, y hasta las posibilida­
des .tentadoras de la gracia. ¿Qué le queda?
Un pequeño y múltiple juego de pince­
ladas, de superficie multimodulada, un
ritmo minúsculo que recorre todo lo ex­
terior, dinamizando lo que es materia,
pero sin llegar a sublimarla en un sentido
expresivo profundo. Otra escultura, Ca­
beza, mantiene este juego sensible de su­
perficie donde la luz se quiebra en menu­
dos reflejos. No obstante, el volumen ad­
quiere mayor jerarquía sin resolverse como
estructura total: el cuello actúa como un
verdadero pedestal inerte.
La escultura de L ibero B adii se enlaza
con esa otra gran concepción de la escul­
tura moderna que revaloriza el volumen
—un volumen descargado de presupuestos
representativos, rotundo, de superficies
curvas y lisas, donde la materia se carga
de erotismo— como elemento primordial
de la expresión. El volumen en sus dos
figuras de piedra tiende a expandirse, a
remontar un espacio ascendente que en­
vuelve la forma resbalando sobre la super­
ficie pulida para crear un ritmo espiral.
Hay alusión a la forma representativa,
pero más como pretexto para desarrollar su
ritmo curvo dinámico que para extraer la

expresión de lo representativo mismo,
aunque llame a sus obras Fecunda o Mi­
rando al rio. El basamento de estas dos
obras está finamente granulado, lo que
trivializa la potencia compacta de la
piedra, y contradice con su peso inerte
el impulso de expansión de la forma que
sostiene. A otra concepción más dominada
por la observación directa de lo natural,
corresponde una Composición en yeso, en
la que no está resuelto el ritmo espacial
que debiera enlazar sus tres figuras en
un todo armónico y unitario. B adii enfoca
desde otro ángulo el problema de la es­
cultura en su Retrato de María Fux. Por
sobre la expresión del volumen predomina
aquí la de la materia. Sin embargo su
mayor acierto no reside en la superficie
que alude a los cabellos, animada por
un juego de pequeños toques, sino cuando
resuelve la parte que corresponde a la
cara en un atrevido plano semicurvo, no
geométrico, muy sensible, iniciando un
potente ritmo que luego se pierde en el
resto del volumen. Luego, y sobre ese
mismo plano, pequeñas incisiones hechas
en el yeso fresco, más que señalar, anotan
apenas los rasgos de una posible cara. No
se entiende el por qué de este grafismo
inexpresivo, elemento tan evidentemente
sobreagregado que resta unidad al plano.
Examinadas en conjunto las obras de esta
exposición, el observador atento llega de
inmediato a una conclusión innegable: los
cuatro artistas obedecen aún a la tradi­
ción escultórica que funda la expresión en
el volumen; para ellos esculpir es crear un
objeto compacto, una forma material do-

97

�minada por una fuerza estática. Si se
descartan los tímidos ensayos espaciales de
N o em í G erstein , ninguno de los escultores
expuestos asigna verdadera importancia al
espacio, pese a que hoy, la nueva escultura
consagra sus esfuerzos a darle forma, ha­
cerlo vehículo de emoción, infundirle vi­
da estética. De. todos modos sería injusto
no señalar en esta exposición la presencia
de acentos actuales: el rechazo de lo sentimental-subjetivo, en pro de una objeti­
vidad no-naturalista; una general desestima
de la representación que se llega a anu­
lar por momentos; un sentido de abstrac­
ción en el que subyace el deseo de libe­
rarse de lo particular para elevarse hacia
lo universal, deseo que parece ser más
imperioso en nuestro tiempo que en el
pasado.
R aquel E delman

O LA NUEVA GENERACIÓN DE

PINTORES ARGENTINOS
En los primeros días de octubre se pre­
sentaron en Buenos Aires obras de dos
grupos de artistas pertenecientes a la nue­
va generación plástica, uno en los hermo­
sos salones de Jacques Helft y el otro en
la moderna Galería Krayd. Aunque en ésta
se vieron obras de escultores argentinos de
esa misma generación, y algunos con cali­
dad y sentido de anunciación de nuevos
ritmos y nuevas posibilidades, este aná­
lisis va dedicado exclusivamente al estu­
dio de las obras de jóvenes pintores para
tratar de desentrañar sus intentos, presen­
tir sus anuncios y palpar sus realizaciones.
9S

En realidad, no cabe hablar de dos gru­
pos. Por de pronto, casi todos los que ex­
ponían en Krayd estaban incluidos en la
exposición de Helft, y si bien los primeros
ya han expuesto juntos varias veces, siem­
pre con el título de 20 Pintores y Escul­
tores, el segundo conjunto se ha consti­
tuido por invitación del Sr. Helft, quien
ha seleccionado pintores y obras, tratando
de dar una visión del movimiento actual
de la joven pintura, llegando a incluir
pintores casi desconocidos o que poco ha­
bían expuesto antes. La visión que presen­
tó es eficaz e iluminadora, y lo sería más
aún, si no fuera por omisiones —voluntarias
o no—" como la de los concretos, que de­
jan un claro muy marcado en este pa­
norama de nuestra pintura actual.
Entrando en la casa de Helft veo una sala
que me atrae en seguida por ser la más
clara y luminosa y observo un hecho cu­
rioso: dejo que mi vista resbale por las
paredes sin detenerme en ningún cuadro y
compruebo que no hay allí grandes valores
artísticos, noto que falta seguridad en las
direcciones e indecisión por los caminos a
seguir, pero el conjunto ofrece una ale­
gría de luz y de colores que parecen ha­
cer brillar las paredes de esta habitación
y producen en el ambiente total una sen­
sación de espacio en movimiento, de vida
sin brumas, en las que todas las obras co­
laboran eliminándose las individualidales,
para lograr una atmósfera que no se per­
cibe en otras salas de esta exposición.
Al referirme al valor de estas obras
no pretendo menospreciar todo lo que

�concretos. Se nota por el afán de limpie­
za en sus telas y parquedad en la selección
de los elementos con que construye su idea
plástica, pero usa cierta artificiosidad,
ciertos trucos para sugerir el movimiento
de sus planos que molestan al ojo del es­
pectador. Se ve a donde quiere ir, pero
todavía le falta recorrer el duro camino de
la depuración para obtener el máximo de
sus condiciones.
E duardo A. J onquiéres ha cambiado to­
talmente su modo de pintar, pero sigue
siendo el pintor fino, sensible de sus
presentaciones anteriores, y sigue siendo
un romántico aunque quiera manejarse con
formas duras, filosas, cerradas. También de
él puede decirse que se adivina su meta,
a la que puede llegar si persiste, vencien­
do las dificultades que el nuevo camino
le imponga.
G regorio V erdanega ya no busca. Ha en­
contrado en otros lo que le gustaría ha­
cer, y lo hace, directamente, con toda im­
personalidad y, al parecer sin importarle
que se lo identifique totalmente con su
mentor, cuando éste alcanza la talla de
un V antongerloo .
Las formas vitales y potentes en su auste­
ridad que M artín B laszgo logra como es­
cultor —su Proyecto para el monumento
al Prisionero Político Desconocido, V er
y E stimar , número 32— no aparecen en
las dos pinturas expuestas en Helft. Con
todo hay que admitir su evolución. En
1949, cercano al grupo Madí, pinta con
desorden un grupo de formas que parten
q uiere aproxim arse a los de un rectángulo blanco, hasta detenerse,

veo: W ilmia D ustir da con sus dos cua­
dros buena prueba de sus posibilidales.
Especialmente la tela más pequeña —dos
rectángulos grises pseudogeométricos que
se articulan en una arista muy potente,
son atravesados por dos formas casi trian­
gulares, creándose así un espacio virtual,
dinámico sin ser alocado— está mejor con­
cebida que su gran panel, pintado en una
acertada combinación de formas blancas,
verdes y azules. En la primera no hay
gran variación de tintas, pero la forma y
dimensión de los planos y sobre todo el
efecto sedante de dos delgados planos blan­
cos que aparecen bordeando los grises, da
unidad a esta tela, una de las mejores de
la exposición.
Las dos telas de M anuel álvarez eviden­
cian la encrucijada en que se encuentra.
De una de ellas podría decirse que está en
una zona abstracto-expresionista. Acá sólo
puede hablarse de búsquedas y no de ha­
llazgos, faltando la segurida en la línea
y precisión en los tonos que aparecían en
otras telas de álvarez . S u otra obra, de
formas casi geométricas, está regida por
el orden que impone una gruesa columna
negra a la izquierda, la que por efecto
de tres triángulos flotantes parece moverse
por delante del rectángulo negro de la
derecha, y sin embargo, las dos formas se
encuentran en un mismo plano. Queda así
sugerido el espacio para que en él se
muevan los triángulos de colores bien
ajustados y la materia cuidadosamente
homogénea.
Sim ona E rtan

99

�encerradas por un marco de forma irre­
gular. ¿Quiere dar, con este subterfugio,
una solución al problema del cuadro de
caballete en decadencia? Su pintura más
reciente muestra un juego de planos que
se adelantan y retroceden —sin revelar
mayor diferencia entre fondo y figuracreando una especie de espacio arquitec­
tónico, al que un gran plano gris limita
sin encerrar.
H ans A f.hi p in ta p ero n o construye ni
conform a; ju eg a con colores; a veces los
q uiere v ib ran tes, a veces hom ogéneos y
au n q u e n o cabe h a b la r de m al gusto, de
rep en te incluye u n a form a de color p u ro ,
q ue en lu g ar de d ar sentido a la com po­
sición, la desarticula.

En esa Sala de de Helft hay una pared
dedicada al grupo Madí, a los que se le
aproximan y a los que ya están dejando
esa dirección. Interesan sólo porque con­
firma la idea ya formada de que no ofre­
cen vías de salida a la pintura de hoy.
Sin embargo cabe mencionar los envíos
de G yula K osice , inferiores a algunos de
su reciente exposición individual; los de
G ina I onescu , que revela seriedad en sus
intentos; los de A níbal J. B iedm a , conciso
en su composición, y de J uan O tano , frío
en sus formas y coloridos y menos feliz
que con sus esculturas de otras exposicio­
nes. También figuran en la misma sala dos
telas de F ernando C. I raolagoitía , fuera
de lugar junto a los pintores arriba men­
cionados. Tal vez lo acerca a ellos —y de
ahí su inclusión en ese grupo— su bús­
queda de luz y claridad por el color; pero

más cercano está de las obras de M anes y de Singier anteriores a 1950, fal­
tándole para emularlos el encanto que bro­
taba de sus vivos acordes tonales, manchas
que flotaban por encima y por debajo de
superestructuras lineales también colorea­
das, que provocaban una atmósfera de in­
tensa vibración emocional. Siguiendo esta
misma línea puede nombrarse a F ebo M ar ­
tí , que no logra apartarse de la perspec­
tiva clásica —tipo ventana abierta a un
espacio estático— pese a la división de sus
formas y ál colorido claro del fondo que
quiere traer hacia adelante. Y también
en esta tendencia, aunque con mayor oficio
y mayor expresividad en los coloridos las
dos telas de V icente F orte , en la Galería
Krayd. Merecen destacarse las dos telas de
M iguel O ca meo , joven pintor de tanta
sensibilidad en los tonos como finura en
el manejo de la materia cromática, sin
que esto signifique pérdida de fuerza. Usa
fondos claros, de óleos que parecen espesos
y sin embargo permiten, a veces, entrever
un bajo-fondo ocre más cálido. De ese
fondo se levantan formas que se van mo­
viendo, como guiadas por un hilo que las
lleva sin dejar que se despeguen total­
mente del fondo, para que no cobren un
volumen que no quiere darles.
Saliendo de la primera sala visitada, busco
otros pintores que están en la tendencia
de los ya mencionados o cerca de ellos.
En primer término estudio a C lorindo
T esta cuyas condiciones se revelan en sus
dos telas: Puente y Construcción, sobre
todo la última que, aunque no permite
todavía hablar de madurez, muestra potensier

100

�cía en el color, sentido de vida en sus
ritmos y equilibrio en la composición, lo­
grado por la ubicación de planos blancos
y manchas rojas y azules de intensa valo­
ración. En cambio, ¿cómo explicar la in­
clusión de un cuadro de Sarah G rilo ,
creo que de 1951, muy por debajo de sus
posibilidades y de sus realizaciones últi­
mas? Hay sólo atisbos de lo que ella
puede dar en algunas zonas de la tela. Se
la ve intranquila, tal vez angustiada y
sobre todo indecisa. Tampoco se justifica
el envío de F ernández! M uro —uno de los
componentes mejor dotados del grupo de
los concretos— que pinta una- naturaleza
muerta con reminiscencias de cubistas y
de otros isrnos en la que destruye las for­
mas, para recrearlas luego sin volumen en
un espacio artificial, sugerido por la ines­
tabilidad de los objetos, más que por su
dinamización; usa tonos neutros, oscuros,
muy trabajados y bien acordados, mostran­
do habilidad al equilibrar tonalmente el
desequilibrio creado por la falsa perspec­
tiva y el aplanamiento de las formas.
Destaco a C arlos T orrallardona por su
Paisaje aunque no esté logrado como tota­
lidad. Es feliz el movimiento creado por
los techos, triángulos anaranjados o de un
blanco muy cálido. Con ellos forma como
una trenza de cintas que va iluminando el
cuadro en todas sus partes y hacen que
uno no mire el resto del paisaje para
dejarse llevar por ese arabesco de ángulos
diedros. Pero toda la potencia de la parte
superior del cuadro declina en la parte
inferior, sobre todo por el desdibujado
carrito y caballo que rompe las líneas de

movimiento del espacio creado en la parte
superior de la tela. Algo semejante ocu­
rre con su Café con billares, cuadro de
fracciones geometrizadas, pintado en una
gama oscura. Hay grandes rectángulos bien
limitados que crean espacio y a la vez
se funden todos en un plano por la opo­
sición de las líneas de fuga que apuntan a
horizontes diferentes. Es espacio y no lo
es, y no podemos hablar de planismo. La
tela estaría totalmente lograda si no fuera
por las blandas e incompletas figuras del
primer plano que interrumpen, impidien­
do al espectador gozar plenamente del jue­
go del espacio. Nada agregan a esto sus
dos telas expuestas en Krayd, en las que
siempre vemos el deseo de geometrizar, sin
poder despegarse de los ritmos orgánicos.
Están incluidos en esta exposición un
grupo de pintores que sin dar obras muy
valiosas, logran pinturas que gustan, que
llegan al visitante para halagar sus sen­
tidos, ya sea por la suavidad de las tintas
y las transparencias, como en las Ninfas
de I deal Sánchez , o su Vegetal en Krayd,
ya sea por la vivacidad de los rojos y azules
y verdes de M ané B hrnardo , más lograda
en sus Formas —naturaleza muerta en la
que crea espacio por la unidad de valores,
pese a la contraposición violenta de tin­
tas—, ya sea por la serenidad y frialdad
con que tranquiliza Luis B arragán , más
colorista en sus fondos que en sus figuras.
Hay mérito en la búsqueda de R afael
O netto , cuyo principio de evolución se
advierte a través de las dos telas que ex­
pone en Helft y la de Krayd. En su Cru­
cifixión hay formas sin volumen apenas

101

�sugeridas por trazos oscuros, con un tipo de
composición vertical que recuerda a la de
los primitivos, aunque bastante confusa en
su realización. Las otras dos telas Invier­
no y Paisaje están mostrando una tenden­
cia a la simplificación. Lo que en la pri­
mera obra eran figuras descarnadas, aho­
ra son sólo signos que llevan en sí un
profundo sentido de drama, aumentado
por la gama baja, sostenida, y el ritmo
repetido de los trazos angulosos.
Cuesta admitir que pintores como B runo
V enier —de gran sensibilidad colorística,
buen gusto, ritmó en las líneas y sentido
de composición— en plena juventud, se
dediquen ya a repetir sus realizaciones y
no busquen más. Hoy da lo fismo ver un
Venier que ver diez de sus obras, pues
en todas se mueve el mismo juego armó­
nico de pinceladas alargadas que crean
una estructura exterior, y de formas de
vivos colores que parecen danzar adentro,
aunque sin estar totalmente presas en esa
jaula de giros caligráficos.
Nada nuevo aportan a la pintura argen­
tina Cerda C arretero , P anaciotopulos y
O bdulio V esprini . Sólo vemos en ellos re­
miniscencias de sus maestros, pesada tra­
dición que no les permite ir al unísono
con los pintores de su generación. Otro
tanto ocurre con A lthalef , muy lejos de
sus compañeros del grupo de 20 en Krayd.
En cambio M orana , que no luce aun una
gran calidad en sus hallazgos, muestra po­
tencia expresiva, fuerza en el decir y va­
lentía en la deformación. De J uan M ele ,
de 1 la V ega y T omasello cabe decir, como

de muchos otros que pintan, sí, pero solafente con el pincel, los colores y la tela.
No con todo el ser del artista, que incluye
tanto sensibilidad como inteligencia, amor,
gusto, en fin, todas las potencias vitales
del hombre, que se exacerban y hasta
justificadamente se desequilibran en el
acto de la creación. No bastaba antes re­
producir auténticamente las facciones de
una persona o el contorno de un árbol
para ser un artista, ni es necesario pintar
formas no figurativas hoy, para que sea
automáticamente un pintor abstracto. Hay
un fuego sagrado que se suma a todo lo
que se puede lograr con los elementos ma­
teriales con que trabaja el pintor, y a todo
lo que su habilidad y técnica pueden dar;
y es sólo esa suma, transmitida directa­
mente del artista al espectador a través
de sus realizaciones el que nos permite ha­
blar de creación artística. Ese fuego está
latente en muchos de los jóvenes pintores
argentinos acá analizados. Se encuentra
aún en muchos de aquellos que parecen
estar más lejos de la madurez o más inse­
guros en sus intentos; pero hoy tienen el
valor de mosaicos, que no suenan indivi­
dualmente sino que entre todos contribu­
yen a formar el camino que ha de seguir
la verdadera pintura nuestra.
Y allí reside, precisamente, el valor de
estas dos exposiciones y de todas las que
vengan después, sin esperar grandes éxitos
financieros mientras no haya, como hasta
ahora, más que atisbos, tropiezos, y sobre
todo coraje para lanzarse a lo más nuevo,
a lo inexplorado.

102

B eatriz H uberman

�LUIS SEOANE
Apegado a los objetos naturales, figuras
observadas, ya sea de un pasado inme­
diato o de sus recuerdos españoles, lleva
a la tela las impresiones que le causa el
mundo que lo rodea. Aparecen escenas
simples de la vida diaria y trabajadores
humildes. Atento siempre a estos elemen­
tos, pero sin dejarse conmover por detalles
o con el entusiasmo de verter a través de
ellos su propia sensibilidad. No es pintura
de confesión y dado que algo del artista
siempre está presente en el cuadro, esto se
advierte como síntesis del conjunto de las
obras y se logra posteriormente en la men­
te de quien los contempla.
Son las suyas imágenes serenas, cargadas
de una vitalidad surgida del ser o cosa
que lo atrajo. Mira, estudia sus modelos
y de ahí parten los ritmos duros y sobrios
que están en sus composiciones. Se inspira
en pocos objetos, no necesitando de aque­
llos que por su calidad, dan realce a los
brillos, los juegos sutiles de luces y som­
bras, el color refinado, la pasta sensual.
Por el contrario, se maneja con un dina­
mismo contenido, generalmente originado
en el choque de trazos, contrastes de colo­
res y debido a que se atiene a lo obser­
vado, al desarrollo temático. Se vale de
cacerolas, plantas definidas, faroles, anima­
les, vegetales, fragmentos de mesas, jarras,
etcétera.
En las naturalezas muertas, lo mismo que
en las figuras, pues, no trata el gran pai­
saje, ni la composición compleja con mu­

chos personajes en diferentes acciones; se
conforma con presentar. Indica el movi­
miento, dejando que el ojo del espectador,
supla con su imaginación, la verdadera
acción. Sus figuras, sobre todo en los casos
en que las emplea de a pares y cuando da
importancia a los atributos que la rodean,
especificando su condición social u oficio,
dejan entreveer que existió un tiempo pre­
térito y otro en devenir. Parecen ser sor­
prendidas en un estado de paz, careciendo
de interés en impresionar fuertemente. Ahí
están, sin dramatismos, dispuestas a que
se las descubra, pues no quieren despertar
emociones. La expresión psicológica es
medida y para alcanzarla es menester un
esfuerzo en el espectador. Son seres aními­
cos, a la espera de que quien los vea,
los cargue de las condiciones que desee.
El lugar o escenario en que las coloca
actúa como eco de las mismas, siendo on­
das sonoras que se desprenden de aquéllas
y se van aproximando al límite de la tela,
manteniendo la misma tensión, pero sin
causar irritación o sobresalto. En algunos
casos la atmósfera, casi inexistente gene­
ralmente, tiene un carácter extraño, mez­
cla de visión ingenua con deformación
que le injertan un aspecto de irrealidad.
Sin embargo, en pocas oportunidades la
fantasía es un elemento de potencia.
El color es fuerte, agrio posiblemente para
el contemplador acostumbrado a las suti­
les variaciones de tonos y matices. Com­
bina violetas con verdes claros y amarillos
anaranjados, rojos con tierras cálidas u
ocres rojizos, que de por sí son difíciles de

103

�aproximar. Esos rosados fuertes con algo
de bermellón y verdes fríos, van al lado
de grises tizosos. Es donde está muy bien
y obtiene nuevos acordes, pues equilibra
toda su tela de este modo. Con respecto a
los grises los presenta bajo dos gamas.
Una, la que en términos de taller son
llamados “grises sucios”, con esa pastosi­
dad opaca que suele tener la tempera, o
sea sin brillo, sin la pequeña vibración
típica del óleo, aunque modulados tonal­
mente. Y aquí es expresivo. Sus otros gri­
ses, los que pretenden ser finos, ligera­
mente cálidos a veces o con alguna influen­
cia del azul, son pobres y rebajan la fuerza
de la totalidad del cuadro.
La composición es siempre ortogonal en
definitiva, cruzada por oblicuas y curvas
que no llegan a hacerle perder su solidez.
En las formas el volumen está casi ausen­
te. Los objetos se reconstruyen por la
violenta oposición cromática de los planos.
En algunas oportunidades proyecta las
sombras dibujándolas o dándoles forma y
suelen llegar a la corporeidad. La geome
tría que incorpora a las mismas, realiza
su fusión con el carácter del objeto, afian­
zándose en lo descriptivo.
Usa como vehículo de su expresión una
materia mediana. De pronto la aligera en
fragmentos, hasta dejar traslucir el soporte,
aunque no se vea, y está muy lejos de
tener la diafanidad de la veladura o actuar
como acuarela. No hay predominio del
dibujo sobre el color, tienen el mismo
vigor y actúan en beneficio de la forma,
que es la que se impone como resultan­

te. El empaste grueso y el trazo ancho
negro, aparecen en algunos momentos car­
gados de fuerza instintiva.
Hunde a veces el pincel, dejando marcas
en relieve, las cuales harían suponer que
alterna dibujo y pintura como en capas,
dado que los bordes no coinciden. Al lle­
gar a esta observación es necesario dete­
nerse un poco, pues presenta uno de los
problemas más interesantes, que ha sido
intentado por tanto pintor de este siglo
y fines del pasado. En efecto, existe la
posibilidad de un intensionado desajuste
entre línea y mancha de color, que actua­
rían como dos líneas melódicas que se
cruzan, interpenetran, avanzan y retroce­
den y hasta se oponen por fragmentos. El
resultado de esta nueva dimensión sería
el movimiento.
Ya en la exposición del año pasado (ver
números 19 y 29-30 de Ver y Estimar) se
podía intuir un futuro desarrollo en la
pintura de Seoane. Sin embargo esta nove­
dad, se halla serenada ahora. Se ha fre­
nado la audacia de búsqueda, que podía
haberlo conducido a la superación de la
dualidad fondo-figura o fondo-objeto y a
la conquista de un nuevo modo de conce­
bir y expresar el espacio. Esta tibieza se
debe a que el artista se siente demasiado
adherido a los objetos como materia, a
la representación y al hecho de continuar
con la influencia de recuerdos pintorescofolklóricos.
De lo anteriormente dicho es fácil deducir
que sus naturalezas muertan son superio­
res a las figuras, dado que las últimas

104

�son las que menos toleran la fragmenta­
ción seguida de una reconstrucción que no
les es propia.
Que el movimiento liberado es algo sin
resolver aún, se puede notar ante las obras
La siega, Mujer ordeñando y Figura con
mantilla. Las formas se disgregan y apa­
recen elementos sueltos que no se articu­
lan. Lo mismo sucede al tratar de dar
una dimensión de gracia, ya que la man­
tilla cae pesadamente, sin ordenarse en
ritmos dinámicos.
Tanto en las composiciones con figuras
como en las naturalezas muertas, se ad­
vierten líneas anchas geométricas o en
forma de pinceladas alargadas y sueltas,
también bandas blancas, ubicadas en fon­
dos algo inertes. Esos recursos son em­
pleados para dar mayor vivacidad a un
color o establecer uniones. Suelen moles­
tar a la vista, como ser en Pareja de inmi­
grantes y Muchacho inmigrante; en cambio,
en algunas naturalezas muertas llegan al
acorde y se justifican plásticamente (Aren­
ques y zapallitos, Planta y lenguado).

impresión de conjunto era lo primero que
se advertía al penetrar en la sala de expo­
sición de Viau, donde las “Cerámicas de
La Gotera” hacían su primera presenta­
ción en público. Cada pieza se hallaba
valorizada por una justa y sobria ubica­
ción, moderna y funcional. (“La Gotera”
cuenta entre sus integrantes con un ar­
quitecto, C arlos Coire a quien cabe pri­
mero felicitar por dicha presentación.)
Lo segundo que el espectador advertía con
gusto, era la unidad del conjunto en que
tres manos distintas (también las de A na
y A manda B eitía ) habían trabajado in­
distintamente en piezas simultáneas, ajus­
tando su personalidad a una obra de equi­
po. Las piezas no llevan más firma que
la de “La Gotera”, tras de la cual las tres
personalidades se funden en una tenden­
cia anónima y de estilo que va lentamente
marcando las manifestaciones artísticas de
nuestro tiempo.
Seguimos mirando: pieza por pieza capta
el logro de un oficio esmerado que no es
el fruto de ninguna improvisación, sino
la conciencia de una calidad, sin la cual
E lsa T enooni
se malogra cualquier fundamentación de
estilo. Calidad de color y textura puestas
al servicio de una constante armonía y
CERAMICAS DE “LA GOTERA”
buen gusto (es de notar que la expresión
Poco acostumbrados estamos en Buenos buen gusto nada tiene de peyorativo al
Aires a ver exposiciones cuya acertada pre­ tratarse de productos en su mayoría fun­
sentación predisponga de entrada al es­ cionales, donde el buen gusto es esencial).
pectador a gustar de la calidad de su Los paneles de mayor tamaño (debidos
contenido (tal vez la única excepción fué en este caso a la pintora A na B f.itía )
la del Grupo Moderno de la Argentina abstraen de lo orgánico y se aplastan con
realizada el año pasado) . Esta favorable gran sentido del plano en que se desarro-

105

�Han y de la función decorativa a que
están destinados. En cuanto a las formas
como volumen y escultura, de vasijas, pla­
tos, ánforas, etc., no ha llegado aún el
equipo a conferirles esa plenitud y tensión
que unidos al ya logrado color y oficio,
harían de cada pieza un exponente de
calidad y estilo. (A manda B eitía logra sa­
leros y ceniceros de rica fantasía que se
irán ajustando a un más severo control
formal).
Saludamos complacidos la formación de
este conjunto del que esperamos una ma­
duración segura y consciente.
B lanca P astor

KOSICE
La historia del arte abstracto en la Ar­
gentina tiene una fecha importante: el
a ñ o 1946, en el cual un grupo de artistas
lanza su primer manifiesto como tal y
realiza su primera exposición en el Salón
Peuser. No es que faltaran con anterio­
ridad experiencias, pero ellas correspon­
dían más a las de maestros como P e t o R u n r o D e l P r e t e a través de cuyas obras
enraizadas en el futurismo o cubismo se
introducían las primeras realizaciones de
un arte que había de destruir la imagen
objetiva, reemplazándola por nuevos sig­
nos, en un intento de expresar nuevas
relaciones espaciales.
Si hago esta breve referencia de carácter
general a propósito de la exposición reali­
zada por K osice en la Galería Bonino
en el mes de setiembre último, es preci­

samente porque este artista fué uno de los
fundadores del grupo aludido. K osice fir­
mó aquel primer manifiesto en el que
se postulaba la creación artística apoyada
en elementos de pura invención. Cuando
tras las primeras tentativas las diferentes
tendencias se fueron perfilando, Kosice
desintegró el grupo originario. Su separa­
ción implicó la formación de uno nuevo,
M adí, con cuya designación se pretendió
englobar en un término totalmente inven­
tado el arte no figurativo. ¿Supuso ese
nombre al mismo tiempo una divergencia
de contenido expresivo con respecto al
resto del Arte concreto-invención? Frente
a los abstractos y concretos, y coincidiendo
en este punto con el constructivismo de
R aúl L ozza , M adí sostendría la realización
de la pintura como un objeto. Objeto
significa no el plano sobre el cual se
arman los elementos pictóricos en una
unidad expresiva ajena por su naturaleza
al soporte mismo, sino un ente totalmente
inventado, con autonomía absoluta. Inven­
tar un objeto es para M adí hacer patente
una esencia, el movimiento, articulando
las formas y colores dentro de una estruc­
tura adecuada. Esencia y estructura supo­
nen una indisoluble conjunción; la esencia
es tal porque vive en las relaciones de las
formas; la forma a su vez deriva de la
presencia constante de las primeras. Esa
relación evidente en la tensión de la com­
posición ha de extenderse más allá de sus
limites; para ello la pintura no ha de
encerrarse en la ortogonalidad (vertica­
lidad y horizontalidad del marco y líneas

106

�de la composición); por el contrario ha
de articularse en un marco irregular y de
acuerdo a líneas oblicuas (composición
sagital). De este modo se la quiere libe­
rar de una ubicación fija; se quiere hacer
de ella un objeto libre en el espacio,
unida a él por el único vínculo de su
dinámica permanente. La creación mate­
rial se compone de acuerdo a un método,
la invención; éste se ejerce sobre un ele­
mento concreto, el movimiento, entendido
no como una fuerza abstracta, sino como
resultante de dos contrarios: la longitud
de una forma y el tiempo que se demora
en recorrerla. El movimiento es asi el
único a priori de la estructura. No lo
es la tela rectangular que impone con
su ortogonalidad determinadas exigencias;
tampoco lo son las relaciones matemáticas;
el movimiento es el único elemento que
ha de tener en cuenta el artista a me­
dida que desenvuelve su composición.
Quiero señalar en este momento, que
por este camino, el del concepto material
de la dinámica, M adí llega a la creación
del objeto, invento absoluto, como "expre­
sión de la superestructura ideológica que
denominamos arte”. Su incorporación a la
realidad exterior y empírica hace que di­
cha expresión no se desligue de una rela­
ción cognoscitiva; lo estético en lugar de
derivar del reconocimiento de un trozo de
naturaleza o mundo exterior a través de
una imagen, surge de la percepción directa
del objeto mismo. De este modo queda
rechazada toda vinculación con una inter­
pretación trascendente o espiritualista, al

mismo tiempo que abre la disidencia fun­
damental con otras expresiones de arte
abstracto, especialmente con los concretos,
quienes buscan las relaciones espaciales a
través de elementos lo más posible despo­
jados de materialidad, como son las líneas
y puntos.
Estos enfoques teóricos me permiten una
comprensión más justa de las obras de
K osice . Construye dos tipos de las que
llama pinturas. Las primeras constan de
una sola forma, en cuyo centro abierto da
cabida al espacio posterior. En las otras,
dos formas se enlazan por las relaciones
de colores y por la ayuda de otros elemen­
tos ajenos a ellas mismas. ¿Qué es lo
expresivo, la forma-color, o el espacio de
muro que queda configurado? Tanto en
las primeras como en las segundas el pro­
blema común es el que deriva de la per­
cepción del plano posterior sobre el cual
se destacan las formas. Si vemos ese fondo
incorporado a la estructura total como
una nueva forma determinada por la pre­
sión que le imponen los elementos mate­
riales en sus relaciones de colores y rit­
mos, el objeto pierde su independencia,
queda integrado al muro, actuando éste
como el a priori material, plano previo
que impone a la postre sus condiciones
de ortogonalidad. Si por el contrario las
formas en sus relaciones destacan su expre­
sividad de manera independiente sobre
el plano posterior, si éste no queda incor­
porado a la estructura total el objeto lo­
grado adquiere la jerarquía de una moda­
lidad escultórica. Si así contemplo cual­

107

�quiera de las composiciones de K osice ,
libre del plano, les otorgo una indepen­
dencia como objeto, les confiero las tres
dimensiones, aunque una de ellas, la pro­
fundidad, sea admitida con el mínimo de
exigencias; por lo menos estoy sugiriendo
un desalojo de espacio. Estoy hablando
de este modo para que se entienda las
consecuencias de su calidad de objeto ma­
terial, sin que esto signifique que el valor
estético derive de ese desplazamiento que
implica todo objeto, ya que la expresividad
en la escultura inventada por nuestro
siglo deriva de la capacidad de configurar
un espacio a través de las relaciones que
el contemplador crea cuando su ojo reco­
rre las distintas formas y no de la sola
concreción de las formas mismas.
Desde este punto de vista la pintura
objeto ofrece una limitada resonancia ex­
presiva. El espacio que atraviesan las es­
tructuras no logra formas muy imagina­
tivas ni sensibles; en cambio son más
expresivos los ritmos de los elementos ma­
teriales mismos, sus prolongaciones más
allá de ellos en esas especies de cintas on­
dulantes que siendo materiales fuera de los
bordes se transforman solamente en pintu­
ra cuando se continúan por sobre la super­
ficie. Ritmos claros sí, pero ni excesiva­
mente tensos, complicados ni dinámicos.
En cambio en las admitidas como escul­
turas declaradas, K osice demuestra su ma­
yor fuerza de artista. Podemos distinguir:
los volúmenes opacos; las masas que se
prolongan en tensón de ciertos ritmos;
las cintas que se estructuran en el espacio

108

y por último los volúmenes transparentes.
Los volúmenes opacos a mi juicio no apor­
tan ninguna novedad desde el punto de
vista en que debe interpretarse una escul­
tura de invención dinámica; siguen siendo
materia conformada, sí de acuerdo a una
tensión especial de su tamaño y forma,
pero con respecto al espacio que las rodea
no crean relaciones nuevas. (Volumen en
incidencia.)
Por el contrario la idea es otra cuando
ciertos ritmos se concretan en curvas ten­
sas que a la par que son movimiento físico
dan forma a un espacio, encerrándolo en
líneas prietas. (Tensionado espacial de una
inclinación, Escultura articulada.) En cuan­
to a los volúmenes transparentes significan
una solución para el mantenimiento de las
expresiones por el volumen. Explicaré esto
volviendo al concepto de la escultura como
volumen y recordando que en cuanto tal,
está constituida por dos elementos: la masa
y la superficie. La masa en la escultura
de bulto desplazaba, como ya dijimos, el
espacio, y esta acción se hacía expresiva
en las superficies, en las entradas y salien­
tes del modelado, en los cursos de luz, y
en las crestas principales de la masa misma.
Con el uso de materiales transparentes es
como si se lograra hacer patente esa acción
dialéctica entre un espacio ocupado y el
espacio exterior. Más que por las estructu­
ras logradas es por la acción de las trans­
parencias que nace un nuevo espacio en
esa permanente comunicación de adentro a
fuera.
En la medida en que K osice apoya la

�El éxito de esta exposición exige una
pregunta cuya respuesta depende de lo
que signifique el arte para el espectador,
sea que lo sienta como expresión perma­
nente o transitoria. ¿Cómo es posible que
esa amargura estruendosa y un tanto ba­
rroca de R aquel F orner , se haya evapo­
rado en forma tan repentina y completa,
RAQUEL FORNER
sus anteriores telas cargadas
El viaje de R aquel F orner por distintos sustituyendo
de
dramatismo
cartulinas elegan­
países europeos ha dado como primer temente ligeras?porLaestasincondicional
adhe­
resultado una postergación —no sabemos sión del público tiene su justificación;
si definitiva— de ese escenario tan suyo,
de retorcida angustia, de sollozo metafísi- el empuje suave pero sostenido y conclu­
co. Apuntes de viaje, menos rápidos de yente que lo europeo (sea la naturaleza,
lo que asegura el catálogo de Bonino, pues sea el producto de las actividades huma­
tras la apariencia de un esbozo muy libre nas, sea el hombre mismo) ejerce en nos­
se nota la labor en la distribución del otros, empuje tanto más poderoso cuanto
color, que es lo que sirve de verdadero impregnado de misterio, de inconcluso,
sostén a la mayoría de los trabajos. por su propia situación en la distancia.
R aquel F orner sabe lo que el color lim­ Y en su medida es justo. Pero ahon­
pio, plano, puede dar al negro de gracia dando el problema, calando hasta la prís­
y de estímulo. La tinta, usada como lími­ tina verdad ¿no es este conjunto algo así
te constructivo o como distribución de como un gesto elegante, gracioso, “nonplanos abstractos, es muy expresiva; no chalant”, pero —y como tal— desnudo de
así cuando se extiende sobre el color en esa verdad?
pinceladas casi secas, queriendo dar al El dramatismo que volcaba en su obra
paisaje y a la arquitectura ese aspecto anterior tiene, como todo lo humano, un
misterioso que pone el tiempo sobre las límite al que R aquel F orner no accedió
cosas y del que nuestra artista se sirve y el estrépito de esa misma angustia, con
para sugerir más que para decir. Cabe potencia casi física, iba camino de destruir
agregar que los trabajos abstractos son los las formas con que objetivaba su mundo.
más felices y que el encuadre es todo un Por eso deseamos que la exposición que
acierto. La figura humana y el árbol, nos ocupa, tenga como labor un sentido
aunque disminuidos en sus proporciones de reparación de fuerzas debilitadas por
y ahogados por la arquitectura y el pai­ aquel ilimitado desborde de tragedia.
saje, siguen exponiendo el típico lenguaje
E lena F. P oggi
de R. Forner .
creación de sus obras M adí en elem entos
de p u ra invención, sin ten er en cu enta n in ­
g un a form a preestablecida subraya las ca­
racterísticas generales de las búsquedas esté­
ticas de n uestro tiem po.
B lanca Stabile

109

�miscelánea
• ¿Cómo concibo la figura? —ha escrito recientemente Fernand Léger—.
Se podría haber cambiado este título —La figura en la obra de Léger—
y poner en cambio: El manojo de llaves en la obra de Léger o también
La bicicleta en la obra de Léger. Esto quiere decir que para mí la figura
humana, el cuerpo humano, no tienen más importancia que las llaves
o las bicicletas. Es cierto. Son para mí objetos que valen plásticamente
y de los que puedo disponer a mi elección.
Hay que reconocer que las tradiciones pictóricas que nos preceden —la
figura y el paisaje— pesan con su influencia. ¿Por qué? Es el paisaje
en el que se ha vivido, son las figuras y los retratos que adornan los
muros, de donde deriva el valor sentimental que como punto de partida
ha permitido la eclosión de una cantidad considerable de cuadros buenos
o malos, o discutibles.
Para ver claro ha sido menester que el artista moderno se aparte de esta
empresa sentimental. Hemos franqueado este obstáculo: el objeto ha
reemplazado al motivo, el arte abstracto ha venido como liberación
total, y se ha podido entonces considerar la figura humana, no como
un valor sentimental, sino únicamente como un valor plástico.
He aquí por qué en la evolución de mi obra desde 1905 hasta ahora,
la figura humana es voluntariamente inexpresiva.
Sé que esta concepción muy radical de la figura-objeto indigna a mucha
gente, pero no puedo hacer nada por ella.
En mis últimas telas, en las que aparecen figuras ligadas a motivos,
quizás se encuentre que la figura humana tiende a ser el objeto impor­
tante. El porvenir dirá si esto es mejor plásticamente o si es un error.
En todo caso el dispositivo actual está siempre dominado por valores
contrastados que deben justificar esta evolución.

110

�• Acaba de aparecer el N1? 4 de la revista NUEVA VISIÓN que dirige el pintor T omás
M aldonado . Revista destinada a la defensa de los nuevos principios en los que
se basan las creaciones denominadas del arte concreto y a informar convenientemente
sobre ellas. Independientemente de la calidad de los artículos y de la seriedad de los

enfoques, lo que la señala como una publicación excepcional en cualquier medio de
cultura, cabe destacar la presentación igualmente excepcional. Y no se piense que
al hablar de ella hacemos referencia a un hecho secundario. Todo lo contrario, ya
que si se trata de educar el gusto para que se comprenda, a través de los productos
que crean los artistas dé avanzada, en qué consiste la nueva visión, punto de arran­
que de la nueva concepción del mundo, tanto la tipografía como la diagramación
tienen enorme importancia. La revista de Maldonado responde en este sentido a las
mayores exigencias que se pueden tener. En el número recientemente aparecido se
destaca un artículo de MAX BILL: Educación y creación, otro del director sobre
Problemas actuales de la comunicación y un emotivo cambio de discursos entre W alter
G ropius y M ies van der R olie, dos de los más eminentes arquitectos actuales,
como se sabe, con motivo del 70“? aniversario del nacimiento del primero. También es
interesante el artículo de A ldo P ellegrini sobre Arte surrealista y arte concreto,
en el que desarrolla con argumentos sólidos y convincentes la tesis de la unidad de
punto de partida tanto de los surrealistas y abstractos expresionistas como de los con­
cretos: en la vida interior del creador y en la obra de arte como objeto, imagen concreta
del espíritu.
• Entre los múltiples festejos programados para celebrar su IV centenario, San Pablo
nos brindará una muestra de las artes plásticas contemporáneas, que será sin duda, por
los preparativos anunciados, la más importante realizada en América Latina hasta la
fecha. Y lo será no sólo por la calidad de los artistas y sus obras a exponer, sino por
la universalidad de la misma y por el criterio didáctico con que se la encara. 40 países
son los representados, algunos con salas especiales: Alemania dedica la suya a 65 obras
de P aul K lee ; Austria presenta 18 obras de K okoschka , Bélgica telas de J. E nsor ;
España casi toda la obra de D a lí , especialmente la de sus últimos años; de C alder
se podrán admirar 45 obras en el pabellón norteamericano; Inglaterra ofrece 29 escul­
turas y 30 dibujos de H enri M oore , además de la presencia del propio artista. Podrán
seguirse de cerca algunos de los movimientos pictóricos que más han influido en el
lenguaje plástico de nuestro medio siglo: el pabellón francés organiza una retrospectiva
del Cubismo, suponemos que será la misma expuesta en París el año pasado que tuvo
tanta resonancia y magnitud. Italia reúne en su sala especial 42 obras pertenecientes
al movimiento futurista, desde B alla , R ussolo , B occioni, Severini, C arra , hasta algunas
de las figuras menores. Pertenecientes al grupo de “Stijl" se verán en el pabellón de

111

�Holanda 30 obras de M ondrian , algunas de van D oesburg , van der L eck , G ildewart .
Y por fin, se despierta gran espectativa ante la anunciada sala de P icasso , organizada
según se dice por él mismo, en la que se expondrán 75 piezas de las más importantes
del artista, entre ellas Guernica. En las salas generales se exhibirá una selección impor­
tante de artistas nacionales y extranjeros frente a la cual el público podrá tener una
visión de conjunto de las tendencias más significativas dentro del arte contemporáneo,
tanto de la pintura como de la escultura; visión que se ha de completar con la Segunda
Exposición Internacional de Arquitectura a realizarse simultáneamente.
Muy importante es la constitución del Jurado encargado de otorgar los premios, pues
se han invitado a participar en él a los críticos internacionales más destacados, entre
los que figuran H erbert R ead (Gran Bretaña), J ames J ohnson Sweeney (Estados
Unidos), J orge R om ero B rest (Argentina), M ax B ill (Suiza), W. Sandberg (Holanda).
Por cartas y noticias recibidas, esta II Bienal —promovida, estimulada y financiada no
sólo por los gobiernos e instituciones correspondientes, sino también por un considerable
aporte privado— merece el elogio más franco y caluroso. Se repetirá en ella, multipli­
cado muchas veces sin duda, el éxito de la I Bienal realizada en 1951.

• Información de último momento: los premios que acaba de otorgar el
Jurado en la II Bienal de San Pablo. El mayor de los premios, denomi­
nado Centenario, fué adjudicado al escultor francés H enri L aurens. Los
dos primeros premios de escultura y pintura fueron adjudicados a H enry
M oore y dividido a A lfred Manessier y R ufino T amayo. G iorgio
M orandi recibió el premio al mejor grabador extranjero y Ben Shahn
al mejor dibujante. En cuanto a los artistas brasileños recibieron los pre­
mios más importantes A lfredo Volpi, Emiliano D i Cavalcanti; Bruno
G iorgi, L ivio A bramo y A rnaldo Pedroso D’H órta. Algunos de los más
importantes premios adquisición fueron adjudicados a G iuseppe Santomaso, Petar L ubarda, Vodemberge-Gildewart, María
Brenninger, Gustavo B eck y M arcelo Grassmann.

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Secretario de Redacción: RAM ON A LCA LD E
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SUM ARIO D E L P R IM E R NU M ERO
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M O N D O LFO : Trabajo y conocimiento según Aristóteles. -— JO S E B A B IN I: Las
grandes etapas del análisis infinitesimal. — JO S E JU A N B R U E R A : Spinoza y las
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la historia del cubismo. — V IC T O R M A S S U H : M artí en los Estados Unidos. ■—
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Bayón, Damián C.&#13;
Gay, Edith&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Domínguez, Lorenzo&#13;
Bleyle, Magdalena&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Tenconi, Elsa&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Poggi, Elena</text>
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                    <text>REVI S TA

ME N S U A L

DE

L E T R AS

Y ART E S

APARECE

EL DIA

P RI ME RO

UE ME S

num era

REDACCION

Y A DMI NI S T RACI ON:

Año lll

1 (B

Perú 973 - Rueños Aires - Telóf, 34-2384

Al a y o

I

« J

Precio del número: $ 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : S 6.50 m on ./arg.

19 4 8
2 a-Epoca

EN El M l f E l S O I l OE
l o i E i i i j. m n o
Por P A B L O R O JA S P A Z
Por JÜSEPH W A R R E N BEACH
transcurrido treinta años desde la
aparición de los primeros poemas de
John Uos Passos y de su primera novela,
One M an’s Initiation (La Iniciación del
'
Hombre). Desde entonces, Dos Passos ha
publicado ocho novelas, un volumen de
poemas y otro de comedias, seis volúmenes
de viajes y comentarios políticos, y cuatro
que tratan de la lucha por las institucio­
nes libres en los Estados Unidos, en épocas
coloniales y en nuestros días. Más de veinte
libros escritos en un período de treinta
años por un hombre que ha cumplido ya
los cincuenta.
Tenemos ahora más de veinte años para
digerir Manhattan- Transfer, y diez años
para conocer a fondo lo que universalmente
se considera como su obra maestra, la tri­
logía de V. 8. A . En libros como Journeys
Between ITurs (Viajes entre Guerras),
The Ground. W e Stand On (La Tierra en
que Vivimos), y State of the N ati mi (El
. Estado de la Nación), Dos Passos nos ha
expuesto el punto de vista con que mira
el mundo, permitiéndonos estudiar su re­
presentación “ dramática” de la vida. Aho­
ra podemos enfrentarnos con su figura y
preguntarnos hasta qué punto es grande
su significado para el arte literario.
Lo primero que podemos decir, sin temor
a equivocarnos, es que la obra anterior a
Manhattan Transfer carece de importancia,
que sus volúmenes de viajes y comentarios
no valen gran cosa y que, hasta ahora,
debe el lugar que ocupa en la literatura
a cuatro novelas, M anhattan Transfer y las
tres partes de U. S. A. La única importan­
cia de sus poemas es la de recordarnos que
su autor es, por inclinación natural, clara­
mente “ estético” ; es decir, que le atrae
lo pintoresco, lo decorativo, lo exótico y
lo romántico, en el sentido en que este tér­
mino se aplican a Amy Lowell y John
Gould Fletcher.
La influencia de Cari Sandburg se sien­
te con fuerza en M anhattan Transfer, so­
bre todo en el lenguaje y disposición de
los poemas en prosa que preceden a cada
capítulo.-.Pero la influencia de Sandburg
no es más que un paso del simple culto a
lo exótico, a la robusta lucha con la reali­
dad - de la estética como evasión a la
estética como composición significativa.
Sus primeras novelas cai-ecen de imporf tancia por las mismas razones y son igual­
mente interesantes por la luz que arrojan
sobre el temperamento del autor. One
M an’s in stitu í ion y Streets of Nigth (Ca­
lles de Noche) nos muestran a un joven
exigente y sensible, que aborrece la cruel­
dad y la fealdad, tanto físicas como mora­
les, y se da clara cuenta de la fealdad que
existe en la guerra y el sexual ismo. Threei
Soldiers (Tres Soldados) — 1929— es una
de esas novelas que siguieron a la Primera
Guerra Mundial, donde el autor demuestra
su interés por el alma del individuo que
lucha vanamente por librarse de las ata­
duras de la maquinaria militar (y social).
Las tres obras nos demuestran claramente^
que el autor no es un novelista nato, en el
tradicional sentido de la palabra, porque
le preocupan más las relaciones del indi­
viduo con la sociedad, que la idiosincrasia
v rasgos personales de su protagonista.
Los volúmenes de comentarios políticos
carecen de valor desde el punto de vista
literario. Poro son de gran importancia
para comprender la filosofía social de Dos
Passos y no carecen de mérito. Son buenos
reportajes, porque nos muestran lo que él
La visto —e'i Rusia, en las Estado0 Unidos

H

on

a n

Í

(Conttná-a m ¡a pág. 6.)

frecuencia los biógrafos, al hablar de

un personaje, advierten que nació cir­
Ccunstancialmente
en tal ciudad. Esta conti-

J orge L argo . Torero en verde. (Oleo) 1946-47.
(Ver artículo en las páginas centrales.)

EJERCICIO

so br e

TÍHESIAS
Por ALB ERT O GIRRI

Tiresias, soy eterno. Sombra prudente
YO,y sabia,
elegida una vez para decidir que
sexo es el más vigoroso en el deleite; reve­
lador de las desgracias de Edipo; amigo y
consejero de Ulises por mediación del poeta
Horacio (—Sátiras— Libro Seg. V ) ; sufri­
do viejo de ubres arrugadas palpitando
entre dos vidas*, protejo a quienes buscan
cambiarse gracias al cambio de vestidos.
Todo fraude hay que pagarlo. Cada vez
que acontece, una muerte violenta lo corona
y yo, Tiresias, desaparezco hasta un nuevo
llamado. Eso sí, debemos admitir que las
anagnorisis que presido son valiosas pues
quienes las practican tiñen sus actos, heroi­
cos o mezquinos o infames, de inédita inten­
sidad y apasionado secreto. Mueren o pro­
vocan muerte. A veces caen en misteriosas
e incurables desdichas que consumen len­
tamente el alma como sutiles venenos, des-

dichas más destructoras en unas estaciones
del año que en otras. Hay ejemplos. ¿Quién
no me vió, sin reconocerme, en la figura de
hombres hermosos viviendo como mujeres,
para seducir con sus falsas faldas a nostál­
gicos marineros y despojarlos, luego de la
infaltable borrachera, gracias a férreos e
imprevistos músculos? ¿Quién no supo de
mujeres puestas en evidencia como tales,
por el indiscreto y asombrado periodista
que las presenta como la mujer-hombre,
honesto y eficaz empleado, fiel cumplidor
del somnoliento deber burocrático durante
varios lustros, sin que nadie se apercibiera
del equívoco? Era yo, Tiresias. En la fili­
bustera Jamaica fui el nombre apasionado
de Ana Benny, la irlandesa bastarda que
acompañó a su amante, el feroz Rackham
hasta que lo ahorcaron. Ana vistió eómoda( Continúa &lt;n la pág. /.)

En las páginas interiores, artículos de Eduardo W esterdahl, Juan Carlos I
A l­
varo Fernández Suárez, Neu ton Freitas, Rom ualdo Brughetti, Juan Carlos (,hiano,
Denis de Rougemont, Francisco de Aparicio, Miguel Graco, Juan Jacobo Bajarlía,
Murray Schumach, Braulio Sánchez - Saes, Joan Junyer, Robert Graves. Poemas de
Olga Orozco y Gustav Ilegler.

gencia o riesgo de nacer por casualidad en
un punto determinado de la Tierra, tiene
mucho de pintoresco y curioso. Creer que
todo en la vida del hombre está previamente
fijado y pensar que todo sucede de acuerdo
a un plan preestablecido, es cultivar una
excesiva vanidad humana. Pero, al contra­
rio, pensar que nada está fatalmente seña­
lado y que todo está entregado al azar y al
riesgo, es no aceptar que hay un destino en
la dureza de la roca o en la volubilidad de
la ola. Decir que Roberto J. Payró nació
circunstancialmente en Mercedes el 19 de
abril de 1867, es decir algo muy sencillo,
pero no muy explícito. La vanidad humana
nos lleva a aceptar que no es posible nacer
accidentalmente en ninguna parte; una se­
rie de circunstancias hará que lo que fuese
mera casualidad se convierta en casi atina­
da coincidencia de accidentales circunstan­
cias y motivos lógicos. ¿Qué razón lleva a
los padres de Payró a refugiarse en Mer­
cedes? Nosotros no tenemos una impresión
exacta de lo que son las pestes. Nosotros,
felizmente, hemos llegado en un tiempo en
que se habló de ello como de una fábula.
Las pestes que destruían la familia eran
uno de los grandes azotes de la humanidad
y fueron, junto con las guerras civiles, el
azote de Dios, el mal que aferraba a los pue­
blos a una remora de terror y a una falta de
capacidad para librar combates con la vida.
Ser argentino es haber nacido con los sig­
nas de la nacionalidad en una época deter­
minada. A Payró nació con todas las señales
de su tiempo a que perteneció. Que Miguei
Gané, el de -Iuvenüia, nazca en Montevideo
porque sus padres iban huyendo de la ti­
ranía; que Nicolás Avellaneda busque, pe­
queño, junto a la madre, después de que su
padre fuera degollado, un auxilio en Bolivia, son acontecimientos afines al que Payró
haya nacido en Mercedes. Los padres de Ca­
ñé, a quien Payró sobrepasa por sus cuali­
dades literarias, fueron a Montevideo bus­
cando un ambiente de libertad, es un sínto­
ma. y es también un síndrome de la época
el que los padres de Roberto J. Payró aban­
donaran la gran aldea buscando un clima
salubre a las puertas de la pampa. Payró
nació a la vida en épocas en que todavía el
suelo es el protagonista de los acontecimien­
tos nacionales. Por eso su nacimiento ya
está marcado con los signa, de la naciona­
lidad.
A las guerras civiles en que el fuego d"l
odio quemaba la fecundidad de los campos,
a los combates con el epílogo bárbaro de lo
degüellos, a Facundo, de pechó desnudo v
lanza triunfante que pone precio a la nonra
de las ciudades, sucedió la peste fulminante
que produce 15.000 muertes en 145 días. No
hay descanso para la suerte del país. El
hambre, la sequía, la peste se enseñorean
en las grandes ciudades, ninguna de las cua­
les quiere ser menos digna en el martirio
que las otras. Y después, otro mal argenti­
no, la soledad y no la extensión, como ano­
taba Sarmiento. Sería de oír lo que digan
las generaciones venideras en punto a si
falta o no territorio. Pero, esta soledad no
la defiende de los males. Anotemos un daño
más tenaz, más duradero que todo eso: la
lucha con el indio. Yo creo que no hay nada
más erróneo, más equivocado que el sentido
que se ha dado a la educación nacionalista,
al estudio de la historia. Nos han hecho
creer que nuestro país era el más feliz del
mundo, el mejor regado) el más rico de to­
dos ; no necesitábamos sino extender la ma­
no para recoger los frutos de los árboles
(Continúa en la pág, 5.)

�cabalgata;
quien amaba en el fondo de su corazón. Hugo, ultrajado, se mega a
someterse a las nuevas “directivas” del partido, a dejarse “recuperar
por él. Miembros del partido le matan.
A pesar de su carácter de melodrama, la obra es de una gran be­
lleza de expresión y sugiere un patetismo angustioso. La acción se des­
arrolla en un ambiente muy Arthur Koestler, muy “Oscuridad al me­
diodía” . Los últimos acontecimientos europeos vienen a darle más sigficación y más alcance.

N O I C A
(En un cuadro de Juan Batlle Planas.)

Nunca oísteis su nombre.
Sin embargo, cuando un sueño cualquiera entretejió fosforescentes
redes sobre el rastro del tiempo
Noica estuvo.
Tal vez su cabellera fuera para vosotros la marea letárgica
por donde sube al cielo la primer Navidad
—esa novia que flota con su ramo de cristal escarchado y una cinta
plateada en la garganta.
Acaso sus ropajes fueran para vosotros un ámbito en que caen
lentamente las hojas, las diademas de lianas y de lluvias,
cuando el amor golpea con sus manos el follaje encantado.
Lo cierto es que fué Noica;
la diosa de los seres subterráneos que disponen callando el esplendor
del mundo.
Reconocedla ahora.
Antes que se haya ido para ser melodía de. polvo contra el vidrio,
sombra musgosa de los muros.
Guardadla para siempre en esta misma puerta abierta en el celaje
de los siglos,
donde 6e balancea, despidiéndose,
como la luminaria en el claro final de la arboleda.
Del otro lado yace su reino alucinado.
Nunca entraréis en él.
Juntos se abismarán debajo del recuerdo y del olvido.

UN EPITAFIO PARA JAMES WAITT
(Personaje de la novela de Joseph
Conrad “ El negro del ‘Narctssus’ ” .)

Yo, James Waitt,
hijo del miedo y la impostura,
tenía un cofre con monedas y un infame secreto.
Las monedas resonarán al paso de Donkin, el astuto emisario
de mi muerte,
V el secreto me rozará la cara por los siglos como una rama 6eca.
¿Dónde está el verdadero James Waitt?
En un barco alcanzaba las riberas del ocio
simulando agonías más fastuosas que un incendio en los bosques.
Pero un día la cólera marina silbó sobre su espalda como un látigo.
¿Dónde está el verdadero James Waitt?
En un barco alcanzaba las afanosas islas
simulando un poder más obstinado que las raíces en la primavera.
Pero un día la codicia terrestre esgrimió la verdad como un relámpago.
Lo arrojaron al mar envuelto en un sudario de amenaza y terror
que llamaron plegaria.
¡Piedad para James Waitt,
que conquistó la vida con la faz engañosa de la muerte
y penetró en la muerte con el rostro ilusorio de la vida!
Nadie venga a buscarlo.
Rasguñará en el limo lo mismo que las ratas en la viscosidad
del maderamen,
hasta que el mar lo sorba como a un brebaje oscuro tras la máscara
lisa de una lona.
Nadie diga su nombre para el último día.
James Waitt no tendrá rostro.

OLGA

CARTA

0R0ZC0

DE F R A N C I A
Por

JUAN

SAAVEDR4

obra teatral de Sartre es siempre un acontecimiento literario, mu­
las inquietudes de
generación que se
debate en la pasión política. En el Teatro Antoine se ha estrenado y
se representa “Les mains sales”, de Jean-Paul Sartre, que antes de
representarse había dado lugar ya a muchos comentarios, que los ha
suscitado mayores después y que está llamada a interpretaciones y con­
clusiones diversas.
La acción de “Les mains sales” ocurre en una Jllyrie independiente,
pero ocupada por cinco divisiones hitlerianas, durante la guerra. E!
gobierno del Regente-reaccionario ha pactado con los alemanes. Se han
creado dos movimientos clandestinos de resistencia, el del Pentágono
burgués y el del Partido Proletario. Primeras derrotas alemanas en
Rusia; el viento cambia. La derrota final del Reich no ofrece duda. El
Regente decide hacer el doble juego. Se entiende con Karsky, el je fe
del Pentágono, y con Hoederer, el jefe del Partido Proletario. Se trata
de hacer un frente nacional de la resistencia. Hoederer está dispuesto,
bajo ciertas condiciones, a esta cooperación que permitirá a su partido
conquistar la participación en el Poder cuando se derrumbe Alemania.
Pero en el Partido Proletario hay otros jefes más intransigentes que
Hoederer. No aceptan ni siquiera provisionalmente tender la mano al
Regente, al Pentágono pequeñoburgués. Puesto que Hoederer se trans­
forma en social-traidor, se le designará como secretario al joven Hugo,
hijo de banquero, ingresado en el comunismo por generosidad de alma,
y que acepta, con su fanatismo de neófito, el matar a Hoederer que está
a punto de traicionar la ideología del Partido.
Hugo se instala con su joven mujer Jessica cerca del viejo jelc
revolucionario. ¿Le matará? No, cuando Hoederer le haya explicado
las razones profundas de su aparente cambio. Sí. cuando encuentra a
Hoederer besando a Jessica.
Hugo es condenado a dos años de prisión. En su celda es objeto
de una tentativa de envenenamiento. Puesto en libertad, sabe por la
camarada Olga, a quien a ido a pedir asilo, que el Partido Proletario
quiere suprimirle. ¿Por qué? El no es un traidor. Ha cumplido su piomesa de matar a Hoederer. ¿Qué importa si lo ha hecho por celos pa­
sionales? Sólo debe tenerse en cuenta1 el resultado.
Pero Olga le revela la verdad: la ejecución de Hoederer ha sido
un error. Hoederer estaba, sin que se supiera, “en la línea . Algunos
días después de su muerte, Moscú da la orden al Partido Proletario de
Illyrie de colaborar con el Regente y con el Pentágono. Por lo tanto,
Hugo ha matado por nada, estrictamente por nada, a un hombre a
na

cho más si trata de interpretar las angustias y
U
nuestra época, los problemas íntimos de la actual

• El movimiento surrealista lia conocido
constantemente escisiones, discrepancias o
separaciones de sus fieles, que casi siem­
pre han ido acompañadas de escándalos
más o menos tumultuosos. Fortalecidos en
el combate contra los demás, conocían
también la técnica de disputarse entre sí.
Ahora mismo la lucha es bastante violen­
ta entre los llamados “ surrealistas revo­
lucionarios” y los surrealistas a secas, o
amigos de Bretón'. Ambos han expuesto
recientemente sus puntos de vista.
Noel Arnaud, el más destacado y com­
bativo de los ‘ ‘ surrealistas revoluciona rios ’ ’, ha expresado así su tendencia:
“ He sido leñador en Venezuela; desde
entonces desconfío de los árboles y en
general de todo lo que permite las me­
táforas de desarrollo consanguíneo; la na­
riz no es siempre hija del binóculo. Por
esto el surrealismo revolucionario no es
en manera alguna “ una rama del surrea­
lismo de Andró Bretón” . Ni de cerca ni
de lejos hay ninguna relación entre el
surrealismo revolucionario Y Andró Bre­
tón. Este sólo se representa a sí mismo,
mientras quo el surrealismo revolucionario
define un conjunto de técnicas, un espí­
ritu de descubrimiento, un rigor crítico
orientados esencialmente hacia la denun­
cia y la destrucción de las superestructu­
ras burguesas y hacia una conciencia de
los valores propios de nuestro tiempo. El
surrealismo revolucionario m&gt; puede ser
una rama de un árbol muerto. Está más
bien al servicio de ideas que tienen su
origen en la realidad revolucionaria, en
la acción del proletariado por su libera­
ción. Experimental, encuentra sus mate­
riales en la realidad objetiva; lírico, se
impregna del movimiento que transforma
el mundo. Olvidaba decirlo: si se quiere
un árbol digamos que es el del materialis­
mo dialéctico, que impulsa lejos sus raíces
y altas sus ram as.”
Por su parte, Sarane Alexandrian y
Claude Tarnaud, que publican la gran
hoja surrealista “ N eón” , han respondido
en la siguiente form a: ‘ ‘ Sin nosotros no
existirían los surrealistas revolucionarios.
Son nuestros parásitos. Además, “ surrea­
lismo revolucionario” no significa nada.
Es un pleonasmo. Hay bastante revolución
en el movimiento surrealista para que se
tenga que añadir algo. Se nos reprocha
que somos un árbol muerto porque no nos
ocupamos de política. Pero sabemos bien
que someter la poesía a una forma polí­
tica, es demostrar impotencia, es no poder
hacer poesía con medios propios... Nues­
tra acción social es la exaltación de la
imaginación. Y nuestros medios (mitos,
analogías) son eficaces porque exaltan el
acontecimiento humano, el amor, la rebel­
día y no la realización práctica del reparto
de la carne.”

O L L A

• Ya que no se llega a superar la actual
crisis del cine francés por la mejor calidad
de las obras, se trata de resolverla me
diante medidas gubernamentales, adminis­
trativas. Va a establecerse una ayuda
temporal de tres años a la industria
cinematográfica, gracias a la creación de
un fondo especial alimentado por una
tasa de 5 francos sobre cada localidad.
Se va también a reducir del doce, que
es actualmente, al 3.50 % el tipo del
impuesto a pagar al Estado. Por otra
parte, se intentará, en virtud de negocia­
ciones ya comenzadas, un mejoramiento
de los acuerdos cinematográficos BlirfhByrnes, que tantas protestas han suscita­
do. Y eir caso contrario, parece que el
1 de julio se considerarán caducados di­
chos acuerdos.
• ‘1Occupe-toi d ’Amélie ’ ’ obtiene actual­
mente en el Teatro Marigny un gran éxito,
sobre todo por la magnífica interpretación
de Madeleine Renaud. La obra, que en
español fué traducida por Juan José Ca­
denas con el título de “ A ver si cuidas
de Amelia’ ’, lia sido representada bajo la
dirección de Joseph-Louis Barrault, que
después de sus triunfos de ‘ ‘ Hamlet ’ ’,
‘ ‘Les Fausses Confidences ” y “ Le Proeés” se apunta un nuevo éxito con uno
de los mejores vodeviles de Feydeau.
• Los dos grandes premios literarios de
la Société des Gens de Lettres han sido
concedidos este año, el primero a Joseph
Jolinon por el conjunto de su obra y e!
segundo a Henri Clouard por su “ Histo­
ria de la. literatura francesa ’ '.
• Se recordará el “ affaire’ - de la fa l­
sificación de cuadros de Vermeer realiza­
da por Vair Meegeren. El señor De Vries,
director de uno de los más importantes
museos de La Haya y gran especialista
de la pintura holandesa, fué uno de los
peritos que dió como auténticas las falsi­
ficaciones.
En una conferencia dada recientemente
en París ha reconocido que fué un enga­
ñado, y ha tratado de deducir algunas
enseñanzas de este “ a ffa ire ” . La indus­
tria de la falsificación proviene 'de un
excedente entre la oferta y la demanda.
Los coleccionistas, con su avidez y algu­
nas veces con su gusto por la especulación,
son los principales responsables de la
estafa de que son víctimas. El arte de la
falsificación evoluciona con el tiempo
Desde el siglo x jx la falsificación es más
frecuente que la simple copia. Por otra
parte, a medida que son más eficaces los
medios de investigación de los expertos
la técnica de los falsificadores también
se perfecciona.
El éxito de Van Meegeren se debió al
cuidado con que confeccionó su primera

P O D R I D A

In g la te rra
C I. teatro inglés ha estado particularmente activo últimamente, presentando,
en el espacio de pocos días, siete produc­
ciones, en las que, aparte la reposición de
•‘Troilus y Cressida” , de Shakespeare,
descuella el creciente interés por un teatro
poético moderno. El Mercury Theatre, de
Londres, durante algunas temporadas ha
cultivado eso género, pero ahora otros tea­
tros se inclinan hacia el teatro en verso,
y éstos son: el New Lindsey Theatre, que
ha dado “ W interset” , del autor norte­
americano Maxwell Anderson, y el Arts
Theatre, quo presenta una obra de un
joven poeta dramático inglés, “ The La­
dy ’s not for burning ’ ’, de Cliristophen
Fry. La primera, “ W interset” , dividió
a la crítica, pues, evidentemente resulta
chocante para el público londinense, es­
cuchar largas tiradas de sonoros versos en
labios de gangsters y otros personajes del
hampa norteamericana. La obra de Fry,
no ha dividido menos los pareceres, aun­
que ha cosechado una mayor parte de
elogios. Al autor de “ The L ady’s not
for burning ’ ’, se le reconocen dotes poé­
ticas do original belleza, no carente de in­
genio, pero escasamente dramático. El
asunto de la pieza enzarza una bruja con
un joven soldado, en diálogos de muy bri­
llante imaginación.
• En la Gimpol Fils Gallery se han ex­
hibido pinturas y dibujos del pintor ita ­
liano Amedeo Modigliani, fallecido en
1920, cuando sqlo contaba 36 años de edad.
• En el Cambridge Theatre se ha estre­
nado la ópera en un acto del compositor
británico de 27 años, Anthony Hopkins,
‘ ‘ Lady Rohesia’ ’, ‘ 1ópera traviesa ’ ’, se­
gún la clasificación del propio autor, ba’ sada en un libro de leyendas escritas en
verso y prosa, a principios del siglo xix,
por el clérigo R. H. Barham. La obra
compuesta en tono burlesco ha divertido
al auditorio, haciendo preguntarse a mu­
chos si el teatro de la ópera es el lugar
apropiado para ridiculizar el género ope­
rístico.

Ita lia
• En la revista “ Politécnico” , Elio Vittorini publica una carta abierta al diri­
gente de su partido Togliatti, en la que
el primero parece querer dar téimino a

una situación interna llevándola al co­
nocimiento público. Escribe el autor de
‘ ‘ Conversazione in Sicilia ’ ’:
“ Mi trabajo no vale más que el tuyo.
Es simplemente distinto. Si yo te reconoz­
co el derecho a intervenir eir las cuestiones
de la cultura, te niego el de intervenir
con objetivos políticos, coh medios políti­
cos, con argumentos políticos, por presión
o intimidación política.
“ Me niego a hablar de Hemingway co­
mo de un pequeño escritor imperialista
que no merece ser conocido. Declaro que
Caldwell, Dos Passos, Richard Wrigth, J a ­
mes T. Farrell, tránsfugas antiguos o re­
cientes del comunismo, han escrito obras
cuyo fondo guarda su importancia revo­
lucionaria. Mientras que nuestros simpati­
zantes Howard Fast o Robert Maetz no
son precisamente de primer orden.”

U. R . S. S.
e El profesor del Conservatorio de Mú­
sica de Moscú, Yuri Shaporin, comentando
la declaración del comité central del par­
tido comunista de censura para algunos
de los más eminentes compositores sovié­
ticos, manifestó: “ las tradiciones de la
música clásica rusa, han sido olvidadas
en los últimos tiempos por algunos com­
positores soviéticos. Desgraciadamente es­
tos compositores hicieron alto en la tarea
de desarrollar las&lt; grandes tradiciones
realistas de la ópera clásica rusa. Muradeli, Shostakovich, Prokofiev y otros, no
se preocuparon por el desarrollo de ia
melodía. ’ ’
Como era de esperar, la declaración del
comité del partido ha obrado con rapidez,
la consecuencia que se esperaba. Aram
Ghacliaturian, Vano Muradeli y Serge
Prokofiev aceptaron acto seguido las ins­
trucciones del partido que son de “ com­
poner música que so acerque más al pue­
blo y pueda ser comprendida por é l ' ’.
Prokofiev declara que las instrucciones
referidas ‘ ‘ me están ayudando en mi bús­
queda de un lenguaje musical más alle­
gado a nuestro pueblo. ” Muradeli declaró
a sus colegas: “ La justa y severa crítica
de mi ópera ( “ La gran am istad” ) me
obligó a pensar en la causa de mis errores.
Reconozco quo tengo la exclusiva respon­
sabilidad do ellos y trataré de corregirlos
de todo corazón.” Shostakovich, autor del
“ Poema a la P a tria ” , no se pronuncia.
Esto compositor, el más universalmente
conocido de los jóvenes músicos soviéticos
ya saboreó hace años el ostracismo en oca­

falsificación, o sea “ Los peregrinos de
Emmaüs” . Sin esto cuadro, la primera v
única “ obra m aestra” de Van Meegeren.
jamás las otras falsificaciones hubieran
sido aceptadas. Además, los últimos cua­
dros fueron “ descubiertos” durante la
ocupación alemana y el patriotismo de
los conservadores holandeses les empujó a
adquirirlos precipitadamente antes de que
cayeran en manos de los alemanes.
El propio señor De Vries, cuando se
descubrió “ Los Peregrinos de Emmaüs”
escribió un ensayo donde demostraba,
principalmente, gracias a este cuadro, la
influencia de Caravaggio sobre Vermeer.
El ensayo fué leído con gran placer por
el falsificador Van Meegeren, pues es
sabido que uno de los objetivos de éste era
vengarse de los críticos.
El conferenciante se vió obligado a res­
ponder a la siguiente pregunta que le
formularon: ¿Cómo se explica que este
cuadro le haya agradado a usted tanto
cuando le creía de Vermeer y que después
no le encuentre interés?
A esto respondió en los siguientes tér­
minos: “ Esta cuestión me ha preocupado
mucho. P ara responder estoy obligado a
decir que “ Los Peregrinos de Emmaüs”
es una obra de arte, pero que no puedo
considerarla del mismo modo. Sin embar­
go, evitaré a consecuencia de esta mistifi­
cación de dejarme paralizar por la des­
confianza. Es necesario saber obedecer a
nuestro instinto, pero escuchar también la
voz de la razón y sobre todo, no dejarse
influenciar por otros.”
• Jean P’aulhan acaba de publicar una
Antología de la poesía francesa, en la
que figuran composiciones de una carni­
cera, de un modelista mecánico, un de­
pendiente de comercio, un padre misio­
nero, un carpintero, un suboficial del ejér­
cito, etc. Paulhan llama a éstos “ poetas
del domingo” , porque ejercen un oficie
al margen de la poesía.
• La Opera Cómica, después de haber
creado “ La Rosa ro ja ” , de Paul Auclere,
acaba de animar “ La Balada de la P ri­
sión de Reading’ de Oscar Wilde.
• Veinte naciones han participado en el
Congreso Internacional de Historia Lite­
raria celebrado en1 París en el Anfiteatro
Richelieq- de la Sorbona del 30 de marzo
al 2 de abril. El tema del Congreso era:
“ La literatura y los movimientos políticos
y sociales ’ ’.
• La prensa francesa sigue publicando
artículos lamentándose de la poca difu­
sión que actualmente tiene el libro fran­
cés en los países americanos de habla es­
pañola, y sobre todo en la Argentina. Se
sugiere 1‘ una política del libro francés ’ ’
que permita una amplia difusión de éste
en todos los países americanos.
• El Tribunal del Sena ha dado sen­
tencia en el pleito entablado por la Aca­
demia Goneourt contra Sacha Guitry y el
editor Robert Laffont, por haber presen­
tado el volumen escrito por Kleber Haedens, “ Salut au Kentucky” como premia­
do por dicha Academia. Sacha Guitry y
Laffont son condenados a indemnizar a
la Academia Goneourt con 700.000 francos.

sión de la representación' de su ópera
‘ ‘ Lady Macbeth del distrito de Mzensk. ’ ’
Ese proceso hará variar criterios y ju i­
cios. ¿Se rectificará Pierre Kaldor, quien
escribió en ‘ ‘ Action ’ ’, revista francesa
semanal, un largo elogio de Prokofiev,
del cual traducimos a continuación unas
líneas del párrafo final?: “ Hoy, a los
quince años, el quinto concierto de Pro­
kofiev adquiere toda su importancia en
la obra musical del siglo. Es una obra
capital de la música moderna, tanto por
la forma, sólida y sin concesiones, como
por su contenido, por su movimiento y
su pasión” .

AL LECTOR
Este número de Cabalgata sa­
le de las prensas a muy elevado
costo, como consecuencia del au­
mento de salarios que acaba de
ser concedido a los obreros del
arte gráfica, pero llega a tus ma­
nos, lector amigo, al precio habi­
tual, portador de la siguiente in­
evitable noticia: nuestro próxi­
mo número, el que corresponderá
al mes de junio, llevará impuesto
el precio de venta de UN PESO
el ejemplar. Con ese aumento
— del que participa considerable­
mente el vendedor— la Adm i­
nistración mitigará en parte los
elevados gastos que ocasiona el
mantenimiento de este periódico,
reflejo, cada vez más amplio y
vario, del panorama artísticoliterario nacional.
Cabalgata se encomienda a la
comprensión del lector, median­
te cuya cooperación no cejará en
la árdua, intensa y apasionante
tarea de acercar el pueblo a la
literatura y al arte del país, a la
mejor literatura y al arte más
actual del universo.

�cabalgata
vez terminada- la gran gue­
rra ios ojos se vuelven hacia
esa tabla de registros que es la
pintura, indagando las últimas po­
siciones. Las guerras son lagunas
y ellas por si no apresuran la mar­
cha de las artes. Pero delatan un
clima especial y aun cuando los
movimientos que caracterizan la
plástica contemporánea tuvieran
nacimiento en la- edad de oro del
pasado siglo, portando ya los gér­
menes del futuro y actual dolor de
las artes, nada tiene de extraño
que después del nuevo resquebra­
jamiento de la Europa Central el
ojo avizor del crítico se pregunte
si algo nuevo ha surgido y si el
pulso de Europa tiende a un estado
de construcción, de fe en determi­
nados valores o por el contrario el
índice picassiano de la destrucción
total de la insatisfacción y movili­
dad permanentes siguen marcando
la ruta do la pintura.
Uno de los países, donde mayor
auge alcanzó el movimiento de des­
integración de las formas objeti­
vas, con el expresionismo, y el de
construcción de un nuevo estado
de cosas, con el movimiento abs­
tracto de pintura absoluta, inicia­
do por el genio de Wassily Kandinskv. ruso, pero internacional en
cuanto a las consecuciones de su
arte, fue Alemania, la Alemania
anterior a Hitler. No inútilmente
todos aquellos espíritus que tenían
depositada su fe en los medios de
construcción de que disponía la
época recuerdan aquel magnífico
edificio del “Bauhaus”, destinado
a todas las tendencias constructi­
vas del mundo y en el que se da­
ban cita- las más ágiles mentalida­
des para trabajar en la idea co­
mún de legar a las edades siguien­
tes el perfil de un estilo.
Allí, en Dessau, en la revista que
publicaba el Bauhaus, orgullo de
la- arquitectura funcional, conocí
las primeras obras de W illi Baumeister, junto a las de Oskar
Sclílemer, determinadas entonces
por la concepción del cuadro como
elemento animador de la pared y
medio integrante del desenvolvi­
miento total de la obra arquitec­
tónica-.
A partir de esa fecha —1933
data mi amistad con Willi Baumeister, habiendo escrito en el año si­
guiente una monografía sobre su
obra. Los datos estrictos sobre Wi­
lli Baumeister son los siguientes:
Nace en Stuttgart en 1889. Proce­
de de familias de pintores decora­
dores (jue dieron excelentes maes­
tros durante cinco generaciones.
Estudia pintura con Adolf Holzel.
Recibe más tarde la influencia de
la dulce Francia: Cézanne, Gauguin y Seurat, es decir, la inquie­
tud de la pintura. Ya en 1922 está
en los problemas artísticos de Fran­
cia. Han pasado los años de la
guerra, en la que tomó parte en la
aviación. La revista “L’Esprit Nouveau” reproduce sus pinturas mu­
rales y entonces se relaciona con
Léger, con Ozenfant, con Jeanneret. En 1927 expone en París. Lue­
go vuelve a exponer en 1930 y un
año antes de la guerra. Siguen di­
versas exposiciones en Alemania.
Expone en el Museo de Arte Mo­
derno de Nueva York y en el año
1935 hace su primera exposición en
Italia. Aparecen sobre su obra
grandes monografías y trabajos
que recogen importantes juicios
críticos de Grohmann, de M aldemar George, de Zervos, de George.
de Diissel, de Hildebraandt. de Lé­
ger, de Le Corbusier, etc.
Ha sido profesor de lá Kunstschule de Frankfurt y de la Kunstakademie de Stuttgart. Ha publi­
cado un libro titu la d o “ Das
Vnbekante in der Kunst
Durante la época hitleriana per­
dió su puesto de profesor, sus obras
fueron expulsadas de los museos y
destruidas. Soportó todas estas hu­
millaciones con una seren id ad
ejemplar. Terminada la guerra nos
llegan nuevas noticias sobre la per­
manencia y el carácter mredneíible de .su producción.
A puerta cerrada pintó durante
los años despóticos. Las ircpas de
ocupación descubrieron en la Gerokstrasse. 38. el museo vivo que

U

ÍU

na

Willi Bauna-istir. Composición. 1934.

Por EDUARDO WESTERDAHL
constituía la producción tenaz, de
un artista lleno de fe, de seguri­
dad en su obra-, sin pfiblico, sin
venta y sin trabajo. El hombre que
había sido una figura internacio­
nal en su país. Empezó de nuevo
la venta de sus obras, la demanda
de museos y colecciones privadas,
se le invitaba- a relatar sus años
difíciles: era como el encuentro con
un hermoso ejemplar antediluviano.
Tenemos ahora a la vista los
catálogos de sus exposiciones del
pasado año en las galerías Günther
Franke, de Munich y en la de
Ilerbert Herrmann, de Stuttgart.
No ha pasado nada, parece que no
ha pasado nada. La Günther Fran­
ke sigue en activo y el mismo bió­
grafo, el profesor Will Grohmann.
le trae de la mano haciendo de
nuevo la presentación de su pin­
tura.
Veamos ahora la obra de Willi
Baumeister. Perteneció al movi­
miento constructivo alemán. Sus
temas eran la máquina y el de­
porte. Su concepto del cuadro era
mural. Así acometió las obras de
decoración del gran Stadium de
Stuttgart. Oponía a la perspectiva

ilusoria del Renacimiento que se
perdía en la profundidad del cua­
dro con medios de prestidigitación,
un neoobjetivismo entroncado en
los primitivos y en el cubismo: de
la pared al espectador. Todo ello
dentro de la- bidimensionalidad de
la pintura, con una gran origina­
lidad técnica, dentro de medios
esencialmente pictóricos, huyendo
de la arbitrariedad y literatura
surrealista, ennobleciendo los ma­
teriales. Era como un Ozenfant:
pintor y profesor como él, como él
en la certidumbre de estar pisando
los nuevos caminos de la pintura.
Guillermo de Torre, desde la ‘‘Re­
vista de Occidente” sonó un clarín
de alarma: ¡No, es un Léger! Co­
rrían aires internacionales en el
mundo y se trabajaba en una idea
común con múltiples repercusiones.
Los años habrían de demostrar que
no se trataba de un Léger. Aunque
como De Torre reconocía estaba
bajo su influencia.
En aquella producción elemental
de sus primeros años de éxito pu­
de apreciar, por encima de la obra
lograda, la apetencia de colaborar
en una nueva ordenación: estaba

sujeto al muro, era hasta enton­
ces un pintor bajo el dominio de
la arquitectura. Pero en el año
1930 ya se observan los claros sín­
tomas de liberación.
Desde 1930 su pintura se va des­
articulando de la imitación. El
fundamento especial, reconociendo
siempre el origen de la incitación,
es el signo. Sin embargo, atraviesa
por épocas absolutamente abstrac­
tas, solventando problemas de vo­
lúmenes, de formas que se com­
pensan en un plano y establecen
progresiones rítmicas y sonoros
acordes. Las escenas de E i d o s
11938), de Gilgamesch (1942), ya
nos lo presentan en la ruta de sus
grandes destinos, con una neohumanización de tipo trascendentalista, que se confirma en su pro­
ducción de 1946 hasta la fecha con
sus Harpías y Gigantes y su uni­
verso poblado de figuras actuales,
pero en los que se acusa un poder
ancestral de hombre que trata de
dominar la violencia en torno, la
aparición maravillosa y el relato
mágico.
No es el nuevo Klee que veía
•lusti dando ál olvido “con sus ma­
ravillosos juegos los años difíciles
y los horrores de la guerra”. Willi
Baumeister viene a significar la
auténtica libertad del espíritu, el
no compromiso con otros dictados
que no sean los propios e insobor­
nables de la persona. “El no haber
establecido pactos —me dice en su
última carta— me ha colocado a
la cabeza de la joven pintura de
Alemania.”
Willi Baumeister es el técnico
que llena de poesía el cuadro. Den­
tro de leyes que ha sabido ver en
la pintura ancestral, con temas
viejos y nuevos, llenando de furor
la pared y el lienzo, con el ímpetu
de los pintores rupestres y primi­
tivos africanos, cuyas obras ha es­
tudiado y de quienes ha recibido
influencia, Willi Baumeister aco­
mete la obra dentro de un rigor
plástico inmutable, gozando de ma­
nera sensual la materia, la rique­
za desbordada del empaste, el tra­
zo humano cargado de intuición, de
vivencia.
Entre los pintores que más ad­
mira Baumeister figura el español
•Toan Miró. La preferencia desde
Léger a Miró se explica perfecta­
mente viendo el curso evolutivo de
su producción. El canibalismo de
Miró difiere esencialmente del aneestralismo de Baumeister. Miró
parte de la figura humana, posee
humor, es violento, emplea colores
puros buscando siempre la deto-

presiva de una figura cruel. La
línea reconoce a la figura humana,
pero no se puede .detener en su
copia sino que va más allá, dentro
de un concepto inventivo, siguien­
do el canto, el ritmo de un estado
de vigilia, sin abstracciones, sino
realista hasta la deformación del
objeto.
Willi Baumeister carece de hu­
mor, emplea tierras y matiza con
rosas y violetas, algunos de cuyos
colores constituyen los fondos de
sus cuadros. Juega con la línea
desenvolviéndola de manera musi­
cal. Existe en su obra la influencia
de Kandinsky y Klee. (Aquellas
suavidades, brillos pavonados y fi­
nezas de Paul Klee, insustituibles
en la pintura, tan lejanas del con­
cepto violento de Miró.) No detona.
'La línea descompone la figura hu­
mana en volúmenes con vida in­
dependiente y de figuras reales
que son se convierten en valores
autónomos estrictamente plásticos.
Terminada la guerra, destruida
Alemania, sin todos aquellos ele­
mentos de que disponía y que cons­
tituían el lujo de su sociedad y de
su burguesía, desde el museo hasta
la vivienda, careciendo los pinto­
res de lienzo y óleos, de material
fotográfico para las reproduccio­
nes de sus obras, de madera para
los marcos de sus cuadros, el ar­
senal plástico de la Gerokstrasse
ha sido la gran revelación para el
mundo. Allí está toda la fuerza
de un pueblo de técnicos y filóso­
fos que fraguaron su propia des­
trucción. Allí está el horror bí­
blico, la grandeza y la poesía del
hombre, auscultada desde Altamira a la1 Edad presente. Hombres
como nubes que son gigantes o gi­
gantes que son nubes. Grietas que
son signos y marchas bárbaras que
parecen ejércitos en campos des­
truidos si no fueran formas que
debaten sus problemas de ritmo
y substancias amorfas empapadas
de poesía y de llanto.
No hay posible huida para los
pasos del hombre de nuestro tiem­
po. Pero no hay miseria ni tutela,
no hay dictado ni propaganda, pa­
ra el hombre que lleno de antici­
paciones, de cultura, de horror y
nuevas construcciones, trata de po­
ner piedra a piedra su maravilloso
ideograma, cargado de técnica mi­
lenaria, de ancestral sabiduría acu­
mulada por la superposición de
capas históricas que no hurtan ese
latido permanente de Dionisos.
Así vemos la grandeza de la obra
de Willi Baumeister.

JUAN
PEDRO

,

yD I

Por JUAN CARLOS P A Z
J UAN
.4 Sir James Frazer.
primera vez que lo advirtió filé
L Acuando
tuvo aquel trabajo extra­
ordinario de la oficina. Se había
quedado mirando vagamente su pla­
to, y Gerónima dió el grito de alar­
ma :
—i Qué asco!
Sí, la carne olía mal. Despidieron
a la cocinera, cambiaron de carni­
cería. Pero otras experiencias con­
vencieron a Juan de que era su mi­
rada la causante del maleficio. El
mal de ojo tiene muchas formas y
poderes, y ataca de preferencia a lo
que se come y se bebe: cuando un
abisinio de calidad va a beber, un
sirviente alza una tela ante él para
preservarlo del ojo; y en Madagasear cierran las puertas y encienden
luces durante las comidas, así los ali­
mentos están a cubierto de los malos
espíritus. Pero el poder de Juan era
extremadamente violento, y le bas­
taba mirar de soslayo las comidas
para pudrirlas.
Cuando estuvo seguro de sus fa­
cultades, Juan empezó a divertirse
mucho. Tomaba pequeñas venganzas

de los proveedores agiotistas, conse­
guía a cualquier hora mesa en La
Vascongada con sólo mirar el plato
del vecino, libraba a las chicas que
vuelven de la feria de los vejetes li­
bidinosos que las hubieran seguido
durante cuadras enteras, con sólo en­
volverlas en un aura lejana de pes­
cados antiguos.
Pero las cosas empeoraban. Pron­
to los anteojos negros no bastaron.
Juan tuvo que comer a oscuras. Y
sobre los trastornos domésticos pla­
neaba la amenaza del ojo maléfico
cuyo poder iba aumentando. Prime­
ro fué la historia del conejito de
Julio, después la necrosis de la mu­
cama al devolverle un cepillo de ro­
pa. Había que acabar, sobre todo por
Gerónima. Esa noche se acostaron
temprano. No durmieron, pero Juan
cerró los ojos, defendiéndola y con­
centrándose, desde que apuntó la au­
rora. Cuando la mujer se levantó,
Juan calculó a tientas el ángulo de
la puerta del ropero de espejos, vol­
vió a la cama, pensó fuertemente en
Gerónima y abrió los ojos. Cuando
ella salía del baño, ya los gusanos
bajaban por las patas de la cama al
suelo.
( Continúe en la pág. 4.)

Reiterados desperfecto de la máquina de imprimir han retrasado la salida
de este número. Pedimos disculpas a nuestros lectores y avisadores.
L a D irec ció n

�4_______________ cabalgata
( Viene de la página anterior.)

P E D R O
A l Rey Salomón.
Siempre le había "listado la mú­
sica. De chico, Pedro se paraba jun­
to a todas las persianas con piano
del barrio, y devoraba Hanones, es­
calas y arpeados por el método W i­
lliams (según la escuela de Chopin
y Mathias) y valses criollos:
M ujer fatal que un día en mi camino
dejó caer la piedra del d o lo r...
El oído era más fuerte que todos
los otros sentidos de Pedro: lo arras­
traba literalmente. Tan literalmente
que un día que pasaba por Libertad
y Arenales y se detuvo a oír un vals
de Chopin se encontró de pronto vol­
viéndole las páginas a Elvira en la
sala.
— ¡ Caballero! —gritó ella—. ¿ Có­
mo entró usted aquí?
■
—No sé —dijo él. Y era verdad.
Se casaron y fueron felices. Pedro
encontró el mismo día a su mujer y
a la música todopoderosa, dos feli­
cidades. Su oído hiperestésico (dice
Liebermeister, en sus Enfermedades
del sistema nervioso, página 25 de la
edición española de 1890, que son
hiperestésicos “ los estados en los
cuales la impresión producida sobre
la conciencia determina cierto estí­
mulo de un nervio, mayor que de or­
dinario” ) ; su oído hiperestésico le
abría las puertas —o las paredes—
de todas las salas con música del
mundo, y todo su cuidado consistía
en no caer en la tarima al lado de
Lamberto Baldi o sobre las rodillas
de Mrs. Elisabeth Sprague Coolidge
(protectora de todos los composi­
tores con cuartetos, desde Arnold
Schónberg hasta Jacobo Ficher).
Pedro nadaba en música, en toda la
música de todo el mundo que su oído
podía sintonizar a voluntad, lleván­
dolo, de verdad “ en alas del canto”
por todo el planeta. Su alegría no
tuvo ya límites cuando, después de
un concierto que al comienzo le pa­
reció de disfraz, cayó en la cuenta
de que también podía viajar por las
músicas del tiempo.
—i Beethoven! -—gritó— . ¡ Era
Beethoven dirigiendo la novena, sin
oírla! ( ¡y qué mal la tocaban, Santo
Dios!).
Dejó la oficina. Le dieron la cáte­
dra de Historia de la Música en el
Conservatorio Municipal. Sus clases
eran un éxito de público y un placer
para él. Ni siquiera necesitaba bi­
bliografía, y le bastaba cerrar los
ojos y contar lo que había oído o lo
que oía, y lo que los otros sentidos
recibían del oído, controlándose pa­
ra no escapar del aula ante los ojos
maravillados del auditorio. Pero una
mañana el entusiasmo pudo más que
la prudencia. Explicaba la bolilla
3 (Hebreos):
—¡ Escuchad! —exclamó— ¡ El
rey David está tocando el kinnor y
danzando alrededor del Arca! ¡ Su
mujer, Micol, lo mira desde una ven­
tana y lo desprecia en su corazón!
¡ El Arca del Señor resplandece! ¡ El
Arca santa brilla como la mañana!
¡ A su alrededor están tañendo cím­
balos y jalilim! ¡Miradla crecer y
llenar la mañana y el cántico! ¡Mi­
radla. . . !
Se interrumpió bruscamente, con
los brazos extendidos, y gritó:
— ¡ He tocado el Arca! ¡ He tocado
el Arca de la Alianza!
Y cayó, muerto.
DI E GO
A María Rosa González.
Cuando murió uno de los melli­
zos, el Angel tuvo piedad de la ma­
dre.
—Joaquín debe morir —le dijo- .
Te queda Diego. Para que te con­
sueles, Diego podrá ser Joaquín to­
das las veces que lo desees. Así ten­
drás siempre a uno de tus hijos, por­
que está escrito que Diego debe so­
brevivirte.
La madre aceptó. Distribuyó el
día entre los dos, fingiéndose que
mandaba a uno al colegio por la ma­
ñana, y al otro por la tarde. El mis­
mo Diego creía que era así, porque
ninguno de los dos chicos tenía con­
ciencia de su existencia doble.
—Mamá —decía Diego— : quiero
jugar con Joaquín a las bolitas. ¡Dé­

jame esperar que salga del colegio!
—No puede ser, hijo —decía la
mamá— . Conténtate con tu balero,
y déjame coser esta blusa.
—¿Para quién es la blusa? ¿Para
Joaquín o para mí?
—Es lo mismo —decía la mamá
sonriendo—. Se la pondré a los dos.
Los grandes acontecimientos se
produjeron cuando Joaquín-Diego
cumplió los quince años. Tino fué
que la madre les reveló, por turno,
la verdad; otro que a Joaquín lo
atropelló un auto y tuvieron que po­
nerle una pierna de palo. El tercero
pasó a poco de eso. Joaquín y Diego
se enamoraron de María Rosa que,
con mucho olfato y mucha razón,
aceptó a Diego. Joaquín comenzó a
resentirse: su condición física de in­
ferioridad, su fracaso amoroso y su
vivir de limosna lo fueron trabajan­
do. La mamá sufría, pero no se re­
signaba a sacarle unas horas para
tranquilidad de todos. Un día Diego
pidió un cambio de turno.
—Es para ir al cine con María
Rosa.

una azulina junto al san­
C RECÍA
to hombre, en un cuenco de
roca — antigua yacija de berrueco
desprendido— como en un mace­
tero. Y el éxtasis vegetal de la
flor, toda en ansias de sol y de
vuelo, se confundía con el éxtasis
del santo, cuya alma pugnaba por
desprenderse en el claro infinito
del día.
Parecía Eufrasio, en lo alto del
risco, inmóvil y tostado por el sol.
un hijo de la roca; pero su cuerpo,
lejos de tener la pesadez de la pie­
dra, se había hecho tan leve que
Eufrasio lo sentía desvanecerse en
aquella atmósfera de mística sere­
nidad. El aire de las cumbres era
pura luz, y los montes navegaban
en la paz y el silencio de la hora.
Sólo en edad avanzada se dió
Eufrasio a la meditación. En su
juventud vivió con el mundo apren­
diendo cuánto el mundo puede dar
y negar, en el amor, en los traba­
jos humanos, en las comunes mise­
rias y en las ambiciones que son
colmadas o fallidas. Su madurez
fué de abnegación y servicio del
prójimo. Y sólo ahora, cuando iban
faltándole las fuerzas del cuerpo,
mientras su alma era robusta y
templada, como nunca lo fuera, se
había consagrado a las ascéticas
delicias de la soledad. Y así, la vida
del santo varón, podía ser contem­
plada como un cuadro de trinitaria
armonía en el que cada cosa tenía
su lugar, su medida y su tiempo.
Sólo le faltaba morir de una bella
muerte, escena postrera que podía
ser pintada, encima de tríptico,
como coronación de aquella exis­
tencia perfecta.
Sin formularse estos pensamien­
tos, Eufrasio los cantaba en la se­
renidad de su alma, mientras ponía
los ojos en el cielo, a la espera de
un signo que le trajese el asen­
timiento de Dios. Y, de pronto,
Eufrasio se sintió flotar por enci­
ma de este mundo que, desde las
alturas, con sus casitas en el fondo
del valle, cuyos humos se elevaban
rectamente en el aire encalmado,
y con el río hecho sólida cinta de
alinde, le pareció muy bello, y todo
él inocente, sin dolor y sin pecado;
y es que Eufrasio, por vez primera,
podía mirar la tierra desde muy
alto, purificada a través del cris­
tal neutro y frío de una gran leja­
nía.
Un instante después, el santo
varón de la1 vida perfecta estaba
bogando en el océano que hay más
allá de todos los universos posi­
bles; olas de musical transparencia
le mecían, brisas fragantes le em­
pujaban sin esfuerzo, y así, en un
estado de dicha ingrávida, iba el
santo hacia un resplandor que cu­
bría el horizonte. Blandamente, el
océano depositó a Eufrasio en una
playa, y él comprendió que era
la playa del cielo.
Yió Eufrasio a un grupo de an­
gelitos que jugaban en la arena con
bolas encendidas de unos colores
que no existen en la tierra, y fué
acercándose a ellos con palabras de
suave reclamo; pero los angelitos
huyeron de él, como hacen los niños
cuando han visto a un ser extraño.

—Nunca —dijo Joaquín a la tar­
de—. Tengo una cita.
Era mentira, y todos lo sabían,
pero Diego no dijo nada. Ni siquiera
hizo notar que el tiempo era de él,
para no entristecer a la madre. Die­
go intimó sus relaciones con María
Rosa; antes de comprometerse le
contó la verdad. Ella aceptó la si­
tuación.
—Lo hago por mamá -—dijo Die­
go—. ¡Es tan buena!
La mamá les dió quince días jun­
tos para la luna de miel. Joaquín
protestó, pero en vano; y eso lo afec­
tó más todavía.. La mamá, que se
había sentido muy sola en esos días,
también tenía una puntita de res­
quemor contra Diego, y algo más
contra María Rosa. Así que no supo
proceder enérgicamente cuando Joa­
quín se negó a vivir sólo por la no­
che —lo que tampoco les hubiera re­
sultado, a los recién casados— y em­
pezó a hacer escenas casi todos los
días.
—Tú no te metas —le decía a su

cuñada— . Tú no eres quién para
decidir.
—Es que esto no puede seguir a sí;
vo tengo mis derechos —afirmaba
ella— y todavía hay que descontar
las horas de oficina. ¿No es verdad,
señora? —agregaba dirigiéndose a la
mamá.
La mamá se callaba, pero en el
fondo pensaba que Joaquín tenía
razón. Quien mandaba era ella. Sus
hijos obedecían, y su nuera debía
callarse y aguantar. Al fin y al cabo,
ella, la madre, zurcía ropa para dos
y cocinaba para cuatro, y era la ma­
dre, al fin y al cabo. Vamos a ver,
¡ qué se había creído esa mucha­
chito ?
Mientras tanto, el Angel no las te­
nía todas consigo.
—¿Para qué te metiste? —le decía
el Gerente—•. ¿Ves que yo sé lo que
hago ?
Y las peleas de abajo (turno Joa­
quín, porque Diego era demasiado
buen hijo, y sólo sabía callarse) re­
percutían arriba:
—¡ Estaríamos buenos, si todos se

NAUFRAGIO i\

las

PLAYAS DEL CIELO
fCuento)

Por A L V A R O FERNANDEZ SUAREZ

Esta huida llenó de perplejidad a
Eufrasio, y aunque estaba en el
cielo, no pudo impedir que su alma
se entristeciera.
Poco después, avisados sin duda
por los ángeles infantiles, bajaban
a1 la playa muchos hermosos man­
cebos, y Eufrasio percibió en ellos
una actitud como de sorpresa y
cautela. Los mancebos se acercaron
al santo que los acogió sonriendo,
y de pronto sintióse paralizado,
pues ligaduras invisibles sujetaban
sus miembros. Eufrasio fué condu­
cido, de estai manera, preso, a una
ciudad celeste, y albergado en un
lugar de delicias que, no obstante
—él lo entendió en seguida— era
una cárcel.
Pidió Eufrasio ser llevado cuan­
to antes a la presencia del Señor
para justificarse ante su infinita
misericordia. Y con gran temor y
alegría por su parte, le respondie­
ron que su deseo se vería cum­
plido. Instantes después, se encon­
tró anegado en suma felicidad, y
era tanto el poder de su dicha que,
por un momento, creyóse aniqui­
lado. Pero esta' sensación total, se
dividió a tiempo —por así decirlo—en parciales sensaciones que encan­
taban la vista, el oído, el olfato, y
cada uno de los sentidos, y al divi­
dirse, la beatitud de Eufrasio se hizo
humana, soportable, posible.
Hallábase ahora el santo en una
casa como terrestre, enclavada en
medio de un jardín. Le condujeron
a una sala1 llena de sol cuya luz
era, sin embargo, más dulce y más
brillante que la de todos los soles.
En medio de la sala había una
larga mesa de madera maciza, y
junto a la&gt; mesa estaba sentado el
dueño de la mansión cuyo rostro
era la imagen misma del bien y de
la belleza, bajo los cabellos grises.
Por la estancia, loco de luz y de
alegría, volaba incesantemente un
pajarillo dorado que, de cuando en
cuando, se posaba, irreverente, en
la cabeza de su dueño. Eufrasio
se inclinó hasta el suelo pues supo
que estaba en presencia del Señor.
El Señor sonrió a Eufrasio y
había tanta bondad y tanta belleza
en su sonrisa que el santo se sintió
reconfortado, con el corazón rebo­
sante de paz y de confianza enamo­
rada, a pesar de la abrumadora
enormidad de su respeto. El varón
de virtudes oyó:
—Ven, acércate.
Y él se acercó. Y volvió a escu­
char:
—Dime, amigo, ¿quién eres tú y
cómo has venido hasta aquí?
—Señor —respondió el anaco­
reta— soy tu siervo Eufrasio y una
fuerza de amor me trajo hasta tu
presencia.
—¿Una fuerza de amor? Eso está

bien, eso está bien. Pero déjame
que haga memoria, porque creo que
no conozco a ningún Eufrasio.
El santo, estupefacto, balbuceó:
-—¿Será posible, Señor, que mis
muchos pecados te hayan hecho
olvidarte de mí?
—¿Pecados? ¿Qué son pecados,
Eufrasio? No temas. Nada hay en
mi ánimo contra ti. Lo que te pre­
gunto, lo que quiero saber, es quien
eres, a qué especie de seres perte­
neces, y de dónde vienes.
Eufrasio estuvo a punto de des­
vanecerse de pura estupefacción:
—Señor — articuló— soy un
hombre y vengo de la Tierra.
Como el Señor parecía no haber­
le entendido. Eufrasio describió la
Tierra, contó la historia de Adán
y Eva, historia de que mucho gustó
el Señor, y habló apasionadamente
del hombre, de sus padecimientos,
de sus maldades, de sus angustias,
de la sed de Dios que posee a algu­
nas almas. Y el Señor, conmovido
y haciendo memoria, exclamó:
—La Tierra. ¡ Ah, ya recuerdo!
— e hizo signo a uno de sus servi­
dores. diciéndole: —Ve al desván
y tráeme un universo viejo que
debe andar por allí.
Y el servidor fué y trajo en la
mano una máquina no muy grande,
parecida a esos artificios que cons­
truían los antiguos relojeros, lla­
mados planetarios o calendarios
astronómicos. Puso el artificio so­
bre la mesa, enfrente de donde
estaba el Señor, y Eufrasio, que era
entendido en astronomía, se guió
por la Vía Láctea para descubrir,
entre el enredijo de estrellas y pla­
netas, la patria terrenal que aban­
donara, en aquella mañana de ve­
rano. Cuando el santo hubo exami­
nado de más cerca el planetario o
cosmos, vió que estaba un poco
empolvado, con señas de abandono,
aunque seguía funcionando sin per­
der la admirable exactitud de sus
movimientos.
—¡ Y es esto el universo.. ! —
exclamó Eufrasio decepcionado.
El Señor, bondadosamente, tomó
del brazo al santo, le condujo al
balcón y, en una súbita noche mila­
grosa. le mostró el espacio.
—¿Ves? —dijo— He creado otros
universos además del tuyo.
Y Eufrasio quedó maravillado al
ver astros que no eran esféricos, ni
describían órbitas elípticas, como
sucede a nuestros mundos; aque­
llos astros tenían figuras de peces,
de medusas, de hadas, y erraban
variadamente, libres de toda circu­
lar esclavitud, bailando al son de,
una música que no era música de
las esferas sino, en verdad, música
celestial. Sus colores eran múlti­
ples, inimaginables, y no sólo blan­
cos, rojizos o apenas amarillentos

tomaran estas libertades! ¡Mira en
qué lío lo has metido a Paz, abom­
bado, que se está sin saber cómo re­
solver la cosa! ¡ Esta le enseñará a
meterse a escribir un cuento sin ha­
ber terminado de pensarlo! ¡Menos
mal que yo estoy acá para sacarlo
del mal paso!
Y efectivamente, el Sr. Gerente
me ha sugerido tres soluciones. La
más sencilla consiste en matar a la
madre (que se lo merece), lo que su­
prime automáticamente a Joaquín al
cancelar el permiso del Angel. Otra
introduce a Crimilda Godeliva. pri­
ma de María Rosa, que casa con Joa­
quín, y que después de una escena
similar a la de su homónima de Los
Nibelungos con la pulsera, le da tan
mala vida al falso gemelo que el mis­
mo Joaquín pide que termine el tra­
to para verse libre de su cónyuge.
La tercera —1a. mejor— me exime
limpiamente de toda intervención en
la historia, y como es áemasiado bue­
na para despilfarrarla como un mero
final, la reservo para el próximo nú­
mero.

como nuestros cuerpos celestes. En
cuanto a la grandeza de aquel uni­
verso. bastaba compararlo con el
pequeño juguete que seguía dando
vueltas encima de la mesa del salón.
—La maquinita donde tú nacis­
te —diio el Señor— es matemática'mente finita, como debes saber. En,
cambio esta otra que estás viendo,
Eufrasio, no podrás limitarla con
sus matemáticas.
Luego, el Señor, de vuelta a su
asiento, dijo:
—Pero nada de esto arregla el
mal de que tú eres, ante mí, inquie­
tante testimonio, Eufrasio. Escú­
chame. Yo me extrañé de tu pre­
sencia porque la verdad es que
vosotros, los hombres, no sois, por
así decirlo, mi creación directa y
deliberadamente voluntaiúa. He
creado las piedras y los árboles qu°
tienen una vida majestuosa y re­
cóndita ; pase que haya creado i
los animales que padecen el dolor
físico, pero ignoran la muerte y el
tiempo. Todo está en la mecánica ■
general y automática que rige las
cosas. Empero, no así el hombre,
criatura híbrida que, por un lado,
está sometida a las leyes de la ma­
teria, y por otro perdió su inocen­
cia natural y aspira a un mundo
propio según la justicia, sabe de
muchos dolores, padece infinitas
miserias, y anhelos que no tienen
puerto. El hombre, como tú llamas
a este ser. es un accidente inespe­
rado en mi obra. Pero yo sería muy
injusto si no le pusiera remedio...
Y el Señor quiso escuchar la opi­
nión de sus dos ilustres consejeros:
Miguel, el jefe de las milicias celes­
tiales, y Gabriel, jefe de su cancille­
ría. Miguel —rostro severo y mirada
de obstinado azabache— dijo: “ Destrúvelos. Es lo mejor”. Gabriel —
arcángel de las anunciaciones —
replicó: “Sálvalos”. Pero el Señor,
sin responder a ninguno de los dos.
parecía hablar consigo mismo:
—Yo no creé a los hombres, pero
los creé; yo no contaba con ellos,
pero con ellos contaba; y aunque
los olvidé no los he olvidado. Mi
sabiduría no está sometida a&lt; la
lógica, pues de estarlo, no sería
inextricable e infinita. Los hom­
bres fueron creados para introdu­
cir lo inesperado, lo arbitrario y el
absurdo, en la perfección excesiva
de mi obra. ¿Comprendes, Eufra­
sio ?
—No comprendo, Señor. Sólo
comprendo que ninguno de mis
hermanos goza de tu presencia y
de tu morada. Ya que es así, ^
déjame ir con ellos porque quiero
sufrir a su lado, y consolarlos.
El Señor se conmovió al escu­
char el voto de Eufrasio, y dijo a
M iguel:
—¿Ves, Miguel? Aunque no hu­
biese sino un solo hombre como
éste, toda su raza merecería ser
salvada. ¿No te parece que estás
ante el más extraño de los mila­
gros? — y añadió dirigiéndose a
Eufrasio: —Anda, hijo mío, ve en
paz.
Y Eufrasio volvió a la tierra, y
despertó encima de su roca, para
seguir meditando, porque aun no
había e?úendido nada.

�cabalgata

5

Dibujo de Torrallardona, de la carpeta de dibujos que de este artista pintor acaba de publicar “ Botella al ila r ’ ’.

EN EL ANIVERSARIO
DE R. J. PAYRO
(Viene de la primera página.)

ubérrimos. Con este infundio he­
mos alimentado nuestra vanidad; no
' comprendiendo que esta jactancia
Je nuestra buena suerte iba a terninar produciendo en nosotros un
embotamiento de la voluntad para
las grandes empresas. Quizá haya
ido porque la historia escolar la es­
cribieron los italianos. La lucha con
1indio, por ejemplo, ha sido una de
as etapas más trágicas y tremendas
le nuestra existencia. En este país,
‘anto en la época de la conquista
como en la del coloniaje, y más tar­
de la organización, todo se hace en
función devla asechanza del indio,
f esta guerra dura siglos y siglos
hasta rematar en 1880 en que se los
vence con el remington, el telégrafo
y la coraza. En esa lucha había que
mechando cada vez más allá la fron­
tera. No podemos nosotros, los ar­
gentinos de ahora, tener una intui­
ción completa y total de lo que signi­
ficaba frontera para nuestros ante­
pasados. Cuatro tipos humanos exis­
tan en esta tierra de nadie, constan­
temente retaceada, cedida, tomada,
recobrada, y de la cual Martín Fie­
rro tiene una profunda emoción
cuando Cruz le dice que mire las úl­
timas poblaciones. Es allí que se de­
baten el indio, el gaucho, el nacional
y el milico. Cuatro instituciones son
dos exponentes de ese estado de so­
ciedad: la pulpería, el fortín, el ran­
cho y la toldería. La lucha con el
indio imprime características a la
VJda nacional. Los suizos que funda­
ron la colonia Esperanza, en Santa
d^e, araban, sembraban y cosechaban,
s¡ podían, con el rifle al hombro. Y
da ciudad de Mercedes, cuna de Pavro, nace como una consecuencia de
da lucha con el indio. Su origen se
remonta a la época en que fuera ne­
cesario organizar compañías de blanl¡. ,
( Continúa en la pág. 6.)

TimiIAIlOIA
Por

TSEWTON

FREITAS

rrr»u
nos deleita y encanta más
Nada
que esa asociación de ideas que
hace brotar en nuestra memoria
recuerdos a medias apagados del
pasado, trayendo a la superficie
emociones que nos fueron gratas.
Sólo a veces d e ta lle s insignifi­
cantes, como el sonido de la brisa
de cierta tarde sobre las palmeras
de un bosque; el reflejo plateado
del agua de una cascada al sol de
una mañana, el ondular de una saya
multicolor sobre las caderas de una
mujer que camina; la risa pura y
blanca de una criatura sana; infi­
nidad de espectáculos de luz, de
línea y de sombra. ¡Ah, cómo la
vida está plena de encantos! Cómo
almacenamos en el fondo de nues­
tras memorias pedazos y pedazos
de instantes de vida de modo que
baste apenas un toque para des­
pertar un mundo de tristezas y
alegrías, alegrías y tristezas, antí­
tesis que trae en sí el sabor de vivir
en el presente las delicias o sufri­
mientos del pasado. La música y la
pintura, así como todas las artes,
son un agente poderosísimo del re­
cuerdo por su condición de trans­
portarnos a las cosas vividas tanto
como a las por vivir. Una sinfonía,
un cuadro, una novela, un poema,
un ballet, nos arrastra de un ex­
tremo a otro del tiempo-vida. In­
sensiblemente trasladamos el mur­
mullo del mar de una sinfonía de
Sibelius hacia la ensenada que nos
es familiar; mi bosque de la Ga­
licia de Colmeiro a los matorrales
diferentes que nos vieron nacer;

tipos y costumbres de una novela
a hombres y modos de nuestra tie­
rra ; y en los gestos y danzas de un
ballet descubrimos intenciones y se­
mejanzas con personas amadas. En
este poder ilimitado del arte está
el verdadero arte, su clima. Si él,
algunas veces, nos sumerge en los
tenebrosos cuartos oscuros que in­
útilmente procuramos olvidar, la
mayoría de las veces nos transpor­
ta en un manto azul de fantasías
deliciosas. Por más genial que sea
un artista, creemos que no podrá
dirigirnos la emoción, orientándola
hacia un determinado motivo. Y en
esta libertad reside tal vez la for­
ma más absoluta de perfección. La
rebeldía de quien no domina o no
admite por su parte dominio.
En la pintura, con todo, el fenó­
meno se presenta con ciertas limi­
taciones. El poder de orientación,
digamos de dirección de la idea y
del pensamiento es en este arte más
definido. Todas estas divagaciones
me vienen a la imaginación volvien­
do a ver ahora los trabajos del
pintor a rgen tin o Torrallardona.
Sus dibujos a tinta del norte Ar­
gentino, de esa región medio argen­
tina y medio boliviana. Viendo nue­
vamente sus obras me acuerdo de
infinidad de cosas que he visto y
posiblemente de otras que mis ojos
vieron pero que yo no supuse ha­
ber guardado en mi retina. Me en­
cuentro como el fotógrafo que al
revelar sus fotografías con stata
maravillado que la máquina fué
más allá, de los objetos percibidos

y recogió detalles que sus ojos no
captaron al primer golpe de vista.
En los dibujos de Torrallardona,
las figuras, el paisaje, los trajes,
y, sobre todo, el clima, el ambiente
argentino del norte, está íntegro.
Se nota en sus trabajos su vibra­
ción emocional y el deseo de con­
seguir expresivamente el motivo en
su verdadero fondo. Su trazo es
meditado y por eso mismo signifi­
cativo en su contenido, demostran­
do su carácter artístico y su ho­
nestidad. La experiencia cotidiana
que ya acumulando, regulando de
esa manera su honesta evolución
artística. Ahí están una serie de
obras de carácter documental (la
serie maternidad, donde la dispo­
sición de las figuras —madre e hi­
jo— presenta un equilibrio perfec­
to; y la de costumbres, donde se
juntan el movimiento y la gracia),
representando una cierta región,
con sus tipos y costumbres, sin em­
bargo el exterior emotivo, como ya
dije antes, es apenas pretexto para
la interpretación más delicada, fi­
na y poética.
Existe un subjetivismo en estas
líneas, en estos espacios compac­
tos, a veces tan cerrados, dentro
de las tres clásicas dimensiones,
que se llega a lamentar que estos
dibujos no estén corporizados en
el mármol, en la arcilla o en el ba­
rro. Con todo, este deseo, no per­
judica y tampoco disminuye el va­
lor de estas obras, donde la tarea
interpretativa y la técnica al trans­
poner estas escenas, no las empo­

brece, sino al contrario, se enri­
quecen pues la capacidad de To­
rrallardona de componer y ampliar
el espacio es enorme. Sus dibujos
cuyo tratamiento espacioso y sutil
se revela en cada trozo, abusan de
una técnica difícil y demuestran un
apurado gusto en el juego del blan­
co y del negro.
Pongo de relieve en esta nota el
objetivismo del artista porque a
pesar del sintetismo lineal de sus
dibujos, de la forma concisa con
que ellos están expresados, hay una
riqueza de sugerencias que nos con­
mueve. Quien viajó por esas regio­
nes que sirven de motivo a los
trabajos de Torrallardona, encon­
trará aquí en un trazo esquemático,
allí en una curva de montaña, más
allá en el rostro de una chola, todo
el clima de una región. ¡ Cuánto se
tendría que decir o escribir para
dar una idea aproximada de todo
lo que el artista vió o sintió! Para
mí, especialmente, el gran secreto
de Torrallardona se revela en esta
maravillosa síntesis que sus dibu­
jos sugieren. Pero también, queri­
dos amigos, para quien nunca pisó
esas regiones hay dentro de la ele­
gancia caprichosa de sus líneas be­
llezas incomparables. Es que Torra­
llardona es un artista que vive y
siente la realidad presente, próxi­
ma, pasada o remota. El sentimien­
to, la sinceridad, está por dentro,
por encima y por debajo de todas
las cosas expresadas en estas líneas
donde la verdad y la poesía no se
divorcian jamás.
Tal fué la impresión que me que­
dó del primer contacto con los tra­
bajos de Torrallardona, que hoy,
muchos años más tarde, volviendo
a verlos, comienzo a descubrirles
nuevas y más bellas facetas como
si ellos fuesen un diamante en bru­
to en el cual la parte que se va
labrando nos presenta fulguracio­
nes y tonalidades diferentes. Es co­
mo las aguas del m a r ... y como
las nubes del c ie lo ... y como to ­
das las cosas eternas que cuanto
más vistas más nuevas y atrayen­
tes nos parecen.

�I

cabalgata
HABLA
Los

Gr a n d e s N o v e l i s t a s
C O N TEM POR AN EO S

¡£V . - '

en' ' la colección

.

1

L a Ro s a d e l o s Vie n t o s
E N R IQ U E A M O R IN
E l p a isa n o A g u i l a r ..................
81
SC IIA L O M A SC H
L a v id a de M oisés M eln ik . . ,,,
E l re g re so de J a im L e d e re r „
C ondenado a m u e rte ............. ,,,
V IC H I B A UM
V id a 3 sin m iste rio ...............
„
H e le n a W ilfiic r ...............................
L a a g u ja r o j a ...........................
,,
S e n te n c ia s e c re ta ............ \ . ,,,
E l ú ltim o d ía ...........................
„
R eto rn o a l am a n ec e r . . . .
,,
E l g ra n in te rv a lo ..................
,,
P I E R R E B E N O IT
L a A tlá n tid a ..................................
D A V ID B E R G U E L S O N
E l rig o r de la ley .................. , ,
LE O N B LO Y
E l d e se sp e ra d o .......................
„
C a rta s a V e ró n ic a .................. ,,
C a rta s a su n o v i a ........................ .
JO H A N B O JE R
L os e m ig ra n te s ...............................
F R A N C IS B R E T H A R T E
E n la v ie ja C a lifo rn ia
...
„
JE A N C A SSO U
L a llavo do los sueños . .
,
L O U IS F . C E L IN E
E l v ia je al fin de la n oche . . ,,
J O S E P H CONRAD
T ifó n .............................................
„
IL Y A E H R E N B U R G
L a c o n sp ira c ió n de los ig u a le s ..
J u lio J u r e n ito .y su s d iscípu-

L a a p a ric ió n de C uentos p a ra u n a
in g le s a d e se s p e ra d a señ a la ro n en su
a u to r, E d u a rd o M allea, a u n fu tu ro
v a lo r de la s le tra s a rg e n tin a s, m é­
rito que se e n ca rg a ro n de c o n firm ar
H is to ria de u n a p a sió n a rg e n tin a ,
L a c iu d a d ju n to a l río inm óvil, L a
b a h ia de silencio, N octurno europeo,
e n tre o tra s p iezas lite ra ria s de su
c reación.

3.50
4.—
4.—
3.80
4.—
4.50
3.50
5.—
3.50
3.50
5.—

P u e d e a firm a rse , sin el m enor rie s ­
go, que es uno de los n o v e listas a r ­
g e n tin o s que m ás lecto res c u e n ta en
e sto s m om entos.

4—

MZON V SENTIDO DE LOS PERSONAJES
DE SUS NOVELAS PROXIMAS

5.—
6.—
4.—
4.—
5.—

• Temas y otras cosas.

3.50

• Traducido al portugués
e italiano.

4.—
7.—
3.50

• Su sistema de trabajo.

4.—

JE trajín continuado que desarrolla des_ de su puesto de jefe de las páginas
literarias del diario " L a Nación” nos
impide charlar ininterrumpidamente con
Callea, como hubiera sido nuestro común
deseo.1Empero, el exitoso ensayista de El
sayal y la púrpura se prodiga en su afán
de satisfacer la curiosidad de los lectores
de C a b a l g a t a , y , mientras despide afable­
mente a un poeta, o echa un vistazo a los
originales prontos a marchar a los talleres
de la imprenta, nos sonríe, al par que se
dispone a responder cordialmente.

5.—
L IO N F E U C H T W A N G E R
E l ju d ío S ü ss ............................
„ 7.—
LEO N HA RD FRANK
S a g ra d o y p r o f a n o ......................... 4.—
FE D O R G LA D K O V
E n e rg ía (2 to m o s) ...............
„ 8.—
N IC O M E D E S G U ?M A N
L a san g re v la e sp e ra n z a . . „ 7.—
D A S H IE L L H A M M E T T
E l h a lc ó n m a lté s ............................ 4.50
JA R O S L A V H A S E K
E l b u e n soldado S chw eik .
,, 7.—
J O S E P H H E R G E S H E IM E B
„ 5.50T am pico .....................................
IL Y A IL F y E . P E T R O V
L a a v e n tu ra de la s 12 s illa s ,, 6.—
E l b e ce rro d^ o ro ..................
„ 6.—
E R IC H K A S T N E R
F a b iá n - H is to ria d e un mo­
r a lis ta ............................................ . 4.—
G IN A K A U S
T ra n s a tlá n tic o .........................
„ 6.—
LE O K IA C H E L I
U n ald ean o de G eo rg ia . . . .
„ 4^50
JA C Q U E S D E L A C R E T E L L E
S ilb erm an n ................................
,, 3.50
O L IV E R LA FA R G E
M uchacho R isu eñ o ...............
,, 4.—
L E O N ID A S LEONOV
E d ific a c ió n ................................
,, 6 —
S IN C L A IR L E W IS
D o d sw o rth
. . ............................ „ 7.50
A nn V ic k e rs ...........................
„ 11.—
V IC T O R IA L IN C O L N
L a c o lin a F e b r u a r y ...............
„ 5.—
JA C K LONDON
J o h n B a r l e y c o r n ............................. . 4.50
U n a h ija de la s n iev es
...
„ 5.—
Colmillo B lanco ......................
„ 4 .—
M a rtín E d é n ...........................
„
7.50
L a d a m lta de la casa g ra n d e „ 5.50
El v alle de la lu n a ...............
„ 9.—
E l m exicano ..............................
„ 4.—
E l m o tín del “ E lsin o re ” . . „ 7,— .
P IE R R E MAC ORLAN
E1 m uelle de la s b ru m a s . . ,, 3.50
A N D R E M ALR A U X
E l tiem p o del d esp recio . . ,, 3.50
L a v ía r e a l ........................................ 4.—
H E IN E IC H M AN
E l A ngel A zul .........................
„ 4.—
L a s d io sas . D ia n a ............
„ 5.—
L a s d io sas - M in erv a . . . .
,, 5.—
L a s d io sas - V en u s ............
,, 5.—
TH O M A S M ANN
L a m u e rte en V en ecia . . . .
„ 4.—
Tonio K ro g e r ...........................
„ 3.50
M ario y el h ip n o tiz a d o r . . .
,, 3.50
C onfesiones d el a v e n tu re ro
„ 3.80
F é lix K ru ll ...........................
R E N E M ARAN
B a tu a la ........................................
„ 3.50
P IE R R E y P H I L I P P E TH O B Y
M A R C E L IN
C an ap é V erd e ...........................
,, 4.—
M A R K T W A IN
U n y a n q u i en la c o rte del
re y A rtu ro ...........................
„ 5.—FR A N C O IS M A U RIA C
,, 3.50
E l d e sie rto d el am or ..........
E l río de fuego ......................
„ 3.50
A N D R E M A U R O IS
L a lib e ra c ió n . .......................... „ 4.—
R O B E R T N A TH A N
R e tra to de J e n n i o ........................ . 3.50
L a m u je r del obispo
4.—
P A U L N IZA N
L a c o n sp irac ió n ....................
,, 4.—
L IA M O’F L A H E R T Y
E l d e ls to r ................................. ,, 4.50
0. HENRY
L e s c u a tro m illo n es ............
,, 4.—
B O R IS P IL N IA K
E l año d esnudo ......................
„ 4.—
RAYM OND R A D IG U E T
E l d iab lo en ol c u e r p o ............... 4.—
G U STA V R E G L E R
L a p a ió n de J c s s F r itz . . ,, 4.—
G R A C IL IA N O RAMOS
In f a n c ia ......................................
,, 4.50
M A U R IC E R O STA N D
E l h o m b re que yo m até . . „ 3.50
J O S E P H R O T II
L o s cien d ía s ...........................
,, 4.—
A R T H U R S C H N IT Z L E R
E L re to rn o de C asanova
. ,, 3.50
RAM ON J . S E N D E R
L a e sfe ra ...................................
„ 7.—
FR A N Z E M IL SIL L A N P A A
S a n ta M ise ria ................................. 4 —
JO H N S T E IN B E C K
L a s p ra d e ra s d el c i e l o .............. . 4.50
E l p o n y co lorado .................. ,, 3.50
W A N D A W A S S IL E V S K A
L a p a tr ia ....................................... . 4.50
FR A N Z W E R F E L
P rim a v e ra en otoño ............
„ 3.50
M. C O N STA .N TIN -W EY ER
U n h o m b re se aso m a a su
p a sa d o ............................................ . 4.—
B E N A M ES W IL L IA M S
U n a m u je r e x tra ñ a ............. „ 10.—
M IG U E L ZO SCH EN K O
L o s d ía s d e n u e s tr a v id a . .
4 .—

JOHN DOS

y

en

I

EDICIONES

SI GLO V E I N T E
Soc. Resp. L tda. - Cap. $ 100.000 1
JUNCAL 1131 — T. A. 42 - 8011
Buenos A ires
Solicite catálogo general.

pa sso s

( Viene de la primera página.)

o

En todas las buenas lib rerías

EDUARDO
M AL L EA

i

\

durante la segunda guerra, en Es­
paña, en el Pacífico— con un míni­
mo de interferencia por parte del
autor. Dos Passos es paciente y hu­
milde ante los hechos. Nunca toma
un partí pris. Su ideología se es­
fuerza siempre por ser comprensiva.
Creo que es socialista; lo que quiere
decir que aborrece las tiranías y
crueldades impersonales de nuestra
maquinaria industrial.
El pasar de estos libros políticos
a Manhattan Transfer o V.S.A. es
como pasar de Edgar Bergen a
Charley MeCarthy ( ,un popular
ventrílocuo norteamericano y su mu­
ñeco), porque la criatura es mucho
más viva y llena de color que su
creador. Pero hay que hacer una
distinción entre Manhattan Trans­
fer y las obras posteriores. En Man­
hattan Transfer hay mayor propor­
ción de descripciones y se ha dado
rienda suelta al elemento “ estéti­
co” . Aunque en vez de figuras pin­
torescas y paisajes españoles (como
en Rosinante the Road Again, Bo­
cinante vuelve al camino), en vez
de una belleza convencional, lo que
se nos ofrece aquí son sensaciones
que, por su fealdad o violencia, ha­
cen retroceder al esteta. O, si el
conjunto del escenario urbano es
“ bello” , las cosas que lo constitu­
yen son repelentes o vulgares. El
artista comprende que el mundo es
áspero y crudo y compone su sinfo­
nía con tonos crudos y ásperos. Ve
que el mundo se ha convertido en
algo mecánico y, con formas mecáni­
cas, construye su significativa com­
posición.
Y lo hace igualmente al describir
la vida como su marco material. La
vida le parece caótica y, por eso,
compone su “ melodía del caos” . La
encuentra fragmentaria, discontinua
c inconclusa y, así, su “ abstracción”
está hecha de fragmentos y estimula
la imaginación con el patetismo de
lo inconcluso. El corazón declara que
el refinamiento de los sentimientos
es condición de la vida del espíritu,
y el artista responde colérico, pin­
tándonos almas vulgares e insensi­
bles.-El sentido moral exige que los
hombres se unan entre sí por lazos
sociales; pero la ironía del artista
nos los muestra unidos por los ne­
gocios, el cuerpo de bomberos y la
limpieza de la ciudad. La mente an­
hela una dirección en el proceso so­
cial ; el escritor nos describirá una
gran ciudad donde las multitudes
no obedecen otras directrices que
(Continúa en la página S)

Es lógico que nuestra avidez de asuntos
literarios se encaminen hacia la pregunta
inicial obligatoria a todo escritor, inqui­
riéndolo sobre su obra futura, o en prepa­
ración, y a ello nos responde Mallea, al
par que su cigarrillo obra a la manera de
barrera transitoria entre nosotros.
—Espero —nos dice— que aparezca este
año, y en los meses inmediatamente veni­
deros, el producto de tres años de labor.
Si no todo él, por lo menos gran parte.
—¿Con qué comenzará?
—Con una novela que publicará dentro
de poco la Editorial Sudamericana. Se
tra ta de un volumen perteneciente a un ci­
clo o breve sistema de novelas que comenzó
en Las Aguilas y que trata el desarrollo
conjunto no solamente de una familia de­
terminada, sino —en una especie de cir­
cuito, órbita o descripción anular— de al­

gunos personajes laterales o caracteres tímás que un aspecto de cierto ciclo y este
picamento vinculados a esa familia.
ciclo una mera porción de cierto cuadro
—jCoordinadas o autónomas?
do obra¿. sin cuyo completamiento no me
—Será, en suma, un juego de novelas^? sentiré tranquilo.
autónomas que, si bien íntimamente coor—¿Trabaja en forma regular?
dinadas, pueden ser leídas independiente-)
—El trabajo principal do un escritor no
mente en sus distintas unidades.
reside, naturalmente, en el acto material
—¿Alguna otra novedad?
de redactar, sino en la operación, infinita­
—En seguida de esa novela principal del
mente más delicada, de ordenar los aspec­
sistema —a aparecer, como digo, dentro
tos concatenados en que se extiende el sen­
de unos meses— pienso publicar otra no­
tido general o intimo de esa obra de con­
vela, esta vez breve, do asunto e inspira­
junto a cuya composición concurren, con
ción propia, que nada tiene que ver con la
sus notas no siempre visiblemente traba­
serie anterior, pero que también está ya
das, muchos libros diferentes. Yo dedico
terminada y lista para ir a la imprenta.
gran parte de mi tiempo —aparte de las
—¿Podría adelantarnos algo de lo que
cinco horas de trabajo cotidiano en el libro
contiene esa novela que va a salir en pri­
que me ocupa— a la preparación y estudio
mer término?
de esas líneas generales. Y así van nacien­
—Es un libro ya escrito y que pronto
do, con su diferente suerte y su diferente
estará err manos de los lectores. ¿ Qué quie­
tono, los libros que se insertarán gradual­
re que le anticipe yo si ya la obra saldrá
mente en el conjunto, y que en realidad
a explicarse o a naufragar sin explicación
no reservan su verdadera y tal vez más
que valga por su propia cuenta?
patento voz sino para el concierto o ajuste
—Pero, descartado esto, algo puede sa­
del todo.
berse de su argumento. . .
—¿Qué sistema de trabajo tiene?
—El libro tiene tres partes y resume
—Por las mañanas escribo desde muy
el combate de un personaje por alcanzar
temprano. Por las noches leo, preparando
en términos espirituales, a construir una
materiales para el día siguiente. O bien
obra equiparable a la que construyó su
tomo notas.
abuelo en términos materiales. Pero toda
—¿Qué obras suyas se están traduciendo
la construcción se realiza en el dominio in­
en estos momentos?
terior —no en la vida práctica y concreta—
y significa, por consiguiente, el intento de
—José Lings do Regó ha prologado y
dar valor a cierto desposeimiento, por par­
traducido Todo verdor perecerá para la
te del protagonista, que se incorpora atri­
colección Nobel de la editorial brasileña
butos aparentemente pobres, por que son
O Globo, y la casa Bompiani, de Roma
en realidad lo contrario de tal.
ha contratado, para su versión italiana, lo
misma obra, después de haberme pedido
—Le manera que es la historia. . .
la opción para todos mis libros.
—En cierto sentido, de la vuelta de un
hombre a ciertas obligaciones relevantes
Ha terminado nuestra cordial misión, y
después de los extravíos o decadencias
mientras Mallea hojea despaciosamente
operados en su casa familiar. La vieja ca­
las páginas de C a b a l g a t a que hemos pues­
sona de Las Aguilas, ya asaltada, devora­
to en sus manos, las campanadas de un
da por el campo, es un protagonista más
reloj cercano nos indica que le restamos
de este libro, en el que se desarrollan pe­
más tiempo del propuesto. Apretones de
ripecias colaterales donde participan un
manos, sonrisas, y Mallea vuelve al silen­
cúmulo de personajes e ideas en cuya macio de su despacho de la calle San Martín
tización he puesto el máximo de esfuerzo.
donde proseguirá infatigablemente su la­
—¿Queda así terminada esta serie?
bor al servicio de las letras.
—Aunque consagré a este libro un tra ­
bajo por momentos agobiador, no es nada
O. B .

i

EN EL ANIVERSARIO DE R. J. PAYRO
( Viene de la página anterior.)

dengues para defender la frontera
de Buenos Aires de las incursiones
del infiel. De las tres compañías que
se crearon en 1752, la llamada “ Va­
lerosa” fué destinada al paraje co­
nocido por “ Laguna Brava”, más
allá del pago de Lujan. Cuando Pay-

ró nació en Mercedes hacía apenas
dos años que había sido declarada
ciudad . En otras épocas, cuando na­
cía un ser humano se buscaban en el
cielo las señales de su destino; pero
sería más lógico pensar en un desti­
no telúrico, en la existencia de una
escritura garabateada por los vientos

¡ l i l i II A I R A IBS HBRIS
E n su nú m ero 0, volum en e x tra , la C olección C risol, de M anuel A guilar, E d ito r,
p u b licó , b a jo el títu lo de A m or e h is to ria en el lib ro , dos de las o b ra s m ás s ig n ific a ­
tiv a s, de to d a s las épocas, a cerca de los lib ro s. T rá ta s e del F ilo b ib lio n (m u y herm oso
tra ta d o so b re el am or a los lib r o s ), p o r R ic ard o de B u ry , y N egro sobre b lanco (b rev e
h is to ria de la e s c ritu ra y el lib r o ), p o r M. Ilin .
D e e sta edición, b ellísim a, im p resa so b re p a p el b ib lia , ene. en p ie l y d o ra d a a
fuego, ta m a ñ o 6,5 x 8,5, con n u m e ro sas ilu stra c io n e s, nos es g ra to hoy re p ro d u c ir un
fra g m e n to que dice do la b elleza que e n c ie rra n la s p á g in a s, im p e re c ed e ra s, de R icard o
de B u ry :

Be cómo los libros deben ser ‘preferidos
a las riquezas y a los placeres.
p u e s la m e d ita c ió n m om en
d a n p o r d e b ajo de la v e r
O I se ju z g a a c e rc a d el vatá n e a so b re la s v e rd a d es
^
lo r de u n a cosa según d a d . P e ro los lib ro s sa g ra
dos c o n tie n en y co n serv an ex am in ad a s, c o n tin u a d a poi
el g ra d o en que es am ada,
la v e rd a d ; es m á s: ellos u n acto de la in te lig e n c ia, no
el p re s e n te c ap ítu lo dem os
s u fre in te rr u p c ió n a lg u n a
t r a r á que el v a lo r de los m ism os son la v e rd a d es
lib ro s es in e fa b le ; pero ello c rita (p resc in d ie n d o de su P o r esto los lib ro s parecen
de n a d a s e r v irá a l le c to r e s tr u c tu ra m a te ria l, que es s e r los m ás In m ed iato s ins
tru n ie n to s de la fe lic id a d es
in d e p e n d ie n te de su co n ten í
p a ra s a c a r u n a con clu sió n
p e cu lajiv a . A ristó te le s, v e r
p ues n o so tro s no nos s e r­ d o ). P o r todo ello, la s r i
vim os do d e m o stra cio n e s/ en quezas, do c u a lq u ie r especie d a d ero sol de la v e rd a d f í­
que sean, e stá n p o r d eb aje sica, concluye en su elección
c u estio n e s m orales, aco rd án
de los lib ro s, incluso la cla­ do m étodos que es p re fe rí
donos de que A ris tó te le s,
en su E tic a 1 y en su M e­ se de riq u e z a m ás e stim ab le : b le filo so fa r que e n riq u e ­
la fo rm a d a por los am igos cerse. A unque en el lib re
ta fís ic a 2 , p ro c la m a el he
cho de que el ho m b re busca como lo c o n firm a Boecio en te rc e ro de su T ópicos conce
el segundo lib ro de su De d a que la ne ce sid a d puede
la c e rte z a según le p id a la
n a tu ra le z a de la cosa que co n so latio n e p h ilosophiae. A o b lig a r a l in d ig e n te , según
la s c irc u n sta n c ia s, a p re fe
h a y a reconocido. N i CicerÓD p e s a r de ello, A ris tó te le s
r i r la fo rtu n a a la filo so fía
p re fie re la v e rd a d de los li
a rg u m e n ta apoyado en E u
Si se re c u e rd a , como pro
b ro s , so b re todo c o n sid e ­
elides, n i este últim o basa
su a u to rid a d en el sabio
ra n d o que la s riq u e z a s no bam os en el c ap itu lo p rece
dente, que los lib ro s c o n sti
p a re ce n te n e r o tro objeto
rom ano. C ie rta m en te, nos
o tro s nos esforzam os en
que el s e rv ir de su ste n to a? tu y e n el m ás cóm odo de lot
c o n v en cer de que y a sea por cuerpo. Se p uede d e cir con m a e stro s, se c o n v en d rá sin
c
e rte z a que la v e rd a d de los g ra n d e s esfu erzo s que m ere
la lógica, y a p o r la re tó
lib ro s es la p e rfe c ció n dv cen el am or y la c o n sid e ra
ric a , en u n a n a tu ra le z a in
ción d e b id a a los profeso
m a te ria l, en la que el e sp í­ la ra z ó n , la c u al es, h a b la n
r itu — que es el am or— nc do con p ro p ie d a d , “ el bien re s . P o r fin , como tod o s los
hom bres, p o r in s tin to , de
d
el
h
o
m
b
re
”
.
E
s
p
o
r
dem
ás
puede e n g e n d ra r m ás que e?
sean a p re n d e r y g ra c ia s r
am or, los lib ro s d eben ser ev id e n te que p a ra el hom
los lib ro s podem os a d q u irir
e stim ad o s sobre to d a s las b re que se sirv e do su r a
zón
los
lib
ro
s
d
e
b
en
serle
la
cien cia de la v e rd a d ,
riq u e -a s
y los p la c eres
m ás e stim ab le s que la fo r
c ie n cia p re fe rib le a to d a s
c u a le sq u ie ra que ésto s sean
Y esto, en p rim e r lu g a r, tu n a , p ues lo que p ro te ja la s riq u e z a s, ¿ q u ié n es e1
p o rq u e los lib ro s e n c ie rra n la fe con m ás firm eza, lo ho m b re que, obedeciendo í
m ás s a b id u ría de la que los quo s irv a p a ra p ro p a g a rla u n a ley n a tu ra l, no e s tá ob
m o rtale s p u e d an coñcebir. Y m ás y p a ra a n u n c ia rla con sesionado p o r la p a sió n de
la s a b id u ría m e n o sp rec ia las m ás c la rid a d , es lo que m ás los lib ro s ? A unque veam os
am ado debe s e r p o r el ere
que los p u e rc o s d e sd e ñ a n
riq u e z a s, como se dem ues
y e n te . E v id e n te m e n te que la s p e rla s, el sen tim ie n tc
t r a en el p re s e n te capítulo
A ris tó te le s, al p la n te a rse en N u e stro Señor, con el de­ del sab io no so debe a lte ra r
p o r ello y debe re c o g er las
el lib ro I I I “ A cerca de los signio de h a c e r n o ta r la
v e rd a d e sc rita en los lib ro s
p e rla s que se le ofrecen.
p ro b le m a s” (P ro b le m a déci
m o) la sig u ie n te c u estió n : resp o n d e a l te n ta d o r p a ra U n a b ib lio te c a re p le ta de sa
“ ¿ P o r qué los a n tig u o s que d e sh a c e r su a rg u m e n ta c ió n : b id u ría es m ás p re c io sa que
en la s academ ias y juegos “ E s tá e sc rito ” 4. E n fin , n a
to d a s la s riq u e z a s, y n a d a
p ú b lic o s o to rg a b a n recom ­ dio d u d a que la d ic h a está p o r m uy a p ete c ib le que sea
c o m p a rá rse le .
A sí
p e n sa s a los m ás capaces p o r encim a do la s riq u e z a s; puedo
no to m a b a n en c u e n ta la pero p re c isa m e n te la dicha q u ie n q u ie ra que s ie n ta en s '
c
o
n
siste
en
la
c
o
ntem
plación
s a b id u r ía ? ” , la re su elv e a^í:
u n a a r d i e n t e p re d ile c ció n
do la s v e rd a d es de la sab i
“ E n los e je rc icio s g im n ás
p o r la fe lic id a d , la s a b id u ­
tico s el p rim e r prem io es d u ría p o r m edio de la in te
ría , la c ie n c ia e incluso la
s u p e rio r a la h a z a ñ a re a li
lig en cia, o p e ra ció n de la fa
fe, debe s e n tirs e ir r e s is ti­
zada. Y como en to n ces se c u ita d m ás noble y elevada b le m e n te a tra íd o p o r los
co n cu erd a, en d e c ir que la quo poseem os y que es, se ­ lib ro s.
s a b id u ría e stá p o r encim a gú n el p rín c ip e de los filó
do la s riq u e z a s y los p la ­ sofos, A ris tó te le s, en el l i ­ 1 A R IS T O T E L E S : E t i c a
c e re s .”
I, 8.
b ro IV de su E tica , a Nicó
E l Ig n o ra n te n e g a rá que maco, la m ás de le cta b le d r 2 A R IS T O T E L E S : M eta físi
la a m is ta d sea p re fe rib le r to d a s la s o b ra s d esp u és de
ca, I I , 3.
la fo rtu n a , au n q u e el sabio la v ir tu d ; y a ñ ad e que, por 3 Z o ro b ab e l: J u s to del An
lo a te stig ü e así. S in em bar
su p u re z a y solidez, la filo
tiguo te sta m e n to , que re s
go, el filó so fo v e n e ra la so fia es la fu e n te de adm i
ta b le c ió el tem plo de J e
v e rd a d p o r encim a de la ra b ie s p la c eres. L a contem
ru sa ló n (L ib ro de E s d ra s
a m istad , y el Justo Zoroba- p la c ió n de la v e rd a d no es
III).
b e l 3, la v a lo ra so b re todas p e rfe c ta m ás que cuando se 4 E van g elio de S a n M ateo
la s cosas. Los p la c eres que
h a ce a tra v é s de los lib ro s
c ap ítu lo IV , 4.

en los pastos. Y Payró fué un escri­
tor argentino que nació con todos los
signos auténticos de su tierra. Y si
Hernández escuchó el violento reme­
són de la indiada y de la derramada
soledad del desierto, Payró habría de
escuchar el rumor del crisol de las
pasiones, en la política p u e b l e r i n a ,
en la lucha por el pan, en la ávida
conversación de los personajes que
la vida echa por los caminos.
De Payró puede decirse lo que
Chesterton dijo de Dickens: “ tenía
la llave de la calle” . ”Tuvo la llave
de la calle desde muy pequeño ’’. Te­
nía siete años de edad cuando hizo
el descubrimiento de la ciudad. Vea­
mos cuál es ese Buenos Aires que
Payró puede conocer en 1874. Es
indudable que los hechos y circuns­
tancias del ambiente y de la época
actúan por osmosis en la formación
espiritual de los seres. Los episodios
de más intensa dramaticidad impri­
men un sello indeleble en la memoria
de los niños'. Con lo visto y oído
cuando tenía siete años, Defoe, el
autor de Robinson Crusoe, escribiría
más tarde, el Diario de la Peste en
Londres, uno de los libros más inten­
samente trágicos que tiene la litera­
tura europea.
Desde pequeño, el Giotto dibuja
la forma de las nubes en las piedras
y Benvenuto Cellini veía formas hu­
manas en los bloques de Carrara aun
no tallados. Era niña Harriet Beecher Stowe cuando vió cómo eran
flagelados y castigados los negros en
las plantaciones, y con esos detalles
habría de escribir, andando el tiem­
po, La Cabaña del Tío Tom, uno de
los libros más famosos de la litera­
tura norteamericana. En su afán de
instruirse y formarse una cultura,
Sarmiento sufre en carne propia,
desde muy pequeño, todas las falen­
cias que la instrucción primaria te­
nía en su época; ello le llevaría a
ser apóstol, el más apasionado de la
educación y de la enseñanza en nues­
tro país.
Roberto J. Payró llegó a Buenos
Aires en 1874, a los siete años de
edad, y estaba al cuidado de su tía ;
había quedado huérfano de madre
hacía poco. Las escapadas del peque­
ño Roberto formarían las experien­
cias de vida del futuro escritor. El
pequeño mercedino, llegado de los
aledaños de la vastedad, de junto a
la tierra de nadie de la frontera,
siente asombro por la gran aldea con
sus trescientos mil habitantes. El ce­
der la acera a las señoras, modalidad
netamente porteña, era una conse­
cuencia del estado de la vereda y el

1
-j

|

¡

.

�cabalgata
riesgo que había de irse abajo hacia
la calle honda. Para andar por las
veredas había que practicar un ver­
dadero alpinismo. Setenta años atrás
Buenos Aires era una ciudad tan fea
como Londres con sus calles largas,
encajonadas; sus desagües, se decía
con mucha gracia, en esa época, e s ­
taban a cargo de dos ingenieros bra­
sileños: el viento y el sol. Las aceras
altas: la calle allá abajo con verda­
deros precipicios. Todavía de esos
años son los viajeros ingleses los que
nos hablan mejor de nuestro país,
por lo menos, con mayor veracidad.
Es pintoresca la descripción que del
Buenos Aires del 70 nos hace Ri­
chard Burton, que llegó a Buenos
Aires a bordo del “ Y i” . Las aceras
desniveladas, viscosas después de un
aguacero, con laderas de precipicios,
terminaban en las «¿quinas con tres o
cuatro rudos escalones que ofrecían
como apoyo un viejo cañón. Para
cruzar las calles había puentes. Tria
de las calles más hondas era la inter­
sección de las calles Florida y Co­
rrientes, en donde más de un tran­
seúnte se rompió algún hueso al caer
al fondo. El pequeño Roberto, al lle­
gar a la ciudad, fué acuciado por la
misma curiosidad que Richard Bur­
ton; pero no tiene edad ni condicio­
nes para comparar como el inglés.
Escenas y tipos callejeros impresio­
naron para siempre la sensibilidad
del muchacho. Los carros de dos rue­
das pasaban a Barracas al Norte con
lana, cuero seco, caña, madera, leña
y otros renglones de corralón. Los
tranvías, en la Avenida Santa Lucía,
eran arrastrados por dos cuarteado­
res. Y después los tipos humanos.
Las cuarteadores compadrones y di­
characheros, ídolos de las chinas, de
gorra requintada, de visera para
atrás y clavel a la oreja. El pescador
italiano recién llegado que baritoneaba su mercancía; los pajueranos que
se desparramaban por la ciudad en
ocasión de las fiestas patrias. Y aquí
el aguatero, el tipo más popular de
los suburbios, y las gloriosas reli­
quias de la independencia, y los
grandes patricios que a veces apa­
recían por las calles seguidos de la
admiración de los transeúntes. Es
así cómo el padre mostraría al pe­
queño Roberto al General Mitre. El
recuerdo de la gran ciudad aldeana
tiene el color del resplandor de los
picas de gas, el rumor del bordoneo
de las guitarras de los cuarteadores,
un suave aroma a espinillo, el único
perfume que usaban las criollas pa­
ra aromar la ropa blanca guardada
en las cómodas profundas. Pero los
vientos del odio corrían por las inse­
guras calles de la ciudad. Todo es­
taba confundido en esa tromba de
violencia y de lucha; los hechos más
contradictorios y antitéticos forma­
ban la vida de la nación en esos mo­
mentos : la lucha con los indios, el
fraude que llevaba a los hombres a
los campos de batalla, provincianos
y porteños que habían substituido a
unitarios y federales. Payró había
oído hablar desde chico del fraude
electoral, de las mulidores en polí­
tica. de las patrañas electorales, de
los infundios de los comicios, que
formarían más tarde los elementos
esenciales del espíritu y de la men­
talidad de ese exitista que fuera el
protagonista de Divertidas Aventu­
ras del nieto de Juan Moreira.
FIX

E .1E R C IC I 0 S O R R E
T I R E S I A S
( Viene de la //finiera página.)

mente el pantalón y las botas des­
preciando a último momento a
Rackham. Si hubiera combatido
como un hombre —así lo acusó—
no se vería colgado como un perro.
Fui Mary Read, otra irlandesa que
integró una tripulación pirata pro­
vocando y venciendo como buena en
más de nna riña marinera de ma­
chete y pistola. Fui también Porcia
y Absalón, juglar y mago.
Puedo multiplicar los ejemplos
basta el tedio, pero me detendré en
el último porque es una de las po­
cas ocasiones en que la calamidad
(la muerte) final que mi sino bus­
ca, es un justo castigo.
Para Catalina, hermosa mucha­
cha que vivió en un pueblito de la
Baja Sajonia, el amor fué una pa­
sión furiosa que no conoció límites
ni reflexiones. Mintió y calumnió
para conseguir el objeto amado.
Tampoco le importó condenarse y
morir sin confesión, pero fué en
vano. Seductora y sobre todo muy
sensible al placer de agradar a los
hombres, soñaba con ser una espe­
cie de Semiramis. Se libraba en
sü imaginación a incontables impu­
rezas donde los que habían servido
a su lujuria eran degollados y se­
pultados luego en magníficas tum­
bas construidas con ese fin. No
sintió ni la virtud ni la inocencia
y comenzó ejercitando su perver­
sidad sobre el vicario del pueblo
a quien atrajo simulando éxtasis
durante los cuales se expresaba en
un latín corrompido, y acordán­
dole luego gracias excesivas y aun
las pruebas últimas- del amor.
Los talentos del vicario habían
descubierto en Catalina serias con­
diciones para el amor místico pero
como se sintió atraído, decidió veri­
ficar de una manera bastante par­
ticular tan raras aptitudes. Mien­
tras se bailaba entregada a sus
oraciones, deslizaba el vicario su
mano por la nuca de la muchacha.
Si esta reaccionaba o exhibía el
calculado pudor, la acusaba de
escaso fervor religioso y excesivo
apego a las cosas mundanas, pues
nada bueno es el estar tan atento
a las sensaciones del cuerpo. La
pertinacia del vicario fué premia­
da. Logró su propósito y Catalina
j a no se dió cuenta de sus disfra­
zadas caricias.
Un día yo, Tiresias, llegué al
pueblo bajo la forma de un atra­
yente personaje. Ale presenté como
un volatinero pero mezclando a las
habituales pruebas con pájaros y
flores cosas dignas de mis privi­
legiados dones. Ale llamé Absalón
y en verdad merecía tal nombre
pues como las del hijo de David,
mi rubia cabellera' y mi barba riza­
da y hendida pesaban seguramente
más de ocho onzas. Ale gustó el
pueblo y deseé quedarme largo
tiem po inventando distracciones
para sus buenas gentes. Practicaba
la aquitomaneia o sea la adivina­
ción del porvenir por medio de
agujas, colocando doce de ellas en
un plato sobre el que derramaba
desde cierta altura clarísima agua.

C aballo
omo

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por ALFRED EINSTEIN

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p L U C K d is fru tó del p ri
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v íleg io cA8i ú u iro de
”
in flu ir d ire c ta m e n te , al
mismo tiem po, so b re la s tre s
g ra n d e s escu elas m u sicales
de E u ro p a — Ita lia n a , F ran cesa, A lem ana— y d e ja rle s
im p re sa s sus h u ellas,
P o r su ed u cació n , p o r su
vida, r e p a rtid a e n tre todos
los p a ire - del c o n tin e n te.
G luck e ra el llam ado a des
e m p eñ ar ese g ra n p ap el de
m aestro europeo, e l p rim ero
que im puso a E u ro p a — di
ce B om aín R o lla n d — p o r Xa
do m in ació n de su genio, u n a
especie de u n id a d m usical.

s

Precio del ejemplar * 10.-

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i Editorial S C H A P 1RE

• Knaiht'iii 1285
■

Buenos Aires

7

de fuec . o

fenómeno &lt;le conjunto, la poesía

C chilena es un acontecimiento artístico
que sólo puede ser comparado en Améri­
ca. a la generación de pintores murales
mexicanos. No solamente los nombres de
Crucliaga Santa María, Huidobro, Neruda, Rosainel del Valle, Pablo de Rokha,
Díaz-Casanueva, Juvencio Valle, Antonio
de Undurraga, circundados por la aureola
do los aportes originales y definitivos ?
la poesía, sino que aun las numerosas
obras de verdadera importaneia para un
panorama cultural que brinda constante­
mente la poesía chilera, hacen pensar en
un ‘ ‘ Renacimiento ’ ’ en las artes poéticas
Por lo tanto, no puede maravillarnos algo
que debía ser consecuencia lógica del he­
cho anotado: que de Chile partiera el más
serio e interesante intento por abrir una
tribuna a la poesía de este continente, "i
esta tribuna es “ Caballo de Fuego . fun­
dada por Antonio de Undurraga en San­
tiago de Chile, y cuyo tercer número acu
ha de aparecer en Buenos Aires, donde su
director reside actualmente. Al aparecer la

Era también capaz ele ver y adivi­
nar los espectros que circulan por
los aires y hacer con clips raros
presagios. Podía descubrir objetos
perdidos pronunciando dos veces
la palabra AGLA. de la cabala, y
podía asombrar con la grantomancia o sea la adivinación por medio
de las cosas que se presentan de
improviso, como el encuentro de
un halcón que cruza el cielo o de
una liebre asustada ante la presen­
cia humana. Afaravillé, y como ade­
más componía e interpretaba inge­
niosas comedias todos me distin­
guían. Las mujeres, especialmente,
me consultaban y desde luego des­
perté más de una secreta pasión.
Catalina fué una de ellas. Al fin y
al cabo sus amores con el vicario
no pasaron más allá de la sorpresa
que a toda virgen inspira el proce­
der del hombre en tales meneste­
res. Yo no presté atención a sus
insinuaciones. A n tes bien, para
darle a entender que conocía sus
culpas y su perversidad, le conté
la historia de Abrahel, el demonio
súcubo que adoptando la forma de
una hermosa joven hacía concebir
malas pasiones en hombres que por
estar entregados a algún ministe­
rio sagrado, si pecaban, pecaban
doblemente. Después de seducirlos,
Abrahel les entregaba una man­
zana y les exigía el sacrificio de
alguna persona amada.
Aunque comprendió que yo había
descubierto su intriga, su espíritu
y su instinto singularmente modi­
ficados por el embarazo, no ceja­
ron. En lugar_ de resignarse me
escribió una carta donde entre
otras cosas que mostraban un la­
mentable y alarmado corazón, de­
bía : “Señor, esta carta le sorpren­
derá pero ya se habrá imaginado
usted las razones de mi proceder.
Proceder que aunque sea yo una
niña, está justificado... ¡Cielos,
como le odiaría a usted si no lo
amara hasta el furor! Yo lo amo
señor Absalón y le suplico que no
se exponga a vanos arrepentimien­
tos e in ú tile s remordimientos”.
Terminaba la carta con la amenaza
de rigor: “Tiene usted tres días
para contestarme”. Ciertamente a
mí, a Tiresias le causó infinita pena
esa invitación que, además, ponía
en peligro mi apacible actividad de
mago lugareño. No contesté la
carta y en la cabecera de mi cama
encontré un trozo de pergamino en
el que estaban escritos los siguien­
tes nombres: Aliguel, Gabriel, Ra­
fael y por último el mío, Absalón.
¡Pobre Catalina! ¿Qué podría ha­
cer contra mí tan ridicula fórmula
amatoria ?.
Pasados los tres días del plazo
fijado, se presentó ante el magis­
trado y me acusó. Juró y juró que
yo era culpable de su desgracia y
me enviaron a 1a. cárcel. De acuer­
do con la costumbre establecida
para esos casos, fui condenado a
muerte. No temía por mí sino pol­
la joven de modo que me limité a
decir que prefería la condena antes
que verme unido a tan miserable
criatura. Catalina, pensaba yo.

REVÍSTA HE
REVISTAS
revista por primera vez, su editorial moti­
vaba claramente la empresa : ‘ ‘ Levanta­
mos esta casa no para vivir en ella como
esclavos de sus ardientes espejos, sino que
para hospedarla y a d o r a r la ...’’, agre­
gando más adelante que estaba “ .. . dig­
namente puesta al servicio de la poesía
Y por estarlo sólo pretende un compromi­
so: evitarle toda llaga y todo contraban­
do que la perjudique’ ’.
Arduos son los problemas que sobre­
lleva el arte en América. Y no entre los
menores se encuentra la falta de publica­
ciones orientadas a encarar los mejores
frutos. Además, la carencia casi absoluta
de críticos y ensayistas provoca un auge
% justificación tal de puerilidad, que las
páginas de algunas entidades tradiciona
les, no 1‘ descubren ’ ’ otra poesía que aquí -

CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE
por E. McNall Burns
L as re a liz ac io n e s h u m a n a s de acuerdo con el
nuevo concepto de la h is to ria . U na p e rsp e c tiv a
ín te g ra de la s lu ch as, h a za ñ a s y e rro re s de la
hum an id ad , desde sus com ienzos h a s ta el m o­
m ento a ctu al.
U n volum en e sm e ra d a m e n te im preso, de
900 p á g in a s, p ro fu sa m e n te ilu s tra d o y
e n cu a d e rn a d o en tela
$ 40.—

DANZAS ARGENTINAS
por Aurora De Pietro
y C. González Castillo
U na e x q u isita p in to ra y u n s e n tim e n ta l poeta
im p rim en en este lib ro u n nuevo e n ca n to a la
belleza y el colorido de los b a ile s tra d ic io n a le s.
L u jo sa e dición en p a p e l p e rgam ino, con
26 ilu s tra c io n e s a todo color y n u m e ro ­
sas en negro, m a g n ífic a m e n te e n c u a ­
d e rn a d o
S 4 0 .—

LEON FALLIERE 1856.1866
(Diario de Viaje
por la América del Sud)
O bra de g ra n v a lo r a rtís tic o e h is tó ric o p re ­
s e n ta d a en u n a c u id a d a ed ició n , que im p o rta un
e x tra o rd in a rio a la rd e de p e rfe c ció n té c n ica . I lu s ­
tra d a con 207 rep ro d u c c io n e s d ire c ta s d e los
o rig in a le s en hu eco -o ffset a 2, 3 y 8 colores.
E d ició n n u m e ra d a en a rá b ig o s del 1 al
2.900, lu jo sa m e n te e n c u a d e rn a d a en te la $ 70.—
E d ició n lim itad a , n u m e ra d a en rom anos
del I a l C, en c u a d e rn illo s colocados en
c ajas.
$ 1 0 0 .—

FILOSOFIA DEL ARTE
por Hipólito Taine
H e rm o sa e dición de la fa m o sa o b ra que s in te ­
tiz a la e sté tic a d el p e n sa d o r fra n c é s. T a in e con
s id e ra que el a r tis ta p ro d u c e c o n d icionado a
tre s in flu jo s: la ra z a, el m edio a m b ie n te y el
m om ento h is tó ric o . S obre e sta b a se a n a liz a la
p in tu r a del re n a cim ien to ita lia n o y de los P a í ­
ses B ajo s. A dem ás d e e s tu d ia r la e sc u ltu ra de
G recia, re a liz a el im p o rta n te ensayo sobre el
id e a l en el A rte.
E n un volum en d e e sm e ra d a p re s e n ta ­
ción, ilu s tra d o con 30 lá m in a s a 6
colores, 98 en negro y m ás de 120 g ra ­
bados y lito g ra fía s , m a g n ífic a m e n te e n ­
c u ad e rn a d o
$ 2 0 .—

SAN MARTIN 200
FLORIDA 205, FLORIDA 750 y SUCURSALES

habrá intuido que no soy un ser
vulgar. Comprenderá que quien es
dueño de tales poderes no puede
asustarse ante la perspectiva de la
hoguera o la horeá. Tal vez com­
prenda que para mí esa muerte
judicial no tiene sentido. Se arre­
pentirá y retirará la acusación.
Como nada de eso sucedió, llamé
al juez y le dije: “Me envían uste­
des a la muerte y vuestra concien­
cia no os hace ningún reproche.
Puesto que se me condena por la
palabra de una mujer sin pudor
demostraré mi inocencia pero lo
haré delante de ella.”. Cuando la
hicieron llamar, Catalina creyó que
yo había mudado de parecer y
accedía a casarme con ella para
salvarme de la' muerte y limpiar
mi culpa. Una vez que los hube
reunido a todos, me despojé len­
tamente de las ropas. Vióse enton­
ces como yo, Tiresias, era mujer.
Ale perdonaron pero- hube de salir
inmediatamente del pueblo.
Catalina fué, como estaba pre­
visto, castigada. Al día siguiente

de mi inequívoca revelación tuvo
un falso parto y murió.
i
Lo que sigue es, en pobrísima
y aproximada versión, la palabra
de Ovidio acerca de mi natura­
leza :
“Se cuenta que un día Júpiter
alegre por el néctar, abandonó sus
graves ocupaciones dedicándose a
bromear con Juno. — Sin duda —
le habría dicho Júpiter — la vo­
luptuosidad que ustedes pueden
experimentar es más grande que
la que siente el hombre. — Ella lo
negó. Resolvieron atenerse a la
decisión del sabio Tiresias. Este
había gozado de los placeres de
Venus en uno y otro sexo. En
efecto, habiendo encontrado una
vez en un bosque dos grandes ser­
pientes acopladas, las golpeó con
su báculo y ¡ olí prodigio!, de hom­
bre vióse transformado en mujer.
Así pasó siete años. Al octavo año
encontró de nuevo a las mismas
serpientes y dijo: — Si es tan
grande el poder de un golpe que
cambia en lo contrario la suerte
de quien os lo da, os golpearé
ahora.— Al golpearlas recobró bu
Ha cuyo significado es una nulidad en to­
forma primera y la figura que
dos los aspectos de la creación. Viene “ Ca­
tenía
desde su nacimiento. Tomado
ballo de Fuego’’ entonces, a llenar un
como juez en tan divertido debate,
claro e iniciar una época err que lo alcan­
zado y lo por alcanzar en la poesía ame­
corroboró lo que sostenía Júpiter.
ricana, están condicionados para su publi­
“ La hija de Saturno despechada
cación por modalidades tan necesarias co­
más de lo justo, condenó los ojos
mo pueden serlo lina clara comprensión
&lt;le su juez a la noche eterna. Pero
del lugar americano en la Poesía, y una
encauzada selección crítica. La revisión
el padre todopoderoso — puesto
que en números anteriores lia hecho “ Ca­
ballo de Fuego” de la obra de los poe­ que no está permitido a ningún
dios destruir lo que otro (líos
tas chilenos Antonio Borquez Solar y Te­
hizo— . en compensación por la pér­
resa Wilms Montt, como el panorama de
poetas que ofrece en el número que acaba
dida (le la vista, le dió la facultad
de aparecer, son índice elocuente de lo que
de
conocer el porvenir endulzando
afirmamos, como también muestra del pa­
con tal favor el castigo.” (Meta­
pel que esta revista ha de jugar. No será
morfosis — Lib. TIL)
una escuela literaria determinada la que

cimente la juventud cultural de nuestro
continente, sino que los aportes califica­
dos de innumerables corrientes conforma­
rán el panorama de nuestras arte*. Y este
es también lo que vemos reflejado en el
número 3 de “ Caballo de Fuego *. Comovi
das las premisas, no es poco decir.
(Continúa en la pág. 10.)'

• Es la opinión de otro poeta:
tiro
[Uves
Obi man uitli wrinkled f e m ó le breast
/

Tiresias, though

b h n d , th rnbbing

T. S. Eliot, “ The Waste L an d ’ ' )
A b r i l de 194H

�cabalgata

8
J O H N

nos passos
194 7
(Viene de la página 6.)

las que tienen por fin la común co­
modidad y seguridad. Ese será el
modelo de su composición.
De las dos ciencias que presiden
el moderno paraíso literario, Dos
Passos ha elegido como guía a la so­
ciología, y no a la psicología. El in­
dividuo' le interesa, pero principal­
mente como miembro de un cuerpo
social, y siempre aspira a mostrar­
nos una sección transversal de ese
cuerpo, para que apreciemos mejor
,1a estructura de sus tejidos. En Man­
hattan Transfer nos muestra el cen­
tro urbano; en U.S.A.. la nación.
En ambos casos abarca el período
que va de la Guerra de los Boers al
gran “ boom” que siguió a la Pri­
mera Guerra Mundial. En Manhat­
tan Transfer nos presenta un gran
número de personas de los grupos
más representativos, pero en instan­
táneas, sin transición, cada una por
su lado; algunas no aparecen más
que una vez, otras varias a través de
los años y otras aún con la frecuen­
cia necesaria para producirnos la
impresión de protagonistas, sobre
todo cuando sus vidas se unen por
el matrimonio, los negocios o cual­
quier otra relación social.
De modo más o menos remoto se
afectan entre sí; pero los personajes
no parecen darse clara cuenta de ello^
y, cuando se unen más estrechamen­
te. su imión no puede llamarse un
argumento, con su tema, sus escenas
críticas y su resolución dramática.
El elemento del tiempo sirve sim­
plemente como una medida del des­
arrollo del cuerpo social. Lo que ha­
cen y dicen los personajes es una
ilustración de sus principios socio­
lógicos.
En U.S.A. existe aún menos argu­
mento, en el sentido convencional de
la frase, aunque tiene menos perso­
najes y el curso de sus vidas se des­
cribe más detalladamente, con menos
interrupciones. Cada caso se docu­
menta enteramente. Pero no son más
que los casos sacados del archivo de
un trabajador social.
La parte pública del libro la cons­
tituyen Noticiosos, biografías de
hombres famosos y lo que se llama
el Ojo Cinematográfico. Los noticio­
sos son un conjunto de fragmentos
inconexos, como los recuerdos de un
lector de diarios. Y precisamente esa
falta de conexión entre los distintos
ítems —escándalos, catástrofes, fi­
nanzas, trabajo, política, guerras—
es lo que pone de manifiesto su in­
terrelación en la trama de Iqs asun­
tos públicos. En la vida pública, co­
mo en la privada, no existe un ver­
dadero argumento; pero sí una ten­
dencia general, hacia la guerra, la
inflación o la agravación de los con­
flictos sociales. Pocos son los perso­
najes de la obra que se dan cuenta
de esa tendencia, o se preocupan por
ella, por lo que significa el proceso
en que se encuentran implicados.
Muchos lectores se quejan de la
falta de convencionalismos del mé­
todo narrativo de Dos Passos. Su ob­
jeto no es la reproducción completa
y literal de una escena presente al
ojo corporal según las leyes de la
óptica, sino más bien el reunirse den­
tro del marco de un cuadro, partes
representativas de muchas escenas
relacionadas entre sí, no por su pre­
sencia simultánea en el mismo lugar,
sino por una asociación mental, a
las que se da significado y efectivi­
dad estética por su arreglo en la nue­
va pauta visual. No hay motivo para
suponer que este principio de la com­
posición abstracta va a desplazar a
la tradición establecida ya en la no­
vela —que tiene la ventaja de seguir
un camino más normal al arreglar
imaginativamente las vidas huma­
nas. Basta con recordar a los lecto­
res que Dos Passos escribe de un mo­
do nuevo y distinto, y sugerirles que
busquen sus efectos en la misma di­
rección que él los buscó.
Los mismos lectores que se quejan
de su técnica, narrativa, se sentirán
repelidos por lo inconcluso de sus

historias y por el escaso valor y sig­
nificado de las -vidas que en ellas se
presentan. Bueno, pero es que ése es
precisamente el tema de Dos Passos.
Si no nos ofrece ejemplos de almas
generosas en busca de nobles fines
' es porque la vida contemporánea le
da la impresión general de gentes
ordinarias, presas en el mecanismo
de una sociedad sin alma, y los ca­
sos excepcionales carecen para él de
interés.
Pero en las biografías y noticiosos
hay sutilezas de intención que resul­
tan más agradables. Las incoheren­
cias del Ojo Cinematográfico son
una expresión perfecta de la inge­
nuidad de la niñez, de los anhelos
confusos de la madurez consciente.
Quizá el triunfo mayor del arte de
Dos Passos es la completa sumersión
de su estilo personal en el de sus per­
sonajes. El vocabulario y el idioma,
la retórica y la gramática son dis­
tintos en cada uno de ellos; y, sobre
todo, lo que podríamos llamar el to­
no moral, es siempre el de las perso­
nas que viven en la obra sus vulgares
vidas. Aquí reconocemos con deleite
el don del artista objetivo de entre­
garse por completo a su tema que,
en los volúmenes de comentarios per­
sonales, nos produce cierta decep­
ción.
Dos Passos nos ha dado una de las
pinturas más extensas y convincen­
tes de la vida americana, en algunas
de sus fases más características. Si

busca deliberadamente sus respues­
tas y soluciones, pero pasivo a los
impulsos más comunes del instinto.
Aquellos a quienes interese la poesía
y la metafísica, y nada más, negarán
a Dos Passos todo su atractivo y le
calificarán de inferior.
Pero los que tengan inclinaciones
católicas, considerarán al menos la
naturaleza de su intención artística.
Dos Passos no ama las almas chatas;
pero el tema de sus obras lo consti­
tuyen almas achatadas por el com­
plejo de la cultura que las ha crea­
do. Quejarse de que su representa­
ción no posee más que dos —o todo
lo más tres— dimensiones es simple­
mente quejarse del método y medio
más apropiado para su intención ar­
tística. Lo que debemos apreciar es
el virtuosismo brillante con que se
aplica ese método y la innegable
grandiosidad de su efecto.
Pero se dice también que su es­
tudio no es “ religioso”, que carece
de esos valores, de ese sentido moral
sin el cual el alma humana se con­
vierte en un tema poco edificante.
Pues bien, esa es la cuestión más dis­
cutida de nuestra época, y no puede
decidirse por el testimonio de una
horda de poetas y críticos, muchos
de ellos desconocedores deliberados
de la cultura intelectual de nuestra
edad. Cuando la psicología y la an­
tropología han reconocido unánime­
mente que el sentido moral y la re­
ligión misma tienen su origen natu­

ral en las experiencias normales del
hombre, en sus relaciones sociales, no
debemos tomar muy en serio la nos­
tálgica insistencia con que el poeta
trata de buscar sus orígenes en algo
más allá de las normales experien­
cias humanas. Y si bien el sentido
de la obligación es casi universal en
el hombre, no es aventurado suponer
que el sentido de culpabilidad (tan
claro en Joyce y í^afka) ha de ser
particularmente agudo en aquellos
lugares donde el complejo de la cul­
tura favorece su implantación. Des­
pués de todo, Dos Passos no es un
irlandés educado en un colegio je­
suítico, que lucha desesperadamente
por librarse de las ideas teológicas
que le han sido inculcadas, ni un ju­
dío austríaco que se golpea la cabe­
za contra los barrotes de la exclusión
y el desprecio.
Mas se dirá que el sentimiento re­
ligioso está muy difundido entre los
hombres y que su exclusión es la ex­
clusión de un elemento muy impor­
tante de la naturaleza humana. Eso
es evidente; pero al tratarse de una
obra de imaginación hay que pre­
guntarse qué partes de la naturaleza
humana quedan forzosamente fuera
de ella. El artista tiene siempre que
elegir el plano sobre qué piensa ac­
tuar; y la mayoría de los novelistas
han reconocido la prudencia de limi­
tarse a un plano determinado. Dos
Passos ha elegido el del hombre social-económico.

J orge L arco. La pirca (Córdoba). 1947. (Acuarela.)
retrocedemos ante el brillo helado de
la exposición, debemos rendirnos a
la fascinación que ejerce sobre nos­
otros como una obra de arte imagi­
nativo. Nos atrae su fértil inventiva,
su atrevida originalidad y la impre­
sionante estructura de su composi­
ción.
Pero esto nos lleva a la más radi­
cal de las objeciones que se han he­
cho a Dos Passos. Se dirá que su re- j
presentación de la naturaleza huma-1
na es puramente externa y superfi- j
cial, que su filosofía adolece del mis- j
mo objetivismo de que son víctimas
sus personajes, que no concibe al
hombre más que como un ser polí­
tico y económico. El que desee pre­
sentarnos el alma del hombre, dirán,debe presentarnos personajes con al­
ma. Pero a Dos Passos no le atraen
las honduras psicológicas y carece
de la fascinación de un Joyce o un
Proust, No trata de exponernos las
complejidades dialécticas de la cul­
tura europea y, con él, no nos inter­
namos en las deslumbradoras selvas
de La Montaña Mágica y José en
Egipto. No posee el amor poético de
las correspondencias simbólicas que
da tal altura imaginativa a las aven­
turas de K. y Earwicker, convirtién­
doles en tipos humanos universales.
Lo único que le interesa es la rela­
ción del individuo con el grupo his­
tórico de su tiempo. Y, sobre todo,
ha elegido al hombre moderno que

JORGE L
Por RO M U ALD O BRU G H ETT1

críticamente ostensi­
UNbledualismo
señala la aventura pictórica
de Jorge Larco. Lo lírico emboscado
y, lo dramático no previsto se diver­
sifican, trazan caminos diferentes,
aunque convergentes: el primero,
hacia lo espontáneo, temperamental,
del pintor de sensibles acuarelas, y
el segundo, se fortifica especialmen­
te en óleos que buscan la densidad
y la construcción e idéntico clima
moral en su devoción hacia gentes
del humano mundo.
¿Partir de la obra del artista pa­
ra ir al hombre? ¿Situarse en con­
traposición a lo que aquí se hizo du­
rante nuestra prehistoria artística?
Una pintura clara, limpia, de toques
rápidos emerge con aquietado ardor,
anima colores fluidos y etéreos. La
línea trazada en años de frecuenta­
ción del oficio, de técnica expeditiva
y fresca, con su esplendor ordenado,
afinan su decir, pero hay siempre
como una hora solitaria que parece
surgir del olvido del propio ser ínti­
mo en esos jugosos frisos, un no sé
qué que en Larco neutraliza el re­

bosar del pintor. Se lo ve, afinado,
dentro de una zona que le es pro­
picia. Un largo y paciente estudio
de obras clásicas y modernas lo agu­
dizan, lo hacen crítico buido, gozador y esteta en la maciza compren­
sión de Piero della Francesca, en la
lúcida interpretación plástica del
Greco, Goya o Picasso, o la locura
vuelta orden y medida creadora en
los alucinados arabescos de Van
Gogh. Estas devociones de Larco,
viven en su razonar lógico, pulido.
Pero existe una singular distancia
entre la ideal inteligencia que sueña
y la mano que realiza respondiendo
al pensamiento de belleza y verdad
ansiosamente buscado.
Por años se vivió en la Argentina
un clima que no era el nuestro. Na­
cimos como país cultor de lo artístico
hace apenas cuestión de décadas, y
se comenzó imitando no creando. Tu­
vimos que entregarnos a un apren­
dizaje lento, a formalidades caducas
muchas veces; andar y desandar ru­
tas difíciles fue lo propio del pintor
argentino, al punto que resulta exae-

Existe un concepto casi religioso
del que Dos Passos tiene plena con­
ciencia. Lo que Kenneth Burke lla­
ma “ piedad” . Es, nos dice, el deseo ’
el impulso de todo ser humano a
identificarse con el grupo. Y esto no
es más que el desarrollo humano del
sentido gregario de los animales. Los
personajes de Dos Passos, razonable­
mente gregarios siempre, carecen de
ese tipo de piedad que Jesús llama
“ amor” . Pero no olvidemos que ése
es su tem a; que nos está pintando
una sociedad que desconoce sus com­
ponentes. Y el desamor atómico de
sus personajes es una señal de lo que
él considera el gran desiderátum. Si
el lector no lo reconoce así es porque
se le ofrece un realismo objetivo
cuando él esperaba un tono de fran­
ca sátira.
Pero a estos personajes les falta
algo para convertirse en seres de
carne y hueso, y es la concepción y
prosecución voluntarias de fines que
se consideren valiosos. Aquí, de nue­
vo, debemos conceder a Dos Passos
el beneficio de la duda y asumir que
precisamente eso era lo que deseaba.
Que aspira a pintarnos una sociedad
que va pasivamente a la deriva, sin
el beneficio de un control interno.
Sus personajes son, en su mayor par­
te, simpáticos y fáciles de compren­
der, pero rara vez dignos de amor o
admiración y, por esa razón, carecen',
de importancia individual para el
lector. Y ese es el principio y fin de
sus faltas. Sus personajes no tienen
la “ simpatía” de los de Tolstoi, Dickens, Henry James o André Malraux. No poseen el interés psicológi­
co de los de Dostoievski o Proust, ni
el interés poético de los de Kafka.
Su visión del hombre no es religiosa,
sino racionalista. Y la mayoría de
los lectores modernos prefieren la i
psicología y la visión religiosa, ade­
más de unos personajes razonable­
mente simpáticos.
Como siempre, el'lector tendrá que
consultar su gusto. Pero los gustos
cambian y se ensanchan. Dos Passos
es ahora un autor consagrado, aun­
que no popular. Es un artista de
atrevida originalidad, ingenio y va­
lor. Ha abarcado el escenario norte­
americano de modo más adecuado
que otros novelistas. Sus comentarios
sociales son mordaces y vivos. Ha
sobrevivido a veinte años de crítica.
Dentro de veinte años más no tendrá
necesidad de apologías. Nuestros hi­
jas verán en él a uno de los clásicos
americanos.

ta la palabra de André Malraux: J
“ La primera materia del artista i
no es nunca la vida, es siempre^
otra obra de arte. ’ ’ ¡ Qué iba a
aprender Larco, de Romero de To­
rres, si no era, por lógico contragol­
pe y al cabo de los días, el repudio 1
a toda pintura convencional, hecha
de manera académica! Pero, natu- ■
raímente, del comenzar a ver al ha­
cer se cruza un trecho erizado de di­
ficultades, aventurado o desventura­
do, y es necesario templarse, soltar
amarras, recomenzar. Es así cómo,
Larco, después de sus diversos que­
haceres de decorador y de dibujante
de culta inventiva, endereza su brú­
jula de inquietudes hacia una pin­
tura de tonos oscuros, graves, de
construcción austera. Entonces, lo i
dramático asoma; es, cuando, en
1931, pinta el retrato de la madre, j
Su paleta, obvio es remarcarlo, de- |
bió hallar con anterioridad las defi- i
iliciones del color, un color pastoso
hecho tono, con el cual el cuadro está |
inscripto, fluyente materia cromáti- j
ca nada seca, nada árida e incluso
de sabor táctil, en Los santos de pa­
lo, 1930.
El artista se- agita: su riguroso
control crítico acrecienta su posición
ante la vida del arte. Sin embargo,;
existe un gran peligro que es propio
de una civilizada observación en
aprecio de las cosas, o, si se quien,■
de la índole propia de cómo se vive:
surge el peligro entre la forma y la
fórmula, advertencia que en instan- j
tes se posesiona de Larco, lo mantie-1
nen fuera de sí, lo acosan, hasta que,
liberado, airoso ya en la luz de su
pintura, obtiene Muchachos de circo,
en 1934. Esos cuatro años —1930-

�cabalgata

no pasa en las ciudades
E La tiempo
donde me llevaron, en casas

J orge Largo. Gonzalito. 1947-48. (Oleo.)
1934= son decisivos en su expresión,
lo libran de los inquietantes fantas­
mas de un hacer diversificado que
dice de un temperamento zahori. Se
observa de qué modo Larco comienza
a dejarse ir, a no temerle al propio
demonio o ángel que en él pide ex­
pansiva adhesión a las cosas de la
naturaleza, paisajes gustados en ca­
lles y rincones de Buenos Aires, o
asomándose al campo, o en el Tigre,
internándose en los canales del Del­
ta, o yendo a instalarse en la costa
atlántica de Mar del Plata. Vendría
pronto e.sa soltura elegante de quien
se sabe seguro esgrimidor de su ins­
trumento y, en los momentos alegres
o tristes, aunque los sentimientos no
se diversifiquen ni se aclaren en este
pintor, una galana sinceridad se
vuelca hacia una canción o una me­
lodía sutil que vive dentro de los ob­
jetos sensibles y naturales: la luz del
sol, una pradera, un bosquecillo o
monte criollo, las aguas, las vivien­
das del hombre, el hombre mismo. Y
a esta altura, Larco, que ya ha pin­
tado bodegones excelentes y cultiva­
do, en acción de investigador y es­
tudioso, una naturaleza de la que la
vida ha huido, emprende la cons­
trucción de retratos —acuarelas y
óleos, simultáneamente— donde se
le aparece una faceta de problemas
reales bajo los cuales apunta el ca­
rácter. Aquí, es cuando vuelve aquel
sentido doloroso, hasta trágico, de
la figuración de su madre española.
Gentes de existencia modesta, gentes
del pueblo (leñadores, campesinos)
entran en sus telas mayores, le per­
miten atender a lo corpóreo y ale­
jarse de un refinado gusto —visi­
ble en tantas acuarelas— que le
ofrepen la necesidad ineludible, en
su aparente facilidad, para tentar
otra vez, al igual que en el Delta,
mas con mayor alcance expresivo, la
serie de paisajes del Brasil, una na­
turaleza suntuosa que enriquece su
eolor. que realza sus valores, y lo in­
ducen a la aventura de una espon­
taneidad pródiga y viviente. Empe­
ro, debemos aguardar aún, y, lo dra­
mático, iría insinuándose con deco­
rosa presencia en momentos en que
Larco vuelve a la España de sus
añas juveniles, a una España a la
cual regresa después del desgarra­
miento de la guerra civil. TTna Es­
paña, que, para él. nacido en tierra
de llanura, se le habría de agolpar
por conducto de toreros y monjes,
como una obsesión espiritual que lo
muestra igual a sí mismo y diferen­
te, buscando esa nota honda y pe­
netrante que alentaba secretamente
en su arte.
Grises ardientes atormentaban su
mirar en las acuarelas españolas ac­

tuales y, a la par, en los óleos se
siente a Larco inquisidor del volu­
men, un volumen no marcado en sus
aristas, al contrario, de tonos suel­
tos y libres. El retrato, fuerte cabe­
za hispana, de Almazán, el Torero
en rojo, su hermana Sarah, Gonza­
lito Losada, sueltan sus corrientes
expresivas, lo afirman en rigores
formales y tonales, lo constriñen al
cultivo de una naturaleza vuelta
fundamento del alma. Larco respira
tocado ya por una intuición de ma­
durez de espíritu que sube en el pai­
saje de oros llameantes del cielo ma­
drileño.
Ahora, el fervor lírico —que entra­
ña substancia dramática—, brota co­
mo fuente clarísima en sus acuarelas
—feliz contraparte— de la Córdoba
argentina. Siempre sintió Larco el
paisaje, los cielos, los árboles, los es­
pacios no abstractos sino reales, y
aquí, su visión cordobesa, recuerda
a ciertos fondas que hemos visto en
renacentistas italianos, españoles o
flamencos, esos fondos que son las
venas de la pintura, complementadores de una composición, una figu­
ra o un retrato.
Manchas esenciales forman el
equilibrio armonioso, estructuran un
friso de sutilezas no preciosistas. Los
colores se han hecho intensos, soste­
nidos en aires de serranías, árboles
y nubes. Hay una diversidad de vi­
sión en esas nubes caídas sobre la
montaña azulosa, y la lluvia ha de­
jado en la atmósfera su sueño de
frescor. Una vida dulce, calmosa, de
verdes praderas, dinámicos cielos
—como desflecados, muy ricos en
coloraciones y líneas entrecortadas
y vibratorias— vienen a desembocar
en su temperamento y crean un es­
tilo inconfundible, su estilo. Así, pa­
ra crear un clima de íntimo drama­
tismo, le bastan follajes de árboles
coposos, una peña, o un tajo gris ha­
cia arriba, cortando el cielo, a con­
traluz. Las sierras claras o cubiertas
de leves sombras, un valle o un ca­
serío de rojas techumbres de ajusta­
dos ritmos —La Cumbre, Calamuehita, Cruz Grande, Cruz Chica,
Allende— , y los azules transparentes
del río de los Reartes, izan su nostal­
gia o incitan a una alegría de ar­
mónicos verdores.

iguales, entre hombres iguales. Siem­
pre tuve miedo por lo que iba a su­
ceder; una vez sucedido, no podía
cambiar la situación: así desde la
infancia, en el pueblo. Por eso
necesito explicarlo. Fué por un pe­
rro. El perro es un animal domés­
tico; lo sé. Se tiende al costado, se
queda horas en silencio, única cer­
canía el calor de su cuerpo junto a
nuestros pies; se lo hace guardián
de la casa, rondar las noches, jugar
con los niños. Es el perro de la casa,
que se puede alejar con un puntapié,
sin que siguiera gruña. Por las no­
ches no, un perro en la calle: es­
pera en los baldíos, apresurando los
pasos; a veces huele los botines y el
borde- del pantalón, sin lamer, sin
gruñir, pero se siente su presencia;
nuestros pasos se alargan, sin deci­
dirnos a correr, sin dar vuelta la ca­
beza. El perro puede seguir cuadras
y cuadras.
En los viernes del pueblo un pe­
rro puede ser el séptimo hijo de
cualquier familia conocida, que esas
noches sale a penar por los pecados
de todos los suyos, el lobezno que no
se debe matar porque se convierte
en el hombre o la mujer de todos
los días, con ojos cansados y fieles,
de perro que va a morir. Los sába­
dos los séptimos hijos tienen el can­
sancio de esa noche en que, inteli­
gentes y con memoria, siguieron, co­
mo perros, nuestros pasos.
Fué un sábado, después de una no­
che horizontal de burdel. Habían
pasado muchas cuadras desde el su­
burbio hasta la plaza, poco antes
de llegar a mi familia. En la roton­
da, único lugar iluminado, tuve la
sensación de su presencia; no me
di vuelta, no vi su sombra, pero sentí
con todo el cuerpo su respiración.
Miré si estaba abierto algún café,
ninguno; la policía cerrada y a os­
curas; faltaba una cuadra y media
para mi casa; los edificios cerraban
sus sombras, haciendo intransitables
las veredas, la calle con la agudeza
de adoquines sin gastar; no podía
huir, con el cuerpo frío V duro
cansado de aquella noche. El perro
había acomodado sus pasos a los
míos; sin embargo, estúpidamente,
en la medial cuadra final, después
de doblar la esquina, corrí. Al llegar
a la puerta de casa, demoré en en­
contrar la llave, en abrir la puerta,
torpe como nunca; por fin, adentro;
cerré la puerta con el temor de que
la llave sé me cayese y quedara del

lado de afuera, en donde la alcan­ bamos por la rotonda de la plaza
zara el hocico del animal. Me re­ me decidí: darme vuelta brusca­
mente para conocer su color y con­
costé unos minutas, escuchando; el
zaguán apenas iluminado por la luz firmar si su tamaño coincidía con el
de la calle que atravesaba los cris­ que yo le había calculado en la ca­
tales de la puerta; la respiración se ma ; lo hice junto a la luz de la co­
me había multiplicado en las mu­ lumna; el perro había desaparecido.
ñecas y la garganta. Pude, a oscu­ Corrí hasta casa y me acosté sin
ras, llegar a mi dormitorio; prendí prender la luz; fué imposible tenerlo
el velador, me desnudé con prisa, a mi lado; aunque no podía dormir,
me tapé rápido. Estaba tranquilo: no me daba vuelta en la cama, casi
no respiraba, esperando que apare­
el animal no había entrado en la
ciera. A las cuatro de la mañana no
casa.
En la cama, con las sábanas en­ aguanté más; salí a buscarlo. El cie­
tibiándose, todo tapado, comencé a lo brumoso comenzaba a verse en
temer que el perro hubiera podido colores como luz, los focos eléctricos
entrar conmigo, que estuviese en palidecidos bruscamente; algunas
esa habitación, tendido junto a la esquinas ya tenían su forma, corría
cama, su hocico cerca de mi mano. aire fresco. Hice el camino desde mi
No me atrevía a sacar el brazo para casa hasta el centro de la rotonda,
apagar la luz; mi mano podía ser cuatro veces, en cuatro posibilidades
lamida por una lengua pegajosa, de recorrido: iba hasta el centro de
que se iba a adherir hasta que por la plaza, caminando con lentitud, sin
esa mano me fuera consumiendo to­ mirar a los lados; cambiaba de ve­
do el cuerpo. Tenía sed; para alcan­ redas, unas veces por la orilla, otras
zar el botellón de agua, corrí el bra­ pegado a la pared; no aparecía. En­
zo lentamente, la mano junto a mi tonces recorrí las otras calles; pri­
cuerpo, lentamente hasta el borde mero las del centro, todavía silen­
de las sábanas; después, con rapi­ ciosas ; después los suburbios, donde
las casas se pierden entre enreda­
dez, la dirigí al botellón, me serví
el agua, bebí un sorbo largo, frío deras y árboles: nada. Llegué hasta
como escarcha; con la misma mano los vaciaderos de basura, entre vi­
apagué la luz. Me di vuelta hacia drio y latas, huesos y trapos, mate­
la izquierda, sobre el corazón, como ria pudriéndose, caminé entre los
montones sin color; fui a¡ las carni­
lo hacía antes. Entonces lo sentí:
su bulto caliente en la cama, pega­ cerías que se inaguraban con sus
do a mí, su hocico húmedo, sus pa­ reses chorreantes; recorrí los merca­
tas ásperas. Al principio me fué im­ dos. Anduve hasta las ocho, la hora
posible conciliar el sueño; quería de ir al trabajo.
No sé cómo pude aguantar la ofi­
levantarme y llamar a mis herma­
nos, echarlo de la casa; no me atre­ cina aquella mañana. La impresión
ví. Paulatinamente el sueño me in­ \ d e cansancio me impedía trabajar;
vadía, sin quererlo me acercaba a sentía algo extraño, sin que pudiese
aquel bulto caliente, lo confundía concretarlo. A las doce volví a mi
con mi cuerpo; me dormí hasta el casa; reconocí la molestia : el costado
alba. A la mañana, cuando desper­ izquierdo del cuerpo se me había
insensibilizado, como bañado en
té, había desaparecido.
Durmió conmigo quince noches. éter; me encerré en el dormitorio
A poco, acorté las salidas nocturnas y lo palpé desesperadamente, lo gol­
para acostarme cuanto antes, seguro peé ; todo el costado izquierdo de ce­
de que lo iba a encontrar. No sé mento insensible. La tarde la pasé
qué hacía por las mañanas y las acostado, acariciando ese frío pedazo
tardes; en la casa no lo vieron nun­ de mi cuerpo; casi me había olvida­
ca. Salía temprano, antes de que me do del perro. A las diez de la noche,
despertara, andaba afuera durante siempre en la cama y a ascuras, no­
el día, me esperaba por las calles té su ausencia; sal! a buscarlo. A
nocturnas, siempre dos cuadras an­ medida que caminaba el calor re­
tes de llegar a casa. Traté de en­ gresaba al pedazo izquierdo del
contrarlo en los perros que se me cuerpo, como si la sangre, antes
cruzaban de día; los miraba para coagulada, volviese a circular libre­
reconocer su volumen y su fideli­ mente. Anduve hasta el alba, en.
dad, pero era inútil.
vano.
La noche siguiente, después de un
La noche del décimoquinto día lo
sentí más cerca que nunca, su res­ día peor que el anterior, compren­
piración se iba haciendo con mis dí que debía esperarlo en la cama,
pasos, su olor, el mío. Cuando pasá­
' (
(Continúa en la página 13)

A ti, instantánea rosa sumergida,
alivio de la sed de los colores,
diría, seguramente pensando en Lar­
co, a quien envía inédito su soneto
“ A la Acuarela”, el poeta Rafael
Alberti:
A ti, río hacia el mar de la pintura.

J orge

Larco.

Ruinas (Madrid). 1946. (Acuarela.)

�cabalgata

10

H A B L A

PEDRO PERR0TTA
Socio Gerente de la IMPRENTA LOPEZ
Los v e in tic in c o años de acción in ­
in te rru m p id a que don P e d ro P e r r o tta
llev a re c o rrid o s en las a rte s g rá fic a s
h a b la n bien a las c la ra s do su c a ­
p a c id a d en el grem io, re fre n d a d a s por
su a ctu ac ió n como Socio-G erente de
la Im p re n ta López. Ello nos p riv a de
m ayores com entarios sobre sus m é ri­
tos, y a revelados en estas lín e a s p r e ­
cedentes.

Acaba de Aparecer

H. G. Wells

DE ESTA CRISIS RESURGIRA LA IIMDUSTRIA EDITORIAL
FORTALECIDA

A PROPOSITO DE DOLORES
S 8.—
Uno de los más famosos escritores ingleses de nuestro tiempo nos hace
asistir a la experiencia atroz de trece años de matrimonio convertidos en
“ el caso de Steplien Wilbeck contra Dolores”. Porque la vida es muy
distinta del amor imaginativo, y tiene realidades imperiosas que el autor
analiza valiéndose de las múltiples facetas del matrimonio como de un
prisma de singular luminosidad y eficacia que va enfocando a lo largo
de éste que él denomina “ un relato sobre la felicidad y la soledad del
espíritu.. . ”

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ESE

REVISTA DE REVISTAS
( Viene de la página 7)
V ic e n t e H uidobro
En el ejemplar 271-272 de “ Aterrea* \
revista "mensual de la Universidad de Con­
cepción (Chile), Julio Molina publica un
estudio panorámico de la personalidad y
obra de Vicente Huidobro. No se trata
del ensayo definitivo que la poesía de Iluidobro exige, pero apenas desaparecido e)
extraordinario poeta, esta recordación que
hace Julio Molina no puede ser más opor­
tuna, si tenemos en* cuenta además, como
lo señala él mismo, que “ A la impresión
nacional causada por su muerte, no aque­
lla del periodismo corriente, el que casi no
se dignó registrar esta pérdida defini­
tiva . . . **
_______

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H IS T O R IA
DE
LA C IV IL IZ A C IO N .
(D esd e la E d a d de P ie d ra h a s ta la
E ra A tó m ic a .) P o r el d o c to r H e n ry
S. L u c a s (p ro fe s o r d e la U n iv e rs id a d
de W a s h in g to n ) . E s ta o b ra es un
v e rd a d e ro y a so m b ro so esquem a de la
H u m a n id a d a tra v é s d el tiem p o y el
espacio, so b re todo de sus c o n q u istas
té c n ic a s y e sp iritu a le s . U n volum en
p ro lija m e n te e n cu a d e rn a d o en te la v e r­
de, con 1.022 p á g in a s. 113 g ra b a d o s
y 39 m ap as. (1 7 x 24 cm .) $ 50.—
M ETO D O D E IN G L E S , del p ro fe s o r
J u a n M arín A g u ilú (D ire c to r de la
School of L a n g u a g e s de N ew Y ork.
E x p ro fe s o r en la s E sc u elas S u p e rio res
de P u e rto R ico y New Y o rk ). El m ás
eficaz, rá p id o y com pleto m étodo p o r
u n a a u to rid a d , con m ás de 25 años
c o n sa g ra d o s a la e n se ñ a n z a del id io ­
m a. (S eg u n d a e d ic ió n 1 9 4 7 .) U n tomo
e n c u a d e rn a d o (2 8 x 22 cm .) con 320
p á g in a s ........................................
$ 15.—

En las 'principales librerías.
P a r a v e n ta a p lazo s o m a y o re s d e ta lles
so b re e s ta s o b ra s d irig irs e a su s d is ­
trib u id o re s e x clu siv o s

LIBRERIA DISTRIBUIDORA BERtlADES. S.R .L
Av. Entre Ríos. 635 -

T. 1. 37-5103 -

Buenos Aíres

Después de ubicar el estado de las le­
tras chilenas en el momento en que Hui­
dobro adviene, explica Molina lo que el
poeta significó por el aliento nuevo que
traía, aunque aun no era el Huidobro a
quien más tarde Madrid recibiría con el
entusiasmo que otrora lo despertara Da­
río. Porque Huidobro comienza a entregar
su mensaje, el que perdurará, a partir de
“ A dán” , publicado en 1917, poema del
que él mismo dice: “ Mi Adán, no es el
Adán bíblico, aquel mono de barro al cual
infunden vida soplándole la nariz: es el
Adán científico. Es el primero de los seres
quo comprende la Naturaleza, el primero
en el cual se despierta la inteligencia y
florece la admiración” . Claro que esto no
podía ser bien recibido en Chile en 1917
y, tal cual anota Julio Molina, “ la polé­
mica no se encendió aquí, debido al viaje
que Huidobro emprendió por Europa por
ese entonces” .
Y desde este ‘ ‘ Adán’ ’ hasta el legado
inédito de las ‘ ‘ Historias diminutas ’
hay treinta años en la vida de uno de los
poetas más peculiares de la lengua caste­
llana del siglo XX, creador de escuelas,
teorías, y de esos hermosos libros “ Ver y
palpar” y “ El ciudadano del olvido” ,
en donde todos esos pensamientos se resu­
men. Esos pensamientos que se encuentran
en sus “ M anifiestos” , de los cuales Julio
Molina cita los siguientes: “ La verdad
del arte termina allí donde empieza la ver­
dad do la vida” , y “ Mientras el sueño
perteneco a todo el mundo, el delirio no
jjertenece sino a los poetas” , que también
se hallan expresados en las respuestas que
Huidobro entregara a Anguita y Volodia
Teitelboim en contestación a una encuesta
sobro estética, y que Molina recoge en su
nota de “ A tenea” :
“ La poesía es un desafío a lo
razón, pues ella es la superrazón.
“ La poesía es la revelación de sí
mismo. Esta revelación nace del
contacto de un hombre especial
(el poeta) con la naturaleza
La poesía es la ohispa que bro­
ta de ese contacto.
“ Es preciso creer en el arte co­
mo en un acto mágico, el más
puro “ tótem ’ ’. E s el gran mis­
terio. E s el secreto inexpli­
cable.”
M. G.

&gt;

• Saneamiento del mercado.
• Dificultades exteriores e internas.
• Los precios de los libros.
LVIDANDO por un momento la adustez
de su ceño, y mientras nos invita »

compartir sus cigarrillos, don Pedro P e­
rrotta va hilvanando sus pensamientos p a ­
ra responder a nuestra “ interview” sobre
los problemas de su gremio.
—Este año —comienza diciéndonos—
los editores aún confrontan la dura prue­
ba a que las dificultades por todos cono­
cidas han sometido a la industria, a pesar
de cuanto pueda significar la ayuda otor­
gada por el Gobierno, pues no hair des­
aparecido las causas que motivaron la
crisis porque atraviesa la misma.
—¿Tenderá a normalizarse la situación?
—Este mismo año han de notarse se­
guramente tales síntomas, a poco que pue­
dan concretarse las promesas de la des­
aparición de algunas, si no todas, de las
causas que han afectado en distintos sen­
tidos la industria editorial argentina, en
la que debemos seguir manteniendo la
misma fe que la hizo posible.
—¿Cree que de esta crisis saldrá for­
talecida la industria?
—Y también consolidada, toda vez que
la experiencia recogida en esta emergen­
cia rendirá buenos frutos en el futuro.
—¿A qué razón adjudica usted la cri­
sis actual ?
—No sólo son imputables a dificultades
del comercio exterior sino también, y en
muy buena parte, a razones que podríamos
decir, de orden1 interno. En el orden ex­
terno tenemos, en primer término, yr como
factor preponderante, las dificultades de
divisas que han llegado a paralizar la
exportación de libros a varios países, ex­
celentes m e r c a d o s anteriormente para
nuestros libros.
—¿Y en el orden interno?
—Debemos referirnos, mal que nos pese,
a la improvisación con1 que ha sido en­
carado por parte de muchos el negocio edi­
torial ; al deseo de tener en el menor
tiempo la mayor cantidad de títulos pu­
blicados, la que hizo que no siempre fue­
ra acertada la elección de los mismos, y,
alterándose por otra parte y por esta ra­
zón el normal desarrollo do una industria
de esta índole, donde —y contrariamente
a lo que aconteció y acontece eir otros ra­
mos—, la oferta superó en mucho a la
demanda, e inclusive a las posibilidades
de lector.

—¿Acerca del costo de los libros al
público?
—Los precios actuales, eu virtud de los
constantes aumentos ?n materiales y ma­
no de obra, han contribuido a agravar
la situación, pues es sabido que el libro
es uno de los pocos artículos cuya venta
dispiinuyó por esta circunstancia.
—A pesar de estas causas, ¿se man­
tiene el mercado?
—Existe siempre buen mercado ]&gt;¡ira to­
do aquel libro cuya publicación lleva una
evidente necesidad o cuyo contenido des­
pierta en el lector la inquietud. Hoy, a
pesar de la crisis, hay libros que se ago­
tan rápidamente, y no me refiero sólo
a los libros que pudieran clasificarse de
novedad, sino también a otros ya reedita­
dos. El conocimiento de estas razones ha
inducido a los editores a rever y unificar
sus planes adaptándose a estas razones, y
muchos de ellos están sorteando las difi­
cultades, pesando y pulsando las posibili­
dades de cada título antes de decidir su
publicación.
—Veamos su opinión acerca del apoyo
oficial.
-El aprobar una ley de ayuda a los
editores tendrá sin duda beneficiosos re­
sultados, pero, una verdadera solución al
problema que enfrenta la industria seria
la de lograr —por los medios oficiales que
fuere preciso— la regularizacióir de los
pagos en el exterior, que indudablemente
tendrían la virtud de tonificar en forma
rápida y real a la misma, pues hoy no
sólo hay crisis de venta, sino que también,
¿qué distribuidor o editor se atreve a ser­
vir pedidos o mantener servicios de nove­
dades con libreros de países cuyo cobro
sabe difícil y largo, sino imposible en las
actuales circunstancias? Auir cuando esos
editores se acojan a la ayuda oficial, di­
fícilmente —y creo que con buen senti­
do— han de modificar tal criterio.
—Pero este inconveniente puede tener
solución. . .
—Espero que ello sea posible, pues exis­
te la mejor disposición para ello y así debe
hacerse si se quieren mantener como hasta
ahora los mercados de América para el
libro argentino, a los que en estos momen­
tos llegan en cantidades reducidas.
—¿Sobre el libro español?...
—Es de preveer, también, que esta cir­
cunstancia permita a otros países procurar
suplantarnos, y la inquietud de tales con­
quistas alienta no sólo en España y Mé­
xico, sino también en Chile, y, si bien es
cierto que en circunstancias normales po­

dríamos luchar con ellos con ventaja, no
es menos cierto que las razones actuales
permiten a los mismos la introducción de
sus libros, precisamente en aquellos países
donde los nuestros no son enviados o lle­
gan en pequeñas cifras.
—¿Sobre el problema de las divisas?
—A pesar de las amplias facilidades que
los editores españoles tienen para la colo­
cación de sus ediciones, diversas circuns­
tancias han hecho que su influencia no se
haya hecho sentir en forma decisiva, pero
lo que no ha sucedido hasta hoy puede
producirse mañana; esta es una de las
razones fundamentales para que se procure
hallar la solución deseada al problema de
las divisas, pues es esta una industria
creada con sentido y para servir al mundo
do habla española. Ella, naturalmente, no
se hubiera desarrollado —de manera al­
guna— hasta adquirir la magnitud ac­
tual si hubiera debido mantenerse dentro
de los límites nacionales; de lo contrario
corremos el riesgo de vernos suplantados
en el mercado americano.
—¿Cree que el stock de libros existen­
tes aminorará las impresiones?
—No lo creo; no afectará los nuevos
títulos ni la reimpresión de aquellos cuya
demanda es siempre permanente, pues el
del libro no es un negoeio de ofertas de
existencias, sino de permanente ofreci­
miento de nuevas obras de interés.
-—Habrá nuevas ediciones y nuevos edi.
to res.. .
— ¡Claro!. . . ; pero este es un fenómeno
que no debe alarmarnos porque el mismo
ha sido sufrido en distintas épocas por
todos los países que pueden enorgullecerse
de tener hoy una importante industria
editorial.
—Más aún; esa misma circunstancia
hará que se sanee poco a poco y paulati­
namente el mercado y se obtenga así una
nivelación entro lo/ publicado y la capaci­
dad de absorción del mercado, permitiendo
así, a la venta y exhibición de cada título
el tiempo, el lugar y cariño que el libro
merece.
Una amplia sonrisa ilumina las últimas
palabras de este gran amigo del libro, don
Pedro Perrotta, que gentilmente accedió a
brindar estas opiniones suyas acerca del
problema editorial, en mérito a la inquie­
tud que Cabalgata está despertando en el
ambiento sobre tan debatido asunto 'con
singular eficacia.
O. E.
—

LES CIÑO LIVRES DE
F. R A B E L A I S

Pida a la

LIBRERIA POSTAL

(Comentario bibliográfico a la manera de algunos diarios)

P OR
los

u n e x p lic ab le re tra s o , a trib u íb le a
re c ie n te s a co n tec im ie n to s que son del
dom inio p ú blico y a la s to rm e n ta s m a rítim as
que h a n hecho e n c a lla r el b a rc o que nos tra ía
la s ú ltim a s n o v ed ad es eu ro p eas, acabam os de
re c ib ir de F ra n c ia , L es cinq liv res do F.
R ab e la is, o b ra que se h a lla in te g ra d a por
u n a P r im e ra P a rte , a p a re c id a y a en 1532
b a jo el títu lo de L es h o rrib le s e t espoventa b le a fa ic tz e t p ro u e sse s du tresren o m m é
P a n ta g ru e l, ro y des D ipsodes, file d u g ra n t
g e a n t G a rg a n tu a , y cuyo a u to r se ocu ltab a
b a jo el seudónim o a n ag ram átic o de Alcofib ra s N a sie r. E n 1535 a p arec ió la S egunda
P a rte , L a vie tre s h o rrific q u e du G ran G a r­
g a n tu a , p é re de P a n ta g ru e l, ja d is com posée
p a r M. A lco frib as, a b s tr a e te u r d e q u in te
essence, que p o r u n a de la s ta n ta s a r b itr a ­
rie d a d e s d el a u to r c o n stitu y e en e sta edición
quo com entam os la P r im e ra ; p a sa n d o a ser
a q u ella la S eg u n d a. Y a p e rd id a to ta lm e n te la
v e rg ü e n za , p u b lic a b a jo su v e rd a d ero nom ­
b re , en 1546, L e tie rs liv re des fa ic tz et
d ictz h e ro iq u e s du noble P a n ta g ru e l; en
1552, L e q u a rt liv re de P a n ta g ru e l; los 16
c ap ítu lo s in ic ia le s de la Q u in ta, y últim a
p a rte , b a jo el in o c e n te y engañoso no m b re de
Le isle so n an te , c o m pletándose en fo rm a póstu m a en 1564 como Le cinquiesm e e t d e rn ic r
liv re de P a n ta g ru e l. Todos esto s e ngendros
de u n e s p íritu d e sc a rria d o y p e rv e rso recién
a h o ra h a n sido re u n id o s en u n solo volum en
C reem os in n e c esa rio te n e r que in s is tir so
b re el hecho — re p u d ia b le en todo sentido—
de h a b e r u tiliz a d o p a ra ta n b a jo s fin e s una
ta n sublim o y c ris tia n a in v e n c ió n como le
es la im p re n ta , p a ra d a r a luz lib ro s que
como el p re s e n te no sólo h a n sido m u y ju s ­
ta m e n te c e n su ra d o s p o r la S orbona, m uy r e s ­
p o n sab le m e n te co n d en ad o s p o r el P a r lam en
to , y m uy s a b ia m e n te in c lu id o s en el In d ex ,
p o r re so lu c ió n de la S a g ra d a C ongregación, *
sino que c o n trib u y e n de m a n e ra visib le a la
d iso lu c ió n de la s c o stu m b re s, a to n ta n co n tra
la s sa g ra d a s in s titu c io n e s del E sta d o , la
Ig le s ia , rid ic u liz a n el m atrim o n io , la c a s ti­
d a d , y re la ja n el re sp e to que debe te n e rse a
la s a u to rid a d e s civiles y re lig io sa s.
No es pre c iso s e r m uy p e rsp ic a z p a r a a d ­
v e r tir la s d e sv e rg o n z a d as alu sio n es que c o n ­
tie n e y s a b e r que los p e rso n a je s tod o s de es­
t a a b r a son u n a c o n tin u a y cín ic a a le g o ría :
*

Y e r los c o rre s p o n d ie n te s c ab leg ram a s de
la U . P . que en su o p o rtu n id a d p u b lic á ­
ram os.

---- 1
G a rg a n tu a es F ran c isco I ; G ran d G ousier,
L u is X I I ; P a n ta g ru e l, E n riq u e I I ; P icrochole,
M axim iliano S foroe; G argam elle, A na de
B re ta ñ a ; B adebec, la R ein a C la u d ia; el G ran
Ju m en to , D ia n a de P o itie r s ; P a n u rg o , el
C ard e n a l de L o rra in e , etc.
N os ocupam os de e ste libro, haciéndolo
m e re c ed o r de u n c o m entario b ib lio g ráfico
m ás ex ten so que los h a b itu a le s, a ú n sabiendo
a c ie n cia c ie rta que n a d ie lo re c o rd a rá d e n ­
tr o de u n p a r de años, p o r se r u n síntom a
do los tiem p o s que co rre n . L a s re p u g n a n te s
e irre s p e tu o s a s a v e n tu ra s de lo s p e rso n aje s
do e ste lib ro — cuyo a u to r h a e stu d iad o m e­
d ic in a en la im pía U n iv e rs id a d de M ontp e llie r, lo que y a es sin to m á tic o — deshou
ra d o p o r la s c o n tin u a s im p ie d a d es y obsce­
n id a d e s p u e sta s en boca de los m ism os, lo
p ru e b a n . Son c e n te n a re s de p á g in a s re p le ta s
de d e sh o n e stas s á tira s , lo c u ra s, e x tra v a g a n ­
cias y p u lla s p e sa d a s y a tre v id a s, en la s que
so p re te n d e a b o rd a r g ra v e s p roblem as filo
sóficos, re ligiosos y p o lític o s en m edio de
tru h a n o ría s y b u fo n a d a s re a lm e n te in s o ­
le n te s.
Su e stilo es a b su rd o , h a cién d o se a ra to s
in co m p ren sib le. C rea, con c ritic a b le audacia,
neogolism os con p a la b ra s s ac a d as y m a ltra ­
ta d a s d el la tín , griego, e spañol, hebreo, p e r ­
sa, alem án, y m uchas o tra s do su p ro p ia in ­
v e n ció n ; todo lo c u a l re d u n d a p e rju d ic ia l­
m ente p a ra la c o n se rv a c ió n de la p u re z a de)
id io m a en el c u al p re te n d o h a b e r sido os
c rito . R e c u rre a la s m ás b a ja s y g ro se ra s
ex p re sio n e s, la s co m p aracio n es m ás re p e le n ­
te s y los g iro s m ás soeces.
E stim a m o s quo d e b en e x tre m a rs e la 3 m e­
d id a s y la v ig ila n c ia p a ra re p rim ir nuevos
in te n to s como é ste de a lte r a r el o rdon exis
te n te , p u e sto que e n tre g a a la b u r la de la
p le b e n a d a m enos que la s a u to rid a d e s constitu íd a s , poniendo en te la de ju ic io el v alor
de la e n se ñ a n za im p a rtid a o ficialm en te, se
e n sa ñ a c o n tra la Ig le s ia , g u a rd ia n a dé la
m o ra l y la s b u e n a s co stu m b res.

Insistimos en nuestra prédica: libros que
aborden directa o indirectamente temas de
tanta gravedad sólo debieran aparecer eu
latín y con las debidas licencias, puesto que
no puede entregarse al escarnio del vulgo los
fundamentos eternos de la sociedad cristiana
y occidental.
E L V IC E S U B P R O S E C R E T A R IO
D E RED A C CIO N .

contrarreembolso,
los libros siguientes:
R am ón

J.

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H ER N A N CORTES
$ 4.—

R am ón J .

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Ja c g u e s M a r ita in : E L CREPU SCU LO
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$ 3.—
A lfred o de M u sset: LO S CA PRICHO S
D E M A R IA N A y PA N TA SIO
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SO B R IN O

D E RAMEAU
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L eopoldo L u g o n e s: L A G U ER R A GAU­
CH A, en p a p el p lu m a : $ 4.50
en p a p e l o ff s e t:
,, 6.50
J o sé

H e rn á n d e z :

M A R T IN FIER R O
$ 5.—

J u a n B. A m b ro s e tti: SU PE R ST IC IO N E S
Y LEYENDAS
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L e tic ia C o ss o ttln i: T E A T R O D E NIÑOS

�cabalgata

11

J ijeas F r a n c e s a s
UBO un tiempo en que todas las
ideas eran francesas,
sin que hubiera necesidad de decir­
lo, porque Francia lo era todo en
Europa y Europa era casi todo el
mundo. Francia era entonces uni­
versal por el simple hecho de que
ella sola producía las ideas que el
universo adoptaba, y no la preocu­
paba el “pensar en francés” — esa
doble falta de pensamiento y de
francés.
El funesto “nacionalismo”, na
cido en Prusia por culpa de un
corso jacobino que Labia conquis| tado ya Francia, ha cambiado todo
esto desde hace un siglo. Hoy ve­
mos que las especialidades nacio­
nales triunfan en todas partes en
los dominios de la cultura y hasta
en los de la cocina. La filosofía es
alemana, las novelas y los films
norteamericanos, la poesía inglesa,
la doctrina política, soviética. Y la
elocuencia ha pasado de moda y la
ciencia es internacional. .. ¿Qué le
queda pues a Francia? ¿Qué es lo’
que el mundo espera de una Fran­
cia que, de hecho, no es ya univer­
sal, que no es una potencia de pri­
mer plano y cuya lengua retrocede
ante el inglés? ¿Por qué razón, y
a pesar de todo, Francia goza hoy
en el mundo entero de un crédito
de amistad que no se concede a
ninguna otra nación, de un presti­
gio de cultura incomparable?
Bello misterio al que hay que
aproximarse con cierta delicadeza,
desde lejos y como un extranjero.
Porque los franceses viven así, sin
sospecharlo, conscientes de todo
excepto de que son las personas
más conscientes del mundo, del
mismo modo que tienen su clima
templado por el clima normal del
hombre, olvidándose de que es una
I sorprendente excepción y no menos
anormal que el orden en la liber­
tad, la razón en el amor, el equili­
brio... ¿De qué está hecho el equi­
librio humano? ¿Cuál es esa medi­
da del espíritu cuyo único modelo
en el mundo es Francia, aunque
afortunadamente ella se obstine en
tenerlo por universal?
La importancia de las ideas por
íí mismas: he ahí sin duda la idea
francesa por excelencia,
Interrogad a las demás naciones
modernas o, mejor aún, vedlas en
sus obras. ¿Cuáles son los princi­

Por DENIS DE ROUGEMOIST

H grandes

pios que alegan para justificar su
política, cuál es el fin que persi­
guen realmente ? Os contestarán:
el poder, la riqueza, el bienestar,
la justicia económica, el orden cívi­
co. Pero Francia os responderá con
ideas. Ahí está el peligro: de esas
ideas extrae su verdadera gran­
deza y sus debilidades más noto­
rias. Por eso, tan pronto ofrece a
Europa los Derechos del Hombre,
las mayúsculas, Descartes y Robespierre; tan pronto el estilo de
sus grandes moralistas, como las
querellas de partido que se exacer­
ban sobre puntos de “doctrina”, en
vez de nutrir al pueblo y recons­
truir el Estado. Esta primacía prác­
tica del'espíritu, ya sea el genera­
dor del orden y la Paz, o simple­
mente de argucias de partido, esta
voluntad constante de razonarse
las acciones que emprende, y de
no perder la conciencia ni aun en
el desastre, en fin, esta vigilancia
del intelecto que no se cansa nunca
de dar forma a lo real y de buscar
un “sentido” a' los acontecimientos,
mientras otros pueblos se conten­
tan con soportarlos con embriaguez
o disciplina, he ahí lo que asombra
y seduce al extranjero que con­
templa por primera vez a Francia.
Pero esta primera mirada puede
ser también engañosa. Existe una
Francia de fachada, de pabellones
de exposición, que decepciona
pronto a los que deslumbra. El
bigote picaro de Menjou, la eneantandora sonrisa de Boyer, los nom­
bres de los grandes cosecheros,
perfumistas y modistos, componen
una Francia de “cliché”, de fácil
exportación, pero que deja al ex­
tranjero en la ignorancia del ver­
dadero pueblo de la verdadera
Francia — ese pueblo vestido de
negro, el más serio que he cono­
cido. Del mismo modo, la idea de
que es una nación que se entrega a
justas ideológicas, descuidando sus
intereses, podría hacernos olvidar
que la verdadera Francia es, ante
todo, el país que prefiere las ra­
zones de vivir a la vida brutal, y
que da más importancia a los va­
lores que a los hechos: la Resis­
tencia lo ha probado así contra
Viehy.
Me gustaría decir a los amigos de

Francia: todo esos “clichés”, ma­
yúsculas, etiquetas, crisis políti­
cas y * retóricas nacionalistas, que
hablan demasiado, o en voz dema­
siado alta de Francia, no la repre­
sentan; reducen a una especialidad,
a una turbulencia pintoresca, un
país de mediano tamaño y que,
después de todo, no representa más
que a 40 millones de habitantes.
Yo encuentro la verdadera Francia
en los que hablan poco, en los que
no hacen de todo un caso, un tré­
molo, un asunto exclusivamente
suyo del que excluyen al resto de
los hombres. Y cuando hablan, no
lo hacen como franceses, —nos­
otros, los franceses, llevándose la
mano al corazón, como esos ameri­
canos que nos ofrecen ante todo
su “american way of life”, esos
alemanes con sus problemas ale­
manes o esos rusos con sus solu­
ciones decretadas por Stalin—, sino
simplemente como hombres. He ahí
laj única especialidad que cultivan,
en el mundo de hoy: la de ser hu­
manos antes que nada.
Esos hombres me dan una idea
del pudor, del pudor de las ideas
que, sin que ellos lo sepan, es tam­
bién una idea francesa, porque
ignoran que es válida para todos
los hombres. Por ese pudor, y no
por vanidad, se esfuerzan por
hablar bien, por dar una forma a
lo que dicen, como para asegurarse
que no han dicho ni más ni menos
de lo que querían, en los términos
precisos que convienen para dar a
conocer su pensamiento a los de­
más, sin hacerles a la ve? confesio­
nes importunas. Por eso, el sentido
de la forma es su pudor, su escrú­
pulo, su seriedad aun en medio de
la alegría, de la palabra ingeniosa
o de la moda. De ahí procede su
idea del estilo o, por mejor decir:
del estilo de las ideas, que es su
secreto más precioso. Yo les escu­
cho con placer. Y cuando, delante
de una de sus frases, me olvido de
pensar: ¡qué idea tan francesa! —
cuando exclamo: ¡ qué buena idea!,
¡ qué idea tan hermosa!, comprendo
que han alcanzado su perfección.
Me han hecho olvidarme de la na­
ción para ver mejor al hombre. Son
la Francia.
Traducido por M. L. M AR TIN E Z

ARQUITECTURA
P E R U A N A *
Por FRANCISCO DE A P A R I C I O
los buenos libros editados
en la colección “ T ierra F irm e ”
—colección de valores tan dispares
como los de la misma tierra cuyos
caracteres se propone reflejar— me­
rece destacarse por su calidad y la
eficacia con que ha sido logrado, el
ensayo de Héctor Velarde acerca de
la arquitectura de su país.
Divídese el volumen en tres par­
tes: arquitectura prehispánica, ar­
quitectura colonial y, luego, la ararquitectura de la época indepen­
diente. El tema es, de suyo, apa­
sionante e implica grave responsa­
bilidad para el que lo aborda. Den­
tro de la Tierra Firme — con la sola
excepción de México y regiones ve­
cinas— el Perú es el único país
cuyos pobladores prehispánicos crea­
ron una arquitectura de alta jerar­
quía, y en tiempos coloniales fué
el centro de la cultura hispánica,
la cual, frente a las magníficas ci­
vilizaciones que se proponía despla­
zar, dió nacimiento a una admirable
cultura mestiza cuyas manifestacio®es más notables florecieron en el
campo de la arquitectura. Tan rica
tradición, finalmente, ha inducido
a los arquitectos peruanos de hoy a
emprender la ambiciosa tarea de
renovar los viejos cánones con el
C

n tr e

« V ilte c tu r a peruana, por H é c to r V e la rá
Xlerra F irm e. Fondo de C u ltu ia E con óm ica,
H í* ico. 1S4 p ágin as y 07 lá m in a s, a is
E stica . S 1 0 .6 0 m /e r f.

LA

propósito de crear una arquitectura
propia, adaptada a las necesidades
de la época.
A nuestro entender, la parte más
importante y novedosa del libro es
la primera. La arquitectura, así co­
mo todas las manifestaciones del
arte de los antiguos peruanos, han
sido estudiadas, casi exclusivamente,
por arqueólogos, viajeros o simples
aficionados. Y aun cuando en sus
obras suele emplearse con harta fre­
cuencia —a veces desde el título—
las expresiones “ arte” y “ arqui­
tectura”, no 6e excede de los límites
de la arqueología, más q menos cien­
tíficamente considerada según los
casos.
Velarde, en cambio, ha ido dere­
chamente al asunto. Desgraciada­
mente, está en el polo opuesto: su
erudición arqueológica es muy li­
mitada. Si la limitación no estuvie­
ra confesada en la pobreza de las
“ obras consultadas” , sería evidente

en la superficialidad de las descrip­
ciones y en la aceptación, un tanto
ingenua, de teorías e hipótesis de
escaso fundamento. Y se la advierte
aún en el análisis de las técnicas,
especialmente en las relativas a las
construcciones de tierra cruda: omi­
te la mención de la tapia, muy em­
pleada por los antiguos peruanos,
la más difundida en el espacio y la
más perdurable. Es a ella a la que
corresponde realmente esta observa­
ción del autor: “ Es notable la per­
duración de estas remotísimas y va­
riadas técnicas de construcción pre­
incaica de tierra cruda, pues conti­
nuaron durante la Colonia, y hoy
mismo siguen empleándose y viéndo­
se en cercos y paredes de toda la
costa, como si estuvieran reciente­
mente levantadas por los mismos
Yungas.” En cambio, cuando Velarde arquitecto, ahonda la crítica
e interpreta y estima la obra arqui(Continúa en la pág. 13.)

LLAVE
MAESTRA
D EL

IDIOMA
T odas las voces de todos los verbos castellanos
se hallan anotadas en el D I C C I O N A R I O DE LA
C O N J U G A C I O N . Los 12.000 verbos castellanos
del Doctor Aurelio García Elorrio.
El más completo y eficaz instrumento didáctico
de la conjugación.
Obra indispensable de consulta para estudiantes,
profesionales y para toda persona que aspire
a expresarse correctamente.
E l tomo encuadernado en tela,

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sobrecubierta en colores, 330 páginas. $ 15.En todas las librerías y en la

EDITORIAL KAPELUSZ &amp; CÍA.
Moreno 372 - Buenos Aires

E L

T I E M P O

Y SU S LIBROS
Cuatro años a bordo de mi mismo (Diario de los cinco sentidos), por Eduardo

Zalamea Borda. Max Nieto, editor. Buenos Aires. 291 págs. a la rústica. $ 7. ni. arg.
N América Hispánica afrontamos aún la circunstancia de que cada obra literaria

Elo significativa
desde el punto de vista de su calidad, promueva una renovación, o por
menos una revisión, de lo que Pedro Henríquez Ureña llamara ‘ ‘ Seis ensayos en
busca de una expresión” . Y sin lugar a dudas, el libro del colombiano Zalamea Borda
promueve la discusión.
Entre los extremos del naturalismo por un lado ,y de los ‘ ‘ ismos ” formales por
el otro, los novelistas americanos han sucumbido infinidad de veces ante el desencuentro con el tema o con la expresión. Faltos aún de una ‘ ‘historia literaria” que
permita la orientación o ubicación de las generaciones de artistas con una precisión
un poco mayor a la que se efectúa actualmente, en América el presente tiene que
cumplir asimismo el rango de tradición. De ahí que nada pueda lograrse bajo la capa
de Faulkner, Joyce, Kafka, Proust, etc., o bajo el mito del tema americano tal
cual lo encaran nuestros rezagados naturalistas o social-folkloristas. Si la novela,
en general, marcha hacia el encuentro con el realismo conceptual —Héctor P. Agosíi
lo explica claramente en su ‘ ‘Defensa del Realismo” —, y marcha por medio de la
evolución tanto do las literaturas como de los pueblos, en América las posibilidades de
ese encuentro existen ya por las características especiales del problema. Y es aquí
donde el significado de Cuatro años a bordo de mí mismo se hace más patente:
una novela que responde a esa exigencia. A esa exigencia de madurez que significa
crear una cultura propia y no, como piensa Albert Camus cuando afirm a que nuestra
niñez ha desaparecido en la medida que somos capaces de comprender sus conferencias
con la misma claridad y conciencia de la actualidad literaria francesa con que lo
hace su público habitual.
Zalamea Borda nos lleva a través de cuatro años de vida en la Guajira, lugar
geográfico colombiano, pero lo hace como si fueran cuatro años de vida sensorial
do un hombro en cualquiera de los lugares donde el hombre habita. 8i América le da
el clima, el ambiente, la forma, la verdad americana en una palabra, el autor dbl
libro lleva esta verdad hasta la totalidad humana. Por eso será que entre el mar
colombiano y el del Cementerio Marino envontramos tantas analogías; y entre la
naturaleza colombiana —con sus negros, indios, mulatos y blancos— y la naturaleza
de las aldeas ancestrales de Jean Giono, encontramos la misma intensidad y anhelo
de peculiares verdades.
Pero donde Zalamea Borda asombra por lo inesperado, es en bu lenguaje. Un
lenguaje completamente nuevo en la novela americana, aunque pueda tener un ligero
antecedente en El Caballero de la Esperanza, de Jorge Amado, y que tiene los poderes
esenciales que encontramos en un Neruda, un Vallejo o un Ramponi. El estudio de
esta obra escapa a las posibilidades de un comentario bibliográfico, pero no queremos
terminar éste sin transcribir un pequeño pasaje de Cuatro años a bordo de mí mismo:
‘ ‘ Bahíahonda está ahora llena de molicie y de amor. Dos seres se aman con furia, ago­
tando los días en minutos y devorando las horas que saltan, escapan do sus manos que
quieren hacerlas eternas. Sus bocas se tienden hacia la vida, hacia el mordisco que hace
carne y sangre del amor. Que lo objetiviza, lo concreta. El ojo, el gusto, la nariz,
el tacto y los oídos, son 5 contactos que la vida coloca sobre el pecho de la muerte.
Saben que cada mirada, cada perfume íntimo, cada uno de esos perfumes que
tienen tantos matices como el día, cada gusto de un beso, hará que su amor se acer­
que al fin: el hijo o la muerte. En todo caso, la muerte. Y so van hacia la muerte,
ciegos, mudos, sordos, sin olfato y sin gusto, porque el amor ha comprendido y com­
pendiado todos los sentidos en el deseo único y dominador de poseerse.
‘ ‘Sobre sus cuerpos jóvenes está el cielo, abierto como sus bocas tenaces. El mar
acompasa su música a sus incomprensibles palabras, y bajo ellos está, eterna y firmo,
como un miembro inmóvil, la tierra seca y larga para que sobre ella se amen todos
los hombres .. ”
Miguel Graco.
R etorno del amante , por Gregorio San­

tos Hernando. Ediciones “ A ngel” , Bue­
nos Aires, 57 págs. a la rústica.
L ig ad a a la o b ra de G regorio S a n to s H e r ­
n a ndo se h a lla "A n g e l” , h o ja de p o esía que
en su s c u a tro nú m ero s in ic ia le s vien e s ig n i­
fic a n d o el sitio de re u n ió n y a ce rc a m ie n to de
u n g ru p o d e n u e stro s m ás jó v e n e s p o e ta s. En
e ste p a ís donde el p ro b le m a m ás u rg e n te del
e s c rito r jo v e n se re d u c e a la d ific u lta d de
d a rse a conocer, ese h u m ild e suceso q u e es
"A n g e l" no p u e d e q u e d a r olvidado al m arg en
d« su a u to r

B e to rn o d el a m a n te h a titu la d o G reg o rio
S a n to s H e rn a n d o su ú ltim o lib ro d e verso s.
E n c o n tra m o s en él m ucho d e su s a n te rio re s
J o v e n m elodía y E leg ía , pero ta m b ié n tr a n s ita
p o r él un m e n sa je p u rific a d o de q u ie n no ha
cesado de b u s c a rs e a sí m ism o leve y p a
c ie n tem e n te . T odo ves que re p a sa m o s u n p o e ­
m a de H e rn a n d o nos ale jam o s con lo c erte z a
de h a b e r p re se n c ia d o la b elleza d e u n v e g etal
c u b ie rto de m acollas, zum os re c ie n te s y tie rn o
c irc u la c ió n . E l tono de ele g ía ta n c a ra c te rís tic o
en el a u to r no de ca e u n a sola vez en el lib ro ,

(Continúa en la pdg. 14.)

�cabalgata

12
•geeié n

apargeido
K. S im o n o v
CUADERNOS
YU G O ESLAV O S
U n a a p a s io n a n te h is to r ia re v e la ­
d o ra de la acció n s e c re ta de los
g u e rrille ro s y u g o eslav o s.
(E n e .) $ 4.50

Exitos de librería:
H e r m a n n H esse

D EM IA N
$ i .—

S ID D A R T H A
S 5.—

LA R U TA
IN T E R IO R
S 7.—

A. G ide
LAS CUEVAS
D E L V A T IC A N O
5 4.50

J. P. J a c o b se n
M A RÍA G R U B B E
(E n e .)

S 10.—

C. F. R a m u z
E L ESP A N T O
EN L A M O N T A Ñ A
S 3.—

R

ic h a r d

A l d in g t o n

TODOS
LO S H O M B R E S
SON EN E M IG O S
(3 to m o s) $ 10.80

J

E r s k in e

ohn

LA SEÑ O R A
DORATT
n 4.50

A. H a l p e r
EL DRAMA
DE LO S H U M IL D E S

UN POETA ALEMAN DE HOY

GUSTAV REGLEH
en México, caminando por la avenida Letrán. Hay que atravesar
una m ultitud bullente. en la que lo humano tiene sólo un- valor deco­
rativo. Para llegar al café fíetis hay que sortear buhoneros que extienden
su mercadería a los id es de los transeúntes, saltabancos, tragadorm de
fuego, músicos ciegos con la más extraña variedad de instrumentos, men­
digos con la más extraña variedad de lacras, vendedores de tortas d&lt; maíz
y de toda clase de bebidas y alimentos. Ahora ya dentro del café, hay que
atravesar el humo espeso de las conversaciones de los “ gachupines” * has­
ta llegar al fondo. Allí, en un rincón, con la mesa cubierta de cuartillas,
está Gustav Regler. Cuando me aproximo, lo encuentro brindando una
sonrisa de sátiro refinado y moderno a la hermosa mesera que le sirve. En
esa sonrisa resume Regler su profundo amor a la vida, amor que parecería
imposible en un hombre que, a pesar de encontrarse en la mitad de su
recorrido vital (tiene aproximadamente la edad de este siglo), se ha mez­
clado a todos los acontecimientos que conmovieron a la Europa actual desde
los albores del siglo y ha vivido apasionadamente sus convulsiones ideoló­
gicas. En Regler el amor a la vida• significa ardiente deseo de creación
desplegado en todos los campos, ansia de una plenitud no coartarles por
trabas. Así, frente a la mujer, vuelca en su amor un contenido cósmico,
un soplo metafísica, una 'Weltanschauung, que no involucra, en modo al­
guno, mengua de la pura y directa acción física, sino la plenitud del amor
que se satura de todos los contenidos humanos posibles. Así concibe también
la revolución social, una revolución en la cual el hombre no perdiera su
carácter humano.
“ Siempre he sido un rebelde” , me decía. Y como tal empezó su carrera
en la vida, rebelándose contra, la religión y abandonando el seminario del
convento de Trenes. Estudió luego filosofía en Heildelberg y Munich, escnbiendo una tesis sobre “ La ironía. de Goethe y de la escuela romántica
alemana”. Estuvo en la guerra del 14, y combatió con el valor y la pasión
con que hacía todo; sufrió un grave envenenamiento por gases en Chemin
des Dames y fué condecorado. Salió de la guerra con su espíritu de rebelde
vigorizado y con profundo asco hacia una organización social que creaba
tales absurdos. Intervino en la revuelta de Munich, donde vió fusilar a sus
camaradas estudiantes y escapó milagrosamente a la misma suerte. De
allí se lanzó de lleno a la experiencia vital, atravesando una m ultitud de
profesiones ■.comerciante, agente viajero, traductor, bailarín, fabricante de
P

stamos

* Nombre que se les da a los españoles en México.

P OE MA
A Alice Paalen.

$ 6.50

En librerías
o contrarreembolso

EDITORIAL

ARÜQNAUTA
Brasil 1766
T. A. 23-7432

Una {pan organización de
librería postal al servicio
de los lectores exigentes.

Cuando tus ojos se abrieron
al nacer
recorriendo los arrecifes distantes llegaron al horizonte
pronto comprendieron que hay una frontera inevitable
el infinito
Tus manos lograron la longitud anhelada
cuando acariciaron el mar
¿Pero no se retiraba siempre el mar de Britania?
Tus pies andan a tientas con la suavidad de la arena
con la ternura de la arena que intenta
hacer que la tierra sea blanda para las olas .
porque la tierra es dura y egoísta.
Y de nuevo los ojos, ahora ya iniciados
y oscuros como esponjas de las profundidades marinas
que sólo quieren absorber luz
También oigo ahora tu voz que habla a la márejada
que habla y habla incesantemente.
Pero en los ojos
las manos
los pies
hay algo que escucha
pues cada día el viento puede traer
lo esperadoel clamor del náufrago
quien finalmente será oído
(
un color con hambre eterna
V un sonido
el de un buho
que suena en los vientos
de un campanario

(de LA nO E A 13.)

Pida cualquier libro

LA G A T A - S I R E N A

de Editorial argen­

Sirena, era como la idea de un sueño
en que tú recordabas tu otra vida
donde estabas al sol largamente
y donde intentabas imaginarte
que no tenías sexo
y podías nadar
en todas las aguas
y no sufrir nunca ante la idea
de que tus ^brazos no daban
lo que querías dar pródigamente
y que tus besos no tomaban
lo que estaba tan cerca de ellos en los labios del otro

tina y se le remitirá
con trarreem bolso,
franco de porte.

Quedan disponibles al­
gunos puestos del in­
terior del país para
agentes activos y de
moral solvente.

m

m

m

LIBRERIA POSTAL

al servicio del buen libro
PERO 973

BUENOS AIRES

Ahora, estás en la orilla
un poco avergonzada
arrastrando tu cola inquieta
—tan obstinadamente unida—
detrás de ti en la amarilla arena
Pero tu piel ya crepita y arde
en el cantante sol del desierto
y cuantos ojos líquidos pueda haber en ti
observan en tu mansión interior
codiciosamente inquisitivos
en tu afelpada cabeza ronronea
el canto satisfecho de la arena caliente
que prepara la eclosión de nuevos abrazos
Y retirada la zarpa
temerosa de que las garras
puedan herir tu sueño
velado por el ámbar de tu rubia piel

pieles, periodista, crítico de arte. En 1928 publica su primera novela. Aban­
donó Alemania en 1933, cuando el hedor totalitario emponzoñaba el aire.
Su entusiasmo de rebelde lo llevó a Rusia en 1934, donde presumía el ideal
de un mundo nuevo. E n 1936 la volvió a visitar, y por incapacidad para
ocultar su desilusión, estuvo a punto ele ser fusilado. ‘‘Huí de esa tristeza
totalitaria”, dice, resumiendo en esa frase el mayor alegato contra un
régimen ¿Acaso podemos creer en un régimen que combate la alegría de
vivir, que destruye la felicidad con el veneno de tan espantosa tristeza? Se
refugió entonces en París, hasta el estallido de la guerra civil en España.
E l poeta, palpitando siempre con el pulso del mundor fué uno de los \mimeros en acudir al llamado de los hombres libres. En España formó y ca­
pitaneó brigadas internacionales, y al lado de los garibaldinos, derrotó a
los italianos de Mussolini. Fué herido gravemente en Huesca. Después de
la derrota republicana logró atravesar los Pirineos.
E n Francia sufrió los horrores del campo de concentración de Vernet
durante 7 meses. A llí estuvo con Koestler y Gkdiani. Cuando los amigos lo­
graron liberarlo, partió para México, en 1940, en plena catástrofe euro­
pea. El último adiós desesperado del viejo continente se lo dió Malraux,
que le dijo al despedirlo: “ Vivimos en un mundo poblado de cadáveres”.
En viaje hacia México jura no mezclarse nunca más cotí esa “ humanidad
enferma”. Pero al encontrarle en México he visto al mismo rebelde de
siempre: “ Es una energía que me viene desde ¡os espacios interestelares”,
me explica. Y, esa energía hace de él, a pesar de todo lo sufrido, un opti­
mista.
He aquí la historia de un poeta moderno, de un poeta que entregó pri­
mero toda su energía a la vida y que ahora vive intensamente en estos poe­
mas de emoción extraña y contenida.
Obras publicadas por G. Regler:
La marcha de los pastores (Novela). Luebeck 1928
El agua y el pan (Novela). Berlín 1930
El hijo pródigo (Novela). Ámsterdam 1934
La siembra (Novela). Amsterdam 1935.
La gran cruzada\(Novela). Nueva York 1940
El pozo sin fondo (Poemas). México 1943
La hora trece (Poemas). México 1944
La cabaña de la jungla (Poema). México 1945
Wolfang Paalen (Biografía crítica). Nueva York, 1946.
Están por aparecer en Alemania, en la zona oeste:
Las estrellas del crepúsculo (Novela). Stuttgart
Tierra volcánica (Diario de México). Saarbruecken
Amimitl (Novela histórica). Saarbruecken
Nuevas Poesías. Saarbruecken
así reposas en la nueva playa
y mientras late suavemente el corazón
—que golpea en el límite
entre lo escamoso del pez
y el terciopelo felino—
contemplas el paisaje enmarañado
mirando en la arena hospitalaria
las pisadas
de los millarefe de amados
(de LA HOLA 1S.)

I C A R O
Hasta que no estuvo cayendo no vió lo que frívolamente había dejado
larga serie de ciudades y pirámides
que semejando diademas
reposan en los Aralles de la noche
Mientras se precipita a través del túnel de los vientos
y la música de la muerte va llenando sus oídos
vuelve de nuevo a engañarse a sí mismo
y a querer tomar la tierra
como un minuto antes el sol
Todavía ilusionado por sus alas de cera semiderretidas
ya comienza a acunarlo la tortura de la furiosa impotencia
¿No es despreciable ese sol?
Amarillo como la envidia
saturado de inconstancia
semeja la perrera del universo
y pese a todo, existe el día.
Las estrellas ofrecen su ayuda
La luna cinco fases
Icaro sacude la cabeza
Tcaro rechaza toda ayuda
Aún ahora desprecia las cosas a medias
Al precipitarse oye el lamento de los alcaudones decapitados
sin aliento se lanza a través de la espesura de relámpagos
El mar le sonríe
se prepara amorosamente a recibirlo
un sol azul entre continentes fríos
Antes que la estrella viviente se sumerja
como un meteoro de carne y sangre
se sumerja y vuelva a flotar como espuma
él ve ahajo en la playa
forma nítida en la niebla de lejanas centurias
el gigantesco animal
listo para volar
traidor a la tierra
alas deslumbrante de acero
agitándose frenéticamente
cuatro corazones de acero palpitando
¡ Icaro!
El mira y sonríe y se estrella
La venganza es más dulce que la muerte. . .
(de LA HOPA 1S.)

EL

N I L O
(Sobre un cuadro de Altee Paalen.)

Sueño de las fuentes en las montañas abisinias
sueno que se precipita hacia el mar como hacia un despertar
escuchando el canto pardo del desierto
atónito ante el verde vigor de las orillas
que se nutren de tu paso impaciente
tu nostalgia tiene velas —tus gritos son grúas—
tus ondas son delfines —los tambores de tus fiestas
despiertan al corazón de las pirámides—
Como un joven faraón tu boca viene a tu encuentro
no existe la muerte mientras hables al desierto
y el sol de la arena permanece atónito
ante la danza de las raíces y los barcos que cantan.
(Inédito.)
(Kola y versiones de Adolfo Este.)

�(Viene de la pág. 9.)

.yiene de ta pág. 11.)
Lávica de l°s I» cas y sus antecesores,
liia una labor justamente admirable,
mejor, ¡W nuestro juicio, que se ha
fizado hasta ahora.
g¡ ei autor se resignara a descender al
0o de la arqueología y retomara el
I b» después de un conocimiento directo
r caijal de los principales monumentos
i: ¿jijonas de su país, realizaría sin duda
. a obra magistral y perdurable; obra
; vendría a satisfacer una necesidad
tensamente sentida por todos los que
•locura» ahondar en el estudio de las re0,.IS culturas de América.
Todo lector no arqueólogo ha de opi„ y con razón, que la parte más enr odiosa de la obra de Yelarde es la que
, refiere a la arquitectura colonial. No
amos destacado la primera por pasión de
rqueólogos sino por lo que representa eoo aporte para el conocimiento de un
,«na. aparentemente trillado y siempre
‘ -iudido.
Dentro de la arquitectura colonial, ve­
ndo está realmente en su campo. El
^cimiento del tema es total. L a desripción de cada edificio, breve y ceñida.
s ¿e una claridad meridiana y parece
mda con una facilidad extrema. Todo
.(Incurre a este feliz resultado: el doánio del asunto, la prosa flilida y el
ocabulario rico y preciso. (Esto último
' aCaS0 lo más sorprendente para nos
jjos porque entre los profesionales que
¡ se afanan por empobrecer y estro¿u el idioma acaso los arquitectos mar■ten a la vanguardia.)
i Yelarde dedica sendos capítulos a los
vatros donde la arquitectura alcanzó
aracteres peculiares durante la Colonia y

Los 50 L IM O S mejor
editados en 1047
L Jurado e n c a rg a d o p o r la C á m a ra A r­
d e l L ib ro de s e le c c io n a r “ L o s
50 libros m ejo r e d ita d o s en 1 9 4 7 ” , comsoesto por los s e ñ o re s F ra n c is c o L u is
■; Bernárdez. J u lio E . P a y ró y A le ja n d ro S i
i ri0 después de p ro c e d e r a l e x a m e n de los
&lt;&gt;67 libros p re s e n ta d o s , c o n sa g ró , p o r u n aulmidad, los U bros de la s s ig u ie n te s E d itoriales:
EDITORIAL A B R IL : A n d e rse n . L a Sirenita: R oberto V a le n ti, F o n c h é , e l M i­
nistro diabólico.
EDITORIAL A T L A N T ID A : C o n sta n c io C.
Yigil, V id a s q u e P a s a n ; C. C ó rd o v a
Iturburu, D ic cio n ario d e la A c tu a lid a d
Mnndial; C o n sta n c io C. V ig il, ¡ U p a ! ;
Baltasar M iró. T re s O b ra s d e S h a k e ­
speare: “ C olección O ro ” .
EDITORIAL C O D E X :
H é c to r S án ch ez
Puyol, Nido d e P á ja r o s : J o s é S a n to s
Gollán. P á ja ro s s u d a m e ric a n o s .
EMECE E D IT O R E S : O. W . de L u b ic z Milosz,Miguel de M a ñ a ra ; C arm en R . L. de
Gándara. L a H a b ita d a : T h o m as M an a ,
El Problem a de la L i b e r ta d : L ia m O’F la hertv, S k e r r e tt: L e ó n B e n a ró s . P á j a ­
ros C riollos: M. M en én d ez y P e la y o ,
La Ciencia E s p a ñ o la : H a m ilto n B ailey ,
Los Signos F ís ic o s ; C olección "S é p tim o
i Círculo” .
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Vicpnte N adal M ora, L a A rq u ite c tu ra
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quitectónico: A g u irre y J ó rg , T r a ta d o
de R adiología C lín ica.
ESPASA-CALPE A R G E N T IN A : G re g o rio
ifarafión. A n to n io P é re z .
EDITORIAL F U T U R O : L e o n a rd o E s t a n ­
co. La P in t u r a en I t a l i a : D ic cio n ario
Enciclopédico de la s A m é ric a s: L eón
j Kilechov. T r a ta d o d e la R e a liz a c ió n Ci­
nem atográfica.
EDITORIAL H U A R P E S : G u ille rm o F u rlong S. J ., O ríg en es d e l A rte T ip o g rá ­
fico en A m é ric a ; J a v ie r V illa fa fie , E l
Gallo P in to .
EDITORIAL IS R A E L : I . L . P e re tz . A dán
7 E va: D é b o ra P e s s in . A v e n tu ra s de
Alef, B et y su s c a m a ra d a s .
EDICIONES IM A N : W ilh em S te k e l, E s ­
tados n e rv io so s d e a n g u s tia y su t r a ­
tamiento.
GUILLERMO K R A F T : D a n ie l G ra n a d a ,
Supersticiones d el R ío de la P l a t a : R i­
cardo Sáenz H a y es, R e m in isc e n c ia s.
EDITORIAL L O S A D A : F ra n c is c o A vala,
Tratado de S o c io lo g ía : C olección “ P s ic o ­
logía. P s iq u ia tría y P s ic o a n á lis is ” .
EDITORIAL L A B O R : E d m u n d o V a sc o n ­
celos, M étodo s M o d ern o s de A m p u ta ­
ción.
EDITORIAL N O V A : M an u e l V ille e a s L 6nez. E l C ine F r a n c é s : A n to n io S e rran o .
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Dsr E lst. E l U ltim o flo re c im ie n to de la
Edad M e d ia : L a R e c o n q u is ta y D e fe n ­
ea de B u en o s A ire s : V íc to r H a g e n y
Qnail H a w k in s, E l M ito d el Q u etzal.
EDITORIAL P L E A M A R : L e ó n F e lip e . A n ­
tología R o ta .
EDITORIAL S T E L L A : J o rg e V id a l, B o ­
tánica.
EDITORIAL S U D A M E R IC A N A : J o sé L ó ­
pez R ev, G oya y el M u n d o a sn a lre d e ­
dor: H . A. L. F isch 'er, H is to r ia de
Europa; V e it V a le n tín , H is to r ia de A le­
mania: F ilis b e rto H e rn á n d e z . N a d ie en ­
cendía la s lá m p a ra s : A ldous H u x le y .
Ciencia. L ib e r ta d y P a z ; J o s e p h W ood
Hnitch, S am uel J o h n s o n : A n th o n y S ta n den. Los in s e c to s in v a s o r e s ; “ C olección

l Lgentina

Horizonte” .
L IC IO N E S T IT O : L u c re c ia S. O. de
Sáenz, S a n ta T e re s ita d e l N iño J e s ú s .
El sefio r p a y r 5 Re a b stu v o de v o ta r el
toro La p in tu r a en I t a l i a p o r p e rte n e c e r
* una colección q u e él d irig e , y la E d ir j 1*! Poseidon no h a p a rtic ip a d o en el
ncurso p o r se r su D ire c to r m iem b ro de
comisión o rg a n iz a d o ra .
libros d is tin g u id o s p o r el acu e rd o
D,. reforido J u ra d o , e stá n e x p u esto s al
tin 1C° 6n
local d e la C ám ara A rger.a **el E ibro. S a rm ie n to 528. h a s ta e
Ule
c o rr*entp E l 27 del p a sa d o
r a i d 6 a^ r ^ tuvo lu g a r el a cto in au g u j0 ® exposición de los “ 50 lib ro s ine«atados en 1 9 4 7 ” , en el cu al hizo
íírí/: *
pa^al)ra pl m iem b ro de la Coiad °
^ H u r a de la e n tid a d p a tro c ic^ a ^el certam en, d o c to r P a b lo T a rn i,
¡e Ua destacó que pese a la c ris is q u e
2b Lu* *en&lt;*° n u e stra in d u s tria e d ito ria l,
del p aís h an re a liz a d o el en!
6
de re u n ir un elevado
cali? a
^ r o s &lt;lue 86 d e sta c *n p o r
!
1 ad y p re sen ta c ió n tip o g rá fic a .

DE LAS MEMORIAS DE MARTIN REPEZ

a oscuras, intentando dormir. Lo
hice gracias a unas píldoras. Cuan­
do desperté, una nueva sensación
me invadía: el costado izquierdo de
mi cuerpo estaba desapareciendo; el
piyama levantado, como si el bulto
persistiese, pero por dentro se me
estaba borrando con lentitud segu­
ra. Inmóvil, boca arriba, sentí pri­
mero la pérdida de la piel, un ves­
tido frío que dejaba de cubrirme;
!-------- --------------------- !-------- --puntualiza, con notable acierto los factores
ecológicos y sociales determ inantes: Cuzco
la ciudad sin par donde la arquitectura
“ simbolizó la victoria de los conquista­
dores sobre el mismo corazón del Imperio
Incaico’’. Lima, ciudad do arquitectura
“ cortesana, fácil y lujosa” . Arequipa
cuya arquitectura “ fué la del maridaje
entre el conquistador y el conquistado, la
de la fusión verdadera, la arquitectura
colonial perfecta, quizá la más completa
de las arquitecturas mestizas americanas” .
Si aumenta el mérito de la primera
parte de este libro la circunstancia de
tra ta r un tema prácticamente virgen, acre­
cienta el de la segunda la de haber logra­
do una admirable síntesis en materia muy
tratada y, a menudo, m altratada. Carece­
mos do autoridad, en este caso, para situar
a nuestro autor, en orden de mérito, entre
los que le lian1 precedido en tarea análoga
pero tenemos el convencimiento de que,
si alguien pudiera hacerlo, la posición que
le correspondería sería harto favorable.
La tercera parte, brevísima, encara pre­
ferentemente el eneomiable esfuerzo de los
arquitectos peruanos de nuestros días para
dotar a su país de una arquitectura pro­
pia, inspirada en su incomparable riqueza
tradicional.
L a Arquitectura peruana es un breve
libro de síntesis, tan apretada que llega
a menudo a lo esquemático. Está, eviden­
temente, escrito a vuela pluma con una
falta absoluta de pulimento. Estamos acos­
tumbrados a gustar la prosa fácil y chis­
peante de Velarde, en la que campea un
desaliño que, por sabroso, parece con
frecuencia intencional. En esta oportuni­
dad el desaliño es fran-camente excesivo
y muy de lamentar, pues si la prosa man­
tiene, a pesar de todo, su alta calidad,
se desmerece la estructura misma del libro.
El descuido es evidente sobre todo en
la parte ilustrativa, complemento de gran
importancia en una obra de este género.
El volumen trae, al final, cerca de cien
láminas de excelentes fotografías que pa­
recen agregadas más o menos al azar.
E ara vez se alude a ellas eiv el texto. El
autor habla como si descontara que el
lector conoce los monumentos de que se
ocupa. Sucede así que la lectura es fácil
(Continúa en la pág. 14.)

después la carne, arrancada en gol­
pes violentos, luego los huesos tor­
pes. Desaparecían, se iban sin san­
gre, sin nervios; lancé un grito y
me desmayé. Volví a ‘dormir, con
pesadillas visitadas por perros os­
curos que me lamían el corazón al
aire, calentándolo, impulsando con
su lengua la sangre. Al despertar, la
pérdida se había completado. No
quería tocar aquello, trataba de res­
pirar lentamente; una inspiración
profunda podía hacer estallar el
músculo a flor de cuerpo. Aquel día
no me levanté; tampoco al siguien­
te; lo hice cuando mi madre habló
de llamar un médico. Lo probé por
la noche, de a poco; me vestí sin
mirarme en el espejo.
Durante cinco días me levantaba
al alba y no iba a la oficina; anduve
por las calles. Me cuidaba más que
antes; tenía miedo de enfermarme
y verme obligado a mostrar esa falta
de mi cuerpo; sin embargo, bajo la
ropa no se notaba. A los veinte días
me había acostumbrado a mi nuevo
volumen, sin atreverme a tocarlo;
por fin lo hice, de noche: introduje
la mano derecha debajo del piyama:
una concavidad lisa, de piel tirante
y fría ; comenzaba en el borde de la
axila; se profundizaba sobre el co­
razón, concluía en el hueso de la
cadera.
No pude sufrir más y se lo dije a
mi hermano mayor, callando lo del
perro; se rió sin hacerme caso.
Empecé a comprender que aque­
lla pérdida tenía que ver con la des­
aparición del perro; dejé de dor­
mir, salía todas las noches: desde
las (Jiez basta casi el alba; lo bus­
qué por los lugares de la primera
noche; a veces, en la oscuridad, to­
paba con perros, que llamaba casta­
ñeteando los dedos; ninguno me si­
guió.
Mi hermano quiso llevarme a otra
ciudad; era imposible. No compren­
día que si me alejaban del pueblo
iba a perder para siempre el cos­
tado izquierdo de mi cuerpo. Dejé

de hablar del asunto, y creí que se
había olvidado. Una madrugada, ya
en la cama, con el cansancio de la
búsqueda nocturna, me ataron los
brazos y los pies; así me llevaron a
la primera ciudad que conocí.
Conozco dos ciudades, mal vistas,
en casas blancas con muros verti­
cales y ventanas estrechas; en la
primera no me dejaron conocer las
calles; en la segunda hay una sola
calle. La primera ciudad estaba po­
blada por hombres que me miraban
largamente. No me dejaron con­
versar con ellos; quizás alguno me
hubiese ayudado a buscar el perro;
después comprendí que yo solo, sin
ayuda de nadie, debo encontrarlo.
Todas las semanas llegaban cartas
de mi casa; aceptaba las imposicio­
nes para que fuesen a buscarme,
para que me dejaran volver al pue­
blo; le escribí a mi hermano, cinco
o seis veces.
Un día encontraba muchos hom­
bres; otros, ninguno, ¿a dónde van
los muertos de esa ciudad? Si yo
lo supiese, habría hallado a mi pe­
rro : estarían sentados junto al muro
en el sol, mi perro echado a sus
pies. De pronto volvería a tener mi
cuerpo. Todas las mañanas escribía
una carta, que dejaba en la sala, an­
tes del comedor. Tampoco me con­
testaron.
Comenzaba a acostumbrarme a esa
ciudad silenciosa; pensaba en el pe­
rro, en los muertos que no sé a
dónde van. Un día, sin saber por­
qué, me llevaron a la segunda ciu­
dad, en la que ahora vivo. Yi sus
alrededores en el viaje: extensión
de arena blanca que no se puede
cruzar sino en tren; los árboles se
secan carcomidos desde la raíz, has­
ta el follaje desaparece en ceniza.
La ciudad, rodeada por un alto mu­
ro blanco, tiene una puerta rectan­
gular, con un círculo en la parte
alta; cerca de la puerta, junto al
muro, había un hombre de traje
verdusco y bastón rojo; lo vi varias
veces.

Las primeras noches, después de
mirar el cielo, me acostaba en la
cama angosta y esperaba sin cansan­
cio. Después, salí a buscarlo: llegaba
basta la puerta de la muralla y no
me atrevía a seguir; hablé al hom­
bre de verde, sin conseguir que me
entendiera. En la ciudad no hay
ningún perro: lo supe pronto.
La casa, la muralla, hay otro lu­
gar en la ciudad: lugar fresco, al
otro extremo de la única calle, lo
más lejos posible del arenal: un ca­
fé. Entre estos tres'lugares la co­
nocí; no sé cómo se llama, tampoco
entendió mi idioma. Fué a la salida
del Ctjfé: capelina azul que le cubría
casi toda la cara, vestido del mismo
color, zapatos y medias blancas, bra­
zos finos y fríos, manos color de
lino nuevo. Caminé con ella basta
una cuadra antes de la casa; allí
me dejó, sin despedirse. Volví a en­
contrarla, otras noches, sin que tu­
viese que ir en su búsqueda, sin que
ella me esperase; en noches interme­
dias, cuando miraba el cielo, sentía
su perfume de almendra amarga. Lo
más hermoso que hay en esta ciu­
dad son moscas azules; una vez le
llevé cuatro, en una caja de fósforos.
El último día que caminamos, me
dejó en el lugar de siempre; seguí
solo hasta la casa, subí la torre y
me asomé al ventanillo. La vi ca­
minar hacia el hombre sentado junto
a la muralla; él se levantó, como
grito de gaviota llenó la noehe; se
tomaron de las manos —uno frente
al otro— y se alejaron por las are­
nas caldeadas, que ni las noches en­
frían.
Comprendí: son hechos que me
ponen para que olvide a mi perro;
por eso lloré, boca abajo, apretán­
dome sobre la almohada.
Tanto hace que no duermo. Mi
cuerpo se enfría; no puedo dormir;
no me van a llevar más al pueblo,
quieren que me quede aquí hasta
que me muera. Noches silenciosas y
solas, esperando a mi perro,
r in

¡El Más Hermoso Museo del Mundo!

HISTORIA GENERAL DEL ARTE
EDICION

1947

TEXTO

CASTELLANO

O FRANCES

Realizada bajo la dirección de GEORGES HUISMAN, director general de Bellas Artes de Francia, ha sido
redactada por los competentes especialistas LUC BENOIST, agregado a los Museos Nacionales; LOUIS BREHIER, miembro del Instituto y profesor de la Univers idad de Clermont-Ferrand; ELIE LAMBERT, director
de la Biblioteca de Arte y Arqueología de la Universidad de París; señora LION-GOLDSCHMIDT, agregada
al Museo del Louvre; ROBERT REY, inspector general de Bellas Artes y de los Museos de Francia, profe­
sor de la Escuela del Louvre de París; CHARLES TERRASSE, conservador adjunto al Museo de Fontainebleau y otros.
L a o b ra com p le ta c o n sta de 4 m a g n ífic o s v o lúm enes g ra n fo rm a to , lu jo s a m e n te e n c u a d e rn a d o s, con
m ás de 1.800 p á g in a s, 30 fa c sím iles, 61 g ra b a d o s en co lo res, 2.329 h e lio g ra b a d o s, 34 m a p a s e x p li­
c ativ o s, 6 c u a d ro s s in ó p tic o s.

TOMO I - Desde los
orígenes hasta la Edad
Media: El arte de los
tiempos prehistóricos
en Occidente. El arte
Antiguo del Cercano
Oriente y del Medite­
rráneo. El arte en Asia
hasta el siglo xiv. Desde
el Arte Antiguo hasta
el Arte Medioeval.

TOMO III - El arte
clásico de los s ig lo s
XVI y XVII: El Arte
del siglo XV en Italia.
EL Renacimiento en la
Europa del siglo XV.
El Arte en la Europa
del siglo XVII. El Arte
en el Extremo Orien­
te desde el siglo XV
basta n u e str o s días.

TOMO II - El Arte
Medioeval: E l A rte
Musulmán. El Arte en
Occidente desde el si­
glo V al XI. El Arte
R om ánico. E l A rte
Gótico. Las Artes de
■la América precolom­
bina, del Africa negra
y Oceanía.

SE ENTREGA LA OBRA COMPLETA. ADQUIERAI A EN COMODAS CUOTAS MENSUALES.
■ ■
■

TOMO IV - S ig lo s
XVIII, X IX y X X : El
Arte en Europa du­
rante el siglo XVIII.
El Arte en Francia en
los siglos X IX y XX.
Impresión general so­
bre la técnica de la
pintura.

RESERVE SU EJEMPLAR CON TIEMPO, PUES
SE RECIBIRA UNA CANTIDAD LIMITADA DE
COLECCIONES.

SOLICITE FOLLETO ILUSTRADO Y CONDICIONES DE PAGO, SIN COMPROMISO, A-.

a r g e n t

I

CORRIENTES 1650

n a

ARISTIDES QUILLET
T. A. 35-6679

BUENOS AIRES

ARGENTINA

S r. G e re n te
E d ito r ia l A rg e n tin a A R IS T ID E S Q U IL L E T
C o rrie n te s 1 6 5 0 - B u e n o s A ire s .
E s tim a ré m e e n v íe n F o lle to I lu s tr a d o de l a H I S T O R I A D H L A R T E .
N o m b re
D om icilio
L o c a lid a d

.

�nj

cabalgata

14

MIRADOR

• E n ol X X V S a ló n A n u al de P in tu ra ,
E s c u ltu ra , D ib u jo y G rabado de S an ta
T e . h a n sido o to rg ad o s los p rim ero s p re ­
m ios de la s secciones del en u n ciad o eh la
fo rm a que sig u e: S ección p in tu ra : prem io
a d q u isició n M a rtin R o d ríg u ez G allsteo , con
3.000 pesos, a “ O b re ra d e sc a n sa n d o " , óleo
de E u g en io D an eri. Sección e sc u ltu ra : p re ­
mio a d q u isició n M a rtín R o d ríg u ez G alle­
teo , con 4.000 pesos, a N icolás A ntonio
de S an L u ís, p o r su b ro n c e “ San J u a n
B a u tis ta " . Sección D ib u jo y G ra b a d o :
prem io a d q u isició n C om isión de B ellas A r­
te s. p o r m ita d , a J u a n C arlos P in to s y
J o rg e G necco. O tro s prem io s, en la s d is­
tin ta s c ateg o rías, fu e ro n o to rg a d o s a Jo sé
P a ría s , E n riq u e P o llc a stro , C. E. U ria rte ,
J o sé A lonso, R. P. V iola, O restes A ssali,
Jo sé P la n a s C asas, S a lv a d o r C aputo, etc.
• T e n d rá lu g a r en B u en o s A ires, en el
cu rso d el p ró x im o m es de o ctu b re, el XV
C ongreso O rd in a rio de la C o n fed eració n
In te rn a c io n a l de S ociedades de A u to res y
C o m positores, p or in ic ia tiv a de A rg e n to re s
y Sadaic. A los efecto s de la o rg a n iz a ció n
h a q u ed ad o c o n stitu id a u n a com isión com ­
p u e s ta en la sig u ie n te fo rm a: P re s id e n te ,
el se c re ta rio de ed u cació n , do cto r O scar
Iv a n is se v ic h ; v ic e p re sid e n te , el subsecre
ta rio de c u ltu ra , señ o r A n to n io P . C as­
t r o ; el p re s id e n te de A rg e n to re s, señ o r
A le ja n d ro E . B e r ru tti, y e l p re s id e n te de
Sad aic, señ o r F ra n c is c o C an aro ; vocales:
los señ o res Ivo P elay , H om ero M anzl, C a­
m ilo P . D a rth é s, C átulo G. C astillo, M arcos
B ro n e n b erg , E n riq u e P . M aro n i. A c tu ará
como s e c re ta rio g e n eral, el señ o r M ario
B én a rd , que d esem p eñ a ig u al cargo en el
C onsejo P a n a m e ric a n o de A u to res.
• E l go b iern o d e V en ezu ela, con muy
b u e n a cierto , p o r m edio de su M in isterio
de H a c ie n d a h a a co rd ad o lib r a r de gabe­
la s a ra n c e la ria s a “ b io g ra fía s , no v elas, n a ­
rra c io n e s y dem ás lib ro s que con c rite rio
am plio d eb en c o n sid e ra rs e como o b ra s de
a rte lite ra rio ” . A sí lo com unica la Cámar a A rg e n tin a del L ib ro , al d a r c u e n ta de
u n a de la s g e stio n es que h a re a liz ad o en
p ro de la d ifu sió n d el lib ro n a cio n al f r e n ­
te a la s tra b a s de todo o rd e n que se le
e s tá n ap lic an d o en d iv e rso s p a íse s del
c o n tin e n te.
e L a s d ific u lta d e s que v ien e su frie n d o el
lib ro a rg e n tin o p a ra su in te rn a c ió n en a l­
g u n o s p a íse s h erm an o s, cu lm in a con la re ­
c ie n te d isp o sic ió n del G obierno del B ra ­
sil. seg ú n la c u a l q u ed a in c lu id o e l lib ro
y la re v is ta e n tre los a rtíc u lo s q u e n e ce ­
s ita n p re v ia lic e n c ia de im p o rtac ió n .
• E n lo s d ia s in ic ia le s del p asad o mes
de a b ril se in a u g u ró a l público en la plaza
A dolfo A lsin a, o rg a n iz a d a p o r la A so cia­
ción G ente de A rte A vellaneda, u n a in ­
te re s a n te m u e stra de tra b a jo s al óleo,
a cu a re la , x ilo g ra fía , etc., la c u al se ofrece
al b a rrio o b re ro de la v ecin a lo calid ad ,
con el m uy elevado p ro p ó sito de p o n e r en
c o n ta cto el a r te con u n p ú b lico que no
d isp o n e d e tiem p o p a r a v is ita r los m useos
y g a le ría s de la c a p ita l. L a ex h ib ició n ,
d ig n a de to d o elogio, h a sido m uy v is ita d a .
• L a A rg e n tin a , p o r m edio de la d eleg a­
ció n que la re p re s e n ta en la C o n feren cia
In te rn a c io n a l p a ra la L ib e rta d de In f o r ­
m ación, la c u a l p re s id e el S u b se creta rio
de In fo rm a cio n es y P re n s a , señ o r E m ilio
D . C ip o lle tti, p re s e n tó la p ro p o sic ió n si­
g u ie n te :
19 In c lu ir en su le g islac ió n disposicion e s e x p líc ita s g a ra n tiz a n d o la lib e rta d de
p re n s a sin re s tric c ió n de n in g u n a índole,
p a ra que la s a ctu a le s p u b licacio n es que
re p re s e n ta n to d a s las id eo lo g ías y co n cep ­
to s políticos, sociales y económ icos sin d is ­
tin c ió n de ra z a n i re lig ió n , p u e d an a p a ­
re c e r y c irc u la r lib rem e n te .
29 A d o p ta r m ed id as le g isla tiv a s p a ra
p re s e rv a r y d e fe n d e r la m isió n esen cial de
lo s ó rg a n o s de p re n sa , la que c o n siste en
re u n ir, tr a n s m itir y d ifu n d ir lib rem e n te
n o tic ia s e in fo rm acio n es, te n ie n d o como
p rin c ip io in v a ria b le r e la ta r so lam en te la
v e rd a d .
39 P o n e r en m a rc h a todos los m edios le ­
g ales e x iste n te s o que p o d rá n s e r cread o s
en to d o s los p a íse s p a r a p re s e rv a r a la
p re n s a de to d a in flu e n c ia b e lico sa y p a ra
e v ita r to d a d efo rm ació n de la v e rd a d , to d a
p u b lic a ció n de n o tic ia s fa ls a s o to d a d ifa­
m ación.
s E l P re s id e n te de la C om isión P r o te c ­
to ra de B ib lio tecas P o p u la re s, d o c to r C ar­
lo s O bligado, p ro sig u ie n d o su la b o r de
p ro p u lsió n de la s b ib lio te c a s d isem in ad a s
p o r to d o el p aís, e x tie n d e su serv icio a
algunos esta b le c im ie n to s h o s p ita la rio s, a
lo s c u ales h a hecho u n a p rim e r d o n ació n
de cien volúm enes a c a d a uno.
• L a Sociedad A rg e n tin a de E s c rito re s h »
hecho e n tre g a de la m ed alla de oro d el
G ran P rem io de H o n o r 1946 al e sc rito r
E d u a rd o M allea.
« P e rs is te la s itu a c ió n q u e c re a a la in ­
d u s tria a rg e n tin a del lib ro la f a lta de d i­
v is a s que s ie n te n p a ise s como C hile, Boliv ia . P e rú y C olom bia, y las tra b a s a r a n ­
c e la ria s o de im p o rta c ió n que en alg u n o s
p a ise s se le ap lic a a l lib ro . H a s ta a h o ra
c u a n ta s g e stio n es h a re a liz ad o el grem io
n a cio n al de e d ito re s, p o r m edio de sus
re s p e c tiv a s so cied ad es, se h a n e stre lla d o
c o n tra la v aga prom esa, la in c o m p re n sió n
o la n e g ativ a. E l lib ro , v eh íc u lo ta n c a ­
c a re a d o de c u ltu ra , de ace rc a m ie n to e n tre
p u e b lo s, e s tá sien d o d ific u lta d o s is te m á ti­
ca y p e rs iste n te m e n te en alg u n o s p a ise s,
en la m a y o ría d e lo s cu ales, n i s iq n ie ra
p o d ría n In v o c a r ra z o n es, acaso a te n d ib le s,
de co m p eten cia in d u s tria l.
e&gt; H a in ic ia d o la p u b lic a ció n de un cua
d e rn o m e n su a l de a rte el p ro fe s o r J o rg e
R om ero B re st. titu la d o “ V e r y E s tim a r" ,
al c u al dam os la b ie n v e n id a.
o E n la so cied ad “ Im p u lso ” de la Boca,
J . B atlle - P la n a s c ele b ra u n a ex h ib ició n
de d ib u jo s a c n a re la d o s in é d ito s, llam ad o s
a te n e r c o n sid e ra b le e in d e fin ib le g ra v i­
ta c ió n en n u e stro m edio a rtís tic o p o r su
o rig in a lid a d . E n la ta rd e del sáb ad o 8, el
d o c to r A ldo P e lle g rin i p ro n u n c ió u n a co n ­
fe re n c ia so b re “E l m e n sa je p lá stico de J.
B aó lle-P Ia n a s” .
o L a s g a le ría s V an R iel, e x h ib e n u n a se ­
le c ció n re tro s p e c tiv a de o b ra s de B u tle r,
B asa ld ú a , B ig a tti, B a tlle -P Ia n a s, C astag n ino. C e n tu rió n . D a n e ri, R aq u e l F o rn o r. V icto
ric a , L arco , D el P r e te , Soldi, B ern i, P e tto ru ti, S ib ellin o . I r u r tla , A lonso, e tc E n el
a cto ln a n g u ra l d is e rtó el p ro fe s o r Jo rg e
R om ero B re st.
• A rn o ld W a lte r L a w re n c e, arq u eó lo g o in ­
glés, p ro fe s o r en la U n iv e rs id a d de C am ­
b rid g e , in v ita d o p o r la re v is ta “ S u r” ha
d ic ta d o tr e s c o n fe re n c ia s en el I n s titu to
F ra n c é s d e E s tu d io s S u p e rio re s , a s a b e r:
“ L a fo rm ac ió n d el a r te e u ro p e o ” , “ L a
cu lm in a ció n y la d e c a d e n c ia d el a r te g rie ­
go , y “ E l a rte d e l Im p e rio R om ano y
su le g a d o ".
• D on J u liá n U rg o iti, g e re n te d e la E d i­
to r i a l S u d a m e ric a n a , in v e stid o con la r e ­
p re s e n ta c ió n de la C o n fe d erac ió n L a tin o ­
a m e ric a n a de C ám aras del L ib ro , em p re n d e
u n v ia je a E s p a ñ a , en el cu rso d e l c u al
y p o r e sp a c io de u n o s dos m eses, se a b o ­
c a r á a l e stu d io d el p ro b le m a que al lib ro
a rg e n tin o le c re a en la p e n ín su la la c e n s u ra
e sp a ñ o la p o r u n la d o y la d is c o n tin u id a d
d e lo s p a g o s q u e h a ce q u e el ré g im e n de re ­
c ip ro c id a d v ig e n te e n tre am b o s p a íse s sea
o b s e rv a d a s e s tr ic ta m e n te sólo p o r la A r
g e n tin a .

T¡ l letrismo no es una escuela poéL j tica sino una actitud solitaria. Y
algo más. En este momento: el le­
fio smo = Isidore Isou. Así escribe
el mismo Isou en el manifiesto de
la poesía letrista que puede consul­
tarse en su Introduction a une nouvelle musique (1947). Las frases no
pueden ser más exactas. A tal pun­
to que desde ya proclamo su in­
superable originalidad y paso direc­
tamente a enjuiciar una actitud que
sólo p u e d e ser comparada —en
cuanto a la notoriedad y a su pre­
tensión— con el incendio del tem­
plo de Diana en Efeso. Porque el
letrismo lia querido ser la tea que
incendiara uno de los templos de
la poesía: la palabra. Pero Isou
no tuvo la fortuna de ver el humo
ni las llamas. Eróstrato, el ansioso
pastor de Efeso, le precedió en más
de dos mil años. La historia, que
es movimiento progresivo, no se re­
pite, aunque Isou crea lo contrario
en aquella novela — ¡, por qué no
vivolat— que intituló L ’agrégation
d ’un nom et un messie (1947).
Pero si Isou lia. sido original en
las frases del exordio, no lo ha sido
en cambio en la argumentación ten­
diente a demostrar que si el letris­
mo no es poesía, que el letrismo pue­
da-crear, por esto mismo, conceptos
poéticos. Ya dije en cierta ocasión,
esbozando muy al pasar mi teoría
dialéctica de la estética, que en la
revolución dadaísta se habían dado
las imágenes que habrían de verte­
brarse, por virtud de un salto cuan­
titativo (acumulación de procesos
inventivos iguales) en una calidad
cuyos rótulos serían el surrealismo
y el letrismo. Para demostrar esto
último ( s a l t o de reacción, hacia
atrás) transcribía un trozo de La
premiére aventure celeste de monsieur Antipyrine (1916) :

Los trópodos, Marga, los trópodos. \
.
.
[rapa punec
Doto numen polonco serona tu ti...
[parada.
■ 'en tl,'ope al conque me tulven s&lt;
.
, ,
[mipas de lecio
, Me tulven las lacias, si artepes atip
su brin?

n

JJLill
Por JUAN JACOBO BAJA RIA A

bil del dadaísmo, llevando su actitud
hacia las últimas consecuencias. Xo
advirtió que el salto cuantitativo
también sé daba hacia atrás objeti­
vándose en una esterilidad que ya
tenía, en sus comienzos, todos ios
gérmenes de la muerte puesto que
no dejaría sucesión como en el caso
del surrealismo y lo que le superó
en la gran poesía de nuestro tiem­
po. Los letristas, usurpadores por
otra parte de M. Iliazd, el creador
del verso zaum u orquestal, fueron
conscientes de este retroceso al de­
clarar en la susodicha Introdnctio n ... que Tzara había mezclado
los vocablos deseando dar “ el úl­
timo paso” . ‘‘El dadaísmo” —agre­
ga— “ ha sido la cualidad y el de­
fecto de Tzara” . . . “ Tzara es la
irradiación de la tradición de los
vocablos en su límite. Si ha tenido
la osadía del Mucho no ha tenido
el coraje del Todo” . Y a renglón
seguido la confesión: Tzara, toda­
vía una curiosidad lírica, será jus­
tificado por los letristas. Isou, la
justificación de Tzara. Esta confe­
sión que he subrayado, la repite,
asimismo, en su Rilan lettriste 1947
(Fontaine N* 62). Luego, pues, no
bav empacho en decir (V. Introductio n ...) que “ no se trata de des­
truir vocablos por otros vocablos...
sino de resucitar lo confuso en un
orden más denso” . Y para esto,
Henri Pichette —otro letrista— da
como solución al hombre-mujer, ya
que es la única manera de “ man­
tenerse en el estado poético desde
oua aah oua aah oua aah
el primer paso lúcido o arterial del
U U t ti i H I t t
padre-madre”. (Lettrc-rouge, loe.
cit.)
al que puedo agregar, del mismo
Desde el punto de vista estricta­
Tzara, este diálogo de La deuxiém-e
aventure celeste de monsieur A n ti­ mente teórico, el letrismo desarrolla
una vieja idea que cree haber des­
pyrine (1917):
cubierto por usar una denominación
M. Saturno:
nueva —aunque teológica— de la
tiene Vd ranas en los zapatos
materia poética en su unión —hiOreja:
póstasis— con lo d e s c r i p t i v o
l&gt;. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b. b.
— hipostase ampliqv.c— y con lo lí­
El letrismo volcó sus tintas, por rico —hipostase ciselante—, en cu­
consiguiente, sobre la parte más dé- yas categorías coloca la poesía anti­
gua y la poesía moderna. Esto se
corresponde con una frase del ma­
E1 Tiempo y sus Libros nifiesto en la que Isou dice lo si­
guiente : ‘ ‘ Isou creará emociones
(Viene de la pág. 11.)
contra el lenguaje por el placer de
ni cu an do d ic e : " E s ella la d esead a, — la i n ­
d ife re n te que d e sp re c ia y huye — y d eja
la
lengua”. Quien abra el Premier
un g ris y a lg u n a in te n s a b ru m a — donde el
manifesté du surrealismo (1924),
h o m b re e n tris te c e .” O tra s veces hace su e n tra d a
en las p á g in a s d el joven e s c rito r la poesía
se hallará con que el concepto ya fué
p u ra , p ro p ic ia d a p o r e scuelas ya h is tó ric a s
p a ra la lite r a tu r a : "Q ué herm oso e ste tr a n s ­
desarrollado por Bretón. Helo aquí
curso — de las p a la b ra s fie le s — y este
en el sabor del idioma original:
e n c o n tra r de nuevo — tu c o razó n que q u ie re .”
E n la s e rie de poem as “ con á n g ííe s ” ha
“ ecrivez vite san sujet précompi...
lo g rad o el a u to r im p o n e r u n ritm o y u n con­
Le premiére phrase viendra toute
te n id o m ás nuevo, y los m ism os re p re s e n ta n
u n m om ento de esa p u rific a c ió n in te rio r que
s e ' a p re cia en G. S. H . Se d e sta c a n p o r su
ju s te z a E l A ngel con una fech a en o c tu b re
y E l A ngel con la ta r d e olvidada .
H a y u n m om ento en la v id a del e sc rito r
joven en que todo es du d a, in flu en c ia y t a n ­
teo. E n el v e rd a d e ro e sc rito r la solución está
en la b ú sq u ed a de la p ro p ia p e rso n alid ad ,
y es allí donde se salva p a ra sí y p a ra los
d em ás. Si en e ste libro de G. S. II. hay algún
m é rito s o b re sa lie n te , es ése p re c isa m e n te .
Lo q ue im p o rta, tra tá n d o s e de u n a u to r
novel so b re todo, es s e ñ a la r la p re sen c ia de
un v e rd a d e ro p o e ta al que se le p re s e n ta rá n
m ú ltip les cam inos n s e g u ir y al que se le
im pone un poderoso llam ado de belleza, un
poco d ra m á tic o eso sí d ada la hora que es
tam o s a tra v e sa n d o . E s re g o c ija n te poder escri
bu* que en e sto s d ía s el p a ís e stá oyendo
a lg u n a s m uchachas v m uchachos de voz pode
ios:, y clara.
F e rm ín C hávez.

Arquitectura Peruana
( Viene de la pág. 1S.)
y placentera para los que tenemos la suer­
te de conocerlos, mas sospechamos que hn
de resultar difícil y hasta penosa en el
caso contrario. Aun cuando las fotografías
estuvieran colocadas en el lugar corres­
pondiente (dificultad editorial que no se
nos escapa) y fueran1 escrupulosamente
citadas, serían insuficientes. En buen gol­
pe de casos se echa de menos el dibujo
complementario indispensable. Es de no
conformarse que Velarde, cuya pluma en
hebra una bella frase con la misma fa­
cilidad con que traza un buen croquis
los haya ahorrado a puivto tal de utilizar­
los sólo para aclarar dos detalles y éstos
desconectados con el texto. La única fi­
gura que tuvo la precaución de citar —sa­
brosa ironía— ha de haberse traspapelado.
Dios sabe donde, porque no aparece im­
presa.
El público lia sabido apreciar la alta
calidad de esta obra de Velarde. Estamos
seguros de que una segunda edición ha
de hacerse en breve y es por esta cir­
cunstancia que puntualizamos los defectos
que la desmerecen, fácilmente subsanables
rix

seule, tant il est vrai qu‘a chaqué
seeonde il est une phrase étrangere
á notre pensée consciente qui ne de­
mande qu‘á s‘ extérioriser” ,
En cuanto a que el letrismo des­
truye las palabras y crea orquesta­
ciones onomatopéyicas mediante sí­
labas inventadas sin apoyadura se­
mántica, es bien cierto en algunos
casos. Es lo que acontece cuando la
construcción de un concepto sonoro
se objetiva con miras a una descarga
del inconsciente:
Vli zlideline
VH zlideline
Djilee, djilce, djilce, djilce, djilce
Jalee, jalee, jalee, jalee, jalee
dulce; julce; julee
Dolce-Dolce ;
Toase folce. ..
Dolee. . .Dolee
Dolee
(F. Dnfréne)

Pero sucede —y esto le sucedió
a Isou en sus 10 Pnemes graves—
que muchas veces, por remedar cli­
mas sonoros con retruécanos y otras
delicias para reírse de las cosas, in­
curre en el empleo de palabras quo
contradicen su teoría. Yeámoslo, for­
zando la traducción, impedida un
tanto por el calembour:
Yosoycrist
Tesus Christ
Christ
JouaU - chich - baou - jaiva
gall - fovl - hrall!
A y! grolgolal! jarch
gólgota, gólgota... mareh. . . march. ..
vó lvo ta ... vó lvo ta ...
Oi! Ayer, piedra, pa-velle, pablo,
plegarrria, yui gol

O bien este verso entero en he­
breo :
chema israéllc barouh adonai
(oye Israel bendito adonai)

Y también estos, de sus 10 Poémes yoyeux :
Oh, mi Dios la vida está allá
cuicudul galin calá

Xo obstante, sin contradicción o
con ella, el letrismo no plantea nin­
gún problema poético. Las jitanjáforas americanas ya le habían pre­
cedido muchísimos años en la estruc­
turación de poemas a base de soni­
dos. Recordaré algunas sin transcri­
birlas enteramente;
Chucuchúcuchu
chas - chas
Tracatrácata, chuchi
Tracatrácata, chuschú
(M. A. Ferveiro)

ELIA K A Z A N
EL “ HOMBRE DEL AiÑO” EN EL CINE Y EL TEATRO

DE ESTADOS UNIDOS
O ox dos de las mejores películas del año
^ en su haber, el nombre más relevante
en el mundillo del espectáculo estadouni­
dense es Elia Kazan, cuya obra se carac­
teriza por combinarse poderosamente en
ella la imaginación y el buen gusto.
Su planteo científico del teatro ha hecho
de él el único director regularmente uti­
lizado hoy tanto por Broadway como por
Hollywood. No bien había concluido la
película Acuerdo entre Caballeros, cuando
comenzó los ensayos de la obra teatral A
Streetcar Xamed Derive. La infatigable
energía y elasticidad de Kazan son ya
archieonocidas, pese a no contar más de
38 años.
Como director, el estilo de Kazan es
puramente cerebral, pero su objetivo pue­
de llamarse visceral. Arthur Miller, autor
do Todos son mis hijos, dice que el pro­
pósito de aquél es el de “ golpear al audi­
torio en el vientre, pues le consta que
todo el mundo lo tiene igual, no importa
su condición social o su educación ’ ’. AI
hacerlo, Kazan observa un método senci­
llo para juzgar al auditorio. Lo considera
tan capaz como él; lo que él puede com­
prender y sentir, también lo comprenderá
el auditorio; si él no puede hacerlo, tam­
poco lo podrá ningún espectador.
Lo primero, pues, estriba en fijar c¡
espíritu de la obra. Esto resuelto, todo
debe cooperar al realce del tema central.
Todos son mis hijos es un buen ejemplo
de cómo trabaja Kazan en esta fase pre-

(X)

De mis observaciones r e s u l t a . I
pues, que el letrismo es una actitud
antipoética descolocada en el tiem ‘
po. Xo son ellos los continuadores d“
la última etapa en la dialéctica de
los medios específicos relacionado
con la poesía. El último movimiento
de vanguardia, el que sigue inme­
diatamente al surrealismo, se dió en
Buenos Aires. Apareció en 1943 \
se expresó por medio de la revista
Arturo (1944), en cuyo único ejem­
plar se echaban los lincamientos pa­
ra una superación de todas las ar­
tes, basada especialmente en la norepresentación con relación a la in­
vención pura. Algunos de sus com­
ponentes inauguraron luego distin­
tas exposiciones con la denominación
común do A rt Concret - Invention.
Pero a fines de 1945 el grupo quedó
escindido en Asociación de Arte
Concreto - Invención, por un lado, y
Madí, por el otro. La primera pu­
blicó su revista Invención-Arte Con­
creto en 1946. y Madí distintos ma
nifiestos, uno de los cuales fué re
producido en la revista Arte Madí
(1947), perteneciente a un desgajamiento que ahora actúa con la deno­
minación de Madí - Nemsor.
Estos grupos con sus caracterís­
ticas propias, pero unidos en el afán
común del invencionismo, etapa ac­
tual de las artes, constituyen la
avanzada vanguardista. Saben, comí
sabe el Rene Char de Seids demeu
rent (1945), como sabe el Tzara de
las teorías de Le Point, y como sa­
ben otros, que para hacer poesía es
imprescindible crear la imagen poé­
tica como experiencia vivida^ Es de
cir, la vivencia, el hecho inventado:
To nombraré tu boca y tus mano.
tai final
Tu boca eco destruido tus manos
[moneda de ploma
(Paul Eluard)
B e tomado sin ruido et puño del
[equinoccio
(René Char)
Casi a babor del agua, en et umbral
[de un lirio
se me incendiaron los ojos
(Antonio de üiidurraga)
ya puede ver el sentimiento de su forma
el espejo atrae su equilibrio
(Ardén Quin)
Fiene del nudo incoado al silencio
del silencio instantáneo que oxida los
[milagros
(Edgar Bavley)
con el pulmón deshecho en el impulse
[amontonado
y el ojo argonauta surcando latitudes
[de fuego
con cenizas violadas de colores enhiestos
[de plumas hilarantes
de rugidos que ahuecan el deseo y afilan
[la mirada

(J. J. B.)

Inventar un hecho, es crear ur
concepto
poético que no pueda se.
Por M URR AY SCHUMACH
substituido ni circunscripto a una
realidad descriptiva, sino adseript.
liminar. El motivo principal, convenido
u objetivado en el conocimiento
por Miller y él, era el de que el hombre
es responsable de sus actos no solamente
emocional. Tal es lo que dije en cier­
ante su familia, sino también anto la so­
to ensayo y que repito ahora a pro­
ciedad. Después de eso, ambos invirtieron
pósito del letrismo, ya que Isou y
tres agotadoras semanas en los últimos
los suyos no hacen otra cosa que caer
toques de la obra antes de dar principio
a los ensayos. Cada línea de diálogo fué
en el elemento fotográfico y en i
puesta bajo el microscopio. Cada tipo fue
sugerencia de que hablaba Mallar
analizado no sólo en relación con su papel,
mé. Isou describe, imita los objetosino también cor.1 su carácter. De todo esto
y los sucesos de la naturaleza. Incu­
resultó, naturalmente, una serie de prove­
chosas modificaciones. Más recientemente,
rre, inclusive, en la misma descrip­
Tennessee Williams, al preparar A Street­
ción cuando se vale de retruécanos
car Xamed Desire, dijo que en las sesio­
o de sílabas inventadas con relación
nes de pre-ensayo con Kazan había intro­
a ciertos estados del alma que se
ducido muchos cambios en el libreto ori­
ginal.
tratan de objetivar onomatopéyics
En la tarea de fijar quién hace cada
mente. Sigue siendo simbolista, sim
papel, Kazan es impermeable a la fama de
bolista a su modo. Xeosimbolisti
los artistas. Quisiera él no tener en su
para un mejor apellido. Y este es e¡
conjunto “ primeras damas” . Tampoco e«
error que le destruyó en el mism 1
de ios que exige mucho a la belleza per­
sonal, a menos que ello sea importante
día de su nacimiento. Porque el pot
para la representación. Lo que él quiere,
ma debe estructurarse a base d
además del talento, es inteligencia. La es­
vivencias que creen la imagen con
cuela “ instintiva” de representar le in­
eeptual. Fué el sueño que abortó ei
comoda. Un actor o una actriz —piensa
Kazan— debe ser capaz de comprender no
Bandelaire y Mallarmé, que se frus­
sólo su papel, sino también los demás dr­ to en Valéry y que anunció su dia­
ía obra. Está convencido de que si un ac­
léctica en Rinrbaud, en Lautréamont
tor se identifica plenamente con el carác­
y en Apollinaire. Este es el sueno
ter de su papel, no le será posible echar
éste en el olvido. Puede olvidar exactaque ahora se está haciendo realu a
( Continúa en la pág. 15,)
concreta.

�cabalgata

M£dK#&gt;,att’jrxuu
(Viene d « la pág. i i . )

MAX

DI CKMANN

15
precisamente cuando más debía pre­
ocupar a los escritores brasileños.
Max Dickmann puede representar
un modelo admirable para servir de
inspiración en sus líneas más carac­
terísticas, tan necesarias de seguir
en nuestro continente. Exactamen­
te : Madre América, es y debe ser el
modelo insustituible para una con­
cepción novelística dentro de lo que
necesariamente exige América.
Podemos considerar las cuatro no­
velas de Dickmann como unidas por
ol mismo interés del problema hu­
mano. En todas ellas se debate el
grave conflicto del hombre con el
medio que quiere aprisionarlo en un
círculo extraño a su voluntad crea­
dora. Son, como es lógico suponerlo,
novelas sociales, si bien este término
ya no tenga la fuerza que poseía
hace veinticinco años, en tiempos de
Máximo Gorki y de Max Nordau,
que tanta influencia tuvieron en la
generación formada al iniciarse la
primera guerra mundial. Son socia­
les porque penetran hasta lo más ín­
timo de la sociedad contemporánea,
examinándola profundamente y de­
terminando su función orgánica en
las ideas de nuestro tiempo. Dick­
mann no es ni con mucho novelista
de crear simpatía fácil. No lisonjea
vanidades, no tolera falsos conceptos,
no se presta a sustentar en manera
alguna confusos principios, y ni si­
quiera se vale de recetas al uso. Son­
dea, analiza, señala con entera li­
bertad y con la máxima elevación
moral. Moral, según y cómo la moral
se entiende. Es decir, colocando los
puntos sobre las íes, sea donde fuese
que estén colocados los falsos prin­
cipios.
Algunos podrían pensar que este
novelista, por las ideas que contie­
nen sus obras, sea un socializante
o algo más todavía. A las personas
conservadoras les asustan las pala­
bras que definen ideas. Sin embar­
go, no por eso pueden evitarlas,
cuando estas tendencias caen sobre
las civilizaciones con fuerza demole­
dora. Entendemos también que un
hombre de ideas es el que expresa
principios ideológicos. Un novelista
que se precie de hombre de su tiem­
po, no podría —salvo que se enga­
ñara a sí mismo— pasar por alto los
problemas de su tiempo. Esquivar­
los, darlos por no existentes, sería lo
mismo que pretender tapar el cielo
con una mano. Así Dickmann no ha­
ce otra cosa que auscultar su época,
vivir la existencia torturada de su
mundo y captar en él todo eso que
nos presenta en sus obras sutiles y
penetrantes hasta lo más intimo,
donde hay una mirada de verdadero
vidente. Tal como si tuviese ante él,
en su mesa de operaciones, el cora­
zón del mundo al descubierto.
Entre1sus obras, una de ellas, me
refiero a Esta Generación Perdida,
me ha dejado con mucho de confu­
sión y tristeza. Confuso porque en
ella he visto el trágico panorama deí

mente las palabras, pero el eoirocimiento
i, su idiosincrasia le proporcionará las
palabras adecuadas para comunicar y
transmitir lo que significa.
Durante la tarea del ensayo, Kazan delica la primera semana —aproximada­
Por BRAULIO SANCHEZ ■SAES
mente una tercera parte del tiempo que
r,quiere la representación de una obra—
conversar con los actores, sentados alren t r e la nueva generación de novelistas argentinos se destaca desde un
i ¡dor del escenario; lee las partes de unos
tiempo a esta parte la personalidad de Max Dickmann. No precisamente
otros, hace preguntas y responde a las
por la abundancia de su obra, pero sí por la calidad que hay en toda ella.
ie le son hechas. Obligar a un actor a
tar sentado tanto tiempo es casi inhu­
Es un novelista que trató desde su iniciación, de focalizar diversas ideas
mano, porque lo que éste quiere es movi­
y sentimientos que se plasmaban en la civilización ríoplatense con evidente
miento escénico, mímica, gesticulación.
intensidad. Problemas, que, por otra parte, tenían necesidad de ser expues­
A veces Kazan charla sobre un deter­
tos como único medio para no dejar sin respuesta muchos interrogantes
minado papel con él actor correspondiente
mientras descansa del ensayo. Frecuente­
que surgían de la polémica o de las propias inquietudes de la juventud de
mente lleva al actor a un lado para una
nuestro tiempo, no conformadas con palabras únicamente.
conversación íntima. En lugar de ofenderse
La ficha bibliográfica de Max Dickmann es la siguiente: Europa.
por estos cambios privados de impresiones,
cuentos. Madre América, novela. Gente, novela. Los Frutos Amargos, no­
ol actor hace lo que agrada a Kazan, ge
■indo por la humildad del director hacia
vela, y su última producción, Esta Generación Perdida, novela publicada
su arte y por utr calor humano en parte
en 1945.
creado y en parte sincero. Al fin de la
Queriendo sintetizar las opiniones vertidas en torno a este escritor,
semana,'los actores llevan bien infundido
podríamos comprobar cómo las palabras más autorizadas de críticos de
ei deseo de adelantar la obra y el ansia
¿e mostrar a Kazan cuán bien se han iden­
América y Europa están acordes en determinar que Max Dickmann trajo
tificado con sus papeles. Es entonces cuan­
a la novela un tema nuevo, un modo diferente de focalizar los problemas
do se les permite abandonar las sillas. Peque centralizan las ideas actuales tan unidas en su fondo tanto en ésta
r0 va lia quedado claramente establecido
como en cualquier parte del mundo.
pie Kazan es el jefe absoluto, cosa fun,Amental. No es inaccesible a la sugestión,
Ante todo, este novelista no quie­ tos últimos tiempos degenerando la
„,&gt;ro una vez que ha resuelto una cosa, no
jav quien pueda hacerle cambiar.
re ser considerado un escritor de fic­ conciencia del lector, en virtud de
Kazan siempre habla suavemente; cuanción. según el concepto que ha sub­ la supina ignorancia y la mala fe de
&gt; alza la voz m&gt; es porque esté colérico,
sistido por mucho tiempo para con­ los editores sólo interesados en ga­
ero sí un poco excitado. Cuando ensaya
siderar a los novelistas. El novelista
nar dinero. Así llegó la novela a ser,
•ea entre los actores un fuerte sentimieni de cooperación. Se debe esto en parte
actual tiene que enterarse de mu­ tanto en el Brasil como en otras par­
que como antiguo actor que fué con
chos problemas, resumir conceptos,
tes del continente, sencillamente una
diida reputación, impone respeto a todos
definir
posiciones
y
crearse
una
pla­
aventura
de incapaces.
;os que trabajan a sus órdenes, y también
taforma ideológica. Es por esto que­
que comprende sus problemas mucho me­
jor que otros directores carentes de esa
so obra es diferente. Es posible qui­
experiencia. Por ejemplo, Kazan no dirá
la novelística de Dickmann, siga más
i un actor cómo ha de señalar con el dedo
la modalidad europea que la im­
,dií&gt;e o cómo ha de dar un paso. Juzga
plantada en América por la genera­
ue un actor que ha entendido perfectaente su papel, ejecutará esos movimien­
ción anterior a la nuestra. Y hay
tos con naturalidad, y cree que la parte
algo que me sugiere la expresión
ás importante do su labor queda reali­
profunda de Virginia Woolf, esa su­
za antes de que los actores abandonen
perposición de dos planos que se
is sillas.
Dirigiendo pelíéulas, Kazan se ajusta
combaten entre sí, en lucha constan­
, ,si a la misma técnica empleada en el
te. fuerzas de choque que, antagóni­
teatro aunque su autoridad no sea tan
cas, rechazándose, analizándose, ter­
grande a causa de las características del
minan por comprenderse al último;
regocio cinematográfico. Pero sin esta li­
lucha entrañable, que, al fin de
citación él so hace valer. Durante la fil­
iación de una película Kazan dispone cacuentas, conduce a examinar ínti­
i página del libreto en tres columnas. En
mamente las inquietudes que rodean
i primera, anota lo que hace el actor; en
e intimidan al individuo. Lucha no
.segunda, lo que debieraihacer, y en la
solamente de pasiones, sino también
■rcera la posición adoptada en la escena
a ei momento de la acción. Debido a esta
Max Dickmann
de encontrados sentimientos sobre
icción sistemática, no es Kazan un director
los graves problemas sociales de la
.presurado. El promedio de lo que un di­
Si se tradujesen novelas como las
actualidad.
rector puede filmar cada día no^ va más
de
Max Dickmann, y con él otros
Entre las obras de este escritor
allá de tves páginas del libreto. Kazan no
autores de su tipo, podríamos con­
Urna más de dos páginas. Pero los actores
bien vale examinar Madre América.
fiar en una eficaz evolución del gé­
gustan de su ritmo. Gregory Peck, primera
qué no comprendo cómo no está ya
igura de Acuerdo entre Caballeros, por
nero
de ficción, aunque fuese imitraducida a no menos de media do•jemplo, afirma que Kazan crea una com­
lando,
pero imitando buenos mode­
posición de lugar espiritual mejor que I cena de idiomas; especialmente al
los.
Con
esto no se quiere decir que
k
portugués,
porque
con
ella
podrían
ualesquiera de los directores con los que ¡
orientarse muchos novelistas brasi­ el Brasil no haya tenido sus impor­
na trabajado.
Representan una gran molestia para
leños en el arte de “ hacerse a la tantes ciclos novelísticos: el norte
Kazan las personas que le piden especifi­
con José Américo de Almeida y Jo­
mar’’, dejando de una vez la estulta
que las diferencias existentes entre dirigir
sé
Lins do Regó y otros de tendencia
novela,
manida
y
cursi,
de
imitación
ana película y una obra teatral. Sin emOargo, en uno de sus libros de notas se
de unos y otros autores, donde el individual como Jorge Amado, Oc­
ha ocupado de la cuestión y sus conclusio­
factor creador es negativo. Al par, tavio de Faría y Gracilianos Ramos,
nes abarcan considerablemente más que el
la novela cinematográfica fué en es­ para dar algunos ejemplos. Que los
rumiar experiencias con tono grave. En­
hay también en el acervo de un Ma­
tiende que tanto en el teatro como en el
Grupo Teatral, organización con sólo dos
chado de Assis, un Aluizio de Azecine debe ser evitado el diálogo, siempre
años de vida. A las cinco semanas le di­
vedo,
un Lima Barreto, un Julio
qne la acción sirva a ese propósito. 11 En
jeron que no poseía dotes de actor y le
Ribeiro
y un Raúl Pompéia. Los
¡as películas —escribe— mucho mas que
ordenaron abandonar el Grupo. El se ne­
en la escena se manejan no ya palabras \
malos modelos que han servido de
gó. Persistió durante dos años, realizando
acciones, sino lo que bulle en el corazóntareas como la de pintar los decorados y
inspiración han traído las malas
en los sentimientos de los protagonistas.
pegar recortes. Se le miraba con no disi­
concepciones
y, por resultado, la deLa cámara puede fotografiar los p e g a ­
mulado menosprecio por parte de algunos
cadet-.JÁt
del
género, que es ahora
mentos y los sentimientos” . Y hace noactores del Grupo. En un esfuerzo por
ar: “ Primero se ve, luego se oye. En la
conquistar su camaradería y aliviar así si
escena, el sentimiento de emoción no lle­
dolorosa soledad, llegó hasta aprender su
gará al auditorio a menos que se esté alerlenguaje suelto y su vestir descuidado. Y
a con la acción que surge de aquel sentifué lo suficientemente orgulloso para no
niento. En las películas puede fotografiar­
pedir a su padre en ninguna ocasión di­
ía la emoción estática. La esencia del teanero, ropas ni cosa alguna.
ro es concentración y penetración; la de
Harold Clurman que, coir Lee Strasa pantalla; acción, movimiento, ampliburg, dirigió el Grupo Teatral, fué de los
Corrientes 1135. 2? B
T. A. 35-0878 ■Buenos Aires
•ud” .
pocos que mostraron alguna consideración
Contrariamente al pensamiento que preAGENCIA AUTORIZADA
hacia el joven de ojos encendidos. Tam­
iomina en Broadway, Kazan dice que e.
bién entre ¡os que fueron objeto de burla
eatro es ilusión y ei cine realidad. “ La
cabe citar al joven Clifford Odets. Kazan
gente no gusta demostrar sus sentimieny Odets se convirtieron en íntimos ami­
’os. Los actores, sí. Esto es perfecto en el
gos, envueltos en la desgracia y fracaso
'scenario debido a que se tiene allí un mecomunes. Fué merced a las obras de Odets
,lio artificial. Solamente en los films se
— Waiting for L efty, Paradisc Lots, Golíotografía la experiencia real’’.
cien Boy y Xight Music— como Kazan
logró renombre de excelente actor. Su du­
Desde que Kazan llegó de Turquía,
ro semblante, ágiles movimientos y su ac­
uando contaba 4 años de edad, todo io
REVISTA MENSUAL DE LETRAS Y ARTES
titud antisocial hicieron de él el tipo per­
que le ha ocurrido hasta los últimos años
fecto para los papeles de “ gángster’’.
sirvió para robustecer su convicción de
P erú 973 - B uenos A ires
Pero Kazan estaba resuelto a llegar a ser
ue la sociedad le era adversa. Sus padres,
director. Durante los últimos años del Gru­
,uo son griegos, se mudaron desde Nueva
po sus esfuerzos en tal sentido viéronse
Desde el num ero 20;
York al suburbio de New Bochelle. Aquí
l'rustados y juzgó que debía alejarse del
cursó el bachillerato, sin tener amigos. Su
correspondiente
al mes de Ju n io próxim o
mismo.
padre, dueño de un próspero negocio de
Cuando
en
1941
se
disolvió
el
Grupo
venta de alfombras, se quejaba de que
Precio del e jem pla r : UN PESO
presentóseie una oportunidad. Su dirección
Elia gastaba casi todos sus ratos de ocio
de
Café
Corona
llamó
la
atención
de
en leer. Se graduó con altas notas, parti­
Suscripción anual: $ 10.— moneda argentina
Thornton Wilder y de Mayerberg y firmó
cularmente en matemáticas y ciencias.
contrato
para
poner
en
escena
Skin
of
Our
En el Williams Collego, donde ingreso
Teeth. Fué esta la mejor ocasión, en la que
en 1926 sólo tuvo Kazan tres amigos; nlu.
Pedidos Interior y Extranjero :
volcó todo el vigor de su talento.
donde él lavaba platos en una residen­
Lo que Kazan ha hecho hasta ahora es
D istribuidora T riunfo , Rosario 201, Buenos Aires
cia estudiantil, se le desarrolló un -rondo
nada en comparación con lo que se propo­
resentimiento contra la vida social. Se giane hacer. Su escuela de arte dramático fue
4uó cuto laude y, contra los deseos ue su
eclipsada por sus grandiosas ideas de lo
padre, ingresó en el Cuadro Dramático
que proyecta llevar a cabo en el terreno
Yále. Allí se encontró con un teatro con
O
cinematográfico. Sueña con hacer películas
FR A N Q U E O PA G A D O
«
o 2
decorados, bambalinas y luces. Todo es j
R E G IS T R O D E P R O P IE D A D
épicas que retraten a Estados Unidos y a
C oncesión N ? 3205
hh
era una invitación para sus manos cuadra­
IN T E L E C T U A L N ? 2 5 4 4 2 8
*3
su pueblo; películas que serán filmadas no
V«u
das de mecánico. Kazan era un mediano
OO
en estudios, sino en los campos, las minas
a
T
A
R
IF
A
R
E
D
U
C
ID
A
I
M P R E N T A
C H I L E
V cá
actor y motivo do befa. De ahí brotó su
ü
v las fábricas.
C oncesión N9 3799
P e r ú 5 65
B u e n o s A ire s
3
antagonismo al ambiente que ¡c vodca a.
P u b licació n a u to riz a d a por
“The Xew Y o r¿ T im es M ogazine” .
En 1933 se incorporó com í aprendiz a.

UN NOVELISTA DISTINTO

E

Avisos en CABALGATA

OFICINA TECNICA DEL LIBRO

mundo y el triste fruto heredado
por esta pobre generación, perdida
en absoluto, cuya decadencia y cu­
ya destrucción está en la propia ma­
triz familiar. Triste, porque es ver­
dad lo que en esta novela se dice y
se presiente. Fruto trágico de un
mundo equivocado que no supo lu­
char porque nació vencido, comple­
tamente vencido...
Pese a todo, es una obra construc­
tiva y, dentro de su exposición rea­
lista, fuerte y dura, enteramente
verdadera. No hay que hacerse ilu­
siones : es esta una generación per­
dida, absolutamente perdida, porque
no supo mostrar su integridad y,
ya adulta, fué dominada, como si
fuese una indefensa criatura.
Max Dickmann no suele gustar de
eufemismos engañadores, no cubre
las apariencias con sinónimos que
diciendo las mismas cosas pueden
prestarse a suposiciones erróneas. Y
hace muy bien. Inútil sería buscar
subterfugios para cosas tan eviden­
tes y tan claras. Ciertamente, le es
inoficioso cubrirlas con un falso
manto para que no séa tan real su
desnudez. Y lo curioso, es que, así
y todo, esa. verdad nos muestra en
forma consoladora, nuestra propia
miseria para que podamos tener lás­
tima de nuestra propia desnudez de
alma, tan escondida siempre en fal­
sas vestimentas, que poco disimu­
lan la pobreza moral de nuestros
cuerpos.
Magnífica obra Esta Generación
Perdida.
Entre los escritores que estudia­
ron la obra de este novelista, deben
destacarse, a la par de otros, Mau­
ricio Magdaleno, que compara a Ma­
dre América a La Vorágine, de Eus­
tasio Rivera y a Facundo, de Sar­
miento. También el profundo lírico
Gilberto González y Contreras, cali­
fica esta misma obra como: epopeya
burguesa donde se centralizan pro­
blemas de un denso e inconfundible
realismo. Erico Verissimo, el nove­
lista riograndense, dice que Madre
América es uno de los mejores libros
surgidos en la América Latina. Luc
Durtain, el novelista francés, indica
que es un libro que quisiera ver tra­
ducido al francés. Jorge Icaza con­
fiesa que la lectura de Madre A m é­
rica le dejó un recuerdo imborrable.
Alberto Lasplaces, el crítico urugua­
yo, realiza un substancioso estudio
diciendo que esa novela, tiene pági­
nas maestras, por su intención y por
su estilo. Fernando Díaz de Medina,
el escritor boliviano, afirma que
Gente es una obra “ donde se retrata
el choque entre el inmigrante y el
nativo americano, como nunca otro
escritor supo describirlo con tanta
naturalidad y evidencia’’. El crítico
norteamericano Maurice R. Sennett,
elogia diversas obras del autor, de­
teniéndose con preferencia en algu­
nas de sus novelas, proponiéndolas
como verdaderos modelos dignos
de ser imitados y difundidos en los
Estados Unidos. Miguel Alfredo
D ‘Elía, el fino poeta argentino, en
un reciente estudio de la obra total
de Max Dickmann, lo coloca a la ca­
beza de los mayores novelistas de la
hora presente. Lo mismo hace el pu­
blicista Orígenes Lessa, que últim a­
mente, en un artículo publicado en el
suplemento literario de “ 0 ‘ Jornal’’,
califica a Dickmann de novelista
distinto. Muchos otros nombres po­
drían citarse, que destacan el valor
de la obra de este original novelista.
Max Dickmann, escritor conscien­
te, sin complicaciones, realiza su tra­
bajo sin precipitación. Sabe que an­
da sobre buen camino y que su lle­
gada a la meta es segura. Su obra
representa, en la actual generación,
el esfuerzo más serio, más honesto
y mejor realizado de toda la novelís­
tica de nuestro continente america­
no.
Ya su nombre se impone en los
cuatro puntos cardinales de la Amé­
rica española. Sus obras han sido
leídas en diferentes idiomas, porque
su nombre marcha a universalizarse.
Veremos como cuando la Companhia
Editora Nacional — editora de E sta
Generación P erdida— que tiene pro­
gramadas las obras de Max Dick­
mann, las publique en portugués,
conquistarán la atención de los lec­
tores brasileños, que descubrirán en
él al novelista de nuestro tiempo.
( T r a d u c c ió n d e l p o r tu g u é s p o r R a ú l N a v a r r o )

�cabalgata

16

anticipa las realidades que
más tarde. Muchas
Ede selasartedescubren
funciones de la vida tienen
l

límites, pero el arte es ilimitado.
Posee un gran poder de investiga­
ción y renovación, una infinidad
de medios de expresión y una vas­
ta influencia externa. Pero esa’ in­
fluencia ha sido muy a menudo in­
consciente e irresponsable. En lu­
gar de anticiparse a los tiempos y
las realidades, tanto abstractos co­
mo concretos, algunos pintores sólo
saben girar en torno a sí mismos.
Por eso, han pasado a ocupar una
posición secundaria, intelectual y
socialmente, porque, aunque la ex­
presión de nuestro yo interior es
necesaria, no lo es nunca como una
finalidad exclusiva’. Cuando el in ­
terés fundamental de un artista se
sintetiza en su persona, se perderá
fácilmente en divagaciones arbi­
trarias, perderá su intención y re-

J oan J unyer. Proyecto de escenografía, realizado para la Sección de
Arte Dramático del Museo de Arte Moderno de Nueva York, 194&amp;

LA PINTURA
J oan J u n y e r . Hombre y mujer. (Tempera.)

huirá la conciencia y la respon­
sabilidad.
Hoy día, el campo de la’ pintura
se ensancha y el pintor debe salir
de su marco.
Creo que la pintura de caballete

es el centro dinámico, la célula bá­
sica, el punto de partida de la pin­
tura. Como tal, es limitada en sí
misma, pero infinita en sus realiza­
ciones. Por ejemplo, hoy no se pue­
de sacar un cuadro del caballete y

Colección Dr. W. O'D. Pierce, Nueva York.

- I ir
a

danza es una de las primeras

manifestaciones del arte. No es
Ldifícil
imaginarnos que el arte se
expresara con los pies, antes (pie
con las manos o la voz. La verda­
dera esencia de la danza, como ar­
te, se encuentra en la necesidad de
expresar nuestras penas o alegrías
por medio de movimientos ceremo­
niales. Y como tal, la danza crece
y se desarrolla a la par que nues­
tras necesidades. Con excepción de
algunas regresiones, avanza firme­
mente hacia la perfección de sus
leyes y la libertad de su expresión.
El ballet y la pintura son un ejem­
plo notable de la colaboración be­
neficiosa de dos artes. Cada una de
ellas ha hecho mucho por la otra.
Pero, en los actuales momentos, es
necesario poner al día la pintura
de ballet. El arte escénico, conce­
bido como fondo o marco, se en­
cuentra ahora en la última fase de
un período glorioso.
Hubo un tiempo en que los bai­
larines románticos, colocados fren­
te a un fondo romántico, bailaban
a los acordes de una música ro­
mántica y para un público román­
tico. Iloy es raro encontrar esa
unidad. Los casos de antagonismo
entre las tres artes, son frecuentes.
A veces, la pintura es un obstáculo
para la coreografía, y en otras,
ésta la obscurece o suprime por
completo. Mas, sin embargo, un
ballet con un telón negro y trajes
borrosos, es igual que un ballet sin
música.
La integración perfecta de las
tres artes, el que ninguna de ellas

juegue un papel subordinado, au­
menta el valor de la coreografía y,
gracias a ella, el ballet adquiero
una fuerza de universalidad. Claro
está que una colaboración tan ar­
mónica depende de una común uni­
dad de propósitos, de que el co­
reógrafo-compositor-pintor traba­
jen siempre como tales. Pero esa
unidad no debe convertirse nunca
en un cálculo excesivo, que coarte
la sensibilidad y no permita el li­
bre funcionamiento de las emocio­
nes.
La danza, como la escultura, de­
bería verse desde todos los lados y
no desde una sola dirección, como
ocurre ahora. Encuentro más na­
tural que el público se disponga
en un círculo, y no en una fila.
Pero como, por el momento, no se
puede disponer de un teatro redon­
do para el ballet, tenemos que ajus­
tar nuestro trabajo a la visión
frontal. Esto es más restringido y
difícil de lo que parece, ya que en
la “visión frontal”, se hallan in­
cluidos los asientos de los costados
y las localidades de los pisos al­
tos, tanto como las de la octava
fila, al centro.
El centro visual esencial de la
danza es el eje del movimiento.
El pintor debe dar vida, no al
marco ni al fondo, ni siquiera al
centro visual del movimiento co­
reográfico, pero sí asimilar y orga­
nizar la esencia de cada danza.
Gracias al ambiente estético, crea­
do por él, debe producir en el es­
pectador una identificación activa
y absoluta con los bailarines.

í

Joan J unyer. Cossiers, en el baile típico de la Isla
de Mallorca. 1928. Colección Me. Greewv, Dublin.
i
„ f &lt;¡f
1 /’
w r i ¡m r

1

CIARES II
Por R O B E R T ORA VES
T a isla de Mallorca, donde Joan Junyer solía pintar todo los veranos,
-*-1 antes de la guerra civil española, forma parte de España, pero su at­
mósfera difiere totalmente de la atmósfera turbulenta de la península. Los
isleños se enorgullecen de su calma y les gusta el saber que en la isla han
ocurrido pocos hechos de importancia histórica, desde que fu é conquistada
a los moros, en 1229. Los ingleses y franceses no han ocupado jamás Ma­
llorca y, excepción hecha de una rebelión contra los señores feudales, ocu­
rrida en 1521, no ha habido en ella una sola rebelión. J jo s mallorquines no
conocen las “ vendettas”, los crímenes de pasión o violencia, y consideran
la embriaguez una vergüenza.
Este espíritu conservador ha mantenido vivas las danzas populares,
relacionadas con los distintos festivales del año agrícola, festivales ante­
riores a las ocupaciones mora, bizantina, vándala y romana., y que datan
de la edad neolítica. Las danzas pueden compararse con las danzas populares británicas, tan antiguas como ellas, pero que, en su mayor parte, han
desaparecido a finales del siglo pasado. Los cornudos “ Cossiers” de Montuiri recuerdan a los bailarines del Yeovü; los “ Caballets” de Pollensaa los jinetes de Woodstock. E l industrialismo, los alimentos baratos e im­
portados y las capillas, acabaron con las danzas británicas. Esas fuerzas
no pueden operar en Mallorca, cuya principal riqueza la constituyen los
higos, el aceite, las almendras, los cerdos, las frutas cítricas y los cereales,
y donde las danzas están tan estrechamente unidas con la religión que, en
el pueblo de Alará, famoso por sus bailarines, la danza profesional comienza
dentro de la iglesia.
Las danzas populares se bailan con gran energía, pero sin el abandono
y el ardor de las fiestas populares andaluzas o gitanas. En los pueblos de
la montaña, el fondo lo constituyen casas de granito gris y olivares; en la
llanura, casas de piedra caliza, almendros y palmeras. Son danzas rituales,
que se bailaban originariamente en honor de la íbera Diosa Luna, patrono
de las frutas y cereales, que mantuvo su influencia en la isla hasta los
tiempos del cristianismo y cuyo poder matriarcal se siente aún oscuramente
en los pueblos. Los cuernos de toro y los caballitos de madera son reliquias
de los clanes totémicos que dominaban, y en una de las danzas de Valldemosa está representada por dos mujeres que describen círculos en torno a
un solo bailarín, con los brazos curvados sobre la cabeza, imitando la luna.
E l bailarín se arrodilla, deslumbrado, y extiende la mano suplicante, hasta
que una de las mujeres le indica con el gesto que se ponga de pie y baile
con ella. Los vestidos son tradicionales; los colores ricos, pero no chillones.
Los hombres llevan unos chalecos cortos y amplios calzones; las mujeres
faldas acampanadas, ceñidos corpinos negros, adornados en los codos con
botones de oro, y un “ volant”, o especie de halo lunar de encaje, rodeán­
dolas él rostro. Los instrumentos tradicionales son la gaita, el tamboril y
el flaviol.
La sordera de Junyer le ha impedido oírlos; pero, como Goya, sordo
también y con la misma y demoníaca intensidad de espíritu, ha sabido
cultivar un sentido supra-visual de la relación entre el movimiento y el
color, que l i e n s u s cuadros con todo el ruido de la fiesta.

llevarlo directamente al teatro, s'n
detrimento de la acción teatral. Ni
tampoco se puede hacer un mural,
ampliando dicho cuadro e impo­
niéndolo a la arquitectura contem­
poránea, sin detrimento de la in­
tegración visual de toda la cons­
trucción. En otras palabras, no

—

1

¡
POR

J O A N
J U N Y E R *
basta trasplantar un cuadro para
darle un lugar pertinente en la
unidad constructiva.
La organización de la vida ac­
tual crea necesidades y obligacio­
nes nuevas.
Del mismo modo que el edificio
va surgiendo de los planos, la rea
lidad interior de la ima'gen pictó­
rica debe asumir su debido cuerpy
su propia presencia física. Entor­
ces, la independencia y utilidad de
la p i n t u r a alcanzan una .'ealiztción concreta que sobrepasa los li­
mites de la pintura de caballeé.
Tina pintura fija y estática no
es el equivalente apropiado de
nuestra época.
Yo trato de realizar cuadros qu:
tengan no sólo uno, sino mucho;
aspectos: no una sola visión, qa
pueda convertirse en hábito rígid&lt;
y mecánico, sino visiones diversa
que estimulen, por caminos dife
rentes, ese sentido de la receptiv.
dad y esa curiosidad inquisitiv¡
que residen en el fondo de todo
nosotros. '
Un cuadro que sepa hacer us
de accidentes e incidentes tales ce
mo el cambio de las luces (la di
sol tanto como la artificial). 1&lt;
forma plástica y las diversas pos
ciones del ojo del espectador, ins ­
tará a ese proceso de constan! ■
adaptación y transformación qnr‘
constituye la esencia misma de
vida. De ese modo, el cuadro po­
drá ser asimilado libremente, en
vez de imponerse al espectador
con su presión frontal.
Yo lucho por conseguir un luga
constructivo para la pintura, aso­
ciada o, mejor dicho, integrada cM
las otras artes, por la ciencia y
técnica modernas.
La intervención directa del pii
tor, en el mismo nivel que sus d ■
más colaboradores, significaría noa
cooperación consciente y responsa­
ble. No debe juzgarse erróneamej
te como “un retorno al Renac
miento” (ya que el pintor de h&lt;
día tiene que hacer muchas uu
cosas que pintar), ni al colectivo
mo (es decir, al trabajo de un equ
po de artistas para la confección
de una misma pintura mural). Nin
guna de esas soluciones me parec
apropiada para' nuestra época. Creí
que ambas serían tan dañinas, cfmo si se aislara el artista en '■
centro del mundo, o fuera de él.
Joan Junyer, p in to r c atálán naciáo ^
B a rc e lo n a en 1904. re s id e n te en los Estada
U n id o s d e sd e el año 1942. Tiene obras en J
p rin c ip a le s M useos de E uropa. En la Pr,,n
v e ra de 1947, la B a lle t Society presentó
b a lle t d ra m á tic o en dos p a rte s titulado
M in o ta u r” , con m ú sic a de E llio t Cárter. WJ1,
Index, que d irig e n u e s tro conocido -bjn aJ|
K ir s te i» con P a u l M agriel, ha dedicado •
n u m e ro a J o a n J u n y e r , a su arte, a sU
y a los d e c o ra d o s y v estidos creados P°. ^
Do la re fe rid a p u b lic a ció n nos c(-mp
p ro d u c ir la s n o ta s que honran es.a P

�</text>
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                <text>Buenos Aires, mayo 1948</text>
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                <text>Derecho público</text>
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              <elementText elementTextId="2092">
                <text>Beach, Joseph Warren&#13;
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T A G. SA R FA T T I. - Hojas
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REVISTA

MENSUAL

Redacción y Administración
SAN MARTIN 689 31-3220
BUENOS AIRES

En homenaje a la memoria del General San Martin,
dedicará su número próximo (correspondiente a los meses
de agosto y septiembre) a
LOS DERECHOS DEL HOMBRE
Este número habrá de contener, entre otros materiales, la De­
claración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada por la
Unesco; una carta de Mahatma Gandhi; artículos de Victoria Ocam­
po, Bart Bok, Jean Piaget, Ezequiel Martínez Estrada, Carlos Sánchez
Viamonte, Carlos Alberto Erro, Sebastián Soler, Jaime Benítez, Al­
varo Fernández Suárez, Bernardo Canal Feijóo. Publicaremos, asi­
mismo, la reproducción de muchas fotografías que, conmemorando
el primer aniversario de la Declaración Universal de los Derechos
del Hombre, se expusieron en el Museo Galliera de París.
SUSCRIPCION
Argentina y América Latina:
Anual ........................................... • $ 40.—
Semestral .......................................... „ 20.—
Otros países: ..........
Anual ................................................
Semestral ..........................................
Número suelto: $ 4.—

$ 50.—
„ 25.—

�Qué es la H isto ria del A rte

La historia del arte, a diferencia de 1-j historia política o de cualquier
otra serie de acontecimientos pasados, goza de las ventajas y padece las
desventajas inherentes a cualquier intento de tratar actividades todavía
operantes, problemas sin resolver y gente viva aún. Por mucho que se
haya aprendido a sondear en los archivos y a deleitarse descifrando y pu­
blicando documentos, acercando así algún punto del pasado, dándole más
brillo y sintiéndonos más conmovidos por él; por mucho que disfrutemos
leyendo historia en bruto como simple res gestae —crónicas del tiempo pa­
sado— o con estructura y forma literarias como H e r ó d o t o , o T á c it o ,
V o lta ir e o G ib b o n ,

M ic h e l e t

o

M acaulay, T

r e it s c h k e

o

C arlyle,

esa historia se ocupa de lo que está muerto y desaparecido, trata aconte­
cimientos terminados y de individuos que ya no existen; y habla de cosas
que no podemos experimentar sino tan sólo conocer de oídas o por
lecturas. Con seguridad su influencia no se ha agotado, pero aun los his­
toriadores más talentosos rara vez logran rastrearla en el mundo de
hoy. La historia del arte, por el contrario, tiene que habérselas con obras
que aun están con nosotros, que aun nos llaman la atención como en­
tidades vivientes, como energías manifiestamente activas. Para quien, en
* Publicamos ton autorización de B. B. y de la Editorial Argos, Buenos Aires, un
capítulo importante del libro Aesthetics and History in the Visual Arts, que pronta­
mente aparecerá editado en castellano.

1

�la tarea de aprender el repertorio de formas corrientes en las distintas
familias visuales de la humanidad se haya tomado el mismo trabajo que
para adquirir el lenguaje verbal, todo el mundo del arte es vivo, con­
temporáneo, o está muerto del todo. Acaso sea posible enterarse de la vida
del pasado por las fuentes escritas, pero ningún informe escrito puede
ayudarme a imaginar cómo era un arte visual del que no sobreviven
ejemplos. No podemos darnos idea de sus cualidades específicas, ni de sus
configuraciones y estructuras. El único modo de acercarnos a él es a través
de la tradición, por su semejanza con un arte del cual nos han llegado
ejemplos adecuados, como ocurre con algunos de los nombres más im­
portantes de la antigüedad. Para citar un caso: ¿Cómo era una pintura
mural de P o l ig n o t o , o una obra de caballete de A p e l e s ? Los vasos deco­
rados por los contemporáneos más jóvenes de estos maestros, pueden dar­
nos una vaga idea.
La interpretación de inscripciones, la lectura cuidadosa de documentos y
diarios de acontecimientos prestan poco incentivo a la imitación.
En las cosas humanas no cuenta lo que existe, lo que sucede o lo que se
hace sino lo que se cree; en otros términos, su mito, su personificación.
La personificación sirve a la necesidad de elaborar ideas, principios y
causas que eleven el tono vital. Sin ella no puede haber entusiasmo (que
es el producto de la vivificante identificación de uno mismo con alguna
otra cosa) y sin entusiasmo no puede haber acción colectiva. Sin embargo,
es imposible entusiasmarse con una abstracción sin personificarla. En
nuestros días, para algunos de nosotros basta la personificación. En el
pasado no podía detenerse ahí y llegaba al antropomorfismo, como aun
sucede con los más de nosotros. El proceso creador de mitos es análogo.
Toda personalidad elevadora del tono vital se convirtió en héroe, en
sentido mitológico. Toda personalidad permanentemente elevadora del
tono vital era un dios. La personalidad más elevadora del tono vital que
sea concebible, es Dios.

2

�Los mitos, por absurdos que sean, tienen la naturaleza del arte, y elevan
el tono vital, como todo arte. No podemos evitar la búsqueda de paralelos
para justificar, inspirar e iluminar el presente y darle atracción y respe­
tabilidad. Se podrían citar cientos de casos del pasado en que los autores
llegaban a obtener crédito para sus obras atribuyéndolas a un famoso pro­
feta, legislador, poeta o héroe de la antigüedad, a Homero u Orfeo, a
David o Salomón, a Isaías o Enoch, a Virgilio o Merlín. Para no ir más
lejos de los últimos ciento cincuenta años y limitarnos a las artes visuales,
¿qué estilo no encontró justificación e inspiración en el pasado, al apar­
tarse de su predecesor? El estilo imperio en la época de Augusto; el
romántico en Monreale, la Alhambra, Belén o la Sainte Chapelle; el
Francisco I en los castillos del Loira; el art nouveau en Egipto o Creta;
el estilo actual en la escultura negra, y el de mañana en la plástica
papú y en los penachos peruanos.
La tarea del historiador del arte es elevarse, no por encima de valores
inmutables, sino sobre las preferencias provocadas por las modas, las
rachas y las histerias del momento. Debe superar sus prejuicios perso­
nales y su exclusivismo elegante y aprender a apreciar los sucesivos estilos,
primero por sus méritos intrínsecos, por pequeños que sean, y luego por su
valor viviente en un plan de vida humanístico.
El estilo, hemos dicho, es un modo constante e inexpugnable de ver las
cosas, y la historia de las artes de representación visual debería ser la
historia de los sucesivos modos dp ver el mundo y todo lo que está en
él; en una palabra, la historia de los estilos.
La historia de la literatura durante generaciones se ha escrito como
relato de los sucesivos modos de imaginar la vida que a uno le hubiera
gustado vivir y de los intentos de explicar estas maneras a través de las
teologías, las filosofías y las seudo-ciencias. De igual modo la historia
de la música es estudiada como una sucesión de penetraciones y descubri-

X

�mientos en el dominio del sonido, profundizando y ampliando nuestro
universo auditivo y nuestra capacidad de gozarlo.
Cualquier otrol tipo de lo que hasta ahora se ha considerado historia del
arte debería subordinarse a este único propósito. La investigación es
valiosa en tanto ayude a reconstruir los elementos y fragmentos de un
estilo como lo ha hecho la arqueología clásica. Los eruditos de los
últimos cien años han sacado a la luz nuevamente los estilos de la pintura
y escultura del siglo xv, casi completamente tapados, en Francia y Flandes,
en las cuencas del Rin y del Danubio, pero quizá la más importante de
todas las resurrecciones ha sido la de los artistas toscanos y veroneses del
siglo xiv y de los florentinos y venecianos del xv. La historia de la téc­
nica también ha aportado valiosas contribuciones; por mi parte tengo
una deuda de gratitud con un libro que me enseñó mucho de lo que aun
hoy deberían aprender otros: me refiero a la H i s t o r y o f O i l P a i n t i n g de
C h a r l e s E a s t l a k e . Y en este momento muchos sacarían provecho leyendo
los luminosos tratados de D e n m a n Ross y D a n ie l T h o m p s o n . E s cierto
que los períodos formativos de un estilo deben ser adecuadamente consi­
derados. En ningún caso, sin embargo, el historiador del arte debe dejarse
engañar por una complaciente indulgencia con estas ocupaciones subal­
ternas, y creer que está escribiendo la historia del arte. Sobre todo, no
debe desperdiciar sus energías y nuestra atención en falsas cuestiones
de origen. Los orígenes deben reconstruirse sólo en la medida en que,
dentro del horizonte presente de actividad intelectual, se relacionan con
nuestras preocupaciones específicas. Su interés deriva de las entidades
cuyos comienzos intentan estudiar. La tendencia de las décadas recientes
ha sido olvidar esas entidades. Es más excitante para nosotros el estrato
paleolítico y los tugurios neolíticos que esa obra maestra de I c t in o
y F id ias que durante dos mil trescientos años el mundo de la cultura
ha venerado con el nombre de P a r t e n ó n . No debemos olvidar a Chartres
en su esplendor mientras buscamos su germen.
Los historiadores de hace algunos siglos no podían componer la historia

4

�de su ciudad natal sin remontarse a Adán y la creación) o por lo
menos a Noé y el diluvio. Como lo ha dicho recientemente un admirable
ensayista inglés, los frutos y no la raíz deberían ser el objeto de nuestra
atención y admiración. El interés por las raíces es las más de las veces
un rasgo de esa pedantería de rastacueros que caracteriza tanto el auto­
mático picoteo de los tontos “camaradas investigadores” en nuestras innu­
merables escuelas de conocimiento inútil.
La investigación no hace la historia. Tan sólo suministra material para
la historia. A veces es pobre, deleznable, inútil para construir y apenas
sirve de relleno para tapar un agujero.
El valor de la investigación depende del terreno donde se aplique. En
el dominio del arte clásico griego y del italiano del Quattrocento y
Cinquecento., el erudito más mediocre puede desenterrar una inscripción,
un fragmento o una medalla; o descubrir un documento en un archivo
o una firma en un cuadrp; puede hacer detalladas estadísticas sobre el
número de veces que en el arte de la Edad Media Nuestro Señor bendice
con tres dedos, cuántas veces con dos y medio, y cuántas con dos úni­
camente; o con qué frecuencia Santa Catalina tiene la rueda y San
Andrés la cruz a la derecha o a la izquierda. La investigación va
perdiendo importancia cuando el arte al que se refiere es periférico, es­
téril, sin ningún efecto fecundante, como ocurrió con la mayor parte del
arte catalán o ligur medievales, así como con casi todas las últimas
fases del arte cristiano oriental. Las investigaciones microscópicas en esta
línea no llevan más lejos que las abejas de la anécdota del rey que quería
una historia sin fin. Un caminante le ofreció el cuento y empezó diciendo:
“Había una vez una colmena, y entró una abeja, y después entró otra
abeja, y otra y otra.” Continuó así hasta que el rey aburrido preguntó si
no podía seguir adelante. “Hasta que todas las abejas estén adentro, no.”
“¿Y cuándo ocurrirá?.” “Nunca.”
La historia del arte, si ha de ser algo más que un modo entre otros de

5

�proteger del error a los adolescentes de todas las edades, debe evitar la
excesiva curiosidad por las escuelas menos significativas, escuelas basadas
en gran parte en copias sucesivas, y que no llevan a ningún lado, como
ocurrió con el gótico tardío y con mucho del llamado cristiano primitivo,
del carolingio, con la mayoría de los demasiado numerosos manuscritos
iluminados de la scriptoria inferior del período otomano y del siguiente,
y con mucha pintura medieval florentina y sienesa, para no hablar de la
provinciana en la cual yo mismo perdí tanto tiempo y lo hice perder
a otros con mi ejemplo.
La historia del arte es el relato de lo que el arte ha creado, de los
problemas que ha debido resolver antes de producir sus obras; de lo que
pudo lograr y transmitir; de las necesidades espirituales que expresó, lle­
vándolas al campo de la conciencia; de las dificultades técnicas o psico­
lógicas que le impidieron brindar mejor fruto en un momento dado. Se
referirá a las formas artísticas que a lo largo de las épocas los artífices
y artistas presentaron al público; cómo se relacionaron entre sí esos
objetos, cómo eran iluminados y colocados. El público sólo puede aceptar
o rechazar. No puede inventar ni creer que espera algo definido. Pero no
es completamente pasivo. En los tiempos históricos al menos nunca se
vió privado por completo de la capacidad de elegir, por limitada que haya
sido. Aun en el Egipto predinástico los recursos del individuo y quizá su
gusto decidían si sus cuchillos serían de bronce, obsidiana o pedernal,
con las leves variantes de forma impuestas por las diferencias de consis­
tencia y color del material empleado. Hoy la elección parece ilimitada.
Pero sólo en apariencia; porque en cuestiones artísticas no deseamos
apartarnos de una convención que hemos aceptado con o sin lucha.
Poco nos esforzamos para conocer las otras convenciones, pues suponemos
que son innumerables y que no nos conciernen. Sin embargo, no son
numerosas. En realidad son pocas. Dos o tres escalones y hemos pasado
de B o u g u e r e a u a D a l í . ¡Cuán similares parecerán un día estos dos pin­
tores y todos los intermedios entre ambos! ¡Piénsese con qué facilidad

6

�cualquier turista aprende a reconocer que un cuadro es un primitivo!
Esto significa que ciertas obras pintadas en Italia y Cataluña, en Francia
y Flandes, en las tierras del Rin y del Danubio, tienen hoy para
nosotros algo que las une a pesar de las divergencias de carácter o calidad.
Y sin embargo, a sus contemporáneos las dilerentes escuelas o ios artistas
individuales no les habrán parecido menos distintos unos de otros de lo
que nos parecen los nuestros.
y M a sa c c io , N e r i , el hijo de Bicci, y F r a F i l i p p o ,
C o sim o R o sse l l i y B o t t i c e l l i : ¿qué pintores de los últimos cien anos
han sido más dispares que estas parejas de contemporáneos metidos en ia
misma jaula que fué la pequeña Florencia del Quattrocento? Hubo en ia
lejana China, en la misma época, otro grupo de artistas aun más dispar,
tanto que los pocos europeos que los conocieron no sacaron mucho en
limpio. Les pudo decir solamente poco más que una página de la escritura
Devanagari a quien no sabe leer sánscrito; porque, como hemos tenido
ocasión de afirmarlo una y otra vez, hay que aprender la representación
en el arte como se aprende cualquier otra lengua, aun la materna.
B ic c i

di

L orenzo

Por eso es temerario hablar, escribir, y disertar sobre el arte de una épo­
ca dada como si fuese la expresión no sólo completa, sino necesaria de esa
época. Como si fuese la Geistesgeschichte —el santo y seña de la recien­
te historia del arte alemana—, la historia del intelecto o del espíritu en
general. En realidad, el arte de un período expresa sólo lo que logran
decir quienes lo practican, y esto depende no tanto del genio individual,
de las condiciones de su oficio y de sus preferencias y curiosidades, sino
también de su talento. El talento es la capacidad de usar y mejorar los
medios al alcance de la mano, los instrumentos, la técnica que se ha
adquirido en la escuela y quizá perfeccionado. El hombre de genio, sin
este capital heredado, se vería casi en los mismos aprietos que el profeta
sin lengua ni pluma. Ni siquiera un B l a k e pudo prescindir de la ense­
ñanza del pasado; pero como no tuvo maestros eficaces que se la impar-

7

�ti eran, hubo de atraparla por su cuenta y tenninó vertiendo su miel y
r,u lava en los moldes de F useli y M iguel ángel juntos: una extraña
mezcla.
;
.. ...

Ningún arte por separado, ni siquiera todas las artes juntas, puede es­
perar que en un momento o en un período ha de dar adecuada expre­
sión a lo bueno y lo noble latentes en el ser humano, y a todo lo que
el genio puede descubrir, ordenar .y usar para la Casa del Hombre en
permanente construcción y elevación, a pesar de las tendencias bruta­
les de nuestra naturaleza animal.
Es tarea de la historia del arte descubrir e interpretar las configuracio­
nes y composiciones presentadas a las distintas sociedades humanas para
su admiración e instrucción, distinguiendo aquéllas que aun tienen ca­
lidad de obras de arte de las otras que apenas pasan de meras manu­
facturas y curiosidades, para demorarse amorosamente en las primeras y
deslizarse rápidamente sobre las otras, entregando algunas de las últi­
mas al etnólogo, a los efectos de una más amplia investigación. La his­
toria del arte debe tratar de descubrir cómo recibieron los varios modos
de representación las comunidades a las cuales les fueron ofrecidos; cuá­
les permanecieron durante generaciones o aún permanecen; cuáles fue­
ron sólo modas pasajeras; cuáles dieron satisfacción a los círculos más
avanzados de una sociedad determinada; cuáles, por otra parte, a sus
grupos menos nobles; sobre todo, qué manera de ver contribuyó más a
cimentar nuestro surtido de imágenes y a convertirlas en clásicas, es de­
cir, siempre contemporáneas. La historia del arte debe ir más lejos y
tratar de ver qué correspondencia había entre las representaciones vi­
suales y otras expresiones de la vida de un período, la literatura, por
ejemplo, la música, el teatro, lo mismo que la filosofía, la teoría polí­
tica y moral, y por supuesto la religión. En resumen, el estudio de los
sucesivos modos de ver puede usarse como documento, el más informa­
tivo de la historia general de la humanidad.

8

�A modo de ilustración tomemos a R afael y T iciano , que aun ocupan
posiciones centrales en el mundo del arte. Contra el segundo nunca hu­
bo rebelión, que yo sepa. La admiración por el primero, excesiva en una
época, sufrió cierta mengua en los últimos cien años; pero los pintores
y los críticos, uno por uno, vuelven a arrodillarse ante él. Valdría la pe­
na no sólo investigar los modos de ver que precedieron y formaron a
estos dos grandes maestros —lo cual en cierto sentido se ha hecho muy
bien en nuestro tiempo—, sino también aquello que, en sus respectivos
estilos, determinó su rápido advenimiento a la posición que han ocupa­
do desde entonces.
El arte crea obras maestras que son primero una revelación y una ale­
gría; después de un tiempo se convierten en una luz, una guía, un mo­
delo. Además, el arte nos enseña a sentir y ver lo que, abandonados a
nosotros mismos, que' no somos artistas, no hemos visto y quizá nunca
veríamos. Tómense por ejemplo los nuevos tipos de belleza femeninos
y masculinos. ¿Quién no ha notado la súbita aparición de un tipo de
mujer que no habíamos conocido antes? Se diría que algún pintor o
escultor lo creó por puro capricho. Pero he aquí que empezamos a verlo
en todas partes, no sólo en los salones más selectos, sino en la calle, en
los trenes, en los ómnibus. ¿Cómo no lo vimos antes? No 1ra podido bro­
tar durante la noche. Estaba siempre allí, pero no sabiéndose digno de
atención, ni pensaba en el modo de manifestar sus cualidades. El artis­
ta, ayudado por los modistos, los sombreros, los peinadores, logró su
autorrevelación.
En mi juventud había en la Vieja y Nueva Inglaterra los tipos R ossetti
y Burne J ones, que admirábamos. Les siguieron otros, inspirados prime­
ro por Botticelli, y luego por los tipos áticos de principios del siglo V,
las primeras Cores redescubiertas en el Acrópolis. Más tarde, las duras y
distinguidas mujeres de Sargent conquistaron Boston, luego Nueva York,
para terminar siendo el ídolo del Londres imperial. Entonces apareció

9

�en todo el mundo anglosajón a la moda la Gibson Girl con su compa­
ñero, ambos severamente elegantes, socialmente blasés y espiritualmente
vacíos. Tampoco París dejó de sufrir la influencia de las lavanderas y
bailarinas de D egas y de los apaches femeninos y masculinos de L a u t r e c
y F o r a in . En el segundo Reich, hombres y mujeres llegaron a tener una
apariencia tan arrogante, tan seudodistinguida, lánguida y recelosa co­
mo la que pintaba L e n b a c h .
Lo mismo ocurre con la naturaleza. Cabe preguntarse qué obras dura­
deras crearon los pintores impresionistas. ¡Pero si no nos hubieran abier­
to los ojos para ver el color del mundo! Éste solía limitarse a los azules
y grises, al verde vegetal y al verde botella, a los amarillos, rojos, ber­
mejos, separados unos de otros casi como piedras y granates en un en­
gaste. Los impresionistas nos enseñaron a ver matices de rosa, de púr­
pura, de bermellón, a gozar de la sonoridad de los verdes de malaquita
y las notas aflautadas del azul cobalto (si se me permite usar estas ana­
logías) , colores cuya descripción sólo podemos intentar comparándolos
con manzanas, duraznos, damascos, naranjas y limones. Y quienes prime­
ro vieron, con conciencia que las veían, sombras transparentes y colo­
readas, para apreciar la belleza del liquen en los troncos de los árboles,
de la hoja caída y de la brizna en el camino, por no hablar de los refle­
jos traslúcidos del mundo floral.
El deportista que se encontró con S ir J o h n M il l a is mientras pintaba
Chill October, no hubiera mirado sobre su hombro para exclamar: “Va­
mos, vamos, buen hombre, todos sabemos que los campos son verdes y
los cielos azules. No haga tonterías”. Aunque M il l a is estaba lejos de ser
un impresionista, lo que veía iba más allá de lo que hasta un deportista,
seguramente observador dé' la naturaleza, podía o quería ver.
En realidad, seguimos aprendiendo a ver no sólo en la primera infancia,
sino también durante toda la vida. Al salir de manos de la niñera y mien­
tras continuamos creciendo, únicamente el arte nos enseña. Tal vez es­

10

�temos al comienzo de la revelación. No podemos concebir qué nos en­
señarán los artistas, de no mediar una catástrofe, a apreciar en la natu­
raleza, y menos imaginar qué obras maestras nos reserva para el futuro
el genio creador; tampoco I c t in o y F id ia s pudieron sospechar la exis­
tencia de Chartres y Ruán, de Reims, Amiens y Beauvais; ni los pinto­
res pompeyanos pudieron prever, mientras hacían los fondos de sus obras,
los paisajes de R e m b r a n d t , R u y sd a e l , C l a u d e o C é z a n n e .
Si la historia del arte ha de ser una interpretación de las configuraciones,
de las formas, de las composiciones que de generación en generación, de
década en década la humanidad ha tenido el, privilegio de ver y vivir,
se infiere que en los períodos históricos debemos disminuir nuestro in­
terés por el artista individual e ignorarlo casi, como lo hacemos en el
arte prehistórico. Las vidas de los más grandes genios lo mismo que la
historia de sus realizaciones, debemos dejarlas a los biógrafos, y cuanto
antes, pues los M ig u e l á n g e l , los C a r a v a g g io y sus semejantes nunca do­
minaron por completo a sus contemporáneos, como A l e j a n d r o , N a p o l e ó n
y otros hombres de acción dominaron los suyos. La historia de las ac­
tividades de un artista desempeña un papel mucho menos importante en
el arte de su tiempo que la historia del hombre de acción. Por eso no
es nada fácil separar la biografía de la historia en el caso del individuo
que cambió más que ninguno el aspecto total de la política, la cultura
y la civilización mediterráneas. Hasta nuestros días, veintidós siglos
después de su muerte, aun dividimos el pasado del mundo entre lo que
precedió y lo que siguió a A l e ja n d r o e l G r a n d e , así como no podemos
dejar de dividir la historia reciente en antes y después de la Guerra
Mundial. Pero no ocurre lo mismo con los mejores artistas, Por cierto
es de desear que conozcamos a M ig u e l á n g e l , pero la mayor parte de sus
contemporáneos cercanos en la misma Italia prosiguieron su camino igno­
rando su existencia. No hay ninguna traza de él en G io r g io n e o el joven
T ic ia n o , ni en cualquier veneciano mucho antes de mediados del siglo xvi.
En el norte D u r e r o apenas demuestra haberlo conocido, y H o l b e in

11

�menos. En cambio, ¿qué importante contemporáneo de A lejandro,
N apoleón o C ésar pudo permanecer impasible? Cuando C atulo se jacta
de que C ésar no significa nada para él, está confesando lo contrario:
que en realidad significa mucho.
Sin embargo los hombres de acción se convierten cada vez más en vagos
mitos, si es que de alguna manera se los recuerda; en tanto que la per­
sonalidad artística del pintor, del escultor, del arquitecto, del escritor,
tan diferente de la cívica, sigue viviendo en las obras que se conservan.
La influencia de estas obras puede actuar de una manera creciente durante
generaciones después de la muerte física de su cieador. Nadie en vida
de M iguel ángel , ni siquiera T intoretto, le debió tanto como R ubens
un siglo más tarde. Sus formas, su movimiento, su modo de crear, sus
espacios aun eran fuerzas vivas en el siglo xix, no sólo en Francia sino
también en la Inglaterra prerraiaelita, como lo manifestó A lfred G eorge
Stevens. Piénsese en lo que B urne-J ones debió a Era F ilippo L ippi y a
M antegna. Hoy, los más admirados pintores de nuestro tiempo, ¿no se
han vuelto hacia P iero della F rancesca y los todavía oscuros C osimo
T ura y E rcole R oberti, cuyos nombres no tuvo presente ningún artista
durante siglos?
Entonces, las que cuentan son las obras vivientes y no la biografía del
artista. Estas obras vivientes componen la personalidad del artista, a di­
ferencia de la personalidad civil, biográfica y sólo ella es de interés vital.
Las anécdotas, las asociaciones, todo lo que no se revele claramente en
las obras, no viene al caso y retarda nuestra comprensión dé las mismas.
Las personalidades artísticas son el equivalente de los distintos modos
de ver y tienen algo de la naturaleza de lo imprevisto. ¿Quién negará que
esta imprevista diversidad pueda manifestarse como genio? ¿Qué es el
genio, en nuestro campo por lo menos, sino la reacción creadora contra
sus progenitores y maestros? Para nosotros lo que cuenta es la manifesta­
ción que ha prevalecido, que nunca fué olvidada, o que si lo fué revivió

12

�fácilmente. En la historia del arte, como en el curso de los demás
acontecimientos, hay lugar para cierta actuación de lo inesperado, de lo
que no se puede predecir. ¿Hubiéramos tenido el modo miguelangesco sin
M iguel ángel , el modo giorgionesco sin G iorgione, las maneras de ver de
T intoretto, de V elázquez, de R ubens, sin los temperamentos de estas
personalidades individuales? El curso probable del arte florentino debería
haber terminado en los Sansovino y en A ndrea del Sarto, no en M iguel
ángel ; y los pintores venecianos del Quattrocento deberían haber termi­
nado en Basaiti, en Bissolo, quizá en C atena, posiblemente en P alma,
no en G iorgione y su sucesor T iciano.
L eonardo puso ante los ojos de un público asombrado y fascinado, algo
nuevo, algo nunca visto. Series de discípulos, continuadores e imitadores,
popularizaron su visión de las cosas en Italia y en los Países Bajos, en
Francia y en la misma Alemania. Sin embargo no hay acuerdo en cuanto
a lo que este genio concibió y realizó con sus propias manos.

Parecería, pues, que la visión del gran maestra tuvo tal poder de trans­
formación, pudo imprimirse tan profundamente en todo lo que cayera
dentro de su órbita, que sus imitadores podían comunicar la revela­
ción tan bien como la propia mano del creador.
La historia y la experiencia muestran que al público culto le interesa, no
la vida de la vida que sólo el toque del artista puede encender en
nosotros, sino la visión del artista, y ésa se la proporciona tanto el artista
leonardesco como L eonardo, tanto el artista bellinesco como Bellini, etc.
Y por último al público le interesa el nudo, la idea central, y la encuentra
en los continuadores de los grandes maestros, pero más avanzada, sim­
plificada y previamente masticada, como lo estaba en un L uini, por ejem­
plo, en mayor grado que en el mismo L eonardo. Puede observarse sin
cinismo que L uini dió al público más culto de las recientes generaciones,
guiado por R uskin, todo lo que podía tolerar de L eonardo. R uskin
no vaciló en exaltar la Crocifissione de L uini en Lugano, "por sus cua­

13

�lidades religiosas y artísticas, la obra más grande del sur de los Alpes y
de la misma Europa”, y de este modo lo puso por encima del mago
florentino.
La actitud popular hacia el arte, su indiferencia a todo lo que no sea
lindo o brillante, la ilustra el seudo F rancesco F iorentino, nombre colec­
tivo de una empresa donde se producían en gran número copias de F ra
F ilippo y P esellino especialmente, de color brillante, de un efecto seme­
jante al esmalte, pero casi desprovistas de las transiciones que requiere
el modelado para obtener valores táctiles. Me han dicho que una de las
obras maestras de P esellino fué devuelta de diversos museos de América,
porque no podían apreciar su diferencia con una copia del taller antes
mencionado. ¿Nosotros lo hacemos mejor? Sin duda, pero ¡a qué precio!
En el caso de L eonardo, la pericia me obligó a creer que participó en el
Battesimo de Verrocchio, no sólo en el gracioso ángel sino en muchas
otras cosas que no son tan graciosas y que le pertenecen; que el sutilmente
desagradable David atribuido por lo general a Verrocchio, bien puede ser
suyo; que la fea Madona del Ermitage, la de la sonrisa un poco tonta de
Munich, así como la Annunciazione un tanto vacía de los Uffizi fueron
concebidas y ejecutadas por él. O tomemos a Correggio: su personalidad
artística ha ganado poco con el descubrimiento de sus primeros esfuerzos,
antes de que su genio alzara vuelo. En muchos casos, la búsqueda de las
fuentes de la visión del gran maestro ha permitido encontrarlas, mas para
confundir la visión. ¿Se ha facilitado la comprensión coherente y la cap­
tación esencial del estilo de Botticelli, ahora que hemos seguido sus
huellas hasta las cocinas y bodegas de V errocchio y otros cocineros y mixturadores de dudosas porciones y pociones?
No es el chapuceo ni la afinación de los instrumentos lo que vale, sino
la expresión total y en las artes de representación visual lo más crista­
lino, lo menos disperso es lo que cuenta: no el R afael que apenas puede
distinguirse del P erugino, como en las obras para Cittá di Castello, o de

14

�su aprendiz G iulio R omano , como en la Fornarina Barberini y en la parte
inferior de la Trasfigurazione, sino el R afael de las Madonnas, desde la
del Granduca hasta la Sixtina y de los frescos de las Stanze. Ésta es la
visión que durante más de cuatro siglos pocos han dejado de amar y
anhelar como un estado ideal de existencia.
La historia d el arte, pues, a diferencia de la historia de las técnicas y de
las biografías de los artistas, debería ser un registro de los sucesivos aun­
que no siempre continuos modos de representación. Lo que interesa en la
práctica es la clase de representación —ya se le conceda el nombre de
visión, o se la exalte llamándola revelación—, la clase de mundo que se
ofrece a nuestros ojos por medio del diseño gráfico. Esto, admitiendo sus
propios modos de expresión, se aplica también a las otras artes: a la li­
teratura, a la música y a su hermana melliza, la arquitectura. ¿Qué es, por
ejemplo, R ousseau sino un modo particular, coherente y en su tiempo
revolucionario, de sentir la sociedad como un todo? ¿Qué son los román­
ticos que vinieron después y los naturalistas, los realistas que siguieron
cada vez más rápido? En la música, su completa laicización se relacionó
con el nombre de M ozart, hacia fines del siglo xvm , quien permitió que
Beethoven nos hiciera sentir al mismo tiempo el anhelo y el deseo de una
vida plena y noble y las desconcertantes deficiencias de nuestra naturaleza
que nos impiden alcanzarla, y capacitó a W agner para que nos hiciera
sentir claramente, la inexorable fatalidad que guía las magníficas energías
elevadoras del tono vital hacia la frustración y la tragedia.
No necesitamos insistir: el público, tanto como los que escriben sobre arte,
piensan en un estilo y una calidad y no en una personalidad civil cuando
hablan de tal músico, poeta o artista visual del pasado. En esencia, la
palabra Rafael no difería en su significado de la palabra Renacimiento,
o, como solían decir nuestros bisabuelos, Escuela romana. Cualquiera de
esas expresiones alude a una cierta clase de estrúctura, a una cierta dis­
posición de ánimo y a una cierta cualidad del ser.

15

�No es que yo aliente el abuso de la idea alemana de Volk, afortunada­
mente intraducibie y todavía menos domesticada en inglés corriente. El
pueblo (folk) como pueblo, nunca ha originado, nunca ha creado nada.
Esta palabra designa, en el mejor de los casos, una abstracción que abarca
cierto número de individuos pertenecientes a la supuesta capa básica de
la sociedad. Cuando crea algo, lo hace por intermedio de un individuo
talentoso que surge de esa masa, en otras palabras, gracias a un prodigio
que lo inventa, no a un cuerpo místico que expresa los mensajes de la
Madre Tierra. El individuo cuenta muchísimo más en las fases evolucio­
nadas y perfeccionadas del arte. Nunca se exaltará bastante la contribución
de un G io r g io n e , un D u r e r o , un R e m b r a n d t , un W a t t e a u . Sin embargo
los más grandes innovadores, en tanto que individuos, afectaron ligera­
mente el registro en el que se inscribe la manera cómo una sociedad
siente, percibe y anota a través de las sucesivas edades, lo que el genio
le ha permitido ver.
Hace cincuenta años el vienés A lo is R ie g l intentó tratar el arte de esta
manera en un elaborado ensayo cuyo título podría ser Artes y oficios del
romano tardío. Como los objetos manufacturados a los que se refiere
no tienen contenido espiritual ni impulso de elevación, no ha sido tradu­
cida a lengua occidental, aunque no conozco otra publicación en nuestro
campo, más indispensable para los estudiosos serios. Tanto se ha descu­
bierto, discutido, clasificado y fechado desde su aparición, que muchos
de sus resultados y argumentos pueden desecharse. El propósito, la di­
rección, el método, quedan.
La relativa modestia del material estudiado y el hecho de que no se lo
relacione con nombres de artífices, ni siquiera con la precisa región de
origen, hace más fácil aceptar un tratamiento impersonal y casi no local.
El tema es que los artífices y artistas de fijies de la antigüedad fueron
cansándose cada vez más de la forma, haciéndose más indiferentes a la
configuración, pero más adictos al color y aun más al juego de luz y

16

�sombra; además, que se complacían en el espacio abstracto y en una
composición completamente separada de los fondos, ya sea paisaje o ar­
quitectura, existiendo, por así decirlo, en el infinito.
No es necesario aceptar todo esto, y confieso que la cuestión del espacio
me deja indiferente. Pero el hecho de que sobreviniera en las artes un
cambio gradual, paralelo al del sentimiento religioso que culminó en el
triunfo de ideales ascéticos, es indiscutible. La indiferencia a una civi­
lización mundanal produjo una rebelión contra la gloria y esplendor del
helenismo en favor de la concepción judía del mundo, combinada con el
hastío copto-alejandrino de la vida que caracterizó al cristianismo.
R iegl tuvo muchos precursores ignorados en los últimos siglos, desde
Vasari. Cercano a nuestro tiempo se le anticipó, de una manera a medias
consciente, primero B urckhardt en su obra sobre la arquitectura italiana

que él hubiera deseado fuera una historia del desarrollo y cambio de las
configuraciones y estructuras no pertenecientes al orden representativo;
luego G oodyear en su fascinante Grammar of the Lotus; y por último el
libro inspirado por éste, el Stilfragen de R iegl, que trata, como el de
G oodyear, pero de un modo más intelectual, la historia del ornamento.
W ólfflin , el más desinteresado y constructivo de los autores sobrevi­
vientes de historia del arte, en su Classical art se acerca en perspicacia a
R iegl, pero nunca alcanza su sentido pleno y profundo del problema.
Aprovecho la oportunidad para declarar mi deuda con estos dos libros
sobre arte clásico y barroco.
B ernard B erenson

Traducción de Aurora Bernárdes.

17

�LA
E S T E T I C A
DE
BERNARD BERENSON

i
B ernard B erenson es, ante todo, un gustador de la obra de arte. Podríamos afirmar

que es un sensual del arte. Su estética, por lo tanto, es intuitiva. Él mismo confiesa no
ser un filósofo ni un teórico. Si hoy puede legarnos un conjunto de principios estéticos
—que no llegan a configurar un sistema—, ello es el producto de más de cincuenta
años de continuada experiencia estética a través de la obra de arte misma. En tal
sentido, su obra de crítico e historiador de arte con su empirismo estético, es un
ejemplo de cómo una estética desde abajo puede contribuir a solucionar el problema
filosófico que el arte nos plantea.
P ara' ser fieles a su norma de historiador —“la historia del arte debe ocuparse más
de los problemas que de las personalidades”— el presente estudio tenderá a resumir y
analizar los principios estéticos que podamos entresacar de la obra crítica de Berenson.
Su personalidad, sus juicios particulares, su pericia de buen catador de la belleza artís­
tica, lodo eso —con el atractivo de lo que tiene algún sabor anecdótico—, es sin duda
más ameno y, literariamente, más tentador que una árida compulsa de principios que
podamos incorporar a la estética y a la ciencia general del arte. Pero la obra de
Berenson nos interesará hoy estudiarla sólo en cuanto ella resulta una de las más
fecundas experiencias de cómo la teoría estética puede enriquecerse partiendo del
empirismo artístico. Aunque no sea un filósofo sistemático, su pensamiento entraña
una filosofía. No conforme con su función de simple gustador y de experto, ha querido
elevar su empiria al plano conceptual. Hasta qué punto lo ha logrado, es lo que tratare­
mos de dejar establecido.
La obra y el hombre. — La obra escrita de Berenson es copiosa. A nuestro idioma se
ha traducido uno de sus libros más difundidos, compuesto por cuatro estudios dedi­

18

�cados a la pintura veneciana, a la florentina, a la de Italia del Centro y a la del
Norte.i Estas delimitaciones geográficas culminan todas temporalmente en los grandes
maestros del Renacimiento. Dichos ensayos fueron publicados a lo largo de quince
años, y esa diferencia él mismo trata de subsanarla en el apéndice, titulado La deca­
dencia. Nos dice allí que su estudio sobre los pintores venecianos fué escrito en una
época en que no había formulado todavía sus ideas ni establecido aún su escala de los
valores de las cosas. Hay, en efecto, en la parte dedicada a Venecia, un entusiasmo,
una exaltación muy juvenil por el color, por las obras mismas. Su pluma parece
contagiada “por la exaltación de vida que nos produce el color”, sin que se detenga
casi a teorizar. Ya en la segunda parte, dedicada a Florencia, hay mayor aporte teórico,
y más aun en las otras dos. Los pintores florentinos parecen haberle sugerido una de
sus categorías estéticas que quizá le haya dado más nombradía: la de los valores táctiles.
Vemos, pues, cómo la pintura veneciana, con su embriaguez colorística, le produce sólo
una “exaltación de vida”. Luego la florentina, más rigurosa en el dibujo, más intelec­
tual, le sugiere un principio estético, aunque en verdad sea un principio muy apegado
a los sentidos. Las partes tercera y cuarta, ya obras de madurez, son más estrictamente
teóricas: análisis de la decoración y la ilustración, la composición espacial, el distingo
y la relación entre arcaísmo y clasicismo. Se ve, pues, que la estética de Berenson se ha
ido madurando en su propia experiencia.
En 1902 publicó una serie de ensayos recopilados en varias series bajo el título general
de The study and Crilicism of Italian Art. Ahí figura un ensayo sobre el método para
estudiar las atribuciones, reimpreso ahora en italiano junto con otros cuatro aparecidos
originariamente en las revistas Dedalo y Art in America entre los años 1923 y 1926.2
Otro libro que da la medida de la capacidad de Berenson y de la forma como aplica
su método, es la que reúne los peritajes realizados sobre más de cien cuadros de
pintores venecianos del siglo XV existentes en Norte América.3
En 1903 escribió un estudio sobre St e f a n o Sa sse tt a , pintor del siglo XV que puede
decirse fué descubierto por Berenson. En dicho ensayo —reeditado en 1946 con un
epílogo fechado en Settignano en 1945, en lujosa edición con numerosas reproducciones
de cuadros de Sassetta— Berenson proclama a éste el verdadero intérprete del espíritu
franciscano. Compara las pinturas de Sassetta con los frescos de Giotto sobre la vida
de San Francisco, llegando a la conclusión de que la gracia ingenua de las primeras
refleja mejor la vida del santo que la imponente monumentalidad de las figuras
giottescas.
1. L o s p in to r e s ita lia n o s d el R e n a c im ie n to . Ed. El Ateneo. Buenos A ires, 1944.
2. M é to d o e a t t r i b u z i o n i . A rnaud E d it. F irenze, 1947.
3. V e n e tia n p a i n t i n g i n A m e r i c a . F rederic F airchild Sherm an. N . Y ork, 1916.

19

�Pero éstas son obras casi puramente técnicas que, si bien han cimentado la fama de
Berenson como historiador y como crítico, son de un interés limitado para estudiarlo
desde el punto de vista teórico ya señalado. Él mismo nos dice en su autobiografía 4
que hubiera preferido "desarrollar y aclarar sus ideas sobre el goce de las obras de
arte” en vez de competir con los eruditos convirtiéndose en “ese ser ambiguo que es el
experto".
Por eso debemos considerar como su libro capital el que, escrito en 1941 y publicado
en italiano en 1948, condensa todas sus ideas sobre arte —en particular sobre pintura—
y en el cual se reflejan su estética, su ética y su concepto de /la historia.» En esta obra
de su ancianidad, ha querido brindarnos el fruto de sus cincuenta años de experiencia
como "gustador, pensador, escritor, conocedor, critico e historiador de arte”. Él mismo
se adjudica todos esos títulos. Pero excluye cuidadosamente el de teórico o filósofo del
arte. Parece que tuviera Berenson el pudor de la teoría. T anto en este libro como en
Los pintores italianos del Renacimiento —sus obras más nutridas de pensamiento y que
utilizaremos indistintamente para seguir el hilo de sus ideas— se disculpa cuando tiene
que explayarse en alguna disquisición teórica. “Pido se me perdone —dice en el se­
gundo, en el capítulo dedicado a G iorro— este paréntesis abierto sobre el campo de la
estética porque era indispensable, antes de ir más lejos, mancomunarnos acerca del
sentido de las palabras y sobre el vocabulario del arte pictórico”. Esto es cuando
empieza ya a concretar y a definir su idea básica de los valores táctiles. Y ese pudor
se revela igualmente en su Estética, la obra más conceptual, escrita precisamente como
una necesidad de fijar su teoría, aunque ella sea un resumen o un producto sólo de
su experiencia. Varias veces repite que “no es un pensador sistemático”. Más que
pudor, parece haber en él una verdadera repugnancia por las especulaciones teóricas.
En la introducción de su Estética advierte que las páginas de dicho libro no son
sistemáticas ni científicas. “Son una macedonia de pensamientos esporádicos, de
saludables reflexiones en voz alta, de generalizaciones, de reminiscencias, de confesiones”,
recomendables por haberse él ocupado durante más de medio siglo de distintos pro­
blemas artísticos, históricos y estéticos, recalcando que el defecto de los tratados de
estética es que no son el producto de lo que el autor haya visto, sino de lecturas y
reflexiones; el interés de esos autores no está en la obra de arte singular, sino en el
sistema metafísico del cual la estética es sólo un apéndice. Para él no es cuestión de
reducir el arte a un concepto, de fundarlo racionalmente, sino de ayudar a vivir la
obra de arte. Ésta debe ser fundamentalmente la misión del crítico y del historiador.
4. A b o z z o p e r u n a n to r itr a tto . E lecta editrice, Firenze, 1949.
5. E s té tic a , e tic a e s to r ia n e lte a r t i d e lta r a p p r e s e n ta z io n e v is iv a .

20

E lecta editrice.

Firenze, 1948.

�Para explicarnos este principio vitalista del arte y este empirismo estético, conviene
recordar, quizá, que Berenson es norteamericano. De joven fué a estudiar pintura a
Italia. Pero al enfrentarse allí con la gran pintura renacentista sufrió tal deslumbra­
miento que abandonó los pinceles para dedicarse a viajar y a adm irar, estudiar, com­
parar, valorar, explicarse y descubrir. Así fué descubriendo sus conceptos fundamentales
—los valores táctiles, el movimiento— en los que halló las causas de su deslumbramiento.
Así descubrió valores nuevos como Sassetta . A sí se fué formando como crítico, como
historiador y como experto. Así atesoró una colección de obras maestras que hoy
siguen deleitando su ancianidad. Y limitó su m undo casi exclusivamente a los pintores
del Renacimiento. Ésta fué su especialidad y en ella se funda gran parte de su estética.
Conociendo estos antecedentes, no puede extrañarnos que un hijo de ese pueblo em pí­
rico y pragmático por excelencia, como lo es el norteamericano, trasladado a la Meca
del arte renacentista, haya fundamentado allí una obra de las características que ligera­
mente hemos esbozado y que, con más detenimiento, nos proponemos estudiar ahora.
Los valores táctiles. — ¿En qué consisten esos valores táctiles a los que Berenson da
tanta imjoortancia, hasta el punto de considerarlos indispensables para calificar de
artística una pintura? Veamos. Ante todo, una obra, para ser artística, debe ser intensificadora de vida. Hay obras que son intensificadoras de vida y otras no. ¿En dónde
está la clave? Berenson ha descubierto dos valores capitales: los valores táctiles y el
movimiento.
“La psicología nos revela que no es sólo por la vista que adquirimos conocimiento de
la tercera dimensión” dice en el ya citado capítulo sobre G io t t o . Es también por el
tacto, que nos da el volumen de un cuerpo. “Poco a poco —agrega— el hábito borra
el recuerdo de ese aprendizaje, pero no es menos cierto que cada vez que nuestros ojos
admiten una realidad agregamos a las impresiones ópticas rápidos movimientos de los
valores táctiles”. El artista, para darnos la tercera dimensión, debe "obtener valores
táctiles por medio de impresiones ópticas”. Debe excitar en nosotros el sentido del
tacto. Así encara Berenson el problema de los valores táctiles en Los pintores italianos
del Renacimiento. Es una concepción todavía muy apegada a lo material, a lo sensorial.
La intensificación de vida que pueden proporcionarnos los valores táctiles de una p in tu ­
ra es, por lo tanto, de carácter físico. A lo sumo, psicológico; no todavía espiritual.
Berenson alcanza a ver todo el problema y se pregunta: "¿Por qué un objeto cuya
contemplación me habría dejado indiferente me proporciona emoción estética cuando
lo reconozco sobre una tela?” Es porque "el arte nos hace cum plir con una rapidez
nueva las operaciones psíquicas que son la base de todos o de casi todos nuestros

21

�goces”. Y nos da esos goces liberados de todo tormento físico.

Si habitualm ente cap­

tamos un objeto con una intensidad cifrada en 2 y si súbitamente esta intensidad pasa
de 2 a 4, experimentaremos inmediatamente la satisfacción de un acrecentamiento de
la actividad mental. Al revelársele al espectador una capacidad dos veces mayor de
la que suponía, se agranda ante sus propios ojos y atribuye ese acrecentamiento al
objeto que lo ha provocado. Y concluye: "De este modo se explica que la representa­
ción de un objeto pueda procurarnos más placer que la visión del mismo objeto”.
Aclara luego que no entiende que se goce de una pintura sólo por los valores táctiles,
pues reconoce en la composición un gran elemento de goce, que el color es más
poderoso y que la reproducción del movimiento quizá los sobrepasa. “Lo que procuro
establecer es que el placer de nuestra imaginación táctil es una condición sin la cual
una pintura no puede ejercer sobre nosotros la fascinación de una realidad intensa”.
Sin ella, la sensación de su belleza será superficial y fugaz.
En su obra de la madurez, dedica, por cierto, un capítulo especial a los valores táctiles,
que'no se hallan en las representaciones de objetos por la simple imitación, por más verí­
dica que sea, sino por estar presentados de un modo que estimule la imaginación hasta
sentir el volumen y la distancia que los separa de nosotros. Se apoya para ello en
B e r g s o n , para quien “un cuerpo es esencialmente aquello que es al tacto”. El artista
intuye la composición del objeto. Ve su forma completa, percibe la necesidad orgá­
nica del contorno, de la sombra y del color. No sólo ve con el intelecto, como el
hombre de ciencia, sino que capta el todo del objeto en su particularidad. El artista
no sólo percibe el objeto sino que lo vive y se identifica con él. Por eso la sola figura
externa del objeto no lo satisface. Debe representarlo de manera que provoque una
intensificación de vida. Y esto se obtiene por los valores táctiles, en prim er término;
y luego, por el movimiento.
Estas son casi sus propias palabras. Los valores táctiles están directamente relacionados
con la forma. Pero la fonna no es aspecto externo de un objeto; no es un objeto
geométrico, es una cualidad. "La forma —dice— es el aspecto intensificado de vida
de las cosas visibles.” Ante todo, es valor táctil. La forma significativa, de que tanto
suele hablarse, es eso precisamente. Y así se explica la atracción de lo feo en arte.
D egas y C é z a n n e infunden vida a sus obras, por vulgares que sean sus temas y éstas
trasmiten su energía.
Ahora los valores táctiles no son producto de un mecanismo psicológico cuya fuente
de placer está en el menor esfuerzo. Berenson espiritualiza su tesis y se remite al
“reino de las sensaciones imaginarias” , que no son las que se prueban psicológica-

22

�mente ai percibir y contemplar la representación de un objeto o de un hecho; las
sensaciones que nos produzca una figura, buena o mala, de frió o de calor (sensa­
ciones corpóreas, musculares, viscerales), nada tienen que hacer con el arte. Las sen­
saciones imaginarias son sólo aquéllas que existen en la fantasía y para ser artísticas
deben ser intensificadoras de vida, pero sin incitar a la acción, por lo menos inmc
diata, ni estimular ningún apetito, nada que sea sensual.
Vemos, pues, que primero los valores táctiles (en Los pintores italianos del Renaci­
miento), son producidos por la captación táctil-visual de los objetos sólo por el con­
ducto visual y que ello provoca un efecto psicológico de mayor capacidad, de mayor
intensidad perceptiva; por lo tanto, una intensificación de vida y un placer. Luego
(en la Estética), se desdibuja un poco la sensación táctil para espiritualizarse en el
“reino de las sensaciones imaginarias”, totalmente desligado de lo sensorial. Aunque
Berenson no lo dice, ese reino, que es “un reino de contemplación, de emoción recor­
dada en la tranquilidad”,e según ese proceso de los valores táctiles transformados en
sensaciones imaginarias intensificadoras de vida, pero ahora de vida espiritual, desli­
gada por completo de los apetitos y de los sentidos —nada de sensaciones corpóreas,
viscerales, musculares— es una suerte de catarsis, como sublimación de los sentidos.
Tenemos entonces que los valores táctiles adquieren esa categoría superior en el "rei­
no de las sensaciones imaginarias” precisamente por transferir al plano puramente
visual —ya lo dijo L eonardo: “el ojo, gran señor de los sentidos”— una sensación
inferior, diríamos más animal, como es el tacto; y ello produce una intensificación de
vida, de vida espiritual, una liberación, una catarsis o “expurgación de las pasiones”,
para decirlo en el lenguaje aristotélico.

En el campo teórico de la estética estamos, pues, casi en este punto de partida, aun­
que quizá con un pensamiento más elaborado, después de haber seguido un proceso
de mayor decantación a través de una más vasta experiencia.
y * El movimiento. — Es para Berenson el segundo gran factor intensificador de vida, el
otro elemento esencial de la obra de arte, después de los valores táctiles.
No se trata del movimiento externo, visual, de las cosas en relación con su colocación
en el espacio. El movimiento es la energía que infunde vida y que se manifiesta en
las líneas que delimitan una forma. Recordemos al pasar —aunque Berenson los repu­
die— que algo muy parecido es lo que se proponían algunos cubistas, según Gleizes.
Confiesan su impotencia para afrontar la descripción de esa energía vital que transfor6. E s t é t i c a . . . , pág.
W ordsworth.

104. Berenson se refiere aquí a la definición

2}

de la poesía hecha por

�ma una pura línea recta o curva en un contorno. Dice haberlo sentido, y a propósito
trae el recuerdo personal de su experiencia frente al portal de San Pedro en Spoleto.
Se sintió de repente como iluminado. Describe esta “sensación im aginaria” del m ovi­
miento, según lo que personalmente ha podido experimentar, en una forma no muy
clara. Esa identificación de nuestra mente con el movimiento en potencia, latente, que
nos da la linea funcional —como la llama en su obra Disegni dei pittori fiorentini
(1903)— deducimos que es algo similar a la experiencia mística, pues para Berenson
el sentido del movimento es idéntico al sentido de la cualidad y, psicológicamente,
condición del éxtasis. Todo el problema de la comprensión de la obra de arte tiene
para él ese carácter.
Con referencia a lo que entiende por "movimiento en una línea”, dice Berenson que
un buen dibujo será sólo un diagrama si carece de movimiento. Teniendo movimiento,
tendrá cualidad y estilo. Y esto, según él, se adquiere con la propia experiencia, expe­
riencia del movimiento, de la cualidad o estilo de la línea. Refiere la anécdota de
Apeles, que dejó una vez, como tarjeta de visita, una línea dibujada en una tabla.
Al ocuparse de Pollaiuolo, toca Berenson en forma especial este problema del movi­
miento en Los pintores italianos del Renacimiento. Ante todo, hace el distingo entre
movimiento y locomoción; ésta es simple cambio de lugar. "Una sensación de movi­
miento . . . se obtiene por la conmoción de la imaginación táctil.” "Ejemplo: veo dos
hombres luchar, uno contra el otro. Si mis imágenes visuales no se tornan inmedia­
tamente imágenes musculares, no pesan sobre m i carne, ni repercuten en todo mi
cuerpo, no estaré más afectado que si escuchara decir: He ahí dos hombres que
luchan.”
La pintura, pues, debe traducir el movimiento, no solamente el locomotivo (cambio
de lugar en el espacio), sino el interno, el de la tensión muscular latente. Es, por otra
parte, lo que aconseja Leonardo en su Tratado de la pintura. Luego la forma repro­
ducida, eliminando toda línea superflua, deberá suscitar en nosotros una sensación
física —"sensación imaginaria”— de ese movimiento locomotivo o en potencia, una
tensión física semejante a la que provoca el movimiento real. Lo que viene a ser una
derivación de la famosa endopatía o proyección sentimental (Einfühlung) de Lipps.
Para Berenson, el movimiento en pintura debe ejercer un contagio sobre nuestros
músculos. Así es como adquiere categoría de valor artístico. La “sensación im aginaria”
del movimiento, el segundo gran factor estético de Berenson, es, mirándolo bien, algo
así como una ampliación de los valores táctiles.
Decoración e ilustración. — El distingo 'que hace Berenson entre decoración e ilus­
tración tiene gran semejanza con el viejo y debatido problema estético de forma y

24

�contenido. La decoración comprende todos los elementos que distinguen una obra de
arte de una mera reproducción de las cosas; los valores táctiles, el m ovim iento, la
proporción, la composición espacial. Todo lo que sea intensificación de vida por m e­
dio de las “sensaciones imaginarias”, es decoración. La decoración presenta, no repre­
senta. La parte representativa es ilustración. Es decir, que la ilustración sería tema
o contenido. Es claro que esta cuestión del contenido es mucho más compleja; ade­
más de la objetividad temática, implica, por ejemplo, la carga subjetiva de la emo­
ción personal del artista.
En Los pintores italianos del Renacimiento se ocupa Berenson especialmente de la
ilustración en la parte destinada a la Italia del Centro. En la Estética dedica a ella
un largo capítulo. Diríamos que lo esencialmente artístico es la decoración, en tanto
que la ilustración es adherente y carece estéticamente de valor. Pero aquí hace Beren­
son la defensa de la ilustración. Proclama sus simpatías por el humanismo en arte. No
concibe el arte deshumanizado (sus ataques de flanco al arte abstracto son constan­
tes). Y, por lo tanto, el tema adquiere valor por sí mismo. En realidad, él no concibe
este distingo entre decoración e ilustración sino con fines didácticos; es sólo un método
para el análisis y la crítica.
Plantea también el problema del gusto. Para Berenson puede reconocerse lo que en
la obra de arte “está sujeto a la moda y al cambio, y lo que es de un interés perm a­
nente”. “Los elementos decorativos, los valores artísticos, son tan perdurables como
los mismos resortes psíquicos de quienes se puede decir en conjunto que permanecen
lo mismo desde que el m undo es mundo. Pero la parte ilustración cambia de siglo en
siglo con el contenido del espíritu y las formas de imaginación.” Y concluye afirm an­
do que "un arte que no contenga nada más que elementos de ilustración tiende a
desaparecer con el mismo ideal que ilustra.”
Encontramos objetable esta afirmación de que los elementos decorativos son perm a­
nentes. ¿Y las variaciones estilísticas? Ellas trasuntan asimismo un cambio en los
ideales de vida, tanto como la parte ilustrativa o temática. Y aquí cabe señalar una
falla en la obra de Berenson: no haber abordado en particular el problema de los
estilos. Su pericia de conocedor eximio hubiera podido aportar en este terreno grandes
enseñanzas y de ello da una prueba en la Estética. Allí encara el asunto con amplia
visión histórica, pero advertimos que su concepto de los estilos y su evolución, contra­
dice lo sostenido en Los pintores italianos del Renacimiento de que lo decorativo, los
valores artísticos, “permanecen lo mismo desde que el m undo es m undo”; salvo que
lo estilístico quiera comprenderlo en la ilustración, lo que le crearía otra contradic­
ción, más difícil de explicar aún. Pensamos en qué W ólffun superado tendríamos

25

�hoy en Berenson si hubiera abordado, como aquél, el problema
particular.

de los estilos en

La ilustración sería el tema y éste, en un arte humanista —como no lo concibe de
otra manera Berenson—, resulta fundamental. Todo arte pleno es para él humanista,
por lo cual entiende “la voluntad de elevarse para desprenderse de la animalidad
originaria”. Arte sin tema es “arte abstracto”, que para él no es arte. Por eso es que
Berenson, aferrado a su ideal humanista, demuestra no interpretar las corrientes ar­
tísticas más modernas —cubismo, futurismo, superrealismo, arte abstracto, arte negro,
etc.— al comprender todas estas inquietudes contemporáneas en un denominador
común.
En definitiva, ilustración y decoración son inseparables. Si en un tiempo insistió sobre
lo decorativo fué sólo para exaltar este aspecto frente a un mundo que daba valor
exagerado a lo "representativo” del arte, o sea a la ilustración. Decoración e ilustra­
ción se funden en la obra de arte; ambas se complementan y no pueden existir la
una sin la otra, gozándoselas al mismo tiempo.
Otros valores. — Reconoce Berenson otros valores en la obra de arte, como el valor
espacial y, sobre todo, el color. Este del color es un problema difícil porque no per­
tenece al “reino de las sensaciones imaginarias” sino al mundo de das sensaciones in ­
mediatamente presentes. Aunque sensual, es menos “canibalesco” que los otros: el
tacto, el gusto y el olfato. Con la declinación del color creció y floreció la forma pura.
El color debe estar “al servicio’ de la forma en primer término y, luego, de los
valores táctiles y del movimiento. En 1931 escribió que los valores viscerales son al
color lo que los valores táctiles son a la forma y los valores respiratorios a la com­
posición espacial.
Ésta, la composición espacial, por ser aérea, es el valor más espiritual de todos los
establecidos por Berenson. Sin embargo, es al que presta menos interés y sólo en
Los pintores italianos del Renacimiento habla preferentemente de él en el capítulo
titulado Rafael y la poesía del espacio. Pero el análisis es menos rico que el de los
otros valores. En ese escrito de 1931 es donde mejor define los valores de la compo­
sición espacial; los compara con los valores respiratorios y, como éstos, los asimila a
nuestro sentimiento de liberación, de evasión de la pesantez material, elevándonos al
plano de la ilusión. Transcribe esta página en su Estética, destinando un capítulo a
la composición espacial y a su consecuencia directa, el paisaje. Este problema subsiste
hasta nuestros días, puesto que hoy la desesperación de relacionar un cuerpo sólido
con un espacio dado ha conducido al futurismo, al cubismo, al dadaísmo y al super-

26

�realismo . . . (Al mezclar todas estas tendencias, Berenson estaría acertado en cuanto
al futurismo y al cubismo; no tanto en cuanto al superrealismo, que plantea un pro­
blema de espacios imaginarios, Pero encontramos francamente fuera de lugar el da­
daísmo).
La historia. — Toda una parte de su últim a obra está dedicada a la historia y al pro­
blema que ésta plantea con relación al arte. Aquí muestra Berenson su gran versación
en la materia y sus amplios y profundos conocimientos históricos. No vamos a seguirlo
en este aspecto, que es de otro orden con relación al plan impuesto a este: trabajo.
Pero para completar la fisonomía espiritual de Berenson y el cuadro de su posición
teórica, conviene mencionar algunas de sus ideas sobre el particular.
Anota que la historia del arte tiene la ventaja y la desventaja de referirse no a hechos
pasados, ya inexistentes, sino a cosas que están aún entre nosotros. El historiador del
arte maneja documentos vivos. Debe señalar los distintos modos de ver, ya que un
diferente modo de ver configura un estilo. De ahí que la historia de los estilos sea
principalmente la materia que ha de trabajar el historiador. Los impresionistas, p.ej.,
han ayudado a ver los colores de la naturaleza. Por éso es un movimiento significa­
tivo, digno de que el historiador lo tenga en cuenta. La historia individual de un
artista tiene menos importancia que la de un hombre de acción. La cronología im­
porta siempre que no degenere en “mezquindad micrblogística”. Y en las obras de un
mismo pintor conviene distinguir las de la juventud y las de la madurez.
El interés por el pasado depende de los problemas presentes. Por eso la historia tiene
que ser constantemente reescrita. Es algo más que una crónica del pasado. Debe
narrar los acontecimientos significativos y éstos son aquéllos que han contribuido a
que lleguemos a ser lo que somos. Así, para los europeos, lo antiguo que viene de
fuera de la cuenca del Mediterráneo, carece de importancia. Aun dentro de la misma
Europa, la historia del arte evitará lo que no ha contribuido a la corriente principal,
así se trate de obras interesantes y aun magníficas. Por eso considera que debe ex­
cluirse casi todo el arte alemán, el español y el holandés, con excepción de R ibera,
Murillo, Velázquez y G oya, en España; y Schongauer, D urero y H olbein, en Alema­
nia. Poco interesa Italia después de Caravaggio. Exceptúa también a H als, R embrandt
y Vermeer, en Holanda; y en Inglaterra, a los retratistas como R eynolds, a los paisa­
jistas de la escuela de Norwich y a Constable. Todas estas excepciones están ligadas
porque deben mucho al arte italiano; todas, más o menos, han sufrido su influencia
y por eso son valores computables. En cuanto a las artes “exóticas” (china, hindú,
bizantina, árabe), pueden interesar sólo por sus aportes técnicos.

27

�Luego establece una jerarquía destacando la importancia de los momentos más gran­
des. Las demás obras les están subordinadas y sólo serán consideradas en la medida
en que hayan contribuido a ese máximo esplendor.. “Así, en últim o análisis - d i c e la verdadera historia del arte y la verdadera crítica de arte resultan idénticas.'
Se anticipa a la objeción que pudiera hacérsele de basarse sólo en el arte griego.
Confiesa que no sabría defenderse. Simplemente, él siente lo griego. El helenismo
no es para él una cosa fija, sino un sentir, un cambio, una aspiración a una hum ani­
dad tanto más alejada del caos cuanto más supera a la naturaleza. De ahí su hum a­
nismo. Y termina lamentándose de la decadencia cultural que estamos viviendo, cuyo
síntoma evidente es el afán de novedad, este cambio constante de escuelas como si se
buscara desesperadamente una tabla de salvación. No alcanza a ver en todos estos
movimientos la posibilidad de que a través de ellos se esté madurando un nuevo
estilo, como consecuencia de un nuevo modo de ver.
En resumen, para Berenson la historia es el relato de cómo el hombre se viene hum a­
nizando y la historia del arte deberá señalar cómo y en qué medida el arte ha con­
tribuido a ese fin. Ninguna historia puede escribirse sin valores axiomáticos y esos
valores los establece el hombre, único valor conocido.

II
Para extraer algunas conclusiones estéticas de las ideas que acabamos de analizar,
debemos plantearnos previamente una serie de cuestiones. En primer término, ¿tiene
Berenson un concepto puro de la belleza? Vale decir, su concepto de la belleza, ¿es
de carácter absoluto, o bien es relativo, contingente y, por lo tanto, transitorio? Sien­
do un gustador, un empírico de la belleza artística y un manifiesto adversario de la
especulación teórica, su metafísica^ —de existir— tendría que ser inconsciente. Parece
difícil, por lo tanto, enlazarla con su empiria. ¿Cómo conciliar esos extremos? La
aparente antinomia tiende a desaparecer si consideramos que, así como se declara un
experimentador de la belleza artística —y parecería que no hubiera para él otro medio
de captarla que por la experiencia—, su intuicionismo lo lleva al plano de la mística.
Este misticismo puede ser la puerta que nos comunique con el plano metafísico. Po­
demos afirmar que hay en Berenson una metafísica inconsciente, una intuición m eta­
física de la que en definitiva depende su concepto de lo bello. Esto quizá resulte
sorpresivo para él, pero no para nosotros, que consideramos al hombre un ser metafí-

28

�sico por excelencia, cuya particularidad lo distingue tanto en el campo de la teoría
como en el de la práctica.
En cuanto a sus categorías de lo bello, cabría igualmente hacer una serie de pregun­
tas, pero gran parte de ellas nos hemos adelantado a contestarlas al hacer la exégesis
de sus ideas. El prim er problema consistirá en enfrentar esas categorías con su con­
cepto metafísico de lo Bello, sea él consciente o inconsciente, Y luego, valorar en
forma definitiva esas categorías.
Lo mismo sucederá con su concepto de la historia. Él da un lugar principalísimo a
ia valoración histórica, a la evolución del gusto, de los estilos, que definen el carác
ter de un arte y de una época. Su valoración histórica responde a una concepción
del mundo, centrando su atención en un determinismo cultural indisolublemente unido
al grupo humano occidental. Y, dentro del grupo occidental, a una sección que llama
mediterránea o atlántica. Esta línea es la que tiene como modelo permanente a
Grecia. El arte griego y el ideal griego de la vida son para Berenson los móviles de
nuestro devenir histórico. Pero este ideal ¿a qué responde? ¿Por qué él ha de darnos
la pauta y no otro? Aquí necesariamente debemos referirnos otra vez —mal que le
pese al mismo Berenson— a su metafísica, manifiesta o latente, consciente o incons­
ciente. El problema de dar con una metafísica en Berenson se hace más intrincado
porque nos obliga a un rodeo. Tenemos que deducirla en gran parte de su valora­
ción histórica, derivada de su concepción del mundo, de su ideal humanista. Es una
simple cuestión de método. Pero el sistema, aunque no confesado, existe siempre. Este
rodeo obligado es una consecuencia de su estética desde abajo.

j

Concepto místico de la Belleza. — ha. raíz mística que advertimos en la estética de
Berenson proviene de su intuicionismo. No es la intuición de Croce, para el cual todo
se resuelve en el “momento estético”, sin establecer claramente cómo esa intuición se
materializa o simplemente se objetiva en la obra de arte. Berenson parte de la obra
de arte misma. La ve, la observa, la estudia, Pero, ante todo, la siente. Es decir, experimenta en su presencia una sensación especial, que no puede explicar por un método
científico y racional. T rata de hacerlo en cierta medida, estableciendo algunas cate­
gorías fundamentales para calificar la obra de arte, para configurar la belleza artística.
Esas categorías tienen raíces psicológicas, formales, históricas y éticas. Mas lo esencial
en su actitud es gozar la obra de arte, sentir su belleza, verla intrínsecamente; vale
decir, intuirla. Esta intuición de lo bello es producto de una experiencia, muy próxi­
ma a la señalada por D e w e y . Pero ésta no puede ser toda la experiencia del arte y
de la belleza artística. Está el otro aspecto: el del creador. Berenson inicia su Estética

29

�señalando ese distingo y atribuye muchos de los equívocos en el juicio estético y en
la crítica de arte al hecho de haberse confundido ambos aspectos.
Hemos dicho que esa experiencia está muy próxima a la de Dewey, pero hay en
Berenson una intuición más pura, con un acento místico que Dewey niega o desconoce.
Berenson prescinde del complicado análisis que realiza Dewey hasta llegar a la expe­
riencia artística. Ambos parten de lo sensorial para explicar las obras ele arte. El
problema, para Dewey, consiste en “descubrir la senda por la cual estas obras ideali­
zan cualidades que se encuentran en la experiencia común." 7 Ambos se consideran
continuadores de W i i .l ia m J a m e s , pero mientras Dewey lleva su análisis, psicológico
que parte de la experiencia ordinaria hasta sus últimas consecuencias, paso a paso,
hasta llegar a la experiencia artística y explica así, metódicamente, el fenómeno de la
intuición, Berenson parte de la experiencia sensorial, fundamenta psicológicamente sus
categorías estéticas de los valores táctiles y salta de ahí al plano de la intuición esté­
tica, que confunde con la experiencia mística, quedando con ello trunca la labor
inicial. Hay, pues, un claro entre el empirismo inicial de Berenson y sus consecuen­
cias estéticas finales. Por ello, su intuición no es la científica de Dewey —“el encuen­
tro de lo viejo y lo nuevo en que el reajuste que implica cada forma de la concien­
cia se efectúa, repentinamente, mediante una armonía rápida e inesperada que, en
su brusquedad brillante, es como un relámpago de revelación” 8— sino más bien una
intuición espiritualista de tipo bergsoniano. Y dentro del campo del intuicionismo
puro, su posición está estrechamente ligada también a la de C r o c e . Pero, aunque
llama a éste “el más autorizado entre los escritores de estética contemporáneos”, no
admite totalmente su fórmula de la intuición-expresión en cuanto ella implique ya,
de por sí, la obra de arte. Sagazmente, Berenson rectifica este aspecto de la estética
crociana: el del automatismo del acto creador y la absoluta espiritualidad de la obra
de arte. Inicia su Estética, como dijimos, criticando a los pensadores que han escrito
sobre el problema estético sin discriminar entre el fenómeno estético que se da en el
contemplador, por un lado, y en el creador por otro. Y así advierte en la fórmula
de Croce una grieta que compromete la estabilidad de su construcción teórica, cuando
confunde el momento estético con la obra de arte; deslindados ambos aspectos del
problema, el segundo —o sea la obra de arte concreta— recupera su posición en el
mundo de la realidad física, quedando sólo como un producto de aquel acto espiritual,
de la intuición estética. Luego Berenson analiza otros aspectos del proceso creador que
le restan automatismo y espiritualidad: las dificultades de la técnica, la colaboración
de los materiales en la inspiración del artista (aunque no en el grado que, en distin7. J ohn Dewey, E l a r te c o m o e x p e r ie n c ia , P. 12. Edie. Fondo de C ultura E conóm ica. México, 1949.
8. Ibid., p. 236.

30

«t

�tos • terrenos, ie atribuyen Semper y Valéry), con lo cual recupera la obra de arte su
materialidad. Pero en cambio, el otro aspecto, el de la intuición estética pura, el del
momento estético generador de la obra de arte —un tipo común de experiencia para
Dewey—, adquiere en Berenson un sentido espiritual mucho más hondo, tanto que
llega a identificarlo con la experiencia mística. Lo dice varias veces, sin aportar otra
prueba que su propia experiencia particular.
Sólo se refiere una vez a Bergson, para fundamentar su teoría de los valores táctileU;
pero su concepto vitalista del arte, su intuicionismo, sus referencias constantes a la
evolución del espíritu humano hacia formas superiores, cada vez más distantes del
canibalismo originario, su espiritualismo, confesado al fin, todo lo acerca más y más a
la evolución y al clan vital del filósofo francés. Berenson parte de los sentidos, de
lo material, para llegar de golpe a una sublimación de los instintos —sin el sesgo psicoanalítico—, a un dominio de lo material por lo espiritual. Y esto puede lograrlo el
arte sólo intuitivamente, en arrebatos espontáneos y místicos. La Belleza no es un
concepto; se siente, se comprende sin explicaciones previas ni a posteriori. Y aun sus
propias categorías estéticas, como el movimiento y la decoración, confiesa que las com­
prendió y concibió súbitamente, en un rapto de verdadera inspiración.
¿Puede conciliarse este espiritualismo y este concepto místico de la belleza con su
empirismo antimetafísico, con su sentido sensorial del arte? Indudablemente sí, si
consideramos que a la mística no puede llegarse sino a través de la carne, de los
sentidos, desde que esa exaltación del espíritu, esa purificación espiritual, implica ne­
cesariamente la previa contaminación. Al rechazar lo sensorial en nombre del espíritu
no es porque neguemos su existencia; antes bien, es porque sentimos su influencia
directa. Sería un reconocimiento por vía de negación. El intelecto puro no lleva a la
mística; los sentidos sí. ¿Qué de extraño hay, pues, en que Berenson, un verdadero
sensual del arte, llegue a una suerte de pansensualismo espiritual de tipo místico y
que por él explique el fenómeno artístico y la intuición estética, estableciendo sus cate­
gorías en función de aquél?
El ideal humanista. — La función del arte es para Berenson “humanizar la hum ani­
dad”. ¿Qué entiende Berenson por humanismo? Ante todo, que el hombre pierda su
canibalismo originario. Ello implica una fe en el espíritu del hombre. El arte lleva,
pues, una finalidad cultural. El hombre, dice Berenson, viene trabajando desde hace
siglos para construir su vivienda cultural —su Casa di Vita— que lo aleja de la natu ­
raleza o, mejor dicho, que crea en su derredor una segunda naturaleza. Y el arte,
como la ciencia, los mitos, la técnica, todas las formas de cultura y civilización, contri­
buyen a ese fin. Siendo así, tiene el arte, para Berenson, indudables conexiones con

31

�la moral, pues ésta rige en función de dicho ideal humanista-cultural. La valoración
histórica se establece asimismo con relación a ese ideal de vida. Este aspecto de su
concepción estética, ampliamente expuesto en su Estética, se ve reforzado en su auto­
biografía, libro de su ancianidad gloriosa que tiene toda la fuerza de las confesiones
y donde se puede apreciar al verdadero artista —el escritor, el poeta— que hay en
Berenson. He ahí, pues, cómo uno de los aspectos del problema artístico más vigoro­
samente rechazados por la estética moderna, adquiere nueva vigencia en este empírico
del arte. Anotamos de paso que también para Dewey "el arte es más m oral que las
morales”.® Es claro que para estos dos pragmáticos americanos la moral tiene un
sentido muy diferente del moralismo medieval y sus sucedáneos. El arte es moral en
sí mismo; y lo es precisa y únicamente por ser arte. Pero si bien Dewey llega a esta
conclusión basándose en Shelley, para quien "la imaginación es el gran instrumento
del bien m oral”, Berenson funda la moralidad del arte en una categoría histórica —el
mejoramiento hum ano a través de una progresiva espiritualización— que lo aproxima
al concepto tradicional de moralismo en arte.
Ahora bien, este ideal humanista, ¿qué fundamento filosófico tiene? Berenson no nos
da, precisamente, un pensamiento filosófico estructurado; una ética y una estética fu n ­
dadas en una metafísica consciente. Faltando ésta ¿en qué apoya su ética y su estéti­
ca? En una categoría histórica: el ideal griego de la vida. ¿Acaso podemos hoy hablar
de un ideal griego de la vida, después de habernos mostrado N ietzsche en El origen
de la tragedia esa doble raíz del espíritu griego —la dionisiaca y la apolínea— cuya
lucha implica dos conceptos del mundo y de la vida diametralmente opuestos, para
llegar a sintetizarse luego “por un admirable acto metafísico de la voluntad helénica”
en la tragedia antigua? ¿Es ese producto superado —el helenismo— el ideal griego que
persigue Berenson? ¿Es acaso el arte para él —como para Nietzsche— no “solamente
una imitación de la realidad natural, sino un suplemento metafísico de la realidad
natural, yuxtapuesto a la misma para contribuir a vencerla”? lo Esta conjunción supe­
rada del helenismo, ¿puede mantenerse indefinidamente invariable? No; la oposición
de lo dionisíaco y lo apolíneo es lo que engendra el arte, según Nietzsche, y su con­
junción nos da el carácter dual de la tragedia griega, como caso único, excepcional.
Éste es, en efecto, el ideal clásico para Berenson. Pero él parece no darle ya un
carácter excepcional y de transitoriedad, sino permanente. ¿Es esto posible? Si fuera
así, el arte no viviría. Como anota Dewey recordando a Santayana: "La civilización
griega es un ideal para ser admirado, no para ser realizado.” H
9. J . Dewey , op. cit., p. 291.
10. F . N ietzsche , E l o r ig e n d e la t r a g e d i a , p, 163. E d. E»pasa-Calpe. Bueno» A ires, 1943,
11. J . D ewey , o p . cit., p. 307.

32

�Aunque Berenson no lo explica ni lo analiza, su ideal, su meta, es el espíritu apolíneo.
Se enrola en él para enfrentar el canibalismo —en el ,cual no ve el otro aspecto indis­
pensable, el dionisiaco— desconociendo que puede haber un arte originado en el cam­
po enemigo que sea tan legítimo como el engendrado por el espíritu apolíneo. Pero
ya veremos, al estudiar sus categorías, cómo tácitamente admite también esta dualidad,
Berenson se declara expresamente antidogmático, rechaza toda presión de tipo esco­
lástico porque reputa que cualquier encasillamiento provoca una deformación espi­
ritual y el hombre debe evolucionar hacia formas espirituales cada vez más libres,
más amplias, hacia ideales de vida cada vez más alejados de lo m aterial y sensorial.
Cree que el hombre está dotado de un espíritu. Pero su espiritualismo es inmanente.
No cree que ese espíritu provenga de ninguna divinidad. El mismo hombre es el
encargado de forjarse ese espíritu, de perfeccionarlo. Cabría preguntarse: ¿se trata de
un espiritualismo inmanentista o de un materialismo espiritualista? Vemos, pues, cómo
a través de una valoración histórica —circunscrita, por lo demás, a un período muy
breve de la historia de la hum anidad— podemos extraer las raíces metafísicas— que
no podían faltar— de la estética empírica de Berenson. Ahora será interesante ver
cómo se articula esa metafísica con las categorías estéticas concretamente señaladas.
Las categorías estéticas. — Hemos visto que las categorías estéticas de Berenson consis­
ten, fundamentalmente, en los valores táctiles. Hemos visto también cómo esos valo­
res típicamente sensoriales se elevan luego al plano de las "sensaciones imaginarias”.
Pero, por más que tratemos de idealizarlos, de espiritualizarlos, ¿podemos borrar en
ellos todo rastro de lo sensorial? Desde luego no, puesto que se basan, precisamente,
en el sensorio.
Aquí tenemos, por lo tanto, una contradicción entre el ideal estético espiritualista' de
Berenson y sus categorías reales del valor artístico. ¿Cómo conciliar ambos extremos?
El rodeo a que nos ha obligado el análisis de su concepto humanístico para dar con
la raíz metafísica de su estética, facilita mucho nuestra tarea por más que aparente­
mente la haya complicado. Hemos llegado a la aparente paradoja de un materialismo
espiritualista. Berenson, como buen gustador de la obra de arte, como buen empírico,
nos da categorías sensoriales, más próximas a nuestro canibalismo originario que el
ideal helénico-apolíneo que se ha forjado. Ahora bien, adm itiendo su espiritualismo
inmanentista, ¿podemos prescindir de ese aspecto sensorial que proviene directamente
de aquel canibalismo? Evidentemente, no. Pues de lo contrario, ¿qué materia trabaja­
ría y mejoraría, hasta perfeccionarla, ese espíritu? ¿Cuál sería la base de sustentación
del mismo? Ambos, espíritu y materia, tienen que estar indestructiblemente unidos.

33

�Si se llegara a un grado de espiritualización extrema, extinguida o poco menos la
materia, ¿cuál sería la fuente vital, verdadera animadora del arte, del goce estético?
Negada la materia y lo sensorial, afirmado el dominio absoluto del espíritu, ¿de qué
se nutriría el arte?
Vemos así cómo las categorías sensoriales de Berenson resultan absolutamente legíti­
mas y cómo, a pesar de haberlas restringido él, diremos por un vicio de origen, al¡
campo de una estética naturalista, adquieren un carácter más general, que él no
alcanza a ver por sus dos actitudes negativas: por sus prejuicios antimetafísicos y an ti­
teóricos. Pero esta actitud antiteórica lo es en cuanto la teoría, fatalmente, desemboca
en una metafísica. Admite, sin embargo, la teoría, en el campo de la em pina senso­
rial. Y al admitirla en ese terreno, le resulta imposible dejar de acceder al campo
metafísico. Aun dando el salto que ha pretendido dar Berenson, ¿puede eliminar la
metafísica? Lejos de ello, lo que hace es introducirse de golpe en ella y luego quedar
en ella sumergido sin saberlo. De ahí la contradicción entre su idealismo, su espiri­
tualismo y su sensorialismo, su vitalismo artístico. Esta contradicción obedece a una
laguna que debe llenar la especulación teórica, especulación que —tal vez por pudor—
se ha negado él a realizar.
Ese claro ha de llenarse con otras categorías, articuladas por un lado con las senso­
riales ya establecidas y, por otro, con ese vago idealismo, con ese espiritualismo confe­
sado, mas no definido ni explicado. Estos son los eslabones que faltan visiblemente en
las categorías estéticas de Berenson, sin que esa falta invalide las en apariencia exclu­
sivamente naturalistas ya fijadas por él.
Conclusiones. — En resumen, podemos afirmar que resulta imposible form ular un
sistema con los elementos dispersos extraídos de la obra crítica y estética de Beren­
son, aun realizando un
arduo esfuerzo conjetural. Pero su obra de crítico, de histo­
riador y de experto, su esfuerzo para legarnos un grupo de categorías artísticas —fir­
memente válidas, aun cuando sean de aplicación parcial— y hasta su tentativa para
echar las bases de una teoría estética fundada en la experiencia, todo eso resulta, en
definitiva, sumamente valioso. Esas reflexiones filosóficas y esas categorías —aunque
limitadas— valdrán por lo menos como testimonio. Valdrán tanto como valen las
confesiones de un gran artista creador, que ayudan a ilum inar el camino misterioso y
lleno de sorpresas para el científico que se aventura a penetrar en esa enmarañada
selva del arte con el propósito de desentrañar el secreto de su existencia.
A lf r e d o

34

E. R o la n d

�correspondencia
ESCRIBE D ESD E ROMA M A R G A R I T A S A R F A T T I
Ha sido P icasso el primero en suprimir en la pintura moderna la repre­
sentación gráfica y plástica, física y psicológica, del rostro humano. Lue­
go vino M atisse, con sus impresiones marroquíes en manchas de colores
vivaces. Diez años después de Picasso, está revolución fué continuada
aun más radicalmente, en síntesis todavía más llana y simple, por la
pintura metafísica de D e Chirico y Carrá.
¡Revolución tremenda! Los clásicos griegos habían estabilizado nuestras
caras en una especie de superior convención idealizada pero fuertemente
caracterizada en sus rasgos, acentuada en sus relieves, su estilo y sus ex­
cavaciones y juegos y huecos de luz y sombra. Es cierto que habían des­
terrado de aquellas cabezas toda preocupación que denotara carácter
individual, purificándolas en una impersonalidad cristiana. Varones y
mujeres se transformaban en el varón y la mujer. El alma de cada cual
se expresaba con solemnidad y trascendencia augusta.
No hay que confundir aquellos grandes clásicos con sus tardíos epígonos
helenísticos o alejandrinos y menos aún con las anémicas imitaciones neo­
clásicas. Los arquetipos plásticos griegos están vivos, simbólicos y selec­
cionados pero vivos, profundamente vivos, como Aquiles, Edipo, Ulises,
no menos que el Rey Lear o Hamlet. El sentimiento de lo todopodero­
so hélo en Júpiter; el hedonismo en Dioniso; la belleza en Afrodita;
en Artemisa está la deportiva, Juno es la matrona matriarcal. Éstas son
síntesis eternas.
Los romanos, cuyo genio sólido y realista podía a lo mejor comprender
grosso modo las abstracciones y generalizaciones de sublime trascendencia,
y hasta admirarlas, pero que nunca pensaron ni en sueños crearlas, las
adoptaron cabalmente desde el Olimpo griego. Con los pies bien asenta­
dos en la tierra, ni querían ni podían dejar de ver al anciano senador
con todas sus arrugas, al joven cónsul con su porro debajo del ojo y
a Agripina con su larga nariz y sus rizos simétricos y bien arregladitos
según la moda imperial del momento, acurrucada en el sillón bien suyo.
Vino luego el Medioevo y con Bizancio griega y orientalizada, volvió a

35

�crearse otro arquetipo, el de la cristiandad divinizada, todavía de acento
griego. El Renacimiento se levantó contra esas cadenas convencio­
nales y esquemáticas, con la exaltación gozosa de la persona humana,
divinizada en su calidad de individuo y de hombre, de ninguna manera
colectiva. Fué el triunfo del ser humano singular, tal vez más personal
todavía que en la siempre templada y equilibrada síntesis griega. El
Seicento fué su exageración retórica y su caricatura en toda Italia, mien­
tras allende las fronteras peninsulares, en España, Holanda y Francia,
esta libertad individual explotaba en las grandes creaciones de libertad
y caracterización personal de los V elázquez, R embrandt y L e N ain . Des­
de lo atípico medieval hasta lo típico moderno.
Otra vez se volvió hacia la estilización con D avid, Canova, el neoclasi­
cismo, y otra vez se reaccionó con el superindividualismo exasperado de
la pasionalidad romántica: realismo, impresionismo, fauvisme, expresio­
nismo y superrealismo. Todas creaciones nórdicas y nada mediterráneas:
hay que anotarlo. Vino el mediterráneo P icasso y geometrizó la figura
humana, multiplicada en facetas, fraccionada y reconstituida en el cubo.
En 1916, D e C hirico y C arra —muchos otros luego, siguiendo sus hue­
llas—, borraron de golpe y definitivamente los rasgos, las líneas y las
carnosidades de nuestros rostros con un gran golpe de goma y metafísica.
En Héctor y Andrómeda, y en Los Maratónicos, estas célebres interpre­
taciones de la pareja y de los héroes míticos creados por Giorgio de
Chirico, o en La amante del ingeniero, de Cario Carrá, apenas si con­
servan alguna apariencia de maniquíes aptos para desempeñar el papel
de corazas, yelmos y quijotes o para estarse de pie, innobles y decapita­
dos, entre la escuadra y el metro. Todo rastro de fisonomía varonil o
femenina ha desaparecido; la cabeza es un disco liso y ovoide, rosado o
moreno amarillento, sin ningún rasgo facial.
Espantosa, aquella afirmación; espantoso, este descubrimiento. Pues de
veras es mejor un descubrimiento que una invención o imaginación lí­
rica, subjetiva y arbitraria. Así es y así se nos aparece el individuo en ese
torbellino que hoy es el verdadero protagonista en las tablas del mundo:
la muchedumbre. Esta humanidad de millones y billones no está más
hecha de hombres, sino de una masa de humanidad, amalgamada en
confusos e indistintos discos rosaditos, vagamente ovoidales, abreviados
y cortados en el espantoso conjunto de muchedumbres innumerables.
¿Números? Ni siquiera. El hombre de hoy no permite que ni siquiera se

36

�lo considere como unidad separada; más bien forma parte de una serie
de ceros. Y su cara, tal como la interpretan el escultor inglés H enry
Moore y los demás a lo largo del planeta, tiene justam ente cara de cero,
redondo y varío.

Casi no existe más el hombre. Hasta en las tablas del teatro su carnali­
dad de protagonista único ha desaparecido, sustituido por el sinnúmero
de sombras que multiplica el cine. Y, ¿qué vemos en los otros espectácu­
los máximos, en los que se aprietan por millares los fanáticos en las
arenas? Unas mallas rayadas, unas piernas ágiles, unos brazos en gestos
épicos que tiran, lanzan, corren. Fisonomías no tienen los jugadores de
fútbol o de cricket, o los ciclistas, salvo en sus sombras fotográficas; nun­
ca en su realidad carnal: no se llega a verlas. Si todavía esta sombra
existe y resiste hasta cierto punto en sus reflejos solariegos y mecaniza­
dos sobre la placa sensibilizada de la fotografía, que se populariza gra­
cias a los millones de copias que reparten los periódicos, las revistas y
el cine, en las artes plásticas ya empieza a desaparecer hasta su débil su­
pervivencia simbólica, el maniquí y el monigote. Hasta el cero ya parece
demasiado típico para representar a este Don Nadie, esta nulidad que
vale menos que cero/Su Majestad destronada, el Hombre.
En mis momentos de optimismo pienso que acaso la pintura y la escul­
tura abstractas sean la protesta involuntaria de la dignidad humana
escarnecida y mofada. ¡Ay! que sólo quieren infundir en el hombre una
mueca torcida y caricaturesca, reducirlo al monstruo, al cubo mecánico
y mecanizado, envilecerlo hasta no ser más que una madeja enmarañada
y visceral, un jeroglífico de signos matemáticos o un arabesco a lo me­
jor decorativo y aproximado, y nada más. Entonces de ahí brota la re­
beldía del hombre ofendido en su yo más hondo. Él rehúsa ese papel
y se destierra de un mundo en el que no reina más. Moisés y Mahoma
prohibían el sacrilegio de dar forma al milagro de Dios, al prodigio he­
cho por Dios en su divina imagen. El arte abstracto se prohibe a sí
mismo la representación del hombre y rehúsa dar forma a su universo,
pues siente, padece y sufre al no poder darle el lugar que le corresponde
a la persona humana, desposeída por la muchedumbre. Aunque tal vez
no sea consciente esto, el subconsciente del artista, hombre individual
por excelencia, se refugia, se redime, se evade y se justifica salvándose
en la abstracción definitiva y absoluta que es renuncia y purificación.
En vísperas de la Bienal de Venecia, el mundo del arte italiano está

37

�muy agitado y polemiza justamente sobre este asunto. ¿Qué lugar hay
que darle al arte abstracto en certamen internacional de tanta trascen­
dencia? ¿Hay que reservarle un lugar preeminente o de secundaria im­
portancia? Las pequeñas y a menudo interesantes exposiciones perso­
nales de estos meses, en Roma, Milán, Florencia y otras ciudades, brin­
dan mucho material para estas graves reflexiones y discusiones. Hemos
visto la exposición personal de Capogrossi, quien fué otrora pintor cíe
importancia entre los jóvenes de la llamada escuela romana. Él está
ahora obsesionado por el problema de los vacíos y no pinta niás que
hileras de pequeños signos, vagamente parecidos a caracteres cuneifor­
mes," repetido en negro o en colores sobre el lienzo blanco. Parecen a la
larga sonidos de tam-tam en la selva, por su insistencia de pesadilla. Pe­
ro G oethe ya dijo que en vez de hipnotizarse con el vacío de un vaso
ha de ponerse atención en las paredes que lo contienen, pues son las que
le confieren su forma significativa.
El Art Club, reunión de jóvenes y menos que jóvenes romanos, italianos
y extranjeros residentes en Roma, manifiesta su total adhesión por el
arte abstracto, para decir verdad con más entusiasmo que fuerza de com­
posición. Mucho temo que por este camino se esté yendo hacia una nue­
va convención académica, más superficial e improvisada aún que la de
antaño. Es muy fácil arreglar unas manchas de color y unas líneas ar­
bitrarias con algo del buen gusto de modista emborrachada y enseguida
jactarse como émulo de P icasso, más original que el infatigable mala­
gueño, quien siempre rejuvenece y nunca abandona el estudio concien­
zudo de la naturaleza antes de estilizar o deformar su patrón. Cuando
veo fatigarse a este admirable anciano haciendo diez, doce y hasta quizás
dieciocho pruebas de un aguafuerte o litografía para llegar a una obra
definitiva, como se puede ver en su libro de grabados recientemente
aparecido, pienso con pena en las improvisaciones jactanciosas de los
jovencitos consentidos que no tienen ni su genio, ni su larga paciencia
de trabajador, ni su humildad frente al arte. Y al decir esto pienso en
el chileno-norteamericano-parisiense M atta, quien quiso épater al es­
nobismo provinciano de uno parte de nuestro público con el bluff de dos
exposiciones en Roma: pretendidas novedades rehechas desde los futu­
ristas de menos envergadura de hace treinta años. Un movimiento ar­
tístico puede, por supuesto, tener retoños y renacer con vigor inesperado
cuarenta y más años después de su primera flor. Pero que no especule

38

�haciéndolo peor y con las asombrosas pretensiones de una novedad que
no tiene novedad, fuera de la de improvisar lo que los otros hacen con
fe y sabiduría de verdaderos innovadores. Ellos podían salir de la rea­
lidad porque antes se habían apoderado de ella. Pero los pocos clibujitos de Matta que nos permiten juzgar su conocimiento de la naturaleza,
nos dejan escépticos sobre su sabiduría de dibujante y pintor, ya que
sus coloretes flacos están enmascarados por una truculencia más verbal
y literaria que gráfica y plástica.
Ahora se realizan las exposiciones de los dos hermanos, G iorgio De C h i rigo y A lberto Savinio . Hermanos por sus padres físicos y su sangre
común, también por ciertos aspectos de su parentesco anímico y espi­
ritual, pero lejanos el uno del otro y por lo que se dice y cuenta, her­
manos enemigos. Alberto Savinio es un tipo raro y curioso que posee
lo que hoy es más raro que nunca: el talento j^luricorde, versátil y casi
universal. Tiene prestigio de literato y como hombre de teatro ganó el
año pasado un premio importante con su tragedia dé una Alceste mo­
dernizada. Compone música con encarnizado fervor, con bastante éxito
e inspiración interesante, muy personal. Sus libros nunca están bien es­
critos,'pero son originales y divertidos, acentuados por un humor sombrío
y a menudo amargo, nunca emponzoñado. Y pinta a la manera superrealista y mítica que su hermano mayor tuvo algunas veces antaño. Hay
quienes dicen que fué él quien le aconsejó e inspiró. La materia y la
epidermis de su pintura nunca son hermosas, pero lo mismo puede de­
cirse de las de De Chirico. Los dos fueron influidos fuertemente, ¡ay de
mí!, por Boecklin y la escuela de Munich de hace mucho, donde creo
que estudiaron según tengo oído. De aquella pésima escuela de trucos
ambiguos y salsas turbias, sin tonos netos y pureza de paleta, no salieron
indemnes. De Chirico parecía haberse libelado por suerte en un gran
baño de limpieza mediterránea, cuando sus plazas de Italia crearon de
una vez y para siempre el misterio del espacio vacío y el “lugar mate­
mático” de la metafísica arquitectónica. Fué un feliz momento de su me­
jor producción artística. Pero en Savinio, como en su hermano, la crea­
ción mitológica, a pesar del nacimiento en Italia y de la infancia y ado­
lescencia transcurrida en Grecia, es nórdica. Gustan más de las Noches
de Walpurgis y de las viejas brujas a caballo sobre escobas, que de la
pureza de los cielos clásicos y de las bacanales dionisíacas. En todo caso,
están lejos de Apolo. Así Savinio nos presenta a su padre y su madre

39

�en imágenes de centauros, pero la pesadez teutónica de gárgolas góticas
no nos convence de que tengan carta de ciudadanía helénica. Sin em­
bargo, dos cuadros paralelos tienen rasgos interesantes, el primero es una
especie de Febo algo caricatural que levanta su cabellera de rizos y ra­
yos rubios detrás de la colina y estrecha en sus brazos luminosos el pueblecito de casas que acaban de despertar alrededor de una iglesia blan­
ca. En el mismo lugar y escenario surge la cabeza violeta de la noche
para sumir al mismo pueblecito en la magna quietud del otro lienzo y
mimarlo en el abrazo de las sombras y el sueño.
G iorgio de Chirico se había ido alejando en los últimos decenios del
mundo fantástico y poético de su creación, hacia el verismo y realismo
hinchado, fofo e hiperbólico de un naturalismo a lo Seicento. Me pare­
ce que está volviendo de aquella retórica mórbida, malsana y sumamen­
te intempestiva en nuestros tiempos antiseicentescos y que acaba de
avanzar cien años. Por ahora, en sus Visiones y paisajes romanos, que es
el tema de su pequeña exposición actual, se acerca al siglo XVIII, tal
vez a los comienzos del XIX, con sus sombras y albores y fuentes y rui­
nas y estatuas y mármoles y fragmentos de columnas, poblados por per­
sonajes pequeños y pintorescos, vagamente folklóricos, más a la manera
de P inelli o de los paisajistas y dibujantes que ilustraron novelas o li­
bros de viaje de entonces que a la de W atteau. Parace acordarse de
G uardi, hasta de Fragonard y de C orot. Rechazó el vacío metafísico
pero su invencible nostalgia le lleva otra vez hacia arriba con los mo­
numentos y las ruinas.
En resumen, ahora rechaza el muñeco. Para comparar lo grande con lo
pequeño —pues el átomo y las esferas celestes están regidas por las mis­
mas leyes—, el arte se asemeja a las muñecas. Después de todo, ellas sim­
bolizan el instinto de conservación de la especie, el cual se eleva hasta
la espiritualidad del amor maternal. Desde la muñeca de harapos con
su cabeza esquemática y desde los primitivismos sumarios se había lle­
gado a la muñeca standardizada de porcelana y a la convención acadé­
mica. Luego, la muñeca expresionista y el arte caracterizado como im­
presionista y expresionista. Hay que ver si llegaremos a conmovernos con
estas síntesis de maniquíes o de abstracciones sin más, a menudo de dos
dimensiones y sin valores táctiles, agnósticas frente al calor del patitos y
de la emoción humanos.
Roma, abril de 1950.
M argarita G. Sarfatti

40

�hojas de estudio

E L
L O S

A R T E

A L E M A N

S I G L O S

X I V

D E
Y

X V

La exposición de primitivos alemanes en el Museo de l’Orangerie ha
mostrado al público un arte alemán muy poco conocido, inexistente en
el Museo del Louvre y del cual, en Francia, sólo se han ocupado dos o
tres personas en breves monografías. Lo inesperado de la exposición, la
clara certidumbre que surge ante ella de la ignorancia y errónea idea
en que se tiene generalmente al arte alemán de los siglos xiv y xv, nos
han impulsado a investigar en el tema, aprovechando la oportunidad
extraordinaria de ver reunidos los 90 retablos y cuadros de caballete
diseminados de ordinario por todas las iglesias, ayuntamientos y museos
más apartados' de Alemania.
La pintura alemana de los siglos xiv y xv necesita, tal vez como nin­
guna otra, una justificación histórica. Es imprescindible saber en qué
circunstancias socialeconómicas se desenvolvieron vida y trabajo de los ar­
tistas primitivos, para comprender este arte agrio y a menudo desagrada­
ble que nada tiene en común con el realismo patético y sublimado de
G rünewald, con el virtuosismo exquisito de D urero y LIolbein o con el
genial espíritu germánico que surge de los óleos de L ucas C ranach.
Los siglos xiv y xv señalan históricamente la apoteosis de la burguesía. Re­
voluciones en los principales centros de Alemania, queman las bastillas

41

�debilitadas del feudalismo y la Edad Media convierte, en su alquimia
vertiginosa, los sueños poéticos de la caballería en la administración bur­
guesa y tiránica de las corporaciones. La ciudad, se organiza, y la gran
burocracia corporativa limita los transportes de artistas y poetas al es­
trecho canon del encargo. Cae el privilegio espiritual y la libertad de los
hombres excepcionales se somete a una matrícula corporativa, al regla­
mento estricto del grupo. No se admiten artistas, sino artesanos; el nuevo
privilegiado, el rico burgués, paga a este artesano para que le pinte
retablos —cuya narración y fidelidad están incluidas en las condiciones
del encargo—, destinados a la Iglesia, como un tributo de sumisión. Por­
que, si bien el alto espíritu heroico ha sido vencido pór el pequeño es­
píritu práctico, el estandarte piadoso sigue ondeando sobre las ciudades
temerosas de Dios. Sin embargo, también este impulso del hombre se ha
transformado en la nueva administración del alma. Los místicos alemanes
y los misterios medievales, dos movimientos magníficamente estudiados
por E mile M ale, convierten el pensamiento puro del hombre hacia Dios
traducido en las catedrales góticas, en una gran anécdota, cuyo éxito de­
pende del colorido y variedad de su tema. Es muy curiosa la figura de
Suso, el místico del siglo xiv, que en su predicación encarnizada por el
ascetismo, ve constantemente ante sí una imagen de María tentadora y
carnal, de la que surge toda la iconografía redonda y tierna de la escuela
de Colonia. El teatro levantado en cada plaza de la ciudad sugiere a los
burgueses el camino de sus retablos y por ende, impone a los artistas
inspiración, anécdota y escenografía. La Pasión, que sigue impresionando
aún a D urero como “tema esencial de la pintura”, se repite mil y mil
veces acentuándose progresivamente los gestos horribles y patibularios de
los verdugos, contrayendo los rostros en un dolor creciente, inventando
máscaras falsas de piedad.
En este ambiente administrativo en que la palabra arte desaparece y
el espíritu tiene la medida mezquina que le otorga un puñado de dinero,
se desarrolla la pintura primitiva alemana. Debe haber, pues, una iden­

42

�tidad de grandeza y miseria entre el artista y su época, salvo el paso pri­
vilegiado del genio; como el Renacimiento encuadra en la Italia prodi­
giosa de L orenzo de M edici y la catedral gótica llena exactamente el
gran espacio espiritual del Medioevo, este espíritu de pequeña cofradía
trasciende al arte primitivo alemán y le da su dimensión estética.
La identidad de circunstancias sociales en que se desenvuelve no desembo­
ca, sin embargo, en una resultante estética común. Flandes por el norte,
Francia por el oeste en menor escala, e Italia poderosamente por el sur,
conspiran en secreto contra la platitud de la cofradía y la admiración de
Van der W eyden o M antegna transporta estos artistas reducidos a arte­
sanos a un mundo liberado y audaz de color y de forma.
Alemania ha sido dividida de norte a sur para organizar los pocos estudios
sobre su pintura primitiva. Esta disposición es arbitraria y no jerárquica
sino simplemente ordenadora de un caos en el que retablos de igual
importancia, en su mayoría de autor desconocido, aparecen en casi todas
las ciudades principales. En todo caso es evidente que las tres ciuda­
des del norte que configuran las llamadas comúnmente Escuelas de
Alemania del Norte, son Hamburgo, Socst y Colonia. Creo totalmente
equivocado llamar escuelas a un supuesto movimiento pictórico que no
existe en realidad; Hamburgo es el M aestro F rancke; Soest, C onrado de
Soest, y Colonia, Stefan L ochner, ninguno de los cuales deja escuela
ni prosélitos.
El M aestro F rancke está solo en la historia. Queda de él su retablo en­
cargado por una cofradía de mercaderes hamburgueses. Los ocho paneles
enormes que forman el exterior, cuentan la historia de la Virgen pro­
tectora de los navegantes y en el interior se desarrollan las consabidas
escenas de la Pasión. Francke es valorado por su fuerza expresiva y
su color: La conducción de la cruz y El descenso a la tumba, intentan re­
presentar con la máxima fidelidad, dolor, aflicciones e injurias (Fig. 1).
Sin embargo, ni los escorzos violentos ni la contracción de los rostros
bastan para ello. La línea es monótona, el volumen se aplana, no hay

43

�fuerza íntima que sostenga las formas. El color sí es audaz. Colores pri­
marios, organizados sin orden ni concierto, que no obstante su desarmonía
indican una paleta libre y desaprensiva, separada totalmente de las ilu­
minaciones severas sobre su fondo de oro.
El intento de crear el espacio, finalidad grandiosa que sólo logra realizarse
en el Renacimiento italiano, se acentúa en C onrado de Soest. Segunda
ciudad, segundo pintor aislado y sin discípulos. Conrado de Soest pone la
primera firma y fecha al pie de una pintura alemana, lo que no consigue
añadirle, por cierto, toda la originalidad que le falta. La composición
mezquina de la Muerte de la Virgen, no se compensa con valores
de dibujo ni de volumen y persiste la incomodidad por la acumulación
excesiva de detalles, la chatura del fondo y las falsas perspectivas de
muebles y objetos.
Stefan L ochner, primer pintor de Colonia, vive ya un clima propio

en que la “tierna, florida y rosa” virgen de Suso contagia su redondez
muelle y renacentista a los personajes y al paisaje a su alrededor. La pre­
sentación al templo (Fig. 2) acepta toda una tradición italiana que jalona
el hallazgo del espacio desde G iotto a P erugino. Sin embargo, sus per­
sonajes se amontonan faltos del aire suficiente y el fondo acaba brusca­
mente en el altar bordado y en la alegoría plana del Buen Dios rodeado
de ángeles azules —ángeles demoníacos que planean durante estos dos
siglos en la pintura alemana, oponiéndose a la seráfica beatitud de los
angelotes del quattrocento. Lochner es fiel traductor del espíritu poético
que logra en Colonia, centro cultural de Alemania, sobrevivir a la buro­
cracia corporativa: Lochner, como Francke y Sóest, no deja escuela. Por
el contrario, paralelos a él y en su misma ciudad, se sitúan otros dos
pintores de menor importancia, que son notablemente diferentes. El
M aestro de la Vida de M aría y el M aestro de la D eposición de la C ruz:
del primero se expone La visitación, en la cual los ángulos cor­
tantes de T hierry B outs se reconocen ablandados por el clima ferviente
de Colonia. Duras, inexpresivas, las figuras de la Visitación no carecen

44

�M aestro F ranckf .

1 Retablo de Santo Tomás

2

STEPHAN LOCHNER

l,a presentación en el templo

�3

Maestro de la deposición de la cruz

Deposición ele la cruz

Izquierda:
Maestro del retablo
IMHOFF

Cristo de piedad
Derecha:
M aestro del retablo
T ucher
S. A g u stín y S. M ónica

�6

M aestro del retablo Perincsdorffer

Visión mística de S. Bernardo

Izquierda:

7

ALBRF.CHT DÉ RI R
A ulorretrato

8

Martin Schoncaguer

Derecha:
Santa Familia

�Arriba:
L ucas M oser

9

Viaje de S. Magdalena a
Marsella
Derecha arriba:

10

H ans M ultscher

Conducción de la cruz
Derecha abajo:

_

H ans H olbein el V iejo

L x

La Virgen y el niño

�sin embargo de gracia. El paisaje logra profundidad, y el todo se sosten­
dría más armónicamente si la exigencia del encargo no hubiera obligado
al pintor anónimo a aplicar en primer plano un escudo que no se puede
incorporar al cuadro. Junto a él, el M aestro de la D eposición de la C ruz
aparece chocante y violento. Toda la trivialidad y falta de refinamiento
de la época están recogidos en este gran cuadro, concebido en forma de
cruz, como la maravillosa deposición de R ogf.r Van der W eyden. Ni co­
lor, ni conocimiento del oficio, ni posibilidad de dibujo, ni concepción
estética faltan a esta tela (Fig. 3); ninguna emoción, no obstante, frente
a este gran trabajo vasto y frío, excesivo de pliegues y recamados, donde
nada traduce la tragedia del tema, tal vez porque la expresión retórica
de cada personaje la desmiente. El Maestro de la Deposición es de me­
diados del Cinquecento; el cuadro se cree realizado el mismo año en cpie
L eonardo dibujaba su maravillosa Adoración de los Magos. Artista y ar­
tesano se encuentran en el siglo y la virtud magnífica del uno deshace el
mérito limitado del otro.
La Alemania del Sur se enriquece a medida que se aproxima a Italia,
donde el fuego de la belleza incendia la gran parva dorada del quattrocento. Los centros de arte se extienden y se codean; son ahora la Franconia, el Alto Rin, la región Suaba y el Tirol.
La Franconia, agrupada alrededor de Nuremberg, abre por las puertas de
tres retablos el camino a Durero; el Retablo Imhof, del cual se expone
el Cristo de Piedad (dibujo carente de toda noción de anatomía), cuyas
figuras trasuntan un dolor que está mucho más cerca de la simbólica
bizantina que de la vigorosa realidad renacentista (Fig. 4) ; el Retablo
Tucher (Fig. 5), en segundo término, enriquece y espiritualiza el dibujo
con recursos de pura invención. El tercero es el Retablo Peringsdórffer
(Fig. 6) que se considera el antecedente directo de Durero. (En otro
tiempo atribuido a W olgemut, maestro de Durero, suposición desvirtuada
hoy por la reconocida mediocridad del maestro.) Del primero a este tercer
retablo la línea Bizancio-Italia es bien clara, y en el proceso el espacio

49

�gana valor y fuerza, hallándose al fin en la naturaleza real que sirve de
fondo a la visión mística de San Bernardo. Después de este período, el
artista D urero nace en Nuremberg, y el hombre que mira desde su pri­
mera intimidad (Fig. 7), sojuzga el mundo colectivo y crea el primer re­
trato individualista, que dicta el fin de la Edad Media.
La región del Alto Rin agrupa a los grabadores más valiosos de Ale­
mania en esta época. Aquí se comprueba la tesis de Louis R eau, quien en
su estudio sobre los primitivos alemanes afirma que así como los cuadros
italianos son reducción de frescos, los cuadros alemanes son grabados co­
loreados enormemente agrandados. La Santa Familia (Fig. 8) de Schongauer delata tanto el grabado por su realización técnica, como la influen­
cia de Roger Van der Weyden por su concepción estética. Su realismo
alemán enriquecido con la corriente flamenca, la buena resolución de
perspectivas, la moderación y armonía de color, han valido a Schongauer
una fama que trasciende su ciudad y su país.
Del mismo Alto Rin son el M aestro del L ibro de la R azón, grabador
excelente que dibuja —excepción notable— figuras y escenas de la vida
diaria, y FIans FIirt, realista brutal y deformante, a quien consideran
algunos precursor de G rünewald.
Suabia tiene el honor de dar nacimiento a los ¡pintores principales del
siglo: su papel es de creación y descubrimiento (siempre, claro está, dentro
de la pintura alemana). El paisaje llega con el mar y la barca de Santa
Magdalena, en una de las alas laterales del Altar de Tiefentrón, obra de
rara hermosura dentro de la pintura primitiva alemana (Fig. 9). La
línea dura se enternece, probablemente bajo el recuerdo de G f. n t i l e
da F abriano, y los tres paneles tienen un encanto sostenido y distinto,
pasando del ingenuo mar al claro paisaje de ciudad y al bosque de arcadas
del templo. Santa Magdalena, sentada en la barca en amable conversa­
ción se convierte en el panel de enfrente en una ondina sostenida en
el aire, con una cabellera que recorre y modela sus flancos como agua
fácil y ondulada. El precioso Altar de Tiefenbron narra también la cuita

50

�del pintor en la guirnalda que rodea el panel central: “Grita, arte, grita
—dice la inscripción— y laméntate altamente, porque hoy día ya nadie
quiere saber nada contigo”, profecía que en 1431 pierde toda validez frente
al empuje del renacimiento italiano.
K onrad W itz introduce la geometría, obsesionado por la ubicación en el
espacio de las figuras de su maestro, el escultor C laus Sluter. Su pintura

plantea por primera vez una problemática y en ella la angustia del espa­
cio, el volumen y la perspectiva. En esta intención demasiado evidente,
las figuras centrales de Santa Magdalena y Santa Catalina perma­
necen hieráticas, vulgares y duras. La preocupación obsesiva de la pers­
pectiva se prolonga en techos, arcadas, corredores y mosaicos que, al exa­
gerarse, pierden profundidad en cambio de lograrla. Esta frustración tiene
una dignidad: el espacio conquistado está rígido pero el acento tenaz con
que el artista ha trabajado, deja su huella íntima en las telas y es tal vez
el imponderable que permite superar sus defectos.
La medida de Witz se hace violencia desmesurada en M ultscher: la pro­
porción se disloca, el equilibrio se torna arbitraria desarmonía, el realismo
vuelve con toda su antiestilización del concepto plástico. La conducción
de la cruz (Eig. 10) es la apoteosis fría y desagradable de lo monstruoso.
Con H olbein el V ie jo culmina el ciclo de la escuela de Suabia: no es que
la Virgen y el Niño (Fig. 11), sobrecargada de detalles, plena de reminis­
cencias renacentistas y flamencas, signifique de ningún modo el aporte
original que entregará su hijo. Ni genialidad ni grandeza aparecen en su
pintura. El valor más extraordinario de Holbein el Viejo reside sin duda
en su carnet de dibujos, integrado por esos maravillosos retratos donde
clérigos, escribas y señores han dejado su más íntima expresión
psicológica, en la línea dinámica, en el juego de planos sabiamente conse­
guidos por el trazo corto y el sombreado. Prodigioso y casi desconocido
anticipo del individualismo, el carnet de Holbein cierra el gran período
de la Edad Media.
El arte primitivo alemán comienza con un solitario, el Maestro Francke,

51

�y concluye, en el otro extremo de Alemania, con un hombre que trabaja
también siñ escuela o pintores a su alrededor: .M ichael P acher, quien

une definitivamente el arte alemán con el Renacimiento. De su obra ca­
pital, El Retablo de San Woljgang, se expone San Wolfgang y el ladrón.
M antegna vivo nos inunda en el recuerdo y es preciso separarse
con el desagrado de haber visto su plagio y su caricatura; nada más inar­
mónico que el dibujo del ladrón en que la deformación no es invento
formal sino carencia de conocimiento y de sensibilidad. Pacher, contem­
poráneo de Mantegna y Bellini, muestra más elocuentemente que toda
teoría, el abismo entre Italia y Alemania del siglo xv.
No hay calificativos generales que puedan aplicarse a los primitivos ale­
manes: se trata, como hemos visto, de pequeños artistas, mediocres, sofo­
cados por la pfatitud ambiente y sin el genio que es capaz de emancipar
y crear un libre universo de formas. Esta pintura es menor, anodina, des­
agradable; ubicar a su lado a sus contemporáneos italianos y flamencos,
imaginar a C imabue y G iotto , cien años antes que el primer primitivo
alemán, es aniquilarla definitivamente. Hay algo agrio, imponderable­
mente burdo, que se desprende de casi todas estas telas: es imposible pen­
sar cómo, después de estos dos siglos de retroceso estético, la pintura ale­
mana llega a Durero, Cranach, Grünewald y Holbein, esos cuatro genios
extraordinarios en los que la verdadera creación va unida al más depu­
rado canon de belleza.
Los románticos alemanes primero y luego esa moderna corriente de rena­
cimiento de los primitivos surgida en los últimos años, han dado a co­
nocer esta pintura mediocre. El público se extasía ante ella sin discrimi­
nación y le basta una orla de oro para encontrar que el primitivo es
admirable. El prologuista del catálogo, profesor G ermán B azin, y el
organizador de la exposición, con ánimo natural de justificarla, llenan
páginas y páginas de superlativos. Replico a éstos con el análisis de las
obras. Que el lector, a su vez, construya independiente su juicio.
París, mayo de 1950.

M artha T raba

52

�C

R

I

T

I

HONORÉ MARI US BÉRARD
R aymond B ayer en el prólogo que dedica
a B érard y que se publica en el catálo­
go de la reciente exposición del artista
en el Instituto de Arte Moderno dice:
‘'El arte abstracto, si no tiene rostro fi­
gurativo por lo menos tiene alma y por
ello cada pintura abstracta es la imagen
del artista mismo. Su autorretrato.” Si p ar­
tiendo de este planteo consideramos p ri­
mero los tres cuadros figurativos de la
exposición, que datan de los años 1913,
1915, y 1917, nos encontramos con que
efectivamente la postura esencial del ar­
tista no ha variado a lo largo de un
trayecto que apreciamos bien escalonado
y completo hasta el año 1949. En estos
tres cuadros figurativos Bérard se presen­
ta como un pintor impresionista, de tem ­
peramento romántico, con una marcada
tendencia a la síntesis. Esto se nota bien
en los paisajes donde predom inan las tin ­
tas grises en un color colocado en am ­
plios planos de m ateria rica y sensorial.
Los bordes vibrantes y empastados de­
muestran una constante tensión emocio­
nal.
¿Cuál es el cambio efectuado en los trein­
ta años subsiguientes? Escaso y mucho
menos im portante de lo que una prim era
impresión podría tentarnos a suponer.
Cambió lo figurativo por lo no figurativo
pero intrínsecamente su mensaje es el
mismo. Siguen los tonos grises orquestan­
do tintes saturados; basa aún el efecto
espacial que producen sus cuadros en el
contraste claroscurista de arabescos ne­
gros sobre tintas claras; continúan los
contornos de los planos deshilacliándose
con emoción desbordante; encontramos la
misma m ateria densa cargada de efectos

53

C

A

sensoriales; sigue la curva buscando su
ritm o dinámico a través de un espacio
que por no ser figurativo no deja de ser
menos real.
Estamos pues frente a un abstracto cuya
postura se halla muy lejos de un Mon drian . o un M ax B ill. Su intelecto está
dominado por la emoción; “Compadece a
los pintores que realizan el cuadro con
preconceptos ordenativos del color y del
dibujo.” Esto no significa que no los ten­
ga, pero lo que domina en él es la emo­
ción sensorial: color, claroscuro, dibujo,
espacio, se cargan con su significado. Es­
tá tan adherido a la m ateria en su m en­
saje sensible como un D elacroix.
Si estudiamos los ritmos sobre los que
organiza sus superficies, veremos que son
siempre orgánicos; reconocemos incons­
cientemente en ellos esquemas de la rea­
lidad exterior. Podrían perfectamente
adaptarse a realidades concretas. Como en
los románticos estos ritmos se cargan de
subjetividad. Atraviesan o lim itan planos
que vibran y se mueven en una rica so­
noridad de tinta y tono. Son todos ele­
mentos de un romántico que no se des­
m iente a través de sus cambios sucesivos,
pero de un romántico sano que huye del
pintoresquismo del tema paira volcarse en
los elementos puram ente plásticos de su
lenguaje, dándonos así una visión depu­
rada y nítida de su emoción.
Si su obra no marca un jalón en el arte
abstracto actual o del futuro, su postura
podría formar un puente entre los pinto­
res románticosensoriales de fin de siglo y
la tendencia abstracta intelectual y obje­
tiva de nuestros días.
B lanca P astor

�TREINTA

PINTORES

ARGENTINOS

Esta exposición, que incluía obras de al­
gunos de los más destacados pintores ar­
gentinos, se caracterizó por una homoge­
neidad que debido al nivel a que llega no
se puede considerar como un acierto, ya
que salvo raras excepciones, los artistas
no se han esforzado en mejorar envíos
anteriores, o bien se han contentado con
mandar cuadros producidos muchos años
atrás; junto a estos hechos se notan au ­
sencias que, como la de P etorutti, son
siempre de lamentar.
Aunque M iguel C arlos V ictorica no se
ha preocupado de presentar una de sus
obras de mayor envergadura, comenzamos
con el estudio de su Paisaje porque siem­
pre sus telas tienen algo que produce go­
ce estético a quien sea capaz de sentirlo y
¡qué goce se le brinda a quien se acerca
a este cuadro y se deja envolver por la
carga de sensibilidad que lleva el primer
plano! La tapera, en cambio, se encuen­
tra aislada, separada del conjunto tanto
por el dibujo que la encierra como por el
color; construida en tonos fríos, sus muros
se oponen a los cálidos del exterior según
un procedimiento que por repetido se
hace algo monótono. Solamente el techo,
en ocres bien valorados, sale de esa uni­
formidad al extenderse junto a los azules
del cielo o los verdes azulados del follaje.
No es una composición rigurosamente
pensada, pero parece que la casita estu­
viera sostenida dentro de un triángulo
cuyos vértices los dan los tres árboles de
los extremos, unidos atrás por el hori­
zonte y adelante por unas zonas bien
iluminadas que guían el ojo hacia el
árbol de la derecha. Esto ayuda a estati­
zar algo el efecto superficialmente diná­
mico de las pequeñas pinceladas de colo­
res puros —algunas muy cargadas de m a­
teria— que alternan con partes donde la
pintura está tan diluida que, a veces, has­
ta permite distinguir el fondo de la tela.
Si en Victorica el afianzamiento de la
composición parecía intuitivo, en Emilio

54

Centurión se puede ver que predomina
el artista intelectual, de oficio; es la obra
del hombre que logra detener la im pre­
sión del momento en el espacio que me­
dia entre la paleta y la tela y cuando su
mano llega ya está obedeciendo las órde­
nes de una mente que sabe filtrar las in­
citaciones sensoriales, sabe seleccionar y
conceptúa al construir. Flores de Centu­
rión es un cuadro trabajado en colores
vivos con formas definidas pero no hay
demasías: todo está medido, calculado; se
ha buscado que nada desentone, que nada
salga del equilibrio sugerido por dos dia­
gonales ideales y si .bien esto se cumple
casi exactamente en los motivos del p ri­
mer plano, cuya arquitectura muestra re­
sabios de incursiones anteriores por el cu­
bismo, no ocurre lo mismo con el fondo,
quizás por que allí el artista aflojó las
bridas a su sensibilidad y él se expresa
mejor cuando logra mantenerla subordi­
nada al plan propuesto. O tro ejemplo de
sensibilidad dominada por el intelecto lo
tenemos en H oracio Butler. Su Natura­
leza Muerta nos habla de la serenidad con
que el pintor enfrenta sus modelos y có­
mo los estímulos que ellos producen se
traducen en la tela en formas plásticas
que denotan gracia y vigor más que fogo­
sidad o pasión. Aunque la tercera dimen­
sión está indicada por la separación entre
el prim er plano y el fondo, se ve que la
tendencia del artista es a dejarse llevar
por los ejes ortogonales; la vertical que él
subraya al aum entar la esbeltez del vaso
—columna que divide a la tela en dos p ar­
tes casi iguales— y la horizontal en que
terminan los tonos fríos del prim er plano,
los cuales no se funden para nada con los
cálidos giros tan dinámicos del fondo, que,
al adelantarlo, acentúan la ilusión de planismo de esta obra. Al pintar, Butler di­
buja; su dibujo es cerrado y si hay líneas
que se rompen, se nota que un medio to­
que de color aparece a tiempo para ence­
rrar cuidadosamente las formas así cons­
truidas.

�En Marcos T iglio privan, en cambio, los
impulsos sensuales y sentimentales por so­
bre técnica u oficio. A él no le importan
las formas en sí sino que las usa sólo
como un lenguaje que le permite expresar
lo que siente frente al mundo. Se pre­
siente una lucha honda y amarga en sus
tonos bajos, apenas realzados por pince­
ladas de colores vivos pero no claros. Así
como cuesta distinguir las formas en la
áspera superficie en que las ubica, parece
que también el pintor, con orgullosa ti­
midez quisiera ocultarse, confundirse en
esa semipenumbra que hace vibrar con
ritmo sordo.

Aunque alejado en cierto modo de sus
últimas presentaciones abstractas, J uan
del P rete ha presentado una tela de ca­
tegoría, que confirma el juicio que hemos
formado los que seguimos su obra a través
de exposiciones individuales y colectivas.
En Del Prete tenemos al hombre que bus­
ca, que explora y que de pronto suele
dar sorpresas como acá, donde su sensibi­
lidad desborda tanto en el tratam iento del
color como en el de la materia pictórica.
Él quiere dominar esa sensibilidad y en­
cierra o subraya las formas usando golpes
de pincel que, sin ser rígidos, revelan que
su concepción intelectual está presente en
el manejo de los elementos, pero la po­
tencia de su color es tan personal que
salta por encima de su precisión dibujís­
tica y logra tintas y tonos con los que crea
su composición en un espacio dinámico,
desprendiéndose de las formas a que esos
colores van adheridos. La atmósfera de
este cuadro vibra no solamente por efecto
psíquico del color y del dibujo, sino casi
físicamente, debido a la graduación del
espesor de la materia, al dominio de su
brillo y hasta a la dirección y sentido con
que se ubican las pinceladas que ondulan
por sobre la superficie de la tela. J orge
L argo —que nos da una muestra del ca­
mino a que lo conducía su manera de pin­
tar a la acuarela, y que ha sabido encon­
trarlo, porque es un pintor que se m an­

55

tiene joven y lleno de vitalidad— obtiene
el efecto dinámico de su espacio de otro
modo; en vez de choques como en Del
Prete, se observan signos que juegan; to­
ques de colores saturados que llevan con­
sigo al ojo del espectador, lo hacen mo­
verse junto con los personajes que llenan
esta Plaza de Oriente, siguiendo un ritm o
que no por alegre es caótico, sino que se
extiende siguiendo una especie de ordena­
miento vertical. Con todo, lo mejor de
esta tela no está en los elementos superfi­
ciales, sino en el manejo de los grises que
construyen las casas que bordean esta p la­
za, y donde el pintor logra sus efectos más
armónicos.
L ino Spilim bergo presentó un paisaje pin­
tado en 1934, en el cual todos los elemen­
tos aparecen claros, nítidos, bien definidos.
Pero que no se engañe nadie porque no
está en eso el mensaje del artista. Hay un
misterio insinuado en esta tela y parece
que el pintor quisiera ayudar al especta­
dor a descubrirlo, llevando su mirada h a­
cia el interior del cuadro a través de una
serie de puntos de enfoque que él va des­
tacando por medio de toques luminosos,
contrastes de tintas o efectos de parcos
sombreados. No es fácil encontrar la so­
lución; estos puntos de mira sólo acercan
a una meta, a un más allá inalcanzado
aún a donde se dirigen unas nubes que
se alejan, abandonando lo que es terrenal.
Spilimbergo trabaja casi exclusivamente
con tonos neutros cuidadosamente degra­
dados, pero sin planos de pasaje. Cada
nueva zona tonal está convertida en un
plano dibujado, bien delimitado, de ten­
dencia geométrica, cuya ubicación dentro
de las formas sugiere volumen. Las Figu­
ras de A lfredo G uido también podrían
incluirse dentro de un tipo de pintura
que aspira a expresar un trasmundo raetafísico por medio de formas de tendencia
naturalista. Los elementos plásticos que
este pintor usa están dotados de una
fuerza centrípeta cpie hace que la intro­
versión de los personajes sea captada y

�compartida por el espectador. El predo­
minio del eje vertical —dado por la dis­
posición de las dos cabezas y sostenido
por la columna de la izquierda— junto
con la buscada repetición de colores neu­
tros en sus tonalidades más bajas, provo­
ca un dinamismo lento, acentuado por los
efectos rítmicos de las pinceladas que se
ubican una junto a otra sin fundirse.
J uan B atlle P lanas está representado
por una figura que él carga de expresión
subjetiva, pero sus medios son muy dife­
rentes de los de Spilimbergo o Alfredo
Guido. Toda su sugestión la obtiene por
medio del color, que aparentando estar
extendido en forma homogénea y casi pla­
na muestra una suave variación tonal. Él
contrasta tonos que alcanzan cierta po­
tencia emocional, contenida dentro de for­
mas que dibuja con líneas duras pero si­
nuosas, tanto que estirándose casi sin vi­
bración alguna, van plenas de sensualidad
y se levantan del plano.
R a ú l Russo hace gala más de impulso
juvenil y fuerza pictórica que de oficio;
su mensaje nos llega a través de la sínte­
sis con que están tratados los árboles y
las casas así como por la sensación de
espacio que logra crear en ese melancó­
lico rincón urbano, realzado por la ener­
gía de los trazos que componen, con buen
sentido inventivo, la nube que corona este
paisaje. La fuerza de L eopoldo P resas
está en su empaste. Es cierto que es sensi­
ble al color, y que acierta en la oposición,
a veces peligrosa de ciertas tintas, pero el
dinamismo que él busca lo logra sobre
todo por la riqueza de la materia. T al vez
él flaquea por el lado del dibujo, pero en
esta Figura y M aniquí el simbolismo del
tema y el que surge de las subformas —
manos, torso, eje inclinado del cuello,
arabesco de los brazos, e tc — así como la
mirada de la figura nos dicen que Presas
no se conforma con trabajar la superficie
de la tela, él aspira a algo más que espe­
ramos alcanzará al madurar.
Miguel D iomede, pintor que siempre me

56

ha atraído por el manejo del color, no
está bien representado. Sus matices, a
fuerza de delicadeza y fluidez han perdido
vigor, se han diluido; y si bien estos Pes­
cados revelan habilidad y buen gusto, no
es esto lo que buscamos en un colorista
de la calidad de Diomede. Tampoco es
muy acertado el cuadro de R amón G ómez
C o rnet , quien siempre en una sinfonía
de neutros lograba sus efectos psicológicos
por la fuerza de sus líneas y la honda vi­
bración de sus tonos bajos .Esta Niña Sen­
tada, pintada en suaves verdes y rosados
nos detiene en el exterior como diciendo:
“Esto es todo”. Encontramos dulzura don­
de esperábamos recrear una fuerte exal­
tación sentimental.
Expusieron otros pintores en el Salón
Kraft, había otras buenas obras, pero me
he ocupado solamente de aquellos que al
ser estudiados, a su vez ofrecían oportu­
nidad de progreso a quien tratara de in ­
terpretarlos.
B eatriz H uberman

CARLOS G1AMB1AGI
La visión de un nuevo paisaje no signi­
ficó para C arlos G iam biagi ni un cambio
en la actitud contemplativa ni una reno­
vación absoluta de sus habituales formas
plásticas. Giambiagi sigue siendo un lírico.
Cuando las luces amarillas rompían con
violencia la espesura de la selva, el pai­
saje vibraba en el choque de las masas
azules y verdes frías con los oros cálidos;
allí su lirismo se exaltaba hacia lo dra­
mático. Hoy se aquieta en lo medidamen­
te sentimental. Las sierras lejanas, las
pendientes suaves, los valles profundos
cobran su forma plástica en el simple
movimiento de los tonos neutros o en la
unidad armónica de los azules, lilas y
verdes.
J Sin embargo podíamos esperar de Giam­
biagi una interpretación distinta, una

�concepción más formal que sin llegar a
las reducciones más abstractas vigorizara
su pintura. Las picadas misioneras cons­
truidas con masas diferenciadas de color
nos autorizaban a esperarlo. Es el camino
intentado en dos paisajes de montaña
dohde la oposición de los planos constru­
ye las formas duras con auxilio del color.
Pero es intentado y abandonado para ex­
presar en el resto lo que sus ojos ven en
las simples y delicadas armonías de los
tonos.
Si a ratos hay en ellas riqueza de verdes,
azules y sobre todo de grises, no siempre
supera la monotonía cuando reduce la
paleta al juego de los ocres. Al mismo
tiempo aquella materia jugosa, que tra ­
ducía pictóricamente con jusleza el vigor
magnífico de las picadas, ha perdido con­
sistencia, se ha hecho por momentos de­
masiado fluida al unificar los efectos de
la luz.
En la serie de telas expuestas en la Socie­
dad Hebraica Argentina el impulso lírico
del artista se ha ablandado; no resulta lo
suficientemente expansivo como para que
las formas objetivas cedan el paso a las
formas pictóricas plenas de emoción.
B lanca Stábii.e

SANTIAGO COGORNO
P lá stic a ex p u so u n c o n ju n to de o b ras —
óleos, d ib u jo s, té m p e ra s— de Santiago
COGORNO.

Sabemos que el artista vive en Italia des­
de . hace tres años y en esta muestra es
dable observar claramente las diferencias
entre sus primeras obras y las posteriores
a su viaje.
Las primeras, —vemos tres figuras— están
realizadas en ocres, con m ateria densa,
sensual a veces en el desnudo, más flúida
en los fondos. No es un naturalista ni lo
será después. Hay en él un intento per­

manente de reemplazar la forma natural
por un signo cargado de fuerza dinámica,
lírico a veces, dramático otras; carácter
que lo vincula al expresionismo y que se
acentúa durante su estada en Italia, des­
de donde nos envía sus últimas obras; las
más sorpresivas.
En éstas se expresa por contraste de colo­
res puros —en oposición a los ocres ento­
nados de antes—, con franco predominio
de los verdes. La materia se aligera y la
intención dinámica presente en toda su
obra se exacerba: aplana las figuras a las
que parece sorprender en un gesto; em­
plea el arabesco, abierto y denso que vale
como color y como forma.
Su modo de emplear el color, —lo divide
en pequeñas zonas, que repite infinitas
veces, en cada una de las cuales va del
tono puro intenso, degradándolo, hasta el
blanco—, sostiene el planismo de la figu­
ra y acentúa el movimiento.
En sus obras anteriores esta tendencia se
manifiesta en la concepción dinámica de
sus espacios, en la composición a menudo
en arabesco. Pero en éstas encontramos
siempre un elemento de ordenación: pu e­
de ser una banda de luz cálida —como en
sus óleos con maniquíes— que obra a la
vez como eje vertical y como nota cromá­
tica que levanta la gama de ocres, o el
arabesco, que se advierte como un ritm o
subyacente a la forma pero que ofrece
una estructura.
En las últimas en cambio, el dinamismo
plástico parece alcanzar sus límites extre­
mos. Se expresa en formas caóticas y des­
bordadas. Percibimos la euforia agresiva
que parece impulsarlo pero añoramos una
forma construida, una estructura sólida
que organice toda esa inmensa fuerza de
color y movimiento.
Parece que otorgara a la realidad un sen­
tido espiritual que no encuentra en la
materia, por eso la trasciende y la elude
adelgazándola, y la hace más y más flúida

57

�en el color y en el empaste. Descarga sus
objetos de toda individualidad; desecha lo
circunstancial, todas notas que nos dicen
de su urgencia metafísica.
Ha variado también sus temas. Antes pre­
fería las figuras a las que utilizaba como
vehículo de proyección sentimental; ahora
abundan los animales. Advertimos cierta
tendencia a prestar al animal notas h u ­
manas, a antropomorfizarlo; y, a la inver­
sa, a veces carga de animalidad la figura
clel hombre. Modo éste muy español de
enfrentar este tema, presente aun hoy en
el arte de P icasso, y que podríamos inter­
pretar en Cogorno como una posible he­
rencia hispánica de su cultura sudameri­
cana.
Sus dibujos son también una muestra de
su rica imaginación inventiva. El trazo scmiabíerto, vibrante, firme, variado, mode­
la el volumen, alude al movimiento, se
hace signo, adquiere valor decorativo —
gruesas cruces, puntos densos—, se carga
de dramatismo.
Debemos aun objetar el criterio con que
fueron elegidas las obras expuestas. El
conjunto no muestra al artista en una lí­
nea de su producción, ni en una época;
hay obras muy disímiles que correspon­
den a muy diferentes modos y etapas de
su carrera, y esta falta de unidad impide
que podamos formarnos una idea clara de
su evolución en el hacer plástico. ■
A licia P uente

MIGUEL OCAMPO
Después de un año de permanencia en
París, M iguel O campo inaugura su p ri­
mera exposición en Buenos Aires. Como
es un pintor todavía joven no nos trae
una obra madura y muy personal; por el
contrario, nos permite adivinar a íravés
de ella sus luchas e inquietudes.
En su afán de búsqueda cambia su ma­

58

nera de expresarse repetidas veces, pero
siempre de acuerdo a su temperamento
de romántico sensible y tendiendo a las
concepciones abstractas. En algunos de
sus cuadros, que podríamos llamar expre­
sionistas, aunque sea necesario anotar la
moderación en la línea y el color, crea un
clima de irrealidad y suspenso: azules vi­
brantes se contrastan con negros y ocres
profundos, mientras líneas onduladas y re­
torcidas, nunca con excesiva violencia,
construyen la figura. La materia es rica
y densa, y por contrastes de color alude
a la tercera dimensión. En otros, en
cambio, el planismo se acentúa, los tonos
se atemperan y con rosas, grises y negros
compone una tela llena de sensibilidad
muy a lo B raque .
La yuxtaposición de planos de color en la
gama de los tonos fríos, como fondo diná­
mico a un juego rítmico de lineas que
se entrelazan en una manera que recuerda
a L hote , conformando las figuras, es otra
de sus expresiones, quizás la más lograda.
Menos feliz es al exacerbar la búsqueda
de pequeñísimas variaciones del tono por
medio de sucesivas pinceladas superpues­
tas; cae en el peligroso abuso de lilas y
celestes sobre ocres rosados a lo C a m pig li ,
rebajando indudablemente la calidad y,
destruyendo la forma, pues contempla en
demasía el color y la línea pierde toda su
expresión.
En las pinturas y quizás más en los dibu­
jos, Ocampo se vale de una cierta inge­
nuidad que añade encanto a la composi­
ción. Pero no es precisamente en sus cua­
dros a la manera naif donde llega a los
resultados más positivos. En el dibujo
parece más maduro, aunque no deja de
recordar a otros dibujantes. Apartándose
menos de la realidad natural construye
con línea abierta y dinámica paisajes ple­
nos de gracia. Por medio de una pers­
pectiva ingenua señala la tercera dimen­
sión, pero sin echar mano de recursos
pictóricos para acentuarla. Apenas anota
los contornos e interrum pe la línea, reto-

�mandola en un detalle, una reja, un vitral
para enriquecer con nuevos ritmos la com­
posición y para descargar a las cosas de
sus contenidos, transformándolas en sig­
nos más puros- de espiritualidad. (Insti­
tuto de Arte M oderno).
A licia P asini

WILMA DUSTIR
La búsqueda de W il m a D ustir dentro del
arte no-figurativo promete llegar a for­
mas definitivas y originales. Esta búsque­
da la realiza, a juzgar por el conjunto que
presenta en la Galería Miiller, por dos
vías. La prim era, intelectual, se expresa
en juego de relaciones por elementos y
figuras geométricas —puntos, rayas o tri­
ángulos de afilados vértices— firmemente
delimitadas, en empaste homogéneo, uso
del color neutro e impersonal. Colocadas
sobre espacios fríos de azules o grises, las
formas sin correspondencia de necesidad
a veces, vagan, organizando una totali­
dad de movimiento mecánico sobre fon­
dos inertes. Este movimiento se proyecta
en línea ascensional, y sin limitación de
espacio podría ser repetido infinitam ente
como símbolo de ritmos universales.
Estos modo de configurar el mundo físico
escapan a la artista que no logra apresar­
los en síntesis plásticas de conjunto; faltan
aquellos polos o zonas de atracción indis­
pensables por las que K andinsky en algu­
nas composiciones organiza estas relacio­
nes que sostiene en un punto de la tela
—del cual iiTadian las tensiones— como
dueño de hilos invisibles que maneja a
voluntad. En W il m a D ustir la urgencia
espiritual que descubre aquel eje de las
fuerzas dinámicas interiores, será la resul­
tante de su madurez plástica.

En su otra actitud, más sentimental, los
planos vibran en colores compactos, pesa­
dos y corpóreos que dejan sobre la tela
en abundante empaste la marca del p in ­

59

cel; algunos en fuga penetran en el fon­
do de donde vuelven cargados del miste­
rio engañoso de la tercera dimensión. La
potencia sensible se descarga en caligrafía
de gruesos trazos negros que se incrustan
en el plano respetando su límite; nacen
plenos de m ateria pero en el camino se
desflecan y mueren sobre el color. En
estas composiciones predom ina también la
vertical y si son más logrados que las ante­
riores es porque los valores expresivos y
plásticos se corresponden.
Si en la prim era posición la artista se bus­
ca en un universo del que no domina aún
los hilos de su comprensión; en esta
últim a, —planos de coior bajo escrituras
obscuras— el hombre admite en su estruc­
tura definitiva lo inesperado y pasajero
de la emoción que se sobrepone a una
constante realidad.
A m alia J o b -I stueta

JUAN MATEO
M ateo es pintor a quien le basta anotar

escasos elementos orgánicos para construir
un esquema que transformará tales fac­
tores de lo natural en actores de una abs­
tracción dinámica con alusión figurativa.
El ojo recorre estas pinturas, reconoce las
alusiones naturalistas pero —¡ah, mundo
errante de la p in tu ra que no quiere ser
“género de im itación’’ y ansia sí “conver­
sar con nuestra inteligencia’ !— no para
detenerse en el aserio figurativo, sino
para adentrarse en la voluntad de abstrac­
ción, penetrarse de sus amarillos, sus
naranjas y sus azules, y conmoverse con
su briosa dinámica. En las reproduccio­
nes rotograbadas que nos adelantaran los
periódicos, es dable advertir con mayor
nitidez ese juego de los elementos form a­
les que en la tela veremos modificado
por otro caracteres de su concepción plás­
tica: léase lineas-fuerza, formas-color.
Quizá, queriendo fijar conceptos de un
análisis somero, se enfocaran como fu tu ­

�ristas estas buenas telas de Mateo; véase
que las formas están dadas por el color
muy dibujado con expresivos, nerviosos
ritmos, que los ejes cromáticos significan
unas veces el movimiento de lo orgánico
y otras las coordenadas de la composición,
y que esa sustancia límpida con caracte­
res de humedad, con ricas transparencias
de tono, posibilita la síntesis de tiempo,
lugar y forma. El todo, generador de m o­
vimiento. Pero, ¿qué se ha hecho de la
pintura de los estados de alma hacia los
que U mberto Boccioni (a la zaga de
R ómolo R omani) orientó y luego desvió
el futurismo italiano?
Sugeriré, por fin, que se comparen sus
escenas del velódromo y el hipódromo
—planos (y no volúmenes) entrecortados,
contrastados, en irreflenable dinámica—
con algunas obras menos futuristas como
Arabescos, Ajedrez —de gama tonal más
unida, más sobria también, expresando el
movimiento en la abstracción—, para ad­
vertir que es en éstas últimas donde se
configuran los más altos valores del artista.
Así como estos lienzos de Mateo compo­
nen una muestra de singular interés, con­
sidero aleccionador que se nos presenten
otras etapas del hacer de este maestro
argentino que, tras veinte años de vida en
Europa, desea presentar sus períodos de
fructuosos años de estudio. (Salón Peuser).
Clara D iament

LUIS SEOANE
Con el tema del mar como pretexto más
que como centro mismo de sus obras, ha
reunido Seoane una serie de telas fecha­
das casi todas en el 50 bajo el epígrafe
de Motivos del Mar. Se adivina ahora en
e! artista una escondida actitud, volun
taria o no, que lo lleva a debilitar los
lazos que lo mantuvieron unido a su
provincia española; vínculos que lo con­
dujeron a la creación de un clima de

60

sentimiento recogido y austero con sones
de nostalgia, de formas monumentales con
acentos épicos, de personajes aparente­
mente inamovibles y de vida perenne. Pero
el cambio más aparente que real alcan­
za sólo los caracteres plásticos exteriores.
Continúa desarrollando temas alrededor
de la figura hum ana sola o en grupos;
aferrado siempre a la forma natural, no
remueve demasiado en sus caracteres psi­
cológicos. I.os personajes actúan dentro de
un plano de tranquila neutralidad, y aun
que gesticulen —jueguen a los dados, ofrez­
can flores a un mar cargado de acentos
líricos o realicen un extraño toreo en la
playa— todo ese hacer queda detenido en
el tiempo, provocando un contrapunto en ­
tre el gesto dinámico como tema solamente
y la expresión estática que brota de la
forma.
Se mantiene casi siempre dentro de un
planismo primitivo con las imágenes aplas­
tadas que se apoyan convencionalmente so­
bre el fondo, que no es más que fondo
de la tela, sucediéndose a veces en una
perspectiva ingenua en donde el personaje
de atrás es más pequeño para crear la
noción de distancia. La materia humana
queda expresada más bien como masa,
ofrecida como presencia del ser en lo que
tiene de material, con un cierto impulso
bárbaro en el sentido de lo que es p ri­
mario y sin envolturas.
En cambio en los grupos de barcas, en
M ujer en la playa, de claros acentos picassianos, fondo y figura se equilibran en su
importancia expresiva; fondo que es un
mar donde los verdes se ligan íntimamente
a los azules y sin límites se pierde hacia
atrás y a los costados, creando una noción
de lejanía e infinitud acusadoras de un
espíritu romántico en lucha, tal vez, con
aquel otro apegado a una realidad bárba­
ra, cruda y sin refinamientos.
Los elementos nuevos que introduce el
artista como por propia imposición, le
llevan a descargar a su pintura de todo
el peso de la materia, del color y aun de

�su dibujo, tratando de eludir con ello la
expresión monum ental que profundizaba
el sentido de sus obras.
En los grupos de máscaras, en los mendi­
gos, temas y figuras grotescas que lo emparentan con la tradición española, la m a­
teria se aligera y se uniform a, la pasta se
aliviana, los grises y los ocres que ha m a­
nejado siempre con gran capacidad tonal,
son reemplazados por amarillos y ocres
extraños a su gama, aunque sostiene
siempre esa calidad entre agria y áspera
del tono y de la sustancia.
No condice la falta de construcción de
algunas figuras con sus excelentes condi­
ciones de dibujante. Es precisamente en
los dibujos donde aflora su verdadera raíz
de ilustrador que apunta embozadamente
en los óleos; donde se ve cómo permanece
atado a un mundo de leyendas, no como
el simple narrador que se atiene al relato
deteniéndose en él. Va mucho más lejos.
Los ve y los transforma a través de unos
ojos líricos. Lírico de lo sentimental como
lo vimos en sus libros de narraciones;
lírico de lo bárbaro y primigenio como se
lo percibe en sus últimos dibujos realizados
con carbonilla. Este m aterial de por sí
blando y útil como ninguno para expresar
ternezas y lo que es sentimiento interior,
personal y mutable, en las manos de
Seo a ne se pone al servicio de una línea
limpia, sin adherencias de luces ni de
sombras; recia, firme y vigorosa tiende a
la creación de formas de gran unidad.
R aquel E delman

HORACIO MARCH
A bundan en esta época los artistas que
logran éxito temporario por haber descu
bierto un tema y el modo apropiado de
tratarlo. El ejemplo más característico es
el de G iorcio df. C h irico , quien llegó has
tt perm itir que se pensara en él como en
uno de los grandes creadores del siglo.

61

mientras se mantuvo en el período metafísico. En cuanto abandonan tales artistas
lo que les ha perm itido lograr formas
aparentem ente maduras, el derrum be suele
ser vertical y espectacular, como en el
caso citado.
Son artistas que no crean formas de acuer­
do a modos de sentir y pensar vinculados
con exigencias del obrar. Son artistas que
tan sólo descubren los modos expresivos
que mejor convienen a su temperamento.
Como esos actores y actrices que descuellan
en una sola obra porque coinciden el
temperam ento propio y el del protagonista.
O como esos escritores de un solo libro,
casi siempre autobiográfico, en el que
vuelcan todo lo que son.
Me temo que algo similar esté ocurriendo
entre nosotros con H oracio M arch . D u­
rante algunos años hemos adm irado sus
paisajes melancólicos de ciudad, espacios
sin nombre y sin presencia hum ana en los
que se trasm itía el aliento poético por la
materia hecha color y tono y por la com­
posición sensible de zonas claras y oscuras.
Hasta alguna posibilidad de vincular su
pintura con la del pintor italiano aludido
fue considerada alguna vez. Pero la veta
parece haberse agotado y al querer abrir su
espíritu hacia otros horizontes —prim ero
fueron las provincias andinas, luego las
del norte en viaje a Bolivia, Perú y Ecua­
dor— no acierta con la finura de otrora,
ni deja ver la potencia de sus viejos cua­
dros.
Se advierte en la reciente exposición en
Plástica que anda buscando la composi­
ción monumental. No sólo tiende a cons­
truir mediante planos y a h u ir de las
tonalidades finas, en busca de una mayor
dureza; hasta parece renunciar, si no en
todas por lo menos en las telas más im ­
portantes, a la fluidez del espacio. El
propósito no puede ser más loable —au n ­
que los caminos de rejuvenecimiento p u ­
dieron ser otros— pero desgraciadamente
no deja de ser propósito. T al vez se cum ­
pla en un dibujo —Cerro de Cafaynte—

�ya que allí impera la necesaria unidad de
concepción gracias al arabesco enérgico que
une los planos; no en los grandes óleos,
donde se encuentran fragmentos muy duros
de planos casi geométricos y otros muy
blandos, gomosos, que desintegran la obra,
fragmentos en los que se hace fuerte el
color saturado en un intento de expresión
épica y fragmentos en los que' vuelve des­
mayadamente a la tonalidad. Tampoco fal­
ta la tela de trazo sinuoso y blando de pro­
cedencia barroca —Calle de La Paz— o la
tela de concepción romántica en que retor­
na a los contrastes de tonos sombríos y
luminosos, como Astilleros de pescadores
y Aldea de Pescadores.
Esta impotencia para resolver el proble­
ma pictórico procede de la insuficiencia de
su dibujo. Si las formas sintéticas carecen
de tensión interior y si ellas no llegan
a componerse en unidad es porque no
basta la visión sensible del paisaje; es me­
nester la potente idea ordenadora, la única
capaz de transformar los grandes bloques
de piedra en elementos vivos de una im a­
gen del mundo. Digo idea ordenadora, la
cual no puede surgir en la mente de un
artista sino cuando sabe claramente qué
quiere expresar y cuál es el principio de
coherencia espiritual que lo guía. Cuando
no se la posee se puede cuando más
sorprender al ojo con recursos de la mano
pero jamás penetrar en el reino del arte.
El paisaje urbano le proporcionaba antes
a M arch el problema resuelto: bastaba
que dejara en libertad su fina sensibili­
dad para encender o apagar el tono y el
resto surgía naturalmente. Ahora las co­
sas han cambiado y al querer imponer con
autoridad épica la visión en grande del
paisaje de montaña se siente perdido. Por
eso abandona el intento a veces y se
refugia en un pasado que carece. ya de
vitalidad. No obstante, ese recuerdo le
permite pintar Panorama de Salta, la tela
más integralmente sentida que presenta.
Hace ya muchos años que H oracio M arch
expone pequeños conjuntos de obras que

62

no bastan para juzgarlo. Como es pintor
sensible, cabe esperar una exposición más
completa para hacerlo.
J orge R o m ero B rf.st

CARLOS TORRALLARDONA
Hay exposiciones de pintores jóvenes, co­
mo ésta de T orrallardona , e n q u e e l p i n ­
tor aun sin saberlo parece pedir consejo
al espectador, para saber cuál es el ca­
mino más fructífero de todos los que allí
se insinúan.
Aceptando esa invitación tácita, no titu ­
beo en decirle a Torrallardona que su
meta más segura, más llena de posibili­
dades, de desenvolvimientos y enriqueci­
mientos futuros, es la que a muchos p a­
recerá la más fría o más cerrada en sí
misma: la vía del paulatino y total abstractizarse de su pintura.
V paso a explicar por qué. Su curiosidad
y su capacidad le perm iten notas muy
distintas. Hay por ejemplo una veta —la
antigua— de pintura de contenido social
y humano. En ella con un pincel liviano
como materia y exacerbado como color, el
artista intenta cariñosamente hacernos
vivir la pobreza, la miseria, el abandono
de una clase menesterosa y en este caso:
india o mestiza. El peligro de no caer en
un folklorismo fácil le obliga a inventar
esquemas en los que no siempre se siente
cómodo. Así en ese grupo familiar, la
figura del niño que la madre amamanta,
no encaja en el resto de la composición.
Ahora bien, ¿cómo pintar la miseria sino
en colores bajos, sórdidos, llenos de tris­
teza como lo hace P o n e astro , por ejem­
plo, o con colores exaltados e ingenuos
como R ivera y los mejicanos en general?
La gama prohibida al pintor de esos te­
mas es la gama de los medios tonos refi­
nados, de la vida urbana y que fácilmente
puede caer en frívola, o la gama inte­
lectual que se contenta con las mínimas

�variaciones del tono y trabaja en esa gri­
salla de un verdadero cubista como J uan
Gris.

Los colores amables no son para lo terri­
ble, hay una adecuación perpetua entre
las formas reales y sus contenidos aní­
micos; transgredirla es entrar en un tem­
bladeral peligroso. Esa escena de la playa
de T orrallardona, en que las figuras
claman injusticia y dolor, se desarrolla
en un crepúsculo de rosas, de celestes, de
verdes demasiado felices para hacerles
eco. Es el pintor que a pura sensibilidad
crea como una superestructura sobre el
dibujo que estaba bien visto y era por
demás significativo.
Hay otro camino: el del exotismo, es­
ta vez africano. T am bién vemos peligros
aquí. Torrallardona sabe demasiado y
domina demasiado su técnica como para
no tener que advertirle que su facilidad
es mala aliada y que esa visión decorativa
de lo que los negros pueden constituir
como movimiento y caracteres típicos de
raza, corre el riesgo de superficializar sus
biografías, hermosas sin embargo como
rendim iento del material.
En los óleos de esa serie, en cambio, el
color está muy bien visto, siguiendo eí
contorno de una pincelada rápida y p re­
ferentemente curva y envolvente, con m u­
cho blanco de fondo que actúa como luz
entre el pigm ento sobrecargado de azules
intensos, rojos y amarillos vivos. Esas pe­
queñas manchas están plenam ente logra­
das, las de París, aunque bien vistas, no
captan esa cualidad del aire de aquella
ciudad que volatiliza hasta los tonos más
vivos. Son de un París demasiado tropical
y exacerbado cromáticamente.
Los apuntes en hojas sueltas de carnet de
apuntes nos parecen • fuera de lugar aquí.
Son dibujos frescos y seguros pero tienen
un valor puram ente referido a la circuns­
tancia, de índole de estudio o de recuerdo
sentimental.
Los otros dibujos a tinta, de línea muy
fina en que el trazo de la plum a es corno

63

un hilo negro que se retuerce y se pliega
siguiendo la nerviosidad de la mano son
hermosos, las deformaciones intencionadas,
los animales se unen bien a las figuras
humanas, pero notamos en ellos un so­
plo de facilidad en el trazo, u n gozarse
por el goce mismo del saber dibujar con
sensibilidad. No son profundos en el sen­
tido que no agotan dolorosamente el tema
que tratan. Son fáciles de m irar porque
son fáciles también para el dibujante u l­
trasensible que hay en Torrallardona.
U na cabeza de m ujer en grises picassianos
—a lo Guernica— no me convence por lo
mismo. Se llama M ujer de España y por la
deformación y la voluntaria abstención
cromática sospecho un intento profundo
y desgarrado del pintor. Pues bien, ese
sentido no alcanza al espectador por falta
de ahondar desesperadamente en una for­
ma que consiga adecuar la densidad del
tema con la resolución plástica.
La calle de París con una garita y una
pareja está mucho más en tono que las
manchas de que antes hablé. Pero es de­
masiado grande para sus vacíos de com­
posición y de variedad en el color. La
máscara de m ujer pálida y ojerosa resuelta
en rosados pálidos y amarillos muy claros
con la oscuridad contrastada de los gran­
des ojos oscuros, nos parece de lo más
logrado ele la exposición. T iene resueltos
una cantidad de problem as de composi­
ción y factura con originalidad en la
invención y mucho carácter. En cambio
los desnudos frente a una ventana, llenos
como están de aciertos (el rojo central,
el am arillo verdoso de los cristales, el ara­
besco de las dos mujeres a contraluz,
etc.) no llega a tener unidad, no se ar­
ticula como algunas telas de Matisse en
que los ritmos y la síntesis son totales.
Los retratos son una buena muestra de
la capacidad de generalización del pintor.
El de hombre se desluce por una mano
no estudiada, pero tiene movimiento y ca­
rácter. Se lucha aquí entre el parecido
formal y la creación de un esquema ex­
terior a la propia persona representada.

�de lugar. Esto en cuanto al repertorio de
las formas; en cuanto al color, sobre un
fondo duro y muy liso hace resbalar li­
geramente el pincel en los fondos y luego
repasa, insiste con más m ateria: grasa y
no brillante (sin ser totalm ente opaca)
en los puntos o zonas principales de la
composición. Se libra así de un am onto­
nam iento inútil de p in tu ra y sus celestes,
grises, anaranjados, ricos de sustancia re
valorizan contra las tierras más flúidas
de los fondos.
Lo vuelvo a repetir: en este campo de
la más libre invención formal, T o rrallar­
dona da mucho más que en los otros, más
trillados y más ajenos a su sensibilidad.
Si insiste en esta línea conseguirá no sólo
una nota original —lo que no constituye
por sí solo y aisladamente un v a lo rsino que buscará en sí el camino profundo
de ir descubriendo lo esencial y cuando
llegue a una síntesis (como ya lo logra
en muchos de sus cuadros) será la suya
con lo que eso tiene de im portante desde
el punto de vista de la sinceridad absoluta.

El otro, el de la Sra. V. F. de F., es
muy hermoso, lleno de interés por el
equilibrio en que se mueve todo el tiem ­
po el artista echando mano de todos los
recursos legítimos para entonar en tintas
claras, para construir planos de luz y vo­
lúmenes sin por eso dejarse tentar por la
realidad. Todo está dicho como en clave,
la trasposición a que debe aspirar el arte
se cumple dentro de un universo que
tienen su lógica y que se impone por su
presencia, sin retórica.
He dejado ex-profeso para el final, la lar­
ga serie de naturalezas muertas. La gran­
de que representa un anaquel lleno de
objetos, me parece de las menos intere­
santes. En circunstancias semejantes, el
pintor con esa vena de naturalista que
todos tenemos, se ve obligado y compro­
metido a pintar lo que ve, lo que estaba
verdaderamente sobre ese estante, ese día.
Y asi aparecen: el pan, el ramo de flores,
el gallito, los pinceles. Quizá por cariño de
intim idad el pintor no se atreve aqui a dar
el salto hacia lo más universal por más
abstracto. En casi todos los otros, sí. A
veces como en el del canasto de limones
acierta en los fondos plenamente, en azu­
les y verdes frutales, pero dibuja el reci­
piente de una manera académica y fría
que desequilibra los otros aciertos. A veces
la riqueza de matices lo hace perderse en
un fárrago en que un macizo de flores
se hace abigarramiento de pintura. Sin
embargo con la mayoría de los cuadros
logra una dinamización total del rectán­
gulo pintado. Sus formas se adecúan, in ­
venta una visión de muchos cabos de
pinceles como un curioso abanico plegado
en el que juega la luz y la sombra en
grises muy justos como altura de tono.
Crea también una naranja pintada en
rasgos verticales muy interesante, consi­
gue componer con simples cajas un juego
de volúmenes y de planos que lejos de
dar por resultado un cubismo en el plano
se resuelve en una abstracción muy inte­
ligente que sigile siendo tridimensional sin
pretender un volumen que estaría fuera

D amián Carlos Rayón

A P O S T I L L A S
D el P rete llamó al tercer ciclo retros­
pectivo de su pintura, metaforismo plás­
tico. Para nosotros fue un m undo de lo
poético expresado esencialmente por la lí­
nea hecha perfiles y ayudada pcrr un
color bien modulado en los grises y los
ocres. Esa línea haciéndose tensa o distin­
tamente espesa daba por sí misma expre­
sión a las formas en Paseo en día de fies­
ta. Y ella misma adquiría la sig?iificación
de un signo aéreo en Reminiscencia, sim ­
plem ente por su fluidez.
Éste era el valor nuevo que se apreciaba
en la exposición. En cambio, cierto nú­
mero de obras pudieron ser incluidas en la

64

�anterior ya que indicaban el mismo cami­
no hacia una pintura de abstracciones más
puras. Por ejemplo, El circo, donde el
espacio se crea por la oposición de un
plano horizontal con respecto al fondo y
por la inclusión dentro de él de un m un­
do de objetos geométricos en tintas planas.
B. S.
El escenógrafo y pintor francés L abisse
expuso últimamente en Buenos Aires. Tie­
ne algunas cualidades valiosas en sus de­
corados en gris de El proceso de Kafka,
con su ingeniosa disposición de planos
y de telones que suben y bajan descu­
briendo sectores de escenario, en sus arcos
del segundo acto, oprimentes como la obra
misma v por ende en carácter. También
en sus dibujos obsesivos de animales mons­
truosos, insectos inventados o deformados
como en una pesadilla de lineas negras,
dibujos para ilustración de libros en edi­
ciones raras. N o tiene ningún interés
en la pintura propiamente dicha: ni como
color, desacordado, frió, vulgar, ni como
factura —que debía ser impecable en su
caso como en Dalí o en Batlle Planas—
ni en sus asociaciones arbitrarias de des­
nudos con cabeza de tigre, de fantasía
exterior. Labisse no es un superrealista
de adentro, lo que pinta se impone de un
modo superficial porque no trasciende
como sinceridad. Preferiremos siempre ar­
tistas aunque sean mucho menos dotados
que empiecen por creer ellos mismos en
lo que hacen. El valor o el no-valor de
su obra vendrá a post'eriori como un
plus. Lo demás es pastiche y queda como
documento de simulación, no de arte.
D. C. B.
Un placer que tal vez no anticipábamos
nos proporcionó la visita a la exposición
que mostraba dibujos, temples y acuarelas
pertenecientes a la colección de Jorge
Larco. Sabíamos que incluía obras de
muchos de nuestros pintores y esculto­

65

res y nos jneocupaba pensar si no per­
derían en la comparación inevitable, al
verlas colgar junto a obras de artistas
muy valorados en el panorama artístico
europeo. Pero pronto nos dimos cuenta
que nuestra preocupación previa carecía
en cierto modo de fundamento, porque,
entre las mejores obras de esta exposición
sobresalen, indudablemente, los dibujos de
L ino Spilimbergo, cuyas lineas —expresi­
vas en si y sin ayuda de elementos espú­
reos— llegan a la conceptuación reflejan­
do con dureza toda la potencia de obje­
tivación del sentimiento de que es capaz
este pintor.
También se destaca El Cedro, de H oracio
B utler. Sin perder contacto con su punto
de partida —la realidad natural— todos
los elementos del paisaje se han transfor­
mado en signos abstractos de una dinamización espacial que crean una vorágine
veloz y expansiva. La acuarela de E milio
Pettoruti, con un meditado ajuste en los
acordes de tonos, denota una fría filtra­
ción de sus sensaciones, camino que con­
duce —a través de síntesis inventiva— a
la construcción de un paisaje ribereño.
Mencionamos también Boxeador, de R aúl
Russo, figura de estatismo temático donde
vibran, tensas, las lineas que lo constru­
yen casi arquitectónicamente.
A l encontrar en el catálogo el nombre de
Matisse, con natural expectativa nos p u ­
simos a buscar su dibujo; era una Academie Fauve, posiblemente obra de ju ­
ventud, sin la instantaneidad expresiva ni
la potencia insinuante del arabesco con
que Matisse construye sus figuras. Tam ­
poco es muy representativo del arte de
D erain ese Desnudo, por lo blando y sen­
timental, ni está entre los mejores de
Massimo Campigli este dibujo que lo
muestra yendo al pasado en busca de una
expresión “standard” que no alcanza to­
talmente. En cambio, son buenos los dibu­
jos de Mario Sironi, quien logra con el
lápiz raros efectos pictóricos, y otros que
no puedo mencionar aquí. B. H.

�miscelánea

• Nos llegan noticias cada cierto tiempo de las actividades que se desarro­
llan en el Museo de Arte de San Pablo. Se advierte que es un museo
vivo. No sabemos qué obras poseen, ni conocemos su organización, pero
los magníficos catálogos que nos han enviado hablan bien a las claras
de un espíritu moderno, de una preocupación sana por incitar a la com­
prensión del arte, de una excelente directiva pedagógica. El primero de
esos catálogos, dedicado a Portinari, con motivo de una gran exposición
de sus obras que se realizara en diciembre de 1948, se inicia con un ex­
celente artículo de P. M. Bardi, director del Museo, en cuyas primeras
páginas advierte que esas publicaciones estarán dedicadas al público, "al
que se desea ayudar para que comprenda el arte contemporáneo” y
a fe que basta continuar la lectura hasta llegar al párrafo en que se ha­
bla del carácter fragmentario del arte de nuestra época para compren­
der que el propósito se cumple. Completan el tomo, trabajos firmados
por G ermain Bazin, J ean Cassou y Q tto M aría Carpeaux. La segunda
publicación se refiere a las figuras y paisajes pintados por R oberto Sam bgnet, joven pintor italiano, en la tan rica y hospitalaria como alejada
localidad de Massaguassú (Brasil). Un pintoresco texto del mismo Bardi, no exento de valores literarios por cierto, y una muy buena docu­
mentación fotográfica ponen al lector a punto para comprender la pin­
tura de este artista. Las reproducciones bastan para juzgarlo como vigo­
roso dibujante y para presumir que la estancia en Brasil le ha prestado
una curiosa densidad de color. La última publicación es sobre el arqui­
tecto R ichard N eutra, con un artículo de Bardi sobre Su posición, un
trabajo del mismo Neutra sobre Arquitectura y fisiología y algunas sen­
tencias. Si las publicaciones revelan un alto nivel, no sólo por los textos
sino también por el buen gusto editorial, mucho puede esperarse de las

66

�futuras. Se anuncian monografías completas sobre la obra de L asar Seel gran pintor expresionista que vive en San Pablo desde hace mu­
chos años, y sobre la del escultor italiano E rnesto de F xori, también re­
sidente en San Pablo, que murió en 1945, además del Catálogo del Mu­
seo, Homenaje a Le Horbusier, Homenaje a Max Bill, Dibujo industrial
y un opúsculo sobre Roberto Burle Marx y la arquitectura de jardines,
la especialidad en que descuella el talentoso artista brasileño. Damos
cuenta a nuestros lectores de la inteligente faena del Museo de Arte de
San Pablo, al mismo timpo que hacemos llegar a su director nuestras
calurosas felicitaciones, no sin envidia por cierto.
J. R. B.
gall,

• Los datos que llegaron de la Escuela de París poco después de la guerra eran poco
halagüeños. Al parecer se marchaba todavía por los caminos abiertos por Picasso y
por Matisse . . . y .esos son ya caminos demasiado conocidos. Felizmente las nuevas ex­
posiciones han probado que esos temores eran falsos: pueden alegrarse los que tienen
fe en la vitalidad y fuerza del arte francés. Tomaremos como ejemplo una exposición
de Arte Francés de Avanzada, efectuada en Nueva Yotk, en los primeros meses del año,
que permite observar algunas similitudes entre pintores de marcada individualidad.
Asi, todos los trabajos expuestos son no-figurativos, y en todos ellos notamos esas cua­
lidades tan francesas de gracia, claridad, orden y disciplina. La tendencia general es
a alcanzar una estructura monumental. El espacio se crea con criterio casi arquitectó­
nico. Aunque se ve que han recurrido al cubismo buscando fuerza para sus estructuras,
aun al impresionismo- para lograr la pureza y fuerza de los colores con que se construyen,
han creado algo nuevo, algo vital, lo que hace pensar que estamos cerca de un arte
abstracto ya en camino de la madurez.
• Life International, que viene regalándonos con fotografías en colores —a veces no
fidedignos— de la plástica mundial, aporta en un número de julio, nueve vivísimas
reproducciones en color de los mosaicos y vidrios coloreados adquiridos para la iglesia
de Asís, en los Alpes. Llamados a decorar esta iglesia fueron Bonnard, R ouault, Léger,
L ur^at . . . 15 pintores. Life publica una fotografía nocturna de los mosaicos colorea­
dos con que Léger decorara la fachada interior y, entre otros vitrales, el Cristo su­
friente de Rouault, el angustiado católico a quien ha dado en llamársele “el más
grande pintor viviente de temas religiosos”. Entretanto los agnósticos: Le Corbusier fi­
niquita el proyecto para una iglesia próxima en Marsella; Matisse decora una capilla
dominicana en Vence, al sur de Francia; y Marc Chacall es llamado a pintar para
otra iglesia de la misma aldea. ¿Querrá reconquistar Roma —se pregunta Life— su
otrora famoso papel de “patrono de las artes plásticas”? Y si es así, ¿volverán otros
Julios II a entorpecer vida y obra de algún otro Miguel ángel?

67

�%
Desde Venezuela, la actriz J uana Sujo nos anuncia que P ablo N eruda, el adm irado poeta
chileno, se ap resta a prologar la edición de la últim a genialidad de P icasso : sus prim eros
versos ( !). ¿H asta cuándo dará pábulo al asom bro el m aestro indiscutido de la p in tu ra con­
tem poránea ?

• Cuando A l e x a n d e r C a ld er ubicó su International M otile en el Museo
de Arte de Filadelfia, esta histórica ciudad asistió a la continuación de
una tradición artística que tal vez sea única: ésta era la tercera generación
de Calder que ornamentaba sus lugares públicos con esculturas. La co­
nocida estatuía del fundador de Pensilvania, obra del abuelo Calder,
desde lo más alto del edificio de la Municipalidad, contempla una ro­
mántica fuente con sirenas de bronce creada por su hijo Alexander. Pero
el nieto desilusionó a sus antepasados huyendo del arte y estudiando in­
geniería, hasta que por fin la atracción de la escultura venció, aunque no
totalmente, ya que Calder siguió usando los instrumentos, materiales y
métodos de construcción.
Los trabajos de Alexander Calder III reflejan el espíritu de su tiempo tal
como lo hicieron las obras de su padre o de su abuelo. Sus Mobil.es gustan
tanto por su maravillosa precisión y equilibrio como por lo original de
las formas o acordes de colores. Las personas que observan el movimiento
de sus composiciones sienten una atracción que no alcanzan a definir;
un crítico la ha llamado “la estética de lo inconcluso, del suspenso y de
la sorpresa”.
• El arte moderno va al encuentro del hombre de la calle. Rene d’Haynoncourt,
director de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York, y Robert Goldwaler, editor del Magazine of Art, han decidido probar que existe un parentesco estrecho
entre el arte y los objetos de uso común que amueblan y adornan las viviendas de hoy.
Para ello han reunido obras de hombres que han abierto caminos en el arte moderno
—Klee, Mondrian, Arp, Miró, Dalí y otros— y junto a ellas h a n ‘ubicado objetos de uso
diario que muestran cómo sus creadores han sido influidos —conscientemente o no—
por las obras de arle allí expuestas. Son ejemplos bien claros: una estantería1 para libros
cuya distribución irregular recuerda composiciones sobre fondo blanco de Monclrian o
de Vantongerloo, lelas estampadas con signos a lo Paul Klee, mesitas o sillas sugeridaspar Arp, etc.
Después de ver los paralelos de esta rara exposición, nos queda la esperanza de que
no es una utopia o un sueño lejano el pensar en que convergemos a una unidad total
de las artes, tal vez semejante a la que reinó en el Medioevo.

68

�“ C A L E F A C C IO N ”
CIENTIFICAMENTE
PERFECTA

��</text>
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Roland, Alfredo E.&#13;
Sarfatti, Margarita G.&#13;
Traba, Marha&#13;
Pastor, Blanca&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Puente, Alicia&#13;
Pasini, Alicia&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Diament, Clara&#13;
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A R¿ T ÍS T, IC__A
- -

&gt;

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTÍSTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST

CON LA COLABORACIÓN D I SUS DISCÍPULOS

SUMARIO
Ernst Barlach.
A ngelia B eretJ ^

Bibliografía fundamental: Libros ingle­
ses sobre la pintura contemporánea:
Art, por Clive Bell. P amela Bruzzone
Vision and design, por Roger Fry.
D amián C arlos Bayón

Art Now, por Herbert Read.

/-\

R aquel E delma^ j ,

The Modern Movement in Art y Mó­
dem French Painters, por R. H. Wi ¿
lenski.
L ía C arrea y D. C. B. '■
La pintura de Emilio Pettoruti: ayer y
hoy.
J orge R omero Brest
Critica:
Mauricio Lasansky.

J orge R omero Brest O

Manuel Ángeles Ortiz. B lanca Stabile
Juan Carlos Castagnino. L ía Carrea
Horacio I. Butler. R aquel E delman
Víctor Lanza.
I solina Grossi Q
Arte abstracto, concreto, no figurativo a
D amián Carlos B ayón ^

XXXVIII Salón de Artes Plásticas.

L ía Carrea, M artha
T raba, A ngelia Beret
y Clara D iament

Miscelánea.
TAPA: XILOGRAFIA DE BARLACH
Volumen II, n? 6. Setiembre de 1948
B u e n o s Ai r e s

jr-TTA PUBLICACION HA SIDO
i c o st ilm e n t e donada
| POR

o é fii/
____

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRÍTICA

DIRECTOR:

JORGE

ARTISTICA

ROMERO

BREST

Volumen II - Número 6 - Setiembre de 1948

��ERNST BARLACH
i A OBRA DE BARLACH ES UNA COLUMNA; EL SACRIFICIO,
(base, fuste y capitel) son
partes inseparables de un todo que guarda aún la vibración áspera y hu­
milde del origen.
Sacrificio en el material: en lugar del mármol y la piedra, la madera,
con su color oscuro y su calidez de vivida, o la grave y pobre terracota,
hija del cántaro útil y del barro domesticado. Sacrificio en la factura: su­
presión de todo halago exterior y de todo detalle en pro de una superficie
lisa y fría, acuchillada de aristas y una síntesis severa. Sacrificio en el tema:
naufraga la multiplicidad de los objetos en la unidad del hombre. Sa­
crificio de la sensibilidad al sentimiento; sacrificio de la armonía a la
expresión patética. De este semillero de renunciamientos brota la obra
viva; suelo amargo que condicionará su impulso y su sentido.
Y su sentido es el que va de la horizontal a la vertical, de la llanura
al campanario. Las primeras figuras de Barlach son pesadas, espesas, re­
dondeadas, sin aristas, cosidas a la tierra por sus cuerpos de tierra y sus
almas de gruesa tierra caliente. Unen la expansión del sentimiento a la
concentración de la masa; lo expresivo reside en el contraste. Pero muy
pronto domina el eje oblicuo y aun el vertical; son perfiles quebrados,
gestos hipertensos. Los bordes se aguzan, los planos sustituyen a las su­
perficies curvas para dar volúmenes únicos con resabios de pirámide y
prisma, las aristas cumplen como canales rítmicos que propagan y sub­
rayan la expresión del rostro. El contenido adhiere a la forma y de su
cópula surge una plástica que se define como afirmación de volumen en
el movimiento. Hasta que la vertical se impone: un impulso de ascenso

J—&gt; la expresión y la realidad trascendente

�recorre las figuras, el vuelo de las aristas apunta hacia arriba, los rasgos se
acentúan, los gestos se concentran. El pathos se aquieta en angustia.
Barlach reúne lo contradictorio anulando la contradicción. Su volun­
tad de forma denuncia un control intelectual latente que no destruye la
descarga patética. Sus volúmenes cercanos a lo geométrico niegan la esen­
cia de lo geométrico: el orden, la serenidad, el equilibrio. A ellos opone
la tensión, el pathos, el movimiento, triángulo de lo dramático, aunque
a veces también de lo grotesco. En Barlach lo grotesco no queda como
ruptura superficial; es uno con la expresión y necesario a la expresión.
Recuerda a los viejos maestros góticos alemanes que en Bamberg y Rottweill, Nuremberg y Estrasburgo, calentaron de hombre y de sentimiento
el impulso extrahumano de las catedrales. Es el mismo espíritu, el mismo

4

��ERNST BARLACH

Cabeza del Monumento a la Guerra
Güstrow - 1927

Hoja de VER Y ESTIMAR

�Mujer sentada (1909)

El paseante (1912)

El fugitivo (1920)

El cantor (1912)

�Ü A R r .A c ir .

F.I seminarista leyendo. (1911)

M estrovic .

�vigor formal y el mismo sentido de síntesis, el mismo afán expresivo y la
misma deformación patética, el mismo estremecimiento y la misma irrup­
ción instintiva, ese “salto del tigre interior” de que habla en su auto­
análisis.
En verdad está mucho más cerca de estos remotos antecesores que de
Lehmbruck, el otro nombre del expresionismo escultórico alemán. Lehmbruck acuerda lo que Barlach plantea como sacrificio; conciba la sobrie­
dad, el sentimiento, el dinamismo, con el goce de los valores y la materia,
la sensibilidad, la ponderación. Barlach ve sus formas como bloques afi­
lados de aristas que tienden a un centro único, Lehmbruck ama la curva
sutil y el fraccionamiento rítmico. Barlach emplea la deformación disonan­
te y está teñido de angustia; Lehmbruck deforma armónicamente y ex­
presa la melancolía. Barlach rechaza el desnudo; su plástica exige la
austeridad de la figura cubierta. Lehmbruck se da en el desnudo al que
depura de lo voluptuoso buscando sólo sus posibilidades sensibles. Sus
formas de cirio y cala son esbeltas y suaves. Plantean lo inasible de su
complejo íntimo. A las formas de Barlach, potenciadas por un único y
simple estado de ánimo, les falta el misterio del matiz. Su misterio reside
en la exaltación con que este único estado de ánimo es trasmitido. La
desmesura es característica del expresionismo eslavo. Su paradigma, Mestrovic, enfrenta a la severidad nórdica y a sus volúmenes ceñidos el des­
borde dinámico que rompe y recrea la forma. Desnudos que retuerce y
cava a grandes golpes de blanco y negro, vírgenes bizantinas barbarizadas,
bajorrelieves de violencia rítmica y líneas geométricas; su plástica brutal
a la vez que refinada concentra sus múltiples acordes en la unidad de una
pasión ajena a lo patético. Pero en Mestrovic la tortura externa habla
más alto que lo interno emotivo. El movimiento termina por tragarse el
contenido y asumir el carácter de expresión; preso entre las compuertas
del ritmo y la síntesis desemboca en lo decorativo. Mestrovic acepta la
dualidad escultura-arquitectura como una subordinación. La escultura es

7

�la servidumbre del brazo en el candelabro, el remate del cirio en el
brazo. En Barlach la escultura es cirio y brazo, brazo y candelabro. Si
sus figuras se ajustan al nicho gótico conservan la perfección de lo aca­
bado. Aun los relieves tienen ese gesto de bastarse a sí mismos. Barlach
y Mestrovic monumentalizan, pero mientras que en éste domina el epos
formal, en Barlach se trata de talla interna, de amplitud patética. Podría
hablarse de un colosalismo expresivo independiente del tamaño.
La plástica de Barlach nace en Rusia. Tres signos presiden su naci­
miento: miseria, dolor y lucha. Rusia es el hombre ceñudo y la mujer
desolada, el mendigo y el caminante sin estrellas, el violinista rural y el
aldeano ebrio. Y Rusia es más que esto; es la tierra, chata y grave, rezu­
mante de podre y de semillas, el llamado paciente y pesado de la tierra,
el negro quejido horizontal de la tierra. La plástica de Barlach nace en
Rusia, pero madura en Gustrov. Pues la tierra es vientre y médula y
latido, la voz pegada a la sangre primera, pero está el cielo, que se une
a ella como el río al cauce, y hay cosas detrás de las cosas que no se
agotan en la medida social ni en la agonía de clase. Su hombre de ahora,
necesariamente indiferenciado en un ropaje sin tiempo, concibe el existir
como agonía metafísica. Hay un furor de trascendencia golpeando y mor­
diendo las envolturas tridimensionales. El volumen concreto en su nerva­
dura de aristas y su muralla de planos cruje por la excesiva tensión. Su
fuerza está en ese salto hacia una realidad que escapa a los sentidos. Así,
la realidad se daría en lo interno: lo real en la flauta no sería la caña,
sino el sonido; sólo que caña y sonido no pueden separarse. Barlach pos­
tula la asimilación de los contrarios, la unidad esencial de lo interno-exter­
no. Pero no lo resuelve: su plástica refleja esa problematización sin salida.
Ya que tal vez lo único verdadero entre las detenidas sutilezas racionales,
más allá de teorías, controversias, andamiajes y nombres, sea la fuerza
brutal y brutalmente viva, la voz de tierra y sexo del instinto.
A ngelia B eret

8

�NOTA biográfica :

Ernst Barlach nace el 2 de enero de 1870 en Wedel (Alemania del norte). A su
origen estrictamente germánico debe sus cualidades esenciales: sobriedad, rigor, efusión
emotiva, ansia metafísica. Tiene 18 años cuando empieza a estudiar en Hamburgo dibujo,
y luego, no obstante el juicio desfavorable de sus maestros, escultura. Pasa entonces
por un largo periodo de tanteos, experiencias, reflexiones sin rumbo sobre el arte
y sobre si mismo, como consta en su autobiografía. Va a París, donde "aprende harto
poco y no olvida nada”. Ya se plantea su impermeabilidad a lo latino y su apego a
la sustancia nórdica. En 1905 expone en Berlín un pequeño bronce que le resulta
decepcionante. Pesado de insatisfacción viaja a Rusia y encuentra manos nuevas y
nuevos ojos. Tiene 56 años. Vuelve a Alemania y se reconoce en lo nórdico, cuya
esencia está dada por el estilo gótico, del que refleja la fuerza expansiva y el afán
trascendente sin parcialismo religioso. Los Apóstoles y Profetas de la catedral de Bamberg y los Apóstoles de la Capilla de San Lorenzo en Rottuieil pueden decirse antepasa­
dos de sus obras. Un viaje a Italia consolida su visión germánica; de regreso, se enraiza
definitivamente en Güstrov (Mecklemburgo). Su plástica lleva desde un comienzo los
signos determinantes de síntesis, volumen, dinamismo interno y desindividualización.
Lo prueban Mendiga rusa (1906), Mujer sentada (1907), Pastor de las estepas senta­
do (1907), La libación (1909), Mujer preocupada (1909), Peregrino reposando (1910),
El solitario (1911). Gradualmente la obra de Barlach pierde su primitivo tono social y
se embebe de inquietud metafísica. A ello corresponde un mayor ajuste y dinamismo en
los volúmenes y el reemplazo de la superficie redondeada por el plano y la arista.
El que desenvaina la espada (1911), El paseante (1912), Susto pánico (1912), La vi­
sión (1912), El violinista de aldea (1913), Peregrinos (1913), Hambre (1914), testimo­
nian una transición que se cierra con El estático (1916), Muchacha tiritando de frió
(1917), Mujer bailando (1920) . Con El fugitivo (1920) , El vengador (1923), Reposo en
la huida (1924), El profeta (1925), se da el climax rítmico de las aristas y la máxima
exasperación del movimiento. De esta ¿poca datan también los bronces El beso (1913) ,
Los dos lectores (1923) , La muerte (1925), que significan una pérdida del volumen y de
la expresión junto con una tendencia a lo dinámico superficial. Casi al mismo tiempo
comienza a advertirse un proceso de apaciguamiento y de búsqueda de un rigor absoluto
en las fomas. Mujer llorando (1923), Mujer encinta (1924), El reencuentro (1926),
llevan a la madurez formal y expresiva de El hombre que canta (1932), Novicio leyen­
do (1931), las figuras para el Friso de los que escuchan (1931) , Novicio cantando (1932),
Cristo (1932), Mujer en el viento (1932), Monjes leyendo (1933), Anciana acurrucada

9
|

JL

�(1934). Las características plásticas de Barlach se pliegan a las exigencias de lo monu­
mental, como lo demuestran sus monumentos de homenaje a los muertos en la catedral
de Güstrov (1927), en la iglesia de la Universidad de Kiel (1928), en Magdeburgo
(9130) y Hamburgo (1931), el monumento funerario al principe heredero Reuss
(1931) y los proyectos del no realizado monumento a Beethoven, cuyo Friso de los que
escuchan (1931) fue fragmentado en figuras aisladas. Su raigambre gótica justifica el
pedido de una serie de figuras (1931), luego no utilizadas, para la iglesia de Santa Cata­
lina en Lübeck. También sus dibujos lo muestran monumental y dinámico con largos
trazos esquemáticos que sugieren el volumen.
Barlach, lector de Dostoievski, es dramaturgo y poeta en El expósito, El día muerto,
El primo pobre, Los verdaderos Sedemunds, El Diluvio, El buen tiempo, Boíl el azul,
que plantean la noción de libertad en la doble búsqueda del yo y de lo trascendente.
Por sus posibilidades de contraste utiliza la xilografía para ilustrar el Canto a la alegría
de Schiller, La noche del Walpurgis de Goethe, sus propias obras. Su sentido trascendente,
su afán expresivo, su carácter sintético, su violencia dinámica, lo ubican entre los cons­
tructores del movimiento expresionista.
Ernst Barlach muere el 24 de octubre de 1938 y sobre su obra cae el menosprecio
hostil del Tercer Reich.

10

�Pettoruti

�LA PINTURA DE

EMILIO P E T T O R U T I : AYER Y HOY
CUANDO PETTORUTI EXPONE EN UN SALÓN, DONDE
están colgados sus cuadros está la máxima calidad del conjunto,
la que a nadie escapa, como si ellos obraran a manera de conjuro
aun sobre el visitante frívolo. Pero cuando exhibe individual­
mente, como acaba de ocurrir en la Galería Peuser, hasta los más reacios
a comulgar con su credo estético se rinden. Es el pintor que triunfa y
se toma honesta revancha —contra la befa, el escarnio y la injusticia— al
ver que su conciencia se expande en la conciencia de los demás, sin alarde
y sin apresuramiento, nada más que con fe, y por eso de modo natural,
como un crecimiento inevitable. •
Por segunda vez en un lapso de ocho años nos invita a juzgar su obra.
¿Qué puede decirse de nuevo a propósito del pintor? Todo cuanto se
diga resultará ahora inútil y pálido elogio, porque Pettoruti, gran señor
de la pintura, supera ampliamente los problemas del hacer. Ante su obra,
columna dórica en el templo del arte contemporáneo, sólo cabe apuntar
hacia el artista. Mas no se puede intentar siquiera la comprensión del
mundo estético de Pettoruti, sin vincular todos sus cuadros y sin discri­
minar, tanto en los de antaño como en los de hogaño, la fina proble­
mática que plantean; sobre todo con motivo de la reciente exposición,
pues ella obliga a emplear un criterio evolutivo de apreciación. De modo
que este ensayo parte de los principios.

I

12

�U

LO PRIMERO QUE SORPRENDE, POR EL OBSTINADO Ri­
gor que revela, es su condición de autodidacto, pero cuando se
sabe que da sus primeros pasos en el campo del dibujo y la cari­
catura, objetivos y precisos desde el comienzo, la extrañeza se
disipa, pues permite suponer que gracias a esa disciplina del lápiz rehuye
la mancha y el boceto, y en Italia realiza su aprendizaje en los museos,
cara a cara con las obras del pasado, como si una segura intuición le hiciera
presentir que en ellos va a encontrar la salud de su arte, y su originalidad.
Pero el virus futurista se le infiltra y al volver al país declara, con
voz no exenta de énfasis, con esa dureza que caracteriza a los hombres
que escriben en Lacerba: “Yo deseo hablar siempre del presente; lo pasado
ha muerto, debemos enterrarlo; el hombre debe caminar sin volver la
vista, siempre con la mirada puesta en el porvenir”, probando que su
alma no se tuerce hacia un historicismo suicida.
He aquí, pues, las dos componentes de su alma y de su arte, una sola
y misma cosa en el despertar de este pintor excepcional.
AHORA BIEN, EL FUTURISMO NO FUÉ SOLO UN ESFUERZO
para captar el movimiento; por lo menos no es legítimo conformarse con
esa caracterización tan somera. Para lograr la síntesis de tiempo, lugar y
forma (dibujo y color), los futuristas trataron de resolver la antinomia
volumen-espacio, aplicando normas que emanaban de una concepción
peculiar del movimiento, según la cual los objetos corpóreos se hacen re­
lativamente incorpóreos, o pierden su corporeidad fija, por medio de la
interpenetración de planos, y se corporiza el espacio poblándolo de formas
materiales. Acaso el único modo como los italianos pueden concebir el
movimiento, en la materia y por la materia.
Consideraban al objeto como un núcleo del cual emanan ciertas fuer­
zas —líneas y formas-color— que lo relacionan con el ambiente y a éste
como algo animado de movimiento que modifica por su parte la estruc­
tura dibujística y colorística de aquél, y al resultado de esta relación lla­
maban objeto-ambiente, materialización de lo dinámico. Y Soffici dirá:
Operar la modificación de los elementos que constituyen los objetos y,
por tanto, de su ritmo, mediante planos y volúmenes, quiere decir hacer
entrar entre los planos y volúmenes del objeto, los planos y volúmenes de

IB

�los objetos circundantes, y recíprocamente. Con lo cual todas las defor­
maciones serán justificadas.
Muchos de los cuadros de la primera época de Pettoruti, acaso con
la única excepción de ciertos paisajes del norte italiano, indican la asimi­
lación de la manera de expresarse de los futuristas, no sólo por la técnica
del dinamismo plástico, el rechazo de todo arcaísmo y el desdén por las
formas superficiales, sino por el mantenimiento de una actitud materia­
lista. Porque si se ven cuidadosamente los cuadros del maestro argentino,
se observará que nunca se aparta de la materialidad de las cosas y que,
si bien las rehace a tenor de su fuerte voluntad expresiva, las respeta en
su existencia corporal, aun en aquéllos en que parece buscar más eviden­
temente el puro lirismo.
Otra característica de la pintura de Pettoruti en los primeros tiempos
es la pureza del color y el empleo de tintas complementarias, tanto desde
el punto de vista de aquél como del claroscuro, el relieve y las formas
mismas, todo lo cual denuncia su adhesión al movimiento futurista, fiel
en cierto modo al impresionismo. Pero mientras los italianos abandonan
progresivamente el color puro y unido, Pettoruti se opone a ellos y, si­
guiendo la lección que a diario le da la gran tradición, exaspera el color
plano hasta el máximo. ¿Plano? Casi nunca de manera total; siempre es­
tablece sensibles diferencias tonales entre las zonas de color como para
sobreponer a la estructura firme de los contrastes una más vacilante de los
valores en acorde. Tan sólo La gruta azul de Capri, entre las obras ex­
puestas, escapa a ese juego y se afirma en el plano.
Esta etapa futurista es fundamental, porque Pettoruti adquiere los
medios expresivos al par que una técnica solidísima, pero más todavía
por todo lo que de original manifiesta ya entonces. Los futuristas le en­
señan que el objeto no tiene una forma a priori y que la pintura sólo
puede definirlo marcando la relación entre lo que es como peso (cantidad)
y lo que es por su capacidad de expansión (calidad), pero es él mismo
quien hace del dinamismo plástico, demasiado mecánico en la mayoría,
una fuente de expresión lírica. El encanto irresistible de Pensierosa (1920),
por ejemplo, procede es cierto de la fina armonización dinámica de los
planos en contraste, mas también de la emoción que vuelca en esa cons­
trucción aparentemente fría: solidifica inclusive el sentimiento, al que
ordena según un ritmo tan inmaterial, no obstante la materialidad de las
formas, como para llamarlo lírico.

14

�Después no hará Pettoruti sino desarrollar, perfeccionándose, la se­
milla fructuosamente plantada en su alma por la tradición y la actualidad
italianas, no sin dejar alguna obra maestra insuperable.
CUANDO SE INTERPRETA EL CUBISMO COMO UN M ovi­
miento que comprende una gran diversidad de temperamentos, reducidos
a común denominador por el carácter de creación que impera en ellos,
por el alejamiento de toda intención trivialmente representativa y por la
voluntad de trascender, es difícil concebir que ningún pintor moderno
pueda escapar al enrolamiento en esa tendencia. Solamente así puede ex­
plicarse la inclusión de Pettoruti en ella, ya que los puntos de contacto,
por evidentes que parezcan, pierden importancia en cuanto se estudian se­
riamente sus obras.
Claro está que, por un momento, Pettoruti se rinde ante el uso de
ciertos expedientes que lo vinculan con el cubismo, cuando se empeña en
buscar calidades, antes de que descubra el modo propio de dar profun­
didad a las composiciones, y apela a los papeles pegados, imita la madera
e introduce letras o palabras, pero no sólo los abandona rápidamente,
sino que tampoco tienen en su pintura el valor recordatorio que los jus­
tifica en el cubismo. Además, la concreción y profundidad colorísticas de
aquél difiere del empleo sinfónico de las tintas en los cubistas, así como
el concepto acerca de la interpenetración de planos. En los cubistas, la
descomposición del objeto en planos y volúmenes obedece a la necesidad
de expresar la “concreción ponderable, medida y palpable” del mismo,
que lleva a la forma inalterable y absoluta, “independiente de cualquier
accidentalidad de iluminación y de condición ambiental”, mientras que
en Pettoruti predomina el dinamismo futurista.
Sin embargo, alguna influencia del cubismo se hace sentir en la pin­
tura de nuestro artista: a ella se debe, seguramente, la tendencia a atem­
perar el dinamismo excesivo de los planos interpenetrados y a buscar re­
laciones más estáticas entre ellos, que se advierte en los cuadros que pinta
al volver al país, así como un rebajamiento de la importancia dada al es­
pacio. Rincón de silencio (1926), puede ser considerado como un para­
digma de esta tendencia.

15

�TANTO SOBRE PETTORUTI COMO SOBRE LOS CUBISTAS
y futuristas pesa la tremenda acusación de que realizan un nuevo orden
geométrico, frío y científico y por tanto no artístico. No juzgar por las
apariencias es uno de los principios esenciales de la crítica. Esta afirma­
ción de la geometría de los pintores de vanguardia merecería ser profun­
dizada por quienes la sostienen; sería interesante que alguien aplicara el
jrrincipio desarrollando con símbolos matemáticos alguna obra cubista o
futurista. En cuanto a la falta de humanidad que se les achaca, ¿por qué
ha de ser humano tan sólo lo material y lo sentimental?
Se equivocan los que creen advertir en tales cuadros nada más que
una fría geometría; se equivocan sobre todo porque confunden la geome­
tría matemática con las formas que por abstracción emocional logra el
artista. Ni el cubismo ni el futurismo han pretendido jamás fundarse en
un orden geométrico —el cual exige precisión y rigor de lo demostrable—,
aunque trataron de que sus formas respondiesen a una lógica interior.
“A decir verdad —afirma Zervos— el cubismo no tiene ninguna relación
con los pintores que creen poder sacar partido de las figuras con que la
matemática explica sus problemas, y nunca ha ensayado resolver por puros
razonamientos el complejo y vivo problema de la pintura.” Lo que cu­
bistas y futuristas han querido crear, y por diversos caminos, es un clima
irreal, por odio a la trivial representación de lo material, capaz de dar
vida, mediando la fantasía, a nuevos objetos y nuevos ritmos, en los que
se encarnara una nueva realidad metafísica.
En términos similares se plantea la comprensión del esquematismo de
Pettoruti. Bastaría saber que odia la regla y la escuadra para que este ele­
mento anecdótico sirviera de probanza, pero el análisis de sus cuadros
es más eficiente y permite captar la vibración de su espíritu en el más
ligero trazo, así como en la relación de líneas,planos y volúmenes, que
no obedecen en modo alguno a postulados geométricos. Lo que él hace es
trasponer, hallar los sustitutivos plásticos que le permiten construir las
cosas naturales o fabricadas por el hombre —prefiere a éstas— según una
emoción cristalina y purificadora.

16

�DILUCIDADA LA POSICIÓN D í PETTORUTI FRENTE
al futurismo y al cubismo, es posible emprender la tarea de
caracterizar su pintura más original, la que realiza entre 1925
y 1938. Ya en la primera época se advierte el comienzo de una
idea barroca que le marca el camino para la obtención del arabesco como
elemento esencial de su expresión. En La gruta azul de Capri (1918) se
ve que lo busca tanto por el dibujo como por el color; en Carolita (1925)
se afirma con mayor autoridad y espontaneidad; pero es en las obras pos­
teriores, sobre todo a partir de Solista (1936) donde lo consigue plena­
mente, desgeometrizando las cosas, como dijera Atalaya. En lugar de
buscar entonces calidades materiales, o de especular con juegos decora­
tivos de líneas y puntos sobre fondos entonados —procedimientos que no
abandona del todo y reaparecen en cuadros posteriores—, obtiene la ca­
racterización plástica por ese modo propio, nutrido y sensual, del ara­
besco, que organiza las formas según un ritmo viril y enérgico, así como
por la justeza del tono y la incorporación del claroscuro.
Quien recuerde el amoroso y fiel objetivismo de Pettoruti, se expli­
cará hasta qué punto es exacto afirmar que nunca abandona el control
de la naturaleza o de las formas materiales: el paisaje de En la ventana
(1917), la botella de Lotion Petrole en La mesa del estudiante (1917), la
llave y el rascacielo en La casa del poeta (1925), la imagen en El retrato
de Maríarosa (1931); realismo objetivo que no abandona en las obras
que pinta después, por ejemplo, Tres cigarrillos (1934), Vino Rosso (1936),
El dominó (1935), El timbre (1938). La introducción de elementos obje­
tivos es mínima, empero, en esta época, prevaleciendo la deformación ex­
presiva que obtiene al quebrar la estructura de apariencia de las formas
y al rehacerlas merced a la intención que pone en el dibujo. Recuérdese la
variedad de recursos que le proporciona la guitarra [en El cantor (1934)
la rompe en planos para lograr la profundidad, en Solista (1936) la uti­
liza más como elemento decorativo que por el juego del arabesco, en Últi­
ma serenata (1937) y en Serenata romántica (1938) vuelve a emplearla
como elemento de profundidad constructiva] o la riqueza de ordenación
de planos en El hombre de la flor amarilla (1932) o la deformación de
la botella y la mesa que se hunde para alojar una copa en Peras y man­
zanas (1932), y se comprenderá el sentido vivo de creación, de dinamismo
interior de la materia, con que Pettoruti crea los objetos. Por eso es erró­
neo decir que es un pintor de abstracciones, salvo que se entienda por

m

I

17

�tales a las formas ideales de las cosas naturales o artificiales; pero aun así,
en esta época sus formas revelan una calidad más evidente de invención
imaginativa.
La descomposición que hace de los objetos en planos estáticos, vistos
desde un solo punto de enfoque, sin perder por ello la visión dinámica
circundante que caracteriza a sus obras primeras, es también plenamente
original. La construcción de las dos Copas verdegris (1933 y 1934) es
particularmente ilustrativa: desprende del objeto copa sus dos elementos
—continente y contenido— para encarnarlos en formas abstractas: la copa
en verdegris (tono plano) surge como una exteriorización de un volumen
de apariencia estereométrica que no coincide con él. Pero donde llega a
una extraordinaria precisión al descomponer en planos, donde consigue
especialmente que esa dinámica contenida de los planos se organice con
un sentido de voluntaria unidad lírica, es en las grandes telas de músicos,
arlequines y caminantes: hay en ellos una triple descomposición de la
figura: en sentido vertical, abriéndose en abanico; en sentido horizontal,
haciendo jugar la luz y el color en planos desde abajo hacia arriba; en
sentido profundo, multiplicando los planos hasta connaturalizar la figura
con el fondo. En esas telas supera definitivamente la bidimensión y al­
canza por una vía que le es propia la profundidad dinámica y estática del
volumen, que destaca su madurez. De una concepción relativamente
planista y muy dinámica llega entonces a una concepción peculiar de la
pintura de volumen, siendo éste, potencialmente movido por los planos,
y no el espacio, el verdadero ejecutor de sus intenciones plásticas.
EL COLOR ES IMPORTANTE EN LA PINTURA DE PETTOruti, pero no el elemento preponderante, como se afirma a menudo. “El
color nunca es fundamental en lo que pinto —dice a un periodista—. El
problema de la forma me preocupa mucho más, y mis cuadros tienen
un trabajo minuciososo de dibujo y construcción.” No era necesario que
lo dijera; sus obras lo prueban.
Hablar sobre la originalidad y potencialidad del color en su pintura
es insistir sobre lo que todo el mundo le reconoce. Importa, sin embargo,
destacar que él demuestra su sensibilidad y su saber en la manera como
pone un rojo o un blanco, conservándoles su pureza y su brillo e infun­
diéndoles una profundidad personal.

18

�PETTORUTI

1 'J I 7 - 19 2 5

I T A L I A

En La del abanico verde el pintor materializa
el movimiento, sobre la base de un centro lu­
minoso —las manos unidas— del que se des­
prenden planos en abanico, pero lo atempera
con planos más estáticos y de contraste menos
absoluto en la parte superior, y aunque no crea
todavía el volumen en el espacio (anotado con
un plano de baldosas) lo construye dinámica­
mente con admirable precisión y rigor mental.

Mi ventana en
Florencia.
1917.
l a g rilla a zu l
(le C a pí i.
1918.

La del abanico
verde ]92"&gt;

Pcusierosa
1920.

En Mi ventana en Florencia
Pettoruti realiza una descom­
posición en planos todavía no
muy inventiva desde el punto
de vista futurista. En La gruta
azul de Capri xa se lo ve
en plena invención, y en Pensicrosa, donde me sólo demues­
tra la potencia del colorista en
la riqueza tonal de los planos
Y del dibujante en la expresivi­
dad de los ritmos, sino la ca­
pacidad de concretar la emo­
ción en una fot nía absoluta.

�El postre: Una mesa
vista en perspectiva des­
de arriba en un am­
biente de severidad na­
turalista con p a redes
enfocadas desde abajo;
un punto de referenciaobjetiva con ¡a imagen
de ¡a paleta y los pin­
celes y una compotera
tn proyección barroca
de planos valorizados.
Parece que los objetos
te incorporaran a un
mundo misterioso, en el
que surge la emoción,
no del misterio sino de
todo lo contrario: de!
orden y la armonía.

BUENOS AIRES 1925 - 1938
No se juzgue por las apariencias. Compá­
rense estos arlequines con los de El improvi­
sador y se verá cómo el pintor no se repite.
Variaciones sobre un mismo tema que le per­
miten modular su sentimiento de la forma
sin hacer mayores concesiones al mismo en su
calidad de anécdota. Adviértase el juego di­
ferente de los planos en arabesco, en las pier­
nas —¡ah! esas piernas de Serenata romántica,
¡qué emoción encierran!— y la calidad de
invención de las formas que representan ins­
trumentos —la guitarra que se hunde y el
acordeón que avanza— y la fuerte expresión
de las caras —expresión solidificada pero vi­
va— que se adivina tras los antifaces. Y el
que pueda ver estas obras maestras que no
deje de hacerlo: los rosas de Hombre de mi
tiempo y los azules de Serenata romántica son
inolvidables. Ni un rasgo de sequedad men­
tal; ni un rasgo de vulgaridad sentimental:
lo que debe ser una verdadera obra de arle.

Hombre de mi tiempo

Kl postre. 1941.

Serenata romántica

�El hombre de la
flor amarilla.
1932.
La casa del
poeta. 1931.

El improvisador. 1937.
La calidad de retratista que
se anunciaba en l’ensierosa
culmina en Kl liombrc de la
flor amarilla. Pettoruti des­
compone la figura en planos
de color muy vibrante, armo­
nizados tonalmente en la gama
baja, y los ordena según un
ritmo muy claro y hondo de
emoción per medio del claros­
curo. I.a casa del poela, una
de sus primeras corporizaciones del rayo solar; sugestiva
creación de espacio que man­
tiene, aun en el misterio, su
diafanidad de cristal; y la ma­
teria siempre presente, genero­
sa en el color y el empaste.
Años más tarde logra Pettoruti en Kl improvisador uno
de sus más legítimos triunfos:
obsérvese el rico juego de los
¡danos, la potencia del color
v del claroscuro, la armonía
sensual del medido arabesco
barroco, la unidad volumen
espacio del conjunto y la in­
vención formal de las guita­
rras. Se diría un U'atteau
redivivo en un plano de cons­
trucción mental y de ritmo.

�19 4 0
19 4 8

Manzanas, una de las más bellas composiciones que Pettoruti ha
pintado en los últimos años, volviendo a una concepción menos
volumétrica y
planista: en ella se lo reconoce por el vigor
preciso del dibujo, que lleva y trae los objetos, como formas
puras, para producir en el espectador una emoción casi musi­
cal, si no fuera por esa jugosidad generosa de los empastes...
La estatua (Homenaje a Sibellino) y Kl mensaje corresponden
a la serie de rayos de sol r/ue entran por una puerta, una ven­
tana o un tragaluz, para incidir violentamente en una mesa.
Casi nada, como se verá; tan sólo el espacio berilo luz y hecho
penumbra, cristalino, pero peligrosamente helado. ¡Cuidado!
El pintor abandona
la interpenetración de
planos y reconstruye
los objetos con pasión
de geómetra, abstra­
yendo, seleccionando,
no para corpo) izarlos
como tales, sino Juna
hacerlos naufragar en
un espacio irrml, en
el que todo es luz y la
luz es color. ¿Verda­
dera solidificación del
imj¡resionismoí Acaso.
En verdad, una pin­
tura que se sentimenlaliza en el impercep­
tible acorde tonal y
se hace dura en la
consti arción lineal.
h u ís

Manzanas. 1941.
has peras. 194").

�Mientras perdura la concepción bidimensional opone las tintas puras
de modo semejante al del contrapunto musical, verdadero juego dialéc­
tico del color; pero desde 1920 se le ve abordar la valoración tonal, dosi­
ficando el claroscuro y buscando el modelado en profundidad, bien es
cierto que de modo personalísimo; podría decirse que, en el momento
en que se decide a animar sus objetos, abandona las formas contrapuntísticas en procura del acorde. En Un poeta (1925) se manifiestan los pri­
meros acordes tonales; en la serie de copas, naturalezas muertas y figuras
que pinta después, consigue que esa profundidad del color se realice por
medio de suaves contrastes entre las zonas en que divide cada forma, man­
teniendo la tinta local pero variando el tono en progresión armónica,,
sin descuidar la adecuación de sus gamas cromáticas al tema y a su es­
tado de espíritu correspondiente. Coparmónica (1937) es la obra en que
llega a la mayor sobriedad y pureza de acordes tonales.
Todo esto implica una sobreestima de la luz como elemento expre­
sivo. La emplea para la valoración tonal, pero también como factor pre­
ponderante de composición: como los clásicos, construye el cuadro sobre
la base de un núcleo luminoso, generalmente un blanco profundo. Entre
la guitarra de violento amarillo y el libro de música abierto —purísimo
blanco— una delicada zona de grises hunden la figura y la composición
toda, en Última serenata (1937) hacia el infinito. Y todavía falta des­
tacar el empleo que Pettoruti hace del fondo, siempre activo y nunca
inerte como en los cubistas, al cual descompone en planos profundos que
prestan a los primeros planos el complementario formal y colorístico, ade­
más del elemento de contraste o de armonización necesario para el logro
de la profundidad; así como la rica factura de la sustancia pictórica, nu­
trida y opulenta, vigorosa y brillante, sin grandilocuencia pero con fa­
cundia, que lo presenta como un heredero de los grandes venecianos del
siglo XVI.
DESDE EL COMIENZO MANIFIESTA PETTORUTI VERDADE­
ra simpatía por la figura humana. Es cierto que al trasponerla no aban­
dona la concepción esquemática, pero por debajo de ella se presiente su
madurez espiritual en la progresiva humanización sensible y hasta senti­
mental del dibujo y el color, los cuales le van llevando a expresar la psi­
cología profunda de los personajes.

23

�En ese intento de comunicar, valiéndose de los medios plásticos más
severos, las esencias psíquicas, han de establecerse dos líneas. La primera,
la más antigua, la señalan Pensierosa (1920), Carolita (1925) y especial­
mente El hombre de la flor amarilla (1932), cuadro en el que la expre­
sión de hondo vigor dramático, con adherencias de sentimiento y de idea,
se funde con la expresión plástica. Diría que es la línea de sugerencia del
sentimiento individual materializado, sumergido en la sustancia de fac­
tura generosa, enriquecido mediante ritmos colorísticos de excelsa sono­
ridad y construido con precisión de geómetra de la sensibilidad. No sé
si el mismo Pettoruti se da cuenta de la cima alcanzada con esta obra,
que lo sitúa entre los más grandes retratistas del siglo.
La otra línea va surgiendo con menos calor, pero con más rica com­
plejidad de movimiento. Todavía en Caminantes (1935) o en Ültima se­
renata (1937) el esquematismo de línea y color le alejan de la profun­
didad psicológica; pero en Hombre de mi tiempo y en Serenata román­
tica (1938) la abstracción se hace menos esquemática, permitiendo que
las figuras sean más accesibles a la comprensión emocional y sin perder
por eso —ahí está al mérito— su pureza plástica. Sobre todo en Serenata
romántica, a mi juicio otra de las obras plenamente logradas del maestro,
el juego de los planos en ritmos vibrantes que incluyen las curvas y la ri­
queza sensible del color —azules tan hermosos como los de cualquier gran
pintor del pasado— se cumple esa voluntad de forma cósmica, me atre­
vería a decir, porque se funde el individuo en el espacio.
La comparación entre los típicos antifaces que esconden en parte la
cara de sus arlequines, músicos y caminantes, demuestra también el pro­
ceso apuntado, desde la expresión secamente lírica a la psicológica, hu­
mana, sensible, hasta dramática. “Tal vez me baso en esto —escribí en
1940— para afirmar que con esta exposición acaso se cierre un ciclo de
la vida artística de este pintor, para que comience otro cuyos caracteres no
son previsibles.”
LA PROFECÍA SE HA CUMPLIDO EN PARTE. DESDE
I ■ / mil novecientos cuarenta y uno casi no ha pintado sino cuaW dros en los que corporiza el rayo de sol; composiciones en
que penetra éste por una puerta o una ventana chocando con
una mesa llena de objetos, o donde irrumpe misteriosa y horizontalmente
W \J

24

�en un espacio que no llenan los objetos pintados en primer plano, cuando
no son rayos que se vuelcan desde arriba como en una estilizada aurora
boreal.
El repetido tema es de procedencia futurista y fue tratado por él
mismo en épocas anteriores —Retrato de Mariarosa (1931), La casa del
poeta (1935) —, pero varía en los cuadros actuales en dos direcciones: en
los primeros —Mediodía, Concierto, Intimidad (1941-42) — el rayo de sol
incide sobre una mesa cargada de objetos que el artista descompone to­
davía en planos y contrasta con violencia cromática, lo que también ocu­
rre en Sol en el ángulo (1948), pintado con toda probabilidad sobre
un dibujo de 1922; en los segundos, el rayo o los rayos de sol cobran ma­
yor importancia, pierden corporeidad y se anuncian más bien como re­
flejos: parece que desalojaran las cosas, a pesar de que éstas tienen más
volumen que antes y no están descompuestas en planos, llenando el es­
pacio con una fuerza que destruye las tintas plenas y crea ricas variacio­
nes tonales. Entre ambas series se ubican Libro en blanco, El ramillete y
El mensaje, firmados entre 1946 y 1947, los cuales tienen algunos elemen­
tos que permitirían el acercamiento con los más antiguos, aunque priva
en ellos, a mi juicio, el concepto de los más nuevos.
La nueva pintura de Pettoruti señala cambios importantes. Por lo
pronto, se trata de una pintura de tendencia estática, de dinamismo sólo
potencial y de superficie, en la que se anula toda acción aunque fuere
plástica, y de una pintura del espacio, en el que naufragan los objetos
como simples referencias. Desaparecen en ella los elementos de vibración
barroca —las curvas, las deformaciones, los planos interpenetrados— y el
racionalismo se exacerba: es una pintura muy pensada, en la que el pintor
respeta las leyes de la perspectiva geométrica, emplea un dibujo preciso
y sin vacilaciones, y subordina el claroscuro a las formas objetivas. Además,
se advierte el paso de una pintura de contrastes de color o de tono, de
carácter moderado o violentamente contrapuntístico —la anterior— a una
pintura de acorde de tonos fundidos, lo que le permite, no obstante la
dureza del dibujo, sentimentalizar el tema al enriquecerlo con suaves va­
riaciones de valor. De igual modo debe consignarse que ya no luce la ri­
queza de sustancia cromática a que nos tenía acostumbrados y que la
composición varía en el sentido de una extremada sobriedad, casi un asce­
tismo, en la cantidad y calidad de los objetos que representa, en las re­
laciones que establece entre ellos, para dar, claro está, preeminencia al

25

�espacio. Todo lo cual permite suponer, hasta por la dura abstracción de
sus formas sólidas —recién ahora verdaderamente abstractas— y la dismi­
nuida fantasía inventiva, que persigue un nuevo clasicismo.
CUANDO Vf LOS PRIMEROS CUADROS CON RAYOS DE SOL,
hace seis años, anticipé esta evolución. Y escribí: “Lo grande de Pettoruti
es esa capacidad superior de trasposición, ese demiúrgico sentido creador
que le permite jugar con las jornias reales, sin trasgredirlas empero más
que en apariencia”.
Aunque ya debilitada la vibrante y agresiva potencia que durante lar­
go lapso le permitió madurar a Pettoruti —recién lo comprendo ahora, en
presencia de sus obras anteriores— en aquellos cuadros perduraba una
voluntad de forma viva, en cuanto respondía a una actitud vigilante. Pero
en los últimos, particularmente en las naturalezas muertas con rayo hori­
zontal o con rayos cenitales, paréceme que le faltara al artista la nerviosa
vibración emocional de otrora, como si la búsqueda de un reposo clásico
le hubiese enfriado.
No se interprete este reparo de fondo como una incapacidad para
estimar los valores plásticos que tales obras poseen. Las estimo en todo
lo que valen, sin hacer oído sordos al mensaje de fina espiritualidad que
trasmiten, sin cerrar los ojos a la impecable factura que lucen, sin ignorar
dificultades y hasta sin confesarme un goce personal al penetrar en el
mundo cerrado que crean. Mi posición es otra: me interesa plantear el
problema de la nueva pintura de Pettoruti como problema conceptual;
primero, porque me parece que es el máximo homenaje que se le puede
rendir; segundo, porque comprendo la necesidad de cohonestar la cali­
dad de emoción que ella me produce con arraigadas ideas sobre el arte
argentino, expuestas no ha mucho. Y por tanto lo planteo con dos inte­
rrogantes: ¿Puede evolucionar hacia el clasicismo un artista individual­
mente? ¿Se perciben en nuestra época síntomas de un nuevo clasicismo?
SIN EMBARCARME EN UNA TENDENCIA DETERMINISTA,
cualquiera que ella fuere, sería por lo menos incompleta, me parece legí­
timo contestar negativamente a la primera. Una actitud clásica implica
una fase de maduración espiritual que se debe siempre a una gran can­

26

i

�tidad de esfuerzos mancomunados, pues ella reposa sobre una idea del
hombre y no de lo humano, cuya vigencia no puede ser sino social, a la

inversa de toda actitud romántica, que se genera y nutre en el individuo,
aunque su emoción se vuelque fundiéndose en el universo. Piénsese en
el clasicismo de un Policleto, de un Rafael o de un Poussin y se compren­
derá que por debajo de las obras de cada uno vibra una sociedad orga­
nizada, siendo resumen de sucesivos esfuerzos de los antecesores.
Ha de entenderse que las formas clásicas son estáticas porque respon­
den a una concepción del mundo en la que imperan ideales absolutos, de­
finitivos. En los momentos en que son creadas se piensa en términos de
eternidad y se siente más con potencia reconcentrada que expansiva, pues
en ellos se afloja el estado de tensión metafísica y, con la certeza de que
algunas verdades son tales, el hombre eleva la cabeza y otea el porvenir
con mirada segura. El estatismo es sin embargo aparente —más bien se
diría que el movimiento se condensa y se ordena según un ritmo de emo­
ción tranquilo— y cuando no lo es se trata de un arte muerto.
Si en nuestra época se advirtieran síntomas de este estado de espí­
ritu, aunque fueran nada más que premonitorios, sería legítimo pensar
en un nuevo clasicismo; pero basta contemplar el panorama de la vida
entre las dos guerras mundiales y ante la preparación de la tercera, para
advertir que en ella no pueden justificarse sino las exploraciones. Lo más
vivo y fecundo, en efecto, que el siglo xx hasta aquí ha podido propor­
cionar es el producto de una investigación fragmentaria y en profundi­
dad que abre caminos, incorpora provincias de la realidad, hace lúcidas
las fuerzas subconscientes, reestima lo irracional, pone en duda las ideas
hechas, pero nada hay que unifique tales esfuerzos, nada que otorgue un
sentido a la vida, y por eso hasta la palabra sistema ha llegado a repugnar.
¿Quién puede pensar entonces en la maduración de formas clásicas, que
no pueden sino responder a un sistema de vida, so pena de esterilizarse?
¿Quién puede detenerse a descansar, con seguridad en algo, cuando se
está derrumbando nuestra fe en la inteligencia, la bondad y la justicia?
¿Qué idea del hombre puede poseer el artista contemporáneo, qué idea
unívoca sobre todo, en presencia de lo que lo aniquila, no obstante las
fiebres purificadoras que lo ennoblecen? ¿No es lógico pensar que el ar­
tista se suicida al detenerse, aunque crea haber descubierto una veta de
alimento sereno, aunque crea poseer una verdad? Cada vez que esto ha
ocurrido, al no comprender el artista que debe hundirse en la realidad

27

�equívoca y no tratar de construirla desde fuera, es decir en las etapas ro­
mánticas, como la del siglo xix, el clasicismo ha degenerado en academis­
mo, vale decir, en remedo de una concepción sistemática del universo.
Y si por alguna razón es legítimo combatir todos los academismos es por­
que engañan al presentar formas hechas, estáticas, con apariencia de de­
finitivas, escondiendo malamente la incapacidad de extraer de la realidad
un germen vivo de creación. Porque las obras de los clásicos verdaderos
—conviene no olvidarlo— encierran tanta pasión como las obras de los
románticos, diferenciándose tan sólo por el signo que las organiza: el de
la limitación y el de la expansión; pero no son obras de arte las prime­
ras si no se siente, tras la fijeza, una estremecida e inédita vibración del
alma, por profunda y sutil que ella sea.
No piense el lector ahora que mis reparos a los cuadros últimos de
Pettoruti proceden de una argumentación a priori. Mi método crítico es
inverso: empiezo por captar emocionalmente valores positivos o negati­
vos, luego trato de encontrar razones, de racionalizar mis emociones o
mis carencias emocionales.
Pettoruti alude en esos cuadros a un mundo sin angustia: de sereni­
dad ficticia porque no se siente la pasión constreñida —como en los ver­
daderos clásicos—sino vencida; de escasos alcances metafísicos, porque sus
espacios vibran, es cierto, gracias a la factura refinada del pintor, pero no
resuenan en el alma. Y aunque no creo que el artista deba reflejar —acto
mecánico— la angustia contemporánea, pienso que debe amasar con ella
sus formas, si aspira a que se carguen de esa electricidad psíquica, diría,
que las unlversaliza.
Lo que me permito señalar aquí, dando mis razones, es que su ca­
mino hacia las formas clásicas es peligroso, sobre todo porque parece crear
en soledad y, como bien dijera Valéry, “difícilmente el hombre es capaz
de estar solo”. Lo que quisiera advertir a sus admiradores —que es como
advertírmelo a mí mismo—es que no ha terminado la etapa de las explo­
raciones y que todo desfallecimiento ahora es más peligroso que si hu­
biera ocurrido hace veinte años, porque ahora estamos llegando al punto
máximo de la curva crítica del siglo.
Pettoruti se vuelve esencialista, más todavía, conceptualista, al repre­
sentar una naranja, una mesa o un rayo de sol, en el momento preciso en
que se acortan las distancias metafísicas con lo que no tiene otro signo
que el de la existencia. De la naranja, la mesa o el rayo de sol presenta

28

�imágenes duras porque son construidas y sensibles porque responden a
una vibración superficial de los sentidos, pero que aluden a una realidad
material que no conforma a quien siente la necesidad de penetrarla. Ni
siquiera el naturalista se conforma, ya que no se le escapa la voluntad
de trascender de la naranja, la mesa o el rayo hacia una instancia de crea­
ción absoluta. Y aunque creo que ninguna concepción del mundo cons­
tructiva puede dejar de ser esencialista, también creo que nuestro siglo
elabora sus esencias sobre nuevos contenidos de existencia, a las que el
hombre trata de purificar. Nadie ha de renunciar al pensamiento, pero
nadie que quiera sobrevivir ha de renunciar, en gesto de cansancio, a la
urgencia de pensar viviendo, porque “el hombre debe caminar sin volver
la vista, siempre con la mirada puesta en el porvenir”. Lo digo con las
palabras mismas del maestro para recordarle que lo que se ha debilitado
en él no es su saber, ni su capacidad de sentir, sino su combatividad, su
pujanza constructiva, la que le permitió crear, entre Pensierosa y Sere­
nata romántica, obras de valor permanente.
Acaso Pettoruti no pinte sino lo que puede pintar, y no sea justo
hacerle este reproche. Desde hace muchos años la realidad argentina no
hace sino empobrecerse espiritualmente. ¿Dónde hallar un refugio ante
la ola de grosero sensualismo que nos aprisiona? ¿Cómo no justificar el
encerramiento del artista en su añoranza de felicidad pasada? ¿Por qué
no admitir que esa misma desesperación lo impulse hacia la construcción
de un mundo artificioso? Todo eso es cierto, aunque de manera relativa,
pero, ¿no será Pettoruti culpable de no haber sabido encontrar en su medio
vital las fuerzas capaces de sostenerlo y potenciarlo? Entiéndase bien que
no le exijo que realice un arte nacionalista a base de gauchos, indios y
otras american curiosity, sino que halle el modo de hacer arte vivo en
cualquier parte donde viva, porque tengo la absoluta convicción de que
si encontrara ese modo aquí realizaría un arte nacional tal como lo en­
tiendo, es decir, universal en sus resonancias y particular en su alimento.
Los casos corrientes de extrañamientos suelen ser diferentes. Poussin
y Corot hicieron arte vivo y nacional trabajando en Italia, Holbein y
Van Dyck en Inglaterra, El Greco en España. Pettoruti empieza por ser
un pintor italiano y como tal se forma y madura, aun en tierra argen­
tina, mientras dura el impulso del arte peninsular —además, porque llega
a Buenos Aires en buen momento para el mantenimiento de su credo, en
el pujante despertar de las minorías a las nuevas corrientes, sintiéndose

29

�rápidamente acompañado por los artistas más valiosos— y es aquí, en su
propia tierra, donde no halla savia vivificante. De tal modo que lo que
necesitaba era encontrar en su medio vital los modos de acentuación que
Jo hubieran ido conduciendo, a mi juicio, hacia un arte más universal
por ser más vivo y nacional. A semejanza de Gauguin, quien aprovecha
del calor sentido en el medio social de Tahití o de la Dominica para in­
fundirle vida a sus formas esencialmente europeas, pienso que Pettoruti
hubiera podido hallar en nuestra incipiente sociedad espiritual su cami­
no de Damasco. En lugar de eso —admito que pueda ser una fatalidad
insuperable— se encierra en su pequeño mundo, armado con su fe, su
honradez y su formidable técnica, pero está visto que ellos no bastan.
TI PODRAN OPONÉRSELE A PETTORUTI TODA CLASE DE
* / reparos, como a cualquiera de los grandes creadores. Podrá dis* cutirse su punto de partida futurista, su aferramiento a una idea
inventiva racional, su actitud antisentimental de la primera hora
y su actitud tímidamente sentimental de los últimos tiempos, su concep­
ción de la pintura como movimiento en el plano o como detención en el
espacio, su factura gruesa y contrapuntística en oposición a su factura fina
y acordada; pero lo que nadie podrá discutir es que se trata de un pintor
sobrio y honesto como pocos, que emplea sus medios de expresión para
decir las cosas claramente, sin subterfugios y sin trucos, con una profun­
da convicción moral que lo sostiene y lo engrandece.
Nunca he escatimado los elogios que él se merece, como no se los es­
catimo ahora. En este nuevo alto de su camino, no obstante los reparos
que le opongo, este ensayo crítico quiere ser, y lo es a mi juicio, un
homenaje al gran maestro argentino de la pintura.
J orge R omero B rest

30

�Bibliografía fundamental
LIBROS INGLESES SOBRE LA

PINTURA

CONTEMPORÁNEA

OMO ES LAM ENTABLE QUE NO SE CONOZCAN DEBIDA­
CTIM
mente las ideas de algunos eminentes críticos ingleses, VER Y ES­
AR cumple con una de sus tareas fundamentales: la de informar. Y

lo hace aquí comentando una serie de libros que fueron escritos en un
lapso de veinticinco años: los de Clive Bell y Roger Fry —iniciadores del
movimiento modernista en su país al defender el arte de Francia— no
tratan sólo de la pintura contemporánea, pero a través de sus páginas el
lector encontrará rico venero de ideas; el de Herbert Read entrega elemen­
tos de juicio más que juicios, a la inversa de los de Wilenski, fogoso escri­
tor que sorprenderá por el atrevimiento de los suyos.
Difícil es reducir tales posiciones a un común denominador. Acaso
sólo tienen afinidad los autores a causa de la tendencia manifiesta por la
objetividad —el consabido ir al grano de los ingleses—, como si a todos los
uniera el mismo temor ante el juego de las ideas y huyeran por igual, hasta
Clive Bell, de una fundamentación metafísica. También los acerca el des­
dén que sienten por los componentes politicosociales y económicos. Limi­
taciones que empobrecen, claro está, el sentido problemático de cada uno.
D irección

ART

inglés sobre teoría de las artes visuales.
Por eso resultará sorprendente para mu­
por Clive Bell
chos enterarse de que ya en 1913, se pu­
blicó en Inglaterra un libro que sigue
i^O M O EL ARTE INGLÉS CUENTA siendo hoy una de las tentativas más va­
V J con pocos hombres de verdadera sig­ lientes y logradas para formular una hi­
nificación, es explicable que se ponga en pótesis estética capaz de orientar al lector
duda el valor de lo que pueda escribir un hacia una verdadera comprensión de las
Q

31

�artes plásticas, especialmente en sus mani­
festaciones más recientes.
En el prólogo de este libro, Art, su autor,
Clive Bell, señala con la agradable inmo­
destia que es una de sus características,
que la capacidad de escribir inteligente­
mente sobre el arte es bastante rara. “O
se siente, o se sabe” —dice—““pero es di­
fícil encontrar quien sepa sentir lo que
sabe, o saber lo que siente.” Así el hombre
dotado de un admirable equipo mental
tal vez lo emplee para formular una teoría
estética basada en su admiración por la
obra de Alma Tadema. Y el que se extasía
frente a un Van Gogh, sólo puede expre­
sar su sentir con frases vagas que adquie­
ren significado únicamente para los que lo
comparten.
Clive Bell ha sentido profundamente y
ha sabido expresar su sentir, sin palabras
superfluas ni retórica vacía. No es tam­
poco el filósofo que construye cuidadosa­
mente su castillo de naipes; cada palabra
vibra con la urgencia de un mensaje: su
concepto de la "forma significativa” como
esencia del arte y fuente de la emoción
estética.
En el primer capítulo, “La hipótesis es­
tética”, expone su teoría. El artista —se­
gún Bell— extrae del mundo que lo rodea
los elementos de forma y color con que
ha de reconstruir su propia realidad, infi­
nitamente más honda y vital que la que
percibe el hombre común. "Rehuyo la pa­
labra belleza, afirma, por las asociaciones
humanas y casi siempre sensuales que se
han adherido a ella.” Es que para muchas

32

personas el sumun de la belleza es una
linda mujer, concepto que trasladan al
arte. No es una emoción estética la que
sienten esos señores ubicados en las prime­
ras filas de los teatros de variedades; ni
la que sienten las esposas e hijas de di­
chos señores cuando admiran un niño ro­
llizo, un jardín florido, o una puesta de
sol. Esas cosas pueden ser motivo, claro
está, de emociones estéticas. Pregunta Cli­
ve Bell: "¿Quién no ha tenido, siquiera,
una vez en su vida, una visión del pai­
saje como forma pura? En ese momento lo
ha visto, no como campo y árbol, sino
como línea y color. Y en ese instante, ¿aca­
so no ha extraído de la belleza material,
una emoción semejante a la que propor­
ciona el arte? Es porque habiéndola visto
despojada de todo el interés adventicio
que puede haber derivado de su relación
con los seres humanos, de todo su signi­
ficado como medio, ha sentido por fin el
significado de eso que Kant ha llamado
"la cosa en sí”.
Aquí ya se interna el autor en su "hi­
pótesis metafísica”. Piensa, con Bergson,
que al artista se le concede el privilegio
de levantar por una de sus puntas el es­
peso velo con que nuestras necesidades hu­
manas, nuestros instintos y apetitos, han
cubierto la realidad esencial del mundo
en que vivimos. El hombre normal distin­
gue las cosas por la relación que tienen
con su propio ser animal; es por el ser­
vicio que le pueden prestar que reconoce
el sombrero, la manzana, la mujer. "Esta
silla es más cómoda; esta fruta más ma­

�dura; esta mujer más sana.” Y a esas cua­
lidades, que le placen porque favorecen
su vida, dará el nombre de belleza. Pero
el artista no cae en esta trampa del ins­
tinto. Su visión de las cosas y los seres
es de un desprendimiento casi suicida.
No los vé con la codicia que le harían
comprar el sombrero, comer la manzana,
abrazar a la mujer. Los vé puramente;
no lo contamina el deseo de la posesión,
pobre meta de las vidas sensatas. Él sabe
que detrás de todo eso hay algo más, algo
que nada tiene que ver con sus necesida­
des cotidianas y materiales, algo grandio
so, inmutable, eterno. Al renunciar a la
satisfacción de sus necesidades mezquinas,
el artista comete el acto que lo separa
definitivamente de sus congéneres. Ellos lo
mirarán con el mismo recelo que reservan
para el místico, el criminal y el loco. Cli­
ve Bell entiende muy bien lo que signi­
fica este ostracismo cuando dice: "La so­
ciedad hace del artista un paria, pues él
no es parte de la sociedad; es la sal dt La
tierra”.
De esa honda experiencia anímica nace,
pues, la forma significativa, esa armonía
plástica que nos conmueve con la misma
emoción fundamental y desprendida con
que la concibió su creador. Para sentirla
plenamente, eso sí, es necesario que nos
despojemos de nuestra arrogancia huma­
na. No es henchidos de la importancia de
nuestros pequeños afanes que podemos ii
hacia el descubrimento del ritmo misterio­
so del universo, que está en la raíz de todo
arte valedero, y que otros han llamado

33

verdad, o bien, o Dios, según el conduc­
to por donde lo han buscado.
Bell vé una gran similitud entre el arte
y la religión. Ambas, dice, se mueven en
el mundo de la realidad emocional y tanto
para el artista como para el místico, el
universo físico es sólo un camino hacia el
éxtasis. Señala que las grandes edades
la religión fueron por lo general gran
des edades del arte. Pero en el momento
en que el hombre se vuelve de nuevo ha­
cia lo material, arte y religión comienzan
a decaer. “A la imitación servil y a lo bo­
nito se les llama arte; a la política y al
sentimentalismo, religión.” Sigue este pa­
ralelo trazando una síntesis de la historia
del arte desde su resurgimiento de la “brutalización sistemática y científica del im­
perio romano”, en los primeros siglos de
la Era Cristiana, hasta la agonía del na­
turalismo en la segunda mitad del siglo xrx
—aquel naturalismo que se atisba ya en
Giotto, que exaltaron magníficamente los
pintores renacentistas y cuyo último sus­
piro dieron los impresionistas—. Pero apa­
rece Cézanne, "el Colón de un nuevo con­
tinente de la forma”, para dar vuelta la
hoja y marcar el comienzo de una nueva
etapa. ¿Hacia dónde? Para Clive Bell es
ésta una nueva religión en cuya revelación
podrá encontrar el hombre inspiración
para toda una vida. De ahí no es extraño
que hermane en un párrafo los nombres
de Jesús y Van Gogh, enviados ambos de
aquel reino que no es de este mundo.
Personal y polémico, Bell lleva su for­
malismo hasta el extremo de despreciar,

�aparentemente, esa realidad física que es el
camino hacia la otra, la espiritual, olvi­
dando que no es posible su divorcio ab­
soluto. La armonía de forma y color que
descubre el artista en cierto paisaje no la
hallará exactamente igual en una figura,
ni en un objeto, ni siquiera en otro pai­
saje. Y en su esfuerzo por purificarla, pa­
recería correr el peligro de despojarla de
aquellas cualidades que son también par­
tes integrantes de esa forma significativa
que pretende atrapar. Bell sostiene que “el
elemento representativo o cognoscitivo
puede ser útil como un medio hacia la
percepción de las relaciones formales y
de ninguna otra manera. Es de valor
para el espectador pero no para la obra
en sí.” Pero aquí cabe preguntar: ¿Puede el
artista menospreciar de tal manera la rea­
lidad en que basa su creación, sin caer
en un juego decorativo y estéril? Por este
camino se llega a un dogmatismo tan fu­
nesto para el arte como lo es para la re­
ligión. Es hundiéndose en la vida y no
elevándose por encima de ella que llegan
las revelaciones más hondas, aquellas ex­
presiones plenas donde, borradas las fron­
teras entre los sentidos y el espíritu, se
vé y se siente con los ojos y con las entra­
ñas, en otras palabras, amando.
Si sus razonamientos lo llevan a veces a
conclusiones discutibles, o contradictorias,
Clive Bell tiene siempre el valor de sus
convicciones y lo que es más importante
aún, la conciencia de sus limitaciones.
Cuando los hechos no coinciden con sus
teorías, es el primero en admitirlo. No

más bien es un viaje de exploración el de
este libro, con desviaciones inesperadas y
hasta desconcertantes. Así el paréntesis so­
bre "aquellos enemigos del arte”, el colec­
cionista y el experto; o el análisis que hace
de sus propias reacciones ante la música y
que propone como ejemplo de la aprecia­
ción imperfecta de una expresión artística.
Igualmente polémicos son los capítulos
finales sobre “El arte y la sociedad’. Es
lógico que el autor, considerando que el
arte está por encima de la vida, considere
también al artista por encima del estado,
“de cuya protección nada bueno puede re­
sultar”. Ni riquezas ni honores debe darle
—dice—, únicamente asegurarle un mínimo
para su subsistencia y dejarlo en paz. “No
hay lugar para él en un sistema social ba­
sado en la teoría de que lo que desean los
hombres es una existencia prolongada y
placentera. El artista y el santo hacen lo
que tienen que hacer, no para ganarse la
vida, sino obedeciendo a una misteriosa
necesidad interior. No producen para vivir
¡viven para producir!”
Señala tres enemigos del artista dentro de
la sociedad: la erudición, que tiende a fo
silizar al arte y ahuyentar al profano; la
cultura, que vé en el arte una amenidad
elegante y que aprende su idioma sin com­
prender su sentido; y lo que denomina “el
ideal burgués —ocho horas de producción
inteligente, ocho horas de sano esparcimien­
to, ocho horas de sueño reparador—. ¡Qué
visión tan tentadora! Pero si persigues el

34

�arte, debes renunciar a esta religión de
cómoda mediocridad”.
Aquí delata Clive Bell su nacionalidad.
Esta idea del artista como un bohemio irre­
dimible a quien no seducen los goces de la
vida es muy inglesa. (Aunque no del todo
corroborada por los hechos, si se recuerdan
la opulenta sensualidad de Rubens, la deli­
ciosa burguesía de Renoir y hasta aquella
Legión de Honor que tanto codiciara Cézanne) . También denuncia Bell su nacio­
nalidad en su desprecio por la cultura, pa­
labra ésta que los ingleses detestan tanto
como la reverencian los alemanes cuyo arte,
dicho sea de paso, Bell resume despectiva­
mente en un párrafo. (Quiero pensar que
ello se debe más bien a una idiosincracia
personal y no al hecho de que el libro fue­
ra escrito en 1913). Lo cierto es que ataca
a sus compatriotas con idéntica saña y
mayor elocuencia. De Turner dice: "...
allí cuelgan, en la National Gallery (los
cuadros de Claude) al lado de los Tur­
ner, para que todo el mundo vea la dife­
rencia entre un gran artista y un poeta de
sobremesa. Turner estaba tan excitado
por sus observaciones y sus sentimientos
que los ha reproducido todos, sin siquie­
ra tratar de coordinarlos en una obra
de arte; aunque lo cierto es que tampo­
co hubiera podido hacerlo”. Y, refirién­
dose a los malos artistas que se disfrazan
de modernos’. ". . . librados a sus propios
medios producirían aquella absurdidad
que en Inglaterra se conoce como un
cuadro de academia. Pero un pintor sin
originalidad no es necesariamente un ton­

35

to y no ignoran que el espectador culto
reconoce fácilmente el cuadro de acade­
mia y sabe que es malo. ¿Es justo conde­
narlo por querer disimular la mediocridad
de su mercancía bajo una apariencia visto­
sa? Después de todo un mal cuadro cu­
bista no es peor que cualquier otro mal
cuadro. Si a alguien debemos culpar es al
espectador incapaz de distinguir entre el
buen cubismo y el malo ... Las personas
sensibles comprenden que hay tanta dife­
rencia entre Picasso y un sensacionalista
de Montmartre como entre Ingres y el
presidente de la Royal Academy”.
¡Qué blasfemias para aquella Inglate­
rra eduardiana próspera y conservadora en
que fueron escritasl
Pero no es extraño que alguien se ha­
ya atrevido a hacerlo. Allí surgen de
tanto en tanto —más que en otras partes,
tal vez —, estas voces mordaces e iróni­
cas capaces de la autocrítica más virulen­
ta. Y lo curioso es que hasta son escu­
chadas —como puede atestiguarlo Bernard
Shaw— con cierta escandalizada compla­
cencia que no sé bien si es fruto de salu­
dable humildad o de inconcebible confor­
mismo. De todos modos, reconforta pensar
que hasta la mala pintura y sus adeptos
tienen alguna utilidad, cuando para reac­
cionar contra ellos se escriben libros como
éste que he comentado.
P amela B ruzzone

�—

VISION AND DESIGN
P enguin B ooks, L ondon , 1937
por Roger Fry

LIBROS HABRAN TENIDO
POCOS
una repercusión más trascendental

que la que tuvo Vision and Design cuan­
do se publicó en 1920. Sus distintos capí­
tulos abarcan una cantidad tal de temas
que puede decirse que casi no hay gran
escuela —desde Giotto hasta Picasso— que
no estén analizadas o referidas aunque sea
de paso en alguno de sus párrafos. Sin pro­
ponerse un estudio minucioso, exhaus­
tivo y sobre todo cronológico o formal,
llena sin embargo una cantidad de lagunas
y lo que es más importante que nada en
un libro de crítica, nos deja pensando.
No muchas veces ocurre que al tiempo
de haber leído un gran libro de interpre­
tación nos quede de él un recuerdo como
el que queda de esos libros entrañables,
novelas o poemas, de los que todos tene­
mos alguno favorito, sea por el libro en
sí, sea por la época de nuestra vida en que
nos tocó leerlo por primera vez. Del li­
bro capital de Berenson nos queda un
recuerdo así, del de Fry también. Y es
porque estos grandes críticos tienen, ade­
más de sus ideas que pueden ser profun­
das, agudas, acertadas o geniales, un arte
extraordinario y consumado con lo que
escriben y en cómo lo escriben. Nunca
dejaremos de recalcar bastante ese plus de
placer que se agrega a la satisfacción pu­
ramente científica del entender, si lo que

leemos cumple con esa misión de la letra
escrita cuando es grande: que es la de
emocionarnos.
Roger Fry afronta los grandes temas
y de cada uno tiene algo original y hondo
que decir. Inútil querer recorrer aquí el
itinerario de su pensamiento. Y menos ra­
zonable todavía querer resumir lo irresumible. Podemos darle esta alegría al lec­
tor que no lo conoce: el libro de Roger
Fry es para ser leído de cabo a rabo y
muchas veces, no para sacar de él mezqui­
namente unas cuantas fórmulas.
Veamos en cambio, tratemos de ver, el
rumbo general del pensamiento de este
gran crítico inglés. En un opúsculo que
se titula Art History as an Academic study,
Fry sostiene que así como el historiador
puede y debe de abrir juicio moral sobre
la conducta de los personajes que anali­
za, asi el historiador del arte está en su
derecho al abrir juicio estético. No cree
que pueda sostenerse una posición como
la que han tenido a veces ciertas escuelas
alemanas que han podido creer que con
un simple arreglo cronológico su misión
estaba cumplida. La arqueología misma
practicada con tanto rigor y tanta seque­
dad de alma no pasaría de ser una cien­
cia. El historiador del arte (y Fry odiaba
esta pobreza del inglés, y del castellano
agregamos nosotros, que le impedía nom­
brarse de otra manera) tiene que interve­
nir en lo que analiza e intervenir vital­
mente con todo su ser y su sensibilidad,
aplicando un esquema no solo mental, sino
también de una trascendencia mayor. Ro-

36

�ger Fry, muerto en 1934, fué católico, y
su versión, su interpretación del sentido
final de las formas, lleva siempre implí­
cita sus contenidos religiosos y filosóficos.
Pero inútil será buscar en él esas estre­
checes que en otras personas creyentes de
cualquier fe se traducen en un reaccionarismo superficial. Fry estaba a esa gran
altura en que todo el pensar forma un solo
cuerpo y todas las doctrinas una sola cla­
ridad.
En ese delicioso trabajo a que aludía­
mos antes y que es simplemente el dis­
curso inaugural de su cátedra de historia
del arte en Cambridge, de donde había
sido alumno, Roger Fry hace una declara­
ción de principios verdaderamente sinto­
mática de su manera de pensar. Allí va
apartando poco a poco lo que es espúreo
según él dentro de esa disciplina y lo
que es verdadero. De modo que dice de
entrada que hay que fomentar el espíritu
científico y desalentar en cambio los sen­
timentalismos. Claro que en seguida se em­
barca en el estudio de dónde están las di­
ferencias entre la ciencia pura, que siem­
pre puede demostrar algo incontrovertible,
y la crítica de arte que no puede probar
definitivamente nada. Del aparente des­
ánimo saca sin embargo fuerzas y cree —
se lo dice a sus alumnos— que desterran­
do el me gusta y el peor aun no me gusta
se puede llegar a dar un tipo de juicio
que tenga una validez universal, pues en
última instancia no es el valor de la obra
artística en sí lo que nos interesa sino

37

“la intensidad y el significado de su efec­
to en nosotros”.
En uno de los ensayos de Vision and
Design, el titulado: An essay in Esthetics
nos muestra claramente cuán separado está
de la concepción total y final que del
arte tiene Ruskin. Roger Fry ve en su
célebre antecesor un caso típico de juicio
estético teñido de sentimiento moral, que
necesariamente lo limita y lo estrecha. En
cambio —aunque él no lo diga explícita­
mente— tiene que reconocerse mucho más
en Walter Pater. Para Ruskin la natura­
leza tenía supremacía sobre el arte. Todo
Rousseau y los lakistas ingleses están de­
trás de esta actitud nada nueva por cierto
y que tiene la dificultad de todo el movi­
miento romántico cuando quiere explicar
la imaginación pura, la que se aparta de­
liberadamente de las formas de la natu­
raleza. Pero para Pater ya no es lo mismo.
El arte por el arte era su Evangelio. Un
arte sin mensaje especial, sin función so­
cial, persiguiendo solamente su propia per­
fección. Mario el epicúreo su novela y sus
otros libros quieren demostrar que el hom­
bre debe tratar de captar el mayor nú­
mero de pulsaciones haciendo un desespe­
rado esfuerzo por ver y tocar que es la
suprema verdad del arte. Pero, cuidado,
no se trata de un hedonismo fácil sino de
una “adoración ardua, ascética, que se con­
sume a sí misma”, Y lo que es más im­
portante para su paralelo con Fry, Pater
no sólo quiere artistas creativos, quiere
también críticos creativos.
Roger Fry lo es, pero ¡cuánto más ce­

�rebral que Paterl Fry tiene la concepción
que Lionello Venturi genialmente califica
en su Historia de la critica de arte como
de visualidad pura, y en ese capítulo está
junto con Woelfflin y Panofsky, pero ha
llegado, aunque por caminos diferentes, a
una definición muy similar a la de Walter Pater. Decía este gran escritor que:
“Todo arte aspira constantemtente a la
condición de la música” y refiriéndose a
Picasso, Fry llega a hablar de música vi­
sual. Pero si Pater era un poeta, Fry po­
demos decir que es un filósofo, y así por
distintos caminos ambos descubren que la
música es la forma de arte que presenta
la máxima cohesión con la materia que
utiliza.
También y aunque parezca raro a pri­
mera vista, Fry tiene otro gran antecesor
en su propia tierra, y ese antecesor es nada
menos que Oscar Wilde, quien ya dijo
en La decadencia de la mentira aquella
famosa paradoja de que “la naturaleza
imita al arte”, la cual tiene tantas impli­
cancias para Fry como las hubiera tenido
para Wilde, quien muchas veces escribía
sus genialidades y no les daba más trascen­
dencia que la de frases brillantes. Pero
Fry se separa de Pater y de Wilde en que
no cree en los estilos, ni quiere como ellos
solamente belleza estética.
Fry ve que hasta el impresionismo —y
desde fines del siglo XIII— el mundo oc­
cidental lucha por “acercarse a la repre­
sentación de la totalidad de las aparien­
cias” y ve en Cézanne, Gauguin y Van
Gogh los apóstoles de una liberación total

38

que está cuajando en la pintura de nues­
tros días.
Si resumimos, tendremos las dos ideas
capitales de Fry: primero, que el arte se
libera de la responsabilidad moral; y se­
gundo: que también está exento de tratar
de imitar a la realidad tal como se nos
da en la vida diaria. El artista puede
abandonar a la naturaleza y crear un “pu­
ro lenguaje abstracto de la forma”.
Esta actitud, como lo señala Venturi en
su libro ya citado, lleva a Fry a estimar
dentro de las escuelas modernas especial­
mente al cubismo. Las otras, ya sean los
fauves o los expresionistas o los que fue­
ren, tienen siempre para Fry un lastre
que puede ser literario o sentimental. No
son pintura pura.
Como él también fué pintor llegó más
lejos que la mayoría a calar en el secreto
íntimo de la creación pictórica. Así algu­
na vez explica cómo para el verdadero
pintor lo que tiene una fuerza avasallado­
ra es el énfasis y el ritmo que quiere dar
a su cuadro y no las formas naturales
que se le presentan en el modelo, ni si­
quiera en el campo de la pura imagina­
ción. En esta concepción las “líneas se
acentúan, los colores se definen . . . ” Los
objetos tienden a desaparecer y se impo­
ne en cambio la visión creadora.
La idea de belleza es para Fry de otro
plano que lo meramente sensual, de modo
que hasta lo feo es una forma de la belleza
si es apropiado para expresar un tipo de
emoción. Esta idea tan abstracta de la be­
lleza hubiera horrorizado posiblemente a

�Wilde y los estetas de su época. Tampoco
lo correcto o lo incorrecto son palabras
que tengan —en arte— sentido para Roger
Fry. Lo esencial del arte es para él, que
la cualidad de la forma y del diseño pri­
ven totalmente sobre todo parecido pura­
mente natural.
Fry quería “valores visuales puros”,
“realización plástica de la forma”. Hasta
el color —en sus últimos ensayos— se hace
tributario de la forma. No digamos lo
psicológico que circunscribe al dominio de
la literatura y la ilustración, en lo que
coincide en cierto modo con la famosa dis­
tinción de Berenson entre pintura ilus­
trativa y pintura decorativa.
Para Roger Fry la factura es la parte
científica de un cuadro, la parte artística
lo es la composición. Los grandes maes­
tros son excelentes en ambas, pero no se
puede afirmar de nadie que sea capaz de
salvarse solo por el dominio —aunque sea
maravilloso— del mero oficio.
Distingue dos modos de pintura: la pla­
na (o decorativa) y la espacial (o escul­
tural). Al final de su vida el gran crítico
inglés fué prefiriendo esta última sobre
todas las otras, aún las formas modernas
que tanto le apasionaban. Pero no deja de
chocarnos que al lado de Rafael, pueda
poner un nombre tan mediocre como el
de Piero di Cosimo, sólo porque sus fi­
guras cumplen con ese requisito previo de
parecer relieves coloreados.
Refiriéndose a la forma, Fry da uno
de sus conceptos más atrevidos y uno de
los que quizá más lo aparten de los jui­

39

cios valiosos de algunos otros críticos. En
efecto, dice Fry "que la forma corporal
del dibujo queda más —a lo largo del tiem­
po— que lo psicológico que se evapora”.
El ejemplo que a todos se nos viene a las
mientes es el de Rembrandt, y Fry lo su­
pera, diciendo que Rembrandt es un caso
—único en la pintura— de equilibrio entre
la psicología y el dibujo.
Todo lo que en pintura quiere ser dra­
mático o poético está fuera de lugar. La
espiritualidad que exige Roger Fry— como
Pater y como Wilde— no nace de una re­
velación psicológica sino de la “experien­
cia visual expresada en lenguaje de forma
plástica”. No en vano hacía suya aquella
definición extrema: “El arte de pintar es
el arte de imitar objetos sólidos sobre una
superficie plana por medio de pigmentos”.
De Vision and Design nos quedan cier­
tas ideas y ciertos modos de pensar inolvi­
dables. Por ejemplo lo que dice de la vida
real y la vida de la imaginación y nues­
tra manera activa y pasiva de actuar en
ellas (como cuando vemos acción en el ci­
nematógrafo pero no la vivimos). También
es interesante su observación de la falta
de correspondencia, de paralelismo obli­
gado entre arte y vida. Lo que dice de
los postimpresionistas franceses es extra­
ordinario y sobre todos los otros culmina
ese trabajo magistral que es el ensayo ti­
tulado simplemente: Giotto.
Vision and Design es una obra suprema­
mente madura. Lo que tenga de positivo
está allí claramente a la vista. Sus exage­
raciones o lo que pueda tener de discuti-

�ble, también. No hay tapujos y menos ti­ ciación del arte. £ste sería expresión de
tubeos. Dentro de la “visualidad pura” po­ estados de intuición, percepción, o emoción
cas veces se ha hecho un análisis tan cris­ propios del individuo, a través de los
talino, tan hasta las raíces mismas de lo sentidos, nunca de una actitud primaria­
que se discute.
mente intelectual, relacionada con la for­
D amián C arlos B ayón mulación de tipos absolutos e ideales. Con
esta afirmación rotunda establece su prin­
cipio básico de todo el arte contemporá­
neo.
ART NOW. AN INTRODUCTION
TO THE THEORY OF MODERN
Más que hacer una exposición del arte
PAINTING AND SCULPTURE
moderno,
este libro abre los caminos que
F aber and F aber , L ondon , 1938
a él conducen, muestra los precedentes de
los cuales surge, tanto en el terreno de la
por Herbert Read
pintura en cuanto a ejecución, como en el
S BIEN CONOCIDA LA FIGURA DE de la pura especulación teórica.
En un intento de historiar los cambios
Herbert Read en el campo de la teo­
ría de las artes plásticas, especialmente por graduales en la filosofía de la belleza, has­
sus planteos del problema del arte en sus ta llegar a lo que él llama la ciencia mo­
relaciones con los movimientos económico- derna del arte, pasa revista a las teorías
sociales.
desarrolladas a partir del siglo xvm. Hasta
Ya en el prefacio de su Art Now, escri­ entonces, según él, en los ideales del Re­
to en 1933, cita a Constable, Turner, Cé- nacimiento clásico, como antes, en los prin­
zanne, Matisse, Picasso, determinantes en cipios estéticos de Grecia, hay la búsqueda
gran parte del curso del arte moderno, co­ de una forma-tipo que “siendo supersenmo ejemplos de artistas que viven sola­ sible, debe satisfacer a la razón en su in­
mente en su propia visión y su pintura, tento de perfección”; es la característica
que siguen el curso dictado por su sensi­ dominante de toda tradición clásica. En
bilidad, sin participar en ninguna clase cambio, en el siglo xvm ese equilibrio se
de ideología. El artista expresaría así en rompe, y ve que el arte que “puede flo­
su obra, la calidad única, individual de recer de manera exhuberante y bárbara en
su personalidad.
su exceso de vitalidad animal, se marchita
Herbert Read, que se proyecta a través y muere con un árido predominio de la
de su obra como un espíritu cientificista, razón”. Al ideal clásico sostenido por Hoanalítico, positivista, se proclama cálido garth, Richardson y aún por Reynolds en
defensor de la intuición y del inconsciente 6u gran manera, contrapone el de Vico,
en el proceso de la creación y de la apre­ quien concibe el arte como un modo pre­

E

40

�lógico de expresión, no como un ideal ra­
cional, y para quien el “artista crea cuan­
do es capaz de suspender la función del
intelecto, para volver al modo irreflexivo
del pensamiento, característico de la in­
fancia de la raza”. Vico señala el naci­
miento del concepto genético en el arte,
al cual adhiere Read con gran entu­
siasmo. En cambio, al referirse a la es­
tética metafísica, niega toda importancia
a la concepción idealista desarrollada so­
bre la base de la estética de Kant, por
Schiller, Fichte y Schelling, basada en
"discusiones de categorías abstractas, no
relacionadas con las obras de arte ob­
jetivas”, llegando hasta ignorar valiente­
mente la estética del idealismo. En esta
conclusión exceptúa a Hegel, porque a
través de su Filosofía de las bellas artes,
demuestra fina sensibilidad hacia todas
las formas del arte; también a Herder y
von Humboldt porque, en conclusiones si­
milares a las de Vico, conceptúan el arte
(la poesía), como "el producto del es­
fuerzo por alcanzar la intuición de las co­
sas”.
En la actitud empírica subraya en espe­
cial los estudios de Fiedler —"el artista es
quien puede pasar inmediatamente de la
percepción a la expresión intuitiva”; "el
arte es la voluntad creadora en función
del material"— y los de Grosse, quien
aboga por los estudios genéticos y señala
el camino hacia el arte primitivo, en el
cual según Read, puede verse la calidad
expresiva directa de la visión del artista,
su objetivación en formas sólidas.

41

Establece luego una relación entre el ar­
te del niño y el arte primitivo (que es
intensificación de vida, modo necesario y
exigente de expresión en ambos) y su in­
fluencia directa en el arte moderno en su
intento por volver a la ingenuidad y "fres­
ca simplicidad" de la perspectiva infantil.
Analiza por último la corriente psicológica
en su aspecto receptivo y creativo.
Después del rápido análisis histórico de
las ideas pasadas, parece no hallar en el
presente más pensamiento fecundo que el
de Bergson. Si hoy por hoy no existe una
filosofía del arte organizada como sistema
—porque también rechaza injustamente a
Croce acusándole de excesivo idealismoencuentra diseminada en la obra de Berg­
son algunas ideas sobre arte con base cien­
tífica y objetivos filosóficos, conducentes a
lo que exageradamente califica de revolu­
ción en el pensamiento y revolución en el
arte contemporáneos. El pensamiento de
este filósofo, en cuanto a la intuición co­
mo motor de la creación de la obra de
arte existe, subyacente o no, en los estu­
dios de Read, sirviéndole de eje para el
desarrollo de su teoría.
Entra a caracterizar el arte contemporá­
neo en razón de su complejidad y diversi­
dad que coincide con la del espíritu hu­
mano, con la peculiaridad de que el arte
presenta ahora simultáneamente todas las
posibles variantes; no es ya el arte del
pasado, ni aun el del siglo xix, donde pue­
de encontrarse una evolución coherente
del estilo, cierta unidad en el desarrollo,

�a pesar de que también el hombre haya
expresado toda su diversidad en cada
época.
El arte contemporáneo señala, en este
sentido, una ruptura con todo el pasado
humanista que se mantiene hasta los pos­
impresionistas. El arte contemporáneo es
algo absolutamente nuevo, implica una
ruptura, una disolución, hasta una ca­
tástrofe. "¿Dónde, se pregunta Read, en­
contraremos en el pasado inmediato del
arte moderno los antecesores de Picasso,
Paul Klee, Max Ernst?” Niega así, exage­
radamente y acaso con inexactitud, el des­
arrollo histórico de toda facultad artís­
tica.
En la búsqueda por reproducir exac­
tamente la naturaleza, dos métodos fueron
utilizados en el arte académico: el empí­
rico, ejemplificado por los flamencos, es
el método imitativo e ingenuo que con­
duce al materialismo, y el científico, por
’-ios florentinos, es el que introduce el
¿análisis de lo visual, la perspectiva lineal,
:,luz y sombra, armonía y unidad de los va­
lores tonales, hasta llegar al empleo de
los colores frescos y brillantes de los im­
presionistas, negación misma del princi­
pio científico.
Se introduce entonces, por la influencia
de Oriente, una actitud distinta, a la que
no le interesa reproducir el mundo real
objetivo; actitud en la que el artista bus­
ca, por debajo de las apariencias, un sím­
bolo plástico, más significativo de la rea­
lidad. Es Gauguin quien marca este cam­
bio decisivo, punto de partida para el de­

42

sarrollo del arte contemporáneo. Y es Cézanne quien llevará más lejos aun la con­
cepción oriental y la teoría simbolista al
tratar de representar las cosas en sí mis­
mas, en su estructura interior, tal como se
presentan a su sensibilidad, tratando de
traducir sólo la sensación, independiente­
mente del intelecto, de toda idea, pasión
o credo. Pero el método que utilizara en
el examen de la estructura interna y de
los colores de un objeto, analítico y minu­
cioso, está en contradicción con su teoría
de la visión real, o interior, como la llama
Read, pues la instantaneidad de la visión
exige una espontaneidad de expresión. Es­
te método que para Read resuelve parte
la complejidad del arte contemporáneo,
fué utilizado en primera instancia por Ma­
tisse, quién tomando un foco central y
pintando velozmente, lo que el ojo percibe
en ese acto instantáneo, ordena las imá­
genes alrededor de aquel centro. Con esto
se llega a la unidad de visión focal, a la
visión integral, que es una visión preló­
gica —idea central en Read— similar a la
de los niños y de las sociedades primi­
tivas.
La idea central que explica este proce­
so plástico, tal como lo representa Matisse,
está tomada de De Sanctis en el análisis
que hace del proceso poético en su Histo­
ria de la literatura italiana, de donde
transcribe un trozo de gran profundidad
lírica, la página más hermosa, tal vez, del
libro de Herbert Read.
Implantados así los tres pilares —Gau­
guin, Cézanne, Matisse— que han de sos­

�tener su arquitectura del arte contemporá­
neo, entra a analizar sus distintos tipos.
Incluye aqui el expresionismo en sus
cualidades subjetivas y simbolistas, pero
todavía con algunos reparos porque se
mantiene ligado en parte a una visión
científica de la realidad. £1 expresionismo
que cobra sentido en razón de sus_c(im_
tenidos emocionales más que de sus ele­
mentos formales, afirma la búsqueda de
una unidad imaginativa, poética, como la
llamara Roger Fry, en oposición a la uni­
dad visual, unidad poética que ya fué
dada con el "sombrío misticismo de Van
der Goes, la severidad de Jeronimus Bosch,
el realismo de Brueghel”. La línea del
movimiento expresionista se origina con
Munch, con una sobrestima de la unidad
emocional, para ampliarse en el grupo Der
Brücke donde se amalgaman las fuerzas
del salvaje arte africano y polinesio, la
atrevida pincelada de Van Gogh y esa
"brutalidad alemana que no necesita es­
tímulos”, y se continúa en Emil Nolde
quien da libre curso a su “amarga sensi­
bilidad alemana”. Si en Munch hay una
búsqueda del movimiento por la línea y
una monumentalidad que expresa los va­
lores espirituales y psicológicos, en Nolde
una magia exótica —sus viajes a los mares
del Sud, Java, Burma— se rinde a la es­
piritualidad nórdica del artista, en un
proceso individual similar al del período
gótico. Y en cuanto a la nueva objetivi­
dad (Die Neue Sachlichkeit), que es expre­
sión de un realismo implacable, hasta de
un cinismo que es protesta social recru­

decida en la experiencia bélica, se mani­
fiesta en la obra de Max Beckman, Otto
Dix y George Grosz.
“Cada obra de arte es una ley en si
misma”. Con este postulado pisa por fin en
firme en el campo del arte moderno cuan­
do entra a desarrollar sus dos teorías: de la
iorjna
■ .irtí«rtü ,,mítí&gt; carác­
ter real del objeto para afirmar la natu­
raleza intelectual u objetiva de su acti­
vidad— y de la forma subjetiva —se aban­
dona el carácter fenoménico del objeto pa­
ra transmitir su calidad subjetiva.
Al referirse a la primera, establece que
de la pintura de Cézanne en su estructu­
ra formal construida con color, y del arte
bizantino y bárbaro en cuanto a su con­
tenido rítmico, se levanta la pintura cu­
bista contemporánea. En Platón encuentra
un anticipo a su teoría de la forma abs­
tracta, que señala en el trozo del Philebus
que transcribe: ... “No entiendo por be­
lleza la de las formas vivientes, sino la de
las líneas rectas, curvas, superficies o for­
mas sólidas que se obtienen de aquéllas” ...
palabras que se acercan mucho a las de
Cézanne: “La naturaleza puede ser resuel­
ta por el cilindro, la esfera y el cono”. El
pintor cubista, tomando el objeto como
punto de partida, abstrae formas de él,
"líneas rectas, curvas, superficies”... con
las cuales expresa toda su personalidad.
Establece dos escuelas de pintores cu­
bistas: “los tender-minded y los toughminded", de acuerdo a la terminología de
William James. Los primeros, Juan Gris,
Braque, conducen su abstracción hacia un

43

�fin decorativo y transmiten alguna suges­
tión del mundo orgánico; los segundos,
Léger, Metzinger, Feininger, suprimen
toda sensibilidad orgánica para dar un
mundo de sensibilidad inorgánica, mecá­
nica —el constructivismo— sin ninguna
concesión al sentimiento.
Basándose en las ideas que sostiene
Worringer para explicar el arte geomé­
trico en el hombre primitivo, considera
Read que el espíritu sensible del hombre
moderno busca una satisfacción espiritual
en las formas fijas, conceptuales del arte
abstracto mecánico, huyendo del caos po­
lítico, económico y espiritual: “transforma
lo viviente y arbitrario en símbolos inva­
riables, intuitivos y abstractos”. El arte
abstracto aparece así como un “arte de la
desesperación”.
Determina su significado social volvien­
do a su idea primera de que en el artista
no privan las condiciones sociales y eco­
nómicas, y anota que el arte de los últi­
mos 250 años es, en fin, producto indivi­
dual del artista, ya que desde el período
barroco no ha servido a ningún propósito
colectivo definido.
Para explicar su teoría del idealismo
subjetivo se refiere a Picasso en su méto­
do que él considera más típico, más denso,
dejando de lado sus incursiones en el cam­
po del arte reproductivo y cubista. Puede
justificarse el arte de Picasso, según Read,
si se acepta la existencia de un modo in­
tuitivo de aprehensión, similar a la natu­
raleza intuitiva de los procesos de reflexión
en los místicos. “Los momentos de crea­

44

ción en Picasso son dominados por la
angustia, que le permite romper con todo
y le abre las perspectivas de lo descono­
cido.” (Zervoz.)
La pintura subjetiva traduce una rup­
tura completa con el mundo objetivo; el
pintor se introduce en sí mismo, con todas
sus facultades de percepción, escudriña
sus ensueños e imágenes ’preconscíentes.
Hay un reemplazo de la observación por
la intuición, del análisis por la síntesis,
de la realidad por el simbolismo. Un sim­
bolismo que va al descubrimiento de una
forma objetiva, definida, para representar
un vago, vasto campo de subjetividad. Es­
tá implícita la referencia al simbolismo de
Picasso que arranca una adhesión inme­
diata por el sólo valor de la forma, una
forma que no halla equivalente en lo
visible y al simbolismo de Dalí —el surrea­
lismo— que recurriendo a imágenes visi­
bles las ordena de manera irracional. Hace
observar que en ambos casos lo que el
artista alude no se hace evidente al es­
pectador, porque no se trata del recurso
alegórico que se agota en los sentimientos
vinculados a las figuras por asociación de
ideas. El artista tiene, en resumen, la ca­
pacidad de proyectar símbolos desde su
subconsciente individual, pero dotados de
una validez universal: lo universal en el
plano del subconsciente. “Existe un mun­
do más real que el mundo normal, es el
mundo de lo inconsciente.” En Max Ernst,
Joan Miró, Salvador Dalí y André Masón
(hoy apartado del movimiento), el su­
rrealismo cobra expresión por el empleo

�de medios que introducen al artista en los
planos reprimidos del inconsciente, que a
veces mezcla libremente con imágenes más
conscientes y aun con elementos formales,
racionales. Lo intuitivo, lo irracional, lo
inconsciente —para Read—, es siempre el
mismo simbolismo subjetivo.
Aun le queda todavía por señalar una
faz del arte simbolista que no cabe en los
géneros mencionados; es el arte de la li­
bre fantasía y es Paul Klee su artista
máximo.
Fija por último, como elemento común
a todo artista la habilidad para trasponer
imágenes mentales en formas plásticas con
las cuales se expresa el hombre en su to­
talidad; habilidad que en el artista está
siempre guiada por la intuición.
En el epílogo agregado a la edición
de 1936, afirma Herbert Read que las ten­
dencias del arte moderno no han tomado
caminos muy distintos. Anota para Italia
un modo dinámico del cubismo mientras
en América cobra prevalencia el expresio­
nismo con Diego Rivera y Orozco. En ge­
neral se afianzan para divergir más aún,
dos caminos: el abstracto y el superrealista. De un Mondrian a un Dalí coloca a Pi­
casso y Henri Moore sin asignarles un
estilo determinado; la ausencia de una
actitud doctrinaria los mantiene en con­
tacto con las fuentes vitales de inspira­
ción. “No hay arte abstracto. Debemos co­
menzar siempre con algo. Después pode­
mos suprimir toda apariencia de la reali­
dad; no habrá peligro con esto porque la
idea del objeto ha dejado su marca inde­

45

leble. Es el objeto el que provoca al ar­
tista, el que excita sus ideas, el que mueve
sus emociones. Ideas y emociones han de
quedar aprisionadas en su obra” (Picasso).
Insiste Read, impulsado por las críti­
cas que se le hicieran a su primera edición,
en su idea de plantear las facetas del arte
moderno, sin añadir su propia conceptuación. Y se refirma en su “resuelta omi­
sión del trasfondo social” en la actitud del'
artista, porque su obra reside en la calidad
única, individual de su sensibilidad y de
su modo de expresión, no porque ignore
o deje de comprender el materialismo dia­
léctico, sino porque sostiene que las condi­
ciones históricas no han de guiar al artis­
ta. Éste es un factor precedente, natural;
las fuerzas económicas chocan con este
obstáculo, impidiéndole o impulsándole a
avanzar. “Pero la inspiración, el talento, el
genio de un artista, como quiera que se le
llame, es un acontecimiento individual.”
De clara mentalidad, Herbert Read es
poco problemático en la exposición de sus
ideas, a veces dogmático, el hecho de que
rechace en forma tan absoluta todo determinismo histórico lo testimonia; va dan­
do pruebas de una gran información, a
través de las páginas de su libro —cla­
ras, muy densas en cuanto a contenido,
pero sin sustancia emocional— en las que
presenta infinidad de hechos e ideas com­
plejas que no alcanza a desarrollar dema­
siado. Despierta así mil y un apetitos que
no siempre satisface. Más que un defecto,
se señala con esto una virtud, pues el

�lector estudioso se sentirá impulsado a
profundizar por sí mismo cada tema.
R aquel E delman

THE MODERN MOVEMENT IN ART
F aber a n d F aber , L o n d o n , 1938

y MODERN FRENCH PAINTERS
R eynal an d H itchcock , N ew York

por R. H. Wilenski
MOVEMENT IN
ENArt,THER. H.MODERN
Wilenski, crítico inglés jo­

ven y polemista, defiende el sentido del
arte contemporáneo con actitud firme
y decidida, quizás a veces un poco ar­
bitraria y hasta peligrosa. Wilenski tiene
ideas claras, usa un lenguaje resuelto,
simple y directo, por momentos un tanto
dogmático; pero una defensa efectiva de
las corrientes modernas del arte debe lu­
char todavía contra tantos prejuicios que
solamente puede emprenderse con una de­
finición concisa y clara, no solamente del
arte en general y del arte moderno en
particular, sino también del verdadero
sentido de la crítica de arte. En efecto,
no se puede captar el significado de una
obra analizando sólo las reacciones que
produce y olvidando la obra en sí: el
auténtico crítico de arte es, en realidad,
aquél que “trata de descubrir el carác­
ter y valor de las obras en sí mismas a
medida que se las compara y contrasta
con otra clase de arte plástico”. Buena

parte del público que juzga las obras
de arte acepta lo que le resulta bonito
o parecido, lo que estimula sus emociones
o su admiración por la destreza del artis­
ta o lo que halaga su vanidad del mo­
mento. Por otra parte un buen número de
críticos no van, en su oficio, más allá del
mero análisis de sus reacciones emociona­
les ante la obra de arte. Tal espectador
y tal crítico parecen de común acuerdo
al requerir del arte moderno que se ajus­
te a esquemas que creen universales y lo
juzgan con una idea preconcebida, frus­
trados al no experimentar una emoción
igual a la que logran ante una obra ro­
mántica o naturalista del siglo xix. Con­
tra tal público y tales críticos reacciona
Wilenski.
Con el objeto de aclarar las razones
ideológicas que condicionan el movimiento
moderno, y para que su defensa sea más
efectiva, abre la discusión con un ataque
al movimiento romántico del siglo xix.
Esta peligrosa actitud, destruir para cons­
truir, indicaría en cierto modo un no
querer comprender lo que cada movi
miento artístico significó en su momento.
El autor sostiene que el arte romántico
del siglo xix, lo que él llama la “herejía
romántica”, acabó por convertirse “en par­
te en una serie de álbumes de confesio­
nes escritos por hombres soberanamente
satisfechos con sus propias sensaciones fa­
miliares y en parte en una serie de atrac­
ciones venales a las sensaciones familiares
de otra gente”. Más razón tiene quizás al
atacar al “arte degenerado del siglo xix”

46

�cuyos representantes, que se llamaban clá­
sicos, creyeron que el solo hecho de vestir
a sus personajes con trajes grecorromanos
bastaba para justificar una idea clásica,
olvidando que la base de todo arte clá­
sico es la arquitectura. Ataca también
el naturalismo de fin de siglo influido por
la cámara fotográfica y especialmente por
el daguerrotipo.
Los ataques de Wilenski al arte del si­
glo xix están realizados un poco sobre la
base de prejuicios. Parecería que escati­
ma esfuerzos por comprender al artista
del siglo xix o, acaso, que hay en él una
actitud cultural insuficiente que no capta
el mecanismo interior de la formación de
estilos. En efecto, es necesario juzgar el
siglo xix en siglo xix y no desde el punto
de vista del artista moderno. Hoy día, una
actitud romántica o naturalista sería fal­
sa y atacable, pero la misma actitud se
justificó en su momento. Por otra parte,
Wilenski da prueba de una gran inde­
pendencia crítica al clasificar dentro de
las formas artísticas degeneradas todo el
movimiento prerrafaelista del siglo xix a
pesar de que se originó y desarrolló en
Inglaterra.
Para llegar a una más clara compren­
sión del arte moderno y a su ubicación
histórica usa de un esquema que aunque
un tanto rígido, presta excelentes sevicios
didácticos. Excluido el arte religioso, que
tiene carácter propio desde el momento
que el artista justifica su obra antes de
empezarla, al ponerla al servicio de una
idea religiosa, Wilenski clasifica al arte

en popular y original. El primero repro­
duce la experiencia familiar del artista, eí
segundo enriquece su experiencia.
El arte original puede ser romántico^.
descriptivo o arquitectónico. El artista ro­
mántico original usa como tema fragmen­
tos emotivos que aumentan su experien­
cia emocional, erótica, sentimental o senso­
rial (Rembrandt, Delacroix, Daumier, De­
gas, Gauguin, Van Gogh, Rodin, Epstein,.
Rouveyre, Augustus John). El artista des­
criptivo original, enriquece su experien­
cia científica, social, histórica o moral
(Leonardo). El artista arquitectónico ori­
ginal enriquece su experiencia formal,
siendo el tema de sus obras las relaciones
de colores, líneas y formas (Vermeer, Mi­
guel Ángel, cubistas).
El arte popular, en cambio, puede ser:
romántico, arte de sociedad subordinado
a la moda; derivado, producto de la imi­
tación de otras obras, y descriptivo, de
tendencia naturalista (sin simbolismo),
que establece contacto con la experiencia
familiar del espectador.
El artista moderno, al reaccionar contra­
ía idea romántica del arte, busca la ar­
monía y unidad universales simbolizadas
en la unidad y la armonía formales, vol­
viendo así a la idea clásica del arte. El
artista moderno considera que su función
es la misma del arquitecto que organiza
su experiencia y le da forma definida en
un edificio, basando su obra en una idea
de arte sostenida conscientemente. Es a
veces representativo aunque no naturalis­
ta, diferencia que hay que establecer cla­

47

�ramente, ya que existe cierta tendencia a
confundir las dos maneras: el pintor natu­
ralista registra mecánicamente sus sensa­
ciones visuales, el representativo expresa
simbólicamente sus percepciones. Esta ca­
pacidad de expresión simbólica es la mé­
dula del estilo, que brilla por su ausencia
en la obra naturalista.
Los artistas modernos, tratando de lle­
gar a la raíz del concepto arquitectónico,
en su comienzo, no representan los obje­
tos sino que construyen en el plano las
armonías y proporciones formales que los
simbolizan. Wilenski llama a este primer
ensayo "cubismo plano”, y al que le si­
gue, con la introducción de la tercera di­
mensión lograda con el uso del cubo, esfe­
ra, cono, cilindro, “cubismo montaña de
ladrillos”. Después de estos experimentos
los “postcubistas” vuelven a Cézanne y
Seurat, empleando elementos representa­
tivos según una técnica conscientemente
arquitectónica. En esta senda siguen los
artistas modernos, forzando su percepción
de relaciones formales, reales o imaginadas,
en un forma arquitectónica simbólica. Son
“arquitectos que representan”.
Del mismo modo que las formas, el
artista percibe los colores individuales y
los simboliza sin imitarlos, transformán­
dolos a veces. El "cubismo plano” hace
de las relaciones de color el tema domi­
nante. Los cubistas “montaña de ladri­
llos”, en cambio, trabajan en monocro­
mo. Los “postcubistas”, por último, usan
las relaciones de color como parte de un
“"terna forma” del que los hacen depender.

48

A veces el artista, con el fin de crear una
nueva forma arquitectónica, deforma deli­
beradamente su percepción. Esta deforma­
ción es menos obvia en los "postcubistas”
que en los “cubistas montaña de ladrillos”
y comparable a la de los cuadros religio­
sos de todos los tiempos. En cuanto al
“cubismo popular”, es una forma degene­
rada del original, sin relación alguna con
el proceso de percepción de la forma ar­
quitectónica: transforma las líneas y som­
bras de un dibujo fotográfico naturalista
en formas geométricas.
Wilenski construye una escala de valo­
res basada en una teoría según la cual la
obra de arte original tiene un valor intrín­
seco que no es en absoluto alterado por
las reacciones del espectador o del crítico
o por su supervivencia. En efecto, si el
artista logra enriquecer su experiencia con
una obra de arte y honestamente la aprue­
ba, tal obra cobra un valor intrínseco inmodificable. El valor adquirido de una
obra original, esto es, el que le otorga el
espectador en nada modifica su valor real
o intrínseco. En cambio la obra de arte
popular depende de este valor adquirido,
desde que ha sido producida en mayor o
menor grado para satisfacer a ese espec­
tador.
La técnica no tiene valor intrínseco, es
el lenguaje que usa el artista original
para comunicarse con el espectador, len­
guaje que éste debe aprender para cap­
tar el mensaje y juzgar la obra. La téc­
nica adecuada es indispensable, pero no

�tiene existencia propia, forma parte de
un proceso.
La supervivencia no constituye un va­
lor, ya que ciertas obras sobreviven por
su valor intrínseco, otras por su valor
adquirido y otras accidentalmente.
El nudo vital del libro está probable­
mente en la teoría de los valores relativos
de la obra de arte; Wilenski postula:
a) “que la obra de arte, de carácter ar­
quitectónico, romántico o descripti­
vo, tiene valor intrínseco implícito
en la actitud, motivos y procedimien­
to del hombre que la realizó y en
el perfecto cumplimiento del propóto inicial de este hombre de ampliar
su experiencia en la obra;
b) que el artista original produce su
obra sin pensar en su efecto sobre
los espectadores (que no sean él
mismo).
c) que los espectadores (salvo el artista)
que entran en escena cuando la obra
de arte original está concluida no
pueden modificar el valor intrínseco
de la obra por sus reacciones hacia
ella aunque pueden asignarle otra
clase de valor que puede ser llamado
valor adquirido.”
Según Wilenski esta teoría que podría
resultar paradojal para el espectador co­
rriente, es un truismo para el artista ori­
ginal, que jamás ha de admitir que su obra
pueda ser valorada por la relativa inci­
dencia de diversas reacciones por parte de
los espectadores.
Esta teoría del valor intrínseco de la

49

obra de arte, independiente de las reaccio­
nes del espectador es sin duda una invi­
tación al crítico y al espectador para tra­
tar de comprender los propósitos del ar­
tista y la medida en que estos propósitos
han sido cumplidos.
La misión del crítico reside en precisar
este valor y para ello es menester com­
prender la mentada actitud, motivos y
procedimiento del artista, así como la me­
dida en que él ha cumplido el propósito
de ampliar su experiencia en su obra. Para
lograr esta comprensión del valor intrín­
seco de la obra de arte es necesario, con
frecuencia, no solamente verla muchas ve­
ces sino también ayudarse con el conoci­
miento del credo artístico, la posición his­
tórica y la vida del artista. Sin duda es
también posible que el crítico fracase al
intentar la valoración de la obra de arte
“pero no podemos argüir como resultado
de ese fracaso que no se puede descubrir
ningún valor intrínseco en el arte origi­
nal; o que debido a que la tarea de descu­
brirlo es difícil, debemos abandonarla y
asumir que el valor de la obra reside úni­
camente en esa otra clase de valor que
adquiere como consecuencia de su contac­
to con nuestras propias reacciones hacia
ella”.
L ía C arrea

Y AQUÍ -E N MODERN FRENCH
Painters— la otra faz de R. H. Wilenski.
Una obra planeada de manera informal
(como dicen los ingleses), dividida en cua­
tro actos y con un nutrido reparto y toda

�suerte de personajes. Las estrellas y los
partiquinos. La primera parte de cada
uno de los cuatro actos —la entrada en
materia— se titula: Cómo sucedió; la otra,
la segunda: La vida de los maestros.
Es el libro más ameno que se pueda
imaginar. En un estilo llano, que a nos­
otros en castellano nos parecería excesiva­
mente familiar, Wilenski explica el fenó­
meno de la pintura francesa desde Manet
hasta nuestros días. Poniéndose siempre a
la altura del lector medio, pero sin por eso
tratar de hacer obra de divulgación. Es
una larguísima disquisición en donde todo
tiene cabida desde la historia hasta la
anécdota menos importante. Detalles, chis­
mes, canciones populares, todo queda allí
registrado, con una minucia que a algu­
nos parecerá excesiva. Desde lo que tara­
reaba el douanier Rousseau mientras pin­
taba sus leones y sus selvas (tan parisien­
ses) hasta los pormenores del affaire con
la lista de los que eran pro y los que
eran contra. Desde los poemas de Apollinaire o las bravatas de los superrealistas
hasta las hipocondrías de Degas. Todo. Y
quizá esa sea la única objeción seria. Un
libro, cualquier libro, no puede contener­
lo todo, porque termina por trivializar lo
que no es trivial, por tener un tono frívo­
lo que hasta puede ser la antítesis de la
idea del autor.
Pero Wilenski es buen psicólogo y ha
matado dos pájaros de un tiro. Se ha dado
el gusto del estudioso —lleno de fichas y
de bibliografía— de escribir in extenso so­
bre un tema que le apasiona, y, de paio.

50

complace esa curiosidad malsana del pú­
blico de nuestra época (el que esté libre
de pecado que arroje la primera piedra)
por conocer en pantuflas la vida de los
artistas que admira.
Dejando ahora de lado esa anécdota —
por esclarecedora que pueda resultar— hay
en el libro un fuerte fondo constructivo
de crítica, y de la mejor. Llena de ideas
y de valoraciones: discutibles y originales.
Es bastante duro con Van Gogh y limita
el número de las obras realmente valiosas
que sus ataques de locura y su suicidio
troncharon tan desgraciadamente. A su la­
do hace crecer a Gauguin como uno de
los profetas mayores de la modernidad. Se
ocupa —a nuestro parecer demasiado— de
la obra de Ozenfant y descuida a Bonnard
y a Vuillard. No da una idea muy clara
de Matisse pero su caracterización de Pi­
casso es lúcida y no el panegírico que pier­
de de vista el horizonte de la realidad con­
tingente.
Maravillosas por lo precisas y laboriosas
sus tablas cronológicas, sus índices de obras
y autores. Sin embargo en el texto tiene
al lector un poco desorientado con tantas
llamadas, citas a pie de página, bastardi­
llas, asteriscos. Su prosa tan flúida y tan
placentera, cumple quizá el propósito in­
confesado del autor. Conseguir que una
época entera con todas sus alternativas,
sus minucias, se nos meta dentro de la
piel y del alma. Si eso era lo que quería
Wilenski, fuerza es reconocer que lo ha
conseguido plenamente.
D am ián C arlos B ayón

�Crítica
MAURICIO LASANSKY
Había en Lasansky una semidormida
tendencia barroca que en las últimas plan­
chas grabadas en Buenos Aires se resolvió
en imágenes etéreas, excesivamente senti­
mentales algunas, con algo de superrealis­
mo otras, que la contradecían. La reciente
exhibición en la G alería Sintonía nos per­
mite comprobar que la visión del arte mo­
derno en los Estados Unidos, donde re­
side desde hace cinco años, especialmente
de Picasso, le ha permitido desarrollar
esa tendencia, afortunamente para él aho­
ra, como auténtica tendencia barroca de
acentuación instintiva.
Tal vez lo más característico de una ten­
dencia barroca sea la expresividad de todos
los elementos, en el sentido de una peli­
grosa dispersión a través de lo caracterís­
tico, en oposición al sentido unificador de
la tendencia clásica. Así, en las planchas
de Lasansky lo que más sorprende es la
fuerza expansiva de sus formas y la preocu­
pación pictórica, que no se agota más en
la búsqueda de finas calidades, como en
los grabados anteriores, sino en la violen­
cia dinámica, el contraste de líneas ne­
gras de distinto grosor y la incorporación
del claroscuro en formas espaciales.

51

Parece que la energía del excelente gra­
bador se acrecienta y ordena, lo mismo
cuando ejecuta la bestia en Doma, uno
de sus mejores trabajos, que cuando se
demora cruelmente en la factura de su
Autorretrato —una especie de Greco soli­
dificado o, mejor aún, una figura romá­
nica enriquecida en su dimensión psicoló­
gica—, o cuando intenta resolver el eter­
no problema de El tiempo en el espacio
entregándose orgiásticamente al juego de
líneas y planos, o todavía con más fa­
cundia cuando reinterpreta el bíblico tema
de Ojo por ojo. No es un grabador madu­
ro —bien se advierten las influencias en
el orden expresivo, de Picasso en particu­
lar, y en el orden técnico, de ese excelen­
te grabador inglés y según parece eximio
maestro que es Hayters— pero lo que esta
exposición ha venido a refirmar —lo sa­
bíamos nosotros desde hace tiempo— es
su potencia de grabador, presente en el
valor significativo y expresivo al mismo
tiempo del trazo, en la fecundidad de sus
incisiones, en la riqueza infinita de sus
claroscuros.
Se diría, además, que su alma se ha
entenebrecido. Quienes recuerden sus xilo­
grafías o sus puntasecas de vago acento
renacentista se hallarán desconcertados ante
estas obras de Lasansky, que no revelan
ni la ingenuidad de las primeras ni la
tierna seguridad de las segundas. Creo que
es prematuro expedirse sobre la voluntad
estética del grabador, pues las estampas ex­
puestas lo presentan en un momento de
cambio, de adquisición de modos expresi-

�vos, acaso con mucho virtuosismo. Persigue
ahora más bien formas vagas y a menudo
herméticas, que tienden a producir una
especie de estremecimiento innominado en
el espectador, no meramente sentimental a
pesar del predominio de la alegoría ni
siempre comprensible, sino un estremeci­
miento profundo, producto de elemental
metafísica ante el panorama de la vida.
[Cuán claro es todavía en Doma y en Au­
torretrato! Y sin embargo, son las otras ex­
periencias las que le van a permitir, sin
duda para mí, realizar un arte viviente de
concepción y factura personales. Lo que
ha de dársele es tiempo.
Un reproche debo formularle a causa de
su afán pictórico. En primer lugar porque
idéntico afán fué poco beneficioso para el
grabado en otros tiempos; luego, porque
no me parece que su veta más fecunda se
halle en la realización del espacio. Su ar­
ma es el dibujo, la fuerza expresiva del
trazo, y al buscar contrastes o armonías
de valor o de color sólo consigue ahogar­
lo, empobreciendo sus composiciones. En
lo que se refiere al color especialmente, no
me parecen afortunados sus ensayos —me­
nos todavía la multiplicación de plan­
chas— ni siquiera en la excelente Pietá —
excelente por otros motivos— que expone
en el Salón Nacional.
J orge R omero B rest

52

MANUEL ANGELES ORTIZ
La exposición de Manuel Ángeles Ortiz
que tuvo lugar en la G alería V iau resumió
todas las formas de su arte: construcciones,
litografías, dibujos, óleos. Con ser múlti­
ple la temática elegida para desarrollar es­
tos últimos, es en las naturalezas muertas
donde aparecen vertidas todas sus sensa­
ciones, emociones y pensamientos de ar­
tista. En efecto, podrá expresarse en la lí­
nea prieta y dura de un retrato; en los
trazos casi aéreos de un paisaje caligráfico,
pero los auténticos vehículos que nos per­
miten penetrar en su mundo son las bo­
tellas, el molinillo de café, el abanico car­
gado de estampas españolas, las barajas,
unas uvas.
¿Cuál es la actitud de Ángeles Ortiz fren­
te a ese mundo concreto? Su estética no
permanece fiel al naturalismo; aborda la
realidad de las cosas no para copiarlas tal
cual las ve, sino para inventar al influjo
de ellas, formas decorativas nuevas. La ima­
ginación, más poderosa que la sensación, lo
lleva a recrear las formas, como en el caso
de las botellas deformadas, esquematizadas
en el trazo grueso de los contornos; despo­
jadas de corporeidad en la transparencia de
los grises. Pero nunca esa imaginación bus­
ca expresarse en maneras impetuosas, sino
modestamente, sin alardes de técnica ni de
composición. Acaso por eso sentimos que
todo está dicho en el cuadro, en ese primer
plano del cuadro, donde cada objeto ha
perdido su materialidad propia para unifi­

�carse en la delicadeza de los ritmos y en la
frescura de un mismo empaste.
Al considerar ahora los elementos plásti­
cos advertimos todo el planismo como me­
dio expresivo fundamental de su pintura;
pero aclaramos que se trata de planismo en
cuanto a la distribución, pues no basta la
simple colocación de objetos pequeños en
un plano posterior para crear la ilusión de
profundidad. Es preciso jerarquizar los co­
lores y los valores, recurrir a otros medios,
como es la disposición en diagonales, para
obtener la verdadera perspectiva del espacio
y ésta no es perseguida por Angeles Ortiz;
cuando la busca, tampoco la logra, ni aun
en el caso de reunir en una masa tonal un
pepino con una compotera y una man­
zana.
Es porque el planismo está ligado a una
concepción decorativa de la pintura y asi
es la de Ángeles Ortiz. No de otra manera
puede encontrarse su auténtica escritura
personal, su verdadero estilo.
B lanca Stabile

JUAN CARLOS CASTAGNINO
Castagnino, buen pintor y buen dibu­
jante, nos tenia acostumbrados a un colo­
rido fino, de gran potencia individualizadora. En los últimos paisajes la búsque­
da de una nueva expresión lo lleva a in­
cluir tintas agrias en telas dominadas por
tonos cálidos, pero al destruir la jerar­
quía del color, la representación pier­

53

de la solidez que debe darle una estruc­
tura. Por lograr una espontaneidad no
muy justificable, sacrifica el dibujo, es­
quema previo intelectual requerido por
la pintura, y emplea una técnica desma­
ñada más propia de la mancha y del
apunte. El paisaje entonces no llega a sos­
tenerse, se desmorona desintegrándose en
parte.
Su actitud frente a la naturaleza es la
de un lírico cuyo inframundo romántico
lo empuja a representar momentos de pro­
yección sentimental, pero a quien domina
el goce sensual de la materia. ¡Lástima que
la excesiva preocupación por el empaste le
haga descuidar el tema y olvidar la ne­
cesaria elaboración de las formas!
En cambio las figuras —exceptuando
Mujer peinándose y Desnudo en las que
concentra todo el interés en la cabeza, ol­
vidando un poco el resto del cuadro, que
no se sostiene con igual firmeza—, las
contruye con un dibujo algo más cuida­
doso, pero se presiente el peligro de una
estereotipación. En estas figuras llega in­
dudablemente a captar la individualidad
del modelo sin copiarlo, reconstruyéndolo
de acuerdo con su percepción, y en esa
forma llega a la interpretación del alma
llena de patetismo y desesperanza de los
humildes.
En las monocopias es donde a nuestro
juicio, Castagnino logra una expresión más
acabada, donde aparece el dibujante. En
los Caballos piafantes y vigorosos que nos
hacen pensar en De Chirico, el dibujo ce­
ñido y sintético produce una impresión

�minos, algunos recorridos ya, que no le
conducen siempre al mismo punto.
En los dos paisajes del Tigre, de gran
tamaño, mantiene los viejos caracteres de
su pintura con fines decorativos: sus imá­
genes se aplastan contra el plano, hay una
búsqueda de expresión por el ritmo, un
predominio del arabesco lineal más que
de lo representativo, tal vez algo repetido
en cuanto al color en sus contrastes de ver­
des, azules y violados. Pero ahora le inte­
resan también los objetos en sí mismos,
concretos, en su calidad material, por lo
que su sustancia se hace más densa, su
color más potente, sus formas más corpora­
les, aunque no siempre alcanzan toda la
solidez deseada. Es por esto que parece
preferir la naturaleza muerta, en la que
logra la plenitud de esa expresión. La
Canasta es una de las mejores telas que
expone y donde mantiene vivo el recuer­
do de Derain; pintada con energía y con
profundidad, en ella domina la tendencia
a amontonar objetos que a veces muestra,
resolviendo con sobriedad el problema de
la composición que tanto le preocupa. En
otras obras se presiente, más que se ad­
vierte, a Cézanne, no tanto por la estruc­
tura interna de las formas —Butler no
llega a la potenciación íntima de la ma­
teria de aquél— pero sí por su construc­
ción formal; así en Flores, pintado en los
azules secos un poco apastelados de Cé­
zanne, o en Navidad, con algunos trozos
que son verdaderos aciertos, el florero por
ejemplo, bien incorporado al fondo, donde
con una oposición de planos verdes y azu-

p ro fu n d a de fuerza, im presión q u e re ap a­
rece en Cabeza p o r los elem entos de vigor
y firm eza q u e la construyen, con lo q ue
consigue caracterizar al h o m b re en toda
su m asculinidad, al h om b re u niversal, al
arq u e tip o . (G alería A ntú .)
L ía C arrea

HORACIO I. BUTLER
Horacio Butler pertenece a aquel grupo
■ de pintores que ha sabido liberar nuestra
pintura de lo meraente representativo, in­
fundiéndole acentos francos de modernidad.
Estudioso y trabajador incansable, es de
los que mejor han asimilado la lección de
los maestros de París y, lejos de olvidarla,
da pruebas de la nostalgia que por ellos
siente. Con todo, resulta difícil definir
su pintura a través de esta última expo­
sición. No es que se piense que la obra
de un artista pueda encerrarse entre los
cuatro términos de una definición, pero
sí que a través de aquélla, aún en los te­
mas más variados, debe surgir cierta cohe­
rencia interior, cierta unidad de pensa­
miento y emoción que hagan accesible su
mensaje.
Si por una parte evidencia tener una
gran seguridad en el uso de los elementos
pictóricos, una mayor solidez y sabiduría
en el empleo del color, buen gusto en la
elección de las armonías, y un equilibrio
en la composición, por la otra se notan en
•él una serie de búsquedas por distintos ca­

54

�Ojo por ojo

LASANSKY
Autorretrato

Doma

Sol y Luna

��R

a ú l

J. C . C
A

So

El chal T
: Hombre del rio

l u i:

a stao m n o

n t o n io

S iiie

l l i .n o

M ic i'L L ( . \

La madre -&gt;■

:

ic io k ic a :

El otfelntt

(a la vuelta)
H

o r a c :i o

Ita

lo

B

I.

B

o t t i:

u tler

:

Paisaje

Naturaleza muerta

��les crea un ambiente rico; lástima que en
el resto las formas se independicen, per­
diéndose así el sentido de la unidad.
Al tratar los fondos de sus cuadros mues­
tra su rica sensibilidad por el color; es
donde pone a prueba toda su potencia de
pintor. En este sentido merecen señalarse
La cafetera, de gran sobriedad —he ahí su
fuerza— o El Busto, aunque aquí mezcle
algunos elementos naturalistas con otros
que denotan cierta fuerza imaginativa en
la invención de formas. Casa de campo e
Iglesia, con acentos de un patetismo ro­
mántico, son dos pequeños paisajes que
responden a una concepción monumen­
tal, que se quiebra cuando intercala peque­
ñas figuras, animales o humanas.
Descargadas de todo acento erótico, de
toda expresión anímica, repite en el des­
nudo femenino o en la figura, el mismo
sentido decorativo de la composición, la
misma frialdad de los tonos de otras obras
similares.
Conocedor de todos los secretos de la
técnica, seguro en el manejo del color,
ofrece Butler con esta muestra, una de sus
expresiones más maduras y de más alta
dignidad. (G alería M üller .)
R aquel E delman

VICTOR LANZA
Por primera vez nos trae al país este
joven arquitecto italiano una muestra de
fino trabajo en madera, inspirado en la
escuela quattrocentista italiana; la tara­

59

cea o tarsía, que tanto desarrollo tuvo du­
rante el Renacimiento.
En esta manifestación artística de ri­
cas posibilidades, la expresión no trascien­
de sólo del dibujo y de la composición,
sino también de la sabia disposición de
los pequeños trozos de madera de distinta
coloración natural, que la convierten en
un verdadero mosaico, donde desempeña no
poco papel la materia misma, tan plena y
vital.
Utilizada en Francia casi exclusivamen­
te como ornamentación, la taracea usó allí
motivos lineales o tomados de la flora,
subordinándose al espacio que decoraba.
Italia, en cambio, sobre todo en el Rena­
cimiento, quiso hacer con ella algo aná­
logo a la pintura. En esta segunda línea
está Víctor Lanza.
Si no puede sino elogiarse su finura, su
delicadeza de ejecución que lo colocan en
el campo de la mejor artesanía, y su sen­
sibilidad, cabe observar que la tendencia
a independizar su obra, como un verda­
dero cuadro, buscando la espacialidad,
desmerecen su labor, lograda cuando se
mantiene en el plano y utiliza motivos
más ornamentales.
Por otra parte, la gran cantidad de ma­
deras empleadas, de las cuales ha sabido
indudablemente explotar el valor expresi­
vo, hacen inútil el uso del color, que
aparece en forma aislada como toque o
detalle. (L ibrería San M arco .)
ISOLINA GROSSI

�ARTE ABSTRACTO, CONCRETO,
NO FIGURATIVO
Nadie ha podido hablar nunca del
arte que le es contemporáneo con plena
ecuanimidad. De los antiguos sólo cono­
cemos los grandes nombres, los que han
conseguido pasar por la malla del juicio
de las distintas épocas. A los otros, a la
gran masa de los artistas mediocres los ig­
noramos y no nos plantean problemas de
crítica.
En cambio, hoy día, gracias —o no— a
la imprenta y a la reproducción fotográ­
fica, el mundo se ve invadido por mani­
festaciones de toda índole: desde inocen­
tes tentativas de automatismo hasta com­
plejas teorías que parecen casi científicas
en su fundamentación. La posteridad dirá
de ellas si fueron artísticas o extra-artís­
ticas (aunque puedan haber sido valio­
sas desde otros puntos de vista).
Habiendo perdido su antigua vigencia so­
cial, el arte de este último siglo ha bus­
cado refugio en pequeñas camarillas que
para comunicarse con el resto del mundo
envían sus manifiestos más o menos lú­
cidos y justificados. El crítico —por su
parte— no debe tomar partido, mantenién­
dose alejado del problema inmediato y
contingente para tratar de descubrir en el
complejo ovillo de escuelas, corrientes, in­
fluencias, los hilos de la continuidad his­
tórica y conceptual que, quiéranlo o no
los artistas, van guiando y explicando el
devenir de lo humano.
Por eso objetamos el manifiesto de este

60

grupo tal como ha aparecido en la re­
vista Contemporánea. Dice en su primer
párrafo: “Todo lo que se oponga, directa
o encubiertamente, a la revolución en el
arte, está asumiendo una actitud de reac­
ción negativa .. . ” Ésta es una posición
de artista que justificamos. Pero la nues­
tra, la crítica, es la de pedir discusión para
plantear el problema en el plano de las
ideas, lo que n o significa oponerse ni
adoptar una actitud reaccionaria. (Ante
todo deberíamos ponernos de acuerdo so­
bre la expresión: revolución en el arte,
tan zarandeada como vacía de sentido;
para los nazis lo suyo era también revo­
lución ...)
Este grupo heterogéneo que expone en
Van Riel presenta sus problemas particu­
lares. Nos parece indudable que el sector
denominado concreto-invención pertenece
.. a la línea clásica que, saliendo del
cubismo a través del futurismo va a des­
embocar en el arte abstracto, línea que es
en su mayor parte intelectual, disciplinada,
arquitectónica, objetiva, consciente.” i.
Hace treinta y cinco años que en Rusia
se inició este movimiento que culminó con
los arquitectos holandeses del grupo De
Stijl: Théo van Doesburg y J. J. P. Oud.
Al lado de ellos el pintor Piet Mondrian,
cuyo credo se fundamentó en la obser­
vancia de ciertas leyes básicas: 1*?) super­
ficie bidimensional plana (pintada de
blanco o negro absolutos); 2") dirección
horizontal y vertical en las líneas trazadas
1 Sidnet jANia, Abstract and Surrealist
Art. in America.

�sobre la superficie; 3®) uso exclusivo de
colores primarios puros.
Esta posición del neo-plasticismo puede
ser justificada como un ataque contra la
representación objetiva de la realidad,
pero lleva en sí una contradicción. Si es
pintura de caballete no puede renunciar
totalmente a la tercera dimensión —pata
eso necesitaría inscribirse directamente en
el muro —y si es pintura mural, de direc­
ción arquitectónica, le falta escala y le
sobra el marco, cuando lo tiene, o, de
todos modos no puede ser un elemento
para colgarse aislado en las paredes2.
Creemos que la actitud de Mondrian y
los suyos (continuada en parte por la
Bauhaus de Gropius) ha sido fundamen­
tal para el desarrollo de la arquitectura,
la tipografía y el diseño industrial con­
temporáneos. Para el de la pintura lo
consideramos un camino que sólo pudo
justificarse en el propio Mondrian, quien
ajustaba sus líneas en enrejados de su­
premo equilibrio que recuerdan los tra­
zados reguladores de una fachada bien
compuesta. Pero hay otras tendencias en
el arte concreto como las más libres y
menos geométricas de Hans Arp, las de
volumen y espacio de Vantongerloo, las
construcciones aéreas de Max Bill que des2 N. G abo , A bstraction, creation (1932)
d ice: "Nosotros nos llamamos constructivistas, porque nuestros cuadros no están pin­
tá is ni nuestras esculturas modeladas , sino
al contrario construidas en el espacio y con
ayuda del espacio. Así destruimos lo que
antes separaba la pintura de la escultura.
E l principio eonstructivista conduce a las
artes plásticas al dominio de la arquitectura” .

61

graciadamente están apenas representadas
aquí.
En los representantes del grupo concre­
to-invención vemos reminiscencias de todos
los precursores, pero no por cierto la misna actitud justificada.
Hay hombres interesantes como Maídodonado, que tiene sentido del color y ar­
ma sus composiciones con equilibrio y una
cierta gracia, notoria aún en procedimien­
to tan austero. Si es un auténtico pintor co­
mo creemos, saldrá de este camino para
probar otros, no menos verdaderos, en que
la esencia misma de la pintura, su materia,
se pueda manifestar más libremente. Debe­
mos recordar también a Hlito cuya contri­
bución tiene sentido y es apreciable. Espi­
nosa es el que más se conserva en la teoría
mondriana, pero su obra está en el límite
de la geometría y la falta total de emo­
ción. Las composiciones de Iommi son in­
teresantes, por lo que implican de búsque­
da en la concepción del espacio. Giróla tie­
ne a su favor una obra bien conseguida,
otras —en alambre— no pasan de meras
tentativas poco logradas.
En general este grupo revela inmadu­
rez, precipitación para presentar sus obras,
falta de autocrítica. La mera comparación
de sus obras con los trabajos de alumnos
de la Bauhaus dirigidos por Moholy-Nagy
(en Alemania y últimamente en Chicago
hasta la muerte de este artista) demues­
tra cuánto se puede hacer en este campo
con dedicación y entusiasmo. Faltan mu­
chos elementos espaciales que explorar,
muchos materiales y texturas. Esperemos

�que evolucionen hacia esa meta ideal.
El grupo Madi también es heterogéneo
como valor. Su posición estética se justi­
fica aún menos. Sin embargo creemos ver
un valor en Blaszko, sobre todo en sus
pinturas, que quizá a despecho del autor
tienen mucho del primer cubismo.
En cuanto a los independientes, hay vie­
jos nombres conocidos. Ninguno sale muy
favorecido de la prueba. Alberto Morera
crea unas manchas decorativas que repre­
sentan poco para alguien que se formó al
lado de Alfredo Guttero. Eugenia Crenovich (Yente) tampoco agrega nada con su
envío y en cuanto a Del Prete, a quien
mucho admiramos en lo suyo propio, nos
parece aquí desganado y frívolo y lo que
es peor en un pintor como él, tremenda­
mente desentonado. Skelton de Sarelli
se diluye en confusas abstracciones, y Ma­
ne Bernardo cae por su falta de fuerza
y de garra en el dibujo.

62

Dos arquitectos de calidad mandan obras.
Catalano una figura móvil bien realizada
y que arroja hermosas sombras sobre un
plano amarillo. Pensamos sin embargo que
el público no podrá sospechar en el autor
de ese juego inocente al arquitecto del
extraordinario Auditorium de la Ciudad
de Buenos Aires que esperamos ver pron­
to realizado. La silla de Jannello es cómo­
da y tiene mucho interés plástico, lamen­
tamos que no haya más contribución de
este tipo.
Creó un vacío la ausencia de la obra
de los arquitectos italianos Rogers - Belgiojoso - Peresutti que estaba anunciada
en el catálogo 3.
D am ián C arlos B ayón
3 E sta obra estuvo expuesta los últimos
días, ya en prensa este número de Ver y
E stim ar .

�XXXVIII SALÓN NACIONAL DE ARTES PLASTICAS
El Salón Nacional se ha convertido en un mito argentino. El público
acata la selección del jurado y orienta en ella su gusto artístico; pero cuan­
do esta selección como en el caso del actual salón delata una clara inten­
ción de ignorar las corrientes del arte moderno, el mito se vuelve peligroso
V es elemental deber denunciarlo. Nadie dice que otros salones más anó­
nimos (como el de Santa Fé), tienen un valor muy superior a éste. Nadie
repara en que los ya premiados no envían al Salón. Nadie sospecha que
entre los cientos de obras rechazadas pudo haber trabajos de verdadero ar­
te. Hay que enfrentar el mito y combatirlo. Hay que evitar la limitación
cada vez mayor de la retina del público, la educación en una pobreza es­
tética, la confusión de arte y moral, el prejuicio reaccionario. Hay que
salvar la libertad del color y de la forma.
LA PINTURA
Toda crítica se edifica sobre una premi­
sa; la nuestra es haber ubicado el juicio
de valor no en la fidelidad de la repre­
sentación; ni en el reflejo del impresio­
nismo, naturalismo o en el mayor o menor
virtuosismo de los cultores de Cézanne; ni
en el oficio de pintor destacado por la
perfección manual de una técnica, sino
en la creación honesta y libre de una
realidad propia. El Salón, así juzgado,
queda reducido a un grupo bien pequeño
de pintores.
El primer premio, adjudicado a Castagnino , por su tela Hombre de rio, tiene
una ejecución desigual: la parte inferior,
los muslos, el pantalón y la red, muestran
el buen pintor, pero la figura va perdiendo
energía en el torso y la cabeza, que está
trabajada con sustancia expresiva pero de

factura tan pequeña que los reflejos impi­
den apreciarla. La falta de energía y de
relieve en la construcción tienden a des­
truir la figura en su totalidad, empuján­
dola hacia adelante. Lo menos resuelto es
el fondo, donde se ve una aplicación ele­
mental del impresionismo, y empleo de
colores cálidos en exceso. A pesar de ser
una tela inferior a lo que el artista ha
probado que es capaz de hacer, al compa­
rarla con el resto del salón, se pone en evi­
dencia el pintor auténtico.
Soldi presenta dos obras valiosas; una
entonada con su delicadeza habitual, den­
tro de la línea a que nos tiene acostum­
brados, con un detalle —el sombrero— don­
de aparece el maestro. En cambio, El chal,
es uno de sus cuadros más felices no sólo
como resolución técnica sino como con­
cepción estética. La finura tonal no es su­
perficial sino auténtica, profunda, emerge

63

�del interior de las formas. Es visible la
diferente concepción de ambas figuras; la
de adelante, acabada y nítida, en la que
el volumen está resuelto con simplicidad
y fuerza, y la de atrás, bien envuelta, que
se inclina desde la sombra hacia la luz,
a pesar de lo cual la unidad subsiste.
En esta segunda figura, es donde Soldi se
supera. La línea oblicua del busto y el
movimiento del brazo sugieren un senti­
do rítmico que crea gran armonía dentro
de una composición perfectamente equili­
brada. Una nota original la da al incor­
porar elementos gráficos a la rica materia
pictórica. El uso de tintas diferentes en la
misma escala tonal, produce a primera
vista una impresión de monotonía cromá­
tica pero a medida que se observa, va
apareciendo un sinnúmero de pequeños
elementos individualizables, con lo que lo­
gra una extraordinaria riqueza de color.
Al lado de Castagnino, se destaca la es­
tructura firme de La inmigrante de Daneri, concebida con austeridad cromática
que se opone a la euforia de aquél. Dentro
de esta severidad, Daneri consigue dar un
carácter pleno de proyección sentimental
sobre el espectador. La nota más acabada
está dada por el cabello, realizado con un
gran sentido de síntesis, cuya factura, que
podría ser monótona, es interrumpida por
un trazo oblicuo —la hebilla— sabiamen
te ubicado.
La maravillosa naturaleza muerta de P e torutti, donde parecería que el maestro
ha logrado unir lo mejor de cada una de
sus distintas maneras, es sin duda alguna

64

la obra más importante del salón, a pesar
de la reticencia injustificable con que aun
se lo juzga. El fondo dinámico, dividido
en planos, balancea cierto estatismo del
resto de la composición, en la que incluye
elementos naturalistas habituales en sus
últimas naturalezas muertas. El rayo de
luz que caracteriza toda una época suya
también está incluido en esta tela, no ya
corporizado e independiente de los objetos,
sino vinculado y vibrando con ellos, y to­
mado como un elemento de equilibrio en
la composición. La gran fuerza de Petorutti está en su dibujo preciso, en la va­
riedad de ritmos intelectuales a los que
contrapone la sensualidad de las curvas;
en el color, excepcionalmente tratado en
el mantel, en la riqueza de la materia nu­
trida, en los acabados contrastes de tintas
que implican luz y sombra y en el espacio
construido con estricto concepto racional.
Como de costumbre, V ictorica da una
impresión de fuerza y de construcción sos­
tenida por un sentido íntimo de la forma,
aunque El orfebre no es una obra total­
mente conseguida como otras anteriores y
la unidad se resiente por algunos detalles.
La figura es lo más feliz; el modelado de
la cara es una verdadera lección, porque
no recurre a la solución naturalista y crea
ritmos con rasgos inventados —las cejasarbitrarios si se quiere, pero reveladores
de su pleno sentido plástico. El torso, el
antebrazo, las manos y los dedos trabaja­
dos con color quizás excesivo, completan
la sensación de vigor y firmeza que surge
de toda la figura. El fondo, en cambio, es

�lo más pobre; la luna del espejo no está
resuelta, y los distintos ejemplos con los
que intenta construirla no se justifican.
T iclio es un pintor cuyo sentido cons­
tructivo lo lleva a solucionar con gran
equilibrio el problema plástico de la re­
presentación: las nubes, la calle y las ca­
sas. Su Barrio de San Telmo es un mues­
trario de calidad de pasta y de color rico,
bien compuesta, dinámica, ágil y espiritual.
Una cierta tendencia al empaste excesivo
lo hace caer a veces —como en el caso del
humo— en pasajes un poco sucios e inde­
finidos, pero cuando mantiene la indepen­
dencia del color, consigue una gran fuerza
expresiva.
Flor de cardo, d e E strada B ello , segun­

En C ernobori hay una buena intención
y talento no plenamente desarrollados. La
construcción no se sostiene con igual in­
tensidad; esto, evidente en el desnudo, es
superado en su otra tela, entonada muy
sobriamente en grises expresivos, incorpo­
rándose así a la buena tradición del paisa­
je urbano.
Sin superar el paisaje de bambalinas,
lleno de pequeños efectos, en esta nueva
tela de Fray G uillermo B utler hay un
buen establecimiento de planos, dentro de
un tono romántico agradable pero no suficente para justificar una obra. En cam­
bio, el interior de la iglesia, de un elementalismo ingenuo, es inaceptable desde
todo punto de vista.

do p rem io del salón, represen ta u n a fi­
g u ra d e m u jer trata d a con detallism o ex a­
gerado y u n a cierta falta de síntesis, en
la q u e el sentim entalism o está sólo a lu d i­
do; n o llega a incorporarse del todo al
paisaje, u n poco desdibujado, de g ran sen­
tido lírico y fin u ra tonal, q u e es lo m ás
feliz como concepción y realización.
En el paisaje de P ronsato hay una gran

C odorno sabe hacer v ib rar la m ateria
en su Figura —p artic u la rm e n te en la b ata
azul— y la invención acertada de form as
lo conduce a construcciones p ro pias, de
p u ro sentido pictórico.
El Autorretrato, de J arry , infortunada­

B ern i .

q u e vincula los objetos en tre sí.

mente ubicado al lado de la de Victorica,
muestra una composición arbitraria, sin
justificación.
riqueza colorística. Falta un poco la solu­
La n atu raleza m u e rta d e D iomede , a
ción integral del problema que plantea pesar d e u n cierto desequilibrio en la
una tela; no se sostiene con igual fuerza com posición tiene positivos valores; u n a
en el centro más construido que en los in g en uidad m uy agradable, u n a acertada
extremos. Sin embargo la materia nutrida entonación d e colores p uros, n eu tra liz a­
tiene una evidente potencia expansiva, va­ dos p o r u n fondo gris, u n trab ajo detallad o
lentía y sugestión lírica.
de cada o bjeto individualizado, en tre los
Color sin vibración; fondo inerte, neu­ q u e se destaca el pescado, d on de d a p ru eb as
tro; detallismo excesivo; realismo sin ex­ de u n a in telig en te invención form al, todo
presión interna, sin vitalidad; Nostalgia de sostenido p o r u n a sen tid a línea in te rio r

65

�B arragán está representado por Figuras,
tela bien resuelta como ritmo, desacertada
en el color monótono, en la que soluciona
con gran capacidad el difícil compromiso
entre el volumen y el plano.
Hay una superación en el autorretrato
de B ruzzone , de dibujo sugerente. El fino
trabajo de la cara —en la cual, sin embar­
go, no están resueltos los pasajes de luz
a sombra— está en discordancia con el
resto de la figura, que no da la misma
impresión de acabado.
F ariña se desliza en La casa de la Ro­
saura por la vía fácil de lo superficial y
lo anecdótico, desvirtuando sus cualidades
de buen pintor, que lo hacían buscar re­
soluciones más universales y permanentes.
P acenza sacrifica a una búsqueda de falsa
originalidad, el sentimiento auténtico que
debe sostener una tela. Mayor concesión
aún a lo transitorio se advierte en L ópez
C laro que explota un tema social median­
te recursos teatrales. En cambio, C ertoira ,
siguiendo las huellas de T iglio , aunque
sin su pasión, trabaja con una actitud se­
ria y empeñosa. C outaret presenta un
pretencioso paisaje teosófico resuelto como
bambalinas por medio de trucos y efectos
de tornasol. En la misma sala está el
Atardecer de B otti, concebido como un
affiche, de color agrio y detonante. No
vemos una gran unidad en la factura del
cuadro de B orraro, Atardecer en la isla,
de valores positivos, aunque los verdes no
se sostengan con igual fuerza dentro de
una técnica de tendencia impresionista.
Al lado de Borraro, se advierte la vigo­

rosa resolución de un buen pintor; D ane que expone una Barca en reposo, con
un primer plano magníficamente resuelto.
B leuzet , muestra en un paisaje quizás ex­
cesivamente influido por Van Gogh y Chagall una intención honesta y promisoria.
Una misma sinceridad, más fructífera esta
vez, se advierte en el paisaje de V ento ,
sentido y entonado. El carnaval de E lba
V illafañe , es muy inferior a sus obras an­
teriores y lo mismo puede decirse del
Carnaval quebradeño de B o nom e .

ri ,

U n n atu ralism o m ezquino sin proyec­
ción trascendente, es el único juicio q u e
cabe fren te a la o b ra de T essandori.
En la cabeza de niña de A micarelli

vemos una buena técnica que no llega
a traducir un mensaje. El retrata natu­
ralista de C ochet , no agrega nada a sus
trabajos ya conocidos. Dentro de una
entonación no siempre acertada, G rela
trabaja su figura con personalidad, man­
teniéndose en una difícil concepción pla­
nista. M arina B engoechea , no se supera
en el retrato de niña. Tampoco la Figura
de I deal Sánchez , en la que subordina
la concepción pictórica al dibujo, sin
discriminación de color, significa un ade­
lanto en su obra. En G randi hay una bús­
queda empeñosa de formas originales re­
suelta de una manera quizá excesivamen­
te simplista. Es lamentable que un jurado
capaz y responsable haya incluido en el
Salón Nacional, una obra que, como la de
B uitrago , se halla al margen de toda crí­
tica.
En D omínguez N eira la preocupación

66

�por la búsqueda de volumen, lo lleva al
amontonamiento de cosas olvidando que
la tercera dimensión exige sobriedad en la
composición. También H omero P anazio tópolus combina felizmente los tonos, con­
centrando toda la luz del cuadro en dos
manchas blancas, que balancean la com­
posición. F aggioli no consigue un equili­
brio ni racional ni intuido, que sostenga
su naturaleza muerta en Bodegón y P e done , indiferente a toda nueva corriente
artística, sigue cultivando un mal natura­
lismo que sólo respondió a la moda de
fin de siglo. Buen gusto en el color pre­
domina en la Composición de V iolet Skel ton , desequilibrado por parches inexpli­
cables que rompen la armonía tonal.
Esto es lo individualizable del Salón:
lo demás no alcanza a tener nombre pro­
pio, no llega a la latitud del arte.
L ía C arrea y
M arta T raba

LA ESCULTURA
La escultura se caracteriza por una
franqueza intransigente que se burla del
truco, denuncia el grito vacío y la redun­
dancia, subraya la frialdad de la mano
que la modela y la trivialidad de la men­
te que concibe. Pero el análisis de sus
defectos lleva su contraparte afirmativa:
obras de valor desigual pueden ser igual­
mente aleccionadoras.
Sibellino p ru e b a q u e es posible decir
p alab ras trascendentes en to n o co n ten i­

do. En La madre, de perfiles vibrantes y
precisos, conmueve de sentimiento el vo­
lumen riguroso, ajusta la deformación a
lo expresivo, une la sobriedad y la mesu­
ra al sentido monumental. Gaucho aban­
derado de Soto A vendaño y Contempla­
ción de Sassone se diferencian en que su
monumentalidad no nace, como en La
madre, de lo interno, sino de la amplitud
de tamaño y de una grandilocuencia más
literaria que plástica. La cabeza de Soto
A vendaño conciba un fondo naturalista
con el forro de modernidad que le otorga
un modelado por ángulos, variado y muy
movido; la figura de Sassone , desarrolla­
da en un plano, agrega a su pobreza in­
ventiva la pérdida del volumen: su mo­
delado poliédrico resulta confuso e inex­
presivo. Igualmente ampulosa es Madre
tierra de T roiano T r o ia n i : un modelado
pretendidamente rico que sólo da im­
presión de blandura, abundancia de es
corzos que desintegran la forma en lugar
de dinamizarla, deformación arbitraria ni
rítmica ni expresiva. Frente a su máscara
de originalidad resalta la probidad técni­
ca de Rama florida de D evoto , lamenta­
blemente no potenciada por un impul
so creador vital. D evoto sabe erigir un
volumen, cuidar sus múltiples perfiles,
plantar una figura y enlazarla con otra,
pero su objetividad suena a fría prescindencia; sin esa vibración que se obtiene
al surgir de una necesidad interior, la
obra queda en anécdota.
No obstante sus muchas imperfecciones,
Madre humilde de R oberto V iola tiene
el fervor emotivo que a Rama florida le

67

�falta. Su potencia expresiva latente per­
dura a pesar de los perfiles no resueltos,
la unión defectuosa de la figura del niño
de pie con la de la madre —si bien es
acertada la unión de la figura de ésta
con la del niño que lleva en brazos—, los
detalles que contradicen su aspiración a la
síntesis, como los breteles en el traje del
niño y los pliegues en el vestido de la
madre, molestos para ver y perjudiciales
al volumen. Madre de D aulte une su in­
madurez —de formaciones inhábiles, per­
files pesados— a una fuerza expresiva casi
brutal. D aulte revela una peligrosa ca­
rencia de fantasía, casi podría decirse de
curiosidad; no busca renovar las formas
comúnmente aceptadas: se somete a ellas.
Muchos menos inquieto aun es P ablo Se ­
rrano , en Eva, de perfiles elegantes, ágil
y bien puesta, pero deficiente en su mo­
delado y pobre de contenido, C arlos B iscione , autor de Confidencia, a pesar de
sus errores —quiere sintetizar y cae en lo
supérfluo, infunde alguna emoción a ca­
bezas que coloca sobre torsos rígidos y
fríos— muestra capacidad expresiva al
modelar con grandes planos recios el ros­
tro de una de las niñas. También Puic
construye su Rene con grandes planos que
pretende animar por la acción de las ar­
tistas; pero la forma resulta trivial e iner­
te, sin vibración de contenido ni fuerza
como volumen, y el recurso del artista
queda en recurso. A lonso reedita en ta­
maño mayor su Durmiendo, agregándole
una nueva figura cuya inclusión entre
los brazos de la figura mayor no está re­
suelta, al mezclarse confusamente las for­

68

mas; el volumen pierde sentimiento y
gana en muerta pesadez y helado estatis­
mo; la fuerza intuitiva se aquieta en el
remanso sin horizontes de la repetición.
El grupo Los acróbatas de C uratella
M anes significa un cambio total, un nue­
vo (?) punto de partida para los ojos de
espectadores demasiado acostumbrados a
formas naturalistas teñidas de un moder­
nismo anodino. Ejemplifica una manera
distinta y legítima de expresión, la más
legítima quizás pues significa búsqueda,
lucha, invención. Su origen está dado por
el cubismo escultórico cuyos representan­
tes principales fueran Henri Laurens, Duchamp-Villon el precursor, el Lipchitz de
la primera época. Brazos, piernas y torsos
son reducidos a cuerpos geométricos para
liberar el volumen del parecido y la anéc­
dota y lograrlo en su plena concreción.
Una vez puro, hay que animarlo, hacerlo
vivir. Se da entonces la autodestrucción
de lo geométrico: ejes oblicuos que se en­
trecruzan y cortan, prismas, pirámides, co­
nos y esferas deformados, aristas activas.
C uratella M anes reúne estos caracteres
en una obra malograda. Exceptuando la
figura más pequeña, un poco inexpresiva
pero justa de volumen y tensa de movi­
miento, privan los caracteres negativos de
pesadez, frialdad y hasta mal gusto. No
obstante esto, y a pesar de las inútiles re­
valorizaciones de estéticas acaso difuntas,
este fracaso tiene el enorme mérito de
corresponder a una inquietud histórica.
A ngelia B eret

�EL GRABADO
R ebufe o, Z apata G ollán y C ecconi son
tres artistas cuya obra se p erfila claram en ­
te com o lo m ás interesante del Salón. Xilógrafos los tres, hay en ellos u n a visión,
u n actitu d estética, u n pulso —trad u cto r
aním ico— m uy distintos.

Lo que en Rebuffo es un esfuerzo plás­
tico, conceptual, por dar concreción a una
realidad dada —sus paisajes con figuras
del Salón de Mar del Plata, sus escenas
urbanas del Salón Peuser i, aquí dos pai­
sajes campestres con figuras— se cumple
en la madera con un trazo severo, rotundo
que va decidido a realizar la forma sin
sugerir más que lo expresado. No hay at­
mósfera, no hay espacio; es el suyo un
mundo cerrado, firme, plano, pero anima­
do de una potencia interior que se sirve
de esa rigidez deliberada para contener
el clima sentimental. En Mujer en el sen­
dero es la figura, son los cañaverales, es
el sendero que se anima con un ritmo
que hace vibrar los negros por el contacto
incesante con un trazo vivo, dinámico, que
ordena las tallas blancas. Quizá en Tor­
menta en la sierra pueda apreciarse mejor
la riqueza de calidades y la fuerza interior
con que Rebuffo potencia sus formas. Es
ésta una composición equilibrada, que nos
dice de una esquematización sensorial, in­
tuitiva, donde el artista juega con expre­
sividad certera las copas de los árboles,
las nubes, el camino, penetrando las for1 V er y E stimar N» 1, págs. 20 - 21;
N? 5, págs. 54 - 58.

mas negras de un aliento blanco dinámico,
ondulante. Se anota en los animales un
sentido patente de deformación que, hecho
síntesis en el tratamiento de las figuras,
las empuja fuera del plano del paisaje;
sorprende este extrañamiento entre la fi­
gura y el paisaje (tan frecuente en la obra
de Rebuffo) porque es un carácter que
no guarda contenido.
En Zapata Gollán la xilografía halla un
cultor respetuoso de sus características. El
Tríptico de la tierra abandonada vale por
su decir alegórico en cuanto consigue
la inmediata transmisión de su mensaje;
por la línea ruda que, a veces minuciosa,
va a insinuarse entre los negros para di­
bujar las formas y hasta llenarlas a veces;
por los elementos —línea viril y contrastede propósitos escuetos para entonar más
fuerte los negros y agilizar los blancos;
porque, en fin, toda la concepción se es­
tablece en el plano aunque ciertas man­
chas blancas creen una noción espacial
subrayada con las líneas de horizonte y de
perspectiva. Tensas las facciones en las
figuras del hombre y la mujer y agitadas
las líneas que trazan el caballo —la nota
más lograda del tríptico—, Zapata Gollán
consigue el acento dramático con la opo­
sición de los negros y un ritmo de blan­
cos que amengua el estatismo total. Es
un oscilar entre plano y espacio, estática
y dinámica, acento en las grandes zonas
negras para romperlo con elementos grá­
ficos como los pájaros sobre la línea del
horizonte.
Otro trazo, otras calidades, otra inten­

�ción contiene la obra de Cecconi. Es una
composición resuelta en dos esquemas su­
perpuestos —sujeción al plano— donde el
artista logra muy varias calidades con las
distintas frecuencias del corte en la ma­
dera, hasta lograr un ritmo detenido de las
tallas, en una actitud emotiva que impri­
me bien al paisaje.
El aguafuerte que va en busca de una
expresión menos ruda, más pictórica, halla
amenguada esta exigencia en la obra de
Elgarte, por esa geometrización capricho­
sa —que no es abstracción formal ni com­
posición por la luz y la sombra— enta­
blada por el aguafuertista con nutrida
modulación de calidades. La suya es una
actitud pictórica y sentimental. M aría C e ­
lia R aimondi da —otra vez en el Salón Na­
cional— un valor espontáneo y honesto con
su punta seca Éxtasis; otra vez imprime
un sello descriptivo, dinámico y fino a su
expresión sentimental.
Capítulo aparte: L asansky . Presenta Pie-

tá, un aguafuerte coloreado que señala un
regreso a su actitud primera: la búsqueda
con certero instinto de formas inventadas
en las que condensa el sentimiento. En una
concepción barroca de la Pietá desarrolla
su actitud: va a la invención formal y
crea un Cristo penetrado de tal angustia
que en él no cabe el espasmo, ni la agonía
clásica. El sentimiento es más duro, más
primario y los trazos esquemáticos se hun­
den en el papel, ahondan la expresión y
concluyen sus inventivas formales en las
tres figuras admirables que rodean al Cris­
to y esa otra cara en escorzo, rígida, que
es modelo de síntesis conceptual. El color
vigoroso y amargo, que se sobreagrega a la
estructura permeándola de cierta blandura
y robándole lo que hay de pureza expre­
siva en el grabado, se ordena según un
ritmo y un esquema poco asequibles.
C lara D iament

70

�miscelánea
• Enrique V, la formidable película de Lawrence Olivier, formida­
ble tanto por los aciertos de dirección como por el insuperable trabajo
del actor, ha conmovido al público sensible de Buenos Aires, por desgra­
cia escaso todavía, que la esperaba desde hace mucho tiempo. Ha de
confesarse que no defrauda y que algunas escenas quedarán, a no dudarlo,
como pasajes magistrales de interpretación shakesperiana,-sobre todo aqué­
llas en las que el ritmo de la acción se combina con el ritmo de la emoción
plástica, lográndose una ajustada unidad entre contenido y forma. Pero
no es nuestro propósito analizar aquí los valores cinematográficos que
la película encierra, sino señalar, teniendo en cuenta la especialidad de
estos cuadernos, los valores plásticos.
Se ve que Olivier ha tenido muy en cuenta la pintura, no solamente
•en la memorable escena de la batalla, que recuerda las de Uccello, sino en
las reconstrucciones de escenarios, similares a los de algunos libros mi­
niados y primitivos, y en los paisajes, algunos de los cuales se diría que
son firmados por maestros holandeses del siglo x v ii . El color se ha afi­
nado en los acordes tonales y se ha hecho vibrante en los contrastes de
tintas puras y a menudo casi planas, y ¡qué decir de los ritmos cambian­
tes, tan oportunos como expresivos, tan candentes en ocasiones como para
transformar, con pureza ejemplar, la simple anécdota en una fiesta de
los ojosl Sin embargo cabe hacerle un reproche al director: en primer
lugar, porque no siempre ha logrado hacer pintura dinámica y, de la
misma manera que en algunas escenas se resiente el ritmo cinematográ­
fico, en otras se resiente el ritmo de las formas plásticas, como si no
hubiere recordado que la pintura es un arte estático y el cinematógrafo
es dinámico; luego, porque no ha mantenido un estilo, desde el punto
de vista plástico, al incorporar modos expresivos que corresponden a
momentos históricos diferentes: las caballerías de Francia y de Inglaterra
no pueden actuar, vestidos con tanta sensualidad de la materia brillante,
enjaezados los caballos con gualdrapas de milagro, vestidos los caballeros
con trajes de imaginación oriental, en un escenario tan sedante y tan

71

�romántico como el que ha hecho vivir Lawrence Olivier. ¿Habrá olvi­
dado que el paisaje es la naturaleza vista a través de un temperamento?
Los reproches son fundamentales, pero no tienden de ningún modo
a desmerecer la película. A pesar de esas debilidades, llamémolas así,
ella hace creer a quienes no lo creían en las inmensas posibilidades del
cine en color. Como más de una vez dijera: ¿No se fijará allí el destino
de la pintura, arte al que le cuesta tanto sostenerse en este siglo de la
vertiginosidad?
j. R. b .
• Ha muerto en febrero último Tony Garnier, uno de los grandes arquitectos
de Francia. Habla nacido en Lyon en 1869 y como pensionario de la Academia Francesa
estudió en Roma en 1901 y desde entonces se puso a estudiar una ciudad moderna
ideal. El resultado fue la célebre Cité Industrielle de 1904 que arrasó con muchos pre­
juicios y contribuyó a la difusión del hormigón armado como forma constructiva
esencialmente moderna. Cuando Edouard Herriot fué intendente de Lyon, lo nombró
Arquitecto de la Ciudad y gracias a esa medida, Lyon cuenta hoy con alguna de las
construcciones más interesantes de nuestro tiempo, como ser: el Matadero, el Estadio,
la Escuela de Textiles y el Hospital Grange Blanche.
• En la Cámara de Diputados de Francia, Gastón Diehl hace un llamado para
ayudar a los artistas que deben desenvolver sus actividades en medios cada vez más
desfavorables. Un grupo de diputados reacciona, crea el grupo Amigos del Arte y
propone sugerencias. El asunto es bien insólito, ya que la palabra arte es tácita­
mente palabra muerta en todos los Parlamentos del mundo y es interesante ver de
qué manera creen los diputados que es posible auxiliar a los artistas. Sin duda,
la opinión más jugosa es la de Charles Petit, quien después de demostrar —analizando
las horribles o anodinas obras de arte del Congreso francés— que jamás (salvo Thiers
que dió carta blanca a Delacroix) ha habido ni siquiera una preocupación selectiva
en los hombres públicos, sugiere como soluciones prácticas: enseñanza por “dosis ma­
siva” del dibujo a los niños, de manera que se expresen por el dibujo con la misma
naturalidad que por el lenguaje oral o la escritura; eximición de impuestos a los
artistas, viajes gratuitos, etc. Robert Buron opina que el Estado debe restablecer
la noción digna del artista y contribuir a la formación del buen gusto del público,
equipando a los profesores de buenasreproducciones y considera que el nudo crucial
del problema está en que el pueblo francés comprenda el arte y que éste deje de
ser dominio de las minorías. Jan Binot plantea en forma muy distinta el problema;
piensa que el artista tiene una función gratuita y que su misma condición de inde-

72

�XXIV EXPOSICIÓN
INTERNACIONAL
DE VENECIA

M

a s s i .m u

C

a m p ig l i

Mujeres con ¡uíjun/s
C
es tan italianamente materialista como los demás, pero en lugar de abrevar en las fuentes
del Renacimiento, lo hace en las más vibrantes de los cíenseos y pompeyanos. Sin sombras y sin luces,
valiéndose de recias en el plano y de la rica pastosidad de sn color, tinos ocres fríos y otros cálidos,
crea formas arcaizantes que viven en la alucinación del ritmo. ¡ Q u é mundo tan distinto el de M
'
El lector acostumbrado a ver sus naturalezas muertas, tan vibrantes en el tono apenas modulado
y tan poco firmes en el dibujo, se sorprenderá con ésta que pintó hace veintinueve años; más todavía
porque se advierte el punto de partida común con C
. En cambio, el desnudo de éste, tan 1un­
cido en el espacio, tan sensual en la materia, nos aleja del pintor intelectual que conocemos. Un
C
romántico por la acentuación sensorial del sentimiento, pero que construye siempre con rigor.
a m p ig l i

o k a m ii

arra

arra

M

o r a m ii.

yuturaleza muerta

C

arra

.

Desnudo

�Arturo
M artini

Mujer que na­
da por deba­
jo del agua.

M arino M a r im . Pomona

Entre A rturo M artini y M arino M arini existe
la distancia que separa a un clásico puro, que
va en busca de la forma hasta transformar el vo­
lumen en tacto, y el clásico que voluntariamen­
te se hunde en el comienzo de las cosas, adherido
a la materia que amasa todavía con sentimiento.
Mujer que nada f&gt;or debajo del agua de M artini
es dura, brillante, pulida, animada por ritmos
claros y definitivos, tanto como para que parezca
un objeto. Quien haya leído nuestra noticia so­
bre su último libro (V tr y E stim ar , n? 5, pági­
na ó9) comprenderá por qué decía que la incapa­
cidad fatal del escultor es la de no poder hacer
una manzana; esta mujer nadando ha sido cons­
truida con la misma fría precisión con que CÉzannk construía una manzana. La Pomona do
M arini , en cambio, está respirando humanidad
material, en la turgencia de los volúmenes, en
la sensualidad de los perfiles, en la pastosidad
de la sustancia. Diríase que es un elrusco más
sabio, pero con la misma insolencia, similar ru­
deza e idéntico vigor. Plantada con firmeza, en­
hiesta como una columna, pero sin esa claridad
que a la columna le presta el espíritu de la ar­
quitectura, también es símbolo a pesar de ser
estatua, lo que M artini no hubiera comprendido.

�pendencia y libertad lo coloca fuera de la órbita de la ayuda estatal, de manera
que lo único aconsejable es la formación del grupo Amigos del Arte, que, a distancia,
dé impulso y forme un clima de comprensión para las artes plásticas. Éste es el
prólogo teórico de una acción que se hará o no se hará. Pero aunque el debate
quede archivado entre el inmenso fárrago de expedientes del Congreso, el sólo hecho
de que la palabra olvidada haya sido dicha y se hayan formado ecos a su alrededor,
habla muy en favor de los diputados de Francia.
• En el Congreso Mundial de los Intelectuales, realizado recientemente en Wroclaw (Polonia), Picasso presentó un proyecto de resolución “declarando la amistad y
admiración que los intelectuales sentían por el poeta chileno Pablo Neruda, que era
esperado en la asamblea y que no pudo concurrir. Agregó que Neruda tiene derecho
a vivir libremente y sin ocultarse y a residir en el lugar que desee".

• Renán decía muy bien: “Sólo el arte en que la forma es inseparable
del fondo, pasa enteramente a la posteridad”. Y el recuerdo lo hace
Ozenfant, el severo crítico del purismo, con lo que la cita de Renán cobra
fuerza de síntoma.
• La Dirección General de Cultura de la provincia de Buenos Aires acaba de
publicar un folleto titulado Vagón de Arte, en el que da cuenta de la construcción
de un vehículo que habrá de servir para difundir expresiones artísticas. Bajo el lema:
Ver-oir-leer, el vagón que resume tan plausibles propósitos llegará a todos los pueblos
y ciudades de la provincia, llevando obras de pintura, grabado, dibujo, amén de dis­
cos, libros y revistas, diapositivos sobre arquitectura, piezas de artesanía y reproduccio­
nes de obras maestras, y elementos desmontables que permitirán armar fácilmente
recintos para exposiciones y conferencias. Como se ve, la iniciativa es valiosa, pero
nos preguntamos, no sin amargura: ¿Qué sentirá y qué pensará el habitante de tierra
adentro, tan bien educado de ese modo, cuando se le ocurra visitar el Museo en su
viaje a la capital de la provincia, cuando se enfrente con tanta obra anodina comprada
en sucesivos malos salones provinciales? La Dirección de Cultura debería contemplar
esta situación, y remediarla, claro está.
• Copiamos de una revista norteamericana los nombres de varias publicaciones
de arte europeas que no conocemos en nuestro medio: Bouw se publica en Amsterdam
y trata especialmente temas de arquitectura; F orum también holandesa y con el
mismo objetivo; F orm principal revista sueca en lo que se refiere a muebles, decora­
75

�ción, textiles, cerámica, cristal; B ildende K unst es una publicación berlinesa más gene­
ral pues se ocupa de arte y de arquitectura; P risma de Munich en cambio abarca
arte y literatura; A rkkitehti se edita en Finlandia y es exclusivamente arquitectónica;
B lok checoslovaca y —según el comentario que copiamos— la mejor de Europa en
presentación, tipografía, recursos, es una revista cooperativa de arte; y por último
está A ussaat también de arte que se publica en Stuttgart. Es lamentable que toda
esta riqueza no llegue a Buenos Aires ni esté a la venta del público.

• Un nuevo libro del Profesor Siegfried Giedion ha aparecido en
las prensas de la Oxford University Press, New York. Se trata de Mechanization takes command y versa sobre la progresiva mecanización del mun­
do civilizado desde sus orígenes. Como su obra anterior de tanta reper­
cusión Space, time and architecture este nuevo libro del Secretario del
CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna) está admi­
rablemente diagramado e ilustrado. Las referencias a su texto las deja­
mos para un estudio posterior y extenso.
• En estos días ha cumplido 75 años el famoso arquitecto finlandés Eliel Saarinen. Hasta el año 1923 vivió en su patria vinculado a los grandes artistas de su
patria como Jan Sibelius y de los exilados como Gorki. Con motivo de un concurso
fué a los Estados Unidos y allí fijó su residencia después de convencer a un filán­
tropo de Detroit de la fundación de la Academia de Bellas Artes de Cranbrook, una
de las instituciones modelo en su género del mundo entero y de la que Saarinen ha
sido director perpetuo. De él ha llegado últimamente un libro: Search for form (Reinhold Publishing Corp. New York) y se anuncia otra sobre su vida, con prólogo de
su compatriota Alvar Aalto, uno de los más valiosos y equilibrados arquitectos de
nuestros días.

• Bajo los auspicios de la Dirección Provincial de Turismo de
Córdoba y con el objeto de estimular la labor de los mismos, se acaba
de inaugurar en la sede oficial de la delegación de dicho organismo,
sita en Avenida Roque Sáenz Peña 640, una exposición intitulada El
arte en Córdoba y de la cual participarán más de 60 miembros perte­
necientes a los centros culturales de la ciudad mediterránea.
La exposición comprende pintura, escultura, grabado y cerámica, y
participarán de ella tanto los altos valores ya consagrados por la crítica
nacional y extranjera como los nuevos representantes de una generación
que ha dado ya motivo para creer en su promisorio porvenir.

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A bogado
Marcas y patentes
Tucumán 1621 ' • T. E. 35-4926
Dr. CARLOS FONTAN BALESTRA
Dr. MANUEL ALBERTO BAYALA
A bogados
Montevideo 467
Dr. HERMAN NEUMANN
Abogado
Lavalle 1546

T. E. 35-0234

o

T. E. 44-3394

Dr. NARCISO MACHINANDIARENA
Dr. BALTAZAR V. JARAMILLO
Dr. BERNARDO SOFOVICH
Abogados
Montevideo 467
•
T. E. 35-1987
35-7213
Dr. PATRICIO F. Mac CORMICK
Abogado
Corrientes 1373
T. E. 38 - 2221

T España
299
Lomas
de Zamora
T. E g 4 3 . 1003

ABEL JARAMILLO
Escribano
Montevideo 467

•

T. E. 35-1987
35-7213

�AVISOS

PROFESIONALES

Dr. CARLOS RUIZ
Médico de niños
Av. Quintana 294

•

Dr. NATALIO EDELMAN
Médico

T. E. 42-3008

Dr. RAUL CARREA
Médico neurocirujano

Dr. MOISES GOLDMAN
Médico

T. E. 76-1111 J. E. Uriburu 1244
Dr. ANDRES A. SANTAS
Médico
Callao 1103

•

T. E. 44-6567

Dr. CARLOS A. URQUIJO
Médico
Arenales 1161

•

•

T. E. 44-3364

Dr. JUAN TENCONI
Médico
Cangallo 1890

•

T. E. 48-4746

Dr. FLOREAL VAJLIS
Odontólogo

T. E. 44-4906

Dr. MIGUEL FERNANDEZ
Contador Público Nacional
Aráoz 1875

e

T. E. 72-3582

Dr. BERNARDO KAN DEL
Médico
Uruguay 775

e

T. E. 48-5889

�______ C A R T E L E R A ______
GALERÍA ALCORA
21 septiembre - 17 octubre'. A rte CATALÁN.
18 octubre - 6 noviembre: J ovita B arreto , K ika B osch G rama jo , N elly
C a rd ellin i , G loria A lcorta
esculturas).

de

G irondo , C elia Silveyra (acuarelas y

GALERÍA ANTU
4-16 octubre: JUAN JOSÉ SALZMAN (pintor)
18-30 octubre: A n t o n io B er n i (pintor).
GAL ERÍ A MÜLLER
4-16 octubre: Sala I: DOMINGO RONDINELLI (pintor); salas II y III: ALCIDES GUBELLINI (pintor y escultor); sala IV: C u per tin o DEL CAMPO (pin­
to r); sala V: Luis N eu (pintor); sala VI: LUDMILLA FEODOROVNA DE
FlORAVANTI (pintora); sala VII: M. M. R. DE SOTO ACEBAL (pintora).
18-30 octubre: Sala I: ALBERTO GÜIRALDES (p in to r); sala II: Sa l ó n DE
la S ociedad de M in iaturistas ; sala III: S ra . K ral (pintora); salas IV
y V : Luis G ow land M o ren o (pintor); sala VI: VÍCTOR MANZORRO; sa­
la VII: V a n D ick (pintor).

GALERÍA SINTONÍA
4-16 octubre: JOSÉ ALONSO (escultor) ANTONIO SCORDIA (pintor).
18-30 octubre: LUIS BARRAGÁN (pintor).
G A L E R Í A V A N RI EL
21 septiembre - 9 octubre: VICENTE FORTE (p in to r); JOSEFINA CANGIANO
(dibujos); JUANA L u m e r m a n n (pintora); BRENDA Bassi (grabadora).
11-23 octubre: J o a q u ín A sensio (pintor); E len a C astro de B ordigoni
escultora; MAGDA DE P a m ph ilis (grabadora); CARMEN ROGATI (dibujos).

GALERÍA VIAU
15-30 octubre: FLAVIO R esende de C arvalho (pintor).
GALERÍA WILDENSTEIN
20 octubre - 5 noviembre: U berto PALASTRELLI DI CELLERI (pintor).
GALERÍA WITCOMB
4-16 octubre: LUIS MACAYA (pintor); PINTURA FRANCESA; A. VÁZQUEZ
M álaga ( pintor).
18-30 octubre: JOSÉ FlORAVANTI (M onumento a Roosevelt); CONCURSO PRE­
MIO PALANZA ( pintores).

SALÓN KRAFT
4-16 octubre: COLECCIÓN DE R a fa el A. CRESPO (pintura moderna)
26 octubre - 3 noviembre: Laertes B a ldini y RAÚL VERONI (grabadores).
S A L Ó N PEUSER
14-29 octubre: Salas I, II y IV: JORGE Larco (pintor); sala III: E n riq u e
E strada B ello (pintor).

SOCIEDAD HEBRAICA ARGENTINA
4-16 octubre: MANUEL COLMEIRO (pintor).
20-30 octubre: Luis FALCINI (escultor)
4-30 noviembre: MUESTRA COLECTIVA de los artistas que han colaborado
con piezas inéditas.

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA
Ocho números en el año
de abril a noviembre
60 a 70 páginas de texto
8 a 12 con ilustraciones
1 lámina
SUSCRIPCIÓN ANUAL
Argentina: 15 pesos nacionales
Uruguay: 7 pesos u r u g u a y o s
Otros paises: 4 d ó l a r e s u . s . a .
NUMERO SUELTO
$ 1,80 arg. ó 0,80 urug. ó 0,50 dólar
Toda la correspondencia deberá ser diri­
gida a nombre del director, o de la se­
cretaria de redacción, Martha Traba. Las
suscripciones, cheques, giros, bonos pos­
tales, a nombre de la administradora,
Raquel Eianco de Brané.
No se mantiene correspondencia sobre
originales espontáneamente enviados.
Dirección, secretaría y administración
Tucumán 1539. T. A. 35 - 9243
Registro Nacional de la Propiedad
Intelectual N? 271821

�ARTES G R A F I C A S
BARTOLOME U. CHIESIKO

Un peso ochenta

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Beret, Angelia&#13;
Bruzzone, Pámela&#13;
Bayón, Damián, C.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Carrea, Lía&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Grossi, Isolina&#13;
Traba, Martha&#13;
Diament, Clara</text>
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                    <text>FO R M A

ORGANO
DE
LA S O C I E D A D
ARGENTINA
D E
A R T I S T A S
P L A S T I C O S

ALFREDO

“ A legoría”

B IG A T T I
(A lto rre lie v e en pied ra del m o n u m e n to a B a rto lo m é M itr e )

/

�FORMA

N oviem bre de 1942

LA PINTURA MURAL
EN LA ARGENTINA

prestigiado. To­
hace
do ha sucedido
unos años,
como si en la
el tema de
República no
la pintura mural
existieran — exse mantiene de
ceptuando a
viva actualidad
o
R
poquísimos —
en casi todos los
otros artistas
países del mun­
A N T O N IO B E R N I
capaces de hacer
do. En la Argen­
mejor las obras
tina, el arte mo­
numental, salvo excepciones concretadas en murales, cuando todos saben, y hasta los mis­
trabajos de efectiva validez, que no han tenido mos que han adjudicado trabajos, que tenemos
su merecida continuidad, no ha salido de la una serie de pintores de positivos valores,
pura especulación teórica. No han faltado ni mantenidos en la más lamentable de las in­
faltan los artistas que están demostrando am­ actividades : la profesional.
plia capacidad en la realización mural, pero Frente a esos hechos se hace necesario ha­
la oportunidad de trabajos de magnitud no blar, decir la verdad sin rodeos, no ya como
les ha llegado a causa de una postergación asunto personal o societario, sino como con­
injusta y sin precedentes en nuestro ambiente ducta patriótica y de bien público. Ha sido'
hasta ahora, gracias a la apatía demostrada
artístico oficial.
Está demostrado que la pintura mural re­ por nuestros mej ores y más honestos artistas,,
basa la voluntad individual del artista para que los responsables de la desnivelación del
ser, además y en última instancia, una posi­ arte mural han podido llevar a cabo desde sus
bilidad social y hasta política. La pintura de posiciones de consejeros oficiosos, su obra de
caballete no tiene límite para la libertad y la camarillas sórdidas. El mal se 'agrava por el
inteligencia creadora del pintor; en cambio, la carácter semioficial que ha tomado la manio­
pintura mural puede ser el camino donde se bra de ciertos personajes escudados en pues­
anule el genio a causa de los obstáculos que tos oficiales y bajo la protección de una insti­
presentan ambientes pobres, mediocres o co­ tución artística con toda la aparatosidad de
rrompidos, pues el muralista siempre está de­ una labor seria y solemne.
pendiendo de la honestidad y la inteligencia Esta tarea de hacer pública la verdad sobre,
de los que adjudican espacios y materiales, la situación de los artistas argentinos y la
imprescindibles a la ejecución de la obra de romper con el conformismo aburguesado
que anula a nuestros pintores, debiera ser
monumental.
En nuestro país, los artistas que concibieron privativa de la crítica; desgraciadamente, ella
y realizaron los primeros ensayos de arte mo­ no cumple con su misión periodística a la que
numental, salvo uno o dos de ellos, todos han moralmente está obligada. La nueva genera­
permanecido desde hace más de diez años en ción, de quien tanto se esperaba, se ha que­
una pasividad involuntaria, como resultado de dado planeando en el aire nebuloso de la
las maniobras de los que temen ver realizada divagación plástico-filosófica. Han tomado el
la obra que los superará públicamente. Es así camino opuesto del que exige la realidad del
cómo existen en ciertas dependencias del Es­ momento; eluden la polémica y la lucha, hoy
tada, grandes paredes pintadas por personas más que nunca, cuando se hace tan necesaria
que apenas pueden parangonarse con mura­ una actitud a lo Atalaya.
A nuestros críticos no los conmueve ningún
listas mediocres.
Lo bueno que se ha pintado en los muros atropello artístico ni personal; ninguna des­
argentinos, privados u oficiales, es tan poco viación del arte los atormenta; se sienten
con relación a lo malo, que podemos afirmar cómodos en su misión de comentar una expo­
resueltamente: casi toda la obra ejecutada sición artística al igual que un partido de
en nombre del arte mural es un atentado a fútbol o un acontecimiento social; cuando más,,
las más elementales reglas de la pintura y aporrean a un pobre diablo de pintor que no
del buen gusto. Esta es una afirmación apa­ tiene influencias que pueda perjudicarlos.
rentemente atrevida, pero los ejemplos están Desde hace quince años existe una joven
allí al público en edificios de la Nación, para pintura que ha creado y encausado el arte mo­
darse cuenta en manos de quiénes ha sido derno argentino. Ella espera su oportunidad
puesto este magnífico medio de expresión. para expresarse ampliamente por prioridad,
Mientras tanto, ambulan por los salones por justicia y por méritos. Contra ella se
pintores cuyos cuadros piden a gritos muros han complotado grupos de pintores decaden­
para la realización de obras que serían la tes del post-impresionismo. No han sido
honra y la jerarquización del arte nacional. aquéllos, sino éstos, los encargados de
El tiempo pasa, y a ese arte se le ve cada día realizar lo que esa juventud concibió y de­
más contaminado, desvalorizado y hasta des­ mostró saber hacer. El post-impresionismo no
esde

2

�N oviem bre de 1942

FORMA

podía tener una con­
cepción m uralista
porque sus mismos
principios plásticos
rechazan la materia y
el sentido espacial a
los que fatalmente
obliga sujetarse la
pintura mural deco­
rativa. El post-impresionismo, mal podía
encarar el muro; sin
embargo, aquí, donde
impera el engaño, es­
te concubinato plásti­
co ha sido posible en
toda su extensión. Es
así cómo se han cu­
bierto de paneles edi­
ficios públicos, sin
que los realizadores
tengan una verdadera
convicción, conoci­
miento o sensibilidad
por ese tipo de encar­
go. Todo pasa y se
sucede gracias a la
trampa bien montada
que permite escamo­
tear el concurso pú­
blico, como correspon­
de en todos los casos
en que se gastan dine­
ros del Estado.
La pintura mural
debe ser cuidada y
mantenida en su pu­
reza, porque ella tiene
ALFREDO GUTTERO
“ El p in to r M iguel C. V ictorica” (yeso cocido)
valores públicos de
cultura, como lo tie­
H om enaje a la exposición de sus obras en el Ateneo Popular de la Boca
nen los monumentos
de la ciudad. La pin­
tura mural cumple una misión distinta a la colectividad; pero a ella sólo el Estado y las
que puede ejercer la pintura de caballete: in­ instituciones de largo alcance pueden darle lo
dividual y de uso privado. La pintura mural que culturalmente necesita y exige. Es así
tiene su porvenir en el futuro inmediato, y cómo el arte sale del domicilio particular para
ya lo tiene hoy cuando las grandes muche­ pasar a museos, edificios públicos, bibliotecas,
dumbres se ubican en un plano positivo como clubs, etc.
elementos participantes de la cultura.
Es por todas esas funciones públicas que
La pintura de caballete ha llegado a su ago­ debe ejercer el arte mural, que nos obliga a
tamiento en el plano de la revolución formal; preocuparnos un poco más de su suerte y que
a esa pintura le sucede otra cuyas caracterís­ nos sentimos con el deber de fomentarlo y
ticas esenciales se manifiestan en una acele­ encarrilarlo por las mejores vías. Nosotros
rada transformación del contenido. Paralela­ los artistas debiéramos tener como actitud
mente a este cambio se opera otro que se básica las siguientes consignas:
manifiesta en las funciones sociales de la P rimero : Que el Estado cumpla con las
creación artística. Hoy, la pintura no tiene necesidades públicas de la cultura artística,
por qué cumplir con el gusto individualista encargando pinturas murales a los verdaderos
del burgués; éste ya ha colmado su capacidad muralistas argentinos.
de absorción de la productividad del arte S egundo : Que toda obra sea adjudicada por
moderno.
concurso público con un jurado elegido por
La obra de arte tiene hoy otro público: la artistas.

3

�FORMA

N oviem bre de 1942

EL DIBUJO

.

PARA

POSTALES

ES T A M P ILLA S

^

Juicios tomados de una publicación hecha por los Países Bajos, con
motivo del Congreso Postal Universal de Buenos Aires, en el año 1939, y
en la que colaboró la Sociedad de Artistas Decoradores Nederlandsche
Vereeninging voor Ambachts-en Nijverheidskunst r'Vank”, de La Haya.
TIMBRE PARA LA SOCIEDAD REMBRANDT. — (Observaciones de su au­
tor, Jan Sluijters).
Al componer la serie de timbres pos­
tales con las efigies de cuatro holandeses
célebres (Huygens, Boerhaave, Minckelers
y Lorentz), he tentado de unir retratos,
texto y contornqs en un conjunto de­
corativo; por el contrario, con mi timbre
postal de Rembrandt he tendido a un
efecto más bien pictórico.
La representación de Rembrandt delan­
te del boceto de su cuadro "Les Syndics
des Drapiers” no se presta en absoluto a
la estilización, lo que, por otra parte, sería
contrario a la idea que tenemos de Rem­
brandt. El formato de un timbre postal
es muy chico para aplicar con éxito una
división decorativa, dado que la repre­
sentación es un poco complicada, mien­
tras que la naturaleza del acero — en el
que el timbre postal es grabado común­
mente —, exige, por así decir, un timbre
que nos ofrezca mucho de ver. Puede
ofrecer mucho de ver desde el punto de
vista técnico, es decir, llamarnos la aten­
ción por la pureza del trabajo, pero ello
puede también vincularse a una composi­
ción que nos encanta como "imagen”, y
es eso lo que yo he querido realizar con
mi timbre postal de Rembrandt.
TIMBRES DE BENEFICENCIA Y
CONMEMORATIVOS. — (Observacio­
nes de su autor, A. van der Vossen).

"ARS"

(TODAS

LAS

Los pequeños papeles de valor emitidos
por el Estado y denominados "timbres
postales”, siendo representativos de un
país, deben satisfacer las más rigurosas
exigencias desde el punto de vista técnico
y estético. El timbre es arte gráfico apli­
cado, pero sin carácter publicitario. El
dibujo y el color deben tener distinción;
toda extravagancia en la representación,
el número y las letras es inadmisible.
El empleado de correos deberá poder
distinguir fácilmente, aun a la luz ar­
tificial, los diferentes colores de los tim­
bres. Si bien se ha dejado de lado el
punto de vista demasiado dogmático de
una decoración que se limita estrictamen­
te a dos dimensiones, y que se haya
dado lugar a una libertad más amplia, la
concepción de un timbre no ha dejado de
ser, sin embargo, una tarea difícil. Las
dificultades a vencer son el pequeño for­
mato que exige la síntesis, la indicación
del valor y del país de origen que debe
ser bien nítida, etc.
En cuanto a la ejecución se puede ele­
gir entre varias técnicas, como la tipo­
grafía, el "offset”, el rotograbado y el
grabado sobre acero. Sólo los entendidos
prefieren los timbres en grabado; el grue­
so del público prefiere por lo general un
timbre que tenga la apariencia de una
pequeña fotografía, representando, de ser
posible, una cabeza de niño o un paisaje
minúsculo con un molino holandés.

M USICA - TEATRO - CINE

ARTES PLASTICAS
ARQUITECTURA

ARTES)

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4

LOS MEJORES COMENTARIOS

Críticas, ensayos, disquisiciones

He aquí cómo está hecho un timbre
en grabado:
De •todas las técnicas considero la del
timbre en grabado como la más difícil.
Yo trabajo en la forma siguiente: Ante
todo hago esbozos en color, del tamaño
del timbre, y en seguida dibujos en tinta
china agrandados ocho veces. En los pro­
yectos destinados a ser ejecutados en
grabado sobre acero, todas las líneas y
todos los puntos deben ser dibujados con
exactitud, de tal modo que al reducir al
formato del timbre, las líneas no se acer­
quen ni se distancien demasiado. Después
de estar aprobado el dibujo es reprodu­
cido por vía fotográfica sobre una pe­
queña plancha de acero, y el grabador
comienza entonces su muy delicado tra­
bajo. Es, pues, necesario que el dibujante
y el grabador se pongan bien de acuerdo.
Hay otra posibilidad: que el mismo
dibujante sepa ejecutar su proyecto en
grabado, lo que es muy raro, pues el
grabado de un timbre exige un grabador
especialista muy experimentado.
He aquí todavía algunos detalles so­
bre la impresión: Es imposible, como
bien se entiende, imprimir grandes ti­
radas de timbres postales, pieza por pieza,
con un solo grabado. Propiamente ha­
blando, los timbres no son en absoluto
obtenidos del grabado mismo. La imagen
es prensada cien veces sobre una gran
plancha de acero; después de la aproba­
ción de las pruebas por el autor del pro­
yecto, se obtienen de este modo los tim­
bres por centenares a la vez. Los timbres
"Por el niño” aquí reproducidos y cuya
venta se ha hecho en beneficio de los
niños débiles y enfermos, son ejecutados
en grabado sobre acero, según mis dibu­
jos. En esos cuatro timbres he deseado
expresar la protección del niño; el último
(el de \2 l/ z céntimos), fué inspirado en
la idea de Navidad.
TIMBRES POSTALES DE BENEFI­
CENCIA. — (Observaciones de su au­
tor, H. Levigne).
Los timbres representados al frente,
fueron emitidos en 1932 en beneficio
del niño necesitado. La tarea estaba con­
cebida en estos términos: componer una
serie de cuatro timbres, respectivamente,
de \Yz, 5, 6 y 121/2 céntimos, en dos
colores, sobre los que debían figurar ca­
bezas de niños de 6 a 12 años, y como
elemento decorativo, una flor, es decir:
una becerra, un tornasol, un anciano,
una rosa de Navidad.
Componer un timbre es siempre una
tarea difícil, dado que las exigencias que
se le plantean al dibujante son grandes.
Debe hacer caber en un espacio muy
(Continúa en la página 12)

�FORMA

Noviem bre de 1942

yPUEDE el artis* ta, en razón
de su autonomía
m oral y física,
d isp o n er a su
antojo de su al­
bedrío, excluyén­
dose de influen­
cias clim áticas
y sociales, apar­
tándose de todo
contacto extrínse­
co, h a c ié n d o se
impermeable al
medio y d estru ­
yendo todo afec­
to que p u d ie ra
crearle compro­
misos, alterar su
criterio indivi­
dual y atarle, en
cierta form a, a
voluntades aje­
nas?
¿Es racional el
axioma de Ibsen
cuando hace de­
cir a l D o c to r
S tockm ann en
"El Enemigo del
Pueblo": "Nadie
es m ás g ran d e
que cuando está
más solo?"
¿Es h u m an a
la filosofía de
Kant en cuanto
tom a al indivi­
duo com o cosa
absoluta y se abstiene de re­
lacionarlo con el mundo que
le rodea?
La torre de marfil tan aludi­
da entre los poetas del roman­
ticismo, ¿es una mera figura
literaria o implicaba un anhelo
sincero de evasión?
Creo que el problema no es
extemporáneo. Mejor aún, creo
que estamos frente a un pro­
blema eminentemente actual.
Y de aceptar esto último, debe­
mos convenir, también, en que
la situación del individuo den­
tro del concierto de cosas que
le rodean es la misma de an­
taño.

‘La M urga” (óleo)

N IC A N O R PO LO

D IS Q U IS IC I0N E S A C E R C A R EE
A R T ISTA Y LAS IN E L R E N C IA S
Por R O D R I G O R O Ñ O M E
En primera instancia, con­
vendría saber si la aludida
autonomía moral y física del
artista sería elemento suficien­
te para crearle el clima nece­
sario, capaz de llenar en la
medida precisa los imperativos
de su alma. Ya que, como bien
se dijo, no sólo de pan vive el
hombre.
"En la completa obscuridad,
el animal que no perece acaba
por volverse ciego", dice Unamuno. Y esto, bien puede ser
el punto de partida para hacer
algunas disquisiciones relacio­
nadas con el asunto motivo de
este tema.

Estas páginas están a disposición de todos los artistas plásticos
que deseen opinar sobre arte o sus problemas. Sólo se exige que
el trabajo sea breve y de interés.

No creo que se a preciso
abundar en otras citas más o
menos afortunadas. Cualquier
aficionado a las ciencias na­
turales podría abrumarnos con
casos y ejemplos de a lte ra ­
ciones producidas por influen­
cias ex trín secas. Bástenos,
pues, este de Unamuno para
hacer un poco de dialéctica y
divagar amablemente sobre el
problema p la n te a d o , sin la
pretensión de dar a este proble­
ma más trascendencia que la
que pueda tener una conversa­
ción cordial y en voz baja.
El hombre procede por re­
flejos. Ni siquiera su concien­
cia es absoluta. Raskolnikoff,
el protagonista de "El crimen y
elcastigo", nosereprocha nada,
ni en tanto levanta el arma
homicida ni mientras se siente

5

�FORMA

Noviem bre de 1942

atraído hacia el lugar del cri­
men, obedeciendo a cierta
comprobada ley de rara fuer­
za sentimental. Le apoya en
tal criterio el espectáculo de
su juventud pletórica y la ve­
jez nociva de la víctima.
La ley, en su letra, dice otra
cosa, sin embargo. Y esa ley
obedece a criterios tan huma­
nos como pueden ser los de
Raskolnikoff.
La sociedad crea la ley en
defensa de su absoluta inte­
gridad individual, tanto moral
como física.
La ley que contempla inte­
reses sociales tiene una con­
ciencia colectiva. La ley de
R askolnikoff tiene otra con­
ciencia, la suya propia.
¿Qué reflejos concurrían a
rodear la existencia de Ras­
kolnikoff del clima preciso pa­
ra llevarlo al drama? La feli­
cidad de los otros; un amor
que e sta b a carcomiendo las
fibras más íntimas de su al­
ma; su im potencia frente a
un orden de cosas estableci­
do; el porvenir obscuro de su
hermana y de su madre. Ese
clima co n fo rm ab a una con­
ciencia distinta a la que hu­
biera tenido si su porvenir no
se le hubiera mostrado tan te­
nebroso.
Otros ejemplos habría para
abundar en razones relaciona­
das con el precepto de que el

♦

hombre procede por reflejos.
Y otros también concurrentes
a demostrar que la conciencia
no es absoluta ni es invariable.
La verdad es que el hombre
comenzó a e le v a rse de sus
co n g én eres originarios, en
tanto inició su vida de rela­
ción con aquello que le rodea­
ba. Su conciencia despertaba
así, en medio de un caos de
sentimientos en formación, in­
discriminados y revueltos. Fué
en franca relación con la na­
turaleza ambiente cómo comen­
zó a conquistarla, aguzando
el entendimiento y haciéndose
apto para resistirla. No para
re sistirla como cosa autóno­
ma, sino como apéndice de la
misma, h acien d o armas con
sus mismos elementos.
Y fué precisamente en rela­
ción con los demás individuos
cómo valoró virtu d es, tanto
prácticas como morales; cómo
atemperó su carácter origina­
riamente salvaje; cómo hizo lu­
gar a la comprensión, que es­
peculó con la conciencia.
Emigraciones hubieron que
deliberadamente se apartaron
de un centro social ya en fran­
ca evolución; y esas emigra­
ciones se atrasaron centurias
en re lació n con el nivel de
otros pueblos y otras razas.
No hay duda, pues, que la
torre de marfil soñada por los
poetas es tan sólo una figura

"C o n trib u ir al conocimiento del
A rte N acional es p re stig ia rlo "

dice el lem a de

EDICIONES "PLASTICA

n

y cumple ese propósito con la publicación de los Anuarios

PLASTICA 1939 - PLASTICA 1940 - PLASTICA 1941

y de la Colección Artistas Argentinos

B I G ATT I
AVELLANEDA 4201

GUIDO

Buenos Aires

(..•..•..•..•..•..•..•..•..i

6

- F I O R A Y A NTI
U. T. 67 - 8914

de relativo gusto lietrario; que
el Doctor Stockmann es la so­
lución de una trama capricho­
sa; y que Kant es absoluta­
mente inactual.
No es posible imaginar al
individuo desglosado del me­
dio, ajeno al espacio y al tiem­
po, por lo mismo que no es un
"robots" generador de ener­
gías. Es, sí, una conjunción de
pasado, presente y porvenir, y
esos tres estados concurren a
dar características especiales
a su estructura espiritual.
El hombre no aparece en la
tierra por generación espon­
tánea, ni se mueve por propia
determinación. Es un eslabón
que nunca podrá cerrarse y
cuyo extremo inicial se pierde
en lo desconocido. Entre prin­
cipio y fin hay una serie de
etapas evolutivas que van ja­
lonando conquistas fantásticas
que influyen, a su vez, en las
generaciones p o sterio res de
m anera incuestionable.
El hombre, como cosa pre­
sente, sin pasado, sin porve­
nir, sin historia, sin esperan­
zas y, más aún, sin pasiones,
no tiene ubicación en la filo­
sofía moderna.
El hombre y su mundo: ésa
es la temática para cualquier
disquisición oportuna. El hom­
bre y su mundo, o el artista y
su mundo.
Tanto más trascendente será
su obra, cuanto en mayor can­
tidad participe de la época en
que actúa.
Pero, entendamos bien: en
ese mundo que rodea al ar­
tista alienta una realidad tan­
gible y otra intangible. Una
p a lp a b le y otra abstracta.
Ambas concurren a modelar
su in telecto y su espíritu.
Aquélla, con sus reflejos direc­
tos, ésta, con sus fantasmas.
De una y otra cosa está llena
el alma del artista, y de una
y de otra debe llenar sus obras
para clavarlas en el tiempo
como valor de referencia.
Ser actual, participar de la
época en forma de hallar ubi­
cación en ella, catalogarse así,
por propia determinación, cons­
cientemente, es tarea que ele-

�FORMA

N oviem bre de 1942

va al arte a la
condición de co­
sa funcional.
No es igual la
persistencia obs e c a d a en la
realización de un
arte in a c tu a l y
pasadista. Ni el
tiem po detiene
su marcha, ni la
H um anidad, en
general, amino­
ra la suya.
U na cosa es
llevar la carava­
na, y otra, dejar­
se llevar por la
c a ra v a n a . Y el
artista consciente
de su responsa­
bilidad no pue­
de aspirar a otra
cosa que a ir de­
lante, ab rien d o
paso, desfloran­
d o m is te r io s ,
alumbrando c a ­
minos, hundiendo
huellas, pulveri­
zando obstáculos.
La historia de
los conocimien­
tos humanos es
brutal con aque­
llos que no pue­
den aportarle un
capítulo nuevo.
Vida inútil la de
quienes viven a
destiem po, afe­
rrados a costumbres extempo­
ráneas, hundidos e inadapta­
dos. Reprochable en los artistas
y re p ro c h a b le también en
quienes no son artistas. Tanto
va para unos como para otros.
Los pueblos que no partici­
pan de las inquietudes y de
las conquistas de sus hacedo­
res de arte, no pueden mirar
altivamente el porvenir. ¿Qué
decir, entonces, cu an d o sin
participar de esas inquietudes,
se las discute y se las com­
bate?
JU A N

S.

t

corbacho

“ El R em en dón” (óleo)

ONFUNDIR las influencias extrínsecas con las leyes intrín­
secas, tal es el error que cometió Taine. Cuando se propuso
dilucidar el problema del arte, subordinó de manera inmediata los
fenómenos a la época y a la raza, medios históricos y etnológicos
donde el fenómeno se produce, pero no el principio productor del
fenómeno. Es el artista creador, el individuo, el genio, quien crea
la obra, aun sufriendo las influencias del ambiente. Pero Taine,
hombre de su tiempo, no pudo ver este verdadero principio —
aunque tuvo el presentimiento —; la psicología estaba todavía en
el estudio de las sensaciones y no podía procurarle los elementos
necesarios para el análisis de las facttltades creadoras. (L e ó n P as^

chal,

"Esthétique Nouvelle fondée sur la Psychologie du Génie” ).

"N o es posible confiar en el futuro de una Institución si cada uno de sus miembros no
se considera como parte integrante e indivisible de la misma, con los mismos deberes y
las mismas responsabilidades”
(D e la M em oria de 1942)

7

�FORMA

☆

Noviem bre de 1942

★ ☆ FICHERO

BIOGRAFICO

IF n el año 1923, finalizados sus estudios en la Academia Nacional de
Bellas Artes, Horacio Butler se trasladó
a Europa, donde permaneció una déca­
da, viajando por distintos países del con­
tinente. En la colonia alemana de ar­
tistas de Worspswede, en Italia y en
Francia, alternó con pintores de valía,
y siguió las enseñanzas que impartían,
entre otros, A. Lothe y Otto Friesz.
Mientras tanto, hizo envíos frecuentes
a exposiciones de esta capital, del inte­
rior y también del extranjero. En el año
193 3 regresó al país y realizó una mues­
tra individual de sus obras en la galería de "Amigos del Arte”. Los museos
Nacional de esta capital y provinciales de La Plata, Córdoba y Santa Fe
han incorporado a sus colecciones cuadros de Butler. Además de las
ilustraciones "a todo color” que le fueron encargadas para una edición
de "Mansiones verdes” por una editorial estadounidense, dicho artista
ejecuta en estos momentos varios cuadros con motivos isleños, tomados
en el Delta del Paraná. Horacio Butler nació en esta capital en el año
1897. En 1941 realizó una muestra retrospectiva en "Amigos del Arte”,
que fué una confirmación de su justo prestigio. Hace un mes que

[continuam os en este número la
publicación de las biografías de
los socios activos de la Sociedad
Argentina de Artistas Plásticos,
conforme a la resolución del
Consejo Administrativo, la que
ya es del conocimiento de nues­
tros asociados.
El orden de estas publicaciones
se halla sujeto al de entrega, en
nuestra Secretaría, de los datos
y fotografías, ya solicitadas con
reiteración.
De los señores consocios depen­
de que estas biografías sean
exactas y completas.
regresó de Norteamérica, a donde
fuera invitado por el Comité de
Relaciones culturales del gran país
del Norte, en su política de estre­
char relaciones con la Argentina.
Horacio Butler ha conquistado,
entre muchos otros, los siguientes
premios: Medalla de oro en la Ex­
posición Internacional de París
(1937). Primer premio en el Sa­
lón de Rosario (1940). Gran Pre­
mio Adquisición en la misma ciu­
dad (1941). Segundo premio en el
Salón Nacional de Bellas Artes
(1941). Existen cuadros suyos en
los principales museos del país y en
las más prestigiosas galerías par­
ticulares.
I^T ació en Buenos Aires el 1" de
’ marzo de 1893. Fue el poeta
Angel Falco quien descubrió en él
a un eficaz caricaturista, tarea a la
cual se entregó de lleno siendo to­
davía un adolescente. A los veinte
años arremetió con la acuarela, sin
maestros ni guías, pintando posta­
les que se vendían con facilidad.
Fué así cómo el bachiller dejó los
libros y, optando por el lápiz y el
color, partió para Río de Janeiro,
colaborando en "Fon Fon”, "Ca­
reta” y "Jornal do Brazil”. Pero
no había de quedar ahí la cosa. En
Río de Janeiro retoca negativos,
bien pagado por un fotógrafo en
auge, y patenta, poco después, una

H O R A C IO

BUTLER

“ In te rio r” (óleo)

8

•

�FORMA

Noviem bre de 1942

DE

NUESTROS

SOCIOS

ANTONIO C ESAR LOPEZ
máquina para im­
primir "sette duzias de retratos”
en 15 segundos.
Esta es la etapa
más graciosa de
la vida de López
Seoane.
Viaja más tar­
de de B ahía a
Pernambuco, de
Pernam buco a
H o l a n d a . En
Amsterdam cono­
ce a Van Ost, que es, en definitiva, quien le
orienta. En 1916 se instala en Madrid, donde
conoce a Emilio de Madariaga, en cuyo taller
aprende a modelar. Regresa de Europa, y por
imposición paterna, termina su carrera de escri­
bano. Cumplido ese imperativo, se aboca de
lleno a su carrera plástica, y entrega a ella lo
mejor de sus inquietudes espirituales. Principales
exposiciones: Salón Nacional (1939). Otoño
(1940). Pergamino (1937-39-40). Santa Fe
(1940), y una muestra personal en Mercedes
(Buenos Aires). Poseen obras suyas: El Concejo
Deliberante y la Biblioteca Sarmiento de Mer­
cedes.

RICARDO

SEOANE

A N T O N IO C. LO PEZ

seoane

“ Mi H ijo C ésar” (yeso)

MARRE

E

s argentino,
nacido el 6 de
enero de 1908.
Su co n cu rren ­
cia al Salón
cional y a los certám ertes de La
Plata y Rosario,
es frecuente y va­
liosa conforme lo
reconoce la crí­
tica y los enten­
didos. Su juven­
tud no le impide
hurgar en sus mo­
delos, generalmente de humilde prosapia, en
busca de profundas complicaciones psicoló­
gicas. Véase "Mendigos”, expuesto en el Salón
Nacional de 1940.
El Museo de La Plata le adquirió su obra
"Figura de niña”.
RICARDO

MARRÉ

“ M endigos” (óleo)

9

�FORMA

N oviem bre de 1942

por antonomasia, que las lleva
reflejadas en los ojos en tanto el
alma vaga noctámbula como un
pájaro que fuera el dueño indis­
cutido de todos los horizontes del
mundo.. .
” ¡La riqueza del hombre que
E efectuó el 5 de noviem bre el acto organizado por el
llena
sus bolsillos con luz de sol
m A teneo Popular de la Boca en honor del artista Roberto
— A J. Capurro, con m otivo de haber merecido en el X X X II
y blanco de luna!
Salón Nacional de Bellas Artes el Gran Prem io Adquisición,
de escultura, con su obra “La canción del m ar”. E l am plio
” ¡La riqueza del hombre que
salón de la Sociedad Bom beros Voluntarios de la Boca, en el
hoy ocupa esta mesa como un
que se realizó el banquete, ofrecía un brillante aspecto.
A los postres ofreció la fiesta el presidente del A teneo Po­
patriarca respetable y respetado!
pular de la Boca, señor A ntonio J. Bucich, quien se refirió a
” ¡No en balde insistió en los
la obra realizada por el escultor Capurro. Le siguió en el uso
de la palabra el señor Rodrigo B onom e, en representación de
motivos del mar y evocó esperas
la Sociedad A rgentina de Artistas Plásticos. E l señor Fernán
Félix de Am ador pronunció asim ism o un discurso. A l obse­
dolor osas, y mujeres de marinos,
quiado, que contestó con em ocionada palabra, le fu é entregado
y vive en estas costas, sabiendo
un pergam ino, obra del pintor B enito Q uinquela M artín, que
firm aron todos los presentes.
que es junto al río donde el cielo
tiene profundidades de abismo!
"Cielo y mar; estrella y río;
es decir horizontes azules.
"¿Por qué en la estética de Capurro canta el mar
He aquí el discurso de nuestro vicepresidente,
Sr. Rodrigo Bonome, quien, como se dijo, habló en su canción mitológica, y abre sus entrañas para
darle sus motivos como la hembra amorosa se da
representación de la S. A. de A. P.:
“No siempre ser artista importa desenvolverse en caricias y se da en hijos?
"Porque el mar no tiene secretos para los hom­
como artista. La vida tiene caprichosos recovecos
bres
que se entregan en espíritu. Y Capurro es de
en donde se encaja el alma, siendo así que, a veces,
esos
hombres.
condena a mirar el suelo a quien nació para contar
"El mar y la montaña se parecen en eso: Pu­
estrellas, y a vivir cara ál cielo a quien nació sin
espíritu. Por esa razón hemos visto a más de un rifican el alma.
"¿Será ése el premio de la Naturaleza para sus
hombre buscar estrellas en una charca, y ¡encon­
trarlas... que también en las charcas se refleja el hijos que no han hecho traición a su raza?
"¡Será ése, tal vez!
cielo cuando se tienen alma y ojos para verlo!
"La verdad es que el mar tiene canciones para
"Bendito don este de ver las estrellas en la tierra,
y verlas en las calles, y en las gentes, y en los cam­ Capurro y que Capurro entiende las canciones del
pos, y en nuestros amigos. Este sí que es privilegio mar. Ya es bastante eso para merecer este homenaje.
nuestro, absolutamente nuestro, cetegóricamente
"Pero hay más que eso. Mucho más que eso.
nuestro. Bien vale ser artista, sufrir y morderse
"No sólo el mar tiene canciones para Capurro
ante la incomprensión de las gentes, si esa facultad y éste escucha conmovido esas canciones, sino que
innata nos permite encontrar estrellas en todas par­ su espíritu, como polo receptor y transmisor de
tes, en tanto aquéllas encuentran la paja en el ojo esas canciones, las toma y las expande para nuestro
ajeno, condenadas a destruir y a morir como, de­ regocijo profundo y para nuestra delectación es­
vorando a sus hijos, iba muriendo Saturno.
piritual.
"Los artistas son como son... y lo que son:
"¡Ver estrellas!... sentirlas dentro de uno, o
seguir tras ellas como el hombre de campo, poeta Engranajes obedientes a un centro común, del cual
participan en su tarea de mover
una época.
"No son todos iguales, desde
ñor asocia d o :
Señi
luego; pero, preciso es el esfuerzo
CONCURRA AL TALLER LIBRE DE CROQUIS.
de los humildes para que puedan
EL MODELO POSA DE 18 A 20, LOS DIAS
moverse con más comodidad aque­
HABILES, MENOS LOS SABADOS'.
llos que actúan en la órbita de los

FUE AG ASA JAD O EL ESCULTOR

ROBERTO CAPURRO

10

�FORMA

^Noviembre de 1942

seleccionados. Por eso, vemos con
amargura primero, y con odio después,
los desmanes de la crítica irresponsable
y aventurera.
"Cuando el gusano ataca a la hoja,
tiembla la flor. Tiemblen, pues, los se­
leccionados cada vez que la ponzoña
caiga sobre el esfuerzo pequeño de los
humildes.
”Hay una moral en construir y otra
moral en destruir. Cuál de las dos mo­
rales es realmente moral, nosotros lo
sabemos. ¡Y bien!
"Destruir es la pasión de los dioses
y de los tontos. Y en nuestro país no
hay dioses.
"Capurro es de los que construyen,
como todos los artistas. Construye, co­
mo ellos, una obra y un ideal.
"Eso es lo que importa: la obra. Eso
es lo que queda. ¡Y ésa es nuestra ven­
ganza, tanto más terrible cuan amarga
fué la contienda que debió librarse
para realizarla.
"Capurro ha pasado airoso esa cor­
tina de fuego y hoy está fuera del al­
cance de los francotiradores. Por eso
se ha querido rendirle este homenaje,
cálido de comprensión y reconocimien­
to. Por eso y por muchas otras cosas
más.
"Su obra trabajada sin prisa y sin
pausa es un ejemplo de probidad y de honradez.
En su arte sin complicaciones está latente la misma
intención honesta que le hace virtuoso, como hom­
bre y como amigo. Sus temas lo demuestran.
"No se puede ser impuro y querer al mar, por­
que el mar, como la montaña, desnuda la intención
de los hombres y los enfrenta a la conciencia. Y es
frente a la conciencia, tirana inverecunda, donde el
hombre se despoja de prejuicios y pequeñeces
para agrandarse dentro de su propio ensimisma­
miento.
"La Sociedad Argentina de Artistas Plásticos,
en cuyas filas tiene Capurro un privilegiado lugar
★

*

La Sociedad Argentina de Artistas Plásticos,
atiende una audición radial a las 19.30,
el segundo y cuarto viernes de cada mes,
por L R A ( Radio del Estado). Sintonícela.

merecido por su labor de artista y por una acción
societaria eficiente y constructiva, me ha delegado
para traerle su adhesión y su saludo en esta noche
de triunfo para él.
"Lo hago conmovido por la honra que este cargo
importa y hago votos por su ventura personal y por­
que estos éxitos se renueven.
"El señor Gonzalo Leguizamón Pondal, presi­
dente de la entidad que represento, se ha excluido
deliberadamente de traer la palabra oficial a este
acto, por entender que lo inhibía su condición de
miembro dél jurado que otorgó el gran premio
a Roberto Capurro”.
*
*
*

NUESTRA CASA ES LA DE TODOS
LOS PLASTICOS
DE LOS QUE
GUSTEN DE ESTA ACTIVIDAD.

E N T R A D A

Y

L I B R E

DE

17

A

20.30

//

�FORMA
★

(Viene de la página 4)

N oviem bre de 1942
★

★

★

restringido, cifras y mucho texto relati­
vamente, ambos bien destacados debido a
su importancia, sin perder de vista, no
obstante, el fin especial del timbre. Toda
concepción de un timbre de beneficencia
será difícil, ya por su propio fin, difi­
cultad que aumenta aún cuando se trata
de una ejecución en dos colores.
Considero la talla dulce como la téc­
nica por excelencia para un timbre, pues
ella hace ver minuciosamente las formas
de los objetos y el curso de las líneas.
Se puede seguir allí la mano del grabador.
Nada de manchas de color, pues; líneas
nítidas únicamente. Además, el timbre
grabado sobre formato real puede ser
ejecutado más delicadamente, lo que per­
mite al grabador calcular las dimen­
siones de sus planos. Aquéllos son dibu­
jados cinco veces más grandes que su
tamaño natural, y en seguida achicados.
Grabando los timbres se evitan todas las
dificultades que la impresión, la repro­
ducción fotográfica, el rotograbado y el
"offset” pueden acarrear; y se tiene, ade­
más, la ventaja de que el proyecto y la
ejecución están en una sola mano; el resul­
tado es también en seguridad y en fuerza.
Para cada uno de mis cuatro timbres
he tratado de seguir una misma construc­
ción, o sea, una diagonal y un rombo,
en éste, un motivo circular. He proce­
dido así porque esos timbres formaban
parte de una misma serie y tenían el
mismo motivo; no se podía, pues, darles
mucha variación.
Lo repito: únicamente la talla dulce
sirve para hacer valer todas las posibili­
dades artísticas y características de un
timbre postal.
TIMBRE POSTAL CONMEMORATI­
VO Y DE BENEFICENCIA. — (Ob­
servaciones de su autor, H. Seegers, dibu­
jante y grabador).
En conmemoración del 4o centenario del
nacimiento del príncipe Guillermo de
Orange, el 25 de abril de 1533, la Di­
rección General de Correos, Telégrafos y
Teléfonos, ha emitido un timbre de un
valor de 6 centésimos. Como representa­
ción fué elegido el retrato del príncipe
que se encuentra en el museo Mauritshuis,
en La Haya.
El timbre ha sido ejecutado en grabado
sobre acero. Este procedimiento, dando
frescura y profundidad y también una
cierta vivacidad a la posición de las lí­
neas, es el más apropiado a una tal re­
presentación.
Habiendo hecho el proyecto también
como el grabado de este timbre, daré
aquí algunos detalles referentes a mi mé­
todo de trabajar. (Para alcanzar un buen

resultado no es, sin embargo, necesario
que el proyecto y el grabado sean con­
fiados a una misma persona; observad los
timbres de beneficencia de Austria y
otros).
La intención era de hacer una buena
reproducción del cuadro. Fué compuesto
un gran dibujo del timbre para hacer
después, por fotografía, una reducción de
manera que se tendría una idea de cómo
se presentaría el timbre en su formato
definitivo. Las formas y las sombras fue­
ron bien estudiadas sobre el dibujo; la
dirección de las líneas y los puntos fueron
fijados después de varias modificaciones.
Las distancias de las líneas entrecruzadas
son también de gran influencia en el efec­
to final. Para expresar bien las materias
fueron empleados varios modos y modifi­
cados hasta que hube obtenido un buen
resultado. Finalmente, el achicamiento
fué hecho y estudiado, después introduje
en el dibujo los. cambios a que había
dado lugar en el formato el estudio de
la fotografía. El dibujo así retocado me
servía de base para el grabado. Deseo re­
cordar aquí que Hendrick Goltzius y
otros maestros de la edad de oro de la
talla dulce hacían a menudo dibujos a
pluma, ejecutados a manera de grabados,
como estudios previos. Esos dibujos de
Goltzius llegaron a ser, a la larga, de
una pureza tal que se confundían con
las pruebas de grabados.
Es cierto que se puede hacer también
el bosquejo sobre la misma placa de
acero, o sea dibujando con el buril, pero
ésta no será nunca tan detallada y efi­
caz como la otra: primero, a causa del
pequeño formato, y después, porque no
se pueden ya borrar las partes, una vez
grabadas, que no dieron resultado a cau­
sa de la disposición poco clara del dibujo
a buril.
Las ventajas de los bosquejos en gran
tamaño son evidentes para el grabador
sobre pequeño formato, pues está en con­
dición de responder por cada detalle. No
obstante, grabando puede aún introducir
correcciones desde el punto de vista de
la pureza, de la elegancia, etc. Se comien­
za a grabar muy suavemente y poco a
poco se aumenta la fuerza.
El trabajo previo descripto arriba es
aún a menudo útil cuando se trata de
la multiplicación y de la tirada en la
prensa automática.
TIMBRES POSTALES DE BENEFI­
CENCIA. — (Observaciones de su autor,
J. Sjollema).
La función, el destino del timbre, es
de ser obliterado. He ahí lo que no es
suficientemente comprendido al compo­
ner los proyectos de mis dos timbres.

Cuanto más abstracto sea el dibujo,,
rigurosa la estructura y "gráfica” la con­
fección, tanto más podrá resistir a su
entintamiento por el matasellos con frag­
mentos de círculos, cifras, letras, líneas
ondulantes o rectas. Y dará tanto menos;
la impresión de una pequeña obra de arte
lanzada desdichadamente a la vida pública*
y por ese hecho estropeada.
¡Que los timbres postales sean ante
todo "gráficos”!
El mejor timbre postal holandés me
parece ser el timbre por la Cruz Roja*
por León Cachet. emitido en 1927.
TIMBRES POSTALES DE BENEFI­
CENCIA SOCIAL Y CULTURAL. —
(Observaciones de su autor, S. Hartz).
La diferencia entre el grabado al buril
y las otras técnicas gráficas es la tensión
de la línea misma, causada por la resis­
tencia del material y la posición relati­
vamente firme del buril en la mano. Por
su carácter especial se puede distinguir*
pues, en seguida la línea grabada de las
del dibujo y del aguafuerte más nervio­
sas y más vibrantes. Es sobre todo en el
pequeño formato de un timbre postal,
donde cada línea tiene su misión decora­
tiva, que la técnica del grabado resalta
perfectamente.
En el grabado, la línea no es solamente
el medio de indicar luz y sombra; debe
ser también un perfil del relieve. Así
como en la escultura el efecto plástica
es producido por el conjunto de una
cantidad de perfiles, el grabado debe al­
canzar ese -resultado por sus líneas, y
ello sin caer en un relleno pintoresca
de los planos.
Por la sensibilidad de su mano el gra­
bador dispone en la línea misma de una
modulación casi infinita de lo más obs­
curo a lo más claro, que podría compa­
rarse muy bien con el tacto del pianista.
Esta variación de color es de la ma­
yor importancia para los papeles de va­
lor, pues no se ha podido jamás hasta
nuestros días obtener una reproducción
fotográfica verdaderamente exacta de un
grabado. El retrato es la mejor garantía
contra la falsificación, pues una parte
borrada o muy pesada afecta inmediata­
mente el parecido. Una abundancia de
detalles es, pues, importante para toda
clase de papeles de valor, y, por consi­
guiente, también para el timbre postal.
Tener en cuenta esto sin perjudicar al
conjunto decorativo, he ahí la principal
dificultad para el dibujante del proyecta
como también para el grabador.
*

*

A L G U N D IA L L E G A R A EN Q U E
L O S JU R A D O S S E A N IN T E G R A D O S
T O T A L M E N T E P O R P LA S T IC O S.

12
W

�N oviem bre de 1942

FORMA]

M
O
M
E
N
T
O
Por LEONARDO ESTARICO
P ic a s s o , e l a r t i s t a y l a o b r a d e n u e s ­
t r o t ie m p o ,

por Joan Merli. — Abundante
es la bibliografía picassiana, quizás la más
copitJsa con referencia a un artista y — cosa
singular en la vasta nómina en la que figuran
firmas de hombres de todas las latitudes —
la única ausencia seria es la de España, patria
del gran artista. Esta ausencia ha sido col­
mada con el libro que, editado por una em­
presa argentina, acaba de aparecer.
Su autor, figura prestigiosa en el ambiente
europeo, trae a esta disputa sobre el más in­
quietante artista de la modernidad, la ofrenda
de su cálida admiración. No nos descubre un
nuevo Picasso; huye de esos pruritos tan per­
sonales que echan a perder algunas obras de
la literatura crítica, y en pulcro estilo nos
devela un Picasso profundamente humano,
cuyo arte es analizado como una sucesión de
enlaces con las tradiciones de la grande pintu­
ra española. Su penetración crítica y su fina
sensibilidad desentrañan con parsimoniosa
cautela los intrincados vericuetos del complejo
psicológico del ilustre malagueño. Sin desde­
ñar ciertos detalles anecdóticos, que tanto
iluminan sobre la vida y andanzas del inven­
tor del cubismo, se allega a las cimas de la
gran crítica para, desde ella, comunicarnos
sus conclusiones definitivas. Sin compartirlas
en un todo, forzoso es admitir que ellas se
basan en enjundiosos raciocinios. El cubismo,
que tanto revolucionó al mundo de la plásti­
ca, aun no ha dicho su última palabra, tam­
poco es imposible predecir si será lanzada por
su iniciador. Pero lo que Picasso ha expresado
en este lenguaje es ya definitivo; bastaría
para la eternidad de su gloria, pero Picasso
vive no sólo físicamente, que en lo artístico
no es la única vida, y su inquietud nos re­
serva aún sorpresas espeluznantes, por ello da­
mos un sentido profético a las palabras finales
de este libro: “Picasso, Pablo Ruiz Picasso,
está en el albor de la segunda juventud.
El volumen está magníficamente presen­
tado y puede comparado con los mejores del
P A B L O P IC A S S O
D ibujo a la p lu m a con óleo
género de procedencia europea.
dilu id o con b e n c in a -1938
U n l i b r o . — Una mano se estira en ade­
mán suplicante. ¿Qué pide? ¡UN LIBRO!
¿A quién se le pide tal dádiva? A los artistas. La
Muy distinto es cuando este pedido se formula por
Comisión Nacional de Bellas Artes ha dirigido una organizaciones que carecen de recursos y cuyo capital
circular a los artistas, solicitándoles la donación está constituido por el aporte de sus componentes, a
de un libro. No deja de ser paradógica tal actitud. los que la contribución común beneficia directamente.
Lo lógico es que los artistas solicitasen de una entidad
Reza en la circular cómo se ha constituido el fondo
oficial, que se sostiene con rentas generales de la Na­ bibliotecario, pero no consigna el número de lectores
ción, que nunca se mostró pródiga con las empresas que la frecuentan ni las facilidades que se prestan
de la cultura, la prestación de un servicio semejante, a los mismos.
pero que el rico pida al pobre ¡es asombroso! "La Pren­
No es posible dar a los artistas el mismo trato que
sa” publicó un editorial muy oportuno sobre el abuso al lector común de una biblioteca general; su respon­
que implica el dirigirse continuamente a artistas y es­ sabilidad es otra y sus necesidades profesionales más
critores, requiriéndoles la cesión gratuita de los frutos perentorias.
espirituales, y llamando la atención sobre la situación
Esperamos que se reparta otro comunicado salvando
de éstos, a los que acucian las mismas necesidades esta omisión, como ser un catálogo de las obras exis­
que al resto de los mortales.
tentes a fin de evitar búsquedas inútiles.

13

�FORMA

INICIATIVAS

Iniciativas presentadas por - nuestro
delegado, el pintor Amadeo Dell’Acqua, y apoyadas por el pintor Olindo
Davoli, al último Congreso Nacional
de Turismo, donde fueron aprobadas.

* A LBUM ES A R TISTIC O S PARA TU R ISTA S

Ediciones de álbumes con litografías,
xilografías y aguafuertes, para vender en
las zonas de turismo, como recuerdo.
Las incomparables bellezas de las zonas
cordilleranas, los paisajes serranos medite­
rráneos, como las típicas figuras y cons­
trucciones del norte, pueden ser argu­
mentos de piezas artísticas trabajadas por
los nobles procedimientos de la incisión.
Una serie de ellas, reunidas en un álbum
o carpeta, puede co n stitu ir al propio
tiempo que una valiosa colección, un ama­
ble recuerdo de los lugares visitados.
Desde luego, ambos aspectos, el artísti­
co y el recordatorio, deben ser insepara­
dos en estos álbumes. Los medios mecáni­
cos de reproducción carecen de esta cir­
cunstancia de significación, pues puede
cumplir tal misión cualquier publicación
periódica comercial. Debe tratar de re­
unirse, en consecuencia, series de graba­
dos — xilografías, litografías y aguafuer­
tes originales.
La Comisión Nacional de Bellas Artes
podría ser la ejecutora directa de un con­
curso de selección entre los artistas ar­
gentinos y residentes. La ejecución de las
carpetas constituiría de por sí la recom­
pensa a quienes intervinieran en los cer­
támenes.
Del precio fijado, deducido el costo de
estas publicaciones, se destinaría a fomen­
tar el turismo en la forma de adjudica­
ción de "bolsas de viaje” a artistas y es­
tudiantes de méritos reconocidos para ob­
tener este beneficio, y a la propaganda
del turismo.

ic

Estampilla de propaganda para Turismo

a) En el orden nacional, para adherir
a la correspondencia destinada al exterior.
b) En el orden provincial, para encau­
zar el turismo hacia determinados lugares
de la provincia.
c) Regionales, como anticipo de las
fiestas locales de celebración anual en fe­
chas fijas.
a) Podrían emitirse cantidades regula­
res de estampillas para la propaganda de
los lugares más importantes del país, en
varios colores, tipos y tamaños. Sus for­
mas podrían ser exagonales o triangulares
para evitar confusiones con las estampillas
emitidas por la Nación y no transgredir
decretos del Poder Ejecutivo dictados so­
bre esta materia.
Estas estampillas serían adheridas a la
correspondencia oficial y particular, sin
tener en cuenta su destino. Serían provis­
tas por la Dirección Nacional de Turismo
a hoteles, posadas, asociaciones, agencias
de turismo, etc.
b) Otro tipo de sello — circular con
perforado en cuadrado, por ejemplo —
de distintos colores podrían adoptarse en
forma definitiva para determinados pun­
tos de turismo de carácter provincial. Co­
rrespondería a las comisiones provinciales
de turismo la confección de los mismos.

14

N oviem bre de 1942

H

E de decir algu­
nas p alab ras LA S O C I E D A D A R G E N T I N A
en este espacio
destinado a una activi­
dad tan noble, comoDE
la A R T I S T A S P L A S T I C O S
que estimula con encomiable empeño la
Sociedad Argentina de
Palabras del escritor M iguel A lfredo D ’E lía.
Artistas Plásticos.
por L R A , R adio del Estado, en una de
Y me siento feliz de
hacerlo, en mérito a
nuestras audiciones.
los dignos propósitos
de esta entidad que
reúne tan calificado núcleo de artistas nacionales. Considero que son, precisa­
mente, los artistas y los intelectuales quienes en mayor grado necesitan del
apoyo que presta la agremiación. Y si no se lograron con ella resultados más
positivos aún, es porque no ha presentado, quizás, toda esa tensión unificadora,
que hace tan fuertes a otros sectores profesionales y obreros.
La razón es, por otra parte, bien explicable. Las cuestiones del espíritu se
prestan más que otras, a disociaciones de orden personal, porque el éxito o el
fracaso de los que a ellas se dedican, están sujetos a variaciones de juicio y a
opiniones individuales. Con ello se abre campo a factores disgregantes, a pug­
nas recónditas, que no contribuyen en ningún sentido a crear el espíritu de
cuerpo. Así, si no fuese por el esfuerzo constante de estas instituciones gremialistas, el artista o el intelectual quedarían librados a sí mismos en la dura
lucha contra el medio que a menudo es indiferente, cuando no hostil.
De ahí lo meritorio de estas asociaciones, que deben librar rudas batallas
para mantener su prestigio, sostener el respeto de autoridades y público para
con sus miembros y, en última instancia, para asegurar su vida misma, muchas
veces desarrollada dentro de la precariedad inherente a la falta de un acertado
concepto sobre el valor del artista en la sociedad.
Sólo cuando decrece el nivel intelectivo de un conglomerado humano, como
ha ocurrido en algunas naciones del viejo continente, o cuando no ha alcanzado
su plena madurez, como acontece entre nosotros, el artista aparece colocado
al margen de la vida de relación, visto como flor exótica que hace fácil la.
burda ironía del filisteo.
Los florecimientos artísticos han coincidido siempre con la plenitud social.
Justo es que consideremos entonces elementos imponderables de cultura y pro­
greso colectivos a los organismos que en medio de todos los obstáculos siguen
postulando para el artista todo el respeto que merece.
Hay quien sostiene que la sociedad de este tiempo, movida por pasiones
de origen indudable en la insatisfacción gástrica, no hay lugar para los cultores
del arte. Que éste es el momento de los diplomáticos, de los economistas y de
los militares. Que quienes se dedican a puras especulaciones del espíritu, a la
inútil función de crear belleza, son ahora entes innecesarios que están viviendo
horizontes demasiado olvidados por la dinámica presente.
Puede que todo esto sea posible. Pero, aunque lo fuera, creo que algún
día, cuando la humanidad se canse de abrir fosas y enrojecer los ríos y los
mares; cuando una vez aventados las hambres y los ayes haya cielos nuevos
para acoger los trinos que ahora mueren ahogados por el estruendo enloquecido;
cuando todavía queden hombres y mujeres, exhaustos pero no olvidados de sí
mismos, entonces la humanidad se volverá al artista para pedirle un trozo de
canto, una gota de color o la gracia de una forma, a fin de aliviar en esa
divina inutilidad de la belleza todas las amarguras que acumuló inconsciente­
mente, en el terrible delirio de las "finalidades prácticas", de los problemas
económicos y de las ambiciones materialistas con que un mundo de pesadilla
se entretuvo en desmenuzar su propio destino.
Serían adheridos a todas las piezas posta­
les de origen gubernamental y particular,
pero destinadas a localidades del territo­
rio argentino.
c) Las estampillas regionales se emiti­
rían únicamente con anterioridad a los
festejos de las "Fiestas de la Vendimia”,
en Mendoza; "De la Zafra”, en Tucumán;
"De la Virgen del Valle”, en Catamarca, etc., o de otros actos similares.
Con propósito de dar impresión cabal
en el extranjero y a los visitantes del ex­
terior, y aun a los habitantes del nuestro,
del adelanto cultural logrado por el país,
se presenta esta iniciativa, *y, al propio
tiempo, para lograr trabajo a muchos ar­
tistas pintores, grabadores, decoradores,
ilustradores. Para este fin, las estampillas
cuya adopción se propicia se seleccionarían
en concursos, cuya organización podría
estar a cargo, en cada caso, de la comi­

sión Nacional de Bellas Artes y comisio­
nes provinciales de Bellas Artes.
En las bases de los respectivos concur­
sos correspondería hacer mención de las
características de las estampillas — mo­
tivo, colores, medidas, leyendas, etc. —
Estos sellos pueden tener un valor a fijar
entre l/ 2 y 2 centavos, a fin de allegar
fondos para gastos de premios, impresión,
para subvencionar "bolsas de viaje” para
estudiantes y artistas, para la construcción
de una casa de intelectuales, y para tan­
tos otros fines útiles y culturales que se
pueden fácilmente imaginar. Los agentes
de turismo, los hoteleros contribuirían en
esta obra, toda vez que les significaría un
beneficio directo.
En caso de merecer aprobación esta
iniciativa, resultarán positivos beneficios
para el turismo, el conocimiento en el
extranjero de nuestro país y su cultura.

�FORMA

Noviembre de 1942

EXPOSICIONES
SOCIEDAD ARGENTINA DE ARTISTAS
PLASTICOS. — Exposición colectiva de tra ­
b ajo s d e los socios, en su local del su b ­
suelo de la G a le ría G üem es, F lorida 165,
la q ue p erm anece a b ie rta d e 17 a 20.30,
los d ía s h ábiles.
GALERIA WITCOMB, F lorida 760. —
M uestra retrospectiva de Jo aq u ín Sorolla
y B astida. H asta el 5 de diciem bre.
S a la II: O leos de R ichard H all.
MUSEO MUNICIPAL DE BELLAS ARTES,
P erú 190. — R eproducciones en color de
a cu a re la s sobre aspectos y costum bres
d e B uenos A ires y sus alred ed o res, rea li­
z ad a s p or Em eric ,E. V idal, entre 1817
y 1818.
ASOCIACION ARGENTINA ARTISTICA
Y CULTURAL, Lim a 31. — P intu ras de
Virgilio A. V allini. H asta el 30.
CENTRO ARGENTINO DE INGENIEROS,
Cerrito 1250. — R etrospectiva de M iguel
C. V ictorica. De 16 a 20, h a s ta el 30.
GALERIA MÜLLER, F lorida 935. — M ues­
tra d e C ésar F. C arugo. H asta el 30.
EDIFICIO VOLTA, a v e n id a P residente
R oque Sáenz P eñ a 812 — VIII Exposición
A nual d e A rte Fotográfico y B ellas A rtes.
H asta el 30.
ESCUELA INDUSTRIAL NACIONAL DE
CERAMICA, F lorida 935. — Exposición de
trab ajo s efectuados por los alum nos du ­
ran te el año escolar. H asta el 30.
CIRCULO DE BELLAS ARTES, av en id a
de M ayo 1370. — M anchas, bocetos y
o bras p eq u eñ as. Todos los d ía s , d e lo
a 20. H asta el 30.
TEATRO DEL PUEBLO, C orrientes 1530.
— Exposición de figu ras y p a isa je s de
F rancisco R eyes. Todos los d ía s , de
18 a 24.
AGRUPACION DE INTELECTUALES AR­
TISTAS, PERIODISTAS Y ESCRITORES,
a v e n id a de M ayo 1370. — Exposición co­
lectiva d e pintu ras, escu lturas y dibujos.
Todos los d ía s , de 15 a 20. H asta el 5
de diciem bre.
" FEDERACION AMERICANA VANGUAR­
DIA TEOSOFICA, Arcos 1199. — M uestra
de cuadros del pintor J. A ntonio Sanguinetti. Todos los d ía s , d e 15 a 22. H asta
el 8 d e diciem bre.
ATENEO POPULAR DE LA BOCA, Alm i­
ran te Brow n 789. — Exposición de obras
de A lfredo G uttero. H asta el 8 d e di­
ciem bre.
MUSEO MUNICIPAL JUAN B. CASTAGNINO, R osario. — Exposición de dibujos
y a cu a re la s infantiles. Las o bras están
clasificadas seg ú n tipo, g rad o y m otivo,
llevando la s correspondientes observacio­
nes, q ue perm itirán u n a fácil in terp reta­
ción del aspecto psicológico.
BIBLIOTECA POPULAR ANIBAL PASQUINI, T afí Viejo (Tucum án). — M uestra de
o b ras pictóricas a u sp icia d a p or la Socie­
d ad de Pintores y Escultores de Tucum án.

★ Monumento al General José

de San Martín. Deben remi­
tirse las maquettes antes del 14 de
enero próximo, a la sede de la
comisión honoraria, Lavalle 665,
Quilmes.
★ La misma comisión, consultada

por nosotros, nos contesta lo si­
guiente :
“Contesto su amable carta de fecha
octubre 26. De acuerdo con lo ya esta­
blecido, el jurado no puede modifi­
carse. Dependerá de los artistas elegir
un escultor o un arquitecto y, en cuan­
to a los recursos, informamos que es­
tán votados treinta mil pesos, quince
por la Municipalidad de Quilmes y
quince por la Legislatura de la pro­
vincia de Buenos Aires. Estos últimos

serán percibidos en los próximos quin­
ce días.
”En efectivo tenemos ya veinte mil
pesos, y más de quinientos vecinos cali­
ficados han suscripto una obligación
durante diez meses, no inferior a dos
pesos por persona y por mes.
”Falta percibir la contribución de
los industriales y comerciantes y un
subsidio de veinte mil pesos despa­
chado, por unanimidad, por la Comi­
sión de Presupuesto de la Cámara de
Diputados de la Nación; es decir, la
cantidad establecida — cien mil pe­
sos — será superada. No mencionamos
distintos festivales en preparación por
los ochenta clubs y asociaciones cultu­
rales de Quilmes, porque lo que se
recaude por esos conceptos servirá pa­
ra el acto inaugural. Por lo demás,
agregaremos que la nuestra es una
comisión de la M unicipalidad de
Quilmes.
★ En la revista “Camuatí”, órgano

oficial de la entidad del mismo
nombre, se ha insertado la siguiente
noticia:
“Maestros del camouflage. — Los
artistas que agrupa la Sociedad Argen­
tina de Artistas Plásticos, han ofrecido
sus servicios para la defensa de la
patria, por creer que son los más in­
dicados para la realización del camou­
flage, que dicen podrían poner en prác­
tica con sus conocimientos e imagina­
ción.”
No escapa a nuestra pituitaria cierto
olorcillo a chamusquina y compren­
demos que la aludida nota haya
provocado el insomnio del capricante
director de la hojilla de marras. Ho­
nestamente cedemos a “Camuatí” la
jerarquía en lo que se refiere a camouflages, no sin aclarar antes que, al
ofrecer nuestros servicios al Ministerio
de Guerra, silenciamos la existencia de
esa “lechiguana” y sus empeñosos fa­
bricantes de miel, porque en el caso
cuestionado no se trataba de camouflar
de entidad artística a un club de ami­
gos inofensivos, amables y humoristas,
sino de darnos gratuitamente al país.
Y como el ofrecimiento era gratuito...
En caso de que el trabajo sea remu-

nerado, aseguramos a “Camuatí” y a
su digno director que nos pondremos
bajo sus órdenes, a efectos de poder
utilizar su frondosa fantasía, ya que,
por su origen norteño, siempre será
más tropical que la nuestra.

X

Buenos Aires, meridiano del
arte. — Movidos por el lógico

deseo de acrecentar la significación que
entre el resto de las naciones sudame­
ricanas tiene nuestro país en lo que
respecta a las manifestaciones artísti­
cas, volvemos a hacer referencia a un
proyecto cuya importancia huelga des­
tacar. Se trata de crear un certamen
bienal de artes plásticas con la parti­
cipación de todos los artistas de Amé­
rica Latina.
La referida muestra podría realizar­
se en el local de nuestro Salón Nacio­
nal de Bellas Artes, prestándole la ca­
tegoría que merece y rodeándolo de
un adecuado marco, significativo y ló­
gico. Es decir, que nuestro Salón Na­
cional se convertiría, cada dos años, en
el certamen continental de referencia.
Este Salón de Bellas Artes aporta­
ría a nuestro fervor artístico las in­
quietudes de otros pueblos hermanos,
de otras costumbres y de otros climas,
creando un rico venero en apoyo de
un más vasto horizonte creativo.
Optamos por un reglamento sencillo,
y pensamos que facilitar el envío de
obras haciendo intervenir a las emba­
jadas y consulados argentinos en los
países americanos, garantizando al
propio tiempo su devolución, sería
acercarnos al éxito que la iniciativa
merece.
Una cláusula importante sería la de
destinar en cada certamen una sala
para un pintor o escultor o grabador
fallecido que hubiere significado, en
cualquier país de América Latina, un
valor incuestionable.
Sin duda alguna, que el SALON
BIENAL CONTINENTAL DE BE­
LLAS ARTES, además de cumplir una
simpática función de acercamiento,
produciría un ir y venir de influen­
cias, necesarias para nuestro mayor y
mejor conocimiento.

RUTAS DE AMERICA

Por A N A S. C A B R E R A

cddquiera
este interesante libro docu­
m en tal Sobre el folklore
y la m úsica de cdmérica.

IPBUSBRd» I dBA®
15

�FORMA

Noviem bre de 1942

Como un agregado importante po­
drían crearse, también, algunas becas
en nuestra Escuela Superior de Bellas
Artes para jóvenes artistas de los ve­
cinos países. Esta convivencia produ­
ciría resultados análogos a los que
produjo la estada de europeos en Pa­
rís, Madrid y Roma.
La iniciativa bien merece un estudio.
Buenos Aires no puede dejar pasar
este momento, oportuno, sin duda, pa­
ra crear la hegemonía artística que el
hacer de sus artistas viene exigiendo,
y dar, asimismo, un verdadero impulso
a su política fraternal.
A la Comisión Nacional de Bellas
Artes incumbe aprovecharla en bene­
ficio del país.
*

*

P R E M IO S
EN

LO S

SA LO N ES

RECIENTES

Primer salón de la Ciudad

de

Buenos A ires

L a Sociedad de A cuarelistas y G rabado­
res, que realiza actualm ente en las salas
de Amigos del A lte el P rim e r S alón de la
Ciudad de Buenos A ires, dió a conocer
los prem ios distribuidos en tre los p a rti­
cipantes de la m uestra. E l veredicto del
ju rad o fué el sig u ie n te :
P in tu r a : Cinco prim eros prem ios de 400
pesos cada uno, que fueron adjudicados a
Jo rg e L arco, A lejandro T om atis, R odrigo
Bonome, Ju a n C. F aggioli y R aúl Russo.
T res prem ios de 300 pesos a José C. A rcidiácono, Ju a n del P rete y M echa N osti
de C a rm a n ; y dos terceros de 200, a Su­
san a A guirre y E duardo E iriz M aglione.
G rab ad o : T res prem ios de 200 pesos a
G unnar Storm , H em ilce M. Saforcada y
Pom peyo A udivert.
Ilu s tra c ió n : U n solo prem io de 200 p e­
sos a C lara C arrié.
C ro q u is: U n p rim er prem io de 300 pe­
sos a Italo B otti y un segundo de 100 a
J u a n a L um erm an Roca.

Salón de los Artistas Santafecinos

Prem io de honor, al “R etrato de la se­
ñ ora D ora T ejerin a de B usaniche” óleo,
de C ésar F ernández N av arro . P rem io f i­
g ura, a “ E l Moño R osa” , del señor R i­
cardo A. Supisiche, Prem io paisaje, a “ Cos­
ta de H elvecia, S an ta F e” , óleo, de Ju a n
Sol. P rem io com posición, a “ Bodegón Ro­
cocó” , óleo, de G ustavo Cochet. Prem io
adquisición (Salvador C ap u tto ), a “ Flo­
res” , óleo, de R aúl Schucirn. P rem io es­
tím ulo, a “ O rillas de C oronda” , óleo, de
Ignacio R o ja s ; “D ía G ris” , óleo, de E n ­
rique L. M o n te; “ Ceibo” , óleo de A na L.
de B orruat.

E sc u ltu ra : P rem io de honor, desierto.
Prem io escultura, a “ R etra to ” , de M iguel
A. Schiafino. P rem io estím ulo, a “M u­
chacho de m i B arrio ” , de W enceslao Sedlasek.
Prem ios dibujos y grabados, desiertos.

I er.

2 o. Salón A n u al de A rte de
San Fernando

E l jurado, constituido p o r : E nriq ue Policastro, p o r la Sociedad A rg en tin a de
A rtistas P lásticos ; R aúl M azza, p or la
A sociación E stím ulo de Bellas A rtes ; G as­
p a r B esares S oraire, p o r la A sociación de
A rtistas A rgentinos C am uatí, y M ario A nganuzzi, p or el C írculo de Bellas A rtes,
p a ra la sección p itn u ra , A ntonio Sassone,
p o r la Sociedad A rg en tin a de A rtistas
P lá stic o s; A ntonio G argiulo, p o r la A so­
ciación de A rtistas A rgentinos C am uatí ;
Ju a n Carlos O liva N av arro , p o r la A so­
ciación E stím ulo de Bellas A rtes, y H éctor
Rocha, p or el Círculo de Bellas A rtes, des­
pués de exam in ar las num erosas obras
enviadas, resolvió adju d icar los prem ios
instituidos de la siguiente m a n e ra :
P in tu r a : P rim e r prem io, a la obra “In ­
vierno en el C arapachay ” , óleo, p o r Luis
F errin i. Segundo prem io, a “ V iviendas
hum ildes” , óleo, de D ante B onati. T ercer
prem io, a “ Desde mi ta lle r” , óleo, p or
R am ón A lberto Ciarlo. P rim era m ención
de honor, a la obra “ F lores” , óleo, de
A raceli Vázquez M álaga. Segunda m en­
ción, a “ Islas del D elta” , óleo, p o r José
Roig. T ercera m ención, a “ O toñal” , tem ­
ple, p or A rg entin a H . A renas. P rem io al
m ejor p aisaje del D elta, a la obra “ R an ­
cho azul” , óleo, de D ino Piazza. P rim era
m ención de honor, a “ E n el arroyo N a ­
ra n jo ” , pastel, p o r M anuel F . Iglesias, y
segunda m ención, a “ D escanso en el Del­
ta ” , tem ple, p o r S ara H . B ianchi.
D ib u jo : P rim e r prem io, a la obra “ H om ­
bre orando” , carbón, de M arg arita Clos.
Segundo prem io, a “ A dolescencia” , lápiz,
p or N éstor M entaberry. T ercer prem io, a
“ P u n ta C an teras” , carbón, de S ara H .
B ianchi. P rem io único, p a ra grabado, a la
obra “ M uchacha tu cu m an a” , de Consuelo
González.
E sc u ltu ra : P rim e r prem io, a la obra
“ Recelo” , yeso patinado, de A ntonio J .
Chierico. Segundo prem io, a “M etam or­
fosis” , cem ento yeso, p or J u a n B au tista
Leone, y te rc e r prem io, a “ Cabeza de
hom bre” , bronce, de O reste A ssali. M en­
ción de honor a “ S erran a” , yeso p atin a ­
do, p or A. M iguel N evot.
/ O C I E D A D

DE A R T I/T A /

Salón de Artistas Plásticos Rosadnos

P o r unanim idad, prem io diario “ L a C a­
p ita l” , a “Irm a ” , óleo, de Luis A. O uvard.
P o r unanim idad, prem io Banco de la
Provincia (R o sario ), a “ In te rio r” óleo,
de M anuel Suero. P o r unanim idad, prem io
Banco M unicipal de Rosario, a “ Chim e­
n eas” , acuarela, de Inés R otenberg. E l
prem io Sociedad A rgentina de A rtistas
Plásticos de Rosario, p a ra fig u ra, dona­
ción del pro feso r C ésar A. C aggiano, fué
declarado desierto p o r no h aber obtenido
u nanim idad n in g u n a de las obras ex­
puestas. P o r unanim idad, el prem io So­
ciedad A rgentina de A rtistas Plásticos
de Rosario, p a ra la sección dibujo y g ra ­
bado, a la obra “ E scena ru ra l” , dibujo
acuarelado, de la señora A na C aviglia de
C alatroni. E l prem io Municipalidad de
Rosario, p a ra escultura, fué adjudicado a
“ Interm ezzo” , de Lucio F on tana, p or los
votos de los señores P lanas Casas, A cuña
y F e rre r Dodero. E l señor Guido votó p or
“ C risto” , yeso, del m ism o auto r, y el se­
ñ o r C alógero lo hizo p or “ La V irgen y
el N iño” , yeso, del señor E duardo A . B arnes. E l prem io diario “ D em ocracia” fué
adjudicado p o r unanim idad a “ L a V ir­
gen y el N iño” , yeso, del señor B arnes.

El premio adquisición del Gobierno de Santa Pe

E l ju rad o p a ra d iscernir el prem io ad ­
quisición del gobierno de S an ta Fe, en
el P rim e r Salón de A rtistas Plásticos de
R osario, in teg rad o p or los señores A gus­
tín Z ap ata G ollán, por la C om isión P ro ­
vincial de Bellas A rtes ; E ugenio Fornells,
p o r la D irección M unicipal de C ultura de
R o sa rio ; M anuel F e rre r Dodero, p o r la
Sociedad A rg en tin a de A rtistas Plásticos
de R osario, y A ngel Guido y José P lanas
C asas, p o r los a rtistas concurrentes, se­
p aró las obras “ L a quebrada” , de De­
m etrio A n to n ia d is; “ Irm a ” , de Luis A.
O uvard, e “In te rio r” , de M anuel Suero.
C onsideradas estas tres com posiciones,
quedaron en discusión las dos p rim eras.
V otaron p o r “L a quebrada” , los señores
Z ap ata Gollán, Fornells, Guido y P lanas
C a sa s; p or “ Irm a ” , lo hizo el señor F e­
r re r Dodéro&gt;J;pe ta l su erte, el prem io ad ­
quisición dér -gobierno de S an ta Fe quedó
in stitu id o p o r m ayoría a la obra “ La
quebrada” , óleo, del señor D em etrio A n ­
toniadis.
E X P O S IC IO N

C O L E C T IV A

NOVIEMBRE 1942

Exponen obras de esta muestra inaugurada e^
día 12 en nuestro loca! social

Antonio, Fausto; Aráoz A lfaro, María
C arm en; g ern i, A ntonio; Bonome, Ro­
drigo; Burgoa Videla, M iguel; Candiano,
V icente; Centurión, Em ilio; Claudeville,
R afael; D ell’Acqua. Amadeo; Faggioli,
Juan C allos; Fernández Chelo, Enrique;
Gowland Moreno, L uis; Igual, L uis; K lein,
Alberto; Larrañaga, Enrique; Leguizamón Pondal, Gonzalo; Loustalán, Germán;
Lumerman Roca, Juana; M artínez Ferrer,
Horacio; Mendiguren, Celia; M ontaner,
Celia; Muller, M iguel; Pérez, E stefanía;
Pons, María Bizarro de; Policastro, E nri­
que; Ross, Doroti; Rossi, Roberto; Saibene, A licia Zuretti de; Soldatti, Oscar;
Stagnaro, Orlando; Stessel, F élix; Sturla,
Florencio; Teruelo, Guillermo; Tiglio, Mar­
cos; Tomatis, Alejandro; Troiani, Troiano;
V illa, Gonzalo.

lO R M A

ORGANO DE LA SOCIEDAD ARGENTINA
ARTISTAS

PLASTICOS

FLORIDA 165 (S ubsuelo)

BUENOS AIRES - ARGENTINA
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16

F R A N Q U E O PA G A D O
T A R IF A

R E D U C ID A

C ONCESION

No 3 7 3 9

S e ñ o r it a
Mar i a C a r atan A ra o s A l f a r o
L ib e r t a d
eruDAD

1693 P .4 o .

ÍH ’

20 ctvs.

PETJSER Lda.

DE

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                  <text>Ejemplares 22 a 27, 33 y 34 y 2 ejemplares especiales de la revista Forma, publicados entre 1936 y 1951.</text>
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                <text>No. 23 (nov. 1942)</text>
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                <text>Berni, Antonio&#13;
Bonome, Rodrigo&#13;
Butler, Horacio&#13;
Estarico, Leonardo</text>
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                    <text>�PARA ARTE MA&#13;
*&#13;
“Monde", construcción en bronce&#13;
ANTOINE PEVSNER&#13;
&#13;
ARTE&#13;
&#13;
MADI&#13;
&#13;
UNIVERSAL&#13;
&#13;
N?&#13;
&#13;
5&#13;
&#13;
Registro de la Propiedad Intelectual N? 238.535&#13;
Publicación de arte&#13;
no - figurativo - esencialista&#13;
Organo del movimiento&#13;
madinemsor&#13;
C. directivo:&#13;
Kosice, Rothfuss,&#13;
Biedma, Wellington&#13;
En la cubierta:&#13;
pintura y escultura&#13;
de Kosice&#13;
Dirección y&#13;
correspondencia:&#13;
Esperanza 41, 29&#13;
B u en os A ires&#13;
&#13;
Chuy 3260&#13;
M ontevideo&#13;
&#13;
Prohibida la&#13;
reproducción total o parcial&#13;
sin mencionar&#13;
su procedencia&#13;
Intercambio&#13;
Nous demandons&#13;
l'echange&#13;
We beg for exchange&#13;
&#13;
OCTUBRE&#13;
&#13;
1351&#13;
&#13;
— ARGENTINA&#13;
&#13;
�AUTONOMIA&#13;
VIVENCIAL&#13;
de madí&#13;
Toda esencia que es transferible es sensible a los meros reflejos de&#13;
la reproducción. En una obra madí la traducibilidad se ve impe­&#13;
lida a formularse a sí misma con sus propios valores, con su pre­&#13;
sencia, su lenguaje elemental, estructural y dinámico.&#13;
Con el mínimo de recursos formales y llevada su esencialidad al&#13;
exponente más independizado de interferencias o hibridismos ex­&#13;
traños, entramos a potenciar una pureza de estilo que hace inofi­&#13;
ciosa toda tentativa de clasificación.&#13;
Así, pasando por Kandinsky, el rayonismo de Larionov y Gontcharova, el suprematismo de Malevitch, el futurismo, el constructivismo&#13;
de Tatlin, Gabo y Pevsner, el neoplasticismo de Van Doesburg, Mondrian, el Bauhaus, Kupka, Delaunay, Gropius, Le Corbusier, el noobjetivismo de Rodchenko, el concretismo de Vantongerloo, Bill, la&#13;
"nueva visión" de M. Nagy, con ser tan capitales en su tiempo,&#13;
luego de haber abolido toda representación, no han sabido resol­&#13;
ver la cuestión de más trascendencia: contenido y continente. Las&#13;
últimas tendencias "abstraccionistas" son un retroceso en ese aspecto.&#13;
El contenido de madí es actualidad y su forma-continente es la&#13;
cristalización de un estilo dinamizado.&#13;
La realización penetra así en un esencialismo real que se vertebra&#13;
con su función y sobre todo con su utilidad. Tenemos entonces,&#13;
partiendo del método del conocimiento que es expansión, al objeto,&#13;
y la autonomía vivencial del mismo, como absoluta, imponderable.&#13;
Lo demás es historial premadí.&#13;
Lo que fué calco, abstracción e idealización, lo que fué imagen&#13;
minada de supuestos heteróclitos, lo que fué un falso problematismo de la metafísica, el ejercicio de una habilidad a veces más es­&#13;
pectacular que real, lo que fué una postura y solución escapista, lo&#13;
que fué, en fin, instinto y sensualidad, llegó a su punto culminante&#13;
de saturación.&#13;
Contra todo esto, madí opone su esencialismo constructivo. El sen­&#13;
tido que da a la autonomía vivencial de la cosa, del ente inventado,&#13;
&#13;
�es su intraducibilidad por otra dicción que no corresponda a su&#13;
continuo e inmanencia.&#13;
Un producto específicamente madí como es la pintura con marco&#13;
estructurado, el plano y color liberado en el espacio con o sin mo­&#13;
vimiento, es la única plástica verdaderamente revolucionara y vá­&#13;
lida hoy.&#13;
El poema madí con proposición inventada, imagen, concepto y su­&#13;
ceder puro — testimonio de una imaginación telesensoria —, abarca&#13;
todos los trabajos literarios, cuento, novela, teatro, etc.&#13;
La parte directamente espacial, escultura con ámbito, móviles, articulables; la arquitectura en función de un urbanismo, superando&#13;
antiguas leyes estáticas.&#13;
La danza y coreografía circunscriptos a la medición del suelo y el&#13;
espacio, sensibilizando la geometría y los movimiento del cuerpo.&#13;
La música esencialista renunciando ya al contrapunto armónico,&#13;
organizando científicamente la serie panintervalar, la creación de&#13;
un instrumental eléctrico de nueva emisión sónica.&#13;
Autonomía presencial absoluta&#13;
Utilidad social de la creación estética&#13;
La pintura espacial madí cesa de ser situable&#13;
Cursos de luz!&#13;
La literatura madí en su cosmovisión inaugural del mundo inte­&#13;
ligible.&#13;
Incorporar a la vivienda la traslación&#13;
Proyección escultórica que patentice el espacio&#13;
Construcción y tecnología dinámicas&#13;
Confluencia del hombre con su esencialidad&#13;
Frecuentación, familiaridad con lo inédito.&#13;
Madí ha emprendido su marcha: ha originado nuevas investiga­&#13;
ciones, anticipando con sus descubiertas, un desarrollo progresivo&#13;
del arte esencialista. Este N* 5 de arte madí, su estrecha conexión&#13;
con la vivencia diaria, así lo dice.&#13;
&#13;
1a&#13;
r e d a c c i ó n&#13;
&#13;
�Hoy, a tal extremo han llegado las sobrepujas&#13;
de algunas escuelas no-representativas, que ya&#13;
preocupa un falso nacionalismo en la designa­&#13;
ción del autor, queriendo homologar la realiza­&#13;
ción, de acuerdo a la latitud geográfica.&#13;
Madí propone universalizar el arte, hacerlo fun­&#13;
cionar como una actividad inventora por exce­&#13;
lencia del ser humano, sin distinción.&#13;
&#13;
Ai!&#13;
&#13;
�IN od CY&#13;
En la sabia aceptación de un devenir que&#13;
se inicia, INodCY adivina a porfía y desde&#13;
el cauto toque uno, su calidad hospitalaria.&#13;
Es notable Ver y Ser acecho en esa húmeda&#13;
simplicidad. Claro está, que sin bagajes que&#13;
aumenten su área, es natural que el paso se&#13;
aligere aún en este latido que desconocen.&#13;
No se puede dudar que el radio de Loch ha&#13;
sido expeditivo. Nuevas experiencias aumen­&#13;
tan de continuo una estatura diríamos ma­&#13;
gistral.&#13;
Los cascos del coloso apenas entrevisto zig­&#13;
zaguean en ángulos perfectamente bisiestos.&#13;
Es poco para lograr una fortuna ancha. Es&#13;
sólo un interés especulativo por una indispen­&#13;
sable edición de acontecimientos.&#13;
Sucintamente no se puede involucrar en el&#13;
título especialmente huésped entre comillas&#13;
una colección tan absurda de mensajes. Puede&#13;
ser que un promedio adecuado de acciones&#13;
faciliten la plenitud en sorbos un tanto be­&#13;
névolos.&#13;
La verdad es un poco dudosa y no es posible&#13;
recurrir a ese mundo que nos deja de lado&#13;
con desgano. “Arrebatar una multitud que&#13;
prescinde de nosotros es un alrededor inútil” .&#13;
Casi es preferible este atajo común y recep­&#13;
tivo para nuestro deambular. Agostado. Pero&#13;
¡qué auténtico es a pesar de todo! Volvamos.&#13;
El número de ensayos se arrastra cada vez&#13;
más. Durante un texto de atraso no se habla&#13;
de otra cosa.&#13;
Para INodCY nada decora esta estúpida de­&#13;
marcación de la cordura. El fenómeno es dis­&#13;
tinto. Esta inadvertencia engendra realidades&#13;
&#13;
- huésped voluntario -&#13;
&#13;
exasperantes en toda su longitud. De vuelta&#13;
al origen épico o venial de este atajo es pro­&#13;
bable que no les convenga la dinastía del&#13;
albergue escogido.&#13;
Una confortable sensación brinca impalpable&#13;
en subcargo. Jamás hasta ahora les fué dado&#13;
experimentar un soplo tan adecuado a su in­&#13;
trínseca modulación.&#13;
El bautismo es arcaico. Ya se impone otra ab­&#13;
sorción multiuniversal. No hay pues acechos.&#13;
Una amplia curva mortaliza la paz que les&#13;
llega en sucesión de cofradías. Nombrables&#13;
una a una. Pero es lo mismo. Igual. Es tan&#13;
bueno todo que no es necesario pensar en&#13;
respirar. El clima es especie. Y eso basta.&#13;
Casi sería posible eternizarse en este bastión&#13;
gráfico, vacilante en sus umbrales, firme en&#13;
su contenido. Pero las excelencias cardinales&#13;
los impulsan y es necesario reincidir en la&#13;
vasta ofucación de un elocuente hemisferio.&#13;
Todo se vende en una maduración discípula&#13;
de sí misma. Es urgente manipular esa con­&#13;
tinuidad en una exacta vibración. Admirable&#13;
resultará entonces la percepción de los mati­&#13;
ces resurrectos.&#13;
La tarea los inmuniza. Más aún cuando des­&#13;
aparecen aquellos vástagos flemáticos que fe­&#13;
cundan la ignorancia. Nuevas cortezas co­&#13;
lumpian de tanto en tanto el margen del sep­&#13;
tentrión. Por lo tanto no es posible callar.&#13;
No es probable silenciar la magra calvicie de&#13;
estío infinito, que los envuelve. M ejor es ufa­&#13;
narse de no ser muchedumbre. Mejor es dar&#13;
el privilegio. Mucho mejor.&#13;
&#13;
�tamente se azuzan los gestos. La elocuencia&#13;
se fricciona casi doctoral con el sentido prác­&#13;
tico del panorama. Es perecedera esta sensa­&#13;
ción. De inmediato se impone el ansia no­&#13;
driza de nuevas ansias. Nada ha pasado. Sólo&#13;
una mínima percepción hospitalaria que fre­&#13;
cuenta a INodCY en su total bifurcación. N a­&#13;
da ha pasado, pero cualquier diagrama resulta&#13;
probable. Esta vez los peldaños son simultá­&#13;
neos. No sabemos entonces dónde conducen.&#13;
Sólo es posible seguir sin que hayamos agre­&#13;
gado a este añoso INodCY una respiración&#13;
histórica plausible. Y además útil a los pro­&#13;
pósitos que motivaron aquel ya lejano ade­&#13;
mán inicial.&#13;
Claro que se impone y es necesario recordarlo&#13;
para abandonar la muelle verbosidad que&#13;
aglutina fuerzas. Desleídas y jocosas fuerzas.&#13;
Ya es posible penetrar; un brinco más bastará.&#13;
&#13;
HENRY LHOTELLIER&#13;
&#13;
Quizá entonces se repitan los vericuetos a&#13;
intervalos ya acostumbrados que resulta creí­&#13;
ble inventar. Casi se puede ser feliz.&#13;
La actividad se interrumpe. Es que consiste&#13;
en salmodiar con desconfianza una fábula sin&#13;
nacer. Una conjunción de diptongos que eruc­&#13;
tan sin trascendencia. Sólo una licencia total&#13;
del canturreo, dejará a la vista una empeñosa&#13;
plataforma.&#13;
¡Para qué seguir si se está particularmente&#13;
ahito de axiomas! Lo extraño sería precisa­&#13;
mente continuar. No en vano una mitad se&#13;
arrastra en laberintos mientras el resto se fre­&#13;
na en el auspicio popular. En esta liberación&#13;
lucrativa de elementos, puede oírse un tercer&#13;
resquebrajamiento. Más que entusiasta. Súbi­&#13;
&#13;
LA REALIDAD FRACCIONADA EN FRA­&#13;
GIL PERSPECTIVA. Para los primeros pasos&#13;
en esta otra frontera acomodaticia bastará&#13;
memorizar la antigua rutina. Maravillosa. N a­&#13;
rrativa. ¡Cómo quisiéramos afirmar que es fac­&#13;
tible dentro y fuera del cosmos de INodCY!&#13;
Todo es manufacturado de acuerdo a una&#13;
mera imprevisión. Este punto de vista se in­&#13;
cendia de centurias. Y qué serviles.&#13;
Una nueva talla les acuerda bríos apóstoles.&#13;
Se vuelve a comenzar.&#13;
Por nuestra parte discurrimos sin método en&#13;
esta umbría inflexión del propio verbo que&#13;
pretende desconocernos, mientras son las cir­&#13;
cunstancias las que finalmente exigen su rol.&#13;
Y a pesar de todo fué una inmensidad de&#13;
tiempo sazonado en cualidad de huésped.&#13;
Sorpresivo e insípido. Y no es posible avan­&#13;
zar tan de prisa. El presente bienestar arde&#13;
en magnífico fanal. Son tentáculos que sólo&#13;
consiguen traer en esplendidez de surcos que&#13;
&#13;
�no se olvidan aquellos amanecidos temores&#13;
que en el radio de Loch los alcanzaba en&#13;
cada dicción. Dicción de algas. Dicción de&#13;
cuño singular. Más aún, si nos remontamos&#13;
hasta aquella poseída derrota de INod que&#13;
se destaca en su propio exceso y aparece en&#13;
todo su colosal cimiento. Aquel retroceso au­&#13;
rífero que angustiara en mil adagios la cater­&#13;
va INodiana. Aquel sumiso enrolar en los an­&#13;
tiguos segmentos. Aquel duelo innúbil de CY.&#13;
Su triunfo incauto. EL REGRESO.&#13;
Se añora la brusquedad de un meridiano. Que&#13;
puede ser o no, abnegado. Ya es demasiado&#13;
esta quietud y bienestar que los ahoga en su&#13;
papel. Ninguna alternativa aumenta el fati­&#13;
goso equilibrio de INodCY.&#13;
Quizá fuera posible arriesgarse en la inspec­&#13;
ción de confusos aledaños. Tal vez les fuera&#13;
permitido evadirse del punto olímpico, que&#13;
los alberga.&#13;
El primer golpe de hierba descubre la yema&#13;
de un paisaje demasiado conocido. Demasia­&#13;
do. El segundo habilita la hipotenusa de una&#13;
ladera todavía insegura y amplia de audaces&#13;
trebolares. El soplo que inicia un peregrinaje&#13;
genuino de ambiciones quiere imitarlos. ¿O&#13;
tal vez es INodCY su condición similar? No&#13;
lo podemos criticar. La cumbre atrae con su&#13;
estampido de canto. Tachona en finitud de&#13;
ciclos su ribera. La obscuridad entonces des­&#13;
aparece y es posible ver el fin de la vertiente&#13;
hasta ahora fugitiva. Se dan las gracias las&#13;
formas egoístas y los alisios que esperan aún&#13;
su metamorfosis. Y nada ocurre. Y todo sigue&#13;
porosamente igual. Los huecos nos preceden.&#13;
Cuesta trabajo encender otra vez el anhelar.&#13;
A borbotones se oxidan los núcleos presenti­&#13;
dos y que no podemos columbrar. ¡Y es tan&#13;
vano el esfuerzo! Sabemos que nada aliviará&#13;
la angostura imperfecta que es nuestro epitelio.&#13;
&#13;
Pero a pesar de ello se sigue. Siempre se&#13;
avanza sea o no propicia la comunidad que&#13;
ovillamos.&#13;
Las parcelas ahora holladas por INodCY se&#13;
heredan de inmediato y en forma mutua. Uni­&#13;
camente los ecos faciales se disgregan en di­&#13;
recciones verosímiles. Y eso es algo. Muy&#13;
poco, claro, pero descifra la anarquía de una&#13;
costumbre sin concluir. Todo ha pasado. Otra&#13;
vez la modorra los cosecha aún cuando no&#13;
quieran ser de la partida. La monotonía los&#13;
acorrala en un lenguaje mudo, intaxativo. Ya&#13;
decididos, prefieren cambiar por voluntad este&#13;
letargo insidioso que los hamaca, esta como­&#13;
didad de argucias que los ahita.&#13;
Ya están, peligrosamente echadas, las bases&#13;
para un nuevo intento. Jalonan las repeticio­&#13;
nes otro período que ficticiamente no puede&#13;
ofrecer tan mínima alternativa como este que&#13;
ya llega a su instante. Contar lo acontecido&#13;
llevará a la corrección de las sílabas que se&#13;
defienden a cada rato. Mientras, se va dere­&#13;
cho a un sisma candoroso que puede prescin­&#13;
dir de su envoltura, sí, pero que indudable­&#13;
mente nos arrastrará más allá de su propia&#13;
órbita fabulosa.&#13;
El cénit que nos muestra los incluye. Ya no&#13;
son necesarios los prólogos de esta alegoría.&#13;
El entusiasmo es cada vez mayor. Las vallas&#13;
aumentan y son superadas sin llegar a con­&#13;
movernos. La trinchera de un decoro poco&#13;
menos que ausente señala a INodCY, y aún&#13;
a nosotros, un lugar. En el orbe.&#13;
A desafiar la piel de un futuro que se apro­&#13;
xima.&#13;
&#13;
�" CONCEP TO&#13;
&#13;
ESPACI AL" - 1 9 5 1&#13;
&#13;
Lucio fontana;&#13;
&#13;
�PENSAMIENTO&#13;
Las reproducciones fotográficas de&#13;
los trabajos modistas, el manifies­&#13;
to de 1946 concebido y firmado&#13;
por Kosice, Rothfuss y otros, escri­&#13;
to con la intención de situarse y&#13;
combatir, me hicieron conocer el&#13;
pensamiento de los artistas que&#13;
componen el movimiento madinemsor, proyectado al horizonte de&#13;
la nueva visión.&#13;
Así a distancia pude meditar so­&#13;
bre la eminente contribución de&#13;
este movimiento al adelanto de la&#13;
creación liberada.&#13;
Poesía =&#13;
&#13;
creación.&#13;
&#13;
Con amor por la claridad, el aná­&#13;
lisis comparado del arte concreto&#13;
contemporáneo, bajo todos sus di­&#13;
ferentes aspectos, nos enseña que&#13;
los modistas están entre los poe­&#13;
tas de la pintura, exponentes de&#13;
una emoción plástica determi­&#13;
nante.&#13;
Pintores que llegaron a un grado&#13;
de elevada cultura, enamorados&#13;
de la búsqueda sutil, de la be­&#13;
lleza definitivamente matemática,&#13;
&#13;
MAD1STA&#13;
de los ideales constructivistas, es&#13;
decir éticos y de acción progre­&#13;
sista — modistas—, descubrirán la&#13;
poesía sin secreto, la razón de la&#13;
poesía, la geometría de la forma.&#13;
La concepción de la espiritualidad&#13;
modista se aclarará a la luz del&#13;
racionalismo y materialismo mo­&#13;
derno, sometiendo la inteligencia&#13;
plástica y creadora a una disci­&#13;
plina severa, lo cual los aparta&#13;
de las imaginaciones confusas.&#13;
&#13;
El "hommo sapiens" ejerce la in­&#13;
teligencia creadora productora de&#13;
actos gratuitos.&#13;
El pintor modista trabaja sobre el&#13;
material, sobre el abstracto, y sólo&#13;
conoce el análisis y la síntesis&#13;
bajo el aspecto más esencial.&#13;
Los conocimientos ascendentes que&#13;
manifiestan son la base de un in­&#13;
telecto puro, claro y disciplinado,&#13;
aspirando conscientemente a su­&#13;
perarse.&#13;
Poseedores de una conciencia cós­&#13;
mica, las pinturas se manifiestan&#13;
&#13;
�en el espacio y tiempo universal,&#13;
descubriendo la creación inventiva&#13;
sin fin.&#13;
Demuestran la importancia del&#13;
consciente para la vida plástica.&#13;
Oponen al sub-consciente destruc­&#13;
tor, el super-consciente constructor&#13;
y la sensibilidad de las cosas&#13;
elementales, elevando el arte al&#13;
plano superior de la vida espi­&#13;
ritual (espiritualidad =&#13;
pensa­&#13;
miento).&#13;
La pintura pasó del período mun­&#13;
dano de su vida, de las insufi­&#13;
ciencias de los "libertinajes espiri­&#13;
tuales" a su verdadera misión de&#13;
profundidad abstracta.&#13;
La generalidad de la pintura es&#13;
el testimonio de la grandeza y&#13;
pequeñez del hombre.&#13;
Las pinturas no figurativas no ne­&#13;
cesitan discursos, ni profesión de&#13;
filósofos y metafísicos.&#13;
Los madistas: Una constelación&#13;
nueva, de brillantez específica ca­&#13;
da uno de ellos, descubiertos en­&#13;
tre los astros y el firmamento de&#13;
la estética pura.&#13;
&#13;
�RHOD ROTHFUSS&#13;
&#13;
�hemisferio de bruces&#13;
H e solicitado ese tem blor d e corteza d e tierra amiga&#13;
esta geografía c¡ue levanta su peso asustado&#13;
agredida en su cifra a sabiendas&#13;
som etido a una m ateria&#13;
c¡ue apenas si pu ede sostener su transparencia&#13;
a cada olvido&#13;
m e persuado (fue sí hay reposicion es d e atm ósfera&#13;
d e b e haber un tiem po ahu ecado com o la espera tibia&#13;
incam biable a partir d e su superficie&#13;
interrum pido a contram ar&#13;
la inm ensidad gotea alisándolo todo&#13;
para no dejar nada librado al azar&#13;
reconstruyo a tientas&#13;
con voluntad&#13;
y tener ganas es salvar la contingencia&#13;
bordear el sincronism o en su parte m aciza&#13;
hasta d on d e la apariencia im pecable esté agilizada&#13;
y reaparezca radiante a expensas d e un m anejo m ítico&#13;
expuesto a una ascensión sin respuesta&#13;
sin el esfuerzo d esatado del riguroso control ondulatorio&#13;
pendiente adcjuirida en parte por su inclinación&#13;
fu e espero asir del dom inio público&#13;
recordém oslo la tierra d e nadie am arrada a ciertas fatigas&#13;
sin abrigo duradero sin la d eb id a com probación&#13;
lo dejam os descubrir insensiblem ente&#13;
en pos d e una pru eba transitoria&#13;
acjuí el halo m ás nuevo apren de su lazo d e leyenda&#13;
el augurio d e cosas m em orables&#13;
m e autorizan m uchos im perceptibles climas lineales&#13;
tanta convicción!&#13;
&#13;
GYULA KOSICE&#13;
&#13;
�Repentizo N° 2&#13;
i&#13;
Jnfaltables v ad o s&#13;
form an mi eco num eroso&#13;
Nle concierne&#13;
esta fron d a cariciosa&#13;
d e posibles&#13;
d e mi cálida sed&#13;
d e esta dim ensión aún sin nom bre&#13;
N o renuncia&#13;
mi som bre a su sonido&#13;
a su atisbo indiscreto&#13;
a su perfum e&#13;
y m e cruzo&#13;
otean do perfiles&#13;
de im prudencias&#13;
y m e detengo&#13;
en la limitación d e un gesto&#13;
sólo en sim iente&#13;
!Todo cam ino late&#13;
D em asiado tem prano para un relám pago&#13;
&#13;
II&#13;
P odría ubicar&#13;
hileras d e savia ocre&#13;
N o quisiera&#13;
O quizá&#13;
algún prólogo agrietado&#13;
m e detenga&#13;
7 al vez&#13;
m e afingue en este polen&#13;
aún inanim ado&#13;
Riela&#13;
el nuevo soliloquio&#13;
y quisiera&#13;
DIYI LAAÑ&#13;
&#13;
NELLY ESQUIVEL&#13;
&#13;
�poéme&#13;
On a dit dans le clim at d e ses actes&#13;
l'exterieur différen t pour tout élan&#13;
étape d ’un seul air dans son désordre maitrisant&#13;
et dans lacjuelle s'écjuivalent la pluie et son m od e habile&#13;
si celle-la retire les écb o s en transparence ouverte&#13;
C ’est un effort d ’aspect dans l’épocjue propice&#13;
dans une beure audacieuse a có té des branches d e sa joie&#13;
cjui dans ce sens m angue au détail infini&#13;
et a été toute cb o se et n a laissé aucun lieu du corps&#13;
en sorte d e pouvoir, en fran che révolte unissone&#13;
jeter des bords les braises d e canaux&#13;
ainsi cjue dans des actes l’abon d an ce fon dam en tale&#13;
ainsi cjue la clarté détruit des arts d e son m étier&#13;
traduit de l'esp ag n o l&#13;
&#13;
ampliación&#13;
A través d e la m oción m arcada&#13;
com o la realidad de los finales vertiginosos&#13;
toda la etapa anega su frente&#13;
con los altos retornos puestos en panoram a&#13;
cjue la sem blanza postula en arco extraño&#13;
com pletando el móvil superado&#13;
exbaltan do la suma en su m em oria cercada&#13;
El ob jeto rem ueve lo con ocid o&#13;
cjue está en auge a sim ple vista&#13;
en su versión d e curso&#13;
determ inado por un rigor asiduo&#13;
arrojando la unidad en las leyes sin retorno&#13;
Ningún origen m ezcla su m ovim iento en cierto sentido&#13;
los esfuerzos para ello incluyen la naturaleza&#13;
la p roba d a actitud en otra interpretación sorprendente&#13;
ninguna n ecesidad altera su función com o grado&#13;
d e m anera cjue su prim er contacto&#13;
su relación d e estar visible&#13;
y el tram o d e ser d e su com ien zo&#13;
adcjuieren al exterior los progresos inertes&#13;
Asi es el m acizo d e elem ental dom inio&#13;
índice cjue ovaciona&#13;
y aleja del infinito su am pliación ■&#13;
RAYMUNDO RASAS PET&#13;
&#13;
�E v o l u c i ó n en la e x p r e s i ó n tle la d a n z a&#13;
D esd e el punto d e v is ta de la e xp resió n , el arte&#13;
&#13;
a rtís tic a tien e q u e e m p e z a r a b u s c a r el m étodo de&#13;
&#13;
m ás&#13;
&#13;
la&#13;
&#13;
ex p re sió n d a n z a b le . El a s í lla m a d o b a ile moderno&#13;
&#13;
d a n z a , p u e s n e c e s ita com o in term ed iario el cu erp o .&#13;
&#13;
sólo lo e s en su in ten ció n , p ero no tien e método&#13;
&#13;
El cu e rp o h um ano no es a b s tra c to ; h a b la por sí,&#13;
&#13;
propio.&#13;
&#13;
d e p u ra d o&#13;
&#13;
es&#13;
&#13;
la&#13;
&#13;
m ú sica ,&#13;
&#13;
el m á s&#13;
&#13;
im puro&#13;
&#13;
e x p re s a . E s por c a u s a d e su m edio d e exp resió n&#13;
q u e la d a n z a h a sido co n s id e ra d a d u ran te siglos&#13;
&#13;
E v id en tem en te, no es fácil c r e a r so b re e sta base,&#13;
&#13;
co m o&#13;
&#13;
p ero es c o s a fa c tib le ; y o la e x p e rim e n té . L a c r e a ­&#13;
&#13;
a rte&#13;
&#13;
se n s u a l&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
h oy&#13;
&#13;
to d a v ía&#13;
&#13;
goza&#13;
&#13;
de u n a&#13;
&#13;
re p u ta c ió n b a s ta n te m ed io cre. A sí, p or ejem p lo , en&#13;
&#13;
ción b a ila b le d eb e s e r c o n c re ta , e s d e cir no-figu­&#13;
&#13;
E u ro p a com o en A m é ric a , la d a n z a e s co n sid e ra d a&#13;
&#13;
ra tiv a . P o d em o s e n co n tra r en el m ovim iento estas&#13;
&#13;
co m o el a rte de la b e lle z a d el cu erp o o el a rte&#13;
&#13;
co n d icio n es.&#13;
&#13;
d el ritm o. El ta n g o o el v a ls son b ello s, p ero de&#13;
u n a b e lle z a q u e n a d a tien e de m etafísico .&#13;
&#13;
H a y dos e s p e c ie s d e m o v im ien to : uno e s el gesto,&#13;
&#13;
E n E u ro p a , la d a n z a no fué n u n c a un a rte de e x ­&#13;
&#13;
E s ta&#13;
&#13;
p re sió n ,&#13;
&#13;
Un&#13;
&#13;
m a r, y p u e d e s e r u tilizad o en la d a n z a d ram ática&#13;
&#13;
ta n g o no e x p re s a n a d a . El v a ls , el m in u et, la m a-&#13;
&#13;
o en el d ra m a . El otro e s m o vim ien to sin significa­&#13;
&#13;
zu rk a, e tc., com o los b a ile s folklóricos o de c a r á c ­&#13;
&#13;
ció n ; m ovim iento&#13;
&#13;
te r, no p e rte n e c e n a la s a rte s e x p re siv a s.&#13;
&#13;
d e m ovim iento&#13;
&#13;
el c u a l e s fig u rativ o y e n c ie r ra un cierto sentido.&#13;
en&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
sen tido&#13;
&#13;
estre ch o&#13;
&#13;
del&#13;
&#13;
térm in o.&#13;
&#13;
C o n ce d o q u e el b allet e s a rte de e x p re sió n . Pero&#13;
el b a lle t no e s d a n z a . E n él s e re ú n e d ra m a , m ú ­&#13;
s ic a , p in tu ra&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
d anza. Y&#13;
&#13;
en&#13;
&#13;
el m ism o b alle t la&#13;
&#13;
d a n z a no e x p re s a n a d a ; es ú n ica m e n te e s p e c tá c u ­&#13;
lo. E s por el elem en to d ra m á tico q u e co n tien e que&#13;
lle g a a se r a rte d e exp resió n .&#13;
&#13;
e s p e c ie de m o vim ien to s e p u e d e&#13;
&#13;
afin ar, rit­&#13;
&#13;
e s té tic o y n a tu ra l. E s ta&#13;
&#13;
lo e n co n tra m o s&#13;
&#13;
a&#13;
&#13;
especie&#13;
&#13;
m en u d o&#13;
&#13;
en los&#13;
&#13;
e je rcicio s de g im n a s ia . E s un m o vim ien to puro y&#13;
n o-fig u rativ o . E stu d ián d o lo , s e le p u e d e fácilm ente&#13;
e n co n tra r la o rg a n iz a c ió n cie n tífica . E n lo que me&#13;
co n cie rn e ,&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
co m o&#13;
&#13;
re s u lta d o&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
la rg o s&#13;
&#13;
estudios,&#13;
&#13;
p u d e e s ta b le c e r q u e el s is te m a s e e n c u e n tra estre­&#13;
ch a m e n te re la c io n a d o co n el e s p a c io .&#13;
&#13;
U n ta n g o se p u e d e titu lar, por ejem p lo , " l a r o s a "&#13;
&#13;
L a c re a c ió n e s p a c ia l d e la e s c u lu ra s e fu n d a sobre&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
la c a n tid a d m a te ria l y a c tu a lm e n te v a d irigida a&#13;
&#13;
"el&#13;
&#13;
am or&#13;
&#13;
tra ic io n a d o ".&#13;
&#13;
Sin e m b a rg o ,&#13;
&#13;
no&#13;
&#13;
será&#13;
&#13;
n a d a m á s q u e u n ju eg o rítm ico. Su n om b re p u ed e&#13;
&#13;
o rg a n iz a r&#13;
&#13;
d a rn o s la im p resió n de un con ten id o q u e en re a li­&#13;
&#13;
ta m b ié n c re a c ió n e s p a c ia l. P ero en e s a invención&#13;
&#13;
d a d no e s ta l, p u e s si el ta n g o e x p re s a a lg o&#13;
&#13;
no tra b a ja m o s co n c a n tid a d m a te ria l, sino con el&#13;
&#13;
(y&#13;
&#13;
a lg u n a s v e c e s d a e s a im p resió n ), e n to n ce s la e x ­&#13;
&#13;
v a c ío s . L a&#13;
&#13;
e x p re sió n&#13;
&#13;
b a ila b le&#13;
&#13;
p u ra&#13;
&#13;
es&#13;
&#13;
tiem po.&#13;
&#13;
p re sió n no v ie n e de la d a n z a , sino d e los g e sto s ,&#13;
d e la m ím ica , d el texto e sp ú reo . E s a e s exp resió n&#13;
&#13;
C o rra&#13;
&#13;
d ra m á tic a , p ero no b a ila b le .&#13;
&#13;
un círcu lo. E s u n a c r e a c ió n e s p a c ia l y sin em b argo&#13;
&#13;
u sted&#13;
&#13;
en círcu lo : su&#13;
&#13;
m ovim iento&#13;
&#13;
d escribirá&#13;
&#13;
n a d a tien e d e c a n tid a d m a te ria l. Sin em b arg o , el&#13;
D esd e Is a d o ra D u n can , la id e a q u e la d a n z a d eb e&#13;
s e r a rte&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
e x p re sió n&#13;
&#13;
efecto de un círcu lo e s t á p re se n te .&#13;
&#13;
se hizo m u y p o p u lar. H oy&#13;
&#13;
tod os los b a ila rin e s y a ú n el p úb lico s e h a n afir­&#13;
&#13;
Sabem os&#13;
&#13;
m a d o en e ste co n ce p to . P ero s e e q u iv o ca n . E so no&#13;
&#13;
circ u la re s , elip so id es, s e m ic irc u la re s , e tc. Y de esto&#13;
&#13;
e s sino ilu sión . Vi m u c h a s&#13;
&#13;
danzas "d e&#13;
&#13;
a rte "&#13;
&#13;
en&#13;
&#13;
d ed u cim o s&#13;
&#13;
b ien&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
hay&#13;
&#13;
fácilm en te&#13;
&#13;
m o v im ien to s&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
cu ad rad o s,&#13;
&#13;
m ovim iento&#13;
&#13;
puede&#13;
&#13;
esto s últim os v e in te añ o s . L a s vi en u nos 22 p a ís e s .&#13;
&#13;
c r e a r e s p a cio . C u an d o lo es co n m ovim ientos sin&#13;
&#13;
L a s d a n z a s d e e x p re sió n q u e en co n tré fu eron m u y&#13;
&#13;
sig n ificació n y&#13;
&#13;
p ocas.&#13;
&#13;
n ic a de la ex p re sió n d e la d a n z a a rtística .&#13;
&#13;
Y&#13;
&#13;
la s&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
e x p re s a b a n , lo h a c ía n&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
la&#13;
&#13;
n o -fig u rativ o s, re s p o n d e&#13;
&#13;
a&#13;
&#13;
la té c­&#13;
&#13;
m ím ica y por los g e sto s ; por e x p re sió n fig u rativ a.&#13;
A h o ra b ien , ta le s m a n ife sta cio n e s (co n la c a r a , los&#13;
&#13;
E v id en tem en te,&#13;
&#13;
h om b ros, la s&#13;
&#13;
de e n ten d er y a m en u do p a r e c e r á n su b jetiv as. El&#13;
&#13;
m a n o s)&#13;
&#13;
p e rte n e c e n a l d ra m a , no&#13;
&#13;
a&#13;
&#13;
ta le s&#13;
&#13;
d anzas&#13;
&#13;
serán&#13;
&#13;
m uy&#13;
&#13;
difíciles&#13;
&#13;
la d a n z a .&#13;
&#13;
p úb lico m e cu e n ta q u e c a d a uno d e m is e sp e cta ­&#13;
&#13;
R e su lta , p u e s, q u e re c ié n a h o r a la v e rd a d e r a d a n z a&#13;
&#13;
n o -fig u rativ as, c a r e c e n de sim b o lo g ía, de significa-&#13;
&#13;
d o res en tien d e a su m od o m is d a n z a s . Com o son&#13;
&#13;
�ció n . Pero son en su a c e p c ió n y&#13;
en su re a lid a d , por e s e n c ia , co n ­&#13;
c r e ta s .&#13;
&#13;
A sí, un&#13;
&#13;
d rá&#13;
&#13;
in te rp re ta r&#13;
&#13;
mo&#13;
&#13;
m uy&#13;
&#13;
e s p e c ta d o r&#13;
&#13;
po­&#13;
&#13;
mi&#13;
&#13;
co ­&#13;
&#13;
danza&#13;
&#13;
ro m á n tica ,&#13;
&#13;
m ien tras&#13;
&#13;
otro la in te rp re ta rá com o llen a&#13;
de&#13;
&#13;
m e la n co lía .&#13;
&#13;
Y&#13;
&#13;
yo&#13;
&#13;
no&#13;
&#13;
hago&#13;
&#13;
n in g u n a o b jeció n : la m ism a m ú ­&#13;
sica&#13;
&#13;
p u ed e s e r in te rp re ta d a de&#13;
&#13;
m a n e r a m u y d istin ta. Lo m ism o&#13;
d e b e ocu rrir con la&#13;
&#13;
d a n z a . Mi&#13;
&#13;
re c ie n te o b ra “L a c a d e n a a z u l",&#13;
e s tre n a d a el 3 de m arzo de 1951&#13;
en&#13;
&#13;
Tokio,&#13;
&#13;
e x p re s a&#13;
&#13;
horror&#13;
&#13;
y&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
p e s o terrib le de la s c a d e n a s . . .&#13;
E s m u y triste y so m b ría. E x p r e ­&#13;
s a la situ a ció n terrib le del q ue&#13;
e s tá e n c a d e n a d o . Sin e m b a rg o ,&#13;
n in g u n o de m is c u a re n ta b a il a ­&#13;
rin e s lle v a&#13;
"Em oción de una n iñ a ” , con 9 b a ila rin a s&#13;
&#13;
ca d e n a s. Sus c a ra s&#13;
&#13;
e s tá n sin exp resió n . S u s g e sto s&#13;
n o su g ie re n&#13;
&#13;
a b so lu ta m e n te n a ­&#13;
&#13;
d a . No h a c e n sino m o v erse sin&#13;
sig n ifica ció n a lg u n a . A p e s a r de&#13;
e sto , el te m a e s tá p erfe cta m e n te&#13;
lo g ra d o . El e sq u e m a de mi " C a ­&#13;
d e n a a z u l" (fig. N? 1) e s tá c o n s­&#13;
tru id o&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
m a n e ra&#13;
&#13;
g e o m é trica ,&#13;
&#13;
co m o la m ú sica q u e e s a ritm é ­&#13;
tic a . P ero su e xp resió n p ro v o ca&#13;
e fe c to s&#13;
&#13;
d in ám ico s,&#13;
&#13;
sin&#13;
&#13;
que&#13;
&#13;
en&#13;
&#13;
todo su co n ten id o se m an ifieste&#13;
n in gú n g e sto q u e d efin a su c a ­&#13;
lid ad de d ra m a .&#13;
O tra o b ra m ía , "E m o ció n de u n a&#13;
n iñ a " , e s tre n a d a el 29 de se tie m ­&#13;
b re d e 1951 en Tokio, co n n u e v e&#13;
b a ila rin e s , fué c r e a d a s e g ú n el&#13;
m ism o m étodo.&#13;
L a foto m u e stra la fig u ra. Pero&#13;
en e s c e n a , com o s e m u e v e , sólo&#13;
se p e rc ib e&#13;
&#13;
el m ovim iento y la&#13;
&#13;
c r e a c ió n e s p a c ia l p ro d u cid a p or&#13;
e ste m ovim iento, q u e e s en s u ­&#13;
m a la q u e e x p re s a el te m a . E s&#13;
esa&#13;
&#13;
c re a c ió n&#13;
&#13;
e s p a c ia l q u e&#13;
&#13;
im ­&#13;
&#13;
p re sio n a a l e s p e c ta d o r y no la&#13;
fig u ra o los g e sto s.&#13;
&#13;
Vi &lt;i.sumí lililí i&#13;
&#13;
�sector cuatro de grioneros&#13;
Una vez más una vez más sobre un aleteo&#13;
un sobrellevar intacto la intromisión del día&#13;
la más simple hornada del vocablo&#13;
como si hubiera de desaparecer&#13;
en el instante de respirar su magia&#13;
Y desechar su historial inconcluso&#13;
&#13;
repetir que la liquidación de algún amanecer es necesario&#13;
para auscultar su savia&#13;
diagramar la oscuridad sin su presencia&#13;
es buscar su analogía como esos espejismos tensos de pronto&#13;
pero otra pulsación alcanza a la verdadera repetición&#13;
Y compilar este absurdo fragor vigilado&#13;
que deriva quietam ente&#13;
&#13;
hasta la entraña especiante de la luz&#13;
esta unanimidad de polvo mensurable&#13;
de sustancia repetida incansablemente&#13;
para bien de la apariencia del preciso ciclo&#13;
con todo su íntimo roce&#13;
roce distendido de dos en dos&#13;
en su vaivén de grionero persistente&#13;
desbocado de este testimonio palpable&#13;
que brota de la trama apurada del frío&#13;
Y se deshace en un grupo de cálices despiertos&#13;
para esta fracción disimulada&#13;
situable en el símil y su guía&#13;
en el ámbito abierto a todo juego percibido&#13;
a toda brizna&#13;
&#13;
KOSICE&#13;
&#13;
�residencia espacial&#13;
Se desploman cantando a timbal batiente&#13;
recuperando la cristalería de las escamas&#13;
para un alegórico zumbido anfibio&#13;
A estampidos cayeron las alas&#13;
graduando el aliento del niño&#13;
columnas de vacío inyectando sus lenguas&#13;
Con colores de piedras preciosas&#13;
se empastaron las generaciones&#13;
juventud con máscara de oxígeno&#13;
en el angular taladro de los posibles&#13;
Tableteo de plasmas en combustión&#13;
contra el pánico del martillo&#13;
Ojo por ojo en la magia de las vibraciones&#13;
nos detendríamos en una profundidad de atmósferas&#13;
sin profundidades&#13;
haciendo girar sus leyes vertiginosamente&#13;
molinos gigantes de luces elásticas&#13;
y sonidos de luz&#13;
invocaríamos inmóviles movilidades&#13;
convertidos en la necesidad de este orden&#13;
que cae sobre la tierra&#13;
Planetas de una sola flexión automática&#13;
mares y desiertos en juegos sanguíneos&#13;
salvando elipses cosméticas&#13;
días y noches trepando por los tubos&#13;
encienden y apagan las moléculas&#13;
Ya no hay tiempo en residencia espacial&#13;
sólo un estallido&#13;
en la compaginación de potencia liberada&#13;
VALDO WELLINGTON&#13;
&#13;
�RHOD ROTHFUSS&#13;
&#13;
DIYI LAAÑ&#13;
&#13;
�M&#13;
&#13;
A&#13;
&#13;
D&#13;
&#13;
I&#13;
&#13;
G&#13;
&#13;
R&#13;
&#13;
A&#13;
&#13;
F&#13;
&#13;
I&#13;
&#13;
A&#13;
&#13;
S&#13;
&#13;
Cuando hay un roce impensado entre una pausa y otra, ese espacio debería estar electrizado.&#13;
Se crearía una interesante grafía de metáforas elípticas.&#13;
Si se confundiera el término "función" con "confort", hasta el músculo buscaría una sal­&#13;
vación en el desorden y la anarquía.&#13;
Hay un movimiento perpetuo que no puede ser exhibido.&#13;
La forma más cercana de no desconocer lo desconocido es arquitecturizar un poema — (una&#13;
indefinición construida e infinita) —.&#13;
Un aparato que accionara por la mera casualidad de la observación que se hiciera de ella,&#13;
tendría su fin en una compulsa estadística del azar.&#13;
Los HEI carecen de magnitud matemática o no tienen dimensión alguna en el espacio; sin em­&#13;
bargo hay un punto de incidencia entre una naturaleza explicable y un HEI, aislado o en&#13;
grupo: su sonda intelectiva, su mención.&#13;
Un exaltado placer es la promesa espoleada por los colores. Ese placer construye celdillas&#13;
de sola percepción. Hay un móvil sorprendente en todo esto; es mecer el contorno o impelerle&#13;
memoria. Esto último ya está en manos del astrofísico.&#13;
Se me dice que una madigrafía es una desorbitada exteriorización de un pensamiento inútil,&#13;
que no acciona. A veces, que no tiene sentido. Estoy por creer que esa realidad, me está in­&#13;
ventando. Es tan micromóvil que deja de ser un choque o una catástrofe sobre una superficie.&#13;
Es una limpia red que apresa y profundiza; es una señal que se desconecta del campo gravídico, y dice.&#13;
Particularmente se debe prevenir que al trazar una circunferencia corpuscular no se admita&#13;
ningún reguero de perfección, pues (aquí entra la imagen táctil) se siente esa sensación re­&#13;
dondeada como al desabrocharse un astro de encima.&#13;
Vamos bien; se conoce la trama de la distancia. Todavía tenemos que revelar que todo “cen­&#13;
tro" es un accidente y que todo accidente es una geometría maestra, llena del enjambre de&#13;
lo posible simultáneo.&#13;
Hay que tender signos que tengan tanta importancia que el concepto sea retrotraído a su sola&#13;
función designativa. Así se llegará a una poesía sin disociación.&#13;
Interpretar la luz, intervenir con sus cualidades en lo repentino de una solicitación de alto to­&#13;
nelaje como es la vida misma, con sus matices, su diagonal ahorrativa, su intermitente aflorar&#13;
en la alegría, contribuye a juzgar psicológicamente la emoción.&#13;
En el fondo no es más que una dilatación del corazón.&#13;
Contravenir el conocimiento histórico-filológico “en idea" es potenciar la facultad poética, in­&#13;
terrogar a la imagen, hacer una especial referencia al mundo, dilucidarlo, pero sin sistema,&#13;
sin compromiso.&#13;
Por un fenómeno de catatimia nos elaboramos un acaecer de incalculable trascendencia. Ad­&#13;
mitir una indiferencia yoísta es dar pié a un conflicto que evolucionaría en un plano de pura&#13;
interrogación.&#13;
Seré madimetría.&#13;
En la exactitud sin explicaciones no cabe ni la lógica.&#13;
&#13;
li» ..IlclSflS p0Í&#13;
&#13;
���Burla de comisuras&#13;
Alcanza a rodar&#13;
circunscripción en holocaustos&#13;
picada sagital&#13;
sueltos los resortes&#13;
cruje su ley simétrica&#13;
augurando la sustentación esférica&#13;
desgarra la complejidad del espacio&#13;
por compresión intermitente&#13;
sumergidos en el sueño&#13;
de sus espinas innominadas&#13;
Engranar en las aspas estelares&#13;
arder en densidad de equilibrios&#13;
rotación bilateral de radios y tangentes&#13;
entonando nuestra aclamación de risorios&#13;
que traslucen sus figuras desconectadas&#13;
rivalizando en intersección ortogonal&#13;
Rastro de multitud&#13;
m anejada en túneles lanzacohetes&#13;
abriendo huecos a quemarropa&#13;
fogonazo instantáneo de los mundos&#13;
latido impulsivo de sus trayectorias&#13;
girando a millares de años en luz.&#13;
Flamearán los tambores&#13;
jactanciosa sensibilidad&#13;
de helios y carburantes plásticos&#13;
Marchar marchar geométricos de manos&#13;
conmovidos en un ilógico temblor de parábolas&#13;
en contradicción y burla de comisuras.&#13;
&#13;
VALDO WELLINGTON&#13;
&#13;
�MARIA TERESA DOMINGUEZ&#13;
&#13;
ESTEBAN EITLER&#13;
** '&#13;
&#13;
•&#13;
&#13;
. .. A&#13;
&#13;
-f&#13;
&#13;
— -*•.&#13;
&#13;
��Ovilla Mostee&#13;
&#13;
�Muría Bresler&#13;
&#13;
�fiction&#13;
&#13;
By Y Qá:&#13;
The illusion is still overwhelming&#13;
that links undo asphyxia by immersion.&#13;
The significance of the game is&#13;
so olear that the disposition of the&#13;
mirages is made necessarily during the partial twilight of journeys&#13;
in company.&#13;
The fugitive basis of the inteligence if it had to depend on the&#13;
order established by a succesive&#13;
contraction of levers would fall&#13;
under the greatest meridian domination.&#13;
As it is impossible to fill my&#13;
"bundle of knots" I can loosen&#13;
without impairing my simplicity,&#13;
every margin which endoses or&#13;
limits the discursive reality.&#13;
Thus trascends the smoothness&#13;
which is almost lineal and that&#13;
only varies in biographical cases,&#13;
the same as the integral diais of&#13;
sound when the circuit is completely distributed.&#13;
In spite of the intervals and their&#13;
enormous powers of teaching, for&#13;
the reward of labour and everything similar, with regard to the&#13;
armed crack this is not of capital&#13;
importance for the furtive conmotion.&#13;
&#13;
Perhaps, with an approximate criterion it may be possible to isolate, for moments, the allegoric&#13;
conflict which emanates from the&#13;
salutation with its enormous po­&#13;
wers of suggestion.&#13;
Contrary to the occasional lightness of the unselfish denominator,&#13;
I approach without going farther&#13;
the transit to the remanent.&#13;
Above, like an inaccesible diarasis I cover the temperamental&#13;
achievement of the endless re­&#13;
verses.&#13;
I must say that I havent communicate my absolute spreadings.&#13;
Neither before the impulse of the&#13;
positions found without previous&#13;
warning and even less in casual&#13;
motives.&#13;
Neither is less certain that every&#13;
occurence has been prolonged in&#13;
me until it was lost in the sporadic coming and going of matter.&#13;
The pretext for pouring out the&#13;
contents of the extracts on the&#13;
imagination is not within my&#13;
reach because the tardy intent to&#13;
desire a clear example is verified,&#13;
I think about those who patrol the&#13;
hectacombs. And there is no possibility of consternation.&#13;
Translated fromspanish&#13;
G. K.&#13;
&#13;
�AUTORES&#13;
1 11&#13;
&#13;
m&#13;
&#13;
Cosmogonía de tiempo Roshoán&#13;
Kebela augur de Rebela&#13;
&#13;
Por Prof. H. HLO&#13;
&#13;
Un curioso ensayo éste que llega a nuestra&#13;
&#13;
Por MON FORGT&#13;
&#13;
mesa de redacción. Se trata de un joven&#13;
geólogo que después de haber descubierto&#13;
&#13;
Con este título, cargado de cierto sentido&#13;
&#13;
cómo determinar la antigüedad del globo,&#13;
&#13;
adivinatorio, el autor busca consumar con&#13;
&#13;
se lanza de lleno a una aventura y a una&#13;
&#13;
análisis más o menos científico, la prepon­&#13;
&#13;
predicción. Después de reemplazar el ura­&#13;
&#13;
derancia que tiene el "núcleo de luz mar­&#13;
&#13;
nio y el torio a título de clepsidras cósmicas,&#13;
&#13;
ginada" en nuestra vida, es decir, donde&#13;
&#13;
parte de la conocida división: Precámbrico,&#13;
&#13;
se acaba la proyección de la sombra. Esta&#13;
&#13;
vida de las algas; Palezoico con sus inver­&#13;
&#13;
flamante teoría de invadir el gris y la obs­&#13;
&#13;
tebrados primitivos y los anfibios; Mesozoico&#13;
&#13;
curidad por una composición irradiante que&#13;
&#13;
con sus reptiles, y el Genozoico con el ad­&#13;
&#13;
denomina Kebela, a pesar de su innegable&#13;
&#13;
venimiento de los mamíferos. Ahora bien, el&#13;
&#13;
trascendencia, no concreta su propósito de&#13;
&#13;
prof. H. Hló no niega este orden; simple­&#13;
&#13;
dejar de lado el estudio específico del mar­&#13;
&#13;
mente echa las bases para determinar el&#13;
&#13;
gen y su núcleo. Éste actúa, como sabemos,&#13;
&#13;
tiempo transcurrido, el tiempo retroactivo,&#13;
&#13;
intermitentemente, mientras que la materia&#13;
&#13;
su origen evolutivo, sus civilizaciones y su&#13;
&#13;
y el movimiento es la diseñadora de todo&#13;
&#13;
devenir. Su método, que denomina ''Ros­&#13;
&#13;
cauce de sombra. El autor, orientado más a&#13;
&#13;
hoán" consiste en sincronizar el orden de&#13;
&#13;
los vaticinios — todos de reales probabili­&#13;
&#13;
las divisiones mencionadas e introducir su&#13;
&#13;
dades—, debe su primera validación a su&#13;
&#13;
tiempo roshoánico con una dimensión pre­&#13;
&#13;
teoría de aireación disolvente; aquí, aunque&#13;
&#13;
sente y cambiable a condición de que su&#13;
&#13;
la temperatura es su esencia, es posterior­&#13;
&#13;
utilización esté&#13;
&#13;
sin plazos ni&#13;
&#13;
mente revisada hasta lograr ese augur de&#13;
&#13;
pausas.&#13;
El ensayo es de gran atracción para los&#13;
&#13;
Kebela que tanta prefijación demandó. El&#13;
&#13;
lectores que sienten inclinación por esta cla­&#13;
&#13;
nos adelanta el autor. Editó prensas del&#13;
&#13;
se de libros.&#13;
&#13;
grupo S. I. G. L. A.&#13;
&#13;
garantida&#13;
&#13;
libro hace pensar en el próximo que ya&#13;
&#13;
�Un rollo de cielo&#13;
Por HIYMNE RAISS&#13;
&#13;
Este volumen de poesías, sereno estudio de&#13;
los impulsos esenciales, nos da a conocer&#13;
una nueva veta aún sin nombre en la per­&#13;
sonalidad de Ráiss.&#13;
Es notable cómo se advierte que cada poe­&#13;
ma ha sido perpetrado con el buril de una&#13;
conciencia sin bifurcaciones, que sale al&#13;
paso del lector global e interfiere en su ru­&#13;
tina, en su vida nominal con el empuje di­&#13;
námico de una naturaleza que si amplía y&#13;
multiplica sus aciertos, se retrae en su esen­&#13;
cia, sin trascender más allá de sus propias&#13;
y magníficas sugerencias.&#13;
Nos dice:&#13;
Anchura de ademán&#13;
que sobrepaso&#13;
Maravilla que me alberga&#13;
y ata&#13;
Ya no puedo disminuir mi anverso&#13;
y callo&#13;
&#13;
absoluta, de concepción audaz. Transcribi­&#13;
mos:&#13;
''Fatigosamente abordamos la catadura de&#13;
este golfo que nos desafía casi con parsimo­&#13;
nia. La verdad es que estamos agotados:&#13;
hasta nuestro desvaído continente se mues­&#13;
tra esquivo a los toques mediatos del grupo.&#13;
Es posible desviar el calibre del rastro que&#13;
no fué premeditado, pero igual nos arrastra.&#13;
Y la consigna es seguir, por neblinas o por&#13;
algas, y así susurramos . . .".&#13;
&#13;
TITULOS APARECIDOS:&#13;
Costa instantánea.&#13;
Zumo de átomo.&#13;
Dislate sostenido.&#13;
Mentar un título.&#13;
Biografía de un sonido reflexo.&#13;
Principio de espuma certificada.&#13;
Prohibido llorar copiosamente.&#13;
Savia ascensor verde.&#13;
&#13;
Me incluyen a su antojo&#13;
los textos ilustres&#13;
que no nombro&#13;
Y me pierdo con gozo&#13;
en un final sin huecos suspendidos&#13;
&#13;
El país del Nox&#13;
(Relato de aventuras)&#13;
Por NUMINAR&#13;
&#13;
No es posible sustraerse a la necesidad de&#13;
referirnos someramente a este libro, que sin&#13;
una calidad que realmente lo destaque,&#13;
más aún, sin que sus páginas detallen al&#13;
auténtico escritor, merece esta inclusión por&#13;
la fabulosa inventiva, poderosa y magnéti­&#13;
ca, diríamos, que desborda en cada veri­&#13;
cueto, en cada incidencia increíblemente&#13;
documentada, en un archivo de creación&#13;
&#13;
HORACIO CAZENEUVE&#13;
&#13;
�AUGUR EN CHOQUES&#13;
RESISTE EL ENVION&#13;
ACRIBILLANDO LAS BRUJULAS&#13;
SALTANDO AÑICOS LA TENSA ATMOSLERA&#13;
EMBISTE HACIA LA CLARIDAD&#13;
DESENCAJANDO EL SONIDO&#13;
EN AHOGADAS BOCANADAS&#13;
ACTITUD DE LA INTEMPERIE COBIJADA&#13;
CERCENANDO EL ROMPIENTE FRENTE DE ECOS&#13;
INTIMAMENTE LIGADO&#13;
UN ESPLENDOR DE VAPORES&#13;
DESLIZANDO LA MEJILLA DE SUS ABISMOS&#13;
SE EXPANDEN TENSAS ESCUADRILLAS&#13;
DE AVES LATENTES&#13;
EN UN ALBOR DE RAFAGAS&#13;
RESBALA LA TURBIA AVALANCHA DE MASAS&#13;
HIEREN EL CENTRO SINERGICO&#13;
TREPANDO GENIALMENTE&#13;
DEL DESBORDAMIENTO LIQUIDO DE CORTEZA&#13;
BAÑANDO A CHORROS EL SATELITE EN SOMBRA&#13;
¿COMO CONTENER EL RITMICO CHOQUE?&#13;
SI YA LOS GIRONES ESCONDEN LAS HEBRAS&#13;
LENTAMENTE BRAMAN LAS ASCUAS DEL CUERPO GIRATORIO&#13;
Y EL FULGOR DE SUS ALAS&#13;
ENVUELVE EN TREMENDA CONFLAGRACION&#13;
LAS RIGIDAS CRESTAS DE LAS VIAS LACTEAS&#13;
AQUI LA VORAZ EXPANSION ES INDIVISIBLE&#13;
CUANDO LANZA SU ALIENTO HASTA EL FIN&#13;
SOBRE LA IMPAVIDA INTIMIDAD DEL SISMO&#13;
&#13;
�ALBERTO SARTORIS&#13;
&#13;
GYULA KOSICE&#13;
&#13;
�La pintura constructiva con marco irregu­&#13;
lar es la realización racional de una es­&#13;
tética nueva y consecuentemente progre­&#13;
siva hacia lo esencial, lo útil, lo perma­&#13;
nentemente válido y correspondiente a&#13;
las exigencias del ya maduro intelecto&#13;
moderno.&#13;
La necesidad de estudiar a fondo el pro­&#13;
blema no resuelto aún por el arte nofigurativo y de sacarlo de su paraliza­&#13;
ción, me ha llevado en 1947, en Europa,&#13;
a seguir la destrucción completa del con­&#13;
cepto tradicional del cuadro rectangular&#13;
y de introducir el espacio aéreo-creado.&#13;
A fin de realizar el susodicho principio,&#13;
he adoptado por ende dos fundamentales&#13;
elementos universales, o sea el bloque&#13;
sólido y el espacio aéreo-creado. La obra,&#13;
entonces organizada por las formas de&#13;
estos elementos primordiales de la reali­&#13;
dad que son asimismo únicas, condicio­&#13;
nan recíprocamente su existencia. Su ac­&#13;
ción nace de la relación perfecta de las&#13;
formas definidas de estos elementos y&#13;
enriquecida a la vez por los colores que&#13;
ofrecen las formas sólidas.&#13;
En efecto, la introducción del espacio aé­&#13;
reo-creado en la creación, como elemento&#13;
indispensable de la auténtica composi­&#13;
ción y su contribución armónica de acuer­&#13;
do a las formas sólidas, nos brindan un&#13;
medio absolutamente nuevo y esencial&#13;
que realmente conquista el espacio. Es&#13;
de suponer que lo precisado resulte de im­&#13;
portancia fundamental para la época y&#13;
á la vez fuente de belleza activa y re­&#13;
pleta de maravilla para el arte futuro.&#13;
Obsérvese detenidamente algunas obras&#13;
de los madís. Esto es, las que mejor pue­&#13;
den impresionar nuestro pensamiento:&#13;
las estructuras pictóricas de Rothfuss, ob­&#13;
jetos articulados de Kosice, composición&#13;
de Biedma, Laañ — ver N9 4 de "Arte&#13;
&#13;
�Madí" — y se notará en seguida que son&#13;
profundamente distintas, definidoras de&#13;
un estilo, puestas de frente con las de&#13;
otros artistas no-figurativos contemporá­&#13;
neos. Puesto que la composición de madí&#13;
es autónoma, clara, de construcción con­&#13;
vincente y dinámica, en relación con la&#13;
realidad circundante, mientras los otros&#13;
ismos no-figurativos son pasivos, inciertos,&#13;
menos racionales y no armonizan con el&#13;
ambiente, dado que combaten todavía&#13;
bajo el peso de la tradición, no logrando&#13;
evadirse de las conquistas de Kandinsky, Mondrian, Klee y de las experiencias&#13;
del cubismo y futurismo. O sea, conser­&#13;
van todavía el concepto ya superado del&#13;
cuadro rectangular pintado sobre la tela,&#13;
el que bloquea el desarrollo plástico y&#13;
teórico de la obra.&#13;
Se hace necesario romper toda vincula­&#13;
ción con la historia y la estética tradi­&#13;
cional. Desde el momento que no se&#13;
adapta la obra al marco-rectángulo y se&#13;
evoluciona en el empleo de nuevos ma­&#13;
teriales a emplearse en la composición&#13;
creada, la realización original se confor­&#13;
ma perfecta y lógicamente a la época.&#13;
¿Cuál tendría que ser el arte de nuestro&#13;
tiempo? ¿Dónde nos conduce el desarrollo&#13;
del arte en general y el arte no-figurativo&#13;
en particular? ¿Dónde la razón de nuestra&#13;
civilización moderna? ¿Qué arte necesita&#13;
la situación moral de nuestro tiempo?&#13;
Cierto que sobre todo, el arte que cons­&#13;
truye debe ser el elegido para satisfacer&#13;
las aspiraciones del hombre moderno. En&#13;
este caso, no veo otro arte que cumpla&#13;
mejor ni más cabalmente con estos prin­&#13;
cipios que aquel por el que combatimos&#13;
en común, con madí. ni vislumbro otros&#13;
postulados que estén más de acuerdo con&#13;
las necesidades de todo pensamiento po­&#13;
sitivo.&#13;
&#13;
�VORDEMBERGE GILDEWART&#13;
&#13;
STEINWENDNER&#13;
&#13;
JOSE JULIO&#13;
&#13;
WALTER BODMER&#13;
&#13;
ALEXANDER CALDER&#13;
&#13;
GIANNI MONNET&#13;
&#13;
�A v e c c e tte&#13;
&#13;
se ctió n&#13;
&#13;
c o lla b o ra tio n s&#13;
&#13;
qui in clu e&#13;
&#13;
s p é c ia le s&#13;
&#13;
d es&#13;
&#13;
por "A R T&#13;
&#13;
M ADI", n o u s d é d io n s un e s p a c e qui&#13;
se&#13;
&#13;
p ro p o se reflé te r la&#13;
&#13;
p la stiq u e s&#13;
&#13;
n on&#13;
&#13;
v italité&#13;
&#13;
íig u ra tifs de&#13;
&#13;
d es&#13;
n otre&#13;
&#13;
e p o q u e . C o llé g u e s d 'S ud A m e ric a ,&#13;
A n g le te rre ,&#13;
&#13;
A lle m a g n e ,&#13;
&#13;
A u trich e,&#13;
&#13;
B elg iq u e, D an em ark , E s p a g n e .E ta ts U nis, H o llan d e, Ita lie , F r a n c e , H ong rie , P o lo g n e , S u isse , S u é d e , Roum a in e , T c h e co e slo v a q u ie , et a u tre s&#13;
&#13;
HILLA REBAY.&#13;
&#13;
p a y s , s e son t fait ech o de n otre intention d 'illu strer et ta ire co n n a itre&#13;
leu rs o e u v re s. Nuil c o lla b o ra te u r est&#13;
in té g ra n t du m o u v em en t m ad in em sor. E n d es n ú m ero s su cce sifs n ou s&#13;
m aiten d ro n s&#13;
&#13;
c e tte&#13;
&#13;
se ctio n ,&#13;
&#13;
p ou r&#13;
&#13;
1'&#13;
&#13;
a q u e lle n ou s a c c e p to n le s tr a v a u x ,&#13;
se lé ctio n p re á la b le , d e s p la stiq u e s&#13;
qui d ésiren t p re n d e p a rt.&#13;
L a co rre sp o n d a n ce d o it-étrc a d re s sée&#13;
&#13;
au&#13;
&#13;
nom&#13;
&#13;
d'A rt M ad í, E s p e r a n ­&#13;
&#13;
z a 41, - 2?, B u e n o s A ires.&#13;
&#13;
GEORGE L.&#13;
&#13;
MORRIS&#13;
&#13;
RICHARD P. LOHSE&#13;
&#13;
�CARLA PRINA&#13;
ROBERTO CRIPPA&#13;
&#13;
SERGE VARAUD&#13;
&#13;
LILI ERZINGER&#13;
&#13;
�JOZEF JAREMA&#13;
&#13;
GINA IONESCU&#13;
&#13;
GREET VAN AMSTEL&#13;
&#13;
GORIN&#13;
&#13;
SONIA DELAUNAY&#13;
&#13;
AUGUSTE HERBIN&#13;
&#13;
�MARIO RADICE&#13;
&#13;
AQU I&#13;
M A D I&#13;
Nos llega de Roma y en ediciones "Age d'or"&#13;
y "Art Club", el catálogo ilustrado de la expo­&#13;
sición realizada en la galería de arte moderno,&#13;
en el mes de febrero próximo pasado. Reunidos&#13;
más de 70 artistas abstractos-concretos de Roma,&#13;
Milán, Turín, Nápoles, Livorno, Firenze, Venecia,&#13;
son un vivo exponente de la magnífica trayec­&#13;
toria de la no-figuración en Italia. Integran el&#13;
catálogo textos de J. Ja re m a , G . C. A rg a n , E. N.&#13;
R o g e rs, E . Pram p olin i, G. Dorfles, A. Perilli, M.&#13;
G uerrini, P. D orazio, B. Alfieri, P. C o n s a g ra y&#13;
&#13;
otros.&#13;
Existe el firme propósito de M asam i Kuni de&#13;
venir a ésta a la brevedad posible y formar una&#13;
escuela de danzas. Sus amplios conocimientos&#13;
coreográficos y de bailarín excepcional hacen&#13;
descontar sus posibilidades en nuestro medio.&#13;
Del museo de arte moderno de San Pablo que&#13;
&#13;
G. NATIVI&#13;
&#13;
- para arte madí -&#13;
&#13;
dirige P. M. Bardi nos llega un volumen del&#13;
mismo dedicado a Le Corbusier y catálogo de&#13;
la última exposición de M ax Bill.&#13;
De Estocolmo (Suecia) nos informa C ari G yllenb e rg que sus films cortos en color de 8 y 16 mm.&#13;
no-figurativos se exhibieron en el festival de&#13;
Glasgow, en Inglaterra. Oportunamente nos en­&#13;
viará copias para proyectar entre nosotros. A&#13;
mediados de marzo de 1952 .y con la colabora­&#13;
ción de G y llen b erg y del corresponsal de madí&#13;
en los países nórdicos — C h arles Portin —, se&#13;
realizaría una pequeña muestra de madinemsor&#13;
en Estocolmo.&#13;
El pintor N. K asak , que ahora reside en U. S. A.,&#13;
nos envía noticias de sus actividades en el país&#13;
del norte. Su pintura, y a liberada del "cuadro"&#13;
es expuesta en varias ciudades con todo éxito.&#13;
Inconvenientes económicos demoran la aparición&#13;
de "arte madí" en Montevideo. Rothfuss, W ellington y U ricchio anuncian para abril la pu­&#13;
blicación.&#13;
De Bruselas recibimos del pintor Jo de la H aut&#13;
su colaboración y catálogo de dos de sus ex­&#13;
posiciones.&#13;
—&#13;
&#13;
�Entre los últimos números de "Art d'aujourd'hui"&#13;
se destaca uno dedicado a los artistas no-figu­&#13;
rativos de Norteamérica por M ichel S eu p h o r y&#13;
un artículo de gran envergadura de C h arles&#13;
E stie n n e , sobre origen y evolución del arte "a b s­&#13;
tracto".&#13;
"Sinkentiku", revista de arquitectura que reci­&#13;
bimos de Tokio y que dirigen Y . Y o sia k a . K.&#13;
Seike y otros, refleja un alto grado de asim ila­&#13;
ción en el Japón de la arquitectura funcional y&#13;
el arte no-representativo.&#13;
De Toulon, Francia, nos llegan las pequeñas&#13;
publicaciones del grupo "Rythme". V a ra u d , T am ari, Meiffert y otros integran esta colección.&#13;
Del viaje que ha realizado últimamente Koellre u tte r a Europa abarcando varios países, trae&#13;
consigo material e impresiones sobre la música&#13;
de incalculable interés, que daremos a conocer&#13;
en el N! 6 de "arte madí". H. J. Koellreutter está&#13;
organizando activamente los cursos de Teresópolis de proyecciones internacionales.&#13;
En el N? 4 de la revista "Spazio", que dirige el&#13;
arq. Luigi M oretti y que acabam os de recibir,&#13;
se incluyen algunos estudios sobre los orígenes&#13;
de la no-representación. Se hace un breve re­&#13;
sumen de las actividades desarrolladas en ese&#13;
sentido, en todos los países. De esta parte de&#13;
América, que representa madinemsor, va una&#13;
noticia y reproducciones de E sq u iv el, Rothfuss,&#13;
K osice. Anotamos cierta parcialidad, que asig ­&#13;
namos a la falta de información por no recurrir&#13;
directamente a su fuente de origen.&#13;
La presentación de la revista es excelente.&#13;
En nuestro próximo número publicaremos traba­&#13;
jos y un artículo de S artoris que nos facilita el&#13;
pintor Ju an B a y para "arte madí".&#13;
En la G alería Rose Fried, de U. S. A., a ca b a de&#13;
clausurarse una importante muestra de arte nofigurativo. Intervinieron en ella M ondrian, V an ton gerloo, A rp, P ic a b ia , G a b o , G larn er, D arie,&#13;
Diller, D e la u n a y , S ch w itters, Rusfell, Lisfitzky —&#13;
&#13;
pinturas, construcciones, collages&#13;
que abarcan desde 1913 a 1951.&#13;
&#13;
y témperas&#13;
&#13;
El pintor español José Julio, expuso en el Lyceum&#13;
de La Habana; va precedido de una presenta­&#13;
ción de T. Ríos, E. W e ste rd h a l y R. G óm ez de&#13;
la S e m a .&#13;
&#13;
En la galería 16 de Zurich, Jurg S piller dió a&#13;
conocer una muestra de pinturas y dibujos.&#13;
En la galería Egon Günter de Alemania se ex­&#13;
pusieron obras de Boris Kleint.&#13;
Con una presentación de G uillerm o de Torre,&#13;
&#13;
expuso recientemente en la g alería Antú la pin­&#13;
tora G in a Io n escu . Su fuerza inventiva, su color&#13;
jubiloso se vió diluido en parte por interferenr&#13;
cias de estilo voluntariamente no-controlables.&#13;
La intromisión de un neo-cubismo y de una re­&#13;
presentación "abstraída" restaron unidad a la&#13;
muestra. Así y todo, señalamos con satisfacción&#13;
que su pintura converge decididamente hacia la&#13;
no-figuración total.&#13;
Es particularmente intensa la actividad de Age&#13;
d'or, de Italia. Ultimamente han expuesto en las&#13;
salas de esta librería, D efu sco, Bozzolini, S anfilippo, A cca rd i. Además de exhibiciones colecti­&#13;
vas en las que intervinieron nuestro conocido&#13;
F o n ta n a , M ag n elli, Ja re m a , D orazio, D o v a, C rip a,&#13;
&#13;
etc.&#13;
R ich ard P. L h o se, de quien incluimos una repro­&#13;
&#13;
ducción en este número, nos envía también un&#13;
artículo especial para "m adí", que va en el&#13;
próximo número.&#13;
Desde A quí M ad í, va nuestro aliciente a todos&#13;
los artistas de todos los países que siguen y&#13;
apoyan nuestras realizaciones y nuestra teoría&#13;
del arte. Recalcam os que m ad í más que un mo­&#13;
vimiento — una agrupación de gente de distin­&#13;
tas actividades estéticas — es un estilo que per­&#13;
tenece a la época, es decir, a todos. Por consi­&#13;
guiente, plegarse a madi es construir, inventar&#13;
con exceso, crear un mundo con valores esen­&#13;
ciales.&#13;
El arq. A. A rcu ri, del Brasil, de quien reprodu­&#13;
cimos su "Mástil conmemorativo do Centenario&#13;
de Juiz de Forá", nos ha enviado su artículo&#13;
sobre “El problema de la forma en el arte del&#13;
monumento", que publicaremos en nuestra pró­&#13;
xima entrega.&#13;
E s te b a n E itler, infatigable propulsor de la mú­&#13;
&#13;
sica contemporánea en nuestro medio, ha dado&#13;
conferencias en la escuela de Bellas Artes de&#13;
Pernambuco y en otras ciudades del Brasil, so­&#13;
bre la pintura de vanguardia en la Argentina&#13;
— arte madí — e ilustrada con proyecciones en&#13;
color de obras de algunos integrantes del mo­&#13;
vimiento.&#13;
La bailqrina M a ría T e re s a D om in guez, tras lar­&#13;
gos ensayos se apresta a dar un recital de&#13;
danzas madí en una sala de esta capital.&#13;
"C réation", publicación que agrupa a d estaca­&#13;
dos plásticos no-figurativos de Amsterdam, a c a ­&#13;
b a de aparecer bajo la dirección de W illi B o ers.&#13;
El material fotográfico que recibimos para re­&#13;
producir en nuestra sección dedicada a colabo­&#13;
raciones del exterior, y que han llegado con&#13;
cierto atraso para este número, irán en el N“ 6.&#13;
Son los trabajos de V íctor S e rv ra n ck x , Portin,&#13;
N ixon, Dal M onte y otros.&#13;
&#13;
�MADI ü EL ARTE ESENCIAL&#13;
&#13;
En torno a la controversia sobre el arte&#13;
Buenos Aires, octubre 10 de 1951.&#13;
Estimado amigo Guillermo de Torre:&#13;
Sin el ánimo de disentir gratuitamente en la cues­&#13;
tión entablada entre usted y el amigo Julio E.&#13;
Payró, en la revista SUR, número 202, me veo gra­&#13;
tamente obligado a intervenir en nombre de madí&#13;
sobre la conveniencia de hallar un nombre apro­&#13;
piado al arte que practicamos y fijar a grandes&#13;
rasgos nuestro punto de vista respecto al término&#13;
en litigio, que gira desde 1913 entre arte abstracto,&#13;
concreto, no objetivo, no representativo, no figura­&#13;
tivo y otros de nuevo cuño pero idéntica impre­&#13;
cisión.&#13;
Madí ha adoptado en principio el nombre de nofigurativo porque se avenía más a la naturaleza&#13;
de su estilo y se aproximaba a su traducción y&#13;
pureza gramatical. Pero al abarcar otras formas de&#13;
dicción estéticas, en un orden más general de co­&#13;
nocimiento, contribuyó a buscar una terminología&#13;
que debió estar de acuerdo con el concepto de in­&#13;
vención que define a esta segunda mitad del siglo&#13;
veinte. Nada más necesario que inventar un tér­&#13;
mino designativo que no se relacionara con los&#13;
anteriores, que eran inapropiados desde el punto&#13;
de vista lógico y ontológico. X&#13;
En verdad, su uso- y su confusión, su mal empleo,&#13;
se debió y se debe a muchos críticos e historiado­&#13;
res de arte faltos de responsabilidad, que volcados&#13;
últimamente en esta tendencia de equívocas desig­&#13;
naciones, han seguido el curso de ese mal hábito&#13;
sin detenerse a investigar profundamente las cau­&#13;
sas que originaron en el artista la adopción de&#13;
diversos rótulos que dieran a entender su hacer&#13;
estético.&#13;
Así, lo a b s tra c to no tardó en generalizarse hasta&#13;
inundarlo todo, lo co n cre to , su antítesis, aparece&#13;
casi simultáneamente con la misma insuficiencia y&#13;
parcialidad. Lo no objetivo, aunque anterior, se eli­&#13;
m inaba a sí mismo como presencia, y por otra&#13;
parte la no re p re s e n ta ció n , la no fig u ració n , que&#13;
tampoco pueden subsistir porque son indefinibles&#13;
y no resisten el análisis. Por ejemplo, un objeto de&#13;
la naturaleza en un plano es una re p re s e n ta c ió n ,"^&#13;
un triángulo en el mismo plano es una p r e s e n ta -^ /&#13;
ción , pero continúa siendo la forma geométrica,&#13;
una fig u ra. Se ve claramente que lo no figurativo&#13;
no e s d eterm in ad o . Además adolece del prefijo que&#13;
tanto choca y que de entrada es una negación. El&#13;
término que propone Alberto Sartoris, a rte ab so lu to ,&#13;
reb asa la cuestión, supera su sentido e insensible­&#13;
mente va a caer en consideraciones filosóficas y&#13;
de otra índqle. A todo esto, usted, estimado Gui­&#13;
llermo de Torre, intenta denominarla m etap in tu ra.&#13;
Creo que esto no puede prosperar, por varias ra ­&#13;
zones: en primer lugar y como un dato importante&#13;
—- buscando analogías — hoy se considera la física&#13;
y no la metafísica. A la m etap in tu ra — lo que está&#13;
después de la pintura— oponemos la pintura ya&#13;
liberada de la expresión y el signo. Por otra parte,&#13;
el estilo que caracteriza a la época no se circuns­&#13;
cribe exclusivamente a lo plástico. No buscar p a­&#13;
ralelismos, no converger este estilo hacia toda for-&#13;
&#13;
�Agradecemos la contribución de:&#13;
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N. Kasak&#13;
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                <text>Biedma, Aníbal J.&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Fontana, Lucio&#13;
Darie, Sandú&#13;
Uricchio, Rodolfo&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Kuni, Masami&#13;
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Gregori, Nininha&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Bresler, María&#13;
Kasak, Nicolás</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
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Jefe de redacción

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CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
Corresponsal en EE. UU.

CHIAVARIN O, Carlos
DIAM ENT, Clara.
EDELM AN, Raquel.
Secretaria de redacción

GROSSI, Isolina.
H UBERM AN , Beatriz.
JO B IST U ET A , Amalia
LUCKHAUS, Delia
OL1VER, Samuel F.
PASINI, Alicia
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es preciso que los usuarios cooperen a fin de que no falte
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Mayo 29 al 10 de junio: F e l ip e

de la F u en te
(a cu a rela s) . J uan M .
S c h e l l e m b r id
(óleos) . I ska K ra l
(óleos) . L aura O sch a n y á k y R o w e l l
(a cu a re la s). A m é r ic o P anozzi (óleos) . J o sé A r m a m in i (ó le o s ).
16 al 24 de junio: R a q u el M a ssin id e F r a n k e l (óleos) . G ustavo J e l l in e k .
(a cu a rela s) . I r e n e A. M o r in e (óleos). G in o C aregaro N eg rin ( ó le o s ) .

G A L E R I A

VAN

R I E L

5 al 7 de junio: L u ig i Zago (óleos) . G u il l e r m o C a n ta la m esa (óleos) .
19 de junio al 8 de ju lio: J uan L a c h m a y s (óleos) . C. L. G o rr o c h á teg u i
(óleos) . Luis M ic h e lu z z i (óleos) .
IN STITU TO DE A R T E MODERNO
Mes de junio: T o r r es G a r c ía . E u gen e B f.r m a n .
G A L E R I A

W I T C O M B

22 de mayo al 10 de junio: Pintura del siglo XIX.
12 al 24 de junio: R o d o l fo C astagna (óleos) . A . M e t t a l l o G il b f .r t (óleos).
Grabados R o u a u l t . Litografías V id a l .
26 de junio al 8 de julio: T it o S a u b id e t (d ib u jo s) . S ara G r il l o (óleos)
G A L E R I A

A N T U

22 de mayo: C ésar L ópez C laro (ó leo s y d i b u jo s ) .
5 de junio al 17 de junio: J o sé M o ran a (óleos) .
19 de junio al 1&lt;” de ju lio: O n o fr io P acenza (óleos) .
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21 quincena de junio: F. M u scu lin o , F r id i . L o o s , M. T . C o m p a n y s .
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publicará en sus números de abril y mayo:
“Confesión de un europeo”, por Jules Romains.
“A dos pintores y un arquitecto” (poemas), por Rafael Alberti.
“Alfonso Reyes”, por Federico de Onís.
“Imagen y concepción del mundo en los últimos cincuenta años”, por Andró
Eckardt.
“Sobre Don Quijote”, por Jorge Luis Borges.
“Dos muertos en el automóvil (cuento), por Attilio Dabini.
“Andersen y la fábula”, por Fryda Schultz de Mantovani.
“Significación de George Orwell”, por Emir Rodríguez Monegal.
"El punto primero del punto cuatro”, por Daniel Cosío Villegas.
“Imagen de México”, por Angélica Mendoza.
“Fanny Calderón de la Barca, mensajera de buena voluntad”, por Harriet de Onís.
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Toda la correspondencia deberá ser dirigida a nombre del director o
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N om bre completo ....................................................... Firma.
Domicilio ........................................................................ Fecha
1 Agotados los N'9 1 al 4.
2 Táchese lo que no corresponda.

�E l P ensam iento M atem ático
en el Arte de Nuestro Tiempo

Una de las mentalidades más lucidas en el cam po de la teoría
artística de avanzada, MAX B IL L , arquitecto, pintor y escul­
tor, nos honra enviándonos esta prim era colaboración que
publicamos, a la que seguirá un ensayo sobre PAUL KLEE,
según nos lo ha prom etido. Con su estilo tajante y claro, su
valentía para mirar de frente el espectáculo de la vida actual
y medir el alcance de sus necesidades espirituales, ha podido
realizar ya, no obstante su juventud, valiosa obra polém ica,
precisamente porque la diversificación de actividades le im pi­
de encerrarse en soluciones de circunstancia. Tres de nuestros
colaboradores enjuician el pensamiento de otros artistas que
tienen gran afinidad espiritual con este líder suizo del arte
concreto.

Aclaremos, ante todo, que por pensamiento matemático en el arte no
debe entenderse medidas y cálculos aplicados al arte; el concepto no pre­
tende ser tan restringido. Hasta hoy toda obra de arte ha tenido, en
proporciones variables, una fundamentación matemática en base a parti­
ciones y estructuras geométricas. El arte moderno conoce muchas formas
de expresión regidas por métodos matemáticos que, a modo de regula­
dores objetivos, aseguran a la obra de arte su equilibrio y armonía, así

Í

�como la vigilancia sobre el sentimiento individual garantiza diariamente
la configuración lógica. Estos métodos se han generalizado sobremanera
desde el tiempo en que las matemáticas constituían el fundamento de
toda expresión artística, comunicación secreta entre el cosmos y el culto;
sin embargo, su repertorio, contrariamente a lo que era de esperar, no
se ha enriquecido paralelamente desde la época del antiguo Egipto.
La perspectiva, nacida en el Renacimiento, constituye, quizá, la única
excepción. Su origen se remonta a la necesidad de lograr un sistema que,
por medio del cálculo y la figuración de objetos, permita reproducir
fielmente la naturaleza en un espacio artificial. La consecución de este
fin por la perspectiva determinó cambios fundamentales en la conciencia
del hombre; pero este progreso en la metodología de las formas tuvo
como consecuencia la transformación de la imagen primitiva en una
segunda imagen, y con esto, la decadencia definitiva del arte tectónico
y simbólico.
El impresionismo y, en mayor grado, el cubismo retrotrajeron la pin­
tura y la escultura a sus elementos primigenios; la pintura apareció
bajo la forma de imagen cromática sobre un plano; la escultura, como
estructura en el espacio.
Señalemos, con todo, que el fundamental punto de partida para una
nueva concepción debe atribuirse, seguramente, a K andinsky, quien,
en su libro Über das Geistige in der Kunst, en 1912, postuló las premi­
sas de un arte en el cual la imaginación gratuita sería reemplazada por
el pensamiento matemático. Él no dió ese paso, pero liberó los medios
expresivos de la pintura.
Si investigamos la esencia de un cuadro de K l e e o una escultura de
B rancusi, encontramos reminiscencias del mundo real, recreadas en una
forma nueva y a la vez primitiva. En Kandinsky nos hallamos ante he­
chos y objetos aun inéditos, que acaso tengan significación en un mun­
do desconocido por nosotros, en un mundo cuya esencia no estamos to­
davía en condiciones de definir. M ondrian dió el paso decisivo, sepa­
rándose de lo que hasta entonces se entendía por arte. Sus ritmos pue­
den hacernos suponer que nos hallamos en presencia de objetos inven­
tados, pero lo cierto es que ellos no fueron pensados con ese fin. No es
casual que sus últimas obras se llamen Boogie-Woogie de Broadway y

2

�Boogie-Woogie de la Victoria y sugieran una analogía, por sutil no me­
nos real, con los ritmos del jazz. Su construcción ortogonal es sensorial,
a pesar de la severidad de los principios empleados. Si creyéramos que
Mondrian, al dejar de lado muchos elementos extra-artísticos, ha agota­
do las últimas posibilidades de la pintura, es decir, que ha llegado a
una meta, quedarían abiertos dos caminos para la evolución futura del
arte: o el retorno a lo viejo y conocido o el acercamiento a una nueva
temática.
No quiero dejar de expresar lo que pienso acerca del retorno a lo ya
superado ni dejar de aclarar por qué pienso que este camino no puede
ser seguido por todos. En el horizonte de las expresiones plásticas naci­
das en nuestro tiempo existen interminables direcciones (y desviaciones).
Y es lógico que sea así, pues la interpretación del fenómeno artístico va­
ría según el punto de vista adoptado por cada uno con respecto a los
problemas esenciales de nuestra época. L a concepción del arte de un
religioso es distinta a la de un hombre de ciencia; la de un obrero dis­
tinta a la de un campesino, porque son distintas sus condiciones de
vida, cultura y civilización. Los artistas no escapan a esta norma: la
ineluctable diversidad individual o de grupo conforma, también aquí,
orientaciones artísticas diversas.
Hay quienes exigen que los problemas sociales y políticos sean resueltos
a través de su exaltación y difusión artísticas. Por múltiples razones con­
fieso mi escepticismo con respecto a esta desmedida esperanza. Esta
tendencia del arte actual, cualquiera sea su actitud para con el sistema
social imperante, actitud de solidaridad o repulsa, es siempre propagan­
da, pero no sólo eso: en razón del carácter absoluto de su preceptiva, es
también el modo más corriente y estimado de combatir todo progreso es­
piritual. En el fondo, es el camino del retorno. Y del retorno a antes
de 1910.
Sin embargo, conservarse plácidamente estacionado en las modalidades ar­
tísticas creadas en el transcurso de estos últimos cuarenta años, no es
tampoco marchar en sentido muy opuesto al camino del retorno. Es el
caso de quienes prefieren expresarse a lo Klee, a lo Kandinsky, a lo M on­
drian o, lo que es más frecuente, a lo Picasso, a lo Braque, a lo Matis­
se. Una gran parte de la producción actual, aun la de vanguardia, se

3

�agota creando variantes que sustituyen lo genuino y repiten indefini­
damente lo ya conocido. Este estado de cosas no es lícito continuarlo ar­
tísticamente, pues es imposible concebir un estancamiento en una acti­
vidad espiritual del hombre.
Pero, ¿cuáles son entonces las posibilidades reales de una evolución? Las
posibilidades expresivas de la pintura-escultura han sido ya suficiente­
mente averiguadas y podemos decir, ahora con cierta seguridad, que los
medios de expresión están liberados en escala muy amplia aun cuando
sean todavía escasos pioneros los que así lo evidencien en sus obras. La
forma en sí misma ya no puede ser motivo de discusión. Los nuevos in­
terrogantes se refieren principalmente al contenido, pues lo que resta
averiguar todavía es si el contenido es invariable, o sea, si sus elementos
expresivos tienen una validez absoluta o si son sólo inspiraciones espon­
táneas en circunstancias especiales. Me inclino a pensar que la segunda
disyuntiva es la que más se ajusta a la realidad actual del arte. El con­
cepto se aclara si se piensa que una gran parte de las obras atribuidas a
influencias matemáticas distan mucho de ser ejemplares en su género,
todo parece ubicarlas más como resultado de aspiraciones espontáneas en
circunstancias especiales que como consecuencia de una depurada com­
prensión de los medios usados.
Creo que es posible desarrollar un arte de amplia base matemática. No
ignoro la ola de protestas que puede levantar tal enunciado. Por lo ge­
neral, se declara que el arte nada tiene que ver con la matemática, que
ésta es árida, antiestética, pura cuestión del pensamiento, ajena total­
mente al arte. Para el arte sería sólo importante el sentimiento; el pen­
samiento, contraproducente. Pero lo cierto es que ninguna de las dos
concepciones es justa, porque el arte necesita, al mismo tiempo, del sen­
timiento y del pensamiento. Un viejo ejemplo, nunca suficientemente
citado, lo tenemos en J uan Sebastián B ach que con la materia sonido
y medios matemáticos, crea construcciones perfectas, y en cuya bibliote­
ca encontraríamos, seguramente, junto a las escrituras teológicas, textos
de matemática; en una época en que ésta había dejado de utilizarse.
Es necesario repetir siempre, aun cuando la insistencia pueda parecer
pueril, que el pensamiento es uno de los rasgos fundamentales del ser
humano. El pensamiento posibilita la ordenación de los valores senti-

4

�mentales y hace posible la creación de la obra de arte. El elemento de
toda obra plástica es la geometría, relación de posiciones sobre el plano
y en el espacio.
L a matemática, además de ser uno de los reguladores principales del
sentimiento primario y, en consecuencia, uno de los medios más efi­
cientes para el conocimiento de la realidad objetiva, es, al mismo tiem­
po, ciencia de relaciones, de comportamiento de cosa o cosa, de grupo a
grupo, de movimiento a movimiento. Y ya que ella contiene estos prin­
cipios fundamentales y los relaciona entre sí, es natural que tales acon­
tecimientos puedan ser presentados, esto es, transformados en realidad
visual. Estas representaciones matemáticas las conocemos, desde hace tiem­
po; pueden ser observadas en el museo Poincaré de París. De ellas, co­
mo de los principios matemáticos de que provienen, dimana un cauti­
vante sentido estético. Estos casos extremos en que la matemática se
manifiesta plásticamente o aparece como color y forma sobre un plano,
significa, en la búsqueda de nuevas formas de expresión, lo que en su
época, el descubrimiento de las esculturas negras para los cubistas. Pero
así como éstas no pudieron ser imitadas de un modo mecánico y liberal
por el arte moderno, así tampoco fué posible seguir en igual sentido los
modelos matemáticos. Su descubrimiento y las sugerencias plásticas de
las edificaciones técnicas y de las fotografías aéreas, llevaron a los artis­
tas al constructivismo, es decir, a la búsqueda de una nueva expresi6n
concorde con los sentimientos tecnicistas de nuestra época.
AI mismo tiempo, la matemática trae nuevas e inauditas proposiciones.
Sus límites han perdido su primitiva claridad y son ya irreconocibles.
Pero el pensamiento humano en general, (y el matemático en particular),
necesitan, ante lo ilimitado, un apoyo visual. Es entonces cuando el arte
acude. Desde este momento la línea clara se torna indefinida, mientras el
pensamiento abstracto, invisible, se perfile concreto, visible. Espacios des­
conocidos, axiomas casi increíbles adquieren realidad y se comienza a ca­
minar por regiones que antes no existían; la sensibilidad se amplía; es­
pacios hasta hace poco desconocidos e inimaginables se empiezan a cono­
cer e imaginar.
El pensamiento matemático en el arte no es la matemática en un senti­
do estricto; se puede decir que lo que se entiende por matemática exac-

�ta es de poca utilidad aquí. Es mucho más; es una estructura de ritmos
y relaciones, de leyes que tienen fuentes individuales, de la misma ma­
nera que la matemática tiene sus puntos esenciales en el pensamiento
individual de sus innovadores. Así como la geometría de E uclides es
para el hombre de ciencia de hoy de un valor más que relativo, su im­
portancia es limitada para el arte. El principio del infinito-finito, medio
vital de ayuda para el pensamiento matemático y físico, lo es también
para la creación artística. En este sentido es fácil constatar que hoy nacen
en el arte nuevos símbolos que ya desde antiguo tenían una resonancia
sensorial, pero que, como seguramente ninguna otra posibilidad de ex­
presión del ser humano, llenan el mundo sentimental de nuestro tiem­
po. Lo misterioso de la problemática matemática y lo indeclarable del
espacio, la lejanía o cercanía de la infinitud, la sorpresa de un espacio
que empieza y termina en diferente forma, la limitación sin límites exac­
tos, la multiplicidad que a pesar de todo forma una unidad, la igual­
dad de forma que varía con la aparición de un solo acento, el campo de
fuerza compuesto de variables, las paralelas que se cortan y la infinitud
que vuelve a sí misma como presencia, y al lado, nuevamente, el cuadrado
con todos sus fundamentos, la recta que no es turbada por ninguna rela­
tividad y la curva que en cada uno de sus puntos forma una recta; to­
das estas cosas, que aparentemente no tienen ninguna relación con la
vida diaria del hombre, son, a pesar de todo, de fundamental importan­
cia. Son fuerzas que manejamos como fuerzas primitivas, a las que está
sujeto todo el orden humano, contenidas en todo orden reconocible.
L a consecuencia de todas estas cosas es un nuevo aporte al contenido
del arte de nuestros días, porque ellas no son el puro formalismo como
erróneamente se las contempla; no son sólo formas de belleza, sino for
mas convertidas en pensamiento, idea, reconocimiento; no sólo sustan­
cias existentes en la superficie, sino idea primaria de estructura del mun­
do, de comportamiento de acuerdo a la imagen universal que hoy nos
proponemos realizar. Pero nunca una imagen debilitada, una copia, sino
un sistema nuevo, comunicación de fuerzas elementales de manera per­
ceptible. Se podría decir que con esto, el arte se ha convertido en una
rama de la filosofía, en una parte de la representación de la existencia.
Pero yo creo que la filosofía, como una forma especial del pensamiento,
necesita de la literatura para ser inteligible. Sin la palabra, el pensamien­

6

ÍL -

�to es insuficientemente expresivo para la sensación. Por eso, el arte tendría
que incluir el pensamiento en una forma directamente perceptible.
De este modo, un determinado pensamiento podría ser transmitido direc­
tamente, es cierto que con algunas posibilidades de incomprensión, pero
con la ventaja de ofrecer al pensamiento una relativa estabilidad y per­
manencia.
Cuanto más exactamente se comunique el pensamiento, cuanto más uni­
taria sea la idea fundamental, tanto más cerca nos encontraremos del
pensamiento metódico, tanto más nos acercaremos a la estructura prima­
ria. El arte, por su parte, se volverá mucho más universal. Más univer­
sal, porque expresándose sin rodeos podrá ser sentido sin rodeos, direc­
tamente.
Se me dirá que esto no será arte. Con el mismo derecho se puede asegu­
rar: sólo esto será arte. Afirmación contra afirmación. Con igual crite­
rio, extendiendo esto a otro terreno, podría decirse que sólo la geometría
de E uclides es geometría y no la nueva de L obaschevsky y R iemann .
La aparición de este nuevo arte es el resultado de una visión que se mue­
ve en una zona que, en un sentido, ofrece no pocas seguridades, pero
que, en otro, es una invitación a lo desconocido, al descubrimiento de
nuevos campos de visión y de percepción sensible. La diferencia entre
la idea tradicional de arte y la defendida por nosotros puede ser, más
o menos, la misma que aquélla existente entre las leyes de A rquímedes y
la astrofísica de hoy. Arquímedes es todavía decisivo en muchos casos,
pero no ya en todos. F idias, R a fa el , Seurat crearon obras de arte de
su tiempo con los medios de su tiempo. Pero aquel campo de visión se
ha ampliado hoy: el arte toca ya regiones antes prohibidas. Una de éstas
se sirve del pensamiento matemático, que, a pesar de sus elementos ra­
cionales, tiene componentes de la visión universal capaces de llevarnos
a los límites de lo inexplicable.
M ax B il l

Traducción de C armen C órdova y W alter J acobowicz.

7

�S

O

B

R

MISMO

I.

E

E L

TEMA

W A S S I L Y

K A N D I N S K Y

El enfoque de este ensayo sobre la obra de W a ssil y K a n d in sk y es evidentemente un
enfoque parcial. Para el lector que nunca quiso o pudo ocuparse con mayor detención
de este complejo artista de raigambre ruso-sibérica, sublimado en la más excelsa tradi­
ción intelectual de Occidente, esta limitación tal vez signifique un camino de acceso
más directo. En cambio, para el estudioso que experimentó hacia él una mayor atrac­
ción y que tuvo la paciencia de una mayor detención frente a su obra —sin duda es
necesario dedicarle estudio y meditación para comprenderlo—, esta parcialidad apunta
al tema central que movió a Kandinsky desde sus comienzos artísticos: la substitución
y el control de la imaginación gratuita por el pensamiento matemático.
El papel del sentimiento en todo arte es indiscutible. Pero con harta facilidad y fre­
cuencia se olvida que el arte —¡cuánto más el arte de nuestro tiempol— requiere sen­
timiento y pensamiento. Para bien o para mal tendremos que enfrentarnos con este
hecho.
Si se acepta a priori que la matemática esencialmente es ciencia de las proporciones,
se advertirá de inmediato la estrecha vinculación que el pensaminto matemático debe
tener con las artes plásticas. No cabe empero la premisa de que el pensamiento mate­
mático en el arte sea sinónimo acabado de la ciencia matemática como tal. Mas bien
trátase en las artes plásticas de una investigación preliminar de ritmos, proporciones y
leyes que tienen su origen en la mente del individuo.
Así como la vieja concepción geométrica euclidiana ya no tiene en los días del vigoroso
avance de la astrofísica sino un valor relativo desde el punto de vista científico, así
notamos una evolución similar en los viejos cánones del orden clásico en el plano del
arte contemporáneo. Decididamente se afirmó la introducción de valores especulativos,
tendientes a alcanzar cada vez mayor universalidad, estimulada por la meta de alcanzar
lo desconocido del cosmos y sus proporciones integrales. La moderna matemática llevó
al arte un nuevo contenido; lo dotó de una nueva y fértil raíz. Lejos de estancarse en
formalismos —casi prefiero la palabra negativa de formulism o— se trata de un autén-

8

�tico modo de pensar, que cuaja en formas totalmente nuevas, dejando de manifiesto los
lementos fundamentales de un modo que se cristaliza en imágenes pero que ya no se
conforma con su copia verídica.
Hasta ahora se aceptaba que el pensamiento debía encontrar su exteriorización más
valedera en la palabra, oral o escrita, ordenada en sistemas filosóficos. En el futuro la
encontrará también en formas que pertenecen a otro plano: a los medios expresivos
de las artes plásticas.
Si se quiere aceptar estas premisas como verdaderas, no solamente encontraremos que
el estancamiento aparente de la cración artística en el futuro desaparecerá, abriéndo­
sele una bienvenida senda de salvación hasta ahora ignorada, sino resulta menester
reconocerle a Kandinsky el gran papel de precursor.
El camino evolutivo, que él recorrió desde sus fugaces contactos primeros —empezó
a pintar recién a los 34 años— con el impresionismo francés, afincándose más detenida­
mente en el expresionismo alemán-eslavo, hasta llegar a su arte geométrico es corto.
Esta brevedad no hace sino confirmar su extraordinaria lucidez intelectual.
Ya en 1911, Kandinsky comenzó a armonizar en su pintura intuición y cálculo, sacrifi­
cando concienzudamente lo que él denominó “lo gran real” (lo representativo) a “lo
gran abstracto”. Su manifiesta tendencia a conquistar para la pintura una cuarta di­
mensión estructural —llegar de una jerarquía trinitaria a la potenciación cuaterna­
ria— corresponde exactamente a lo que la física y la matemática moderna agregan a las
tres dimensiones espaciales: la cuarta función del tiempo con la que se llega a la
telatividad plena de todas las relaciones.
Antes de proseguir con la investigación de este aspecto, si bien central, no único de la
obra de Kandinsky, creo mi deber advertir la necesidad de distinguir claramente entre
el pensamiento matemático-geométrico y el empleo de los elementos formales perte­
necientes a la geometría, derivados de él. Kandinsky era precursor en el pensamiento
geométrico, pero mucho más lo era en el empleo de los elementos geométricos. Nunca,
ni aun en los momentos de mayor adhesión a lo ceñido, riguroso de la forma geomé­
trica —período que caracteriza su estada en el Bauhaus— se aparta Kandinsky de lo
sensorial que lo ata al pasado, que lo vincula inseparablemente con su raíz eslava, con
su fondo patético y dramático; factores que precisamente detuvieron su paso por tantos
años en Alemania, donde lo patético y dramático había encontrado su definición máxi­
ma en el arte expresionista. Esta urdimbre anímica en Kandinsky es la que impidió
el vuelco de su pensamiento geométrico en la tela que lo retuvo en el papel de
precursor.

9

�Su pintura, definida por 61 como "pintura absoluta’’, ya no es tina pintura meramente
abstracta —mera abstracción de lo objetivo— sino una recreación de protoformas, cuyas
apariencias pudieran ser tanto geométricas como vegetativas. Su meta central fué
siempre la realización de lo inmanente en la naturaleza, lo absoluto en ella. La abstrac­
ción del mundo real y figurativo no era lo decisivo.
Como en ningún otro pintor contemporáneo queda señalado en sus distintas etapas
evolutivas el desarrollo más lógico y completo hacia la abstracción formal: de la im ­
presión llegó a la improvisación y de ella a su culminación: la composición.
Para la comprensión total del problema de la abstracción plástica creo útil resumir
brevemente algunas de las acertadas definiciones de K r e tsc h m f .r . Desde que toda abs­
tracción tiende a la acentuación de lo genérico y a la simplificación de la incopiable
multiplicidad de la naturaleza, la estilización llega a ser uno de los factores más impor­
tantes de la abstracción artística. Esta contiene tres tendencias psicológicas independien­
tes: la tipificación, la simplificación y la repetición formal.
La tipificación destaca en el tipo la realización de una pura e inmaculada idea. Abarcar
exactamente lo supraindividual, lo genérico en su desarrollo dinámico y lo psicomotor
es su meta. Así, F ranz M a r c , en un orden objetivo, ya no pintaba un caballo, sino el
caballo, su tipo, el que le parecía la encarnación de una divina idea: animal. El meca­
nismo catatímico, la carga —exagerada o no— del proceso estilizador con valores afecti­
vos, patente no sólo en todo arte primitivo sino también en todo arte neoprimitivo, es
a su vez factor predominante en toda estilización auténtica. De ahí a la caricatura
sarcástica hay tan sólo un paso muy pequeño. Ejemplos análogos se encuentran con
frecuencia en la música contemporánea (Stravinsky, Honegger, Prokofieff, etc.) .
En cuanto a la simplificación formal, ella aparece en el proceso de la abstracción como
un subproducto, ya sea originado por el deseo del ornamento, con preferencia de forma
geométrica, u originada por una vía técnicomotriz como método de trabajo independienie. En el primer caso los objetos con abstracción aumentativa se geometrizan; en el se­
gundo se parte directamente de la forma geométrica. De todas maneras, tipificación y
simplificación formal están vinculadas entrechamente
La plástica de M o o r e , A r c h ip e n k o , M a t a r é , B a u m , B ra n c u si , C a i .der y otros da un
crecido número de ejemplos esclaratorios. En Kandinsky las tendencias ornamentales se
aúnan con tendencias simbolizadoras, las que en el movimiento abstractoconstructivista
de P ie t M ondrian son desdeñadas, ya que el plano geométricamente subdividido —el
rectángulo como solución feliz— es considerado como la realización suprema.
Por último, la repetición formal tiene como objeto a través de una ritmización —¡ritmo

10

�es repetición!— el logro de una mayor penetración y profundidad de la expresividad
formal. El extremo de esta tendencia conducirá a una monótoma estereotipia, por ejem­
plo: ciertos aspectos de la obra de H o d l e r . Musicalmente existen paralelas ilustrativas
tanto en el jazz afroamericano como en el tan popular B olero de R a vel , en el Pacific
231 de H o n egger o en las partituras de K a c h a tu ria n o S h o sta co v ic h . Estas breves esquematizaciones me parecen de importancia para el juicio acertado de la pintura de
Kandinsky.
Para la justificación de la pintura absoluta en general y la de Kandinsky en particular,
frecuentemente se la parangona con la música. Tal comparación parece muy a mano.
El compositor forma su obra de tonos y acordes, de melodía y ritmo, paralelamente
ai pintor absoluto que trabaja con imágenes de forma y de color. La música absoluta
renuncia, en oposición a la música programática, completamente a la reproducción de
acontecimientos exteriores, ni tiene contenido literario. La pintura absoluta procede de
igual manera.
Kandinsky, como el primero que tomó por la senda de la pintura no-objetiva, absoluta,
repetidamente destacó el parentesco interior de sus cuadros con la música absoluta. Tan
es así que la terminología del músico adoptó muchas de sus definiciones. Frecuentemen­
te habló de la contrapuntística de los colores y de las formas y de una nueva armonía
pictórica. Quería trasplantar las leyes que ordenan la música a la esfera de la pintura.
Hablar entonces de sus obras como música pintada no es nada extravagante. Con esto
ya se comprueba una primera transgresión del pensamiento puramente matemático,
transgresión que luego será seguida por otras.
Dos campos sensoriales se tocan, quieren interpenetrarse y fundirse: el óptico y el acús­
tico. A priori se acepta que lo que vale para el oído tiene simultánea validez también
para el ojo. Aquel, que al oír música absoluta, tiene imaginaciones ópticas o aquel que
al ver cuadros de pintura absoluta siente asociaciones acústicas —el sinestésico— sin difi­
cultad se transportará al campo de estas teorías.
En los casos de sinestesia emotiva, el color no es ni visto ni imaginado. En cambio se
le coordina una gama sensible y sutil de múltiples emociones. Estas asociaciones se dan
en todo ser humano, por supuesto con mayor o menor definición e intensidad. Basado
sobre este principio, Kandinsky, sinestésico par excellence, construye su círculo de color.
Sus comparaciones entre la reacción que provoca tal o cual color con el sonido de tal
o cual instrumento musical pueden considerarse concluyentes en este sentido. Así por
ejemplo compara el celeste con el sonido de la flauta, el azul oscuro con el violoncello

11

�y el azul profundo con el contrabajo y el órgano. El violeta se asemeja al como inglés,
el violeta oscuro al fagot, el amarillo-limón representa el agudo de la trompeta.
Vista así, toda la obra de Kandinsky representa una tentativa realmente sui generis de
conformar artísticamente una idea universalista y de carácter eminentemente sinestésico.
No solamente quiere lograr la conformación plástica, sino también su fundamento teóri­
co. Su simbolismo del color, proveniente sin duda en gran parte del arte folklórico
ruso —piénsese un momento en el simbolismo lírico-expresivo de los colores de C h ag a ll ,
S o u t in e , J a w l e n s k y , M a rian a von W e r e f k in , y luego en los suprematistas M a l e w it sc h ,
E l L issit z k y y P o po v a R o d ch en k o — es introducido en la pintura alemana por Kan­
dinsky; razón de distingo fundamental con los abstractos franceses de la época, los cubis­
tas, quienes todavía no otorgan al color más que escasísimo valor.
Tanto en e l círculo de colores de G o e t h e como en el desarrollado por Kandinsky los
tonos claros están ubicados a la izquierda, los oscuros a la derecha. Pese a un ordena­
miento básico parecido existen diferenciaciones importantes entre ambas teorías. Kan­
dinsky amplió la psicología de los colores de Goethe considerablemente, en especial por
su inclusión del significado formal del color; por ejemplo: un rojo puede ser intensifi­
cado en su valor expresivo al dársele formas puntiagudas, triangulares; un azul por
limitaciones curvas, círculos, etc.
Otra de las características sobresalientes del ente psicológico Kandinsky es su extraordi
naria memoria visual, su proyección eidética. Sobre este fenómeno decía él mismo “Desde
un principio me ha resultado imposible aprender de memoria cifras, versos o nombres.
La tabla de multiplicar me ofreció obstáculos imposibles de vencer, que en el colegio
llevaron a mis profesores al borde de la desesperación, y que aun hoy no he podido
rencer. Desde un comienzo tuve que recurrir a mi memoria visual. En un examen de
estadísticas cité una vez toda una página de cifras, solamente porque en mi excitación
vi dentro de mí precisamente esa página. Más tarde pinté por ejemplo un paisaje mejor
de memoria que si lo hubiera tenido frente a mí.” De este relato se podría deducir que
Kandinsky por lógica iba a resultar un eximio paisajista. Sin embargo nunca lo fué.
Esto sin duda obedece a otro carácter psíquico suyo: su autismo. Su mundo propio le
significaba infinitamente más que el mundo real; el acento dábase decididamente sobre
su visión y experiencia interior. "Todas las formas que necesitaba, estaban listas dentro
de mí y no tenía más que copiarlas”. Y, pese a su supuestamente fría y sistemática meto­
dología, que define y caracteriza su obra en el Bauhaus, y la que culminó en su libro
Punto y Linea al Plano, Kandinsky nunca tuvo el valor de emplear con carácter exclusivo
las formas que se logran por la sola vía del raciocinio lógico, excluyendo las que surgen

12

�emotivamente. He ahí una nueva digresión de su pensamiento matemático que, como
se ve, nunca adquirió un carácter excluyente, por lo menos en su obra.
En el año 1923 entró Kandinsky en su tercer período creador: el de los trabajos constructivistas. Este es el período de mayor interés para nuestro estudio, ya que la forma
rigurosa, ceñida salta inmediatamente a la vista. Cuadrados, triángulos, círculos, pun­
tos, paralelogramos, trapecios, rayas y curvas llenan las telas. Las figuras geométricas
aparecen de una claridad cristalina, subrayada por una embriagadora sutileza colorística,
delimitadas como un cuchillo, de precisión absoluta. Sus cuadros se iluminan con un
color esplendoroso y el pigmento puro da la tónica. Pero menos que el color es la forma
la que da a estas construcciones su carácter. En su mayoría cada figura individual puede
ser definida matemáticamente, pues son dibujadas con regla y compás. En su exactitud
pulcra recuerdan a la precisión de planos técnicos. He aquí el ejemplo de una geometría
artísticamente empleada. El ordenamiento de las formas entre sí y en relación al plano
de ninguna manera es arbitraria, como parecería a primera vista. De acuerdo con leyes
definidas, color y forma se han contrabalanceado y centrado. Cada rayo y cada punto,
aun los más diminutos, poseen tarea y función en estrecha vinculación con el conjunto.
Nada en el dibujo debe su existencia a la pura casualidad y todo ha sido pensado y
pesado. Pero —y esto me parece de eminente importancia para desvirtuar muchos juicios
precipitados de un ornam ento decorativo y nada más— la belleza de forma y color para
Kandinsky, opuesto a lo que muchos estetas pretenderán como meta y verdad suprema,
no es justificativo suficiente para su arte, lo que él busca es la “derivación inmediata
de una vibrante experiencia interior de una composición de color y forma totalmente
emancipada.” En esta emancipación precisamente está la diferencia, pues ornamento y
decoración son subordinados a valores de mayor calado. El fondo anímico está en su
obra por encima de toda otra consideración, y es en este orden que él otorga también a
las formas geométricas, seres abstractos p er se, una influencia psicológica inmediata. Así
debe comprendérsele cuando dice de un triángulo que “tiene un sonido espiritual par­
ticular tan solo a sí mismo”. Consideraciones idénticas valen para el círculo, el cuadrado
y todas las demás formas de la geometría, siendo los primeros definidos como “las
protoformas geométricas”. En sentido restrictivo, forma no es otra cosa que delimitación
de planos, uno al otro. Esto es, sin embargo, más que el aspecto exterior. Pero como todo
lo exterior invariablemente tiene también su valor intrínseco, toda forma tiene tam­
bién su contenido interior, su sonido.
Su tendencia hacia un cada vez más ceñido constructivismo formal, que va en notable
aumento con el andar de pocos años, hasta convertirse en casi exclusividad, se explica

13

�con la intención del artista de crear sus composiciones ya no desde lo puramente emo­
cional, sino de someter a un control más riguroso e intelectual los factores de orden y
ley. Con ello quiere lograr, como en la música, un orden de armonía y composición.
Kandinsky en consecución lógica de su pensamiento matemático ambiciona la intelectualización de su arte. El “nada ad libitum ” de Stravinsky es también su meta. Pero con
todas estas intenciones nunca logra abandonar totalmente lo anímico, lo intuitivo, fresco
y emocional. En todas sus fases evolutivas comprobamos oue los teoremas y la verda­
dera lógica de la matemática, bien conocidos por él, nunca llegan a suprimir la lozanía
singular de su pincel. Ni siquiera su teoría responde a una mente puramente matemática.
Prueba de ello dan los importantes descubrimientos que hizo sobre el significado simbólico-espacial de las coordenadas estructurales de un cuadro derecha e izquierda, arriba
y abajo. Como “quietud cálida” denominó la tensión en la horizontal, opuesta a la
“quietud teñida de frío” de la vertical. El lado izquierdo “despierta la imaginación de
mayor soltura, una sensación de liviandad, de liberación y finalmente de libertad”. La
parte superior se distingue de esto tan sólo por una graduación, pues impresiona más
suelto aún, más liviano. Esta liberación progresiva-desde abajo hacia arriba, la vive el
espectador más intensamente sobre el lado derecho del cuadro. Derecho parece como
continuación de abajo. Condensación, pesadez y ligazón firme disminuyen también hacia
arriba, si bien con menos intensidad que en el lado izquierdo. A la tendencia y tensión
hacia el lado derecho la llamó Kandinsky “la penetración hacia la retención", “un
movimiento hacia la casa, hacia el hogar, combinado con cierto cansancio. Su meta es la
quietud”. La tensión hacia el lado izquierdo es en cambio “un movimiento hacia con­
fines remotos”, con el cual el hombre se aleja de su ambiente cotidiano, liberándose de
los pesados moldes de la costumbre y de la convención “respirando más y más aire libre.
El hombre se hace aventurero”.
Un primer estudio profundo sobre el problema de la forma publicó Kandinsky en 1912
en Der B laue R eiter. Ahí dice: “Si en el cuadro se libera u:•a línea de su función de
determinar un objeto, y como tal adquiere función propia, su sonido interior ya no es
menguado por adyacencias funcionales. Allí ella adquiere su mayor sonoridad interior.
Esta es la interpretación que debe darse a mi tesis de que el mundo entero tiene sonido;
que es un cosmos de objetos con proyección espiritual. Mi meta ulterior es la creación de
cuadros, que por sus órganos propios, esquemáticamente construidos, nacen y adquieren
autoexistencia como seres completamente emancipados”. Con títulos abstractos, como
Plano Violeta, Punta Amarilla, Negro y Violeta, Kandinsky quiere tender un puente de
entendimiento hacia el espectador, dejándole un amplio margen de interpretación indi-

14

�vidual, donde la asociación de género puramente intelectual o de contenido afectivo
no debe conocer límites.
A su predilección por las formas geométricas corresponde en sus trabajos teóricos una
pronunciada tendencia de esquematización. Doquier se encuentran subdivisiones y siste­
matizaciones en sus obras escritas. Para dar ejemplos, dejemos hablar al mismo Kandins­
ky: “Matemáticamente 1 -)- 1 = 2; anímicamente empero puede ser 1 — 1 = 2. Con la
deducción materialista, o sea con la adición positiva (1 -|- 1 = 2; 2 + 1 = 3) . sola­
mente se usa un elemento de combinación o intensificación. Paralelamente una fuerte
emoción afectiva puede ser subrayada y aumentada por elementos musicales. La reduc­
ción cuantitativa de lo abstracto es igual al aumento cualitativo de lo abstracto. Aquí
tocamos una de las leyes fundamentales: la intensificación exterior de un medio expresivo
conduce bajo ciertas circunstancias a una restricción de su fuerza interior. Aquí 2 -f- 1
es menos que 2 — 1. Esta ley se manifiesta naturalmente también en el medio expresivo
menor: un punto de color pierde muchas veces en intensidad, y por consiguiente en
vigor expresivo, por su ensanche exterior en tamaño. Una dosificación más fuerte de
color se logra frecuentemente por su limitación cuantitativa; un sonido doloroso se obtie­
ne con la dulzura directa de un color. Todas estas son manifestaciones de la ley del
contrapunto. En resumen: sólo a través de la combinación de ciencia e intuición surge
la verdadera forma.” ¿Se precisará otra conclusión más terminante para probar que el
pensamiento sistemático en Kandinsky nunca pudo llegar a una entelequia autónoma,
que su traslación al plano plástico se vió gobernado por la emoción del pintor-pintor?
Pero hay otras pruebas más. En todas sus formulaciones, la palabra principio como
factor de orden ocupa un papel preponderante. Toda su obra es soportada por dos prin­
cipios-guías, que el mismo definió como “el principio del toque oportuno y conveniente
del alma humana” y “el principio de la necesidad interior”.
Durante sus dos épocas pictóricamente más fecundas —la de su irrupción en el arte abs­
tracto antes de la primera guerra mundial y su última década en París— Kandinsky
compone muchos poemas, en su mayoría poemas en prosa. Son bellísimas páginas que
dan cuenta de esa síntesis y armonía entre ciencia e intuición. En estos poemas, cuya
primera colección se publicó en 1913 bajo el título Sonidos, Kandinsky no llegó con sus
abstracciones tan lejos como en su pintura. No se hace partícipe de los puros ritmos
sonoros del dadaísmo, pero en muchos aspectos su lírica trasparenta un simbolismo de
guarismos aritméticos, que se vinculan íntimamente con sus problemas del enfoque mate­
mático. Hay también allí ese significado interior de la transición de lo tri a lo cuadridimensional, el que era coordinado, con sus investigaciones matemáticopictóricas. Su tem­
prano reconocimiento de esta vinculación queda manifiesta cuando define: “La ulterior

15

�expresión abstracta en todo arte es el guarismo”. La transición del activo 5, que implica
temporalmente el futuro, al estable 4, como expresión de la necesidad interior, queda
bien claramente demostrada si se comparan los ritmos de los poemas de Kandinsky de
ambas épocas. Citar más ejemplos ya no cuadraría a este estudio. Pero, esto sí, miremos
aún brevemente algunos de sus cuadros para corroborar las tendencias y búsquedas de
Kandinsky para aunar los problemas plástico-formales con los problemas matemáticoespirituales.
En este sentido La Courbe Dominante (1936) puede valer como creación representativa
de su formulación abstracta de una experiencia anímica concreta. Con formas geomé­
tricas construyó en esta obra una visión plástica que entra profundamente en el campo
de lo simbólico-formal. Expansión hacia lo ancho, abarcando lo universal, y proyección
hacia lo profundo revelan su misterioso ego y sus proclamadas necesidades interiores. Al
pintar formas absolutas, sacrificando toda fácil representación figurativa, tiende a aseguíar con la mayor consecuencia un orden interior orgánicamente construido; una armo­
nía sonora de contenido puramente espiritual-anírnico.
En Accent en Rose nos enfrentamos con una forma circular oscura, duramente ceñida,
luego con otra más blanda en el rincón derecho inferior, representando la pesadez,
después con otra, iluminada, disuelta, astral. Este cambio súbito de compacto a suelto,
de claro a oscuro no puede sino conmover, conmover como una fuga de Bach, que en
su plano también es la abstracción par excellence. También en este cuadro se comprueba
que lo que Kandinsky construyó con círculos, arcos, cuadrados y todo su intrincado
sistema de formas geométricas es una aplicación metódica de reacciones cargadas de
magia, tensión y soltura espiritual, dinamismo y estática emotiva.
En sus postrimerías creadoras llegó el ya casi octogenario a un nuevo gran despliegue
de su talento pictórico-creador. En él casi se aparta tanto de la pura forma matemática,
como estaba lejos de ella cuando en 1913 pintó en Munich su Im provisación Onírica.
Voltige Blanc (1944) muestra esta última irrupción de una manera llena de secretos.
Nuevamente, y cerrando el círculo de obra y vida, formas únicas, sui generis, flotan en el
espacio libre. Formas claras y oscuras, adquiriendo las últimas el carácter de semillas,
piedras luminosas, fecundados gérmenes de la tierra. Todas estas formas cuentan de un
regreso de germinación latente a lo oscuro-terrenal, de presagio de muerte y resurrec­
ción. También las formas blancas dicen el símil en un lenguaje emparentado. Recuerdan
huesos blanqueados y calcinados, seres fantasmales cloróticos, fuerzas mitológicas recién
nacidas que por encima de lo oscuro se alzan hacia las vibrantes alturas. Hay 5 de ellas.
Guarismo simbólico para Kandinsky, representando la síntesis y unión del 2 femenino

16

�KANDINSKY

Arriba: Composición.
Abajo: Trisonoridad.

�[Construcción en dos paites, 1942-1943.

Continuidad, 1947.

�U n i d a d t r i p a ) t i l a , 1948.

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�on el 3 masculino en un sentido de lo orgánicamente creativo. Formas activo-mase:tili­
as fecundan en Voltige Blanc en enlazamiento estrecho a los gérmenes femeninos en
nlazamiento estrecho a los gérmenes femeninos en pose de quietud y concepción. Tamién en la fraseología de estas 5 formas blancas priva el guarismo impar, en represenación de lo dinámico, del símbolo de lo que será. Esta conformación abstracta de máxina envergadura confiere al primario motivo mitológico del '‘muere y serás" una auténíca proyección cósmica. He ahí la síntesis de la obra de Kandinsky: la pureza espiritual
.le un acorde musical o de una ecuación matemática, basada siempre en lo que predo­
mina en él, el sentimiento del pintor sobre el pensamiento del matemático.
Wassily Kandinsky nunca fué unilateral. Tampoco hubo en su obra una anulación recí­
proca de los valores que procedían ya sea de una nueva especie de magia, o de las
constelaciones matemáticas, las que, expresadas en su arte, son en más de un aspecto
música esférica. Y aquí se comienza a cerrar el misterioso triángulo: Pintura - Música Matemática. Quien verdaderamente se ocupe de Kandinsky oirá esa música esférica, esa
misma música, traducida por ecuaciones matemáticas, que guió tanto a los antiguos pita­
góricos como a K e i ’Le r ; percibirá la misma mística de los guarismos d e la China del
abacus numerorum, como comprenderá la definición de L e i b n i z : "Ce qui en nous est
rontraire aux mystéres, n’est pas la raison”.
R o d o l f o G. B r u h l

II.

P I E T

M 0 N D R I A N

Hay en museos de Holanda —el de Arte Moderno de La Haya, por ejemplo— algunas
obras primeras y poco conocidas de M o n d r ia n , ( l ) A esas obras inmaduras de un
gran artista no hay que acercarse con el propósito escandaloso de encontrarlo en falta,
sino con el más humano de comprender su actitud posterior. La primera sorpresa se
la lleva el espectador que guiado por la frase del propio pintor:
. . yo siempre fu i
un realista” (2) se encuentra con un expresionista latente según el genio de su raza.
Un artista romántico que en una flor o un árbol nos da su versión de la realidad
( 1 ) P i e t M ondrian n ació en A m ersfoo rt (H o lan d a) en 1872, estudió con su padre y su tío
y después en la A cadem ia de A rte s de A m sterdam . E n 1910 v ia ja a P a r ís y en 1914 reg resa
a H olanda h a sta 1918. A p a r tir de entonces se in s ta la por v ein te años en F ra n c ia , pasando
después a In g la te rra y E E . U U . donde m uere en 1944.
( 2 ) S e r ía p referib le d ecir un
a cep ció n filo s ó fica .

naturalista

p a ra

e v ita r

confusiones

con

la

p a la b ra

real

en

su

�teñida de sentiraentalidad. Esa sentimentaiidad de la que él mismo no tardó en ab­
jurar pero que creemos que formó siempre el substrato de su deliberado cerebralismo.
La pincelada suelta que recuerda a veces a la de K o k o sch k a , va creando un arabesco
que es la antítesis de una forma ceñida. Es un trazo que se desfleca, que insiste y
trata de rigorizarse y en seguida se abre, tiembla, tantea el espacio para tratar de
expresarse, no por concreción sino por lo contrario: por sugestión. Cuesta creer que
esos sean los pródromos de quien iba a inventar el más ascético procedimiento pic­
tórico contemporáneo.
Antes de llegar a París ha descubierto en sí las bases de lo que cree debe ser su
pintura. En sus escritos de tono profético se expresa siempre sin titubeos, seguro de
lo que quiere: “Había llegado a sentir que los colores de la naturaleza no pueden ser
reproducidos en la tela. Instintivamente percibí que la pintura tenía que encontrar
un nuevo camino para expresar la belleza de la naturaleza.” Para expresar la realidad
pura tenía que utilizar una plástica pura. Ahora, cabría preguntarse qué es esa realidad
pura con la que nos ponemos de golpe en pleno terreno metafísico. Pensamos que
Mondrian se refiere a la esencia, de la que la forma o el color no son más que dis­
fraces variables y en cierto modo perecederos. Para ello “es necesario reducir las formas
naturales a los elementos constantes y el color natural a los colores primarios”. Vuelve
a surgir la pregunta, los elementos constantes, ¿son los geométricos? y ¿por qué el color
debe quedar reducido a los primarios? Por de pronto se podría decir que nada en la
naturaleza es geométrico. Los alvéolos de los panales de abeja son exagonales, casi
exágonos perfectos, pero no trazados con regla y escuadra. Las secciones de los tallos,
que parecen circulares o elípticas, también lo son con el margen de error imponde­
rable de lo que vive, que no responde nunca a esquemas abstractos a posteriori. Nada
en la Botánica ni en la Zoología, ni siquiera en los minerales o las cristalizaciones,
es más que aproximadamente geométrico. Y en cuanto al color, tanto valdría decidirse
por los complementarios (3) o por otra clasificación cualquiera. Una física en revisión
como a nuestra, sobre todo en un tema como la T eoría de los Colores, no puede ser
un punto de referencia como si se tratara de un dogma irrebatible. Simplificar los
colores a tres, es una convención dentro de un juego, como la Época Rosa o la Época
( 3 ) S e llam an colores co m plem en tarios, los que e n tr e am bos son cap aces de recom pon er la
luz b la n c a ; sobre eso no puede h aber discu sión, pero 3Í la h ay en cu anto a cuales deben ser
considerados los colores p rim ario s. T rad icio n alm en te s e viene afirm an d o que lo s o n : el ro jo ,
el azul y el am arillo , pero h a habido in vestigadores com o J . C l e r k M a x m e l l que propu gn an
el ro jo , azul y verde y otros como W il l ia m A b n e y y Y oung que se in clin a n p o r el ro jo ,
azul y v ioleta.

22

�Azul son una convención en la carrera de P ica sso . N o quiere decir que con ello una
verdad de tipo científico quede enunciada necesariamente. Después de B ercso n no vale
hablar de la fijeza de los conceptos matemáticos. Nuestra matemática ya no es la
euclidiana, ni siquiera la cartesiana. Bergson —contemporáneo de Mondrian— mostró
nuestro mundo tomo un fluir, un devenir que se volvía a parecer al universo de
H e r á c l it o . En nuestra época, los verdaderos poetas *son los grandes físicos o los filó­
sofos, los B ertran d R u ss e l l o E in s t e in o E ddington o W h it e h e a d o d e B r o c l ie . Ellos
nos han dado otra vez un sistema en que no todo se rige por el principio de causalidad
y al par que la inquietud nos han devuelto el misterio, ese misterio manoseado como
un simple equilibrio fisicoquim ico en tiempos de C lau d io B ern a r d . Un mundo que
se enriquece con la Relatividad, con la Teoría de los Cuantos, no es el mundo pri­
mario del ángulo recto, de las coordenadas ortogonales. Si se quiere fundamentación
matemática, más vale la tentativa de los constructivistas o la de V a n t o n c e r l o o o
M a x B il l .

Crearse una cárcel no es lo mismo que dar a entender que vivimos presos en esa
cárcel, porque como ella se pueden inventar infinitas con un poco de picardía o de
ganas de jugar (tan humanas en resumidas cuentas) .
El problema se vió clarificado cuando Mondrian comprendió dos cosas: “a) en las
artes plásticas la realidad puede ser expresada sólo a través del equilibrio del m o­
vimiento dinámico de la forma y el color; b) los medios puros son los más efectivos
para lograrlo”. Y sigue diciendo que “cuando el movimiento dinámico queda esta­
blecido a través de los contrastes u oposiciones de los medios expresivos, la relación
llega a constituir la principal preocupación del artista que está tratando de crear
equilibrio.” “ ...e l ángulo recto es la única relación constante, y, a través de las
proporciones de la dimensión, su expresión constante puede adquirir movimiento y
ser hecha viva”. Volvamos a la discusión. Ya vimos las dificultades del término rea­
lidad y le seguiremos dando el valor de realidad real, esencia. Que esa realidad pueda
ser expresada por el equilibrio del movimiento dinámico no es una premisa aventurada.
Y la segunda, la de los medios puros, aunque más vaga, encierra también una gene­
ralidad valedera. Claro que ese equilibrio a través del movimiento dinámico y que
esos medios puros, corresponden a una concepción clásica que sería más o menos el
ideal de forma de Mondrian. Pero cuando sigue afirmando que el ángulo recto es
la única relación constante, ya está en un punto de vista parcial y en cierto modo
limitado, con anteojeras para no dejarse tentar por la complejidad de la expresión.
Clásico es el templo griego y el ángulo recto no es allí precisamente dominante. Se lo

23

�encuentra aparentemente en las plantas rectangulars (aunque no exista de hecho por
las correcciones ópticas) ; no en las columnas dóricas, salvo en el dado del capitel.
Tampoco existe en los frontis; apenas lo encontramos en los peldaños del estilóbato
y en el arquitrabe y el friso como resultado del encuentro de las largas horizontales
dominantes con las verticales de los tríglifos y métopas.
Lo que se da en el templo griego para conseguir ese equilibrio p or el movimiento
dinámico de Mondrian es un com plejo de curvas, de rectas, de oblicuas, de horizon­
tales, que implican reposo con verticales fuera de plomo (el perfil de las columnas y
sus estrías) , curvas no regladas, extrañas, como el ábaco, cjue tienen algo de humano
&lt;no copiado de la anatomía del hombre sino respondiendo a leyes de creación seme­
jantes) , es decir, un complicado y rico aporte de formas. A través de ellas, presidiendo
siempre el equilibrio, se opera la síntesis.
Si Mondrian, por sus enunciados, espera algo semejante, es demostrable que no lo va a
conseguir por el ángulo recto y los colores primarios. Su objetivo es bueno (aunque
no sea el único), los medios para lograrlo son pobres, son cercenados deliberadamente.
Hemos tomado un templo griego como ejemplo, pero lo mismo podría decirse de un
de un C éza ñ n e . Ellos también son clásicos (estamos tomando
la palabra clásico como término de la antinomia cuya otra cara es barroco) , en el
sentido del equilibrio p or el movimiento dinámico logrado con medios puros. Pero
tampoco ellos llegan con una sola verdad primaria a su integración. Descubren la base
geométrica de la naturaleza (de la realidad, como diría Mondrian) , sus sistemas de
cristalización, y de allí, aportando diversos materiales —todos puros— crean, como
en química, un todo nuevo, no por agregación sino por síntesis. Pero redúzcanse los
elementos de Piero della Francesca o de Cézanne al ángulo recto y los colores pri­
marios sobre fondos neutros, y tendremos un arte muy parecido al de Mondrian, tan
parecido como puede ser un producto simple a otro producto simple: un montón
de sal a otro montón de sal. Pero si lo que se trata de crear por síntesis es un pro­
ducto complejo, como un ser vivo o un hombre, nunca se va a producir esa indeter­
minación o principio de casi identidad. Los templos griegos parecen todos iguales a
los que no entienden de templos griegos. El templo dórico de Poseidón en Paestum
y el Partenón, constan de los mismos elementos, pero no son iguales; son en muchos
aspectos antagónicos. Ahora bien, lo que ocurre con todos estos ejemplos clásicos:
templo griego, Piero della Francesca, Cézanne, es que son expresiones intelectualizadas
de la realidad, como siempre en el genio verdaderamente mediterráneo, y Mondrian
es en el fondo un espíritu germánico que inventa a posteriori una actitud racionalista.
P ie r o b e l l a F ran cesca ,

24

�Esa primacía de la razón cubre su expresionismo siempre latente.
El intelectualista siente la naturaleza a priori y busca un rigor abstracto para tratar
de representar ese mundo de por sí cambiante y tornadizo. Quiere eternizar lo fugaz,
generalizar lo particular a través de conceptos. Es el camino de la inteligencia que
se apoya en lo natural y lo supera. Cuando un romántico quiere buscar, en cambio,
la vía ascética, elige la más ardua, se tala la sensibilidad, se impone cilicios y cree
ciegamente en la Razón, se hace adorador de la Matemática. Pero adorador de una
matemática cartesiana, de una geometría euclidiana que no es ya la nuestra. (Enten­
dámonos, tanto una como la otra siguen siendo vigentes para nuestra vida de relación,
no lo son ya como concepción del mundo) .
De modo que lo que venimos a caracterizar en Mondrian es una actitud ingenua
con respecto a la ciencia de su tiempo. Apoyarse científicamente en el ángulo recto o
en los colores primarios como en una tabla de salvación, es limitarse deliberadamente
en un ejercicio de renunciamiento. El cubismo no cayó nunca en una actitud tan
simplista. Y tampoco Mondrian cuando lo practicaba (hay muchos críticos que creen,
por otra parte, que es su mejor época) . Pero vuelto a Holanda desde París, encuentra
infidencia en el Cubismo en el hecho de no llevar los postulados iniciales hasta sus
últimas consecuencias.
“Aunque estaba completamente conciente de que no podemos llegar jamás a ser
absolutamente objetivos, sentí que uno podía ser cada vez menos subjetivo . . . ” En este
terror coincide con O z e n fa n t y J e a n n e r e t (que no es otro que L e C o r b u sie r ) cuando
abominan de la sensibilidad que ellos llaman sensiblería. Pero el Purismo no rehuía
la curva sino que la exaltaba junto con las ortogonales. S e v e r in i , en otra posición que
la del Purismo, dice: “Pienso, de una manera general, que la línea recta, que la línea
recta de la cual se abusa en estos últimos tiempos, es un elemento de construcción
destinado a desaparecer en el cuadro, y, a veces una línea de oposición; y que sola­
mente la línea curva es la expresión viviente de la idea; la verdadera imagen tras­
puesta de la vida”. Vemos como uno de los más lúcidos teóricos enfrenta el problema
de manera diametralmente opuesta a Mondrian, coincidiendo, en cambio, con otros
ilustres cultores del arte abstracto.
Porque todo el Cubismo que parece apoyarse en aquella famosa frase de Cézanne de
que todo en la naturaleza puede reducirse al cono, el cilindro y la esfera, no es a la
larga sino una nueva concepción clásica de la realidad que la ordena y la corrige,
pero siempre con un margen de sensibilidad alerta, sin embarcarse más que en teoría
—y eso a veces— en una sesuda fundamentación científica. Muchos fueron los que

25

�comprendieron en seguida que el problema del espacio no se solucionaba por pre­
sentar los varios perfiles de las cosas. Una sección es un perfil más, tan abstracto o
tan poco significativo como el propio perfil en sí. Por acumulación de ceros no se
llega a las cantidades. Algunos lo supieron ver: H e r b in , el pintor, regresa en 1922 a
la pintura descriptiva porque reconoce, según la frase de G u il l a u m e J an n eau , que
“toda aplicación de la fórmula cubista a otros fines que no sean los de la arquitec­
tura es ilógica”. Cuanto más se podría decir esto mismo de las austeridades y ejer­
cicios de Piet Mondrian, en su época a s é p t ic a . Los constructivistas también tienen
conciencia de la marcha progresiva de la pintura y la escultura hacia una integración
con la arquitectura. Verdadera i n t e g r a c i ó n , no superposición de frescos o inclusión de
estatuas en la arquitectura, tentativas que de antemano nos parecerán siempre fracasadas.
N. G a b o en A b s t r a c t io n , c r e a t i o n (1932) , dice: “El principio constructivista conduce
a las artes plásticas al dominio de la arquitectura.” Y en un artículo de 1937, Mon­
drian termina diciendo: “Por la unificación de la arquitectura, pintura y escultura,
una nueva realidad plástica será creada. La pintura y la escultura no se manifestarán
a s i mismas como objetos separados ni como a r t e m u r a l , que destruye a la propia ar­
quitectura, ni como arte aplicado sino s ie n d o p u r a m e n t e c o n s t r u c t iv a s lo que ayudará
a la creación de un alrededor no meramente utilitario o racional sino también puro y
completo en su belleza.”
Otro problema que se le planteó en la expresión fué el del espacio. “En realidad todo
es espacio”, dice en una frase acertada, y sigue: “El arte debe d e t e r m i n a r t a n t o e l
e s p a c io 'co m o la f o r m a y crear el e q u i v a l e n t e d e esto s d o s f a c t o r e s .’’ En sus primeros
cuadros —dice— el espacio era todavía un fondo. Más adelante “el espacio se hizo blanco,
negro o gris.. .” De su sistema de ortogonales pasó a rectas que se entrecruzan y de­
terminan rectángulos, los fondos de color neutro actuando nomo espacio, los otros: rojos,
azules o amarillos. Todo este sistema que según Mondrian es cristalino y lógico en su
evolución, dista mucho de serlo para nosotros. Ya hemos discutido la validez de los
colores primarios, pero, ¿qué decir de los fondos neutros simbolizando espacio?
Blanco, negro o gris, por convención, no hay ninguna razón física, sólo un razona­
miento psicológico al elegir tres colores (en realidad ninguno de ellos lo es) para hacer
jugar sobre su base las líneas negras y los rectángulos azules, rojos, amarillos. Sólo
un capricho personal hay en este pseudo rigor científico. Si Mondrian no hubiera sido
un buen pintor su justificación no le hubiera valido de nada. Lo extraordinario es
que con esos medios precarios haya conseguido hacer obra interesante aun dentro de
su evidente monotonía.
El resto de los temas que no se relaciona directamente con la fundamentación de su

26

�pintura desde un punto de vista objetivo, es inmenso. Su concepción de todo el arte
antiguo como trágico, si bien simplista tiene belleza poética y también la tiene su pro­
fecía del arte del porvenir, que “liberado del tiempo y el espacio se unifica en la única
belleza.” "El arte es sólo un substitutivo en tanto la belleza de la vida es deficiente.”
Posición también discutible pero que demuestra la fe del artista en una humanidad
mejor y más feliz.
\lgunas de sus frases son valientes y exactas. Respondiendo a los que temían caer en
un decorativismo al utilizar el Neo-plasticismo, dice: “Todo arte se hace decoración
cuando le falta profundidad de expresión.” Y más adelante en el mismo artículo: “La
claridad de la función de la estructura está en proporción con el grado de abstraccción.”
Tiene ciertas ideas peregrinas como la de asimilar lo material al principio femenino
y lo espiritual al masculino. De allí sale este postulado sorprendente: “En un mani­
fiesto de los futuristas, la proclamación del odio a la mujer (lo femenino) es entera­
mente justa. Es la M ujer en el H om bre la causa de la dominación de lo trágico en el
arte.”
Son también muy confusas sus ideas con respecto a ciertos pares de conceptos tales
como: individual-universal, conciente-inconciente, mutable-inmutable. Los baraja en
tal forma que el pensamiento queda sepulto en la indeterminación de lo expresado.
Todo podría querer decir todo o viceversa. Trasciende de ello una inquietud', se ve
no sólo al artista con ideas nuevas, sino al hombre angustiado ante los problemas y
el destino de la humanidad. Y este esfuerzo es siempre simpático pese a sus ingenui­
dades, sus injusticias, sus confusiones.
La mitad por lo menos de su publicación L e Néo-plasticisme de 1930 está dedicada a
una intrincadísima teoría cuya base es: “La música tiende a la liberación del sonido;
la literatura a la del verbo. Y así, depurando los medios plásticos, llegan a la plástica
pura de las relaciones." En este tembladeral afirma que el Huevo Verbo, que no es
precisamente ni prosa ni poesía tal como las entendemos nosotros sino algo parecido
a las palabras en libertad de los futuristas, será la meta ideal a la que habrán de
tender los que escriban. Lo mismo se afirma después de la música y hasta se dan listas
de los instrumentos de percusión que compondrán la orquesta del futuro. Tampoco
el drama, la ópera ni el ballet se libran de esta supeditación al arte integral de Mon­
drian pero para discutir cada caso habría que plantearse también cada uno de los
problemas de esas respectivas artes.
Por esta vez nuestra misión se reduce a la parte matemática en la pintura de Mondrian

27

�y por eso no hacemos más que mencionar estos otros aspectos. La vinculación de
Mondrian con la arquitectura fué muy grande. A cada instante aparece en sus escritos
como arte mayor, rector de los demás y el que por su mismo carácter abstracto ha
vencido una cantidad de barreras que los otros tienen todavía que franquear. Todo
esto siempre que se esté de acuerdo en que el arte de la pintura o de la escultura (como
estamos de acuerdo en el caso de la arquitectura) no tengan obligación de apoyarse
en lo natural para ser expresivos. K a n t distinguía entre belleza libre y belleza adherenie, cosa que la estética idealista y especialmente la de H e g e l no siguieron aceptando.
H rr ba r t , fiel a Kant redujo toda belleza a la forma libre y K onrad F ie d i .e r se anticipó
a W o e i .f f l in y R oger F r y cuando afirmó que la calidad de una obra de arte depende
de la pura visión. Si no se acepta esta posición nos vemos en figurillas para hablar
de cualquier tipo de decoración que no se inspire o copie a la naturaleza (la de los
antiguos escandinavos, los musulmanes y algunas culturas de la Polinesia, etc.) .
En un folleto publicado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York titulado:
Mondrian, J a m e s J ohnson S w e e n e y hace un estudio documentado sobre el artista y
además publica una entrevista muy interesante por varios conceptos. Siendo tan caó­
tico el pensamiento del pintor, vemos por fin claramente en un esquema cuáles eran
sus ideas rectoras y cómo habían ido evolucionando en el tiempo.
Transcribimos fragmentos de lo que podría llamarse la historia de su evolución: “Para
lograr una expresión universal es necesario crear una equivalencia de horizontales y
verticales, eso no fué conseguido en la época de los A rboles (1911) donde predomina­
ban las verticales creando una expresión gótica.” Las composiciones en damero de 1918
"estaban demasiado lejos d e la realidad.” En los trabajos de 1919-1920 “la equivalencia
horizontal y vertical fué conseguida pero la expresión era vaga, se perdió su estructura".
Las cruces del período poscubista eran “demasiado inquietas”. Las grandes telas blancas
del decenio 1920-1930 eran “dem asiado estáticas y monumentales”. En sus últimos
cuadros "las líneas negras se h ad an opresivas” y prefirió empezar a alternarlas con
bandas de color. Finalmente en su Broadway Boogie-W oogie y en su Victory BoogieWooggie (sin terminar) utilizó todos los procedimientos de las distintas etapas de su
búsqueda al unísono.
En esta misma entrevista aclara por qué censura la inclinación de 45° que usó van
D oesbu r g “q u e en sus últimas obras trató de destruir la expresión estática por un
arreglo diagonal de líneas en sus composiciones. Pero a través de tal énfasis el equili­
brio físico no se siente, lo que es necesario para el goce de una obra de arte. La
relación con la arquitectura y sus dominantes verticales y horizontales queda rota.”

28

�"Si una tela cuadrada es colgada diagonalmente, como a menudo he hecho con mi»
cuadros, este efecto no resulta. Sólo los bordes están a 45°, no el cuadro.”
Como se ve, las ideas estéticas persiguieron perpetuamente a Mondrian y en sus últi­
mos años creyó que una integración de todas sus búsquedas era por fin la tan ansiada
verdad: la expresión universal.
No se le puede pedir la claridad de los especialistas en estética que piensan con rigor
filosófico, que tienen una claridad mental, de la que el artista en su hacer, puede
estar desprovisto. Los críticos han visto que la posición de Mondrian era personal,
su descubrimiento progresivo. Válido sólo para él y no con características de sistema
universal.
Resumiendo se puede trazar su evolución: era un holandés con temperamente expre­
sionista que empieza a utilizar la pintura como medio de comunicación de lo que
siente como realidad del mundo. Primero deforma en la medida en que cree poder
expresar mejor sus inquietudes, son las flores, los árboles llenos de animismo, siempre
un poco literarios. Viene después el descubrimiento de la reducción de la realidad a
un sistema de ortogonales y enseguida se produce el viaje a París. Allí, deslumbrando
por el Cubismo incipiente, su atención se polariza en P icasso y en L ég er , cosa que no
puede extrañar. A Picasso y su influencia les temía (se lo dijo textualmente a Léger) ,
creemos que con toda razón. De Léger en cambio le atraía ese frío impersonalismo
por el que él también estaba luchando y que se resolvió a la larga en una solución
casi antipódica con la del maestro francés. El viaje a París lo hace menos holandés
por un tiempo. Quizá si toda su formación se hubiera hecho en Francia no tuviéramos
hoy más que otro pintor de la Escuela de París, fino hasta la hipersensibilidad, pro­
fundizando siempre en sí, eterno descontento. Pero la guerra lo obligó a permanecer
en Holanda, quizá para su bien, y allí su temperamento básico quedó oculto, mejor
dicho se sublimó en otra solución aparentem ente muy fría, pero también muy germ á­
nica por lo excesiva, sin ese equilibrio —que tanto reclamaba por otra parte— y que
es típico de los cubistas franceses por ejemplo. Exacerbado en su juego de fondos neu­
tros y rectángulos de color primario sigue pintando y aunque ya de vuelta en París,
es muy tarde para un cambio fundamental en su arte. Ha pasado ya —1917— la fun­
dación del grupo De Stijl a cuyos postulados Mondrian es el único que va a permanecer
leal. Ya entonces está hecho definitivamente y sigue su camino con esas pequeñas va­
riantes. Efectivamente, sus últimas obras son más ricas de posibilidades expresivas.
Esa especie de contrapunto de la forma y del color tenía que dinamizar la tela y acer­
carla a eso que hemos tratado de definir antes como típico del clasicismo.

29

�Los cubistas fueron quizá más sensibles que Mondrian y no tomaron tan en serio sus
teorías aunque las tuvieran. Los futuristas en cambio fueron más agresivos, pero tanto
unos como otros estaban embarcados en posiciones básicamente más complejas que
las de Mondrian. Unos en su afán de representar la realidad física por la multiplica­
ción de sus puntos de vista. Otros, renegando de la esclavitud de lo estático y arroján­
dose en los vértigos de la dinámica y de la velocidad. Si los constructivistas tuvieron
un punto tangente con el Neo-plasticismo también se separaron pronto y lo mismo puede
decirse de los otros grupos de Rusia y de Europa Central. Poco a poco en el seno del
grupo De Stijl el único que permanece fiel es Mondrian. Dice S e u p h o r en L ’Art a b s trait: “D oesbu r g a partir del 1924 recurre a la diagonal, que juzgó más dinámica y creó
el Elementarismo. V a n to n g er lo o en 1927 pasó a la línea curva. V an d e r L e c k retornó
a la pintura figurativa. H uszar , por último, hizo algunos ensayos de arte aplicado y
no se oyó más hablar de él.”
Sólo Mondrian se refugió en su cerco de fundamentación apenas científica, aunque él
creyera que se corroboraba con ella. Su postura es más literaria, más psicológica que
profundamente matemática. En ese continuo explicar posiciones, en ese afán de un
arte universal fundamentado, en esa obsesión con la ciencia Mondrian seguía revelando
su carácter básicamente expresionista y confuso al que había cubierto un poco inge­
nuamente con una cuidadosa superestructura cerebral.
D a m iá n C a r l o s B ayón

III.

G E 0 R G E S

V A N T O N G E R L O O

El nombre de G eor g es V a n to n g er lo o es indudablemente familiar para todos aquellos
a quienes interesa el arte contemporáneo. Desde su primera juventud Vantongerloo le­
vantó la bandera de sus convicciones en favor de un movimiento nuevo que comenzó a
abrirse paso entre las diferentes manifestaciones artísticas del siglo X X, buscando ser
la expresión de este mundo nuestro, tan agrandado que ya los sentidos del hombre no
perciben sus bordes ni su imaginación alcanza a inventarle límites.
En su libro Problemas del Arte Contemporáneo, Vantongerloo reúne una serie de ensa­
yos con sus líneas y pensamientos sobre Arte y Estética, que fueron escritos a lo largo de
20 años de intensa labor y profunda especulación. Estas reflexiones suyas denotan que, a
pesar de algunas contradicciones debidas posiblemente al paso de los años, hay una
constante, una coincidencia en todas ellas: la preocupación del autor por las ciencias,

30

�que le llevó a madurar su arte no ya inspirándose en la naturaleza como los artistas
del pasado, sino buscando apoyo en las ciencias exactas, la física y la matemática. Su
rigurosa visión del mundo, que él quiso que su arte reflejara, evitó los trillados caminos
a que nos conducen nuestra educación y las convenciones, piedras miliares, es cierto,
de nuestra evolución, pero a la vez obstáculos para nuestro progreso, de acuerdo al
promedio de velocidad a que avanzamos hoy.
Vantongerloo admite que el punto de partida para la creación siga siendo un objeto,
como lo era para el artista naturalista de la Edad Moderna, y que también la meta
sea un objeto, pero la gran diferencia entre el arte del pasado y el contemporáneo
estriba en que hoy el artista no intenta reproducir objetos naturales, sino que lucha
por encontrar una expresión que se cargue de valor funcional, al mismo tiempo que
lo acerque al inconmesurable que presiente y que es lo que todos buscamos al acer­
carnos al arte.
Notamos en Vantongerloo dos tendencias bastante definidas: su romanticismo, del que
lucha por desprenderse, y su intelectualismo a que lo lleva una mente lógica que cons­
truye y trabaja sobre razonamientos los más puros y descarnados posible. Es su herencia
romántica la que le hace decir que una obra de arte revela el estado de alma del
autor, cualquiera que sea el motivo de la creación, y que el problema del arte se pre­
sente para él como una combinación de funciones gobernadas por la sensibilidad del
artista. El valor atribuíble a una obra de arte está en relación directa no sólo con esa
sensibilidad, sino también con el sello que le da la personalidad del autor. El explica
que lo que verdaderamente nos conmueve en una pintura, por ejemplo, no es el tema,
que descarta siempre como un obstáculo para el vuelo del sentimiento y del pensamien­
to, sino el empuje que a ese tema el talento de artista puede y logra dar. Este empuje
es el que recrea en el espectador la emoción que originó la creación, y a la que Vanton­
gerloo da el nombre de arte. También define al arte como una armonía de relaciones
dependientes del espíritu del artista, sin admitir que puedan existir leyes o fórmulas
que dirijan la creación. Su sentido romántico —que le hace concebir el arte como la
encarnación en la materia de todo el pensamiento y sentimiento de que estamos im­
pregnados— lucha con la tendencia que lo lleva a buscar la belleza que él intuye a través
de medios no objetivos, es decir, creando objetos no adheridos a la tierra y a lo humano.
Al darse cuenta Vantongerloo de que su avance es cortado por el lastre de su herencia
romántica, por lo menos trata de disminuir la expresión objetiva de esos sentimientos
reduciendo el peso y la densidad de las materias que usa, dejando mucho librado a la
imaginación del espectador, quien debe completar los cuerpos casi espirituales que el

�artista le presenta, y en los cuales el elemento sublime que los transforma de cosas en
obras de arte está presente, sin estar sublimado en la materia.
Pese a su romanticismo, que tiñe estas reflexiones como de contrabando, Vantongerloo
no quiere admitir que el artista de hoy pueda trabajar gobernado por sus sentimientos
v le aconseja apoyarse en fundamentos científicos que son los únicos que le permitirán
alcanzar el infinito a que aspira; sin embaro expresa la lucha que dentro de él se
libra, al decir que reniega del tema y de los objetos finitos que sólo están para poner
límites a la expansión del sentimiento. Entonces, si creemos a Vantongerloo cuando frena
su yo más íntimo y habla de acuerdo con sus razonadas convicciones, debemos rechazar
a la experiencia, la intuición y el sentimiento como factores que acompañan la crea­
ción de una obra de arte, pues para él la experiencia de los sentidos está siempre min­
tiendo, la intuición lo mismo —tan sólo una hija de la experiencia y de observaciones
previas— y el sentimiento, por traidor que corta el avance del artista . . . pero no puede
pasarse sin ellos. Quiere reemplazar estos tres factores explicando lo que él entiende
por belleza, pero para ordenar y exponer sus ideas al respecto, irremediablemente vuelve
a caer en la intuición, la experiencia y el sentimiento, concluyendo que no le es posible
hacerlo con más claridad por falta de absolutos y de términos de comparación, ya que
la belleza es y ha sido siempre un valor relativo. Su sentido ha ido variando con el
tiempo, con los países, con las generaciones, con las modas, etc. Pero estamos con él
en que no por falta de absolutos que conviertan a la obra de arte en un objeto posible
de estudios rigurosamente científicos, debe negarse la existencia del arte, del valor
artístico o del sentimiento estético. Y ya que no puede expresarnos lo que realmente
entiende por belleza, deja de llamarla así y siempre que necesita referirse a ella, lo
hace hablando de “ese imponderable” a que toda obra de arte aspira o a “ese infinito”
que debe estar encerrado dentro de toda obra de arte, el que le da su unidad. La
obre de arte debe ser tomada como la expresión finita y material del infinito que
intuimos, infinito que es la condensación de todas las impresiones que un cierto objeto
o fenómeno —llámesele tema o no— produce en el alma de un artista, el cual no puede
ser obtenido por las vías del naturalismo que automáticamente lo convierte en finito.
Ya que Vantongerloo no confía ni en la intuición ni en el sentimiento se lanza en busca
de otros caminos que conduzcan a la fijación en la obra de arte de ese imponderable en
el que reconocemos a la belleza. Esto lo lleva a recurrir al apoyo de las ciencias;
pero, ante todo, aclara su posición riéndose de los que le acusan de querer crear un
arte puramente matemático, pues él va a las ciencias buscando instrumentos que le
permitan lograr la expresión de sus propias ideas, usándolos en la misma forma que
un escultor emplea el martillo o el cincel. No es la matemática fuente de ideas, así

32

�como tampoco son el martillo o el cincel del artista los que crean, sino el cerebro del
hombre, sus pensamientos, su poder y habilidad, es decir, los que guían a los instru
mentos.
El recurre a la matemática porque le ayuda a sentir las relaciones que se crean entre
las formas plásticas de una composición, ya que está convencido que el principio de
su unidad consiste en leyes que emanan de la unidad universal. Como ésta no es
directamente perceptible por medio de nuestros sentidos, hay que recurrir a medios
abstractos para poder aproximamos a una idea de ella. El arte nuevo se crea por
medio de formas y medios abstractos. Una obra de arte abstracta puede parecer abso­
lutamente geométrica, pero eso no es lo importante: el artista que busca encontrar
su infinito apoyándose en las ciencias trata de crear formas nuevas de tipo geométrico;
así, una forma geométrica rigurosa de la que parte se transforma en otra, y luego en
otra, igualmente geométrica al parecer, con el objeto de encontrar belleza, pero la geo­
metría es sólo aparente y, a medida que la carga estética va dinamizando las formas,
el punto de partida cesa de ser visible.
Muy diferente era el problema en la Edad Media, cuando el arquitecto que construía
catedrales no buscaba inventar nuevas formas sino elaboraba sus planos y trabajaba
sobre formas geométricas conocidas, tendiendo a la obtención de fórmulas que expre
saran el principio de su unidad. En el arte nuevo lo importante es la idea que se
esconde detrás de la forma primaria y de sus derivaciones; su principio de unidad no
es una formula sino un juego de relaciones que permiten extraer del infinito una
creación que llegue a producir en el espectador un sentimiento estético. Hoy privan
los juegos de relaciones, habiéndose descartado las proporciones, ley del arte de ayer.
Para Vantongerloo una obra de arte es hermosa en sí y está lograda cuando obtiene su
eficacia a través de su plasticidad, a la que llama también "medio abstracto’’. Entre los
elementos que componen una construcción hay siempre relaciones; el artista debe saber
elegir los medios abstractos que mejor le permitan la creación de relaciones, evitando
la inclusión de algunos medios abstractos que hasta pueden ser perjudiciales para la
obtención de la unidad estética. Es cierto que para lograr la plasticidad que busca,
el artista de hoy recurre mucho más que los artistas del pasado a la ayuda de la geo­
metría, pero el que pretenda reducir la creación a una mera fórmula matemática
pierde todas las ricas posibilidades de la sensibilidad humana.
No debe olvidarse que la ayuda de las ciencias, si bien es importante, no es nunca todo­
poderosa debido a su relatividad. No es posible pensar en algo que tenga una exis­
tencia absoluta; todo el enorme edificio del saber humano ha debido basarse en con-

33

�venciones a priori con las que se crearon fórmulas que permitieron avanzar. Nada
es absoluto, todo existe “en relación a”. En realidad de lo único que la humanidad
puede enorgullecerse es de haber sabido hacer las cosas inteligibles por medio de con­
venciones, que son nuestros instrumentos de comprensión. La matemática nos es útil
por cuanto trata de hacer estos instrumentos lo más exactos e inmutables posible. Si
r&gt;o llegan a ser perfectos es porque en el mundo nada es inmutable, todo está siempre
transformándose. De lo contrario, el universo infinito se habría hecho finito.
La matemática ayuda al artista, porque lo acerca a la belleza (o imponderable o infi­
nito) al permitirle hablar de una “nada creadora” en oposición a un todo que la
contiene en estado latente. Esa nada infinito —llámesela también unidad— es creadora
mediante las transformaciones y es invisible hasta el momento en que es intuida o
captada por nuestros sentidos, lo que sólo ocurre cuando el artista logra plasmar el
infinito en su materia. Este proceso llega a materializarse mediante el pensamiento.
Dice Vantongerloo que “crear es materializar” y por lo tanto es sacar la unidad o uno del
infinito. Después de una larga serie de ecuaciones, llega a demostrar que 1 = infinito,
o sea que la vida empieza y termina con el infinito; en otras palabras, hay eternidad
antes del presente, y eternidad después del presente, y esa eternidad es la que con­
tiene a su vez a dos infinitos que se suman, espíritu y materia. Quedamos entonces en
que nada existe sino en razón de otra cosa que se toma como término de comparación,
todo es relativo.
Tan cierto es esto, que aun el mismo E u c lid es admitía que el espacio no es geométrico
y que no hay geometría en la Naturaleza. Recién apareció la geometría cuando el
hombre tuvo necesidad de explicarse su posición en el espacio. La utilidad de la geo­
metría euclidiana estriba en que nos permite explicar cosas que empíricamente cono­
cemos y a las que estamos acostumbrados. La determinación euclidiana de las tres di­
mensiones es tán útil que todavía no se ha inventado una nueva geometría que pueda
especular sobre los objetos sin recurrir a los razonamientos y bases legadas por Euclides.
Apoyándose en él, Vantongerloo nos explica lo que es el tiempo, al que también llama
cuarta dimensión, y luego al decir que una distancia dura un cierto tiempo, de acuerdo
a la velocidad con que se unen los dos puntos que determinan esa distancia (o espacio)
establece la existencia de una quinta dimensión, la velocidad.
Esta es la gran diferencia entre la geometría euclidiana y las geometrías no euclidianas.
La primera ofrece las posibilidades de ubicarse; las otras, de moverse. Por eso la geo
metría de Euclides —que tan útil resulta en la vida diaria— no ofrece al artista de hoy
todos los medios que le son necesarios para expresar lo que ese gran misterio del uni-

34

�verso que intuye le hace sentir. Pero tampoco hasta hoy las geometrías no euclidianas
han sido capaces de probar que espacio y tiempo son valores absolutos; de ahí su
inconsistencia, pues se ven obligadas a trabajar sobre cosas que hoy sabemos que tan
sólo parecen existir, su ser real no puede ser demostrado o definido sino en razón
de su velocidad. Para que un fenómeno u objeto sea concebido como real, debe haber
una proporción entre su velocidad y la de nuestros sentidos; de lo contrario, no puede
entrar en el campo de nuestra existencia. La fórmula de su velocidad es lo que carac­
teriza al mundo de aproximación a lo infinito que la matemática permite crear, pero
todavía esa fórmula sigue en el terreno de lo especulativo.
Lo que se ha logrado hasta hoy es establecer relaciones que nos dan una particular
imagen de lo que es el espacio, el tiempo, o el arte, referidos a algo que nos resigna­
mos a tomar como absoluto y que es, según el caso, un sentimiento estético, un volumen
o una distancia. Para estos dos últimos, ya se han inventado unidades de medida, no
así en el arte. Por eso es tan difícil llegar a dar un fundamento científico, completa­
mente razonado y razonable a la creación del arte; la razón puede solamente aclarar
el concepto del elemento plástico del arte, y a través de él, así como un volumen nos
sugiere espacio, una imagen plástica nos sugiere arte.
En su larga búsqueda de un absoluto que le permita estudiar, desmenuzar y compren­
der el problema del arte, Vantongerloo quiere ver si la vida le puede servir; en cierto
modo, sí, ya que la vida prácticamente no evoluciona; debe su eternidad a su perpetua
transformación, que es siempre repetición, casi sin variaciones notables. Por eso se decide
a tomarla como unidad, ya que cree que lo que cambian son sólo los modos de vida.
Si la tomamos como unidad o sea 1, el 2, el 4, el 8, son meras repeticiones de la unidad.
Como esta repetición se extiende hasta el infinito, se ve que no hay límite para esta
progresión. Con todo, hay un freno: la tradición, que es una combinación del pasado
con el presente. Vantongerloo ve que nuestro arte y nuestra manera de vivir están tan
teñidos de tradición que no pueden dejar de ser anticuados; por eso, un hombre que
es sensible al presente y a la evolución se encuentra como fuera de lugar en este mundo
de hoy, que sigue siendo el de ayer; su modo de vivir, adaptado al presente, choca con
el modo tradicional, lo llena de dificultades. Lo mismo pasa con el arte de hoy, en
lucha con el arte tradicional. Nuestro modo de vida debe ser adaptado al presente,
pero cuidando de que en este proceso no nos detengamos tanto tiempo que volvamos
a caer en la tradición. El arte, que según Vantongerloo no es el reflejo de la sociedad,
sino que siempre se anticipa a la evolución social, debe ser considerado a la vez como
nuestro guía y nuestro vigilante, ya que nos está sugiriendo el futuro. Hasta ahora, se­
gún Vantongerloo poca atención han recibido el arte y los artistas de nuestro tiempo.

35

�Pero él presiente que algún día esta situación se corregirá y tendremos una organización
más adaptada al presente, en la que todos los hombres trabajen por su felicidad, y los
artistas puedan tener un campo de acción mucho más vasto que el que les otorga la
organización social de hoy. En esa nueva sociedad, el arte, la ciencia y el trabajo for­
marán una unidad total, donde la razón será la dominante, junto con la generosidad
y el sentimiento, en vez del sentimentalismo. Pero, mientras el hombre siga apegado
a las tradiciones —concluye Vantongerloo— estas reflexiones serán utópicas.
lln cuidadoso examen de estas reflexiones de Vantongerloo nos llevan a la conclusión
de que lo que él realmente busca expresar con su arte es la sensación de universalidad
que le da su empuje. Él ha querido lograrla buscando materializar con su arte esa be­
lleza sin límites, esa grandeza sin dimensiones que es el Espacio. Su inspiración encontró
en el arte abstracto los medios de expresión que por sus fundamentos científicos
menos conducían a la confusión y al fetichismo, y que por lo tanto le permitieron
enfilar hacia su meta: la libertad. Esta ha sido su lucha, la liberación del arte empe­
zando por el tema, siguiendo con los materiales y terminando con la sociedad que lo
encadena. Hoy todas las artes tienden a unirse: pero esto se logrará recién cuando
puedan referirse a un todo absoluto y homogéneo. Solamente así podrán las artes
justificar su existencia.
B e a tr iz H u be r m a n

36

�Inventario

BOURDELLE EN BUENOS AIRES
Buenos Aires puede preciarse de poseer algunas de las más significativas obras de
a quien sus admiradores y discípulos del París de principios
de siglo llamaban el Maestro de Montauban, refiriéndose a la aldea francesa donde
nació en 1861.
Valiéndonos de las obras que poseemos, es posible comprender el camino de este ar­
tista que se inicia en la revolucionaria y antidogmática plástica de R o d i n ; pero que se
aparta de su maestro a los cuarenta años y emprende solo la búsqueda de la expresión
por los grandes planos y la armonía de los volúmenes.
La reacción de Bourdelle se caracteriza por su esfuerzo en romper los lazos que lo unen
con la tradición impresionista. Su lucha es un peregrinaje por las fuentes del pasado.
Arcaico, gótico, barroco, clasicista o romántico, es el suyo un temperamento sincero y
apasionado. Fué con D e s p ia u y M a iia o l , uno de los promotores del movimiento q u e
se opuso a la desintegración de las formas a que conducían los excesos del sentimen­
talismo positivista de 1900.
F.l artista se separa de Rodin y siete años después (1907) produce Bacante, propiedad
de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes. Sufre aún la influencia de su maestro en
la evidente sensualidad de esta figura de 0,80 cm. aproximadamente de alto; el mode­
lado es blando, las formas curvas y los volúmenes plenos y deformados se destacan en
un bronce de escasa patina. El material se presenta sin pulir, como ha salido del
mo'.de y las junturas agregan fuerza a la sensorialidad táctil que despierta; el vientre
y las caderas están notablemente acentuados en su forma y relieve, donde se acumula
el bronce en tosca apariencia. En esta figura la introducción acertada del hueco
que separa las formas, agrega expresión rítmica, sin destruir la unidad ideal
del volumen, ya que los ejes se incluyen dentro de un ovoide. El conjunto es delibe­
radamente pesado por el doble recurso de la deformación y la disposición de los ejes.
La línea ascensional que debería imponerse, a pesar de todo es contrarrestada por el
racimo de frutas, que completa el esquema, llevando la mirada del espectador hacia
abajo y el centro de la composición, punto en el que se encuentran los ejes, piernas
y brazos. En síntesis, todo se organiza siguiendo en una sola línea curva ondulada el
É m il e -A n to in e B o u r d e l l e ,

37

w

�dibujo de dos circunferencias secantes. A la manera de Rodin, en la parte posterior
el volumen se resuelve amalgamando las formas —cabeza, manos, frutas— en dos ritmos
fundamentales que conservan las características de la parte anterior.
En una época en que eran comunes las manifestaciones' de fuerza brutal en literatura
y en arte, germina en el artista la idea escultórica que lo va a dominar y' concibe el
Heracles arquero (1909) del que existe también un esbozo en el Museo Nacional de
Bellas Artes. Está realizada en bronce y colocada en las cercanías de este edificio. La
energía del atleta se disciplina y el dinamismo imperioso se contiene en un recio
modelado; por la disposición inteligente de los ejes incorpora los valores vitales del
espacio completando la unidad de comparación, y logra desde cualquier punto de enfo­
que nuevas combinaciones e inclusiones de luz que dibujan ritmos insospechados dentro
de los ejes del bronce. Se advierte claramente cuánto se ha complicado la composición
con respecto a la Bacante, cuán compleja se hizo la relación entre volumen y espacio,
V en cuántas direcciones se desarrolla. Esta correspondencia es tan acertada que todo
el valor de la pieza depende de ella: por momentos se duda si el espacio modela el
volumen o si el artista lo domina y presenta irónicamente como dueño del cincel. El
bronce rechaza la luz con su patina dorada y unifica la masa, lo que permite a
Bourdelle jugar con los ejes transversales y oblicuos. El modelado es justo y riguroso;
los perfiles no se recortan porque los pasajes sabiamente establecidos obligan a recorrer
el volumen en toda su totalidad.
Se ha querido ver en esta obra, más que en ninguna otra, la influencia en Bourdelle de
la escultura arcaica griega —arte de Egina— pero sus defensores reducen la similitud
ti aspecto físico del arquero: frente que se prolonga en una línea con la nariz, ojos
oblicuos y salientes disposición del cabello. Sostienen a su vez que la tensión muscular
y el modelado son netamente rodinianos y que la gran audacia de Bourdelle es haber
inscripto el grupo en un círculo casi perfecto —por el cual la composición dinámica
se ordena y estabiliza— buscando una solución indiscutiblemente moderna.
Si el tema es resurrección de mitos paganos, no persigue el artista la blanda sentimenlalidad que vemos aparecer en el Centauro; extrae solamente el .impulso, la energía,
la fuerza y la tensión, y se limita a las expresiones que legítimamente puede arrancar
del metal.
En ocasiones sucumbe Bourdelle a la tentación de emplear lo anecdótico dejándose arras­
trar por la misteriosa corriente del lirismo; así se explica que en La muerte d el último
centauro, modele el fin de la lucha entre la intelectualidad y el instinto. Fué erigida
en Buenos Aires en 1914 y ubicada desde hace algunos años en las proximidades del
Heracles. La figura está incluida en un supuesto paralelepípedo, que resulta horizon-

38

�LA MUERTE DEL ULTIMO CENTAURO

BOURDELLE
____________ _________________________

�MONUMENTO
GENERAL

AL

ALVEAR

Arriba: El conjunto.
Arriba derecha: León.
Abajo izquierda: La Fuerza.
Centro: La Elocuencia.
Derecha: La Libertad.

��HERAKLES ARQUERO

Fotos de Rafael Sampayo

�talmente dividido por el cuerpo del animal. Arriba y abajo de éste, el espacio penetra
en el volumen: en las patas, la luz recortada por las formas se detiene inerte, en cambio
en el hueco superior limitado a ambos lados por la lira y la espalda del hombre,
vive y modela las formas; el instrumento gigantesco que descansa sobre la grupa del
animal es imperativo de la composición que necesita deformar para mantener el equi­
librio con el torso violentamente modelado.
Si es verdad que la fuerza de la obra reside en el modelado que le confiere potencia
de superficie, es también cierto que este modelado exacerba la tensión muscular y
torna declamatoria la expresión. Le ocurre esto a Bourdelle cuando apela a temas
mitológicos en los que persigue escultóricamente una emoción demasiado literaria.
En su obra cumbre, el Monumento al General Alvear, emplazado en los jardines de
la Recoleta, culmina su búsqueda angustiosa: allí pensamiento y sentimiento conjugan
en orden soberano —llegan al entendimiento armonioso— surgiendo la más potente
vida interior del hieratismo de los planos. En esta obra madura la técnica del maestro
vuelve a la expresión poderosa, el rigor geométrico del contorno exterior unido al
virtuosismo en el movimiento propio de cada personaje. Se advierte claramente su
afán de síntesis, su retorno a pesar de Rodin a los grandes planos, perfiles precisos
y contenidos de la forma; czda vez las masas son más armoniosas, los movimientos
más rítmicos, los caminos más seguros. Construye el monumento de acuerdo al plan
universal, hermanando la más alta expresión escultórica con la arquitectura. Fué reali­
zado entre los años 1913-1918 e inaugurado en Bs. As. en 1925.
La figura ecuestre corona el monumento, el cual se eleva sobre plataformas de granito
rosado que se van estrechando en torno al eje central, de cuyos cuatro ángulos emergen
las figuras alegóricas en las que vive la intención literaria del artista. En estas cuatro
figuras ha reencontrado Bourdelle la potencia plástica de lo esencial, superando el
pequeño modelado que carece de importancia en las formas; lo reemplaza por volúme­
nes plenos, aristas salientes en los ropajes y el cabello, deformaciones de tensión estática
en las manos, siempre en busca de la monumentalidad. Acentúa la verticalidad por los
planos paralelos y las formas, —rama de encina, árbol, espada y pliego— sobre las que
se apoyan las manos de los personajes. Cuando la intención es marcadamente intelec­
tual como en L a Elocuencia, los puntos de vista importantes se reducen deliberada­
mente al gesto de la mano y el pliego, los planos se acentúan en magnitud y las
aristas se endurecen correspondiendo a la expresión severa del orador. L a Victoria
contrasta con las figuras anteriores; en esta alegoría de plenitud un poco sensual la
luz resbala en curvas, la expresión es más dulce y menos tensa, los perfiles no se
recortan, la actitud ansiosa se hace esbozada sonrisa en la mujer dispuesta a disfrutar

�de su triunfo. Los ritmos oblicuos casi desaparecen en les figuras, el juego de las luces
ya no es factor primerísimo y cede importancia al austero ordenamiento de los volú­
menes sin huecos. Bourdelle hace despliegue de probidad en la construcción de estas
figuras que dejan adivinar una vida interior tan rica y poderosa como la de su autor.
Sobre el pedestal en diálogo con el cielo, el río, el árbol y el hombre, la estatua ecues­
tre del general. La calidad del conjunto nos recuerda el Gattamelata de D o n a t e l l o
o el Colleone de V e r r o c c h io , no por las características del estilo, sino por el equilibrio
de composición y la reciedumbre interior. El carácter está en la fuerza instintiva del
animal, la posición de su cuello, la verticalidad de la cabeza, el uso moderado del
hueco, la vinculación estrecha jinete-cabalgadura, que simplifica la visión y unifica
las formas para poder percibir del todo la imponente magnitud. La cabeza de la
bestia pegada al cuerpo, se recorta como una sola línea cerrada en el espacio; continúa
con el pecho saliente y en la pata levantada que completa las tres curvas del perfil
lateral: toda la energía se concentra pues en la parte anterior del caballo.
El hombre con la mano en alto es una figura ligera en proporción con el volumen
primero tan pesado, pero ambas partes se enlazan físicamente con la cepa que equili­
bra la potencia de una y otra, a la vez que permite que se mantenga la unidad y
obliga al espectador a volver la mirada al animal dejándose conducir por la continuidad
rítmica de los ejes. En la capa que parece flotar a los cuatro vientos del espíritu, la
luz entra y sale, se esconde y reaparece entre los pligues, realizando el milagro de
convertir en paño un volumen brutal de bronce.
Escrupuloso retratista se encuentra en sus bustos con la realidad viviente que lo for­
tifica. R etrato del presidente Alvear es un bronce algo mayor que el natural; data
del año 1929; fecha también de su muerte — y por donación es propiedad de nuestro
Museo Nacional donde se exhibe. El modelado readquiere aquí importancia, pero con­
servando la tendencia a la síntesis comparte responsabilidad con el acertado ensamble
de los planos y las masas. El pecho impresiona como una gran superficie lisa, de
volumen ligeramente cóncavo, limitado a los costados por afiladas aristas que con­
forman casi un prisma; este pecho —convertido en geometría— a fuer de alejarse de
la realidad física brinda majestuosa altivez al semblante de refinada sensualidad. Sobre
el potente cuello, se yergue el rostro en el que la barbilla y la boca encierran la clave
de la expresión. De los hombros, base de la nariz, labios y cuello parten caminos de
luz que se prolongan hasta las cejas y sienes. El escultor respeta la realidad física y
consigue un retrato psicológico realizando el difícil compromiso del parecido con la
armonía de carácter que lo aproxima a la vida.
A m a l ia

44

J o b -I stu eta

�bibliografía

SOBRE PINTORES AMERICANOS
Son tantos los caminos de la crítica como
los de la creación, porque ella misma es
creación, ya tienda al logro de imágenes
literarias que sustituyan las imágenes plás­
ticas, ya tienda a reducirlas a conceptos o
ideas que condensen adivinaciones intuiti­
vas. Pero si bien todos los caminos pueden
ser legítimos y producir efectos valiosos,
el único a mi modo de ver que transforma
la crítica en una ciencia, o en una activi­
dad basada en principios científicos, es el
de la racionalización de los estímulos es­
téticos que las obras despiertan. Y al decir
racionalización no pretendo aludir a esa
tendencia meramente explicativa que tan
nefasta consecuencia ha tenido en el cam­
po de la estética, la positivista en particu­
lar, sino a la que endereza a una com pren­
sión inteligente del mensaje del artista
—fundándose en las formas que crea— para
vertebrarlo en una concepción del mundo
que no ha de ser sino metafísica.
Por esta razón, tanto las posiciones críti­
cas objetivas como las subjetivas —ahorro
la caracterización de todas las variantes
que incluyen estos términos generalizadores— son falsas en cuanto son parciales.
Del mismo modo que la expresión artísti­
ca se caracteriza por su aliento de totalidad
—hombre y mundo— la crítica que aspire a
comprenderla no puede renunciar a produ­
cir aliento similar. Toda observación, por
sagaz que sea, sobre los caracteres de re­
gistro sensorial de las obras —contenido o
forma— o sobre las posibilidades de expan­
sión en el medio a que pertecen o en el que
se las incluye, así como toda observación

sobre el mecanismo del que crea o del que
estima, no procede sino de un enfoque
particular del gran tema: el de la cons­
trucción d e la realidad total de la época
en que vive el artista, referida al pasado,
con el cual inexorablemente se vincula, y
al futuro, al que está preñando con sus
anticipaciones.
Pienso que en el caso del arte americano,
por ser tan incipiente y vacilante todavía,
la exigencia de esta crítica totalizadora y
comprensiva es mayor que en Europa, don­
de las proyecciones culturales se imponen
con más evidencia debido a la madurez
de los artistas y del público afecto a esta
clase de actividades espirituales. Aquí, en
América, todo es indeciso y por tanto se
necesitan ideas orientadoras. Si se dice de
un pintor que es imaginativo o sensible
y se emplea la copiosa pero repetida fra­
seología habitual para referirse siempre a
lo mismo en definitiva, el aficionado se
siente perdido en ese mar de palabras, en­
cerrado en el círculo vicioso de unas po­
bres ideas hechas, sin que llegue ni si­
quiera a darse cuenta de hasta qué punto
está preso en él. Comprendo que es peli­
groso reducir a ideas lo que se da teñido
de emoción, pero, ¿hay otra posibilidad de
poner orden en las emociones fuera de la
que proporcionan las ideas? A pesar del pe­
ligro, el empeño es genuino. Además, exis­
te el medio de sortearlo, vigilando perma­
nentemente las ideas para que no se trans­
formen en casilleros descargados de sus­
tancia vital. Cuando se afirma, entonces,
que un pintor es naturalista, por ejemplo,
es menester que se puntualice el tipo de
naturalismo a que se ajusta y se discuta

�luego la legitimidad de la actitud con re­
lación a las condiciones del país —geogra­
fía natural y cultural— y a las que actúan,
planeando sobre él, como condiciones ina­
lienables de la época. En cuanto a las refe­
rencias personales del artista —sus ideales,
sus vacilaciones, sus luchas, sus progre­
sos, e tc— no dejan de tener valor, pero
sólo como índice para la comprensión del
único problema crítico: el de la validez
o no validez de la obra. De lo contrario,
se falsea, el destino de la crítica, que es el
de valorar, lo que significa reconocer la
presencia de un valor o un desvalor en las
obras. Tan sólo los buenos escritores salvan
los escollos, en el mejor de los casos, crean­
do pomposiciones que tienen valor litera­
rio en sí, a menudo lejanamente vincula­
das con la materia que les sirve de p re­
texto.
Formulo estas observaciones en presencia
de tres libros recientemente publicados
por críticos uruguayos sobre pintores ame­
ricanos. J u l io J . C asal ha escrito sobre
R afael Barradas (Editorial Losada, Bue­
nos Aires) y J o sé P ed ro A kgul sobre
El pintor José Cuneo, paisajista del Uru­
guay (Editorial San Felipe y Santiago de
Montevideo), en tanto que C ip r ia n o S.
V it u r e ir a ha reunido varios trabajos en
un volumen con el título Portinari en
M ontevideo (Ediciones Alfar, Montevideo) .
Poco puedo decir sobre la muy bien escrita
monografía de Julio J. Casal, pues sólo
se justificaría un análisis literario o una
confrontación con los hechos. Esto no sig­
nifica en modo alguno un reproche. Casal
ha sido amigo íntimo de Barradas y lógi­
camente no podía sino escribir sobre él con
el tono de alta tensión emocional que ha
empleado. Su libro, de estilo elegante y
conciso, presenta innegable interés al re­
gistrar de primera mano emociones que
en la vida del talentoso pintor desapareci­
do debieron influir poderosamente. Que­
da en pie, no obstante, la necesidad de
enfocar su obra desde un punto de vista
histórico más general, valorizándola de

46

modo absoluto, se comprende, pero al mis­
mo tiempo mostrando sus alcances por el
método comparativo, tanto en España como
en su país.
Vitureira ha sido más ambicioso. A tra­
vés de la Semblanza y en particular de su
conferencia sobre L a libertad en Portinari
y de su estudio sobre L a prim era misa,
mural expuesto en Montevideo antes de
ser fijado en el vestíbulo de un banco ca­
rioca, no sólo se propone estudiar la obra
del genial pintor brasileño desde el punto
de vista experiencial, pudiera decirse; tam­
bién pretende vincularla, de acuerdo a
las ideas políticas de aquél, en el vasto
complejo de las aspiraciones contemporá­
neas. Es una lástima que tan loable es­
fuerzo y postura tan justa no den frutos
más positivos a causa del abuso de adje­
tivos, sobre los cuales recae toda la res­
ponsabilidad crítica. Si la excelencia de la
obra del pintor es señalada por medio de
adjetivos o metáforas, ¿de qué modo po­
dría oponerse a las ideas imprecisas que
envuelven? Sólo con negaciones, que tanto
valdrían como las afirmaciones del autor,
o con otros adjetivos, lo que significaría
incurrir en el mismo error que denuncio.
La corta monografía de Argüí, en cambio,
tiene materia para un análisis cuidadoso
e inclusive para la discusión en el plano
de las ideas. No es de extrañar, pues Ar­
güí es un crítico de profesión, cuyas ideas
no planean por encima de las obras y los
hombres que las hacen, sino se desprenden
del análisis de unas y otros. Porque tiene
esa capacidad no común ha podido llegar
a la posición de verdadero dirigente que
se le reconoce en Montevideo, imponiendo
la alta calidad de su espíritu, tanto en la
crítica que desgraciadamente no cultiva
con frecuencia, como en la organización
de exposiciones y en el consejo prudente
que no escatima a sus compatriotas.
Argüí ha seguido un método cronológico
para historiar la obra de Cúneo, haciendo
constar las etapas de su desenvolvimiento

�de acuerdo a un doble juego de incita­
ciones: los diferentes viajes a Europa que
realizó el pintor y las reacciones emotivas
en cada caso a la vuelta al país. Pero no
deja de advertir, lealmente, al lector, des­
de la primera página, cuál es la tesis que
se propone probar. Valiéndose de una
declaración del mismo Cúneo dice: “Nada
se puede expresar con más profundo sen
tir que el paisaje nativo; sólo en su paisaje
el artista puede sondar enteramente el
alma de las cosas, consubstanciarse con
ellas, más allá de las interpretaciones de
lo pintoresco, folklore o rareza.” Después
de esta rápida toma de posición, insiste en
el tema, tratando de demostrar que los
sucesivos enriquecimientos de Cúneo en
sus contactos con el arte europeo de avan­
zada no hicieron sino proporcionarle ar­
mas cada vez más agudas para la expresión
del paisaje de su tierra, porque “la gran
misión social del artista americano (es)
enseñar a mirar esta América tan nueva y
tan virgen.” Cuando llega al final del li­
bro y enjuicia la última exposición, reali­
zada el año pasado en la Galería Berro,
escribe este párrafo que constituye la llave
de su pensamiento estético: “Mientras
otros pintores continúan envueltos en doc­
trinas y prácticas de un arte de rebelión,
cuyo período de justificación y fervor sen­
timos transcurrido, Cúneo después de ha­
ber cumplido su acción en esas luchas
—combate de un arte individualista: del
pintor consigo mismo, sobre todo— abre
sus ojos de nuevo al exterior y lo pinta
con colores vivos, con el ímpetu vital del
joven y la dominante composición de la
experiencia. En los paisajes de Punta del
Este el artista está, lo repetimos, en una
objetividad feliz, en la del que ha tomado
conciencia de su alto goce de la naturaleza
y busca, con un lenguaje claro, hacer par­
tícipe al pueblo de su alegría.” Y termina;
" . . . no nos sería difícil aceptar que una
nueva actitud realista fuera necesaria y
fecunda para el arte en estos momentos.”
Puesto que la monografía está escrita con
severa conciencia, como he dicho, y nadie

47

conoce mejor a Cúneo que el autor, lo que
interesa es señalar y discutir el pensamien­
to estético que la construye. Acaso podría
coincidir con Argüí si llegáramos a un
acuerdo sobre la discutida palabra rea­
lis m o . Si por realismo entiende una vuelta
a la representación del mundo concreto
—¿Por qué se encastilla en el paisaje y no
reconoce la “posibilidad de sondar entera­
mente el alma de las cosas” también en el
retrato o la naturaleza muerta? ¿Por qué
sobre todo esa exaltación panteística de la
n a t u r a n a t u r a t s como esencia de la reali­
dad?— no puedo coincidir con él, pues
sostengo que tanto la concepción políticosocial como la espiritual de nuestro tiempo
se enderezan hacia la ampliación de las
fronteras de la expresión, pero si por rea­
lismo entiende esa nueva realidad espiri­
tual a cuya formación y maduración esta­
mos asistiendo, nuestra coincidencia sería
total. A mi modo de interpretar, Argüí
confunde realismo y realidad con natura­
lismo y naturaleza, y como dijera W o r r in c er "para descubrir lo natural dentro de lo
real hemos de sentir viva en nosotros la re­
presentación de lo orgánico, que nos capaci­
ta para una contemplación activa, cognosci­
tiva. Sólo entonces se convierte para nos­
otros el caos de lo real en el cosmos de
lo natural. Mas, para que la representa­
ción de la ley orgánica se haga viva, hace
falta que exista una relación ideal de
identidad entre el hombre y el mundo,
relación que sólo se alcanza en las épocas
clásicas”. Y bien, lo que falta en nuestro
tiempo es esa relación de identidad a que
alude Worringer; lo que falta es la c o n ­
fia n z a
en
el
m undo
fe n o m é n ic o
para
e x p l i c a r to d a la r e a l i d a d que tuvieron los
naturalistas y los clásicos. Todo nos con­
duce, en cambio, a una identificación en­
tre el hombre y ese mundo espiritual que
nos muestran los imaginarios modelos de
los físicos y los matemáticos, estrechamente
correlacionados con la abstracción impe­
rante en las relaciones económicas o socia­
les de las comunidades más colectivizadas.
Como ya he dicho alguna vez, el arte de

�nuestro tiempo se define por lo que podría
llamarse la d e c a d e n c i a d e l o jo , la falta de
fe en la mera experiencia de los senti­
dos. Por eso se equivoca el autor, a mi
juicio, cuando dice que “ahora es la
élite la que se ve defraudada por estos
enfoques directos”. No es la é lit e como
clase social, que prefiere las formas na­
turalistas tal vez con más conciencia que
las clases trabajadoras y que está muy li­
gada con todo género de expresión sen­
sible. El impacto lo siente la é l i t e inte­
lectual, la única que por otra parte está
armada para comprender la novedad de
las posiciones abstractas, las cuales son tan
directas en sus enfoques como las de los
naturalistas de otrora; la única diferen­
cia es que la realidad ha cambiado de
signo y de carácter. Un C h ardin o un
C o u b e r t podía encerrar sus aspiraciones
de universalidad en una manzana o en
un desnudo, porque su experiencia no iba
mucho más allá de la manzana o el des­
nudo, pero, ¿qué pintor de nuestro tiem­
po puede sentir la universalidad ence­
rrada en una manzana con la vehemencia
requerida por la pasión creadora? No es,
pues, u n p r o b l e m a d e c a p a c i d a d , s in o d e
p o sib ilid a d .

La pintura de Cúneo es valiosa en la
medida en que denuncia un valiente re­
planteo del hecho estético, con tendencia
a desdeñar los elementos e s p ú r e o s a h o r a
de un romanticismo formulario (véase mi
articulo sobre su última exposición en
Ver y E s t i m a r nf 13) . Es valiosa, precisa­
mente, porque n o e s p a n t e ís t ic a y al mi­
rar con ojos casi vírgenes la realidad con­
creta está más cerca de descubrir el se­
creto esencialmente intelectual e imper­
sonal de ella que si mantuviera todavía
la telaraña de las reacciones sentimenta­
les de superficie. Pero será realmente, po­
sitivamente valiosa, cuando se decida a
mirar cara a cara la realidad, que no es la
del paisaje de Punta del Este, sino la
realidad viva y exigente de definiciones
de la comunidad en que vive. ¿Quién po­
dría negar que la realidad de nuestro

48

tiempo es i d e o ló g ic a ? ¿Estamos comba­
tiendo por cosas o por ideas? Se lucha en
todos los planos por ideas —ninguna Ele­
na podría desatar una guerra de Troya—
y por ello el hombre se siente mejor ex­
presado con signos abstractos que las alu­
dan y no con formas de significación na­
turalista. Pienso que ha de forzarse mu­
cho el término para probar que el pai­
saje de una región puede inspirar un sím­
bolo de realidad viva en nuestros días.
Como verá el lector, estimo la pintura del
pintor uruguayo por razones totalmente
opuestas a las del autor del libro que co­
mento. Las mismas me obligan a señalar
la injusticia de su elogio: “Su obra (la de
Cúneo) es considerada en la vida artísti­
ca del Uruguay como la arista más avan­
zada que durante más de veinte años pu­
do crear artista alguno”, recordando la fae­
na de genial creación y perfeccionamiento
que ha realizado el maestro J o a q u ín T o­
r r e s G a r c ía , a quien no se puede olvidar.
Podría argüirse que al encarar la mono­
grafía de Argüí desde este ángulo abro
una dimensión del juicio que él no con­
sideró. Es posible que sea así y por ello
no trepido en invitarlo cordialmente a
que desarrolle sus ideas sobre las posi­
bilidades de un neorrealismo panteístico
como modo de rejuvenecer el arte con­
temporáneo; tengo la convicción de que
podrá apuntalar la afirmación final que
me ha servido de base para juzgarlo con
ideas profundas y originales.
El tiempo dirá si el período de rebelión
ha transcurrido, como afirma Argüí, o si
por el contrario estamos todavía en los
prolegómenos de una gran revolución.
Discutir esto sería elevarse a un plano
de profecía, no exento de implicaciones
metafísicas y de tintas políticas. Prefiero
cerrar este artículo con esa expresión de
duda que encierra al mismo tiempo que
una convicción, una entrañable y melan­
cólica nostalgia de seguridad.
J o rg e R o m e r o B r e st

�C R

I

T

I

GEORGES ROUAULT
La colección de grabados de R o u a u l t
Miserere et Guerre y cuatro libros ilus­
trados por él, que se acaban de exhibir
en las Galerías Witcomb, nos permiten
apreciar ampliamente su obra en sus
aspectos dramático y satírico.
R o u a u l t es un artista complejo. Aunque
está en la línea de los pintores subjetivos,
trasciende su expresión al dotar a las
formas de valores universales en una
ajustada síntesis emocional; aunque se
aterra a las formas representativas, sus
figuras y paisajes están muy lejos de cual­
quiera concepción naturalista. Al recordar
su obra evocamos una gran pantomima de
personajes venidos de un mundo mágico
sobrehumano. Ese mismo contenido emo­
cional es el que lo separa de quienes,
como M a t isse , sueñan con un arte de
“pureza, de equilibrio, sin tema inquie­
tante . . . ” Por otra parte, R o u a u l t nunca
fué un fauve; el suyo es un arte de des­
equilibrio, de intranquilidad, pleno de
nostalgia.
Las planchas del Miserere son la expresión
de su emoción ante el eterno drama del
hombre y de su ferviente catolicismo. Los
medios plásticos de que se vale para
expresarse son similares a los que utiliza
en sus óleos, porque R o u a u i .t graba como
pinta. Por contrastes violentos de claros­
curo logra dar sensación de volumen,
mientras una riqueza infinita de grises
modula las formas. El contraste de esas
gruesas líneas negras que subrayan los
contornos con los blancos brillantes crean
e1 clima de irrealidad y tragedia que
caracteriza su obra.

49

C

A

E1 afán de lograr efectos pictóricos en el
grabado lo llevó a valerse de muchas
técnicas. Partiendo de una fotoimpresión
de sus ¡rouaches en la plancha de metal,
aplicó el ácido, el aguatinta, la punta seca
o el rolete allí donde la calidad de un
tono lo requiriera, y así logró fuerza de
expresión, riqueza tonal y tensión emo­
cional. Método semejante utiliza para sus
planchas en color que ilustran L e Cirque
de l’Etoile Filante y Passion: en éstas, con
la manera que lo caracteriza de tratar el
color le da la calidad fosforescente bien
señalada por V e n t u r i . S us rojos, amarillos
y azules son fuentes de luz que pueden
chocar a más de un espectador.
E r la línea de G o y a , D a u m ie r , T o u l o u se I . a u t r e c , R o u a u l t encuentra el medio de
expresarse valiéndose de formas grotescas.
Sus payasos son símbolos de la humanidad
que ríe y llora. En la mayoría de estas
planchas se mantiene el clima trágico al
cjue nunca puede substraerse por comple­
to. Una severa construcción formal con­
tiene el color. "Quand la couleur est á
son diapasón, certaine form e l’éponse sans
fa fo n ” —ha escrito. En cambio, en las
láminas que acompañan su texto de poe­
mas en Divertissements el color domina
a la línea, se apaga, las líneas negras se
hacen grises para restar violencia, los
tonos suaves se superponen a la manera
de C ézan n e , tal vez por que son repro­
ducciones de óleos. Es otro mundo el que
presenta, más amable quizás, pero menos
trascendente. El tono burlesco lo dan sus
xilografías para Les Réincarnations du
Pere Ubu, en las que se pone de mani­
fiesto su sensualidad. Los negros se hacen
intensos, aterciopelados y un ritmo ondu­
lante ablanda las formas.

�E s ta serie d e g ra b a d o s es la o b ra d e la
m a d u rez d e R o u a u l t . Y a las im p re c a c io ­
n es d e sus a ñ o s ju v e n ile s se h a n ca lm a d o
p a ra d a r paso a u n a re sig n a ció n ric a en
se n tim ie n to s y seg u ra en su fe.
A l ic ia

/*

P a s in i .

FIORENZO TOMEA

La pintura italiana ha deparado en lo
que va del siglo algunas sorpresas: en los
años de la primera guerra mundial, el
dinámico futurismo, y poco después su
antídoto, el calmo clasicismo del Novecento, con sus variantes mística, metafí­
sica, primitivista y lírica; en los de la
segunda, esa tendencia que a falta de otra
palabra se ha dado en llamar expresio­
nista y en las que se embarcaron los jó ­
venes más inquietos de Roma, Milán, Venecia y Bolonia, conducidos por dos ro­
manos de talento: S c ip io n e y M a f f a i .
¡Extraña tendencia la de aquellos díasl
El expresionismo es hijo de una apeten
cia metafísica que obliga a desnudarse
con dolor para alcanzar el espíritu más
allá de la vida, por aniquilación del cuer­
po. Y la tradición amasada por el arte
italiano siempre con la materia, no obs­
tante los diversos modos de racionalizar
las formas, concebía el espíritu como la
emanación de una potencia inmersa en
las cosas. Seguramente el éxito de esa di­
rección expresionista en Italia se debió a
razones extraestéticas y circunstanciales
—el encerramiento que provocó el facismo y la desesperación que siguió a la rup­
tura de la cárcel después de la derrotapero de cualquier modo hizo patente la
necesidad de acentuar, aunque fuera arti­
ficialmente, el énfasis emocional. Era el
yo aherrojado que pugnaba por liberarse
de falsas cadenas. ¿Cómo no comprender
esa exigencia, si se piensa que los artistas
italianos habían permanecido durante
más de veinte años casi totalmente aje­
nos a las experiencias progresistas del con­
tinente? A la zaga de V an G o ch pero sin

50

desdeñar los maestros de la línea intelec­
tual, especialmente C éza n n e , realizaron
así, bien se lo ve ahora, su experiencia
en el cam po de la m odernidad. De ahí
deriva la importancia del expresionismo
italiano, como síntoma de rebelión, pero
no hay que exagerarla tampoco, ya que
la postura era anacrónica, como lo com­
prendieron inmediatamente los mejores al
descubrir, con décadas de atraso, el arte
abstracto que cultivan actualmente.
F io ren zo T o m e a , de cuya exposición en
la Galería Peuser nos ocupamos con atra­
so, ya que tuvo lugar a fines del año pa­
sado, pertenece a ese grupo de expresio­
nistas de posguerra que no evolucionaron.
Por eso, precisamente, su pintura resul­
ta interesante para discriminar los ca­
racteres del movimiento.
Por lo pronto, el expresionismo italiano
no tiene puntos de contacto con el fauvism e ni con el homónimo movimiento ale­
mán. Tanto en T o m e a como en los de­
más, perdura la actitud naturalista y la
única novedad reside en el empeño por
dinamizar la materia, rebelándose contra
la tiranía de la línea, con el objeto de que
la expresión se expanda y despierte aso­
ciaciones de diverso tipo que tiendan a
vertebrarla de modo más literario. Las
caretas y las calaveras, lo mismo que las
frutas, las flores y los candeleros o los
paisajes, motivos que él pinta con pasta
gruesa y generosa, en una gama un poco
sorda pero plena de pujanza cromática, a
veces hasta excesivamente altos ciertos to­
nos, le sirven para lograr una expresión
sentimental de ambiente, no muy común,
como se ha dicho, en la pintura italiana.
Pero tampoco se aparta totalmente del mo­
do de ser nacional: ni llega a la pura
construcción del organismo plástico con la
pincelada —por la tinta o el tono —ni se
anima a forzar la deformación más allá de
lo que su correcta visión del mundo con­
creto le permite. No busca la impersona­
lidad instintiva, menos la sumersión en
los meandros de la psique; más bien es un

�neorroraántico, como alguna vez se lo ha
clasificado.
En la pintura de T o m e a hay energía, a
veces en la tónica de la violencia, a veces
en la del recogimiento —va de lo grotesco
a lo nostálgico— y más de un acierto pue­
de ser señalado en su obra, pero la posi­
ción de equilibrio en que se halla es falsa.
Sus naturalezas muertas no poseen el en­
canto fresco de las de A r tu r o T o s í , ni sus
paisajes la profundidad medida de los de
C a rlo C a rrá , ni sus conjuntos de velas el
lirismo de las botellas de G io r g io M o ra n di ,a quienes seguramente admira y mucho
les debe. Más seguro se siente cuando
aborda lo grotesco, pero esta misma bús­
queda en dos planos —el de la fantasía
gótica y el de las luces mediterráneas—
que ha señalado B e n ia m in o d e l F a br o ,
parece obedecer a una voluntad de estilo
encauzada culturalmente, no por una nece­
sidad hondamente sentida. Goya (era más
penetrante, B ru e g h el más sinfónico, E n so r más atrevido, y cito a estos tres gran­
des maestros porque sin duda ha sufrido
la influencia de ellos.
Creo ver, sin embargo, tras la niebla de
algunas composiciones, la exuberancia colorística o el extremismo formal de otras,
un sano afán de concreción que constituye
su mejor arma y que tal vez empleará en
el futuro para extirpar los espúreos ele­
mentos románticos que no hacen más que
impedir su plena maduración.
J o rg e R o m e r o B r e st

JUAN DEL PRETE

£

Las obras reunidas por J uan d e l P r e t e
en su última exposición permitieron fijar
las características de su labor realizada
en los años 1945 y 1946. Corresponden al
memento en que la preocupación por
renovarse lo llevaba a encauzar su arte
poi las vías de la abstracción. Abandona
entonces paso a paso las exploraciones en

51

el mundo sensible, retoma las experiencias
c f i cubismo y del futurismo y las ensam­
bla en una nueva expresión. Claro que
el ensamble entre ambas no podía hacerse
más que en detrimento de las posibilida­
des expresivas de cada una. Porque si es
cubismo, el objeto del cuadro vale por
su concreción misma, la que se busca y
reconoce a través de la estructura autó­
noma de los planos. Y si es futurismo, el
objeto vale como síntesis de movimientos,
de los que ejerce sobre los otros objetos
V de los que recibe a su vez. Acaso por
esto no resulte tan lograda y vigorosa esta
nueva expresión plástica de d e l P r e t e .
El artista somete los objetos al juego
leductivo de los planos, pero sin interptnetrarlos, simplemente yuxtaponiéndo­
los en menoscabo de la concreción. En
determinados momentos esas superficies
planas se prolongan en el ambiente acen­
tuando la dinamización con ayuda del
movimiento quebrado de las líneas azules
y negras. Dos figuras nos guían en este
análisis. Composición, tiene en cambio, un
rim o mayor porque desprecia las apa­
riencias sensibles; líneas, arcos, círculos, al
servicio exclusivo de su imaginación son
organizados para crear el espacio y el
movimiento plásticos.
¿Cómo actúa el color dentro de los con­
tornos y en la ordenación de las formas
geométricas? Ante todo acentuando con
la degradación de las tintas, la sugestión
del volumen que ya había sido buscado
con el espesamiento de las líneas. Luego,
c-eando un ritmo propio, independiente
del ritmo de los planos. Mantiene así
d e l P r e t e la característica de su color
pujante, tanto en la vibración de los
contrastes, como en la riqueza de las tintas.
Así era en su época fauve: vigoroso en
los empastes, alucinante en la recreación
de las formas, expresivo en los trazos. En
una palabra, su color era el vehículo ade­
cuado para el logro de la transposición.
En estas formas de su expresión, man­
teniendo el color su preeminencia expre­

�siva, llega a vivir independiente de las
relaciones de los planos y las líneas. La
virtud se convierte así, en cierta medida,
en objeción porque tanto para el cubis­
mo, como para el futurismo, no hay
mayor desorganizador de las estructuras
que el color valorizado, el cual debe estar
subordinado al dibujo. Ambos buscan
como esencial el desgajamiento y la ar­
ticulación en planos. En d el P r e t e , desde
el punto de vista del cubismo esto resulta
insuficiente para crear las formas, y, desde
el punto de vista del futurismo, no es
capaz de llegar en una sucesión expresiva
a disolver los volúmenes. Sin embargo,
estas obras de d e l P r e t e de 1945 y 1946
íesultan interesantes en cuanto anuncian
su actual estética abstraccionista. (Galería
Antú) .
B lanca S t a b il e .

A P O S T I L L A S
N a ú m G o ijm a n es un pintor joven que
presenta su prim era exposición individual,
en la Galería Van R iel, tras haber ex­
puesto repetidas veces en exposiciones co­
lectivas o en com pañía de amigos. Su
presente exposición es una visión panorá­
mica de las impresiones recogidas en este
periodo; anotadas con ímpetu juvenil en
seis meses de labor apresurada. Se trata
pues de una obra qu e concreta intuicio­
nes no maduradas.
En este trayecto corto de su arte todavía
adolescente, se presenta bajo un signo in­
confundible: el de la libertad. L o que es
laudable en un joven de instinto potente
y bien dotado, siempre que no olvide que
la libertad es meritoria y útil cuando se
em plea para luchar contra formas hechas
de las que se desea liberar, no com o ex­
cusa de licencia continua, en una labor
destructora sin la consiguiente construc­
ción.
Se notan algunos rasgos orientadores d e lo
que será su producción futura, dominada

p or el ritmo abierto en El gran brujo o
el ritm o cerrado de Adivinador-Bolivia, o
p o r el color estridente desentonado a
veces preo brutalm ente expresivo en su
afán de conquistar el sentido dinámico
de la expresión americana. Con estos dos
elementos crea un mundo en el que evita
los problem as dibujísticos que requieren
más rigor. Esperemos que hacia ellos vuel­
que los esfuerzos en su próxim a etapa, sin
lo cual se verá notablem ente disminui­
da. B. P.
F r id l L oos ha expuesto en el Instituto d e
Arte M oderno. Su posición ecléctica le qu i­
ta profundidad sin duda, pero no p u ede
negarse que la artista tiene pasta. L o de­
muestran sus preferencias, sus habilida­
des De profundo mimetismo no está exen­
to casi nada de lo que allí se expuso, sin
em bargo hay que reconocer que todo es­
tá dicho con soltura, con naturalidad; los
medios más abstractos, los que parecen más
rebeldes, están captados con gran fineza,
con un métier que p u ed e desorientar a
más de uno.
A las mujeres geometrizadas a lo L é g e r ,
las manchas a lo K a t h e K o l l w it z , a las
telas con reminiscencias d e cerámica re­
mota, decoración cretense, notas salvajes
muy refinadas que huelen a Africa ex p e­
rimental, form as abstractas y expresionis­
tas, además de R iv e r a , M a t is s e . . . y to­
do, preferim os uno ssencillos dibujos en
negro, en los que las manchas son más
expresivas, más patéticas, que toda la otra
pirotecnia. El espectador azorado se dice:
¿Y dónde está Fridl Loos? ¡C óm o hago
para saber cuál de estos ensayos es el que
m e da la clave de la persona? Ninguno
y todos. Pódese Fridl Loos sus excesivas
facilidades, decídase a ser personal y p ro­
funda, anímese a ser torpe (qu e es una
gran valentía) y dénos una obra jugosa
y totalm ente original. Cuando se es muy
sincero, la originalidad afluye sola. N o
hay dos espíritus iguales en el mundo, ni
en el tiem po ni en el espacio. D. C. B.

52

�miscelánea
• El maravilloso niño prodigio que vive dentro de P ablo P icasso ha
descubierto un juguete nuevo, y como era dable esperar, lo usa para
brindar nuevas pruebas de su genio. Esta vez, en lugar de extender la
pintura sobre la tela, utiliza el espacio de una habitación, cuya completa
obscuridad es atravesada, como por un rayo, por los giros que una lin­
terna eléctrica produce, lápiz luminoso que conduce con vibrante ner­
viosidad.
G jo n M ili —que trajo esta idea a Picasso, obsesionado por el espectáculo
de una patinadora a quien fotografió mientras bailaba con dos linternas
en sus patines— consiguió tentar al pintor para que se prestara a hacer
una corta prueba. Los resultados fueron tan fantásticos que la prueba
se prolongó a cinco sesiones más. Es fácil notar la satisfacción que este
nuevo tipo de trabajo proporcionó al artista, observando el brillo de sus
ojos y la sonrisa que asoma en sus fotografías tomadas en plena acción,
fotografías que ya están a disposición del feliz público neoyorkino en el
Museo de Arte Moderno de Nueva York, mientras el resto de los estima­
dores del arte siguen a la expectativa para ver todo lo que el talento de
Picasso puede dar en este campo espacial, casi totalmente inexplorado.
• En nuestro número 10 comentamos en esta misma sección la aparición en un rincón
olvidado de los suburbios de Paris de una tela desconocida de V an G o c h . En Life
del 19 de diciem bre pasado se cuenta el final de la historia. A pesar de que el espe­
cialista J. d e l a F a il l e lo reconoce com o legitimo, un jurado de cuatro expertos sA
ha expedido aconsejando considerar el cuadro como falso. Alegan diversidad de p ro­
cedim iento en. la pincelada, pobreza de m odelado en la cabeza, y una factura qu e en
general no tiene sabor de auténtica. El vendedor que había obtenido 50.000 dólares
por su hallazgo está dispuesto a reem bolsar al magnate de Hollywood que lo com pró.
De todos modos, la tela es aproxim adam ente del tiempo del pintor, y la pintura
aplicada no es más joven que la tela. Podría tratarse de una antigua falsificación. Por
de pronto, el señor L e w e n t h a l , descubridor del cuadro, no menciona más su rom ántica
historia del bistro m u^ilum inado. Parece ser qu e el fam oso Retrato a la luz de una
vela rueda entre los marchands desde hace mucho tiempo.

53

�• S t e in b e r g , el ya famoso dibujante de Todo en líneas, ha decorado con murales
la exposición Para una vida moderna, del Instituto de Artes de Detroit. Sus dibujos
son una crítica implacable de la decoración doméstica de estas últimas décadas. Allí
pueden verse salones de la época del gothic revival, repletos de muebles con ojivas,
cornamentas de ciervos, retratos de antepasados, sillas incómodas y todo el repertorio
del amontonamiento Victoriano. En otro panel se trata del estilo 1920, ecléctico e in­
genioso. Allí cabe un velador cuya base es un violoncello, lo mismo que complicadas
piezas de hierro forjado (artístico), vistas de Ñipóles a todo color y pieles de oso
con las que invariablemente uno tropieza. Pero la ironía no termina en épocas pre­
téritas, el m oderno convencional también está tomado en solfa. Retorcidos reflectores
parabólicos iluminan composiciones abstractas, sillas higiénicas —todo estructura— se
destacan contra muros de piedra o ventanales obligatorios, en tanto que gigantescos
móviles a lo C a ld er y filodendros macizos se encargan de dinamizar el conjunto. El
todo visto con un ojo finísimo, que se goza en los matices de la ironía y que puede
hacer más por la decoración que varios volúmenes completamente en serio. Castigal
ridendo mores, parece ser el lema de este alegre y profundo caricaturista.

-

0 L a X X V B ie n a le de V en ecia que B e re aliza es te an o p rom ete s e r un é x ito de público.
A l m enos su p ro g ram a no puede s e r m ás ten tad or. P o r em p ezar se h a realizado un concurso
de a ffich e s que h a ganado u n a a r tis ta ita lia n a con un prem io de 250.000 lira s. E n tr e los
p aíses que co n cu rren a p a r te de los y a trad icion ales e s tá n : D in a m a rca , H olanda, S u iza, P o lon ia,
Y u g o slav ia y Su ecia. E n t r e los m iem bros del Com ité de Selecció n de In g la te rra fig u ra n J oh n
R o t h e n s t e in , D ire cto r de la T a te G allery y H er ber t R ead , el conocido c r ític o de a rte . E n esa sec­
ció n in g lesa, a p a r te de la m u estra g en eral co n tem p o rán ea h a b rá tr e s secciones dedicadas a : J o h n
Co n sta b le , M a t t h e w S m it h y a la escu lto ra B a rba ba H e p w o r t h .
E n tr e la s o tra s retro sp ectiv as fig u ra n u n a del Cubismo, del F u tu rism o ita lia n o , de B onnard y de
K a n d in s k y .
T am bién

h ab rá u n a exp osició n

de a r t e decorativo.

• Copiamos de la revista “Arts” del 28 de abril los siguientes datos. Francia gastará este
año cinco mil millones d e francos en reparaciones en el castillo de Versalles. Además
se piensa reconstruir el fam oso monumento gótico que es el Palacio de Justicia de
Rouen casi totalm ente destruido p or la guerra y la llamada Casa de los Corsarios
en Saint Malo. Con los—nitrales que se acaban de reponer en estos días en la Catedral
d e Chartres, de Bourges y la Sainte C hapelle termina el arreglo, limpieza y relev miento fotográfico d e cinco hectáreas de los vidrios coloreados quizá más valiosos de
la historia del arte.

54

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS DE CRÍTICA ARTÍSTICA

ÍNDICE D EL VOLUM EN IV
Octubre de 1949 a mayo de 1950

T IT U L O S
Agustín Riganelli (H om enaje de Ver y Estimar)
Alfredo Guttero (Apostillas). J . R. B.
Arte abstracto en Buenos Aires (Critica):
En la línea de la expresión tierna. Raquel Edelman
En la línea de la expresión más dura. Samuel F. Oliver
Artistas no-figurativos (Crítica).
Berni (Apostillas). J. R. B.
Bleuzet (Apostillas). B. S.
Butler (Apostillas). J. R. B.
Butter (Apostillas). J. R. B.
Celebraciones: Bellini, Sodoma, Magnasco. Damián Carlos Bayón
Cogorno (Apostillas). B. S.
Cogorno (Apostillas). J. R. B.
Daneri (Apostillas). J. R. B.
Diomede (Apostillas). J. R. B.
Domingo Candía y Oscar Reyno (Crítica). Blanca Stabile
Dos libros (Bibliogr fia). Sergio Milliet
El sonriente y paciente Bellini. Margarita G. Sarfatti
Esbozo de una historia de arte abstracto. Blanca Stabile
Escribe desde Barcelona Sebastián Gasch (Correspondencia)
Escribe desde Madrid Enrique Azcoaga (Correspondencia)
Escribe desde París Damián Carlos Bayón (Correspondencia).
Esquema para una ubicación del movimiento Martin Fierro. Córdova
Iturburu
Exposición de Fernand Léger: Tres fragmentos de un catálogo y nota
del traductor. Martha Traba
Ginés Parra. (Critica). Beatriz Huberman
Hans Platschek (Critica). Jorge Romero Brest
Jazz de Henri Matisse. Wend Fischer
José Clemente Orozco (H om enaje de Ver y Estimar).

55

XIV-XV
XIV-JV

1
79

X III
X III
XIV-XV
XIV-XV
X III
X III
XIV-XV
XIV-XV
X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV
X III
XVI
XIV-XV
X III
XVI
X III
X III

17
27
76
79
48
48
79
19
48
79

79
79
43
53
3

10

57
49
52

XIV-XV

54

XVI
XIV-XV
XIV-XV
XVI
X III

49
70
75
42
1

�Juan Batlle Planas (Critica). Amalia Job-Istueta.
Juicio sobre el Fauvisme. Jorge Romero Brest.
Naturaleza y arte. Lionello Venturi
Noemí Gerstein (Apostillas). B. S.
Norberto Berdía (Critica). Blanca Pastor.
Notas sobre arte europeo. Rodolfo G. Bruhl y Damián Carlos Bayón
Opina León Gischia (El artista frente al mundo).
Pavel Tchelichew. Samuel F. Oliver.
Pintores españoles de hoy. Jorge Romero Brest
Pintuia y arquitectura. Siegfried Giedion
Rogelio Yrurtia (H om enaje de Ver y Estimar).
Sibellino (Apostillas). J. R. B.
Sobre Giácomo Manzú: Exposición en Buenos Aires. Raquel Edelman
Respuesta a Niño Bertocchi. Jorge Romero Brest.
Sobre pinturas murales en Bélgica. Roberto L. Delevoy. (Correspondencia).
Tres pintores extranjeros (José Cúneo, José Palmeiro y Arie Aroch).
Jorge Romero Brest
Uriarte (Apostillas). B. S.
Vanzo (Apostillas). B. P.
Viola (Apostillas). J. R. B.
Wend Fischer. Rodolfo G. Bruhl.

XIV-XV
XVI
X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV
X III
X III
XIV-XV
XIV-XV
XVI
X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV

74
3
5
80
73
81
13
47
69
27

X III
X III
XIV-XV
X III
XVI

41

X III

49

1

48
62
57
49
18

80
48
41

A U TO R ES
A zcoaga , Enrique: Escribe desde Madrid.
B a yó n , Damián C.: Escribe desde París (X III,

52); Celebraciones: Bellini,
Soma, Magnasco (XIV-XV, 19) ; Notas sobre arte europeo. (XIV-XV,
B r u h l , Rodolfo G.r Notas sobre arte europeo (XIV-XV, 81) ; Wend Fis­
cher (XVI, 41) .
C órdova , I t u r b u r u : Esquema para una ubicación del movimiento Martín
Fierro (XIV-XV, 54).
D e l e v o y , Robert L.: Sobre pinturas murales en Bélgica (XIV-XV, 49).
E d e l m a n , Raquel: Arte abstracto en Buenos Aires: En la línea de la e x ­
presión tierna (X III, 17) ; Sobre Giácomo Manzú: Exposición en
Buenos Aires (XIV-XV, 62) .
F isch er , Wend: Jazz de Henri Matisse.
G asch , Sebastián: Escribe desde Barcelona
G ie d io n , Siegfried: Pintura y arquitectura.
G isch ia , León: Opina León Gischia.
H u be r m a n , Beatriz: Ginés Parra.
JOB-Istueta, Amalia: Juan Batlle Planas.
M il l ie t , Sergio: Dos libros.
O l iv e r , Samuel F.: Arte abstracto en Buenos Aires: En la línea de la ex­
presión más dura (XIII, 27) ; Pavel Tchelichew (X III, 47) ; Pintura y
arquitectura a través de la historia (XIV-XV, 43) .
P a sto r , Blanca: Norberto Berdía (XIV-XV, 73): Vanzo (XIV-VX, 80.)
R o m e r o Brest, Jorge: Tres pintores extranjeros (xm, 41) ; Butler, Sibelli­
no, Viola (X III, 48) ; Sobre Giácomo Manzú: Respuesta a Niño Ber-

56

81) .

XVI
XVI
XIV-XV
X III
XIV-XV
XIV-XV
XVI

42
57
27
13
70
74
53

�tocchi (XIV-XV, 57); Berni, Butler, Cogorno, Daneri, Diomede
(XIV-XV, 79) ; Juicio sobre el Fauvisme (XVI, 3 ).
S a r f a t t i , Margarita G.: El sonriente y paciente Bellini.
XIV-XV
S t a b il e , Blanca: Esbozo de una historia del arte abstracto (X III, 10) ;
Domingo Candia y Oscar García Reyno (XIII, 43) ; Cogorno (XIII,
48); Artistas no-figurativos (XIV-XV, 76).
T ra ba , Martha: Exposición de Fernand Léger: Tres fragmentos de un ca­
tálogo y nota del traductor.
XVI
V e n t u r i , Lionello: Naturaleza y a rte .
X III

3

49
5

ILUSTRACIONES EN NEGRO
A l e n : Composición (pint.).
A ro ch , Arie: Mujer junto a la mesa; Gente de Saffad (pint.).
A r p : Composición; Constelación (dib. y esc.) .
B a t l l e , Planas: El ángel y la naturaleza (1949).
B e l l in i , Giovanni: Pietá (pluma); Alegoría (grab.); San Antonio

XVI
62
X III 44 y 45
X III 25 y 39
XIV-XV
75

Abad
(pint.); San Cristóbal (detalle, pint.) ; Madona Davis (pint.) ; Madona degli alberetti (pint.) ; Piedad (pluma) ; Hombre de negro
(pint.); Cristo de Estocolmo (pint.); XIV-XV, 10 y 11, 18, 19, 20, 21 y 22
B e o t h y : La llama (escult.)
X III
B e r d ía : Paisaje de Teparco (pint.) .
XIV-XV
B . so n te de Altamira (pint. mural.
XIV-XV
B ra q u e , Georges: Violín (1908) ; El violín (1913) (pint.)
XIV-XV 41 v
B u t l e r , Horacio: Batalla de San Lorenzo (pint.).
XIV-XV
Cámara sepulcral de Haclct (arquit.) .
XIV-XV
C andía , Domingo: Las amigas, 1946 (pint.); El modelo acostado, 1930
(pint.).
1
X III
C ogorn o , Figura (pint.).
XIV-XV
C o sta , Antonio: Maternidad pint.).
XVI
C ú n e o : Camino; (pint.).
X III
C u ix a r t , Modesto: (pint.).
XVI
D e l a u n a y : Alegría de vivir (pint.).
X III
D elgado , Alvaro: Bodegón (pint.).
XIV-XV
D e l l a F ran cesca , Piero: Fresco de S. Francesco (Arezzo).
XIV-XV
D e r a in , Andró: Barcas de pesca, 1907 (pint.).
XVI
D e w a sn e : Pintura.
X III
D e y r o l l e : Pintura.
X III
D u f y : Dibujo, 1930 (pluma) .
XVI
F r iesz , Othon: Saint Malo (pint.).
XVI
G arcía , Reyno; Oscar: Composición, 1948 (pint.) .
X III
G arcía V il e l l a : Pintura.
XVI
G in é s , Parra: Paisaje de París, 1946 (pint.).
XIV-XV
G is c h ia . León: Jovencita (1949) ; El bebedor (1949) ; El juglar (pint.) . X III 13, 16 y
G o n z á lez , Cabeza (escult.)
X III
G u t iér r e z S o la n a : El sacamuelas (pint.).
XVI
H artun g : Pintura.
X III
I o m m i , Enio: Relación de dos curvas (1948).
XIV-XV

51

48
74
43
42
80
43
46
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41
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19
47
63
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37
36
71
33
78

�58

�T a u e b e r Arp, Sophie: Surgiendo, cayendo, volando (pint.).
T ie p o l o : El rapto de Rinaldo, Palacio Valmarana (fresco).
T o r r e , Eiffel: 1889 (fotog.).
V an D o esbu r g , Theo: Estudio espacial, 1923 (dib.).
V an , Dongen: Sendero de la virtud.
V an , Velde: Geer: Interior (pint.).
V a s a r e l y : Pintura.
V il l o n : N o b lez a (pint.).
V l a m in c k : Paisaje de nieve (pint.) .

X III
XIV-XV
XIV-XV
XIV-XV
XVI
X III
X III
X III
XVI

38
45
40
41
19
40
36
40
18

LAMINAS
C ú n e o , José: Paisaje de Punta del Este (pint.) .
M a t isse , Henri: L ’Ananas (1948) (pint.)
So d o m a : Retrato de Rafael Sanzio (dibujo a lápiz).

College (1948)

(dib.).

X III
XVI
Oxford, Christ Church
XIV-XV

�V

�VER
Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTÍSTICA

COLABORADORES
A L B E R T I, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
AZCOAGA, Enrique (Madrid)
BERENSON, Bernard (Florencia)
B IL L , Max (Zürich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
CÓRDOVA IT U R B U R U (Bs. As.)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert L. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard

(París)

GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfried (Zürich)
G O ERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, René (París)
MACEDO, Diogo de (Lisboa)
M IL L IE T , Sergio (San Pablo)
ROH, Franz (Munich)
ROM ERA, Antonio (Sgo. Chile)
ROM ERO, Francisco (Bs. As.)
ROM ERO, José Luis (Bs. As.)
T O R R E , Guillermo de (Bs. As.)
SA RFA TTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
V EN T U R I, Lionello (Roma)
W ESTER D A IIL, Eduardo (Santa
Cruz de Tenerife)
ZEVI, Bruno (Roma)

�DONACIÓN

O SC A R ANTONIO GARCÍA
d e Q % L¿&lt;v*¿a .
d e ¿a a C Sd ríe *

Buenos Aires

29-9-55 - 5-3-96

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Bill, Max&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Job Istueta, Amalia&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Pasini, Alicia&#13;
Stábile, Blanca</text>
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                    <text>n u e v a visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografia

Piet Mondrian
M a x Bill

La poética técnica de Amancio Williams
Jo rg e G o ld e m b e rg

Tres hospitales en la provincia de Corrientes
A rq . A m a n c io W illia m s

Algunos problemas del diseño
A rq . Fran cisco Bullrich

Información:
Edificio para una cooperativa de vivienda
A rq s . B e re te rv id e , A co sta y F e lic i; J . C. Ruiz

Sobre los métodos de enseñanza de la arquitectura
P ro f. Enrico Tedeschi

El Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro
Ig n a cio P iro va n o
B ib lio g ra fía

�2 o concurso "Fulget”
entre los arquitectos e ingenieros que apliquen
racionalmente Fulget

siempre con el auspicio de la

Sociedad Central de Arquitectos
las bases serán publicadas próximamente y enviadas a
todos los interesados

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Colección

Giancarlo De Cario
Giulio Cario Argan
Bruno Zevi
Max Bill

Arquitectos del M ovimiento Moderno

William Morris
Pier Luigi Nervi
Frank Lloyd Wright
Mies van der Rohe

de próxim a publicación
Bruno Zevi
Giorgio Labó
Giulia Veronesi
Nikolaus Pevsner
Giulia Veronesi
Bruno Zevi

Louis H. Sullivan

E rik G unnar A splund (en prensa)
A lva r Aalto
J . J . Pieter Oud
C h arles Rennie M ackintosh
Tony G arnier
R ich ard Neutra

Charlas con un Arquitecto
( Kindergarten Chats)

(en prensa)

Nikolaus Pevsner

Esquema de la Arquitectura Europea

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revista de cultura visual. Artes, arqui­
tectura, diseño industrial, tipografía.

A p arece

cada

tres meses.

Fundador: To m ás M aldonado.
Com ité de redacción: A rq . Francisco BulIrich , A rq . J . M . B o rth ag a ray , A lfre d o H lito ,
Jorge Goldem berg, Jorge G rise tti.
Secretario
Baliero.

diseño industrial

de

redacción:

A rq .

H oracio

A d m in istració n y redacción: C errito 1 3 7 1 ,
Buenos A ire s , A rg e n tin a , T . E. 4 2 - 1 3 4 7 .

el mundo técnico
abstracción

La dirección no se resp onsab iliza por los
a rtícu lo s firm ad o s ni devuelve las colabo­
raciones espontáneas.
La revista “ n v " , nueva visió n , es propiedad
de N ueva V isió n S .R .L .

el mundo de la publicidad
lógica y estética

estética
max bense
juegos del lenguaje
lo obsceno
el mundo de los signos

S u m ario :

Piet M o n d rian , por V _ * Bi
p 5
A rte sin objetos, por P ie t M ondrian (p. 8)
A lg unos problem as de a se 1: per Francisco
B u lIrich (p. 2 0 )
L a poética té cn ica de A m a n d o W illia m s ,
por Jorge G o ld e rrc c 'c c
T re s hospitales e~ :
ce C o rrien ­
tes, A rq . A m a n d o W illiams (p._ 12)
Inform ación :
E d ificio para una coopcio lm o de viv ie n d a .
A rq . Ferm ín Be':~ - ce : 1 Sobre los r re -: c : s ce e - s e - c - c c ce la
arq u ite ctu ra , por En-ncc Te d esctii ,p. 3 0 )
El M useo de A-ce .V o á e rrc ce Rio de
Ja n e iro , por Ig n a d o P iro van o (p . 3 4 )
N otas y com éntanos
B ib lio g ra fía

el objeto estético
editorial nueva visión
R e p re s e n ta n te s e-

;

e i'e -c r:

U ru g u ay: N _ e . : C ce^c - _ c "
Blanco 1 1 2 2 -2 6 , M on te » ideo.

con ilustraciones

Benito

aparecerá en el mes de marzo

Se desea el c c - e
m ila re s: se h c -p r : ' c
los libros &gt; e . : cs
dacción.

es publicacio nes si­
s s y resúm enes de
-dos a nuestra re­

E x c h c -c e : c _ ; cations is desired: the boc&lt; s a - c
c _ 'n a ls sent to our
Ed ito rial S t c " ce reviewed.
On désire Téchange avec les publicatio ns
congénéres: z r -e-o ¿es an a lyses et des
résum és des lív re s e t ces revues envoyés a
notre rédaeñe^
Si desidera ii cam era caite p u b licazio ne conge n eri: sa ra n o f a t t i a n a lis i e riassu n ti del
libri e riviste r im e ssi a lia rio stra redazio ni.
W ir bitten um A u sta u sch m it aehnlichen
F c c -z e
r p-.ngen BesP'echungen der uns eingesandten Buecher.

4

�Pie*- Mondrían

■ ■ ■ ■

M a x Bill

El desarrollo de la p in tu ra moderna se orienta a p artir del cubism o en
cuatro direcciones p rincipales. C uatro artista s y su obra sirven de me­
dida. El tipo de p in tu ra que transform a los datos de la n atu raleza y
produce un efecto exp resio nista, de crítica social o volcánico, tiene su
medida en la obra de Pablo Picasso; a la configuración pictórica de los
procesos que se cum plen en las últim as prolongaciones conscientes del
acaecer cotidiano, sirve de medida Paul Klee. La pintura en que el mundo
exterio r de los objetos se disuelve en nuevas y originales creaciones, que
se ed ifican únicam ente sobre el juego de form as y colores, se mide por
el mundo plástico de W a ssily K a n d in sky. Y cuando ya no bastan estas
tres m edidas, cuando aparece una estructuración p lástica de ca rá cter
esencialm ente distinto, una voluntad de lo absoluto y exclusivo, se pre­
senta una cu a rta m edida: Piet M ondrían.
La senda de M ondrian em pieza con cuadros convencionales, aún para su
época.
Si se piensa que en 1 89 0 , cuando M ondrian empezó a p in tar, acababa
de fa lle ce r V an Gogh, asom bra cuán poco de éste se advierte en las
prim eras obras de aquél. Sin duda, apenas era posible que conociera
entonces las obras de su gran colega.
H asta 1900 no cedió en él el mundo de la representación, bajo el patente
in flu jo del "Ju g e n d s til" en com binación con un acervo de ¡deas teosóficas.
H asta 1910, M ondrian trab ajó valiéndose de todos los modos de exp re­
sión entonces conocidos. V an Gogh, M un ch, y los p u n tillista s ejercieron
su in flu jo en la creación de M ondrian, el c u a l, al aproxim arse a la cu a ­
rentena, logró algunas obras extra o rd in a ria s: p aisajes de dunas, las torres
de Domburg y W estkap elle y , por últim o, flores y sus prim eros cuadros
de árboles. En 1911, M ondrian se trasladó a París y de esta m anera se
puso en contacto con el problema del cubism o. En ese momento, g racias
a Braque, Picasso y G ris, se había abandonado la época cézan n ista del
cubismo y había com enzado el breve período del cubismo a n a lítico . M on­
d rian buscó en él sus propios cam inos, tomando como base de sus com­
posiciones cub istas, adem ás de aislad as n atu rale zas m uertas, el motivo
del árbol y del m ar. No cabe la menor duda de que, adem ás de estas
obras, surgieron entonces otras que, por la índole d iferente de sus ele­
mentos de com posición, se distinguían de las "cu b ista s” propiam ente
dichas y se destacaban ya por su original estructura rítm ica.

5

�M ien tras los "c u b ista s" pasaban del cubism o a n a lítico al sintético, le
que eq u ivalía a acen tu ar la representación de objetos n atu rales, Mondrian se lanzó consecuentem ente por la senda opuesta, llevando más
a llá el desarrollo racional y sistem atizando las estructuras como resul­
tado de la em ancipación cubista respecto del objeto. Sus obras de 1914,
aunque parten aún de la representación, sólo contienen una lejana rem i­
niscencia fig u ra tiv a . De esta m anera, M ondrian fué el único que desarro­
lló consecuentem ente la idea fund am ental del cubism o, m ientras que los
cubistas " c lá s ic o s " puede decirse que fracasaro n ante el problema de
fo rm u lar la nueva objetividad contenido en el program a espiritual del
cubism o. Este, en sus com ienzos, no pretendía ser una estructuración
fo rm alista del mundo exterio r de los objetos para acomodarlos mejor
a un espacio plástico lim itado. Era una concepción espiritu al que quería
u tiliz a r los medios de configuración visu al en su u n iversalidad, es decir,
sin que el mundo de los objetos los lim itara . En 1914 M ondrian volvió
a H olanda y a llí trabó relaciones con Theo van Doesburg y luego con
Bart van der L e ck: los dos, cada cual a su m anera, habían buscado una
solución de los problem as pictóricos. A raíz de este intercam bio de ¡deas,
M ondrian empezó a ocuparse de los colores fu ndam entales procurando
cim en tar teóricam ente el cam ino que llevaba recorrido. La revista "D e
S t ijl" , fundada por Theo van Doesburg en 1917, se convirtió en punto
de partida de un anim ado debate, en el cual interviniero n, adem ás de (os
que acabam os de m encionar, el pintor y escultor Georges Vantongerloo y
el pintor V ilm o s H u sza r, los arquitectos Oud, W ils y V a n 't H o ff y el
poeta Kok.
Desde 1917, desaparecen las últim as resonancias de fenómenos n atu ra ­
les exteriores en las obras que conocemos de Piet M ondrian. Pinta cu a ­
dros en base a rectángulos de color o negros sobre fondo blanco. Por
últim o, en 1918, M ondrian halló la form a de expresión g racias a la cual
ocupa actualm ente una im portante posición en el mundo del arte. En
1919 regresó a París y en 1920 creó el "n e o p la sticism o ", desarrollando

P. M o n d rian : "C o m p o sició n " (1 9 18 )

su teoría en un tratado que lleva el mismo nombre que dió a su arte,
definido por él como arte de relaciones rítm icas. Ese tratado apareció
poco después, en su versión fran cesa o rig in al, en el catálogo de la expo­
sición de M ondrian en G ravenhag e; tam bién se publicó con el títu lo de
"N e u e G e sta ltu n g " en el n° 5 de los "B a u h a u sb ü ch e r" (1 9 2 5 ).
En 1920, M ondrian creía aún que la reducción de la pintura a relacio­
nes horizontales y verticales en la su p erficie de la te la , y la reducción de
los colores a algunas gradaciones gris-azul y a los colores fundam entales
am arillo -ro jo -azu l, provocaría una disolución total de la p intura. C reía
en una integración del arte en las creaciones de la vida cotidiana y , en
$

P. M o n d rian : " A r b o l"

�P. M o n d rian : " D u n a "

consecuencia, en la autodisoiución de la p intura. Sin embargo, siguió
pintando.
En 1925, los campos azulados-grises son sustituidos por las su perficies
b lan cas, de suerte que durante los últim os veinte años de su labor cre a ­
dora, sus composiciones se apoyan a lo sumo en seis colores: en los tres
"no "-colores y en los tres colores vivos am arillo-rojo-azul. Desde 1932
aparece un nuevo elem ento plástico: la línea doblemente acentuada y ,
por últim o, después de varios años de residencia en Londres y en los
últim os que pasa en N ueva Y o rk , surgen cuadros con elementos crom á­
ticos que, en parte, se han em ancipado de la estructura negra, hasta
que M ondrian acaba disolviéndola y sustituyéndola por ritmo de colores
en sus últim as obras: "N e w Y o rk C it y " , "B ro ad w ay boogie-woogie" y
la incom pleta "V ic to ry boogie-woogie".
Cuando M ondrian fa lle ció en N ueva Y o rk el l p de febrero de 1944,
desgraciadam ente no estaba aún term inado su " V ic to ry boogie-woogie",
destinado a ser una danza sublim e de la victo ria. Tam poco había term i­
nado la guerra. De esos últim os cuadros em ana una irrad iació n , una
dinám ica de contenida efervescen cia, obtenida sobre todo con una ento­
nación b lanco-am arillo-gris, que ya no es aquella superación de lo trá ­
gico exigida por M ondrian en sus prim eros tiempos con dogm atismo as­
cético. Seguram ente fué entre 1931 y 1936 cuando más cerca estuvo de
esa m eta.
Los cuadros de M ondrian dem uestran que es posible cre a r obras de gran
fu erza de convicción y b elleza, aunque los colores u tilizados se lim iten
a dos o tres, y tal vez g racias precisam ente a esa lim itació n.
M ondrian es oriundo de H olanda. Los ignorantes infieren de a llí que su
pintura es típicam ente holandesa, in flu id a por los canales vistos desde
un avión. Esa concepción es tan absurda como la que pretende que M on­
drian era un calcu lad or y , en consecuencia, se ocupaba constantem ente
en sus cuadros de la "sección á u re a " (denom inación que sin duda pre­
tende designar, en térm inos absolutam ente generales, proporciones de

P. M o n d rian : " P a is a je con árb o les"

•“ r 'c c r Square" (1939-42)

7

�medida coincidentes). M ondrian hizo sus cuadros sin cálculo ni medida,
aunque con un sentido seguro de las proporciones y sirviéndose de un
cordón que u tiliza b a para m edir.
En la actu alid a d , transcurridos am pliam ente once años desde la muerte
de Piet M ondrian, puede vislum b rarse ya qué repercusiones tiene su obra
y qué rango ocupará en la historia del arte. M ondrian se coloca digna­
mente al lado de los grandes m aestros holandeses, V a n Eyck, V an der
W eid en , Rubens, Rem brandt, V erm eer y V a n Gogh. Como ellos, ha hecho
una aportación d e fin itiva al desarrollo del arte europeo.
M ás a ú n , su posición puede com pararse con la de Cézanne. Si Cézanne
inició el "cu b ism o ", tratando de lograr una estructuración de las super­
ficies que obedeciera a leyes propias, M ondrian fué el prim ero que logró
cabalm ente esta estru ctu ración , abriendo de este modo, así como C é za n ­
ne lo había hecho antes en otro sentido, una puerta más al desarrollo del
arte. Y aun cuando al p rincipio creyera M ondrian que así se disolvía la
p in tu ra, demostró con su propia obra que esa conclusión era fa lsa . Sin
embargo, en una cosa tenía razón — aun cuando no por ello se disolviera
ni resultara sup erflua la p in tu ra— : sus obras, efectivam en te, han in flu i­
do de modo esencial en la integración del arte con la vida cotidiana.
La a rq u ite ctu ra , el arreglo de interiores, las artes g ráfica s y los utensi­
lios corrientes fueron "d ep urad o s" en un sentido análogo al que M on­
drian había mostrado ejem plarm ente en su obra. Aunque no debe a tri­
buirse exclusivam ente a su in flu en cia todo ese proceso de depuración,
puede decirse sin exageración que existe una evidente coincidencia de
aspiraciones. Con toda seguridad, M ondrian tenía razón en una cosa: se
está operando progresivam ente una integración de lo a rtístico con los
enseres de uso cotidiano, y esa integración es tan plausible como hace 35
años, cuando él form uló su tesis. No es in sig n ifican te el papel que en
este aspecto desempeñó el criterio estético de M ondrian. En cuanto a las
bellas artes, distan mucho de haber term inado los ulteriores desarrollos
provenientes de M ondrian, antes bien, se h allan en plena vigencia.

Arte sin objetos
Piet M ondrian

Todos sabemos que en pintura y en escultura se persigue la m an ife sta­
ción de la genuino esencia del arte, y no la representación de las form as
en que esa esencia aparece envuelta. Pero no todos advierten que ese
algo genuino puede expresarse m ediante relaciones de líneas, colores
y form as exclu sivam en te, es d ecir, sin representar un objeto determ inado.
Lo genuino del arte no estriba en describir. Por lo tanto, la representa­
ción de un objeto, que es siem pre m ás o menos descrip tiva, no constituye
una verdadera expresión de arte genuino.
Lo genuino del arte es lo que provoca o expresa nuestra sensación de
b elleza; es universal y está fu era de nuestra visión su b jetiva. Cuanto más
se exclu ya esta visión su b jetiva, tanto más pura será la m anifestación'
de arte.
Todo arte verdadero nace intu itivam ente de una fuente un iversal. Lo
genuino del arte es la expresión p lástica de la vida en su plenitud y
riqueza. Su más profunda realidad sensible es lo que en todos los tiempos
se ha denom inado " a rm o n ía ". La arm onía nace del equilib rio m ediante
el ritmo de su composición. Lo p rincipal es, pues, el ritm o; los medios
que emplee son algo accesorio.
Pero resulta evidente que es con los medios más puros, es decir, con
los más claros, como más nos acercam os a la arm onía pura. De a h í que
recubrirlos de accesorios descriptivos o de representaciones individuales,
vaya en detrim ento de la pura m anifestació n estética. Pero las líneas
y los colores originan ineluctablem ente form as. A ún empleando los
medios de expresión más puros, subsiste siem pre el gran problema de
evitar la cristalizació n de form as ind ivid u alizad as m ediante un contraste
incesante de línea y color, haciendo evidente sus relaciones proporcio­
nales.
La depuración del arte m ediante la depuración de los medios de exp re­
sión es, pues, rela tiva. Pero es un hecho que la m anifestació n de arte
m ás pura es aquélla cuyas form as de expresión son las que poseen un
ca rá cter menos ind ivid ual.
La "a c titu d e s té tic a ", cap az de conducir a la m anifestación más pura

8

P. M o n d rian : " F o x tro t A " (1 9 30 )

�P. M o n d rian : "C o m p o sició n D " (1 9 32 )

y real de lo genuino en el a rte, tendrá que llevar forzosam ente al arte
"sin objetos". Los elementos de co nfiguració n empleados por este arte
pueden ca lific a rs e de "n e u tra le s ", pues no tienen ca rá cter universal. La
consecuencia extrem a de la elim inació n de las form as individu alistas
son form as que se cortan en ángulos rectos, puesto que la intersección
horizontal y vertical de las líneas produce siem pre ángulos rectos.
Pero cu alq u iera sea el ca rá cte r de la com posición, en ella no deben
predom inar los medios expresivos. Los medios menos sig n ificativo s, desde
éb p u n to de vista subjetivo, son pues los que menos dom inan.
Si ahondamos el a n á lisis de la actitud estética que tiende h acia lo
más puro y genuino en el arte, comprobaremos que constituye un proceso
evolutivo orientado hacia una m eta, a la cual nos acercam os cada vez
m ás. Podemos observar un acrecentam iento de la racionalidad en las
sucesivas m anifestaciones a rtística s.
H asta el im presionism o, las etapas recorridas consisten en construccio­
nes de form a y color referidas a la n a tu ra le za , llevadas a su m áxim a
perfección y rendim iento. Le sigue un período de destrucción de esas
construcciones que llega hasta el cubismo inclusive. V ie n e luego la
descomposición de la form a y el color ya desnaturalizados (cubism o y
arte no-figurativo). Comprobamos un progresivo ahondam iento en los
medios de expresión, enderezados h acia una traducción d irecta, vigorosa,
de lo genuino del arte.
La pintura y la escultura transform aron siem pre más o menos la rea­
lidad visib le, pero hasta nuestros días conservaron casi constantem ente
la referen cia fig u ra tiva . El im presionism o dió un gran paso h acia ade­
lante en la transform ación de la visión de la n atu rale za. M uchas tenden­
cias siguieron luego el cam ino por el cu a l se había lanzado el im presio­
nism o, hasta que, poco antes del cubism o, vemos que se hace am plia
abstracción de la form a y del color tai como se presentan en la n atu ­
raleza . Vem os que el objeto n atu ral y la atm ósfera desaparecen de la
representación. Vem os las llam adas form ulaciones "a b s tra c ta s ". Si el
contenido de esas m anifestaciones a rtística s no se hubiera m antenido
dentro del arte puro, nos habríam os aproxim ado entonces a lo pura-

9

�P . M o n d rian : "C u a d ro I I "

(1 9 21 -5 )

mente decorativo. Después de esa sim p lifica ció n y concisión nació el
cubism o, que rompió consecuentem ente con la visión n atu ralista y repro­
dujo los objetos en su m u ltifo rm id ad . Sin em bargo, los objetos subsis­
tieron como pretexto, hasta que el arte concreto — el arte sin represen­
tación de objetos— los excluyó. En la actitud a rtística reflejad a en
estas etapas vem os, pues, un ahondam iento progresivo, una tendencia
h acia la representación u n iversal, orientada h acia la exposición clara
de lo genuino del arte.
La historia de la a rq u itectu ra dem uestra que es posible una m a n ife sta ­
ción de belleza em ocionante m ediante la sola u tiliza ció n de la línea y
el color, empleados en fo rm a n eu tra l, es d ecir, que no expresan nada
por sí mismos. Pensemos en la g randeza de ese a rte , que deja m uy a
la zaga la belleza de la p intura y la escultura trad icio n ales. Sin embargo,
tam bién aquí ha habido un gran m argen para la subjetividad. A me­
nudo se destacaba intensam ente el sentim iento ind ivid u al. De ah í que
deba saludarse con júbilo el hecho de que la a rq u itectu ra m oderna, racio­
nal y realizad a con nuevos m ateriales, exclu ya am pliam en te, obligada
por las exig encias p rácticas de nuestra época, las m anifestaciones emo­
tivas y sub jetivas. Aunque a menudo no sea " a r t e " , por razones de
ca rá cte r p ráctico y económ ico, esta a rq u itectu ra está empero mucho más
cerca de una m anifestació n de arte universal que la a rq u itectu ra a n ti­
gua. En efecto, considerada desde el punto de vista estético, ha llegado
a ser pura co nfig uració n de las relaciones de espacio. En eso, la a rq u i­
tectu ra moderna coincide con la p intura y la escultura modernas. Sólo
se distingue de ellas en la medida en que no solam ente da preferencia
a las exig en cias orgánicas y p rá cticas, sino que, por el contrario, parte
de ellas. No obstante, la a rq u itectu ra m oderna tiene de común con la
pin tu ra y la escultura modernas sus medios de expresión, con los cuales
puede exponerse puram ente lo genuino del a rte. (1 9 3 8 ).

10

�La poética técnica de Ámancio W illiams
Jorge Goldemberg
Nuestro concepto del mundo está cam biando. En efecto, ello se m ani­
fie sta , entre otras cosas, en la gestión u n ificad o ra de campos cie n tí­
ficos a la luz de una nueva filo so fía , en la aparición de lógicas
ideo-m atem áticas en la esfera de ideas y actos, en la creciente
sistem atizació n de conocim iento y control en los más íntimos aspectos
del v iv ir. Evidentem ente, no es ésta una m era "m u ta ció n del pensa­
m ien to ", pues abarca p rincipalm ente a nuestras "h e rra m ie n ta s" y a
los objetos de nuestra antropología cam b ian te, los que, a su vez,
invaden el pensam iento. Pero esta d ia lé ctica , esta interacción de
objetos-ideas, no es casu al.
Si m iram os en derredor, notaremos con sorpresa que ha sido prece­
dida por pretericiones form ales y que tam bién en la actu alid ad es
conform ada por muchos de los que no trab ajan específicam ente el
problem a. Puede decirse que ellos m an ifiestan en sus obras los efectos
sensoriales de la nueva cu ltura instrum ental. Fundan a sí, como A m ancio
W illia m s , una nueva poética. Establecen las bases de una poética
" t é c n ic a " , porque se basa en la cu ltu ra o b jetivizad a, cie n tífic a . A c la ­
remos que no debe confundírsela con la que propone la m orfología
cu ltu ra l.
Los morfólogos, al establecer una correspondencia unívoca entre los
tem as m ateriales y los llam ados " e sp iritu a le s" de una época, preten­
den e xp lica r una form a sólo por otra fo rm a, un com plejo cu ltu ra l, por
objetos deliberadam ente aislados. En esa concordancia m ecánica se
engendra una cierta poesía que surge del solo hecho de su e xisten cia ,
ya que no com unica expresam ente algo, ni gira en torno a una ideo­
logía concreta. Es lo que los artista s del decenio 1920-30 llam aban
" la poesía de los tiempos nu evo s", de valo r casi tautológicam ente
literario.
Sería d ifícil decir si W illia m s se h alla libre de la in flu en cia de esta
poesía m orfológica, como no lo está casi ningún arquitecto contem ­
poráneo. Tam poco podríamos c a lific a rlo de poeta cie n tífico , pero es
indudable que su poética se v in cu la notoriam ente a los tem as enun­
ciados en el com ienzo de este a rtícu lo . W illia m s es un estudioso activo
de varios problemas nuevos. Pero tam bién -—y esto vuelve excepcional
su posición— • ha abierto su sensibilidad a la captación in tu itiva de
m uchos otros, que pueden percibirse en él como viven cias.
Esta impresión es constante y p a rticu la riza b le en las diversas resi­
dencias, el edificio de o ficin as Bs. A s ., el teatro y los tres hospitales
para la provincia de Corrientes. En ellos se co nfigura espacial y fo rm a l­
mente el poeta W illia m s .
Veam os cómo sucede esto en los hospitales.
En relación con el prim er problem a, aparece sagazm ente resuelto el
tem a del tradicio n alism o fo lkló rico . Es en él donde se sitúa geo g ráfica­
mente la poética de W illia m s . Señalem os, por otra parte, que todo
folklore la engendra al establecer una conexión subjetiva entre el
hombre y la cu ltura del suelo. En nuestro país, el tem a no ha penetrado
profundam ente en la vida n acio n al, pero perm anece vago e indefinib le,
como carga tá cita en la tarea de los arquitectos. A él responde la
fa lsa querella acerca de la oposición e inm ersión de las form as en la
n a tu ra le za , lo cálido, etc.
W illia m s aborda el tem a desde otro ángulo. T ra ta de explotar las
razones funcionales im p lícitas en la arq u itectu ra regional y las incluye,
previa una im portante tran sfo rm ació n, dentro de una ordenación técn ica.
C o ncretam ente, ha considerado el tem a de las aceras-g alerías de la
a rq u itectu ra del noroeste de Corrientes (producto, a su v e z, de la
cu ltu ra virreyn al chaqueña) introduciéndolo en la organización del
hospital. Vem os así cuerpos sueltos, como las m anzanas de los pueblitos
correntinos, con calles interiores o exteriores (los pasillos) donde se
concentra toda la circu lació n y la vida de los lugares. Un gran techo
general vin cu la entre sí los cuerpos y crea sub-espacios, abiertos al
exterio r aun cuando sean internos, como sucede en la viviendas del
personal. La transform ació n físic a del tem a fo lkló rico es tan grande
que no se lo reconoce a prim era v ista , pero la percepción sensorial, la
poética que cre a , no ha sido a lte ra d a , sino vigorizada y despojada del
p rim itivism o que le dió origen.
El tratam ien to de cada elem ento, los procedim ientos con que se lo
desarro lla, p a rtic u la riza n la fa z de los otros problem as, aquellos de los
cuales dijéram os que W illia m s intuye. En efecto, la form a del techo

11

�y la colum na tipo, la definición de los lugares por a rista s, el m ecanism o
interno de funcionam iento, configuran el aspecto form al de la "po ética
té cn ica " de W illia m s . H ay un método de belleza en la elaboración de
la arista ondulante que sirve de perím etro al segundo techo y en el
entronque de la estructura con el ed ificio que está debajo, pues cada
colum na cae aparentem ente dentro de la g rilla del modulado pero
determ ina siem pre pequeños lugares propios. La belleza lógica se
acentúa en el pequeño cosmos de sensaciones que crea el lugar entre
los dos techos; en fin , todo sugiere la posibilidad de relaciones topológicas y logo-m atem áticas notables. Se vislum b ra así la in flu en cia
favo rab le que tendría en nuestras vive n cias una sistem atizació n de la
exp eriencia estética a través de cien cias especiales.
Es verdad que no está aun presente la ley creadora concebida con una
técn ica c ie n tífica (como no lo está en la arq u itectu ra a c tu a l), pero se
presiente ya otra concepción de una sim bología arqu itectón ica. Porque
W illia m s , con una intención verdaderam ente ejem p lar y excep cional,
tantea esa problem ática. Es un nuevo género de poeta.
Podría decirse que tal poética técnica ya existe — es el caso de N ervi
y algunos arquitectos am ericanos— pero, curiosam ente, son sus mismos
creadores quienes la destruyen, al no abordarla como una m anera
especial de com unicación.
Porque una poética está im p lícita en toda actitud por medio de la cual se
quiere exp resar algo. Existe en toda transm isión o contacto inter-subjetivo,
ya se realice éste como hecho lato, de com unicación irreversible, ya como
penetración para acotar lo desconocido y volverlo metodológicamente
objetivo. En el prim er caso, se trata de la vibración de un estado físico o de
co ncien cia: de una poética em píreo-sensual producida por un paisaje o un
texto literario . Opera con la percepción y la retórica. En el otro caso, se
trata de una d ialéctica lógica, de una metodología: de una poética técn ica,
producida por la rigorización sistem ática de una estética o por una
estru ctu ra. Opera con la sem ántica y la percepción. A este últim o caso
se aproxim a indudablem ente la obra de W illia m s y , en especial, los
hospitales cuyos proyectos aquí reproducimos.

Tres hospitales en la provincia de Corrientes
A
A rq .

A
.
A m a n c io

\ a /* 11 •
W lllio m s

U na t íp ic a
C o rrie n te s.

ve re d a -g a le ría

en

la

p ro vin cia

de

As£5°r en el °ntePr°yect°: Ar&lt;- A"ton¡° Bonet
Asesor p a ra las e s tru ctu ra s: Ing . Ju lio P iz z e tti
Asesores p a ra las in sta la cio n e s e lé c tric a s : Ing s.
C o rti y Oneto
Asesor p a ra las in sta la cio n e s m e c á n ica s: José
M u ñ iz
Asesor p a ra las in sta la cio n e s s a n ita ria s : Ju a n Lu is
Equipo del estud io del A rq . W illia m s : A rq s. C.
A m e n g u a l, F. B u llric h , N. Fedu' c, S. K a v a n a g h ,
R . L a n g e , H. M a rtín e z C a rre ra s, H. Pand o, J . Pé­
re z C a se s, D. S ch n eid er, C . Si e ' V . S ig a l, B . Sig a l, J . S a a l, H . T o scan o , M . V- -vograd.
E stru ctu ra s: A rq s. J . S aal y H . T o scano

Pe rsp e ctiva

12

�A sp ecto de la ca lle de un pueblo co rren tino .

T e rre n o elegido p a ra uno de los h o sp itales.

Planteo . Estos tres hospitales fueron en car­
gados a A m a n d o W illia m s por el M in isterio
de Salud P ú b lica . Debían levan tarse en la
p ro vin cia de C o rrien tes, en las zonas de
M b u ru cu yá, C u ru zú C u a tiá y Esq u in a, que­
dando a cargo del arqu itecto la elección de
los terrenos y la elab oración de los pro­
gram as.
Los lugares elegidos poseen un clim a de
c a ra c te rístic a s p a rticu la re s. Son frecuentes
las grandes llu v ia s , las d ife re n c ia s de te m ­
p e ratu ra y las m arcas té rm ica s elevadas,
que a lc a n z a n a menudo los 4 5 ° .
La población es de ca rá cte r netam ente ru­
ral. Su nivel so cial, en general m uy preca­
rio, hace n e cesarias una acció n ed ucativa
e fic a z y la p rá c tic a in ten siva de la m edicina
p reven tiva. El h o sp ital, en consecuencia,
debe a c tu a r a la m anera de un centro a g lu ­
tin ador que a tra ig a a los vecinos y pueda
fu n cio n a r a la ve z como un ente autónom o.
W illia m s se propuso estud iar cada sector
constitutivo del hospital como un elem entotipo que pudiera ser u tiliz a d o en los d ife ­
rentes proyectos varian d o solam ente sus
conexiones, tam añ o o posición, pero sin su­
frir otras m o d ificacio nes. Esto c re a ría una
estrecha relación y unidad entre los tres pro­
yectos y fa c ilit a r ía considerablem ente la
construcción. Por otra p arte, la ausencia
de servicios m ecánicos y una im posición del
M in iste rio , obligaban a d e sarro lla r los ed i­
ficio s en una sola p la n ta , por lo que e xistía
el peligro de co n vertir al hospital en un
conjunto de pabellones independientes, con
los inconvenientes de o rg an izació n y c irc u ­
lación que ello tra e ría ap arejad o .
El arq u itecto resolvió todos estos problem as
proyectando el hospital como un conglo­
m erado de cuerpos estrecham ente v in c u la ­
dos y protegidos por un gran techo de
12 m ts. de a ltu ra que los a b a rc a ra to ta l­
m ente. Los hospitales se convirtieron así en
pequeñas ciudad es con sus ed ificio s p e rfec­
tam ente protegidos del c a lo r, los vientos
y las helad as, sin necesidad de re cu rrir a
techos de gran espesor, g eneralm ente a n ti­
económ icos y de una e fectivid ad re la tiv a .
Como co nsecuencia, la fisonom ía del con­
junto cam bió fu n d am en talm en te con res­
pecto a la de los hospitales com unes. Estos
se tran sfo rm aro n en lugares de fá c il acceso
para la población, que podría acu d ir a ellos
p ara observar de cerca su funcio nam iento ,
enterarse de sus activid ad e s, reunirse para
escu char co n feren cias o presenciar e x h ib i­
ciones c in e m a to g rá fica s, etc. Si se tie n e en
cuenta el bajo n ivel c u ltu ra l y sa n ita rio de
a zo n a, podrá ap reciarse la im p ortancia

P e rsp e ctiv a

13

�que reviste el hecho de que el vecino se
fa m ilia ric e con ese am biente y se a c e r­
que al mismo sin tem or, perm itiendo así
h acer efectivo s los principios de la m edicina
p reven tiva.
Todos estos facto res determ inaron que los
hospitales se proyectaran en las a fu e ra s de
los pueblos, a d istan cias m enores de los
8 0 0 m etros y unidos a los m ism os por bue­
nos cam in os. Con las poblaciones m ás a le ­
ja d a s y , especialm ente en tiem pos de llu v ia ,
las com unicaciones son m ucho m ás d ifíc i­
les. Se previo entonces el funcionam iento
de una pista de a te rriz a je a n e xa que per­
m itiría u tiliz a r un avión pequeño y un
helicóptero para tran sp o rta r enferm os de
urgencia. Dichos ap arato s podrían adem ás
guardarse bajo el techo del hospital.
O rg an iza ció n . El hospital está dividido en
v a ria s zonas que se conectan entre sí por
corredores o bien , de una m anera m ás
flu id a , a travé s de la parte te ch ad a. Ellas
son: servicio s internos, externos, generales
y ane xo s; estos últim os com prenden las v i­
vien d as para m édicos y personal a d m in istra ­
tivo . En Esquina y C u ru zú C u a tiá existe,
ad em ás de los anterio res, un sector para
escuela y v ivie n d a de nurses y alojam iento
p ara m onjas.
A l estud iar la intern ació n se llegó a la con­
clusión de que ésta debe ser lo m ás peque­
ña posible, con el objeto de que los e n fe r­
mos pasen la co n valecen cia en sus casas y

P la n ta general del hospital de Esquina

14

su estadía no g ravite dem asiado en el pre­
supuesto del hospital. Pero como, por otra
p arte, los enferm os deben ser agrupados
por sexos, tipos de enferm edad, etc. y es
conveniente e v ita r en lo posible la concen­
tració n de gran cantid ad de ellos en una
sola s a la , h ab ría entonces que preveer la
existe n cia de un núm ero considerable de
sa las pequeñas. Se llegó así a una nueva
solución (ver p lan ta de intern ació n) que
perm ite una gran elasticid ad en el agrupam iento de enferm os, al tra b a ja rse con ele ­
m entos u n itario s de tres c a m a s, conectados
por un sistem a de peine con los servicios
sa n itario s y que m ediante puertas pivotantes pueden aisla rse constituyendo una u n i­
dad que se ab astece com pletam ente a sí
m ism a.

�1
IM
P la n ta g en e ral del h o sp ital de C u ru zú -C u a tiá

P la n ta g eneral
a e n trad a del público a se rvicio s
b e n tra d a del p úb lico a se rvicio s
c e n tra d a de m édicos, p erso n al,
m a c ia ; lle g ad a de a m b u la n cia a
lios.
d e n tra d a a se rv icio s g en e rale s,
e e n tra d a a la m orgue.

e xte rn o s,
internos,
productos f a r ­
prim eros a u x i­

1 unidad de e n fe rm e ría , con elem entos tip o ,
p a ra tres ca m a s.
2 unidad de e n fe rm e ría , se rvicio s de s a la , e n fe r­
m e ras, to ile tte s.
3 unidad de e n fe rm e ría , aisla d o s, d orm itorios, y
to ile tte s.
4 rayos X , ra d io g ra fía , rad io sco p ia.
5 grupo op eratorio.
6 lab o rato rio y f a rm a c ia .
7 p rim eros a u x ilio s.
8 co nsulto rio s e xte rn o s.
9 h all de público.
10 d ire cció n y o fic in a s .
1 1 g a ra g e .
12 p atio de viv ie n d a s .
13 viv ie n d a s p a ra m édicos y p ersonal a d m in is­
tra tiv o .
14 depósitos.
15 co cin a.
16 com edor de p erso n al, junto a e n trad a de c a ­
rrito s.
17 lav ad e ro .
18 m orgue.
19 lab o rato rio , m orgue.
2 0 veredó n .
21 e stacio n am ien to .
2 2 c a p illa .
2 3 p a tio g en e ral.
24 p a tio de servicio .
2 5 ta lle r y depósito.
2 6 u sin a.
2 7 ca ld e ra s.
28 v iv ie n d a , e scu ela nurses: zo n a d orm itorios.
2 9 v iv ie n d a , e scu ela n urses: zo n a de e sta r.
30 v iv ie n d a , h e rm an as: zo na d orm itorios.
31 viv ie n d o , h e rm a n a s: zo na de e sta r.
e =: ¿e una bóveda con su co lum na.

A rm a d u ra de u na b óved a.

P e rfil.

C o rte d iag o n al.

15

�P la n ta g en e ral del h o sp ital de M b u ru cu yá
(V e r in d icació n de locales en la p la n ta a n te rio r)

E l g ru p o o p e r a t o r io f u é p r o y e c t a d o c o n la
m a y o r s im p lic i d a d p o s ib le t e n ie n d o e n c u e n ­
t a e l c a r á c t e r d e l h o s p it a l , a s ig n á n d o s e e s ­
p e c ia l im p o r t a n c ia a lo s s e r v ic io s e x t e r n o s
y d e a c c ió n s o c ia l. C a d a h o s p it a l c u e n t a
c o n u s in a p r o p ia , t a l l e r e s a n e x o s , d e p ó s it o s
y c o c in a s , c o n e l o b je to d e lo g r a r u n f u n ­
c io n a m ie n t o t o t a lm e n t e a u t ó n o m o .

P la n ta in te rm e d ia

0 0

0 0

E s t r u c t u r a . E l e le m e n t o p r in c ip a l y q u e p u e ­
d e d e f in ir s e c o m o e l m á s c a r a c t e r í s t i c o d e
lo s h o s p it a l e s e s e l g r a n t e c h o q u e c u b r e
lo s p a b e llo n e s . U n a v e z d e t e r m in a d o e l c a ­
r á c t e r g e n e r a l d e l m is m o , e n v e z d e e le ­
g ir s e e l t ip o d e c o lu m n a q u e m e jo r s e a d a p ­
t a r a a lo p r o y e c t a d o , s e d e c id ió e s t u d ia r u n
n u e v o e le m e n t o q u e l l e n a r a ín t e g r a m e n t e
la s c o n d ic io n e s r e q u e r id a s ( v e r " n v " n ° 5 ) .

D ia g ra m a de zo nas

1 s e rv id o s in tern o s: grupo op eratorio y s a la s de
in te rn a c ió n .
2 s e rv id o s e xte rn o s: consultorios y o fic in a s .
3 se rv icio s g en e rale s: co cin a , la v a d e ro , m orgue,
e tc .
4 se rv id o s a n e xo s: v iv ie n d a s p a ra m édicos y
p ersonal a d m in is tra tiv o .
5 se rv icio s a n e xo s: c a p illa .
6 zo n a s e xte rio re s cu b ie rta s por el techo supe­
rior.
7 cam in o g en e ral de acceso.

"1

16

T

�Se ideó así una unidad e stru ctu ral que
en su p arte m ás a lta mide 1 2 ,5 3 m ts. y
en la m ás b a ja 1 0 ,7 0 m ts. C ad a colum na
es estática y au toportante, es decir, no
necesita de ningún otro apoyo para m ante­
nerse en eq uilib rio . Los efectos del viento
tienden a descarg arla y la m ayor parte de
|as deform aciones se producen en sentido
v e rtic a l. Los desagües se re a liza n por el
interio r de las co lum n as, cuya unión con
la bóveda actú a como una v á lv u la de segu­
ridad . No siendo posible c a lc u la r m atem á­
ticam en te la e stru ctu ra , se realizaro n pre­
viam en te m aquetas en yeso y p lástico y
7 modelos en escala 1 / 1 0 p ara e n say ar las
porgas, llegándose tra s su ce sivas m o d ifica­
ciones al diseño fin a l del elem ento.

Plan o de u bicació n

A so leam iento . Un tem a de ta n ta im p ortan­
c ia en un hospital fué aquí objeto de espe­
cia l atenció n. Como las bóvedas pueden su­
prim irse totalm ente o en p arte, alg unas
zo n as interiores pudieron ilu m in arse c e n ita l­
m ente, m ientras que otras recib ían el sol por
medio de un ave n tan eam ien to la te ra l. En
las zonas de ilum inació n ce n ita l se estudió
un sistem a de plástico que p erm itiera el
pasaje de luz por los techos. En colabora­
ción con técnicos argentinos y holandeses
se calcu ló la intensid ad lum inosa necesaria
en todos los lug ares, deduciéndose de ella
la ab ertu ra correspondiente en las ven tanas
y el techo.

Sector de un corte lo n g itu d in a l. H o sp ital de Mbu
ru cu yá

Este proyecto ha sido un ensayo en gran
pscala acerca de la m anera en que puede
p n cararse el estudio de un problem a a rq u i­
tectónico con la ayuda de un intenso tra ­
bajo c ie n tífico fu n cio n al e in te g ral. Los es­
tudios, iniciados en 1 9 4 7 , fueron aproba
dos en 1951 y continuaron hasta 1 9 5 4 .
Sería sum am ente im p ortante, por la calid ad
del aporte que representan p ara el desarro­
llo de la arq u itectu ra h o sp ita la ria , no sólo
en el plano n a c io n a l, sino tam b ién en el
in te rn a cio n a l, que el M in iste rio de Salud
Pú b lica a u to riza ra sin m ás dilacio nes el
com ienzo de las obras, que se encuentran
ap robadas desde 1 9 5 5 .

Sector de un co rte lo n g itu d in a l. H o sp ital de V c - ru cu yá

17

�In te rn a ció n .
1
2
3
4

c irc u la ció n g e n e ra l.
co m u n icació n a se rvicio s g en e rale s.
co m u n icació n a h a ll de p úb lico .
co m u n icació n in tern a a grupo operatorio y ser­
vicio s e xte rn o s.

A
5
6
7
8

u n id ad de aislad o s.
circ u la ció n .
o ffic e y baño.
ropa su cia .
dorm itorio.

B unidad de e n fe rm e ría , (sección ca m a s).
9 elem ento tipo p a ra tre s e n term os.
10 ro p e ría , v e n ta n illa , e n tre g a de ropa lim p ia.
C
a
b
c
d
e
f
g
h
i
j
k
1
M aq u e ta de la zo na de in te rn a c ió n .

S e rvicio s g en erales.
a e n tra d a a m orgue,
b e n tra d a a se rv icio s g en erales.
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20

circ u la c ió n g e n e ra l.
circ u la c ió n g e n e ra l.
la v a d e ro , p ile ta s p a ra rem ojo.
la v a d e ro , a u to c la v e .
la v a d e ro , p ile ta s p a ra la v a r.
tan q u e s p a ra p re p a ra c ió n de jab ó n y a z u l.
lavad e ro m e c á n ica .
c e n trífu g a .
secad or.
p re n sa p la n ch a .
m esas de tra b a jo .
ro p e ría , e n tre g a de ropa lim p ia.
ro p e ría , v e n ta n illa de en treg a de ropa lim p ia .
p erso n al, v e stu a rio s y to ile tte s hom bres.
p erso n al, ve stu a rio s y to ile tte s m ujeres.
c o c in a , e n tra d a y e stacio n am ien to de c a rrito s.
co cin a , h a ll.
co cin a , local g e n e ra l.
co cin a , d esp ensa.
c o c in a , frig o r ífic o , a n te c á m a ra y fa b ric a c ió n
de hielo.
21 co cin a , frig o r ífic o , cá m a ra .
2 2 co cin a , p re p a ra c ió n .
23 co cin a , c a fe te r ía y lavad o m ecán ico de v a jilla .
24 co cin a , com edor del p erson al.
2 5 depósito g en e ral co m estibles y ecónom o.
2 6 depósito g e n e ra l, co m estibles y ú tiles de lim ­
p ie z a .
27 depósito g e n e ra l.
2 8 ca ld e ra s.
2 9 d ep u ració n del ag u a .
3 0 u sin a .
31 g a ra g e .
3 2 p atio de se rv icio .
33 m orgue, e n tra d a .
3 4 m orgue, s a la de au to p sia s.
3 5 m orgue, cá m a ra frig o r ífic a .
3 6 to ile tte .
37 lab o rato rio .

18

unid ad de e n fe rm e ría (sección se rvicio s),
to ile tte en fe rm o s,
la v a c h a ta s y slop sinks.
arm ario s in d ivid u ale s p a ra en ferm os,
cu racio n e s y m édico je fe ,
e n fe rm e ra s, s a la de tra b a jo y co ntroles,
circ u la c ió n y g u a rd a c a m illa s .
depósito w ú tiles de lim p ie za ,
ropa su cia .
v e s tu a rio , to ile tte de e n fe rm e ra s,
b años, to ile tte ,
b años, b añ ad e ro s.
o ffic e m u cam as.

�S e rv id o s e xte rn o s.
1 e n tra d a público a se rv icio s e xte rn o s.
2 e n trad a público a se rv icio s internos.
3 e n tra d a m édicos, p erso n al, productos de f a r ­
m a c ia , lle g ad a de a m b u la n cia s.
4 h all de e n tra d a , c irc u la ció n del p úb lico .
5 inform es.
6 to ile tte p úb lico , m ujeres.
7 to ile tte p úb lico , hom bres.
8 fich e ro s.
9 d ire c to r, despacho.
10
m édicos, s a la .
1 1 m édicos, ve s tu a rio .
12 m édicos, to ile tte , d u ch a.
13 circ u la c ió n in tern a de m édicos, e n fe rm e ra s,
p ersonal a d m in is tra tiv o .
14 to ile tte p erso n al, hom bres.
15 to ile tte p erso n al, m ujeres.
16 co n sulto rio , c lín ic a m éd ica y q u irú rg ica .
17 co n sulto rio odontológico.
18 co nsulto rio o fta lm o lo g ía y o to rrin o la rin g o lo g ía .
19 p rim eros a u x ilio s.
2 0 f a rm a c ia , depósito.
21 fa rm a c ia local de tra b a jo .
22 la b o rato rio , a rch iv o .
23 la b o rato rio , local de tra b a jo .
2 4 rayos X , lab o rato rio .
25 rayos X , ra d io g ra fía y rad io sco p ia.
26 depósito de ú tile s.
27 m édico de g u a rd ia , dorm itorio y to ile tte .

S ervicio s internos.
28
29
30
31
32
33
34
35

grupo o p e rato rio , h a ll.
grupo o p e rato rio , ve stu a rio m édicos.
ve stu a rio e n fe rm e ra s.
grupo o p e rato rio , lavad o de ciru jan o s.
grupo o p e rato rio , s a la de c iru g ía .
grupo op e rato rio , e s te riliz a c ió n .
sección p a rto s, s a la de p arto s.
sección p a rto s, p re p arto s.

S e rvicio s an e xo s.
V iv ie n d a p ara m édicos y p ersonal a d m in is tra tiv o .
1 e n tra d a .
2 o ffic e , co cin a.
3 s a la de e sta r.
4 d orm itorio.
5 d ire c to r, s a la .
6 baño.
7 d ire c to r, p atio .
8 p atio .
9 co m u n icació n con cam in o de acceso y h o sp ital.

M aq u e ta de la zo n a de in te rn a c ió n .

19

�Algunos problemas del diseño
A rq . Francisco Bu llrich

Resulta hoy d ifícilm en te d iscutible, algo a sí como el producto de un
elem ental sentido com ún, la a firm a ció n en el sentido de que la form a del
objeto debe responder a su función de uso y a la técnica de su produc­
ción. M ás aún , podría creerse que este principio ha impulsado a los
hombres en la producción de objetos a lo largo de toda la historia. Esto
im p lica ría , sin em bargo, desconocer que la form ulación e xp lícita de este
principio se realizó en un período histórico determ inado y que, en su
momento, representó una conquista cu ltural de gran im portancia. A l
a sim ilarlo al sentido común como una categoría e xtra h istó rica, se hacen
incom prensibles, no sólo las form ulaciones de M orris, sino toda la evolu­
ción posterior del diseño y la crisis cu ltu ral que se opera en el campo
de la producción de objetos de uso cotidiano.
Para a n a liz a r las circu n stan cias en que el principio de unidad de form a,
función y técnica fué form ulado, deben tenerse en cuenta dos factores:
1) la estructura económ ica de la sociedad ca p ita lista ; 2) la actitud in­
congruente de los integrantes de esa sociedad con respecto a los objetos
que producen y usan.
Cabe se ñ alar, en lo que respecta al facto r m encionado en prim er térm ino,
que las relaciones de producción, al igual que otras m anifestaciones de
la sociedad c a p ita lista , no son evidentem ente comunes a todas las épocas
de la historia. Son el fruto de un largo período de transform aciones a n ­
tiguas, en el campo de la producción social y de la actividad cu ltu ra l.
Es necesario, por lo tanto, un estudio previo de las estructuras sociales y
económ icas anteriores al cap italism o , si se quiere lograr una visión com­
pacta y com prensiva de los cam bios producidos en el campo de la pro­
ducción de objetos de uso con el advenim iento del industrialism o. Esas
estructuras tenían una ca ra cte rística común que no encontram os en el
industrialism o: en ella s, el producto se creaba con vistas a su uso por
parte del propio productor y la circu lació n de m ercaderías se efectuaba
sólo en su form a sim ple, abarcando un excedente relativam ente pequeño.
Es decir, el valo r de uso, ya sea en la producción o en el intercam bio,
era el fin directo perseguido. En esta situació n, el productor conform aba
los objetos que producía teniendo en cuenta el uso a que estaban desti­
nados y la técnica de producción existente.
Es evidente que en esa valo rizació n de las funciones de uso no lo guiaba
el mismo espíritu que guía hoy a los diseñadores, sino que un conjunto
de factores mágicos y religiosos intervenía en el proceso de m anera más
o menos acentuada. No hay que olvid ar, adem ás, la in flu en cia de la
censura so cial, que tendía a rech azar cuanto representara un alejam iento
de cierta s form as elaboradas por el grupo hum ano a lo largo de su h is­
to ria. En estas condiciones, es evidente que si bien la evolución de las
form as se realizab a con un ritmo lento y los progresos en el orden de la
producción eran precarios, la responsabilidad se hacía ineludible en su
elaboración, que era objeto de una depuración consciente y cotidiana.
La aparición del cap italism o trastoca toda esta situación. La fab ricació n
de los productos se re aliza ahora con vistas a su posterior intercam bio
como m ercaderías. Se producen objetos que ya no tienen valo r de uso
inm ediato para el productor, sino que tienen valo r de uso para terceros,
es decir, que poseen valo r de cam bio sólo para el c a p ita lista , al cu a l,
necesariam ente, le es ind iferen te el tipo de m ercan cía que produce.
La producción ca p ita lista está íntim am ente ligada a la circu lació n del

20

�dinero como c a p ita l, que "lle v a en sí m ism a un fin , pues la valo rizació n
del valo r sólo se da dentro de este proceso constantem ente renovado".
En otras p alab ras, dice M a rx , "e l va lo r de uso no puede considerarse
jam ás como fin directo del ca p ita lism o " 0 ). Esta es una de las razones
fund am entales a que se debe la anu lació n constante del p rincipio de
unidad de fo rm a, función y técnica en la producción del industrialism o.
Por otra p arte, el precio netam ente inferio r del producto industrial per­
m itió desplazar al producto a rte sa n a l, aun cuando éste tuviera m uchas
veces condiciones fu n cion ales de uso m uy superiores, y ello debió ahondar
necesariam ente la despreocupación de los industriales por la adecuación
de sus productos al uso a que estaban destinados.
La ind iferen cia del ca p ita lista — que no ve ante sí sino signos de valo r,
m ercan cías— por el valo r estético del producto, no basta para e xp lica r
la crisis estético-funcional de la producción ind u strial. Es evidente que
la burguesía su fría un complejo de inferio ridad notorio respecto de los
valores cu ltu ra les elaborados por la nobleza, como resultado del cual no
veía la posibilidad de que la m áquina pudiese desem peñar un papel
im portante en la evolución a rtístico -cu ltu ral de la sociedad. De a h í que
pasara tiem po sin que se tu viera en cuenta a la m áquina como elemento
propiciador de una nueva estética, de ah í esa absurda im itación del
producto a rte san a l. A rte sa n ía y arte quedaban así identificados y la esci­
sión entre el arte, la producción y la sociedad no tardó en exterio rizarse.
Lo dicho más arrib a no im plica el rechazo completo de la producción
ind ustrial de la prim era m itad del siglo pasado. En algunos cam pos,
cierta s innovaciones técn icas trajero n m ejoras considerables e indiscu­
tibles. Sin em bargo, la estim ación de las necesidades funcionales adqui­
rió un ca rá cte r m ecan icista y abstractam ente estadístico. Ello no se debió
exclu sivam en te a lo señalado al referirnos a la circu lació n de m ercade­
ría s, sino que se produjo adem ás por el ca rá cter fragm en tario que la
intervención del obrero adquirió en el proceso productivo ind u strial. En
este terreno se asistió a cam bios tan notables como los producidos en el
intercam bio de m ercaderías.
En la producción a rte sa n a l, el proceso productivo era llevado a cabo del
principio al fin por una sola persona que tenía una visión com pleta del
mismo y de las necesidades fu n cion ales y estéticas del objeto a fa b ric a r.
En esta form a se lograba una síntesis coherente del arte y la producción
y , por ende, del a rtista con la sociedad. El cap italism o industrial destruyó
todo este estado de cosas. El productor efectivo del objeto (el obrero
ind u strial) no logra tener en momento alguno una noción com pleta del
proceso productivo, pues esa noción se traslad a ahora a los organizadores
del proceso, vale decir, a personas que no intervienen físicam en te sino
m entalm ente en la elaboración de la form a.
En las prim eras etapas del industrialism o , el ingeniero organizador del
proceso productivo fué el encargado de ejercer este papel. Conocedor
de las nuevas técn icas de producción, pareció ser la personalidad indicada
para ello. Pronto, sin embargo, se pudo observar que, tanto por su des­
conocim iento de las necesidades del usuario como por su situ ació n, to ta l­
m ente al m argen de la evolución a rtística de la sociedad, no llenaba
las condiciones requeridas. N acía así la necesidad de un nuevo personaje:
el diseñador ind u strial.

x
r

El C a p it a l, tom o i, v o i. i, pp.
Fondo de C u ltu ra Eco n ó m ica,

Y a en el siglo pasado la crítica de arte percibió claram ente la im portancia
que iba adquiriendo el problem a. Sin em bargo, fué necesario pasar por
una larga crisis conceptual hasta que fu era enunciado el principio de
unidad de fo rm a, función y técn ica con sus im plicaciones m aquinistas.
A h ora bien, fren te a la situación creada por el ind ustrialism o , dos fueron
las reacciones. U na de ellas pregonaba la elim inació n de la m áquina: sus
sostenedores sólo veían en ésta un instrum ento de m iseria y de incohe­
rencia y pregonaban la vu elta a la producción a rte san a l. T a l era la
actitu d adoptada por M orris y R u skin , cuyos conceptos crítico s habrían
de servir sin embargo a otros pensadores para cim en tar una concepción
que ve en la m áquina el instrum ento para la creación de una nueva
estética y , al mismo tiem po, un medio que, conscientem ente controlado
por el hom bre, servirá para reconquistar la libertad y la igualdad de las
re|a c ¡ones sociales p rim itivas.

21

�Esta nueva concepción tuvo su portavoz en H enry van de Velde. El
reconoció la im portancia de la m áquina como propiciadora de una nueva
estética y expresó con clarid ad el principio de unidad de fo rm a, función
y técnica y sus im plicaciones cu ltu ra les. Las bases teó ricas del diseño
como d iscip lin a estaban dadas. El problema consistía entonces en llevar
a la p ráctica esos principios y e xtra e r de ella exp erien cias que p erm itieran
d esarro llarlos, es d ecir, había que en trar en contacto con el mundo de
la producción. Los intelectuales vinculados al diseño fueron tomando
conciencia de esto y hoy podemos a firm a r con M a x Bill que "h a ce un
siglo que un clam or recorre el mundo en ondas sucesivas: tenemos el
deber de fa b ric a r productos útiles con m ateriales adecuados, fácilm en te
su stitu ibles, recurriendo a los medios m ejores de que disponemos y
cum pliendo responsabilidades so ciale s" (2).
Sin em bargo, la fa lta de contacto entre los a rtista s y los sectores indus­
tria le s, expresión de la profunda escisión que e xistía entre el arte y la
producción, fué el prim er gran escollo que debían vencer quienes querían
poner en p ráctica tales principios. El diseño racional de los productos, si
bien sim p lifica b a los procesos de producción y elim inab a inversiones
su p erflu as de cap ital no era un argum ento suficientem ente poderoso para
los ind ustriales. Era necesario ap e lar a otros. El prim er m anifiesto del
Deutsches W erkbund en 1911 insinuaba un argum ento de m ayor interés
para los productores. A llí se decía que un diseño racional p erm itiría
d esplazar de los mercados a los competidores menos avanzados y que,
de esta m anera, la industria alem ana podría aum entar sus ventas y lograr
m ayores g anan cias. Este argum ento interesó en seguida a los sectores
industriales y , por un instante, se creyó que las bases para el desarrollo
del diseño estaban asentadas. D esgraciadam ente, el argum ento, adem ás
de falso , era peligroso.
Era falso porque la historia de estos últim os cincuenta años ha demos­
trado que, apenas se tom aron m edidas de racio n alizació n en la industria
alem a n a, las industrias de otros países hicieron lo propio a los pocos años,
sin que se realizase así el desplazam iento anunciado sino por un período
m uy reducido de tiem po. Y era peligroso porque, realizado el ciclo com­
pleto, los Industriales, desesperados por aum entar sus ven tas, se dedicaron
a cam b iar en form a "se n sa c io n a l" — entiéndase a rtific ia l— sus pro­
ductos.
Desde fin es del siglo pasado, sólo un grupo m uy reducido de hombres han
sabido crear form as sanas. La gran m ayoría de los "d e sig n e rs" han
practicado y p ractican el oportunism o más descarado. A l decir de George
Nelson, estos diseñadores "pierd en tanto tiem po pensando en el público
que les queda poco tiem po para pensar en el producto". Es decir, no
ven en aquél al usuario, sino al com prador del producto, de modo que
el resultado es un fo rm alism o convencional, que se concreta en el aerodinam ism o de objetos inm óviles y en alg unas otras deform aciones que
pululan especialm ente en el llam ado diseño am ericano.
M oholy-N agy es, por cierto , quien ha an alizad o con más perspicacia la
situación actu al del diseño en EE. U U . En su libro "V isio n ¡n M o tio n "
dem uestra cuán lejos se está de haber resuelto el problema y cuán grave
es la situación presente al se ñ a la r: " E l diseño, en nuestros días, es una
lucha por lograr ventas rápidas; generalm ente, nada más que un ropaje
externo alrededor del producto. Su ca ra cte rística sobresaliente es la de
ser "d ife re n te " , aunque su función siga siendo la m ism a. El diseñador es
llam ado para " e s t iliz a r " o "po ner de m oda" un producto ya pensado y,
cuanto más cam bia un "d ise ñ o ", m ayor se supone su contribución al au ­
mento de las ve n ta s" (3).
En esta ca rre ra alo cad a, es la continuidad m ism a de la cu ltura la que
está en peligro, porque la destrucción de valores trad icio n ales no se ve
equilibrada por la creación de auténticos valores nuevos, condición vital
en la supervivencia de toda cu ltu ra . Para ésta, la calidad interesa más
que la novedad. La irresponsabilidad más notoria guía a los productores,
vendedores y com pradores de "novedades ilu so ria s". T ir a r por la ventana
un pasado cu ltu ra l sin c rítica ni beneficio de inventario, no es una tarea
co nstru ctiva, es una acción n ih ilista . La novedad por la novedad m ism a,
que sólo se funda en el a fá n de lucro y se h a lla fom entada por una pro­
paganda irresponsable, no sig n ifica ninguna conquista cu ltu ra l.
De lo dicho p areciera desprenderse que nuevas condiciones históricas de
producción se hacen necesarias para un pleno desarrollo del principio de
unidad de fo rm a, función y técnica que, como vim os, surgió en el mundo
como consecuencia de una serie de cam bios en la producción. N uevas
condiciones históricas engendrar) hipótesis teóricas que, para re alizarse ,

22

(2 ) M a x B ill: " B e ie z c p rovincia da fu n c a o e belezo
como fu n c a o " . En
H a b ita t '. n9 2 , Sao Pau lo ,
en ero-m arzo 1951.
(3) La szlo -M o h o ly-N a g y: " V is io n in M o tio n ", p. 3 4 .
C h ic a g o , P au l T h e o b a ld , 1947.

�exigen a su vez nuevas condiciones históricas (4). M as se presentan en­
tonces una serie de interrogantes: ¿Qué hacer m ientras tanto? Las nuevas
condiciones h istóricas ¿g a ran tiza rá n por sí solas el respeto de los p rin ­
cipios del diseño? ¿Qué otros cam bios es preciso introducir y cuál será la
evolución fu tu ra del problem a?
Con respecto a lo prim ero, sólo cabe apoyar a quienes están empeñados
en cre a r, defender y llevar a la p ráctica con éxito un repertorio de form as
sanas, y luchar por la creación de una conciencia de la fo rm a, coherente
con las coordenadas presentes. En esta ta re a , sin embargo, es necesario
un am plio esclarecim iento, pues muchos sectores siguen empeñados en
no rebasar los lím ites de la definición un tanto m ecan icista de S u llivan .
Bill es quien probablem ente ha comprendido con m ayor profundidad el
problema al a firm a r: "S e ha hecho evidente que no puede trata rse sola­
mente de d esarro llar la belleza a p artir de la función, debemos exig ir
antes que la b elleza, yendo a la par de la función, sea ella m ism a una
fu n ció n ". Surge así un nuevo planteo en el cual función y form a no se
suceden en el tiempo sino que se relacionan en form a sim ultánea y con­
tinu a (5).
Con respecto a los otros interrogantes, las respuestas no son tan claras.
N ad ie, y muchos menos un m a rxista, estaría dispuesto a a firm a r que,
realizados cam bios revolucionarios en las relaciones de producción de los
hombres, deban producirse sin más cam bios completos en la cu ltura de
un grupo hum ano. Los inm uebles neoclásicos que se han venido constru­
yendo en la U .R .S .S . son una dem ostración p alm aria de que, adem ás de
las m encionadas, son necesarias otras m odificaciones para que los hom­
bres puedan elaborar form as auténticas de uso. C uál es el ritmo de
esos cam bios, es, sin duda, d ifícil de d eterm inar, tantas son las variab les
para cada grupo hum ano, pero que ellos son necesarios, es cosa indis­
cutible.
Es evidente que la actitud de los hombres frente a los objetos que pro­
ducen y usan constituye un aspecto im portante de la cu ltu ra . Y que esa
actitud desempeña un papel im portantísim o en la definición de las form as
de dichos objetos es indudable. Los hombres vienen abandonando desde
hace un siglo y medio la actitu d a rte sa n a l, que id en tifica la noción de
arte con un determ inado sistem a de producción (hoy superado), y aún no
han adoptado una actitud coherente con las coordenadas industriales.
Estamos atravesando una crisis profunda, que se expresa por la defensa
retrógrada de valores convencionales, por la continua aparición de "n o ­
ved ad es" y por una apatía general
El hombre no ha encontrado aún su ubicación en la com pleja tram a de
problem as creados por el m aqum ism o y ya estamos a las puertas de una
revolución de no menor im portancia que la que se produjo como resul­
tado de las invenciones m ecen cas de os siglos X V I I I y X I X . N adie
puede ab rig ar en el presente ninguna duda con respecto a la im portancia
de las consecuencias que provocará la introducción de los cervom ecanismos en los procesos de producción. Cu án to tiem po tard ará en desarro­
lla rse el cam bio y qué nuevas incógnitas se presentarán, es m ateria de
discusión, pero lo que desde ya podemos a firm a r es que una nueva a c ti­
tud del individuo frente a los objetas se h ará n ecesaria.

(4) A . G ra m sc i: 'II m ate rialism o d ia le ttic o e la
filo s o fía de Benedetto C roce, p. 39. T o rin o , Einaud i, 1949.
(5 T . M ald on ado : " M a x B ill" p, 9 . Bs. A s ., N u e­
v a V is ió n , 1955.

23

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V is ta del co n ju n to , desde R iv a d a v ia .

Edificio para una cooperativa de
vivienda
A rq s. F. Beretervide, W . Acosta y
A . F e lic i; J . C. R uiz

24

Este e d ificio presenta un p a rtic u la r interés
para la evolución de nuestro urbanism o. En
efecto, aunque fué construido al mismo
tiem po que los m onoblocks de la época
peronista, ya se halla b a proyectado y en
trá m ite con an terio rid ad , por lo que resu l­
ta ría ser una de las p rim e ra s proposiciones
para unidades de vivie n d a en condiciones
u rb an izab le s (decim os así atendiendo a las
c a ra cte rístic a s intern as y servicios generales
del ed ificio ) construida en nuestro país.
T a m b ié n es de se ñ alar el hecho de haber
sido propuesto y fin a n c ia d o por la C oopera­
tiv a El H ogar Obrero con destino a sus
asociados. Representa, por lo tanto, el raro
caso de que una o rgan ización cooperativa
arg e n tin a aborde con su fu e rza económ ica
una cuestión de vivie n d a .
En 1 9 4 1 , la C ooperativa realizó un con­
curso p rivad o entre seis firm a s de a rq u i­
tectos, estableciendo como condiciones: m á­
xim o ap rovecham ien to de la su p erficie y
asoleam iento adecuado. P a ra em plear todo
el terreno, el R eglam ento de C onstru ccio ­
nes hub iera exigido un ed ificio de 9 pisos
y unos 1 1 patios internos, por lo que se
decidió d e cla ra r desierto el concurso a la
vista de los anteproyectos.
Se efectuó una segunda prueba a fin de
ese año, autorizánd ose 14 pisos, resultando
Dremiado poco después el proyecto reali-

V is ta la te ra l.
R iv a d a v ia .

En p rim er p lc r c

el cuerpo sobre

V ís t ce
- c ce rach a, la ca lle Ro­
sa rio . Los dos g ran d e s elem ento s v e rtic a le s , s i­
tuado s a los ladoss so n co n tra fu e rte s y en ellos
se h a lla n les
as re : reu lació n .

�O tra v is t a , desde el puente fe rro v ia rio ce rcan o .
Es visib le la m ag n itu d de la o b ra, en relació n a
las ca sas que la rodean.

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D e talle de la fa c h a d a norte.

zado por Beretervide y su equipo. Posterior­
m ente se siguió elaborando el te m a, hasta
lleg ar a un m onoblock de 2 2 pisos, en un
solo cuerpo con fre n te N .E . y una ligera
c u rv a tu ra , propuesta por razones p lásticas
y de asoleam iento. Este fué aprobado como
proyecto d e fin itiv o , pero dadas las condicio­
nes reinantes, la cooperativa decidió en
1 9 4 4 suspender tem p orariam ente el estu ­
dio, que fué recom enzado en 1 9 4 8 . Por
fin , en 1 9 5 1 , se inició la o b ra, que quedó
concluida en 1 9 5 4 .
En cuanto a las hipótesis que se plan teara
el equipo, éstas son sim ples: m áxim o
núm ero de d epartam en tos, m áxim o aso lea­
m iento (rigurosam ente estudiado) y re la ­
ción del e d ific io con la m an za n a a travé s
de prolongaciones con fre n te a las c a lle s.
Estas fueron proyectadas para la a ltu ra
que perm ite el Código en esas zon as. A l
in te rio r, un gran cuerpo c e n tra l. L a s f a ­
ch a d a s, como tam bién en una buena parte
los volúm enes, fueron considerados un
resultado lite ra l de la d istribución in te rn a,
y no se plan tearo n o tras co rrelaciones.
E equipo desarrolló estas hipótesis c la ra
y coherentem ente, aunque sus resultados

presentan alg u n as in su fic ie n cia s p a rtic u la ­
res. A clare m o s antes que el ed ificio se dis­
pone según el eje m ayor del terreno , que
es una fa ja con fre n te s a la A v d a . R ivad av ia , a la c a lle Rosario y latera lm en te a
Riglos.
L a p lan ta ha sido d esarro llada
en form a de Z , con la ram a m edia de
2 2 pisos de a ltu ra y las la te ra le s, de 6 y
1 1 pisos. El e d ific io está separado de las
m edian eras por dos patios, obstruidos hasta
cie rta a ltu ra por la e d ificació n v e c in a .
A q u í notam os un prim er inco nven iente: la
m an za n a estrang ula al e d ificio y , en conse­
cu e n c ia , éste carece de relación con el en­
torno, al punto que sólo se lo puede ap re­
c ia r en form a y calid ad desde cie rta dis­
ta n cia .
En segundo lug ar, las ram as cortas de la Z ,
cubriendo los frentes a R iv a d a v ia y Rosario,
no logran a rtic u la r las d istin tas partes del
e d ific io , pues se disocian de él en una
form a poco c la ra . Esto es tan perceptible,
que el ed ificio parece ca m b ia r sensiblem en­
te, según el lado en que se lo contem ple.
El efecto se acentúa por las d ife re n cias do
tratam ien to entre fa c h a d a s y por la conti ­
nuidad extern a de los volúm enes (y, a

Esquina sobre el pasaje Rincón.

25

�7
P la n ta b a ja .

TÍT
tu-

1

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19

E n tra d a .
N egocio.
H a ll.
V e stíb u lo .
Saló n .
T e rr a z a del saló n
T o ile tte s .
D epósito b icic le ta s
Espera.
T e rr a z a cu b ie rta
T e rr a z a a b ie rta .
P a tio .
T ra s tie n d a .
Negocio g ran d e.
R e co va.
Negocio chico.
H a ll.
T e rr a z a .
P a tio .

En tresu elo .
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16

V a c ío saló n .
C a b in a .
En tresu elo .
V a c ío negocio.
D ep artam e n to s C l.
T e rr a z a .
V a c ío p órtico.
V a c ío del negocio.
V e stu a rio y to ile tte s m ujeres.
V e stu a rio y to ile tte s hom bres.
C o n tra lo r.
V a c ío .
A d m in is tra c ió n .
V a c ío v id rie ra .
Tesoro.
T e ch o de la recova.

P la n ta tipo pisos 7 a l 11.
1
2
3
4
5

P a sillo de acceso a los d ep artam e n to s.
D ep artam en to s com edor y 2 d orm itorios.
D ep artam en to s com edor y 1 d orm itorio.
D epartam en to 1 dorm itorio.
D epartam en to comedor y 3 d orm itorios.

V e r en la p ág. 29 p la n ta
d ep artam e n to de com edor y

P la n ta tip o pisos ’
1

ri

oeoartam entos.
- • 2 d o rm it o ri o s .

ze aam edar ■ 1 d o r m i t o r io .

4 D epartam en to c e

26

oí 2 2 .

P asillo de acceso c

. .. .
3 C e ::- :- ;- - :

e n d e ta lle de
' d orm itorio.

1 c c r-r ¡torio.

un

�veces, de la c a rp in te ría ) en los ángulos de
entronque entre los cuerpos. Creem os que
las fa ja s llen as v e rtic a le s u b icad as en estos
ángulos (c a lle R iv a d a v ia ) sólo alig e ra n el
conjunto, sin solu cionar el problem a.
Por últim o , las perentorias necesidades de
ap rovecham iento han com plicado algo el
p lan , p a rticu la rm en te sobre la c a lle R iv a ­
d a v ia , produciendo en trelazam ien to s in te r­
nos en la distribución de zonas.
Con estas notaciones c rític a s no pretende­
mos in v a lid a r el trab ajo de los arqu itectos,
sino que tratem o s de p resentar los fenó­
menos que en cierto modo lo defin en, sin
a fe c ta rlo . Por otra p arte, es evidente que,
tanto en el planteo como en la o rg an izació n ,
presenta puntos m uy bien resueltos, como
será señalado al hacer su descripción.
G lobalm ente el ed ificio consta de:

M

a) un cuerpo late ra l bajo, sobre R iv a d a v ia ,
con las o ficin a s, sa la de v en tas, depósitos,
etcé tera, de la C o o p erativa.
b) Un cuerpo de 6 pisos sobre Rosario en
el que se incluyen 16 locales o rig in a ria ­
m ente propuestos para consultorios m édicos.
c) Por encim a y al lado de los anterio res,
así como en el cuerpo c e n tra l, los d e p arta­
m entos, que m iran g eneralm ente al N .E . y
poseen una circu lació n corrida de acceso por
el S.O . En total h a y 2 6 3 departam entos
divididos en 4 categorías p rin cip ales.
N ingún departam ento tiene cuarto de ser­
vicio , pues los se rvicios generales de la
casa se atiend en:
a) Con un lavadero m ecánico situado en
el 5 ° piso.
b) C on un futu ro comedor y cocina cen­
tra l, previstos en el piso 2 3 .

I

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A n g u lo sur del e d ific io y d e ta lle del cuerpo sobre
R osario.

27
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�V is ta de ia fa c h a d a su r. Los m uros e stán fo r­
m ados por u n id ades p re fa b rica d a s "p a ra p e to v e n t a n a " , de h orm ig ón , tra b a d a s e n tre s í y
ap o yad as en la losa.

c) Con una guard ería in fa n til, in stalad a en
el prim er piso, que tiene servicio diurno y
nocturno.
L a guard ería accede a una
a m p lia te rra z a -ja rd ín , sobre las o ficin a s
de la co o p erativ a, brindando todas las co­
m odidades a los niños. En la actu a lid a d
se está efectuando un cata stro in fa n til, que
será extendido a las personas m ayores que
hab itan la casa . De este modo se podrá
atend er adecuadam ente a la salud fa m ilia r
y estab lecer un valio so sistem a de m edicina
p reven tiva.
Estos servicio s generales p lan tean una e x­
perien cia de gran u tilid ad en nuestro país,
pues desarro llan orgánicam ente las re lacio ­
nes co lectivas del grupo social d o m icilia rio
y se rvirán indudablem ente como dato b á­
sico p ara futu ro s planteos.
L a C o o perativa. Consta de un gran local
con fre n te a la c a lle , una trastien d a debajo
del m onoblock y un acceso de carg as a
trav é s de uno de los patios. El local pre­
senta una notable unidad e sp acial y su
am plitu d está e q u ilib rad a por la pequeña
a ltu ra del entrepiso calado que se encuen­
tra sobre él. L a s vig a s acen tú an el tem a,
pero en algunos lug ares, como en los locales

V is ta del p atio in te rio r, to m ad a desde las o f ic i­
nas de la co o p e ra tiva . A la d ere ch a, acceso a l
h a ll.

28

del entrepiso,

resu ltan

un

tanto

pesadas.

Los departam entos. Todos los departam en­
tos presentan la m ism a o rg an izació n que el
reproducido (T ip o C ). El vestíb u lo es de dim en­
siones relativa m en te grandes y perm ite su
uso como lu g ar de com er o como an tesala
para un consultorio. Esp acialm en te, puede
considerarse este local como el núcleo cen­
trifu g ad o r de todos los lugares del d e p arta­
m ento. Su condensación m á xim a se a lc a n z a
en un punto esp ecífico : la entrada al pe­
queño p asillo interno de servicio . Quien
accede a él puede tener una v iv e n c ia , casi
diríam os in stan tán e a, de la v ivie n d a . Las
visu a le s, las direcciones de los lugares y
la ub icación de las puertas fa c ilita n una
percepción com pleta tanto de la o rg a n iza ­
ción de los espacios como de la d istribución.
Es esta una cu alid a d destacab le de los de­
p a rtam entos, pues perm ite d ar una notable
vib ració n a lugares que tienen una d is tri­
bución sim ple, y en donde los recursos té c­
nico-económ icos obligan a una escuetez dé
medios estéticos. Este cspecto está plen a­
m ente logrado, aunque algunos d etalles de
term inació n no hayan sido tan cuidados.
Agreguem os que la m a g n ífic a vista que se

observa desde todas las ve n tan a s y el aso­
leam iento adecuado, p a rticip a n de la estru c­
tu ració n de la c a sa . Puede decirse que han
sido sabiam ente em pleados como elem en­
tos a c tivo s, sino p rin cip ales, del proyecto.
C ircu la cio n e s. Todo el m ovim iento de la
casa se re a liza por dos b a terías de ascenso­
res y escale ras u b icad as en el fre n te S.O .
En la p lan ta b a ja se h a lla n los dos h alls,
accediéndose por cada calle a la batería
correspondiente. El pasillo de piso, cerrado
con paneles prefab ricad o s, presenta un
ve n tan a l continuo, cuyos p aran tes, así co­
mo la c u rv a tu ra , lo proveen de un ritm o
unifo rm e. Esto, a su v e z, lo aco rta v is u a l­
m ente en longitud, sugiriendo un principio
de "prom enad e a r c h ite c tu ra le " , que se
acen tú a por la visión del p a isaje.
Por ú ltim o , el ed ificio cuenta con un só ta­
no, y un entresuelo para servicio s de los
departam entos y depósitos de la co o perati­
v a . El patio situado del lüdo norte es
visib le desde el h all y sirve como lugar
de exp ansió n. El otro p atio , con acceso
por R osario, es p rin cip alm en te un lugar
de m ovim iento de veh ículos y de carg a.
J . J . Go.

�1
P la n ta de un d ep artam e n to .
1
2
3
4
5
6
7
8

P asillo de acceso a los d ep artam e n to s.
P u e rta de e n tra d a .
Pasillo .
V e stíb u lo .
Com edor.
D orm itorio.
Bañ o.
C o cin a.

Interior de un departamento.

In terio r de un d ep artam e n to . En p rim er p lan o ,
a la d e re ch a , la p ue rta de acceso a l liv in g . A l
fon do , a la izq u ie rd a , el baño y a la d ere ch a,
la co cin a.

29

�Sobre los métodos de enseñanza de la arquitectura
Prof. Enrico Tedeschi
En el proceso que se desarrolla actualm ente en las Escuelas de A rq u i­
tectura se atribuye especial im portancia — dentro del orden general de
m edidas que se definen como reestructuración— ; a la redacción de
proyectos de planes de estudios. En ellos se procura conseguir un orden
m ejor y una m ayor e fica cia en el desarrollo de la ca rre ra , de acuerdo
con exp erien cias anteriores. Se proponen, en general, cam bios en la
distribución de los cursos, introducción de m aterias nuevas, regímenes
de enseñanza diferentes de los anteriores. A lg u n as propuestas están
orientadas para v a lo riza r ciertos grupos de discip lin as que interesan
especialm ente a los autores de los proyectos, o para introducir proce­
dim ientos extra u n ive rsita rio s, que si bien pueden dar resultados inte­
resantes en situaciones m om entáneas y locales, carecen de valo r general
para la form ación del arquitecto como profesional y un iversitario. La
personalidad y los intereses intelectuales de los autores de los proyectos
prevalecen en algunos casos hasta producir propuestas que solamente
tendrían vigencia en una situación hipotética, en que profesores y
alum nos fuviesen personalidad e intereses idénticos a los que m anifiesta
el autor del proyecto.
Sin em bargo, la reestructuración no puede prescindir de la situación
real de las Escuelas de A rq u ite ctu ra , que va ría notablem ente de una
a otra universidad, sobre todo en razón del número m uy diferente de
alum nos que están inscriptos en ellas. Por esto, los planes de estudios
pueden v a ria r, a fin de en carar de la m anera más conveniente las
distintas situaciones. Sería un poco absurdo, por ejem plo, a p lica r la
estructura por departam entos, adecuada a una escuela que aúna m iles
de estudiantes, a otra que los cuenta por decenas; asim ism o, la adop­
ción del sistem a de ta lle r puede ser común a todas las escuelas, pues
representan el modo más directo de reunir a los estudiantes en una
com unidad de trab ajo , pero su organización será muy diferente según
el tam año de la escuela. Los cursos p aralelos, que pueden dar resultados
fecundos en las escuelas m uy concurridas, no pueden m antenerse con
una población estudiantil reducida. Estos ejemplos son evidentes. Sin
embargo, la elaboración de planes de estudios basados en situaciones
p articu lares no es su ficien te para llen ar las fin alid ad es de la reestruc­
turación. Los planes necesitan un fundam ento de carácter general, que
asegure a la acción local valo r concreto para la form ación del a rq u i­
tecto, tarea que rebasa las lim itaciones debidas a la situación especial
de una u otra escuela.
En otro escrito sobre el tem a de la enseñanza de la arq u itectu ra he
indicado la necesidad de un concepto claro de la activid ad del a rq u i­
tecto para orientar los estudios; pero no se debe suponer que esta
prem isa indispensable conduce necesariam ente a la adopción de planes
de estudios únicos. A u n cuando puedan aceptarse conclusiones comunes
sobre este tem a, el resultado no influ ye en los planes de estudios,
que son elementos prácticos para ordenar las escuelas, sino en los
principios básicos de la activid ad docente, en el método de enseñanza
y de trabajo.
Por tal motivo, la definición de un método de enseñanza puede consi­
derarse! más im portante que la redacción de planes de estudio. M uchos
de los problem as que preocupan a los que intentan reform ar las escuelas
y de los defectos que desde hace tiempo las a fe cta n , nacen de la fa lta
de un método definido que pueda co nstituir una base cu ltu ral para
los estudios de arq u itectu ra.
Dos causas p rincipales contribuyen a esta situación. Una es la u tili­
zación contem poránea de métodos d iferentes, debida en parte a las
herencias que han recibido las escuelas de arq u itectu ra — la escuela
de bellas artes, la escuela de ingenieros y la escuela hum anista—
y en parte a la in flu en cia contem poránea de las diversas corríenr
tes cu lturales que actualm ente presentan más im portancia en los
estudios superiores, principalm ente la racio n a lista , la h istoricista y la
em p irista. R aras veces se repara en estas in flu e n cia s, y por lo tanto
resultan m ezcladas con m ayor p erju icio para la unidad de la cu ltura
en este campo. La otra causa radica en la despreocupación m anifestada
hasta ahora para la form ación de los docentes, trasladados en la
m ayoría de los casos directam ente de la actividad profesional a la
cáted ra, a la cual aportan una exp eriencia valiosa pero de alcan ce
lim itado, que no ha sido relacionada con un enfoque cu ltural más
am plio y un iversal.
A u n aceptando que un objetivo pueda a lca n za rse por cam inos dlfe-

30

�rentes, lo cierto es que quienes intentan seguir varios cam inos a un
mismo tiem po term inan seguram ente por desviarse y se arriesgan a no
llegar nunca a destino. Esto es lo que se p ractica comúnmente en las
escuelas de a rq u itectu ra. Es muy fá cil encontrar en la m ism a escuela,
y a veces en una m ism a m ateria cuando está dividida en varios cursos,
un profesor que enseña sobre las bases del em pirism o p ra cticista , otro
que se ciñe a los criterios de un racionalism o estricto, otro que pre­
fiere el enfoque crítico del método histórico. Sin h ab lar de los que
estim an innecesario tener una orientación cu ltu ral y se guían con lo
que suponen ser el buen sentido y la exp erien cia, lo que quiere decir
generalm ente que enseñan de m anera casual y discontinua. Con qué
b eneficio para la form ación del estudiante, es fá c il im ag in ar si se
piensa en la desorientación que se le produce en un momento tan
delicado e im portante para su actividad fu tu ra.
Esta m ism a fa lta de unidad de enfoque cu ltu ral y de método de ense­
ñanza aparece en muchos proyectos de planes de estudios, puesto que
en el origen de ello existe más una especie de reajuste de lo que
actualm ente se hace en los distintos grupos de discip lin as tradicio nales
de la ca rre ra de arq u itectu ra , que una visión del problema en con­
junto. Pero los planes de estudios pierden e fica cia sin la base de un
método de enseñanza y de una orientación cu ltu ra l, y hasta se vuelven
confusos y poco com prensibles. Se cam bian los nombres de las m aterias,
se introducen discip lin as aparentem ente nuevas por el títu lo , pero su
contenido y sus objetivos no resultan claros. No hubo antes una
discusión entre las personas dedicadas a la enseñanza que perm itiera
a c la ra r el va lo r de las expresiones u tiliza d as y a lca n za r un lenguaje
propio de las discip lin as que interesan a la arq u itectu ra y que debe
d efinirse por ser un instrum ento de com unicación indispensable.
Palabras m uy generales y muy usadas en estos momentos, como "e xp e ­
rie n c ia " , "in v e s tig a c ió n ", expresiones corrientes en las conversaciones
de arquitectos, como "e sp a c io ", " c o lo r" , cobran sentidos m uy d ife ­
rentes para unos y para otros. La "e x p e rie n c ia " em p írica, por ejemplo,
nada tiene en común con la " e x p e rie n c ia " del tipo histórico; " in v e s ti­
g a ció n " se entiende a veces como un trab ajo sistem ático sobre temas
especiales de las d istintas discip lin as que integran la ca rre ra, tanto
en la form a de ensayos técnicos como de estudios teóricos, y otras
veces como una oportunidad para re a liza r proyectos im portantes sin
concurso y en la situación p rivilegiada de no tener que responder al
com itente como un profesional aislado, sino con el respaldo de una
institución u n iversita ria . Por "e sp a c io " pueden entenderse el espacio
lim itado por paredes de edificio s, p rincipalm ente interno, tri o cuadrim ensional; pero otros hab larán de espacios bidim ensionales. " C o lo r"
es para algunos el resultado im presionista de un contacto con la natu ­
raleza . para otros el objeto de teorías físic a s o de ensayos psicológicos.
Las diferen cies se m a n ife sta rían con más evidencia cuando se trata ra
de a c la ra r o que se entiende como contenido de las discip linas más
"a d ic io n a le s de la ca rre ra . H isto ria de la arquitectura se entiende,
según las personas, como historia de la cu ltura a través de los monu­
m entos, historia de la construcción, historia abstracta de los estilos,
h istoria c rític a de los monumentos y artista s. Plástica puede ser el
curso donde se aprenden las técn icas de la expresión g ráfica por medio
de una enseñanza basada en la p ráctica del ta lle r trad icio n al, o la
c se o "o en que se adquiere la g ram ática de los medios expresivos
de la arq u itectu ra por medio de un trab ajo a n a lítico en el cual se
-eé.ne c re cría racional y el ensayo de laboratorio, o una experiencia
com pleta de -eoríc experim ento y crítica que procure al arquitecto el
don- - : . c co nciencia de esos mismos recursos expresivos. Teo ría
ce fa a rq iLte ctu ra estará considerada a veces como el estudio tradicio nal
ce os e !errentos de la " g ra n " composición a cad ém ica, a veces como el
estuc o rcci o ra l izado y abstracto de esquemas funcionales de edificio s,
c . eces co~ o el estudio crítico de la realidad histórica de los edificio s,
en sus -clores prácticos y artísticos. Los cursos de urbanism o pueden
ente-derse como un mero ejercicio de recopilación de datos para la
preparación de un expediente urbano, o como el pretexto para exh ib ir
• 'T -c sisn o s gráfico s; en otros casos se esfu m arán en ambiciosos ento­
rn e s geopc¡íticos e ingenuas utopías. En casos más afortunados lograrán
exaresar la síntesis de factores n atu rales, humanos y técnicos que está
en la base de la obra urb an ística.
Me atrevería a decir que hasta una p alabra aparentem ente tan consa­
bida e inocente como "p ro yecto " puede cau sar profundas discrepancias
s se plantease concretam ente qué se entiende por tal en la m ateria

31

�de A rq u itectu ra o Composición A rq u itectó n ica. Existe una diferencia
su stan cial entre las concepciones de quienes piden un estudio dirigido
p rincipalm ente a la fa z profesional y los que insisten en la expresión
a rtística desprendida de los elementos técnicos, sociales y económicos.
Posiciones extrem ad as, entre las cuales existen otras interm edias que
tam bién pueden encontrar defensores apasionados.
Los ejem plos citados, y muchos otros que pudieran agregarse, dan la
pauta de la necesidad de a c la ra r fin alm en te los fundam entos cu lturales
de la enseñanza de la arq u itectu ra en nuestras escuelas, si no: se quiere
term in a r todos los intentos y proyectos en algo tanto o más caótico que
lo que hubo antes. Cómo conseguir este resultado im portante, es pro­
blema que m erece ser estudiado con detenim iento, aun cuando la
necesidad p ráctica de poner en m archa las actividades de las escuelas
imponga tom ar m edidas rápidas. T a l vez convenga considerar las dos
necesidades por separado, y a ctiv a r am bas al mismo tiem po, p ara le ­
lam ente.
El estudio de los problem as relacionados con la orientación cu ltu ral de
las escuelas y los métodos de enseñanza tendrá mucho valo r tam bién
para otro objetivo igualm ente im portante: la form ación de los docentes.
Las d ificu lta d es que se han opuesto a la form ación de los docentes de
a rq u itectu ra han sido ya d iscutid as, y se han indicado para e xp licarlas
vario s facto res, algunos generales, como la inestabilidad del cargo,
otros p articu la re s, como el ca rá cte r profesional de los profesores de
a rq u itectu ra. Pero la fa lta de contacto entre los docentes, que se ha
evidenciado hasta en una m ism a escuela, es tam bién un obstáculo
m uy grave. Personalm ente, en los varios años que he pasado en la
docencia u n iv e rsita ria , he tenido contadas ocasiones de intercam bio
con profesores de las m aterias que estaba dictando, y estas pocas debi­
das a circu n stan cias personales. En ningún caso a una in iciativa o ficial
o colectiva que propusiera la oportunidad de la discusión de los pro­
blemas comunes. Un clim a de exam en y de debate de los métodos de
enseñanza, un intercam bio de los diferentes puntos de v ista , la a c la ­
ración de las posiciones que nacen de prem isas cu ltu rales definidas,
pueden contribuir de m anera fecunda para am p liar los lím ites de los
conocim ientos de cada uno, integrando los esfuerzos cu ltu ra les aislados.
Las reuniones entre docentes de una mism a escuela deberían alternarse
con otras entre docentes de m aterias afines en las d istintas escuelas, de
m anera que el intercam bio sea am plio y repetido, hasta perm itir un
conocim iento general de las opiniones y tendencias. Las reuniones
podrán tener carácter d iferen te, pero conviene pensar en conversaciones
de mesa redonda precedidas por una buena p reparación, en sem inarios
que vin cu len a los docentes en trab ajo s com unes, en cursillos o ciclos de
co nferen cias, más que en congresos acom pañados por actos o ficiales.
A l procurar por este cam ino la unidad fundam ental de la cu ltu ra a rq u i­
tectónica en nuestras universidades, unidad e fe ctiva pero m atizada que
no debe confundirse con la que se intentó conseguir en otros momentos
por decreto m in iste rial, se cum plirá tam bién con una parte de la tarea
de form ación de los docentes. Para que la form ación sea com pleta, el
intercam bio producido en esas reuniones deberá continuarse con la
creación de institutos de investigación en que se m antenga perm anente
la inquietud por los problem as que pueden in flu ir en el desarrollo de
la cu ltu ra y de la técnica de la a rq u itectu ra. El instituto de investigación
cum p le de tal m anera con una tarea doble: proporcionar a la sociedad
a la cual se vin cu la los resultados de los estudios que en él se re alizan ,
y crear el clim a un iversitario indispensable para la form ación del
docente, com plem entando la preparación que el arquitecto puede haber
conseguido en su labor profesional. En el trab ajo de investigación se
pondrán en evidencia las personas más dotadas para la actividad u n i­
v e rsita ria , y se las apoyará con becas en instituciones nacionales y
e xtra n je ra s, se les fa c ilita rá n recursos para las investigaciones que
em prendan por in iciativa propia. Se creará fin alm en te el tipo completo
de un iversitario que no se lim ita a la mera activid ad docente, sino que
ve en ella el motivo para un estudio continuo y una am pliación de sus
conocim ientos que le perm itan ocupar con plena co nciencia y autoridad
los cargos docentes que gradualm ente le corresponden.
Una escuela de arq u itectu ra que se apoye sobre una ¡dea clara de la
activid ad del arquitecto, sobre una unidad de cu ltu ra d efin id a, sobre
docentes de preparación com pleta, y que extraig a de estas prem isas
un método de trab ajo adecuado al medio hum ano y n atu ral en que
a ctú a, es un resultado que puede a lca n za rse con una labor larga y que debe
co n stitu ir, superada la fase inm ediata de reestructuración, el obietivo
fin a l de la tarea em prendida.

32

�Polonia. Clausura cíe la Conferen­
cia Nacional de Arquitectura
En el mes de m arzo , luego de tres días de
delib eracio n es, fin a liz ó la C o n feren cia N a ­
cional de A rq u itecto s de Polonia.
El
Presidente del Consejo de M inistro s, J .
C y ra n k ie w ic z, pronunció el discurso de
c la u su ra , del cual reproducim os un resu­
m en.
De sus térm inos puede colegirse,
sin duda, un cam bio fund am ental en la
actitu d que hasta el momento se obser­
vab a en ese país hacia la a rq u ite c tu ra .
Por ello juzgam os de interés su publicación.

Es ciertam ente nuestro deber efectu ar el
balance de lo producido en estos últim os
años y d estacar las realizacio n e s, que son
considerables, pero antes debemos hab lar
de los errores com etidos, que están lejos de
carecer de gravedad. Debemos h acerlo , sin
duda, con todo coraje y sin cerid ad , sin
m iram iento s, pero tam bién sin nerviosidad.
En Polonia se ha construido m ucho. C u á n ­
tos han sido, sin em bargo, los e d ificio s c a ­
rentes de toda b e lle za, con fre cu en cia de­
cididam ente feos, cuántos los construidos
con prodigalidad y , m uchas veces, con m a­
te riale s de m ala calid ad .
Por supuesto, constituye una obra notable
el monto de ed ificio s para vivien d a ya cons­
truidos y nuestra a rq u itectu ra in d u strial,
pero sabemos tam bién que ésta busca aun
su estilo o riginal y que los proyectos han
sido con fre cu en cia dem asiado onerosos.
Hemos perseguido con razón soluciones o ri­
g in ales, soluciones nuestras, en la constru c­
ción de ed ificio s públicos y ad m in istrativo s,
pero hemos sido atacados particularm ente
por una grave enferm edad: la de tra b a ja r
para la fa c h a d a , la de tra ta r de provocar
el asom bro. De ah í que, a pesar de los
esfuerzos creadores y de las realizacio n e s
indudables de nuestros arqu itectos, haya
sido ésta una de las causas esenciales de
nuestros fracaso s en el campo de la a rq u i­
tectura.
En el período pasado, nuestra arq u itectu ra
estaba ap la stad a por un lujo de fach ad a,
de una fa lsa m onum entalidad y por una
m ultitud de ornam entos y adornos rebus­
cados. Y , sin em bargo, el socialism o requie­
re una arq u itectu ra totalm ente c iíe re r* e ,
una a rq u itectu ra sellada de simp cid a c .
m odestia, donde la fach ad a se arm onice
con el interio r, el estilo con la m ateria, le
silueta con el entorno, el proyecto ccn e
sentido común.
Buena cantid ad de errores se han co r-e t¡zz
y m uchos de ellos han sido corregidas 3s
ha afirm ad o frecuentem ente que la *c ta
incum bía exclu sivam e n te a los a rq y urb an istas. Sin tra ta r de d isrrio u r de
ninguna m anera su parte de responsab a z :
quiero d e jar sentado que nosotros, es decir
los m iem bros de! núcleo dirigente del p ar­
tido y del gobierno, nos sentim os t a r r : eresponsables por lo que había de m alo =la arq u itectu ra y el urbanism o.
Pienso que toda decisión de im p ortancia
esen cial, en el dom inio de la arq u itectu ra
debería estar precedida de largas y e xh au s­
tiva s discusiones entre los arquitectos
es
profesionales y los crítico s y , allí donde sea
posible, de una discusión pública con la
particip ació n de los sectores m ás amp : :
de la sociedad.
Creo que la sociedad debiera in flu ir sobre
los arquitectos y vice ve rsa. Me parece -sto a c a b a r con las fó rm u las hechas — que
es preferible dejar a los farm acéu ticos— .
estoy convencido de que los políticos, .os
arquitectos y las personalidades dirigentes
debieran d iscu tir, arg u m en tar, convencer
Pienso que el deseo general de la sociedad
es ver a lia rse arm oniosam ente en la cons­
trucción de vivien d as la sim plicidad y be­
lleza de las form as arq u itectó n icas co r
la u tilid ad , el confort y la econom ía, s:.n

h ab lar de la buena calid ad de ejecución.
Pienso que, haciendo tabla rasa con alg unas
supersticiones y com plejos, hay que com ­
prometerse resueltam ente en la v ía de los
proyectos-tipo renovables y d e jar al mismo
tiempo un am plio lugar a los proyectos in­
d ivid uales en la construcción de ed ificios
de uso social y en la construcción m onu­
m ental.
Creo que todos debemos hacer los esfuerzos
D IS EÑ O D E N U C L E O S U R B A N O S . E S C E N O L O necesarios para conseguir el m ayor progreso
G IA Y P L A S T IC A , por Frederick Gibberd. T ra ­
posible en los métodos ind ustrializad o s de
ducción del Arq. Jorge V . Rivarola. El libro indis­
construcción, verificán d o lo s por la exp erien ­
pensable para el urbanista, el arquitecto, el sociólogo
c ia , corrigiéndolos y diferenciándolos sobre
y e! estudiante ........................................................... $ 260.—
la base de los resultados adquiridos, pero
teniendo tam bién en cuenta los cálculos
económicos. Debemos tam bién preocuparnos
de hacer u tiliz a r al m áxim um , con deter­
m inación y energ ía, los m ateriales de cons­
trucción de origen local, y d e sarro llar la
-constru cción cooperativa e in d ivid ual.
L A C A R T A D E A T E N A S . — T reducción de "L a
Tod a Polonia espera que se im prim a en los
Charte d'Athenes". Primer y hesta hoy único do­
plazos m ás breves un poderoso m ovim iento
cumento que fija doctrina en materia de uibanisde progresión a los nuevos tipos de cons­
mo. Explicaciones y aclaraciones de los Congresos
trucció n, para que ésta pueda ser económ i­
Internacionales de Arquitectura Moderna . $ 1 5 ^.____
c a , p ráctica y estética. Se trata de m archar
lo m ás rápidam ente posible en la construc­
ción concebida bajo nuevas form as y tra n s­
fo rm ar el aspecto de nuestras ciudades y
ald eas; se tra ta igualm ente de construir
una nueva cam p iña.
N adie quiere imponeros el cam ino a seguir,
L A S T R E S L A M P A R A S DE L A A R Q U IT E C T U R A
ni privaros de vuestra libertad de acció n.
M O D E R N A , por el Arq. Joseph V . Hudnut. Traduc­
C ada arquitecto debe darse cuenta de la
ción del Arq. Jorge V . R iv a ro la .— En este libro de
responsabilidad que le incum be, no sólo
particular interés para los arquitectos y estudiantes
en lo que respecta al proyecto y a la cons­
de arquitectura, el Arq. Hudnut estudia las diferen­
trucción que toma a su cargo, sino que
tes influencias benéficas y perjudiciales que afectan
debe tener tam bién conciencia de que cada
a la arquitectura moderna ............................... $ 1 2 .—
arqu itecto in fluye sobre el conjunto de la
econom ía polaca.
No dudamos que nuestros arquitectos de
talento sabrán eje cu tar este m andato social
verdaderam ente candente, que sabrán rea­
liza rlo , sino de una m anera que suscite
ad m iració n, al menos en form a digna de
L A V IV IE N D A D E L M A Ñ A N A . — El más brillante
estim a para el mundo entero.
estudio sobre arquitectura residencial, escrito por los
Que el nuevo período se c a ra cte rice por la
Arqs. Nelson y W right. 214 pagines en formato de
libertad de cre ació n . Que nadie tem a inno­
21 x 29 con 232 hermosas fotografías de interiores
v a r o exp erim en tar, que cada cual se ins­
y exteriores de casas unifam iücres. 3? edición.
truya estudiando las ad quisiciones de la
$ 8 0 .—
a rq u itectu ra de otros países, que a n a lice los
descubrim ientos soviéticos, checos, alem a­
nes, que estudie los hallazg o s franceses,
ita lia n o s, b ritánico s, am ericano s. A p ren d a­
mos, sin c a lc a r ciegam ente los modelos i
L A M A D E R A A L S E R V IC IO D E L A R Q U IT E C T O ,
puestos a nuestro a lc a n c e , haciendo bene­
fic ia r a nuestra arq u itectu ra con todo lo
por Severino Pita. — Toda la carpintería blanca;
que e xista por doquier de ú til, racio n al,
puertas de entrada, guillotina y corredizas, ventanas
'* =
z í - ' í z í : . económ ico, para crear,
de abrir al exterior, al interior, corredizas y de gui­
:
- ce '- e s '- z s c 'c c os adquisiciones y
llotina; con láminas constructivas a escala, fotogra­
de la s a je n a s, una arq u itectu ra so cialista
fía s numerosas y explicaciones detalladas, 263 pági­
o o lccc que constituya nuestra contribución
nas con excelente impresión y sólidamente encua­
a p atr -"onio c u ltu ra l universa!.
dernado ............................................................................... $ 140.—
Los problem as que vuelven a su rg ir en
'■-estro trab ajo , las reflexiones sobre el
pe ro d o pasado, son problem as que nos
roca- c 'ectam e nte. Para cada uno de nosornas es cuestión de su actitu d m oral e
dea :g :c a ce ju icio m oral de sus propios ¡ A R Q U IT E C T U R A EN R E L A C IO N A L D E R E C H O ,
por el A rq. Jorge Víctor Rivarola. — Con la colabo­
cotos . de los cjeno s. Este problem a no es
ración de la Arq. M aría E. Meoli. Un libro ya clásico
s —a e n esto exento de dolores; tampoco
puede resolverse en alg u n as horas o algupara la interpretación legal de los contratos y la

LI BROS

Todos nosotros vam os a em paparnos de este
problem c No quiero em plear grandes pa­
la b ra s, pero en todo esto hay algo de tra ­
g e d ia y alg o de optim ism o. Optim ism o por
e l g ran renacim iento que se ha producido
a tiem po p a ra no o b stacu liza r el progreso
de la revolución, por el renacim iento que
nos p e rm itirá rep arar no solam ente las pér­
d id as y los p e rju icio s, sino tam bién superar
el retardo de ciertos sectores y m archar ráp demente h acia ad elante.
To d as nosotros, los que piensan y constru­
yen — hoy, cuand o la conciencia y el espí­
ritu imponen a cada uno el derecho de
a e -s c r por s m smos— participam os en la
crece ó r ce esta fu e rza , que es y será al
m ism o tiem po la fu erza m otriz del desa­
me io de - -e s tro pueblo y su c u ltu ra , la
~ “ z ze races os seres humónos
que aspiren a a paz y al progreso.

dirección de obra.
m aterial

PLA CA R D S

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Sarm iento 6 4 3

31 - 2 5 7 4 - 1893

Buenos A ire s

33
*

�V ista panorám ica de la bahía de Río de Janeiro
con el terreno ganado al m ar, parte del cual será
destinado al museo.

El Museo de Arte Moderno de Río
de Janeiro
Ig nacio Pirovano

P lanta baja:
1
2
3
4
5
6

7
8

9

Hall de entrada
Pilotes
A ulas
T ip o g rafía y encuadernación
Preparación de exposiciones
Bar
Cerám ica
Entrada al teatro
Escena

34

" N u e v a V is ió n " , en su núm ero 6 de 1 9 5 5 ,
presentaba la m aqueta del proyecto rea­
lizad o por el A rq . A lfo n so Eduardo Reidy
para el M useo de A rte M oderno de Rio de
Ja n e iro y a n u n cia b a el com ienzo de la
co nstru cció n. L a obra se encuentra a c tu a l­
m ente m uy ad e lan tad a y se prepara a
in au g u rar su prim era etap a en 1 9 5 7 . D ará
com ienzo entonces, a no d u d arlo , una de
las exp erien cias c u ltu ra le s m ás im p ortan­
tes plan ead as en Sud A m é rica .
H ace m uchos años que el B ra sil se preocupa
en ponerse a l día con relación a las mo­
de rn as concepciones c u ltu ra le s que d istin ­
guen a la c iv iliz a c ió n de nuestro tiem po.
M entes a le rta s , gob ernantes, hom bres de
negocios, pensadores, arq u itecto s y a rtis ta s
conscientes del . va lo r económ ico, político y

social de la c u ltu ra , no han escatim ad o es­
fu e rza s para c a p ita liz a r esos activ o s.
L a fam o sa Exposición In tern acio n al del
C u arto C en te n ario de San Pablo, la B ien al
de A r te , los llam ados M useo de A rte y
M useo de A rte M oderno, verdaderos centros
c u ltu ra le s de gran repercusión, han perm i­
tido a esa flo re cien te p ro vin cia situ arse
¡nte rn acio n alm e nte en prim er p lan o , bene­
ficián d o se en todo sentido con esa g ra v i­
tación .
Río de Ja n e iro no podía p erm anecer re z a ­
gada en ese " lid e r a z g o " que n atu ralm e n te
le correspondía como c a p ita l del B ra s il. Es
así como un grupo em inente de p e rso nali­
dades de todo el p a ís han propiciado la em ­
presa. B ajo la insp iració n de esa gran a n i­
m adora que es N ¡ornar M o niz Sodré, han

�conseguido dolor ai B ra sil de un verdadero
centro de irra d ia ció n c u ltu ra l.
A s í lo aseg u ra el planteo de su esquem a:
Preocup arse en re v a lo riz a r los conceptos
c u ltu ra le s a los efectos de hacerlos p a rtic i­
p a r activa m e n te en la evolución económ ica,
p o lítica y so cial del país.
P ro p ic ia r, provocar y f a c ilit a r la capacidad
creadora del hom bre en todas sus m a n ife s­
taciones.
R e in te g rar a i creador de c u ltu ra a la so­
cied ad , en " fu n c ió n s o c ia l" , vin cu lán d o lo
a las fuentes m ism as de exp erim en tación
y de trab ajo .
No se eng añe, pues, quien q u iera v e r en
el llam ado M useo de A rte M oderno de Río
de Ja n e iro , un m useo m ás, custodio de
obras consag rad as, con p lan es de co n feren ­
c ia s o clases de d ivu lg ació n dedicadas es­
pecialm ente a las é lite s; nad a de eso. El
M useo e stará respaldado por m illa re s de
socios que se incorporarán a l m ism o en ra ­
zón de sus d ive rsas a c tiv id a d e s: cursos e s­
p e cializa d o s, planeados de acuerdo con las
ú ltim as exig e n cias contem poráneas, co n fe ­
ren cias, exposiciones, conciertos, b a lle ts,
te atro , c in e , rad io , te le visió n , fo to g ra fía ,
tip o g ra fía , propaganda. Por su excepcional
ub icació n q u edará d e fin itiva m e n te incor­
porado a la vid a de la c a p ita l cario ca y,
por la trasce n d e n cia de sus fin e s , a la evo­
lución m ism a del B ra s il, con su consig uien­
te repercusión in te rn acio n al.

V ista aérea del conjunto

V ista de la maqueta

Prim er piso:
1
2
3
4
5

i rm i 1 !

Sala de exposiciones
Sala de estar
Restaurante
Foyer del teatro
Escena

• 1r

35

�V ista desde el Noreste

V ista del Museo desde el Sur

Estado actual de !a construcción

Organización dei edificio

El M useo de A rte M oderno de Río de J a ­
neiro se está construyendo en un terreno
conquistado al m a r, junto al aeropuerto
Santos D um ont, en la parte central de
la ciud ad . El e d ificio se le va n ta rá dentro
de un gran parque, fre n te al m ar, en m ar­
cado por un bellísim o p a isa je .
L a s g a le ría s de exposición estarán situ ad as
en el. cuerpo ce n tra l del e d ific io , que se
ele va rá sobre el suelo, perm itiendo así una
am p lia vista sobre el océano. L a s g a lería s
fueron proyectadas para o frecer un m á x i­
mo de fle xib ilid a d en la o rg an izació n de
las exposiciones. O cuparán-todo, el segundo
piso del cuerpo ce n tra l y p arte del tercero.
En el segundo piso el áre a disponible será
de 130m . de largo por 2 6 m . de ancho.
El techo m edirá 3 ,6 0 m . de a ltu ra , y , en
algunos lug ares, 6 ,5 0 m . y 8 m . L a ilu m in a ­
ción será ce n ita l en las paredes de m ayor
a ltu ra y late ra l en las restantes, a través
de grandes su p erficies vid ria d a s que m an ­
tendrán el contacto con el p aisaje c irc u n ­
dante. Esas ab ertu ras serán protegidas con
persianas ve n e cia n as de a lu m in io , que per­
m itirán g rad u ar la lum inosidad, su p rim irla
cuando fu e ra necesario, y lim ita r la entrada
de luz a la parte superior de las ven tan a s.
L a ausencia de colum nas en el interio r del
salón, la varied ad de las a ltu ra s y de las
fuentes lum inosas, p erm itirá una gran lib er­
tad en el m ontaje de las exposiciones, y
h a rá posible la creación de grandes espa­
cios o de pequeñas sa la s, según convenga
a la presentación de las obras.
Siguiendo el m ism o crite rio fué estud iada la
ilu m in ació n a r tific ia l. El sistem a adoptado

consiste en el estab lecim iento de una ilu ­
m inación general de los am bientes m ediante
lám p aras fluo rescentes, d ifun dida a tra v é s
de p lacas difusoras de v in ilo . Esta se com ­
bina con una ilu m in ació n d irecta sobre las
obras, obtenida por m edio de proyectores
de luz incand escente, equipados con lentes
difusores, que serán fija d o s en los puntos
necesarios, dentro de cavidades situ a d a s
cad a dos m etros en el techo. Ello p o sib ili­
ta rá la ilu m in ació n de los paneles en án g u ­
los convenientes y e v ita rá el enceguecim iento del v isita n te . En las zonas de m ayo r
a ltu ra , las su p erficies ho rizo ntales de ilu ­
m inación serán g u arn ecid as con p la ca s
d ifu so ras de vidrio " T h e rm o lu x " .
En el cuerpo cen tral estarán situad o s: un
aud itorio con cap acid ad para doscientas
personas, donde se d icta rá n clases, co n fe­
ren cias, e tc ., b ib lio teca, depósito de c u a ­
dros, dibujos y grabados, direcció n y a d ­
m in istració n . En el cuerpo m ás bajo , al
oeste, estarán ubicados todos los se rvicio s
a u x ilia re s del m useo, como en trad a de
se rvicio , carg a y descarga, desem balaje,
id e n tificació n y registro, exp edició n, de­
pósitos, o ficin a s, e tc ., etc. A q u í fu n c io n a ­
rán adem ás los cursos de arte , la c a n tin a
y el restau ran t.
En la extrem id ad este estará el T e a tro con
cap acid ad para 1 .0 0 0 personas.
El palco
escénico tendrá un ancho disponible de
5 0 m . L a boca de escena tendrá 12m . de
ancho, pudiendo lle g a r en casos de a b e rtu ­
ra total p ara la re alizació n de co ncierto s
sin fón icos, a 16m .

�Bibliografía
R. González Caodevila: "A m an do
W illiam s"
B s. A s ., Instituto de A rte A m erica n o e
In v estig acio n es E sté ticas de la F a cu lta d de
A rq u ite c tu ra , 1 9 5 6 , 9 5 p ., ilu s ., $ 4 0 .—-.
E l hecho de ser la prim era pu blicación
e x te n s iv a de la obra de A m a n d o VV illiam s,
co n fie re especial interés a este libro.
L a labor de G o n zález C a p d e vila y el grupo
de arq u itecto s que caloboraron en la pre­
p a ració n del profuso m a te ria l expuesto es
e n co m ia b le , aun que la au se n cia de ciertos
proyectos se h ace se n tir dentro del con­
ju n to . F a lta n algunos estudios de u rb a­
n ism o , el proyecto de v ivie n d a en San
Isid ro (que sirv a de nexo para com prender
la de M unro ), los estudios para una c a p illa
y estación s a n ita ria flo ta n te s, m uebles y
e l te rce r hospital de C o rrie n te s; se debió
a g re g a r alg uno s d e talles de los m ism os,
del teatro o del e d ific io de o ficin a s. En
g e n e ra l, fa lta n denom inaciones de locales,
que a y u d a ría n a la lectura de plan os, as!
com o una b io g ra fía del arq u itecto .
Com prendem os que ello , como se enu ncia
en la intro d ucció n, resu lta de una nece­
sid ad de espacio y del c a rá cte r sum ario
de la p resentació n . Pero a d ju n ta r los de­
ta lle s de por lo m enos una ob ra, hubiera
dem ostrado cómo el talen to b rilla n te de
A . W illia m s sabe ejercerse en co ntin uidad
desde el plan general h asta el m enor de­
t a lle . Esto se com pensa con la m anera de
c o n stru ir el libro m ed ian te com entarios
d e scrip tivo s de cad a obra, lo que da al
te xto un v a lo r d in ám ico y de precisión.
Este método resu lta aquí ap rop iado, pues
W illia m s se p lan tea en cad a obra proble­
m á tic a s
d iferen tes,
m an ife stad as
luego
co herentem ente en el decurso del proyecto.
No es éste el único acierto c rítico de Gon­
z á le z C a p d e v ila . H a sabido tam b ién mos­
t r a r , de modo escueto, la cronología ideo­
ló gica del arq u itecto y cómo c ie rta s d i­
reccio n e s estética s surgen y reaparecen
a lo largo de su obra.
E l auto r toca brevem ente otro aspecto: a
g e n ética creado ra de W illia m s . El a n á lisis
e s algo su m ario , ya que presenta ccm-o
elem ento s fu n d a m e n ta le s: 1 L a recu p era­
ció n de la casa trad icio n al a rg e r* r z z
tra v é s de una m orfolog ía renovad a. 2 La
v o lu n ta d de in tro d u cir, o m ás bls^ de
'" e le v a r" la v iv ie n d a en el espacio. 3 La
in flu e n c ia u rb a n ístic a de Le Corbus eEn re a lid a d , la n o m en clatu ra sería e x a c ta ,
pero no d iríam o s lo m ism o del modo cc-,
q u e se la p resenta, con el cual d ir é - —: :
V eam o s por ejem plo la " C a s a sobre el
a r r o y o " . G o n zález C ap d e vila dice que m an­
tie n e la concepción tra d icio n a l de la plant a ; m ás a d e la n te ag reg a: " . . . el g ra h a ll estrecho y largo hace aquí las se o s:
■de c o rre d o r". Según nuestro parecer c.o r­
tos d e talles no m encionados otorgan una
riq u eza m ayor al asunto. L a v isu a liz a s odel p a isa je a lo largo de la esca le ra de
■entrada y sobre todo el acceso tangente
a l liv in g , producen una unión perceptiva
■que "tra n s p o rta ', por as! d e cir, el parque
a l in terio r de la c a sa . No nos parece que
e l living esté proyectado solam ente cam a
un h a ll. M ás bien , se d e fin iría como _ " a
sucesión de lugares vin cu lad o s en una zo -c
co m ú n, con la po sibilidad de reunirlos o
v iv irlo s sep arad am ente. L a ve n tan a co rrid a ,
con sub-lugares p e rim etrales y la viga
en U del a lfé iz a r, acen tú an el tem a,
"tra n s p o rta n d o " al e xterio r las sensaciones
del acceso.
Nos hemos detenido en el tem a porque
é l, como otros tantos en la obra de W il­
lia m s, está señalando una creació n original
•en los modos de a rtic u la r la vivie n d a y

re lacio n ar la m orfología esp acial con el
h a b ita t. Los num erosos elem entos de im ­
p o rta n cia aportados por el arq u itecto en
dicho rubro podrían hab er fig u rad o , aún
con la brevedad n e c e sa ria , en el estudio
re a liza d o por G o n zá le z C a p d e v ila .
De ningún modo se pretende con estas
razones tra z a r una c rític a n eg ativ a. En
los dem ás aspectos, así como en la g rá fic a
y tip o g ra fía del iib rlto , éste posee una c a ­
lidad digna de elogio. T a m b ié n h a y que
a le n ta r al Instituto de A rte A m e rica n o e
Investig acio nes E sté ticas para que prosiga
publicando m ono g rafías sobre arq u itecto s
argentinos contem poráneos, cu ya b ib lio g ra­
fía se h a lla tan dispersa.
J . J . Go.

Bruno Zevi: "Frank Líoyd W right"
Bs. A s ., In fin ito , C o l. A rq u ite cto s del M o vi­
m iento M oderno, 1 9 5 6 , 1 1 0 p ., ilu s ., $ 3 2 .
L a obra de F ra n k Lloyd W rig h t ha encon­
trado d u ra n te la ú ltim a década en Ita lia
una reson ancia que no se lim ita al cam po
de la a c tiv id a d profesional sino que se
extien d e, m uy esp ecialm e n te , al de los
estudios c rítico s. Bruno Z e v i, como se sabe,
es uno de los p rin cip ale s exponentes de
la c rític a ita lia n a a c tu a l. Fundó, con otros
arq u itecto s, el M ovim ien to de A rq u ite c tu ra
O rg án ica en Ita lia y fu é directo r de " M e tr o n " , revista de c rític a y p o lém ica, em ­
banderad a en la difusión y defensa del
organism o, dirigien do en la a c tu a lid a d la
revista " L 'a r c h it t e t u r a " , que sigue las m is­
m as te nd e ncias.
Estas circ u n sta n cia s hacen que su libro
resulte ind ispen sab le, a fa lta de una espe­
rada obra m ayo r, para quienes deseen te ­
ner una v isió n , al m enos som era, de la
dirección y fund am entos de la c ritic a organ ic ista . La m e n ta b le m e n te , los escritos que
Z e v i dedica esp ecíficam en te a W rig h t no
pasan de uno o dos cap ítu lo s de su " H i s ­
to ria de la a rq u ite c tu ra m o d e rn a" y de
" H a c ia una a rq u ite c tu ra " , m ás uno que
otro a rtíc u lo y el libro que com entam os, en
el que troto de e n fo car en tre in ta p ág in as
una obra tan v a s ta y u n a personalidad tan
in te n sa , que no llen a ese va c ío .
Este texto fu é revisado y am p liad o siete
añ o s después de su p u b lica ció n en 1 9 4 7 ,
y está basado en dos te m as fu n d am en ta les
de la p ro b lem ática z e v ia n a : la co ntin uidad
e sp acial y la superación del racio n alism o .
En las p rim e ra s p ág in as el autor cen tra
su exposición en el tem a del espacio y
d estaca que " e n el plan o de la c u ltu ra
arq u ite ctó n ica el único tem a de discusión
serio sobre W rig h t, es el tem a de su con­
cepción e s p o c ia l" (p . 1 0 ), o firm an d o m ás
ad e la n te : " u n e d ific io de W rig h t es un
organism o en el sentido que su tem a fu n ­
d a m en tal y su b stan cial está en el e s p a c io ."
(p . 1 8 ).
Este tem a se une a l de la superación del
"a c isn c smo a tra vé s de la in e vita b le com ­
p a ració n con la obra y el pensam iento
de _ e C orpus er cf. T e d e sch i) referid a en
este caso a la p la n ta libre en uno y otro
arq u itecto .
Es a q u donde, a nuestro ju ic io , la c rític a
ce Z e 1. a p c 'e c e vic ia d a de u n ila te ra lid a d
e n la v isió n del problem a y de un determ inísm o que lo lle va a p ro clam a r a la
arq u ‘ ectu ra o rg án ica como la ú n ica evo­
c a en ve da del racio n alism o .
2 e c= se sus ju icio s, si bien
usa* cables en el p olem ista, resu ltan poco
co nvincentes en un c rítico que — son p a ­
c o ra s de Z e v i— am a la actitu d histó rica
se e - ' s : s . : : : : : se juicios in tra n ­
sigentes.
L a p a rte ag regad a en 1 9 5 4 a firm a la ¡ra­
pos) b oad de estab lece r un léxico w rigtht e c r c , o que no im p ediría v islu m b ra r una
coherencia a lo largo de toda su obra y

en cad a una de sus re a liza c io n e s. El texto
de Z e v i te rm in a con una reseña de los
valo res esp aciales y fo rm ales de alg u n as
obras recientes de W rig h t.
Esta edición in clu ye una breve b io g ra fía
del m aestro am erica n o , una enum eración
cronológica de sus obras y una com pleta
b ib lio g ra fía de y sobre W rig h t. L a s ilu s tra ­
ciones corresponden a obras de diferentes
períodos, no habiéndose incluid o las de
v a ria s obras cita d a s en el texto .
E. K a tze n ste in .

G. C. Argan: "Pier Luigi Nervi"
Bs. A s ., In fin ito , C o l. A rq u ite cto s del M o­
vim ie n to M oderno, 1 9 5 5 . 7 5 p ., 4 6 ilu s.,
$ 32.
Es conocida la posición del A rg a n como
c rític o y esta obra la re firm a . Brevem ente
(el libro consta de un texto corto y num e­
rosas lá m in a s) introduce su a ctitu d de filó ­
sofo de esencias antes que de objetos,
a p lic a d a al a n á lis is de las te o rías de N e rv i.
Apoyándose ap arentem en te en la fenom e­
nolog ía, usada como cien cia del conoci­
m iento, v a e xam in an d o los pródrom os del
tra b a jo de este ingeniero y el sig n ifica d o
de a lg u n a s de sus fo rm u lacio n e s.
Según A rg a n , la p rin cip a l de e lla s , p la n ­
teada por N ervi en su libro " S c ie n z a o
A rte del c o n s tru iré " , se ría co nsid erar "e l
método de in vestig ació n fo rm al propio de
la a rq u ite c tu ra té c n ic a " como un método
"q u e se d e sarro lla según acto s y procesos
su sta n cialm e n te idénticos a los que son
generalm ente considerados propios de su
a c tivid a d a r tís tic a " .
El planteo su rg iría de e sp ecu lar con la
d ia lé ctica de los fenóm enos inciden tes so­
bre las e stru ctu ras (c lim a , tiem po , cap ilarid ad , e tc .), que vu e lve n dudoso el cálcu lo
absoluto. Se concluye así en un cierto
estado de relativism o de los estudios y en
una ve rific a c ió n de lo real hecha p rin c i­
palm ente a travé s de la e xp erien cia in tu i­
tiv a (con la sa lved ad de que se tra ta de
una in tu ició n ló g ico-m atem ática o sus su­
cedáneos), en c o lin d a n d o con el arte .
Sentad a la te sis, A rg a n m uestra h áb ilm e n ­
te su o b jetivació n en algunos e d ificio s, la
co m p ara, m arcando d ife re n c ia s, con M ailla rt y la ubica h istó ricam en te como Ideo­
logía.
R ep etid am en te, al igual que en otros li­
bros, el auto r se a c e rca de modo im p lícito
al em píreo-criticism o. Los a lc a n c e s de esta
filo so fía que trató de d e stru ir la noción de
ta n g ib ilid a d , disolviéndola en un caos de
sensaciones racio n ales, son vin cu lad o s por
A rg a n a cie rta s fo rm ulacio ne s sobre espa­
cio y duración de los fenom enólogos a le ­
m anes. No es objeto de la presente nota
d iscu tir ta l filo so fía , sobre todo porque
no se m a n ifie sta c lara m e n te ni con sistem a
dentro del libro, aunque m erecería ser e x a ­
m in ada al d e talle por sus im p licacio nes
n e g a tiv a s y por a ju s ta rs e , en cierto grado,
al ideario de N e rvi.
El estudio, aunque sólo fu e ra leído con
este fin , resu lta de gran interés pues A rg a n
m an eja sus ¡deas con brillo y sabe ser
sin tético . Por otra p arte, tra slu ce la pre­
ocupación del en sayista por un tem a que
está adquiriend o gran Im p o rtan cia y que
N ervi ha tocado al poner a prueba las
nociones c ie n tífic a s , casi c lá sic a s, que re­
lacio nan form a y tecn olo gía.
Pero el refug iarse en una filo so fía n a tu ­
ra lista p a ra resolver el d ile m a , así como
la au se n cia de una lógica estética e x p lí­
c ita , pueden c o n ve rtir la novedosa actitu d
de N ervi en una va ria c ió n e ste tlza n te de
la te cn o cracia. A rg a n soslaya el tem a por
p a rtic ip a r, suponem os, del pensam iento del
ingeniero. Lo g ra, no o b stan te, se ñ a la r con
c la rid a d algunos facto res valio so s, como los
correlacio nes del problem a hipótesis-inven-

37

�prelooker 36 &lt;*&gt;

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�ció n -in tu ició n y d in ám ica in te rn a -e stá tica .
El texto se com plem enta con una b io g ra fía
•de N e rv i, la lista de sus p rin cip ale s obras
y e scrito s y una b ib lio g ra fía . L a presenta­
ció n del libro, así como el m a te ria l g rá ­
fic o , están bien cuidados y son superiores
a l o rig in al ita lia n o de la m ism a colección
(E d . II B alco n e ), de la que In fin ito posee
Jos derechos.
J . J . Go.

" X X siécle". "Le papier collé du
cubismo á nos jours"
N u e v a se rie , n 9 6 (doble),
1 9 5 6 . iIu s ., fr. 2 .5 0 0 .

P a rís,

enero

El presente núm ero de esta im portante pu­
b lic a c ió n europea de arte contem poráneo
d irig id a por G u a ltie ri de San L á z a ro , está
dedicado al " p a p ie r c o llé " . Lo componen
estud io s de diversos autores sobre d ife ­
rentes aspectos de este nuevo m edio e xp re­
sivo y la evolución que ha exp erim entad o
desde su descubrim iento h asta hoy.
E l prim er a rtíc u lo de F ra n k E lg a r (colabo­
ran tam b ién en este núm ero Sonia D elaun a y , M ich e l Seuphor, Pierre C o u rth io n ,
e t c .), es un intento de re co n stru ir las c ir­
c u n s ta n c ia s que co ndujeron, por prim era
v e z , a in co rpo rar a l cuad ro esos "cu erp o s
e x tra ñ o s " que iban a d ar lu g ar al n a c i­
m iento de una fo rm a exp re siva indepen­
d ie n te . Parece se r que los prim eros an te ­
cedentes del " p a p ie r c o llé " son las letras
y leyend as p in tad as al " p o c h o ir" que a p a ­
recen en los cu ad ros cu b istas a p a rtir
de 1 9 1 1 . Sin em bargo, este recurso cuenta
con antecedentes en las p in tu ra s de tab las
del pasado, aunque la fin a lid a d , en am bos
ca so s, no sea la m ism a . M á s d ifíc il, sin
d u d a, es d e term in ar las cau sas que im ­
p u lsaro n
p rim ero ,
a
la
representación
"tro m p e l'o e il" de la te xtu ra de ciertos
m a te ria le s como la m adera y el m árm ol y ,
luego de un breve período de exp erim en ­
ta c ió n , a l em pleo directo de cartón a c a ­
n a la d o , recortes de papel, a re n a , clavo s,
etc.
El em pleo de estos elem entos e xtra p ic tó ­
rico s a l servicio de una fin a lid a d p ictó rica,
no estaba de ning ún modo previsto en el
program a del cubism o. Pero el cubism o
no te n ía p ro gram a. De aq uí lo in cierto de
c u a lq u ie r co n jetu ra respecto a las cau sas
que dieron origen al " c o lla g e " . Pero, una
vez enco ntrado , el nuevo recurso se apo­
deró in m ed iatam en te de la im a g in a d ;^
de los a rtis ta s . Sonia y Robert D e la u n a ,
lo a p lic a ro n no solam ente al arte sino a
los objetos de la v id a c o tid ia n a : m uec'es
y v e stim e n ta s (ch aleco de René C rSve
Los fu tu ris ta s le im prim ieron un sesgo v in ­
d ic a tiv o term inan d o con la hegem onía, en
e s c u ltu ra , de los m a te ria le s " n o b le s " P e -:
fueron los d a d a ísta s, por supuesto, quienes
sacaro n el m ayo r provecho del procec m ie n to . El a n ti-a rte , propugnado por Dadc
encontró e n el " c o lla g e " un m edio de
c o n stru ir, sin com prom isos con las catego­
ría s a rtís tic a s tra d icio n a le s. Schw itters con­
sumó el m ilag ro , al hacer del " c o lla g e " un
leng uaje p e rfectam en te coherente. Fué el
m om ento hegeliano en que la form a encon­
tró su contenido. Después de D ad a, el
" c o lla g e " ha vivid o m ás o menos del
im pulso ad q uirid o . Sin el propósito de ago­
t a r el te m a , este núm ero de X X e . Siécle
:- :
un ab undante m a te n :
cor
e xcelen tes reproducciones en negro y en
co lo r.
E núm ero tra e , ad em á s, una cró n ica de
la a c tu a lid a d a rtís tic a europea. Entre las
notas m erece destacarse la reproducción
de una c a rta de G iorgio de C h iric o dirigid a
a M m e. A n d ré Bretón, ofreciéndole en
ven ta la copia (hecha por él m ism o) de
dos de sus m ás fam o sas te las del período

m e ta físico , a razón de 1.000 lira s cad a
una (la o ferta es de 1 9 2 4 ). L a otra n o ta,
firm a d a por el d irecto r de la re v ista , se
refiere a una ind iscreción com etida por
un conocido c rítico a le m á n , sobre ciertos
m anejos a que se e sta ría som etiendo a la
" V e n u s " de Giorgione por parte de las
autoridad es del M useo de Dresde. L a nota
lle va por títu lo : " E x ig im o s la verdad sobre
la V en u s de G io rg io n e ". Nos adherim os a
la dem anda del director.
A . H.

Colección Estudios Cinem atográfi­
cos. Editorial Losange, 1955/56
Un desierto c u ltu ra l se c a ra c te riz a por la
au sen cia de libros que rom pan la m ono­
to n ía del p a isa je . El terreno estéril de
nuestro cine profesion al no podía aco m p a­
ñ a r su ce rrad a ig n o ra n cia con un a ctivo
m ovim iento de estudios fílm ic o s. A s í, las
escasas ed iciones p u b lica d as en nuestro
p a ís d a tan de m ás de una decena de años
y están ag o tad as en su m a y o ría . Desde
hace un tiem p o , la s inq uietudes de la ge­
neración que encontró cerrado ese cam in o
del cine profesional han optado por seguir
un derrotero propio, m enos fa lso y vo cin ­
g lero , pero m ás serio y profundo. Los cine
clu b es, los grupos de film a c ió n indepen­
diente y escasas revistas han preparado
para el cine fu tu ro a m uchos c in e a sta s m e­
nos dados a las concesiones y m ejor pre­
parados estética y c rítica m e n te para a fro n ­
ta r la creació n de un cin e a u té n tico , que
sea tam b ién un arte y no una débil paro­
d ia co m ercial de nuestros peores defectos
n acio n a le s.
U n síntom a evidente de este nuevo estado
de cosas es que se co m ien za a p asar del
reducido núm ero de esp e cialistas que se
nutre de la b ib lio g ra fía en otros idiom as,
a un interés m ás g e n eralizad o que y a ha
provocado la creació n de una colección
esp ecialm ente dedicada a p u b lica r libros de
c in e .
Esta prom isoria in ic ia tiv a ha com enzado
con obras de c a rá c te r histo rio g ráfico o
en sayistico , que son precisam ente las m ás
ú tile s en esta etap a de fo rm ació n concep­
tu a l, ta n necesaria a legos y pro fesio n ales.
L a té cn ica siem pre puede e sta r al a lca n ce
de c u a lq u ie r persona norm al con ad ie s­
tra m ie n to ad ecuado. L a form ación m ental
de c a rá cte r c in em ato g rá fico es m ás rara
y d ifíc il.

Editoriaf Nueva Visión

han aparecido:
Serge M oreux

Béla Bartok
L a fig u ra de B éla B a rtó k se d estaca con
n itid e z entre los com positores contem po rá­
neos. T o d a su obra es un m ag n ífico ejem plo
de una a c tiv id a d creadora puesta desde sus
com ienzos a l se rvicio de un propósito d e fi­
nido: la incorporación y a sim ila c ió n del
elem ento fo lkló rico como uno de los medios
de renovación del m a te ria l sonoro de p rin ­
cipios del sig lo X X . Desde este punto de
vista lo a n a liz a el a u to r, estudiando ade­
m ás en d e talle cad a una de sus com posi­
ciones ................................................................... $ 3 5 .—

H erbert Read

Forma y poesía moderna
A firm a el auto r de este libro que " a m enu­
do d ife re n te s tipos de a c tiv id a d han usur­
pado el títu lo de p o e sía ". C o n sid era, pues,
de especial im p o rtancia d ilu c id a r la n a tu ra ­
leza de la a c tivid a d poética y , p a rtic u la r­
m ente, de la form a p o é tica, a n a liza n d o las
leyes a las cu ales se a ju sta el proceso c re a ­
dor, vin c u la d o estrecham ente con la perso­
nalid ad del poeta. R ead proporciona así al
lector una visió n a m p lia del proceso poético,
vá lid a no sólo en lo que se re fie re a la
poesía m o d ern a sino tam b ién p a ra la de
épocas a n t e r io r e s .........................................$ 2 0 .—
En p rep aració n :
Lew is M u m fo rd : A rte y té cn ica.
Sieg frie d G ied io n : A rq u ite c tu ra y C o m u ­
nid ad.
René Le ib o w itz: L a evolución de la m úsica,
de B ach a Schonberg.
G iu lio C a rio A rg a n : W a lte r G ropius y la
Bau h au s.

Ediciones Galatea-Nueva Visión
1. V . I. Pudovkin: "El actor en el
film "
T ra d u c ció n de L u c ía L ip c h u tz . Bs A s ., Lo ­
sange, 1 9 5 5 . 7 8 p ., § 1 8 .— .
Se h a com enzodo por un clá sico de la
te o ría cin e m a to g rá fic a . U no de los pocos.
M ucho se ha escrito sobre c in e , pero casi
siem pre dentro de la cró n ica a cu m u la tiv a
o la p e rife ria d iv a g a to ria . P u d o vkin , el
se
_ c M a d re " , fué ta m ­
b ién un g ra n a c to r. Separándose de las
te o ría s e xtre m a s d e K u le ch o v , que conside­
ra b a a l a c to r un objeto dentro de la comp k a té c r ca del cine — cu ya m ecán ica
deterr- naba su e xp re sivid a d por m edio del
m o ntaje— Pu dovkin d evuelve a la in te r­
p re ta : :n un v c lo r in te g ra l, hum an o, pero
que debe u n irse arm o niosam ente con los
dem ás elem entos de la cre ació n del film ,
í c : : : t aeae c :- : c e r cate todo la p e cu liar
té cn ica del nuevo m edio de expresión y
ad e cu ar sus e xp e rie n cia s a nuevas leyes
del ritm o, del m ovim iento y del gesto, lo
m ism o que e stu d iar ju n to a los dem ás
creadores del film la co ntin uid ad interio r
de su personaje, fra g m e n tad a por la téc-

W a ssily K an d in sky

De lo espiritual en el arte
A tra v é s de las p ág in as de este libro
— docum ento fu n d am en ta l del arte m oder­
no— , el lector te n d rá oportunidad de en­
tra r en contacto con una de las persona­
lid ad es de m ayor inquietud cread o ra de
nuestro tiem po.
En esta obra W a ss ily
K a n d in sk y da a conocer, no sólo sus con­
clusiones teó ricas sobre el arte y , en p ar­
tic u la r , sobre la p in tu ra , sino tam b ién sus
e xp e rie n cia s e sp iritu a le s.
De a h í que el
"so n id o in te rio r" de su m en saje cobre ta n ­
to interés como sus decisivos aportes co n­
cep tuales y técnicos a la p in tu ra y a la
estética del siglo X X . Ilustrad o . . $ 2 8 .—

En p rep a ra ció n :
León D u jo vn e: La filo so fía de la h isto ria ,
de N ie tz ch e a To ynb ee.
Je a n Ep stein : L a esencia del cine.
Georges G u rv itc h : L a s clases so ciales, de
M a rx a nuestros d ía s.

39

�n ic a de film a c ió n . N uestros actores cin e ­
m ato g rá fico s, en su m ayoría provenientes
del teatro — cuya fo rm ación puede ser útil
si se ad vie rte n sus d iferen tes ap licacio n es— •
o, lo que es peor, del rad ioteatro, pueden
leer este libro con provecho.

2. Lotte H. Eisner: "L a pantalla
diabólica"
T ra d u c ció n de L u is Federico Coco. Bs. A s .,
Lo sange, 1 9 5 5 . 1 1 9 p ., ilu s., $ 2 0 .— .
" L a p a n ta lla d ia b ó lic a " es, como dice el
su b titu lo , un "p a n o ra m a del cine a le m á n "
y tra ta tam b ién la in flu e n cia de M a x Reinh ard t y el expresionism o. El te m a, enfo­
cado con profundidad y erud ició n, es muy
in tere san te. El cine a le m á n , en su época
de g lo ria , alrededor de 1 9 2 6 , es uno de
los rarísim o s casos de co in cid en cia del arte
film ic o con un m ovim iento estético p a ra ­
lelo. Y es el expresionism o quien m arca
su im pro nta en el cine alem án en form a
tan du rad era que cierto s de sus efectos se
extiend en h asta la a c tu a lid a d . A sim ism o
es d ifíc il en co n trar un m ovim iento estético
de v a n g u a rd ia que se exprese de inm e­
diato en el cin e de c a rá cte r co m ercial.
M uchos facto res concurren para que así
su ced a; inciden p ara ello condiciones eco­
nó m icas, so ciales e h istó ricas. El e xp re­
sionism o es una ru p tu ra vio le n ta que aúna
un su b jetivism o intenso a una v o lu n ta ria
ab stracció n d o g m ática. N ingún m ovim iento
estético moderno ha expresado m ás d ra ­
m áticam en te los problem as del ind ivid uo y
la sociedad contem po ráneas en c risis vio ­
le n ta; ningún pueblo estaba m ás m aduro
para esa expresión que el a le m á n . R ecor­
demos cie rta s c a ra c te rístic a s p ropias; la
teo rizació n a b stra c tiz a n te , la se n tim en talidad exa ce rb ad a, la tendencia a la brum a,
la o scurid ad , lo dem oníaco, elem entos que
ya se encuentran en el rom anticism o (H o ffm an, H ó ld erlin ) y en el profético Buchner.
T ra n sc u rrid o el breve período de la exp e­
rien cia exp re sio n ista, cuya obra m aestra es
" E l G ab in ete del D r. C a lig a r i" , perm ane­
cen, tanto en el co n stru ctivista Lang como
en el " K a m m e rs p ie l" , alg u n as constantes
que oponen la "m a g ia n e g ra " de los c in e ­
astas alem an e s a la " m a g ia b la n c a " de
los suecos. Por ello es d ifíc il h a lla r com e­
dias logradas en esta c in e m a to g ra fía , cuyas
m ejores expresiones se in clin an a la v io ­
lencia d ra m á tica o a l claro scuro de los
tem as fa n tá stico s y de terro r.
Lotte E isn e r estudia la reacción psicológica
del " K a m m e rs p ie l" y el estilo de La n g ,
con sus sim ilitu d es cuidad osam ente ag ru p a­
d as, el " S tim m u n g " , cuya búsqueda es
a n a liz a d a tam bién en M u rn au — g enial di­
rector que rebasa el " K a m m e rs p ie l" y el
expresionism o conservando alg unos de sus
elem entos (la diago nal " d in á m ic a " e xp re ­
sio n ista , el sím bolo)— -, la in flu e n cia v a n ­
gu ard ista (R ic h te r, R u ttm a n n ) y por últim o
la decadencia de la época sonora. En ésta
perd uran, en alg u n as excep cio nales y esca­
sas p e líc u la s, las cu alid a d es y defectos
c a ra cte rístic o s de la gran época m uda. La
atm ó sfera tensa y la "p e rp e tu a e x c ita c ió n "
rodean a los som bríos p a isaje s del alm a
fá u s tic a . U na p e lícu la de W y sb a r, ignorada
hasta hace poco en Euro pa, representa de
modo e xtra ñ a m e n te fa sc in a n te el eco e x ­
presionista en una de sus ú ltim a s m a n i­
festacio n es: es " L a barq uera M a r ía " (Fáhrm ann M a ría , 1 9 3 4 ).
L a obra de Lo tte E isn e r cuenta con dos
virtu d es ca rd in a le s: el conocim iento del
tem a y la visión o rg án ica, que no descuida
el a n á lis is de las obras en s í, a las que
ubica e interp reta en el conjunto de la
c u ltu ra que in teg ran .

40

3. Mario Gromo: "Cin e italiano"
T ra d u c ció n de Elsa M a rtin a , Bs. A s .,
sange, 1 9 5 5 . 9 4 p ., ilu s., $ 2 0 .

Lo ­

El libro de M a rio Grom o, " C in e Ita lia n o " ,
tiene proporciones m ás m odestas, tanto en
longitud com o en p rofund idad . Como no
pretende, sin em bargo, ser otra cosa que
un "rá p id o b o sq u e jo ", en ta l form a debe
leerse, como una introducción som era a
obras de m ayor a lc a n c e . Su estilo lim itado
a la cró n ica no im pide que se form ulen
m uchos ju icio s va lo ra tiv o s que deben to­
m arse con reservas. A s í por ejem plo la
concepción de la obra de R o sellini y De
S ic a - Z a v a ttin i, que es algo su p e rficia l.

dibujos o rig in ale s en negro y color

4. Eisenstein, Bleim ar, Kosinzev:
"El arte de Charles Chaplin"

poesía

T ra d u c ció n de H éctor F ra n z i. Bs. A s ., Lo­
sange, 1 9 5 6 . 123 p ., ilu s ., $ 2 8 .

texto s

El núm ero cu atro de esta colección rinde
hom enaje al genio m ás c a ra cte rístic o del
c in e : C h a rle s C h a p lin . Se han elegido los
tres ensayos reunidos por A tc h e v a y A ch u kov en 1 9 4 5 , p ertenecientes a Eisen ste in ,
K o sin zev y B leim an . La b ib lio g ra fía de
C h a p lin debe ser casi tan extensa, como
la de Don Q u ijo te, a quien se lo ha com ­
p a ra d o . . . Desde las obras fu n d am en ta les
de Pierre Leprohon y Theodore H u ff hasta
la reciente de C lau d e M a u ria c , m uchos
escritores, entendidos en cine o no, han
tratad o de p enetrar el m isterio del mimo
u n ive rsa l. T a l ve z pueda m edirse algo de
la m agnitud de su genio por sus defectos
evid entes: se n tim en talism o , v u lg a rid a d , con­
fusión co ncep tual, anacronism os té cn ic o s...
cu alq u ie r otro a rtis ta qued aría sum ergido
por ellos. C h ap lin surge en cam bio de sus
contrad iccio nes sin d ism in u ir su tra sce n ­
d encia porque es un verdadero creador.
Su in terp retación del mundo y el hom bre
contem poráneo se hace cada ve z m ás cons­
cien te , m enos " p r im it iv a " . L a esencia de
su a rte , según Eisen stein, es una visión
sem ejante a la de un niño. Los niños
no hacen concesiones ni se m ienten a s!
m ism os. Ignoran la ética a d u lta y su ju icio
es ap arentem en te absurdo y cruel porque
obedece a leyes d istin tas. Eisenstein a n a liz a
el m ecanism o psicológico del sím bolo chaplinesco y se ñ ala la m etam orfosis produ­
cida desde " E l G ran D ic ta d o r" para con­
c lu ir con el h alla zg o de una nueva edad
del hombre C h a p lin : su a d u ltez fre n te a
la h isto ria. C iertam en te los film s de C h ap lin
han cam b iad o . Su prim era época es la
creació n in s tin tiv a ; la segunda una versión
en térm inos m ás com plejos de su in terp re­
tación trag icó m ica del hom bre contem po­
ráneo; la te rc e ra , es probablem ente la m ás
discu tida porque m ientras h asta entonces
C h a p lin su scitab a en todos los hom bres
v a ria d a s em ociones o g raves contenidos por
m edio de su o rig in al invención a rtís tic a ,
a h o ra , m ás consciente de su posición, se
a le ja cada ve z m ás de la com icidad y
su braya la tra g e d ia , expone sus conceptos
sin re c u rrir a m etáfo ras m ím icas o de im a ­
gen d ra m á tic a . Es que C h a p lin h ab la. Su
m ensaje es doloroso y propio del a n ti­
heroico hombre de nuestro tiem po que, co­
mo dice B le im a n , sufre in fin ita m e n te por
objetivos m ezquinos o por m ovim ientos h is­
tóricos que no com prende. De esta relación
entre el arte de C h a p lin y su versión
hum ana se ocupa el in tere san te ensayo
del auto r citad o . K o sin zev estudia p refe­
rentem ente el m ecanism o interno del estilo
chaplinesco y su hum orism o especial y ú n i­
co. El breve y b rilla n te estudio de Eisen s­
tein c ie rra un libro realm ente interesan te.

•
•
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e je m p lare s sim ples $ 2 5 —

E jem p lares firm a d o s $ 100 .—

•

r- *
p u b licació n de arte

e

•

•
•
•
•
A

er. ve n ta en las lib re ría s

ed itorial nueva visiórt

�-muro

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                  </elementText>
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                <text>Bill, Max&#13;
Goldemberg, Jorge&#13;
Williams, Amancio&#13;
Bullrich, Francisco&#13;
Beretervide&#13;
Acosta y Felici&#13;
Ruiz, J. C.&#13;
Tedeschi, Enrico&#13;
Pirovano, Ignacio</text>
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                    <text>buenos aires/argentina

1955

revista de

cultura visual

nueva visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

La Escuela Superior de Diseño de Ulm
M a x Bill
Eugenio G o m rin g e r

s u m a rio

Tomás M a ld o n a d o

Laszlo Moholy Nagy
A le x a n d e r D orner

Camille Graeser
La Propaganda, o la Nueva Retórica
P ablo G o n zá le z C asanova

información:
La Nueva ciudad de Harlow
Casa de departamentos
A rq . J. F e rra ri H a rd o y

Diseño argentino: sillas y sillones
Notas y comentarios
Bibliografía

��en revestimientos

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Calidad=Fulget

O b ra

Bulnes y S a n ta

Fe

R evestim iento to ta l
A rq . H ila r io

L ore n zu ttI

O livetti Lexikon

FULGET
M a rc a

R eg istra d a - In d u s tria A rg e n tin a

C a p ita l m $ n . 1 .0 0 0 .0 0 0 .-

revestimientos
La Lexikon construida por la Olivetti Argentina es la misma m áquina de
escribir que la fábrica italiana de Ivrea ha sabido im poner en el mercado
m u n d h l. Los proyectos y dibujos son idénticos, como asimism o las m aterias
prim as empleadas y el procedim iento de fabricación, revisión, control, etc.
Después de 45 años de evolución técnica nunca interrum pida, la Olivetti ha
creado con la Lexikon una m áquina de escribir de sólida estructura, de pul­
sación elástica y suave que acopla, a la m áxima nitidez de escritura y a la
posibilidad de alcanzar velocidades elevadas, una alineación perfecta y du­
radera de las letras y una linea sumamente elegante.
La Olivetti que ha encontrado en Argentina obreros inteligentes y capacita­
dos, como asimism o un ambiente industrial y com ercial en continuo pro­
greso y desarrollo, se considera muy honrada en poder c on trib uir al abas­
tecim iento del mercado sud-am ericano con un producto que puede definirse
como un resultado de la tradición latina de equilibro entre rig o r cientifico
y arm onía de líneas.

Olivetti Argentina S.A.C. e l. — San Martin 550, t. e. 31 retiro 3061 - Buenos Aires

patentados

N o es F u lg e t si no es d e

F u lg e t A r g e n tin a S.R.L.

F lo rid a 6 3 3 , 3 e r. p is o , Buenos A ire s
T. E. 3 2 - 7 1 9 6 y 3 2 - 9 4 3 8

�América

U n a g a r a n tía
d e fid e lid a d
e n la in te rp re ta c ió n
d e la re c e ta d e
su o c u lis ta

buena
visión
C ris ta le s im p o rta d o s
Precisión té c n ic a
A d a p ta c ió n e s té tic a

V is ite el
D e p a rta m e n to d e O p tic a
en la p la n ta b a ja .

Franco - Inglesa
La mayor Farmacia del mundo
Al servicio del pueblo

Sarmiento y Florida - T. E. 32-2021

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y el impresor
convierten el libro

buenos

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en una obra de arte.

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nueva visión
revista de cultura visual. Artes,
arquitectura, diseño industrial,
tipografía.

Aparece cada tres meses
D ire c to r: Tom ás M aldo n a d o
Secretarios de d ire cció n : A rq . H oracio Ba­
bero, A lfre d o H lito , Jorge G risetti
C om ité de redacción: A rq . Francisco Bu11rich , A rq . J. M . B orthagaray, Jorge Goldemberg
Secretario de redacción: Edgard Bailey

Max Bill

A d m in is tra c ió n y redacción: C e rrito 1371,
Buenos A ires, A rg e n tin a . T e lé f.: 4 2 -1 3 4 7
La dirección no se responsabiliza de los
artícu lo s firm a d o s ni devuelve las co la b o ­
raciones espontáneas.

T om ás M a ld o n a d o

La revista " n v " , nueva visión, es p ro p ie ­
dad de la E d ito ria l Nueva V isión S.R.L.,
cap. m fn . 5 0 .0 0 0 .—

La intensa y m ú ltip le a c tivid a d renovadora de M a x B ill en el
cam po de la a rq u ite c tu ra , de la p in tu ra , de la escultura, del dise­
ño in d u s tria l, de la tip o g ra fía y de la enseñanza del a rte , así
como sus muchos tra b a jo s críticos y teóricos, lo colocan en una
situación preem inente den tro del proceso de la cu ltu ra contem po­
ránea. A través de las diversas artes visuales que p ra ctica , Bill
procura co n cre ta r una concepción in te g ra l del espacio, apelando
para ello a los m edios form ales de expresión acordes con las nece­
sidades y valores de nuestro tiem po. "E n cada una de mis obras,
ha dicho B ill, tra to de lle va r a la p rá ctica en una dirección d ife ­
rente un m ismo concepto de arm onía, aunque obedeciendo siem ­
pre a una ley im puesta por el concepto m ism o ".

Sumario:
La Escuela Superior de Diseño de U lm , por
V\ax B ill, Tom ás M aldo n a d o , Eugenio G om rin g e r (p. 5)
Laszlo M o h o ly N agy, por A le x a n d e r Dorner
(p. 11)
C a m ille Graeser (p. 2 0 )
La Propaganda o la Nueva Retórica, por
Pablo G onzález Casanova (p. 2 3 )
In fo rm a c ió n :
La nueva C iudad de H arlow , por Frederick
Gibberd, Francisco
B u llrich , Sir Ernest
Gowers (p. 2 8 )
Casa de departam entos, por A rq . J. Ferrari
H ardoy (p. 3 4 )
Aspectos del diseño a rg e n tin o : silla s y s i­
llones, por A rq . H oracio B aliero (p. 3 8 )
B ib lio g ra fía (p. 41 )

Representantes en el exterior:

C o n te n id o :

Tom ás M aldo n a d o
M a x Bill
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill

" M a x B ill'
" L a concepción m ate m á tica en el a rte de
nuestro tie m p o "
" U n m on u m e n to "
"E l b a rrio como elem ento urbano d ife ­
re n cia d o "
"F o rm a , fu n ció n , b e lle z a "
Edición de lu jo , encuadernada en te la ,
con 148 págs. impresas en papel ilu s­
tra ció n , con 9 0 reproducciones, 1 a c u a ­
tro colores, textos en castellano, inglés
alem án y f r a n c é s ........... m fn . 1 6 5 .—
Ejem plares numerados, conteniendo una
lito g ra fía a dos colores o rig in a l de M a x
B ill, firm a d a por el a u to r m fn . 3 5 0 .— -

Editorial Nueva Visión
C e rrito 1371 / Bs. As. / T . E. 4 2 -1 3 4 7

4

B ra sil: José M arques Godoy, A v. Ip ira n g a
N? 8 7 9 , Sao Paulo
U ru g u a y : Nuevo Diseño, Juan Benito B la n ­
co 1 1 2 2 -2 6 , M on te vid e o

Se desea el canje con las publicaciones
sim ilares: se harán a n álisis y resúmenes de
los libros y revistas enviados a nuestra
redacción.
Exchange w ith sim ila r p u b lic a tio n s ¡s
desired: the books and jo u rn a ls sent to
our E d ito ria l S ta ff w ill be reviewed.
On désire l'échange avec les p u b lic a ­
tio n s congéneres: on fe ra des analyses e t
des résumés des livres et des revues envoyés a notre rédaction.
Si desidera il cam bio colle p u b licazione
congeneri: sarano f a t t i a n a lisi e riassunti
dei lib ri e riviste rimessi a lia nostra reda zio n i.
W ir b itte n um Austausch m it aehnlichen
F ach ze itsch rifte n : w ir b ringen Besprechungen der uns eingesandten Buecher.

�A pesar de ser “nv” una revista de cultura especializada, cuya aparición no
tropezó con otros obstáculos que los inherentes a esta clase de publicaciones,
no ha dejado de padecer y en cierto modo de reflejar, las circunstancias que,
hasta hace poco tiempo, gravitaban de un modo cada vez más asfixiante,
en nuestra vida cultural.
La ensordecedora demagogia que destruyó y desvirtuó todos los conductos
de la expresión, el desprecio auspiciado hacia toda actividad independiente
del espíritu, la exaltación constante de una ciega emotividad en detrimento
de las formas conscientes del comportamiento individual y colectivo, con­
dujeron a un profundo deterioro de las formas de vida y comunicación
en las que se asienta toda actividad de cultura.
Sería un error suponer que estas condiciones afectaron solamente a la cul­
tura en sus aspectos más ostensibles: las universidades, los centros de estudio
e investigación, los órganos de publicidad y la libre concurrencia de ideas.
De haberse prolongado más tiempo, esas condiciones hubieran alcanzado
también al creador aislado que, en el intento de salvar su autenticidad,
perdía uno a uno todos los vínculos, ponderables e imponderables, que jus­
tifican su vocación ante sí mismo y los demás.
De hecho, esta revista señaló, en oposición a los modos mentales de sumi­
sión y de conformismo, los caminos de la libertad del espíritu. Al incitar
al ejercicio y la plasmación de nuevas formas, concebidas en función del
pensamiento y el arte contemporáneos, entendíamos defender, q» medio
de las dificultades opuestas a toda publicación libre, los requisitos básicos
para la subsistencia de la cultura.
La nueva etapa que la libertad inaugura entre nosotros exige superar, ade­
más de los modos exteriores de la dictadura, los resortes íntimos que le
dieron nacimiento y la sostuvieron tanto tiempo, y que subsisten tras la
caída del régimen. No debemos olvidar que el peronismo capitalizó en
su favor la inoperancia y vacuidad de las formas culturales existentes. Por
eso es que las exigencias que, en otros aspectos de la vida pública, le obligaron
a la creación de nuevas formas políticas, en el terreno estrictamente cul­
tural se concretaron solamente en la supresión de sus instituciones repre­
sentativas, sin que hubiera necesidad de oponerles otras nuevas.
No podemos, en consecuencia, contentarnos ahora con la restauración de
las circunstancias imperantes antes de la dictadura ni auspiciar el retorno
de los hombres y organizaciones que las cimentaban. Los doce años trans­
curridos no han permitido la exteriorización pública de nuevas figuras u
organismos culturales que, sin embargo, y a pesar de las trabas impuestas
a la comunicación, han surgido como expresión de las corrientes del pensa­
miento que durante ese período se crearon o desarrollaron. Por eso creemos
que las decisiones deben tomarse hoy en primer término en base a una
justa ponderación de las ideas, y no teniendo en cuenta la presunta repre­

�sentación de quienes sólo existen como expresión de un pasado al que no
queremos ni debemos regresar.
En cuanto al orden político, entendemos que son indispensables en este
momento las máximas garantías para la libre expresión del pensamiento.
Nada podría ser más funesto que el mantenimiento —bajo el pretexto de
una falsa defensa de la democracia— de cualquiera de las organizaciones
y leyes especiales que la dictadura creó o mantuvo. Creemos asimismo
que el juzgar y condenar personas por fuera de los patrones universales de
nuestra constitución, redunda en inventar delitos del pensar, hecho que
repugna nuestra herencia democrática de lucha por la libertad de ideas
que, sabemos desde antiguo, no se eliminan por la violencia.
En el terreno de la enseñanza, libre de presiones políticas o confesionales,
y sin la ingerencia de quienes defienden solamente sus situaciones perso­
nales, deben sentarse las bases para una profunda reforma institucional. En
la Universidad, deberá evitarse cualquier dispersión de esfuerzos que im­
pida el afianzamiento de una Universidad Nacional verdaderamente inte­
grada a la vida social como centro creador y transmisor de una auténtica
cultura.
El diálogo ha de constituir, sin duda, un factor de fundamental influencia
en el desarrollo de la nueva cultura. Su ausencia casi absoluta durante un
largo período de la vida nacional no puede atribuirse únicamente a la dic­
tadura. Su origen hemos de buscarlo más bien en la regimentación de los
intereses de intelectuales y artistas, eventualmente colocados en situación
de rectores del gusto y de la crítica. Dentro de la mecánica del diálogo,
donde no tienen cabida ni el resentimiento ni la complacencia de secta,
podrá forjarse una inteligencia, crítica que permita la afirmación o la nega­
ción de valores en una escala objetiva. Con esta conciencia nos aprestamos
a proseguir, en las nuevas condiciones imperantes en nuestro país, el es­
fuerzo cultural que esta revista testimonia.

�teléfono 42 - 1347
argentina
buenos aires
cerrito 1371

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��La in d u s tria es el m edio con que c u e n ta n uestro tie m p o para la s a tis ­
fa c c ió n de las necesidades de todos los hom bres. Por m edio de la ra c io ­
n a liz a c ió n , de la a m p lia c ió n de sus em presas, del c o n tin u o a c re c e n ta ­
m ie n to de sus p o s ib ilid a d e s p ro d u c tiv a s , la in d u s tria p re ten d e m a n te n e r
su p ro p ia ca p a c id a d de co m p e te n cia . El a u m e n to de esta ca pa cid ad , por
su p a rte , e xige el a u m e n to de las ventas. Es d e cir, las ventas deben ju s ­
t if ic a r la c o m p le jid a d del m eca nism o u tiliz a d o .
Pero ¿adonde conduce esta e xpansión c o n tin u a ? ¿No venim os acaso c o m ­
p ro b a n d o desde hace ya b asta nte tie m p o la v is ib le d e c lin a c ió n de la
ca lid a d ? N o hay duda que el p ro d u c to más e s trid e n te , más b a ra to , f a ­
vorece las ventas. A dem ás, ¿no se vie n e d e n u n cia n d o , ta m b ié n desde
hace ya b asta nte tie m p o , la d ecadencia c u ltu ra l que estos efectos n o ­
civos de la in d u s tria liz a c ió n han provocado?
N osotros volvem os a poner al h om bre en el c e n tro de nuestras p re o c u ­
paciones y de nuestros esfuerzos. Buscam os a rtic u la r una c u ltu ra co h e ­
ren te con la época té c n ic a que vivim o s. In te n ta m o s p re p a ra rla . En nues­
tra escuela, hom bres jóvenes de los más va ria d o s orígenes tra b a ja n ju n ­
tos para lo g ra r la v e rd ad era fo rm a de v id a de nue stro tie m p o .
M a x B ill.

La Escuela Superior de Diseño de Ulm. Primera etapa

(Foto S. v. S.)

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La educación social del creador en la Escuela Superior de Diseño
T om ás M a ld o n a d o .
En alg un os casos p a rtic u la re s , e n tre c o n tin u a r una tra d ic ió n y su pe ra rla ,
e n tre c o in c id ir con un pasado y volverse c o n tra él, puede no h a b e r una
d ife re n c ia m u y c la ra . La "E scu e la S uperior de D is e ñ o " es, p re c is a m e n ­
te, un buen e je m p lo. En un se n tid o , c o n tin ú a la tra d ic ió n e s p iritu a l
B a u h a u s "; en o tro , la supera. La c o n tin ú a en la m e d id a en que in te n ta
p ro lo n g a r una a c titu d con respecto al tra b a jo c re a d o r que, hace tre in ta
y cin co años, el m a n ifie s to in a u g u ra l del "B a u h a u s " fo rm u ló p o r p r i­
m era vez; la supera en la m ed id a en que esa m ism a a c titu d debe a fro n ta r
a ho ra c irc u n s ta n c ia s ra d ic a lm e n te d ife re n te s a las de entonces.
La a c titu d "B a u h a u s " , en e fe cto , persiste en la "E scue la S uperior de
D is e ñ o ", pero la n a tu ra le z a de los nuevos hechos sobre los cuales tie n e
que ejercerse m o d ific a n b a sta n te su se n tid o o rig in a rio . En o tra s p a la ­
bras, si es ve rd ad que la a c titu d persiste, no lo es m enos que su s ig n i­
fic a d o h is tó ric o no puede ser ya el m ism o.
A dem ás, no todos los pun tos de vista sustentados p o r los pioneros del
a n tig u o " B a u h a u s " siguen siendo ig u a lm e n te valederos para n ue stra g e ­
n eració n. En los días que co rre n , vivim o s pro ble m a s, que ellos, en su épo­
ca, desconocían o apenas in tu ía n . Por o tra p a rte , p ro ble m a s antes ju z ­
gados decisivos, han p e rd id o a c tu a lid a d p ara nosotros.
En los años de la p rim e ra p o stg u e rra , se p ro c la m a b a la necesidad de
una c u ltu ra m oderna "e n g e n e ra l". El p ro g ra m a nos resu lta hoy d e m a ­
siado im p reciso e in s u fic ie n te . N o p odríam os a d m itir lo com o " n u e s tr o "
p ro g ra m a . O, al m enos, no sin las p e rtin e n te s reservas, o bjeciones o
a cla ra c io n e s c o m p le m e n ta ria s .
Es ya d ifíc il re n u n c ia r a una a c titu d c rític a fre n te a cie rto s aspectos,
a ho ra co n ve rtid o s en re a lid a d , de esa c u ltu ra m od erna " e n g e n e ra l".
A lg u n a s de las fo rm a s creadas en su n om bre son para nosotros,
en el presente, ta n despreciables com o para la g e n e ra ció n del a n tig u o
"B a u h a u s " los o bjetos " a r tís tic o s " p re fe rid o s por la clase m edia de p r in ­
cipio s del siglo.
N o es posible desconocer que la a c tu a l p ro life ra c ió n de fo rm a s e x te rio rm ente m odernas, pero e sen cia lm e nte retró grad as, tie n d e a c o n ve rtirse
en una de las más graves a m enazas para el p o rv e n ir c u ltu ra l del hom bre.

E studiantes

tra b a ja n d o en uno
de " P r o d u k tfo r m "

de los ta lle re s
(Foto S. v. S.)

"Escuela S uperior de D iseño" no es, por cie rto ,
una tra d u c c ió n m uy e xa c ta de "H o c h s c h u le fü r
G e s ta ltu n g ". En los países de hab la inglesa se
dispone de la p a la b ra "d e s ig n " para tra d u c ir no
pocas de las acepciones posibles de la a lem ana
" G e s ta ltu n g " : c re ació n , fo rm a c ió n , e s tru c tu ra ­
c ió n , tra z a d o , d e lin e a c ió n , d ib u jo , c o n fig u ra c ió n ,
d esa rro llo , d e s e n vo lvim ien to , re a liz a c ió n , o rg a n i­
z a c ió n , a pro v e c h a m ie n to , co nfección ( " W ó r te r buch der spanischen und deutschen S p rach e ", Rud o lf J. Slaby y R u d o lf G rossm ann).
En español, por desgracia, carecem os de esta
p osib ilid ad . N o obsta nte, a fa lta de o tra m ejor,
la re vista " n v " a d o p ta rá la p a la b ra " d is e ñ o ",
aunque d án d o le un nuevo sentido, precisam ente
el sentido de "G e s ta ltu n g " o " d e s ig n ". Esta so­
lució n es m uy fa c tib le en español, pues en
nuestro id io m a , a d ife re n c ia de lo que o curre en
francés, ita lia n o y portugués, tenem os otras dos
pala b ras — d ib u jo y d e lin e a m ie n to — para re ­
e m p la z a r el se ntid o que ha te n id o hasta ahora
la p a la b ra "d is e ñ o ".

5

�Form as n efa sta s, nos a n im a ría m o s a d ecir. Form as que o b s tru y e n los
posibles ca m ino s h a cia una re la c ió n social a u té n tic a e im p re g n a n la
vida c o tid ia n a de ilusiones h u m illa n te s . El p rim itiv o p ro p ó sito de c re a r
un m u n d o de fo rm a s que fa voreciese el a d v e n im ie n to de un m a y o r b ie n ­
e star y de una m a y o r c o m u n ic a c ió n , ha sido desviado de curso por los
re q u e rim ie n to s de la co m p e te n cia y del fo rm a lis m o m od ernista .
La "E scu e la S u pe rio r de D is e ñ o " que hoy estam os co n stru ye n d o en U lm ,
se propone re d e fin ir los té rm in o s de la nueva c u ltu ra . N o se co n te n ta
— com o M o h o ly -N a g y en C h ica g o — sólo con e d u ca r hom bres capaces
de cre a r, de expresarse a sí m ism os. Esta nueva escuela, sin d ud a, se­
ñala el m e jo r c a m in o para lo g ra r el más a lto n iv e l de fe c u n d id a d c re a ­
dora, pero ta m b ié n , y en ig u a l m ed id a , enseña qué fo rm a s son s o c ia l­
m en te le g ítim a s ; en ú ltim a in s ta n c ia , qué fo rm a s m erecen ser creadas
o no. Es d e cir, el a ce n to no se pone m ás sobre lo m od erno "e n g e n e ra l"
ni sobre la necesidad de la c re a c ió n "e n g e n e ra l"; el a cen to se pone
a h o ra sobre el c o n te n id o m o ra l de la crea ció n .
H a y un e je m p lo que puede a c la ra r la n a tu ra le z a de los fenó m e n os a
que nos estam os re firie n d o . La o p in ió n m ás d ifu n d id a , al m enos en a l­
gunos sectores p a rtic u la rm e n te re c a lc itra n te s , es que el cre a d o r de f o r ­
mas para la in d u s tria , el d ise ñ a d o r o a rtis ta que tra b a ja para la p ro d u c ­
ción en serie, tie n e una sola fu n c ió n que c u m p lir: p re s ta r se rv ic io al
p ro g ra m a de ventas de las g randes em presas, a c tiv a r los m ecanism os de
la co m p e te n cia .
En c o n tra de esta o p in ió n , la "E scue la S uperior de D is e ñ o " hace suya la
tesis de que el a rtis ta , aun tra b a ja n d o para la p ro d u c c ió n en serie, tie n e
que d e fe n d e r siem pre sus deberes para con la sociedad. En n in g u n a c ir ­
c u n sta n c ia sus deberes para con la in d u s tria p o d rá n ser opuestos a sus
deberes p ara con la sociedad.
Es u rg e n te , en e fe c to , p ro p ic ia r un nuevo tip o de a rtis ta que, en las
a ctu a le s co n d icio n e s adversas de la c o m p e te n cia , sepa c re a r, d e fe n d e r

' M a q u s ta y p la n ta

6

�La te rra z a

p rin c ip a .. A l

fo n d o , una

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y Mevar a , é x ito un d e te rm in a d o re p e rto rio de fo rm a s sanos y e fic ie n te s ,
de fo rm a s concebidas al m argen del o p o rtu n is m o o del p ro fe s io n a lis m o .
Estas fo rm a s, en alg un os casos, pod rá n te n e r por fin a lid a d la s a tis fa c ­
ción de e xig en cias concretas de la v id a c o tid ia n a del hom bre, en otros,
pod rá n e star destinadas a e n riq u e c e r su e x p e rie n c ia p u ra m e n te e s p iri­
tu a l. En todos los casos, fo rm a s para el uso o fo rm a s para la percepción
e stética , ellas deberán ser siem pre fo rm a s libres y responsables.
En el fo n d o , y una vez más, de lo que se tra ta es de fa v o re c e r la in v e n ­
ción de fo rm a s que puedan lle g a r a a c tu a r com o a rq u e tip o s , com o s itu a ­
ciones guías, para el progreso social y c u ltu ra l del hom bre.

Proyecto: 1 9 5 0 -5 3 . C om ienzo de la cons­
tru c c ió n : otoño 1953. O cupación p a rc ia l:
otoño 1954.
A rq u ite c to : M a x B ill, Z ü ric h y Ulm .
Colaboradores para los in te rio re s: a rq u ite c ­
tos Hans G ugelot y W a lte r Zeischegg, ju n ­
tam ente con un grupo de estudiantes de la
escuela.
D irección de la construcción: a rq u ite cto
F ritz ’P feil, U lm , y los estudiantes Fred
Hochstrasser, Erm anno Delugan y OI i v i o Fe­
rra ri.
M a x Bill y sus colaboradores en la construcción
(Foto H. C onrad)

La Escuela Superior de Diseño
Eugenio G o m rin g e r
En una c o lin a al sudoeste de la ciu d a d de U lm ( A le m a n ia ) , con vasto
p a n o ra m a sobre el v a lle del D a n u b io , están construyéndose a c tu a lm e n te
los e d ific io s de la “ Escuela S uperior de D is e ñ o ". La c re a c ió n de esta es­
cuela se debe a la in ic ia tiv a de la señora Inge A ic h e r-S c h o ll. Su soste­
n im ie n to , adem ás, depende de los aportes de la “ F undación H erm an os
S c h o ll", e n tid a d p ro p ic ia d a p o r la señora Inge A ic h e r-S c h o ll en m e m o ­
ria de sus herm anos asesinados por los nazis. H a n c o n trib u id o ta m b ié n
a h a ce r posible este p la n — ya e x is te n te desde 195 0 —- la d on ación del
entonces a lto co m is io n a d o n o rte a m e ric a n o M e C loy, así com o o tra s d o ­
naciones del g o b ie rn o y de la in d u s tria de A le m a n ia y del e x tra n je ro .
La "E scue la S u p e rio r de D is e ñ o " es co nside rad a la c o n tin u a c ió n del
"B a u h a u s " (W e im a r-D e s s a u -B e rlín ). Sin e m b argo , a u n qu e se c o n s id e ­
ra d e n tro de esta tra d ic ió n , la escuela to m a en c u e n ta las c irc u n s ta n c ia s
a ctua les, a b a rca n d o su á m b ito de ta re as todos a qu ellos te rre no s del d i­
seño que en g ra n m edida d e te rm in a n la vid a a c tu a l y la fo rm a de vid a
de nue stra era té c n ic a e in d u s tria l.
Desde la d is o lu c ió n del "B a u h a u s " en 1933, se tr a tó rep etid as veces de
fu n d a r in s titu c io n e s sem ejantes. El hecho de que estas te n ta tiv a s no t u ­
vie ra n é x ito se debió a que to m a b a n en c u en ta sólo a lg u n a s p artes de la
idea del "B a u h a u s " que por sí solas no podían lle v a r a una u n id a d de
A rte y V id a . M a x B ill, que en 1951 fu é d esignado re c to r de la escuela,
y que to m ó adem ás a su c a rg o la sección de A rq u ite c tu ra , se re fie re a
la d ife re n c ia e n tre el "B a u h a u s " y la "E scu e la S uperior de D is e ñ o " en
estos té rm in o s : " L a g e n e ra ció n de los m aestros del "B a u h a u s " estaba

7

�aún d iv id id a en a rtis ta s y técnicos. M i g e n e ra ció n p ro d u jo el tip o del
d ise ña do r para el c u a l el a rte es una necesidad v ita l, pero que ve en la
co la b o ra c ió n , d estin ad a a resolver los p ro ble m a s d ia rio s de la sociedad,
p a rte de su ta re a v ita l.
La "E scu e la S u p e rio r de D is e ñ o " está d iv id id a en las secciones: In fo r ­
m ación , D iseño V is u a l ( P r o d u k tfo rm ) , A rq u ite c tu ra y U rb a n ism o . En
estrecha re la c ió n con esta enseñanza, se im p a rte al a lu m n o una c u ltu ra
g en eral sobre S ociología, Econom ía, P o lític a , P sicología, H is to ria G ene­
ral e H is to ria del A rte . De este m odo la in s tru c c ió n p ro fe s io n a l es reía -

V ista del e d ific io

cion ad a con los p ro ble m a s de vid a actuales. La in s tru c c ió n c o m ie n z a con
una enseñanza básica de un año, al cabo del cu al el e s tu d ia n te puede,
según su a p titu d , ser a cep tad o en una de las secciones. El n ú m e ro de
e stu d ia n te s se m a n tie n e b ajo. El o b je to es p ro p o rc io n a r una a m p lia e d u ­
ca ció n m e d ia n te el tra b a jo en grupos y en estrecho c o n ta c to con los
p ro fe sio n a le s ; el e stu d io y la p rá c tic a se c o m p le m e n ta n y son un m odelo
p ara una re fo rm a de la in s tru c c ió n . A poco m enos de un año de la in a u ­
g u ra c ió n , en el ve ra n o de 1953, y to d a v ía en a m b ie n te s pro viso rio s, tra -

8

�b a ja n docentes de siete países y se in s c rib ie ro n e stu d ia n te s p ro ven ien tes
de otros ocho.
En o to ñ o de 1953 se co m e nzó la c o n s tru c c ió n de los e d ific io s en base al
p ro yecto de M a x B ill.
S itu a c ió n : La escuela está ubicad a en la c im a de una c o lin a , al sudoeste
de la c iu d a d de U lm . La co n s tru c c ió n to ta l tie n e el c a rá c te r de una
aldea escolar. T a m b ié n por el e x te rio r se tie n e la im p resión de una c o ­
m u n id a d lib re , de un c o n ju n to de a te lie rs , la b o ra to rio s , ta lle re s y e stu ­
dios que se c o m p le m e n ta n e n tre sí.
O rg a n iz a c ió n de los e d ific io s : Todas las co n struccio ne s se a g ru p a n en
la lad era sudeste de la c o lin a , hasta la cim a . En el te rre n o e xisten á rb o ­
les añosos que fu e ro n inco rp o ra do s a la p la n ific a c ió n . En la co n s tru c c ió n
se tu v o en c u e n ta el m a n te n im ie n to de una o rg a n iz a c ió n adecuada y
la a d a p ta c ió n al te rre n o . En el d im e n s io n a m ie n to de los e d ific io s se t r a ­
tó , p o r lo ta n to , de m a n te n e r la escala del p aisaje . Los e d ific io s pueden
ser d iv id id o s en c in c o g ru po s:
1.
La c o n s tru c c ió n c e n tra l, que se e n c u e n tra d ire c ta m e n te a l f in de la
ru ta de acceso, fo rm a el c e n tro o rg a n iz a d o r de las co nstruccio ne s, el
n úcleo a d m in is tra tiv o y social. Desde la e n tra d a p rin c ip a l, p a rtie n d o h a ­
cia la iz q u ie rd a , se llega a la p la n ta a lta , que c o n tie n e la a d m in is tra c ió n
y la b ib lio te c a ; p o r la derecha, se e n c u e n tra n el a u la y el com edor, que
ju n to con el ja rd ín in te rio r y la te rra z a e x te rio r fo rm a n un c o n ju n to .
A d ju n to a éste se h a lla n la co cin a y el lava d e ro ; en el subsuelo hay un
sótano, las calderas y un local de recepción de m ercaderías.

D etalle de la constru cció n (Foto S. v. S.)

V ista

de las te rra zas

2.
El a la s a lie n te h acia el oeste, con los locales p ara la enseñanza b á ­
sica, la sección de c o n s tru c c ió n y el a u d ito rio . H a cia el este, esta ala
se a la rg a , y fo rm a con la b ib lio te c a la sección In fo rm a c ió n .
3.
El ta lle r, con los estudios a d ju n to s , u b ica d o en la cim a de la c o lin a .
Los estudios de la sección " P r o d u k tfo r m " , con ja rd in e s in te rio re s , son
la c o n tin u a c ió n de un a u la c e n tra l, donde se d e s a rro lla n las secciones:
Yeso, C olor, M a d e ra , Productos S in tético s y M e ta l. Del o tro lado de esta
a u la , ta m b ié n con ja rd in e s in te rio re s , está u b ica d a la sección de D iseño
V is u a l, con la im p re n ta , estudios fo to g rá fic o s y de d ib u jo .
4.
Las tres casas para e stud ian te s, de c in c o pisos cada una, conectadas
con tres a te lie rs para los m ism os e s tu d ia n te s; p o r m ed io de un pasaje
a b ie rto situ a d o en el lado sudeste, se co ne ctan con el e d ific io p rin c ip a l.
5.
Las v ivie n d a s del c u erpo docente, agrup ad as lib re m e n te al sudeste
de las co n struccio ne s escolares.
C o n stru c c ió n y m a te ria le s : Los e d ific io s son de c o n s tru c c ió n sim ple.
La e s tru c tu ra es de h o rm ig ó n , a la v is ta y de te x tu ra lisa. El te cho , de
e lem entos p re fa b ric a d o s de lava v o lc á n ic a , con re lle n o de h o rm ig ó n p o ­
bre y una trip le capa de fie ltro . La c a le fa c c ió n es c e n tra l, p o r m edio de
convectores. En la te rm in a c ió n in te rio r se dejó el h o rm ig ó n m a y o rm e n te
sin tra b a ja r. Las paredes son de yeso con re ve stim ie n to s de m adera. Por
razones de econom ía, todas las p u e rta s y ve n ta n a s se c o n s tru y e ro n de
m adera.
Y a la e s tru c tu ra m ue stra aspectos espaciales m u y interesantes, espe­
c ia lm e n te en lo que se re fie re a la co n d u cció n de la lu z , que luego de la
te rm in a c ió n se podrán a p re c ia r m e jo r to da vía .

9

�Josef Albers (Foto H. C onrad)

Colaboraron en el curso 1 9 5 3 -1 9 5 4 de la
"E scuela Superior de D iseño" los siguientes
profesores: M a x B ill, Josef A lbers, Peterhans, M a x Bense, Sra. H. S c h m id t-N o n n e ,
O tl A ich e r, W a lte r Zeischegg, Hans Gugegelot, Hans C u rje l, B erthold Hackelsberger.

.

Estudiantes en uno de los ta lle re s de "P ro d u k tfo r m " (Foto S. v. S.)

Sra. S ch m id t-N o n n e

Los profesores del curso 1 9 5 4 -1 9 5 5 son los
siguientes: M a x B ill, Friedel Vordem bergeG ildew art, M a x Bense, Sra. H. S chm idtNonne, O tl A ich e r, W a lte r Zeischegg, Hans
G ugelot, Berthold' H ackelsberger, C harles
Eames, Hans C u rje l, H. von B aravalle, K onrad W achsm ann, Tom ás M aldonado.

O tl A ic h e r

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(Foto H. C onrad)

(Foto H. C onrad)

�Laszlo Moholy Nagy
A le x a n d e r D o rne r

Laszlo M o h o ly N agv

A n a liz a r la obra de un a rtis ta desde el p u n to de v is ta p u ra m e n te fo rm a l,
lle v a ría a conclusiones s u p e rfic ia le s y erróneas, pues este p u n to de v is ta
im p lic a c o n s id e ra r esa obra com o re fe rid a a supuestas leyes eternas
del a rte y no com o una respuesta a la lucha en fa v o r del p e rfe c c io n a ­
m ie n to de nue stra v is ió n y de n ue stro m odo de v id a .
U n e n fo q u e s e m e ja n te, a ta l p u n to e s tá tic o y fo rm a lis ta , en n in g ú n caso
resu lta más in a de cua d o y fu e ra de lu g a r que al a p lic a rlo a la obra de
M o h o ly -N a g y y a las in s titu c io n e s con las que éste v iv ió id e n tific a d o : el
B auhaus de W e im a r, el de Dessau y el In s titu to de D iseño de C hicago.
" V is ió n en m o v im ie n to " es el títu lo del ú ltim o lib ro de M o h o ly , y a e llo
te n d ía , p re cisa m e n te , la fu n d a c ió n del Bauhaus. Este tu v o el co n scie n ­
te p ro pó sito de e v ita r la fo rm a c ió n de a rtis ta s com o m eros m oldes, para
e m p e za r así a e d u c a r hom bres y m ujere s que fu e ra n tra n s fo rm a d o re s de
n ue stro m odo de v e r y a c tu a r.
Para co m p re n d e r las d in á m ic a s raíces de las que surgen las obras de M o ­
h oly, debem os co no cer el te rre n o tra d ic io n a l del cu al él se a le jó con toda
energía. ¿Qué tra ta b a de su p e ra r to d o a u té n tic o m o v im ie n to m oderno de
las ú ltim a s décadas? N o era sólo la enseñanza d o g m á tic a de las a c a d e ­
m ias de a rte , sino ta m b ié n el caos re s u lta n te de la re vo lu ció n c o n tra el
a b so lu tis m o a rtís tic o representado p o r ellas. Esta re v o lu c ió n ro m p ió las
rígid as reglas de la p ro d u c c ió n a rtís tic a y p ro d u jo una dispersión e x ­
plo siva que a b rió el c a m in o a dos nuevos modos de p ro d u c c ió n p lá s tic a :
En p rim e r té rm in o , u na ra m a que se separaba p o r sí sola del a rte : el
diseño de u tilid a d m e cá n ica , el cual se desentendía de to da re g la m e n ta ­
ció n e sta b le cid a de las fo rm a s y obedecía a las p re te n d id a s reglas in ­
m u ta b le s de los físico s new tonianos. La fo rm a sigue a la fu n c ió n m a ­
te ria l. En segundo lu g a r, n a ció un nuevo tip o de a rte , que lib e ró al a r ­
tis ta de d a o b e d ie n c ia a regias ó b jé fiv a s de ve rd ad y b e lle za . S u s"se n ti­
m ie n to s personales se c o n v irtie ro n asi én él su prem o poder ge e v a lu a ­
c ió n . El a rtis ta se a rro g ó el ju ic io d e fin itiv o sobré cu ál era la v is ió n de
verdad y b e lle za . Este c a m b io re v o lu c io n a rio en la p osición personal
del a rtis ta im p lic ó ta m b ié n la a d m is ió n de una fu e rz a crea do ra m u ta ­
ble. Se a d m itió así una in fin ita v a rie d a d de b elleza s, va ried a de s s ie m ­
pre nuevas del " e s t ilo " e spe cífico; va le d e c ir que, al sostenerse el d e re ­
cho a u tó n o m o de cada uno de expresa r la p ro p ia v is ió n , se a d m itie ro n las
m óviles e x p e rie n cia s em o cio n ales en su c a rá c te r de fu e rz a s que c a m b ia ­
ban ince san te m e nte de fo rm a . El re su lta d o fu é — y no sólo en a rte —
que la c a ó tic a tira n ía de los in d iv id u a lis m o s a utó no m os ree m p lazó a la

" A lfile re s sobre z in c p e rfo ra d o "

(1 9 3 6 )

11

�m o n o lític a tira n ía de las academ ias. Por novedoso que sea, un " e s tilo "
acaba por a d q u irir la m ism a in v a ria b le d ig n id a d , el m ism o c a rá c te r de
e terna b elleza y verdad que el dogm a de las academ ias.
De ese m odo, la c o n tra d ic c ió n e n tre un diseño de m era u tilid a d m e c á n i­
ca y la c a ó tic a tira n ía de " e s tilo s " in d iv id u a le s , creó un estado de cosas,
que d iv id ió al ser h u m a n o en dos m ita d e s : por un lado, el c u lto r de un
e s p íritu m ecá n ico y m a te ria lis ta , esclavo de una fu e rz a ciega y b ru ta l, y
p o r el o tro , el id e a lista , creye nte en los m ú ltip le s estilos que s im b o liz a ­
ban la fu n d a m e n ta l b e lle za a rm ó n ic a de la u n id a d v iv ie n te . El Bauhaus
y los tra b a jo s de todos los precursores del diseño m oderno, com o M o h o ly ,
n a cie ro n de la inso ste nible te n sió n que a fe c ta b a todos los órdenes de la
v id a . Q uerían su p e ra r la re s u lta n te de ese cism a. Q u ería n fo rm a r un
to d o con la vid a y c o m p re n d ie ro n in s tin tiv a m e n te que esa in te g ra c ió n no
sería posible m ie n tra s se creye ra en la a b so lu ta a u to n o m ía de " e s tilo s "
in d iv id u a le s , y en la ind ep en d en cia del diseño m ecánico. Para e llo t u ­
v ie ro n que e x p lo ra r d e n tro del proceso d in á m ic o c re a tiv o que era o rig e n
de am bos, ta n to de los estilos com o del diseño m ecánico. N a d a podía
ir r ita r más, p o r lo ta n to , al fu n d a d o r del B auhaus, W a lte r G ropius, que
o ir d e c ir que el In s titu to de D iseño tra ta b a de h ace r a d o p ta r el " e s tilo
B a u h a u s ", y nada pod ría m a lo g ra r m ás la esencia de la a rq u ite c tu ra m o ­
d erna que la d e s fo rtu n a d a expresión " e s tilo in te rn a c io n a l".
Es en re la ció n con estos a n te ced e nte s que debe ser c o m p re n d id a la obra
de M o h o ly . En todas sus a c tiv id a d e s se propuso tr a n s m itir un nuevo
m en saje : fo m e n ta r un le n g u a je visu a l que fuese ta n accesible a los p ro c e ­
sos de tra n s fo rm a c ió n com o lo es la vid a m ism a , y en consecuencia, ta n
e x c ita n te y a c tiv o com o no lo h abía sido antes n in g u n o . N o a ju sta rse
n unca en fo rm a d e fin itiv a a n in g ú n p a tró n f ijo vivo. C o n c e b ir el diseño
com o un proceso d in á m ic o que p e n e tra en otros procesos de vida . C a m ­
b ia r para renovarse, y así m a n te n e r en a c tiv id a d el proceso del c re c i­
m ie n to .
El diseño no debe "e m b e lle c e r" o " d e c o r a r " la v id a , sino ser un m edio
y un e stím u lo para tra n s fo rm a r la v id a p rá c tic a d ia ria . El solo m ira r
una p in tu ra a b s tra c ta d ebería ser una p a rtic ip a c ió n en el f lu ir in in te ­
rru m p id o de la p in tu ra : in te rc a m b io de energías. N o debem os nunca
p e tr ific a r una co m p o sició n a b s tra c ta , c o n te m p lá n d o la con ojos tr a d ic io n a lis ta s com o si fu e ra un o rg a n ism o fo rm a l co n c lu id o . La p in tu ra ,
según M o h o ly -N a g y , debería lib e ra rse de la co n siste n cia de la p ig m e n ­
ta c ió n y co n ve rtirse en un jue go de luces. La fo to g ra fía , el c in e m a tó ­
g ra fo , los a ffic h e s , el diseño in d u s tria l, la tip o g ra fía , la e scen og ra fía , la
lite ra tu ra y la e du cación , todos d eberían libe ra rse de las fo rm a s e s tá ti­
cas que se p ra c tic a n según la tra d ic ió n del R e n a cim ie n to . D eberían t r a ­
d u c ir las nuevas e xp e rie n cia s en todos los órdenes de la v id a , a un le n ­
g u a je visu a l (o a u d ib le ) , que a su vez e s tim u la ría la v id a en todas sus
fo rm a s.
M u y pocas personas h an co m p re n d id o que las nuevas variedades del le n ­
g u a je v is u a l, que han su rg id o en la co m p osición , son c la ra m e n te d ife ­
rentes de lo que solíam os lla m a r " a r t e " . Estas nuevas verdades no son
una c o n firm a c ió n de una verdad o b e lle za d e fin itiv a s y ta m p o co e xig en
una c o n te m p la c ió n e stá tica , sino que c o n s titu y e n una in v ita c ió n a p a r­
tic ip a r en la co n sta n te tra n s fo rm a c ió n de la v e rd ad heredada. Esa tra n s ­
fo rm a c ió n es e stim u la d a y sostenida p o r una observación ince san te m e nte
in te n s ific a d a y p e rfe c c io n a d a .

El diseño m oderno y n ue stro p ro b le m a m u n d ia l
Según ya hem os visto , el diseño m oderno ha d e jad o de ser la to rre de
m a r fil del soñador, ú n ico responsable a n te sí m ism o. El diseño se ha
c o n v e rtid o en un a ge nte necesario para la so lu ción del g ra n p ro b le m a
de n ue stra época. C reo que no es d ifíc il ver que la fu e n te p rin c ip a l de
nuestros p ro ble m a s, a un los de orden p o lític o en g e n e ra l, está en nue stra
in h a b ilid a d para q u e b ra r el "s ta tu s q u o " de las fo rm a s y p ara c a m b ia r
en nuestros p rin c ip io s , c u a lq u ie ra sea la e x p e rie n c ia que para e llo se
req uie ra .
Lo que M o h o ly , y con él o tros precursores, nos e n tre g a n , son las e xpe ­
rie n cia s em o cio n ales pro pia s de la v id a " a b ie r ta " .
Para usar las pro pia s p a la b ra s de M o h o ly , " e l diseño es una a c titu d " ,
no una h a b ilid a d té c n ic a o un g e n e ra d o r de b e lle za fo rm a l, sino una
fu e rz a é tica que abre todas las p o sib ilid a d e s v ita le s e in c ita a una m u ­
ta b ilid a d m ás p ro fu n d a y crea do ra . Esta nueva filo s o fía le llevó a p ro ­
fu n d iz a r co n s ta n te m e n te su co nce pto de la edu cación a rtís tic a , e n te n -

12

"C o n s tru c c ió n

IX "

�"F e rro c a rril I

"L á m in a de p lá stico m o n ta d a sobre e s tru ctu ra
b la n c a ". M o d u la d o r espacial de " r h o d o id " .

d ié n d o la com o una in te g ra c ió n de todas las a c tiv id a d e s hum anas. Esto
s ig n ific ó d e s a rro lla r m o v im ie n to s a rtís tic o s en nuevos e in n u m e ra b le s
cam pos de a cción.
Podremos c o m p re n d e r su rasgo más sa lie n te , es d e cir, su in c re íb le ve rsa ­
tilid a d , sólo si entendem os que M o h o ly estaba poseído de la v o lu n ta d de
a y u d a r a su pe ra r la c o n d ic ió n de v id a a c tu a l. O bservam os ese rasgo en
lo que lla m a ría m o s su e volució n, ta n to v e rtic a l com o h o riz o n ta l. T o m e ­
mos sólo un aspecto de esa e v o lu c ió n : la p in tu ra . V e rtic a lm e n te , no se
atascó en n in g ú n e s tilo : a lre d e d o r de 1918 em pezó con re tra to s re p re ­
se n ta tivo s de una m e zcla de estilos e xp re s io n is ta y c u b is ta , re a liz ó des­
pués bosquejos dadaístas e in tro d u jo el fo to g ra m a en 1920. Ese m ism o
año se c o n v irtió en uno de los pioneros del c o n s tru c tiv is m o y, m e d ia n te
la lu z b la n ca y de co lo r, la c in e m a to g ra fía y las m á q u in a s de lu z , se
propuso c re a r espectáculos p ú b lic o s en g randes espacios urbanos.
H o riz o n ta lm e n te , em pezó com o e s c rito r y d ib u ja n te de p elícu la s c in e m a ­
to g rá fic a s a b s tra c ta s y s u rre a lis ta s , se in c lin ó u lte rio rm e n te h a cia el d i­
seño de a ffic h e s y de p ro du cto s in d u s tria le s , y se ocupó de edu cación
a rtís tic a , e je c u tó decoraciones de in te rio re s y escenografías, e fe c tu ó t r a ­
bajos tip o g rá fic o s y a b a rcó hasta la lite ra tu ra , las teorías estéticas y el
co m e rcio e d ito ria l.
El te ó ric o
A l d e s a rro lla r con más a m p litu d su tra b a jo , M o h o ly se v ió fre n te a la
d ific u lta d de lu c h a r c o n tra dos te n d e n cia s c o n tra d ic to ria s de la a c tiv id a d
m e n ta l: una, p ro p ia del a rtis ta , p re con scien te, que obra a travé s de los
se ntid os; o tra , p ro p ia del te ó ric o , co nscien te , que obra a través de la
a c tiv id a d ra c io n a l.
M o h o ly fu é un e s c rito r fe cun do . Desde 1920 e scrib ió num erosos a rtíc u lo s
y c u a tro libros. (1 9 2 6 : "P in tu ra , F o to g ra fía , P e líc u la ", Bauhaus, to m o
n ú m e ro 8 ; 1 9 2 9 : "D e sde la m a te ria a la a rq u ite c tu ra " , B auhaus, to m o

13

�n ú m e ro 14;

1 9 3 8 : " L a N ueva V is ió n " , N o rto n , N. Y .; 1 9 4 7 : "V is ió n
en M o v im ie n to " , T h e o b a ld , C h ic a g o ).
M o h o ly te n ía en co m ú n con m uchos a rtis ta s de p rim e ra línea, sobre
to d o con a q u e llo s de las ú ltim a s décadas, la e x tre m a te nsió n creada
e n tre la a c tiv id a d te ó ric a y la a rtís tic a . C o m p a rtía con ellos el m ism o
d ile m a : e sta r re p a rtid o e n tre dos m edios de c o m u n ic a c ió n que casi se
e xclu ye n e n tre sí. El m ism o M o h o ly p e rc ib ió ese d ile m a cuando d ijo (1 )
que la cre a ció n in tu itiv a del a rtis ta "e s tá in fin ita m e n te m e jo r e xpresa ­
da . . . en su p ro p io tra b a jo que en la expresión v e rb a l". Y s ig u e : "e l
proceso in tu itiv o tie n e una v iv a c id a d y una ce rte z a que lo co nsciente no
puede ig u a la r. Lo co nscien te es, en rig o r de p a la b ra , una e s tru c tu ra de
ra c io c in io t r a d ic io n a l. . . Lo in tu itiv o es el m u n d o flú id o de todos los
sentidos, cuyos m o vim ie n to s o rig in a n p e rm a n e n te m e n te nuevas fo rm a s
y s ig n ific a d o s ". Es d e cir, M o h o ly nos ruega que leamos las e n tre lin e a s
de sus escritos y que no nos aten ga m os a los té rm in o s y sistem as del
ra c io c in io tr a d ic io n a l. . . que él m ism o pueda h a b e r u tiliz a d o , sino — nue-

"D o b le v u e lta '

(1 9 4 6 ). Escultura de " p le x ig la s s "

v a m e n te — que veam os m ás hondo para m ira r, por así d e c irlo , a través
de las fo rm a s heredadas y e stá tica s del p en sa m ie n to y e n tre v e r tra s ellas
el c a m in o h a cia un m odo más d in á m ic o de p e n sa m ie n to y percepción.
M o h o ly p a rte desde el p u n to donde se h abía d e te n id o la tra d ic ió n k a n ­
tia n a y p e s ta lo z z ia n a y, siendo un pensador v is u a l, su ta re a no consiste
en tra n s fo rm a r té rm in o s verbales sino fo rm a s visuales. La te o ría a rtís tic a
de M o h o ly es una g uía p ara un nuevo género de diseño. Este diseño
re su lta fu n c io n a l, pues se in te g ra en la to ta l p e rife ria de las a c tivid a d e s
del h om bre m oderno, d e n tro de un d in á m ic o e in in te rru m p id o proceso
de p la s tic id a d o rg á n ica . La p e rife ria está c o n s titu id a p o r dem andas té c ­
nicas, económ icas y sociales de p ro d u cció n y p o r lo que él d en om ina
las necesidades b io ló g ica s del h o m b re ". Estas necesidades b io ló g ica s
son las e xig e n cia s de nuestros cin c o sentidos, sobre to d o del ta c to y de
la vista . Eso s ig n ific a que debem os a d a p ta r nuestras fa c u lta d e s de v e r
luz, co lo r, vo lu m e n , espacio y m o v im ie n to , a las nuevas e xig en cias de
n u e stra edad té cn ica . Pero en n uestras necesidades b io ló g ica s se in c lu ­
yen ta m b ié n necesidades em ocionales. Ellas ta m b ié n deben ser in te g ra ­
das con las dem ás fu e rza s. A esta in te g ra c ió n , M o h o ly la lla m a " la d e ­
c la ra c ió n de los derechos b io ló g ico s del h o m b re ". De este m odo, re c re a ­
ría sus fa c u lta d e s e m ocionales no d e sa rrollad a s y e lim in a ría lo que lla ­
m a nue stro a n a lfa b e tis m o e m o cio n a l a c tu a l, llevándonos a ser in d iv i­
duos más fe lice s. Pero lo que p o d ría c o n fu n d irs e con una defensa en
fa v o r de la re sta u ra ció n de un ideal a b o rig e n del ser h u m a n o , o con
una e x a lta c ió n de la Edad M e d ia c o n tra el fo rm u lis m o in e rte del R ena­
c im ie n to , es, en rig o r, una tra n s fo rm a c ió n m ás d in á m ic a que c u a lq u ie ra

14

M o d u la d o r lum in oso -e sp acia l

&lt;.v ¡5¡ón en m o v im ie n to

(1 9 2 2 -3 0 )

Pá g . 57

�"C o n stru cc ió n en " p le x ig la s s " sobre pla n o r e fle ­
ja n te " . M o d u la d o r espacial (1 9 4 0 ).

de las e x p e rim e n ta d a s en el pasado. Porque, para M o h o ly , el im p a c to de
tra n s fo rm a c ió n , representado p rin c ip a lm e n te p o r la re vo lu ció n in d u s tria l,
es ta n intenso y nuevo que su resu ltad o es una nueva especie de h om bre
con nuevas necesidades y nuevas a p titu d e s . A esta nueva v is ió n de re a li­
dad, M o h o ly la lla m a "e s p a c io -tie m p o ". Su s ig n ific a d o es, según sus
p alab ras, " n o el m un do c u a trid im e n s io n a l de E instein, ni su m o v im ie n to
en el espacio. Es, más e x a c ta m e n te , n uestra c re c ie n te a d a p ta c ió n a un
m u n d o donde to d o es m o v im ie n to . Este nuestro m undo a c tu a l es in f in i­
ta m e n te más a c tiv o que c u a lq u ie r o tro a n te rio r al nuestro, y exige una
visió n y un diseño más in c ita n te s y m uch o m ás e s tim u la n te s para la
a cció n que c u a lq u ie r v is ió n o diseño a n te rio r" .
C om p re n d e r a M o h o ly , s ig n ific a in tu ir en todas sus a c tiv id a d e s la p ro ­
fu n d a buena v o lu n ta d que lo m ueve a a y u d a r al género h u m a n o en su
progreso. N o le preocupó ja m á s el verse expuesto a la c rític a tr a d ic io ­
nal ista con sus m a n ife s ta c io n e s y sus a c tiv id a d e s . Sólo le interesa ba in ­
c ita r a la g en te, a m p lia r sus m entes, y en especial sus fa c u lta d e s e m o ­
cionales, para c a p ta r las nuevas c irc u n s ta n c ia s de un m u n d o c o m p le ta ­
m en te c a m b ia d o , a fin de que p u d ie ra n así p a rtic ip a r en su o rg a n iz a c ió n
para b e n e fic io de cada in d iv id u o y de la co m u n id a d . En el in in te r r u m ­
pid o em peño de p a rtic ip a r en esa re o rg a n iz a c ió n de n ue stra v id a , M o h o ­
ly se h a lla b a siem pre d ispuesto a nuevas enseñanzas, siem pre deseoso
de a p re n d e r y de enseñar sin reservas. H u b ie ra sido el ú ltim o en a fe ­
rrarse a té rm in o s teóricos. Se m ostra ba siem pre d ú c til y e n tu s ia s ta c u a n ­
do se tra ta b a de m o d ific a r y a m p lia r la fo rm a de su te o ría , com o pude

15

�o b se rva rlo u na y o tra vez d u ra n te los 25 años que d u ró n ue stra a m is ta d
y a un pocas sem anas antes de su m u e rte . T é rm in o s y fo rm u lis m o s te n ía n
poca im p o rta n c ia en su v id a ; sólo im p o rta b a la a cció n co n cre ta . M o h o ly
e ra , en re a lid a d , un p ra g m á tic o , y creo que no fu é el a z a r el que le
h iz o se ntirse com o en su casa d e n tro de una c iu d a d (C h ic a g o ), que es
la m ás p ra g m á tic a del m undo. Esa v o lu n ta d d e sb orda nte que em p le a ba
p ara a c tu a r, tra n s m itir , co o p e ra r y a p re n d e r nuevas y jóvenes p rá c tic a s ,
h ic ie ro n de M o h o ly un e d u ca d o r nato.
El edu cad or
El ve rd a d e ro p ro p ó sito de M o h o ly en c u a n to a e du cad or, era fo m e n ta r
un nuevo tip o de in d iv id u o . Según sus p ro pia s p alab ras, “ n in g u n a e d u ­
c a c ió n puede ser ju s tific a d a com o ta l si es sólo un in s tru m e n to para
c re a r e x p e rto s " ( 2 ) . De a h í, p o r e je m p lo , que el e je rc ic io de una h a b ili­
dad m a n u a l fuese m o tiv o p ara c a m b ia r to da una p e rso n a lid a d . C o n s ti­
tu ía una a u to -lib e ra c ió n , cuyo o b je to era lo g ra r un “ le n g u a je e m o c io ­
n a l" más a p to para s e n tir en fo rm a más intensa y d ire c ta que el que
p e rm ite n ue stra e d u ca ció n ra c io n a l y a b s tra c ta , el im p a c to de las nuevas
fu e rz a s de una sociedad in d u s tria liz a d a . C u a n d o un in d iv id u o " v is u a ­
liz a " la v id a com o en " m o v im ie n to " , se c o n v ie rte " p e r s e " en un nuevo
tip o de ciu d a d a n o , en un a n im a d o r del progreso c o o p e ra tiv is ta . El re ­
s u lta d o sería una sociedad m ás a c tiv a y, p o r lo ta n to , m e jo r in te g ra d a .
De a h í que la in v e n tiv a de M o h o ly no tu v ie ra descanso en el em peño
de to rn a r m ás lib re la v isió n tra d ic io n a l de la re a lid a d , a fin de c o m ­
p e n e tra r al e s tu d ia n te del c o n o c im ie n to de que la m a te ria se ha c o n v e r­
tid o en e nergía y la fo rm a en una g u ía p ara la tra n s fo rm a c ió n . U no de
los ú ltim o s pasos que d ie ra en este se n tid o fu é la sugestión de c re a r
un " I n s titu to de la L uz, C olores y E le c tró n ic a ", donde la im a g in a c ió n
a rtís tic a a b so rb iera la nueva v isió n de las cie n cia s. Y a en W e im a r (de s­
de 1 9 3 2 ), com o base de un curso p re lim in a r, hab ía a p lic a d o las p rá c ­
tic a s de Itte n , con respecto al ta c to , a la escala de las te x tu ra s . La
in te n s ific a c ió n y re la tiv iz a c ió n de las e xp e rie n cia s del ta c to , " o ír con los
d e d o s", im p lic a b a un nuevo y d in á m ic o e n fo q u e que iba más a llá del
fo rm a l. El paso s ig u ie n te fu é lle v a r al e s tu d ia n te a d e s c u b rir energías
desconocidas en m a te ria le s conocidos, com o la m ad e ra , lá m in a s de m e ­
ta l y a un cáscaras de huevo.
A u n q u e a n te el ju ic io s u p e rfic ia l de u na m e n ta lid a d tra d ic io n a lis ta , c ie r ­
tos e xp e rim e n to s p u d ie ro n p a re ce r un ju e g o irre spo nsa ble — com o por
e je m p lo , el de las c u a tro cáscaras de huevo vacías que tie n e n en sí
resiste ncia s u fic ie n te com o para s o p o rta r el peso de un a d u lto o el in ­
v e n to de un co lch ó n de m ue lle s de m a d e ra —-, ellos c o n s titu y e ro n en
re a lid a d m edios e fic ie n te s y sabios para d e s a rro lla r un m e jo r se ntid o
del tra b a jo y fin a lm e n te una sociedad que tra b a je m ejor.
M o h o ly , com o pedagogo del a rte , d esa fió d e lib e ra d a m e n te al p ú b lic o con
asertos co m o : " N o me g usta la p a la b ra b e lle z a , es u na p a la b ra d e p re ­
s iv a " . El té rm in o " b e lle z a " se ha c o n v e rtid o , sin dud a a lg u n a , en el
sím bo lo de una a c tiv id a d pasiva y hasta p e lig ro s a m e n te fo rm a lis ta .
Desde 1937 M o h o ly d e sa rro lló , con un fin p edagógico, la idea de los
c u a tro " m o d u la d o re s " : los m o d ula do re s del espacio, del v o lu m e n p lá s ­
tic o , de la lu z , de la p a la b ra . Q uiso que fu e ra n m edios que u tiliz a ra n
los e stu d ia n te s para e rig ir p o r sí m ism os una re a lid a d de a cció n. Su ú lt i ­
m o paso en este se n tid o fu é su co op eració n en una de las m ás a van zad as
a c tiv id a d e s en psico log ía e x p e rim e n ta l, la de A d e lb e rt A m e s del " I n s t i ­
tu to del O jo " , de D a rm o u th , co op eració n que c o n tin u ó con m uch a in te ­
lig e n c ia el Sucesor de M o h o ly , C h e rm a y e ff, c o n s tru ye n d o las m á q u in a s
de los e xp e rim e n to s de A m es en el In s titu to de C hicago. A q u í el e s tu ­
d ia n te apren de n ue vam en te , de m an era e m o c io n a l y se nso ria l, que " v e r "
no s ig n ific a n un ca im ita r o re c o n s tru ir un m u n d o dado e x te rio r o a p lic a r
eterna s fa c u lta d e s de su m en te, sino que v e r s ig n ific a , en c u a lq u ie r caso
espe cífico, una in te n c io n a l tra n s fo rm a c ió n de una fo rm a de a c tu a r
heredada.
El In s titu to de D iseño d ió a M o h o ly una o p o rtu n id a d ú n ic a de tr a b a ja r
p ara una sociedad m ás fe liz , y por eso creo que no le im p o rtó s a c rific a r
su vid a en aras de ese fin .
El p in to r
Los p rim e ro s d ib u jo s de M o h o ly (1 9 1 7 ) representan una m e zcla de las
te n d e n cia s del " a r t n o u v e a u ", e xp re sio n ism o y cu bism o . Desde 192 0 le
im p re sio n a ro n las ideas del dadaísm o y diseñó cro q u is sem ¡abstractos
d e n tro de esta te n d e n cia . El dadaísm o es cono cid o en g e n e ra l com o la

16

"E s c u ltu ra m ó v il" (1 9 4 3 ). "P le x lg la s s " y barras
de crom o sobre a la m b re de acero

V o lu m e n v ir tu a l de una e scultu ra m ó v il

(2 ) " V is ió n en M o v im ie n to ", pág. 345.

(1 9 4 3 )

�g lo rific a c ió n del absurdo a rtís tic o , sobre to do desde que ha sido c la s i­
fic a d o p o r un b rib ó n tra s n o c h a d o (D a lí) com o “ el derecho in a lie n a b le
del h o m b re a su p ro p ia lo c u ra ". En o p in ió n de los in ic ia d o re s del m o v i­
m ie n to , com o A rp , B all y H ue lsen be ck, ese absu rd o tu v o un hon do s ig ­
n ific a d o , cu yo o rig e n debe buscarse en el to rv o h u m o r de a qu ellos que
re a ccio n ab an de m odo p u ra m e n te e m o tiv o c o n tra la m a ta n z a en masa
de la p rim e ra g u e rra m u n d ia l y c o n tra el im p e ria lis m o y el a b s o lu tism o
id e a lis ta , causantes de esta m a ta n z a . El dadaísm o, al negar las d ic ta d u ­
ras del fo rm u lis m o tra d ic io n a l y a ca d é m ico , luch ó p o s itiv a m e n te p o r las
fu e rz a s e m o tivas de la im a g in a c ió n lib e ra d a y p ara a g ra n d a r el h o r i­
z o n te del h o m b re ; en resum en, p o r su desa rrollo.
M o h o ly estuvo siem pre bie n disp ue sto a n te las a c tiv id a d e s lib e ra d o ra s e
in c ita n te s del dadaísm o y de su p ro lo n g a c ió n , el s u rre a lis m o , pero todas
sus energías fu e ro n d irig id a s h a cia una fo rm a m ás p o s itiv a de c re a r una
v isió n de m a y o r a m p litu d , y de este m odo, un nuevo tip o de in d iv id u o .
Esta fo rm a p o s itiv a fu é el c o n s tru c tiv is m o . S ig uie nd o a T a tlin , G abo y
L is s itz k y , M o h o ly (desde 1 9 2 9 ) se c o n v irtió en un in ic ia d o r y g esto r de
esta ram a de la p in tu ra a b s tra c ta . C om o su n om bre lo in d ic a , el g ra n
m é rito de este m o v im ie n to fu é lib e ra r al c u b ism o de a lg u n a s rém oras
de la p in tu ra tra d ic io n a l, ta le s com o la p ig m e n ta c ió n y la ilu s ió n p ic tó ­
rica . La p in tu ra a sum ió el c a rá c te r de c o n s tru c c ió n a rq u ite c tó n ic a de
planos y cuerpos co m p en etra do s, m e d ia n te te x tu ra s y "c o lla g e s " s ie m ­
pre renovados.
En su a fá n p o r lo g ra r un m odo de v e r más a c tiv o , M o h o ly a firm a b a :
“ esa nueva v is ió n de una re a lid a d es un co n s ta n te proceso de m o v im ie n ­
to d e n tro de sus ele m e n tos y d e n tro de la re la c ió n de dichos e le m e n to s ".
Ese a n h e lo lo in d u jo a vo lca rse cada día más h a cia la a c u a re la , la tra n s ­
p a re n c ia m e d ia , las p in tu ra s de planos m ú ltip le s y tra n s p a re n te s , los
e fectos de luces, los re fle jo s m óviles, y la " p in tu r a de la lu z c in é tic a " .
Su co nce pto de la lu z lo llevó, a lre d e d o r de 1 93 0, al c o lo r tra n s p a re n te ,
que para m a y o r c la rid a d , h abía hasta entonces e x c lu id o de su p in tu ra en
su rep re sen ta ció n del espacio en m o v im ie n to .
El d ise ñ a d o r con la luz
La p in tu ra de M o h o ly estaba p re d e stin a d a a c o n v e rtirs e en un d in á m ic o
ju e g o de e lem entos de luces tra n s p a re n te s : en 1920 h abía in v e n ta d o in ­
d e p e n d ie n te m e n te , aun qu e al m ism o tie m p o que el a m e ric a n o M a n Ray,
el fo to g ra m a . El fo to g ra m a es una fo to g ra fía o b te n id a sin c á m a ra , que
lib e ra n ue stra v is ió n del tra d ic io n a l acceso a travé s del m a rco e s tá tic o
del espacio. Supera la p e rspe ctiva v is u a l y por e llo la tra d ic ió n del Re-

M o d u la d o r espacial a isla d o de "p le x ig la s s ''

17

�n a c im ie n to : in tro d u c e relaciones que c a m b ia n por sí m ism as y p e rm ite
un n ú m e ro ilim ita d o de nuevos m odos de co m p osición , todos los cuales
producen m u ta b ilid a d d e n tro de la in m u ta b le id e n tid a d de n ue stra c o n ­
cepción ra cio n a l del espacio. De a qu í, la v isió n lib e ra d a flu y e h a cia el
m u n d o de los rayos X , de la lu z in fra rro ja , de los telescopios y m ic ro s ­
copios y, ú ltim o en orden pero no en im p o rta n c ia , del c in e m a tó g ra fo .

Secuencia de un film

a b stra cto

El d ise ña do r c in e m a to g rá fic o
M o h o ly confesaba que p a ra él la c in e m a to g ra fía era " e l poder visua l
a c re c e n ta d o ", el nuevo "d iv in o p o d e r", ca pa z de p ro p o rc io n a r una visión
de la re a lid a d com o m o v im ie n to . C on struyó un m ó v il, " L ig h t R e q u is it"
(lu z s o s té n ), un a p a ra to e x p e rim e n ta l p ara p in ta r con luz, con el cual
h iz o dem ostra cio ne s en la expo sició n de la W e rk b u n d en París en 1930.
De a llí fu é tra n s fe rid o a m i m useo en H a n o ve r, donde debía fo rm a r p a r­
te de una sala de "n u e s tra é p o c a " a m p lia n d o así la "s a la a b s tra c ta " de
L is s itz k y (los re a ccio n a rio s, antes del g o b ie rn o de H itle r, no p e rm itie ­
ron que esto fu e ra p o s ib le ).
Después de la o bra de p re cu rso r de E ggeling, M o h o ly fu é uno de los
p rim e ro s (1 9 2 1 ) en tr a b a ja r en la s o lu ció n de los p ro ble m a s del " c in e ­
m a tó g ra fo a b s tra c to ". Es e v id e n te que el c in e m a tó g ra fo debía ser el
ce n tro del d o m in io de un a rte , que a b ría un c a m in o a la nueva visión.
C ua nd o ya no es posible v e r el m un do com o si e stuvie ra e n c e rra d o en
el m arco de una fo rm a del espacio, pues ese m ism o m a rco se m ueve
por sí m ism o, llegam os entonces a la co n clu sió n de que la fo to g ra fía p la ­
na sólo puede ser un in s tru m e n to to rp e y a n tic u a d o . El c in e m a tó g ra fo
d e sa rro lla la a u to -tra n s fo rm a c ió n de c u a lq u ie r " f o r m a " , p e rm ite el p ro ­
ceso de in te rp e n e tra c ió n de las fo rm a s y el tra b a jo sin restriccion es.
M o h o ly sentíase en esto d e n tro de su e le m e n to ; en este cam p o a d q u irió
más c o n o c im ie n to s y v ió m e jo r y con m ás ra p id e z que la m a yo ría de
sus precursores inm e d ia to s. Por e je m p lo , en 1927 s u g irió la proyección
de p e líc u la s c in e m a to g rá fic a s sobre c o rtin a s gaseosas a travé s de las
cuales el p ú b lic o podía pasar, idea que ha sido u tiliz a d a con g ra n é x ito
y puede re v o lu c io n a r nuestros m étodos de e x h ib ic ió n en cie rto s casos,
aun en los museos. En 192 4 e n tre v io ta m b ié n la p o s ib ilid a d de s u pe r­
poner 2 o 3 p elícu la s, una sobre o tra , en una p ro yecció n espacial c u rva ,
crea nd o así asociaciones m ás a m p lia s y de este m odo e x p e rie n cia s más
intensas y activas. En 1 92 2 p u b lic ó en " S t i j l " y " D e r S tu rm " a rtíc u lo s
sobre la p o s ib ilid a d de una p ro d u c c ió n m usical s in té tic a p o r in te rm e d io
de discos y p elículas.
En to da s estas p o sib ilid a d e s de v e r y fo rm a r, M o h o ly ve ta m b ié n , com o
en los casos a n te rio re s , nuevos m edios para lle g a r a un fin . Lo que re a l­
m ente im p o rta es la v id a m ism a. Por e llo consideró la p e líc u la a b s tra c ta
com o un tra b a jo p re p a ra to rio p ara la tra n s fo rm a c ió n de nuestras p e líc u ­
las rea lista s. T ra b a jó ju n to a B lu m y N oe lde en un tip o de f ilm e d u c a ­
cio n a l y d o c u m e n ta l más d in á m ic o , y, en c a rta a b ie rta a la in d u s tria
c in e m a to g rá fic a de 1932, c ritic ó el "e s tú p id o y to rp e a m a te u ris m o " en
que h ab ía caído lo que pudo ser " u n in s tru m e n to m a ra v illo s o ", para
in c re m e n ta r el c o n o c im ie n to y la v isió n de la g ente y para in c ita rn o s a
hacer uso de las nuevas p o sib ilid a d e s de m e jo ra r nue stra fo rm a de vida .
Después de 1924, en que p ro d u jo la p e líc u la s u rre a lis ta " L o que una
vez fu é p o llo , siem pre será p o llo " , v o lv ió h a cia 1 93 0 a re a liz a r p elícu la s
d ocu m e n ta le s en Londres, e n tre ellas " L a vid a de las la n g o s ta s " ( 1 9 3 5 ),
" H . G. W e lls " y " L a fo rm a de las cosas" (1 9 3 6 , re a liz a d a ju n to con
K o r d a ) . T a m b ié n a q u í la nueva v is ió n es sólo el re fle jo de s u p e rfic ie de
la fu e rz a de su "c o n c ie n c ia s o c ia l".
El e scu lto r
La nueva v isió n im p lic a , e n tre o tra s consecuencias, la d e s a p a ric ió n de
la línea d iv is o ria e n tre p in tu ra y e s c u ltu ra . En 1922 M o h o ly p u b lic a en
el " S tu r m " un m a n ifie s to sobre " e l sistem a de fu e rz a s c o n s tru c tiv o -d in á m ic o ", donde queda a c la ra d o que la p in tu ra , en la m ism a m edida que
la e s c u ltu ra , es un e n g ra n a je del espacio. Desde 1920 M o h o ly ha sido
ta n to e s c u lto r com o p in to r. El a n te rio rm e n te c ita d o "M o d u la d o r espa­
c ia l" era un tip o de p in tu ra trid im e n s io n a l que M o h o ly presentó en L o n ­
dres en 1935.
T a m p o co podía q u e d a r la a rq u ite c tu ra a isla d a . C om o lo d em ostró en su
lib ro "D e la m a te ria a la a rq u ite c tu ra " , el m ism o proceso lib e ra d o r y
v iv ific a d o r que se c u m p lía en p in tu ra , e s c u ltu ra y fo to g ra fía se p ro d u ­
cía en el tra b a jo a rq u ite c tó n ic o : a le ja m ie n to de la so lid ez e s tá tic a en
d ire c c ió n h a cia una ené rg ica in te g ra c ió n del m o v im ie n to .

18

�El e scenógrafo
La e scen og ra fía depende e n te ra m e n te de la p in tu ra , e s c u ltu ra y a r q u i­
te c tu ra . N o es de e x tra ñ a r, pues, que M o h o ly ta m b ié n re v o lu c io n a ra
esta ram a del diseño. (Son fam osos sus d ib u jo s p ara la O pera del Estado
y para el te a tro P isca tor de B e rlín ). In tro d u jo el fo to m o n ta je , la luz
co m p e n e tra n te y ta m b ié n todos los m edios flú id o s y e s tim u la n te s a los
que se re fie re en su lib ro "V is ió n en M o v im ie n to " . La " lu z s o s té n ", ya
m e n cio n ad a, fu é o tro de los m edios de e s tím u lo para su p e ra r nuestro
co nce pto re n a c e n tis ta del escenario. M o h o ly , con G ropius, Bayer y Breuer,
fu é uno de los grandes tra n s fo rm a d o re s del diseño de exposiciones.
El tip ó g ra fo
Fué adem ás uno de los precursores de la tip o g ra fía , p o r m ed io de la
cu al lib e ró una nueva fo rm a de c o m u n ic a c ió n de las "n o c io n e s e s té ti­
cas p re c o n c e b id a s ", p ro c u ra n d o que el " te x to y las ilu s tra c io n e s " se u n i­
fic a ra n con
flu id e z fu n c io n a l" . A s í no sólo se h iz o posible una c o m ­
pre nsió n m ás rá p id a por p a rte del le cto r, sino que se logró e s tim u la r,
por ese m edio, su ca p a c id a d para e n te n d e r y pensar los procesos de
tra n s fo rm a c ió n , al m a rg e n de la c o n fu s ió n p ro d u c id a por los hechos in ­
cid e n ta le s. Esta nueva filo s o fía fu é ta m b ié n u tiliz a d a p ara los a ffic h e s .

Depósito para lapiceras P arker

El d ise ñ a d o r in d u s tria l
El diseño in d u s tria l fu é s iem pre el g ra n fa v o rito de M o h o ly ; así lo puso
de m a n ifie s to ta n to en sus com ienzos, desde 1925 a 1928, en que tra n s ­
fo rm ó la h e rre ría de oro y p la ta de la B auhaus en un ta lle r e d u ca cio n a l
donde se tra b a ja b a para la p ro d u c c ió n in d u s tria l en serie, hasta en sus
ú ltim o s tie m p os, en que re a liz ó diseños com o el boceto p ara el coche
de dob le c u b ie rta , para la B. y O. R a ilro a d Co. ( 1 9 4 3 ), y la la p ice ra
fu e n te P a rke r 51 (1 9 4 1 ) p ara P a cka g in g , e tcétera. El diseño in d u s tria l
fu é p ara M o h o ly una m a ra v illo s a o p o rtu n id a d para p on er en p rá c tic a su
ve rd ad ero id e a l: in te g ra r las fu e rz a s co m e rcia le s, b io ló g ica s y e m o c io ­
nales en un o rg a n is m o m a te ria l flu id o , que a c tú e com o una energía
capaz de e n riq u e c e r la v id a .
De n in g ú n m odo he p o d id o a b a rc a r todas las a c tiv id a d e s de este h om bre
e x tra o rd in a rio . N o he p re te n d id o h a ce rlo , pues a u n qu e s ig u ie ra d e s c ri­
b ie nd o o tra s a c tiv id a d e s suyas, d em o stra n d o la casi in c re íb le riq u e z a de
sus esfuerzos de in ic ia d o r, no h u b ie ra re a lm e n te a g o ta d o y d e s c rip to en
re a lid a d la ve rd a d e ra fu e n te de su poder.
El filó s o fo E m anuel K a n t d ijo a lg u n a v e z : " N a d a h ay m ás g ra n d e en
este m un do que la buena v o lu n ta d ". La v e rd ad era fu e n te del poder de
M o h o ly fu é "e s a buena v o lu n ta d " en su m ás p ro fu n d o s ig n ific a d o , esa
in a g o ta b le y n un ca e xh a u sta v o lu n ta d , siem pre dispuesta a a y u d a r a
nue stra to rtu ra d a g e n e ra c ió n , sa cud id a una y o tra vez por g u e rras y
revoluciones, a g o ta d a p o r repetidos ca ta c lis m o s y desesperada por su
p a ra liz a n te fa lta de a s p ira c ió n . Y o , y com o yo m uchos otros, re c o r­
daré a M o h o ly com o el h om bre de generoso c o ra zó n , siem pre lle n o de
e stím u lo , siem pre ingenioso, un h o m b re p o s itiv o y a c tiv o , que n un ca
a ba nd on ó su a m p lia y v a lie n te sonrisa, ni s iq u ie ra cu a n d o el tra b a jo p a ­
recía in ú til y la v id a in so po rtab le. T e n ía el e s p íritu de un lu c h a d o r in n a ­
to, ün se n tid o a n a lític o a gu do , y por sobre todo, esa p e n e tra n te v o lu n ta d
de lle v a r a cabo lo que co nside rab a que era ú til y bueno p ara nuestra
vid a . Esa era la ve rd a d e ra fu e rz a que in fla m a b a su in a g o ta b le im a g i­
n a ció n , que c o m p le ta b a y d irig ía su la b o r de in ic ia d o r y le daba su v e r­
dadero v a lo r. Esa es la clase de e nergía cre a d o ra que se e x tie n d e en
todas las d ireccio ne s, que c o n v ie rte el caos de luchas e n tre fu e rz a s , en
luchas de p ro d u c c ió n , y hace que esta v id a llen a de p ro ble m a s se c o n ­
v ie rta en un o b je to de esperanzas. N o p od ría m os v iv ir sin s e n tir co ns­
cie n te o in co n s c ie n te m e n te la presencia de esas fu e rz a s creadoras, que
nos sostienen en n ue stra búsqueda de un m e jo ra m ie n to de vida .

19

�Camille Graeser

El a rte co ncreto ha pasado ya el período de ensayos que c a ra c te riz a a
to do com ienzo. Se e n c u e n tra a ho ra abocado a la ta re a de c re a r, a p a rtir
de un le n g u a je p lá s tic o d e fin itiv a m e n te inco rp o ra do a n uestra c u ltu ra
visua l.
H a y a rq u ite c to s que hacen del a rte c o n cre to p a rte c o n s tru c tiv a de la
obra, es d ecir, piensan sus elem entos en fu n c ió n de relaciones exactas
de fo rm a , c o lo r y espacio. T enem os escasez de ta le s contem poráneos.
C o lo r es fo rm a y fo rm a es co lo r, pero sabemos que " n o c o lo r" ta m b ié n
es fo rm a . El a rte c o n cre to nos ha hecho sensibles a lo no evidente.
El a rte c o n cre to no deja nada lib ra d o a la c a s u a lid a d creando, con este
fin , una té cn ica básica exacta. Sin em bargo, sus leyes no son fó rm u la s
hechas, pues conducen a un nuevo diseño llen o de e sp íritu .
C. G.

"R a yo s a rm ó n ic o s " (1 9 5 3 )
"E n tre cá lid o y fr í o "

20

�"M ú s ic a te c tó n ic a "

(1 9 5 4 )

Entendem os por “ a rte c o n c re to -c o n s tru c tiv o " la cre a ció n a rtís tic a e m a n ­
cip a d a de la im ita c ió n fig u ra tiv a . La obra "c o n c re to -c o n s tru c tiv a " surge
de un p e n sa m ie n to a b s tra c to , tra n s fo rm a d o m e d ia n te los recursos a r tí s ti­
cos en una re a lid a d p e rc e p tib le . A esta tra n s fo rm a c ió n a rtís tic a de una
idea a b s tra c ta la llam am os "c o n c re c ió n ". O cupan el lu g a r de los a c o s tu m ­
brados o bjetos a m b ie n ta le s los elem entos g e o m e triz a n te s , p re fe rid o s por
el a rtis ta . Estos son los portad o re s de los colores casi siem pre puros del
espectro, cuya re u n ió n p ro cu ra al espectador la v iv e n c ia de la luz. C o n tra p u n tístic o s , espacios en el espacio, creados c o n fo rm e a una rig uro sa ley
p ro p ia , a qu ellos ritm o s y a rm on ía s son obras de un a rte nuevo. C o n s titu y e ,
este " a r te c o n cre to c o n s tru c tiv o ", un fa c to r c u ltu ra l de n uestro siglo
ve in te , im p o sib le de e lu d ir m e n ta lm e n te .
C a m ille Graeser

21

�" A m a rillo en m o v im ie n to "

22

(1 9 5 3 )

C a m ille Graeser n ació en G inebra el 27 de Fe­
brero de 1892. Estudió en las escuelas de a rte ­
sanía de S tu ttg a rt y luego con A d o lf H ólzel.
Fué m iem bro de la sociedad " D e r S tu rm " en
B erlín. En la a c tu a lid a d pertenece al grupo
" A llia n z " y a la "S chw eizerischen W e rk b u n d ".
Expone desde 1919 en S uiza, Ita lia , A le m a n ia ,
Francia y A m é ric a . V iv e en Suiza.

�La Propaganda, o la Nueva Retórica
Pablo G o nzá lez C asanova
En una novela s in g u la r, " H is to ria de la g ra n d e z a y
deca de ncia de César B iro tte a u , co m e rc ia n te p e rfu ­
m is ta " , B a lzac nos h a b la de una tie n d a de novedades
que p o r vez p rim e ra presentó al p ú b lic o de París, to ­
das "esas seducciones c o m e rc ia le s ", todas esas ilu s io ­
nes y e fectos de ó p tic a , que llevados a un g ra d o sum o
de p e rfe cció n , h ic ie ro n de los a paradores "ve rd a d e ro s
poem as m a te ria le s ". A h í m ism o nos h a b la de lo que
él lla m a una "in m e n s a re v o lu c ió n ", un a sa lto de la
o p in ió n p ú b lic a , los a nu ncios pagados en los p e rió ­
dicos, cuyo é x ito fu é desbordante. En ese tie m p o , hace
ya m ás de un siglo , la p u b lic id a d era lla m a d a , q uizás
in ju s ta m e n te , c h a rla ta n is m o . Las cosas han c a m b ia ­
do m ucho. H oy el m u n d o está in u n d a d o de poem as m a ­
te ria le s , los p erió d ico s son en su m ayo ría "e m presa s
co m e rcia le s d estin ad as a h ace r d in e ro p o r la ve n ta de
a n u n c io s " y un p ro fe so r de la U n ive rsid a d de N ueva
Y o rk , George B u tró n H o tch kiss, desde 192 4 escribe que
la p u b lic id a d es un a rte que puede estar a la a ltu ra
de la poesía, de la novela y del d ra m a . A nad ie se le
o c u rriría lla m a r a los p u b lic is ta s ch a rla ta n e s. A n a ­
die se le o c u rriría d e c ir que el c o n d im e n to d ia rio de
la vid a — las v itrin a s , los ca rte lo n e s, los letre ro s lu ­
m inosos, los desplegados, los a nu ncios de rad io , cine
y te le v is ió n — son un a te n ta d o a la o p in ió n p ú b lic a .
Y sin e m b a rg o hoy, con m ás razones que en tie m p os
de B a lzac, se p od ría e star de a cue rd o con él, porque
a más del d e sa rro llo té cn ico , de la p ro d u cció n in c e ­
sante de m á q u in a s y a p a ra to s que entonces no e x is ­
tía n , y de la c a n tid a d cada vez m a yo r de casas de
p u b lic id a d y escuelas de p u b lic is ta s , ha o c u rrid o una
m e ta m o rfo sis fo rm id a b le en este fe n ó m e n o so cia l, m e ­
ta m o rfo s is que p ro b a b le m e n te m ire n con c ie rta iro nía
y con ing en iosa d e sco n fia n z a , pero que es un hecho
más y m ás e vid e n te , c o n fo rm e se le m ira y se le
e studia.
Hace un sig lo el o b je to de la p u b lic id a d co nsistía en
in fo rm a r al c lie n te sobre las v irtu d e s de la m e rc a n ­
cía. La in fo rm a c ió n que se le d ab a, dolosa o de b u e ­
na fe, te n ía com o o b je to p rin c ip a l que el c lie n te es­
co giera la m ercan cía m ás de su gusto, a q u e lla que él
iba a p en sar s a tis fa ría de la m e jo r m an era posible sus
necesidades. H o y la p u b lic id a d tie n e com o o b je to y
m éto do p rim o rd ia l el d e fo rm a r los re fle jo s del c lie n te ,
al c re a r en él, com o d ice el e m in e n te se m á n tic o H a ya ka w a , reacciones a u to m á tic a s : "n a d a sería más
ú til a un p u b lic is ta — a firm a — que o b lig a rn o s a pe­
d ir a u to m á tic a m e n te una Coca C ola cada vez que e n ­
trem os a una fu e n te de sodas, o a p e d ir a u to m á tic a ­
m en te un A lk a -S e ltz e r, cada vez que nos sintam os
m a l. . . " Y esto, ¿qué q u ie re d e cir, si no que m ie n ­
tra s hace un siglo el c lie n te escogía las m ercancías,
hoy las m ercan cía s in te n ta n y hasta lo g ra n escoger al
clie n te ? Sí, h oy las m ercan cía s se nos a n u n c ia n y se
nos o fre ce n por m edio de la p u b lic id a d , y d ob legan
n ue stro subco nscien te cu a n d o m enos lo esperam os:
al detenernos el a g e n te de trá n s ito , al d escu id ar a la
n ovia en el cine , al escuchar la ra d io m ie n tra s ju e ­
gan los niños. Nos h usm ean, nos acechan, nos s i­
guen, nos m u e stra n sus venales p re fe re n cia s, nos es­
cogen sin m ás reparo que nue stro d in ero . T od o un
a rte que ha u tiliz a d o los a d e la n to s de la psicología
so cia l, que p re co n iza un e stilo conciso, v iv id o , lla m a ­
tiv o y el e m pleo co n sta n te de frases y fig u ra s e m o c io ­
nales, se ha c o n s titu id o en una ve rd ad era re tó ric a , en
la re tó ric a de los "m e rc a d e re s que pueden e s c rib ir",

de los "S ale sm e n w ho can w r ite " , com o se les ha lla m a ­
do en N o rte a m é ric a a los p u b lic is ta s .
Y este hecho de la m a y o r im p o rta n c ia nos o cup aría
la noche e n te ra , com o uno de los grandes proble m a s
de n ue stro tie m p o , si la tra g e d ia in te rn a c io n a l y n a ­
c io n a l en que se h a lla n las m ercan cía s desde hace ya
va rios lustros, no h u b ie ra d e riv a d o en o tro fe n ó m e n o
que a fe c ta to da vía m ás la co n c ie n c ia e n te ra del h o m ­
bre co nte m p o rá ne o. Es un lu g a r co m ú n e n tre los es­
tudiosos del c ic lo económ ico, que al fin a liz a r la fase
del auge se in ic ia n las g u e rras e n tre los grandes
países p ro du cto re s, con el o b je to de e x te n d e r los n e ­
cesarios m ercados y que con el auge y la depresión,
c o in c id e n la m a yo r in te rv e n c ió n del Estado, el des­
c o n te n to o inclu so las revoluciones. K eynesianos y
m a rx is ta s reconocen estos hechos después de h ab er
re a liz a d o p ro lijo s y cuidadosos estudios. C ua nd o la
dem anda de m ercancías d is m in u y e , la p u b lic id a d a u ­
m en ta en in te n s id a d e im p o rta n c ia , y cu a n d o la p u ­
b lic id a d no basta para que las m ercancías e n cu e n tre n
a sus c lie n te s , a q u é lla s se vu e lve n cada vez más a g re ­
sivas, m ás e xig en te s, v e rd a d e ra m e n te tirá n ic a s . Se
in te g ra n d e c id id a m e n te a la v id a p o lític a de las n a ­
ciones, a sus discusiones p a rla m e n ta ria s , a sus planes
y proyectos de in te rv e n c ió n e s ta ta l. La p u b lic id a d p a ­
sa de su edad de oro, de su estado de n a tu ra le z a ,
a una edad en que fo rm a p a rte de to da una "w e lta n s h a u n g " de p u b lic is ta s , de to d a una p u b lic id a d de
ideas p o lític a s , m orales, religio sas y filo s ó fic a s . Esta
p u b lic id a d in te g ra l es c o m ú n m e n te lla m a d a p ro p a g a n ­
da. K y m b a ll Y o u n g la d e fin e com o " e l uso más o m e ­
nos p la n e a d o y s is te m á tic o de sím bolos, a través de
la sugestión y de las té cnica s psico lóg ica s, con m ira s
d a lte ra r y c o n tro la r las o p in io n e s, ideas y valores, y
en ú ltim a in s ta n c ia a c a m b ia r las acciones, de a c u e r­
do con lin e a m ie n to s p re d e te rm in a d o s ". En la p ro p a ­
ganda no sólo se in te n ta c re a r re fle jo s y reacciones
a u to m á tic a s fre n te a las m ercancías, sino c re a r re ­
fle jo s y reacciones a u to m á tic a s fre n te a las o p in io ­
nes, va lo re s e ideas que desea el p ro p a g a n d is ta . Por
eso este fe n ó m e n o en que vive el h om bre c o n te m p o ­
ráneo escapa a los lím ite s de la p u b lic id a d y de las
m ercancías, a u n qu e de ella s haya to m a d o buena p a r­
te de sus té cnica s y de sus d e scu b rim ie n to s, y re co ­
noce lím ite s más vastos y orígenes m ás leja no s: es la
nueva re tó ric a , en el se ntid o que le daba A ris tó te le s ,
com o " a r te de obse rva r en un caso d e te rm in a d o , los
m edios necesarios de p e rs u a s ió n ". Y es, com o nueva
re tó ric a , com o la re tó ric a de nue stro tie m p o , com o v a ­
mos a in te n ta r su a n á lisis.
" A q u e l a rte de la prosa d iscu rsiva , lite ra ria en la f o r ­
ma y con un d e stin o ú til y sobre to d o p o lític o , in te r ­
m edia e n tre el sabio y el p u e b lo y por eso m ism o
o ra to ria o tr ib u n ic ia , in te rm e d ia ta m b ié n e n tre la te o ­
ría — de q u ie n to m a el ser p re c e p tu a d a — y la p rá c ­
tic a — de q u ie n to m a el ser in m e d ia ta m e n te d e riv a ­
da a la acción y a un ser p o r e lla s o lic ita d a — esto es
la r e tó ric a ", según e x p lic ó a n a lític a m e n te A lfo n s o
Reyes. Su d e fin ic ió n del e je rc ic io clásico e n c ie rra v a ­
rios ele m e n tos co nsid e ra b le s: l 9— La re tó ric a es un
a rte , es d e cir, tie n e aspecto e s té tic o y fo rm a l; 2 9— La
re tó ric a tie n e un fin p o lític o , q u ie re d ecir, en té r m i­
nos generales, que es a rte suasoria, que se propone
co nve nce r con el e m pleo de una té c n ic a lóg ica y p s i­
c o ló g ica " a d h o c "; 39— U tiliz a n la re tó ric a los sa­
bios m etid os a p o lític o s , o los p o lític o s m etidos a sa­
bios, o los religiosos a pre dica do re s, lo que en sum a
e q u iv a le a que la u tiliz a n los d irig e n te s p ara d ir ig ir
a la grey, a los ciud a d a n o s o al pueblo. 4 9— El te rre n o
p ro p io de la re tó ric a es aqu el en que a y u n ta n a la

23

�vez la te o ría y la p rá c tic a , es d e cir, un sistem a r e li­
gioso, filo s ó fic o , p o lític o , ju ríd ic o , y de o tra p a rte ,
una s itu a c ió n que supone la e xis te n c ia de un e n e m i­
go (en ga ña do o e n g a ñ o s o ), de un a lia d o p o te n c ia l,
p ú b lic o o ju e z (en g a ñ a d o o in d ife re n te , pero capaz
de ser co n ve n cid o ) y de un m e d io de c o m u n ic a c ió n :
el ágo ra , la trib u n a , el p u lp ito . 59— Todos estos e le ­
m entos se co m b in a n en to rn o a un p ro b le m a que es
el n ú cle o del discurso y en re a lid a d el m o tiv o de la
d isp u ta .
Por lo a n te rio r se co m p re nd e que la re tó ric a no ha d e ­
ja d o de e x is tir desde que cesó el estado de n a tu ra le ­
za, o b ie n, desde que fu e ro n su b s titu id o s m edios más
d irectos de luch a (com o la la n z a , el a rp ón o la c a ­
c h ip o rra ) que co nd ucía n al asesinato, por o tro s más
in te le c tu a le s (com o la a lu sió n , el a po teg m a o la p a ­
rá b o la ) que en la c iv iliz a c ió n dan un g iro ide oló gico
a los p le ito s, a las co n q u ista s y a las revo lu cion es re ­
tra s a n d o en alg un os casos el asesinato, y en o tros
hasta lo g ra n d o s u b titu irlo , com o en los ju ríd ic o s y a d ­
m in is tra tiv o s , en que to d o se resuelve p o r se n te n cia o
d ic ta m e n . Pero a pesar de esta o m n ip re se n c ia en la
v id a so cia l, la re tó ric a tie n e cie rto s lím ite s y presenta
inm ensas va ria n te s .
Los lím ite s de la re tó ric a dependen de sus dos fu n c io ­
nes p rim o rd ia le s , la lite r a r ia o e sté tica y la m e tó d ica
o de persuasión. Si bie n la re tó ric a es a rte de la p ro ­
sa d iscu rsiva y por a llí ya no puede ser re tó ric a la
poesía, se d ice por e xte n sió n que una poesía es re tó ­
rica cu an do tr a ta de co nve nce r y p e rs u a d ir y cuando
las fo rm a s que e m p le a no h a lla n co rresp on de n cia con
los s e n tim ie n to s que expresa, y no son p ro d u c to de la
c re a ció n sino de la p re ce p tiva . (En iguales c o n d ic io ­
nes se puede ta c h a r a c u a lq u ie r a rte de r e tó r ic a ) .
Desde el p u n to de v is ta del m éto do persuasivo la re­
tó ric a tie n e un lím ite esencial que desde A ris tó te le s
es el s e n tim ie n to . La p ersuasión p ro p ia de la re tó ric a
ha sido y sigue siendo una persuasión s e n tim e n ta l, en
que la ló g ica y la c ie n c ia , cu an do son usadas, quedan
al se rvicio de los se n tim ie n to s. La filo s o fía y la c ie n ­
cia sólo son re tó rica s cu a n d o re cu rre n a una té cn ica
de co n v ic c ió n s e n tim e n ta l, es d e cir, cu a n d o d e ja n de
s e rv ir a sus p ro pia s fin a lid a d e s y m étodos, cu a n d o de­
ja n de ser cie n cia y filo s o fía .
Por o tra p a rte la re tó ric a presenta v a ria n te s ra d ic a ­
les en el curso de la h is to ria . Estas v a ria n te s dep en ­
den del a d e la n to de los m edios de c o m u n ic a c ió n , del
c o n o c im ie n to p sico ló g ico , de la té c n ic a suasoria del
Estado, del ene m ig o y del m o tiv o de la luch a. La s i­
tu a c ió n de estos fa c to re s hace que la p ro p a g a n d a
se e n cu e n tre en las a n típ o d a s de la re tó ric a a n tig u a ,
y que com o ú n ico rasgo co m ú n conserve su c o n d ic ió n
de ser una té c n ic a suasoria, sugestiva, e m o cio n a l,
s e n tim e n ta l, con m ira s a la a cció n p o lític a . De esta
enorm e d ife re n c ia depende q u izá s el que no se haya
pensado que la p ro p a g a n d a es la nueva re tó ric a , la re ­
tó ric a de n u e stro tie m p o , e se n cia lm e n te la m ism a ;
pero h is tó ric a m e n te m uch o m ás va sta , más c o m p le ja ,
más re fin a d a y conocedora, com o vam os a v e r en este
in te n to de d e s c rib ir b re ve m e n te sus p o sib ilid a d e s y
sus co nd icio ne s a ctu a le s, así com o el s ig n ific a d o que
tie n e p ara el h o m b re co n te m p o rá ne o.
De acue rd o con el ú ltim o censo de las N acio ne s U n i­
das en 1 9 5 2 se p u b lic a b a n en los Estados U nidos
5 5 .3 7 0 .0 0 0 e je m p la re s de perió d ico s d ia rio s , en M é x i­
co, 1 .3 0 0 .0 0 0 . en Japón 3 0 .2 1 8 .0 0 0 en B é l g i c a
3 .3 4 3 .0 0 0 , en Suecia 3 .4 9 0 .0 0 0 , en F ra n cia 10 m illo ­
nes 1 9 3 .0 0 0 , en A le m a n ia 1 2 .7 3 2 .0 0 0 , en In g la te ­
rra 3 1 .0 0 0 .0 0 0 en A fg a n is tá n 1 5 3 .0 0 0 e tcé te ra . Es
d e cir, que h ab ía países com o In g la te rra que p u b li­

24

can 6 1 5 e je m p la re s de perió d ico s d ia rio s por cada
1 .00 0 h a b ita n te s . Suecia 4 9 0 p o r cada 1 .0 0 0 h a b i­
ta n te s, B é lgica 3 83, los Estados U nidos y Japón 353
y países m enos d esa rrollad o s com o M é x ic o 4 8 , y c o ­
m o A fg a n is tá n , Laos y L ib e ria 1. De a cue rd o con
el m ism o censo h abía en los Estados U nid os 3.761
ra d io d ifu s o ra s , en M é x ic o 2 1 2 , en Japón 8 9, en Sue­
cia 33, en F ra n cia 7 4 , en A le m a n ia 120, en In g la te ­
rra 42. En A fr ic a E c u a to ria l, en las Baham as, en la
Costa de O ro y en m uchas o tra s regiones h ab ía sólo
una ra d io d ifu s o ra . Las c ifra s de los a p a ra to s de r a ­
d io son q u iz á más elocuentes. En 195 2 h ab ía en los
Estados U nidos 1 1 0 .0 0 0 .0 0 0 de a p a ra to s de rad io , en
1951 h ab ía en M é x ic o 1 .2 2 0 .0 0 0 a p a ra to s de rad io ,
en 1953 hab ía en Japón 1 0 .3 6 4 .0 0 0 ; en 1 9 5 2 había
en F ra n cia 7 .9 2 6 .0 0 0 , en A le m a n ia 1 0 .5 0 7 .0 0 0 ; en
1953 hab ía en In g la te rra 1 2 .9 4 6 .0 0 0 . Esto q uiere d e ­
c ir que en países com o los Estados U nidos h ab ía hace
dos años, 7 0 5 a p a ra to s de ra d io por cada 1 .00 0 h a ­
b ita n te s . El año pasado h ab ía en las d is tin ta s re g io ­
nes del m un do , 10 a p a ra to s p o r cada 1 .0 0 0 h a b ita n ­
tes, en A f r ic á ; en A m é ric a del N o rte 5 2 0 , en A m é r i­
ca del Sur 4 0 ; en A s ia sin la URSS 12, en Europa sin
la URSS 175, en O ceanía 2 2 0 , en la URSS 7 5 , y en
fin , en el m u n d o e n te ro h abía una m ed ia de 9 5 a p a ra ­
tos de ra d io p o r cada 1 .0 0 0 h a b ita n te s . En 1 9 5 0 los Es­
tados U nidos p ro d u je ro n 3 9 5 p e líc u la s de la rg o m e tra ­
je, M é x ic o 125, Japón 2 1 5 , F ra n c ia 1 08 , A le m a n ia
7 8 , In g la te rra 125. El censo no in d ic a un d a to que
sería to d a v ía m ás im p re s io n a n te , el n ú m e ro de s a lo ­
nes de cin e y de boletos vendidos en las ta q u illa s ; p e ­
ro sabem os que ya en 1940 h abía 7 0 .0 0 0 salones de
c in e en el m undo, 2 9 p o r c ie n to de los cuales co rres­
p on día n a los Estados U nidos. En este país se v e n ­
d ían de 6 0 a 8 0 .0 0 0 .0 0 0 de b oletos p o r sem ana. A
las c ifra s a n te rio re s h a b ría que a g re g a r las c o rre s p o n ­
d ientes a la te le v is ió n , que es un cine de todos los
días, un cine de la casa, cuyo é x ito es a p a re n te y a rro ­
lla d o r, h a b ría que a ñ a d ir el n ú m e ro de gentes que se
p re stan los p eriódicos e n tre sí, y el de los p eriódicos
y las radios que sirve n a to d a una fa m ilia , el n ú m e ­
ro de gentes que oyen to d a la m a ñ a n a o to d o el día
la rad io , o de los asiduos del cin e que va n dos o tres
veces p o r sem ana, y el de los asiduos a la te le v is ió n
que a tie n d e n los p ro g ra m a s d u ra n te horas y horas.
Con los datos a n te rio re s tenem os una ¡dea de lo que
es el á go ra de n ue stro tie m p o , un á go ra te rrá q u e a
que a b a rca todas las regiones del m un do , y en la que
c u a n tita tiv a m e n te tie n e n el m a y o r n ú m e ro de m edios
de c o m u n ic a c ió n y de receptores los países más des­
a rro lla d o s , y c u a lita tiv a m e n te estos países e je rce n so­
bre los dem ás un c o n tro l y una in flu e n c ia evidentes, al
travé s de las asociaciones y grandes consorcios de in ­
fo rm a c ió n p ara la prensa, al tra vé s de los discos, de
las p elícu la s, de las m ás pote ntes estaciones de ra ­
d io y de otros m edios in d ire c to s p o r los cuales e x tie n ­
den su zona de in flu e n c ia al in te rio r m ism o de los
países subd esa rrolla do s. Estos m edios de c o m u n ic a ­
c ió n son e xcelentes p ara tr a n s m itir la c u ltu ra , la p u ­
b lic id a d y la p ro pa ga nd a . La p ro p o rc ió n que ocupan
las tres a c tiv id a d e s v a ría n en los d is tin to s países y en
los d is tin to s órganos de un país; pero podem os a segu­
ra r que la p ro p a g a n d a no deja sin in f lu ir un solo país
y un solo m ed io de c o m u n ic a c ió n . Es o m n ip rese nte ,
y la re tó ric a ya no sólo es a rte de la prosa discu rsiva ,
sino a rte de las representaciones v io le n ta s , a rte de
c o n d im e n ta r y la n z a r lo que el fa m o so p e rio d is ta
George C reel lla m ó desde la p rim e ra g u e rra m u n d ia l
"b a la s de p a p e l", a las que se h an ve n id o sum ando
las "b a la s de s o n id o s " y las "b a la s de im á g e n e s ".

�La p sico log ía, que en tie m p o s de A ris tó te le s era la
c ie n c ia del a lm a , en nue stro tie m p o ha pasado por
grandes crisis, pero ha hecho ta m b ié n n ota ble s descu­
b rim ie n to s : el c o n o c im ie n to del su bconsciente al t r a ­
vés del p sico a n á lisis, y la p sicología social quedan c o ­
m o un saldo m uy fa v o ra b le que se ha pro ba do com o
e tic c z y ve rd a d e ro en la e x p e rim e n ta c ió n y en la
p rá c tic a . Desde el p u n to de vis ta de la p ro pa ga nd a
son de in a p re c ia b le u tilid a d los estudios sobre la d i­
n á m ic a del c o m p o rta m ie n to , la percepción del m undo
y la re o rg a n iz a c ió n de las percepciones, los estudios
sobre las creencias y las a c titu d e s de los hom bres, el
m odo de m e d irla s y c a m b ia rla s , y en fin las in v e s ti­
gaciones sobre la o p in ió n p ú b lic a , los g rupos, los lí ­
deres y su fu n c ió n psicosocial. En los Estados U nidos,
en In g la te rra y A le m a n ia , las u niversida de s, los p a r­
tic u la re s y el g o b ie rn o han g astado sum as c u a n tio ­
sas para el c o n o c im ie n to de la p sicología social. A p a r ­
te de las inve stiga cion es de la b o ra to rio y g a b in e te ,
e x p e rim e n ta le s y te ó rica s, se han lleva do a cabo
grandes inve stiga cion es. Desde la década del 30 son
fam osos los sondeos de la o p in ió n p ú b lic a re a liz a d a
p o r George G a llu p , p o r el " L ite r a r y D ig e s t", p o r "T h e
N a tio n " , por el " A m e ric a n In s titu te o f P u blic O p in ió n ",
por el "S o c ia l Science Research C o u n c il", y o tra s in s­
titu c io n e s m ás o m enos c ie n tífic a s . Son im p re s io n a n ­
tes las "in v e s tig a c io n e s g ig a n te s " sobre " U n D ile m a
A m e ric a n o y el Soldado A m e ric a n o ", "Y a n q u i C ity y
M id d le to w n ", en que se ha lo g ra d o e s tu d ia r grandes
co ng lo m erad os de seres h um an os hasta en sus más
m ín im o s d e ta lle s y reacciones, esperanzas, tem ores,
a c titu d e s y te nd en cias. Con razón a lg u ie n ha d icho
que la in v e s tig a c ió n p sico -so cial a lc a n z a en los Esta­
dos U nidos el c a rá c te r de una in d u s tria n a c io n a l. Los
resultados son fo rm id a b le s : los m étodos cada vez se
p e rfe c c io n a n m ás y se ha lleg ad o a m e d ir, a c u a n tific a r la in te n sid a d y la im p o rta n c ia de las a c titu d e s
y creencias de los g rupos hum anos. El m arge n de e rro r
se ha re d u cid o n o ta b le m e n te en las grandes encues­
tas y puede ser p re visto m a te m á tic a m e n te e n tre un 3
y un 10 p o r cie n to . Por o tra p a rte , la c ie n c ia ha lle ­
gado a conclusio ne s de una im p o rta n c ia fu n d a m e n ta l
p ara la e du cación y la p ro p a g a n d a y se ha d escu bierto
que las e s tru ctu ra s sim p les y aisla da s de c o n o c im ie n ­
to son m ás sensibles a la re o rg a n iz a c ió n por un a ta ­
que d ire c to , m ie n tra s las e s tru ctu ra s d ife re n c ia d a s e
in te rd e p e n d ie n te s sólo pueden ser a taca da s in d ire c ta ­
m ente, y p re sen ta n m ayores resistencias. Se ha des­
c u b ie rto que las a c titu d e s aisla da s y rígid as im p id e n
c a m b ia r las accio ne s: así, d icen K rech y K ru tc h fie ld :
" U n h om bre puede se g u ir buscando se gu rid ad y ju s ­
tic ia en los co n fin e s de un sistem a económ ico y p o lí­
tic o que p e rm a n e n te m e n te fru s tra sus te n ta tiv a s . . .
porque sus re fle x io n e s sobre cada aspecto de ese sis­
te m a se h a lla n a isladas e n tre sí y no puede v e r las in ­
te rre la c io n e s e xiste n te s y los ca m b io s g lo ba les que d e ­
be a c o m e te r". Por o tra p a rte , se ha d e scu b ie rto que
cu an do se desea c a m b ia r las cree ncia s y a c titu d e s en
un se n tid o d e te rm in a d o debe procederse en fo rm a in ­
te g ra l y no p a rte p o r p a rte , fo m e n ta r cie rta s necesi­
dades y d e p rim ir o tra s, fo m e n ta r cie rta s co ncien cias
de g ru p o y s u p rim ir otra s, m a n te n e r o p ro p o n e r c ie r­
tos líderes y d e s tru ir otros. Estos supuestos c ie n tíf i­
cos que ha a lca n z a d o la psico log ía social, y de cuyo
rig o r n ad ie duda, son la base fu n d a m e n ta l del des­
a rro llo c ie n tífic o de la e d u ca ció n ; pero ta m b ié n , la
base de una e d u ca ció n p ara la p ro p a g a n d a , que tie n ­
da a fo m e n ta r en una fo rm a in te g ra l las e stru c tu ra s
sim ples y aisladas, que tie n d a a e d u ca r a los hom bres
para ser niños, solos, créd ulo s, d ep en die nte s de la

o p in ió n " s ta n d a r d " e m itid a por la rad io , la prensa, la
te le v is ió n , el cine. Esta m eta de la e du cación es un
hecho co nscien te o su bsconciente en todos los países
donde no se enseñan las grandes e s tru c tu ra s del p e n ­
s a m ie n to filo s ó fic o , c ie n tífic o , a rtís tic o , las c a te g o ­
rías y los hechos a la vez, donde sólo se enseñan y
se p re g u n ta n datos aislados, fechas, núm eros a is la ­
dos y a la d iv is ió n n a tu ra l del tra b a jo se sum a una d i­
v isió n to ta l, in te g ra l, que a is la y deja solos a los h o m ­
bre s-n iño s, expuestos, com o no lo e stuvie ro n nunca
los ciud ad an o s griegos, listos para cre e r y que re r, lo
que la nueva re tó ric a re p ite a todas horas del día
y de la noche, p o r todos los m edios, a p a ra to s y m á ­
quinas.
Si Dem óstenes h u b ie ra p re p a ra d o así a sus c iu d a d a ­
nos griegos antes de lleva rlo s al ágo ra , no h a b ría n e ­
ce sitado n in g u n a de sus dotes o ra to ria s , para co n v e n ­
cerlos de lo que se le v in ie ra en gana.
" A n te s de Pearl H a r b o u r — escribe el p sicólogo de o r i­
gen a le m a n K u rt L e w in — en los Estados U nidos q u i­
zás más que en c u a lq u ie r o tro país, se podía d is c e rn ir
fá c ilm e n te la te n d e n c ia a c o n s id e ra r fa c to re s p s ic o ­
lógicos ta le s com o la fru s tra c ió n o los "ra s g o s des­
tr u c tiv o s " com o la causa básica de la g ue rra. De
a cue rd o con eso se co nside rab a que e v ita r las fr u s tr a ­
ciones era el m e jo r c a m in o p ara la paz. Desde e n ­
tonces parece p re v a le c e r un p u n to de v is ta m uch o
más re a lis ta sobre la im p o rta n c ia de los fa c to re s eco­
nóm icos y p o lític o s ". Las c ie n c ia s sociales a n g lo a m e ­
ricanas, en sus m ás recientes m a n ife s ta c io n e s , tie n ­
den a a b a n d o n a r el p sico log ism o d o m in a n te en o tro
tie m p o , y a co n s id e ra r los datos psicológicos com o in ­
te g ra n te s de las ideologías, y de la to ta lid a d del fe n ó ­
m eno so cia l. Este p u n to de v is ta hace que las té c n i­
cas de la p ro p a g a n d a n o rte a m e ric a n a se a lin ie n en
sus supuestos fo rm a le s con las té cnica s n a zis y c o m u ­
nistas, y que h aya n a lc a n z a d o un g ra do de e fe c tiv i­
dad m uch o m ayor. El estado a c tu a l de las in v e s tig a ­
ciones sobre la p ro p a g a n d a in d ic a la p re cisió n y f i ­
n ura de los c o n o c im ie n to s que se tie n e n al respecto,
y a fa lta de tie m p o , se pueden d e s c u b rir a n a liz a n d o
los p rin c ip io s fu n d a m e n ta le s que rig en la té c n ic a p ro ­
p a g a n d ís tic a de hoy. Estos p rin c ip io s han sido c la ra ­
m en te e xp lica d o s por los inve stiga do res n o rte a m e ri­
canos Krech y K ru tc h fie ld y son los s ig u ie n te s :
1.— -"U na sugestión que corresponda a una necesidad
e x is te n te será a cep tad a más fá c ilm e n te que si no c o ­
rresponde a n in g u n a n e c e s id a d ". A sí, en caso de que
la necesidad no e x is ta el p ro p a g a n d is ta deberá c re a r­
la pro voca nd o tensiones psico lóg ica s en el in d iv id u o y
p ro p o n ie n d o después su sugestión. C ita n el sig u ie n te
e je m p lo : "S i la g en te no sien te la necesidad de que
se p ro m u lg u e una le g is la c ió n a n tio b re ra , el p ro p a g a n ­
d ista p ro c u ra rá que en los perió d ico s, en la ra d io
y en las discusiones p o lític a s se dé é nfa sis y se m a g n i­
fiq u e c u a lq u ie r " in c id e n te o b re ro " — e spe cia lm e nte
los casos de h uelgas y v io le n c ia s — sin fija rs e en que
sea in s ig n ific a n te o a islado. Si tie n e é x ito h ab rá c re a ­
do en el c iu d a d a n o m ie do a los p ro ble m a s obreros y
la necesidad de una paz para el tr a b a jo " .
2 9— "U n a sugestión que se re fie ra a una s itu a c ió n
a m b ig u a será a cep tad a más fá c ilm e n te que a q u e lla
c o n c e rn ie n te a una s itu a c ió n c la ra m e n te e s tru c tu ra ­
d a ". El buen p ro p a g a n d is ta deberá re a ju s ta r sus s u ­
gestiones a las creencias, a c titu d e s e ideologías p re ­
v a le c ie n te s en el g ru p o al que se d irija . C ita n el s i­
g u ie n te e je m p lo : "E n una s itu a c ió n el p ro p a g a n d is ­
ta puede p re s e n ta r las sugestiones c o m u n is ta s com o
co ng ru en te s con los ideales del c ris tia n is m o ; en o tra
puede p re s e n ta r las m ism as sugestiones com o c o n ­

25

�g ru en te s con una filo s o fía p u ra m e n te "ra c io n a l, c ie n ­
tífic a y a te a ". C ua nd o sea im p o sib le la co n g ru e n c ia
puede c a m b ia r los sistem as de p en sam ien to, m e d ia n ­
te una p ro pa ga nd a a la rg o p la zo , al través de todos
los m edios de c o m u n ic a c ió n de que disponga.
3.— "U n a sugestión que pueda p ro vo ca r la o b se rva ­
ció n de nuevos a trib u to s en un o b je to fa m ilia r será
m ás fá c ilm e n te a cep tad a que la que no lo h a g a ". Es
d e cir, que el buen p ro p a g a n d is ta no tra ta rá de a ta ­
c a r una ¡dea o cree ncia , sino que o rie n ta rá sus suges­
tio ne s h a cia el o b je to , tra ta n d o de e n c o n tra r v irtu d e s
o d efe cto s indep en d ie ntes de la idea.
4 9 — " U n a sugestión que sea c o n g ru e n te con la nece­
sidad de la g en te p ara id e n tific a rs e o e sta r en a rm o ­
nía con o tra gen te será más fá c ilm e n te a ce p ta d a que
la que c o n tra ríe el soporte s o c ia l". El buen p ro p a ­
g a n d is ta p ro c u ra rá que sus sugestiones pro ven ga n de
fig u ra s de p re stig io , o buscará d a r la im p resión de
que la m a yo ría de las gentes están de a cue rd o con
sus sugestiones, o por lo m enos que lo están las m e ­
jores gentes.
5&lt;?— ."U n a sugestión que haga uso e fe c tiv o de los p r in ­
cipio s que rig en el e s tím u lo será m ás fá c ilm e n te a c e p ­
ta d a " . Estos p rin c ip io s se re fie re n al m e ta l de la voz,
a la e n to n a ció n , a la p ro n u n c ia c ió n , al vestido, a la
a p a rie n c ia , y han sido m o tiv o de estudios m o n o g rá ­
fic o s y e xp e rim e n ta le s.
6 9— " L a m e jo r m anera de lu c h a r co n tra la p ro p a g a n ­
da es la c o n tra p ro p a g a n d a . El buen p ro p a g a n d is ta no
perderá su tie m p o — d ice n — en exponer las té cnica s
del p ro p a g a n d is ta ene m ig o, sino o fre c e rá c o n tra s u ­
g e stio n e s". Y a este respecto una ú ltim a a firm a c ió n
de los a uto re s señalados: " L a m e jo r clase de c o n tra p ro p a g a n d q es un sistem a social y e con óm ico que
s a tis fa g a la m a yo ría de las necesidades de la m a ­
yo ría de la g en te, la m ayo ría del tie m p o " .
De todos estos p rin c ip io s h a y uno c ie rta m e n te a la r ­
m an te, el c írc u lo vicio so de la p ro p a g a n d a , la nece­
sidad en que se h a lla n los Estados c'e oponer a la p ro ­
pag an da , m ás p ro p a g a n d a ; pero hay uno c o m p le ­
m e n ta rio de a q u é l, que es c ie rta m e n te a le n ta d o r: " L a
m e jo r ju s tic ia es la m e jo r c o n tra p ro p a g a n d a ".
K rech y K ru tc h fie ld , profesores de la U n ive rs id a d de
C a lifo rn ia y del S w athm ore C ollege, re sp ectiva m e nte,
han d e jad o en sus seis p rin c ip io s de la p ro pa ga nd a ,
el su m m un de este fe n ó m e n o so cia l, y de su c o n o c i­
m ie n to , a la hora p resente; pero p ara saber cóm o es
a p lic a d o ese c o n o c im ie n to , cóm o vive y recorre el a ire
y las im ágenes, es necesario re p a ra r en la h is to ria c o n ­
te m p o rá n e a . Esa h is to ria la vivim o s. Desde la g ue rra
de 1914 hasta hoy seguim os oyendo a q u e llo de la
"g u e rra c o n tra la g u e rra " , " e l a rm a m e n to para la
p a z " , " la a u to d e te rm in a c ió n de los p u e b lo s ", " la d e ­
fensa de la d e m o c ra c ia ", " la lu ch a por la ju s tic ia
s o c ia l". Desde entonces vemos cóm o los p ro p a g a n ­
distas in te n ta n a c e n tu a r " la e s p e cia liza ció n té c n ic a
y los m o tivo s irra c io n a le s de las m asa s". Los nazis,
m aestros en el a rte , han d ejad o un legado precioso:
f i j a r ca te g ó ric a m e n te las m etas, re p e tir y re p e tir los
tem as sim ples, con co n sta n cia y p ersiste n cia , e x p lo ta r
las division es del g ru p o al que va d irig id a la p ro p a ­
g a n d a y usar té cn ica s e m ocionales antes que ra c io ­
nales. T od avía suenan las p a la b ra s de H itle r sobre
la fa ls ific a c ió n de los hechos, sobre la co n ve n ie n cia
de c o n ta r grandes y no pequeñas m e n tira s "p o rq u e
las m asas — según d ice en " M e in e K a m p f"-—- en v ir ­
tu d de la s im p lic id a d de sus m entes creen m ás f á c il­
m e n te una g ra n m e n tira que una m e n tirita , ya que
ellos m ism os dicen m e n tirita s , pero les d a ría v e rg ü e n ­
za d e c ir grandes m e n tira s ". S iguiendo esta tá c tic a ,

26

se h iz o cre e r a m uchas gentes que P olonia a m e n a z a ­
ba la e s ta b ilid a d del III Reich y que G u a te m a la a m e ­
n aza ba la se g u rid a d del c a n a l de Panam á. Estas c a m ­
pañas grotescas recuerdan una h is to rie ta de la g a ta
de C icerón que reproduce A llp o r t en su "P s ic o lo g ía
del R u m o r". En el p rim e r c u a d ro la g a ta d ic e : "¡O h
un nuevo p e rro en la v e c in d a d !" En el segundo le
c u en ta a una g a ta p in ta : "A c a b o de v e r un nuevo p e ­
rro en la v e c in d a d ". La g a ta p in ta corre a v e r a una
a m ig a : " F íja te que hay un p e rro te negro en la v e c in ­
d a d ". La a m ig a considera que es necesario " a v is a r ­
les a las m u c h a c h a s ": "S í, un p e rro negro, así de g ra n ­
d e ". H a y que c o n ta rle s a las dem ás: "T ie n e unos
dientes blancos enorm es y es del ta m a ñ o de un le ó n ".
Entra la g a ta de C ic e ró n : " Y a vien e el p e rro ". Las
dem ás h u y e n d o : "S o c o rro , ¡el m o n s tru o nos m a ta r á !"
En el ú ltim o cu a d ro aparecen todas las g ata s subidas
en un poste, y a b a jo , c a m in a n d o le n ta m e n te un p e ­
rrito del ta m a ñ o de un rató n. En nue stra v id a las c o ­
sas o cu rre n en una fo rm a se m e ja n te ; pero m uch o más
p e rfe c ta , y en el ú ltim o c u a d ro las g ata s h a b ría n a c a ­
bado d e stro za n d o al ra tó n , y s intié nd ose ju s tific a d a s ,
con la ¡dea, ya hecha re a lid a d , de que se tra ta b a de
un v e rd ad ero y a u té n tic o m on struo . La p ro p a ga nd a
logra eso, consciente, d e lib e ra d a , té c n ic a , c ie n tífic a ­
m ente, p ro p a la rum ores, fo m e n ta m itos, fo rta le c e p re ­
ju ic io s , y da a rg u m e n to s para la agresión. Logra h a ­
cer que c a m b ie n todas las p a la b ra s de se ntid o, que
lo negro p arezca b la n co , lo b la n c o negro, que los se­
res se d iv id a n en a lem anes y h um anos, en c o m u n is ­
tas y hum anos, en jud ío s y h u m a n o s : provoca ra z o ­
n a m ie n to s com o éste de un d ip u ta d o de M ississip p i
c o n tra un se m a n a rio de su país: "E l S u rv e y -G ra p h ic "
c o n tie n e 129 pág in as u ltra ja n te s , viles y n a u s e a b u n ­
das, a n tic ris tia n a s y a n tia m e ric a n a s y p ro co m u n ista s,
o ste n sib le m e n te d irig id a s c o n tra la co s tu m b re de la
d is c rim in a c ió n ra c ia l en el S u r". De a cu e rd o con este
d ip u ta d o , el c ris tia n is m o sería p a rtid a rio de la d is c ri­
m in a c ió n ra c ia l y so la m e n te el c o m u n ism o sería p a r­
tid a r io de la ig u a ld a d de las razas. La p ro p a ga nd a
logra d e s h u m a n iz a rlo todo, d e s tru ir to d o e s p íritu de
to le ra n c ia , de c rític a y de resiste ncia , id e n tific a n d o la
lib e rta d co n cre ta , la d em ocracia real, con el n om bre
que le sirve para d e s tru ir al e s p íritu m a lig n o . Siem pre
que a u m e n ta la p ro p a g a n d a , a u m e n ta la in te rv e n c ió n
del Estado, la censura, los tabús, los silen cio s, las p ro ­
h ib ic io n e s , la im p o rta n c ia de la p o lic ía . La p ro p a g a n d a
está c o n tra la co m p e te n cia ide o ló g ica , c o n tra la d e ­
cisión que se to m a después de un ra z o n a m ie n to ; es
la p ro yecció n m a g n ífic a de los datos e x is te n c ia le s y
m a te ria le s de la sociedad, es la a m p lific a c ió n de un
irra c io n a lis m o real, e v id e n te en las crisis sociales. La
p ro p a g a n d a es la a n títe s is de la d e m o cra cia en su
se ntid o g e n u in o , es un a te n ta d o c o n tra la lib e rta d
tra d ic io n a l y re v o lu c io n a ria : im p id e el ra z o n a m ie n to ,
la discusión y ele cción de las ideas. El n a zism o a su ­
m ió esta re sp o n sa b ilid a d , creó una ideología de razas
superiores, ene m ig a de las d em ocracia s decadentes,
com o las llam ó. Eso le p e rm itió que h u b ie ra una a p a ­
ratosa c o n g ru e n c ia e n tre la ideología de la v io le n c ia
y la p ro pa ga nd a . Pero la d e m o cra cia y la lib e rta d son
d estru id a s a pesar de e n tra r en c o n tra d ic c ió n con las
ideologías clásicas de d e m o cra cia y lib e rta d . La p ro ­
pag an da puede e lim in a rla s con el p re te x to de d e fe n ­
derlas. Es capaz de re a liz a r la m e ta m o rfo s is que le
venga en gana y m ás le acom ode. Por eso y por el
a d e la n to que han a lc a n z a d o las cie n cia s sociales en
nuestros días, el p ro b le m a del h om bre co n te m p o rá n e o
es más un p ro b le m a de engaño que de e rro r, de m ala
fe que de ino cen cia. Es com o si un h om bre del siglo

�X V I I I h u b ie ra v iv id o dos siglos y después de a firm a r
que " la re lig ió n es el opio de los p u e b lo s " h u b ie ra
fo m e n ta d o la re lig ió n sin ser él religio so, p ara a d o r­
m ecer a los pueblos. A n te s los m ito s se fo rm a b a n n a ­
tu ra lm e n te , eran la filo s o fía de los h om bres: hoy se
fo m e n ta n , se p ro p a la n , se crea n a rtific ia lm e n te , son
la a n tifilo s o fía .
Bueno, p a rece ría p o r to d o lo a n te rio r que el h om bre
se h a lla indefenso, y sin e m b argo , esto es a b s o lu ta ­
m en te fa lso. Los supuestos fu n d a m e n ta le s de la p ro ­
p a g an da son un p e lig ro para los p ropios p ro p a g a n d is ­
tas. Saben éstos que hay dos p o sib ilid a d e s de c a m ­
b ia r el m u n d o : la p rim e ra c a m b ia n d o el m u n d o real,
la segunda, ca m b ia n d o el m un do p sico ló g ico y m a n te ­
n ie n d o el m un do rea l, ta l y com o se h a lla . Es d ecir,
tie n e n la opción de d a r a lim e n to s te rre stre s o a lim e n ­
tos m ito ló g ico s. En el p rim e r caso señalan los bienes
reales com o verdaderos bienes, en el segundo com o
m ales, com o actos creados a rtific ia lm e n te p o r una
e nergía condenable.
C ua nd o el p ro p a g a n d is ta o p ta por el ca m b io p s ic o ló ­
g ico , in te n ta crea r, com o en el "B ra v e N ew W o r ld "
de H u x le y , un cine en el que el espectador sien ta los
besos de la h eroín a de la p a n ta lla com o si se los
e stu v ie ra n d an do en sus p ropios labios. Pero se n ie ­
ga a p e r m itir le c o n ta c to a lg u n o con una m uch ach a
de c a rn e y hueso, y si el espectador es un poco im p u l­
sivo, y deseando s a tis fa c e r sus necesidades ro m á n ti­
cas, e xige v e r a la n o via p ara besarla, el p ro p a g a n d is ­
ta deja que se enca rg ue de él la p o lic ía : ese espe cta ­
d o r no es o rto d o xo , no es leal, no es p a trio ta .
A h o ra b ie n, ¿qué p o sib ilid a d e s hay de e n g a ñ a r a nues­
tro espectador s a tis fa c ie n d o su h a m b re s e n tim e n ta l
con m u ch ach as c in e m a to g rá fic a s , de p uro ce lu loide ?
Desde que L e ib n iz co m e tió el g ra vísim o e rro r de subs­
t it u ir el c ie lo por el m undo, y de d e c ir que éste es el
m e jo r de los m undos posibles, no h ay p rá c tic a m e n te
n in g u n a ide olo gía en el poder que no pro po ng a una
so lu ción in m a n e n te : to d a ideología in te n ta c re a r un
m un do fe liz en la tie rra y ju s tific a rs e por la fe lic i­
dad te rre n a que p ro p o rcio n a . En otros tie m p o s, c u a n ­
do las ideologías d o m in a n te s eran tra sce n d e n ta le s,
a u n q u e las té cn ica s y los m edios retó rico s fu e ra n
m enos c ie n tífic o s , se le p ro m e tía a l h o m b re la f e li­
c id a d en el n irv a n a , el cielo , o el paraíso. La f e ­
lic id a d no era de esta tie rra y el h om bre te n ía que
esperarse a m o rir p ara v e r si el o fre c im ie n to se c u m ­
p lía. Esto era una v e n ta ja para los rectores. A h o ­
ra sobre el p ro p a g a n d is ta pesa la idea de los h o m ­
bres que e xig e n ser fe lice s en la tie rra , c la ro está, a
reserva, en m uchos casos, de se g u irlo siendo en el
c ie lo , o en el paraíso o en el n irv a n a . Las cosas son
m ás in m e d ia ta s en el te rre n o p o lític o , la p o s ib ilid a d
de cree r ha d is m in u id o con la p o s ib ilid a d de c o m p ro ­
b a r las d ife re n c ia s e xiste n te s e n tre la p e rfe cció n ideal
que se c a n ta y la re a lid a d que se vive. A m b a s son de
este m u n d o p ara la m ayo ría de los hom bres. Y el p ro ­
p a g a n d ista ve que el d ile m a : tra n s fo rm a r el m undo
p s ico ló g ico e x c lu siva m e n te , o tra n s fo rm a r el m u n ­
do rea l, se ca rg a en fa v o r de la tra n s fo rm a c ió n de
este ú ltim o . Si no puede o no q u ie re tra n s fo rm a r el
m u n d o real le verem os h ace r esfuerzos desesperados,
que sólo a g ra n d a n su fra ca so y lo conducen a la in ­
sania. Sus esfuerzos pueden c o n s is tir en fo m e n ta r
n u e va m e n te la ¡dea de una fe lic id a d tra s c e n d e n ta l,
en h a b la r té c n ic a m e n te de n irva n a s y cielo s; y por
o tra p a rte puede con su avida d ir c o n v irtie n d o más y
m ás en un ta b ú , en fr u to p ro h ib id o el h a b la r de la
p ro p ia fe lic id a d , de la p ro p ia lib e rta d , y no p e d ir ya
a las masas que sean p a rtid a ria s de su fe lic id a d y

de su lib e rta d , sino e nem igas de la m a ld a d y e s c la v i­
tu d del o tro . Esto es lo que se lla m a en p sicología
in h ib ic ió n y p ro y e c c ió n : se in h ib e a la gen te para a c ­
tu a r en su p ro p io b ie n , y se le hace p ro y e c ta r sus m a ­
les a una p ie dra , a un d em onio, a un ch iv o e x p ia to rio ,
a un p ueblo. En ese caso la c risis de la re a lid a d se
a c e n tú a : la d is ta n c ia cada vez es m a yo r e n tre las p a ­
labras y las cosas, se a d v ie rte un m o v im ie n to c e n trí­
fu g o de las cosas respecto a las p a la b ra s del p ro p a ­
g a n d is ta . El p ro p a g a n d is ta va d e s h u m a n iz a n d o las
p a la b ra s y c o n v irtié n d o la s en g rito s. Llega a id e n t if i­
c a r to d o lo h u m a n o con su e ne m ig o, y com o la h u m a ­
n id a d se le separa y él se queda solo, sólo él cree en
su p ro p a g a n d a y en la p ro p a g a n d a p sico ló g ica . Lo
que m enos se le o c u rre es p en sar que se ha a cabado
c o n v irtie n d o en el p ro p a g a n d is ta de su p ro p io e n e m i­
go, que c o n fo rm e su v o c a b u la rio ha ido id e n tific a n d o
to do lo h u m a n o , con el m a l, la n oción de m al se ha
c o n v e rtid o en una n oción de b ie n , y el co nce pto se
ha despojado de la c á s c a ra -p a la b ra , del g rito . C o n ­
fo rm e el h om bre p ie rd e to d a c o n d ic ió n h u m a n a para
el p ro p a g a n d is ta , es co locado e n tre las cosas que
q uiere in g e rir y poseer. Q u izá s pase por un proceso
in te rm e d io de psicosis, en que el co nce pto tra d ic io n a l
del bien se a no na de y el co nce pto tra d ic io n a l del m al
se m a n te n g a . Es el m o m e n to de las filo s o fía s ir r a ­
cion ale s y desesperadas. Pero ese m o m e n to pasa. N o
hay h o m b re que lo a g u a n te . Y se busca una e x p li­
ca ció n ra d ic a l que c a m b ia to ta lm e n te las e s tru c tu ­
ras de la p ercep ción y establece nuevas co rrela cio ne s.
Es com o si d ijé ra m o s que las cosas se m ira n con n u e ­
vos ojos. Y cu an do se las m ira así, se recupera la es­
p era n za en la ve rd a d e ra a cció n h u m a n a , que co nsis­
te en p ro v o c a r un m o v im ie n to c e n trífu g o de las cosas
a las p ala b ra s, p ara que éstas recuperen su g e n u in o
n a tu ra le z a y dejen de ser m eros g rito s . Las p alab ras
se vu e lve n a h u m a n iz a r, e n c o n tra n d o su co nce pto y
su re a lid a d . Por eso p ara desgracia de to d a p ro p a ­
g an da que o pte por los m eros ca m b io s p sicológicos, es
c ie rta la co n c lu s ió n a que lle g a ro n los c ie n tífic o s a r r i­
ba c ita d o s : " L a m e jo r clase de c o n tra p ro p a g a n d a es
un sistem a social y e con óm ico que s a tis fa g a la m a y o ­
ría de la gente, la m a yo ría del tie m p o " . Esa c o n tra ­
p ro p a g a n d a , más e fic a z y c ie n tífic a , es la que ha de
g a n a r in e v ita b le m e n te . ¿Cómo e n c o n tra rla a tiem po?
¿Cómo d e s c u b rirla , cu a n d o h a y la sospecha fu n d a d a
de que to d o sea propaganda?
"S i un d ia b lillo ju g u e tó n se p ro pu siera e n g a ñ a rm e en
to do — se p re g u n ta b a D escartes en los albores de la
Edad M o d e rn a — y fu e ra ca pa z de lo g ra r sus o b je ti­
vos, ¿en qué podría c re e r? " D escartes se quedó con su
Ego. El h om bre co n te m p o rá n e o no necesita in v e n ta r
d ia b lillo s ju g u e to n e s que in te n te n e n g a ñ a rlo , a hí es­
tá n re p la n te a n d o con sus m á q u in a s y sus té cn ica s,
los v ie jo s p ro ble m a s de la filo s o fía . El h om bre c o n ­
te m p o rá n e o no necesita ta m p o c o re fu g ia rs e en su so­
ledad, c a m p o en que causa m ás estragos la p ro p a ­
g anda. Para fo rtu n a suya, el d ia b lillo c o n te m p o rá ­
neo es m enos poderoso que el de D escartes, com o que
no es p ro d u c to de la im a g in a c ió n ; si lo engaña p ie r­
de, y cu a n d o in te n ta e n g a ñ a rlo no puede o c u lta r las
reglas de su juego. La respuesta a los p ro ble m a s f i ­
losóficos que nos p la n te a el p ro p a g a n d is ta no puede
e n co n tra rse en una s im p le c h a rla . Exige del ra z o n a ­
m ie n to m ás p ro fu n d o ; se niega a la p ro p a g a n d a . Sin
e m b argo , es in d is c u tib le que e s tu d ia n d o los m étodos
que p ra c tic a la nueva re tó ric a p ara m a n te n e rn o s en
la in fa n c ia y la p u e rilid a d , podrem os co nse rva r y f o r ­
ta le c e r nue stra m a d u re z in te le c tu a l y n ue stra c o n d i­
ción h u m a n a . (M é x ic o , 195 5.)

27

�Información
La nueva ciudad de Harlow
La nueva ciudad de H a rlo w m arca un paso
s ig n ific a tiv o en la evolución del urbanism o.
En ella podemos reconocer ta n to la tr a d i­
ción inglesa de la c iu d a d -ja rd ín de un H o w ard, un U n w in o un Luis de Soisson, como
los elem entos típicos de lo que se ha dado
en lla m a r el n e o -e m p irism o o n e o -h u m a n is­
mo a rq u ite ctó n ico .
Sin em bargo, estos nuevos elem entos surgen
con n a tu ra lid a d de los anteriores, y su ca ­
rá c te r de novedad se debe más a su re­
consideración a ctu al que al hecho de una
súbita ap a rició n . El " g re e n b e lt" , las c irc u ­
laciones p e rifé rica s, la re la tiv a a u to s u fi­
ciencia, la locación de ind u stria s que dan
tra b a jo a los ha b itan te s, no son elementos
nuevos; salvo — cosa n a tu ra l— que pueda
haber en el nuevo H arlow un m ayor énfasis
sobre las zonas in d ustriales y de trá fic o que
en las ciudades anteriores.
Tam poco co n stituye algo e xtra ñ o al e sp íri­
tu inglés, siem pre ajeno a toda visión m e­
g a lóm ana o clasicista, la cuidada esponta­
neidad y la casualidad aparente con que se
han creado los lugares, unida a una casta

A gradecem os a ia " H a rlo w D evelopem ent C or­
p o ra tio n " las fo to g ra fía s y el m a te ria l que s ir­
vió p ara la e la b o ra ció n de esta nota.

M a pa de la zona de la nueva ciu d a d de H arlow

Rutas se cun d a ria s

C entros y su b-ce n tro s

A re as

Escuelas se cun d a ria s

c u ltiv o

Escuelas p rim a ria s

Rutas p rin c ip a le s

re s id e n cia le s

ve cinales

A rq u ite c to s
1) H a rlo w Design Group (D irig id o s por F. Y ork,
Rosenburg &amp; M a rd a li
2) Fry, Drew &amp; asociados
3) Frederick G ibberd
4 ) R ichard Sheppard y asociados
5) H. T . C ad b u ry Brown
7) N orm a n &amp; D aw barn
8) G erald Lacoste

A re a s in d u s tria le s

C e n tro de la ciu d a d

28

contención hacia todo lo que un ciudadano
b ritá n ic o puede considerar excesivo o " m e ­
rid io n a l".
El in te n to de e q u ilib ra r los elem entos ru ra ­
les y urbanos, y p la n e ar todo como un
c o n ju n to es una aspiración com ún a todo
p la n ific a d o r contem poráneo; la fo rm a de
re a liza rlo es, sin em bargo, típ ica m e n te in ­
glesa.
Asim ism o, la a d ju d ica ció n del proyecto de
las zonas a d istin to s grupos o arquitectos
con el o b je to de o b tener una va riedad re­
su lta n te de la im p ro n ta in d iv id u a l, reve­
la un laudable respeto y co n fia n za en la
lib e rta d del espíritu. N o menos destacable,
en el m ism o sentido, es la a m p lia fle x ib i­
lidad de que gozan los h a b ita n te s para e le ­
g ir la zona donde desean h a b ita r; ya que
pueden o p ta r entre las unidades vecinales
y el centro de la ciudad para f ija r su resi­
dencia.
Por todo esto, que se suma a un episodio
raro en la h isto ria del urb a n ism o : el de la
obra rea lizad a , creemos ú til su p ublicación.

�Zo n a c e ntra l

El área ce n tra l ha sido d iv id id a en zonas m e­
nores, de acuerdo con las d is tin ta s fun cio n e s que
en e lla se d e s a rro lla n :
1) La zona a d m in is tra tiv a , desde la cual se g o ­
bie rn a a la ciudad.
2) La zona p rin c ip a l de negocios y com ercios.
3) El ce ntro c u ltu ra l y de e n tre te n im ie n to s , d o n ­
de se e ncu e n tra n el te a tro m u n ic ip a l, la g a ­
lería de a rte , la b ib lio te c a y los cines.
4 ) El ce ntro de ventas al por m ayor, a p ro v is io ­
n a m ie n to y depósitos.
5) La zona d e p o rtiv a , con estadio, g ran piscina,
cancha m u n ic ip a l de c ric k e t, etc.
6) Una zona residencial p ara los que deseen
v iv ir en el p ro p io ce n tro de la ciud a d , ya sea
en hoteles, casas de pensión o dep a rta m e nto s.
7) Por ú ltim o , el C entro. A l ser éste el foco de
las a c tivid a d e s de la ciud a d y el p u n to de
convergencia del trá fic o , la e stación fe rro v ia ­
ria y la de óm nibus deben estar asocicdas
con él.

M a q u e ta del C en tro C ívico

El C en tro C om ercial correspondiente a los barrios
de N ettesw ell y M a rk H a ll. Una a ta re a d a m a ­
ñana del sábado. (P h o to flig h t L im ite d )

(fo to A . C ra ckn e ll)

La zona c e n tra l ocupa, a p ro xim a d a m e n te , un
re c tá n g u lo cuyo eje m a yor se o rie n ta de norte
a sur; en el e xtre m o n o rte se encu e n tra la e sta ­
ción fe rro v ia ria , lig a d a por el oeste al cam ino
p rin c ip a l de la ciudad. Este corre de n o rte a
sur y a él se conectan todos los otros cam inos,
constituyéndose así en el eje del sistem a de
trá fic o .
A d yacentes a la estación y e n tre las dos zonas
in d u s tria le s, están los depósitos y grandes a lm a ­
cenes.
M ás hacia el sur, tre p a n d o la co lin a , y cerradas
al este por el Parque M u n ic ip a l y al oeste por
bosques, se s itú a n , com binadas, la zona de de­
portes y la re sidencial. Ya a q u í se está en una
posición c e n tra l a p ta para u b ica r la c e n tra l te le ­
fó n ic a y de bom beros, la e sta ció n de ó m nib u s
y la de gasolina. L ig e ra m en te desplazado h acia
el oeste, se le va n ta el h o sp ita l.
El centro ve cin a l p rop ia m en te d icho está s itu a ­
do en la cim a de la colin a , lim ita d o por cam inos
p e rifé rico s a un re ctá n g u lo a p ro xim a d o de 32
hectáreas. En él se e n cu e n tra n e d ificio s de o f i­
c in a , o ficia le s y privados, com ercios, te a tro ,
cines, etc. Se ha prestado especial a te n ció n al
e sta cio n a m ie n to de vehículos y se ha instala d o
a llí la e stación te rm in a l de óm nibus.
En el diseño de estos lugares se tra tó de m a n ­
te n e r el ca rá cte r u rba n o p la n e an d o calles co n ­
tin u a s que d ie ra n cie rta sensación de ce rra m ie n ­
to , sin o b s tru ir la visió n a otros puntos de la
ciud a d o al cam po lejano. En las calles de n ego­
cios, para e v ita r la ru p tu ra del fre n te co n tin u o
de las vid rie ra s se situ a ro n los bancos u otros
e d ific io s que nos las requieren, en las esquinas.
Del a n á lisis de las funciones a d m in is tra tiv a s m u ­
nicip a le s se ded u jo la co nveniencia de le v a n ta r
tre s construcciones d is tin ta s en lu g a r del tr a d i­
cion a l e d ific io m u n ic ip a l, p ara cre ar así un cen­
tr o c ívico en re la ció n con otros e d ificio s de la
ciud a d . R em a ta n d o esta com posición se u b ic a ­
ron alg u n as o fic in a s en una to rre de 50 m etros
de a ltu ra , con una a m p lia visió n sobre la c iu ­
dad y el cam po de alrededor.
El o b je tiv o general en el p la n e a m ie n to de esta
zona ha sido la creación de calles y lugares con
ca rá c te r propio que e vitasen la im presión de
corredor, ta n general en las calles comunes, que
se ju s tific a n ú nica m e nte com o un m edio de u n ió n
e n tre d is tin to s lugares.

Antecedentes

M a rk H all Stow. Sección Sud. A r q . : H arlo w Desígn
Group

La e d ifica ció n de nuevas ciudades satélites,
de las cuales H a rlo w será un ejem plo, es
una parte ca rd in a l del plan para resolver e1
problem a del crecim ie n to co n tin u o de la c iu ­
dad de Londres.
Un Londres razonablem ente reconstruido no
podría a lo ja r su población presente y los
m iles que aun esperan a lo ja m ie n to . T a m ­
poco puede extenderse sin in v a d ir su "G reen
B e lt" y además, el via je d ia rio desde y
hacia el tra b a jo ha llegado al lím ite de ca ­
pacidad del T ra n sp o rt Board, y al lím ite de
la paciencia de los que lo rea lizan . La ú n i­
ca solución es la construcción de ciudades
nuevas fuera del "G re e n B e lt", a las que
algunas industrias y negocios londinenses
darían m ovim ie n to , y que, fu n d a m e n ta lm e n ­
te, podrían a lo ja r a los que tra b a ja n en
ellas. Ciudades lo bastante grandes para
p ro porcionar a sus ha b itan te s, todo lo ne­
cesario para una vida plena y va ria d a , sin
llegar, no obstante, a causarles la sensación
de v iv ir en una co m unidad independiente.
De aquí ha surgido la idea de un Plan D i­
rector para una nueva ciudad que se cons-

tr u ir ia en la cam piña de Essex. A este res­
pecto, quisiera a cla ra r dos cosas: prim ero,
que este plan, como su nom bre lo in dica,
es un Plan D ire ctor y no el plano de una
ciudad. Es la proposición de un marco d en­
tro del cual la ciudad se e stru ctu raría . En
este p lanteo hay lu g a r para una gran v a ­
riedad de tra ta m ie n to s, para m uchas co n ­
sultas, m uchas ideas, para que m entes jó ­
venes e im a g in a tiv a s puedan tener una
o p o rtu n id a d . Esto es sólo el com ienzo.
En segundo lugar, debo m a n ife s ta r a q u ie ­
nes piensan que este plan es un proyecto
utó pico, algo dem asiado bueno para ser
verdad en los angustiados días que vivim os,
que lo que aquí está esbozado es una t a ­
rea p rá ctica y urgente. Práctica, porque no
es irra cio n a l esperar que e ventualm ente nos
dé su re trib u ció n , ta n to como empresa co­
m ercial como en valores hum anos; y u rg e n ­
te por la co n trib u ció n que representa para
resolver el problem a, desastrosamente des­
cuidado, de hacer de Londres la ciudad que
debiera ser.
Sir Ernest Gowers, G.B.E., K.C.B.

29

�Z o n a n o rte de M a rk H a ll.

El problema
El problem a era preparar un plan e q u ili­
brado para una ciudad de 8 0 .0 0 0 h a b ita n ­
tes. Este sim ple enunciado requiere alguna
a m p liación si la solución que aquí propo­
nemos debe ser bien com prendida.
La ciudad com ún de la a ctu a lid a d crece de
m anera p ira m id a l; grandes e d ificio s se le ­
va n tan apretadam ente en un centro conges­
tio n a do , dism inuyen gra d u a lm e nte de ta m a ­
ño y van espaciándose luego entre sí hasta
fo rm a r una vaga fa ja p e rim e tra l. T a n to las
d ife re n te s partes de una ciu d a d — lugares
de tra b a jo , de vivie n d a y de recream iento — como las circulaciones entre ellas, es­
tá n confundidas.
El m étodo aceptado para resolver el p ro ­
blem a es d iv id ir la ciudad en estas d is tin ­
tas zonas, conectarlas entre sí m ediante un
sistem a de cam inos en el que el trá fic o p ue­
da c irc u la r fá c ilm e n te y rodear al área e n ­
te ra con un d e fin id o c in tu ró n de cu ltivo .
La in d u stria se proyecta en una zona a d ya ­
cente al fe rro c a rril y con acceso in m ediato
al sistema v ia l de la región; la vivie n d a es
planeada como una serie de d istin ta s U n i­
dades Vecinales de 6 .0 0 0 a 1 5 .0 0 0 perso­
nas; la zona de negocios, ubicada cerca
de la in d u s tria l y el p rin cip a l centro com er­
c ia l, entre las zonas de vivie n d a y la de
negocios.
Este p lanteo asegura el perfecto fu n c io n a ­
m ie nto de la unid a d estudiada, pero no co n ­
duce necesariam ente a la fo rm a ció n de una
ciudad. En el peor de los casos, sólo se h a ­
brá logrado la creación de un Grupo Fa­

30

b ril; una serie de Grupos de H a b ita ció n y
un C entro C om ercial, el todo su b dividido
por espacios abiertos y un sistema de supercarreteras.
La lección de la m etró p o li ha sido a p re n d i­
da, pero al disponer las partes de una c iu ­
dad buscando un m ayor e q u ilib rio in te rn o
entre ellas, debemos tra ta r cuidadosam ente
de no perder lo que co n stituye la esencia de
una gran ciu d a d : su ca rá cte r urbano.
Es la cu a lid a d urbana que sentimos en c iu ­
dades como Edim burgo, Bath, O xfo rd y F lo­
rencia, la que debemos conseguir en la N u e ­
va C iudad de H arlow , pues sin ellas no po ­
drá llam arse una ciudad en el verdadero
sentido de la palabra.
A h o ra bien, ¿cómo podremos conseguir esto?
Es indudable que no lograrem os esta c u a li­
dad considerando la p la n ific a c ió n de c iu ­
dades sim plem ente como la d ivisión de un
co n ju n to urbano en d istin ta s zonas, según
En p rim e r té rm in o , dado un fu n cio n a m ie n las funciones que en e lla se desarrollan,
to sa tisfa cto rio de las partes, la cu a lid a d
urbana nace de la n a tu ra le za de los e d ifi­
cios — A rq u ite c tu ra — y de las relaciones
entre los e d ificio s — Diseño Urbano— . Un
plan d ire cto r debe hacer posible una bue­
na a rq u ite c tu ra , y no sólo p e rm itir el p la n ­
teo del Diseño U rbano, sino ta m b ié n mos­
tra r cómo puede ser logrado.
Diseño U rbano es el a rte de relacion a r e d i­
ficios o grupos de e d ificio s entre sí y con
el paisaje. En A rq u ite c tu ra estamos in te re ­
sados especialm ente en los espacios in te rio ­
res que d e term inan los e d ificio s; el Diseño
Urbano estudia los espacios exteriores entre

(P h o to flig h t L im ite d )

los mismos. M ás aún, como los e d ific io s
tie n e n a ltu ra , debemos pensar en los espa­
cios como volúmenes.
Para to m a r un ejem plo sim ple, en un g ru ­
po de vivie n d a co rrie n te , los e d ific io s del
m ism o ta m a ñ o , igualm ente espaciados a lo
largo de cam inos de igual a n chura, p ro d u ­
cen una im presión de triste za , y se nota la
ausencia de caracteres urbanos. No hay
n in g ú n sentido de ce rra m ie nto espacial, so­
lam ente dos planos in te rru m p id o s de fa c h a ­
das, d ivididos por una calle.
En un p lanteo urbanístico, los espacios h u ­
bieran sido a rticu la d o s con el o b je to de
crear una c o n tin u id a d entre ellos y los e d i­
ficio s que los d e term in a n. Tenem os que
pensar, al pro ye cta r sobre el papel nuestras
p lantas bidim ensionales, en la trid im e n s io n a lid a d de los edificio s, grupos de e d ificio s
y espacios que representan.
Este es el p ro cedim iento que se ha seguido
a l tra z a r este Plan.
Una característica de todas las buenas áreas
urbanas es su ta m a ñ o lim ita d o . Areas m uy
extensas de construcciones, no im p orta lo
bien que se ha lle n dispuestas, se to rn a n
m onótonas por la fa lta de contraste con la
n a tu ra le za . Una ciudad de 8 0 .0 0 0 h a b i­
tantes, debe, por consiguiente, ser d iv id id a
en com pactas unidades por zonas libres que
creen paisajes. La relación entre las zonas
de vivie n d a y el paisaje, y el diseño m ismo
del paisaje, son, por lo ta n to , una parte
del problem a. El problem a de los espacios
libres en el p la n e am ie n to contem poráneo
se com plica debido a las extensas áreas re­
queridas por el nuevo sistema escolar, la

�Zona de v ivie n d a
El Plan D ire cto r se propone, ju n ta m e n te con la
constru cció n de vivie n d as, la preservación de la
casi to ta lid a d de las ya existentes. El a ctu a l
pueblo de H arlo w y varios grupos de " c o tta g e s "
(N e tte s w e ll, L a tto n , Parndon, e tc.) se conservan
sin otros cam bios que los necesarios para e q u i­
lib ra rlo s con el nuevo proyecto.
Las áreas residenciales, incluyendo el viejo
H arlo w y P o tte r Street, com prenden 14 unidades
com pactas y re la tiv a m e n te pequeñas, con sus
propias escuelas p rim a ria s y sub-centros de co m ­
pras. Cada u n id a d se encu e n tra lig a d a a las ctra s
por distan cia s fá c ile s de recorrer a pie.
Fueron p re fe rid a s agrupaciones de 4.000 a 7.500
personas, a las más usuales de 10.000 a 12.000,
a fin de crear un m a yor sentido de cohesión y
ve cindad. La densidad m edia de las áreas es de
una persona por cada 80 m2.
Para e v ita r, con las nuevas construcciones, la
destrucción de los rasgos ca ra cte rístico s del p a i­
saje, las propias va ria cion e s del mism o han
cooperado en la creación de una fisonom ía p ro ­
p ia para cada u n id a d. En cada ce ntro existen
unos 15 negocios, o fic in a de correos, bancos, o f i­
cinas com erciales, re sta u ra n ts etc.
Las escuelas p rim a ria s fu e ro n ubicadas en el in ­
te rio r de las ^unidades, evitán d o se así el cruce
de los pequeños por calles de trá fic o intenso;
las escuelas secundarias se re p a rtie ro n en les c in ­
turones verdes que rodean a las unidades.
Estas, a su vez, se a g ru p a n fo rm a n d o cu a tro
centros m ayores; cada uno de ellos posee un cen­
tro ve cin a l que nunca se h a lla a más de i/2 m illa
de c u a lq u ie r p u n to de las unidades que a grupa.

G rupo de e d ific io s con d ep a rta m e nto s de 1 a 2
habitaciones. A l fo n d o, el C entro C om ercial. A rq .:
H arlo w Design Group, (fo to W a in w rig h t)

Grupo de e d ific io s de 9 pisos. The Law n, zona
n o rte de M a rk H a ll. A rq .: Frederick G ibberd.
(fe to W a in w rig h t)

Zona sur de M a rk H a ll. E dificios de 3 pisos con
te rra z a s que se le va n ta n en el m arco diseñado
por el H arlow Design Group, ( fo to W a in w rig h t)

Z o n a n orte de M a rk H a ll. M a rk H a ll Moors. C a­
sas sem iaisladas de 3 y 4 d o rm ito rio s. A rq .:
Frederick G ibberd. (fo to W a in w rig th )

Z ona vecinal n9 2 de M a rk H a ll. T a n y's Dell.
E dificios de 3 y 4 pisos con c a le fa cció n ce ntra l.
A rq .: M a xw e ll Fry. (fo to W a in w rig h t)

31

�recreación y las vías p rincipales de com u­
nicación. Estos espacios abiertos necesitan
una consideración m uy a te nta y no debe
realizarse su estudio cuando las áreas de
h a b itación ya han sido trab a ja d a s en de­
ta lle .
De ahí que en el Plan se haya buscado que
las áreas e d ificadas sean d ivid id a s por el
paisaje en com pactas unidades, y que los
espacios abiertos destinados al uso, como
las supercarreteras y los lugares de juego,
form en parte del paisaje general.
Un problem a fin a l, de p a rtic u la r im p o rta n ­
cia en una nueva ciudad, es el del tiem po.
Casi todas las grandes ciudades se han des­
a rro lla d o en un largo período y sus vínculos
con el pasado proporcionan un sen tim ie n to
de perm anencia y co n tin uida d .
A h o ra bien, ¿cómo podremos conseguir este
s e n tim ie n to en una ciudad construida de
repente? El lu g a r de la Nueva C iudad de
H arlow es rico en h isto ria y tra d ició n . C o li­
nas, valles, bosques, m ontes, arroyos y otros
elem entos n a tura le s; iglesias, ca p illa s, ca ­
sas, cabañas y otros e d ificio s levantados por
el hom bre, son elementos por los cuales una
ciudad puede relacionarse con el pasado.
Con este propósito, el Plan para la nueva
ciudad, tra ta de preservar la fo rm a del p a i­
saje y cu a lq u ie r e d ific io de alg ú n va lo r que
pueda integrarse con las nuevas construc­
ciones.
Frederick Gibberd

Algunas impresiones sobre Harlow
Debido a una sugestión del profesor Pevsner, decidí v is ita r el co n ju n to urbanístico de
H arlow para tra ta r, en lo posible, de in te rio ­
riza rm e de sus problemas.
El le cto r habrá tenido ya o p o rtu n id a d de
form arse una idea de las causas que o rig i­
naron este ensayo y de las características
genéricas del Plan D irector. T eniendo en
cuenta que la ciudad aun no se ha te rm i­
nado, no pretendemos re a liz a r aquí una c rí­
tic a d e fin itiv a , sino más bien tra n s c rib ir las

impresiones obtenidas y expresar algunas
observaciones al respecto.
De los cu a tro grupos de vivie n d a , sólo uno
se h a lla co m p le to : el del norte (M a rk H a ll
&amp; N e tte s w e ll); otro, el del este, está aun
construyéndose, con algunas zonas, como
la de P otter Street, concluidas. Las zonas
in d ustriales se encuentran en plena cons­
trucció n .
A pesar de ello, la im agen del todo va a d ­
q u irien d o una consistencia casi d e fin itiv a
que p erm ite a d e la n ta r algunos ju icio s sobre
el co n ju n to . Recibí la im presión de que el
deseo del arq. F. G ibberd de lo g ra r en
H arlow el ca rá cte r urbano de las grandes
ciudades, no se ha realizado. La nueva c iu ­
dad p a rticip a más del ca rá cte r de caseríos
dispersos por el campo, entre vallas y á rb o ­
les, y reunidos por cam inos, que de la cu a ­
lidad urbana que se buscaba. El origen de
ello reside, a mi ju ic io , en una fa lla que
ya podemos e n co ntra r en las bases que el
a rq u ite cto d ire cto r ha fo rm u la d o para su
planteo. En efecto, a la pregunta de cómo
conseguir en la nueva ciudad el carácter
urbano deseado, M r. G ibberd responde de
una m anera puram ente d e scriptiva, p a rtie n ­
do a p rio ri de una cie rta idea de lo urbano
que no se define ni se discute, y co n fo rm a n ­
do solam ente ciertos principios form ales.
Lo urbano p a rtic ip a de cie rta intensidad en
las relaciones sociales que lo d ife re n cia n
netam ente de lo ru ra l; esto no ocurre en
H arlow , aun tom ando en consideración el
hecho de que la ciudad se h a lla todavía
incom pleta. El centro de M a rk H a ll, pese
a su ca rá cte r secundario y local, puede
darnos la pauta de lo que sucederá en el
gran centro a construirse. En la a c tu a lid a d ,
el M a rk H a ll N eighbourghood C enter se
h a lla más cerca de la calle p rin cip a l de
nuestros pueblos, que de lo que debiera ser
el elem ento co n s titu tiv o de una gran c iu ­
dad in d u stria l de 8 0 .0 0 0 habitantes.
Es verdad que los principa le s elementos ge ­
neradores del c lim a ciudadano (grandes
tiendas, cines, teatros, plazas, restaurants,
Zo n a In d u s tria l este. In te rio r de una fá b ric a
sta n d a rd . A rq .: H a rlo w Design Group,
(fo to
W a in w rig h t)

V is ta m ira n d o al Sud que m uestra en p rim e r
pla n o la zona in d u s tria l este; en el ce ntro , las
zonas n o rte y sud de M a rk H a ll y en ú ltim o té r ­
m ino, P o tte r S treet. (P h o to flig h t L im ite d )

32

�Z o n a in d u s tria l
Las dos p rin cipa le s zonas in d u stria le s, Este y
Oeste, fu e ro n planeadas en co n ta c to con la línea
v ia l d o m in a n te ("b a s e lin e " ) de la ciud a d . Se
conectan d ire c ta m e n te e n tre ellas por m edio de
cam inos y poseen acceso fá c il y d ire c to a la
esta ció n fe rro v ia ria y a la nueva c a rre te ra .
Se ha e v ita d o la c o nce n tra ción de las ind u stria s
en una ú nica g ran zona que a is la ra la ciudad
de las colinas de H e rtfo rd s h ire , o que estu vie ra
fu e ra de escala con los restantes elem entos u r­
banísticos. Con este fin , y para lo g ra r un m ayor
e q u ilib rio e n tre el hog a r y el tra b a jo y p e rm itir
una m ayor v a rie d a d v isua l, se han e m plazado
pequeñas fá b ric a s fu e ra de las dos zonas p rin ­
cipales. En éstas los e d ific io s han sido situados
uno al lado del o tro y sobre las calles, fo rm a n ­
do grandes " m a n z a n a s ", p ara que queden en el
in te rio r y fu e ra de la vista las in e v ita b le s áreas
sucias de los fondos.
Las fá b ric a s ubicadas en estas zonas han sido
diseñadas casi en su to ta lid a d por el equ ip o de
a rq u ite c to s del H arlo w Plan. Se pla n e aro n e d ifi­
cios sta n d a rd de 1.860, 6 20 y 195 m 2., con
posibilidades de expansión. En ciertos casos fu e ­
ron proyectados ajustándose a re q u e rim ie n to s es­
pecíficos. La pob la ció n in d u s tria l se e stim a en
16.360 personas y las zonas han sido calculadas
a ra z ó n de 1 persona por cada 500 m 2.
Z ona

in d u s tria l

este. V is ta de las fá b rica s
sta n d a rd , ( fo to W a in w rig h t)

Z o n a in d u s tria l este. H a ll de e n tra d a de una
fá b ric a sta n d a rd que ha sido a d a p ta d a p ara la
R evertex Ltd . ( fo to W a in w rig h t)

:afés, o ficin a s) no se encuentran aquí, y que
todo e llo se ha reservado para el centro
p rin cip a l que estará concluido en los p ró x i­
mos die z años. Se ha pensado, justam ente,
en este centro como en el elem ento estructu ra d o r de todas las unidades vecinales. Sin
em bargo, el fra ccio n a m ie n to al que se so­
m ete el c o n ju n to urbano por m edio de c in ­
turones verdes de cie rta a m p litu d y la dis­
c o n tin u id a d resultante, son elem entos de
dispersión dem asiado fuertes para que éste
logre en d e fin itiv a a c tu a r como colum na
ve rte b ra l de toda la a ctivid a d social. Cabe
preguntarse, entonces, si los cu a tro e n to r­

nos no se co m portarán como suburbios res­
pecto al centro, sin que se produzca la s o li­
d a rid a d deseada, y sin que la p e rife ria
pierda ese ca rá cte r dependiente, c o lo n ia l,
que hoy deploram os en nuestras ciudades.
El problem a fu n d a m e n ta l del urbanism o,
reside, a m i ju ic io , en la in te g ra ció n de la
vida social e in d iv id u a l y del contorno n a ­
tu ra l; la cu a lid a d urbana se expresa en la
in te g ra ció n de todos los elem entos u rb a ­
nos y en la in te rp e n e tra ció n de funciones.
El fracaso o el é xito de todos los ensayos
está ligado, en ú ltim a instancia, a la solu­
ción de este problem a.
Francisco B u llrich

Salida de los em pleados en la zona in d u s tria l
este, que se d irig e n hacia la zona residencial por
la c a rre te ra destin a d a a l ciclism o, ( fo to L u c illo
S herrard)

33

�Casa de departamentos

A l im a g in a r una casa de departam entos se
piensa generalm ente en una p la n ta baja,
varios pisos tip o , un piso retira d o , tanques,
cajas de ascensores, etc. La inmensa m a ­
yoría de las casas son una trasposición d i­
recta, en horm igón y la d rillo s, de esta
im agen.
Sin em bargo, la obra de la A v. Figueroa
A lc o rta no se ajusta a la im agen referida.
El e d ific io ha sido concebido como un m onoblock. Se lo d iv id ió vo lu m é trica m e n te en
tres partes: el bloque de los pisos tip o ,
una un id a d form ada por la p la n ta baja y
un entrepiso, y un rem ate que abarca el
piso retirado y las instalaciones. Cada uno
de estos elementos tiene un c a rá cte r p ro ­
pio, pero las relaciones entre el bloque de
los pisos tip o con los otros dos, ilu s tra n el
papel dom in a n te que se le asigna al p ri­
mero. Era evidente, dada la in tención v o ­
lu m é trica que se percibe en toda la obra,
que el a lto bloque p rin cip a l requería un t r a ­
ta m ie n to especial. La sim ple sucesión v e r­
tic a l de pisos tip o no basta para engendrar

A rq . J. Ferrari Hardoy.
Buenos Aires, 1955.

V is ta

34

general

�D etalle de la fa c h a d a la te ra l

D etalle del entrepiso

Plata baja

un volum en. En la sucesión va im p líc ita una
generación serial. El e d ific io , por el ca rá c­
te r a d itiv o de todos sus elem entos — estruc­
tu ra , ca rp in te rías m oduladas, etc.— , ex­
presa una ley fo rm a tiv a que le p e rm itiría
otras extensiones, a ltu ra s e incluso form as;
es, en cie rta m anera, un " fra g m e n to " den­
tro de esa ley.
Esta ausencia de lím ites teóricos a la a d i­
ción de nuevas unidades, expresión im p lí­
c ita de un desarrollo, confiere al o b je to una
cie rta po ten cia lida d que lo intro d u ce en la
d in á m ica del tie m p o y contradice así el
ca rá cte r in m u ta b le , d e fin itiv o , del volum en.
En la obra de Ferrari Hardoy todos los pisos
tip o se rem iten a la unidad m ayor y d e fi­
nida del bloque, que los expresa u n ita ria ­
m ente y ca ra cte riza al e d ificio . El a trib u to
vo lu m é trico de éste se m an ifie sta en el
m arco que encierra la to ta lid a d de sus p i­
sos. El marco es d e fin id o por las aristas de
los muros laterales y, a lo largo de toda la
fachada, por la losa del p rim e r piso y la
que cubre el plano del ú ltim o . En los de­
más pisos, las losas no se proyectan fuera
del plano d e term inado por este encuadram ie nto y, sin rom per el volum en, fo rm a n un
tip o de galerías — más que balcones— que
sólo tom an dos tercios del fren te . Esta c ir ­
cunstancia e xp lícita el ca rá cte r de com po­
nente h o rizo n ta l de cada uno de los pisos,
sin a te n u a r la im p o rta n cia del m arco en
su fu n ció n de a co tam ie n to espacial.
La fachada la te ra l, en cam bio, acusa un
sentido de ve rtic a lid a d reforzado por la d i­
visión en dos fa ja s : una cerrada, revesti­
da, y o tra a b ie rta , v id ria d a . Esta ú ltim a
posee una m arcada direccion a lid a d ve rtica l
debido a sus proporciones y al ritm o que

o rig in a n los antepechos de cada piso al a p a ­
recer, regularm ente, en un nivel más r e ti­
rado. Pero consecuentem ente con el deseo
de considerar las fachadas como caras de
un volum en y no como planos libres, la
d ireccion a lid a d de la fa ja de v id rio es con­
te n id a por un a m p lio d in te l que encubre la
ú ltim a losa y es parte in te g ra n te e in d ife ­
renciada del plano lleno de color gris. De­
bido a este recurso, este elem ento pasa a ser
sólo una ca ra cte rística del plano to ta l de la
fachada y no un plano v irtu a l que d e stru ­
yese el ca rá cte r vo lu m é trico del to ta l.
La e stru ctu ra co n trib u ye ta m b ié n a crear
esta sensación; no se ha hecho de ella un
m otivo de expresión, como lo hace M ies van
der Rohe, ni se la m an tu vo u n ifo rm e en toda
su extensión; se la fué m odelando, c a m ­
b iándola de acuerdo con los papeles que
debía desempeñar, y éstos se expresan casi
sim bólicam ente. Los pilotes que abarcan
la p la n ta baja y el entrepiso cobran una
gran im p o rta n cia ; revestidos con un m a te ­
ria l áspero, fu e rte , están a llí para soportar
todo el bloque, como si fuesen la única es­
tru c tu ra . En efecto, al lle g a r al bloque, la
e stru ctu ra se esfum a en él sin p e rtu rb a r
su ca rá cte r u n ita rio , su verdad como v o lu ­
men en el espacio y separado del suelo.
En la parte in fe rio r del e d ific io , se a d vie rte
esta in tención en la buscada h o riz o n ta lid a d
de una gran banda de m árm ol negro que
pasa detrás de los pilotes del fren te hasta
más a llá del bloque en m arcado contraste
con él. Ba:o este elem ento, la p la n ta ba'a
pareciera "p ro d u c irs e ", y sobre él y d ire c ­
tam ente debajo del bloque, se extiende el
entrepiso.
En la p rim era está el h a ll de e n tra d a ; pe-

�El garage

La e ntra da

queño y vid ria d o al fre n te ; es sólo un lugar
te rm in a l de las circulaciones verticales. El
resto lo ocupa el garage, cuyas puertas con
v id rio opaco tienen un ca rá cte r livia n o , de
cerram ientos, que sugieren la nostalgia del
"g a g n e r le s o l".
Las m ismas preferencias fig u ra tiv a s que se
observan en el resto de la obra — la re la ­
ción constante de elem entos opuestos—
están presentes en el rem ate superior del
e d ificio , un prism a pesado, revestido de

V ista de la p la n ta b aja y el entrepiso

36

elem entos vitreos de un a zu l intenso y sus­
pendido sobre el bloque. Entre los dos, un
espacio donde se desarrolla el ú ltim o de­
parta m e nto .
La p la n ta presenta los mismos rasgos: a los
flancos, dos zonas densas, cerradas, en re­
lación a una tercera, a b ie rta , aérea. De
las dos prim eras, una corresponde a los ser­
vicios y a las circulaciones verticales, la
o tra está reservada a la vid a p rivada de
la fa m ilia : d o rm ito rios, baños, etc. En la
restante se desarrolla la vid a social.

�Cada zona abarca una m edida ig u a l del
fre n te por su p ro fu n d id a d y, además, la
pa rte destinada a los do rm ito rios aprovecha
la esquina.
El in te rio r de los departam entos es coheren­
te con el to ta l; no se ha pre te n d id o crear
un espacio flu id o , u n ita rio , con d istin ta s
determ inaciones (liv in g , d o rm ito rios, etc.)
de acuerdo con las funciones que se deban
c u m p lir en él, sino p ro p o rcio n ar a cada una
de las tres zonas perfe cta m e n te definidas,
un cie rto grado de a u to su ficie n cia . Q uizá
sea esta la causa que provoca la sensación
de v iv ir una yu xta po sición de espacios o r­
ganizados, y no p e rm ite una percepción
clara del to ta l.
La presencia del balcón, que une e x te rio rmente el livin g con los d o rm ito rios del fre n ­
te p rin c ip a l, no logra crear la tran sició n
que atenúe la relación dem asiado brusca
entre espacio in te rn o y externo. Este des­
e q u ilib rio es ta m b ié n perceptible, en menor
grado, en la fachada. La sucesión ve rtica l
de los livin g s abiertos no llega a crear un
volum en v irtu a l que compense a los más
cerrados que lo lim ita n . Esto, sin em bargo,
y a pesar de una te rm in a ció n sólo discreta,
no a fe cta m ayorm ente la co ntundencia del
to ta l de la obra, en donde se respira ese
a ire fresco y espontáneo que ca ra cte riza la
a rq u ite c tu ra de Ferrari Hardoy.
H oracio Baliero

La

te rra z a

del

ú ltim o

piso

Las reproducciones que ilu s tra n esta nota
han sido tom adas de fo to g ra fía s origina le s
de A . Gómez, E. K atzenstein y A . M ig on e .

P la n ta del piso re tira d o

V ista

de

la cocina

V is ta in te rio r de un liv in g

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37

�Aspectos del diseño argentino:
sillas y sillones
H oracio Baliero

A rq . A m a n d o W illia m s : V ersión de g ran v a lo r
p lá stico de un m ueble p op u lar desarm able. Es­
tru c tu ra de piezas to rn e ad a s de m adera. Res­
pald o re clin ab le y asie n to de cuero.

El m ueble m oderno ha pasado en la A rg e n ­
tin a por extrañas situaciones. N uestro caso
no ha sido el de una conquista g radual y
fa tig osa del m ercado, ni ha o cu rrid o que
defensores de las tradiciones com batieran
con energía las ideas heréticas de las jó ve ­
nes generaciones. Tam poco seria exacto h a ­
b la r del triu n fo del program a de ninguna
joven generación.
Han sido los fa b rica n te s al por m ayor de
m uebles y las propias m ueblerías los p o rta ­
dores del gusto.
La v e rific a c ió n de este hecho se demuestra
claram ente en la verdadera invasión de
muebles “ fu n c io n a le s " — y aún e xiste n cia listas— que im pide e n co ntra r en las casas
au tén tico s m uebles modernos y, lo que es
peor, im p la n ta una ta l d icta d u ra en el gus­
to del público, que le hace d ifíc il suponer
que lo m oderno sea algo d is tin to de cuanto
se le ofrece.

A rqs, Bonet, Ferrari y K u rc h a n : B.K.F. Estructura
ríg id a de h ie rro fo rm a d a por la unió n de dos
c o n tin u ida d e s que soporta la p ieza de cuero que
recibe a la persona.

38

Sin em bargo, hay que reconocer que esta si­
tu a ció n se rem ite a un problem a más a m ­
p lio : el de la d ifu sió n , que lleva adherida,
como una fa ta lid a d , el usu fru cto de los
objetos responsablemente creados.
Para
ojos expertos no es d ifíc il reconocer, entre
las form as más agresivas y banales, tra d u c ­
ciones “ a la v u lg a ta " de m uebles de un
Eames, un Saarinen o un Finn Juhl.
Pero la gravedad — o la p e cu lia rid a d — del
hecho reside en que no existe entre nosotros
una capacidad social creadora y, por consi­
guiente, objetos creados que condicionen la
d ifu sió n . Los objetos saqueados no han
sido creados ni usados aqu í; han sido meras
noticias fo to g rá fica s. Es por ello que la v u l­
g a riza ció n absorbe todas las fases del p ro ­
ceso; sus productos son sim plem ente p ro ­
ductos inéditos que se difu n de n .
Esta situación no deja de a fe c ta r al diseña­
dor. La d ifu sió n lo desaloja. A ésta no le

A rq . César J a n n e llo : O tro caso de e s tru c tu ra
c o n tin u a que posee una g ra n e la s tic id a d y sopor­
ta el asiento, de m adera com pensada, y el
respaldo, c o n s titu id o por una p ieza ú nica m ode­
lada e s c ultó rica m en te .

�sirven los creadores reales, concretos; devora
form as o las descarta, fuera de cu a lq u ie r
tie m p o hum ano, y encuentra sus fuentes
den tro de sí m ism a. Descartado el diseña­
dor, son las revistas y los elem entos ya d i­
fu n dido s los que, al repetirse m asivam ente,
crean en el m ercado un ablande por sa tu ­
ración.
En cu a n to al diseñador, la carencia de t r a ­
diciones vigorosas y de in stituciones que las
defie nd a n , la deja lib ra do a sí m ism o, en
una lucha que se desplaza a un cam po p u ­
ram ente pra g m á tico . Porque no se tra ta de
lu ch a r contra ¡deas, ya que del o tro lado
no existen, sino de to m a r una posición
p rá ctica y seguir tra b a ja n d o desentendién­
dose del problem a.
De este modo, esta situación d e term in a , en
cie rta m edida, la c o n tra p a rtid a d ia lé c tic a :
el querer ligarse a precedentes que, por su
sim p licid a d o ca lid a d , sean universalm ente
ad m itid o s. Esta a c titu d incluye, sin e m b a r­
go, algunas renuncias. En efecto, uno de los
grandes temas en la histo ria del m ueble
m oderno ha sido el de la producción en
serie. La m ism a p a la b ra ha sido rodeada
de un halo que deja entrever campos m a ­
ravillosos. En ella va im p líc ita la in d u stria ,
el diseño y, por ende, la d istrib u ció n por
todo el m undo de productos noblem ente d i­
señados. Esto lo pensaron y lo creyeron los
creadores europeos de la postguerra pasada
que concebían sus objetos para ser p ro d u ­
cidos en serie. A lg u n o s lo fu e ro n , otros no,
pero todos eran susceptibles, al menos te ó ­
ricam ente, de serlo.
En nuestro país la situación es o tra ; la gran
serie es la de los descalificados productos
A rq . César J a n n e llo : S illa desarm able basada
sobre elem entos sta n d a rd de m adera. A sie n to de
soga y respaldo de una pieza cu rvad a de te r ­
ciado.

A rq . H oracio B a lie ro : S illó n de h ie rro
Los dos elem entos lineales que fo rm a n
tu ra se resuelven en el respaldo en dos
de c irc u n fe re n c ia

y m im bre.
la e stru c­
segm entos
tang en te s.

A rq . A n to n io B o n et: Silla fo rm a d a por dos p e r­
file s de m adera con a siento fle x ib le de cuero y
respaldo re ciin ab le .

A rq . A n to n io B o n et: Silla ja rd ín con e s tru c tu ra
de h ie rro ; asie n to y respaldo de m im bre .

H a rp a : Silla de m adera y junco, Inspirada en un
d ifu n d id o m odelo pop u lar.

39

�G erardo C lusellas: S illa o p lla b le de a n tlco ro d a l.
A sie n to y respaldo ta p iza d o s.

G erardo C lusellas: S illón con a siento y respaldo
fo rm a d o por una sola pieza ta p iz a d a ; patas do
bronce.

J. J. Solsona y A rq . H oracio B a lie ro : Sillón ta p i­
zado. Estructura de p e rfile s m etálicos.

40

que hemos m encionado y los diseñadores,
que tra b a ja n fuera de este bajo m e rc a n ti­
lism o, no encuentran capitales interesados
en ocuparlos. Y aclarem os aquí que el f a ­
moso "g u s to del p ú b lic o " no es la causa de
este desinterés. A l p úblico se le ha im ­
puesto este gusto, y com pra estos m uebles
evidenciando una e x tra o rd in a ria sangre
fría fre n te a cu a lq u ie r concreción fo rm a l.
Esta co n tin u a fru stra ció n en el logro de a l­
gunos de los supuestos del m ueble moderno,
ha dado lugar a que se descuidara el as­
pecto fu n d a m e n ta l del problem a. Por otra
parte, la búsqueda de precedentes ha lle v a ­
do, a nuestro ju icio , a re cu rrir al uso cons­
ciente de los m odelos populares ■
— lo que,
dicho sea de paso, no es una a c titu d p ri­
v a tiva de nuestro país— y a poner ta n de ­
cid id a m e n te el acento en la te rm in a c ió n , en
la justeza de ejecución. Esto, unido a una
cie rta contención fo rm a l y a un no c o n fe ­
sado deseo de que los muebles con tem p o rá ­
neos sean ta n dignos como "lo s buenos
viejos m ue b le s", les confieren una cie rta
d ig n id a d de museo.
Q uizás sean éstas algunas de las causas
que no p erm iten la a p a rició n de auténticos
muebles modernos " d e u so ". M uebles que
tengan ese ca rá cte r espontáneo y fresco de
los de Eames o Saarinen, en los cuales la
bondad del diseño, la ca lid a d m a te ria l o la
justeza de te rm in a ció n , no son escudos de
b a ta lla , sino condiciones del propio objeto.
En la selección que aquí hacemos se in c lu ­
yen m uebles creados con a n te rio rid a d a
esta nueva situ a ció n , pero que han sentado
los precedentes del m ueble m oderno en la
A rg e n tin a . Los más conocidos han sido, sin
duda, la BKF y la p rim era silla de Jannello,
cuya in flu e n c ia sobre diseñadores a rg e n ­
tin o s y e xtra n je ro s es n o to ria ; sin embargo,
la suerte co rrid a por la BKF es bastante
excepcional. En rigor, son pocos los m ue­
bles que han conocido ta n e x tra o rd in a ­
ria d ifu sió n en el m undo. Y quizás la
m ayor d ifu sió n en nuestro país se deba a
estas vías indirectas. Desde entonces han
ido apareciendo otros m uebles, pero sólo
desde hace pocos años la creación de éstos
co n fig u ra una a c tivid a d específica y c o n ti­
nua que va com ercializándose, aunque no
en gran escala, y se desarrolla con in d e ­
pendencia de la corriente puram ente cbm ercial que hemos m encionado, pero a la
que q u izá s pueda hoy in flu ir.
El tra b a jo a ctu al de los diseñadores puede
ser tom ado como una preparación para el
fu tu ro , porque, como hemos dicho, no se
puede hoy h a b la r de la producción indus­
tria l del m ueble m oderno. T odavía se t r a ­
baja a rtesanalm ente. Pero esta situ a ció n es
necesariam ente precaria y no puede cu m ­
p lir con el com etido básico de lle va r el
m ueble m oderno a todos los am bientes. Si
a d m itim o s que el contorno social dado por
los objetos juega un papel decisivo en la
fo rm a ció n del hom bre, no podemos menos
que reconocer la le g itim id a d de esta a sp i­
ración.
A h o ra bien, dado que esta aspiración sólo
puede cum plirse con la ayuda de la indus­
tria , es evidente que el problem a del m ue­
ble sólo será resuelto encuadrándolo dentro
del m arco más general del diseño in d u s tria l.
C o n tra esta a firm a c ió n puede sostenerse
que, en la m edida en que éste puede hoy
desarrollarse, los resultados obtenidos no
constituyen una panacea y que, más aún,
la d ifu sió n de objetos c u ltu ra lm e n te n o c i­
vos no ha sido evitada.
Sin em bargo, a no ser que apoyemos un re ­
to rn o a M orris en bloque, no parece sensato
condenar las posibilidades ind u stria le s en
razón del uso que hoy se hace de ellas.
Desde este p u n to de vista , creemos que los
diseñadores, si tom an conciencia de esta
situación y crean unidades que puedan ser
consideradas como pro to tip o s y no como
piezas únicas, c o n trib u irá n , en gran m ed i­
da, a la fo rm a ció n de una conciencia del
m ueble a u té n tica m e n te moderna,

�B ib lio g ra fía
H. A. Murena: "El pecado original de
América". Sur, Buenos Aires, 1955.
Este lib ro co nstituye un in te n to de e nfocar
el problem a c u ltu ra l de A m é rica desde un
p u n to de vista que no es el p o lítico , el eco­
nóm ico ni el h isto rio g rá fico .
El a u to r reprocha a los enfoques anteriores
el haber desvirtuado la visión de A m é ri­
ca, al considerarla con una pauta europea.
A d v ie rte que no se propone un ensayo f i ­
losófico y el e stilo que ha escogido reve­
la la in te n ció n de exponer sin e sp íritu de
sistema, al menos en lo fo rm a l, una " a u ­
to b io g ra fía m e n ta l".
Sin em bargo, a pesar del ca rá cte r de expe­
riencia personal que le ha otorgado el p ro ­
pio a u to r, no es casual que este lib ro haya
sido concebido en el m om ento en que p a ­
recen haber e n tra d o en crisis las coorde­
nadas clásicas de la h isto rio g ra fía c u ltu ra l
de A m é rica . Nos referim os en p rim e r lu ­
ga r, a esa concepción un poco co m p la cie n ­
te de que A m é ric a estaba destinada a ser
una prolo n g a ció n de la c u ltu ra europea y,
como se creyó a lg u n a vez, un m e jo ra m ie n ­
to de esta ú ltim a , y de que todos los tr o ­
piezos y d ific u lta d e s para re a liz a r p le n a ­
m ente ese destino debían a trib u irs e a su
fa lta de m adurez e in e xp e rie n cia , es decir,
a p e rturbaciones de su p e rficie , no de fondo.
En segundo lugar, al eclecticism o c u ltu ra l,
resultado de una a c titu d de puros consu­
m idores de bienes esp iritu a le s y no de c re a ­
dores.
El a u to r de " E l pecado o rig in a l de A m é ri­
c a " , se p regunta si esos accidentes no obe­
decen q u izás a un d efecto esencial de con­
fo rm a ció n y a una m iopía consistente en
a p lica rles una m edida que le es im p ro p ia ;
una m edida europea en suma.
Ese defecto esencial consiste, para el a u tor,
en una ra d ica l fa lta de c u ltu ra , e n te n d ie n ­
do la p a la b ra no en el sentido " ilu s tra d o " ,
de acopio de conocim ientos, sino en el más
a m p lio que le otorga la antro p o lo g ía. A h o ­
ra bien, lo grave es que esa fa lta de c u l­
tu ra no es sim plem ente el resultado de una
ca re n cia , sino de un desarraigo, de un
abandono del estado de c u ltu ra que se v ie ­
ne consum ando in in te rru m p id a m e n te desde
los prim eros colonizadores hasta los más re­
cientes desplazam ientos in m ig ra to rios.
Estas serían, sum am ente condensarías, las
tesis de H. A . M ure n a sobre el problem a
c u ltu ra l de A m é rica . Cabe p re g u n ta r si ha
encontrado el p u n to de vista desde el cual
podría juzgarse a A m é rica con una p a u ta
que no sea la europea (no digam os a m e ri­
c a n a ). A l responder ne g ativa m e n te a d e la n ­
témonos a decir que tam poco im p orta sub­
rayarlo, ya que d ifíc ilm e n te podía haberlo
logrado sin inclinarse hacia una posición
que él m ism o confiesa d e te sta r: el n a cio ­
nalism o y el fo lklo rism o .
Pero destacar las corrientes europeas de
pensam iento que in fo rm a n este in te n to de
H. A . M ure n a , cosa que no intentarem os
aquí, no im p lic a ría hacer un reparo a la
le g itim id a d de la m ayor parte de su a n á li­
sis. La lu z cruda que a rro ja sobre nues­
tra rea lida d c u ltu ra l podrá parecer exce­
sivam ente e n fá tic a , pero no es menos ce r­
te ra por eso. El le cto r puede d is e n tir de
los supuestos generales de esta obra y, en
efecto, las categorías que em plea su a u to r
no son siem pre convincentes; habrá que
a trib u irla s más a una p referencia personal
que a las necesidades del propio análisis.
En cu a n to a la solución que se esboza en
el concepto de " tra n s o b je tiv id a d " , como e x­
presión de la índole c u ltu ra l am ericana y
por oposición al ideal europeo y occidental
de o b je tiv id a d , no corresponde e x ig ir m a ­
yores precisiones. Con todo, direm os, al p a ­
sar, que ese concepto podría aplicarse ig u a l­
m ente bien a c u a lq u ie r c u ltu ra fuera de la
europea (com o lo ha dem ostrado la e tn o ­

logía com parada) y que aún d e n tro de es­
ta ú ltim a el concepto de o b je tiv id a d ha
e xperim entado una serie de rectifica cio n e s
y lim ita cio n e s desde la m uerte de Hegel
(B e rd ia e ff, por e jem plo) . T a l concepto, en
d e fin itiv a , es sólo una construcción a la
que siem pre será posible oponer otra s cons­
trucciones con ¡guales pretensiones de v a ­
lidez.
La crisis de una concepción com placiente
del papel de A m é rica en la c u ltu ra es lo
que docum enta este lib ro y en ésto es don­
de radica todo su v a lo r; la crisis de una
concepción que ha durado entre nosotros
más q u izás que en otras partes de A m é rica
pero, en d e fin itiv a , una crisis que no h ip o ­
teca nuestro presente ni nuestro porvenir.
Porque habría que te n er sumo cuid a d o con
las d isyu n tiva s puram entes verbales en el
orden de la cu ltu ra . En p rim e r lu g a r por­
que esquem atizan dem asiado una situación,
o rig in a n d o así la neurosis de una salida
c u a lq u ie ra ; en segundo lu g a r porque pue­
den crea r el p re ju icio erróneo de que la
solución de esa a lte rn a tiv a puede ser p ro ­
vista por una decisión verbal.
Hay que te n er presente que siem pre pue­
de e x is tir a lg u ie n que no acepte ta l dis­
y u n tiv a y entonces ¿cómo se lo juzgará?
A . H.

Bruno Zevi: "Historia de la arquitec­
tura moderna". Emecé, Buenos Aires,
1954.
Esta volum inosa obra com ienza con una
in tro d u cció n , en la que el a u to r pasa revis­
ta a los crite rio s h isto rio g rá fico s aplicados
al estudio de la a rq u ite c tu ra m oderna y e x­
presa su d isconform idad con ellos. Esta ac­
titu d ya se m an ife sta b a en su lib ro "H a c ia
una A rq u ite c tu ra O rg á n ic a " que " n o pre­
tendía c o n s titu ir una h isto ria de la a rq u i­
te ctu ra m oderna, sino que se lim ita b a a
presentar una in te rp re ta ció n del desarrollo
del pensam iento a rq u ite ctó n ico desde la c r i­
sis del racionalism o hasta la d ifu sió n de la
tendencia o rg á n ic a ". Pero este libro, escri­
to en m om entos m uy especiales y dedicado
a aquellos jóvenes que te n dría n a su cargo
la reconstrucción de las zonas desvastadas
por la guerra, no respondía a la nueva si­
tu a ció n pues, según el a u tor, ya era re a li­
dad lo que antes sólo hablan sido deseos y
esperanzas: " la conquista d e fin itiv a del
aspecto h u m a n iza n te c'e la a rq u ite c tu ra ".
Z e vi, aunque conserva la e stru ctu ra básica
de su obra a n te rio r, p ro fu n d iz a más el p ro ­
blem a. " . . . H e rehecho ínte gra m e n te y he
a m p lia d o en fo rm a especial los capítulos
sobre los orígenes de la a rq u ite c tu ra m oder­
na y sobre las personalidades que precedie­
ron al racionalism o en Europa y en Estados
Unidos, negando la in te rp re ta ció n positivista
y rescatando el período arcaico o de v a n g u a r­
dia con el mismo m étodo adoptado para las
obras p o s t-fu n c io n a lis ta s ; he reca p itu la d o
las más im p orta n tes co n trib u cio n e s a la dis­
cusión sobre la a rq u ite c tu ra racion a lista y
o rg á n ica ; he dedicado un c a p ítu lo a los
a ctuales problem as m etodológicos de la h is­
to rio g ra fía a rq u ite c tó n ic a ; he o rg a n iza d o la
b ib lio g ra fía , la docum entación ilu s tra tiv a y
los datos in fo rm a tivo s, e tc .. . . "
A p a rtir de esta in tro d u cció n el le cto r se
a d entra en una polém ica que Z evi sostiene
con una d ia lé ctica v iva z a lo largo de todo
el libro.
En el p rim e r ca p ítu lo , " L a génesis de la a r­
q u ite c tu ra m o d e rn a ", se a n a liz a n las d is tin ­
tas inte rp re tacion e s que ha m otiva d o e!
tem a y se las considera respondiendo a a l­
guna de estas tesis: la evolución del gusto,
la revolución técnica, las nuevas teorías de
la visión estética y la tra n sfo rm a ció n social.
Z e vi, en cam bio, encuentra en la síntesis
de todas estas "co m p o n e nte s de la in n o va ­
ción del siglo X I X " la in icia ció n de la
p rim era época de la a rq u ite c tu ra m oderna.
A l e lu d ir de esta fo rm a el pe lig ro de la u n i-

la te ra lid a d y al am pliarse el basam ento his­
tó ric o de la nueva a rq u ite c tu ra , se a lcanzan
las condiciones para c u m p lir con la " d e ­
m anda de h is to ric id a d " que ésta requiere.
A sí se ju s tific a que encontrem os en " L a
p rim era época de la a rq u ite c tu ra m o d e rn a ",
títu lo del segundo ca p ítu lo , a las p e rso n a li­
dades más diversas sin que el a u to r in c u ­
rra en co n tra d icció n . Vemos, de esta m a ­
nera, d e sfila r a M o rris, M a ckin to sch , H o rta ,
V a n de Velde, Berlage, O tto W a g n e r, Loos,
H o ffm a n , O lb rich, T on y G arnier, Perret,
Behrens, Poelzig e incluso al aislado G audí,
vinculados estrecham ente al origen y des­
a rro llo de las ciudades ja rdine s inglesas, de
la escuela holandesa, la Secesión vienesa o
la "D e u tsch e W e rk b u n d ", d entro de una
densa tra m a de interdependencias e in ­
flu e n cia s recíprocas.
El ca p ítu lo tercero, "L o s m aestros del pe­
ríodo ra c io n a lis ta ", está dedicado, fu n d a ­
m en ta lm e n te , al estudio de las fig u ra s de
Le Corbusier, Gropius, M ies van der Rohe,
Oud y M endelsohn. T a m b ié n se incluyen
varios m aestros menores, como los cla s ific a
con audacia el a u tor, y un " p o e ta " : el in ­
geniero suizo Robert M a illa rt. A q u í ya
hemos llegado a la "c ris is del racionalism o
en E uropa" que se e je m p lific a con las reac­
ciones en Rusia y A le m a n ia n a z i, la deca­
dencia francesa y, tra ta d o en extenso, el
caso ita lia n o .
A p a rtir de este punto tra ta , en los c a p ítu ­
los siguientes, el m ovim ie n to o rgánico en
Europa, las ideas en discusión y el a fia n ­
za m ien to de esta tendencia, que es consi­
derada como la "c o n tra p a rtid a de la crisis
im p líc ita en el propio sistema lin g ü ís tic o del
ra cio n a lism o ". Es fá c il prever que las f i ­
guras descollantes de estos capítulos serán
p rin cip a lm e n te G unnar A sp lu n d y A lv a r
A a lto .
La a rq u ite c tu ra norteam ericana es tra ta d a
específicam ente en los ca p ítulo s restantes,
aunque las co n tin ua s in flu e n c ia s recíprocas
respecto a la europea se ponen de relieve a
lo largo de todo el libro.
Esta parte del lib ro com ienza con un estu­
dio h istórico y psico-sociológico sobre las
condiciones am ericanas, para proseguir con
el a n álisis de Richardson, la escuela de
Chicago, y el fam oso S ullivan. Una parte
curiosa e interesante es la refe rid a a los
contem poráneos de Frank Lloyd W rig h t. Un
ca p ítu lo entero está dedicado a éste, que
es el cam peón de Z evi, y o tro a su in flu e n ­
cia en el e xte rio r, pero es necesario recono­
cer, aún no co m partiendo las opiniones del
a u to r, que se ha evita d o el c a rá cte r dem iú rg ico con que se presenta generalm ente
a este a rq u ite cto .
La " a rq u ite c tu ra m o d e rn a " en los Estados
Unidos y la "o rg á n ic a " en especial han sido
tra ta d a s con g ra n a m p litu d .
Un ca p ítu lo sobre " L a renovación de los
estudios históricos de a rq u ite c tu ra " que
hace e x p líc ito lo que está im p líc ito en
todo el libro, es decir el m étodo seguido por
Z evi, unos buenos índices y una copiosa y
ú til b ib lio g ra fía , cie rra n la obra que co­
mentam os.
Este es, a grandes trazos, el desarrollo de
la obro en cu a n to a los tem as que tra ta .
Un a n álisis más m inucioso lle va ría , por el
ca rá cte r polém ico y la c o n tin u a discusión en
que Z evi se empeña con otros críticos, en
especial Giedeon, a escribir una obra de igual
extensión que la c ritic a d a . Sin em bargo, son
m uchas las a firm a cio n e s discutibles, p a rti­
cu la rm e n te en lo que se refiere a sus con­
ceptos sobre la p in tu ra . Por o tra parte, no
siem pre resultan convincentes los a rg u m e n ­
tos con que pretende d e fin ir el "o rg a n ic is m o ". T am b ié n dism inuye el v a lo r c rític o de
la obra la tendencia a m ostrar ciertas fig u ­
ras en un aspecto " n e g a tiv o " , al c o n tra ­
ponerlas con las que gozan de sus p re fe ­
rencias; cosa que no ocurre cuando se
refiere específicam ente a alg u n a de ellas.
No obstante, pasando por a lto esta ca ra c ­
te rística , la contraposición co n tin u a de co­
rrientes y personas suprim e el c a rá cte r
estanco de cada ca p ítu lo y p erm ite obtener

41

�una visión sin té tica del proceso m un d ia l de
la a rq u ite c tu ra m oderna.
T a m b ié n representa un va lo r im p orta n te la
tesis general del libro, o sea: la denuncia
de la crisis del "ra c io n a lis m o " en la a rq u i­
te ctu ra y la necesidad de buscar otros c a m i­
nos que integren más factores al pla n tea r
la ecuación a rq u ite ctó n ica .
Sin em bargo, el énfasis puesto en la d ico to ­
mía ra cio n a l-o rg á n ico , hace pensar que la
crisis abarca los dos térm inos y que lo im ­
prescindible es p la n te a r una nueva p ro b le ­
m ática y no embanderarse en una " c o n tr a ­
p a rtid a " de un va lo r en crisis.
De a ceptar esta ú ltim a posib ilid a d , no se
está inm une de un "a p rio ris m o " orgánico
de carácter, sólo fo rm a lm en te d is tin to de
los racionalistas. Porque a pesar de las p ro ­
testas en co n tra , la m ayor parte de las obras
orgánicas m a n ifie sta n una retórica n a tu ra ­
lista o regionalista que incluye muchas re­
nuncias.
El pensar im p líc ita m e n te en térm inos de
" c o n tra p a rtid a " , conduce asim ism o, a a ch a ­
car constantem ente a los maestros europeos
sus "a bstra ccio n es ge o m é trica s" o "s o c io ­
ló g ic a s " y sus "c u b o s yu xta pu e sto s" m ie n ­
tras se exa lta el aspecto más "h u m a n o " de
W r ig h t y de la a rq u ite c tu ra orgánica. Esto
resulta bastante vago, Dorque ta n to W rig th
como Le C orbusier expresan valores h u m a ­
nos, pero la opción im p lica to m a r unos e le ­
m entos y d ejar otros.
Si hoy se puede m ira r más a llá de Le C or­
busier o Gropius, ta m b ié n ocurre lo mismo
con W rig h t, pues ta n to en uno como en
o tro caso, la le g itim id a d de las obras o in ­
tu iciones es refle'O de las respectivas p ro ­
blem áticas, y es en v irtu d de que éstas no
pueden hoy servirnos en bloque, que se
hace necesario transcenderlas.
De todo lo antedicho se puede deducir que
el lib ro de Z evi no es una " h is to r ia " , en el
sentido convencional del té rm in o , y que
Z evi no pretende solo v e rific a r una s itu a ­
ción, sino lle va r la h isto rio g ra fía y la a r­
q u ite c tu ra m oderna en una dirección de­
te rm in a d a . En este sentido, esta obra es
un instru m e n to más en la lucha por la nue­
va a rq u ite c tu ra y, a pesar del tono un ta n to
d e cla m a to rio , está escrita con un gran am or
por ella y por sus héroes.
La vida que se a g ita en esta obra, p e rce p ti­
ble en su lectura, se explica por las p a la ­
bras del propio Z e v i: " . . . se debe in sistir
en el hecho de aue los historiadores, si son
au tén tico s historiadores, y no cronistas, fr ía ­
m ente objetivos, anónim os autores de in ­
ventarios, viven con los poetas del pasado
y del presente, p a lp ita n con ellos, p a rtic i­
pan en las contiendas del a 'te . Se com pro­
m eten respecto al presente tom ando p a rtid o
no sólo sobre los hechos de la hora, sino
ta m b ié n sobre los hechos del pasado".
H. B.

Wilhelm Worringer: "Problemática deí
arte contemporáneo". Nueva Visión,
Buenos Aires, 1955.
En "P ro b le m á tic a del arte co n tem p o rá n e o ",
W ilh e lm W o rrin g e r a n a liza las c a ra cte rísti­
cas de dos a ctitu de s estéticas, recíproca­
m ente c o n tra d icto rias, y p u n tu a liz a sus re­
laciones con el proceso de la creación plás­
tica y el m undo social contem poráneo. Su
propósito no es exponer un in q u e bra n ta ble
p u n to de vista, sino llegar a com prender las
dos opiniones en pu g na : A rte del público
y a rte de artistas, arte de profanos y arte
de peritos. W o rrin g e r ofrece dos e xp lica cio ­
nes del arte contem poráneo cuyo carácter
im perioso e inexorable deriva del único y
sólo hecho de que, independientem ente los
unos de los otros, a rtis ta s de todo el m undo
se sintieron, de pronto, im pelidos hacia una
ru p tu ra con toda sujeción a los modelos de
la na tura le za .
La prim era de esas explicaciones se fu n da
en e l hecho de que, después de muchos si­

42

glos de una hegemonía de la n a tu ra le za en
el arte que ya se ha tornado obvia, nueva­
mente es el espíritu el que anuncia sus
pretensiones supranaturales.
Pero para
quien le resulte inadecuada la u tiliz a c ió n
de la palabra " e s p ír itu " , en relación con
estas cosas ta n secularizadas desde tiem po
atrás, W o rrin g e r presenta o tra e xp lica ció n :
recuerda la fro n te ra c a rd in a l que existe en­
tre el arte de a rtista s y el arte del público.
Es la relación fu n da m e n talm e n te d is tin ta
que, en uno y en otro, se da con respecto
a los medios expresivos con los cuales ope­
ran las artes plásticas. M ie n tra s en el
a ctu al arte de artistas, esos m edios se han
convertido en elem entos p rim ordiales y
co n stitucion a lm e n te determ inantes de su
m etódica pla sm a tiva , en el arte del p ú b li­
co, esos medios sólo se m a n ifie sta n en su
form a aplicada, subordinados a la fin a lid a d
p rin cip a l de la captación reproductiva de
la na tura le za .
W o rrin g e r se niega a a ceptar el palabreo
transaccional a que nuestro corazón socia l­
m ente sensible pudiera inclinarnos. Esta­
mos fre n te a un divo rcio insalvable, fundado
en una inconm ovible d ife re n cia de posicio­
nes básicas fren te al sentido m ismo de la
plasm ación a rtística . N uestro tie m p o exige
una conciencia, y sólo una m endacidad ro­
m án tica puede p o s ib ilita r lo im posible, co n ­
c ilia r aparentem ente lo inco n cilia b le . Esta
a c titu d no le im pide, sin em bargo •— in d i­
cio de una conciencia que no se to le ra a
sí misma las engañosas sim p lifica cio ne s del
énfasis polém ico— , a d m itir la ca lid a d a r­
tística de m uchas m anifestaciones p ro d u ci­
das por los especialistas de la sensorialidad
óptica, y que cuentan con el aplauso del
público. Pero es sólo un a rte ; no es el
arte. El arte, a fin de cuentas, no em ana
de la evidencia de un poder, sino que surge
de un querer. Y el querer de quienes poseen
hoy una nueva conciencia del lenguaje a r­
tístico, im periosam ente im puesta, no es la
representación de la n a tu ra le za , sino la
creación de un sentido. " E l arte como m e­
dio para d irim ir el m undo fre n te al arte
como m edio para d ir im ir la n a tu ra le z a ",
csí resume W ilh e lm W o rrin g e r la pro b le m á ­
tica del arte contem poráneo en este lib ro de
interés excepcional.
E. B.

Lionello Venturi: "Cómo se mira un
cuadro. De Giotto a Chagall". Losa­
da, Buenos Aires, 1954.
Dentro del co n ju n to de las m anifestaciones
críticas, tendientes a a lca n za r los fu n d a ­
m entos de la vivencia estética, la produc­
ción de L io nello V e n tu ri ocupa un lugar
preponderante. En diversos trabajos, V e n ­
tu ri se ha dedicado, en efecto, a d ilu c id a r
los caracteres esenciales del proceso per­
ceptivo de la obra de a rte , procurando de­
fin ir en qué situación ha de colocarse el
espectador ante cada obra y cuáles son los
factores in tu itiv o s , conceptuales y de e x­
periencia que intervienen en la percepción
estética.
Esa preocupación crítica ha o rigina d o asi­
mismo el lib ro del epígrafe, donde el autor,
que ha procurado servirse en esta o p o rtu ­
nidad de un lenguaje lo menos técnico po­
sible, a n a liz a numerosas p in tu ra s, tra ta n d o
de p ro p orcionar al lector, más que una in ­
form ación, una guía de percepción. Nada
más alejado, sin em bargo, del m étodo y
del propósito de V e n tu ri que una a c titu d
n o rm a tiva . En nin g ú n m om ento enuncia
reglas rígidas que pudieran crear la im ­
presión de que existe un m étodo un ifo rm e ,
a p licable a todos los casos, para aprehen­
der correctam ente los valores pictóricos. Su
p rin cip a l preocupación consiste, precisa­
m ente, en destacar el ca rá cte r a b so lu ta ­
m ente sin g u la r del proceso creador de cada
p in tu ra a n a liza d a.

Su p u n to de p a rtid a es la crític a del co n ­
cepto de " g u s to " , en que suelen fundarse
m uchas apreciaciones estéticas. Aunque los
"g u s to s " personales son siempre a rb itra rio s,
no pueden, sin em bargo, ser evitados en la
fo rm a ció n de un ju ic io a rtístico . Una lin ­
da m uchacha de Renoir gustará más a m u ­
cha gente que un rudo cam pesino de Cézanne. Pero m uchas personas, a pesar de
su preferencia por Renoir, a d m itirá n no sólo
que el rudo cam pesino de Cézanne m ere­
ce atención, sino ta m b ié n que hay algo en
el cuadro del cam pesino que no existe en
la p in tu ra de Renoir. Es entonces cuando
se a d ve rtirá que, si bien las cualidades de
ambas p in tu ra s pueden ser d iferentes (una,
más a tra ye n te ; la o tra , m e n o s ), ambas po­
seen, no obstante, su cu a lid a d . Es una cu a ­
lidad que no depende del gusto o disgusto
que pueda provocar en el espectador, sino
de la obra m ism a. Es una cu a lid a d o b je ti­
va, una cu a lid a d en sí m ism a, y esta c u a li­
dad se llam a arte. En ese m om ento uno
cesa de dejarse d o m in a r por una pre fe re n ­
cia a rb itra ria y penetra en el terreno de la
crític a de arte.
A d ife re n cia de lo que ocurre con los gus­
tos personales, una crítica de arte puede
ser acertada o errónea, pues se basa en la
cu a lid a d o b je tiva de una obra. Es la sen­
s ib ilid a d a rtística la que pe rm ite ascender
desde la prim era im presión, basada en una
preferencia in d iv id u a l, hasta la c rític a de
arte. Esa sensibilidad es la consecuencia de
diversos factores y procesos: la observación
de muchos cuadros, la com paración de los
propios ju icios con los de otras personas,
tra ta n d o de com prender por qué están de
acuerdo o no lo están. Adem ás, puesto que
la vid a y la n a tura le za están más o menos
presentes en la p in tu ra , quienes poseen una
a m p lia experiencia de la vida y de la n a ­
tu ra le za están m ejor equipados para com ­
prender qué es el arte. Y , fin a lm e n te , la
form a de la sensibilidad m isma es siem ­
pre vaga, de m anera que cuando sus con­
tornos se definen, la sensibilidad se tra n s ­
fo rm a en ideas. Entonces, nuevos im pulsos
de sensibilidad se extienden más a llá de
estas ideas, dando n a cim ien to a nuevas
ideas, y así sucesivamente. Sin ideas, la
sensibilidad no puede desarrollarse y r e fi­
narse, pero nin g ú n ju ic io a rtís tic o es posi­
ble con ideas solamente. La acción recípro­
ca de la sensibilidad y de las ideas es esen­
cia l para la c u ltu ra artística .
La c u ltu ra a rtística sólo puede lograr una
buena com prensión del arte cuando existe
un e q u ilib rio entre la sensibilidad y las
ideas. C uando predom ina la sensibilidad,
la com prensión perm anece vaga e incohe­
rente, pues está sujeta a los im pulsos del
m om ento. Entonces lo eventual prevalece
sobre lo eterno. Cuando predom inan las
¡deas y la sensibilidad se subordina a las
reglas, que son dem asiado rígidas, lo que
se pierde es la visión de la realidad misma.
Pasa revista seguidam ente a diversas a c ti­
tudes erróneas fre n te a la p in tu ra , o rig in a ­
das en una sobrestim ación de algunos fa c ­
tores de cu ltu ra a rtística y en el descuido
de otros. A n a liz a así diversos sistemas de
crítica fundados, exclusivam ente, en la e ru ­
d ición h istó rica , en la m em oria y la im a ­
gin a ció n lite ra ria s, en el sentido de la be­
lleza, (lo que es belleza para Hom ero no
lo es para Shakespeare, lo que es belleza
para Rafael no lo es para Cézanne o V an
G o g h ), en el d o m in io de los elem entos té c ­
nicos de la p in tu ra (no existe ta l cosa co­
mo " l a " técnica de la p in tu ra . Hay m u ­
chos tipos de técnica de la p in tu ra ; el n ú ­
mero es casi in f in it o ! , en la narración del
tem a del cuadro, en el estudio de los esen­
ciales elem entos visuales en base a m éto ­
dos científicos.
V e n tu ri expone fin a lm e n te su propio punto
de vista, el cual le sirve para estudiar des­
de d entro casi cincuenta p in tu ra s. El con­
te n id o es la fo rm a "c o m o " se ha concebí-

�do el tem a. Cuando uno habla de cómo se
ha concebido algo, se habla realm ente de
la fo rm a . Así, pues, el contenido y la fo r ­
ma están id e n tifica do s. Los detalles, la lí­
nea, la p la sticid a d , el color, que m ucha
gente conoce como fo rm a , se suelen ju z g a r
por sí mismos, ponderando lo m uy plástico,
lo e q u ilib ra d o , la subordinación de los co­
lores al relieve, etcétera. Debe señalarse,
sin em barqo, que nin g u no de estos detalles
visuales co n stituye un va lo r por sí mismo.
Los valores plásticos no existen. Lo que
existe es una relación entre la p la sticid a d y
la im a g in a ció n del p in to r que la crea. Si la
p la sticid a d creada corresponde a la im a g i­
nación del p in to r, esto sig n ific a que su im a ­
gen se ha rea lizad o en p la sticid a d . La
p la sticid a d , como todos los tipos de repre­
sentación, es un sím bolo de un va lo r que
deberá encontrarse en la propia im a g in a ­
ción del p in to r.
El tem a puede tener un va lo r in te le ctu a l,
m oral o económ ico, pero no a rtístico hasta
que haya sido tran sfo rm a d o por la im a g i­
nación del a rtis ta . Un contenido puede po­
seer un v a lo r s e n tim e n ta l, mas no artístico ,
hasta que la im a gina ció n del a rtis ta lo
realice en una fo rm a in d iv id u a l. Una lí­
nea, una p la sticid a d , una arm onía de co lo ­
res, sólo poseen v a lo r técnico hasta que la
im a gina ció n del a rtis ta les im p rim e su p a ­
sión, su contenido in d iv id u a 1.
El sistema de c ritic a u tiliz a d o por V e n tu ri
deja de lado c u a lq u ie r norm a de ju ic io co ­
mo no sea la que se d eriva de la persona­
lidad del a rtis ta . Esto no s ig n ifica que des­
conozca c u a lq u ie r norm a o b je tiva . La p e r­
sonalidad del a rtis ta es o b je tiva si sabe­
mos in te rp re ta rlo y com prenderlo; así, si
penetram os en su estado de ánim o, podre­
mos seguir su proceso de crea ció n : la lu ­
cha de su im a gina ció n con sus ideas, su
sentido m oral y su té cn ica , con el objeto
de a lc a n z a r su unidad de fo rm a y de con­
tenido.
Si deseamos entender un poema de Baudelaire, lo prim ero que debemos hacer es
aprender el idiom a francés. Pero aun esto
no es su ficie n te . Debemos aprender ta m ­
bién el lenguaje personal de B audelaire si
deseamos com prenderlo. El p in to r ta m b ié n
posee su propio lenguaje, que está fo rm a ­
do por una fu sió n personal de líneas, fo r ­
mas y colores. Tenem os que aprender es­
te lenguaje y saber por qué es s im ila r o d i­
fe re n te del lenguaje de los demás pintores.
Una com prensión p ropia de la fusión de
m uchas líneas, form as y colores es nece­
saria si deseamos com prender aunque sea
un solo cuadro. T a l com prensión es lo
que se conoce como cu ltu ra en p in tu ra .
Pero para d e c id ir si un cuadro es o no una
obra de a rte no basta esa cu ltu ra . Ella
podrá decirnos si la expresión considerada
es o no s im ila r a otras. Pero considerar
una p in tu ra o m uchas p in tu ra s como una
regla de ju ic io para todas las demás, sig ­
n ific a no reconocer n in g u na nueva norm a
a firm a d a por una nueva personalidad a rtís ­
tic a . C uando la c u ltu ra en p in tu ra no nos
es su ficie n te , debemos re cu rrir a toda lo
c u ltu ra del hom bre, lo que sig n ific a que
para ju z g a r si una p in tu ra es o no una
obra de arte, uno debe tener por lo menos
un in d ic io de todas las actividades h u m a ­
nas antes de d e cid ir si, en lu g a r de ser una
obra de arte, co n stituye una dem ostración
c ie n tífic a , un sermón m oral o religioso, o
un program a p rá ctico de acción p o lítica , so­
cia l o económ ica, d isfra za d o de arte.
La verdad es que para ju z g a r una p in tu ra
hemos de poner a c o n trib u ció n ta n to nues­
tro sentido a rtístico , nacido de una c u ltu ­
ra p ictó rica , como nuestros conocim ientos y
experiencia, nacidos de una a c tiv id a d en
muchos órdenes vitales. Esta a c titu d pue­
de p e rm itirn o s com prender y apreciar la
relación ín tim a que existe en tre las líneas,
las form as, los colores que vemos en e l.c u a ­
dro y el se n tim ie n to y la im a gina ció n del
a rtis ta , que no vemos, pero que podemos

p e rcib ir y reco n stru ir m ediante nuestro sen­
tim ie n to e im a gina ció n . Y como el descu­
b rim ie n to de esa relación co n stituye uno
de los o b jetivos perseguidos en todo p ro ­
ceso de percepción y de ju ic io estéticos,
podemos a firm a r que es ésa la m ejor m a ­
nera de ju zg a r.
Sin técnica no sería posible la p in tu ra . Pe­
ro con técnica sola no tendrem os arte. La
técnica es una a c tivid a d p rá ctica , un m e­
dio de a lca n za r un fin , de lo g ra r arte. Por
lo ta n to , no podemos ju z g a r una obra de
arte sobre la base de su técnica.
Hay buena y m ala técnica. La buena es
la apropiada para la visión y el ideal del
a rtis ta . La m ala, la que oprim e la visión
y el ideal del a rtis ta . Esto ocurre cuando
el p in to r prefiere ser un técnico, un v irtu o ­
so, más bien que un a rtista . M eissonier y
Bouguereau son buenos ejem plos de este
fracaso.
Es m uy probable que no hava e xistido p in ­
to r que no se haya a iustado a una u otra
teoría, puesto que la co n trib u ció n del in ­
telecto a la p in tu ra es una condición nece­
saria del arte. Pero como la técnica, una
teoría es buena o m ala sólo hasta donde es
de ayuda o constituye un obstáculo para la
lib re expresión del se n tim ie n to y el desarro­
llo libre de la im a gina ció n . La teoría de
Piero d ella Francesco era la espacialidad;
la de Renoir, la irre g u la rid a d . Sus teorías
no podían ser más antanónicas. Pero resul­
ta ro n de u tilid a d para Piero d ella Frances­
co y Renoir en la creación de sus obras
maestras.
El problem a de la teoría en el arte guarda
relación con el probiem a del con o cim ie n ­
to en general. Es evidente que el a rte con­
trib u ye al conocim iento de la hum anidad.
De lo co n tra rio , sería un jueao in ú til. Pe­
ro la d ific u lta d estriba en e sp e cifica r qué
clase de conocim iento es. Es d ife re n te del
conocim iento c ie n tífic o y del m ístico. El co­
no cim ien to c ie n tífic o tra ta de tipos y de
categorías, de generalizaciones encauzadas
hacia el enfoque de la verdad universal.
El conocim iento m ístico salta a la verdad
universal sin m olestarse en v e rific a r su pro­
ceso. El conocim iento a rtístico es esencial­
m ente in d iv id u a l, pero incluye el universal.
De aquí que se deba tener presente, en
c u a lq u ie r crítica de arte, la exigencia de
h a lla r en cada p in tu ra considerada la re­
lación entre un s ig n ifica d o in d iv id u a l y una
in fe re n cia universal.
Hay m uchos ideales en p in tu ra . Esos idea­
les condicionan la fo rm a de las obras, en
cuya producción han in tervenido. Pero
m ientras todos los ideales pueden ser ú ti­
les para lograr una fo rm a a rtística , n in g u ­
no de ellos es m ejor o peor que otro. En
realidad, todo depende del poder creador
del a rtis ta para lograr su rea lización .
El o b je to de aprobación o desaprobación
en un cuadro no es la realidad ni el con­
tenido, el ideal o la form a de la p in tu ra .
Lo que debe ser o b je to de nuestra atención
es la personalidad del p in to r, su h a b ilid a d
para expresar c u a lq u ie r contenido, siempre
que sea el suyo propio, a través de cu a l­
q u ie r fo rm a , siem pre que ta m b ié n sea la
suya.
La reconstrucción de la personalidad del
a rtis ta nos p e rm itirá a p re cia r el ca rá cte r y
el v a lo r de su expresión, nos p e rm itirá
apreciar, en suma, si m uestra esa coheren­
cia de la im a gina ció n , que en a rte es la
cu a lid a d paralela a la lógica en la ciencia.
En su examen de diversas p in tu ra s, V e n tu ­
ri procura reducir todos los com oonentes de
cada obra de a rte a la condición de re la ­
tiv id a d , trascendiendo así las preferencias
a rb itra ria s de los individuos, las modas y
las civiliza cio n e s.
Su propósito es lle g a r a esclarecer qué de­
be entenderse por absoluto en arte. Se
tra ta de un absoluto que sólo puede ha ­
llarse en lo in d iv id u a l, en la personalidad
del a rtis ta . De m anera que c u a lq u ie r obra
de arte contiene la esencia de todo arte.

Y esto es lo esencial de toda creación a r­
tís tic a : el poder de id e n tific a r lo in d iv id u a l
con lo universal.
E. B.

J. C. Paz: "Introducción a la músi­
ca de nuestro tiem p o ." Nueva V i­
sión, Buenos A ires, 1 95 5.
A l a n a liz a r el panoram a m usical de nuestro
siglo, los historiadores de la música han
adoptado en general dos actitu de s opuestas.
Por un lado se sitúan aquellos que, sin
desconocer la existencia de verdaderos v a ­
lores creadores entre los músicos c o n te m ­
poráneos, consideran que la música a tra v ie ­
sa hoy un período de crisis. Por el otro,
los que a firm a n que los ú ltim o s cin cu e n ta
años constituyen uno de los períodos más
ricos y fecundos en la h isto ria de la música.
Para los prim eros, la música está ligada
indisolublem ente al concepto de to n a lid a d ,
entendida no solam ente en el a s o e 'to a rm ó ­
nico, sino ta m b ié n en el de la fo rm a , la
m elodía y el ritm o . Consideran — dentro
de las tendencias m usicales que han supe­
rado la to n a lid a d y buscan otros elementos
con qué s u p la n ta rla — como las más vale^
deras aquellas que, sin em bargo, más e le ­
m entos comunes conservan con lo que se
tra ta de reem olazar. Estos críticos, al con­
fu n d ir un sistema de com posición con la
esencia m ism a de esa com posición, deno­
m in aro n crisis de la música c o n tem p o rá ­
nea a lo aue era solam ente una crisis de
la to n a lid a d , v vieron en com positores como
H in d e m ith , Straw insky o Honegger, p ro p iciadores de soluciones parciales y de re to r­
nos a form as del pasado, a las fig u ra s más
destacadas del período post-debussysta.
La otra tendencia — en la que J. C. Paz
ocupa un lu g a r destacado— considera que
la to n a lid a d , den tro del co n tin ua d o devenir
de la m úsica, constituye un sistema que ha
agotado ya todas sus posibilidades de e x ­
presión. Las corrientes m usicales más reno­
vadoras serán, en consecuencia, aquellas
que puedan ofrecer nuevas y au tén tica s
soluciones al problem a de la su stitu ció n de
la to n a lid a d y aue se concretarán en torno
a la fig u ra de A rn o ld Schónberq y sus dis­
cípulos de la escue'a vie -esa . A la música
que producirán estas tendencias Paz la de ­
nom ina "n u e v a m ú sica " y la d efine como la
que apo rta l 1?) planteos probiem áticos, 2 ° )
elementos nara resolverlos, 31?) soluciones,
4?) incitaciones para la creación.
Para d e fin ir su a c titu d el a u to r parte de
un análisis de la situación de la música a
com ienzos del siglo, cuando el elem ento
crom á tico que había in icia d o ya con los
prim eros rom ánticos el proceso desintegrador
de las leves tonales, desoués del aporte de ­
cisivo de W a g n e r y sus continuadores — Reger, M a h le r, Strauss— , pondrá en crisis un
sistema que había e xistido desde la época
de Rameau. Debussy — enfocado como un
renovador en el cam po arm ónico y como
buscador y e sta b iliza d o r de form as— , Ravel, Roussel, S kria b in , son estudiados no
sólo como representantes de las ú ltim a s
etapas de este proceso, sino en su proyec­
ción hacia el fu tu ro , como los que senta­
rán las bases de un nuevo período — aun
sin d e fin ir— de la histo ria de la música.
El aporte teórico de los checos — Janaceck,
N ovak, Skuhersky, O strcil— , las a n tic ip a ­
ciones p ro fé tica s de Busoni, el aporte in d i­
v id u a l de S kria b in y de Hauer, esbozan ya
dos soluciones que posteriorm ente se adop­
ta rá n fre n te al problem a de la sustituc.ón
de la to n a lid a d : el dodecafonism o, que hará
un uso in te g ra l de los doce grados de la
escala cro m á tica , y el m icro to n a lism o, que
u tiliz a rá los m edios, tercios y sextos de tono.
En A rn o ld Schónberg, fig u ra c a p ita l de este
p rim e r m ovim ie n to , puede resumirse la evo­
lución de todo un ciclo m usical. Partiendo
de un u ltra cro m a tism o de espíritu y letra
w agnerianos, se convierte en uno de los

43

�creadores más fecundos del expresionism o
m usical d u ra n te su período atonal.
M ás adelante, en la búsqueda de nuevos re­
cursos de unid a d y fo rm a , se desarrolla su
p rin c ip a l etapa, de o rg a n iza ció n y concre­
ción de lo a d q u irid o : la de la creación de
la serie dodecafónica. De sus discípulos,
Berg- llevará el expresionism o a un grado de
exasperación extrem a en sus dos óperas;
W e b e rn creará un lenguaje especialísim o,
de e x tra o rd in a ria riqueza, en el que des­
a rro lla rá una ap lica ció n rigurosa del p rin ­
cip io serial. Los otros dodecafonistas, se­
ñalados por el a u to r, pertenecen en su m a ­
yoría a la segunda generación de d iscíp u ­
los de Schónberg y a los que en la A rg e n ­
tin a han form ado parte de esta tendencia.
La "n u e v a o b je tiv id a d " se sitúa en una
posición fu n d a m e n ta lm e n te opuesta a la
tendencia expresionista. En esta reacción
c o n tra el c lim a exasperado y pesim ista del
expresionism o, la "n u e v a o b j e t i v i d a d "
a p o rta rá elem entos positivos: la creación de
un tip o de m úsica que busca la pura o b je tiv iz a c ió n sonora, despojada de toda f ilia ­
ción lite ra ria o s e n tim e n ta l. Pero los p ro ­
cedim ientos u tiliz a d o s no siem pre fueron
le g ítim o s : no se crearon en realidad n ue­
vas form as para co n cre ta r esa buscada obje tiv iz a c ió n (com o fu é el caso de W e b e rn ),
sino que se recurrió a esquemas arm ónicos
y form ales del pasado, ya considerablem en­
te superados. Por eso, la "n u e v a o b je tiv i­
d a d " p rodujo en algunos casos obras de
creación e x tra o rd in a ria s , pero casi todos los
músicos adscriptos a esta tendencia — S traw insky, M ilh a u d , Krenek, Honneger, B artók,
P ro k o fie ff, W e ill— desembocaron fin a lm e n ­
te en una posición fo rm a lista y académ ica.
A co n tin u a ció n de la música de " é lit e " el
a u to r estudia las corrientes que c a lific a co­
mo música de masas. A esta tendencia per­
tenecen los m ovim ientos populistas de C he­
coeslovaquia — cim entados en una rica
tra d ic ió n teórica y m usical— que d e riva rá n
en el ate m a tism o y el m icro to n a lism o; los
de la U nión Soviética, que el a u to r define
como " a rte d irig id o con p re fijo p o lític o s o c ia l" y de los Estados Unidos, "co a cció n
con p re fijo m o ra l-s o c ia l". Como caso p a r ti­
cu la r, se presenta la escuela de L ju b jlu a n a ,
de Slavko O sterc y sus discípulos.
Paz a n a liz a a c o n tin ua ció n las corrientes
cuyo desarrollo no ha llegado aún a una
cu lm in a ció n , y cuyas posibilidades aun no
han sido to ta lm e n te exp lo tad a s: el m ic ro ­
to n alism o de C a rrillo , Haba, O bouhow y
W isch n e g ra d sky — búsqueda de una sín te ­
sis entre O riente y O ccidente— ; las m ú si­
cas experim entales y a base de sonidos in ­
determ inados de Varése, Cage, T herem in,
P artch; las nuevas realizaciones en el c a m ­
po de la rítm ica que encuentran en M essiaen su propulsor más e fic a z y, fin a lm e n te ,
la música concreta y la música electrónica,
que abren cam inos insospechados al porve­
n ir de la música o ccidental.
Conocida es la posición del a u to r en lo que
respecta a la creación m usical en nuestro
c o n tin en te . Paz resume con c la rid a d sus
c rítica s hacia la posición localista y fo lk lo ­
rista, que ta n to a rra ig o tiene entre los m ú ­
sicos de L a tin oa m é rica, y encara a c o n ti­
nuación el estudio de las más destacadas
personalidades que ha producido la música
estadounidense: Ruggles, Riegger, Sessions,
Pistón, Ives, C opland, etc. F in a liza el lib ro
con un breve resumen sobre la m úsica e u ro ­
pea a p a rtir de 1945.
A travé s de estas páginas, el contacto real
que, como m úsico, ha te n id o Paz con las
obras que com enta, confiere a su análisis
una c la rid a d y justeza ejem plares. Presen­
ta r de m anera coherente el panoram a d isí­
m il que ofrece la música de nuestro siglo
era una tarea d ifíc il que el a u to r ha sabido
lle v a r a cabo. Y es en esa búsqueda de la
"n u e v a m ú s ic a ", en el propósito de s in te ti­
z a r los elementos positivos y genuinos que
com ponen la esencia de la m úsica co n tem ­
poránea y proyectarlos hacia el fu tu ro , d o n ­
de reside el m ayor m érito de esta obra.

44

En el ciclo que se ha ce irad o con la p ri­
mera m ita d del siglo, el dodecafonism o
cuenta como la m áxim a expresión m usical.
Las prem isas para la música del fu tu ro ya
han sido planteadas y sobre ellas podrá
desarrollarse la música en lo que resta del
siglo. " V iv im o s la proyección hacia un
nuevo estilo, hacia posibilidades in é d ita s:
la a ve n tu ra está a nuestro alcance, y con
ella los m il riesgos que la hacen digna de
ser e m p re n d id a ".
J. G.

H erb e rt Read: "El s ig n ifica d o del
arte". Losada, Buenos Aires, 1954.
M e d ia n te una serie de deslindes sucesivos,
H e rbe rt Read se ap lica en este lib ro a la
ta re a de ir desechando aquellos factores
que son ajenos a la a c tiv id a d estética, aun
cuando aparezcan entrem ezclados con la
obra de arte. Busca por esta vía d e te rm i­
nar los elem entos que en rig or c o n s titu ­
yen la m ate ria del arte.
In icia su estudio señalando que el sentido
de belleza, esa deleitosa sensación provoca­
da por ciertos aspectos en la proporción de
la fo rm a , la superficie y la masa de las co­
sas, no guarda una necesaria relación con
el arte, ya que se tra ta m eram ente de una
sensación física. En cu a n to al concepto
de belleza resulta, en verdad, de una lim i­
ta d a sig n ifica ció n h istó rica . Nace en la
a n tig u a Grecia y es fru to de una especial
filo so fía de vida. T a l vez como ideal sea
ta n bueno como c u a lq u ie r o tro ; pero de­
bemos pensar que es sólo uno entre varios
ideales posibles. D ifie re del ideal b iz a n ti­
no que era más bien una e xpiación, una e x ­
presión de te m o r ante un m undo im o la ca ble y m isterioso. Y d ifie re ta m b ié n del
ideal o rie n ta l, que es a bstracto, inhum ano,
m etafísico, más in s tin tiv o que in te le ctu a l.
Incurrirem os, por lo ta n to , en falsedad v e r­
bal si pretendem os que a una A fro d ita g rie ­
ga, a una virgen b iz a n tin a y a un ídolo
salvaje de Nueva Guinea o de la Costa de
M a r fil pueden corresponderles sin excep­
ción este concepto clásico de belleza. Y,
sin em bargo, feos o hermosos, todos estos
objetos pueden considerarse leg ítim a m e n te
como obras de arte.
No es, entonces, el a rte la expresión en
fo rm a p lá stica de n in g ú n ideal d e te rm in a ­
do. Es la expresión de c u a lq u ie r ideal que
el a rtis ta llegue a re a liz a r en fo rm a p lá s ti­
ca. A h o ra bien, la a c tiv id a d a rtística se
cum ple en hombres vivos, y está sujeta a
todas las corrientes encontradas de la vida.
Read reconoce tres grados en esa a c tiv id a d :
1°, la m era percepción de las cualidades
m ateriales — colores, sonidos, gestos y otras
m uchas reacciones físicas com plejas e in d e ­
fin id a s ; 2? el arreglo u ord e n a m ie nto de
tales percepciones en form as agradables.
Estos dos prim eros procesos están c o n d icio ­
nados por el sentido estético. Estamos t o ­
davía en el nivel de una experiencia p e r­
ceptiva. Pero puede haber un te rce r grado
que se a lca n za cuando una com binación
de esas percepciones corresponde a un es­
tado previo de emoción o se n tim ie n to . Es
el grado de la expresión, el grado del arte
p ro piam ente dicho.
Para Read la expresión tiene un ca rá cte r
activo y va ria b le , pues es el conocim iento
levantado por el hom bre sobre sus im p re sio ­
nes sensibles. La sensibilidad estética es,
por el co n tra rio , el elem ento perm anente y
estático. A m bos coadyudan en la p ro d u c­
ción de la fo rm a . A u n q u e puede analizarse
la fo rm a en térm inos in te le ctua le s como
m edida, e q u ilib rio , ritm o y arm onía, en
realidad es in tu itiv a en su o rig e n : en la
p rá ctica real del a rtis ta no resulta un p ro ­
ducto in te le c tu a l. Es más bien em oción e n ­
cam inada y d e fin id a , y cuando describim os
el arte como " v o lu n ta d cre a d o ra " no im a ­
ginam os sólo una a c tiv id a d in te le ctu a l, s i­

no, más bien, una e xclusivam ente in s tin ­
tiv a . Por lo ta n to , Read no encuentra otro
modo de ju z g a r la fo rm a si no es por el
propio in stin to que la crea.
De co n form id a d con este c rite rio , pasa a
a n a liz a r la sección de oro y otras norm as
geom étricas, a las cuales parecen ajustarse
m uchas obras de arte. Estudia luego d i­
versos aspectos de la producción a rtística ,
tales como la distorsión, el d ib u jo , el e le ­
m ento personal, el contenido y los valores
psicológicos de la obra. A n te cada p ro ­
blem a planteado, Read procura esclarecer
el verdadero c a rá cte r de los elem entos en
juego. Por ejem plo, en el a n álisis del re­
tra to d ife re n cia aquellas obras que poseen
un va lo r de docum ento psicológico de a que­
llas otras que presentan valores estéticos.
En las postrim erías de la p rim e ra p a rte del
lib ro , se d ilu cid a n los caracteres y la im p o r­
ta n cia de la línea, el tono y la fo rm a de
una obra de arte.
En la segunda parte del lib ro , fie l a su p ro ­
pósito de d e te rm in a r las razones de a tra c ­
ción y de v a lo r de las obras y los estilos,
pasa revista a casi todos los períodos de la
h isto ria del a rte , dedicando notas especia­
les a G ainsborough, Blake, T u rn e r, Cons­
ta b le , D elacroix, Renoir, Cézanne, V an
Gogh, G auguin, H enri Rousseau, Picasso,
C h a g a ll, Paul Klee, M a x Ernst, Salvador
D ali y H enry M oore. En algunos casos el
le cto r podrá d is e n tir con respecto a las con­
clusiones de sus análisis, pero es in co n testa ­
ble la p e rtin e n cia de su p u n to de vista. Por
o tra p a rte , se e xp lica la fa lta de referencias
a las ú ltim a s m anifestaciones prácticas y
teóricas del arte contem poráneo, por cu a n ­
to la p rim era edición inglesa de " E l s ig n ifi­
cado del a r te " data del año 1931.
En la tercera parte, se enfoca el proceso
del a rte desde el p u n to de vista del crea ­
dor.
Com ienza destacando la s im ilitu d
existe n te e ntre las teorías estéticas de
T olsto i y de W o rdsw orth . T a n to uno como
o tro insisten en la perfecta co m u n ica b ilid a d
e in te lig ib ilid a d de la obra de arte. La frase
de W o rdsw orth , " u n hom bre hab la nd o a los
h o m b re s", es la descripción perfecta del
a rtis ta ideal de T o lsto i, y la apología de
W o rdsw orth de una dicción poética basada
en " e l lenguaje com ún de los hom bres"
encuentra eco repetidas veces en el ensayo
de T olsto i. Reseña luego el p u n to de vista
de M atisse. Encuentra una g ra n c o rre la ­
ción entre T olsto i y M atisse. La dife re n cia
puede lim ita rse a una p a la b ra : c o m u n ic a ­
ción. T olstoi reclam a que el a rtis ta no sólo
consiga expresar sus sentim ientos, sino ta m ­
bién que los tra n sm ita . Y aq u í encuentra
Read el origen del e rro r que ha p re cip ita d o
a T olsto i en ta n ta s d ific u lta d e s . Porque si
se pone al a rtis ta y sus sentim ientos por
una parte, ¿a 'q u ié n ', por la o tra , debe él
tra n s m itir ese sentim iento? T o ls to i, n a tu ra l­
m ente, decide que a todos los hombres. Y
si es a todos los hombres, entonces, el arte
debe ser ta n in te lig ib le que el cam pesino
más sencillo pueda apreciarlo. Adiós, pues,
de hecho, a casi todo, excepto las historias
de la B ib lia, leyendas y canciones fo lk ló r i­
cas, Unele T om 's ca b in y A C hristm as C arol. Para salvar esta lim ita c ió n , Read echa
m ano a las ideas de M atisse y a firm a que
la fu n ció n del arte no es tra n s m itir 's e n ti­
m ie n to ' para que los demás puedan e xp e ri­
m en ta r el m ismo 's e n tim ie n to '. Esa es sólo
fu n c ió n de las form as vulgares de a rte . La
verdadera fu n ció n del a rte es expresar 's e n ­
tim ie n to ' y tra n s m itir 'co m p re nsión '. No
hay id e n tid a d e ntre la em oción e xp e rim e n ­
ta d a por el a rtis ta al crear su obra y la
que nosotros experim entam os al c o n te m ­
p la rla . La obra de arte o rg a n iza nuestra
emoción.
Resuelve
nuestros
problem as
em ocionales en el sentido de la catarsis
a risto té lica . Y ésta es la causa por la cual
el arte es más s ig n ific a tiv o que la econo­
m ía o la filo s o fía . Es la m edida d irecta de
la visión e s p iritu a l del hombre.
H ay una in te rre la ció n p ro fu n d a del a rtis ta

�méndez mosquera

cicero pub./m

á

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Arquitectos del Movimiento Moderno

Frank Lloyd Wright
Giancarlo De Cario William Morris
Giulio Cario Argan Pier Luigi Nervi
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Bruno Z evi
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de William Morris a Walter Gropius

Laszló Moholy-Nagy

La Nueva visión

ediciones infinito

rodríguez peña 1320

buenos aires

�con la com unidad. El a rtis ta depende de
la com unidad ■
— tom a su tono, su tiem po, su
intensidad, de la sociedad de la cual es
m iem bro. Pero el ca rá cte r in d iv id u a l de
una obra de arte depende de una resuelta
v o lu n ta d de hacer, que es el re fle jo de la
personalidad del a rtis ta . Esto parece en ­
volver una c o n tra d icció n , pues ¿cómo e x ­
p lic a r la s im ilitu d de obras de a rte p e rte ­
necientes a los más diversos periodos h is­
tóricos?
La paradoja sólo puede explicarse m e ta físicam ente. Los valores de a rte extrem os
exceden lo in d iv id u a l y su época y circu ns­
tancias. Para expresar su in tu ic ió n de esos
valores el a rtis ta usará la m ate ria que las
circunstancias y el tie m p o pongan en sus
manos. A cepta c u a lq u ie r condición, s:em pre que exprese su vo lu n ta d de hacer.
Es o p ortuna la d ifu sió n e ntre nosotros
de este tra b a jo de H erbert Read, ya que
puede in c ita r a un exam en y, p a ra le la m e n ­
te, a una experiencia más com pleta de la
expresión estética. T ra d u jo correctam ente
Leonor Acevedo de Bornes.
E. B.

Richard N e u tra : "S u rv iv a l Through
Design". O x fo rd U n iversity Press,
N ew York, 1954.
"S u p e rvive n cia m ediante el d iseño" es una
nueva recopilación de apuntes que Richard
N e u tra acum uló d u ra n te toda su vida. Es­
tructu ra do s a la m anera de im presiones de
v ia :e, a través de m editaciones sobre el
propio hacer y de la va lo riza ció n y u b ica ­
ción de fenóm enos cu ltu ra le s, van c o n fig u ­
rando la com unicación de una m uy cohe­
rente filo so fía del diseño. Este escrito casi
a u to b io g rá fic o , nos revela una vasta c u ltu ­
ra, a d q u irid a a través de una riquísim a e x­
periencia v ita l y del contacto c o tid ia n o con
la creación. Los Angeles, New Y o rk, Guam,
V iena, San Juan de Puerto Rico, K ioto, Ceylán, Buenos A ires, son fuentes directas de
experiencia u tiliz a d a s en su exposición. Por
o tra parte, el tra to personal que ha m a n te ­
nido N e u tra con personalidades salientes
de nuestra época — Freud, A d o lf Loos,
Einstein, S ullivan, historiadores, psicólogos y
fisiólogos de n o ta — le ha proporcionado
argum entos que presenta en su lib ro ; pero,
como acota en el prólogo, las síntesis que
él rea liza no pretenden tener la va lid e z sis­
te m á tic a de la cie n cia : sólo responden al
p ro fu n d o deseo de señalar cu á n to han a y u ­
dado a la seguridad del diseño — en té rm i­
nos de supervivencia— las ciencias con­
tem poráneas que han observado de cerca
el fu n cio n a m ie n to orgánico.
El hombre — observa N e u tra — especula y
construye objetos que m o d ifica n su m edio
circu nd a n te . En la c iv iliz a c ió n tecnológica
contem poránea, un noventa por ciento del
e ntorno es obra de las manos y — esperé­
moslo— del cerebro humanos. El in d ivid u o
no existe aisladam ente, está en estrecho
in te rca m b io con su entorno, a través de sus
sentidos, bronquios, poros, funciones cere­
brales, coloidales y de todo tip o . Si se h i­
ciera una c la sifica ció n , en orden de im ­
po rta n cia , de los problem as que a fe cta n el
diseño, surgiría la siguiente cuestión como
la más urgente de to d as: ¿es el contorno
a c tu a l saludable para el hom bre, o, por el
c o n tra rio , am enaza en más de un sentido
la supervivencia de la especie?
T al pregunta constituye el núcleo de las
preocupaciones de N e u tra , pues si hemos
aprendido a considerar al m edio c irc u n d a n ­
te como la to ta lid a d de los estím ulos a los
que el sistema nervioso está expuesto, re ­
sulta claro, en su opin ió n , que el fu tu ro
desarrollo de la fisio lo g ía cerebral ayudará
y cim e nta rá con conocim ientos fa ctu ale s el
diseño del contorno construible. El diseña­
dor, el a rq u ite cto , se nos aparece como el
m an ip u le a d o r de estímulos, experto en su

46

a ctuación sobre el organism o hum ano. Su
técnica concierne, en rig or, a la substancia
orgánica del cerebro a pesar de todo lo
com penetrado que deberá estar con los o f i­
cios del fa b ric a n te de aceros, del a lb a ñ il,
del plom ero, dedicados a tareas inorgánicas
externas.
El lib ro com ienza con una disquisición so­
bre la h isto ria de la p re g u n ta : "¿es posible
p la n e ar? ", que pone sobre el tapete las
viejas controversias sobre el libre albedrío y
la causalidad, a las que N e u tra responde
fin a lm e n te : "B u e n o , ta l vez no podamos,
pero debem os".
A co n tin ua ció n h isto ria el p laneam iento
racional y los valores en que basó su p ro ­
g ra m á tica , haciendo de paso, una in te re ­
sante ubicación del im presionism o p ic tó ri­
co y el n a tura lism o lite ra rio .
En vista de estos conceptos no es de e x tra ­
ñar que en el lib ro se hable de calidades
m etafísicas y no de com portam ientos. P lan­
teada asi la epistem ología del m edio c ir ­
cundante y por ende del espacio, el a u to r
observa que el concepto contem poráneo de
este ú ltim o (se habla hoy de espacios o rien tables, curvables, en expansión, y fu n d a ­
m entalm ente de e s p a c io -tie m p o ), m a n ifie s­
ta características acordes con el acervo sen­
sorial del hombre de la calle, acostum brado
a las palabras atrás, adelante, a rrib a , abajo,
a la izq u ie rd a , a la derecha, fa tig a , reco­
rrido. Todos estos té rm in o s acusan una
co n tra d icció n con el concepto new toniano
del espacio estático, a tem poral y de p ro ­
piedades constantes en todas direcciones.
El a u to r se nos revela como un estudioso de
las ciencias que pueden c o n trib u ir a c o n fi­
g u ra r esta concepción orgánica, fisio ló g ica
del diseño, es decir, p rin cip a lm e n te , de la
psicología contem poránea.
El m edio h a b ita b le — observa— es p e rc ib i­
do, visu a l, tá c til, sonora y o lfa to ria m e n te .
Sin em bargo, la a rq u ite c tu ra ha sido con­
cebida en térm inos predom inantem ente v i­
suales. Si tom am os en cuenta la to ta lid a d
de los recursos de percepción del m edio h a ­
b ita b le , debemos concordar con el a u to r en
que ese m edio esoacial no puede ser pensa­
do en térm inos absolutos y luego orquestado
con m ateriales a especificarse. N uestra
percepción es a sociativa y estereognóstica,
es decir, basada en integraciones de estí­
m ulos de d istin to s sentidos; no podemos
e x c lu ir ingredientes del diseño del espacio
sin m u tila rlo o co n tra d e cirlo .
En este orden de ideas, lo sensorial va co­
brando una im p orta n cia sobresaliente y
conceptos tales como economía nerviosa,
d o m inancia, asociación, reflejos, cinestesia,
somestesia, espacio fisio ló g ico , s h o c k ,
tra u m a , van incorporándose a la te rm in o ­
logía del lib ro , ca p ítu lo tras ca p ítu lo de
exp lica ció n e je m p lifica d o ra . No se co n vie r­
te por e llo en un desarrollo groseram ente
sensualista: "Im p re sio n ista s, cuidado; los
procesos cerebrales superiores pueden llegar
hasta cancelar los estím ulos sensoriales" es
la adve rte n cia con que cierra un ca p ítulo
de acotación.
La tran scrip ció n de un ejem plo puede d a r­
nos la pauta acerca de lo que constituye
la ca ra cte rística más saliente de este t r a ­
b a jo : un lirism o que se expresa a través del
lenguaje y la experiencia de un creador,
y que p e rm ite elevar al plano a rtístico lo
que de otro modo podría ser una serie más
de reflexiones pseudocientíficas.
"A u n q u e el h á b ito opera a través de la fr e ­
cuencia de exposición ta m b ié n hay respues­
tas fija d a s de modo m uy d istin to . El shock
de intensa em oción vin cu la d o a la expe­
riencia de un estím ulo fu e rte y único puede
ser un agente co n form a do r y decisivo. A l­
gunas fija cio n e s sum am ente negativas pue­
den producirse m ediante lo que Freud llam ó
trau m a . Pero ta m b ié n experiencias visuales
positivas pueden lle g a r y ser fija d a s m e­
d ia n te un shock; esto debe tenerlo presen­
te el diseñador. En efecto, el g ra n a rte no
puede prescindir del im pacto súbito. Un

intenso deleite, como una a ngustia m o r tificadora, puede ser un co m petidor im b a tib le
de m uchas experiencias anteriores y poste­
riores, de tip o tib io , h a b itu a l. Una casa
puede ser diseñada para satisfacer "m e s a
m es" con la reg u la rid a d de un proveedor.
En este caso satisface por há b ito. O puede
hacerlo de m anera ha rto d ife re n te , de un
modo instantáneo, en la fracció n de un se­
gundo, con el estrem ecim iento de un a m a n ­
te. La experiencia de una vid a a menudo
se condensa en unos pocos recuerdos que,
por lo general, son del segundo tip o . A q u í
reside el va lo r de una a m p lia p u e rta corre­
d iza abriéndose p lacenteram ente al jardín.
N o puede m edirse contando cuán a menudo
se usa o cuántas horas perm anece a bierta.
Lo decisivo puede ser un p rim e r suspiro de
liberación cuando estamos en el acto casi
ritu a l de a b rirla antes del desayuno o en
el p rim e r día cá lid o de p rim a v e ra ".
Sigue una serie de capítulos dedicados a
las co nfiguraciones form adas por hábitos
cu ltu ra le s y económicos que pueden d e fo r­
m ar relaciones y estím ulos directos.
En el plano social, señala el a u to r, la fo rm a
no tie n e de por sí un s ig n ific a d o indepen­
diente del cómo ha sido producida. A n a li­
za el va lo r em otivo, relacionado con el es­
fuerzo, de los m onum entos a ntiguos y a c la ­
ra el signo d is tin to de nuestra tecnología,
los problem as de co m unicación e ntre el
diseñador y productor, y el com prom iso
constante del diseñador ante las d istin ta s
solicitaciones de la sociedad con tem p o rá ­
nea.
La parte e xpositiva concluye con
consideraciones urbanísticas.
En la parte fin a l del libro, N e u tra conden­
sa su a c titu d en un program a de acción de
cinco puntos:
" 1 . — Establecer la fu e rza de las in flu e n ­
cias del entorno no percibidas por los s e n ti­
dos que a fe ctan al organism o en general.
Debe darse especial consideración ta n to a
los estím ulos creados por el hom bre, como
a los que sean m odifica b le s y que, por con­
siguiente, se hallen dentro de la esfera del
arte del diseño.
" 2 . — C la s ific a r los datos de las respuestas
específicam ente sensoriales para m ostrar
como tra b a ja n los d istin to s sentidos, separa­
dam ente y en com binación estereognóstica.
" 3 . - — Estudiar la relación entre esos estí­
m ulos sensoriales y nuestro e q u ilib rio som á­
tico , que es fu n d a m e n ta l para nuestro b ie n ­
estar inm ed ia to y supervivencia a largo
té rm in o .
" 4 . — Estudiar cuidadosam ente las res­
puestas condicionadas y asociadas que los
elem entos simples del diseño producen en
nuestro cerebro.
" 5 . — In ve stiga r con creciente refin a rrve n to y seguridad las interrelaciones de todas
las respuestas, sus suposiciones, c o lig a c io ­
nes, configuraciones e in te rfe re ncias m u ­
tu a s ".
Los sujetos de ta l e xp erim entación pueden
ser anim ales y humanos. Los objetos pue­
den ser clasificados en tres grupos:
" 1 . — Propiedades específicas de s ig n ifi­
cación sensorial: Formas, colores, texturas,
consistencias, etc., considerados en su fu n ­
ción de estím ulos aislados.
" 2 . — M a te ria le s : substancias con las cu a ­
les nuestros sentidos com binados tra ta n
como estím ulos com plejos, ta l como ocurre
en nuestro entorno construido.
" 3 . — Disposiciones y composiciones: com ­
binaciones in tegrales de estím ulos, tales
como habitaciones diseñadas para usos es­
pecíficos, en tra ñ a n d o factores ó p t i c o s ,
acústicos, térm icos, quím icos, mecánicos,
etc., Su a ctu ación sobre nuestro equipo
sensorial y nervioso ce n tra l y sobre nues­
tra fisiología en general, ocurre en c o m b i­
naciones com plejas y fija s de muchos in ­
g re d ie n te s".
N e u tra cierra el lib ro con una declaración
de fe en el fu tu ro del diseño, asistido por
una serie de datos o b jetivos proporcionados
por la investigación.

�Hoy ya es v ie ja la pretensión de fu n d a r de
un modo racional el p la n e am ie n to de o b je ­
tos, habitaciones, ciudades y procesos con
la asistencia de datos o b'etivos. Como seña­
la N e u tra , ha venido desarrollándose en los
ú ltim os cien m il años y ha su frid o d u rante
este desarrollo, el d esplazam iento de los
valores tom ados en cuenta para cim e n ta r
su o b je tivid a d .
El elem ento dadaísta, que permeó el espíritu
m oderno en su p rim e r salto, puede ser con­
siderado como el origen de esas fo rm u la c io ­
nes en fo rm a de m anifiestos, que im p lic a ­
ban una co n fia n z a casi m ágica en los
slogans, en su m ayoría cartesianos y de
ca rá cte r tecnócrata. A pesar de la lim ita ­
ción que hoy les conocemos, está el hecho
(dadaísta ta m b ié n ) de que sirvieron de in ­
centivo a una generación entera para cu m ­
p lir un fo rm id a b le m ovim ie n to cu ltu ra l.
Detenido el p rim e r " é la n " renovador del
m ovim ie n to m oderno en una "im p a s s e " m an ie rística , surgen en un m om ento dado te n ­
tadoras fo rm ulaciones de ca rá cte r o rg a n icista, n e o-em pírico, n e o -ro m á n tico .
H ila n d o un poco grueso, podríam os u b ica r
— erróneam ente—
la presente obra de
N e u tra den tro de este campo. Pero ocurre
que la fo rm u la c ió n espistem ológica del o rg a nicism o, por ejem plo la de Z evi (ta l vez la
más consecuente, pues los te xto s de W r ig h t
son de una m etafísica g e n ia l, pero m e ta fí­
sica al f in ) , seductora en sus planteos de
orden general, queda co rta en la d e fin ició n
m ism a del concepto. Y cae otra vez en la
m agia n o m in a lista . Por ende, al a lca n za r
el plano específico en el terreno de las fo r ­
mas, degenera en un p re cip ita d o o p o rtu n is­
mo. Y se queda en el d o m in io de las ideas
generales: "V a y a m o s a una a rq u ite c tu ra
orgánica, más h u m a n a " — espléndido—
pero en seguida caemos en la a d ju d ica ción
g ra tu ita del ca rá cte r "o rg á n ic o ", " h u m a ­
n o ", a ciertas form as que quedan así b en­
decidas y consagradas. Enfrente se a m o n ­
tonan las form as inorgánicas y deshum a­
nizadas, ¿tal vez creadas por marcianos?
Es algo sem ejante a lo que ocurre a los
propugnadores del " a rte so c ia l".
Por o tra parte, el cam po n e o -ro m á n tico es­
tá plagado de predicadores de " la vuelta
a " y precisam ente, el va lo r y la o rig in a lid a d
de "S u p e rvive n cia m ediante el d ise ñ o " resi­
de en que esta a c titu d ha sido evita d a. En
efecto, N e u tra es uno de los inventores del
m ovim ie n to m oderno. Uno de los más jó ve ­
nes de la p rim era generación revo lu cio n a ­
ria. Su lucha data de los tiem pos de A d o lf
Loos. Su obra se ha venido ca ra cte riza n do
y enriqueciendo lentam ente, no a través de
"v u e lta s a " o "a ba n d o n o s d e " sino a tr a ­
vés de un seguro proceso de m aduración.
Sus escritos no tienen la b rilla n te z de la
tesis la nzada, sino la cautela dél creador
que nos habla de sus mecanismos, de sus
procesos, de sus reflexiones, y posee la m e­
sura y el vuelo de una filo so fía m oldeada
m ediante el constante in te rca m b io d ia lé c titic o con la creación.
Detrás de cada línea, de cada pensam ien­
to , están su C lín ica de G r iffith Park, su
casa del desierto, las disposiciones de sus
livings, sus jardines, su fin ísim a sensibi­
lidad del paisaje; todo e llo aparece con
una fu e rz a e xtra ñ a una y otra vez en un
te x to sin ilustraciones ni alusiones directas.
Nos propone — por para d ó jico que pa ­
rezca— una siste m a tiza ció n del ro m a n ti­
cismo. S in te tiz a r las trad icio n e s c u ltu r a ­
les sin m u tila rla s , enriqueciéndolas m u tu a ­
m ente.
N o nos propone una nueva panacea. Lo
que somete a nuestra consideración es n a ­
da menos que una serie de medios a nues­
tro alcance para fu n d a m e n ta r o b je tiv a m e n ­
te el diseño; para a va n za r en el c u m p li­
m ie nto del anhelo q u izá más caro a los
creadores m odernos: el de hacerlo resoonsable.

Córdova Iturburu: "Cómo ver un cua­
dro. "A tlá n tid a , Buenos Aires, 1954.

tenerse de ju z g a r pre cip ita d a m en te en base
a lo que supone debe ser la labor del a rtis ta .
Luego de una consideración p re lim in a r, en
donde el a u to r expone las lim ita cio n es de
conceptos tales como los de im ita c ió n y
representación, en donde se o rig in a n las
fa la cia s más d fu n d id a s entre el público,
procede a e n u nciar los requisitos básicos
que debe satisfa cer toda p in tu ra . Estos re­
quisitos son los que se refieren a la com ­
posición, al d ib u jo , al colorido, a la fa c tu ra
del cuadro y fin a lm e n te a la unidad e xp re ­
siva a la cual se subordinan todos.
Dedica un ca p ítu lo a cada uno de esf os
tópicos, abundantes en consideraciones acer­
tadas pero a veces excesivam ente ca rg a ­
das de tecnicism os. A u n q u e el eje de su
a n álisis es un cuadro de term in a do — " L a
virg en de las roca s"— m enciona una gran
ca n tid a d de ejem plos, procedentes en su
to ta lid a d de la p in tu ra del Renacirrvento.
A ju ic io nuestro el a u tor podía haber e x te n ­
dido el reo e rto rio de e :em plos abarcando la
p in tu ra que se in icia con el im presionism o,
con lo cual creemos que su tra b a jo hubiera
ganado en coherencia y en unidad de in te n ­
ción expositiva. Y no se hubiera visto o b li­
gado, además, a hacer una d istin ció n ta n
a rb itra ria como la de "o b ra m aestra = cu a ­
dro a n tig u o " y cuadro m oderno. A u nque
ésta no haya sido la in te n ció n del a u to r, la
d ivisión está presente para el le cto r no
prevenido que es a qu ie n se d irig e esta
obra. A pesar de los inevitables reparos
que pueden hacerse siem pre a las obras
de d ivu lg a ció n , este lib ro apo rta valiosos
elem entos de conocim iento para quienes c a ­
recen de toda especilización en la m ateria.

El a u to r com ienza a d virtie n d o que el p ro ­
pósito de este lib ro es el de proporcionar
conocim ientos a quienes, en m a te ria de
p in tu ra , están desprovistos de las nociones
más elem entales. No se d irig e pues a los
especialistas, a rtista s o conocedores, sino al
pú b lico en general, interesado o sim ple­
m ente curioso por las m anifestaciones a rtís ­
ticas, pero que carece de los elem entos ne­
cesarios para a p re cia r debidam ente un cu a ­
dro y, por lo ta n to , para form arse un c r i­
te rio propio y fu n da d o sobre el mismo.
La empresa presenta, sin duda, grandes d i­
ficu lta d e s, pero no podría ser más o p o rtu ­
na, especialm ente entre nosotros, donde la
a c tivid a d a rtística d ive rsifica d a en más de
una tendencia exige, además de críticos
agudos, observadores in te lig e n te s y sensi­
bles, capaces de se rvir de vín cu lo entre el
a rtis ta y el público. En este aspecto el
lib ro que com entam os será bien recibido
por el p úblico a n ónim o que acude a las
galerías y a las exposiciones de p in tu ra .
En cu a n to a las d ific u lta d e s que presenta
una empresa de esta índole son de todos
conocidas y no es necesario subrayarlas
una vez más. Es su ficie n te con que este
lib ro co n trib u ya e fica zm e n te a despejar los
p rejuicios más d ifu n d id o s que im piden el
acercam iento espontáneo del pú b lico hacia
las obras de a rte , único requisito de toda
experiencia estética verdadera. Por eso el
a u to r so licita , ante todo, respeto por la
obra que el espectador tiene d e la n te ; abs­

A . H.

Frank Lloyd Wright
Enrico Tedeschi

El profesor Enrico Tedeschi rea liza en estas páginas un
conciso estudio de la vida y la obra de Frank Lloyd
W rig h t. A través del análisis de sus obras más representa­
tiva s, el a u to r señala con precisión las características
fu n da m e n tales del genio creador de W r ig h t y la larga
evolución que ha su frid o desde 1900 hasta nuestros días,
destacando al m ism o tie m p o el papel fu n d a m e n ta l que
en todo m om ento desempeñó en la h isto ria de la a rq u i­
te ctu ra contem poránea.
Con el o bjeto de e v ita r la reproducción de obras v a sta ­
m ente conocidas y que no podrían docum entarse s u fi­
cientem ente, este lib ro presenta en su parte fin a l tres
de las obras más características de W rig h t, con repro­
ducciones en su m ayoría in é d ita s y con un análisis d e ta ­
llado a cargo del Prof. Tedeschi: la casa A ve rv Coonley,
la Robie y la fá b ric a J o h n s o n .......................... m $n . 3 5 .— •

Editorial Nueva Visión
C e rrito

1371

/

Bs. As. /

T. E. 4 2 -1 3 4 7

J. M . B.

47

�Exposición de fotografías de Horacio
Cóppola. Galería Krayd, Bs. Aires,
19 agosto 1955.

Con esta exposición de fo to gra fía s, Horacio
Cóppola vuelve a to m a r contacto con el
público después de su ú ltim a exposición,
en 1953, en que diera a conocer sus tr a ­
bajos sobre el A le ija d in h o .
La m uestra que com entam os reúne un con­
ju n to de obras representativas de su p ro ­
longada a ctivid a d como fo tó g ra fo , anim ada
constantem ente por un claro concepto de
la fo to g ra fía y de su papel en la vida em o­
cional de nuestra época.
Las fo to g ra fía s de Horacio Cóppola, a sisti­
das por un p rofundo conocim iento de los
medios que le proporciona su o fic io , care­
cen, sin em bargo, de todo énfasis técnico
y no dejan tra s lu c ir nin g u na a lq u im ia se­
creta. Son exactam ente lo que él se p ro ­
pone que sean: una " v e rific a c ió n " de sus
reacciones subjetivas fre n te a los objetos
de la vida co tid ia n a , fre n te a lo que en
éstos hay de sorprendente y s ig n ific a tiv o
a pesar de su sencillez y de su carácter
convencional. Cóppola es ta m b ié n p ro fu n ­
dam ente consciente del te stim o n io que, para
el conocim iento, a porta la fo to g ra fía , en
la m edida en que ésta pe rm ite f ija r e in m o ­
v iliz a r los sucesos efím eros y tran sito rio s o
m ostrar los aspectos inatendidos de las
cosas. Esto ú ltim o , sin duda, requiere del
fo tó g ra fo no solamente fid e lid a d hacia sus
estados interiores, sino, ante todo, fid e li­
dad y com prensión por el objeto que tiene
delante.
Este requisito se ve p ulcram ente realizado
en los estudios fo to g rá fico s que ha re a li­
zado Cóppola sobre m otivos escultóricos,
parte de los cuales pudieron apreciarse en
la m uestra: su serie sobre el arte de la
M esopotam ia — aue ha m erecido los m ayo­
res elogios de Elie Faure y de C h ristia n
Zervos— sus estudios sobre los huacos, el
Sarm iento de Rodin y las esculturas de
A le iia d in h o . Estos ú ltim o s se pu b lica rá n
próxim am ente en una m onografía realizada
por el autor.

Ediciones

G alatea - Nueva Visión

p resentan la colección

"Ideas
de nuestro tiempo"
d irig id a por León D ujo vne
"Id e a s de nuestro tie m p o " se propone
ofrecer al lector, en una serie de vo lú m e ­
nes, un refle jo del pensam iento de hoy so­
bre diversos aspectos de la vida y de las
m anifestaciones cu ltu ra le s contem poráneas.
Procurará que el lector pueda c o n ta r para
cada una de las cuestiones que le in te re ­
sen, con un estudio hecho por un a u to r de
in d iscu tib le versación en la respectiva espe­
cia lid a d . M as a esta versación habrá de
unirse una visión bastante a m p lia como
para p e rm itir u b ica r al estudio p a rtic u la r
d entro del m arco general de los problem as,
de las inquietudes y de las esperanzas de
la hum a n id a d de nuestros días.

H an a p a re c id o :

Eclipse de Dios
p o r M a r tín Buber
Un exam en de la situación religiosa en
nuestros días, y un análisis de las teorías de
Jung, Sartre y H eidegger. Este lib ro ofrece,
ju n to al estudio de un problem a p a rtic u la r,
un panoram a de la filo so fía contem poránea
en aquellos aspectos que se relacionan con
las a ctitu de s funda m e n tales del hombre
ante el m undo y la vid a . . . . m $n. 2 4 .—

El hombre y la técnica
por D on ald B rin k m a n n
Con una nota p re lim in a r de Benedetto Croce sobre el estudio más a u to riz a d o acerca
de uno de los problem as más com plejos de
nuestro siglo. En él se expone con precisión
el desarrollo de las ¡deas sobre la técnica
y se exam ina la relación que la técnica
tiene, especialm ente en nuestra "e ra a tó ­
m ic a ", con los problem as m orales.
m fn . 2 4 .—

Próxim os títu lo s :
M aq u m ism o y filo so fía , por Pierre M áxim e
Schuhl
Cerebros y m áquinas (Perspectivas de la
c ib e rn é tic a ), por W la d isla w S luckin
Yo y tú , por M a rtín Buber
T endencias actuales en la filo so fía de la
h isto ria , por León Dujovne

Primera exposición de a rq u ite c tu ra
moderna. G a le ría Rosario, Rosario,
mayo-junio 1955.

O rganizada por la Sociedad de A rq u ite cto s
de Rosario y el C entro de Estudiantes de la
Facultad de Ciencias M ate m á tica s, se re a li­
zó en los meses de mayo y ju n io una serie
de conferencias sobre temas de a rq u ite c tu -

48

ra contem poránea, que se com pletarán con
una exposición a realizarse en la Galería
Rosario de esa ciudad. Han sido invitados
los A rqs. Bonet, Borthagaray, Clusellas,
Ferrari H ardoy, Jannello, K urchan, V iv a n co y W illia m s .

En v e n ta en todas las buenas lib re ­
rías y en
Librería G alatea, V ia m o n te 5 62
Editorial Nueva Visión,
C e rríto 1371 T. E. 4 2 - 1347

�Destino de una Institución.

El In s titu to de Diseño de Chicago.

Las autoridades del In s titu to de Tecnología
de Illin o is , del cual depende el In s titu to de
Diseño de Chicago, decidieron c u b rir la
p la za de d irecto r, vacante desde la renuncia
de C h e rm a ye ff en 1 9 5 0, con Jay D oblin,
uno de los diseñadores jefes de Roymond
Loewy.
Este acto parece ser la cu lm in a ció n de las
d ific u lta d e s por las que venía atravesando
el In s titu to desde hace alg ú n tiem po. Fun­
dado por el desaparecido L. M o h o ly - Nagy,
a in v ita c ió n de la firm a M a rsh a ll Field de
Chicago, ésta com prueba al cabo de un año
que los ideales de M o h o ly no coinciden con
los propios, que no obtiene resultados in m e ­
diatos y que la escuela sigue más estrecha­
m ente el p la n teo c u ltu ra l del diseño m o­
derno que la p o lítica de ventas.
Con la fin a lid a d de sustraerse a esta con­
tra d ic c ió n , M o h o ly o rg a n iza una escuela
independiente que, merced a un esfuerzo
gigantesco, va creciendo desde los co m ien ­
zos más hum ildes hasta co n tar con talleres
equipados, un team de profesores excep­
cional y alrededor de 8 0 0 alum nos.
En el lapso com prendido entre 1943 al 4 7 ,
año del fa lle c im ie n to de M oh o ly, la escuela
atraviesa su época más próspera. Desapa­
recido M oh o ly, W a lte r Gropius, que había
seguido y apoyado de cerca el desarrollo del
In s titu to , aconseja el n o m b ra m ie n to de
C h e rm a ye ff, que
in tro d u ce
im portantes
cam bios en el team docente para lle va r ade­
la n te sus planes, no del todo coincidentes
con los de M oh o ly. En 1 9 5 0, no pudiendo
hacer fre n te a las deudas, fusiona la escue­
la con el In s titu to de Tecnología de Illin o is,
con lo que pierde la independencia siempre
d e fendida por M oh o ly, y al año siguiente
abandona la dirección.
Desde entonces el puesto queda sin c u b rir
y el team docente se va disgregando, el
presupuesto de la escuela no cubre sus ne­
cesidades, no se reponen los equipos y el
e n ro la m ie n to de alum nos baja a 180.
Falto del e sp íritu de M oh o ly, que conseguía
a g lu tin a r los esfuerzos de todos, el o rg a ­
nism o se va haciendo cada vez más v u ln e ­
rable. El nom b ra m ie n to del nuevo d ire cto r
s ig n ific a h ip o teca r el fu tu ro c u ltu ra l del
In s titu to cediendo fin a lm e n te a la presión
de la p o lítica de ventas de la in d u stria n o r­
team ericana para obtener su apoyo m a ­
te ria l.
La o rg a n iza ció n de Raym ond Loewy, en la
que Doblin desempeña un im p o rta n te pues­
to, es la escuela de la " b a r r ita cro m a d a "
y de la falsa orn a m e n ta ció n (a veces de­
fo rm a ció n ) de los diseños.
El ya m erm ado cuerpo de profesores .del
In s titu to , luego de una protesta en que se
expresaba que " e l diseñador debe ser más
que un e stilista o decorador al servicio de
modas o necesidades o p o rtu n is ta s " se dis­
grega en escuelas de EE. UU. y Europa. La
casi to ta lid a d de los alum nos hace lo mismo.
Doce se inscriben en la Escuela de U lm .
Es de la m e n ta r la fra g ilid a d del In s titu to de
Diseño de Chicago, que desde 1943 a 1950
fuera el centro ta l vez más im p o rta n te de
la com unicación del espíritu m oderno
En ese lapso se form ó m ucha gente que ocu­
pa puestos im portantes en la a ctu a lid a d y
se v e rific a ro n o a co taro n muchos aspectos
de la educación. El ciclo básico, evolución
del que M o h o ly d irig ie ra con A lbers en la
Bauhaus de Dessau, probablem ente sea la
m ayor c o n trib u c ió n del ciclo v ita l del Ins­
titu to .

Exposición "Grupo de artistas moder­
nos de la Argentina". Galería Viau,
Buenos Aires, mayo 1955.

El " g ru p o de a rtista s m odernos" rea lizó una
m uestra colectiva de p in tu ra s, esculturas y
dibujos en la galería V ia u en el mes de
m ayo del año en curso, con la p a rtic i­
pación de Fernández M u ro , Sarah G rilo,
C la udio G iróla, A lfre d o H lito , Enio lom m i,
Tom ás M aldo n a d o y M ig u e l Ocampo. En
su m ayor parte, la exposición estuvo in te ­
grada por trab a jo s recientes, de modo que
p e rm itió conocer nuevos aspectos de la
obra de los a rtista s m encionados. En té r­
m inos generales, puede decirse que la m ues­
tra reveló el propósito de cada expositor de

Fernández M u ro : "B a n d a s p a ra le la s "

a m p lia r su propia pro b le m á tica m ediante
experiencias que, lejos de ajustarse a una
rígida preceptiva, aparecen signadas por
una in q u ie tu d personalísim a.
Sin duda,
subsisten en las nuevas obras algunos p ro ­
blemas tip o , pero e llo constituye un fa c to r
relegado a un plano de m enor im p orta n cia
por las urgencias expresivas que se a d v ie r­
ten en cada caso. V erdad es que, si se re­
pasa la obra a n te rio r de estos expositores,
no será d ifíc il en co ntra r m uchas veces p re ­
ocupaciones m uy semejantes a las que ahora
m a n ifie sta n . Sin em bargo, y sin que esto
sig n ifiq u e negar la le g itim id a d de los p ro ­
blem as planteados en oportunidades a n te ­
riores, esas preocupaciones aparecían con
frecuencia subordinadas a una especie de
v o lu n ta d de prueba o de dem ostración.
En lo que respecta a la p in tu ra , los d is ­
tin to s modos de tr a ta r el plano, las re la ­
ciones de sim etría o de asim etría, las re la ­
ciones entre elementos form ales y c ro m á ti­
cos, la co n tin u id a d o la d isco n tin uida d de
las series, co n stituía n , entre otros muchos,
problem as que absorbían, ju stific a d a m e n te ,
la a tención de los artistas. En cuanto a
la escultura, el problem a de las d ire ccio ­
nes espaciales — para c ita r uno de los más
im p orta n tes— m otivó una sostenida p re ­
ocupación.
No in tentam os sugerir que la m uestra
de referencia haya atestiguado un a b a nd o ­
no de esos problem as. Por el c o n tra rio , a l­
gunos expositores, especialm ente los in te ­
grantes del grupo no provenientes del arte
concreto, parecen plantearse algunas de
las cuestiones m encionadas con m ayor ro­
tu n d id a d que nunca. Ello no obstante, los
problem as g ra m a tica le s — incluyendo el de
la creación de una nueva g ra m á tic a plás­
tic a — resultan, en las nuevas obras, c o n d i­
cionados por la experiencia e s p iritu a l que
en cada caso los o rig in a . Obras como " E n ­
tre dos círc u lo s ", de Sarah G rilo, las " t r ia n -

Enio lo m m i: "E le v a c ió n de un pla n o c u a d ra d o "

A lfre d o H lito : D ibujo

49

�Tom ás M a ld o n a d o : "F o rm a y series"

Editorial Nueva Visión

H an a p a re c id o :

C laudio G iró la : "T ria n g u la c ió n nP 4 "

W ilh e lm W o rrin g e r

Problemática
del arte contemporáneo
Con el m ismo rig or e in tre p id e z de sus
trab a jo s anteriores, W o rrin g e r se plantea
aquí la clásica a n tin o m ia de arte del p ú b li­
co y arte de a rtista s. Se esfuerza por llevar
al lector la conciencia de las ¡nnum erarables contradicciones que el antagonism o
entre esas dos a ctitu de s a rtística s lleva a p a ­
rejadas y a n a liza los fundam entos de cada
una de ellas y sus relaciones con el proceso
de la creación plástica.
El presente tra b a jo se co nstituye así en una
obra de indispensable lectura para cuantos
se interesen por el a rte contem poráneo en
un plano de lucidez y de e fe ctiva e xp e rie n ­
cia de sus valores estéticos . . m $n. 1 3.—

Ju an C arlos Paz

g u la cio n e s" de G iróla, el "T e m a en dos
c írc u lo s ", de H lito o el "T e m a sobre ro jo ",
de M aldo n a d o — para recordar unas pocas,
a títu lo de ejem plos— , se sitú a n más a llá
de toda pro b le m á tica a p rio ri. La exposi­
ción que com entam os nos ha m ostrado, en
suma, obras sostenidas no ya e xclu siva m e n ­
te por un repertorio de problem as plásticos,
sino por una experiencia que los co m pren­
de y los rebasa. A n te nosotros se yerguen,
entonces, obras que, a través del rig or de
su construcción, dejan entrever un proceso
de experiencia en el que nos sentimos p a r­
te a ctiva. Y, al fin de cuentas, es la c a li­
dad y trascendencia de ese proceso el fa c ­
to r que o rg a n iza y c a lific a para nosotros
las obras expuestas.

Introducción a la
música de nuestro tiempo
En esta "In tro d u c c ió n a la música de nues­
tro tie m p o " Paz rea liza un p ro fu n d o a n á ­
lisis de la música contem poránea que a b a r­
ca desde las obras de Debussy y Ravel hasta
las más recientes de Straw insky, Schonberg-,
B artók, Berg, H in d e m ith y sus c o n tem p o rá ­
neos. Esta In tro d u cció n , sin em bargo, no
se presenta como una mera enunciación de
los acontecim ientos m usicales más destaca­
dos de nuestro siglo. Cada co rrie n te es en­
focada críticam e n te, señalando el a u to r su
origen, desarrollo, derivaciones y p o s ib ili­
dades fu tu ra s, sin o lv id a r su ubicación d e n ­
tro del constante flu ir , a veces renovador,
otras veces fran ca m e nte reaccionario, que
co nstituye la esencia de la música contem ­
poránea. Un lib ro de 4 6 7 págs. mSn. 8 5 .—
C o n te n id o :

M igu e l O ca m p o : " P in tu ra 5 4 /1 3 6 "

50

I H acia un nuevo estilo.
II S itu a ció n y o p o rtu n id a d . Prolegóm enos p a ­
ra una m úsica fu tu ra . El problem a de la
su s titu c ió n de la to n a lic a d y las fo rm a s re­
sultantes.
II I B ajo el signo " c to n c i . D isolución y reco­
m ienzo A rn o ld Schonberg o el fin de la era
to n a l.
IV E xpresionism o-dodeccfonism o.
V La "n u e v a o b je tiv id a d '
"L e Groupe des
s ix ". La ópera ce c rític a social. T ra y e c to ­
ria de S traw insky.
V I Tendencias populistas. C hecoeslovaquia, Es­
ta d o s Unidos, le U nión S oviética. D e riva ­
ción c u lt u r a l. ia m úsica yugoeslava.
V i l M ic ro to n a lis m o . M ú s i c a s e xpe rim e ntale s.
M úsica co ncreta.
V I I I P ro ble m á tica y creación m usical en L a tin o ­
a m érica y en los Estados Unidos.
IX S itu a ció n de la m úsica europea a p a rtir
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Charte d'Athénes". Primer y hasta hoy único do­
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Gomringer, Eugenio&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Dorner, Alexander&#13;
González Casanova, Pablo&#13;
Ferrari Hardoy, J.</text>
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                <text>Bill, Max&#13;
Pellegrini, Aldo&#13;
Van Der Rohe, Miës&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Pedrosa, Mario&#13;
Iglesia, Rafael E. J.&#13;
Hilto, Alfredo&#13;
Romero Brest, Jorge</text>
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                    <text>MADI

��1

SE RECONOCERA POR ARTE MADI (Nemsorismo) la or­
ganización de elementos propios de cada arte en su continuo
En ello está contenida la presencia, la ordenación diná­
mica móvil, el desarrollo del tema propio, la ludicidad y plu­
ralidad como valores absolutos, quedando por lo tanto aboli­
da toda ingerencia de los fenómenos de expresión, represen­
tación y significación.
El dibujo madí es una disposición de puntos y líneas sobre
una superficie.
La pintura madí color y bidimensionalidad. Marco recortado
e irregular, superficie plana y superficie curva o cóncava.
Planos articulados, con movimiento lineal, rotativo y de
traslación.
La escultura módica, iridimensionalidad, no color. Forma to­
Sarmiento 3465 Dto. 1.
Buenos Aires
En Uruguay: Chuy 3260
Montevideo
En Francia:
55 Boulevard Lannes — París
Fotos tomadas del
noticiario Argentino Emelco
V de Cj-pfp fgiorn —
Registro de la
Propiedad Intelectual N&gt; 228.535

tal y sólidos con ámbito, con movimientos de articulación,
rotación, traslación, etc.
La arquitectura modista, ambiente y forma móviles, despla­
zabas.
La música madí, inscripción de sonidos en la sección áurea.
La poesía modista, preposición inventada, conceptos e imá­
genes no traducibles por otro medio que no sea el len­
guaje. Suceder conceptual puro.
Teatro madí, escenografía móvil, diálogo inventado.
La novela y cuento madíes, personajes y acción sin lugar y
tiempo localizados o en lugar y tiempo totalmente in­
ventados.
La danza madí, cuerpo y movimientos circunscritos a un am­
biente medido, sin música.

�En los países que alcanzaron la etapa culminan­
te de su desarrollo industrial el viejo estado de
cosas del realismo burgués desapareció casi to­
talmente; en ellos el naturalismo se bate en re­
tirada y se defiende muy débilmente.
Es entonces cuando la abstracción, esencialmen­
te expresiva, romántica, ocupa su lugar. En este
orden están involucradas las escuelas de arte fi­
gurativo desde el cubismo hasta el surrealismo.
Tales escuelas han respondido a necesidades ideo­
lógicas de la época y sus realizaciones son apor­
tes inestimables a la solución de los problemas
planteados a la cultura de nuestros días. No obs­
tante ello, su tiempo histórico debe darse por
pesado. Por otro lado su insistencia en el tema
"exterior" a sus cualidades propias es un retroceso
al servicio del naturalismo contra el verdadero es­
píritu constructivo que se extiende por todos los
países y culturas, como es el caso del expresio­
nismo, surrealismo, constructivismo, etc.
CON LO "CONCRETO" —que, en realidad, es un
gajo más joven de ese espíritu abstraccionista—
se inicie el gran período del Arte No Figurativo.
dor.de el artista, sirviéndose del elemento y su res­
pectivo continuo, crea ¡a obra en toda su pureza,
sin hibridaciones y objetos extraños a su esen­
cia. Pero en "lo CONCRETO" hubo falta de uni­
versalidad y consecuencia de organización. Se ca­
yó en hondas e insalvables contradicciones. Se
conservó los grandes vicios y tabus del arte an­
tiguo, como ser en la pintura, escultura, poesía, etc.,
respectivamente la superposición, marco rectangu­
lar, atematismo plástico; lo estático, la interferen­
cia entre volumen y ámbito; proposiciones e imá­
genes gnoseológicas y traductibles gráficamente.
La consecuencia de ello fué que el arte concreto
no pudo oponerse seriamente, por intermedio de
una teoría orgánica y práctica disciplinaria, a los
movimientos intuicionistas, que, como el surrealismo, han ganado para sí todo el universo. De ahí el triunfo a
pesar de todas las condiciones en contrario, de los impulsos instintivos contra la reflexión; de la intuición
contra la conciencia; de la revelación del subconciente contra el análisis frío, el estudio y la detención rigurosa
del creador ante las leyes del objeto a construirse; del simbolismo, de lo hermético, de la magia, contra la reali­
dad; de la metafísica contra la experiencia.
En cuanto a la tecría y conocimiento del arte campea en ellos la descripción subjetiva, idealista reaccionaria.
Resumiendo: el arte antes de Madí:
Un historicismo escolástico, idealista.
Una concepción irracional.
Una técnica académica.
Una composición unilateral, estática, falsa.
Una obre carente de verdadera esencialidad.
Una conciencia paralizada por sus contradicciones sin solución; impermeabilizada a la renovación perma­
nente de la técnica y del estilo.
Contra todo ello se alza Madí, confirmando el deseo fijo, absorbente del hombre de inventar y cons­
truir objetos dentro de los valores absolutos de lo eterno; junto a la humanidad en su lucha por la construcción
de una nueva sociedad sin clases, que libere la energía y domine el espacio y el tiempo en todos sus sentidos
y la materia hasta sus últimas consecuencias.
Sin descripciones fundamentales referentes a la letalidad de la organización, no es posible construir
el objeto ni hacerlo penetrar en el orden constante de la creación. Es así como el concepto invención queda
definido en el campo de la técnica, y el de creación ccmo una esencia definida totalmente.
Para el modismo, la invención es un "método" interno, superable, y la creación una totalidad incam­
biable. Madí, por lo tanto, INVENTA Y CREA.
(...D e l manifiesto de la Escuela)

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ESTEBAN EITIER

Las nuevas experiencias de la escuela con respecto a la música, están orientadas hacia la ordenación de los so­
nidos er. la sección áurea. El estudio para la práctico de los diecinueve tonos y la invención de nuevos ins­
trumentos sobre una temática sagital, están a cargo del compositor IGNACIO BLASKO.

�M

ADI ha inventado el marco recortado e

irregular, rompiendo para siempre con el tabú
del "Cuadro" Pictórico; inventó la pintura

y

escultura con movimientos articulado, univer­
sal

y

lineal, creó la plástica plural

el poema puro sin traducción gráfica

lúdica;

y
y

viven-

cial fuera del lenguaje.

Concurrencia que asistió a la 1° Exposición del
movimiento madí en el salón de! Instituto Fran­
cés de Estudios Superiores, quedando así di­
suelto Arte Concreto - Invención.
Abajo: audición de música a cargo de Este­
ban Eitler. S'e ejecutaron obras de: E. Toch,
A. Copland, Margarita Royer, Esteban Eitler,
J. C. Paz, Roy Harris, Tansman, Haba, Milhaud,
Koellreuter, Pistón. (Agosto 1946)

Nous autres madinemsoristes, prenant les éléments propres de
chaqué art, nous construisons; c'est a dire, nous íaisons une
invention réelle.
Avec cela nous n'exprimons rien, nous ne représentons rien, nous
ne symbolisons rien. Nous créons la chose dans sa seule présence,
sa seule inmanence.
La chose est dans l'espace et dans le temps: ELLE EXISTE.
C'est un acte transcendant, un acte merveilleux.
Notre art est humain, proíondément humain, puisque c'est la
personne dans toute son escene celle qui CONSCIENMENT cree, íait,
construit, invente róellement.

�Un Ente está en su Lugar
Avanza por la oquedad de la hora en

ido lejos. La casta de círculos recoge en­

discordia. Anda a rechazos por el recodo

tonces, la calidad de la prórroga, que por

incierto, pronto a fluir de los totales su­

identidad concluye por anularse.

cedidos. Ya emerge concentrado en la

Después asoma sus facetas nominadas

pausa de recomienzo, enfilado por múl­

en la solicitud acorde de la esfera, que

tiplos.

gira en esencia, tratando de eliminar la

Cuando se obstina en la demora de la
espera métrica, en principio no retrocede

egresión informe de los segundos gasta­
dos.

ni particulariza detalles. Sólo que. con­

Los. días se consumen así estremeci­

trario a toda eficacia manifiesta, se de­

dos en la concreción racional. A ras del

tiene en el relleno de cercanías en resu­

tiempo el momento proyectado bulle en

men y logra de este modo prensar el va­

ruidos tendidos. Entonces, ya sin vacilar,

cío mediante la tensión de filamentos.

suministra en alguna permanencia des­

Son filamentos horarios.

oída, disipado por las imperfecciones de

Calculando el artificio de tamaños sin

virutas sucesivas, la evasiva densa, den­

réplica, consigue eludir la escama de los

sa de hallazgo.

minutos que aletean sin auxilio. Pero a

EL ENTE QUE OCUPO SU LUGAR.

pesar de ello fracasa. Los cimientos han
DIYI LAAÑ

ANTE el fracaso de las escuelas de arte concreto para la solución definitiva de la estética contempo­
ránea;
ANTE la copia e

imitación serviles del realismo de nuévo cuño;

ANTE ¡a evasión y remedos románticos del expresionismo;
ANTE el surrealismo mórbido y agonizante de nuestros días;
INAUGURA Madí la Alta Edad del Arte en toda su esencia y funda su mito de invención pura, su
orden y estilo universales.

�r exposición inTennncionnL
En el salón de A. I. A. P. E.
(Montevideo) se realizó la primera
muestra internacional del movi­
miento en el que participaron:

'

RICARDO PEREYRA
RODOLFO IAN URICCHIO
MARTIN BLASKO
JUAN ESTEBAN FASSIO
DIYI LAAÑ
ESTEBAN EITLER
RICARDO HUMBERT
RHOD ROTHFUSS
IGNACIO BLASKO
ARDEN OUIN
ALDO PRIOR
GYULA KOSICE
DIEUDONE COSTES
RAYMUNDO RASAS PET
S. J. LEMME
ELIZABETH STEINER

L'inver.tion madiste du ccdre irregulier vient libérer la Peinture des lois de composition qui l'ont asphysiée
Fendant des siécles et que méme les qrandes revolutions plastiques n'ont pu éliminer.

In articulating colour plans, sirictly proportionated
and combined, Madic painting beyond the oíd for­
mula which represents the pretend planism of neoplasticism, noobjetivism, constructivism and other
schools of concrete art in general.

Pintura articulada

Escultura con movimientos rotativos

RHOD ROTHFUSS

�escuLTURo mnoi
Prácticamente la dicotomía de una escultura plural y otra
estática reside en la diferenciación real de una distancia a
otra y su recorrido. Este fenómeno de desplazamiento, con­
versión y mudanza de formas, sean o no articulables, deter­
mina e invade zonas desconocidas de toda la escultura ante­
rior, la móvil a motor inclusive.
Este nuevo género plástico madí llena el vacío en que fluctuaba la escultura no figurativa. Y fué teniendo
presente ante nosotros el nuevo aspecto de la "pluralidad" en la construcción de formas que, a principios de 1944
dimos a conocimiento la escultura articulada. Más tarde al formularse definitivamente los fundamentos de madí, este
hallazgo lo extendimos a formas desplazables, mudables, volúmenes dirigidos por radio, etc., como categorías sis­
temáticas de la PLURALIDAD.
La organización de una obra escultórica determina los ritmos; estos pueden ser de espacio, de masa o de
movimiento. Ordinariamente la expresión tangible, la corporeidad de una forma, son los medios de que se
vale la escultura para su constitución. Los volúmenes, hasta ahora, han estado dependientes de la remota cer­
teza de que descansaban en su estabilidad. La escultura moderna que había ganado para su esencialidad la no
figuración, quedaba presa todavía de las normas tradicionales. Se hacía pues necesario una INCLINACION
de la forma que daría a ella la solución dinámica, aunque ilusoria de su movimiento. De aquí en adelante
ya las derivaciones escultóricas se extienden a la autonomía formal del objeto y a su ingerencia en las es­
feras temporales.
Cuando entra en este campo una forma ya se dinamiza.
La escultura madí contiene en sí "cada uno de los mementos que está dominando". La suposición de un
cambio, las innumerables posibilidades de su variación estética, de su mutación, de sus ángulos previstos a
voluntad, hacen de ella además de un ente observado, un instrumento lúdico como función anexa.
La base, fundamento de naturaleza ortogonal, gravitante en toda la escultura anterior a madí, deja de ser
un imperativo porque el manejo diverso de todas las partes la transforma ulteriormente en un miembro más

�Bronce

de la organización plástica.
Sin embargo, por el movimiento rotati­
vo aplicado por Rothfuss. le base en la es­
cultura madí se ve frente a un nuevo or­
den de equilibrio, el provocado por la distan­
cia. Este nuevo hecho y el de Arden Quin
con sus esculturas en una base transforma­
ble, con el movimiento rotativo aplicado al
medio de la forme y el lineal a todo lo
largo de la base, vienen a proyectar la es­
cuela a nuevos campos de invención, donde
como se vé la base no se destruye como
elemento de composición. No olvidemos que
podemos recorrer toda la estructura con la
certeza de hallar una nueva bese en cada
parte o prescindir de ella simplemente.
Como la definición geométrica es infa­
lible las diversidades de la escultura son
desde su comienzo un desenlace de compo­
sición en el que entra, en determinados trabejos, la combinación del ritmo con algunos
mementos polivalentes, propiedad ésta, co­
mo hemes dicho ya, que consiste en articu­
lar, desarmar, extender y revolucionar a otros
radios la forma concebida.
Del ámbito que forma sale a conoci­
miento el "objeto módico", en su continuo
extra tridimensional.
En cambio los móviles en base a energía motriz, son en su esencia, como casi todos los movimientos de
repetición determinada, un proceso con mediata finitud, vale decir que la variedad no es tal, porque un mo­
vimiento continuo pero idéntico (aunque rote en distintas direcciones) no llega a satisfacer las exigencias actua­
les de la estatuaria en su nuevo ciclo que revele toda su esencia.
Es así que el ambiente propio a la escultura madí debe ser nuevo, multiforme; esto ha dado como lógica
¡nterrelación y secuencia con la arquitectura modista. La vivienda er. base a las ultimes transformaciones,
concluye inevitablemente por rebasar, ella también, su base estática y sus funciones usuales (edilicios móviles,
articulados que puedan estar suspendidos en el espacio).
El ambiente cctual, muchos de ellos ya convertibles tanto en su estructura como en su mobiliario, son in­
tentos no sistematizados, de proyectar la arquitectura a otros continuos.
Esto debe ser resuelto mediante la utilización de materiales plásticos, la creación degrandes plantas
es­
peciales de fabricación e industrialización junto al incremento de la enseñanza y la educación nemsormádica
como escuela colectiva y universal.

GYULA KOSICE

ITOS COMPARADOS AD-HOC
P o r e je m p lo :
D istinguir e l at ieso
d esp eñ a r d el signo,
o: \
d esm em b rar la categoría
d e la ilusión c orrediza.
'T odos los h ec h o s son itos que
proclam an esa r e fr a c ta r ia
an im adversión al eco.
D e un punto a esta p arte
allen de la progresiva
dism inución d e la calm a
se ob serv a que los itos
cifra n su esperan za
en los p rop ó sitos ten sion ados.

ANIBAL J. BIEDMA

�MADIGRAFIAS
¿Qué se parece

(buscar el parecido es una aventura).

A muchos bordes-luz de recorrido anfibio, se les ha denominado comúnmente con asteriscos, pero estos no han
revelado de DONDE partieron para hacer PRESENTE el espacio y el tiempo como "formas" de la intuición.
Resueltamente es preciso la división madigráfica y la producción de signos más cercanos a la comprensión
para llevar a la practicidad la creación de sentidos absolutos: aliners o grioneros.
Se dice: "hostigar la cubierta del cielo raso" o "los altos hoyos-mundi".
Estas dos imágenes sin motor de canje lógico se chocan y forman el concepto sin significado. Suponiendo
gue la imagen poética se esfuerce por adquirir notoriedad ilusoria o concreta, gráfica, real o irreal, representativa
corriente o abstracta, ¿habrá dentro del concepto, frase o poema, la referencia a otras imágenes acuciadas por.. .
Contemporaneidad de realidades fundamentalmente humanas es ésta de crear la visibilidad (tan sólo) del
objeto más necesario a nuestra conciencia —la vida y sus atributos—.
Los que no quieren ser molestados en la creencia de que saben, nunca podrán explicar, jamás perderán el
sentimiento de extrañeza.
Le idea del cúmulo de un suceso puede provocar una descentralización de los hechos modificados; baste
para ello puntualizar la realidad.
Queremos menos posteridad para los límites, acción! es® es, devenir acción de los elementos menos palpi­
tantes. De lo más imaginable.
De lo remoto para el hombre que lo hace anclable y no lo dejar partir. Hay que decirlo bien alto; la le­
yendo nos obliga a colonizar la inteligencia.

RAYMUNDO RASAS PET

—"La construcción final íepresenta cualquiera sea su falta de
integridad, no sólo una simple extracción de aire, sino algo inevi­
table para satisfacer un » ansia espejada.
¿Puedo yo, hacer resumen y esencia de un hecho verificable
que tiene ur.a existencia independiente de los disturbios axiales?
Veo que el alan de una certeza tal condujo aparejados la di­
nastía de los porqués y el arraigado número de raíz.
Ya v e n ..., esc carrera do adornos persigue a ustedes", (del mo­
nologo de "Tiagrio" pieza madí en 2 actos).

A

Dibujo
Elisabeth Stei

�tQJu.\ CLcJLLlo.
Pu ntal d e a j a r p ropiam en te (Helio
centrado en el resplan dor
estrecham en te sitiado p or un fen ó m en o d e elevación
hasta la consum ación d e l ciclo
G en era el tam año d e su conducta
sob r e lo s potentes a b o r d a je s
que conectan el cón clave dual
au n ados p or cubrir su duración
M ención d e eg u res in ex o rables
rod ea d os d e g ran d es ám bitos que asum en claram en te
el enunciar d e su custodia
p ero es este universo qu e cae en e l olvido
en un m om ento dado
el que su ced e a egu res en dem anda d e sostén
y av en ta su ru tilante m em o ria posdática
asim ism o su en vergadu ra se som ete
al design io su rgen te d el acopio
D espués un retirarse a sitios descan sados
qu e ayudan a l egu r a in corporarse
a con tra-tiem po.

KOSICF.

EL RESUMEN DE CSOD
(Cuento)
Escé supone que cualquier intento de madigrafiarlo es inútil. Da^jo que su apariencia existe en los albúme­
nes kosicecncs y estos a su vez son inventados escan dolosamente para proporcionarse un goce estético muy
particular, he conseguido de un amigo de tedes —Csod— dates aproximativos sobre é¡ y obtener así para nuestro
espacio !a madigrafía pasada y presente de Escé.
Según les datos obtenidos, Escé fué a dar sobre la ocupación Argerista en deslumbrantes esquemas de una
longitud equivalente a su instinto de prolongación.
No bien se estremeció la visión Argera de tal acón .«cimiento fleri'ivc ( ues se temía otra cosa y aún hoy
no sabemos de su poder retráctil) no hubo más que estupor alrededor de su presencia insigniíicativa.
Pero la irreductibilidad de su presencia parecía estar mucho más a l'á de lo previsto por cualquier unidad
deductiva. A su persistencia de actitudes primarias para la realidad asignativa, Csod le confiere otra de índole
aún sin conocer.
Guiarnos en base a juicios críticos sobre la identidad de Escé, es convertirse en imán de conjeturas.
Csod nos relata haber convivido con Argeros de perfecta atmósfera que emitían a cada nuevo ingreso
de extraños a ese aire, zig zags en su primera coloración. Cuando ¡a vigilancia del contorno Argerista se hubo
turnado entre Ob y S”, e! pasado de Escé entró en su cauce lógico.
Ob y S° forman parte de ese pasado y para excluir a Escé de há!itos similares a ellos, rectar.gulizaron (blo­
ques de perdición) las versiones del asombro general que provocaban a cada movimiento de su ir y venir. Esto
no contrarrestó la tranquila sucesión de su voluntad, dice Csod; más bien llegó a confundirse con el presente,
origen de toda su envoltura.
No dicen les informes de Csod que el accionar de Escé se debía a este atisbo.
RAYMUNDO RASAS PET
Nemsor es la patentización del tiempo estético ©n
tituye con las ideas menos taxativas.

1 espacio. Madinemsor: síntesis de belleza que se cons-

�-

COPYRIGTH BY
MADINEMSOR 1947
BUENOS AIRES

�</text>
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Eitler, Esteban&#13;
Humbert, R. C.&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Pet, Raymundo Rasas</text>
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                    <text>FUNDACION ESPIGAS]

FORMA

Buenos Aires - Argentina

ORGANO
DE
LA
SOCIEDAD
ARGENTINA
D E
A R T I S T A S
P L A S T I C O S

N° 25 y 26

•

Enero y Febrero de 1943

OCTAVIO FIORAVANTI

•

Pasaje Güemes - Subsuelo

•

Buenos Aires

“ Demeter” (talla directa en piedra sapo)

1

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

LUIS GOWLAND MORENO

La observación
es e lo c u e n te y
exacta.
Con pocas pa­
labras el cantor
da precisión a un
paisaje y lanza al
aire una imagen
que tiene el co­
ruscante cromatis­
mo de una pintu­
ra. Sin ninguna
duda, que las can­
ciones de nuestro
norte reflejan, por
contraste, aquello
que el cantor de­
sea y no tiene:
Color.
E l m ism o f e ­
nómeno se obser­
va en el vestido.
Telas y ponchos
brillan en desata­
da mezcla de ro­
jos, a m a r illo s y
azules.
Valga el detalle
para enunciar un
problema cuya so­
lución clara des­
cansa en los re­
pliegues del sub­
consciente.
El fe n ó m e n o
‘Otoño en la Boca” (óleo)
tiene sus puntos
de concomitancia
con lo que va di­
cho en ios prime­
ros párrafos de
este razonar sin
consecuencias. Por
c o n tr a s t e , tam­
bién, el hombre
★
se alza de su me­
dio y en fervorosa
c r is is emocional
crea su obra de arte como al conjuro de imágenes ex­
traterrenas.
El arte que producen las clases relegadas, es arte
de liberación, según se ha visto con incuestionable
frecuencia, y es la -libertad, como “ leif m otiv" la que
campea en la labor de todos aquellos que se ven o se
sienten privados de ella.
Se deduce de esas aparentemente inexplicables leyes
que el “ instante” como temática en el arte no puede
ser elemento de referencia y menos de actualidad. Esto
no quiere decir que no se haga. Se hace, sí, pero,
esas manifestaciones, logran sólo una relativa trascen­
dencia.
Todo el arte prerrevoluclonario ruso contemplaba los
asuntos por los cuales venía luchando el proletariado:
la libertad, la prosperidad, un “ standard” de vida ade­
cuado, caminos de hierro, centrales eléctricas, reducción
del analfabetismo; es decir: lo que no se tenía; lo que
se anhelaba.
Solucionados esos problemas — por lo menos en la
medida que se quería o que se podía solucionarlos —
el arte ruso se orientó hacia otros caminos: la natu­
raleza muerta, el desnudo, el paisaje y la composición
sin concepto anecdótico (Me estoy refiriendo a la inmensa
mayoría de la producción artística actual).
Quiere decir que el fenómeno vuelve a repetirse como
otras muchas veces. Cervantes creaba su andariego Qui­
jote en tanto se hallaba recluido en una mazmorra; no
lo olvidemos.
Los ejemplos son abrumadores. Basta hacer hincapié
en el tema y hurgar en la Historia y en la Literatura
y en cuanta manifestación del hombre haya concurrido
a ubicarlo en un instante de su vida.

EL ARTISTA Y SU EPOCA
★

Por RODRIGO BONOME

/ A Historia ha demostrado que el mejoramiento de las
artes trajo consigo, en todo tiempo, el estragamiento
de la moral y la perversión de las costumbres. Rousseau
lo había notado, a su tiempo, y el hallazgo le inspiró aquel
célebre “ Discurso” tan original y tan categórico.
Ayer fue Grecia desquiciándose moralmente en tanto
sus artistas y filósofos asombraban al mundo. Más tarde
fue el Renacimiento italiano llenando páginas de gloria
para el arte y capítulos de vergüenza en la historia de
la humanidad.
Aquello pasó, y con ello, casi cinco centurias.
Renació el arte con el Impresionismo, en épocas de
paz y de trabajo, prendiendo en todo el mundo, trastro­
cando técnicas y teorías, y volvieron los pueblos, estra­
gadas las costumbres, a hundirse en un laberinto de odios
y de pasiones. Pasado el estruendo de la guerra grande
vuelve a reverdecer en cien escuelas distintas a cual más
vigorosa, y cuando todo hacía pensar en la excepción de
la regla reinciden los pueblos en sus querellas y se meten,
nuevamente, como una cuña en el fragor de otra guerra
donde la moral y las costumbres retroceden al medioevo.
Pareciera que ocultas leyes de compensación elevan los
sentimientos a medida que las razas hunden sus raíces en
la incuria y en la afrenta.
El hombre y, por extensión, los pueblos son entes que
actúan y se desenvuelven en medio de complejos no siem­
pre claros.
Hace poco tiempo, un amigo dilecto, observador y estu­
dioso, refiriéndose al “ fol-klore” norteño, me decía: “ El
paisaje del norte nuestro es gris, monótono en lo que res­
pecta al color, salvadas las anfractuosidades del terreno
como diversidad. Las canciones, en cambio, tienen regis­
tros de una riqueza colorística inimaginable” .

2

�Enero y Febrero de 1943

FORMA

LA MEDALLA Y LOS MEDALLISTAS

vivien­
medallas. Y cuán­
te del Rena­
tos otros con ellos,
cimiento ita­
príncipes, papas y
lian o , h acia el P o r
reyes, e ru d ito s,
J
E
A
N
B
A
B
E
L
O
N
comienzo del siglo
poetas, han amado
x v i, una m ujer
con pasión los be­
apasionada por la
llos re tra to s ins­
Conservador adjunto del Cabinet des M édailles de la Bibliothcque Nationale.
belleza, Isabel de
criptos en el metal
(Traducción del francés por Ulises Barranco).
Este, se ocupaba de
y se han complaci­
reunir en su torno,
do teniendo entre
en un santuario ín­
sus manos y acari­
timo que llamaba «la Grotta», arreglado en su palacio de ciando con la mirada esas placas de oro, de plata o de
Mantua, pinturas, estatuas, antigüedades, medallas. Man- bronce, testigos los, más fieles que se pueda interrogar
tegna, Bellini, Perugino, Costa, Miguel Angel, Rafael, sobre el pasado. Es que en efecto, su sustancia misma
ornaron ese precioso «boudoir» de la más exquisita de las que soportó el pensamiento del artista, pero no sin res­
mujeres, de aquella que decían, citando a Petrarca, a cau­ pingar bajo la herramienta, parece, bajo la mirada, ani­
sa del esplendor radiante de sus cabellos blondos:
marse y palpitar como un cuerpo viviente.
«Una donna piú bella assai ch’el solé».
He aquí un arte autónomo. Sus títulos de nobleza per­
Del rostro de Isabel de Este conservamos tres recuerdos: manecen en su esencia íntima que, por el modo de expre­
una pintura de Tiziano, un dibujo de Leonardo de Vinei sión que ella le impone, lo espiritualiza entre todos. El
y una medalla. Una medalla de encantadora delicadeza, valor plástico del tipo y el contenido intelectual del sím­
encomendada por la misma marquesa de Mantua a su bolo son sus dos polos, indisolublemente unidos como las dos
escultor Gian-Cristoforo Romano. Cuidadosa, quiso com­ faces del metal que nuestras manos juntas encierran, y que
pletar su imagen corporal con la expresión simbólica de se agranda, obra maestra, con un resplandor inesperado.
su alma, y pidió al poeta Niccolo da Corregió una divisa.
No nos ha parecido, pues, que fuera una vana empresa,
El motivo que ornaba el reverso de la medalla era Sagi­ o demasiado
la de trazar en un cuadro la historia
tario; en ese tiempo, en que la lengua de la astrología era general de la artificial,
medalla
todos los países, desde el fin del
conocida por todo el mundo, la marquesa cedía al gusto siglo xiv hasta la épocaen contemporánea.
amplitud del
por el horóscopo. El «motto» o la divisa elegida: «Beneme- programa y las dimensiones del presente La
trabajo
me dis­
rentium ergo». La medalla tuvo considerable éxito. Isabel pensan de hacer notar que no hemos querido escribir
un
se plugo distribuyéndola entre sus amigos; envió ejem­ tratado didáctico, ni un manual, ni un repertorio, sino una
plares a Roma, a Urbino y hasta a la Corte de Nápoles, exposición para todas las gentes. Esta exposición muy es­
donde fueron portando el mensaje de una gracia incom­ quemática habrá alcanzado su propósito si da una idea
parable.
suficiente de ese microcosmos que constituye una colección
Casi dos siglos más tarde, Luis XIV hacía instalar su de medallas. Todos los matices del pensamiento conviven
gabinete de medallas en Versalles, cerca de la capilla del ahí como los colores del prisma sobre la paleta, y, sin
castillo; y todas las mañanas, a la salida de misa, Su hablar del valor de los documentos iconográficos así pro­
Majestad, ayudado por unos palillos de oro especialmente vistos, es para un estudio general sobre el arte del retrato
fabricados para ese uso, se entretenía tomando de sus que podría servir el medallero ideal en el cual pienso.
bandejas de tafilete flordelisado, las piezas de oro en las He ahí por qué, a pesar del reproche por insuficiencia al
cuales los emperadores romanos hicieron imprimir sus ne­ cual se queda expuesto en semejante caso, se ha tentado
tos perfiles y los fastos de sus reinos. Así el Rey Sol se aquí abrazar todo el tema más bien que de explorar pro­
instruía en las fuentes mismas de la historia y meditaba fundamente una sola parte. No es un provecho desprecia­
sobre la obra fugaz de los Césares eternizada por un im­ ble el que se puede obtener comparando una medalla de
perecedero metal. Como si hubiera reconocido a ése como Bolsterer con otra de Guillaume Dupré, de Thomas Si­
el solo medio de forzar la ley de universal destrucción, món, de Matteo de’Pasti o de Roty; y las diversas actitudes
Luis XIV decidió constituir en una serie abundante de tomadas por tantos medallistas diestros o geniales ante la
medallas conmemorativas, la historia metálica de su rei­ fisonomía humana pueden servir de base a una suerte de
nado. Todos los cuidados del rey, y las reflexiones de los filosofía.
ministros, y las meditaciones de los mejores espíritus del
LA MEDALLA, ARTE AUTONOMO
tiempo se dedicaron a trasmitírnosla en colecciones de
piezas de oro, de plata y de bronce que, inmutables, pare­
Conservamos por el uso corriente de una expresión:
cen hablarnos de una gloria aun viviente.
«II n’a ni sou ni maille», el recuerdo de una vieja palabra
En el curso de un viaje a Sicilia, en 1780, Goethe visi­ que nadie comprende ya, y que es la oscura antecesora de
taba en Palermo las colecciones de monedas del príncipe «médaille» (i). En efecto, el término del bajo latín meda­
Torremuzza, y arrebatado por las bellezas allí descubiertas lla, medalea, medalla, era aplicado en otro tiempo al demiexclamaba; «En una sola.tabla de medallas existe una denier (n), aj óbolo, a lo que el francés medieval llamaba
infinita primavera de flores y de frutos del arte, que son­ una meaille. El equivalente provenzal de ese término era
riente nos acoge». Y más tarde, el filósofo, en Wéimar mezalha o mealha, mientras que los italianos decían mesacando de su entusiasmo un precepto, enumerando las dalha o medaglia. Cuando en el siglo xiv el gusto por las
satisfacciones intelectuales del «hombre» que quería ser, antigüedades se extendió sobre Francia, se hizo necesario
le prescribía leer cada día la Biblia o a Homero, contem­ dar un nombre a las monedas antiguas que se disputaban
plar medallas o bellos cuadros y escuchar hermosa música. los aficionados. La moda venía de Italia, traída particu­
Para imponerse a sí mismo esta disciplina de sus delecta­ larmente por Petrarca. Maille tenía entonces en francés
ciones y esta cultura sistemática del espíritu, Goethe había el significado preciso e inextensible que he dicho, destinado
reunido en su casa una colección de medallas que puede a caer en desuso. Se tomó pues un préstamo del italiano,
ser examinada aún hoy. Muchas de esas piezas fueron y se dijo médaille para indicar los denarios o los sestercios
ofrecidas al poeta por amigos y admiradoras que deseaban romanos, esas viejas monedas desvalorizadas, clasificadas
así halagar los gustos de su dios. El mismo proyectaba con cuidado entre tanta antigualla existente en los gabi­
publicar un catálogo de ellas. LTbicaba en el más alto netes de los humanistas. Recién hacia el fin del siglo xv,
grado de su admiración las obras del medallista mantuano bajo Carlos VIII y Luis XII, se supo exactamente en
Sperandio, y el Renacimiento italiano, lo mismo que la anti­ Francia qué era monnaie (m) y qué médaille y se hizo la
güedad griega y romana, era objeto de sus predilecciones. separación entre las dos ideas y los dos términos. Actual­
netamente disociados. Es todavía necesario,
Así tres grandes personajes, entre los tipos ejemplares mente están
que pretendemos hablar de la medalla, definirla
de la humanidad: una mujer que encarna en su excelencia puesto
toda una época de cultura refinada, Isabel de Este; el con algunas palabras.
En el lenguaje actual, una medalla es una pieza de
Rey Sol, tardíamente filósofo; Goethe, el genio más sin­
tético de nuestro tiempo, nos convidan al estudio de las metal — se podrían citar medallas de otras materias, pero

S

ím b o l o

3

�FORMA

Jean VIII Paléologue, por Pisanello, 1439

no son más que excepciones — que ofrece las apariencias
de una moneda, generalmente de una moneda de tamaño
desacostumbrado, pero que no tiene de ella el carácter ni
los atributos, a saber: el poder adquirente, la propiedad
de ser constante y legalmente canjeable por un valor de­
terminado. Los usos variados a los cuales se destinan
nuestras medallas nos hacen distinguir aquellas que son
monumentos conmemorativos de aquellas que sirven de
adorno, las que son decorativas o insignias, de las que son
objetos de piedad o fetiches. Pero la apariencia monetaria
parece estar unida al término de medalla. En un sentido
preciso, una medalla es redonda, tiene anverso y reverso.
En eso se distingue, en el rigor de la palabra, de la pla­
queta. La plaqueta es un bajorrelieve en miniatura, a
menudo rectangular y de una sola faz. Se la utilizó mucho
durante el Renacimiento, en Flandes, en Alemania, en
Italia, para decorar objetos de uso conáente, como los
cofrecillos; lo mismo que la moda hizo servir pequeñas
medallas redondas para adornar los gorros a título de
insignias. Hoy no se podría hacer esa distinción entre
medalla y plaqueta: tanto ha alterado esos cuadros estre­
chos, la fantasía de los artistas. En la época contemporánea
no podemos ya tener en cuenta la forma redonda o cua­
drada de las medallas o plaquetas y debemos confundir
ambas categorías en una sola.

4

Enero y Febrero de 1943

He dejado de lado, de intento, uno de los significados de
la palabra. Se entiende también por medalla, de una ma­
nera un poco abusiva, una moneda antigua. La extensión
es fácil de justificar: la moneda antigua no circula, es
sólo un objeto de curiosidad, no tiene — como la medalla
misma - más que el aspecto exterior de la moneda.
La definición que acabo de proponer no sería del todo
completa, si, según las reglas de la escolástica, no hablara
del género próximo. La medalla difiere de la moneda, se
acaba de ver el porqué y el cómo. Difiere también del
jetón (iv) que, él también, ofrece las apariencias de la
moneda, pero no tiene absolutamente su carácter de espe­
cie oficial y de medio de canje. Los jetons son instrumentos
de cuenta, cuentas de juego, cuentas de grandes adminis­
traciones y de cuerpos del estado, cuentas de particulares
en su vida doméstica. Es con los jetons que el Malade
imaginaire» verifica las cuentas de M. Fleurant, su boti­
cario.
En cuanto al méreau (v) era una especie de ficha que,
sistemáticamente distribuida, permitía constatar la pre­
sencia efectiva de los miembros de una asamblea en el
momento de una reunión oficial. Su uso se extendió sobre
todo desde el siglo x i i entre el clero, en ocasión de las
sesiones capitulares. El méreau servía también de ficha de
admisión, en consecuencia, como salvoconducto.
En fin, la acepción de la palabra tésera (vi) es aproxima­
damente la misma que la de la palabra jetón. Se entiende
usando aquélla, hablando de las antigüedades griegas o
romanas, un jetón, una ficha, un peón de juego, una con­
traseña de teatro, etc.
Los procedimientos de fabricación de las medallas han
variado considerablemente según las épocas y las escuelas.
Un aficionado sagaz, ante una pieza sometida a su juicio
se vanagloria, la mayor parte de las veces, de poder indicar
el génesis. No se trata aquí de una advertencia vana y sin
contenido; las diferencias de técnica modifican completa­
mente el aspecto de una medalla. El interés estético que
se le puede encontrar depende estrechamente de ella, de
la misma manera que se aprecia distintamente un grabado
a buril, un aguafuerte, un barniz, etc.
Ante todo, se pueden establecer dos grandes categorías
opuestas: la medalla colada o fundida y la medalla acu­
ñada. No diferenciándose esta última, esencialmente, de la
moneda corriente, examinaremos primero la medalla cola­
da como la medalla por excelencia.
Pisanello, de Verona, fué, como veremos, hacia 1439,
su inventor, y no existe ninguna duda de que el progreso
del arte de la fundición en metal, en Italia, en la primera
mitad del siglo xv — las célebres «puertas del Paraíso»
ejecutadas por Ghiberti en Florencia datan de 1440 —•
tiene su origen en esta creación original.
Para obtener una medalla colada, dos procedimientos
pueden ser usados. Parece, sin que se pueda afirmar cate­
góricamente, que Pisanello y sus sucesores inmediatos co­
nocieron los dos. El primero consiste en grabar directa­
mente, en hueco — invertida por consecuencia — en una
placa de yeso, la imagen que se quiere reproducir, y llenar
luego con metal el molde así formado. Procedimiento éste
muy simple y muy directo que no tiene otro inconveniente
que el de exigir una primera transposición del pensamiento
del artista. En nuestros días todavía ha tentado — es ne­
cesario felicitarse por ello — a algunos medallistas conven­
cidos. Es bastante flexible para no imponer al grabador
un partido. Una manera de hacer amplia se acomoda
mejor a él, es posible, que una factura precisa y minuciosa.
El segundo método consiste en ejecutar en cera, o en
una composición plástica, el modelo en relieve de la pieza.
De él se saca un molde en hueco en el cual se cuela el
plomo, el estaño, el bronce, la plata o el oro de la medalla
definitiva. Pero, para la realización de ese modelo se pue­
den seguir vías diferentes. Algunos, entre los más antiguos
medallistas, parecen haber adoptado la técnica de los fun­
didores a la cera perdida, produciendo así una medalla de
cera, anverso y reverso, encerrada luego en un molde de
arena fina al cual, por orificios se colaba el metal que
sustituía a la cera fundida. Más tarde se fabricaron mo­
delos que servían para dar una impresión del anverso y

�Enero y Febrero de 1943

otra del reverso. Se yuxtaponían luego las dos caras así
obtenidas y se llenaba el vacío interior con una materia
cualquiera antes de soldarlas. Los medallistas pasaron de
allí a componer su modelo en una materia más dura,
especie de estuco, mezcla de ingredientes diversos como la
resina, el yeso, la cera, etc., que subsistía luego de la ope­
ración de la fundición y que se conservaba, realzándolo
con colores. Muchos de esos medallones han quedado,
algunos engastados y montados como alhajas. Las colec­
ciones públicas o privadas contienen también medallas de
cera fijadas sobre maderas duras o pizarra, que constituyen
testimonios preciosos del trabajo de tal o cual artista. El
más antiguo que se conoce parece ser el modelo de la
medalla de Filippo Strozzi, por Benedetto da Majano,
conservado en el Cabinet des Médailles de la Bibliothéque
Nationale.
Los medallistas alemanes que florecieron unos treinta
años después de Pisanello, hacían sus modelos en madera,
a menudo en boj, o aun en piedra litográfica, lo que da
a sus obras ese aspecto particular debido a las aristas
duras, como talladas a cuchillo. Existe gran cantidad de
estos modelos.
Es innecesario agregar que los medallistas no dejaban
de retocar el primer ejemplar de su trabajo, tanto más
cuanto que los procedimientos de fundición no alcanzaban
a la perfección de los actuales. Ese prototipo, debidamente
reparado», como se decía, servía para fabricar un segundo
molde, y se procedía así hasta obtener un resultado absolu­
tamente satisfactorio. En cada fundición sucesiva el metal
sufría con el enfriamiento una ligera contracción, dando
así una pieza de un diámetro algo inferior al del ejemplar
primitivo; se concibe, pues, que haya medios, no solamente
de apreciar la calidad de tal o cual fundición, la natura­
leza del metal o el éxito de la operación, sino también de
distinguir una pieza original de una remoldeada. Ahora
bien, esas piezas remoldeadas pueden ser casi contempo­
ráneas de las primeras fundiciones o, contrariamente, muy
posteriores, y aun completamente modernas. Si se tiene
en cuenta el hecho de que los medallistas del Renacimien­
to se copiaban y se plagiaban sin vergüenza, que los fun­
didores acoplaban a su guisa tal reverso a tal otro anverso,
y si se agrega a eso la habilidad siempre en vela de los
falsarios, se tendrá idea de la variedad que presenta una
de nuestras colecciones modernas de medallas. Se encuen­
tran en ellas, a veces, ejemplares de plomo, y su examen
atento demuestra que es necesario a menudo tenerlos por
primerísimas fundiciones, pruebas de autor, por así decir.
(La medalla de Juan Paleólogo). Lo que es necesario re­
tener de todo esto es que una colección de medallas, pú­
blica o privada, contiene un gran porcentaje de remoldea­
dos, cuya calidad y antigüedad pueden, naturalmente,
variar en considerables proporciones. El ejemplar original,
salido de las manos del autor mismo, es de una insigne
rareza, rarissima aois in terris, y muy difícil de reconocer.
Agrego sin embargo, que se poseen muchos ejemplares de
autor, probadamente; muchos ejemplares especialmente
fundidos o acuñados, luego cincelados con un cuidado par­
ticular por un medallista, probablemente para ser ofre­
cidos a un gran personaje; muchos ejemplares, aun, con­
servados por tan largo tiempo en una colección ilustre que
ninguna duda puede subsistir acerca de su origen. Pero
nada es más arduo que fijar la fecha de ejecución de una
medalla corriente, la que se encuentra en la casa del anti­
cuario, y los más despiertos pueden ser tomados en falta.
Agreguemos en fin, referente a las medallas antiguas»
una causa de destrucción irreparable. No solamente en el
curso de las edades las vicisitudes económicas -y políticas
han hecho desaparecer las piezas fundidas en metales pre­

Señor asociado:
¡Ü Ü
¡Ü ¡
==

CONCURRA AL TALLER LIBRE DE CROQUIS.
EL MODELO POSA DE 18 A 20, LOS DIAS
HABILES, MENOS LOS SABADOS.

FORMA
ciosos, a tal punto que ignoramos si hubo realmente ejem­
plares originales en oro de las más bellas medallas del
Renacimiento, de las de Pisanello, particularmente, sino
que el celo mismo de los coleccionistas ha tenido desas­
trosos resultados. La preocupación — la manía, si se quie­
re — de poseer un ejemplar original, es una enfermedad
moderna que nuestros antepasados desconocieron total­
mente. Era necesaria a un aficionado una pieza cualquiera
para completar su galería, y se le fabricaba sin creer come­
ter una falta. Otros, deseosos de alinear medallas valiosas
— y el hecho ocurría sobre todo en las colecciones de los
príncipes, en el siglo xvn — hacían remoldear una en pla­
ta, en oro, y despreciaban el original en bronce que «hacía
pobre». Todo, para la más grande desazón del erudito
futuro.
Se acaba de ver que, a veces, y es un hábito que se hace
frecuente en el siglo xvi, el medallista retomaba su buril
y cincelaba la medalla sacada del molde. Es necesario
decir aquí algunas palabras acerca de la pátina, que juega
un gran papel en la apreciación de una medalla y en la
estima en que la tiene el aficionado. Después de la fundi­
ción, la medalla de bronce, o de «metal de campanas»,
ofrece un aspecto poco agradable a la vista. Los maestros
de antaño tenían la costumbre de alterar la superficie de
manera que presentara los tonos cálidos y aterciopelados
que nos han enseñado a amar. Se la cubría para ello con
composiciones diversas, entre otros ingredientes a veces
curiosos, con aceite de lino, con sandáraca, con pez. Naturealmente, cada taller tenía sus recetas; algunas remontan
hasta los broncistas de la antigüedad. Se obtenían también
por la aplicación de diversos ácidos las coloraciones más
variadas. Además, las medallas que hoy tenemos han ad­
quirido por la razón misma de su antigüedad una nueva
pátina producto de las reacciones químicas naturales, rea­
lizadas por el contacto con la atmósfera o con el suelo
en el cual han estado enterradas. Necesito agregar que la
destreza de los falsarios se ha ejercitado en este dominio
con una suerte a veces prodigiosa?
Sin entrar en el detalle de las operaciones que no podría
describir aquí, debo recordar que la pátina de las piezas
es hoy día objeto de especiales cuidados en los talleres de
la «Monnaie». Además de la acción de los ácidos a los
cuales son sometidas las medallas y plaquetas que allí se
fabrican, sufren la acción de un chorro de arena que nivela
sus asperezas y apomaza, por así decirlo, su superficie.
He dejado de lado, bien pronto, las medallas acuñadas.
Cronológicamente habría debido comenzar por ellas. No
existe ninguna duda, en efecto, acerca de que los antece­
sores de los medallistas del siglo xv no hayan sido graba­
dores de cuños monetarios, los que se llamaban «tailleurs
de fers», que fabricaban también matrices de sellos, y de
los cuales los más capaces se pusieron a hacer, a imitación
de los antiguos, piezas con la efigie de los príncipes con­
temporáneos. Pisanello cortó estos procedimientos por lo
sano inaugurando los que he dicho, y no es sino más tarde,
hacia la mitad del siglo xvi, que se volvió al método de
la acuñación. En esta época, cuando los Leoni, los Trezzo,
los Pastorino, permanecían fieles a los viejos usos de los
Matteo de’Pasti o de los medallistas florentinos, los Benvenuto Cellini y los autores de las medallas pontificales
grababan cuños en un todo como los grabadores mone­
tarios, sea tallando directamente el trozo de metal desti­
nado a dejar su impresión sobre el cospel, sea trabajando
en relieve los punzones que debían, por una segunda ope­
ración, proveer los cuños en profundidad. Para hacer estos
cuños el grabador podía previamente hacer un dibujo de
la obra que proyectaba y traspasar ese dibujo sobre el
metal, o bien ejecutar un modelo en relieve que le diera
el aspecto real de la medalla futura. Ese modelo en relieve
servía además para hacer moldes en los cuales se colaba
al principio el cospel destinado a ser acuñado. Este proce­
dimiento facilitaba el trabajo de acuñación y evitaba el
desgaste demasiado rápido de los cuños.
Se concibe que haya una diferencia fundamental desde
el punto de vista artístico entre una medalla de Caradosso
o de Bonzagna, y una medalla colada de Sperandio o de
Boldú. Los antiguos medallistas no dejaron de sublevarse
contra los nuevos métodos, tanto por razones de orden

5

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

estético como por motivos prácticos. Se tenía con la acu­
ñación el medio de multiplicar más fácilmente que antes
la producción de medallas, y el valor comercial de cada
pieza sufría por ello una baja cierta. Los intereses de los
viejos maestros se encontraban lesionados al mismo tiem­
po que resentida su susceptibilidad. En verdad, una me­
dalla acuñada tiene menos «personalidad» que una medalla
colada.
Sin embargo, como ocurre siempre en semejantes casos,
el progreso mecánico acabó teniendo razón contra todas
las resistencias. Los medallistas fieles a la tradición se
hicieron cada vez más raros, sobre todo cuando mecanis­
mos perfeccionados, inventados en Alemania en la pri­
mera mitad del siglo xvi, luego traídos a Francia y mejo­
rados, a Inglaterra, a España, facilitaron todavía la acu­
ñación de monedas y medallas. En Francia, la institución
de la «Monnaie des mcdailles», establecimiento oficial des­
tinado a reglamentar la fabricación en serie, dió el último
golpe al gran arte. Continuaron colando sus trabajos sólo
aquellos artistas que producían medallones de grandes di­
mensiones o de tan alto relieve que no fuera obtenible
por acuñación.
En nuestros días es relativamente raro que se recurra
al procedimiento de la medalla colada, y debe lamentarse.
En su mayoría, las medallas y las plaquetas dadas abun­
dantemente, son acuñadas. Acuñadas o coladas, son el
fruto de las operaciones que voy a resumir sin pretender
revelar todas las recetas de los técnicos.
El medallista comienza haciendo un esquicio sobre pa­
pel, estableciendo las grandes masas de la composición,
después, con arcilla, prosigue la realización en una escala
mucho más grande de lo que será la medalla definitiva.
Transporta en seguida su esbozo a una placa de plastelina
fijada sobre una plancha cuyas dimensiones son, ordinaria­
mente, de 25 X 30 centímetros, y ejecuta entonces los
detalles de su obra. Terminado este primer trabajo, saca
de él un molde en yeso sobre el cual hace las modificacio­
nes que le plazca. Del yeso, una vez concluido, se hace
una prueba galvanoplástica, a su vez retocada y cincelada.
Interviene entonces una máquina inventada hace alre­
dedor de cuarenta años por Contamin, perfeccionada luego
por Hill, Ledru, Tasset, Janvier, maravilla de la industria
que se llama torno de reducción. No es éste, lugar para
analizar el mecanismo. Basta con indicar que permite re­
ducir automáticamente el modelo que se le somete, a las
dimensiones deseadas. Para este efecto, en tanto que una
aguja sigue los contornos de aquél, un buril cuya acción
corresponde constantemente a esa marcha, muerde la su­
perficie de una placa parafinada ubicada a corta distancia.
Se obtiene así un medallón en parafina de la dimensión
definitiva. Fácilmente se hace de él el molde que servirá

FACTORES
* RESISTENCIA AL OLEO: Es de
máxima importancia que el artista use
solamente colores resistentes al óleo (o no
exudantes), pues si para pintar un cua­
dro ha empleado colores no absolutamente
resistentes al óleo, se expone al riesgo,
después de algún tiempo, que se corran
todos los colores del cuadro, . dañándolo
por completo. (Acuérdense de esos cua­
dros del final del siglo diecinueve, en
los que se empleó el funesto asfalto).
★ MISCIBILIDAD DE LOS COLORES
ENTRÉ SI: Ciertos colores mezcla­
dos entre sí pueden tener reacciones quí­
micas recíprocas que provocan una modi­
ficación en el tono de la mezcla. Sólo
debe exceptuarse el verde Pablo Veronese,
que no debe ser mezclado con cadmios,

6

de matriz a la medalla colada. Se puede también, sustitu­
yendo el bloque de parafina por uno de acero, obtener el
punzón para la medalla acuñada.
La máquina permite dar a voluntad un relieve más o
menos acentuado y aun lograr una reducción en profun­
didad de un modelo en relieve. El medallista interviene,
en teoría al menos, en el curso de este trabajo mecánico.
No es, tal vez, rigurosamente exacto afirmar que el meca­
nismo ha matado el arte de la medalla; que no existen ya
medallistas sino escultores que accesoriamente modelan ba­
jorrelieves destinados a ser reducidos automáticamente.
No es menos cierto que un verdadero aficionado estará
siempre tentado de reprochar al torno de reducción el
habernos arrebatado la flor del arte que estudiamos aquí.
En otro tiempo, grabadores o modeladores de medallas
fundidas o acuñadas, en su ignorancia de estos procedi­
mientos de reducción automática y privados de esos ser­
vidores demasiado complacientes, ejecutaban sus obras
directamente en las dimensiones definitivas, resultando así
una más íntima armonía de los relieves y de las proporcio­
nes y una franqueza en el oficio perceptible de inmediato.
Es eso lo que hacen todavía algunos medallistas — aun
demasiado raros, pero los mejores y los que harán escuela,
sin duda—: emplean los procedimientos de los grabadores
monetarios o de ciertos medallistas del fin del siglo xvr,
grabando directamente en un trozo de acero el punzón en
relieve, o 'la matriz en hueco. Es ésa una labor meritoria,
que exige un aprendizaje especial. Se ve bien, por qué los
aficionados y los perezosos la rechazan. Ciertamente, es
más cómodo modelar un gran medailón (pie enfrentar el
metal mismo. Pero el grabador es premiado por su em­
peño. No se puede sostener que estas cuestiones de pura
técnica sean indiferentes. En el caso presente, la materia
dicta, por así decirlo, su voluntad, e impone una estética.
Se gana la presentación de obras más coherentes, más só­
lidamente establecidas, y un estilo enérgico. El rigor lógico
de su factura, que no admite equívocos ni subterfugios, le
confiere una suerte de nobleza austera.
(i) M édaille. Fr. = M edalla, ( ti) Dem i-denier — Denier. Fr. = An­
tigua m oneda francesa, doceava p arte de un sou. Sou = m oneda de
cobre de poco valor, (ni) M onnaie. F r. = M oneda, (iv) Jetón (de
jeter — echar, arrojar). F r. = Pieza redonda o rectangular de m arfil
o m etal, (v) M éreau. F r. = Ficha que se distribuía a los miembros de
un capítulo, (vi) Tésera. C ast. = Ficha de m adera, hueso, marfil o
m etal usada por los rom anos como signo de hospitalidad o alianza,
como pieza de admisión o moneda.

N. R. — Sucesivamente, a medida que sea posible,
publicará fragmentos de este libro — «La médaille
et les médailleurs», Payot, París 1927 — que estudia el.
arte de la medalla en distintos países y épocas.
F orm a,

QUE HAY QUE TENER EN CUENTA AL JUZGAR
LA C A LID A D DE LOS COLORES AL ÓLEO
ultramarino ni bermellón, ni cualquier
otro color que contenga azufre.
Sin embargo, no se debe confundir esta
alteración producida por reacciones quí­
micas con la que se produce en los colo­
res mezclados cuya estabilidad a la luz
es de distinto grado. En este último caso,
el color cuya estabilidad sea más escasa,
empalidecerá primero, alterando así el as­
pecto del tono de la mezcla.
Es un trabajo complicadísimo para un
pintor el determinar las posibilidades de
entremezclamientos, sobre todo cuando se
trata de muchos colores, por existir un
gran número de combinaciones. Sin em­
bargo, si se quiere hacer el experimento,
se deberá cubrir un trozo de cartón con
la mezcla deseada y guardarlo durante
una semana en un lugar de luz tenue.
Con el objeto de aligerar el proceso, se

recomienda tener el cartón en lugar cá­
lido y húmedo: se puede colocar el trozo
de cartón sobre soportes en una palan­
gana donde haya agua, pero de tal ma­
nera que el líquido no llegue al nivel del
cartón; luego se cubre el todo y se depo­
sita en lugar cálido.
Después de haber dejado los colores en
ese sitio durante una semana, se debe ha­
cer una nueva mezcla de los mismos colo­
res para comparar el resultado y ver si
se ha producido un cambio.
Pero hay que tener en cuenta que el
aglutinante puede haberse oscurecido o
haber sido absorbido por el lienzo o car­
tón empleado: por tal razón sería muy
conveniente dejar expuestas al aire las dos
pruebas, durante dos días, y darles una
mano de aceite de linaza. — A p e l d o o r n ,
Holanda.

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

P

ABLO R U IZ
P ic a s s o

posee la clave en
sí y por sí, sobre
sí. Inútil el aná­
lisis de la obra
de Picasso en
solicitud de ru­
ta, de camino.
Porque de Pi­
casso se ha ha­
blado de miles
de m aneras. . .
Pero ¿cuántos
son los aficiona­
dos que conocen,
no ya la casi
totalidad de su
obra, sino una
mínima parte?...
Picasso graba­
JUAN C. FAGGIOLI
dor, Picasso di­
bujante, Picasso
paisajista, Pi­
casso escultor,
¿es imaginado
siquiera ?. . .
En Picasso no
hay la continui­
dad, o quizá es­
ta continuidad espiritual clarinete, la guitarra —, y en
exista en la raíz, en lo hondo 1919 nos sorprende con ese
de Picasso. Entre el Picasso retorno genial que son “Ena­
de su autorretrato dedicado a morados en el campo” y el
Max Jacob en 1904 y del re­ dibujo de tradición renacen­
trato de mujer en una silla tista de las dos mujeres des­
de brazos, fechado en 1927, se nudas, perteneciente a la co­
diría no existe la menor re­ lección de G. F. Reber, de
lación. ¿ La hay ?. . . La segu­ Lugano. Vuelve en 1924 a las
ridad del dibujo, la maestría, estridencias del postcubismo
el dominio del oficio, existen de “Los músicos”, conservado
en ambas admirables obras. en la misma colección Reber,
El crítico hallará algo más. y seguidamente, el mismo
Picasso es la inquietud ge­ año, logra el retrato de joven
nial. Gran artista, jamás le con los brazos cruzados y el
satisface su obra: realizada, Arlequín. No hay indecisión,
necesita la superación. Y en no hay dudas en el camino:
pos de esta superación de ca­ hay inquietud de artista, hay
lidades de gamas, prosigue, anhelo de captar nuevas emo­
eternam ente inquieto. En ciones.
1911 y en 1912 hace cubismo A fuerza de dominio del
— el violinista, el hombre del oficio se ha olvidado del ofi­

“ Frutas” (óleo)

LA INQUIETUD INTELECTUAL
Por E. R. YERNACCI
DE PICASSO
★

(Be “ El Sol” , de Madrid)

cio Pablo Picasso. Y ésa es
la cima del artista. Conseguir
este olvido, que es el supremo
dominio. La obra no es el ofi­
ció, y sin embargo, es cómico
intentarla sin su conocimien­
to pleno. Fué Cézanne el que
hizo aquella frase en boga
hace años: “Cuando no te
cueste trabajo pintar con la
mano derecha, pinta con la
izquierda, para que te cueste
algún trabajo”.
En Picasso fallan todas las
teorías. Aparece en el arte tal
como un gran pensador nues­
tro ha dicho de Goya: Soli­
tario, aislado, oasis en un ex­
traño desierto. Jean Cassou,
con sugestiva perspicacia ha
señalado idéntica noción de
soledad, de aislamiento, en al7

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

gunos de nuestros escritores
a través de las diversas épo­
cas de nuestra literatura. Es­
paña en arte es país de cum­
bres. Cumbres im previstas
en la llanura de la mediocri­
dad, cumbres más dignas de
admiración por su inquietan­
te originalidad, que dice mi­
lagrosa fuerza creadora, que
por su obra misma, con ser
de excepción. En Picasso no
hay lógica para explicarse
influencias, ni aun siquiera
preferencias. Es él en todo
instante. Es él cuando provo­
ca los ditirambos y también
cuando desata las acerbas
censuras.
M auricio Reynal ha di­
cho, refiriéndose a Picasso:
“Nuestro artista no busca lle­
gar a un fin, porque parte del
fin”. En Picasso hay que

buscar el creador; no se tra­
ta de copiar, ni siquiera
de mejorar, una versión es­
tética anterior. Simplemente
— ¡y qué magistral simple­
za! — logra algo nuevo. ¿Por
qué al tratarse del arte pic­
tórico en su más amplia
aceptación no cabe hablar de
abstracciones y sí únicamen­
te de concreciones ?. . . Picas­
so ha conseguido abstraccio­
nes. No pensamos que es jue­
go de palabras, cubileteo de
circo hablar de abstracciones
en arte. Por ello mismo no
intentaremos explicarlas. Se­
ría inútil procurar e-xplicar
por que nos conmueve la “Pas­
toral” beethoveniana y nos
crispa “María de la O”.
Con ligereza se ha dicho,
por ejemplo, que en estos an­
helos de superación que quieren se r los
nuevos sen­
deros de arte
-—• a lg u n o s
equivocados,
quién lo du­
da, y algunos
también me­
ro s tru c o s
despreciables
— 1 o que s e
oculta es la
im potencia,
la incapaci­
dad de crear,
el desconoci­
miento de las
nociones del
oficio. Hemos
indicado ya
PLASTICA m 2
que para nos­
( A Ñ O ¡ V)
otros hay en
Picasso, ante
todo, un do­
Contribuir al conocimiento del
minio absolu­
ar te n a c i o n a l es p r e s t í g i a r l o
to del oficio.
Y así, no po­
demos adm i­

AVELLANEDA 4201

8

- U. T . 67 - 8914 - BUENOS AIRES

tir esa frívola censura. Pi­
casso es un dibujante for­
midable. Ante la fuerza de
dibujo de “Los vencidos”,
cuadro pintado en 1906, o del
“Arlequín”, fechado en 1923,
no hay quien niegue el do­
minio. Nuestro artista jamás
soslayó una dificultad de téc­
nica: en toda ocasión se en­
frentó a ella para dominarla,
y lo consiguió.
Aun en sus reiteradas in­
cursiones en el campo del cu­
bismo — incursiones de las
que en todo instante ha re­
gresado con mayores bríos
constructivos —, el dibujante
ha sabido hallar ese secreto
de la línea pura peculiar del
conocedor profundo del dibu­
jo. Porque en el fondo de Pi­
casso, y a pesar de sus expli­
cables y admiradas huidas,
reside un académico. A los
catorce años conquistaba un
premio en un establecimiento
oficial con uno de sus dibuj os. . .
En los empeños de explica­
ción a Picasso se ha querido
encontrar en él preferencias
apoyadas en el Renacimiento
italiano y sus geniales intér­
pretes pictóricos — léase a
D’Ors — ; cierto que en “Los
amantes en el campo” o en el
desnudo del joven con el ca­
ballo cabría descubrir admi­
raciones leonardescas. Pero,
¿por qué no pensar también
■—- y algo de ello ha indicado
Anthony Bertram — en Vermer de Deift, obsesionado,
como Picasso, por la simplifi­
cación de las curvas resuel­
tas en planos angulares ?. ..
Este prurito de encontrar
estructura geométrica a las
cosas bajo los accidentes de
la forma aparente no es pro­
blema que se han planteado

�FORMA

Eiíero y Febrero de 1943

únicamente los
cubistas y con
ellos Picasso.
Mas será ne­
cesario que nos
detengamos a
la entrada de
este caminillo
de crítica pu­
ra, porque, in­
sistimos, no es
nuestro propó­
sito en estas
notas el hacer
crítica, sino
ú n ic a m e n te
ejercer de mo­
destos heral­
dos, empeña­
dos en atraer
a la fiesta que
s ig n ific a la
Exposición de
Picasso, próxi­
ma a inaugu­
rarse en Ma­
drid, el mayor número de
preocupados por estos deli­
ciosamente superfluos place­
res estéticos.
¿Algo de biografía de Pi­
casso ?. .. Resumamos en es­
casas líneas. Pablo Ruiz Pi­
casso nació en Málaga en
1881. Su padre era profesor
de dibujo. Pasó su juventud
en Barcelona, ya consagrado
al arte que lo había de hacer
famoso. Le rechazaron algu­
nos cuadros en las primeras
exposiciones oficiales a las
que deseó concurrir — ¡loor a
nuestro pintor! -—, y dió el
salto a París, donde en segui­
da se impuso su genio. En
1904,. esto es, a los veinti­
trés años, Picasso era ya un
maestro.

La obra de Picasso, en su
mayor parte, está distribuida
en colecciones particulares.
Colecciones francesas, suizas,
norteamericanas, alemanas.
En España hay escasas pro­
ducciones del genial malague­
ño. En el Museo de Barcelona,
alguna cosa, y no de lo más
fuerte del pintor. En el Mu­
seo de Arte Moderno de nues­
tro Madrid no hay un solo
lienzo de Picasso. Y cierta­
mente no cabe atribuir a la
actual dirección, de la que sa­
bemos los esfuerzos para con­
seguir obras representativas
del artista. Quizá haya llega­
do el momento para realizar
estos anhelos. Hagamos votos
por que la tela de araña oficial
no anule el admirable em­
peño del dignísimo director.

Exposiciones ha celebrado
en gran cantidad Picasso. No
sólo en París; tam bién en
Bélgica, Holanda, Inglaterra,
Alemania. En Suiza, hace dos
años, tuvimos la satisfacción
de asistir a la de Zurich. Tam­
bién vimos unos maravillosos
lienzos suyos en el Palacio
para Exposiciones de Arte
Moderno de Lucerna.
★

★ ★
★ *
★
NUESTRA CASA ES LA DE
TODOS LOS PLASTICOS V
DE LOS QUE GUSTEN DE
ESTA ACTIVIDAD.
E N T R A D A
L I B R E
DE 1 7 A 2 0 . 3 0 H O R A S

¡

................... ................. .

es posible confiar en el futuro de una Institución si cad a uno de sus m iem bros no
se considera como parte integrante e indivisible de la misma, con los mismos deberes y
las mismas responsabilidades” .
(D e la M em oria de 1942)
“No

9

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

becas de viaje a grupos de a r­
tistas — con itinerario y tiempo
fijos —, las casas de descanso
etcétera.
★ El comando de nuestro E jér­
cito ya ha aceptado el ofre­
cimiento de artistas pintores y
escultores para el estudio del en­
mascaramiento de las regiones
del país donde esto sea necesario.
* La influencia de los artistas
se nota ya en los arreglos de
interiores de las casas de familia
y para negocios, como también
en los frentes de las casas de
comercio, donde día a día se hace
gala de mejor gusto. Ello es la
resultante de la conjunción de
arquitectos y decoradores, como
en otra época lo fuera de arqui­
tectos y escultores.
★ Cuando nuestros artistas com­
prendan la importancia de de­
dicarse con cariño y esmero a
una especialidad, interiorizándo­
se concienzudamente de las difi­
cultades que les ofrece, llegarán
a producir obras de mérito, de­
terminando con exactitud lo que
más convenga a cada ambiente
o en cada caso.
★ El teatro ha dejado sus puer­
tas abiertas para el bocetaje
de escenografías y figurines y
hasta se procura una ilumina­
ción adecuada a cada escena y
según el carácter de la obra.

ORESTES R. P. URBINI

‘Buenos Aires que surge” , (óleo)

NUEVAS ESPERANZAS
en lo/ ARTISTAS PLASTICOS
★ Los plásticos argentinos están viviendo uno de los
momentos de mayor interés y que ha de dar como
resultado un futuro cierto y como consecuencia una
preponderancia del arte nacional. Son varias las
causas que motivan este aserto.
Antes'' que nada debemos destacar el hecho, por
demás auspicioso, del entendimiento de las tres so­
ciedades de artistas más importantes del país: la
Asociación Estímulo de Bellas Artes, el Círculo de
Bellas Artes y la Sociedad Argentina de A rtistas
Plásticos. Cada una de estas instituciones delegará
a su presidente y secretario, los que, reunidos, for­
m arán un consejo consultivo, de acción permanente,
para tratar y buscar solución a los muchos proble­
mas de los artistas. ★
★ Se procurará la enseñanza efectiva y práctica de
las bellas artes, se estudiarán la organización de
salones y sus regímenes de premios y jurados, la
creación de trabajo dentro de la especialidad, las

10

★ En la cinematografía extran­
jera los artistas plásticos son
elem en to s indispensables para
los proyectos de fondos, decora­
dos, la concepción de grandiosos
conglomerados para el gran es­
pectáculo o el dibujo de los su­
cesivos encuadres en el movi­
miento de masas. Resulta el ima­
ginativo de la producción.

★ Otro de los campos donde los
plásticos están obteniendo jus­
tos éxitos, es el de las artes grá­
ficas. Desde la creación de la sim­
ple página hasta el conjunto que le dará el libro. En
él tiene la responsabilidad de su buen gusto al distri­
buir imágenes, elegir la tipografía adecuada al estilo
del escritor, y además, saber comprender cuál mo­
dalidad conviene' a la ilustración de cada trabajo.
★ Dentro de poco, una importante editorial llam ará
a concurso para ilustrar un libro con la finalidad
de poder hacer, con las obras que se le rem itan, un
detallado catálogo de ilustradores, para encargarles
los libros más acordes con su estilo y su técnica
personal.
Estas páginas están a disposición de todos los
artistas plásticos que deseen opinar sobre arte
o sus problemas. Sólo se exige que el trabajo
sea breve y de interés.

�Enero y Febrero de 1943

MOMENTO

FORMA

L a F eria del Libro . —
nidamente. Los libreros o
Las distintas firmas editoras
editores han obrado tam ­
que a c tú a n en n u e stro
bién precipitadamente. Han
Por LEONARDO ESTARICO
mercado de libros realizan
creído que am o n to n an d o
lib ro s deslumbrarían por
en esta capital la primera
Feria del Libro Argentino. El acontecimiento sugiere el volumen. No es así. Mejor acondicionados, el pú­
varios comentarios. El primero y más concluyente es blico hubiera podido apreciar mejor el tremendo pro­
la comprobación tangible, perentoria, inmediata, de greso de nuestra industria gráfica. Hemos contem­
algo cuyo enunciado puede parecer una verdad de plado ejemplares magníficos, que nada tienen que
Perogrullo, pero que no por ello dejaré de enunciar: envidiar a las mejores ediciones europeas del género.
existe un libro argentino. Espiritualmente, intelec­ Separados por materias, la orientación sería menos
tual, física y materialmente, el libro argentino es una ardua.
realidad, una realidad que puede enorgullecemos. Que
Con todo, lógico es, nuestra inquisición se dirigió
abundan banales versificadores, que sobran enredistas a los libros de arte.
y fumistas, que no todo es de primera agua, es exacto;
Diseminados en los anaqueles brillan los nombres
pero eso ocurre en todas par­
más gloriosos de los mejores
tes del mundo; en compensa­
artistas de todas las épocas, en
ción hay otra producción que
diversas ediciones acomodadas
revela el alto grado de cultu­
a las distintas p o sib ilid ad es
ra de nuestro país. El público
económicas de los concurren­
ha sabido responder al esfuer­
tes. Asombra lo andado en tan
zo. V isitan la m u estra de
poco tiempo. Pero es menes­
80.000 a 100.000 personas
ter no dormirse en los lau­
diariamente. Es un verdadero
reles y proseguir b reg an d o
éxito. Se ven cosas curiosas
por una constante superación.
que enternecen. En un stand,
Es sensible que no se editen
un viejecito leía un libro en­
láminas sueltas, como se ha­
tero de Francisco Luis Ber­
cía en toda Europa antes de
nárdez. No lo hojeaba, no.
la guerra. La colección exis­
Leía pausadamente poema por
tente en el Museo de Rosario
poema. Soportaba estoicamen­
da una idea cabal del grado
de perfección alcanzado en tal
te empellones, molestias y has­
ta protestas.
sentido.
¿Es el libro más universal
Otra constatación que nos
que la pintura? Sí y no. En­
halaga es que muchas porta­
tonces ¿por qué concurre tan
das son obra de artistas plás­
poco público al Salón Nacio­
ticos. Su buen gusto las des­
nal? La pintura es más uni­
taca de las otras, de aquellas
versal que la lectura. U n cua­
cuya puerilidad no condice a
dro gusta a cualquiera, incluso
menudo con las excelencias del
a los analfabetos. De ahi que
contenido.
los antiguos la empleasen co­
Estas portadas hacen más
mo instrumento de propagan­
por la educación artística del
da a fin de atraer prosélitos. Lo que se impone es llevar pueblo que muchos discursos. En cuanto a la estruc­
los cuadros a sitios de más fácil acceso que aquel en tura interior de los libros en general, podemos afirmar
que se realiza el Salón; hacer exposiciones en los luga­ que no le va en zaga a los aspectos encomiásticos que
res que las masas frecuentan. La Feria del Libro es hemos señalado. Una de las pocas lástimas que nos afec­
una lección que debemos aprovechar.
tan directamente son los precios siderales, pero explica­
Como sugestión nada más, pues son demasiado vi­ bles ante las grandes dificultades derivadas de la actual
sibles los grandes errores de realización. Disponiendo situación internacional. Celebremos con optimista fe
de grandes espacios se han erigido dependencias exce­ esta refirmación de nuestra cultura, que coloca a la
sivamente exiguas. Es casi imposible ver algo, dete­ Nación en el plano que más honor le hace.

//

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

LO S A R T IS T A S y EL ESTAD O
Fragm ento de los fundam entos del discurso del Presidente de
la U niversidad de la Plata, Dr. ALFREDO L. PALACIOS,
con motivo de solicitar en el Senado de la N ación, una
pensión para el escultor Rogelio Y rurtia.

O O O
• • • c ONSIDERO un grave síntoma
el significado de esta oferta, porque
pone de relieve las angustias secretas
y las hondas tribulaciones del artista
que nos ha representado con honor,
ante las grandes naciones, en un
campo del espíritu en el que nos­
otros carecemos todavía de gravitación
propia.
Esto revela, también, una seria de­
ficiencia de previsión, de justicia y
de concepto constructivo en los orga­
nismos superiores del Estado, encar­
gados del fomento de nuestra riqueza
cultural, no de menor importancia que
la agropecuaria, puesto que aquélla es
la única que nos puede conceder per­
sonalidad en el mundo. Se han fun­
dado comisiones de cultura que distri­
buyen becas de estudio y disciernen
premios oficiales, pero poetas como
Lligones, que dió brillo a nuestro
idioma con creaciones imperecederas,
tal como La Guerra Gaucha, se suici­
dan agobiados por una situación pre­
caria.
Algo muy fundamental falla en las
esferas dirigentes, en lo que atañe a
la protección que se debe a los artis­
tas, cuando son posibles tales cosas.
Somos un pueblo naciente, a quien el
destino ha señalado, por circunstan­
cias especialísimas que nos vienen de
la tradición, para ser depositarios y
renovadores del acervo cultural huma­
no; tenemos una abundancia de rique­
zas naturales que sólo esperan el brazo
laborioso y la inteligencia directiva pa­
ra rendir el tesoro de sus frutos. Y,
sin embargo, prodúcense, entre nos­
otros, desconcertantes fenómenos, como
ése del suicidio de los poetas; o del
lamentable abandono y la pobreza ex­
tremada en que terminó sus días un
artista genial como Zonza Briano, o
como éste de ahora, que denota la crí­
tica situación de uno de nuestros ar­
tistas más preclaros; síntomas revela­
dores de que, a despecho de todas las
apariencias, se sigue un rumbo de cru­
do materialismo, propio de civilizacio­
nes agotadas; o de que no hemos lle-

12

gado a tener conciencia de la magni­
tud de nuestro destino.
Rogelio Yrurtia es un hombre de
extraordinario poder creador por la
fuerza prometeica que imprime a to­
das sus obras. Es un luchador hercú­
leo, que con su genio constructivo y
su esfuerzo personal ha enaltecido el
nombre argentino en Francia y en Nor­
teamérica, compitiendo en una esfera
a la que no logran elevarse más que
las grandes culturas de civilizaciones
seculares. Y este hombre, que nos hon­
ra y nos ennoblece, cuyo orgullo de
argentino no le permitió triunfar asi­
milándose a medios extranjeros, se en­
cuentra hoy, entre nosotros, en pose­
sión de la plenitud de su facultad
creadora, desamparado y entristecido
por la impotencia de producir, como
un desocupado trascendente, en quien
se encarnan aspectos esenciales de la
propia nacionalidad.
Es una forma expresiva y augural de
la, conciencia argentina, por encima
del presente, lo que se encuentra pa­
ralizado e inhibido con la inacción de
Rogelio Yrurtia. Y es deber elemen­
tal para el Estado proveerlo de los
medios que le permitan acrecentar el
volumen de su obra. Con ella, está di­
latando nuestro dominio espiritual y
ejerciendo una influencia de brújula
orientadora.
La obra de Rogelio Yrurtia es una
escuela de fortaleza, de apasionadas
tensiones, contenidas por un equilibrio
armónico que se resuelve en viril pre­
sencia estética y poder generador. Lle­
va la fibra leonina, la recidumbre an­
cestral, que traduce la esencia afirma­
tiva, creadora, de nuestro pueblo: su
posición de firmeza y rotundidad y su
raigambre en la vida. Porque, ante
todo, el arte de Yrurtia no traduce
una visión exclusivamente estética. Si
bien posee la serena claridad latina de
los clásicos, en lo preciso y concreto
de la forma, ésta entraña un dinamis­
mo, una pasión irradiante, una inci­
tación ardiente de sentido constructivo,
que le convierte en maestro de energía.

Hay en toda su labor un hálito de
potencia, que le erige en diapasón para
un pueblo fuerte. Constituye una lec­
ción que, aun cuando traduce el timbre
heroico de las gestas del pasado, to­
davía no ha penetrado firmemente en
el plano de nuestra conciencia, sobre
todo en esferas dirigentes. Por eso,
no ha suscitado el entusiasmo y la
admiración que su obra reclama de
nosotros, ya que con ella ha otorgado
a la argentinidad una expresión tras­
cendente que perdurará a través del
tiempo.
Y no es porque no haya sido reco­
nocido en el extranjero: condición
ineludible que impone siempre nues­
tra desconfianza, para poder confesar
la admiración a lo propio...
☆

☆

☆

☆

☆

☆

☆

☆

Buenos Aires, abril 5 de 1943. Señor
presidente de la Comisión Provincial de
Bellas Artes de Santa Fe, Dr. Nicanor Molinas, Museo "Rosa Galisteo de Rodríguez
4 de Enero 1552, Santa Fe.
Tenemos el agrado de dirigirnos a us­
ted, en representación de las Sociedades
Asociación Estímulo de Bellas Artes, So­
ciedad Argentina de Artistas Plásticos y
Círculo de Bellas Artes, con el objeto de
sugerirle la conveniencia de rever el ar­
tículo 16 del Reglamento General para
el XX Salón Anual.
El hecho de que se hayan ido restrin­
giendo paulatinamente los montos para
premios en el citado Salón, basta llegar a
la suma de este año, ha causado sorpresa
entre los artistas plásticos del país.
El costo actual de los materiales para
cualquiera de las maneras artísticas ha­
cen necesario, en cambio, aumentar las
partidas de estímulo a las actividades ar­
tísticas, más aun, si se tiene én cuenta
que se tratan de premios adquisiciones.
Este mismo hecho resta de por sí jerar­
quía e importancia a dicho Salón Anual,
y no debe olvidarse que actualmente es
común el que las casas comerciales voten
sumas similares para organizar concursos
de afiches.
Por estas observaciones, que hacemos
con el propósito de que el esfuerzo de or­
ganizadores y artistas no se vea malogra­
do, perjudicando una de las muestras de
más significación nacional, queriendo con
esto propender al mejoramiento de estas
actividades.
Sin otro particular, aprovechamos la
oportunidad para saludar a usted muy
atentamente.
(Firmada por el presidente y secreta­
rios de las tres instituciones).

�FORMA

Enero y Febrero de 1943
PROCEDIMIENTOS TECNICO S
Y DIVERSAS CLASES DE PINTURA

i

f;

-*• ENCAUSTO. —- Este procedi­
miento, usado ya por los anti­
guos, consiste en el empleo de
colores desleídos con cera fundida,
que es necesario mantener calien­
tes mientras dura el trabajo. Se
supone que antiguamente se em­
pezó por agregar resina al tem­
ple de la cola; luego, cera, para
quedarse, por último, con ambos
procedimientos.
Los colores disueltos con cera
derretida al fuego, se aplican con
pinceles y se extienden con un
hierro caliente (cauterio). Tam­
bién se utiliza para extender el
color el soplete de plomero, al que
previamente se le ha colocado de­
lante de la llama y en forma de
pantalla, una plancha de metal.
En esta forma llega solamente el
calor. Una vez terminada y fría,
puede frotarse con un paño para
darle el brillo deseado.
★ PINTURA A LA CERA. — Es­
te sistema se parece más al
fresco que al encausto, que se em­
plea en caliente. En la actualidad
se utiliza en decoraciones m ura­
les suplantando al “fresco”.
Este procedimiento consiste en
mezclar a los colores al óleo, cera
y esencia para pintar sobre una
preparación de blanco de plomo
molido al aceite y barniz. La mez­
cla de la cera en el óleo da a éste
ese mate tan característico y ne­
cesario en la decoración mural. A
la vez, este sistema permite todos
los retoques deseados y no tiene
limitaciones de colores.
★ PEGADO DE TELA SOBRE
UN MURO. — Terminada la te­
la, se desmonta del bastidor y se
enrolla con cuidado, con la pintura
hacia afuera. Una vez limpia la
pared, se le da una mano de albayalde, lo mismo que al reverso de
la tela; luego se aplica, teniendo
en cuenta hacerlo primero con el
margen superior, sosteniendo le­
vantado el resto, y se irá presio­
nando suavemente de arriba aba­
jo para evitar ampollas de aire.
★ PEGADO DE UN PARCHE. —
Los parches en las telas deben
pegarse de la siguiente manera,
para que no dejen marcas visibles
o en relieve: se toma el parche
y se le afina todo lo posible los
bordes; luego se le pasa cera ca­
liente y se deja enfriar. En el re­
verso de la tela, donde se va a
parchar, también se le coloca una
ligera capa de cera fundida, no
muy caliente. Se pone el parche
uniendo las superficies enceradas
y se le pasa una plancha tibia.
★ UNA BUENA FORMULA PA­
RA PREPARAR TELAS: tres
partes de blanco de zinc, tres de
aguarrás Pino Prat, una de resina
en polvo y una de aceite de lino
cocido. Primero, dése a la tela una
mano de cola toten, muy liviana.

LA D E C O R A C I O N P O P U L A R
F ra g m e n to de nn
p in t o r

f

t r a b a jo

AMADEO DELL’ACQUA,

le íd o p o r el
en L . R . A.

N otras oportunidades me he ocupado de la primera época de la

humanidad, y con ello, de la pintura de rostros y cuerpos, como
también me referí al decorado de sus armas y utensilios fami­
liares y domésticos.
”Expliqué en esa oportunidad la influencia del medio ambiente y el
de las derivaciones por la mística de stis creencias. Lo mismo en el Norte,
en Alaska, como en la inexplicable isla de Pascua.
"Si bien en algunos pueblos primitivos rige en la guerra el sentido
del disfraz terrorífico imitando a las bestias salvajes o creando mons­
truosas caretas para amedrentar al enemigo, en sus ritos religiosos y en
los del convivir diario demuestran preferencia por la combinación armó­
nica de líneas y colores en sus tocados.
"Con el primer maquillaje, el hombre da comienzo a las artes de­
corativas.
"Como dije, la phitura del cuerpo dió paso al color en las mantas
y telas destinadas a vestimenta. Costumbre ésta que el género humano no
abandonó nunca, ni siquiera temporariamente a través de las generaciones.
"El adorno de las primeras chozas, de distinto gusto y concepto
según fuere la región de la tierra en qrie habitaran sus moradores, éstos
siempre supieron darle gran importancia.
"El oriental superó siempre a los demás pueblos en el adorno, por su
gusto delicado y su ejecución precisa y justa. Allí da comienzo el orde­
namiento de las formas de hacer y que hoy nos permite clasificar la deco­
ración en cinco órdenes generales: de repetición, alternado, simétrico,
progresivo y de confusionismo. El detalle, más que el conjunto, prueban
el orden y ofrecen partictdaridades destacadas para su clasificación.
Hindúes y griegos marcan en la arquitectura, más que otros pueblos, la
característica de lo simétrico en lo general y de alternación en el detalle.
"No es posible creer ya que los artífices de entonces construyeron,
ejecutaron la decoración de sus templos con la simple guía del instinto.
Es seguro el conocimiento demostrado en la geometría, la orientación del
ángulo de luz y algo mucho más importante por la matemática coordi­
nada al razonamiento: la importancia de la línea en su- dirección para
dar proporción a la mole, creando así el ambiente adecuado qtie, pose­
sione psicológicamente el espíritu del individuo.
"Lo prueban los grandes templos de todas las épocas y de las más
diversas religiones.
"Sin embargo, los griegos rompen la idea de la alta vertical por la
de cantidad de medianas verticales aplicadas en las columnas del Partenón, y qtie, de acuerdo con la interpretación de teorías estéticas, "han
de guardar en el conjunto, el sagrado silencio del corazón de un bosque...”
"¿Quién no se siente pequeño en el interior de una nave, en un tem­
plo de estilo gótico, ante sus altas ojivas y alargados ventanales por
donde la luz se tamiza transformándose mortecina y policroma?
"¿Y esa sensación angustiosa, de tin frío recogimiento, al oír la mo­
dulación opaca y profunda de un trozo musical en medio de ese
ambiente grandioso de iluminación especial?”
"Son conjuntos de efectos decorativos planeados con acierto para
crear ambiente que predisponga al espíritu a un premeditado efecto.
"Así siempre, antes como ahora, distintas las formas pero los mismos
fines. El hombre los buscó en la imitación o creándolos con un simple
interés. Y hoy, como entonces, hace lo mismo. Es. como la rotación
vertical del agua de lluvia: caer, para después de la evaporación, volver
a caer.”
"En esa perfecta función física, de por sí tan maravillosa como sim­
ple, podemos hallar un paralelo insignificante en su ejemplo, si negamos
la ftmción beneficiosa de la lluvia, así ella golpee con fuerza la tierra
para beneficiarla.
"La decoración — considerada, por error, un arte menor — nunca
está ausente de nuestro sentir, aunque pasen épocas de decadencia que
lastimen el buen gusto, para, por comparación, beneficiarse al fin.”
13

I

_■■
. . II '___ I___ W I_H I

�FORMA

Enero y Febrero de 1943

Un objeto se hace es­
pectáculo tan pronto co­
mo haya un espectador
para contemplarlo.
Por tanto, puede con­
siderarse este objeto de
múltiples maneras. Asi,
una mesa puede ser ob­
servada por un ama de
casa desde un punto de
vista más o menos utili­
tario. Un carpintero ob­
servará cómo ha sido he­
cha y la calidad de las
maderas empleadas en su
fabricación. Un poeta, un
mal poeta, imaginará al­
ternativamente, la felici­
dad del hogar, etc.
Para un pintor será
simplemente un conjunto
de formas planas colo­
readas. E insisto en las
formas p lan as p o rq u e
considerar estas formas
en un mundo especial se­
ría, quizás, misión de un
escultor.
MELITON CALVO

A pesar de sus dife­
rentes aspectos, la mesa
de que acabo de hablar
posee la misma idea de
mesa para la mujer de
gobierno, el carpintero y
el poeta. Sólo son dife­
rentes los elementos que
de ella recogen.
Según esto, ¿por qué
desear que un pintor
saque de este objeto los
elementos de otras pro­
fesiones? ¿Por qué no ha
de contentarse sim p le­
mente con los elementos pertenecientes a su propia profesión?
El que al pintar una botella piensa en expresar su materia, en
vez de representar un conjunto de formas coloreadas, merece ser
vidriero más que pintor.
“ Croquis” (tinta china)

DOCTRINA
por finan Qriá

☆

N amigo mío, pintor, ha escrito: "No se hace un clavo
con un clavo, sino con hierro”. Yo siento contrade­
cirle, mas creo precisamente lo contrario. Se hace espe­
cialmente un clavo con un clavo, porque sin la idea previa
de la posibilidad del clavo, se correría el riesgo de, con la
misma materia, hacer un martillo o unas tenacillas.
No basta para pintar armarse de telas, brochas y colores.
Se hará un paisaje, un desnudo de mujer, brillantes cacerolas,
triángulos o cuadriláteros, pero no se hará pintura jamás si no
ha existido, a priori, la idea de la pintura.

O
Podemos discernir tres grandes categorías de contempladores:
Primera: Aquellos en quienes el estado emotivo es el mismo
ante un espectáculo natural ó industrial y un espectáculo debido
al arte.
Segundo: Aquellos en quienes la emoción es intensa ante una
manifestación de arte.
Y tercera categoría: Los que igual pueden sentir esta misma
emoción intensa ante un espectáculo natural o industrial, o ante
una manifestación artística.
Esta tercera categoría de espectadores siente, por lo tanto, ante
un espectáculo existente fuera del arte, una emoción semejante
a la que ante un hecho artístico experimentaría un espectador
de la segunda categoría.

O
Es evidente que, para que una emoción sea pictórica, es nece­
sario que haya sido provocada por un conjunto de elementos
pictóricos, es decir, que pertenezcan al mundo d? la pintura.
Porque todo espectáculo, aun los mismos debidos al arte, pueden
ser considerados en mundos distintos.

i4

O

Puede afirmarse que si la estética es el conjunto de analogías
entre la pintura y el mundo exterior, la técnica es el conjunto
de analogías entre las formas y loscolores que contienen y entre
las mismas formascoloreadas. Esta es la composición y tiene
por resultado el cuadro.
En un cuadro, cada forma debe responder a tres acciones vitales:
al elemento que representa, al color que contiene y a las otras
formas que componen con ella la tonalidad del cuadro.

O

Se me puede objetar: ¿Qué razón había para dar significacio­
nes de realidad a estas formas, puesto que ya ellas están acordadas
entre sí y constituyen una arquitectura? Respondo: Es conside­
rable el poder de sugestión de toda pintura. Cada espectador
tiende a atribuirle un asunto. Es necesario prever, adelantar y
ratificar esta sugestión que va a producirse fatalmente, transfor­
mando en asunto a esta abstracción, a esta arquitectura, debida
únicamente a la técnica pictórica.

O

Y ahora, permitidme terminar diciendo que la única posibilidad
de la pintura es la expresión de determinadas afinidades del pintor
con el mundo exterior y que el cuadro es la asociación íntima de
estas analogías entre ellas, y entre éstas y la superficie limitada
que las contiene.
(Fragmento de una conferencia pronunciada por el
más grande teorizante del cubismo* en ¡a Sorbona).'

�FORMA

Eáero y Febrero de 1943

OTA

Sr. Presidente de la Comisión Pro
Monumento al Dr. Juan R. Vidal,
senador nacional don Elias Abad.
Distinguido señor: La Sociedad
Argentina de Artistas Plásticos no
puede ocultar a usted que la acti­
tud asumida por la H. Comisión de
su Presidencia es comentada desfa­
vorablemente en el seno de las en­
tidades que en esta Capital agrupan
a todos los artistas de la República.
Esa actitud resume los siguientes
hechos:
19 — Ningún concursante ha reci­
bido de esa Comisión la noticia ofi­
cial de los fallo-s del jurado;
29 — Hasta la fecha no han sido
pagados los premios;
39 — No ha sido firmado, hasta
hoy, el contrato de ejecución.
Las anomalías apuntadas no pue­
den concurrir nunca a prestigiar el
cometido de comisiones artísticas y
crean una atmósfera de descon­
fianza, que provoca la ausencia de
muchos artistas en concursos, a ve­
ces, importantes.
Para desvirtuar suspicacias que a
ningún fin bueno concurren, esta
Sociedad A rgentina de Artistas
Plásticos se permite solicitar del
señor Presidente tome las medidas
del caso a fin de que se cumplan
los requisitos apuntados más arriba.
VICENTE R. CANDIANO
“ Hachero” (fragmento - talla en quebracho)
Saluda al señor presidente con
su consideración más distinguida.
Mar del Plata, en base a la reproduc- esas cosas y por la prensa en general,
"fr
ción de la estatua erigida en Buenos La obra de referencia no está en
Aires.
concordancia con el sentido que actualSeñor Intendente Municipal de la La Sociedad Argentina de Artistas mente tienen los artistas de la estatuaciudad de Mar del Plata, Don Manuel Plásticos, que como es notorio agrupa ria, y tal circunstancia la hace inactual
González Guerrico. Mar del Plata.
a }a mayor parte y más calificados ar- e impopular. Cree esta Sociedad que la
De nuestra mayor consideración: Esta tistas de la República, tiene el agrado figura del Libertador debe llevarse al
Sociedad Argentina de Artistas Plásticos de llamar la atención sobre ese criterio, bronce con el máximum de garantías,
ha tomado conocimiento de un telegrama que aparte de restar una fuente de re- y en tal sentido se permite sugerirle la
aparecido en el diario “La Prensa” del cursos para los escultores argentinos realización de un concurso entre todos
27 de enero último, en donde se da la — desde que toda lógica aconseja lia- los artistas argentinos y residentes en
noticia de una iniciativa del señor Al- mar a concurso — reincide en una prác- el país y bajo la tutela artística de un
fredo Iludson y varios oficiales del ejér- tica que ya ha sido resistida no sólo jurado forpiado también por artistas,
cito, consistente en la erección de un por los artistas plásticos, sí que tam- Estamos seguros que el señor Intenmonumento al General San Martín, en bien por el público identificado en dente participa de ese criterio sustan­
cial, y es por ello que esta Sociedad Ar­
gentina de Artistas Plásticos se permite
hacerle llegar esta nota.
Saluda al señor Intendente con su con­
U n h e r m o s o f a b u l a r i o FELIX M. PELAYO sideración
más distinguida.
☆

MUCHO
DESPUES
de

ESOPO
PEUSER

Lda.

E D I T O R E S

EL EJEMPLAR

$

4.00

ESOPO
lóbulos poro umj UKííOp
B E L L A M E N T E
I L U S T R A D O

•#

Nota del subsecretario interino del
Ministerio de Agricultura:
Señor presidente de la Sociedad Ar­
gentina de Artistas Plásticos, D. Gonza­
lo Leguizamón Pondal. S/D.
Tengo el agrado de dirigirme al señor
presidente de la Sociedad Argentina de
Artistas Plásticos acusando recibo de su
nota del 5 de diciembre ppdo., manifes­
tándole que este Departamento ha to­
mado nota de sus deseos, a fin de satis­
facerlos en las nuevas contrataciones de
trabajos plásticos que deban realizarse
por cuenta del Estado.
Con tal motivo saludo a usted con toda
consideración. — (Fdo.) : Carlos Alberto
Erro, subsecretario interino.

�FORMA
★ UNA LEY EN VIGENCIA. — Aun­
que nada lo haga suponer, en lodo
el territorio de la República Argen­
tina rige una ley que sirve de amparo
a la producción artística y literaria.
Es la que lleva el NQ 11.723 y ha sido
promulgada por el P. E. el 28 de sep­
tiembre de 1933. Bajo el régimen de
la misma, las obras artísticas y lite­
rarias son patrimonio exclusivo de su
autor o derechohabiente, y nadie pue­
de hacer uso de las mismas, ni copiar­
las ni reproducirlas sin su expresa
autorización. Este requisito es impres­
cindible, y su violación implica un de­
lito previsto y penado por el Art. 71
de la premencionada ley, que dice:
“Será reprimido con la pena esta­
blecida por el Art. 172 del Código
Penal el que de cualquier manera y
en cualquier forma defraude los dere­
chos de propiedad intelectual que re­
conoce esta ley.”
★ UNA VIDRIERA Y UNOS CUA­
DROS. — La casa Gath &amp; Chaves
parece desconocer ese principio ele­
mental de la propiedad artística reco­
nocido en todo el mundo civilizado, y
expone en una vidriera de la calle
Florida una copia del cuadro “La
Copla”, de Julio Romero de Torres,
y otra de “Vuelta, de la pesca”, de
Joaquín Sorolla, ambas realizadas por
un irresponsable, ignorante del delito
que comete, según creemos, y desapren­
sivo aprovechado de glorias ajenas.
Ni Sorolla ni Romero de Torres
viven; pero tampoco han caído dentro
del dominio público (30 años después
del fallecimiento de sus autores) que
es el único atenuante que podrían es­
grimir Gath &amp; Chaves y el copista, a
efectos de evitar la acción judicial que
cualquier heredero de los nombrados
pintores españoles podría promoverles.
★ ETICA Y PROFESION. — Aparte
de ese procedimiento legal existe
una sanción moral que debe privar en
todos los hombres sanos de espíritu,
y esa sanción moral es aquella que nos
hace repudiar el procedimiento de ex­
poner y vender copias que no han sido
autorizadas. La casa Gath &amp; Chaves,
conjuntamente con esas obras, expone
otra de factura pedestre y baja, y con­
curre con ello a pervertir el gusto de la
gente que, huérfana de un criterio más
o menos orientado, se detiene frente a
las vidrieras sin prevención alguna.

16

H "

VID6LR

e l de

P r e n ia "

que han ------------ ------ -—~—~
------------------ ~— '
hecho un sen­
dero que corre por la línea hipotética de lo legal y lo ilegal. Por esa
imaginaria cinta de terreno van y vienen, sorteando obstáculos, ha­
ciendo equilibrios, sosteniendo una posición dificilísima, sin duda,
a fuerza de habilidad y de tino. Son artistas en la acepción más pura
del vocablo. Han comenzado por crear ese sendero donde nadie lo
hubiera advertido nunca, y se renuevan a cada instante para sostener
el clima necesario y propicio al buen éxito de sus creaciones
Hacen arte funcional. Las cien facetas de la especulación psíquica
concurren a ese fin: a la función. La voluntad, el verbo y la imagi­
nación participan en partes iguales en la obra que realizan, y, como
esa obra les asegura un “pasar decente”, hay que ser muy obcecado
para negar que es obra de bien.
No hay duda, pues, que Videla, el de “La Prensa”, vive en perenne
estado de arte, como San Francisco de Asís vivía en constante estado
de santidad. Porque el arte, cuando es arte verdadero, conduce al
bien. Así lo aseguraba Tolstoi, y así lo mantiene Castelnuovo y Rinaldini entre nosotros, y la mayor parte de los hombres que se han
dado a hurgar esa ciencia difícil y caprichosa que se llama Estética.
Quedamos, pues, en que Videla, el de “La Prensa”, es un artista.
Su “modus faciendi” es sencillo, sin complicaciones, conforme a las
premisas de Matisse y Dufy. Se presenta: “Hola, amigo, ¿no se
acuerda de mí?. .. Nos presentó Fulano en el Salón tal, soy Videla,
el de “La Prensa”. . . Acabo de mudarme a la vuelta. .., esa casita
baja con jardín, a la media cuadra...” Y aquí comienza la obra.
Habla de pintura, de amigos comunes, de todos los críticos a quienes
se halla íntimamente ligado, sabe de arte, observa cuadros, opina,
es locuaz. Y al final: “Vea, Fulano, sáqueme de un aprieto. Facilíteme
unos pesos; mañana mismo habré de restituírselos”. Los obtiene. Los
obtiene siempre. Saluda y se va.
Sostengo que Videla, el de “La Prensa”, es una creación en el sen­
tido más estricto de la palabra. Una creación tanto moral como física.
Su procedimiento, repito, conduce a una sola cosa: a vivir. Afirmo
que vivir es una función sagrada,
conforme
lo garantiza la Iglesia
yoci
al excomulgar a los suicidas y lo
confirma la Biblia en sus más be­
llas páginas. Se deduce de todo
ello, que Videla, el de “La Pren­
sa”, como ya lo he dicho, vive en
perenne estado de arte. Me dicen
que en el Ministerio de Instruc­
ción Pública hay veinticinco ho­
ras disponibles de cátedra.
DE A R T I / T A /
R. B.

20

ctvs.

PEUSER Lda.

CUADROS, LEYES Y DELITOS

Enero y Febrero de 1943

�</text>
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                <text>Bonome, Rodrigo&#13;
Babelon, Jean&#13;
Vernacci, E. R.&#13;
Estarico, Leonardo&#13;
Palacios, Alfredo L.&#13;
Dell'Acqua, Amadeo&#13;
Gris, Juan</text>
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DE
LA
SOCIEDAD
ARGENTINA
D E
A R T I S T A S
P L A S T I C O S
f l o r id a

846

BUENOS

AIRES,

ENERO

1951

t e.

si -6i62

ACTA DE FUNDACION Y PRIMER ESTATUTO DE LA
SOCIEDAD ARGENTINA DE ARTISTAS PLASTICOS
A rtícu lo 1" — Q ueda c o n stitu id a la Sociedad de A rtista s A rg en tin o s cuya
sede e s ta rá en la C apital F ed eral y cu y o s socios fu n d a d o re s son los que al
fin al se expresan.
A rt. 2" — La Sociedad tie n e p o r o b je to fo m e n ta r el a rte y c u sto d iar y
d e fe n d er los in te re se s m o rales y m a te ria le s de los a rtis ta s arg en tin o s.
A rt. 3" — L a S ociedad se re u n irá en A sam blea u n a vez p o r m es, de m ayo
2 diciem bre, salvo citación especial h e c h a p o r el P re sid e n te o a pedido de 10
o m ás socios. E n e sta s reu n io n es se d e c id irá n los a su n to s que in te re se n a la
Sociedad. Todos los socios te n d rá n los m ism os derechos.
A rt. 4" — L a D irección y A d m in istra c ió n de la Sociedad e sta rá a cargo de
u n P re sid e n te y de dos secretario s que d u ra rá n u n año en sus funciones
p u d ie n d o ser reelectos, y de la A sa m b le a de socios. E n caso de acefalía del
P re sid e n te , o c u p ará la resid en cia p ro v isio n a lm e n te, el S ecretario de m ay o r
ed ad h a s ta la p ró x im a asam blea.
A rt. 5" — Las v o tacio n es serán v á lid a s p o r m a y o ría a b so lu ta de los socios
p re sen te s, siem pre que ellos alcan cen a 10. El P re sid e n te sólo v o ta rá en caso
de em pate.
A rt. 6" — A dem ás de los socios fu n d a d o re s, fo rm a rá n p a rte de la Sociedad
los a rtis ta s in v ita d o s por é sta y los que se p re se n te n so licitan d o su adm isión.
E n am bos casos, así com o ta m b ié n p a r a la sep aració n de socios, se n e c e sita rá n
dos tercio s de vo to s de los p re sen te s y siem pre que el “q u o ru m ” sea de diez,
p o r lo m enos. El P re sid e n te d a rá c u e n ta a la A sam blea de las solicitudes de
ingreso o separación, las que se v o ta rá n recién en la A sam blea p ró x im a siguiente.
E sta s v o tacio n es se rá n secretas.
A rt.
— P o d rá n asim ism o fo rm a r p a rte de la Sociedad, con idénticos
d erech o s y atrib u c io n e s de los dem ás socios, los a rtis ta s e x tra n je ro s con m ás
de tre s años de resid en cia en el país, no fo rm a rá n p a rte del C om ité E jecutivo.
A rt. 8. — P a ra ser socio se re q u ie re h a b e rse dedicado a las a rte s p lásticas
o com probado u n a decidida in clinació n a las m ism as. El n ú m e ro de estos ú ltim o s
será lim itad o y en n in g ú n caso e x ce d e rá de la c u a rta p a rte del to ta l de socios.

T

�E l local de la G alería G ü em es

A rt. 9" — P a ra la re fo rm a de e s ta tu to s se re q u ie re el v o to de los 2 /3 de los
p re sen te s, y siem p re que el “ q u o ru m ” alcan ce a v e in te p o r lo m en o s. P a ra la
disolución de la Sociedad es n ecesario el v o to de la m ita d m ás u n o de la
to ta lid a d de los socios.
E n B uenos A ires, a d iciem b re cinco de m il n o v e cie n to s v ein ticin co , en el
local cedido p o r la Sociedad “El D ia p a só n ” , calle T u c u m á n 543.
F irm a n los socios fu n d a d o re s: 1) F ra y G u illerm o B u tle r; 2) C esáreo
B ern ald o de Q uirós; 3) A lb e rto Lagos; 4) E n riq u e P rin s; 5) J o rg e S o to A cebal;
6) A g u stín R iganelli; 7) A lfredo G u id o ; 8) E m ilio C en tu rió n ; 9) A lb e rto M.
R ossi; 10) L uis R o v atti; 11) A n a W e is de R ossi; 12) R aq u el F o rn e r; 13) E m ilia
B ertolé; 14) A lfredo B ig a tti; 15) E r n e s to S o to A v en d añ o ; 16) B en ito N a z a r
A n ch o ren a; 17) A ngel V ena; 18) A lfred o G ra m a jo G u tiérrez; 19) C ésar Sforza;
20) M ario A. C anale; 21) E m ilio P e tto r u ti; 22) A u g u sto M a rte a u ; 23) R odolfo
F ran co ; 24) Ita lo B o tti; 25) M iguel P e tro n é; 26) O ctavio P in to ; 27) E m ilio
S a rn ig u e t; 28) E n riq u e R eq u e n a E sc ala d a ; 29) J u a n G rillo; 30) J o rg e L arco;
31) E d u a rd o T a rta g lio n e ; 32) H u g o G a rb a rin i; 33) C arlos De L a T o rre ; 34)
P e d ro D om ínguez N eira; 35) B en ito J . C arrasco ; 36) J u a n T apia; 37) O ctavio
F io ra v a n ti; 38) C leto C iochini; 39) F ra n c isc o L lo b et; 40) J u a n O liva N a v a rro ;
41) Jo sé M aría L ozano M ouján.

�PR IM ER O S

PASOS

Primer Folio del Primer Libro de
Actas de la Sociedad de Artistas
Argentinos

ANTECEDENTES. — Individualm ente poco
representan los artistas en nuestro país. De
ahí que la unidad de ellos constituya una nece­
sidad am biente particularm ente para la cus­
todia de sus intereses m áxim os si se tiene en
cuenta que las insituciones oficiales no prestan
siempre toda la atención necesaria. Diversos
han sido los artistas que en estos últim os
tiem pos han propagado la idea de unión. A l­
gunos que consideran propicio el momento,
ensayan de ponerla en práctica: José M. Lo­
zano Mouján, Enrique Prins, Fray Butler, Ma­
rio Canale y Jorge Soto Acebal son quienes
despliegan mayor actividad. El primero apro­
vecha el banquete en el que se festejaron los
triunfos de Fray Butler en el Salón; conversa
allí con artistas de diferentes tendencias; opi­
na que lo más práctico, por ahora, sería la
formación de un gran com ité democrático en
el cual, a fin de que no suceda lo que en ten­
tativas iniciadas por otros y que fracasaron
por requerir excesivos gastos para mantenerse,
dicho com ité sesionaría sin carácter de club
social, con lo que se evitaría desenvolsos im ­
portantes.
EL DIA 6 DE NOVIEMBRE DE 1925, en una
reunión realizada en “El Diapasón” a propó­
sito de la reciente erección de una estatua y
a la que asistieron los señores: Enrique Prins,
José M. Lozano Mouján. Fray Guillermo Butler
A gustín Riganelli, Em ilio Centurión, Jorge
Larco, Juan Grillo, y Benito J. Carrasco, se
habló ya en forma más concreta al respecto,
es decir, sobre la necesidad de llevar a la prác­
tica el proyecto; se m encionó entonces como
un probable primer director el nombre del Dr.

B enito Nazar Anchorena. entusiasta en todo
lo referente a las artes y cuya actuación no
sólo en lo tocante a las plásticas, sino a todas
las ramas del arte, lo destacan como un verda­
dero luchador desinteresado y com o una per­
sona allegada a todos los pequeños grupos de
artistas; además goza de positiva influencia en
las altas esferas oficiales.
EN CASA DE ENRIQUE PRINS. — Se lle­
varon a cabo pequeñas reuniones, así com o en
lo de Mario Canale. Puestos al habla los dos
grupos por interm edio de algunos que concu­
rrían a ambos, resolvieron que Fray Butler,
Canale y Lozano Mouján conversarían con el
doctor Nazar Anchorena, quién se m anifestó
entusiasta de la idea y ofreció toda su coope­
ración.
ANTEPROYECTO. — Prins y Lozano Mou­
ján hacen un anteproyecto sintético con la ayu­
da de Soto Acebal, pero este últim o es de
opinión que la Sociedad de A rtistas debiera
estar formada únicam ente por un núcleo lim i­
tado y selecto.
EL 19 DE NOVIEMBRE, EN LA INAUGU­
RACION DEL SALON UNIVERSITARIO DE
LA PLATA, se consiguen nuevos adictos y se
resuelve llevar adelante el proyecto que ha
-encontrado feliz acogida, para lo cual no se
desperdiciará la ocasión de la reunión a reali­
zarse en casa del doctor Nazar Anchorena por
m otivos relacionados con el m encionado Salón.
J. M. Lozano M ouján
B. Nazar Anchorena
FORMA

•

1

�25

AÑOS

D E V ID A
T T A C E veinticinco años un entusiasta grupo
de artistas constituían la Sociedad Ar­
gentina de A rtistas Plásticos, luego de una
serie de deliberaciones que llevaron a un total
entendim iento en cuanto al propósito que los
había agrupado: la defensa de los intereses de
los plásticos del país valiéndose para ello de
un organismo gremial representativo. La S . A .
A . P ., en su larga trayectoria, renovándose
por casi tres generaciones, no desmayó un so­
lo m om ento en luchar por el m ejoram iento
material, moral e intelectual de sus asociados;
consideró necesaria la ayuda, el apoyo mutuo,
el intercambio activo de conocim ientos técni­
cos y la discusión de cuantos problemas afec­
taran al normal desenvolvim iento del gremio
y cuantos obstáculos trataran de coartar la
libre creación artística. Para ello creó sus pro­
pios órganos, el taller, la biblioteca, el bole­
tín, el Salón de Otoño (ya uno de los más
prestigiados del p a ís); realizó tentativas se­
rias por medio de su com isión de trabajos de
promover la reunión de asociados para la eje­
cución de trabajos colectivos, confeccionando
para tal fin un fichero de socios por especia­
lidades e igualm ente intercedió ante las auto­
ridades com petentes para la creación de fuen­
tes de trabajo. Desde hace años viene reali­
zando acuerdos solidarios con instituciones si­
milares ante problemas que urgían la inter­
vención de todos los artistas. Intervino acti­
vam ente en las com isiones intersocietarias que
elaboraron los trabajos preliminares de orga­
nización de la Federación Argentina de So­
ciedades de A rtistas Plásticos.
Podem os decir sin jactancia que durante
veinticinco años nuestra entidad interpretó
fielm ente los sentim ientos de los artistas plás­
ticos y aportó sin desm ayo su colaboración
para la solución integral de los problemas que
preocupaban al gremio.
K óy querem os recordar sum ariam ente al­
gunas de las innumerables intervenciones an­
te organismos oficiales com petentes. En pri­
mer lugar hem os sostenido siem pre que el go­
bierno de las bellas artes esté a cargo de ar­
tistas plásticos de reconocida com petencia.
Considerábamos entonces y lo m antenem os
hoy que esto es la piedra angular para el nor­
2

•

FORMA

G R E M IA L
m al desenvolvim iento de todos los asuntos
artísticos.
La orientación de la enseñanza, ha m otiva­
do intervenciones m ediante dos im portantes
estudios en 1927 y nuevam ente en 1938, por
com isiones integradas por destacados conso­
cios. El resultado de esos estudios, fué con­
cretado en los gráficos ya publicados por
“Form a”. En ellos se propone un plan y un
m étodo basados en una sólida enseñanza de
taller, sin que esto vaya en desmedro de la
cultura teórica general del futuro artista.
En cuanto a la organización de los m useos,
creemos que estos deben ser organismos vi­
vientes que cumplan su función educadora pa­
ra el público y el estudiante.
La S . A . A . B . ha bregado siempre para
crear condiciones favorables a la creación in­
dividual y colectiva, apoyando toda iniciativa
privada y pública que facilitara compras, en­
cargos, premios, etc. y que rigiera para ello,
en todos los casos, el libre concurso de selec­
ciones hechas por jurados elegidos por los
concurrentes, o bien en el caso de las adqui­
siciones, asesoradas por com isiones técnicas
integradas por artistas.
Tuvimos participación activa en la Comi­
sión M ixta que estudió la reforma de la ley
11.723 con otras entidades, prestando nuestro
aporte en un extenso mem orial donde se solicitabá la protección de la obra de arte y sus
ramas menores, aplicadas a oficios e industrias.
En cuanto a salones oficiales hem os soste­
nido siem pre que su organización adolece de
serios defectos; todos los años y en oportuni­
dades de concursos y salones renovam os nues­
tro pedido en el sentido de que en los jura­
dos de selección y premios estén los artistas
concurrentes representados en mayoría abso­
luta elegidos por el voto de los m ism os.
Aún hoy, a pesar de los requerim ientos he­
chos por todas las sociedades artísticas del
país esas anormalidades subsisten.
A sum ió la defensa de la libertad de expre­
sión com o única condición para el normal des­
envolvim iento de la creación artística, ante
ataques efectuados contra uno de sus asocia(C ontinúa en la pág. 10)

�LAS NORMAS
EN

EL

PAISAJE

Por RODRIGO BONOME
Fragmentos de una conferencia
leída en el XVII Salón de Otoño.

Hemos aludido a la geometría
como recurso de equilibrio y el de­
talle no es caprichoso. Un paisaje
sometido al rigor de sus leyes hace
que el observador se sienta sose­
gado y goce el espectáculo sin la
angustia que provoca una to rre de
Pisa, por ejemplo, un edificio en
ruinas o una línea inclinada. Los
elementos de un paisaje que están
en la naturaleza, se organizan gra­
cias a la geometría. Cézanne de­
m ostraba saberlo bien cuando dis­
tribuía esos elementos arm ónica­
mente, y cuando se em peñaba en
llevar por la superficie de sus car­
tones, aquellos arabescos que desde
el suelo al árbol, del árbol a la
m ontaña y de la m ontaña al cielo,
seguían u n itinerario prefijado
hasta encerrar el motivo con un
singular criterio de la totalidad. Y

es el caso que antes de Cézanne,
entre los renacentistas, procedió o
precedió a la ejecución definitiva
del cuadro, el trazado de las líneas
conforme a las leyes de la sección
áurea, para guiar o corregir el di­
bujo de m anera que el todo fuese
una cosa armónica. Después de los
renacentistas fué Poussin, y ya,
contemporáneam ente, Ju a n Gris,
André Lhote y otros muchos. Po­
demos hablar, pues, de formas per­
fectas, de formas ideales, y no será
absurdo establecerlas p ara crearle
una razón estética al paisaje.
Pero, será preciso que las nor­
mas no impidan la trasm isión direc­
ta de las emociones, ya que, en su
defecto, privaríam os al paisaje de
una condición esencial. La síntesis
que es el resultado lógico de toda
norm a debe asum ir un valor depu­

rativo pero nunca restrictivo. Cuan­
ta línea im porte un recurso de es­
pacio, debe ten er su im portancia.
Esas líneas que algunos llam an di­
rectrices y que establecen la te r­
cera dimensión, van implícitam ente
ligadas con el concepto rítm ico y
el sentido unitario del todo. Y
será cosa de especial interés el
hallazgo de un motivo dominante.
Y un solo p unto de concurrencia
contribuirá a que el concepto u ni­
tario aludido adquiera su verdadera
sign:ficación. Eco en cuanto a la
forma, al continente. Mas, no hay
que olvidar que tales preocupacio­
nes im portarán, a lo sumo, un cin­
cuenta por ciento del valor de un
paisaje. El otro cincuenta por cien­
to corre por cuenta del contenido,
y eso si que no nos será dado de
(Continúa en la pág. 6)

FORMA

•

3

�regalo ni podremos lograrlo en ba­
se al cumplimiento de preceptos.
Muchos son los que sostienen que
la belleza surge de la realidad, y
no pocos adm iten que lo ideal pue­
de ser ta n to o m ás bello según se
relacione con esa realidad. En cier­
to sentido puede aceptarse ese cri­
terio, pero con las salvedades del
caso, pues la ciencia ha visto caer
estrepitosam ente muchos juicios
que parecían categóricos. A dmitir
sin reservas que lo bello es lo real
y que lo ideal puede ser bello se­
gún posea m ayor o m enor dosis ds
cosa real, es poner al m argen do
toda apreciación las especulaciones
cerebrales de tantos artistas que
h an enriquecido el acervo artístico
del m undo con elucubraciones esen­
cialmente im aginativam ente
Volviendo al paisaje n atu ra l en
cuanto motivo pictórico, no debe­
mos echar en saco roto una condi­
ción que suele ser de im portancia
y que no pocas veces aum enta su
valor. Nos referimos a “lo caracte­
rístico”. Carlos Lemeke dice en su
Estética refiriéndose a ésto: “En
todo buscamos lo característico (en
la raza, en el estilo, etc.). Tanto
lo bajo como lo feo, lo falso y
aún lo malo, han de m ostrarse ca­
racterísticos, Sólo así los respeta­
mos estéticam ente”.
En el paisaje, lo característico es
primordial; ta n to como puede serlo
la condición u n itaria del todo. Lo
característico diferencia y crea ese
algo capaz de d ar a un paisaje la
ubicación exacta de lugar y de
tiempo. Esas calidades, las de lugar
y de tiempo, habrán de preocupar
al intérprete por lo mismo que son
ellas las que generan la subjetivi­
dad del paisaje. Y no en balde se
hablará de comprensión. Los paisa­
jes como las personas deben ser
comprendidos.
H asta ahora hemos hablado de
las formas y ds las líneas; nos he­

dí

Concurra a nuestro
T A L L E R LIBRE.
Es el más amplio y
cómodo de cuantos
existen en la ciudad

4

•

FORMA

DEL SALON

DE O TO N O

RA M O N SILV A . “L a carreta” (acuarela).

mos decidido por la composición
unitaria, por el punto de vista ab­
soluto y por un p unto dom inante
dentro del asunto. Pasamos ahora
a la im portancia del color como
anim ador del dibujo. Sostenemos en
la teoría y en la práctica que si
hay un a perspectiva que condicio­
na las cosas en el espacio, hay otra
que condiciona el color dentro dsl
mismo espacio. La misma categoría
que dimos al ritm o cuando hablá­
bamos de las líneas, debemos dar
al equilibrio en ta n to aludimos al
color. En ese sentido preciso es que
el paisaje sea observado bajo dos
aspectos; uno general y otro p a rti­
cular. En el prim ero de los casos,
el artista observa panorám icam ente
y establece la entonación general
sin detenerse en los detalles so­
bresalientes. Resuelto así el motivo
y registrado en tono am biente, se
procederá al estudio en particular
de cada uno de los elementos que
lo componen. Pero ese estudio en
particular, si bien debe contribuir
a dar ubicación exacta a cada uno
de aquellos elementos, no deberá
evadirse de las imposiciones que
determ inan el aspecto general de
que hemos hablado. Y sobre todo,
perspectiva en el color tan to como
en el dibujo. Nada de espectáculos
absurdos que rom pan la sumisión
de las partes al todo. El paisaje es
unidad. Unidad de color y de dibu­
jo. Un color dom inante y un punto
dom inante son preocupaciones del
artista que sabe componer y sabe
entonar. Todo lo dem ás debe ser
subsidiario de aquel punto y aquel
color.
Si los elementos dispares que la
naturaleza nos ofrece son factibles

de depuración —lo que implica u ti­
lizar unos y rechazar otros o alte­
rarlos sim plem ente— los colores no
escapan a la regla. Difícilmente el
motivo se nos ofrezca servido. Men­
guada sería la labor del artista que
alardea de hacer obra de creación,
si fincara su sapiencia en tra n s­
p o rtar a la tela fielmente todo el
espectáculo n atu ra l que se va des­
envolviendo frente a sus ojos. Es
preciso tra b a ja r con obsecuencia a
una escala im aginaria que vaya en
profundidad de negro a blanco.
Cada grado de esa escala tiene su
equivalente en un p u n to dado de
la escala de cada color. Así, un
gris establecido equivale a un se­
ñalado m atiz de un rojo, a un
señalado m atiz de un am arillo, de
un azul, etc. Quiere decir que si
el paisaje nos ofrece u n rojo a
determ inada distancia, ese rojo
equivaldrá al gris que resulte de
la escala de negro a blanco a u n a
distancia igual. Colocado el rojo a
su grado de intensidad correspon­
diente, no h ab rá tem or de que obre
por disonancia dentro del todo y
pueda m ostrarse, por ta l razón, en
desequilibrio. En cuanto a la im ­
portancia del gris como zona neu ­
tra l entre color y color, es cosa que
no puede discutirse. Nnca un color
adquiere toda la gala de su poten­
cia como cuando se halla vecino
a u n gris. Este recurso que no h an
ocultado los m ás sapientes paisa­
jistas del m undo y que tuvo un
teorizador en A ndré Lhote, h a dado
obras de u n vigor extraordinario
sin que ta l vigor pueda achacarse
al abuso de los colores puros de
que ta n propensos son algunos pin­
tores reacios al uso del gris.

�D IEG O RIV ERA . Uno de los cuatro
“p a n e a u x ” del H otel R eform a.
(fresco m o v ib le).

DE LO

ABS TRACTO
A LO REAL
Por ANTONIO BERNI

(Final de la conferencia pronunciada en el
Salón Galería Velázquez. "De lo abstracto a
lo real” de Antonio Berni).

E n este últim o medio siglo, una generación de
intelectuales que se creyó u ltra revolucionaria, co­
menzó, en nom bre de los nuevos valores puram ente
form ales, una operación destru cto ra de los viejos
y agotados contenidos de la cultura. E ste fenóm e­
no se reflejó con toda crudeza en el a rte de los
p u rista s posteriores al fauvism o y al cubismo. Des­
pués de Picasso y de B raque el proceso demoledor
de lo figurativo y de los viejos contenidos de la
p in tu ra alcanzó el punto cero. Es el punto defen­
dido por la nueva “crítica” fo rm a lista que encuen­
tr a campo propicio y “cómodo” entre los “snobs”
oligarcas y muchos intelectuales pequeños b urgue­
ses inconsecuentes.
E l tem a religioso desapareció de la buena p in­
tu r a porque la religión y a no se identifica con la
justicia reclam ada por los pueblos sufrientes. El
tem a histórico no a tra jo m ás a los grandes p in to ­
res porque en una sociedad edificada sobre la m en­

tir a no se da posibilidades a la exaltación de los
viejos símbolos positivos y p ro g resistas. Y si hoy
no se p in ta la realidad legal que ofrece el burgués
es porque ella no entusiasm a a los a rtis ta s que,
en cambio, p refieren la evasión form al o la o tra
realidad hoy prácticam en te ilegal.
Después del cubismo, los unos se orientaron hacia
la evasión fo rm a lista p u ra: K andinsky, M ondrian y
Magnello; otros se abrieron paso p o r el sendero del
superrealism o, prim er intento moderno de d ar un
nuevo contenido al a rte dentro del plano exclusivo
de lo subconciente, de lo onírico u de lo fa n tá s ­
tico. E n el superrealism o la g ran m uniciosidad
re a lista de los detalles sirve de sostén a un con­
ju n to incongruente de im ágenes que tra su n ta n la
incongruencia de los incontrolados complejos an í­
micos. Dalí, el in té rp re te m ás conocido del super­
realism o, cayó con su an arq u ía aním ica e ideológica,
en la decadencia y la degeneración. E sta m ism a
FORMA

®

5

�DEL SALON DE OTOÑO

CONCURSOS
L a S .A .A .P ha solicitado re ite ra d a m e n te de
los p o d eres p ú b lico s la im p la n ta c ió n d el sis­
te m a de concursos en todo tra b a jo de índole
oficial. D ecoración d e ed ificio s p ú b lico s, ilu s ­
tra ció n de b illetes, tim b re s p o sta les etc., erec­
ción de m o n u m e n to s, co n fecció n de m ed a lla s,
placas y m onedas.
Con ello se co n trib u y e al m e jo ra m ie n to del
n iv e l c o m ú n d e la obra de arte, g a ra n tiza la
calidad de cu anto tra b a jo rea lice el E stado
en base a esos concursos y crea ju n ta s de tra ­
bajo para a segurar

el cóm odo

d e s e n v o lv i­

m ie n to d e los artistas.
FR A N C ISC O V E C C H IO LI. “ C o m p o s ic ió n ” (ó le o ).

su e rte h a corrido g ra n p a rte de los su p errealistas,
salvo personalidades como E duardo A rag ó n que
evolucionaron hacia el Nuevo Realism o. E n la E x ­
posición Internacional del S uperrealism o p rese n tad a
por B retón en 1947, no fu ero n invitados D alí y
Otros ex-com pañeros de lucha.
P ero fre n te a esas desesperadas y superficiales
tlúsquedas a b s tra c ta s fo rm a listas o de evasión oní­
rica surge seguro, silencioso y p otente el Nuevo
Realism o. L as zonas olvidadas del contenido vuel­
ven a preocupar a los nuevos a rtis ta s no co n ta­
m inados por el “pituquism o” in telectual fo rm a lista
y reaccionario. Picasso, siem pre en los ran g o s de
van g u ard ia, m uy im itado en lo fácil y poco en lo
difícil de su personalidad, p a rtic ip a con su obra
y su acción en este nuevo tipo de inquietud. Realizó
la g ra n composición “ G uernica” p a ra el pabellón
Republicano E spañol de la Exposición In tern acio ­
nal de P a rís de 1936, obra que pasó luego al Museo
de A rte Moderno de N ew Y ork, hoy descolgada por
razones de actualidad. P osteriorm ente pintó “ C re­
m a to rio ” y o tra s composiciones m enores donde pone
en evidencia la voluntad de un realism o expresivo,
rico de hum ano contenido.
E l N uevo R ealism o ya se p re se n ta en los salones
de F ra n c ia y cuenta con sus publicaciones teóricas.
E n Ita lia tiene personalidades como G uttuso y Succhi. E n A m érica L atin a el movim iento m ejicano es
de esencia nueva rea lista , así como la v an g u ard ia
a rtís tic a de B rasil y casi todos los otros países.
No obstante la universalidad del N uevo Realism o,
aquí, en la A rgen tin a, la crítica m oderna no ha
sabido d a r un p anoram a objetivo de este im p o rtan te
movim iento. L a posición ideológica-reaccionaria de
ciertas rev istas de a rte las h an llevado al silencio
cómplice y miedoso fre n te a este a rte que p o r r a ­
zones de contenido m ás que de estética se quiere
confinar a la zona de lo “ile g al”.
El Nuevo Realism o no tiene el propósito, como
lo hace el verism o, de tra d u c ir por el “ solo p rin ci­
6

®

FORMA

pió del ojo” sino de acuerdo con las reacciones p ro ­
vocadas en nosotros p o r la rea lid ad que observam os.
E l Nuevo R ealism o no es lo que creen o fin g en
creer ciertos p u rista s: un a m áquina re g istra d o ra
de objetos visibles, o un a fá n de com petir con el
a p a ra to fo to g ráfico . E l N uevo R ealism o observa
las ideas y los sentim ientos del siglo, vale decir con
los nuevos conceptos del hom bre sensible viviendo
en un período de tran sfo rm acio n es en todos los ó r­
denes. E l N uevo R ealism o no es im itación porque
en este caso, como y a lo dijo T aine, “ si la im ita ­
ción ex acta fu ese el suprem o fin del a rte ¿sab e
cuál sería la m ejo r tra g e d ia , la m ejor com edia, el
m ejo r d ram a ? P ues, los rela to s ta q u ig ráfico s de los
juicios orales, porque co n ten d rían absolutam ente
todas las p alab ras pronunciadas en ellos. E n escul­
tu r a el vaciado es el procedim iento que da una
copia ex acta y m ás m inuciosa del modelo, y sin
em bargo, un buen vaciado no puede n i aú n com­
p a ra rse a u na bu en a e sc u ltu ra ”.
E l Nuevo R ealism o t r a t a de re p re se n ta r el nuevo
héroe y el nuevo dram a. La reacción n ie g a y com­
b ate esta posición en lo que tiene de auten ticid ad ,
en nom bre de un universalism o plástico de a p a ­
ren te m odernidad fo rm al, donde solo se re p re se n ta ,
cuando lo hace, lo socialm ente accesorio: un des­
nudo, u na fru te ra , etc. P ero vivim os en un mundo
contradictorio, de luchas de ideologías an tag ó n icas,
de cuya contienda sald rán triu n fa n te s los que m ás
se acercan a la verdad objetiva, y los que m ejo r
estén arm ados de principios científicos y de ideas
p ro g re sista s. E l N uevo R ealism o re p re se n ta una
m en talid ad p artic u la r, u n a o tr a relación con el
mundo, la n a tu ra le z a y la g en te; un otro estilo de
vida, algo m uy ex trañ o a la m en talid ad del mundo
elegante, del mundo burgués. H e aquí el porqué
el Nuevo R ealism o, en la p in tu ra , se o rien ta hacia
otro estilo, en la fo rm a y en la com posición; y
hacia un nuevo contenido p a ra esa fo rm a y esa
composición.

�REFORMAS AL PLAN DE ESTUDIO
E n diversas ocasiones prop u g n ó
n u e s tra in stitu c ió n u n a re fo rm a
p ro g re sista al p la n de estu d ies
so b re la base de u n a escuela ac­
cesible a todos, o rie n ta d a hacia
u n a la b o r con destino y e n c a ra n ­
do la educación a rte sa n a l del fu ­
tu ro a rtis ta en su trip le faz so­
cial técnica y artística.
E n el año 1927 se estu d ió y
elab o ró u n p la n organ izan d o la
en señ an za so b re la base de ta lle ­
re s elevándose al M in isterio de
In stru cc ió n P ú b lica.
E n d ich a ocasión la com isión
de técnicos esta b a in te g ra d a p o r
A. B igatti, M. C anale, L. F alcini,
A. G uido, L ópez N aguil, R iganelli, C. S fo rza y J. B. T apia.
U n gráfico d el p la n fu é p u b li­
cado p o r la p re n s a en el año
1934 com o co lab o ració n y crítica
de n u e s tra in stitu c ió n a n te las
m odificaciones de la enseñanza
en los estab lecim ien to s de B ellas
A rtes.
N u ev a m en te en el año 1938 u n a
com isión de técnicos ac tu aliza y
re e la b o ra las bases de u n a es­
cu e la de form ació n arte san a l.
E n la R e v ista “F o rm a ”, n ú m e ­
ro d e l m es de se p tie m b re de 1945
p ublicóse el d esarro llo de la e n ­
se ñ an z a en tre s etap as y u n g rá ­
fico ex p lica tiv o basándose el p ro ­
ceso fo rm a tiv o en estos tre s p r in ­
cipios:
a) E ta p a in ic ia l p a ra e x p lo ra r
y e v id en c iar la s condiciones p e r ­
son ales e je rc ita n d o todos los
p rin cip ale s m edios de ex p resió n
plástica.
b ) F o rm ació n té cn ic a y c u ltu ­
r a l d el educando, capacitándolo
p a ra e l p ropio conocim iento y la
lib re expresió n , en ta lle re s y
cu rso s donde se e stu d ia tr a b a ­
jan d o .
c) A dquisición de h áb ito s p a ­
r a la la b o r en com ún c o lab o ran ­
do en la ejecución de la concep­
ción a je n a y d irig ien d o el con­
curso de com pañeros p a ra la r e a ­
lización de la propia.
E n esa escuela v iv ie n te que
g a ra n tic e la m a y o r fe rtilid a d de
las condiciones p erso n a les p a ra
la creación a rtístic a con u n a e n ­
se ñ an z a te ó rica y p rá c tic a n a tu ­
r a l y m e tó d icam en te en lazad as
con ta lle re s y salas de clase b ien
ilum inados, dotados de m a te ria ­
les y ú tile s p erfeccionados de
acu erd o a la s necesidades de la

En 1927 la Sociedad Argentina
de A rtistas Plásticos ofreció
un plan basado en el taller

Gráfico del plan de estudios para bellas artes, elaborado por 1
la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos en el año 1927. j
Fué elevado entonces a !a consideración del. Ministerio de.i
Instrucción Pública
!
Ayer a última hora recibimos unaAgar la' opinión de los técnicos-^?
nota de la Sociedad Argentina de diante un plan cuya
Artistas Plásticos, firmada por su orientación^eBfire-'
presidente, señor Enrique de La- a s p ir é
rrañaga, y por su secretarlo, señor &amp;Q¡p
Amadeo dell’Acqua, en la cual j e j x
nos solioit
lineas y a
inserta

té cn ica actu al, con m odelos v i­
v ie n tes, m useo d e rep ro d u ccio n es
de o b ra s m a e stra s, salas p a ra
proyeccion es, co n feren cias, b i­
blioteca, etc., etc.
U n a escu ela o rie n ta d a h ac ia
u n a sano e in ten so realism o en
la cu a l los estu d io s h a n de b a ­

*'

sa rse e n el conocim iento d irecto
d e la n a tu ra le z a com o d iscip lin a
d e la im a g in ació n cre a d o ra y c u ­
y a fin a lid a d p rá c tic a y fo rm a tiv a h a d e se r la p ro d u cc ió n de los
ta lle re s, d e u n a o b ra con d estino
te n ien d o p o r b ase el encarg o o fi­
cial o p riv ad o .

CONCENTRA
ESQUINA DEL ARQUITECTO
L ib ro s d e A rte - L ib ro s p a r a A rq u itec to s, In g en ie ro s
C iviles y C o n stru c to res
S u scrip cio n es de R e v ista s
D escu en to s pa ra P rofesionales y E stu d ia n tes
★

Viamonte 541

T.E. 31-5765

Buenos Aires
FORMA

•

7

�PROPOSICION DE REFORMA
AL REGLAMENTO
DEL SALON NACIONAL
Bs. As., 21 de noviembre de 1950

Salón, serán adm itidos en la
m ism a sin p asar por jurado,
por derecho propio;
d) Las recom pensas oficiales deben
alcanzar a las obras ubicadas
en lugares públicos, cuyo desti­
no impide el envío al Salón;
e) El Salón N acional debe contar
a la m ayor brevedad con locales
apropiados a la im portancia de
la m ayor producción nacional,
sin perjuicio de com enzar por
do tar al existente de u n a ilu­
m inación especial que perm ita
ver y apreciar debidam ente el
esfuerzo de nuestros artistas;
f) El ju rad o no deberá ser expues­
to a la afren ta que se le ocasio­
na en su condición de capacidad
e idoneidad al pretenderse que
con el tap ad o de la firm a se des­
conozca al au to r de la obra.
Veiticinco años de labor cons­
tructiv a en representación de gran
p arte de los a rtista s del país, ha
perm itido a n u estra Sociedad alle­
gar soluciones al gobierno de las
bellas artes, soluciones que no han
perdido actualidad, en cuanto ex­
presan la necesidad de m ejo rar las
condiciones susceptibles de facilitar
la creación artística en u n clima
de libertad de acción p ara el artis­
ta sin cuya individualidad el a rte
no llega a ser expresión de la vida
social. . .
i
La Sociedad A rgentina de A rtis­
ta s Plásticos atendiendo estricta­
m ente a sus intereses gremiales
tra ta de ap o rta r su p u n to de vista
profesional, m editado y sereno p ara
contribuir a dilucidar los proble­

Sr. Sub-Secretario de Cultura,
D. José M. C atiñeira de Dios,
Sub-Secretaría de Cultura.
De nu estra m ayor consideración:
Por expresa voluntad de la Asam­
blea General de asociados, la So­
ciedad A rgentina de A rtistas Plás­
ticos tiene el agrado de dirigirse a
ese departam ento de Bellas Artes
con el fin de hacerle conocer su
opinión sobre la organización de los
Salones Nacionales en la transfor­
m ación da cuyo Reglamento aspi­
ram os a que sean contem pladas las
reinvindicaciones m ás sentidas por
los artistas concurrentes.
Al renovar peticiones anteriores
contenidas en las notas enviadas el
17 de junio de 1947, julio de 1948,
etc., creemos in te rp re tar una nece­
sidad reclam ada por todos los a r­
tistas del país y a tono con la im ­
portancia del certam en anual para
el presente y el futuro del arte a r­
gentino.
En dichas ocasiones, habíam os
concretado esas aspiraciones en los
siguientes puntos:
a) Los artistas concurrentes al Sa­
lón Nacional deben tener m ayo­
ría absoluta en los jurados de
Selección y Recompensas;
b) Todo artista que haya sido acep­
tado dos veces en el certam en
debe ten er derecho a votar re­
presentante;
c) Los a rtista s que h ayan figurado
cinco años en una sección del

Motel iPensión Mumahusca
"

"

E L H O G A R D E L O S A R T IS T A S

a s Q a a a

0 9

@ 0 10 9 9 0 1

ATENCION ESMERADA
BAÑOS DE AGUA CALIENTE Y FRIA
SE RECIBEN PASAJEROS
★

Buenos Aíres 184

Humahuaca

Prov. de Jujuy

A G U S T IN R IG A N E L L I.

“E l amargado” (m ad era).

m as que va creando día a día, el
desarrollo artístico de nuestro país.
Ha criticado y critica organismos y
reglam entaciones con altu ra y su
crítica no h a sido nunca negativa
ni absoluta; a las objeciones y re ­
chazos h a agregado siem pre el pro­
yecto de enm ienda, a su m anera de
ver, el lógico y necesario.
Consecuentes con estos principios
reiteram os n u estras aspiraciones y
reclamos p ara los artistas concu­
rrentes, posean o no cargos oficia­
les, u n a independencia a todo re ­
querim iento o sujeción que no sean
del orden artístico concernientes al
certam en anual, donde si tien en de­
rechos iguales toodas las tendencias
en sus diferencias estéticas de es­
cuela esa libertad de expresión de­
be hacerse extensiva a la posición
íntim a del a rtista creador en cuan­
to ciudadano fren te a adhesiones
de orden p artid ista en relación a
la función del Salón de Bellas Ar­
tes que al congregar el esfuerzo de
todos los a rtista s argentinos y re ­
sidentes en el país, rep resen tan la
m áxim a dem ostración del progreso
de n u estras realizaciones y punto
de referencia en la estim ación de
n u estra cu ltu ra artística
Juan C. Castagnino
Presidente en Ejercicio
Mauro Glorioso

8

•

FORMA

�UNA CORDIAL REUNION en nuestra FIESTA

2 5

A N IV ERSA RIO

EN nuestro

local social, y con motivo de cum plir
la S.A.A.P. su 25 aniversario, se inauguró el dia
15 de diciembre de 1950 la exposición de las obras
de los a rtista s que tuvieron a su cargo d u ran te este
lapso de tiem po la representación societaria.
F ig u ra b an : M ario Canale con dos grabados, r e tr a ­
to y paisaje; Rodolfo F ranco con “Las tre s m ásca­
r a s ” grabado; Ju a n B. T apia “r e tr a to ” oleo; A ugusto
M arteau “ P aisaje de ciudad” ; Carlos G iam biaggi “El
Y erbal” oleo; Rodrigo Bonome “ P a isa je ” ; Ju a n C ar­
los C astagnino “ R e tra to ” oleo; Onofrio Pacenza
“P aisaje de Chascom ús” ; A ntonio Sibellino, carbón;
Horacio Ju á re z, “ Cabeza” ; A gustín R iganelli, M ade­
ra ; M aría C arm en P órtela, “L a vieja del to to ra l”,
grabado; Ju a n C arlos H uergo, “ P aisaje del Dock
S u r”, oleo; E nrique Polieastro, “La casita b lan ca”,
oleo; Florencio S tu rla, “ P a isa je ”, oleo; Raúl Soldi,
“ N atu ra lez a m u e rta ”, tem ple.
Desde tem prano se hicieron presentes viejos am i­
gos de la S.A.A.P. algunos de ellos socios fu n d a­
dores, así se hizo posible re u n ir a un conjunto de
fig u ra s destacadas de n u estra s a rte s p lásticas, junto
a los m aestros, los plásticos de la nueva generación
F ra y Guillermo B utler uno de los socios fundad o ­
res, departía am igablem ente con Ju a n C arlos Cas-

tagnino, A. Devoto y S. Tidone m iem bros de la
actu al C. D. y esto se rep e tía en distintos grupos
en tre los que se notaba la p resencia del decano de
n u estro s asociados, Don M elitón Calvo, Emilio Cen­
tu rió n , A lfredo B ig atti, H écto r B asaldúa, Rodolfo
F ranco, F ernández Chelo, Jo rg e Larco, Troiano
T roiani, A b rah am Vigo, Florencio S tu rla, Roberto
Rossi, Ju lia P eyrou, Requena E scalada, Raúl Soldi,
O nofrio Pacenza, Orlando P ie rri, Ju a n C arlos H u er­
go, Ju a n a L um erm an, Carlos Biscione, V icente P.
Caride, A ndrés C alabrese, A. López A rm esto, P a ­
blo E delstein, Jo rg e A. Gnecco, N ina H aeberle, Ce­
cilia B enedit, Gerónimo M artignoni, Luis P ellegrini,
A ngela M artín, Pedro Gianzone, Eolo Pons, A haron
Lipietz, Pedro Bleuzet, M auro Glorioso, A bel Laürens, H ércules Solari, M anuel Pinnisi, Ricardo Tinelli, B artolom é M irabelli, C ésar In g a, G erm án Loustalán , y m uchos socios y am igos cuyos nom bres en
estos m om entos escapan a n u e stra m em oria, y que
b rindaron efusivam ente p o r el feliz suceso motivo
del festejo.
Al iniciarse el acto fu é leída una significativa
adhesión del C entro de E stu d ian tes de Bellas A rtes,
luego habló el vicepresidente en ejercicio Sr. Ju a n
C arlos C astagnino, cuyo discurso transcribim os a
continuación:

P a l a b r a s de J u a n C a r l o s C a s t a g n i n o
A m igos consocios:
El Salón de Otoño tuvo un carácter de hom enaje
al 25 an iversario de la institución; hoy al cum plir
h istóricam ente la fecha en que fuera fundada, no
lejos de aquí, pues se realizó la reunión previa en
el D iapasón, hemos reunido obras de los que e s tu ­
vieron en los cargos directivos de presidente y vice
por razones de espacio, en realidad esto es claro un
reconocim iento a todos los que han estado vinculados
a la institución.
Consultando los comienzos con M ario Canale, g ran
propulsor y a rtis ta am igo, nos recordaba cómo se
hacía necesario p ara ese entonces la constitución
de una entidad que ag ru p a ra a los pintores, g ra ­
badores y escultores, una institución como lo e s ta ­
blece el acta de fundación que tuviera como finalidad
“la unión de los a rtis ta s plásticos en la defensa de
sus intereses m orales y m ateriales.
Leyendo los nom bres que rodearon en el prim er
m om ento a la institución, reconocemos los valores
im portantes de la plástica arg e n tin a de esa época:
N azar A nchorena, F ra y G uillerm o B utler C. B.
de Quirós, M ario Canale, Ju a n B. T apia, B igatti,
F o rn er, Larco, O ctavio F ioravanti, A na W. de
Rossi, A lberto Rossi, Requena E scalada, E m ilia Bertole, A talaya, R. M ouján, C enturión, H. G arbarini,
Soto Acébal, R. Franco, E. P rins, S forza, R ovatti,
Bellocq.
F ue
sia sta s
vos en
dio de

así que el calor y apoyo de los m ás
en la defensa del grem io, de los m ás
propulsar la vinculación y fom entar el
los problem as atin g en tes a las a rte s

e n tu ­
ac ti­
e s tu ­
plás-

ticas, la S.A .A .P. alcanzó bien pronto una s itu a ­
ción destacada, logrando el resp eto de los a rtista s
haciendo lleg ar el ap o rte técnico como tam bién la
crítica sincera a las instituciones oficiales en cuanto
estudió norm as y reglam entos y se g ran jeó la sim ­
p atía de los que rodearon en n u estra posición clara
y definida, o rien tad a en la lucha por las reivindi­
caciones del realizador.
A sí es que al a p o rta r su punto de vista profesio­
nal, de las asam bleas han surgido com isiones de
técnicos que se han expedido en estudios p ro fu n ­
dos, con ideas concretas y prácticas, fru to s de la
experiencia viva del profesional.
Ya sea sobre Museos o concursos, sobre subsecre­
ta ría de Bellas A rtes, tra b a jo p ara los a rtista s , so­
bre el problem a pedagógico o representación en los
ju rad o s de certám enes oficiales o p articu lares, la
S.A.A.P. ha llevado al conocimiento del grem io el
resu ltad o de deliberaciones nunca im provisadas.
De allí que pese a las pocas comodidades m a te ria ­
les que podem os ofrecer a los asociados desde n u es­
tro ta lle r de croquis y n u estro hum ilde local, po­
dam os h ab lar orgullosam ente de la im portancia
an u al del Salón de Otoño, expresión viva del c a ­
rá c te r de n u estra institución, donde las m a n ifesta­
ciones de generaciones d istin tas, de tendencias di­
versas, im pulsa y d esarro lla el esp íritu crítico y
la em ulación; la discusión libre de los problem as
de n u estro oficio y n u e stra expresión propia.
C om entábam os este c a rá c te r am plio y dinámico
con Aquiles Badi, que fu era p residente de la S.A.A.P.
(Continúa en la púg. 16)

F OR MA

®

9

�25

A N I V E R S A R I O

(Viene de la pág. 2)

en 1936-37, recordando que ta l contingencia le p e r­
m itió conocer a la nueva generación, e n tre los cu a­
les se encontraba el que habla y la an terio r a él
y que no conocía como el caso de G iam biaggi y
otros.
No es por casualidad que los jóvenes de entonces
se acercaron a la Sociedad; citem os los varios casos
de defensa de estu d ian tes expulsados al b re g a r por
sus reivindicaciones, por la perm anencia de los cu r­
sos nocturnos, por la im plantación de talleres libres.
E sto hizo que algunos a rtis ta s que en ese m om en­
to ocupaban la dirección de las escuelas ren u n cia­
ra n a la S.A.A.P. pero si en ese momento perdíase
un asociado se fortalecía el esp íritu que conform a­
ría en 1936 los nuevos estatu to s. No fueron so la­
m ente fra ses líricas las que se dedicaron a la fo r­
mación del fu tu ro a r tis ta ; ya en 1927 se elevó un
plan de estudios al M inisterio de Instrucción Pública
y m ás ta rd e en 1936 se realizó un estudio p ara la
reform a propiciando una escuela de orientación a r ­
tesanal, cuyo plan fue estudiado y elaborado por
una comisión de técnicos, dándose a publicidad en el
boletín inform ativo.
N u e stra institución requirió el estím ulo a la p ro ­
ducción de n u estro s a rtista s , reclam ando del E stado
su contribución p ara crear fuentes de trab ajo , p re ­
vio concurso, confiándoles las obras en edificios p ú ­
blicos, defendiendo en los certám enes oficiales el
régim en de com pras, por entender que así se bene­
ficia profesionalm ente al realizador y se enrique­
cen los museos e instituciones del país.
Se actualizan nuevam ente nuestros petitorios en
ocasión del Salón A nual de este año creem os con­
tem p lar las aspiraciones de todos los a rtis ta s a r ­
gentinos y residentes en el país, que puede re su ­
m irse en esta ineludible exigencia fu n d am en tal:
poner en m anos de los profesiones com petentes la
organización de los centros prim ordiales de cul­
tu r a artística.
Al defender nuestros derechos a ten er m ayoría
absoluta en los certám enes oficiales, al defender
la libre agrem iación, como resu lta de n u estro m e­

ELECCIONES

m orial elevado a la S ecretaría de T rab ajo y P re v i­
sión, sostenem os n u estra conducta de perm anecer
a le rta s co n tra toda coacción de la lib ertad de ex ­
presión, co n tra todo ag rav io m oral o m ateria l in fe ­
rido a los a rtista s, sea en el ejercicio de la docen­
cia o en su desempeño profesional.
AI reem p lazar a n u estro presid en te D. Carlos
G iam biaggi, que se en cuentra en E u ro p a viviendo
de cerca ta n ta s grandes cosas p asad as y presentes,
viendo de cerca las gran d es m anifestaciones de las
fu erzas creadoras, he creído conveniente, como adhe­
sión al hom bre, tra e r esta cita del que fu era am igo
dilecto de Chiabon A costa A talay a.
Decía, este g ra n crítico, por los años precisam ente
de la fundación de la Sociedad, en las p ág in as de
“Acción de A rte ”, refiriéndose a la in ten sa querella
de a rte y vida: “Acción e ideas, p alab ras y hechos
requieren un solo ritm o, he ahí el anhelo m ás f é r ­
vido de pensadores y a rtista s . Que haya sido o no
conseguido y que de la prédica a la realidad haya
siem pre un g ran trecho, lo im p o rtan te es que el
arte , sum a y síntesis, no es m ás que un fru to m a­
ravilloso que supone el árbol: el hom bre”.
Y refiriéndose a la lucha del aprendiz prim ero,
del artesan o , del a rtista y profesional, después escri­
bía A ta la y a :
“En lo íntim o siem pre hemos de p re fe rir una de­
rro ta honrada a cien triu n fo s puercos y de todo co­
r a z ó n ... que ard an las naves.”
Hoy, entonces, igual que en 1925, desde un mo desto rincón reafirm am o s n u estro principio: el m e ­
joram iento de n u estro a rte y el derecho de los a r ­
tis ta s a vivir de su trab ajo .
No tenem os m ás enem igos que los enem igos de la
cu ltu ra y la libertad. N adie que sueñe con un a rte
arg en tin o de trascendencia generosa y con a rtis ta s
identificados con el pueblo puede im pedir su t r a ­
yectoria.
E sta es la doctrina de ay er, es la de hoy y será
la de m añana.
Lo refirm am o s en este año del L ibertador, al re n ­
dir un hom enaje a todos los a rtis ta s que de una u
o tra m anera han estado ju n to a la S.A.A.P.

PERIODO

1951 - 1952

El Consej'o Administrativo solicita a todos los socios que formen las listas
de precandidatos para ser presentada a las autoridades antes de las elecciones
que de acuerdo al Art. 60 de nuestros estatutos se realizarán en el mes de
abril, para cuyo efecto se reproduce:
A rt, 60. — L as listas de can d id ato s, p a ra su validez, te n d rá n
q u e ser p re se n ta d a s al C. D. d eb id am e n te firm a d a s p o r los
ca n d id ato s propuestos, q u in ce días, p o r lo m enos, an tes de
la fec h a fija d a p a ra la elección a fin de s e : oficializadas; y
diez días, p o r lo m enos, a n te s d e las elecciones d e b e rá n ser
en tre g a d a s en ca n tid a d su ficien te, p a ra ser re m itid a s a todos
los socios, c o n ju n ta m e n te con la citació n al acto eleccionario.

10

®

F ORMA

�HOMENAJE
AL LIBERTADOR General
JOSE DE SAN MARTIN

d e l G e n e r a l S a n M a r t í n ” . B oceto de
A n to n io A lice p a ra el cu ad ro “S a n M a rtín en
B ou lo g n e S u r-M e r”. P ro p ie d a d del M useo “R osa
G alisteo de R o d ríg u ez”.

“ C abeza

E1 21 de septiembre, respondiendo a una
invitación de la Sociedad Estímulo de Bellas
Artes, la S.A.A.P. conjuntamente con otras
instituciones amigas, realizaron un homenaje
al Libertador Gral. José de San Martín depo­
sitando una ofrenda floral al pie del m onu­
m ento erigido al procer en la plaza que lleva
su nombre.
Al acto concurrieron destacados artistas en
representación de las respectivas Sociedades
organizadoras, y en esta forma rendimos jus­
ticiero hom enaje al padre de la patria.
Por otra parte, en la primer asamblea ordi
naria realizada en la S.A.A.P. se resolvió por
unanimidad guardar un minuto de silencio,
poniéndose de pie todos los asambleístas.

25 AÑOS DE VIDA GREMIAL
(Viene de la pág. 10)

dos y condenó m anifestaciones hechas por un
m inistro de Instrucción Pública que trató de
regular la forma y el contenido de los envíos
a los salones oficiales.
En num erosas oportunidades se dirigió a
las autoridades nacionales, provinciales y m u­
nicipales, destacando la necesidad de decorar
los edificios públicos, m ediante la adjudicación
de los trabajos en concursos amplios y debi­
damente garantizados por la imparcialidad de
los jurados.
Organizó en su sede exposiciones sociales y
colectivas; exhibió reproducciones de arte an­
tiguas y contemporáneas; hizo conocer el acer­
vo de colecciones particulares, cedió su tribu­
na a artistas y escritores; y rindió homenaje
a su s artistas desaparecidos.
Introdujo en sus E statutos una cláusula por
la cual se establece que los Jurados por la So­
ciedad, lo serán en carácter de delegados de
la mism a con la más amplia libertad de juicio
pero con la obligación de rendir cuenta de su
actuación, en un informe escrito para cono­
cim iento de la Asamblea de Socios.
Exigió de las instituciones oficiales del in­
terior que las obras destinadas a los salones
que ellas organizan sean trasladadas y luego
devueltas a sus autores en las mejores condi­
ciones de conservación.
Propugnó reformas a los Reglam entos de
los Salones oficiales para que respondan a las
necesidades de los artistas y al desarrollo de
sus actividades. Como la reincorporación de
la Sección Grabado, arbitrariamente excluida
del Salón Nacional.
Denunció la práctica m ercantilista de las au­
toridades que ordenaron las copias absurdas
de estatuas que representan a héroes naciona­
les, negando a nuestros artistas la interpreta­
ción histórica a que tienen derecho por el gra­
do de madurez alcanzado en la técnica res­
pectiva.
Reclamó para los artistas, becas de viajes
y casas de descanso en la montaña. Se dirigió
a las embajadas acreditadas en los países en
guerra interesándolas por la suerte de artistas
argentinos impedidos de regresar al país. So­
licitó la reducción de aforos aduaneros para
los m ateriales de trabajo de los artistas y pa­
ra los cuadros del país.
Estableció relaciones con instituciones sim i­
lares del exterior y se hizo presente en actos
realizados por ellas. Patrocinó exposiciones en
el interior del país.
Este largo bregar en favor de las reivindica­
ciones de los artistas, a pesar de algunas des­
viaciones que luego fueron rectificadas, defiFORMA

•

11

�C/

XVI I SALON DE OTOÑO
EN LA

Calería
VELAZQEEZ
SE REALIZO NUESTRO
TRADICIONAL S A L O N

M A RTIN M ALHARRO. “P a is a je ” ( a c u a r e la ) .

VICTOR CUNSOLO. “B arcazas ” (ó le o ).
12

S

FORMA

Ya es costumbre que en los me­
dios plásticos se considere al Salón
de Otoño como la m uestra m ás re­
presentativa del arte Argentino, es­
ta afirmación empero fué superada
este año, año del veinticinco an i­
versario con una m uestra en dos se­
ries que ocupó los amplios salones
de la Galería V^lázquez d u ran te to ­
do un mes; alcanzando extraordi­
naria resonancia en todo el país, lo
que de por sí es un magnífico pre­
mio a la labor tesonera de nues­
tros artistas.

W A LTER DE N AVAZIO. “P a is a je ” (ó le o ).

JO S E ARATO. “E l

A LFR ED O GUTTERO. “A^n u n c ia c ió n ”
(yeso cocido)..

cocinero ”

(ó leo ).

Gmo. H EB EQ U ER FA CIO . “M otivo

de fe r ia ”

(lito g ra fía ).
FORMA

•

13

�La

F ilia l

M E N D O Z A

DEL SALON DE OTOÑO

J ^ I E Z años va a cum plir la Sociedad de A rtista s Plásticos de Mendoza.
S urgió de la necesidad de concretar las inquietudes y aspiraciones
de un grupo de ex alum nos de la A cadem ia Provincial de Bellas A rtes
E n reuniones p re p a ra to ria s, se dieron las bases p a ra la o rg an i­
zación de los a r tis ta s mendocinos. Al comienzo hubo que vencer
resistencias, vacilaciones y dudas pero al fin el deseo de d a r impulso
a las Bellas A rtes y sacarlas de su casi anonim ato, como de resol­
ver los distintos problem as que se p lan teab an a los a rtis ta s , superó
todos los inconvenientes y la Sociedad se constituyó en 1941. Se
acrecentó el in te rés por los dos salones principales de la Sociedad y
de Cuyo y el de A cuarelistas y G rabadores y por los individuales
de los distintos asociados.
H aciendo una breve referencia a su actuación grem ial, cumple
consignar la institución de cá ted ras de dibujo p a r a las escuelas p r i­
m arias. Im pulsó la creación de la Comisión Provincial de C ultura.
C onstituyó el equipo de trab a jo . Se bregó p o r la independencia, del
a r tis ta becado, po r la propiedad de su obra y p o r la adjudicación
en equipos de las obras d e a rte a rea lizarse en los edificios públicos.'
Defendió la pureza de los concursos, ta n to en la adjudicación de
cátedras, como de obras artístic as.
Se creó el ta lle r de dibujo y p in tu ra en el local social y por la
im portancia que iba adquiriendo el desenvolvim iento artístic o se f a ­
cilitó a la Sociedad un salón de exposiciones sin cargo alguno: fue
la G alería “ P re m ie r”. Se efectuaron exposiciones en San R afael y
o tra s ciudades de la provincia y en San Ju an .
D ía a día fué ganando lo Sociedad prestig io y resp eto y su obra
si a veces lenta, fué siem pre constructiva y de in te rés p a ra la causa
grem ial y cu ltu ral de los a rtista s .
E n tre sus m ás consecuentes asociados y que p o r sus m éritos y
bellas condiciones fu é electo presidente, cabe d estacar la actuación
del m alogrado com pañero E sp arta eo Rom ano, p rem a tu ram e n te a r r e ­
batado de la vida cuando ya e ra un valor ponderable. V erdadero “pionn e r” su recuerdo se ilum ina con la tra y e c to ria de una conducta honesta
y de u n a rec titu d a toda prueba.

A L FR E D O SIM O N A ZZI.
“C abeza

d e b a il a r in a ”

(m a d e ra ).

La filia l Mendoza, sigue en pie haciendo su obra de cu ltu ra y
divulgando sus conquistas. V erdaderos valores de la p lá stic a mendocina se ag ru p a n en su seno, y con paso seguro van m ostrando sus
fru to s en exposiciones colectivas o individuales que llegan a
Buenos A ires.

UNION

DE LOS A R T I S T A S

L a S .A .A .P . ha estudiado los p ro b le m a s de
u n a u n ifica ció n grem ia l de los artista s p lá s­
ticos del país en u n a sola en tid a d y so stu vo ,
en sus gestiones ante la Secreta ría de T ra b a ­
jo y P rev isió n y las dem ás sociedades, com o

14

®

F ORMA

p rin cip io básico u n a organización fe d e ra tiv a
con u n consejo d irectivo en el cual p a rticip en
to d a s las en tid a d es con re p resen ta ció n p ro ­
porcional.

�Consejo Administrativo de la S. A. A. P.
Período 1950 - 1951

P resid en te
C A R L O S G IA M B IA G I
V ic ep re sid en te

S ecreta rio

JU A N C A R LO S C A ST A G N IN O

L U IS P E L L E G R IN I

P rosecretario

T esorero

H O M E R O P A N A G IO T O P U L O S

P A B L O E D E L S T E IN

P rotesorero
M A U RO G L O R IO SO
A N T O N IO D EV O TO

M A N U E L Z O R R IL L A

D E M E T R IO U R R U C H U A
V ocales
S E P U C C IO T ID O N E

M A N U E L P IN N IS I

JU A N C A R LO S H U E R G O

A. L O P E Z A R M E S T O
O R L A N D O P IE R R I

S u p le n te s
V IC E N T E F O R T E

JU L IO B A R R A G A N

F L O R E N C IO

S ín d ico s
A B R A H A M V IG O

F E L IX

STESSEL

STURLA

�LA E S C U L T U R A

por Francis

Jourdain

¡N oble y bello oficio el del e sta tu a rio ! L a e s ta tu a vive b a jo
el sol y vive del sol, quien , d esd e que ap arec e h a s ta que se o c u lta ,
no cesa — al d e sp la z ar las so m b ra s— de m o d ifica r el m o d elad o ,
es d ecir el aspecto. E ste p e rp e tu o co n flicto d e la so m b ra y de la
luz a n im a la e s ta tu a y la p re se rv a de la m u e rte . U n a e sta tu a
h e rm o sa no es so lam en te u n a b e lla im agen, es ta m b ié n u n h e r­
m oso objeto. A la v id a de la im agen, se su m a en ella la v id a del
objeto . P e ro si este o b je to goza p o r ello del priv ileg io d e q u e d a r
in c o rp o ra d o a la n a tu ra le z a , su n o b leza co n siste en h a b e rs e in ­
c o rp o ra d o algo de la n a tu ra le z a .
E l p e n sa m ie n to del e sc u lto r es u n p e n sa m ie n to e sc u ltu ra l,
com o el p e n sa m ie n to del m ú sico es esp ecíficam en te m u sical;
p a ra e x p re sa rse c la ra m e n te , u n o y o tro sólo d isp o n en d e m ed io s
e lem en tales. E s e n la fo rm a, en el p e n sa m ie n to -fo rm a ( “T odo
es form a, decía B alzac, la v id a m ism a es fo rm a ” ), es en la fo rm a
q u e el e sc u lto r debe c o n fia r p a ra a p re n d e r a d ecir lo q u e él q u ie re
decir. E s ta co n fian za im p lica u n a in te lig e n cia de las fo rm as, la
cual, siendo u n a fu erza cre ad o ra , es, — n o se debe o lv id a r— el
enem igo m ás eficaz de la in ep cia fo rm alista .

��o
E l P in to r-P o eta - 2? A niversario

RA M O N SIL V A

Dos

Semblanzas

RAMON SILVA
Y

MARTIN MALHARRO
POR

ALFREDO CHIABRA ACO STA
(ATALAYA)

18

•

FORMA

J ^ U E Ram ón Silva uno de esos ra ro s p in to res do­
blados de poetas. No es que hiciera versos, sino
que su esp íritu , grávido de poesía, h allábase en in ­
terro g ació n continua an te el infinito. M editativo y
tris te , e ra un ex altad o r de la n atu ra lez a, hubo una
época en que sus telas, llam ean tes de colores, eran
como g rito s de em ocionada exasperación p o r la Be­
lleza; g rito s que p ro fieren todos los que se tr a n s ­
fig u ra n al contacto de lo que los hace m ás nobles,
m ejores y m ás buenos. Recuerdo un cuadro suyo,
que no olvidaré jam ás. E ra u n a p a rv a de ocres hirvientes, cuyos áureos reflejo s se v o latilizaban en
la diafanidad de un cielo espléndidam ente azul y
asen ta d a sobre un predio de verdes líquidos, cam ­
biantes, en el que las som bras a m a tista s e ra n de
u na delicadeza in fin ita. T ela hím nica e s ta que, ir r e ­
m ediablem ente evocaba en el in fatig ab le lecto r la
encendida policrom ía de los versos de R im baud y
las “cam piñas alucinadas” de V erhaeren. Luz, co­
lor; he aquí lo que amó, p o r encim a de todo, n u es­
tro poeta. Sin em bargo, lo exasperado de esos ocres
y violetas no am enguaba el dejo som brío de su
visión. E s que todo am or sincero es trág ico , y el
am or a la B elleza lo es, quizá, m ás que ninguno.
P o r eso la desolación de ciertos suburbios p arisien ­
ses y p o rteñ o s tuvieron en él un a g u a fu e rtis ta de
acentos hondos y p unzantes. N o e ra un p in to r he­
cho; no era un m aestro , m ago p ortentoso de la
p aleta , pero era , sí, un a r tis ta de g ra n emoción.
A lgunos de sus ap u n tes, sum arios, ásperos, b ru s­
cos a veces, daban la cabal m edida de su te m p e ra ­
m ento, y en sus p aisajes de denodada sinceridad
tuvo modulaciones de color de la m ás p ristin a p u ­
reza. Son cualidades estas que, p a ra h a lla rla s en
un p in to r, h ay que re c u rrir a los m useos y dete­
nerse a n te los g ran d es m aestro s. Y en Silva había
en germ en un fu tu ro g ra n a r tis ta de acentos iné­
ditos. D em asiado personal en sus ensayos, en que
se buscaba a sí m ism o; solam ente valorado p o r un
grupo de a rtis ta s , las escasas veces que presentó
sus obras al público se a tra jo las b u rlas y el chis­
te fácil. A ún se recu erd a con a m a rg u ra el chasca­
rrillo de c ie rta re v ista que al rid icu lizar u n a de sus
telas, le am onestaba con estas p a la b ra s: “ Silva, por
favor, silba, pero no p in te s”.
E l poeta y la bondadosa c ria tu ra que h ab ia en él
in ten tó reirse de esta salida de clown del p eriodis­
mo, que no tre p id a en sa crifica r lo m ás sagrado
con ta l de confeccionar un chiste. Su cuadro no e ra
el peor de la sala, pero su apellido era un a te n ­
tación . . . E sto , la indiferencia y los repetidos re ­
chazos que su frie ra p o r un ju rad o de zóologos, fu e ­
ro n motivos m ás que suficientes p a ra cau sarle ese
desaliento que es cierzo que hace tir it a r las alm as
y d esesp erar de todo; sobrevino la abulia, el ensi­
m ism am iento extático del que en su in te rio r busca
furioso las causas de un fracaso im p r e v is to ... Y
porque e ra bueno, inm ensam ente bueno, no creyó
que los dem ás estab an en un erro r, sino él. No
im precó co n tra nadie, sino co n tra él mismo. E m pe­
zó la desesperación m uda, el calvario invisible, el
ru m ia r continuo, la crisis aním ica de cuyos carbo­
nes ard ien tes h ab ría salido fortalecido y tem plado,
pero la m u erte v in o ... Y aquel sim ple, hum ilde y
bueno que era capullo en el árbol, prom esa de f r u ­
to y de fru to s óptim os, se fué silenciosam ente co­
mo h ab ía vivido.
“ U n fru to cuajado de m il flo res h elad as”, dice
B en av en te. . . Eso fué Silva, como en estas tie rra s

�lo son otros muchos que viven, andan y beben, p e­
ro son féretro s de un ensueño. Le conocí y po r al­
gún tiempo fuim os inseparables. . . De nuestros v a­
gabundajes, en que r a r a vez habláram os, saqué en
limpio una cosa. Silva era superior a su obra. E ra
m ás poeta en la vida que en sus mismos cuadros.
E sto hizo que le cobrara una profunda estim ación
y una fe absoluta, ciega en su triu n fo como a r ­
tista. E s que había conocido a tan to s, cuyas obras
son superiores a ellos mism os, en que “la mano va
m ás allá que el pensam iento” y que casi siem pre
im plican una decepción, que, al com prender que es­
t a belleza engarzada en sus te las no e ra m ás que
una p artícu la infinitesim al de la belleza de su es­
p íritu , funde las m ás firm es y risueñas esperanzas
sobre su p o r v e n ir ... Nos separam os luego, fu i al
extran jero , pero el recuerdo de Silva nunca me
abandonó.
U na ta rd e bochornosa en el P arag u a y , tendido
e n el suelo, observaba el tr a jin a r de unas horm i­
g as . .. U na, entre todas, m e in trig ab a. H abía co­
gido una m inúscula florecilla y, a fe rra d a a ella,
tr a ta b a de andar. Al m ás tenue soplo de b risa el
pobre insecto era derribado. L as dem ás, pasab an a
su lado, deteníanse un momento, pero nadie le p re s­
ta b a el m enor auxilio. D iligentes proseguían su ca­
mino, cargadas de briznas de yerbas, de gran o s y
de cosas prosaicas y útiles. L a horm iga y la flo r
•quedaban en el sendero, avanzando unos m ilím etros
p a ra retroceder otros tantos. H oras me quedé con­
tem plando esa lucha del insecto con su ca rg a flo ­
rid a y vi como o tras horm igas agobiadas, eran asis­
tid a s por sus com pañeras, m ien tras la de la flo r
continuaba sola, intentando avan zar penosam ente
con ese cáliz am arillo a cuestas. ¿R egirían e n tre las
horm igas las m ism as leyes u tilita ria s que en tre los
hom bres ? •—me p regunté en un afán pueril de en­
c o n tra r un símbolo a lo que yo era incapaz de des­
e n tra ñ a r. ¿H ab ría entre las horm igas, las que se
p rendan de cosas bellas y vanas y son aisladas por
las dem ás? E ra quizá estúpido p en sar así. Pero
lo cierto es que la fig u ra de Silva, con su ca rg a de
■ensueño, me vino a la m ente, y no pude por menos
que identificar el símbolo de la pobre horm iga con
la del infortunado pintor.
Se ha querido n eg a r la influencia del medio sobre
ciertas desapariciones p rem a tu ras de a rtista s. Se ha
invocado la fatalid ad , se c ita la fra se de Benavente p a ra explicar lo de Silva. Sin em bargo, cabe
•otra explicación que debemos darnos p a ra prove­
cho de todos. A Silva el medio le fué fran cam en te
h ostil. El, como muchos otros, fu é víctim a del mo­
m ento social porque atravesam os. La desorientación
e n tre los a rtis ta s y, principalm ente, en tre los a r ­
tis ta s argentinos, nunca fué m ayor, E stam os en
u n a época de transición en que una m oral nueva se
elabora. P in ta r p a ra la b urguesía y la plutocracia,
de gustos gi'oseros, y que p a ra p a g a r exigen que
la alaguen y le h ag an cosquillas, es fae n a inferio r
que el verdadero a r tis ta —po r razones de decencia—
■desdeña y repudia. ¿Q ué h ac er? P in ta r p a ra sí
m ism o, dicen los de las soluciones fáciles. Pero no
&lt;es cierto. No se p in ta p a ra uno solam ente, sino p ara
todos. Se expone p a ra que los otros p articip e n de
la s propias an g u stia s y de los propios anhelos.
Cuando esto no existe, el papel de utilidad que toda
c ria tu ra hum ana cree y ansia desem peñar en la
colm ena social, desaparece. E l que cree se r un “in ­
ú til” es presa fácil de un profundo desaliento. “ Ser
picapedrero, ser albañil, lavaplatos, cualquier cosa,

M A R T IN M A LH A R RO

pero se r “ú til” exclam a el cuidado que se desprecia
a sí mismo. E in te n ta faen as p a ra las que no está
dotado, ensayando los oficios m ás varios, inquieto,
to rtu rad o y sin paz interior.
E n las botegas flo ren tin as el a r tis ta m enor tenía
cabida, y al m odelar los pliegues del m anto de la
V irgen de R afael ex perim entaba satisfacciones que
le están vedades hoy a los que ponen su firm a sobre
un cuadro.
Se triu n fa en razón de la fu e rz a y el talen to que
se tien e; pero tam bién se fra c a s a en razón de la
bondad que se lleva en el corazón. Y en la trag e d ia
obsesionante de Silva hubo algo de esto últim o.

MARTIN MALHARRO
H ace y a v ario s años — d u ra n te esta época pos­
b élica d e v io le n ta s co nvulsiones a rtístic a s y de
a p a re n te d eso rd en —- G iorgio C hirico ex clam ab a,
pesaroso: N essu n o p er correggere, n essuno p er
giudicare, n essu n o p er consiguiare, p er d etta re
u n a legge, sta b ilire u n p rincipio. E ste g rito e x ­
h alad o p o r u n a co nciencia lúcida, q u e im p líc ita ­
m e n te co n fe sab a el fracaso — ta l vez re la tiv o — d e
su v id a en el ejercicio d el a rte , co n stitu ía u n s ín ­
to m a d e la to r de v a c u id a d colectiva, qu e nos hizo
e x c o g ita r siem p re y d u ra n te m ucho tiem po. D e­
clarem o s q ue C hirico es uno de los a rtista s ita lia ­
n o s m ás depurados', q u ien d e la e x iste n c ia d el
a rte posee u n concepto casi religioso y se a v e n ­
d rá con n o so tro s cu ál v a lo r m o ra l co b ra re p e n ­
tin a m e n te esa confesión.
Sí, esta fu lg u ra n te c h isp a d esp re n d id a d e a n ­
te n a ta n se n sitiv a y elev ad a, co rresp o n d ía a l g rito
no ex h a la d o p o r la sin c e rid a d de los m ejo res, que
p a d e ciero n y p ad ecen co n stan tem e n te el ca lv a rio
d e no lo g ra r su s p eq u e ñ as v e rd a d e s sino a costa
d e fatigosos su frim ien to s. E ra u n esfuerzo so b reFORMA

•

19

�DEL SALON DE OTOÑO

JU A N B E R LIN G IE R I.
“M artha ” ( p u n ta s e c a ) .

humano, a p re n d e r lo que u n artesan o del m ed io ­
evo h e re d a b a p o r la enseñanza del m aestro con
quien co nvivía a diario.
Sí, jam ás pesó con ta l ab u n d a n cia la p ro tecció n
d isp e n sad a a la s a rte s p lásticas. Sí, ja m á s como
e n estos m o d ern o s tiem pos —y m áx im e aq u í—
las arteiS en g en e ral tu v ie ro n y tie n en ta n ta s y
ta n to s p ro tecto res. Son num ero sas las in stitu c io ­
nes de beneficencia que, cual sa m a riía n a s re d iv i­
vas, le ex tie n d e n la m ano y el cá n ta ro a los pobrecito:", artistas. Son m uchos los p rem io s estím u ­
lo: m u nicipal, nacionales, provinciales, de co n ­
ju n to e in d iv id u ale s en estos tiem pos ch ato s de
toda chatedad, de regodeo se n su a l-a rtístic o . . . y
d e condescendencia, de co n ten tam ien to m u tu o , de
pegajosas y b an ales alabanzas po r los crítico s h a ­
cia su s víctim as, los criticados. P o r eso, p a ra le la ­
m ente, n u n ca se padeció ta n ro ed o ra an em ia en
las creaciones de la plástica. Lo cacoquim io, lo
exangüe, se h a lla en d ire c ta rela ció n con la o be­
sidad d e m u c h as obras: son obesas' p o r q u ere rse
in fla r, como el sapo de la fáb u la, p re te n d ien d o
alca n za r el tam año de u n buey. B rillazó n y v a ­
ciedad son in h e re n te s y consubstanciales.
E l a r te n ec esita m enos p ro tec to res oficiosos e
ig n aro s que de v erd a d ero s m aestro s y guías esp i­
ritu a les. L as recom pensas, los din ero s concedidos
a to n ta s y a ciegas, p o d rá n en g o rd a r a u n o s c u a n ­
tos y a l “a r te :’ q u e ellos hacen. P ero, p a r a la v i­
vificación p e re n n e de las m anifestaciones plásticas,
son les enseñanzas v ivas de los m a estro s q ue m ás
urgen, a su co n tin u a v ita lid a d . Sí, so b ran p re s u n ­
to s pro tecto res, em ping o ratad o s filántro p o s, y fa l­
ta n los m aestros. E ntendam os. No se d eb e con­
20

•

FORMA

fu n d ir este térm in o ta n d e p rim en te m en te ap lica­
do a c u a lq u ie r congrio p ig n o rad o r de c á te d ra o.
d irección de academ ias, con escasas nociones d e
p ersp e ctiv a y dibujo. E stos an im alito s qu e fo rm a n
card u m en , son la tu rb a m u lta , los se p u ltu re ro s d e
la vocación de la ju v e n tu d m ás p u ja n te . T am p o ­
co h áse d e co n fu n d ir los p ro fe so re s y los estetasen caram ad o s p o r las ram a s d e su s m ezq u in as e lu ­
cubraciones, con el m aestro e s p iritu a l a q u ien n o s­
o tro s nos referim o s, añorándolo, h o n d am en te.
E l m a estro que p u ed e y sabe e n se ñ a r e inculca
los conocim ientos con am or. No los qu e ejerce n
p o r d eb e r y la paga. E llo eco n tecía en otros tie m ­
pos de m enos afectación y de m a y o r n a tu ra lid a d .
E n B olonia, h ac e unos cu a tro siglos, el F ra n c ia
a n o tad a en su diario, con p a la b ra s ilu m in ad a s de
bondad, la p a rtid a de u n discíp u lo suyo:
1495. 4 aprile. P artenza d el m ió caro T im o teo
V iti. Che Dio lo colm i di doni e di fa v o ri. H e ah í
u n v islu m b re de luz p ro y ectad o so b re la e x iste n ­
cia co n d u cid a p o r los ap ren d ices de artista.
E n la m ism a m ad era de esos an tig u o s m a estro s
h a b ía sido tallad o M a rtín M alh arro , g u ía e sp iri­
tu a l qu e p o sey era la ju v e n tu d a rtístic a arg e n tin a.
D ejó p o r eso u n p u ñ ad o de dispersos discípulos,
quien es au n re c u e rd a n con p lácid o y fervoroso
cariñ o el reg a lo de la sie m b ra in icial qu e h u b o
d e en cam in arlo s y o rie n ta rlo s p a ra siem pre.
No e ra so lam en te u n p in to r; no era u n p erso ­
n a je de p ro fu sa y ecléctica cu ltu ra, qu e d isc u rrie ­
ra e x cátedra; n i uno de ta n to s en ferm o s de v a ­
n id ad y obsesionados p o r la consecución d el tr iu n ­
fo p ersonal. L ejo s de eso. se h a lla b a quien, com o
él, a lb e rg a b a u n te m p eram en to le a l y com bativo,
generoso y tu rb u le n to , qu e po seía en g rado su m o
el don de co n q u istarse enem igos a g ran el. Y, c a ­
so no com ún, m ás lodo le a rro ja b a n éstos, m ás
le en altecían .
E ra, pues, u n h o m b re en la am p lia acepción del
térm in o , u n a in te lig en cia d in ám ica qu e p o r en ci­
m a de sus cu alid ad es y defectos todo lo co n v e r­
tía en e n tu sia sm a d a pasión. F u é u n g ra n re b e ld e
apasionado, y p o r serlo p udo, como W h istler, es­
c rib ir ese opúsculo so n rie n te y agresivo: T h e art
o f m a k in g en em ies (el a rte de h a c e rse en e m ig o s).
P ero si W h istle r tuvo como c o n trin c a n te a R u sk in ,
fu ero n pocos los que, en fre n tá n d o se a M a lh arro ,
au n al em p in arse, a lca n za ra n a su talla. Escasos
h u b ie ro n d e se r los ad v ersario s dignos de él. Y
esto es lo qu e m ás hubo, d e en tristec erlo .
L a m u c h ac h ad a q u e dom ingo a dom ingo ib a a
v isitarle , h a lla b a e n él a u n ca m a ra d a d e su m is­
m a edad, jo v ia l como ellos, u n m aestro y u n con­
se jero e sp iritu a l q u e le p a re c ía lo m á s n a tu ra l
co n su lta r la s o piniones d e sus p resu n to s discípulos
a m ed id a qu e les m o stra ra sus telas, ex plicando
lo q u e se h a b ía p ro p u esto rea liza r, p a ra guiarlo,
luego, cuando se p re s e n ta ra la ocasión, p o r los
v ericu eto s d el oficio. E in v a ria b le m e n te e ra con
ellos cordial, afectivo, in te resá n d o se ad em ás p o r
la situ ació n p erso n a l de ca d a uno, a fin d e ay u ­
d arlo s en todo lo posible, no sólo en consejos y
p alab ras. E ra el v e rd a d ero arq u e tip o d e l m a estro ,
quien, salido d el pueblo, co n serv ab a los rasg o s
m ás n o b les d el alm a p o p u lar, de in d e p en d e n cia
a ltiv a y d e g enerosidad.
U n a vez u n m ed io cre p in to r nos contó como u n a
v eleidad, com o u n a n o ta b le fa lla de M a lh arro la
rá p id a m u d a y el ro m p im ien to bru sco de an tig u o s
am igos suyos, casi de su m ism a edad, p a ra re e m ­
p la za rlo s p o r m ocosos — e ra n su s p a la b ra s— y d e­

�p a r tir con ellos con fa m ilia rid a d poco resp e tab les.
E se re p ro c h e de no se r -serio y g ra v e m e n te a s n a l
com o la m a y o ría de n u estro s figurones, h u b o d e
re c h a z a r de rechazo esta re fle x ió n r e iv i n d ic a to ­
ría , a n o ta d a algunos años h ace en u n a lib re ta ; M alh a rro, p o r lo ju v e n il de su espíritu, se parece a los
a n geles S w en d en b o rg , que m á s cantidad de años
tra n scu rre n m ás se sie n te n rejuvenecidos. A l tie m ­
p o que sus am igos envegecían en ideas y se n tim lentos, los iba desechando p o r otros que siendo jóven es
física m e n te los eran ta m b ié n de se n tim ie n to s y en
ideas.
Todos los q u e les conocieron ín tim a m e n te y p u ­
d ie ro n p e n e tra r en sus arcanos, no accesibles a
todo el m undo, h a n de v erlo com o nosotros lo v e ­
m os restro sp e ctiv am e n íe. E sta, e n tre la c a ra c te rís­
tic a de su com pleja p erso n alid ad , e ra la m ás re v e ­
la n te : la del je fe esp iritu al.
Im posible, en el b rev e espacio de q u e d ispon e­
m os, e x te n d e rn o s p a ra p re se n ta rle e n su faz de r e ­
n o v a d o r de la s anseñanzas d el d ib u jo en las escu e­
la s p rim a ria s, n i a n a liz a r su la b o r p ictó rica y p u n ­
tu a liz a r la evolución q u e tra n s fo rm a ra p a u la tin a ­
m e n te su esp íritu . S iendo e s te u n sim ple y b re v e
tr a b a jo reco rd ato rio , nos circ u n scrib ire m o s a e n u n ­
c ia r noticias generales. E s que p b r esta v ez n u e stro
ú nico propósito fu é d e sta c a r e n tre alg u n as de sus
p rin c ip a le s cualidades, la d el m a estro ; no nos f a l­
ta r á ánim o n i tiem po p a ra d escrib ir la s o tras: las
d e l didáctico y las del p in to r. P rosigam os
“H asta en la n ad a el a rtis ta b usca algo p a r a s u ­
b lim iz a r”, decía M a lh aro y así e ra él. P ró d ig o de
su s energías, b atallad o r, d e u n a in q u ie tu d e sp iri­
tu a l que e ra la sed de la sed, cada día tra n sc u rrid o
d e su vida, e ra u n paso ad e la n te, la a le g ría d e u n
n u e v o descu b rim ien to , u n a p a rc e la de sa b e r co n ­
q u istad a, la fú lg id a c e rtid u m b re que algo de lo m ás
p u ro de sí m ism o ib a ilu m in a n d o su s p aisajes y
•sus cuadros. Y p o r encim a del juego tu rb u le n to a
veces jocundo d e todas estas ac tiv id ad es in te le c ­
tu a le s, de cam p añ as p o r la p ren sa, en la c á te d ra y
en el ta lle r, ro d ead o de jó v e n es am igos, el d esin ­
te r é s com o su p rem o objeto, guiando sus actos e
in sp ira n d o sus p alab ras, de u n a a c ritu d b r u ta l en
cierto s m om entos, tonificantes. D esinterés con el
c u a l no h ay poesía n i o b ra de a r te posible. E sp íritu
lib r e de sin cerid ad alu cin a n te , pocos re p a ro s pon ía
e n e x p re sa r lo que h o n d a m e n te sentía. N u n ca hizo
g ala de esa im p a rcia lid a d de e sp íritu de u n a chatez
in e fa b le en n u e stro s días, n i n u n c a a lard eo d e u n
eclecticism o b a s ta n te acom odaticio en m uchos a r ­
tistas, p o rq u e fu é a n te todo u n pasional. P o r n in ­
g ú n gaje, ni p o r las m a y o re s reco m p en sas de este
m u n d o , se h u b ie ra avenido a do sificar su p e n sa ­
m ie n to n i a en m a sc a ra r su ín tim o sentido. A ú n se
T ecuerda el juicio que le v alió el cuadro d e u no de
su s con tem p o rán eo s m ás encu m b rad o s en esos
tiem p o s; cuadro m alísim o q u e re p re se n ta b a u n a
c a r re ta u n cid a a unos b u ey es y cuyo c a rre ro no
se v e ía p o r n in g u n a p a rte . A lg u ie n d el público,
in trig a d o , p reg u n tó :
—P ero ¿y e l ca rre ro ?
—E stá c ........... —contestó M alh arro , re fle ja n d o
a s í con p ro n titu d de e s p íritu lo ab su rd o d e esa
com posición pictórica.
E n o tra ocasión u n crítico le invitó p a ra v e r la
ex p osición de F erru c cio S catola, p in to r ita lia n o
b a s ta n te m alo. M a lh arro se excusó co n testando qu e
n o le in teresab a. ¿P ero p o r qué? — arg ü y ó el crítico.
—P o r que h ay m u y poco fósforo en ese scatola—
rep licó M alharro.

Ju ic io s d e ta n b ella in tra n sig e n c ia le g ran g e aro n
no pocas en em istad es qu e si no tu v ie ro n el v a lo r
de c o m b a tirle de f re n te le p ro d u je ro n m u ch o s sin ­
sabores, m a n io b ran d o p o r la espalda.
Y es q u e M a lh arro , e ra uno d e esos h o m b re q ue
el v u lg o in stin tiv a m e n te califica d e fu ertes. S e le
re sp e ta b a p o rq u e se le tem ía.
C ie rta a n im ad v e rsió n a le rta sie m p re c o n tra él
no esta b a e x e n ta d e en v id ia. C uando decidió q u e
se ir ía a E u ro p a p a ra p erfec cio n a r sus estudios,
u n g ru p o d e am igos conocedores d el a rd u o y a n ­
gustioso cam ino q u e h a b ría de re c o rre r, acudió a
b o rd o co n u n a su m a de d in e ro p a r a e n tre g á rse la
a M a lh arro . Los p ro p ó sito s qu e lo g u ia b an no po­
d ía n s e r m á s conm ovedores. P ero M a lh arro que
ib a a P arís, con m u je r e h ijo , no quiso a c e p ta r el
óbolo recolectado' quizás am o ro sam en te. E l te n ía
su p ie d ra d e litó g rafo , con eso se g a n a ría la v id a
y e s tu d ia ría ; y el p o b re o b rero qu e h a b ía en él,
cu y a d ig n id ad de h a b e rse g an ad o el p a n d u ra n te
todos los días d e su v id a, le ac o raza b an c o n tra el
m en o r conato de claudicación, le hizo re c h a z a r
b ru sc a m e n te lo q u e e ra u n h o m e n aje y u n p re se n te
respetuoso.
V uelto d e E u ro p a, su fie b re d e activ id ad , su afán
de refo rm as, su an sia d e tra n s fo rm a r el am b ien te,
de im p o n e r n u ev a s ru ta s, d e co m u n icar todo lo
q u e h u b ie ra ap ren d id o y d escu b ie rto p o r sí m ism o
estu d ia n d o a lo s g ra n d e s m aestro s, en cen d ió en él
u n en tu sia sm o qu e no se am in o ró n i d eclinó u n
in sta n te .
H ered e ro d irec to de los im p resio n istas franceses,
supo c o m p re n d e r en esencia to d a s las v irtu d e s de
la escuela, p ra c tic á n d o la con u n alien to ta n p o d e­
roso y u n ro m an ticism o ta n p ro fu n d o , q u e en v e r­
d ad su s cu ad ro s, a c u arelas y ap u n tes son poem as
y can to s a esa lu z y a ese color, ta n to tiem p o d es­
te rr a d a d e la p in tu r a en b oga en aq u é l entonces.
H ay e n su s tra b a jo s la e x a lta ció n de u n a lm a en a­
m o rad a p o r todo lo qu e en la n a tu ra le z a es in s­
tin to de b elleza y elev ació n y u n an h e lo ta n g ran d e
p o r m a g n ifica rlo todo, q u e su p in tu ra se coloca
p o r en cim a d e la m e zq u in d a d d e los p ro ce d im ie n ­
tos. P e ro M a lh arro ev o lu cio n ab a co n tin u am en te.
P o r cierto q u e no se h a b ría q u ed ad o en el im p re ­
sionism o. S u s ú ltim o s tra b a jo s y a lo h ac ía n p rev e er.
A ú n b u sc ab a afa n o sam e n te su v e rd a d e ra e x p re ­
sión y la h a b ría en c o n trad o de no h a b e r sido tro n ­
chado p o r el ray o , com o el á rb o l que, carg ad o de
fru to s, d e flo re s y cantos, cae in o p in a d a m e n te . . .
P o rq u e esa fu é su m u e rte.

El Consejo Administrativo
recuerda a los socios que
en Secretaría se atienden
las solicitudes de fechas pa­
ra exponer en la Galería de
nuestra Sociedad.
★

FORMA

•

21

�Pensamientos

Del Reglamento de la
“Sección Trabajo” de la

Miguel de Unamuno

Sociedad Argentina de
Artistas Plásticos

III) El Estado evoluciona hacia formas que
evidencian el predominio de lo social so­
bre lo individual, dirige 1a. vida de la ciu­
dad y organiza los servicios públicos, cu­
ya centralización cada vez mayor, origina
una arquitectura civil de carácter público,
que responda a las necesidades de vastas
zonas de la población.
IV) Estas transformaciones se evidencian en
la arquitectura, en virtud de la base uti­
litaria en que reposan hasta sus más pu­
ras creaciones del espíritu, por ser ella
el arte y la ciencia, a la vez, que registra
las crecientes y renovadas necesidades de
los hombres, las oscilaciones de la econo­
mía, los progresos de la técnica y las con­
quistas de belleza y bienestar social. La
nueva arquitectura ha comenzado por ser
deliberadamente funcional para mejor ser­
vir a los programas efe nuestro tiempo y
crear formas nuevas utilizando los aportes
de la técnica moderna. Satisfecha esa pri­
mera necesidad, hoy amplía su radio de
acción hacia otras zonas del espíritu, don­
de se tiende a organizar los sentimientos:
el arte de la pintura y la escultura. Para
realizar tal propósito, el arquitecto actual
—nuevo maestro de obra— necesita y re­
clama la colaboración de pintores y es­
cultores.
í

El Estado debe contribuir a hacer efectivo
este derecho, confiando a los artistas del país
la decoración de los edificios públicos median­
te llamados a concurso debidamente garanti­
zados; estableciendo por ley un porcentaje del
presupuesto de cada edificación fiscal con des­
tino a su decoración, procedimiento practicado
ya por varios países de América, como ya lo
ha solicitado en diversas oportunidades la S.
A.A.P.
22

•

FORMA

Si mi modelado es malo, si yo com eto faltas
de anatomía, si no interpreto bien el m ovi­
miento, si ignoro la ciencia de animar el már­
mol, se tendrá razón en criticarme. Pero si
mis figuras son correctas y vivientes, ¿con.
qué derecho se me increpa?
¿Porque pongo intención en ciertas esta­
tuas? ¿Porque me esfuerzo en otorgarle ex­
trañas significaciones ?
Se engañan los que creen que el verdadero
artista puede contentarse con una labor obje­
tiva, prescindiendo por com pleto de sus ideas
y de sus sentimientos.

,

Augusto Rodin
★

Se ha dicho que el artista se basta a sí
mismo. No es cierto.
El artista que tal dice hállase poseído de
un orgullo nefando.
El artista que tal cree no es un artista. De
no necesitar el más universal de nuestros idio­
mas, el artista no lo hubiera creado. En una
isla desierta, cavaría la tierra para lograr su
pan. Nadie está tan necesitado de la presencia
y la aprobación de los hombres. Habla porque
los siente junto a él, y porque tiene la espe­
ranza, frecuentem ente defraudada, pero jamás
desalentada, de que acabarán por entenderle.
El derramar su propio ser, el dar a los demás
vidas lo más posible de su propia vida, el
pedir a todas las vidas que le den lo más po­
sible de ellas mismas, el realizar con ellas,
en obscura y magnífica colaboración, una ar­
monía más em ocionante cuanto mayor es el
número de vidas que en ella formaron, he
aquí su misión.
El artista, a quien todo lo entregan los
hombres, les devuelve todo lo que de ellos
tom ó.

Elie Faure
25 AÑOS DE VIDA GREMIAL
(Viene de la pág. 11)

ne una trayectoria progresista que es preci­
so destacar en estos m om entos. Esta tradición
de lucha ha creado en la mayoría de los aso­
ciados la clara conciencia de sus derechos y
de la necesidad de conquistarlos día a día,
contra todas las acechanzas.

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Pinturería “£e¡d¡’’
K R A P F

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IMPORTADORES

LIBERTAD

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T.E. 35-5758 - Bs. Aires

FRENTE A PLAZA LAVALLE
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EL G R E C O

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IMPORTADORES

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ARTISTICA

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MATERIALES PARA DIBUJO TECNICO

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MARCOS PARA CUADROS

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REPRODUCCIONES DE PINTORES CELEBRES

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LIBROS DE ARTE

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VIAMONTE

BUENOS AIRES

746

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T.E. 32-0302 y 2855

FORMA

•

23

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A Galería Velázquez 'presentará durante el corriente año
exposiciones de destacados artistas argentinos y europeos,

con el objeto de proporcionar al público una visión completa de
la realidad artística actual.
Además, en su salón de actos, se realizarán varios ciclos de
conferencias a cargo de calificadas personalidades en el campo
*

del arte; estimulándose así el desarrollo del estudio de los valo­
res intrínsecos de las artes plásticas.

Calería Velazquez
L U IS D. A LVAR EZ
M AIPU 932

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COROT
SUBSUELO DEL ARTISTA
Dirección: JUAN SOL

SALAS DE EXPOSICION
MARCOS DE ARTE PARA CUADROS

TUCUMAN

24

•

FORMA

874

T.E. 35-6463

BUENOS AIRES

�P I N T U R E R I A

V IL L A L B A
Pinturas al Oleo

®

Pinceles

Marcos

•

Telas Nacionales y Extranjeras

MONTEVIDEO 256

T.E. 35-4305

BUENOS AIRES

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PARA UNA FIEL Y CORRECTA

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REPRODUCCION FOTOGRAFICA

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DE SUS OBRAS

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Estudio
Fotográfico

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Siempre en
MAIPU 372

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LAVALLE

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T.E. 31-4579

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COLORES AL OLEO
T E M P E R A S

ACUARELAS
P L A S TI L i N A S
A C C E S O R I O S

PARA

ARTISTAS

Y

ESTUDIANTES

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                <text>Bonome, Rodrigo&#13;
Berni, Antonio&#13;
Glorioso, Mauro&#13;
Jourdain, Francis&#13;
Chiabra Acosta, Alfredo</text>
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                    <text>FU N D A C IO N
Bu m v s Aires -

F

O

R

M

A

ORGANO
DE
LA
SOCIEDAD
ARGENTINA
D E
A R T I S T A S
P L A S T I C O S
N ° 22

•

O ctu b re

de 1942

•

P a sa je

Güem es

•

Buenos

A ire s

“ Corrientes y L ib e rta d ”

A U G U STO M A R TEA U

O T R A VEZ “ F O R M A ”
N e s to s m o m e n t o s en q u e las i n s t i t u ­
cio n es p a re c e n vivir e l le ta rg o de la
in d ife r e n c ia , ta l vez p o r q u e e l e le m e n to
h u m a n o se s ie n te to ca d o p o r la p r e s u n ­
c ió n d e u n f u t u r o in c ie r to , e n e s to s m o ­

- S u b s u e lo

m e n to s e n q u e se e stra g a n id ea les, se
o c u lta n s e n tim ie n to s , se tu e r c e n i n ­
te n c io n e s y p e rv iv e u n m a te r ia lis m o
d e m o le d o r y a g resivo; «FORM A», el ó rg a n o
o ficia l d e la Sociedad A rgentina de A rtistas P lá s­
ticos, rea p a rece c o n la clara c o n c ie n c ia d el
p a p e l q u e le a sig n a n los a c o n te c im ie n to s , y
lo h a c e d á n d o se e l lu g a r q u e le co rre sp o n d e .

�FORMA
N o será e l s u y o u n ro l d e c o m p la c ie n te
e s p e c ta c ió n . V u e lv e c o n e x p e rie n c ia s n u e ­
vas y c o n fu e r z a s re n o v a d a s. S a b e q u e tie n e
u n d e b e r q u e c u m p lir y h a b rá d e c u m p lir lo
a s í te n g a q u e s a c u d ir la in e r c ia de los h o m ­
b res c a n sa d o s m á s p o r la c o s tu m b r e q u e
p o r ta re a s c o n s tr u c tiv a s q u e d e b ie ro n r e a li­
z a r y n o h ic ie r o n .
«FORM A» s e rá la v ib ra c ió n clara d e f u e r ­
z a s q u e e stá m o d e la n d o , h o n e s t a m e n te ,
la c u ltu r a a r tís tic a d e B u e n o s A ires. T ie n e
sa g ra d o s in te r e s e s q u e d e fe n d e r y h a b r á de
h a c e r lo c o n la v a le n tía p r o v e r b ia l in h e r e n te
a la p u j a n z a y a l p r e s tig io d e lo s a r tis ta s
q u e r e p r e se n ta .
La Sociedad A rgentina de A rtistas Plásticos,
i n s t i t u c i ó n q u e a g ru p a a p r o d u c to r e s de
in d is c u tib le re so n a n c ia d e n tr o d e la p lá s ­
tica a r g e n tin a , q u e j a m á s se h a ce rra d o en
c ír c u lo s d e h ie rro p a ra d e fe n d e r o tr o s v a lo ­

O ctu b re de 1942

res q u e n o fu e r a n lo s p u r a m e n t e a r tís tic o s ;
q u e tie n e u n a tr a y e c to ria h o n ro sa v is ib le
a tra v é s d e la s p a r e d e s d e c r is ta l d e s u sed e ,
n o p o d ía p e r m a n e c e r m u d a fr e n t e a e s te
c lim a d e c o n fu s io n is m o q u e c o m ie n z a a
p e r v e r tir c r ite r io s q u e h a s ta h a c e p o c o f u e ­
ro n r e s p e ta b le s y r e s p e ta d o s .
E l te r r e n o de la lu c h a a b a n d o n a d o p o r
a lg u n o s a ñ o s d e la b o r s ile n c io sa , p a r e c e
h a b e r sid o g a n a d o p o r la m a le z a , y d e s tr u ir
esa m a le z a es la ta rea p r im o r d ia l q u e c o m o
d e b e r in e lu d ib le h a b r e m o s d e e m p r e n d e r ,
p a ra lib ra r a n u e s tr o a r te d e vicio s y c o s ­
tu m b r e s q u e j u s t if i c a n esas p r im e r a s p a l a ­
b ra s n u e s tr a s re la tiv a s a id e a le s e stra g a d o s ,
s e n t i m i e n t o s o c u lto s e in c e r t i d u m b r e e n e l
p o r v e n ir in m e d ia to .
«FORM A» será u n a vo z fr a n c a y a ltiv a .
F ra n ca s in c o rta p isa s y a ltiv a p a ra r e s p o n ­
d er a lo s va lo res q u e r e p r e se n ta .

DOS ASPECTO S
DE N U E ST R A
NUEVA CASA
A D A ta n grato com o con­
s ig n a r a c o n te c im ie n ­
tos que im p o rta n nuevas
c o nquistas y nuevos p ro g reso s
e n la vida de n u e stra in stitu ­
ción. H o y p o d em o s decir, con
leg ítim o o rg u llo , que estam os
d onde sie m p re hab íam o s soñado
e sta r: e n p le n a calle F lo rid a ,
v e rd ad e ro c en tro d e las a ctiv i­
dades artísticas de B uenos A ires.
E l lo cal social, am p lio , acoge­
do r, am ab le en to d o sentido,
conform a u n id e a l so cietario .
E n él p o d rá n e x p o n er n u e stro s
a rtista s; y en su ta lle r, el m e jo r
ta lle r d e la c iu d a d sin duda
a lguna, p o d rá n p ra c tic a r todos
n u e stro s socios, a d h ere n te s y ac­
tivos, de 17 a 20 horas.
H em os in stala d o n u e stra b i­
b lio teca e n u n co n fo rta b le r i n ­
cón, donde p u e d e co n su ltarse su
acervo a rtístico , que d ía a día
va creciendo en c an tid ad e im ­
p o rtan c ia .
D el m ism o m odo, el “b u ffet”
re cien te m e n te in au g u ra d o viene
a lle n a r una necesidad, h a ­
ciendo m ás co rd iales n u estras
re u n io n e s.
Las dos fotografías que ilu s­
tra n esta n o tic ia d a n una idea
ap ro x im ad a del ta lle r y de la
sala de exposiciones.

n

2

�FORMA

O ctubre de 1942

M A N O S Q UE SE
T IE N D E N Y
M A N O S Q UE SE
ESC O N D EN
P

RODRIGO

O

R

BONOME

L 21 de septiembre, al me­
diodía, se inauguró oficial­
mente el XXXII Salón Na­
cional de Bellas Artes. En el mis­
mo acto se dieron los premios.
El instante era solemne. Terrible­
mente solemne. Lo hacían así la
figura severa de V. E. el señor
presidente de la República. Seve­
ra como cabe al presidente de un
país como el nuestro, con buenas
vacas, magníficos campos, estu­
pendos cañaverales azucareros y
floreciente industria.
Al lado de Su Excelencia, des­
cansando sobre el búfalo de un
sillón, el no menos severo señor
presidente de la Comisión Nacio­
nal de Bellas Artes, y entre ellos,
el Excmo. señor ministro de Jus­
ticia e Instrucción Pública, ri­
sueño como unas pascuas, cordial
y campechano.
Su mano cordial y amiga se
tendía, efusiva, en un gesto de
simpatía hacia los artistas pre­
miados. Sabía que estrechaba ma­
nos ennoblecidas por el arte, ma­
nos cuyo hacer honran al país
entre los países más honrados del
mundo. Manos que jamás se cris­
paron en ansias de rapiña; lim­
pias de toda duda y de toda
mancha.
El Excmo. señor ministro de
Justicia e Instrucción Pública sa­
be que en esas manos, ejecutoras
de nuestra riqueza espiritual, re­

£

T R O IA N O

T R O IA N I

encarnan las manos laboriosas de
Prilidiano Pueyrredón, Eduardo
Sívori, Correa Morales, Mendilaharzu, Schiaffino, Cafferata, Ro­
dríguez Etchart, Malharro, Cárcova, Navazio, Thibón, Arato,
Palazzo y Fader. Y como no cree
en riquezas materiales, funda su
orgullo en ser cordial y accesible
y desconfía de las vacas y de las
cañas como cosas concurrentes a

“ Pro m isió n ”

endurecer el gesto y a esconder
las manos.
¡Manos que se tienden!... ¡ Qué
magnífico tratado de moral po­
dría escribirse sobre ese impulso
de tender una mano para estre­
char las de un artista!. . .
El gesto en sí — obligatorio
cuando se ha recibido la más ele­
mental educación —, raya en lo
sublime cuando obedece, espon-

3

�FORMA
táneamente, a una afectiva rela­
ción espiritual.
El Excmo. señor ministro ofre­
ció su mano amiga a todos los
artistas premiados en el Salón
Nacional de Bellas Artes, porque
sabía que estrechaba manos dig­
nas y porque su conciencia le de­
cía que sus mismas manos eran,
también, dignas de hacerlo. Tal
para cual.
R u b ric a b a con ese gesto el
agradecimiento de la República
hacia sus artistas que, al margen
de pasiones políticas, de senti­
mientos subalternos, de retribu­
ciones calculadas y de torcidas
intenciones, realizan su obra emo­
cional y empeñosa, abstraídos al
medio mercantilista de la época,
que ha logrado contaminar el cli­
ma del país.
Esa complacencia, ese apoyo
mutuo, ese deseo de confundir su
alegría con la alegría de los ar­
tistas, implica un acto de buen
amigo y de buen gobierno. Nos
aleja del caudillismo y de la mon­
tonera. Nos acerca a la época en
donde el hombre busca al hom­
bre en unidad de trabajo para el
bien de todos.
El Excmo. señor ministro sabe
que si los artistas no poseen la
ciencia de perfeccionar racial­
mente a los vacunos, ni exprimir
cañas a trueque del sacrificio de
veinte mil desheredados de la
suerte, son productores de cultu­
ra que apartan al país del número
de los países bárbaros y atrasados.
Este 21 de septiembre, Día de
la Primavera, jornada febril para
todos los artistas que concurren
a confrontar su labor con la de
sus colegas, que atisban la opi­
nión del pueblo y viven con ella
los mejores momentos de su an­
gustiosa vida productiva, este 21
de septiembre tuvo una alegría
más: hoy saben los artistas qué
manos son las que se tienden y
cuáles las que se ocultan.

4

O ctu b re de 1942

L Á CRITICA Y EL SALON N A C IO N A L
UNCA h e m o s e sta d o d e a c u e rd o co n la c r ític a n e­
g a tiv a , y m e n o s co n lo s c rític o s q u e , p a ra d e fe n ­
d e r la la b o r p o c o a fo rtu n a d a d e a lg u n o s a m ig o s,
c o m ie n za n p o r d e m o le r la o b ra d e o tr o s a rtista s cu ya
tra y e c to ria es d o c u m e n ta c ió n d e e sfu e rzo y d e e stu d io .
V éase en “E l H o g a r” la cró n ica d e l se ñ o r J o sé d e
E sp a ñ a ; léase en “ La C a p ita l” d e R o sa rio y en “ La
A rg e n tin a ” d e esta c iu d a d lo s a rtíc u lo s rela cio n a d o s
co n el X X X II S a ló n d e B ella s A rtes.
E sc rito r e l p r im e r o , p e r o só lo a fic io n a d o a las cosas
d e l a rte p lá s tic o ; m a lo s p e r io d is ta s lo s o tr o s , p o r no
d e c ir h o m b r e s d e m a la fe o ig n o ra n te s, c o n c u rre n a
c re a r u n c o n fu sio n ism o p e r n ic io s o y a p o n e r en
rid íc u lo p r e c is a m e n te a a q u e llo s a q u ie n e s se d esea
co lo c a r en u n p la n o d e p re e m in e n c ia .
La o b r a a rtístic a tie n e u n v a lo r q u e d e te r m in a n
fa c to re s q u e esca p a n a c u a lq u ie r p r e c o n c e p to . P o r
eso el c r ític o q u e ca rece d e l d is c e r n im ie n to p r e c is o
p a ra u b ic a r u n a o b ra fu e r a d e sus d e b ilid a d e s a fe c ti­
va s, está in h ib id o p a r a d a r ju ic io s. Y m ás in h ib id o
aú n si d e sc o n o c e e l m a te ria l q u e to m a e n tre su s m a n o s
o q u e se e n fre n ta a su s o jo s.
“ U na o b r a d e a rte es el r e su lta d o ú n ico d e u n te m ­
p e r a m e n to ú n ico . S u b e lle za p r o v ie n e e x c lu siv a m e n te
d e l h ech o q u e e l a u to r es lo q u e es, y nada tie n e q u e
v e r co n la circu n sta n cia d e q u e o tra s p e rso n a s in q u ie ­
ra n e sto o a q u e llo ” ( W ild e ) .

N

COSAS QUE SE HAN DICHO
.

"En este cuadro hay lluvia, hay
árboles, hay casas, hay todo
menos pintura. — Picasso (Citado por
Ramón Gómez de la Serna en su obra
"Ismos").
.
"La Naturaleza es un dicciona^
rio donde hay que ir a buscar
las palabras". — Delacroix.
■
^

"El arte no evoluciona sino que
marcha". — Picasso.

,
"Cierto iilósoio antiguo o mo”
derno, que no puedo precisar, ha
hecho notar que las partes más nobles
de la materia son también las más re­
pulsivas cuando se pudren".—Schiller,
"La educación estética del hombre".
,
"Se encuentra el arte al igual
”
que la ciencia, libre de todo lo
positivo, desembarazado de todo pro­
ducto de la humana convención. Los

dos se precian de ser por completo
inmunes al capricho de los hombres.
Puede, en efecto, el legislador político
cercar los dominios del arte y de la
ciencia, pero en ellos no podrá reinar;
puede desterrar al amigo de la ver­
dad, mas la verdad subsiste; pue­
de, asimismo, d ism in u ir al artista,
mas no adultera el arte. Es algo
muy común, por cierto, ver a la cien­
cia y al arte ante el espíritu de la
época inclinarse reverente, y frecuen­
temente sucede que el gusto artístico
imponga sus leyes al gusto creador.
Cuando el carácter se hace riguroso
y duro, observamos a la ciencia vigi­
lar su s fronteras estrictamente, en
tanto que el arte se somete a las pe­
sadas cadenas de las reglas; pero
cuando el carácter se torna blando y
licencioso, la ciencia busca el aplauso
y el arte el placer". — Schiller, "La
educación estética del hombre".

�FORMA

O ctubre de 1942

DAUMIER

detenido y detallado en su
nace en Mar­
construcción, se colora en
sella en 1 808. Su
grados diversos con tres
madre es marsellesa
matices — cuya mezcla
Estos dos ca p ítu lo s han sido tra d u c id o s por
de pura sangre; su padre es
U lises B arran co d e l lib ro de A rsen e A lex a n puede variar hasta lo infi­
originario de Béziers. Ella
d r e , " D a u m ie r” . Ilu stra n acerca de los ele­
nito — , que le darán su
es una buena mujer, sim­
m en tos de fo rm a ció n , ta n to psicológicos com o
color personal, sus valores,
plemente; él es un gran
de a m b ie n te , d e l litó g ra fo fra n cés. Se en tien d e
su fisonomía intelectual y
esto com o un a p o rte para la m ejor com pren ­
hombre. Vidriero, poeta y
sión d e l a r tis ta ; a u n q u e no se haga m ención
moral, empleando palabras
reformista; Ju an Jacobo
algu n a a su p ro d u cc ió n , p o d rá s e r v ir esta t r a ­
más a b stra c ta s. Con los
Rousseau, por las ideas, y
du cción com o a n te c e d e n te para qu ien q u iera
años, los trazos se afirma­
los peores versificadores,
o b se rva rla o para con firm ación de las d e d u c ­
rán, el color tomará más
ciones q u e h u b iere hecho qu ien y a la conozca
por la forma, han pasado
vigor, yendo lo más a me­
por su espíritu; la reencar­
nudo hasta obscurecerse,
nación re s u lta mediocre.
pero nada será modificado
Un genio de tal suerte no
omite ir a París que le atrae y que ra actuar sobre una idea, la clari­ ni en las proporciones ni en las
le desconocerá. La madre será, co­ videncia que le permite captar de relaciones de armonía.
Esos tres tonos son dados por
mo es frecuente en similares, casos, inmediato toda una escena, toda
una
situación,
todo
un
ambiente,
las
influencias femeninas, las in­
una heroína de "la vida simple de
trabajos fastidiosos y fáciles”, y y penetrarlos sin necesidad de an­ fluencias masculinas y, en fin,
como de c o s tu m b re igualmente, dar en rodeos. Es de buen humor, las de la época. Quedan dichas
cumplirá "la obra de elección que particularmente entre camaradas, las de la buena simplicidad ma­
requiere mucho amor”. No tendrá y simple, en una palabra; y cuan­ terna y las del espíritu filosófico
do las gentes del Mediodía se po­ del padre, que si en su caso son
más que una decepción durante
nen
a ser simples. . . son santos. d eclam atorias, reaparecerán en
los primeros años en París: la de
no ver a su marido asombrar la Por otra parte, desde el punto de Honoré Daumier, no bajo la for­
capital y la de que no obtenga vista de las ideas, no hay por qué ma verbal, sino poderosas como
en ella su subsistencia; y, por otra obstinarse en la burla de Jean Bap- para crear imágenes verdaderas. En
parte, la de ver a su hijo orientar­ tiste Daumier (1) y su pasión por cuanto a la época, es apropiada pa­
se a su turno hacia un oficio de Juan Jacobo y el abate Delille. ra desarrollar el espíritu satírico.
"meurt-de-faim”. Sin em bargo, Transformándose será en Honoré Estamos en 1815. Se ha salido de
éste se despabilará bien pronto pa­ fidelidad intangible a nobles doc­ los dramas revolucionarios y de la
ra ganar su vida, y poco después trinas que se arriesgan al ridículo pesadilla de magnificencias del im­
la de sus padres, que serán para cuando revisten formas graves, so­ perio, para caer en la mezquindad
él una carga aceptada con esa lemnes y chatas, pero que se trans­ de las represalias, las desazonas en­
gran serenidad, que es la forma su­ figuran cuando el espíritu satírico, tre el espíritu de rebelión mal
perior de la designación, virtud el humor y el poder de evocación apagado y ávido de reencenderse,
por medio de imágenes fuertes y y una tiranía tímida, mediocre, in­
ésta que tendrá toda su vida.
¿En qué proporción el genio de justas las retoman. La prédica, la inteligente de las lecciones del ayer
Daumier es debido a aquélla, su pe­ disertación y la comedia viven so­ y de los presagios del mañana. Los
queña patria, y a ésta, su familia? bre el mismo fondo; pero aquéllas espíritus generosos entre el pueblo
y, particularmente, entre la parte
Quienes lo conocieron y tuvimos adormecen y ésta conquista.
Nos hemos anticipado un poco cultivada del pueblo, comparten la
la fortuna de poder interrogarlos,
no nos lo han descripto como el a la formación de nuestro héroe. execración de la fuerza brutal y el
meridional tipo, es decir, petulan­ Pero, ¿por qué no este método, si menosprecio de la vejación hipó­
te, verboso, reidor. . . (que, por se admite que un chico de siete crita.
Por su espíritu vivo, su amor a
otra parte, no pertenece sino a una años, espectador de las dificultades
especie desaparecida o quizá ima­ de la vida desde temprano, está ya la libertad, sus fuerzas de simpa­
ginada). Al contrario, Daumier es formado en cuanto a inteligencia, tía, el pequeño Daumier, mejor tes­
poco hablador, oyente sosegado, voluntad y aptitudes? Lo restante tigo de las durezas del ganapán —
sonriente y profundamente obser­ pertenece al desarrollo. ¿No existen y también de las reivindicaciones
vador; como Moliere, habría podi­ granos que, seccionados, ofrecen al de la inteligencia — que de las
do merecer de sus amigos el sobre­ espectador la figura en miniatura ventajas de la riqueza, no podrá
ubicarse sino entre los que desobe­
nombre de "contemplador”. Pero la del árbol entero?
He aquí al pequeño Honoré en decen. Su íntima vivacidad meri­
naturaleza meridional, que en cier­
tos meridionales toma apariencia de París, a los siete años, entre la dional hará también de él uno de
frialdad, es incontestablemente pu­ utopía y la buena voluntad, libra­ los que juzgan. Resta dar a eso
ra en su interior. No tiene ese as­ do no a la calle, sino a ese replie- una forma y un fin. El fin es ese
pecto glacial del gascón tal como el gamiento sobre sí mismo que da a destino al cual, habiéndose fraca­
Dubois de Marivaux, ni esa reserva los niños aire serio y soñador, tan sado en su explicación, se ha dado
el nombre de vocación. La forma
un poco áspera de ciertos marse- sorprendente a veces.
son
los maestros del Louvre.
Este esquicio de hombre, que es
lleses de negocios. En él existe el
calor del corazón, la prontitud pa­ un ser de ocho a diez años, ya muy
(1) Padre de H onoré Daumier.

D

a u m ie r

,VT ,i¡.

�FORMA

O ctu b re de 1942

Los quince años que pasan entre
la llegada del niño a París y las
primeras manifestaciones verdade­
ramente personales del joven artis­
ta, habrán sido aprovechados para
una educación experimental a la
que no falta la originalidad ni el
valor. Bajo las formas más fami­
liares y con el mínimo de conven­
ciones y de apremios, el pequeño
marsellés-parisién aprende cuanto
le será necesario para la carrera aun
no elegida: la vida, sus espectáculos
y sus luchas, la estética y el oficio.
Hace el aprendizaje de la vida
real, huraña, cruel, fea y cómica,
como pasante en el estudio de un
ujier. Es probable que, estando con
su familia, en los momentos de
escasez, se haya apercibido muy
bien del porvenir de ese género de
"estudios” ; pero la prisa por car­
gar una parte del fardo demasiado
pesado sobre las todavía jóvenes
espaldas, es a menudo mala con­
sejera de los padres. El padre, des­
corazonado por su fracaso como
poeta, pero deseoso aún de encon­
trar protección cerca de "los gran­
des” bajo el régimen de la Res­
tauración, habrá decidido "que to­
me lo que encuentre”. Después de
todo fué una escuela que, retros­
pectivamente, consideramos opor­
tuna. El pasante de escribano tiene
ocasión de aprender en ella — no
por principios ni en los manuales
— lo justo, lo jurídico y lo injusto.
Ve de cerca los embrollones y las

gentes de negocio; los artificios y ■conjeturas. Sin embargo, no se
las angustias. Y llevando legajos a trata ahora de una conjetura; es
las escribanías, habrá sido impre­ sobre recuerdos precisos, divididos
sionado cómo se es en el principio entre los contemporáneos de Daude la vida, por todo lo que a ella mier y recogidos entre ellos mis­
es violentamente c o n tra rio pero mos que reconstituimos esa inten­
que en ella impera; habrá obser­ sa y segura formación. Las indi­
vado las togas negras, los birretes, caciones son netas y suficiente­
los aires importantes, las risas cíni­ mente detalladas: Daumier amaba
cas de los abogados en las salas de mirar los mármoles antiguos; los
los pasos perdidos; o su mímica holandeses y los españoles le sedu­
tumultuosa, sus juegos de fisono­ cían; el "Enano zambo”, de Ri­
mía o, mejor aún, su máscara en bera, ejercía sobre él una suerte de
el foro. Tal figura de viuda deses­ fascinación; hizo croquis de la Ve­
perada, tal grupo de oyentes rego­ nus de Milo.
deándose con el espectáculo gra­
Toda su vida permanece fiel a
tuito de esos grandes procesos que ese culto abrazado en la infancia,
remueven todas las fibras de la en la hora en que a su madre, in­
sensibilidad — de las cuales estaba capaz de despotismo, y a su padre,
él tan ricamente provisto, que nada absolutamente refractario a la fata­
pudo empañarlas jamás — perma­ lidad de las "vocaciones”, sobre
necerán en él por siempre retenidos todo cuando por ellas ha sido él
por una memoria prodigiosa. Luego, tan poco remunerado; declara que
en su época de actividad artística, "quiere aprender dibujo”.
no tendrá casi necesidad de retor­
El azar de alguno de sus nu­
nar al palacio. Es decir, sí, retor­ merosos vagabundeos había puesto
naría por su cuenta gracias a una a Juan Bautista Daumier, padre de
condena, justamente para recoger Honoré, en contacto con Alejan­
el certificado de estudios superio­ dro Lenoir, providencial salvador
res (1).
de nuestro arte medioeval. Reco­
La otra parte de su programa noció éste las disposiciones del
le da reposo y le reconforta de la hijo y, aunque no fué el suyo sino
primera: es el Louvre cuyo vasto un estímulo, resultó de peso.
y embriagador silencio se torna su
Pero durante la espera era ne­
acogedor e inefable educador. ¿Ca­ cesario vivir, y el futuro dibujante
sualidad? ¿Atracción? ¿Predestina­ debió hacer una nueva etapa desde
ción? Poco importa cómo comen­ la que pudo, en una cierta medida
zara; pero es bien cierto que allí y al mismo tiempo mejor que des­
fué el comienzo. Guardémonos de de las ínfimas actividades de la
proceduría, acercarse a su sueño.
Si el padre no había hecho ganar
gran cosa a los libreros, por lo
menos mantenía con ellos relacio­
nes suficientemente estrechas co­
mo para ubicar a su muchacho en
casa de uno o de otro. He aquí,
pues, a Daumier dependiente de
"Contribuir al conocimiento del Arte Nacional es prestigiarlo"
librería; en apariencia no es éste un
gran paso adelante, pero en reali­
dad lo es para un joven tenaz capaz
d ice el lem a de
de orientarse entre los editores y
de trabar conocimiento con todo
A d ic io n e A P la A tlc a A j el mundo artístico que se agita a
su alrededor. Conocerá, entonces,
y cumple ese propósito con la publicación de los Anuarios
a ilustradores, dibujantes que se
ejercitan y d ev ien en hábiles en
PLASTICO 1939 - PLASTICA 1940 - PLASTICA 1941
ese nuevo oficio, la litografía, que
comienza a difundirse.
y de la C olección A rtista s A rgentinos
Descubre que ese medio, que

V

B I G AT T
AVELLANEDA 4201

GUIDO

- FIORAVANTI

Buenos Aires

ü. T. 67 - 8914

f
i

I ..* ..* ..* ..* ..» ..* ..* ..* .

6

(1) Contaba D aum ier veinticuatro años.
Usó luego, por un tiempo, el seudónimo
Rogelin y tam bién su propio nom bre,
Honoré.

�FORMA

O ctu b re de 1942

puede a algunos no dar sino un
dibujo algodonoso y un color gri­
sáceo, conviene admirablemente a
su temperamento gracias a la be­
lleza de sus negros, por la facilidad
que ofrece para hacer correr o
apoyar los trazos o conservarlos li­
vianos y ágiles, disponer o exten­
der las luces intensas sin brusque­
dades y, en fin, por favorecer a
su talento naciente, a su rapidez
de concepción que exige una equi­
valente rapidez de ejecución, y a
ese don y a esa aptitud que tiene
para expresarse por efectos escul­
turales.
Así, la formación intelectual y
apreciación precoz de la vida cerca
de los "corbeaux”, la del gusto y
el sentido estético en el museo, se
completan con la adquisición del
oficio. Tal es, pues, fuera de toda
escuela, la triple educación de ese
independiente por excelencia. Hace
su propio aprendizaje entre 1815
y 1830 en varias escuelas que no
lo son. No se puede casi contar,
en efecto, las sesiones en algunos
talleres donde la copia asidua de
un modelo constituye un ejercicio
sin atracción y hasta sin utilidad
real para él, en quien las faculta­
des de memoria e interpretación
dominaban todas las otras.
Ciertamente, no se podría reco­
mendar este aprendizaje a todos los
que se empeñan en la atrayente y
engañosa carrera. Baste con demos­
trar que fué suficiente para el éxito
de Daumier.

c A l# o á o b r e e l a r t e
A L F R E D O F. S T U R L A

C

U A N D O el h o m b re prim itivo
in sc rib ió sus p rim e ras grafías
e n la p ie d ra , realizó, sin p ro ­
p onérselo, u n acto trasce n d en ta l: p e rp e tu ó la h isto ria
confusa de sus días, p restó una o cupación d esinteresada
a su energía y dió el paso defin itiv o que h a b ría de
b rin d a rle los am plios h o rizo n tes del arte.
A ese acto o rig in a rio de d electación casi in fan til, que
refleja la p re o cu p a ció n de p o n e r en los actos e l sello del
e sp íritu que lo alienta, p a ra elevarlo d el n iv el de las bes­
tias que le d isp u tan la pitanza y el cubículo que acoge a
sus cachorros, debe, posiblem ente, la h u m an id a d , su len ta
transform ación. A l e n co n trar la m anera de com unicarse
con sus sem ejantes, el h o m b re fué sacando a luz los a n h e­
los que e m bargaban el fondo obscuro de su alm a. No era
ya solam ente la avidez vio len ta d el alim en to , n i el sentido
posesorio del refugio, n i la celosa v ig ilancia sobre la h e m ­
b ra elegida, que lo e m p u ja b an contra los otros seres en
una lucha sin cuartel. E ra, m ás b ien , u n e n te n d im ien to

“ C ad en cia”

so b re en te n d id o , u n m anifestarse en im ágenes que incitaba
a u n a ig u al com unicación de la otra p a rte . Se m ostró
en la in tim id a d de su esperanza y de su re alid a d , como
m ás a d elan te h a b ría n de hacerlo los p u eb lo s civilizados,
en toda la grandeza de que e ra n capaces, p o r m edio de la
la b o r de sus artistas. P o rq u e es u n a clara m anifestación
que sólo los grandes p u e b lo s tie n e n grandes artistas.
E gipto, G recia, R om a, se nos m u estra n com o h a n sido
cuando se expresan p o r m edio de la la b o r de sus a rtista s:
escultores, pensadores, p in to re s, m úsicos, filósofos, a rq u i­
tectos. Es decir, que buscando cada u n o su form a de
expresión in d iv id u a l, e n cu e n tra n la voz secreta de su
p u eb lo , que se revela m isterio sam en te, en épocas d e te r­
m in ad as y p o r m edios expresivos distin to s o c o ncordan­
tes, p a ra m o strarn o s artística y elocu en tem en te el alm a
colectiva e in m o rta l.

7

�FORMA

O ctu b re de 1942

*☆ ☆ ☆ ☆
A

B

B

A

FICHERO
H

A

M

V

I

BIOGRAFICO
G

O

Vigo nació en M onte­
video el 7 de sep tiem b re de
1893. H ijo de p ad res a rg e n ti­
nos, es arg en tin o , tam b ién , p o r opción.
In teg ró con A rato, P alazzo, Fació
H eb ecq u er, R i g a n e l l i , Q u i n q u e l a
M artín y otros, u n grupo de in d u d a ­
b le grav itación en su época.
P lástica de ten d en cias fué la suya,
ro b u stecid a, no sólo p o r el a p o rte de
u n m om ento social fra n c a m en te in ­
q u ieto , sino p o r u n a gran fe y u n a
fervorosa esperanza.
E n 1920 ap arece ex p o n ien d o en el
antiguo Salón C osta, co n ju n tam en te
con A rato , F ació y R iganelli. Q uien recu erd e crónicas de aq uel
entonces, te n d rá fo rm ad o u n c rite rio ap ro x im ad o de su signi­
ficación d e n tro del arte arg en tin o .
M en udean sus co n cu rren cias al Salón N acional y al de R osario

A

Isontinuamos en este rut­
inero la publicación de
las biografías de los so­
cios activos de la Sociedad
A rg e n tin a de A r tis ta s
Plásticos, conforme a la
resolu ción del C o n sejo
Administrativo, la que ya
es del conocim iento de
nuestros asociados.

braham

h asta que, e n tre los años 1925
y 1927, co n ju n ta m e n te con Castelnuovo, Y u n q u e y B a r l e t t a ,
e n caran el p ro b le m a del te a tro
p o p u la r, en el que po n e
t o d o su f e r v o r de a r­
tista y de escenógrafo. Así
surgió, poco después, y en
o tra a v e n tu ra p arecid a, el
“T e a tro E x p e rim e n ta l de
A rte ” en la sala del “ L i­
ceo” y con el concurso de
A ngelina P agano.
T ra n sc u rre poco tiem p o
y en e l m is m o te a tro
in a u g u ra u n a exposición
de escenografías q u e lu e ­
go, en 1928, se ren u ev a
en las salas de “ A m igos
del A rte ” . N o t e r m i n a
ah í el itin e ra rio te a tra l
de Vigo. E n 1929 y 1930
va c o n A r a t a y Discépolo, p rim e ro al “ C om e­
d ia ” y luego al “ A rgen­
t i n o ”. L a s escenografías
que p a ra am bas te m p o ­
rad as p in tó Vigo, h ic ie ­
ro n é p o c a en B u e n o s
A ires.
A esa la b o r ab ru m a d o ­
ra, d e b e a g r e g a r s e u n a
d ecoración que con F a ­
ció y p o r cu en ta del d ia­
rio “La N ació n ” h iciera
p a ra la E x p o s i c i ó n de
Sevilla y 7 “v itra u x ” p a ­
ra la U nión F e rro v ia ria ,
A B R A H A M

“ Mi

8

H i ja ”

-

V I G O

AGUAFUERTE

�FORMA

O ctubre de 1942

DE

NUESTROS

El orden de estas publi­
caciones se halla sujeto
al de entrega, en nuestra
Secretaría, de los datos
y fotografías, ya solicita­
das con reiteración.
De los señores consocios
depende que estas biogra­
fías sean exactas y com­
pletas.

a p a rte de sus c o n c u r r e n c i a s
asiduas al S alón M u n ic ip a l del
G rab ad o q u e d e s d e 1933 se
su ced iera en la C om isión N a ­
cio n al de B ellas A rtes.
E n 1940 re a liz a u n a exp o si­
ción de p a isa je s en la G alería
dtíl N o rte y o tra de g rabados,
fra n c a m en te exitosa.
A ctu alm en te, y com o si r e ­
so lla ra de su v ie ja e in c o n te ­
n id a p asió n p o r el te a tro , h a
co n stru id o en C h acras de Co­
r ia (M en d o za), d o n d e r e ­
side, u n c o n ju n to de títe ­
res, con el q u e siem b ra
a leg ría e n tre el ra n c h e río
p o b re del p u e b lu c h o cuyano.
H ay cu ad ro s suyos en
los m useos de L a P la ta ,
M u n ic ip a l y de la Boca.

★

★

★

★

★

★

★

★

SOCIOS

☆ ☆ ☆ ☆ ☆

A cuarelistas. V iajó p o r E u ro p a en
m isión de estu d io , v isitan d o los p r in ­
cipales m useos.
E xpuso en la E x p osición b ie n a l de
V enecia en el año 1922. E n el año
1925 expuso en P a r í s , M a d r i d y
R om a.
H a o b ten id o las siguientes reco m ­
p en sas: P rim e r p re m io S alón de La
P la ta (1924). P re m io Sociedad E stí­
m u lo en el Salón N acio n al de B ellas
A rtes (1928). M edalla de p la ta en
el S alón de A rte D ecorativo. Segun­
do p re m io del H o n o ra b le C oncejo
D e lib e ra n te en el Salón de A cu are­
listas (1930). Segundo p rem io en el S alón de A cu arelistas de La
P la ta (1931). P rim e r p rem io y m e d alla de oro en el S alón de
M ercedes (1933). T e rc e r p rem io de acu arelas en V iñ a del M a r
( C h ile ) , año 1940. T e rc e r p re m io M u n icip al de P in tu ra en el
X X X S alón N acio n al de B ellas A rtes (1940). M ención especial
en e l X II S alón de P rim a v e ra de A zul (B uenos A ire s), 1940.
Sus o b ras se e n c u e n tra n en los m useos M u n icip al y F e rn a n d o
F a d e r de la C ap ital, M u n icip al y P ro v in c ia l de L a P la ta , en los
de C ó rd o b a y S anta F e, S antiago del E stero , C o rrien tes, T a n d il,
P u e rto M ad ry n , Lom as de Z am ora y en otros escolares. T am b ién
en la e m b a ja d a de F ra n c ia y en el C írculo M ilitar. N um erosas
g alerías p a rtic u la re s poseen cuad ro s de dicho esclarecido artista .

★

.
N a c ió e n
B uenos A ires. E s­
tu d ió en la A cade­
m ia N acio n al de B ellas
A rtes. E gresado p rofesor.
F u é discípulo de F a d e r
y Q uiroz. D esde e l año
1919 expone en el Salón
N acio n al y dem ás salones
p ro v in ciales que se re a li­
zan en el país. F u é m ie m ­
b ro de la S o c i e d a d d e

P

in t o r

A D A N

L.

“ P a isa je

P E D E M O N T E

de

In v ie rn o ”

9

�FORMA

O ctu b re de 1942

nistración, reproducciones de cuadros y escul­
turas de artistas argentinos.
”A1 respecto, debo manifestarle que si bien
se encuentra muy plausible la iniciativa, se tro­
pieza con el grave inconveniente de no contar
con partida alguna en el presupuesto de la
Administración destinada a tal fin, y por otra
parte, el proyecto e impresión de los billetes
se halla a cargo exclusivo de la Casa de Moneda
de la Nación.
”Con tal motivo, aprovecho la oportunidad
para saludar al señor Presidente con toda con­
sideración.”
D e la Com isión N acional de Bellas A rte s:

"Tengo el agrado de dirigirme al señor Pre­
sidente para acusar recibo de su nota de fecha
27 de junio ppdo., en la que solicita que los
cuños para timbres postales y monedas, sean
encomendados a los artistas nacionales.
”En respuesta, le acompaño copia de la nota
remitida al señor Ministro de Justicia e Ins­
trucción Pública apoyando el pedido formulado
por esa entidad.
"Saludo al señor Presidente con mi conside­
ración más distinguida.”

N O T IC IA S

R e s p u e s ta s a
n u e stra s n o ta s

"La Sociedad Argentina de Artistas Plásticos
solicita que los cuños para timbres postales y
monedas, sean encomendados a los artistas na­
cionales, con el objeto de que ellos representan
también un valor de arte y un elemento de
cultura.
"Esta Presidencia, señor Ministro, considera
justa la indicación, y si tal propósito pudiese
ser llevado a cabo, se organizarían concursos
entre nuestros más destacados profesionales,
acordándose como premio la adjudicación del trabajo.
"Saludo al señor Ministro con mi consideración
más distinguida.”
De la m ism a C om isión, sobre otros asuntos:

De Correos y T elégrafos:

"En respuesta a su atenta nota de fecha 20 del co­
rriente, y por especial encargo del señor Director Gene­
ral, cúmpleme expresarle que la resolución respectiva
no ha sido dejada sin efecto, y que siempre se aprecia,
como corresponde desde ya, la contribución valiosa de
los artistas plásticos en todo cuanto signifique una
labor de buen gusto y de arte.
”Por lo que respecta a las últimas emisiones de es­
tampillas, que fueron de carácter extraordinario y
conmemorativo, tratóse de la rememoración de proce­
res, sobre la base de retratos, como asimismo la foto­
grafía del edificio en el caso del cincuentenario de la
fundación del Banco de la Nación Argentina, en
cuya confección, por otra parte, intervino, justo es
reconocerlo, el personal de la Casa de Moneda me­
diante su excelente y probada eficacia.
"Saludo al señor Presidente con toda consideración.”
D e la L o tería de B eneficencia N acional:

"Tengo el agrado de dirigirme a Vd., comunicán­
dole que esta Comisión Administradora en su última
sesión, ha considerado su atenta nota de fecha 15 del
actual, en la que se sirve sugerir que se utilicen para
la impresión de los billetes emitidos por esta Admi­

10

"En respuesta a su atenta nota sobre participación de
artistas provincianos en las exposiciones que se realicen
en esta capital o en el extranjero, debo manifestar al
señor Presidente que la Comisión que presido consi­
deró siempre este aspecto con el interés que corres­
ponde y ha de intervenir, dentro de sus facultades, a
fin de que se generalice tan justo procedimiento.
”En el caso de la muestra a que esa entidad se re­
fiere, ella fué organizada por la Comisión de Fomento
Interamericano, que depende del Ministerio de Rela­
ciones Exteriores, de acuerdo con una invitación a
determinados artistas efectuada desde los Estados
Unidos de América.
”Con tal motivo, me es grato saludar al señor
Presidente con mi consideración más distinguida.”
De la Sociedad A rg e n tin a de Escritores:

"Tengo el agrado de manifestar al señor Presidente
que, aun cuando en el catálogo del Salón se expresa
que los interesados por la adquisición de obras pueden
dirigirse a la Secretaría, se tratará de facilitar la venta
con indicaciones precisas, de acuerdo con lo que su­
giere su atenta nota.
"Saludo al señor Presidente con mi consideración
más distinguida.”

�FORMA

O ctubre de 1942

U na gestión sin respuesta:

"La Sociedad Argentina de Artistas Plásticos estima
que el Salón Nacional de Bellas Artes, después de treinta
y dos años, ha adquirido un prestigio indiscutible por la
jerarquía de las obras expuestas y que, si se considera para­
lelamente el hecho de que nuestra Capital Federal se ha
convertido en el centro cultural de la América del Sur,
creemos, por las simples razones expuestas, llegado el
momento de crear, anexo al Salón Nacional, o si se
considerara más conveniente, organizar cada dos años
el Salón Continental de Artes Plásticas.
"Tenemos confianza en que una muestra de esta mag­
nitud, no sólo serviría para reunir obras de artistas del
Continente, sino también para vincularlos a nuestro
medio, aquilatar sus valores y propender a la difusión
de las Bellas Artes por toda América.
"Hacemos esta sugestión en el convencimiento de que
un Salón Continental de Artes Plásticas tendría honda
repercusión en los centros artísticos sudamericanos.
"Saluda a usted con su consideración más distinguida.”

LAS VOCES QUE TRAJO EL VIENTO
— Usted sabe que mi debilidad
es la filatelia, ¿verdad?
— ¡No diga!
—
Sí, hombre, es la filatelia; y,
¿para qué se lo voy a ocultar? Ca­
da vez que cae en mis manos una
estampilla argentina, tiemblo . . .
— ¿De emoción?
— ¡De vergüenza! ¿Por qué no
llamarán a concurso a los artistas
argentinos, para hacer diseños dig­
nos del lugar que el país ocupa por
su cultura y su importancia?
— Insondable misterio, amigo.
— U sted h a b la de las estam pillas,
p e r o . . . ¿y las m o n e d a s .. . y los títu ­
l o s . . . y los b i l l e t e s ? ...
— ¿L os de la lo te ría ?
— T am b ién los de la lo te ría.
— ¡C on qué ganas h u b ie ra d iseña­
do yo el 0 2 5 ! ...
— D éjese de brom as, ¿ n o cree que
u n poco de v o lu n ta d so b ra ría para
lib ra rn o s de esos d ib u jo s ingen u o s y
ton to s de que se hace a lard e en
cuanto p ap el del E stado y b ille te
anda c o rrie n d o p o r estas la titu d e s?
—N o tien e n ada que h acer la v
lu n ta d , aquí.
— ¿Y entonces?
— E l sentido com ún, am igazo. I
c h iq u ito de sentido com ún.
— E n to n c e s ... P e o r es m enealh

—¿Tiene alguna opinión forr
da sobre los premios del Sí
Nacional ?
—Vea, amigo: no me provo
porque se va a arrepentir. Algt
vez se entrará a considerar ex
sivamente el valor de la obra.
—¡Claro que s í! ... Lo espe
mos. Pero no generalice; hay ob,
que merecen el premio discernit
—Sí, señor, y eso honra a quie
nes las votaron. Pero hay otras. . .
—No se aflija. Ni Fulano ni
Mengano serán más artistas por-

que tengan tales y cuales premios.
Él tiempo se encargará de colo­
carlos en su lugar. Y ese lugar
ya sabemos cuál es.
—Pero es que estamos resuci­
tando cadáveres. Son muchos los
Lázaros que están colgados en
nuestros salones.
—Ya llegará el momento de col­
garlos en una plaza pública.
—¿A los cuadros?
—-jA los Lázaros!
—Parece ser que la iniciativa de la
Sociedad Argentina de Artistas Plás­
ticos ofreciendo al gobierno el concur­
so de sus socios p a ra crear una sec­
ción de "Camouflage" en el ejército,
ha sido recibida con aprobación una-'
nime.
—Así es.
—El registro de especialistas en esa
materia y que se proponía en la mis­
ma nota, h a causado notable impre­
sión, según dicen.
—Así es, también.
—Los artistas de la sociedad han
demostrado que viven el m o m e n t o
actual, ¿verdad?
—Sí, y que si hay un tiempo p ara
pensar y otro p ara hablar, h av otro

☆ de junio de 1796 en la Ju n ­
En una mem oria leída el 15

ta de Gobierno del Real Con­
sulado, nuestro ilustre procer M a­
nuel Belgrano expresó:
“Los buenos principios los ad­
quirirá el artista en una escuela
de dibujo, que, sin duda, es el al­
ma de las artes.”
El 14 de marzo de 1799 expuso
a la Junta de Gobierno del Real
Consulado, el proyecto de regla­
mento para la “ Escuela de Geo­
m etría, A rquitectura, Perspectiva
y toda especie de D ibujo” .
El 29 de mayo de 1799, Belgra­
no pronunció el discurso en el
acto -inaugural de la Academia.
El 4 de abril de 1800, el rey
de España desautorizó la inicia­
tiva. Belgrano insistió dos años
después. El rey, al cabo de dos
años (26 de julio de 18041. in-

�FORMA

O ctu b re de 1942

EXPOSICIONES
AMIGOS DEL ARTE, Florida 659. — Pri­
mer sa ló n de la Ciudad de Buenos A ires.
ARTE DEL BANCO MUNICIPAL, Esme­
ralda 664. — Obras pictóricas de J. Anto­
nio Sanguinetti y Jorge A pud, y sa ló n de
la p eñ a Pacha-C am ac. H asta e l 3 de no­
viem bre.
GALERIA MÜLLER, Florida 935. — Expo­
sició n postum a del pintor O ctavio Pinto;
ó leo s y dibujos de Arturo A ceb a l Idigoras y encuadernaciones y p orcelan as d e­
corad as de Ilda P aláu de Llauró. H asta
e l 3 de noviem bre.
G A L E R IA W IT C O M B , Florida 760. —
Pintura del sig lo XIX y obras d e l pintor
ch ecoslovaco Francisco Otta.
LA PEÑA, A v en id a de M ayo 829. — Pe­
dro Roca y M arsal.
GALERIA DE RIVADAVIA 1168. — Ex­
p osición de Luis Crispino. H asta pa sa d o
m añana.
MUSEO MUNICIPAL DE BELLAS ARTES,
Perú 190. — R eproducciones en color de
a cu a rela s sobre aspectos y costum bres de
Buenos A ires y su s alrededores, rea liza ­
d a s por Emeric E. V idal, entre 1817 y
1818. Todos los d ía s , m enos los lunes, de
16 a 18.
TURISMO DEL JAPON, Florida 746. —
Syo Funaqui y Sigu e U. de Funaqui y
estam p as ja p o n esa s. H asta e l 31.
ASOCIACION ARGENTINA ARTISTICA
Y CULTURAL, Lima 31.-— Pinturas de Vir­
gilio A. V allini. H asta e l 30 de noviem bre.
IMPULSO, La Madrid 355. — Pinturas de
Horacio March. H asta el 31, de 19 a 21.
NORDISKA, Florida 999. — O leos y tem­
p le s de A d án L. Pedem onte. H asta e l 6 de
noviem bre.
CIRCULO MILITAR, Santa Fe 750. —
Cuadro del G eneral San M artín, del pin­
tor Antonio G onzález Moreno.

Pintura: Prim er premio, adquisición,
“El púgil caído” , de G astón J a r r y ; segu n­
do premio, “Embarcadero” , de Luis Borraro; tercer premio, “U n ángel en la ven­
tana” , de Juan A ntonio Ballester Peña.
E scultura: Prim er premio, adquisición,
“Muchacho del Paraná” , de Lucio Fonta­
na ; segundo premio, “El cacique” , de P a­
blo Tenti, y tercer premio, “Maternidad” ,
de Luis C. R ovatti.

E l jurado de escultura y pintura
de la M unicipalidad dió a cono­
cer sus veredictos sobre las obras
expuestas en el X X X I I Salón Nacional
de Bellas Artes. Fueron otorgados, de
acuerdo con dicho veredicto, los si­
guientes prem ios:
Escultura : Prim er premio, a la obra
“Córdoba”, de Horacio Juárez; segun­
do prem io, “La noche”, de Héctor R o­
cha, y tercer prem io, “F anny”, de M a­
gín Salod Pons.
Pintura : P rim er prem io, “E n el
jardín”, de Guido Goliardo A m icarelli;
segundo prem io, “P aisaje”, de P róspe­
ro López Buchardo, y tercer premio,
“Atardecer de junio”, de A ngel Isoleri.

★

Con m otivo de la tradicional F iesta
de la s Artes organizó nuestra in s­
titución un concurso de afiches. El
jurado, com puesto por los señ ores Gon­
zá lez L eguizam ón Pondal, B. Juan Dell'
A cqua, ....................................................................
otorgó los sigu ien tes premios:
Primer premio, Germán T essarolo; otro
primer premio, B las G asanegro; dos s e ­
g un dos prem ios, Carlos Glorio; tercer
premio, E lia s N esis; otro tercer premio,
Pedro Poggiani.
C o n e l p r o p ó s i t o d e q u e e l p ú b l ic o
c o n o z c a d e b id a m e n t e lo s v a lo r e s a r ­
t í s t i c o s , h i s t ó r i c o s , c ie n t í f i c o s y c u l tu ­
r a le s q u e e n c ie r r a n n u e s tr o s m u s e o s , la
D i r e c c i ó n N a c io n a l d e T u r is m o h a o r g a n i­
za d o
u n a s e r ie
de
i n te r e s a n te s v is i ta s c o n f e r e n c i a s a lo s m u s e o s d e b e lla s a r te s e
h i s tó r ic o s .
^

CONVIVIO, R econquista 572. — Pinturas
de E lsa K lappenbach. H asta e l 6 de no­
viem bre.
IV SALON NACIONAL DE ARQUITEC­
TURA. — Con e l a uspicio de la Comisión
N acional de Cultura, la S ociedad Central
de A rquitectos organiza e l sa ló n d el e p í­
grafe, e l cual constará de la s secciones:
concursos, obra r ea liza d a de reparticiones
n a cio n a les, m unicipales, obra r ea liza d a y
proyectos de particulares.
Este sa ló n será inau gurado e l 19 de di­
ciem bre próximo, en e l local de la Comi­
sió n N a cio n a l de B ellas Artes.

★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★ ★

★

En su
cional
menes
pintura y

últim a sesión, la Comisión Na
de Cultura consideró los dicta
de las comisiones asesoras d
escultura en el X X X II Saló:

A r-

P a llq g

A rte s

o

lp

★ ta“ A RqSu ”e , :

E ste es el n o m b re d e u n a re v is ­
b a jo la c a p a c ita d a d ire c c ió n de
I . S c h la jm a n , a p a re c e to d o s los m eses cu m ­
p lie n d o la ta re a d e in fo rm a r a sus lecto res
sobre cu an to se re fie re a la s arte s en g e n e ra l.
L a “ S ecció n P lá s tic a ” lle n a u n v e rd a d e ro
v a c ío e n tre n o s o tro s , y a q u e en “ A R S ” todo
lo re fe re n te a p in tu r a , e sc u ltu ra y g rab a d o
tie n e u n a e x te n sió n d e p riv ile g io , co la b o ra n d o
en e lla firm a s d e reco n o cid o p restig io .
Los co m en tario s m á s e c u á n im e s , la s c rític a s
m á s se re n a s, los a rtíc u lo s so b re los im p o r ta n ­
tes p ro b le m as d e l a rte a c tu a l en to d as sus
f a c e ta s , se a lte rn a n con m a g n ífic a s r e p ro d u c ­
ciones a to d a p á g in a .
“ A R S ” es u n a re v is ta q u e p re stig ia a l p e rio ­
d ism o y h a c e h o n o r a la s a rte s g rá fic a s de

LA FERIA DE LOS INGENIOS
♦ “ El hom bre le tira desde abajo, con
su presencia f í s i c a .. . ” — ( J o r g e R o ­
m ero
B r e s t , Saber vivir, N 9 25, pá­
gina 16).
♦ “ La visita al salón de este año deja,
en conjunto, una im presión alentadora.” ’
— (E l Diario, 22 septbre. de 1942).
♦ “ El XXXII Salón de Bellas Artes
nos presenta una m uestra de pin tu ra y
escultura que revela un descenso. . . ”
— (L a A rgentina, 27 septbre. de 1942).
♦ “ ...o n d u la d a leja n ía donde la tie ­
rra y las bestias se funden en una
m ism a ensoñación de p la c id e z ... im ­
pregnada de silencio, pureza y abstrac­
ción . . . la atm ósfera verde y sedosa de
las i s l a s ... pintor de atm ósferas h ú ­
m edas e irid isc e n te s.. . atento a la
confidencia sutil del am biente lito ra­
le n s e ... que describe u n a torm enta
zigzagueando en el horizonte de verano
y en el alm a de los vagabundos que
allí se c o b i j a n .. . ” — (F . F. d e A m a ­
d o r , La Prensa, 21 septbre. de 1942).
♦ “ . . . lo propio es que el artista ex­
ponga cuando considere que tiene obra
capaz de conquistar la voluntad del
p ú b l ic o ...” — ( J u n o R i n a l d i n i , El
M undo, 9 de junio de 1942).
♦ “Lo natu ral es que el artista expon­
ga cuando le viniere en ganas.” —
( R o d r i g o B o n o m e , del libro en pre­
paración E l arte y los borregos).
♦ “ . . . E s cuando m ejor se com prue­
ba que le ha faltado (a la m ayoría
de los a rtis ta s ), una preparación só­
lida, una educación profesional bien
f u n d a d a ...” •— ( J u l i o R i n a l d i n i , E l
M undo, 9 de junio de 1942).
♦ “C’e s t u n e g r a n d e a v a n t a g e d e
n ’avoir ríen fait, m ais il ne fau t pas en
abuser.” — ( O s c a r W i l d e , EL arte y
los artesanos).
♦ “Yo opino que el deber prim ordial
de un crítico de arte consiste en refre­
n a r su lengua.” — ( O s c a r W i l d e , E l
arte y los artesanos).

ograma de actos societarios
ueves 29 de octubre: Conferencia del
•etario de la entidad, pintor Amadeo
’Aequa, sobre “La pintura y sus técs de reproducción” , a las 18.30.
&gt;ado 31 de octubre: Comida en honor
3 socios premiados en el X X X II Salón
onal, a las 21.
¿rnes 6 de Noviem bre: Conferencia
pintor Rodrigo Bonome sobre “En
le se prueba que el arte de todas las
as tuvo influencias y en donde se hacomo quien no quiere la cosa, o como
en la quiere, de la crítica y de los crí­
eos” , a las 18.30.
Jueves 12 de noviem bre: Inauguración
de un im portante certam en artístico, con
la concurrencia de todos los socios activos,
a la s ’ 18.30. Derecho de exposición, $ 1.

�actr
evite
La Sociedad Argentina de Artistas Plás­ que i
ticos observa, con las preocupaciones con­ cuan
siguientes, el criterio que prevalece en las res %
compras que se vienen haciendo para el Museo de l
Nacional ele Bellas Artes. Criterio que si en ofici
So
algunos casos concurre ce enriquecer el acervo
pued
artístico del país con adquisiciones ju stifi­
cadas, en otros da lugar a suspicacias sobre tad q
el caprichoso móvil que ha podido inspirar eman.
males
esa o aquella compra.
tos ce
“Errare humanum est”, dice el adagio, y de un
sería presumir de perfecto el creerse con ello st
capacidad omnímoda para determinar en to­ desme t
dos los casos — y hacerlo bien — el valor hieran
documental de la obra y la ecuanimidad de y que ?
la elección.
El e.
Entiende esta Sociedad Argentina de A r­ definicú
tistas Plásticos que la Sala Argentina del niendo t
Museo Nacional de Bellas Artes debe ser un opinione.
exponente del arte que se produce en el país,
sin ausencias caprichosas, por un lado, ni
E stas p ágir
abundancias deliberadas, por otro.
p lásticos q ui
Para ello es precisa la actuación de un
Sólo se ex ig t
Comité de Compras, integrado por artistas en

EL MUSEO Y LAS

COMPRAS

�O ctu b re de 1942

"

HACIA EL RESURGIMIENTO
DEL LIBRO ILUSTRADO

A rtis ta s
h a re Fragmento de la conferencia del pintor
n s titu ir
■comp en ­
Amadeo Dell'Acqua, por LRA.
p re m ia r
&gt; lib ro s m e jo r ilu stra d o s e im p reso s d u ra n te cada año.
estím ulos consisten en m ed allas y diplom as, q ue serán
p o r u n ju ra d o com puesto de seis m iem b ro s: tres, p o r
1 A rg e n tin a de A rtistas P lástico s; u n o , p o r la C om isión
i le B ellas A rte s; u n o , p o r la C ám ara d el L ib ro , y u no,
d a c ió n In d u stria le s G ráficos de la A rg e n tin a ; al au to r
iderad as m ejo res ilu stracio n es p a ra lib ro s; al lib ro que
g ram ado, com posición tip o g rá fic a e im p re sió n se lo
el m e jo r; e l te rc e ro , al que re ú n a las dos condiciones
í y será o to rg ad o al d ire c to r de la o b ra ; el últim o , al
e re n te a artes plásticas que tra te m e jo r la m ateria.
■ta n o v ed ad se da o p o rtu n id a d al resu rg im ien to de dos
iv id ad es: la d ecoración e ilu stra c ió n de lib ro s y el b u e n
' a p re se n ta c ió n tip o g ráfica.
erem os al artesan o in te lig en te, p erso n al, de escuela,
c re a r su p ro p io im p reso ?
e sp e ra r q u e sí. La ilu stra c ió n h a conseguido in te re sa r
a n u estro s p lásticos y ellos p ro d u c e n o b ras p o n d erau e stra n a la vez el conocim iento de las diversas té c n ic a s:
ana, lito g rafía, x ilo g rafía y todos los p ro ced im ien to s del
hueco y los de re p re se n ta ció n en colores. N o m uchas
! 3d ito ras se d ie ro n c u en ta de la fria ld a d del tex to , sin la
gráfica adecuada.
dúos soñadores, po etas de la lín ea, de la m a terializació n
p en sam ien to , e stilizan cristalizan d o el alm a m ad re de la
así, en esa am algam a de in ten cio n es, la d el escrito r y
lor. P o r ello, si es g ran d e “ L a D ivina C om edia” del
m faz filosófica y lite ra ria , no lo son m enos los d ib u jo s
•a ilu s tra r esa o b ra , p o r G ustavo D oré,
to D u rero , y a h a b ía v alo rad o m uchas o b ras y se p r e ­
estu d io an alítico de la a rq u ite c tu ra de la le tra . De u n a
n iñ e a es u n a sim ple le tra . D ia g ra m a ; d istrib u y en d o los
e m árgenes, textos, in iciales e ilu stracio n es. D a al d etalle
ancia que tie n e y, sin d ecirlo, a firm a con los hechos la
M iguel A ngel, q u ie n solía re p e tir q u e “ el p eq u eñ o de3 el g ran d etalle, y éste a la o b ra de a rte ” ,
s d o n d e en la convergencia se u n e el escrito r, el artista
y el artesan o gráfico : c o n ju n ció n de la que debem os
,;omo lo d iero n antes, ob ras b ellas en su co n ten id o como
n tin en te.

El jurado para discernir los premios en el
concurso organizado por la S. A. de A. P.,
para premiar los mejores libros ilustrados e
impresos en el año, quedó constituido por los
señores Ghino Fogli, por la Asociación Indus­
triales Gráficos de la Argentina; Rodolfo
Franco, por la Comisión Nacional de Bellas
Artes; Guillermo Kraft, por la Cámara del
d, y Alfredo G uido, R odrigo Bonom e y A m ad eo Delqua, por la S o c ie d a d A rgen tin a de Artistas Plásticos.
ro d e u n a In stitu c ió n si c a d a u n o d e sus m iem b ro s no
n te e in d iv is ib le d e la m ism a , co n los m ism os d e b e re s y
(D e la M em oria de 1942)

�FORMA

O ctu b re de 1942

En

torn o

al
de

A ap e rtu ra del S alón N a­
cional de Bellas Artes es
un acontecim iento que re­
firma, in v ariablem ente, el
crecim iento del arte plástico
argentino, re n u ev a expresiones
y nos d e p a ra a veces la a p a ­
rición de alg ú n nom bre que
en tra a ju g ar su rol en la órbi­
ta d e la consideración popular.
T reinta y dos salo n es re a ­
lizados h a s ta la fecha im por­

L

X X X I I S aló n
B ella s A rtes
A

tan algo m ás q u e un dato in­
formativo. Son treinta y dos
añ o s de cáted ra, p ese a l dolo­
roso pesim ism o d e los q u e h a n
cum plido su p a rá b o la ascensional y e stá n d e retorno al
punto d e partid a. V éan se los
catálogos ilustrados. Allí e stán
p a r a d o cum entar su conducta.
A la cursilería y a la ñoñez de
los prim eros años, se im pone
la recia estructura de la p lá s­

N a cio n a l
a

tica actual. El pintor aristócra­
ta de otrora, q u e h a c ía u n lu­
g a r en sus ocios p a r a m a n ch a r
u n a s flores en u n a m inúscula
tela e n y e sa d a , h a debido d a r
p aso al hom bre de oficio, tra­
b a ja d o r au d a z y seguro, cons­
ciente d e su re sp o n sa b ilid a d y
d e su significación com o ele­
m ento vital de un pueblo e n
m archa.
(Sigue a la vuelta)

P r e m io s d e l X X X I I S a ló n X a e io n a l d e B e lla s A r t e s
Los Jurados del X X XII Salón N acional acordaron los
premios instituidos en el mismo, en la siguiente form a:
SECCIO N P IN T U R A
G ran p r e m io A d q u isic ió n ( $ 7 0 0 0 ) . — A la obra
“ El pintor y la modelo”, óleo, N 9 203, por R aúl Massa, con
los votos de los señores A lfredo W illiam s, Adolfo M ontero,
Rodolfo Franco y M iguel Carlos Victorica. Los señores Lino
Spilim bergo y Ju a n Carlos Castagnino votaron por la obra
“ La dam a sentada” , óleo, N 9 28, de Antonio Berni. P or la
obra “Bodegón” , óleo, Ñ 9 231, de Antonio Pedone, votó
el señor Francisco Vidal.
P rim er p r e m io ( $ 2 5 0 0 ) . — A la obra “El dram a”,
óleo, N 9 122, de R aquel Forner, por unanim idad de votos.
S e g u n d o p rem io ( $ 1 5 0 0 ) . — A la obra “A gonía” ,
óleo, N 9 85, de M anuel E. Coutaret, con el voto de los
señores Vidal, Franco, W illiam s, Spilim bergo y Castagnino.
Por la obra “R etrato”, óleo, N 9 147, de A rturo Gerardo
Guastavino, votaron los señores M ontero y Victorica.
T ercer p rem io ( $ 1 0 0 0 ) . — A la obra “F iguras” , óleo,
N9 289, de R aúl Soldi, con el voto de los señores Spilim ­
bergo, Castagnino, Franco Vidal, M ontero y Victorica. El
señor W illiam s votó por la obra “Sol argentino” , óleo, N 9
236, de Emilio Pettoruti.
C uatro p r e m io s E stím u lo , d e $ 5 0 0 cada u n o . — 1,
a la obra “P aisaje con el puente C entenario”, óleo, N 9 328,
de Luis W aysm ann; 2, a la obra “ Belgrano R ” , óleo N 9
214, de Juan Carlos M iraglia; 3, a la obra “Cabeza”, óleo
N 9 310, de Dem etrio U rru ch ú a; 4, a la obra “ El rem en­
dón”, óleo, N 9 82, de Ju a n S. Corbacho. Todos ellos por
unanim idad de votos.
D os p r e m io s A d q u isic ió n a l G rabado, de $ 5 0 0
cada u n o . — 1, a la obra “ Coihues”, aguafuerte, N 9 250,
de M argarita P órtela Lagos, con los votos de los señores
M ontero, W illiam s, Franco, Spilim bergo, Castagnino y Vi­
dal. El señor Victorica votó por la obra “El rey burgués” ,
aguatinta, N 9 273, de Lydia R otondaro; 2, a la obra
“Égloga” , xilografía, N 9 264, de V íctor L. Rebuffo, con el
voto de los señores Spilim bergo, Franco, Castagnino y Vic­
torica. Por la obra “El rey burgués” , aguatinta, N 9 273,
de Lydia R otondaro, votaron los señores W illiam s y M on­
tero. El señor Vidal votó por la obra “R etrato de M ariana” ,
puntaseca, N 9 245, de Ju an Carlos Pinto.
P re m io C ecilia G rierson . — A la obra “R etrato de
L ita” , óleo, N 9 222, de Luis A gustín Ouvrad, por unani­
m idad de votos.
P re m io E z eq u iel L eg u in a ( $ 5 0 0 ) . — A la obra
“Alamos”, N 9 3, de José A guilera, por unanim idad de votos.
P re m io J o c k e y Club d e la C ap ital ( $ 1 0 0 0 ) . — A
la obra “F in ”, óleo, N 9 247, de E nrique Policastro, con el
voto de los señores Spilim bergo, Victorica. Castagnino,
Franco y Montero. P or la obra “P a isa je ”, óleo, N 9 266,
de Ernesto Riccio, votaron los señores W illiam s y Vidal.
P re m io E d u ard o Sívori. — A la obra “R etrato”, óleo,
N 9 147, de A rturo Gerardo G uastavino, por unanim idad
de votos.
P re m io L aura B arbará de D ía z (m e d a lla de o r o ) .
— A la obra “A rtistas en el cam arín”, óleo,- N 9 205, de
Domingo Mazzone, con el voto de los señores Franco, W i­
lliam s, Vidal, Montero y Victorica. Los señores Spilim bergo

y Castagnino votaron por la obra “ El río ”, óleo, N 9 182,
de César López Claro.
P re m io L iga N aval A rg en tin a ( $ 5 0 0 ) . — A la obra
“Crepúsculo”, óleo, N 9 200, de Guillerm o M artínez Solim án,
con el voto de los señores W illiam s, Franco, Dr. Jorge C a­
sares (representante de la Liga N a v al), M ontero, V ictorica
y Vidal. Los señores Castagnino y Spilim bergo votaron por
la obra “Los veleros”, tem ple y óleo, N 9 253, de Domingo
Pronsato.
P re m io U n ic o a E x tr a n je ro s (m e d a lla ) . — A la obra
“H ornos”, óleo, N 9 212, de Luis Micheluzzi, por unanim idad
de votos.
SEC CIO N ESC U L T U R A
G ran p r e m io A d q u isic ió n ( $ 7 0 0 0 ) . — A la obra
“La canción del m ar” , yeso, N 9 11, de R oberto J. Capurro,
con los votos de los señores César Sforza, Gonzalo Leguizamón Pondal y Luis Falcini. Los señores Emilio Sarniguet
y Carlos de la Cárcova votaron por la obra “El cacique”,
yeso, N 9 81, de Pedro T enti. El señor A lfredo B igatti votó
por la obra “C órdoba”, yeso, N 9 40, de Horacio Juárez. P or
que se declare desierto votó el señor T roiano Troiani.
—Al tratarse la adjudicación del prim er prem io se pro­
dujo un em pate en la form a siguiente: por la obra “N a­
cim iento”, yeso, N 9 73, de Antonio Sibellino, votaron los
señores Falcini, Leguizam ón Pondal y Sforza. P or la obra
“M uchacho del P a ra n á ”, bronce, N 9 29, de Lucio F on tan a,
votaron los señores T roiani, de la Cárcova y B igatti. El
señor S arniguet votó por la obra “ . . . y a n d a !” , yeso, N 9 20,
de A rturo Dresco.
De acuerdo al A rt. 20 del reglam ento, el jurado solicitó
al señor presidente de la Comisión N acional de Bellas A rtes,
don Antonio Santam arina, procediera al desem pate, hacién­
dolo en favor de la obra “N acim iento” , de Antonio Sibellino,
por lo cual los premios se adjudicaron de la siguiente m anera:
P rim er p r e m io ( $ 2 5 0 0 ) . — A la obra “N acim iento”,
yeso, N 9 73, de Antonio Sibellino.
S e g u n d o p r e m io ( $ 1 5 0 0 ) . — A la obra “Danza de
la D estrucción”, cem ento, N 9 44, de Ju a n B. Leone, con los
votos de los señores Leguizam ón Pondal, Falcini, Sforza,
S arniguet y Troiani. P o r la obra “ Relieve” , yeso, N 9 55, de
V icente Roberto P uig, votaron los señores de la Cárcova
y Bigatti.
T ercer p r e m io ( $ 1 0 0 0 ) . — A la obra “M aternidad” ,
cem ento, N 9 2, de José Alonso, por unanim idad de votos.
C uatro p r e m io s E stím u lo , de $ 5 0 0 cada u n o . —
1, a la obra “ El G uaica” (M uchacho c atam a rq u eñ o ), bron­
ce, N 9 85, de W ifredo V iladrich; 2, a la obra “Virgen
serrana” , cem ento, N 9 86, de H ilario Vozzo; 3, a la obra
“Torso” , yeso, N 9 59, de Luciano P . R icc iard e lli; 4, a la
obra “Adolescencia” , bronce, N 9 70, de Olga Carballo de
Seghezzo. Todos por unanim idad de votos.
P re m io J o c k e y C lub d e la C ap ital ( $ 1 0 0 0 ) . — A la
obra “ Cadencia”, yeso, N 9 77, de A lfredo F. Sturla, con los
votos de los señores Leguizam ón Pondal, B igatti, de la
Cárcova y Sforza. Los señores T roiani, Sarniguet y Falcini
votaron por la obra “A lbores” , yeso, N 9 1, de H erm i Baglietto de Alió.
P re m io U n ic o a E x tra n jero s (m e d a lla ). — D eclarado
desierto.

15

�FORMA

O c tu b re de 1942

El p a n o ra m a es distinto. El
S aló n N acional dejó sus p a n ­
talo n es cortos y es hoy el m u­
ch a ch o cu asi b a r b a d o que
b u sc a a la h em b ra p a r a fruc­
tificar en ella y d a rse en hijos
com o el p o eta ham briento se
d a en espíritu.
A este a sc e n d e r con p risa y
sin p a u s a , a este re n o v a r es­
cen ario s y cosas, p ro ced ía un
d esen volvim iento en c o n c o r ­
d a n c ia p or p a rte d e las au to ­
rid a d e s lla m a d a s a controlar
l a lab o r de los artistas p lásti­
cos, p ro p u lsarla s y e n c a u z a r­
las. Pero no h a sido así. ¿Q ué
ca u c e s p u e d e n ab rir qu ien es
s e h a n d ec la rad o enem igos del
arte m oderno? ¿Cóm o confiar
e n q u ien es m a lg a sta n esfuer­
zos p a r a m an ten e r cerrad o un
círculo d e v alo res e n ab so lu ta
d e c ad en c ia ? Se trata d e reno­
var, no d e revivir. Lo prim ero
e s riq u eza d e espíritu. Lo otro
es in y ecta r v itam in as a u n di­
funto.
A un tenem os p resen te a q u e l
prem io instituido por u n m inis­
tro, h a c e cuatro o cinco años,
" a la m ejor o b ra clásic a del
S alón", q u e im p o rtab a u n d e s­
conocim iento absoluto de los
fenóm enos s o c i a l e s . Se nos
q u ería llev ar a la C olonia. M ás
aú n , se p reten d ía transferirnos
a l R enacim iento. N uestro pro­
b l e m a r a c i a l sin s o lu c ió n ,
n u estro h a c e r b ajo la tutela de
cin cu en ta culturas distintas y
d isp ares, nuestro convivir con
costum bres sin definición, era n
m in u cias p a r a a q u e l hom bre
ig n o ran te d e l p r o b l e m a q u e
p re te n d ía solucionar sin c a p a ­
c id ad ev idente p a r a hacerlo.
Y caso s an álo g o s, repetidos
con h a rta frecuencia, lejos de

encauzar, h a n cread o o b stácu ­
los a la lab o r d e los artistas
nuestros, q u e debieron librar
v e rd a d e ra s b a ta lla s p a r a ver
sus o b ras c o lg a d a s en el cer­
tam en c u y a a p e rtu ra se re a li­
z a ra por 32? vez el 21 de s e p ­
tiem bre próxim o p a sa d o .
H ay u n a co sa re p u d ia b le,
por m ás q u e n u estra condición
de pu eb lo joven nos aconseje
se r tolerantes. E sa co sa es la
política en la escu ela, en la
a c a d e m ia y en los organism os
cread o s p a r a el régim en de la
cultura. "El arte dirigido" es co­
s a q u e d en ig ra al artista. Lo
d en ig ra y lo re b a ja . Y e s a p o ­
lítica debieron sufrirla los p lá s­
ticos h a s ta h a c e poco. Y d e b ie ­
ron sufrirla con tanto m ay o r
dolor d e sd e q u e p a rtía de u n a
au to rid ad q u e en m ás d e un
acto público m anifestó: "el arte
m oderno es arte de d e g e n e ra ­
dos". Así, categóricam ente. Se
ig n o ra b a o se q u e ría ig n o rar
q u e la d eg e n era ció n no e s ta b a
e n vivir con el tiem po sino en
v eg e ta r del curso n orm al d e la s
cosas.
Si b ien aq u ello p asó , no e sta ­
m os ta n libres d e a ta d u ra s que
p o d am o s sentirnos cóm odos y
optim istas. El entronizam iento
de gente a je n a al problem a, el
consejo d e plásticos envejeci­
dos, inactivos y a m a rg a d o s, el
r O C I E D A D

DE A R T I / T A /

régim en del S alón q u e d a m a ­
y oría a la C om isión N acional,
y otras c a u s a s q u e concurren
a u n m ism o fin, tales la incon­
d u cta d e alg u n o s colegas, h a ­
cen q u e c a d a p a so cueste v er­
d a d e ro s sacrificios y q u e la in­
justicia d e fallos ab su rd o s y
caprichosos, ten g a u n a frecu en ­
cia lam en tab le.
En v erd ad , los intereses c re a ­
dos son g ra n d es, y eso es lo
m alo. Intereses q u e si a algo
conducen es a destruir la cul­
tu ra y no a crearla . Así se p o s­
terg an artistas d e v a lía y se
co n ceden p re b e n d a s y prem ios
a qu ien es no h a n hech o el ofi­
cio porque ten ían otros recu r­
sos p a r a lleg ar al m ism o fin.
Com o se ve, estam o s d an d o
v u eltas alre d ed o r de u n p ro b le­
m a q u e es b ien argentino: la
im provisación y el acom odo; el
caciquism o y la p etulancia.
Si a p e s a r d e ello c a d a - S a ­
lón N acional im porta u n a e ta ­
p a g en e ro sam en te cum p lid a
p o r el C am ino d e D am asco,
p ién sese lo q u e se h u b ie ra g a ­
n a d o si, conform e a los d icta­
dos d e u n criterio sano, tuvie­
ra n los artistas en ac tiv id ad el
gobierno d e la s b e lla s artes, se
hiciera ab stra cció n d e influen­
cias a je n a s e n concursos y c á ­
tedras, se lle v a ra el arte a la s
escu elas, se o rg a n iz a ra n expo­
siciones ro d a n te s con destino a
los m á s lejanos rin co n es de
nuestro d ilatad o p aís, se c re a ­
ra n fuentes d e recursos h a c ie n ­
do d ec o rar colegios, hosp itales,
u n iv ersid ad es, estaciones, ofi­
cinas, etc., se hiciera intervenir
a los artistas e n el diseño d e
billetes, d e estam p illas y de
m o n ed as. Señores: eso es m e­
jor q u e h a c e r política.

iO R M A
ORGANO DE LA SOCIEDAD ARGENTINA
DE

ARTISTAS

FLO R ID A

PLASTICOS

165 (Su b su elo )

BUENOS A I R E S - A R G E N T I N A

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£

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FRAN QUEO PAGADO
T A R IF A

R E D U C ID A

C O N C E S I O N

N°

3739

2 © ctv s.

�</text>
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                  <text>Ejemplares 22 a 27, 33 y 34 y 2 ejemplares especiales de la revista Forma, publicados entre 1936 y 1951.</text>
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                <text>No. 22 (oct. 1942)</text>
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                <text>Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (Buenos Aires)</text>
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                <text>Buenos Aires, octubre 1942 </text>
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                <text>Bonome, Rodrigo&#13;
Pelayo, Félix M.&#13;
Vigo, Abraham&#13;
Pedemonte, Adan L.</text>
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                    <text>ORGANO
D E LA S O C I E D A D A R G E N T I N A
D E
A R T I S T A S
P L A S T I C O S
FLORIDA 846 — T. E. 31 - 6162 — B uenos A ire s. — N9 34 — OCTUBRE DE 1949

CABEZA DE ANGEL en madera

MUSEO HISTORICO - Santa Fe

�LIBROS DE
ARTE
DE LA

LIBRERIA DELLO STATO
ROMA
A.

M anir i, LA VILLA DEl MISTE
RI.
1S47,
p á g s.
264 (tam año
28 x 40), 121 ilu stra c io n es, 13 lá ­
m inas í. t. y u n a c arp eta con 18
lám in as en citrocrom ía.
La m ás com pleta o! ra d el m ás
in sig n e m o n u m en to do Pom p o y a
y d e la p in tu ra a n tig u a ........... S 630

O . M arocchi, LE CATACOMBE RO­
MANE. 1933, p ág s. 702, 211 ilu s ­
tracio n es en el texto con lám in as
y p la n ta s f. t. en e. en tola con
lom o en p erg a m in o ...................... S
E. Lava q u in o , CINQUANTA MONUMENTI ITALIANI DANNEGGIATI
DALLA GUERRA. 1947, p á g s. 132,
texto en p a p e l ilu stra c ió n con
n u m a ro sas ilu stra c io n es.
La m ás co m p leta d o c u m e n ta ­
ció n d e lo s d añ o s d e g u e rra en
n o ta b le s
m o n u m en to s
de
arto
italian o s .................................................. S

90

D istingui ó señor:
E sta SOCIEDAD A RG EN TIN A DE A RTISTA S PLASTICOS
ha postulado reiterad am en te en el sentido de que los a r tis ta s con­
curren tes al Salón de Rosario estén representados en el Ju rad o con
la m ayoría de sus miem bros. E s decir, que si esa Comisión elige
3 miem bros, cuatro pueden v o ta r loe concurrentes.
Ese tem peram ento que involucra un reconocimiento franco a
las aportaciones que los a rtis ta s han venido haciendo p a ra d ar a ese
certam en anual la je ra rq u ía que tiene, ha sido siem pre motivo de
especial preocupación por p a rte de esta Sociedad A rg en tin a de A r­
tis ta s Plásticos.
O tro ce los puntos que debemos se ñ a la r como susceptible de
perfeccionar el Reglam ento, es el de que los g rabadores ten g an
un ju rad o constituido exclusivam ente por gente del oficio. Los
a rtis ta s hacen de este punto u n a cuestión de principio, y no creemos
necesario abundar en elem entos de juicio, que serían redundantes
p a ra la clarividencia cel señor In terv en to r.
En la.s modificaciones propugnadas, esta Sociedad A rgentina
de A rtista s P lásticos quiere poner en evidencia su atención por ese
certam en que goza de especial m anera del in terés de todos los
a rtista s.
Saludan al señor In terv en to r con su consideración m ás distm guida,
A ndrés C alabresc

Rodrigo Bonomc

S e c re ta rio

P re s id e n te

16.-

G. B ecatíi, CASE OSTIENSI DEL
TARDO IMPERO. 1946, p á g s. 56.
Texto en p a p e l ilu stra c ió n con
ilu stra c io n es y p la n ta s ............... &lt;¡&gt; 12 —
D.

B uenos A ires, Junio 15 d e 1949.
S eñor In te rv e n to r d e la
D irección M unicipal d e C u ltu ra
D. E telfredo M. F erioli.
M useo ‘‘Juan B. C asta g n in o ”
B oulevard O roño y A vd. P e lle g rin i.
ROSARIO

M u stilli, IL MUSEO MUSSOLINI. 1938, p á g s. 191, 481 ilu s tra ­
cio n es f. t .............................................. S 2 0 3 .--

M. la lm i, L’ABEAZIA DI PO M PO ­
SA.
1936, p á g s.
271 (tam año
24 x 48), 414 ilu stra c io n es y una
c arp eta con 45 g ra n d e s lám in as
en n e g ro y citocrom ía.
E n c u a d e rn a d o en tela con im ­
p re s io n e s en oro .......................... S 300.
L. Pernier, IL PALAZZO MTNOICO
DI FESTOS.
1935, p á g s.
475.
Texto e n p a p e l ilu stra c ió n con
ilustr¿:oiones. C arp eta con 6 g ra n ­
d e s p la n ta s, 4 lá m in a s en n e g ro
y 30 en citocrom ia.
E xcavaciones y e stu d io s d e la
m isión a rq u e o ló g ic a ita lia n a en
C reta d e sd e 1900 h a sta 1934.
V olum en lo: Gli s tra ti p iú antic h i e il p rim o palazzo.
Ene.
e n tela .................................................. % 1 2 0 .—

1° RECUADRO
E ra costum bre que los a rtis ta s de Buenos A ires en treg aran sus
obras consignadas a lo-s salones organizados p o r las comisiones d e
C ultura del interior- del país, en el ¡oca1 de Leandro N. Alem 2500.
dependiente de la Dirección General de C ultura de la Nación. Allí
mismo volvían las obras luego de los certám enes, y de a'flí, sin
sa lir del edificio, podía un a r tis ta h acer que la reexpedieran a cual­
quier otro salón de los ta n to s que se realizan al cabo del año.
Aquello e ra una especie de oficina de en’ace que facilitab a todos
los trám ites y allan ab a todos los inconvenientes.
E sas facilidades contribuyeron al éxito de los salones de La
P lata, M ar del P lata . Santa F e, Rosario, Pergam ino, Tandil y
B ahía Blanca, y perm itieron que un buen núm ero de obras del
Salón Nacional fuesen conocidas en otros lugares. E s decir, que
aquellas oficinas y sus depósitos anexos, hicieron m ás por la cul­
tu ra que las m ism as auto rid ad es oue hov —vaya a saberse poi­
qué causas— re tira ro n esa concesión al Museo de Bellas A rtes de
la provincia de Buenos A ires, que h a debido re c u rrir a una entidad
privada n ara poder recibir en ella tas obras con destino al Salón
de La P lata . Los a rtis ta s ju stificarían la medida si su corolario
fuese lo demolición de esa b arrac a v ie ja y decrépita p a ra d ar al
'Salón N ac’’onal de Bellas A rtes el marco que merece la cu ltu ra del
país y la im üortancia de su arte . M as si la causa no es esa, evi­
dentem ente la iniciativa es un desacierto, ya que e n vez de fac i­
lita r la realización de los salones a Ai:’idos, se les dificulta.

2® RECUADRO
La ciudad de Buenos A ires tuvo un Museo M unicipal. E ra un
instru m en to vivo, de cu ltu ra que debió sobreponerse a m uchas di­
ficultades de orden económico y político. Realizó una labor ím ­
proba y cumplió generosam ente con su com etido. A su fre n te había
un a r tis ta que era, en el de-sempeño de su cargo, eso: un a rtis ta ;
nada m ás y nada menos. P or causas artificialm en te m agnificadas
y que a su tiem po repercutieron no poco, se le cejó cesante p ara
colocar, en su lu g ar, a un escritor. Más tard e, y por razones que
nunca podrem os entender, ese museo fué traslad ad o a un b arría
poco accesible, donde duerm e hoy, envuelto en la inopia y en la
inutilidad. Buenos A ires perdió así un centro de cu ltu ra. Otra
prueba que nos h ab la de la necesidad d e ap licar aquel im perativo
oue hierve en la conciencia -'e todos aunque no en la conveniencia
de algunos: Todo lo re ’acionado con las a rte s fig u rativ a^ debe
e sta r en m anos de los a rtis ta s plásticos.

LIBERTA D 1021

T.

E.

íss:

�Al Excmo. Señor
M inistro d e E ducación,
Dr. O scar Iv a n js se v ic h
Exmo. S eñor M inistro •
La S ociedad A rg e n tin a d e A rtistas P lásticos, h a e stu d ia d o d e te n id a m e n te la p arto
que le in cu m b e d el a n te p ro y e c to d e E statu to d el T rab a ja d o r In te le c tu al, y ha visto con
s in g u la r a g ra d o q u e m u ch as d e la s re iv in d ic a cio n es q u e so stu v ie ra por d istin to s m edios,
han sid o c o n te m p lad a s en su a rtic u la d o , a u n cu an to o tras fu e ro n d e ja d a s de lado con
a b strac c ió n d e su im p o rtan cia y d e la ju sticia q u e e n tra ñ a b a su in clu sió n .

Los artículos 154 y 155 por ejemplo,, im piden a los a rtis ta s e x tra n ­
jeros, rea liza r retrato s, cuadros «vocativos o históricos, escu ltu ras o de­
coraciones e ind uso m onum entos, en ios que aparezcan proceres o se d es­
arrollen tem as relacionados con n u e stra s g estas históricas.
E ntiende e s ta 'Sociedad que no puede desconocerse la contribución de
los .extranjeros a la cu1tu r a arg en tin a. Muchos hay que supieron id en tifi­
carse de sin g u lar modo con n uestro p a ís y nuestra,? costum bres. L a breve
h isto ria de n u e stra s a rte s p lásticas 'destaca nom bres que respetam os como
nuestros. Si se ha pensado que sólo los argen tin o s estam os en condiciones
de ser in té rp re tes fieles de nuestros propios proceres y n u estra s g estas,
Se p reju z g aría sin razón. P a ra esa clase de trab a jo s deberá llam arse a
concurso y de ese concurso saldrá la in terp retació n m ás cabal del p erso ­
n a je o de la escena. Lo im portante es que aquél perso n aje sea un trasu n to
de la significación que tuviera en su época, y esta escena un docum ento
intergiversable.
El artículo 148 establéele el requisito de que se de intervención de
asesoram iento a la J u n ta N acional de IU tejectuales en todo monumento
que se levante en la República, pero se h a olvidado alu d ir a los d eleg a­
dos de los a rtis ta s concurrente elegidos defl seno de sus asociaciones pro­
fesionales ya constituidas y organizadas. E l agregado reconoce el derecho
irrenunciable !die participación a la p a rte que h a b rá die ju g a r el rol m ás im­
p o rtan te como es el de re a liz a r la obra.
R efiriéndonos al A rt. 151 que regimienta la obligatoriedad de dedicar
u n a sum a no m enor del 5% p a ra decorar los edificios del E stado y los
p articip ares de uso público de costo superior a los 500.000 pesos, m an ifes­
tam os que no será completo si no se establece que los trab a jo s se ad­
judiquen en concurso de p rim er y segundo grad o , p o r un trib u n al com­
puesto en su m ayoría por a rtis ta s que Designarán los concurrentes. Y si,
p o r las m ism as razones aludidas m ás arriba, no se indica que podrán con­
c u rrir a esos concursos, adem ás de los a rtis ta s nativos o nacionalizados,
los ex tra n jero s con una residencia m ínim a de cinco años en el país.
E n cuanto al artículo 153, el que 'dice con relación a las decoracio­
n es a realizarse en edificios del E stado o p articu la re s de uso púbfico, que
dieberáin insp irarse con p referencia en n u e stra histo ria, n u estro folklore,
n u estra s típicas e n ac'onés 'Sferanias, nu estro paisaje y n u e stra fau n a y
flo ra te rre s tre , fluvial y m arítim a, esta Sociedad A rg en tin a de A rtista s
P lásticos tie n e sus observaciones arle hacer. Los que se inspiran en esa
resistencia que provoca en todo a r tis ta el m enor intento de condicionar
su libertad de expresión. En cada caso, e’ estilo arquitectónico indicará la
índole de las decoraciones y bien esta rá no d a r directivas ten d ien tes a
u n ifo rm ar n u estra s a rte s plásticas, despojándolas de esa v ariedad que
'hacen de ella u n a cosa viva y renovada.
Venimos a solicitar, asim ism o, en lo que atañ e a los artículos 158,
160, 161 y 162. se te n g a la m ism a am plitud de criterio que hem os p ro ­
pugnado al pedir la ¡oclusión de los a rtis ta s ex tra n jero s en lo,? b en e ficio s.
dlel E sta tu to , aunque con una residencia d eterm in ad a en jsll país.
O tro rep aro tenem os que hacer y va dirigido al A rt. 141. Sostenemos
que el a u to r de una escultura es el indicado p a ra decidir sobre el m a te ­
rial ¡en °ue h abrán de realizarse la s cuatro prueb as consideradas como
originales. Y entendem os e s ta r en lo justo, ya que el escultor realiza Su
obra atento a un determiinado m aterial definitivo. Razón p o r la cual no
debe ¡exigirse al a r tis ta que cam bie el vehicuPlo de su expresión p a r a cada
un a de las pruebas susceptibles ’c'e ser consideradas como originales.
Y hem os dejado p a ra el final la crítica que nos sugieren los artículos
2 y 3 y qule establecen los alcances de la ley p a ra los que se incrilban en
el R egistro d e '¡os T rabajadores In telectuales ta n sólo.
Exorno. Señor M inistro: No h ay duda de que el E sta tu to del T ra b a­
jad or In tc le c tu á ', en la ra m a que nos concierne, es un a consecuencia 'de
la im portancia adquirida por lais a rte s p lá stic as en n u estro país. E sa im ­
p o rtan cia continental es el resultado del esfuerzo generoso realizado en
v irtu d de una vocación que ha contribuido á que se d ig a de la A rg en tin a
qule es un país de a rtista s, y se 'dlesarrol'íó en medio de la m ayor indife­
rencia de los podere,? públicos. N os resulta, chocante ah o ra que, al e sta ­
blecerse un régim en de amiDa.ro, se comience p o r lim itarlo a los que se
inscriban e*n un determ inado re g istro p a ra in te g ra r un a Confederación
que en el m ejor de los casos crearía una in terferen cia respecto de las
entidades grem iales que agrupan ya a todos los a rtis ta s del p aís que. a
fu e rz a de incruentos sacrificios han llevado al a rte arg en tin o a un e s ta ­
do ta l idta m adurez que ju stifica ’fa preocupación de ase M inisterio.
A nuestro juicio, las ilestrnCciones de que dan cu en ta los artículos
2 y 3 del E sta tu to del T rab ajad o r Intelectual crean una m an ifiesta con­
tradicción con sus m ism os postulados.
Estos so n los p u n to s q u e c o n fig u ra n u n a v ie ja d o c trin a d e la SOCIEDAD ARGENTI­
NA DE ARTISTAS PLASTICOS y q u e re a ctu aliz a m o s en e sta c irc u n stan c ia s e g u ro s de
in te ro re ta r lo s s^ n o s sen tim ien to s d e n u e stro s a rtista s.
S a lu d a n al Excmo. S eñ o r M inistro con yv; c o n s ; d e ra c ió n m ás d istin g u id a .
ANDRES CALABRESE
RODRIGO BONOME

Secretario

Presidente

I,A LECCION DE DELACROIX
Les ha demostrado todas las
ventajas de una técnica sabia de
combinación y de lógica, que de
ningún modo traba la pasión del
pintor, sino que la fortalece.
•

Les ha entregado el secreto de
las leyes que rigen el color: el
acorde de los semejantes, la ana­
logía de los contrarios.
•

Les ha probado hasta qué pun­
to una coloración uniforme y
chata es inferior a la tinta pro­
ducida por las vibraciones de
elementos diversos combinados.
Les ha procurado los recursos
de la mezcla óptica, permitien­
do crear tintas nuevas•
Les aconseja renunciar lo más
posible a los colores obscuros, su­
cios y opacos. Les enseña que
se puede modificar y rebajar
una tinta sin ensuciarla median­
te mezclas en la paleta.
•

Les enseña la influencia mo­
ral ¡del color, que contribuye al
efecto del cuadro; los inicia en
el lenguaje estético de las tin­
tas y los tonos.
•

Los incita a osarlo todo, a no
temer nunca que sus armonías
sean demasiado altas de color.
9

El potente creador es, igual­
mente, el gran educador: su en­
señanza es tan preciosa como su
obra.
(De Eugenio Delacroix
al neoimpresionismo.)
P o r P aúl

SIGNAC.

�V. CUNiSOLO

P aisa je del puerto

JOSE CLEMENTE O R O Z C O
La muerte ha privado a la plástica americana
de uno de sus artistas más representativos, ar­
tista que calla hondo en el sentir popular, nadie
como él ha sabido interpretar la ideología re­
volucionaria del México nuevo, y el aspecto
eterno, trágico, y esencialmente humano, de las
luchas civiles y sociales, siente demasiado la
tragedia humana para divertirse con ella, pin­
ta lo que v é ; es decir del modo que la vé, y nos
trasmite su mensaje del moldo más sencillo que
conoce: por la Ferocidad, por el dolor, por la
tristeza, y algunas veces por medio de una pe­
nosa caridad sin complicaciones metafísicas.
Pintor esencialmente mural, pocos cuadros de
caballete ha dejado, en cambio es muy copiosa
su producción de dibujos y litografías todas
de una calidad extraordinaria.
Su producción vastísima, recordamos entre

ella la decoración de la escuela nacional prepa­
ratoria cuando forma parte en 1922 del sindi­
cato de pintores. La escalera de la casa de Azu­
lejos en 1925 y poco más tarde La Escuela In­
dustrial de Orizaba (Veraeruz). En 1930 un
gran Fresco en el “Pomona Gollege” (Califor­
nia) , y en 1930 y 1931 una serie de Frescos en
N. York que representan el internacionalismo,
de 1932 a 1934 otro Fresco que representa la
Historia de América. Vuelto a México, pinta
el gran Freslco “La Guerra” en el palacio de
Bellas Artes, y posiblemente lo más extraor­
dinario de su producción, los Frescos del Hos­
picio de Guadalajara. Sus composiciones son
siempre sencillas, de escala monumental, de di­
bujo pleno de vigor, de una acuciosa observa­
ción de la naturaleza, que le permitieron hacer
después síntesis del real ¡sirio, expresiones per­
sonales, no estilizaciones rebuscadas,

�La p re s e n c ia d e ?a o b ra d e A u g u sto R odin e n la S o­
c ied ad H eb raica A rg e n tin a , h a c o n stitu id o u n a co n tec im ie n ­
to d e s in g u la r re lie v e artístico', al c u al no p o d ía m o s p e r ­
m a n e ce r a g e n o s, p o r la 7 e ra rq u ía d e s u re so n an c ia e n el
a m b ie n te p lástico . El s in g u la r tin o en la o rg a n iz a ció n d e
la m u e stra , p u so d e re lie v e la re q u e rid a p re s e n c ia d e
e sta fig u ra ed ific a n te, a b o n an d o al e sp íritu , e l u rg e n te
m e d ita r so b re el d e stin o y la g ra n d e z a en la o b ra d e a rte .
Si b ie n e s cie rto q u e la m u e stra c o m p o rta b a u n a lim i­
tación, p u e s se h a lle v a d o a cabo con o b ra s c ed id as
g e n tilm e n te p o r co leccio n istas d e l p a ís, no e s m en o s cierto
q u e ella no re s ta v alo r a la fiso n o m ía ro d in ian a .
A u g u sto R odin d ió a F ran cia, en el sig lo XIX, la p r e s ­
ta n c ia q u e h a b ía lo g ra d o en las e sfe ra s d e la p in tu ra.
El m a e stro d e l cin cel fu é p a ra la e sc u ltu ra lo q u e C ezanne
p a ra la p in tu ra .
La o b ra d e R odin e stá p re c e d id a d e e se e la n v ita l q u e
no s h a ce ex clam ar con el filósofo q u e n a d a h u m a n o le es
a g en o , p o rq u e su o b ra n u tre s u s fo rm as e n la s e n tra ñ a s
m ism as d e la v id a. ‘‘Es con e l ojo in je rta d o en el c o ra ­
z ó n ” — m an ifiesta on u n o d e su s e sc rito s— , lo q u e le ha
p e rm itid o h a c e r re s p la n d e c e r e se u n iv e rs o q u e aflora de
s u s m anos con esa c o h eren c ia s u sta n c ia l d e h o m b re y
ob ra, y n o s h a ce a d m ira r la fid e lid a d d e l d e ta lle sum iso
al m odelo, e stu d ia d o m in u c io sam e n te e n todos s u s p e rfiles,
tra b a ja d o e n u n p e rp e tu o a r^ lis is , sin o tra s ín te sis q u e
a q u é lla q u e a lie n ta su g e n io y s u m e tie r. E jem plo vivo
d e u n a rte vivo, es e sa p e q u e ñ a p ie z a d e l e stu d io d el
Balzac, com o u n a e te rn a le c ció n d e lo q u e o b lig a u n a
a u té n tic a vocación.
S igno d e u n tiem p o , n o s a le cc io n a y n o s a d v ie rte , a n te
e l co m p lejo cam po d e l a rte c o n te m p o rá n eo , y a q u e el
e sc u lto r no p o d rá p e rm a n e c e r a g e n o a la e la b o ra ció n d el
d e stin o d el h o m b re , e n u n m u n d o d o n d e p u e d a con li­
b e rta d y am or d e sa rro lla r s u c a p a c id a d c re a d o ra e n p le ­
n itu d .
Como h o m e n a je al m a e stre o frecem o s a lg u n o s fra g m e n ­
tos d e l e stu d io s o b re R odin, e sc rito s p o r a q u e l su e s p í­
ritu p a r q u e se ll^m ó R ain er M aría R ilke.

Juicios de A. M. Rilque acerca de la Superficie, la Luz,
el Espacio y la Composición en la Escultura de RODIN

Más avanzaba Rodin en su camino, solitario,
m ás se adelantaoa al azar. U na ley le descu­
b ra otra. Al fin, dedicó sus búsquedas a la su­
perficie. E s ta consistía en una infinidad de
encuentros de la luz con el objeto, resultando
que cada uno de estos encuentros e ra d iferente
y singular. Aquí parecían acogerse unos a
otros, allá saludarse titubeando, m ás a llá cru ­
za rse como ex trañ o s; había muchos lug ares, pero
ninguno donde no o curriera algo. No había un
punto que estu v iera vacío.
E n ese in stan te Rodin descubrió el elemento
fundam ental de su a rte y en cierto modo la cé­
lula d e su universo. E sto es, la superficie, .esta
superficie de dim ensión y tonalidad variables,
exactam ente definida, y con la cual todo debía
e s ta r hecho.
E s ta conquista y tom a de posesión de la luz,
consecuencia de una superficie exactam ente de­
term inada, apareció a Rotd'in como u na de las
principales v irtudes de la plástica. L a a n tig ü e­
dad y la época gótica buscaron, cada una a su
modo, las soluciones de este problem a plástico,
pero él, respetando viejísim a? tradiciones, tra tó
ante todo, de buscar en su desarrollo personal, el
• dominio de la luz.
Al mismo tiem po que subyugaba la luz, Ro­

din p rep a ra b a su o tra g ra n victoria, a la cual
sus objetos le deben la conquista del especio.
L as fo rm as te p erm itían ech ar una m irada h a­
cia la geo m etría m isterio sa del espacio; com­
prendió, entonces, que los contornos de un objeto
deben ordenarse en la dirección de v arios planos
inclinados unos co n tra otros p a ra que la fo rm a
sea realm ente recogida p o r el espacio, recono­
cida en cierto modo por éste en su independen­
cia cósmica. E s difícil fo rm u lar con precisión
este descubrim iento. Pero se puede m o stra r su
empleo en la obra de Rodin. Los detalles a p a ­
recen concentrados cada vez con m ás energia y
seguridad en fu e rte s unidades de píanos, y, lue­
go, como bajo la influencia de fu erza s g ira to ­
ria s se alinean, p o r así decir, y nos p arece cer
cómo esos planos fo rm an p a rte del globo te rre s ­
tr e y se prolongan h a s ta el infinito.
H e aquí “ L a edad de bronce”, de pie aún, como
en un espacio cerrado; alrededor del “ San J u a n ”,
y a todo se a leja y esfu m a a sus lados; el “B al­
zac” se siente toda la atm ó sfera, pero algunos
desnudos sin cabeza — sobre todo el nuevo y
enorm e “H om bre que cam ina”— están plantados,
se d iría, p o r encim a de nosotros, como en el es­
pacio infinito, bajo las estrellas, en medio de la
v a s ta e im perturbable g ravitación de los mundos.
P a ra Rodin, la participación del a ire fué siem ­
p re de g ran im portancia. A adaptó todas sus fo r­
m as, plano p o r plano, al espacio. E sto les daba
esa g ran d eza e independencia, esa indescriptible
m adurez que las distin g u ía de las dem ás cosas.
P ero ah o ra que, sin d e ja r de in te rp re ta r la n a tu ­
raleza, se advirtió que al mismo tiem po que acen­
tu a b a la relación de la atm ó sfera con su obra,
aquella envolvía las superficies reunidas de m a­
n era mucho m ás apasionada. iS an tes estas fo r­
m as estab an p la n tad a s en el espacio, ah o ra se
d iría que éste las a tra ía h aca sí.
A sí vió Rodin su “B alzac” en un in stan te de
concentración form idable y de trá g ic a e x a g era­
ción, y así lo creó. L a visión no se desvanece.
Se realiza. E ste desarrollo de Rodin, que rodea
de espacio los g ran d es y m onum entales objetos
de su obra, d o ta tam bién a los dem ás objetos de
un nuevo género de belleza.
Y a con los “ B urgueses de C alais” , Rodin había
logrado ese efecto en el cual resid ía el principio
fu n d am en tal de su arte . Con tales medios, podía
c re a r cosas visibles desde lejos, fo rm as que no
estab an rodeadas solam ente del aire m ás cercano,
sino de todo el cielo. Rodin podía, con u n a su­
perficie viviente, coger y m over las lejanías como
en un espejo y podía fo rm a r un gesto que le
re s u lta ra grande, obligando al espacio a p a rtic i­
p a r en él.
A sí como el cuerpo hum ano es p a ra Rodin un
todo en cuanto una acción común (in te rio r o ex­
te rio r), tien e en m ovim iento todos sus m iem bros
y todas sus fu erzas, asi tam bién p a rte s de cu er­
pos d iferen tes que, p o r u n a necesidad interior, se
adhieren las unas a las o tras, se ordenan n a tu ­
ralm en te, p o r su interm edio en un organism o.
U n a m ano que se posa sobre la espalda o el
m uslo de otro cuerpo no pertenece m ás com ple­
tam en te al cuerpo del cual ella procede: ella y
el objeto que to ca o a p rie ta fo rm an ju n to s una
cosa nueva, una cosa m ás que no tiene nombre
y que no pertenece a nadie. Y ers el caso ah o ra
de que e s ta cosa p a rtic u la r tie n e sus lím ites de­
finidos.
E ste descubrim iento e stá en el origen de la
m a n era de a g ru p a r las form as. El no tom a por
punto de p a rtid a u n as fig u ra s que se ab razan
o se enlazan; no tiene modelos a los que dis­
pone y ag ru p a. Comienza p o r los lu g a re s donde
el contacto es m ás estrecho, como los puntos c a ­
m in an tes de la obra; a llí donde se produce una
nueva fo rm a com ienza su tra b a jo y co n sag ra todo
el sab er de su in stru m en to a las apariciones m is­
te rio sas que acom pañan el nacim iento de una fo r­
m a nueva.

�Consideraciones
R A F A E L V P ÍN T U R IC C H tO

MIGUEL ANGEL

EL JUICIO FIN A L

(dotalle)

Observaciones sobre¡os Frescos Italianos del
RAFAEL

INCENDIO EN LA CIUDAD

(detalle)

L as p in tu ra s &lt;ic R afael y
P inturicehio en la S acristía de
Siena m erecen un larg o e stu ­
dio. R afael no es allí el' con­
sum ado a r tis ta del V aticano,
el p in to r de la D isputa del S acram en­
to, obra m a e stra como r.queza y a r ­
m onía p a ra no h ab lar sino el color.
En Siena es todavía un piño co p artí­
cipe de las ideas del P erugino y lleno
de ingenuidad. Une a un dibujo ele­
g an te y a a sim etría de la com posi­
ción, el am or a los bellos tonos b ri­
llantes. R esu lta una riqueza un poco
d u ra quizá, pero d isp u esta con un
g u sto encantador. Cada trozo está
concluido como si debiera e s ta r ais­
lado, pero, p o r la feliz colocación do
cada p a rte la arm onía to ta l es p erfec­
ta . Los tonos locales ricos, la s m asas
obtenidas por la disposición de los to ­
nos, los fondor, claros en el cual se
d estacan las fig u ra s, todo ayuda a
h acerlas b rille r sin perjuicio a la de­
coración general. L a m an era es ad ­
m irable y sim ple, todo e stá pintado
en g ran ’uz, los tonos intensos, ta n to
en los paños como en las carn es, es­
tá n repintados a trazo s. Los azules,
como lo hizo m ás ta rd e R afael en el
V aticano, están puntillados sobre
blanco o-azules pálidos. E ste p u n tilla ­
do, que d eja en tre v er el fondo, es de
una g ran fu e rz a v de una g ran d ul­
zura. E v ita con ese medio a d u reza
del tono entero. C laros y espaciados
en las luces, los traz o s se a m a ta n en
las som bras. E l re tra to de R afael narecido ul de F lorencia, d a una idea
delicada y graciosa de su persona.
Un C risto a fresco de! Sodoma, en
la Academ ia de Siena, es muy in te re ­
san te, porqué, en plena luz, perm ite
ver su ejecución; modelado prim ero
en tie r r a verde, los tonos de carn e
fueron dados con veladuras líquidas
en v aria s capas su p erp u estas como en
u n a acuarela. Lo mismo en Lucas
Signorelli. En F lorencia h a y dos cam ezas al óleo del P erugino hechas con
el m ism o principio .
ORCAGNA

Y BEATO ANGELICO

De v u elta a F lorencia, O rcagna me
ha p arecL o m ás herm oso todavía.
Creo que su p aleta, como la de toda
la escuela de Giotto h a s ta el mismo
R afael, no salía de estos colores:
blanco de cal, ocre am arillo, tie r r a ro ­
ja, tie r ra verde y tie r ra som bra.
En Roma, la capilla de Beato A n­
gélico es m uy herm osa y está ta m ­
bién p in ta d a en tonos de color líquido
sobre un modelado g ris o verdoso, co­
mo lo hemos hecho n o ta r v aria s veces.
Asi son tam bién los frescos de R a­
fael en el V aticano, pero m ás libres
y m ás em pastados. E n la F arn esin a
íe ve bien cómo R afael h#cía sus fo n ­
dos azules. E l cielo de La G alatea
está m odelado en g ris y el azul está
«

�sobre la Técnica del Fresco

(Extracto de un prólogo
a la traducción del “Libro
del Arte” de C. Cennini)
Víctor Mottez
T raduce.

puesto encima en largos trazos como
en el P arnaso y en Siena. E vitaba así
la dificultad que ofrece este color pa­
ra unirlo dejándole toda su vivacidad
sin dureza. Daniel de V olterra hace
lo mismo. Los fondos ce la sa la de
Psique fueron hechos así, una re sta u ­
ración d esgracia, a, que los ha recu­
bierto de una pesada capa de azul uni­
do. ha destruido la arm onía de la sa 'a
y hace ver cómo es necesario volver
a los procedim ientos de esos m aestros,
que tedo lo habían calculado p ara lle­
g a r a la perfección.
En el Vaticano, dentro de los pro­
cedim ientos de los antiguos m aestros,
R afael ha pintado con m ás soltura
que todos e ios. Sus luces m órbidas
y fundidas, hechas en plena pasta no
dejan adivinar la dificultad que o fre­
ce el blanco de cal p ara extenderlo.
Sus esbozos son francos, tanto en las
som bras como en las luces. Pero en
lu g a r de concluir como hacen los giotis ta s volviendo con esos mismos to­
nos dorados, él hace encim a de! esbozo
un trab a jo de tie rra som bra que, pues­
ta en veladuras o a trazos, lo lleva a
un g ran vigor y a un gran acabado.
E ste vigor e ra una condición de la
época.
'
En los asuntos encim a de las ven­
ta n as, como en el San Pedro, y La
Misa, donde denrasúadn vigor 'o hu­
biesen llevado al negro, son de una
m anera m ás sim ple, m ás fra n ca y ad­
m irables de eo'sor. La Misa es un
Tiziano. El tono, no recargado con
e a veladura de tie rra som bra, con­
serva una gran pureza, como n u e 'e
verse en algunas cabezas de la
D isputa.
Si R afael ha abusado un poco ce
osa veladura, no se lo puede acusar,
sin em bargo, por completo. Donde el
día es vivo y el trab a jo de las luces
difícil, donde hace fa lta unir las som­
bras de diversos objetos y obtener
cierto vigor, donde es necesario, en
fin, colorear carnes en las som bras,
la tie rra som bra es un color muy útil.
Obscurece sin ennegrecer, m antiene
el juego de los tonos claros y cía a las
carnes una localidad' de un brun v er­
doso muy lindo.
A dm irando e' empico que ha hecho
R afael de este color, no debemos ol­
v id ar que en les lu g a re s donde la luz
es ta n ardiente las som bras claras y
coloreadas con los rojos, como lo hace
Giotto, tienen m ás riqueza y son m ás
bellas.
El cie o del P arnaso está, como en
las p in tu ra s :‘e Siena, esbozado en
g ris y el azul sobrepuesto inm ediata­
m ente en la rg a s e stría s, en se n tí; o
horizontal. E sta mezcla de g ris y de
azul da al cielo una g ran dulzui-a y
cierto m isterio. Todo el P araíso, de
un herm oso colorido, de una fa c tu ra
muy libre, está envuelto por un tr a ­
bajo fino y fundido como !o sería un
Correggio.
R afael no ha puesto siem pre rojos
debajo de los azules: en la Escuela

do Atería,; ciertos azules evaporados
son casi blancos. Obtiene con el colco tar una g ran variedad de tonos ro­
jos y violetas. Los fondos de a rq u i­
te c tu ra y los terren o s son, como en los
antiguos, de una m ism a tin ta local.
Tedo, a trá s como delante, en 'a E s­
cuela de A tenas, todo lo que es p ie­
d ra es g ris am arillento, altern an d o en
el piso con piedras rosadas. La a r ­
q uitectura, m ás clara que los p erso ­
najes, los aisla y ac la ra el conjunto
de la composición.
Julio Romano, no es c a r o y sim ­
ple como él. Todo es confusión, sin
efecto decorativo. A um entan esta
confusión la,; som bras n eg ras que
form an con las luces, de lejos, dos
objetos diferentes. Sin embarg-o, una
vez producido este efecto, uno se p re ­
gu n ta si este' defe'cto no a g re g a algo
a la vibración g en eral de la P ata lla .
R afael perfeccionando las fo rm as
ha conservado de ¿os an tig u o s las
cualidades de color y de arm onía.
Sus relaciones dg tono son ju sta s, sus
p asajes delicados, su modelado muy
fino, sin muchos detalles. La te n ­
dencia que tiene a veces al negro
debe venirle del óleo que tam bién
practicaba.
En el fresco empleo g ran cantidad
de am arillo, sea p ara d o rar ¡as c a r­
nes, sea en los paños. En la D isputa
todas las nubes son de tie r ra som ­
bra. Sin em bargo, el aspecto gene­
ral es un g ris cálido, porque la cali­
dad am arilla es co m b atirá por la a r ­
quitectu ra y te rren o s g ris franco,
por paños blancos, por azules, pot­
rosas y verdes puros.
En ios paños blancos, de un tono
muy suave y distinguido, mezcla la
cal con tie rra sonnoraa nace somDra-i
pálidas, modela mucho, sin b u scar de­
m asiado relieve. E n la E arn esin a la
p rim era im presión sorprende, com ple­
tam ente d istin ta a la del Vaticano,
hay menos vigores y m enos veladu­
ra s y a menudo se en cuentran los ne­
gros de Julio Rom ano y los fondos
azules unidos, restau rad o s, producen
por de pronto un efecto curo. D es­
pués uno se asom bra de la limpidez
y la fran q u eza del color. La luz se
extiende en gran d es m asas, sin ve­
laduras, con una p u jan za y una m or­
bidez de modelado que indican a r tis ­
ta s m uy hábiles. En alg u n as fig u ra s
el modelado es un poco débil.
Yo creo que las som bras claras de­
ben ser em p astad as y sólidas. He
observado a menudo, sobretodo en
S ebastián del Piombo en la F arn esina, que los colores dem asiados líqui­
dos, si no se los lleva a un g ran vi­
gor, desaparecen con el tiem po.
La arq u itectu ra de la Escuela de
A tenas está p in tad a en tre s grande*
pedazos. El enduido hecho ap resu rauam ente, no es ap retad o y ha queda­
do poroso, está resquebrajado y el
tono de la a rq u itectu ra es opaco.
Donde com ienzan la,; cabezas e: so-

C.

G iam biagi

po rte está m ás cuidado, m ás unido y
no tiene ra ja d u ra s: la p in tu ra se con­
serva bien.
Los pintcrucchio que están
O nofrio son muy herm osos.
veda de la Ig lesia del Pópolo
ebra m aestra. V asarl habla
ligeram ente.

en
La
es
de

San
bó­
una
ella

Lr,- Sibilas de R afael lian sido
enceradas y lian perdido mucho como
color.
En A ra Coeli, a la izquierda en la
iglesia, hay un fresco del siglo XV
sobre una columna a n tig u a p u lirá.
El enduido tiene un espesor de in e­
dia línea. R ep resen ta un ‘San Ju an
y está m uy bien conservado.
MAS.■UTIO Y DOM INIQUINO
I.as frescos de M asaccio, en San
Clem ente, son muy herm osos y den­
tro de los principios antiguo,;. De
un bello color y bien conservados.
j.-s ne pem iniquino, en San Gregor.o, sun eie u n a ejecución acadé­
m ica y de un color terroso. H ábi m ente hechos, están mal conserva­
dos. Los de Guido Reñí, que están
¿m írente y en la capilla, son de- eje­
cución pequeña, secos, duros, y se­
gún mi opinión, m uy m ediocres.

MIGUEL ANGEL
No habiéndom e ocupado en estas
notas sino del color y de la ejecu­
ción, lie consultado sobre- todo a los
m aestros que han pintado a buen
fresco y sin retoques. He dejado,
p o r lo tan to , a M iguel A ngel, sobre
e. cual h ab ría notas m uy in teresan ­
tes que hacer, si so lo pudiera ven­
de cerca. De lejos es imposible dis­
tin g u ir el buen fresco del retoque.
Se dice que cuan o come-nzó la ca­
pilla, no habiendo realizado nunca
un fresco, tom ó afresq u istas flo re n ­
tinos que tra b a ja ro n delante suyo,
los despidió, destruyó sus obras y
comenzó solo.
E ra imposible, a p esar de su ge­
nio, que no su frie ra las sorpresas
desconcertantes que a menudo re se r­
va esta p in tu ra. Sin experiencia, los
cam bios le debían ocasionar e x tra ­
ños percances y la posibilidad del
retoque a te m p era debía te n tarlo
fu ertem en te.
P a rte e que estos retoques son tan
num erosos que no se puede soñar en
lim p iar sus p in tu ras. Si fu e ra n a
fre-sco puro un buen la v aje q u itaría
todo el humo de los cirios y las m an ­
chas que cubren el Juicio Fina!. 'Se
vería entonces la p in tu ra tal cual
salió de sus manos.
9
N. V íctor M oitez fu é d is c íp u lo d e
in g r e s , lu c h ó in c a n sa b le m e n te por
dar al fresc o su lug a r d e o tres
tie m p o s en la decoración m onu
m ental.

�LVCA SIGNORELLI.
Sus FRESCOS en la CATEDRAL de ORVIFTO
. . . y m ejo r no p o áríam os v e r sim bolizada esta trem enda fe q u e e l tu v o
e n e l arte, y e s e lúcid o d o m in io q u e su p o ejercitar so b re su s p ropios
alecto s que en aquella gra n d ísim a constancia d e ánim o con q u e
s e g ú n cuenta e l Vasari — *‘£ i viejo p intor, sin llorar ni v erte r lá­
g rim as, quiso u n día traer e l cuerpo d e sn u d o d e su hijo asesinado,
para v e r siem p re q u e e l q u is ie se m e d ia n te la obra d e s u s m anos,
a q u e llo que la naturaleza le había dado, y lu e g o quita d o la inicua
F ortuna.9i

El d e sp e rta r del pensam iento motftrno, a fines de la Edad Media, h a s ta entonces
oprim ido p o r la autoridad de la IglefiiL se caracteriza “p o r el abandono de las espe­
culaciones sobre los m isterio s de la fe y la s cuestionas transcendentes, p a ra acercarse
cada vez m ás a e sta vida, h a s ta que, pdco a poco, la investigación del esp íritu humano
se convierte en centro del pensam ien'* filosófico.” (A. M esser).
M aravi losa expresión de este d esp ertar del pensam iento m oderno fué, en In g la ­
te rra , San F rancisco de Assís. Rompiendo la rigidez a b stra c ta de los dogm as reli­

un Giotto, expresado con una ciencia ex trao rd in aria. V assari
hace re s a lta r la influencia innegable de la obra de Signorelli
sobre el g ran Miguel A ngel, el a rtis ta que cierra con s u poderosa
personalidad el quiniento italiano y to d a una etap a en el camino
del arte .

giosos, abre los ojos a la vida y cx*ta la belleza de sus “h erm anos” los anim ales,
las p la n ta s y las flores. E s ta visión fel mundo, este sentim iento de am or a los hom ­
bres, los seres y las cosas, canceróse» y profundo, es el que inicia la tran sfo rm ació n
del a rte bizantino, ab stra cto y sim tafeo , hacia un a rte religioso hum anizado de un
realism o a trav é s del tiem po cada v « m ás perfecto y expresivo.
De aquella im agen que CimabueJ a n te el asom bro de la gente, h iciera sonreír
por p rim e ra vez, h a s ta M iguel Anjfel; d u ran te dos siglos, e l esfuerzo colectivo y
convergente de los a rtis ta s dirigido por el suprem o ideal de c a p ta r la vida, tiene
como consecuencia n ecesaria el perfeccionam iento técnico. E l dominio de 'a fo rm a y
el espacio, de la luz y el color, de lá composición y la arm onía, al que* llegaron los
a r tis ta s d e’. Renacim iento, obedece únicamente a esa im periosa necesidad de ex p resar
el nuevo sentim iento de la vida universal. E ste movimiento, g eneral en el mundo
cristian o de la época, llevó a los artistas a la observación profunda de la vida cir­
cu ndante; se la analiza, se desentrañan sus leyes, se crean ciencias, en una palabra,
se inicia el im pulso que d a origen a los tiem pos m odernos. Muchos a rtis ta s fueron
de sab er u niversal, m atem áticos, arquitectos, escultores, pintores, filósofos, cuyo re ­
p rese n tan te m ás excelso fué Leonardo.
Si la sontrisa de Cimabue y el hondo dram atism o de G iotto son los comienzos,
SignorelM (1441-1523), rep rese n ta el pleno dominio de los medios de ex p res’ón, form a
p erfec ta y rig o r m en tal p a lp ita n te de vida. Discípulo de uno de los m ás g randes
m a estro s del cuatrociento, P iero della Francesca, cu y a o bra es de una au sterid ad de
form as quizá inigualada, Signorelli siente aún el tum ultuoso dram atism o cristiano de

L as reproducciones que publicam os fu ero n tom adas del li­
bro de Enzo Carli, publicado por el In stitu to Italian o D ’A rti
G rafiche - Bergam o. Son, de izquierda a derecha y de arrib a
hacia abajo:
E xterm inio de un cristiano.
Cabeza de un a m adre.
Condenados al infierno.
‘Soldados fulm inados.
R e trato de Giovan P ao ’o Baglioni.

�COMENZANDO LA PUBLICACION DE REPRODUCCIO­
NES DE SOCIOS PREMIADOS EN SALONES OFICIALES
O CUYOS TRABAJOS HAYAN SIDO EXPUESTOS, DA­
MOS AQUI LOS PREMIADOS EN EL VII DE MAR DEL
PLATA, SALON DE SANTA FE Y EXPOSICIONES IN­
DIVIDUALES.

VIH SALON DE MAR DEL PLATA
A u to-retrato - O leo d e AARON LIPIETZ
S e g u n d o Prem io

VIII SALON DE MAR DEL PLATA
R oberto R ossi - »‘LA M ESA V IO LE T A "
OLEO
Prem io E sp ecial p a ra A rtista s d e la
P ro v in cia d e B uenos A ires

VIII

SALON

DE

MAR

DEL PLATA

A ntonio S a sso n e - “ EL FORJADORA
FIBROCEMENTO
P rim e r Prem io ‘‘M inistro d e O b ra s
P ú b lica s Ing. Raiíl A. M erca n te ” .

VIII SALON DE MAR DEL PLATA
C arlos B iscione - “ C O NFID ENCIA”
YESO
Prem io E special p a ra A rtista s d e la
P ro v in cia d e B uenos A ires
ESCULTURA
ADQUISICION

• NOTICIAS
El escultor Sassone in au g u ró en n u e stra g alería de exposiciones,
el día 15 de junio, una m u e stra de sus ensayos sobre nuevos
m a te ria ’es plásticos p a ra p in to ras, escultores y g rab ad o res; com ­
prende los sig u ien tes procedim ientos:
P in tu ra p étrea, aplicable sobre planchas de fibrocem ento,
p iedras, m uros, o cualquier m aterial consistente, p a ra decoración
m ural, in te rio r y ex terior.
N uevo fresco, sobre 2 ¡man. de espesor p a ra decoración m u­
ral in te rio r y ex terio r, sobre planchas de fibrocem ento, m uro,
piedra, etc.
¡Oleo petrificab le, p a ra decoración in te rio r y p in tu ra de ca­
b allete; ap ¡caíble sobre m uro, fibrocem ento, hierro, piedra, p iza­
r ra u otro m aterial consistente.
F resco al óleo (Frescóleo) sobre p asta especial y óleo di­
luido; ap licab 'e sobre m uro, fibrocem ento, hierro, piedra, etc., y
cuya superficie perm anece p in tab le h a s ta un año.
“ MUJER PEINAND O SE” T em p era
BRUNO VENIER
P rem io estím u lo
Bolsa d e C om ercio d e S anta Fé.

�KVI SALON DE SANTA FE
“ EL fi/O ” oleo
ENRIQUE POLICASTRO
Prem io
M artín R. G alisteo

XXVI SALON DE SANTA FE
“FIG U RA CON FLORES” oleo
LEOPOLDO PRESAS

SALON PEUSER
“ PA SAJE SO LIT A R IO "
oleo
SERGIO BELAIEFF

GALERIA ALCORTA
“ LA MADRE” oleo
OSCAR CAPRISTO
SALON PEUSER
“ LA CHOLA A G U A T E R A ”
oleo
M. ZORRILLA

SOCIETARIAS ♦
P in tu ra al seco, sobre preparación especial p ara decoración
m ural in terio r y exterior.
Grabado en fibrocem ento blanco; con este procedim iento de
consistencia incalcu able, se pueden reproducir, inclusive, cuadros
antiguos, poseyéndose la plancha original.
G rabado a cincel sobre hierro.
P lastilin a petrifica-ble p a ra modelado directo.
A lgunos &lt;ie estos ensayos d atan del año 1932 y fueron ex ­
puestos a la intem perie; adem ás ce estos procedim ientos inéditos,
el escultor Sassone expuso tre s pirograbados.
El día 15 de
nes una m uestra
divert, residente
m u e stra refirm a
A udivert.

abril se efectuó en n u estra sala de exposicio­
de grabados de nuestro consocio Pompeyo Auen estos mom entos en P a rís; la calidad de la
el concepto del auténtico a rtis ta s que hay en

D isertó en n u estro local social el pin­
to r venezolano G abriel Bracho. La con­
ferencia fué seguida con ex trao rd in ario
in terés p o r num eroso público, en tre los
que se en contraban fig u ra s rep rese n ta­
tiv a s de las le tra s y la p ástica arg e n ­
tina.
T erm ina de efectu arse en n u estra sala
de exposiciones una m u estra de 22 g r a ­
bados de n u estro consocio V íctor Rebuffo; la calidad ex tra o rd in a ria de las
obras presentabais, su sólida técnica,
y el profundo hum anism o que se des­
prende de cada una de ellas, hacen que
ésta sea una verd ad era m u e stra de ex­
cepción.
Y dos in te resa n tes m u estras de dibu­
jos, por E. Balan y la p in to ra ManeB ernardo, respectivam ente.

�EL XVI SALON DE O T O N O DE LA S. A. A. P

V istas p a rc ia le s d e l XVI SALON DE OTOÑO

D espués de salv ar los obstáculos que se cruzaron
en el camino de la realización de este certam en anual,
cristalizó el anhelo societario, en las salas de Peuser.
Obviadas todas las dificultades — el jurado realizó
su labor de selección con am plitud de criterio y gene­
rosidad com prensiva, a l ofrecer un panoram a de las
inquietudes de nuestros asociados. E n ella cupieron
los esp íritu s m ás singulares, sin lim itación de te n ­
dencias, ni prioridad de escuelas estéticas. F ru to del
esp íritu societario fué este certam en que siem pre pone
la n o ta constructiva en la elaboración de la cu ltu ra
p lástica del país.
L a buena disposición de las .obras —la casi unifor­
m idad del tam año— y la inteligente colocación co n tri­
buyeron a h acer re s a lta r la m uestra, la que fué v isitad a
p o r num erosa concurrencia, pese a la escaisa resonancia
publicitaria.

•

BIBLIOGRAFÍA

ESTETICA -

Morit\-Getger

E n un volumen de 166 p áginas provisto ¿e un apén­
dice bibliográfico elaborado por Raim undo Lida —
quien escribe tam bién una “A dvertencia” prologal y
traduce el prim ero de los trab a jo s que com ponen el
libro— ed ita A rgos dos im p o rtan tes m onografías del
filósofo alem án M oritz Geiger, fig u ra descollante de la
estética fenom enológica actual.
E l im perio de estos
tra b a jo s — “Los problem as de la E sté tic a”— constitu­
ye un m agnífico p anoram a sintético de la situación ac­
tu a l del problem a, que incluye una síntesis de las p rin ­
cipales corrientes de esa p a rte de la filosofía, o de
e sta “ciencia autónom a”, según quiera juzgársela.
T anto po r la objetividad del juicio como por la clari­
dad de la exposición, e s ta síntesis es u n a lectu ra in ­
dispensable p a ra quienes deseen poseer o ac la ra r un a
visión de conjunto de lo que se lleva hecho en la m ateria
desde B aum garten h a s ta la fecha. E n su “Introduc­
ción” señala G eiger dos m étodos fundam entales de la
estética, en su esfuerzo por su p e ra r la relativid ad de
ese juicio considerado subjetivam ente, es decir, en su
esfuerzo p o r lo g rar categoría científica. El prim ero,
dirigido a lo g ra r de u n a vez po r todas “la esencia del
v alo r estético”, de donde podría aplicarse a un abso­
lu to invariable, co nsistiría por ello mismo en un a “f i­
losofía del v alor estético”. El segundo, que en lu g a r
de soslayar la relatividad del juicio estético “corre a
tra v é s de ella”, es em pírico y descriptivo, o teniéndose
al estudio de los hechos relativos y de las experiencias
sin d esca rta r necesariam ente que este procedim iento
pueda llevar al descubrim iento de norm as y aun a
consecuencias de c a rá c te r absoluto, de las que sin em ­
b argo debe despreocuparse. D entro de esta corriente

g en eral inicia la explicación concisa y clara del des­
arro llo de las te o rías estéticas, dividiendo su libro en
v arios capítulos que tr a ta n respectivam ente la estética
axiológica, con todos sus m atices; la em pírica, la p si­
cológica, añadiendo un capítulo fin al sobre la ciencia
g en eral del arte .
L a segunda p a rte del volum en incluye el ensayo de
G eiger sobre E sté tic a fenom enológica, que fu e ra la
d isertación leída p o r el filósofo en el Segundo Con­
greso de E sté tic a y T eoría g eneral del a rte , y que se
p u b licara luego en e. volumen de G eiger “A proxim a­
ción a la estética”, editado en 1928. E xpone aquí la
esencia del método fenomenológico que, sin desdeñar
las enseñanzas de la investigación em pírico-evolutiva,
a sp ira a p a r tir del hecho m ism o estético captado por
intuición, facu ltad é s ta que debe ejercerse en las con­
diciones p ropias de esa disciplina filosófica, y que el
a u to r explica su scin ta pero claram en te. Todo ello ex­
presado en un lenguaje eleg an te, ageno a toda p e­
d an tería p rofesoral, y p o r m om entos persu asiv o y con.
vincente, en el que se ad v ierte u n tono problem ático
que no preten d e im poner sus verdades sino que, m ás
bien, p refiere som eterlas a la discusión y la re f lexióu
del lector. El libróse im prim ió en la Im p ren ta López,
en m arzo del co rrien te año.
R. P.

�MANUEL BELGRANO
FUNDADOR DE LA PRIMERA ESCUELA DE DIBUJO
L a fisonom ía intelectual de este hijo legítim o de la Revo­
lución de Mayo, cobra relieves insospechados en la m edida
en que el tiem po que tra n s c u rre fija los p erfiles netos de la
civilidad. Tenía rasgos m uy singulares este gen eral de un
ejército libertador, a quien las obligadas experiencias en la
construcción de una nueva nación, lo investían de hom bre
de acción, al grado ta l que abarcaba ta re a s de distin to orden.
G uerrero en los cam pos de batalla, econom ista en la con­
ducción del pensam iento revolucionario de Mayo, educador
en el ám bito de la naciente cu ltu ra, desnudando siem pre su
honradez y desinteresi&amp;s, su serenidad, rec titu d y am or a los
principios rectores de la nación, conduciéndola p o r los sen­
deros de las ideas p ro g re sista s. He allí sus ideas co nstruc­
tiv a s en las gestiones p a ra la fundación de la p rim e ra E s­
cuela de D ibujo, fu n d ad a el 29 de mayo de 1779, d u ran te
su actuación al fre n te del Consulado. O frecem os a n u estro s
lectores, como adhesión a la fecha significativa, la publica­
ción e x tra ta d a de un artículo suyo, aparecido en su Memo­
ria Económ ica, intitulado “E l dibujo, alm a de las a rte s ”.

“Los buenos principios los adquiría el artista en una escuela
de dibujo que, sin duda, es el alma de las artes; algunos creen
inútil este conocimiento, pero es tan necesario, que todo me­
nestral necesita para perfeccionarse en su oficio: el carpintero,
cantero bordador, sastre, herrero y hasta los zapateros no po­
drán cortar unos zapatos con el ajuste y perfección debida sin
saber dibujar. Aun se extienden a más que los artistas, los be­
neficios que resultan de una escuela de dibujo: sin este conoci­
miento los filósofos principiantes no entenderán los planisferios
de las esferas terrestres de las armilares que se ponen para el
movimiento de la tierra, y más planetas en sus respectivos sis­
temas, y, por consiguiente, los diseños de las máquinas eléctr'eas
y neumáticas y otros muchos q.ue se ponen en sus libros; al
teólogo, a quien le es indispensable algún estudio de Geografía,
le facilitará el manejo del mapa y el compás; al ministro- y el
abogado el de los planos icnográficos, y agrimensores de las ca­
sas y terrenos sembrados que presentan los litigantes en los
pleitos; el médico entenderá con más facilidad las partes del
cuerpo humano, que se ve y estudia en las láminas y libros de
anatomía; en una palabra debe ser este conocimiento tan gene­
ral, que aun las mujeres lo debían tener oara el mejor desem­
peño de sus labores; así se explica el sabio escritor Paramo, y
yo, no teniendo que añadir, digo oue es forzoso que esta Junta,
cuya obligación es atender por todos los medios posible a la fe­
licidad de estos países, lo establezca (igualmente que una Ar­
quitectura, pues en los países cultos no solamente es út"l, sino
de primera necesidad), en todas las ciudades principales del
virreinato, y con más prontitud en esta Capital, para cuyo caso
tendré el honor de presentar unas constituciones y método de
enseñar principalmente a aquellos que se destinan a los oficios
menestrales, pues no deberían ser maestros en ningún ofic;o,
ínterin no hubiesen hecho sus exámenes sin tener que exigir
ningún derecho con aprobación del director y maestro de la es­
cuela, que es indispensable se hagan venir de la metrópoli: los
premios que se propusiesen a los escolares deberían igualmente
aplicarse por éstos al más benemérito.”

SANTIAGO DEL ESTERO
El conocido artista santafecino
Raúl Schurjin, quien se encuentra
en la ciudad de Santiago del Este­
ro, donde realizó una exposición de
sus obras, pronunció una conferen­
cia sobre temas de arte, en la sede
de la Biblioteca Sarmiento.

El acto contó con los auspicios del
Círculo de P ro feso res D iplom ados
de S antiago del E stero y asistiero n
al mismo los a'u m n o s de la E scuela
S uperior de B ellas A rtes de la U ni­
versidad: de Tucum án, quienes ju n ta ­
m ente con el D irector del In stitu to ,
Sr. Spilinbergo, se e n c u en tra n en
viaje de estudio en la referid a c a ­
p ita l norteña,

CORDOBA
N uevam ente ocupa el p 'an o del in ­
te ré s y del com entario, la actividad
que en bien de la cu ltu ra a rtístic a
de Córdoba viene cum pliendo L V
2, Radio C entral.
Rom piendo la ru tin a e-n que pol­
lo g en eral desenvuelven sus a c tiv i­
dades las em isoras en n u estro país,
Radio C entral, p o r interm edio de su
aseso r literario , el e sc rito r Lobos
P o rto , concretó en realidad una idea
d ig n a de elogio: la difusión de la
actividad plástica, m ediante com en­
ta rio s y exposiciones de arte .
A sí surgió la audición “N u e s tra
C u ltu ra ”, en el año 1938, cum plien­
do desde entonces un a b rilla n te t r a ­
yectoria, que m ereció los juicios m ás
encom iásticos p o r p a rte del público
y la crítica. P o sterio rm en te, como
com plem ento de esa audición, Lo­
bos P o rto organizó p a ra Radio Cen­
tr a l el P rim e r G ran Salón de Be­
llas A rtes, al cual concurrieron con
sus obras los a r tis ta s m ás d estac a­
dos de n u estro medio.
Con motivo de cum plirse el an i­
versario de la p rim e ra exposición,
Radio C en tral o rg an iza actu alm en te,
p o r interm edio del señor Lobos P o r­
to, el 'Segundo G ran Salón de Bellas
A rtes.

ROSARIO
E n el local de la Sociedad A rg en ­
tin a de A rtis ta s P lástico s, calle San
Lorenzo 1211, se in au g u ró oficial­
m ente la exposiciónhom enaje de' los
artisx as plásticos fallecidos, Ju an
B erlin g ieri, E n riq u e M-unne, M anuel
M usto, A ugusto J. Olivé, M iguel
Roldán B atille, A ugusto Schiavoni y
Salvador Zino.
O rg an iza este acto la entidad
m encionada, con la colaboración de
la S u b secretaría de C u ltu ra de la
M unicipalidad y la D irección del
Museo M unicipal1 ide B ellas A rtes
“Ju a n B. C astag n in o ” .
Se expondrán 77 obras de los m en­
cionados a r tis ta s que h an co n trib u i­
do poderosam ente al desenvolvim ien­
to cu ltu ral de la ciudad y del país.

BAHIA BLANCA
E n la s g alerías de a rte de la A so­
ciación B e rn ard in a R ivadavia quedó
in a u g u ra d a la anunciada exposición
de obras de un a colección p articu la r,
m u e stra que es au spiciada p o r el
D ep artam en to de E xtensión C ultural
del In stitu to Tecnológico del Sur.
E e exhiben telas, alg u n as de las
cuales se atrib u y en a B assano, p e r­
ten ecien tes a u n a fa m ilia de p in to ­
re s del siglo XVI. C om pleta la
m u e stra , u n a serie de dibujos de
g ra n fa c tu ra , así como bocetos y
tro zo s de lienzos que p resu m ib le­
m ente, son fra g m en to s de g randes
cuadros.

SANTA FE
M useo M unicipal de B. A rtes, p in­
tu ra s de Ludovico P ag an in i y es­
cu ltu ras d e Isra el H offm an.
E n la g a le ría P eu ser de Bs. A ires
óleos del p in to r santafecino Ricardo

Supusiche,

�Actividad Plástica
en Paris

A N D R E A
NTEGNA
V iñeta do

(P o r S. FELD M A N . C orresponsal
cío ‘FORM A ’’.)

A. S asso n e

Hablar de Mantegna en estos
momentos, es actualizar aque­
llos grandes maestros que die­
ron origen a la pintura monu­
mental.
El humilde pastorcillo mantovano, discípulo de Squarcione, en Padova, es aquel que es­
taba predestinado a reafirmar
de manera indiscutible, más
/ i %
que ningún otro artista de su
JÉÉ&amp;
■ '' L
época, aouellos principios plás­
ticos implantados por el genio de Giotto; esto e s : líneas firmes,
formas cerradas, i y composiciones de concepto arquitectónico.
Este gran pintor que a la edad de 17 años pintaba como
un maestro, a quien Inocencio VII denominó “Caballero del Ar­
te”, por sus dotes artísticas, y por sus finos modales, es quien
da personalidad al siglo XV italiano, apartándose por com­
pleto de la v:sión bizantinista de Simone Martini y Cavallini,
principalmente, la cual había predominado hasta entonces, y
juntamente con Donatelto y Lúea Signorelli, se forma el tríp­
tico genial que debía dar origen al alto Renacimiento italiano.
El patetismo de Mantegna fué el principio de la humani­
zación del Arte; Este señor de la pintura mural, que copiara
d’e joven las estatuas antiguas en sus obras, por hallarlas más
perfectas, fué difamado por su maestro (Squarcione) a raíz de
ese abuso’.
Mantegna, para demostrar que tenía más capacidad que
su maestro en copiar del natural, pintó retratos de amigos en
los muros de la capilla de S. Crisóstomo (posiblemente destro­
zados hoy por alguna bomba satánica). Allí estaban el gran
médico G. Della Valle, B. Fuzimeliga, Dr. en leyes, y otros
(a Squarcione, por burlarse, lo pintó en forma grotesca, em­
puñando una lanza).
Desde esa época comenzó la gran etapa de su carrera ar­
tística fusionando el color con la forma; el contenido con la
belleza abstracta, lo evidencian: “El triunfo de César”, en el
palacio S. Sebastián; “San Juan bautizando a Jesús” (en Ro­
ma), y otras cbras maestras de su genio creador.
Murió en el año 1501. Según algunos comentaristas, El
Vasari estaría en un error al creer que Mantegna hubiese muer­
to an 1517 a la edad de 66 años, al mismo tiempo la nueva
fecha de su muerte excluye la posibilidad de que hubiera pod:do ser el maestro de CorreggioA. Sassone

Vil

SALON

Mendoza. — El día 9 de julio del
corriente se inauguró en la Gale­
ría “Giménez”, de esta ciudad, el
VII Salón de Cuyo —auspiciado
por la Sociedad Argentina de Ar­
tistas Plásticos (Filial Mendoza)
—63 expositores con un total de
93 obras que se exhibieron ante

DE

D u ran te el V erano, aquí, en P a ­
rís, como en casi todos lados, las ac­
tividades p lásticas están prácticam en ­
te suspendidas, pero el medio cu ltu ­
ral es de ta n en v erg ad u ra, que puede
co n ten ta r al m ás exigente.
A notam os las m ás im p o rtan tes:
En la M aison de la Penseé, G5 óleos
de Pablo Picasso, ejecutados con la
reciedum bre d e’.1 g ran m aestro , pero
den tro de su ú ltim a línea conocida.

Exposición de ab ras recien tes de H.
M atisse, en que hace lle g ar la deco­
ración a un grado de fin u ra y su ti­
leza ex trao rd in ario s. F ig u ra n en la
m u estra ilustraciones p a ra “ L etres
P o rtu g a ise s” , de M aranna A lcan fo ra­
do, y “F leu rs du M al”, en los que sus
lito g ra fía s llegan a una depuración
del trazo y del arabesco realm en te
notables.

B ourdelle: en el P e tit P alais y en
los que fueron sus talleres, estas dos
m u e stra s reúnen m ás de doscientos
trab a jo s, en los que se puede seg u ir
el p aulatino dominio de la fo rm a, del
ritm o y de la composición.

Exposición G auguin en el mdseo
de L ’O rangerie. Se lian reunido en un
esfuerzo considerable, u n a g ran can ­
tidad de óleos, escu ltu ras, ta lla s, g ra ­
bados, dibujos, n o tas y cuadernos.

E n Julio se clausuró el Salón de
Mai, y ah o ra perm anece abierto el
salón de R ealités Nouveles en los que
se reúnen los a rtis ta s de tendencia
a b s tra c ta y sem i ab stracta.

En ia g alería Maeg'ht, obras de H in­
que, L eg er y Miro. En la B iblioteca
N acional, obras de P oussin, y en el
“A telier D elacroix” “ D elacroix y el
p aisaje rom ántico”.

CUYO

una crecida cantidad de público,
y obtuvo el eco favorable de la
crítica; por la cantidad de figuras
can sagradas, y el gran número de
nuevos valores, tanto de esta ciu­
dad como de la central, este salón
Justificó ampliamente e) esfuer­
zo de sus organizadores.

�VAN

RIEL

GALERI A

D E

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                  <text>Ejemplares 22 a 27, 33 y 34 y 2 ejemplares especiales de la revista Forma, publicados entre 1936 y 1951.</text>
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                    <text>�IZQUIERDA
COMISION
DE
PRENSA

CARLOS SANCHEZ VIAMONTE
BENITO MARIANETTI
BARTOLOME A. FIORINI
URBANO EYRAS

LIBROS -----------Correspondencia de Redacción y Ad­
ministración: 25 DE MAYO 67 5.0 piso
Escritorio 54, 55.

de B. MARIANETTI
recientemente aparecidos

LA L U C H A POR EL
S O C I A L I S MO
DE LA MUNICIPALIDAD
A LA COMUNA
Pedidos a la Administración de
“IZQUIERDA” adjuntando el importe
de UN PESO POR CADA UNO.

de EMANUEL SUDA

EL PARTIDO SOCIALISTA
FRENTE A LA REALIDAD
ARGENTINA
PRECIO DE VENTA PESO 020

�/ f u n d a c ió n " ESPfGA

Año I - No. 3

■ tica y A cción So c ia l is t a

Buenos Aires, Diciembre-Enero de 1935

La próxima elección
★

El Partido acaba de designar su candidato a senador por la Capital Federal.
Este candidato saldrá triunfante, sin duda. Por unos cuantos años más, si no
media ningún nuevo golpe de estado, si otro general no se decide a desfilar desde Cam­
po de Mayo a la Avenida, para la salvación de la patria, tendremos al lado de la banca
que subsiste al segundo senador socialista.
Se beneficiará con esto la clase trabbajadora? Habrá dado un paso más hacía su
emancipación? Si o no, según la intención que ponga cada elector al depositar su su­
fragio. Si o nó, según las directivas con que la campaña electoral se realice. Si o nó, se­
gún lo que diga y haga el senador socialista.
Si el candidato del partido fuera ungido a la representación por el auténtico pro­
letariado de la capital que exterioriza momentáneamente su decisión de transformar
la sociedad capitalista en la socialista por el voto dado a un hombre de su seno, y si
este proletariado va a la elección apoyado por los sectores de las capas medias de la
población que han perdido su mentalidad reaccionaria de pequeña burguesía, y se han
convencido de que solamente la clase actualmente oprimida es capaz de realizar una
organización social libre de explotación, habremos adelantado un paso en el camino del
Socialismo.
Pero si el electorado se recluta entre trabajadores que solo aspiran a vegetar en
el taller del patrón trabajando media hora menos o ganando medio peso más, o en­
tre empleados ambiciosos de prolongar durante una semana las vacaciones pagas y si
a este proletariado sin conciencia de clase se agregan los sectores de la pequeña bur­
guesía que no han perdido un ápice de sus pretensiones de subsistencia: comerciantes
que quieren liberarse de impuestos, patroncillos que quieren ampliar su taller, intelec­
tuales que protestan porque no se hace bastante justicia a sus enormes méritos y que
votan a un socialista como el mal menor, porque les representa la máxima garantía
de estabilizar el régimen actual en provecho de sus absurdas ilusiones particularistas,
como manana votarían a un radical o como ayer votaron a un “socialista independien­
te”, entonces el sufragio emitido será un engaño peligroso para nosotros mismos.
Si las directivas de la campaña electoral fueran la de atraer hacia el partido al
proletariado conciente de sus intereses de clase y la de convencer a las capas interme­
dias de que no se puede fomentar ficticiamente su crecimiento, la acción electoral
podría contribuir a la lucha por el socialismo.

�Pero si la prédica se dirige con pretendida habilidad hacia cada uno de los secto­
res prometiéndole apoyar sus aspiraciones como tal; si a los médicos se les promete
que el socialismo contribuirá a aumentar su clientela, y a los comerciantes a aumentar
sus ventas e instalar quizás una pequeña sucursal, si a los patrones chicos se les hace
criar alas de patrones grandes, siempre que “respeten el derecho al trabajo de sus asa­
lariados”, si a los militares se les explica que los socialistas no somos enemigos del
ejército y a los curas que no somos de la religión, y a los “fieles sinceros” que respe­
tamos esa estúpida “sinceridad”, si a los intelecutales les prometemos rendir pleite­
sía a sus inmensos méritos de pensar como conviene a los que gobiernan, si mendiga­
mos los votos de los almaceneros y de los “buenos capitalistas”, habremos debilitado
aún más al socialismo y alejado las soluciones fundamentales.
Y finalmente, si el senador socialista tomara la tribuna del Senado piara exponer
desde ella la solución marxista dé los problemas económicos, si se sentara frente a los
representantes de la burguesía, no como un adversario leal, conciliador y “caballeresco”
puesto que nuestra lealtad solo puede existir para los compañeros de clase oprimida, la
conciliación de estas clases es imposible y la caballerosidad es patrimonio de los distin­
guidos explotadores del pueblo; si el senador socialista hiciera el proceso de la fascistización del Estado liberal y de la ignominiosa represión de la policía y de los jueces
contra los obreros organizados, si explicara en el Senado que los trabajadores argenti­
nos “no tienen patria” y que están más cerca del proletariado de cualquier otra región
del globo que del más virtuoso compatriota de la burguesía, si la actividad legislativa
no sirviera para perfeccionar el aparato de explotación capitalista sino para reclamar
la libertad de opinión del pensamiento revolucionario, si todo eso sucediera, la elec­
ción nos habría hecho adelantar un trecho en la lucha.
Pero si el Senador Socialista no hace esto, su labor parlamentaria, más que in­
terpretar las aspiraciones del proletariado políticamente organizado en su marcha as­
cendente hacia la conquista del poder, servirá para consolidar el sistema capitalista.

Grabado de Chelo

�COMENTARIOS
naturaleza conservadora de la mujer a cual­
ENUDEAN los atentados fascistas, contra quier
clase social que ella pertenezca. Mienten
los locales socialistas. A nte la im punidad los que
relacionan su indiferencia social con
que disfruta, se envalentona día a día la m ucha­
su
misión
biológica. Si es verdad que el papel
chada del fascio argentino. N uestra clase dirigen­
primordial
de la mujer es .el de madre, contra
te incluso su gobierno, mira com placida lias pa­
esa verdad se levanta el hecho inicuo de que
trióticas hazañas de sus r e to ñ o s...
En vano proclaman los parlam entarios socialis­ en la sociedad capitalista la inmensa mayoría
tas en las cámaras, los oradores socialistas desde de las madres echan hijos al mundo de ante­
las tribunas públicas, los redactores socialistas mano condenados a ser presas de la miseria
desde su prensa, en vano afirm an sus efusividades o pasto del cañón. Nada pues tiene que con­
patrióticas; en vano ubican a la gloriosa A rgen­ servar la madre obrera, y la madre pobre en
tina en la cumbre de la grandeza, en vano se general, nada tiene que perder. En cambio
constituyen com0 continuadores de Moreno, de Al- con la transformación social que realizan las
berdi.
falanges proletarias, tienen todo -un mundo
Todo inútil. N adie íes cree. El socialism o que ganar, según la bella expresión de Marx.
lleva mala fama desde que aquel picaro de Car­
Conservadora por necesidad es la mujer ri­
los Marx lanzó para el proletariado la innoble ca, la que tiene privilegios que conservar.
patraña del internacionalism o. Y aunque m ás
El interés de la mujer pobre es de esencia
tarde vinieron hombres sensatos com o Bernstein
revolucionaria,
y no puede ser otra su acción
y sus discípulos que abogaron por un .socialism o
social.
Si
ella
se
deja seducir todavía por va­
juicioso, amante de la tradición y del nacionalis­
nas
esperanzas,
es porque carece de con­
mo, nada pudo borrar la fam a a q u e lla ...
ciencia
de
clase
y las más pueriles ilusiones
Por eso) llegó un m om ento en que la burguesía
encuentran
el
camino
de su corazón.
junker de Alem ania arrasó bonitam ente con los
socialdemócratas alem anes, sin cuidarse de su
Destruir esas ilusiones perniciosas, más que
mil veces pregonado patriotism o.
perniciosas, suicidas; despertar esas concien­
Y por eso también nuestra burguesía criolla cias, conquistarlas para la lucha, hé aquí la
comienza a premiar con la m ás negra de las in­ obra magnífica que nos espera.
gratitudes las conm ovedoras profesiones de fe
La conciencia de la mujer obrera en la A r­
ar,gentinista y patriótica de los esforzados lucha­ gentina es un terreno virgen todavía, apto pa­
dores socialistas... O, témpora, o m o r e s...
ra todas las semillas: para la reformista, como

M

S hora ya de reaccionar. Frente a la acción reaccionaria de las mujeres argenti­
nas burguesas que en ceñida colaboración con
el clero pretenden avasallar a las mujeres de
trabajo y convertirlas en ciegos instrumentos,
llegó el momento de organizar la acción revo­
lucionaria de las mujeres del pueblo.
Mienten los que afirman la condición, la

para la revolucionaria. Desechada queda la
primera a través de una cruel experiencia pro­
letaria. Queda la segunda, la purpurina se­
milla de la revolución proletaria. Solo de ella
saldrá ,el mundo nuevo en su verdadero senti­
do* m arxista.
Familiarizar el oído de la mujer argentina
con esa profunda verdad histórica, iniciarla
en la belleza de las grandiosas perspectivas, es
echar los cimientos de una cercana acción so­
cial revolucionaria de la que reclama para la
mujer nuestra hora candente.

�CARTAS A UN
CAMARADA

Estimado Juan Sintierra:
Te había prometido en mi anterior una contestación sobre la “influencia del
medio”, y lo hago iconvencido de que tú sabrás distinguir a quienes aludo, pues
no citaré nombres a fin de no herir susceptibilidades y 'evitar equívocos.
i
Es un hecho consumado, que he observado en mi ya larga vida de militante
obrero el que muchos compañeros, mientras están en el “llano”, es decir: militanda en los sindicatos obreros y como soldados rasos en las filas del partido,'
gritan y se esfuerzan por hacernos comprender que el movimiento obrero y so­
cialista es acción, y que cualquier medio es “lícito” para derrumbar al capitalis­
mo, para luego darnos el bochornoso espectáculo de decir lo contrario una vez
“electos directores’', vale' decir: dirigentes u ocupando un cargo en un cuerpo
colegiado. ¿Y a qué es debido eso?, me preguntas. Eso es debido a la “influencia
del medio”. Mientras se está abajo, se ven las cosas con la lente de las necesida­
des de la masa explotada, y una vez arriba la lente tiene reflejos que hacen sufrir
espejismos, y un subido daltonismo los invade.
Así es cómo hay muchos camaradas que una vez en los cuerpos colegiados,
se desdicen de todo lo que dijeron la víspera. El medio en que actúan, las como­
didades que brinda un puesto rentado, hacen que se convierta en un Sancho, y el
quijotismo de sus años mozos sea puro lacura. . . Es necesario entonces defender
el puesto y hacer “carrera”. ¡Para algo me sacrifiqué, amigo! me decía uno da
estos compañeros.
i i •4¡f
Tú dices bien : el puesto que el partido nos dá en un cuerpo colegiado, es un
puesto de avanzada y de sacrificio, y desde allí se debe estigmatizar a las clases
dirigente, al capitalismo, exactamente como lo hacemos desde la tribuna calleje­
ra o desde el folleto o el periódico. ¡Pero esto está resultando una pura utopía,
amigo Juan! ¿De qué nos valen los cuarenta y tantos diputados, etc., etc., si se
descuida totalmente la parte doctrinaria y tres o cuatro solamente hablan y lo ha­
cen en sentido reformista?, preguntas tú, Yo creo que con los cuarenta y pico o,
sin ellos las leyes “protectoras” del obrero pasan o van al fondo det canasto. A mi
juicio el Socialismo tiene un solo caminos.' derribar al régimen capitalista, y todo
lo demás son fuegos de artificio. Las tribunas parlamentarias deben ser foco de
divulgación socialista.
Recuerdo Juan&gt;que alguien, antes de ir a esos puestos, decía que “los graves
problemas sociales se resuelven o con el fusil y el cañón, o con el voto popular”,
y ahora, cuando nosotros repetimos esa lección, se nos llama “comunistas”, y me­
recemos las pullas del periodismo oficial.
“La izquierda está demás en el partido”, se grita a todas direcciones, en lugar
de abrir las columnas para que se expongan las razones de su existencia. La iz­
quierda no puede existir dentro del partido. No hay ni puede haber en el socia­
lismo un ala “derecha” y una “izquierda". ¿Por qué? Porque el partido es iz­
quierdista considerando a los demás partidos que actúan en el escenario político.
Así razonan algunos compañeros atrapados por el “medio". Pero los que así
"razonan”, o ignoran lo que es el Socialismo, lo que ocurre en todos los partidos
socialistas y obremos, o lo afirman sin saber lo que dicen validos algunos de éllos
de la autoridad que tienen sus nombres. ¡Lo que realmente Juan no tiene raigóni
de existir en ningún partido socialista, es la “derecha”! El socialismo, tal cual es
su principio fundamental, la lucha de clases y por ella la abolición de la propie­
dad privada, no admite en su seno términos medios: o se es socialista o se está,
consciente o inconscientemente, apuntal ando a la burguesía.
Continúa en la pág. 40.

�S O C IA L IS M O

Y

N A C IO N A L IS M O
Asistimos, en nuestro país y en el mundo a un
reverdecer del nacionalism o en sus form as m ás
agresivas. Y como quiera que esta reacción, cuya
existencia no necesita aquí ser demostrada, ha in ­
fluido no poco sobre los puntos de v ista de m as de
un militante del m ovim iento socialista, no resulta
inoportuno recordar ante propios y extraños,
.puntos de vista sobre esta im portante cuestión, que
creíamos suficientem ente esclarecida, desde los
primeros momentos de la estructuración teórica
del socialismo científico.
' Sin ánimo de definir, podríamos decir que N a ­
cionalismo es el conjunto de ideas y sentim ientos
de quienes ven en la colectividad a que pertenecen,
' en el propio país, en la propia nación, un ente m etafísico, permanente e inm utable, superior y an te­
rior al individuo y en el cual este se integra.
A este ser místico, Nación, debe el hombre acata­
miento y amor, y su grandeza, su prosperidad o su
hegemonía deben ser su constante y principal preo
cupación con abstracción y sobre toda otra idea
de moral, de justicia o de derecho. E l nacionalista,
el patriota, ama a su país en prim er término, no
porque lo considere el m ás grande, el m ás justo, el
que asegure a sus súbditos una vida mejor, sino
exclusivamente porque es el propio país, reflejo de
su propia personalidad y asiento natural de la m is­
ma. Mas, por la m ism a razón, de que todos tende­
mos, por amor propio, por orgullo o por a u to-va­
loración, a considerarnos a nosotros m ism os co­
mo superiores de lo que en realidad som os, el p a ­
triota que quiere primero a su país ingenuam en­
te, simplemente porque es el suyo, em ­
pieza a supervalorarlo, a adornarlo de cualidades
y condiciones que en la realidad no posee, cualida
des y condiciones que se niegan a los dem ás paí­
ses de la tierra. Se pasa así del sim ple am or ai
propio país, a la idolatría del m ism o, el mejor en ­
tre todos, y al desprecio o al odio por el extran­
jero a quien se le niegan sistem áticam ente condi­
ciones y con cuyo som etim iento se sueña y se a ca ­
ba por sentir como necesario e im prescindible, co­
mo impuesto por la historia, para el m ejor desarro­
llo del progreso humano. H em os llegado a la for­
ma hipertrofiada del nacionalism o, a la- form a im ­
perialista, a la fe en el destino m esiánico del propio
pueblo. Hay otro elem ento que integra al par que
los indicados el complejo sentim ental del patriota.
Es el convencimiento de que la propia felicidad so­
lo puede ser lograda en el seno de una patria fuerte
y vencedora, de que la grandeza nacional es la
propia grandeza personal, de que la organización
humana que es su patria es absoluta y perm anen­
temente útil para todos los hom bres que la in te­
gran, en todo tiempo y en todo lugar. D esde este
aspecto el patriotismo es así sentim iento de am or
propio, instinto de conservación, egoísm o que se
refunde y se fortifica con el egoísm o de los de­

más. Juan Jaurés mism o, en ‘El N uevo Ejército”,
dice que la patria absorbe y exalta los egoísm os
individúales en un gran egoísm o colectivo.
H ay pues en la form ación del complejo sentim en
tal nacionalista, dos conceptos traídos por la evo­
lución histórica y hoy hechos carne en la concien­
cia popular. La N ación es un ente perm anente e in ­
m utable, anterior al hombre, y que reúne todas las
condiciones necesarias para despertar en sus sub­
ditos los m ás altos sentim ientos. La división
en P atrias constituye la form a óptim a de la orga­
nización hum ana, pues es la que m ejor sirve los in ­
tereses generales, siendo perm anente y absolutam en
te útil al mayor bienestar y al m ejor desenvolvi­
miento de todos y cada uno de sus miembros. Con­
ceptos am bos que se apoyan en una base, falsa,
que tratarem os de esclarecer en la form a sin téti­
ca a que nos obliga la índole de esta revista, y ei
poco espacio de que disponemos.
CO NCEPTO

DE

N A C IO N

—

Qué es la N ación? N o hay dos tratadistas que
hayan coincidido en una definición precisa al res­
pecto. En líneas generales, rodos están de acuerdo
en afirm ar que la N ación reside en la comunidad
territorial, lingüistica, religiosa, racial y de cultura
que vincula a un determ inado núcleo humano, or­
ganizado en estado las m ás de las veces, y que se
siente depositario de un pasado común, solidario en
el presente y fuertem ente unido frente al porvenir.
Sin entrar a hacer un análisis m inucioso de los
elem entos que com ponen esta definición, fácil nos
será com prender que en ninguna de las naciones
que la realidad contem poránea nos ofrece se dá esa
unidad lingüística, racial, religiosa o de cultura
que se nos señala como base m aterial de la Nación.
N ada adelantarem os tam poco al referirm e al terri­
torio, que si es patrim onio nacional, de la nación,
no es la nación m ism a que perm anece inm utable
m ientras aquel cam bia al azar de los aconteci­
m ientos guerrreros o de las com binaciones políticas'
N o ha señalado tam poco la naturaleza sobre la
superficie del globo, aquellas zonas que han de co­
rresponder a determ inadas naciones. Será acaso la
nación un conjunto de hom bres organizados en es­
tado? Podrem os definir la N ación por la com uni­
dad política, o hallaf en la form a estatal'el núcleo
de la Nación, el asiento físico de su existencia?
U na breve revista histórica nos m ostraría m ulti­
tud de estados abrazando pueblos d nacionalida­
des diferentes y antagónicas por una parte y por
la otra nacionalidades som etidas que no constitu­
yen estado. Pero es indiscutible sin embargo, que
todas nacionalidades tienden a organizarse en es­
tados, que la gran m ayoría de las naciones están
organizadas en estados y que todos los es
tados aspiran a am algam ar sus poblaciones
para form ar con ellas naciones. De tal ma_

�ñera que si nos es im posible encontrar la
base real de la Nación, si del breve aná­
lisis realizado se desprende que la nación carece
de existencia real si se nos ha desm enuzado en­
tre las m anos hasta desaparecer al intentar anali­
zarla esa idea de nación, nos hem os encontrado
en su base con este otro ser. esta vez sí de ex is­
tencia real que es el estado y el cual constante­
m ente se ha encargado de crear en sus subditos
la m istica de la N ación. T, si como esperam os
probarlo, en las líneas que siguen, el estado es
una creación artificial del hombre, hija de sus in ­
tereses y constantem ente variable, es indiscuti­
ble que no podrá ser la expresión o la causa, se­
gún sea el punto de v ista del observador, de n in ­
gún ser m etafísico perm anente y superior al hom ­
bre.
En pasados tiem pos el hombre no conoce m ás or­
ganización política que su clan o tribu, su patria
es ese clan, esa tribu, que luego va a unirse por
el interés común, para la defensa m utua, para la
m ejor práctica del comercio, con otras tribus, for­
m ando así unidades políticas m ayores, aldeas o
ciudades, que luego, por los m ism os m otivos o por
la conquista de otras unidades m ás fuertes o m ás
civilizadas, van a aglutinarse en estados m ás
vastos, algunos de los cuales tuvieron aspiracio­
nes de estado U niversal. El inm enso Im perio R o­
mano, que abrazó a todo o casi todo el mundo c i­
vilizado, nos ofrece el ejem plo típico de un estado
organizado por la conquista de ciudades y nacio­
nes enteras, por otra que representaba un grado
de civilización mayor. Desm em brado el Imperio
por la Invasión de los bárbaros, vuelve Occidente
a encontrarse dividido en m ultitud de pequeños
estados feudales, que m uchas veces no contienen
m ás de una aldea, m ás de un castillo. Para el
cam pesino M edioeval, vinculado a la tierra,, de
propiedad del señor, como una prolongación de
la m ism a, su patria es ese pedazo de tierra, esa
aldea o ese castillo, y el extranjero, el enem igo,
el aldeano que habita en la aldea próxim a o se re­
fu gia en el castillo que m uchas veces está al a l­
cance de la vista, en la otra vertiente de la coli­
na, del otro lado del río. M as inm ediatam ente, a
sem ejanza de lo ocurrido en la antigüedad, cau­
sas económ icas diversas vienen a trabajar la en ­
traña m ism a de la sociedad, para superar este
caos con la aparición de unidades políticas m ás
vastas. La burguesía que em pieza a nacer traba­
josam ente en las m íseras ciudades m edioevales,
se vé trabada por el capricho de los señores, por
la m ultitud de fronteras que, con su s m últiples
im puestos y su legislación contradictoria, dificulta
hasta hacerla im posible la libre circulación de las
cosas y de los hom bres; el com ercio del cual la'
burguesía necesita com o del aire, para desarro­
llarse. N ace así entre los burgueses de las ciuda­
des la aspiración hacia organizaciones hum anas
m ás vastas, hacia estados m ás com plejos. La liga
de las ciudades del H ansa G erm ánica v a a estru c­
turar la N ación alem ana, m ientras en Francia
los ensueños de dom inación de algún señor feudal
m ás fuerte que los otros, se encuentran rápida­
m ente apoyados por las com unidades de las ciu­
dades. En sus luchas con los Señores feudales, los
reyes de Francia son eficazm ente sostenidos per
la burguesía de las ciudades que ven en la conso­
lidación del poder real el nacim iento de una uni­
dad m ás vasta, el estado francés, que hará desa­
parecer la m ultitud de pequeños estados feudales.
Quiere decir pues que las naciones son produc­

tos artificiales, creados por el hombre a través de
su evolución histórica, para servir determinados
intereses, y que los estados contem poráneos son»
concretam ente, creaciones o productos engendra­
dos por las m ism as fuerzas que im pulsaron la
constitución de la clase burguesa contemporánea.
Adm itiendo que ellas representan frente a la or­
ganización feudal anterior un positivo progreso»
tanto m ás m ensurable, cuanto han sido factores
decisivos en el com pleto desarrollo de una clase
cuyo aporte al avance económ ico del mundo ha
sido superior a todo lo traído por todas las clases
dom inantes en las etaipas anteriores del desenvol­
vim iento hum ano, cabe preguntarse sin embargo,
que beneficios representan las m ism as hoy para
la clase trabajadora en m archa hacia el poder, y
si su prolongación estática en el tiem po, no viene
a cortar la lín ea de la evolución hacia organiza­
ciones hum anas m ás vastas.
D IV O R jC IO

DE CLASES —

Escribiendo para socialistas, no es necesario que
repitam os que la sociedad contem poránea está
fundam entalm ente dividida en dos clases enem i­
gas y antagónicas, cuyo divorcio v á adquiriendo
en los tiem pos que vivim os carácter de verdadera
guerra. B urgueses y proletarios se disputan hoy
el dom inio del mundo, y si la consolidación defini­
tiv a de los prim eros solo podrá lograrse por el
m antenim iento y agravación de la esclavitud de
los segundos, el triunfo de ios trabajadores, solo
podrá lograrse definitivam ente a costa de la d es­
aparición de los propietarios com o clase.- E sta
antitesis sin sintésis, que se da en la totalidad
de la sociedad contem poránea, se repite lógicam en
te en cada una de su s partes. En todos los países,
bajo la m ism a bandera, som etidos al m ism o poder
estatal luchan como enem igos, inspirados por in ­
tereses irreconciliables, burgueses, y proletarios.
Los prim eros tienen com o condición de su e x is­
tencia la pauperización constante de la clase tra ­
bajadora, la dim inución de la m asa de sus sala­
rios, para poder así disponer de un m ayor m árgen de utilidades que les perm ita afrontar con
probabilidades de éxito la lucha con los dem ás
grupos capitalistas de la tierra. E sta en su interés
m antener un cierto núm ero de desocupados que
perm anezca com o ejército de reserva, para depri­
m ir constantem ente el precio de la mano de obra"
y entrar en acción en cada conflicto obrero para
romper las huelgas. La clase trabajadora exige
constantem ente a su vez, m ejores salarios, m ás
seguridad en el trabajo, reform as y m ejoras y lu­
cha y brega por su em ancipación integral como
d ase, que solo logrará por el aplastam iento defi­
nitivo de la burguesía. N o se ha dem ostrado hasta
ahora, qué cosa son los llam ados intereses genera,
les que refunden en una síntesis superior a estos
intereses particulares, antagónicos, y para nosotros
irreconciliables. Y m ientras tal dem ostración no
sea lograda, y no ha de lograrse nunca, ningún s i­
gnificado tendrá el hablar de “pueblo”, entendiendo
por tal el conjunto de todas las clases, ni de unidad
nacional, ni de solidaridad nacional. Porque la L e­
gislación Obrera y de previsión social en que
algunos han querido ver la expresión de esos in ­
tereses generales, por cuanto ha sido sancionada
por cuerpos integrados por representantes de Ja
burguesía, no es en últim o análisis sino el resu l­
tado de largas luchas sostenidas por la clase tra ­
bajadora, o la expresión de concesiones hechas

t

�por la burguesía por razones tácticas, para ev i­
tarse daños mayores, concesiones dictadas por el
terror, en momentos de grandes conm ociones
obreras. Es pues, la legislación del trabajo, no el
resultado de la coordinación de los intereses par­
ticulares en un vasto interés solidario, sino el pro­
ducto del choque cruento o incruento de esos
intereses en lucha. Y es indicutible que el estado,
producto social que sufre iás influencias recí­
procas de las fuerzas en lucha, tiene fatalm ente
que acabar por inclinarse hacia el lado de la co­
rriente actualmente m ás vigorosa, m ás enérgica,
con más medios presentes para im ponerse. E l es­
tado sigue siendo para nosotros en la teoría y para
todos en la ruda realidad contem poránea, instru­
mento de dominación, de opresión de una clase
sobre las otras. Y esta afirm ación que se hace
evidente para los ojos m ás m iopes, en cuanto se
aplican a la contem plación de las num erosas d ic­
taduras, todas de clase, que hoy oprim en a los tra­
bajadores del centro de Europa, es absolutam ente
verdadera, aún para los países m ás dem ocráticos
y liberales de la tierra. En la dem ocracia m ás per­
fecta de la tierra, aquella que m ejor asegure a la
clase trabajadora sus derechos, aquella en la cual
su burguesía mejor respete la C onstitución e s ­
crita y las libertades públicas, es incuestionable
que toda su legislación, al par de lo que sucede
en los países más despóticam ente gobernados, e s ­
tará inspirada por un sólo principio tendrá un
propósito central y dom inante: la consagración y
la defensa de la propiedad privada de los m edios
de producción. T como quiera que está en el i’
terés de la clase trabajadora, la abolición total
de una propiedad que ella no goza, y com o quiera
que la conservación del régim en de la propiedad
privada asegura a la burguesía no solo el poder
económico, sino los m edios para dom inar y co ­
rromper las consciencias de los trabajadores m is­
mos, parece innegable que el estado que sanciona
sostiene e inspira tal legislación es un estado que,
en último análisis está al servicio de la clase ca ­
pitalista. De tal manera, para nosotros tiene aún
hoy valor actual la afirm ación rotunda del m ani­
fiesto de 1848: “Los trabajadores no tienen pa­
tria”, porque ni sus riquezas ni sus instituciones
les pertenecen, los b e n eficia n ... Y , si la organi­
zación en naciones, creada por los intereses de
clases agenas, puede ser en sí m ism a indiferente
a los proletarios, o hasta ser m irada con cierta
simpatía por lo que representa de progreso frente
a anteriores organizaciones sociales: desde el m o­
mento en que ella dificulta el libre entendim ien­
to de los trabajadores de todo el m undo para la
lucha contra la burguesía: desde que ella ador­
mece el espíritu de lucha de cada grupo nacional
del proletariado, narcotizando su conciencia de
clase, con la ilusión y la esperanza de una m en ti­
da solidaridad nacional; desde que ella perm ite
reemplazar, en una palabra, la solidaridad in ter­
nacional de los trabajadores para la lucha de cla ­
ses por la solidaridad nacional de las clases para
la lucha internacional, ella debe ser superada
por los trabajadores. Y esta necesidad se hará
más fuerte, más evidente a poco que, desprendi­
éndonos de todo puntó de v ista clasista, com pren­
damos que la existencia de las fronteras actu ales
mantiene separados a los hom bres con recelos y
rencores inverosím iles, m anteniendo perm anente­
mente y en forma latente el peligro de la guerra,
y deteniendo la evolución hum ana hacia una or­
ganización continental prim ero y universal d es­

pués, que haga m ás estrecha la colaboración y la
solidaridad entre todos los hom bres y lleve por
tanto, y por la sum a de todos los esfuerzos hu m a­
nos, el progreso técnico cultural y m oral de la
especie, a extrem os que apenas nos atrevem os
hoy a soñar. Por la em ancipación integral de los
trabajadores y por el m ayor y m ejor desenvolvi­
m iento de ,1a especie, es y a un im perativo de núes
tra época, superar las actuales organizaciones n a ­
cionales.
D ice Jaurés (E l N uevo E jército) que no hay
m ás que tres m aneras de huir de las patrias: o
disolviendo cada grupo histórico en grupos m inús­
culos sin vínculo alguno entre sí, lo cual sería
una reacción inepta e im posible, o realizando la
unidad hum ana m ediante la subordinación de to ­
das las patrias a una sola, lo que sería un cesarism o m onstruoso, un im perialism o espantable y
opresor, o abarcando todas las naciones autónom as
en una v asta federación, en una v asta unidad ju ­
rídica.
M ás m ientras cada nación sea la organización
de una clase con intereses en com petencia con los
de las dem ás naciones y m ientras en cada pueblo
subsista la idea, consecuencia de esa organización,
alcanzam os a com prender com o podrán con­
ciliar se en una organización de derecho, los in te­
reses antagónicos de los grandes países im peria­
listas del mundo, ni como podrán adm itir una
institución superior a la N ación quienes ven en
sus respectivas patrias resum idas todas las bue­
nas condiciones hum anas, quienes sueñan con una
A lem ania dom inando al mundo para salvarlo,
quienes aún gritan: R igh t or w rong m y country!
H A C IA U N O R D E N
IN T E R N A C IO N A L

J U R ID IC O

E s pues im prescindible, si auténticam ente se
desea trabajar por la paz del mundo, si a u tén ti­
cam ente se desea trabajar por la integración de
un orden jurídico internacional y por la em an ci­
pación de los trabajadores, bregar por la tran sfor­
m ación de cada una de las actuales organizacio­
nes nacionales, com batiendo en prim er lugar sen ­
tim ientos e ideas que las m ism as provocan y que
sirven luego de dique espiritual que contiene el
fervor revolucionario de las m asas, que desvía y
adorm ece su conciencia de clase y aue a la p os­
tre se convierten en las m ejores defensas del e s­
tado de cosas que los engendrará. D ebem os com ­
prender, nosotros los socialistas, de una buena
vez por todas, que m ientras no hayam os logrado
barrer de la conciencia de las m asas el prejuicio
nacionalista, m ientras la clase trabajadora no en­
tienda claram ente que nada tiene que conservar
en las actu ales naciones, que ningún interés tiene
en los países burgueses, que la defensa de los e s ­
tados capitalistas le es absolutam ente indiferen­
te, la clase trabajadora tendrá dehtro de si fr e ­
nos que le im pidan toda labor de fondo, porque
siem pre será fácil hacerle deponer su fiereza, en
nom bre de la solidaridad nacional. T los hom bres
que creyendo com o nosotros, adoptan posturas
nacionalistas o patriotas, pensando a sí poder des­
viar los ataques de una burguesía que, al batirse
en retirada, vuelve a despertar y fom entar en las
m asas el furor nacionalista para defenderse m e­
jor, crean y estim ulan en las conciencias proleta­
rias los com plejos sentim entales que luego, serán
utilizados por nuestros adversarios, para fascistizar

�a las m asas y arrastrarlas cantando a los cam pos
de batalla.
N o vam os a caer nosotros en la posición torpe
de quienes en nom bre de un internacionalism o m al
entendido, encuentran malo todo lo propio y glo­
rifican lo extranjero. N o vam os a negar nosotros
tam poco el sentim iento casi fisiológico, anim al,
que nos une al pedazo de tierra que nos sustenta,
pero sí, en nombre del progreso hum ano y de la
estructuración jurídica integral de la especie, n e­
gam os rotundam ente el valor actual de las patrias
y com batim os sin descanso los sentim ientos que
ellas alim entan.
A ctuam os por ahora dentro de las naciones,
porque ellas se nos im ponen desde afuera con una
fuerza inexorable, porque así debem os hacerlo, por

E

N

R

I

Q

U

E

G.

elem entales razones de división del trabajo, por­
que com prendem os m ejor los problem as que estánm ás cerca nuestro y porque nos entendem os y
podem os servir m ás eficazm ente a los trabaja­
dores que están con nosotros en contacto directo;
actuam os en fin dentro de los cuadros nacionales,
porque la conquista del poder político, y la trans­
form ación de fondo de cada una de las naciones
existentes, es previa, a la estructuración de la
Gran P atria Hum ana.
Pero es ese fin últim o el que debe estar presente
y condicionar todas las pequeñas labores cuotidia­
nas en que se descom pone la gran tarea revolu­
cionaria. Y a ese fin últim o debem os m archar sin
desfallecim ientos, no rehuyendo obstáculos sino
venciéndolos. Y, entre esos obstáculos no es el
m enor el que constitu ye el prejuicio nacional.

B

R

O

Q

U

E

N

L a R e f o r m a s d e l E s ta tu to P a r tid a r io
(C o n tin u a c ió n

del n ú m e ro

D e haberse llevado adelante el voto general,
seguro estoy que el nuevo estatuto se habría
aprobado tal com o 10 redactó la Com isión esp e­
cial. La discusión en el diario ya sabem os cóm o
se hace; no se puede decir todo lo que se quiere
y se debe decir; el espacio lim itado y los artícu­
los seleccionados”, etc. Luego en el voto hay que
expedirse por sí o por n ó. N o se puede agregar,
quitar, cam biar ni m odificar nada.
Si es cierto aquello de que “para m uestra bas­
ta un botóií”, ahí v a :
La gran m ayoría de los afiliados, lo afirm o
porque está en el am biente, no solo es contraria
a que se elim ine la cláusula actual referente al
m atrim onio religioso, sino que es partidaria de
que se am plíe. Y es lógico; si se expulsa al que
se casa por la iglesia, no hay razón alguna para
no aplicar la m ism a m edida al que bautiza sus
hijos o participa en cualquier otra cerem onia
religiosa.
Sin embargo de haberse realizado las cosas co­
mo querían nuestros dirigentes, esta cláusula
quedaría de hecho elim inada por las razones que
he expuesto anteriorm ente; no figurando en el
despacho no se puede votar ni a favor ni en
contra.
A fortunadam ente no todos los dirigentes son
contrarios a la elim inación de este artículo del
estatu to. H ay uno, por lo m enos, que aunque no
pertenezca ya a este mundo, vive siem pre en
nuestro corazón y en nuestra m en te. Y este esrtá
con nosotros. El Dr. J. B. Justo, a quien m u­
cho se cita pero poco se im ita, en el últim o con­
greso del Partido a que asistió, al pronunciar el
discurso inaugural el día 9 de Octubre de 1927,
refiriéndose a esta cuestión, hizo las m an ifesta­
ciones siguientes que transcribo de la revista
“A cción Socialista” (núm ero extraordinario 3e
hom enaje a su rnem oria-Febrero de 1928).
“'Personalm ente ha sido en esta m ateria tan
tolerante, que m is opiniones habían sido gratas
y citadas por algunos afiliados .que se casaron

J

O

S

E

P♦

a n te r io r )

por la iglesia” .
“ P e ro los hechos h sn v e n id o a d e m o s tr a r que
la ig le s ia c a tó lic a ha m e tid o la d is c o rd ia d e n ­
tr o de las fila s s o c ia lis ta s . D e a h í q u e sea n e ­
c e s a rio p o n e r té r m in o a este c o n flic to , y re s o l­
v e r con c a r á c te r g e n e ra l, com o lo p ro p o n en n u ­
m e ro sa s a g ru p a c io n e s , la e x p u ls ió n de to d o s los
a filia d o s q u e c o n tra ig a n m a tr im o n io re lig io s o P o rq u e , com o b ien lo e s ta b le c e la p ro p o s ic ió n
de un c e n tro , e x is te u n a v e rd a d e r a in c o m p a ti­
b ilid a d e n tre el s o c ia lis m o ” y los rito s y d o g ­
m a s de c u a lq u ie r se c ta re lig io s a .”

Y los hechos siguen dem ostrando que esta cláu­
sula no está dem ás en el estatuto.
En el X X I Congreso Ordinario fué el com pa­
ñero A. D ickm ann e¡ que fundó en nom bre de la
séptim a com isión, el despacho por el que se
aconsejaba el nom bram iento de una com isión re­
form adora dei estatu to. Sus prim eras palabras,
que tom o de “La V anguardia” del 30 de M ayo de
19:32, fueron é sta s:
E xpresa “que a m edida que transcurren los
años ya adquiriendo el convencim iento de qued eb em o s se r p arc o s en lo que se refiere a la re­
form a de los esta tu tos. Los nuestros han sido
estructurados hace cuarenta años por Justo y a
pesar de las su cesivas reform as persiste en éllos
el espíritu inicial que le diera el M aestro. E s
necesario no sacrificar ese espíritu” .
La “ p a rq u e d a d ” de la Com isión reform adora,
de la cual A. D ickm ann fué su secretario, ya h e­
m os visto en qué ha quedado. N o se ha dejado
títere con cabeza.
Y en cuanto al “ e s p ír itu in ic ia l que le d ie ra e l
M a e s tr o ” , habría desaparecido con el viejo esta ­
tuto, de haberse aprobado el de la Com isión re­
form adora .
H e sido delegado al X X II Congreso y he v o ta ­
do en favor del nom bram iento de esa com isión.
D espués del trabajo realizado por la m ism a, de­
claro que en el futuro seré m ás “parco” en el
otorgam iento de poderes en blan co.

L

O

P

E

Z

�i

Los Principios de la Moral Cristiana
en la Escuela y los Socialistas
La convención constituyente bonaerense incluyó un artículo estableciendo la obliga­
toriedad de la enseñanza escolar de la moral c ristiana. El texto es el siguiente : “La edu­
cación común tendrá entre sus fines principales el de formar el carácter de los niños en el
culto de las instituciones pátrias y en los pr incipios de la moral cristiana, respetando la
libertad de conciencia”.
Es un texto de redacción conf usa, propia de jesuítas. La burguesía internacional —
así la inglesa como la argentina — es hipócrita por necesidad acaso más que por tempera­
mento o es que siguiendo las leyes psicológicas del hábito, la necesidad plasmó su tempe­
ramento jesuíta. Proclama el sufragio universal y practica el fraude; siendo así que el frau­
de acompaña al sufra
gio desde su nacimien­
to. Establece leyes de g a w ja BM M M W M —
impuestos y es la pri­
mera en violarlas con
la misma naturalidad
que se consagra a prac
ticas formales de una
moni ritual y pública
que simula acatar y es,
privadamente, sensual
y amoral según sus dog
mas.
La burguesía criolla
con la sanción reciente
ratifica su clásica con
duda pública de hipocresta oficial. Ya cons
tituyó, en sus orígenes
una hipocresía la pro
pia convención: ¿qué
traño es que en una
simple sanción no logre
superar la naturaleza
de quién la engendró?
Se habla allí de respeto de la libertad de
conciencia y se antecede el imperativo con la
obligación de una en­
señanza- parcial que ala libertad de concientente, precisamente, a
cía.
La libertad de con
ciencia — en régimen
se social sobre otra —
de dominio de una cía
afirmación teórica. En
no pasa de una simple
predominio de la burel riáis argentino, con el
bertad; en Rusia, con el
guesía, no existe esa li
trabajadora, tampoco
predominio de la clase
tintos y con métodos
existe. Para fines dis
libertad de conciencia
distintos, en Rusia la
formación de una con­
está supeditada a la
ciencia revolucionaria de dase que tiende a eliminar las clases sociales e implantar un ré­
gimen de justicia social, basado en la igualdad de las posibilidades económicas. En la Ar­
gentina y el resto de los países capitalistas, la libertad está supeditada a una conciencia
estática de clase, que tiende a asegurar el predominio económico, político y social de la cla­
se propietaria sobre el resto de la población. Tiene, pués, su lógica histórica la sanción
de referencia.

Huelgan algunas palabras que se han dicho objetándola. A sí por ejem plo, se ha invocado la
tradición liberal del país. La tradición, com o objetivo teórico e instrum ento m ental, es peligrosa y
antitética del socialism o. La tradición burguesa liberal, por supuesto.

�La tradición argentina es toda élla opuesta al socialism o, aunque alguién diga sin explicarlo,
que el país es de esencia socialista. La tradición d el país tiene por base angular el despojo sistem ático
de una clase en perjuicio de otra clase y el usufructo de todo el poder del E stado en provecho de
los propietarios. A ún la tradición como idea, es opuesta al socialism o; conjunto general de ideas y
método de acción que aspira y realiza la destrucción de un sistem a tradicional y la creación de
otro mejor.
La tradición burguesa se convierte para nosotros, en una expresión regresiva. N osotros consti­
tuim os lo m ejor del presente, la concreción de un futuro inm ediato, superior a lo pasado y a lo
actual.
Para atacar la sanción se ha hablado de la escuela laica. Com partim os la defensa de la e s ­
cuela laica en la m edida en que ella sign ifica una conquista sobre la escu ela clerical, pero en la
defensa del laicism o, ponem os, a su lado, los fines esenciales del socialism o. Si la escu ela laica es un
progreso actual, en régim en socialista habrá de ser superada, porque la escuela estará dirigida, in s­
pirada y m ovida por el principio de una educación revolucionaria de clase, que sign ifica la elim i­
nación de todo rastro de neutralidad del Estado en m ateria religiosa y la tendencia de form ar una
m entalidad determ inada, con fines concretos de dominio de una clase para superar las clases.
A fuer de ser un lenguaje socialista •— que es lenguaje de diferenciación de las clases y catego­
rías que actúan en el com plejo social — se hace necesario hablar así porque en virtud de errores
sustanciales, se ha venido proclam ando las excelencias de los principios liberales. Los principios li­
berales significan, en com paración con los principios socialistas, un atraso en la escala del pro­
greso histórico. “La V anguardia” del 6 de Diciem bre, haciendo crónica de un acto socialista de pro­
testa por la sanción que com entam os, afirm ó que el acto fué, “en verdad, la expresión de la opinión
liberal y progresista de la capital”. Como so cia lista, afirm o que no me interesa representar ni in ­
terpretar la opinión liberal, sino la opinión socia lista, que es bien distinta de aquella y reivindico
para mi partido el derecho de interpretar su propia opinión, sus propias ideas y sus propios se n ti­
m ientos.
E l liberalism o en las leyes argentinas fué una consecuencia del liberalism o económ ico. L a im ­
portación de capitales y las corrientes inm igratorias, con la m estización de la población del país,
la construcción de sus v ías de com unicación y la explotación capitalista en v a sta escala, obliga­
ron a una burguesía inteligente que conocía el rol que en la sociedad desem peñan las fuerzas eco­
nóm icas, a dictar y practicar leyes liberales e im pregnar a la escuela del liberalism o filosófico. Si
en econom ía el liberalism o es dejar hacer, dejar pasar, en enseñ.anza es ser neutral en cuanto a la
actitud de tom ar partido en religión.
Tocó a la generación del 80 — espectadora y actora del coqaienzo de la colonización capitalista
del país —• com prender el proceso económ ico y ajustar las instituciones burguesas argentinas den­
tro de los lineam ientos del mism o. Por otra parte necesario es decir que el m érito consiste en la
com prensión, en no haber obstaculizado el desarrollo del capitalism o, porqué de haberlo hecho o in ­
tentado, las fuerzas económ icas hubieran arrollado los obstáculos.
A ésta generación del 80 y en oportunidad a que algunos afiliados socialistas em itieron opinión
en el debate sobre la reform a a que nos referimos, se le ha ensalzado en térm inos ditirám bicos, que
y a suenan un poco a hueco, influenciados, evidentem ente, con la poesía del pasado que los espíritus
m isionistas — y los tenem os ev nuestro propio Partido —• cultivan con preferencias de tradicionalistas incorregibles.

L a e s c u e la : ¿ q u é es en I ré g im e n p o lític o a rg e n tin o ? L a es cu ela es u n a d e p e n d e n c ia del E s ta d o .
A c as o sin d a rle u n a s ig n ific a c ió n m a y o r, cu an d o el h o m b re de la c a lle d is tin g u e a la es q u e la o fic ia l
d e n o m in á n d o la co m o es cu ela del E s ta d o , o to rg a lá c la s ific a c ió n v e rd a d e r a , r e a liz a , m e n ta lm e n te , el
hecho co n cre to de u n a u b ic a c ió n p re c is a .
A l s e r escu ela d e l E s ta d o es u n a escu ela al s e rv ic io de los fin e s de ése E s ta d o y en ré g im e n
c a p ita lis ta el E s ta d o es el in s tru m e n to p o lític o de d ire c c ió n , a d m in is tra c ió n y co erció n de la clase
p ro p ie ta r ia . E n la A r g e n tin a lib e r a l, la escu ela es u n a in s titu c ió n al s e rv ic io de la cla se q u e d o m in a .
E s te hecho es ta n c la ro y ta n s im p le , q u e com o e le m e n to de a p re c ia c ió n in te le c tu a l tie n e to d o e l p o ­
d e r de un es q u e m a y to d a la fu e r z a de u n a v e rd a d e x p e r im e n ta lm e n te d e m o s tra d a .
P a r a los m e d io s y los fin e s s o c ia lis ta s es sie m p re m ás ú til h a b la r así q ue no r e it e r a r el so n so n e­
te de la tra d ic ió n lib e r a l b u rg u e s a del p aís, ni c it a r q un sím b o lo com o la le y e n d a de Jesús, m á s p r o ­
p io p a ra m u ltitu d e s a r re b a ñ a d a s y e s p ír itu s d o m e s tic a d o s , q u e p a ra h o m b re s con p e n s a m ie n to p r o ­
pio, con v o lu n ta d p ro p ia y con e n é rg ic a s a m b ic io n e s de c o n s tr u ir un m u n d o n u e vo .
Jesús es u n a le y e n d a , un p e rs o n a je m ito ló g ic o del p r im it iv o c r is tia n is m o . S u f ig u r a ir r e a l s u ­
f r i ó u n a in v o lu c ió n desde el s ím b o lo de la h u m ild a d , la re s ig n a c ió n y la p o b re za a s ím b o lo de un'a
c a s ta de s irv ie n te s de los poderosos y d e los poderosos m ism o s . S i Jesús c o n s titu y e u n a fic c ió n le ­
g e n d a ria de c a r á c te r u n iv e rs a l, la h is to r ia m i l it a r a r g e n tin a , p o r e je m p lo , c o n tie n e , ta m b ié n , a lg u n a s
cre a c io n e s le g e n d a ria s : F a lu c h o , p o r e je m p lo , que c o n s titu y e un sím b o lo de la a b n e g a c ió n del s o ld a ­
do, crea d o p o r M itr e . E s ta c ita in te n c io n a l q u e h acem o s tie n e su e x p lic a c ió n en el m is m o te x t o de la
re fo r m a c o n s titu c io n a l: a llí se m e z c la el c u lto de las in s titu c io n e s p a tr ia s con el c u lto de la m o ra l
c r is tia n a : dos fa c to r e s in te le c tu a le s a lia d o s , en m an o s de la b u rg u e s ía , p a ra s e rv ic io de e s ta clase.
L a b u rg u e s ía tie n e sq, p e rs p ic a c ia y su in te lig e n c ia de la rg o a lc a n c e : c re a los m ito s q u e s im b o ­
liz a n la e x c e ls itu d d e los v a lo re s m o ra le s , p ero los u t iliz a p a ra d ifu n d ir lo s en la m a s a y e n s e ñ a r con
el e je m p lo de esos m ito s , el e je rc ic io d e v ir tu d e s que é lla desconoce y
d e s p re c ia .
N e c e s ita
eres»-

�fuentes
m o ra le s e in te lic tu a le s de
su m is ió n c o le c tiv a . E lla se co m p lac e con el goce de los b ie ­
nes m a te ria le s . S u m o ra l ra d ic a en el
d in e ro . P a ga, con sus d in ero s , la re v e rs ió n de sus pecados, la
infección de sus la c ra s , los excesos de
su s e n s u a 'is m o . Lo que no p a g a rá a buen seguro, con su d i ­
nero, son sus c rím e n e s , sus abusos, c u a n d o la cla se o b r e ra re v o lu c io n a ria a p liq u e , en el es ce n a rio
in te rn a c io n a l, com o a p lic ó en R u s ia , la
m e d id a de suju s tic ia con la e lim in a c ió n de la b u rg u e s ía .
E ste h a b la r re ite ra d o de Jesús en boca de m ilita n te s s o c ia lis ta s p uede d a r o rig e n a que en la
masa se d ifu n d a — en la p a rte m ás a tr a s a d a , p o r su p uesto — un s e n tim ie n to p ro p ic io p a ra un so ­
cialism o c r is tia n o o un s o c ia lis m o b e a tífic o , a n tin ó m ic o y a n tité tic o del so cia lism o s o c ia lis ta q ue
reconoce en el proceso de la lu c h a de clases, la d in á m ic a so cia l. C o n tr a ello debem os e s ta r en g u a r ­
dia y d is p o n ern o s a l a ta q u e p o r s e m e ja n te re g re s ió n in te le c tu a l.

E l sistem a económ ico capitalista está en crisis y con él, el estado político que form a su super­
estructura. Los teóricas de la econom ía capitalista culpan al liberalism o económ ico y creen hallar
el origen del remedio en un sistem a que sin alterar las bases que sustentan el predom inio capita­
lista, varía superficialm ente las form as.
El capitalism o se basa en la propiedad privad a, en todas sus form as. El liberalism o económico
consiste en dejar librado al juego regular de las propias fuerzas económ icas capitalistas el desarro­
llo de la producción. E s una escuela dentro del sistem a angular. Ahora los teóricos burgueses abo­
gan por una econom ía dirigida que interviene en la producción, la regula, sin solucionar a fondo la
gravedad del problema. A la vez que éstos cam biossuperficiales económ icos, se ensayan cam bios su ­
perficiales en la superestructura política: el fascism o es hijastro de la econom ía dirigida, así como
el sistem a de la dem ocracia burguesa con el predom inio del parlam entarism o, es hijastro del libera­
lismo.
Al hallarse en crisis el sistem a económ ico y el Estado capitalista, los com ponentes de éste no es­
capan a sus consecuencias. La escuela está involucrada en éste proceso. Y cuál es la m archa de és­
te proceso? En el día de hoy es una resultante del juego de la lucha social, del entrechocar de las
dos fuerzas sociales antagónicas con el predominio actual de la clase propietaria. E sta clase domina?
en el país, en su econom ía, en su política, en su escuela. El proceso es así, en general, un com puesto
de las directivas que le im prim e esa m ism a clase propietaria en la m edida que lo perm iten sus pro­
pias fuerzas y la capacidad de resistencia de la clase opuesta.
Frente a ésta crisis profunda que afecta a la totalidad del sistem a, la clase propietaria se re­
pliega en una actitud defensiva. La política de econom ía dirigida — tan bien calificada com o de so ­
cialización de las pérdidas — caracteriza la orientación económ ica de la burguesía argentina, que
arroja, como un lastre contradictorio y desgastado, el principio de la libre com petencia: el dejar
hacer, dejar pasar. A sí como en política “ es decir — en el uso de los resortes del Estado í&gt;ara be
neficio de la clase propietaria argentina y extranjera que explotan el país, introduce procedim ien­
tos que elim inan la participación del parlam ento, en m ateria de educación busca el concurso activo
de la iglesia católica, que en nuestro país siem pre ha sido, con Jesús o sin Jesús, una em inente m e­
retriz al servicio de la clase rica.
Reconoce la clase propietaria — y el sector m ás audaz, y m ás aferrado a sus privile­
gios de clase reinicia ésa política — la necesidad actual de agregar a su enseñanza, de suyo parcial e
interesada, el lastre de la religiosidad. A los niños a/rgentinos — a los hijos de la clase desposeída,
que es para quién v a dirigida la saeta — se le han de inculcar, en la provincia de Buenos Aires, por
ahora, una serie de nociones teológicas que tiendan a im becilizarlo y a form arle una conciencia
propicia para el m antenim iento de] sistem a social de la propiedad privada. A ¡as m entiras y m isti­
ficaciones de la enseñanza patriotera, se agregarán las m entiras y m istificaciones m ísticas burguesas.
El partido político que introdujo esta reform a es quien representa m ás auténticam ente el in te­
rés de los latifundistas rurales y del im perialism o financiero. Y la persona del político de que se v a ­
lieron para proponerla, es la m ism a que en el senado nacional proyectó concederle categoría de deli­
to a toda m anifestación intelectual que propiciará la abolición de la propiedad privada.
La clase obrera, a éstas regresiones justificadas y lógicas desde el punto de vista de la defen­
sa de los intereses del privilegio económ ico, no tiene otro recurso que oponerle que la resistencia de
su organización de clase. Por supuesto que todos entendem os que ésta resistencia está m ás allá de los
discursos parlam entarios o extraparlam entarios; q u e los elogios a la tradición, las citas de Jesús y
las referencias del baquiano criollo, que si oteaba, por instinto, la dirección de los ruidos fué incapaz,
por ineptitud orgánica, de oponerse a form as de convivencia superiores a las suyas, prim itivas y
anárquicas.

�R O SA S C H E IN E R

ACCION SOCIAL DE LA MUJER
EN LA ARGENTINA
SU
■

C O N T E N ID O

■ ENTRO
del ré g im e n
ca, no se p u e d e h a b la r
a n ta g o n is m o de cla ses en
reses de la o tr a ,
se h ace

R E V O L U C IO N A R IO

b u rg u é s ,
c im e n ta d o so b re la m á s e x a c e rb a d a d e s ig u a ld a d e c o n ó m i.
de a c c ió n s o c ia l e n , a b s tr a c to . A t e n d i e n d o
la r e a l i d a d h is tó r ic a del
c u y a v ir t u d los in te re s e s de u n a cla se e s tá n en p u g n a con los in t e ­
d if íc il, p o r no d e c ir im p o s ib le , a c e p ta r la p r e m is a de u n a so la a c c ió n

s o c ia l.
Si a d m itim o s q u e el c o n c e p to de a c c ió n so cia l es a n te to d o la e x p re s ió n de s o l i d a r i d a d , h a b r á
n e c e s a ria m e n te q u e d iv id ir la en dos c a te g o r ía s : la A C C IO N S O C I A L C O N S E R V A D O R A y la A C ­
C IO N S O C I A L R E V O L U C I O N A R I A .
U n h o m b re
o
d e te r m in a d o lím it e ,

una
m u je r
p u d ie n te d a r á e x p re s ió n a su in q u ie tu d s o c ia l s ie m p re h a s ta un
pasando
el c u a l p u d ie ra n le s io n a rs e sus in te re s e s de c la s e , sus p r iv ile g io s

fu n d a m e n ta le s .

i

.

Se d e d ic a r á n a la f i la n t r o p í a en g ra n e s c a la , d e s a r r o lla r á n
u n a c o n s id e ra b le a c c ió n c u lt u r a l,
p r o fe r ir á n b e lla s y s e n tid a s p a la b ra s s o b re los m a le s so c ia le s .... Su a c c ió n s o c ia l s e rá sin m b a r_
go s ie m p re c o n s e rv a d o ra ; su e m o c ió n p u r a m e n te e p id é r m ic a ;
es q u e su in te r é s de cla s e c o n s is te
e n “ no to c a r p a r a n a d a la ca u s a
p o rq u e es e lla la q u e c o n d ic io n a

o r ig in a r ia de los m a le s s o c ia le s , o sea la p ro p ie d a d p r iv a d a ” ,
la h a r t u r a , el c o n fo r t y el p la c e r de la s cla ses a c o m o d a d a s .

P a r e c ie r a
que
con sus
ru id o s o s a la rd e s , fila n tr ó p ic o s a lg u n o s s e ñ o re s m illo n a r io s q u is ie ­
ra n h a c e rs e p e rd o n a r su v e n e ra c ió n a l d io s -o ra en c u y o a l t a r s a c r ific a n a m illo n e s de a s a la ­
ria d o s — m u je re s , h o m b re s y n iñ o s .— U n a v e z p a g a d o ese p e q u e ñ o t r ib u t o , a l s u a v e re c la m o
d e la c o n c ie n c ia ,
los f ilá n tr o p o s
se e n tre g a n a sus a n c h a s a los p r iv ile g io s de su s u e r te , co m o
el h o m b re p ia d o so , q u e v u e lv e a p e c a r con c e n tu p lic a d o s b río s , u n a v e z o b te n id a la a b s o lu c ió n
s a c e rd o ta l d esp u és de c o n fe s a r los p eca d o s c o m e t id o s . ..

&amp;

Id é n tic a a c c ió n ¡social c o n s e rv a d o ra d e s a r r o lla n c ie rto s e le m e n to s de la b u r g u e s ía m e n o r, f i ­
lá n tro p o s en p e q u e ñ a e s c a la . A s í, la d a m a c o m p a s iv a q u e tie n e “ sus p o b re s ” a las q u e p ro v é e p e­
rió d ic a m e n te de a lg ú n d in e ro o ro p a ; o la s e ñ o rita q u e e n s e ñ a a le e r a los o b re ro s . T a n t o los g r a n ­
des filá n tr o p o s , co m o Jos p eq u e ñ o s no h ace n m ás q u e d a r un poco de |o q u e les s o b ra . C o n s id e ra n
la d e s ig u a ld a d e c o n ó m ic a co m o un m a l n e c e s a rio e in e v ita b le , y m itig á n d o lo
un poco se s ie n te n
b ie n h e c h o re s de la s o c ie d a d .

La acción social revolucionaria no puede ser
desarrollada sino por la m asa popular, y en pri­
mer térm ino por la clase trabajadora.
El proletariado soporta un régim en social que
le ofrece com o ún ica seguridad la de no salir
nunca de la estrechez y de la m iseria, y com o
única libertad, ja de m orirse de ham bre. Cuando
la gran parte de la m asa proletaria lo haya com ­
prendido en todo su profundo significado, habrá
llegado el fin de su servidum bre — y desde lue­
go el fin del bandidaje capitalista. La acción so­
cial revolucionaria tien e la m isión de acelerar ese
proceso histórico, y en ella está em peñado hoy lo
m ás responsable de las avanzadas sociales.

M uy difícil e s entre nosotros la acción social de
espíritu revolucionario, y si ello se ex p lica por el
grado m ism o de evolución del país, hay adem ás
otro factor im p o rta n te' que determ inó el hecho.
E se factor es la desnaturalización del im perativo
específico determ inado por su propia existencia,
por parte de nuestro partido. Si un partido so­
cialista no está llam ado a im pulsar y activar la
acción revolucionaria de los trabajadores — y de
los que sim p atizan con su causa, — no concebim os
para qué ex iste. E s su m isión específica, que n in ­
gún otro partido político puede realizar. B ajo el
plácido m urm ullo bernsteniano nos hem os olvida­
do de esa gran verdad. H em os hecho política y la
clase trabajadora argentina, su parte m ás con­

�cíente, sin una directiva revolucionaria, se ha de­
tenido en el m ejor de los casos en un grem ialismo estrecho, cerrado, ex clu siv ista y estéril siem ­
pre.

*

¿Qué hay de extraño pues que a través de tan ­
tos desaciertos y desvíos, tengam os com o triste
balance, un atraso inverosím il en m ateria de a c ­
ción social de la m ujer obrera y de la m ujer de
las capas pobres de la pequeña clase m edia?
Quien haya observado de cerca a obreras de la
fábrica o taller, a em pleadas, a m aestras, o a las
llam adas am as de casa^ quien las haya observado
con criterio socialista, se queda sencillam ente
desconsolado. Parecen figuras estancad as en el
siglo X IX por lo m en os. P sicológicam en te se d is­
tinguen apenas de n u estras bisabuelas, y eso al
lado de su independencia económ ica aparece es­
pecialm ente ridículo, absurdo hasta lo inconcebi­
ble, hasta lo fa n tá s tic o ...
Todos los convencionalism os, idiotas que el co­
loniaje ha m antenido para la m ujer de su tiem po,
siguen dom inando sobre todas las decenas de m i­
llares de m ujeres cuya vida e s com pletam ente d is­
tinta, que participan quieran o no quieran de la
lucha férrea por la existencia, a la que solo esca ­
pan algunas p o ca s.
Cuando se piensa que m ás de sietecien tas m il
m ujeres de nuestro país se bastan a sí m ism as
económ icam ente, desem peñándose en las m ás di­
versas esferas del trabajo, y que de esas sete­
cientas m il m ujeres quizás no alcancen al m illar
las que tengan alguna personalidad, no se puede
m enos de horrorizarse an te el form idable poder
de la costum bre, poder anulador desde luego.

&gt;1=
En pleno Buenos Aires, la prim era ciudad
de América del Sur y que se compara con
orgullo excesivo con las grandes capitales
europeas, la inercia social de sus mujeres
es algo que choca por lo anacrónico. Esa

“resistencia evolutiva del cerebro” de que
habla Ramón y Cajal refiriéndose a la hu­
manidad, tiene su asidero predilecto en el
millón y medio de mujeres que pueblan la
ciudad luz de Latino América, sin contar a
las que viven en todo el territorio argentino.

*

P e ro h a y m á s. N i s iq u ie r a d e n tro del ra d io so­
c ia lis ta se ha p ro d u c id o
una
re n o v a c ió n de la
m e n ta lid a d fe m e n in a .
E n m e d io de los h o g a re s
s o c ia lis ta s ha p esad o y pesa a ú n , s o b re la s m u je ­
res

la

re s is te n c ia

m a s c u lin a

b e rta d

in d iv id u a l,

el

ta n te o

p la c e r

a
de

c o n c e d e rle s
la

la

li­

in ic ia t iv a ,

el

p e rs o n a l p o r n u e v a s r u t a s . . .

E s q u e el p á n ic o p e q u e ñ o b u rg u é s a l “ q u é d i ­
r á n ” t o r t u r a a ú n a l p a d re y a| m a r id o s o c ia lis ta .
Y ese p r e ju ic io lu g a re ñ o p u e d e m á s en su p s ic o lo ­
g ía q u e to d a s la s d e c la ra c io n e s de su p r o g r a m a
p a r t id a r io so b re la ig u a ld a d d e los s e x o s . . .
E l re s u lta d o ? C u á l p u e d e se r s in o el de c a r e n ­
c ia e n tr e n o s o tro s de m u je re s lu c h a d o ra s ? P o rq u e
s e r s o c ia lis ta p re s u p o n e a n te to d o a r r o j a r a un
la d o la m a r a ñ a de p r e ju ic io s
con q u e la r u t in a
nos ha e n re d a d o . C o r t a r la , a ú n d e s g a rrá n d o s e las
c a rn e s , si fu e r a n e c e s a rio , p ero r e c u p e r a r la p e r­
s o n a lid a d , s e n tirs e re s p o n s a b le
y d u e ñ a d e sus
acto s.
E n lu g a r de eso, n u e s tra s m u je re s , las m u je re s
del m e d io s o c ia lis ta to d a v ía s ig u e n la r u t in a co ­
lo n ia l de no s a lir d e
n oche
s in o a c o m p a ñ a d a s ,
co m o la m á s t i m o r a t a y a p o c a d a de n u e s tra s b i­
s a b u e la s en sus añ o s de j u v e n t u d . . . C o m o c u a l­
q u ie r “ m is ia P a n c h it a ” de a n ta ñ o ...
S i las m u je re s s o c ia lis ta s d e la R u s ia a b s o lu ­
t is t a o la s m u je re s s o c ia lis ta s de la E s p a ñ a c a tó ­
lic a h u b ie ra n u sad o de s e m e ja n te s e s c rú p u lo s , ni
la re v o lu c ió n ru s a del 17, ni la re c ie n te e s p a ñ o la
h u b ie ra n e n c o n tra d o en e lla s las a d m ir a b le s c o m ­
p a ñ e ra s de lu c h a , de
te m p le
h e ro ic o
que
han
p re p a r a d o

el t r i u n f o

b u ir á n

d u d a a la v ic to r ia

sin

de la p r im e r a , y

q u e c o n t r i­

p r o le t a r ia

de é s ta .

Com pañero:
Coopere con nosotros, suscríbase llenando el talón adjunto
N om bre...................................................................................................................
Dirección: . . . .....................................................................................................
C iudad ........................................................................ F. C..............................
Giros a nombre de E. RODO, 25 de Mayo 67, Escritorio 54 — BUENOS AIRES

Suscripción a 6 núm eros
99

12

$ 1.—
2 .—
99

�Un i a a J J

a c c i o ru
/

P r o ayuda a las víctimas del terror fascista ,
P ro libertad de L a rg o C aballero ~ Tbaelm ann
y todos los perseguidos p o r la reacción fascista.
A iniciativa de caracterizados antifascistas y con el apoyo de casi toda
la prensa izquierdista, se ha constituido un COMITE PRO LIBERTAD
de Largo Caballero y Thaelman.
Esta justiciera campaña que une a ciudadanos de todos los sectores
en que se divide la opinión antifascista del país, tendrá vastas proporciones
si se da al Comité una dirección que refleje la fuerza real con que cuen­
tan los diversos organismos que a él se adhieran.
El principio y las intenciones nos consta excelentes.
Publicamos continuación el manifiesto redactado por dicho Comité,
firmado ya por miles de obreros, intelectuales, estudiantes y profesionales,
entre los cuales figuran'. Carlos Sánchez Viamonte; Augusto Bunge; Se­
bastián Marotta; Manuel Palcos; Luciano Catalano; Benito Marianetti;
Elias Castelnuovo; Angélica Mendoza; Bartolomé Fuorini; Sixto Pondal
Ríos; Clemente Gutiérrez; Horacio Trejo; Rosa Scheiner; José Gabriel;
Rodolfo Aráoz Alfaro; Luis Koifman y Raúl González Timón.
Una corriente retrógrada amenaza en varios
países abolir las elementales libertades demo­
cráticas y las diversas manifestaciones del in­
telecto. La reacción terrorista se ensaña con
los movimientos obreros y se desconocen los
derechos políticos de los sectores populares de
la sociedad y se persigue y se encarcela a sus
más prestigiosos representantes.
El gran movimiento emprendido en España
para ofrecer una valla a los intentos reaccio­
narios de las corrientes facistas ha sido repri­
mido sangrienta y ferozmente por los legiona­
rios extranjeros y mediante bombardeo de ciu­
dades y de la población civil. Escenas de terror,
de fusilamiento en masa, de violaciones y de­
predaciones. han sido denunciados por el dipu­
tado republicano radical Galarza ante el Pro­
curador Fiscal en abundancia de pruebas. Mi­
les de españoles antifascistas han sido deteni­

dos y jefes de grandes organizaciones tortura­
dos, fusilados o detenidos. Entre estos últimos,
así LARGO CABALLERO, SIMON DIAZ y
GONZALEZ PEÑA, para citar los más des­
tacados, han sido encarcelados.
Millares de familias humildes se encuentran
en una situación afligente que mueve a la so­
lidaridad mundial y despierta los sentimientos
humanitarios en todos los países.
Hechos, como los acontecidos en Alemania,
Austria, España e Italia, contra los represen­
tantes de grandes organizaciones populares, las
afrentas a creaciones de la inteligencia huma­
na, entre ellas la quema de obras científicas y
literarias de renombre mundial, fusilamiento
en masa y sin juicio previo, encarcelamiento de
antifascistas sin la mediación de ningún deli­
to común, persecución de índole racial y reli­
giosa, en fin, el gran paso hacia atrás que para

�la sociedad significa toda la represión de tipo
medioeval, dogmática y fascista, nos mueve a
reclamar la libertad de las víctimas encarcela­
das y a promover un movimiento por encima
de toda diferencia ideológica, en favor de las
libertades conculcadas.
THAELMANN, el jefe de un partido popular
en Alemania, encarcelado por el nazismo, se
ba convertido en la encarnación de todo el mo­
vimiento de oposición en su país y quizás por
eso mismo se pretende prolongar su prisión lle­
vándole a un tribunal especial sobre el cual se
cierne el hacha de los verdugos.
El encarcelamiento de Thaelmann ha susci­
tado en el resto del mnndo la simpatía de todos
los qne lachan en defensa de las elementales
libertades populares.
PAULINA WALLISCH, heroica mujer que
cumplió un deber humanitario en la cruz roja
de los rebeldes austríacos, yace en una prisión
de su país.
GRAMSI, ex diputado italiano, lleva ya va­
rios años de encierro y no son escuchados los
clamores qne se elevan en los países diversos,
ante por el estado precario de su salud.
Persecuciones como la antisemita y como el
fusilamiento del sacerdote católico Klausner en

&amp;

Alemania, muerto sin juicio y después incine­
rado contra sus creencias,, limitaciones que lle­
gan a anular el derecho de reunión y libertades
de prensa y de palabra, son hechos suficiente­
mente alarmantes que nos mueven a unirnos a
la mundial protesta en una gran cruzada por
las libertades democráticas. Unimos nuestra voz
a la de sabios como Prenant, Langevin y LevyBruchl, a la de escritores como Romain Ro
lland, H. Wells, Andró Gide, Henry Barbusse,
Sinclair Lewis, Teodoro Dreisser, Waldo Frank,
Heinrich Mann y tantos otros, de políticos co­
mo Branting y Lord Marley, de juristas como
Jiménez de Azúa, Moro-Giafferi, Ciampini, Vic­
toria Kent y otras pléyades que reclaman en
toda la extensión del mundo la libertad de los
antifascistas y el restablecimiento de los de­
rechos elementales.
Hacemos un caluroso llamado a todas las or­
ganizaciones culturales, científicas, obreras,
estudiantiles, etc., a los trabajadores de la in­
teligencia, a todos los hombres y mujeres de
pensamientos libres, a todo el pueblo antifas­
cista en general, para que aúnen sus esfuerzos
al de este Comité Pro Víctimas del Terror Fas­
cista, ayudando materialmente y ayudando a
encauzar la lucha por su libertad.

�AUTO-CRITICA

DARDO CUNEO

E l O ctuh re

spaño

★

para consolidar la república, se apresura
| NSISTIM OS en ocuparnos nuevamente de mial
a pactar la colaboración con los sectores libe­

la reciente experiencia del proletariado es­
pañol persiguiendo el propósito de ejercer la
autocrítica, a la que suponemos herramienta de
conveniente utilidad para la precisa formación
ideológica de nuestro movimiento. Ausentes
los elementos qúe faciliten el juicio alrededor
de la revolución en su aspecto insurreccional,
será tarea nuestra pasar revista al proceso pre
revolucionario ensayando el examen de la,
conducta que hizo suya el partido socialista.
Confesamos en primer término que no
aceptamos la tesis fundamentada hace dos
años en su libro “Nosotros los marxistas. Lenín contra Marx” por Antonio Ramos Oliveira, quien, hoy, ha abandonado — nos lo revela
así sus últimas publicaciones — muchas de sus
afirmaciones de entonces. De acuerdo a ella,
el socialismo español hallóse en toda oportu­
nidad informado del oportunismo revolucio­
nario que orientara a Lenírfhasta los días de
Octubre y que éste abandonara al fijar los
veintiún puntos de la nueva internacional en
marzo del 19 . Por el contrario, suponemos
nosotros, que el socialismo español marchó en
común con los otros sectores europeos de la
segunda internacional por las rutas de la uto­
pía bernsteiniana, Idéntico contenido ideoló­
gico y paralela función se había asignado, aún
cuando en relación a la social-democracia de
los obreros alemanes hallábase situado más
próximo al marxismo, manteniéndose empe­
ro alejado de él. Su contenido revisionista no
lo niega Largo Caballero, posteriormente a su
conversión, al reconocer que las ilusiones de­
mocráticas habían presidido sus afanes hasta
la colaboración en los bancos azules del gabi­
nete republicano.
La revolución del 14 de abril sorprende al
socialismo español informado en las concep­
ciones revisionistas, siendo propia de sus hom ­
bres la psicología del social-demócrata. El
cambio de régimen que se operaba debía inte­
resar necesariamente' a un marxiste. Cuanto
más, al socialismo reformista español que
apartando las fuerzas de su organización gre­

rales que propugnaban la instauración de ésta.
Hace de su causa la de la república burguesa.
Su republicanismo es sincero. Poco tiempo
después Largo Caballero manifestaba en Gi­
nebra : “Los socialistas no reeditarán el comu­
nismo ruso, sino que darán pruebas de que
para fundir a las clases tradicionales en una
síntesis superior, el nuevo derecho no necesita
ser impuesto por la fuerza, ni en lo que se re­
fiere a las relaciones internas de los ciudada­
nos, ni en lo que se refiere a las relaciones ex­
teriores del Estado. Por lo tanto no quere­
mos oligarquía histórica y menos, dictadura,
sea ésta de derecha o de izquierda. Queremos
la democracia integral, la democratización del
poder”.
Afirma Ramos Oliveira en su libro citado
que la tarea del socialismo consiste en “cami­
nar despacio y aprovechar, si llega el momen­
to, esa hora decisiva en la historia de Un pue­
blo : la hora que dejaron pasar los socialistas
italianos, la hora que van a dejar pasar los
socialistas alemanes, la hora que captó Lenín
en Rusia”. Debió haberse interrogado Ramos
Oliveira si esa hora no había pasado en I932
asimismo para el proletariado español. Supo­
nemos que sí. Otra debió ser por consecuen­
cia la posición socialista frente a la república
burguesa que se inauguraba. Se vivía un pro­
ceso revolucionario que los mismos socialistas
se interesaron en clausurar persiguiendo 1 la
consolidación del régimen burgués. Existían
condiciones objetivas que ante la incapacidad
generada en la ausencia de condiciones subje­
tivas no pudieron ser aprovechadas. ¿Cual
debió haber sido la conducta observada por el
socialismo en esa hora? “La república estaba
en la calle” afirmaba “El Socialista” en los
días de abril del 30. Pues bien, recoger la re­
pública burguesa para el socialismo con el fin
de completar la revolución orientándola hacia
la dictadura del proletariado. Después de ha­
ber logrado la primer etapa intensificar la lu­
cha directa por el socialismo, aconseja Lenín
en las “Dos tácticas”. Admite Ramos Oliveira

�la similitud del primer período de la revolu­
ción rusa con el cambio de régimen del 14 de
abril. Media, a pesar, una diferencia de con­
siderable importancia. Rusia participaba en la
guerra. España no, y este hecho es genera­
dor de condiciones objetivas, necesarias. Mas
la caída estrepitosa del régimen había creado
a éstas. Pero el socialismo español no reedita
el ejemplo ruso. Detiénese en la república
burguesa. Hizo estación terminal lo que debió
haber sido una etapa', la primera. No podía
ser de otra manera. No estaba preparado
para otros destinos.
La colaboración en la hora de la conspira­
ción victoriosa se prolonga en el gobierno.
Durante ese período la Unión General de Tra­
bajadores engrosa sus contingentes, no por
•consultar el espíritu revolucionario de la cla­
se trabajadora española, sino por ser los ór­
ganos sindicales que cuentan con el apoyo del
gobierno republicano. De esa manera llegan
a sus filas elementos heterogéneos en procura
de conservar o proveerse de ocupaciones. Re­
cordemos Casas Viejas. Llegan los días en
que los ministros socialistas son forzados a
abandonar el gabinete de coalición. La vista
dirigida hacia Alemania presencia la caída de
la democracia de Weimar y la deserción del
socialismo reformista. El 21 de mayo de 1932
“‘El Socialista” afirmaba: ‘E‘l mundo anun­
cia, en su actual drama terrible, la muerte de
la libertad. Está muerta, de cuerpo presente,
en Italia, Hungría y Rusia. Y bien. Si no hay
posibilidades de que los hombres tuerzan la
inexorable sentencia del destino, si es fatal
que en España se produzca ese sacrificio —■ y
en tanto no sea posible conservar la esperanza
contraria — si es fatal, repetimos, nuestra pa­
labra está dicha: Dictadura por dictadura, la
nuestra. . .”
El revisionismo hacía una concesión a la
realidad a la que no reconocía sino como un
hecho fatal. Nuevas rutas empero para el pro­
letariado español y a medida que los días co­
rren. y abundan nuevos ejemplos españoles e
internacionales, se fija con mayor precisión el
concepto revolucionario informado de un sen­

tido marxista. En las masas elaborábase la
mística de la revolución y en un proceso ace- •
lerado e inteligente improvisación créanse las
condiciones subjetivas y tiéndese a provocar
a las objectivas. La proclama de “Todo el
poder para los socialistas” reedita la consigna
bolchevique de “Todo el poder para los So­
viets” . La unidad de acción del proletariado
es concertada a través de las Alianzas Obre­
ras que como órganos de la revolución tien­
den a suplir ¡a los soviets. La preparación re­
volucionaria. se efectúa con idéntica facilidad
con que desarrollaron sus actividades insu­
rreccionales los bolcheviques en los meses an­
teriores a Octubre. Las juventudes socialis­
tas constituyen milicias. El proletariado ocupa
la ofensiva, pues, advierte que ella es la po­
sición del triunfo y el ataque la anticipación
de la victoria. La revolución tiene su progra­
ma. Lo integran doce púneos fijados de acuer­
do a las realidades españolas y a la línea mar­
xista. Reducida minoría los comunistas, y sin
la participación decidida de los anarquistas,
los socialistas tiene a su cargo el ejercicio de
la dirección del movimiento. En esas condi­
ciones permanece el proletariado al acecho de
la oportunidad. Se aproxima octubre y la as­
tucia de la burguesía española provoca el al­
zamiento situando al proletariado en la defen­
siva ocasional. Alzamiento, combates en Astu­
rias y tiroteos en Madrid. Toma de ciudades
y entorpecimiento de la acción proletaria de
parte de los sectores liberales y de la anárqui­
ca actitud de la Generalidad. Heroísmo y de­
rrota circunstancial. La revolución no se de­
tiene.
La conducta durante la jornada insurrec­
cional no podrá ser examinada sin los elemen­
tos de que aún hoy carecemos. Mas, nos adelan
tamos en el sentido de afirmar que faltó pre­
cisión en la ejecución del plan en reconocer
deficiente su técnica y en asignar una parte de
la responsabilidad de la derrota a la actitud
observada con los socialistas revisionistas que
mientras los mineros de Asturias se batían,
aceptaban homenajes de las instituciones del
régimen.

�B* S U D A

NOTAS INTERNACIONALES
☆
"Derrotas" de ejércitos rojos en la China
De Shanghai llegan periódicam ente telegram as
que anuncian supuestas derrotas de los ejércitos
rojos. Según los despachos, se trataría de seve­
ros reveses que habrían sufrido las tropas com u­
nistas en extensas regiones de Fukien y Yünan.
La verdad aproxim ada sobre estas “derrotas”
es la siguiente. D espués que Eugenio Chen, uno
de los políticos de la izquierda del K uom intang
(¡Partido N acional) se había levantado a com ien­
zos del presente año contra las autoridades de
N ankin y proclam ó en Fukien una “república so­
cialista”, creyeron los generales de las regiones
sovietizadas qu e había llegado el m om ento de
forzar la salida hacia el Pacífico. Todo el verano
se había caracterizado, efectivam ente, por un en ­
sanche de influencia com unista que llegaba por
m om entos hasta las m ism as m urallas del puerto
de F ukien. A llí tropezaron con la concentración
de las flotas im perialistas, so pretexto de que de­
bían proteger a los connacionales, aun cuando
los extranjeros radicados en Fukien no pasan de
un centenar.
Ya se sabe lo que es eso de la protección de los
connacionales. Se trata de evitar en primer lugar
que las repúblicas soviéticas chinas tom en pié
en la costa y rompan el em botellam iento en que
se hallan ahora.
M ientras los distritos sovietizados de Fukien y
Shansi-C hekiang no puedan establecer un contac­
to directo con el exterior, será su situación siem ­
pre precaria. En varias oportunidades han efec­
tuado los ejércitos cam pesinos intentos de con­
quistar Fuchow, Swatow, Fukien 0 alguno de los

puertos menores, pero hasta ahora resultaron Iosesfuerzos estériles; m ás por las flotas británicas,,
niponas y norteam ericanas que por los ejército?:
de Chiang K ai.shek.
Por lo general se extiende el m ovim iento revo­
lucionario durante los m eses de verano y se re­
trae en los de invierno.
D espués de las tres grandes cam pakas que
contra los áreas sovietizados dirigió Chiang K aishek— una de ellas personalm ente — se encon­
traba la acción anticom unista a cargo del ejér­
cito 19o., que se. había batido en Shanghai y que
fué m ás tarde la base del m ovim iento antinan.
kinista, encabezado por Eugenio Chen.
La caída de N ang-sha, capital de una de las
regiones sovietizadas, es el resultado m ás visible
de la cam paña contra los ejércitos cam pesinos.
Pero N han g-sh a fué siem pre un punto m uy vu l­
nerable de la revolución. Se halla en una planicie
de fácil acceso y había caído con anterioridad dos
o tres veces en m anos de fuerzas nankinistas.
N ada de extraño sería, pues, que la próxim a pri­
m avera m arcara una nueva reconquista del m en­
cionado punto por los ejércitos rojos.
La revolución de los obreros y cam pesinos chi­
nos podrá tener esos altibajos en las cam pañas
m ilitares; pero eso no quita que el régim en se
afianza y que en la actualidad controla los desti­
nos de noventa m illones de habitantes, ensan­
chándose cada vez m ás hacia Sze-tchuan y K uantungt A la larga hay en la China una sola solu­
ción: la creación de la gran República S ocialista
de los Soviets.

★

Nueva influencia en los EE. UU.
Los adm iradores de la N R A estadounidense,
tendrán otro m otivo nuevo para regocijarse. D en­
tro de breves días se entablará una lucha abierta
entre inflacionistas directos e indirectos. Entre los
primeros se hallan los funcionarios del D eparta­
mento del Tesoro y del Banco Federal de R eser­
vas. La opinión parlam entaria está dividida en
dos m itades muy equilibradas, pero el solo anun­
cio de los debates ya se refleja en la oscilación
del dólar.

H abrá pues un nuevo intento de sanear la eco­
nom ía nacional yankee con el fictivo recurso de
1 adesvalorización de la moneda. Como es natural,,
recibirán las relaciones económ icas internaciona­
les una nueva sacudida. N o faltarán de inm edia­
to las represalias en los otros países y la conse­
cuencia final será: m enos intercam bio, m enos
trabajo y salarios m ás m iserables.
B ellezas de la Econom ía D ir ig id a .... dirigida
por explotadores y buitres de la s altas finanzas!

�ESPERANZAS
B U R G U E S IA

DE

LA

Con motivo de la iniciación de
otro año se han vuelto a reeditar
las consabidas tiradas de la pren­
sa burguesa sobre las probables
perspectivas de 1935. N atural­
mente encuentran los defensores
de la presente organización so­
cial C;ue ¡por fin! se ha tocado
el fondo de la trem enda depre­
sión, y que de aquí en adelante
encarrilará el sistem a capitalista
de producción nuevam ente por
los rieles de la prosperidad.
Hace m uchos años que con ca­
da primero de Enero se repiten
entre los econom istas de la bur­
guesía idénticas convicciones so­
bre el supuesto fin de la crisis;
apenas term ina uno, em piezan a
bucear en las estadísticas a la
pesca de algún indicio de la de­
seada reacción. Ahora creen h a ­
berlo encontrado en una ligera
mejora de las cifras de la pro­
ducción y una cierta dism inución
del número de los desocupados.
La burguesía tiene pues sus es­
peranzas.
L A R A Z O N D E C IE R T O S A U ­
M E N T O S E N L A S E S T A D IS ­
T IC A S
N a d ie p uede n e g a r q u e h a y d e ­
te r m in a d a s m o d ific a c io n e s e n las
e s ta d ís tic a s . E n A le m a n ia se ha
d u p lic a d o la p ro d u cc ió n del h ie ­
r r o y a u m e n ta ro n los
r e n d im ie n ­
to s in d u s tria le s del 1. G . F a rb e n
T r u s t . T a m b ié n d is m in u y e ro n en
c o n s id e ra b le n ú m e ro los q u e v i ­
ve n del m is e ra b le su b sid io a los
desocupados. E s to s d ato s h a n de
s e r b a s ta n te e x a c to s ; n osotros no
lo s ponem os en d u d a .
Sólo nos
p e r m itim o s
a g re g a rle s Itfna p e ­
q u e ñ a a c la ra c ió n : en la in d u s tria
s id e r ú r g ic a se t r a b a ja
p a ra t e ­
n e r el n ece sa rio
ac ero con qué
a m e t r a lla r a los
p ro le ta rio s
de
a lle n d e las fro n te ra s , y en el “ I.
G . F .” se p re p a ra la g u e rra q u í­
m ic a , a co n secu en cia de la c u a l
tos pueblos
se rá n
e x te rm in a d o s
com o ra ta s .
P o r lo que se re fie re a la m e ­
n o r c a n tid a d de g e n te q u e re c ib e
e l seguro a la deso cup ació n , nos
im a g in a m o s fá c ilm e n te lo que h a ­
b rá pasado a c e n te n a re s de m ile s
de o brero s ju d ío s ,
s o c ia lis ta s o
c o m u n is ta s q u e después del t r i u n ­
fo de H i t l e r se p re s e n ta ro n a las
v e n ta n illa s , en que la b e s tia p a r ­
d a a d m in is tra b a el segu ro so cial
c o n tra el paro.

P E R O H A Y T A M B IE N
SEPULTUREROS

O TROS

V e n d r á la g ig a n te s c a h e c a to m ­
be, con sus m illo n e s de m u e rto s
y con el in c o n m e n s u ra b le h a m b re
de la clase
o b re ra .
P e ro ju n to
con e lla v e n d rá u n a cosa que en
1918 se h a b ía d e ja d o sin a p r o v e ­
c h a r. V e n d rá la
d e b ilita c ió n del
a p a r a to o preso r, q u e en fo r m a de
e jé rc ito , p o lic ía , ju s tic ia v b u r o ­
c ra c ia usa la clase d o m in a n te en
d esm ed ro de
los
o p rim id o s . Y
cu an d o se p re s e n te el d ía en que
los p ro le ta rio s se cansen o tra v e z
del fa n g o en las tr in c h e ra s , h a b rá
p o r e l m u n d o m illo n e s de s e p u l­
tu re ro s que con el fu s il a l h o m ­
b ro y con la c o c a rd a ro ja en la
g o rra se e n c a rg a rá n de h a c e r a l ­
go m ás a u e u n a C o n s titu c ió n de
W e im a r o R e p ú b lic a s d e m o c r á ti­
cas. E n 1918 se escuchó a los q u e
a b ría n cauces “ de o rd e n " a la i n ­
d ig n a c ió n de la m asa tr a b a ja d o r a
q u e se d e s a n g ra b a en los cam p os
de b a ta lla . N o es m u y
p ro b a b le
que p uedan H acerlo o tr a v e z. Y
si, no o b s ta n te , h u b ie ra q u ie n lo
in te n ta r a , p uede se r q u e el p ro ­
le ta r ia d o en a rm a s a ju s ta r á c u e n ­
ta s p o r p a rtid a doble.

0
EL VALO R DE
ESPERANZAS

LAS

DOS

A m bas ilusiones se com ple­
m entan. ¿Qué sería de la bur­
guesía si hubiere de rendirse a
la evidencia de que su m isión ha
term inado? ¿Qué sería de los
candorosos m encheviquis si hu­
bieren de convencerse que el
mundo capitalista se derrumba y
que entram os en un período de
violentas convulsiones? La prim e­
ra vive de la esperanza de que
se pueda encontrar algún parche
para las resquebrajaduras; y los
otros piensan con horror en la
posibilidad de que un caos eco­
nóm ico aún m ayor pueda dar al
traste con los últim os restos de
una dem ocracia falsificada. E n el
balance de am bas esperanzas la
ventaja está evidentem ente de
parte de la burguesía; ella tiene
la salida del fascism o, m ientras
que los reform istas no tienen
m ás rem edio que fabricar m ule­
tas al sistem a explotador de hoy.
Salvo, que de intrépidos bernsteinianos lleguen a tím idos fa scis­
tas; tal, por ejem plo, como el
dignísim o m inistro socialdem ócrata Severing a quien le parece
lo m ás natural que la m asa obre­
ra sarrense vote por H itler y se
reintegre al Tercer R eich.

LOS S E P U L T U R E R O S D E L
P R O L E T A R IA D O C A V A N
FOSAS

Todos los E stados capitalistas
del mundo, pero con especialidad
los de Europa, se han em barca­
do en una carrera alocada de
arm am entism o. Tam bién h a re­
sucitado la era de los tratados
secretos, con vista evidente h a ­
cia la inevitable guerra.
A dem ás de las arm as, de los
gases y de las bacterias, se pro­
veen las potencias tam bién apre­
suradam ente de otros artículos,
que en apariencia son m enos
ofensivos, pero en cuya precipita­
da adquisición se nota por igual
la inm inencia de la gran ca tá s­
trofe. Checoeslovaquia, Italia, P o ­
lonia, Francia están haciendo
alarm antes adquisiciones de con­
servas en el Canadá y nuestro
país; lo m ism o hace el Japón.
Por otra parte tratan de colocar­
se todos en la m ayor independen­
cia posible del extranjero. M ussolini dió la definición clara al
decir que en caso de guerra el
trigo plantado en el país tenía
tanta im portancia como los pro­
yectiles de las arm as m ortífe­
ras.
N o puede haber dudas sobre el
resultado de estos trágicos absur­
dos que m ueven los gobiernos
capitalistas del mundo entero.
Cada una de sus acciones condu­
ce en definitiva a un solo fin: el
estallido de una m asacre de pue­
blos aún m ayor de la que se des­
encadenó en 1914.
•
LAS ESPER A N ZA S
R E F O R M IS M O

DEL

T a m b ié n
el
re fo rm is m o tie n e
sus e s p e ra n za s . Y , hecho cu rio s o ,
e lla s a r ra n c a n del m is m o m o t iv
q u e los de la
b u rg u e s ía . E l
“ D a ily H e r a ld ” , v o c e ro del la b o ­
ris m o b ritá n ic o , c o n s ta ta con s a ­
tis fa c c ió n q u e “ se ha p asa d o lo
p eo r” y q ue la
e c o n o m ía m u n ­
d ia l tie n d e a sa n e arse . E l n o m b re
del “ D a ily H e r a ld ” p o d ría e s ta r,
com o es n a tu r a l,
s u s titu id o p o r
c u a lq u ie r a de los o¡tros ó rg a n o s
que en el m u n d o a g ita n con c a n ­
d orosa fe la b a n d e rita de la so ­
c ia l - d e m o c ra c ia . .¿ N o h a y t a m ­
b ién e n tre n osotros g e n te q u e e s ­
c u d riñ a a n s io s a m e n te el c ie lo i n ­
te r n a c io n a l y los m a m o tre to s de
las e s ta d ís tic a s o fic ia le s p a ra r e ­
g o c ija rs e q u e e¡n A le m a n ia h a y
m enos
desocupados,
q u e en los
E s ta d o s U n id o s t r a b a ja m e jo r la
in d u s tria
m e ta lú r g ic a y
q u e el
Ja p ó n ha a u m e n ta d o sus e x p o r ­
tac io n e s ?

�Las medidas de opresión del Estado bur­
gués se han acentuado extraordinariamen­
te en nuestro país. La clase trabajadora or­
ganizada, especialmente en su sector revo­
lucionario, sufre en la actualidad una perse­
cución sistemática de tal magnitud, que de­
beríamos remontarnos a los primeros años
de la agitación socialista para encontrar un
período semejante.
Vivimos en los hechos bajo un constante
estado de sitio. Para el obrero que lucha por
conseguir una mejora en sus condiciones de
trabajo, para el estudiante o el profesional
que hace causa común con estas reinvidicaciones proletarias, no existe bajo el gobier­
no del General Justo, ni una sola de las ga­
rantías individuales proclamadas por la
Constitución liberal del 53.
Todo sindicato que dé muestras de acti­
vidad en la defensa de sus intereses y que
llegue hasta declarar unahuelga para miti­
gar la explotación patronal que la crisis y
la desocupación favorecen, es inmediata­
mente puesto en la ilegalidad por la policía,
que clausura sus locales, encarcela y tortu­
ra a sus dirigentes, prohíbe las asambleas
gremiales y fomenta en cambio las reunio­
nes ficticias de supuestos sindicatos forma­
dos y alimentados por los patrones, que­
brando el movimiento hulguista. La justi­
cia burguesa colabora en estos procedi­
mientos, dando curso a los procesos pOr su­
puesta asociación ilícita contra los organis­
mos obreros que se destacan por su firme­
za, y ya por imperio de decretos judiciales
decenas de dirigentes obreros son encerra­
dos en la Cárcel de Villa Devoto, durante
el transcurso de una causa que suele durar
uno, dos y hasta tres años. Si a la postre
son absueltos, la absolución de nada sirve
puesto que han estado detenidos durante un
tiempo mayor que el de la condena que hu­
biera recaído. Tal es el caso de los miem­
bros de la Unión Chauffeurs.
La monstruosa ley de residencia, cuya
aplicación diaria se preocupa de hacer el
gobierno, ha sido convertida, por imperio de
una jurisprudencia cómplice, en la “suma del
Poder público” otorgada al Jefe de Policía y
a sus secuaces. Obreros con treinta años de
labor en el país y sin otros antecedentes que
los que la propia policía ha urdido, son de­
portados a países fascistas de Europa, en
violación de los más elementales derechos
de asilo que consagra la legislación de todos
los pueblos civilizados; o permanecen, sin

PRISIONES, DEPORTACIONES

LA REPRESION OBRERA
proceso ni acusación, años enteros presos
porque su documentación no es bastante
perfecta para que las cárceles fascistas de
Italia, Yugoeslavia o Polonia se dignen
abrirse para ellos.
La prensa burguesa ro­
dea todos estos atentados
de un muro de silencio. En
parte por propio interés de
clase, en parte porque la
policía ejerce en los hechos
funciones de censora.
Tal es el cuadro en que
sedesenvuelve la clase obre­

para nada influyen en la uniformidad con
que todos ellos aplauden y alientan la re­
presión obrera y la violación de todas las
más cacareadas garantías constitucionales.
Podemos decir sin temor a exagerar que
para la clase trabajadora, el tránsito del Es­
tado democrático al fascista ha sido recorri­
do en su mayor parte por el conglomerado
de generales, ex-socialistas y terratenientes
que están en la Casa Rosada.
Frente a todo esto, cuáles son las direc­
tivas que dan los orientadores oficiales dél
? Cuál la función que desempeña la
prensa oficial del partido? Cuál la tarea

ra organizada en nuestro país. Y las pers­
que realiza el bloque parlamentario ?
pectivas para el futuro no son mejores.
Frente a la actividad ilegal de la enorme
Podrá el gobierno estarse acercando a los
máquina del estado que se mueve para aplasdirigentes del radicalismo y enfriándose un RODOLFO *ar a 1® dase trabajadora, las organizaciotanto de los de la concordancia. Estas lige­ A R A 0 Z nes dirigentes del partido no han tomado
ras escaramuzas de los sectores burgueses A LFARO una s°la resolución ni organizado un solo

acto de agitación o de protesta. Recién
ahora, tardíamente y a requerimiento dé los
centros, la Federación de la Capital anuncia
algunos actos públicos en ruero. La pren­
sa oficial socialista ha informado sobre los
sucesos con menos extensión y se ha ma­
nifestado con menos vigor que cualquiera
de los periódicos de la llamada “prensa ama­
rilla”. El bloque parlamentario no ha toma­
do una sola iniciativa a pesar de que en sus
comisiones dormita un pedido de investiga­
ción por las tropelías policiales.
¡Qué distinta actitud, de la de aquellos
tiempos en que los dirigentes socialista en­
cabezaban, empuñando la bandera roja, las
manifestaciones proletarias que terminaban
a menudo bajo el sable del escuadrón! ¡Qué
distinto, de la época del Coronel Falcón en
que se masacraba obreros, y de la promul­
gación de la ley de residencia!
Y eso que entre los sindicatos más perse­
guidos militan afiliados del partido, ocu­
pando cargos de importancia en la dirección.
La Comisión Administrativa del Sindicato
de Obreros Pintores ha sido detenida en
pleno; lo fué también el comité de huelga
dél Sindicato Metalúrgico; el Sindicato Uni­
tario de la Madera no puede instalar una
sola filial en ningún barrio de la Capital,
porque la Jefatura de Policía se lo prohí­
be. Solo le tolera, como condescendencia ex­
trema, la sede de la calle Parral, donde está
instalado a todas horas un agente de inves­
tigaciones que no permite la permanencia
de más de tres personas en el interior, lo
que imposibilita toda reunión de la Comisión
Administrativa y el funcionamiento de la
bolsa de trabajo. Uno de los miembros del
sindicato, el obrero Jalfin fué detenido en el
propio local por el delito de querer enviar
una nota al bloque Socialista haciéndole sa­
ber que se prohibía la realización de una
reunión efectuada por consejo de un parla­
mentario del partido. El obrero Jalfin lleva
ya más de un mes detenido por supuesta
‘portación de armas”, y el mismo camino
han seguido numerosos miembros de la
Unión Ferroviaria.
Se calcula en unos 200 los actuales dete­
nidos por orden de la Sección Especial: ob­
reros, estudiantes, intelectuales de izquier­
da.
El obrero Bazanta fué deportado en an­
gustioso estado de salud ocasionado por ia
huelga dehambre. Según denuncias perfec­
tamente documentadas todos los detenidos
Continúa en la pág. 32

�POLEMICA DOCTRINARIA

DOS CARTAS
L a s c a rta s de p o lé m ic a d o c tr in a r ia , donde se a n a liz a n p ro b le m a s q u e a ta ñ e n a la e m a n c ip a c ió n
del p ro le ta ria d o d e ja n de p e rte n e c e r a l q u e las e s c rib ió en el m o m e n to en q u e son re m itid a s . I n t e ­
re sa n a la c o le c tiv id a d . H a s ta el m ás d e s c o lo rid o p a r tid a r io de la C o n s titu c ió n de W e im a r , a c e p ­
t a r á sin o b je ta r e s ta e x p ro p ia c ió n de un bien p r iv a d o “ p a ra uso p ú b lic o ”.
Es p o r eso que la co m is ió n re d a c to ra de Iz q u ie r d a h a re s u e lto , p o r u n a n im id a d , p u b lic a r la c a r ­
t a e n v ia d a p o r el d ip u ta d o M a n u e l P a la c in a n u e s tro c o m p a ñ e ro M a r ia n e t t i a p e s a r de los e s c rú ­
pulos de éste y de la in e x p lic a b le n e g a tiv a de a q u é l a q u e se la d ie ra a co n ocer. Y d ecim o s in e x p li­
c a b le , p o rq u e no c o m p re n d e m o s com o el d ip u ta d o P a la c in puede re s e rv a r p a ra un sólo c o rre s p o n s a l,
u n a ex p o s ic ió n en la q u e p re te n d e r e b a t ir te ó ric a m e n te la o rie n ta c ió n de un e x te n s o s e c to r de la
o p in ió n s o c ia lis ta .
M á x im e c u an d o es ló g ico s u p o n e r q u e las id e a s fu n d a m e n ta le s q u e in fo rm a n su tr a b a jo s o e s ­
tu d io han de s e r s e g u ra m e n te tr a n s c r ip ta s p o r él e n a lg u n a o tra p u b lic a c ió n .
N o s h u b ie ra p a re c id o m enos leal p u b lic a r ta n sólo la re s p u e s ta de n u e s tro c a m a ra d a M a r ia n e t t i,
im p id ie n d o al le c to r s o c ia lis ta el c o te jo de a m b a s expo sicio n es, fo r m a in d is p e n s a b le p a ra q u e p u e d a
s a c a r su p ro p io c r ite r io .

Carta del diputado M anuel Palacin
BU E N O S AIR ES, diciem bre 16 de 1934. — D oc­
tor Benito M arianetti, — M endoza. — Estim ado
com pañero: H ace algunos dias he recibido dos
nuevos libros suyos, “doctrinarios” com o todo lo
que sale de su plum a desde el año 1932 hasta la
fech a. Como soy un hom bre que por sobre todas
las doctrinas cultivo la de la lealtad, frente a
am igos y adversarios, quiero aprovechar esta oca.
sión para aclarar definitivam ente mi posición —
no “postura”, térm ino que a mi juicio Ud. em plea
con bastante im propiedad — socialista y^am istosa,
frente a Ud. P ara comenzar, le recordaré que
guardé discreto silencio frente a su libro ‘‘La con­
quista del poder”, que tuvo la gentileza de enviar­
me oportunam ente, y que aproveché la ocasión de
un viaje a ésa para expresarle de viva voz mi pa­
recer: E se libro no era otra cosa qúe la edición
a cargo de un socialista de M endoza de pensa­
m ientos m ás o m enos originales de la literatura
com unista, tal com o se pueden obtener en los li­
bros que editan algunas bibliotecas españolas a
base de traduciones en m uchos casos anónim as.
Libro de una gran ingenuidad, por otra parte, por
cuanto m ás sirve para prevenir al adversario, en
caso de existir un sincero propósito de poner en
práctica sus “doctrinas”, que para “adoctrinar” a
socialistas. En ese libro, ya Vd. tom aba como
grandes teóricos del socialism o a una serie de
oscuros autores de diversas tendencias (com unis­
tas, sindicalistas, etc.) algunos a sueldo, m ientras
trataba en form a realm ente soberbia a hom bres
como K autsky y se las arreglaba com o podía para
ser considerado con Justo. E s claro! D espués que
Lenín llam ó “renegado” a K autsky, y sobre todo,
después que ese gran artífice de la reclam e y co­
laborador de publicaciones burguesas que se lla ­
ma o hace llam ar León Trotzky, para hacerse gra­
to a Lenín. lo llam ó “perro” cualquiera de nos­
otros, m odestos socialistas del m ás m odesto lugar
de Sudam érica podem os treparnos al alam brado y
-considerar a Kautsky... ; discípulo de Bernstein!

Yo creí que ese libro suyo sería un pecado de ju­
ventud; pero parece que me equivoqué.
¿Por qué yo m e hice ese juicio de aquel su li­
bro? Mi estim ado doctor: Pertenezco a un grupo
de hom bres que lleva m uchos años (Ud. habla de
15, yo he pasado de los 20) en el m ovim iento so­
cialista. E ntré a él por la puerta grem ial. He
sido obrero m anual. Me incorporé a su acción
cultural y económ ica. Quiero con esto decir que
conozco este m ovim iento bajo sus varios aspectos.
En esos 20 y tantos años de acción, hem os leído y
subrayado ai rojo a Marx, a E ngels, a D eville, a
Jaurés, a L afargue; hem os leído a K autsky, a
B ernstein, a Turati, a Iglesias; conocem os algo de
Axelrod, de Piejanov. de Trolestra, de Vandervelde, De Brouckere y Guesde, a sí com o de Lafargue.
H em os leído a autores que tam bién he visto con
asom bro que hay “m aestros” socialistas que cali­
fican de “grandes teóricos” com o G rave y Stirner,
e infinidad de autores y autorcillos de todas las
tendencias conocidas dentro del m ovim iento obre­
ro. Conocem os un poco a B akunin y a los anar­
q u istas. Sin em bargo, nunca hem os querido ser,
a nuestra vez, grandes teóricos, y hem os soportado
con paciencia solo com parable a Job las tiradas
“doctrinarias” de m ocitos com o Sierra, que luego
fueron a parar donde Ud. sabe bien, y de muchos
otros. En una palabra, nos g u sta m ás aprender
que enseñar, sobre todo si nos percatam os de lo
m ucho que no sabem os aún.
Quien estas líneas ile escribe, perm ítam e que le
diga con toda m odestia pero con toda verdad, se
ha dado la pena, que no es poca, de hacerse de
los instrum entos necesarios para conocer directa­
m ente el pensam iento y la acción de los socialis­
tas de los países m ás evolucionados del mundo.
H a seguido con interés, durante años, la acción
de los socialistas alem anes, a través de sus órga­
nos oficiales, ingleses, am ericanos, franceses y
checos, adem ás de los italianos y españoles. Y han
caído en sus m anos innúm eras publicaciones ins­

�piradas por M oscú, editadas en esos países. P ues
bien! En estas publicaciones es donde yo pude
conocer, no la traducción de los pensam ientos que
inspiran su interpretación de las teorías socialis­
tas, sino los originales de esos pensam ientos. Y yo
le digo ahora a Ud: lo que Ud. escribe es lo que
escriben y m andan escribir en M oscú para pene­
trar el m ovim iento socialista m undial! N o son
ustedes s o c ia lis ta s in tré p id o s , sin o c o m u n is ta s t í ­
m id os. Y esta es una posición m ental que yo
no
puedo soportar para m í. Si yo no fuera socialis­
ta, sería com unista.
Las “doctrinas” que inspiran sus libros, abu­
san del térm ino “socialism o científico”, que sue­
len escribir con m ayúsculas; pero se resuelven
en un mar de frases, jam ás exhiben una estadís­
tica, nunca operan sobre hechos, como no sea pa­
ra clasificarlos o definirlos “doctrinariam ente” .
No hay nada m ás anticien tífico. Si negaran la
ciencia en la historia, entonces estarían bien, pro­
clam ando que lo que opera en ella es la fuerza.
¿Qué otra cosa es la “doctrina” de la “conquista
del poder” (interpretada a través del “leninism o”,
interpretado a su v ez por los exégetas del leni­
nism o y vertida al español por algún miem bro
a sueldo del Instituto M arx-Lenín? ¿Qué quiere
decir en ciencia “m aterialism o histórico” ? En
ciencia no hay m aterialism o ni idealism o; esos
son térm inos escolásticos. Todo ese “socialism o
científico” se reduce a fórm ulas verbales: “bur­
guesía”, “pequeña burguesía”, “capitalism o im pe­
rialista”, “capital financiero”, “pequeño-burgués”,
“capitalism o m onopolista” . Y com o esta ciencia
necesita, para adornarse, de cierto “snobism o”,
está siem pre a la espera de nuevas “doctrinas”
que le den razón de ser. A sí, por ejem plo, que el
señor M ussolini bautizará de “fascism o” a su vul­
gar dictadura, fu é todo una “trouvaille” para los
adoctrinantes de M oscú: H e ahí la bestia del
A pocalipsis prevista por M arx para veinticuatro
horas antes de la revolución social. ¡M uchachos,
contra el fascism o, contra la guerra, contra el
im perialism o, contra la m entalidad “pequeño-burguesa”, c o n tr a ...! Y, cosa curiosa! A sí com o por
una aberración de la historia habría de haber sido
el país m enos capitalista de la tierra el que re­
matara antes que otro alguno, las etapas “cientí­
ficam ente previstas” por la “doctrina” — Rusia,i—
así hubo de ser el pueblo sem i analfabeto, cuasi
agrícola, m enos financiero, m enos trustificado —
Italia —• donde apareció y triunfó esa etapa fatal
—el fascism o — de la evolución capitalista! E n ­
tre tanto, Inglaterra, el país del capitalism o típico
de Marx, y E stados U nidos, el p aís tipo de las
grandes com binaciones de capital, son aún... libe­
rales! ¡Ah, e&lt;s cierto que R oosevelt aplicó ya la
“economía dirigida”, tam bién prevista por "la
doctrina”! . . .
Mi estim ado am igo M arianetti. Si yo no estu ­
viera tan cansado de oír estas doctrinas de labios
que invariablem ente afirm an que todo esto lo di­
jo “Carlomars y Federico E n gel”, así, “ C a rlo m a r s
y Fed erico E n g e l” , cosas son estas de refocilarse.
Pero, ¿dónde dijo eso “Carlom ars y Federico E ngel”? ¿Dónde, en qué libro ha desarrollado M arx
la “doctrina” de la “dictadura del proletariado”
— que sería la versión original de “la conquista
del poder”? •— H e leído y releído “E l C apital”,
"Crítica de la econom ía política”, : :M iseria de la
filosofía”, etc., etc. En esos libros, especialm ente
científicos los primeros, no está . En ellos se ana­
liza la econom ía capitalista. N o sé que M arx ha­
ya escrito nada donde diga cóm o será la sociedad
futura, — cosa que Ud. hace en su librito "De la
municipalidad a la com una”. C ientíficam ente, no
se puede escribir eso, pues la ciencia, que puede
trazar, como las trazó Marx, las leyes de la evo­

lución de un sistem a social dado, sabe m uy bien:
que si ese proceso fuera interrum pido por una
causa externa, se m alogra ese proceso. La ciencia
puede calcular el desarrollo o evolución de un or­
ganism o o planta pero sabe que si se dá m uerte a
ese organism o o se hacha esa planta, no habrá ta l
proceso. E sto es lo que parece ignorar la ‘doctrina’
com unista. N o hay nada fatal. Todo se puede in­
terrum pir y desviar. Yo me he preguntado m ás
de una vez si el “fascism o” no ha sido una con­
secuencia de la doctrina de la fuerza, cuya gloria
cabe a los com unistas rusos, y si ese fenóm eno nc
ha sido una interrupción, no fatal, del proceso
dem ocrático de preguerra. Donde entra a jugar
la fuerza, la ciencia no tiene nada que hacer en
m ateria histórica, y m ás me parece una hipocre­
sía que una necesidad el m eterla de por m edio.
El sistem a capitalista de producción no es una
fatalidad hum ana. La hum anidad pudo vivir sin
él com o ha continuado viviendo donde él no sur­
gió o sé desarrolló. Su expresión no há sido una.
fatalidad tam poco, sino la consecuencia de su ca­
pacidad. Lo contrario sería lo m ism o que decir
que la expansión helénica o rom ana fueron una
fatalidad. P ara mí, el socialism o tam poco es una,
fatalidad; si alguna vez ha de imperar, precisa­
m ente, no lo concibo sino como un producto de la
cultura, de la conciencia de los pueblos, de pueblos,
ilustrados. E s claro que la cultura necesaria pa­
ra el socialism o surge m ás fácilm ente de la téc­
nica capitalista que de la técn ica rudim entaria de­
una tribu del C ongo. Pero creo que una nueva,
conflagración podría destruir la civilización ca­
pitalista, y sé que de sem ejante cataclism o podría
surgir un m undo no sospechado por nosotros,
pues el s o c ia lis m o fu é co n ceb id o p o r sus fu n d a d o ­
re s com o un té r m in o de la e v o lu c ió n del sis te m a ,
c a p ita lis ta de p ro d u c c ió n ,

como el térm ino nece­
sario y conveniente, lógico, científico. Pero ¿y si
ese proceso es interrum pido?
A hora voy a las consecuencias políticas de esas
“doctrinas”. A ntes de todo, perm ítam e que le di­
g a una cosa. P ara m í esas “doctrinas” se definen
por sí solas com o m eras construcciones m entales,
por el sólo hecho de llam arse “doctrinas”. Yo d is­
tingo entre “teoría” y “doctrina”. D istingo por­
que en ciencia los térm inos adquieren precisión.
Y teoría quiere decir producto de la observación,,
que es el fundam ento de la ciencia — de las cien­
cias experim entales, que son la ciencia, — algo,
objetivo; m ientras que “doctrina” quiere decir a l­
go que se enseña, un precepto m ás que un prin­
cipio. D octrinas son los dogm as; teorías son lashipótesis de las ciencias. La doctrina deriva de
las enseñanzas de un m aestro; la teoría es la re­
sultante de un trabajo individual o colectivo, pe­
ro objetivo.
Yo creo que no podem os tolerar m ás un procesoque se ha venido desarrollando dentro de nues­
tro partido al favor de nuestra indiferencia. Digode nuestra indiferencia, porque yo m ism o no he
querido, hasta ahora, discutir con doctrinarios.
M enos aún si esos doctrinarios m e m erecieron el'
concepto de leales socialistas, com pañeros y am i­
gos. N o he querido que nos dividieran conceptos
abstractos con perjuicio de una lucha positiva y
de fines concretos. Con Justo, creo que debem os;
unirnos por lo que tenem os de común, y no se ­
pararnos por lo que tenem os de extraño. Pero,,
confieso que conform e a lo previsto por mí, los
resultades de esa indiferencia ya se hacen notarcon síntom as alarm antes de descom posición par­
tidaria y de caos ideológico,
Ud. ha sido tom ado como bandera de un m ovi­
m iento de prestigio de ciertos principios jr

�hombres de nuestro partido, pues se confunden
unos y otros, a los que Vd. afirm a que ni diez
congresos del partido serían suficientes para m o­
dificar. Vd. ha aceptado ser esa bandera, o su
portador. H ace tiem po que se le banquetea — con
todo derecho — por elem entos incorporados al
partido m uchos de ellos después de la revolución
de septiem bre. En el congreso de Santa Fe Vd.
recibió el bautism o de fuego en esa lucha contra
principios y hom bres que; según sus propias pa­
labras, tienen una tradición de 40 años en nu es­
tra agrupación política. Qué de extraño puede ha­
ber en ello, si Vd. se expresa con el m ayor des­
precio de todos los socialistas del mundo — a le­
m anes, italianos, austríacos, y conform e vayan
cayendo, Vd. podrá enriquecer la lista —, es se-,
guro que los nuestros no le m erecerán mejor
concepto. Me llam a la atención que Vd. no ten ­
ga el m ism o recuerdo para los com unistas de
Bela Kun, de Thaelm ann, para los m axim alistas
italianos de Serratti, pues yo no sé por qué toda
la responsabilidad de las desgracias del proleta­
riado deben recaer sobre los 7 m illones, por ejem ­
plo, de socialistas alem anes, “socialdem ócratas”,
y nada sobre los 6 m illones de com unistas, que es­
taban ofreciendo su receta a “las m asas”, como
los prim eros la suya. E sta es otra de las caracte­
rísticas de la literatura com unista, es decir, “doc­
trinaria”, en el mundo entero. Parto, pues, del
principio que Vd. acepta con agrado esa bandera.
Cuando llegam os a Santa Fe los desaprensivos
“reform istas” y “discípulos'’ de De Mann, nos
encontram os con que Vd. debía ser, o había dado
ya, una conferencia que está incorporada a su librito “La lucha por el socialism o”, que ha tenido
la gentileza de enviarm e. Yo creo que todo eso es
una lucha contra el socialism o, a favor del com u­
nism o, salvo una posición m ental realm ente in sos­
tenible. E sa lucha se realiza ahora con toda viru­
lencia, pero sin lucha! E s decir, no ha sido hasta
ahora lucha, sino trabajo de zapa, día tras día
caé la com isión de un nuevo centro en m anos de
hom bres, ' m uchas veces recien venidos, o de jovéncitos que andan sin sombrero, algunos estu ­
diantes”, otros “periodistas”, m uchos sin un tra­
bajo dem asiado absorbente. E stos hombres, socia­
listas intrépidos o com unistas tim oratos, hacen la
vida im posible a hom bres que desde décadas han
sido los puntales inconm ovibles del partido en esos
centros, hom bres que resistieron la tem pestad de
los “socialistas argentinos”, de los “tartufos” (com unizantes del año 1917), de los “libertinos” de
1927. A h!, m e olvidaba de los “terceristas” de
1921. E n í?«,nta Fe, según se m e inform ó de m uy
buena fuente, había un delegado que era repórter
o cronista de un diario en cuyas colum nas se h a ­
ce la propaganda al señor M ussolini, que estaba
con el grupo de delegados “doctrinarios”. Otro
“leader” era un joven egresado al partido en el
año 1931, que tengo entendido que ya se definió.
Form aban parte del grupo, como delegados o co­
mo “hinchas”, abogados de abolengo, pero no so­
cialista. E se grupo pretendió postergar la discu­
sión del inform e del grupo de diputados naciona­
les, y yo tuve el dolor de verlo a Vd. participar
de ese propósito, pues el inform e no era distinto
del que Vd. se había hecho aprobar en Mendoza,
es decir, nuestra actuación no era, distinta de la
suya.
En esa conferencia Vd. se presentó como el
portaestandarte de una causa del socialism o m endocino, que sería la que inform a su conferencia,
es decir, la de una revisión de m étodos, la de una
adopción del program a m áxim o. Debo hacerle no­
tar algunos hechos. Prim ero, que yo no puedo
comprender cómo se puede actuar en un cuerpo
como esa legislatura, ajustándose, como Vd. lo h a ­
ce, a norm as de convivencia dem ocrática y luego

decir fuera de ella las cosas que Vd. dice. Su
librito “De la m unicipalidad a la com una”, me in ­
form a de cóm o Vd. creyó que una carta orgánica
de las m unicipalidades debía discutirse con la pre­
sencia de todos los partidos políticos y debía ha­
ber sido el resultado de una verdadera conjuga­
ción dem ocrática — expresión legítim a de “opinión
pública”, que es la negación de esa doctrina de la
conquista del poder; — pero, a poco andar, Vd.
cree, con la indiscutible opinión socialista del Dr.
Sánchez Viam onte, que idéntico deseo del partido
en la provincia de Buenos Aires, ha sido un error!
Todas estas contradicciones son la resultante de
una “postura” doctrinaria no clara, a mi juicio. Si
som os dem ócratas socialistas, nunca caem os en
estas contradicciones, si som os com unistas, tam ­
poco. Segundo. Yo tengo la m ayor sim patía por
el socialism o de M endoza. Precisam ente, esta sim ­
patía me viene de atrás. Cuando el socialism o de
M endoza votaba com o un sólo hombre con Morey, en los congresos nacionales, yo lo compren­
día, y cuando vota casi como un sólo hombre
con M arianetti, lo sigo com prendiendo. Y quien
comprende, sim patiza. Pero, m i querido amigo,
aquí, en Buenos Aires, no sólo tenem os en mucho
las causas del socialism o de M endoza; también
consideram os las del socialism o en otros puntos
del país, y del extranjero. H ablo de socialism o.
Bueno. Yo creí que después de aquel episodio
final del congreso de Santa F e y de su sinceram iento eri el tren, de regreso a Buenos Aires, todos
estaríam os de acuerdo. Pero pronto “E l socialista”
de M endoza me llam ó a la realidad Ud. trató de
dem ostrar en él que no nos entendíam os.
Hoy, se nos rom pe los oídos con una revista
“Izquierda”, en la Casa del Pueblo, en los actos
que organiza el partido, en todas partes procla­
mando los artículos que para salvación del socia­
lism o han escrito Vd. y otros ciudadanos. N oso­
tros, los desaprensivos “discípulos” de D e Mann
(le advierto que yo he leído a D e Mann, pero que
soy tan discípulo de él como de W iclef), escribi­
m os a diario y desde hace años, pero jam ás, hemos
tenido la ocurrencia la perseguir a golpes de ar­
tículos a los inocentes “izquierdistas”. Compré
la revista, pues en su m esa de redacción estaba
un am igo mío «■ « Vd. — y pude notar que allí ha­
bía para todos, para todos nosotros, los socialistas
a secas. En la peor form a en que se puede comba­
tir a las personas, es decir, con hipocresía, allí se
las com bate, porque, com pañero, yo no soy hom­
bre de pam plinas: según esa revista nosotros no
som os socialistas, o por m alvados, o por zonzos.
Y no otra cosa quiere dar a entender la revista,
naturalm ente: hay que licenciar. Qué ocurriría si
nsotros nos convirtiéram os codos a las “doctri­
nas” de “Izquierda” ? N os darían Vds. un ban­
quete?
U n miembro del C. E., reviviendo un procedi­
m iento que creo que no tiene m ás antecedente
que el del diputado Carballo, acaba de dirigirse
al partido, a propósito de un conflictillo de centro,
discrim inando dentro del C. E. una “mayoría”,
contra la cual pone en guardia a los de abajo. Es
la anarquía que apunta como resultado de las ca­
m arillas innovadoras, de las doctrinas de corrillo,
de la acción de hom bres que pasan por encima
de los sacrificios sin cuento de los cam aradas de
m uchos países del mundo, cuya gesta ignoran o
conocen a m edias, a quienes gratan — ; qué au­
dacia! de cobardes, de traidores, de babiecas..
(Compañero M arianetti: Ya v é que lo difícil no
es escribir. Ahora Vd. conoce m i interior sobre es­
tos problem as. Podem os ser am igos. Yo creo toda­
vía en Vd. Pero yo puedo ser. am igo de un co­
m unista, no de un socialista, intrépido, que no al­
canza la tem eridad del com unista para sentar
cam pam ento aparte, pero sí para demoler una

�obra, que no me pertenece, o e! prestigio de hom ­
bres cuya honradez, sinceridad y sabiduría son
para mi indiscutibles. H oy al partido está m inado
y habrá que salvarlo, de la ignorancia presuntuo­
sa más que del error sincero, a m i juicio. Tengo
el orgullo, si ello puede ser, de no haber tenido
jam ás am biciones políticas. Créam e que no tem o
por posiciones personales, sino por que creo fir ­

m em ente que si el m al avanza, ello no será sino
en perjuicio de la clase trabajadora, a cuyo dolor
no so y insensible. Para mí, sus doctrinas no son
otra cosa que el ataque m undial del com unism o,
con los resultados conocidos, contra el so cia lis­
mo, sin adjetivos. Reciba Vd. m is saludos cordia­
les, M anuel Palacin.

Respuesta del com pañero M arianetti
E s tim a d o c o m p a ñ e ro :
A cuso re c ib o de su c a r ta de fe c h a 16 del a c tu a l, las q u e me a p re s u ro a c o n te s ta r p o r
c u a n to pasad o m a ñ a n a salgo p a ra ésa.
M e d ice en su c a r ta q u e hace a lg u n o s d ía s ha re c ib id o dos n u evo s lib ro s o lib rito s
m íos, “ d o c tr in a r io s ” (e n tr e c o m illa s ), com o to d o lo q u e sale de m i p lu m a desde 1932 a
la fe c h a . E n re a lid a d , no to do lo q u e sale de m i p lu m a
tie n e
ese c a rá c te r , a u n q u e lo
d e s e a ría in m e n s a m e n te . M is m ú ltip le s a c tiv id a d e s m e im p id e n d e d ic a rm e com o yo lo
q u is ie ra a lo q u e c o n s titu y e el c e n tro fu n d a m e n ta l de m is p re o c u p a c io n e s .
Debo r e c tific a r , ta m b ié n , lo de la fe c h a . A n te s de
1932 he te n id o o p o rtu n id a d de
e s c r ib ir a lg u n a s o tra s cosas del m is m o c a r á c te r : p o r e je m p lo , en 1928.
R econozco q u e en su c a r ta usted e x p re s a casi to d o lo q u e p ie n s a de m í, de m is m o­
destos tr a b a jo s y de la “ iz q u ie r d a ” . Y a es u n a v e n t a ja . S ie m p r e c o n v ie n e h a b la r c la ro
y ésta es la o p o rtu n id a d p a ra q u e se ex p res en a lg u n a s cosas.

“LA CONQUISTA DEL PODER,y
Veo que usted aprovecha el acuse de recibo de
m is dos últim as publicaciones para hacerm e co­
nocer — a dos años largos de distancia —i su opi­
nión sobre “La conquista del poder” . A unque ya
conocía, por referencias, su juicio, le agradezco
que me lo haya hecho conocer, ahora, directam en­
te. A lgo m e había dicho ya, usted, sobre ese tra­
bajo. P ara usted, ese libro no ha sido otra cosa
que “la edición a cargo de un socialista de M endoza_ de pensam ientos m ás o m enos originales ele
la literatura com unista, tal com o se pueden obte­
ner en los libros que editan algunas bibliotecas
españolas, a base de traducciones m uchas veces
anónim as” .
Si usted ha leído el libro, habrá podido advertir
que, en el prólogo, he significado en qué condi­
ciones se hizo ese trabajo, cuáles han sido m is
propósitos al publicarlo, y cómo no he perseguido,
al hacerlo, ningún fin de originalidad. N unca he
tenido la pretensión de convertirm e en inventor
de teorías. E l único propósito que m e ha guiado
ha sido el de conocer m ás o m enos bien las ideas
que inform an nuestro m ovim iento y exponerlas
en la form a m ás clara posible. E s decir, que m e
he colocado voluntaria y conscientem ente en el
papel de un propagandista y agitador socialista,
creyendo que con ello podía ser útil a la organi­
zación a qué pertenezco, y, en consecuencia, a la
clase trabajadora.' Me he convencido, después de
varios años, que conocer nuestra teoría y nues­
tra doctrina( acepto su distingo), es una tarea
mucho m ás difícil y m ucho m ás im portante de lo

que se cree. Me he convencido, asim ism o, que la
tarea de los que ocupam os ciertas posiciones en
el Partido, consiste, entre otras cosas, en tratar
de aprender y de enseñar a aprender.
“La conquista del poder” pudo ser un libro en
que yo, m odestia aparte, pude decir con otras pa­
labras, lo m ism o que dicen los autores que des­
filan por sus páginas. Pude abstenerm e de ha­
cer citas o de hacerlas en gran cantidad. Pero
he preferido respaldar una posición en la obra
m aestra de nuestros guías insuperados. Quizás
haya citado yo dos o tres autores (de los sesen­
ta y tantos que m enciono) que no han alcanza­
do una gran resonancia internacional, pero lo he
hecho porque sus opiniones me parecieron m uy
buenas y porque —' en definitiva — esto es lo que
interesa. Tam bién he citado a autores social­
dem ócratas com o V íctor Adler, que, a pesar de
ello, han com prendido con alguna claridad ciertas
cu estion es. A l pasar, debo advertir que no todas
las citas son de las recientes ediciones españolas.
Las hay en francés y en italiano, y las hay de li­
bros que poseo y que leí desde la época que cur­
saba m is estudios en la F acultad de Derecho de
Buenos Aires, cuando aún no habían aparecido
en E spaña las editoriales que tanto le disgustan
a usted.
En este libro, he preferido reverdecer las v ie­
jas y gloriosas páginas de nuestro pasado teóri­
co, porque me ha parecido que para un socialista
ello era m ás im portante que reverdecer los lau­
reles de C aaguazü. ,

�REVOLUCION Y GOLPE DE ESTADO

Usted, acusa de ingenuo el libro. No me alcanza el cargo. Que lo recojan los “inge­
nuos” como Lenín, Marx, Engels y otros. Para un criterio pequeño burgués, “El Mani­
fiesto Comunista” constituye una torpeza y una gran ingenuidad de parte de quien lo ha
escrito, por cuanto es una tontería hablar o escribir de la revolución... “La revolución
hay que hacerla”!. . . . Es la misma tontería que ha cometido Largo Caballero, por ejem­
plo.. O la que cometió Lenín. “Escribir en esa forma, significa prevenir al adversario”.
Entonces, lo que corresponde, es callarse taboca para que el adversario no se intranqui­
lice o preparar algún golpe de estado en secreto. Sin embargo, hay, que admitir, por
las buenas o por las malas, que la revolución no será posible si antes no existen las con­
diciones objetivas que la justifiquen y también las condiciones subjetivas. Y las condiciones
subjetivas se crean con la agitación y la propaganda.
Por eso Marx, en el prefacio de su “Critica de la Economía Política”, ha dicho que
no basta que se produzcan cambios en las relaciones de producción para que se produzcan
cambios en lo social, mientras no se tenga conciencia revolucionaria de esos cambios.
“La tarea ingenua” consiste, pues, en formar conciencia sobre esos cambios. Para usted
ha sido un gran pecado de mi juventud divulgar las ideas de Marx, pues sostengo que to­
do lo que tengo dicho sobre el Estado, la Democracia, las clases, la insurreción armada, la
dictadura del proletariado y la construcción del Socialismo desde el Poder, lo ha dicho
Marx. Si el libro no me pertenece, admita por lo menos, que me pertenece una actitud, y
que usted es un tanto contradictorio cuando me atribuye como “pecado de juventud” la
divulgación de las ideas marxistas... que pertenecen, en consecuencia, a otros. Para lo.
burguesía, también fueron pecados de juventud, acaso, los escritos de Engels o de Marx.
Para la clase trabajadora, no Y esto es lo que debe interesar a un socialista.

LA CRITICA EN NOMBRE DE LA CLASE TRABAJADORA

C u a n d o yo c r itic o a K a u t z k y , co m o te n g o el d ere ch o de c r it ic a r a c u a lq u ie r a , no lo h ag o por
la v a n a p re te n s ió n de “ h a c e rm e c a r te l” a sus e s p a ld a s . iP e rs o n a lm e n te , yo puedo no s e r n ad a en
c o m p a ra c ió n de e llo s
o de u s te d , p ero co m o en s ta s cosas no se a c tú a
p e rs o n a lm e n te , sin o
en
fu n c ió n de ideas, no in te re s a en a b s o lu to q u e la s deas las e x p o n g a
M a r ia n e t t i o P a la c ín , sin o
el
v a lo r in trín s e c o de esas id e a s .
L a c r ít ic a a s u m e e n to n c e s los c a ra c te r e s de u n a c r ít ic a en n o m b re
de los in te re s e s de la cla se o b r e r a . Y tie n e ra z ó n .q u ie n m e jo r d e fie n d e esos in te re s e s .

AUTORES “A SUELDO”
A lg u n o s
a u to re s ,
p a ra
u s te d ,
son a u to re s a s u e ld o .
¿ A s u e ld o de q u ié n
y p ara
q u ié n ? E s to es Jo q u e es p rec iso a v e r ig u a r . C re o q u e n o s o tro s hem o s te n id o d ire c to re s de “ L a V a n ­
g u a r d ia ” a su eld o . Y creo q u e te n e m o s in s p e c to re s de n u e s tro s c e n tro s “ a s u e ld o ” . T a m b ié n e s tu v ie ­
ro n a su eld o y lo e s tá n ,
n u e s tro s
c o n c e ja le s y losotros, los d ip u ta d o s .
S i m a ñ a n a , p o r c u a lq u ie r c ir c u n s ta n c ia , nos e c h a ra n del p a ís , si no p re fie r e n h a c e r o tra cosa
con n o so tro s, los q u e no te n e m o s re c u rs o s , q u iz á s te n d re m o s q u e e s ta r a su eld o , y o ja lá lo consiga­
m o s. M a r x e s tu v o “ a s u e ld o ” de E n g e ls . L e n ín y los e m ig ra d o s e s tu v ie ro n ta m b ié n a sueldo y hu­
bo q u e r o b a r a lg u n o s b an co s p a ra m a n te n e r, en I e x te r io r , d u r a n te ta n to s añ o s, a los revo lu cio ­
n a rio s . S o lo a s í se pudo lo g r a r la c o n tin u id a d y a e fic a c ia de u n a a c c ió n q u e de o tr a m a n e ra no
h a b r ía sid o p o s ib le . Y o no s ie n to , en to n c e s , re p u g n a n c ia p o r los a g ita d o r e s “ a s u e ld o ” de la causa
s o c ia lis ta . S í la s ie n to p o r los a g ita d o r e s a sueldode la b u rg u e s ía . S í la s ie n to , p o r c ie rto s b u ró c ra­
t a s . S i el P a r tid o t u v ie r a re c u rs o s s u fic ie n te s , yo p ro p o n d r ía q u e tu v ié r a m o * m u ch o s a g ita d o re s a
su eld o p a ra q u e lle v a r a n n u e s tra s id e a s a to d o s los lu g a re s de| p a ís , p a ra q u e e s c rib ie ra n y para
q u e h a b la r a n . In c lu s o , y o no te n d r ía el e s c rú p u lo b u rg u é s de no a d m i t i r el ro b o de un banco o I»
fa ls ific a c ió n de m o n e d a o el “ ro b o ” de a r m a s si to d o e llo e s tu v ie ra
d e s tin a d o
a n u e s tra
causa
e m a n c ip a d o r a . Lo q u e no p o d ría a d m i t i r s e ría q u e to d o eso se h ic ie ra p a ra m i uso p e rs o n a l.
N o a c e p to su re n c o ro s o d esp re cio p o r T r o t z k y , “ a r t íf i c e de la re c la m e ” y c o la b o ra d o r de “ las
p u b lic a c io n e s b u rg u e s a s , q u e se lla m a
o se h ace l la m a r L eó n T r o t z k y ” .
L a re c la m e de T ro tz k y
no es sin o el re s u lta d o de su e x tr a o r d in a r io y b r illa n te t a le n to y su h is tó r ic o t r a b a jo p o r la causa
del p r o le ta r ia d o . E n c u a n to a sus c o la b o ra c io n e s en la s p u b lic a c io n e s b u rg u e s a s ,
y o d esearía que
todos los d ia rio s y re v is ta s b u rg u e s a s d el m u n d o p u b lic a ra n sus a r tíc u lo s . Q u e lo d e ja ra n hablar
en to d a s las u n iv e rs id a d e s y que re g a la r a n a to d o el m u n d o sus lib r o s . U s te d te n d r á que a d m itir
co n m ig o q u e c u a n d o T r o t z k y c o la b o ra en u n a p u b lic a c ió n b u rg u e s a no lo h ace p a ra e lo g ia r a Roos e v e lt, p o r e je m p lo y q u e sus lib ro s tie n e n m á s im p o r ta n c ia y tra s c e n d e n c ia p a ra el p roletariado
in te rn a c io n a l q u e la re c o p ila c ió n de m is d is cu rs o s p a r la m e n ta r io s , o los de to d o s nosotros jun to s.
T r o t z k y no se lla m a o se h a c e l la m a r a s í, com o un n iñ o b ien se h a c e lla m a r “ P iru c h o ” . T ra b a ja n ­
do en la ile g a lid a d , los re v o lu c io n a rio s rusos tu v ie r o n q u e v a le rs e de p seu d ó n im o s. Esos pseudón;.

�mos a la la rg a , re e m p la z a ro n
sus v e rd a d e ro s n o m b res, y los s ig u ie ro n usando p o rq u e los t r a ­
b a ja d o re s y a no los co n ocían sino p o r esos p seu d ó n im o s. E s ta , q u e re s u lta e x p lic a b le p a ra un r e ­
v o lu c io n a rio , s e ría rid íc u lo p a ra nosotros.

NO BASTA LEER CIERTOS AUTORES
Me dice usted, compañero Palacín, que en sus
-veinte años de vida y de acción socialista, ha leído
y subrayado en rojo a los autores que yo m encio­
no. No tengo por qué dudarlo, pero la referencia
ni me conm ueve ni me interesa. Si usted los ha.
leído —i en los ratos que le dejaron libres sus pre­
ocupaciones por la cultura burguesa clásica •— y
no los usa para nada, ni tiene sim patía a.'guna
por ellos, y los repudia, en realidad, está en una
situación diam etralm ente opuesta a la m ía. Yo

los he leído y sigo sus enseñanzas. Ellos no fu n­
daron el m ovim iento socialista contem poráneo pa­
ra que cada uno hiciera lo que le viniera en ga­
na sino que dieron las directivas sobre las que es
necesario trabajar. De lo contrario no hay dere­
cho para creerse socialista o hablar y escribir en
nombre del Socialism o.
D lam ém osnos cualquier cosa pero no usem os
una denom inación que está en abierta pugna con
nuestra m anera de pensar y de proceder.

“LOS QUE NOS MANDAN ESCRIBIR”
Me revela usted una gran prim icia: “a través de los instrum entos necesarios para conocer
directam ente el pensam iento y la acción de los socialistas m ás evolucionados del mundo”5 ha des­
cubierto por publicaciones de M oscú que lo que yo escribo es lo que m andan escribir de M oscú pa­
ra penetrar el m ovim iento socialista mundial....
Supongo que esos valiosos instrum entos consisten en el conocim iento que usted tiene de
algunos idiom as. Al respecto, debo sign ificarle que no adm ito que en este país, la única gente que
tiene derecho para hablar de lo que ha escrito Marx son los que saben alem án, pues creo que ha
habido otra gente que sabiendo tam bién el alem án y el castellano, nos han hecho conocer debida­
m ente “el pensam iento original”. Entre ellos, Ju sto. Salvo que usted crea que todos los traducto­
res son unos falsificadores.
A mí no me han mandado ninguna instrucción desde M oscú, aunque usted no lo crea. Tam ­
poco me han “m andado” escribir nada. Y me extraña que en esta parte, su prosa y sus expresio­
nes no se diferencien fundam entalm ente de cierta cam paña reaccionaria. Le voy a hacer, a mi vez,
otra revelación: todo lo que yo he escrito o la m ayor parte de lo que yo he escrito, se pudo h a .
ber escrito antes de la R evolución R usa y antes de que los bolcheviques asum ieran el Poder. Se
escribió antes de 1917. U sted debe saberlo, y me extraña que no lo haya advertido a pesar de h a ­
ber subrayado con lápiz rojo los escritos de Marx^ de Engels, de P lejanof y otros. Y suponiendo
que no fuera así, faltaría saber, no de dónde vienen las consignas, sino el valor de las m ism as. A
mí n0 me espanta la “penetración”, siem pre que esa penetración sea en beneficio de los intereses
de la clase trabajadora. Yo no creo que el Partido es una cosa nuestra. E s y debe ser un instru­
m ento al servicio de la clase trabajadora. N o joncibo que la clase trabajadora tenga que estar
al servicio de ningún partido, incluso el nuestro. S i los com unistas tienen razón, históricam ente,
representaran las vanguardias de la clase trabajajora y la llevaran a la victoria. N osotros nos
quedarem os donde se quedó K erensky. Yo reconozco que gran parte de sus criticas contra nosotros
son absolutam ente exactas y por eso trabajo para que nuestro m ovim iento mejore. En esta tarea
no me interesan los ataques o los disgustos de algunos com pañeros. Me interesa el juicio que de
m is actos tendrá que venir después. Me interesa saber si perjudico o, por el contrario, hago al­
go bueno para la causa de los trabajadores.

“SOCIALISTAS INTREPIDOS”
Dice usted , P a la c ín , q ue nosotros los de la opo­
sición de iz q u ie rd a no som os s o c ia lis ta s in tré p id o s
sino c o m u n is ta s tím id o s . A m i ve z, debo s ig n ifi­
c a rle que h a y g en te que ni es c o m u n is ta t ím id a
ni so c ia lis ta in tr é p id a , y que en la lu c h a p o r el
socialism o s ie m p re re s u lta m ás re s p e ta b le y m ás
efic ie n te una posición de c o m u n is ta tib io que de
so cialista “ fr a p p é ” . “ Si yo no fu e r a s o c ia lis ta se­
ría c o m u n is ta ”, dice u s te d . P e rs o n a lm e n te , no lo

c re o . Si usted no fu e ra
s o c ia lis ta s e ría lib e r a l.
P o r |o
d em ás, h o y p o r hoy,
los p a rtid o s y los
h o m b res que a ú n se s ie n te n s o c ia lis ta s , a v a n z a n
desde el p u n to de v is ta id e o ló g ico , y el m o v im ie n ­
to o b re ro y s o c ia lis ta in te r n a c io n a l, se e n c a m in a
p o r la r u ta de la u n id a d , de m a n e ra q u e — en
este se n tid o — ni desde el p u n to de v is ta d o c tr i­
n a rio , puede e x is tir un a b is m o e n tre u n a cosa y
o tra .

MATERIALISMO DIALECTICO
Sostiene usted que las “ d o c trin a s ” de m is lib ro s
(a d v ié rto le n u e v a m e n te
q u e no ten g o d o c trin a s
personales) ab u san del té r m in o “ so c ia lis m o c ie n ­
tífic o ”, pero que no re c u rro a las e s ta d ís tic a s .

P a r a usted p a re c e que donde no h a y e s ta d ís ti­
cas no h a y c ie n c ia . E s tá en un e r r o r . P a r a co­
n o c e r y a p r e c ia r las e s ta d ís tic a s h a y q u e poseer
p re v ia m e n te a lg u n a s id e a s . Y 0 no sé cóm o m »

�las a r re g la r ía p a ra h a b la r del concepto del E s ta ­
do a base de e s ta d ís tic a s . T a m p o c o soy ca p a z de
im a g in a rm e cóm o p o d ría h a b la r de clases so cia­
les a base de e s ta d ís tic a s
y qué necesidad
h ay
p a ra ello, cuando el te m a puede
ser e n ten d id o
ig u a lm e n te . T a m p o c o p o d ría h a b la r de la d ic ta d u ­
ra del p ro le ta ria d o a base de e s ta d ís tic a s . Y h ay
m u ch as cosas que se resu elven y se e n tien d e n sin
e s ta d ís tic a s . E s tá to d a la filo s o fía y puede e s ta rlo
la so cio lo g ía . T a m b ié n la H is to r ia . U s ted se p re ­
g u n ta qué q u ie re d e c ir en c ie n c ia “ m a te ria lis m o
h is tó ric o ” . Le re co m ien d o que lea o relea la con­
fe re n c ia de J u s to : “ L a te o ría c ie n tífic a de la h is­
to r ia y la p o lític a a r g e n tin a ” . Q u izá s en c u e n tre
a llí u n a e x p lic a c ió n . “ En c ie n c ia no h a y m a te r ia ­
lism o ni id e a lis m o ; esos son té rm in o s es c o lá s ti­
cos’^ dice usted. T ie n e cazón. Pero o lv id a q u e el
“ so cia lism o c ie n tífic o ” lo es, p re c is a m e n te , porque
ha re p u d ia d o e l m a te ria lis m o y el id e alis m o esco­
lás tic o s .
P o rq u e usted no debe ig n o ra r que
el
m a te ria lis m o h is tó ric o no tie n e n ad a que v e r con

el m a te ria lis m o ni con el id e a lis m o . E l m a te r ia ­
lism o h is tó ric o es el m a te ria lis m o d ia lé c tic o . Se
d ife re n c ia del m a te ria lis m o m ecánico en que to ­
m a en cu e n ta p o r p rim e r a v e z el fa c to r h o m b re
y fa c to r v o lu n ta d . Se d ife re n c ia del m a te ria lis m o
m ecánico en que m ie n tra s
éste so stiene que el
h om bre es p ro d u cto del m edio,
el m a te r ia lis m o
d ia lé c tic o , a d m itie n d o la im p o rta n c ia del m edio,
sostiene la in te rv e n c ió n
v o lu n ta r ia
del h o m b re
sobre la n a tu ra le z a
y el proceso h is tó ric o .
En
“ T e o ría y P rá c tic a de la H is to r ia ” Ju sto
no lo
desconoció. E s ta es la base fu n d a m e n ta l del S o ­
c ia lis m o . Si el h o m b re fu e ra un s im p le p ro d u cto
del m edio y no fu e ra ca p a z de in te r v e n ir sobre él,
no h a b ría p o s ib ilid a d de acció n s o c ia lis ta . H a b r ía ­
mos caído en el fa ta lis m o del que usted nos a c u ­
sa e q u iv o c a d a m e n te . El aspecto re v o lu c io n a rio
y
c ie n tífic o

del S o c ia lis m o

a h o ra , me p e rm ito

es ese, p re c is a m e n te

re c o rd a rle

Y,

n u e v a m e n te el p re ­

fa c io de la “ C r ític a de la E co n o m ía P o lític a ” .

“FORMULAS VERBALES”
Para usted son fórm ulas verbales: “burguesía”, “pequeña burguesía”, “capitalism o im peria­
lista’^ “capitalism o financiero”, “pequeño burgués”, “capitalism o m onopolista”, etc., etc. Me asom ­
bra esta afirm ación.
“Burguesía”, para los obreros y para los socialistas, quiere decir algo. Tiene un sentido
preciso. Lo mismo ocurre con el térm ino “pequeña burguesía”. “Capitalism o im perialista” tam bién
significa algo. Para un econom ista no es lo m ism o el capital aplicado a la instalación de una
bodega, que el capital que va m ás allá de las fronteras a disputarse los mercados. El capital de
la CHADOPIF, por ejemplo, tiene alguna diferencia, en su aspecto económico, político y social,
que el usado por el alm acenero de la esquina de su casa o del Banco de la N ación. Lenín ha es­
crito un libro muy interesante sobre este asunto. Sobre el capital m onopolista, Justo tam bién lo
distinguió en alguna form a en “Teoría y Práctica de la H istoria”. En cuanto al capital financiero
H ilferding tiene todo un libro (escrito en 1900) para definirlo. Los bancos tam bién saben algo al
respecto. Ya vé usted que no se trata de sim ples cuestiones verbales sino de categorías económ icas.

LAS DICTADURAS
U sted está en un error cuando cree que la dictadura de M ussolini es una vulgar dictadura,
como podría ser la del bisonte Gómez H ay m uchas dictaduras en el mundo, pero hay diferencias
entre éllas. Y usted debe admitir que el fascism o tiene una personería indiscutible y que puede
ser perfectam ente catalogado. El fascism o, políticam ente, significa el aplastam iento de la econo­
mía (y, en consecuencia), de la política liberal y el triunfo del capital financiero e im perialista.
En los países que como Estados Unidos solo existe hasta ahora una dictadura económica, es por
que, políticam ente, mandan los capitalistas im perialistas o financieros. Si allí hubiera habido co­
mo en Italia o en Alem ania, una alta expresión política socialista y obrera, tam bién existiría una
dictadura política que por el momento no necesitan los sectores dom inantes. R ectifico un error
suyo en cuanto dice que los E stados Unidos son aún liberales. Si hay econom ía dirigida, se acabó
el liberalism o. En política aún existe el liberalism o( democracia burguesa), porque la disputa por
el poder es aún una disputa entre los grandes capitalistas. En cuanto a Inglaterra, aguarde usted
un poco. Ya verá m uchas novedades. Por de pronto, Lloyd George se apresta a seguir las hue­
llas de Roosevelt.
Se extraña usted de que el Socialism o haya aparecido en R usia antes que en otros países. En
primer lugar, no es cierto que en Rusia se haya realizado el Socialism o, precisam ente porque se
trataba de un país económ icam ente atrasado. La clase obrera en el Poder, realiza la etapa indus­
trial (capitalista en otros países), construyendo laboriosam ente el Socialism o. Es cierto que el
Socialismo no será posible sino sobre la b ase.d e un desarrollo industrial previo, pero tam bién es
cierto que no es absolutam ente necesario que la etapa industrial tenga que estar bajo ila dirección
capitalista. Rusia lo ha demostrado.

LA DICTADURA DEL PROLETARIADO
H a b la n d o de la d ic ta d u ra de| p ro le ta ria d o , us­
ted se b u rla de alg un o s iz q u ie rd is ta s , v sostiene
que es algo así como una in v e n c ió n . Se p re g u n ­
ta en efe cto : “ Dónde, en qué lib ro ha d e s a rro lla ­

do M a r x la d o c trin a de la d ic ta d u ra del p ro leta­
ria d o ? ” S o stien e usted que ha leído u n a cantidad
de lib ro s de M a r x y no ha en c o n tra d o
nada de
e llo . C ita “ El C a p ita l”, y “ C r ític a de la Econom ía

�P o lít ic a ” . E s c la ro que en estos tr a b a jo s no e n .
c o n tr a r á n a d a de esto, p o rq u e u sted h a b rá ad v e -_
-tido, y con m a y o r ra z ó n ,
con ociend o
el id io m a
o r ig in a l en que fu e ro n e s c rita s , que las o b ra s cié
M a r x son de dos c a te g o ría s . U n a p a rte de e lla s
son de c a r á c te r ec o n ó m ic o . O tra s son de c a rá c te r
p o lític o y re v o lu c io n a rio
E n tr e éstas, la p r in c i­
p a l “ El M a n ifie s to C o m u n is ta ” . Es d e c ir, q u e M a r x
d e s a rro lla lo que y a d ijo en el p re fa c io de uno de
esos lib ro s que usted c ita : que no b a s ta q u e h a ­
y a ca m b io s ec o n ó m ico s. H a y que te n e r c o n c ie n c ia
de ellos. E n sus o b ras de c a r á c te r p o lític o y re ­
v o lu c io n a rio , t r a t a de h a c e r esa c o n c ie n c ia o de
d e s p e r ta r la . Si M a r x no h u b ie ra h a b la d o e x p re s a ­
m e n te en n in g u n a p a rte de la d ic ta d u r a del p ro ­
le ta r ia d o , h a b ría q u e d e c ir que e lla s u rg e de sus
e s c rito s p o lític o s y so ciales. Q ue c u an d o en
e!
“ M a n ifie s to ” so stiene la to m a del p od er p o lític o
p o r el p ro le ta ria d o , ello lle v a im p líc ito el p r in c i­
pio de la d ic ta d u r a de| p r o le ta r ia d o . Y si M a r x
no h u b ie ra d icho n ad a de esto, la R e v o lu c ió n R u ­
sa nos d e m o s tró que te n e m o s que a d m it ir la .
P e ro q u ie ro d e c irle , c a m a ra d a P alacín^ q ue e s tá
u sted m a l in fo rm a d o a p e s a r de sus c ita s y q ue,
p o r s u e rte , M a r x en uno
de sus tr a b a jo s se ha
r e fe r id o e x p re s a m e n te a este a s u n to , y lo ha he­
cho en pocas p a la b ra s , p o rq u e lo d ab a p o r s o b re ­
e n te n d id o . Ese tr a b a jo
se lla m a :
“ C r ític a de!
P ro g ra m a

de G o th a ” , q ue c o n tie n e

m uchas

cosas

in te re s a n te s y m u c h a s o p in io n e s a c tu a le s con re s­
pecto al s u fra g io , la d e m o c ra c ia y o tra s co sas.

E ste tr a b a jo fu e e s c rito por M a r x en 1875. P o ­
seo u n a ed ició n fra n c e s a
del añ o 1922, de la l i ­
b r e r ía L ’ H u m a n ité de P a rís . C o n tie n e un in te r e ­
s a n te p ró lo g o de E n g e ls y c o n tie n e , ta m b ié n ,
la
c a r ta q u e M a r x e n v ió a W . B ra c k e , re m itié n d o le
la c r ític a a l P r o g r a m a de G o th a .
E n la p á g in a
53^ d ice M a r x : (h a g o la tra n s c rip c ió n en el id io ­
m a o rig in a l de la p u b lic a c ió n , p a ra a u e no sospe
che u s te d ) “ E N T R E L A S O C IE T E C A P I T A L I S T E
E T L A S O C IE T E C O M M U N IS T E , S E P L A C E L A
P E R IO D E D E
T R A N S F O R M A T IO N
REVOLUT IO N N A IR E
D E L A P R E M IE R E
EN LA
SE
C O N D E . A Q U O I C O R R E S P O N D U N E P E R IO D E D E T R A N S IT IO N P O L IT IQ U E O U L ’ E T A T
N E S A U R A IT E T R E A U T R E C H O S E Q U E L A
D IC T A T U R E R E V O L U T IO N N A IR E D U P R O L E
T A R I A T ”. (f a lt a n a lg u n o s a c e n to s ). (1 )
C o m o u sted puede a p re c ia r lo ,
p a ra M a r x ,
la
cu es tió n de la d ic ta d u r a del p ro le ta ria d o e ra u na
c u e s tió n in d is c u tib le . Si no se ha re fe rid o m ás
e x te n s a m e n te a l a s u n to , es p o rq u e este g ra n h o m ­
bre ha sido e s q u e m á tic o e.n m u c h a s de sus id e a s .
A s í, p o r e je m p lo , ja m á s e s c rib ió s o b re m a te r ia ­
lis m o h is tó ric o . A p e n a s si a p u n ta a lg u n a s cosas
en a lg ú n p ró lo g o de “ E l C a p it a l”, en el p re fa c io
de “ C r ític a de la ec o n o m ía p o lític a ” y en “ M is e ­
ria de la F ilo s o fía ” .
S in e m b a rg o , c e n te n a re s de
o b ras han sido e s c rita s sobre el m a te r ia lis m o h is ­
tó ric o , que in fo r m a to d a la o b ra m a r x is ta , a ta l
p u n to que si no h u b ie ra d icho u n a p a la b ra expre_
m e n te &lt; so b re él, la te o ría o el m é to d o e x is tir ía n
en el m a rx is m o .

EL ESQUEMA DE LA SOCIEDAD SOCIALISTA

También está usted en un error, cuando
dice que Marx no ha escrito nada en el senti­
do de cómo será la sociedad futura, contra­
riamente a lo que yo hago en “desde la Muni­
cipalidad a la Comuna”. Yo no creo que se
pueda saber de antemano cómo será la socie­
dad futura, y me parece r i d í c u l o poner­
se a pensar sobre estas cosas o escribir sobre
el particular. Pero sí creo que se puede tener
un esquema de una futura organización. Us­
ted, como buen cooperativista, no admitirá
que se le dijera que es absurdo pensar cómo
sería una sociedad fundada en la cooperación.
Pero lo que admite para el cooperativismo no
Jo admite para el socialismo.
Yo he dicho, al finalizar “La conquista del
poder” :
“La realización de la sociedad socialista
estará condicionada principalmente, por he­
chos que acaso no estemos en condiciones de
prever”. Quiere decir, que no ignoro ciertas
cosas. Pero cuando en ese mismo libro o el
■ que usted menciona, me he referido a un es-1

quema de la futura organización comunal o
socialista, no he hecho sino concretar ideas
Si los fascistas han dado teóricamente las ba­
ses del Estado corporativo, y tratan de reali­
zarlo, el Socialismo también debe saber a dón*•
de va y la clase obrera debe tener una idea
de lo que tendrá que hacer cuando lleque al
Poder.
Marx, contrariamente a lo que usted cree,
en el mismo trabajo a que acabo de hacer re­
ferencia, habla de la primera y posterior fase
de la revolución socialista y se refiere al es­
quema de la futura organización. En “La
conquista del Poder” se encuentran algunas
cosas sobre el particular. O es que usted tam­
bién ha hecho su crítica sin leerlo, como dicen
que ocurrió con C.f
No puedo recoger su argumento o su duda
que el fascismo haya sido el resultado de la
doctrina de la fuerza que usted atribuye a los
rusos, mientras yo la atribuyo a Marx y a la
Historia conocida. Cómo puede creer usted
que un movimiento social como el fascismo

(1) O sea, traducido en buen rom ance: “Entre la sociedad capitalista y la sociedad com unista se
sitúa el período de transform ación revolucionaria de la prim era a la segunda. A lo que corresponde
un período de transición política durante el cual el Estado no sabría ser otra cosa que la dictadu­
ra revolucionaria del proletariado.” N. de la R.

�surja como respuesta a la doctrina de la
fuerza? El fascismo también está fundado
en la fuerza, pero responde — ante todo —
a motivos de carácter económico.
Claro está que de un cataclismo guerrero
podría surgir un mundo no sospechado por
nosotros si nosotros vamos a la zaga de los
acontecimientos y no somos socialistas. Si so-

mos socialistas sabemos que debemos aprove­
char una guerra para convertirla en guerra
civil y luchar por la instauración del Socia­
lismo. Si procedemos así, nada habrá de in­
sospechado para nosotros. Pero si no hace­
mos nada de esto, otras fuerzas nos tomarán
la delantera y siempre tendremos que “sufrir
la historia”, para usar úna expresión de Justo.

SITUACIONES PERSONALES
A h o ra , en cu an to a las ap re ciac io n es que usted
hace sobre m i s itu a c ió n person al, debo m a n ife s ­
t a r le lo s ig u ie n te : no a d m ito que se d ig a que he
sido to m a d o como b a n d e ra . N o soy m u ñ eco . Sé
lo que hago y creo te n e r a lg ú n sentid o de la re s­
p o n s a b ilid a d . T a m p o c o es c ie rto q u e se me ban_
que te a . N o he asistido a n in g u n a c o m id a, au n q u e
lo c o n tra rio nada s ig n ific a r ía , ni creo que se h a ­
y a h echo n in g ú n b an q u ete.
U s te d ’ nTé c a lific a de in ju s to , pues a ta c o a
la
so c ia ld e m o c ra c ia a le m a n a y no digo nada de los
c o m u n is ta s . A d m ito que los co m u n is tas han co­
m e tid o e rro re s , p ero los han co m e tid o en las vía s
re v o lu c io n a ria s , c o n tra ria m e n te 7. lo que ha ocu­
rrid o con la so cia ld em o c ra cia a le m a n a .
P o r eso
no puedo c r itic a r a L a rg o C a b a lle ro , por e je m p lo ,
pero la c r ític a te n d rá que re s u lta r im p la c a b le p a -

ra B e ste iro . P o rq u e una cosa es eq u iv o c arse en
el te rre n o re v o lu c io n a rio y o tra en el p a n ta n o l i ­
b eral.
“ L a lucha p or el S o c ia lis m o ” ,
p a ra
usted
es
la lucha c o n tra el S o cialism o . Q ué S o c ia lis m o ? Es
posible que lo sea c o n tra a lg u n a clase de S o c ia lis ­
mo, pero no c o n tra el S o cialism o . H a s ta a h o ra no
he hecho nada en c o n tra del S o c ia lis m o .
U sted h ab la de tra b a jo de z a p a . N o es e x a c to .
Y o hablo y escribo
y m e re s p o n s a b ilizo de m is
ac to s . Con Ja R e v is ta sucede o tro t a n t o . L e ase­
g uro que el tr a b a jo de z a p a está en o tra p a rte .
A h o ra , si usted e n tie n d e q ue el tr a b a jo de za p a
es el tr a b a jo p or la exp an sió n de ideas d e n tro del
P a rtid o que es de todos nosotros y de to d a la c la ­
se o b re ra , entonces tie n e razó n .

ABOGADOS Y OBREROS
U sted alu de a abogados de abolengo, pero no
s o c ia lis ta s . Y 0 creo que es ta n v a lio s a o m ás v a ­
liosa la acción en el P a rtid o
de un abogado de
abolengo que la de un o b re ro . E l o b rero está en
su papel y d efien d e sus propios in te res es . E l abo­
gado de abolengo se a p a rte de su p ro p ia ca teg o ­
r ía social y de sus propios intereses, p a ra p o n e r­
se al se rv ic io de la clase tr a b a ja d o r a .
E sto es

m a g n ífic o .
Y me a g ra d a
m ucho m ás v e r a un
abogado de ab o leng o h acer la ap o lo g ía de los hé­
roes obreros q ue a un o b rero h a c e r la ap o lo g ía de
los héroes de la g en te de abolengo.
U sted dice u n a se rie de cosas del “ g ru p o ”
de
iz q u ie rd is ta s . Y o no he firm a d o ni m e la han pe­
dido, n in g u n a g a ra n tía p a ra nad ie, pues c o n s id e .
r 0 que cada uno debe re sp o n d er de sus a c to s .

LO DE SANTA FE
A fir m a , sin ra zó n , que
en el ú ltim o Congreso
de S a n ta F e hubo u na m a n io b ra
en
c o n tra del
G ru po P a r la m e n ta rio y que usted v ió con d olo r
que yo p a rtic ip a b a de e lla . Es re a lm e n te in c o n ­
cebible que usted me ve n g a con estas cosas, c u a n ­
do sabe que esta es u na b u rd a p a tra ñ a .
U sted
sabe que cu an d o se d is c u tió ese as u n to , la m a y o r
p a rte de esos “jó v e n e s ” y a no es tab an en el re ­
c in to del C o n greso .
U sted sabe que yo estuve
to d a la ta r d e en el escenario
y cuando
hice la
proposición estab a sentado en el C e n tro , al lado
de C o n tu rs i. P o r ca su alid a d
me
quedé a llí un
m om ento, pues d eb ía h ace r la v a lija y le d ejé d i­
cho a C o n tu rs i que cuando se t r a t a r a e 1 in fo rm e
del grupo p a rla m e n ta rio , c r itic a r a una r dos co­
sas, sobre lo que estuvo de acuerd o , pues yo no
e s ta ría p re s e n te . U sted sabe que a u n q u e lo h u ­
b iéram o s q u e rid o , no te n ía m o s m a y o ría p a ra pos­
te r g a r la co n sideración de ese asun to . L a m a n io ­
b ra estuvo de p a rte del G ru p o P a r la m e n ta rio que
se hizo la v íc tim a y se le v a n tó com o u n a te m p e s ­
ta d , razón p o r la que me re tir é del C ongreso pues no
puedo a d m itir que n ad ie ju z g u e m is in te n c io n es

en fo rm a m a lé v o la . A llí hubo u n a p o rq u e ría , pe­
ro no estuvo de m i p a rte .
Y o in m e d ia ta m e n te después, en el tre n , c o rrec­
ta m e n te , como co rresponde a u n a p erson a de bien,
e x p liq u é un asu n to que no n ece sitab a e x p lic a c ió n ,
porque ustedes sabían lo que h a b ía o c u rrid o .
Lo
que yo deseaba y lo conseguí, era u n a cosa: que
el d o c to r R e p e tto , que es una de las pocas perso­
nas que me im p on en respeto en el P a rtid o , su p ie­
ra que no soy ca p a z de a n d a r en esa clase de c h icanas y m a n io b ras .
U s ted dice que el in fo rm e no e ra d is tin to del
que yo m e h ab ía hecho a p ro b a r en M en d o za . Eij'
M en d o za, yo no me he hecho a p ro b a r n in g ú n in fo r
m e, pues no se ha re a jiz a d o aú n el Congreso, y
— ad em ás, — no v o y a r e c u r r ir a l golpe de esce­
na que ustedes h ic ie ro n en S a n ta
Fe. P o r otra
p a rte , no creo que m i la b o r p a rla m e n ta r ia m e­
rezca c r ític a s y no ten g o n ad a de qué a rre p e n .
tir m e sobre el p a rtic u la r . S ostengo, ad em ás, que
no es c ie rto que la a c tu a c ió n
de ustedes no es
d is tin ta de la m ía . C reo que h ay a lg u n a pequeña'

�d if e r e n c ia en c u a n to a o r ie n ta c ió n y en c u a n to
a c o n te n id o .s o c ia lis ta .
U s te d d ic e q u e
no c o m p re n d e
c ó m o yo d ig a
c ie r ta s cosas en la L e g is la t u r a y o tr a s en la c a ­
l l e . Si u s te d no lee m a l los d is c u rs o s , te n d r é q u e
d e c ir le q u e no h a y n a d a q u e yo h a y a d ic h o en m is
lib r o s o en la c a lle q u e no lo h a y a d ic h o en la L e ­
g is la t u r a . C u a n d o en “ D e sd e la M u n ic ip a lid a d a
la C o m u n a " he h a b la d o de la a u s e n c ia d e o tr a s

fu e r z a s , he d ic h o q u e no nos s e n tía m o s a ta d o s a
los ra d ic a le s , y si he in s is tid o en ese a s u n to ,
es
p o rq u e , p o lític a m e n te , nos c o n v e n ía d e n u n c ia r la
a c t it u d c o n s e rv a d o ra de r e a l i z a r u n a r e f o r m a en
m in o r ía .
guna

C o m o s o c ia lis ta sé q u e esto no tie n e n in ­

im p o r ta n c ia ,

por

eso

e s to y

de a c u e rd o

con

la o p in ió n de S á n c h e z V ia m o n t e , y p o r eso no H a y
n in g u n a

c o n tr a d ic c ió n .

“IZQUIERDA”
U sted dice que en IZ Q U IE R D A se a ta ca con
hipocresía, lo que — en otros térm in os — sig n i­
fica que todos nosotros som os un os h ip ócritas.
N o recojo la im putación. R ara a ctitu d la de u s­
ted es! Cuando aparecían pu blicacion es anónim as,
protestaban porque lo eran. Cuando aparecen pu­
b licacion es responsables protestan lo m ism o y h a ­

blan de h ip ocresía. E n el P artid o y en su s órga­
nos, hay m ucho de esto . T am bién lo hay en a lg u ­
nos de sus hom bres, pero en lo que a la R ev ista
se refiere, le declaro que jam ás ha aparecido en
nuestro m ovim ien to una cosa m ejor. Por eso está
usted equivocado al confundirnos con los episo­
dios escisio n ista s anteriores. C réam e que esto es
m ás in teresan te.

AMBICIONES

Yo tampoco tengo ambiciones políticas, a
pesar de ser ambicioso para las grandes co­
sas. No tengo interés en ser concejal, dipu­
tado o senador por la Capital, suponiendo
que pudiera secrlo. E stas cosas, compañero
Palacín, ya no constituyen una aspiración
para mí. Ya he superado esta etapa. En lo
que a Mendoza se refiere, supongo que us­
ted admitirá que no tengo necesidad de ha­
cer ningún “trabajito” para ser diputado,
cuando también lo son otros, o para figurar
en un cartelito como candidato a gobernador.
Y usted hace mal en recordar las épocas en
que Morey actuaba en el Partido. No es
cierto que los delegados mendocinos lo si­

guieran a Morey como borregos. Morey fué
delegado a dos o tres congresos y no ha ha­
bido nada de lo que usted dice. En alguna
otra oportunidad, hubo homogeneidad en la
representación, pero no creo que sea una
cosa grave. Tanto no lo es, por ejemplo, que
usted no la ha visto con respecto a San Juan.
¡Claro! los sanjuaninos son unos grandes
muchachos, aunque hayan tirado por la bor­
da muchas cosas. Pero “están en la línea”...
¿Qué me dice, camarada Palacín, de la acti­
tud de los sanjuaninos en Santa Fe? Entre
los mendocinos, por lo menos, hubo alguna
disidencia.

“CAMPAMENTO APARTE”

En cuanto a lo del “campamento aparte”,
yo sé que ustedes lo desean ardientem ente,
pero m ientras de mí dependa, haré lo posi­
ble por no darles el gusto.
Según usted, tendríam os miedo de hacer­
nos comunistas. No, compañero Palacín. No
hay nada de eso ni mucho menos. Además,
usted afirm a que nuestros escritos son co­
munistas. ¿Entonces? En lo que a mí perso­
nalmente atañe, le anticipo que si los propó­
sitos que le animan a usted de conseguir

nuestra radiación del Partido,, nos colocan
fuera del mismo, no me dedicaré a recitar
versitos a la fragata Sarm iento o a adm irar
a Roosevelt .
Usted tiene un concepto de terrateniente
con respecto al Partido. Usted cree que el
Partido le pertenece en propiedad perpetua
a un grupo de personas. Yo le digo que el
Partido no es de ustedes y que lo será cada
vez menos m ientras no se resignen a ponerse
a tono con los tiempos.

“SALVAR AL PARTIDO”
No admito que directa o indirectamente se
diga que mi tarea consiste en destruir la
obra ajena. Creo que yo también he hecho
alguna obra. Pero sí deseo significarle que
si es necesario destruir alguna “obra” en el
Partido, estoy dispuesto a hacerlo en defen­

sa del Socialism o. Yo también creo que hay
que salvar al Partido, y por eso — especial­
m ente desde los últim os tiem pos — le estoy
dando a mi causa las m ejores energías. El
partido, como partido socialista, se hunde,
créamelo. Sin embargo, hay alguna distancia

�entre buena parte de la masa de afiliados y
ciertos dirigentes. Fíjese qué cosa notable:
nosotros también creemos que es necesario
salvar al Partido especialmente de quienes
simpatizan íntimamente con todo lo que sig­
nifique una tentativa para “solucionar” las
dificultades del régimen capitalista. Hay
socialistas que no quieren de ninguna ma­
nera que haya conmoción alguna y que de­
searían, como lo ha recordado Marx alguna
vez: “que los burgueses socialistas conside­
rarían ideales las condiciones de vida de la
sociedad moderna sin las luchas y los peli­
gros que encierran. Su ideal es la sociedad
existente, depurada de los elementos que la
corroen y revolucionan. La burguesía sin el
proletariado”.
Yo también creo que hay que salvar al
Partido de la ignorancia presuntuosa, más
que del error sincero- En cierto sector del
partido hay más ignorancia que mala vo­
luntad.

Según usted, mi obra es de ataque al Par­
tido. Una parte del ataque internacional del
comunismo. Quizás tenga usted razón, siem­
pre que admita que una sección del Partido
rehuye toda lucha por el Socialismo y se
conforma con apuntalar una política liberal
en decadencia. Pero no cometa usted el error
de los burgueses que hablan de intereses de
la patria para referirse a sus propios inte­
reses. No hable de ataques al Partido cuan­
do — en todo caso — se trata de ataques a
determinadas cosas y expresiones. Por lo
demás, conviene dejar establecido que soy
socialista por el Socialismo.
Termino esta respuesta que ha resultado
un poco larga y que he hecho sobre la má­
quina. Está sin corregir, pero — como la
suya — dice muchas cosas espontáneamente
sentidas. Quizás, amigo Palacín, no llegue­
mos a entendernos nunca, pero, en definitiva,
no somos nosotros quienes debemos juzgar­
nos. .

Viene de la pág. 20
sociales que hicieron causa común con él,
fueron bárbaramente golpeados en plena
Cárcel de Villa Devoto y cuando se encon­
traban en un estado extremo de debilidad,
luego de 6 días de huelga de hambre. Ence­
rrados después en calabozos individuales de
castigo se les dió como primer alimento la
asquerosa “tumba” de la cárcel, con grave
riesgo para su salud. Es sabido que a la ter­
minación de las huelgas de hambre, el más
elemental precepto higiénico exige que se
dé alimentación liviana, a base de leche o
platos de fácil digestión.
Hay más. Cuando el día 29 de Diciembre
una comisión formada por el diputado na­
cional Bunge, un abogado defensor y tres
médicos distinguidos, profesores de la Fa­
cultad, quisieron ver a los detenidos de Vi­
lla Devoto que denunciaban haber sido víc­

timas de torturas, la dirección de la cárcel
negó su autorización, reconociendo implíci­
tamente que los malos tratos habían dejado
huellas fáciles de comprobar.
En todas estas gestiones no se ha encon­
trado un sólo miembro del bloque parlamen­
tario socialista que quiera prestar su colabo­
ración o tomar iniciativa alguna. Yo pre­
gunto si para un delegado de la clase tra­
bajadora es más importante cualquier in­
trascendente debate académico que la situa­
ción por la que atraviesa la clase obrera?
Y si le basta, para tranquilizar su concien­
cia, contestar algún reportaje pedido por la
prensa, donde se aprovechará el espacio para
combatir, más que a los órganos del Estado
burgués, a supuestos “comunistas” que se
llama “de gabinete”, que a veces son afilia­
dos a nuestro partido, y a los que se de­
nuncia al Comisario Cussell, para que orien­
te su represión.

Saludos cordiales.
Mendoza, Diciembre 18 de 1934.

�Nuestra Tarea Frente a la Lucha
★
La desenfrenada rapacidad capitalista, que
aprovechara las restricciones a las actividades
grem iales para dism inuir en form a fantástica el
nivel de vida y de trabajo de las m asas obreras
del país, ha provocado en los últim os m eses una
serie de m ovim ientos huelguistas, que señalan un
prom isor resurgim iento del espíritu de com bativi­
dad y de la conciencia de clase en el proletariado
de la capital y del interior del país. Pese a la
existencia de circunstancias desfavorables, como
ser la vergonzosa persecución policial a los gre­
m ios obreros, la gran cantidad de desocupados y
la falta de organización, especialm ente en los ra­
m os industriales, se han producido im portantes
m ovim ientos que deben interesar a los m ilitantes
obreros y socialistas. Contra lo que hacen entida­
des obreras “responsables”, la C. G. T. y m uchos
afiliados socialistas que pretenden ser “grem ialista s”, es preciso dedicar una gran atención a
estos m ovim ientos, que tienen una especial sign i­
ficación. Solo así se podrá encauzar este deseo
de organización y de lucha que m ueve hoy a m u­
chos obreros, y se logrará constituir una central
obrera poderosa, no por sus edificios sociales sino por la eficiencia de su acción en defensa de
los intereses del proletariado y por su capacidad
para la orientación política de los trabajadores.
La huelga de los obreros de la m adera abrió la
serie y pronto pudim os apreciar m ovim ientos si­

m ilares entre los m etalúrgicos, sastres, textiles,
pintores, yeseros, colocadores de m osaicos, sastres
a dom icilio, sin contar las huelgas parciales de
personales de fábricas y talleres, y los m ovim ien­
tos de protesta de los em pleados de varias gran­
des tiendas del centro. Si agregam os a esto la in ­
quietud que existe entre el nersonal ferroviario
y la actividad de loe colectiveros contra los pro-'
pósitos m onopolistas llegam os a la conclusión dt
vtae estam os frente a una prom isora reacción dt.
i&amp; clase obrera que quiere luchar en defensa dft
sus intereses, pero que no encuentra desgraciada­
m ente los dirigentes capaces de guiarla. N uestro
P aftido no presta a estos m ovim ientos la m ás m í­
nim a atención, a pesar de que m uchas de estas
huelgas están dirigidas por m ilitantes del m ism o,
que son perseguidos por la policía com o vulgares
delincuentes. A filiados socialistas m etalúrgicos,
obreros de la m adera y pintores, entre otros, son
detenidos por su s actividades grem iales y hay a fi­
liados socialistas “grem ialistas” que consideran que
lo mejor que pueden hacer esos socialistas que
cum plen con sus deberes grem iales es abandonar
los grem ios en que actúan y trabajar solo en or­
ganizaciones no perseguidas por la policía, en
grem ios “responsables”, que tienen m ucho dine­
ro, edificios m onum entales y otras cosas, pero
que carecen de com batividad, son incapaces de
defender los intereses de sus asociados, se prestar»

�34

IZQUIERDA

CARLOS SANCHEZ VIAMONTE

EL ORDEN PUBLICO

Deseo no estar ausente en el tercer número de “Izquierda”, y falto de
tiempo para escribir el artículo que estoy debiendo, les ruego me permitan
reproducir en nuestro periódico un breve trozo de labor constituyente, to­
davía inédito, fuera del diario de sesiones. — Carlos Sánchez Viamonte.

A mi juicio el concepto de orden público tiene una enorme trascendencia que aum entará a m e­
dida que se vaya haciendo sentir la necesidad de contemplar en toda su amplitud y significado los
•distintos problemas que va planteando la complejidad de la vida moderna, pprque el concepto de
•orden público, en el cual aparece la sociedad actuando, destruyendo derechos adquiridos, alteran•do las obligaciones de los c.retratos, es la expresión del concepto socialista moderno, y no se re­
fiere a la libertad del individuo, no afecta aquellos derechos que integran la personalidad humana, ne­
cesarios para su desarrollo y para el logro de su s fines esenciales.
¡Cuando anula las obligaciones de los contratos o destruye derechos adquiridos no lo hace para
afectar la libertad; lo hace en mira de alcanzar, para la sociedad orgánicam ente considerada, en su
totalidad integral, aquella parte de justicia que se hace indispensable, como una restitución a los
que, en realidad, sufren las consecuencias de un orden jurídico que significa la histórica consagra­
ción de privilegios económicos.
A sí es considerado de un modo más o menos expreso, por todos los sostenedores del derecho pú­
blico moderno; hay auien lo ha comparado con el principio romano del “salus rei publicae suprema
lex esto”; en realidad, hay algo de eso, es un poco de salud pública, o de las cesas públicas que se
imponía por sobre la salud individual, es decir, los intereses individuales. Pero en realidad el con­
cepto de orden público no va contra la libertad, cóm o he dicho, sino contra los derechos de carác­
ter patrimonial, que significan la estratificación del privilegio, que es siempre una injusticia..
H a recordado del señor convencional Arce, la cláusula del código civil, relativa a que el contra­
to es, para las partes, como la ley, y yo no puedo menos de objetar ese principio como uno de los
m ás anacrónicos que existen en materia jurídica.
E s un principio jurídico consagrado en el derecho romano, bajo el imperio, donde no había sino
un mínimun de libertad individual, mínimun de derechos relativos a la personalidad humana, y
un máximun de derechos relativos al patrimonio. Eso es lo que caracterizó el privilegio y la injusti­
cia del derecho romano.
Cada día que pasa registra un avance del derecho social sobre- la riqueza. Dism inuyen las obli­
gaciones que nacen de los contratos y aum entan 1 as obligaciones que nacen de la ley. La voluntad
social expresada en la ley tiende a sustituir a la voluntad particular de las pai tes contratantes. El
principio jurídico de que el contrato es ley para las partes va siendo reemplazado por este otro: la
ley es contrato para las partes; sus cláusulas reem plazan a las cláusulas de los contratos. El de­
recho es siempre una estructura, una forma de relación. La injusticia que contiene esta estructura
jurídica del pasado, tiende a ser rectificada en los tiem pos modernos; alguna vez me perm ití decir
a manejos de individuos que trafican con su in­
fluencia en los gremios y hasta aparecen respal­
dando m anifiestos que repudian los obreros cons­
cientes. Salvo la honrosa excepción de algunos
centros del interior del país y de la capital y de
varias publicaciones socialistas de tierra adentro
nuestra despreocupación frente a los m ovim ien­
tos reivindicatoríos de los obreros y m ás aún
frente a la inicua persecución de que hace obje­
to la policía a los gremios obreros es alarm ante.
Solo nos ocupamos de las campañas electorales y
a pesar de que somos el partido de la clase obre­
ra no dedicamos ninguna atención a las activida­
des de los obreros que más conciencia de clase
tienen. Después nos lamentamos de no contar con
el apoyo de las organizaciones obreras. Pero ja­
más nos preguntamos qué hacemos nosotros pa­
ra ganarnos la sim patía y el apoyo de los obre­
ros organizados. IZQUIERDA entiende que es
preciso que todos los órganos de publicidad so.
cialistas se pongan al servicio de los movim ien­
tos de reivindicaci 6n de los obreros y estim ulen a
los trabajadores por todos los medios posibles a
fin de que constituyan agrupaciones seria-’ de
&lt;un alto nivel grem ial.

IZQUIERDA entiende que es necesario que to­
dos los m ilitantes socialistas actúen con decisión
al frente de las organizaciones y de los m ovim ien­
tos obreros y que el Partido y sus publicaciones
deben estim ularlos y defenderlos contra la prepo­
tencia policial.
IZQUIERDA entiende que nuestra condición de
partido de clase nos obliga a sostener a los traba­
jadores en huelga con todas nuestras energías,
apoyándoles económica y moralmente y batallan­
do desde la tribuna, las publicaciones y la banca
parlamentaria para lograr que se respeten los
derechos de organización y de huelga y no se co­
metan los torpes abusos de que son objeto hoy
los trabajadores que luchan por mejorar su Si­
tuación.
IZQUIERDA cree interpretar un deseo unánime
en el Partido, algo que afirman todos los obreros
socialistas que actúan en los gremios, algo que
se traduce en las resoluciones de muchos centros
y en las actividades de no pocas agrupaciones
partidistas de todo el país que realizan a ctú a mente una campaña activa contra la persecución
del movimiento obrero por los instrum entos de
opresión del estado burgués.

�que el triunfo socialista, se obtendría en calm a, por la consagración de un sistem a que contuviese un
m áxim un de derechos relativos a las personas y u n m ínim un de derechos relativos al patrim onio. E l
orden público va dirigido contra los in tereses patrim oniales que sign ifican siem pre privilegios.
E n el contrato de trabajo, especialm ente, se puede observar el triunfo del interés social en for­
m a de orden público, no obstante la resistencia opu esta en nom bre de la llam ada libertad de con ­
tratar y la perversa ficción liberal de la igualdad de las partes en el contrato, aún siendo eviden te
la desproporción y d esven taja en que se halla frente al capital el obrero aprem iado por la n e cesi­
dad de vivir.

H A Y L IB E R T A D D E E N S E Ñ A N Z A ?
Se ha dicho que no legislam os para hoy. E stam os de acuerdo. Q uerem os que se lsg isle para m a ­
ñana, pero m ucho m e tem o que la legislación que se elabora en estos m om entos sea para ayer, pa­
ra ese ayer que era noche y no para el hoy que y a es día. E se es nuestro tem or, bien fundado desde
nuestro punto de vista, señor presidente, porque el ideal de ju sticia no es de carácter absoluto ni es
inm óvil. Si algo caracteriza al ideal es la m ovilida d, la necesidad de la m archa. E l ideal es una
proyección del presente hacia el futuro, es una
perspectiva de m ejoram iento,
es un&gt;
anh elo de realización de la s esperanzas que el hom bre llega a acariciar y que m uchas v eces con stitu ­
yen la ilusión. Pero el ideal no es el patrim onio de ninguna casta, de ningún dogm a. Lo excluye
toda inm ovilización volu ntaria de la sociedad hum ana, por lo m enos a sí lo consideram os nosotros,
que tenem os un ideal, pero que no aceptaríam os ja m á s encerrarlo en la jau la de una determ inada
religión corrom pida por todas la s im posiciones interesad as que la deform an y la hacen servir in te­
reses particulares cada v ez que, necesidades de la lucha en la vid a social, obligan a utilizar comoargu m ento suprem o las cosas divinas para sacar provechos hum anos.
Se ha dicho que lo que se procura con este proyecto, es obtener la “libertad para el m ás su ­
blim e de los sentim ientos, com o es el que aproxim a al hom bre a su creador”. X se h a vuelto a rep e­
tir, “planteam os el problem a de la libertad en la ed ucación”. A caso sea éste, esencialm ente, el pro­
blem a de la libertad del espíritu. Con toda frecu en cia se presenta el asu n to desde un punto de v ista
constitucional o jurídico, enunciándolo de un m od o fragm entario y parcial; enunci;ndolo de una
m anera que desnaturaliza el contenido, y así, por ejem plo, se dice libertad de enseñanza, y con esta
expresión se pretende abarcar todo el problem a con stitu cion al y, por consiguiente, el problem a m o­
ral y social que se halla contenido en él. “L ibertad de enseñanza” : E sta expresión abarca dos de­
rechos perfectam ente delim itados y en cierto m om en to contradictorios: el derecho de aprender y el'
derecho de enseñar. Libertad de enseñanza, ¿por q u é? E nseñar es una form a esp ecífica del dere­
cho genérico de trabajar; es nada m ás que el ejercico de una profesión, o de un oficio. T si ha m e­
recido tan ta jerarquía en la h !storia constitucional del siglo 18 y del siglo 19, es porque hab ía que
liberar a la enseñanza en los p aíses civilizados de la influencia deform adora del dogm a y de la opre­
sión de una casta socerdotal; de otro m odo no se explica que se le haya dado tan ta im portancia a
la libertad de enseñar, porque si es im portante enseñar, m ás im portante aún es curar. Por m ás im ­
portante que el derecho del m édico profesional p ara ejercer su profesión, y m ás im portante que la
función o el derecho del docente para ejercer la suya, es el derecho que el hom bre tien e a la salud
y que el niño tiene a la libre expansión de su personalidad.
Sería curioso que, so pretexto del derecho de curar, los m édicos pudieran dañar la salud de sus
pacien tes, pudieran alterar su anatom ía, pudieran im pedir el norm al funcionam iento de su o rgan is­
mo. Y lo que se está sosteniend o ahora, se parece m ucho a esa absurda superioridad del derecho de
ejercer su profesión por parte del m édico sobre el indudable y fundam ental derecho que tien e cada
individuo a la salud. E l derecho que pueda tener el que en seña para ejercer su profesión, que sería
estrictam en te la llam ada libertad de enseñar, es in sig n ifica n te y ridículo fren te al derecho que tiene
el niño ai desarrollo de su personalidad sin reform ación alguna. E l derecho de aprender es el fin
y el de enseñar es el m edio que le e stá subordinado.
C uando se habla de la libertad de en señar un determ inado dogma, pienso en la libertad que t e ­
nían los padres chinos de ponerles borceguíes en lo s pies a sus h ijas niñas para im pedir su desarro­
llo, porque según el criterio arcaico de ellos, era un ejem plo de exquisitez y belleza el pie d efor­
m ado com o el vaso de un equino.
T am bién los padres chinos pudieron invocar la libertad — libertad liberticida por cierto — de
im ponerles a los pies de sus h ijas el borceguí deform ador, con igual derecho que lo invoca esta
pretensión de deform ar el espíritu del niño en la edad que, por ser tierno, como se ha dicho en esta
convención, adm ite todas las deform aciones, y en vez de resp etarse los derechos del niño, que y a son
un evangelio laico, la person s’idad del niño, que es el derecho que tiene la sociedad a la cultura
y al progreso integral, se le pretende deform aránvocando el ejercicio de una profesión que al fin y
al cabo es tan lucrativa, por noble que sea su fin alid ad , com o cualquier otra profesión, pu esto que
hay m ucha gente que v iv e de ella.
Se ha hablado aquí de una “verdad revelada”. La verdad revelada es otro “borceguí” chino para
la m ente de un niño, y se ha dicho tam bién que es indispensable para que h aya u n a educación m o ­
ral, contem plar y penetrar el m isterio de la vida. N o se habrá de penetrar jam ás al m isterio de la
vida, apoltronándose en la com odidad de la v erd ad revelada, sillón fastu oso en el que d escan sa la
inteligencia, renunciando a 13, observación y al an álisis. E s precisam ente con la verdad práctica y re­
lativa, la verdad aprendida y no revelada, que s e pone al niño y m ás tarde al hom bre en con­
tacto con la v id a y sus m isterios, y se es capaz de apreciarla, porque esa apreciación ha costado e s ­
fuerzo, Sin esfuerzo no hay com prensión de la v id a , que lo reclam a siem pre; no hay tam poco
idea que alien te la m archa hacia el m ás allá!

�ANTECEDENTES DE LA
REVOLUCION ESPAÑOLA
★

Aunque el Partido Socialista Obrero Espa­
ñol se constituyó en el año 1879, puede decirse
•que se incorporó de lleno a la vida política de
España durante las guerras coloniales de fines
del siglo pasado, cuando se opuso con toda firm e­
za a la locura de declarar la guerra a los E sta­
dos Unidos. Desde entonces no cesó ni un sólo
instante de luchar en todos los terrenos y con to­
da firmeza por la desaparición de la España de
las oligarquías, y de los privilegios. Convencido
•de que no le sería posible al pueblo español avan­
zar ni un sólo paso mientras el corrompido ré­
gimen monárquico imperase en España, el Par­
tido Socialista Obrero incluyó en su programa
mínimo un punto que consideró fundamental: la
abolición de . la monarquía y de sus métodos
oprobiosos.
La huelga general revolucionaria del año 1917
tuvo por fin principal derrocar a la monarquía e
implantar la República, dando al traste con la
España decrépita y corrompida; el Partido Socia­
lista *y la Unión General de Trabajadores, hacien­
do honor a los compromisos contraídos, fueron
quienes más se sacrificaron en aquellas mem o­
rables jornadas. Con el mismo espíritu de sacri­
ficio y la misma ,lealtad para con sus aliados
obraron estos dos organismos en el movimiento
revolucionario de 1930, precusor de la instaura­
ción de la República.
La participación de los socialistas en el Go­
bierno provisional que habría de formarse al
triunfar la República, fue im puesta en el seno del
Comité revolucionario, como una garantía de m á­
xima seriedad, por los m ilitares que se habían
comprometido a participar en el movimiento.
Además, todos los políticos republicanos, sin nin­
guna excepción, que forrhaban parte del Comité,
consideraron indispensable la participación de los
socialistas en el Poder.
Cuando se proclamó la República, el único par­
tido político español organizado en forma moder­
na y con una gran disciplina era el Partido So­
cialista, apoyado incondicionalmente por un or­
ganismo tan serio, tan solvente y tan aguerrido
como la Unión General de Trabajadores. Al ser
requeridos oficialm ente los socialistas para par­
ticipar en el Poder, fué necesario, naturalmente,
•consultar el parecer del Partido; hubo entonces
muy fuertes y muy fundadas discrepancias entre
sus afiliados; sabido es que Julián Besteiro, so­
cialista de gran autoridad, encabezaba una frac­
ción de camaradas, importante por su número y
calidad, que no estaba conforme con la colabora­
ción, Julián Besteiro pensaba que la colabora­
ción podía comprometer no sólo el porvenir del
Partido Socialista sino también el de la Unión
General de Trabajadores. Sin embargo la m aycría del Partido fué favorable a la participación
•de los socialistas en el Poder, y éstos entraron a
formar parte del Gobierno provisional.

En las primeras elecciones de diputados, cele­
bradas después de instaurarse la Repúbúca, el
Partido Socialista obtuvo ciento veinte bancas, lo
que le valió ser la minoría más importante de
las cortes Constituyentes. Fué una verdadera des­
gracia para el socialism o español el haber obte­
nido un número tan importante de diputados,
porque, sin darle la elección una fuerza suficien­
te que le autorizase a reclamar íntegramente el
Poder, le creó una delicadísima situación.
El Partido Socialista se entregó de lleno, le rí­
mente, sin reservas de ninguna clase, a la conso­
lidación de la democracia que había contribuido a
establecer, y se consideró, con justo motivo, uno
de sus-m ás fuertes puntales. ¡Quién iba a pensar
entonces que el Partido y sus hombres m ás re­
presentativos, que habían contribuido en forma
tan decisiva y tan abnegada a la implantación del
nuevo régimen, iban a ser, poco después, injuria­
dos, calumniados, escarnecidos y declarados fue­
ra de la ley por los mismos elementos qu» tan
insistentem ente habían pedido su colaboración!
Existían aquellos momentos, por parte de
los socialistas, el sincero propósito de afianzar,
defender y conservar la República democrática,
constitucional y parlamentaria. Creían honrada­
mente los hombres que llevaban entonces la di
rección del Partido y de la Unión General de
Trabajadores, que la nueva República, tal corno
se iba estructurando, iba a permitir al proletaria­
do una rápida evolución que le capacitara para
asumir íntegramente el Poder por los cauces le ­
gales. Bien pronto habrían de convencerse nues­
tros camaradas de c¿ue esto era sumamente difí­
cil de conseg'uir, porque quienes se oponían más
tenazmente a las legítim as aspiraciones del prole­
tariado, eran, precisamente, los mismos republi­
canos.
Aprobada la Constitución y elegido presiden­
te de la República el señor Alcalá Zamora, se
produjo la crisis de fondo del primer Gobierno
del señor Azaña. Los socialistas fueron invitados
a seguir participando en el Poder. ¿Pudieron elu­
dir nuestros camaradas su participación en el
segundo gabinete del señor Azaña? Indudable­
mente que sí, a pesar del número de diputados
que el Partido Socialista tenía en las Cortes
Constituyentes. Pero el señor Azaña tuvo la su­
ficiente habilidad para conquistar la adhesión de
los socialistas y la participación en su Gobierno.
Sin embargo, hubiera sido un gran bien para el
Partido Socialista y para la Unión General de
Trabajadores haber renunciado entonces a la par­
ticipación. Porque ¿qué ventajas significaba para
los socialistas tener tres ministros en el Gobier­
no? Ningluna, absolutam ente ninguna, pues si
bien el Partido cargaba con la enorme respon­
sabilidad que suponía su participación en el P o­
der, no gozaba, en cambio, de ninguno de sus be­
neficios. A. quienes peor se trataba en España,

�era, precisam ente, a los socialistas, a pesar de
tener tres cam aradas en el Gobierno. Se daba el
caso estupendo de que en las provincias agríco­
las, por ejem plo, se les negaba sistem áticam ente
el trabajo a los hom bres y m ujeres afiliados al
Partido Socialista o a la U nión General de T ra­
bajadores, es decir, a los verdaderos defensores
de la República. N o se respetaban las leyes obre­
ras ni los contratos de trabajo, y cuando la d es­
esperación llevaba a los trabajadores socialistas
a protestar por la actitud inhum ana de la clase
patronal, la guardia civil se encargaba de m eter­
les en cintura. Lo m ism o ocurría en las zonas in­
dustriales.
Sin em bargo, el Partido Socialista segu ía
inculcando en las m asas la fé en la R epública de­
m ocrática, la confianza en el nuevo régim en in s­
taurado; confiaba, tal vez, en que llegaría un
m om ento en que todos, gobernantes y gobernados,
cum plirían con su deber. R esultaba difícil sin
em bargo, convenecer a • las m asas obreras socia­
listas, porque veían claram ente que los agentes
de un Gobierno, que contaba con tres m inistros
socialistas, les trataban despiadadam ente. S e po­
drían relatar m uchísim os casos de represión lle ­
vados a cabo por la fuerza pública durante los
Gobiernos de Don M anuel Azafia.
Todo esto, noturalm ente, fué creando un pro­
fundo m alestar en el Partido Socilaista y en la
U nión G rem ial de Trabajadores; la desilusión fué
prendiendo en el corazón de su s afiliados; y a no
creían encontrar cauce am plio y sereno a sus
inquietudes, a sus aspiraciones, a sus ansias de

ju sticia dentro de una R epública como la que
había sido im plantada en España.
M ientras tanto, las derechas clericales y m o­
nárquicas, que durante los prim eros m eses de la
R epública habían perm anecido escondidas, em p e­
zaron a organizarse en form a m uy hábil, dentro
de la legalidad, sin ser m olestadas en lo m ás m í­
nimo por las autoridades. Gil Robles, M artínez
de V elazco y G oicoechea. con sus resp ectivas or­
ganizaciones políticas, sem braban la cizaña y
provocaban la división de los republicanos; es­
taban, naturalm ente, en su papel. Lo estúpido,
lo im perdonable, es que m uchos republicanos
fueran ganados por la propaganda del m onar­
quism o, cayendo ingénuam ente en sus redes.
Cuando las derechas reaccionarias contaron
con una potente organización e n ' toda España,
cuando los republicanos de todos los m atices se
encontraban divididos; cuando se creyó llegado
el m om ento de acabar definitivam ente con el
rumbo izquierdista señalado a la R epública por
la C onstitución, se produce la crisis del gabinete
presidido por don M anuel A zaña, y poco después
se disuelven las Cortes C onstituyentes. ¡H abían
triunfado las derechas reaccionarias, enem igas
im placables de los artículos 26 y 44 de la Cons­
titución Española!
D aría m ateria para varios artículos la enor­
m e labor desarrollada por las Cortes C onstitu­
yentes. D esde la C onstitución h asta ’a ley de
A sociaciones y C ongregaciones religiosas, ¡qué
obra tan sabia y progresista hizo el Farlam en-N

Un mensaje de Largo Caballero desde la prisión

Sama i'acta J e s ú s Menéndez
Buenos A ire a
MADRID
E s tim a d o c a m a ra d a:
Acuso r e c i b o de l a c a r t a .¡ue me e n v i a en nom­
b r e de l a J u v e n t u d S o c i a l - i s t a de e s a c a p i t a l , a g r a d e c i é n d o l e l a s m a n i f e s ­
t a c i o n e s de s o l i d a r i d a d que en e l l a me h a c e . Recibo con l a c a r t a l a r e s o ­
l u c i ó n que me a d j u n t a y de l a que he hecho e n t r e g a a l S e c r e t a r i o g e n e r a l
de l a F e d e r a c i ó n de J u v e n t u d e s S o c i a l i s t a s , que se e n c u e n t r a t a m b i é n en
esta prisión.
•
P uede u s t e d , y l o s demás c a m a ra d a s de e s a c a p i t a l , t e n e r l a
s e g u r i d a d de que no nos a m i l a n a l a s i t u a c i ó n enque n o s e n c o n t r a m o s . E s t a mos c o n v e n c i d o s de q u e , d e s d e e s t a s c a s a s , t a n o i e n se puede s e r v i r a l a s
i d e a s . Al s e r v i c i o de e l l a s hemos p u e s t o , h a s t a adMÍ, y s e g u i r e m o s p o ­
n ié n d o en lo s u c e s i v o l o m e jo r de n u e s t r o s e n t u s i a s m o s .
S a l u d e a l o s c a m a ra d a s d e l P a r t i d o y de l a s J u v e n t u d e s en
nombre de q u i e n es Suyo y

CL. D IP U T A D O A C O R TE S

*

�to! Indudablemente que com etió sus errores, y en
política, los errores se pagan carbs, carísim os.
Uno de esos errores, acaso el m ás lam entable, fué
elegir presidente de la República al señor A lcalá
Zamora. Otro error, fué no discutir y aprobar en
seguida, inm ediatam ente de haber sido sancio­
nada la ley de Reform a Agraria, las leyes com ­
plem entarias de ésta, tales como la de cultivos,
la de arrendam ientos rurales y la de rescate
de bienes com unales; sin estas leyes com plem en­
tarias era im posible aplicar la ley de Reform a
Agraria que, como dijo en una ocasión el señor
Lerroux en el seno del Comité Revolucionario,
era la verdadera revolución. Claro que entonces
no dijo don Alejandro Lerroux que él iba a ser
precisam ente, el mayor enem igo de esa revolu­
ción, el traidor máximo.
Querámoslo ver o no, lo cierto es que quien
había fracasado era el director de la política
gubernamental, el presidente del Consejo de M i­
nistros, el señor Azaña, a pesar de todo cuanto
hizo por gobernar según la m ás irreprochable
ortodoxia democrática. Don Manuel Azaña, em ­
pachado de juridicidad, no supo, con los m ag­
níficos medios que tuvo en sus manós, contra­
rrestar la insidiosa cam paña de las derechas,
enem igas irreconciliables del régimen democrá tico que se había dado la m ayoría del pueblo es­
pañol; no supo darle la batalla definitiva al ca­
ciquism o rural, que hacía m orirse de hambre a
los verdaderos defensores de la República y so­
cavaba los cim ientos del nuevo régim en con el
m ayor descaro; no supo en fin, im ponerse cuan­
do debió hacerlo, tratárase de quien se tratara.
.Cuando se cuenta con un instrum ento de gobier­
no tan m agnífico como lo fueron las Cortes
Constituyentes, y, adem ás, con el entusiasm o y
la adhesión popular, es imperdonable lo ocurri­
do.
A sí se explica que, en el mom’é hto de disol­
verse las Cortes Constituyentes, estuvieran las
m asas obreras socialistas totalm ente decepcio­
nadas; habían perdido su fe y su confianza en
la República, debido a la torpeza de muchos.
Para retenerlas dentro del Partido y de la Unión
General de Trabajadores, fué necesario todo el
prestigio y toda la habilidad de Francisco Lar­
go Caballero, quien, renunciando inm ediatam ente
al evolucionism o y a la colaboración, declaró so­
lem nem ente que se había abierto un nuevo pe­
ríodo revolucionario en España. Evidentem ente,
Largo Caballero quería a toda costa m antener
incólum es al Partido Socialista y a la U. G. T.,
y, según él y los que como él pensaban, el úni­
co medio para conseguirlo era adoptando una
política netam ente revolucionaria. D ifícilm ente
otro que no hubiera sido Largo Caballero, habría
conseguido lo que él consiguió, sobre todo si se
tiene eir cuenta que había sido uno de los m i­
nistros de los tres gobiernos del señor Azaña;
pero la m asa socialista, que conoce m uy bien
la integridad y la honradez de este hombre ad­

m irable y sabe que jam ás rehuyó la responsa­
bilidad de sus actos, le siguió entusiasm ada,
enardecida. Convencido el Partido Socialista de
que los republicanos estaban decididam ente en
contra de la clase trabajadora, no quiso alian­
zas con nadie; a las elecciones con sus solas fuer­
zas, con candidatos propios, salvo en algunas
provincias, dos o tres, donde se incluyeron en
las candidaturas los nom bres de algunos repu­
blicanos de. izquierda.
La lucha electoral se entabló así; marxismo
o antim arxism o, o lo que es igual, socialism o' o
burguesía y catolicism o. N o merece la pena re­
cordar las rarísim as com binaciones que hicieron
en toda España los enem igos del socialism o pa­
ra vencerle. La am algam a antim arxista fué de
lo m ás pintorescas y contó con poderosísim os
caballos blancos electorales. Gil Robles, caudi­
llo de la am algam a, dijo pocos días antes de las
elecciones que, si el Parlam ento que iba a for­
marse no respondía a la finalidad negativa que
esa am algam a perseguía, él y los suyos som e­
terían al Parlam ento, y añadió que si para ello
era necesario derramar sangre española, se de­
rramaría. Las perspectivas no podían ser más
desconsoladoras: las derechas envalentonadas, por
boca del señor Gil Robles, anunciaban sin em ­
bajes que desencadenarían en E spaña la guerra
civil.
El Partido Socialista obtuvo en las urnas
varios m illones de votos, pero perdió la batalla
electoral, debido en gran parte a las reform as
introducidas en la ley de elecciones; el fam oso
cuarenta por ciento de la primera vuelta, inspi­
ración de don M anuel Azaña, obró el milagro de
darle al conglomerado antim arxista la mayoría
de los diputados.
iSe sabía de antem ano para qué iba a servir­
les el Parlam ento a las derechas triunfantes:
para darle una apariencia de legalidad a su obra
de regresión. Y así fué. La actitud de los gobier­
nos de Lerroux y de Samper, anulando de he­
cho las m odestísim as m ejoras obtenidas por la
clase trabajadora, algunas de ellas conseguidas
durante la monarquía, y la labor de las Cortes,
aprobando leyes tan irritantes por su parcialidad
como la de am nistía, que sólo se votó para po­
ner en libertad a los enem igos de la República,
a los señoritos de la sanjurjada, m ientras los
pobres obreros perm anecían en las cárceles, lle­
nó de indignación a las m asas laboriosas; éstas
encontraron cerrados todos los cam inos de la
legalidad, y no vieron otro remedio en su deses­
peración, sobre todo después de conocer la com­
posición del nuevo gobierno del señor Lerroux, que
el estallido revolucionario, el que quizá les fué
im posible contener a los dirigentes del Partido
Socialista y de la Unión General de Trabajado­
res. Ahora bien, si fué precipitado el m ovim ien­
to; si se retrasó dem asiado su estallido; o si fué
bien planeado y dirigido, el tiempo se encargará de
aclarárnoslo.

�PUBLICACIONE
☆

Bosquero Histórico de
la Lucha de Clase
Por

MIGUEL

GRATACOS

En Tucumán funciona una escuela de estu­
dios sociales. Con motivo de la inauguración de
sus cursos, el camarada Miguel Gratacós, dió una
conferencia que luego publicó en un tomo bajo
el título del epígrafe.
Activo militante socialista que une a su es­
píritu de acción un constante y noble afán de e s ­
tudio, Gratacós, aporta al movimiento el esfuer­
zo personal de su múltiple actividad, concreta­
da en las diversas funciones que sus compañeros
inmediatos le han confiado.
El bosquejo histórico que nos presenta nues­
tro camarada, es una síntesis de la lucha de cla­
ses, apropiada para divulgar las ideas genera­
les del tema y aportar valiosos antecedentes del
mismo.
Es visible la preocupación constante del au­
tor en ese sentido —1 y ello se advierte en todo
el texto — porque el compañero Gratacós no ha
perdido de vista que en gran parte su trabajo de
divulgación iría a manos de mentalidades un
tanto vírgenes. Sabido es que los afiliados so­
cialistas estudian poco, y es fácil advertir en
ellos una ausencia de contacto con los autores
clásicos del socialismo. Por eso sueie prender
tan fácilmente, de vez en cuando, la palabra
despectiva o el gesto de suficiencia ignorante que
reemplazan en la polémica al razonamiento doc­
trinario.
Todos conocemos una frase que descubre una
mentalidad y sintetiza una posición de orfan­
dad: el elogio de lo práctico en contraposición
de lo doctrinario. El hombre práctico, en nues­
tro movimiento — que suele ser el que pega car­
teles y realiza, exclusivamente, menesteres m a­
nuales — se le pretende oponer al doctrinario,
cuando, por lo contrario, la gran función de
nuestro partido debe ser la formación de hom­
bres de acción que conozcan y se muevan di­
rigidos por la doctrina. La doctrina no
la ' verborragia charlatanesca de los que desco­
nocen o simulan desconocer su importancia; es
la guía que señala el camino, sencillamente. Con
ella no confundiremos economía dirigida capi­
talista con economía dirigida socialista: ni in­
volucraremos, en una sola apreciación falsa, dos
hechos fundamentales de la historia moderna: la
dictadura proletaria y la dictadura capitalista, en
la misma forma que la doctrina nos permite dis­
tinguir las diferencias substanciales entre socia­
lismo y liberalismo.
Si en nuestro partido sucede eso, débese, en
gran parte, a que tenemos demasiados “prácti­
cos”, que erran el camino, porque lo desconocen:

consecuencia de delegar en pocos la función
derecho de pensar.
A la formación de un tipo integral de i
tan te socialista: doctrinario y práctico — y
constituyen anticipos los jóvenes socialistas
crearon con esfuerzo la Confederación Jm
Socialista — tiende el esfuerzo que numer
camaradas de todo el país, agrupaciones so
listas, etc., vienen realizando. A este núcleo p
tenecen los compañeros tucumanos que co
Gratacós, realizan una obra de construcción .
cialista inspirados en las ideas fundamentales c
socialismo, es decir, en el marxismo.
El trabajo que comentamos tiene ese mériti
Está escrito sencillamente, para ilustrar a le
trabajadores y a aquellos que no siéndolo, pue
den leerlo con provecho y gusto.
S. N. B.

☆

Carlos j\í a r x y la
Acción del'Proletariado
P o r

M.

A

L

B

E

R

T

I

Editado por la Editorial “C. L. E. S.” se ha
publicado un opúsculo conteniendo un trabajo de
M. Alberti, sobre Marx y la acción proletaria.
Reseña el abandono de Marx de la “Gaceta
Renana” y el beneficio que significó para el ul­
terior desarrollo intelectual del mismo; los pri­
meros contactos que tuviera con la Liga de los
Justos y los orígenes y redacción del Manifiesto
Comunista, que vino a reemplazar al programa
de la Liga, que mereciera de Marx y Engels crí­
ticas acerbas.
Más luego refiere la fundación de la Interna­
cional, con la redacción de su programa y esta­
tutos, por parte de Marx. En éstos estableció el
creador del socialismo científico, los principios
de que “la emancipación de los trabajadores d e­
be ser obra de los trabajadores mismos”, y que
“la emancipación económica de los trabajadores
es el supremo objetivo al cual debe subordinarse
todo movimiento político, como medio”.
Alberti señala las discrepancias con los bakouninistas, que habían sido precedidas de las
discrepancias con Proudhón, fruto de los es­
fuerzos del maestro por la clarificación de las
ideas y el método revolucionario.
El programa de Gotha, con la crítica que m e­
reciera de Marx, es citado por Alberti, seña­
lándolo como un documento intelectual que ce­
día al oportunismo político categoría de método
dentro del movimiento socialista. El autor del fo­
lleto transcribe en esta parte el enunciado de

�donde esquemáticamente se establece que
quistar el poder político burgués la clase
deberá implantar su dictadura de clase,
medio para llegar a la elaboración del réeconómico comunista y a la eliminación
clases: “Entre la sociedad capitalista y la
ad comunista se abre el período revoluio de transformación que sirve de puente
una y otra. Paralelamente, tiene que exisi periodo de transición política durante el
el Estado no puede asumir más forma que
ictadura revolucionaria del proletariado”,
la Alberti que las ideas contenidas al final
segundo capitulo del Manifiesto, al decirse
el despojo del capital y de los instrumentos
producción sólo podrá realizarse al principio
iante acciones despóticas contra la propiedad
régimen burgués de producción, contiene almás que el gérmen de la dictadura proletaA1 final del folleto, Alberti transcribe las pa­

labras de Marx, dirigidas a Weldemeier, en 1852:
“En lo que me concierne no tengo el mérito de
haber descubierto la existencia de las clases en
la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Lo
que yo he aportado de nuevo ha sido la demos­
tración de lo siguiente: lo.: Que la existencia
de las clases se halla Intimamente relacionada
con determinadas condiciones históricas del des­
arrollo de la producción; 2o.: Que la lucha de
clases conduce a la dictadura del proletariado y
que ésta dictadura no es más que un periodo de
transición hacia la supresión de todas las clases
y hacia la construcción de una sociedad sin cla­
ses”.
El folleto de Alberti es, en síntesis, un tra­
bajo que resume los comienzos y la acción de
Marx en el movimiento obrero. Breve síntesis,
por cierto, que debe ser completado con la lec­
tura de los libros que refieren la vida y la obra
del maestro con amplitud.
3.

N.

B.

V ien e de la pág. 4

I

Tú, que veo eres observador, piensa y estudia. A poco que te detengas a
contemplar el panorama teórico y práctico del socialismo argentino, verás que
saltan a la vista las verdades que expongo aquí, y que lo hago por tratarse de una
carta. Lee los papeles " viejos”, tales como La Vanguardia de la primera época;
los folletos y demás publicaciones oficiales; las resoluciones de los congresos
partidarios, etc., etc., \y tendrás la medida exacta de lo afirmado. Si tú no la?
encuentras, o mejor dicho, si tú no las conoces, te mego me lo indiques en la
próxima, para transcribirte algo a fin de que las conozcas.
El partido se concreta hoy a hacer campaña electoral dentro de la Capital
Ftderal y tiene abandonado el campo. En esto tienes razón, Juan. ¿Por qué no
se aprovecha a todos esos legisladores que en las cámaras no dicen esta boca es
mía y salen, a la campaña a desparramar el Socialismo ? También en esto tiene¿
razón sobrada. No admite réplica tu acertada observación.
Ya sabes los sacrificios que nos cuesta a los socialistas “provincianos1’ el po­
der divulgar nuestras ideas, y en qué forma chocamos contra los intereses creados
y de circulillos. Hacer socialismo por estas tierras no es tarea fácil, dado los
contrastes y las persecuciones que debemos sufrir. Pero no obstante ello, esta­
mos animados de un ideal que es acción, que es todo lucha, que es todo justicia,
y nos alienta un deseo ardiente de trabajo que deseamos sea compartido por Id
masa del partido. Espero tus líneas, y mientras tanto recibe un apretón de ma­
nos. — Cordialmente.

M I G U E L

G R A T A C Ó S

SOCIALISMO NO ES LIBERALISMO:
MIENTRAS ESTE DEJA SUBSISTENTE LA PROPIEDAD
PRIVADA, EL SOCIALISMO LA ANULA

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de los años 1 y 2 de la revista Izquierda, publicados entre 1934 y 1935.</text>
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                <text>Broquen, Enrique G.&#13;
López, José P.&#13;
Bagú, Saul N.&#13;
Scheiner, Rosa&#13;
Cuneo, Dardo&#13;
Sánchez Viamonte, Carlos&#13;
García Martínez, Francisco&#13;
Gratacós, Miguel</text>
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                    <text>WE1Y tsTA
&lt;—■■■•

DIBUJO

N! 5
J U N IO

i

1945

TAllXa TORRES 6AROA - A£AY¿J 8A

2.76 i -U T E 2 ¿4¿1 M o N T £ V IP £ £ &gt;

----- --— ■— f

CONSTRUCTIVO

Organo

HORACIO TORRES

redactado

y

editado

EL

E J E M P L A R

exclusivam ente por i n t e g r a n t e s del
TALLER

TORRES

-

GARCIA

€

• 0

5

�espigas
AS*1
_ Aropntí

1Z J

DE

"LA
o

C I U D A D
Por

Joaquín

En terminando de leer aquellas cuartillas,
aquel profesor, (y que las había escrito hacien­
do suyas aquellas palabras de Hostes — el por­
torriqueño -—- y que por azar halló aquella ma­
ñana en un diario local)— y cuyas palabras
son: «Si tengo que decir mal de los hombres,
no lo digo para mal de ellos, sino para bien de
la verdad y experiencia de los buenos» — en
terminando de leer, decía, ante el acostumbra­
do auditorio, sintió ( y él no supo por qué)
una desagradable angustia, y tal como si hubie­
se hecho algo que no debiese. .. Y así, marchó
perplejo a su casa. Y en yendo de este modo, to­
pó con un amigo (el personaje n° 1) el cual,
deseando interrogarle sobre al$o que otro día
había quedado confuso entre ellos, le pidió si
le permitía acompañarle. Y en llegando a su ca­
sa, y después de instalarse en el reducido cuartito que el profesor tenía para su trabajo, enta­
blaron más o menos esta conversación:
— Usted, querido profesor, dice que esta ciu­
dad es una Ciudad como cualquier otra; pero
en otras no ocurre lo que aquí.
— ¿Y qué sería eso que no ocurre en to­
das partes?
— Pues, por ejemplo, la desaparición casi
instantánea de un enorme edificio como ocurrió
ayer; o el temblequeo continuo de una estatua
de bronce. - .
— Ocurre, sí; y tanto y más. ¿Cree usted, que
puede sostenerse un edificio que no esté den­
tro de las normas arquitectónicas? lia de caer
forzosamente, y cae. ¿Cree usted, que si una es­
cultura no está dentro de la armonía, podrá
mantenerse su estatismo? Cae igualmente. Y
todo así, si quiere simbólicamente; pero cae. Y
caído está el tal palacio, y tan caído que ya
más no podrá levantarse. Y caídos están (y sin
que haya .fuerza humana que pueda levantarlos)
otros tales edificios, hechos de yeso y cartón
(com o usted sabe) y tantas esculturas de gesto
congelado: tal hombre que quiere andar y no
halla espacio; tal jinete que no osa dar un salto
de su pedestal y echarse a andar calle arriba; tal
orador incansable en su adem án... y así cien­
tos, en calles y plazas de todo el mundo. Por
que repito: esto no es de aquí sólo. Al contra­
rio: tales escultores, los de aquí, se han puesto
en el «estilo»; V lo mismos ocurre con los ar­
quitectos.
Que quiere el propietario, llámese
éste municipio, gobierno, o señor particular?
Pues quiere ostentación, riqueza. Y entonces,
para lograr tal fin, el arquitecto ¿ qué hace?
Un derroche arquitectónico. Es decir, vengan o
no a cuento, emplea todos los elementos de que
dispone la arquitectura: cornisas, ménsulas, ca­
riátides, etc. Y esto da categoría a la ciudadY por esto, tal arquitecto ( que es un hombre
serio) tendrá trabajo del que podrán hacerle
sus aprendices; pues él. no hay para que lo ha­
ga; y se verá colmado de honores y de dinero.
Pero esto no ocurré, como se sabe, en este solo
ramo. Porque, si tiene lugar en todas partes,
también en todo orden de cosas. Y esto obedece
a una ley universal e impuesta por la estructura
del mundo. En efecto, ¿hay algo sin su opuesto?
Así lo quiere ésa ley. que es base de la vida:
lo más opuesto es lo eternamente inseparable.
Y así, en el cuadro social, hay, junto a los que
están en la ley, los que la contradicen; y junto,
así, a cada cosa, su opuesta. Y «cría tarca inter­
minable nombrar tal número de cosas y posi­
ciones. Pero, para entendernos ahora — diga­
mos que, al campo social, lo divide en dos una
línea, y que agrupa a sus lados, y sin que jamás
se confundan los individuos que agrupa, dos cla­
ses de hombres, únicas, y aunque parezca que
hay más: la de los hombres serios y la de los
pobre gatos- Y para ilustrar esto, voy a poner
los ejemplos. Sería un pobre gato Homero, que
fué un bohemio empedernido y que andaba di­
virtiendo a los otros en los banquetes y que ja­
más tuvo un real; y Sócrates y Cristo, el pri­
mero, un vago perturbador, y el segundo un
hombre que ni casa tenía y no menos pertur­
bador, sino más aún que el otro, y que hicie­
ron bien de eliminarlos para bien de los pue­

SIN
Torres

blos que debieron soportales. Pero lo que hu­
bo, fué que dejaron mala simiente y aún se su­
fre en el mundo por ellos. Y pobre gato fué
Beethoven, borracho y sucio, sujeto hosco y por
eso intratable; y lo minino Miguel Angel, en­
fermo de seis enfermedades y que, con su arte
melancólico, trajo mayor tristeza al mundo.
Y así a miles de miles. Y de estos, desgracia­
damente, se conserva la memoria (y aún tiene
trazas de perdurar por siglos), mientras que de
los otros, de los hombres serios, nada se sabe;
de manera que sólo puede «suponerse» que
existieron. Y si alguno se salvó del olvido, fué
porque de él escribió algún pobre gato.

REMOVEDOR
Redactor Responsable
Año 1

N?5
G

u id o

c a s t i l l o

Pues bien; esos (ios bandos se han declarado
guerra a muerte y se desprecian mutuamente;
claro está que los hombres serios, con razón- Y
en tales dos bandos, hay hombres empleados u
ocupados en toda clase de actividades, y por
esto también en las artes. Y de éstos sólo quiero
ocuparme. T así, hay artistas serios y otros que
no lo son. T los serios, si son pintores o escul­
tores, son a los que los asesores del estado (que
ya son la cosa más seria que hay), les confían
retratos también de hombres serios; o de los
otros que, tras unos años o unos siglos, pasan
(y no se sabe por qué) también al bando de lá
sensatez. Tal. por ejemplo, el G t c c o , con razón
tenido por loco en su tiempo (y con esto, Fe­
lipe II demostró ser hombre a quien no le da­
ban gato por liebre, porque indudablemente,
el Greco era un gato) y se atuvo al italiano
que mandara a buscar, pintor serio. Pero, no se
sabe por qué inescrutable designio del azar (o
10 que sea) tras unos años, los papeles se true­
can. Y entonces pasa el pintor italiano a la vil
categoría de los cazadores de ratas, y el otro a
la de los grandes dioses del arte; y con, esto,
el rey queda, ante la Historia (y esto también
es cosa seria), como uno de los mayores anal­
fabetos en materia de arte. Y con este ejemplo
bastaLa liga de los hombres sensatos, en materia
de arte, para distinguir a sus componentes y
basta para jerarquizarlos, ha inventado una in­
terminable serie de títulos e insignias. Y así,
yendo de un país a otro, un individuo de esos
no pierde jerarquía, porque por tales señas se
dan a conocer como miembros de esa liga. Y
así se ha formado una verdadera clasificación.
Por esto, en ella entrará, por ejemplo, el filó­
sofo sensato (que siempre podrá aspirar a un
alto cargo), pero no el filósofo bobo (que es
el que la practica, sin querer saber de los tér­
minos del o ficio ); y así en las artes, y en las
letras, y en cualesquiera ciencia o en cualquier
técnica. La cual técnica, siempre podrá ser
considerada, en sí, como una finalidad 0 bien
como un m edio; y que es como la considera
el hombre sensato.
— Pero, dígame, profesor, ¿en qué se basa­
rían tales clasificaciones?
— Pues, simplemente, en esto último que aca­
bo de decir, y que es, no tomar como finalidad
un arte o una ciencia, sino como un medio.
— Pero, medio, ¿de qué?
— ¡Qué bendito es usted! Pues, de hacer di­
nero ,de ser poderoso, de satisfacer la vanidad
que procura el encumbramiento. Porque los
hombres sensatos, si_lo son, lo son por eso;
porque van a la obtención, de algo real- Sí,
por esto son sensatos. Y por esto desprecian a
los otros. Y, sin entrar en más averiguaciones,
dicen que si los otros no han llegado a tal ran­
go, es por falta de talento; y nadie les sacará
de tal idea. Hombre sin poder o dinero, es hom­

N O M B R E "
G a r c í a

Y

bre fracasado.
hombre que no ha querido en­
trar en el rango de la sensatez, hombre chiflado
o loco. Una vez, un amigo, hablando con un
archisensato (se trataba de un millonario) salió
a mi defensa. Se extrañaba, ese, de que yo es­
cribiese cosas ( a su juicio) tan disparatadasentonces el otro le dijo (muy oportunamente)
«e3 que se las pagan muy bien». ¡A h ... si es
así, ya es otra cosa! Pero no se crea que el que
es hombre sensato o serio, lo es por voluntad:
es su destino; viene así hecho. Tal como los
del otro bando.
podríamos dividirlos en aspi­
rantes y en individuos que gozan de tal jerar­
quía. Los primeros son numerosísimos, y respe­
tan y admiran a los segundos. Y estos con ser
menos, mandan o gobiernan a los demás. Hay
pues, una clase. Clase formada por individuos
a partir de cierto tono académico (y sea en el
comercio o en la ciencia, ch el gobierno o en
el arte) y que despreciando al resto, se creen
con derecho a proclamarse la tínica realidad del
mundolo son porque imponen
voluntad.
nada medra sino a su sombra.
La liga de los hombres serios, cierra el paso
a cualquiera que no pertenezca a ella, y sea en
la música, en la literatura, en el arte plástico,
o en la arquitectura y en las ciencias. Los ton­
tos, que no están en el secreto de la consigna,
pretenden, a veces, o combatir los principios
de la liga, o quieren hacer valer otros dere­
chos; pero es en v a n o ... con decir que nada
ha descuidado la liga (Argos de millones de
ojos) y que por esto, sea en cualquier terreno,
allí tiene sus agentes celo.-os, que po dejarán
violar tal consigna en lo más mínimo. Y tal
liga es un cuerpo, el cual no será jamás des­
honrado por ninguno de sus miembros. Y cual­
quiera de ellos debe de estar dispuesto a todo;
es decir, lo está, pues por naturaleza es el in­
dividuo a quien no asusta nada y por' descomu­
nal que sea y fuera de lo concebible. Pues, la
medida de tales hombres, es el abismo. Y ya
puede el tonto cambiar de país para escapar a
la acción de tal liga: es en vano; y ni aún en
el desierto se libraría de ella. Así pues, (y
pá.-eme la expresión) hay que ser de la liga
o reventar-

Y

Y

Y

Y

su

LOS INTEGRANTES DEL TALLER
EN EL VI SALON DE OTOÑO
.r- .

•

.

r

,r.\-

Todo el público sabe que en el Uruguay exis­
ten dos clases de pintura: la del Taller TorresGarcía y la otra. Como pesé a todo en la del
Taller pueden darse, y, se lian dado, obras de
menor calidad (las cuales fueron juzgadas según
su real valor I. adjuntamos una lista de los in­
tegrantes del Taller que figuraban en el VI
Salón de Otoño, para que el público no entien­
da que son integrantes del Taller Torres-García
únicamente aquellos de quienes se ha hecho
elogio.
Los mencionados pintores son:
1) Julio Uruguay Alpuy2) Gonzalo Fonseca.
3) Cristy Gava.
4) Pedro Gava.
5) Luis A. Gentieu.
6) José Gurvich.
7) Vicente Martín.
8) Jonio Monticl.
9) Amalia Nieto.
10) María Olga Piria.
11) Alceu Ribeiro.
12) Edgardo Ribeiro.
13) José A. Saint Romain.
14) Daniel de los Santos.
15) Nelsa Solano Gorga.
16) Augusto Torres17) Joaquín Torres-García.
18) Horacio Torres.
Es de hacer notar que el 33 % de los pintores
del Salón de Otoño, pertenecen al Taller TorresGarcía.

�A

R

T

B I Z A N T I N O

E

DECORACION MURAL DE
SANTA M A R IA D E M LR

A R T E

MOSAICO DE
SAN VITAL DE RAVENA

C O N S T R U C T I V O

COMPOSICION CONSTRUCTIVA
Montevideo 1943

COMPOSICION CONSTRUCTIVA
Madrid 1933

A r le Bizantino y C o n s tr u c tiv is m o
La exposición Koenisberg, nos da la oportu­
nidad de insistir sobre una verdad que el maes­
tro Torres-García, repitiera incesantemente en­
tre nosotros v a la cual la multitud de pinto­
res, más fieles a su idiosincracia de multitud
que a su índole de artistas, prestara oídos sor­
dos. Esta verdad es:
El hombre posee dos actitudes frente al
mundo, la apolinea y la dionisíaca; de este do­
ble enfrentamiento surgen dos artes, el clá­
sico, que puede ir de la más baja a la más
alta expresión constructiva, y el naturalista
que fluctúa entre un mínimo y un máximo ro­
manticismo. De ahí que existan dos pinturas
que no pueden interferirse: una constructiva,
geométrica, planista y sintética, propia para la
decoración mural, hermana de la arquitectura.
Otra naturalista, descriptiva, analítica, porta­
dora de atmósfera y de luz propia del caba­
llete, del cuadro que se cuelga, indi-tintamen­
te, en esta o en aquella pared.

La exposición Koenisberg, sería, en este res­
pecto, una eficaz lección de pintura para todo
aquel que supiera ver estos dos universos del
arte. Hay en esta colección, junto a una serie
de obras naturalistas buenas, mediocres y ma­
las, varias muestras del arte bizantino que si no
son de las mejores nos informan -uficientemente del purísimo sentido geométrico, planista
y simbólico de aquella gran época, donde la
decoración mural encontró su más fuerte y de­
purada expresión.
Y si el público y los artistas se interesan por
el arte medieval y lo juzgan grande, es que sa­
brán deslindar el terreno en que tiene su ra­
zón de ser el arte a tres dimensiones v el que
pertenece exclusivamente a la decoración pla­
nista; esto es: la arquitectura.
A si el público y los artistas tienen tan cla­
ra visión de estas cuestiones estéticas: ¿que
es lo que no ven o no entienden del construc­
tivismo de Torres-García y su escuela que. pres­

cindiendo de las características de modernidad
y de visión propia que acompañan siempre a
todo creador, cumple con las leyes inherentes
a toda decoración mural y por ende, a la bi­
zantina?
¿Qué pueden condt nnr en la obra de TorresGarcía. que no pudieran asi mismo condenar en
el arte bizantino egipcio, inca, etc.? No faltará
el eterno que juzgue que las figuras geométricas
del constructivismo no tienen nada que ver con
las bizantinas. En lo apariencial y personal no,
pero en el concepto plástico si.
Y los que no lo sepan o no lo crean, que se
fijen en los murales del maestro Torres y do su
escuela, realizados en la colonia Saint Bois. Y
si han sabido mirar los iconos bizantinos sabrán
ver que estas composiciones constructivas son
las primeras decoraciones murales, desde el Re­
nacimiento hasta nuestros días, con verdadero
sentido de lo que a este arte se refiere.
GUIDO C \STILLO

��CUBISMO, SURREALISM 0 Y POESIA
Es indudable que tanto el cubismo como el
surrealismo (éste, escalón final del movimien­
to Dada — donde militaran en primera ins­
tancia sus más conspicuos componentes poste­
riores) fueron sacudones de importancia para
los artistas de todos los órdenes. Y es induda­
ble, de la misma manera que el arte que si­
guió a toda aquella magnífica y esfervescente
época, llevó de manera peculiar las huellas de
ambos movimientos. El cubismo dejó concreta­
mente y en. análisis final, una tendencia hacia
lo formal, tendencia que a mi modo de ver.
da esqueleto a todas las manifestaciones pos­
teriores ,de las artes. \ el Surrealismo, influyó
por su parte, en la determinación previa y asímismo contemporánea del acto creador.
Su mediación entre el artista inconciente, y
la obra, estableció un precioso vínculo sobre
el que se basan obras de todos los órdenes del
arte moderno.
Pero si el cubismo (dejando de lado la in­
fluencia en las artes como la música o la poe­
sía, influencias que se debieron a la proximidad
amistosa de los autores, y que dan antes que
nada un clima de época) encontró su campo
ún.ico en la pintura, porque mal puede ser cu­
bista una palabra o una literatura; el surrealis­
mo, por su carácter mismo halló su terreno
perfectamente, ideal en la literatura, o más
concretamente en la poesía.
Y este hecho se dehe, como resulta claro de
ver, a que, mientras los pintores cubistas esta­
blecieron de una manera más o menos teóricopráctica, ciertas reglas a mantener en el trata­
miento de las formas, o sea de la pintura, los
surrealistas no se indicaron camino plástico a
seguir, permitiendo la convivencia de los más
disímiles artistas sobre su denominador común
de surrealistas.
Tan es así que pinturas tan diferentes como
las de Miró o Dalí habitualmente viven pareda­
ñas sin carácter ofensivo para los actuantes
surrealistasTanto como la de M iró es pintura planista,

A

ccptiva. Y si es cierto que hubo en los cubista»
una homogeneidad temática, hoy aguitarrada, o
mañana de cabezales de diarios, ésto se debió
al azar o a la proximidad de los «cabeza de
grupo.»
De esta manera, las obras cubistas de Pica­
sso, de Braque y de Gris, tienen de común que
son pintura cubista, modo pictórico cubista, di­
bujo cubista. t\itonación y composición cubista.
Nada de esQ podríamos decir de las pinturas
de Dalí, Miró, Ernst, Chagall, etc., porque lo
que ellas tienen de común solamente es: temá­
tica surrealista, efecto surrealista.
Porque es concebible a un pintor impresio­
nista y Surrealista a la vez. Chagall por su
parto, en .-u desdibujo y su color puede empar atarse con los impresionistas y referirse a
ellos sin dejar por eso do interesar el terreno
de los surrealistas aunque siempre conser­
vando un cierto clima de aquellos —los surrea­
listas— que no reside justamente en la pintura,
y separándose de los impresionistas en lo que
sería lo más importante, o sea la presencia del
autor frente a la naturaleza y a la luz. De cual­
quier manera, para los fines explicativos que
persigo en abstracto, la concepción pura de
un pintor que gozara de ambas calidades, pue­
de conseguirse sin mayor dificultad porque
mientras el impresionismo determinaría una
manera de hacer, lo que equivale a decir una
manera de hacer pintura, el surrealismo pondría
condiciones en el exclusivo campo de lo te­
mático, y ambas cosas podrían convivir y casar,
en el imaginario artista que, en última instan­
cia no sería dable.
Pero si por otra parte, buscásemos o imagi­
násemos un cubista impresionista, la búsqueda
resultaría infructuosa y el ejercicio de abstrac­
ción inútil porque no se podría dar imagen al
concepto. Uno porque, si el impresionismo se
asentó radicalmente en la impresión sin otro
control que ella misma y en e] tratamiento de
la luz, el cubismo exigió antes que nada, estruc­
tura plástica, de manera que una obra que go-

P E D I D O

DE L

Maestro J oaquín Torres-García
aclaramos nuevamente que el mencionado no interviene
DIRECTA

NI INDIRECTAMENTE en

la

redacción

de

"R E M O V E D O R", limitándose a corregir y orientar
la obra

plástica

de los integrantes de este taller

imbuida de innegable sentido pictórico, pese a
todos los peses (su desorden, sus caídas temático-literarias) en concordancia hasta cierto
punto con la pintura Moderna, la obra de Da­
lí no puede emparentarse, indudablemente con
la vanguardia de la pintura. La pulcra factura
del «catalancito terrible» — como lo epitetara
Juan Ramón Jiménez— su tratamiento de la
profundidad como efecto fundamental, son un
paso atrás en las conquistas de la pintura del
siglo. Y sin embargo, hay quien pudo decir que
constituye, la pintura del afamado Salvador
Dalí, el último escalón del Arte Moderno.
Error. Dalí como pintor está muy atrás de
las conquistas del arte moderno, porque su
«formalidad» no concuerda con éstas y el eje
de su creación no son ellas sin0 la búsqueda de
cierto efecto truculento, muy imitado a posteriori, que radica en lo aparencial y externo de
la obra.
El cubismo por su parte por hacer exigencias
a la geometrizacióii o a la estilización consti­
tuyó cripta para los que se ciñiesen a su pre-

zasc de ambos caracteres es prácticamente in­
concebible y solicitarla es pretender el blanconegro.
Las exigencias cubistas e impresionistas se
excluyen totalmente- O una o la otra. No es po­
sible suponerlas unidas porque ambas piden
métodos de pintura, porque ambas son tenden­
cias, ismos o escuelas exclusivamente pictóricas.
Una pide libertad de color y dibujo para dar la
«impresión» o ausencia de ambas cosas si es
necesario. Otro se asienta en la búsqueda de las
formas, de las relaciones de dibujo, en. la abs­
tracción en cierta manera.
Abora bien, como creo que no puede discu­
tirse que el campo específico del cubismo fué
la' pintura, digo que en la poesía está el abono
indicado a la semilla de lo surrealista, porque
a las vagas asociaciones de los sueños, las pre­
dicciones, las sutiles relaciones de asociación,
etc., únicamente la palabra poética puede dar­
les sustancia.
Así como a los fantasmas o los seres de fic­
ción — Don Quijote, Hamlet— les conviene no

aparecer nunca de carne y hueso o en repre­
sentación, para poder seguir siendo lo que son,
todas aquellas vagas asociaciones, sueños, etc.,
visto?, mirados y explicados no son sino inise1 ables fantasmas de cartón, apariencias absolu­
tamente ridiculas.
Por eso —y establezco el juicio fuera de los
valores de la pintura— la pintura surrealista
al pretender penetrar ese difícil y vedado cam­
po de lo inconciente no hace sino crear obje­
tos, que en última instancia no responden a lo
evocado y mueven antes que nada a la risaMientras que la poesía, cuando penetra en lo
subconciente, llama al lector a una imagen,
pero dándole todo su margen de imaginación,
no concretando sino aludiendo a aquellas re­
laciones y fenómenos.
Por eso hay excelentes libros de poemas
surrealistas — (excelentes, no por surrealistas,
sino por el genio poético de sus autores) y en
español entre algunos otros, uno de García Lorca: Poeta en Nueva York. Y si no puedo, aun­
que quiera, explicar porqué el surrealismo se de­
leita con lo poético o vice-versa, puedo dar
ejemplos donde ambas cosas se funden y donde
el fenómeno del arte cobra vigencia se produce.
Se dirá y con razón que son obras hechas
más allá de las estéticas y los planes, y es po­
sible; pero sin duda están arrastradas e infor­
madas por corrientes más o menos claras. No
trascribo versos surrealistas del primer libro
citado por ser suficientemente conocido, pero
quiero dar el ejemplo de un magnífico poema
surrealista de André Bretón, suscribiendo la
opinión de Ramón Gómez de la Serna a ese
respecto, quien dijo, que el poema «Unión Li­
bre» era una obra maestra:
Mi mujer con la cabellera de fuego de los
[bosques
con pensamientos de relámpago de calor
con su talle de reloj de arena.
Mi mujer con §u talle de nutria en los dientes
[del tigreMi mujer con la boca de escarapela y de ra[millete
de estrellas de ínfimo tamaño.
Con dientes de huellas de ratones blancos en
[la tierra blanca.
Con la lengua de ambar y vidrio frotado
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada.
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura
[de niño.
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
de alheña
con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Mi mujer con pantorrillas de médula de sálico
Mi mujer con sus pies de iniciales
con pies de manojos de llaves con pies de cana­
r io s blancos que beben
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de
[tierra y de fuego.

Así como el surrealismo siendo un movimien­
to de raíces literarias quiso abarcar el terreno
de la pintura en ese afán mesiánico y de pana­
cea de lo nuevo, el cubismo se ramificó también
bacía la literatura.
No faltaron los poemas cubistas, que fueron
también abundantes pero puede verse que lo
poético — o cualquier cosa que no sea pintu­
ra— no puede darse bajo el signo de cubismo.
Para eso voy a transcribir un poema de Guiller­
mo de Torre donde se pretende dar un equiva­
lente poético del cubismo y donde la poesía se
retira discretamente para que una cruda des( Sigue a la vuelta)

�Aclaración
P u bl i c a

con r e s p e c í o a una c a r t a
en
la
Revista
" Latitud

//

Con referencia a la carta publicada en la
revista «Latitud» de Buenos Aires, dirigida al
Sr. Antonio Berni y firmada por los Sres. Car­
los González, Luis Mazzev, Bernabé Michelena
y Ricardo Aguerre, aclaramos:
l 9 Que el Taller no tuvo intervención para
organizar la exposición referida. Pero que si
su organizadora, la Sra. Gizelda Zani, dió pre­
ferencia en número y ubicación a la obra del
Maestro Torres-García y sus discípulos, lo hizo
con perfecto sentido de la realidad pictórica de
nuestro medio.
29 Que es una cuestión de mera lógica, que
mal se puede prestigiar una escuela con pinto­
res que no tienen prestigio. Que pretender los
firmados tener prestigio estético, involucra una
flagrante pedantería, más detdnante, tratándose,
como se trata de artistas que nunca han sa­
lido de la mediocridad, si es que aún no siguen
regodeándose con lo inferior del arte.
39 Que en el taller Torres-García no se pre­

tende hacer «Arte Nacional» sino simplemente
Arte, entendiéndose que los caracteres particu­
lares de lo nacional se darán como un agregado
circun.-tancial y nunca esencial.
Que estamos de acuerdo con los firmantes de
dicha carta en que, si el Arte constructivo repre­
sentara la realidad física, étnica, económica o
político-social, movería realmente a risa, porque
no sería lo que es, y dejaría el terreno de la
estética para entrar en esa temática risible a que
hacen mención indirecta los citados señores.
49 Que la representación del «Hombre» no
se hace por la realidad de las apariencias del
hombre, tino por la creación de la dimensión
espiritual del mundo que es en primer término
la tínica «Obra» del «Hombre».
Y justamente el Arte se encamina a perma­
necer en ese «Mundo» y no a trasmitir lo acci­
dental de la realidad fugaz y cuotidiana.
Que todo lo conmovedor y terrible de la gue­
rra no determina esencialmente al Arte, ni de­

Salón Permanente del

TALLER TORRES-GARCIA
E x p o s ic ió n

de O b r a s del

Maestro J. Torres García
Abierto desde el 28 de Junio
BARTOLOME MITRE, ESQUINA POLICIA VIEJA
Sub-Suelo de la Librería de Salamanca

Horario: de 17 a 20
CUBISMO, SURREALISMO . . .
(Viene de la pág. anterior)
cripción tie lo aparente cubista campee en el
escrito:
Un segmento de luna
sobre la bandeja
El corazón de la granada
es un abanico del iris
La guitarra, la pipa y el periódico
disecados como loros
Palpando entre el mosaico
el vidrio canta sus reflejosA través de la ventana bastidor del sol
el viento afina sus cordajes.
Desconsolada una guitarra
con las clavijas sueltas
enmaraña su testa.
Con lo que antecede de este artículo no se
pretende detractar al surrealismo y hacer la
apología del movimiento cubista, éste induda­
blemente superado por el constructivismo por
sus especiales condiciones de universalidad y
orden.
Se pretende antes que nada valorar y justi­
preciar las influencias de ambos movimientos.
Del cubismo en la presencia de las obras. Del
Surrealismo en la actitud del creador.
Del mismo modo se aspira a delimitar el
campo natural y apropiado de cada uno, en el
sentido que queda explicado.
SARANDY CABRERA.

be hacerlo, sino que lo influye en medida de
su proximidad pero de manera secundaria.
Que el artista no es relator de desgracias o
bienandanzas sino fundamentalmente un crea­
dor.

Como acotación a la carta de los menciona­
dos Sres., nos preguntamos:
¿Qué realidad física, étnica, económica o po­
lítico-social, representan los frescos de Piero
della Francesca. Botticelli o Miguel Angel?, aún
sabiendo que si la temática fuese tal o cual, eso
nada diría para la valorización de las obras,"
Asimismo nos preguntamos si los Sres- firman­
tes de la carta en cuestión, suponen que el valor
de un retrato de Felipe II de Velazquez, vale
por representar a tal rey contemporáneo del pin­
tor, y cabeza del régimen social imperante, o por
sus valores exclusivamente plásticos.

De Jacques Maritain
Sobre las Escuelas
de Bel l as A r t e s
Por lo mismo que el arte es una virtud del
entendimiento práctico, el modo de enseñanza
que por naturaleza le conviene es la educaciónaprendizaje, el noviciado operativo bajo un
maestro y frente a lo real, no las lecciones dis­
tribuidas por profesores; y a decir verdad, la
misma noción de una Escuela de Bellas Artes,
sobre todo en. el sentido en que el Estado mo­
derno entiende esta palabra, revela tan profun­
da ininteligencia de las cosas como la noción
de un curso superior de virtud, por ejemplo.
De ahí las rebeliones de un Cezanne contra la
Escuela y contra los profesores, rebeliones que,
en realidad, se dirigen principalmente contra
una concepción bárbara de la educación artís­
tica.

La Verdad y la Expresión de la Verdad
El artículo aparecido en el Num. 4 de Removedor sobre el V I Salón de Otoño ha provocado,
así lo manifiestan rumores lejanos y explosiones
cercanas, los más duros comentarios con res­
pecto a la eficiencia con que representamos
nuestro enojoso papel de críticos.
Entre otras voces condenatorias, hay algunas
que nos enorgullecen hasta la arteria más os­
cura y vergonzante de nuestra vanidad, otras
que no nos interesan, y ciertas que nos mueven
a la intención aclaratoria dé este artículo, i
Entre las primeras nos halagan sobre manera
aquellas que juzgan que no somos críticos, sino
simple seres apasionados. Nada más cierto y na­
da más agradable de sentir, que saber que hav,
quienes no engañados por nuestro falso título
de críticos reconocen, en nosotros, a través de
la tesitura almidonada de la profesión que in­
útilmente procuramos simular, algunas partícu­
las de «polvo enamorado».
Las segundas, que provienen de aquellos que
se han sentido directamente heridos por nues­
tros juicios sobre sus obras, son previsibles y
explicables reacciones biológicas que, como ya
hemo3 dicho, no nos interesan por juzgarlas re­
gidas por leyes naturales, que no solo acepta­
mos, sino que consideramos saludables.
Impresora L I G U

— Paysandú 1011 — Montevideo

En cuanto a las terceras, que son las que di­
cen que están de acuerdo con las líneas genera­
les de nuestra opinión y en desacuerdo con, nues­
tra manera de expresarla, cabe responderles de
dos formas distintas, según las posibles causas
de su desagrado:
1 — Aquellos que llevados por un deseo de
perfección o por una necesidad de pulcritud
consideren que las cosas no solo deben estar
bien en el espíritu sino también en la forma
en que ese espíritu se manifiesta, son merece­
dores de nuestra consideración hacia su recla­
mo. Y reconociendo que no dejan de tener ra­
zón en lo que se refiere a ciertos aspectos for­
males de nuestro artículo, les pedimos perdón
por estos yerros motivados por el apresuramien­
to y el deseo de evidenciar la verdad hasta su
más excesiva y desagradable desnudez.
2 — En cuanto a los que atemorizados por
nuestra directa manera de encarar el asunto,
consideren más adecuado y menos riesgoso el
uso continuo de la tibieza y el disimulo, a esos,
nada más adecuado que la sentencia del Apo­
calipsis de San Juan:
«Por que no eres frío ni caliente, porque erea
tibio, te comenzaré a vomitar de mi boca».
Guido Castillo y Sarandy Cabrera

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Castillo, Guido&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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DIBUJO CONSTRUCTIVO

N' 4
A B R I L - M A Y O 1945

URUGUAY J. ALPUY

exclusivamente por i nt e g r a nt e s del

C-C5

TALLER

EL

Organo

redactado

TORRES

y e di t ado

-

GARCI A

u

EJEMPLAR

�SOBRE
POR

EL V I

GUIDO

P R E A M B U L O
Se ha dicho, con toda justeza, que al hombre
se le conoce por sus obras, y extremando aún
más cite juicio, diremos que la vida de hombre
es una ¡.ucesión de obras en el tiempo que in­
tentan objetivarse en el espacio. — A i que la
única manera de conocer a este o aquel indivi­
duo es a través de lo que hace; ¡y este conoci­
miento se torna aún más universal, cuando el
acto a que nos enfrentamos, es, o pretende ser
de orden estético, por ser el arte la actuación
que, en el bien y en el mal, suele centralizar
con más frecuencia, toda., las fuerzas /itales del
que es, o pretende ser, un artista.
Ya sea esta fuerza centralizadora, ángel o de­
monio, es decir, sirviendo para hundir en la os­
curidad y en la confusión al que ha caído bajo
ella, arrastrado por intereses ajenes a la ’ abor
estética, o para elevar a la más alta luminosi­
dad, al que la posea y es por ella —y por nada
má-— alucinado, su acción dominadora no
pierde su poderío.
Por estas realidades, es que en el VI Salón
de Otono, se nos desnudan, tres planos funda­
mentales de la estructura humana.
I9 El plano del e-píritu de lo absoluto, del
«infinito intensivo», de la música, representa­
do por el maestro Torres - García. La obra es
tan alta y musical que en ella, el dibujo, la
calidad, la materia, el color, etc., son cesas me­
nores que sólo bordean su centro iluminado.
2° El plano de la buena pintura, integrado
por aquellos que sienten al arte como un
fin en sí mismo; que saben, que la actividad
estética no es servidora de nada, sino todo de
e'la esclavo.
Entre estos pintores hay pequeñas y grandes
diferencias, en cuanto al of eio y a la capacidad
pero, todos están encaminados y ubicados en. el
verdadero ángulo de visión.
No faltará el lector que piense, que en este
segundo plano pretendemos situar a los dis­
cípulos del taller Torre3 - García.
Pues sí; nosotros pensamos que, aún en el
terreno de la mayor condescendencia, a'uunos
discípulos del Taller Torres-García, ton los
únicos entre todos los integrantes del salón, a
quienes corresponde el predicado de pintores.
39 Ahora Legamos al plano de la llanura v
las profundidades, que posee una gradación
comprendida entre la mediocridad e inexisten­
cia, y la torpeza, lo grotesco y la grosería.
Es en él, donde se sitúan desde las buenas
intenciones fracasadas, basta la perversión e
innobleza estética.
Es en él. donde habitan, la ignorancia y la
vanidad; la tibieza y e’ snobismo.
Antes de terminar este preámbulo liemos de
aclarar dos cosas:
l 9 que el plano superior y los últimos pel­
daños del inferior, están más al1^ .......acá
de toda crítica; uno por la sustancialidad
misma de su altura, y por ser lo primordial en
él. la visión de una realidad inconmensurable
que es indivisible de la obra y por lo tanto tras
cendente a todo comentario; otro por estar tan
increíblemente alejado del menor atisbo de lo
que puede ser el arte y del vulgar sentido común
que no existen palabras bastante intensas como
para enjuiciarlo.
29 que siendo el tercer plano la abrumado­
ra mayoría del Salón, al comentarlos a todos,
nos es imposible, pese a nuestros efuerzos y s
la riqueza de nuestra lengua, evitar mo'estas r e ­
peticiones, pues es mayor el número de ¡os ma­
los pintores que el de las maneras de decirlo,
v más aún cuando hemos evitado toda acroba­
cia lingüística para ser perfectamente objetivos
y concretos.

II
P I N T U R A
AGUERRE RICARDO
Pintura efectista. Entonación como para una
tapa de revista de modas. Dibujo duro equi­
vocado. El de los ojos es incorrecto.

SALON

CASTILLO

Y

SARANDY

ALPUY, JULIO URUGUAY
Se advierte que tras eso hav un pintor. En­
tonación justa. Composición un tanto decorati­
va, a pesar de estar estructurada.
AMEZAGA EDUARDO
Confitura. Tota’inent- de cript:vo y anecdó­
tico; por lo tanto desentonado. No se casan el
ro'o de la vaca, el verde del follaje y el ama­
rillo del pasto. Insiste en una pa’ cta clara s;n
observar los objetos de la luz, y recurre a la
torpeza de solucionar la ¡ombra con un negro
absolutamente sucio, en este caso.

REMOVEDOR
Redactor Responsable

Año 1

DE O T O Ñ O

NM

BADETTO, EMMA S. I)E
Imitativo y torpe. Desconoce absolutamente
la pintura. Parecería hubiesen frustrados inten­
tos de tomar la manera de Horacio Torres.
BAITLER ZOMA
Persiste en su incomprensión de la pintura
impresionista. Mezcla procedimientos, empas­
tando excesivamente a veces y manchando
con una materia muy líquida. Uno de sus cua­
dros queda dividido rn dos partes por un enor­
me borrón violeta. Detaliismo pueril vecino del
de Laroche. Convierte en n.o existenc:a del au­
tor la objetividad de los maestros impresionis­
tas (Renoir y Monet) entreteniéndose en mal­
tratarlos.
BARCALA WASHINGTON
Dos obras totalmente distintas, que en el fon­
do son una misma mala calidad. Absoluta falta
de entonación. (Todo un, paisaje del mismo co­
lor, no asegura la entonación). A un verde pla­
no, en el autorretrato, sucede una superficie
mode'ada. Narcisi mo afectado y efectista.
BERDIA NORBERTO
Evidentemente se trata de un indirecto hijo
de Rivera. No siente el color ni el dibujo y no
hace sino tomar la manera exterior de aquelSe ve claramente ésto, por cuanto el paisaje
expuesto no tiene absolutamente nada que ver
con el retrato del niño. En este paisaje, un fe­
roz techo colorado puede dar una pauta de su
falta del más elemental sentido de la pintura.
Obras del más deshauciado convencionalismo,
contrarias no ya a la estética, sino al mínimo
buen gusto.
BERKIIAHN GÜNTHER
Obra infantil.
Imposible de criticar, porque su autor de­
muestra desconocer absolutamente la pintura.
BORELLA RAFAEL
Academi mo literario, con tímidas inclina­
ciones hacia la superficie del más inofensivo
modernismo. Pintura lamida en contradición
con un contorno marcado en negro. Desento­
nado. El rojo del corpiño, es una nota procaz
e imitativa, totalmente inexplicable en el te­
rreno de la pintura.
BUSTAMANTE GUERRERO, ALFREDO
Una obra sin pretensiones que tiene la vir­
tud de mantenerse en superficie. No obstante
está en el terreno de lo imilativo.
CAN TU SIENRA, LEONARDO
Desconoce absolutamente la pintura. Sus
brochazos carecen de sentido. Pinta sin saber
qué, con intención de alcanzar por el azar, lo
que es producto de la actividad concierne.
CARVAJAL VICTORICA, MANUEL
Imposible de criticar. Falto de las condicio­
nes mínimas exigibles. No puede entrever el
Pienor atisbo de la pintura. No obstante esto, es
una perfecta síntesis del panorama de nuestro
intelecto oficializado. En la fusión de temática
y pintura, se traen a co'ación: el representante
del más cursi romanticismo poético, el decora­
dor oficial de nuestras plazas y jardines, y

CABRERA

Carvajal Victorica. Interprete e la calidad en
escala descendente.
CASTELLANOS CARLOS ALBERTO
La tendencia de Castellanos nacía ¡a decora­
ción de Pietromarchi, alcanza uno de sus pun­
tos culminantes. Decorativo, literario. Fallo de
valores. Amasijo informe del colorido. Solo
hay dos calidades, un oscuro fijo y un claro
fijo. Monótono. Con eriore¿ de perspectiva.
Las figuras volátiles no se apoyan. Amanerado.
COLMEIRO MANUEL
Pequeñas cositas mal hechas. Pretensión de
pintura clara a base de un amarillo feroz in­
controlado y no por medio de valores. Bu can­
do limpiar el color llega a una crudeza carente
de entonación. Ausencia t o t a l del dibujo.
Constancia en cierta temática de debilidad
sentimental, V'CZIFFERY, JOSE
Con pretendida soltura, por dar el aspecto
de modernidad, cae cu lo grotesco. Lo que en
pintores como Dufy o Mati sé es sensibilidad
y expresividad, manoseado por Cziffery es ca­
ricatura.
DORR1ES, FEDERICO ■'
Obras elementales; demuestran que su autor
está todavía, muy fuera del círculo de lo plás­
tico. Su mayor preten ión parece ser, dar una
obra «bonita»'.
DORRIES, HILDEGARD
Los misinos comentarios que el anterior.
FERRARI, MARIA ROSA DE
Dibujo r mal. Color: mal. Todo mal. El
amarillo naranja del vestido cs un agujero en
medio de la tela. Una serie de tonos, tales co­
mo el verde del florero, las uñas pintadas, las
flore?, etc., constituyen ejemplos de disonancia
t infantilismo. Todo el cuadro es de una ma­
teria sucia, en que las carnes parecen lata y la
tela papel.
FONSECA GONZALO
Pintura seria. En especial la marina, donde
se consigue una entonación justa y un dibujo
sólido y estructurado. La obra respira cierta
espiritualidad y cierta visión inédita de las
cosas. El retrato frente a esta obra queda un
tanto frío pero se mantiene dentro de un ni­
vel pictórico con idcrab'e.
GARCIA REINO. OSCAR
Pintura Snob. Bajo una amanerada aparien­
cia de modernidad se trasunta la pintura con­
siderada como un aparato d?corativc. Falta to­
tal de valores. Da una superficie monótona y
lamida con tonos sucios e innobles. Busca la
más mala manera de André Lothé, en lo ex­
tranjero. En lo nacional puede empar maree
con la pobreza de Prevósti. Su pretendida es­
tructuración a base de la Sección Aurea, demue. fra que el compás de oro no e3 la p ma­
p a pictórica, sino una relación universal que
toma vigencia, cuando e3 ejercida por un pin­
tor en la exacta acepción del vocab'o.
GAVA, CRISTY
No obstante utilizar un ganm hasta cierto
[■unto noble, producto del Taller Torres-Gar­
cía, da una calidad fría al servicio de la temá­
tica realizada con equivocado sentido del di­
bujo sintético.
PEDRO CAVA
De sus dos obras, pueden apuntarse virtudes
en el Paisaje. Una obra fina de color, bien en­
tonada y con una disposición acertada. En
cuanto al «Retrato» pueden hacérsele las mis­
mas observaciones que a Cristy Gava.
GENTIEU, LUIS A.
Falta de aprecio por la materia. Oleo trata­
do como acuare'a. Convencional, sin intuición
directa de lo pintado y sin estima por la ca­
lidad.
Evidentes caídas hacia Dufy. A la derecha
de la tela, hay una mancha marrón que no
tiene explicación, por cuanto ella se adscribe
al marco. El árbol de la izquierda se extiende
de marco a marc°- sin nexo ninguno con los
demás elementos.
GUIDOBONO VICENTE
Imposible de criticar. Absurdo que haya si­
do admitido, aún considerando la escasa visión
de la mayoría del jurado.

�FUNDACION ESPIG A S
Buenos Aires - Argentina

GURVICH, JOSE

PEREYRA, RAMON

Pintura limpia. El tono puesto con preci­
sión, no obstante fallar en la manera de tratar
el agua de primer plano. La arista más no­
table del cuadro Paisaje del Buceo, es el di­
bujo muy sensible de las casas que aparecen
en último plano.

Pretende ser un continuador temático de
Figari. Torpe, con un decconocimiento total
de la pintura, produce una obra infantilmente
pueril. Empastes excesivos junto a detalles irri­
sorios, sin ninguna fina idad estética.

HALTY, ADOLFO

Obra de un aprendiz bien dotado y bien en­
caminado. Buena entonación. Un poco falta de
estructura pero, de todos modos no exenta de
delicadeza.

«Rcmovedor» ya se ha ocupado del pintor
Ilalty. Su estado actual re ponde a la trayecto­
ria conocida. Pintura literaria que manifiesta a
Halty como a un «no pintor». Carece de tono.
Laj veces que pone un blanco, éste no se 'iga
con el resto. Su intención de estilizar o compo­
ner lo llevan a lo decorativo. El trazo negro
que bordea fríamente a las figuras, es posible,
tenga su orig;n en una equivocada observación
de ciertos cuadr03 de Picasso.
LIMA, MANUEL V.

Pintura un tanto anémica. Apenas está valoiizada la zona de la cara y la mano de la ni­
na. El resto te torna confuso y inonótrno. De­
be insistir en un dibujo más sistemático.
LISSARDY, BREN DA

Presenta dos obras totalmente distintas lo
que hace sospechosa la sinceridad de cu au­
tora. En el cuadro «Parvas» imita francamen­
te a Colmeiro, incurriendo en los mismos vi­
cios que el mencionado. En el otro paisaje
donde parece dar una cosa más personal, in­
curre en lo imitativo.
La mala valorización hace que se produzcan
movimientos de modelado que no responden
al asunto.
MARCHAND, WILLY

Desconoce comp'etamente la pintura. No po­
ne directamente el tono, sino que luego de
colorear uniformemente, ensucia de o.curo o
claro según las conveniencias imitativas. El di­
bujo de los «pescados» no existe. La mesa que
los sostiene, cae vertiginosamente hacia el
espectador. Reina tal desorden en el cuadro,
que éste resulta pobre, aún d.T punto de vista
temático. En el cuadro del «mate» ciertos pun­
tos de amarillo que pretenden ser luz dentro
de la sombra re ultan agujeritos al azar sobre
la tela. Asimismo esas pretendidas luces, no
casan con la poca luminosidad de1 primer pla­
no supuesto también en luz
Resumen: cosa
grotesca y fuera de lugar.
MARTIN, VICENTE

En este pintor pesa más la imfluencia del
medio ambiente que la enseñanza que pudo
sacar del taller Torres-García. Su acuarela
pretende ser un alarde de desenvo tura que
sólo puede justificarse con un perfecto conocimiento del oficio que se tiene entre manos.
Martín da una coloración estridente y efectis­
ta. En «Naturaleza Muerta» da un dibujo in­
deciso, sin una determinac’ ón clara, inseguro,
y una entonación que quiere ser semejante a
alguna obra vista en el taller. El empaste más
que excesivo con que pretende dar la luz, nos
demuestra que la calidad y el espesor de la
materia no son lo mismo.
ME ISSNER HERMANN

Al igual que la de Guidobono o Carvajal
Victorica, la obra de este pintor no da asidero
a la menor critica, por su pobreza.
MONTIEL JONIO

Pintura ascética y fuerte. Pone el tono justo
sin ninguna otra concesión. De esa manera
consigue una sólida estructuración tonal, re­
forzada por un dibujo muy expresivo y sin­
tético.
NIETO AMALIA

Pintura fría y superficial. Pobreza de color
Calidad desteñida de tapiz intrascendente. Pe­
se a sus esfuerzos de modernidad, permanece
en lo imitativo y trasunta la influencia deci­
siva del Círculo de Bellas Artes.
PA LA 1 ECINO, BENJA MIN

Grotesco. Impo3Íble de criticar.
PAREJA PINEYRO, MIGUEL A.

Mezcla de un maltratado Barradas y un
tna'tratado Cubismo. Sin sentido ninguno del
valor. En la obra «Trabajo de Campo» pre­
senta un aglomeramicnto, una confusión inau­
dita de cosa?, asi como una total monotonía
de elementos informes.
Otro ejemplo de los que, queriendo hacer
obra en consonancia con el arte moderno, se
dedican a malcopiar lo externo de las escue­
las o los individuos que han cimentado la pin­
tura de vanguardia.

PIRIA MARIA OLGA

mientos manuales tramposos. Por esas razones,
una obra despreciable.
PERDIE, JULIO

Imposible de criticar; no tiene la más leve
noción de la pintura.
VIEYTES, JUAN F.

Falto de valorización. Frío, monótono, duro
y convencional. La repetición de los mismos re­
cursos, son la única manera con que trata de
solucionar los diferentes problemas del cuadro.

III

RIBEIRO ALCEU

Demuestra conocer el oficio. Da una obra de
cierta espiritualidad. Sin embargo se nota un
cierto artificio para conseguir un clima «agra­
dable». Esta circunstancia restringe el vuelo de
la obra que no obstante eso, es de valor con­
siderable.
RIBEIRO EDGARDO

En «Retrato» pretende abordar una compo­
sición de gran tamaño, demostrando no estar
capacitado aún para ello. Por esa circunstancia
le sobra tela, la figura central se bambolea y la
mesa cae. Fa ta una estructuración sólida. El
dibujo es discreto, y la pintura, por lo general
bien entonada. No obstante por momentos las
grandes manchas de color se tornan frías y sin
vida, en contradicción con zonas en que se ha
cuidado el deta.le.
En «Paisaje», la falta de una valorización, co­
rrecta, produce movimientos en la superficie
que no responden al dibujo.
SAENGER ROBERTO

Le falta madurez pictórica. La obra queda
desentonada y un tanto efectista.
SAINT ROMAIN, JOSE A.

Pintura que ha tomado lo superficial del
Taller Torres García, pero que trasunta caren­
cia de intuición plástica. Pobreza de co.or. Di­
bujo convencional.
SANTOS. DANIEL DE LOS

Obra discreta. Sin detonancias pero un tanto
sucia de color. Dibujo correcto aunque por mo­
mentos frío.
SCAGLIOLA, RICARDO

Obra salida, evidentemente, de la de Berdia
y Urruchúa, con restos de ¡a enseñanza de Laborde.
Como puede suponerse, un dibujo durísimo,
y la busca artificial de un c.ima truculento. Co­
lor frío y maquinal.

DIBUJO Y ARTES APLICADAS
La falta de orientación que se manifiesta en
la sección de pintura, hace crisis en la corres­
pondiente a' Dibujo y Artes Aplicadas. Trata­
remos de comentar algunas obras, no por tu
mayor calidad sino porque han sido adquiri­
da . Como el visitante al salón supondrá que
esta distinción se debe a algún mérito escondi­
do, no otros nos creemos en. la obligación de
informarlo al respecto:
GONZALEZ, CARLOS

Caricaturesco, grotesco. Abigarrada confusión
de pequeñas cosas y calidades de materia. Te­
mático y torpe.
ORLANDO, ROBERTO

Duro, forzado, mala composición. No están
bien distribuidas las tintas. Cada superficie
queda muerta y recortada.
SANTIAGO DE DOMINGO

Procedimiento noble tratado con vulgaridad.
Dibujo lamido. En conjunto: una cosa innoble.
SENEZ, CARLOS ALBERTO

El paroxismo de lo grotesco.
VERNAZZA, EDUARDO

Dibujo disculpaba en un, niño de escuela.
Monótono, sin finalidad explicable. Los dibu­
jos de Vernazza son tolerables para ilustrar las
crónicas de las domas de potros o los comenta­
rios obre Ballet, pero no tienen nada que hacer
en el terreno de lo plástico.
Este dibujo pone en evidencia que Vernazza
no posee las mínimas condiciones.

IV
ESCULTURA

Imitativo. Absolutamente desentonado. Em­
parentado con el desenfreno disonante del co­
lorido de Bianes Víale.

Como preámbulo al comentario de la Sección
Escultura, puede servir e* mi mo que precede a
la crítica de la Sección Dibujo. Los escultores,
no van más al á del naturali-mo. Nadie parece
tener en cuenta a la E-cultura Moderna.

SIN ISCA LCIII FR A NCISCO

FERNANDEZ TUDURI, RUBENS

La mala valorización produce un achatamiento cu la izquierda y una elevación en la dere­
cha.
Los primeros planos son una masa amorfa.
Hay confusión de maneras; partes tratadas a
pequeñas manchas, y otras donde se persigue
una uniformidad mediante una materia muy
chirle. Errores de perspectiva. No se sabe si las
casas se ven de abajo o arriba. Lo imitativo lo
lleva a desentonar. La chimenea rosada aparece
aislada de los elementos que la rodean, y como
superpuesta.

Es extraño que Bais, todavía tenga influen­
cia sobre los e cultores nacionales, pero es cier­
to. Tanto como es simil Piedra, es simil Es­
cultura. Caída hacia lo sentimental.

SCHENONE PUIG DOLCEY

SOLANO GORGA NELSA

Pintura bastante bien entonada, donde se
advierte la huella del Taller Torres - García.
Se trata de un aprendiz bien encaminado.
TORRES AUGUSTO

Excluyendo la obra de Torres - García; es la
de este pintor la de mayor ca idad. Además está
situada en un plano muy superior a las restan­
tes. Se trata de un maestro del oficio que ya
discierne con claridad el terreno de la pintura.
Dentro del má- grande rigor realista, posee
una concreción abstracta de los elementos que
constituyen la plástica.
TORRES, DENRY

Imposible de criticar. Desconoce absoluta­
mente la pintura.
TORRES-GARCIA JOAQUIN

ARTE.
TORRES HORACIO

Pintura seria. Muy buen dibujo. Fineza de
color. Gran conocimiento de' oficio. Respira
gracia y delicadeza. Los dos retratos están bien
observados. Sin embargo el «Bodegón» está un
p'ano superior de pintura.
VALLARINO EDUARDO

Desconociendo la plástica, pretende dar una
obra «bonita» para adorno.
VENTAYOL JUAN

La más inferior «cocina» pictórica. La inca­
pacidad para poner el tono lo lleva a procedi­

MARTIN, JUAN

Una obra imitativa. Toma de Rodín. la ma­
nera de tratar 'a superficie. De Maillol la acti­
tud y una pretendida solidez. De esa mezcla resu ta una obra bastante pobre.
MONCALVE JUAN

No existe. Imitativo. Frío.

V
UBICACION DE ALGUNOS
MIEMBROS DEL JURADO
El Sr. Domingo Bazzurro, pre. ¡dente del Ju­
rado del mencionado salón, es antes que nada,
un pintor fracasado, o más claramente, un no­
nato.
Juntamente con Laborde, Bazzurro carga con
la responsabilidad de haber estropeado año
tras año, a los jóvenes que concurrieron al
círculo de Bellas Artes, donde ambos dictaban
cátedra.
Su actividad negativa no se ha detenido en
í-so, sino que ahora se opone desde su privile­
giado sitial de Presidente de jurado, a todo
cuanto pueda tener real valor.
Consideramos que el Sr. Domingo Bazzurro
no actúa en la referida manera, por perversa
inclinación.
Sabemos que la explicación de estos hechos
debe buscarse en su completa ignorancia de las
artes plásticas y su total carencia de sensibili­
dad para ¡a captación de la más elemental ma­
nifestación artística.
El Sr. Orestes Baroffio, vocal del jurado, ce
un arquetipo de fosilización mental para las
(Sigue en la pág. 4)

/

�“MODERNISMO”
Libro

"Universalismo

Se suele confundir en. un mismo vocablo,
«modernismo» y «moderno». Se confunde la
ridicula expres ón modernista, y la realidad de
un arte que tiene una razón de ser.
No habría que perder tiempo en definir la
primera de estas eos expresiones, buscando en
que puede consistir; pero es conveniente, a fin
de deslindar los terrenos.
E.a expre ión modernista, es a go sin base,
que sigue una moda que no tiene más trascen­
dencia que otra moda cualquiera. Genialidad
al revés, de un pobre espíritu que quiere de ­
collar por encima de lo corriente, con el pro­
pósito de singularizarse. También suele ser, a
veces, cursi o desdichada interpretación, con
prurito de ref namiento, de una seria tendencia
de arte. Tenemos un ejemplo con lo que suele
1 amar.e «decorativo», que no es más que mala
interpretación del ritmo y ordenamiento que
puede encontrarse en obras hechas con. conoci­
miento. Hay obras hechas con independencia y
sin sucesión a ias leyes Visuales de la perspec­
tiva, por esto planas e irreaies, que por un or­
denamiento sabio son del más bello efecto de­
corativo. Pero viene luego el im-’tador, y pre­
tende hacer lo mi mo, bien eea subrayando los
perfiles, bien marcando unos planos arbitra­
rios, y así sale el engendro, obra del que no
%abe, pero que quiere simu.arlo con propósito
de originalidad.
No es más que esto el modernismo, y por
esto no vale ei ocuparse de él.
Otra cosa es lo moderno.
Lo moderno, lo es- tal, porque cumple un
fin evolutivo. Llegadas a madurez cierta.- for­
ma.', ciertos conceptos de arte, tienen que plas­
mar en nuevos aspectos. Pero en tales realiza­
ciones puede hal arse fundamento, base. Tal el
Cubismo y el Neoplasticismo, que tuvieron su
razón de ser y que, a su vez, darán lugar a
nueva forma de arte.
Pero el público, no bien iniciado a veces,
suele confundir lamentablemente. Y e= porque

VI

SALON

DE

Y

“MODERNO

Constructivo"

de

condena sin pararse a reflexionar ant.e las
obras, sin querer penetrarlas, llevado de un
criterio hecho que no admite cambio en n'ngún sentido. Y, sin embargo, debiera ver que,
en otros terrenos ya ha aceptado un sinnúmero
de cosas de que ahora no podría privarse.
Porqué, pues, este empeño suyo de que el arte
deba de estar en eterna inmovilidad?
Difícil es explicar tal co a, y só o vemos que
es reacio en aceptar lo nuevo. Lo nuevo, que
justamente tendría que armonizar con todo
lo demás que lo rodea. Hay, pues, aquí, una
evidente falta de- lógica.
Pero hay más que e.o, y que debemos deplo­
rar: que obras hechas dentro de las más puras
normas de arte, pero revistiendo un aspecto
nuevo, provocan su risa; del mismo modo que
si se tratara de obras muy mediocre., o simple­
mente ma as, de artistas simuladores de esos
nuevos aspectos del arte plástico. Así se ha
condenado ligeramente, y se condena, confun­
diendo injustamente las cosa . Y así ha progre­
sado todo un seudo arte moderno, en pintura
y en escultura, y esto ocurre también en arqui­
tectura, verdadero modernismo, que así des­
acredita, al otro arte, al moderno, ya que el
público en general no quiere distinguir de ma­
tices. Es más; ese falso moderno, más cercano
al concepto vu gar del arte, a veces da mayor
satisfacción al público y e to no sólo.es en. per­
juicio de la evolución, sino que además lesio­
na los intereses del verdadero artista, moral y
materialmente. T aun hay que añadir, que ese
modernismo, es ocasión de mucho confusionis­
mo en el campo del arte, terreno ya de sí comp ejo, en que no todos saben distinguir lo fal­
so de lo verdadero.
Debido a todo eso y a esa incompren ión por
parte del público, por no prestar la debida
atención a la labor del artista y estudiarla de­
bidamente, re le juzga mal confundiendo las
cosas, y, además, por esa misma falta de cri­
terio justo, de ignorancia a veces total de lo

J. Torres - García

que debe proponerse el arte plástico, confun­
dido ante una manifestación nueva, no expli­
cándosela, cree que es falta de lógica o prurito
de extravagancia aquello que no comprende y,
o lo rechaza ind gnado o lo comenta desfavo­
rablemente, tachando de loco al artista o de
chusco que quiere divertirle a costa del públi­
co, y en esto último, sobre todo, va errado. No
•y artista, por poca cora que sea, o bien por
anidoso, que pretenda jamás tai cosa. No hay
ningún artista que encuentre placer en des­
orientar así al espectador. Al contrario, lo que
él trata, es de que le comprendan, que acep­
ten su obra. Y só o puede hacer excepción a
eso lo practicado alguna vez por los cubistas,
de dar título erróneo, intencionalmente, a sus
obras — pero esto ha sido una táctica con el
fin de desviar al espectador de lo anecdódito e
inducirle a que su atención se concentre en lo
concretamente p.ástico, que es lo que da, au­
ténticamente, valor al arte. E3 como decirle
entonces: «no busque por ese lado, porque
aunque se rompa la cabeza, nada hadará: no
hay tal personaje, hombre o mujer, como el
título reza, ni tal paisaje; aquí no hay más
que lo que es serio en pintura, esto es, valores
plásticos». Y así, poco a poco, el público se va
adiestrando y entra en la vía de comprensión
que le hará evolucionar. Así pasará, de un
estado primario de concepto vulgar de arte, a
lo que puede formar la base de un individuo
realmente cu to. De manera, que aun en este
caso, el intento del artista es generoso, y ya
no sería artista si a.í no fuese.
No se abalance, pues, el público, a criticar
ligeramente: estudie antes, deje que la obra le
diga algo, sea pasivo. Que redundará en bien
de él y del artista. De éste, porque le compren­
derán al fin, y de él porque en la nueva plás­
tica. quizás halle a’go que no sospecha y que
puede ser fuente de goce de' las más puras
emociones.
Abril de 1939.

OTOÑO

( Continuación de la pág. 3)

cuestiones estéticas. Su múltiple actuación ofi­
cial en toda la sociabilidad del intelecto eviden­
cia su adaptabilidad perfecta a ser el vacío
floripondio académico.
Por lo tanto, lo consideramos no apto para
la menor discriminación en el terreno del Arte.
El Sr. Carlos Prevosti, es una persona que
tentó el campo de la pintura con un rebultado
completamente negativo. Actualmente en una
evolución explicable, pasa de su¿ fracasos a
jurado de los salones de Pintura.
Ei Sr. Bernabé Miehelena, vocal del Jurado,
puede considerarse como un censor de muy li­
mitados alcances.
Se trata del artista de condiciones que ido a
Europa, sólo vió en el terreno plástico, la muy
escasa rama del naturalismo romántico de
Kodín.

VI
El Cuadro del Maestro Torres-García
Ta hemos expresado en el artícu'o que trata
la generalidad del Salón, la imposibilidad de
comentar esta obra maestra. Y no porque no
sea posible el menor comentario, sino por la
inutilidad del mismo frente a la grandeza sus­
tancial de esta revelación purísima del Arle, en
que todo lo comentable y enjuiciable es sólo
la puerta que se abre al infinito.
Su indudable modernidad está sustancializada de ese fundamental clasicismo que aparece
en un preludio de Bach, o en una oda de Fray
Luis, y que está más en la calidad del alma,
que en el sentido de una época, aunque haya
tendencias y tiempos que faciliten, o dificulten
su aparición.
Es comprensible que nuestro jurado y nues­
tro público no alcancen a ver su verdad intan­
gible y misteriosa, a salvo de todo aquel que
no sienta a cada paso la presencia de lo uni­
versal. El que juzgue contradictoria esta rela­

A S O C I A C I O N

CRISTIANA

DE

J O V E N E S

21: E X P O S I C I O N
dei Taller Torres-García
a iiim n o

^-

Gonzalo Fonseca, Augusto Torres,
Julio Uruguay Alpuy y Horacio Torres

A b ie rta d e s d e el 10 d e M a y o d e 18 y 3 0 a 2 0 h o ra s.

ción de la verdad y el misterio, es que no en­
tiende nada de Arte, y es, por lo tanto, incapaz
de alucinarse y ver el existir de la obra estética
en un plano trascendente a toda explicación
racional.
Y este cuadro genial en el que no hay la más
mínima concesión a nada externo exige eso:
lu fascinación, la relación alucinado de dos es­
píritus, en el que uno — el de la obra — es
dominador e inexpugnable, y el otro — el del
espectador— es dominado, perturbado y angu.tiado por una infinitud serena y avasalla­
dora.
La incomprensión de nuestros «congéneres» y
compatriotas es tan ilimitada, que no falta quien
vea en esta obra una «¡simple imitación del
Ticiano!» Con lo que se demuestra desconocer
abso'utamente la pintura y no haber «visto»
jamás al gran pintor italiano, maestro de la
luz, del aire, de lo carnal; lleno de un formi­
dable sensualismo por el color y la forma, que
si bien en lo fundamental, donde todo lo gran­
de se reúne, se hermana con el cuadro de To­
rres, salvando el tema circunstancial es casi
Impresora L. I. G. U. • Pajsandó 1011

antagónico a él; pues donde el veneciano es
materia, el uruguayo es imaterial, donde aquél
es voluptuoso, éste es puro y, en fin, donde el
Ticiano es renacentista, Torres-García es clási­
co, entendiendo por clásico, no lo definido por
las épocas sino por un espíritu antinaturalista.

V II
CONCLUSION
El VI Salón Nacional, no pretende ser críti­
co, sino exclusivamente de compra y estímulo.
No obstante las compras realizadas implican
una intención selectiva. Consecuentemente con el
espíritu que anima esa intención, la única obra
de Arte en toda la intensidad del vocable, que­
da fuera del grupo que constituyen las obras
compradas.
Entre tantas diversas calidades la obra del
maestro Torres-García, no hubiese tenido su
justo lugar. Quede pues, en, su soledad, que la
determina en toda su verdadera grandeza.

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Castillo, Guido</text>
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                    <text>fcJLYUTA PD-TAULR TORRES 6ARC/A - A6AYÜ8A 2781 -ÜTE 2S42.I MoNTEVIO

J. TORRES GARCIA — Filosofía X? Musa. Fresco.

N°. 17
MARZO-ABRIL-MAYO
1947

Or gano

redactado

y editado

exclusivamente por integrantes del

0.10

TALLER

EL EJEMPLAR

T O R R E S - GAR CIA

�TONE#:

TP*’T ^ '

M I S T I C A DE
EXPOSICION
Torres-G arcía habla de pintura de la m is­
ma m anera que los antiguos místicos hablaban
de Dios. M ejor dicho, Torres-García jam ás ha­
bla de la pintura, sino que a ella sólo le habla.
Sus palabras llevan en el m isterio de su cuer­
po sonoro un alm a inaudible, hecha para ser
vista por el divino oído de la pintura.
Los místicos no am aban a Dios, am aban en
Dios. P or eso Torres-G arcía cuando realiza ac­
tos de am or, cuando pinta, está (endiosado,
lleno de Dios, repleto de la incorporeidad de
la pintura.
Este diálogo de Torres-G arcía y el arte ha
llegado a su más inm inente cercanía en «Mís­
tica de la pintura», y digo inm inente porque,
como nunca, sus palabras rebasan la fortaleza
de la verdad que vive de evidencias, para apro­
xim arnos, sin cesar, a la inm ediatez de la úl­
tim a franja de luz real que nos separa de la
verdad que se alim enta de m isterio.
Y en esa situación privilegiada, en esa pro­
xim idad agotadora, cuando sólo faltaría la in­
sinuación de un gesto, el movim iento im per­
ceptible de un ojo en el aire, Torres-García
nos abandona para siem pre a la soledad incu­
rable de nuestro propio fondo, para la cual no
hay ayuda posible, ni debe haberla, pues de
haberla, se nos quitaría el placer som brío de
sentir nuestro espíritu venciendo sus propios
obstáculos.
Yo me atrevería a decir, que así como todo
el complicado edificio de la filosofía de Plotino se reduce a una invitación a realizar un
acto sim ple: toparse con Dios —y toparse tan
fuerte que el golpe nos acarree el olvido de
nuestro ser— así las palabras de Torres-García
se reducirían a una invitación para el más sim­
ple de todos los actos: abrir los ojos y qué los
ojos vean, tener el arte delante y que el arte
se nos entre en el alma.
«Mística de la pintura» no es simplemente
un libro de estética ni de doctrina pictórica ni
de análisis crítico. «Mística de la pintura» es,
en el fondo, la iniciación de los misterios de
un culto en que el prem io se identifica con el
rito.
Atendiendo a estos hechos, no faltará quien
rebosante de sensatez, encuentre contradiccio­
nes que señalar. Yo estaré de acuerdo con él,
y sólo le pediré que reconozca que «Mística de
la pintura» no se contenta con contradiccio­
nes, sino que es todo un m agnífico absurdo.
Aceptado esto nos separaremos como buenos
enemigos.
Un hecho tan o más im portante que la pu­
blicación de «Mística de la pintura» es la ex­
posición de 222 obras retrospectivas que 1 orresGarcía realiza en el Ateneo de esta capital.
Esto me crea un serio problem a: yo be di­
cho muchas cosas sobre Torres-G arcía, be pu­
blicado gran núm ero de artículos sobre di­
versos aspectos de su personalidad artística,
y, sin em bargo, soy perfectam ente consciente
de que no be contribuido con nada fundam en­
tal para la com prensión de su arte y que de
todo ese esfuerzo soy yo el único que lia queda­
do ganancioso.
Por lo tanto, en este momento en que la
labor estética de Torres-García lia llegado a su
plenitud, mi condición de escritor me crea la
2

LA
DE

P I N T U R A EN LA
TORRES-GARCIA

responsabilidad de renegar de la adjetivación
inútil y, flaco de ingenio, señalar, desde lejos,
una pequeña parcela de la realidad sustantiva
de ese gran arte que, hoy más que nunca, me
quema el alma.
Para esta labor decisiva me valdré de una
últim a artim aña: no seré yo quien bable de la
exposición de Torres-García, sino que «Mística
de la pintura», convertida de voz en ojo que
habla, será quien m ire en palabras lo que haya
que m irar.
Mis ganas de ello, mi voluntad más bien que
mi inteligencia, será el puente por el que la
voz de Torres-García dará pasos sobrecarnales
basta enfrentarse con lo visible de su alma.
Lo prim ero que sorprende en esta exposición
es la pluralidad extraordinaria de hechos, de
maneras y problem as que, sin embargo, pare­
cen hacer resaltar la presencia de un gran es-

REMOVEDOR
Redactor

AÑO

3

GUIDO

Responable

CASTILLO

N°. 17

tilo que lo abarca todo.
«Lo que yo quiero expresar por el térm ino
de arte constructivo, abarca todo el arte. Todo
verdadero arte es constructivo».
«Lo que yo quiera expresar por el térm ino
de arte abstracto, abarca todo arte. Todo ver­
dadero arte es abstracto».
. . . «Cada artista, en su arte, puede cons­
truir de muchas maneras».
indudablem ente Torres-García ha construido
de muchas m aneras, pero siempre ha construi­
do. Los diversos hechos han salido de su es­
píritu convertidos en música de color y lorrua.
Esta música m aravilla en sus composiciones
abstractas, pero en ios Objetos de Cocina, en
los Autorretratos, en los Cartuchos, en la Ca­
lle de t lorencia. . . no sólo m aravilla sino que
desconcierta, pues lo que se representa no ha
sido traicionado ni falsificado y, a pesar de
todo, no se lo representa. Quien llegue a ex­
plicar cómo pueden coincidir y exigirse en
una sola obra la mayor fidelidad al objeto con
la más absoluta libertad que pueda imaginarse,
habrá explicado la pintura de Torres-García y
lo más profundo y puro del arte.
«Considere que él tiene que dar lo inédito;
algo que ni él mismo salle qué es, su alma, su
música. Que lo que dé no puede tener nom ­
bre: que ha de operar entre cosas sin nom bre.
Porque si partió del m undo ya no está más
en él.»»
Pero, si es grande el desconcierto que nos
acarrea encontrar invención donde parece h a ­
ber realidad, no es m enor el que nos provoca
encontrar realidad donde hay invención.
Lo cierto es que esas composiciones cons­
tructivas, nos dicen algo tan real que la reali­
dad del m undo parece ficción, frente a ellas se
apodera de nuestro ser la convicción de que
son más ser que nosotros, de que no son un
producto de un propósito meram ente intelec­
tual o estético, sino que no podrían ser de otra
m anera de como son, pues son inevitables por­

que son verdad. Yo diría que en estas obras
es donde más podemos encontrar algo visto
por el pintor.
Llegaríamos entonces a este absurdo: en las
composiciones menos figurativas, Torres-García
es un realista, porque hace palpable lo invisi­
ble que él lia visto, y en las obras más repre­
sentativas oficia de taum aturgo — que con­
vierte en increíble lo frecuente y en m undo de
milagro el más común alimento de los ojos.
«El artista es un individuo que siempre pro­
cede intuitivam ente; o m ejor, m irando con ese
ojo interno que ya descubrieron los antiguos
y que ve donde no hay cosa, o ya con sus ojos
naturales. El vive en perpetua combinación
geométrica y m anipulando lo que no es cosa;
y si son tonos y colores, tampoco son eso pues
sólo son medios para construir; porque aquello
que él construye no puede tener nom bre, por­
que, siendo algo, no es cosa alguna.»
Esto nos puede ayudar a explicarnos la uni­
dad esencial, del arte de Torres-García, tan
m últiple en aspectos no sólo distintos, sino
en apariencia, antagónicos. Torres-García es
un gran ojo estético-metafísico que mira don­
de no hay cosa, y ve allí sus cosas, las que sólo
a él se entregan como reales.
1 así pueden reunirse en una misma pared,
uno junto a otro —y más juntos de lo que
puede el espacio— el Cristo, un gralisino, y un
paisaje.
No obstante dentro de esta unidad funda­
m ental, hay un aspecto que domina a los de­
más ilum inándolos: la esencia de lo clásico.
Es decir no lo clásico, como lo ya hecho por
el pasado, sino lo clásico como lo siemprevivo,
siempre el mismo, sí, en lo que tiene de siem­
pre inédito. En síntesis la pintura de TorresGarcía es clásica en el espíritu y no en lo ex­
terno.
Este clasicismo suyo ha ido profundizándose
y depurándose incesantemente, y, siendo muy
arbitrarios, podemos dividir su aparición, bien
definida, en cuatro etapas:
1^ — La que comienza a principios de siglo
y se continúa hasta el año 17. Podemos ver en
la exposición algunos ejemplos de ella: Filosoiía X.4 Musa, Ezequiel, P o m o n a...
En estas obras encontramos el más puro cli­
ma m editerráneo. Parecería que el grandioso
espíritu de Grecia hubiera resucitado entre
nosotros, con una nueva fuerza y una nueva
vibración milagrosas.
¡Qué distinto es esto al pretendido neo-cla­
sicismo de Picasso!
Picasso m iró muy frecuente, lo aparente y
literario de lo clásico y se solazó con él como
un gran pintor excesivamente acostumbrado a
las travesuras; lorres-G arcía se reconoció eu
lo clásico y a su influjo se le actualizaron las
potencias del alma.
Después de este período hay un paréntesis;
son las pinturas del 28.
Estas constituyen un momento único en el
arte de lorres-G arcía, pero, ¡qué m om ento!:
a pesar de la libertad que caracteriza a esta
pintura, hay en ella un ritm o, un ajuste, una
calidad verdaderam ente inigualables. Aquí es
donde parecería, a prim era vista, que TorresGarcía se aleja menos de los lugares comunes
Sigue en la pág. 5

�ESPAÑOLA

J. Torres - García

J. Torres - García

FIGURA

J. Torres - García

UN PUERTO

O bras de la actual Exposición T o rre s -G a rc ía en el Salón del Ateneo de M ontevideo

��UN

NUEVO

Me pregunto cuál parece ser el porvenir in­
mediato de la pintura; qué dirección parece
querer tom ar.
Miro entonces a quienes han sido los pio­
neros de la nueva pintura. ¿Qué ocurre en P a ­
rís por ejem plo? Picasso, Braque, Matisse, y
otros, han envejecido en lo suyo, en una acti­
tud pertinaz. Picasso en particular, usando del
prestigio enorm e que le socorre, im pide hoy a
la pintura dar un paso adelante. Todos lo que
de la nueva generación de París, se vé, está
m arcado por Picasso.
¿Sería entonces esto, un punto m uerto?
Creo que no; en París dehe estar producién­
dose la reacción, aunque tal vez pasen años,
antes que nueva gente consiga desplazar a to­
dos los que se mueven, prim ero en el gusto

NATURALISMO

del público, y segundo, en el enorm e aparato
de las editoriales, las galerías, los comercios,
que viven de este arte que parece querer ser
desplazado por otro.
Por otro lado se vé, en la literatura una
reacción relativam ente clara contra los movi­
mientos de pre-guerra.
He leído las últim as obras de Aragón, B re­
tón, Soupault, Eluard y otros, y todos ellos veladam ente o de m anera m anifiesta, aspiran a
un nuevo naturalism o. A un naturalism o, que
desde luego nada tendría que ver con la poe­
sía de argum ento, ni con la poesía m oralizan­
te y didáctica.
Un naturalism o cargado de surrealism o, de
escritura autom ática, de todo lo que lo prece­
dió, y que evidentem ente, sería todo menos un
retroceso, como lo proclam an ciertos rezagados

MI STI CA DE LA PI NTURA EN LA
EXPOSICION DE T ORRES- GARCI A
Viene de la pag. 2

del arte m oderno, pero si se m ira m ejor, se
verá que en esas obras no hay la m enor con­
cesión a lo anecdótico ni espectacular. En ella
se rechaza la expresión por sí misma. Aun en
esta época dionisíaca, Torres-García hace cla­
sicismo, pues es un Dionysos m etaiisico, que
se em borracha de pintura en un bosque de
ideas y de música.
Ao se requiere una gran sensibilidad esté­
tica para darse cuenta que Torres-García no
deiorm a las cosas reales en procura del dram a
rom ántico áe destrozar a golpes carnales todo
lo hecho, sea lo físico o la opinión vulgar. i\o,
lorres-G arcía sacrifica ritualm ente al objeto,
y el m undo real, por el sacrificado resucita
sustancia inm aterial, creatura de otro mundo.
2“ — Después de esta pintura, llegamos al
gran arte que se venía anunciando en diversos
aspectos de su obra: el arte planista construc­
tivo. En esta etapa, Torres-García crea la sín­
tesis de lo clásico. El arte prim itivo, Grecia,
Bizancio, y ciertos aspectos del arte moderno
son en sus manos, otros tantos elementos, como
el color y el Compás de Oro o sea que no son
cosas para hacer sino desde las cuales hacer.
Y por eso Torres-García, estando como nadie
en el espíritu de la gran tradición, hace un
arte sin precedentes, el más original de nues­
tro tiempo.
Todo, en este momento, se convierte en es­
tructura, en arm onía, en símbolo y, en el fon­
do, lo inédito que fulgura en él místico como
un relám pago sostenido.
« ...A lg o más allá de lo inteligible y que
sólo la intuición puede captar. El tono de la
obra, su música, su fisonomía. Algo eterno y
universal.»
«Y bien, si ahora nos preguntam os nueva­
mente qué puede despertar la emoción y el
sentim iento de un artista, yo diría que es el
descubrim iento de ese divino hallazgo, la per­
fecta fusión en su obra, del m undo visible e
invisible. Y esto es la creación.»
3? — Esta no es una etapa verdaderam ente
distinta de la anterior, pues se da en su m is­
mo tiempo y en su mismo espíritu. Si la separo
es sim plem ente porque no pertenece al arte
m onum ental que ha dado las decoraciones del

Hospital Saint Bois y el «M onumento al Sol»
del Parque Rodó. Me refiero a los retratos,
de los cuales podemos ver en la exposición,
\ eláquez, M ozart y esa Venus tan m ilagrosa
y sagrada como el Cristo.
A este período yo lo llam aría el momento
intocable de Torres-García. Me explico: la
m ayor parte de su obra, si bien inim itable,
puede servir y sirve de base para una gran es­
cuela pictórica. Pero esos retratos y esa Venus
en el que los hizo se quedan desde los pies has­
ta el alma, a pesar que están vistos en el pano­
ram a universal hacia donde su autor no lia
cesado de m irar, Si el arte es lo inédito, la
m enor partícula de ellos lo es.
4'-‘ — Adora nos encontram os con la pintura
de cuyo nacim iento nació «Mística de la p in ­
tura», las onras de esta etapa no alcanzan pues
a cuatro meses de existencia m aterial.
Son, em pero, el vértice donde se reúnen las
luces más hondas de todo el arte de iorresLrarcia. El clasicismo de que venimos tratan ­
do llega aquí a lo im previsible, pues está vi­
viendo ahí, delante de los ojos, expresado a
través de lo más puro: por la pura pintura.
Ahí, delante de los ojos, tenemos el jlisterio
mismo y la Lucidez misma, conviviendo juntos
como si tai cosa. Ahí, delante de los ojos, te­
nemos todo lo profundo, lo verdadero y lo m i­
lagroso que se pueda decir dicho en tonos: la
vida, la real vida del arte.
«Ver, sentir, com prender: he allí el terreno
del artista, pero viendo en lo visible y en lo
invisible a la vez. Porque ver, es sentir y com­
prender; sentir es ver y- com prender; y com ­
prender es sentir y ver. Y es sentir la m ateria
plástica; y es sentir la geom etría y el ritm o;
y es ver y sentir abstractam ente las cosas del
mundo, y no como realidad; y es com prender
lo que es un tono.»
¿Se requiere algo más para hacer ver que
el arte de Torres-García es el gran arte, el
gran estilo plástico de nuestra época?
«Conclusión final: el artista al ir a su obra
debe olvidarlo todo, y proponerse una cosa:
realizar una estructura. Lo demás saldrá sin
que él se dé cuenta, que es como debe ser.»
GUIDO CASTILLO
14 de mayo de 1947.

que recién llegan al lo que se va.
La reacción en el terreno de la plástica, pues,
aunque no es aparente pue^e tenerse por muy
posible y a falta de form a m anifiesta podría
tomarse como válida, la referida reacción en
el campo de la poesía. Ahora bien; ¿signi­
fica todo esto, o significa este naturalism o «sui
géneris», que el surrealism o, que el dadaísm o,
el cubismo no estaban en la verdad? Signifi­
ca que aquello no era arte, que no era la poe­
sía presente? No, de ninguna m anera, aquello,
es tan verdad, como esto; todo lo que es arte
se puede creer porque siem pre es verdad, po r­
que se le puede conceder crédito estético.
Aquello no está bien ni está mal, sim plem ente
está, como este nuevo naturalism o de la poe­
sía y si es que tiene lugar, de la plástica, está
tam bién y reclam a su lugar hoy.
Su única verdad consiste en coincidir con lo
que nosotros creemos, con lo que nosotros que­
remos, entendiéndose por nosotros el hom bre
de la época, del mes, del día, en que ese arte
se produce, y en el que vé su espejo más fiel,
su form ulación más ajustada.
Por otra parte esto que parece no estar fo r­
m ulado en los artistas de post-guerra france­
ses, es lo que de m anera explícita reclam a Julien Benda, en su llam ado a la juventud esté­
tica, con argumentos más o menos convincente*
y con ataques menos convincentes.
Este nuevo naturalism o que parece quiere
hacerse lugar, no podrá olvidar, aunque lo
quiera, al cubismo, al surrealism o, al arte
abstracto, porque el resultado de aquellos m o­
vimientos fué replantear los problem as de la
plástica, hacerlos valederos, en la m edida en
que habían sido casi abolidos, u olvidados,
m ejor.
Las aparentes soluciones del cubismo fueron
siempre la reorganización del planteam iento
de los problem as, y su aparente juicio sobre
la pintura, fué la pintura misma. Resultado
realm ente capital, y el único a que todo em ­
peño estético puede aspirar. Lo mismo dire­
mos del surrealism o, del arte concreto, del ar­
te abstracto, etc. Fueron entonces verdad, pero
ya no se les necesita en cuanto verdad teórica,
sino en cuanto arte.
De todo esto; ¿qué guía, qué posición nos
puede resultar ejem plarizante?
En verdad, toda aquella posición que coinci­
da con la nuestra, todo aquello que nos em ­
puje en el sentido que llevamos.
Aquí en M ontevideo, en el Uruguay, el T a­
ller Torres-G arcía ha hecho la experiencia de
las artes de la pre-guerra, sea dicho así de una
m anera concisa. Ahora cum ple con su evolu­
ción. Se encam ina de acuerdo con su necesi­
dad, y como está al unísono con su tiem po
desemboca en su nuevo naturalism o. Toda su
otra obra anterior, como antes quedó dicho,
perm anece.
Y su nuevo naturalism o, hoy, es un paso ade­
lante; pero no pertenece, ni puede convivir
con aquellos que habiendo perm anecido en el
«viejo naturalism o», pretendan ponerse al día
de un salto. La evolución ha tenido lugar.
Quienes no han cum plido la cadena, no tienen
derecho a aspirar a la vanguardia, dado que
ésta no les pertenece, y si ahora creen estar
de vuelta, en verdad, no están ni siquiera de
ida, ya que perm anecen en su cero.
SARANDY CABRERA
5

�EL

ARTE

MODERNO

EN

PARIS:

Forma y Materia en la Obra de
EDUARDO YEPES
por

Correspondencia

de

JOSE

PALAU

París

En este París acribillado por mil puntas de hoy día para designar una clase de objetos que
alfiler, que nos llegan a em botar la sensibi­ se parecen a la escultura, como un huevo de
lidad y nos impiden ver las cosas en su con madera se parece a un huevo de verdad. E n­
junto; donde sólo los nombres, como puñeta­ gañan a la gallina. Engañan al público. ¡No
zos, consiguen destacarse en medio del tu­ es paradoja! Un huevo de m adera es lo más
m ulto; liemos podido seguir algunos hombres distante que hay de un huevo de verdad, p re­
que, por el esfuerzo singular de su obra, pare­ cisamente por ser su apariencia, por ser el en­
cen los destinados a sobrevivir al terrible ano­ gaño. Y una escultura ha de tener su vida in­
nim ato de ser llamados artistas, para poderse terna —intangible pero magnética en la su­
designar con su nom bre propio. Ya no hay perficie— como la tiene un huevo. La escul­
más artistas. París está saturado, sobresaturado tura es un arte interior mucho más que un
de esta clase de entes. Sobran urtistas. París arte exterior.
Pero aquí, quizás incluso adm itiendo que la
agoniza bajo su peso, como una m uchacha bo­
palabra
escultura fuera usada y considerada
nita bajo el de sus admiradores. Falta el bra­
debidamente,
y aun a pesar de haber precisado
zo fuerte que se convierta en liberador. París
su
concepto,
tendríam os que hacer un paso
quiere liberarse de su belleza. Ahí están esos
intrépidos Davides, que con su piedra en la atrás y preguntarnos de nuevo ¿qué es escultu­
honda pretenden darle en la frente al gigante. ra? Porque esto es lo que se ha preguntado
Fijémonos boy en el escultor español Eduardo Eduardo Yepes. Y la respuesta no ha sido siem­
Yepes, cuya contribución a las recientes expo­ pre la misma. A veces ha contestado una cosa,
a veces otra.' A veces se ha pronunciado en
siciones de «Artistas Ibéricos» y la de «Amies favor
de la materia" y a veces se ha pronuncia­
d e’ l'A rt Cataiá» y «Les súrindependents», ha
do
a
favor
de la forma. En estas dos direccio­
venido a llam ar nuestra atención.
nes capitales, no parece que se' pueden agru­
Un escultor. La palabra tendría que ser su­ par todas sus respuestas. Yepes sabe contem ­
ficiente para desvelar la curiosidad. Pero tam ­ plar un huevo, un tronco de árbol, una raíz,
poco estas grandes palabras —pintor, escultor, como formas que no im itan nada, sino que son
poeta— justifican nada por sí mismas. La pa­ de por sí. Ser de por sí es, pues —-puede ser,
labra escultor tendría que ser una excusa para por el lado de la form a— una escultura. Yepes
ahorrarnos muchas palabras, muchos comenta­ se cree entonces con derecho a partir de ese
rios — que lleva implícitos. Quizás esto h u ­ muñón esencial y crear formas que sean de
biera sido posible en el Renacimiento o eu por sí, que tengan su ser en tanto que formas,
otra época más estable que la nuestra. Pero re­ en lugar de im itar. Y ya tenemos su escultura
sulta que con demasiada frecuencia, es usada abstracta.

Pero tam bién sabe m irar del lado opuesto,
un pedazo de coleita o de m adera, el hollín de
una verja, como expresiones profundas de la
m ateria —no máscaras, sino rostros— de la n a­
turaleza misma. Estas expresiones se concretizan: crean mundos. Y ya tenemos establecido
el im perio de la m ateria.
Pero sus grandes momentos son, cuando, ol­
vidando esta antinom ia, se convierte en síntesis
y nos da una respuesta conjugada de estos ele­
mentos. Es en este punto donde han de situar­
se sus mejores retratos. Retratos donde la for­
ma del rostro hum ano es su m ateria; la ar­
cilla, el humus original. La mayoría de los es­
cultores pretenden reducir el barro a carne
hum ana, darle calidad de epiderm is, y, n a­
turalm ente, se estrellan. Yepes busca, por el
contrario, hacernos ver lo cercano que está la
carne a la arcilla.
Decirnos que las distintas cualidades expresi­
vas que adquiere un rostro (retina, párpados,
m ejillas) ya están todas en potencia en el
fango. A causa de esta visión trem enda de lo
que es un rostro, su obra se convierte en tras­
cendente y esencial. Y al mismo tiempo en
elemental. Porque su recorrido no es. el de ir
progresando a través de la cultura escultórica
para darnos un producto artístico más avanza­
do, más alambicado, sino para bailarse a fin
de cuentas, con su vieja raíz ibérica, desnuda
y tajante. En este punto está Yepes.
JOSE PALAU

Salón del ATENEO de Montevideo

222 obras
RETROSPECTIVAS Y RECIENTES
de

J. TORRES-GARCIA

SE EXPONEN DURANTE EL MES DE MAYO DESDE
LAS 18 A LAS 21 HOR AS . - E NTRA DA POR RONDEAU
FR-F'JNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOV50^&gt;R

6

mp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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Cabrera, Sarandy&#13;
Palau, José</text>
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EL MAESTRO JOAQUIN TORRES-GARCIA Y SUS DISCIPULOS EN EL TALLER

N°. 2 0
OCTUBRE - NOV. - 1947

O R G A N O R E D A C T A D O Y EDITADO
EXCLUSI VAMENTE POR I NTEGRAN­
TES DEL TALLER TORRES GARCIA

0.10

�LEON - FELIPE EL POETA
por J. TORRES-GARCIA
La manía clasificadora de la gente, quie­
re, a tuertas o a derechas, meter a León
Felipe in el casillero: ¿qué será este hom­
bre, comunista, anarquista, francmasón, so­
c ia lis ta .... Y no vale a decirles, que él
es lo que es EL SOLO; o si no ¿qué ha­
brán comprendido de ¡o que habrán leído
u oído? ¿Puede, quien está en lo univer­
sal, andar &lt;ntre cosas de orden /xirticularísimo, como ser todas o las más de las
que constituyen la actividad de los parti­
dos? Hay eso, y hay además, esto otro:
que León Felipe es inclasificable como to­
do lo que viene del espíritu.

en todas partes, en todos los rincones; y presto
saltó las fronteras de España. ¡Qué formidable
reacción! Yo creo que Cervantes debió asus­
tarse de tamaño deslumbramiento. Y ya no se
ocupó nadie de él; ¿para qué?, si aquello fué
solo como algo que pasó a través suyo? ¡Qué
suerte al poeta que esto le pasa! Y puede pa­
sarle a otro poeta si se olvida de él: de su lite­
ratura. de su arte y del ambiente en que sue­
len vivir esas cosas, y de sus autores y libros, y
va no piensa más en sí mismo, sino en otra co­
sa que le mueve y levanta, y que está por enci­
ma. Y ¡oh paradoja! — sólo aquel que se olvi-

León Felipe d ijo: a Cervantes se le escapó
Don Quijote. Es verdad. Pudo pensar Cervan­
tes a su Don Quijote, demoledor de los libros
de caballería. Fué todo. Pero ¿después? Se
cortó el cordón umbilical: Don Quijote se bizo
una persona independiente, tan real v casi po­
dría decirse tan de carne y hueso como cual­
quier hombre de los que andaban por el mun­
do; pero, de naturaleza gigante; mejor: sin di­
mensión, pues ya fué grande como el universo.
Y entonces, Cervantes siguió a Don Quijote;
como ahora León Felipe, que va tras de su Poe­
ma, que se ha hecho también gigante. Y en­
tonces. si luego Cervantes adquiere proporción
enorme, de igual modo este verdadero hombre
que es León Felipe.
Ese Poema de ahora, ya no se acabará sino
con él. ¿Y quién lo dicta, quién lo hace? Dió
consigo mismo; antes no. Y por ahí estamos
delante de lo infinito. Y, de no mediar el mar­
tirio de España, quizás jamás hubiéramos te­
nido esa revelación. Fué eso, para León Feli­
pe, lo que los libros de caballería para Cer­
vantes.
Este, hasta antes del Quijote, fué uno de los
mejores literatos o poetas de España, pero ¿des­
pués? Ya no hay medida. Y de ello la da, al
aparecer la primera edición del Quijote, la reac­
ción incontenible de las gentes: se leía y releía

REMOVEDOR
Redactor Responsable

AÑO 3

N°. 20
GUIDO

CASTILLO

da. porque se lia dado por entero a otra cosa,
es el que al fin se encuentra; es decir, al Hom­
bre (pues no existe más que uno bajo la apa­
riencia de la chica criatura: León Felipe.
Es el caso de Santa Teresa, según nos lo ha­
cía ver, hace poco, otro español: Bergantín que
sin darse cuenta, escribiendo no ya para hacer
literatura o poesía, dió al fin forma definitiva
a la lengua castellana.
Clamando por la justicia, levantando su voz
por todos los mártires de España, ahora, León
Felipe, sin pensar en él, abrió la ventana a un
mundo asombroso, que. por grande que sea
aquello que lo motivó, está tan por encima que
ya no hay ni por qué compararlo. Allí está en
lo eterno y con decir esto basta.
En este esquema que le debo, yo ahora no
haré mención a ninguna de sus partes o figu­
ras. Ahí si que no me siento con fuerzas para
tal empresa, que, además, no estará bien que

LEON - FELIPE

EN

nadie la cumpla. Quédese aquello intacto, pues
a nadie pertenece; ni a León Felipe.
Decía que le debía, al menos ahora esto que
escribo ¿p or qué?
Soy y quiero ser pintor a secas, en la univer­
salidad de la pintura. Y me avergüenza y quie­
ro esconderme cuando me hablan en otro sen­
tido, de lo que escribo, porque mis pretensio­
nes no van por ese lado. Pero como también
tengo que meterme por entre los follones y ma­
landrines del arte, y aún, si puedo, matar algún
estrafalario gigante, debo escribir. Porque ade­
más, y porque soy maestro; es decir, que en­
seño, y enseño para todos mi arte; y además,
para defender a mi sin par Dulcinea — mi alta
y soberana señora, la Pintura— que tantos ma­
lignos encantadores defiguran, escribo. Y escri­
bo, aún sabiendo del desdén de los que preten­
den saber escribir — caballeros de la andante
literatura; y de los que saben.
Con este riesgo escribo; pero la culpa no es
mía si me toman por lo que no soy ni quiero
ser. como lo advierto siempre.
Y bien: si ahora escribo sobre León Felipe
— y él que me perdone, y después diré por qué
- es a causa de que, lo que yo he venido di­
ciendo pobremente, sostenido por la lógica y
con escasos recursos, él ahora lo ha dicho cor.
la voz del Poeta: que por encima del hombre
individuo está el hombre universal, y que en­
tonces ya no hay más que la verdad, y que ya
tal cosa no admite controversia ni reparo de nin­
guna clase. Me ha parecido pues, que por haber
querido yo estar en tal verdad, ahora yo me
haga solidario y lo diga, pues me atañe; es de­
cir, que es un deber que lo proclame.
Y ahora diré por qué he dicho que él me
perdone: porque para escribir de tal Poeta, es
justo que no se escriba sin cierto temor, pues
sólo podrán escribir tranquilamente, los que ja­
más le comprendieron o los que sean de su
talla.
J. TORRES-GARCIA
Octubre 1947.

EL

TEATRO

por GL IDO CASTILLO
Alguien me dijo, en cierta ocasión, que León
Felipe no llegaba a convencerlo porque “ hacía
demasiado teatro” .
Y así es. El hombre sensato, con su terrible
eficacia, ha encontrado, sin esfuerzo alguno, el
juicio certero: León Felipe no convence porque
hace teatro.
Y tan poderosa es su capacidad para no con­
vencer y para crear ficciones que, leyendo a
León Felipe o esuchándolo hablar, perdemos
la convicción en las cosas más evidentes, y la
realidad familiar, la domesticidad de lo real,
se nos convierte en farandúlica serie de ánge­
les trágicos.
También Don Quijote le dió una lanzada en
el ojo a la virtud convincente de los molinos de
viento y, desde entonces, ningún cumplido ca­
ballero se deja engañar por la molinicidad de
los gigantes.
Todo lo que dice León Felipe es humo que
se lo lleva el viento, pero el humo es hijo del
fuego compañero del aire, y donde hay humo

hay fuego y donde hay fuego hav aire y en el
aire se respira.
León Felipe ha montado su escenario en la
chispa que salta del choque dramático del me­
tal y la piedra.
“ Por hoy y para mí, la poesía no es más que
un sistema luminoso de señales. Hogueras que
encendemos aquí abajo, entre tinieblas encon­
tradas, para que alguien nos vea, para que no
nos olviden. ¡Aquí estamos Señor!”
Así hablan al gran fuego de lo alto las pala­
bras de León Felipe, mientras danzan sobre la
escena en llamas.
“ Hoy más que nunca es para mí la poesía
fuego organizado, llamada y llamarada de nau­
fragio” .
También León Felipe es un barco que se in­
cendia en la noche de las aguas como se incen­
dia y naufraga nuestra realidad en el infinito
mar nocturno, en el ojo de Dios, hasta dejar
de ser barco para convertirse en estrella encen­
dida “ bajo las estrellas impasibles” .

^ el personaje León Felipe se borra la clownesca mueca hasta mostrar su ardiente másca­
ra trágica. Y grita entre las risas del público:
“ ¡T o no soy un payaso! ¡Y o soy Prometeo!
\ engo de la casta de los viejos redentores del
mundo y he dado mi sangre, no para hacer reir
a los dioses y a los hombres, sino para fecun­
dar el yermo” .
El eco de sus palabras canta, convertido en
coro -de mil voces que avanza y retrocede fren­
te al altar de Dionysos:
“ Estrellas
sólo estrellas,
estrellas dictadoras nos gobiernan” .
León Felipe, él mismo lo ha dado a enten­
der. es un profeta fracasado, un profeta de Es­
paña y del mundo, que no tiene nada tangible
que anunciar; más aún, que nada anuncia, por­
que sólo lia venido para que las ciudades y las
miserias humanas se quemen en su boca. Y
(s ig u e en la últim a pág.)

�[

FUNDACION ESPIGAS
Buenos Air¿s - Argentina

Incursión Apofántica
P latschek en Torno
por GUIDO CASTILLO
Hans Platschek se ha lanzado a la aventura
asaz peligrosa de relacionar las repelencias
que condicionan las alergias recíprocas entre
la pintura de Torres-García y la pintura uru­
guaya. Pero, no hay aventura sin riesgo, y,
quien arriesga el riesgo, peligra perder por
siempre la debida peligrosidad intrínseca, que
es
el tributo exigido en proporción directa
con lo venturoso del logro, por lo cual, el
que cayera en la flaqueza apuntada sólo rea­
lizaría una aventura de segundo orden que, co­
mo es evidente, no vale lo que la primera, por
ser un barroquismo de la conducta tangen­
cial al valor, que es la forma más huidiza
de la cobardía.
Señor Platschek, reconozco que no son en
usted tales debilidades, y de su artículo se
pudiera decir con el poeta:

en la ilimitada valorización de la verosimilidud aparencial».
Indudablemente en esta diferenciación de lo
instrumentalmente aplicativo con relación a
lo concreto vivencial, que sería la explicitación de lo inmanente que tiende a trascen­
derse sin cesar recobrando lo subjetivo en el
plano objetal, usted se muestra partidario de
las ideas expuestas por Trebolini en su polé­
mica con Cassou.

.querida mía» después de haberte llamado
«mariposa aburrida por el mar de triángulos
equiláteros» o «mujer atravesada por el sue­
ño afilado de los peces». Pero tu sabes que
en mí la sencillez es la originalidad última y
substancial, la definitiva paradoja demoniaca­
mente delicada en que agoniza mi vida que,
entre tiernos aceros, muere atada al tobillo
de lo invisible .
Unido a ti por la simetría discordante de las

EL PUBLICO EN LA EXPOSICION
(LA

« . . . y con airoso ■vuelo
pisó del viento lo que del ejido
tres veces ocupar pudiera undardo.»

HISTORIA

SE

REPITE)

DIBUJO DE DAUMIER

Usted no se arredra frente a nada, y de lo
que es presente en Torres-García vinculado a
lo que el Uruguay tiene de carencia, infiere
conclusiones realmente insospechadas como,
por ejemplo, que para identificar el uno con
el otro tendría que cambiar sólo uno de los
elementos de la combinación, pues si ambos
cambiaran resultaría que, como los dos se
habrían ganado de mano mutuamente, el Uru­
guay vendría a ser Torres-García y Torres-García el Uruguay, y estaríamos lo mismo que al
principio.
Yo me atrevería a sintetizar su erudita ex­
posición en esta fórmula:
Si es cierto que tomando un agujero y re­
vistiéndolo de hierro obtenemos un cañón,
se sigue, con toda evidencia, que tomando la
pintura uruguaya y revistiéndola con la de
Torres-García una y otra pintura ya no serían
sino una y la misma.
Según usted los integrantes del «Taller T o­
rres-García», sólo asintóticamente se acercan al
instrumento de su maestro, por no poder evi­
tar el agujero innato que los anula y que
apenas disimulan con un sub-impresionismo
o «aman-jeanismo» desvinculado pero simpá­
tico a nuestra idiosincracia. Con lo cual sólo
se logra una armonía difusa, pues, como lo
homogéneo es lo que no tiene ninguna carac­
terística distintiva, resulta que todo homogé­
neo no se diferencia de cualquier homogenei­
dad, ya que si se diferenciara sería heterogé­
neo respecto a otra cosa, y caeríamos en el ab­
surdo de lo homogéneamente heterogéneo.
Para que esto sea más claro todavía, trans­
cribo una frase de su artículo:
«El punto de arranque para toda la pintura
uruguaya es, brevemente dicho, una especie
de sub-impresionismo o aman-jeanismo si se
quiere con tendencia notable hacia una apli­
cación emocional del instrumento pictórico;
cosa bien distinta de la concreción emocional
de una expresión— que, no obstante, encuen­
tra su constante dirección hacia la naturaleza

— ¿Qué es para tí lo mejor del Salón de este año?
— La cerveza.

Pero, sin tener que referirme a Trebolini,
que quizá es el crítico que ha ejercido una
influencia más sutil en la última década del
arte europeo, puntualizando sus más importan­
tes hitos, en usted hay una intención más generalizadora inspirada, seguramente, en las
últimas cartas que Hernando de Campoñato
dirigiera a su esposa en destierro.
Especialmente aquella que empieza así:
«Querida mía: No te extrañes que te diga

distancias que el amor desata, se me ha reve­
lado como reina y señora de los sueños que,
cual lenta teoría de muchachas melancólicas,
me visitan, la idea que lo emotivamente apli­
cable carcome lo concretamente emotivo vivencial en expresiones que golpean o rebasan
su objeto intencional. Y claramente se ve
que esta es la más sutil de las traiciones, por­
que en ella el Yo se aparta de si mismo como
(s ig u e en la últim a pág.)

�AIAPE, LA VIBORA Y NADIE
por SARANDY CABRERA
El crítico puede argumentar, puede rechazar,
aceptar, explicar y ejercitar de muchas otras
maneras su oficio, pero lo que no le resulta
decoroso ni elegante es embestir.
Ahora bien; en el número 1° de la tercera
época de la revista de AIAPE, un crítico ( ? ) o
meramente un articulista, embiste de la manera
menos elegante y más vulnerable contra el Ta­
ller Torres - García.
Y a la vez que embiste, oculta su pequeñez
hasta hacerla desaparecer en el anónimo.
Si nosotros quisiésemos zaherir al autor del
artículo embestidor que nos ocupa, le diríamos
por lo pronto que es redundancia escribir, por
ejemplo, como él lo ha hecho. “ El T. T. G.
expuso una Exposición” , y lo mortificaríamos
con armas que él mi»mo nos ha puesto en las
manos.
Tal vez sea más conveniente y edificante que
rebatamos fríamente — o todo lo fríamente que
sea posible— las equivocadas aseveraciones del
desconocido escriba.
El Sr. Nadie, diremos para darle un nombre,
afirma la no variación de la pintura del Taller
Torres - García.
Y si sostenemos que se equivoca, lo hacemos
evocando rápidamente la evolución del Taller
en estos últimos tiempos en los cuales ha hecho:
l 9 Naturalismo sintético con paleta de grises.
29 Naturalismo con colores primarios. 39 Cons­
tructivismo con una y otra paleta. 49 Naturalis­

mo con la paleta restringida a 7 colores o tonos.
59 Naturalismo planista con perspectiva, — y
aún es posible que hayamos olvidado algo.—
¿Qué infamante com plejo de inferioridad le
roe al Sr. Nadie como una oculta víbora la
entraña, cuando dice que en el Taller TorresGarcía se plantean a los discípulos, problemas
que ni aún en los medios más cultos se plan­
tean?
Es que no advierte el Sr. Nadie que el pro­
blema del pintor tiene un solo nombre y un
solo valor en calidad en todo el planeta, y ese
problema es la pintura misma.
El que quiera hacer pintura en cualquier
medio que sea debe conseguir una realidad es­
pecíficamente siempre la misma.
Y es lamentable para este articulista y sus
propósitos que, cuando quiera anatemizar o
condenar al Taller Torres - García, lo ensalce.
Si la pintura no fuera un truco, como el Sr.
Nadie parece ignorarlo, no sería nada. Si no
fuese una hábil manera de trastocar mágica­
mente la realidad y cambiarla mágicamente no
sería sino una pura disciplina manual.
Allí está el truco de la pintura, y allí el truco
que el maestro aspira a enseñar a sus discípulos:
que el maestro quisiera poder enseñar a sus
discípulos, dado que, como él mismo lo dice,
no trata de enseñar a pintar cuadros sino de
enseñar “ la pintura” , ese sutil “ truco” inex­
plicable.

LO
APARENTE
Y LO C ONCR E T O
EN
EL
A R T E
Por JOAQUIN TORRES-GARCIA

APARECIO YA EL 49 DE ESTOS FASCICULOS QUE REUNIRAN EL TEXTO
DE SUS LECCIONES DICTADAS EN LA

FA C U LTA D DE H U M A N ID A D E S Y CIENCIAS DE M O N TE VID EO

INCURSION APOFANTICA
P L A T S C H E K EN TORNO
(viene de la pág. 3)

tal, relegándose a una falsa unidad mas ex­
terna que objetiva».
Las relaciones que existen entre las ideas
de Campoñato con el pensamiento platschekiano son indudables.
Esto no lo menciono en son de crítica, pues

quien no toma no da y, como dice el sabio:
«Bebed si queréis que os beban».
El sur de Platschek es demostrar que todo
pintor uruguayo está condenado desde la cu­
na al Aman-jeanismo. ¡Pensar que eramos
amanjeanistas sin saberlo! Siempre ocurre lo
mismo: los indios de América no sabían que
eran americanos hasta que fueron descubier­
tos. De esta manera Hans Platschek viene a ser
el Cristóbal Colón de la pintura uruguaya,

Ahora bien, con complacencia morbosa, este
embestidor articulista del periódico AIAPE, re­
lata cómo un integrante del Taller Torres-G ar­
cía recorrió la República pintando retratos de
Comisarios e intendentes a veinte pesos cada
uno.
Aquí no interesa averiguar la veracidad del
hecho, y solamente hacer las siguientes pregun­
tas que se contestan por sí solas.
¿El valor de un cuadro, su pintura de cuerpo
presente, depende del objeto representado?
¿Importa que el objeto de un retrato sea un
príncipe, un rey (caso Ticiano, caso Velázquez)
o un médico de locos (caso Van G ogh)?
¿Interesará que un cuadro sea vendido por
su autor en veinte o doscientos pesos, cuando
el “ valor” de una pintura no es una magnitud
medible con la unidad peso papel moneda.
No olvidemos al respecto la copla de Antonio
Machado:
Todo necio
confunde valor y precio.
De todo esto no podemos sino concluir, que
este articulista de oculta víbora, debe ser uno
de esos individuos temerariamente inclinados
hacia el oficio del payaso o de esos lamenta­
bles habladores, propagandistas callejeros de
abrelatas o hojitas de afeitar.
SARANDY CABRERA

LEON FELIPE EN EL TEATRO
(viene de la pág. 2.)

todo se quema en la amorosa hoguera de su
teatro.
“ Y apedrearme, si queréis,
maldecirme y gritar:
¡Muera ese falso augur
que ve mejor la grupa de la noche
que la frente de la m añ an a!...
Pero aquí en nuestras manos
sólo hay polvo y rencor” .
El primero que se quema en el teatro de León
Felipe es el sentido común, y se quema en la
locura, v la locura se quema, y se quema en la
idea luminosa, y la idea se quema, y se quema
en la fe encendida, y la fe se quema en la poe­
sía que es el fuego original.
En el último acto se quema el propio León
Felipe, y se levanta una cortina de humo que
hace toser la sensatez del espectador.
Y el humo se disuelve en el aire. Y sólo que­
da el aire compañero del fuego.
Y sólo queda el aire claro, vivo y puro como
una llama cristalizada.
GUIDO CASTILLO
que por el ha entrado a formar parte del
mundo hasta ahora conocido.
Sería interesante hacer un paralelo entre
el navegante genovés y el descubridor del
continente Aman-jeano del cual somos incon­
cientes habitantes.
Quede esto como anticipo para otra ocasión,
y como este artículo se puede continuar in­
definidamente, por lo mismo, se lo puede
dar por terminado en cualquier punto de lo»
infinitos que potencialmente tiene.
Guido Castillo~
AR-FUNDACION ESPlG f S-KARDEX REMOV.-^ )R

Imp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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ARTICULO

INEDITO

DE

THEO

VAN

DOESBURG:

EL PLANISMO DE TORRES - GARCIA
El sufimiento espiritual ha sido siempre la
marca del genio. «Cuanto más sabiduría más
hastío», dijo el poeta alemán Goethe y ese pro­
verbio. contiene toda la verdad de la lucha del
espíritu contra la naturaleza.
Porque es ella quien im pide el desenvolvi­
miento hacia la perfección absoluta; es ella la
enemiga de todo lo que es puro, sereno, inm a­
culado. sagrado.
Estamos en un error, si aceptamos la idea
que reina actualmente en todos los dominios
de la actividad estética', la idea de una unión
equilibrada entre «ella» y «nosotros», entre lo
físico y el espíritu.
Este equilibrio clásico, afirm ado por el neo­
clasicismo, no es más que un compromiso, y
creará en consecuencia nuevos compromisos ya
sea en la pintura, la poesía, la escultura. Pero
nos preguntamos si debemos aceptarlos.
No. Por el contrario es necesario que m on­
temos el caballo imaginario y corramos por
todos los cielos abstractos para encontrar allí
lo verdadero, lo real.
V para eso hacen falta buenos músculos. La
bestia que nos mueva, debe ser fuerte, muscu­
losa, ágil, Es necesario que estemos en lo un i­
versal. como dice el pintor Torres García.
Estamos en un error —y ese es el principal
error de nuestros días— al pensar que el des­
envolvimiento de la vida mecánica y de la vi­
da práctica, puede reemplazar, a la vida inte­
rior, espiritual. La idolatría en todas sus espe­
cies, lia creado una verdadera cacería en pos
de lo «más nuevo» (das niedagewesene!) en pos
de la perfección m aterial. El nuevo Dios es í*l
confort. El todopoderoso, la utilidad. Nuestros
movimiento son calculados, taylorizados, auto­
matizados. y según las pequeñas almas perfo­
radas que, impulsadas por una ambición do­
méstica. se ocupan de electrificar los water, el
hombre de mañana será tan mecánico como
una m áquina de coser.
Contra ese espíritu, o m ejor dicho, contra
esa falta de espíritu, es que tomamos posición.

N'. 16

E N E R O - FEB. 1947

Pero nuestra protesta no puede identificarse
con un retorno al carruaje de alquiler o con
una huida hacia el sueño, válvula de escape de
los débiles m asturbadores, que crean alrededor
de ellos un am biente oriniento.
¡No, gracias! Nosotros somos, sobre todo,
realistas desinteresados, realistas del otro lado,
si ustedes quieren, pero realistas y realizadores.
Nosotros no somos ni «pasadistas» ni «futu­
ristas», porque nuestro reloj está detenido en
la hora cero. 0 como dice Torres Gareía: «No
hay tiempo ni espacio ni m ateria, no hay re ­
laciones entre cosas, no hay separaciones. Fue­
ra de toda patria está lo universal, lugar donde
hay una sola cosa «arte, ciencia, religión».
Estamos contra lo «moderno» como estamos
contra lo «antiguo». Porque nos liemos encon­
trado en el calvario espiritual; simplemente,
en lo universal.
He allí la paleta de la cual se sirve Torres
García.
La pintura es una nueva epidem ia, una pla­
ga cruel, que trata rudam ente a las grandes
ciudades de Europa, y en especial a París, don­
de los pintores form an una masa compacta,
compuesta de m ediocridades, bandidos, arri­
bistas y sonámbulos. Es por puro esnobismo
que se ponen a rem ate ciertas ambiciones m al­
sanas o algunos escamoteos pasajeros. Una vez
que se ha caído en este pestilente fango del
mercantilismo no se sale jamás.
\ los aprovechadores de tantas nobles am ­
biciones, de tantas grandes personalidades co­
mo Cézanne, Van Gogh, M odigliani, etc. que
han arriesgado todo sin ganar nada, que han
sacrificado sus vidas para poner sus almas blan­
cas y desnudas sobre algunos centím etros de
tela, aplastan ahora a los cinco o seis hum il­
des pintores que crean por una necesidad in ­
terior.
Y evidentem ente, hay muchos pintores y po­
cos creadores. Torres García es uno de estos,
un creador y un hom bre.
Pintor de gran envergadura, inscribe sus vi­

siones pictóricas en la m ateria. Una m ateria
ligera, casi transparente, propia; una m ateria
simple y delicada. Su factura no tiene nada
de esa sensualidad irritante que se encuentra
en los falsos fauves en los semi-cubistas
El arte de Torres García se compone de ele­
mentos puros; allí no hay ni complicaciones,
ni trucos, ni confusiones. Es el plano, sobre­
todo, quien reina: el plano, sostenido por la
línea, la cual por yuxtaposiciones confiere a
la superficie plana una inscripción rítmica.
Es índice en los pintores de raza rechazar
no im porta que descripción, no im porta qué
tendencia literaria o simbólica. Por eso el arte
de Torres García escapa felizm ente a esta atrac­
ción cerebral o sonám bula, que uno encuentra
tan pronunciada en los soñadores a la moda.
En la pintura verdadera como la de Torre*
García todo se hace traducir y com prender so­
lam ente por la composición, y los medios p u ­
ramente pictóricos. Esta concepción, propia de
los verdaderos pintores de no im porta que si­
glo, llevará por fin a una pintura constructiva,
una pintura científica. En el futuro un cuadro
tendrá leyes inm utables; será construido con
certeza, como un puente, un rascacielos o un
barco. Gracias al desenvolvimiento de nuestra
intuición y de la ciencia, el artista conocerá
nuevas dimensiones, y sostenido por una nu e­
va óptica, podrá hacer perceptible una vasta
visión de nuestro inconciente. Este peligroso
salto en una nueva dimensión no está exento
de riesgos. Es necesario que nos desem barace­
mos, de antem ano, de todo el inventario de
la antigüedad; la lám para de petróleo no pue­
de servir en nuestro interior lim pio y blanco,
el caballo ha sido m uerto por el m otor a ex­
plosión. A la pintura m arrón y bitum inosa del
Renacim iento, ha sucedido la pintura azul del
período lum inista; y la tercera fase del des­
envolvimiento pictórico, será dado por la pin­
tura blanca, que ya ha visto la luz. con los pin(Concluye en la últim a página)

O rg an o r e d a c t a d o y e d i t a d o
exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GAR CI A

0.10
EL E J E M P L A R

«
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¡A

&gt;
&gt;

�En Defensa de la Pi ntura, de
un Artista y del Arte Moderno
C O N MO T I V O DE UN A R T I C U L O A P A R E C I D O EN LA REVI STA «ARTE C O N C R E T O I NVE NCI ON» B. A.
He visto a Tomás M aldonado, puesto por un
Y hace entrar en juego el consabidísimo
par de artículos casi con el rabo al aire, im ­ Taine, a quien nadie había pensado en llam ar,
buido de largos prejuicios m odernistas, ges­ y se contorsiona y pretende echar por tierra
ticular sin esconder su desnudez en calzonci­ el Constructivismo de Torres que se diferen­
llos, iracundo contra quien (a la m anera de cia de su Constructivismo propio (m al dona­
los sueños) lo dejaba tan m elodram áticam en­ do, o m alhabido) en que, el del maestro pro­
te y tan desparadam ente parado, entre un viene de su vida, m ientras el suyo proviene
profuso público, esta vez estético, que no se exclusivamente de su cabeza.
im portaba un pito ni de su desnudez ni de su
Mal puede entonces entender M aldonado a
vestim enta, ni de sus gritos histéricos, ni de su Torres al practicar su constructivismo y en
desaforado afán de «modernismo» que no es particular sus estructuras, porque no siente ni
lo mismo que «m odernidad», porque aquello la pintura ni la m edida.
significa gustillo adolescente por reem plazar
Ni tampoco entender que la aparente dua­
conceptos conocidos exteriorm ente y no soste­ lidad de la obrá de Torres, (tópico sobre el
nidos por vivencias, por otros en apariencia
más totales y sin duda más brillantes, levanta­
dos por un espectacular atuendo retórico y
teórico - filosófico, m ientras que «m oderni­
dad» es la am bientación con los más fuertes
Redactor Responable
im pulsos de una época, condicionados por su
verdad histórica y por los aportes del pasado AÑO 3
N°. 16
salvado por el m ilagro del arte, atendido, no
GUIDO CASTILLO
en su form a accesoria, sino en su verdad p ro­
funda.
Lo he visto tristem ente desesperado, por su que hemos abundado), no es sino el producto
juego con tram pas evidentes, sus tentadores so­ de la práctica de dos disciplinas distintas: la
fismas, por su prejuicio de niño de liceo, a pintura, y el arte geométrico constructivo, que
quien pretenden im poner una «aritm ética p ri­ com prende a la decoración m ural. Y de la p ri­
mera, tener en cuenta que arte figurativo,
maria».
no
quiere decir ejercicio im itativo, como parece
Lo he visto provincianam ente bíblico, enor­
creer
M aldonado, desde las exigencias que se
me, lapidario y b ru tal; lo he visto al descui­
impone
en su teoría.
do, personalm ente, por sus desaforados inten­
Las relaciones de los elementos plásticos en­
tos de hacer oír sus más groseros ruidos.
Lo he visto insultando a Torres-García a tre sí, no pueden sino ser considerados, desde
quien no entiende, porque Tomás M aldonado el estricto sentido de su apariencia, sino en
no entiende la pintura con su libresca, sabidu­ tanto adición o sustracción de partes, y si dos
ría recién aprendida, su erudición a la violeta, segmentos en el cuadro determ inan relación o
y se regodea con una seminosa m asturbación razón, solamente la proporción puede formarse
cuando ella se iguala a otra razón numérica.
de seudo arte.
Y uno de-los más violentos reproches que La proporción áurea por referirse exclusiva­
hace a Torres-G arcía es su aparente eclecticis­ mente a los dos elementos que la integran, se
mo, el no haberse plegado a ningún m ovim ien­ desenvuelve en sí misma, siendo por esa causa
to de los que vip en Europa nacer y desapa­ la proporción por antonomasia.
La razón del núm ero de oro, no es cuestión
recer. el no haberse encasillado teóricam ente y
de antigüedad o de m odernidad, es razón evi­
haber pretendido hacer lo suyo.
Y como M aldonado en su ejercicio estético, dentem ente de fondo, y su aparición continua­
no concibe actividad, fuera de los programas, da en casi todas las culturas de todos los tiem ­
las teorías y los manifiestos de los jefes de pos da la certeza, estadística, si se quiere, de
grupo, no entiende que justam ente el no com ­ su validez actual.
El arte m oderno y su enorm e, apreciable', y
plicarse con ninguna escuela, sino con el es­
píritu m oderno trasm utado al suyo, es la más seguible bagaje de arte, no pueden ser deshe­
sólida virtud de Torres-G arcía, así como su in­ chos, ni desechados ni ignorados ni desam a­
sobornable posición personal, que no podía dos, porque igual que en todos los tiempos, el
sino im pedirse la propia imposición de un pa­ «hom bre moderno» vive en cada paso su an­
drastro. Aquello no fué estar por encima de la gustia de tiempo, la angustia de su tiempo y
lucha, sino en la lucha común del artista; pe­ el artista dotado de la más fina percepción,
ro no como lustrado segundón sino como hom ­ toma con el oscuro río de pasiones, inteligen­
cia y amores de su hora, un contacto más pre­
bre. en lo suyo más personal.
Desde este prim er error en la apreciación m aturo que nadie y por lo mismo más virginal
de la actitud de Torres García, M aldonado in­ y más intenso y se acerca a una esencia in ti­
vade otros aspectos de la obra y teorías del mísima, que luego los manoseadores de 20
años después, pretenden revivir, ordenar y ex­
maestro, sumándose errores im placablem ente.
Así es como confundido, disparata al leer plotar.
Pero la diferencia entre la frecuentación del
las palabras «pintura de tono local», porque
espíritu
que hace el artista y la que tiene lu ­
parece no saber a qué se alude con aquello, que
gar
con
los
que, a tantos años, pretenden con­
sin duda no es a r e g io n a lis m o , aunque Tomás
seguirle,
consiste
en que aquél, urgido por una
M aldonado lo ignore.

REMOVEDOR

2

necesidad de crear esa form a, produjo una
obra viva, m ientras que los otros, teorizando
y razonando, vigilantes de sus menores movi­
mientos plásticos, producen lo que lia dado en
llamarse una obra fría.
A la tal frialdad proviene de la posición teó­
rica del artista, es decir de su posición mental
previa, más que de su propia condición per­
sonal.
Por arte frío se entiende, entonces, y aun­
que sea infantil aclararlo parece resultar ne­
cesario, un arte o pretendido arte, en el que
las formas concitadas, no responden a una in­
tuición total por parte del creador, sino a un
convencimiento teórico de ciertas reglas im ­
puestas al acto de la creación.
De m anera que si el artista es un intuitivo,
lo que no quiere decir un ignorante con des­
plantes de genialidad, su intuición o refugio
mom entáneo e inexplicable en determ inada
asociación de elementos, está cim entada por su
sabiduría, su teoría y su razonam iento alre­
dedor de su problem a, pero ejercitados éstos,
en momentos distintos al momento de la crea­
ción.
De m anera que la única exigencia que pue­
de hacerse a un artista, es una identificación
entre su intuición y el objeto expresado, den­
tro de las norm as formativas del arte que as­
pira a practicar.
Exigencia ésta que se lia hecho a los Madí y
a los integrantes de Arte Concreto y a todos
los pintores en general y que ha determ inado
tan clara reacción en Tomás Maldonado, que
se ha sentido culpable de tontería, vanidad y
torpeza, y que, sin acierto para justificarse o
simplemente explicarse, ha dado en arrem eter
vacunam ente contra la puerta tras de la cual
salía la voz. Y ha intentado quebrar al pin­
tor y al hom bre Torres-G arcía, y a quienes te­
nemos el regocijo de luchar junto a él, en co­
m unidad de ideales estéticos por el mero he­
cho de que no hubiésemos alabado su traba­
jo y el de los suyos, suponiendo en Torres
- García y sus discípulos, la incondicionalidad
de que M aldonado parece hacer gala para con
todo lo que lleve el sencillo cartel de «moder­
no», sin preguntarse si en aquel no pueden ca­
ber puntos en discusión.
En cuanto a que la teoría de Mondrian es la
m uerte de la pintura, es tan evidente, como
que M ondrian no bacía pintura, si nos atene­
mos al sentido que Torres-García asigna a tal
vocablo, y que si Maldonado hubiese tenido
la preocupación de leer los innumerables li­
bros y artículos de Torres al respecto, hubiese
podido saber.
Y en lo que se refiere a la «maravillosa» vi­
da de M ondrian, lo que hay en esta ocasión
es que Tomás M aldonado, parece no poseer in­
formes suficientes, tal vez ni de sus teorías po­
líticas, ni de sus problemas fisiológicos, ni de
lo que él supone la falta de claudicaciones de
aquel pintor, así como el origen de su arte.
Puntos todos ellos que no interesa poner en
claro, porque nada im porta hurgar en la per( Sigue en la pág. 51

�\ istas de la 35" Exposición del Taller 1 OKRES - GARCIA con la cual se
inauguró el nuevo salón ( Exposiciones del Ateneo de Montevideo
REMOVEDOR V 16
3

��H IS T O R IA DE UN ER R O R
En un artículo anterior, propuse una serie
de preguntas que intentaban convertir al arte
en un problema. Y a estas preguntas las titu ­
lé: «Planteo ingenuo de una cuestión difícil».
El lector inteligente y avezado en las arti­
mañas y dobleces del escritor vulgar, se habrá
dado cuenta de lo hipócrita y solapado de mis
intenciones; habrá comprendido que el llam ar­
me ingenuo no encerraba ninguna ingenuidad,
sino propósitos vanidosos e histriónicos de de­
cir una lindeza.
Pero, lie aquí que cuando me dispuse a corporizar las respuestas, que tenía más o me­
nos esbozadas en la imaginación, estas se re­
sistieron a ser otra cosa que vanos fantasmas
imaginarios. Y entonces no tuve más remedio
que doblegarme ante la evidencia de que había
sido verdaderam ente ingenuo, doblemente in­
genuo, por creer que no lo era siéndolo y por­
que vi simulación en la más mísera desnudez,
hasta tal punto que la careta me salió cara v
la m entira verdad.
Sucede, pues, que no puedo contestar las
preguntas en las que había comprometido la
respuesta. Y no puedo contestarlas por la sim­
ple razón de que las tales preguntas son com­
pletam ente ilegítimas y absurdas.
En este artículo intentaré dem ostrar la ile­
gitimidad de lo preguntado, procurando, al
mismo tiempo, para sacar algún provecho de
tanta pérdida, evidenciar la invalidez de todas
las posibles preguntas de esa índole.
Todas mis dolencias tuvieron por causa una
frase de Torres García: «El artista se caracte­
riza por la necesidad de construir».
La verdad es una semilla tan poderosa que

canza al arte mismo, sino a una técnica y,
cuando más, a una actitud. Esto lo podemos
com prender, con toda claridad, si pensamos
que el romanticismo, por ejem plo, si bien con
sus maneras hiere directam ente a la «Poética»
de Aristóteles, no le hace mella a la obra de
Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Más aún, se da la paradoja que si es cierto
que cuanto más grande es un artista m ejor re­
presenta a una época o a una escuela, no es
menos cierto que lo que en el hay de verda­
deram ente grande hace repugnar el encasillar­
lo dentro de tal o cual tendencia. Así Beethoven, que si en un aspecto es un rom ántico m u­
cho más representativo que todos sus conti­
nuadores, en lo que interesa se evade com ple­
tam ente del calificativo de rom ántico, para ser
solitariam ente el artista, el músico, aborigen de
ese país milagroso e intem poral — ajeno a las
andanzas de este planeta sem i-helado— cuya
lengua resuena tanto en Debussy como en Palestrina.
Todo esto quiere señalar que el arte es esen­
cialm ente indeterm inable e indefinible; que su
realidad es un m undo inaprencible)1 para la
razón; que es una luz últim a que se ve o no
se ve, que no quema ni alum bra, ajena al cálcu­
lo y a la medida.
Otra de las preguntas era: ¿Qué es lo que
construye el artista, si es que construye algo?
Nueva ingenuidad carente de sentido, por­
que toda obra de arte es im previsible. \ si la
Poesía, la Pintura, la M ú sica... son lo que
tienen de común todas las pinturas, las poeías, y las m úsicas; la Poesía, la Pintura, la M ú­
s ic a ... solo son alcanzables por las poesía:-,
las pinturas o las músicas, siendo invisible p a­
ra toda otra m irada, aunque sea la de la in ­
teligencia.
Así se une lo común a lo imprevisible. Ecomo si una misma voz misteriosa le dijera al
que el autor sea lo que es. De otro modo, la artista palabras siem pre nuevas
novela no es una obra de arte.
Esta dura experiencia me ha enseñado que
Lo que el arte nos revela es la falta de todo la razón frente al arte —como frente al Uno
propósito en la naturaleza, su singulares cru­ plotiniano —solo puede hacer determ inaciones
dezas, su extraordinaria m onotonía y su condi­ negativas, dem ostrar todo lo que el arte no es.
ción absolutam ente inconclusa. La naturaleza
Ahora la frase de Torres García — «El a r­
tiene buenas intenciones, desde luego, pero,
tista
se caracteriza por la necesidad de cons­
como dijo hace tiempo Aristóteles, no pudo
truir»—
puede tener en nosotros más largas
llevarlas a cabo. Cada vez que m iro un paisa­
resonancias.
je, no puedo menos de advertir todos sus de­
Podemos entender tam bién que cuando T o­
fectos. Claro está que es una suerte para nos­
rres
García preconiza una form a de arte no
otros que la naturaleza sea tan im perfecta,
es
porque
crea que únicam ente en ella se da
pues de otro modo no habría arte alguno. El
arte es nuestra ardida protesta, nuestra vale­ el arte, sino que, como toda form a artística
rosa tentativa para enseñarle a la naturaleza el implica una form a de espíritu, una actitud es­
puesto que le corresponde. En cuanto a la in ­ pecial frente a todas las cosas, el gran arte de
finita variedad de la naturaleza, un puro m i­ Torres García envuelve un gran espíritu, una
to. En todo caso, esa variedad no se encuentra hondísim a m anera de pararse frente al m undo
en la naturaleza misma, sino que que reside de las cosas.
Por eso Torres García es un fran maestro
en la imaginación, la fantasía o la ceguera
que no solo enseña una técnica, sino toda una
cultivada del hom bre que la contempla.
. . . . e l obrero más torpe de Morris podria envoltura espiritual que si no garantiza la apa­
confecionarte un asiento más confortable que rición del arte dentro de ella, quita todo lo
la naturaleza entera. La naturaleza palidece superfluo y afina las cercanías.
Y ante este espíritu no cabe hablar de ver­
ante el m obiliario de «la calle que de Oxford
dad
o error, sino pelear por él o contra él.
ha tomado su nombre»», como tan torpem en­
te parafraseó el poeta que tanto amas. No es
Para eso está Torres García y estamos nos­
que yo me queje, no. Si la naturaleza hubiese otros, sus discípulos y amigos, no para conven­
sido cómoda, la hum anidad no habría inven­ cer con razones, que, como ya he dicho, no
tado la arquitectura, y la verdad es que prefiero son estos asuntos racionales, sino para pelear
la casa, al aire libre. En una casa, todos nos por lo que es nuestra vida y por lo que son
sentimos proporcionados, en proporción ade- nuestros amores.

germina en cualquier terreno, y así germinó
en el mío. Pero, la tierra de mi alma estaba
tan abogada de malas yerbas, que la irresisti­
ble semilla de luz dió un fruto monstruoso y
sombrío.
Se me pasaron los días y yo contaba, medía,
calculaba sobre si construye esto o construye
aquello. Al final estaba tan dolido y aporrea­
do que la alucinación vino en ayuda de la fa­
tiga y la desesperanza.
Alucinado escribí aquel artículo, y alucina­
do pensé en responder a las preguntas en él
planteadas.
Ahora solo me queda destruir lo hecho.
Voy a em pezar por la últim a pregunta: ¿Qué
le' queda al arte si le quitamos el tem a y la
imitación del m undo real?
Aquí se comete la torpeza de suponer que
al arte debe quedarle algo, cuando no necesita
que nada quede y solo él se queda.
Aceptado esto, se podría preguntar ¿qué es
arte? y, como tantas veces, se intentaría defi­
nir, determ inar, dem ostrar, delim itar el ser del
arte, dejando todo bien legalizado y codi­
ficado para siempre. Apenas se ha hecho es­
to viene un nuevo artista y barre con todas las
definiciones y demostraciones, dejando en su
arte alimento para nuevos críticos y teóricos
que harán nuevas definiciones y dem ostracio­
nes destinadas a ser barridas.
Sin embargo, la ineficacia de las teorías, no
radica en el hecho de que son destruidas, pues
lo que en verdad las destruye no es el arte
mismo, sino las m aneras siempre nuevas de
arte, las nuevas concepciones del m undo y de
la vida. La teoría es ineficaz porque jam ás al-

DE OSCAR W I L D E
La única gente real es la que nunca existió,
y si un novelista es lo suficientemente burdo co­
mo para buscar en la vida sus personajes, por lo
menos deberá pretender que son creación su­
ya, en vez de vanagloriarse de la copia servil.
La justificación de un carácter en la novela
no es que otras personas sean lo que son. sino
D e fe n sa

de

la

P in tu ra etc.

(Viene de la pág.' 2)

sena de .Mondrian que ha dejado una ohra que
es, y la obra solamente im porta, con lo que to­
do queda dicho.
Por otra parte: el marco irregular, que tiene
ya su mayoría de edad, no puede por tal ra ­
zón ser un producto de Maldonado ni tam po­
co la descomunal panacea que él supone; es
una irregularidad como su nom bre lo indica,
que contradice la supuesta voluntad m atem á­
tica y regularizadora de M aldonado, y que no
parece justificar una «regularidad más profun­
da» que Maldonado ha tenido el descuido, la
habilidad, o la previsión de no enunciar.
Flaco favor le hace entonces Maldonado al
arte moderno al pretender asum ir su defensa,
y al circunscribirlo a la «Batalla por la inven­
ción», porque no se encamina el arte m oder­
no, a tan limitados propósitos y compendia
otros fines más perm anentes que un ejercicio
parcial de la inteligencia.
SARANDY O B R E R A

(Sigue en la pág. 6)

GUIDO CASTILLO
a

�THEO VAN DOESBURG / EL PLANISMO DE TORRES - GARCIA
(Viene de la pág. 1)
lores elementaristas; y no es por azar que las
dos más grandes culturas pictóricas del mundo
(la de España y la de Holanda) han introdu­
cido las nuevas tendencias de la pintura con­
temporánea. Es probablemente a causa del des­
envolvimiento lógico en los pintores de raza,
que puede verificarse cómo ellos se aproximan
a pesar de las diferencias de gamas y facturas.
A la inversa de la reconstrucción de los ob­
jetos según la intuición pictórica (el cubismo i.

pintura cuando dijo: «El arte encuentra »u
propia perfección solamente en sí m ism o ...
cuanto más es abstracto, más descubre el esta­
llo profundo de su tiempo».
Crear sin otro interm ediario que los medios
propios de la pintura significa una libertad
que solamente es digna del espíritu universal.
En este estado de la expresión plástica estamos
más allá de las cosas medibles y pesables.
I aí que sostiene el cuadro es la estructura,
v nada más que eso. Y solamente son los aris­
tócratas del espíritu que suben a esas cumbres
La supresió n de la s c la s e s e le m e n tale s de dibujo
donde el aire es claro y puro.
Torres García es uno de los que se atreven
y pin tu ra, a sí com o la del lo ca l en que e lla s se
a pintar sin prejuicio, sin tendencia, sim ple­
d icta b a n , no ha sid o de ningún m odo la d iso lu ció n
mente como yo fumo mi pipa.
Vive en la creación, rodeado de un ambiente
del T A L L E R T O R R E S - G A R C IA , com o ha p o d id o
casi metálico. Observando a este pintor en su
m ale n te n d erse .
taller de M ontmartre. se descubre al creador.
Toca las cosas muertas, los m ateriales ordina­
rios y ellos se vuelven animados. Coloca delan­
(Viene de la pág. 5)
te de uno un pequeño objeto plástico de m a­
euada. Todo nos está en ella subordinado, h e­ dido nuestro derecho de prim ogenitura por un dera pintada o un simple juguete creado por
él, y a uno le parece que esas cosas respiran de
cho a nuestro uso y satisfacción. Hasta el ego­ plato de hechos.
una manera m ilagrosa; combina esos pequeños
El
arte
comienza
con
la
decoración
abstrac­
tismo que tan indispensable es para el justo
objetos
plásticos, objetos en tres dimensiones,
sentimiento de la dignidad humana, es entera­ ta, con la obra puram ente imaginativa y p la­ con cuadros
planos, y se abre un nuevo m un­
mente el resultado de la vida casera. Al aire centera que trata de lo irreal e inexistente. Es­ do. un m undo íntim o de creación humana. Se
libre se vuelve uno abstracto e impersonal. te es el prim er estadio. Luego, la vida queda está en la intim idad de una envoltura espiri­
por la nueva maravilla y pide que
Nuestra individualidad nos abandona en abso­ lefascinada
den acceso al círculo encantado. El arte to­ tual donde todo respira esa atmósfera prom orluto. Además, la naturaleza !es tan indiferente, ma la vida como parte de su m aterial bruto, fa de la creación.
tan desdeñosa! Cada vez que doy una vuelta la vuelve a crear y la modela de nuevo en for­
Mirad tam bién los dibujos de su hijo, esa»
por el parque, comprendo que soy para ella mas inéditas; es absolutam ente indiferente a figuras de batallas de cow boys; ¿no son más
exactamente lo mismo que el ganado que pace los hechos, inventa, imagina, sueña y conserva bellas, más estudiadas, más grandes y sobre
en la pradera o el cadillo que florece junto a entre sí misma y la realidad la barrera infran­ todo más fantásticas que los dibujos de un
la zanja.
queable del estilo y del procedim iento decora­ Guys, o de un G éricault? Mirad las acuarelas
tivo o ideal. La tercera fase llega cuando la de sus hijas esas caras de m ujeres con los ojos
Las únicas cosas bellas, como dijo alguien, Vida
acaba por imponerse ahuyentando el arte m aquillados: ¿no las encontráis más vivas,
son las cosas que en nada nos conciernen. M ien­ al desierto.
Esta es la verdadera decadencia, y más profundas, y basta diría más refinadas, y
tras una cosa nos sea útil o necesaria, o nos de ella estamos
por lo tanto más ingenuas que los m ejores-di­
sufriendo en la actualidad.
afecte de un modo cualquiera, bien sea en bien
Shakespeare no es, ni mucho menos, un ar­ bujos de un Van Dongen, un Jawlenskv. o un
o en mal, o excite vivamente nuestra simpatía,
Matisse? Evidentem ente no siempre los pinto­
o constituya una parte vital del medio en que tista sin mácula. Le gusta demasiado acudir di­ res de oficio poseen el monopolio del a rte :
vivimos, es indudable que se halla fuera de la rectam ente a la vida y em plear su modo natu ­ los niños y los locos a menudo son más «crea­
esfera propia del arte. El tema o asunto del ral de expresión. Olvida a veces que, para el dores» que todos vuestros adm irables maes­
arte el renunciar a sus medios imaginativos
arte debería sernos más o menos indiferente.
equivale a una rendición incondicional. Goethe tros del Louvre.
PARIS 1929
Creeme mi querido Cyril, la modernidad de dice en alguna parte «trabajando dentro de
la forma y la modernidad del tema son un unos límites es como el maestro se revela a sí
error completo y absoluto. Hemos tomado la propio». Ahora bien, la limitación, la condi­
vulgar librea de la época por la vestidura de ción prim ordial de todo arte es el estilo.
las Musas, y malgastamos nuestros días en las
Cuanto más abstracto, cuando más ideal es
sórdidas calles y los repugnantes suburbios de un arte, más nos revela el carácter de su época.
nuestras viles ciudades cuando debiéramos es­ Si deseamos com prender a un pueblo por me­
tar en la montaña con Apolo. No cabe duda que diación de su arte, acudamos a su arquitectura
A las ya numerosas obras de decoración mural, rea­
lizadas por los integrantes de nuestro Taller, dentro de
somos una raza degenerada, y que hemos ven­ o a su música.

DE O S C A R

Torres Garría expresa su intuición plástica in­
mediata y espontáneamente por medio de pla­
nos, colores y líneas elementales.
Pintar los objetos más o menos deformados
y transformados (según el grado de la poten­
cia creadora I cosa boy adm itida por los aficio­
nados y críticos de arte, es perm anecer en la
gravitación del mundo enelidiano.
El cuadro no sirve nada más que al espíritu.
Ya Oscar \A ilde comprendía el sentido de la

WILDE

UNA NUEVA DECO­
RACION MURAL

ACABA DE APARECER EL LIBRO DE
J. TORRES-GARCIA

“MISTICA DE LA PINTURA”
Todo creador está condenado a crear ince­
santemente y, por lo tanto a desconcertar a sus
propios amigos, quienes, frecuentemente, no
consiguen adaptarse a la movilidad de su es­
píritu y a la riqueza de su visión.
Atendiendo a estos hechos, prevenimos al
futuro lector de «Mística de la pintura», para
que frente a la capacidad desconcertante de To­
rres García, sobrelleve con serenidad su tenden­
cia al desconcierto.
Para ello hacemos notar que en el artista y
especialmente en Torres García, la pluralidad
de hechos no excluye la unidad de espíritu.

En «Mística de la pintura» Torres García di­
ce cosas nuevas o, mejor, las inventa. Pero,
esas novedades no invalidan lo antiguo, sino
que lo enriquecen con una nueva voz y con
una más apretada síntesis.
El que note contradicciones en las palabras
de Torres García, que dé un pasito más, y en­
tonces sabrá que en arte es necesario contra­
decirse mucha; veces para decir lo mismo: que
con mucha frecuencia, lo que parece incons­
tancia ajena no es otra cosa que ceguera propia.
GUIDO CASTILLO

las normas constructivas, hay que añadir ahora otra, no­
tablemente acertada, en el Parador del Faro, de Punta
Colorada (Piriápolis).
Tanto por su adecuación, dado el ambiente marítimo
(pues dentro de su simbolismo, parecería una justa
transposición de lo que puede verse allí) cuanto por su
sobria y clara coloración y ritmo de la pintura, es uno
de los mejores aciertos. Y debemos felicitar al propie­
tario del establecimiento, el Sr. Angel Pérez, por ha­
ber encargado esta obra al pintor Héctor Ragni. que tan
felizmente la ha realizado.
Y así deben hacerse esas cosas. Sin jurado ni con­
curso.
Otra obra también dentro del Constructivismo, es el
conjunto de cinco vitraux. que Luis San Vicente, basándose en los cinco colores fundamentales y el dibujo
geométrico y planista propio de nuestra escuela, ha
realizado en una rasa habitación, particular, en la ciu­
dad de San Carlos.
También el aciefto de esta obra, llevada a cabo den­
tro de la más estricta ortodoxia constructiva, merece no
sólo aplausos por la obra en sí mismo, sino también por
ser entre nosotros la primera que se realiza en tal téc­
nica. Y nuestra felicitación también a los que sin ju­
rado ni concurso, tuvieron el acierto de encargarla di­
rectamente al artista.
J. T. G.

¡ AP-r’JNDAClON ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

i

Imp. L.I.G.U. - Cerrito 740

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                <text>Montevideo, enero - febrero 1947</text>
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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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CONSTRUCTI VI SMO

Or g a n o

J.

TORRES - GARCI A.

redactado y editado

NY19

exclusivamente por integrantes del

S E T IE M B R E - 1947

TALLER

T O R R E S - GAR CI A

0.10
el

e j e m p l a r
w

�NO

HUBO
Por

JOAQUIN

REMEDI O...
TORRES

GARCIA

H ay dos ritm o s ; com o h ay el d ía y la no­
che. Y m uchos creen e sta r d e n tro de la cin ­
d a d e la , y están f u tr a . Y e sta r en el ritm o de
a fu e ra , es e sta r en u n s im u la c ro ; es c o n stru ir
com o con aire. P o rq u e só!o el ritm o de a d e n ­
tro es el q u e cu en ta. Y cu e n ta , p o rq u e va
com o p re n d id o al h o m b re ese n c ial: no al
h o m b re del d ía sino al h o m b re de la n o ch e;
al h o m b re q u e existió an tes q u e todo tiem po,
p u esto q u e antes de q u e h u b ie ra tiem po.

y así todos satisfechos. Y no p o d rá n sa lir j a ­
m ás de su ceg u era; n i los unos n i los otros.
¡P o b res!
P e ro hay otros que ya no h acen eso; no es
q u e sean m ejo res n i p eo res que estos que
d ecía; son d istin to s, es un género a p a rte ; es­
tán t n las ten d en cias m o d ern as.
\ b ie n ; a q u í pasa lo m ism o q u e en el
o tro cam po, ^pues no p u e d e n m e d ir lo que va
del d isp a ra te a la g en ialid ad . P e ro ellos m ar-

U na o b ra de a rte , com o ta n ta s veces he d i­
cho, viene d e te rm in a d a p o r su b a se ; y su base
es el a rtista . Y entonces, haga éste lo que
hag a, ad o p te la te o ría q u e q u ie ra , siem pre
e sta rá en la a rm o n ía , sie m p re será o b ra viva,
la suya, sie m p re será o b ra a ju sta d a y lógica, y
sie m p re se rá o rig in a l; p o r q u e v iene de él,
de esa p erso n a única, y llám ese C ervantes o
el G reco, Bacli o P la tó n ; o un anónim o
c u a lq u ie ra , o u n p rim itiv o . La vem os, a esa
o b ra , ta l com o vem os a u n c a c h a rro de b a ­
rro,' a u n a m esa o a u n a silla, a u n a casuca
h e c h a de te rró n y tech o de p a ja , sim ple en su
to ta l u n id a d , q u e se sostiene sobre su p ro p io
fu n d a m e n to ; y q u e com o la escoba, que está
a rrim a d a al án g u lo de la p a re d , p u ed e d e c ir:
a q u í estoy y o . . . ¡soy u n a escoba!

REMOVEDOR

P e ro h ay unos d esgraciados, q u e se creen
m úsicos o po etas, p in to re s o escultores, que
ja m á s h a n p en sad o en ta l cosa. \ a , desde el
tie m p o q u e fu e ro n ap ren d ices, crey ero n que
e l a rte e ra i r h a c ie n d o oomo todos (algo a
la m a n e ra com o se a d q u ie re n las costum bres)
y p la g ia r a todos, y así fo rm a rse p o r añadidos.
P o r ta l razó n , en sus o b ras, no p u ed e h a b e r
n in g u n a u n id a d , n i e stru c tu ra n i tra b a z ó n n in ­
g u n a ; y es p o r esto, q u e p o r a llí no co rre
n in g u n a v id a, n i tie n e gesto la o b ra , n i alm a,
n i p e rs o n a lid a d ; pues si es o b ra viva, debe
te n e r eso com o todo lo q u e vive, y fisionom ía
p ro p ia ; n o se sitú a, tra n q u ila m e n te an te nos­
otros, b ie n a firm a d a ta l com o u n pan o una
b o tella, sino c o n tra h e c h a y rid ic u la en su tra je
de a rle q u ín , falsa y grotesca. T b ien , aún. si es
o b ra de u n académ ico q u e h a b rá hecho tr a ­
b a jo com o de z a p a te ro o e b a n ista, h o n ra d a ­
m en te, p ra c tic a n d o u n oficio, sin p reten sio n es
de q u e re r asu star a n ad ie.

C onviene d e slin d a r estos dos terren o s del
arte . J
P resto se ve lo que se m a n tie n e firm e en
su u n id a d , ta l u n a p la n ta , q u e p a rtie n d o de su
ra íz , to d o después se g enera lógicam i nte. ^
esto ja m á s lo verem os en u n a o b ra h ech a de
retazo s, h e c h a de cosas p re sta d a s, de cosas
q u e h an v enido de todas p a rte s y que ni por
azar p u ed en ju n ta rs e , p ues no h ay razón p ara
q u e se ju n te n y, lo q u e d e la ta m ás lo falso
«le tales o b ras, es su v acu id ad . Es el com posi­
to r d e slu m b ra n te , de q u e ta n to gusta el p ú b li­
co m e d io ; el o ra d o r g á rru lo , d el o ro p el y la
p e d re ría b a r a ta ; el p in to r p o m p ie r (y p o r
algo se le llam a a s í), p u es en él todo es b ri­
llo, a veces com o de la ta o a veces com o de
c a rtó n p in ta d o . Y d e n tro de eso, ¡el vacío!
P o rq u e , h ay q u e te n e r ideas, v e rd a d e ras ideas,
y sean lite ra ria s o plásticas, m usicales o de
a rq u ite c tu ra . Y ta l p in tu ra o m úsica, se p a ­
rece a o tra , p o r su técn ica, p e ro , ¿ q u e le falta,
q u é no tien e ese fo n d o que va a lo p ro fu n d o ?
¡P u es casi n a d a : to d o ! P u es, si no se llega
a eso ¿ q u é im p o rta lo d em ás?
B u e n o ; q u e v ayan fa b ric a n d o todos esos,
con su c a rtó n y h o ja de la ta , q u e no le fa lta ­
rá n aplausos d el p ú b lico , n i b u en as crític a s;

Redactor

Responsable

AÑO 3

N°. 19
GUIDO

CASTILLO

ch an im pávidos, crey en d o que en g a ñ a rá n a
to d o el m u n d o . Y o saben, q u e esa a p a re n te
lo cu ra d el a rtista genial, viene del o tro lado
de lo v u lg ar y falso, pues, ese, p o r don de la
n a tu ra le z a , toca a lo p ro fim d o , y q u e e n to n ­
ces, p o r lle g a r a lo o rig in al, descubre un
m u n d o nuevo.
La m o n ed a d el que está en el ritm o de la
n oche, no está en v ig en cia; p o r esto no se
cotiza en n in g u n a bolsa. Sólo el tiem p o a rre ­
gla eso, y entonces, el oro de ley, es re stitu id o
a su valor.
E l a rtista que está en el ritm o de la noche,
no está en n in g u n a d im e n sió n ; a q u í no hay
chico n i g ra n d e ; sólo la c a lid a d cu en ta . P o r­
que a q u í no se p u ed e m e d ir n a d a , n i d escrib ir
n a d a ; está o no está, y es todo. P u es no es
n ad a fab ric a d o , es cosa n a tu r a l; y se posee o
no. Y ta l lo p o seerá h a sta sin sab erlo, pues
no h ay co n tro l p a ra lo in éd ito . P u es in éd ito
ha de s e r; agua de la que m an a en la fu en te.
Yo de segunda m ano. A q u í no vale eso.
E l a rtista que vive en el día, todo p u ede
m e d irlo y cla sific a rlo ; a d a p ta rlo a lo que con­
ven g a; do cu m en tarse, p la g ia r, etc. Y como
que es cosa que p u ed e ex p licarse, los otros
p o d rá n co m p ren d erlo . Y e l crítico e n c o n tra rá
m a te ria l a b u n d a n te p a ra h acer sus críticas. Y’
si es co n serv ad o r h a rá o b ra sensata, y si es
rev o lu cio n ario se p o n d rá a la m oda. Y sea de
un lad o o de o tro , te n d rá siem p re su p ú b lico
i n el g ran p ú b lico. Lo que no te n d rá n unca,
será el tono del a rtista de la noche, pero,
¿es q u e eso existe? — d irá n .
Lo que el a rtista haga, poco im p o r ta ; lo im ­
p o rta n te es lo q u e se diga y escriba de él, y
p o r p ren sa y gente seria; p o r los que h a n lle ­
gado y están catalo g ad o s; p o r lo que digan
de él, artista s con m ed allas, ya oficializados.
T odo esto es lo im p o rta n te ; y no lo qive él
sea, aparte de eso que representa.
S í; esa es la v erd ad , la re a lid a d de las co­
sas, pues estam os en el tiem p o y en e l día.
¿Se cotiza b ien , esto? E ntonces v a le ; y tan to
si es g en ialm en te d isp a ra ta d o , com o si es sen­
satam en te a b u rrid o y conservador. Y los que
en todo esto están, ig n o ran tes y falsos, se e n ­
tie n d e n b ie n e n tre si, y siguen v ilm en te la
p o lítica que convenga. Y p arecen d u rm ien tes,
pues a veces se d iría que no ven n i oyen.
¡M aravillosa sa b id u ría la de los gatos!
A l co n te m p la r u n a p in tu ra , al o ír m úsica,
al le e r u n poem a, al seguir u n d ram a en el

te a tro , no h a y que c o n fu n d ir n i o lv id a r aq u e­
llos dos ritm o s y no d e ja rse d e slu m b ra r p o r
lo sensual y lo ap arato so . P o r el c o n tra rio , d e­
bem os de ir al fondo, a la e n tra ñ a de la o b ra,
a su e stru c tu ra y a su calid a d , y v er si ella
nos lleva al ru id o d el día o a la callad a sere­
n id a d , m ás allá del tiem p o . A ver, y p o r h u ­
m ild e q u e sea y de p o b re m a te ria ; a ver,
digo, si nos da algo- del sonido y del ritm o
que bu scam o s; la c a lid a d ,q u e buscam os y que
no h allarem o s jam ás en las o tras o b ra s ; a q u e­
llas pocas p ala b ra s sa b iam en te a lin ead as y a
co m p ás; y el to n o , y la lín e a en c o n tra p u n to ;
cosas todas que p u ed en , n a tu ra l y sen cilla­
m ente, sin gritos n i v io len cia, (lejo s de lo su­
b lim e y de la agitación h u m a n a ) p o n e m o s en
la v erd ad d el hech o m isterio so del arte , y que
un h o m b re h a rá , p o r la v irtu d que tie n e (y
o tro no p o d rá h acerlo ja m á s) así com o se
m ueve, h a b la y cam ina. Y vuelvo a re p e tir:
a q u í ya no h a y dim en sió n , p o rq u e no p u ed e
h a b e rla ; pues es cuestión de tono, de d a r con
el ritm o , de estar a m ed io d ía en la n oche, y
así ver, d o n d e no h a y cosa. P o rq u e es n a tu ra l
fa c u lta d de ta l a rtis ta ; v er esto y no aq u allo
y h a c e r sin pen sar. Y no se sabe en donde,
p o rq u e a llí no es sitio alguno.

Es im p o sib le h a c e r co m p re n d e r que existen
estos dos ritm o s; no valen n i las razones ni
los eje m p lo s; su fre la gente u n a especie de
dalto n ism o , que le im p id e v er esos m atic e s;
y la cosá no tie n e rem ed io . E n las salas de
concierto, en las exposiciones de arte , la gen­
te, en g eneral, co n fu n d e la m e n ta b le m e n te ; y
así condena o a p la u d e a ra b ia r, según de d o n ­
de sople el viepto. Y este v ien to — y no p u e­
de ser m ás que eso— p u ed e v e n ir de diversas
esq uinas, según los bu en o s oficios de la p re n ­
sa — p o rq u e lo que a llí se estam pa es in fa li­
b le— y de los m en to res c a rn e ro cabeza del
re b a ñ o de Panurgc»—- pues do n d e endereza
ese, p o r a llí p asan los dem ás. Cosa que en
p a rte se re m e d ia ría , si al fre n te de la c ríti­
ca h u b ie re gente que estuviese en ese secreto,
y, adem ás, se les p erm tiese d ecir la v erd ad . P e ­
ro, ¿a q u é h a b la r de cosas que no existen ni
p u ed en ex istir?
Da pena, v er cóm o se ed ita tan to lib ro que,
de pies a cabeza, es u n a equivocación, y que
así afirm a en el p ú b lico lo falso, h in c h a la
re p u ta c ió n m al a d q u irid a , o con d en a lo que
d eb ie ra elogiarse. Y hay que v er p asar eso y
callar. Y tam b ié n el in v ero sím il m o n u m en to
p u b lico , y la in v ero sím il a rq u ite c tu ra , de gen­
te que no se sa b e ; de gente que no nació p a ­
ra eso, y que no sospecha que existe la m u lti­
form e visión de los plan o s de la escu ltu ra, ni
la rítm ic a o rd en ació n arq u ite c tó n ic a, y hace
todo eso de oídas, com o h a ría o tra cosa. Y ya
lo d ijim o s antes, todo eso debe v e n ir d e te r­
m inado p o r su b ase: e l escultor, el arq u itecto ;
que n aciero n p a ra eso, así, de u n a p ie z a ; y
q u ien así no n aciere, al m enos que se acoja
a las reglas, y haga las cosas con co n o cim ien to ;
no p ro d u c irá el m ilagro, pero h a rá u n a o b ra
e q u ilib ra d a y ju sta .

T rá s de la im itació n , el a rtista p ierd e la
ru ta p a ra h a lla r el ritm o p ro fu n d o . H ace co­
sas, p ero no arte. La in tu ic ió n que p u d ie ra
te n e r de él, y que es el ra s tre a r esa calid ad
que le m o stra ría q u e h a dad o con la p is ta ;
el gusto p o r la m a te ria en u n sen tid o b ie n
c o n creto ; el o rd e n a m ie n to geom étrico, y co­
sas así que le p o n d ría n en el p lan o de la p in ­
tu ra v erd ad era — la p in tu ra p u ra — lo p ie rd e
Pasa a la pág. siguiente

�|

c u ij u s B-'v

| SVDIdS3

Por

APOLLINAIRE

NO

HUBO

R E M E D I O . ..

Viene de la pág. anterior
tra s lo im ita tiv o y lo d escrip tiv o , y entonces
ya está p e rd id o . P e ro ¿ q u é im p o rta ? T e n d rá
críticos q u e lo e lo g ia rá n , p e rso n a je s im p o rta n ­
tes que le p re s ta rá n su apoyo, y el re sp e ta b le
p ú b lico q u e le a p l a u d i r á . . . salvo u n a m in o ­
ría , es claro , de ch iflad o s. P e ro , ¡c u id a d o !;
esa m in o ría p u e d e c re c e r; p u e d e q u e, poco a
poco, ta m b ié n d escu b ra lo q u e es la p in tu ra ;
y en to n c e s; no sólo q u e se r ía de esos « p la­
giarios de D ios», com o los lla m ó el p o eta H uid o b ro , sino q u e, se dé p risa en d escolgar los
cu ad ro s m alos, q u e ya los b u en o s los van des­
p lazan d o , y los lleve a u n ca m b a la ch e cu a l­
q u ie ra .
¿Y si yo a h o ra d ije ra , q u e esto y a está pa-&gt;
sando en alg ú n lu g a r d el p l a n e t a . . . ?
J. T O R R E S G A R C IA .
S etiem b re de 1947.

G U 1D 0

CASTILLO

se ha pu esto a c o rre r d e la n te de sus ojos, co­
m o todo p o eta c o rre r d e la n te de sus p a la b ra s,
pues solo in v isib lem en te nos podem os ap o d e­
r a r de lo invisible.
P o r eso, cu an d o A ugusto T o rre s m ira la re a ­
lid a d d etrás de sus ojos h ay u n a h isto ria que
co n tar. P e ro no es u n a h isto ria de anécdotas,
recogidas pasiv am en te de lo re a l y a lo real
devueltas. Es la h isto ria siem p re ^repetida d tl
e sp íritu que re p ite novedades, q u e es estilis­
ta en m isterio s, especialista en asom bros y vie­
jo h aced o r de m ilagros.
Es así q u e A ugusto T o rres, está en am o rad o
de la re a lid a d y d efen d id o y arm ad o co n tra
ella, p o r la viviente p in tu ra , que resid e en su
alm a com o categ o ría ideo-vital, que lo salva
de caer d o m in ad o p o r el m u n d o de las cosas.
E n relació n con esto podem os d a r razó n a
los q u e d icen que A ugusto T o rres es u n p in ­
to r rea lista . Sin em b arg o , p a ra que esta a fir­
m ación sea ju sta , tenem os que so lta r las a m a­
rra s c^el p en sam ien to y d e ja r lib re to d a la fu e r­
za de la p a la b ra re a lista y de la p a la b ra p in ­
to r.
R ealista no q u ie re d ecir descriptivo, n i a to n ­
tad o p o r lo re a l, sino b e b e d o r de sólidos, b u s­
cad o r de la v e rd a d y gozador d e lo q u e la
rea id ad posee de universo, de m ilag ro y de co­
in cid en cia con el e sp íritu que vive. Y A ugusto
T o rre s es re a lista p o rq u e m ira el m u n d o de
las cosas en lo q u e este tie n e de m u n d o y no
de cosa.
P in to r no significa cab allero p a ro d ista de
p a le ta y p in cel, sino c o n stru cto r, h a c e d o r de
tonos, re a liz a d o r de o tro m u n d o en este m u n ­
do.

SEGUN
Por

E n este lib ro de G u ille rm o de T o rre , p u b li­
cado ya hace u n añ o larg o , vengo a h o ra a
e n c o n tra r p a ra G u illa u m e A p o ilin a ire u n a ju s­
ticia q u e desde h ace m u ch o tie m p o se viene
m erecien d o fre n te a l p ú b lic o de h a b la esp a­
ñ ola. Es conocida de tie m p o ya, la d edicación
d e G u ille rm o de T o rre a l cubism o y a los
h o m b res q u e m ás a rrim a ro n el h o m b ro a
a q u e lla em p re sa , d e d ic a c ió n q u e re m o n ta
al tiem p o h ero ico , en q u e cubism o e ra ca­
si u n a m a la p a la b ra . T iem p o s de p rim e ra ju ­
v en tu d de de T o rre y com ienzos d el m ovi­
m ien to c u b ista y q u e p o r h a h e rlo s vivido de

NQiOVQNfid

EN
E 1M A G 1N A C I I O N
DE A U G U S T O T O R R E S

RE;¡VLISMO
L A P IN T U R A
T o d o a rtis ta es u n tra id o r. Y ta n to m ás p ro ­
fu n d o es su a rte cu an to m ás esencial es su
traició n .
E l avezado le c to r se d ir á : «E ste b u en o de
G uido C astillo ju e g a , a h o ra , con la p a la b ra
tra ic ió n ; veam os si su m a la b a rism o sabe ser
eleg an te y com o se las co m pone p a ra h acer
p iru e te a r al tra id o r, c o n v in ié n d o lo en un
sa n to varón».
P e ro , el le c to r se d e fra u d a rá , pues no p ie n ­
so e x h ib ir n in g u n a h a b ilid a d , sino c a n ta r lla ­
no y d e c ir lo q u e es cierto .
T ra id o r es to d o a q u é l q u e, a sab iendas, ac­
tú a en p e rju ic io de la especie, sociedad o ins­
titu c ió n a q u e p e rten ece.
E l a rtis ta p e rte n e c e a la especie h u m an a,
q u e h a tra ic io n a d o a la a n im a lid a d , a su vez
tra id o ra de la p u ra m a te ria , c u lp a b le de q u ien
sab e q u e traicio n es.
Y en esta .escala in fa m a n te en q u e todo lo
q u e n o es N ad a es tra id o r, el a rtista no se
co n fo rm a y realiza la tra ic ió n d e fin itiv a : des­
tru y e la p a la b ra , la fo rm a, el color, el so n i­
do, el p e n sa m ie n to q u e le d ie ro n a g u a rd a r.
Y con estos desp o jo s in v e n ta u n a to rre y, sin
s u b ir en e lla, — q u e no es to rre p a ra ser p isa­
d a — , d e ja q u e la to rre h a b le con su d io s: E l
E s p íritu q u e C rea, e l M agnífico S eñor de to ­
das las traicio n es.
¿Q u e ha h ech o A ugusto T o rre s con sus
ojos h u m a n o s? , con los ojos q u e le d iero n p a ­
ra q u e su p ie ra e v ita r los o b stácu lo s y e le jir
ios cam inos m ás cóm odos, p a ra q u e no a n d u ­
v iera com o u n ciego p a lp a n d o la lu z, m ira n ­
do lo n eg ro y e sto rb a n d o el a n d a r de los
h o m b res, sus h e rm a n o s?
A ugusto T o rre s, com o to d o p ro fu n d o p in to r,

s- - . ■

A hora podem os d ecir con su cabal sen tid o :
A ugusto T o rres es u n p in to r realista.
P ero , obsérvese que, m ien tras el realism o v u l­
gar es el resu ltad o de la a c titu d m ás in m e­
d ia ta , esp o n tan ea y cóm oda, el de este p in to r
es la m ás arriesg ad a de todas las aventuras.
P a re c e ría q u e en cada cu ad ro A ugusto T o ­
rres se d ecid iera a re a liz a r lo im p o sib le: d a r
ín teg ro s el h ech o de lo re a l y el hecho de la
p in tu ra .
P e rm itié n d o m e u n a m etáfo ra sin m ayores
consecuencias, yo d iría q u e la p in tu ra de A u­
gusto T o rres es trág ica, con to d a la tra n s­
p a re n te g rav ed ad y e q u ilib rio en tensión q u i­
llay en lo trág ico b ie # vivido. Q ue la v e rd a ­
dera tra g e d ia no es lo p a tético , n i el d erro ch e
p asio n al, sino lo ete rn o , la e stru c tu ra calien te,
la an siedad de lo estático codeándose, a su p e­
sar, con el ir y v e n ir de las cosas.
A ugusto T o rre s es, adem ás, ta n im aginativo
com o rea lista , p ero su im ag in ació n no está
v u elta h acia la anécd o ta m ás o m enos des­
c o n certan te, sino h acia el o ficio d e l pintor.; y
p o r eso posee u n oficio único y co m p letam en ­
te p erso n al, p o rq u e su o ficio es su p in tu ra , y
p o rq u e su im ag in ació n no está lan zad a p o r
encim a del arte , sino h acia los p ro p io s ele­
m entos estéticos, en sus o b ras no h ay lu g ar
p a ra el h echo re a l o co tid ian o , n i p a ra el h e­
cho a rtific ia l, sino p a ra su realism o de p in to r,
su oficio de p in to r, y p a ra su inv en tiv a de a r­
tista que in v en ta la o b je tiv id a d : el h echo es­
p iritu a l, la v id a m ism a q u e vive en la vida
de la p in tu ra .
G U ID O C A STILLO .

GUILLERMO

S A R A N D Y

DE

TORRE

CABRERA

cerca en m uchos casos, G u illerm o de T o rre
conoce p erfe c tam e n te b ien . Y que si en cierta
m an era sob reestim a en el m o m en to actu al,
no p o r ello su testim o n io es m enos fidedigno.
A sí es com o a un A p o ilin a ire de segundo
o rd en , que es la im agen p o r m ay o ría te n id a
e n el p ú b lico m ed ia n a m e n te in fo rm a d o , G ui­
lle rm o de T o rre opone su A p o ilin a ire — d ig a­
mos— com o fig u ra p rim o rd ia l p o rq u e , el des­
lu m b ra n te h allazgo de los p rim ero s cubistas
vió luz, gracia a aq u el do n de ad iv in ació n de
A p o ilin aire.
Y ta n fu é así que de no m e d ia r la p réd ica
y el apo sto lad o de a q u e l ren o v ad o r, los p in ­
to res cu b istas ta l vez (co n sid eran d o la fra g ili­
d ad de este ta l vez) no h u b iesen ad v ertid o la
m a g n itu d de su invención.
E l cubism o del p rim e r tiem p o , y en esto
casi no cabe d u d a, se p racticó en ese estado
de e n tre b ro m a y seried ad , con esa a c titu d
e n tre solem ne y risib le que llev an im p lícitas
las m ás desco n certan tes invenciones.
T odo a p a ra to recién in v en tad o , to d a form a
recién e n trev ista, llev an en su germ en de re ­
volución y en su p resen cia no to ta lm n te des­
a rro lla d a , u n germ en de fra g ilid a d .
C o n tra ese germ en de fra g ilid a d co m batió
A p o ilin a ire , d e ste rrá n d o lo p o r o b ra de su in fa ­
tig ab le te m p e ra m e n to , co n tin u a m e n te p re d is­
pu esto a la o b ra de a rte , y p red icó A pollinaire , a ú n en casa de los p in to re s cubistas. P o r­
q u e A p o ilin a ire — era com o dice de T o rre —
el em b lem a de lo nuevo — y A p o ilin a ire lo
sab ía y se lo p ro p o n ía y de a llí a rra n c a b a n
su in v en ció n y su irra d ia c ió n .
H o y cu an d o m iram o s luego de largos años
el cubism o, sus p ro p ó sito s v sus realizaciones,

vem os sus e rro re s, sus in g en u id ad es y su lim i­
tación.
E l m ism o T o rres-G arcía en su ú ltim o lib ro
en p re p a ra ció n «Lo a p a re n te y lo concreto en
el arte» esclarece su ficien tem en te al respecto,
en lo que tie n e relació n con la d estru cció n del
o b je to aco m etid a p o r P icasso, B ra q u e , L egcr
y o tro s, con la ru p tu ra d el a rq u e tip o h u ­
m ano, etc.
D e m a n e ra q u e el cubism o ya no es p a ra
nosotros la m ism a cosa viva y n ecesaria —
fu n d a m e n ta lm e n te eso, necesaria— q u e vivía
A p o ilin aire.
La poesía de v an g u ard ia q u e te n ía im p lícito
el cubism o no tie n e vigencia p a ra nosotros
ah o ra desde el p u n to de vista teórico.
E l p ro b lem a del a rtista se ren u ev a con
asom brosa ra p id e z , o m e jo r d ic h o : el án gulo
de e n fo q u e d el p ro b lem a d el a rtista cam b ia
c o n tin u am en te, de allí que p a ra nosotros el
cu ad ro sea o tro que el d el cubism o. La asp i­
ración del a rtista a c tu a l p arece ser re c o n stru ir
el o rd en n a tu ra l p e rd id o . P e ro p a ra c u m p lir
con su p ro p ó sito co n sid era y vé las e x p e rie n ­
cias an terio res, y a ú n sin sab erlo , sus a n tece­
sores lo in d u cen en d e te rm in a d o sen tid o . De
m odo q u e la cadena d el a rte no se ro m p e
p e ro cus eslabones se d ife re n c ian esp ecífica­
m ente e n tre sí.
D e c u a lq u ie r m an era, n i el cubism o n i su
teo rizació n re su lta n a lim en to al a rtis ta actu al,
p ero aq u ello no im p id e a d v e rtir, cuán rev o lu ­
cionarios y necesarios fu e ro n en su m om ento.
G u illerm o de T o rre , pues, es ju sto al d escri­
b ir y a n a liz a r el clim a q u e favorece el adve­
n im ie n to del cubism o y de los escritos sobre
Sigue a la vuelta

�CANDIDO
NO

ES

UN

CREADOR

E l h o m b re re p ite in cesan tem en te las m is­
m as h erm osas p a la b ra s p a ra d isfrazar, de
ig u al m a n e ra hoy que ayer, la m e n tira o rig i­
n a l de cada m o m en to h istó rico .
Y, al revés, el e sp íritu viviente, la vida en
son de e sp íritu , no se cansa de in v e n ta r ex­
p resiones siem p re nuevas p a ra la ete rn a v er­
dad , con la q u e A y er y M añ an a se v istieron
p a ra H o id ía de todos los días.
A sí llegó C án d id o P o r tin a r i: ro d ead o de b e ­
llas p a la b ra s y voceado p o r n o m b res de la r ­
gas reso n an cias — A ragón, C a s s o u ...— . Y las
b ellas p a la b ra s y los bellos nom bres, y la

T A C U A R E M B O

40.a EXPOSICION
DEL

TALLER TORRES GARCIA
C ON P IN T U R A S

ANHELO

DE

HERNANDEZ

Patrocinada por el Liceo departamen­
tal y el Club Tacuarembó

Del 10 al 20 de Setiembre
Con m o t i v o de esta e x p o s i c ió n
S A R A N D Y C A B R E R A dijo una con­
ferencia sobre el Taller Torres García
y su orientación estética.

APOLLINAIRE SEGUN
GUILLERMO de TORREi

PORTINARI
Por

p in tu ra de P o rtin a ri, pagan trib u to a la m en ­
tira de su tiem po que es m ás fu e rte que ellos.
Los elogios c ircu n d an tes de P o rtin a ri, y la
p in tu ra de P o rtin a ri, h a b la n de lib e rta d , ju s­
ticia social y de to d as las te rrib le s andanzas
y m alan d an zas que le suceden al h o m b re. Y
se vé que P o rtin a ri es un h o m b re en am o rad o
del h o m b re, y do lo rid o p o r los dolores som ­
b río s, y p o r los som bríos placeres regocijados.
T odo esto es m uy im p o rta n te e in ap lazab le,
p ero , es la m ism a p a la b ra de siem pre que d i­
sim u la n u e stra m e n tira , m ás peligrosa e ile­
gítim a p o r la le g itim id ad precio sa de su en ­
vo ltu ra.
P o rtin a ri, sean estas o aq u ellas sus ideas,
no es un gran p in to r. E n sus cuadros se ve
u n a intelig en cia p o d erosa que sabe p la n te a r
p ro b lem as y u n a exq u isita sen sib ilid ad h a b ili­
dosa en resolverlos. P e ro , fa lta la creación, y
cu an d o la creación fa lta , n a d a se hace de ve­
ra s y todo q u ed a en m agníficos proyectos no
realizados.
A P o rtin a ri se lo elogia o se lo ataca p o r.
que es co m u n ista; nosotros no tom am os en
cu en ta sus ideas p a ra d ecir que m uqhas de
las telas de P o rtin a ri están b ien ejecu tad as,
careciendo de re a lid a d ín tim a ; p a ra d ecir que
P o rtin a ri posee cuadros y le fa lta estilo ; para
d ecir que la p in tu ra de P o rtin a ri es la m ala
p in tu ra m o d ern a de F ra n c ia , e x ten d id a boy
p o r to d o el m u n d o , y de la cual repugnam os
no p o r m o d ern a sino p o r m a la ; p a ra decir, en
fin , que si h ay artistas que exp resan u n a ép o ­
ca, los h ay dom inados p o r ella.
J u a n R am ó n Jim én ez decía que todo se
p u ed e im ita r de u n p o eta m enos su acento.
E ste es el caso de P o rtin a ri, que, poseyendo
v irtu d es innegables, im ita el acento de alg u ­
nos m aestros de los bienes y m ales del m o­
m ento, n o to ria m n te Picasso, cuyo a rte era re ­
chazado ay er p o r p eq u eñ o b u rg u és y es hoy,
p o r com unista, levantado.
N osotros, riesgosos de h e re jía , y esp eran d o
la ex com unión de los g u ard ian es d el dogm a,
afirm am o s que to d a b u e n a p in tu ra es social,
p o r ser im p ereced era o b jetiv ació n del e sp íritu
h u m an o . P o r lo cual se p u ed e sosten er que
c u a lq u ie r p aisaje de M onet, p o r ejem p lo , tie ­
ne m ay o r significación social que to d a la p in ­
tu ra de P o rtin a ri. M onet, com o b u en im p re ­
sionista, solo se in te re sa b a p o r la luz, y en

GUIDO

CASTILLO

sus cuadros no h ay lu g a r ap aren te p ara los
p roblem as hum anos, pero era un gran m atstro de la p in tu ra . P o rtin a ri no lo es y lo de­
m u estra con in ad m isib les co n trad iccio n es: en
algunas ob ras a lard ea de u n a viva so ltura de
form a y de u n color rico en calidades, sin em ­
bargo no sabe ver en lo real. E jem p lo : el
re tra to de N icolás G uillén, académ ico, des­
en to n ad o y to rp e de d ib u jo .
Si h ay razón en lo que dice un filósofo, que
el a rtista es el ser capaz de ver en las cosas
lo que nosotros solo podem os ver en la o b ra
de arte , se co n firm aría n u e stra opinión.
Y term in o expresando a b iertam en te que
desdeñam os todos los elogios, ataques y ren ci­
llas tejid o s en to rn o de P o rtin a ri, o, m ejo r,
de sus ideas p o líticas; y condenam os todos los
pasos, tanteos y bregas que se den o hagan
p a ra conceder a P o rtin a ri la decoración de
un edificio pú b lico , p o r con sid erarlo in cap a­
citado p a ra re a liz a r u n a o b ra de ta l n a tu ra ­
leza.
No necesitam os d a r m ayores explicaciones,
pues nu estras ideas son bien conocidas, y
P o rtin a ri perten ece a la ten d en cia que lia tra i­
cionado al gran e sp íritu que surgía en n u estro
tiem p o , p ara lanzarse en p ro cu ra del m ás des­
e n fren ad o rom anticism o.
GUID O CA STILLO .

15/9/47.

DE

P L AT ON

...aquellos que fuera de la caverna,
contemplaron el sol directamente y vie­
ron las cosas como son, no pueden ver
en la caverna, porque sus ojos no están
acostumbrados a la oscuridad, por lo que
no reconocen las sombras y en su des­
concierto son objeto de rechifla por par­
te de los otros que no salieron nunca
de la oscuridad de la cueva ni vieron
otra cosa que sus fantasmas.
(de Rep. 7)

( on clu ye

P ie d a d p a ra noso tro s q u e co m b atim os siem pre
en las fro n te ra s de lo lim ita d o y de lo
[p o rv e n ir
P ie d a d p a ra n u e stro s e rro re s, p ie d a d p ara
[n u e stro s pecados.
Y q u e d e pues, la certeza de su vigencia te ­
m á tic a y p o ética.

LO
APARENTE
Y LO CONCR E T O
EN
EL
ART E
Por JOAQUIN
APARECIÓ

YA

reunirán

texto

el

el

°

de

estos

fascículos

que

de sus lecciones dictadas en

F A C U L T A D
Y

2

TORRES-GARCIA

C I E N C I A S

DE
DE

la

HUMANI DADES.
M O N T E V I D E O

SA R A N D Y C A B R E R A .
IMPRESORA L.I.G.U.

iCION E S P IG A S -K A R D E X R E M O V E D O R

los p in to re s cu b istas de A p o llin a ire y no ol­
v id a entonces co lo car al te o riz a d o r A p o llin aire
y al p o eta en su exacto sitio , n i colocar al
p o eta en el p la n o de a c tu a lid a d q ue su poesía
m o d e rn ísim a — pese a todo— m erece.
Los escrito res teó rico s de G u iilau m e A p o lli­
n a ire p u e d e n si se q u ie re o lv id arse, p ero n u n ­
ca desestim arse su o b ra de p o eta y literato,
esto en el b u e n sen tid o de la p a la b ra .
V ayan ento n ces aq u ello s d e fin ito rio s versos
de A p o llin a ire com o lem a de p io n ero del
arte .
N o som os v uestros enem igos
q u erem o s d aros vastos y ex trañ o s dom inios
d o n d e el m iste rio en flor se ofrece a q u ien
[q u ie re cogerlo.
H ay a llí nuevos fuegos colores n u n c a vistos
m il fan tasm as im p o n d e ra b le s
a los cuales fa lta d a r re a lid a d .

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Cabrera, Sarandy&#13;
Torres García, Joaquín</text>
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                    <text>N. 15

Or ga no r e d a c t a d o y e di t a do
exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GA R C I A

0.10
EL E J E M P L A R

�J

Discurso pronunciado por el Doctor Luis Giordano con motivo de la inauguración del Salón de Exposiciones del Ateneo y de la

3 5 2 Exposición del Taller
La Comisión de Exposiciones, de quien asu­
mo la representación frente a ustedes y a la
que el Ateneo ha confiado la organización de
las muestras de arte a realizarse en este remo­
zado salón, pensó inaugurarlo con una «retros­
pectiva» de algunos de nuestros ilustres plás­
ticos desaparecidos. Tal designio estaba infor­
mado por un sentimiento, en cierto modo con­
movedor. puesto que esta Sala guarda el recuer­
do de algunas actividades artísticas como, los
Conciertos de la Becthoven, las muestras de
Otoño, los Salones de Primavera y las Exposi­
ciones de Arquitectura que hicieron época pa­
ra los montevideanos amantes de las bellas
artes.
Causas materiales impidieron realizar este
propósito.
En vez de ello, he aquí una muestra de Arte
Nuevo, perfectamente en consonancia con nues­
tra época y la renovada inquietud que es hoy
signo capital del Arte.
Debo expresar que esta 35? Exposición del
Taller Torres García marcará una etapa en ia
historia del arte uruguayo, mejor dicho es una
de las Etapas del Arte. No quiero que se piense
que exagero a¡ respecto por simpatía al ilustre
maestro que orienta esta pléyade de jóvenes,
dados en alma y cuerpo a la religión del arte
— que aparentan tener el árdor del sectario, pe­
ro que en realidad poseen la fe del apóstol, sin
la cual nada grande puede cumplirse ni en la
vida de los hombres, ni en la historia de los
pueblos. No quiero que se piense que exagero
por exclusivismo o por falsa oposición, puesto
que se conoce ( por quienes me conocen) mi
amplitud para el juicio en materia de arte y
mi gusto, en cierto modo ecléctico por las obras
plásticas. No quiero que se piense que exagero

cuando he afirmado que esta exposición es una
de jas Etapas del Arte.
Frente a tanta incapacidad pretensiosa que
circula por ahí; frente a mucha buena inten­
ción incumplida; frente a la estratificación ano­
dina y frente a tantos atentados al buen gusto,
hechos en nombre de una tradición mal enten­
dida tjuc nos hemos acostumbrado desgraciada­
mente a soportar, he aquí, ahora, esta alegría
radiante de la creación; esta inquieta generosi­
dad fecunda: este empuje juvenil; esta sracia
y .'&lt;te ardor incontenidos.
La Fainada E-cuela tic Torres García ha me­
recido acerbas críticas v una de las más agudas
consiste en -os encr que esta enseñanza ahoga
la personalidad, que la poderosa influencia del
Maestro incide demasiado sobre las individua­
lidades &gt; que la «Escuela» se convierte en una

REMOVEDOR
Redactor

Responable

AÑO 2

N°. 15
GUIDO

CASTILLO

dogmática del Arte. No quiero argumentar con
palabras sobre esta crítica: he ahí los hechos en
esas paredes. Pocas veces hemos visto una ma\or variedad de personalidades, de jóvenes pe­
ro verdaderas personalidades; ceñidas, eso sí y
esto no es negativo, a ciertas fecundas fórmu­
las jamás erradas, por otra parte, como ocurre
en la vida y en la naturaleza en que las líneas
generales no impiden, por cierto, la variedad y
la transformación evolutiva. A si tal cosa ocu­
rre, permitiendo desenvolverse libremente las

mejores dotes plásticas de que cada ser dispone,
la Escuela vale de por sí y vale, además, por
cada uno de sus componentes.
Repito que esta muestra es un acontecimien­
to del arte por cuanto en ella se percibe la im­
portancia del movimiento que va del construc­
tivismo a la síntesis y de ésta al nuevo natu­
ralismo de los cinco tonos. Razón lian tenido
Pavró v Romero Brest, los primeros críticos riop atenses en rendir homenaje a Torres García
v a su Escuela; razón han tenido porque no hay
en l'ruguay ni en las dos Américas, ni siquiera,
en esta hora, en ningún otro continente tal vez,
un movimiento — en el mundo de la plástica
más trascendente, ni más organizado ni más fe­
cundo que el del Taller Torres García.
Y los individualismos confusos, a los intentos
fracasados de algunas escuelas de pasajera vi­
gencia. y a las mórbidas manifestaciones de un
arte degenerado que más participa de la pato­
logía que de la plástica; el movimiento uru­
guayo opone una solidaria capacidad de soste­
nim iento; una persistencia prolongada llena de
promesas y realizaciones y un puro profundizar
en las más nobles inclinaciones de la inteli­
gencia y de la espiritualidad.
Es por todo ello — y por lo que callamos, en
beneficio de lo que sentimos y de lo que com­
prendemos, que afirmamos— , otra vez, nuestro
orgullo patriótico por esta Exposición, sabiendo
que — al fin— al sustituirla por una «retrospec­
tiva» hemos cumplido con la misión de atender
los derechos del porvenir y afirmar nuestra es­
peranza en esta renovada juventud, que se agru­
pa en torno de Joaquín Torres García, — Maes­
tro— de iluminada palabra y de ardiente fe
en los destinos del Arte, entendido como verda­
dera expresión del estilo de nuestro tiempo.
LUIS GIORDANO

EL X .o SALON NACIONAL

El espíritu y las pretendidas actividades ar­
tísticas oficializadas, se excluyen.
Es normal, entonces, que el décimo Salón Na­
cional no exista para el diferente mundo del
arte.
Su existencia, sólo puede comprobarse para
ojos distraídos y mentes cómodas, que al fin de
la semana divierten sus ocios y se instruyen, en
el vulgar sentido del vocablo, y cuyos posee­
dores, fortuitamente concurridos al salón, son
tan inexistentes, para el espíritu, cuanto lo es
el décimo salón nacional de Bellas Artes.

El Espíritu salta por la ventana, apenas ha­
cen su aparición en el salón, yesos y cuadros, en
manos de artistas y jurados, para recogerse dis­
cretamente, porque entre tanta fanfarronería,
en tanto alarde de genialidad, el arte no admite
ser considerado.
En tanto corte por el atajo de la facilidad,
en tanta desgraciada gracia festejada socialmen­
te y premiada constante y sonantemente por un
complejo clan de curiosísimas jerarquías estéti­
co-sociales, en tanta frivolidad, el arte siente
que no tiene nada que ver.
Lo mismo en tanta ingenuidad v en tanta in­
cultura.
Para la menguada inexistencia de los Salones
Nacionales, y quizá para justificarlos, existe una
categoría de personas primarias v simples que

pintan cuadros, hacen esculturas v escriben ver­
sos y discursos.
A ellos corresponden aquel flotante público,
que posee los mismos atributos y fragilidades.
Los primeros son los pintores oficiales, los au­
tores de los llamados cuadros históricos, los poe­
tas nacionales, los jurados normales de exposi­
ciones V los ministros de instrucción pública que
patrocinan exposiciones.
Los segundos son los ingenuos que no quieren
estridencias, que suponen al arte escondido a la
vuelta de la esquina y que suponen que basta
experimentar sensaciones para poder aproxi­
marse a sus esencias.
Son ingenuos tan molestos y desagradables
como los anteriores y que durante su vida, junto
con los artistas que producen para ellos, los ju­
rados y los ministros, se dedican a repartirse el
rubro que se destine a los efectos artísticos.
Claro que luego de muertos, siempre se mue­
ren.
De todos ellos salen los décimos salones na­
cionales de todo el mundo cuya única razón de
ser, es que del primero al décimo van los diez
que ya se han hecho por la coincidencia de un
enorme aparato de convenciones y del décimo
en adelante seguirán otros tantos por inercia.
Estos senores son los aguerres, los espinóla gómez, los mazzey, los alzaga, los giandrone. los
gonzález. los siniscalchi. etc. (sigue la lista)

que pretenden emular a la pintura con sus manualidades, y los moller de berg, los fernández
tudurí, los germán cabrera, los furest inuñoz,
etc., que aspiran demasiado cómodamente a en­
contrar (si es que sospechan su existencia) el
secreto que permita sacar espíritu del barro,
cosa que no logran, de manera que su barro
sigue siendo barro, con el agregado de cosas más
lamentables todavía. Porque en las obras de
unos y otros, al faltar el espíritu aparece el cor­
tejo de la tontería la vanidad, la pornografía,
la ingenuidad y el mal gusto, y ellos se pudren
de buena gana en eso, sin poder escapar a su
destino, al que llevan a cuestas, sin sentir nunca
la tentación del demonio, la insensatez, el des­
interés, la aventura, el espíritu y la inteligencia.
Se quedan pues, con los retratos de indus­
triales gordos, de frívolas señoras elegantes,
autores de esculturas para las plazas indepen­
dencias, pintores de estampitas para libros de
misa, junto con los herrera mac lean, los michelena, los prevosti, mostrando los dientes posti­
zos. la ictericia, el vientre, las manos peludas,
las risas, el rouge y las colillas de los cigarri­
llos, mientras el cerebro se les pudre sin can­
darse de genuflexiones, v las rodillas les cra­
quean, mientras guardan en un rincón del es­
critorio el lujoso catálogo del décimo salón na­
cional.
SARANDY CABRERA

�[

F U N D A C IO N ESPIGAS '•
Buenos Aires - Argentina j

Planteo Ingenuo de una Cuestión Difícil
¿Qué le sucede al hombre cuando quiere
realizar actos artísticos? Podemos estar seguros
de que buscará combinar cosas, elementos na­
turales, o que se han hecho naturales por lo
ordinario de su uso, de cierta manera especial
a la que esos objetos — palabras, colores, for­
mas, sonidos. . .— no están acostumbrados.
Y, así mismo, podemos afirmar también, que
esto es lo que le sucede a cualquiera que busca
hacer arte, por más disparatadas o ingenuas que
sean sus ideas y por más torpe que sea su labor
artística.
Esto plantea una serie de preguntas muy
graves:
Si todos los que procuran hacer arte, procu­
ran encontrar una combinación irreal de ele­
mentos reales ¿cuál es la combinación que ca­
racteriza al arte? ¿existe una sola o tantas co­
mo artistas?
Si cada artista es poseedor de una peculiar
combinación, completamente distinta de toda
otra, ¿en qué nos apoyamos para reconocer al
artista, para distinguirlo de todos aquellos que
no lo son? Si, por el contrario, existe una forma
universal de combinar estéticamente los obje­
tos no estéticos de que siempre se sirve el arte
¿por qué hay artistas v escuelas de arte, que
presentan tan fundamentales diferencias, que
llevan al más tirante antagonismo? ¿qué valor
estético tienen estas diferencias?
Para mayor seriedad y limpidez de estas cues­
tiones, procuraremos eliminar aquellas combi­
naciones que, a nuestro entender nunca han al­
canzado, ni alcanzarán jamás a ser arte.
La primera es la que pertenece al llamado
(irte imitativo.
Sin lugar a la menor duda, el que intenta
imitar el mundo real utiliza los elementos que
le han de servir para la copia de una manera
completamente irreal que, a no ser por una ex­
traordinaria casualidad, esos elementos están in­
capacitados de realizar por sí mismos, o sea en
el orden natural en que se disponen las cosas
del universo sensible. Y es así que en el re­
trato más parecido al modelo, todo lo que en
verdad lo constituya — líneas y colores— está
ordenado en una forma completamente artifi­
cial, pues a nadie se le ocurrirá que el retrato
de tal o cual señor es la manera habitual en
que los colores y las líneas se presentan.
Sin embargo, a pesar de su irrealidad, nin­
guna imitación llega a ser arte. En primer lugar
porque todo su ser irreal se reduce a un ser
para una realidad, a un puro servilismo perfec­
tamente reemplazable por otros métodos más
eficaces y menos fatigosos.
Toda copia es, además, completamente falsa,
porque su falsedad es demasiado minúscula pa­
ra llegar a verdad, porque carece de la sufi­
ciente irrealidad que se requiere para encontrar
lo real. Todo en ella es una triste ilusión, un
torpe fantasma de una apariencia. En una imi­
tación no hay nada más que imitación. En una
rosa imitada faltan la rosa y el arte. Y ahora
tendríamos que hablar del tema, pero, además
de ser el asunto más aburrido del mundo, el
arte temático es nada más que una especie de
arte imitativo malamente disfrazado algunas
veces.
Estas preguntas, que no poseen ningún propó­
sito literario, se me han ocurrido en torno a
una frase que Torres García dijera en una cla­
se de la Facultad de Humanidades: «El ar­

tista se caracteriza por la necesidad de cons­
truir».
Sobre esta frase trataré en un próximo ar­
ticulo, procurando al mismo tiempo responder
-a las cuestiones planteadas v a una más angus­
tiosa que todas:

¿Qué es lo que construye el artista, si es que
construye algo? ¿Qué le queda al arte si le
quitamos el tema y la imitación del mundo
real?
GUIDO CASTILLO

SOBRE EL ARTE SOCIAL
Por si alguien todavía se plantea el problema del arte social, transcribimos unas palabras
de «El poeta y el pueblo» de Antonio Machado:
Cuando a Juan de Mairena se le preguntó si
el poeta, y en general, el escritor, debía escribir
para las masas, contestó: Cuidado, amigos míos.
Existe un hombre del pueblo, que, es, en Espa­
ña al menos, el hombre elemental y fundamen­
tal, y el que está más cerca del hombre uni­
versal v eterno. El hombre masa no existe; las
masas humanas son una invención de la bur­
guesía, una degradación de las muchedumbres
de hombres, basada en una descualificación del
hombre que pretende dejarle reducido a aque­
llo que el hombre tiene de común con los ob­
jetos del mundo físico: la propiedad de poder
ser medio con relación a unidad de volumen.
Desconfiad del tópico «masas humanas». Mu­
chas gentes de buena fe, nuestros mejores ami­
gos, lo emplean hoy, sin reparar en que el tó­
pico proviene del campo enemigo: de la bur­
guesía capitalista que explota al hombre, y ne­
cesita degradarlo; algo también de la iglesia,
órgano de poder, que más de una vez se ha
proclamado instituto supremo para la salvación
de las masas. Mucho cuidado: a las masas no

las salva nadie; en cambio, siempre se podrá
disparar sobre ellas. ¡O jo!
Muchos de los problemás de más difícil solu­
ción que plantea la poesía futura — la consti­
tución de un arte eterno en nuevas circunstan­
cias ile lugar y de tiempo—- y el fracaso de
algunas tentativas bien intencionadas provienen,
en parte, de esto: escribir para las masas no es
escribir para nadie, menos que nada para el
hombre actual, para esos millones de concien­
cias humanas, esparcidas por el mundo entero,
y que luchan — como en España— heroica y de­
nodadamente por destruir cuantos obstáculos se
oponen a su hombría integral, por conquistar
los medios que les permita incorporarse a ella.
Si os dirigís a las masas, el hombre, el cada
hombre que os escuche no se sentirá aludido y
necesariamente os volverá la espalda.
He aquí la malicia que lleva implícita la fal­
sedad de un tópico que nosotros, demófilos in­
corregibles y enemigos de todo señoritismo cul­
tural, no emplearemos nunca de buen grado,
por un respeto y un amor al pueblo que nues­
tros adversarios no sentirán jamás.
Valencia, agosto.

Decoración de las Escuelas
De un tiempo acá se ha pretendido abordar
el problema de la decoración mural en las es­
cuelas, asunto sobre el cual ya se habló mucho
y mal. No sólo porque quienes lo hicieron ca­
recían de conocimientos serios en la materia,
sino, porque en general, primó un concepto noño acerca de aquello que debe presentarse a los
niños, como viva y permanente lección de es­
tética.
Generalmente vemos anticuadas expresiones
tipo bazar, o reproducciones también sin ningún
sentido plástico, de los dibujos de Disney, a
quien creemos, sí, un maestro en el dibujo ani­
mado. pero que, por esa misma razón, aquellos
están lejos de ser aptos para la superficie plana
de los muros.
Es de reconocer que, quien realmente estu­
dió y sentó las bases de la decoración mural,
es el pintor nacional, don Joaquín Torres Gar­
cía, quien, junto a un grupo de jóvenes discí­
pulos de su taller, vienen luchando por dar al
muro su realidad plástica: esto es, trabajar con
la realidad del plano, bidimensional, descartar
la tercera dimensión, crear formas no represen­
tativas, dentro de un orden geométrico cons­
tructivo.
Formas y colores, ritmo y proporción, he ahí
la más pura lección de belleza que podemos dar
al niño, haciendo así verdadera obra educativa
en el sentido de desarrollar su conciencia es­
tética.
Pero, esto, por ahora, sólo ha podido plasmar­
se en la obra monumental realizada por estos
pintores, en la Colonia Saint Bois. Es de espe-

rar que el Consejo N. de Enseñanza Primaria y
Normal, al llamar a concurso a los artistas na­
cionales para decorar las escuelas, sepa abordar
el problem con exacta visión en cuanto a las
auténticas manifestaciones plásticas, lo cual re­
dundará en beneficio del niño y del pueblo.
Así lo creemos, no puede ser de otro modo,
por integrar dicho Consejo, personas como el
Arq. Pérez Montero y el Dr. Oribe.
Veamos ahora, con espíritu libre de prejui­
cios, qué se ha hecho. En la Esc. de Portones
de Carrasco, lo indeseable al grado máximo.
Frente a esto pensamos que son desde todo
punto de vista preferibles las auténticas realiza­
ciones de los niños, por ejemplo el comedor de
la Escuela Experimental de Malvín.
Los locales decorados por las Srtas. Antelo y
Clavelli. llenos de ingenuo naturalismo, se ca­
racterizan por la ausencia de sentido plástico.
En el «Jardín de Infantes», encontramos dos
murales constructivos, realizados por la Sra.
Esther Barrios de Martín. Al punto se descu­
bre porqué se les asignó, por parte de alguna
autoridad, tan pésimo lugar; están casi escondi­
dos, mientras profusión de dibujos tipo bazar,
inundan los corredores.
Los otros dos murales, obra de esta misma
educacionista, lo constituyen «La sinfonía de las
hojas» y «Los Ceibos». Resumiendo, se debe de­
cir que, recién aquí, en los murales constructi­
vos, y no en los otros, encontramos que se ha
hecho algo, con cierto conocimiento.
En cuanto a la obra de Urruchúa. en la Sec(sigue a la vuelta)

�35 EXPOSICION
del Taller

Torres-García

[ NUEVO
1) PINTURA EN EL PLANO, NATURALISTA SINTETICA
2) PINTURA
DE LOS

CON BASE NATURALISTA DENTRO
C I N C O COLORES P R I M A R I O S

3) P I N T U R A

CONSTRUCTIVA

UNIVERSAL

ATENEO DE MONTEVIDEO - 28 de NOV.
Y DIAS SIGUIENTES, DE 18 a 21 HORAS. ENTRADA por AVENIDA RONDEAU

DEL

DIARIO

PARISIEN, «LA BATAILLE»

(Casa de la América

máticas, de cortesía convencional, o como expo­

Latina).
Hay diversas maneras de organizar exposicio­
nes de artistas extranjeros.

siciones de arte. Muy a menudo ambas maneras
coinciden, pero no siempre.

Pueden hacerse como manifestaciones diplo-

te diplomática invadía a la otra demasiado vi-

ARS. AM ERICANA

DECORACION MURAL...

(Continuación)

ción Femenina de Secundaria, debemos decla­
rar que tampoco aquí se ha hecho decoración
mural, en el verdadero sentido.
Grandes figuras de acusado volumen, pesa­
dísimas, ostentan deformaciones arbitrarias, ter­
cera dimensión. Puro expresionismo, lamenta­
ble monotonía en cuanto al color. Aquí la for-

En esta exposición de arte americano, la par­

ma representa, está sirviendo a los temas (que
hasta aparecen escritos en serpentinas, en me­
dio de las figuras).
En síntesis: la forma nada dice como tal, no
se ha deformado para construir; se lia hecho
literatura. Luego, todo está fuera de la plás­
tica.
v
W ILDA BELURA

siLlemente, con todo lo que significa de com ­
placencias e ignorancias irritantes.
A pesar de eso se exponían piezas de verda­
dero interés: objetos populares chilenos, impre­
sionantes fotografías del sur argentino, y sobre
todo dos obras, del gran pintor uruguayo T o­
rres García en quien las reminiscencias indias
encuentran una moderna encarnación. Pero es­
tas obras explosivas se hallaban prudentemente
escondidas por una puerta o bajo una chimenea.
Felizmente la galería Pierre, nos anuncia una
próxima exposición de Torres García y su gru­
po, de la cual con seguridad se puede esperar
mucho.
Verifiquemos una vez más, esperándola, la
vanidad de las manifestaciones de la propagan­
da oficial, equivocadas, costosas e infieles.
AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEXREMOVEDOR

Tall. L.I.G.U.

Cerrito "40

0

IIII II II 11

0

0

0

5

7

6

7

3

�</text>
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Giordano, Luis&#13;
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N1 9
D

i c i e m b r e

1945

Organo

redactado

y editado

exclusivamente por i nt e gr a nt e s del
TALLER

TORRES

-

GARCI A

el ejem plar

�Razón de ser del arle conslruclívo
En la era prehistórica, y tras el primer bal­
buceo del hombre — niño, que tuvo que hacer,
por espacio de millares de años, sus experien­
cias físicas, tuvo que venir un segundo momen­
to. en el que, ya más conciente, se comenzó a
dar cuenta de la relación que existía entre él
y las cosas. Pero, al hacerlo, luego desbordó es­
te propósito (quiero decir, de esa relación con
lo material inmediato I y quiso considerar, más
bien, la relación objetiva de las cosas entre sí y,
sobre todo, dentro del orden cósmico. Puede de­
cirse que, desde este momento, entra en una
verdadera metafísica. Se destaca, entonces, un
sentido moral: ya es un ser vinculado a un or­
den superior. Y este primer hecho, será la pie­
dra angular sobre el que se basará todo el sen­
tido religioso del futuro, en el desarrollo de las
mayores culturas. Y, tal posición, será ya la nor­
mal en el hombre, cada vez que éste desee en­
contrar un equilibrio, que yo llamaría clásico,
y que es fundamental.
Ésta posición del hombre en el mundo (es de­
cir, dentro de una concepción metafísica) es la
que perduró hasta el albor del Renacimiento.
Existía, para ese hombre, un mundo ideal, y
todo lo del bajo mundo físico, debía de rela­
cionarlo con aquel. Existe en el todo, no en la
parte. Por esto, cuanto haga, es, en mayor o
menor escala, transcendental. Está en lo uni­
versal y no en lo particular, en lo eterno y no
en lo temporal, en lo fijo y no en lo pasajero,
en el espíritu y no en la materia. Y' en tal ac­
titud y criterio, pudo crear las mayores obras:
las más elevadas, las más armónicas, las más
profundas, y las más duraderas y bellas.
Yo, pai'ticularmente, no puedo admitir para
el hombre, más que esta posición metafísica,
que, como he dicho, es la clásica y normal, y
que podría'sintetizarse en una sola frase: equili­
brio humano.
Pero, tras esa concepción, tuvo que venir
ot^a, que si bien puede explicarse históricamen­
te, no así en su esencia, o sea en cuanto a su
origen profundo. Y^ entonces, la antigua concep­
ción metafísica, tuvo que ser substituida por
otra totalmente física.

El I r i u n f o
Si señores, el constructivismo ha triunfado.
Pero no os asustéis, la Cámara de Diputados no
decretó que el arte constructivo se constituyera
en arte nacional; la crítica entrada en años si­
gue bucólicamente uncida a su antiguo carga­
mento; y las últimas investigaciones han reve­
lado que ni siquiera el menor de los ministros
se detuvo jamás dos veces frente a un cuadro
de Torres - García.
No señores, el triunfo a que me refiero es
de una índole triunfal que trasciende de vos­
otros y que vosotros no podéis entender, ya que
todo el que la entiende deja de ser quien era,
antes de este supremo entendimiento que im­
plica igualación del entendedor con la cosa
entendida, que significa acción de él en ella y
por ella.
La victoria de que yo hahlo sucedió, en esen­
cia hace ya muchos años; se remonta al primer
cuadro constructivo pintado por Torres - Gar­
cía. Este acto del maestro Torres representó el
triunfo del espíritu sobre la materia o, mejor,
el secuestro de la materia por el espíritu, que
la arrastró hasta sus dominios, que le enseñó su
lengua, y que, uniéndose a ella, la preñó de sig­
nificación.
Vosotros pensaréis que todo esto es divagar
sobre cosas sin importancia y, además, pasadas.
Y o os digo que las tales cosas que no os impor­
tan no tienen, ni pueden tener conjugaciones
pretéritas, pues el artista crea de su lucha con
el tiempo, una objetivación intemporal de su
propia temporalidad trágica, que por su misma
fuerza creadora construye elementos extradra­
máticos que vivirán por siempre como lúcidos
presentes, como resultados de haber asido en
un momento al ser, al propio ser inmomentáneo
y presentísimo.

Desde este momento, ya el hombre no mira
hacia su mundo interno, que es la ruta o cami­
no para encontrar lo universal, sino que quiere
mirar solamente hacia fuera, hacia lo particular:
entonces, pesa, mide, cuenta, analiza, experi­
menta, etc. A la Verdad opone las verdades, a
lo uno lo múltiple, a lo abstracto lo concreto.
Nueva senda que debía conducirle al mundo po­
sitivista de hoy. Es decir, a una subversión to­
tal de valores. Podría decirse que opone al
hombre abstracto, el hombre real. Y por esto,
lo que antes fuera colectividad tórnase indivi­
dualismo.
Con relación al arte, esto determina dos gé­
neros absolutamente distintos: el arte universal,
y el arte particularista, el arte abstracto y el
arte naturalista, el arte del Hombre y el arte
de Pedro o Juan. Entonces: pintura monumen-

REMOVEDOR
Año 1

Redactor Responsable

N° 9

tal planista y pintura de caballete a tres di­
mensiones.
Como he dicho otras veces, ambas pinturas
pueden coexistir en un mismo pintor, según
quiera considerar el universo, o el mundo real
en que habita. Y* está bien que así sea, pues
él mismo está en esas dos plataformas. Además,
que la obra se determina, según el destino que
pretenda dársele: será abstracta, real, bidimensional (planista) simbólica, geométrica, univer­
sal, ordenada, si se la consagra al muro en edi­
ficios públicos, porque tendrá que ser el arte
para todos; y por el contrario, tendrá que ser

naturalista, a base de las tres dimensiones, de
expresión personal y particularista, (si bien ni
descriptiva ni imitativa, sino sintética y cons­
truida con elementos plásticos, y por esto pin­
tura pura, ya que su finalidad se afirmará so­
bre su propia base) y será la pintura para la
casa particular del hombre.
Pero aun hay otra razón para que existan esas
dos pinturas, y hasta que coexistan en cualquier
pintor: y es que. hasta antes de la segunda mitad
del Renacimiento, lo que podemos entender por
pintura a tres dimensiones, dentro del fenóme­
no luminoso con todo el particularismo que es­
to impuso, no existía; nació, podemos decir, en­
tonces, y hoy ¿es que podemos y debemos igno­
rarla? No, por cierto, y más siendo lógico que
exista. Pero, aun así considerando las cosas, a
nosotros artistas de este momento, se nos plan­
tea un problema que no debiéramos eludir: el
de dirigir la conciencia humana hacia los valo­
res universales, por entender que el hombre, y
pese a la moderna y gigantesca concepción fí­
sica del mundo, debe volver al antiguo equili­
brio metafísico.
Lo que acaba de decirse, no supone que tal
arte universalista, tenga que ser descriptivo ni
aun simbólico, y aunque' pretenda mantenerse
en ese equilibrio metafísico; le bastará que, por
su estrdetura, realice esa síntesis; que sea, plás­
ticamente, dentro de sus valores propios, una
equivalencia; es decir, operando, con total in­
dependencia, dentro del plano abstracto del rit­
mo y la geometría. Y aquí debo repetir lo que
ya he dicho otras veces: que tal arte, ha de ir
de la geometría a la naturaleza, y jamás a la
inversa. Por esto, no será nunca descriptivo ni
imitativo, pero tendrá que ser siempre univer­
sal. Emana todo de lo puro, y esto lo Salvaguar­
da de caer en lo anecdótico. Será la obra en su
totalidad, real y objetiva, la que, con su exis­
tencia, afirmará, en su pura finalidad construc­
tiva, la adecuada posición del hombre en el
Universo. Y esto, para todo artista, puede cons­
tituir una nueva fe.
J. Torres - García
Noviembre de 1945.

d el co n stru ctiv ism o
Si he hablado de este triunfo sustancial de
Torres - García, es para que quede bien claro
que cuando me refiera a cualquier otra gloria
será con la conciencia de su índole relativa, apariencial y perecedera. Y’ es así que la estructu­
ración de un cuadro, la composición de una
página musical o la realización de un poema,
traen consigo la infinitud, pues el artista en
ese momento ve la eternidad, y ver la eterni­
dad, tocarla, significa estar ya con toda el alma
clavada en. lo eterno. Esta es la única forma de
inmortalidad, y poco ha de agregarle el durar
en la memoria humana, que el hombre ha de
morirse, que la humanidad ha de morirse y
que la Tierra y sus mundos hermanos morirán,
para vagar por el espacio como duros cadáveres
movidos por fuerzas heladas, sin rastro de arte
ni de vida, sino sólo la pura materia en su per­
fecta soledad. Al artista no ha de importarle
que como dice Lucrecio «la muerte inmortal
arrebate la vida mortal» que es imposible qui­
tar con ella nada de lo que se logró: el acto
inmortal, el «infinito intensivo».
Mas he aquí que esta única forma de inmor­
talidad que se logra en el instante humano — la
vida de la humanidad— y que lo sobrepasa,
mientras dura en el tiempo, todos aquellos que
emplean la exigencia de Empédocles de «divi­
dir bien el Logos, distribuyéndolo bien por las
entrañas», frente a la obra inmortal se inmorta­
lizan también de esta manera.
Considerando además que si bien el momento
del hombre es el que permite la realización del
acto artístico 5- el que regula las condiciones pre­
vias a su aparición, determinando sus caracte­
rísticas externas, el mundo del espíritu a su vez
establece inusitados recodos en el sendero rigu­
roso de nuestro patético animal.

Y es precisamente a los recodos con que To­
rres - García ha dificultado la comodidad de
nuestro camino que va dirigido este artículo.
Es un hecho innegable que el constructivismo
significa un acontecimiento decisivo en el ámbito
espiritual de América y, especialmente, de nues­
tro suelo. Pero, en este respecto, es necesario
aclarar muchas oscuridades y corregir muchas
equivocaciones.
La importancia del constructivismo no radi­
ca en el hecho de que «ésta corrupción de la
plástica» sea, como muchos creen, uno de los
tantos representantes de las últimas etapas evo­
lutivas del arte europeo. No, la posición estética
de Torres - García, no es hija ni tributaria de
Europa, sino que, por el contrario señala una
dirección completamente distinta a las que mar­
can las diversas escuelas del Viejo Mundo. No
pretendemos con esto negar el parentesco que
tiene la obra del maestro Torres, con la mayor
parte de las corrientes estéticas que han cam­
biado el panorama intelectual del mundo, y de
Jas que él es uno de sus más destacados repre­
sentantes. Mas, he aquí que con el constructi­
vismo se plantea una situación completamente
inusitada que proyecta al hombre hacia lo uni­
versal, en un supremo afán de purificación y
de reintegración a los eternos recintos rejuve­
necidos del gran arte colectivo.
Extraordinaria y magnífica paradoja la de
este hombre Torres - García, pues en una época
en que todos los grandes artistas buscan indi­
vidualizarse por el arte, dar lo inédito, lo origi­
nal, lo único, lo propio, él, siguiendo ese mismo
camino individualista que caracteriza nuestro
siglo, y por el sortilegio de una poderosísima
personalidad, arriba a un mundo que desdeña
( Pana

a

la

p á gin a

s ig u ien te)

�"Primitivismo", d e c o r a c ió n m ural
Así como la revalorización de Góngora, jus­
tísimo homenaje al «Cisne cordobés», dio ori­
gen a un neogongorismo, o «pastiche» de lo gongorino. i esto -i enormemente artístico y estéti­
co). la revalorización de la? formas del arte pri­
mitivo y el consiguiente gusto, o boga de lo
primitivo, ha dado lugar a lo que con propie­
dad se ha llamado «primitivismo».
^ ese «Primitivismo», justamente, ha caído
en todos los vicios en que su condición de na­
cimiento le aportaba.
Ha resultado la figuración de las formas ex­
teriores primitivas, y uo, una forma debajo de
la cual se halla como sostén, un proceso de as­
censión. o problema de técnica y desenvolvi­
miento. idéntico al que determinaba a aquella
forma que hoy pretende darse, Icircunstancia
ésta imposible de concitar). Ha sido el aparato
exterior de un organismo desconocido, y ha des­
figurado. como quien copia un sistema de sig­
nos convencionales que no conoce, los caracteres
mas expresivos o auténticos del mismo.
Tal vez la acogedora pendiente del exterior
primitivo ( la nunca bien ponderada «dureza»
del Giotto. la finísima plástica de lo «grotes­
co» africano) hayan sido los cebos más urgen­
tes, para los que tentaron o tientan camino tan
engañoso.
De allí, que de ese difícil simplismo, infor­
mado sin duda por un proceso y una urgente
angustia vitales, no hayan sacado quienes bus­
caron esa referida manera primitiva, sino la du­
reza verdadera y lo grotesco absoluto.

Porque a lo primitivo o arcaico lo define, en
última instancia su lucha con el material, di­
ríamos precisamente el ’ gusto (no meramente
estético o frívolo, sino artesano) del artista por
arrancar al material los acordes que éste con­
cede gratuitamente.
Tan sería así. que en este proceso y. cuando
el material da su última nota propia equipara su
participación en la obra con la del artista que la
produce, se tiene el arte clásico y con él y si­
multáneamente el camino para lo barroco queda
establecido y el material, obligado a dar todas
las posibilidades que prometía, sin poder mostrar
su calidad particular, se encuentra dominado,
si no pervertido.
Así mismo, lo que se define como primitivis­
mo. no sería sino una forma de lo barroco, fal­
sa, no por barroca, sino en tanto en cuanto,
pretende producir artificial, o conscientemente,
formas que no tienen vigencia y a las cuales no
corresponde una realidad.
Porque si Giotto, Ciinabúe, Piero della Francesca, etc., producen una forma auténtica de lo
primitivo, desde que se oponen a un problema
porque enfrentan la dificultad real de la deco­
ración mural, quien quiera reeditarlos o produ­
cir su clima de ellos no produce, seguramente,
sino el traje de un hombre ausente.
De la misma manera, la pintura mural que
se llamó de escuela Mexicana, auténtica en lo
que tenía de artesanado, y equivocada en lo
que no tenía de arquitectura y en lo que tenía
también de cierto primitivismo tiene su expli-

En el mundo hav actores y espectadores. Los primeros son machos; los
segundos son hembras. A éstos se les llama críticos en arte o conductores en
electricidad;

a aquéllos se les llama

en

la

sangre

o

manéenlas

CESAR VALLEJO

e n e l r e l o J -

El t r i u n f o

héroes

de l

consírucíivismo
(V ien e

los particulari?mo? en bien de leyes eternas
que rigen el espíritu y a las que sólo se llega
actuando el sentimiento individual a través de
la suprema razón.
Todas estas aparentes contradicciones se acla­
ran si consideramos que. como él mismo lo afir­
ma y como lo vió bien claro Juan Larrea, To­
rres - García es un místico paradógico de pura
vida, como todo místico, que busca, por el im­
pulso de si mismo, salirse de sí para disolverse
a si propio en una luz impersonal y eterna.
N desde este neo-platonismo pitagórico, per­
seguidor del símbolo vivo, alcanza una forma
plástica que nos personifica frente a Europa, y
que nos salva de su erudita decadencia.
No se piense que yo creo que el arte de To­
rres - García es consecuencia de una determina­
da posición filosófica; opino precisamente lo
contrario: que su filosofía — si es que tiene al­
guna en el riguroso sentido que se le da hoy a
la palabra— ha sido provocada por el universo
artístico por él creado. Es así que toda esa gen­
te que dice que los cuadros del maestro Torres
son magníficos, pero que en tal o cual conside­
ración científica se equivoca, poseen una com­
prensión más que mediocre, ya que es tan pue­
ril exigir de un confrontamiento artístico con
el mundo, resultados racionales, como pedirle a
un místico una explicación de la existencia di­
vina. Así como el místico no tiene una razón
de Dios, sino una vivencia en Dios, el artista no
le pide al mundo razones, sino elementos exis­
tentes para una nueva creación cósmica, trans­
formadora de la realidad.
¿Comprendéis ahora cual es el segundo triun­
fo de Torres - García? Vamos a sintetizarlo en
pocas palabras:
El Torres - García ido a Europa, aprende en
ella, como pocos, toda la sabiduría, los miste­
rios y los virtuosismos de la pintura clásica:
muy joven, aun. busca ya nuevos caminos, en
los que produce obras definitivas. Siente, como
algunos otros artistas la necesidad de arribar a
otro mundo del arte ya anunciado por Cézaane.
Es entonces que Torres-García, se empieza a di-

de

ln

páiriun

a n terior)

ferenciar, poco a poco, del denominador co­
mún de las escuelas europeas que habían des­
arrollado la larva cezanniana con injertos de ar­
te negro. El artista ve ya un panorama genuinamente nuevo, y con ese mundo inédito se vuelve
al Nuevo Mundo, su tierra natal, comprendien­
do que sólo América, puede darle la fuerza ne­
cesaria. a esta maravilla espiritual salvadora
de la plástica.
Y tenemos que el constructivismo, inevitable­
mente afianzado en América, es cada vez más
poderoso, pese a todas las resistencias de los
consabidos y eternos desheredados. Ejemplos de
este triunfo son los elogios de los mejores crí­
ticos americanos y europeos, la admiración de
artistas como Vicente Huidobro, Juan Larrea,
Jules Supervielle, etc., y, sobre todo, el núcleo
de pintores formado por Torres r García, que
pese a la rivalidad de los jurados — Augusto To­
rres, por ejemplo, no ha sido premiado en casi
ninguno de los salones anteriores, y en este úl­
timo es rechazado— es del dominio público que
representan lo mejor de la pintura uruguaya.
Torres - García, además de discípulos, posee
aquí apasionados defensores, entre los cuales
tengo el orgullo de contarme.
Y con respecto a esto de la pasión, que parece
ser un hecho afectivo desdeñado por nuestros
tibios v modositos intelectuales, hasta una per­
sona que creo inteligente, me dijo, cierta vez,
que yo pecaba por exceso de apasionamiento,
atribuyéndole este defecto a mi juventud.
Tal es la condición de la mayor parte de los
individuos cultos de nuestra tierra: falta de
identificación vital con sus creencias, carencia
de amor y de angustia.
Y ésta es una nueva fase del triunfo de To­
rres - García — más apasionado que ninguno—
que supo alentar no la pasión de la juventud,
que es cosa de glándulas, sino la juventud de
la pasión, que es cosa de espíritu.
El L'ruguav le debe y le deberá siempre a
Torres - García, el haber orientado a individuos
que viven el arte y que aman sus amores.
Guido Castillo

cación. ^ es válido para el pintor de hoy, tener
presente, todas las dilatadas experiencias que
lo preceden al producir su obra, pero no le es
lícito, pretender conformar con exterioridades
o apariencias de toda esas vivencias, una obra
duradera v real. Justamente, nuestros improvi­
sado? pintores murales han pretendido tal empresa. Por esa razón hemos visto los proyectos
para las decoraciones murales de la Biblioteca
Nacional, \ verificado que todos ellos son «pri­
mitivistas» y falsos, desposeídos de esencia, aun­
que les reste solamente la trLste virtud que sus
autores no pudieron prever) de encajar con el
proyecto ¡le la Biblioteca, también falso, sin
honradez, ni salud arquitectónica.
Lo? provectos en cuestión, son un producto
fal so barroco, que pretende hacerse pasar por
primitivo v a los cuales no salva ni el conoci­
miento del oficio de sus autores porque éstos
no pueden evidenciarlo.
Lo barroco auténtico se da, así como lo neo­
clásico. como resultado de una exacerbación, o
paroxismo de la tradición técnica; pero cuando
ésta o la línea da evolución fallan, lo que se
produce lio es ni barroco ni neoclásico sino ca­
ricatura.
Tres han sido las direcciones que tomaron
nuestros pintores. Una inclinada hacia la pin­
tura &lt;le fresco italiana: otra hacia la mural, de
apariencia Escuela Mexicana, y la tercera,
que por resultar una mezcla de cosas disími­
les. no tiene ni procedencia determinada — lo
que no importaría— ni dirección ninguna —
(circunstancia ya grave) — y aue permanece
determinada en su monstruosidad.
Y en este caso lamentable, está el proyecto
distinguido con el primer premio, que se sin­
dica por su puerilidad, su descomposición, v
su decorativismo, en medio de otros tantos pro­
yectos no menos tontos, ni menos adbsurdos.
En consecuencia, y vistas estas improvisacio­
nes que demuestran a sus autores confundiendo
el mural con la pintura de caballete, o la deco­
ración fácil o el nunca bastante olvidado «cua­
dro histórico», y que son exactamente lo que
corresponde al estudio de las circunstancias que
las rodean, las cuales hemos tratado de deter­
minar, el problema de la decoración mural, y
sus relaciones con la arquitectura permanece
desconocido para nuestros improvisados pinto­
res murales.
En todos los momentos de la historia del ar­
te, ha sido necesario enfrentar una realidad,
actuar sobre una materia, un problema, y la
pretensión de resolverlo con un contacto apa­
sionado. ha dado esa sutil y divina presencia que
es el arte. De ese contacto, hoy, aquí, es nece­
sario sacar la tónica americana, el entronque
vivo — no la reedición pueril— con la frontalidad y la geometría de las culturas de es­
plendor, todo esto sin olvidar la formidable
experiencia de la desintegración de las formas
cumplidas por el Occidente en crisis, pero que
es quizá la razón más próxima de esta integra­
ción que los pintores deben proponerse. Y que
Torres García y los integrantes del taller han
intentado pintando los murales de la Colonia
Saint Bois, sanísimo entronque con savias del
viejo continente v de este nuevo, y presencias
exactas y definidas, cuya aureola de escándalo
(normal siémpre que el arte, reservado a una
inmensa minoría, se manifiesta masculinamente,
contra o sobre las gentes de por sí estáticas y
pasivas) cuya aureola de escándalo, digo, me
recuerda' ciertas palabras de Valéry.
«Debe reducirse el a rte ... a la diversión de
nuestros semejantes y al manejo de sus almas
sin participación de sus resistencias? La res­
puesta es fá cil.. . Dejadnos caer de entre vues­
tras manos.
Pero algunos no se conforman y se quejan y
tampoco les basta con quejarse... Muy respe­
table es la impaciencia que impulsa a las gentes
a despreciar, a señalar con burlas todo lo que
no comprendan. Defienden como pueden su ho­
nor intelectual; protegen el rostro de sus inte­
ligencias. Me parece notable y casi hermoso que
algunos hombres no sean capaces de imputarse
esa especie de derrota de su espíritu, ni de so­
portarla a solas; tienen que referirla a sus se­
mejantes, como si la abundancia de espejos.. . »
Sarandy Cabrera

�DEL LIBRO " U N I V E R S A L I S M O

CONSTRUCTIVO"

'Tono y Color"
Ordinariamente, hablando de pintura, se ha­
bla. indistintamente, de tonos y de colores: y
aun con más frecuencia de estas últimos. Es que
vale emplear tal lenguaje? Indudablemente no.
Al contrario: conviene muchísimo señalar la
diferencia que va del color al tono. Y tan esen­
cial es, que de ello puede venir el tener o no
concepto verdadero de lo que es la pintura.
Pero ahora no nos vamos a ocupar de eso,
pues ya queda estudiado en otra parte de este
volumen. Pero hay algo con respecto a estos
dos conceptos, que conviene poner en claro, y
es lo que motiva esta lección.
Repitamos aquí lo que hemos dicho otras ve­
ces; el verdadero pintor opera con tonos y no
con colores. Por esto, tratándose de pintura, el
lenguaje correcto sería solamente hablar de
tonos.
Como puede pensarse, no nos mueve a con­
siderar esto, sólo lo que pueda referirse al len­
guaje. Esto nos importa poco. Vamos al concep­
to, que es para nosotros de la mayor importan­
cia. Sobre todo, porque dicha cuestión va liga­
da a un problema de los más interesantes.
Si recorremos el ciclo entero de la pintura:
esto es. yendo desde la copia de la realidad y
tras mil distintos aspectos, hasta la que puede
constituir su última etapa, lógica y normal, po­
dremos ver, que remonta la curva en el sentido
de escapar a la imitación, y, de más en más,
se hace sintética y absoluta. Y que, por este ca­
mino, al fin llega a la abstracción total, y en­
tonces, corta, diríase, con toda representación, y
no queda más que con sus valores esenciales:
el plano de color y la línea. Y' adviértase que
ahora digo el plano de color y que aquí no ha­
blo de tonos.
Llegada la pintura a ese estado de pureza
absoluta (y de esto ya se habla en otro lugar)
cercenando todo aquello que pueda ligarnos al
mundo, tenemos que sentir la angustia de ese
vacío total, y de ahí vendrá el deseo de reinte­
grarse nuevamente a la vida. Pero, al volver a
ella lo haremos en la misma forma que cuan­
do partimos? En modo alguno. Vamos muni­
dos, ahora, de sabias reglas constructivas, de
un concepto abstracto de los valores formales y
de tono. De manera, que si ahora volvemos a
la realidad, es para contemplarla dentro de un
•orden estético. Por esto, desde este momento, ya
no la imitamos. Partiremos de ella o la tomare­
mos por base, pero será para hacer un ordena­
miento. Y así, si volvemos al mundo, es ya en
forma bien distinta v con otro propósito que el
que nos ligó a él cuando partimos.
Pues bien: modernamente, tras esa pureza a
que quiso llevar la pintura, se cometió la enor­
me equivocación de emplear el color en vez del
tono (1). En la más intransigente ortodoxia, se
repudió toda mezcla de colores para darlos ab­
solutamente puros; por esto no se admitieron
más que los tres primarios: el rojo, el amarillo
y el azul — y el negro y el blanco— , Y esta
nueva paleta, que ya no era a base de tonos, se
dijo que era la que correspondía a nuestro tiem­
po (y que toda otra pintura era color sucio del
Renacimiento) y que marcaba un proceso muy
avanzado de evolución. Vemos, en cambio, que
fué un error, pues sin tono no hay pintura.
Debemos confesar, que más de una vez. al
configurar nuestras teorías, llevándolas luego a
la práctica, caímos en ese error, por falta de
(1)

Sería un atonalismo pictórico. (N. del A.).

claro discernimiento en ver, donde había dos
cosas (tono y color), una sola, que se nos pre­
sentaba . en lamentable confusión. Si estuvo
bien, pues (y tratándose de llegar a una nueva
pintura) de desterrar la paleta (esto es, de
mezclar los colores) tenía que pensarse que,
para lograr la armonía, éstos tenían que em­
plearse de acuerdo con una regla bien precisa:
que, en toda composición (y ya procediéndose
por tonos) debía irse, del tono bajo al claro, por
un tono intermedio; y que por tal motivo, si
los colores no debían mezclarse, en cambio de­
bían ponerse a tono: hacerse más claros o más
obscuros, por la sola adición de blanco o de
negro. Así, por ejemplo: rojo fuerte, azul a me­
dio tono, y amarillo claro; azul muy obscuro,
rojo natural, y negro atenuado; blanco agrisado,
negro natural y azul claro. Siempre tres tonos.
Pero hay un punto, en la pintura, que es di­
ficilísimo de deslindar: aquel en el que, de lo
imitativo se pasa a lo plástico, y viceversa. Di­
ríase un matiz, un medio tono, una nada. . . Y
sin embargo, lo es todo. De ahí el que tanta gen­
te se confunda, sean o no pintores, y de ahí
que se valoricen obras, falsamente. Y agrava ese
estado de cosas, el que sea también dificilísimo
explicar eso, sino imposible. Por esto, hay quien
se cree entendido, y está en una ilusión. Y como,
el que sea pintura clara u obscura, nada tiene
que ver con eso; ni el que sea uno u otro es­
tilo (pues dentro de todos es lo mismo) de ahí,
aún, la mayor dificultad para discernir. Pero
en suma, en qué consistiría esa diferencia esen­
cial, que, de tal manera, luego establece esa pro­
funda diferencia en las obras?
He dicho antes, lo imitativo y lo plástico.
Pues bien: si el artista parte de su paleta para
buscar luego la naturaleza, puede ir camino rec­
to para encontrar lo plástico. Pero, si hace el
camino a la inversa, dará con la naturaleza, pe­
ro no con lo plástico, o sea la pintura. Porque,
en el primer caso, pintará, en el segundo imi­
tará. Y esto yo puedo asegurar que es la verdad
más cierta.
De seguirse uno u otro proceso, las obras que
se determinarán serán muv distintas: unas se­
rán naturalista imitativas, las otras, obras de
creación, plásticas; o más corto: de pintura.
Ahora bien: cómo reconoceremos esas obras?

Pues sencillamente: cuando en ellas aparezca en»
primer término la realidad, será una obra infe­
rior, imitativa: y cuando, por el contrario, aparczca la realidad de la pintura ( que es otra rea­
lidad ) la obra será plástica y por esa razón,
buena. Casi una perogrullada...
Pero no lo e?- tanto como a primera vista pue­
da parecer.
Si el pintor no pensó más que en objetos, o en
un paisaje, o en una figura, presto eso se verá
en la obra. Pero, si deja eso aparte, y va a cier­
to sintetismo (y esto no quiere decir una simpli­
ficación sistemática) si ya. lo que se llama ar­
monía, aparece en el cuadro, es porque el pin­
tor procedió por tonos y no por colores, y por
esto, va está en los valores plásticos absolutos.
Tal obra será una obra de pintura.
Con esto nos hemos acercado un poco a lo
que pretendemos explicar. Porque el hecho de
hacer pintura, recae por entero en el pintor; y
el hecho de comprenderla en un individuo que
posea esa intuición. Y esto es algo fatal y por
esto inmodificable. Porque, el pintor, casi sin
darse cuenta, traduce ios aspi'ctos de la realidad
en valores plásticos. Y en vano sería el que­
rer hacer comprender esto a quien no lo sienta.
Por tal razón, ha de haber una mala pintura
para todos los que estén privados de tan mara­
villosa visión. Y es ocioso el disputar.. .
Puso rojo, puso amarillo, puso n e g ro ... pe­
ro, a pesar de que puso lo mismo que otro, la
música no se produce. Suerte de que ese pobre
pintor, no sabe que existe esa música, pues se
desesperaría. Yr esa música es la pintura.
Y esa música, no son las innobles mezclas de
tonos verdosos y violetas, de azules chillones y
amarillos claros, ni los grises de una paleta su­
cia, ni los grises artificiales producidos por gra­
daciones en gamas diversas... Y los que tal
hacen son la gente más equivocada. (1)
J. T. G.
Junio de 1942
(1) Podría aún decirse del tono, y quizá seria lo
más justo, que éste aparece sobre el lienzo, cuando el
pintor siente profundamente (y entonces como tono) un
color junto al otro en singular equilibrio; es decir,
cuando la conciencia llega a la contemplación pura y
ya no es más que el objeto percibido. Es lo que he­
mos llamado abstracto; algo en sí, fuera de lugar y
tiempo. Por esto puede darse cualquier género de pin­
tura. (N. del A.).

Sobre el último Salón Nacional de Pintura
El público conoce ya nuestra opinión sobre

to hacemos extensivas a este Salón las conside­

lo que puede dar la pintura uruguaya si con­

raciones que sobre jurados v expositores emitié­

tinúa por el camino en que va!

ramos en otras oportunidades.

Nunca fuimos críticos de arte, sino actores

Antes de terminar hemos de recalcar dos

en arte; nunca fuimos repartidores de gracias,

hechos. 1° La actitud de los jurados frente a

consejos o culpabilidades, sino atacantes desde

Augusto Torres, que es sin lugar a dudas, el más

el arte y del arte defensores. Se nos retribuyó

destacado representante del «Taller Torres -

con lo que esperábamos y merecíamos: el ánimo

García», arribó a su justo término: antes no lo

ofendido de la mayor parte de nuestros lec­

premiaban, ahora lo rechazaron.

tores.

2® ¡ En el Salón Nacional se expusieron dos de

Por todas estas razones y por que además,

los más puros ejemplos de la obra constructiva

descontando los discípulos del «Taller Torres -

de Torres García! Posiblemente en muv pocas

García», las características diferenciales del res­

partes del mundo incidirán hechos tan paradó-

to

para

gicos, risibles y trágicos como éste. Que el lec­

abajo, nos ahorramos la monotonía de repetir

tor inteligente deduzca cual es esta paradoja, su

las mismas cosas para cada pintor. Por lo tan-

comicidad y su tragedia.

sólo

cuentan

de

TALLERES

la mala

L .I.G .U .

pintura

�</text>
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                    <text>N ‘ 1C
E

n e r o

F

e b r e r o

1946

Organo

redactado

y

editado

exclusivamente por i ntegrantes del

€•05

TALLER

EL

TORRES

GARCIA

EJEMPLAR

�El pueblo ya tiene el arte que desea
He dicho muchas veces, que en cuanto a cul­ moderno. ¿De veras? Xo; ningún burgués
tura artística, tan pueblo era el amo como el cuelga de tales cuadros en sus casas (salvo ex­
criado. Es decir, que generalm ente, ni el uno cepción I ni gusta de oir tales músicas que no
ni el otro entienden de eso, y que les gusta lo entiende, Todo eso, además, le irrita: no
vulgar. Xo vale, pues, en este caso, el separar creen con derecho a tales artistas, de hacer lo
que les dé la gana, En todo caso, perdonarían
a las clases burguesas de las proletarias.
a
artistas, si se hiciesen ric o s... Pero no
Los metidos en cuestiones sociales, cuando es esos
el
caso,
salvo tam bién excepciones.
piden un arte para el pueblo ¿qué piden? Du­
Contra esa irritación de toda esa gente que
do que nadie sepa de que se trata, ni aun ellos.
¿H a existido tal arte; existe? Yo jam ás lo be no se cansa de apedrearnos, allí está Picasso
que nos venga.
visto.
Hace unos días vi, así de paso, una revista
Rectifico: be visto, raram ente, algo que pre­
tende serlo. Algo que no creo que divierta a local, que reproducía algunas de las últimas
ningún proletario, y que. sin entrar en un
plano revolucionario, ya existe hace muchísi­
mos años. . . Quiéranse recordar los llamados
cuadros de género, los obreros en el trabajo,
la miseria en la casa, la m uerte de un acci­
dente, las trágicas escenas del m ar, la m endi­
Redactor Responsable
cidad. las huelgas, el m itin, los motines, etc..
N? 10
etc. Tam bién las duras críticas contra la »ocie- ' Año 2
dad de los ricos. Pero, todo eso ¿no sería la
G uido C astillo
historia de la hum anidad?
Xo pretendo, con esto que digo, ir contra
ningtín arte ni 'artista que de buena fe pre­ obras de ese grande y famoso pintor, expues­
tenda hacer un arte proletario revolucionario. tas en Londres. Llevó allí, en el Victoria and
A lo que voy, es a decir que. el pueblo, ya Albert, una terrible bomba de gran calibre.
Eso de «épater le bourgeois», quedó tamañito.
tiene el arte que desea.
Pero allá fué la indignación, y sobre todo por
¿Acaso un arte anecdótico, im itativo, no le parte de los grandes profesores - pintores, los
satisface? Es evidente. Se encanta ante los pai­ cuales protestaron violentam ente por haber ce­
sajes «al vivo» (y más si son de sitios conoci­ dido el museo «para aquella loca ridiculizados) los buenos retratos que semejen a sus ción de la hum anidad». ¡Bien, Picasso! Se re­
m odelos: los episodios patrio»; los cuadros pitió lo mismo que cuando Manet exhibió sus
costum bristas, las naturalezas m uertas con flo­ obras en París, que sofocó tanto a sus colegas
res y objetos brillantes y finos; el «detalle» lo académicos. ¿Y V agner. cuando estrenó su
sea el trabajo del artista) ; lo expresivo, lo sen­ «Tanhauser» en la Opera, tam bién de París?
tim ental, lo tie rn o ... Todo esto, si el color Esta es vieja historia. Pero hay que aclarar:
está bien unido y el sombreado es perfecto, le no creo que Picasso hiciese esas obras con tal
encanta. ¿Que más, entonces, podrá dársele, propósito, ni las expusiera para producir un
que le emocione, que le baga sentir, que le di­ escándalo. Ningún artista quiere tal cosa. Al
vierta ?
contrario, él las hace pensando que otro las
Y con la m úsica pasa lo mismo: ¿Xo tiene interpretará debidamente.
la música folklórica, en mil variedad de dan­
Recuerdo, que cuando en Barcelona se es­
zas? Las hay cadenciosamente lascivas, senti­ trenó
«Parade», del mismo Picasso y de Setie.
m entales, grotescas, picaras, distinguidas, t«das el público
de la platea (gente toda archiburde ritm o fácil y agradable? ¿Y las óperas (me guesa) al ver
lo que se desarrollaba en el es­
refiero a las clásicas óperas italianas) ¿no cenario, comenzó
a ponerse de pié, y oí a mis
constituyen, para el pueblo, un gran arte?
vecinos que decían: «¡Que tom adura de pe­
Y así. después de la pintura y de la música, lo!» — y estaban indignados. En cambio, allá
encontraríam os lo mismo en la escultura, en arriba, en el quinto piso del teatro, parte del
la literatura, en el cine, y en las artes suntua­ público aplaudía a rabiar.
rias. que son para él, motivo de éxtasis.
£1 arte ni está con los burgueses ni con los
No; dígase lo que se quiera, el pueblo ya proletarios, porque viene del espíritu. Y es en
tiene su arte y sus artistas predilectos, y es tal sentido que se dice que es una creación.
gran tontería quererle fabricar otro exprofeso. Por eso. el mismo Picasso, ante el escándalo
sus obras habían provocado y ante el ju i­
Así pues, ¿a qué pleitos? ¿A qué condenar •que
cio de los pintores - profesores, parece que di­
a los pobres artistas que no gustan al pueblo? jo: «está equivocado el que pretenda explicar
¿X o tienen ya sobrado castigo con esto?
una pintura». Y es cierto. Porque como acaba
Tolstoi mismo, en su famoso alegato. «¿Qué de decirse, ésta siempre se refiere al espíritu,
es el Arte?», dijo, entre otras mil cosas des­ a lo interno, y eso ¿quién podría explicarlo?
acertadas. que el arte tenía que ser, sobre to­
Xo es m irando afuera, que el artista opera,
do, al alcance de la comprensión de las ma­ sino m irando adentro. Los ojos sólo recojen
sas. ¿Es que no quiso ver que. todo esto que datos, con los que el artista, luego, crea su
hemos dicho y tanto y más ya en su tiempo,
Es decir, algo viviente. Pues la vida, en
era aplaudido y celebrado por la generalidad? obra.
la obra de arte, sólo puede venir de allí. Por
Yo no me explico semejante ceguera. Y pienso eso. el a r t e naturalista imitativo, quedará
que los ejemplos que dió. para norma de lo
m uerto. Y después hay el arte falso
que debiera ser el arte verdadero, liarían dor­ siempre
(que
pretende
im itar al arte de creación) y
m ir al pueblo.
que es una ilusión del pintor vulgar, una fan­
Arte burgués, llaman, en cambio, al arte tasía hueca.

REMOVEDOR

En fin: que en el mundo bav arte para to­
dos, y que por tal razón nadie tiene derecho a
quejarse, ni nadie tiene derecho a querer en­
cerrarlo en una única fórmula, ni a orientarlo
en un sentido determ inado. í l ). Pero hay
arte bueno y arte malo. Y de ahí viene la pe­
lea. Porque cada bando defenderá el grado de
verdad que alcanzó.
Apesar de todo c s q , no conviene olvidar lo
que decían los antiguos: «Yox populi, vox
Dci». En el fondo del fondo, tiene razón el ig­
naro. el que no entiende de arte, según sole­
mos decir. Es aquello que reprochaba Marga­
rita a Fausto, cuando pretendía, con sus cap­
ciosos razonamientos, justificarse: «Hablas
cojo, porque no eres cristiano». Habla cojo
Picasso, «nialgré tout».
Primero, porque en su obra últim a, hay alijo
que repugna, por contravenir al arquetipo hu­
mano que todos, más o menos, llevamos en la
m ente; y segundo, porque, apesar de su enor­
me fuerza, manifiesta evidente debilidad, al
recurrir a tal expresionismo para obtener una
libertad que le es necesaria, substrayéndose
así a la responsabilidad, ante un intento de
perfección plástica, de hacer un juego limpio
dentro de un equilibrio lógico, fuese o no geo­
métrico o esquemático (tal. por ejemplo, el
arte negro I ; pues, creo que no existe unidad
en sus creaciones, justam ente a causa de una
falta de identidad entre la forma esa plástica y
el espíritu que la anima. Dentro de la plástica,
no ha creado un ser viviente, viable, autóno­
mo. Y eso puede reprochársele, por ya no to­
m ar el modelo como un mero pretexto (como
debía ser) sino que se mete con él para tritu­
rarlo y atorm entarlo. Pero, si él es eso ¿que
reproche puede hacérsele? ¿Xo nos revela al­
go de muy profundo e inédito? Basta, pues.
Pero, eso no quita fuerza ni valor, a algo uni­
versal, que está por encima de todo, y que su­
fre ante tan desaforada expresión. (2).
Decía Goya: «El sueño de la razón produce
monstruos». Mundo incontrolado, éste de P i­
casso. nos m uestra, por eso, y m ejor que en
ninguno' de sus innum erables modos dentro de
la pintura, el fondo de su personalidad, lo que
él es, y más ampliamente. Picasso en pleno.
Por esto y basta el presente, yo no vacilaría
en decir, que tales expresiones plásticas, son lo
máximo de su creación. Es lo que ya no puede
form ar escuela (como por ejem plo, el Cubis­
mo) pues es algo que emerge de lo más pro­
fundo de su ser. Es una genuina expresión del
moderno romanticismo (por oposición al arte
clásico) y fruto de la exaltación de lo perso­
nal, del superhom bre, del hombre - Dios. Y
que se me perdone si estas consideraciones lian
desbordado el tema que me había impuesto.
J. Torres Garría.
-

Febrero 8 de 1946.

(1) Se dice aquí e-to, en el sentido de que, aparte
del arte bien orientado, deben existir m últiples for­
mas de arte, para dar satisfacción al abigarrado con­
junto social.
(2) En general el público rechaza toda innovación,
pero no m e refiero aqui a ese rechazo que debe de­
plorarse, sino a su repudio por lo contra - natura, por
lo m onstruoso, y que es en donde puede tener razón.

�í FUNDACION ESPIGAS
1 Buenos Aires • /Argentina

platonismo en el arte moderno
Platón dice, en el Filebo, que el bien so
identifica con tres ideas, a su vez entlPe si iden­
tificadas: idea de belleza, idea de medida, e
idea de verdad. Y en El Banquete, expresa
que el amor, que eleva al hombre a la ciencia
suprema entre todas, la ciencia de lo bello, no
tiene como objetivo la belleza misma, sino
crear en la belleza. Y el amor anta engendrar
porque — flaco e indigente, pero «. . . gran
cazad o r... — filosofando incesantemente, en­
cantador. mago y sofista» anda siempre ena­
morado, angustiado y ham briento de inm orta­
lidad. Esta fobia inmortal, hum ana, a la muer­
te. se traduce, en el hombre común, en ganas
carnales que producen hijos de la carne, a su
vez fobiosos. cadavéricos y arrecidos en sus
hambres. En cambio, «los que son fecundos
por el espíritu», vagan «ausentes y presentes»,
absortos en lo amado, hasta que llegan al tér­
mino de sus ansias: el encuentro con la «be­
lleza eterna, increada e im perecedera, exenta
de aumento y de disminución».
¿Qué actitud más propia del artista, que esa
platónica buida de si mismo, a través de la
propia alma, en busca de sus más recónditos
orígenes confundidos con un bien, una ver­
dad y una belleza inmortales e imponderables?
¿Qué más propio del arte que m irar la rea­
lidad como si se la recordara: como si del en­

¿ADONDE

frentam iento con el duro, incoloro, e insí­
pido objeto de todos los días, de todo tiempo y
espacio, -altara, desde el fondo de la reali­
dad. y a través de nuestro propio fondo, un
vivísimo objeto, increado y definitivo?
Es propio, sí. en el artista de todos los tiem­
pos. este particular enfrentarse con la reali­
dad. pues no valen «Las Meninas» por el pa­
rentesco que pudieron tener con las meninas
reales, sino como representación del universo%
estético hacia rl cual Y elazquez estaba pro­
yectado. la hiperurania región de lo suprasen­
sible que sólo el arte puede sensibilizar. Pero
si bien es esta una condición necesaria a todo
hombre de arte sólo en el moderno creador se
convierte, además, en una actitud consciente y
reflexiva. Y de esta conciencia surge la pre­
ocupación por ella misma y sola desechando
los elementos que la disimulan.
De ahí que el artista de hoy expresa su
mundo sin concesiones a la envoltura imperso­
nal de las cosas: de allí tam bién que hoy, más
que en todo tiempo, el hombre de las cosas,
el que es, sin un pesar, una cosa más, se sien­
ta atónito y ofendido como nunca de que lo
obliguen a chocar con elementos en los que
no puede reflejarse y de los cuales le es im­
posible participar.
Y basta ' el propio superrealismo siente en

VA

carne viva las ansias de esta evasión, sólo que
en vez de evadirse de los objetos reales, se
evade de los cotidianos por via de la defor­
mación que es aquí un fin y no una consecuen­
cia de la búsqueda de una armonía escondida.
Y es que el arte busca esa armonía de ob­
jetos. deformados sólo a los ojos de aquel que
quiere encontrar a toda costa, donde no los
hay. sus objetos, los de su vida, los que son él.
Pero lo que hace que el arte choque con la
vida y el m undo de siempre, es que m ientras
la filosofía, el pensamiento, asciende desde lo
cósico a lo entitativo. el arte invade la reali­
dad con el mundo del espíritu: y este irrum ­
pir de lo artístico en lo real es hoy más vio­
lento que nunca, pues en vez de eso artístico
traslucirse en las cosas se opone a ellas, apar­
tado y consigo mismo para siempre.
En la plástica, es indudablem ente en el
constructivismo donde este platonismo, del
que habíamos pensado hablar, se presenta con
mayor nitidez, problema que será el asunto de
un próximo artículo en el que procuraré re­
dim irm e de las oscuridades y lagunas que en
estos inconexos párrafos apresurados — que
deberían ser despaciosos — no he podido evi­
tar.
Guido Castillo.

LA P I N T U R A ?

C o n te sta ció n d el m aestro Jo a q u ín T o rres - G a r c ía a esa p re g u n ta ,
q u e fo rm u la se la R evista " C o n tra p u n to " de
re sp u e sta a p a re c ió en el n ú m ero 6
Aunque baya millones de seres que ven y
distinguen los objetos por sus colores y luz que
ellos toman, los ciegos podrán afirm ar que no
hay tal cosa, sino ese abismo negro y uniforme
en que viven. Porque, en efecto, como decía el
viejo Schopenhauer, nadie puede ver por en­
cima de si mismo. Quieren, por esto, y con­
tra toda evidencia y razón, que el arte vaya
hacia lo tem ático: que esa es la flecha que
marca la debida orientación actualm ente; y
de ahí seguir que el arte deba de ponerse al
servicio de cualquier movimiento revolucio­
nario (los hombres sí, no el arte) y así llevar­
lo a servidumbre. No, y mil veces no: el arte
se afirma en su propia base o deja de ser arte.
Naturalm ente, todo esto tendría que pro­
barlo, pero no dispongo de tiempo para ha­
cerlo y sería interm inable. Doy, pues, sólo mi
opinión, y quien no esté conforme, allá él.
Después de todo, siempre eso es lo m ejor, y
no el discutir, ya que a nada conduce. Y tam ­
poco bav que dar el gusto a la gente que gus­
ta de eso.
No creo que el arte evolucione les decir,
que pase de la vulgaridad en que se encharca,
para llegar a la música y la verdad de lo pro­

(oct. 1945)

B u en o s A ire s. Esta

d e d ic h a p u b lic a c ió n .

fundo) merced a las teorías de filósofos y crí­
ticos, sino sólo únicamente, por la existencia,
en un momento del tiempo, de hombres do­
tados para la creación. Creo que este es el
único pilar sobre el que se sostiene el arte. Pero
a veces un artista escribe —se dirá— y es cier­
to. pero será, o bien para poner en orden sus
propias ideas, o para revolverse indignado
contra falsos artistas y teorizadores que pre­
tenden ser tenidos por creadores o maestros.
Pero dejemos eso.
¿Adonde va la Pintura?
La Pintura, en prim er lugar, no va; viene
en todo caso: viene de la tradición de la bue­
na pintura, de las obras; pero m ejor será de­
cir, que no va ni viene, que se está queda;
firme en su propia base, que es ella misma, y
que existe por la existencia de verdaderos pin­
tores. Los cuales, toman de todo lo que ven, y
por esto, en cada momento, da expresiones dis­
tintas; es decir, que varía en lo externo, pero
no en lo profundo. Y' además, que como el ar­
tista tam bién es un hom bre, da, a través de
ella, v como al descuido (no intencionadam en­
te i sentimientos, emociones y pensamientos,
de hombre. Pero estos llegan a ese ámbito,

donde no hay día ni noche, ni tiempo ni cosa,
muy filtrados, sin que logren turbar la paz
soberana de lo eterno.
Llegar a com prender lo que es la verdadera
pintura, es todo: después, que el artista haga
lo que quiera, pues su norte es él mismo. Pero,
a cierto nivel, todos coinciden (y tiene que ser
lógicamente así ya que contem plan una mis­
ma verdad) y de ahí los movimientos que se
originan. Y así. variando, la Tradición persis­
te. Y" esos movimientos se pretenderán expli­
car (en vanol y catalogar, sin que, tal clasifi­
cación, sirva de gran cosa; al revés, creo que
sirve para enturbiar las cuestiones.
La Pintura, existe y existirá siempre, por­
que siempre habrá espíritus alertas que si un
día ven un cuadro, despiertan y se sienten pin­
tores. Porque, como escribió m uy justam ente
M alraux (y así vale escribir de pintura) vie­
ne la visión y el deseo de pintar, de la vista
de una verdadera pintura; y que el poeta, an­
tes de escribir un verso, pensó en otro verso.
Por esto, es seguro que más aprenderem os en
las obras de Leonardo de Yinci. que en sus
escritos, que dudo que, salvo muy poca cosa
aprovechable, puedan servim os de nada.

�Sobre ciertas inexach'hjdes de Eugenio D’Ors,
con respecto a la obra de Torres - García
En uno de sus últimos l¡l&gt;ros, titulado «Mis
Salones» (Madrid 1945!, Eugenio D’Ors, se
ocupa en apartado especial, de Torres - García.
Y lo hace anotando una circunstancia, en la
ohra del maestro, que no deja de ser en cierta
manera sorprendente, desconcertante V más
que eso, discutible. Así como en Picasso, Eu­
genio D'Ors dio en ver un italianismo, o por
lo menos una lejana raíz italiana, que en ver­
dad no era. según el consenso de los entendi­
dos, sino su más decantado andalucismo, su
auténtico modo gitano; en el caso de la obra
de Torres - García, posterior a sus murales y
pinturas» «neoclásicas», D'Ors dice ver exceso
de orientalismo.
El texto exacto de Engenio D’Ors es el que
sigue: «La juventud de J. Torres - García, buscó
m ejor oriente en Cataluña, para desembocar
algo tardía y marchitamente, en excesos de
orientalismo, que, si bien captados viajeram en­
te en París o en Italia, asiáticos eran por lo es­
casamente figurativo y por lo sobradamente
deshumanizado de su inspiración. Llegó un
día en que la persona cerró la anécdota del
círculo regresando a Montevideo: desde enton­
ces poco supimos de su a r te ... e tc .... (1).
La parrafada tiene, a cada paso conceptos
absolutamente discutibles si no francamente
errados, y lo que en p r i m e r térm ino sor­
prende es la adjetivación (tardía y m archita)
que usa para calificar una época que es tal vez,
dentro de una obra de sorprendente unidad de
espíritu y estilo nada menos que el comienzo
de lo más brillante de la experiencia de To­
rres-G arcía, pintor: su constructivismo.
Quizá la pose paternal con las ideas neoclá­
sicas, adoptada por Eugenio D’Ors con respec­
to al movimiento catalán, el cual en verdad no
se debía a él, porque él era un producto del
movimiento más exactamente, haya determ i­
nado, por una de esas razones regionales o
pueblerinas, la excomunión intelectual de
aquel disidente —que no fué tal— que se lla­
mó Torres - García. Ese prurito, o tal vez re­
flejo, desde luego inconsciente, de los que
quedan, m ientras ven que sus vecinos crecen,
es quizá la razón más próxima del «tardía y
marchitamente» de Eugenio D'Ors.
Si el « tard ía» ... etc., puede explicarse por
las razones antedichas, ver carga de orienta­
lismo i no ya matiz, lo que sería más aceptable,
desde que no es posible regular las asociacio­
nes de ideas de los espectadores de una misma
obra de arte), se me aparece como un error
de perspectiva del escritor catalán. Porque no
creo que sea discutible, la íntima participa­
ción de la obra de Torres - García, en el mo­
vimiento que significaba «Cercle et Carré» de
la prim era época, al cual se referían de ma­
nera inequívoca, 1 o s occidentalísimos Mondrian, Klee y otros que no lo fueron menos.
De tal manera que si la obra de T orres-G ar­
cía está ligada profundamente al espíritu de
la plástica post - cubista, toda de tendencia
francamente apolínea y constructiva, preten­
der ver «orientalismo» en ella, es suponer un
apartam iento exótico de Torres, que aún li­
brado a su personalidad no tuvo lugar, por esa

activa participación del maestro en el arte oc­
cidental y europeo que practicaba.
Y si en alguna corriente tradicional o arcai­
ca podía hacer pensar la obra constructiva de
Torres - García, creo que esa podría ser como
ya se ha dicho mucho y por muchos,— jus­
tam ente la que constituyeron las viejas cultu­
ras americanas.
Y nunca, claro está, en el «orientalismo» de
que habla D’Ors que trae im plícito un concep­
to de sensualidad del cual está lejos la obra
de Torres - García, no por m ayor o menos mé­
rito. sino sencillamente, porque es todo lo con­
trario a lo sensual.
Y en cuanto a lo «escasamente figurativo»
sólo cabe agregar que ese fué. y sigue siendo,
uno de los caracteres más representativos del
arte occidental moderno, y que por la vastedad
de su aparición no debe tomarse, so pena de
pecar de inexactitud como una condición im­
portada o ajena, sino, (todo así lo señala),
como la resultante lógica del proceso de ma­
duración y experiencia que cumplió el arte
del occidente.
Todavía D'Ors a renglón seguido erra más
gravemente, cuando supone, (además de los
orientalismos que señala un tanto despectiva­
mente, porque involucran, para él, parecería
un estado de decadencia), cuando supone di­
go, que Torres, venido a Montevideo, cierra
su círculo.
Torres, en Montevideo se identifica aún
más con sí mismo, y además de producir al­
gunas de sus obras más im portantes, realiza
dos empresas que no tienen igual en toda
América.
Una, es la renovación de un am biente que
no diferirá en mucho con otros tal vez de

más nombre, por medio de- la creación de su
escuela y taller cuya actividad de pintura y
publicaciones determ inarán a plazo no muy
largo, generaciones regidas por un concepto
más claro fie la plástica y con entronque más
vivo, con las culturas de América y la tradición
universal de la pintura, y que no tendría el
interés que tiene, si no estuviese basada en su
obra propia de pintor, que es quizá la más
im portante de América y por lo tanto reflejo
de ella misma.
Y la otra, que aún debiendo estar com pren­
dida en la anterior, escapa por sus especialísimas cualidades a una enum eración total y me­
rece mención separada.
Nos referim os a las decoraciones murales de
la Colonia de Saint - Bois, en Montevideo, que,
aún siendo tan diferentes a las que D’Ors co­
nociese y tantos otros, eir el Salón de San Jor­
ge. o el Ayuntamiento en Barcelona, están
sostenidas por el mismo espíritu de proporción
estructura y pureza, pero liberadas de todo
lastre figurativo y que, referidas solamente a
sí mismas, se gozan en su soledad de cosa pura
No sé si Eugenio D’Ors, que dice saber ac­
tualm ente poco de Torres - García, habrá te ­
nido ya ocasión de ver las reproducciones dr­
ía decoración a que aludíam os y que circulan
en libros recientem ente editados.
Creemos que para arrogarse el derecho de
criticar desde tan alta fama, cuanta es la que
Eugenio D’Ors ha conseguido, es m enester
com plem entar, o cim entar tal libertad, en la
inexcusable obligación de llegar más cautelo­
samente a obras de tan fino espíritu y tan de­
cantada presencia, cual son las obras del maes­
tro Torres.
Sarandy Cabrera.

(1) El subrayado es mío.
TALLERES L.I.G.U.
AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX:REMOVEDOR

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Torres García, Joaquín&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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                    <text>WLY^TA PELTAUÜKTORPES6ARC/A -A6AYÜSA 2763.-UTE 2S42J MonTEVIPEO

N\ 14
A G O . - SET. - O C T . 1946

Or gano r e d a c t a d o y e d i t a d o
exclusivamente por integrantes del
T. ALLER T O R R E S - G A R C I A

0.25
EL E J E M P L A R

�REMOVEDOR
REVISTA DEL TALLER TORRES-GARCIA.

AÑO 2.

N9 14

Redactor Responsable: GUIDO CASTILLO

S U M A R I O

Pág.
..............................................................................

1
1

J. T O R R ES G A R C IA . Nuestro Problema de arte en A m é r ic a .....................

2

G U ID O C A STIL LO . Torres - García y el arte Moderno....................................
EX PO SIC IO N E S DEL T A L L E R
PIE R R E LO EB . Carta de París

...............................................................................

S A R A N D Y C A B R E R A . Edgardo Ribeiro

............................................................

7
7

J. T O R R ES G A R C IA , de Murales Norteamericanos .....................................

7

S A R A N D Y C A B R E R A . Originalidad e invención

8

.........................................

ILUSTRACIONES

Horacio

Torres

...................................................................................................................

Pág.
2

Francisco Matto Vilaró ....................................................................................................

3

Gonzalo F o n s e c a ...............................................................................

3
3
4
4
4
5
5
5
6
6
6

J. Uruguay Alpuy ...............................................................................................................
J. Uruguay A l p u y .................................................................................................................
Elsa Andrada ....................................................................
Gonzalo Fonseca

.................................................................................................................

Augusto Torres ......................................................................................................................
Jonio Montiel ...................................................................................- ..................................
Francisco Matto V i l a r ó ......... ...........................................................................................
Horacio T o r r e s ......................................................................................................................
Jonio Montiel .......................................................................................................................
Augusto T o r r e s .....................................................................................................................

NUMERO ESP EC IA L • Ago. - Set. - Oct. 1946
T o d a s la s p in tu ra s que a p a re c e n re p ro d u cid a s en e ste núm ero e sp e cia l de R EM O V ED O R ,
se rá n

e x p u e sta s

en la g a le ría

de

P ie rre

Loeb

en la

Rué Seine de

P arís.

Se

envían

a cce d ie n d o a l pedido hecho por dicho m arch an d de a rte en su c a rta , que tam bién se
in se rta en e ste núm ero.

�T o r r e s - G a r c ía y el Arre M oderno
espíritu con que Torres-García enfrenta al arte

Podemos, un tanto arbitrariamente, dividir

no solo no es asimilable al espíritu contemporá­

de

neo sino que es antagónico a él.

conceptos y de procedimientos, de particulari­

en dos especies el género de los hombres ex­

El arte moderno tiene mucho de puro esteti

traordinarios:

los artistas

modernos?

dades susceptibles

Lina cantidad

de

de regocijarse con ellas.

cismo, de valoración estrictamente formal, pa

¿Qué le dió la tradición a Torres-García? Le

se da la segunda, es la de aquellos que per­

radójicamente unidas al ansia de dar el espec­

dió la esencia misma del espíritu, la concien­

siguen y obtienen cierto orden de cosas ajenas

táculo de la más concreta individualidad. Estos

cia de que hay una manera, de tratarse eon

al orden común y a esos vulgares sistemas de

caracteres cuando se exageran

lo eterno que se llama arte.

persecución como son el dinero, las Socieda­

significación artística, y es así que el neo-plas-

des Anónimas, las Academias, Jas técnicas, la

ticismo no

erudición y la propia inteligencia.

creación porque es casi una pura técnica, una

tad con el tiempo le ha enseñado un sinnú­
mero de útiles artimañas entre ellas el reeo-

La más común y primaria, y sin la cual no

•

¿Qué le dió la tradición a la gran mayoría

Torres-García es un hombre extraordinario.

dejan de tener

es arte, porque no es verdadera

El hombre es un animal que además de ha­
cer historia, sabe historia; y su vieja enemis­

A esta especie de seres extraordinarios la be

manera, un método dirigido a eliminar del ar­

llamado, paradójicamente, común, porque sus

te todo aquello que por definición no pertene­

írer minuciosamente los campos de batalla de

individuos, si bien extraños con relación al fa­

ce al arte y, como todo método eliminativo con­

sus múltiples derrotas: Esto complica mucho

moso hombre vulgar — extrañeza que se agu­

vertido en sistema, lo ha eliminado todo sin ob­

la comprensión de las cosas, pues si bien el

diza si comparamos, no ya los integrantes de

tener nada mas que la pulcritud de una casi na­

tiempo presente del hombre — el que él gus­

uno y otro orden, sino los objetos de uno y

da. El superrealismo, que se ha convertido en

ta y calcula como todo su presente— no varía,

otro mundo— son bastante comprensibles para

una especie de Academia de tenues y lógicos

es por el contrario, cada vez más intensa su

una mente culta y un espíritu profundo que

absurdos, ha introducido la fórmula de la ori­

memoria y mas minuciosas su sabiduría y uti­

puede asimilarlos, por ejemplo, a la peculiar

ginalidad y la oportunidad para que el Gran

lización del tiempo pasado: Y si desde un mul­

manera con que una época siente y piensa el

Bobo mezcle la estética con el psico-análisis e

to de vista, se puede juzgar el presente de un

universo. Desde este punto de vista, podemos

intente reconstruir, por el indicio de un cuadro

ser por el espíritu con que se sirve del pasa­

comprender al pintor Holbein, al músico Co-

o de un poema, todas las incidencias del com­

do con que ese «ser que es» convive con lo

relli y al poeta Ronsard dentro de sus respec­

bate entre el inconsciente y el super-yo. Los

que ha sido, veremos

tivos pueblos y tiempos.

que

poquísimos

artis­

mismos superrealistas confiesan que el arte na­

tas han tenido una tan clara y profunda vi­

Tenemos después la especie de los extraor­

da les importa, por lo tanto no nos importemos

sión del arte pretérito como Toires-García, vi­

dinarios en todo trance, aún en el trance de

nosotros de ellos y dejemos para los curiosos

sión que no es gustillo por alguna amable pe­

ser sometidos a análisis extraordinarios. A ella

de cuitas ajenas las confidencias de sus super
realidades.

to adulto con lo eterno, ambientación con el

pertenecen aquellos cuya historia verídica se

culiaridad o procedimiento delicado sino tra
clima de lo universal.

resiste a las historias, y frente a los cuales

No intento negar que el arte moderno es uno

nuestra imaginación elige, más gustosa y efi­

de los acontecimientos fundamentales de la his­

Antes de terminar con la fijación de estas

cazmente, el camino de la leyenda que el del

toria de la cultura sino señalar su falta de ver­

ideas, que por lo inconexas son — como po­

dadero espíritu creador, su frecuente superfi­

dría decir Platón—

cialidad, su desprecio por el saber, por el esca­

quiero dejar bien claro que en esta crítica,

análisis científico.
Mi razón, mi amor y mis ganas de ello, me
lian llevado a creer y a intentar demostrar que
Torres-García pertenece a esta segunda y má­
xima clase de hombres extraordinarios.
Lo frecuente es que se trate lo extraordina­

nada más que opiniones,

lamiento trabajoso hacia el objeto perseguido

absolutamente parcial, contra la modernidad,

y. en síntesis, su prejuicio de modernismo, su

no hay alusión a ésta o aquélla individuali­

r.o darse cuenta de que si la originalidad es bien

dad, sino a ciertos aspectos del espíritu mo­

rara, la rareza no es nada original.

derno y, en lo que se refiere al neo-plasticis-

rio con un método común, lo adecuado es que

Torres-García, es uno de los artistas más re­

mo y al superrealismo, no condeno a éste o

se trate lo extraordinario con un método ex­

presentativos del arte moderno, pero es tam­

aquél neo-plasticista o superrealista ni niego

traordinario;

lo extraordinario es que se lo

bién uno de los más formidables adversarios

su importancia — especialmente la del prime­

trate, a sabiendas, con un método en aparien­

del temperamento de la modernidad. Cuando

cias ordinario. Por eso yo voy a procurar se­

Torres-García pronuncia las palabras arte mo­

ro— como m o v im ien to s estéticos, sino que re­
chazo sus p o sicio n es teóricas.

ñalar, con simples indicaciones, lo valiosamen­

derno, hay otras palabras que se apresuran en

Hasta aquí solo he querido indicar que To­

te extraños que son algunos actos del hombre
Torres-García.

su lengua y que triunfan en ella. Palabras que

rres-García es un hombre extraordinario den­

atraviesan

tro del ambiente de la modernidad. Este es

El hombre Torres-García, hace pintura, hace
arte; su vida, por ende, es arrebatada por una
serie de hechos, que no pagan nada en moneda
material reluciente y beneficiosa.
Si por un momento pensamos concienzuda
y saludablemente, en la significación de una
vida que vive entre colores y formas en vez
de vivir entre cosas sólidas y útiles, entre soni­
dos que sólo saben sonar en vez de decirnos co­
sas provechosas, entre palabras arrancadas de
su función natural, entre personajes y no entre
personas, trabajando, en fin, para ideas que no
trabajan para nada tangible, llegamos a la con­

el

tiempo,

que

luchan

contra

el

tiempo sedientas de quemarse en llamas in­

un hecho en el que creo con todas mis fuer­

mortales. Arte moderno sí, pero arte eterno.
Arte de hoy sí, pero arte de siempre, o para

zas. Pero, este hecho me plantea un serio pro­
blema :

decirlo con palabras de Unamuno «N o moder­
nismo sino eternismo».

casi todas las épocas el poseer hombres extra­

Torres-García sabe muy bien que todas las

ordinarios, frente a los cuales toda norma es

¿Cuál es la raíz « t a l de que sea norma de

pinturas, todas las poesías, todas las músicas

inadecuada,

particulares, deben ser coeternos con el arte

una extraña realidad, escondida e inaccesible,

convencional

y

torpe?

¿Existe

mismo, por eso su pintura es tínica dentro la

que se goza introduciéndose en nuestra reali­

pintura contemporánea, siendo su soledad una

dad para desbaratarnos la cómoda ordenación

persecución constante

de la universalidad, y

del mundo? Y si es así, ¿qué travesura cós­

un constante mirar con los ojos del alma el

mica ha traído a Torres-García a esta tranqui­

mundo de las formas, el universo inventado
por la hombría del hombre.

la villa del mundo para endemoniarnos el al­

clusión de que no hay manera más absurda y

ma?

G U ID O CASTILLO.

ofensiva de agredir los fueros de la animalidad.
Pero esta clase de seres extraños están a su
manera entonados en el conjunto de una época —

historia, como un buen cuadro, se ha

ce por medio de tonos y no de colores— y el
arte de cada individuo es una inmersión más o
menos profunda, en el aire espiritual de cada
momento histórico.

E x p o s i c i o n e s del T a l l e r
Se realizó (Agosto) en la galería V IA U en

lón. El local del centro está situado en Plaza

gusto Torres, Julio

\ idiella 5616. Puede visitarse de 16 y 30 a
22 horas.

Uruguay

Alpuv,

Gonzalo

Fonseca y Horacio Torres.

1 así las obras de la mayoría de los artistas

Se anunciarán en breve dos Exposiciones en

modernos poseen características bastante comu­

Acaba de clausurarse (Setiembre) en Amigos

nes que constituyen lo que llamamos arte mo­
derno.

del Arte, la exposición Augusto Torres-Alceo
Ribeiro.

son esenciales y : lo que es más importante el

gran escala, del Taller Torres-García.
Una de los integrantes del grupo, en un lo­
cal a indicarse, que agrupará pintura y arte

La pintura de Torres-García posee mucha; de
esas características pero muv pocas de ellas le

Cultural y Biblioteca Popular Artigas de Co­

Buenos Aires, una exposición de obras de A u ­

constructivo.
Actualmente puede visitarse Ja 34? Exposi­
ción del Taller Torres-García

en

el

Centro

Otra, retrospectiva del maestro Torres, que
abarcará todas las épocas de su actividad.

i

�al pintor verdadero. Finalmente, hay los snobs.
Y

de éstos podría decirse

! ya que a pintor

snob, corresponde un público semejante)

que

centre bobos anda el juego’. Y entre ellos to­
do es engaño y simulación. Y' todos hablan de
arte. ¿Cómo entenderse en esta Babel? Pero
entre el público, por suerte, ya hay quien ve
claro.
Es, pues (y eso en todos los terrenos), cues­
tión primordial, estar en lo a bstra cto. Y si se
mira a la pintura, será: ser o n o ser p in tor.
Tal concepto, sobre el que nos hemos exten­
dido tanto, por ser fundamental, quizás a v e ­
ces, es co m p ren d id o en la letra ; pero, ¿cuántos lo habrán asimilado en su verd a d real, y
entonces haciéndoselo suyo? Y esto nada quie­
re decir, con respecto a ser más o menos inte­
ligente; pues lo que hay es que, sin una ela b o­
ra ción in tern a , que, paulatina y calladamente
debe verificarse, no es posible llegar a tal com­
prensión. Pero, afórrense todos a esta idea: q u e
la p in tu ra p ico ta

toda ella en

los elem en to s

a bstra ctos y no en la imitación; que, con la
observación de un lado, con la práctica de otro,
por fin, con el estudio de las obras de los
maestros, sin duda llegarán a la deseada com­
prensión y claridad. Y

dejen de lado a los

que aún n o v e n ; dejen que vivan de sus ilu­
siones; no quieran sacarles del engaño en que
están, pues son gente incurable, y lo son por
su mucha petulancia. Además, muchos de esos
ciegos han ejercido la crítica más de una vez,
o han presidido jurados, o han sido premiados
en concursos, ¿y ahora podrán pensar que to­
do aquello fué pura falsedad?) Además, todo
aquello es a su ta m a ñ o; y, la pintura, la divi­
H O R A C IO TO RR ES

na pintura, jam ás sus o jo s la verán, y aunque
la tengan a un palmo de sus narices.

NUESTRO PROBLEMA
DE ARTE EN AMERICA
LECCION VI DEL CICLO DE CONFERENCIAS DICTADO EN LA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE MONTEVIDEO

por J O A Q U I N

Toda esa familia constituye un reino, que
no es el nuestro; se premian, se alaban, se fe­
licitan, se admiran. Son gente toda de peso.
No vayamos nunca a esa ciudad, vivamos en
nuestra modesta aldea.
Fijado ese concepto de a bstra cción , que nun­
ca se sentirá y sabrá bastante, recordemos otro,
tan básico y fundamental como ese; o sea el
de la separación de la pintura de caballete (en
nuestro éaso la pintura pura)
la gran decoración mural

del otro arte,

(y en este caso el

a rte con stru ctiv o, por ser la teoría más avan­

TORRES - G ARCI A

zada en tal pintura y más de acuerdo con el

zaron llegar nunca los pintores mediocres. De

tiempo presente), cosas todas que estudiamos

Puede, un pintor, suscitar la vida en una tela

ahí que piensen que toda pintura n o

en las lecciones precedentes. Me parece, pues,

o en una pared, lite r a r ia m e n te : es el lugar c o ­

así c o m o la d e e llo s

Todo tiende a la vida; también la pintura.

h ech a

(vulgar y literaria), sea

que no debemos volver sobre todo ello. En

m ún d e la p in tu r a ; y es el punto de arribo, ha­

ex tra va g a n te. Pero ya lo dijo el filósofo: «N a­

cambio, algo tanto o más importante que eso,

biéndolo sido de partida, de la innumerable

die puede ver por encima de sí mismo».

tratam os en la última lección: me refiero al
arte de América.

familia de pintores de todos los tiempos.
Pues bien, el avance moderno, consistió, an­

Tal c o n c e p to im ita tiv o de la pintura, es el
concepto g en era l del público. Por esto, le otor­

te todo, en salir de ese estado primario, des­

gará todos sus sufragios. Porque el público,

criptivo e

en cualquier terreno, tie n e

Quedó eso sólo esbozado. Ahora vamos a
ampliarlo y profundizarlo.

h o r r o r a lo abs­

Me referiré, para hallar fundamento, a co­

para elevarse a lo a b stra cto. Y ustedes ya sa­

tra cto. De ahí, que cuanto más se eleve un ar­

sas en sí vulgares, pero que tienen significa­

ben lo que yo entiendo por tal.

tista

ción y que van a servirme para desarrollar mi

imitativo — llamémosle

literario—

Pues bien: la vid a sim ulada en la pintura

(siempre en el sentido

de ir hacia lo

a b s tr a c to ) , menos público tendrá.

tesis.

A veces he oído quejarse a buenos artistas,

En los tiempos en que el mundo estaba en

de un

diciendo que el público n o se in teresa p o r e l

paz, antes de 1900, es decir, antes de las dos

campo o del mar. de una figura o de una es­

arte. Aquí hay un mal entendido: no se in­

grandes catástrofes que luego lo han sacudido

cena, es r e f l e jo d e vida, que es m u erte. Por­

teresa, si el arte que se le da no es litera rio

— todo— , todo con respecto a lo de ahora, se

que la única vida posible en una obra plásti­

d e s c r ip tiv o ;

es decir, si es un arte que pre­

hacía p rim itiv a m en te; es decir, que había una

ca, es la que se suscita por los e le m e n to s abs­

tenda desplazarlo de la realidad en que está;

m ora l p rim itiva

tractos, los cuales por su in trín seca v irtu d p r o ­

porque él quiere que la vida que vive, se pro­

o honradez);

pia, entran en ju ego; y, tal juego (que es vida

longue en la m ism a fo rm a , desde el marco del

(quiere decir d e verd a d y no de m entira), y

efectiva), es el que crea la m u sicalidad d e la

cuadro para adentro; o bien que despierte en

así hasta la política; y como los demás, oficios

o b ra (la arm onía), y, al mismo tiempo, la lu z

él sentimientos y emociones, c o m o las q u e e x ­

y pequeñas industrias domésticas, y también la

p ro p ia d e l cu a d ro, que ya no es la luz simu­

p erim en ta en co n ta c to co n sus sem eja n tes. Pe­

gran

entonces, lo rep resen ta d o , por

ro, cierta gente que se pica d e te n e r cu ltu ra,

Alemania, que, ya entonces, podríamos decir

virtud de esos elementos, que lian creado esa

quiere otro juego: in telectu a lism o , p oesía . Y

que falsificaba

se deleita con cualquier invención, producto de

industria q u e apuntaba.

corriente, la apariencia de luces y sombras, de
profundidad,

lada en él. Y

así

como

la

apariencia

música en la obra, adquieren una singular vi­

(quiere decir más honestidad

más, todo como debía hacerse

industria,

excepción

hecha,

sus productos:

era

quizás,

de

la fu tu ra

tenido en una obra

una teoría ingenua o de una seudo creación

Pues bien; debido a eso ,el vino, el pan, las

imitativa. Pero, está claro, ya éste, es un con­

poética, que suele ser una vulgaridad imagi­

telas, el papel, el chocolate o el queso, eran

cepto superior de la pintura al que no alcan­

nativa. Y así, unos y otros, miran con desdén

p ro d u cio s naturales. Sabían a lo que eran; se

da que jamás hubieran

2

i

�estaba en una verdad. Y así supe yo. &gt; ahora
me felicito, lo que era todo aquello \ que ya
no es más.
La "ente venida aquí de sus pueblos, aún lo
recuerda, lo comenta y añora la patria. Y di­
ce: ¡qu é aceite, qué vino, qué jam ón ! Y com ­
parado con lo que aquí tenemos, dice no va­
ler nada.
Esto obedece a muchas causas: pero, indu­
dablemente. lo d o (iq u e llo a q u í tra sp la n ta d o, \ a
no es ni sombra de lo que era allí. Y al decira q u í, cjuiero decir en tod a A m é r ic a .
Recuerdo que en Nueva York. por todas par­
tes se podían comprar m anzanas gig a n tes d e
pero, todo era apariencia:

C a lifo r n ia :

bor ni olor tenían.

En

cambio,

en

ni sa­
España,

manzanas basta chiquitas y sin apariencia, te­
nían un sabor exquisito; y tal era su perfume,
(¡lie basta las amas de casa las ponían en el
i opero, para perfumar la ropa.

(Y

perdonen

si entro en detalles tales).
Pues b ien : cuando se oye h a b la r a qu í, e n tr e
n o so tro s, a un español, y sea andaluz o caste­
llan o; o a un italiano, sea piamontés o napo­
litano, puede notarse como pa la d ea y p r o n u n ­
cia las p a la bra s, como las gu sta, podría decirse.
Que es lo mismo que encontráramos, al beber
un buen vaso de vino natural, o al abrir un
melón valenciano; todo era g e n u in o y no im­
portado.

Y

del

mismo

modo, un neoyorkino

oirá a un inglés. Confieso que me avergüenza
tratar, en esta cátedra, de semejantes cosas;
pero hay que hacerlo).
Ahora

b ien:

¿hay

algo, en

que no baya sido im p o r ta d o ?

toda América,
Muy pocas co­

sas. Y los h o m b r e s ta m b ié n . T r a s p la n te : todo
aquí es eso. Y no vale ya el origen de cada
uno. sea francés, italiano, ruso, español, inglés,
etc.; a la p rim era g en e r a c ió n ya es otra cosa .
Y.

¿es genuino de aquí, entonce. N o :

io ge­

nuino es el in d io . Y esto, en toda América es
lo mismo.
Pues bien: no siendo, el descendiente de los
países d e l I i e j o

M undo, un europeo: ni sien­

do, tampoco, por otro lado, de la raza autóc­
tona. ¿qué es? Es un c r io l lo ;

que puede ser

latino, anglo sajón, asiático o africano. Somos
el b r o n c e , como se nos lia definido: es decir,
un m eta l d e a le a c ió n . I na mezcla de todas las
razas. Somos, pues, b io ló g ic a m e n te in te r n a c io ­
n a les. Por esto, cuando estábamos en

Nueva

Y ork. se me ocurrió y escribí, que aquello era
un barco

internacional,

con

bandera

G O N Z A L O FONSECA

ameri­

cana. Y nosotros seríamos lo mismo, con ban­
dera uruguaya. Sobre lo genuino de América,
sobre lo autóctono, se lia formado una civili­
zación « siií g é n e r is » , que es la nuestra, la d e
esta n u ev a raza c rio lla . Y en todo se ve que
somos esa fu sió n d e razas, despegados de añe­
jas tradiciones, con más amplitud de criterio.
&gt; ya. ahora, con c o s tu m b r e s p ro p ia s bien de­
finidas. S om os los in te m a c io n a lis ta s p o r a n to ­
n om asia.
No tenemos, ¡mes. el lastre de antiguas tra­
diciones ni de costumbres: y si cualquier pue­
blo americano se lia forjado una pequeña tra­
dición. esa.

sin

e n v e je c e r ,

desapareciendo. L o
s o en

el m undo

que

ya vemos que va

c o n s titu y e e l p r o g r e ­

va b a r r ie n d o co n

to d o e s o :

' pese a n ativistas y fo lk lo r is ta s . Y eso en to­
do orden de cosas.
Viene

lo

internacional,

y

decimos

«¡b ie n

i enid o !» Es que estamos en ese espíritu. Por
naturaleza cornos p rog resista s y no rutinarios.
Tero, hay en esto una fa lla , y vamos a verlo.
Algo que se nutre con las esencias de la tie­
rra. n os fa lta . Pusimos lo im p o r ta d o

encima

de la tierra, como encima de un pavimento de
horm igón; y

al

hombre

también.

Nos

falta

la raíz. Después, por eso. faltará el sabor. Qui-

J. I RUGI YY ALPi Y

3

�m

f

zás con siglos se consiga. Tenemos que confe­
sar que. en cuanto a verdadera substancia es­
tamos en

la famosa manzana

de

California.

Estamos en lo aparencial, en la costra. ¿Podrá
por eso. tener substancia el arte? No la tiene
aún nada. Será

inútil

buscarlo

en

cualquier

orden de cosas. ¿Entonces]
La solución del problema, a mi entender,
está en partir tic lo q u e som os, v no en emular
lo que se hizo y se hace en los pueblos del
A iejo Mundo. ¿Somos por esencia intemacio­
nalistas? Pues, hagamos eso. Quizás, Walt \\ itman, fue el primero en adoptar tal actitud; e
hizo bien. A o. por el momento, no veo mejor
ejemplo.
¿Qué debemos hacer frente al arte de Euro­
pa? No imitarlo; no quererlo copiar, pero, en
cambio, estu d ia rlo. ¿Y

para (pié?

Seamos ahora bien concretos. No digamos,
el a rte m o d ern o de Europa, por ejem plo; di­
gamos tal o cual pintor o pintura; tal o cual
movimiento. Estudiemos a los maestros impre­
sionistas;

lleguemos a la esencia de su arte.

Hagamos lo mismo con los cubistas. Pero o lv i­
d em os sus ¡tinturas. Es decir: al revés de lo
i . U R U G U A Y ALPUY

que se ha hecho: que ha sido imitar la obra
sin comprender su esencia y su estructura. Y
en posesión de la teoría, trabajemos, en todo
caso, frente a lo real.

Porque,

hasta ahora,

sólo se han hecho manzanas de California, y
aún no muy lozanas.
Podrá hacerse eso que digo: estudiar lo que
propiamente sea arte, o fic io , la teoría . Porque,
así como en todas las épocas se han estudia­
do otros artistas más antiguos, con el fin de
saber cosas d e a rte, cosas d el o fic io , procedi­
mientos y hasta trucos, ahora también debe­
mos y podemos hacerlo, pero entonces, para
hacer otra
cu estión .

cosa.

Y a qu í está e l n u d o d e

la

Sea el que fuere, ningún arte, si n o v ien e
d eterm in a d o

p o r su

base, no será jamás un

arte fuerte; pues esa base, lo ha de determi­
nar. Y

bien:

nosotros, p rogresistas,

in tem a cion a lista s,

¿qué

debemos

nosotros

hacer?

La

respuesta está dada: to d o lo d e l m u n do, q u e
venga en tal sen tid o. ¡L o n u e v o !

A entonces,

con las reglas (pie habremos aprendido, con—
truvamos, configuremos una obra también nue­
va; nueva c o m o to d o lo n u ev o q u e llega has­
ta n osotros.
Y ahora, invito a que cada cual piense, si
ELSA A A D R A D A

es pintor, en la obra que haya hecho, y vea
si consuena

con

eso

nuevo, sin

acabo de señalar. Y verá

patria, que

(y de esto no hay

duda), cuánto plagio (voluntario o n o ), cuán­
ta cosa vieja; y. en cambio, ¡qué pocas obras
n uevas, limpias de imitación y de vejez! Po­
cas, pero, por suerte, ¡y a las h a y !
Han

creído

muchos, locura

lo

del

«Saint

B ois»; y no han visto que allí está, a no dudar,
e l p u n to d e partida. Las reglas constructivas,
los colores fuertes, la sonoridad y el espíritu
de hoy. Y o. desde aquí, felicito a los jóvenes
que siguieron mis consejos, y también a los
(pie permitieron tal realización, y a los ami­
gos que nos sostuvieron y animaron.
Pero si no tenemos que hacer el arte mi­
rando a Europa

I puesto que no somos euro­

p eos), tampoco debemos

hacer el arte indí­

gena l puesto que no somos indios) ; pero, en
cambio, como el otro arte, el de Europa, estu ­
d ia rlo. Lo que en él aprendamos, aún puede
llevarnos más lejos que el arte moderno: pue­
de llevarnos al a rte u n iv ersa l; pero entonces,
con colores de hoy, sabor y vida de hoy, pe­
ro va en lo cósm ico. Tomando de su sabia y
profunda teogonia: Sol, Tierra, Hombre. Y con
ese espíritu fué hecho el Monumento del Par­
G O N Z A L O FONSECA

4

que Rodó.

�zás con siglos se consiga. Tenemos que confe­
sar que. en cuanto a verdadera substancia es­
tamos en

la famosa

manzana

de California.

Estamos en lo aparencial, en la costra. ¿Podrá
por eso. tener substancia el arte? No la tiene
aún nada. Será

inútil

buscarlo

en

cualquier

orden de cosas. ¿Entonces]
La solución del problema, a mi entender,
está en partir d e lo q u e som os, y no en emular
lo que se hizo \ se hace en los pueblos del
\ iejo Mundo. ¿Somos por esencia intemacio­
nalistas? Pue:. hagamos eso. Quizás, Walt \\ itman, fue el primero en adoptar tal actitud; e
hizo bien. ^ o. por el momento, no veo mejor
ejemplo.
¿Qué debemos hacer frente al arte de Euro­
pa? No imitarlo: no quererlo copiar, pero, en
cambio, estu d ia rlo. ¿^

para qué?

Seamos ahora bien concretos.

No

digamos,

el a rte m o d ern o de Europa, por ejem plo; di­
gamos tal o cual pintor o pintura; tal o cual
movimiento. Estudiemos a los maestros impre­
sionistas; lleguemos a la esencia de su arte.
Hagamos lo mismo con los cubistas. Pero o lv i­
d em os sus ¡unturas. Es decir: al revés de lo
J. U R U G U A Y ALPUY

que se lia hecho: que ha sido imitar la obra
sin comprender su esencia y su estructura. Y
en posesión de la teoría, trabajemos, en todo
caso, frente a lo real. Porque,

hasta ahora,

sólo se han hecho manzanas de California, y
aún no muy lozanas.
Podrá hacerse eso que digo: estudiar lo que
propiamente sea arte, o fic io , la teoría . Porque,
así como en todas las épocas se han estudia­
do otros artistas más antiguos, con el fin de
saber cosas d e arte, cosas d el o fic io , procedi­
mientos y hasta trucos, ahora también debemos y podemos hacerlo, pero entonces, para
hacer otra
cu estión .

cosa.

Y a qu í está e l n u d o d e

la

Sea el que fuere, ningún arte, si n o vien e
d eterm in a d o p o r su

base, no será jamás un

arte fuerte; pues esa base, lo ha de determi­
nar.

Y

bien:

nosotros, p rogresistas,

in tem a cion a lista s,

¿qué

debemos

nosotros

hacer?

La

respuesta está dada: to d o lo d el m undo, t/ue
venga en tal sen tid o. ¡L o n u e v o ! Y entonces,
con las reglas que habremos aprendido, cons­
truyamos, configuremos una obra también nue­
va; nueva co m o to d o lo n u ev o q u e llega has­
ta n osotros.
ELSA

\AD RAD A

N ahora, invito a que cada cual piense, si
es pintor, en la obra que haya hecho, y vea
si consuena

con

eso

nuevo, sin

patria, que

acabo de señalar. Y verá (y de esto no hay
duda), cuánto plagio (voluntario o n o ), cuán­
ta cosa vieja; y. en cambio, ¡qué pocas obras
n uevas, limpias de imitación y de vejez! Po­
cas, pero, por suerte, ¡y a las h a y!
Han

creído muchos, locura

lo

del

«Saint

B ois»; y no han visto que allí está, a no dudar,
e l p u n to d e partida. Las reglas constructivas,
los colores fuertes, la sonoridad y el espíritu
de hoy. ^ o. desde aquí, felicito a los jóvenes
que siguieron mis consejos, y también a los
que permitieron tal realización, y a los ami­
gos que nos sostuvieron y animaron.
Pero si no tenemos que hacer el arte mi­
rando a Europa

Ipuesto que no somos euro­

peos), tampoco debemos

hacer el arte indí­

gena (puesto que no somos indios) ; pero, en
cambio, como el otro arte, el de Europa, estu ­
d iarlo. Lo que en él aprendamos, aún puede
llevarnos más lejos que el arte moderno: pue­
de llevarnos al a rte u n iversa l; pero entonces,
con colores de hoy, sabor y vida de hoy, pe­
ro ya en lo cósm ico. Tomando de su sabia y
profunda teogonia: Sol, Tierra, Hombre. Y con
ese espíritu fue hecho el Monumento del Par­
G O N Z A L O FO ASECA

4

que Rodó.

�Se tendió a una gran simplicidad: se eliminó
el adorno: se bajó el tono de los colores, sus­
tituyéndolos casi por el gris y el negro. Y la
arquitectura \ la pintura mural, quedó triste,
\ en general toda decoración. En tal sentido,
hay que guardarse de la influencia nórdica.
Moderno, sí. pero no modernista. Moderno,
pero no con la rigidez de lo mecánico ni la
desafinación en el color.
v ie n e d e la falta

Porque

d e sen tim ien to

la frialdad
o

em o ció n .

Ao es posible hacer arte sólo pensando v com­
binando: es decir, de una manera racion alista.
tal arte nórdico, fue eso. Y ahora, el a rte

}

q u e se inspirará, si se q u ie r e , en lo m ecá n ico,
no deberá ser dominado

por eso en ningún

momento. T odo lo nuevo que se habrá creado
en el mundo, deberá ser sólo la materia pri­
ma del artista, pues él tiene que hacer música,
vida, color: un n u ev o p la sticism o m od ern o, in é­
d ito. Nueva perspectiva estética: crea ció n . En
sin cron ism o con e l m u n d o d e h o y .
Hasta ahora, los muertos nos lian mandado.
Los maestros clásicos lian inferiorizado a las
H O R A C IO TO RR ES

obras nuevas. Eso no puede ser. Debe ser lo
contrario.

I na obra

nueva debe hacer enve­

jecer a la vieja, pues lo es. ¿N o ocurre así
ton todo?

Si una obra nueva no se impone

ante la vieja, es sencillamente porque no es
una obra buena. Hagámosla buena, y se sos­
tendrá.
Lo que ahora habría que pedir, es esto: que
podamos decir de una obra: «esto es n u e v o ».
Pero entonces, n u ev o d e verd ad, y no apoyán­
dose en algún primitivo, de hoy o de muchos
siglos atrás; en el arte oceánico o negro, en
el incaico o en el Renacimiento; o en Rafael,
para hacer un nuevo clasicismo. Es decir, cual­
quier

cosa

remozada,

modernizada,

plagiada

hábilmente, queriendo hacerla pasar por obra
original. Pero, n u estro origin a l lia de ser. no
un leve cambio o ligero correrse a la derecha
o a la izquierda, sino a gran distancia de todo,
por ser n u ev o.
Por nuestra parte, yo creo que liemos he­
cho mucho en tal sentido: y para eso, mis es­
tudios en Europa, me lian servido ahora. Voy
a decir cómo.
V i aparecer y extinguirse las principales es­
cuelas y tendencias sin em b a rca rm e en n in g u ­
na d e ellas. En cambio, estudié lo esencial: sus
teoría s.
Llegando a lo que más me interesó, e l cu ­
b ism o y e l n e o p la sticism o, hice lo mismo. Mi
afán de siempre por llegar a una estructura
universal, hizo fijarme en el cubismo, pero le
huí. Me bastó saber que era un arte estructu­
rado; que era un arte abstracto; y seguí en
mis rebuscas, que se confirmaron en aquello.
Lo mismo pasó con el neoplasticismo: de la
estéril teoría de Mondrian. que era el fin del
arte y de la pintura, saqué confirmación para
mi obstinado sentido ortogonal y nueva luz en
los tonos enteros.
V i en el cubismo un arte fragmentado, in­
completo. con resabios naturalistas y anecdó­
ticos, y no era aquello el arte nuevo. V i en
los holandeses, una gran pureza, pero por ser
por eliminación de todo, no era ninguna so­
lución. Quiero decir que, estudiando toda esa
gran

evolución

moderna, podía

yo

no

sólo

afirmar lo que bullía también en mí, por ser
y o d e a q u el m o m en to , sino enseñanza en mu­
chos hallazgos de tantos creadores modernos.
^ . a pesar de eso, aún no veía lo n u ev o que
creí que yo debía buscar, como otro cualquie­
ra, porque aún n o se había en co n tra d o .
qué

sentía eso?

arte, con

Porque

confrontando

¿por
aquel

to d o lo q u e d e n u ev o surgía en

la

vida, lo veía anacrónico; no estaba al día; poAU GUSTO TORRES

6

( S igu e en la Pág. 7 ).

�Carta de Pierre Loeb de París
Transí r•ib im os esta carta d e l rnarchand
d el e¡&gt;iteto, P ie r r e L o eb , q u e tie n e una d e

cliacun des artistes qui sont representes dans

A com p a ñ a una carta d e Al. G uthm ann

Envíeme al menos un cuadro de cada uno de

m en te en Francia, q u e p r e c e d ió a aquella

Mi querido Torres García.

en su llegada y

Muclias gracias por el hermoso libro que la

m o v im ien to constructivista.

Srta. Guthmann me ha

l'eau ]¡vre qui m'a remis de votre part Mlle.

¡os artistas que figuran en el libro «Nueva es­

entregado

de

parte

mis felicitaciones por la admirable pre­

sentación de esta obra, que está a la altura de

Et tous mes compliments pour l’admirahle
presentation de cet ouvrage qui est á l’hauteur de ce qu’il contient.

lia sabido agrupar a su alrededor una selección
de artistas con los cuales se honraría más de
un gran país, y en esto que digo, no tiene nada

Vous avez fait un effort merveilleux et su
dont s’honererait plus d un grand pays, ceci

Si le fuera

Querido maestro: be visto a Pierre Uoeb esta
tarde y le di el libro. *

posible

hay nada en Francia como eso, que la pintura
mural en la mejor que ha visto. Sin compara­
ción con los mejicanos, e t c .. .

Que es pintura

mural, niuralísima.........
Hasta pronto, maestro, muy aífma.

que ver la horrible palabra «nacionalismo».

grouper prés de vous une seleetion d7art»stes

Muy afectuosamente: Pierre.

El está encantado con aquello. Dice que no

lo que contiene.
Usted ha hecho un maravilloso esfuerzo y

Gutlimann.

cuela de Arte del U ruguav».

suya.
\

Mon cher Torres García, Merci pour votre

definitiva

Fonseca.

in teg ra n te d el T a ller T orres-G arcía actual­

otras im p resion es d e P ie r r e L o e b so b r e el

opinión

ted, lo que más me atrae es lo de A lpuy y

P ie r r e .

q u e p o n e d e m a n ifiesto

formarse una

ginales. De todos modos después de lo de us­

Bien Affe ctuesement.

las galerías más vanguardistas d e París.

Es difícil

por las fotografías, no habiendo visto los ori­

&gt; Nueva Escuela de Arte del L ruguav».

M o n e tte G u thm an n .

mandarme un rollo de

unas quince telas y bordados, yo podría expo­

* El libro «Nueva Escuela de Arte del Uru­
guay» recientemente editado en Montevideo.

nerlos.

dit sans que cet horrible mol «nationalisme»
n ait affaire dans cette question.
Si cela était

possible,

faites - moi

parvenir

un rouleau d'une quinzaine de toiles et «bor­
dados» que je pourrait exposer.

EDGARDO

RIBEIRO

Un articulista de «El País» bajo el título de

haberse enterado que ese pintor, Edgardo R i­

II est difficile de se faire une opinión defi-

«Ancap motivo de artísticas disputas», dando

beiro, es suficientemente conocido y reconoci­

nitive d'aprés des photos surtout quand on n’a

rienda suelta a su frivolidad y mezclando al

do, a tal punto de habérsele otorgado un se­

jamais vu les originaux. Pourtant, aprés vous,

arte cosas que le son absolutamente ajenas, pre­

gundo premio de Pintura del Salón Nacional,

ce sont Alpuy et Fonseca qui m’attirent le plus.

tende golpear con el menosprecio y desconocer

y un Gran Premio Anual de Amigos del Arte,

al pintor Edgardo Ribeiro, con motivo de una

así como otros de menor nombradía, pero igual­

decoración mural que dicho pintor realizara

mente importantes. A la vez que desde su car­

en una estación Ancap de Punta del Este.

go de Profesor de Dibujo de Enseñanza Secun­

Mais envoyez-moi au moins

un

íableau

de

Sepa el articulista de «E l País», que tan bien

(V ie n e d e la Pág. 6 ).

se arrellana en el anónimo, que ese «mucha­

día haber un arte más joven, tenía que encon­
trarse. Y debía encontrarse, además, en lo uni­
versal.

cho» como lo llama,

ese

«Quien no conocemos»

«joven

(v.g.)

pintor»,

es

un

a

pintor,

que ya ha quemado muchas etapas de su evo­
lución y está, como artista, muy por encima

Tal pretensión de querer encontrar eso, te ­
nía q u e ser así; hoy lo veo claro. T en ía q u e ser,
por uno de esos individuos «su i-gén eris» del
nuevo mundo: e l in tem a cion a lista de que ha­
blé; único hoy, que podía pensar en un arte

de muchos que el articulista puede conocer.
Y sepa también que si no tomase la activi­
dad estética en lo que le queda bien, con tan­
ta tontería, escudándose en no ser entendido

daria y así fuera de él, realiza una labor pe­
dagógica

ya

siderable de jóvenes artistas a los cuales orien­
ta de la manera como fué orientado.
Así también, entérese que para sus peque­
ños comadreos y escaso entender, hay campos,
que no son del dominio estético, en donde po­
dría ejercitar su tontería, sin riesgo de hacer
el ridículo, ni fastidiar a los que están dema­
siado lejos de su pequeñez.

(aunque habla de una «obra neoclásica, indu­
SARANDY CABRERA.

dablemente hermosa» de P en a), tendría a bien

( S igue en la Pág. 8 ).

de especiales relieves, habiendo

conseguido agrupar en su torno un grupo con­

DE LOS MURALES NORTEAMERICANOS
Fuera de aquellas personas que, por razones
personales (y entre ellas

más

de

un

crítico

de arte) tuvieron frases de elogio para dichas
pinturas, la condenación, por parte del públi­
co en general y en particular por los que tie
ten criterio formado con respecto al arte mu­
ral y la buena pintura, ha sido unánime. Y
es que, no sólo por faltar a las reglas más ele­
mentales del arte decorativo mural, sino ade­
más por ser en sí malas pinturas, dichas obras
¡bocetos — según reza en el catálogo— si bien
algo grandes para serlo)

no tienen levante.

Por esto hay que felicitar a nuestro público
que no se dejó engañar.

está hecho con conocimiento y verdadera sen­

cho maridaje con él, por tal razón ha de ser

sibilidad de artista.

planista; 39 no debe de olvidar la época en

Ahora, por ejemplo, se habrá puesto bien
de manifiesto, que no puede llevarse al muro
cualquier pintura, como lo venimos diciendo y
demostrando

hace

bastantes

años.

Dije

ade

más, en mas de una ocasión, que nuestros ar­
tistas no estaban suficientemente
para realizar la pintura

mural

preparados
(excepto los

que yo formé dentro del Constructivismo)

y

que, de no tener en cuenta esto, se correría el
riesgo de dotar a nuestros edificios públicos,
de obras manifiestamente equivocadas bajo el
punto de vista del arte mural. Que es lo que

Los organizadores de algunas de las gran­

nos demuestra, que ya ha ocurrido en los Es­

des exposiciones que han venido sucediéndose,

tados Unidos, la Exposición que comentamos.

han sido poco afortunados en la elección de

E l pintor mural no debe de olvidar siete co­

los expositores, queriendo imponer a toda eos-,

sas indispensables a su arte: 1 " que la pintu­

ta, lo que el público en general tiene que re*

ra mural ha de ser, en cierto modo una ar­

chazar, por

quitectura ligada a la arquitectura propiamen

mejor

ilustrado.

Pero

nada

se

pierde con ello, ya que así se afirma lo que

te dicha; 29 evidenciando al muro, en estre­

que vivimos, y por esto, ir a lo concreto de
los materiales y de los colores y formas, por
íesponder esto a la mentalidad del hombre de
hoy, francamente realista; 4 9 aliado de lo me­
cánico y de cuanto significa progreso; 5 9 de­
jar lo analítico descriptivo para ir a la sínte­
sis; 69 llevar lo particular al plano de lo uni\ersal; 79 no olvidar, por fin, que el gran pa­
so del arte moderno, ha consistido en pasar de
lo real a lo abstracto.
No pretendemos que sirva para nada esto
que ahora decimos, que es solo para dar cons­
tancia.
Quede la responsabilidad de lo que se hará
y se está haciendo, para quienes hayan interc enido en tales cuestiones, que otro día, con
mas tiempo y la documentación necesaria, se­
ñalaremos, para ilustración del público.
J. T O R R E S - G A R C IA

7

J

�ORIGINALIDA
Si en muchas ocasiones se ha pretendido ca­

%

I \ 1I

V rm
aew

a ser únicamente invencionista, carga su apa

T a Madi, en definitiva eso le asfixia y lo

racterizar al arte moderno señalando sus acen

riencia en lo geométrico aunque generalmente

que reclama es la pura libertad en la pura

tos más particulares, y si en esa larca se lia

lo baga sin función plástica visible, y sin el

invención arremetiendo contra la función or

llegado a conclusiones en muchas ocasiones di­

control ile la medida armónica. D-‘ esta ma­

togonal que es la esencia del plano, y colocán­

ferentes en lo que dice relación con la impor­

nera se pierde a menudo en lo decorativo fá­

dose en el plano inclinado de la ausencia de

tancia de este nuevo arte;

cil, menospreciando toda dificultad, sin aten

control hacia una nada que equivale a la nada

un tópico, en el que se ha estado casi unáni­

der que justamente aquello

que le da origen.

memente de acuerdo.
De tal manera ha llegado

condicionan a la plástica significando por ello

Esa asfixia que experimenta Madí frente al

la oposición y por consecuencia el motor del

marco normal, es un claro síntoma de angus­

artista.

tia, de limitación, de falta de acomodo con

hay sin embargo

a determinarse

que uno de los padecimientos medulares del
arte que hoy se practica, y que justamente ha
influido hasta subvertir en muchas oportuni­
dades los valores mismos
expresión
ra)

adoptadas,

de las formas

(música,

de

poesía, pintu­

ha sido la desesperada busca de la origi­

nalidad.

En

demasiado

ocasiones,

el

artista

moderno ha subordinado todos los problemas
de su oficio, así como las reales dificultades
del mismo, a la intención de crear la «cosa
distinta» por la mera razón de que lo fuera,
sin atender si en verdad, había una razón de
fondo o de peso, para ello.
Esta búsqueda de lo original que en cierta
manera es sana y depurativa, no debe contun­

(orden, m edida),

La pintura Madí, apariencia de una posición
universal Madí. invade también
artes:

poesía, danza, etc. Y

a

las

en pintura, pr¡;

lende, teóricamente la paternidad
cosa

sin tener

un

derecho

otras

muy

de mucha
claro

para

ello. Así, negando su origen, se vincula ínti­
mamente por esa poligonización o reducción a
formas simples de

que

se hablaba

anterior­

mente, con el Constructivismo ruso, indudable­
mente escalón menor de neoplasticismo, que
los Madí se proponen superar.
Y pretenden «Fundar un arte frío dinámico,
de espíritu matemático, cerebral, etc.». Sin te­

la realidad, con el rectángulo tipo; esa asfixia
que siente es secuela de un romanticismo eme
se actualiza y que revienta, si no por el sur­
realismo, por esta forma que repito, se etn
parenta con él.
De manera que aún cuando los Madi pien­
san estar en contra de lo romántico, en lic i­
ta manera, están en aquello, por acusar cier­
tos caracteres que le son esenciales.
Y eso sería justamente lo que los aparta de
un arte plástico universal, regido por esc con­
cepto y el de la medida, la reducción a los
colores primarios

y la estructura

funciona!-

mente plástica.

dirse con la actitud conflictual del artista que

ner en cuenta que además de no corresponder

por necesidades viscerales se siente fatalmente

eso

Piet Mondvian

ga con atraso. Su conmoción ha sido realiza­

empujado hacia sus acentos personales, nece

hombre de quien me dijo Torres García — que

da y la simiente de la desintegración, que pro­

sidades que son su propio eje de vida.

bahía cultivado con él. una especial am istad--

viene de la Escuela de París, así como de Ale­

Esta búsqueda de lo original por lo original,

se hizo con un molde único, ya io intentó, lle­

actitud previa, es sin duda alguna, el primer

gando al callejón sin salida al que llegó, y

mania y Rusia, ha dado su significante ejem­
plo.

elemento que debe desaparecer del acto pre­

al

espíritu

de

la época.

que si pudo satisfacerlo, a estar por su aparen­
te insistencia de veinte años, se debió a su es-

vio a la creación.
Y si bien el artista no es arrastrado como
un ente inerte por el influjo de su creación, y

pecialísimo temperamento.

Es entonces que la revolución inádica lle­

Ahora, entendemos nosotros, debe proceder­
se a la construcción del arte, a la reintegra
ción del concepto de lo clásico absoluto, de

Mondrian, Vantongerloo, Van

Doesbuig, y

es indudablemente un ser «Inteligente» y «Sen­

otros también

sible», antes que todo, aquella misma inteli­

ion no hacer concesiones a la realidad que los

embarcándose sin freno en un trabajo princi­

no úebe

rodeaba, buscaron no transigir, no hacer con­

palmente y para su mal, mental, que a la pos­

anteponerse sino acoplarse a los demás resor­

cesiones a lo sensual. Los Madí se lo propo­

tre no servirá sino como pasatiempo.

tes de la creación.

nen ahora y aparentemente desconocen a aque

gencia — pecado original del siglo—

En Arte

hay y ha habido, originales ver­

daderos, originales que aún con talento han

buscaron la invención. Busca-

la búsqueda del equilibrio de, razón, intuición

Mallarmé, y de aquel primero, su mudez, co­

Y los Madi en esa búsqueda de la invención

con

buscar, desembocan en el mar o irregular.

pensaron

inventar obras de arte.
Los ha habido en París y los hay ahora por

Los madí, deben reaccionar de esa aparente

en ese problema.

que se opone a lo matemático que manifiestan

despierta

el madismo.

higiene de ideas,

últimos que con menguado acento creador y
inteligencia

que menosprecia

líos que desde hace muchos años estuvieron

tarado su obra, de habilidad y finalmente los
excesiva

y sensualidad,

y

recordar

a

Valery y a

mo consecuencia de su pureza.
Es necesario actuar

desde

programas

más

impuros en tanto contengan una angustia hu­

El marco irregular es una forma de roman­

mana y desde necesidades más urgentes, para

ticismo, es muy pariente, aunque sus practi-

poder configurar un arte que pretenda ser au­
téntico.

su influjo en New York y en Buenos -Aires,

cadores madíes no lo admitan, del superrealis­

por América y los habrá sin duda tantos y

mo, forma con la que se colocan en conflicto.

Y así, para refirmarnos, está el ejemplo de

más, por donde no llegamos ni nos llega in­

Y lo es porque proviene de la incomodidad de

todo el arte clásico y de los artistas que lo di­

forme.

admitir lo regular, la incomodidad de admitir

rigieron y lo conformaron.

De Buenos Aires nos llega ahora la teoría

S A R A N D Y C A B R ER A.

las dificultades.

de la pintura M A D I, (M adí, naturalmente no
quiero

decir nada, ni debe pedírsele que lo

(V ie n e d e la Pág. 7 ).

Pero, en vez de eso, se dejó seducir por los

quiera, aunque recuerde particularmente a Da­

universal y moderno a la vez. \ si no, véase

superrealistas, y dando rienda suelta a su ins­

da, y se le aproxime en esencial cuyos postu­

si ha surgido algún otro con tal idea.

tinto, cayó del lado del animismo y la defor­

lados que preceden a las obras mismas, se en­

bien, en eso estamos todos; y nada me

mación, y, tal sugestión, ha llevado al arte a

caminan al elogio de la invención como motor

parece más bello, que el tener ancho campo

una de las peores decadencias .Pero, de esto

único de ese arte. En arte, es necesario valo­

en esta tierra virgen, para la crea ció n d e una

trataremos en la próxima lección.

rar la dificultad, caminar entre obstáculos. Si

n u ev a e x p r e s ió n estética .

no es así. toda obra, quedará tarada de faci­

Y

Y bien: la síntesis de lo dicho es la siguien­

Hoy, en Europa, los artistas todos, están ha­

te: puestos en lo que acabamos de explicar,

lidad y de sin razón. La invención es induda­

ciendo

crear algo

nosotros, ¿qué debemos buscar, ante todo, en

blemente L Y O de los elementos del Arte, pe­
to no el U N IC O .

nuevo. No llevan por ahora camino. El mez­

rna pintura? Ante todo, vida. Vida en lo co n ­

clar. como en una Babel moderna, todos los

c r e to de la plástica; vida en lo cla ro y vibra n ­

^

un

esfuerzo enorme

para

todo arte si bien se diferencia aparente­

estilos a que lógicamente habían llegado, no

te d el c o lo r ; una furiosa vida, y no esa vida

mente de las formas que le preceden n . lo

es ninguna solución. Creo más bien, que es un

crepuscular de una pintura cubista, o helada,
como en un

hace de manera específica, ya que el artista,

suicidio. Echarse en brazos de tal locura, co­

creador de igual material humano a través del

mo disimular la impotencia y aturdirse, es ya

tiempo, actualiza en él, su problema

la desesperación. Tienen conciencia de que, los

que in­

dudablemente no tiene solución: el de su an­

que ayer fueron grandes, se hunden. Pero, es

gustia

que los ele­

natural; no se resignan a morir. Si en 1930 Pi­

mentos de las artes permanezcan siempre los

casso, con su gran autoridad, hubiese hecho lo

mismos, y de allí que ninguno de ellos pueda

que debía (y entonces lo dije ) , es decir, dar

por permanecer.

De allí

primar de manera e x c lu y e n te sobre los demás
La importancia que los teorizadores madis-

todavía un paso más. y c o n lo conseguido lle­
gar a un arte universal, hoy no se habría pro-

tas confieren a su cosa es nada menos qu-' to­

ducido el desconcierto total del arte, que, por

tal. Sin embargo la pintura M adí que asoira

desgracia, ya ha influido en todo el mundo.

8

cuadro elemdntarista.

Segundo,

que, al lado de cualquier obra, en cualquiera
de las manera o estilos últimos, tengamos que
decir:

¡esto es nuevo! Y sin entrar en deta­

lles ni consideraciones. Algo que se imponga
decididamente. Y

tercero, que consuene con

todo lo verdaderamente nuevo de hoy, en to­
dos los terrenos, pero, mayormente, con las
construcciones materiales y objetos.
J. T O R R E S -G A R C IA

�^
&gt;

En un futuro cercano el ARTE ABSTRACTO
habrá suplantado completamente al arte
im itativo; el E S Q U E M A G E O M E T R IC O
y los CO LO RES PRIMARIOS
a la perspectiva y los
colores com puestos
Tal arte correspondería al Hombre Nuevo
de los pueblos del Nuevo Mundo
J. T. G. 1946

Próximas Exposiciones
PARIS
Y
DEL TAL L E R
TORRES GARCIA EN

M E X I C O

y una retrospectiva de J. T O R R E S - G A R C I A

en

MONTEVIDEO
Fechas y Locales a Anunciarse

�Publicaciones 3? la
Uíttvo.

Tionievid^oQJru^uay,

TalPresLlG U .
C e T T Í -^ o .7 4 -0 .
m

o r ^ e v i d e o .

Poto¿raba3o3

Ber-tazz otúv L or10
Tav3a7Z&lt;Jul023.
'íh p n l£ v i(¡e o /

�</text>
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Torres García, Joaquín&#13;
Loeb, Pierre&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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                    <text>N°. 18
JUNIO-JULIO-AGOSTO-1947

Or g a n o

redactado y editado

exclusivamente por integrantes del
T A L L E R T O R R E S - GAR CIA

0.10
EL EJEMPLAR

�¡NO
SEAN MAJADEROS!...
i
Sí, lo son; porque ya apuran la paciencia
dándole al mismo solfeo; pretendiendo probar
lo que no se sostiene. Y no vale argumenta'
con ellos; pues es perder el tiempo, ya que
no están dispuestos a dejarse convencer.
Uno entra en la liza, creyendo que se va a
discutir de arte, y luego al fin se da cuenta de
que no se trata de eso: es cuestión más mezqui­
na; cuestión de dinero, o de algo equivalente:
cuestión de acomodo, o de prestigio que re •
dunde en lo mismo.
Bien: ¿quién son ellos? Si se eceptúa el don
de la palabra, para urdir discursos vanos, pía.
gados de lugares comunes, pero cuajados de pe­
drería barata; y luego la traza para armar ar­
tificiosamente falsas teorís, con que aturdir al
adversario, simulando un saber que no tienen,
pues todo es prestádo; y además, si se quiere
pasar por alto la estrategia, la astucia y mala fe
— ya que carecen de solvencia moral; si se
liace caso omiso de todo eso negativo, ¿que
queda en ellos de positivo y bueno? Pues nada,
el vacío.
Pero tales sujetos están siempre en primera
línea — pues la adulación y la mentira han he­
cho su oficio— y no dejan pasar a los que
tienen derecho, y que así tienen que quedar
anulados.
Pero su majadería a que aquí se alude, no
está en todo eso; está, y pese a todo, en que
siempre salen con la misma música enojosa;
pues es su única luz, y lo demás son tinieblas;
y lo pasado y lo presente, y salvo esa isla, no
cuenta para ellos: Grecia, el Renacimiento.
Así los forjaron a todos, y en tal suerte así
quedarán para siempre.
¡Pero, qué Grecia V qué Renacimiento! Lo
que vieron en los libros de texto, en letra y en
estampa; algo oficializado, y que por ser tal
es detestable; el naturalismo estilizado de grie­
gos y renacentistas; pues en el fondo siempre
es eso lo que adoran. Y esto para esa gnete, es
el equilibrio griego: no lo abstracto, sino lo
aparente; no lo estético puro, sino lo humano
real; no lo plástico, sino lo literario. Y así
prefieren de 'todo, la anédocta y lo imitativo, \
detestan la abstracción y el ritmo; prefieren el
símile natura, a la estructura y la proporción:
elementos abstractos que son el fundamento del
arte. Pero ellos también dirán cosas así. pero
es pura palabrería: sant? palabrería que da
plata.
Cansan, sí, esos, por tanta simulación y em­
buste. Estamos frente a hombres disfrazados,
pues aparentan lo que no son. Y, cual es su fe
y su creencia, en vano se buscaría. Pintor fal­
so, arquitecto falso, crítico de arte falso, poeta

Pintura Constructiva Bizantina

o músico falso; pues sabemos que detrás hay
otra cosa. Y esa, sería la que son en realidad.
Pero eso, peor es menea! lo.
Están en su castillo greco renacista: nada,
pues, de cuanto se diga, para probar que lo
blanco es blanco y lo negro es negro, valdrá.
Y aquí uno piensa: ¿es ignorancia, estrechez de
mente o . . . ; hay eso. sí, pero ante todo, está
lo que antes dijimos: puro interés personal;
por esto no hay enigma que descifrar.
Por tales razones, ningún artista de buena fe
deberá discutir con esos, pero, en cambio, hay
que decir a las gentes, lo que son; y también

REMOVEDOR
Redactor

Responsable

AÑO 3

N \ 18
GUIDO

CASTILLO

protestar por lo que dicen y hacen: y sean
cuadros o poesías, sean estátuas o músicas.
Esos majaderos ya nos pudren, como diría
Cervantes; nos pudren y nos repudren; porque
como lo inerte, como lo muerto, se están firmes
en su roca, sin ceder un ápice. Se están todos
allí, en un bloque apretado. Pero, ¿que no
ven que estorban? Eso queremos, dirán; somos
los guardianes del tesoro. Y es cierto.
A todos esos majaderos se les ha dicho cien
veces: nadie va a negar genialidad a los colo­
sos del Renacimiento, pues sería necedad: pe­
ro, no se les puede perdonar que hayan trans­
gredido una regla milenaria que tenía su razón
de ser, y que, con respecto a la decoración mu­
ral, debe subsistir. En efecto: no sólo la de­
coración mural es aun arquitectura, sino qui­
la pintura que se haga sobre el muro, es aun
algo el muro. De aquí que la decoración mural
deba ser no sólo planista, sino también, hasta
cierto punto, geométrica.
El carácter de perennidad de un muro, debe
conservarlo la pintura, ya que entra en íntimo
maridaje con él. Y, por esto, su acento debe
ser más bien grave y sereno, y no grotesco, ex­
presionista, o dinámico, con abuso de curvas
y de relieves. Pero, contra estas razones, nos
salen con Tiépolo o Tintoretto, con Rafael o
Miguel Angel. ¿Y porqué, esos? Por una sola
razón: porque todos esos, golpean al especta­
dor, en un sentido humano realista, única fi­
bra que puede vibrar de esas gentes; y, ade­
más . . . porque así se lo enseñaron en la infan­
cia. Timeo hominem unios libri. Temo al hom­
bre de un solo libro; que yo no quiero tomar
en el sentido que quiso darle el Santo de Aqui­
no, sino éste otro: que hay que temer al hom­
bre cerrado en un solo pensamiento, terco o
intransigente, pues su cabeza no tiene puertas
ni ventanas ni otro agujero por el que pueda
entrar una razón.
Tratando de esos ejemplos que ponen, dije:
¿porqué esos y no otros? Pues al tratar de dar­
los, creo que deben darse los mejores. ¿TSTo se
habla de pintura de muro? Pues sacar los que
más lo respeten. ¿Y una pintura mural, ha de
estar de acuerdo con la arquitectura del edifi­
cio que se decora, o no? Yo creo, que sin ver
el recinto que se ha de decorar nada debe de
hacer el pintor, por que una decoración no ha
de ser nada añadido sino, por el contrario, al­
go que emana de él. Pero, tales perfiles no son

para esa gente. Ya sabemos para que van y se
mueven. Además, no saben.
Un renacentista y por coloso que sea. no es
un hombre de norma, puesto que la rompe.
Pero estos del solo libro, dicen: «¡Libertad, li­
bertad, Orientales!!». Bien; estamos de acuer­
do. ¿Pero, si no se (espeta la de los demás. . . ?
He ahí la norma. Sólo la regla abstracta pone
las cosas en su punto.
Y ahora, para finalizar, a cierto público:
que no haga coro con todos esos; que no se cie­
rre, que escuche, que piense, y que mire, antes
de juzgar. Pues ya molesta su intransigencia.
Más, en contrapeso de tal numerosísima fa­
milia, y para suerte, hay la escepción; la cual,
de día en día es más numerosa. Escepción en
el público y en los artistas; y esto es lo mejor.
Y se‘ comprende que así sea; porque, no me­
diando ningún interés, y sí sólo el del arte, al
enunciar nuevas ideas, si estas son ajustadas a
la verdad de las cosas, a menos qué sea por in­
capacidad, han de aceptarse. Y si el artista ele­
va su tono, también el público que le sigue.
Y esto no sólo en las artes plásticas, pues no
sube el nivel de la cultura unilateralmente. Y
esto enterrará a lo otro. Y así, por querer ser
más listos, los que quisieron mantener una p o­
sición tardía, por cobardía o interés mezquino,
tendrán que ser forzosamente ahogados por
los otros.
Esto es tan cierto, que puede, que en previ­
sión de lo que pueda ocurrir, haya quienes to­
men nuevas posiciones. Más no les valdrá la
treta: tienen un historial artístico demasiado
pobre, para que convenzan a nadie. Ya de mo­
mento tienen que inspirar compasión.
Las divinas ideas trabajan. Y si en la mente
de las gentes ya hay otros conceptos ¿quien va
a detener esta evolución? Y hay indicios aun
de- cosas mejores: que, si bastantes artistas,
—los más jóvenes sobre todo— , no trabajan
más que para su arte, sin interés alguno por el
resto, por otra parte, el público, ya no es pla­
tónico; no se satisface sólo con visitar las ex­
posiciones interesantes, sino que, llevado de su
verdadera afición, adquiere obras y va forman­
do su colección. Y esto tenía que venir; es ló ­
gico; porque en realidad, no existía aun una
verdadera cultura artística. Y a no tardar, ten­
drá que venir una revisión de valores: despla­
zamiento de obras mediocres, por otras de ca­
lidad. Y ya no se verá la incongruencia de ver
entremezcladas, obras de creación, jóvenes y
fuertes y estéticamente bien entendidas, con
otras de baja calidad, en mísera rutina.
J. Torres-García.
Julio 28 de 1947.

Pintura Constructiva Bizantina ’

�Dos aspectos del
GARCIA
Salón del Ateneo
de Montevideo

EL HOMBRE

TOM ES

El hombre, en lo profundo, siempre inventa;
y la historia es la gran leyenda que la huma­
nidad realiza a través del tiempo.

Y los hombres de ciencia, los negociantes,
los aventureros, los artistas, los guerreros, los
filósofos, los obreros, los campesinos y los re.
ligiosos, el Héroe y el Desconocido de la Casa
Vecina, todos ellos son personajes de la mag­
nífica tragedia que, cuando llegue la noche, ha­
brá cumplido perfectamente con las reglas del
arte: todo habrá sucedido en un lugar y con
una sola acción aguda atravesando un momento
redondo del tiempo.
Ahora sigamos los pasos con que el hombre
Torres-García se mueve en la escena.
El hombre Torres-García, es el personaje de
la obra sin autor, del gesto incarnal, de la pa­
labra sin lengua.
Es así que una mano del hombre TorresGarcía, no es mano, sino serie de innumera­
bles gestos que dejan dibujos eternos en el aire.
Es así que la lengua del hombre TorresGarcía, se convirtió en palabra que vive, y, su
propia inteligencia, en edificio en llamas de
ideas.
Es así que el hombre Torres-García, no es
un hombre, sino poesía que anda, estructura
que siente.
Torres-García, tiene al hombre como tiene a
un cuadro, y su vida es una de sus construccio­
nes más puras y más llenas de misterio.
El hombre Torres-García, tiene muchos pun­
tos de contacto con otro personaje, Sócrates,
que, hace mucho tiempo, abandonó la escepa
mirándose en un espejo de cicuta.
Uno y otro, atraerán por siempre las encen­
didas sombras de la juventud, y provocarán los
odios de la vejez envejecida, malintencionada,
sórdida e ignorante.
•

,

Uno y otro, son paradójicos solitarios, siem­
pre ansiosos de hacer sonar el alma de cuantos
se ponen al alcance de su inflexible tiranía
amorosa por la verdad, y siempre guardándose
la última ruta, por donde llega el Dios que
les cuenta la leyenda de la realidad distante
del teatro, con palabras irrespirables para la
razón. ,
Uno y otro, poseen una milagrosa continui­
dad entre la obra y la vida, hasta tal punto,
que entre tantos hechos, no podemos descubrir
el que hace y no es hecho.
La vida del hombre Torres-García, está en­
tonada con el espíritu de su obra, como la vida
de Sócrates, está eslabonada a la cadena de sus
razones.
Este es sólo un mínimo aspecto del magnífi­
co papel que el hombre Torres-García, realiza
en la gran tragedia del Hombre.
Tragedia de la que no me inquietan princi­
pio ni fin, y ni siquiera el autor, sino tan sólo
el más terrible de sus personajes, el que pesa
por la presencia de su falta, el solitario y mis­
terioso espectador, que invicible en la sombra,
sigue sin emociones las maravillosas alternati­
vas de la acción.
Quizá es su nombre lo que guardaba Sócra­
tes, lo que guarda Torres-García y aquellos
pocos héroes con los que el Dios camina y habla.
Guido Castillo.

en la 38a. Expo­
sición del Taller
Torres García

�SOBRE
DE

LA

MISTICA

de Juan de Mairena

PINTURA

Reproducimos con agrado Vi juicio que ha merecido
•al critico literario del diario «El Plata» (A B L .) por
creer que desborda los límites de la crítica elogiosa y
vana a que estamos habituados en nuestro medio lite­
rario - artstico, y sin negar que existan otras excepcio­
nes, aunque todavía raras. La brega por ganar altura,
es ya bastante apasionada, aunque, por desgracia, los
que van quedando atrás, persistan en su estupidez
suicida.

Creemos que no estamos usando de expresio­
nes excesivas, mientras sostenemos que, con J.
Torres García, el L ruguay ha llegado a signifi­
car algo así como una nueva capital del Arte.
El maestro uruguayo marca rumbos que se­
ñalan un gran período, el que reclama para si
la categoría de una etapa nueva del Arte, dicho
esto, en toda su mejor extensión. Así, mientras
meditamos sobre la materia que se abarca en
este breve cuaderno, volvemos a saber que la
sinceridad de su palabra está apoyada por una
muy seria concepción de las cosas del Arte, y
concretamente, en cuanto atañe a la Pintura.
El objeto de su enseñanza, cobra para cada
nuevo momento, ese tono de vida, que está
siempre en devenir.
Porque Torres García está en una invariable
posición ética donde se encuentran las máximas
posibilidades de renovación; y todo lo que él
nos entrega es ya posibilidad en si; y sus adver­
tencias son claras, irreductibles, rotundas.
Es palabra que clama a lo etetno, en nombre
de una totalidad con su misterio, y en un orden
de la belleza. Exposición esta última que en
él, logra un sentido y un valor; sentido y valor
que no. tienen por que coincidir con los que la
sensibilidad o los criterios movedizos le han
asignado, a través de las distintas etapas tam­
bién movedizas, de la Historia del Arte, y con
respecto de los mismos, nosotros tenemos que
respetar sus reservas, ya que son producto de
una experiencia, profundamente cumplida, a
lo largo de la cual, Joaquín Torres García ha
tenido que sacrificar muchas cosas: lia tenido
que aventar prejuicios; y se ha jugado solo, aún
sabiendo que podría perder la simpatía de los
grandes públicos. Y en esa actitud renovada y
vigilante lo encontramos en cualquier momento
de ese tránsito luminoso, que es su vida, y desde
ahí propone términos nuevos pero de tal mo­
do, que abarcan las cosas, en su faz innomina,
da: desde ahí se le ofrecen esos modos de an­
dar sobre las definiciones, que la autorizan a
revisarlas, restaurarlas o desaprobarlas. Y la
pintura vuelve a ser cosa que sólo se explica
por sí misma, porque es en sí algo que solo se
representa a sí mismo; porque desconoce la
sumisión a otro destino que no sea el suyo, en
el que estarían, realidad, esencia y en fin, con
propósitos de eternidad,* verdad musical y
honda, porque es eso, y no otra cosa: verdad
que no requiere ser demostrada: habita en el
espíritu. Para J. García Torres, entrar a cual­
quiera cuestión de arte, es ya discutir en tér­
minos de eternidad. Hay una facultad que or­
dena, fiscaliza y somete todo el caudal de su
experiencia exactamente original, que lo so­
mete todo, repetimos, a un destino de perdu­
rabilidad, como es e^' que reclama todo lo
suyo y ya sabemos que no es con frases consa­
gradas por una vana literatura, como se ha de
lograr derecho y razón para abordar cosa tan
seria como significa la enseñanza de Torres
García. Enseñanza que se prolonga, se enri­
quece y se agiganta, partiendo de sus obras
escritas, y se sostiene de modo inigualado en
una cualquiera de sus disertaciones de clase.
Es ya palabra demasiado respetable; de largo
alcance. Por su vocabulario anda todo ese
viejo misterio, que nos trasmiten, de modo
siempre nuevo, los grandes creadores, de todos
los tiempos, y que nosotros, sólo pedimos oir,
si nos colocamos en posición de amistad in­
terna, de muy cuidadoso reconocimiento, ante
la majestad de un mundo que queremos re­
cuperar.

KANT Y V E L A Z Q U E Z
Es evidente, decía mi maestro — Mairena en­
dosaba siempre a su maestro la responsabilidad
de toda evidencia— que si Kant hubiera sido
pintor, habría pintado algo muy semejante a
Las Meninas, y que una reflexión juiciosa sobre
el famoso cuadro del gran sevillano nos lleva a
la Crítica de la pura razón, la obra clásica y
luminosa del maestro de Konigsberg. Cuando
los franceses — añadía— tuvieron a Descartes,
tuvimos nosotros — y aun se dirá que no entra­
mos con pie firme en la edad moderna— nada
menos que un pintor kantiano, sin la menor
desmesura romántica. Esto es mucho decir. No
nos estrepitemos, sin embargo, que otras compa­
raciones más extravagantes se han hecho — Marx
y el Cristo, etc.— que a nadie asombran. Ade­
más, y por fortuna para nuestro posible mentir
de las estrellas, ni Kant fué pintor ni Velázquez
filósofo.
Convengamos en que, efectivamente, nuestro
Velázquez, tan poco enamorado de las formas
sensibles, a juzgar por su indiferencia ante la
belleza de los modelos, apenas si tiene otra esté­
tica que la estética trascendental kantiana. Bus­
cadle otra y segurmente no la encontrareis. Su
realismo, nada naturalista quiero decir nada

propenso a revolcarse alegremente en el ester
colero de lo real, es el de un hombre que se
tragó la metafísica y que, con ella en el vientre,
«nos dice: la pintura existe, como decía Kant:
allí está la ciencia fisicomatemática, un hecho
ingente que no admite duda. De boy más, la
pintura es llevar al lienzo esos cuerpos tales
como los construye el espíritu, con la materia
cromática y lumínica en la jaula encantada del
espacio y del tiempo. Y todo eso — claro está—
lo dice con el pincel.
He aquí el' secreto de la serena grandeza de
Yelázquez. El pinta por todos y para todos;
sus cuadros no solo son pinturas, sino la pin­
tura. Cuando se habla de él, no siempre con el
asombro que merece, se le reprocha más o me­
nos embozadamente su impasible objetividad.
Y hasta se alude con esta palabra — ¡qué gra
cioso!— al objetivo de la máquina fotográfica.
Se olvida — decía mi maestro— que la objetivi­
dad, en cualquier sentido que se tome, es' el
milagro- que obra el espíritu humano, y que
aunque de ella gocemos todos, el tomarla en
vilo para dejarla en un lienzo o en una piedra
es siempre hazaña de gigantes.
Antonio Machado.

ya apareció el fascículo 1o de
Lo Aparente y lo Concreto en
el Arte
de

J. TORRES GARCIA
Estos fascículos reunirán el texto de las
lecciones dictadas por J. Torres García en
la Facultad de Humanidades y Ciencias
de Montevideo, durant e el año 1947.
Impresora L.I.G.U. —

C errito 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEXREMOVEDOR

0 0 0 0 5 7 6 7 6

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A

VICENTE
HUIDOBRO

VICENTE
DIBUJO

N°. 21
ENERO - FEBR. - 1948

HUIDOBRO
DE

HANS

ARP

O R G A NO R E D A C T A D O Y EDITADO
EXCLUSI VAMENTE POR I NTEGRAN­
TES DEL T AL LER TORRES GARCIA

0.10
EL

E J EM P L A R

�VICENTE

HUIDO

Y LA TRAVESURA COMO GRAVEDAD
por GUIDO CASTILLO
Este no es un estudio sobre, ni en torno tif­
ia poesía de Huidobro. Es el intento de estn char vínculos con un muerto, de avisarle que
todavía se le recuerda; «es tan corto.-el amor
y es tan largo el olvido».
Pero, para que el muerto se sienta cómo­
do y pueda respirar en el recuerdo, es nece­
sario recordar también el aire de su tiempo.
Huidobro murió al costado de nuestra vida:
es casi un poeta de boy. Sin embargo, lio/,
menos que nunca, el hoy de ahora, en la
mañana, es el mismo de ayer, a las últimas
horas de la tarde. Muestra inteligencia se ha
humedecido los labios en la fuente del es­
píritu y la bebida, apenas saboreada, la ha
enardecido, y ya no anda con su antiguo
paso señorial. Ahora se mueve rapidísima,
en una danza extrañamente lúcida y a la vez
desconcertada. Deteniendo a la danzarina
en uno de sus pasos, podemos decir que el
arte moderno es esencialment picaresco, o sea
que se ejercita en la travesura como medio
de vida espiritual. En otras épocas prevaleció
el hombre religioso o el preceptista o el eró­
tico y sentimental. . . Hoy prevalece el pica­
ro, el que se toma la vida como un juego del
que hay que expulsar el azar, porque en
cada carta se está jugando el propio juego de
la existencia, contra los dineros de la deses­
peración y de la muerte.
Y lo que el picaro hace, en realidad, es
obligar al azar a que retroceda un paso,
pues siempre será azaroso encontrar la mone­
da que salga cara o cruz cuando uno quiera.

nido que piensa y que, si no se olvida de
lo real, hace liviano el peso de las cosas.
Pero esta travesura no es superficial sino
picaresca, pues la picardía es la que le otor­
ga gravedad a la sutileza revoltosa del in­
genio. Huidobro es un poeta que repite in­
cesante y siempre originalmente su travesura
original, y en esto radica la gravedad de su

REMOVEDOR
R edactor

R esponsable

AÑO 4

N°. 21
GUIDO

CASTILLO

es la gravedad de la existencia y que en cam­
bio no forma parte de la gravedad de la vida
ser caballerizo del rey, aunque los caballe­
rizos, cuantas veces monten a caballo, lo
hagan con toda la gravedad posible».
Vicente Huidobro juega a la poesía, pero
no con la despi oocupación del hombre hecho
y derecho, sino con la gravedad del niño
(fue persigue en el juego la conciencia del
poder de su alma y la imagen de su destino.
Por eso, por la gravedad de su travesura
c piritual, Vicente Huidobro, a pesar de los
múltiples aspectos de su literatura, y a pe­
sar de sus poemas buenos y malos, es una
persona poética, que es a lo que debe lle­
gar todo poeta, ya que la persona artística es
lo más profundo del estilo, el verdadero es­
tilo, el único que tiene importancia en el
arte.
Hace muy poco tiempo que murió Huido­
bro, con una muerte rodeada de silencio
como debe ser la muerte de un poeta.

poesía, si aceptamos lo que Kierkegaard se­
ñala sobre la gravedad en «El concepto de la
angustia»: «El hombre grave es grave —di­
ce— por la originalidad con que repite en
la repetición» y aclara «que la repetición

La poesía, el arte, es lo verdaderamente
real, lo que realmente existe, de ahí la leve­
dad de su influjo en el resto de las cosas.
Gl IDO CASTILLO

de V I C E N T E H U I D O B R O

Ahora tendrá cierto sentido decir que Hui­
dobro es el picaro de la literatura americana.
Para mayor claridad agregaré que para
ser un picaro se necesitan tres cosas: 1?, es­
tar desamparado; 2?, tener conciencia del
propio desamparo: 3?, afilar el ingenio y no
echarse a llorar.
No es difícil comprender que la picardía
no es la razón de ser del picaro sino la so­
lución al problema del desamparo de su ser.
Las dos primeras exigencias sirven tam­
bién para el hombre religioso, sólo que éste,
en vez de aguzar el ingenio, se para encima
de él y desde allí descubre los castillos es­
condidos en las ventas.
Todo aitista y todo filósofo es hoy un
hombre vulgar, es decir: un desamparado, y
su arte o su filosofía le sirve para tener con­
ciencia de la desolada vulgaridad de su ser
en el mundo. Lo prepara para seguir uno
de los dos caminos legítimos: el de la picar­
día y el de la religiosidad.
Si a Martín Heidegger — por ejemplo— el
espectáculo del mundo lo convierte en picaro
trágico, en profundo y duro lazarillo de la
muerte ciega, a Max Scheler lo incita a vol­
ver los ojos hacia los ojos de Dios. Si Pablo
Picasso vive el arte como truhanería del es­
píritu que se regocija con lo inesperado de
su propio fondo, Torres García lo vive como
acto místico, como invasión de otro mundo
en este mundo.
Vicente Huidobro entiende la poesía como
una travesura, como la artimaña de un so­

Un poema es un poema, como una navaja es una navaja y no es una
manzana.
ó’

El poeta no imitará más a la naturaleza, pues él no se cree con derecho

de plagiar a Dios.
Encontraréis allí lo que no habéis visto en ninguna parte: el poema.
Una creación del hombre.
Y de todas las fuerzas humanas, la que nos interesa más, es la fuerza
creadora.
H

Nunca el hombre ha estado mas cerca de la naturaleza, que ahora que

no trata de imitarla en sus apariencias, sino de hacer como ella, imitándola en lo
profundo de sus leyes constructivas, en la realización de un todo dentro del
mecanismo de la producción de formas nuevas.

RETORNO
Hace pocos días que llegó a Montevideo el
escultor español Eduardo Díaz Yepes, quien,
años atrás, ya estuvo entre nosotros.
Es Yepes un artista íntegro, que lia sa­
bido — cosa difícil— asimilar el espíritu de
las más importantes escuelas del arte mo­
derno sin confundirse con ellas, salvándose
de su actual decadencia y desconcierto.
Yepes, en sus últimas obras, lia recuperado
la visión normal de las cosas sin perder ñir­

DE Y E P E S
guno de los valores puramente estéticos.
Su escultura es vigorosa, sintética y ca­
balmente objetiva. Pero, todos estos, pro­
blemas los trataremos como es debido cuando
Yepes realice •la exposición que tiene pro­
yectada.
Mientras tanto sólo nos queda formular el
deseo de que este artista permanezca entre
nosotro , para que en el L ruguay también
exista la escultura.

�El Hombre, el Año y la Eternidad
por J. TORRES-GARCIA
Quisiera, como el cirujano, meter el bis­
turí entre ijjp- tejidos, para encontrar el es­
condido quiste; penetrar lia-ta allí, sin miedo
ni consideración al dolor, para extirpar esa
bolsa infecta, que puede dañar el resto; bus­
car, sin cuidarse de la sangre que se vierta,
la carne enferma para separarla de la sana.
Pero, sería en vano: tanto como cortase, se
haría de nuevo y aún más. Por esto, a ve­
ces, el cirujano, vuelve a cerrar el corte que
hizo, y trata de adormecer el mal del enfer­
mo, hasta su fin. Porque sería más lo que
habría que cortar y separar, que lo que ten­
dría que dejarse. La ciencia y habilidad del
cirujano aquí es impotente.
Sembrada así, por esa podredumbre, está
Ja sociedad en que vivimos bajo la aparien­
cia de la normalidad. Y, para quien descu­
bra, en el más leve síntoma, ese oculto mal
que trabaja en lo liQndo de cada ser que
encuentre en cualquier esquina, será un mar­
tirio ver como esa corrupción es ya la nor­
malidad del mundo. 0 si no ¿qué sabemos,
si eso no supiésemos, ni de donde venimos?
Sí; esa es la realidad del mundo, el engra­
naje de todas sus piezas; ese es el juego que
se juega y no otro. Y muchos dirán, hablando.
«sí, así es la gente»; sin pensar que él tam­
bién es gente. Quién tal diga es un ingenuo.
Pero después, hay el perfecto canalla: éste
no 'admitirá eso, porque él, y otros como él
—su clase— todos son gente honorable.
Bien: de esos tumores y lacras, el mundo
está lleno, y merced a su labor, el mal y la
mentira ^ prosperan; la injusticia engorda y
el crimen se hace cuatrocientas mil veces por
día; pero, a mí, todo eso no* me atañe; no
es mi especialidad. A mí, lo que me intere­
saría, sería descubrir a la sabandija viva, que
con su infecta baba mancha la pureza' del
arte y el buen propósito del verdadero artis­
ta. A ese, para quebrarle la boca con una
piedra, y con eso privarle de decir más fal­
sedades; a ese para hundirle hierro al rojo
en las cuencas de sus ojos cruelmente, a fin
de que ya no viese más ninguna pintura, y
perdiese la oportunidad de lucir su falsa
autoridad. ¡Cuánta ignorancia y vileza hay
en esos vendidos; en cada uno de esos cuer­
pos corrompidos!
Y con esto ya dije quienes era, pues todos
lo saben.
Así pues, Removedor, es poco. Es poco:
porque aunque por el líquido destruyamos la
mala pintura, quedarán detrás los malos pin­
tores y los apologistas de los tales, que laimponen. Y así, con todo honor, las obras
irán a los palacios y a las casas de gente
adinerada &lt;"de esa que sólo compra lo que
ya ha sido admitido por la sensatez) y a los
salones oficiales, en lugar preferente. Sí; to­
do eso es lo normal, pues esa es la realidad
del mundo. Y así, viene a ser individuo
anormal, el que no esté en eso, y viva en
eso, y vea las cosas así. Pues lo que cuenta
es el número y aquello que está establecido.
Pero ese ser, el verdadero artista, que parece
que ño se hubiese enterado, hay que pensar
que para los otros, tiene que ser inofensivo,
pues, ¿quién tomará en serio cuanto diga y
haga?
¡Quién sabe! Puede que no, estos del mo­
mento. o muy pocos, pero ¿si hubiese verdad

en lo que afirma? En todo caso sería en la
proporción de uno contra diez mil. Pero, ¿no
decía Ibsen que sólo las minorías tenían ra­
zón? Además, las ideas, si lo son de verdad,
hacen un trabajo silencioso que nadie puede
detener.

No, Removedor no es poco. Es mucho lo
que ha removido y no hay que forzarlo a
que remueva más. ¡Viva la polilla, mal que
nos pese! Pero, las ideas, el constante es­
fuerzo y trabajo, ya dan su fruto. La opinión
cambia. ¿Y qué podrán pesar en el platillo
de la balanza, la obstrucción, el vacío que se
nos hace, la crítica ruin, contra tantas y tan­
tas sinceras adhesiones de todo el mundo?
Por eso ya no hay que luchar. ¿Es que va­
mos a matar a un muerto? \ hay que pen­
sar, que en el tiempo que hemos hecho tanto,
y sin medios ¿qué han hecho otros, y con
medios? Vergüenza para el país. Y aún piden
más dinero, como si con él se hiciese nada.
El arte no se hace con dinero; la fé y el
ardor para el trabajo no se hace con dinero:
un profesor que tenga un cerebro de corcho,
no lo tendrá mejor si se le triplica el suel­
do. En viejos moldes se quiere hacer algo
nuevo, y eso ¿podrá ser otra cosa que ruti­
na? Están muertos, dénse cuenta. Pero po­
drán decir: usted es un bobo; nuestro obje­
tivo no era e?e que usted piensa; siga nomás
así, que aún tendremos que hacerle limosna
\ a sus discípulos. Pero, ni aún en esto acer­
tarían. porque en lugar de achicarnos cre­
cemos. Y no sólo materialmente y por fuera,
sino más aún por dentro.
¿Qué publicaciones han hecho esos (to­
dos) nue honren al país, como las nuestras?
Porque atín dejando el contenido ¿podrán,
ni con mucho, rivalizar estéticamente? Dis­
ciplina filosófica, disciplina moral, disciplina
estética, eso es nuestro Taller. Y aunque sdiga que hacemos acrobacias cerebrales, yo
diré que es natural, pues para eso tenemocerebro. Por esto se nos critica que llevamos
a estudio — dicen— cuestiones estéticas que
hoy ni en los medios más avanzados se las
propondrían.
Aún si no fuese verdad, aquello de que más
vale fracasar que dejar de intentar, cabe de­
cir, que todo problema de arte, lo resuelva
0 no, es del que se lo plantea. El tiempo
pasa y trae cuestiones nuevas, y el trabajo
asiduo descubre siempre otras posibilidades.
¡ A h! justamente, creo que la generación pa­
sada pecó de demasiada prudencia, de dema­
siada sensatez. Y hubo dos razones para obrar
así, pero no las diré. Diré sólo, que la gene1 ación presente no se interesa más por lo
que se hizo. El por qué es fácil encontrarlo.

Lo importante (y lo serio) es: crear una
institución artístico-burocrática, bien organi­
zada y con todos los perfiles que haya de
’ ener, v luego, mantenerla por todos los
medios posibles, pues mientras ruede, habrá
sueldos que cobrar. Este es el objetivo. Y
por esto, siendo ese y no el que se dice, todo
tiene que ser falso. Pero, como está dentro
de la normalidad del inundo, la cosa se aguan­
ta, y aunque pueda parecer inverosímil.
Lo importante es crear gremios, sindicatos,

agrupaciones de arte; porque e*a masa, que
son votos, en cualquier momento podrá im­
ponerse. Y lo demás es vivir en el Limbo.
— ¡Ah! de veras— ¿usted se toma en serio
el arte? ¡Pero si no es más que un medio,
como cualquier otro, para vivir! Y la llave
está en saber adaptarse. ¡Déjese de idealis­
mos y sea positivo! — Así hablarían muchos,
si se quitaran la careta... pero ¡guarda!
Bueno; que en resumidas cuentas, sólo se
toman en serio el arte muy pocos, y esto,
además, porque tienen una base moral. Es­
tos rompen contra toda esa organización men­
tirosa, pero, naturalmente, tienen que que­
darse al margen de todo. Pero, a pesar de
ello: (que será: dificultad, miseria y toda
suerte de males), el arte se mantiene y evo­
luciona. Reirán de él los otros, pero, ¿qué
puede importarle?
Cualquier cosa sirve para realizar un acto
político-artístico, que podrá convenir en un
momento dado. Entonces, cualquier infeliz
pintor, cualquier pintura hecha de cartón
piedra u hojalata, servirá para el caso: ¡se
tiene a un héroe, se tiene una obra maestra!
Y así la mediocridad sube. Pero es lo nor­
mal. Ante cosas así. me decía un músico ame­
ricano, en su mal francés: «C’est horrible
! jórribl. . . ) , mais c’est bien». Era que le
mostraba todo un mundo absurdo y loco que
había pintado, y que era tan cierto y tan
real como la ciudad en que estábamos. Aún
río al recordarlo. ¡Y qué buenas cosas pue­
de inspirar la decepción y el dolor!

Si a esos que van organizando grupos, es­
cuelas, sindicatos, salones, se les preguntase
lo que han realizado —se entiende, en arte,
en obra— tendrían que responder que nada
aún, pues lo que piden no lo lian obtenido
todavía —dinero— pero, que en cambio están
bien organizados y prontos. Y prontos hasta
cierto punto; porque, por ejemplo, con res­
pecto a la decoración mural, hay aún, según
ellos, que fundar una escuela con todo lo
necesario. Que se han hecho ensayos... que
se han ganado algunos concursos... ¿Eso es
todo? ¡Bien poca cosa!
No hay peligro: por ese lado y con tales
normas, jamás se hará arte. Porque, falta
para que se haga, el ingrediente principal:
el artista. El que tiene que decir algo, porque
siente y tiene ideas. Y entonces, en un rincón
cualquiera, sin medios, pero con ardor y en­
tusiasmo. él, y otros como él. juntos o dis­
persos, harán obras con vida y armonía'. ¿Por­
qué? Porque, el hacer arte, ha sido para
ellos una necesidad.

Lo he dicho mil veces, y lo diré otras tan­
tas y más — pues es mi convicción profun­
da— que, donde no hay estructuro, no hay
arte. Me dirán, está claro, que por muchos
caminos se va a Roma; y que yo sólo veo
una sola manera de construir; pero que hay
muchas. Hay, habrá... ¡qué sé yo! Pero
una sola es la auténtica: aquella que se
muestra en primer plano en la obra, y que,
por ser así y no andar como encubierta o
disfrazada, opera con elementos puros, abs­
tractos y no ya imitativos. Es decir, que de
la realidad, liabrá tomado el artista sólo lo

�El Hombre, el Año
y la Et e r n i d a d
que era línea o tono; elementos concretos,
y por esto homogéneos.
En este punto radica todo el nudo de la
cuestión. Porque los objetos todos (las co­
sas i lo mismo que sus apariencias, por tener
un carácter propio y diverso, jamás se jun­
tarán para realizar una unidad, que es decir
una armonía, que es lo que desea realizar
el artista. Entonces éste, por un medio u
otro, sea por el claroscuro o el color, por un
tono dominante o pr ciertos ritmos o carác­
ter que les dará, logrará en parte la unifi­
cación que busca; pero será bastarda; y aún
esto cuando la logra. Pues la mayoría de
los pintores no buscan éso, sino lo contra­
rio: exaltar el carácter y la apariencia de
cada cosa. Pero, cuando el artista, ante todo,
busca de dar unidad a su obra, y quiere
de-tacar, antes que nada, su estructura; que
quiere decir la relación armónica de las
partes con respecto al conjunto y así llegar
a la perfecta unidad, sabe que para llegar
a tal unificación, los objetos deben perder
&gt;u valor individual como cosas, para conver­
tirse en elementos plásticos, porque así, den­
tro de su homogeneidad, pueden fundirse los
unos en los otros y entrar en el ritmo. De
modo, que toda obra imitativa, está en el polo
opuesto de tal propósito: por el contrario
lo que desea dar, no es el verdadero arte,
que es la armonía, sino una simulación de
la realidad. No es, pues, más que un arte de
imitación, pues parte de un tema. Pero el
arte de verdad, no es eso: se mantiene sobre
su base que es el ritmo. Y así fue el arte en
las grandes épocas prerrenacentistas. Por esto
creo que el arte ha de volver a tal tradición,
si bien con el aspecto que corresponda a
nuestra época. \ ya no hay que decir, que
tanto en las chicas obras de la pintura de
caballete, y basta en el dibujo, como en
la gran pintura mural, todo debe de ser
construido.
•
Sentado esto,
que pueda, que
ce artístico del
demasiado fácil
yo lo haga.

que es bien cierto, ahora, el
haga 'por sí mismo el balan­
año que pasó, que por ser
de hacer, no hay para qué

La mayor parte de los artistas van ha­
ciendo, año tras año. sus obras, como las hi­
cieron en otros pasados; y así también, y sin
variación, se convocan concursos, se arman
salones, se hacen exposiciones; porque, no
es el caso de-inventar ni crear, de resolver
nuevas cuestiones de arte; pues el caso es,
justamente, una cosa al revés: no salirse del
mo'.de establecido. Ahí está el secreto y el
de-co de todos. Porque lo que esa gente
juzga arte nacional (y salvo excepción) e*
lo que aquí cristalizó ya hace bastantes años,
y que ya. una vez así definido y formado
no hay para que tocarlo ni retocarlo: sería
como querer retocar el grandioso edificio del
Parlamento o del Banco de la República,
que lian de quedar así para siempre. Y esa
es la cara que debe mostrar nuestro arte en
el extranjero. Eso yo pienso que es lo que
piensan, pero también podría equivocarme. . .
Se comprenderá —dado que eso fuese así—
(¡ue todo otro arte que no se amolde a ese.
deba mirársele con recelo. ¿A qué se sale
ese de la línea? Y el que va al extranjero
a estudiar, ya sabe que al volver aquí, ten­
drá que ponerse en esa línea. Además, elo que han hecho todos, salvo algún ligero
atrevimiento que siempre cae bien.

En todo esto la sensatez no pierde nada,
pero -i el arte. Ese estaticisino es un delito.
¿Por qué, si en otros terrenos todo aquí
avanza, no lia de avanzar el arte? ¿Por
q u é ...? ¿Será porque lo dice tal o cual
(persona encumbrada) es decir, dice que todo
\a muy bien, y que podemos estar orgullosos, y tiene loas para todos? Para mí eso
no es cierto, sino todo lo contrario. Pero
dado que lo fuese ¿es que no hay que avanzai
aún más. buscar de solucionar problemas
de magnitud que se nos han presentado, orien­
tarnos mejor, dar, si posible fuese, con nues­
tra personalidad, ponernos al diapasón del
siglo en que estamos Ipiénsese a qué nivel
llegó el arte en Europa y lo lejos que están
de alcanzarlo! y en fin ... que si hay quien
ve más allá, es decir, la posibilidad de des­
cubrir nuevos horizontes y de remontarnos,
¿qué mal habría en que apoyáramos tan ge­
neroso esfuerzo? ¿Es que no lo hacemos en
otros terrenos?.
Un individuo con autoridad puede hacer
mucho bien o mucho mal a un país. Hablo,
es claro, pensando en el arte verdadero; pero
quizás no deha plantearse tal cuestión, que
desde otro punto de vista, resulta ingenua.
En todo esto hay un pleito, que no es po­
sible resolver, por aquella imposibilidad de
explicar lo que son los colores a un ciego de
nacimiento. Si no fuese así, bastaría con una
confrontación de obras. ¡Qué lástima que
las balanzas no nos puedan dar la medida
exacta de su respectivo valor!

Hay algo escrito para el hombre, en el
hombre mismo.
Si entremedio del trazado de millones de
líneas que se entrecruzan y superponen, pue­
de cada uno hallar por fin ese sagrado documento, va no tendrá que hacer más que
seguirlo. Y ahí. verdaderamente, comenzará
su obra.
De uno a otro hombre, tal documento no
difiere en lo esencial: todos, con más o
menos complicación o simplicidad, dicen lo
mismo. Por esto, lo.- que, desechando el res­
to, se atienen a él, pueden perfectamente
armonizar, y pueden también comprenderse
perfectamente. De seguir, los hombres, tal
ley escrita, vendría la mayor paz y armonía:
la vida de todos, sería toda aquella posible
de felicidad, que cabe a los humanos.
Toda obra, chica o grande, debería ini­
ciarse en tal ley que llevamos grabada en
la conciencia. Y no otra cosa son (es decir.
sus proyecciones) las grandes obras del Arte,
sean de poesía o de música, de pintura o
de arquitectura: las grandes construcciones
filosóficas, las religiones, los mitos y leyen­
das, y aún las grandes realizaciones huma­
nas, heroicas o santas. Todo eso toma su
origen allí, v por esto, cuando el arte excede
el simple oficio, ly por sabio que sea), ya
es más que arte; y más realiza, lo que es
su misma esencia: porque esa. también toma
su origen y fundamento en aquella sagrada
ley. Ya es más que arte, y es entonces lo
que tendría que ser siempre el arte.. Es
decir, un arte verdaderamente religio-o o sa­
grado. Y entonces tendríamos: arte religioso
o místico, y arte profano; sin que ninguno
de ellos se saliese de la base única del arte:
lo constructivo concreto. Pero entonces uno
de ellos, de la frontera de lo real para aquí,
y otro de esa frontera para allá; que sería
el arte en lo temporal v el arte en lo eterno.
La Dra. Montessori, que como todos saben
fué una genial innovadora en pedagoría, la
tuvimos en Barcelona después de la primera
Guerra Mundial. Era mujer de extraordina­
ria intuición y de no menos extraordinario

talento. Esta última cualidad resaltaba bri­
llantemente sobre dones y visiones más pro­
fundos (tal como debía ser en Teresa de‘ Jesús. en la que. la discreción y desenvoltura,
y aún su sentido práctico casi realista, que­
daban frenados por la equilibrada perfección
suya); digo, que la Dra. Montessori, que aho­
ra parece que reside en la India, fué interiogada acerca de cual era su religión; de
si era católica, budista, o teósofa; y ella res­
pondió que era rnontessoriana.
El sentido profundo de tal respuesta, se
comprende luego: ¿qué es más una religión,
que — por ejemplo— el concepto claro de
’o que lia de ser la educación y enseñanza del
niño, los métodos empleados, y la fe y ar­
dor en llevarlos a término, dando en ello
toda su vida? No más que eso. fué la pre­
dicación y ejemplo de tantos instructores de
la humanidad, ya fuese dentro de conceptos
mí ticos o puramente racionales; ni más la
fe y sinceridad (¡ue pusieron. Y tras ellos,
y como cristalización de lo que dijeron e hi­
cieron. quedaron tratados, religiones, sec­
tas. . . Y entonces, de igual modo los poetas,
los artistas, los músicos y los arquitectos,
dejando tras de sí poemas, obras admirables
de escultura y pintura y grandiosas composi­
ciones musicales y no menos grandiosos tem­
plos. Proyección, todo, de su espíritu, que
tomó pie en lo que encontraron escrito en
lo profundo de su conciencia: lo que estaba
escrito para el hombre, en el hombre mismo.
Claro, que el hombre, al venir al mundo,
ignora que posea tal oculto tesoro: que con
afán, lia de descubrirlo día tras día, cerrán­
dose a todo lo demás; claro, que le será difí­
cil comprender, que sólo para eso vino a la
vida, y que es misión que ha de cumplir sea
grande o chica; y además, que tal diamante,
tendrá que pulirlo a fin de que saque bri­
llo, y que por esto, para tal menester, ha
de ilustrarse y aprender un oficio adecuado.
Y otro objeto que ese no veo en la vida;
y dichoso el hombre que lo descubre. Y otro
asidero no tiene para sostenerse, y aunque crea
el ignorante que lo es la fuerza y el poder
y la posesión de bienes materiales; los cuales,
en menos de un soplo pueden desaparecer,
y que aunque así no fuera, suelen sólo dejar
un rastro de miseria y dolor, para los otros,
como legado; pues sólo lo que está en la
ley es armonía y canto y gozo para todos.
Hay que dar, pues, a toda costa, con esa
ley grabada en lo hondo del ser que somos.

Lo que se llama civilización, y sea en
grande o pequeña escala, no es más que la
proyección del hombre. La cual, o bien pue­
de encaminarse a lo espiritual, tal como en
Egipto o en Grecia, o bien hacia lo mate­
rial como en Londres o Nueva York. Por
esto, es asombroso pensar en la obra huma­
na. que va desde lo misterioso y oculto del
misticismo o los problemas científicos y ma­
teriales del átomo; desde los problemas es­
téticos. basta la creación de ingenios mecá­
nicos; o desde los delicados y complejos
problemas de la psiquis, hasta las descomu­
nales obras de la ingeniería. Todo eso es
proyección del hombre. Pero, entre todo eso.
que constituye lo que llamamos civilización,
conviene, no sólo establecer jerarquías, sino,
y por eso mismo, separar lo que sea de orden
superior de lo que es de orden inferior.
La facultad creativa sólo pertenece al hom­
bre: es lo que le distingue esencialmente de
los brutos. De manera, que cuanto más se
i leve en tal sentido, más hombre será. Y así,
y por esto, en llegando a cierto grado de
elevación, en el cual ya parece que deja to­
do lo terreno, diríase que el hombre ha

�vencido a la animalidad para ser realmente
lo que debe ser. Realiza, quizás, el arque­
tipo; lo que en el plan cósmico sería la fi­
gura del hombre; y que, las especies infe­
riores, aunque cronológicamente se anticipa­
ron, no hicieron más que prefigurarle de mil
modos diver.-os. Y así, podemos ver, que los
hombres que han superado la animalidad,
se esfuerzan por llegar al arquetipo ese, que
no puede ser más que la idea. Por esto, su
espiritualidad es mayor; y de ahí también,
que las proyecciones de su espíritu, deban
colocarse por encima de las realizaciones y
deseos del hombre que sólo mira a lo físico.
Yerra, pues, el hombre que retrograda y
vive en y para lo material, pues no es esa
la vía del hombre.
Antes que de religión, y para hace* más
concreto el lenguaje, debería hablarse de fi­
guras de religión; de verdaderas construccio­
nes espirituales hechas así de espíritu, sin
querer que sean más que eso o. entonces,
materializándolas; haciéndolas reales como
las cosas entre que andamos en el mundo.
Es decir, y dicho en una palabra: dentro de
un verdadero simbolismo. Y entonces, el con­
cepto de toda figura religiosa, sería mucho
más grande y profundo, ya no achicado por
el concepto vulgar de realidad; sería casi
infinito, podríamos decir, sin bordes ni lími­
tes y en un ámbito que no sería sitio alguno.
Pero, no es ese el concepto humano que de
la religión se ha tenido y se tiene. Es más:
otro concepto religioso que no sea realista,
no es considerado como tal. Sería la piedra
de toque de todo creyente. Ora a un dios real
(en cierto sentido) todo lo espera de esc
dios, y aún las cosas más particulares. Y fue­
ra de ese dios o dioses suyos, los otros son
falsos. Y hasta dentro del concepto de un
Dios Unico, universal, hay infinidad de con­
ceptos diversos o maneras de adorarlo o con­
cebirlo.
Por todo esto, pues, podemos, contemplar
el sentimiento religioso, desde dos puntos de
mira diferentes: uno simbólico y otro real.
pero, ambos, tomando su origen en lo pro­
fundo de la conciencia humana. Y el hom­
bre, entonces, verdaderamente no sabe, si lo
que intuye procede de sí mismo, de lo que
él podrá llamar su ser propio, y entonces pro­
yección suya lo que manifieste, o si, a la in­
versa, tiene, en tal caso, una revelación, ya
que es el Ser mismo, en singular, quien le
inspira. Sería, en tal caso, el hombre, un
verdadero médium. Pero, uno y otro caso
para en lo mismo; puesto que es igual que,
por ser la única voz o intérprete de la vida,
el hombre, tanto dá que en él esa vida se
haga consciente y nos lo manifieste, como
que sea el único ser capaz de captar las vi­
braciones de un mundo superior.
Todo esto, reconozco que es demasiado
complicado y conjetural, y es porque viene
más del pensar que no del sentir e intuir.
Mala vía para entrar
en lo
profundo de
tales problemas.
Sólo la palabra queviene
hecha es la
cierta, y por esto sin controversia. Pero el
mal está, que no viene cuando se la llama:
viene cuando le place; v nadie podría saber
de donde viene, porque no ha sido fruto de
ningún trabajo. Y si no es con tales pala­
bras, más vale no escribir. Por esto, sólo
pueden escribir a plazo fijo los profesionales
literarios: basta abrir la canilla y ya sale
el chorro. Pero volvamos a lo que decíamos.
Tal escritura que habría en cada uno de
nosotros, será siempre, %en
realidad, tu
voz del hombre. Es decir, la voz del hombre
que habría superado la animalidad. Y en­
tonces, esto, se podría decir de otra manera:
la voz del hombre, pero no la del individuo

que la emite. Por lo tanto, voz universal,
puesto que desligada de todo interés perso­
nal y por encima de todo lugar y tiempo.
Por esto, al decir que todo es proyección del
hombre, a ese hombre universal se refiere.
Voces de esas, fueron las de los antiguos
profetas y sabios, y siempre la de los ver­
daderos poetas. Y de tales voces se formaron
mitos y religiones, creaciones formidables
en lo universal; mas ciertas que la verdad
real. Pero ciertas, por esto, simbólicamente.
Por esto, hay que así interpretarlas y no de
manera realista. Pues así, las aniquilaríamos;
las reduciríamos a polvo. Más, aún: haría­
mos de su sublimidad, o una vana fantasía
sin contenido alguno, o una monstruosidad.
Xo puedo meno- que insistir aquí, que no
sólo el arte imitativo realista es el que se
ha de combatir, sino, tal realismo, aún en
esas otras esferas. Pues en uno u otro caso,
la posición del hombre es la misma: o está
en lo_ universal, o en lo particular, que es la
verdad real. Y por esto, ya pueden ver, lo
importante que es sacar al artista de la mala
tendencia subjetivista o imitativa.
La más alta escuela, será siempre la que
se base sobie los principios universales. Pero
no dentro de un intelectualismo racionalista,
sino intuyéndo’ o y viviéndolo. He dicho prin­
cipios universales, sólo para entendernos. Y
en todo caso, tales' principios, podrán servir
sólo para ordenar nuestra mente y así librar­
nos de caer en confusiones.
La palabra viva, así como la obra viva,
nada tiene que ver con la verdad real, y, por
otro lado, tampoco viene de donde viene esta
última. Viene de lo desconocido y •no es fru­
to de! trabajo; no podemos, induciendo, lle­
gar a su origen. Y con esto ya estamos en
el misterio. Cada obra de arte guarda su se­
creto como la Esfinge. ¡Y pensar que hay
gente que piensa que el arte puede apren­
derse en una academia! Porque esos no sa­
ben, que lo mejor que puede enseñar un
maestro, es comunicado al discípulo por mo­
do que nadie podría explicar. Y también
esto está en el misterio; siendo, al mismo
tiempo, algo de muy franco, natural y sen­
cillo, pero impenetrable. Y así, si fuésemos
observando, veríamos que lo mismo ocurre
con todo: hechos que constatamos pero que
son inexplicables. Damos, entonces, aquí, con
eso universal que decíamos, pero en un pla­
no viviente y no intelectual; magnético, casi
podría decirse. Y que sería la realidad ver­
dadera, tras el velo de la realidad material.
La manera, pues, simbólica, de operar el
artista v el poeta y el místico, se compren­
de: no están en la realidad material, sino en
la realidad verdadera. Xo destruyamos, pues,
su buen propósito, invirtiendo los términos,
y haciendo grosera realidad, del espíritu. Pero
en cambio podemos hacer esto otro: hacer de
la realidad espíritu. Es decir, yendo a la
esencia de las cosas.
El concepto naturalista y material, que es
casi el común sentir de todos (y ahí su agra­
do por la pintura imitativa) es, en verdad,
una barrera que se interpone entre la verdad
real y la verdad profunda.
Ya Platón, al hablar de la belleza, dice
que no es aquella que contemplamos, por
ejemplo, en los bellos adolescentes; y que
cuando realmente la conozcamos, veremos que
no será aquel’ a, ni aún su reflejo. Y da a
entender, que sólo en lo abstracto está la
belleza y no en las cosas. Y es así. Y por
esto yo digo: ¿por qué, entonces divagamos
en otros aspectos del arte, naturalistas y fi­
gurativos, y no nos concentramos y centramos
en el arte abstracto sin figuración? ¿Por qué?
Aquí yo lloraría de pena o de rabia. Pero
ahí se quede, que yo rae entiendo y Dios

me entiende. Y aquí podría terminar. Pero
ya se ve que esto aquí no termina; pues, en­
tonces, ¿qué consecuencias sacaríamos de to­
do ello? Y, ¿no sería una traición a la ver­
dad, y a ustedes que me escuchan, el dejar­
les en suspen-o? ¿X o sería cobardía, el no
afrontar la situación que se plantea, para
resolverla según el más recto sentido? Bien:
¡sea!, voy a decir lo que pienso y sin re­
serva alguna.
El camino hubiera sido llano, de no me­
diar dos circunstancias: por ejemplo, si se
hubiese tratado solamente de mí; pero se
trata de ustedes. Sé la responsabilidad que
tengo; sé las consecuencias que pueda pro­
vocar. Pero, ¿es que la verdad no ha de
pasar delante de todo? Es así.
Lo segundo sería esto otro: tengo que de­
cir, por ejemplo, que debido a este medio
artístico e intelectual en que estamos, pudo
decir que, hasta el presente, no me ha salido
cosa derecha. Dos fuerzas han debido luchar
siempre: lo que debía hacer y decir, libre­
mente, y la fuerza del ambiente, no prepa­
rado y hostil, que quería que yo fuese e
hiciese otra cosa; y de ahí que ella saliese
como dije, torcida. Y aquí, y ahora ¿debía,
en esa circunstancia que se plantea, defor­
mar la cosa, secuestrarla... y seguir; o cor­
tar con toda consideración y decir la verdad
de todo, simplemente? Olviden por esto, cual­
quier falseamiento que haya habido, cual­
quier postergamiento o ambigüedad, cualquier
acomodo, cualquier tibieza o indecisión. Ol­
viden algo que fuese como actitud demasia­
do benevolente o provisionalmente acepta­
da; pues ya dije, que nada o muy poco me
salió derecho hasta el presente.
Y* ahora pensarán ustedes ¿qué irá a de­
cir este hombre que así toma tantas precau­
ciones? Pues casi nada, y presto podrán
verlo. Además, que entredientes lo dije más
de una vez, y que debió oirlo quien tuvo
oídos. Pero suele pasar con las ideas, que a
veces se quedan en la antecámara y no pa­
san de allí, y que hay que darles un empu­
jón para que acaben de entrar, y al fin
hagan cuerpo con nosotros; o sea, que a ve­
ces se dice lo que no debe hacerse para que
se dé con lo que debe hacerse; y ésta es una
manera personal, quizás poco franca o de­
masiado suave, de decir las cosas, y que se
encamina a que cada cual resuelva por sí
mismo el problema y el sentido que quiera,
pero que puede acarrear confusión. Se oiría,
pues, tal cosa así dicha, pero no se consi­
deró en aquel momento oportuna, o se dejó
para pensarla mejor ¿qué sé yo? Pero ahora
me esforzaré por no caer en esta viciosa ten­
dencia mía y quitar toda nebulosidad.
Tomemos el número 14 de «Removedor»,
y en la cara interna de las tapas o última
página del texto, puede leerse esto, en grue­
sos caracteres: «En un futuro cercano, el
ARTE ABSTRACTO habrá suplantado com­
pletamente el arte imitativo; EL ESQUEMA
GEOMETRICO Y LOS COLORES PRIMA­
RIOS, a la persepectiva y a los colores com­
puestos. Tal arte correspondería al Hombre
Xuevo del Nuevo Mundo». Es el Arte Cons­
tructivo.
Aquí como puede verse, estamos de acuer­
do con Platón: la belleza, que es algo abso­
luto, no está sino como reflejo en las cosas,
y entonces ¿para qué dar ese rodeo pudiendo ir derechamente hacia ella? Eso siempre
es lo que vi, y tuve que andar torcido du­
rante más de diez años, por lo que antes
dije, y por ende, enseñar lo que no debía;
y hasta ahora mismo: la Pintura en la me­
jor Tradición.
¡Divina Proporción!, ahí está el secreto
(Sigue atrás.)

�EL HOMBRE, EL ANO, Y LA ETERNIDAD
Para terminar, resta ahora tratar de dos
puntos, uno de los cuales es de capital im­
portancia, como se verá luego.
Es, el primero, que hay que aclarar, que lo
que nosotros entendemos por arte abstracto
no figurativo, nada tiene que ver con ese
arte, que bajo la misma denominación hizo
su aparición en Europa, pongamos a partir
de 1918 (aunque algo se había ensayado an­
tes) y que se originó en Rusia y Holanda,
por los suprematistas y neoplasticistas, y que
después de difundirse en Alemania y Francia
luego hizo camino por todo el mundo. Tal
arte, más teórico y filosófico, que artístico
propiamente dicho (pues era rabiosamente
intelectualista), aunque secretamente tuviese
por punto de partida el cubismo, repudió
toda la visión intuitiva de éste y aun lo for­
mal, para quedar escuetamente un proble­
ma solo aparentemente científico o matemáti­
co; es decir, algo deducido racionalmente.
Jamás hubiera podido ser tal arte el nues­
tro, y de ahí, frecuentes y enconadas peleas
que tuvimos con ellos, ya que, tal vacuidad,
querían erigirla en algo supremo, a que sólo
podían llegar — decían— mentes tan evolu­
cionadas como las de ellos.

resto; practicarlo cotidianamente tan a la
perfección como sea posible; concentrar to­
das nuestras energías y pensamientos en él:
en una palabra: poner toda nuestra esperan­
za y fe en él.
La religiosidad del vivir, puede venir de
la práctica humilde del oficio, de una entre­
ga absoluta a él, en un ambiente de recogi­
miento y austeridad. Poco a poco, y por su
influencia, todo pasa del plano de lo tem­
poral a lo universal y, entnces, todo tiene
significado y trascendencia. Ya nada es ma­
terial: todo tiene sentido moral. Y las rela­
ciones de las cosas son en un infinito; y
todo se corresponde.
Llegar, pues, a la consciencia de lo que se
está haciendo; es decir, pensar, que, lo que
estamos haciendo, n« es una obra, es un acto.
Este solo pensamiento, podrá hacernos com­
prender la gravedad de la cosa, y hará que
pongamos empeño en llegar a lo perfecto, lo
cual estará tanto y más ajustado al espíritu,
cuanto •habremos puesto más esfuerzo en la
práctica seria del oficio. El cual, en toda
circunstancia, es el que siempre tendrá que
salvarnos.

Dije al principio: cuando el arte excede el
siemple oficio (y por sabio que sea) ya es
más que arte y más realiza lo que es su
misma esencia (lo constructivo concreto) por­
que esa, también toma su origen y funda­
mento en aquella sagrada ley. Y se añade,
que siempre el arte tendría que ser así; es
decir: religioso. Pero ahora digo esto otro:
que es por la práctica humilde y sincera del
oficio desentendiéndose de todo, que puede
llegarse a esa universal religiosidad, por cuan­
to entonces se toma al oficio como acto, como
afirmación de nuestra fe puesta en él. Ya
algo de muy profundo. Y' es lo que acontece
que sabemos que va prendido o ligado a
con lo religioso propiamente dicho, que, si
bien toda figura de religión debe ser toma­
da como símbolo, sólo por el acto religioso
ya material e invocando a una imagen corres­
pondiente, cumplimos con aquello escrito para
el hombre, en el hombre mismo. Por eso dije
también, que para todo creyente era la pie­
dra de toque. Y entonces se comprende que
se
haya dicho que el Arte era una religión.
El otro punto a tratar es el siguiente, y •
Y
bien
se ve que lo es.
que yo pretendo que ha de darles la clave
Hay, pues, dos artes (y con esto volvemos
para encontrar la ruta que ha de llevarles,
a la clasificación de siempre) el arte en lo
no ya a la comprensión total de tan grande
temporal, la Pintura, y el arte en lo univer­
y trascendental problema (el cual ya se ha
sal,
el Arte Constructivo. El primero en un
explicado sobradamente y ustedes ya lo han
aspecto normal, pero construido y concreto:
comprendido) sino, podríamos decir (y aún
es decir, en el ritmo —y el segundo, arqui­
que así esté mal dicho) la manera práctica
tectónico y plano (excluida la tercera di­
de llegar a él, de estar en él, de existir y
mensión) esquemático y geométrico, no ad­
obrar en él, y no unilateral mente, sino den­
mitiendo más que símbolos universales o
tro del conjunto de la vida, que es como
yendo a la abstracción total. Y así, cada uno,
se debe existir y estar en él. Y así, natural­
puede realizar el doble aspecto del hombre,
mente, sin complicaciones ni mayores cavi­
o sea en lo temporal y en lo eterno.
laciones ni rodeos, el toque de la cosa está,
simple y llanamente, en aferrarse al oficio.
J. TORRES GARCA 4
Consagrarse a él por entero, barriendo el
No; no podía ser tal arte el nuestro; po­
díamos, en cambio, entroncar poco o mucho
con el Cubismo, porque éste, verdaderamente,
era un movimiento de arte y sostenido por
artistas; pero tampoco podía serlo del todo,
por otra razón: por su particularismo a ve­
ces muy anecdótico; por lo estrecho y limi­
tado de su teoría, más traída por el azar
que no por la visión universal en todo el
problema, pues a esto debía llegarse. En tal
punto, di mi voz, pero nadie podía inter­
pretarla, falto de resonancia interior, ya que,
para que así fuese, tenían que olvidar sus
pequeños problemas que se traían y el pru­
rito de modernidad de que estaban presas,
para ir más allá del tiempo y las cosas y en­
trar en el cauce grande del arte universal
de todos los tiempos. El cual, fué el objetivo
que siempre perseguí. Y con esto me parece
que queda explicado, cual es el género de
abstracción y no figuración nuestro, que na­
da tiene que ver con aquello.

Lo A p are n te y lo
Concreto en el A rte
POR J. TORRES-GARCIA
C on el texto de sus lecciones del
añ o 1947 en la

F a cu lta d

de

H u­

m anidades, y 38 pá g in a s de re p ro ­
ducciones fu e ra del tecto.

EN TODAS LAS LIBRERIAS

Impresora L.I.G.U.

Cerrlto 740

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX: REMOVEDOR

de todo; y eso de divina no es una metáfora.
En eso debemos estar, y dejar el resto. Fuer­
te cosa es, ¿no es cierto? Pero, estamos en
el mundo; y, de considerar esto, nacen las
cosas torcidas, ¿Es que se puede vivir del
aire?
Ahí tenemos nuestro compás, que es tam­
bién nuestro signo; y el pez, ese esquema
simbólico; y esto quiere decir que estamos
en esa fe. Saben ustedes, que yo digo, que
todo arte que no sea construido, no es nada.
Por esto yo, ante todo, les he enseñado eso.
Y aún ahora, queremos introducir esa cons­
trucción en el naturalismo. Salvamos así a
la Pintura. Y esa ya puedo enseñarla.
Todo ha de ser una estructura, sea lo que
sea; y los elementos han de ser abstractos
para ser medidos y ordenados geométrica­
mente; y todo ha de ser plano. De ahí el
dibujo que hacemos ahora; olvido del ob­
jeto real, que será creado por los elementos
plásticos (rayas y planos) enlaces, no de
formas representativas del objeto, sino de
sus accidentes secundarios; y así enlaces de
todos los accidentes que se representen en
el campo visual, sin discriminación de los
objetos. Puede decirse que aquí ya todo
es abstracto: una estructura dentro de un
aspecto naturalista; y es el máximo esfuerzo
para conciliar lo que todos quieren, con lo
que queremos nosotros (la abstracción).
En la estructuración, podríamos decir na­
turalista, no es posible percibir claramente
el ritmo o música de la composición, que
viene de la proporción. Y por eso debe ha­
cerse una pintura construida. Es la que ha­
cemos ahora, y para el arte universal cons­
tructivo, sólo admitir los esquemas geométri­
cos, símbolos de ideas universales.
Y bien ¿qué nos retiene y no nos deja
llegar hasta esa meta? Ya lo he dicho antes,
y de ahí que las cosas no salgan derecha­
mente. Y no es el caso de querer cambiar,
pues no es posible: si así estamos, es por que
la realidad de las cosas no consiente otra
que esa. Pero, que entre en nuestra conscien­
cia, entonces que no hacemos lo que debié­
ramos hacer, y que, en cambio, hacemos lo
que no debiéramos.
Ahora, en este recorrido de cien días o
más, vamos a estudiar nuevamente todas las
etapas de nuestra pintura hasta el presente:
es decir, desde el aspecto naturalista hasta
la abstracción total. Será el mejor experi­
mento, porque, en terminando, podremos ver,
con toda claridad muchas de las cosas que
integran tal problema, y también, por la
confrontación de las obras, las que deben
prevalecer. Podrá experimentar cada uno, su
grado de preparación, o su natural tenden­
cia, y luego, en el público, las reacciones que
se produzcan. Por esto, hay que llevar heroi­
camente y con toda fe y entusiasmo, todo el
plan completo hasta su terminación.
Decía al principio: Todo eso toma su ori­
gen allí —en eso escrito para el hombre, en
el hombre— y por esto, cuando el arte ex­
cede el simple oficio (y por sabio que sea)
ya es más que arte; y más realiza lo que
es su misma esencia; porque esa; también
toma su origen y fundamento en aquella sa­
grada ley. Ya es más que arte, y es enton­
ces, lo que tendría que ser siempre el arte.
Es decir un arte verdaderamente religioso.
He ahí, pues, expuesto de manera bien ob­
jetiva, lo que tendría que hacerse, y lo que
hacemos; es decir, lo que hace y lo que as­
pira hacer cada uno. Y en esto nadie debe
meterse: es problema personal. Mida cada
cual sus fuerzas, estudie sus tendencias, co­
nózcase a sí mismo.

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                    <text>JOAQUIN

TO RRES

NUMERO
DEDICADO

A

SU

- GARCIA:

ESPECIAL
74.°

ANIVERSARIO

Año 4 -N° 22
ORGANO REDACTADO Y EDITADO EXC LU SI VA M EN T E
POR I N T E G R A N T E S D E L T A L L E R T O R R E S G A R C I A

S E T I E M B R E 1948 - El ejemplar: 0.10

�R EM O ) E D O R . que por diversas razones,

REMOVEDOR
AÑO A

A IN ^

4

Kedactor Responsable

G U | DO

CASTILLO

* i0

IN '

no pudo asociarse al homenaje hecho a T o­
rres García, con motivo de su 749 aniversa­
rio. en ocasión de la 4 5 9 Ex¡)os¡icióti de este
Taller, llevada a cabo en Julio pasado, lo
hace ahora con este 'SUMERO ESPECIAL.

TORRES

GARCIA Y LA TRADICION

El verbo ensímismar es, para mí, la palabra más
hermosa que vive en el mundo del hombre. De una pre­
posición, un pronombre y un adjetivo, se ha inventado
una acción que realiza una quietud que es la realiza­
ción de todas las acciones.
Cuando el hombre se ensimisma, es que el mundo
y el alma se han convertido en dos espejos que se en­
frentan repitiendo hasta el infinito la mera po ibilidad, cada vez más compleja y siempre vacía, de refle­
jar una imagen. Sólo así, ensimismándonos, convirtiéndonos en espejo y convertidos en espejo del mundo,
podemos vernos reflejados como reflejos de un reflejo.
\ recién entonces no¿ damos cuenta que nuestro es­
píritu y lo real están siempre separados y que, sin
embargo, cada uno de ellos encuentra al otro en su
propio fondo.
Por algo es que la gramática de la vida, saltándose
la lógica gramatical, y a pesar de Juan Ramón Jiménez,
no dice: \o me enmimismo. Tu te entimismas, sino que
siempre es El, quien se ensimisma cuando nos ensimis­
mamos.
Este El no sólo es de mí y de tí; es también el
El de él. ¿Y quién es El?
Esta pregunta exige una pregunta por respuesta:
¿Puede un espejo ante un espejo distinguir su pro­
pio rostro del rostro del otro?
Somos por naturaleza fanáticos cristaleros, y tene­
mos la loca esperanza de alcanzar la idea y el s;ntimiento de cristal, pretendiendo que ese vidrio ideo­
lógico y sentimental sea completamente transparente
para que su invisibilidad baga visible el cuerpo de lo
real. Pero, castigo divino, todo lo que obtenemos es
que el mundo y el alma se nos conviertan en superfi­
cies brillantes, tan rudamente visibles, que devuelven
los ojos que las miran.
Cuando las dos superficies se enfrentan, cuando
nos ensimismamos es el momento en que se puede ha­
cer el arte, la Poesía: y la Poesía se hace, si se logra
dejar pasar el azogue del mundo y del espíritu como
si no fuera azogue, como si el reflejo que pasa de un
cristal al otro, cada vez más cargado del otro, pudie­
ra ser una luz azogada.

He intentado expresar como entiendo el verbo en­
simismar. porque ello me permitirá señalar algunos
aspectos del arte de Torres García y relacionarlos con
el espíritu moderno.
Sov consciente de que al realizar este propósito

DE O C C ID E N T E

me meto en camisa de once varas. Pero la dificultad
no está en el tamaño de la camisa sino en la manera
de usarla; y si una camisa de once varas es una prenda
incómoda y ridicula como camisa, puede ser muy ele­
gante como capa.
El afán del hombre moderno, desde el romanti­
cismo hasta nuestros días, es conocerse la cara. Por eso
gesticula, pone cara fea e intenta verse los ojos. La
imagen también gesticula allá enfrente. Entonces él sal­
ta de contento, y ya funda una estética pura como ha­
bla de liberar ese inconciente tan suyo, sin cansarse
de decir: Yo me enmimismo.
Pero pronto la plenitud de si mismo se trueca en
vacío v su contento en desesperación, pues la imagen
también está alegre v también salta de gozo, con saltos
tan reales que hacen pensar que ella a su vez está
muy satisfecha de si misma.
La pregunta surge terrible: ¿quién es el otro? ¿de
quién es la mueca?
Las gesticulaciones se repiten, se automatizan y,
olvidadas ya del impulso que las originara, se hacen
cosa natural, la cara se acostumbra a la mueca y la
persona se convierte en personaje. Eso es nuestro arte
grande o chico: artimaña de personaje, actividad dra­
mática sin naturalidad poética.
Hemos perdido la religiosidad y somos gente des­
ligada. Hemos perdido el encanto y somos gente des­
encantada. Hemos perdido la gracia y somos unos des­
graciados.
La pintura de Torres García es uno de los poquí­
simos ejemplos de recuperación de la persona espiri­
tual, v la persona espiritual es siempre tercera persona,
es siempre ensimismación poética.
Todo el arte de Torres García v toda su enseñan­
za se pueden señalar como un titánico esfuerzo para
rescatar a Occidente del ocaso.
Occidente quiere decir el que cae, el que está ca­
yendo. Ese es nuestro de-tino occidental: estarnos ca­
yendo siempre, ser el destino del sol. Pero, cuando el
sol cumpla su destino, cuando llegue al ocaso, a lo
caíclo, puede nacer desde allí.
Torres García, emplea todas las energías de su
alma v de su amor para hacer que el sol salga por oc­
cidente, para convertir el crepúsculo en el amanecer
de la vida.
Tenemos la garantía de que esta revolución astral
puede realizarse en el hecho de que — según nuestras
averiguaciones— el sol nació como sol por occidente.

�FUN D ACIO N ES P IG A S
Buenos Aires - Argentina

Por eso vive en nosotros la esperanza, de que su caída
sea el regreso del liijo pródigo. f la casa paterna está
allá, en la vieja Grecia siempre doncella de los tiem­
pos anteriores a Pericles.
Tenemos que emprender el regreso. Esa es quizás
la única forma de madurar lo que nos haya ensenado
nuestra aventura por el mundo, la única manera de
conservar lo viviente de nuestra romántica salida.
En un artículo que escribí a principios del año
pasado, sobre la exposición retrospectiva de forres
García, decía, entre otras cosas, que "ante las obras de
este pintor parecería que el espíritu de Grecia hubiera
resucitado de pronto, con una nueva fuerza y una nue­
va vibración milagrosas' . f refiriéndome a la pintura
del año 28, la de aspecto menos clásico: '‘ aun en esta
época dionysíaca, Torres García hace clasicismo, pues
es un Dionysos metafísco que se emborracha de pintu­
ra en un bosque de ideas y de m úsica..."’ “ ...cuando
Torres García deforma las cosas reales, sacrifica ritualmente el objeto; y el mundo real, por él sacrificado,
resucita sustancia inmaterial, creatura de otro mundo".
Ese acento clásico que siempre tiene la pintura de
Torres García, aunque el pintor no se lo proponga, y
aunque haya intentado a veces, realizar lo contrario,
adquiere hov conciencia de sí misma, ensimismación
en la historia del espíritu.
Sería muy propio del hombre moderno responder
que no interesa repetir lo hecho, que toda historia es
ya historia vieja y que, de acuerdo con las modernas
filosofías, todo es novedad incesante.
Nosotros pensamos, sin embargo, que el arte es
esencialmente repetible y que su novedad eterna es po­
der repetirse frente a lo que no se repite.
Toda creación artística, es, quizás, nada más que
un plagio fundamental. Pero, hay quien sabe plagiar,
y quien no lo sabe. El buen plagiario plagia la repeti­
ción misma, la fuente viva del espíritu, lo que hay de
lago en todo río; el torpe, enamorado de maneras y en­
redado en su propio yo, no puede vencer su natural
originalidad de todos los días.
En el verdadero artista, lo inédito, lo personal, es
simplemente aquello que no pudo evitar, y que, por
eso, sólo se da. en el momento de la inercia, cuando
la tradición, el movimiento antiguo de la Poesía, lo
suelta de pronto, abandonándolo a su propia suerte.
Torres García dice que la palabra que vale no es
la que se hace sino la que viene hecha. Nosotros nos
atrevemos a continuar el pensamiento agregando que la
novedad está en poderla pronunciar con nuestra voz y
en nuestro tiempo sin traicionarla.
Ahora bien ¿por qué Torres García cree que, para
no traicionar esa palabra, tenemos que volvernos hacia
Grecia y, en especial a la Grecia anterior al siglo V?
Para responder a esta pregunta habría que hacer
un estudio muy detenido del arte de Torres García y
de sus relaciones con la tradición de Occidente.
Nos contentaremos con señalar los aspectos más
nítidos del problema.

La pintura de Torres García es —digámoslo con sus
palabras— “ una recuperación del objeto . Esta sería
para él la salvación del arte occidental. \ para salvar
al arte es quizás necesario salvar a la naturaleza. Pero,
¿qué naturaleza es necesario salvar? Han existido tan­
tas naturalezas y, por lo mismo, tantas estéticas, como
estilo-, metafísicos de vida. Nosotros esperamos que la
naturaleza pueda volver a ser aquella antigua amiga,
que no nos incita a muecas desesperadas, que nos deja
hacer, prestándonos el apoyo de su cuerpo distante y
misterioso.
Torres García sabe perfectamente, como lo demues­
tra cualquiera de sus obras, que el arte es esencialmen­
te distinto al mundo real, mas también sabe que esta
distinción, cuando es verdadera, se realiza naturalmen­
te. sin piruetas de volatinero.
La Poesía es pariente del mundo porque es partu­
rienta de mundos; por eso acoge a la realidad, la co­
bija en su seno y, quitándole su aspereza de cosa, la
proteje de si misma con las leves del espíritu.

Sancho le dice a Don Quijote que “ la sin par Dul­
cinea del Toboso" es una aldeana “ ...q u e tira tan
bien la barra como el más forzudo zagal de todo el
p u eb lo... moza de chapa y de pelo en pecho” que
“ ...p u ed e sacar la barba del lodo a cualquier caballe­
ro andante o por andar que la tuviere por señora” y
que “ . . . l o mejor que tiene es que no es nada melin­
drosa, porque tiene mucho de cortesana, con todos se
burla y de todos hace mueca y donaire” . Don Quijote
le responde entre otras cosas: “ . . .por lo que yo quiero
a Dulcinea del Toboso tanto vale como la más alta
princesa de la tierra ... y para concluir con todo, yo
imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni
falte nada y pintóla en mi imaginación como la deseo,
así en la belleza como en la principalidad...”
Torres García podría decir que Sancho tiene ra­
zón, la realidad entera es “ una moza de chapa hecha
y derecha" que puede sacarnos la barba del lodo en
cualquier momento. Y si Sancho tiene la razón, Don
Quijote, el artista, tiene el procedimiento, la manera,
el oficio de tratar a la realidad como ella se merece.
Por eso, cuando nos ensimismamos, cuando hacemos
arte y se nos realiza la Poesía sin visajes, va no sabe­
mos cuál es Aldonza y cuál Dulcinea.
Muchos artistas de hoy, y no de los menores, ne­
cesitarían un Sancho que les hiciera saber que la natu­
raleza es una buena moza nada gazmoña ni desprecia­
ble como ellos parecen considerarla.

Torres García no echa en saco roto todo lo que
el arte moderno realizara sino que “ a lo hecho pecho”
como dice el pueblo. 'Y esta vuelta a los orígenes es un
golpe de pecho, un pechazo contra el hueso de la
muerte. Y él puede dar esa vuelta y partir esa valla
de hueso porque es un hombre sin “ ismos” pero con
“ istmos” , o sea con cuello, garganta y desfiladero. El

�AFORISTICA

DE

TORRES

- GARCIA

Con absoluta naturalidad, partiendo de la emo­
ción, demos forma a la idea plástica que nos venga a
la mente, y luego de trazado ese plan acudamos a las
reglas, y ya no pensemos en otra eosa que en hacerlas
bien evidentes.

Partiendo de la idea del Hombre, y estudiando
íntima naturaleza, podemos encontrar un equilibrio.
si entonces queremos hallar ese mismo equilibrio
el arte, tenemos que ver reunidos, en cada obra,
poeta, al sabio y al arquitecto.

El hombre que ve los signos está más allá de las
fronteras de la materialidad. Es el plano universal, por
eso también puede interpretar las formas de vida, que
ya no son cosas sino signos. \ ese es el artista.

El que sabe realmente, nos lleva a la claridad v
a la simplicidad, éste es el fuerte. El débil se esconde
detrás de lo indeterminado, porque teme que se llegue
al conocimiento de su pobreza.
El fuerte es normal por naturaleza: es artista pa­
dre, hace cosas que pone ante sí como el panadero sus
panes.
Cosas definidas, no sueños de espíritu enfermo, no
arte contorsionado y tuerto, sino obra llana, como la
del hombre humilde del oficio, y obra que ya no es
compleja por exceso de depuración.
Insistente en lo mismo, se pone sólo un problemita
y a este le saca tono y vibración por ajuste y maestría.
Maestro de hacer ollas, maestro talabartero o car­
pintero, nos maravillan. Maestro de arte, escultor o
pintor, arquitecto, lo es sólo porque sabe; sabe cuales
son los problemas de estas artes; y, lo demás. . ., le
será dado por añadidura.

No se trata de bacer obras maestras. Se trata de
ajustar tres líneas, con conocimiento, para hacernos so­
lidarios de la Armonía total.
Ciertamente, una obra bien estructurada es bella.
Si en ella es bien evidente el ritmo y la proporción,
será una bella obra. Pero, ni el artista, ni los otros, de­
ben apuntar a la belleza. \ esto, ni para realizarla ni
para comprenderla. En ningún caso debemos buscar ese
placer que nos causa la belleza; ni en nosotros artis­
tas, el provocarlo. La belleza tiene que ser un resulta­
do, no una finalidad.
arte de Torres García está edificado en la garganta, en
el maravilloso desfiladero donde la voz del alma se
hace música audible. Su pintura no pertenece al mo­
dernismo, sino que es modernismo y también clasicis­
mo, porque es un intento de ponerle cuello a nuestra
cabeza para entroncarla con el cuerpo olvidado.
Esta es la estética que hay implícita en la obra de
Torres García: actividad de “ istmo” de un mundo fren­
te al mundo.
Las clases de José Bergamín. que constituyen uno
de los más maravillosos poemas que yo he escuchado
en mi vida, nos muestran claramente los delicadísimos
vínculos que existen entre la picaresca y la mística es­
pañolas. señalándonos cómo la “ aventura del mundo" v
la “ aventura de Dios” se relacionan por la aventura
poética.
Nosotros podríamos decir de Torres García, que su
aventura del mundo, que es la de estar condenado a
vivir el presente, v su aventura del espíritu, que es la

su
Y
en
al

del regreso sobre sí mismo, se relacionan, hasta confun­
dirse, por la aventura plástica.
En una de sus últimas clases de la Facultad de Hu­
manidades, Torres García nos dice que la realización
de su pintura abstracta fué a costa de muchos sufri­
mientos y que, por el contrario, cuando pintaba aquellas
obras “ mediterráneas” de su juventud era el hombre
más feliz del mundo.
¿Qué significación tiene para nosotros el hecho de
que un hombre, que representa uno de los más gran­
des estilos de arte y de vida de nuestra época, nos diga
que ese estilo le dolió en el alma?
Es él, nuestro Maestro, quien puede darnos, como
siempre, la respuesta, el sentido esencial de esta invita­
ción a ensimismarnos hasta el olvido de nosotros mis­
mos, para que la Poesía se nos baga cosa natural.
Cuido Castillo
Setiembre 1948.

PROXIMAMENTE:

EDUARDO YEPES
OLIMPIA TORRES
Impresora L.I.G.U. - Cerrito 740

ESCULTURAS
ATENEO DE
DIBUJOS
EN

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EL

MONTEVIDEO

Y

AMIGOS

ACUARELAS
DEL

ARTE

AR-FUNDACION ESPIGAS-KARDEX REMOVEDOR

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GRABADO

ANHELO HERNANDEZ

N°. 23
ABRIL

DE

1949

ORGANO REDACTADO Y EDITADO
EXCLUSIVAMENTE POR INTEGRAN­
TES DEL TALLER TORRES GARCIA

0.10
EL

EJEMPLAR

�LECCION PRIMERA DEL
TALLER TORRES GARCIA
La revolución en el arte, toma su origen en
Cimabue; es decir, que entonces se origina un
cambio de plano, o sea, que pasa del orden a
la libertad. Esto tuvo lugar a mediados del si­
glo XIII.
Parece que siendo aún joven Cimabue, (y así
lo relata Vasari) fueron llamados a Florencia
algunos pintores griegos, para hacer obras de
importancia; y viéndoles trabajar e imitándo­
les, pronto adquirió mucha destreza; y, a tal
punto, que, según dice el referido autor, los
superó; pues empleó mejor dibujo y colorido,
por su observación en la naturaleza; es decir,
que comenzó a imitarla y así, dice, acabó con
todas aquellas antiguallas. Las cuales, no debían
de ser otra cosa que las reglas del arte bizan­
tino; pues decía que tales pintores no podían
mejorar, porque, no hacían nada por estudio,
sino que unos enseñaban a los otros cómo de­
bían proceder. Dice Vasari, que Cimabue ya
en esas primeras' obras suyas, hizo los paños, y
no de la manera grosera de los mencionados
griegos, con líneas y perfiles, en los mosaicos y
en las pinturas: áspera manera, grosera y ordi­
naria, que seguían por tradición.
Pues bien, por esa brecha que abrió Cima­
bue, que fué el abandonar el plano de lo abs­
tracto para entrar en el naturalismo, pasó, si­
glo, tras siglo, y hasta hoy, tal tendencia. Pero,
a compás de eso, y en progresión cada vez ma­
yor, igualmente todo cambió en el mundo, y
también hasta hoy; y fué el desentenderse de
un mundo abstracto superior para vivir, de más
en más, en un mundo físico.
De más de veintiséis siglos puede contarse que
dura esta virada del mundo y parece que, a
menos que casi se destruya por completo (cosa
que podría acontecer) no cambiará de rumbo.
Locura, pues,- parece el querer vivir en él con­
tradiciendo la marcha que lleva, pero, para
aquel que haya vuelto a encontrar a la Verdad,
es forzoso que lo haga. Y tendrá que hacerlo,
soslayando todas las innumerables dificultades
que se le presentarán. Pero sabe, que si deja tal
camino que es el de la construcción y el ritmo,
estará perdido.

Platón quiere darnos a entender lo que para
él era la belleza. Y nos desengaña haciéndonos
ver que no es la belleza que vemos en las co­
sas. Porque la belleza, lo es, no por referirse
a cosa alguna, pues es igual a sí misma, y no
puede salirse de su base. Tiene que estar, pues,
en algo que ya no es cosa, como por ejemplo en
la proporción, en una relación de valores, en
un acorde perfecto, y entonces, si nos esforzamos
por descubrirla, no será copiando las obras de
la naturaleza, sino por el camino de lo abs­
tracto.
Tal belleza no suele interesar a la generali­
dad, pues ésta sólo se interesa por la belleza ele

REMOVEDOR
Redactor Responsable

AÑO 5

«

N°. 23
GUIDO

CASTILLO

las cosas. No puede llegar a un plano estético
porque está en un plano real.

Esto, ahora, va a explicarnos el por qué del
materialismo en que viven nuestros contempo­
ráneos.
Si en su esencia, el mundo es una unidad,
también lo es físicamente. Todo en él se des­
truye y construye siguiendo leyes inmutables, y
unos seres tienen que servir de pasto a otros.
De ahí que rija sólo la ley del más fuerte, ya
por la astucia, ya por la fuerza; que es decir
la ley de la selva. Y el que vive en tal ley, re­
trograda de su condición de hombre.
La ley ésta, es la opuesta a la ley abstracta
objetiva, que podría llamarse la ley del hombre,
puesto que sólo él puede conocerla: es la ley
justa de unidad: la que dice “ todos” en vez de
“yo”. Y esto no se refiere sólo a lo humano, si­
no a cuanto tiene vida autónoma en la natura­
leza.
El hombre, como ser consciente, tiene dere­
cho (si él cumple con la ley objetiva) a erigirse
en juez y custodio, de esa ley. Y entonces, ni
bicho, ni animal, ni niño ni hombre ni mujer,
deben escapar a su juicio. Y dice: cualquiera
puede gozar de libertad para hacer lo que quie­
ra, mientras no coarte la de los demás; si quiere
tener derecho a ser respetado, debe de respetar
a los otros. Está, pues, fuera de la ley, el que
se crea una unidad separada. Y es el caso del
romántico.

Y bien; considerando todo esto, ahora pode­
mos encontrar la raíz del materialismo.
Dejando aparte que, por el estudio de la na­
El arte clásico quiere permanecer en ese pla­ turaleza se tenía que llegar fatalmente al descu­
no estético. De ahí que tenga menos adeptos brimiento de sus leyes, y, por ahí, explicarse
que el otro que se afirma en la realidad. El arte lo que era, materialmente, el universo y el mun­
clásico es siempre constructivo, pues opera ob­ do, y, entonces, que cayeran para siempre su­
jetivamente; le interesa más la construcción que persticiones, mitos, leyendas fabulosas, y en fin,
no la representación. Sería el polo opuesto al toda suerte de conceptos erróneos; y que tras
arte romántico, a base de subjetivismo.
esa búsqueda, creyese el hombre que al fin to­
Cuando se constata que, en una obra de arte, do llegaría a explicarse físicamente, sin necesi­
hay un orden establecido, y que, en viéndola, dad de apelar a lo sobrenatural y divino; de­
se advierte en una sola mirada, su unidad ¡qué jando aparte todo eso, fué, sobre todo, el deseo
serenidad y perfecta paz nos comunica! ¿Por de dominación y de posesión, lo que determinó
qué, entonces como un furioso o un loco, quie­ una lucha en el plano material, y, como conse­
ren, otros artistas, meternos en su mundo sub­ cuencia de eso, el considerar a todo bajo ese
jetivo y atormentarnos con sus quimeras, sacu­ solo plano. Y entonces, y para que, dentro de
diéndonos en todos sentidos Ciertamente, que esa lucha, fuese posible el entenderse, tuvieron
Podríamos ver, que si el gran movimiento en parte, algo de la gran ley objetiva pasa a que dictarse leyes parciales, cuyo conjunto, hoy,
moderno del arte, llegó a la altura que le vi­ sus concepciones, pues, de lo contrario, no ha­ es casi infinito; leyes que chocando entre sí,
mos, fué porque, a su base, estuvo siempre una bría en sus obras belleza alguna, que es decir eran otro género de lucha, y entonces de tierra
teoría, es decir, lo abstracto. Por esto es doble­ armonías, pero, es a través de un montón de a tierra, y\ dentro de cada tierra. Sólo la obser­
mente imperdonable que, gran parte de los cosas que la contradicen. No hacen, pues, obra vancia de la ley universal abstracta, podía ha­
maestros que lo sostuvieron, se dejasen' arras­ pura, pero en cambio la vanidad de su yo que­ ber evitado todo eso.
trar por el superrealismo; es decir por lo opues­ da satisfecha.
to.
Bien; si ahora, considerando a todo eso, que­
Ni los gobiernos, ni las agrupaciones que se remos referirnos al arte, tendremos que ver,
Las ideas estéticas que se desarrollaron en hacen de hombres, bajo distintas banderas, ni que, si público y artistas, están en tal ambiente,
torno al Cubismo, puede afirmarse que apun­ el artista en sus obras, ni los individuos para poco pueden interesarse por el arte clásico, ba­
taban muy alto. Ejemplo es, ese querer evadir­ su conducta, jamás se rigen por la ley abstracta. sado en la ley objetiva. Además, no anhela la
se de la realidad, el querer dar valores por equi­ Proceden, por el contrario, siempre subjetiva­ paz, el hombre, sino esa lucha, y, por consi­
valencia, el llamado arte abstracto, que mues­ mente, y de ahí su obrar torcido e injusto. Pues, guiente, quiere que el arte les muestre eso. De
tran a las claras, que se perseguía algo que es­ tal obrar, sólo atiende al beneficio personal o ahí el tema, la anécdota y la representación vetaba mucho más allá de la pintura corriente y de una colectividad egoísta que sólo quiere su rista (el naturalismo) o cualquier otro arte, que,
aunque fuese una buena pintura. Evidentemen­ propio bien. Y a esto llaman la normalidad del sin ser una imitación de la realidad, mueva la
te, el plano del arte cambiaba. Y puede asegu­ mundo. Por esto la generalidad, está más en la voluntad humana. Y cualquier arte, con tal ba­
rarse, que era en el sentido del ideal de Platón: animalidad que en el espíritu y todos tienen se humana real, será considerado un arte nor­
es decir, de dar con la belleza absoluta. Sínte­ horror a lo abstracto, pues los condena, querien­ mal, pues a nadie saca del plano del mundo
do forzarles a obrar rectamente.
material en que está. Y de ahí, el escaso o ninsis y símbolo de todo.
t

�I FUNDACION

L fr sc o a Airea -

gún interés por el arte que sobrepase ese lími­
te y se funde en lo puro, que es decir en lo
abstracto.

En este tiempo de guerras en todas partes, se
lia podido observar un fenómeno muy curioso.
Tal pueblo era invadido por una facción cual­
quiera, y entonces, al formarse dos ejércitos
contrarios, el invasor llamaba rebelde o faccio­
so al que defendía aquel país. Análogamente, y
por todas partes, llamará rebelde al que quie­
ra estar en la regla universal, siendo, como es
evidente lo contrario, puesto que es el cumpli­
dor de ella. Pero, como no es ley que plazca a
la generalidad, no es jamás reconocida, y, no
siéndolo, de ahí que se tenga por rebelde al que
la hace suya; cosa que debiera ser al revés, co­
mo ya se ha dicho, puesto que él cumple una
ley inmanente. Por esto, todo constructivo, fren­
te a los artistas que no lo son, y a pesar de apo­
yarse en reglas,tan antiguas como el mundo, es
tildado de revolucionario o loco. En fin, que el
constructivo no tendrá paz en ninguna parte que
vaya y siempre habrá gente dispuesta a juntar­
se para arremeter contra él.

Puede decirse, que la fé del constructivo, se
apoya toda en su tono moral. De manera, que,
contra lo que se cree, su arte no viene del inte­
lecto, sino de todo su ser. Y por tal disposición,
es que pudo acercarse, desechando lo subjetivo,
a la verdad de la geometría y el ritmo. Y si es
fuerte, es por que cree a su arte indestructible.
Y aquí no se quiere decir arte suyo, personal, si­
no el arte que hace en tal disciplina.

Va gran diferencia, de llevar el arte al plano
real humano, o por el contrario, de llevarlo a
la pureza de lo abstracto. Experimentalmente,
cualquiera puede darse cuenta de ésto, colgan­
do en la pared dos cuadros en esos dos distin­
tos planos. ¿Cuál va a resistir más su contem­
plación? Indudablemente el abstracto, y vere­
mos por qué.
Para tal experiencia, supondremos que se tra­
ta de un cuadro naturalista, en el cual no ha­
brá entrado para nada la ordenación plástica.
Y por no haber juego alguno de planos, ni me­
dida no nos podremos fijar en eso, pues ahí no
existe; y, entonces, la atención se concentrará
en la representación y en el halago de los colo­
res y destreza en ser pintado. Y entonces, lo re­
presentado tiene que quedar como algo petri­
ficado o congelado, en la inmovilidad de la
muerte. Porque en tal cuadro, no hay funcio­
nalismo alguno, si se exceptúa la vibración del
color. Y además, sempiternamente tendrá que
verse el mismo personaje, o tal paisaje, o los
mismos objetos. Y esto, por fuerza tiene que
fatigar.
Imaginamos ahora un cuadro constructivo.
Pasamos, de súbito, a los valores abstractos, los
cuales, estarán dentro de un orden armónico.
Quiere decir, que en tal cuadro, hay funciona­
lismo, que es decir vida o movimiento, y, aún
dentro del ritmo. Los tonos estarán asimismo
dentro de un equilibrio. Aquí el tema es cosa
muy secundaria; será nomás un punto de par­
tida, y, por esto, no nos estorbará para la con­
templación de lo que es puramente plástico. No
estamos, ante tal obra, en un plano real; nos si­
túa en un plano estético, donde todo es paz y
ritmo, lejos de lo agitado del mundo. Yo creo
que a tal belleza debió referirse Platón. Por
esto creo que éste es el buen camino. Me refie­

ESP, Ga c

ro aquí a toda pintura que sea construida sea
intuitivamente o por la medida.

yo haya sentido, al contemplar una obra de
arte.

Si nosotros hemos rechazado el tema, es por­
que, al supeditarse la pintura a éste, no sólo
pierde su libertad, sino que, y por esto mismo,
es desplazada por él, y entonces, tiene que es­
tar a su servicio. Y no es esto lo peor, porque
cayendo entonces en lo humano real, tendrá fa­
talmente que caer en la expresión subjetiva.
Habrá dejado el plano de lo abstracto, por lo
figurativo y descriptivo; no será ya más una
pintura constructiva.
Pero todo esto no quiere decir que debamos
rechazar en absoluto el tema; sería como cortar
con la naturaleza, y esto, al menos para nos­
otros, no es posible. Veamos cómo se resuelve
tal dificultad.
Lo que hay que rechazar por completo es
servir a un tema, y entonces introducir en la
pintura imágenes de cosas tal cual las vemos
en la realidad. Pero si esto no ha de ser así, en
cambio estarán en perfecta armonía con una
pintura constructiva, formas que serán a mane­
ra de símbolos; es decir, que sin dejar de ser
formas y valer solamente por ellas mismas, nos
traigan un recuerdo o reminiscencia de la rea­
lidad. Y aún, podemos ir todavía más allá, y
representar figuras en composiciones, pero, en­
tonces, dentro de la ley frontal y reduciéndolas
a esquemas geométricos. Un ejemplo de eso nos
lo dá, sobre todo, el arte bizantino, aquel arte
que disgustó tanto al Vasari, al ir aquellos
griegos a practicarlo en Italia. En tal arte el
problema está resuelto. Pero, aunque podamos
considerarlo, no olvidamos que estamos en el si­
glo XX.

En esta pintura a que acabo de referirme,
no hay que decir, que lo subjetivo está ausente
completamente. Y tenía que ser así, ya que,
aquellos pintores, no hacían otra cosa que se­
guir la tradición de su arte, que es decir que,
ante todo, cumplían con las reglas. Y por esto
decía el Vasari, que no hacían nada por estu­
dio, y que por tal razón no podían progresar.
Pero, aparte de la poca importancia que tiene
aquí el progresar, tal como quería Vasari, hay
que decir, que sí, que era posible un progreso,
y que aún podía ser ilimitado. Pero el progre­
so que hubo, fué el abandonar las sabias reglas,
para caer en el impulso subjetivo que tenia que
acabar con lo verdaderamente clásico o estéti­
co, y caer en el naturalismo.

Hay que pensar, lo que va de una pintura de
Tiziano o Giorgione, a una esquemática compo­
sición bizantina. En los primeros todo es ri­
queza de tonos, bellos rostros serenos y bellos
cuerpos como de dioses; paisajes maravillosos,
y la tuda de todo ello. Y entonces ¿quién no
dirá que esas pinturas venecianas, son muy su­
periores a las bizantinas? Pues bien; yo al me­
nos no lo diría. Y añado que tales pinturas es­
tán en lo aparente y no en lo abstracto, y que,
por esto, son un puro artificio. Y recuérdese
como todos los antiguos, fuesen egipcios o grie­
gos, menospreciaban la apariencia de lo real,
porque comprendían que no era la verdad. Pues
de igual modo, sabe, el verdadero artista, que,
la verdad de la pintura no está en eso tan pom­
poso, sin o ... (¿cómo lo diré yo ahora?) en la
geometría en el orden, en lo estético, en algo
Aquí podría recordar lo que ya otras veces que ya no es cosa ni representa a cosa alguna.
he referido, y es que yendo impensadamente a
Bien; en eso estamos, y si alguno cediera
visitar una pequeña iglesia de un camposanto, ese lugar (cosa que no creo) sería bien insen­
de Italia, di con una pintura bizantina de muy sato. Y cuando bien se considera lo que repre­
buen estilo; la que representaba a Cristo ben­ senta el estar donde estamos, bien poca cosa es,
diciendo con un libro abierto sobre las rodi­ por ello, pasar las dificultades que pasamos y
llas, en el que se leía: yo soy el camino, la ver­ el desprecio que nos tienen.
dad, y la vida. Pues bien, he visto muchas gran­
des pinturas y esculturas, y, queriéndolas ahora
J. T orres - G arcía.
recordar, tengo que decir, que esa pintura bi­
zantina, me causó la emoción más grande que
Noviembre 5, 1948.

L E C C I O N E S S E MA NA L E S DE
TORRES - GARCIA SOBRE PINTURA
Desde 1947, cuando Torres-García
dictó un curso en la Facultad de Hu'
inanidades de Montevideo, que fué
reunido en volumen con el título de
“ Lo aparente y lo concreto en el arte*’,
ha venido desarrollando el maestro,
una cadena de lecciones semanales en
el local del Taller.
Así es que, a aquel curso siguieron
16 lecciones por encargo de la Facul­
tad. y a ellas, hasta la fecha, otras 17
a pedido de sus discípulos, que se com­
pletarán con tres más hasta llegar a 20.
luego tle las cuales, iniciará Torres
otro nuevo ciclo de lecciones, por en­
cargo de la Facultad de Humanidades.
En estas lecciones, el maestro To­

rres, desarrollará los temas que surjan
del movimiento del taller, y ellas esta­
rán siempre referidas a los trabajos de
los discípulos, a la vez que ligadas con
aquellos de la manera más amplia po'
sible, dado que, para Torres-García,
como lo saben quienes le oyen, hablar
de pinturas significa hablar de la “ pin­
tura" y por allí marchar al camino del
aite, hacia los grandes ciclos, y su dia­
léctica propia.
Estas lecciones encargadas por la
Facultad de Humanidades, tendrán lu­
gar en la sede del taller Torres-García
(subsuelo del Ateneo de Montevideo)
todos los lunes a la hora habitual.
S. C.

�EL MAESTRO JOAQUIN TORRES-GARCIA
Y a DESAPRENDIZAIE DE LA PINTURA
Por
Es verdad popular y verdad para algunas fi­
losofías que “ nadie nace sabiendo”. Pero ¿será
lícito decir que nadie muere ignorando? ¿Po­
ne algo la vida en esa primordial vaciedad? ¿Le
sobreviene el mundo al alma como saber?
Es otro decir en España que “ lo que natura
non da Salamanca non presta” .
Si verdad es que nada sabemos al nacer y
también que ni prestado obtenemos lo que no
nos dio naturaleza, se concluye que nadie mue­
re sabiendo.
Sin embargo existe la posibilidad socrática de
que la vida sea un aprendizaje de la ignoran­
cia, un saber que tiene como fin una concien­
cia del no-saber, un sólo saber no saber nada
(muchos filósofos de boy se sentirían tentados
a decir un sólo saber la nada) que, más que
conocimiento es vértigo de vacío.
Por lo tanto si Salamanca no nos presta nos
quita lo que natura nos da: confianza velado­
ra que oculta a medias lo que en verdad nos
dió: ¿vacío, ceguera y nonada?
Torres - García es hoy día una Salamanca de
la pintura que nos quita lo que natura nos da
y lo que la pintura nos dió para que entre tan­
tas dádivas no perdamos lo que veladamente
nos muestran.
Como resultado primero de esta enseñanza
nos sentimos ciegos, incrédulos, desilusionados
y verdaderos aprendices de la ignorancia. Se
nos destruye la ilusión de la naturaleza, la ilu­
sión de la vida y hasta la ilusión del arte. Pe­

GUIDO

CASTILLO

ro, en esa oscuridad, surge otra dimensión, otra
luz donde se ve que si el arte es un aconteci­
miento natural en la naturaleza, ésta es- un he­
cho sobrenatural en él.
Si alguien quisiera sintetizar en pocas pala­
bras las lecciones de Torres - García, tendría
que formular, poco más o menos, este aparente
absurdo: Haz lo particular y concreto de ma­
nera que sea lo universal y abstracto. Y para
hacerlo no debes partir de la realidad, sino ir
hacia ella vacío y hambriento, con apetito de
tonos y de formas, con voluntad de poesía, con
ganas de música.
Nada más exacto y evidente que este princi­
pio que, gracias a Torres - García, ya es entre
nosotros algo así como la perogrullada del ar­
te, un milagro que se cae de maduro y que de­
be estar implícito en cualquier acto del pintor.

Pero la pintura de Torres - García es un cla­
ro ejemplo de que tradición y originalidad no
son conceptos absolutos, ya que es imposible
lograr lo tradicional puro pues la tradición en
arte es tradición de originalidades, y es impo­
sible alcanzar la originalidad pura porque el ar­
tista es original por tradición. Vemos, entonces,
que originalidad y tradición se requieren mu­
tuamente en el momento en que se excluyen,
siendo ambos substantivos y adjetivos en una
misma unidad de pensamiento. Por eso es que
para Torres - García la apetencia de construir
no es el plano actual de la pintura sino la ma­
nera de estar actualmente en su plano eterno.

Posiblemente en ninguna parte del mundo se
estudie el naturalismo en todas sus formas na­
turales al arte como se lo ha estudiado en el
Taller Torres - García, y se lo ha estudiado de
“ Tradición y originalidad en la poesía de Jor­ esta manera para extremar la contradicción
basta superarla, para apurar el pecado hasta
ge Manrique” es el título de un admirable li­
salvarse de él y por él, y así aprehendido, po­
bro de Pedro Salinas, tradición y originalidad
son palabras rituales en la enseñanza de Torres- der desaprenderlo y desprenderlo del espíritu
hasta llegar a ignorarlo. ¿Acaso todo saber no
García, y en torno a ellas lian girado la mayo­
se funda en una ignorancia y todo recuerdo en
ría de los artículos de Removedor. Es que el
un esencial olvido? Es en este sentido que To­
artista de hoy conoce tantas tradiciones porque
rres - García dice que el valor de una obra de
ha extraviado la suya, porque ha perdido uni­
arte no se mide sólo por lo que tiene sino tam­
dad espiritual. Y si Dios castigó a los construc­
bién por lo que le falta.
tores de la torre de Babel confundiendo sus
lenguas porque querían .tocar el cielo, hoy, por­
Y a las obras que ahora se hacen en el Ta­
que no quieren tocarlo, los condena a expresar­ ller les falta el naturalismo, la ilusión ilusionis­
se en una misma lengua muerta que ellos creen ta, la que quiere dar la ilusión de que no es
extraña y viva.
ilusión.

EXPOSICION
DEL T A L L E R

TORRES - GARCIA
\

PINTURA

CONST RUCT I V A

PINTURA

ATENEO
ABIERTA

DE

MONTEVIDEO.

DESDE

EL 22

DE

A

3

DIMENSIONES

ENTRADA

ABRIL

PLANISTA

POR

DE 1949

RONDEAU

A LAS 16 HS.
Im presora L .I.G .Ü . - Cerrlto 740

�</text>
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                    <text>O R G A N O
D E
A R
FLORIDA 846

DE
T I

LA
S O C I E D A D
A R G E N T I N A
S T A S
P L A S T I C O S
BUENOS AIRES, DICIEMBRE 1951

T. E. 31 - 6162

�O pinan 3 A rtistas A rg en tin o s
La Sociedad Argentina de A rtistas Plásticos ha resuelto iniciar una
serie de interesantes encuestas |sobre tem as relacionados sobre el arte en
general. Iniciándolas en este número con tres destacados artistas de nues­
tro medio.
1? ¿Qué opina Ud. del arte nacional?
2“ ¿Qué opina Ud. de la situación material de los
artistas en la Argentina?
3® ¿Qué condiciones cree Ud. necesarias para el
desarrollo de un arte nacional de envergadura?
VICTOR L REBUFFO DESDE EL
PUNTO DÉ VISTA DEL GRABADO
El grabado en nuestro país, rele­
gado a la condición de hermano
indigente de las demás artes, ha su­
frido en estos últimos tiempos una
transformación en el concepto ge­
neral del público, que se acrecien­
ta con el predominio de sus posi­
bilidades adquiriendo singular pro­
yección en el panorama de la plás­
tica argentina. La especial caracte­
rística de su medio que se mani­
fiesta para la multiplicidad de co­
pias, la utilización de elementos ge­
neralmente vedados o restringidos
en el campo de la pintura (la anéc­
dota, el mensaje de carácter afec­
tivo, satírico social o político) sin
afectar el concepto del formalismo
estético, le ha permitido ahondar
en la raigambre de los usos y cos­
tumbres del pueblo, identificándose
muchas veces con los postulados
sustentados por el mismo, sus as­
piraciones, luchas y esperanzas,
dentro de un clima propicio para
la formación de un arte vernáculo
esencialmente popular y argentino.
Al margen de su trayectoria y
de su técnica y de su posición es­
tética dentro de las diversas co­
rrientes en boga, no existe en el
país, en el momento actual, una
seria preocupación que encauce la
labor del grabador hacia un ob­
jetivo que le permita lograr al to­
tal aprovechamiento de su modali­
dad y le brinde la perspectiva ¿e
aspirar a una mejor comprens'ón
en su condición de artista tal co­
mo venimos observando en olios
países, entre ellos México. Y una
de las causas primordiales de esta
desorientación del artista reside en
el aislamiento moral y material en
que se ve sumido, por la carencia
de estímulos y la imposibilidad de
lograr por sí solo la iniciativa de
enfrentarse con la realización de
obras de proyecciones que escapan
a su posibilidad. Reducido a sus
2 o FORMA

propios recursos que le desvinculan
de la realidad ambiente limita su
actividad y preocupación a las con­
sabidas planchas de rigor destina­
das a salones y exposiciones.
La jerarquía y multiplicación del
libro ilustrado, las series y álbunes
de estampas historiando hechos y
epopeyas ,hombres, costumbres y
paisajes de la tierra y de la ima­
ginería popular, en ediciones al al­
cance del pueblo, merecen y soli­
citan con urgencia la atención y
comprensión de las empresas edi­
toras, y un mejor conocimiento del
artista deliberadamente ignorado o
postergado por las mismas en el
presente.
El aprovechamiento de los recur­
sos del grabado y la vinculación y
colaboración de los grabadores en
las realizaciones escenográficas del
cine y aun del teatro permitiendo
donde sea posible la aplicación de
sus conceptos, contribuirá en el mo­
mento, a crear nuevas inquietudes
y abrir el horizonte a imprevistas
posibilidades en el arte nacional.
JUAN C. CASTAGNINO
Conceptúo a la pintura argentina
en un plano de alta calidad con ex­
ponentes en las generaciones ma­
duras, cuyos valores de alcance con­
tinental y mundial podrían ser verdaderamehte reconocidos si no me­
diaran una serie de factores: falta
de vinculación, difusión y publici­
dad, además de la distancia geográ­
fica que los mantienen injustamente
ignorados para los círculos del ex­
terior.
En tanto las nuevas generaciones,
se enfrentan a un problema crítico,
resultado de la orientación forma­
lista díél sentido de modernidad y
alejados de la realidad viviente que
debe recogerse y transformar para
una renovación pictórica con fiso­
nomía propia.
Ese aspecto superficial de lo mo­
derno, lleva a la subestimación del

elemento humano con el desprecio
por el estudio ahondado del paisaje
y del documento caracterizador de
nuestra tierra, preparando las con­
diciones para la evasión antirrea­
lista en las tendencias abstractistas
unilaterales.
El carácter de la actual estruc­
tura productiva, limita las posibili­
dades para que un impulso fecun­
do en el desarrollo del arte nacio­
nal, pudiera permitir al artista vi­
vir de su profesión.
La falta de un gran arte público
que permita la producción artesanal y colectiva coexistiendo con un
arte privado es lo que impide al
artista argentino superar la irradia­
ción y popularización de su obra;
no pudiendo adecuar su instrumen­
to y lenguaje a la renovación téc­
nica que comporta la auténtica mo­
dernidad, sino tampoco a su vincu­
lación con los públicos que van re­
quiriendo en su constante progreso
cultural el mensaje del artista pa­
ra su pueblo.
Ante la incipiente iniciativa pri­
vada y el limitado auspicio oficial,
nuestros productores de arte se ven
postergados en sus problemas prác­
ticos-profesionales habiéndose exigi­
do repetidamente a los poderes pú­
blicos y a las altas capas de nues­
tro país, una mayor dedicación a
las cuestiones de la cultura nacio­
nal, ya sea incrementando la adqui­
sición en las galerías y salones, fa­
cilitando la divulgación por los me­
dios de la radiodifusión, dando ac­
ceso en las páginas de la prensa que
tan magnánimas se abren para los
veleidosos craks del deporte profe­
sional bien remunerado o para la
chabacanería teatral y musical.
Nuestro país debe liberarse cul­
turalmente para desarrollar e in­
fundir una expresión propia a la
obra creativa, tal impulso progre­
sista comporta una vitalización de
los problemas nacionales vinculán­
dose el artista a la emancipación
y progreso económico y político del
país para que el arte se nutra en
sus fuentes, superando la etapa del
“arte por el arte” para alcanzar
con la paz entre los pueblos un
nuevo resurgir de la cultura.
(Continúa en la pág. 10)

�Evolución de la
Pintura Italiana
en los Ultimos
Cuarenta Años
Conferencia pronunciada en
Milán por el pintor italiano
Cario Carra, y cedida gen­
tilmente por él, para ser
publicada en nuestro Bo­
letín.
Los últimos cuarenta años del arte
figurativo italiano se han caracterizado
por una evolución afanosa de búsque­
das varias a veces contradictorias en
substancia y en las consecuencias. Es­
te multiplicarse de problemas, si por
una parte manifiesta en los artistas
un deseo nobilísimo, por otra presenta
dificultades si se quiere extraerle todo
el jugo. Contentémosnos con dar algu­
na noticia sumaria sobre los principa­
les movim:entos que se han ido des­
arrollando desde la primera década del
siglo hasta hoy, y extraer las conclu­
siones que nuestra experiencia nos su­
giere.
Para entender el significado y para
avalorar el alcance de lo sucedido en Italia desde el
futurismo (1909) en adelante, es oportuno comenzar
con una rápida mirada sobre la situación en la cual
se encontraban los jóvenes pintores italianos en los
comienzos del siglo y fijar como perjudicial este da­
to de hecho que caracteriza el cuadro general del
arte italiano en sus líneas esenciales. La situación en
perspectiva esquemáticamente era la siguiente: los me­
jores pintores de la vieja generación ya habían ter­
minado su parábola, tanto que el mismo divisionismo
considerado en su efectividad, perpetuaba formas pri­
vadas de todo porvenir. Evidentemente, semejante si­
tuación no podía durar; si hubiese continuado habría
consumido en breve tiempos los últimos residuos del
innato sentido artístico italiano Este estado de cosas
lo comprendieron algunos jóvenes pintores, los cua­
les, no ignorando los conocimientos indispensables pa­
ra el arte y su progreso, tomaron una resuelta posi­
ción iniciando así una compacta batalla por la reno­
vación pictórica italiana.
Fué este el primer grito de rebelión contra la pe­
reza intelectual, y no debe maravillar la violenta re­
acción desencadenada en todo el país y las encarni­
zadas polémicas que siguieron.
Pero no basta; entre la burla general el movimien­
to futurista trata de enderezar al arte italiano sobre
un plano de concreción actual y moderna. Todos pro­
testan contra la intransigencia que caracteriza aquel
movimiento. Pero la intransigencia era necesaria, pues
urgía hacer oposición a métodos y principios no pa­
sibles ya de desenvolvimiento por razones implícitas
en la evolución del arte, movimiento espiritual en

C. CARRA en su estudio.
continuo devenir. Esto había sucedido-con los impre­
sionistas, eso tenía que suceder con los nuevos pin­
tores italianos.
Mejor dicho ,todos los movimientos artísticos pro­
ponen siempre nuevas soluciones a los prblemas en
oposición a las corrientes precedentes, y no hay caso
en la historia que las oposiciones impidieran a los
nuevos pintores de afirmarse en el grado de sus va­
lores reales.
Estas breves indicaciones deben entenderse única­
mente hechas para demostrar que el mismo futuris­
mo, con sus revueltas, sus violentas polémicas, ha
contribuido a llevar al arte italiano sobre el plano
europeo y mundial. Y esto no debe olvidarse porque
un arte vale tanto más cuanto más trasciende los
límites del país que lo produce y sirve para estable­
cer nuevas relaciones entre hombres de razas distin­
tas y latifundinas.
Pero con esto debe observarse que con el dinamis­
mo plástico, base teórica de aquel movimiento, se
tenía en cuenta de un solo término del binomio es­
tática y movimiento, de manera que se arriesgaba
reducir la pintura a una caótica expresión de polí­
gonos, de curvas y ángulos donde la f:gura humana
y el objeto se perdían.
Era necesario entonces volver al objeto, y ací, des­
pués de la primera guerra mundial, se hicieron sen­
tir en el arte italiano otros imperativos mediante
los cuales se expresó la “pintura metafísica”, que tra­
tó resolver en el hecho pictórico las dos fuerzas en
oposición —mundo pictórico y mundo interno— de
manera que la imagen resultante fuera la síntesis de
FORMA • 3

�las dos entidades. Se quería, en resumen, afirmar que
la belleza de un cuadro no consiste tanto en los pun­
tos de relación y de proporción objetiva con las co­
sas, cuanto en el hacer suyo todo particular a la
índole poética.
Por esto yo escribía en un libro mío del 19, que
"El moderno naturalismo no podía borrar nuestro de­
seo de volver a dar al arte plástico esta atmósfera
ideal sin la cual el cuadro no supera los anales grandielocuentes del tecnicismo” Y agregaba: “El natu­
ralismo francés, también el cubista de los últimos años,
despreciando los problemas trascendentes, no pueden
significar verdadera y auténtica reconstrucción de los
valores espirituales del arte pictórico”.
Mientras tanto surgió en 1920 el movimiento lla­
mado de los "Valori Pastici”, el cual contribuyó a su
vez a difundir una atmósfera más clara en el arte
italiano. En tal forma que no solamente la idea de
modernidad y tradición no formaran un dualismo,
sino que los dos términos fueran considerados como
mitades de una esfera única.
Después de la experiencia metafísica fué preciso re­
tomar con nueva conciencia el principio de una rela­
ción cordial que el contacto con la naturaleza hace
surgir en el espíritu del artista. Este era el problema
que debía enfrentarse puesto que solamente con su
solución podía reconocerse el término de correlación
que une al hombre con la vida cósmica como síntesis
armónica de sentimientos reales.
También esto era la consecuencia necesaria de un
proceso inevitable para no caer al fin en una jorga
donde la teoría primara sobre las razones positivas
del arte. Era necesario, en sustancia, volver a encon­
trar un equilibrio concreto entre los diversos elemen­
tos que entran en la formación específica de la obra
pictórica, es decir, encontrar la ecuación justa que
gobierna los sentimientos como los espacios y las
formas.
Y aquí hemos llegado a la época en la cual hu­
bieron las primeras manifestaciones del “900”. Este
movimiento fué sobretodo dirigido hacia la valoriza­
ción práctica de la pintura italiana contemporánea.
Esto hizo comprender que hay un problema que in­
cumbe al artista y otro a la colectividad: y sobre es­
to hoy también es necesario insistir por el bien mis­
mo de la cultura artística. Pero en este movimiento
se entrecruzaron formas escasamente productoras de
obras de valor, porque si el arte, es vida social, es
sobre todo codificación de sentimientos individuales.
Por otra parte, esta experiencia fué útil a los jóve­
nes que se encontraban en el período de su forma­
ción artística, porque la vida social nos hace presu­
mir las razones reales que substancian una civiliza­
ción artística, ésta debe manifestarse en una relación
concreta con las facultades creativas del espíritu hu­
mano que se apoya sobre auténticas personalidades.
El pintar debe entonces considerarse un impulso pri­
mordial al que obedece el hombre para aclarar su
relación espiritual con la vida y con las cosas que
lo rodean, y por esto equivale a afirmar que por di­
ferentes que sean los procedimientos técnicos y cual­
quiera haya sido el mundo cultural e histórico' que
ha engendrado la obra de arte es el valor espiritual
el que constituye el punto esencial en el cual el acto
creativo tema significado en la vida de las formas
para manifestarse y afirmarse Esto para decir que
nosotros hacemos punto central sobre los valores ori­
ginales y concretes del arte, que es el modo único
posible para determinar las condiciones esenciales pa­
4 (• F O R M A

ra el desarrollo unitario y orgánico de una civiliza­
ción artística. Tal deseo de civilización artística no
ha muerto en Italia y después de la terrible y recien­
te guerra ha retomado más bien nuevo impulso y
vigor.
Naturalmente, no a todos es concedido distinguir
una técnica de un mundo poético, la inteligencia des­
carriada del intelectualista, de la obra de arte efec
tivamente realizada.
En realidad debe también decirse que el artista de­
be conocer el oficio y saber que el oficio es estudio,
método, disciplina, moral. En otros términos, la fi­
nalidad del pintor no es la de encontrar bebas no­
vedades aparentes.
Se agrega que en el período en el cual surgió en
Italia el Futurismo, en Francia iba manifestándose cen
clamores de oposición el Cubismo, pero esto en cam­
bio de perjudicarlo, favoreció mucho su difusión. Des­
pués siguieron en Europa otros movimientos en les
cuales, términos teóricos imprecisos favorecieron teda
suerte de desbordes.
Negrismo, orfismo, constructivismo, Abstractismo,
expresionismo, verticismo, fueron formas diversas de
la inquietud profunda del alma europea de antes de
la primera guerra mundial. Dejo de considerar el fauvismo que precedió de algunos años al cubismo y
futurismo, sobre el cual circulan hoy exageradas apo­
logías.
A este propósito se diría que cierta crítica está pre­
ocupada sobre todo en mantener vivos argumentos
polémicos parciales. Con todo yo pienso que la tan dis­
cutida eficiencia de la pintura moderna ha sido un
tanto exagerada.
En muchos casos se trata más bien de etapas que
se debía alcanzar Si así es podemos pronunciar una
palabra distinta de aquella que dicen el desconsuelo
y la desconfianza. Por lo que respecta al arte italia­
no, diremos más bien que ha recorrido un buen ca­
mino, no creemos caer en parcialidad si afirmamos
que esto lo confirma la inteligente confianza que ella
va adquiriendo hoy en el mundo: que es como de­
cir la condición verdaderamente favorable para des­
arrollarse según su destino.
No digo que en la pintura italiana contemporánea
todo sea igualmente elogiable, pero es verdad que en
estos últimos cuarenta años las aspiraciones pusieron
raíces más conscientemente en el concepto de la ac­
tualidad y de la perennidad que son los caracteres
de la conciencia moral.
Esto de las relaciones entre el arte y la moral es
un problema sin embargo fácilmente mal entendido.
Reconocer la importancia de tal problema no debe
significar el desconocimiento de los valores auténti­
cos del arte; tampoco debe hacerse cuestiones de su­
jetos, pues es evidente que el que dé preeminencia
al sujeto representado no entenderá nunca el arte en
sus valores expresivos y estilísticos, sin los cuales es
en vano hablar de alta y humana espiritualidad que
el problema sobreentiende. La relación entre la mo­
ral y el arte surge únicamente del sentido austero,
religioso con el cual el artista opera. Sobriedad, so­
lidez, gravedad de la plástica, son los datos de les
cua'es aflora la ética de la obra de arte.
Quizás sea prematura la pretensión de restablecer
en las competencias artísticas el equilibrio del cual
hablamos. Estamos todavía en el período de las al­
ternativas, vivimos en un mundo de revolución, y es
quizás ilusorio creer poder dirigir hacia un fin co(Continúa en la pág. 8)

�JOSE GUADALUPE POSADA “Crímenes de la Bejarano”

Fragm ento de la C onferencia

DIBUJO y HUMORISMO

de ENRIQUE F. CHELO
. . .Es dable imaginar su mirada todos trabajan”, ¡qué diferencia con
distraída curioseando el regodeo de aquel grabado renacentista “ De los
las garbanceras, los charros pinto­ oficios”! Aquí los que trabajan, la
rescos o las señoronas de fin de planchadora, el sastre, el panadero,
siglo muy peripuestas, mientras el zapatero, etc., son esforzados es­
tras de sus grandes y finos mosta­ queletos dicharacheros y cumplido­
chos juguetea una sonrisa socarro­ res. Una ingenua alegría chisporro­
na. Esa gracia volandera se colaba tea en esos cráneos, especialmente
de rondón haciéndole compañía.
en aquellos como “Chispeante y di­
Así aparecen esos grabados como vertida calavera de Doña Tomasa y
“Revoltillo de calaveras de mucha­ Simón el aguador”, en “Los buenos
chos papeleros”. En efecto, un gru­ valedores” o “Don Quijote y San­
po de pequeños diarieros brotando cho Panza”. Difícil sino imposible
de todas partes vocean sus papeles es encontrar parentesco con esta úl­
con gran alboroto; a ambos lados tima composición maestra en el ar­
de la escena, dos puestos de golo­ te del grabado y la sátira.
sinas donde venden pequeñas cala­
En las calaveras políticas se in­
veras de azúcar y en lugar de pa­ sinúa la garra del crítico mordaz
necillos de salud, venden panes en y contundente. Aquí vendría bien
forma de ataúdes con cruces y es­ recordar lo que decía Quevedo con
queletos convitados Obro, “El ja­ respecto al tránsito d© la vidarabe de ultratumba” son alegres muerte: “Eso no es la muerte, si­
calaveras tocadas con el gran som­ no los muertos o lo que queda de
brero nacional y mujeres calaveras los vivos. Esos huesos son el di­
que ostentan esa alegría irrefrena­ bujo sobre el que se labra el cuer­
ble de las dentaduras horras de po del hombre La muerte no la cocarne y afeite. Hay un barril don­ nocé's y sois vosotros mismos vues­
de escancian la bebida de transpa­ tra muerte, tiene la cara de cada
rencia angélica. La gracia y el des­ uno de vosotros y todos sois muer­
apego a los prejuicios, impera en te d© vosotros mismos. La calave­
esta escena, sobria y bien equili­ ra ©s el muerto y la cara es la
brada. El dibujo economiza deta­ muerte; y lo que llamáis morir, es
lles y su expresividad va directa­ acabar de morir y lo que llamáis
mente al espectador dentro del ca­ vivir, es morir viviendo; y los hue­
non requerido por la estampa po­ sos es lo que de vosotros deja la
pular. La anatomía es sumaria y muerte y lo que le sobra a la se­
las prendas de vestir indispensables pultura. Si este entendiéramos así,
para caracterizar un tipo.
cada uno de vosotros estuviera mi­
Otro grabado, “Todos se mueven, rando en sí su muerte cada día y

la ajena en el otro y viérades que
todas vuestras casas están llenas d©
ellas, y que en vuestro lugar hay
tantas muertes como personas y no
estuviérades aguardando, sino acom­
pañándola y disponiéndola”. Con
esta presencia de ánimo pareciera
que ha concebido Guada'up-s- Posa­
da ese mundo disparatado del di­
bujo sin carnadura, tal sin tripas
como supone Quevedo, sin tripas
pero con sus pasiones y vicios, en
el escenario ideal de esa vidriera
que lo comunica con el acontecer
mexicano.
Luego vienen los corridos, suerte
de representación patética de crí­
menes famosos, tales como “El cha­
lequero”, “La bejarano”, “El robo
de la profesa”, “Fusilamiento de
Bruno Martínez”, o bien inspirados
en sucesos sociales, patrióticos o
naturales, como “El níquel”, “3 de
Mayo y 16 de Septiembre”, “El fin
del mundo”, etc. Estos corridos tie­
nen como antecedente- las hojas vo­
lantes de romances españoles intro­
ducidos en México a mediados del
siglo XVIII; llevan además del taco
impreso su letrilla correspondiente,
que se cantaban en la pulquerías o
en las fiestas popu’ares.
Viene después el comentario de
sucesos sociales espeluznantes, sin­
tetizados en un grabado que lleva
como título sugestivo “Los siete vi­
cios”. Aquí, un hombre aterrado se
debate contra siete animalejos ala­
dos, no dándole tregua, como re­
medando un canto dantesco. La
simple enunciación de algunos, en
cabezados po- la palabra moralizadora. Ejemplo: así. Ejemplo: “Laadúltera” Ejemplo: “Antonio Sán­
chez que se comió a sus hijos”.
Ejemplo: “La tierra se traga a Jo­
sé Sánchez por dar muerte a sus
hijos y a su padre”, etc. Hay un
deseo purificador de parte del ar­
tista que no pierde la ocasión de
sahumar la escena con humo de ho­
gueras infernales, colocando detrás
del parricida o asesino, diablejos
instigadores de grandes cuernos y
colas imponentes.
En estos últimos grabados como
en los corridos y escenas sueltas,
realizados con esa técnica en boga
a fines del siglo pasado, resalta un
realismo poético ingenuo y dramá­
tico cuya savia de honda raíz po­
pular dió autenticidad al arte me­
xicano de nuestros días.
Se calcula en 15.000 los grabados
realizados, de los cuales un poco
más de 400 se han salvado, para
una monografía publicada hace
unos años.
FORMA • 5

�Sobre el
Dibujo de
DEGAS
Siendo únicamente la técnica, el objeto de este
estudio “Degas en busca de su técnica” es difícil
extenderse mucho sobre su dibujo, considerado bajo
ese punto de vista.
Así como habría preciosas e importantes obser­
vaciones que hacer sobre su método de dibujar, las
notas referentes a la técnica misma de su dibujo
se reducen a poca cosa.
En su juventud emplea el lápiz común, (mina de
plomo) cuya punta finamente cortada le sirvió para
hacer esos magnificos estudios que no pueden com­
pararse sino a los de grandes maestros, y cuyo trazo
puro podría atribuirse a Ingres si el sentimiento de
la forma y la inspiración que animan sus obras no
las diferenciaran de los dibujos dejados por el maes­
tro de Montauban.
Se pueden agrupar en esta serie los dibujos que
hizo en Italia, copias de los Primitivos italianos y
de los pintores del Renacimiento, Mantegna, Bottieelli, Benozzo Gozzoli, Lorenzo di Credi, Signorelli,
Paolo Ucello, Rafael, Miguel Angel, Leonardo; los
estudios de desnudo que hizo del natural, también
en Italia, ejecutados para su Semíramis, y en fin,
los retratos de la condesa Falzacappa y de Mme.
Gobillard. A esta serie pueden agregarse los estu­
dios de caballos, muy precisos que hizo más tarde.
Usaba entonces también la piedra negra, llamada
piedra de Italia, especialmente en sus dibujos de
desnudez para “Les Malheurs de la ville d’Orleans”
y en el retrato de “Une dame cousant”.
Sin embargo en esa época su procedimiento ordi­
nario es el lápiz común, mina de plomo, que parece
ir abandonando poco a poco, a medida que su vista
alterándose le hacía aparecer pálidas las lineas tra­
zadas por ese medio. Lo vemos entonces emplear
lápices grasos cuyo negro se inscribe más vigoroso
sobre el papel, y también la carbonilla que en sus
últimos años llegó a ser casi su único medio de
dibujo, y de la cual se sirvió particularm ente en
los calcos sucesivos que multiplicaba para una mis­
ma composición, un mismo asunto, un mismo mo­
vimiento.
6 /• F O R M A

Este empleo del papel transparente para calcar
que puede considerarse más bien un método de tra ­
bajo que un procedimiento técnico, parece sin em­
bargo poder tratarse en el curso de este estudio,
aunque más no fuera para m ostrar cómo se sirvió
Degas de él para ejecutar las magistrales compo­
siciones al pastel que ocuparon el último período
productivo de su vida.
El hijo de su amigo el pintor Luis Chialiva, el
arquitecto Julio Chialiva, dice haber dado la idea
de esta práctica a Degas, relatando en el curso de
una comunicación a la Sociedad de la Historia del
Arte Francés, en qué circunstancias había involun­
taria e indirectamente sugerido este método al ami­
go de su padre: “Mi padre, queriendo corregir mi
primer boceto, iba a retocarlo sobre el mismo di
bujo, cuando yo lo detuve rogándole lo hiciera por
calco sobrepuesto, como se hacía en el taller. Inte­
resado por las ventajas de ese medio de compara­
ción, del tiempo ganado, de la certidumbre de no
recargar el dibujo o determinados trazos, de no
perder un croquis feliz, mi padre, al día siguiente,
en llegando a un taller, hizo posar al modelo, pri­
mero desnudo, haciéndole modificar ligeramente los
movimientos e iba corrigiéndose con calcos suce­
sivos ...
Hacia las cinco o seis de la tarde, cuando mi pa­
dre hacía secar sobre la pared los diez o doce di­
bujos que terminaba de fijar, Degas hizo su entrada
en el taller.
Desde ese día adoptó Degas con entusiasmo el
dibujo por calco sobrepuesto y no dibujó jamás en
otra forma.
He aquí porqué existen numerosos dibujos cuyas
réplicas no tienen a menudo sino variantes insigni­
ficantes”.
En efecto cuando llegaba a cansarse sobre un di­
bujo que su vista ya enferma le hacía penoso pro­
seguir, calcaba, corrigiendo el trabajo ya hecho. La
corrección era más clara. Y repetía la operación
hasta quedar satisfecho.

(Continúa en la pág. 10)

�Piero delta Francesco
(Fragm ento de una conferencia de Romualdo Brughetti
leída en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos)i

El escritor y crítico de arte Romualdo Bru­
ghetti pronunció en nuestra sala de exposicio­
nes una conferencia en la que estudió los
vínculos que unen la pintura a la poesía. Trazó
imágenes universales del arte y se detuvo tam­
bién en aspectos de la pintura y poesía jóve­
nes argentinas. Damos a continuación un den­
so fragmento de su disertación muy valiosa
en lo relativo a Piero della Francesca, tema
siempre apasionante y actual. Brughetti apor­
tó juicios personales de su experiencia estética
europea reciente, para fundamentar una vez
más su teorética del arte.
Dijo el autor de “Nuestro Tiempo y el Ar­
te”: . . . “En Piero está presente el hecho y la
llama que en cada cual reside secretamente,
pero supera las contingencias para construir
una galería de personajes y escenas que emer­
gen sobre la más absoluta densidad imagina­
tiva, llegando a lo fantástico por la medida
armónica. La expresión de Piero reside preci­
samente en una imagen absoluta de claridad
vuelta concreta metáfora plástica y poética
hasta el grado de lo misterioso”.
Más adelante, expresó: “Salgo a recorrer la
ciudad: Palacios, el Duomo, Preve de Santa
María (con estupenda fachada románica del
siglo XIII), S. Domingo, el Comune, la casa
de Petrarca (reconstruida), la plaza, el paisa­
je de llanura, las colinas y las montañas que
rodean a Arezzo. Este paisaje convida a la
deshumanización. Es seco, áspero, gris y ver­
doso, © igual que en la pintura de Piero, exige
un mirar atento y en profundidad, un penetrar
en la nada absoluta para llegar al paisaje ab­
soluto. Si en ese paisaje se sitúan caballos y
caballeros, figuras de hombres y damas, esa
deshumanización aparente alcanzará lo repre­
sentativo y, por un proceso de ahondamiento
en esas figuras, estas se volverán al cabo tí­
picas, reales y concretas, como concreta y real
es la abstracción plástica, el volumen sólido,
el ritmo concluso del dibujo, expresiones en
las que la humanidad esencialmente sobresale.
La belleza acude en Piero con su terrible sig­
no, como una espada desnuda. Porque esa be­
lleza en definitiva se hace en Piero della Fran­
cesca estilo. El estilo de la belleza creada por
el artista por conducto de una inmortal im­
personalidad-personalizada a todo con ese pai­
saje toscano que obliga agudamente a pensar.
¡No hay escapatoria posible!
Arboles, colinas, arquitecturas, estandartes,

indumentarias. . . Piero nada desecha. No se
evade. Y por esto mismo su pintura imagina­
tiva y lírica, real y abstracta, es una de las
páginas más inquietantes de toda la pintura
italiana. Ss comienza a mirar a Piero con in­
diferencia y se concluye por admirar en él
a uno de los más eminentes artistas, creador
de imágenes superreales por medio de la pin­
tura trascendida a objetividad pura, tan pura
que sólo encuentra similitud en los diálogos
platónicos. Platón, devoto de la geometría y
de la lucidez abstracta y prototípica, cobra
nueva dimensión en la obra del austero, pro­
fundo Piero.
Piero della Francesca o de los límites de la
abstraccsión occidental, ¡qué gran tema da
meditación para nuestro tiempo! En Piero se
abre el abismo, un abismo salvado por una
tradición que se atiene al control de sus re­
sultados objetivos y concretos sin soltarse ha­
cia el caos de la evasión despersonalizada: al
contrario, sobre el caos surge el edificado or­
den, un orden de la pintura en su majestad y
pureza culminantes. Pero ese abismo vuelve
a abrirse para las mentalidades individualistas
de nuestros días no comunitarios. Es — el abs­
traccionismo— la constante espada damocleana que pende sobre la cabeza del arte y al par
la secreta gloria de una suprema realidad idea­
lizada: como la poesía que, para preservarla
de toda impureza, Platón coincluyó por ubicar­
la en la región donde moran las nieves eter­
nas al excluir a los poetas de su imaginaria
República. Y aquí el arte se cierra sobre su
órbita para dar nacimiento a la parábola del
m ito”.
FORMA • 7

�/ O C I E

D A D

Actividad Societaria
La Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, que
sobrepasa el cuarto de siglo de existencia, desenvuel­
ve con la responsabilidad que la caracteriza sus ac­
tividades gremiales y culturales en defensa de los
artistas p'ásticos, agrupados o no en ella y contribuye
inapreciablemente al enriquecimiento del patrimonio
cultural de nuestro país.
Al comienzo del corriente año, se planeó un pro­
grama de realizaciones que a esta altura del mismo
ya son realidades efectivas la mayoría de ellas, con
el consiguiente beneficio para sus asociados. Conse­
cuente con una límpida línea de conducta, nuestra
entidad elevó a la Subsecretaría Nacional de Cultura,
un memorial referente al anteproyecto del reglamento
del Salón Nacional, apoyando todo lo que significara
progreso, o en su defecto, haciendo crítica construc­
tiva sobre los puntos que no contemplaran las aspi­
raciones de los plásticos.
Realizó el Salón de Otoño en la Galería Velázquez;
en el transcurso de la muestra llevó a cabo cuatro
actos de divulgación cultural artística, disertando los
señores Pablo Rojas Paz y Leónidas de Vedia y Mi­
tre sobre Einstein y Picasso y sobre la Renovación
Romántica de E. Echeverría, respectivamente. Dos festiva'es cinematográficos con películas sobre Rodín,
Rousseau y Braque y la Arquitectura Francesa.
El domingo 2 de septiembre organizó en el Jardín
Zoológico un concurso de bocetos de escultura sobre
animales en plastilina “Alba”, adjudicándose nume­
rosos premios.
También durante el mes de septiembre realizó una
función cinematográfica en el local de la Sociedad
Argentina de Escritores con películas sobre el arte
hindú, cedidas gentilmente por la Embajada de la
India y además un concierto de cámara de música
argentina en el Teatro Ateneo, para el cual pres­
taron su colaboración la pianista Haydée Loustaunau,
la soprano Marisa Landi, la arpista María Luisa Urbansky, el flautista Alfredo Launelli y el oboe Pedro
Di Degregorio
El día 11 de septiembre quedó cristalizada una as­

EVOLUCION DE LA PINTURA ITALIANA. . .
(Continuación de la pág. 4)

herente todas las fuerzas artísticas de la época. Hoy
el artista es a menudo una mezcla de impulsos des­
ordenados, de fuerza y debilidad, de espiritualidad y
sensualismo. Muchas herencias contradictorias obran
en él. Lo que podemos hacer es reaccionar contra las
corrientes que consideramos nocivas a un concreto
desarrollo del arte. Trabajar para dar cada vez más
al arte moderno europeo una humana y alta finali­
dad que es el deber de todos los hombres que tratan
de hacer triunfar el espíritu profundo que vive más
allá de las prisiones del tiempo y del espacio La
pintura que nosotros queremos no es la reproducción
8 i* F O R M A

piración de todos los socios de la SAAP, al ser in­
augurada nuevamente la Galería de los Artistas, luego
de una reforma total del local de exposiciones que
lo coloca a la altura de las mejores galerías de nuestro
medio y en un todo de acuerdo con la jerarquía de
los plásticos agrupados en nuestra entidad, actuando
como director de la misma, el Dr. Manuel Francioni.
En el acto inaugural se expuso una interesante mues­
tra con obras de colecciones privadas, cuyas autores
son destacados artistas nuestros: A. Badi, H. Basaldúa H. Butler, J. C. Castagnino, E. Centurión, E. Daneri, M. Diomede, E. Fariña, C. Giamb'aggi, F Lacámera, E. Larrañaga, H. March, E. Petorutti, O. Pierri,
E. Policastro, R. Rossi, R. Soldi, L. Spilimbergo, M.
Tiglio, M. C. Victorica.
Ea tal oportunidad disertó el señor Luis León de
los Santos, sobre “Colecciones y coleccionistas”, ante
una nutrida concurrencia vinculada a las artes plás­
ticas.
Se han creado los martes de la SAAP, destinados
a la organización de actos cultura'es, inauguración de
exposiciones, de una duración de quince días interca­
lando con una conferencia el martes intermedio.
De esta forma han disertado Leónidas Barletta, so­
bre “La pintura y el teatro”; Enrique Fernández Che­
lo sobre "El grabado y el humorismo”; Enrique Ascoaga, poeta y crítico español, sobre “Retratos de
Goya y los pintores modernos”, y Romualdo Brughetti
sobre “La pintura y la poesía”, y han expuesto los
siguientes pintores y escultores:
Bsrni, Castagnino, Diomede, Domínguez Neira, Falcini, Fontana, Gowland Moreno, Juárez, Rovatti, Sibelino, Badii, Barragán, Forte, Grillo Macchi, Ocampo,
Tidone, Venier, Gambartes, García Carrera, Garrone,
Gre’a, Gutiérrez Almada, Herrero Miranda, Pedrotti,
Ottmann, Uriarte, Warecki, Calabrese, Panagiatópulos,
Pons, Solari, Torrallardona.
Dentro de la vastísima labor cultural cabe destacar
que por primera vez en nuestro país la SAAP encaró
la filmación de la obra de artistas nacionales y co­
lecciones privadas, dejando con ello un documento
valioso de nuestra producción artística y acercándola
al pueblo.
Ya se ha terminado de filmar la producción de M.
C. Victorica ambientada en su ya histórico estudio y
que se exhibirá próximamente; se continuará con la
filmación de una colección privada.
El 21 de septiembre se ha realizado la tradicional
Fiesta de los Artistas, con un éxito extraordinario.
Esta es en síntesis y a grandes líneas la obra rea­
lizada por la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos
desde el mes de mayo a noviembre de 1951.
material de las cosas, no es arqueologismo, ni es es­
tetismo. Si hablamos de principio italiano, y de tras­
cendencia, no consideramos absolutamente el arte una
contemplación pasiva. El arte para nosotros es sín­
tesis armónica de sentimientos reales y hacer arte
quiere decir actuar en formas estables las variacio­
nes esenciales de la vida.
En tal modo el artista es el “homo humanus” por
excelencia, porque se atiene a aquel amor que úni­
camente semeja a eso que los sab:os antiguos 1'ama­
ron alma. Para concluir diré al fin que considerando
el arte italiano en el cuadro artístico europeo, ofre­
ce, no menos y quizás más que el de otros países, un
número conspicuo de obras cuyo valor se agrega y
toma relieve en la historia artística de nuestro tiempo.

�y tan manifiesta su importanc'á a
las sociedades poco ilustradas o em­
bebidas aún e nel arduo empeño de
mejorar su condición civil y polí­
tica, su bienestar e interés, él sin
embargo a par de los elementos de
la civilización, ejerce secretamente
una poderosa influencia y va reco­
de ESTEBAN ECHEVERRIA
brándola con el progreso de la cul­
tura y el tiempo.
O
. . .Es púas el arte el resultado, presentarla al sentido, pues que,
La
forma
de
toda
de arte,
a visible manifestación de una ne­ como dice Schlegel, a los pueblos comprende la armazónobra
o
estructu­
cesidad especial de la humana inte­ que llamamos bárbaros y salvajes ra orgánica, el genio expositivo, el
ligencia y tiene como las obras qce la ha otorgado también el cielo.
estilo o la fisonomía del pensamien­
acabo de enumerar, raíz en ella
Pero no tiene el arte por blanco to, el lenguaje o el colorido, el rit­
profunda.
exclusivo, como las ciencias y la mo o la consonancia silábica y onoLa historia de todos los pueblos industria, lo útil; como la religión matopéyica de los sonidos, y el fon­
le consagra su página más brillan­ interpretar la fe que nos liga al do, son los pensamientos o la idea
te y atestigua que donde quiera creador; como el Estado hace rei­ generatriz qu© bajo esa forma se
que han existido sociedades que al­ nar la justicia. Es el arte de discer­ trasluce y da a ella completo y ca­
canzaron, cierto grado de cultura, nir tanto en el interno como en racterístico ser. Así es que puede
hubo también espíritus creadores y el externo mundo, tanto en la fí­ decirse que el fondo es el alma, y
pueblos capaces de sentir y vene­ sica como en la moral tanto en la forma el cuerpo y organismo de
rar las obras de arte. El Egipto la criatura como en sus actos; tan­ las creaciones artísticas
ostenta aun sus gigantescas pirá­ to en lo finito como en lo infinito,
Una obra sin fondo es un es­
mides, tosco simulacro de la infan­ lo más bello, heroico y sublime, queleto
sin alma, hojarasca brillan­
cia del arte. La Grecia debe mayor lo más nob'e y generoso, y aplicar­ te, sombra
chinesca para los ojos,
lustre a algunos de sus poetas y es­ se a representarlo en forma visible una obra todo
es hermosura
cultores que a la sabiduría de sus con animados colores haciendo uso descarnada y sinfondo,
atavío
en ves
filósofos y legisladores. Roma can­ de los instrumentos adecuados. Es de echizar espanta. Así que
es
que
la
sada de batallar y vencer, adora el glorificar la justicia, dar pábulo forma y el fondo deben identificar­
sus trofeos con las galas del arte a los elevados y generosos afectos,
y completarse en toda obra ver­
griego, y pretendiendo ser émula hacer apoteosis de las virtudes he­ se
daderamente artística. El estatua­
no es sino imitadora.
roicas, fecundar con el soplo de rio, como el poeta, conciben una
Los incas y mexicanosmismos, la inspiración, los sentimientos mo­ idea; pero esa idea está en germen
pueblos semisalvajes, cultivaban las rales, los principios políticos, las en su cerebro mientras no la re­
artes; y hasta los pampas y demás verdades filosóficas y poniendo en presentan al sentido; el uno revis­
tribus nómadas tienen sus cantos contraste el dualismo del hombre, tiéndola de mármol, el otro con
guerreros con que celebran las ha­ la perpetua lucha del espíritu y la las formas de la palabra.
zañas heroicas, perpetúan su memo­ carne, de los apetitos sensuales y
Todo pensamiento, pues, tiene su
ria y s© infunden espíritu en los los deseos infinitos hacer resaltar propia y adecuada forma; cada ar­
combates.
su dignidad moral y su grandeza. tista original una idea y expresión
Poderosa, sin duda, debe ser esa Divina por cierto es la misión del características; y cada siglo una
facultad del espíritu humano para arte; y si bien no aparece a pri­ poesía, y cada pueblo o civiliza­
concebir la idea de lo bello y re­ mera vista tan palpable su objeto ción sus formas artísticas.
DEL

LIBRO

CLASISISMO y
ROMANTICISMO

D O M I N G

O

G

A

Ha suscitado hondo dolor en
el ambiente artístico el falleci­
miento del pintor Domingo J.
Carroñe, después de una corta
dolencia.
La muerte lo sorprendió joven
aun, cuando entraba en el pe­
ríodo de plenitud con respecto a
íu carrera artística y en el mo­
mento en que iempezaba a de­
jarnos obras de verdadero va­
lor, fruto de la experiencia en
función de la utilización de los
medios expresivos personales,
que ella demanda.
Fué una vida de espíritu in­ conducta recta e inquebrantable
quieto, . trabajador infatigable, y amó siempre todo lo que sig­
rica ien búsquedas plásticas, de nificara progreso, esas virtudes

R R O

N E

le rodearon de amistades y ca­
riño en los diversos círculos don­
de él actuara.
Había iniciado sus estudios
en la Mutualidad de Artistas
Plásticos: que funcionó en Ro­
sario, para pasar luego a la Aca­
demia Superior de Bellas Artes.
Otros maestrost entre ellos
Giambiaggi, contribuyeron a su
formación artística, la que com­
pletó con sus propias indagacio­
nes y experiencias estéticas. De
ellas, podían esperarse por cier­
to maduras realizaciones a poco
que la vida le hubiera concedi­
do un término más razonable
para desarrollarlas.
FORMA • 9

�H o m en a je
a

SOLDI

El día 27 de noviembre, la Sociedad Argentina de
A rtistas Plásticos, rindió público homenaje al pin­
tor Raúl Soldi por la obtención del Premio Palanza 1951, consistente en un lunch servido en su se­
de social.
Ofreció el homenaje en nombre de los socios de
nuestra entidad el pintor Jorge Larco, ante una
numerosa concurrencia entre los que se contaban
plásticos, oráticos de arte, coleccionistas, escritores,
poetas y demás personas vinculadas a las bellas
artes.
Nada más justiciero que este homenaje, dado que
Raúl Soldi, doblemente lo merece, por su condición
de artista de primera línea y por ser hombre de
responsabilidades, que sabe adoptar posiciones jus­
tas en defensa de los intereses de los artistas plás­
ticos, con una correcta e inquebrantable línea de
conducta que sirve de ejemplo a los plásticos de su
generación, que han llegado o están por llegar a
la plenitud, como asimismo a las generaciones ve­
nideras.

SOBRE EL DIBUJO DE DEGAS
(Continuación de la pág. 6)

Pero, en cambio de transportar su dibujo asi co­
rregido sobre un papel común, comenzaba a cubrir
el calco mismo de pastel, después, como lo hemos
expuesto anteriormente, fijaba esta primera capa y
Secretario:

Anselmo Picoli
Prosecretario:
López Armesto
Tesorero:
Gerónimo Martignoni

COMISION DIRECTIVA DE LA SAAP
PERIODO 1951-52
Presidente:

Protesorero:

Raúl Soldi

Manuel Zorrilla
Vocal I:

Enrique Policastro

Vicepresidente:

Luis Gowland Moreno

OPINAN 3 ARTISTAS ARGENTINOS
ANTONIO DEVOTO
El arte nacional, hoy alcanzó la
madurez técnica necesaria para
marchar solo, concentrando en lo
absolutamente local sus posibilida­
des, tiene abierto el camino hacia
el mundo.
Un arte puramente nuestro es po­
sible extrayendo y adaptando al
muro los elementos que ilustran
nuestra propia vida.
10 • F O R M A

retomaba el trabajo. Es asi que ha realizado tantos
pasteles sobre papel transparente, que hacía encolar
sobre cartón antes de terminarlos. '
A menudo utilizaba de nuevo el calco en el curso
de la ejecución del pastel.
Encontrándose en cierta m anera perdido, en me­
dio de tantas líneas y colores que terminaban por
confundirse en su retina, y no queriendo fatigar
inútilmente su trabajo, aplicaba encima otro papel
transparente sobre lo ya hecho y recomenzaba a
dibujar y a cubrir de colores esta nueva hoja que
se transform aba a veces en un magnífico cuadro, o
bien quedaba en estado de esbozo, sin perjuicio que
su capricho lo retomara un día para terminarlo.
Es lo que explica el número considerable de car­
bones más o menos realizados, como también de
pasteles en curso de ejecución que se encontraron
en su taller después de su muerte.
Otra consecuencia de su trabajo por calcos suce­
sivos y que es también quizás un efecto de la debi­
lidad de su vista, es el engrandecimiento progre­
sivo de sus dibujos. Le sucedía a menudo ir agran­
dando en cada nuevo calco las proporciones de sus
figuras, llegando finalmente casi al tamaño natu­
ral una cabeza esbozada al comienzo de la dimen­
sión de una naranja.
¿Es porque calcaba su dibujo fuera del trazo, o
impulsado sin saberlo por la insuficiencia de su
vista, que alargaba de esta manera en todo sentido
su primer trazado ?
Se pudo ver el retrato de una madre y sus dos
niños, inscripto al comienzo en una hoja de papel
Ingres, transform arse finalmente en un gran pastel
de 1,60 de alto por 1,41 de ancho —pastel por otra
parte inconcluso.
Habría mucho que decir a propósito del dibujo
de Degas. Sería entonces necesario abordar la cues­
tión de su método, de su concepción del dibujo y
de su objeto; lo cual sería entrar en los dominios
abstractos de la pintura, en la parte intelectual de
este arte, que no corresponde al carácter de este
studio.
DENIS ROUART.

(Continuación de la pág. 2)

Es halagador ver como muchas
artistas consagrados y noveles, se
orientan y agrupan en esta, acá,
nueva concepción del Arte
A veces la sociedad retribuye al
Artista (Siempre tarde) parte de
su aporte a la cultura, pero gene­
ralmente el Artista vive cuando de­
ja de serlo, es decir: paga a la so­
ciedad c o n trabajos impropios
(cuando no, con sacrificios cruen­
tos) su ideal de elevar la especie.

Vocales:

Juan Labourdette
Marina Bengoechea
Josefina Zamudio
Vocales suplentes

Juan Sol
Elena Tapia
Julio Barragán
Homero Panagiotópulos
Eduardo Orioli
Interpretar, enaltecer, estimular
la Vida y los sentimientos del pue­
blo, acostumbrarlo a verse refleja­
do en la misma y hacer así del
arta una necesidad pública.
Frenar todo individualismo y su­
mar en forma orgánica al aporte
colectivo, 1 a máxima capacidad
Propulsar el Artesanado, dotarlo de
medios técnicos-prácticos y hacerlo
partícipe en los sentimientos co­
munes.

�4

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                <text>Chelo, Enrique F.&#13;
Echeverría, Esteban&#13;
Rouart, Denis</text>
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��ESENCIA DEL ARTE MADÍ

M ás a llá de M oore, de A rp , de C a ld e r; m ás a llá de
M a le v itc h , D e la u n a y, M o n d rla n ; inclu sa de V a n Doesburg y V an to n g erlo o , que, dentro del m ovim iento a b s­
tracto De Stijl, com prendieron la necesidad de in sertar
el ángulo agudo, el d inam ism o ; aparece el m ovim iento
m adí. Lo prim ero que nos sorprende de él es su a sp ira ­
ción to ta l, su am bición de ir a la Gesamkunstwerk,
por una ad ap tació n de un solo p rin cipio a todas las
p ra cticab ilid a d e s del espacio y del tiem po, que- no
ciertam en te por sum isión de modos a rtístico s a un
"p ro g ra m a " a n te rio r y d istinto de ellos. Luego, se
impone la m ención de ese esencialism o buscado con
intensidad y se n ecesita a ve rig u a r qué sea tal vocablo,
tal concepto, dentro de la m ú ltip le a ctiv id a d M ad í.
P ara este m ovim iento, lo esencial no es la fo rm a , m e­
nos aún la im ita ció n , ni siq u iera la tra n sfig u ra ció n de
la fo rm a ; lo esencial no es por otro lado un trasfondo
psicológico o un pathos que tra n s m itir, ya que huye
de lo su b jetivo , de lo exp resio n ista y de lo sim bólico.
¿ A qué im pulso obedecen, pues, las verteb rad as e scu l­
tu ra s no fig u ra tiv a s , las p in tu ras d esarra ig a d a s del
cuadro, in scrita s en una geom etría llena de a g re siv i­
dad seren a, de co ntrad icto rio a lca n ce ? ¿ A qué origen
se rem onten los peemos de Ko sice, en los que no b rilla
una luz su b je tiva, ni el anhelo de tra n sm itir c o n fe ­
siones, o de su m ir en una m ágica hipnosis al lector?
Lo esencial es para los m odistas lo que se p erp etú a :
el puro m ovim iento an te rio r e in te rio r; el esquem a de
lo ra d ica l, ca p az de m a n ife sta rse c ie n tífic a , v ita l o
a rtística m e n te . En co nsecuencia, su a rte busca una
propagación ilim ita d a y en tal sentido se entronca más

�con el fu tu rism o escultórico que con otra m odalidad
cu a lq u iera de a rte . Y a Boccioni había presentido que
el destino, no diré hum ano, sino de la sim ien ts — que
— surge— de— lo— inform e— h a c ia — la— luz ( = f e ­

sim p licid ad , la b e 'le za , la serenidad que circu n d an sus
creaciones que en a p arien cia son a veces convulsas o
quebradas. M ás que liberarse a sí m ism os, o lib erar
sus im pulsos, ellos liberan al ser, m ostrándolo en su
acción e 'e m e n tal, p e trifica d a por obra de la se n sib i­
lidad y del espíritu en creaciones que van llenando el
mundo físico de nuevos entes con derecho a e x istir y
a ser reconocidos entre los fenóm enos como a sp ira ­
ciones a le ra íz , al enterrado fuego causal de que h a ­
b lara H eráclito .

BARCELONA —

tem a e se n ciclista no es h a lla r la preform a de las co­
sas o de los procesos, lo cual sería sim bolism o, sino
lib erar independientem ente su realidad en sí, y esto
es lo que saben a m a ra v illa los a rtista s del grupo M adí
al m en tar lo que denom inan "au to n o m ía v iv e n c ia l" .
Creando fenóm enos aislad os, aun cuando desprecien
este lado psíquico de su ta re a , v e rific a n silencio sa y
m isteriosam ente la ca th crsís a risto té lic a ; de ah í la

para arte madí

licid ad , o c o n s c ie n c ia ), es ligarse a todo y en todo, lo­
g ra r un co ntacto su b sta n cia l, una fie re za de injerto
y de lu z, de rayo o de sonido, m ostrando lo que la
unión de les elem entos puede dar en ese nuevo u n i­
verso, cen tral entre los modos m atem ático s y los sen­
sitivo s, entre el ritm o v el volúm en. O rg an izacio n es
puras son a la vez m anifestacio n es de ese algo que
es la cosa esen cia!, en su trasla ció n , crecim ien to y
concreción ob jetiva. Pero lo que se busca con ese s is ­

JUAN EDUARDO/CIRLOT

�DECORACION
Y

PINTURA

El concepto M ad í sobre lo deco rati

p ictórico , en cu en tra su co n firm a ció n

teo rías de la "p sico lo g ía de la fo rm

En un breve p la n tea m ien to del pr

y encarándolo en sus aspectos ge

tenem os que las o rg a n iza cio n es d

vas m ás a u té n tic a s, co nsisten por lo
en una unidad co njugada consigo

Si se tom a una su p e rficie de este ti
ejem plo un papel estam pado, pode

ner de él una visión m as o menos c

ta , según un cierto estado m ental

ella no es m ás que una p a rte : el hec
Friso de los arqueros.

se rem arque y

reconozca el objet

ponde c una c ie rta d irecció n m om

de la aten ció n , al estado a fe c tiv o

hábitos y creen cias g en erales; es és
junto de las co ndiciones, tanto o
como su b je tiv a s, el que decide la
ción.
Esta su p e rficie se nos p re se n tará ; c

cam po sensorial co nstituido por una
dad de unidades an álo g as, en las

fu e rza s de "c o h e re n c ia " son ta les q

"Pointed and round", em­
pleo de la pintura de Kandinsky, en la decoración
de una superficie.

�man un todo de estim u lació n homogénea
en el cam po.
Sin em bargo la condición de unidades im ­
p lica una fa c u lta d de separación del todo,
n ecesaria para una percepción a n a lític a .
Pero cu a lq u ie ra sea la intensidad de esta
percepción, si no existen cam bios en las
condiciones o b jetivas y su b jetivas que la
determ in aro n , no es posible una percep­
ción igual, con el m ism o co eficiente de in ­
terés en otra u n id ad , por la fa lt a de u m ­
bral que van a tener las unidades re sta n ­
tes con respecto a la p rim era, (la fa lta de
um bral aum enta en razón d irecta de la
ca n tid a d de unidades p e rcib id a s).
Este proceso es lo que c a ra c te riz a la de­
coración como género.
Si se a ís la uno de los arqueros del friso del
P ala cio de D arío en Susa, éste es dentro
de su estilo, un a lto rre lie ve p erfecto , nada
en él revela una intención d eco ra tiva, e!
c a rá c te r proviene de la repetición y obe­
dece a un proceso psicofisiológico.

Esquema de una pintura
madí. Gris: tema de la
pintura. Negro: anécdota
(en este caso el tema re­
batido). B l a n c o : espacio
que habría que rellenar
con fondos para incluirlo
en una decoración.

�Pera que tenga lug ar este proceso, la re­

e x cita ció n p e rc e p tiv a — el todo es un c a m ­

petición no tien e n ecesariam en te que ser

po sensorial de estim u lació n heterogénea.

id é n tica ; se da tam bién en una serie c u a l­
q uiera cuyos m iem bros estén en un orden
crecien te o d ecrecien te

inin terru m p id o .

To da la p in tu ra a b s tra c ta y n o -fig u rativa
abunda en ejem plos sobre el em pleo de la'
anécd o ta. Desde el C ub ism o , que ab arro ta

Sean A . B. C . D. los m iem bros de una se­

les cuadro s, no sólo de anécdotas de fo r­

rie, según sea la e scala en que va ríe n se

m a, de color y de tono, sino tam bién de

podrá c p re c ia r que A es m ayor o menor

ca lid ad e s, hasta el Sup rem atism o y el Neo

que C , o que D, pero será d ifíc il a p re cia r
que A es m ayor o m enor que B. Pero aún
en los casos excep cio n ales en que la escala

p lasticism o , usándola con una m eticulosa
econom ía. Su p resencia ha decidido sie m ­
pre sobre el c a rá c te r p ictó rico de la obra.

sea t a l, que se pueda a v a lu a r la d ife re n ­
cia A B, tam bién se podrán a v a lu a r y se­

C cm o un ejem plo inverso al del friso de

rán iguales o en la m ism a proporción, las

los arqueros

(pero que se co m plem entan)

d ife re n cia s B C y C D.

si colocam os rep etidam en te una p in tu ra en
un orden cu a lq u ie ra , podría ser un cuadro

Es d e cir, que en una serie, la fa lta de u m ­
bral se puede deber a la escala en sí, o a la
ap aren te igualdad entre les m iem bros a d ­
yacen tes, o ser la sum a de estas dos cond icicn es.

de K a n d in s k y ; se puede leg rar la d eco ra ­
ción de una su p e rficie , sin necesidad de
agregados o m o d ificacio n es. Esto no es po­
sible con una p in tu ra M a d í, sin agregarle
por lo menos un fondo, por no tener so lu ­

En g en era!, en toda d ecoración, la fa lt a de
um bral entre sus nTem bros o unid ad es, les
hace a g ru p ar, p ara co n stitu ir un todo ho­
mogéneo. De donde se cum ple uno de los
vo

principios de W e rth e im e r: que dice "q u e

lo igual y lo s im ila r tienden a fo rm a r u n i­
dades que se separan de lo que es disím il
a e lla s " .

ción de co ntin u id ad .
En estas nuevas condiciones a que se so­
m ete el " c u a d ro " , se produce un cam bio
de o rg a n iza ció n . Lo que en la p in tu ra era
un todo co n stitu id o por unidades seg reg a­
das, pasa a ser una unidad co m pleja en otro
todo, ve rificán d o se lo expresado por K o ie r:
"e l cam bio de una condición ob jetiva pue­

En oposición a lo d eco rativo, lo p ictórico se

de producir un cam b io local en la fo rm a

„
■
o

c a ra c te riz a

fu n d a m en talm en te

por

tener

fo ca liza cio n e s o anécdotas.
L a s fo ca liza cio n e s son unidades su b o rd in a­
das de una m agnitud v a ria s veces menor
que las unidades p rin cip a le s; por eso m is­
mo, con un c ito co eficie n te de um bral con
respecto a éstas — que crean centros de

p ercib id a, o trad u cirse por un cam b io de |

co

las propiedades de la fo rm a to ta l, a cau sa

s

de las propiedades que debe a su lug ar y

-

a su fu n ció n en cada una de e lla s. U n a

c
ra

0

a.

p a rte en un todo es algo d istin to a esa
p arte a isla d a o en otro todo ".
R H O D /R O T H FU SS

o
o

I

�En el mes de setiembre del
oño ppdo. se realizó en la
galería BONINO, la expo­
sición Kosice.

Esculturas y pinturas madí
en número de 26 compu­
sieron la muestra.

El pintor y crítico Juan
Bay que prologó el catá­
logo ubicó certeramente la
posición de madí, y, en
particular del expositor y
su trayectoria en las zo­
nas de vanguardia del arfe
no figurativo.

�POESIA Y PUNTUACION
L a m ayor parte de los libros de versos que
se p u b lican en F ra n c ia , en estos m om entos,
o fre ce, en el cam po de lo p uram ente v i ­
s u a l, un espectáculo al que no están a co s­
tum brados nuestros lectores c o rrie n te s: la
supresión ab so lu ta de la pu n tuación . El
procedim iento, si bien es p erfectam en te
usado por la gente de va n g u a rd ia , no co m ­
porta una norm a esco lástica , una d ife re n ­
ciació n e sté tica , pues lo em plean hombres
de todas las ten d en cias, poetas de iz q u ie r­
da y de d erech a, ve rso lib rista s y autores
to d avía a filia d o s a l verso m étrico , con musiq u ita por ad entro y consonantes en las
p u n tas, es d ecir, a esa b a su rilla de la poé­
tica an te rio r, la del ritm o y la rim a, d e fi­
n itiva m e n te so terrad a.
Teng o a la vista volúm enes enteros de so­
netos — o sea de la fo rm a m ás a rtific io s a
y fa ls a de cu a n ta s se conocen— donde no
h ay un solo punto ni una sola com a, lo cual
es su ficie n te para darse cu en ta de h asta
qué sectores a lc a n z a la revo lu cio n aria p rá c ­
tic a .
Esta no es, tam poco, según podría suponer­
se, del todo m oderna. L a inició hace m ás
de ochenta años, M a lla rm é , y la puso de
m oda, hace m ás de cu a re n ta , G u illa u m e
A p o llin a ire , p o n tífice suprem o de todas las
escuelas posteriores al sim bolism o, a quien
q u iz á por esto, Picasso retrató vestido co­
mo un papa a u té n tico , em puñado el cetro
y sentado en su g ran trono de oro en el
invisib le, pero realísim o , V a tic a n o de la
Poesía. No se lim itó A p o llin a ire a seguir
m udam ente en eso a M a lla rm é , sino que
consideró el sistem a como p arte in te g ra n ­
te de la estética n u eva, teo rizand o sobre
él en ca rta d irig id a en 1913 a su am igo
M a rtin e a u , p u b licad a, según refe re n cia s,
pues no la conozco, por la revista El Diván,
en 1938.
Esta c irc u n s ta n c ia , el desconocim iento de
las razones en que se apoyó el a u to r de
Alcools para a co n se ja r la abolición de la
p u n tuació n , no puede o b sta cu liz a r que yo,
adherido para siem pre al método, predique
sus e x ce le n cia s, con riesgo de co in cid ir, sin
sab erlo , con los puntos de vista expuestos

por ese m á rtir de la otra G ra n G u e rra , el
creado r ad m irab le de El Poeto Asesinado.
C u a n to se relacio n a con la presentación
g rá fic a del poema ha preocupado siem pre
a los poefas, aun a los m ás antig u os, in d u ­
ciendo a algunos a em prender e x tra o rd in a ­
rios prodigios arqu itectó n ico s con los v e r­
sos, en relación con el m a te ria l tip o g rá fi­
co. Recuerdo hab er leído que y a , en los s i­
glos X I I I y X I V fin o s poetas ita lia n o s se
co m p lacían en d ar a sus elu cu bracio n es
fo rm as o b jetivas acom odadas al tem a en
e lla s d e sarro llad o : de co razó n , si el ca n to
era de am o r; de b otín, si a lu d ía a un d e­
licado pie fem enino. Y fu e p recisam en te
A p o llin a ire quien m ás tarde h ab ría de h a ­
cer de esos juegos fo rm a les — a los que
dio el nombre de caligram as, con que a h o ­
ra se les conoce— ca p ítu lo sin g u la r, y m uy
estim ado, de su producción.
Tiem p o hubo en que la disposición de los
versos estaba acordada a sus proporciones
m é tric a s : los de m edida corta con que se
a lte rn ab a los de m edida a m p lia de una
com posición iban debajo de éstos, pero más
o menos h acia el centro, como queriéndo­
se d estacar an te el lector la m o d ificació n
del ritm o :
"Padre y maestro mágico, liróforo celeste
que al pensamiento olímpico y a la siringa agreste
diste tu acento encantador.
(RUBEN

DARIO)”

Se quebraba el verso, tran scrib ién d o lo en
dos lín eas, para m a rc a r la im agen , aun con
peligro de que p arecieran dos verso s:
"Bien recuerdan las calles
que fueron campo un día.
(JORGE

LUIS

BORGES)”

Se lo escrib ía en p endiente, con el fin de
¡lu stra r tip o g rá fica m e n te la m e tá fo ra :
"Para subir a la torre Eiffel
se trepa por una canción
do
re

mi
fa
sol
la
si
do
Ya estamos arriba.
(VICEN TE

HUIDOBRO)”

V a ria s otras innovaciones de orden visu al
han sido hechas, pero la m ás razo n ab le y

�con m ás atrib u to s de p erd urabilid ad es se­
guram ente la que decreta la supresión de
la p u n tuació n , pues es la que menos res­
ponde a inquietudes e xte rn a s y su p e rfic ia ­
les y sí m ás a la concepción m ism a de la
poesía. Esta, la poesía, tiende a despojarse
de lo accesorio y deco rativo, de cuanto no
es ella e xclu sivam en te y, en p a rtic u la r, de
cu anto otras d iscip lin as del esp íritu le han
prestado. A s í, se ha desprendido del m etro
y de la rim a , que son elem entos m u sicales
y no poéticos, y q uiere desprenderse del
punto, de la com a, del signo de a d m ira ­
ción, y hasta del de interrogación (aunq ue
este últim o parece im prescind ib le, a cau sa
de la pobreza in fle xib le de los idiom as y
en especial del ca ste lla n o , el m ás ind ig en ­
te entre todos los de E u ro p a ). Esas m arcas
o señales no son sino m u letas en que se
apoya el lector indocto para com prender,
y la poesía no puede p roporcionarlas por­
que se n cilla m e n te no ejerce funciones o r­
topédicas.
Sandio y d em ostrativo de poca co n fia n za
en lo que se dice es el re c u rrir a los p u n ­
tos suspensivos para a tra p a r o h acer m ás
aguda la em oción del leyente. No hacen
fa lta g arabatos especiales para darse cu e n ­
ta de que el poeta cla m a y aún , acaso , de
que p regunta, excepto en el ca stella n o , pa­
ra lo ú ltim o , por no haber sabido salvarse
de le degeneración g ra m a tic a l im puesta
por el uso. al a d m itir que las fra se s in te ­
rro g ativas no se d iferen cie n de las a fir m a ­
tivas en el orden en que sus vocablos se
escriben.
Reproduzco una estro fa pródiga de enum e­
raciones y com plem entos y , por eso m ism o,
de sum a u tilid ad para la probanza de mi
tesis, ahu yentán d o le los signos de p u n tu a ­
ción que, por supuesto, tienen en el o rig i­
n a l, para que se a d vie rta cómo ellos son
innecesarios, pues las p ala b ra s entregan
por sí solas cuanto el poeta les encom endó:
"Norte mástil estrella permaneces tan mía
Tan mía en la distancia situada en cualquier punto
Que en esta noche trepa la ansiedad de gozarte
A la entraña salvaje de amor en que me inundo
Hoy como nunca amada quisiera estar contigo
Moviéndome en la playa de tus ojos tan juntos
Que mi sangre y tu sangre corrieran tan mezcladas
Como si fueran ambas una raíz del mundo
(GILBERTO

GONZALEZ

Y

CON TRERAS)”

Esta posición o procedim iento está su ste n ­
ta d a, adem ás, en razones de la m ás e v i­
dente co ngru en cia. C u an do se lee en voz
a lta un poem a, no se pro n u ncian los p u n ­
tos ni las com as e igual a ca e ce , si se e x ­
trem a la ob servación , cuando se lo lee en
silen cio . P ara que se les em itiese se ría p re­
ciso ech a r m ano a las p rá ctica s del a lfa b e ­
to M orse. En éste, e xisten los signos co­
rrespondientes al punto y los te le g ra fista s
se los tra n sm ite n , pero al tra n s c rib ir los
m ensajes al papel para e n viarlo s a sus des­
tin a ta rio s, en vez del signo m ism o (el p u n ­
to) escriben la p ala b ra que lo exp resa. De
a llí, esos curiosos texto s de los teleg ra m a s
que m uchas veces provocan r is a : “ Papá
enferm o punto M am á desconsolada punto
G ira sin dem ora punto m uchos ca riñ o s p un­
to " , etc. T a l ab u n d am ien to de la o b jetiviza ció n no tien e otra fin a lid a d que la ds
e v ita r toda posible co n fu sió n ; es, en pos­
tre ra in sta n cia , una m u leta para los cojos
probables. A la poesía no le im porta que
los lectores se co nfu n dan y , en ocasiones,
sale ganando con ello, pues de la confus :ón, del hecho de ju n ta r una p ala b ra o un
concepto de un período con la p ala b ra o el
concepto de otro período suele su rg ir la m a ­
ra v illa de una im agen insospechada, de una
b elleza in é d ita. D isfrú tese aho ra el sig u ie n ­
te ejem plo, aho rrado, como se v e rá , de to ­
da in u tilid a d , y se tendrá un goce poético,
to ta l, es d ecir sin n o stalg ia s de puntos, co­
m as, p untico m as y dem ás insulseces de la
g ra fía m u n icip al y espesa:
"Quedarse en el área
en la exigencia de la imagen
en la posibilidad menos táctil
en el acento menos profundo
aún a riesgo de acusar más suma de quietud
más huella recién terminada
más esfera imperfecta entre nosotros
estarse en el término del movimiento y tener nombre
sin embargo
(GYULA

KO SICE)”

Podrá inq u irirse por qué no se su prim e ta m ­
bién la puntuación en la prosa, m as la re s­
puesta es fá c il. L a prosa es una h e rra m ie n ­
ta de la in te lig e n cia p ara exo n erar ¡deas,
deseos, se n tim ien to s, y la p u ntuación le es
n ecesaria para que sus m a n ife sta cio n e s se
ca n a lic e n sin peligro de enredos o turbie-

�" in ic ia d o s " ; es d e cir, gente que sabe sus
secretos y, por lo tan to , no requiere a n d a ­
dores, ayu das, porteros ni pies postizos p a ­
ra moverse dentro de sus p alacio s ds m i­
lagro.

Por otro lado, la poesía es un don no sólo
de quienes la crean sino tam bién de q u ie­
nes la gozan leyéndola, todos los cu ales,
éstos y aquéllos, son en cie rta m anera unos

¡A l diablo con la p u n tu ació n !

para arte madí

dades, o ssa para que la prosa sea p ro n ta­
m ente en ten d id a. La prosa pertenece a la
lite ra tu ra , m ien tras la poesía nada tiene
que ver con la lite rc tu ra y no hace fa lta
que se la en tien d a, m ás to d avía, es u rg en­
te que no se la entienda.

A L B E R T O / H ! D ALGO

En el "Ateneo del Chaco",
Resistencia, se realizó en
el mes de julio del año
ppdo. una exposición madí
en la que intervinieron en­
tre otros: Boy, Biedma,
Bresler, Dorie, Delmonte,
Eitler, lonescu, Kasak, Kosice, Lcañ, Dearma, O!i veira, Rothfuss, Uricchio.

Se dio una conferencia a
cargo de Kosice: "Concep­
to de creación e invención
m ad!", con debate libre en
el transcurso de la muestra.

�JU A N /B A Y

�a menudo, co nfin ad o a un m arco p u ram en ­

SINTESIS

te a rq u ite c tu ra l, no im plicando de ningún
modo, la intervenció n d ire cta de la pintura
y la e scu ltu ra.
En los últim os tiem pos, los a rtista s m oder­
nos (p in to res, escu lto res y a rq u ite cto s) han
m o dificado to ta lm en te, esta concepción de
la casa incom pleta y no han lim itad o su
cam po solam ente a la o rg a n iza ció n in te ­

Y

rior. Siguiendo el ejem plo de sus ilustres
anteceso res, p ara h a ce r re v iv ir el muro y

RENOVACION

el espacio, han

intentado

restab lecer los

poderes de toda la a rq u ite c tu ra , ta n to el
e x te rio r como el in te rio r. Y es por la in ­
terp retació n de esos a rtis ta s nuevos, que

En tre las tra n sfig u ra cio n e s co n stru ctiva s de
los prim eros arq u itecto s fu tu ris ta s y c u b is­

los m a te ria le s tra d icio n a le s han sido pues­
tos al se rvicio de una a rq u ite c tu ra racio n a l.

ta s, y las obras recientes de los fu n cio n a-

En efecto , los m a te ria le s como el cem ento,

listas, cu a re n ta años han tran scu rrid o . C u a ­

la c a l, la m ad era, el h ie rro , la p ied ra, la

renta años de una lucha sin treg ua que no

tie rra co cida, la la n a , el papel, la p la ta , el
lad rillo , el cobre, el asperón, el fib ro -ce-

ha cesado de c o n trib u ir a cre a r un interés
tectu ra y el urb anism o. Pero, m ien tras los

m ento, la ce rá m ica , e tc., em pleados por los
a rtis ta s que m a n ifie sta n un esp íritu de bús­

m edios técnicos se d esarro llab an y p e rfe c­

queda, deben en co n trarse renovados, c u a n ­

cio n ab an d ía a d ía, y los resultados a lc a n ­
za b a n ya el dom inio del a rte de co n stru ir,

do am alg am a n la expresión a la fu n ció n .

nuevo y siem pre en aum ento por la a rq u i­

el c a rá c te r

a rtístico ,

propiam ente

del e d ificio no a p a re cía

H oy, estes p lástico s anim osos ccm ie n za n a

dicho,

exponer al público la u tiliz a c ió n e sté tica y

m ás que en las

sensible de esos m a te ria le s, tran sform ado s

ab ras de cierto s precursores, o estaba más

según el método em pleado con m ira s a una
a p licació n en a rq u ite ctu ra . D estacados in ­
ventores pretenden d ar una exp lo tació n d i­
fe re n te a los productos económ icos, co rrie n ­
tes y tran sp o rtab les, a fa vo r de fo rm as d is­
tin ta s que son las n u estras, las de nuestra
época. A igualdad de costo, definiendo el
precio o va lo r líquido del metro cuadrado
o el m etro cúb ico, en la té cn ica p a rtic u la r
a p lica d a , por un tra b a jo a rtístic o y no en
se rie, se renuevan los m a te ria le s, g ra cia s a
la fo rm a y los medios superiores de la a r ­
q u ite ctu ra a ctu a l.
En la c la ra ordenación p lá stic a , concebida

�por sus p rin cip io s, ese grupo de in v e stig a ­

peles, to ta lm e n te exp resad a, que se ha m a ­

dores no ofrece m ás que una idea p arcial

n ifestado

de sus . preocupaciones. Pero, sea esto por

m á tica m en te p u ra, rigurosam ente e x a c ta .

en teram en te,

es siem pre m a te ­

el cam ino del fresco , la e scu ltu ra en hierro,

Por o tra

en m ad era, en cem ento b lanco, gris o negro,

a b ie rta m e n te

en piedra, en lad rillo o tie rra co cid a, en lo­

a q u é llas del m uro y el espacio, el cá lcu lo

za p olicro m a, la ta p ice ría en lan a , el p a­

o los m a te ria le s han d eterm in ad o so lam en ­

pel pintado, la ce rám ica m u ra l, el b a jo rre ­

te las fo rm as m a te m á tica s, que no son su

p a rte , en las obras que
las

e xig e n cia s

llenan

estéticas

y

lieve en cobre, la p in tu ra sobre fibro-ce-

objetivo ni su fu n ció n , pues sobre todo, p re­

m ento, las piedras o g u ija rro s ensam blados,

va le ce rá

la inform ació n reunida es a m p lia y e x h a u s­

que ha sugerido la concepción.

tiva.
En estos trab a jo s estriba h asta aho ra, en

la im agen

in tu itiv a del creado r,

Es innegable que las fo rm as re a liz a d a s a

el mundo m oderno, el problem a de la s ín ­

cá lcu lo y las fo rm as té cn ica s pueden ig u a l­
m ente a c a rre a r la eclosión de una p lá stica

tesis de las artes. Las ¡deas y p rincipios de

rep resen tativa.

Pero se ob serva, tam b ién ,

los creadores, si no engendran siem pre so­

que una fo rm a lim itad a al cá lcu lo o té c ­

luciones d e fin itiv a s, orien tan sin em bargo

n ic a , no b asta para cre a r una p lá stica co m ­

sus proyectos, h acia un esp íritu que tiende

p le ta, a u té n tic a , independiente, su ficie n te

a d e fin ir, los roles respectivos y sin c ro n iz a ­
dos de los a rtista s modernos, y ha situado

en sí m ism a y que re fle je nuestro tiem po.

a las artes en el lug ar im portante que de­
ben ocupar dentro de la a rq u ite ctu ra .

A d em ás del cá lcu lo , es n ecesario ig u a lm e n ­
te poseer el conocim iento de la fo rm a a r ­
q u ite ctu ra l ab so lu ta, ligada a la p in tu ra y

No obstante que la a rq u ite ctu ra fu n cio n a l,
en su fase a c tu a l, a sp ira a un e n riq u e ci­
m iento y a una se n sib iliza ció n de su lenc u a je , no se va ya a suponer, sin em bargo,

a la e scu ltu ra . ¿N o se d ice, con ese propó­
sito , que la a rq u ite ctu ra es lo que se e n ­
cu en tra del otro lado del cá lcu lo ?

que pretende d esarro llar sin g u lares modos

En nuestros d ías, no es posible pretender,

de unión con la p in tu ra y la e scu ltu ra , b a­

por co nsig u ien te, que sólo las fo rm as naci-

jo la presión de prom esas a le a to ria s de un
nuevo a rte decorativo. U na o rn am en tació n ,

das del a z a r, de la fa n ta s ía sin frenos o
del sim ple cá lcu lo , co nstitu yan las fo rm as

más la b elleza de una obra a rq u ite c tu ra l,

contem poráneas.
L a s c a ra c te rís tic a s de
n u estra sociedad no residen e x c lu siv a m e n ­

que ha logrado su pleno valo r expresivo.

te en sus aspectos c ie n tífic o s, m ecánicos o

adicionada o su perpuesta, no aum enta ja ­

Las artes p lásticas no m arch an de acuerdo
con la a rq u ite ctu ra , sino a condición que
sea tam bién concebida como t a l, pues en
ese caso, la form a a rq u ite ctó n ica com por­

inco n tro lab les, sino y p a rticu la rm e n te , en

|

sus problem as de vida ind ivid u al y vid a aso-

s

cia d a , problem as que están estrech am en te

I

unidos a los del urbanism o y de la nueva

ta en sí m ism a, insep arablem ente, pin tu ra

a rq u ite ctu ra , que el ren acim ien to y la sin-

y escultura.

tesis, presentes en las a rtes p lá stica s, ennoblecen.

M etafó ricam en te hablando, se puede decir
que una form a p erfecta , despojada de oro­

■
”

&lt;£
NI
=&gt;
\
&gt;

A L B E R T O /S A R T O R IS

§

�I'a rt co ncret — c'e st a in si que nous appeions les oeuvres qu¡ ont leur origine
dans des lois et des moyens d'expression
propres, sans relation avec les phénoménes de la n ature ou des tran sfo rm atio n s
de ceu x-c¡. ¡I ne s'a g it done pas d'une
c ré a ticn p ar a b stra ctio n .
I'a rt

concret a

un

ca ra cté re

indépen-

dant. il est une expression propre á l'esp rit h u m ain , destinée á étre concu par
l'e sp rit h u m ain , et nous espérons de lui
toute p erfection et précision sans ambiguité que nous attendons des m anifestatio n s de l'e sp rit h u m ain .
les arts p lastiq u es concrets représentent
la c o n fig u ra ro n d 'elém en ts perceptibles
par

l'o euil.

leurs

moyens

d'expression

sont les co u leu rs, l'esp ace, la lum iére et
le m ouvem ent. la fo rm atio n de ces élém ents, é m a n an t d'une conception créatrice purem ent sp iritu e lle , fa it naitre des
ré alité s nouveles. des

idées ab straites,

e xista n t u niquem ent dans l'im ag in atio n ,
devien n en t ain si visib les sous form e con­
créte.
dans sa derniére conséquence, I'a rt con­
cre t est l'exp ression puré de la loi harmonieuse des form es et des rhythm es. il
ccordonne des systém es et leur inspire
la vie p ar des moyens a rtistiq u e s. il est
réel et spi rituel á la fo is; il est lié avec
|

la n a tu re , sans étre n a tu ra liste ;

2

orienté vers l'u n iv e rse l, tout en créan t

|

l'u n iq u e ; ¡I réprim e l'esp rit individ u alis-

¡
X
O
5
x

te pour libérer l'in d ivid u .

a.

M A X / B IL L

¡I est

�P OS T A L

Y TODO

agosto las manos
desm añadas veces
lubrico a n sia s contenidas
de a dos
pero no me im porta
GERALDO

DE BARROS

in c lu ir fid elid a d g ateada por el uso
a in stan cia s m uy pocas
p refiero desusarm e
en dosis a tra ye n te s
pero no para todos es cierto
sostengo los apellidos por sus a tla s
y buenos endecasílabos me va le
z u rc ir inocuas le tan ías

MOSS M ARLOW

sea absurdo notar
la v a lid e z de lo grávido
y no es a menudo que se tre n za n
m onasterios y cam p an as
vayam os de a peldaños
no me gusta hundirm e
en postales sin latido propio
para desconocerm e luego
DI Y I/ L A A Ñ

ALEXAN D RE

W OLLNER

i

�■

ELEMENTOS DE
CONSTRUCCION DRAMATICA
1
To d as las a rg u m en tacio n es sobre la n ece­

del teatro n o rteam erican o , a firm a que "el

sidad de una nueva d ra m á tic a han sido,

dram a

h asta hoy, una serie de invocaciones b a l­

m ás com pleja de la in te lig e n cia co le ctiva ” ,

d ías y sin acció n inm ed iata. Lo a lca n za d o

está pregonando que — aún co ntra sus pro­

por los innovadores europeos, se ha redu­

pios y añosos p rin cip io s—

cido p rim o rd ialm en te a la proyección de un

esen cia , no puede ser la proyección de un

com plicado arte de b am b alin as. En el or­

solo elem ento de creació n . Lo trad icio n al

se co nvierte

en

la

m anifestació n

el tea tro , por

den de las ¡deas, e! avan ce ha sido m ayor,

es ofrecer un esquem a de diálogo y nada

pero la incorporación al teatro de hechos

m ás.

y h asta tesis a trevid ísim o s, es el resultado

que su p lir inconsciente y defectuosam ente

vo

La

in te lig e n cia

co le ctiva

ha

tenido

no de una renovación, sino el curso norm al a los dem ás elem entos. H a y que e n fre n ta r­

de un nuevo flu ir ideológico, exterio r la m a ­

se a b iertam en te con la verdadera creación

yor parte de las veces a la verd ad era té c ­

y que el creador o fre zca , de por sí, gene­

n ica de co nstrucció n d ra m á tic a ; en cada

ralm en te, la total co nstru cció n d ram ática

momento y casi de un modo fa t a l, ha s u r­

con todos sus necesarios elem entos.

gido un Ibsen o un P ira n d e llo , quienes son
tan m eritorios de fig u ra r en una h isto ria

2

de las ¡deas y de la sociología, como en

Repetim os que es un p rin cip io irrevocable

una h isto ria elem ental de la lite ra tu ra d ra ­

co nsid erar que E L T E A T R O ES U N A C O N S ­

m á tica .

T R U C C IO N

H a y,

pues, que

d esterrar

— por

D R A M A T IC A . El m ism o M o r­

errónea— la peregrina y aven tu ra d a cre e n ­

ton Danwen Z a b e l, ya citad o , ha e scrito :

cia de que el teatro es solam ente un a rte
de m era lite ra tu ra . Cuando M orton Dan-

"u n a obra de teatro e fic a z es siem pre una
co lab o ració n ” . Hem os de a firm a r, noso­

wen Z a b e !, aún haciendo h isto ria lite ra ria

tro s:

ES U N A C O L A B O R A C IO N

DE ELE-

�M EN TO S.

Y , esta excelen te colaboración

ha de su rg ir, para m ayor cohesión y u n i­
dad, del propio acto creador y de la propia
voluntad del dram atu rg o . Que éste sea p le ­
na y co nscientem ente dado a co n stru ir, a
le va n ta r con todos sus elem entos la magnip resencia d ra m á tic a . R esum iend o: N U N ­
CA

DRAM A

L IT E R A R IO ,

S IE M P R E

AR­

(El llam ado teatro re a lista tiene agotado
ya

—

por escasos—

todos los recursos del

p ro ta g o n ista ). El hom bre-actor, con m ás o
menos g ran d eza

ideológica, resu lta sie m ­

pre una p ieza inconm ovible en ese d io ra ­
ma estético que es la escena al uso. Es n e ­
cesario se nos proporcione ese sentido de
co m plejidad que el hombre es en sí y en
su u n ita ria p resen cia, concordada — como

Q U IT E C T U R A D R A M A T IC A .

hemos dicho otra v e z —
Los elem entos colaboradores de co n stru c­
ción, son: el H O M B R E , la P A L A B R A y la
P L A S T IC A .

con la e stru ctu ra

fu n cio n al del hom bre, haciendo p a rticip a r
no so lam ente a sus sentim ien to s, sino ta m ­
bién la sum a y las p artes de sus p o sib ili­

Todos se com plem entan y son in e xo ra b le­

dades. No se tra ta de conseguir un teatro

mente insu stitu ib les. Les relaciones entre

dentro de otro. Se pretende que, en c o n ­

ellos son perpetuas y aunque se d iferen cien

jun to , se m a n ifie ste

en a p a rien cia, afirm a m o s que en su stan cia

gam a riq u ísim a de ap titu d es h u m an a s, que

no pueden conocerse las fro n teras e xacta s

van desde el acto sim p le a la evolución

que, casi inexisten tes, separan a un e le ­

m ás co m p licad a, desde el se n cillo deseo de

mento de otro.

a m a r — tan

d ra m á tica m e n te

p ro liferad o

esa

V m alg astad o—

h asta los m ás in trincad o s a rtific io s de su

3

im ag in ació n . Todo ello dentro de un cau ce

El hombre construye y goza del teatro . Es
el prim er elem ento, el más p rim o rd ial, con
una fu n d am en talid ad tan a xio m á tic a que,
todos los otros, cu a lq u ie ra que fuese su c a ­
tegoría, se d erivan de él. Pero, no so lam en­

n atu ral y sin esfu erzo , lejos de todo em pu­
je alam b icad o y de todo dogm atism o.

Es

bien visib le y ca p tab le ese hombre p arcial
que nos han dibujado los d ram atu rg o s f a ­
mosos. H am le t m ism o no es hom bre, sino
una p arcela de hom bre, una p arte suya na-

te es la ra íz , es tam bién la consecuencia y

da m ás. No por ello cabe e n fre n tarse con

hasta el trán sito . E L T E A T R O V IE N E D E L

el tip o -H am le t, la m isión nueva es m ás a m ­

H OM BRE Y

H O M BRE.

b ic io sa : su p erar lo p arcial hum ano. " N o he

Ta m b ién , es de y por hom bres. Su a n d a d u ­

destruido la ley de la G ra vita ció n — dice

ra como fig u ra d ra m á tic a , querem os d ecir,

Ein stein — , la he su p erad o ". Ese es n u es­

como protagonista,

más

tro em peño, por eso sentim os y envidiam os

a llá del sim ple cuidado sostenido h asta el

no haya surgido todavía la gran gen ialid ad

ES D IR IG ID O

AL

debe exp an d irse

presente.

" f ís ic a " del tea tro , para que a firm a se algo

Estam os hartos de co ntem plar a esa fig u ­

sím il respecto al hombre como fig u ra d ra ­

ra estática que es el hom bre-actor. E n tris ­

m á tica . Sin em bargo, nos queda la s u fic ie n ­

tece la visión del hombre proyectado y d i­

te esp eranza p ara esperar que su rja la m e­

rigido por el

dida no-euclediana del d ram a.

teatro

netam ente

literario .

_

�La p ala b ra , tan p rim ordial elem ento, es sin

do m enos, cu ya cap acid ad d ram á tica ha s i­

duda el cau ce m ás lite rario . T a n to lo es

do m ás veces en sayad a, en fin , el elem en ­

que — sin sonrojos— nos atrevem os a pro­

to del que menos se puede cen su rar y del

poner que de aq uí en ad elan te se suprim a

m ás presto a en co n tra r su verdadera fin a ­

el concepto " H is to ria del T e a tro " , y, se su s­

lidad d ra m á tic a .

titu y a por la de " H is to ria de la P alab ra

En un punto, sin em bargo, no se ha liberado

d ra m á tic a " . T a l es la d ictad u ra férrea que

to d a v ía : del orden estático del dioram a de

la p alab ra lle v a , h asta hoy, som etiendo al

siem pre. En ca rta a Kosice decíam os que

dram a.

era nuestro deseo p la sm a r "u n o s decorados

No querem os d ecir que haya de e lim in arse

que estén

lo lite ra rio puro, la p alab ra m ism a, q uere­

del m ism o modo que, en nuestro b ata lla r

mos a firm a r que es im posible y casi into­

co tidian o , percibim os la co ntinua sucesión

lerable

por sí m ism o trasm u tán d o se",

creació n

del p aisa je. Pero, m ás to d avía, no sólo co­

te a tra l con verd ad eras m ontañas de p a la ­

mo contem plam os a la n a tu ra le z a , sino co­

bras so lam ente. Es n ecesario un orden de

mo la sentim os tam b ién , como la deseamos

p a la b ra s, de tal modo diseñado, que no só­

por a z a r, como la pensam os racional e irra ­

lo el diálogo

co n tin u ar

rellenando

la

(el monólogo, lo es consigo

cio n alm en te y como la asociam os a nuestro

sino que tam bién se o fre zca n las

m ás íntim o obrar. Esto no es una co n fe­

expresiones v á lid a s que no sean la de la

sión d o g m ática, ni n u estras a firm a cio n e s

pura co m u nicació n . ¿Cómo d ar las p alab ras

rienen adhesión a ningún dogm atism o. Es

p recisas, por ejem plo, para sa n cio n ar una

la

situ ació n de vacío? La fó rm u la diagonal es

P L A S T IC A

inoperante, ya que su propia

m ú sica—

m ism o)

realizació n

expresión

de

anhelo

ju stísim o :

D R A M A T IC A — sin o lvid ar la
M E D IA N T E L A C U A L SE C O N ­

d estro za, por racio cin io creado, la s itu a ­

S IG A

EXPRESA R

ción que se pretende. Todo ello es bien d i­

H O M B R E Y SU P A L A B R A , S IN

fíc il, no se nos o cu lta. Pero n uestra p re m i­

NI

sa es in a lte ra b le :

ESTO S.

LA

PA LA BRA

ES U N

E L E M E N T O C O N S T R U C T IV O , L IG A D O A
LO S O TR O S , N U N C A S O L I T A R I O

Y

U N IC O .

5

UNA

E S C L A V IT U D

LA
DE

P R E S E N C IA
ESTO S

D EL

IM P E R IO
O

SO BRE

U n a p lá stica fu n cio n a l donde el color, las
fo rm as, los sonidos y las leyes de la e d ifi­
cació n no sean dadas con la rigidez de cos­
tum b re, sino siendo p artícip es de un flu ir
co nstante. Y , por ú ltim o , urge una p lá stica

Desde la escena g ira to ria , h asta las e sca ­
sas m an ife stacio n es del arte n o -fig u rativo ,
lo escenog ráfico ha realizad o m uy y m u ­
chas arriesg ad as a ven tu ras. Ha sido y es

que no sólo re alice la colaboración d ra m á ­
tic a con los otros elem entos, sino que o fre z ­
ca , tam b ién , A L E S P E C T A D O R SU IN C O R ­
P O R A C IO N T A X A T I V A A L A E S C E N A .

el elem ento te a tra l m ás evolucionado, el

■
o

E

m ás asequible tam bién a toda m arch a a s ­

re
re

cendente, el m ás d úctil y m a lea b le, aquél
cu yas norm as trad icio n ale s se han re sisti­

ta n g er

-

m ar ru ec o s

M . G ./D E LA FU E N T E

a

��PINTURA

N IC O LA S/K A SA K

�PROSA Y RELATO
Es lícito d ed u cir que toda p alab ra lleva ad herid a su im agen, su ca rg a de aso ­
ciacio n e s, su propia y generosa som bra.
La p ala b ra n unca lleg ará a ser la "co sa en s i" , por la sim ple razón de que sus
a lca n ce s, van siem pre a una realid ad m a n ifie sta y, no sólo al va lo r de la de­
signació n.
En la prosa inventada y m ás fu n d a m e n ta lm e n te en el relato madí, la cap tació n
espacio-tem poral de un m ovim iento situado dentro y fu e ra del o de los persona­
je s, responde a m o tivacion es d iscern ió les a m edida que el lector acepta y se
ad en tra , en p rin cip io , al cam po ideológico y estético que im pulsa al n arrad o r a
p re sen tar, con c a ra c te rís tic a s p ecu liares su asunto.
En co nsecuencia la p alab ra a isla d a o su a cu m u la ció n , su sentido propio o fig u ­
rado, carecen por com pleto de fu e rz a n a rra tiv a . Es m ás, se corre el riesgo de
que el im án de c ie rta s p ala b ra s, cam b ie el curso de una ¡dea, y no a la in v e r­
sa , como debiera ser. D ecir cosas, no es todavía decir.
En el terreno de lo intuido y lo previsto, las relaciones entre la fo rm a de decir
y lo que se . quiere d e cir, pugnan para im poner su vo lu n tad . A ta m añ a té c n i­
ca o estilo , ta n ta co rp o rizació n y tran sm isió n del m en saje.
A ld o u s H u xle y , bajo los efectos de la m e scalin a , droga que sondea y cam b ia
la p ersp ectiva de la co n cien cia (com puesto proveniente de cactos que se e n ­
cu e n tra n en el suelo m exican o ) dice en su libro T h e doors of p srcep tio n : "L o s
sím bolos pertenecen a esferas de e xp e rie n cias que m utuam ente se e x c lu y e n " y
cg reg a, " L a s p ala b ra s se p ro nuncian pero no logran a c la ra r las cosas y a co n te ­
cim iento s a que se re fie re n ".
In cluyo esta cita p ara a d v e rtir que en cada relato , co n trariam en te a lo e xp re ­
sado por H u xle y , debe haber un resplandor interno que em pape a cosas y a co n ­
tecim ie n to s, que a'e hecho se basten a sí mismos.
Son las p ala b ra s de siem pre y de n u n ca; de hipótesis y de im agin ación puestas
en m arch a y en conexión por sus hilos co n d u cto res: tem a, e x a lta ció n de su
autonom ía v iv e n c ia l. Prosa dicha y contada.
No se tra ta , por otra p arte, de ca e r en el error, en que se incurre h a b itu a l­
m ente, m an ten er unidos por una tra m a , un nutrido " c o lla g e " de p alab ras.
¿Cóm o v e rific a r, entonces, la a u te n ticid a d que se pretende, sin co te ja r, sin y u x ­
taponer al cu e n tista de an te s que nos p articip a b a lindam ente sus emociones
p rivad as, sus secretos su frim ie n to s, su patetism o, a costa de cu a lq u ie r co squi­
lleo sensual o sensiblero?
En el relato m adí no h ay en ig m as; subsisten, eso si, las alu sio n es, pero aún és­
ta s, al m a d u ra r, e n tran en v ía s de tran sfo rm ació n d irecta a la realidad. De m a ­
nera que un todo fic tic io p a rticip a y evoca otra vida ‘y no una crón ica p ersu a­
siva del a caecer diario .
Por lo menos una e xp e rie n cia , una repercusión físic a debe su b sistir antes de fe ­
cu n d ar, d iría , en len g uaje, nuestra necesidad de invención. En prim era in sta n ­
cia todo debe p en tag ram arse en nosotros; sólo así se ju s tific a rá y tendrá fu e rza
de co nvicció n , la poesía, la prosa y el "é ra se una v e z . .
tran sfig u rad o en el
"se e s " de los p rotagonistas. Recién estam os deletreando su a p a rie n cia , e s c la ­
reciendo su m ó vil, persiguiendo su esen cia, pisándole los talones a las em ocio­
nes m ás ignoradas, captando em peñosam ente el cau ce de una nueva luz. Y des­
crib irlo . Aunque sea, lim itándose sin querer.
Porque nada revela tanto la geo grafía espiritual de la n arració n como el deseo
de in fu n d ir a cció n , sabiendo de antem ano de su lógica (y reite ra d a) fin itu d . A
pesar que esto no sig n ifiq u e en su b stan cia, la negación de rep en tizar en la ma
yor escala posible, n uestra prolongación hum ana de in fin ito . Y de mediodía
verb al.
D IY I/ L A A Ñ

�DE TODO

ADEMAN

IMAGEN

Y a recogimos los andenes portátiles de la memoria
al pasar de uno a otro nos hemos rodeado por el lado del crecimiento
pero antes del ardiente recomienzo en el ademán
hubo la colmena aterida
torneado a puro espesor como un arco
Ahora reparo que hubo desolación un rumor isócrono
con redoble pero omitido
el puntuado caudal de la nada con deseos de ser menos que uno
esquivando la brújula todo hormigueo de seres
hasta trazar desde la guarida su inscripción
la ilación principio natural y competióle
coronada sobre la pulpa alfabética flotante a ratos
La erguida talla del suceso tiene llegada
y el pronóstico abisal de un vocero interior
dice de una constelación acuñada por adelantado
para suprimir todo resquicio
para bloquear el hado y decirle cosas
de una suspendida igualdad a milímetros del suelo
y restaurar esa cortina bondadosa
0 quizá mejor seguro aleteados de otro miraje más amplio
Notable caparazón formada por vetas a expandir
puestas a prueba por una señal inesperado
a libre conquista pendular
a limpia oceánica visibilidad
Connotar un incremento variable
abroquelarse de ser un orbe inadvertido

ÍN|
IN

y el semihueco estrellado de manos
contra otra corteza astral que hago surgir a borbotones
savia de otra integración
más alta que el franco color que continúa vigente
hasta disparar en un total elegido
y copiar con ternura el bisel que vemos
01 caer una imagen madura a nuestros pies

ESPACIO

OSCILANTE
Me ubico para ser advenimiento
sobre el grueso de los latidos
sorprendo quietamente
el borde de la materia
teleguiado a toda luz!
G /KO SICE

�HACIA UNA PLASTICA
PURA Y UNIVERSAL
La posición de m adí, es probablem ente,
la m ás valedera de A m é ric a y acaso Eu ­
ropa, en cuanto hace fu n cio n a r la p lá s­
tic a ,

en

porque

un estilo
ha

u n iversal.

encarado

V aled era

valero sam en te

el

problem a estético en todas sus d im en ­
siones, desligándose, en p a rtic u la r,

de

todo com prom iso con la p in tu ra y e scu l­
tu ra de fá c ile s recursos e fe ctista s y por
lo tan to exp resivam ente fic tic ia y esté­
ticam en te im pura, que aún persiste.
Rojo concéntrico
A N IB A L J./BIED M A

H an tomado el cam ino m ás d ifíc il: todo
lo

que

está

hondam ente

engendrado,

presum e esfu erzo discip lin ad o y co ns­
ta n te , de renovación y superación. Su
brega no ad m ite desm ayo. A q u í se pone
de m a n ifiesto el talen to genuino, pues­
to que los juegos m a la b arístico s del co n ­
form ism o p ictó rico , fá c ile s de a sim ila r y
reexp resar

han

sido

term in an tem en te

vencidos, esto es, el logro de una p la s­
ticidad em o tiva, a través ds la lib e ra ­
ción de toda im pu reza d eco rativa y des­
crip tiva y que se condensa en e stru c tu ­
ras lib eradas en el espacio. M ecanism o
co nstru ctivo que es lo que da va lid e z pe­
renne a toda invención.

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�LA POESIA
1
L a im agen, en poesía, es una relación de conocim iento.

2
Dos o m ás p ala b ra s, al co n c u rrir en la im agen, in te ­
gran una dim ensión que da form a a la su b stan cia que
el poeta lleva en estado de ignición.

3
To d a

im agen re a liz a

un descubrim iento.

4
L a im agen puede obtenerse por creació n o por in ven ­
ción. C re a todo aquel que por su a p titu d , buena o m a ­
la, está en condiciones de e stru ctu ra r un poem a. In ­
ven ta aquel que h a lla una relación em o cio nal, desco­
nocida h asta ese m om ento en el proceso creador. Pero
como no toda invención es poesía, será im prescindible
que la im agen inven tad a nos descubra el mundo que
yace inform e en la su b sta n cia del poeta. Ergo: no h ay
poesía sin d escubrim iento.

5
L a cosa poética es la su b stan cia em o cio nalm ente fo r­
m ada por el acto del d escubrim iento.

6
Cuando el poeta obtiene una im agen p oéticam ente
v á lid a , es porque ha descubierto el punto de conexión
entre su ser en sí y su ser en el mundo.

7
El poema adquiere v a lid e z en tan to a ju sta su relación
em ocional de conocim iento en la relación m ilita n te
exig id a por la e x iste n cia .
JU A N JA C O B O / B A JA R L ÍA

�POEMA MADÍ

a b rir la cru z de las introducciones
penetrando los universos ignorados de las espigas del him no
y d e stru ir eq u ilib rio s en m agnitudes libres
donde la h ab itació n de la m ano procure resurgim ientos
con su escu ltu ra de interrogaciones

siendo obrero de soñadas victo ria s
aum entand o ciclo s
al rem over los incógnitos h ab itan tes
en el d ecir de los largos pinceles del c a lla r

elaborando m ito ló g icas excursio nes
en a b ie rta s ca ra v a n a s de sublevadas lág rim as

en el refugio sin fó rm u las del horizon te del labio
fren te al relieve de los silen cio s
que investig an la a n g u stia del prisionero
m ás a llá de las an to rch as hu m an as
fija n d o las venas al co ntin en te

y para el cau ce de las hostiles g arg an tas
y larg as edades sin tiem po
derram o las m em orias en el eterno presente

HORACIO/FAEDO

�GALERIA MADI
TI ERRA

LAR

DE POESIA

Loor a ellos en sus casacas de papel de diario inmortal
y avergonzados por la lu z 1
Para ellos un terco horizonte de ojos blancos
el águila siempre viva, multidimensional
del papel impreso devorado, por las lluvias.
Porque a ellos no les ha sido concedido el candelabro de mil brazos
quemado por una torre de cruel sagacidad interior
y por ojos que se bifurcan como un racimo que estalla
sojuzgado por la tempestad.
Loor a sus lenguas tarjadas y a sus vocablos de doble luz,
y al reloj de oro suizo que salva al mundo en sus brazos!
Mas, que sea para el puro y para el justo
la llama fidedigna que en los geranios se recrea a sí misma
y la batuta que clama entre los relámpagos
y que en los días adversos, a mis labios
desciende victoriosa.

-s
„
g

Y es así como tengo el habla de un apátrida insobornable.

U
J
—I
(fragmento)

I MA G E N ES

AN TON 1 0 / UNDURRAGA

5

No encuentro el domicilio del agua
— ya todo es océano sin signos—
Ya no puedo defenderme
ni siquiera de los rieles paralelos
Y tengo ganas
de juntar el humo para
formar el anillo de este tiempo
(pero el viento es muy fuerte
y las chimeneas están desnudas)
Cómo devolver el silencio a los faroles
si la versión de cada testigo
es un incandescente retorno de profetas?
Y no haber comprendido antes
que c! estupor es un litúrgico
avance en la experiencia
Qué difícil resulta proseguir
los corredores de la espiga!
Y sé que debo aceptar
que aquel venerado ciudadano del acuario
se haya diluido en su propia sed
Sólo quedan los guantes de la aurora
y un sonido de manos vacías
que se buscan
Registrando cautelosa mis dedos
he conocido las ediciones del retorno

M YRTA/SESSAREGO

Y ahora el viento
ha llenado la estatura del aire
con su único látigo

(N

�ABRIL
Acaba el mes de confesarse mes
abril de reconocerse abril
y llamarse por su nombre sin temor
acaban de ponerse de pie
los años de estos treinta días
y acaba abril
de ponerse sus cinco letras domingueras
y salir a la calle
y llamarse abril
treinta días afanosos
proletarios
30 días ae sol y niebla
canto y risas
30 días de horas
con treinta días de minutos
de segundos
de momentos
de instantes
Acaba
de las
de los
de los

de bajar abril
montañas
árboles
horizontes
acaba de caer en paracaídas
de la cúspide de los años
acaba de repetirse sobre nuestras
espaldas
y sobre nuestros corazones unánimes
Abril
con nombre de apellido
y letras suaves como sus días

Espacio virtual

Abril numérico
elemental
plástico

J. P. D A N T E / DELMONTE

Abr i IAbri IAbri IAbri IAbrí lAbrilAbril Abril Abril Abril
AUGUSTO/ELM ORE

PO EM AS
Fuertes a m arra s
dan velam en y ciclo

P O EM A

de estatu a al molde vivo
crucero del espectro

BLA N CO

Arbol de ti misma con dos raíces
Una para los palpitos del ciclo

dolido en n a ra n ja y a zu l

y otra para poblar al mundo en blando sueño
Tú eres espiga de la luna colgada de la hora

torneándose para m ira r

vertical sombra del rocío
Tu sexo grita manos con cinco bocas

P a isa je m ural

Cisne tu estilo pleno en terciopelo

nervad ura acorde a m is m anos tra y e n ­

de frente al sueño abierto de tu aeda en pie
Y luego el beso semifrío sol med'iotemprano

do im p lícito el acuse donde los

arde de rojo en rojo beso caído

sonidos reverberan largam ente g
filam e n to sensible
co ntrario unísono m ural de p az.

%

m
O

Dos parientes de plumas
como aspas de sensual harina
cuya voz estrangulada en las gargantas dulces
se imprime y habla al universo carnal

L U Y A N / S C H W ARTKOPF

1

de

universal

&lt;£
s

costumbre
JO RG E/BACACO RZO

�EXPANSION

DE EQUILIBRIOS

POEMA
Por esta fisu ra de suspensión
E lla viene de leve
Como ladrón ta citu rn o ,

el zum bido de los im pactos
¡nsoluble es la m area que colea b ru sca ­
mente

E lla , la diosa b lan ca,
A lc a n fo r de som bra,
A rom a de nube.
Su canto es vago,
M onocórdico,
Un soplo de a flicció n .

el ca lo r de los astros
puede b a ja r los m iembros
que el ám bito in te rca la
el rugido que trepida com bustionando
la expansión de equilibrios

V ie n e de noche,

im placablem ente lanzado al in fatig ab le
vo lar

M adre de las m a ra v illa s,

y puede esconder en el in fin ito

Nos tom a del brazo

ca íd a s las velocidades
viste el tra je inm une a los paros

Y tra n sfig u ra los sueños
En desnudez de l u c e s . . .
JOSE/ESCOBAR FARIA

la señal se ha dado flu ye en lacónico
lo que circu n d a al p aralelo
ya no siente g ra v ita r la inercia y su
despliegue
cae a través se m ueve
acosando la m ism a tra ye cto ria
a llí está tentando una y otro vez
el fu g a z resplandor
en un ir y ve n ir de pompas que se pe­
n etran
de presión a presión
puede fu lg u ra r sin desprender el a lt í ­
m etro

g*

provoca la g rieta p erfecta en el contraste

N

por estallidos in term iten tes
se abre el cráte r
hundiendo de un solo golpe
la in q u ietan te perpetuidad del orden
desvasta los niveles y las órb itas
seccionando la norm alidad de los sistem as
para su rg ir en incontenibles asalto s
fu era de esta m ordaza
blandiendo su a lta tensión
hasta que la to talid ad se tiñe
encendiendo el epicentro.
MARIA/BRESLER

VALDO/WELLINGTON

�C a rá c te r m onum ental se ha dado a la
IH Bien al de San Pablo. Festejando el
IV cen ten ario de la ciu d ad , se inauguró
sim u ltá n ea m en te con la segunda expo­
sición in te rn a cio n al de A rq u ite ctu ra .
C u a re n ta naciones estuvieron represen­
tad as en los am plios ed ificio s p la n ific a ­
dos por O scar N iem eyer. D ieciséis salas
en teras, con retro sp ectivas del fu tu ris­
mo, el cubism o, grupo " S t i jl " , Paul Klee,
Picasso, C a ld e r, testim o niaro n con razón
la e x tra o rd in a ria en vergadura de esta
segunda b ienal.
El jurado in te rn a cio n al estuvo integrado
p or: J . Johnson Sw eeney ( U . S . A . ) , Herbert Read (In g la t e r r a ), M a x B ill (S u i­
Algunos integrantes del jurado.
z a ) , J . Rom ero B rest (A r g e n tin a ), W .
Sandberg (H o la n d a ), B. D orivai (F ra n ­
c i a ) , R. P a llu c h in i ( I t a l i a ) , E. H an fsta en g l (A le m a n ia ), y por el
B ra sil los c rític o s : Sergio M illie t, W . P fe iffe r, M ario Pedrosa y T.
Santa Rosa, elegido por los a rtista s.
Los p rin cip ales prem ios fueron adjudicado s a H enri Lau ren s y Henry Moore en e scu ltu ra . M an essier y T c m a y o recibieron los de p in ­
tu ra . V o lp i y Di C a v a lc a n ti, obtuvieron los prim eros prem ios con­
cedidos a a rtista s brasileños.
A W a lte r G rcp iu s le fue conferido el "P re m io Sao P a u lo " (3 0 0 .0 0 0
cru ze iro s) institu id o para la u re a r a un arq u itecto de cu a lq u ier n a ­
cio n alid ad cu ya obra tenga sig n ific a ció n dentro de la arq u itectu ra
in te rn a cio n al co ntem po ránea. (Fu n d a ció n A . y V . M a t a r a z z o ).
L a representación a rg e n tin a fu e integ rad a por los siguientes p in ­
tores y escu lto res: A lta le f, A lth a b e , B a d ii, B la szk o , C u ra te lla M a ­
nes, Derbecq, G iró la , G rilo , H lito , lom m i, K o sice, L o z z a , Maídonado, M oreno, Fernán d ez M uro , N ú ñ e z, O cam po, O netto, Otano,
P ie rri, P ra ti, Presas, Russo, S án ch ez y V e n ie r.
A nuestra selección le ha fa lta d o m ás u n idad, se ha querido a b a r­
ro
c a r m an ife stacio n es d isp ares, que si es verdad qu
fusió n y ca lid ad en nuestro extenso am biente p lá stico , no por ello
m erecen n uestra aprobación to ta l.
Se ha restado fu e rz a en b en eficio de su exten sió n , al in c lu ir a post­
cu b istas, exp resio n istas, su rre a lis ta s , junto a los concretos, perceptista y m adí.
N u estra posición es n a tu ra lm e n te ten den ciosa, y creem os que hu­
biera correspondido h acer una línea d iviso ria entre un envío tu rís­
tico y una verd adera selección de a rte n o -fig u rativo . O rg a n iza r es
lim ita r.
Por lo d em ás, salvo la ca re n cia de m onitores ca p acitad o s para e x ­
p lic a r cla ra m e n te el arte de nuestro tiem po, la sentid a necesidad
de co n feren cia s ilu stra tiv a s que esperaba el pueblo p a u lista , como
tam bién la au sen cia de audicion es de m úsica m oderna, han sido
las ú n icas objeciones de im p o rtan cia.
En g e n eral, esta segunda bienal m erece el fra n co apoyo de todos,
público, a rtista s y crítico s.

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Un cspecto
de las es­
paciosas sa­
las que a l­
bergaron a
las o b r a s
expuestas en
la 2? Bienal
de San Pa­
blo.

�ORTOGONALISMO
Y NUEVAS RELACIONES
EN LA C O M PO SIC IO N

Em pecem os por no perseguir n inguna d e fi­
nición resolutoria. Sería p u eril, adem ás,
trae r a colación fó rm u las e vo ca tiva s para
a p lic a r el sentido que es m enester dar al
ortogonalism o en g e n eral, su p articip a ció n
en el fenóm eno a rtístic o , en p a rtic u la r la
a rq u ite ctu ra y el a rte no fig u ra tiv o *, y su
expresión sensible m ed ian te las fo rm as.
C u a lq u ie ra sea el punto de p a rtid a , el o r­
togonalism o con sólo ser cuestio nad o, su ­
jeto a una d iscip lin a o ten d en cia en la co m ­
posición, se hace operante en una escala
insospechada. No se me escapan las im p li­
cacio n es que supone lesionar p ro fu n d am en ­
te los 9 0 Q del ángulo recto. El ritm o , el
eq u ilib rio ortogonal, su n a tu ra le z a e s tá ti­
ca , van esp ecíficam en te pegados a las co n ­
fro n tacio n es co n te m p la tiva s. De a h í la
acep tació n del individuo con respecto a su
p erm an en cia de lugar y tiem po. Propaga,
q u izá sin saberlo, la m iseria tr a s 'a tic ia , de
que nos h ab lan algunos sociólogos de a rte.
P eren toriam en te es un quedarse en el sitio,
un hábito en raiza d o en un chorro distanc ia l, y , en el sentido fo rm al y psicológico,
es un a fe rra rse en su tra za d o , a e q u iva le n ­
cia s de estru ctu ra-p lan o y estru ctu ra-vo lu m e n -ve rticalid a d -h o rizo n ta lid a d en p in tu ra
y escu ltu ra resp ectivam ente.
La a rq u ite c tu ra , que en vu e’ve todos los pro­
blem as de orden estético, técnico y econó­
m ico, sigue ese m ism o orden p reestablecido.
D escansa en escalas que son inam o vib les;
la a p a rició n de m a te ria le s novísim os en la
co n stru cció n , no ha logrado v a ria r en fo r­
ma a p re ciab le , los ritm os estático s.

G. K .

Proyecto para una construcción en aeropuerto
o avenida de Buenos Aires.

El a rq u ite cto , aunque sus propósitos se b a ­
sen en e n ce rra r espacios y no en le va n ta r
paredes, lucha con la m asa e s tá tic a , el piso
y el m uro que es su m ás p alp ab le objeción.
M ad í propone un nuevo vo cab u lario a rq u i­
te ctu ral en la com posición y p la n e a m ie n ­
to de ciudades. El enfoque a fa vo r de esta
idea no responde a n inguna te n ta tiv a de
c la s ific a r o co ngelar la a rq u ite c tu ra m oder­
na que está en fo rm a ció n , intento éste que
ten d ría m ayor probabilidad de so fo car que
e stim u la r. Sim plem ente p reconizam os a p li­
c a r, algunos p rin cip io s, que m adí d esarro ­
lla en la p lá stica .

m

�Tam p oco es el propósito de cre a r " e l a rq u i­
tecto p rim a donna que impone su cap rich o
personal, a un clien te in tim id ad o , creando
m onum entos so lita rio s de un sig n ificad o p u ­
ram ente in d iv id u a l", como a c la ra Gropius.

en re a liza c io n e s, y , aunque me preocupa,
debo p la n te a r las nuevas relaciones entre
la a rq u ite ctu ra y todos les aspectos en la
com posición con la m ism a va ra .

¿Porqué entonces, no re visar la visión desde
el punto de vista m óvil y espacial en la v i ­
vien d a?

ortogonal; sus líric a s y m ás tarde sus ra zo ­
nadas p in tu ra s, se re a liz a n teniendo d elan ­
te de sí, la te la , no como una construc;¡ón sino como un mundo im previsible a
llen ar. En cam bio M o n d ria n , no sólo lo es-

M e atrevo a d ecir que el estilo en este c a ­
Pero lo que no ha podido fu n d a m e n tar G ro ­
so, no es incorporar nuevos em blem as ni
pius y la "in te rn a tio n a l a rc h ite c tu re " , es la
e sg rim ir auto co nsign as que fa lse a ría n el
,
p ersisten cia de bloques de e d ificio s que se
verdadero propósito. L a v ie ja sociedad fue
leva n ta n con pocas va ria n te s en su form a
tran sfo rm ad a por el m aquinism o, la nueva
e x te rio r, registro pasivo de ciudades en que
está en fo rm ació n . H u m a n iz a rla es ta m ­
la gente vive ab arro tad a en reducidos a p a r­
bién, trasce n d e rla .
tam en to s, y en que, la ve n ta n a , queriéndo­
se apoderar de la fa c h a d a , no resuelve te c ­
Sabem os que el ángulo recto p revalecerá en
nológ icam ente el porven ir arq u itectó n ico .
la p in tu ra , m ie n tra s se lo enm arque con ese
c rite rio de logicism o sim p lista ; m ien tras el
Un ejem plo es el e d ificio de las N aciones
m uro sea un eslabón in su stitu ib le a rq u itscU n id a s, donde el ag ua se filt r a por las v e n ­
tu ra lm e n te , y la h ab itació n cu a d ra n g u la r
ta n a s, im pulsada de ab ajo a a rrib a por el
d
ictam in e el m ejor aprovecham iento del
vien to, y que se recu rra a ta p a rla s por pro­
vacío.
cedim ientos d eco rativos, o sim plem ente con
p ersian as.
K a n d in sk y no se p lan tea el problem a de lo

No h ay porqué quedarse en la a rid e z e xp re ­
siva del "fu n c io n a lis m o " (in g e n ie ría de ed i­
ficio s) ni en el llam ado estilo in te rn a cio n a l,
que su prim e la d iv e rsific a ció n , — y a q u í no
caem os en la torpeza de d eslin d arlo en el
sentido de que niegue les expresiones de lo
n acio n al o reg io n al, o de a rm o n iz a rlo con
el medio físico n a tu ra l.
A q u í el fa c to r es m ás revolu c'o n ario . Se t r a ­
ta de lle v a r al h a b ita t los m ism os proble^ m as que atañ en el escu lto r, al pintor, sin o l­
v id a r a la poesía que em papa como un com ­
ponente v ita l las p o ten cialid ad es cada vez
m ás p a lm a ria s de la vid a.
Si el m uro es m óvil y tra n sp a re n te , si la v i ­
vien d a condice exterior e interiorirente co­
mo obra de arte, si puede u tiliz a r el espacio
como base s in lím ite , y no la co rteza te rre s­
tre como único sostén se habrá conseguido
en parte el objetivo p rim o rd ia l: la función
de e stru ctu ra s " fo r liv in g " lib erad as y de
tra sla ció n en el espacio.
M e im agino la ironía de m uchos c a lifica n d o
todo esto de utopía y e x tra lim ita c ió n , con
el agregado de no " s itu a rm e " en n uestra
realid ad de hoy tan va sta y tan necesaria

�tim a sino que lo e x a lta en todas sus con­
secuencias.
Es im portante se ñ a la r que, m ien tras Mondrian sigue m anteniéndose fiel a los pos­
tulados prim igenios del neoplasticism o, V a n
Doesburg, en sus producciones ú ltim a s in ­
troduce una v a ria n te im prevista y sin to m á ­
tic a : d iag o n aliza las estru ctu ra s de su p in ­
tu ra
Por otra p arte, el co nstru ctivism o
ruso, el fu tu rism o , las im p o rtan tísim as e x ­
p eriencias del B a u h cu s, y los ú ltim o s tra b a ­
jos de Gabo y Pevsner dan un paso decisivo
para la d in a m iza ció n de las fo rm a s, je ra r­
quizando el elem ento e sp a cia l, sobre el es­
tatism o y la equidad de la m asa vo'um étrica .
El arte concreto de B ill, V anto ng erloo y sus
ram ificacio n e s, cad u can ante la insolvencia
de tra z a r el nuevo concepto a rq u itectó n ico ,
y p a te tizan con sus obras, que conservan la
especulación de m iras ya superadas, fó rm u ­
las m a tem ática s, en que la fu e rz a im ag i­
n ativa interviene su b sid iariam en te.
Toda ideación en base al sim bolism o de la
línea recta sigue un cam ino m a rca d a m e n ­
te conservador, porque sim u ltán eam en te
que acorta las d ista n cia s fre n a la invención.
No es un co n flicto entre p a rticu la re s fo rm as
de dicción, es por un lado el predom inio de
la vertical y h o rizo n ta l, y por otro lado un
cam bio de ese concepto p arcial de a rm o n ía ,
por una búsqueda más apasionad a y viab le ,
en la conquista de lo inédito. Los incentivos
más coherentes para su desarrollo no son so­
lam ente la sa g ita l, la cu rva y el m o vim ien ­
to. Se pretende una tom a de co ncien cia ra ­
dicalm ente tran sfo rm ad o ra.
Las nuevas relaciones en la com posición
tienden a o b jetivar los ritm os internos con
su p e rife ria. L a p in tu ra m adí al lib e rar los
planos y colores en el espacio, estrictam ente
correspondidos por su índole y co nstru cció n ,
no puede prosperar en una a rq u ite ctu ra que,
a la larga com prim e y m e d ia tiza .
No preponemos una a rq u ite ctu ra de provo­
can te y desvastadora o rig in a lid ad , ni q u e­
brar todo control u rb an ístico por una teoría
no probada, y que en ese caso, sería p e rju ­
d icia l ya que no ¡ría m ás a llá de una au-

W A LT ER GROPIUS, en la 2? Bienal de San Pablo.

d az concepción de p ro yectista. Pero rep i­
to que el eq u ilib rio hum ano ha sido sa c u d i­
do. Lo d in ám ico en el arte no re fle ja a n e c ­
dóticam ente este estado de cosas, es su m is- m
mo estra to tem poral quien co ndicion a, ta n ­
to las m a g istra le s a n ticip acio n e s de la c ie n ­
cia como la creació n a rtís tic a , en una vo ­
luntad com ún de co nocim iento y perfección
e sté tica . Im porta lan za rse de lleno a tr a s ­
p asar lo que pervive como cu ltu ra y a fia n ­
z a r su redio de acció n m u ltitu d in a ria ; co n­
ju g a r la invención en ese perseguido a fá n
de u n lv e rs a liz a r esen cialm ente el estilo de
nuestro siglo.
Entreveo su co ncreció n, y
agente de enlace.

a m adí como
K O S IC E

*

Sobre el término no figurativo,

1
t/&gt;
O

no objetivo, abstracto, concreto,

^

madí, ver mi respuesta a la encuesta entablada por "S u r" (209-210).

m

��Instantánea tomada durante la breve visita que nos hiciera Hilla Rebay,
"director emeritus" del "Museum of non objectiv painting", New Yo rk.
De izquierda a derecha: lonescu, Laañ, Dearma, Bay, Kosice, Rebay,
Hidalgo, Bresler.

L a p in tu ra de creació n no es
ni sím bolo ni a b stra cció n de
la realid ad . Es un m edio de
em b ellecer el espacio, en el
que adquieren vid a rítm ic a ,
las fo rm as o rg a n iza d a s por el
a rtista en la ley de contrapun­
to, relacionando la dim ensión
esp iritu al con los elementos
de contraste.
O rdenación de ritm os y a rm o ­
nías en que los valo res p erm a­
nentes de la p in tu ra no o b je ti­
va, se d esarro llan y conducen
a m ayores a lca n ce s.
"Composición"

H IL L A / R E B A Y

JEA N /X ER O N

®

�INodCY
III)

Etapa subyacente

C asi no podemos cercio rarn o s de este apo­
sento, cuando de costado se penetra ceceo­
sam en te, en una breve g u arid a.
Parece tan obtuso el período en la estrecha
cu en ca y aún , el su m ario de espacios reco­
rridos, cuando ya cae IN o d C Y en esta p re­
fe c tu ra anim osa que lo invade por copias.
C o m en za rá entonces, a tra n sita r creen cias
a n tig u a s, sin m ofarse de los predios a c h a ­
cosos que g ra vita n en su m itolog ía. E x te n ­
so cam po de proverbios, a d ivin an cus p isa ­
das ru tin a ria s .
A c á , de pronto, la leyenda se asom a, para
d esd ecir al trébol. In síp id a de trad ició n ,
a u ste ra de o ra to ria . M ás h a c ia el á p ice , el
rito se b alan cea pom posam ente, plagiado
al cen tím etro . C a si se choca con la co stum ­
bre y apenas se logra e vita r la m ole, em ­
papada de fá b u la .
A l lím ite in fa n til del h orizonte le pone co­
to, una com a tra jin a d a .
A va n za m o s de motes a apodos. Y llegam os
con IN o d C Y , a esta seleccio nad a etapa sub ­
ya cen te.
No puede ser m ás inform e su escen ario , ni
m ás n ítid a la fle xió n del huso co 'o rista que
nos a tra p a . En este desm adeje n atu ral de
la lengua recién in ic ia d a , la m añan a nos
prom ete nom bres como gajos.
Son llanos o esd rújulos los vaiven es que nos
co n cie rte n ; sin rim a , sin prisa de báculo.
Y

en los m uros tim orato s ag ud izam o s la

pu n ta a los siglos.
Quede entonces, para los que sig an, este
a flu e n te , terroso y testigo, del acorde n u ­
c le a r de IN o d C Y .

L a fig u ra prestada del ave m étrico , se des­
luce en un v ira je de esta tram a que en el
m om ento, a h o ra, sim u la ser red en vez de
hierb a. Se pierde con el cam bio. No absor­
be IN o d C Y , h asta tal punto, que su a rb o la ­
dura pueda trascen d er el fu g itivo giro.
R eg u larm ente la co m binación de INod y C Y
no se h ab ía desm enuzado desde a q u e lla c a ­
si b a ta lla de unidades, que epilogó en su
fus'ón in te n cio n al. Im posible ce preveer. Por
eso, nos a te m o riz a este espontáneo des­
m em brarse, sólo acu ciad o s por la n ecesi­
dad de ir siem pre m ás a llá . El obstáculo
herboso logra de esta m anera superarse.
A una p rim era revisió n , nada se percibe en
la integración de IN o d C Y . La co rriente es
p lácid a de s o lita ria lu z. N áce le el co nto r­
no al silen cio . Y la arm o n ía.
C u an do no consta m ás que de estadios en ­
van ecidos, esta su b yacen cia que co ncluye,
deja p re scrib ir
IN o d C Y .

la

d ife re n cia

que

em ite

M in ú scu la s p a rtíc u la s occid en tales dividen
el propósito.
F re cu en cia s p rim ig en ias lo sacuden, m ien ­
tras que to rcid am ente, el alien to hueco de
toda síla b a , reptando a u sen cias de a par,
logra lleg ar a la base, que lo a n u la sólo por
un in stan te.
C o n ju ra

la ley IN o d C Y a n a .

(Som eter las

c la v ija s de la m em oria a los estucados
segm entos que nos vieron p a rtir a la
b a ta lla , que nos vieron a su m ir la de­
rro ta, que em paparon las gestación
de C Y )
C o n ju ra la ley IN o d C Y a n a . (A lz a r la meta
en aquel desvaído radio ds Lo ch , para
co rp o riza r el m ás indudable designio:
inacabarse hasta donde no sea posi­
ble)
C o n ju ra de ley IN o d C Y a n a .
(Sigue en la pág. 42)

�LU C IO /FO N TA N A

Decoración

espacial

para

sala cinematográfica.

MADIGRAFIAS
Lo indefinible consiste en hacer invisible a la definición.

•

De golpe descubrimos que entre observación y coordi­
nación casi no funciona la pausa. Otra vez la anato­
mía de la velocidad queda al desnudo.
La predicción tiene el carácter que solo enaltece al
tiempo. Hoy, cualquier profecía es convergencia entre
numerosos equipos de estudiosos.
Después de todo, no hay más leyes de probabilidades
que nuestra predisposición.
Pienso que la interrupción — su origen—
expresión, im aginación.

m
es deseo de

Si la objetividad puede ser quebrantada por un rayo
de sol, cuánto más puede serlo, por el también lu­
minoso aplomo de una idea que no está aún acrib i­
llada.
Yo tomo la cualidad del temor al vacío, y provoco ta ­
lento, o su parecido, con todos sus inconvenientes.
Para m ultiplicar órbita, propiciamos convivencia, co­
m unicación; para restar acción, exaltamos lo ya rea­
lizado.

�Pasar furiosam ente desapercibido entre ios escritoíes, es otra señal de que las m adigrafías no son "p u ­
ra" literatura.
En una línea, una línea.
Lo que querría ser: cam inar sobre el filo del siglo, y
seguir siendo una empresa constructora del futuro.
Soy un pseudónimo. A veces me hago rogar para se­
guir siéndolo. Es como durar entre el "m etabolism o"
de la experiencia y las fases de la personalidad.
Qué carga de inocencia forzada entre el cielo y la
tie rra !
El pronóstico sin a za r revela la maraña de la duda;
el presentimiento tendría un sólo planeador, un sólo
panorama.
«

La poesía: mi manager.
A rribar a una solución, en que el reencuentro con
otra signifique un sostenido epílogo de tensiones, y
que nunca nos interese delatar su generoso escondite.
La economía de la síntesis am enaza caer en un tra n ­
ce madigráfico. Econom izar síntesis, ¿no es un repu­
dio a m aravillarse en gran escala?
No me someto a la tradición. No hago nada por lo­
grar una variante aunque sea brutal, de desarraigado.
Dejo todo en prenda, indicativam ente, ¿y qué me que­
da después de tanta parada teórica? un paquete de
intestinos en el cerebro.
Me toman en mis libros, hablan y piensan en mí. H a ­
go esa sem illa. Pero tú y yo sabemos cuanta vida es
expirable, sin caer de rodillas, sin hocicar el alimento
del sueño.
La poesía no es una "fa cu lta d ". No discutamos de la
poesía más que lo explicable por sus medios. Ellos son
todo campo de gestación, importancia nonata que v i­
ve a toda costa.
R. R A S A S / PET

�”1

POEMA
C u rva d a en espiral la línea de la
aren a
sem eja
insensible en su volum en
un recodo de sueños de v ig ilia s

Recorro
esa lla n u ra in ta cta
— lím ite de lu cid e z—
para poder com probar mi ce rca n a
relación arb orescente
para reconocer la certid u m b re de
im ágenes
que me liga a la inercia
Esta r
Pintura

N IC O LA S/W A R B

E sta r solam ente
Sin conocer la ceguera
Esta r
sabiendo que mi nuca
— n ítid a en la e stru ctu ra de un
estig m a —
perdura aún en su inm u tab le
co n cien cia de rechazo

Estoy
recorrida por una in can sab le aurora
— vá lid a sólo por su som bra—
anhelando
una nueva solución de equidades
M A R IA T E R E S A / D O M IN G U E Z
Escultura

IRM A/STO LO FF

�IV )

Y entonces no resu lta fá c il a lu m b ra r poros

Período premonitorio

a d ie stra , y educarlos.
M ás a llá de ese fin a l, otro nuevo período

Poco a poco, nos filtra m o s fre n te a IN o d C Y ,

nos protege con prem onición de rito. Y nos

con esta ind u m en taria que pretende a d iv i­

dejam o s su ccio n a r con toda alevosía.

n ar. La crisá lid a a sí obtenida es m agro fr u ­

Suspendidos de los ija re s de la a ven tu ra sin

to; no interrogam os a la ca u sa. L a c r is á li­
da se desvanece.

adem anes subalternos.
A l d estierro con la flo ra un poco m ás a n d a ­
rieg a, p la tic a n los so fism as del cam ino.

IN o d C Y se m u ltip lica . V u e lve de inform ar
a las cuencas va cu a s del cero, para prose­
g u ir luego. El abuso de la ruta es notorio.

De pronto, repele la fu e rz a a lu vio n a ria de

Pero, favo recido por el cap ullo en c irc u n s­

ese m ojón apenas reflejad o .

ta n c ia , las fo rm as indóm itas se nivelan a
cada renglón. Es atro nado ra su sa via.
Cómo es posible, entonces, lu b ricar la rup ­
tu ra de ese jaló n prem onitorio? Por un la ­
do m edran los aludes dem orados. Larvoso
obstáculo.

Por otro, y p o rfiad am en te,

se

a rro d illa n las paradojas.
El ascenso v e rtica l prom ete suicidios a'gebraicos. A l tiem po, se pigm entan los ruidos
en las fa u ces de una co n trad icció n .
Con nuevos bríos controla IN o c C Y la d u l­
ce ansiedad que lo a lim e n ta ; a m p lific a el
gesto aco razad o puño a puño.
No im porta que, estaqu eada, la luz se n ie ­
gue a conocernos. Y a es un diezm o de c a ­
lidez este avan ce.
Parece m uy cerca n a la m eta donde p actan
las alo ndras con los c írcu lo s.P a ra ese en to n ­
ces, a h u ye n ta rá n las voces sus propios es­
combros. Q u izá hasta respiren sonidos im ­
probables. T a l v e z se ahueque en llu v ia ,
m ien tras se a c ic a la .
A h o ra la cu rva es sim ple. Porque retiene el
sepia su hondura c lá s ic a , se vuelve trazo .
El acorde es m ás numeroso.
V erd ad eras oleadas estupendas parecen dor­
m idas. In o d C Y pasa sobre ella s. Y sin em ­
Pintura

JEA N /LEP P IEN

bargo la espum a está som nolienta. A m an ­

�salva los diques se pasean a ca ra d escu b ier­
ta. Parece que el hastío titila ra .
No es juste acaso, que IN o d C Y sub stantive
el astro en su doble insid ia? El lím ite está
dem asiado ocupado.
Salvajem en te m arg ina una T ex'em p o rán ea.
Las

irisad as descripciones, a rru g ad a s

por

trienios, siguen balanceándose.
Pero el cem ento riela tran q u ila m e n te su la ­
te ral. El moho se contem pla risueño, im per­
turbable. Penden n o m e n clatu ras de sus v a ­
sos. Se ag itan a destiem po, las alusiones.
N ada ha cam biado. El escenario persiste.
Para a rrin co n ar el a u ra , se hacen p a ra le ­
los los ju g la res. Es in su ficie n te . R isp id a , la
fa z de la co rriente no b asta a m e n su rarla.
El esfuerzo de IN o d C Y se d iluye.
A ú n es posible lleg ar, con unción a s a la ria ­
da. A ú n es posible, con esta sim u ltá n e a len ­
titud de n ieb la. A ú n es posible.
No se agota In o d C Y ; al co ntrario . C o m ie n ­
za la fa e n a de sus sueños. R ealid ad p rístin a
que p erm ite, sin q uererlo, el cociente de
esta función a p ro x im a tiv a . La a p titu d es del
verbo, por a p a rta r la m a le za .
Que pasten los d iám etros a h o rca ja d as de
sus d ife re n cia s. Superpuestam ente lle g a re ­
mos.

en
C u an to m ás etru sco s, m ás sublim es.

V) aproximación

Fue g ra n ític a , la fo rm ación de suspiros. Fue
fo rm a l, el vértig o . Fue ú n ica , la oración de

Y a estam os con IN o d C Y en los antig u os a le ­
daños de C Y . Parece increíb le a su co ns­
ta n cia , esta laboriosa a p ro xim ació n .
En las in cisivas m arch as del regreso su rg ie ­
ron ángulos que a d m in istraro n sus noventa
grados con circu n specció n . T a m b ié n las gra.
das supieron co nd im en tar p acien tem en te
sus eslabones. Se su ced ieren , im p e rtu rb a ­
bles, las am apolas con seguro de sueño.

juncos cen icie n to s.
No le fu e perm itido a la tie rra , d ar su co­
tid ia n a pensión. Ni a la som bra, su m anido
canto. No le fue p erm itido al a ire , b ifu rc a r
sus guedejas. Ni a la lu z , su cu ra d= reposo.
No le fue perm itido a la vo z, a z o ta r el c re ­
púsculo. Ni al sile n cio , p ro p iciar narciso s.
Pero fu e igualm ente in a u g u ra d a , la condi-

�ción b ald ía de IN o d C Y . Fue im puesta su
tran sfo rm ació n .

—

la que nos prom etía su icidio s alg eb rai­
cos — (período prem onitorio)

Poderosam ente flu c tú a entre los vé rtice s
que otrora p re d ica ra n , tram o a tram o su d ic ­
tam en . Hoy no b asta.

—

si al lím ite in fa n til del h o rizo n te, le po­
ne coto, una com a tra jin a d a — (etapa
su b yacen te)

Por ello p e rlific a cada sostén, que se a v a s a ­
lla. Por cedazo de IN o d C Y pasa el bastión

—

pues el espectácu lo ha retornado, cabría
d ecir, con la resp iració n de una costum ­

n u cle ar de la pasada tie rra de C Y . N ad a se
cp cne a este triu n fo so lita rio . A q u e lla p ren ­
sada co lu m n a, de la que fu era g u ía , está so­
brando en las exig u as circu n sta n cia s.

bre —
—

m ien tra s logram os el a lca n ce en el co­
do de aquel m inuto , que está al caer —
(e ta p a en la estrech a -cu en ca )

—

y solam ente y por fin , aquel lejano ru­

Y y a no es ap ro xim ació n , ya no es ce rca n ía .
Es posesión, es raig am b re. Es sentencia d e­
fin itiv a .
La traseg ad a derrota de iNod es nombre p a ­
ra la castid ad del triu n fo .
L a s p enurias fu g aces han huido a la m e z­
quindad de la m em oria. L a presencia se h a ­
ce jugo que saborean los contornos, casi con
fru ic ió n . Por esta ve z, no nos asom bram os
del curso de las m irad as. Ten íam o s que su ­
ponerlo.

(período de espacios)

m iar de r is a s —

(en el radio de L o c h ).

Y a estam os con IN o D C Y , en la tie rra e x a ­
gerada. Le vieron p a rtir por p lu rales, regre­
sar ú nico , vo lver a dejarlo s en la integración
de C Y . Este nuevo retorno, prom ueve las v i­
b raciones de su e stru ctu ra ta c itu rn a . M a ­
ravillo sa m en te inm óvil.
Luego, el p rim ario ca m in o de su a p r e s a ­
m iento, no ha va ria d o . Es el triu n fo de
IN od.

Es el tiem po de a p re sa r la b rizn a del reposo.
Es el tiem po de p alp ar, h asta el borde m is­
mo, la fecund id ad del m eridiano.
Es el tiem po de h a b ita r la saciedad.
M ie n tra s, el regreso se a n tic ip a , con am or
de noche. Es b ala d í la d ife re n c ia , con aquel

El ag rietad o soplo que los acosaba se ha
desvanecido. Es el triu n fo de IN od.
L a s raíces que a q u ilata ro n en toda su m ag­
n itu d , el silen cio de la tie rra de IN od, los
en g a rza en su perím etro. Es su triu n fo .

otro retorno, escam ado en sus a cierto s, des­

Sin em bargo, no es posible co nsiderar una
hendidura en la a sp ira ció n de INod. Su

tila d o a teda prisa. A h o ra es m uelle la c a í­

anu d arse a C Y es m ediato , consuetudinario.

da del paso. Es relám pago, el adem án a co ­
gedor. Es flo r, la m edida de la u rg encia.
A h o ra , IN o d C Y se regodea es estos p a isa ­
jes a la a ltu ra de un p ájaro .

Es ob stin ació n , es e n g ra n a je , es p erfil. Es
sem brar bravio. Es flo ra ció n an ticip ad a .
Su co nstan te es IN o d C Y ; su d iagram ación,
su á re a d e fin itiv a , su jornada perenne.

En estos colores a la a ltu ra de la m ano. Em

De a h í, el punto de tracció n para toda b a­

este lím ite , con nom bre de niño.

ta lla , su rezagado fin a l, su ca rd in al m e­
d ita ció n , la a u té n tica integración del cro­
quis, IN o d C Y , por IN od y por C Y .

Im p erceptiblem ente va quedando a trá s, la
su tu ra g anan cio sa de IN o d C Y . D ssm añad am ente se vuelve, en sucesión co nvertib le de
e ta p a s :

D IY I/ L A A Ñ

�Relieve para el edificio Tim e /Life

H E N R Y /M O O R E

i/\

A s M a tte r ¡s tra n sfo rm a b le , Energy also ¡s
tra n sfo rm a b le , but n ct a lw a ys m easu rab le
by our m ecns. T h e U n iverse ¡s n e ith e r f¡n lte ñor in fin ite , im m easu rab le, ¡t is Energy
form ed by u n lim ited Energy.

G /V A N T O N G E R L O O

�INTELIGENCIA *
C u an d o se piensa que pueden hab er otros se ­
res y otras in te lig e n cia s, después de titu b e a r

h ab riem o s recibido n o ticia s de su pre­

se co nclu ye por in a d ve rtirlo .

bién

El en te h um ano sabe bien que su p la n e ta , d en ­

que pueden sep ararn o s nos a le ja n de

tro del siste m a g eneral del cosm os que conoce

todo co n ta cto y ta l v e z sea esta — ley

e in tu ye , es una lim ita ció n en m a rch a por sus
le ja n ía s.

ción co nservado ra que nos preserva de

No o b stan te , él se co nsid era p ie za ú n ica en su

pero debe sospecharse

que

las

d ista n c ia s

ta m ­

inagotables

de las d ista n c ia s de A n d ia —

la fu n ­

co n tin g e n cias fa ta le s p ara n u estra so­

tipo, la re a liz a c ió n sum a de todo lo que e x iste ,

b re viv e n cia .

y el poseedor p rivile g ia d o y e x clu siv o de la in ­
te lig e n cia .

Buscando en

lo o rg a n iza d o del u n i­

verso la m a n ife sta ció n cab al de la in ­

D iscu rre que cu a n to le rodea es m a te ria y e s­

te lig e n cia en el sentido h um ano , pe­

p acio , pero to d avía im ag in ació n . Fu era de ello

ro fu e ra de é l, sólo se e n cu e n tra una

su ad versid ad reside p re cisam en te en la dese­

co n stan cia e s tru c tu ra l ca p a z de e x p li­

vo lución n a tu ra l co n tra la cu a l es in c a p a z de

c a r la d in á m ic a que lo im pu lsa sup er­

to m ar p ro vid en cia a lg u n a .

la tiv a m e n te .

De esta m a n e ra , la vid a a n im a l y veg etal del

T a l fu n cio n a lism o em erge de la per­

p la n e ta se d e sarro lla como los c u ltivo s en tu ­
bos de ensayo q ue, abandonados a sí m ism os,
en vejecen y m ueren.
Por otra p a rte , el p an o ram a terráq u eo , m u es­
tra el aum ento prodigioso de su población so­
bre la c e rte za co lm ad a de ca d áveres y se d e sin ­
vo

se n c ia ,

teg ra p ro g resivam ente tanto como lo d en u n ­
c ia la co n d u cta de su in te lig e n cia .
Em pero es acep tab le que e x is ta n otros p la n e ta s
u otros lug ares aptos p ara el d esen vo lvim ien to
de la vid a ta l como es la n u e stra, y que sus re­
p re sen tan tes posean una in te lig e n cia de a c u e r­
do al p o ten cial de renovados fa cto re s c o n sti­
tu tivo s.
Es p re su m ib le, en to n ces, que esas in te lig e n ­
c ia s se com porten como las n u estras pero es
ta m b ié n , ab so lu tam e n te lógico, el conceder la

fe c tib ilid a d de lo cu rvo , tanto sea con­
cebido como lín e a , plano o aspecto t r i­
d im ensional y ta n to en el co nju n to co­
mo en sus partes.
L a in te lig e n c ia , m ás que lo dem ás, es
un todo curvo.
El auto nom ism o de la m otoridad cós­
m ica se co nd icio n a e induce de las
revoluciones de tra y e c to ria s cu rvas.
El m o vim iento curvo hace la e x iste n ­
c ia , la p e rfe ccio n a y la su sten ta sin
lím ite fo rm a l.
En co n secu en cia, el ser es lo o rg a n i­
zado por la fó rm u la de lo cu rvo, de
a h í su d ecid id a p erfecció n .

sup erio rid ad de o tras.

L a in te lig e n cia , como instru m en to de

Se c re e ría que en se m ejan te c irc u n s ta n c ia ya

ad ap tació n su p erio r, no co nsidera lo

�que

le a n u n cian

sus sentidos, pues

ellos son deform adores necesarios de

Su form a ayudó la in ic ia tiv a que a la vez le
llevó a descu brir el cam in o m ás corto y d i­
recto ca p a z de a h o rra r y d o sific a r sus e s fu e r­

la realidad.

zos.

Sucede que estos sentidos son los e n ­
cargados de tra n sfe rir

los estím ulos

Por ta l, creó una irre a lid a d , su dogma m a ­
yú scu lo : la línea y el plano rectos.

exterio res al Y o de nuestro mundo in ­
terior.

Con la línea recta a la rg a su vida al a co rta r

De sem ejante m anera el sonido o la

en el lugar d u ra n te e lla , acortando su vid a .

la d ista n c ia y con el plano recto se m antien e
luz truecan sus condiciones físic a s n a ­
tu rales al paso por nuestros sentidos
(órganos

tran sfo rm ad o res)

y

m ónicas del sistem a nervioso cen tral
a g ita r

h isto ria de la a rq u ite c tu ra , hecha

para

se f i ­

chan y a cu m u lan en las cé lu la s m n e­

para

La

co n stru ir tu m b as, lo prueba en ta l sentido.

subsecuentem ente

los

m ecanism os de com paración e im a ­
g inativo.

No obstante se dice — V o lta ire —

que el in ­

ven to r de la rueda h izo m ás por la h u m a n i­
dad que todos los filóso fo s ju n to s; sin em b a r­
go, es en esto, m ás que en o tras cosas don­
de la in te lig e n cia se superó, con sólo im itG r
los m edios de la m ecá n ica có sm ica.

De otra m anera nada sería curvo ni

Cuando los p ro yectistas de los v ia je s in te rp la ­

nada g ira ría ni tam poco h ab ría e x is ­

netarios abandonen el concepto del cam in o

tencia.

d irecto , recién entonces, podrán h acer via b le

Para que todo ocurra en d esfile in fa ­

el transporte soñado.

tigable

de cam bios

es necesario

la

condición de form a cu rva.
Ella m u ltip lica las d ista n cia s para po­
der d ar lugar a su d esarro llo, a su e x ­
pansión que es ley inm anente de c re ­

Es que la in te lig en cia h u m an a tien e el hábito
cómodo y ru tin a rio de pensar y d ed u cir se ­
gún el sim bolism o de la línea recta sin co n si­
d erar que este a rtific io rep resen tativo incap a
c ita el vuelo de la m en talid ad .

cim iento y eternidad.

La idea de lo recto es una ¡dea p a rá sita , a n t i­
fu n cio n a l.

Pero resulta que la in te lig e n cia del

La in te lig en cia h u m an a, por ejem plo, se a p a r­

ente hum ano en su instinto ancestral

ta siste m áticam e n te de las disposiciones ge­

de co nservación, hubo de fija rs e en el

n erales com unes al todo y de esta m a n e ra ,

lugar para no perecer.

tom a las ondas sonoras en exp ansión c irc u n ­
fe re n cia l a p a rtir del punto de choque, m ie n ­

A l servicio de esta e xig e n cia d esarro ­

tras que tom a la lu z como rayos de direcció n

lló la asociación que le p erm ite a g i­

re ctilín e a a p a rtir del foco generador.

g antar sus endebles posibilidades in ­
dividuales y para
adherirse al sitio.

lograrlo tuvo que

Y o pienso que am bos fenóm enos son s im ila ­
res y que la lu z se propaga tam bién como lo
hace el sonido.

�El hecho evidente es que carecem os del co ­
n o cim iento e xa cto , pues lo físico y su le n ­
g u aje m atem ático , son una m era ficció n .
Tenem o s a n te nosotros h allazg o s sin g u la ­
res pero sernos incap aces ds com prenderlos
y aún de ap ro vech arlo s in te g ra lm e n te, por­
que n u estra in te lig e n cia es un sim p le re­
fle jo interdependiente del m ecanism o cós­
m ico al que sigue.
N u estra

pequenez — que no es in s ig n ifi­

c a n c ia —

ante la inm ensidad im penetrable

que nos circu n d a y n u estra m en talid ad e'em en tal de a n im a l dom éstico en re iv in d ic a ­
ción m etódica

nos m an tien e am en azado s

con un destino de pozo.
En el sentido in te le ctu a l tenem os edad de
larva .
Pintura doble faz

Em pero si

lib eráram o s

n u estra cap acid ad

c re a tiv a no h ab ría de ta rd a r en descorrerse
la venda que nos lleva cieg am ente h acia
el cem enterio desconocido.
T a m b ié n h a lla ría m o s el rem edio co ntra la
perm anente to rtu ra del a lm a h u m a n a : la
b ella inco m p ren d id a; y tam bién co ntra sus
despiadados m ales so m áticos,
oo
Y , de esta m a n e ra , la in te lig e n cia , podría
lleg a r fin a lm e n te a co n q u ista r la nada y
cu m p lir su m isión de sem brarse por el m u n ­
do m ás a llá ds sus p álid as fro n te ra s plcne.ta ria s.
L a m u je r y el hom b re: artesan o s m a ra v illo ­
sos del m ovim iento perpetuo.

J./K O S N IC K KLOSS

�Futura sede del Museo de
Arte Moderno de Río de
Janeiro.

ON

NIOM AR M ./SODRE
Directora ejecutiva del M u­
seo de Arte Moderno de
Río de Janeiro.

�ADMIRACION DE CLANDER

ran u ra v e rtic a l que
enciende la hech u ra del
hundim iento
Y en el co nveniente y
a tin a d o reverbero que produce el
silogism o cuando la a v a la n c h a a tiz a el
am bage en su d iám etro y la
redondez se a b la n d a y se estira a fin de
a b rir en el dosel la
esp iral que se expande y
su e lta su espum a por el
G ERM AIN E/D ERBECQ

espejo encarnado de los
cisnes

Los cuadros de Germaine Derbecq son explosivos de resplandor geométrico, de color
1A
Intenso y de una Inspiración llena de sen­
sibilidad, si bien ella está sacrificada a la
investigación del momento, es decir al abs­
tracto.
En realidad Germaine Derbecq no sacrifica
nada al abstracto, lo realiza con un talen­
to magnífico y una sensibilidad que es la
única posibilidad del abstracto en cuanto
fenómeno pictórico.
Le/CO RBU SIER

M i ad m iració n de clá n d e r eclosiona de
la co nson an cia que asciende y
rebota como el h alago en su
rem olino
como el h asta m añan a que se
da desde la p rim era in icia l como
el saludo a rticu la d o como
el tañido flu o rescente
como el ca riñ o de p erfil
como la e stim a m a tiza d a
como la eu fo ria flo ta n te como
la letra la seda el ca rm ín
JU A N /B A Y

�"Composición"
A D EM A R /M A N A R IN I

�Volumen de espacio en
sagital.
KOSICE

En el ejercicio casi continuo de sus principios, el mo­
vimiento madí ha contribuido, en el plano cultural
(estético-epocal-sociológico) a extender y profundi­
zar nuestra realidad.
Poner a salvo una actitud frente a la vida, reducir
al mínimo los errores de un conglomerado ideológico,
apartar y seleccionar la más fecunda experiencia an ­
terior no es, aún, abandonar las clásicas peripecias
de la creación.
En esto, lo característico, ni siquiera es el concepto
vaticinador del artista.
Recién cuando, individualidades dotadas, si van uni­
das a un parejo deslumbramiento y autenticidad, equi­
pan a otros grupos, y éstos a su vez, actúan libremen­
te sobre la comunidad, aparece la semilla que pro­
mete un cambio favorable para una expresión inte­
lectual, para una honda transformación de los pueblos.

•

Pero no siempre la vanguardia, por el sólo hecho de
serlo, coordina su vitalidad con su trascendencia. To­
das las probabilidades de evolución están, en tanto
fenómeno de acontecimientos — ahora lo sabemos— ,
en el manejo, que la cultura incuba.
A tanta realidad que se va estratificando, madi re­
voluciona no en el canje, el juicio o el certero diagnós­
tico de esa realidad. Antepone en primer lugar, su
propia razón de ser y su denominación como sinónimo
de invención. Madí, como todo movimiento que crece
a su debido tiempo, penetra en las superestructuras
de la sociedad, y es resistido ciegamente. Ese primer
trámite va superándose paulatinamente.
Si madí influye para el estilo, en términos de tenden­
cia y de ciclo en tantos aspectos de la cultura, tam­
bién es cierto que su eficacia no la podemos apreciar
^
en la actualidad, más que parcialmente. Si madi no
tn florece en toda su magnitud, dicho sea de paso, in­
mensa y probable, si no alcanza a proyectar su esen­
cia en pensamiento y en hecho sobre el relativo esfe­
roide en que vivimos, si no, genera una conciencia
constructiva, verdadera, y eficiente, entonces, ro nos
asusta decirlo, madí no vale nada.
La dirección.

Pintura
ROTHFUSS

�EN

LA

ENCRUCIJADA

DE

DOS

EPOCAS

Música significa tiempo sonoro. El tiempo es la propia esencia del suceder musical. La música realiza, concretiza el tiempo, y solamente una estética de concepción temporística podrá penetrar profundamente en los pro­
blemas del arte sonoro.

Por otra parte, la culminación del dua­
lismo de contrapunto y armonía, de con­
sonancia y disonancia, de tónica y domi­
nante. Es el fin de la forma bitemática
y del dualismo metro-ritmo. Por prime­
ra vez, la música traspasa las linees de
la perspectiva tonal. Es el fin de una
tradición y el nacimiento de Un nuevo
arte: la música concreta, esencial, elec­
trónica.
Fragmento del artículo "En la encruci­
jada -de dos épocas"

H J ./ K O E L L R E U T T E R

En 1951, en el marco de los cursos internacionales de ve­
rano para Nueva Música en Darmstadt, se debatieron
por primera vez sobre una base más amplia, los problemas
de la música electrónica. El propósito de la reunión era unir
la "T é cn ica " con las fuerzas musicales creadoras. Los nue­
vos medios técnicos han abierto un mundo sonoro de una
riqueza insospechada. Les sonidos pueden ser divididos, yuxtapuéstos, desplazados o multiplicados; los colores tonales
son orgánicamente variables (un proceso que ninguna ins­
trumentación orquestal podría jamás llegar a conseguir) ;
por primera vez la materia sonora manifiesta su verdadera
infinitud. Los elementos están ahí fuera de vista y caótica­
mente dispuestos, sin que la mano ordenadora del hombre
los haya apenas tocado.

Lo que hasta ahora se ha aplicado musicalmente, se redu­
ce a la imitación con instrumentos ya existentes o a los efectos decorativos-sonoros de orquestas para baile. So­
bre esto se trata de reconocer, hoy, los nuevos alcances del sonido, como posibilidad para el arte musical. Esto no
puede ocurrir traduciendo simplemente el mundo sonoro existente a lo electroacústico; tampoco basta construir
instrumentos los cuales remplazarían, con algunos tubos, un complicado mecanismo de órgano. La nueva producción sonora exige más bien, ideas de nueva formación artística, que no se obtendrán solamente del sonido, de la
"m ateria" misma.
La idea de la materia sonora infinita, es un antiguo sueño de los músicos.
Al comienzo de nuestro siglo, Busoni y Schoemberg, se han ocupado con tales "libres ensayos de vuelo compositorio" — ellos fracasaron en los límites de la mecánica instrumental, Busoni con su división de la materia sono­
ra y Schoemberg con sus melodías de colorido tonal. Pero ambos han visto el problema en su actual importancia,
aunque Busoni opinó que sería un problema insoluble durante generaciones. Hoy no se puede dudar más de una
solución técnica, gracias a la creación eléctrica del sonido.

m

�CUBA
LA HABANA —

S A N D U / D A R IE

�El Instituto de danzas modernas

que

funciona

actualmente en el Japón.

M A S A M I/ K U N I

�recla m a b a a toda co sta, a q u í la tien e, y
que conste q u ° fu é provocada por la des­
honestidad lite ra ria que enarbola con tanto
desenfado, y que no ha podido, así y todo,
a d u lte ra r su n a tu ra l ingenuidad en relación
a la poesía y el arte contem poráneo.
¿No creen los directo res de la revista "Poe­
sía Buenos A ire s" que ya es hora de una
detención m ás rigurosa sobre la esen cia, el
trá n sito y el destino de la poesía? ¿ Y , qus
si toca a madi 'a rre a r todo ese e n c a b rita ­
do contorno que v a c ila " , " a c u n a r el pre­
sa g io " y " te le g u ia r a toda lu z " , el hacer
poético no es cu lp a de los integ ran tes de
m a d í, ni del m om ento a ctu a l de la poesía
a rg e n tin a , sino de los m alos poetas que a p a ­
recen y persisten en una o rig in a lid ad , que
lo fu é hace cu a re n ta años.
M ad í ja m á s ha trata d o de c a n c e la r la m a ­
" N o te parés a e sp a n ta r la perrad a del c a ­
m in o ", dicen nuestros am igos del "Fogón
de los A rrie ro s " , de R e siste n cia . Pero, es­

\o
ir»

te ria p rim a de la p o esía: el len g uaje, la
im agen in ven tad a y su co m u nicació n . ¿Qué
s ig n ific a , en ton ces, esa

livia n a estan tería

ta vez nos vam os a detener un rato, por
enco ntrarse en tre la p errad a, uno, p re su n ­
tam en te rabioso.

de ¡deas que levanta "P o e sía Buenos A i ­
re s ", a firm a n d o que nuestra poesía es "pala b rism o " y que no la p ra cticam o s, (a h !,
no olvidem os la c ita ) "seg ú n la ju sta e x ­

En la revista " H is to n iu m " de noviem bre de

presión de H eidegger, desde el ser".

1 9 5 3 , un d esafo rtu n ad o a rtic u lis ta , M . J.
de Lellís, a rrem ete co n tra todo lo q u ° es
m ad í, y es tal el fervo r que pone en la d e ­

no en la esen cia de la poesía, cu ánto tr a ­

n u n cia que, ya convertido en un triste m a ­
n iá tico co ntra todo a rte de v a n g u a rd ia , b a ­
bea falsas citas entrecom illadas, del libro
"G o ls é -se " y "P e so y m edida de A lb e rto H i­
d a lg o ". Con igual tesón, echa a rodar un
binom io que ja m á s ha existid o , y dem ás
sim p le za s y desfogues personales que bo­
rronea a todo pulm ón.
T o d a v ía nos preguntam os si este tra fic a n te
am arg ad o e hidrófobo a rtic u lis ta de boca­

¡C u á n ta o b stin ació n por no e n tra r de lle ­
yecto d e sca lifica d o por el sólo hecho de ju z ­
g a rla con un torn iqu ete casero!
Repetim os que " d e c ir poesía, d ecir hom ­
bre, es d ecir la cu lm in a ció n de una co rrie n ­
te tran sfo rm ad o ra que no se detiene en é l" .
A v'sad o s los am igos de Poesía Buenos A ire s ,
recalcam os la necesidad da una reconside­
ració n , tal como lo advierten en la prim era
página de esta anto logía (N o s. 1 3 -1 4 ) en
la q u e 'fig u ra n 50 poetas argentinos de c a ­
lidad m uy despareja.

c a lle , co ntra todo lo m oderno, m erece n u es­
tra rép lica.
Si n u estra respuesta es un p rivileg io que

A l d irecto r de la revista "Letra y Lín ea",
Aldo Pellegrini, le echam os en ca ra su p a r­

�cialid ad . Con todas las m añas que tien e,
no llega siq u ie ra a ser tendencioso.
En la polém ica con Ju lio E. Payró, se m en ­
ciona con evidente m ala fe, a los in icia d o ­
res del a rte n o -fig u rativo en nuestro medio.
Le sugerim os que vu elva a releer la revista
" A r t u r o " , de la que Ko sice fué cofundador.
L a confección de un prólogo a un libro que
p u b licaría A rd en Q u in , re h a b ilita rá , a no
dudarlo, su "id o n e id a d ".
En Teresópolís, B ra s il, sede del 5 9 Curso In ­

dibujos m ad í, trascien d en
cu a lq u ie r va lo ra ció n .

los

lím ites

de

En la l l ? Bienal de Sao Paulo, y en el stand
b rasileñ o , a propósito de una su g eren cia de
Ko sice se re a lizó una espontánea m esa re ­
donda de la que p articip a ro n el c rític o M a ­
rio Pedresa, co n cretista s b rasilero s en tre los
que se en co ntrab an A . W ollner, Geraldo
Barros y otros.
D u ran te la p resentació n exp o sitiva de n u es­
tro m ovim iento en Teresó p o lís, se o rig in a ­

tern acio n al de Fe ria s, que o rg a n iza P ro -a r­
te y dirige H. J. Koellreutter, se han d ic ta ­

ron nuevos debates con el pintor Cordeiro.

do v a ria s co n feren cia s sobre a rte m adí que
estuvieron a cargo de G. Kosice.
Por in ic ia tiv a del escu lto r P. Curateila M a ­

Blanca Stábile, en la revista V er y Estim ar,

res, se proyecta re a liz a r una gran exp o si­
ción de a rtista s n o -fig u rativo s arg en tin o s;
sim u ltán eam en te se p resen tarán m uestras
de a rq u ite ctu ra , m oblaje y diseño modernos.
Juan Zocchi, d irecto r del museo N acio n al
de Bellas A rte s y o rg anizad o r de " L a P in ­
tura y la e scu ltu ra a rg e n tin a de este sig lo "
ha hecho llegar dicha exposición a C h ile ,
Perú y Ecuador.
Desde La Habana, nos envía Sandú Darié
sus ú ltim a s exp erien cias p ic tó rica s, "c o m ­
posiciones c é n trica s en m o vim ie n to ", que
revelan su incan sab le búsqueda en n uestra
p lástica.
El p into r, poeta y crítico Juan Bay, ya evo­
lucionado a sus "e s tru c tu ra s e sp a c ia le s",
enriquece las p ersp ectivas de la p in tu ra a c ­
tu al. Su h ija , A nam aría Bay, nos descubre
un prodigioso mundo de im ágenes y s itu a ­
ciones en sus novelas y cuentos, que em pe­
zarem os a p u b licar en nuestro próxim o n ú ­
mero.
Esteban Eitler, in fa tig a b le creador, re a liz a
en Santiago de Chile, con su ag rup ació n
Tonus, una gran labor de d ifu sió n de la m ú ­
sica contem poránea. A sim ism o , sus últim os

Nos. 3 3 -3 4 , que d irige J. Romero Brest, en
una c rític a sobre la exposición de Ko sice,
en la g a le ría Bonino, ano ta que fu é fir m a n ­
te de un prim er m a n ifie sto de expositores
en 1946, en el Salón Peuser. Es in e xa cto .
Tenem os a la v ista catálogo s de exposición
de P ich o n -R ivié re , G rete Stern y Bohem ien
C lu b , y poco después la m u estra y m a n i­
fiesto en el In stitu to F ra n cé s de Estudios
Superiores, de m anera que hubo un poco de
a n te la ció n en la fe c h a , en que ya se pos­
tu la b a " la creació n a rtís tic a apoyada en
elem entos de pura in v e n ció n ".
De Resistencia, nos llega reg u larm en te el
boletín del Fogón de los Arrieros. Aldo Boglietti (poesía hecha a m istad a prueba de
bombas H ) , m antien e vivo su e sp íritu de
peón in c a lc u la b le , y al d ía, su provisión de
a rte , c a fé y bebidas ds m a rca .
En la sección "galería madí de poetas", in ­
clu im o s a Horacio Faedo, de prom isoria a c ­
tu ació n en C o lonia — Uruguay— donde re ­
side, a M. Sessarego, a M . T . Domínguez,
de la prov. de Córdoba, a Undurraga de
Chile con su poema " T ie r r a L a r " y a Juan
Bay con su "A d m ira c ió n de C lá n d e r" , a m ­
bos poemas fragm en tado s por fa lta de es­
pacio, al joven poeta peruano Augusto Delmore, a los brasilero s L. Schwartkopf, J.

r»

�Escobar Faria y otros ya conocidos de n u es­

Boletín N ? 12, del M useo d= A rte M oderno

tro grupo.

de Río de Ja n e iro .
A lfeu e A retusa, de M a ría de Lourdes T e i-

Rhod Rothfuss, prepara su m o num ental e x ­
posición retro sp ectiva en la ciu d ad de M on­
tevideo "15 años de pintura".
De Alberto

Hidalgo, ha ap arecid o C arta

x e ira , Edit. 'M a rtin s, Sao Paulo.
Hum anism o, revista m ensual de c u ltu ra d i­
rigida por M a rio P u g a, M éxico .
Poesía de A m érica, d irig id a por H. I. M a-

al Perú, que re a firm a su p rofunda co n d i­

g a lo n i, núm ero e x tra o rd in a rio de en ero -fe­

ción de poeta de A m é ric a . U n ive rsid a d e s,

brero, h om enaje a C é sa r V a lle jo , M éxico .

centros c u ltu ra le s , e scrito re s, grupos y m o­
vim ie n to s a rtístic o s d ° toda L a tin o a m é ric a
p ro p ician el Premio Nobel de L ite ra tu ra p a ­
ra el poeta. Gabriela M istral y Juana de
Ibarborou, ad hieren al m ism o sin reservas.
El p rc f. E. Daniel A nd ía, es el p residente
del co m ité o rg a n iza d o r con sede en Buenos
A ire s .

Intercam bio, revista c u ltu ra l, Sao Paulo.
Boletín M ensual, del M useo de A rte M o ­
derno de Sao Pau lo , que dirige M . Bard i.
Número, revista que d irigen Fia m m a V igo
y A lb erto S a rto ris, año 5, N p 6 , Flo ren cia.
A Ladeira da M em oria, novela de José Geraldo V ie ir a , Edit. Ja b u ti, Sao Paulo.
A rte Concreta, b oletín del m .a .c . y del sin ­

LIB R O S Y R E V IS T A S R EC IB ID O S

d ica to n acio n al de a rte n o -fig u rativo que

A m érica, revista de la A so cia ció n de Es­

d irig e Fran co P asso ni, M ilá n .

crito re s y A r t is t a s A m e ric a n o s que d irig e
P asto r del R ío , L a H a b a n a , C u b a .

Jornal de Letras, N p 55 d irig id a por Elysio

La Gorgona, poem as de Ju a n Jaco b o Baja r lía , E d ito ria l O lla n ta y , Buenos A ire s , con

Cim aise, revista de a rte a ctu a l

un retrato del a u to r por Ju a n del Prete.

por J . R. A rn a u d , y R. V . G in d e rta e l, P arís.

Paisagem M ural, poem as de L ily a n S w artz-

Los Vestigios, poem as de Eduardo Jo nquie-

co p f, Ed ito ria l P ong etti, Río de Ja n e iro .

res, edit. B o tella al M a r, Buenos A ire s .

y Jo sé C onde, Rio de Ja n e iro .
(co lección

h asta el N p 3 de enero de 19 5 4 )

d irigida

Gánigo, re vista de poesía que d irig e E. G u ­

Perceptismo N ? 7, que d irig e R. L o z z a .
Schweizer Journal, revista que d irige W .
Boletín de M úsica y A rtes V isuales, U nión M e iste r, Z u ric h .

tié rre z A lb e lo , S ta . C ru z de T e n e rife .
”

P a n a m e ric a n a , W a sh in g to n .

A rti V isive, revista de la Fu n dación O rig in e,

H abitat N ? 13, re vista de a rte s del B ra s il,

d irig id a por Etto re C o lla , D o razio y Pram p o lin i, Rom a.

d irig id a por F la v io M o tta , Sao Paulo.
Poesía Buenos A ires, Nos.

13 y

14, que

dirig en R. G u stavo A g u irre y N. Espiro.
Poemas y Elegías, de José Escobar F a ria ,
Ed it. M a rtin s , Sao Paulo.
Além de Palavra, poem as de D ulce G . C arneiro , Ed it. C u ad erno s C lu b de Poesía, Sao
Paulo.
Espacios, re vista

integ ral de a rq u ite c tu ra ,

d irig en G. R osell, L . C a rra sc o , M éxico .

Noigandres, libro de poemas de A . C am pos,
P ig n a ta ri y H . C am p o s, Sao Paulo.
Sinkentiku, revista de a rq u ite ctu ra editada
por M a sa h ivo , M iw a , To kio .
15 A m ericans, del museo de a rte moderno
de N ew Y o rk .
Quincas Borba, revista de a rte y lite ra tu ra
de Sao Pau lo , d irig id a por Jo rg e R iz z in i.
Boletín de los Festiva le s de M ú sica L a tin o ­
a m e ric a n a , C a ra c a s.

�E X P O S IC IO N E S -C A T A LO G O S
FOTOGRABADOS

De la Rose Fried Gallery, recibim os c a t á ­
logo de la ú ltim a exposición co nju n ta de
Glarner y Vantongerloo.
De la g a le ría Sídney Jan is, una retrospec­
tiva de Piet Mondrián.
Una selección de obras por J. J. Sweeney de
la colección de la S. R. G uggenheim y e x ­
puestas en el museo no objetivo de N. York.
Jeon Leppien, expuso en la g a le ría Aujourd'hui de B ru se la s, y en Colette Allendy
de París.
Lucio Fontana con sus p in tu ras perforad as
y elem entos de lu z, expuso en la g a le ría del
Naviglio, V e n e c ia .
Santomaso y Marlow Moss en The Hanover
Gallery, Londres.
En la g a le ría A rnaud, de P a rís, se re a liz a n
regularm ente exposiciones de pintores y es­
cultores de la nueva prom oción de p lástico s
n o-fig urativo s, entre ellos N a v a rro , C a rra d e ,
Lap o ujad e, B e rtin i, S au er, A rc a y , B itra n ,
B reu il, Lolo, A ra c e li, F ic h e t, etc. G ig lili, P¡llet y D eyrolle han presentado en la m ism a
g alería sus obras, lo m ism o que la pintora
G ina lonescu, en su reciente v ia je a Europa.
La d iag ram ación de los catálogos de Arnaud
merecen por su exce le n te p resentación m en ­
ción aparte.
La g alería Krayd, de Buenos A ire s , viene
ofreciendo con buen c rite rio , exposiciones
de plásticos de ten d en cia m arcad am en te de
vang uard ia.
La exposición de las o rien tacio n es a ctu ale s
de la escu ltu ra a rg e n tin a ha sido todo un
suceso. U ltim am e n te se exh ib iero n tém peras del grupo m .a .c . de M ilá n , con una no­
ta del crítico G. D o rfles.
Jacques Helft, presentó la m u estra ds " la
nueva generación p lá stica a rg e n tin a ".
En la g alería del museo de arte moderno
de Sao Paulo, se han exhib id o ú ltim a m e n te ,
pinturas de Le Corbusier y Burle M arx.
25 pin tu ras, relieves, objetos de Yen te, en
la g alería V a n R iel.

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3
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NAUM /GABO

�Representantes de arte madí
en el interior

Córdoba: M. T . Domínguez, M. Sessarego
Mendoza: Galería San Martín
Rosario: Juan Ocampo
Resistencia: René Brusau
en el exterior

Oruguay:

Rhod Rcthfuss — Montevideo

Cuba: Sandu Darié — La Habana
Brasil: H. J. Koellreutter —
Pablo
Chite:
Perúl
EE

Esteban Eitler — Santiago
Jorge Bacacorzo — Arequipa

U U .:\jS¡jLcclás Kasak —

New York

V v,

Italia:
Francia:

Río, San

Lucio Fontana — Milán
Jean Leppien —

París

Suecia: Chcrles Portin — Estocolmo
Suiza:
Inglaterra:

Lutry-Vaud

Ben Nicholson .— Londres

España: J. Eduardo Cirlot ■
— Barcelona

Marruecos:

\

A IR ES

olanda: Ger Gerrits — Amsterdam
M. G. de la Fuente — Tánger

BUENOS

\

Alberto Sartoris —

,

Japón: Masami Kuni — Tokio

—

"\

R. L . s R IV A D A V IA

1159

ARTE MADI U N IVERSA L Nos. 7-8

Revista del movimiento madinemsor
Director: Kosice

\

Redacción y correspondencia
Buenos Air^s

\

S.

\
Intercambto

G R A F IC O S

Esperanza 41 —

Nous demandons l'échange
We beg for echange
Junio de 1954

V
Registro de la propinad intelectual
número 238.535

&lt;
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LU

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ALLERES

^

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                  <text>Ejemplares 0 y 2 a 7/8 de la revista Arte Madí Universal, publicados entre 1947 y 1954.</text>
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                <text>Cirlot, Juan Eduardo&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Hidalgo, Alberto&#13;
Bay, Juan&#13;
Sartoris, Alberto&#13;
Bill, Max&#13;
Laañ, Diyi&#13;
De La Fuente, M. G.&#13;
Kasak, Nicolás&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Bay, Ana María&#13;
Mahle, Ernst&#13;
Bajarlía, Juan Jacobo&#13;
Faedo, Horacio&#13;
Undurraga, Antonio&#13;
Sessarego, Mirtha&#13;
Delmonte, Dante&#13;
Elmore, Augusto&#13;
Bacacorza, jorge&#13;
Escobar Faría, José&#13;
Wellington, Valdo&#13;
Eitler, Esteban&#13;
Rebay, Hilla&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Warb, Nicolás&#13;
Stoloff, Irma&#13;
Domínguez, María Teresa&#13;
Leppien, Jean&#13;
Ionescu, Gina&#13;
Moore, Henry&#13;
Vantongerloo, G.&#13;
Andia, Ernesto Daniel&#13;
Kosnick Kloss, J.&#13;
Dalvit, Oskar&#13;
Sodre, Niomar M.&#13;
Derbecq, Germaine&#13;
Le Corbusier&#13;
Bay, Juan&#13;
Manarini, Ademar&#13;
Vigo, Fiamma&#13;
Carreño, Mario&#13;
Koellreutter, H. J.&#13;
Eimert, Herbert&#13;
Darie, Sandú&#13;
Kuni, Masami&#13;
Gabo, Naum</text>
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                    <text>��iíiínovecientofctreíntaprímeraparté

Ba^nosaifeshacialamítacícíeseptieinbres

����Superación
de lá p o l é m i c a
El nacimiento del arte mo­
derno— arte de hoy— ha
sido un vivir exacerbadamente en luch&amp;contra la hos­
tilidad de la inerte visión no m odernasfué un hablar
del arte moderno como vanguardia del arte moderno
o, mejor, como arte de vanguardia. Y es necesario
afirmar— denunciarlo— este error que hace sinóni­
mas dos diversas expresiones que no sólo se usan
para referirse a un mismo objeto sino que se emplean
indiferentemente para denominar dos igualmente diver^ps objetos: I. el movimiento polémico de afir­
mación del arte de hoy y II. el arte de hoy, arte mo­
derno.
Arte de vanguardia
jí arte moderno

Ante una novela, un cuadro,
una poesía de hoy, el espectador
de instinto verdadero, capaz de descubrir y fielmen­
te vivir la presencia de arte moderno, percibe gestos
Vanguardismo
o polémica

�adyacentes de emoción polémica como parte integran­
te, en cierta manera, de la obra misma: metáforas,
deformaciones, construcciones, partes que sólo alean*
zan en la obra valor mecánico de cosas presentes y que
tampoco tienen valores propios que las salven.
T a l error, hoy evidente, comenzó por ser tan
sólo una verdad confundida: la afirmación arbitraria
y violenta del vivir moderno, de hoy, encubría esa
dual realidad: lo polémico y lo auténtico. Acaso por­
que la posición valorativa del artista moderno, crea­
dor o espectador, implicaba un panorama, — Esto
m ío, nuevo, que ES— como producto de una nega­
ción:— lo Demás, viejo, que N O ES. Lo nuevo, su
obra, exigía fisiológicamente esa afirmación total de
sí— lo malo y lo bueno de sí— , y la negación igual­
mente total de lo otro. Esta calificación de ambos
momentos como contrapuestos se expresaba simple­
mente: nuevo, vanguardista, y, viejo, pasadista, cu­
ya significación es puramente polémica y fuera de to ­
da categoría cultural; categoría que se alcanza deno­
minando tales momentos, sin valorarlos excluyentemente, con los términos moderno y antiguo, términos
cuya significación apunta contenidos más profundos
y que desvirtúa conjuntamente la definición de ju i­
cio final: nuevo-bueno y viejo-malo de la confesión
polemista. La confesión legítima puede ser: modernonuestro y antiguo-anterior, acaso demasiado ingenua
y descriptiva.
Históricamente es necesario el
predominio exclusivo de la va­
loración polémica durante un lapso de tiempo varia­
ble. Predominio justificado como necesidad vital de
crearse conciencia de lo propio excluyendo— exteriormente— la presencia de lo anterior— negándole valor,
*
Polémica, feriómeno histórico

6

�*— mientras Se sufre el proceso de la formación de sí
mismo: conseguida la clara seguridad del patrimonio
que surge nuestro como distinto y necesario, se ad­
mite luego, apoyándose en la propia legitimidad, la
legitimidad ajena antecedente. Así a los momentos de
polémica aguda— en que los mismos artistas reali­
zan con voluntad de arte y voluntad de vanguardia,
por decirlo así, simultáneamente— suceden momen­
tos cada vez más próximos a plena vida cultural, de
espontaneidad asentada, de incorporación de la vo­
luntad moderna como expresión contemporánea pu­
ra con tradición natural. Cada novedad tiene su van­
guardia y su contraste de afirmación y negación de
totalidades: Positivismo y No-positivismo, Roman­
ticismo y No-romanticismo, Realismo y No-Realis­
mo. El ritmo inmediato del espectador ante cada no­
vedad ha sido afirmar y defender lo uno y negar y
atacar lo otro, según una valoración exterior con cri­
terio polémico fundado en falsas conclusiones de su
manera de entender la evolución, y si no falsas, im­
precisas o inapropiadas para justificar una valora­
ción. Pero ese ritmo inmediato puede irse modifican­
do, alcanzando la medida adecuada, contemporánea,
cuando la posición polémica del espectador deja de
ser irreductible y, en momentos de abandono inge­
nuo y propicio, su sensibilidad, dirigida por intui­
ciones favorables a las razones “contrarias” , advierte
el desequilibrio interno de la totalidad que hasta ese
momento él afirmaba verdadera y única. Logrado así
un criterio descargado de prejuicios ajenos a la cosa
juzgada, el espíritu moderno, de hoy, atiende a lo
antiguo— no más viejo— sometiéndose al encanto de
su íntegro sentido humano y, viceversa, acaso el espí­
ritu atrasado alcance pareja comprensión de lo mo­
derno. Desde ese momento, el espíritu moderno sólo
7

�&amp;

atiende a lo nuevo de factura polémica con gusto in­
telectual y casi erudito. (Pero aún en estos finales
momentos muchos siguen afirmando y negando: los
polémicos profesionales, vanguardistas o pasadistas,
continúan viviendo— engañados o insinceros— la pre­
terida fruición humana de negar para afirmarse, ata­
cando al vencido y defendiendo al vencedor. La frui­
ción que hasta hace poco tiempo pudo haber vivido
el legítimo artista de hoy en el campo vanguardista
al hacer, comprender una novela, un cuadro, una teo­
ría para iniciados, llenos de sugerencias con clave, de
fervor de camaradería y de apetitosa “hostilidad”
hacia un enemigo acorralado).
Superar algo es más que la labor negativa de
suprimir gestos vacuos en las cosas; es comenzar otra
labor positiva y, frente al arte moderno, intentar la
valoración que las cosas implican más allá de la equí­
voca afirmación vanguardista de la conciencia con­
temporánea nuestra; es afirmar la conteporaneidad y
consecuencia del arte moderno preocupándose especial­
mente con ella, viviéndola reflexivamente. - H. I. C.

S

�B i o g r a f í a s de a ye r ,
v i d a s de ho y
El escaparate de la librería tiene un algo de ci­
lindro inscriptor; constantemente, un lápiz agudo y
perspicaz— el mismo que hace los asientos en el Dia­
rio— registra con prontitud, casi con ansiedad, la cur­
va de interés del público lector. Esta vez, la curva es
sugestiva; ha dado un brinco y presenta una proble­
mática sinuosidad: renovación.
Sí; junto a las novelas, aparecen las vidas— de
hombres ilustres, de enamorados célebres;— junto a
las historias, las biografías; junto al mundo cósmi­
co de la historia universal, el horizonte pequeñito de
un hombre. Sin duda hay un problema en todo esto.
¿Cuál sería su planteo? Los escritores comien­
zan a escribir biografías, los lectores a leer biografías:
tal el problema, minúsculo problema de dos factores.
Señores, ¿a qué tanto leer vidas ajenas? ¿cómo
perder «1 tiempo— el tiempo con mayúscula, ese tiem­
po del que alguien dijo que era oro— como perderlo
9

�en enterarse de otros hombres, de quienes buscamos
la vida menor, esa vida que gozamos tendidos en la
poltrona de nuestro cuarto? Es extraordinario que
sea hoy cuando haya surgido la sed de vida menor,
hoy que huimos del goce amable de la poltrona fa­
miliar.
Qué secreto apetito impulsó a leer biografías,
hace unos años, al lector moderno; qué secreta inquie­
tud movió a escribirlas en el mismo momento,— mp
parecen los términos primeros a dilucidar. En el fon­
do se agita un deseo de compensación, una angustio­
sa'ambición de equilibrio. La vida moderna es una
expresión yanqui, de origen parisién, que se nos da
acompañada por un chirrido insolente de claxon y
que quiere decirnos nuestro frenética deseo de fun­
dirnos en su laberinto; pero nos dice también nues­
tro dolor por el peso muerto de nuestra obligada vi­
da exterior, más precisamente, de nuestra vida ex­
céntrica; esa vida moderna tiene un ritmo peligroso
y difícil, y hay que seguirlo pese ál nuestro propio.
A veces pensamos al hombre como el átomo constitu­
tivo de esas manchas polícromas que esperan el ade­
mán del guardia para cruzar la calle. Y todos form a­
mos de vez en cuando en las filas de los que cruzan
una calle.
. El escritor, que vive un poco al margen de la
vida, esperando que su correr depare fases nuevas,
sorprendió un ihterés angustioso del hombre por los
hombres. U n señor perdido entre legajos burocráti-'
eos y aturdido por timbres y teléfonos, pedía a gri­
tos la vida de uno de los superhombres del mundo
para llorar su pérdida y consolar su propio vacío; y
el escritor pensó que este superhombre, tal como este
señor lo deseaba, podía mostrar al hombre también,
superándose en cada momento de la vida sin abando10

�narla. La emoción era nueva y consoladora, y se lan­
zó a contruir el gran espejo universal. El pedido del'
pobre señor fue concedido; y un día apareció una
biografía, escrita por un literato y que era otra cosa
que la biografía clásica, esa biografía que en unos to ­
mos de lujo tenía en su casa y en cuyo rótulo decía P lu­
tarco o Macaulay. Era una vida, la vida de un
hombre.
Porque no siempre la vieja biografía fue la vida
de un hombre; las más veces era tan sólo medio hom ­
bre el que entresacábamos de sus páginas. Plutarco
sentía aún la épica obsesión de los semídíoses y qui­
so que los hombres ilustres fueran por sobre todo
ilustres. Desde él la biografía no quiso sino héroes y
los buscó con lupa optimista y despreocupada. Y el
héroe— perfil imaginario de alguien— Surgía artifi­
cial y contrahecho a mostrar su silueta arbitraria y
extemporánea.
El héroe— compañero provechoso, lo llama
Carlyle— es una aspiración; más bien que el tipo ima­
ginario que resülta de mejorar cada individuo según
un canon previo, el producto de una específica mane­
ra de imaginarlo, de acentuar sus caracteres, de con­
cretar en él todo aquello que es en el creador querer
ser, aspiración. En esa calidad de aspiración, de ob­
sesión mejor, los héroes cumplían su papel paradig­
mático, y la humanidad bebía la heroicidad que ellos
destilaban. Ante el devenir de la vida vulgar, ofre­
cían su vida de piedra para perpétuo ejemplo y los
hombres incorporaban a su alma la voluntad segura
de hacer la suya de piedra también.
Sólo esas servían, las que por ser de piedra np
se sujetaban a pasión ninguna, porque era ese papel •
‘paradigmático, que nadie como ellas podría cumplir
ir

�lo que interesaba por sobre todo. Era un valor moral
y didáctico el que quería lograrse, y en su logro fin­
caba el mérito y el fin. Todos los que colmaban su vi­
da con la imperfección cotidiana, repasaban las pá­
ginas de su Plutarco para encontrar el medio hombre
inmortal que haría de su vida una vida perfecta, de­
jando pasar sin advertirla, la suya propia, íntima, vi­
tal, de la que ignoraban el mérito mayor, la integri­
dad. Macaúlay, con un secreto afán de moral prác­
tica, separa cuidadosamente el Bacon canciller del fi­
lósofo; “Imitad éste!” “Cuidaos de aquel!” ; esto
se nos quiere decir. Y para decírnoslo, trunca una vi­
da extraordinaria y destruye el profundo dramatis­
mo del contraste.
Hay que decir, sin embargo, que no podía ser de
otra manera. Los biógrafos, que al llenar este come­
tido singular no dejaron de ser historiadores, lleva:
ron a la biografía todo aquello que es peculiar y pro­
pio de la historia, y a las dos, historia y biografía,
les, hicieron marcar un mismo paso, no intentando—
ni sospechando acaso— matiz alguno. El Macaúlay
historiador, que es en historia un estudioso de un ti' po especial, hijo de la filosofía positiva, nieto de Ba­
con, se vertía íntegro en este género que estaba un
poco al margen de su ocupación principal, y en el
que no advertía sino una expresión, acomodada en­
tre dos momentos fijos, de este suceder más amplio,
más extenso en tiempo y lugar, que era el telón de
fondo y en realidad el fondo mismo. Así, no cabía
en él, que se veía obrando como de costumbre, predis­
posición especial para adaptarse a la finura de la nue­
va empresa, y llegaba a cumplirla sin el rito previo
de renunciar a todo aquello que es en el historiador
defensa contra las grandes magnitudes, sin intentar la
búsqueda de ese nuevo tono— tono menor— en que
12

�acordar el acorde multiforme y sutil de las vidas h u ­
manas. Todos^—me atrevería a decir— todos los que
hicieron alguna vez biografía, los que mostraron o
quisieron mostrar la modulación múltiple y una del
*alma de un hombre, entraron sin respeto en ella, h u r­
garon como investigadores de probada objetividad,
revolvieron los vestigios— mudos sin el sésamo m á­
gico— y sacaron luego a luz un ente marciano, ex­
traño a nosotros, y lo que es peor, extraño a él mis­
mo. En tanto, en el tintero— en el magno tintero de
la incomprensión— quedaba una especie de fantasma
incorpóreo que esperaba entre las olas espesas de tin­
ta que le vinieran a pedir su yo, extraño las más de
las veces a su obrar mundanal y anecdótico.
Quizás alguno— alguno que yo no se quien
sea— haya superado con una extraña y exótica virtud
— eso es el. genio— la rigurosa imposición de la ho­
ra. Porque era la hora quien imponía el tipo de his­
toria y este corolario humilde y didáctico— quizás
humilde por didáctico. Las dos, historia y biografía,
ramas de este tronco viejo como el hombre que es la
proecupación del tiempo, respondían a la norma co­
mún; pero la categoría era sin duda distinta, y la his­
toria, primogénita, imponía este seudorespeto fra­
ternal, un poco artificial, siempre ilógico. Cuando
pasó esa hora— y es ahora cuando está pasando— la
historia sintió llegado el momento de desprenderse
de aquellas taras, que le robaban fluidez y ligereza.
Había sido, valga la metáfora, un edificio como esas
ruinas de viejos pueblos en las que sólo ha resistido
la fachada. En ella, el observador o el estudioso se
detenían con fruición, hasta enterarse de los más m i­
núsculos detalles. Luego, el interior— al que sólo a
los de intuición casi genial se les ocurría pasar— mos­
traba su inexistencia y dejaba ver un cielo despejai3

�do. La fachada se perpetuaba én el infructuoso ve-&gt;
getar de las puertas para siempre cerradas, y dejaba
crecer no se que ilegítima planta entre sus piedras.
La biografía, como más próxima al latir coti­
diano, sintió en su pulso joven el sopor senil de la
historia y sospechó, con la aguda intuición de los
prisioneros, la hora de la liberación.
T al nuestra perspectiva: la historia, conciente de su papel extraordinario, sintiendo la exigencia
» de su vivir al día, intenta laborar en su futuro. Des­
prenderse de su exceso formal es su labor contempo­
ránea, y cargarse de vivencia interior su labor futura;
nada puede decirse aun de su porhacer. La biografía
en tanto, por no haber sido víctima de aquella laboración por que pasó la historia, -ha seguido su cur­
so normal, y hoy— este hoy joven y nuestro
que es 1930— representa la más legítima de las
disciplinas históricas, la que con más humana p u ­
reza se acerca al espíritu del hombre a decirle su tiem­
po vivido, a mostrarle el panorama infinitamente
repetido de la tragedia del hombre— ese hombre que
fué siempre antes de cada uno. Por eso el hombre de
cultura, que no aspira ^ resolver las misteriosas com­
plicaciones de los palimpsestos sino a asomarse a su
propio vivir con ese mínimo de exterioridad que exi­
ge la vida resucitada de otro hombre, vuelve a la bio­
grafía, ya sin la vaga obsesión racional de aprender
y con una emoción vital y humana.
Sería oportuno señalar cómo hoy llena la bio­
grafía, en el ámbito cultural, el mismo papel que lle­
nó en otro tiempo el complejo historia-biografía, y
cómo no hay reproche alguno para este último en de­
cir que ya no podría hacerlo. Hay una ley inexora­
ble en esto de las satisfacciones vitales. La biografía,
como género, responde a una exigencia de tal clase,
14

\ ‘

�fe. h ' , /’ ,
apremiada por su doble naturaleza, impuesta por és­
ta crisis de la historia. Para responder a ambas im ­
posiciones, el biógrafo— sin duda el más típico escri­
tor de la hora— se mueve en dos distintos planos, con
una actividad que trasciende de todo género conocido,
para determinar uno nuevo y preciso. U no nuevo que
ha invadido los escaparates de las librerías como una
nueva invasión bárbara, en que, como'en la otra, se
ha impuesto un principio vital.
6k
A
i '
De este género nuevo, yo quiero señalar ante
todo esa imposición; al devenir histórico, objetivo,
se le ha impuesto un plano en que ocurrir, un plano
que es para nosotros lo fundamental. La vida, esa vie­
ja vida renovada en nosotros, quiere ser ahora lo pri­
mero. Hacerla correr para, hacerla fluir hacia algo,
sería— sirva el argumento aristotélico— subordinar
su valor, empequeñecer su magna y suprema jerar­
quía. Subordinarla, limitarla, es decir a uno que no
sea el que es, sino ese otro— modelado según moldes
de un logicismo estricto y racional— que se nos da a
priorf, con algo de heroico y de infalible.
De la vida-unidad, de ese complejo de espiritua­
lidad y de vitalidad qüe es nuestra vida, de eso se ol­
vida el espectador, porque sabe de sobra lo que en
cada uno es cotidiano y doméstico. Hay una analíti­
ca parcialidad que nos impulsa a buscar en el hom ­
bre lo que en él es extraordinario y distinto, y que
nos proporciona abstracciones inertes; corporeizarlas
luego, para poder decif: he ahí el guerrero, he ahí el
filósofo, es cometer una herejía en esta moderna—
y antigua— religión del hombre.
A ese caudal de personalidad unilateral,-—el
guerrero, el filósofo— sumemos el otro medio hom­
bre, el que se quita la coraza, se seca el sudor de la
*5

�•. .' &lt;

|

frente y bebe el vino viejo de la crátera. La forja en
uno sólo de los dos metales, nos hará encontrar al
hombre perdido, ese que se quedaba en el magno tin­
tero de la inoomprensión, y nos mostrará la línea
sola y única en que vibra el alma toda de cada uno.
1 El que se emborrachaba y escribía versos, era un sólo
y poliforme Verlaine.
El biógrafo de estos años últimos, ésto es lo que
se ha propuesto por norma. La vida dé este hombre
—-se ha dicho— es un complejo irresoluble. Partirla
en pedazos, es atomizar lo que es por sobre todo uni­
dad. Y fuera él de la vida, ha comenzado a hacer co­
rrer el tiempo entre las dos fechas mortales de esta
única historia finita, y a mostrar el claroscuro de la
vida de un hombre, conservando su ritmo cambiante
y diferencial. En él existe la intención de no cortarlo,
de dejarlo correr como corrió otra vez; y de esta bio­
grafía se trasluce una cosa necesaria y fatal— existir
— que se aparece en primer plano y cuyo acontecer es
lo más importante; aparece el hombre frente a su vi­
da como nosotros, como cada uno de nosotros frenté a la nuestra propia; con una prescindencia vital
y despótica de todo lo no es nuestra vida.
En esta superposición de las dos corrientes, la
ajena, aquella cuya expresión se observa, se impone
al lector por un artificio qué es constitutivo del géne­
ro. Nos sentimos dentro de este mundo ~~que no es el
nuestro, porque en las páginas del libro, la línea pre­
cisa del devenir de un hombre nos ha encerrado con
esa limitación que impone al espíritu lo finito, aque­
llo que tiene principio y fin, y que transcurre entre
estos dos jalones imponderables del nacer y el morir.
En tal sentido, la biografía se aleja de la pura historia
y se dirige a un paradigma remoto, la novela, Porque
en la novela lo específico es precisamente esa capaci­
tó

�dad de obligarnos a volcarnos en un mundo del que
percibimos el principio y el fin. El paisaje de la nove­
la, siempre estricto, tiende a capturarnos en un uni­
verso cuyas limitaciones vemos, y cuya trama m ira­
mos un poco desde arriba y con algo de omnipresencia. El biógrafo, Con lo cotidiano y lo heroico de un
hombre, nos crea un mundo preciso y limitado del
que no podemos huir. Allí invernamos y agotamos su
vida entre las dos tapas— nacimiento y muerte— del
libro.
Yo quisiera que a éste género moderno, moder­
nísimo, que ha aparecido precisamente para resar­
cirnos de la vida moderna y de la propia excentrici­
dad, no se le llamara ya biografía, que con tal palabra
se designaran a las obras del viejo estilo, y sejlam aran vidas a las modernas. Pensamos ya la vida según
ese concepto nuevo y la vida de los hombres ilustres
se nos antoja algo inhumano y descarnado. El héroe,
cualquiera que él sea, es un sujeto sin angustia ínti­
ma, y la angustia es lo que de más nuestro tenemos.
Busquemos el Shelley, libro angustioso, y pensemos
allí la vida del hombre mortal. — J. L. R.

17

�vital
1a "
bi ograf í a moderna

-

Durante todo un siglo de cultura, la hum ané
dad, platea inmensa de varios miles de millones de
espectadores, contempló la escena con vista fija. Ella
fué absorbida por el pensamiento.
Siglo X X : Baja el telón. Los espectadores se
descubren. La luz, que se ha encendido de golpe, los
baña y precisa sus formas: surge el hombre que vive
por oposición al hombre que piensa. La humanidad
se ocupa de ella misma en el momento en que estaba
a punto de perderse. (El marido que ante la mirada
atrevida de otro, descubre las bellezas de su m ujer).
Teatro de hoy: equilibrio. Bfcpectadores activos,
factores necesarios en la representación.
(Para el primero el conocimiento, para el segundo
la intuición; para el nuestro, equilibrio. El basamen­
to y la estatua, la vida y la razón. Sin el uno no
existe el otro. Se buscan, se atraen y se repelen).
De la oposición, la lucha. (Lucha es ante todo un
movimiento de factores que se oponen). Eterna cin­
18

�chada que justificada agonía del mundo. De mi m un­
do primero: entre la vida y la muerte, el gnosticismo
y el agnosticismo, el alma y el espíritu. La agonía
trágica del hombre, nos lo dice Unamuno. se debe
al choque del “anhelo vital de inmortalidad hum a­
na” (elemento de vida) con la razón que “no nos
da aliciente y consuelo de vida” (elemento espiri­
tual). Mí vida es una perpétua selección agónica
nunca realizada. (Seleccionar es elegir, elegir es im­
posible) . El mundo de todos, ¡como el mío, si otro-^
ra buscó el molde recio y vigoroso para subyugar la
vida humana a los principios de la metafísica racio­
nal, hoy lo ha roto con desprecio, convencido de que
la razón nada puede ante la marcha avasallante del
vivir.
¿Por qué el hombre moderno siente esa desorien­
tación ante el fenómeno de la vida, que antes no
preocupó al hombre de otro siglo? Mientras el cris­
tianismo tuvo una sólida vigencia social, él constitu­
yó un fin para la vida. El hombre vivía para alcanzar
el bienestar eterno. Desaparecido éste, la vida le re­
sultó un fenómeno sin sentido; el hombre conservó,
sin embargo, la necesidad de encontrar un fin para
ella: Nietzsche fué quien nos libertó de esa angustio­
sa rebúsqueda, afirmando que el fin y el sentido de
la vida está en la vida misma. Su doctrina del super­
hombre no es más que la afirmación de un estado
¡superior a la vida, en que la vida se hace más vida,
llegando el hombre a un grado de evolución máxima.
El mündo ha sido así una oscilante aguja. Hoy
que ha encontrado una senda segura, ha renacido la
alegría.
La alegría del mundo— esa alegría vital que in­
vade por todas partes— es fruto de la ruptura de vie­
jos moldes. De esa ruptdra nacieron como formados
19

�por la misma materia de la cáscara que quedaba muer­
ta, toda actividad moderna de vida, de ciencia y de
arte, que son ante todo una afirmación del vivir ante
el pensar. Es la afirmación del yo soy, yo vivo.
Racionalismo fue limitación, reducción del cam­
po visual, ganancia en intensidad; vitalismo es am­
pliación de vistas, vigencia de los rayos colaterales,
es la actividad irracional rebasando el marco del cua­
dro, chorreando fuera de la copa; esa materia que es­
capando a la acción metodizadora del recipiente, se
pierde sin una definición gue la encasille y la ex­
plique.
T odo ese movimiento auroraljde la filosofía po­
dría ser una manifestación individual del pensamien­
to de un hombre o de un grupo, pero considerar así
este proceso, sería ir precisamente contra la esencia
misma de él: si nació para combatir los sistemas metafísicos cerrados, faltos de sustancia viva, productos
del racionalismo, no es concebible que él también
sea un producto exclusivo del espíritu. U n movimien­
to filosófico es siempre una avanzada de lo que des­
pués ha de llegar a estar en la conciencia de todos. En
épocas de Descartes o de Leibniz apenas se podía pre­
ver lo que había de llegar a ser el régimen valorativo
racional del siglo X IX ; al igual, todas estas filoso­
fías nos dan un “avant goüt” de una nueva manera
de concebir la vida. Esos hombres que nacieron con
dos ojos y una capacidad para acomodarlos a todas
las contingencias de su organismo— Nietzsche, Dilthey, Bergson, Simmel, etc.— nos enseñan vivamen­
te en su manera de pensar individual, que tal son sus
filosofías, los^ principios forzosos én que habrá de
guiarse el hombre para revalorar la vida, en este
nuestro siglo XX, a la luz de la nueva dualidad: es­
píritu-vida.
20

�No es que los productos humanos sean conse­
cuencia del pensar filosófico. Pero una filosofía es
siempre el resultado de una nueva conciencia histó­
rica, por lo menos en parte. Todos los hechos de la
época nos sirven para que, explicándose mutuamen­
te entre ellos, nos aclaren el problema contemporá­
neo: la poesía— que es presentimiento, intuición—
nos explica al filósofo, así como la religión se refle­
ja en el art&amp; La masa del pueblo, con su régimen valorativo-—la moral— corre a su zaga, tardando si­
glos en asimilarse sus principios. Las más elevadas
clases intelectuales— las menos— son siempre las que
dan la medida a que la vida ha llegado en un momen­
to determinado.
Mientras el hombre se concibió como una má­
quina de pensar— el intelectual era siempre un pen­
sador— para nada le interesó la vida. “Kant era una
mente que se vuelve de espaldas a lo real y se preo­
cupa de sí misma” . En la ciencia coincide esta con­
cepción del hombre con el período de máxima espe­
culación mecanícista; en el arte con la música idea­
lizada de Beethoven o la religioso-metafísica de Wagner (la música dominaba a todas las a rte s); en la
vida diaria, la moral estricta y normativa que se fija
en el debe ser sin tener en cuenta el es. La educación
que es siempre un reflejo del problema filosófico uni­
versal con una capitis diminutio, no tuvo en cuenta
sino el cultivo del intelecto.
Hoy que el hombre se concibe como una feliz
mezcla de cuerpo y espíritu— ese matrimonio de que
nos hablara Fernando Vela— todas sus manifestacio­
nes culturales tienden a mantener .ese equilibrio.
( “El espíritu idea la vida; pero sólo la vida puede
poner en actividad y realizar el espíritu, desde su más
21

*

�simple actuar hasta la ejecución de una obra a la que
otorgamos sentido espiritual’*).
Dos ejemplos bastan: Antes de nuestro si­
glo el hombre no encontró nunca una legislación
apropiada que protegiera su vida contra las acechan­
zas múltiples que le rodean, hoy la posee. Recién ha­
ce muy poco que el pedagogo ha descubierto que el
niño es algo más que un cerebro y se ha decidido a
aceptarlo como ente vital. (Lo supo mucho tiempo,
pero lo ignoró siempre al ejecutar sus ideas).
De esa oposición, vida-espíritu, que Dilthey es­
tablece entre la metafísica y la historia, ha nacido la
idea de que una vida ni una idea nunca pueden tener
carácter absoluto. Sólo al convencerse de que la vida
de un hombre es nada más que una de las múltiples
facetas con que la vida, se nos dá, ha podido interesar­
se por la vida de otro. “ . . hemos adquirido un po­
der nuevo: el de comprender otras vidas, de otros
tiempos y lugares, y hacer revivir en nosotros lo que
no es nuestra vida” . T a l la biografía moderna.
Dice Mauroís: “Platón voulait qu'une ame
humaine fü t toujours' écartelée par deux chevaux,
l’un blanc, l’autre noir» qui le tírent, l’un vers le
haut, l’autre vers le bas de sa nature. L ’humanité, pendant quelques siécles, s’était efforcée d’ oublier 1’ existence du coursier noir” .
La biografía que fue producto de aquella épo­
ca de esfuerzo, cultivó sólo el caballo blanco. No
podía ser de otra manera: elegía siempre hombres que
habían pensado cosas “importantes” y cuyo conoci­
miento podía ser “útil” para los demás. Así los bió­
grafos clásicos reconstruyeron la vida mostrándonos
el esqueleto, olvidando la carne que justifica a aquél
y da forma al cuerpo.
Con el siglo se avecinó tímidamente a la vieja

�biografía un nuevo factor, la vida, que aunque irra­
cional en su esencia, resulta relativamente racional,
puesto que es la única capaz de explicarnos los hechos
de la razón. En efecto ¿cómo comprender los actos '
razonados e inteligentes del hombre, sin conocer sus
actos espontáneos, sinceros, productos de su organis­
mo y que son base de aquéllos?
“El tema de nuestro tiempo consiste en someter
la razón a la' vitalidad, localizarla dentro de lo bio­
lógico, supeditarla a lo espontáneo” . Así Maurois,
así Strachey, así Ludwíg, han encarcelado toda una
floración gestada por la razón, en un bosque enma­
rañado de vida, apareciendo ideas y voliciones como
una fluencia suave de actividad vital.
Esta misma dualidad de concepción se presenta
aún en la biografía moderna, explicable por diferen­
cias raciales: Ludwig, ante todo un alemán, somete
todo acto primo al trabajo elaborador de la razón:
nos cuenta los hechos de la vida de Goethe, por ejem­
plo, pero sistemáticamente analiza lo£ porqué y nos da
las causas. En Strachey o Jarnés, en cambio— en sus
biografías— fluye la vida y corre según un ritmo poé­
tico. Disfrazan el porqué y el para qué: están ahí,
pero potencíalmente.
De ese equilibrio, vida-conciencia, ha nacido la
biografía que hoy nos apasiona como obra humana.
Para el hombre de hoy— yo— su ideal primero
es realizar su vida (sed de inmortalidad, diría Unam uno). En el socorrido conócete a tí mismo encon­
tramos ya un ideal de vida que hoy^e ha hecho car­
ne en nuestra generación. ¿No es la lectura acaso, el
conocerse más perfecto? La lectura forma parte de
su vida y la biografía se ha identificado con ella: he
ahí el hecho concreto.
(La lectura abre caminos. La lectura de una vi23

�da— es decir de un hombre que amó y pensó— ha de
despertar en mí nuevos apetitos e impulsar a nuevas
; actividades. Se ha dicho siempre: un libro vale por
lo que sabe sugerir. El relato de una vida vale por lo
que puede despertar en m í).
Es que el hombre se ha dado cuenta que todos
los valores culturales creados por él ¿qué fin tienen
sino orientar su propia vida? Olvidar pues a ella es
como el maestro que, profundizando en sus estudios,
olvidara que ante todo, el conocimiento dado en elaula es para ser recibido por el alumno. Olvidar la
vida es olvidar al alumno. Y para el maestro de hoy,
el alumno existe, como para mí existe la vida. ¿No
debe el hombre poder amar para poder pensar?
Mi vida es sólo un punto de vista de la verdad.
Conociéndome conozco. Encuentra el hombre en la
biografía un volver a vivir la vida de otro. Le brinda
así la posibilidad de vivir otra vida encaminada en
un sentido diferente a la suya. A veces acaso la que
erramos al elegir. Nada ha de ayudarnos tanto a
nuestra propia difinicíón.
De esa definición ha de surgir un mejoramiento
vital e intelectual. “La verdad integral sólo se obtie­
ne articulando lo que el prójimo ve con lo que yo
veo, y así sucesivamente” .
Se trata de organizar la vida, hacer de ella un
principio y-un derecho. La vida se da en uno y tam ­
bién en los demás. Primigeniamente en uno, la vida
constituye mi mundo, el primero que me interesa por
sobre todas las cosas, pero también ha de interesar­
me la vida de los demás, para buscar aquellas afini­
dades y aquellas diferencias, que constituirán un fre­
no para mi existencia y una ley para mi desenvolvi­
miento vital.
• El hombre moderno, en esa sed de vida, busca
24

�en la biografía no el frío conocimiento sino— como
diría Maurois— hermanos de inquietudes. “Seulement íl ne resiste jamais a l’atrait d’une personnalité, il ne peut apprendre que par les hommes” dice
Ludwig refiriéndose a Goethe.
T oda esta concepción vital del hombre ha traí­
do como consecuencia práctica un estado de mayor
preocupación por la personalidad viva del hombre.
La naturaleza viviente es considerada como un valor
^ ponderable.
Así en mí hay hoy una doble sed: sed de vivir
y sed de conocer. Me place hoy la Reina Victoria o
Lord Byron porque quien dice biografía dice hum a­
nidad. El sentido humano es lo que me lleva hacia
ella. ¿Qué es eso de sentido humano? La vida, lo h u ­
mano, ha dejado de ser un breve paso pára alcanzar
o la verdad pura o el descanso eterno y se ha conver­
tido en una finalidad. Considerar los hechos hum a­
nos como a través de un cristal sin impurezas fué
obra de la labor cultural de otro siglo. Hoy sabemos
cómo ese cristal lleno de impurezas interesa tanto o
. más que lo que está después de él. La biografía tiene
ese sentido primordial, significa precisamente ese que­
darse primeramente en el cristal mismo, segundamente es siempre un superar a la primera posición.
Ese sentido de finalidad humana, que en otro
sentido— los libros de post-guerra— nos lleva a una
pareja afirmación, es lo que nos atrae hacia Sor Pa­
trocinio, hacia Goethe, hacia la Reina Elizaheth.
Hay humanidad cuando en un’a obra de arte
mi vitalidad abandona ante ella su papel de especta­
dor e interviene activamente. T al en la biografía: mi
yo que vive se entremezcla con el yo que ha vivido,
•
se amalgama con él, sintonizarse identifica.
La novela,- por honda y profundamente huma25

�ña que ella sea, lucha siempre con la actitud previa
del lector: se trata de algo que debe su existencia ma­
terial a la imaginación del artista; ese mundo irreal
evidentemente le desagrega vitalidad, a la obra. En
cambio en la biografía el lector sabe que cada hecho
por mínimo que sea, es reflejo fiel de una realidad
que vivió. Ese mundo físico y psíquico preexistente
a la obra agrega, por el contrario, una mayor vita­
lidad.
N o escapan parejamente a1mi sagacidad los va­
lores artísticos ni los técnicos. Estos últimos, inferio­
res en su categoría, interesan sólo a mi curiosidad.
En la biografía clásica lo nuclear es precisamen­
te ese valor técnico, un relato de cómo fué la vida del
hombre biografado, qué sintió, cómo pensó; en cam­
bio en la biografía moderna no es un relato sínó un
volver a vivir, volver a sentir, volver a obrar, a ter
nor de lo qúe vivió, sintió y obró el hombre biogra­
fado. En la primera es un conocer, en la segunda un
revivir.
A modo de síntesis: Hoy hay humanidad en la
biografía y ésto es lo que interesa a mi v id a/M i sed
ele humanidad se siente saciada con los trozos que se
le brindan en esas obras categóricas de la época: tal
es el sentido humano de la biografía moderna. - Jarb.

�E x c é n t r i c a

��BREVE RESPUESTA A ORTEGA
Q uizás haya pasado ya el m om ento en que fuera op or­
tuno hablar d e O rtega. Es inevitable que quien lo haga hoy,
se ocupe a un tiem po del pensador español y de los chumbadores polem istas criollos. N o hay sin em bargo otro cam ino.
D e los d os ensayos que constituyen las Intim idades, uno
se dedica al paisaje y otro a los actores; claro es que quien
se busque entre los últim os, se volcará con fruición y avidez
en el segundo; y es este volcarse, este olvid o vital e instin­
tivo d e lo que no som os nosotros, este interés ególatra por
adivinar lo que un ex viajero pudo decir, a nuestro respecto,
la m ás paladina con fesión de verd ad que p od am os hacerle
al m agnífico trabajo de O rtega. D e la Pam pa nadie se acuer­
da; el pensam iento del filósofo, lleno d e honradez lógica,
consecuente con observaciones m editadas, precisas, seguras,
ha d ejad o d e interesar com o lo que es, com o ensayo de in­
terpretación, para obrar com o opinión m alévola, entresacada
d e un desp ech ad o diario .de viaje.
Y o creería acertar si dijera que su pensam iento ha tom ado,
por partes, caracteres m itológicos; lo s sesudos pensadores ar­
gentinos — d ecid id os a no leer a O rtega — hablan ya d e él
con una perífrasis lapidaria: “el señor que habla m al de los
argentinos” ; los escritores y críticos com patriotas han alzado
su d ed o — no tan eléctrico com o el d e H am let, aunque sí

29
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i. :

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más injustam ente severo — y han opuesto su v e to — m a­
ligno y sentim ental — al ensayo del español. Los dem ás ya
no hablan de O rtega ni del E spectador. Los dem ás, con un
“se dice" irresponsable, hablan de aquellas calificaciones —
“categorías" para ellos — que im portan a cada personal
lad o flaco: los guarangos d e Ortega, los hom bres a la d e ­
fensiva d e O rtega, el narcisism o de Ortega. Y b ie n : e3to es
n o haber hallado la estructura lógica d on d e se vertebra su
extraordinaria intuición d e viajero; es no habef reparado en
aquel lem a suyo, que él llam a paradójico: la verd ad del v ia ­
jero es su error. Y él nos ha dad o su verdad y su error.
N osotros lo en ten d em os así y hasta sentim os la vaga inci­
piente vocación de em prender ese cross country que es en la
A rgentina la superación de los guarangos. El error, de cual­
quier manera, es siem pre m ás filosófica posición que el ha­
lago fácil d e turista a que nos han acostum brado los viajaros
ilustres de Europa y A m érica, m ás desaprensivos que este
fino filósofo. N os han acostum brado en tal manera que hoy
no sabem os recibir con altüra unas páginas rigurosas, equiI distantes entre el halago y el vejam en.

B O L E R O
R avel, tom ando el bolero com o elem ento form al para
un “ ballet", crea su B olero com o un crescendo puram ente
orquestal.
C on un tem a único, consigue un primer plano vertical que
se extien d e en horizontal plasticidad (d esa rro llo ). Uij pri­
m er plano con tod os los elem entos de form a y sustanciación
sonora (construcción y estructuración del tem a con el tam ­
bor, que ya no cesará y con las m aderas com o calidad de
sonido en su e x p o s ic ió n ); elem en tos lanzados horizontalm en­
te en em oción artística del crescendo (construcción y estruc­
turación del desarrollo, pues diríam os que la form ación cons­
tructiva es la que com prende los elem entos extrínsecos de
sucesión, delim itación, superposición d e planos, líneas, etc.,
que en este caso sería la sucesiva exposición del tem a por

30

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í

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L ' f-1: ■ i

-• '

j

�Tos diversos instrum entos de la orquesta; y en la formación
d e estructuración se com prenderían los elem entos intrínsecos
del m edio m aterial de .expresión, en este caso, de la calidad
de timbre, color, em oción, sugestión d el sonido d e cada
instrum ento tom ad o individualm ente y en conjunto. C alida­
des m anifiestas en el B o lero ). ,
Y llegam os a palpar sencillez de form a constructiva con
un tem a que v a saltando de instrum ento en instrum ento en
form a individual, con reexposición en grupos instrumentales,
hasta caer al final en un gran “tutti” orquestal d e m aravi­
lloso efecto.
N o se había hecho nada igual.
Y es que en arte, la form a es un m edio que tiene valor
en sí misma. Es superable sin dejar d e tener por eso su valor
in dependiente formal, d ando al artista capacidad en sí misma
de superación expresiva. T o d o d ep en d e de “ cóm o” se las
m aneje. Esto se adquiere; lo que no se adquiere- (sin o que
se tiene o no se tien e) es el poseer el saber sentir el dom inio
com o m edio d e creación (e l no adormecerse^ en brazos de
la musa inspiradora). Y R avel se m antiene siem pre despierto.
P eto para su elogio se ha insistido en decir que el Bolero
es un alarde de técnica. Y esto sería quedarse solam ente en
la técnica. M ás aún, sería la gageure pour la gageure, dans
la gageure m em e. El contestar al cóm o lo ha hecho no sa­
tisface to d o el valor d e la obra, ni llena el sentido de ésta,
lo que no quiere decir que se d escon ozca la técnica com o uno
d e los valores prim ordiales del B olero, sino que la supera,
creando con ella m ism a un valor de em oción artístiba.
La prueba está que al oirlo nos deja ese angustioso pla­
cer de un m undo d escon ocid o que palpita ahora en nosotros
no d e m anera que lo veam os (asp ecto técn ico) sino que
subordina ese mostrarse al aspecto integral d e contenido,
pues el interés y la em oción aum entan progresivam ente.
R avel se com place i en irónica insistencia d$l tem a y nos
da una d e sus m ejores obras. Y el B olero adquiere valor en
sí m ism o, valor ya in d ep en d ien te de la personalidad del
autor, aspiración del verdadero artista. — I. B. M.

31

�BARRADAS
“ Le jour n'est peut-étre pas si loin oü les cubistes
authentiques, héritiers de Cézanne et de Seurat,
oseront á leur tour descendre dans la rué. lis y trouveront certainement motif á des cristallisations definitives. Livrant alors aux lévres d ’un fumeur cette
pipe trop souvent représentée inactive, mettant dans
les mains d ’un chanteur cette guitare insonore, ou,
d ’un lecteur, ce jóumal plié qui sont souvent ¡le
leit-raotiv traditionnel de la nouvelle école, ils prouveront ainsi leur foi en la seule teehnique capable
de porter au plus haut degré d ’épuration les matiéres que d ’autres, moins désintéressés, s ’amusent
encore á careser coupablement” .

*
A sí A ndré L hote, en 1 9 2 2 . A hora, ante Barradas, una
fluencia nuestra de la cita. U n m oderno, heredero cubista,
ha surgido a la vid a — a descendu dans la rué — y ha d es­
cubierto, creado, cristalizaciones auténticas: El hom bre de la
alpargata, La doración de los reyes m agos y pastores, — los
ojos que D ios nos ha d ad o han creído. N o una pipa activa,
ni una guitarra sonora (p or qué se habló d e m usicalidad
ante la pintura d e B arradas?) Sí, con fervor, la eternidad —
sentido o p oesía — que aflora en la realidad anecdótica:
d« una alpargata, la presencia del hom bre que cam ina la vida
en un descanso de m esa d e café; de una adoración, la em o­
ción cordial de la ofrenda, del ser enajenado en el encanto
d e la fe (quién olvidará el gesto tierno del R ey N e g r o ? ).
A caso, no com o pruebas d e la fe en la única técnica capaz
d e llevar al m ás felto grado d e depuración a la materia, Sino
el contenido espiritual com o confesión depuradora del secre­
to egoísm o del color, d e la forma, d e la calidad plástica,
(jam ás un m otivo).
C am inando ante estos cuadros — realidades para siem ­
pre, quietas ante nosotros — nuestro dinam ism o interior reco­
ge sucesivam ente el espíritu que insiste — ubicuo y ferviente
— en com unicarnos un hom bre. Pero este hom bre pintor

32

�ha vocalizado d os fraces unilateralm ente perfectas (1!, y su
m ensaje, su íntegra frase, sólo ideal, sintéticam ente en nos­
otros es posible articularla. H abla su espíritu: ha conseguido
diseñar su confesión -— El hom bre d e la alpargata — ¡ nos
da profundidad pictórica en el am biente gastado y ocre del
cafetín; casi espejism o y atm ósfera, las form as arbitrarias
rev ela n ,el alm a d e un pintor que Juego d e palpar la elástica
presión aérea de un rincón d e café la resuelve en ondulacio­
nes lineales, en m atices m onocrom os. Casi espejism o, porque
hay un más: ese hom bre; a m ás d e la intención plástica, la
vivencia em otiva, (jam ás un m o tiv o ). H abla su espíritu: ha
conseguido plasmar su confesión — A doración d e los R eyes;
— nos da materia — im ágenes, color — visualm ente labra­
da; v em o s rostros y g estos em ocionados, fervorosam ente sos­
ten id os por cuerpecillos dóciles a la voluntad plástica que
inm aterializa las profanas presencias vitales: la carne no sólo
no está, sino que y a casi ni existe. Cam inam os, y nuestra
virtual y centrípeta existencia en Barradas no p u ed e vivir: su
cuadro está ausente; su espíritu fluye, p oten te y categórico,
en nosotros entre d os riberas — profundidad y líneas, m o­
nocrom as; plasticidad y gracia colóricas culm inantes — , en­
tre d os riberas d el cauce ideal ansiado por nuestra intuición:
una pintura con am bas virtudes. — H . I. C.

.N

II

A n t e
B a r r a d a s
en
a c t i t u d
c r í t i c a .
Es decir, ante Barradas segundam ente.
Prim ero h e sen ­
tido (em oción , placer, d ic h a ? ) irracionalm ente, he percibido
que el cuadro en Barradas es y que lo siento. A hora sí en
trance d e com prenderlo trato d e buscar m old es para él, y
a tod o s escapa. S ólo uno m e queda, d e apariencia paradojal: es un pintor. Esa palabra pintor es para m í com o la ga-

( I ) C om ienza aq u í u n a v o lu n ta ria con trap o sició n sencillam ente
ex ag erad a de dos cu ad ro s q u e p resid ían las dos p rin cip ales p ared es
de la exposición.
m

33

�lera clásica d e los prestidigitadores, d e la que salen sin saber
cóm o ni de d onde, perros, chocolatines y tiras de papel for­
m ando la bandera argentina. Esa palabra, una sola, quiere
encerrar una definición. V a n o intento, pero tal vez por lo
extenso d e su significado, la única posible:
1. A unque tod o dogm atism o riguroso en arte es siem ­
pre falso, hay una conciencia form ada respecto a la materia
utilizable por cada actividad artística. A sí decim os, la música utiliza el sonido, la p oesía la palabra, etc. La pintura
usa del color. (Q u ien dice color dice im plícitam ente luz y
claro-oscuro).
Epocas ha habido en la historia d e la pintura en que el
valor entonces actual de su arte fue el relieve d e volum en o la
m usicalidad d e las formas. Pero en Barradas tod a materia
ajena escapa, com o no sea la especificam ente pura d e su arte.
A prisiona en sus telas con carácter d e eternidad un m om ento ,
de su apariencia, de esa apariencia sensible de las cosas que
él ha hecho eternas m erced a la pincelada, no, m ejor, a la
esencia de su pincelada recia y vigorosa.
D e ese ¿rom atism o colérico, de ese abigarram iento de
materia, sensible só lo visualm ente, surge el o b jeto d e su
cuadro, individualizado en su tam año, forma, lugar, natu­
raleza, jerarquíq. N o indeciso y nebuloso, sino vibrante y
definido.
La form a en él surge del color, sus bordes son com o d e ­
vorados por él, a diferencia d el dibujo en que los bordes
im ponen una disciplina tiránica a la materia.
2. Sabem os que Barradas — sus am igos nos lo han
contado — fué siem pre un vanguardistas su primera reac­
ción fué así un aban d on o consciente del m otivo, fué una
liberación qué im puso a su espíritu para poder ser libre. (A lg o
así com o cuando el eterno D on Juan, ante un am or puro,
previam ente quiere desem barazarse d e tod o otro lazo sen. tim ental).
N o hay en Barradas ni m otivo m ístico ni costum brista ni
p sicológico: U na A doración, una visión de los b ajos fondos
d e M ontevideo o un baturro catalán, sólo son pretextos para
una arm onía de arte. D ividir su obra en períodos y llamarlo

34

�hiístíco al que corresponde a sus últim os cuadros, es desen­
tenderlo.
A firm ar es negar toda posibilidad contingente: los que
han afirm ado que Barradas es un m ístico (n egan d o así to^a
otra exp licación ) lo han hecho no sé si superficialm ente, com o
quien dice d e un ¡=imigo que es buen m ozo sin mirarlo, o si
por espíritu estrecho d e clasificación dogm ática. ¿Barradas
m ístico? T o d a afirm ación lleva en sí im plícita una divergen­
cia, radical: Barradas es un m ístico o un pintor m ístico? V e a ­
m os cóm o se ha llegad o a esta afirm ación:
H ay relaciones m ateriales de las cosas que obligan casi
coercitivam ente al espíritu a pensar en ellas: así una A d o ­
ración, una im agen de la virgen, nos lleva a creer en el pin­
tor que las hizo, una fuerte inclinación religiosa, d e la que
aquellas obras son resultado. D ecim os que con ocem os una
cosa, cuando encontram os en ella algunas notas ya fam i­
liares a nosotros d e otras cosas. La con ocem os cuando p o ­
d em os relacionarla con lo ya conocido. Pero evidentem ente
esta relación, siem pre posible, puede dar lugar a ün con oci­
m iento vulgar por oposición a un conocim iento interesante,
bsí quien afirm a ante Josefina Baker que es una negra o ante
un hom bre d e m elena que es un poeta.
D ecir d e Barradas que es un m ístico es buscarle relacio­
nes vulgares, aparenciales.
El m isticism o es un estado del alm a — “una efervescen­
cia de la voluntad y el pensam iento” — qu e conduce al
hom bre a la posesión de D ios, El m ístico entrega toda su
alm a a él. El pintor, por el contrario, se entrega a su arte
con la m ism a d evoción . D ualidad irreductible: o se es m ís­
tico o se es pintor. G óm ez de la Serna lo ha dicho refirién­
d ose a una jo v en pintora española: “Se es pintora com o se
es una santa y una v id en te” .
La pintura m ística p u d ó ser posible com o lo fué la poesía
mística, m ientras el arte — individualm ente — fué expre­
sión d e estad o d e alm a. A ún así, el resultado de una tal
gestación p u ed e ser la obra d e un m ístico, pero no una obra
mística.
Para ser m ístico no basta ser cristiano, por fervoroso y

35

�d ev o to que se sea, es necesario que sea "encum brado filó­
sofo, teó lo g o o a lo m en os teó sofo, y hom bre que posea y
haya convertido en sustancia propia un sistem a com p leto
sobre las relaciones entre el criador y la criatura". La pin­
tura pudo ser y p u ed e ser aún un vehículo de esa fluencia
m ística de la vida, pero en Barradas d ejó d e ser um vehículo
para transform arse en uná estación de arribo.
¿ N o será que se ha querido decir que Barradas es cris- L
tiano? El uso d e m otivos cristianos no obliga necesariam ente
a pensar en una id eología pareja en el pintor m oderno. El
motivo para un pintor autentico sólo es un ap oyo (ca so de
los m otivos cristianos en B arradas); es ese últim o nexo que
une a la obra d e arte con la realidad que nos rodea. El m o ­
tivo es ese p iv o te d e bronce que une el cuerpo del hom bre
con el pedestal, para que la estatua no se caiga.
Sé que el espíritu d e Barradas no se v ió atenaceado en
sus últim os años por ninguna pasión mística. Busquem os ra­
zon es extra religiosas:
P robablem ente los m otivos cristianos eran los únicos que
le iban a permitir llevar a su arte a una desm aterialización
tan acentuada d e él. En los cuadros de su últim o período,
sólo se perciben d o s dim ensiones, ha ^perdido tod o grado de
profundidad, se han h ech o transparentes. Cualquier m otivo
de realidad le hubiera d ad o — aún a pesar suyo — una
esp ad alid ad que su espíritu renegaba.
La idealidad de las vírgenes y d e los reyes m agos había
d e favorecer su d eseo. (A p u n to esta explicación hipotética
sin ninguna base' d e certeza ).
3.
Largo, ancho y espesor son las tres dim ensiones de
los cuerpos. El cuadro só lo tiene dos, largo y ancho. Pero la
perspectiva le dió esa tercera inexistente: la profundidad.
H acer profundo un cuadro en el sentido d e realidad en­
gañada, ¿no es valerse d e m edios espúreos e ilegítim os? El
pintor m oderno en un arranque d e sinceridad, quiso que el
cuadro sólo fuera un plano. T al fué la conquista d e C ézanne
y tal es la virtud d e pintor d e Barradas. T od a espacialidad
m étrica ha sido suprimida. En sus cuadros sólo hay super­
ficie y superficie d e color. E llo explica —- si una actitud tal

36

«

: Y

''y

‘'

�puede ser explicable — la reacción d e un pintor nuestro
ante La adoración d e los reyes magos: ¡Es una alfom bra!
D e la alfom bra, una n ota que lleva al conocim iento vulgar,
la falta d e espacialidad profunda.
D ’Ors nos ha hablado de las form as que vuelan y d e las
formas que pesan. Pero en Barradas no ha}' ni lo uno ni lo
otro, puesto que para que haya vu elo o peso es necesario
una form a corporal y las figuras en Barradas, perfiles ace­
rados, ni vuelan ni pesan, están.
Su falta absoluta de profundidad — hablo d e sus últim os
cuadros — nos lleva casi a la negación de toda otra profun­
didad (esa que L hote propone llamar profundité picturale)
y que es esa fluencia d e la figura hacia afuera del cuadro i
esa v id a propia espacial que G uttero ha conseguido tan am ­
pliam ente en su Desnudo y que Spilim bergo nos muestra en
sus acartonados paisajes. En Barradas sus telas presentan
otra calidad; la calidad de tejido, sin relieve.
4.
Y su técnica es una nueva afirm ación de su esencia
geriuina de pintor. En la m uestra d e la W agneriana fuim os
percibiendo la ascención d esd e el Retrato de Antonia Láinez
al Paisaje de Sans, al Constructor catalán, al Hombre de la
alpargata, a Las tres Marías. Si al principio, todavía al ser­
vicio de las ideas previas, buscaba afanosam ente el m od ela­
do por tonos y porciones definidas, si su colorido se hizo
im presionista en su hora, al final parece com o si la materia
hubiera sido dom inada por su espíritu, m anoseada a su an­
tojo .hecha d e nuevo, en una palabra, poseída. La deform a­
ción no es m ás que el triunfo dél espíritu sobre la materia,
es hacer ésta d e nuevo, hacerle perder su individualidad
primera, reducirla a la nada para construir con ella un nuevo
ob jeto: la obra d e arte. E se triunfo se v é patente en las
m anazas del Constructor catalán que se nos vienen encim a
im poniéndose subyugantem ente al espíritu; en esa m esa d e
El hombre de la alpargata que se arquea b ajo el peso d e la
pretención baturra. La m ateria física en m anos del artista ha
perdido sus cualidades cósm ica-terrestres: se ha hecho elás­
tica y ubicua para ser pura expresión. A h í Barradas con una
deform ación pequeña consigue fuerza y vigor co m o en los

37

�dibujos anim ados e¡ ratón M ickey nos subyuga con su pbderío hundiendo el piano a cada golpe vigoroso de sus puños.
Eso que todavía en esos cuadros es deformación desaparece
en los últim os: la materia aquí ya no se deform a sino que
se ha form ado d e nuevo. Si antes guardaba alguna relación
con lo con ocid o por nuestros o jos — y esto es lo que origina
el concepto de deform ación *— ahora es todo nuevo. Ese
rehacer es la licencia perm itida al artista si su espíritu se lo
requiere. Son licencias que se justifican en el artista y que e)
rigor lógico racionalista no podría justificar en el hom bre de
ciencia: el artista y el hom bre d e ciencia operan sobre m ate­
rias distintas, éste sobre la realidfid que se expone a sus sen­
tidos y aquél sobre una realidad que previam ente se ha for­
jad o com o instrum ento expresivo d e su arte.
5.
Finalm ente, la enseñanza de Cézanne de que un
cuadro es ante to d o una estructura, es seguida fielm ente por
Barradas.
En La Adoración de los Reyes Magos se revela un arqui­
tecto d e plasticidades. Se im pone en ese abigarramiento de
figuras, un sentido geom étrico estructurado y aparencial. Las
figuras aparecen después, adquiriendo su verdadero lugar:
los cuatro ojos d e M elchor y Gaspar, el sem blante negro de
Baltasar, la cara descolorida d e la virgen, el burrito y la
estrella; aparecen para justificar lógicam ente nuestra primera
im presión intuida.
C om o ahte la tum ba d e D ebussy, sobre la de Barradas
correspondería el epitafio escueto, riguroso y pétreo de:
R A F A E L B A R R A D A S , PIN TO R . — Jarb.

�R

A

F

A

E

L

B A R R A D A S

���Correspondencia:

Corrientes

3060

Imp. M. Lorenzo Rañó ,Boedo 837, Bs. As.

��H O Y N O E S L I C I T O E
S C O R Z A R E L O E S T O
E N L O S M O M E N T O S S
U P R E M O S S E P R E C

I

S A A F R O N T A R T O D O
R I E S G O C O N U N A C O
NCI

ENC

I A T E M E R O

S A T U N A R J E S
O N T E M E R A R I
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I O MA R

O L U C I
A A N T

I C H A L A R

�</text>
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A
I

O B R E
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MER I
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S I N Q U I E T A S . S O B
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C A D E S T R A W I N S R Y
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I AC I O N E S D E L A A C
CI O N Y E L P E L I O R O
- B A N C R O F T - T R E S
AC O N C E P T O S D E L A M
U S I Q U E D E B E K K E R

���Mi! novecientos treinta y uno segunda parte

B u e n o s a i r *e t h a c i a f i n e s de ma y ó

�HORACIO I.COPPOLA
I S I D R O B. M A I Z T E G U I
JO SE LUIS RO M ERO
J. A. R O M E R O B R E S T

��Fotografía de H. I. C.

Hoja de C la v e de Sol

��S O B R E

CINE

��DE

LA

EXPRESION

El c i n e
a

m

e

r

i

c

a

n

o

Sobre cine nos es imposible decir nada que ‘ no
esté coaccionado ejecutivamente por nuestra vida
inmediata que llevamos mirándolo cotidianamen­
te. V ida que afirmamos con fervor al sentir, pen­
sar, querer lo que sentimos, pensamos, queremos so­
bre un fo n d o de preocupación — la fruición mayor
en nosotros— frente a esta novísima fuente de crea­
ción cuya existencia intuimos auténtica en el cine.
T o d o el cine que hemos visto ha decantado
nuestra perspectiva: la experiencia de nuestra sensi­
bilidad ha acrecentado, ha orientado nuestro fervor;
nuestra intim idad de años nos ha creado dúctiles y
em ocionados inquisidores. Hemos llegado a conocer
una dimensión del cine americano, breve e intensa,
"que de toda su historia puede idealmente abstraerse
para afirmar su verdad; una realidad evidente, escon­
dida en su presencia constante frente a nuestro senti­
d o más perfecto; este sentido que ante el cine pare­
ciera probarse com o el menos apto para hacernos ver.
A sí, ante el cine americano, entendemos decir impre-

�síoncs verdaderas tan sólo para algo que él contiene,
ese algo que bien puede ser él mismo.
A l abordar la selva del cine
, .
,
americano el hombre amigo
siente nacer en su interior una serena y fiel virtud jo ­
ven de ver hombres y vidas, vivientes y humanos;
%— esencia escondida y clara, auténtica vida presente:
objeto inmediato de la virtud de ver, de la capacidad
de intuir la verdad de La Danza de la Vida de intuir
la mentira de El Rey Romántico.
Perseguimos una comprensión del cine america­
no, buscamos su sentido valioso en su natural, íntima
expresión dirigida intrínsecamente hacia la exteriorización del ser histórico americano. Exteriorización
' valiosa de la vida americana, de la experiencia
histórica del hombre en América, (en los E. U .).
Y , en los films que nos exigen los califiquemos
com o auténticos momentos de vida americana,
(v. g., los films creados por un Griffith, un
V id o r ), exteriorización reveladora de vida peculiar
que del mundo el cineasta recoge interiormente según
una fluencia instintiva; ( instintiva e interesante, por­
que el film se vive según la determinación que para
crearlo ejerce la futura atención del hombre america­
no, el futuro interés del espectador del film ). P ro­
funda es la determinación interior del cineasta mis­
mo que al crear un film es espectador originário de
la vida americana. Espectador, luego de ser un hom ­
bre que integra históricamente la experiencia ameri­
cana. Y cineasta que vive, sufre com o hombre ameri­
cano, el impulso expresivo de esa vida. Vida, que es
el auténtico y natural objeto'de la voluntad de crea­
ción del film.
Dimensión valiosa del cine
americano: presencia
de vida.

8

�En éste sentido recordemos, ante el cine ameri­
cano, las palabras con que W a ld o Frank define la
esencial posición del artista americano actual (uñ
grupo de artistas actuales): “ . nuestros artistas...
Se ven literalmente obligados a sacar la forma plás­
tica de su visión, del plasma de su experiencia — sin
obedecer a la herencia conceptual o a la tradición es­
tética— . Esta nueva• creación directa de un mundo
form al con los materiales existentes dentro de noso­
tros, es lo que, y o llam o m étodo apocalíptico, y sus
elementos se encuentran en nuestras artes . , ; los es­
tudios fotográficos de A lfredo Stieglietz, pertenecen
a esta clase. T a l vez estos últimos sean (de las artes
actuales) su manifestación más americana, puesto
que la materia de la visión apocalíptica del hombre
( americano ) es en ellos un documento de la natu­
raleza y su instrumente: una máquina. W aldo Frank,
Redescubrim íento de Am érica; cap. Las artes actua­
les. ( 1 )
~
y
.
C onsiderando la vigencia . d e , esta obliga­
ción del cineasta de revelar en sus films la vida ame­
ricana. y reconociéndola com o una imposición
instintiva que inform a su voluntad de expresión, — ■
perseguim os comprender el cine americano como pro­
d u cto de una voluntad de expresión épica de la vida
americana. Es decir, que el americano filma su vida
histórica, la de los E. U . : que el cine americano es un
c o n ju n to de film s o imágenes que se refieren a una
réúlidad histórica evidente. De esta realidad el cineas­
ta americano, (el europeo que dirige en E. U. también
es cineasta am ericano), toma un trozo vivo para con­
ten id o del film que crea y este film es valioso por su
(1 )

Paréntesis y subrayado son nuestros.

„

"

9

�irrecusable fuente histórica primero, y p o f su calidad
de imagen evidente de esa realidad histórica, luego.
"r‘
£*
r
?. ' ' . Calidad de
evidencia

Sin indicar otros aspectos de fa épíca, comencemos por afirmar la ca­
lidad de evidencia del cine, para luego considerar en
qué manera puede ser instrumento específico de la ex­
presión épica del cineasta americano.
Analizando el cine documental se advierte: que
el objeto,film ado es n a U f a 1 e 2 a . es decir, un
objeto transcendente, independiente en su ser y existir
de la voluntad del que filma: que ese objeto naturale­
za es por parte de la cámara objeto de una “ transposi­
ción mecánica de los valores luminosos, de profundi­
dades y de estructuras de las formas” (Franz R o h }
en el espado, y de palores de sucesión, de profundida­
des y de estructuras en el tiempo. Se advierten, pues,
dos momentos de realización: el momento previo a
la cámara que es la naturaleza, y el momento de la
cámara que es la transposición de fe naturaleza, es de­
cir, un momento virtual entre la naturaleza y la-visión
por parte del espectador. Esta transposición es virtual
por ser una imagen espacio-temporal equivalente pa­
ra el espectador a ía visión directa de“fe naturaleza. La
equivalencia visual presentativa de esta transposición
es una equivalencia originada por la fidelidad inme­
diata óptica y temporal (una imagen por cada 1 j 16 s.)
de la cámara respecto de 1a naturaleza. T a l fidelidad
consiste en que los valores de fe naturaleza transpues­
tos por fe cámara conservan fes notas por fes cuales
el espectador puede efectuar una equivalente valora­
ción frente a fe realidad inmediata o imagen virtual
com o sí estuviera frente a la realidad mediata o natu­
raleza; es decir, hay fidelidad respecto a los valores

�expresivos de la naturaleza que, aunque parcial y limítada, es suficientemente completa com o para per­
mitir que dichos valores predominen — al estar vir­
tualmente presentes en el film—- com o valores que
residen en la naturaleza, que son de la naturaleza, más
que com o valores interesantes en su existencia en el
film objeto de nuestra visión. Estos valores de la. na­
turaleza, forman dos grupos que es útil puntualizar:
Valdtes expresivos y valores expresados.
Supongamos un film que presenta la vida de un
animal: ante este momento de naturaleza la cámara
transpone los valores que posee el animal com o ob je­
to de visión y de percepción temporal: estos son valores
expresivos. Pero este grupo íntegra parcialmente el
film, pues, es esencialmente vehículo de otros va!ores;
v. g., el estilo de vida del animal, su carácter: valores
expresados. Que estos valores expresados se apre- *
ci^n en el film con su auténtica calidad nos lo
dice Jean Epstein: “ Or cecí est le mistére cinématographique: un te! objet avec ce caractére personnel, '
c'est-á-dire. un objet situé dans une action dramatique
avec ce caractére photographié aussi avec lui, se reproduít cinématographiqúement en accusant encore
son caractére moral, son expresión humaine et vivan­
te/ * Así puede notarse la importancia de la fidelidad
del momento virtual, de la transposición, que permi­
te valorar la naturaleza con la calidad de evidenciaque caracteriza a su presencia inmediata. Es decir, que
ante el .film estamos ante algo virtual cuya esen­
cia consiste en anularse com o virtualidad para presen­
tar evidentemente su contenido. Es calidad del film
darse inmediatamente inverosímil com o virtualidad.

�Considerando un film
producido en un estuprocesos.
dio cinematográfico ha­
llamos notas que .denuncian la calidad de proceso ca­
racterística del momento previo a la transposición. Pa­
ra utilizar este análisis necesitamos diferenciar (n o
oponer) fotografía y film. El film es un conjunto de
elementos o imágenes de estados que se suceden ante
la cámara normalmente uno cada 1116 s. Cada#elemento es una fotografía eh la película y un estado en
la duración. Supongamos un film de dos minutos de
longitud que durante el primer minuto es producto
'de la filmación de un retrato fotográfico de una per­
sona y durante el segundo filmación directa de la per­
sona: los elementos del primer minutó son idénticos
entre sí, los del segundo son (a velocidad normal) 960
imágenes distintas. Es decir, 960 estados virtuales en
el film que corresponden a otros tantos estados reales
de la persona filmada. Evidentemente, por más inm ó­
vil que permanezca la persona ante la cámara* el film
es una sucesión, un cambio efectivo paralelo al de la
persona. Esta consideración material parejamente nos
indica, en la filmación del retrato, un suceder en el
film, pero que por el contrario no corresponde a un
cambio en el retrato, cuyo estado dura en el film según
sea la necesidad de contemplación por parte del espec­
tador. Es decir, que este suceder del retrato* en el film
es suceder, cambio, porque forma parte de algo que
tiene sentido peculiar: de un proceso de valores expre­
sivos. En qué manera condiciona dicha expresión el
film mismo, como momento virtual de estados expre­
sivos, se advierte considerando desde este punto de vis­
ta, fotografía y film. La fotografía indepen­
dientemente del film, posee el valor esencial de
L o s m o m e n to s

del' « i n e

c o n s id e r a d o s c o m o

I2

�Ser imagen plástica. Y su expresión plástica está
determinada por la relación existente entre el o b ­
jeto fotografiado y la segmentación que como
imagen hace de él la cámara. Fotografía es una
imagen de un objeto que se potencia por su calidad
de parcela, por su necesidad de tener presente (estáti­
ca) la segmentación como valor orgánico e intrínseco
a su expresión: la fotografía está condicionada por la
exclusión de lo demás del objeto (espacial y tem­
poralmente) en la medida que lo excluido importa o
no para expresarlo; para organizarse com o imagen
expresiva. (Estéticamente el valor de la fotografía
tiene por base el valor estético de la naturaleza mis­
ma. Franz R o h .) La calidad plástica de la fotografía
elemento del film ( 1 116 de s.) no es necesaria a la
expresión del film, pues ésta es independiente de la
del elemento estático, que de intervenir en el film lo
hace lujosamente. El aspecto plástico en el film es­
tá más allá de la fotografía-elemento: está en el pla­
no, pues el carácter del film es esencialmente dinámi­
co: plano es el conjunto (serie) de imágenes en uft
mismo ángulo visual. Es decir, que el film no segmen­
t a definitivamente la imagen en el espacio y, en tal
sentido, el film es la imagen que anula la presencia de
la segmentación espacial y se potencia por su.calidad
de parcela temporal, dinámica, cuya íntima expresión
está condicionada por el suceder, por el cambio de
■imágenes - estados unos en otros, que son elementos
del filrrí en cuanto exijen uno antecedente y otro con­
secuente. Film es una imagen condicionada por el su- •
ceder del objeto en un mismo ángulo visual de la cá-.
mara y por el cambio de ésja misma en el espacio al
variar de plano, de ángulo visual. Es decir, el momen­
to previo puede no ser proceso, v. g. el retrato; pero la

�transposición siempre es proceso, esencialmente, cuya
dinamicidad informa la expresión del film. La trans­
posición puede poseer valores plásticos que enriquecen
su expresión: en el dinámico equilibrio del plano, y. en
el elemento estático (1 ¡ 16 s.) perdurando, efímero y
múltiple, en el plano.
Ante el cine americano vemos que su voluntad de
expresión coincide inversamente, por así decirlo, con
tales calidades del cine: a la espresión del cine ameri­
cano es esencial la calidad de proceso evidente (m o ­
mento 'virtual que se anula com o virtualidad), pero
no son importantes las calidades plásticas. Ejem plo
exacto es el plano americano. Plano americano es
aquél en que el ángulo visual abarca la imagen, v. g.,
de una persona, desde una altura variable entre
las rodillas y la cintura hasta 'por sobre la ca­
beza. Si afirmamos com o plástica la imagen construi­
da,; armoniosamente íntegra, con valor estático con
relación al proceso, ante un plano americano por evi­
dencia 16 afirmamos com o lo menos plástico que
Puede darse; esto lo explicamos reconociendo su ca­
racterística virtualidad en extremo trascendente, por
el predominio de lo que pasa (valores expresados) en
el proceso del film sobre las cosas que pasan (v a ­
lores expresivos). ^El plano americano es la ima­
gen más inestable com o estado, ,Es más necesario téc­
nicamente cuanto la realidad de tal momento del
film interesa más com o realidad en relación con otra
que antecede o sucede, — que como objeto de con ­
templación, aún cuando posea calidad de tal. Y es
necesarip cuando esa realidad debe estañ a una distan­
cia visual próxima, para que veamos qué pasa. L os
iilm s de Chaplin, Sternberg„ de Greta Garbo, A l
Jolson y, especialmente, El Circo , Los Muelles de•

14

;;
•

«

�Jyew Y ork , Ánna Christie y El Cantor de J a z z , son
ejemplos de continuos planos americanos.
Persiguiendo
una compren­
sión del cine americano y luego de haber afirmado -—
presentando notas de interpretación evid en te-- que el
momento previo a la transposición es necesariamen­
te proceso en el film, y en qué medida el serio informa
la expresión que posee, analicemos en qué medida es
creado por el cineasta y qué contenido específico le re­
conocemos.
,
'
'
*
En un film producido en el estudio, el momento
previo, (que en el cine documental es naturaleza da­
da espontáneamente en su totalidad), es producto de
una concepción peculiar que de él tiene el cineasta y es­
tá inmediatamente condicionado por elíáf Está deter­
minado intrínsecamente según deba organízarlo com o
proceso que se realiza física y expresamente ante la
cámara, Siempre que ante la cámara todo esté y suce­
da espontáneamente obtendremos un film documen­
tal. En. el estudio o no, cuando algo se organiza fren­
te a la cámara por voluntad expresa del cineasta- el
film resultante es creación, esencialmente. Y la m íni­
ma creación por parte del hombre es intervenir en la
concepción del proceso com o tal; com o ejemplo báste
mencionar Sombras - Blancas en los Mares del Sur
frente a una documental en sentido estricto: Con Byrd
en el Polo Sur.
L o s m o m e n to s d e i c in e e e m o p r o c e s o s
o r g a n iz a d o s p o r e l c in e a s ta .

Es decir, que existe la posibili­
dad de crear un film organizan­
d o , según un proceso impuesto a la realidad espon*
Présasela ét vida.

�tánea un conjunto de fragmentos de naturaleza fil­
mados, fragmentos que componen una síntesis nueva,
humana en cuanto responde a la paladina y peculiar
concepción del cineasta.
Mas— siempre ante el cine americano— este pro­
ceso nos interesa en cuanto posee un contenido rigu­
rosamente humano antes que com o obra de hombre.
En el cine americano 'el cineasta recoje directa­
mente los estados expresivos de una realidad que expone ante la cámara. Su intervención al crear el
film es exponer ante la cámara, y con la cámara, una
realidad viva: un proceso con sentido humano. T a l
sentido humano significa la encarnación, por parte
del que vive esa realidad, (diríamos los. personajes
o, mejor, los hombres, las ciudades, las cosas,
etc., que son esa realidad), de una peculiar com ­
prensión del mundo y de la vida. Ante el cine
americano, ¿podemos decir que se expresan vidas
en los films que nos ha ofrecido hasta hoy? ¿N o
nos es posible decir ante un film de Chaplin, que
es una creación íntegra de un 'mundo que Carlitos nos
revela viviéndolo en el film? ¿Un momento espléndi­
damente humano no se nos hace evidente ante La
Danza de la Vida? Aquella :Muchacha; de Griffith
¿no es un momento coherentemente verdadero de
hombres y mujeres americanos, de vida americana?
Pero la vida aparece en el cine diversamente. U n film
nos trae un mundo, una vida, y otras veces un actor
con su auténtica vida p o r sobre la del personaje. M en­
cionemos films en que el mundo y la vida de los per­
sonajes informan rotundamente la expresión del
film, y en que el actor igualmente aporta su vida au­
téntica para crear a aquéllos. Primero, desde luego,
cualquier film de Chaplin y expresamente un error

16

.

.

%

�de Chaplin: el final feliz de La Quimera del Oro . U n
error que es lina infidelidad de Chaplin a la peculiar
comprensión que del mundo y de la vida encarna Car­
litas, una infidelidad a su destino que, después de ha­
berlo creado, a Chaplin sólo le resta cumplirlo coheren­
temente, (error confesado por C haplin), Y ahora el
film profundo que es El Cantor de Jazz. Su dramaticidad reside en la oposición radical de dos mundos, de
dos vidás — de dos comprensiones del mundo y de la
vida— el padre cantor sagrado y el h ijo cantor de
jazz. El padre cree alcanzar a D ios con los cantos tra­
dicionales en la sinagoga; el h ijo también cree,
llegar a D ios con sus canciones. C on fervor el padre,
Mno tiene más h ijo ” , con fervor éste sigue su camino
. profano, (profan o acaso tan sólo para su padre).
C óm o hay una afirmación radical de vida es imposible
no advertirlo ante el momento más angustioso de tal
oposición: la elección del h ijo entre cumplir consigo
mismo, con su vida de cantor de jazz y cumplir com o
hijo. (Es útil hacer notar desde ya que, a más de re­
velar la existencia de una vida, esto significa un inte­
rés en revelar esa vida insistentemente, antes que cual­
quier pira cosa. j Es una oposición esencial, conside­
rándola parte de un proceso, ex presable vital, directa
y visualmente. L o que en una obra literaria sería craso
error constituye, en este film, la culminación expresi­
vamente fiel de un hombre, que posee valor positivo se­
gún la comprensión -que del cine americano persegui­
mos. Mencionemos aps momentos más de vida ejem­
plares — de intensa sugestión humana— : los sermones
del profeta Ezequiel en Allelujúh! y el sermón de
El Peregrino de Chaplin,

�El error en la presentación dé
*
ja vida, que el cineasta nós trae
en el film, se advierte cuando el sentido de esa vida
queda anulado por su incapacidad para cubrir 1.a vi­
da propia del actor; (el actor malo en cine — tenien­
do en cuenta la edad del cine y el cine a m e rica n o sería aquel actor incapaz de vivir la vida creada y es*
pecialmente en no saber vivir ante la cámara ni la vi­
da propia). Que la vida del«actor -— y no com o vida
de “ actor” — cubra la del personaje por deficiencia
vital humana de éste y por autenticidad de aquélla,
es extraordinariamente visible en los films de A l
Jolson y de Greta Garbo por dos razones: riqueza
vital de A l o de Greta y por hechura standard del
personaje. En este último caso el espectador del film,
v. g., de A l o de Greta, no queda defraudado por la
realidad torpe y artificial del personaje, pues, advir­
tiendo la presencia de una vida auténtica adyacente,
dirige su atención hacia la más veraz de las vidas y,
ante El Loco Cantor o ante Orquídeas Salvajes, co­
labora con A l o con Greta para vivir sus vidas.
También muchas novelas se leen corrigiendo el
peso muerto del personaje escrito favoreciendo la v i­
da del personaje que debió ser presentada; no haría
otra cosa quien cerrase los ojos ante el beso final de
La Quimera del Oro y reviviera interiormente el Carlitos fiel a su ser que se aleja inquietamente por la
llanura nevada,
S u p e r a c ió n

del

personaje.

*

El proceso de estados expresivos el
cineasta americano lo organiza an­
te la cámara con un conjunto físico que responde di­
rectamente a su intención de presentar naturaleza, v i­
da evidente: p. ej., en El Pirata Negro de Douglas

E l v a le r e s p e c ific o
a m e r ic a n o

•

�Paírbanks, la fragata facsímil. Hemos analizado en
qué manera el cine satisface com o instrumento la
voluntad del cineasta americano: es así que no intere­
sa la imagen en la visión de un film sino la realidad —
el americano nos sumerge en la realidad que se ve.
L o que importa antes de la máquina — lo que im por­
tará después de la imagen— es ese proceso vivo con
sentido humano. Este específico olvidar la imagen
del cine americano no significa un olvido del cineas­
ta: éste organiza imágenes que se anulan y desapa­
recen com o tales frente a la vida americana que con ­
tienen.
_
.
•

Superación

del

La creación responde a una deter- •
mínación histórica, a una expe­
riencia americana. El film está constituido de imáge­
nes de algo que fué y sucedió concretamente en el
tiempo y en el espacio. La creación del -cineasta
responde voluntariamente a una intención que bus­
ca presentar históricamente algo reproducido ante
la cámara; algo que es experiencia americana y
que también es oportunidad de ser revivida por el
americano. Revivida com o vida históricamente con ­
creta, no com o pasado, no com o futuro, sino com o
devenir histórico presente ante el espectador del film.
Y es en este sentido que se puede considerar una ex­
presión épica de la vida americana. Aunque tal o cual
film no pueda ser un determinado momento o suceso
histórico americano, siempre existe una referencia
histórica irrecusable de algo que es presentado en tal
o cual film.
tie m p o .

H is to r ia

y cine

a m e r ic a n o s .

ce un

panorama

El
desarrollo
histórico
de Estados Unidos ofre­
de hechos que
el cine ame*

en

�rica no son necesarios, tn eí sentido que ei film
solo cuando a ellos se refiere adquiere y posee p u ­
reza interior, veracidad, auténtica vida. Si partimos
desde el advenimiento del cine en Estados Unidos
vemos en él un desarrollo de aplicación del cine a
lo histórico nacional. Un desarrollo acaso parejo en
su progresión expresiva con el desarrollo histórico
desde la conquista del j territorio hasta los m o­
mentos actuales; ya que el cine más rudim entaria
técnica y psicológicamente dedicábase a temas d ?
aquella primera vida americana propicios, por de­
cirlo así* a esa su calidad. Avanzando luego hacía una
mayor pureza de creación (de realización) presenta la
vida mas reciente norteamericana con profundidad y
riqueza expresivas correspondientes.
Concretando, pueden ^considerarse — &gt;grosso m o­
d o—- los siguientes períodos del cine americano; la
vida posterior a la colonia; del coa; boy; de la
conquista del oeste (oeste del que ya Douglas Faír*
banks llegó a presentar un tipo moralmente urba­
no) ; la conquista del oro (el director Clarence Brown
ha filmado The Trail O í 98, su propósito ha sido
reproducir una célebre marcha histórica de hombres
hacia el oro del n o rte ); la época industrial; la época
actual (que ofrece un campo humano capaz de ins­
pirar The re is a Ctowd de King V id or; el m undo ne­
gro de Hallelujah!
.
El conjunto de films que constituye una estric­
ta y directa expresión de vida americana es valioso
por su inmanente exigir una evidente realización his­
tórica. Necesidad consecuente con la satisfacción al­
canzada por la sedimentación histórica de su con­
ciencia de grupo social, por su sentimiento de pro­
pio devenir,— acaso por el imperio de la vitalidad

20

�que se manifiesta, se exterioriza, Exigencia de un
valor que no es 'estético, que no es espiritual,
sino valor de vida, sugestión humana. Es en tal sen­
tido que creemos interpretar los detalles que insisten­
temente presentan en El Cantor de Jazz su vida, con­
secuentes de una voluntad de revelar esa vida antes
que cualquier otra cosa.
Persecttclóa de
tiatara!;
El interés que el cineasta
■
.
piástíeo.
encarna al presentar la v i­
da coacciona su obrar técnico. El cineasta organiza
ante la cámara un m undo facsímil del mundo
americano. Mencionemos el trabajo del actor. U n
personaje en el argumento deja de serlo en el film :
cualesquiera sea el estilo propio del cineasta al dirigir
a un actor, éste último satisface la voluntad ameri­
cana en tanto es capaz de vivir ante la cámara su
más personal vida, el ser más auténtico e íntim o—
debe ser el personaje.
’
T a m p oco de esa vida de ese hombre film ado
se persigue una imagen plásticamente valiosa (pre­
dom inio del plano americano), ni se recogen colores,
C om o encanto visual, com o placer sensible la imagen
concreta en la pantalla sólo posee valores secundarios.
La transposición peculiar de vida que es el cine ame­
ricano llega a nosotros a través de una escala de valo­
res incoloros, por así decirlo, constituida por matices
de gris, p. ej.: Soledad, La Batida, Anna Christie,
Hallelujahl La vida misma transpuesta en la imagen
es una realidad plásticamente secundaria, pues, no in­
teresa inmediatamente com o tal.
V . G., en el d ibu jo animado la realidad está vir­
tualmente ante nosotros en imágenes esquemáticas
que han transformado esa realidad en otra descarnaJe
d e s in te r é s a n te el a r p é e la

�da en beneficio del suceder y de las modificaciones
— metáforas— que sufre transcurriendo y que con­
siste en crear, irracionalmente puro, el suceder huma­
no o vital de un ser irreal en el tiempo y en su forma.
( El Gato Félix , la %7oluntad, el pensamiento de Fé­
lix !) .
**

.
Ntrreelón.
CnHdid
, lit

El eme americano nos presenta
.
,
la vida com o valor ae naturaleprim
itift.
,
.
«
.
.
.
.
.
*
r
za narrada evidente y dinámica;
una realidad que el americano vive com o presencia
de seres, de cosas sin trascender de este valor
presente (diríamos sin teleología extrínseca a su
vivir, a su ser que sucede). El cineasta crea, por
así decirlo, un proceso que es la necesidad mínima
para que la vida sea captada en su esencial as­
pecto dinámico; y su comprensión de la cámara co­
mo instrumento obedece técnicamente a su intención
de narrar. Formas narrativas son los films de Chaplin,
de D. Fairbanks, de Sternberg. Este predominio natu­
ral que ejerce en el cine americano el momento natura­
leza es afin a la calidad primitiva que posee el cine
com o instrumento o lenguaje de expresión estética.
Eñ las obras épicas advertimos una posición jerárqui­
camente superior de lo épico narrado, es decir de lo
narrado en la epopeya, respecto al narrar mismo, a la
epopeya. Para la épica el lenguaje y la narración mis­
mos son, antes que nada, instrumentos, medios virtua­
les; sea intrínsecamente por falta de valores interesan­
tes propios, sea por exceso de interés en lo épico. Pues,
su fin no es primordialmente estético dada,la vigencia
de lo histórico y la voluntad de revelar lo que en m o­
do cierto ES. Y el cine americano evoluciona hacia
una riqueza que obedece directamente a la voluntad

�de expresión (n o voluntad de belleza), voluntad ge­
nerosa de vida que quiere expresarse inmediatamente
com o vida,— el valor estético existe frecuentemente
adyacente. La calidad primitiva se manifiesta en el
film por su valor estricto de. imagen presentativa no
sólo cuando la realidad es de expresión más vigorosa
sino también cuando carece de valores que sobrepasen
la propia realidad de la imagen. La imagen o film
es transparente. La existencia, la expresión viva que la
realidad posee supera su presencia.
Ante el cine americano ¿nos es posible, entonces, hablar de expresión
épica de la vida americana? nuestras
consideraciones justifican la .afirmación de que existe
una voluntad de expresión épica?
El cineasta americano filma una realidad cons­
cientemente fiel a la naturaleza; recoge con la cámara
un film que responde directamente a esa realidad;
el cine es un lenguaje que obedece específicamente a la
voluntad de narración evidente y concreta; esta v olu n ­
tad se realiza coherentemente viva con vida histórica
americana; ante el film el americano revive presente»,
atempera!, la experiencia americana; ía presencia del
film importa directamente por sus valores estricta­
mente reales y humanos; — si estas conclusiones son
lícitas, si pudiéramos afirmar a continuación que el
americano vive ante el film una proyección de su des­
tino, el cine americano posee valor épico.
Valor épico

.

H. I. C.

y

•

v

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iV': , ,&gt;/

��DEL

TI EMPO

T r e s

a r t es i n q u i e t a s
Novela, teatro y cine: he aquí los tres reinos
que se mueven en la cuadrícula xiel tiempo. El tiem­
po los ha* condicionado, les ha prestado la armazón
en donde estructurar sú polifurcación- de enredadera.
Han reconstruido el drama humano sobre la tela de
araña de los minutos.
Novela, teatro y cine, han hecho en cambio un
auténtico favor al tiempo: lo han triplicado, lo han
hecho abandonar su reducto reíojeril; de la torre del
campanario lo han hecho bajar a la tierra, y subir
después al más escondido rincón del hombre. El tiem­
p o no es ya ese fantasma que deja at?ás la aguja. En
realidad, el tiempo, así, en abstracto, ya no es. En el
hombre — en el hombre, claro es, que piensa y que
siente— - el tiempo ha adoptado posturas más huma­
nas, que dejan traslucir un poco menos la rigurosa
impulsión del resorte de acero. Novela, teatro y ciñe
han hecho tres tiempos distintos en el indeciso medi­
tar del hombre que piensa y que siente,

-

2$

�La vida — olvidaba decirlo»— es también un
acontecer en el tiempo. Pero la vida de cada uno
transcurre simultáneamente en dos sistemas tempo­
rales por esencia dispares. Por una parte, nuestra v i­
da, contemplada de fuera, com o meros espectadores,
se encuentra condicionada por un tiempo común, ca­
nónico, al cual se reduce y amolda, torciendo, contorsionando su íntima estructura. Vista de dentro
por el contrarío, el tiempo en que transcurre nuestra
vida recibe de ella una acentuación emocional, perso­
nal y característica. Cuando contemplamos a un
hombre que duerme, medímos en horas su reposo:
nueve horas de sueño. Pero he aquí que nuestras/nueve horas de sueño no pueden entrar en forma algu­
na en el ámbito de nuestra experiencia vital; son nue­
ve horas reducidas a cero en nuestro índice de tiem­
po emocional.
Á veces la reducción se hace a una más dramática
escala; el hombre que espera — una mujer, una noti­
cia, una catástrofe— se nos aparece com o un señor
preocupado por aquello que aguarda. Pero en tanto
que llega, el tiempo que transcurre se anima con una
gravitación emocionar de la que nada sabe quien con­
templa sin aguardar. Esta cuadrícula del tiempo %es
sin duda algo más que un rígido a prioti; ¿Qué es
aquella frase romántica de vivir intensamente, sino
poner un handicap sobre las horas?
En realidad, el buen burgués, metódico, cuya
vida interesa a penas por ser el mínimo posible de
vida, sólo lo es por haber intentado — y logrado aca­
so-— una absorción de este segundo tiempo, de este
que nos es íntimo' y propio, por el primero, por el
tiempo standard e impersonal. El buen burgués ha re­
nunciado a la lucha por imponer a la vida su pecu2Ó

�liar cronísmo y para remediar este vacío ha buscado
el tiempo mercenario del reloj y del almanaque, un
tiempo que se compra, y que él sabe meticuloso y
desalmado. Eso es el buen burgués, un hombre que
vive una vida que no es tanto suya com o del alma­
naque y del reloj.
T od a acción es una proyección de
quien la ejecuta; su obrar responde
así a otra realidad., aquella que se proyecta, y que en­
tre tantos nombres podría llamarse por ejemplo, espí­
ritu, En la vida cabe entonces distinguir esas dos rea­
lidades, paralelas, pero con un índice vital radicalmen­
te dispar. Por una parte, la acción, la proyección hacia
fuera, en donde lo esencial es el devenir, el produ­
cirse. Por otra la íntima vivencia correspondien­
te a cada acción
y aun la que vive sola, fo r­
mando ella misma un estado anímico, sin p ro­
yección alguna. A l primero, a la acción, al p ro­
yectarse hacía fuera, corresponde ese tiempo cuya
más exacta representación sería una línea, ya que
lo que importa eú cada instante, es la llegada
del siguiente, así com o cada puntp de la línea impli­
ca un punto más agregándose para continuarla al
infinito. La acción tiene precisamente esa contextura.
Cada instante de la acción considerada com o tal, es
apenas un eslabón .en una cadena.- Hay en cada m o­
mento de ella una urgencia de otro momento, que
siendo para ese instante anterior, consecuencia, es a su
vez m óvil de otra futura acción. A i segundo, a la ín­
tima experiencia de cada uno, corresponde ese otro
tiempo cuya anatomía es un poco más difícil de de­
terminar. L o esencial en él es que es un tiempo'retar­
datario, un tiempo sin urgencia alguna, cuya más

�profunda delectación consiste en contradecir ia eró'
nométrica fuga del tiempo. En cada momento, núestro sentido de lo temporal siente pesar sobre sí mismo
la gravedad de todo nuestro m undo interior. Y a no
hay aquí urgencia alguna por cumplir el imperativo
mandato de correr, de correr siempre por sobre la
horizontalidad del tiempo. Mas bien diríase que to ­
do nuestro sentir se dedica con íntima fruición a al­
terar el ritmo de vivir. Es este en cada instante un
vivir vertical, insistente en cada momento, un vivir
que quiere darse profundidad en cada uno de los
puntos de su ineluctable trayectoria. Quizá podría
decirse que el tono de la vida de 'cada uno se determi­
na en gran parte por cual de estos dos sistemas tem­
porales prime en el com plejo de su alma.
_

Siempre que se lleva a las artes — a
estas artes inquietas-— la vida misma,
estas dos faces suyas, con su correspondiente corolario
temporal, se disputan el primado sobre la expresión.
Novela y teatro prefirieron siempre la acción, más aún,
creyeron que eso eran esencialmente. Entonces, cuan­
do ambos desarrollaban solamente la acción, era el
tiempo-normativo, el tiempo canónico el que condi­
cionaba su expresión. Sólo las grandes novelas evi­
taban ese estrecho sendero y lograban imponer al gé­
nero la impronta de su generosidad espiritual.
Pero he aquí que el género novela, com o lo ha
señalado Ortega, ha ido agotando la posibilidad de
que su tópico esencial sea la trama y empieza a exigir
lo que de siempre se sentía com o constitutivo del gé­
nero, una morosidad, un detenimiento, incompatible
en cierto m odo con la acción. Es que en efecto, la
acción se nos antoja- ya en la novela, com o en el tea28

,

*

�tro, algo elementa! f subalterno; algo que siendo
inevitable no es ni xon mucho lo fundamental. Otra
cosa es pues lo que buscamos, y está ya la novela,
com o el teatro; procurando encontrarla. La novela
contemporánea nos da sin embargo ya ejemplares
cumplidos de ese nuevo producto, de los que y o que­
rría dibujar con suficiente precisión la nueva retícu­
la temporal. Proust. Joyce y James serían los que yo
elegiría sí tuviera valor y audacia para emprender un
detenido examen de esta nueva temporalidad nove­
lística. N o teniéndola, será Proust sin embargo quien
ayude a determinar vagamente estas nuevas rutas del
novelar.
^
¡
Y o no vacilaría en afirmar que para Proust el
tiempo no existe. L o que en Proust es ocurrir, deve­
nir, transcurre por entero fuera del tiempo. El pasa­
do com o tal, esto es, respetando su peculiar aspecto
en nuestro espíritu, contiene en sí mismo una serie de
elipsis temporales, de amalgamientds de situaciones,
de reducciones a un mismo denominador sentimen­
tal de las más alejadas circunstancias, que impide en
absoluto establecer relación alguna con lo que en el
género es habítualmente devenir de la acción. Proust
ha suprimido en absoluto la acción en sí misma; los
breves paréntesis en que la acción se cuela, lo hace ca­
si subrepticiamente, con gesto de azotamiento y bre­
vedad de crónica. Es que la acción, en efecto, no inte­
resa aquí y su existencia se justifica solamente ad­
virtiendo su calidad de antecedente, de referencia inex­
cusable para una posterior comprensión. En la ga­
ma de pensamientos enhebrados en h reflexión de
Proust, la acción no aparece sino proyectada en este
com plejo sistema de relaciones en que se aúnan las
meditaciones y ios recuerdos. Recuerdo y meditación,

�hecho presente o revivido — ei presente en Proust es
siempre un poco pasado— y estados de alma, eso es
lo que constituye en cada instante el segundo fugaz
de Proust; y esa nueva entidad — nueva en la nove*
la, de siempre com o experiencia vital— escapa a la lí­
nea horizontal del tiempo sin profundidad, ese tiem­
p o con que se regulan las salidas de los ferrocarriles,
ese tiempo patrimonio del buen burgués,

AIüsíób y

Y a en “ Ideas sobre la novela” , (*■)
señalaba Ortega com o fundamental
en todo arte la distinción entre la mera alusión y la
pura presencia. El género — agregaba— se ha ido des­
plazando de la pura narración que era solo alusiva,
a la rigorosa presentación.
A estas dos posibilidades artísticas responde la
adopción de uno u otro sistema temporal. Para la
mera alusión, para la proyección en un piano literario
más o menos arbitrario, el tiempo regularizado ofre­
ce su cronométrica exactitud. La mera alusión no
puede exigir más, porque su contextura de eterno
espectador, su situación de espectativa con respecto
a la vida — un plano paladinamente distinto del
suyo— exige esa especie de prescíndencia con lo que
sea íntima reacción, con lo que se vincule íntimamen­
te a la más profunda experiencia vital de cada uno.
Esto es lo que no puede soportar la presencia autén­
tica; cuando la obra de arte ha renunciado a situar, se en un distinto plano con respecto a su contenido,

presencia

(*)

30

8i acaso hubiere lector a quien todo esto le interesara,
yo creo que el libro' de Ortega y Gasset que cito, con su
amplia distinción entre estas dos nociones, le resultaría
muy interesante.
7 .

�lia renunciado implícitamente a todas ías ventajas
de esa especie de omnípresencia permitida por el no
entrar demasiado profundamente en-cosa alguna; pe­
ro ha adquirido un derecho nuevo, el de sumergirse
en aquello que constituye su peculiar preocupación,
De ese estado.de intimidad, de saturación, resulta en
la obra artística de este tipo una absoluta ausencia
de lo convencional.' de los supuestos que hay que admítír, una ausencia de lo que se llamaría el andamia­
je del artista. L o único que es lícito en la obra de
arte es ahora la substancia misma, aquello que vale
por sí solo, aquello que se ve, no aquello que se re­
fracta apenas. A tal sentido de la realidad, de la au­
tenticidad de las cosas, no puede convenir un tiem­
p o patrón, ese tiempo que corresponde en nuestra
vida al de la superficie que miramos, nunca a la in ­
timidad que vivimos. Es ese otro tiempo que y o se­
ñalaba com o el más legítimo patrim onio del hombre
que piensa y que siente, el que cuadricula la realidad
de este tipo artístico.
El m undo de Proust, eso que él llama su tiem~
po perdido no está constituido en m odo alguno por
referencias literarias, por proyecciones arbitrarias de
un m undo cuya complejidad sólo se sospecha porque
insistentemente se habla de ella. El m undo de Proust
se ofrece íntegro, con esa turbiedad de lo que es de­
masiado com plejo para prestarse a la fácil disección
del artista. Quizá sea por eso que el artista no intenta
aquí disección alguna; le basta con que la realidad
se de en su auténtica estructura, en toda su íntima
com plejidad.-Esta com plejidad tiene imperativos de
una extrema exigencia: es necesario respetar su con ­
textura peculiar y no es posible respetarla si se la
adapta al ritmo - —uniforme, rítmico~ d e la acción.
3i

�El mundo de Proust, para poder conservar su esen­
cía! estructura, ha debido renunciar casi en absoluto
a la acción. Esto que nos ofrece es más complicado y
más íntimo; sU devenir no se condiciona en m odo al­
guno por el imperativo del devenir. Conserva su pe­
culiar intensidad temporal, responde en cada instan­
te a su espontaneidad y se detiene sin apremio donde
así lo exige la calidad emocional de la hora. N o p o ­
día ser de otra manera; hay una exigencia vital ine­
ludible en la novela — en el arte— de hoy. Y es este
sentido, este intuir de lo vital, quien impone esta
gravitación subjetiva del tiempo.
#
‘

-

^ara

,

marc^a desde la
'
mera alusión hasta la auténtica pre­
sencia que Ortega señalaba para la novela se cumple
plenamente. El teatro tradicional - —el romántico so­
bre todo— ofrece al espectador un desarrollo; este
desarrollo se cumple sobre -la escena, siendo la dura­
ción de lo que ocurre poco más o menos la real, esto
es, que sobre la escena se contemplan más o menos
dos o tres horas de la vida de un cierto número de
personas: unas veces estas horas son continuas y
entonces se eligen entre aquellas decisivas en un
sentido cualquiera; otras veces son distanciadas y
entonces se toman entre aquéllas que ion sucesivas
con respecto a una misma situación espiritual. A veces
los cuatro o cinco actos de un drama romántico desen­
vuelven la mayor parte de la vida de un hombre. En
realidad de esta vida no transcurren en la escena sino
unas partes, unos episodios, unas anécdotas más o me­
nos significativas, Pero junto a eso, aparece com o ad­
herido a lo que transcurre toda una enorme serie de su­
cesos que se ven aquí refractados, traducidos de acción
S í te a tro

'3?

te a tro '

�efectiva que fueron, a narración que de ellos se hace
para que el espectador los tenga presente cuando suce­
da lo efectivo y real del drama que se representa. Pa­
ralelamente, simultáneamente, el teatro ofrecía dos es­
feras distintas de sucesos: aquellos que se veían — esto
es, aquellos que transcurrían durante el tiempo que duraba la escena— y aquellos que se decían en apartes,
en.conversaciones provocadas, en soliloquios, para lienar los vacíos de la información del espectador. Esto*
naturalmente, era inevitable. La unidad de escenarios
-—tres, cuatro, cinco a lo sumo— exigía que las esce­
nas se sucediesen temporalmente en tal forma que pu, diesen sin violencia ocurrir en un mismo lugar. De
aquí $ue existiera una exigencia inmediata, previa a
todo criterio artístico, de índole puramente material
y física, de evitar todo lo que no pudiese amoldarse
a la limitación espacial. T o d o aqqello que no podía
ocurrir en los escenarios disponibles, el autor lo hacía
ocurrir fuera y lo comunicaba al espectador mediante
, un artificio más ó menos feliz, Y para el espectador el
espectáculo se desdoblaba porque ai tiempo que pre­
senciaba lo que sobre las tablas ocurría, debía ir com ­
poniendo esas referencias que se narraban en un siste­
ma concordante con lo que veía.
Esta exigencia que yo decía de orden puramente
material, no lo es tanto si se atiende a su evolución.
El teatro no ambicionaba ser de otro modo, porque
en tal forma satisfacía su aspiraran artística sin sentir amenguamiento de posibilidades. Pero este ocurrir
falseado, narrado, que se cuenta al espectador, tiene
para el hombre moderno un defecto esencial, El hom ­
bre moderno tiene un aparato visual muy agudo, d o­
mina la técnica del ver y el oir, y no puede evitar mientras oye la narración de algo en boca de un personaje
'•

.

•

-

33

' ,

*

«■

�la desazón que le produce el adivinar que eso no ha su­
cedido jamás. Frente al teatro tradicional nuestra sen­
sibilidad de espectadores nos permite asimilarnos eso
que vemos y en ningún momento asociamos a ello la
elemental idea de la ficción. Pero he aquí que cuando
las cosas no aparecen sobre el tablado sino que son na­
rradas por un personaje, el espectador se siente sacudi­
do y sacado de ese mundo en donde — falsas o no—
estaban ocurriendo cosas. De golpe el espectador com ­
prende el mecanismo de la farsa y asocia — trágica aso­
ciación— la idea de la aventura con la burocrática idea
del actor. Esta idea es fatal en el teatro; su aparición
implica destruir el poder constructivo del teatro, el
poder constructivo de un arte, esto es, su mejor tirtud.

�plástico se ha introducido en el teatro com o tín contra­
peso ineludible para restituir a la realidad su especí*fica complejidad, y se traduce en dos sentidos, mate­
rial uno y dramático el otro. Por una parte el au­
mento de escenarios — su calidad plástica considerada
com o parte integrante del teatro— que consigue cons­
truir bloques de realidad de una más cumplida estruc­
tura. Por otra, la trama que ha adquirido un sentido,
en cada una de sus partes, para hacer de ellas entida­
des de valor absoluto: U n acto de “ Simoun” o de
“ M a y a ’ es a un tiempo elemento y todo; su construc­
ción revela una especie.de íntima estaticidad, algo co­
m o si existiera en él la convicción de que constituye
algo terminado y cum plido; para el espectador, una es­
pecie de cuadro vivo, cuyo sentido último se conserva
en el recuerdo para estructurarlo con el sentido de to­
dos los otros. Esta estaticidad, esta plasticidad que se
agrega ahora al teatro, determina en su sistema tem- •
poral una singular renovación. Aquel tiempo proyec­
tado, literario, en que se estructuraba aquella acción
narrada — no presentada— se ha visto desalojado pa­
ra dejar.solo, al tiempo peculiar de la pura presencia.
Cada escena', cada block, diríase, de cualquiera de las
más puras expresiones del moderno teatro — L ’ homme et ses fantómes, Simoun— aparece sin esa exi­
gencia temporal que implica la acción, esa exigencia
de determinar implícitamente cuándo ocurre con rela­
ción a otro suceso, cuál es su efectiva duración. Su •
misma complejidad crea entonces ese ritmo retardata­
rio, con una especie de fuerza centrífuga que intenta
apartar lo sucedido de la ubicación temporal inme­
diata. Tóm ese por ejemplo el cuadro V IIE d e “ Sim o u n &gt; e inténtese determinar la urgencia temporal de
su contenido. N o existe. Pero búsquese en cambio la
-

35

�#

.

acentuación dramática que pone .en el total y entoñ*
ces se comprenderá fácilmente que a pesar de retrasar
la acción, esto es, de ir contra lo mas específico de ella
— el devenir— le agrega algo que por sí sola no te­
nía antes, algo que en cada momento es perpendicu­
lar a ella y que se evita cuando nos preocupamos de­
masiado de seguir la línea horizontal de su desarrollo.
cíae

En el cine este problema de lo tempo­
ral se complica extraordinariamente
y es necesario proceder a su planteo con una máxima
cautela. En general sobreentendíamos al principio
que la preferencia por uno u otro sistema temporal res­
pondía en primera instancia al primado en la obra
artística de la mera alusión o la presencia pura. Vea­
mos la solución del cine.
La imagen es el elemento primero del cine. Esta
imagen es por sí misma una realidad; un hombre que
corre es en la pantalla, imaginando detenido .al film,
una realidad, Si el film fuera una sucesión de imá­
genes, cabría entonces afirmar que es también una
sucesión de realidades y por ello una realidad él tam­
bién. ¿Pero acaso es el film nada más que una sucesión
de im ágenes?^! film por el solo hecho de serlo, por el
solo pensamiento de dotarlo de un sentido, ha supe­
rado la sola agregación de imágenes. La imagen — el
plano, mejor— es por sí misma fotografía y la fo- *
tografía es en m odo alguno elemento del cine. La
imagen cinematográfica aun siendo en absoluto está­
tica — la cara de un muerto, una fachada, un puen­
te— está animada por su sola vertebración en el film,
de un movimiento, no espacial, ya que eso apenas im ­
porta, sino temporal. La mirada del espectador, dán­
dole una duración determinada por el artista, ha pro-

�visto a ese objeto inanimado de una vibración diná­
mica incompatible con la fotografía, con la pura ima­
gen; prácticamente la imagen cinematográfica se defi­
niría com o una imagen con valor trascendente, que
no intenta valer por sí, sínp determinar una parcela
en esa línea que se llama sentido del film. P or si mis­
ma la imagen de un hombre que corre es en efecto una
realidad. Pero esta imagen, en el film, ha perdido su
sentido intrínseco; en el film no se trata ya de un hom que corre aun cuando ello sea de importancia funda­
mental. A l dejar de valer autonómicamente la
imagen ha perdido su virtud de ser. Pensada com o
parte integrante de un film, en efecto, la imagen de
un hombre que corre no alcanza a §er por sí misma
una realidad real, efectiva. La "carrera de la cual la
imagen traduce aspectos supone una serie de situacio­
nes previas que la justifican, una situación espiritual
contemporánea a ella, etc. T o d o esto está implicado
en la imagen. La carrera de ese hombre con ser una
realidad, tiene en el film un papel tan im por­
tante y tan absorbente que no le deja ser eso que
ella por sí misma sería: una realidad. El serftido del
film la obliga a dejar de ser una presencia plástica —
un hombre que corre— para que exprese en cambio
una serie de situaciones dramáticas. Las imágenes son
en el cine de hoy meras alusiones. *
Este drama que se oculta tras el elemento pri­
mordial del cine, la imagen — renunciar a su realidad
plástica para ser sólo alusión dramática— constitu­
ye el nudo de la evolución del cinematógrafo. Por
una parte, el esteticismo cultivaba su esencia plástica,
intentando crear una estética de la imagen com o tal.
Por otra, el dramatícismo intentaba servirse de la

�imagen como medio expresivo sin reparar en esa ca­
lidad íntima del medio.
El cine de hoy tiene una exigencia dramática; el
de América muy especialmente se ha volcado íntegro
a cumplirla. El cine americano llena — no ya en la
vida americana sino en la vida mundial que va res­
pondiendo a tal standard— una función inexcusable
que ha usurpado — no se diga que sin derechos— a
la novela y al teatro. Ese standard mundial apenas lee
novelas y va raramente al teatro. Por muy legitimáis
virtudes, es el cine quien satisface ahora esas necesi­
dades espirituales, acaso de la etapa más baja de la es­
piritualidad, pero por lo mismo la más intensa y ra­
dical. Para lograr este propósito el cine ha debido re­
nunciar a todo finalidad esteticista, aun cuando-tal
renuncia sea en cierto m odo específica de su contex­
tura actual. El cine de hoy — el americano y la parte
de la producción europea que responde a la influen­
cia yanqui— •ha alejado de sí la preocupación por la
imagen — plasticidad, luz y sombra— para volverse
decididamente a la alusión dramática.
He aquí explicada la íntima paradoja del cine.
La imagen, el más evidente medio artístico, es un me­
dio desvirtuado. La dialéctica del cine, la lengua del
cine es así un problema de lejana y difícil solución.
Esta lengua del cine es hoy una lengua primitiva, de
una graficidad elemental, incapaz de la conceptuá-'
ción. Pero todo esto es apenas un reparo sin valor.
El cine no está necesitado de una lengua de mayores
posibilidades y cumple su misión actual con soltura
y sin limitaciones. Es que justamente ese estado de mera alusión
a que responde la dialéctica cinematográfica — y su
elemento primordial, la imagen— es el estadó actual

�del cine. C om o expresión dramática, al cine le basta
con la mera alusión. La presencia cinematográfica es
apenas una remota ilusión futura. La alusión es por
otra parte la calidad.dramática que conviene a todo
arte destinado a satisfacer necesidades primarias, de
una rebosante vitalidad. El apremio humano del cine
no puede .ser compatible con la morosidad de la pre­
sencia auténtica, realidad ésta producto de una ela­
borada evolución. Y yo estimo que es esa la nota des­
tacada del cine de hoy: su apremio humano.
Esta alusión pura que es un film de hoy, se tradude perfecta en su sistema temporal. Pero es tam­
bién donde la paradoja del cine se traduce mejor.
Una novela corriente, decíamos al principio, cu­
ya acción impone un ritmo tal que solo permite la
alusión, no la realidad misma, ocurre en un plan©
temporal de puras proyecciones literarias. T a l es el
sistema que exige la pura alusión en la novela y el
teatro. El cine saca aquí a relucir su enigmática esen­
cia y no lo admite.
U n film americano refiere por ejemplo, la vida*
de un hombre — Y el mundo marcha-—o la por- •
ción más importante de ella —-Aquella muchacha— 1
Para hacerlo tiene a su disposición todos los recursos
de la novela, es decir, que puede sin limitaciones de
tiempo ni espacio, seleccionar, presentar los aspec­
tos que el artista prefiera. Pero tiene además todos
los del teatro, ya que puede animar con presencias au­
ténticas cada momento de los que haya seleccionado.
N o puede entonces cumplirse la acción cinematográ­
fica ni en el tiempo de proyeción literaria de la vieja
novela, ni en el tiempo selectivo pero insuficiente deí
teatro habitual.
«
A qu í reside la peculiaridad dramática del cine.

�Su acción puede ser deslizada por distintos sistemas
temporales, no solo sin desvirtuar su esencia, sino
aumentando al infinito su stock de resortes emock&gt;~
nale§. Esto es, en otro p ía n oslo que va a permitir en
un futuro no lejano acrecentar infinitamente las po~
sibilidades del cine.. Veamos correr en algunos films tí­
picos la acción, y determinemos sobre ellos cual sea el
sentido cinematográfico del tiempo.
¿
Hay films que refieren un momento cualquiera
de la vida de alguien: Soledad, El acorazado Poten kin, El martirio de Juana de Arco, La noche de San
Silvestre. Este momento, estas circunstancias, están
en general determinadas por un pasado y un futuro
que se implica en su desarrollo. A l comenzar la ac­
ción se separa cuidadosamente ese pasado de este pre. sente, y esto que comienza se anima de un típico dra­
matismo.
.
Asi Soledad; de Paul Fejos,* El artista sor­
prende la vida de dos muchachos '•— girl y b o y cuya vida vulgar y aburrida se aparece en los prime­
ros actos de la película. Es una tarde de sábado y am­
bos se aburren con esc hastío típico de la melancólica
comprensión del aislamiento. Estos dos muchachos
entusiasmados por una misma música, se deciden a
pasar la tarde líbre del sábado sumergidos en la incolóra muchedumbre de Coney Islaxid. Y ertfre esta
incolora muchedumbre se encuentran los dos. Patece
com o si Paul Fejos hubiera querido insistir en esta
distinta duración de los minutos antes- y después del
encuentro. Por.la mañana, los que faltaban para en­
trar a la oficina o el taller; por la tarde, los que se
vivían con esa sensación de intemporalidad que daba
el vago asomo de una felicidad apenas entrevista;
- después, los de la angustia de la pérdida irreparable,

40

'

�Bstos tres tiempos son singularmente significa­
tivos para el contenido dramático del film. En reali­
dad podría decirse que el dramatismo de Soledad
se construye sobre estos1 tres tipos de minutos. Mien­
tras el muchacho se prepara para ir al taller y ella se
viste para ir a la oficina, mientras los dos permane­
cen en sus puestos atentos al insignificante trabajar
cotidiano, el ritmo de la vida es ligero, regular
m onótono. Tras el aburrimiento — ritmo regular y
m onótono, aunque lento^— la vida de los dos se carga
de un valor de que antes carecía. La vida de estos dos
muchachos Lene ahora sentido. Este sentido deter­
mina ahora un tiempo distinto. Mientras el muchacho
y la chica permanecen juntos, Paul Fejos consigue una
ligereza, una vaporosidad en las acciones, que las ha­
cen transcurrir com o fuera del tiempo, sin gravita­
ción alguna de las horas; las atracciones de Coney
ísland los absorben y ellos se absorben a su vez en
esta nueva ruta que ahora se abre a sus vidas. ¿Cuán­
to tiempo han bailado? U n negro en que Fejos diluye
después la escena lo comprueba: han bailado toda la
eternidad, acaso no han bailado nunca. ¿Qué im por­
ta el tiempo?
Pero ese tiempo que hasta ahora no ha im por­
tado apenas, va a ser enseguida el protagonista, Los
muchachos —~giri y boy— se separan por un acci­
dente cualquier^. La ruta se cierra, la felicidad ape­
nas entrevista se diluye, el sentido^de la vida de dos
personas se pierde. Ahora sí cuentan los minutos.
Cuentan trágicamente. Los minutos de desaparición,
aquellos en que creen estar separados apenas por un
policía, los que tarda en declarar en el puesto, los que
tarda en buscarla entre la incolora multitud de C o ­
ney Island. Los minutos pesan ahora en cada paso

�de los dos muchachos. Se los ve transcurrir, durar
trágicamente alargarse infinitamente más «que los m i­
nutos que en esos mismos instantes viven los des­
preocupados paseantes del parque de diversiones. Hay
en Soledad, en esas escenas, una impresionante danza
de minutos, de segundos mejor. La muchacha cree
percibir un llamado y se vuelve angustiosa, para no
ver sino a un inoportuno festejante de un rato antes.
En las dos imágenes, Fejos havdibujado los dos sis­
temas temporales en que vivían los dos paseantes de
Coney Isíand. ¿Qué angustia sorda guarda* el tiempo
potenciada en sus entrañas?
En otras películas lo que transcurre es la vida
entera de un hombre o acaso la- mayor parte de ella.
- T al es el caso de Aquella muchacha, Y el mundo mar­
cha..., El cantor de Jazz. En todas ellas, com o en el
teatro, el artista se obliga a una selección temporal
tratando de destacar las escenas según su intensidad.
El cantor de jazz por ejemplo, que es la vida de un
pequeño muchacho a quien su canto emborrachaba,
transcurre en realidad en dos momentos solamente;
por una parte los años de chico rebelde a la decisión
paterna, echado de la casa por ser fiel a sí mismo. Por
otra la actuación toda del actor, sorprendida en los
momentos culminantes. Desde el punto de vista de
la selección temporal, El cantor de Jazz muestra algo
típico en el cine: todas las escenas primeras, no valen
en realidad para la película y son sólo un an­
tecedente de lo que llamaríamos el grueso del film ;
este antecedente se encontraría reducido en la novela
o el teatro tradicionales, a una breve evocación; en el
cine, aun en su típico carácter de antecedente, estas es­
cenas conservan toda su intensa dramaticidad y sub­
sisten como parte activa del film,

42

.

.

�En estas películas, la selección se presenta más
difícil por tratarse de la vida toda de alguien. Así en
Y el mundo marcha. . . o Aquella muchacha. En
el primero de estos films, el protagonista muestra ca­
si toda su vida; se lo ve de niño y muchacho, trepado
en ambiciones inconquistables, llegar a hombre y vi­
vir una vida mezquina de fracasado. En el segundo,
la muchacha alegre y cordial, despreocupada e inde­
pendiente, va corriendo en el film la aventura de su
vida a la deriva.
En estas-películas donde se intenta reconstruir
la vida plena de alguien, es donde más fácilmente pue­
den advertirse los valores de pura alusión dramática
que constituyen todo film. En todos ellos, en efec­
to, puede advertirse cóm o tarde o temprano, el artis­
ta se ve obligado a renunciar a mostrar lo que fuera
estrictamente una vida — la de aquella muchacha o
la del cantor de ja z z - — eso que siendo auténtica pre­
sencia es el más selecto de los espectáculos, para re­
fugiarse en una trama elemental en donde va a anu­
darse todo lo accidental, lo anecdótico, lo previo, que
a pesar de ser todo eso se ha construido con presen­
cias auténticas. En Y el mundo marcha...,* en efecto,
esa gran visión que se esbozaba al principio y que
. prometía ese soberano panorama que es 'la vida 'de
un hombre,se evita a poco para limitarse a desarrollar
una trama, la del fracaso práctico del hombre, trasun­
tado en una vida familiar casi trágica y desespe­
rada. En Aquella muchacha se deriva hacia una aven­
tura policiaca y en El cantor de jazz hacia un dra­
mático conflicto entre dos potencias que se disputan
una noche en la vida de un hombre.
Es por eso que en general, todos los films se
concretan a esa sola parte. Exponer un suceso, desa-

•

~

43

�rroilar una acción, cumplir una empresa. Los de Car­
litas, los de V o n Sternberg, los de V idor y Griffith, la
m ejor producción y tras de ella casi toda, la produc­
ción. Esta de América y la de Europa, Lang, Eisenstein, Feyder. T odas ellas cumplen en la pantalla un
proceso determinado, una acción, de la que máxima­
mente interesa el devenir. La quimera del oro , El pe­
regrino, Muelles de Nueva Y o r k , El beso. ¿C óm o se
desarrollan temporalmente estas películas?
Esta acción que se desarrolla proporciona una seríe de momentos unidos en una situación espiritual.
Estos momentos transcurren en un doble plano. Por
un lado el plano dramático en el que interesa por so­
bre todo la acción; por otro un plano plástico, me­
dio expresivo del cine. Zahora bien, el cine actual no
ha vacilado en preferir el plano dramático y a ello
se debe el desborde de‘ acción en el film de hoy. Este
dramatismo del cine no puede cumplirse si no se ubi­
can las situaciones — entiéndase que desde un punto
de vista dramático— en el plano de la sola alusión;
esta sola alusión exige un aligeramiento de gravedad
en el tiempo, exige eso 'que llamábamos el tiempo
standard, el tiempo horizontal.
¿Cumplen los films de hoy esta exigencia? Más
que cumplir, cabría afirmar que es su más típica con­
dición. Desde un punto de vista dramático, la acción
cinematográfica — la de Anna Christie, la de La danza
de la vida, la de Madre mía— ocurre en un plano
temporal condicionado por la acción, destruido, des­
virtuado en su estructura por la exigencia del deve­
nir. Atendiendo al sentido todo del film, la gravedad
dramática del tiempo ha sido sacrificada a la urgen­
cia temporal He la acción.
Y bien, esto era lo que ocurría en la novela t.ra44

�dicionai y en el teatro no moderno. De cumplirse en
el cine de hoy también, no cabría sino generalizar un
estadio común a ciertos momentos de las artes en
general. Pero esto no es sino una de las caras del pro­
blema del cine. Frente a esta urgencia dramática de
su contenido, de su acción el cine opone la morosi­
dad de su elemento plástico, la presenda indiscutible
de la imagen. Esta morosidad que impone la imagen,
no alcanza a imprimir en el film eso que se dió en
llamar tiempo retardatario, un tiempo emocional­
mente insistente. Pero alcanza a crear en cada plano
un 3 realidad. Ni el viejo teatro ni la novela tradicio­
nal pudieron por su propia naturaleza agregar al
vertiginoso apremio de la acción este elemento, y la
novela proustiana y el joven teatro han debido en
gran parte sacrificar a la acción para incorporarlo. El
cine en cambio se encuentra en plena infancia con
la doble posibilidad en las manos, y un film de sólo
discreta categoría los usa con éxito y soltura.
He aquí por qué decíamos,que era singularmente
complicado plantear el problema temporal del cine­
ma. Aquello que llamábamos paradójico drama de
la imagen, presta aquí la más alta virtud. Los dos
términos paradojales no lo son sino .itcidentalmente
y sólo en campos teóricos, nunca en k inmediata' realizacíón. El cine es el único medio expresivo en don­
de la alusión y la presencia se complementan. La alu­
sión dramática y la presencia plástica construyen un
equilibrio cinematográfico que no hay que buscar
sino que se ofrece solo, con una generosidad de arte
joven y un poco genial.
El tiempo del cine es %entonces de doble faz.
En el futuro no tendrá que renunciar en absoluto a
la acción para conseguir presencias auténticas, porque

•45

�a poco que profundice en su elemento plástico, pue­
de el cine llegar a construirlas en un plaño superior
al de la acción, tangencial en cada punto, insistente
en cada eslabón de la cadena del obrar.
De ios tres reinos que se movían en la cuadrí­
cula del tiempo, es el cine quién podrá componer e!
más armonioso y cumplido ademán.

•

■

4«

J. L. R.

�SOBRE

MÚSICA

��Método
Las palabras tienen una función chaFilosófico
ta y desprovista de finura, su significa­
ción; pero además están animadas de un s e n t i d o , que las eleva
por sobre lo bajo y rastrero de su funcionalidad primera, y
las sitúa en el campo escogido de la espiritualidad. El sentido
es susceptible de corrupción. Las palabras corrompen su sen­
tido, generalmente ganan en intensidad de él lo que pierden en
precisión y elegancia, se hacen vulgares y desaparecen por
inactuales o exponen al que las usa al menosprecio literario.
Ninguna más c a r g a da d e s e n t i d o , peyorati­
vamente hablando, que la palabra filosofía, sinónimo de me­
tafísica para el pensar cotidiano. Sin embargo no es más que
la denominación lingüistica de un concepto general que presi­
de el movimiento de existencia de todo ente viviente. Filosofía
es •buscar, investigar, es un no conformarse con lo que se nos
presenta de la realidad, que-nos engaña como las marionettes
a los niños. Ella nos ha de servir para buscarlo a Strawinsky,
buscarlo en lo hondo de su voluntad, porque en su obra hay
siempre una voluntad de arte satisfecha. Por eso arriesgué­
49

�monos a valernos de las ideas generales, arriesguémonos a ha­
blar de filosofía en la tarea de comprender a un músico mo­
derno, Igor Strawinsky.
Los que niegan la filosofía olvidan ingenuamente que sus
propias ideas tienen -v a lo r sólo teniendo a u n a filosofía como
fundamento. Esta ha dejado de ser esa construcción oscura
y difícil accesible sólo a los privilegiad5s. Filosofía es siempre
aspiración generalizadora de actividad humana. Ese camino es
el único que nos puede acercar al pensamiento de un gran
artista y hacer penetrar en el fondo esencial de una gran obra.
N o es la técnica ni él conocimiento científico los que nos van
a ayudar, es la obra totalizadora e inconcreta de la filosofía.
La verdad que puede o no ser una preocupación para el pa­
cífico burgués, es la preocupación de las preocupaciones de
las ciencias, es casi podríamos decir el fin último de todo pen­
samiento humano.
La verdad no es un concepto absoluto sino relativo: la
r e a l i d a d que parece se r ia se y fundamento de existencialidad — para una gnoseología ingenua — no se percibe
ni siquiera intuitivamente por el hombre. La ciencia como el
arte y la religión son construidas con conceptos o ideas enca­
denados en un orden lógico, presupuestos por la razón, pero
alejados de lo que metafísicamente llamamos realidad. Es­
ta, de la que sólo tenemos una intuición intelectual, no
empírica, se nos presenta' como una unidad que no es captable por el hombre. Para el químico la verdad de la r e a lid a d
a g u a está dada por su composición y su fórmula matemática
irreductible. Pero para el poeta que cantó en versos: “Junto
el agua se ponía —- y las ondas aguardaba, — y en verlas
llegar huía; — pero a veces no podía — y el blanco- pié se
mojaba” ¡qué verdad existencial tan alejada de la concepción
del químico! Para Debussy en “La Mer su verdad es muy
otra: en ella los sonidos toman una significación simbólica pa­
ralela a la de las palabras, y así como el maestro enseña qu«|
el agua es líquida, transparente, etc.,* y que se presenta man­
samente en los manantiales y a torrentes en las cascadas, así

�s. •' ' : r .. ■ ,
■
, ■
;
.
.
cí nos expresa en sonidos lo que e s el agua, en el lenguaje
propio y típico de su arte.
’
v
¿Quign podría asegurar que la verdad del poeta es la úni­
ca valedera, que la del físico es la única exacta? _
La filosofía, ciencia totalizadora, ¿qué es sino un querer
encerrar entre sus paredes añosas un juicio de esencialidad
de las cosas? Ella buscó afanosamente esa verdad eterna: el
descubrimiento de la razón pareció haberle dado esa llave
maestra, t i "sésamcv, ábrete para penetrar en el misterio. Su
resultado ha sido esa mole con pies de barro que se llama cul­
tura del siglo XIX.
•
El idealismo/ y su forma derivada el romanticismo, acaso
no constituyeron sino un irse alejando de las cosas, de su apa­
riencia! un ir construyendo un mundo real, objetivo, verdadero,
pero, cuyo "trait d’union” con la vida quedaba cortado.para
siempre. Beethoven fué él producto fatal de una tal concep­
ción del mundo. De ahí su parentesco con Schiílér y con Kant.
Por eso Bekker dice de él que*'‘es el hijo de una gran épo­
ca, Es la época de los dioses y de los héroes del idealismo, es
la época que llevaba en sí la creencia en el hombre como ser
espiritual, es la época que cree en la libertad, en la fraterni­
dad, en Iq^alegría divina, en la paz eterna, en la felicidad de v
la humanidad”.
.
- Al desflorar su virginidad vital, despertó la vida: el descu­
brimiento de sí misma la convenció de la impotencia de la
razón como instrumento único del conocimiento. Volver a la
vida es divisa moderna, volver a las cosas por ende, en labor
de verdaderos y auténticos empiristas.
Frente a las ciencias del pasado el pensamiento filosófico
moderno quiere una vuelta a las cosas y a las intuiciones di­
rectas -■*- esa intuición de las esencias {matemáticas, éticas, es­
téticas, etc.) propias del mundo ideal de la conciencia ma­
nera auténtica de tener ún conocimiento adecuado de la rea­
lidad. T a l l a o b r a f e n o m e n o l ó g i c a .
Esta nueva actitud es la que ha dado sus frutos: el objeti* vigrao en todas sus formas, Strawinsky es uno de esos frutos.
■
•
v

V

'

5*
.

' .

�Si Beethoven olvidó la vid§, en Strawinsky hay por el con­
trario el contralor severo que resulta del equilibrio de fuerzas
de lo vital y lo cultural.
Ante una obra surgida de una mente asi organizada, sería
inocuo aplicarle los mismos procedimientos de exégesis crítica
que nos sirven para juzgar a Mendelsshon o a W agner. Su
música se nos presenta como una cosa, cuya existencia ideal
en nuestra conciencia ha de ser plenamente intuida en su esencialidad. Captarla ha de ser obra de fenomenólogos de la
música. Ansermet ha hecho una tal obra, trabajando la músi­
ca de Strawinsky como el alfarero que modela un cacharro,
hundiendo su mano en esa orgía sonora (su mano, pues, es
un objeto que es necesario conocer palpándolo) y su espíritu
todo (pues es un objeto que tiene tan sólo una e x i s t e n c i a
ideal) para llegar a descubrir la esencia de ella misma, en
una verdadera labor de r e c r e a c i ó n , como pudo decir Schaeffner refiriéndose a su obra.
Bekker realizó esa labor fenomenológica en Alemania, Ansermét la ensayó con éxito cultural marcado, en una serie de
-preciosas lecciones que nos dictó el año pasado en Diapa­
són. (1 y.
Esa labor de comprensión es lo que nos puede acercar a
su obra. N o hay objeto en juzgar ni en criticar, ni menos aún
en demoler: lo importante es comprender, conocer la verda'd
de la naturaleza del arte y del artista.
N o negar, sino hacer obra de cordialidad y de entendi­
miento mutuo, no dar lugar a merecer la máxima del Evange­
lista: “N o seáis como el caballo y el mulo, que carecen de
entendimiento”.
*
(1) Apático Buenos Aires no más de una docena de personas lo se­
guimos. Lástima nos daba ver resbalar por los asientos vacíos de la
“ boite” de Diapasón esas observaciones llenas úe un magnifico hálito
vital: de ese sentimiento nació la idea de reconstruir, siquiera en par- '
te, aquéllas. Ansermet nos cedió gentilmente sus apuntes y este tra­
bajo es su resultado.
52

�Ante la doble preocupación de c ó m o
realizar la obra de arte y de q u é debe
ser el contenido de la misma, surgen dos posibilidades de.
realización. La lengua alemana tiene dos vocablos para refe­
rirse a ellas, (lo que los latinos llaman genéricamente obra
de arte); Kunststück llama al o b j e t o d e a r t e , que
resulta de la primera; Kunstwerk. o b r a d e a r t e , que
resulta de la segunda.
,
El arte es siempre naturaleza, pero no sólo ella, es además
sobrenaturaleza. Como creación artificial del espíritu humano,
interesa a nuestros sentidos, pero además es siempre portador
de infinito. Para llegar a é l necesario es antes conquistar el do­
minio de la técnica, de la materia, del mecanismo, para que su
expresión sea un objeto medido y finito. Pero por encima de
esas preocupaciones que, diré así, están gobernadas por le­
yes espacio-temporales, sólo te s cuando es configuración de lo
inefable, sólo e s cuando elevándose por encima de la natura­
leza, es creación de un mundo nuevo, kunstwerk u obra de
arte.
,
D e manos del artista habrá de salir una obra de arte cuan­
do el genio lo inspire, pero no ha de ser más que un objeto de
arte( objeto, cosa terrena) si el artista no consigue sino domi­
nar los medios técnicos para realizarla. N o es una distinción
de grado sino de especie. Es casi se puede decir una antino­
mia profunda de intenciones o mejor aún de resultados, como
la que San Pablo establecía entre los elegidos y los mal­
ditos, criaturas del espíritu y de la carne.
En nuestras lenguas latinas se dice gran arte para referir­
se a lo que los alemanes llaman Kunstwerk, pero no se dice
pequeño arte para referirse al objeto, pues a nuestro espíritu
le repugnan estas distinciones absolutas.
Si hacemos nuestro el concepto de la Escolástica que defi­
nía l o b e l l o , esencia de la obra de arte, como “el bri­
llo de una forma sobre una materia propia”, sólp cuando la
materia proporcionada según un objeto, nos comunica forma
espiritual, sólo cuando hay imagen, hay arte. Si la comuniObjeto de «lie
obra de a r t e

S

53

•

�cación es tan sólo de confort o de utilidad, estamos en pre­
sencia de una Kunststück.
•
'•
• ' 'é'
Fe f&amp;d* y
Eterno problema del fondo y .de la
F orm a
forma, del continente y del contenido.
La preocupación del cómo, probiema.de la forma, dominio de
los elementos aportados por la naturaleza, sólo nos lleva a los
objetos de arte. Cuando la preocupación del qué, del conte­
nido, se sobreagrega a la forma, cuando hay c r e a c i ó n ' ,
se puede decir que se ha realizado obra de arte o se ha pre­
tendido realizarla, veleidad de obra de arte.
\
Los músicos germanos-hasta la guerra tuvieron la preocu­
pación del qué, los otros del cómo.
¿Acaso es posible distinguir de una manera absoluta en­
tre forma y fondo? Son dos fases necesarias de la creación
que viven en una estrecha correlación, tan estrecha, que .for­
zando un poco los 'términos, se puede decir que son una sola
y misma cosa, son dos enfoques de una misma realidad. Es
probable que sea una sim ^e cuestión de método o de actitud.
Por eso es exacto decir que la diferencia es de intenciones o
de resultados. “Forma y fondo son relativos, pero en este
sentido (y ésto se olvida demasiado a -menudo) cualquiera
que sea el elemento que consideremos en la obra de arte, es
a la vez forma y contenido: forma con relación a un elemento,
contenido con relación a tal otro” (Schloezer).
Precisando términos no es postee hacer distinciones abso­
lutas: fondo o contenido es propio de toda obra y existente
inseparablemente de la forma, pero sólo alcanza la categoría
de arte, cuando ese contenido, mensaje espiritual, es una crea­
ción que supera a la forma, cuando es s o b r e - n a t u r a 1e z a . ^
Por otra parte, la obra del genio,
obra configuradora del mundo — lo
que los alemanes llaman en filosofía la “W eltanschauung” {la
obra de Bach o de D ante) — llega a ser obra de arte probable
L*a o b r a d e a r t e ,

fig a r a d o r a d e í

con-

m ondo,

54

*

■

�o posible cuando se la considera como finalización o suma.
Allí donde ella no se desprende de una figura, se percibe in­
directamente en la suma. Muchas obras de nuestros días to­
marían un sentido si se las considerara no como obras tótales
o como objetos de arte, sino como fragmentos de una más
grande obra que sería un hecho colectivo. Es posible que tal
sea el caso de Debussy. ¿Ha llegado su obra a ser una confi­
guración del mundo? ¿El mensaje de su música ha alcanzado ~
esa integralidad de Bach o de Beethoven?
¡Sensación de totalidad dan las obras de Mozart, de Haydn.
o de Haendel, pues en sus músicas no vivían su vida perso­
nal, sino la vida de la humanidad. Brahms pudo decir: “Ellos
son los dioses, nosotros somos los hombres’’.
Debussy por el contrario representa una manera personal
de sentir y de trasmitir emociones — es un trabajo de hom­
bre, imperfecto, individual — ; su obra no representa eLconjunto que se busca ah querer caracterizar su época, es posible
que sea sólo un fragmento de la gran obra o‘ del gran mensa­
je contemporáneo.
Strawinsky, inteligencia superior,
Strawinsky
, ,la naturaleza,
, . , ,pero sin
. conten­
,
acepta
tarse con ella, la domina y la sobrepasa. Hace trabajo de arte­
sano rudo: en lugar de conformarse con lo que la naturaleza
le ofrece ante un rásgueo superficial de su apariencia, penetra
en ella buscando saciar su necesidad de saber y por sobre to­
das las cosas de crear. Es así un creador. Crea arte, hace
Kunstwerk.
Ante su obra cabe una primera actitud lógica: sorpresa.
Sorprenderse. es primigeniamente desconocer. Segundamente;
como dice Ortega, es comenzar a entender.
A la sorpresa que su obr^ despierta, le sigue en el oyen­
te carenfce .de finura y de ‘ humour’’'; una&gt; actitud de de­
fensa irreductible que hace que la considere como una broma,
como una ironía del autor; o de lo contrario, que la tome co­
mo un producto artificial (simplicidad querida, vuelta a lo
55

�clásico, a la melodía, a la tonalidad, al ritmo melódico, etc.),
de donde provienen tantos comentarios extravagantes.
Pero para que la frase orteguiana sea exacta, es necesario
que la sorpresa sea fecunda. Ante la sorpresa que causa lo
desconocido hay dos actitudes: una de reacción ciega, de lu­
cha impotente; otra de comprensión y de inteligencia. Tan só­
lo ésta es fecunda y de ella necesitamos para comprender a
Strawinsky.
.
Másiea ntteVa
Para alcanzarlo hay que considerar
Mtisica Vieja
a su música en una franca oposición
con toda la anterior. No es posible una actitud distinta, pues
hay una divergencia absoluta de finalidades: la obra vieja per­
siguió el a 1 c a n c e e x p r e s i v o de la música, llevando
a la formación de una dialéctica musical copiada del lenguaje.
Strawinsky, por el contrario, busca el perfeccionamiento „de
los m e d i o s e s p e c í f i c o s de lo musical. A todos los
demás les interesó en mayor o menor grado, la proyección
de lo musical sobre el alma' humana, a él la perfección en sí
de la materia sonora.
Ante una divergencia ,tan. profunda, sólo una actitud libre
de prejuicios sobre lo moderno, puede llevarnos a una exacta
comprensión: Para llegar a tenerla es necesario o un candor
perfecto .o al mismo tiempo una viva sensibilidad e inteligen­
cia maduras, o una sensibilidad e inteligencia musicales cul­
tivadas, pero todavía bastante frescas como para comprender
a medía palabra y no tropezar con lo inesperado. Esto es casi
un milagro. La obra de Strawinsky está destinada, por ell'o,
a ser objeto de la incomprensión y de la Burla.
Parodia

Se &lt;Íuer*í^0 tomar a su °^ra como
una parodia, especialmente de las for­
mas clásicas. Parodiar es representar o imitar alguna cosa con
el objeto de ridiculizarla o zaherir su esencialidad. Ante cual­
quier trozo strawinskiano hecho sobre los moldes, rítmicos del
clasicismo — un minuet a lo Haydn, un rondó a lo Mozart

�la áctitud superficial es la de la burla. Los que no yen más
qué la realidad aparente de las cosas, los que son incapaces
de penetrar hondamente en la esencialidad de las mismas, no
ven en ello más que una burla, un deseo grotesco de sátira.
Nada más alejado de la sátira que la obra de Strawinsky. Es­
te, alma purísima, va en busca de producir obra realmente au­
téntica. Hay una delectación verdadera en.su jnúsica, verda­
dera y auténtica, porque ha partido de nuevo de los elementos
(haciendo caso omiso de lo hecho por sus antecesores) para
ir lentamente escalando posiciones: esa delectación explicable
en el que sube peldaño tras peldaño, con conciencia.de segu­
ridad. Hay una manera rápida y alocada de ascender, intrans­
cendente a su propia significación; otra reposada y lenta, con
la convicción sincera de la elevación — de la que uso se sien­
te eje — y el goce íntimo que produce la solidez de ella
misma. Strawinsky representa esta segunda manera. .
Neguémosle toda valoración subjeti­
va si queremos, la s i n c e r i d a d ,
pero reconozcamos que su obra va en busca de lo*más puro
que hay en arte: l a a u t e n t i c i d a d . Lo ridiculizado
es siempre producto de una actividad-segunda sobre las co­
sas: tal no sucede con Strawinsky. El no desea volver a las
formas clásicas sino que habiendo partido de los elementos
generadores 'de toda música, ha llegado a un parentesco actual
con ellas. Ha llegado a un punto paralelamente coincidente,
en planos distintos.
¿Por qué ese afán de novedad? — le interrogó un día
Ansermet, a lo que. contestó Strawinsky: — “No me apoyo
más que en lo sensible y en ese terreno lo conocido es in­
fructuoso”.
A u t e n t ic id a d

He ahí por qué el problema está mal
Vaeffa a.....
planteado si decimos que su música
es una vuelta a. . . (Bach, Haydn, etc.) Strawinsky ha alcan­
zado (no llegado como noción de meta final) a una melodía
57

�o dialéctica propia, a una tonalidad, a un ritmo. Esa noción
de independencia — alejada de todo valor expresivo — es lo
que explica su parentesco con lo clásico. Hay un alcance de
Bach, de Haydn, etc., en un terreno puramente formal. ‘
Por eso es que no hay cuestión de vuelta a lo clásico, no
hay neoclasicismo, noción que está fuera de la cuestión. Si
se pretendiera una vuelta a él se cometería un delito de leso
cronismo: necesitaríamos recrear el ambiente, el “único que
hacía posible el uso de esas reglas, pues él las justificaba”
( Bekker).
El parentesco se hace más probable si consideramos la opo­
sición cíásico-románíico en un sentido más filosófico que musical: si lo entendemos como la divergencia que resulta de
una distinta posición ante lo real.

-

Oposición de
Tal oposición es la que precisamenSchloezer
te establece Schloezer, —- música ro­
mántica y. clásica — aunque con las reservas necesarias para
evitar la ceguera que produce todo encasillamiento en esque­
mas.
Establece puntos generales de terminología y de sentido:
c l á s i c o {lo que representa el orden, la medida^la clari­
dad, el equilibrio, la serenidad); r o m á n t i c o (lo libre,
lo exuberante, Jo exagerado, lo ilimitado). s
Pero una tal oposición se hace posible cuando se considera
La actitud del sujeto ante lo real. Quiérase o no, no hay más
fuente elemental que la realidad que se nos da, que la natu­
raleza. que nos aprisiona. Ella nos proporciona elementos y
con ellos se construyen las obras de arte. Pero el clásico trata
la realidad como materia bruta, como elemento desprovisto
en sí de toda significación, se vale de la vida desnudándola
precisamente de los caracteres de vida cotidiana que pueda
encerrar. Crea así un mundo cerrado y nuevo, no nuestro
universo, sino un mundo nuevo que se superpone al nuestro.
El romántico por el contrario, abre un mundo a esa realidad •
cotidiana que vivimos, aspira a captarla, a posesionarse de
• «*

'.

.

.

•. ' ‘

'■

.

’

.

- -

�ella plenamente y a vivirla en su obra. Va eñ busca de la ver­
dad. de la autenticidad reales, porque pretende que su obra
c o a c c i o n e sobre la vida misma. Tiende
a reducir las con­
venciones y a crear un mundo r ea lista . El artista clásico en
cambio, podríamos llamarlo — dice Schloezer — id e a lista , anti-realista{ en el sentido de que él impone a la realidad un
conjunto de reglas; de convenccioríes que matan la vida de lo
‘real, para conferirle una existencia-, un valor nuevo eu.un mun­
do artificial. Aspira a la creación de un mundo nuevo e in­
dependiente, con valores propios, el m u n d o e s t é t i c o .
El romántico no se conforma a ello sino que aspira a que su
obra tenga valor psicológico, social, religioso, místico.
Se ha dicho de la música clásica en general {Couperin por
ejemplo) que es arte de diversión, de pasatiempo. Schloezer
admite el término, pues es evidente que “la emoción o la an­
gustia que sentimos ante ella es esencialmente diferente de
aquellas que conocemos en la realidad cotidiana". Diversión
o pasatiempo porque no son expresión fidedigna de nuestra
manera vulgar de sentir.
El árfista clásico no tiene otra pretensión que la d£ crear
una pausa en la existencia"; el rcmántico- sueña en la “con­
currencia con la naturaleza y la divinidad".
De toda la generación anterior a Strawinsky se puede de­
cir que sólo Scriabin fué un verdadero romántico y poco in­
fluyó en su obra. Strauss. Debussy o Schomberg que dominan
la Europa occidental al aparecer Strawinsky son productos
del romanticismo — en lucha terrible y sangrienta contra
W agner y sus antecesores, pero sin conseguir desembara­
zarse completamente de sus ideas v sobre todo de sus con­
cepciones armónicas" — teniendo de común el deseo intenso
d t establecer un contacto más estrecho con la vida. Técnica­
mente su música se caracterizó por el predominio dei elemento
timbre y la armonía. La atonalidad fué su característica.
La melodía exige ser c o m p r e n d i d a en contraposición al tim­
bre, la armonía o el ritmó, fenómenos naturales; la primera
59

■

#

�es el elemento fundamental de la música clásica, los segundos
del romanticismo.
•
Schloezer encuentra así en la música de" Strawinsky una
configuración marcadamente clásica, porque “las cosas, sus
relaciones, sus acciones poseen un valor sonoro y revisten una
forma musical sin que haya necesidad de introducir en ella
sus sentimientos, sus emociones”. Crea así valores objetivos,
alejados por igual de la vida circundante y de su propio
mundo interior.
*
Ansermet se plantea esta misma
oposición estableciendo como condi­
ción imprescindible para entenderla, la premisa de que toda
la música anterior a Strawinsky es distinta a la de él. Se colo­
ca en una posición menos subjetiva —* sin tener en cuenta al
, espectador, cosa que hacja Schloezer en su oposición clásica­
- romántica — y más objetiva. Limita su estudio al material
sonoro como tal: la materia sonora no fué considerada como
individualidad independiente hasta Strawinsky, quien la tra­
baja buscando su propia perfección sonora en sí misma. Para
toda la música desde el Renacimiento hasta Debussy, lo mu­
;
sical, la realidad de la música está en la emoción que ella co- mímica, en el sentimiento, n o e n l o s e n s i b l e , lo
que llevó no a desconocer el objeto pero sí a dejar.de
considerarlo en su valor específico, para hacerlo portador, con­
ductor de una realidad de otro orden. Es a esta naturaleza
de hombre que Strawinsky viene a oponer otra: un hombre
para quien la realidad musical está en el objeto. Dicho de otra
manera para- él no hay entre la música primitiva y el arte una
diferencia de naturaleza sino de grado. Pues el- fin del arte
— comunicación espiritual — es el mismo.
.

O p o s ic ió n de
A n serm et

de
Ortega y .Gasset há tomado un
y G a s s e t punto de vista diferente para estable­
cer la oposición. Sus ideas están basadas en la tipología de
Yung que clasifica a los hombres en intravertidos (concentraO p o s ic ió n

O rte g a

#-

6o
♦

.

�ción hacia adentro) y extravertidos ( concentración hacia afue­
ra). El primero es " el individuo que no se entrega fácilmente,
que siente desvío ante los objetos, que adopta siempre la de­
fensiva, que tiende, a ocultarse detrás de una observación des­
confiada”; el segundo es 'el que fácilmente se hace cargo de
cualquier situación, traba rápidamente relaciones y se lanza
despreocupado en situaciones desconocidas. ” Teoría tipológi­
ca ésta que no hace sino coordinar la teoría sexual de Freud
(para los extravertidos) con la del poderío de Adler (para
los intravertidos).
El intravertido es el individuo cuyo modo de ser reflexivo
le obliga a reconcentrarse antes de obrar, el extravertido es
el que afronta situaciones sin reflexionar, estableciendo rápi­
damente relaciones con las cosas.
Los intravertidos, individuos que no escuchan la música
que oyen, sino stis resonancias en su propia alma, gustan de
la música romántica. La música moderna, por el contrario, es
la que resulta de un estado de contemplación que suscita en
el artista sentimientos secundarios de valor estético. ‘‘Para el
uno el arte.es la bella envoltura que se endosa a lo vulgar.
Para el otro es arte un arisco imperativo de belleza integral”.
Ejemplifica Ortega su oposición tomando a Beethoven o a
Mendejsshon como románticos, a Debussy como moderno.
Ansermet considera justa la oposición tratándose de los ejem­
plos aportados por Ortega, pero no la cree igualmente vale­
dera para todos los casos.
Ortega tímidamente junta a Debussy con Strawinsky al re•ferirse á la música moderna y aquí es donde su concepción se
. demuestra poco sólida. Parte de una premisa El arte es siem­
pre expresión de emociones” . premisa que se cumple con res­
pecto al primero de quien nos dice que las emociones expresa­
das son secundarias y pór lo tanto de valor estético. ¿Pero en
Strawinsky hay una tal expresión? ¿No sabemos que perma­
nece alejado de su música, que su drama interior no trascien­
de en ella?
_
.
En oposición a la música romántica, dice Ortega que fren-

61

�■
*
'
te # Debussy o a Strawinsky “en vez de atender ei eco sen­
timental de ella en nosotros, ponemos el oído y toda nuestra
fijeza en los sonidos mismos’’. Tal vez sea darle una objeti­
vidad a la música de Debussy que ésta no tiene y al mismo
tiempo una expresividad originaria que la de Strawinsky tam­
poco posee. Es que lejos de ser coincidentes, ni aún paralelos,
ambos constituyen una antinomia irreductible.
.
(E l ensayo de Ortega, Musicalia en el Tomo III de “El
Espectador’’, data de 192i, época en que Strawinsky no se
había desembarazado aún completamente de elementos subje­
tivos. Es posteriormente que escribe Mavra, Bodas, la sonata
para piano, el octeto, Apolo, Le baiser de la fée, Edipo, etc.,
es decir, las obras en donde alcanza plenamente* el ideal de
música objetiva).
#
El prebiema
Hemos dicho que la obra de Stra,
Strawinsky
winsky provoca una primera actitud,
sorpresa. Una tal sorpresa no es más*que el «orolario senti­
mental de una situación indefinida y nebulosa que acompaña
a toda su obra. Tal vez por nuestra condición de latinos ella
se presenta envuelta en una atmósfera de misterio (misterio
paradójico, pues su música ha conseguido la claridad más me­
ridiana), que es necesario descifrar. Todo ésto nos revela que
en torno a este hombre hay un problema, lo que Ansermet 11ama el p r o b l e m a S t r a w i n s k y .
La ciencia se coloca ante la realidad en uña posición dubi­
tativa, pues sabe que lo que conocemos no es precisamente lo
que existe. De ahí su carácter irónico y su aspecto problemá­
tico: hay-problema donde el conocimiento no'responde a una •
correlación auténtica con la realidad. La música de Strawinsky *
n o es lo q u e a p a r e n ta ser: postulado problemático, razón de
ser de su ironía.
Especulativamente se plantea así: Si Strawinsky ha trastor­
nado todo el concepto de-la música que nos venia desde el
Renacimiento, habrá que rechazar todo lo anterior a él, si signifiea un valor efectivo, o prescindir de él en caso contrario.
Hay una contraposición tan fundamental de valores que no
62

,

» ., •

- ,

�es posible plantearlo en forma menos excluyeme y rigurosa.
%
Ansermet no da s u solución al decirnos que tal vez por su
más
Vcondición
’
- de suizo,, acostumbrado* a las conciliaciones
«
fecundas, no se planteaba ese dilema, no creyendo nece­
sario elegir. Todas las maneras de crear belleza le parecen,
igualmente aceptables y por ello admira a Strawinsky sin
excluir de su admiración a sus antecesores.
.
Evidentemente que una tal solución no satisface. Tampoco
es cuestión de resolverla emocionalmeníe. porque tal es ia ma­
nera im p r o b l e m á t i c a m e n t e fatal de hacerla, si pretendemos en­
ténder. Lo simplemente emocional nos lleva siempre a una valóración subjetiva y personal. Para provocar un juicio psicoló- ' .
gico o b j e t i v o es necesario llegar a distinguir entré el factor
&gt;
afectivo y los demás factores psicológicos.
' Luego al tratar de la obra de Strawinsky hay que dejar de
costado el factor emotivo y buscar una guía objetiva segura.
Yung decía "es preciso encontrar criterios que obliguen tanto
al sujeto que juzga como al objeto juzgado". Tratándose de
Strawinsky es necesario que encontremos una solución olvi­
dándonos de nuestro yo, estableciendo esa separación entre
el factor afectivo y los demás factores psicológicos, haciendo
al valoraría una misma obra de objetividad como la que hace
.
el propio Strawinsky al crearla.
LIn planteamiento taf vez más seguro habríamos de tener
•
espigando en un terreno más filosófico ¿ocie-, recordando que
el arte es reflejo de una conciencia más o menos arraigada.
Siglo moderno el nuestro, ese que vió ¡a luz entre el fragor
de la contienda europea, significa antes que nada un vuelco
de valores y un cambio casi radical de modos de ver, de en•• focar la vida. Lo que llamamos - m o d e r n o consiste precisamen­
te en el desorden — idea ésia de' Valery — provocado por
"la libre coexistencia en todos los espíritus más cultivados de
las ideas más dispares, de los principios de vida y de conocí-■
“ miento úiás opuestos". Esto es lo que ha llevado al mundo
europeo — todavía a la cabeza del mundo terrenal — a un
estado de crisis económica, religiosa, social, a una c r i s i s

�d e l e s p í r i t u : En presencia de una tai crisis, ¿es ló­
gico poder sentar principios con carácter de valederos? Cri­
sis ésta que acentúa aún más el carácter problemático de toda #
actividad contemporánea.
*
Sensación de desequilibrio y de vacilación —- lógica porque
el mundo ha roto su timón y tiempo tardará eh encontrar
el derrotero seguro a pesar de sus velas desplegadas a todo
trapo — que le hace decir a Valery en agónica expresión:
“Personne ne peut dire ce qui demain sera mort ou vivant en
littérature, en philosophie, en esthétique”.
La música e x p r e s i ó n tuvo su vigencia social en épocas de
profundo idealismo, en épocas en que sólo lo espiritual se je­
rarquizaba como valor. Pero hoy vivimos una época de iguala­
ción: tiempo es de que hayan cambiado nuestros juicios valorativos. Ahora vamos a las cosas mismas, actitud verdadera­
mente positivista.
Ansermet trata de encontrar el caE1 hecho musical mino
.
.
, , ^ , ___ .
seguro penetrando
hondamente
en la psicología musical. Hay que comenzar por precisar bien
su oposición objetivo-subjetivo. Para ello analicemos el proce­
so psíquico a que da lugar la- música, lo que él llama el
h « c ho m ' u s í c a l .
Descarnadamente es el producto de dos factoresv un fenó­
meno sensible y una repercusión emotiva. La música ;— soni­
dos — impresiona los órganos sensoriales — el oído — y halla
eco en nuestro espíritu suscitando emociones. Ese organismo
sonoro nos procura por su audición un placer, que no es fí­
sico — porque estos sonidos a otras gentes que no fuésemos
nosotros pueden parecerles dolorosos — pero sí estético, inte­
resando a través de nuestra sensibilidad, nuestra imagin'ación
formad. Vemos, pues, que en el fenómeno musical hay dos as­
pectos a considerar: él depende ante todo de un cierto con­
tacto entre un o b j e t o (la obra musical) y nuestra s e n s i b i li d a d
auditiva o si se quiere nuestra imaginación sensible. Esto es
precisamente lo que constituye el hecho musical. El resto, re-

�percusión espiritual de la imaginación sensible, es más bien
la medida o la valorización de ese hecho.
Para que la música alcance su fin es necesaria la realización
perfecta de ese hecho musical, despertar de la imaginación
sensible al contacto de un cierto organismo sonoro. Este or­
ganismo sonoro constituye propiamente el objeto del fenóme­
no. (Bien podemos llamarlo objeto aunque no sea susceptible
de ser pesado ni medido, si tenemos en cuenta que una mesa
no es para un físico más que un campo de movimiento de-elec­
trones ).
Esa repercución espiritual puede ir muy lejos, hasta la ale­
gría, hasta la comunicación de sentimientos, hasta una manéra de revelación o de conocimiento en el espíritu.
Este doble aspecto es el que explica la oposición: ya hemos
dicho que 1^, realidad musical anterior a Strawinsky — es­
tá en la emoción, y si hubiéramos de aplicar íntegramente la
concepción de Schopenahuer, aquélla tendría una extensión
tan considerable que ni se hablaría de forma y el aspecto sen­
sible del fenómeno quedaría como un medio expresivo sin sig­
nificación propia. Esta manera de sentir la música está orgá­
nicamente ligada al "nuevo nacimiento" como se llama al na­
cimiento de Cristo, a la estructura nueva del hombre, que ha
tomado conciencia de la realidad de su personalidad interior.
Así nació la música en la iglesia, suprema expresividad del
lenguaje musical emotivo. Yung nos demuestra que la psico­
logía cristiana comporta los dos tipos de intravertidos y extra­
vertidos; estructura espiritual en la que se encuentra el sen­
timiento, para los primeros, o afirmación de la. conciencia que
se realiza en el dogma, para los segundos. Diferencia más
profunda que la de catolicismo y protestantismo. (Bach, pro­
testante; Beethoven y Mozart, católicos). De todas maneras
es en suma la civilización cristiana la que se afirma en esa mú­
sica.
Strawinsk^ no conoce o no quiere conocer esa emoción: el
objeto para él está en lo sensible, Jo otro es un irracional.

�Música, fetfelacié»
Hay que constatar que en ningún
espiritual
arte esta elevación del placer estético
hacia la revelación espiritual, está tan formado, tan patente,
tan explícito, como en la música. Esto puede suceder porque
la música es la recién venida de las artes, un arte esencial­
mente moderno, podríamos decir en todo caso, un arte re­
c ie n t e . La música es de todas las artes, además, aquélla donde
la demarcación es más neta entre su estado primitivo, en el que
aún no ha conseguido capacidad expresiva, y su c u ltu r a a r tís*
tic a , con la que ha llegado a ser lo que sabemos.
N o se puede negar que esta capacidad expresiva no haya
estado en ¿lia desde sus primeros pasos, pero resta en las
mejores canciones como una suerte de" resonancia vaga, y
hay músicas populares que no son sino motrices o sensuales
y no llegan a interesar al espíritu. En su elaboración sapiente
misma — música de cultura o música artística — debió durante
mucho tiempo apoyarse sobre palabras o ilustrarse con uná ac­
ción dramática, antes de ser capaz de vivir por sí misma. N o
es sorprendente — si percibimos qué rápido y prodigioso vue­
lo ha tomado desde que adquirió conciencia de su poder —
que haya considerado esta capacidad de comunicar lo inefable,
de trasmitir pensamientos o sentimientos los más secretos en
su ser, «como el hecho musical e s e n c ia l, como el hecho mismo
de la música. Algunas veces se la ha llamado música noble
por oposición a la de puro placer, pero más sencillamente se
la ha llamado m ú s i c a ; es lo m u s ic a l. Para un hombre de
la generación de Debussy o de W agner decir de una obra
“hay música allí dentro*’ es decir que esta obra es expresión
de sentimientos o de pensamientos. Y también se le ha apli­
cado el epíteto de musical a la poesía o a las artes plásticas,
en la medida en que ellas alcanzaban la virtud de aquélla.
“Todo arte —- dice W alter Patter — marca una aspiración
constante hacia el estado de música y tiende a una condición
que la música sola realiza completamente”. Aunque cada arte
tenga propiamente su elemento incomunicable, su orden de
impresiones intrasmisibles, el modo único de alcanzar la ra-

66

�zón imaginativa, se puede decir sin embargo, que todas las
artes lucharon por apropiarse de las leyes o de los principios
de la música.
Ahora la música — y tal vez pudiéramos situar cronológi­
camente esta revolución en Cézanne — va hacia las artes
plásticas. Esa preeminencia del objeto, Picasso. Strawinsky,
marca una aspiración de lo musical hada lo plástico, inversa­
mente a lo anterior, cuya culminación podríamos situar en los
impresionistas.
Lo mismo que la placa fotográfica
deja pasar algunas vibraciones sin
percibirías siquiera y revela otras, lo mismo el hecho musical no
se produce más que en ciertas condiciones, unas referentes al
objeto y otras al modo de obrar de nuestra sensibilidad.
Enumerándolas se encontraría toda clase de verdades pri­
meras, de verdades banales, de todos conocidas. Pero consta­
temos en general que las exigencias de nuestra sensibilidad au­
ditiva son en suma exigencias a p e t i t i v a s . Es necesario que el
objeto musical solicite nuestra sensibilidad auditiva como el
alimento solicita nuestro apetito. N o basta que la música que
nos es ofrecida encierre secretos incomparables, es necesario
que ella interese nuestro apetito sensible y ésto explica que
ciertas obras, que por análisis estimamos de un interés incon­
testable, puedan en un cierto momento sernos indiferentes
(Beethoven, Mahler, Bruckner para los latinos, inversamente
Debussy para los alemanes).
Pero fuera de las condiciones subjetivas el hecho musical
exige de la obra, el objeto, ciertas condiciones objetivas. Para
que el prólogo de Tristán tenga un sentido, la repercusión que
se conoce, no basta su vehemencia, su aliento, la amplitud de
sus períodos; fué necesario que W agner inventara los acordes
sobre los cuales él se apoya.'
C o n d ic io n e s o b je t iv a s
y

„

s u b je t iv a s

In s p ir a c ió n
Se simplifican en general estas cues* invención
tiones viendo en la elaboración de la
obra de arte la conjunción de dos elementos; la técnica y la
T é c n ic á ,

�inspiración. Se ha pensado siempre que ésta encuentra ios
elementos sensibles que se dirigen al corazón, aquélla los or­
ganiza. La técnica no inventa nada, es simplemente la dispo­
sición de los elementos suministrados por la invención o la
inspiración. La inspiración es la intuición del camino a se­
guir para responder al fin último del arte, intuición de lo que
hay que hacer, de los medios a emplear..
Para realizarse debe provocar la invención en el dominio
. sensible. Esta interviene siempre y en todas partes, en el ele­
mento, en las relaciones de los elementos, en la dialéctica o la
. forma. Inútil agregar que esta invención debe obedecer a la
lógica propia del arte. ( Invento y claridad son las dos impo­
siciones categóricas de la acción creadora).
*
Hemos descompuesto el fenómeno musical en una experien~ cia sensible y su repercusión psicológica; claro está que en
realidad es imposible observar aislados estos hechos, pues to­
dos los elementos que hemos considerado están estrechamente
ligados y obran conjuntamente. Sería un error decir que elfenómeno sensible depende de la invención de los elementos
— del tema o de la armonía — y. que el efecto psicológico de­
pende de la dialéctica o de la forma o de lo que se llama desa­
rrollo. La música es siempre una sola: tiene o no tiene más
o menos repercusión psicológica; es una comunicación o no
de lo inefable; a veces acaricia solamente nuestra sensibili­
dad, otras hunde su garra potente en ella y la domina y la
* sojuzga. A pesar de esa unidad procede sin embargo en dos
etapas: debe franquear la oreja para llegar a nuestro ser inte­
rior, debe producir el fenómeno y alcanzar la repercución que
se busca. Dos notas aisladas pueden no llegar al corazón, pero
en un trozo que llega al corazón, dos notas lo tocan. En Tris­
tón por ejemplo, el desarrollo, la armonía, el tema, todo con­
tribuye a su acción final, al móvil que la ha dictado, a su ins­
piración, a su c o n t e n i d o m u s ic a l en el sentido con que antes
hemos empleado esta palabra. Pero el hecho musical ha de­
bido ser provocado por la música considerada integralmente

61

�M

'

sn Sus elementos sensibles y emotivos, por lo que interesa
también por su calidad de invención, de lógica propia.
Esta dependencia de ambos aspectos del fenómeno es ri­
gurosa: no hay obra famosa por su poder expresivo que no
merezca serlo por su calidad sensible. Sólo es posible distin­
guir lo que corresponde a cada uro de los elementos, así como
una idea poética puede encontrar su forma en un escueto par
de versos o en un largo poema. Hav obras más sensibles otras
más elocuentes: las más sensibles podrán escapar a las perso­
nas menos aptas a experimentar el hecho musical, las más elo­
cuentes a las de sensibilidad demasiado golosa. _
En cuanto a la producción musical
— tomando ahora un criterio de cro­
nología histórica — es fatal que el descubrimiento de la capa­
cidad expresiva de la música y su rápida expansión, haya di­
rigido exclusivamente hacia ella la atención de los composi­
tores. N o es que ellos hayan descuidado el hecho §ensible. Al
contrario, en razón de esa misma dependencia, ía persecución
de una facyltad expresiva cada vez más grande, los obligó
a inventar siempre. ( Se han inventado más acordes nuevos y
nuevos recursos de toda especié por aquéllos que no se preo­
cupaban de inventar, que por los que se proponían la inven­
ción como fin). Pero es que al pretender llegar a esa expresi­
vidad — obedeciendo a la naturaleza, a grandes leyes más allá
de nosotros — se contribuía, del desarrollo de las diversas ca­
lidades del objeto, a cultivar aquéllas que se refieren a la dia­
léctica más que a las que le son específicas. Entonces, como el
objetó musical no era cultivado por sus calidades propias,
éstas — melodía, acorde, etc. — tendieron a disolverse como
elementos individuales. Esto es lo que pasó'después de dos si­
glos de desarrollo de la música, que bajo la influencia, del
genio germánico, había perseguido sin cesar esa capacidad de
expresión.
;
Aspecto expresivo
de le música

.

69

�La'persecución de ese único aspecto
musical
del fenómeno llevó insensiblemente* a
la formación de-una dialéctica musical propia. La dialéctica
no es más que un sistema artificial tendiente a aprovechar efi­
cientemente las fuerzas del pensamiento. (E s conocida la com­
paración con una máquina que tiende a dirigir y aprovechar *
las fuerzas de la naturaleza).
Los románticos tendieron a la formación de ese lenguaje,
puesto que la música era para-ellos un simple vehículo de sen­
timientos y emociones personales. Esa música es hija del len­
guaje, superlenguaje, verdaderamente el más alto instrumento
de expresión de hombre a hombre. El músico era el h o m b r e
- q u e s e e x p r e s a b a con sonidos, así como el poeta se expresaba
con palabras. Los sonidos no tuvieron significación propia e
’ individual -— como las letras o las sílabas que nada dicen en
.'sí — y en cambio adquirieron, un sentido propio de-simbolis­
mo expresivo,, al agruparse. La armonía fué la base de su
expresión — sintaxis (concordancia, régimen, construcción de
sonidos) — pospuestas quedaron las formas descarnadas del
sonido mismo.
Los románticos descategori^on. la música, la hicieron ser-t¡
vil al ponerla a Y servicio de las ideas o de los sentimientos.
La necesidad del lenguaje como tal, como expresión, fué un
imperativo de romanticismo; la necesidad de una forma como
báse de perfección sonora — una forma que es el estilo —
es imperativo de modernidad objetiva. La primera es la voz de
un hombre, ésto es un objeto viviente, en el cual se reconoce
el hombre como se reconoce Dios en la naturaleza.
Debussy marca la primera rebelión de una naturaleza sen­
sible que hizo volver la música a su necesidad primera. En
busca de 4a objetividad lograda hoy por Strawinsky, Debussy
'daba el primer paso purificando esos sentimiento^ Ya no se
trataba de la expresión sentimental — fuente de inspiración
romántica — sino de sentimientos estéticos, aquéllos de se­
gundo grado de que nos hablara Ortega. Perfeccionaba «1 su­
jeto arrastrando tras sí una perfección, 3e consuno, del obd ia lé c tic a

70

■

�jeto, Pero su situación filosófica frente a la realidad era to­
davía indefinida.
■
*
A continuación vinieron de todas partes músicos pertene­
cientes a razas sensibles, eslavos, españoles, franceses, italia­
nos, que en su cuidado de afirmar la necesidad de! hecho mu­
sical sensible, no se preocuparon sino de él. Prepararon así la
completa revolución que significaría un cambio de frente en la
teleología musical: revolución que opera Strawinsky en la mú­
sica como Picasso en la pintura, a! situarse netamente en el
objeto, abandonado el sujeto.
. El cuidado del objeto, la preeminencia del objeto, ésto es
la experiencia musical. Y ésto es lo que interesa, como héfcho
sensible, a la estirpe de músicos como Strawinsky. La* calidad
musical ha cambiado de sentido. La música ha seguido un ca­
mino inverso al del siglo pasado y se ha vuelto hacia las ar­
tes plásticas, ha perdido así*feu realeza. Strawinsky no cree
en esta realeza. Para él no hay otra experiencia más que la
sensible, porque sólo el contacto con las cosas es de extraor­
dinaria significación.
Strawinsky se vió desligado de pronto de t o d o lo que se ha­
bía hecho antes de él, de todo lo que constituía la dialéctica
romántica. Debió volver a comenzar. Tenía necesidad de una
base que soportara la invención y ella la encontró en el uso
0 ¿Le fórmulas clásicas. Su lenguaje sorprende antes que nada
por el uso de fórmulas (menospreciadas por el romanticismo),
fórmulas formales o fórmulas expresivas. Este uso le prestaría
un carácter si se quiere'de artificialidad. Pero no hay tal: lo
más que se puede pensar es que creyó que valdría tanto esa
manera c o n v e n c i o n a l comq la que é l p o d r í a e n c o n ­
t r a r . Lo importante era la vida propia nueva que su­
piera introducirle, y ésto es lo que ha hecho, i n y e c t a r
v i d a n u e v a , independiente, dentro de los viejos mol-,
des del clasicismo.-Todos los elementos de su arte no son me­
nos originales de lo que eran antes, sólo que antes lo sometía
todo a su temperamento, “hacía música con lo que no era to­
davía?música” como decía Debussy, hacía un arte individual

�y rucio, arte salvaje. En cambio en sus últimas obras hace el
mismo esfuerzo creador, pero aplicándolo a elementos que no
tienen nada de individual, que son del d o m i n i o c o ­
m ú n , lo que lo ha llevado a hacer un arte social y .c o ­
lectivo.
Es el hecho de un hombre que se somete a un orden exis­
tente fuera de él, que lo adapta a su orden propio, manifes­
tado en el estilo de un lenguaje general que él toma de una
convención. Es lógico así que esta tendencia lo desviara de
las formas musicales en donde el objeto desaparece ante la
intención expresiva (sinfonía, drama lírico). En cambio debía
recostarse sobre las formas más simples donde el carácter del
objeto es más evidente y donde su demostración es más con­
vincente (valses, polcas, romances). Esa música objetiva,
construida sobre los valores específicos de ella, fué posible ba. sándose en el otro polo del arte: la danza. Y en ésta se apoyó
Strawinsky para casi todas sus obras. Musicalmente las dan­
zas son tipos de expresión, f i g u r a s d e c a r a c t e r e s .
Apoyada sobre la dahza y la música instrumental popular, la
música se ha creado una dialéctica propia: formas, contrapuntísticas. obertura, cánon, tocata, fuga.
La música que acuerda primacía al sentimiento alcanzó
la finalidad del arte haciendo desaparecer los valores específíeos ante el sentimiento del todo: esta unidad manifestada „
es una persona en acción, música personal y subjetiva, lírica,
hermana de la poesía — poesía sin conceptos ;— , lengua de
los sentimientos. (Dialéctica imitada del lenguaje).
La otra, tendiendo a su dialéctica propia, procede de la
música primitiva por una intensificación cualitativa.
Al afinar y desplegar los caracteres sensibles, al poner en evidencia .sus relaciones y su unidad, al lograr esa cualidad que
se llama e s t i l o , la obra jnusical nos manifiesta un cierto s e r ,
que es un signo espiritual, una forma — analogía de un fe­
nómeno de la vida, de una figura del mundo — como la me­
táfora.
La música ha conocido desde el comienzo este carácter de
7*

.

�impersonalidad'. A él corresponde la natürálesa de Strawinsky
y por ello se explica su ligazón estrecha con las viejas mani­
festaciones del mismo.
,
'

&lt;g

•

'

Bt Itttgaafe de

De todo este problema de lenguaje
surge una disyuntiva: ¿Qué resulta si
Strawinsky ha necesitado o hacer una música salvaje o hacer
una música convencional? De todo ¿?to resulta un hecho
"troublant” y es el de que c a r e c e ' d e un l e n g u a j e
p r o p i o . He ahí el hecho que explica el carácter proble­
mático de toda su música.
Carecer de lenguaje es una expresión que pudiera tomarse
en sentido romántico, porque éstos fueron precisamente los
que -hicieron de la música su lenguaje propio, abandonando to­
da preocupación de estilo. La m a n e r a que es siempre indivi­
dual y personal, imperó absolutamente sobre el estilo que es
colectivo y en “donde se cristalizan algunos modos-de pen­
sar, de sentir, de obrar, de un siglo, de una nación, de un
grupo mismo’’. (Schloezer). ^
‘
^Strawinsky sintió la necesidad de que hubiera una forma
social, un e s t i l o y ésto es lo que buscó primero en Bach, lue­
go en Haendel o en Lully. Carente de lenguaje había de bus­
car en aquellos estilistas el marco apropiado para sus inven­
ciones. Y se vió en tal situación porque la manerS personal de
un artista no puede constituir nunca el estilo de la época.
Strawinsky comienza con su obra, esa tarea de depuración
v reconstrucción necesaria después de la alucinación románti­
ca: la de encauzar toda actividad espiritual hacia la forma­
ción de este estilo ansiado, que dará una fisonomía a la época,
dotándola de un ser independiente y colectivo.

Strawinsky

Algunos conocimientos de su tipología racial explican también eí extraño
fenómeno de su música. Hombre culto, con una inteligencia
especulativa, pero práctica, pleno de apetitos de acción, de vo­
luntad, de vigor, tiene u n e x a c t o s e n - t l d o d e l a s
Caso Individual
de Strawinsky

/

’

.

-

-

n

�c o s a s . No cree sino en aquello que toca. Por ello es
que se siente lleno de terrores al pensar en todo lo que él no
puede dominar, y la música como fenómeno expresivo se Je
presenta como lo«irracional, rozando el dominio de lo místico.

¿Hemos conseguido plantear el problema, traer alguna luz
que nos aclare el misterio? Ahora parecen más irreductibles
4as diferencias, más rigurosa la antinomia, menos explicable
una ,posible coexistencia. Tal vez no hayamos conseguido la
claridad que es índice de filosoficijlad.
Cada argumento es una espina en este calvario sensitivoespiritual. Cada uno de ellos derriba un árbol, pero al mismo
fíempo nos descubre una nueva complejidad. Nos asiste sin
embargo una fe y una esperanza porque intuimos la estación
de arribo.
Y nos parece que las espinas irán libertando á la carne
de sus dolores, y que el camino será fácil, para esa genera­
ción -— que vendrá, a no dudarlo — provista de un intenso
p o d e r d e c a p t a c i ó n d e l o o b j e t i v a y deun sincero deseo de verdad de las cosas y no de su aparien­
cia.
.
► J a rb.

74

�•

•

Excéntrica

•J

��VARIACIONES

DE LA

A C C I O N Y EL

PELIGRO

La conducta de las masas está condicionada por una primera
aptitud, típica, diferenciadora, cambiante en cada generación, para
la valoración, para la determinación del sentido de la vida. Hay en
esta determinación un aspecto que es elemental; la masa—el indi vi'
dúo que la constituye, esto es, el individuo en tanto que actúa y
piensa como masa—siente la actualidad como si fuera la realidad
misma, la realidad esencial. Los marcos actuales, los principios
directores de la vida adquieren así un carácter a p n o r i y se piensa
definitivo todo aauello que se da elaborado y concluso, hasta el
punto de suponer característico de la hora, lo que en realidad es
previo e impuesto.
Este sentido conservador está tan arraigado en la raíz del sen­
tir y el pensar de la masa, que hasta aquellos sectores avanzados,
esto es, los que se oponen por principio al estado de cosas, no se
sienten a sí mismos como presente, sino como atisbos de un futuro
lejano, sobreentendiendo así que, en efecto, lo real coincide en ese
momento don lo actual.
La conducta humana se determina entonces por dos maneras:
o sujetándola a ese sistema de valores admitido y “standard’*, o 77
so­
metiéndola a uh sistema atemporal, con una cierta perspectiva his­
tórica- Aquí sería útil anotar que en este último modo se apre-

�cian opuestamente muchos valores que son despreciados en el pri­
mero; por ejemplo, todos aquellos que son exponentes de una pu­
jante y rica vitalidad. Así, en el lenguaje, las innovaciones que el
pueblo introducé por rabones de graficidad o de simple riqueza ex­
presiva, se juzgan incorrecciones en su momento y se valoran como
inyecciones de nueva fuerza en una perspectiva histórica. Pareja­
mente, la audacia, el empuje, todas aquellas aptitudes que por ser
ungulares y sobresalientes contribuyen a precisar los niveles vita­
les, aparecen en la valoración inmediata con caracteres insultantes;
®on, en cambio, las grandes virtudes de la historia.
Es singular que en su estado de plena normalidad la masa ca­
rezca de esta perspectiva histórica, de esta conciencia de su destino,
y que sus actos se determinen exclusivamente por el Sentido inme-diato. Mientras no encuentra estímulo suficiente, la masa no ad­
quiere, en realidad, caracteres típicos. Actúa, entonces, tan sólo,
como agrupación de individuos, multiplicando al infinito los ins­
tintos y las reacciones individuales. En el estado de pasividad—el estado normal de la masa--hay entonces una multiplicación de
los valores individuales que la componen, esto es, de íos^valores me­
diocres o vulgares.
Frente al orden de cosas establecido, frente al sistema de va­
lores usual, frente al sentido corriente de la vida, la masa—normal­
mente—no actúa en forma alguna. El individuo reacciona perso­
nal, individualmente, y somete su acción futura a esa reacción per­
sonal cuya nota destacada es, sin duda, el peligro. Frente al
monstruo que es la realidad establecida, el individuo se encuentra
solo, aislado, impotente, desamparado ante su magnitud. Seguro
de su propia reacción, le falta la íntima seguridad de que sea esa,
precisamente, la reacción colectiva, y su situación de desamparo se
traduce en esa sensación, peligro, que condiciona la acción pasiva
de la masa. En la normalidad, la masa se encuentra inconexa
inexistente frente a lo establecido; la realidad actual es la obra de
otro conglomerado humano, pero animado esa vez por un impulso íntim® y creador. Frente a él la masa pasiva se siente pequeña e
impotente, y el peligro que implica la acción personal detiene toda
posibilidad de acción .
' ,? r

�* Una revolución podría definirse—si no resultara demasiado es­
trecha la definición—corno el proceso por el cual k masa deja de
ser una suma.de individuos, para adquirir un sentido nuevo, dis*
tinto del individual. En tal momento el peligro, reacción indi* *
vidual, desaparece y deja su lugar al sentido heroico, al impulso
creador, a- todo aquello que signifique vida, más estrictamente
aún., a todo aquello que signifique acción Actuando ya como
til, fa masa no está condicionada, limitada pee sentimientos indi*
viduales; la masa es ya un organismo nuevo, de caracteres propios
y definidos. Frente al motor de su pasividad, peligro, ha puesto
el" de su actividad, acciórf, una acción desinteresada, entiéndase
bien, una especie de.acción por k acción misma, una acción lírica,
y que impulsa, contra toda otra determinación de utilidad o de ra­
zón, a obrar,
•. 4
La revolución—ha dicho Ortega-—no es la barricada, sino un
estado de espíritu. Es inexacto creer que la revolución es la trana- *
formación de un algo dado—institución, creencia—en otro. Esto
es una realización posterior en donde el azar o las contingencias
históricas tienen gran influencia. La revolución es algo previo,
una conciencia colectiva que aparece, y que sirve como soporte co­
mún donde asentar una inspiración, un impulso. Reducir a un
estado de conciencia común todas las individualidades que compo­
nen la masa, uniformizar las reacciones ante un fenómeno cual­
quiera, eso es la. revolución. Es por esa esencial virtud por lo que
valen históricamente las revoluciones, no por lo que comportan o
por lo que logran.
• Porque hay que contar con que la subversión de’ valores que
esa transformación representa, es más fundamental a se recuerda
aquella básica limitación en k estimativa de las masas. Romper con
lo estatuido, con lo maduro, es, independientemente de que pares- .
ca o no pintoresco, un suceso fundamental y extraordinario, Sigoifica arrasar el marco tradicional, que tenia todos los caracteres
de lo definitivo y esencial, para intentar cambiarlo por otra *cosa
que es espontánea y joven, y por lo mismo insegura y dudosa. Lo
importante en estos momentos de k vida de un pueblo, es lograr la
voluntad de revolución» #sfco es, lograr la voluntad de violar

.

.
5

�normas, de romper cánones . Eso si .que es trascendental, porque
implica la aparición de un elemento nuevo en la vida activa de tina
entidad social cualquiera: la masa. La,masa no tiene sentido sino
por la acción. La acción implica que la masa se encuentre, que la
masa posponga lo individul de cada uno para unir en un ser nuevo
lo unánime y lo colectivo, que se olvide el peligro y se avance eñ la
acción.
^
Peligro y acción son, precisamente, dos elementos que sólo se
estructuran en sistemas distintos- el peligro es un valor de presen­
cia, despreciable históricamente, y que sólo se siente como limita#
ción personal; la acción, en cambio, es un- valor dentro de la más
estricta perspectiva histórica, y para percibirlo hay que superar un
•
poco el plano de las reacciones inmediatas. El predominio de uno
u otro valor en el alma de las masas está indicando como pocas co­
sas lo harían, la altura del pulso de los tiempos. '
. ^
El porvenir de una revolución se encuentra condicionado por
múltiples factores y, en general, el resultado es mínimo con relación
al elau creador que lo movió. De todas ellas queda impreso el
paso por la incorporación de este elemento que aparece y desapa­
rece en la vida social de los pueblos, -y que siendo atributo de una
generación—o de las generaciones que conviven—se pierde con
ellas así como con ellas apareció.
.
. 8¿ en les pueblos de efectiva cohesión racial tienen importanr
cia estos movimientos de consolidación de las masas, fácil será com­
prender la que adquieren tratándose de entidades sociales de muy
débil estructura. Y este ultimó es el caso de la Argentina. Des­
de hace 30 o 40 años, el aporte inmigratorio ha dado a la economía,
a la industria, un impulso casi fabuloso. Pero este impulso se ha
• logrado por el esfuerzo individual, por el esfuerzo del industrial o
del agricultor, teniendo el trabajo un sello característico de facto­
ría, acentuado en la tendencia egoísta, personal, de quien viene a
recoger de la tierra un máximo de rendimiento sin preocupación
posterior alguna.
En el plano de la actividad política, este fenómeno se .ha manífestado claramente en la indiferencia que por los destinos del país
ha sentido la masa, Y no es que se tratara de desagradecimiento
■8a

�a La patria adoptiva, o.de falta de visión para su futuro. Es setv
eillamente, que el elemento nacional, el auténtico criollo.del año 80,
ée ha diluido poco a poco entre la enorme masa inmigratoria, que
por traer solamente el elemento indispensable para el ptís—brazos—
llegaba, sin *preocupación alguna en chanto al cuerpo social que
venía a integrar. No puede hacerse por esto ur. reproche al ex'
tranjero—ese reproche que en la palabra “gringo" sintetizaba el
criollo de háce 60 años—. El extranjero no hacía sino cumplir la
ley elemental del aprovechamiento de las circunstantes. . Venía de
tierras de trabajo difícil y había aprendido en ellas una lección de
tesón, de voluntad, de preocupación. Y llegaba a unas tierras nue­
vas, donde aun sin todo esto podían ya lograrse eximios frutos.
Aplicando a éstas aquellas viejas virtudes, el extranjero ofrecía al
criollo un espectáculo exótico: preocuparse por lo que se daba por
sí solo. Para el criollo la vida era una empresa fácil; para el ex'
tranjero, una empresa difícil cumplida en un campo propicio. Y
era esta radical oposición ante la vida la que el criollo encerraba en
el recuadro despectivo de la palabra “grjpgo” .
Cada ves más, esta expresión empieza a carecer de sentido;
la masa empieza a adquirir una sacie de'caracteres comunes a los
dos distintos elementos que la componen, que son, desde un punto
de vista más-estricto, infinidad de elementos. Y así, como antes
era la actividad política la que trasuntaba la heter|ogenidad de la
masa, es ahora también la actividad polines la que empieza a mos­
trar este nuevo atisbo de cohesión.
Después del pronunciamiento popular del año 90, la anda pc^
lírica argentina ha. sido, por excelencia, irregular y tortuosa. No
hubo apenas sanciones colectivas, ni expresiones de un común sen'
tir o pensar. Pero he aquí que las cosas han cambiado en los úb
timos años. La actividad política ha empezado a entrar en los sec'
tores que antes se desentendían de ella,, y dos hechos sugestivos dan
la pauta de un efectivo cambio en la estructura social de la masa.
Estos dos hechos-—elecciones del 28, revolución de septiembre—aun
de sentido práctico inverso y quizá pgr ello mismo, tienen una mis'
ma y sola raíz y reside en aquel cambio fundamental. Por prb
mera vez desde hace 40 años, la masa ha vuelto a adquirir concien'

�da de si misma, sentido de su específico querer. Y he aquí que
ya la tenemos obrando* como masa, reaccionando en cada caso, fiel
a sí misma.
•
Quisa interesara aclarar cómo tienen una misma raíz estos dos
hechos contradictorios, elegir y derrocar un gobierno. Pero la con'
tradicción desaparece si se piensa que lo verdaderamente importan'
te de la elección del 28 no fué el decidirse la masa por uno u otro
nombre, sino el agrupar alrededor de cada uno de ellos todo un '
sistema de aspiraciones políticas. En efecto, a poco de conocidas,
las de»' fórmulas se cargaron de un sentido que acaso no tuvieran
estrictamente, pero del que se advertían atisbos evidentes. Por una
parte aparecía una fórmula derechista, conservadora, protegida por
agrupaciones políticas del más variado cariz, solamente concordan­
tes en cuanto a protegerse de un presunto gobierno demagógico.
Por otra, una fórmula popular, de lejana inspiración izquierdista,
prestigiada por una auténtica tradición radical.
*
La definición fué categórica (1); pero no en el sentido de los
nombres elegidos, sino %n el del contenido vagamente ideológico
con que §1 sentir de la masa—acaso su intuición, nunca demasiado .
errada-había cargado los dos apuestos nombres.
.
Esta masá que por primera vez desde mucho tiempo se en­
contraba-a sí misma, coincidía en una aspiración social, ejecutaba su
voluntad de poder, apareció en el campo social como un factor
nuevo con el que dé aquí en adelante habrá que contar, a riesgo
de sufrir sobresaltos y contratiempos. Lograda la conciencia de
sí misnia, volvió a aparecer en defensa de derechos vulnerados, jus­
tamente por aquellos que en un momento sintetizaron toda una as­
piración social."
A quien de aquí en adelante se encarame a la florida rama
del poder, bueno será gritarle un alerta antes innecesario y recor­
darle este suceso paradójico: ya existe.el pueblo. '
J. L. R.1
(1) Recuérdese, por otra jparte, que en cuanto al matiz político del
movimiento de septiembre, el pueblo estaba en absoluta oscuridad. No ha* *
* bía en el apoyo popular, sanción favorable a ninguna tendencia,.

§2

-

�BANCROFT
Bancroft.es la fuerza. La fuerza que vence y que subyuga
sin razones. Siempre existen motivos sentimentales para que de­
seemos que nuestro héroe no sucumba en la lucha que se entabla
en el mundo de la película, pero tratándose de Bancroft no son
sentimientos solamente: no es vencido porque no hay posibilidad
de que pueda- serlo. Si llegara a caer, nos obligaría a construirnos
una nueva valoración de su carácter. El cemento armado nos pa­
rece que no puede fracasar en su intento de sostener una casa;
así Bancroft nos parece que no puede, ser derrotado porque es la .
encamación de la fu erza .
Actúa por presencia. ¿Cuántas veces lo hemos visto luchar a
brazo partido? No lo necesita: su sola presencia intimida, y
para los más osados, para los que parecen olvidar las reglas éticas
del debe ser cinematográfico, un empujón, a veces una mirada
bastan.
En “A cartas vistas1’ lucha y causa desilusión. Llegar a las
manos para demostrar superioridad de fuerza, es Dios rebajado a
misión servil, es descategorizarse.
•
Es vencido en “La Batida1', vencido sin luchar. Cae de pronto,
arbitrariamente, como si estuviera bajo el peso de un hado si­
niestro: ese hado es el remordimiento humano, lo único que pudo
avasallar esa enorme masa de materia dotada de extraordinaria
*

'

’

�fuerza, Y cuando ese hado maléfico se esfuma de su mente obse­
sionada, demostrando una existencia quimérica, al renacer en él la
confianza, se impone de nuevo la fuerza: fuerza sobrehumana para
impedir el cierre de una puerta automática, para torcer unos fuertes
barrotes de hierro, para dejar que los bandidos se maten entre
ellos. Betty, la ¿muchacha perdida sin rumbo —en “Muelles de
Nueva York"-*- no escapa a la acción de su poderío y exclama:
“Yo n o sé q u é pen sar ni q u é d ecir” , porque el que desde ese mo­
mento es “su hombre", arrastra todos los prejuicios, todo lo pre­
concebido. Lo que está organizado de cierta manera, le sirve a él
para hacerlo en forma contraria, es lo contigente cósmico. Betty
siente esa fuerza porque carece totalmente de ella, es la fatalidad ,
es la mujer sin caminos y con todos por elegir: lo mismo le da
ahogarse que pasar una nóche de juerga. La mujer perdida pero
vieja, se deja penetrar también por esa fuerza, es el destino, doble
inexorable de todo ser humano que muestra el futuro con dedo
enérgico. Esa trilogía —fuerza, fatalidad, destino— parece formar
un mundo lógico,,pero fracasa. ¿Cómo Bancroft no lo había de
hacer fracasar? Se burla una vez más de la fatalidad .¿^espertando en
su “esposa" nuevos impulsos de vida, y del destino, augurando una
vida honesta y feliz para “ aquella buena m uchacha incapaz de
m atar a n a d ie” y para él mismo ‘ ‘q u e le gusta hacer de to d o p or
l® m en o s una v e z ” ..
' /'
Su encamación vigorosa es arbitraria, irreal, fantástica. Es­
capa a la razón, pero con una dosis constante de humanismo, des­
pierta nuestra fe: es un carácter, es un Dios.
'.
'
■ ; ' .
Jarb.

84

�TRES CONCEPTOS

EN “LA MUSIQUE ’ DE PAUL BEKKER
H I P O T E S I S D E H I S T O R I A . — Todas las cosas tienen para
el hombre inquieto, un valor de investigación, No nos referimos'
aquí a la investigación por ella misma, sino a la investigación
en un sentido determinante, sentido que engendra acción valorativa.
Investígame» cuando sentimos la necesidad de llenar un vacío.
La atracción que en el hombre ejerce lo desconocido y la búsqueda
que tiene muchas veces por causa la insatisfacción de lo conocido
explicado, son eternas. Porque la eternidad es ese no llegar a ser
nunca porque siempre es. Y esto se resuelve en ia angustia que
no hemos de agotar, porque necesitamos de su fatalidad insaciable
en nosotros, como premisa necesaria a nuestro vivir de cultura.Pero el resultado de posesión de cultura se resuelve en acción
*" (piénsese en el hombre que produce en un sentido afirmativo; re­
cordando también aquello del valor positivo de los grandes errores).
Entonces el hombre necesita expresarse en forma de sistemas, teo­
rías, contrucciones necesarias de hipótesis, formas activas todas.
La capacidad del hombre que vive cultura al comprender una
época de la historia, le crea estados espintualmente necesarios para
la comprensión intuitiva y científica de esa época. Y a estos esta­
dos espiritualmente necesarios son lo que llamaríamos “hipótesis de
historia'”. “Además, hipótesis no quiere decir fantasías caprichosas.

Note - "La Musíqtie", Paul Bekker. Ed, Payot, París, 1929*

-

.

'

85

�La hipótesis de que aquí se trata —la esencia del estilo gótico de
Guillermo Worringer— son mas bien esos grandiosos experimentos
que hace el instinto cognoscitivo cuando, para penetrar en la osan
ridad de los hechos incomprensibles desde el punto de vista de núestras representaciones, se ve obligado a tender sobre ellos una red de
posibilidades, cuyos más aparentes puntos son los contrarios polos de
nuestras representaciones.” El querer desentrañar sentido a las
cosas (el que nosotros le damos) y de las cosas (el que ellas nos
dan) es lo que constituye la actitud pensante del hombre científico.
El dar sentido a las cosas es función científica," como que el que
nosotros lleguemos a que las cosas nos den su sentido, es función
intuitiva.
‘
•
La historia —acaso la rama más artística del saber científico—■
es quien más sufre la cuestión sentido, es decir ese penetrar en las
cosas, para arrancar el por qué del humano hacer; este concepto
implica la necesidad de acción del que piensa y siente, una. nece­
sidad teleológica, determinante de una finalidad-última. El hombre
se salva a sí mismo mediante la intelección de hipótesis de historia,
es decir, mediante sus grandes creaciones de épocas ya muertas
biológicamente. Intelección, inteligir, ver, penetrar en el ver, pro­
fundizarse. Llegamos al sentir de totalidad: hay creación. El honv
bre crea más sabiamente cuanto más le concurren el pensar y el
sentir.
*
Es necesario convenir en que desde cualquier punto que se
encare el problema histórico no es posible al historiador zafarse de
lo que de pesa dentro, ya sean calidades adquiridas (intelectuación,
cientificación), ya sean calidades innatas (intuición, comprensión) .
Todos estos ió n más o menos potenciales según la personalidad
del que historia, se reducen en última instancia a una subjetivación,
a un enfoque pleno de facultades constructivas. En este sentido,
historiar es subjetivar y subjetivar es crear.
Pero si partimos del concepto dogmático objetivo que gene­
ralmente se tiene de la investigación como método, vamos a parar
a teorizaciones desprovistas a menudo de verdad y sentido vital.
Cayendo al terreno de la historia de la música —fenómeno
sentimental, el que más directamente azota la sensibilidad, que posee

�cantidad de combustible vital para inflamar el pajonal de la inves'
tigación histórica—, lleva en su existencia de años estratificación
vital de hipótesis de historia. Y a bien .dice Bekker en las primeras
líneas de su libro: “ . . . pero existe algo sobre lo cual no hay ninguna
obra en que se pueda consultar hasta hoy, y esto es la m anera c ó m o
debemos ver y comprender la historia de la música". Y^es que histónicamente la música debería escudriñarse en un sentido funcional.
' El equilibrio de las fuerzas de creación es una resultante de
la cultura.. El artista sin su ayuda se queda en mitad del camino
a recorrer. Y el sentido histórico de la música estaría dado por el
ambiente* emulsionado de las artes y de las ciencias que le son
contemporáneas y que concurren en la expresión formal determi­
nada por su dinamismo. “No estamos aquí para ser jueces de
los fenómenos: tenemos que observarlos y buscar de comprenderlos
por la ley que los rige. Encontraremos que siempre hacen exacta'
mente la música-que responde a esta ley. Lo que llamamos las
' formas musicales serán precisamente la consecuencia de las leyes
que les son inherentes.” No se recurriría a una constatación histó­
rica, sino a. una vivificación de ligamentos entre fenómenos.
El carácter funcional de las formas Tle expresión, resalta —
con su necesidad de presencia— en la interpretación hipotética
de su mismo sentido formal. Recordemos que la desavenencia
'entre la forma y el fondo es el caos. Sólo llegamos a contempla­
ción de algo logrado cuando se consigue equilibrio entre la expre­
sión y lo expresado. Y en función de hipótesis es como histórica­
mente se desentraña la unidad de las diversas fuerzas que hacen
equilibrio y p ro d u c e n obra. A estos procesos de coordinación entre
la expresión y lo expresado, procesos fatales, necesarios formativamente en el arte, Bekker les da carácter de transformación, no
de evolución .
El artista que crea genialmente, es lo quintaesenciado que
ofrece la cultura de una época, ya que el arte todo, es una resul­
tante del vivir cultural. Y decimos resultante porque el arte no
podría comprenderse sin todas las otras manifestaciones culturales
que dan a la vida un sentido específico. En este camino llegamos
a comprender por qué Bekker al fundamentar su concepto de trans.

•

87

�“

.
• .
. . . .
•.
f
' •
formación dice: “ . . .la -música de todos los tiempos es siempre
artísticam en te igual en el sentido absoluto de la palabra: que ella
corresponde siempre a la naturaleza de los hombres que la han
producido. . . ”
*
Pero cuando Bekker habla, de “naturaleza de los hombres
que la han producido”, debe interpretarse como una expresión de
la fundón “cultural de estos hombres dotados de grandes calidades
intuitivas.
Es tarea el. historiar la música —que por la inmaterialidad de
su material de expresión, se halla con respecto a las demás artes
en una situación especial— con mayor derecho cada vez a empa­
parse de “hipótesis de historia” frente a sus documentos; justamente
porque sus documentos nos dan, más que ios de ningún otro arte,
elementos para “la posibilidad de •cc&amp;struir síntesis o sistemas que*
juzguen, según leyes iguálelo análogas a las de la abstracción,das
formas concretas que se encuentran en ei mundo sensible”, (1)
i en el mundo sensible, diríamos •nosotros, de las ideas y emociones
que no se ven sino que se oyen.
, :
.

■

■

’

'■

T R A N S F O R M A C I O N , N O E V O L U C I O N . — Decir -que
hay transformación es decir que, permaneciendo siempre la ideali­
dad del amor, del, sufrir, del querer, como eternidades, su expre­
sión en el arte está ayudada (sometida formalmente) por elemen­
tos culturales que van transformando, aclimatando funcionalmente,
las formas de que se vale para su expresión más .vivida, el arte
músico.
'
' - i- ; ■ ¡ ^ : • ’
El hombre siempre ama, sufre, desea, y su forma expresiva .
’
está condicionada por la influencia del estilo de la época que lo
rodea como ser necesariamente social. Estilo: “ ...ciclo de formas
nacidas de las concepciones religiosas y éticas de un pueblo, carac­
terizadas por la analogía de la finalidad artística y de los medios
empleados para su expresión, y que forman un conjunto armónico”. '
‘
(K. D. Hartman). ,
‘
*
*
Hay un sometimiento en el hombre con respecto al estilo de

(1) D'Ors.

88

•

*

'

.

�% época; pero tamo artista tiene el desahogo de la m a nera m que
su personalidad con intuitiva voluntad de forma, se expresa, Las
personalidades geniales adelantan en su manera a la época en que
viven sin deshacerse'del'estilo de estas, que es ei aire necesario para
la revitalízación de sus órganos; se amamantan en ella para conocerla
y fluir en aspiración a gustar frutos cuyo sabor le sugiere su intuí*
ción, genial. Y aquí se adelanta —o se adentra— en su manera.
Salta de su época, pero su ambiente (estilo) lo envuelve. Esto, por
necesidad de expresión; aquello, por necesidad vital.
Lo que en una época predomina como arte, es la construcción
y estructuración fbrmal eñ que directamente el artista expresa sen*
timiento. Y esta constitución formal estaría en la genérica combo
nación —no mezcla— de varios y distintos funcionamientos de «
elementos extrínsecos e intrínsecos. “Como las formas creadoras *
son, como tales, siempre las mismas, como nada se crea y nada se
pierde, es necesario que el resultado del punto de vista del valor sea
igualmente el mismo. No es más que la forma exterior, la aparien­
cia que varía. Por tanto no hay “evolución” sino “transformación”.
Es este concepto “transformación” uno de los más hondos
atractivos; porque parece venir a mientes —y con facilidad de re*
trueque— el reproche de que en cada época se ha sentido, se ha
. amado, gozado. belleza en mayor o menor grado, tanto como hoy
se siente, se ama y se goza. El pensamiento lo dejamos aparte
para recogerlo luego. Pero es que en el -fondo-seguimos queriendo,
amando, con la misma intensidad; lo que ha'cambiado es la forma
del sentir, es la expresión del querer y del amar. Esta forma de
expresión se obtiene por un pensar —y aquí recogemos el pensa­
miento— el sentir, por la construcción intelectiva (voluntaria) de
las formas que persiguen nuevas caras a nuestras honduras. (1)
*Persiste en el fondo de todo elío, una unidad que sale a flote
en la primera oportunidad propicia para lo cual habrá sido nece«ario una lucha interior y exterior de conformación, lucha que ha
(1) No se pierda de vista eV terreno que pisamos. Estamos dentro
de tais artes, las que requieren y exigen' para so vivencia -en nosotros,
agudo grado intelectivo.
■

89

�ido en pos (transformación) de una acabada expresión. No es que
haya cambio evolutivamente, que se haya dejado de ser para ser
algo otro, sino que permaneciendo en constante fidelidad del sen­
tir* se piensa constantemente en la fiel expresión.
Así en las distintas épocas del arte. Llegaríase al estudio de
transformaciones morfológicas, a través de las cuales iríamos a atra­
par las ideas madres concebidas con intensidad, altura y timbres vi­
talmente rítmicos. Entenderíamos aquí—a fuer de parecer metafó­
ricos— por intensidad, una fuerza ideal: clasicidad o romanticidad,
cualidades éstas que dan sabor de construcción. Por altura, aspira­
ción grávida, es decir, aspiración en donde confluye necesariamente
el obrar típico de la época, cualidad constitutiva. Y por timbre, color
específico de la época, cualidad de estructura, en donde el elemento
tonal que da la pauta (racionalista o no) envuelve en sus tonalida-'
des ciaras y oscuras ese vivir espontaneo rítmicamente irracional.
“ .». yo veo la esencia de la especulación histórica no en la filiación
de las manifestaciones aparentes sino en la divulgación de las leyes
y las fuerzas por las que se determinan las transformaciones. Es en
estas leyes y estas fuerzas que trabaja la vida, mientras que las
manifestaciones no son más que las efectos"’. Sí, las manifestacio­
nes en sí mismas no son más que los efectos, pero estos efectos
que serían las formas, nos dan el sentido de esas leyes y de esas
fuerzas que la vida trabaja. Y tomamos lo aparente (lo que apa­
rece a nosotros desde un principio, la forma) y lo esencial (esas
leyes y esas fuerzas que la vida trabaja) para completar la unidad
de ’ transformación.
— Acaso una de las causas por'
la cual parece imposible volver a las consonancias perfectas, serta
la falta de ironía que éstas encierran. “Las formas tal como apa­
recen en la imagen de notas, no son más que las apariciones
que resultan de esta vida del sentimiento. Si al oír una disonan­
cia experimentamos el deseo de una resolución, o si la resonancia
de la dominante en el bajo nos hace experimentar el deseo de su
marcha hacia el bajo fundamental, es que se'trata en efecto, de
"A R M O N IA

90

D IS O N A N T E .

.

�«imples sentimientos amoros, que están condicionados por el sejv
timento de la gravitación” .
• Hoy vivimos dinámicamente. Esa explosión de la disonancia
como expresión de un estado espiritual hace pensar en la exacer­
bación.del cubismo, es dedr tomando esto ya hoy como un camino
de reacción que se abre paso por er.rre peñascos con finalidad de
independencia. Así como las otras ¿.rtes persiguen su plano propio
donde moverse dentro, de sus propios elementos, la música haría
lo mismo con su material sonoro —cada uno en su casa y Dios
en las de,todos—. r
..
Pero ía disonancia nos da un sabor especial de vida: la ironía.
Y Ja ironía es esencialmente dinámica. Ese anhelo por sentir re­
suelta una disonancia y la tranquilidad que esa resolución nos re­
portaría'está guiñada por la voluntad de ser lo que no es, causada
quizá por exhuberancia de vitalidad. Se nqs escapa, se nos va, y
estamos en continuo móvilmente?, en despliegue de renovación es­
piritual (pensemos en el efecto que la disonancia por más estética
que sea, causa en los espíritus pasivos y dogmáticos) . A ese sabor
irónico dé la disonancia habría que encontrarlo en el sonido mis­
mo. Es un inmenso campo de acción que se presenta con grandes • ’
posibilidades para que germinen ideas musicales, no ideas musical­
mente literarias. Iríamos en busca del tratamiento del sonido como
esencia del medio de una expresión artística (música como arte y
nó en busca del sonido como medio de una expresión de arte—mú­
sica como medio de ideas ajanas a ella misma, v. g. música de pro­
. grama).
La depuración de la expresión armónica quizá obedezca a ésa
búsqueda a que nos referimos más arriba, pues ¿por qué la música
de hoy se apoya en la armonía de la disonancia? Nótese que en
la disonancia hay armonía y hay necesidades espiritualmente ar­
mónicas de expresión, únicas capaces de categorizar nuestro di­
namismo.
El instrumento mecánico con su riqueza de armónicos nos da
una intensa sensación de dinamismo. Y explotando esa esencia di­
námica que encierra en grado patente el sonido instrumental, es
'

91

�como se dirige hoy el músico a construir y a estructurar la orques­
ta en un sentido sintético.
*
La armonía disonante, la artísticamente honesta, la sincera,
k exenta de ruidos raros, es el alma embebida de irracionalismo
m
que se resuelve en ironía de hombre dinámicamenfe fuerte. Mu»cálmente es el espíritu 'que encierra el alma de nuestros días.■

m

—

_

Plasmar, llegar a dar idea vivida dé épocas que sólo se conocen
a través de documentos —en 1c® que lá'musicógrafo, para el cono­
cimiento d é su proceso histórico debe hacer despliegue de un tacto
, delicadísimo— , está reservado a ía imaginación creadora, que es
capas de intuir a través de k cultura la época, lo que nos está
vedado sensorialmente. Sólo nos queda la hipótesis y con ayuda
dp ésta la intuición racionalizada de la música histórica. Es un
volver a Boecio: “Toda la música es racionalismo y especulación"
—pero por muy distinto conducto. El, por vía de teorización; noso­
tros por necesidad de revitaíización histórica y espiritual. Porque
nuestro vitalismo musical no sólo estaría en la expresión de k vida
de los sentimientos sino en la necesidad de lo plástico como idea
formal y de lo dinámico de la disonancia m culto a k vida de
totalidad del sentir, pensar y hacer.
£

92

.•

:

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��Correspondencia:

Corrientes

3060

Imp. M. Lorenzo Rañó, Roedo 837, Bs. As.

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                  <text>Ejemplares 1 y 2 de la revista Clave de sol, publicados entre 1930 y 1931.</text>
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                <text>Coppola, Horacio&#13;
Maiztegui, Isidro&#13;
Romero, José Luis&#13;
Romero Brest, Jorge</text>
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                    <text>Exprese sus Augurios de Felicidad para el Año 1948 Regalando Libros

REDACCION

Y

ADMINISTRACION:

Perú 973 - Buenos Aires - Telet. 34-2384

Año III

1 í) 4 a

E n ero

2“ Epoca

Precio del número: $ O.bl) moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : S b.5U mo n . / a r g

nmim

Una novela corta
de BORIS VIAN

US M IG A S

de

NOVELA
á x im o

llegado esta mañana y no n o«
han recibido bien, ya que no Labia
nadie sobre la playa, excepto montones
do tipos muertos o montones de pedazos
de tipos, tanques y camiones destrozados.
Venían balas de todas partes y no me
gusta ese desorden porque si. Saltamos
al agua, pero estaba más hondo de lo
que parecía y resbalé sobre una lata de
conservas. El tipo que estaba detrás de
mí so le llevó los t r e í cuartos de la cara
un pepino que llegó en aquel momento y
yo me he guardado la lata de conservas
como recuerdo. He metido los pedazos d«
su cara en mi casco y se los he dado;
el tipo fué a hacerse curar, pero tengo
la impresión de que ha seguido un mal
camino porque ha marchado hacia aden­
tro hasta ser cubierto por las aguas y n o
creo que vea lo suficiente en el fondo
como para no perderse.
En seguida corrí eir la buena dirección y
llegué a tiempo para recibir una pierna
en plena cara. Me dispuse a insultar al
tipo, pero la mina, al estallar, no Labia
dejado de él más que unos pedazos nada
prácticos do manipular; entonces, he ig ­
norado su gesto .y he continuado.
Diez metros más allá, me ,he reunido'
con otros tres muchachos que 'estaban de­
trás de un bloque de cemento y qup tiraban
sobre un. rincón del muro, más arriba.
Eslabón andamio y empapados de agua y
yo debía estar como ellos; entonces me
arrodillé y tiré también. Volvió el teniente,
tenía la cabeza entre las manos y una
cosa roja le corría de su boca. No tenía
el aire de estar satisfecho y pronto quedó
tendido sobre la arena con la boca abierta
y jos brazos hacia adelante. Ha debido
ensuciar bastante la arena. Era uno de
los pocos rincones que estaban limpios.
Desdo allí, nuestro buque naufragado
presentaba un aspecto completamente idio­
ta; luego no tuvo ni siquiera el aspecto
de un barco cuando le cayeron encima los
dos proyectiles. No me alegré porque había
todavia en el bareo dos amigos, heridos
antes, que iban: a lanzarse al agua. He
golpeado la espalda de tres que disparaban
conmigo y les he dicho: ‘ ‘ ] Vamos! ’ ’ Por
supuesto, les he hecho pasar delante, lo
cual ha sido una buena idea porque el
primero y el segundo fueron inmediata­
mente abatidos por los dos sujetos que
nos daban caza, y sólo quedó un tipo
ante mí. El pobre tampoco ha tenido suerte
porque apenas se había desembarazado de
uno de los tipos de enfrente, el otro lo
ha derribado, antes de que yo me lo car­
gara a él también.
Los dos puercos de detrás del muro, te­
nían una ametralladora y montones de
cartuchos. He dado vuelta a la máquina,
( Continúa en la pág. 12)
em os

p o r D A R D O CUNEO
Arango acababa de decirles:

—Cada uno de nosotros tiene algo
M
propio que, sin embargo, nos pertenece
a todos. Es el bien de nuestra comuni­
dad de desilusionados. Es lo que nos
hace sentirnos apenas fraternales. Se
llama nuestro fracaso. Ellos y nosotros
somos fracasados porque el país no nos
deja ser, y algo peor aún, no nos deja
esperanzarnos, no nos permite sostener­
nos con una gran ilusión, que es como
decir que nos lo niega todo. Nuestro
bien común es la enorme cuenta a co­
brar que no cobramos. Es nuestro dé­
ficit.
Julio se empeñó en comprender todo
el amargo significado de esas palabras.
“ Nos une la desesperanza” , pensó. “ Por
lo menos, algo nos une. Mucho peor
seria, acaso, que anduviéramos codicián­
donos un lote de júbilo. Tal vez la an­
gustia tenga mayor fuerza organizadora
que la alegría. Nos sentimos más her­
manos en el desamparo que en la fiesta,
más en la derrota que en el reparto.
Ganamos en sentimiento solidario, en
capacidad para vivir en común lo que
S a l v a d o r D a l í . D estete d e l m u e b le a lim en ticio . 1934. Colección Jocelyn W alker.
hemos perdido en esperanza” . Sintió
una inquietud temerosa. ‘‘Perder en es­
peranza, ganar en solidaridad” . Siempre
J-iUara creído —y en verdad era lo
it»' s/guiría creyendo— que la espe'rs'B'm, &lt;
era e l' más enérgico .motivo de enteS-Oimiento, que solamente alrededor de
las grandes ilusiones se podrían consti­
tuir las grandes asociaciones de los
por R AM O N GOMEZ DE LA SERNA
hombres. Que la comunidad era obra de
esperanzados, que la historia era la
cruzada del que espera, del que ansia,
del que se siente conmovido por una
papeles unido como por un cordón umbilical, que salía
a r a mí el artista perfectamente renovador y el que
gran ilusión. ‘ ‘Una gran ilusión” , se
de
entre sus flores y arabescos metidos en el cristal,
señala
con
plenitud
la
nueva
hora
es
Dalí,
el
de­
dijo para sí.
a un pájaro extraño y flaco que no se sabe si recibía
tractor de las espinacas que se pegan a los dientes.
Máximo Arango seguía hablando. Sus
ralabras estaban empañadas de regular
o daba vida a esa flora inextrincable del pisapapeles,
Sólo encuentro mal que entre las letras de Dalí
margura. Máximo Arango descreía de
cuando al día siguiente vi en las vitrinas del Banco
no
haya
una
hache.
todo o de casi todo a fuer de querer
Municipal de Préstamos un pisapapeles con un hongo
Claro
que
él
me
replicaría:
creer. A veces, solía recordar a Lamas,
hundido en el macizo cristal que se relacionaba de
—La hache la llevo en el corazón.
el poeta suicida, diciendo: ‘ ‘Todas sus
incidencias, todas sus negaciones estaban
He creído en Dalí desde el primer momento en que algún modo con mi sueño y yo que nunca había visto
hechas de ardientes deseos de amar, de
apareció y para mí fué un niño que comenzaba a ju­ pisapapeles en esa subasta ni nunca había hecho pro­
imar a sus compatriotas, de amar a
gar con las mismas cosas que yo había jugado; mu­ posiciones bajo sobre utilicé esa opción y hoy está
su país. Todas sus inconsecuencias en
en mi poder ese talismán que me está dando suerte.
ñecas
de cera, material plástico pedagógico, jaulas
política no formaron sino la ruta zig­
zagueante de su búsqueda del amor.
Comprendo sus enigmas ya dados a la publicidad,
vacías, etc., etc., añadiendo nuevos y prodigiosos ju­
Lamas se suicidó por haber fracasado
las insistentes mesillas de noche —mesitas de luz—
guetes que él ha inventado, como mitos sin mito.
d esa búsqueda ’ ’. Arango era rotundo
de sus cuadros, y yo bien sé que son los confesionarios
Siempre le defiendo y por eso cuando últimamente
cuando afirmaba que el país no se de­
más importantes de la vida española, lo que alcanza
oí que decían que se había mercantilizado respondí:
jaba amar, que los argentinos no están
a tocar por último la mano agonizante.
constituidos para el amor, sino para
—No es verdad... Lo que ha pasado es que los
el odio. ‘‘Váyase en procura de los
A mí me han obsesionado en las posadas españolas
mercaderes
y
los
mercachifles
se
han
dalificado.
testimonios de nuestra literatura. Ahí
como
la renovación del crimen gracias al retazo de
Estamos
en
tan
pareja
actitud
frente
a
la
vida
que
zainos a encontrar riñas v asesinatos.
tenemos las mismas ideas políticas y religiosas acep­ diario que forra su cajón y aun recuerdo una noche
( Continúa en la pág. 4)

LOS ENIGMAS DE SALVADOR DALÍ

P

i¡|pÍE

■

. -

mm

&lt;yr'

R a í l S oldi. M u je r b a ñ a n d o a su h ijo .

tadas por el mismo camino en Yecla cuando me encon­
tré un revólver olvidado en
le independencia.
Por todo eso cuando él ha sus adentros y en la madru­
aceptado desde Nueva York gada oí insistentes golpes en
que hagamos un libro en co­ la puerta y cuando creí que
laboración para lo que irá iba a tener que ejercer el
enviando a nuestro editor los arma oí que me la exigían
dibujos más arbitrarios que porque el que la había extra­
se le ocurran, yo bauticé ese viado la reclamaba en un
libro con el único título que telegrama que se acababa de
recibir.
le corresponde: Enigmas.
Comprendo los grandes
Comprendo y amo los enig­
mas dalinianos y sé como de­ horquillones que sostienen las
be saber él que las galletas narices o las excrecencias de
de agua que nos comimos de sus personajes y que él por
niños son otras tantas almas ironía dice que las pone en
de que nos alimentamos, pues sus cuadros como “ sostenes
las galletas son más ese acon­ de la aristocracia” , pero en
tecimiento que galletas; que las que yo veo una fantasía
el contacto con la mano fría a la manera de Callot o un
de la muerte; que hay ob­ sostén para las largas espa­
jetos crepusculares como los das como aquellas de que ha­
elefantes hechos en ébano y bla Scarron y de las que no
que todo es misterio menos se hubiera podido servir dies­
las hojas secas que caen en tramente el espadachín sin
esa horquilla, aunque en de­
el otoño.
Yo también creo como él finitiva yo creo que sirven
para apositar las grandes or­
en los talismanes.
Ahora tengo uno impor­ quitis de la vida.
Como Dalí supera a los
tantísimo.
Resulta que hace poco yo pintores con su “ imagen dohabía soñado con un pisa- _ j
(Continúa en la pág. 3)

J uan

del

P rete . Cabeza en amarillo.

�cabalgata

2

Canto a la Eternidad Insaciable
Cuando a uno le crecen bajo la piel sudorosas lámpara»
y el tiempo es una clámide que solloza eir la luz
i Cómo evitar que los ángeles no se devoren el musgo r el polvo,
que no aúllen y clamen sin medida ante el incendio,
ante el gusano que les plasma y muerde las alasl

Yo voy con ini sombra gritando y enlutando los más sabios número»,
izando en mi cuerpo desnudo a los pelícanos más puros,
voy lanzando cuerdas y flechas en las llagas,
voy rehaciendo mis labios despedazados por las hormigas y el viento,
voy tallando mi sed en una tierra púber e infinita,
hasta salvar la uña y el ojo que en las puertas
ensangrentadas ilumina y llora.
Yo sé que a vuestras tibias de oro y estiércol,
yo sé que a la lenta espuma de vuestros muerto*
sepultados en medio de sabias alas de mármol
e inundados por la sinfonía de las falenas victoriosas,
debéis añadir el llanto, las plumas y la dieta do las águila».
En mi sangre hay luces y en ella flotan majestuoso»
rostros argonautas;
he aventado y he puesto noche en las espigas que repudiaron sus flecha»,
y las tinieblas y los alados dientes de una eternidad insaciablo,
ardida de primavera, ya para siempre, amanece en mi máscara.
Duro es el sol en la mejilla de los dioses y de las amapolas
y mi rostro, cubierto de avispas y de banderas sagradas
canta, llora y sangra por su jirón de clámide,
por su estatua de plumas peregrinas,
por su cuenco de arenas enlutadas y sedientas.

•
Andró Gide no ha podido a sistir a la
cerem onia oficial en que los prem ios Nobel
de cada año son consagrados por la Academia
sueca, con la asisten cia de las más altas y
reales personalidades del país. Los m édicos,
sus fam iliares y am igos han estim ado que su
estado de salud actual no le perm itía este
desplazam iento. Gide tiene seten ta y ocho años
y estos últim os días su salud inspiraba algún
cuidado. Se encuentra ahora en Suiza en casa
de su hija.
U n periódico ha publicado la noticia de
que Jean Lambert, joven n ovelista, yerno
de Andró Gide, había hecho gestiones para
conocer que parte recogería el fisco del im
porte del Prem io N obel. Gide debe percibir
140.000 coronas suecas, que al cambio oficial
equivalen a más de 4 .6 0 0 .0 0 0 francos fran ­
ceses. Al parecer, de esta suma corresponden
ai fisco, “como aum ento de b en eficio” , cerca
de 2.50 0 .0 0 0 francos.
La n oticia ha producido una gran im presión
en los m edios literarios y cultos. A lgunos in s­
pectores de contribuciones letrados se lian
dirigido a los periódicos aduciendo textos le ­
gales dem ostrativos de que un ingreso do esa
naturaleza está exento de todo im puesto. D e s­
pués de esto se estim a que Gide será excep ­
tuado de dicho gravam en.
Y en relación con Gide, recogerem os el
rumor de que algunos m iem bros do la A cade­
m ia Francesa realizan gestion es para hacerle
entrar en e l Olimpo de la Coupole. Sería la
form a de tratar de consagrar nacionalm ente
al autor de “La Sin fonía pastoral” después de
haber
sido consagrado
internacionalm ente.
iG ide académico I
•
E l p resid en te del gobierno francés, señor
Schuman, ha prohibido indefinidam ente las
charlas radiotelefón icas sem anales de “Temps
m odernes”, que dirigía y organizaba J. P. Sarfcre. D esdo la prim era em isión, todas ellas
habían dado ocasión a violentas protestas de
uno u otro do los sectores y de lo» periódicos
p olíticos. La independencia política do Sartre
le perm itía atacar ind istintam en te a todos
sin pronunciarse particularm ente por ninguno.
La prim era desató los ataques enfurecidos de
los partidarios de D e G aulle; la segunda,
las iras de los com unistas.
E n medio de la agitación social de todo
el país en que iba a tener lugar su cuarta
em isión, el señor Schuman ha considerado
que los^ ju icios o críticas sartrianas podían
ser un incentivo para increm entar el m alestar.

i Cómo destruir tantas lámparas creadas para mi rostro argonauta,
cómo azotar mi cuerpo y mi sangre con sólo muñones negros,
con sólo herrumbrosas y ortopédicas alas de ángeles?

•
La prensa en general ha tributado un
cariñoso recuerdo a la memoria de Y ictor
Serge, recientem en te fallecido en M éxico. Con
e ste m otivo se ha hecho destacar que en
breve se publicará su últim a obra. “Los ú lti­
m os tiem p os”, que hasta ahora se había pu­
blicad o en francés sólo en Canadá, debido
a lo cual no ha podido difund irse en Francia.
B ernard G rasset se dispone a editar todas las
obras de V íctor Serge.

No he de ser la torre, ni la avispa desvanecida por las nubes;
mo he de ser el reloj cuya sangre fué evaporada por el tiempo;
ni besadora de liuacos, ni veleta que se alimenta de lluvias;
ni aguja miope, ni estatua que suda y
crece;
ni barco con la veste de las suplicantes, ni jirafa que dialoga
con la más alta rama del sicomoro;
he de agitar el incendio de mi sangre y de mi clámide,
ha de lanzar al viento la ceniza de los dioses.

•
R efiriéndose a la crisis actual de la edi­
ción francesa, el editor R oger Julliard ha
dicho lo sig u ien te en el diario “Combat” :
“Todo m archará m ejor seguram ente cuando
los editores que sobran hayan abandonado la
p artid a.” Y a contin uación citaba la célebre
fr a se del general F och : “La victoria será
del que se m antenga un cuarto de hora m ás.”
A lo que se le puede responder que lo peor
del caso es que todos los editores franceses
nu evos (unos m il seisc ie n to s) esperan lo m is
mo tam bién desde hace cuatro año».

Antonio de llndurrar!"

Rosa Buenos Aires
(Fragmento)
Ylerou al aire ávido y a la planicie virgen de relinchos y domas
qne descendía las barrancas rápidas para rogar al río:
una nave del mar,
una voz musical de la montaña,
una tenaz paciencia de la nieve. . .
Vieron, aquellos hombres místicos y hambrunos,
cómo era bueno el mundo con sus árboles lacios inclinados de espera,
cómo era manso el ojo de la tierra yemada.
Rodó el yelmo de plata y el ademán de cera de la mano servil. ..
Dijo su prez asceta el amor a la sombra
y entre bravos rumores de cueros y ballestas,
de voces sagitarias con recuerdos de horcas,
los guturales gritos de conquista iniciaron un ámbito infinito,
¿Para quién,
para cuándo. . . ?
Rosa que abrió sus vientos de esperanza indomable,
eran tuyos los páramos del Sur,
en él fueron dispersos como polvo maldito
el nombre alucinante y los delirios de la avidez Cruzada;
de la crueldad cetrina ungida con herrajes de liturgias,
presa y mortal
sobre la gran llanura.

9 H ablando de eó ores T díhos que la edi­
tor;"’ Pío»» ha
o
. centenario. Pión
fu á ©í editor de V íctor H ugo, Caran d ’Ache,

E X P O S IC IO N E S DE
A R T E EN M E X IC O
p o r R . M olías i Fábrega

C

ON m otivo de la reunión de la UNESCO
en M éxico se han celebrado gran número
de m an ifestacion es a rtísticas.
Los llam ados tres grandes de la pintura
m exican a: J osé C lem ente Orozco, D iego R ivera
y D avid A lfaro Siqueiros, aprovecharon la ocasió n para presentar sus obras a las d elega­
ciones extranjeras.
E l In stitu to N acional do B ellas A rtes p re­
sen tó una exp osición com pleta de la obra de
Orozco, en la que pudo observarse que este
p in tor es, de los tres, el m ás genuinam ente
artista. Sim ultáneam ente, el Colegio N acional
exp u so un conjunto de telas del m ism o pintor,
en el cual se paten tizó que no es el m ismo
Orozco genial de los m urales.
D iego R ivera p resentó sus cuadros en las
G alerías M exican as; y el fresco que term ina de
realizar en los salones del nuevo H o tel Prado.
P arece un signo fatal de los m u ralistas m exi­
can os: tam bién R ivera es de una calidad in ­
ferior en sus telas que en sus frescos. En el
fresco del H otel Prado vem os un retorno al
e sp íritu y calidad de sus prim eras realizacio­
nes m urales de Chapingo y de la E scuela S e ­
cundaria, que no so refleja en modo alguno
en los frescos que desde hace unos tres años
está realizando en el P alacio N acional, que
tien en m ás de ilu stración h istórica — exp resa­
dos con su m anera peculiar de interpretar la
h istoria— que no de verdadera obra de arte.
E l tercero, Siqueiros, tam bién ha querido
presentar su s telas — valga la palabra— por-

Ensayo de Gauguin
a Juan del Prete.
Los corales soñaban con tu polo
y las canoas
tostaban sus edades a la luz de la luna,
cuando la luna
era tu isla hallada entre los fuegos bostezantes
de los días samoas;
cuando tu primer nieve deliraba entre playas finales
(lánguido gris apuñaleando al amarillo
ante un circo de perlas y de naipes.)
Todo fué indigno y celestial entre veloces negativas
del alcohol desolado,
lejos de tu agonía.
Aquel día sin muros recibiste inmutable
tu grillete do gloria.
La ilusión,
—verdosa muerte tuya informe y multiforme—,
tendió su imán de cobras sobre todo color
y dijo para el mundo: “ He perdido el respeto por tu sombra.’’
(a pesar de que el mundo cabía en tu locura)
Se digitaron estallantes islas
junto al tam-tam bretón de los recuerdos
y el cristal desafiante vertebrador de sueños,
descendió sus pelucas para dioses
sobre el sexo frutal de las n ativas... Todo era así
para que la inocencia lustrara sus rodillas espectrales;
para que los malditos
mataran sus opacas semejanzas
al pie de tu abstracta arboladura,
de tu mancha vital y matemática sobre un sol que envenena,
desalmado y perfecto.
Pero hoy,
van y gogh te esperaría.

Juan Carlos A. de La Madrid

“ El Conquistador’’, por Vlady.
que realiza sus obras de caballete con los
m ism os procedim ientos con que hace sus m u­
rales y sobre m asonite. La prim era im presión
es de em otividad, pero al prestar m ayor a ten ­
ción a su s obras, esta prim era im presión d e s­
aparece h asta convertirse en un cierto m al­
estar. Quizá tenga la culpa de ello las m aterias
que u tiliz a : piroxilin a, con exclu sión com pleta
del óleo, gouache y demás m ateriales de uso
corriente. E sto form a parte de la teoría de
Siq ueiros. El d ice que el m aterial es lo de
m enos, pero estudiando a fondo tanto su ca­
rácter como su obra, se llega a la conclusión
que se trata sólo de com odidad. Siqueiros
gu sta de los efectos teatrales y no quiere
su jetarse a la discip lin a de la pintura al óleo
que ex ig e al a rtista m ayor cuidado, grandes
conocim ientos y una labor pecientísim a. Para
obten er la profundidad y gruesos — a los que
es tan aficionado— prefiere usar la piroxi-

encuentra en la literatura extranjera lo que
no encuentra en la francesa.

por JU A N SA AVE D R A
B arrés, Clem enceau y tan tos otros.
A ctualm ente son tres las ed itoriales fran­
cesas cen tenarias: L arousse, H ach ette y Pión.
•
N adie tanto como L éon-Paul Fargue, que
acaba de morir, merecía el título de “poeta
de P a rís” , como se le conocía en los m edios
literarios de la capital. N ingún secreto de la
vida literaria y bohem ia de París le era des­
conocido y había intervenido en todos los
acontecim ientos literarios y a rtísticos parisinos
de e ste siglo. D esde hacía años no podía aban­
donar sh hogar a consecuencia de una cruel
y dolorosa enferm edad. Pu blicó sus primeros
escritos en el “M ercure de France" e in ter ­
vino tam bién en la fu ndación de la “N ouvelle
R evue F ran caise” .
•
T res volúm enes de J. P. Sartre son anun­
ciados por la NRF, los tres bajo el título g e­
neral de S ltu ation s. E l prim ero comprenderá
estudios sobre ciertos escritores, de J. Renard
a F au lkner; el segundo, será político, y el
tercero con sistirá del estudio “¿Qué es la li­
teratura?” , que ya se ha publicado en varios
núm eros de “Tem ps m odernes” .
•
En el P e tit P alais de P arís sigue abierta
la E xposición de los tesoros de los M useos
de V iena. H eredero de los duques de Burgoña,
señor feudal de Flandes, de Lombardía. de
V enecia, la Casa do A ustria ha reinado sobre
casi toda la Europa central y oriental. Esto
explica la riqueza artística de estos museos.
En esta E xposición pueden contem plarse los
prim itivos flam encos de m ás alta calidad: Van
E yck, Van der W eiden, Hugo Van der Goes,
Juan de Flandes, y algunos prim itivos fra n ­
ceses. Se exhibe tam bién un bello conjunto
do pintura alem ana del siglo X V I: Durero,
H olbein, Cranach, A ltdorfer, Schongauer, ju n­
tam ente con obras de R ubens. Rembrandt.
R uysdael, P ieter de Hooch, V erm eer. Figurjj
igualm ente Caravaggio con sus discípulos. La
escuela italiana está bien representada con Antonello da M esina, Lotto, Sebastiano del Piombo. Palma. V eronés, T iziano, T intoretto. Bassano y otros. E n una sala especial está
V elázquez.

•
Por otra parte, señalem os que la “litera­
tura en com prim idos” , a la manera norte­
am ericana, se desarrolla rápidam ente en Fran­
cia. E s lo que se llama “el imperialismo
cultural yanqui” . No hablem os ya de la gran
cantidad do "R eaderis” de todas clases y co­
lores, que inundan los quioscos de París.
Tengo encim a de mi m esa una nueva publi­
cación titu lad a “Omnibook” , que se vende
a cuarenta francos, o sea menos que un carnet
de " tick ets” del M etro. Se insertan, en com­
prim idos, tres grandes novelas: “El Pabellón
de M ujeres” , de Pearl B u c k ;“Cass Timberlan e”, do Sin clair L ew is y “Arco de Triunfo”
do Remarque.
•
La obra del poeta H enri Piehette, “Les
E piph anies”, que se ha estrenado en el Théátre des N octam bules, ha de dar ocasión a nu­
m erosos ju icios contradictorios, a controversias
A ntes de rep resen tarse ya se había comentado
bastante. H abían comenzado los ensayos en el
T héátre Edouard V II , cuando repentinamente
el em presario descubrió que la obra era “in­
m oral” y quiso que se representara otra en
su lugar. M aría Casares y Gérard Philipe se
negaron a ello, y han encontrado la sala de
los N octam bules, donde Georges V italy ha
presentado la obra.
Se trata de una pieza de las llam adas de
“vanguardia”, pero al propio tiempo extra­
ordinariam ente teatral y de una belleza mag­
nífica.
•
Con m otivo de la pu blicación de un nuevo
libro de Francis Careo, “M ontm aríre vécu par
U trillo ”, ilustrado con vein titrés litografías
originales en color, las G alerías P étrid és ha
organizado una exp osición de treinta y siete
cuadros del m aestro, el más antiguo fechado
en 1905 y el más recien te de 1936. Esta
exhibición de uno de los más grandes paisa­
jista s de la escuela moderna, ofrece un con­
junto verdaderam ente notable para poder e stu ­
diar mejor su arte y su evolución.
•
El Prem io Fem ina ha sido adjudicado este
año a la novelista canadiense Gabrielle Roy,
por su obra “B onheur d ’occasion” . Aspiraba
tam bién a este honor Jean-L ouis Curtís, con
su novela “Les F orets de la N uit” .
•
La exposición de obras de la niña Baya,
pintora árabe de quince años de edad, es
una verdadera revelación. Como ha escrito
André B retón en el prólogo del • catálogo.

“ Boceto de composición mural” , por Korlerto Perdía. Este destacado artista
uruguayo, que pasara una larga temporada en México, obtuvo recientemente, por
concurso, en Montevideo, la decoración de la Facultad de Arquitectura muro de
13 metros por 5, cuyo proyecto se reproduce. Este pintor expondrá el año próximo
sus obras en Buenos Aires.
P uede decirse que desde hace muchos años
no 6e ha presentado en P arís un conjunto,
al m ism o tiem po tan completo y variado, de
todos los grandes m aestros de la pintura.
•
X/a crisis actual de la novela francesa sigue
preocupando a la crítica. D espu és de los ar­
tícu los escritos sobre el tema por críticos
literarios de la autoridad de Robert. Kemp,
Jean B lanzat, M aurice Nadeau, Armand Hoog,
L ouis Parrot, el profesor R ené Lalou ha an ali­
zado tam bién la llam ada “crisis de la novela” .
Según él, esta crisis tiene su explicación
en que hay un gran desin terés del público
por las novelas francesas y, por reacción na­
tural, un m ayor interés por las traducciones.
E sto se explica por el hecho de que el lector

lin a que se seca rápidam ente y que perm ite
m ezclar la pintura con virutas de celotex e
incluso trapos. A sí obtien e gruesos tanto en
sus cuadros como en sus muros que no alcan­
zaría jam ás con el óleo. Pero la mala im pre­
sión que a la larga causan sus pinturas no
proviene propiam ente de la materia, sino del
esp íritu del artista que amando mucho la dram atización no puede evitar caer en el sim ple
melodrama.
V isto s así, a corta d istan cia en el tiempo
y en el espacio, los “tres grandes” pueden
ser clasificad os del sigu ien te m odo: Orozco,
quizá el m enos dotado, tiene realm ente genio.
D iego R ivera no tiene nada de genial, pero
es el más pin tor de los tres. Y D avid Alfaro
Siqueiros, por lo menos actualm ente, resulta
ser un gran com ediante.
E sta s d iferencias se expresan tam bién en
la vid a pública de los tres artistas que gozan
de una in flu en cia y autoridad ind iscutibles,
nublando toda la vida artística de M éxico.
Orozco es un hom bre que trabaja y produce
y no es nada amante de los escándalos p ú bli­
cos a que se entregan diariam ente los otros
dos. D iego R ivera afirm a que un artista debe
hacer hablar de él, sen como sea, en bien o
en m al: todo es publicidad. P o r esto, con m o­
tivo de un accidente que tuvo en estos días
con un chófer de óm nibus, en que se afirm a
que el pin tor le enjarretó un tiro de p istola
porque le cerraba el tránsito, está corriendo
e l riesgo de ir a la cárcel y se ha paseado
por las calles de M éxico con un letrero en
el que proclam a su inocencia. Tam bién usa sus
cursos de conferencias sobre arte como propa­
ganda. E sta vez añadió un m itin en plena Plaza
de la R epública, frente al P alacio P residencial,
en el que habló largo y tendido sobre la in ­
trom isión de los E stados U nidos en M éxico
con datos proporcionados por el Partido Co­
m unista. que después se ha comprobado eran
falsos. En sus conferencias habla do todo m e­
nos de arte. A nte un público ya acostum brado
a sus exabruptos y alguno que otro extran ­
jero ingenuo, hace propaganda p olítica y la
suya personal.
Siqueiros tam poco podía dejar pasar su ex­
p osición sin el consabido escándalo. E sta vez
se lo ha servido en bandeja el artista fo tó ­
grafo colom biano Leo M artíz, que le ha pre­
sen tado una querella por plagio. Leo ha p u ­
blicado fotografías realizad as por él, junto con
reproducciones de cuadros de Siqueiros y, en
honor a la verdad, hay que reconocer que
unos son copias de las otras, en el detalle y en
el espíritu.
Siqueiros se defiend e diciendo que el pin tor
tien e derecho a u sar de las fotografías. Matiz
replica que hizo las fotos por encargo de 8iqueiros para ayudarle a hacer el boceto de
un mural, pero no para hacer cuadros que
fu eran la reproducción fie l de so s fotos.
M uchas otras han sido las exp osicion es que
se han presentado con m otivo de las sesiones
de la UNESCO. M erece m ención esp ecial la
del pin tor catalán Joan Junyer. Presentada
por el In stitu to de B ellas A rtes, bajo el pntrenato de la A sociación de Arte M oderno de
N ueva York, Jun yer exhibe proyectos esceno­
gráficos que son una revelación. Ha logrado
introducir un dinam ism o en la decoración de
la obra escenográfica que dtrdo otros h a­
yan logrado antes. En otros m edios menos
acaparados por el nacionalism o artístico, la
obra de Joan Ju n yer hubiera sido de conse-

(Continúa en la pág. 4)

‘m antiene y reanima el ramo de oro. cuya
m isión consiste en recargar de sentido las
bellas palabras n ostálgicas: Arabia fe liz ” Sus
acuarelas y esculturas ofrecen una abundancia
en la invención de las líneas y de las
am plitud lírica, un formato que V*stán
por encim a de las habituales posibilida­
des in fan tiles.
Según juicio de un crítico, “su arte nos
anuncia una nueva era en que el hombre,
reconciliado con sus sueños, podrá vivir am is­
tosam ente con la naturaleza, consigo m ismo”.
•
Se celebra actualm ente, en el Pabellón
M arsan, e l V II I Salón de la Estam pería, pre­
sentado este año bajo el patronato de la Unión
C entral de A rtes D ecorativas. La Sala de E s­
tam pería atestigua, desgraciadam ente, de una
gran falta de personalidad en la mayor parte
do los expositores, influenciados unos por Coutaud, otros por Lur^at, M alclés o Hétreau.

LIBROS
Hemos puesto el presente núme­
ro bajo el amparo de una divisa
que es la expresión de deseos de
muchos, diríamos de un país que,
como la Argentina, está en franca
evolución y desarrollo cultural,
que cuenta hoy día con una muy
capacitada industria del libro, que
! le honran autores nacionales de
ya reconocido prestigio y que abas­
tece un mercado de gran área que
a todo trance ha de defender. Esa
divisa es: Compre libros: compre
más libros: regale libros a sus fa­
miliares y amigos.
El libro ha de dejar de ser el
objeto avaramente poseído y re­
tenido por el lector vocacional y
apasionado, o mirado con desdén
y hasta ignorado por un muy ele­
vado número de ciudadanos cul­
tos (sic). El libro además de ser
el insustituible instrum ento de
educación científica y literaria, y
el medio más eficaz de recrear el
espíritu, ha de ser tenido como
objeto de alta distinción, para pre­
mios y regalos: como una noble
y generosa ofrenda.
La bibliografía argentina es rica
en matices y temas, en autores y
materias: ninguna disciplina lite­
raria estética o científica le es ex­
traña. En la actualidad, en los
anaqueles de nuestras librerías y
en los catálogos de nuestras casas
editoras, existe un tan vasto y se­
lecto programa de lectura y estu­
dio que pocas culturas superan.
Lector am igo: regala libros: lee
más. Haz tuya la divisa de Ca­
balgata .

�cabalgata
(Viene de la primera página)
b l e ” ee p u e d e n s u p o n e r p o r lo m e n o s d o s
cosas a n te c a d a u n o d e s u s c u a d r o s y s u s
h o r m ig a s so n e l p la c e r en a b u n d a n c ia qu e
hace p e rd er la s a lu d , e l h o r m ig u e r o s u e lto
de lo c er e b r a l e x c e d id o y s i s e la s a p lic a
a lo s q u e s ig n if i c a n e n s u e ñ o s q u ie r e n
d ecir q u e h a y q u e c u id a r la s a r tic u la c io n e s .
E l a r te e s u n a n u e v a m a n e r a d e d is ­
p a r a ta r v e n c ie n d o la m o n o to n ía s e a co m o
sea p ero e n fo r m a o r ig in a l y lo g r a d a .
Som os p r o d u c to r e s d e d iv e r s ió n p a r a
los d e m á s p o r q u e n o le s b a s t a n la s q u e
g a tis fa c ie r o n a s u s a n te p a s a d o s .
L a b r o m a d e l a r to s ie m p r e r e c o m ie n z a .
E n te r a o s d e c u a l e s la n u e v a b r o m a d el
a r te y a d o p ta d la , p o r q u e s i n o o s q u e ­
daréis d e tr á s .

Contra el A rte moder­
no africano.
Contra la F ilosofía.
Contra la M edicina.
Contra la s M ontañas.
Contra los Fantasm as.
Contra las M ujeres.
Contra los Hom bres.
Contra el Tiempo.
Contra
mo.

el

Por el A rte del R ena­
cim iento.
Por la R eligión.
Por la Magia.
P or la Costa.
Por los E spectros.
Por Gala.
P or Mi.
P or los R elojes blandoB.
E scep ticis­ Por la Fe.

Dalí encuentra con más conciencia que
nadie ese mundo marginal que necesitaba
nacer como para que pudiésemos despo­
jarnos de todo lo monstruoso vehiculado
gracias al espejismo de montañas y per­
sonas. ¡Fuera los objetos malos!

BES •

Salvador Dalí. “ Los placeres iluminados9
Colección Sidney Janis, Nueva York.
El arte no es ver como uno hace una
granujada mayor que otro.
Es muy fácil involucrar las cosas, pero
el artista tiene que saberlas involucrar
y desinTolucrar. Eso es tomar el pulso
a lo absurdo y darle realidad.
Todo parece posiblemente igual en el
absurdismo y sin embargo no es así y si
erramos nos amenaza con la decapitación
el ángel fulgente de lo inadmisible.
Hay que lograr el acuerdo de la verdad
con la irrealidad.
El que está preparado para el dalinismo
tiene que saber hacer preguntas como ésta:
—¿El radar servirá para subir directa­
mente al Paraíso?
Las asociaciones del daliísta deben ser
explicadas en último término porque son
algo más que la “ adiásíora” que no tiene
más significado que el que se le asigne
ya que carece de sentido.
Así si se nos plantea la asociación de
regadera y reloj tenemos que pensar que
por la regadera salen los minutos del agua,
en vez de rechazar la explicación aplican-*,
ño ál arto la grosería y la ordinariez de
la incomprensión agresiva.
Ya esa ambición de materializar las
imágenes de la irracionalidad concreta de
manera que puedan ser tan objetivamente
evidentes como los mismos fenómenos
reales del mundo exterior, estaba en el
barroco, cuando no era dragón cardo o
voluta lo que se materializaba en sus rocas
trepadoras.
Dalí quiero ser entre muchas otras co­
sas —un superbarroco y un superchurriguero, sobrepasando el rococó con más
complicación, sacando liqúenes y agujeros
inquietantes de la gruta del inconsciente
irracional y escupiendo frente al monstruo
alegórico el león freudiano.
Prepara ventanas asimétricas, huevos
duros y liornacinas con camafeos que van
más allá que los signos heráldicos de los
monótonos escudos nobiliarios.
Hay que problematizarlo y desproblematizarlo todo, ver como se transforman unas
cosas en otras, como cambia y se forma
la forma. Morfar morfología.
Eso que hace Dalí no debe asombrar a
nadie porque es la fantasía, pero la fan­
tasía genial y germinal, pues Dios nos
libre de la fantasía de los que no tienen
fantasía.
Hay que saber ver los mundos de los
otros y más cuando son pacíficos aunque
diferentes. Comprendo que se reaccione
contra los mundos que amenazan violen­
cia y deshollamiemto; pero no contra es­
tos mundos supuestos o suponibles que
añaden cultura vital.
El credo de Salvador Dalí está sinteti­
zado en esta letanía que él encabeza con
la frase batalladora de:
M I LUCHA.
Contra
Contra
dad.
Contra
mo.
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
Contra
mo.
■&gt;ntra
ntra
jntra

la Sim plicidad Por la Complejidad.
la Uniíormi- Por la D iv ersifica ció n .
el Igualitaris- Por la Jerarquización.

Por lo Individual.
Por la M etafísica.
Por la Arquitectura.
Por la E stética.
Por la Perennidad.
Por el Sueño.
Por lo Concreto.
Por la M adurez.
Por el Fanatism o Ma­
quiavélico.
la Espinaca,
Por los Caracoles.
el Cine.
Por el Teatro.
Por el M arqués de
Buda.
Sade.
Contra el Oriente.
Por el O ccidente.
Contra el Sol.
P or la Luna.
Contra la R evolución. Por la T radición.
Contra Miguel Angel. Por R afael.
Contra Rembrandt.
Por V erm eer.
Contra los Objetos sa l­ Por los ultracivilizavajes.
dos. Objetos 1900.
lo Colectivo,
la Política,
la Música,
la Naturaleza,
el Progreso,
el Maquinismo.
la Abstracción,
la Juventud,
el Oportunis-

1929.

Es por eso el hombre más limpio y desembarazado que existe, pues expulsó to­
das las aberraciones y todas las cosas de
difícil memoria y puede pasearse refres­
cado y ligero ante sus cuadros.
Comprender mejor las cosas no nos
traerá más que bien pues hostigando a
muchas cosas que podríamos comprender
se crea el alimañismo.
Es absurdo que cuando no se entiende
un cuadro se le achaque falta de sentido
sin que pase por la cabeza del espectador
que él puedo ser el que carezca de enten­
dimiento.

5

LOS E N IG M A S
DE SALVADOR DALI
Ya sé que es fuerte el arte de Dalí,
pero también es fuerte el psicoanálisis y
sin embargo ya nadie puede dejar de tener
en cuenta sus descaradas tesis y antítesis.
Dalí anatomiza la realidad y fué el
primero que ante el arte parado de P i­
casso hizo efectivos todos los complejos y
todos los deseos insatisfechos.
Por eso Freud le recibió con gusto
y después de encontrar en Dalí un gran
fanático español, dijo:
—En la pintura clásica busco lo sub­
consciente ; en la pintura surrealista lo
consciente.
El arte es uno contra todos si todos
no lo ven y a lo heeho pecho.
El arte siempre está más arriba en lo
alto o en lo bajo.
El arto es la mentira que es superior
a la verdad y la verdad que es superior
a la mentira.
Dalí cuando no hace mucho, en Nueva
York, rompió la vidriera del escaparate
de la exhibición de sus cosas —por lo
mal que estaban colocadas— y fué a la
cárcel, escribió un manifiesto titulado:
‘ ‘ Declaración do la independencia de la
imaginación y los derechos del hombre a
la locura” .
Sus últimas y definitivas ideas básicas
están en estos párrafos que aparecen en
su maravillosa autobiografía:
‘‘No puede haber grandeza intelectual
fuera del sentimiento trágico y trascen­
dental de la vida: la religión. Karl Marx
escribió: ‘ ‘La religión es el opio del
pueblo” . Pero la historia iba a demostrar
que su materialismo sería el veneno del
‘ ‘ odio concentrado ’ ’ con el que el pueblo
reventaría realmente, sofocado en las sór­
didas, hediondas y bombardeadas vías sub­
terráneas de la vida moderna. ¡Mientras
que ‘‘la ilusión religiosa” había heeho
estremecerse a los contemporáneos de
Leonardo, de Rafael y de Mozart, bajo
la perfección de las arquitectónicas y di­
vinas cúpulas del alma humana! ”
‘‘El mío no era un caso de la periódica,
imitativa y desalentada “ vuelta a la tra­
dición” —el neoclasicismo, el neotomismo
de que so oía hablar en todas partes, y
que surgía sintomáticamente de la fatiga
y de la náusea causada por los ‘ ‘ ismos ’ ’.
Por el contrario, era la combativa afir­
mación de toda mi experiencia con el es­
píritu de síntesis de la “ conquista de

M A R CEL

lo irracional” .
Valiente como él solo, defiende nada
menos que desde Norteamérica la idea
de la categoría sobre la arrasación, porquo su Cosmogonía “ no es reacción ni
revolución sino Renacimiento jerarquizado

i

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.•

'N
*//
,

m

y exclusivo conocimiento de todo” .
“ La Europa de postguerra nabía estado
comiendo constantemente “ ismos” y re­
volución. Sus excrementos serían en ade­
lante guerra y muerte. Los sufrimientos
colectivos de la guerra de 1914 habían
conducido a la pueril ilusión del “ bien­
estar colectivo” basado en-la abolición re­
volucionaria de toda restricción. Lo que
se había olvidado era la verdad morfo-

PHOUST
Por R o g er S tep h a n e

sario de la muerte de Mareel Proust
la misma semana en que Andró Gide
ha obtenido el Premio Nobel. Andró
Gide no se ha perdonado nunca el primer
juicio que formuló sobre “ Du cóté de
chez Swan” . Mientras que Mareel Proust
había descubierto la calidad del joven
equipo de la “ Nouvelle Revue Fran§aise” y deseaba ser apreciado por él,
el autor de las “ Caves du V atiean” ,
impresionado por la procedencia social
de Mareel Proust, por su colaboración
en el periódico conformista que era
“ Le Fígaro” , no se había tomado el
trabajo de leer la novela de este “ cro­
nista mundano” . Pero es sabido también
con qué honradez y apresuramiento se
arrepintió, solicitó de Mareel Proust el
honor de publicar la continuación de
su obra e hizo negociar por Jaeques
Riviére la compra de los derechos de
“ Du eótó de chez Swan” , publicado
por Grasset y que no había obtenido
éxito alguno.
La rectificación me parece haber jus­
tificado plenamente las dos actitudes de
Andró Gide. Sí, la obra de Proust es
una obra mundana. El medio de los Guer­
reantes y de los Verdurin es irrisorio,
no ofrece ningún interés. Si Proust ha
sabido perfectamente descubrir lo ri­
dículo, la sequedad de corazón y la
tontería profunda de la mayor parte de
sus modelos, no cabe duda que ha sido
parcialmente engañado.
Este universo constituye el marco de
1¡^ mayor parte de las obras de Paul
Bourget. Es aquí donde el genio inter­
viene. Apasionadamente adherido a los

CARTA

DE

La L ibrería A lbert Skira, de Ginebra,
acaba de lanzar una edición de 500
ejem plares con cuatro cartas de Marcel P ro u st a s u s porteros. E stas
cartas agradarán a los adm iradores
del escritor y perm itirá a los otros
com probar que no abandonaba fá c il­
m ente el fam oso estilo de "A la b u s­
ca del tiem po perdido” .
R eproducim os algunos párrafos:

Antoine: Por consejo de M. V .......
he hecho pedir a M. H .. . . si no se
podría aguardar al mes de julio para
hacer las obras.
Siento decirle que he experimentado
estupefacción e indignación cuando he
sabido que me hacía decir por O. . .
que usted estaba “ furioso” porque yo
hubiera hecho una gestión tan naturaL
No ha habido nunca trabajos en la casa
sin que yo haya pedido si no podían
aplazarse hasta julio. Para éstos, como
eran breves, me he resignado. Pero'
habiéndome dicho M. V .. .. “ ¿Por qué
se fatiga usted por el ruido, cuando se
puede hacer cuando usted no esté aquí?”

ritos, ha sabido percibir como una jus­
tificación: la explicación humana. Creo
que sólo son grandes escritores los ena­
morados del hombre. Los personajes de
Mareel Proust no presentarían ningún
interés si nos los hubiera transfigurado.
Pero el personaje principal de la obra
de Proust es el Tiempo. Por primera

Mareel Proust

PROUST

A

SU

y habiéndome ofrecido ir a buscar al
gerente, he aceptado. Ciertamente, si
habia una persona a quien yo no podía
creer que esto le molestaría era u sted .. .
Yo hubiera temido molestar a mi tía
no hablándola o a M. C. . . Pero yo es­
taba enfermo, eran las dos de la mañana,
M. V .. . . tenia que tomar el, tren y yo
no tenía otro medio. Estaba tan cansado
que ni siquiera he escrito a M. H .. . .
para no fatigarme y le he dado el en­
cargo de viva voz. Evidentemente, si
yo hubiera supuesto que usted me for­
zaría a escribirle ocho páginas, esto me
fatiga todavía más. En todo caso, si
usted no cree que yo tengo los mismos
derechos que M. X .. . . o M. I&gt; .... de
hablar al gerente, y si usted está furioso
de que yo me permita, estando enfermo,
pedir si se pueden aplazar para julio
las obras, usted hubiera podido tener la
amabilidad de escribírmelo (que usted
estaba furioso) o pedir verme sin hacér­
melo decir por O ... . Aunque usted no
esté enfermo, yo he tenido más distin­

m

'

Salvador Dalí. “ Figura con gavetas” . 1937.
Colección Alfonso González. Nueva York.

MURIO HACE VEINTICINCO ANOS
bastante significativo que se haya
E sconmemorado
el veinticinco aniver­

lógica que es la condición misma del bien­
estar el cual sólo puede ser ultraindividualista y construido sobro el rigor de leyes
y restricciones biperindividualistas, capa­
ces de producir una “ forma de reacción”
original y peculiar a cada espíritu. ¡Oh,

vez un escritor profundamente influen­
ciado por la noción' bergsoniana del
Tiempo ha heeho entrar en su obra
literaria una profunda reflexión sobre
un motivo que hasta entonces parecía
reservado a los filósofos de profesión.
El otro personaje esencial es el pro­
pio Proust. Aparece en todas sus crea­
ciones, en todas sus criaturas.
Esta enorme novela es también una
reflexión sobre la obra de arte y su
significación. Está compuesta a pesar
del buen sentido: como “ Don Quijote” ,
como las “ Memorias” de Saint-Simon,
como “ Lucien Leuwen” y “ La Guerra
y la P a z” .
Parece, de creer una reciente encues­
ta, que los jóvenes no le leen ya. En­
tonces, J qué leen? Es eierto que J'eanPaul Sartre pretende que sólo es vale­
dera “ la literatura de grandes circuns­
tancias” , y que la guerra de 1914 y el
“ Affairo Dreyfus” no tuvieron más que
un papel secundario en la “ Busca del
tiempo perdido” . Porque para Proust
el objeto principal, ya lo hemos dicho,
es lo que es eterno: el hombre y el arte.
Y el hombre no percibe esta eternidad
más que por mediación de la obra de
arte. Se revela al artista gracias a esos
“ momentos privilegiados” que jalonan
toda la obra.
Es justo que Moliére haya muerto
en escena; Rezt a dos pasos de la Bas­
tilla; Tolstoi en una pobre granja; es
justo, del mismo modo, que Proust
haya muerto agotado por sus crisis de
asma, por sus faltas de respiración, en
un cuarto donde se ahogaba y donde
los medicamentos inempleados mancha­
ban los manuscritos apenas terminados.

PORTERO
ciones para usted, y cuando he estado
furioso contra usted no se lo he dicho
a través de otro; yo mismo se lo he
escrito o dicho. Además, la mañana en
que M. V ___ ha ido, he pedido a D . . .
que le rogara subir. Pero usted no ha­
bía entrado todavía; mi reloj se ade­
lantaba un poco y estas noches yo he
llamado sólo a las doce, a excepción de
la noche en que yo he pedido a O. . .
que le buscara. Pero usted estaba acos­
tado (10 y media). Por otra parte, no
creo que usted haya supuesto que yo
quería ocultarle esta gestión cerca de
M. H . . . y que usted haya visto en
esto una falta de confianza por una
tontería semejante como estas obras,
cuando sobre cuestiones más serias yo
le he dado pruebas de confianza todavía
no hace un mes. Lo lamento hoy porque
veo que usted responde con los más
malos procedimientos, mostrando falta de
confianza en mí, no permitiendo utilizar
el más simple derecho de inquilino. . .
Mareel Proust

pobreza espiritual de la era de postguerra,
pobreza de lo amorfo individual tragado
por lo amorfo de las masas! ¡Pobreza
de una civilización que, destruyendo de­
claradamente toda clase de restricciones,
se convierte en esclavo del escepticismo
de su nueva libertad, obligada a las ne­
cesidades más prácticas y bajas, las de
tipo mecánico e industrial! ¡Pobreza de un
período que substituye el divino lujo de
la arquitectura, la más alta cristalización
de la libertad material de la inteligencia,
por la ‘ ‘ ingeniería ’ ’, el más degradante
producto do la necesidad! ¡Pobreza de un
período que reemplazó la libertad de la
fe por la tiranía de las utopías moneta­
rias! . . . La responsabilidad de la guerra
que iba a estallar estribaría solamente
en la pobreza ideológica, el hambre espi­
ritual de este período de postguerra, que
había hipotecado toda s,. esperanza en
ruinosas especulaciones materialistas y
mecánicas. ’ ’
En el futuro se buscará un Dalí como
so busca uir Patinir entre cuadros de
más o menos renombre.
Porque sólo un seráfico pudo pintar co­
mo él y escribir:
“ Y 4qué es el cielo? í Dónde se en­
cuentra? ¡El cielo se encuentra, ni arriba
ni abajo, ni a la derecha ni a la izquierda,
el cielo so halla exactamente en el centro
del pecho del hombre que tiene f e ! ”
Mientras, él triunfa en “ la tierra pro­
metida” que es Norteamérica, vende ca­
da cuadro por urr mínimum de 15.000 dó­
lares y así como Picasso se divorcia de
su mujer por no comprarle un automóvil
Hispano-Suiza, Dalí regala a Gala sin
previo aviso un Cadillac y mantiene con
ella eso idilio en que a veces exclama:
“ ¡Dios mío, que suerte que no seamos
Rodin ni tú ni y o ! ”

t

r

• . . .no se te ocurra pintar jama»
si quieres vivir tranquilo. Corot.
• Hay dos cosas que nos ensaña la
experiencia: la primera, que es necesa­
rio corregir mucho; la segunda, que
no conviene corregir demasiado. Delacroix.
• La obra vale más que el hombre.
Delacroix.
• Un éxito prematuro es general­
mente causa de decadencia para *n
poeta, para cualquier artista. Apollinaire.
• La exactitud no es la verdad.
Henri Matisse.
• Siempre que comienzo un cuadro
siento que hay alguien que trabaja
conmigo. Hacia el final tengo la im­
presión de que he trabajado Bolo, sin
colaborador. Picasso.
• El mundo es el abismo del alma.
M anifiesto Surrealista.
• No se pintan los cuadros sola­
mente con doctrinas. Claude Monet.
• Yo soy el pintor de vuestra gene­
ración más bien que de la mía. Cíe
zanne.
• 4Qué es dibujar? 4Cómo se consi­
gue esto? Van Gogh.
• La opinión de los viejos en ma­
teria de Arte no tiene ningún mérito.
Oscar Wilde.

�cabalgata
( Viene de la primera página)

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LOS

PRIMEROS

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PELES DE ASPERN, Henry James .................. $ 2.50
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res Varios ................ S 3.—
N O V E L IS T A S INMEDIA­
TOS A CERVANTES, Auto­
res Varios ................ $ 2.50
SIR W A L T E R RALEG H,
PIRATA Y CABALLERO,
Eric Ecclestone . . . . $ 2.—
CUENTOS DE LA SELVA
(para los niños), Horacio
Quiroga ...................... S 3.—
E D I T O R I A L

LAUTARO
J.

E.

URIBURU

B U E N O S

1225

A I R E S

1*1

en el próximo número de

c a b a lg a ta
LEJANA,

cuento de Julio Cortázar.
MUSICA ESTADOUNIDENSE
DE VANGUARDIA,
por Juan Carlos Paz.
entre otros muchos trabajos
de gran interés.

José
E. Rodó

Una edición digna de este
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Cap. 8 400.000
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il

{Qué nos lefiere el Martín Fierro! De­
tengámonos a contar las muertes y riñas
que hay en el poema. {Qué nos ha refe, rido Hudson cuando deja a nuestros
animales para decir de nuestros hom­
bres! Muertes de cuchillos. Nosotros
no fuimos hechos para el amor’ ’. Todas
sus reflexiones contenían ese dolor que
le asaltaba y lo turbaba al hablar de
nuestras cosas. No en vano recordaba
a Lamas, por cuya obra no se scntia,
en verdad, ya atraído. Le preocupaba,
en cambio, su ejemplo como la mejor
definición de lo que llamaba el fracaso
argentino. En Lamas, en su desesperar
y en su muerte misma, estaba un poco
él. Pero, Lamas había ofrecido el es­
pectáculo de una copiosa energía, que
buscaba, constantemente, lugar donde
acampar y donde librar, inmediatamente,
batalla. Por eso, desde las actitudes
más extremistas de su socialismo juve­
nil había recorrido un itinerario de vio­
lentas y ct ntradictorias estaciones. Dan­
do la impresión de un inadaptado, nin­
gún campamento lo conformaba y nin­
guna batalla terminaba para él, pues
antes de su término ya había ido en
busca de campamento diferente donde
esperar nueva batalla. No se podía
decir que fuera un desertor, porque, sin
duda, era sincero. No era posible supo­
nerlo un excursionista, porque en cada
batalla dejaba las señas de su sangre
derramada. Era combatiente íntegro. Des­
de cualquier frente que combatiera, siem­
pre lo hacía arriesgándose en la van­
guardia. Pero, ningún frente lo retenía.
Ni la izquierda, ni la derecha. El centro
le repugnaba. Máximo Arango, en cam­
bio, había penetrado con mayor deci­
sión en el examen de las cosas argen­
tinas, pero se había restado a toda lucha,
a toda aventura colectiva. No estaba
conformado para combatiente, no des­
plegaba en forma alguna la energía exu­
berante de Lamas. Arango no gastaba
vida. Tenía con respecto a Lamas una
ventaja. Lamas había gustado ser es­
pectacular, como había gustado en serlo
su generación. Arango, por su parte, no
hubiera conseguido nunca estudiarse un
discurso. Sus discursos eran completas
experiencias de espontaneidad. En la
tribuna era un espectáculo, precisamente,
porque no se lo había propuesto ser.
De habérselo propuesto, no hubiera des­
empeñado correctamente el papel como
Lamas y los de su generación lo habían
desempeñado. Estos habían resultado
excelentes actores. La anécdota dannunziana los había conmovido al punto de
procurarle réplica colonial. {Quien de
ellos no había acudido a algún recurso
artificioso para componer sus vidas y
sus siluetas! La vida para ellos era
una aventura en escena. Nunca se no­
ticiaban de que el telón podía haberse
corrido. Lamas había sido, posiblemente,
el menos teatral de ellos. En los últimos
tiempos había renunciado a la prosa
espesa de sus antiguos éxitos y al versó
modernista con que se inició. Era, acaso,
el más sensible y, ciertamente, el más
dramático. Sin embargo, no confesó fra­
caso. Máximo Arango, en cambio, era
confesor voluntario. Ahora les estaba
diciendo: “ Somos poco, muy poco. No
servimos para m ás” . Las causas de la
incapacidad radicaban en la incapacidad
dol país. “ Los que pensamos — decía,—,
los que sentimos en profundidad, 103
que nos hemos hecho cargo de un ideal
estético, somos extranjeros en nuestro
propio país” . Arango desesperaba en
el curso de sus reflexiones y reflejaba
en sus palabras la desazón de una gran
y común impotencia que nos compren­
día a todos los argentinos. Se sentía,
por haber sido el que más lejos había
llegado en el análisis de nuestra reali­
dad, algo así como el barómetro de la
imposibilidad argentina. Su deseo de
creer resultaba vencido a cada hora por
su comprobación pesimista do todas las
circunstancias. “ Me fastidia” , se dijo
Julio mientras Arango hacía ejercicio
de pesimismo. “ Terminaré por despre­
ciarle, por odiarle” . Pero, en Arango
había un muro, un muro frágil como
su fe, frágil' como su mismo físico, que
impedía llegar hasta él con sentimientos
adversarios, con el más mínimo encono.
Dalberg los sorprendió con su voz
apasionada. El profesor había perma­
necido silencioso, siguiendo las palabras
de sus amigos hasta en el movimiento
do sus labios. Cuando comenzó a hablar
se acomodó como para dar paso a sen­
timientos que se guardan mucho y no se
dicen siempre.
—Yo me fui a Europa —comenzó di­
ciendo— con el propósito de hacerme
un europeo, un buen europeo. Ese era
el ideal de vida que ambicionaba. De
mi país no creía poder esperar ni recibir
nada. Europa me haría a su medida, a
su antigua imagen universal. Siendo
europeo estaría más cerca de todo, en­
traría en posesión de todas las claves,
me adueñaría de todos los secretos de
la civilización, me alcanzarían todas las
sensaciones* de la cultura. Europa era
la gran escena y el aprendiz debía, ne­
cesariamente, acercarse a ella para mirar
con ojos de vigilia constante, con ojos
de sorpresa bárbara, el milagro cons­
truido por todos los tiempos. Yo tenía
17 años cuando viajé a Europa. Viví
en las ciudades universitarias y viejos
maestros me ganaron el cariño ense­
ñándome toda su ciencia, mostrándome
el milagro. ¡Qué preciso, qué exacto,
qué perfecto el milagro de las lecciones
de los ilustres maestros de Viena y
do París! ¡Qué milagro ordenado, fun­
cional! Las leyes del milagro se nos
aparecían perfectamente claras, necesa­
riamente justas. Habrían de cumplirse
con creadora regularidad. Tenían fuerza
determinádora. No podían errar. El error
estaba fuera de las zonas de aquelia

UNA

PAELLA

EN NUEVA YORK
con
SOMERSEMAUGHAM
por F E L IX

t - Preludio en el Salón del Hotel Plaza
— Helio! ¿Mr. Somerset Maugham?
—Helio! Yes, Dr. Marti Ibáñez? I will be
riglit doten,
A la una menos cinco de la tarde
telefoneé a Somerset Maugham desde el
“ lobby” del Hotel Plaza. El Plaza, en el
cruce do la Quinta Avenida y Calle 59, es
un Nueva York deshidratado. Sentarse en
uiro de los divanes dulcemente anacrónicos
de las anchurosas naves de espera, a la
hora del almuerzo, es seguir estando en
la Quinta Avenida, pero con la gente sen­
tada. En los diez minutos de espera —pa­
ra ser más británico que él en la puntua­
lidad— repasé mentalmente los incidentes
de nuestro primer encuentro, cuando por
una confusión de lugares le tuve aguar­
dando una hora en el mismo salón de
espera donde ahora me hallaba, y pagué
después mi descortesía teniendo que —para
no descubrir mi involuntaria incorrección—ingerir en su compañía un segundo al­
muerzo, “ cocktails” y todo, después del
que yo acababa de tomar en soledad.
Del Oak Boom Bar llegaba un suave
murmullo de conversaciones. La oleada de
perfume que dejaban las damas floridas
y primaverales al entrar se mezclaba con
el suave vaho a ginebra y ron que dejaban
en el aire los caballeros al salir del bar.
En los escaparates del “ hall” del hotel
corbatas más ricas en color que las flores
de mayo. Diríase que esperaría uno olerías
al hacerso el nudo coir ellas. Camareros y
mozos de uniforme atareados como solda­
dos en una recepción de gala, y el inevi­
table tránsito de elegancias en todas di­
recciones. Nada de maletas ni de indicios
de gente que llega o se va. Nadie viene
ni nadie se va del Plaza. De dónde sale
la muchedumbre que lo llena a todas horas
y que come, bebe, baila, espera, lee, discute
negocios y ama en sus salones y cuartos,
es un misterio impenetrable. El Plaza es
grande, pomposo y eterno como una vieja
catedral, y como ella tiene un aire de eter­
nidad que impide la temporalidad de via­
jeros o transeúntes. Mientras espero, uso
estos minutos para recordar...

Pacífico, Malasia, India y China, escenario
de muchos do sus más famosos cuentos.
Eit la presento guerra, escapó de la
Riviera y, abandonando su fastuoso pala
ció, vino a Nueva York con otras 500 per­
sonas en un barco de cabida sólo para 38.
Al desembarcar en tierra norteamericana
tenía en el bolsillo 35 centavos solamente.
Sin vacilar, so fué a un bar y pidió un
“ cocktail” bien frío: uir “ Oíd Fashioned ’ ’.
I I I - "Calces, Ale, Percebes y Manzanilla"
Tengo ciertos motivos para recordar mi
primer encuentro con el nombre de Somer­
set Maugham. En la tarde del 10 de mayo
de 1938, y en un lugar de Levante, de
cuyo nombre no quiero acordarme, una
bala perdida me explotó en el brazo dere­
cho y la cabeza. En el bolsillo de mi gue­
rrera llevaba un tomito manoseado y gra-

Somerset Maugham

Somerset Maugham nació en París el 25
de enero de 1874, y aprendió a hablar el
francés antes que el inglés. Su familia
tenía una gloriosa tradición en el campo
do la abogacía, y su hermano mayor es
hoy Par en Inglaterra. A los ocho años
de edad perdió a su encantadora madre,
que murió do tuberculosis, y dos años más
tardo falleció su padre. Fuó a vivir con
un tío suyo, clérigo en Inglaterra. De su
rígido e hipócrita tío y de su época es­
colar en Canterbury, atormentada por su
timidez y la tartamudez que aún le aqueja,
brotaría años más tarde su obra autobio­
gráfica cumbre Of Human Bondage, cuyo
manuscrito —valorado en 50.000 dólares
regaló recientemente a la Biblioteca del
Congreso de los Estados Unidos. Al enfer­
marse de los pulmones, retornó a curarse
a Francia, pasando después dos años en
Inglaterra y en Heidelberg y comenzando
luego a estudiar en la Facultad de Medi­
cina del Hospital St. Thomas en Londres,
de donde salió a los seis años hecho mé­
dico y con bastante conocimiento del dolor
humano para escribir a los 24 años su
novela Liza o f Lambetli, que fué un fra­
caso económico pero le inició en la carrera
literaria. En los 18 años siguientes viajó
por España, escribiendo dos libros de im­
presiones y un puñado de obras teatrales,
alcanzando por fin el triunfo con su Lady
Frederick y llegando a tener cuatro obras
a la vez en los teatros de Londres. Su The
Circle está considerado hoy como una obra
do técnica perfecta, un modelo digno de
estudiarse por todo comediógrafo.
En 1915 publicó —ya como escritor pro­
fesional— su Of Human Bondage, y en la
guerra estuvo en una ambulancia quirúr­
gica, y como agente secreto británico en
Suiza y Rusia, vía Japón. Fracasada su
misión y enfermo de tuberculosis pulmo­
nar, pasó dos años en un sanatorio de
Escocia. Ya curado, viajó por todo el

siento que hallé en el jardín de una finca
abandonada, allá en las afueras de Torre
del Español, un pueblecito que cambió de
ocupantes varias veces en la campaña dol
Sur Ebro. Guardé como recuerdo el uni­
forme ensangrentado y el libro —impreso
en Sudamérica— con una pésima traduc­
ción, que sólo ojeé, de cuentos de un autor
inglés. Un tal Somerset Maugham.
Él exilio me deparó la oportunidad de
zambullirme en las aguas límpidas de la
literatura inglesa. El español literario es
un estanque cubierto de flores, lirios y
anémonas. El inglés es una alberca de
aguas cristalinas y fondo visible. A veces,
como en Stevenson, Chesterton o Huxley,
la prosa inglesa adquiere claras tonalida­
des de cristal inmaculado. Cuando comen­
cé a leer a fondo la obra de Maugham,
me absorbió en primer lugar la vividez
de la anécdota y el fino humorismo que
calaba la prosa parca y enjuta. Solamente
después de releer las obras varias veces,
me di cuenta de que lo admirable no era
solamente el edificio, sino las herramientas
y la técnica del arquitecto. El saber contar
con algo con esa ‘ ‘ difícil sencillez ’ ’ de
que hablaba Cervantes.
En Calces and Ale, Maugham diseca el
ambiente literario del Londres ochocentis­
ta, todo tertulias intelectuales, tazas de
té, 11cricket ’ ’ y miriñaques, con la robusta
silueta del patriarca literario al fondo,
fumando su pipa y pellizcando a las ru­
bias camareras en las tabernas de un pue­
blecito marinero en la costa inglesa. The
Narrow Comer lleva la nave literaria de
Maugham a los mares del Sur, entre nubes
do opio, aroma do sales y yodos, donde el
brillo de la luna sobre viejas ruinas ho­
landesas ilumina una tragedia de pasión
y odios. En The Painted Veil asoma el
Oriente amenazador y milenario de una
princesa asiática. Según los críticos, Of
Human Bondage, la autobiografía de un
muchacho pálido y soñador, con un pie
zambo, que estudia medicina y es la víc­
tima del terrorismo sensual de una moza
londinense, es la obra maestra del autor,

ciencia de preguerra, de principio do
siglo veinte. Mientras ponía en mi es­
píritu aquella certidumbre científica,
aquella seguridad de la ciencia y su
ley, me llegaban cartas de mi madre.
“ Vieras —me decía— cómo ha flore­
cido la quinta, qué generosidad la de
las plantas que tú cuidabas. Este año
han querido recordar al ausente bro­
tando con prisa y violencia. La quinta
se ha llenado de colores” . Qué extrañas,
pensarán ustedes, habrían de resultar
aquellas noticias del lejano jardín al
estudiante de las universidades euro­
peas. Acaso, la primer noticia de mis
plantas me pareció extraña. Pero debí
acostumbrarme a ellas. En las cartas de
mi madre nunca faltarían aquellos re­
cuerdos. “ Acabamos de venir de la
estancia” , me escribía. “ Si supiera de­
cirte cómo oscureció sobre el campo,
cómo se incendiaron por un momento
los pastos y cómo quedaron quietos y
olvidados cuando desapareció, por fin,
el sol. Todo Jo vi desde la ventana
del viejo comedor. Matilde, la hija de
don Isidro, cantaba una tonadita que
aprendió en la fiesta del domingo” .
Entre las lecciones de mi maestro Bru-

hen, los recuerdos que me traían las
cartas me volvían al país. Los recuerdos
me tomaban todos los sentidos. La quin­
ta con sus flores lejanas. La estancia
y sus campos sembrados o desiertos,
mi madre en la ventana y ¡a chica Ma­
tilde cantando en la galería. Un día,
regresando de una clase, caminando con
mis recuerdos, olí algo extraño. La sor­
presa no me desorientó. Yo supe lo que
olía. Estaba oliendo los pastos de mi
patria. Y todos mis días do estudiante
europeo, de aprendiz de sabio, pensé en
esta Argentina de la espera, de la es­
peranza. Con todos los sentidos me la
fui recreando y me fui advirtiendo do
sus posibles milagros. En Europa apren­
dí a ser argentino.
La confesión de Dalberg conmovió
suficientemente. Dalberg sabía contar
y en sus palabras ponía afirmaciones.
—Cuando regresé después de cinco
años de residencia europea —agregó—,
mi madre me recibió en el puerto con
estas palabras: “ {Qué deseas hacer,
ahora, h ijo !” Y yo le contesté: “ Llé­
vame al campo” . Quería encontrarme
con el olor de los pastos que había ido
a buscarme a París.

I I - Un Minuto de Biografía

M A R T Í IBAÑEZ

en lo que no coucuerdo. París y Haití
unidos en la vida atormentada de Gauguin
forman el escenario tan policromo de The
Moon and Sicrpence-, y París, Norteamérica y la India son los tapices donde se
borda la fibra sutil de su obra The Eazor's
Edge. A éstas agrega el autor unas cinco
o seis novelas más de teatro, espionaje
guerra y amor, un centenar de cuentos y’
novelitas cortas, con el planeta entero como
escenario y el alma humana incandescente
en sus pasiones como protagonista. ¡Ah
y unos libros estupendos de viajes por eí
Asia y por España! ¡Andalucía: donde
este inglés seco y cínico, callado y burlón
se sienta en una taberna de la calle de las
Sierpes, a sorber su manzanilla y comer
sus percebes, calentito de sol andaluz, co­
mo un castizo más!
Después de realizar una peregrinación
por la frondosa selva literaria de la que es
jardinero Maugham, debo decir que si tu­
viera que coronar al príncipe de los nove­
listas modernos, ceñiría la corona sin va­
cilar sobre las sienes de este inglés univer­
sal, de los ojos entornados y la sonrisa
cínica. {Por qué razón! No hay en Somer­
set Maugham argumentos apasionantes,
porque no tiene imaginación suficiente pa­
ra inventarlos; no hay imágenes o símbo­
los brillantes que eluden, como el frío las
rosas, su mente de un suave gris nórdico;
no hay retórica variopinta; ni ritmo poé­
tico en su prosa; ni sorpresas en sus des­
enlaces. Pero este inglés del bigote en
cepillo de dientes y la cara de “ poker”
sabe contar una historia. Nada más y nada
menos. Toda la gracia de los viejos narra­
dores árabes, de los juglares castellanos,
do los rapsodas aragoneses y catalanes de
la corte de Juan II, de los “ paroleiros”
gallegos y los contadores de fábulas anda­
luces, la posee el atildado “ gentleman”
británico de la mueca irónica y el pensar
escéptico.
Y no es baldío usar estos símiles para
su técnica de contar un cuento. Que en
tierra española se contó la más grande
historia de todos los tiempos, con una rica
sencillez de lenguaje y una sobriedad de
relato que sólo agrandaron la figura del
Ingenioso Hidalgo. Y hoy, en otro género
literario, reaparece en las obras de Maugham, idéntica economía de lenguaje, sim­
plicidad de frase y claridad de concepto
que antaño hicieron grandes ciertas obras
maestras de lo novelesco.
IV - Somerset Maugham en un Mesón Se­
villano
Hace muchos años que Somerset Mau­
gham habitó en España. Ha descrito su
visita en dos libros, uno de los cuales,
Don Fernando, está repleto de errores de­
liciosos. Gustaba Maugham de ir a Sevilla
a la taberna de Don Fernando en la calle
Guzmán el Bueno. Atrás quedaba el bu­
llicio de la calle las Sierpes. En la taber­
na, entre chatitos de manzanilla, el atil­
dado y pulcro “ gentleman” británico,
sentado entre barriles de amontillado y
bajo guirnaldas de ajos, cebollas, chorizos
y jamones, descubrió un tomito encuader­
nado en pergamino, impreso en Madrid en
1856 que compró junto con una talla de
San Antonio del siglo x v i i por unas pese­
tas. En aquel libro —los “ Ejercicios Es­
pirituales de San Ignacio do Loyola” —
comenzó a comprender el alma atormen­
tada de la España medioeval.
Después sus peregrinaciones le llevan
en pos de la huella del capitán de los
jesuítas, a Pamplona con la “ iglesia más
fea que vió jamás” . De allí va a Azpei( Continúa en la pág. 5)

(Viene de la pág. 3)
secuencias b enefactoras para los artistas del
país.
En estos m ism os días se ha presentado un
joven pin tor que hizo su prim era exposición
pública en el In stitu to F rancés de América
Latina, que — caso extraordinario— . ha con­
seguido que toda la crítica se ocupara de él
o incluso, sin buscarlo, tam bién ha producido
su pequeño escándalo. Se trata del joven pin­
tor franco-ruso Y lady.
En los medios artísticos de M éxico, donde
se conceptúa el dibujo como un arte menor y
algo ajeno a la pintura, V lady era considerado
como uno de los m ejores dibujantes del mo­
mento en el país. T odos ignoraban, y algunos
querían ignorar, que Y lady es tam bién pintor;
uno do los jóvenes pintores que, de seguir su
camino sin graves tropiezos, lia de dar mucho
que hablar en el futuro.
_
E nrique F. Gual, en “U ltim as N oticias',
entre otras m uchas cosas, al hablar de él, dice:
“Por lo visto este muchacho ha esperado sen­
tirse firm e para presentarse en público.: sen­
tir arraigar en su esp íritu la absoluta segu­
ridad de! éxito. S i en lo que a técnica se re­
fiere es notable, su obra no lo es menos^ en
cuanto a su contenido esp iritual, y de ahí la
tan referida sorpresa’’.
En “E xcelsior” , Jorge Crespo de la Serna,
acaba su artículo d icien d o : “Se trata de un
hombre do sen sib ilidad , de una mano diestra,
de un ojo que sab e captar bien el ambiente
— esta vez de nu estra tierra— del cual se
puede esperar obra original y de mucho gusto
si so decido a ser fie l a su propio yo” .
Pero todos estos elogios, a los que podríamos
unir los de ocho o nueve críticos más, no van
sin reservas ni reparos. Es lo interesante para
e ste joven artista. En un ambiente artístico
que no se conm ueve m ás que por los tres
grandes, y más aun por los escándalos y la
batahola “p atriótica” do Diego Rivera y Siqueiros, Y lady ha logrado lo que desde hace
m uchos años no logró ningún pintor joven, T
monos siendo extranjero. Conmover, hacer ha­
blar a todos los críticos y, lo que es más signi­
ficativo, p elearse entre sí a las juventudes
a rtísticas del país, entre las cuales unos le
niegan toda capacidad do pintor — jamás do
dibujante— y otros,* por oposición, lo exaltan
sin mesura y lo ponen en las nubes. Las dis­
cusiones llegaron al extrem o que en el co­
nocido cafó P arís, en donde se reúnen grupos
do artistas y escritores, los dos bandos vi­
nieron casi a las manos.
M éxico, D. F. diciembre 1947.

-

�cabalgata

8

S OMERS ET MA U G H A M
(Viene de la pág. 4)
tia, Loyola y Manresa, se extasía ante la
catedral de Santiago de Compostela, "de
piedra gris. . . amarillenta de liquen” ,
"amenazadora contra las nubes oscuras y
de un color de miel contra el cielo azul' ’.
Vacila si escribir sobre Ponce de León,
trazar una vida de Agustín de Rojas, el
actor-autor de El Viaje Entretenido, o
elegir como héroe a un joven católico es­
cocés en la corte de Felipe ni, cuando Lope
de Vega era ídolo del teatro español, un
tal Cervantes escribía el Quijote y en To­
ledo, empapando sus pinceles en el zumo
de su alma apasionada, pintaba el Greco.
Finalmente, Maugham renuncia a tales
proyectos y escribe el libro que comenta­
mos con un espíritu encantadorameirte
británico.

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pensamiento moderno, que estaban
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DERECHO ROMANO
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CIPIOS DE SOCIOLOGIA
(Próxima a salir)
M E Í Á DE O C O B M E A M N IIN A

Ugarteche 2898

72-7401

Bs. As.

En Avila —la gema amurallada, cuyos
huertecitos perfumados y piedras doradas
contemplaron el paso de Teresa—- se hiela
de frío, quejándose de que en el desayuno
le dan leche de cabra y manteca rancia.
Ello le conduce a enjuiciar las comidas
españolas, cuya frugalidad histórica elo­
gia. (Una comida española digna de un
rey es "pan- moreno, olivas, anchoas y
queso do cabra” ) Califica de "basta,
dura e insípida” a la merluza española
( ! ) , estimando que el mejor plato español
es la sopa de "tres cuartos de hora”
(que confieso desconocer). De Alicante
dice que es "una ciudad donde no hay
nada que ver ” ( !) y de Valencia, que es
"aburrida y ruidosa” ( ! ) , la tierra del
arroz a la valenciana "que en Andalucía
llaman paella” (1). Por fortuna, en Ta­
rragona (que describe con uir realismo ma­
gistral) le sirvieron un buen arroz, en
Madrid un excelente leehoncito, en Sevilla
jamón serrano con aceitunas de la tierra,
pescadilla frita y amontillado, y en Vigo
el "mejor marisco” de Europa. ¡Vamos,
"oíd boy” , éso ya es algo! Más animado,
ajusta su monóculo mental y recorre el
resto de España, dejándonos un cuadro
soberbio de Lope de Vega y Santa Teresa,
del Quijote y Don Juan. Y aunque hace
afirmaciones como la de que España "no
ha aportado casi nada al pensamiento
mundial” , que nuestra poesía "es de ori­
gen italiano” , y " la mística es germá­
nica” , finaliza su obra diciendo que "en
sus hombres está el secreto de la grandeza
de España” . Ellos son su filosofía, su
pintura y poesía. Los españoles de la Edad
de Oro —dice— "sintieron e hicieron” ,
no pensaron. Buscaron y hallaron la vida.
Sembraron pasión y la cosecharon en flo­
res. España —afirma— agotó toda su
energía en crear lo que es más grande que
el arte: hombres.

sobre psicología. Me replicó en cartas de
puño y letra, elogiándolos inmerecidamen­
te y criticando sagazmente algunas opinio­
nes. Se entabló una amistad por corres­
pondencia entre nosotros. Me hizo el honor
do enviarme, el manuscrito inédito de la
que será su última novela (posterior a la
recientemente publicada: Then and Note,
un tablean a lo Bocaccio sobre las andan­
zas amorosas de Maquiavelo) para que
yo " lo corrigiese y asesorase” (I ), pues
la novela es un cuento de milagros en la
España de los Felipes. Al venir a Nueva
York, me telefoneó para invitarme a al­
morzar. La muchacha que recibió la llama­
da casi se desmayó de la emoción, pues
Maugham es el autor más popular en esta
nación entre la clase media. Acordé verle
en el Hotel Plaza para almorzar juntos
y conversar sobre su libro, y mis divaga­
ciones y recuerdos terminan aquí porque
ya era la hora de la cita.
A la una en punto, Somerset Maugham
sale del ascensor y viene a mi encuentro
con uira pálida sonrisa en sus labios pá­
lidos. Viste de azul marino, con una ca­
misa mal planchada, azul a ravitas blancas
y una corbata azul y blanca, que lleva en
cada línea el sello barato de Broadway.
Me da una mano todavía enérgica y en­
dereza su menuda estatura. Del cuello
pende de una cinta negra el monóculo y
alrededor del ojo derecho se ve un surco
profundo como si fuera el molde donde
se fabricó el monóculo. Le digo que si
le parece bien ir a almorzar en un restau­
rante español, el Jai-Alai. Me escucha
gravemente y me dice que le parece muy
bien, aunque sé que el nombre del restau­
rante le es tan ajeno como a mí el color
de sus tirantes. A mi lado, pequeño y
arrogante, echa a andar hacia la primavera
que restalla en sol al otro lado de las
puertas del Hotel. Frente a nosotros, Cen­
tral Park es una promesa de verdores ama­
bles, pájaros y música de radios portátiles.
El cielo parece arrancado de una cubierta
do revista de viajes. Montamos en un taxi
con techo descubierto. Por su claraboya
una barra de oro solar bruñe su cabello
fino y gris.

León Chestov. — KIERKEGAARD Y LA FILOSOFIA
EXISTENCIA!.. El gran escritor ruso que supo producir
el análisis más penetrante de la obra de Dostoievski en
su libro "Las revelaciones de la muerte”, nos ofrece ahora
un revelador estudio de la filosofía de Kierkegaard* deno»
minada por su autor —en oposición a la filosofía especu­
lativa— filosofía existencial, es decir, la que proporciona
al hombre, no la "comprensión”, sino la vida. Un volumen
de 332 páginas .............................................................
$ 7.
Jean-Louis Bory, — MI PUEBLO EN LA HORA ALE­
MANA. Con esta novela originalísima por su técnica, JeanLouis Bory conquistó en 1945 el Premio Goneourt y se
aseguró un puesto de primera fila entre los grandes nove­
listas contemporáneos. Obra singular que ha de perdurar
como expresión acabada de arte que traduce de. modo
inimitable el drama vivido por un país en los tremendos
días de la ocupación por su enemigo tradicional. Un volu­
men de la “Colección Horizonte” de 416 páginas .. $ 6.—
Harold Lam . — NUR MAHAL. El autor de “La marcha
de los bárbaros” y de la hermosa biografía de Omar
Khayyam, traza en esta novela el retrato de una mujer
singular que hace tres siglos gobernó a la India desde el
aposento íntimo de uno de los herederos de Genghis Khan,
basando su relato en documentos auténticos que ha tenido
en sus manos. Un volumen encuadernado, de 312 pági­
nas .................................................................................
$ 1 2.—

REEDICION
Dale Carnegie. - COMO GANAR AMIGOS E IN FLU IR
SOBRE LAS PERSONAS. Obra que comprende un con­
junto de reglas prácticas para despertar simpatías, de la
que se han vendido sólo en Norte América más de cinco
millones de ejemplares. Un volumen de 336 páginas (14*
edición) ............................................................................ $ 5.—

—Ando estos días atareadísimo —me
dice—. Ya no escribo nada. No sabía lo
EDICIONES HERMES
difícil que era salir de este país; mucho
más difícil que entrar en él. Visitas a la
Distribuidas por la Editorial Sudamericana
emigración, a la aduana, entrevistas con
los agentes del Income Tax, y mil detalles
NOVEDAD
de pasaporte y pasajes. Nos vamos, mi
\
secretario, Mr. Searle, y yo, el jueves pró­
Vicki B aum . — VIDA HIPOTECADA. De dinámico relato
ximo en el Dixie Lee. Unos diez días de
al estilo orsonwellesiano, esta nueva novela —cuya trama
travesía hasta Marsella. Hemos tenido la
gira alrededor de un interesantísimo caso de transferencia
suerte de conseguir una diminuta cabina
de personalidad, con problemas colaterales de distinta inten
para los dos. Es pequeña, pero al menos
sidad y colorido— está llamada a constituir un éxito más
tendremos soledad. No será algo tan ates­
en la serie jalonada por “Uli, el enano”, “Hotel Berlín”,
Mas observad lo notable del caso, Sotado como cuando hace cuatro años vine
“Marión” y “El Bosque 'que llora”. Un volumen de 280
merset Maugham quedó influenciado en
a Nueva York.
páginas..........•.................... ............................................... $ g.__
toda su vida y en su estilo por este viaje
Le digo que para él va a ser doloroso
a España. Le tocó el corazón la sobriedad
en el decir, la magia en el contar, la pro- . ver a Francia en las condiciones actuales
y comparar con los años anteriores a la
De venta en todas las buenas librerías
fundidad en el sufrir y la ironía en el
guerra.
juzgar de los españoles. En la letra y el
alma do España fraguó, sin Saberlo Mau­
(E l exceso de original n os im pide
gham, su futura técnica novelística. A
dar com pleta en el presente número
quien desee aprender a contar algo, le
A L S I N A 5 00
esta in teresan te conversación, que
B U E N O S AIRES
recomiendo que estudie las primeras veinte
contiene tan preciosos rasgos bio­
páginas de Calces and Ale, que son- un mo­
gráficos, la cual term inará en la
delo de realismo, ironía y técnica literaria.
próxim a e n treg a ).
No es lo que se cuenta, sino cómo se cuen­
ta. Se nos antoja verle sentado en una
tertulia de Pombo, ante un ‘ ‘ café con
inedia” y prestar la magia de su toque
humorístico a cuanto dice. Maugham es
médico y aunque no llegó a ejercer, le ha
quedado dentro la visión- radiográfica del
alma humana, de lo que anima el manojo
Los lectores que conocen la
no os m ováis. (C ierra la puerta
cionado otras dos solu cion es . . . una segu rid ad m ayor. Como no
de nervios y músculos, huesos y órganos
versión castellana del libro de
con llave y v u elve al lado de
T IT O R E L L I. — Son las ú n icas tie n e nada m ás que h acer, pido
K afka que hace algún tiem po p u ­
que forman la marioneta que baila en el
José K .) M il perdones. E sta s n i­
de que puede t r a t a r s e . .. ¿P ero p erm iso al tr ib u n a l y qu ed a on
blicó la E ditorial Losada, nos
retablo teatral de la vida. Este inglés se
no quiere q u itarse la chaqueta lib ertad .
ñ as tam bién pertenecen a la ju s­
agradecerán esa breve escena do
ticia.
a n tes do que abordem os la c u e s­
JO SE K . — ¿ Y qu ed a «n l i ­
electrizó en España, durante los años mo­
la adaptación dram ática que han
JO SE K. — ¿Cómo?
tió n ?
b ertad ?
presentado al público francés dos
zos en que se embriagó de la luz del cielo
T IT O R E LL I. — No h ay nada
JO SE K . — Con m ucho gu sto .
T IT O R E L L I. — S í, pero e n tié n ­
figuras preem inentes: el escritor
que releve de la j u s t i c i a . .. U s­
andaluz, y comunica electricidad a cuanto
(S e le v a n ta ). Y a que me in v ita d ase que só lo e n a p a rien cia , o s i
André Gide y el actor Jean-L ouis
ted
no
parece
conocerla
aun.
Pero
a
e
llo
.
.
.
(S
e
qu
ita
la
c
h
a
q
u
eta
).
lo
d esea, p r o v isio n a lm en te . P u e s
toca. Sus dedos huesudos, prestan una
B arrault.
no tien e n ecesidad de ello, pues,
L A S N IÑ A S . — ¡Oh! ¡S e está tod os e sto s ju ec e s de que lo h a ­
eléctrica vibración a un militar, una ca­
El que sigu e es un fragm ento
por lo que dice, es inocente. S al­
desnudan do! (S e em pujan para b lo, ju ec e s su b a lter n o s, no tie n e n
de la obra, en el m om ento en
drá del paso sin que nadie le
marera anciana, un plantador holandés,
v e r ).
e l d erech o de p ro n u n cia r la a b ­
que José K. ha ido a pedir ayuda
ayude.
JO SE K . — ¿Cómo llam a a las so lu c ió n d e fin itiv a ; e s e derech o
un tendero cuarentón, una peripatética
ni pintor T itorelli, esp ecia lista en
JO SE K . — Pero, en su opinión,
otras dos solu cio n es?
corresp on d e a l tr ib u n a l su p rem o,
retratos de ju eces.
descolorida o un artista fracasado. Sus
¿qué es lo que se debe hacer?
T IT O R E L L I. — A b solu ción apa­ al cu al no p u ed e lle g a r n i u ste d
¿Qué procedim iento puede segu ir­
ren te y aplazam ien to ilim ita d o . Yo n i n a d ie. S ó lo la a b s o lu c ió n d e­
personajes están manejados con la técnica
JO SE K. — Escuche, M onsieur
se? Por lo que me acaba de de­
puedo ayudarlo en am bos casos. fin itiv a acab a con to d o e l m a­
elemental de un Cervantes o un MaupasT itorelli; seguram ente usted co­
cir, deduzco que la ju sticia no
U ste d es qu ien tie n e que elegir. te r ia l d e l p r o c eso ; n i v is to , n i
sant —seres reales en situaciones noveles­
noce la ju sticia m ejor que yo;
adm ite ni reconoce las pruebas.
L a a b solu ción ap aren te requiere en te n d id o ; no qu ed a nad a.
yo sólo la conozco de oídas. Pero
T IT O R E LL I. — ( L e v a n t a n d o
un esfuerzo v iolen to, pero m om en­
cas— y tienen algo en su vivir de la línea
JO S E K . — M ie n tr a s que oon
todo el mundo está de acuerdo
el ín d ic e ). C ierto que no pueden
tá n eo ; el aplazam ien to ilim itad o la a b so lu c ió n a p a r e n te . . .
de un Lope de Vega o de un Chejov, o
en que una acusación jam ás se
p resen tarse pruebas ante el tr i­
un pequeño esfu erzo crón ico. Sin
T IT O R E L L I. — N o se p ierd o
sea el aparecer y desaparecer, sin un
hace a la ligera, y que una vez
bunal; pero, m ediante interm edia­
em bargo, hab lem os de la p rim e­ n ad a y la ju s tic ia n o o lv id a ja ­
lanzada la acusación el tribunal
rios, se envían pruebas o cosas
ra; si es eso lo que d e s e a . .
m ás. E l a c ta de acusación , n o h a
principio ni un fin en sus acciones. La
perm anece firm em ente convencido
quo hacen las veces de ello.
JO SE K . — (q u e tra ta de s e ­ p erd id o vig o r y cu a lq u ie r juea
carencia de tesis moral y la ausencia de
de la culpabilidad del acusado. Me
JO SE K. — E nton ces, ¿qué me
g u ir le ). ¿L a ab so lu ció n aparente? p u ed e saca rla a r elu cir en e l m o­
Dios, prestan a la obra de Maugham un
han dicho que es m uy d ifíc il que­
aconseja?
T IT O R E L L I. — (c o n tin u a n d o ). m ento que quiera.
brantar esa convicción.
T IT O R E LL I. — E so depende de
. . .y o v o y a e scrib irle, en debid a
JO S E K . — ¿Y e n to n c e s?
gigantesco sentido demoníaco muy espa­
TITO R ELLI. — ¿ D i f í c i l ? . . .
la clase de absolución que desee.
form
a, una d eclaración de in o c e n ­
T IT O R E L L I.
— E n to n c e s
se
ñol. Como en el Quijote o en la obra de
M ejor sería decir qne im posible.
H a y tres cla ses: absolución real,
cia. In atacab le. P r o v isto de esta p ro ced e a u n a n u ev a d e te n c ió n . E l
Coya, Dios está ausente de las páginas de
Y si yo p in tase aquí a todos los
absolución aparente p aplazam ien­
d eclaración , y o v is ita r é a tod os p roceso se rean u d a. H a y que v o l­
ju eces y usted se defen d iese ante
to ilim itado.
lo s ju eces que conozco para que ver a reu n ir la s h u e s te s p ara
Maugham. Amor fati. Cada personaje es
la tela, seguram ente tend ría más
JO SE K. — ¡A h!
mo la firm en ; em pezaré por p re­ procurar un a n u ev a a b so lu c ió n
como un español fiel a su sino de sima o
T IT O R E L L I. — L a absolución
probabilidades de é xito que en el
sen ta rle esta noche a l ju ez que a p a ren te. N o se d e b e r en u n c ia r
empíreo y el autor, con una sonrisa cáus­
tribunal.
e sto y retratan d o, salien d o fiad or nu nca. (S ile n c io . J o s é K . b aja la
real, pura y sim ple, es in co n tes­
tab
lem
en
te
lo
m
ejor:
pero
me
de
sn in ocen cia. E so m e atrae, c a b e z a ). ¿ L a a b s o lu c ió n a p a ren te
CORO
DE
N
IÑ
A
S
,
(d
etrás
de
tica, pero llena de comprensión humanista,
apresuro a añadir, que yo no
con ta l quo el ju ez m e c r e a . . . no le agrad a? Q u izás p r e fie r a el
la puerta) T i t o . . . ¿ e s que no
les acompaña hasta su triunfo o su ani­
a p la z a m ien to ilim ita d o . ¿ Q u iere
ten go nin guna in flu en cia en lo
va a irse pronto?
JO SE K . — C reerle, s í; pero,
quilamiento. Esta actitud es muy españo­
que concierne a esta solu ción ; y
de tod as m aneras, ¿no m e a b so l­ que le e x p liq u e en qué c o n s is te ?
TIT O R E LL I. — ¡C allad! ¿No
JO S E K . — S i no es a b u sa r de
por lo que yo sé, nadie. D iré m ás:
verá r ea lm e n te ? . . .
v e is que estam os hablando?
la, muy quijotesca y fatalista.
desde mi in fa n cia he asistid o a
U N A N IÑ A . — ¿V as a hacer su
T IT O R E L L I. — E s lo que yo su am ab alid ad . . .
T IT O R E L L I. — E l a p la z a m ien ­
tod
as
la
s
grandes
sesion
es
del
tr
i­
retrato?.
.
.
No
lo
hagas.
E
s
muy
le
decía.
U
n
a
vez
que
la
declara­
Somerset Maugham es, a mi juicio, el
bunal, y he seguido un número
c ió n te n g a un núm ero su fic ie n te to ilim ita d o , com o su n om b re «In­
feo.
mejor novelista "puro” (¡el arte por el
dica,
m a n tie n e in d e fin id a m e n te e l
in
fin
ito
de
procesos,
sin
encon­
de
firm
as,
el
a
su
n
to
p
u
ed
e
m
ar­
(E l pintor va a la pu erta y la
arte, sin tesis moral alguna!) del siglo
trar nnnea una absolución real.
char con b a sta n te rap id ez; p u es p roceso en su p rim era fa s e . E x ig e
en tr e a b r e).
nn
c
o
n
ta c to c o n s ta n te con la ju s ­
llegad o a e ste pu nto no su elen
JO SE K. — E nton ces, es in ú til
TITO R ELLI. — Si no os que­
XX: Un Stendhal por su sobriedad es­
encon trarse o b stácu los. E s e l p e ­ tic ia .
quo hablem os de ella. D ejem os la
dáis quietas, os hecho escaleras
tilística, un Balzac por su visión amplia
ríodo donde el acusado m a n ifie sta
absolución real. U sted ha m en­
abajo. Sentaos en los escalones y
de la Comedia Humana, con algo de ese
humorismo burlón de Cervantes. Un inglés
universal, que con su caña de Montilla en la
L E A
mano, miró en una tarde de mocedad
pasar a las mocitas toreras de tobillo fir­
en e l p r ó x im o n ú m e r o d e
mo y olor a nardos por las calles sevilla­
nas. Y que hubiera dado todo el imperio
C A B A L G A T A
británico por saber decirles un piropo
“ E l e t e r n o f a n a t is m o ” ,
flamenco, ¡sin acento de Oxford! y _s¡n
p or J u le s R o m a in s
que lo llamaran "patoso” y "ésaborío” .

EDITORIAL SUDAMERICANA

&amp;T. A.Cía.
41*2216
CÓN AMIGO

EL

igglO norte
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PROCESO

JUAN CRISTOBAL
L ib ro s

A d q u ie ra u n e je m piar al p re cio d e

V - Primer Plano del Hombre
^
* *

“L u c io
s ió n

_
Hace cosa de un aña escribí dos articulitos sobre Maugham y se los envié a Ho­
llywood. Me replicó cariñosamente y, alen­
tado, le mandé varios de mis trabajos

Fontana

o

la

v i­

INFLAMADA Y DINAMICA
DEL OBJETO”,

G rabad os

SANTA FE 2033

T . A. 44 -3 8 6 7

p or J u lio R in a ld in i

m

�cabalgata

6

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V. LAS ARTES PLASTI­
CAS CONTEMPORA­
NEAS.

E sta C olección
abarca panorám ica­
m ente

el

LA O B R A
M AESTRA D E S­
CONOCIDA, por Ho-

itinerario

de la literatu ra que se
h a dado en llam ar “mo­
derna” , teniend o gran in te ­
rés para la sen sib ilid ad actual,

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SIL V IA , por Gerard de N er
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e l proceso estético y crítico de
varias generacion es de “raros” .
Cada volum en lle v a un prólogo, que,
a m anera de guía, conduce al lector
estudioso al clim a del autor.

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Antonio Palomino
MUSEO PICTORICO
o ESCALA OPTICA
2 vols. Ene. en
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JULIO B.PAYR0

BUHAS DELARTEABGEXTIlfO

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ciones de esculturas inéditas, en bicolor. Edición numerada. Fnc.
tela: 2» edición .................................................................................... $ 50-—
ISMOS, por Ramón Gómez de la Sema.
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VIDAS y OBRAS
T

L os m ás fam osos a itista s de todos
lo s tiem pos presentados en la sín te sis
hum anísim a de lo que fu é su vid a y
de lo que son sus obras.

VIDA DE MIGUEL ANGEL, por Hermann Grimm . . 8 25.—
GRÜNEWALD, por Juan Zocchi ................................... S 22.—
LA VIDA Y LA OBRA DE PIERRE AUGUSTE RENOIR,
por Ambroise V o lla r d ..................................................... S 25.—
VIDA SECRETA DE SALVADOR DALI, por Salvador Dalí,
$ 35.—
TIZIANO O DE LA FE EN LA VIDA, por Margarita G. de
Sarfatti ............................................................................. S 22 —
JOSE GUTIERREZ-SOLANA, por Ramón Gómez de la Serna
$

I lirx n n i X

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ra u re

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E sta h isto ria in te re sa no sólo al a rtista ,
al critico y al aficionado, sino tam bién al
sabi0&gt; al hom bre i e letras y al lector común,
ues encierra la m ás rica, sugerente y fecunda historia, no ya del arte, sm o del

PICASSO: El artista y la obra de nuestro tiempo,
por Joan Merli.

3 10.—

„

8 .—

,,

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LA E SC U E L A D E LA S M U JE R E S, V ol. I, segu ido de ROBERTO
y GENOVEVA, V ol. II, por A ndré Gidc.
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LOS U LTIM OS TIE M PO S, por V íctor Sergc. (2 v o ls.)

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P A P A Y D E SC E N D IE N T E GLORIO­
SO, por Pardee L ow e . . . . 3 7.—
E L HOM BRE P E R D ID O , por R a­
món Gómez de la Serna . . 3 7.—
PR ISIO N E R A , por A lian Seager .................... ..
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por A. Gide. 2^ ed. 3 5.—
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*
&gt;»
_
» 33 -—
» 3S ~
» 38 •—

EDITORIAL POSEIDOS

PERU 9 7 5
BUENOS AIRES

�cabalgata
IJE SSE es casi tan pintor como
Í I poeta. Hay en algunos de
sus tomos de poesía reproduc­
ciones de acuarelas, complemen­
tos plásticos del sentido de los
versos. Estas ilustraciones cer­
tifican una adaptabilidad casi
infantil. Pero el conjunto —poe­
sía y estampa— está saturado
do los hálitos de la naturaleza
y revela una comunión tan ín­
tima, tan completa con el mun­
do v is ite , que ninguna per­
turbación anímica hallaría asi­
dero en este puro unísono. En
fin, la creación de un artista.
Andró Gide.
e entre los poemas que Hermann Hesse
D
me enviara como saludo para comienzos
de este año, ho extraído el siguiente, fe­

Pacioli:LA DIVINA PROPORCIÓN

Lúea

chado en febrero de 1946:
W t t W n ® U ha tenido5 sob rT el arte r e : n a c e n t í : “ bre
d u lc e n
en esp ecial. Traducido directam ente de U e d W ó n ° ” f X cción de R icardo B eata,
facsim ilar de loa grabados. P rólogo de Aldo M icU.
a d u ch o
Juan Carlos
Soneto de E a fa e l A lberti. R ev isió n de la parte m aterna»
en Jo u t e .

Entra, mistral, la noche pálida.
La lima hacia el follaje riela.
¿Qué miedo, entonces, en la cálida
noche me impulsa a estar en vela?

“

o

tG r i “

Durmiendo estuve y he soñado.
¿Qué me llamó en la noche y me
causó tal miedo que pensé
que algo importante hube olvidado?
H uir de casa me será
mejor, y del país entero,
hacia el llamado, el hechicero,
lejos, al mundo, y más allá.

I otograbados

Arga
SOC. RESP. LTDA.
Cap. mSn. 60.000:-

MEXI CO
449
T. A. 33-4218 34-3555
B u e n o s Ai res

¡m il

A [LEGAR!

p

t

d

r

B

e

c

u

y Raim undo Inda y dirigid a

% r r3 i r T 40g inEa03: Sgran form ato, Idiosam ente encuadernado^ « U U

blan ca .........................................................................................................

Leonardo da Vinci: IRATADO DE LA PINTURA

HERM ANN H ESSE,
Por

EL P E R E G R IN O
WERNER

ROCK

( Dibujos originales de Hermann Hesse)

(T ra d u cció n de C arlos T . G rieben.)

F

V

Nuestro poeta, que el 2 de julio de 1947
entró en los setenta años, se evidencia en
estos versos como un peregrino eterno
a lo largo de toda su vida. Su continua
peregrinación lo llevó hasta la India, el
país natal de su madre. Retorna conven­
cido de quo todos los caminos tienen una
sola meta: el propio corazón. Y ahora,
¿adonde quiero ir el anciano Hesse, ahora
quo el camino de su vida llena de alter­
nativas ya toca a su fin? “ Lejos, al
mundo, y más allá” . Esta última confe­
sión conmueve hondamente. No se ha can­
sado aún de peregrinar. No obstante haber
medido la tierra en todos los sentidos,
este anheloso quiero todavía ir “ más allá
del mundo” , tras un sendero marcado por
las estrellas.
‘ ‘ Ninguna meta alcanzada fué urra meta.
Todo camino fué un rodeo, y todo des­
canso creó nuevos ardores” . Así concluye
Hesse su libro: Peregrinación, publicado
en el año 1920. De él me escribió hace
poco: Peregrinación ha sido uno de mis
libros favoritos. Ya hace años que no
existe. Ha pasado mucho tiempo desde
que fueron destruidos los clisés y la com­
posición de éste y de todos mis libros
editados en Berlín, conjuntamente con la
casa editora. Ya no espero ver una nueva
edición en vida” .
Por fortuna, poseo uno de los ejem­
plares que se han hecho más raros, y
agradezco la amabilidad de Hesse al poder
presentar a los lectores dos dibujos con
quo el autor, que también es un extra­
ordinario pintor y dibujante, ha adornado
sus notas.
¿Qué impulsa a Hesse a viajar? Ante
todo el deseo de superar las fronteras.

ser mejor de lo que es. Sabe, como poeta
y pintor, que en la imagen del verdadero
hombre so mezclan la luz y las sombras.
Se siente “ vagabundo y artista” , y debe
convenir honradamente en que no se puede
ser además de esto un “ burgués armó­
nico” , y en que es preciso aceptar con
un sí intenso la sordidez de esta tierra,
incluso la suciedad y el asco. *‘ Quien se
niega a sí mismo no puede afirmar a
Dios” . Esto no se logra siempre. Se dan
de tanto en tanto olas de pesadumbre que
sin embargo son necesarias para el hombre
creador, casi tanto como las de exuberan­
cia y exaltación. Todo le parece bien a
Hesse, excepto aquel “ estado intermedio
entre el bien y el mal, tibio y soportable.
No, es preferible exagerar una vez más
la curva, aumentar la tortura y en re­
compensa enriquecer aún más el esplendor
de los instantes felices” .
¿Encuentra Hesse, el peregrino, aquellos
instantes felices, aun en la comunidad con
un alma amada, de la que en la juventud
no hubiera creído poder prescindir? No;
ha superado esa situación, ya no necesita
un compañero de viaje. Cuando encuentra
una amada, ésta no lo ata por mucho
tiempo. El peregrino desconoce lo seden­
tario en el amor. “ Una novia en cada
pueblo” , dice una canción alemana. El
verdadero peregrino disuelve el erotismo
y lo transforma. Lo reparte entre la aldea
y la montaña, el mar y el valle, entre
los niños y los mendigos al borde del ca­
mino, los animales en los prados y en el
aire. ‘ ‘ Desprendemos el amor del objeto.
El amor nos basta por sí mismo, así como
al peregrinar viajamos sin meta, por el
simple placer de viajar, de estar en ca­
mino” .

Prim era edición integra en idiom a « 'P ^ o l, QU« co&gt;nprende los
sombra, de la lar. y de la perspectiva, cuidadosam ente revisada y .cow jaa
tod as la s ediciones publicadas h asta la fecha, ilu strad a con \? o rjianchas fu era
dib ujos geom étricos, tom ados da los m a n u m it e s o r igin ales y " p ” a^ r0 La
do texto en negro y en colores, de las princip ales obras de £
com pletan una advertencia b ib liográfica, la b iografía de Leonardo e sc r ita P
V asar!, nn estudio do P au l V aléry y uu apéndice ^ « reproduce por prim era v e s
91 fragm entos de lo s m anuscritos de L eonardo, h a sta ahora perdidos en
códices, que com pletan sus estu d io s sobre la s proporciones del cue p
&amp; n t vo3lum?na 9 dee l5l 8 atp ^ n a s encuadernado en brln blanco con aplicaciones
en oro f i n o ........................................................................................................... ................

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E D IC IO N E N C A S T E L L A N O
O EN F R A N C E S.
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OTRAS O B R A S

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L L E G A D A S:

L’HISTOIRE GENERALE
DES RELIGIONS
T anto por su m a ra v illo sa p r e ­
sen ta ció n como por su elevado
valor in te le c tu a l y m oral, e ste
m onum ento del p en sam ien to h u ­
m ano debe te n e r su lu g a r en la
b ib lio teca de todo hom bre cu lto.

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DE LA LANGUE FRANCATSE
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co rrectam en te.” T res volú m en es
encuadernados
esm eradam en te.
2.2 0 0 p ágin as.

DICTIONNAIRE
ENCYCLOPEDIQUE
QUILLET
E l m ás ex tra o rd in a rio d iccio n a rio
de n u estro tiem p o. Su pera todas
las dem ás obras de su género
conocidas h a sta hoy.

ATLAS UNIVERSEL
QUILLET

“ El desprecio por las fronteras, propio
de la gente de mi especie, las convierte
en los hitos del futuro. Si existieran mu­
chos hombres en los que este desprecio
viviera como en mí, no existirían las gue­
rras ni los bloqueos. No hay nada más
odioso ni nada más estúpido que las fron­
teras” . Hesse escribió estas líneas en Sui­
za, el clásico país de la hermandad de los
pueblos, y en el que conviven apacible­
mente dentro de los mismos límites cuatro
pueblos separados por sus lenguas.
En todos sus viajes este ciudadano del
mundo lleva conscientemente consigo un
trozo de su patria. “ El hombre perfecto
tal como lo concibo, el peregrino puro,
no debería reconocer la nostalgia por su
tierra. Yo la siento, yo no soy perfecto,
ni quisiera serlo. Quiero libar mi nostalgia
como libo mis alegrías.” Esta confesión
retrata enteramente a Hesse. No desea

El eros del paisaje flecha al poeta en
medio del corazón. La así llamada “ reali­
dad” nada le dice, olvida el trajín de
la torturada humanidad, uncido, como es­
tá, al mundo propio de su imaginación.
Huye de la realidad como todos los gran­
des solitarios, como Beethoven, Nietzsche,
y se vuelve a los árboles soledosos. 1 ‘ Ellos
son más sabios que los hombres, no pre­
tenden ser sino lo que son” . Tienen un
solo deber: ‘' configurar y mostrar lo eter­
no con lo que fuera expresado en ellos
por una sola vez” .
El eterno anhelo, el anhelo por lo eterno,
llevan al poeta y al peregrino Hermann
Hesse de un año a otro, de un lugar a
otro, sin hallar nunca una satisfacción,
ni aun en la riqueza de su propia alma.
Y así, el septuagenario anhela todavía
otros milagros, anhela ir “ lejos, al mun­
do, y más allá” .

E conom ique. P o litiq u e. P h v siq u e.
“L ’A tla s du M onde pour T o u t
le M onde.”
La gu ía p ráctica m ás com pleta
de la activ id a d fra n cesa . Com­
p leta m en te p u esta al día.

SO LICITE FO LLETO S ILÜ STEADOS, S I N COMPEOMISO.

E IIIT ülim ARGENTINA

A. U U ILLET S .A .
Corrientes 1650

T . A. 35-6679

Grasset, el editor que hace
cuarenta años montara en París lo
que los franceses llaman “ fábrica de
glorias literarias” retorna a la existencia
después de un largo proceso de “ depu­
ración” , retorna a la literatura. Esta vez
como literato. El Director de Dominio?
ha dado la autorización para que “ lTs
Ediciones Bernard Grasset publiquen, con

B

ernard

tiraje limitado, un ensayo de Bernard
Grasset: “ Amenagement de la solitude”
(Organización de la soledad) con un
prefacio de Frangois Mauriac.
La editorial Grasset está por el mo­
mento bajo secuestro, pero no se cree
imposible quo le sea devuelta a su pro­
pietario. Las autoridades declaran que

de

7—

lujo.

U n volum en de 270 p ágin as, encuadernación dé lujo.

CARLOS VEGA: Panorama de la música popular argen­
tina .............................................................................................. $ I®U n volum en de 361 págin as, con 150 m elodías, 8 lám inas y 6 m apas.
Ilu stra cio n es de A urora de P ietro.

M ontevideo

R e a liza d a bajo la a lta d irecció n ,
de G eorges H u ism a n , directo r g e ­
n eral de B ella s A rtes de F ra n cia .
A barca to d o s lo s tiem p o s, todos
los p u eb lo s, to d a s la s edades.

encuadernación

AARON COPLAND : Música y músicos conteniporáneos $ 12.—

Editorial LOSADA

HI S TCRI A
GENERAL
DE L A R T E

_

V

Lima

Bernard Grasset no es culpable del delito
de traición; que no ha colaborado con
los alemanes.
Ante esto, algunos diarios y revistas
protestan enérgicamente. Algunos llegan
incluso a decir 11 absuelto o uo, Bernard
Grasset seguirá siendo una de las figuras
más repugnantes de la traición. Estuvo
al servicio de Alemania de una manera
total; sus cartas, sus artículos, sus ac­
tividades do editor proporcionan abun­
dantes pruebas” . Algunas de estas prue­
bas las ofrece al público lector la revista
“ Les Lettres Franqaises” .
Otras publicaciones, en cambio, se li­
mitan a trazar la biografía retrospectiva
de Bernard Grasset, el autor-editor. Re­
cuerdan al hombre de acción que puso
en marcha la editorial más importante
de toda Francia. Y al autor de “ Remar­
ques sur l ’aetion” , “ La chose literaire” ,
“ Psicologie de l ’immortalité” , “ Les Chemins de l ’ecriture” . ..
“ Samedi-Soir” dice al respecto: “ Ber­
nard Grasset está a punto de operar
en la literatura un retorno con tiraje
limitado lo que, en lenguaje editorial
quiere decir “ a pasos contados” . Los
caminos de la escritura, que sirvieron de
título a uno de sus más célebres ensayos,
son todavía inciertos. Grasset está pro­
visto de un pasaporte en regla que le
entrega el Comité Nacional de Depuración
y avanza prudentemente. Su paso de re­
greso se llama “ Amenagement de la so­
litude” , con prefacio de Fran^ois Mauriac.
Pero Mauriac no empece la soledad; no
es un compañero; es un ángel guardián.
Por supuesto, no so sabe cuál de ellos
tiene más que perdonar al otro, si el
ángel o el penitente. Bernard Grasset to­
davía no ha llegado a la calle de SaintsPéres, en donde su casa —una verdadera
fábrica de glorias literarias— sigue fun­
cionando desde hace tres años por persona
interpósita, bajo el velo del secuestro.
Ha hecho escala en su domicilio privado
do escritor en donde escribe febrilmente.
Pero, de pronto, algo desvanece la im­
presión de serenidad de su rostro. Bernard
Grasset se levanta: este gigante de la
erudición es pequeño. Y se adivina detrás
del eremita al hombre de acción que di­
fícilmente logra contenerse. Grasset puede
hacer el elogio de la soledad, pero jamás
ha estado sedo” .

0

i.

b, A .

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�G iorgio

de

C hirico . N a tu r a le z a m u e rta .

REVISION DE LA
P I N T U R A DE CHIRICO
p o r E D U A RD O W E ST E R D H A L
reacción1 de algunas importantes f i ­

20 de febrero de 1909—, ya había esta­
guras, que han desempeñado un papel
llado el movimiento futurista en el propio
L principal
en territorios del espíritu, deser París, donde se venía a decir: “ Museos:
a

tando en estos momentos críticos de los
esenciales principios de su obra, negándola
o estableciendo retornos, debe obligarnos
a una sólida actitud de defensa, después
de todq^ aquel sistema lógico y normativo,
que, iniciado a fines del siglo XIX, trata
de expresar los fenómeiros de nuestra
época, proyectando en una labor construc­
tiva los auténticos cimientos, o la tierra
estable, para el normal desenvolvimiento
del hombre.
Nos r e f e r i m o s concretamente a los
“ neos” o “ renacimientos” y, con más
claridad aún, a la figura de un pintor que
hoy se encuentra en el patíbulo de las
artes: Giorgio de Chirico.
Primeramente es necesario hablar del
movimiento o clima, dentro de cuyas teo­
rías estéticas produjo Chirico su obra prin­
cipal, o sea, la que se estimó como repre­
sentativa de su personalidad, y que ha
merecido una de las más extensas biblio­
grafías de la pintura moderna. NTo hay
que olvidar que ya en 19H marcha a París,
y que dos años antes Picasso exponía sus
casas de Iíortn. Es decir, Chirico se in­
corpora a una poderosa inquietud, y a
partir de 1912 empezamos a conocer su
“ Meditación matinal” , con los elementos
que más tarde habría de desarrollar: ar­
quitectura, sombra y silencio: sus princi­
pios metafísicos.
Nacía el cubismo. Picasso era el porta­
voz de un poderoso estado de descompo­
sición. La naturaleza visible sólo le servía
en sus partes para una labor de construc­
ción, dondo se reconocía, en principio, los
límites del cuadro, en sus dos reales di­
mensiones. Negación de la perspectiva re­
nacentista, llamada a la invención, al
lirismo: reconocimiento del hombre. “ El
cubismo —ha escrito Guillermo de Torre—
es una de las pocas escuelas de pintura
que han elaborado todo un cuerpo de
doctrina propio. No se trataba solamente
de una modalidad plástica, sino de un
sistema de conocimento, con aplicación ex­
tensiva a otras artes y, en primer término,
a la poesía. Era, oír suma, toda una es­
tética que proponía un nuevo medio de
mirar, de conocer el mundo sensible” .
Pero Chirico no ve estos problemas y
toma el camino contrario. Continuó reali­
zando la fuga lineal valiéndose de la ar­
quitectura. Así insistió nuevamente en el
superado iiusionismo del Renacimiento.
Llenó el cuadro de misterio a base de
claroscuro. Pero carecía de los valores de
Jíembraudt. So valió de elementos geomé­
tricos de orden, y su mitología culminó
en el bélico “ II Trionfatore” con sus
célebres guerreros y caballos.
Dos años antes de marchar a París —el

cementerios... Museos: dormitorios públi­
cos. . . ” Picasso y sus casas do Horta no
eran un punto de arranque, no era cuestión
de genialidad y personalismo este cuerpo
a cuerpo con la realidad. Picasso sería el
portavoz extraordinario, pero la verdad era
que nos encontrábamos en ese borde fes­
toneado de aurora que tiene toda crisis.
Como consecuencia del movimiento futu­
rista, en 1916 estalla en Zurich el dadaís­
mo. Entre los dadaístas estaban Arp,
Ernst y Man Ray. Chirico y Klee fueron
importaciones, bienes adquiridos. Como lo
fuó Picasso. El movimiento dadaísta era
contra esto y aquello, licencioso, desprecia­
tivo de todo valor convenido. Era, como
se ha dicho, un modo de vida. Ya hemos
visto en qué grado el cubismo era un sis­
tema de conocimiento. El arte trabajaba
sobre un hombre reversible para darnos
una mueva humanidad.
Chirico y Carra gestaban en esta época
la tendencia de su pintura metafísica. “ La
Musa inquietante” , “ Interior metafísico”
y su célebre “ Naturaleza muerta evangé­
lica” , son producciones de 1916. En esta
última obra, en una construcción de los
más puros valores geométricos, de sobrio
fondo en el tendido do sus rectas, coloca,
con el habitual cinismo dadaísta, sus co­
nocidas galletas, logrando el sabido trompe
l ’oeil de la Gioconda-Dadá. Había, pues,
en estos cuadros mucha técnica cubista,
en los años de las postrimerías cubistas.
Picasso preparaba el retrato de su mujer,
anunciado después por la crítica como la
vuelta a Ingres de la pintura.
Y ahora, en esta encrucijada y descon­
cierto, es cuando Chirico trata de salvar
los valores de orden del cubismo unidos
a la tradición de los pintores italianos. La
pintura metafísica fue una aventura his­
tórica. Se trataba do conciliar a Dadá con
el Giotto. Por todo ello sabemos hoy que
el cubismo fuó en grado extraordinario
un movimiento pictórico. De lo que ha
venido a ser la pintura metafísica ya nos
lo dicen críticos chauvinistas como Cario
Belli, exaltador de la italianidad: ‘ ‘ En un
cuadro de Gris —dice Belli— hay siempre
pintura, pero en los cuadros metafísicos
la pintura como pintura falta. E l hombre,
la naturaleza es puesta en duda, en verdad;
pero para crear un nuevo mundo fenornenológieo, supernaturalista o naturalista,
sut generis.” “ La emoción ante un cua­
dro metafísico —continúa Belli— no es,
en efecto, de orden pictórico: se atiende
al significado do una extraña narración:
la pintura no importa lo que sea. Parece
que el objetivo de este arto sea sólo pro­
vocar el estupor, pero un estupor literario
antes que pictórico” .
Recordemos que todos estos cables que

se lanzaban al pasado, de retorno al clasi­
cismo, por parte de la pintura metafísica
fueron bautizados como “ italianismo ar­
tístico” y “ principio italiano” . Las admi­
raciones de Chirico ya nos la dice Cario
Belli: Giotto, Masolino, Masaccio, Orcagna, Gozzoli, Da Fabriano. Y uno de sus
grandes panegiristas actuales, el crítico*
italiano Lo Duca, para justificar su po­
sición, nos habla de posibles influencias ,
do Masaccio (en su arquitectura), de Boc- .
klin (en su fantasía), de Ucello o Della 1
Francesca (en el volumen del primer pe­
ríodo), do von Marees (sustitución de la
relación sentimental en el segundo perio­
do) y de su admirado Courbet (cu sus
luchadores). “ Así ha llegado —dice Lo
Duca, comentando su última obra—, iro
a la madurez viciada de un Itubens, sino
a la madurez vigilante de un Lorenzo Lot
to. El cree hoy —continúa—, después de
tanto pensar, quo la pintura no puede ser
en su baso más que una obra honesta: un
acto de fe unido a uir acto de conocimien­
to. El ha añadido que el primer factor que
da a la obra el mínimo de requisitos para
permanecer sobro el tiempo es una reali­
zación pictórica do primor orden” . Cito
hasta aquí las palabras de uno de sus
exaltados biógrafos. De todo lo expuesto
so desprende claramente que a Chirico no
lo ha interesado ni lo interesa trabajar
por la captación de la luz viva del fenó­
meno, al servicio del hombre de su tiempo,
siiro en honor del Museo y de su historia
cadavérica, en lo que tiene de pasado y
futuro.
Chirico no ha sido nunca un pintor de
nuestro tiempo, un contemporáneo nues­
tro, un hombre que expresara por su cuen­
ta el espíritu do la época. Para Marco
F rancesco M e ssin a . Muchacho marinero. Bronce.
Valsecchi, otro de sus críticos, era un
Colección Roque Freire, Buenos Aires.
precursor, un resucitador de antiguos mi­
tos. Su ansia es una nostalgia cultural.
“ Esta protesta —dice— es más de natu­
de la italianidad en la pintura metafísica
do todo lo expuesto, que Chirico, en su
raleza ética que artística” . Cocteau, escri­ y al del más vulgar sentido bélico en su
actitud actual no puede constituir sorpresa
obra reciente.
tor de su ejército, nos lo ha dicho con
para nadie que viera y meditara su obra
En lo artístico ya todos parecen ponerse
anterioridad en su “ Ensayo de crítica in­
de conjunto. Es el constante neoclásico
de acuerdo. Desde Belli a Valsecchi. Pero
directa ” : “ Uno de los méritos de Chirico
retardatario que padecen todas las cultu­
la cuestión no queda aquí. Existen las de­
es haber tenido en cuenta, en pleno período
ras. Es el hombre “ camuflado” , el que
rivaciones de su labor. Otros dos movimien­
plástico, más la moral que los problemas
lleva la bomba a las mejores construccio­
tos en los que ha visto comprometida su
visuales que desembocan fatalmente en la
nes del espíritu de cualquier tiempo. Su
pintura. El surrealismo y la tendencia de
preciosidad” . Bien, emplacemos su obra
actitud, como la do Salvador Dalí, que
en estos términos. En lo ético su mito­ los “ Valori Plastici” . El primero, el gran
en justicia hay que revisar como la del
movimiento antiplástico y el segundo, el
logía ha venido a la exaltación del belicis­
movimiento surrealista, sólo nos delata lo
mo con sus guerreros y caballos espanta­ negador de todo valor esencialmente espi­
que junto a la vigilia constructiva del
ritual. Pero ya esto es tema de mayor
dos. Sus cuadros son siempre las variantes
hombre
de nuestro tiempo existe de mise­
amplitud que no se presta a las dimen­
de una “ Heroica” . La reacción moral de
ria, de arribismo, de reacción, de im­
siones de este trabajo.
Dadá, disolvente y negativa de todo pa­
potencia y de Museo.
trimonio ético, ha venido a la exaltación
Solamente queremos destacar, resumien-

por RO M U ALD O B R U G H E T T I
objeto pintado
UNmodelo
como, un

debe parecerse al
avión se parece a
un pájaro.” Sí, Joaquín Torres-García, la
aventura de la edad contemporánea so
concreta en esta forma inventada, pero
¡ cuántos peligros!
Todo gran artista parte en busca de una
forma, forma capaz de construir un mun­
do, un universo artístico; apunta hacia
altas directivas, hacia el redescubrimiento
expresivo o abstracto de esa forma en­
tendida como culminación de un acontecer
histórico. Una inmensidad de caminos
abren las esclusas a la inspiración de los
tiempos nuevos, y el artista penetra en
las culturas primitivas y en las concre­
ciones donde el sentimiento plástico pri­
mordial impera.
Pero, ¿alguien supone que el pensamien­
to pictórico moderno ha fracasado? Resulta
harto grave que pintores de nuestros días
puedan creer que el arte viviente ha su­
cumbido. Quienes han caído en el olvido
son las tendencias imitadoras de la faci­
lidad, técnicas que llevan en sí lo pere­
cedero sin raíz humana ni imaginativa,
sin fundamento arraigado en el corazón
del hombre. Quienes piensan en la vuelta
al pasado a secas, olvidan que la expre­
sión y el arte de la contemporaneidad des­
cansan, al menos teóricamente, en la lec­
ción más austera y digna de todos los
tiempos. Hemos aludido a las épocas pri­
mitivas, y podemos recalcar que, sobre la
base que conduce al clasicismo, la sabia
geometría, el plañó, el volumen, y la am­
plia bandera del color o la gama de I03
sentimientos y las emociones desde lo na­
tural a lo metafísico, son líneas esenciales
incorporadas definitivamente al movimien­
to actual de la pintura. Si con estos
elementos se construyo la obra, partiendo
del ejemplo do los maestros y no de la
copia o repetición de sus hallazgos, la obra
ha do venir.

Esto joven pintor sabe hasta qué punto su
oficio vanguardista se hace, en la justeza
de la forma, expresivo y denso.
II
Portinari irrumpe en- Buenos Aires a
todo viento. La diversidad de sus proce­
dimientos y valores lo señalan ásperamen­
te, pero el despedazamiento de la forma
o el fragmentarismo polémico infieren a
su pintura serias heridas. Fiel a una ex­
presión de alcance social, su arte fuerte
deberá buscar los naturales equilibrios de
su sangre de pintor.
Por los caminos del nuevo realismo, Berni va en busca de una pintura de sólido
dibujo, de proyección representativa. El
esfuerzo del artista halla compensaciones
felices en pequeñas cabezas y figuras jó­
venes. Otro pintor, Enrique Policastro,
temperamento dramático en el desborde
contenido de su alma sincera, lo asisto el
vigor de un patetismo que establece la
humana condición desoladora de criaturas
do la campaña y barriadas porteñas. ¿Dra­
matismo? Sí, legítimo dramatismo. Y un
gran pintor de España —Gutiérrez Sola­
na— en algunas de sus obras halla la raíz
de una devoción tensa hacia una pura lo­
cura ensimismada. Así lo maravilloso
poético prueba que las formas conceptua­
les hallan su función vitalizadora cuando
fluye en el artista una ahincada potencia

interior, la cual hace del hombre un fan­
tasma y un ser vivo a un tiempo mismo,
el delirio enciende la paleta y una inteli­
gencia controlada por un espíritu no me­
ramente teórico se adentra en las tinieblas
lúcidas. La pintura de este español es por
excelencia anti-verbal, anti-discursiva, (lo
verbal y lo discursivo son males que des­
fervorizan el arte para tentar justificacio­
nes mediante ideas o ideologías que poco
o nada deben a la pintura). Pues la forma
debe nacer de la vida y no ya, superada
la polémica, de la fórmula desesperada
—digamos— del paraguas, la máquina de
coser y la mesa de disección del sombrío
Conde de Lautréamont. El sentir del ins­
tante y la múltiple experiencia, bajo la
presencia de sucesivas revoluciones, han de
dar unidad a la persona humana desam­
parada y por tanto agita la posibilidad de
un arte necesario dentro do un cabal re­
nacimiento por la libertad. De este modo,
puesto que nuestra época no dispone aún
do un estilo, este estilo surgirá de la suma
do las expresiones diferentes de cada gru­
po de artistas de toda comunidad nacional,
yendo de lo regional a lo universal.
III
En esta encrucijada salvadora, pintores
de la hondura de Raquel Forner, Spilimbergo, Giambiagi, Daneri, Castagnino,
Pronsato, Norah Borges, Moreau, Paeen-

I
¿Giorgio de Chirico vuelca ahora sus
ojos hacia temas románticos y setecientistas, y naturalezas muertas o bodegones
de este italiano no excluyen el lugar co­
mún? Esto hecho es sólo uno de los cono­
cidos fenómenos que permite ensayar ex­
presiones do la personalidad caótica de los
tiempos que corren. Bien supo elegir Cario
Carrá, al atenerse a valores profundamente
plásticos, o Campigli, en su juicioso ar­
caísmo, Casorati, o De Pisis, músculo de
la pintura. Y no se equivoca el escultor
Messina cuando trae a la Argentina bron­
ces que resumen el espíritu tradicional de
Italia en formas precisas y no obstante
cálidas y humanas. ¿Y Antonio Scordía?

E nriq ue P olicastro . N o c tu r n o ,

�cabalgata

C ésar L ópez Claro . E s tu d io p a ra fa m ilia
C arlos U riarte . L a roca n eg ra .

M ario D arío G randi . Mujeres.

¿Por qué el premio Palanza fué puesto
en manos de R. Forner y no de Victorica
o Pettoruti? A mi entender, Raquel ha
sabido avanzar sobre cuchillos, y al puro
instinto cromático o a las puras búsquedas
en superficies planas afinadas, incorpora
una dimensión que participa del signo de
la tragedia, y, tanto en literatura como en
pintura, pintar dramas humanos siempre
será tentativa mayor que encerrarse en el
taller concluso de un razonar o un soltarse
hacia los gozos de la sensibilidad o de la
inteligencia. El camino surge al comienzo
de la aventura y la llama debe ser libre
y poética, mas los resultados conducen a
la plasmación de un arte en el cual si

» . Miraglia, Uñarte, Fariña, López Claro,
I Azzoni, Carybé, comprendidos el veterano
F. Brugliotti y el novel M. D. Grandi, sa­
ben de la aventura de la tierra nacional.
Conocen el drama de la pintura, drama
que al articularse por conducto de la foru¡a y del color, funda la entidad plástica
espiritual. Y el profundo avance está seña­
lado —en la Argentina— por esta inequí¡ TOca comprensión. Sea el desastre de la
i guerra o el caos, la selva misionera o el
] pdramo, la serenidad de las quintas o la
tensa convocación do las tintas, la calidad
¿el trazo o las leves manchas de color, el
arte emerge de una realidad visible para
alcanzar las alturas de la creación.

al hombre le es permitido soñar, a la vez
cabe verlo sentir la angustia, el tormento,
o, en la fatalidad, la esperanza de los
trigos maduros y los cielos azules. Natu­
ralmente, compartimos el milagro de las
sencillas formas y colores, participamos
de la esotérica búsqueda de lo superrreal,
de las masas que se organizan en el
volumen, o la gracia que convoca líricas
emociones (Del Prete, Batlle Planas, Urrucliúa, Soldi). Entendemos, esto sí, en otro
plano, que el hombre Cézanne, que ha pin­
tado figuras, paisajes, flores y frutas en
Aix, tiende a un sentido menor de la gran­
deza al situarse airte el hombre Giotto o

Miguel Angel. . . La contemporaneidad se
depura y se afirma, y el gran complejo
universal del arte y de la vida, del mundo
físico y del orbe sobrenatural, se estructu­
ran invariablemente dentro de la diversi­
dad, en la implacable convocación de mano
y de espíritu, de visión y realización, pues
detrás de la pintura hemos de estar tú
y yo, lector, no sólo ante un cuadro bien
pintado, sino, más certeramente y por
extensión, ante una nueva concepción del
mundo.
IV
¿Nuestro año artístico de 1947? Un mu­
cho penar y discutir, y otro tanto esperar

y entusiasmarse y, por momentos, creer.
El arte do un pais so hace en el curso de
los años, de los siglos. Nosotros comenta­
mos a reflexionar sobre nuestras virtudes
y limitaciones, desesperanzas y fervores.
El artista argentino no ignora el entre­
visto orden del espíritu. He aquí la evi­
dencia.

V . notas en CABALGATA (N os. 13 y 1 4 ) y
"Pintura argentina joven", E ditorial Ollantay.
Los nombres de los creadores citados en esta
artículo corresponden a artistas e x p o sito re s
dol presente año.

T

, 17 g PO SIBLE cantar al amor cuando
C ¡0do ha pasado, cuando la desdicha
y el.tiempo han trocado el color de los
lechos? ¿Es posible ser veraz en los re­
cuerdos? ¡Oh!
' Hueve en el campo. Desde m i casa, en
t\ fin del suburbio, veo cómo se acerca la
tormenta. Se sobrecoge mi corazón presin­
tiendo un peligro o una pena.
¡Es posible cantar al amor desde este
triste refugio que nunca supo recoger ale­
grías?
¡Qué arrogantes eran los rosales de la
quinta! ¡Que buena eras, M argarita querí¿a! ¡Qué buenos tus besos, qué tiernas
tw manos!
los tres hombres se detuvieron arrie el
zanjón de desagüe y estudiaron la manera
de sortear el barro. Las negras ropas do
los forasteros se agitaban con el viento
acentuando la magra tiesura de sus cuer­
pos. Aquellos hombres parecían tres esta­
cas mal hundidas en la tierra y tenían una
sospechosa inquietud, urr aire de felonía.
Descubrieron un carcomido tablón que
hacía las veces de puente y allí se diri­
gieron.
—De uno en fondo —dijo el primero
gravemente—. Conservemos el clásico or­
den prescripto por la fatalidad.
Sonó una extraña risotada. El tercero de
los forasteros dió tres palmadas.
—¡Bah! ¡Aunque alteres el orden do
los hechos, aunque deformes o silencies los
sucesos, en su corazón, siempre darán tres
campanadas!
Nuevamente soltó la risotada.
Uno tras otro cruzaron el tablón. Se
, detuvieron ante la puerta de la casa.
—¡Extraño caserón!
—¡Maldita ruina!
—Tiene ese color abandonado que dan
los desastres sucesivos.
El primero dió con el puño en la puerta,
7 como nadie respondió, tocó la gastada
falleba y empujó cautelosamente. Hizo un
gesto imperativo y se internó en el corre­
dor. Los zapatones enlodados de los fo ­
rasteros dejaron su sello inmundo en el
umbral.
Eu el amplio y sombrío despacho, un
hombro escribía exageradamente caído so­
bre la mesa, como si su labor fuera tan
dolorosa que lo llevara a descansar el
«¡razón.
Los intrusos so colaron sigilosamente y

UN CUENTO DE ENRIQUE WERNICKE

C A N T O
i

-

permanecieron contra la pared, inmóviles,
las manos en los bolsillos y los sombreros
encasquetados. En la quietud, al amparo
del viento, sus negras ropas colgaron blan­
damente y los tres hombres cobraron una
apariencia de fantasmas.
El dueño de casa llevó la pluma al tin­
tero y recitó tristemente:

D E

A M O R

— ¡Ha elegido usted una residencia bien
alejada del mundo, señor mío! ¿Es de in­
tento o es casualidad?
—En esta casa nacieron mis padres.
—¿Y es usted feliz en este páramo? —

preguntó de pronto el segundo, que hasta
entonces no había hablado. Y abandonan­
do la cortesía almibarada de sus primeras
palabras, comenzó a recitar burlonamente:
— Los trenes huyen despavoridos por la

— ¿Es posible cantar al amor en la des­
dicha? ¿Es permitido alabar la belleza, la
gracia, cuando uno se sabe destrozado?

llanura. Llueve en el campo.
Mi más dulce sueño anda perdido en la
tormenta.
¡Corre! ¡Corre!
¡Aquí estoy de pie, llamándote!
Llueve, el tren huye pitando.

Sonó una risotada.
El que escribía se volvió con brusquedad
y, al ver a los intrusos, se incorporó alar­
mado. Con la mano derecha, sin quitar la
vista de aquellas figuras, reunió torpe­
mente los papeles dispersos. Cayó la lapi­
cera al suelo. El hombre movía los labios
sin articular palabra.
—Sentémonos, caballeros —dijo el pri­
mero—. Con su permiso. . .
Ruidosamente ahora, como si gozaran
interrumpiendo el bondadoso silencio del
recinto, los intrusos buscaron asiento y se
acomodaron en fila. El dueño de casa se
alisaba los cabellos y resguardaba su fra­
gilidad tras el alto respaldo del sillón.
—¡ Federico Efraín Barasof 1 —exclamé
declamatoriamente el tercero, el de las ri­
sotadas.
— ¡El mismo, señores, para servirlos!
¡Qué humilde, qué honda, qué santa era
su voz!
— ¡E l mismo! —remedó groseramente el
que hubo hablado. —¿El mismo? ¡Ja!
¡Ja!
—Soy el dueño de casa, señor.
Los intrusos se miran entre si guardando
una estudiada y maligna reserva. Se puede
escuchar el viento en la palmera del patio.
Al cabo de unos segundos, el tercero se in­
clina ceremoniosamente y dice en tono con­
vencional :

El dueño de casa se llevó la mano al
corazón y dió un paso hacia sus visitas.
Ahora se veía cuán joven era: no debía
pasar de los treinta años. Pero había en
su rostro un tiempo de dolor, una añeja
desesperanza que no se desvanecía al mirar
sus ojos infantiles y asombrados.
— Llueve en el campo —repitió idiota­
mente el intruso. Tuvo como un espasmo y
continuó luego paladeando sus palabras.
— ¡Llueve en la fosa abierta que espera
a Margarita! ¡Lloverá sobre su traje
blanco!
El dueño de casa no demostró haber
oído. Al cabo de unos segundos cerró len­
tamente los ojos y permaneció inmóvil.
Los intrusos aguardaron impacientes, es­
peraron su queja, su llanto. Pero el hom­
bre se negó a mirarlos.
—E lla ... —comenzó a decir el de las
risotadas— ¡ tenía amores con Pedro! ¡ Era
una ramera!
El primero lo detuvo con un gesto y ha­
ciendo un guiño malévolo, exclamó:
—El señor conoce do sobra esos detalles.
Pero, en cambio, ignora los pormenores de
su muerte, de su horrorosa muertq.
El dueño de casa abrió los ojos.
—¿Verdad?— El primero se acariciaba
las manos. —¿Sabe usted?... ¡Nadie quiso
acompañarla! ¡Exhalaba una fetidez im­
posible. ..!

La tierra argentina, p or PABLO
CURATELLA M.ANES

PABLO CURATELLA MANES,
E scultor y D iplom ático
A b a n d o n a P arís

El dueño do casa movió los labios. Todos
callaban.
■
—¿Lloraba? —preguntó.
—S í. . . lloraba —respondió el verdugo.
— ¡Y también lloraban los rufianes que
pecaron con ella! —agregó el segundo,
enardecido. — ¡Lloraban por su carne po­
drida!
Otra vez el dueño de casa se amparó en
el silencio. Conservaba todo el cuerpo er­
guido y dominaba las lágrimas que pug­
naban por llenarle los ojos. Su voz, cuando
habló, sonó lejana, como dicha por otro.
— ¡Qué hermosa era su juventud! ¡Qué
dulces las tardes do la quinta! ¡Sus rosas
el r ío ...!
Y los intrusos se estremecieron.
•— ¡En la quinta so amó con Pedro! —
dijo el primero.
— ¡Mientras usted aguardaba! —dijo el
segundo.
— ¡Y escribía sus versos! —dijo el ter­
cero soltando la risotada.
El dueño de casa dió unos pasos hacia
ellos.
— ¡Fuera! —gritó con una voz terri­
ble—. ¡ Fuera! ¡ Fuera!
Los intrusos retrocedieron hacia la puer­
ta y abandonaron el salón. Quedó el aire
lleno de gritos. Los papeles habían caído
al suelo y daban tumbos descompuestos ba­
jo los muebles.
Una vez solo, el hombre abrió la venta­
na. Allí, en la calle, estaban los intrusos.
Lo observaban y el viento les sacudía las
ropas con chasquidos de látigo.
— ¡Ella viene hacia ti! —gritó el pri­
mero.
— ¡Ella viene hacia ti en el tren de la
tarde! —agregó el segundo.
— ¡Ella viene muerta! ¡Viene podrida!
—terminó el tercero y soltó una risotada
El dueño de casa se llevó la mano ai
corazón. Pareció que iba a caer. Sus ojos
so aferraron a la lejanía. Se apaciguó su
rostro. Y, do lo más hondo del pecho brotó
su voz angustiada:
. . — Se alegra mi corazón recordando tus
rosales, Margarita, mientras tú vienes ha­
cia mí en la triste pero dulce fatiga de la
ta rd e ...
Los intrusos quedaron absortos y luego,
con pasos descalabrados, cruzaron’ de uno'
en fondo aquel tablón que servía de puente.
D el libro "El señor cisn e” , publicado en
la colección de Lautaro “El viento en el
mundo”, que dirige Enrique Amorim. 168 páginas. $ 5.— .

Con e ste m ism o títu lo , el gran critico
fran cés de arte, L éon D egand, ha
publicado el sigu ien te a r tíc u lo :
N 1920, un joven argentino — que había
recorrido Europa en todos los sentidos
buscando grandes valores a rtístico s— se esta ­
blecía d efin itivam en te en P arís. Trabajó con
B ourdelle. “Yo no soy feliz en presencia del
m odelo, lo dijo al m aestro. No me gustan los
d e ta lle s” . B ourdelle le respon dió: ‘‘En lugar
de considerar el m odelo como una mujer, con­
sid érelo usted como un puente, bajo el ángulo
de la construcción , de la arquitectura. Los
d eta lles desaparecerán” .
H acia 1924, nuestro joven estab leció una
gran am istad con Juan Gris y M aurice R aynal.
G ris edificab a en ese mom ento, en cartón, f i ­
guras que se expresaban por planos rigurosos.
El tam bién estaba enam orado de la construc­
ción y sen tía horror por los detalles.
A lentado .p or estas dos lecciones, nuestro
héroe se entregó al trabajo, consciente de
bu ruta. E xpuso en los Independien tes de 1924
un G uitarrista, de esp íritu sin tético, que fué
notable. Pero enton ces la A rgen tina le llam ó,
i Cómo segu ir en P arís? B ourdelle, siem pre
entregado a su discípulo, obtuvo para él, del
p resid en te A lvear, del que precisam ente hacía
el busto, el pu esto de canciller en la Embajada
argen tina de P arís. Y es a sí cóm o Pablo O.
M anes, escultor do vocación, entró en la d ip lo­
m acia para contin uar en la capital de las artes
p lásticas.
M anes quería cum plir sus nuevas o b lig a ­
cion es con escrúpulo. A prendió su o ficio im ­
provisto. No escatim aba su tiem po; hizo ca­
rrera. Todavía hace algunos días era secretario

E

(Continua en ki pág. 14)
M ariette L yd is . P in tu r a .

C l em en t M oreau . Carnaval en Humahuaca.

j

�1 0 ___________

cabalgata

____________
— —

LOS CUADERNOS

H abla p a ra C A B A L G A T A

LEONIDAS

DE

BARLETTA1

GEORGES RRAQUE
p o r CLAUDE RO G ER[M ARX
odos

los grandes artistas son modernos

los alienados están desorientados
Ten(sólo
el tiempo). Pero hay innumerables gra­
dos en la cualidad moderna de una obra
plástica... T, ante todo, el placer que da
una obra moderna no tiene relación con
el placer que dan las obras de la moda.
La moda sorprende primero; después tien­
de a crear la costumbre. Pero una obra
moderna añade yo no só qué extrañeza
a la certidumbre propia de nuestra orien­
tación, y produce un efecto complejo de
sorpresa y de evidencia. Menos que des­
cubrir nuestro tiempo, experimentamos esta
clase de conocimiento y esta clase de asom­
bro que son los de una excursión eir el
pasado y en el porvenir. Dar la sensación
de lo moderno es precisamente sobrepasar
el porvenir. Es la razón por la cual nos­
otros tomamos también a ‘ 1Braque por
patrón” , adhiriéndonos plenamente a la
opinión de Jean Paulhan para el cual
Braque es el que “ da de la pintura la
idea más aguda a la vez que la más nu­
tritiva ’ ’.
Por otra parte, si el gran pintor es tam­
bién el artista que, llegado a la madurez,
so renueva sin engaño, hay que convenir
que Georges Braque es el más extraordina­
rio creador plástico de su generación.
En su taller de la calle Douanier, Bra­
que, grande, de hombros caídos, con la
espalda encorvada, trabaja con la pacieircia de un obrero que ama su oficio, vuelvo
a coger un cuadro, lo retoca. Su único
descanso es anotar las observaciones que
le inspira su arte... y quizá también las
obras de algunos de sus colegas. Estas
observaciones las reúne actualmente en un
libro que él mismo publicará y que adorna
con dibujos sobrios y poderosos. Constitui­
rán los “ Cuadernos Georges Braque” .
Hemos tenido la suerte de leerlos y la

George Braque, “ Naturaleza muerta”
autorización de anotar algunas que so­
metemos a las reflexiones de nuestros
lectores:
El espacio
El espacio
E l espacio
entre sí.
El espacio
objetos.
e je m pl o

visual.
táctil.
visual separa

los objetos

táctil nossepara

de los

el turista mira la

v isu a l :

perspectiva.
e j e m p l o t a c t i l : el artillero hace blan­
co {la trayectoria es la prolongación del
brazo).
Unidades de medida táctiles: el pie, el
codo, el dedo.
*

Una naturaleza muerta deja de ser una
naturaleza muerta cuando no está ya al
alcance de la mano.
*

Construir, es ensamblar elementos homo­
géneos.
Edificar, es ensamblar elementos hete­
rogéneos.
*

Un limón al lado de una naranja deja
de ser un limón y la naranja una naranja
para ser un fruto. Los matemáticos siguen
esta ley. Nosotros también.
*

La verdad existe.
Se inventa la mentira.
*

El pintor piensa en formas y en colores.
El objeto es la poética.

Fundador del T eatro del Pueblo, y la
revista literaria “Conducta” , cuen­
tis ta recientem ente agraciado con una
alta d istin ción extranjera por uno do
sus rolatos, ensayista m edular de te ­
mas filo só fico s, la figu ra literaria de
L eónidas B arletta ha alcanzado su
m ayor d istin ción honoraria al ser de­
signado por sus com pañeros de letras
presid en te de la Sociedad A rgentina
de E scritores.

E S C R IB O POR N E C E S ID A D DE
C O M U N I C A R ’M E CON EL P R O J I M O
• El eterno problema de la mujer.
• Crear una pasión literaria.
• Su método de trabajo de escritor.
NO de los primeros libros que he de
U
publicar es “ Historia de perros” —
nos dice Barletta.
Empero, el insistente murmullo del pú­
blico que aún comenta en el hall del teatro
las duras polémicas que terminan de ser
ventiladas bajo la guía del comentado
autor, impide que recojamos claramente
sus palabras, y Barletta insiste en sus
declaraciones.
—He dicho “ Historia de perros” . .. Es
una obra en la que creo haber dado con
la fórmula expresiva que he buscado des­
esperadamente durante muchos años. . .
Sencillez, ficción acabada de la naturali­
dad, profundidad, en adecuada propor­
ción. ..
—¿Logra usted con desenvoltura sus
obras?
‘— El esfuerzo por desenmarañar el pen­
samiento, haciéndolo accesible a los más,
la emotividad literaria —que por distintas
vías lleva a las mismas conclusiones que
la razón— me permiten actualmente una
más directa comunicación de mis ideales
y angustias.
—¿Quó lo mueve a Ud. a escribir?
—Tengo algo que decir y lo voy di­
ciendo en sucesivas obras que alcanzan ya
a veintitantos volúmenes, algunos agota­
dos, que me gustaría conociesen las nue­
vas generaciones, como la novela “ Vidas
perdidas ’ ’.
—¿Eg usted el crítico de su misma obra?
—El ritmo de trabajo que me he im­
puesto me impide volver, con la frecuencia
necesaria, los ojos hacia atrás. Cuando
alguna vez releo algunas páginas de mis
primeros libros, lo hago con renovada sor­
presa, como si yo no los hubiese escrito.
—¿Qué método utiliza Ud. para su tra­
bajo literario?
—Trabajo con método particular que no
puedo recomendar a nadie. Cada escritor
tiene el suyo. Primero llevo largo tiempo
el asunto en la cabeza y voy resumiendo
datos y haciendo desordenadas y hasta dis­
paratadas notas. Después, algún día me de­
cido y empiezo a escribir, a veces con gran
celeridad.
—¿Trabaja en una o varias obras a la
vez?
.—En varias. Es para mí una forma de
descanso. De pronto, al seguir el desarrollo
de una novela, me atasco, acaso porque mi
experiencia de un conflicto al que me ha
conducido la lógica del relato, no es sufi­
ciente. Entonces no insisto. Dejo ese asunto
y tomo otro, de muy distinto carácter.
—¿En qué obra le ha ocurrido tal pro­
blema?
—En “ Los destinos humildes” , por
ejemplo. Esto me sirvió para descansar­
me de “ La ciudad de un hombre” y quizá
para ahondar más en el espíritu de Bue­
nos Aires.
—¿Qué problemas afronta en su obra,
actualmente?
—Estoy escribiendo varias a la vez. Tra­
bajo en mi novela “ La miljer humillada”
que he madurado largos años por la res­
ponsabilidad que el tema comporta. Quiero
analizar en ella el problema de la mujer
frente al mundo abstracto, el que para
ellas mismas han creado los poetas, y, el
mundo real que deben afrontar.
—¿Qué surge, Barletta, de esta con­
frontación de realidades?
—De este permanente conflicto surge
una suerte de humillación irremediable. Y

*

No soy un pintor revolucionario. No
busco la exaltación. El fervor me es su­
ficiente.
*

Amo la regla que corrige la emoción.
*
Algunos, como el naturalista, empajan
creyendo hacerla inmortal.
*

Es lo precario de la obra lo que coloca
al artista en postura heroica,
*

La naturaleza no da el gusto de la per­
fección. No se la concibe ni mejor ni peor.
*
No pudiendo adaptar un vocabulario ca­
ducado, la critica condena.
*

E l pintor conoce las cosas de vista',
el escritor, que las conoce de nombre, goza
el beneficio de un prejuicio favorable.
*
El vocabulario es un testigo seguro de
una época.

El razonamiento es un camino para el
espíritu y un tumulto para el alma.
*

Con la edad, el arte y la vida son
todo uno.
#
La libertad no es accesible a todo el
mundo. Para muchos se coloca entre la
prohibición y el permiso.
*
Descubrir una cosa es ponerla a lo vivo.
*
No tendremos nunca descanso. El pre­
sente es perpetuo.
Todas estas verdades, Braque las ha ex­
presado en sus cuadros. Pero está bien
que sean reunidas e impresas para uso de
los jóvenes pintores, a los cuales permiti­
rán el encontrar, o volver a encontrar, su
personalidad, sometida actualmente a las
influencias de la moda. ..

al mismo tiempo, cada vez que me encuen­
tro frente a una encrucijada, dejo ese
tema y retoco “ Historia de perros” .
— ¿Cómo trabaja habitualmente?
—Frente a una gran ventana, en un 6?
piso. Levanto los ojos y veo un gran re­
tazo de cielo y la techumbre de las casas
vecinas donde agitan sus pasiones parte
de aquéllos a quienes desearía tener por
interlocutores. Se oyen atenuadas pitadas
de trenes y vapores trayendo y llevando
seres que aman, sufren, viven o duran.
—¿Qué método de lectura sigue?
—Leo casi siempre de noche, casi siem­
pre en la cama. Necesito mucha abstrac­

el
Co m o

TIEMPO
q u ie n

ción y paciencia para la lectura pesada
i que ahora necesito. Leo, además de los
( libros en que estudio, a los novelistas,
' cuentistas y poetas que quiero. Los leo
y releo. Leo todos los libros que me envían
y a muchos sin esperar que me lleguen,
i, —¿Practica Ud. la poesía?
—Sí, pero no publico mis versos sino
excepcionalmente. No soy poeta. Soy no­
velista, cuentista. . . , me gusta el ensayo...
De todos modos cumplo con sencillez mi
profesión de escritor... No quiero ser un
especialista. . . Sino un hombre que es­
cribe. ..
—¿Qué otra producción lo inquieta, ac­
tualmente?
—Preparo una “ Vida de Moliére” , un
‘ ‘ Manual de teatro ’ y me he quedado sin
poder resolver una apasionada y humana
novela policial. De un momento a otro
publicaré “ Hombres sin ruta” , novela en
la que el problema social y político de
nuestro tiempo cobra un primer plano.
■
—¿Podría dejar de escribir, Barletta?
—Escribo por necesidad de comunicarme
con el prójimo. No podría dejar de ha­
cerlo aunque mi obra no interesase. Claro
está que en este caso escribiría pero no
me publicarían.
—Vemos que el público lo reclama, pero
antes conteste nuestra última pregunta.
—De acuerdo.
—¿Qué debe hacer el escritor para de­
fender su obra del olvido y proyectarla
en el orden social?
—Crear en el pueblo una pasión lite­
raria.
Unos minutos más y el ágil autor de
“ Vidas perdidas” retorna al bullicio de
ese pedazo de vida suya que es el “ Teatro
del Pueblo” , donde debe atender el mo­
vimiento de partiquines, electricistas, de­
coradores, actores. . . y al mismo público
asistente.
O. H.

esper a

el

alba,

por

Cernuda. Editorial Losada, Buenos A i­
res. 112 pgs. a la rústica. $ 4.&gt;— m/arg.
Haca ya años, Luis Cernuda admitió en
un poema que no sabía otra cosa que su
llanto, ajeno tal vez a que en eso estaba
el simple secreto de su obra; la exacta
conciencia del llanto era también su va­
leroso sostén, su rechazo de todo consuelo
ortodoxo, su continuación por un camino
de insalvable soledad.
A los siete libros de La Bealidad y el
Deseo se agrega hoy esta octava parte,
en la que el poeta busca cerrar un prolon­
gado itinerario con poemas que resumen
en gran medida las instancias precedentes
y acercan a Cernuda a ese silencio que
parece siempre la meta última del lírico,
y que el don poético burla hasta el final
con sus iteraciones necesarias. Creo justo
decir aquí que Como quien espera el alba
continúa —sin superarla— la desnuda
grandeza de Donde habite el olvido e In­
vocaciones a las gracias del mundo; y
que también aquí se dan en ocasiones esas
bruscas (para mí inexplicables) caídas en
lo falso, en el traspié rítmico, en el hiato
que rompe un perfil purísimo, un vuelo
de ala, un dibujo de viento. Aludo a poe­
mas como “ Góngora” , en un todo in­
digno de integrar un volumen donde figu­
ran otros como “ Apología pro vita sua”
y “ A un poeta futuro” . Este altibajar
de Cernuda prueba quizá en él la honesta
decisión de ofrecer sin retaceo todo verso
que le nazca con una igual autenticidad.
Creo por mi parte que él es el poeta de
la rememoración y del pasado, contra la
línea de presente y futuro que signan Alberti, Salinas y Aleixandre; creo que es
el poeta de la pasión y del fracaso —de
una pasión que es siempre un fracaso— ;
por eso los poemas que exceden o caen
por debajo do su triste y admirable tarea
de eternizar las ruinas del tiempo y los
amores, son los menos suyos, los ínsita­
mente falsos. Como algún otro —pienso
en “ Aplauso humano” — en que Cernuda
condesciende a replicar a los ataques y
las excomuniones. Para qué, poeta, si lo
tuyo está ya a salvo del tiempo, como la
obra entera de tu filiación, con Virgilio,
Garcilaso, Holderlin, John Keats, y ahora
Gil-Albert y quizá otros.
En la poesía española de este tiempo,
Guillén me parece el único poeta cercano
a Cernuda en cuanto ambición de fijar lo
instantáneo sin quitarle el temblor, el alen­
tar y las luces. Más diomsíaco, más rebelde
a los prestigios de la palabra, Cernuda
corporiza la realidad en cada poema, por
sobre el puente del verso nos precipita una
marea de cuerpos, tulipanes amarillos, do­
lidos andares, regustos y estatuas. Si Pe­
dro Salinas es el poeta del deseo colmado,
Cernuda es el deseo en un mundo que le
negará la saciedad, el puro desear que se
resuelvo y renueva en la oscura sustitución
del poema. Y es aquí que el poeta define
su grandeza, en la hora en' que las imá­
genes reclaman satisfacción; es aquí que,
rehusándose amargamente a la facilidad
lírica, los cantos de Cernuda se van dando
desnudos y lisos, a veces como estatuas
mutiladas, ápteras, ciegas; sólo el oído
fiel podrá completar las músicas, sólo el
mirar hermano advertirá la presencia ca­
liente del músculo bajo el duro torso.
Así se resume una obra movida desde
su principio por la negación fáustica del
tiempo,
el sufrir por lo bello que envejece.
Jardín cerrado al cual se retorna con
delicia, los poemas de Como quien espera
el alba prolongan hoy el ardiente y con­
tenido recinto da su antiguo templo, el
sacrificio de guirnaldas y libaciones. In­
clinado sobre su imagen —siempre fiel
y restante cuando la vida se lleva lo de­
más— Cernuda es hoy como ayer el poeta

•

SU

•

SU L U JO

CO N TEN ID O

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L a obra total de los genios
literarios de la Humanidad
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unas 2.0 0 0 páginas tamaño
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L as obras excepcion ales de
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sicos (m ás de 50 volúm enes
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Las m ejores obras de los me­
jores autores de todos los
tiem pos y p aíses (m ás de 200
volúm enes de unas 600 págs.
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L u is

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M A DR ID - BU ENOS AIRES
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de la luz, de la afirmación contra la muer­
te, de un amor que en él osa decir su
nombre. — Julio Cortázar.

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V uelta a la tierra , por Mary Webb.

Traducción de Théo Verbrughe de Villeneuve. Editorial Sudamericana, Buenos
Aires. 392 pgs. a la rústica. $ 6.— m/arg.
editor
Charcas 1566 44-9111
B uenos A ires

E l sombrío, rem oto, trasm undo del alm a c é l­
tica puebla^ las noches y los sueños donde halla
su su stan cia im ponderable lo mejor de V uelta
a la tierra. Aquí, como en toda novela de aura
poética, lo m ucho que no se dice, que se so s­
laya e insinúa, da a la prosa de Mary W ebb un
contenido casi inform ulable, donde los valores
dram áticos nacen de sesgos sutiles, de no re­
huir jam ás la solicitación del m isterio.
A sí logra esta n ovelista com unicar la atm ós­
fera encendida y trágica en que se m ueve la
silv estre soledad de H azel. el hosco acom eter
de R eddin, la estéril abnegación del pastor
Jjidward. Como sus criaturas, M arv W ebb ad­
hiere a la tierra con violencia pánica, y las
descripcion es de los bosques y los días galenses, la in extricab le fu sión del m ito y el fenóuneno en las conciencias lugareñas, resulta en
ella particip ación directa, que nos es alcanzada
; ecu/® ? 8 ^ terarios de sobria belleza. SorT “ í.e' p o r , ejem plo, la dialogante
n S t 6 de bu? our y lirism o que sostiene
m.rn Xf
de 18 ° bra: 18 m ás bella V
^ ebb resu elve «sí» choque de sus*a ®
d isím iles con gradaciones narrativas de
"" ™ “ stism o adm irable, h asta que su tempe(m uchas ,v eces digno de «na Charlotte
B ron té) supera el equilibrio estético v lanza

Sírvase rem itirm e gratis los catálogos
de las C olecciones OBRAS ETER­
N A S, JOYA y CRISOL.

NOMBRE
PROFESION

M I R A D O R
•
E l día 17 de diciem bre fu e agasajado
con una concurrida com ida de homenaje
en el P laza H otel, el señor Gilberto Knaak
Peuser, con m otivo de su elevación a la
P residencia del D irectorio de la Casa
P euser. E l acto, al cual se hicieron pre­
sen tes las más b rillan tes figuras de nuestro
mundo literario, artístico y científico, al
que concurrieron asim ism o autoridades y
personalidades rectoras de las artes grá­
fica s y de la ind ustria del libro, revistió
caracteres do solem nidad dados los motivos
que inspiraron a los organizadores de la
dem ostración a un director de tan elevado
relieve.

áueU h a h ? ínÁe
° br£ P° r Ia P o d ie n te 'tr á g ic a
íin a lh b * de despeñar a H «zel en la página
c„e°r7‘0SA meon,te; el« pri nc¡pio de esta novela re.
®n ®rda L a S in fon ía P a storal de Gide, en la
m edida en que enfrenta a H azel. salvaje y
E d ^ : J í0V
am0r esp iritualizado del pastor
? dT ard-, N.° “ en es curiosam ente, el fin al para­
frasea el de L a mujer vu elta zorra, de D avid
G arnett. Con tan ilu stres resonan cias — que
hahi„Par? -fIoglar y no en procura de impro.
bables in flu en cia s— , V u elta a la tierra es
originalísim a por su ansiedad casi onírica de
m ovim iento vuelo, contacto con las cosaspuestn en la m ejor lín ea del realism o inglés
realidndS1St. en deí ar al lector &lt;iue escoja una
al
m uchas otras posibles, nos llega
a ! vrP,1fi 1 l a m e n t e traducida por V erbrughe
fas d! e -,euve' fid elísim o en las im ágenes, en
las d ifíc iles secuencias d escriptivas.
J. C.

•
D esp u és de una ausencia que se ha pro­
longado por espacio de medio año, durante
cuyo transcurso han visitad o los países
europeos devastados por la guerra, han re­
gresado a B uenos A ires los poetas Oliverio
Girondo y N orah Lange.

•

•
A m ediados del m es de diciem bre ha
m uerto en P arís el prolífico autor fe s­
tivo francés T ristan Bernard, conocido universalm ente de m anera esp ecial por sn
traducida, adaptada y etc., etc., comedia
“Petit-C afó” . D urante m uchos años alternó
su vocación literaria con la D irección del
“V er d’H iver” , en el cual fu era visitado
e inm ortalizado en efig ie por ToulouseL autrec.

M orir es nacer , por Werner Bock. Edi­

torial Américalee, Buenos Aires 120 pgs
a la rústica. $ 6.— m/arg.
p8netrí nta sen tim iento de pasado llena
oL ? n
f/ agDl entos y confesiones do este
libro. Con todo, si la búsqueda y fijación del
pasado es en gran m edida la razón m isma de
'a p p e s ía , y l«s “letras", sólo alcanzan real
grandeza las obras donde esa cacería se cums ió n

en

1U“ P r r f

•
Causa fundada alarm a el propósito que
se atribuye a ciertos editores de países
extranjeros de habla no castellana, de
editar en e l curso del año próxim o ciertos
lib ros en nuestro idiom a, y de difundirlos
en el m ercado sudam ericano. A e ste res­
pecto cabe recordar que la A rgen tina en
m ateria ed itorial ha defendido siem pre el
libro intercam bio entre los p aíses de nues­
tra área idiom ática; que no aplica impuesto
aduanero n i pone traba alguna a la en­
trada al país de lib ros de cualquier pro­
ced en cia; . . . q u e ha m anifestado en ante­
riores ocasion es su d isgu sto por las trabas
quo algunos p aíses ponen a la adm isión del
libro argentino, así como por el intento
de editar en castellan o para el consumo
de los p a íses de hab la h ispan a en países
de idiom a d istin to . L a A rgentina en la
ocasión presente, s i se confirm a la suposi­
ción referid a, reclam ará de nuevo recipro­
cidad y respeto.

8' e n h o n d n y « a b a l ¡m u e r-

Par» 1
,
ldad Sue el escritor convive.
un M a r L r r? C aí ° : 81 f.1 pasad° que recobró
un M arcel P roust era fin isecu lar, su actitud
“
V ' - r r 16 defin ida por las lín eas e s­
p iritu ales de la segu nda década del siglo de
? ° " d oJ f a recuperación se hacía lúcidam ente
c?n i i u - i uera’ desde otro punt0' mirando
c a z 'a d 6 b ,d a p e r sp ec tiv a ). Mucho m enos efiftern F
tanto. ,a Postura del poeta que p re­
fiere el anacronism o esp iritual al sen tim iento
W a / ° ,d6 8 ? osta's&gt;» 1 Que se queda deliberadam ente en el pasado, y lo celebra con una
voz desucortie al sen tido y al estilo de su tiem
po físico de vida. No es un secreto que numeestán en° 1 8 9 0 8 v ab!“n hoy de 1890 por&lt;lue
t a le fc a fo s 18!9^ ? ^ C° m° resu lta in evitab le en
a execrar8*
®S Parece una m onstruosidad
S in que esta extrem a p osición sea la de
W erner Bock, M orir es nacer refleja en todas
sus páginas la conciencia de un profundo di-

•
D esde N enchátel, donde está tratando
de reponer su quebrantada salud, a los

(Continua en la ‘p ágina 11)
ALBERTI - FELIPE

POETAS

&lt;
n&gt;
ÍL

- GUILLEN

LIBRES

D E LA

E S P A Ñ A
EN

O

w
02

- JIMENEZ - SALINAS

P E R E G R I N A
AMERICA

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(A N TO LO G IA ) POR

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ALTOLAGUIRRE

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REJANO

W
H
co

-

VARELA

W
u
o
02

�cabalgata

II

H a b la p a r a ,C A B A L G A T A

JORGE LUIS BORGES
A rgentino de origen, porteño para
ser más categórico, Jorge L uis Borges v ió la luz en la C apital F ederal
en 1899. Em parentado por lazos fa ­
m iliares con apellidos tradicion ales
en el Río de la Plata como los H aedo
y M elián L afinur en el U ruguay,
continuó la tradición hogareña a fic io ­
nándose desde m uy joven por las
letras. D e ahí su prim er libro a los
24 años de edad: Fervor de Buenos
A ires, donde dió a conocer su vo­
cación poética que se contin uaría l i ­
terariam ente hasta su próxim o E n ­
sayos sobre L iteratura y F ilosofía,
a aparecer el año próxim o.

LEYENDAS GUARANIES
por Ernesto Morales.
H erm oso libro quo recrea las
m ejores ley en d a s, ilu stra d a s con
x ilo g r a fía s do Ana M aría Moacalvo. P or prim era vez en la
A rgen tina se im prim e a cuatro
colores un libro con los tacos
o r ig in a les de la a rtista , trabajo
que se realizó en los talleres
del m aestro Gino F ogli. E dición
de lujo ............................ $ 2 0 . —

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L A P IN T U R A EN LOS P A IS E S B A ­
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A . Serrano Plaja. E scuela ca ta la ­
na, valenciana, ca stella n a , navarre6a, andaluza ......................... $ 5 . —
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Juan C. P o le tti. D esde el siglo
X IV al X V II . ..................... $ 5 . —
LA P IN T U R A E N IT A L IA , por M a­
ría In é s R ivera. D e Cimabue a
G hirlandaio ............................ $ 5 . —
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R oger P lá . Siglo X V II I . N acim ien­
to y desarrollo del arte h olan ­
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por R oger P lá . D esde su s orígenes
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Geo D orival. E v o lu ció n de la te n ­
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Jorge L arco. S ig lo s X IX al X X .
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LA P IN T U R A E N IT A L IA IV , por
Leonardo E sta n c o . D el B arroco al
Im presionism o. S ig lo s
X V II al
X IX ............................................ $ 8 . —

SOBRE EL MUNDO DE LO FANTASTICO
Y LO G A U C H E S C O
e

Una labor crítica.
Una tarea creadora.
Tres opiniones.

j^SCRIBIEi'íDO desde su juventud, por­
que para él no existe otro destino, Jor­
ge Luis Borges desarrolla en la joven cul­
tura argentina una intensa y responsable
labor, quo va, desde el ejercicio medular
do la crítica, hasta la ejecución de sus ya
populares cuentos fantásticos que lo ele­
van a la categoría de cultor número uno
de este género en el Río de la Plata, de su
puesto eir la redacción de la revista Sur
5 .—
a la dirección de colecciones en la Edi­
torial Emecé.
Ello no obsta para que, mientras hojea
la última novela aparecida en nuestro mer­
cado editorial, en la pequeña salita de Sur,
responda a nuestro requerimiento.
—¿Qué prepara, Borges, en estos mo­
mentos ?
—Aun tengo sin título un volumeir do
cuentos fantásticos, que publicará la Edi­
torial Losada,donde abordo el tema de lo
fantástico, pero no irresponsable. . . no
superrealista. . .
‘ ‘ En cada uno de estos cuentos hay una
sola idea fantástica, tratada con el má­
ximo rigor sin limitar por ello la creación.
i— Mientras estos cuentos suyos van a
la imprenta, su labor crítica. . .
En todas las librerías
—Sin prisa; vayamos por partes. . . He
recopilado mi labor de estos últimos diez
años, donde abordo la literatura y filoso­
fía nuestra, así como la europea, en un
libro que aparecerá con el sello de la
;
■
.• . ' ' • • : Í;V / •
Editorial Sudamericana, ordenando así
tanto material disperso por numerosas pu­
blicaciones locales.
JU JU Y 731/35
T . A . 4 6-1330
—Recordamos su labor conjunta con
B U E N OS
A I R E S
Adolfo Bioy Casares en más de una oca­
sión. ¿Continúa, Borges, esa colaboración
literaria?
—Fruto de ello serán las novedades que
78 años. Andró Gide, ha enviado a l diario
sueco “Svenska D a g b la d et” , una n ota titu ­
lo citaré: un libreto cinematográfico, una
lada “R econocim iento” , en la cual e l autor
antología del cielo y del infierno y una
de “La puerta estrech a ” , dice:
historia y antología de la poesía gauchesca.
i! “Jamás he buscado lo s hom en ajes; y sin
—En verdad, vuestra comprensión es
embargo, desde m i m ás tiern a edad, he

EDITORIAL FUTURO

tenido una a lta preocu p ación por la gloria.
Mis libros, durante m ucho tiem po, no tuj vieron éxito alguno y ello no me afectab a
gran cosa, pu es no dudaba, m e d ije, que
merecerían ser l e í d o s . . . años d espués. La
gloria que yo soñaba era la de K eats, Baudelaire, N ietzsche, K ierk eg a a rd y tan tos
j otros cuya voz fu é escuchada, a mayor
o menor distan cia de su m uerte. L a emi¡ nente distin ción que me acaba de conceder
I Suecia me da a entend er que yo había
j contado mal; y tam bién que tam poco im a­
ginaba v iv ir tan to.
Acepto el prem io N obel con em oción,
a la manera de un niño que recibe una
recompensa; su a legría no sería ta n grande
si no pensara hab erla m erecido. ¿E s de­
mostrar mucho orgullo? S en cilla m en te lo
( creo así, como que e l jurado m e lo ha
concedido teniendo en cu en ta m i labor li­
teraria y tam bién el esp íritu que la anim a
al igual que quien me nom bró doctor en
! Oxford. Era muy joven aún cuando escrib í:
“Vivimos para rep resen tar” . S i verd ad era­
mente he representado algun a cosa, creo
í Quo es el esp íritu del lib re exam en, de
independencia e inclu so de insu b ord in ación ,
de protesta contra lo que e l corazón y la
razón me niegan que apruebe. Creo firm e| mente que e ste esp íritu de exam en es el
origen de nuestra cultura. E s e ste esp íritu
j Que intentan reducir y am ordazar lo s re­
gímenes llam ados to ta lita rio s y como sus
doctrinas se van h aciendo am enazadoras,
a la derecha y a la izquierda, como re­
curren sin escrúpulo a tod os lo s m edios,
fuerza brutal y pérfida, para im ponerse,
considero que nu estra cultu ra que llena
nuestro corazón y por lo cual v ivim os y
Que todo cuanto daba valor a la vida, está
cu el grave peligro de desaparecer.
No se trata aquí de c u estio n es g eo ­
gráficas o p olíticas de razas n i de patrias.
Suecia, en el balcón de E uropa, no tie n e
cuenta de eso y, la s co n cesio n es d el p re­
mio no oel me tranq uilizan; lo que im porto
^ u í, es la protección, la salvagu ard ia de
este espíritu “sa l de la tie r r a ” que aún
puede salvar al mundo; la elecció n de a l­
gunos que han luchado lo m ejor que han
sabido por su triun fo y para que esta
lucha se convierta propiam ente en la razón
ue ser; lucha m ás áspera, m ás d ifíc il quo
nunca y más d ecisiv a tam bién, me im a­
gino. Es la de un reducido núm ero contra
ja masa; 7tÁ-' de la lib erta d contra toda
forma de dictadura; de lo s derechos del
hombre y del in d ivid u o, contra la am e­
nazadora opresión, la s con sign as, lo s ju i­
cios dictados y la s opin iones im p u esta s;
lucha de la cultu ra contra la b a rb a rie.”
• Don Gonzalo Losada, P r esid en te de la
I ®~J*&gt;ora
su mismo nom bre, y a ctu al P r e ­
mente de la Cámara A rg en tin a del Libro,
fia Pasado una breve tem porada en Lim a
j J Santiago de C hile, atraído por asuntos
¡ ?? las sucursales de su casa, y por lo s proI
4UC» relacionados con la carencia de
. J[r8as y la fija ció n de cupos de im porración de libros, afectan la s relacion es que
í * fudustria argen tina del libro m antiene
«on Chile y Perú.
• ‘‘Prisionera” , titu lo de la ed ició n que
m Editorial Poscidon h iciera de “E q u in o s” ,
| e . aut°r norteam ericano A lian Seager,
kii siendo traducido al francés y será
Publicado en brove. U n libro m ás entre
s muchos que causan la preocupación de
utores y editores fra n ceses que en otro
ugar de e ste número se refiere.

Magnífica selección de arle presentada por Editorial
Amaltea, S. A., con distribución exclusiva de Editoria­
les Reunidas, S. A. Argentina.

EL

amplia, pues comprende géneros dispares;
pero, comience por decirnos qué aborda ese
guión cinematográfico de que nos hablara
recién.
—Hemos tomado un cuento mío titulado
“ Hombre de la esquina rosada” (Cuento
de malevos) para realizar dicho libreto,
quo pondrá en el celuloide la Cinematogra­
fía “ A lfar” .
—Sugestivo el nombre, Borges...
—En ella habrá guitarras, malevos, pu­
ñales y hasta truco. La acción se desarrolla
en nuestro Buenos Aires de fines del siglo
pasado; puntualizando: en 1895.
— ¿Y, eso del cielo y del infierno?...
— Tomando textos, meras citas, poesías,
relatos, referentes al cielo y al infierno,
desdo la primitiva mitología hasta las mor­
daces alusiones del irlandés Bernard Shaw,
recopilamos en- un volumen cuanto se ha
escrito sobre el tema. Desfilarán por estas
páginas trozos do libros sagrados, musul­
manes, poemas, alusiones de León Bloy,
Kafka, etc., con el pie editorial de Cla­
ridad.
—A lo que sumarán la antología de la
poesía gauchesca...
—Sí. Comenzando por Bartolomé Hi­
dalgo, incluyendo a Hernández, Ascasubi,
etc., entregaremos para Fondo de Cultura
Económica de México esta antología e
historia de la poesía gauchesca que pre­
paro en estos momentos con Bioy Ca­
sares.
Eludiendo su labor creadora, abordamos
rápidamente a Borges como crítico y le
soltamos tres preguntas difíciles que él
no elude.
—En las generaciones nuevas apareci­
das en el campo literario, ¿qué valores
señalaría en nuestra poesía?
—Silvina Ocampo.
—¿Entre los cuentistas?...
—Marcel Peyrou.
—¿En los cultores de la novela?
—Ulises Petit de Murat.
Con el filo de su albo cortapapel, Jorge
Luis Borges termina de abrir las últimas
hojas de aquella novela, cuya lectura in-

T I E M P O

( Viene de la página 10)
vorcio con nu estro m undo. Sólo el paisaje
— en las b ella s págin as cordobesas del fin a l—
lo alcanza ucrónicam ente, como p resen cia ete r ­
na de la gracia. P or ese paisaje discurre un
hom bre bueno, sen sitivo, traum atizado por m e­
dio sig lo de am argas exp erien cias, y en el que
c ierta in a d a p ta ción estru ctural lleva a perpe­
tu ar m odalidades — inclu so e stética s— que po­
co se adecúan a e ste duro y batallado tiem po
que nos inclu ye.
E l lo d ice en E ncuentro y despedida, po­
n ién d o se en un ángu lo ventajoso, pero que
denu ncia igualm ente el p asatism o: “Me cuento
entre los excén tricos para los que las seten ta
y ta n ta s p u lsa cio n es del corazón de ese m ilagro
que so llam a hom bre, inspiran un respeto m u­
cho m ás profundo que los m illares y m illares
de revolu cion es del m otor.” Aquí y allá, conde­
naciones in ap elab les — como la del jazz, que
era ca si de esperar— delin ean en W erner B ock
un hum anism o al modo neoclásico, que sus fr e ­
c u en tes y fin a s rem isiones a G oethe y los
ilu m in ista s alem anes m uestran en su cabal
filia ció n . Y b ien pudo G oethe ser el autor de
esta herm osa verdad, quo era tam bién la de
llilk e y que no todos su s n ecrofílicos d iscíp u ­
lo s a c e p ta n : “L a m uerte propia que boy m u­
chos con sid eran como el más elevado ideal hu­
mano, só lo la podrá su frir aquel que en cada
in sta n te v iv a una vid a realm ente propia.”
A sí, al m argen de una esen cial discrepancia
con la postura “tem poral” de B ock, y su in ­
ju stifica d o abuso del autorretrato, adhiero en
m uchos in sta n tes de su obra a la ansiedad tan
hum ana do perm anencia que trasunta, a su
so ste n id a fe en la p reservación fin a l de
valores por los cuales el hom bre se reconoce
y sobrevive.
J . C.

Cadáver en el viento , por R. Portner

Koehler. Traducción de A. P. Rosende.
Espasa-Calpe Argentina, Buenas Aires.
224 pgs. a la rústica. $ 3.50 m/arg.
P a ra que el lector no se fa tig u e con la
in c e sa n te presencia de un d etectiv e desm ade­
jando un asesin ato, se requiere de aquél una
p erso n a lid a d capaz de superar el creciente te ­
dio de las v isita s, los interrogatorios y las
d ecep cio n es de un m isterio m ediocre. P or d e s­
gracia, L es Iv ey no alcanza a interesarnos co ­
mo lo logran el doctor G ideon F ell, P e te r Duluth o N ick Charles. H ace cuanto puede por
parecerse a e ste últim o, rep itiend o la cín ica
y despreocup ada actitu d de los héroes de Dash ie ll H am m ett, pero la verdad es que n i
siquiera alcanza a beber en cantid ad parecida
a la de N ick de T he T hin M an. Lo cual lo
d e sca lific a seriam ente en e ste rankin g riguroso
que ex ig e la escu ela am ericana de la novela
p o licia l.
.
Cadáver en el vien to tien e un m e n tó in d i­
recto : nos paga dos horas de turism o en un
pueblo californian o que — ¡c la r o !— se llam a
Cartago. No es poco conocer el ritm o de vida,
la s gen tes, los h orizontes de u n am ericano del
o este, y si a ratos cedo en el lector la ansiedad
del epílogo, del “¿quién fu e ” ?, las figu ras de
lo s in d u stria les, las m uchachas, los policías de
ese lejano m undo vecino, proporcionan atisb os
p in torescos, en treten im ien to fin isem an al.
J . O.

Y

SUS

T ÍT U L O S PU B L IC A D O S:

A. CLRLCI PELLICER: La Pintura Francesa
del Siglo XIX .............. ............. mSn. 5 .—
— El renacimiento de Francia................... ^ •
— El Barroquismo. .. ................................... **•
— La Pintura Inglesa. R............... .............. 5.
— Pintura y Escultura Edad Antigua. R. 5.
J. F. RÁFOLS: Arquitectura de la Edad An­
tigua. R...................................... ................
— Arquitectura de las Edades Moderna y Con­
temporánea. ..............................................
— Arquitectura de la Edad M ed ia .......... 5.
JOSE SELVA: El Arte en España Durante los
Borbones. .. ...............................................
— El Arte Español en Tiempos de los Reyes
Católicos. ................................................. 8.‘"—
— El Arte en España Durante los Austrias.
..............................................................; . • • • • • 5 —

— Artes Aplicadas de la Edad Antigua. R.
— Artes Aplicadas de la Edad Media. R.
— La Pintura Holandesa............................
— La Pintura Alemana del Siglo XIX . . .
— El Renacimiento en Alemania ..........

EDITORIALES REUNIDAS
S O C IE D A D A N O N IM A A R G E N T IN A

COCELXBAMBA 158 - T. A. 33 - 5393 - BUENOS AIRES

terrumpiera nuestro afán de entrevistarlo
para CABALGATA. Absorto ya en su
contenido, el escritor no alcanza a percibir
nuestro gesto de despedida que lo reinte­
gra al mundo de lo fantástico. . .
O. H.

L I B R O S

n a u s e a , por Jean-Paul Sartre. Tra­
ducción de Aurora Bernárdez. Editorial
Losada, Buenos Aires. 264 pgs. a la
rústica. $ 6.— m/arg.

La

H oy que sólo las form as aberrantes de la
reacción y la cobardía pueden continuar sub­
estim ando la trem enda presen tación del ex ie ­
tencialism o en la escen a de esta postguerra,
y su influ en cia sobre la generación en plena
activid ad creadora, la v ersión al español de la
prim era novela de Sartre mostrará a m u ltitud
de d escon certados y ansiosos lectores la in i­
ciación hacia lo que el autor llam ó p osterior­
m ente “los cam inos de la lib ertad ” ; cam inos
que liquidan vertigin osam en te todas las form as
provisorias de la libertad, y que ponen al hom ­
bre com prom etido existen cialm en te en la dura
y esp lén dida tarea de renacer, si es capaz,

GIRE

5.
5.
5.
55.

sobre la cen iza de su yo histórico, su yo con­
form ado, su yo conform ista.
L im itándose a lo que La N áu sea ofrece como
novela (aunque esta e scisión es fa lsa y sólo
acep table en una rápida r ese ñ a ), no se tardará
en advertir la m aestría de Jean-P aul Sartre
en el manejo de una narración que comporta
incesan tem ente las más su tile s intuiciones, los
d escensos más abisales al centro de esa rev e­
lación que con stitu ye el m artirio y la ex a l­
tación de A ntoine R oquentin: el hallazgo del
e x istir como pura contigencia, como absurdo al
cual se debe dar — si se puede— un sen tido.
Las página^ en que R oquentin se sien te ex ce­
dido por la náusea, signo objetivo de la des­
trucción de las form as hasta enton ces acep ta­
das y vivid as, y avanza de vértigo en vértigo
hasta la escena terrible del jardín botánico
(d onde la revelación tiene ese mismo balbuceo
que vu elve inconfund ible el lenguaje de los

SE

m ís tic o s ), entran ya en la literatu ra como uno
de los m ás adm irables esfu erzos del hom bre.
La e x isten cia no es algo que se deja pensar
de le jo s: es preciso que n os in v a d a b ru sca­
m ente, que se d eten ga sobre n osotros, que p ese
sobre n u estro corazón como una gran b e s tia
in m ó v il. . ., murmura R oquentin. Y ante ese
existir que no se d eja pensar, m ide uno la
eficacia de un verbo como e l de Sartre, capas
de crear paralelam ente en el lector la p e­
n etran te sospecha de una revelación p erson al,
de un hallazgo que se adentre en é l como en
el torturado pelirrojo de la novela.
Y si “todo lo que e x iste nace sin razón, se
prolonga por debilidad y m uere por c a su a li­
dad”, si R oquentin am bula con su náu sea por
la ciudad de B ouville, y va hu ndiénd ose en sí
m ism o al descu brir la in c o n siste n c ia del “or­
den” que c o n vivía — pero a la voz salién d ose
en un am argo esfuerzo por reh uir el solip sism o,
el suicidio, la piedad— , los ú ltim os in sta n te s
de la obra lo m ostrarán interrogando la p o s i­
bilidad de trascend er el m ero e x istir para in ­
gresar en el ser; libre, solo, angu stiado, pero
a salvo del absurdo, y en algún sen tid o de la
contin gen cia y la arbitrariedad. La pu blicación
de las obras p o steriores de Sartre perm itirá
segu ir entre nosotros el itin erario que tan
dolorosam ente pero con tanto valor inicia
en La N áusea, esta im agen del hom bro en
pleno siglo, en plen a incertidu m bre fren te a
la renovada c u estió n do su destino.
A urora B ernárdez vertió el d ifíc il len gu aje
de la obra con una exacta noción del ritm o
sartrian o; en cada p ágin a hay pruebas de su
esfuerzo y su eficacia.
j. c.

( Continúa en la página 13)

EXPLICA
p o r C LAU D E J . M A H I A S

A ndré Gide me recibe en su
b ib lioteca, sentado ante una mes ita que hay junto a una ventana,
que da sobre los jardin es del ho­
te l M atignon. E l gran escritorio
que hay al otro extrem o de la
h ab itación parece abandonado. En
esto rincón, entre un piano y
unas estan terías llen as de libros,
trabaja e l M aestro.
— ¿U sted querría quo yo le h a­
b lase de m is N ourritures? — me
dice— . No sé qué podría decirle
aparte de la im p acien cia que me
producen las rep etid as ten tativas
de encerrarm e en ese libro. E s
como si p reten d iese juzgar a Barrés por su L’IIomm e L ibre. Se
habla del narcisism o de Gide, del
culto de m í m ism o. ¿Qué se diría
de B arrés si se le ju zgase por sus
prim eros lib ros?
— ¿A dm ite como ciertas algunas
fr a ses que se le atribu yen ? D u­
rante una d iscu sión en la cual
algu ien d ecía que su in flu en cia
podía ir al encuentro de la de
B arrés, y fin alm en te oponerse a
ella, se afirm a que u sted dijo:
“E spero que él haya term inado
para em pezar y o ” .
— P osiblem en te. En a q u e l l a
época yo era aun m uy joven.
— No puede im pedir — insinú o
y o — que en sus N ourritures se
descubra una esp ecie de clave de
so l sobro la cual parece descansar
tod a su obra.
— No lo niego. Pero hab ría que
entend er bien. A lgunos no saben
ver en ese libro m ás que la
g lorificación del deseo y de los
in stin to s. Para mí, lo confieso, es
m ás bien una ap ología del d es­
en volvim ien to que yo encuentro en

e lla y por lo tan to estim o que mi
contribu ción ha sido esp ecialm en­
te una d efen sa de la cultura, del
pensam iento lib re y del esp íritu
crítico. D e tod as form as se puede
com enzar por ese sen sualism o que
se me reprocha, con la condición
do sublim arlo. Yo creo haber se ­
guid o,el primero, el consejo que
doy a m is lectores: Que m i libro
te enseñe a in teresarte por ti m is­
mo an tes que por él, y por los
dem ás antes que por ti.
— L os jóven es, s i se tom an en
cuenta los testim on ios publicados
por la “G azette des L ettres” con
ocasión del quincuagésim o aniver­
sario do las N ourritures, parecen
m enos sen sib les que sus m ayores.
— L as cartas que yo recibo no
m e lo dem uestran. Pero quizás
aquellos jó v en es no tu viesen ne­
cesidad de un m aestro de eva­
sión ; al m enos, ellos lo creen.
¿Son realm ente “evadidos” ? De
tod as form as, yo estaría m enos
inq uieto s i esos jóven es dijesen:
“Yo no entiendo a “P alu d ets” .
Tome por ejem plo e l extranjero,
los E stad os U nid os, A lem ania:
para esos países, yo soy el autor
de La Puerta E strecha, de Las
C uevas del V aticano, y, esp ec ia l­
m ente, de Los M onederos F alsos.
L as N ourritures es e l m enos tra­
ducido de m is lib ros; el haber
sido declarado “in c la sific a b le ” ha
hecho que lo rechacen los ed ito ­
res. Pero yo no creo que en ese
libro sea m ejor com prendido (A n ­
dró Gide, s o n r íe ): al m enos en
Inglaterra, el país civilizado don­
de he estado últim am ente. Me han
dicho que en una r ev ista in g lesa
va a publicarso un artículo titu ­

lado “L a vejez de A ndré G ide” . adm iración literaria. P ero en efe c ­
E stá bien, pero como yo no he to, su ética me es totalm en te ex ­
estado en Londres n i en la ju ven ­ traña. Por ello me he guardado
tud n i en la madurez, uno se do atraerlo, esforzánd om e en per­
pregunta qué es lo que lo s in g le ­ m anecería fie l. Sin duda ahí he
ses pueden pensar de m i “v ejez” . ido m ás allá de lo que esperaba,
— F recuentem ente se h a dicho pues h ay m uchos que n i siquiera
que las N ourritures no eran tó n i­ reconocen mi contribu ción. Y ade­
cas m ás que para los fu ertes, que m ás me asom bra e l que h aya ca­
sólo forta lecía n a los tr iu n fa ­ tó lico s a qu ien es le s g u sta un
dores..
proceso en el cual la ju sticia d i­
— Quizás eso tam poco sea ju sto. vin a se descu id a de tal modo.
Cuando yo escrib ía ese libro v a ­ Pero, ind udab lem en te, ven los
cilaba
ya. H e recibido m uchas desastrosos e fecto s quo el pecado
cartas de enferm os graves que me original tien e sobre un alm a que
daban
las gracias por hab erles no ha sido lavad a por el bau­
in vitad o a vivir plenam ente lo tism o.
— ¿P u ed o preguntarlo en qué
quo le s restab a de vida, y a com ­
trabaja?
prender la im p ortancia de ello.
(A ndré Gide me m u estra las
— A ntes de abandonar el tem a
do las N ourritures T errestres yo hojas que tie n e esp arcid as ante
querría hacerle una nu eva pre­ é l) .
E s un p rólogo que he prom e­
gunta:
al escribir las N ouvelles
N ourritures ¿quería com plem entar tid o a la r ev ista “P résen ce A fricain
e”
, de A lioun e D iop. Y e de­
o corregir las prim eras?
seo vivam en te que esta p u b lica­
— No me g u sta mucho hablar
ción, quo perm itirá que se m an i­
de ese libro. A ndré M alraux, en
fie s te n los escritores negros, nos
el tiem po en que aun ten ía un traiga lo que esperam os de ella:
pió en M oscú, me d ecía acerca de es decir, mucho.
m is dos lib ros sobre la U .R .S .S .:
— U n a últim a pregu n ta: ¿qué
“Mo explico el prim ero; pero los proyectos tien e?
R etouches es la obra de un hom­
(A ndré Gide sonríe* ir ó n ic a ­
bre en colerizado” . Sin duda ten ia m e n te).
razón. No h ay que retocar lo que
— M is p royectos: irm e de P a rís,
se ha hecho, aun no estando en­
trabajar. T engo necesid ad de c al­
colerizado: uno se fu erza siem pre
ma.
U sted me com placería m ucho
un poco.
s i y a me con sid erase au sen te.
— S i en Londres es ca si desco­
Comprendo la in d irecta y me
nocido, en P a rís muchos le con­ despido. A ndró Gide me acom ­
sideran como e l autor del P rocés. paña h asta la pu erta.
N adie se extraña que h aya e le g i­
— U sted no me h a dicho lo que
do para adaptar a la escena un p ien sa do m is N ourritures — m e
autor cuya filo so fía es tan contra­ d ice, y los ojos l e b rillan m alicio­
ria a la suya.
sam ente— . Claro es que esta vez
— Yo tengo por K afk a un a gran e s u sted el que interviu a.

�A*

c o 'v

■ts la &gt;
cuerda

floja
B IB L IO T E C A D E L f Y ^ v i ' R T m O S
dos

autores

mas

d iv e r t id o s

LA S OBR A S MAS ALEG R ES
C arlos V . W arnes: EL
TO V IV O D E C ESAR BR UTO.
Ilu stra cio n es do OskL
E l disloqu e m áxim o en u n libro
donde el disparate cam pea desde
la prim era h a sta la últim a página.
P recio ....................................... ^ ° •
Cham ico: C U ENTOS D E CABECERA
Ilu stra cio n es de M uñiz.
N u estras costum bres a través de
la gracia de un reputado hum o­
rista . Precio ......................... $ 3 •—
Jbhn P h ilip Sousa I I I : ¡Q U E F A ­
M IL IA LA M IA ! Ilu stra cio n es de
Sherm und.
D isp a ra ta d o s aventuras de una fa ­
m ilia como no hay dos. P rec. $ 3.—
R am ón Gómez do la Serna: TRAM ­
PA N T O JO S. Ilu stra cio n es del autor.
U na descon certante m uestra del
ingenio de R am ón. P recio $ 3 . 5 0
D onald Cow ie:
IND ISC R E C IO N E S
D E U N NIÑO D E PECHO. I lu s ­
tra cio n es de Cao.
Las inesperad as revelacion es de un
lactante, contadas por él m ism o.
P recio ...................................... $ 3 . 5 0
John P h ilip Sousa I I I : LA PE R R A
C H IFL A D A . Ilu stra cio n es de S h er­
mund.
L as alegres aventu ras de una de­
licio sa perrita que su fre de com ­
p lejo s p sicológicos. P recio $ 2 . —
César B ruto: LO QUE ME G U ST A ­
R IA SE R A M I S I NO FU E R A
LO QUE YO SOY. Portad a de
O ski. Las inefab les m editaciones
del popularísim o e ilu strado “an­
a lfa b eto ”, d eleite de chicos y g ra n ­
des. P recio ............................ $ 3 . —
H éctor V elarde: EL HOM BRE QUE
PE R D IO EL TACTO. Ilu stra cio n es
de Landrú.
U n libro de gracia chispeante, con
un jugoso prólogo de F lorencio
Escardó. Precio .................. $ 2 . 5 0
S t e p h e n L e a c o c k : G E O M E T R IA
D E LA CASA DE P E N SIO N .
Ilu stra cio n es de Taggino.
La gracia inusitada de un autor
de gran éxito que lia entretenido
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Isa b el S co tt R orick: E L M A TR I­
MONIO CUGAT.
E ste libro hizo reír a m illares de
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P r ó x i m am e n t e :
A rcadlo A verchenko: LA B U R L A
D E M ECENAS.
Damon R anyon: E L HOM BRE MAS
DINAM ICO D E L MUNDO.
E rn st H eim eran: FULANO D E TAL
PR O PIE T A R IO .
Florencio E scardó: GENTE E N LA
AZOTEA.

S A
Or/enísrión Cultural. Editores S. fl.
M ontevideo 9 é8

T. A. 42 - 6640

ir r n r n r
pa r a r e g a l o
ll r n r ti r
OBRAS LUJOSAU l IIU U I.
II ENTE E N C U A ­
D E R N A D A S E D IT A D A S EN IDIO
MA RUSO, UCRANIANO, ID IS H .
ARM ENIO Y OTROS. ED IC IO N ES
D E LOS CLASICOS R U SOS Y DE
OTROS
E S C R IT O R E S D E
LA
U. R. S. S.
I m p o r ta n t e s u r tid o
de libros en español:
F. P an ferov: LA LU CH A
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Golubov: BAGRATION ............. 5.—
M ijailov: LA FU ER ZA DE
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Autores varios: L E N IN A L­
BU M . ........................................... 3.50
J. Stalin : E L M ARXISM O
Y LA C UESTION NACIO­
NAL .............................................. 0.9O
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A. T olstoi: IV A N EL T E ­
R R IB L E ...................................... 6. 1
G rossm an: AROS D E G U E ­
RRA ............................................ 10.—
L enin: M ARX, ÉN G ELS Y
EL M ARXISM O ..................... 6.—
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A L IA 1941 - T. A. 48. Pasco 19/6
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extranjeras.
G A L ER IA S PACIFICO
L ocal C 15
B uenos A ires

LO S PROBLEMAS
DEL LIBRO
EN
LENGUA FRANCESA*
C L rasgo más destacado de la actual crisis
del libro editado en F rancia es la dism in u ­
ció n de su exportación, com parada ésta entre
1 9 3 9 y 19 46.
Según las cifras oficia les de la estad ística
de A duanas (ex clu id o s los paquetes p o sta le s),
en 1939 las e x p o r t a c i o n e s representaron
3 4 .0 9 8 q u in tales de lib ros en lengua francesa.
1.8 7 8 en lenguas extranjeras o m uertas, 294
de cartas g eográficas y 553 de ediciones m u si­
cales, o sea un total de 36.82.3 quintales. En
1946, la s exportaciones se elevaron solo a
2 8 .3 2 0 qu intales en lengua francesa, 76 en
lenguas extranjeras o m uertas, 209 de cartas
g eográficas y 813 ediciones m usicales, o sean
3 0 .0 6 8 qu intales. La baja es, por tanto, del
18 por 100, lo que supone una dism inución
sen sib le de la exp a n sió n del libro francés en
el extranjero.
D el exam en de la situ ación llevado a cabo
por lo s rep resen tan tes de los P od eres públicos
y de la ind ustria editorial francesa, se deduce
que en esta baja se acum ulan causas acciden­
ta les y perm anentes. Las causas accidentales
está n en su conjunto relacionadas con las
consecuencias de la g u e r r a : el agotam iento do
los fon dos de ed ición francesa, producción
in su ficien te, usura del m aterial, precio de pro­
du cción dem asiado elevado, perturbación de
la s corrientes com erciales tradicion ales, d ifi­
cu lta d es del transporte, com plicaciones adua­
neras y m onetarias. A estos m ales evidentes
ex isten p o sib les rem edios, a condición de que
el G obierno coopere eficazm ente en los e s ­
fu erzos de los profesionales.
L as causas duraderas son mucho más graves
porque en parte escap an a una acción directa
y están basadas en una evolución general del
m undo más que en un a p o lític a particular.
E sta s son la baja del p restig io de Francia en
el mundo, la reducción del em pleo de la le n ­
gua francesa, la aparición de una concurrencia
organizada en los p a íses extranjeros, la in ter ­
vención en el terreno cultural de p aíses más
poderosos, como los E stados U nidos, In g la te ­
rra y R usia, h asta ahora in d iferen tes a esta
c la se de im perialism o.
La prim era necesidad para contrarrestar esta
situ a ció n es la reconstrucción de los fondos
de com ercio y la producción de nuevos libros,
es decir, que los editores puedan fabricar en
condicion es de rapidez, de calidad, de ren tab i­
lidad y de precios que perm itan el acceso a
lo s m ercados extranjeros. P ara ello se precisa
que el Gobierno ayude al entretenim ien to y
ren ovación de las im prentas e ind ustrias grá­
fica s, a la o b ten ción de m aterial de im presión
y de clichés, a una buena p olítica de pap el y,
fin alm en te, a una p olítica de obten ción de
créditos a m edio y largo plazo.
La guerra ha revolucionado el m apa del
mundo, en perjuicio de F rancia. H e aquí al­
gun as cifras sobre las exportaciones del libro
francés, p a ís por p aís y en qu intales m étricos:
Gran B retañ a . . . .
I ta lia .............................
P a íse s B ajos .............
S u iz a .......................... . .
B élg ica ......................... . . .
Canadá ..........................___
U . S. A ....................... . . .
Indochin a ...................
A rgelia ......................... . . .
M a r r u e c o s ..................
S i r i a ..............................

1946
889
318
846
8. 974
873
2.097
153
2. 753
857

1939
956
955
1. 140
4. 741
1 3 .1 7 4
503
3 .8 0 1
422
2. 230
5 18
534

D e esta s cifras se desprenden tres nuevas
ten d en cia s: 1) ciertos países, arruinados o
em pobrecidos, han restrin gid o su s cam bios;
2 ) otros se han equipado por su cuenta para
producir (S u iz a y C an ad á); 3 ) otros p resen ­
tan m ejores p ersp ectivas (A frica del N orte y
S ir ia ). P or otra parte, conviene señ alar que
só lo en 6eis m eses han entrado en Francia
lib ros norteam ericanos por valor de 600 m i­
llon es de francos
E sta situ a ción plan tea a los editores fra n ­
ceses la necesid ad de luchar contra la invasión
de la cultura extranjera, lo que es el problem a
m ás delicado, y en cuyo dom inio es im posible
o bten er resultados m uy p ositivos. U n editor
francés h a escrito recientem en te lo sigu ien te:
"D e una parte, m uchos p a íses de lengua
francesa, tradicion alm ente im portadores, se han
equipado y se esfuerzan ahora por concurrir
con nosotros en todos los m ercados de lengua
francesa. A nte e ste p eligroso hecho nuevo, el
G obierno no está d esp rovisto de m edios. Es
conveniente saber que todo estos p aíses — S u i­
za, B élgica, Canadá— son incapaces, reducidos
a su mercado interior, de llegar a cifras rem uneradoras de tirada. L es es n ecesario buscar
en F rancia el com plem ento de ven tas in d is­
p en sa b les a su eq u ilib rio; problem a de contig e n te s a resolver, en la m edida de lo p osible
sobre la b ase de las relacion es anteriores a
la guerra. Se debe, sobre todo, proscribir toda
m edida que favorezca el paso hacia esos países
concurrentes de las a ctivid ad es m onopolizadas
h a sta ahora por F rancia. P or ésto, la in s titu ­
ció n del dom inio pú blico m ediante pago te n ­
dría por efecto inm ediato rep rim ir toda re­
im p resión de obras clásicas en F rancia y fa ­
vorecer, en cambio, a los ed itores extranjeros
en lengua francesa. P or el contrario, h ay in ­
terés en fom en tar toda te n ta tiv a de los fra n ­
ceses por crear en el extranjero filia le s que
se propongan traraucir en len gu as extranjeras
la s grandes obras fran cesas, y así extender
la in flu en cia cultu ral fran cesa ni m ism o tie m ­
po que se rem uneran los c ap itales y los ser v i­
cios franceses.
” En segundo lugar, la in vasión cultu ral e x ­
tranjera 8e ha m an ifestado por la creación de
am plios organism os para pú blicos ta les como
el U. S. I. B . A. en los E stados U nid os y
el B ritish Council en Gran B retaña, que se
esfuerzan por colonizar sistem áticam en te los
prin cip ales p aíses extranjeros. V arias resp u es­
tas son p osibles a esta ofen siva. No creem os
mucho en la efic a c ia del “dum ping" com er­
cial. E stim am os que sería m ás conveniente
com binar, segú n los p aíses, los m edios sig u ie n ­
te s : Para lo s p a íses cuya salud económ ica es
buena, alentar las e x p osicion es colectivas o
privadas de lib ros fran ceses y crear casas fra n ­
cesa s de lib rería bien surtidas y bien situadas
que se comprom etan a vender libros franceses
a un precio m uy m oderado rf cam bio, en caso
n ecesario, de una su b ven ción destinad a a re­
ducir sus gastos. P ara los p a íses econ óm ica­
m ente déb iles, renovar la p olítica inaugurada
por la ley del 18 de agosto de 1936 y que el
G obierno francés ofrezca gratuitam ente obras
do alto valor cie n tífico o literario a in s titu ­
ciones de enseñ anza o b ib liotecas p ú b licas.”
E sta s m edidas son, prácticam ente, nada más
que p a lia tiv os, que no resolverán el grave
problem a del libro francés, que p ierde cada
d ía m ayor terreno en el mundo, como conse­
cuencia de la d ism in ución de la in fluencia
de la p o lítica fran cesa y de su poder.
* D am os cabida a esta inform ación del e s ­
tado actual de la ind ustria y el com ercio del
libro fran cés, porque los problem as que p re­
sen ta guardan tan ta sim ilitud con los que
v ien e sufriendo la in d u stria argentina del libro,
que m erece la pena sean considerados tanto
por las autorid ades grem iales como por las
del E stado.

Un cuento de BORIS VIAN

LAS

H0 R M I G A S
cemos patrulla sobre patrulla. Oreo que
hemos avanzado demasiado rápidamente y
tenemos dificultad eir mantener contacto
con el abastecimiento. Nos han reventado
por lo menos nueve tanques esta mañana
y ha ocurrido una cosa curiosa: la bazooka de un tipo ha salido disparada
con el proyectil y él siguió detrás, en­
ganchado al arma por el tirante. Esperó
estar a cuarenta metros para descender
sin paracaídas. Creo que vamos a tener
que pedir refuerzos porque acabo do oír
como un gran ruido de podadera; nos han
debido de cortar la retirada...

( Viene de la primera página)
orientándola en sentido inverso y comencé
a tirar; pero me paré pronto porque el
ruido me rompía los oídos y además porque
se encasquilló. Estas ametralladoras deben
estar arregladas para no disparar en la
mala dirección.
Allí yo estaba casi tranquilo. De lo alto
de la playa se podía gozar de las vistas.
Sobre el mar humeaba por todas partes
y el agua saltaba muy alto. Se veía tam­
bién los relámpagos de las salvas de los
grandes acorazados y sus obuses pasaban
por encima de la cabeza con un curioso
ruido sordo.
Llegó el capitán. Quedábamos once exac­
tamente. Dijo que no era mucho pero que
nos arreglaríamos así. Más tarde se nos
completó. Por el momento nos hizo cavar
unos agujeros, para dormir, pensé yo, pero
no, hubo que meterse en ellos y seguir
tirando.
Por suerte, la cosa se aclaraba. Ahora
desembarcaban1 grandes hornadas de los
barcos, pero los peces se les escurrían
entre las piernas para vengarse de tanto
remolino y la mayor parto caían al agua,
levantándose dando gritos de agonía como
unos perdidos. Algunos no se levantaban
más y se iban flotando sobre las aguas
y el capitán nos dijo en seguida que neu­
tralizásemos el nido de ametralladoras que
acababa de recomenzar, progresando de­
trás del tanque.
Nos pusimos detrás del tanque. Yo el
último, no me fío mucho de los frenos de
estas máquinas. De todos modos es más
cómodo marchar detrás de un tanque por­
que no hay necesidad de enredarse con los
alambres de púa y las estacas caen solas.
Pero no me gustaba la forma en que
espachurraba los cadáveres con una especie
do ruido del que no ma acuerdo con exac­
titud, pero que es bastante característico.
Al cabo do tres minutos saltó sobre una
mina y so puso a arder. Dos de los tipos
no pudieron salir, el tercero pudo pero
so dejó un pie en el tanque y no sé si se
dió cuenta de eso antes de morir. En fin,
dos obuses cayeron sobre el nido de ame­
tralladoras reventando a los buenazos que
la servían. Los que desembarcaban han
encontrado una mejora, pero entonces
una batería antitanque se ha puesto a
escupir a su vez y por lo menos otros vein­
te han caído en el agua. Yo me he tum­
bado boca abajo. Desde mi lugar los veía
tirar incorporándome un poco. El esque­
leto del tanque, todavía ardiendo me pro­
tegía un poco y he apuntado cuidadosa­
mente. El apuntador ha caído retorcién­
dose desmesuradamente; hubiera debido
apuntar un poco más abajo, pero no he
podido rematarlo. Además, primero tenía
que liquidar a los otros tres. He pasado
un mal rato. Felizmente el ruido del tanque
me ha impedido oírlos aullar, pues al
tercero también lo dejé mal herido. Por
lo demás la cosa comenzaba a arder y a
saltar por todas partes. Me he frotado
los ojos un poco para ver mejor, porque
el sudor me nublaba la vista y el capitán
ha vuelto. Sólo se servía del brazo iz­
quierdo: “ ¿Puede Ud. vendarme el brazo
derecho muy apretado al cuerpo?” Dije
que sí y comeneé a empaquetarlo con las
vendas y en seguida se ha levantado por
los aires y ha caído sobre mí porque le
ha estallado una granada a su espalda.
Se ha quedado rígido en seguida; parece
que esto sucede cuando se muere muy
fatigado. En todo caso era más cómodo
para quitármelo de encima. Luego, he de­
bido dormirme y, cuando me he desper­
tado, el ruido venía de más lejos y uno
de esos tipos con cruces rojas sobre el
casco me daba una taza de café.

Ya lo creo que se preparaba algo. Cua­
tro tanques enemigos han llegado casi has­
ta aquí. He visto al primero al salir;
se ha parado en seguida. Una granada
había roto una de sus cadenas, que se
ha desplomado de golpe con un espantoso
ruido de chatarra, pero el cañón del tan­
que no se ha preocupado por tan poca
cosa. Hemos tomado un lanzallamas, lo
cual es molesto, pues con este sistema
hay que partir la cúpula del tanque antes
de servirse del lanzallamas, pues sin hacer
eso estalla (como las castañas al fuego)
y los tipos del interior quedan mal asados.
Hemos partido la torreta entre tres con
una sierra para metales, pero como llega­
ban otros dos tanques hemos tenido que
volar éste sin abrirlo. Un segundo tanque
ha saltado igualmente y el tercero ha dado
media vuelta; pero era una finta porque
había llegado marcha atrás. Como regalo
de aniversario nos ha enviado doce proyec­
tiles del 88; tendremos que reconstruir
la casa si queremos servirnos de ella, pero
será más práctico ocupar otra. Hemos
terminado por desembarazarnos de ese ter­
cer carro cargando una bazooka con pól­
vora de estornudar y los del interior se
han dado tales cabezazos contra el blin­
daje que sólo hemos sacado cadáveres.
Solamente el conductor vivía aún, pero
tenía la cabeza enganchada en el volante
de tal manera que no se lo podía sacar.
Entonces, antes de estropear el tanque,
que estaba intacto, hemos cortado la cabeza
del tipo. Detrás del carro unos motoijiclistas con fusiles ametralladoras se las
arreglaron para armar un lío de todos los
diablos pero hemos logrado concluir el
asunto gracias a una vieja segadora. Du­
rante este tiempo nos caían también sobre
la cabeza algunas bombas e incluso un
avión que nuestra DCA derribó sin querer,
pues en principio estaba tirando sobre
los tanques. Hemos perdido en la com­
pañía a Simón, Morton, Buck y P. C.
y nos quedan los otros y un brazo de
Slim.

II

V

Luego, hemos partido hacia el interior
y so ha tratado de poner en práctica los
consejos de los instructores y las cosas
aprendidas en las maniobras. El “ jeep’ ’
do Mike ha vuelto en seguida. Conducía
Fred y Mike estaba en dos pedazos; con
Miko habían encontrado un hilo do alam­
bre tendido sobre la carretera. Se va a
equipar a los coches con una cuchilla de
acero delante para que corte los hilos
de alambre, pues hace mucho calor y se
viaja con los parabrisas bajados.
Se escupe fuego por todas partes y ha-

Seguimos cercados. Llueve sin inte­
rrupción desde hace dos días. El techo
no tiene más que nna teja de cada dos
pero las gotas caen donde deben y no
estamos realmente mojados. No sabemos
en absoluto cuánto tiempo va a durar
esto. Siempre patrullando, pero es bastante
difícil mirar en un periscopio sin entre­
namiento y es fatigoso estar con el lodo
por encima de la coronilla más de un
cuarto de hora. Ayer nos hemos encon­
trado con otra patrulla. No sabemos si
eran los nuestros o los de enfrente, pero
bajo el lodo no se corre ningún peligro
en tirar porque es imposible herirse; los
fusiles estallan en seguida. Se ha intentado
todo para desembarazarnos de este lodo:
hemos derramado esencia encima, al arder,
seca, pero después nos cocíamos los pies
al pasar por encima. La verdadera solu­
ción consiste en cavar hasta la tierra
firme, pero es todavía más difícil patrullar
en la tierra firme que en el lodo. Termi­
naremos por adaptarnos como sea. Lo ma­
lo es que hay tanta que Se producen ma­
reas de barro. Actualmente, está bien, el
lodo está contenido por las barreras, pero
pronto ascenderá de nivel y esto es des­
agradable.

ORIS V ían tie n e 30 años. E s ingeniero y
toca la trom peta, interpretand o m úsica de
ja z z . . . Pero no es lo prim ero ni, m enos aún,
lo segnndo lo que conviene evocar para atraer
la aten ción de los lectores sobre e l cuento
que ofrecem os en e ste número.
So deben a la plum a do E oris V ian, escri­
tor, num erosas obras, entro ellas “Lo V ercoquin” y “L e P lan cton ” con las que se ha­
b ía puesto de r elieve el talento origlnalísim o
do V ían. M as, súbitam ente, su fam a alcanzó
proporciones fab u losas merced a la adaptación
do la escand alosa novela norteam ericana de
V ernon S u llivan, “Iré a escup ir sobre v u es­
tr a s tu m bas” . Fam a que espera confirm ar con
la adap tación de nna nueva obra del m ismo
autor.
E ste tip o de literatu ra — curiosa secreción
de la recien te guerra— es apenas conocida
en nuestro país. Do ah í que el cuento que
publicam os de B o r is V ia n esté destinado
a causar sorp resa a algunos, repugnar a
otros y a estim ular reflexion es p esim istas
en los de m ás allá. H ay algo sucio, brutal,
violento y h a sta repugnante en é l; exac­
tam en te como sucede en la vid a m isma.
Sobra, pues, decir, que se tra ta do un cuento
do n eto corto e x isten cia lista . E sta corriente
literaria (y filo só fic a ) podrá ser aceptada o
no. Podrá ser acogida entre alaridos de entu­
siasm o como la autén tica R evelación , com bati­
da como nna exp resión del m al gusto en el
arte o desechada como una exp resión in eq u í­
voca de lo inm oral. D e cualquier forma, sólo
nna cosa no puedo hacerse: ignorarla. La lite ­
ratura e x isten cia lista e x iste, es, y no h a y mo­
do de negarla y tod avía es prem aturo aven­
turar s i se tra ta de nna sim ple m oda pasajera,
destin ad a dentro de unos años al olvido y a
la sonrisa in d u lgen te o si es la expresión
angu stiada del e sp íritu de una época que
parece navegar entre la N áusea y *la Nada.

B

III
...E sto me recuerda hace seis meses
cuando nos habían cortado la retirada.
Ahora debemos estar completamente cerca­
dos, pero ya ha pasado el verano. Feliz­
mente tenemos qué comer y hay municio­
nes. Es preciso relevarse cada dos horas
para montar la guardia, lo cual es fati­
gante. Los de enfrente toman los uniformes
de los tipos nuestros que hacen prisioneros
y se visten como nosotros, así que hay que
desconfiar. Con todo esto no hay ninguna
luz eléctrica y so reciben los obuses en
plena cara por los cuatro costados. Por
el momento, tratamos de tomar contacto
con la retaguardia; es preciso que nos
manden aviones y comenzamos a carecer
de cigarrillos. Hay ruido afuera, debe pre­
pararse algo; no le dejan1 a uno ni el
tiempo de quitarse el casco.
/
IV

LA ULTIMA
O B R A DE

WERNER

¡MORIR
ES NACER
premiado por Ricardo Baeza. A. J.
B attistessa, Jorge L uis Borges. V i­
cente Fatone, E. M artínez Estrada
y Enrique Amorim, como “EL LIBRO
DEL M ES” , obtiene un gran éxito
literario. H an opinado sobre el libro:
ENRIQUE LA RRETA: “ ...h e r m o s ís im o
libro de gran pensador, gran pintor,
gran poeta.”
JOSE L U IS ROMERO: “Admiro la in ­
tensidad de la emoción y la form a
poem ática.”
L U IS EMILIO SOTO: “ Morir es nacer
seduce por la unidad del tono evocativo y de la experien cia vivid a que
colorea tan rico m osaico.”
LA NACION: “H e aquí un libro, escrito
en prosa, en el que un poeta nos tran s­
mite el hondo m ensaje de su sen sib i­
lidad.
L a PR E N SA : “ W erner Bock es dueño
de una personalidad d efin ida y en todo
cuanto ve y dice deja una íntim a v i­
bración esp iritu al.”
LA RAZON: “Un libro de trascendente
poesía, de fin ísim as sign ificacion es en
que refléjase la sugestión de un esp í­
ritu atento a la más alta belleza.”
CRITICA: “P alp ita en estas páginas nna
juventud m aravillosa y m aravillada, la
única, la im perecedera: la juventud
esp iritual que W erner Bock posee en
alto grado.”
EL MUNDO: “En “Morir e3 nacer” hay
la suma de una sen sib ilidad que en­
cuentra en el paisaje, en recuerdos, en
descripciones y en m otivos estéticos
y m orales, form as de m an ifestarse con
penetrante gracia.”

Precio: Pesos 6 .— m/n.
Encuadernado y numerado, con la fir­
ma del autor: Pesos 10.— m/n.
En venta en todas las librerías

EIII T II li I A L

AMERICALEE
T ucum án 3 5 3

LIBROS

pe "se veintén setos"
CURSO RACIONAL DE ING LES B A ­
SICO. P or el P rof. L eo Glimnor Rause.
(5^ edición corregida y aum entada.) El
éxito de esta obra, que perm ite el apren­
dizaje de la lengua inglesa, sin profesor,
en el térm ino de tres m eses, se evidencia
por el hecho de haberse vendido desde
su aparición, en 1945, vmás de veinte
m il ejem plares ................................. $ 8 . —
D E LA FA U N A PORTEÑA. Por Rodolfo
M. Taboada. Un d esfile ameno y re­
gocijante de los más pin torescos “tip os”
que dan color a B s. A ires. D esopilantes
caricaturas de D ivito y Seguí. . . $ 4.—

H IPO T E C N IA . M ejora y E xplotación do
las princip ales razas caballares. Por
E m ilio Solanet. (2^ edición, profusam en­
te ilu strad a.) El tratado más práctico y
com pleto sobre la m ateria. En tela $ 15.—
En rústica ........................................... $ 12.—
GUERRA EN EL E ST E . Por Grigore Gafencu. Un libro inquietante, que aporta
revelaciones asom brosas sobre los pre­
lim inares de la últim a guerra . . $ 10.—
D escu en tos de práctica
a lo s señores libreros.

f. mim CODES. E d ito r
HDD. DE MAYO 862

*

BUENOS AIRES

L i b r e r í a

CONCENTRA
Viamonte 641
¿V . j Entrada a lo R aim a Pacífica)

h

-

VI
Esta mañana me ha sucedido una cochina
aventura. Estaba bajo el hangar, detrás
de la barraca, preparándole una buena
broma a los dos tipos que se ven perfec­
tamente con los gemelos intentando loca­
lizarnos. Yo tenía un morterito del 81
y lo colocaba en un cochecito de niño y
Johnny debía disfrazarse do campesina
para empujarlo, pero antes el mortero
me lia caído sobre un pie; esto no es sino
una do las cosas que me suceden a. cada
momento en estos tiempos, y en seguida,
el tiro ha salido mientras que yo retiraba
mi pie y el proyectil lia ido a estallar
(Continúa en pág. 14)

DOCK

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e d i c i o n e s d e lu jo
ediciones num eradas
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CONCENTRA!
Vinmonte 641 - Buenos Aires
y .;.'

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�abalgata
Habla para C A B A LG A T A

F^ r ^ r = ir ^ r ^ r ^ r ^ r ^ i^ i^ r ^ r = J ? = Jr==Jr=Jr=Jr=ir==ir==

ARTURO CANCELA
al r f g a l a r u n l

Periodista, cu en tista, n ovelista y au ­
tor teatral, Arturo Cancela alcanzó
sus prim eros éx ito s literarios con
T res relatos porteños, en cuyas p á ­
ginas algún crítico hubo de hallar
la ironía y su tileza de E$a de Queiroz encerrada en la idiosin crasia del
profesor H errlin, o, Julio N arciso
D ilon el satirizado personaje de U na
sem ana de holgorio.
E nsayista de filo so fía en libros p os­
teriores, n ovelista encontrado en H is ­
toria funam bulesca del profesor Landormy, su m ás reciento producción
es la pieza teatral A londra que — en
colaboración con P ilar de Lusarreta—
estrenara en el Teatro N acional Cer­
vantes de esta capital.

bro

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DEL C O N T E N ID O :

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ECONOMICA LE OFRECE
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roes, la política, de cada uno
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EDICIONES
DEL AUTOR
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IM I’.R E S I O N E S
P U B L I C I D A D
A D M IN IS T R A C IO N

CAMPAÑAS DE PRENSA
- BOLETINES

CATALOGOS - FOLLETOS
CIRCULARES - VOLANTES

OFICINA TECNICA
DEL L IBRO
Director: Francisco Arnó

C í) R R I E N T E S
35 - 0878

--

3 5 , 2»

® Próximos estrenos teatrales.
• Acerca de I^a E.S.C.O.B.A.
• La literatura en función social.
, í j x sorbo más de café, a m ig o ...?
¿ El —Como mo, Cancela.
E! leve ruido do pasos fugitivos por las
habitaciones vecinas hace que el autor de
Tres relatos porteños acelere las pipadas,
mientras una ráfaga de aire fresco inunda
la amplia biblioteca que sirve de escenario
a nuestra conversación.
Fuó en 1925 —contiirúa su interrum­
pida charla—, cuando realicé los primeros
bocetos de esta novela que ven aquí, La
Estatua de Sal, pronta para marchar a
la imprenta en 1948 bajo el pie de EspasaCalpe Argentina S. A.
— ¿Cuál es su tra m a ...?
—Transcurre en Palestina, allá por el
año 1989, con la aventura inicial de un
angloargentiiro en la guerra anterior, an­
danzas que continuará su nieto, también
en Palestina, en una nueva civilización en
la cuenca del Mar Negro totalmente dese­
cado, donde han sido reconstruidas las
ciudades bíblicas.
—¿Sodoma. . . ?
—Sí, es una de ellas, donde todos los
habitantes son abogados, lo que no quiere
decir que todos los abogados sean sodo­
mitas . . . la narración termina con la des­
trucción de las cinco ciudades al par que
el Mar Muerto ve llenar sus cuencas de
nuevo.
—Los legendarios lugares utilizados y
el tiempo futuro que Ud. utiliza, Cancela,
nos permiten augurar una obra de inte­
rés, como Historia funambulesca. ¿Ver­
d a d ...?
—Guíese, si prefiere, por el subtitulo
que le he puesto a la novela. Ella dice
así: “ Novela apocalíptica, a la vez que
eugenésiea, biotipológica y de medicina
social” .
—Toda una definición. ¿Siente usted la
necesidad de escribir estas historias o
novelas propiamente d ich as...?
-—Claro que sí. Si me halagara el éxito
literario fácil, me hubiera acogido a los
laureles recogidos con Tres relatos por­
teños; insistiendo en este módulo, pero
—haciendo una autocrítica seria a mi
labor escrita— entiendo que sólo en la
novela es posible estructurar problemas de
ambientes, psicologías, costumbres, etc.,
llegando a desarrollarlos en toda su exten­
sión; en tanto que el cuento o el relato
corto sólo permite la pincelada.
—E igual correspondencia debe hallar
en el teatro. . .
—Ya quo Ud. ha tocado este tópico, le

B

Buenos A IR E S

adelantaré dos de las piezas que, en co­
laboración con Pilar de Lusarreta, espero
estrenar en el próximo año. Sobre una
irovela picaresca del siglo de oro denomi­
nada La niña de los embustes hemos con­
feccionado una comedia que tendría como
intérpretes a Malisa Zini y Picrina Dealessi en el Teatro Municipal.
—¿En cuanto a la otra pieza?
—Es, también, una comedia pero satí­
rica, como se lo sugerirá su título: La
E.S.C.O.B.A.
—Como sugestivo, es evidente que lo
es. . . ¿Con esta escoba, barrerá con todos
los éxitos teatrales habidos y por haber,
Cancela ?
—¿Qué ha dicho, escoba? Si sólo so
trata de la sigla de Empresa Subterránea
Colonia Buenos Aires, donde se narra la
la historia de un noble hispanoargentino
que financia la construcción de un subte
entre estas dos ciudades.
—¿Busca Ud. la crítica popular a su
obra?
—Sí. El público le enseña a uno cuando
se equivoca; dándole el diapasón al autor
para el tono de la obra. Cuando más po­
pular es el público que asiste a las re­
presentaciones, y ello lo lie aquilatado con
Alondra en el Nacional Cervantes, con
mayor intensidad capta los matices más
finos de la pieza, cosa que no han logrado
los críticos. Si no se tratara de una co­
media puesta en una entidad oficial, me
refiero claro está a Alondra, con motivo
del centenar de representaciones hubiera
dado una charla acerca de “ Crítica de
críticas ’
—¿Cree que la literatura no tiene más
función que la meramente literaria?
—No. Entiendo que ella, y con ella to­
das las artes creadoras, tienen una im­
portante función social a cumplir que
día a día se acrecienta y que toca límites
nacionales. Recordemos que los creadores
de la tradición son los escritores y si
París nos llega trovada por los poetas,
también Buenos Aires puede tener una
tradición a menos que nos lo propongamos.
Como una prueba al canto, ahí está la
obra creada por Arturo Cancela que, en
cada ocasión en que da a luz una pieza
literaria, recoge en ella algo del Buenos
Aires mordiente, irónico, inquieto, en pá­
ginas que, como Tres relatos porteños,
dicen de nuestro espíritu multiciudadano,
o, en La E.S.C.O.B.A., trasuntan episodios
reales de nuestra ciudad no exentos de
esa mordacidad que alguien parangonara
con la de E&lt;$a de Queiroz.

e l á § k ® § d e Eai t o ñ s t o i r ñ a
e m edü&lt;£5©ini©§ auráprnsuuiíai
Por su cuidadosa presentación: volúmenes elegantemente en­
cuadernados en tela, en papel obra, con artística sobrecubierta
protectora.
Por constituir una verdadera historia universal realizada por
los historiadores más destacados en cada tema.
• Jaeques de Morgan: LA
H U M A N ID A D PREHIS­
TORICA.
Con num erosos grabados en e l texto.
L a obra más im portante sobre el
tem a realizada por el m ás em inente
de los arqueólogos franceses. $ 10.—

• Máspero: HISTORIA DE
LOS ANTIG UO S PUE­
BLOS DE ORIENTE.
A barca: h istoria de E gipto, Caldea,
A siria, P ersia, India, China. $ 16.—

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PUEBLO DE ISRAEL.
Obra con la cual el ge n ia l h istoria­
dor francés revolucionó el estudio
de la historia. Se com pleta con la
sig u ie n te ........................................ 8 15.—

E. Renán: HISTORIA DE
LOS O RIGENES DEL
CRISTIANISMO.
Comprende las sigu ien tes partes:
V ida de Jesú s, los A p óstoles, San
Pablo, E l A n ticristo, L os E vangelios,
La I g le s ia C ristiana, M arco A urelio.
2 tom os ...................................... $ 26 .—

• V. Duruy: HISTORIA DE
GRECIA.
•••
E sta fam osa h isto r ia abarca desde
los tiem p os prim itivos de la H ólade
h a sta la dom inación rom ana. $ 17.—

• J. Michelet y V. Duruy:
HISTORIA DE ROMA.
A M ich elet corresponde la historia
del período corresp ondiente a la R e­
pú b lica y a D uruy e l corresp ondien­
te al Im p erio............................ $ 12.—

• William H. Prescott: H IS­
TORIA D E L R E IN A D O
DE LOS REYES CATO­
LICOS.
Comprendo tod os lo s acontecim ien­
tos de ese período cum bre de la
h isto r ia de E sp aña: Guerras de Gra­
nada, V iajes de Colón, E xp u lsió n
de lo s Judíos de E spaña, C reación
del T ribunal de la In q u isición , Gue­
rras de Ita lia . Con num erosas anota­
cion es fuera de te x to . 2 grandes
tom os ......................................... $ s 2 ‘—

• J. Michelet: H IST O R IA
DE LA REVO LU CIO N
FRANCESA.
L a h isto r ia m ás ser la y docum entada
sobre ese período cru cial de la h is ­
to r ia de la hum anidad. 3 grandes
tom os ........................................... í 45 .—

Todas estas obras pueden adquirirse por separado o en conjunto.
En venta en todas las buenas librerías o en Editorial Argonauta.
Se envía directamente a domicilio por contrarreembolso.
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EDITORIAL!ARGONAUTA S.R .L.
BRASIL 1766

•

T. A. 23- 7432

•

BUENOS AIRES

i ^ í = J f = j f = ^ r = ^ p = j r = J f = J r = J r = i f = i P = = J P = J r = » r = = J t= ir = ir = = if = I i

/

I mpr e nt a
LOPEZ

O. II.

El a r t e y la té c n ic a de la

EL

TIEMPO

Y

( Viene de la página 11)
L a habitada, por Carmen R. L. de Gán­
dara. Emecé Editores, B'ucnos Aires. 60
pgs. a la rústica. $ 2.— m/arg.

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EDITORIAL
REVISTAS

EL PUBLICO ENSENA AL AUTOR CUANDO
EL SE EQUIVOCA EN SU OBRA

a la

E sta es la h isto r ia .de u n retorno a la tie ­
rra, del descu b rim ien to de una vocación , b
e l tem a asom a frecu en tem en te en nuestro tiemno si es la razón de obras tan resonan tes
como D oña B árbara, M a laisie y The Plum ed
Serpent, no h ay que ind agar dem asiado p a ia
descu brir tra s de su in siste n c ia una de las
m uchas v a ria cio n es que la n o sta lg ia de la A
ca d ia asum e en nuestra saturada literatu ra de
ciudad y ciudad anos. E l eco p astoril alcanza
aún a escu ch arse en la saga del San tos Luzardo do G allegos o el R olain de Fauconm er.
y ahora v ien e e ste bello relato de Carmen K.
L de G ándara a probar su p resen cia en el
e stilo de vida de un argen tino de ciudad, do­
m inado técn icam en te por los
¿u r¿ “¡
nos pero en quien su b yace la aptitud dU
esta n ciero , del criollo atenid o a su pam pa. U na
fá b u la p ercep tib lem en te r o m á n tic a — e l mensa
jo póstum o de un a abuela, que F elip e R eyna
lee en una tarde de la e s t a n c a — exp lica el
d esa ta rse de esa aptitud y el reconocim iento
de un deber v un d estin o m ás legítim os que la
ciega su m isió n a la “cu ltu ra cromad^ donde
F e lip e hab ía querido ordenar su existen cia
El relato ex ced e felizm en te la lim ita ció n do
e sta anécdota (alu do a la lim ita ció n de su
a p lica b ilid a d en nu estro m edio, de su resonanc ;a d o cen te) y tien d e un fin o ram aje poético
drmdo quedan apresad os lo s valores m ás s u ti­
le s de la h isto ria , los in sta n te s y los sonidos,
la s arboledas y la s lagun as. E s por esa f.jación do va lo res que Carmen R . L. de Gándara
da a e ste cuento un horizonte que no e n cu en tio
en la situ a c ió n en sí — válid a a lo sum o como
reso lu ció n person al de una conducta ar„en
tin a — , v agrega un perdurable exam en de
n u estro ¿ a isa jo físic o y moral. I-as PÓK'nas de
la abuela son un bello poem a de so st-m d a
gracia, que la autora nos alcanza para d esm en­
tir con lo s hechos, la dura afirm ación de su
p r o ta g o n ista : “Cuando un p aís no tien e lite ­
ratura que refle je su vid a no es un país, sino
un conju nto do m ojones hum anos. I Cómo 'O y
a saber yo qué g e n te vive en e sa s casas si
no mo lo ha dicho nin guna n o v e l a . . . !
Para d ecirn o s esto han creado su obra Guira ld es Arlt. E duardo M allea y Juan Goyan a rte; la autora de La H ab itad a prueba boy
sus títu lo s para sum arse a ellos.
J. C.

SUS

LIBROS

I M P R E N T A

en c o n ju n c ió n m a r a v illo s a

por Leopoldo Lugones.
Con treinta dibujos de Amilcar Mendo­
za. Ediciones Centurión, Buenos Aires.
304 pgs. a la rústica. $ 4.50 m/arg.

L a guerra g a u c h a ,

H acía falta una edición a bajo precio del
libro do L ugones, para llevar a m ú ltiples m a­
nos una obra que tan plenam en te refleja una
época de nu estra literatu ra, con lo m ejor de
su am bición y tal vez de su lím ite. Los relatos
quo se agolpan precipitad os y ardientes para
co n stitu ir la h istoria y la m itología de la
m ontonera de G üem es en lucha con los rea­
lista s. nacen en su m ayoría del clim a e sp iri­
tual quo determ inara las obras m enos durade­
ras de L ugones: saturación, exceso, confu sión ,
caos form al a veces insalvable. Pero el talento
del poeta inclu ía esas tend en cias como parte
m otora de su creación, y asom bra advertir la
b elleza con que en muchos relatos se saca par­
tido de ellos, se los exacerba y extrem a h asta
lograr del idiom a un sinfon ism o que trasciende
su tem a: cierto que perjudicándolo por contra­
golpes, creando un sen sib le d eseq uilib rio entro
la seca, casi ascética guerra gaucha, y el ab i­
garram iento desm esurado del lenguaje que la
cuenta.
M ucho do esto libro ha envejecido, porque
careco de la econom ía y la verdad interior que
sostien en , por ejem plo, la herm osura livian a
de E l libro de lo s p aisajes. E sp ecie de an tolo­
gía de lo peor y lo mejor de Leopoldo L ugo­
nes. digam os de lo últim o que relatos como
Al rastro. Jarana, B a ile y V ivac sign ifica n , en
el m om ento en que se escribieron, postulación
do lo que podría ser una literatu ra sudam eri­
cana, seco toque de atención después de los
alertas de Facundo y M artín Fierro. Que ese
toque ha sido escuchado, lo prueba el cam ino
que viene desde 1 9 0 5 ; y tam bién, en gran
medida, quo L ugones no se asim iló ni fu é a s i­
m ilado dentro de la corriente esp iritual que
parece ya d efin irse en la A rgentina. T odavía
lo vem os como un enorme árbol aislado en
plena llanura, do donde salen alternadam ente
los pájaros y los huracanes. La Guerra Gaucha
tiene, como todo lo suyo, ese confu so resonar
de cosa cósm ica, de aguas aún no sep arad as;
y es al mismo tiem po — con otra paradoja
lugon iana— esfuerzo de artesano por henchir
el idioma, qu itarle la tend en cia a la pérdida
do voces y giros, agregar nuevos tubos al ó r­
gano de los him nos.
U na loable tarea editorial nos alcanza este
nunca olvidado libro, en un volum en de pulcra
y cuidadosa p resen tación .
J. 0 .

L O P E Z

r e a liz a n el m ila g ro d e p r o d u ­
c ir las m ás b e llas y c u id a d a s
ed icio n es, t a n t o d e lu jo com o
p o p u la re s , a p recio s c o n v e ­
n ie n te s , p u e s su e sp e c ia liz a ció n le p e rm ite d a r c a lid a d
sin a u m e n ta r el costo.

IMPRENTA LOPEZ
A l Ser v i c i o del L i b r o
P E R U

6 6 6

B U E N O S A IR E S

�cabalgata

14

M.

Buenos Aires tiene
un público l ect or
que sigue al autor

A rturo C apdevila es u n hom bre que
y a tie n e ganado en nu estras letras
n acion ales un pu esto de jerarquía
m erced a su veteran a labor, que abar­
ca desd e la poesía, e l ensayo, la
novela, h a sta su activid ad como rector
de esp íritu s ju ven iles en e l p rofeso­
rado y como integrante de la A ca­
dem ia de la L engua. “M elpóm ene” ,
"Sim bad”, “Córdoba del recuerdo” ,
y su reciente novela “A rbaces, m aes­
tro de amor” , se cuentan entre sus
producciones de enjundia, a los que
agrega “A dvenim ien to” .

• Recomenzando su labor literaria.
• La vida de San Martín para los
niños.

H abla p ara C A B A LG A T A

ARTURO

CAPDEVILA

José Enrique Rodó en “ Motivos

de Proteo” —nos va narrando Arturo
CCapdevila,
en su silenciosa residencia de
uenta

la calle Juncal y Canning— que la incli­
nación del ser humano so asemeja a bar­
cas que, raudas, pueden desaparecer de
nuestra vista y tocar innumerables puer­
tos; pero, tarde o temprano, volveríin a
aparecer ante nuestros ojos atraídos por al­
guna ola movediza. Eso se da en mi vida.
Inquietos por conocer el porqué de la
parábola traída a cuento, interrogamos al
conocido poeta acerca de la cita.
—Es que estoy viviendo una renovación
en mi obra. Casi niño, a los catorce años
de edad, liabia escrito una novela, e ima­
gínese la burla de mis mayores al cono­
cer el hecho, lo que motivó su posterior
destrucción, al par que durante años no leí
una novela, a causa de un verdadero trau­
ma moral.
— Tal vez debió ser usted novelista, Cap­
devila.
—En realidad, sí. Al retornar en mi ser
aquella primitiva inclinación de novelista,
he recomenzado mi labor literaria entusias­
mado con la creación de novelas, siendo así
como en 1946 publiqué “ Arbaces, maestro
de amor ’ ’ y ahora doy mi segunda novela,
editada por Losada, titulada “ Adveni­
miento ’ ’.
—¿Puede decirnos algo sobre ella?
—Lleva como subtítulo “ Novela de teó­
sofos, de iluminados, de amigos de Dios” ,
desarrollándose en Chile, en los tiempos
actuales, y evidenciando la inquietud re­
ligiosa de nuestros tiempos. Todo el asunto
está estructurado en base a apuntes toma­
dos durante un viaje al país hermano, don­
de comienza la acción, para luego finalizar
en Buenos Aires en oportunidad del último
Congreso Eucarístico.

—¿Qué experiencias ha recogido en esta
nueva etapa novelística?
—En primer término, entiendo que la
novela debe abarcar un gran asunto, como
el amor —no tomado como una simple
historia— o una inquietud espiritual, como
la inquietud religiosa que abordo en “ Ad­
venimiento ’ ’.
—¿Qué otras actividades ensaya actual­
mente ?
—La novela para los niños. Creo que no
se ha escrito la novela dedicada al niño, y
por ello he redactado la vida del Gran
Capitán, comenzando con la de Remedios

EL GRECO
“ San Jerónimo” . (35 x 31 cm.) $ 35.—

de Escalada, su compañera, a los que
agregaré “ La infanta mendocina” , “ El
niño poeta ” , y “ El abuelo inmortal ’ ’. Mi
fervor por el prócer me ha empujado a
divulgar su vida —él, que fué maestro de
su hija—, pues aspiro a que haya tantas
infantas como sea posible. ..
— ¿Acerca de su labor poética?, pues
creemos que no la abandonará ahora que
es novelista...
— En absoluto. La editorial Kraft edi­
tará, entrado el año 1948, un volumen mío
titulado “ El libro del bosque” (versos de
meditación), ilustrado por el artista Alfre­
do Guido.
— ¿Tiene usted alguna experiencia del
contacto de su obra con el lector?
—Cómo no. Al publicarse mi primera
novela, “ Arbaces, maestro de amor” , mu­
chas lectoras creyeron que yo debía ser un
nuevo Arbaces y me planteaban en nume­
rosa correspondencia sus ilimitados proble­
mas de amor para que yo les diera solu­
ción. Ello significa que hay un público
lector que se nutre de nuestras obras y une
en su mente a los personajes por nosotros
imaginados, con el autor mismo.. .
—¿Entonces, usted cree que Buenos Ai­
res ya cuenta con un público lector?
—No hay duda. Y aun más. Puedo afir­
marle que, a más de contar nuestra ciudad
con un público lector firme, existe un pú­
blico que lee y sigue toda la producción
creadora de un escritor.
— ¿Busca usted sus temas en la realidad
0 en la ficción?
—Indiferentemente, según lo exija mi
labor, aun cuando gusto del apunte direc­
to. Como una prueba al canto, le he ha­
blado ya de “ Arbaces, maestro de amor ’ ’,
cuyos motivos los he captado directamente
en Chile.
— ¿Puede usted referirnos alguna otra
novedad de su actividad literaria?
— Si le parece, puede usted ir anotando
esta novedad editorial. Estoy ante el hecho
de que, simultáneamente, dos editoriales
argentinas ponen a la venta una obra mía.
Una de ellas es Losada, y la otra, el
1‘ Círculo Literario ’ ’, siendo el primer en­
sayo de este tipo que se realiza en Buenos
Aires.
—Efectivamente; no teníamos noticias
de algún precedente en el género.
—Asi es. Pero en los Estados Unidos
de Norte América es corriente, aun cuando
les aclaro que el “ Circulo Literario” sólo
venderá a los suscritores, en tanto la

FRANCISCO DE GOTA
“ Don, Manuel Osorio de Zuñiga” . (35x31) $ 35.—

venta de Losada será en librerías.
Mientras esta última novedad pone fin
a nuestra misión, que nos llevara a rom­
per la intimidad del poeta de “ Córdoba
del recuerdo” , ñus levanta el ánimo el
hecho feliz de que un escritor argentino
logrado, como lo es Arturo Capdevila, recomienco su carrera buscando hallarse en
otro aspecto técnico: en este caso particu­
lar, la novela, constituyéndose en un ali­
ciente para la juventud dedicada a la
creación.
O. II.
( Viene de la pág. 12)
en el segundo piso, justamente en el piano
del capitán que estaba interpretando “ Ja­
da” . Ha sido un ruido de infierno. El
piano destruido, pero, lo más desagradable
es que el capitán no tenía nada, en todo
caso, nada suficiente para impedirle gol­
pear de firme. Por fortuna, en seguida
ha llegado un 88 a la misma habitación.
El capitán no ha pensado que el enemigo
se orientó por el humo y me ha dado las
gracias dieiéndome que le había salvado
la vida al obligarlo a bajar; para mí, el
asunto no tenía el menor interés después
de haberme roto dos dientes; además por­
que todas sus botellas estaban sobre el
piano.
Estamos cada vez más cercados, nos caen
cosas encima sin parar. Felizmente el
tiempo comienza a despejar: no llueve
más que nueve horas de cada doce y de
aquí a un mes podemos contar con refuer­
zos por avión. Nos quedan tres días de
víveres.
V II
Los aviones comienzan a lanzarnos bul­
tos con paracaídas. He sufrido una decep­
ción al abrir el primero; había adentro
un montón de medicamentos. Se los he
cambiado al doctor por dos barras de
chocolate con nuez, del bueno, no de esa
porquería de raciones, y una media botella
de coñac, pero se ha cobrado arreglán­
dome el pie reventado. He tenido que de­
volverle el coñac porque sino a la hora
actual sólo tendria un pie. Nuevamente
roncan por ahí arriba; hay una pequeña
escampada y envían más paracaídas, pero
esta vez parece que son tipos.
VIII
Eran tipos, sin duda. Hay dos de ellos
muy divertidos. Parece que han ocupado

GIOVANNI BATTISTA TIEPOLO
“ La Madona del jilguero” . (36 x 31 cm.) $ 35.—

todo el trayecto en hacerse llaves de juc
darse sopapos y a darse patadas. Saltar
del aparató al mismo tiempo e inclu. •
intentaron cortarse las cuerdas de sus
paracaídas con cuchillos. Desgraciadamente
el viento los ha separado y entonces se
han visto obligados a continuar la disputa
( Continúa en la pág. ló)

PABLO CURATELLA MANES,
escultor y diplom ático, aban­
d o n a París
( Viene de la pág. 9)
de em bajada en P arís. Y he aquí que acaba
de ser nom brado cón su l general de la Argén
tina en Oslo.
En el m om ento en que Pablo C. Mane3
abandona P a rís por N oruega, tengo que olvi
dar los servicios que ha rendido a las reía
ciones cultu rales entre argen tinos y franceses
y la sólid a y sincera am istad que e ste hombre
encantador, fin o y culto, ha sabido inspirar.
Quiero ocuparm e sólo de su obra esculpida
que desde su establecim iento en P arís no ha
dejado de p rosegu ir como un a rtista auténtico
La obra de Pablo C. M anes se divide entre
dos tend en cias fundam entales que se desarro­
llan paralelam ente: de una parte, los efectoi
de m asa pesada y recogida: por otra parte,
una esp ecie de conquieta del espacio aéreo
En la prim era, las- form as se apoyan con todo
su peso sobre el suelo. En. la segunda, se ele
van y juegan con los vacíos, que ellas circuns­
criben y a las cuales confieren significaciónplásticas.
M anes se abstiene de m ezclar estas dconcepciones de la escultura. R esponden a d a
polos esen ciales de su tem peram ento. Se agr.i
pan, sin embargo, en las obras por carácter *
com unes: una m usculatura, vigorosa sin ev
ceso y siem pre monum ental, una potenQia cc
cisa pero d esp rovista de ascetism o, una ci
lidad desdeñosa de las soluciones fáciles.
En la gran querella de la abstracción y
la figu ración , M anes no ha tomado ningu •.«
p osición exclusiva. Su escultura “aérea” le
d ispon e a la abstracción . Su escultura “pesa­
da” a la figu ración pero una figu ración tra­
tada como un medio de m anifestar, con to-ia
la lib ertad deseada, el juego soberano de las
fu erzas p lásticas.
E xcesivam ente m odesto, y no teniendo otra
am bición artística que perfeccionar su ob.s,
M anes no ha querido nunca m ás que exponer
en algunos salones y, en últim o lugar, en los
Independien tes. H á llegado el momento de que
una exp osición p articular le conceda el puesto
a que tiene derecho y que tod avía no se sos­
pecha. Será una revelación.

AMEDEO MODIGLIANI
“ Busto de mujer joven” . (35 x 32 cm.) $ 35.—

SU ME J OR REGALO
MERCURIILS,

LIBRERIA POSTAL
envía, libres de porte, contrarreembolso, a cualquier lugar
del país, las láminas que aquí se reproducen, con sus respec­
tivos marcos.
MERCURIUS, LIBRERIA POSTAL
le remitirá a vuelta de correo, contrarreembolso, libres de
porte, los libros anunciados en este número de C abalgata,
o pertenecientes al Catálogo de las respectivas casas editoras.
MERCURIUS, LIBRERIA POSTAL
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L a m edida y el precio incluyen
e l marco de fin a m oldura, de
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DIEGO VELAZQUEZ
“ La In fanta Margarita” . (35 x 31 cm.) $ 35.-

11- jfc»—

buen

libro

Buenos Aires
PABLO PICASSO

VINCENT VAN GOGH

�cabalgata
rico en contenid o y en in cita cio n es fecund as
o in sp ira d a s; D ilth ey es una v ie ja adm iración
m ía y creo hab er sido de los prim eros en
d ifu n d irlo en n u estro idiom a, pu es lo he ex ­
p u esto d esd e 1 9 2 8 en cu rsos, con feren cias y
a rtícu lo s. Otros e n sa yos del libro estu d ian a
T heodor L essin g como crítico del O ccidente,
y a Som bart, e l in sig n e h istoriad or del capi­
ta lism o , en un aspecto suyo m uy desconocido,
com o autor do una in terp retación com pleta y
s istem á tic a del hom bre, obra pu blicada poco
a n tes de su m uerte. E l ensayo “H ip ó te sis so­
bro la s cu ltu ra s” en tra en e l marco de la
faen a que ahora me ocupa más, y que espero
dé pronto como resultado un lib ro sobre la
ín d o le de la cu ltu ra occid en tal, sus rasgos d i­
fe r en cia les fr en te a las dem ás cultu ras, su
a ctu a l trastorno y su p revisib le d estin o. Los

San
F r a n c is c o d e Asís

PALMAS
las más bellas palabras del
Poverello, reunidas en una
primorosa edición por Ro­
mán Viñoly Bárrelo. Ilus­
traciones a todo color de
Amalia N ieto........$ 17..

En las principales Librerías

Dice el autor de

‘El S e ñ o r C i s n e ’
A esta altu ra de la vida, como d iría el
"P adre Orozco” , nno ya no cree en los elogios
de lo s am igos. Pero en cam bio, cree en los
lectores. “E l Señor C isne” tie n e un os cuantos
lectores, esos lectores anónim os, desconocidos,
con los que sueñan los verdaderos escritores.
Y con fieso que para mí, no h a y prem io, ni
fa ja de N eruda, que me brinde m ayor sa tis­
facción .
¿M e gu stan lo s cuentos de “E l Señor Cis­
ne"? Alguno que otro: “La C abalgata” , por
ejem plo. O “ Canto de Amor” . L os demás p o­
drían hab erse mejorado b astan te. E n la pró­
xim a encarn ación serem os m ás cuidadosos.

/;

Distribuye
O lí t ll l

( Viene d-e la pág. 14)
a tiros. Rara vez he visto tan buenos ti­
radores. En este momento vamos a ente­
rrarlos porque han caído de un poco alto.
IX
Ya no estamos cercados. Nuestros tan­
ques han vuelto y los otros no han aguan­
tado la tarascada. Yo no he podido batirme
seriamente a eausa de mi pie pero he
animado a los compañeros. Era muy exci­
tante. Desde la ventana lo veía todo muy
bien y los paracaidistas llegados ayer se
desenvolvían como diablos. Ahora tengo
un echarpe de seda de paracaídas, amarillo
y verde sobre fondo marrón que hace
juego con el color de mi barba pero, ma­
ñana, voy a afeitarme por el permiso de
convalecencia. Estaba tan excitado que
le he tirado un ladrillo a la cabeza a
.Tohnny porque erró el tiro contra un tipo
y actualmente tengo dos dientes de menos.
Esta guerra es catastrófica para los dien­
tes.
X

k.

Soc. Resp. Ltd.i.
Cap. $ 400.000
EDICIONES HISPANOAMERICANAS
BOLIVAR 2 6 0 - T. A. 3 3 -9 0 7 9
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PARTITURAS DE BOLSILLO
MÚSICA ARGENTINA
LIBROS DE MÚSICA
'1 Corrientes 1681

T.A. 35-0541

EL A U T O R
frente a su obra
Dice el autor de

Filósofos y Problemas’
Sin ponermo a ello de in ten to , e l volum en
Filósofos y problem as ha r esu lta d o u n a esp ecie
le muestrario o ín d ice de m is p reo cu p a cio n es
¡éntrales, aunque no to d a s. E l tra b a jo sobre
Farona,.notable filó so fo de Ib ero a m érica y uno
le los patriarcas de n u e str a com ún cultu ra,
econoce como in cen tiv o m i a p a sio n a d a curioidad por el p en sa m ien to am ericano, uno de
nyos fundadores fué ese ilu str e hijo de Cuba.
, 3n las páginas co n sa g ra d a s a D ilth e y hago la
ecapitulacíón de a lg u n o s de lo s p u n to s de v is1 a esenciales de un filó s o fo que e s para mí,
ntre todos lo s con tem p orán eos, a caso e l m ás

dos tra b a jo s fin a le s encaran cu estio n es a tin en ­
te s al problem a — in excu sab le en n u estros
d ía s— de la s r ela cion es entre e l pensam iento
filo só fic o y la vid a.
A unque d irijo la “B ib lio tec a F ilo só fic a ” de
la E d ito ria l L osad a, he preferido que e ste libro
no v a y a en ella , sino — como otro anterior,
F ilo so fía de la person a— en la “ C olección
C ontem poránea” , d estin a d a a m ás ancho círcu­
lo do le y e n te s. H a sido a sí porque creo que
h a y un va sto , un p a lp ita n te in ter é s por la
filo so fía , y con vien e acercarle m aterial para la
in fo rm a ció n y la m ed itación , pu blicando en las
se r ie s que fr e cu en ta todo lector culto y quo
so encuentran en to d a s partes, y no sólo en
la s co leccio n es cuyo títu lo parece de antem ano
en d ereza rla s a lo s e sp e c ia lista s y a lo s lectores
do form ación e stric ta o de vocación m uy p ola­
rizada. L os e n sa y o s recogid os en e ste volum en
p reten d en ser a c ce sib le s a to d a p erson a con
g u sto por la s id e a s y a todo e l que se sien ta
atraíd o por aqu ellos problem as contem poráneos
quo, aunque p lan tead os en e l terreno filo só fico ,
su elen desem bocar en la v id a, porque atañen
m uchas v eces a la com prensión d e l hom bre y
a la d isc u sió n de un a cu ltu ra cu ya actu al con­
m oción n o s preocupa a tod os. P recisam en te el
punto de p a rtid a para la s d elib eracion es en
u n a r eu n ió n de filó so fo s convocada hace poco
por la TJnesco, y a la que tu ve el honor de
ser in v ita d o , era la com probación de que en
e sta c r isis, m ucho m ás que en cualqu iera otra
a nterior, son m uchos lo s que con scien tem en te
la abarcan, r eflex io n an sobre ella y se in terro­
gan con a n g u stia por e l porvenir. E n esta con­
v ic c ió n se in serta n y articu lan la s m ed itacio­
n e s sobre la c o n ex ió n entre e l pensam iento
te ó r ic o y la v id a e fe c tiv a que exam inan dos
tra b a jo s del libro, el uno en térm in os m uy gen e­
ra les, el otro analizan do las r elacion es entre
la teo ría filo s ó fic a y c ie n tífic a y el program a
p o lític o del nazism o, d esd e un punto de v ista
que me parece m an tener su actualidad.
FR A N C ISC O ROMERO

S í, señor. S í, señora. S eguiré escribiendo
cu en tos tod a m i v id a. C uentos fa n tá stic o s, en
cierto modo. Con fan tasm as, por supuesto. Con
jardin eros, con perros peludos que hablan y
sen ten cian sobre la vida.
H e term inado un nu evo lib ro. M ás raro que
é ste tod avía. P en sab a publicarlo en seguida.
Lo p ostergo para el año que vien e. ¡O h! ¡No
es de cu en tos! E s un solo cuento disparatado.
L as m áxim as am biciones de m i vid a: vivir
sin trabajar; pu blicar cuentos en EE. U U . y
que me paguen 100 dólares por colaboración.
T en er un invernáculo con 100 p lan tas de or­
qu ídeas. T ener una casa a 2 00 k ilóm etros de
B uenos A ires. Y que Lautaro sig a publicando
m is lib ros. T odas esta s am biciones han flore­
cido con “E l Señor C isne” .
E l peor enem igo de m is lib ros: m i hum oris­
mo. No puedo escrib ir sin hacerm e ch istes. No
puedo tom arm e m i literatu ra en serio. ¿M i li­
teratura? ¡M i vid a! ¡N o puedo tom ar nada de­
m asiado en serio!
M e g u sta la alegría. Y me g u sta la tr iste z a
do la gen te alegre. Q uisiera escrib ir cuentos
a legres que hagan llorar. E s d if íc il. . .
A yer el vien to volteó un aromo de m i jar­
dín. E scrib i un cuento. M añana vendrá un
com pañero para hablar de las cosas de m i
partid o. E scrib iré otro cuento. P asado m añana
me acordaré de una an tigu a novia. Y escribiré
otro cuento. E n d e fin itiv a : vivo en fu n ción de
cuento. Y a no es un p lacer n i una postura. E s
un a m an era de vivir.
U na cosa que extrañ o: la s cartas de los le c ­
to r e s. ¿P or qué, en e ste país, no escriben los
le c to r es? ¡S er ía tan lin do publicar un libro y
recib ir cien c artas! U no podría, enton ces, in ­
ven tarse un estilo ep istolar. Y ten er corres­
p on dencia fichad a.
N o se m e ocurre nada m ás, nin gún ch iste,
n in gu n a frase. M e v o y a pasear en m i m oto­
cic leta . ¡P u m , pum , ratapum ! ¡P U M , PU M !
E N R IQ U E W E R N IC K E

La costumbre embota las emociones. He
dicho esto a Iluguette —ellas tienen nom­
bres así— bailando en el Centro de la
Cruz Roja, y ella ha respondido: “ Vd. es
un héroe” , pero no he tenido el tiempo
de buscar una respuesta fina porque Mae
me ha dado un golpecito en la espalda y
entonces he debido dejar a mi pareja.
Las otras hablaban mal y esta orquesta
tocaba muy deprisa. Mi pie me molesta
todavía un poco, pero en quince días se
acabó, vuelvo a marchar al frente. He caí­
do sobre una chica compatriota; pero la
tela del uniforme es muy gruesa y «so
embota también las emociones. Hay mu­
chas chicas aquí, ellas comprenden de to­
dos modos lo que uno les dice; eso me
ha hecho ponerme colorado; pero no hay
mucho que hacer con ellas. He salido y
me he relacionado con otras, no del mismo
género, más comprensivas, pero son qui­
nientos francos como mínimo, y eso porque
soy un herido. Es curioso, éstas tienen
el acento alemán.
Después he perdido a Mae y he bebido
mucho coñac. Esta mañana tengo un horri­
ble dolor de cabeza en el lugar en donde
me ha golpeado el M. P.* No tengo ya
un centavo porque al final he comprado
cigarrillos franceses a un oficial in glés...
Acabo de tirarlos, os un caso repugnante,
el oficial ha hecho bien en deshacerse de
ellos.
XI
Cuando uno sale de los almacenes de
la Cruz Roja con un cartón para meter
los cigarrillos, el jabón, los dulces y los
diarios hay ojos que os siguen en las ca­
lles y no comprendo por qué, ya que ellos
venden sin duda su coñac bastante caro
como para poder comprar también estas
coses y sus mujeres no son regaladas tam­
* P o licía
ricano.

M ilitar

del

ejército

norteam e­

LES ÉDITIONS

MEDITERRANÉENNES
New York

Juan-les-Pins

presentan

AUDUBON
F ils

PT

de

F rance

d’A mérique

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«DON

QUIJOTE”

Arenales 1198 - T. A. 44-0707
poco. Mi pie está casi curado. No creo
que permanezca mucho tiempo aquí. He
vendido los cigarrillos para poder salir un
poco y en seguida he tratado de mangar
a Mac, pero Mac no suelta nada así como
así. Comienzo a aburrirme. Esta tarde voy
al oine 'con Jacqueline, con la que me en­
contró ayer en el club, pero creo que no
es inteligente porque me quita la mano
cada vez y no se mueve nada al bailar.
Estos soldados de aquí me horripilan, son
excesivamente desaliñados y no hay do*
que lleven el mismo uniforme. En fin, no
hay nada que hacer sino esperar a esta
noche.
X II
De nuevo aquí. De cualquier forma uno
se aburría menos en la ciudad. Se avanza
muy lentamente. Cada vez que se ha ter­
minado la preparación de artillería, se en­
vía una patrulla, y cada vez, uno de los
tipos de la patrulla vuelve estropeado por
algún tirador aislado. Entonces vuelve a
comenzar la preparación de artillería, ss
envía a los aviones, lo arrasan todo, y dos
minutos después los tiradores aislados
vuelven a tirar. En este momento regresan
(Continúa en pág. 16)

k

Cuatro Obras Geniales de Leopoldo Lugones
e&gt;

publicadas por ED ICIO N ES C E N TU R IO N
LA G U E R R A
GAUCHA
Estas páginas exaltan el valor, el sa­
crificio y el ingenio de los heroicos
gauchos de Giiemes, que defendieron
con ardimiento las fronteras de Salta,
en un momento sombrío de nuestra
historia.
Sus relatos, por la variedad de los
asuntos y la nobleza del estilo, son
bellos e instructivos. Su lectura de­
leita la imaginación y vigoriza el
sentimiento del amor a la patria.
Con treinta dibujos en color.
Edición* en papel pluma . . $ 4 . 5 0
Edición en papel offset . . . $ 6 . 5 0

FIL0S0FÍCU LA

EF P A Y A D O R

Ya está visto Lugones como talento
polígrafo: historiador, poeta y edu­
cador. Descuella en todas esas disci­
plinas. Su F ilo so fíc u la , resulta un
conjunto de sentencias que definen,
una vez más, al genio creador.

Fundamentación crítica del valor li­
terario y representativo del M artín
F ierro . Analiza el suelo, la raza y el
arte gauchescos.
Edición en gran formato impresa a
dos colores, con 54 ilustraciones g ra n ­
des por Alberto A. Güiraldes y 21
ejemplos musicales completos.

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d ib u jo s o r ig in a le s de
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pluma, ejemplares señala­
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señalada del 001 al 800 .. $ 7 .—

Los ejemplares señalados
del 201 al 3100, el ejem­
plar ................................. $ 2 5.—■
Los ejemplares señalados
del 51 al 200, el ejemplar $ 5 0 .—
Los ejemplares señalados
del VI al L, con un di­
bujo original, el ejemplar $ 150.—
Formato: 18 x g8 ctms.

LAS MONTAÑAS
DEL ORO
ps la primera obra de Lugones. Extra­
ordinario conjunto de poemas.
Conmovió el pacífico ambiente de
aquel Buenos Aires de fines del siglo
/pasado.
Fué una obra que abrió horizontes
nuevos a las generaciones de enton­
ces. Sus páginas concretaron la in­
mensa labor renovadora cuyo sentido
preocupó al mundo literario de aque­
llos años.
Edición muy cuidada, papel
offset (18 x 28 ctms.) . . $

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�16

cabalgata

(Viene de la pág. 15)
los aviones; cuento setenta y dos. No »ott
aviones muy p-andes, pero el poblado ei
pequeño. Desdo aquí se ve caer a las bom­
bas en espiral lo que provoca un ruido algo
sordo con hermosas columnas de polvo. Se
va a reanudar el ataque, pero antes hay
que enviar una patrulla. Estoy de vena, me
toca ir. Hay, aproximadamente, un kiló­
metro y medio a recorrer y a mi no me
gusta caminar tanto, pero ere esta guerra
jamás se nos deja elegir nada. Nos ocul­
tamos detrás de los cascajos de las pri­
meras casas y creo que de un extremo al
otro del pueblo no ha quedado una sola
en pie. Tampoco parece que hayan que­
dado muchos habitantes y los que vemos
presentan un oxtrafio rostro, aquellos que
han logrado conservarlo. Pero deberían
comprender que no podemos arriesgar el
perder nuestros hombres por salvarles sus
casas. La mayor parte soir casas viejas
sin ningún interós. Y además, es el único
medio para ellos de deshacerse de los
otros. Esto, por supuesto, ellos lo com­
prenden en general, aunque algunos pien­
san quo no es el único procedimiento.
Despuós de todo, esto es cosa suya y ellos
sentían quizá apego por sus casas, pero
ahora sentirán menc-s apego hacia ellas
visto el estado en que se encuentran.
Continúo mi patrulla. Sigo siendo el
último, es más prudente, y el primero
acaba de caer en el agujero de una bomba
lleno de agua. Ha salido con el casco
choüeando agua y también con un pez
gordo, un tipo todo aturdido. En el ca­
mino de regreso Mac le ha errseñado a
ser amable; no le gusta al tipo el chewing
gum.
X III

Siempre los mi„ . a pueblos completamente
destruirlos, lo . ;al desanima. Hemos en­
contrado una r ;ío completamente nueva
Están probándola, pero no sé realmente
si so puede sub:-n¡ &gt;ir una lámpara por un
pedazo do bujía ' -reo quo s í: oigo toc„
el “ Chattanoog
bailé con Jacqu.
bne un poco antes •!.
riir de allí. Piense
quo voy a contesta: ;; ;. o tiempo. Aho­
ra, tocan 1¡ S o
J enes ’ También me
gusta esta inésh-: y quisió
biese terminado para jifaie
corbata civil a :'nvas azul® y nariüas
XIV
En marcha otra vez. Nuevamente esta­
mos muy cerca del frente y los proyecti­
les de artillería caen de nuevo. Llueve, pero
no hace mucho frío. Vamos a bajar par',
continuar a pie.
Parece que se comienza a presentir el
final. Yo no sé los demás qué piensan pero
yo quisiera intentar librarme con la ma
yor comodidad posible. Hay todavía riu
cones en donde se pegan duro. Es imposi­
ble prever como va a ser la cuestión ests
que comenzamos ahora. Dentro de quine,
días tendré otro permiso y le he dicho
Jacqueline que me espere. Tal vez m
equivoque al hacer esto, no hay que d
jarse atrapar.
XV
Sigo de pie sobro la mina. Habíamepartido esta mañana en patrulla y yo
marchaba el último, como de costumbre;
han pasado todos por el lado, pero yo ho
sentido el clic de la mina bajo mi pie y
me he parado en seco. He arrojado a los
otros lo que tenía en los bolsillos y les lu
dicho que continúen. Estoy solo. Debería
esperar a que vuelvan, pero les he dichoque no vuelvan, y podría intentar echarme
boca abajo, pero me horroriza la idea de
vivir sin piernas. No me he quedado más
que con el carnet y el lápiz. Voy a echarlos
antes de cambiar de pierna, y es absolu­
tamente necesario que lo haga porque ya
estoy harto de guerra y porque me sube-,
hormigas por la pierna.

\ abe de recibir una carta de Jacque
line; eha ha debido confiarla a otro tipo
para echarla al correo, pues estaba metida
en uno de nuestros sobres. Verdaderamen
te, es una chica rara; pero probablemente
todas las muchachas tienen ideas poco or­
dinarias. Hemos retrocedido un poco desde
ayer, pero mañana avanzaremos de nuevo.

N orah B orges. E l concierto (Homenaje a BachL Óleo, 1944.
ya no pocos años —hablo de
1930— escribí algo así como un
ensayo acerca de la pintura de Norali Borges de Torre. Traté de ex­
plicar entonces las razones de mi
devoción por su obra. La artista,
desde aquella época, lia trabajado
largamente y casi me atrevería a
decir que es mucho lo que se ha
enriquecido su arte en lo que po­
dríamos llamar sus aspectos técni­
cos, los recursos de su instrumental
expresivo. Sus últimas exposiciones
D de este año de 1947 sobra
i
- permiten advertir la presen­
cia de un proceso regular de su ca­
pacidad plástica comunicativa. La
gracia de su linea se hace cada vez
más dúctil, más eneantadoramentc
reveladora de las formas, su com­
posición acentúa ese sentido suyo
innato de la armonía musical con
que agrupa los elementos de sus
cuadros, su color adquiere mayor
intensidad, su empaste camina ha­
cia suntuosidades en que no claudi­
ca esa delicadeza que está en la
substancia de su espiritualidad.
Pero, haciendo abstracción de estas
particularidades cuya importancia,
no desconozco, la verdad es que
poco podría agregar a lo que en
aquella oportunidad afirmé. La obra
actual de Norah Borges de Torre
nada agrega, substancialmente, al
mensaje que está empeñada en co­
municarnos la artista desde enton­
ces. Y sea dicho esto no a título de
reproche sino en son de elogio suyo.
Cuando abrió los ojos a la realidad
del arte lo hizo, evidentemente, bajo
la premiosa urgencia de decirnos
algo, un algo que balbuceó en sus
primeros dibujos, en sus grabados
iniciales y que no ha terminado
aún de contarnos. Como el sereno
pulso de una sangre que late sin
sobresaltos bajo la piel transparente
de su pintura, ese algo fluye sin
intermitencias ni prisas comunicán­
dole ese encanto poético que deter­
mina- el puro perfil artístico y hu­
mano de sus realizaciones.
Yo confieso de manera categórica
que la pintura de Norah Borges de
Torre me conmueve. Necesitado de
utilizar símiles comunicativos de­
claro que la miro como quien escu­
cha un poema de tono menor o una
música leve de ámbito recoleto. Y
si considero mis reacciones frente
a sus cuadras y las contrasto con
la realidad artística que las suscita,
advierto, sin dificultades, la causa
de esas reacciones. Las formas y los
colores no son, en esta pintura, sino
el vocabulario de una realidad poé­
tica subyacente que pugna por ex­
teriorizarse. La simplicidad de sus
medios, una pura síntesis alusiva,
casi metafórica, de líneas, de formas
y de modelados sumarios, no es la
expresión de una precariedad exprea.c e

H

EL MUNDO POETICO
DE LA P E N T E R A

NORAH BORGES

de

DE

TORRE

Por C O RD O VA IT U R B U R V

siva sino el único idioma susceptible
de levantar hasta el mundo de una
realidad plástica la inasible realidad
de su particular mundo poético.
Hay una pintura cuyo sentido no
se advierte s i ' no se piensa en el
espíritu que anima la gracia y la
fuerza de las cosas. Hay una pin­
tara cuyo destino liberador reside
en la capacidad creadora, inventora,
del espíritu del hombre. Hay una
pintura que nombra los seres y las
cosas para crear con esas alusiones
sutiles el mundo donde el espíritu
descansa de sus búsquedas de la

paz, de la dicha y de la placidez
armoniosas. A esta pintura perte­
nece esta trartquila música que es
la obra de Norah Borges de Torre.
Desde que por primera vez su lápiz
se movió sobre el papel no ha hecho
otra cosa, en realidad, que dibujar
sus sueños. Hay algo de mediumnidad en estos dibujos, estos temples,
estas acuarelas, estos óleos. Se siente,
detrás de ellos, la presencia de una
inspirada de ojos transparentes
encerrada dentro de la torre de cris­
tales de sus inquietudes inexpresa­
bles para el idioma de todos los

días, de sus difusos anhelos de be­
lleza, de su armoniosa necesidad de
dicha.
Cuando se contempla las tablas
de ciertos prerrenacentistas italianos
o flamencos —una anunciación del
Beato Angélico o los ángeles o los
músicos cantores de Van Eyck— no
es posible eludir la emoción que
fluye de esa placidez de dichoso
ámbito sobrenatural, infinitamente
pacífico, que los envuelve. Hay una
pintura, evidentemente, que tras­
ciende de manera irresistible la su­
gestión de los sueños que la animan.

N orah B orges. El cuarto de música. Óleo, 1947.

REGISTRO d e
INTELECTUAL

p r o p ie d a d

N°

254426

I M P R E N T A
C HI L E
Pertí 565
Buenos Aires

i

Nadie pensará, espero, que cometo
la irreverencia de establecer analo­
gías con esos deliciosos maestros si
afirmo que el sentimiento de una
paz de expresión difícil, la paz de
un mundo plácido de atardecer, me
domina cuando miro estas serenan
estampas de Norah Borges de Torre.
Si he citado a esos maestros ha sido,
sólo, para aclarar la índole de mis
impresiones mediante una referencia
a impresiones que seguramente todo
el mundo ha experimentado.
Cierta vez, en una conversación
privada, Norah Borges de Torre
afirmó que ella no puede pintar
sino lo que ve. Es posible que este
afirmación parezca desconcertante
a más de una persona. Y desvincu­
lada de la verdad. Para mí es esclarecedora. Los ojos de los artistas no
son, afortunadamente, los ojos del
común de las gentes. Un artista no
es, como podrían muchos suponer,
el espejo de la realidad del mundo
sino exactamente lo contrario. En
trance de formular definiciones yo
aseguraría que, en rigor de verdad
el mundo exterior es el espejo de
la realidad del artista. El artista no
ve fuera de sí mismo sino su propia
realidad y a esto obedece la multi
plicidad infinita que el mundo ofre
ce a través de la infinita variedad
del arte. El artista, no es un pene­
trador v un descubridor de lo ex­
terno sino un descubridor y ni
penetrador de sí mismo. Y esto no
es poco decir. Sócrates hacía residir
la máxima sabiduría en el conoci
miento de uno mismo. Cuando No­
rah Borges de Torre pinta un pai
saje de infinita paz, de recogida,
íntima y comunicativa placidez, no
pinta sino el mundo de sus sueños,
esto es, su propio mundo. “ Estamos
hechos —exclama ITamlet— de la
madera de nuestros propios sue­
ños” . Y con esa madera, habría
que agregar, es con la que cons­
truimos nuestras obras.
El mundo de Norah Borges de
Torre es plácido, feliz y puro. Sus
ámbitos son transparentes y felices,
sus personajes son claros e inocen­
tes como niños o como adolescente'
desprevenidos. En su territorio e'
aire no se mueve. Una defensa d
pureza impenetrable defiende a esas
criaturas suyas en cuyos ojos y en
cuyas actitudes se advierte la dicha
de vivir en la suave nostalgia de la
patria celeste. Ese mundo, esa pía
cidez, esa pureza, esa dichosa y me­
lancólica nostalgia, es, en suma, el
mundo de sus sueños, el transpa­
rente mundo al que quiere condu
eirnos con la palabra de colores y
formas de su mensaje.
O
oS «
*3
®
o

franqueo

pagado

Conces-5n N? 3205

tarifa

reducida

Coao«BÍ6n N» 3799

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                <text>Cuneo, Dardo&#13;
Gómez de la Serna, Ramón&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Molins i Fábrega, R.&#13;
Stephane, Roger&#13;
Martí Ibañez, Félix&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Bock, Werner&#13;
Westerdhal, Eduado&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Wernicke, Enrique&#13;
Rogermarx, Claude&#13;
Barletta, Leónidas&#13;
Borges, Jorge Luis&#13;
Mahías, Claude J.&#13;
Cancela, Arturo&#13;
Capdevila, Arturo&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano </text>
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                    <text>�S cu lp tu re m on u m en tale en crcier et alum inium pour l'e n tré e d 'u n sta d e oly m piqu e (1952)

GORIN

ARTE

MADI

UNIVERSAL

N

e

Registro de la Propiedad Intelectual 1N" 2 3 E 5 2 5
Publicación de arte
esencialista

Trastean»
Cubierta
de Kosice

W e ^ a g tc a
Dirección y correspondencia:
Esperanza 41 - 2
Buenos Aires
Intercambio
Nous demandóos l'ecñcnge
We beg for exchacnge

OCTUBRE

1952

p ro ca a e sa a

ARGENTINA

�E

S

T

I

L

O

Y
CONCE PTO
UNIVERSALISTA
DE
MADI
Cuando nos propusimos con el estilo de madí dar un viraje total
hacia la esencialidad del arte no-representativo, estábamos basán­
donos en hechos históricos y no en trasfondos jerárquicos de lo
cultural.
Denunciamos a esa mezcla y confusión que promueven los "artis­
tas" anacrónicos de esta nuestra generación.
¿En qué medida el pintor, el poeta, el arquitecto, el escultor, el
músico madí encaran los problemas actuales del hacer estético?
En primer lugar los factores sociales, de tiempo y lugar, que acon­
dicionan las progresivas apariciones de un orden estético, el fa­
buloso mejoramiento de la técnica y la investigación, han llevado
a madí al descubrimiento de formas nuevas del hacer y el pensar.
Compulsando los diversos intentos de definición de las tendencias
últimas, los madí hemos llevado más allá del reconocimiento total
del hombre, con su medio y sus necesidades equivalentes a su
función y su utilidad, la formulación premonitoria, universalista, de
un estilo transformador, tanto en sus realizaciones como en su lineamiento teórico-conceptual.
En cuanto se da un estilo, en el caso de madí, que abarque todas
las disciplinas, es necesario que la utilización del lenguaje que se
transmite tienda a ampliarse y comunique totalmente su objetividad.
Estamos en este deslinde de los diversos órdenes de los valores
existentes, pues en puridad se trata de una consecuencia del desa­
rrollo científico humano que impone una nueva integración y otra
dicción que madí aporta para su mayor liberación.
Extremando conclusiones, nuestro concepto, que revoluciona hasta
el "acto" de crear, debe forzosamente cumplir un cometido, que no
debe inferirse a una actitud ante la circunstancia, sino a una reali­
dad universal coincidente en un estilo.
Decimos concepto como indagación científica del proceso creador,

�y decimos hombre como la culminación de una transformación que
no se detiene en él.
Sustraernos a este dictamen realista es restar eficacia a la es­
tructura ordenativa del objeto inventado, y que si no asume aún
de un modo concreto su valor de uso en todas las capas sociales,
es por un fenómeno colectivo de habituación, que todo el arte no
figurativo corrige en la medida que opone al sistema de copia y
coerción exterior, una visión relacionada en sí misma y no en su
parecido.
Fué necesario superar términos antinómicos que se dan en el mis­
mo grado que en el arte tradicional. Para determinar una propia
circunstancia estilística hubo que trascender el manido vocablo de
"esencia" y potenciarlo a una esencia estrictamente nuclear, coe­
tánea y denominadora de una insistencia de pureza y absoluto.
Madí contribuye a hacer preeminente con sus medios y sus fines
una nueva ejecutoria razonada en todas las zonas abarcables por
el intelecto; no sólo la capacidad discernidora del ojo humano, que
es el caso de los más avanzados concretistas, la de "visualizar"
una fórmula matemática-física. Para nosotros toda percepción es
virtual; es mediadora. Nuestro sentido demarcatorio no señala un
dogmatismo circular, que sería suicida, aprehende leyes inteligibles
y comprobables; de ahí la inexorable acción que ejercemos en el
ámbito de la creación e imaginación.
Madí inventa una plástica autónoma, cinética
el caballete, el muro, intermediarios y convenciones de la pintura
composiciones de luz policromáticas
Poemas indescriptibles
imágenes en progresión de toda posibilidad
contra las agrupaciones de letras y los mecanismos de metonimia
Música esencial con instrumentos electrónicos, trautonio, ondas martinot, vodcek, sin contrapunto, sin armonía, sin cadencia, sin to­
nalidad ni imitación.
Luz, color, espacio, movimiento
Un hecho y una constante madí.
Arte madí, alerta a toda solicitación vital de la creación esencial,
desarrolla con este N? 6 otro emprendimiento para su universalidad.

Ia

dirección

�ESTRUCTURA
PICTORICA

SANDU
DARIE

�M A D I

G

Súbitamente se presiente que todo es provisorio; si perdurase esta idea
sería un estar y ser con fines, con acabamiento, lo que es falso.
Hay un acaecer irreflexivo en la trayectoria del movimiento: ia intermiten­
cia. Al no ser un todo abarcable sino en conexión con la materia, permite
— lo sabemos — ser inferida y corregida.
Una peculiaridad en el comportamiento de la imagen es su transferencia
casi inmediata a la asociación; el absurdo en todos los casos es una con­
tingencia y no una valoración.
Lo que caracteriza a lo indeterminado e inobservable es el esfuerzo que
se pone por ser transgredidos de realidad significante. Sólo ese deseo los
hace creíbles, les da ese derecho.
Afirmo que hay formaciones de ámbito palpables, que es medible la atrac­
ción entre espacio y espacio y sobre todo, que visto en perpendicular hay
vibraciones que polarizan la supuesta discontinuidad de la materia.
Nada impide que estructuremos nuestra imaginación. Lo difícil es contro­
larla interiormente; tendríamos que arrostrar la creencia en cualquier in­
exactitud.
En una pantalla gigantesca un círculo pequeño. Esa sola intervención trans­
curre como relación a un todo, aunque sea inútil y arbitraria.
El sistema de verificaciones del Dri-naps, cambia las posibilidades en frac­
ciones de segundo: por ejemplo, la naturaleza es un contraste para toda
producción serial.
Se ha hecho una total prescindencia del objeto para discurrir su sujeción
a esferas de temporalidad acondicionada. ¿No sería más acertado derivar
esa ausencia al plano igualitario, objeto-sujeto, o si no perfeccionar al in­
ventor del objeto?
En este preciso instante hay universalidad y esperanza para hacer la más
amplia digresión sobre el instante — punto de incidencia y eternidad— .
¿Para qué demostrar? Estamos con el discernimiento, la presencia y su
secuela.
Se puede confirmar por la experiencia corriente, que la energía luminosa

�R

A

F

I

A

S
es una resolución
vibracional inma­
nente de realidades
ópticas; por lo tan­
to se comporta in­
dependientemente
de todo grafismo.
Yo escribo y cele­
bro en poesía y madigrafía lo que viví
de obsequio.
Para la descripción
de un proceso emo­
cional b astan las
relaciones de len­
guaje; para lo intuible, sobran.

Hay un pilotaje ló­
gico para toda hi­
pótesis con sentido
común, pero esto
no fuerza a pensar en la irregulación de cualquier nivel fundamental, ver­
bigracia, la superación del conocimiento.
Nuevamente subrayo el concepto de que una madigrafía no debe interpre­
tarse con auditorio o dicción. Reproducir la mayoría de las cosas y viven­
cias fuera del ser, es en esencia intraducibie.
Hay un automatismo en el sentimiento, su corrección pensante es involución.
Una indagación profunda sobre el porvenir astromental nos dirá de cam­
bios tan trascendentales que sólo permanecerá en "conciencia" lo humano.
Esto y un pequeño residuo de memoria, serán testimonio de un estadio
de existencia terráquea. Lo demás será así.
Ahora cualquier artilugio matemático es el producto del sapiens; ¡viva la
mecánica ondulatoria!, ¡viva una fórmula física-conceptual!, ¡viva la realiRAYMUNDO dad porque sí!, y todo es una construcción intelectiva. Todo es viable para
RASAS PET cimentar un hecho y más aún si se justifica con un resultado entelequial.

�La Victoria de Isul

el Osjor

Fué una vez, que golpeado en lo insensible cayó agobiado, ya casi per­
dido definitivamente en aquel juego temible en que se habia empeñado,
dando pasos sobre sí, sin estar sostenido, atraído más y más cerca de la
profusión de un inexplicable personaje, se diría inexistente, llevado al pri­
mer plano fugazmente, presa de una agitación propia de sus hechos in­
tangibles, inconmovible frente al milagro y al genio que se debatían des­
piadadamente llegando a desgarrarse, para dejar al descubierto la mag­
nificencia de la sensibilidad tímidamente oculta en los repliegues brillantes
de sus corazones latentes.
Una visión de la tensa trama y el sonido nítido de la existencia magistral
de Isul, absolutamente desprevenido de sí, a la clásica manera que ellos
anhelaban casi con ansiedad, hasta que irrumpió la abigarrada muche­
dumbre con sus instintos y su pesadumbre, haciendo sobrecoger de terror
aquellos que banalmente todo lo esperaban de la imponderable magnitud
de Isul ya definitivamente frente al juicio y a la cólera de aquella multitud.
Isul hizo una finta apenas perceptible, jugándose en el devenir de lo sa­
grado y lo inconmovible, del bien y del mal, de lo absurdo y lo real, todo
fué transgredido y desvastado por él, despojado del heroísmo y la piedad
se ensañó en una abstracción de lucha donde el ideal se debatía con su
secreto poder ancestral, aniquilando la propia convicción de los héroes
forjados en la misma pasión ahora anonadada, apoyándose fríamente en
lo inmutable les agobió con certeros golpes hasta destruir para siempre la
lógica que en aquel fragor fué despojada de su razón. Desnudo lo íntimo
y lo humano quedó sostenido Isul por lo profundamente agresivo y peli­
groso de su grandeza, surgiendo en el paroxismo del poder definitivamente
victorioso, como razón de lo más temible que habría de justificar su existencia.

VA L D0
WEL L I NGTON

�Uoütrtnqulo A/.ul, jilnluio articulada

�PRIMITIVISMO

Representación, expresión, deformación, estilización.
Los elementos de la composición están en posición sin perspectiva; estilo de
frontalidad. El primitivo desconoce el espacio, por eso presenta la visión de
las cosas en primer plano. Sin embargo, desde el primer momento el primitivo,
igual que el pequeño artista infantil, sale a la búsqueda del objeto; de ahí
que su composición presente un orden sagital (líneas oblicuas), desplazamiento
de las figuras, planos rebatidos, alargados.
El moderno primitivismo, con apariencia constructiva o no, es un contrasentido

y una reacción.

CUBISMO

Figuración, expresión, abstracción;

ley de frontalidad, geometrización, volú­

menes primordiales.
El artista cubista ignora las relaciones de fuerzas existentes en los órdenes
económico, político-social, cultural de nuestra sociedad; de ahí su visión idea­
lista, transportada al arte en formas abstractas.
El cubista es un deformador de realidades, es igualmente un romántico, un
expresionista, desde luego que con un sentido moderno aportado por la civi­
lización industrial actual.
El cubismo es descendiente directo del expresionismo, génesis dol arte moderno.

SURREALISMO

Grafismo plástico y literario trazado por un dictado automático, marca la
transición de lo descriptivo expresionista a la representación onírica. Compo­
sición en la ley de luz (tridimensionalidad).
El surrealista busca la cristalización temporal de sus recuerdos, lo que le
lleva a invadir la superficie de realidad junto a la cual actúa.
Escuela metafísica y anti-dialéctica por excelencia, debe ser considerada como
de reacción neo-romántica, dentro del arte moderno. Sus elementos de orde­
namiento idealista y fantástico, su basamento metafísico y mórbido, nada
tienen que ver con el espíritu constructivo de nuestra época.

EXI STENCI ALI SMO

El yo y el tú exacerbados, irreductibles a la masa, a lo colectivo, a lo general,
aunque le reconoce SER para retraerlo al tú debes. Fatalmente aislados, escla­
vos del hoy, carecen de responsabilidad. Pero a pesar de la imperfección
deben elegir y hacerse responsables; luego todos son responsables de lo
que les sucede porque lo eligen.
Pero siendo el existencialista un roedor de conciencias, un ser inconstante
e incorregible, puede renovar su elección. Toda esta egolatría al final que­
da magnificada; la imperfección permite a algunos renovarse y a otros sufrir
su participación.

N. de ia R.

�P

R

O

-

El "cuadro" ya no debe existir.
No es sostén, y menos terminación de la pintura; és a lo sumo
una industria de carpintería atrasada que los pintores adop­
tan aún.
Todo "cuadro" (cuadrado) conmemora el tradicional concepto
de ventana, el de abrir un boquete rectangular en el muro.
El fondo coloreado o espacio ilusorio del plano en el que se
inscribe la composición pictórica, luego enmarcada, autentica
la validez del ángulo recto y se queda ahí, como un objeto
nacido de la arquitectura, que funciona sin romper con el ortogonalismo estático.

El cerebro reacciona por vías labradas por las experiencias
previas, las cuales nos hacen percibir la cosa probable, es de­
cir, la cosa por la cual en ocasiones anteriores la reacción fué
más frecuentemente suscitada.
La reacción fisiológica de ver y percibir, consiste en el alum­
bramiento de un cierto sistema de vías por la corriente del
mundo externo.
Lo que corresponde a la nueva ordenación y replanteamiento
para una visión y realidad plástica revolucionaria, es una
estructuración especial del pensamiento, lo menos atada al
objeto más probable, y que devenga invención.

Hacia madí
1?
2°

Descolgar todos los "cuadros".
Radiar del lenguaje la palabra
"estatua" y lo que ellas represen­
tan en sitios y plazas públicas.
3? Dinamitar la poesía musical, la
metáfora fácil y asociativa.
4? A n ex io n a rse el espacio y el
tiempo.
59 Promover d esa fo ra d a m en te
lo
esencial.
69 Promover lo esencial realmente.
7° Crear condiciones inalterables en
la obra, que altere, agite y mejo­
re la conciencia de la comunidad.
8? Desplegar la imaginación cauda­
losamente y aunarla con el rigor
del razonamiento matemático.
9? Ir siempre al conocimiento, nunca
"asegurarlo".
109 Construir, inventar dentro del mo­
dismo, nuevas relaciones, etc., etc.
G. K.

"Desde hace tres mil años una imagen está ardiendo en la
conciencia del individuo y arde de un solo coior, como cual­
quier hoguera, pero ésta, al haber sido traducida, comienza
sabiamente a traspasar el tiempo".

■

•■

f.fás a cá de las deducciones lógicas, está una enorme distri­
bución de razonamientos poéticos. Madí, en ese sentido, dice
de la violencia que involucra toda veta de poesía arrancada
de la mentalidad del hombre.
fio sólo el léxico y su forma impresa dicen de su rotunda con­
creción. No es bajo signos que se hace verosímil la invención
poética, es la imagen ya "transitada" y puesta en consigna­
r-iór., en mensaje propio, vivido.

1

/

iÉ II
"
,

f

. oda catalogación del proceso durante la gesiación de una
obra estética, supone un alejamiento de las generalizaciones.
5: las relaciones con el individuo en lo social son un comp “ amiento desigual, es desigual y corta su permanencia, por
no ser asimilables a las corrientes artísticas venideras.

Frente a madí
La visión comparativa, el contenido manifiesto e intrínseco, el
es redro meditado de la forma y su psicología y, por fin, toda
r introspección genérica y fenoménica del arte no-figurativo,
e-rciuciona decididamente hacia prácticas y formulaciones pre: trizad as por madí.

'

* -Zr*
S. VARAUD

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"%ÍA ,-

l 4

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Compartir
Trabajando en esta vieja vecindad con la palabra
amontono cántaros mal reprimidos
este asir declinable
este registro de cantidades a la derecha del m argen
que voy poniendo im ágenes sueltas y prem editadas
Levitación diáfana de cordeles repetidos
apurado entre el bullicio de aligerado afecto
p ara no partir en dos la distancia
tendré menos prisa m ás cifra igual m ás etap a adicta
tan sólo soy poblador del clamor ofrecido
en posición de firme
que clavetea esta vigilancia premonitoria
bruñido vis a vis con todo lo que indica propósito
a la vez que me gu arece de todo prisma
Azuzado sin intermisión
contorneando mi salva geológica
por este motivo soy obturador del cielo
consolidado de punta a punta
em balado en pos de un ámbito translúcido
que irriga sobre estos límpidos cascos
esta luminosidad que brota por un requerimiento fácil
esa estructura de la aureola que se ensancha
y que denuncia un brote de m arejada
mi remanente engarzado que no puede apoyarse
un sube y baja por vibración en inminencia de caer
congregado en silencios magnéticos
con mis voces estudiadas por alternación
por turno como cuadra al consabido cohesor
repitamos a dúo el raudal hecho o por hacer
y me empeñe en dar cima
a la visión m ás allá de su recorrido
y a todo lo que se yergue avizor a puro cálculo
K OSICE

�INodCY

casi estoico. No sopla el mayor agudo. La bi­
furcación no es interrumpida. Esta disposición
tiene la ventaja de sobrellevar con más gusto,
el sabor no distinguido de leguas civilizadas.

I -

Kilómetros insensibles denotan ¡a lentitud con
que la enorme masa de aguas diagnostican
vacaciones al oleaje. El contraste con la jor­
nada anterior — desarrollado en toda su es­
tricta denominación — inventa fauces a la
transparencia del suelo glauco que les con­
templa.

( e t a p a en ia e s t r e c h a - c u e n c a )

No tiene todo este vértigo de fábulas más o
menos rítmicas sino el propósito de fiscalizar
una pretendida derrota. Por eso es loable este
pseudo ensayo de diálogos de inmersión que
nos secundan, que nos atrapan. Hay que
agregarse a lo inasible de la maniobra capaz
de acaudillar por color al mito, que no lo es,
para captarlo en toda su consecuencia. Pero
vayamos a sombrearnos con los montones in­
audibles que soliviantan esta respiración de
dos, que había olvidado estipular.
Logramos el alcance en el codo de aquel mi­
nuto que está al caer. Se ha detenido INodCY,
a una migaja de la causa sólo por ver cómo
ahuecan los vestigios que no se han dejado
amainar. El paso queda libre. En el lomo de
guía de la cal se continúa. La manía de ver
ausencias trasciende en molestias imposibles
de imprimir en columnas. Más económico re­
sulta naufragar en cualquier curva de este
pellejo antiguo. A estribor de la pequeñez que
acecha vereda por medio con una plática que
nadie ha solicitado, anida la estrecha-cuenca.
¡HAY QUE RECORRERLA!

Impasible, la fuerza vegetal que se vislumbra
en los flancos los acompaña, casta, en el vai­
vén. El hermoso racimo de penínsulas abriga
un estío sin fecundidad de savia. Los mirtos
de la espuma trenzan límites que los alejan
de la desembocadura y basta muy poco para
que sazonen las hebras adormecidas en el fon­
do de la estrecha-cuenca.
Comprender que la influencia de las algas es
verdaderamente potable. Ambientar la acumu­
lación de perpendiculares sin embargo. Todo
es tenido en cuenta para la administración
progresiva de las mareas en su inicua com­
bustión. Las mismas relaciones de clima mor­
tifican la plausible observación de los vientos

A veces quisiéramos horadar las cuatro esqui­
nas del sosiego. No es posible y tal vez esta
circunstancia nos favorezca. El resultado es
tan poco probable! Y qué bueno es sentirse
respaldado por acontecimientos casi familia­
res. Qué bueno es sentirse de vuelta al insom­
nio de éste o de aquél paisaje. Orden de mar­
char, vociferan las grietas, por sacar punta a
la cuestión.
Afiladamente se internan en el gran número
de resinas que emergen a diestra del curso
central. La ribera matriz sentencia un golfo

LUCIO FONTANA

�terrales que azotan por momentos la llanura
natural de INodCY.
Sin conocimiento aún de las cimas poliédricas
que oculta cada torbellino, de los valles circu­
lares que nos posponen, aullamos en concavi­
dad sólo por ver qué pasa. Entonces la con­
figuración de la muralla cede sus ascuas, se
oxigena en la enemistad del junco o se torna
verosímil en la fracción de una garza. La pró­
xima sacudida no contiene vapor vesicular
capaz de producir cristales de hielo, como
heléchos. En serie. Sin embargo un torrente
esporádico de nieve les asigna un lugar ca­
lurosamente editado. Dan ganas de volver a
empezar.
Sorteado el peligro, falta por retirar milíme­
tros no historiados. Vayamos despacio. La si­
tuación se estremece en su hechura. INodCY
la precipita en una latente escarpadura.
El declive de la vertiente es cósmico en el des­
tello de cataratas preñadas acaso por azar . . .
Mientras, el ligamento inferior cede a cada
instante su alborozo y pronostica aluviones
con poco tino.
No se tortura él alba aún equidistante. La
cautela se escapa y nosotros de brazos yuga­
dos. El solar paralelo a su cuenca también
quiere huir. Nosotros no.
Novedosos bríos impulsan a INodCY en esta
carrera sin elogios discutidos. Tal vez lo re­
tenga el anclaje en la moldura de aquel re­
manso. Ya está. Ahora podemos transvasar el
afluente a su menaje más ancho.
Casi en la misma confluencia aurora! se logra
el metraje de una imprevista meseta que se
atornilla por la mitad a la estrecha-cuenca.
La sequedad del equilibrio produce vanidad
de pretextos.
Se desciende a pasos luz en este cráter recién
inaugurado. Se avanza. Ya empiezan a pesar

GER GERRITS

sobre INodCY las escorias de la gravedad
hace poco inventada. El dinamismo de las
moléculas crece a ojos nutridos. La escala de
los fenómenos cenagosos se multiplica. Y su
múltiple, en la inversión del cono, amenaza
termalmente sus fuentes primigenias. Pero se
cree en una salida y se prosigue a efectos
de juglar.
Las candilejas de la lava que se apartan de sus
huellas, se cristalizan en la eyección de con­
sejos que francamente aroman el hundimiento
a manos verticales sumadas alrededor de
INodCY.
Las oscilaciones vomitan también llamas, pre­
parando de algún modo una sucesión de ex­
traños mojones, penitentes a distinto grado
de incertidumbre.
Desde que se ha trazado el primer tomo del
cráter que INodCY publica de manera harto
sensible, no ha disminuido la obscuridad somnolienta del malecón, cruzado lacio de rocas.
Conocemos sin embargo una rutina volcánica.
No es suficiente para ondular de hipótesis la
bóveda cavernaria pero permite el reflejo que­
brado que facilita el retorno a la estrechacuenca ya abolida.
Elásticamente se adelanta hoy. Bocanadas de

�mediodía encienden tenues antorchas. Reco­
nocido de casualidad se acerca INodCY a una
probable superficie. Pero falta aun el cruce
de escombros que braman por retenerlos a
porfía. Diligentemente, casi con intensidad de
susurro se avasalla esta última detonación y
se llega. Sí, positivamente INodCY deja atrás
la convencida meseta que desgajó la mitad
conventual de la jornada.
El agotamiento es visible. Resbalosamente se
prosigue por propagar estrías que aumenten
las posibilidades de llegar a la cercana desem­
bocadura.
Advertir el perímetro de la certeza inunda de
nuevas perspectivas. El horizonte de liqúenes
parece aclararse para que lleguen a su arbo­
rescencia de INodCY. Le hace tanta falta al
paisaje trepador, la flotante dinastía que se
adivina ha de ser botón de nueva etapa per­
suasiva.
La magia de las bahías comienza a espaciarse,
índice notable de madurez en la estrechacuenca. Su superficie limonar acrece el delta
que ya se eleva en el epílogo. La analogía
de los vientos se dispersa en una calma des­
acostumbrada, el clima es vitreo, la costa sa­
tírica.
Parece mentira a INodCY sobrevivir a ese
tumulto de musgo que pretendía impedir su
vuelta a la tierra de CY, al territorio de aque­
lla arcaica batalla de INod. Es creíble, sin
embargo, porque la magnitud del esfuerzo se
ennobleció de imágenes orilleras de creación.
Una serie decreciente de hechos, verbalmente
pastosos, llaman ahora la atención. Pareciera
que la colecta arenosa, finiquitada en buen
origen, ha rumiado una precipitación de va­
pores sin memoria que pretenden conducir a
otra parte. TODAVIA OCULTA.
Se presiente una inconstancia, gruesamente

recíproca, que enlaza o trata de hacerlo, sec­
tores docentes de vanguardia. Vayamos por
parte. Es absoluta la amenaza de otra etapa
zodiacal, de diámetro secundario. Al menos
por ahora.
A pesar de todas las trabas que pueda segre­
gar INodCY, no hay fronteras para esta edi­
torial de sumergimiento. Al indicar la facili­
dad con que han de abrazarse en el encade­
namiento de loas copiosamente manuscritas,
sólo queremos ser sonido en lo gutural del
grito que muy pronto veremos funcionar.
Seamos testigos.

II -

( p e r í o d o de e sp a c io s )

El espectáculo ha retornado, cabría decir, con
la respiración de una costumbre.
Los elementos en discordia ya han perdido
el gusto a INodCY. Mientras, el sentimiento
aumenta a ras de predilección. Que nada nos
detenga.
El aliento pulsado en las zonas, asciende en
espiral vertiginosa hacia un período de espa­
cios. Aglomerados.
De igual manera que la historia de los augu­
rios no ofrece atractivo a su objeto, INodCY
ha llovido en cálculos que facultan los preli­
minares de la órbita. Que deslíe elipsis. Y la
tempestad de lo ampuloso subsiste; la dura­
ción es angosta.
El magnetismo es casi una antigualla en la
vaguedad planetaria. Sinuosos meteoritos in­
cluyen temores de curiosidad poco inteligente.
Por eso, el choque de los fluidos sin dogmas
bien establecidos, llama a engaño con fre­
cuencia de exactitud. Físicamente, no sabía
INodCY qué abundosas frondas estelares po­
drían servir a la desconfianza. La construc-

�galaxias, muy a tiempo prescribe el malestar
en escollos que las vinculan sensatamente a su
universo. Semejante confesión de parte requie­
re un desarrollo genesíaco de la atmósfera,
ahora realmente con influencia.
Nuestro grupo nuclear, de espesor admirable,
pernocta a manos y rasgo. Los espacios con­
servados se escalonan cinéticamente. Un efec­
to se consigue.

LHOTELLIER

ción de fibras contemporáneas exige una sin­
tética talla que polarice de satélites absurdos,
esta industriosa constelación. La exigencia au­
menta en el empleo de cometas ingeniosos que
rivalizan en una pereza de doble aislamiento.
Una estimación igual hacia todas las secuen­
cias estériles, nos llevará a la contemplación
de sólidas cábalas. Solidez especial; no, la que
concierne a la masa inerte de los espacios casi
atragantados, sino (aunque el título resulte un
trazo de bienio sumario) apoyada en el res­
coldo desenfadado de astros que se imitan a
través de vías estrelladas sin lástima. Más aún,
sin descripción de antecedentes.
Por otra lateral huyen esferoides que se pro­
yectan a sí mismos para escapar a una exis­
tencia obscura de denominaciones. Anillares.
Pero hay más, todavía. La identidad de ae­
rolitos granulados confirma una experiencia
de péndulo. La simplicidad desaparece en la
atracción magna de los planetas que accionan
en perpetua retaguardia.
La parte sideral de INodCY no ouede jactarse
del rol que le cabe: espectador en este período
de espacios. Desviados.
Siendo además, limitado el empirismo de las

Por de pronto, una capa aplanada declina en
centauro de distancias. En relativa proximi­
dad se frecuentan astros de longitud usual y
casi en medio de esta asociación binaria, vis­
ten declives de materia solapadamente lunar.
Es extraño cómo restringe al sistema su ins­
tintiva asimilación: la tensa estatura vibraciona el ámbito de ondas; su socorro planetario;
la perturbación de los contornos míticos; su
ahogo de órbitas en fragmentos individuales
y por fin la aparición (excéntrica) de aste­
roides. Sin herrumbre ni cortejo.
Brillantes zonas reconcentradas desdibujan a
INodCY en todo este suceder de vislumbre
instantánea. Parece, sin embargo, como si
aquella espiral vertiginosa que ios enfrentara
con este período de espacios ya asesorados,
los agregara a su emanación (conoidal) que
ayer apenas debutara en su reverso fuera de
volumen.
No hay duda de la untuosidad de este des­
censo seglar. Las ocultaciones de los fondos
de superficie que antes no habían llegado has­
ta INodCY, comienzan ahora su trémolo inde­
pendiente. Dejando suposiciones en cuclillas
de diámetros zenitales, de la digna substancia
cometaria, ¿qué importa dónde arraiguemos?
INodCY puede ir SIEMPRE más allá. Vere­
mos qué pasa.

DIYI

LAAÑ

�POEMA

C o m p osició n m adí

Esquematizándome
continúo hacia abajo de tedas
las transformaciones
alterados los factores
ya está sobre el arco
la insistencia
ineludiblemente
transitando cada polígono
de la piel
encontré a rama
conectadas estrategias
que emergen del insomniovan integrándose en la espiral
pequeñas aletas de numerosos
conocimientos
se introducen en el instinto
de cualquier búsqueda

NAIR

OLI VEI RA

A rticu lación

con

a n é c d o ta

e s p a c ia l

'

Vertiginosamente
va levantándose la perpendicular
a todo renacer
Los espejos se arremolinan
y vuelven a pernoctar
en una misma conciencia
conciencia huida
de cualquier libertad de ritmos
Ahora
triplicadas secuencias
se conjugan en su
clavícula de musgo
todo el sol invisible de noche
se ha reunido en una remota
ceremonia de gestación
Convocadas las cúspides
descenderá una perpendicular
al mensaje

MI RTHA

SESSAREGO

�POEMA
REFLEXIVO
Y
CA T OR CE
Como que me estoy aconteciendo
que me creo
(Esto sólo lo entienden el número y el símbolo
los habitantes de lo imponderable
la razón que mantiene la unidad del espacio
la idea en que se apoya la cohesión del tiempo
esa comedia de continuidad que hacen los líquidos
el individualismo de los sólidos
el sentido de ascenso de los gases
el absurdo la hipótesis el algo
No es una ciencia fácil para hombres cotidianos
ellos son ministerios de relaciones exteriores
yo sólo tengo tratos con mi crúor mis huesos mis arterias
y mis nervios
mis resonancias y mis sensaciones
yo sólo tengo tratos con mi ser)
Me crezco cada vez pero hacia adentro
en la aventura indeclinable de llegar a mi núcleo
y reacio a registros
evasivo a los cálculos
deliberadamente al margen de anatomías y fisiologías
me acerco al grado último de la existencia aún desconocido
Me camino me viajo por las cosas
me les ofrezco en espectáculo
ay para dejarlas que me gocen
y paseándome ante ellas como la claridad por lo después
sombrío
capturo la versión íntima e inédita
de lo viajado y caminado
como el ambiente se apodera del brillo de los astros
Me traduzco a la fórmula del germen
la actividad central del suelo
De allí mi disciplina vegetal

�el desenvolvimiento rural de mis poemas
su límpida manera de repartir secreto y comprensión
según el lado a donde dan las ramas
Me vuelo en los arcángeles que suelto
y con los cuales multiplico las vitaminas de la subconsciencia
sostengo la íunción de la cloróíila en las hojas levadura
del verde
hincho de patriotismo las banderas
y dibujo el color de la emoción
porque ¿cómo algo existiría si no pudiera vérselo?
Si me amontono reyes magos
me traen el mensaje de soles imprevistos
castillos insinuados en cataratas interplanetarias
y músicas creciendo como césped del aire
Si me extiendo penetro en el recinto
sin colinas sin mástiles sin grietas de la comprobación
imaginaria
en ese caos bien organizado de las posibilidades
donde uno aprende a acrecentarse
con voluntad de uranio
con una técnica de circunferencia

Mejor que soy me soy
en mí el pensarme y el hacerme igual a lo pensado
y ser mi consecuencia tanto como mi causa
mi hijo y mi padre en una misma obra
el constante en nacerse
el que se vive
el que se morirá
gerente de su vida y de su muerte
ALBERTO
HI DAL GO

p a ra a rte m adí

Me conciencio me nociono me habito me delibero me
discierno me medicino me abogado
y nada me es siguiente ni anterior ni lejano ni próximo
porque me sé el destinatario de mi correspondencia
el inquilino de mi propiedad
el lugar de llegada de mis fugas

���E scu ltu ra

Poema
Disgregar un vaso hasta convertirlo
en abismo
para interrogar al eco su resistencia
a los astros
Traer en la simple observación del enigma
el sigiloso andar por la curva de la aurora
Y al volver al cauce inexplicable
reintegrar al cosmos
la inercia de las inundaciones
Recoger en la similitud
la creencia de existir en óptico silencio
en exactitud indiferente
en mensaje claro de planos
Adivinar el alba tras los estáticos mares
toda inscripta en numerales atmósferas
superpuesta en oblicuas siluetas
que se reintegran a la seguridad
de la incoherencia de los tímpanos
Y al diluir el llanto quebrado de los
cantos
en la disgregación momentánea de los
infinitos
comprobar que
responder cual si buscara la noche
es más fácil
conocer la evidencia que surge del vacío.

OCTAVIO

MEDELLI N

MARIA

TERESA

DOMINGUEZ

�LA

INCISION DEL

COLAPSO

Irrumpió estremeciendo las vías latentes
cjue blandían sus hálitos
despojados de infinita tensión
fué un milagro casi humano
la pasión y el heroísmo vibrantes
confusos los alardes
ofrecieron refugio en una hora
en cjue la risa estalló
contra el bramido ancestral
y la aclamación se abrió camino a Quemarropa
al grito perenne
Que en el apogeo de su audacia
desgarró de un solo golpe
va ldo

w e l l in g t o n

^ poder alucinante de las mordazas.

�prosa
Era casi indispensable su presencia para
poder subestimar lo fértil.
La conciencia de ser se iba perfilando en
abismales segundos y daba iorma al con­
tenido de las escamadas palabras que sa­
lían de su boca.
En la larga avenida de signos no habíanse
resuelto todavía a concretarse y urgía el
mar en su necesidad de sal, a traer en si­
derales moléculas la respuesta a sus ilumi­
nadas algas.

exacta de su volumen, no podía imaginarse
que fueran necesarios tantos cálculos para
llegar a convencerse de su existencia, mu­
chas veces oculta por la niebla. Sin em­
bargo, estaba allí; inevitable en el valor de
los números, concretada en la 'diluida au­
sencia de las voces.
¡Qué júbilo de presencias había sentido
cuando todo le daba la evidencia de existir
en sí mismo! Y al comprender que no era
posible olvidar, se sintió inseguro, con esa
inseguridad sin límites que trae la total am­
nesia de las líneas.

Seguramente si no hubiese sido por aquel
continuo desligarse de los muelles, nunca
se hubiera enfrentado al. problema de co­
nocerse en disgregada continuidad de par­
tículas.

Desde entonces había vagado sin premura
por todo lo que en su sombra se incrustaba;
había dejado descorrer el humo en inevita­
bles muros y había llegado a comprobar
que ya no necesitaba del zumbido de los
objetos. Por eso, en el momento en que le
fué exigida la definición de sus angustias
y tuvo que enfrentarse con su cuerpo, árido
ya de batallas, volvió a sucumbir, demasia­
do débil en su voluntariosa resistencia, de­
masiado recortado en su infinitud de alas.

Ahora, que todo era demasiado evidente,
tenía que reconocer que no estaba en con­
diciones de dejar de girar.

No era posible descansar, tenía irremedia­
blemente que traer su significado, que de­
linearse en su surco de extrañas frecuencias.

Antes, todo pasaba ante su imagen sin lle­
gar a delimitar su sombra, pero hoy, en
que la superficie del aire daba la pauta

¿Cómo responder al llamado quebrado de
los mármoles?

Se exigía desde hacía largo tiempo la reso­
lución. Había que encontrarse a sí mismo,
y eso era lo difícil de aquel girar impres­
cindible sobre la sílaba.

Le habían quitado su envoltura de sonidos
y a través de la subcutánea insistencia del
desierto tenía la certidumbre de todo lo que
sin dejar de girar se detenía a la espera
de forma.
No podía ya retroceder ante el signo deri­
vado de las llamas. Sin pensar siquiera en
su cotidiano devenir, penetró en la silueta
oscura y absorbente del silencio. Cuando
estuvo dentro, comprendió demasiado tarde
que había olvidado su sombra por la playa;
pero ya no era posible reintegrarla a su
deshilvanada curva.
Siguió sumergido en ojos de soluciones pé­
treas y tuvo ante sí la definición exacta de
su inevitable estructura. Era una compacta
solución de superficies ignoradas, un cua­
drado cimiento de radicales notas.

GINA IONESCU

MARIA

TERESA

DOMINGUEZ

�Pintura

�o
c
£

Madl está hoy en el frente de b a­

Occidente. En la hora presente el

talla más avanzado, para el logro

estado general del arte y la po­

de un arte esencial, absoluto.

sición

Las últimas expresiones del arte

arte

tradicional son cambiadas por un

más amplio sentido.

total dominio de los elementos y

El arte representativo puede de­

su forma de encararlos en su as­

cirse que ya pertenece al pasa­

pecto real y estructural

do. El arte no-figurativo, fiel to­

La persistente actividad, continua­

davía a los principios formales de

mente

Kandinsky,

argumentada,

que

viene

del hombre
positivo,

necesitan

esencialista

Mondrian,

en

un
el

Klee, etc.,

desarrollando el movimiento madí,

combate desesperadamente sin vis­

se vislumbra en la influencia que

lumbrar una salida del academis­

ejerce sobre la más joven gene­

mo en que se encuentra.

ración actual y se advierte de un

El empeño por la conquista de

modo

un arte saneado de toda influen­

preciso

en

la

cultura

de

�cia melancólica, de toda angustia
filosófica, son principios que madí
sustenta contra viento y marea,
sin decaer por los errores e imprecLos

ataques de sus detrac­

tores.
En Italia, mientras realizaba mis
trabajos sobre arte físico-construc­
tivo — que se encuadraban con el
estilo de madí —, recuerdo el in­
terés que infundieron a los artis­
tas de vanguardia mis primeras
exposiciones. El escultor Consagra
era el más serio adherente a esta
pintura, la cual estaba fundada
sobre dos elementos primordiales:
espacio positivo y espacio nega­
tivo (espacio-tiempo) y que más
tarde he visto en algunas obras
suyas.
Mis obras

actuales,

en

Estados

Unidos, se orientan en ese senti­
do y señalan un avance

sobre

los plásticos aferrados al marco
rectangular,

planos

superpuestos,

ilusión tridimensional y un con­
cepto ideológico en la construc­
ción, ya totalmente superado..

NICOLAS

KASAK

�o

ü
£

cu

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o
&lt;B
OS

1-

UN NUEVO MUNDO SONORO

&lt;c
o

Hace tiempo recibí su carta con respecto a aquella magnífica manifestación
artística que fué la primera bienal, en San Pablo. Sí; creo que la capital
paulista puede hoy día ser colocada entre las ciudades más dinámicas y
progresistas del mundo. Comprendo su preocupación — como joven que
pertenece a la nueva generación de músicos en el Brasil y que se siente
responsable por el porvenir del arte en su p aís—, después de haber visto
premiadas creaciones como las de un Max Bill, Roger Chaster o Willy Baumeister. Quedé empero satisfecho con el criterio que el jurado adoptó, cri­
terio rigurosamente actual y contemporáneo, valorizando ante todo el arte
nuevo, que representa el espíritu inquieto y audaz de nuestro tiempo.
Crear significa inventar algo que antes no existía. La obra de arte, además
de ser valiosa, debe presentar algo nuevo, tener su cuño propio y poseer
un estilo que la distinga de las creaciones del mundo pasado. Debe princi­
palmente indicar un camino para el futuro. He aquí en qué consiste el único
criterio en las artes, el cual debe estar por encima de los conceptos de
bello y feo, conceptos relativos y un tanto discutibles.
El arte, querido amigo, así como toda la vida social, evoluciona, se renueva
constantemente y nunca vuelve para atrás. La figuración pertenece defini­
tivamente al pasado y nada adelanta la guerra al atonalismo, al dodecafonismo o al atematismo.
La música, de la misma manera que las artes plásticas, evolucionó mucho
en estos últimos años, mucho más de lo que generalmente se supone en
el Brasil. No comprendo el atraso de la música brasileña, el espíritu reac­
cionario y conservador de sus músicos. Villa-Lobos fué el único "revolucio­
nario" entre los compositores brasileños, el único que participó de un mo­
vimiento renovador en el plano internacional. La música brasileña de nues­
tros tiempos es de un epígonismo que asusta. No hay gente verdaderamente
joven entre nuestros compositores. Esos combaten todo lo que es nuevo y
dinámico. Está claro que hablo de la mayoría. Sé que existen unas pocas
excepciones. Esto es un hecho que mucho me preocupa, pues el arte de
un país que carece de aquel espíritu inquieto de investigación que procura
descubiertas, está condenado al estancamiento y a la esterilidad.
Así como las artes plásticas se liberaron del naturalismo de la temática,
la música se libera cada vez más del tema, de la forma preestablecida y
de la cadencia. Así como la pintura torna a ser nuevamente un “hecho
pictórico", la música vuelve a ser un "hecho musical", puramente musical.
Música es música. La idea musical no puede ser expresada por otros me­
dios que no sean musicales. La descripción, el programa, la "expresión" de
sentimientos en música son mera ilusión.
La pintura llegó nuevamente a lo absolutamente pictórico. La música a lo
absolutamente musical. Música esencial. Música sin contrapunto y armonía.
Antón Webern indicó el camino. Pierre Boulez, John Cage, Christian Wolff,
Morton Feldman, Olivier Messiaen, Henry Schaeffer, Pierre Henry, George
Duhamel, Elizabeth Lutyens, Luigi Nono, E. Th. Martinet, de la más nueva
generación de compositores europeos, lo están siguiendo. Para todos ellos la
música es estructura, movimiento de tiempo y espacio sonoro. Movimiento sig­
nifica variación. Variación de la altura y el sonido, en la construcción de inter­
valos lineares, determina el movimiento "melódico". Variación de la masa so­
nora en la construcción de intervalos verticales, determina el movimiento "a r­
mónico". Variación de la duración del sonido en la construcción de intervalos
métricos determina el movimiento "rítmico". Los principios de contrapunto y
armonía son sustituidos por principios de proporción y relación numérica.
En 1948, Schaeffer y un grupo de colaboradores realizaron, gracias a la am­
plia visión de la Radiodifusión Francesa, una serie de manipulaciones con

�el sonido grabado, consiguiendo extraer de este ruido elementos musicales.
Al mismo tiempo, en la Universidad de Bonn, en Alemania, el científico
Dr. Meyer-Epple, perfeccionando instrumentos electrónicos, llegó a resulta­
dos semejantes. El "Concierto de ruidos", en París, en el mismo año, marcó
época. Siguen las primeras composiciones: “Suite 14", "Sinfonía para un
hombre solo", "Concierto de ambigüedades", "Música sin título" de Henry
Schaeffer; "Estudios sobre un sonido" de Pierre Henry y otras más. Em­
pleando todos los efectos sonoros imaginables e instrumentos electrónicos
como Trautonio, Ondas Martinot, Vodcek y otros, esos compositores coordi­
nan los medios expresivos habituales con nuevos métodos, picado, filtrado,
superagudo, supergrave y otros.
Es difícil describir lo que sentí presenciando estas experiencias que revolu­
cionarán el mundo musical. Todo lo que nos cerca — ruidos, palabras, so­
nidos, efectos sonoros de toda especie producidos por nuevos instrumentos
electrónicos — sirve a la construcción sintética de la obra musical. Surgen
nuevas relaciones, nuevas imágenes, nuevas emociones,. Abandonando los
símbolos abstractos de la anotación musical y sirviéndose de fenómenos
concretos acústicos-sonoros, el artista construye su obra, la cual a su vez
dispensa al intérprete. Tuve la impresión de que en aquella pequeña ciudad
que es la capital de Alemania Occidental, la ciudad de Beetnoven, prepá­
ranse las condiciones para la mayor transformación que la música jamás
sufrió, gracias al milagroso desarrollo de la ciencia. Nuevos tiempos, una
nueva organización social y un nuevo modo de encarar la vida, engendra­
rán siempre nuevos medios de expresión y nuevas formas artísticas. La fa­
cultad de inventar es la característica más importante del hombre; en este
sentido, la música concreta es profundamente humana y expresa bien el
pensamiento de nuestra época, pues exalta el racionalismo y ia fe ilimitada
en el poder de la invención estética del hombre.
Desde que vi el arte de hoy volverse funcional, en el urbanismo, en la ar­
quitectura — principalmente en Suiza —, en la gráfica, en el dibujo indus­
trial, en la decoración y en las artes aplicadas, no tengo más duda de que
también la música esencial pertenecerá al arte social de mañana, pues es
la única que puede corresponder con las exigencias de las grandes artes
populares, o sea la radiotelefonía y la cinematografía.
Música esencial significa liberación del dogma estético-técnico; procura la
realización de una idea puramente sonora-musical. No se manifiesta como
sensualismo vulgar de la materia sonora, pero sí como sensibilidad superior
de la inteligencia musical. La música esencial se propone la invención de
una belleza objetiva a través de elementos objetivos.
La evolución, la constante renovación de las cosas es una ley. Comprender­
la es la mitad del camino. Nada se gana en retroceder. Nada adelanta
buscar la conservación o defensa de algo que ya no existe. La historia sigue
implacablemente su camino. No tenga duda de que muchas de las formas
sociales de la música, el concierto y el teatro lírico burgués, ya están con­
denados a muerte. No tenga duda de que, en relativamente poco tiempo,
todo lo que aprendamos en la Academia será inútil y en vano.
Es duro darse cuenta de esto. Más duro aún es confesarlo. Exige coraje se­
guir el camino del progreso, que siempre es el de la inseguridad y de la
duda. Nadie lo sabe mejor que yo. Cuántas veces quise renunciar a la lucha,
cuántas veces vacilé, cuántas veces me encontré al borde de la duda . . .
La crisis del arte contemporáneo no llegó aún a su punto culminante. PreH, J, senciamos el nacimiento de una nueva era. De ella sólo participarán el artista
que defiende la vida en su sentido creador, dispuesto a seguir en el estrado
KOELLREUTTER de la independencia y de la libertad.

�DE

LO I M P L A C A B L E

DILUCIDADO

SENTIR EL MISMO EFECTO
ALTAMENTE ARRAIGADO
EL MISMO
EN LA INQUIETANTE LUCIDEZ
DE LOS

ACTOS

ASI CULMINADOS

SENTIR QUE NADA PUDO PERMANECER
CUANDO CHOCARON
LOS TENSOS FOGONAZOS
LIBERANDO PARA SIEMPRE
LO GENIAL Y LO ABSURDO
UNA RAZON DE ANDAR
ENTRE LO PROPIO
CRUZANDO Y ALTERNANDOSE
EN EL

SUBTERFUGIO

DEL

EXTRAVIO

Y

LA

COLERA

DESPOJADOS BRUSCAMENTE
PARA VIRAR EN REDONDO
EN LA TREMENDA INERCIA
HASTA GOLPEAR CONTRA LOS

SEGUNDOS

PERDIDOS

U OTRAS RAZONES
QUE INTUYEN LO SOLEMNE
ANONADANDO EL INFIMO

DE SU

SOPLO

CONTRADICCION

DE

CUANDO LAS CARICIAS DEL VERTIGO
SE ATROPELLAN
PALPANDO FRIAMENTE
LA SENSIBILIDAD DE LO INEXISTENTE.
VALDO

WELLI NGTON

SUS

DONES

��L ev itació n
en esp iral

KOSICE

�L a in d e p e n d e n c ia del r i t m o en el m o v i m i e n t o
La danza, que es el arte del movimiento, debe por lo tanto
ser independiente de la música y la
literatura. Ya los bailarines aprue­
ban estos conceptos, consideran­
do que la música es un medio
para la incitación del movimiento y
debe tener sólo efecto psicológico (ex­
citación). Por eso el ritmo del movimiento
no puede estar identificado con el ritmo mu­
sical, ni ser influenciado en forma alguna por éste.
De esta manera se plantea el problema: ¿pueden los baila­
rines, coreógrafos, distinguir y diferenciar el ritmo del mo­
vimiento, del ritmo de la música?
El motivo y la temática deben ser autónomos: sólo así se
resolverá el crear verdaderamente una danza con los ele­
mentos reales e insustituibles de su lenguaje.
Desde Mary Wigman a Martha Graham, este problema ha
carecido de solución, pues todas las enseñanzas del ritmo
están transcriptas y musicalizadas. Jacques Delacroix cometió
en ese sentido el más grave error, ya que transcribió el ritmo
musical al movimiento. Rudolf Bode fué un poco más lejos:
ya sentía esa diferencia o por lo_ menos que así debía ser.
Desde entonces, se hicieron grandes esfuerzos por salir de
los límites impuestos por la música, pero a pesar de todo
continúan supeditados a su égida.
El método, la técnica en la-creación de una danza totalmente
inventada, sujeta al ritmo únicamente del movimiento, está
en su primera faz y es llevada a la práctica por alumnos
de diferentes escuelas normales y superiores del Japón. Se
basan para ello en la escritura del ritmo del movimiento,
signos equivalentes a las notas musicales (lenguaje de la
música) y que puede ser el lenguaje auténtico de la danza.
Se llegará a prescindir entonces de la escala musical para
describir el ritmo, evitando crear una falsa ilusión de de­
pendencia y limitación creadora.

" F o r e s t"

En un ensayo posterior demostraré gráficamente y con ejem­
plos comparados con la música, que el camino señalado es
una solución efectiva para la búsqueda de la esencialidad
y estructura de la nueva danza.

�NILS NIXON

"3JH

FIAMMA VIGO

BEN NICHOLSON

Avec cette sectión qui jnclue des collaborations spéciales
pour "ART MADI", nous dédions un space qui se propose
refléter la vitalité des plastiques non figuratifs de notre

J. DELAHAUT

epoque. Collégues d'Sud America, Angleterre. Allemagne,
Autriche, Belgique, Danemark, Espagne. Etats-Unis, Hollande, Italie, France, Hongrie, Pologne, Suisse,

Suéde,

Roumaine, Tchecoeslovaquie, et autres pays, se sont fait
echo de notre intention d'illustrer et faire connaitre leurs
oeuvres. Nuil collaborateur est intégrant du mouvement
madinemsor. En des números succesifs nous maitendrons
cette section, pour l'aquelle nous accepton les travaux,
seléction preálable, des plastiques qui désirent prende
part.
La correspondance doit-étre ad ressée au nom d'Art Madí,
Esperanza 41, - 2 ° , Buenos Aires.

A. RETH

�.. *
v

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.,,v,._m m m .

MAX BILL

V

me

éÁ ÉÉk.

w

ANTONIO LLORENS

ORESTE BORRI

ISIDORO NATANSON

M. ELISA DE ARMA

��ORCAIO ACUÑA

HILLA REBAY

CHARLES FORTIN

VICTOR SERVRANCKX

LEO LEUPPI

�En la galería Müller expuso sus obras Blaszco; en
la misma sala, Juan Otano y W. Dustir, y última­
mente la pintora Yente.
De Brasil recibimos la adhesión al movimiento, de
la pintora Nair Olíveira.
La revista japonesa de arquitectura ''Sinkentiku'',
magníficamente presentada, trae en sus últimos nú­
meros trabajos del escultor I. Noguchi y S. Asegaw a. Además, es posible percibir en sus nume­
rosas reproducciones la total influencia de la nofiguración en los proyectos y realizaciones de ar­
quitectos y urbanistas.
Recibimos carta notificando que los trabajos de
A. Pevsner, que serían incluidos en el presente nú­
mero, fueron postergados por enfermedad. Por idén­
tica causa han de figurar en el próximo reproduc­
ciones de Hans Arp, actualmente convaleciente en
Suiza.
Para nuestro N! 7 incluiremos trabajos de tres plás­
ticos argentinos de auténtica calidad, que han for­
mado un atelier: V ardánega, Villalba y Souza.
Ya está en circulación "G olsé-se", poemas madí
de Kosice (selección entre 1942-1952), con un pró­
logo de Alberto Hidalgo.
El boletín de “Arte concreta" de Milán trae textos
de E. N. Rogers, Sartoris y Fontana.
En una de las reuniones que se realizaron en el
Instituto de Estética y Artes Plásticas de Monte­
video (Uruguay), se echaron las bases para unifi­
car — de primer intento — en una exposición de
arte no-figurativo a todos los elementos dispersos
que posteriormente han de concretarse en un fren­
te común.
Con la gentileza del señor Rector y el arquitecto
Rubén Dufau, se realizó una reunión que contó con
la presencia de Julio Verdié, Rothfuss, María Freire,
Oscar G. Reino,
Orcajo Acuña, Jo­
sé P. Costigliolo, J.
Saint Romain, Anto­
nio Llorens, L. Presno, López Lomba,
Uricchio, Kosice que

se encontraba en
ésa, y otros plásti­
cos. Se hizo presen­
te a los artistas Bu­
lla Firpo, V. Martin
Pareja, J. Zanoni,
G. Améndola y arq.
Villegas, Pérez No­
ble y Jones de lo re­

suelto y se les invi­
tó a que participen
en esta primera
muestra.

En la galería Colette Allendy (París), expuso una
buena muestra de sus trabajos el pintor Jean
Leppien.

La destacada pintora y conferencista norteameri­
cana Minna Citrón nos envía catálogos de la ex­
posición realizada en el Lyceum de La Habana
(Cuba) y posteriormente en el Museo de Arte Mo­
derno, de San Pablo. Es probable que en el trans­
curso de este año visite Buenos Aires.
La revista 'Número", de Florencia, que dirige Fiamma Vigo, trae una nutrida colaboración no sólo
plástica sino de poetas y escritores de calidad:
Oreste Borri, Ferrucio Masini, León Prebandier, etc.
En la última edición, donde figura una breve nota
sobre MADÍ, se ha impreso una nueva modalidad
en el formato, mejorando sensiblemente su presen­
tación. Por el mismo conducto nos llega una volu­
minosa colección de catálogos y folletos de expo­
siciones organizadas por ''Número", que amplía así
su ya intensa actividad.
Las colaboraciones que hemos recibido de plásti­
cos como Gianfranco F asce, G. Allosia, Rocco Borella, Rocca Rey, además de los trabajos del grupo
director y redactor de “Número", se incluirán en
nuestra próxima edición.
Una exposición de los últimos trabajos de Juan Bay,
en Galerías Antú.
La adhesión del pintor Adhemar Sánchez y de
otros, como Pérez Martelia, al movimiento madí,
amplían la perspectiva en cuanto a realizaciones
del grupo en Montevideo. En Buenos Aires, las co­
laboraciones de M aría Teresa Domínguez y Mirtha
Sessarego, incluidas en el presente número, sindi­
can un nuevo aporte para MADÍ.
Recibimos las últimas publicaciones de “Poesía
Buenos Aires", dirigida por Raúl Gustavo Aguirre.
Se realizó en Montevideo, en el salón de la Aso­
ciación Cristiana de Jóvenes, la exposición de "ar­
tistas no-figurativos del Uruguay", con la partici­
pación de Verdié, Llorens, Costigliolo, Orcajo Acu­
ña, María Freire, Uricchio, J. Zanoni y Rothfuss.
A último momento nos llega el material para nues­
tra sección de colaboraciones internacionales, la
de Moss Marlow (Inglaterra) y la del escultor japo­
nés S. A regaw a, que irán en nuestro próximo nú­
mero. Incluiremos también el comentario sobre una
revista que nos llega de La Habana con el nombre
de "Noticias de Arte". Es un aporte inestimable no
sólo para encauzar y cimentar el arte en Cuba,
sino un jalón más en el ámbito cultural del con­
tinente.
Para fines de marzo del año entrante aparecerá en
Montevideo un libro de poemas madí de Valdo
Wellington bajo el signo de ediciones madinemsor.

�REPRESENTANTES DE ARTE MADI
Adquisición de ejemplares:

EN EL INTERIOR
Ituzaingó 699
CORDOBA

G alería San Martín

Sarmiento 22
MENDOZA

EN EL EXTERIOR

APOYE

A

M ADÍ

Rhod Rothfuss

Chuy 3260
MONTEVIDEO

N. Kqsak

9307 - 97 Av. Ozone Park
NEW YORK, N. Y.

Masami Kuni

315 Funabashicho
Setagayaku - TOKIO

H. J. Koellreutter

R. V. de Castro 119
RIO DE JANEIRO

Charles Portin

Bastugatan 40
ESTOCOLMO

Sandu Darié

B/555 Vedado
LA HABANA

Lucio Fontana

Prina 7
MILAN

Arq. Humbert

55 - Boulevard Lannes
PARIS

Esteban Eitler

Casilla 9109
SANTIAGO DE CHILE

Agradecemos la contribución de:
F o to g ra b a d o s In ca
G a le r ía V a n Riel
G a le r ía Antú
E d ito rial L o sad a
F á b r ic a de ca r te r a s
L ib re r ía C o n cen tra
C a s a Iriberri
M etzg u er y Rothfuss
L ib re r ía C o rcel
In g . I. N atan son
Art. P erfu m ería
D r. M ig u el A. M artino
Im p ren ta C. C lan cy y C ía .
D ra. N elly M ead e
Prof. A licia Dupuy
G a le r ía Bonino

L a m b a ré 881
F lo rid a 659
F lo rid a 640
A lsin a 1131
C o rrie n tes 3847
V iam on te 541
F lo rid a 643
F lo rid a 521
C o rrie n tes 1681
L a v a lle 1759
R am o s M e jía 1071
S arm ien to 3485
D r. N. Q u irno C o sta 323
E sm e ra ld a 1277
C a rh u é 2116
M aipú 962

Lea y difunda:
SPAZIO - L. Moretti. ROMA

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NUMERO - F. Vigo y Sartoris,
FLORENCIA
ART D' AUJOURD'HUI - A. Bloc. PARIS
MUSEUM OF NON OBJECTIVE
PAINTING - Hilla Rebay, NEW YORK
ART CLUB - J. larem a, ROMA
SINKENTIKU - Yorioka, Miwa, TOKIO

Oh¿

NOTICIAS DE ARTE - LA HABANA

R. ROTHFUSS

S M jT '

M. T. Domínguez

í

�Kosice, Adhemar Sánchez, Pérez Martella, Rodolfo Uricchio, Valdo Wellington, Rohd Rothfuss.

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                <text>Darie, Sandú&#13;
Pet, Raymundo Rasas&#13;
Wellington, Valdo&#13;
Biedma, Aníbal J.&#13;
Kosice, Gyula&#13;
Laañ, Diyi&#13;
Sessarego, Mirtha&#13;
Hidalgo, Alberto&#13;
Rothfuss, Rhod&#13;
Domínguez, María Teresa&#13;
Kasak, Nicolás&#13;
Koellreutter, H. J.&#13;
Eitler, Esteban&#13;
Kuni, Masami</text>
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                    <text>�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA

DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST
CON LA COOPERACIÓN DE SUS DISCÍPULOS:
¡SAYÓN. Damián Cario*
Corresponsal en Enron.

HF.REI . Angelia.

JOB 1STUETA, Amalia.

BLEYLE, Magdalena.

LUC.KHAUS, Delia.

BRANÉ. Raquel.

CARREA, Lía.
CAMICIA. Angelina.
í -HIAVARINO, Carlos.

OL1VER. Samuel F.
PASINI.
D1
PASTOR, Blanca.
PUENTE. Alicia.
ROLAND, Alfredo E.
.SANSONE, Eneida.

DIAMENT, Clara.

STABILE, Blanca.

A dm inistradora

BRUHL, Rodolfo G.

Secrettfri* de redacción

EOELMAN, Raquel.
OARC/A ESTEBAN. Fernando.
■

•

GROSSI. Isolina.
H U B E R M A N . Beatriz.

‘

■

■

Secretaria de redacción

TENCOXI, Elsa.
TRABA, Martha.

SUSCRIPCIÓN ANUAL
Seis números en el arto, de abril a noviembre

&lt;Z¿&gt; , * áucentina: % 20 m/n. — Otros países: $ 30 m/n.
&amp; K . ...

- T I 1CU MAN 1539 ~ T. E. 35*9243 — BUENOS AIRES

Reglero Narional de la Propiedad Intelectual W 271*821
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Al 1&gt;ORSO DE AMBAS SOLAPAS:

í t&amp; ti k DE L AS ILUSTR ACION ES

�ALGUNAS OBRAS DE GRAN INTERES
A rm inda D ’ó n o fr io

“LA EPOCA Y EL ARTE DE PRILIDIANO
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Documentado estudio del Buenos Aires del siglo pasado, que sirve de fondo
a la biografía del gran artista porteño, cuya vida sentimental queda
aclarada en numerosos aspectos, desconocidos rasta ahora. Un volumen encua­
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a través de las poéticas evocaciones de Manuel Mujica Laínez y de los
finísimos dibujos de María Elizabeth Werde, la artista a quien Paul
Valery consagr palabras de definitivo elogio. Un volumen de gran formato
eon numerosas ilustraciones a pluma ...................................................... $ 30.—

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LA VIDA DE GRECIA"
Esta obra significa una concepción y un enfoque totalmente nuevos del
difícil tema. La triple personalidad del autor, como historiador, filósofo y
sociólogo, le ha permitido coronar su empresa con éxito completo. Dos
volúmenes encuadernados de 1.250 páginas, profusamente ilustrados. $ 40.—

j . L ó p ez R ey

GOYA Y EL MUNDO A SU ALREDEDOR’
En este libro, compuesto por cinco hermosos ensayos donde se estudia
minuciosamente un buen, número de obras de Goya, acompaando las intere­
santísimas observaciones técnicas con no menos interesantes detalles de la
intimidad del artista, el autor consigue damos la pauta de su intensa
preparación y de su pericia. Un volumen encuadernado e ilustrado. $ 10.—

D e venta en todas las buenas librerías

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CUENTOS COMPLETOS de R ubén Darío (con estudio preliminar de
Raimundo Lida) ............................................................................................. &gt; 17.—
FILOSOFIA DEL O R IEN TE, por Wing-tsit, Conger, Takakiisus. T ei
taro Suzuki y Sakamahi. (Breviario N 28) .......... ................................ S
5—
H ISTORIA DEL PUEBLO CHINO, por L . Carringnton ( io o d rich .
(Breviario N9 30)
&gt;
9.—
JUAN SEBASTIAN BACFÍ, por J. N. F orkel. (Breviario
N9 31)
.. . S 5 .INTRODUCCION A LA FILOSOFIA, por IVahí.(Breviario N9 34) . S 9 ERASMO V ESPAÑA de R ataillon. 2

tomos..........................................

S

FONDO DE CULTURA ECONOMICA
INDEPENDENCIA 802

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BUENOS AIRES

��Fresco de la

V il l a de los M isterio s

La lectura del ritual

H oja de VER Y ESTIM A R

�mm i

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Usted puéde contri­
buir con un poco de
electricidad, a que la
Industria Argentina
siga elaborando los
productos que la po­
blación y Ud. mismo
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JUANA DE 1BARBOUROU: Perdida ............................................................ ¡I
'Este es el prime* libro poético que Juana de América —según el
nombre consagratorio que recibió hace años— publica después de
largo tiempo. Todas las mejores características de su personalidad
tan extraordinaria, que le valieron admiradores y éxitos múltiples en
todos los países de habla española, aparecen llevadas á un punto de
perfección y de maravillosa maestría en Perdida&gt;
MARGARITA ABELLA GAPRILE: Lo miré con Idgrimas ................. $
El florecer de una acacia blanca, el prodigio de los brotes nuevos
es la emoción inicial que rige esta serie de poemas tan claros y
penetrantes en su transparente musicalidad.
|KAN-PAUL SARTRE: ¿Qué es la Üteratura?
..................................... $
Desdoblada en tres preguntas: ¿qué es escribir?, ¿por qué escribir?
y ¿para quién se escribe?, Sartre expone con vibración polémica
los múltiples aspectos del compromiso en la literatura.

1 0 .-

10.—

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Dedicado Exclusivamente
al Libro

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A V E L L A N E D A

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRITICA

ARTISTICA

DIRECTOR. JORGE ROMERO BREST
Número 21-22
MARZO DE 1951

�C o n je tu ras acerca de la
WiNCKi.LMANn * es quien, en 1758, formula las primeras conjeturas acerca de las posibles
relaciones entre las pinturas murales excavadas en Pompcya y Herculano y supuestos
originales griegos, conjeturas que se suceden a lo largo de casi doscientos años de apasio­
nantes esfuerzos por interpretar, articular y clasificar los frutos de tales excavaciones. Es
de todos sabido que en el año 79 una erupción volcánica sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano, conservando prodigiosamente los restos de un arte desaparecido por
acción de las fuerzas físicas o de los cristianos que con pretexto de “destrozar los ídolos'1
destruyeron las obras maestras de F idias y P raxiteles. A P unió 2, perecido precisamente a
raíz de esta erupción, debemos las primeras referencias escritas que con innúmeras anéc­
dotas y leyendas subsisten acerca del arte griego; también VitruvioS. P ausanías 4, E liano «r*.
aportan sus testimonios para el conocimiento del arte de la antigüedad, pero todo este
material no comporta sino una información entrecortada y a veces harto discutible, como
si acerca de la pintura moderna apenas poseyéramos la vaga recopilación de alguna enci­
clopedia general.
En su prólogo y notas a la edición bilingüe de los libros de Plinio dedicados a las artes
plásticas. Silvio F f.rki 6 discute la importancia del aporte pliniano comparando la critica
analítica que el texto recibiera entre los años 1850 y 1898 y que intentó dilucidar lo que
en Plinio es producto de conversación erudita, textos griegos o textos latinos y la critica
cxegctica desarrollada en años posteriores, que va a la fundamención histórica más
profunda del texto pliniano y cuyo fruto más sustancioso es el estudio de Sciiweitzer
Plinio, que en justa opinión de Ferri no entiende el fenómeno artístico y no ve en la
creación plástica sino la temática expresada por el artista, proporciona necesaria ilación
a toda investigación sobre el arte griego. Al aporte que configuran las fuentes literarias
para el conocimiento de la gran pintura, importa agregar el estudio de numerosos vasos
y escasos restos pintados, aunque apenas permitan una aproximación estilística, de orden
compositivo, válida para los caracteres del dibujo: y el caudal helenístico que, referido
a las fuentes literarias, ha permitido identificar como copias o derivaciones interpósitas del
gran movimiento formativo de los dos siglos clásicos, algunos mosaicos alejandrinos y
pinturas de Campania; pero estos elementos configuran transformaciones que enjuician
deducciones inmediatas.

2

�pintura helenísticorromana
-;Pero acaso íuó la piniura un arle mayor en los siglos clásicos \
helenísticos? La entusiasta versión de los textos antiguos y las espión
didas obras que componen el Museo de Ñapóles no deben inducir
a error. Hay, por de pronto, estrecha alianza de elementos pictóricos
v formas arquitectónicas. T eseo fugándose d e Nasso aparece en la
pintura de un vaso griego de la primera mitad del siglo IV, en un
relieve romano y en un cuadro pompeyano de la Casa del Poeta
Trágico, evidenciando que las probables semejanzas entre un grupo
escultórico y una obra pictórica obedecen a su correspondencia con
un mismo modelo pictórico original 8.
La estela pintada de Pegaso representa el lúgubre episodio de la
muerte de una mujer que acaba de dar a luz un niño; innegable
es la analogía con la pintura pompeyana por los resabios de com­
posición helenística, la disposición de las figuras y la expresión de
profundidad en perspectiva. Vo.\ Sa lís 9 cita grupos de mármol
que corresponden a escenas pintadas en vasos v califica cL grupo
Ajax v A quiles jugando a los dados como ‘ trasposición directa
de la pintura a la plástica.” El propio Teseo de los murales de
Pompcya y Herculano es un tipo de atleta con el sello inconfun­
dible de Lisipo, pues con frecuencia se tomaron estos modelos
del caudal escultórico correspondiente a los primeros tiempos del
helenismo. Es decir que los mismos tipos de que se sirve la eseul
tura monumental salen a nuestro encuentro en la cerámica y en
la pintúra Difícil es resolver la cuestión de la prioridad, pues
aunque la artesanía se limite a copiar, nada autoriza a suponer
que todo derive de modelos estatuarios. Para Von Salis es la
afinidad natural en los modos de ver c imaginar lo que ocasiona
ioincidencias de jornias en las diversas artes.
Wolrmanx 10 intuye que dado el concepto de monumento de la
arquitectura templaría, la escultura debió ser en Grecia el arte

'i

1 J . J . W in c k e l m a n n , H is­
toria del a rte en tre loa an­
tiguos, Boston, 1880.

el
viejo,
Storia
della arti antiche, E d . F r a -

2 P u n id

telli Palom bi, R om a, 1946.

3 V ituuvío . De Arquitectura.

4 P a u s a n ía s . Guía

cia.

ñ

JCl.ian o ,

de G re­

] rariadas historias.

6 Texto, traducción y notas
en la edición bilingüe de
P u n ió antes citada -.
7 S C H W E IT Z E K .

von Athen, 1932.

X eu o e ra tcs

8 Es el viejo rilo helénico
renovado con nuevos carac­
teres sentimentales en la
poesía alejandrina, con lo
cual se quiere significar que
la concepción poética y re­
presentativa tuvieron evolu­
ción paralela.

9 A rn' o ü ) von S a l ís , EL arte
de los griegos, Rev. Occiden­

te. Buenos Aires, 1948.
10 WOKUMANN. Historia
arte. B a rce lo n a . 1932.

del

�fundamental, en detrimento de la pintura y de la música, y tampoco Collignon i i atribuye
a la pintura expresa preponderancia. A ésto aduce Rizzol2 que la tradición literaria se
refiere con tal calor a la pintura griega y le atribuye un carácter tan particular que
impide asociarla a los conceptos vertidos sobre la escultura de la misma época. Es posible
que todo lo que no registra la escultura, intérprete del culto apolíneo, haya sido expresado
en la pintura, que favorece la representación de los misterios órficos. Los mismos filósofos
griegos prefirieron recurrir para sus citas a la pintura más que a la escultura 13.
¿Pueden establecerse relaciones con los veinte mil vasos pintados griegos que existen en
museos y colecciones? Para P ottier 14 estos millares de vasos resucitan obras para siempre
perdidas —que los autores antiguos jamás comentaron— y donde se exhuma el genio griego
con los caracteres de milagro que le otorgó R enán 15. Otros, como G irard 16 se lamentan
de que los vasos no pudieran recoger los atributos exclusivos de la pintura: caracteres del
movimiento, expresión de los rostros, gestos, actitudes, ¡perdidos para siemprel También
P ijo á n 17 admite que las obras de los grandes maestros se hallan reproducidas en la
cerámica griega, el solo «elemento que para M é a u t is 18 ha sido descubierto en cantidad
suficiente como para permitir deducciones fidedignas. En obra editada recientemente,
G eorges H uisman 19 proporciona la más justa caracterización histórica de los vasos pinta­
dos griegos: señala que a la pintura geométrica del período p r i m i t i v o 20 sucede en la
segunda mitad del siglo VIII la imaginería orientalista, difundida en Jonia y en las islas
por los fenicios, con séquito de animales reales o fabulosos, lotos, palmitos y rosetones,
que hacia mediados del siglo VI produce la pieza máxima, el famoso vaso Fran^ois.
Luego, la adopción de las figuras rojas introduce contrastes convencionales que significan
bien a las claras que a la pintura más le importa ser entendida que reproducir en forma
convincente la impresión sensible. Aunque anteriores en casi medio siglo, los vasos de
principios del siglo V reproducirán figuras, actitudes, gestos, fisonomías de las esculturas
del friso del Partenón. La trasposición de un arte al otro es ya ineluctable. Es el secreto
de la evolución escultórica que rompe con el arcaísmo y adquiere el movimiento que
instruye también a la pintura.
Sin abandonar los temas acostumbrados de la mitología y la epopeya, los pintores debieron
abordar vastas composiciones con sentimiento dramático de gran fuerza, como en el vaso
de E ufronio , cuyo interior muestra a Teseo dispuesto a sumergirse en el mar para res­
catar el anillo de Minos, o la copa de Sosias en que aparece Aquiles curando a Patroclo
su brazo herido 21. El vaso de los persas de Nápoles muestra en el estilo enorme
semejanza con el gran mosaico de la Batalla de Alejandro y los gestos nerviosos de las
figuras en ambos cuadros señalan los comienzos del helenismo. La famosa hidria de
M idias, en cuya base se ha pintado a Heracles en el jardín de las Hespérides, halla testi­
monio indirecto en un pequeño cuadro sobre mármol que representa la reconciliación

4

�de Niobe y Laiona, cantada en un verso de Safo. Pero desde fines
del siglo IV declina toda la cerámica griega, ya no rige el concepto
de lo ideal y en lo profundo de su conciencia el pueblo vive una
imagen totalmente opuesta que halla su espectro en el Alcestes de
E urípides: son las fuerzas dionisíacas que amenazan el culto apolíneo.
Y pueden los textos estar concordes en que la cerámica reproduce
los estilos y temas de la gran pintura, pero para Rizzo todo lo que
pueden sugerir los vasos pintados acerca del color, técnica y estilo
de-un fresco, una tabla o una tela es de validez tan relativa como
si quisiéramos conocer la pintura del Renacimiento a través de su
cerámica.

De la técnica y de los modos, dice Plinio: “' . . . f ué después de
mucho tiempo que el arte introdujo las calidades en el color, y la
luz y la sombra. Enseguida fué agregada la luminosidad artificial,
cosa bien diferente de la luz. Y llamaron tonos a los intervalos
entre la luz y la sombra, y harmogé al contacto y pasaje de los
colores.*’ Quienes mejor precisan estas conquistas en el campo de la
pintura griega son, indudablemente, P fu h l 22 y Méautis. Por su
parte, Woermann considera que los cuadros de caballete debieron
imitar las decoraciones murales de la época romana, tratados según
Rizzo con témpera y no al fresco como alegan O tto D onner y
C apitani D ’A rzago 23, para quien los antiguos debieron utilizar
la témpera para añadir con ella ciertos efectos a los frescos, en
tanto que otros autores 24 señalan el uso de la encáustica.

11 M a x
Co l u g n o n ,
L ’arckeologie grecque. Ed. A. Pi-

card, París.
12 G. E. Rizzo, L a pittura
ellenistico - rom ana , Milano.
1929.
13 P la t ó n , Sof. 235: "con­
forme a las proporciones del
original, dando sus colores
propios a cada cosa."
A r ist ó t eles . Ret. I, I X : la
imitación debe ser absoluta
"porque el placer no consis­
te tanto en la cosa que se
imita, sino en comprender
que esta cosa es aquella
otra."
14 E .
P ottier , L e
dessin
chez les greeou.es d?apr¿a les
vas 38 péinta, P a r ís , 1905.
15 R e n á n , Plegaria al A c ró ­
polis.
16 P a u l G irard , L a peinture antigüe, P a r ís , 1892.
17 J . PiJOÁN, Historia gen e­
ral del arte , Ed. Espasa -

Calpe, Madrid, 1932.

18 G. M é a u t is . Las obra*
maestras de la pintura g rie ­
ga, Ed. Argos, Buenos Ai­

res, 1948.
19 G. H u is m a n , Historia g e­
neral del arte, Ed. Quillet,
1947.
20 Es el nervio acerado de
pequeñas, informes silueta*
adaptadas a rígidas exigen­
cias somáticas pero atentas
a la vida y a la realidad.
21 V on S a lís ad v ierte la
n o ta bu fa que corresponde a

la poesía de los io n io s : es

el c o n tra s te c a r a c te r ís tic o de
toda ép o ca a m a n e ra d a .

Obvia significar que la transición del arte arcaico al clásico y de
éste al helenístico, no se efectúa como una brusca interrupción y
una vuelta a empezar. Quien exija la conceptuación ideológica
para razonar los problemas del arte, hallará en R omero B rest 25
el índice imprescindible para comprender cómo han podido bastar
doscientos años para pasar del arte arcaico al período helenístico.
Observa que el arte griego arcaico, excepción hecha de la arquitec
tura, era todavía un arte oriental y por lo tanto fuertemente inteiectualizado. Lo característico del arte griego clásico y aun de las

22 E r n st P f u h l , M a l e r e *
und Z eich nun g d er G riechen,
M unich, 1923.
23 A lberto D a C a p i t a n i
D ’A rzago, L a grande p it ­

tura greca n ei secoli V e I V
a. C., Milano, 1945.

24 Los estudios modernos se­
ñalan con creciente impor­
tancia este último método. \
25 J

orge

R

o m ero

B

rest

.

Historia de las A rtes Plás­
ticas, E d . a rg e n tin a Poseidón.

1945.

�épocas siguientes iué la inclusión simultánea de la más acendrada observación de la natu­
raleza humana y el ejercicio más ahincado de la pura especulación mental; por eso
considera posible efectuar un corte en su historia a fines del siglo IV. sin peligro de caer
en imperdonable arbitrariedad.
En opinión de Von Salís, conviene concebir el arte arcaico como una gran unidad hacia
el instante en que penetran violentamente en la vida artística griega, ideas nuevas v
originales que la transforman por completo.
Kn los siglos VII \ VI. la época arcaica propiamente dicha, una ola de especulación
racional cubrió a los helenos, practicantes de una ciencia especulativa y no empírica que
buscaba la explicación sistemática del orden de las cosas y sustituía Ja tradición religiosa
por una norma intelectual. En sus form as mesuradas y contenidas exprese) el arcaísmo2U
la belleza de la monotonía y su inexorable lev. de la frontalidad. Rara ve/ ocurre tal
afinidad entre el lenguaje de las formas y el contenido ético como al final del arcaísmo,
pero la falta de sencillez y naturalidad conducen el arte y la vida por las mismas vías
equivocadas; son normas de mayor refinamiento que no tienen afinidad interior con la
severa disciplina que en la siguiente época preclásica determinar;'» la conducta moral del
mundo griego. Puente aclaratorio del cruce de la concepción arcaica a los caracteres del
arte clásico, constituye la idea planteada por Romero Prest en sus clases sobre el arte
griego: la posición del arcaísmo helénico obedece para él a un proceso de reducción
puramente conceptual y referido a formas geométricas. Pero desde la segunda mitad del
siglo VI se abandona el sistema deductivo para adoptar un sistema inductivo que, en lugai
de partir de las formas hechas para aplicarlas a las formas humanas, empieza en las
formas humanas y de su examen arribará, no a formas individuales naturalistas, sino a
formas generales con un mayor estado de tensión emotiva; es decir que. frente al hieratismo
del arcaísmo, estas formas aparecen cargadas de tensión 27.
Por fin en el período clásico el arte griego arrojará su rigidez tradicional. El asunto de
los cuadros aparecerá impregnado de espíritu y visto a través de un temperamento. Habrá
un interés creciente por la esencia v la figura del objeto, un firme deseo de verdad tradu­
cido en la realidad racional, pero todo hallará su cauce dentro de la más absoluta sencillez.
Todo es austera concentración en lo esencial, p e ro ... sin comprensión de los encantos
poéticos episódicos. Mas veamos a sus pintores 28.. .
Kn el siglo V, (jue desconoce aún el uso de la perspectiva, Poljgxoto trató la división de
planos, con extraordinaria destreza en la representación objetiva de la figura humana,
y mostrando el entrecruzado de las más variadas influencias: de los relatos épicos de
Homero \ de los misterios órficos y elcusinos 20. Exageraba por el contraste y, como en
Homero, cu sus pinturas la calma seguía a la tempestad. Pfuhl :t&lt;) nos plantea el siguiente

6

�interrogante: ¿Que fue el eihos de l’olignolo? Deduce de Eliano y
Aristóteles que el eihos no es sólo el carácter, sino un antagonismo
de lo estático, condicionado por la vida interior, y lo pasajero que
responde al influjo externo
De Z e u x is dicen Méautis y Pfuhl
que es el E u rípid es de la pintura, pues destaca todo lo individual
aunque ligado a la verdad natural que. para G o e t h e , está en la
antípoda de la verdad artística. De P arrasio , en quien influyó
fuertemente el pensamiento sofista, dice Pfuhl que desechó todos
los valladares perieleanos, pues cuando pinta su famoso Pueblo
Ateniense no se detiene (como no se detuviera Sócrates en sus
sofismas) hasta reproducir todos los estados psíquicos imaginables.
Se citan muchos otros pintores y sus obras antes de tratar a A polo
doro de Atenas, precursor de todo futuro cansino en el campo de
la pintura y quien logra traducir la expresión espiritual del grao
movimiento sofista que destacó los valores subjetivos. Importa
señalar que esta inquietud no hallará cauce en la escultura sino
hasta el siglo II. pero aún antes de que lo hiciera la pintura,
habían sido la música., la danza, la poesía y el teatro los que
iniciaron radical ruptura con la severidad del arte clásico. El
'áglo IV 32 desarrolla las nuevas rutas señaladas por la Skiagrafiu
de Apoiodoro y por el espíritu sofista, no ya en la escuela de
Siciona atenta al principio ideal de la belleza y de la imitación
de la naturaleza como propugnan sus pintores Ei/p o m p o , P a n filo
v M ela n z io . sino en la escuela de A rístid fs a la que pertenecieron
Kufranor . que pintó la insania de Ulises; E i i .oxf .no , a quien poco
ritan los antiguos pero que debió pintar la Batalla de A lejandro
v el rey Cassandro, que se conoce por el gran mosaico de la Casa
del Fauno 33; N ic ía s , en quien puede hallarse un germen de opo­
sición por su apego a las escenas de género idílico y al virtuosismo
decorativo de la naturaleza muerta; I’rotógfnfs , más próximo a los
notables esquemas clásicos, praxitélicos, y tantos otros. . . Pero es
Ap e í jes, la gran figura de la escuela de Siciona, a quien la anti­
güedad tardía llama “el más grande de todos los pintores"; nadie
como él tradujo la sabiduría psicológica de la Calumnia 34 y aún
en sus más sabias alegorías supo plasmar el inconmensurable ele
mentó jónico de la gracia, evocada en el \ IY Canto Olímpico
de PÍNDARO.

7

26 P a r a W o e k m a n n , el a r te
m ás p u ro y elevado.
27 E l dism inuido in te ré s pol­
los objetos obedece a que la
vida im a g in a tiv a es m ás y
m ás p o ten te y da e n trad a
a la idea de a b s tra cc ió n en
la pro d u cció n p l á s ti c a ; sólo
podrá co n sid e ra r este p ro ­
ceso com o u n a re g re sió n ,
re fu ta von S a l ís , quien es­
tim e que la im itació n de la
n atu raleza es la finalidad
m ás elevada de] a rte .
28 M é a u t is en su o b ra c i t a ­
da ** an aliza individualm ente
p in tores y o b ra s de la e ta p a
clá sica , fu nd ando la in te r ­
p re ta ció n
te m á tic a
en
la
tra d ició n l i t e r a r i a y con
atrib u cio n es re fe rid a s a p in ­
tu ra s p o m p ey an as.
29 A r istó teles dice que r e ­
presen tó al hom bre e lev án ­
dolo so b re la N a tu ra le z a y
con
ethos, queriendo sig ­
n if ic a r un estad o psíquico
resuelto.

30 Obra fundamental cita­
da
cuya existencia en el
país desconocemos pero de
la que Hans Platschek, co­
laborador de V er y E s tim a r
en Uruguny, nos facilitara
un resumen imprescindible.
31 P a u s a n ia s d istin gu e su
te n sa em otividad y su p reo ­
cu p a ció n p o r los problem as
del m undo m oral.
32 E r n est o C u r t í s : " a lc a n ­
za m á x im a
a ltu r a en
la
e x p re sió n su b je tiv a , desen­
tendiéndose de las leyes f o r ­
males del a r t e m á s sev ero ,
cayend o en lo incon m en su­
rable, uniendo lo que no
puede u n irse y m ezcland o
procesos
reales
con
ideas
f a n tá s tic a s .”
33 B ürc kh a rd t :
“ el valor
m áxim o de e sta p in tu ra ún i­
ca en su g én ero no co n siste
en un dibujo im pecable ni
en la e x p re sió n p a r tic u la r ,
sin o en la
re p re se n ta ció n
conm oved ora de un m om en­
to su p rem o con la m a y o r
econom ía de m ed io s."
31 M a g n ífica m e n te des crip ta
por L u c ia n o ( c. 4 1 ) , fué
re co n stru id a a su vez por
Rotticei.lt.

�¿Quién cree todavía en la decadencia helenística que acusaron Girard, Woermann.
Méautis? ¿Para quién rige aún ese malhadado concepto de un mero juego del espíritu en
que el intelecto sólo pretende expresar ritmo y armonía? Fué indispensable que se descubrie
ran las ciudades y santuarios helenísticos en Asia Menor, para que la originalidad e inde­
pendencia de este arte fecundo y feliz labraran una corriente de comprensión de la voluntad
plástica de esa época. Agotados los alardes de las fuerzas físicas, el hombre helenístico
requirió la expresión del esfuerzo interior, de la tensión del espíritu, de la penosa lucha
con la idea; es la voz de la pasión y de la alegría, una alegría que desborda y contagia a
todo el enjambre dionisíaco. £1 impulso que L isipo diera a la plástica en la segunda
mitad del siglo IV, corresponde en pintura a la orientación en el sentido del eje de pro­
fundidad, alineación oblicua que ordena un torbellino de luces y sombras como en el
cauce de una iluminación uniforme con incesante permutación de ejes y variación de
direcciones, no sin desplazar el centro de gravedad que sustentara el equilibrio clásico.
Es un estilo de formas enloquecidas, excitadas, que niega por igual la orientación clásica
anterior como la clasicista posterior y cuyas fuerzas determinarán la victoria del expre­
sionismo en el arte bizantino.
Esencia de lo helenístico, como del barroco moderno, es para R odenwaldt 35 ese tempe
ramento patético que va desde la representación de la vida interior más profunda hasta
la ampulosidad teatral. Fase tardía del arte griego, el estilo helenístico realiza la misión
de intérprete de la naturaleza en evolución espiritual muy semejante a la barroca. Rodeavaldt insiste en su feliz comparación con el barroco, revelando que el arte helenístico
se complace en la excitación pasional, en la estridencia, en la exageración, y con tales
argumentos endosa la posición de U. von W ilam ow itz -M oellendorf , que advierte en
esta sublime afectación todo lo que de barroco hay en el arte helenístico. Opone este
carácter a los rasgos de callada quietud inseparables del arte griego, pues en ambos radica
una voluntad de libre individualidad, aunque manifestada de modos distintos 36. Pero es
sólo hacia el final del período que el ideal barroco pierde su atracción, para favorecer
un acercamiento con la naturaleza, una realidad sin afeites. Para Pfuhl, nada importa
como la ampliación de puntos de enfoque, el enriquecimiento visual y el movimiento
espiritual que condicionan el período helenístico. V irgilio , H oracio , C á t u io , P ropercio ,
C icerón y T ácito , no son imitadores de los griegos, sino sucesores de una herencia cultural
que, en el cumplimiento de las enseñanzas sofistas, busca la coordinación de las más
grandes contradicciones y el tránsito de todos los caminos para alcanzar la expresión de
un espíritu propio.
En el primer libro argentino dedicado al tema, R oger P lá 37 apoya la antigua concepción
que ve en el arte helenístico un arte decadente, resumen de su propio pasado. No ve
sino una inspiración agotada que, incapaz de nutrir el impulso creador con caracteres

i

�A

I

�B

�propios, recurre a ejemplos pretéritos. Queriendo destruir el pre­
juicio admirativo que reza sobre el arte de la antigüedad, y del que
los arquitectos renacentistas y Renán son principales causantes,
observa que si tal prejuicio puede ser estímulo y ejemplo, concurre
también a inhibir la actividad futura, esterilizándola en formas
mecánicas. Considera que nuestro ciclo histórico cabe dentro del
ritmo y la calidad propios de aquel ciclo antiguo y lo interpreta
como culminación natural del repertorio artístico que en la anti­
güedad oscilaba entre el sentimiento abstracto, normativo, generalizador de formas y el sentimiento naturalista, individualizador de
formas. Así, los frescos de Pompeya constituirían una síntesis de todo
el arte antiguo en la expresión del mundo de las formas y del color,
con tendencia a subrayar el parecido naturalista, la sentimentalidad de la expresión y el patetismo psíquico. Romero Brest
señala que Roma —invertida toda su pujanza en la formación
del imperio y falta de energías para la creación de una
cultura propia— no va a asimilar los rasgos sólidos y potentes
que definen la cultura griega hasta las conquistas de Alejandro,
sino formas de arte posteriores que no son sino residuos de una cul­
tura en proceso de disolución. Es, con palabras de Horacio, el
genio de Atenas que conquista a Roma triunfadora. La opinión
de R einach 38, opuesta al concepto de la decadencia del arte
romano, significa la incontestable evolución descendente del arte
helénico y de la tradición clásica que, unida a elementos orientales,
conserva su gusto por tipos y fórmulas que corresponderán más
tarde al arte bizantino. Junto a esta voluntad de forma envejecida,
Reinach ve surgir un realismo que quiere llamar romano, y que
recobra sus derechos —después de que durante larguísimo tiempo
el arte bizantino ha ejercido influencia sobre los países de Occi­
dente— al contacto con el realismo francés del siglo XIV, para dar
origen al Renacimiento con formas de arte totalmente opuestas
a las formas bizantinas y que con justeza pueden referirse al
realismo romano.
No quiero sino citar las pinturas helenísticorromanas y las atri­
buciones justas o antojadizas (¿lo sabremos jamás?) de que han
sido objeto algunas piezas como la Reconciliación de Latona y

11

85 G. R od en w ald t , Historia

del A rte. Ed. Labor, B are^

lona.

86 "Los pórticos de mármol
en el palacio alejandrino, el
gigantesco templo de Dídima
y el Coloso de Rodas tienen
enfrente el jardín de EpiCURO, las casas de campo
frecuentadas por T eócrito
en Cos, los aposentos de tra­
bajo donde C alímaco com­
pone sus poemas y A rq uí m edes
se dedica a la in­
vestigación."
E duardo

S c h w a r t z , Figura s del m un­
do antiguo, Ed. Rev. Occi­

dente, Madrid, 1942.

37 R oce»

P lá ,

pompeyana,

A., 1947.

La

pintura

Ed. Rosario S.

38 S. R e in a c h , Apolo, H is­
toria general de las Artes
Plásticas, Madrid. 1930.

�Niobe en que contrastan la delicadeza de ejecución y el drama que proviene del trasfondo
mitológico, obra referida por D ucati 39 y otros a la segunda mitad del siglo IV, como
otras dos pinturas que representan a Perseo liberando a Andrómeda y la Liberación de
lo por Hermes atribuidas a N icías.
En cambio M a iu r i 40 objeta que la leyenda y el epicismo quintaesenciados en esta obra
la refieren y con razón al refinado arte augusteo. La copia menos fiel de cuantas obras
pompeyanas se conocen y que J ulius L ance llama “la peor de todas”, es el Sacrificio de
Ifigenia, en que se ha querido dar la gradación de sentimientos de los personajes por
un procedimiento equivalente al del silencio en Esquilo, aunque según una composición
ecléctica que para Rizzo es referible a las formas del arte neoclásico. Contradictorias
como en todas las pinturas pompeyanas son las atribuciones correspondientes al Suplicio
de Penteo, el violador de los misterios dionisíacos agredido por su madre Agave,
presa de la embriaguez orgiástica, en tanto que Ino se esfuerza por detener a Penteo;
toda la atmósfera expresa fuerte tensión dramática y el desorden del espíritu y de
los sentidos, pero es en la concepción del mito donde Rizzo funda la referencia hele­
nística. La producción literaria más enjundiosa, como las Siracusanas de T eócrito ,
los mimos de H erondas, la Hécale de C alimaco , halla su equivalente plástico en el
famoso mosaico del Dióscorides de Samos, que representa una familia de cómicos
dando pruebas de su habilidad musical y bufonesca; otro mosaico alejandrino representa
a cuatro actores en una escena de magia y aún otro tiene el gran interés de mostrarnos
las bambalinas, el interior de los decorados y a los actores con máscaras que intensifican
lo cómico o lo trágico de sus gestos y movimientos. En la figura de Medea inmersa en
tumultuosos pensamientos, se debaten el amor materno y la voluntad homicida como en
el monólogo de una tragedia griega; un instante más y el equilibrio se habrá roto. Esta
es la idea capital en la obra de Méautis, que basa la noción del momento detenido en un
principio de equilibrio que permite captar hondamente el encanto e interés de esas pinturas.
Pero los tres más grandes conjuntos de la pintura antigua son los frescos de Boscoreale,
de las Bodas Aldobrandinas y de la Villa de los Misterios, con lo cual se comprueba que
la historia de la pintura antigua está hecha más de lagunas que de certidumbres y que
es casi imposible unir la tradición literaria con las obras que por rara casualidad conser­
varon las cenizas del Vesuvio. En los frescos del gran Triclinio de la villa del Bosco­
reale, los retratos han sido expresados en el estilo del primer período helenístico, desta­
cando la sonoridad y el sentido vivo de la realidad visible, con toda la brillantez de los
colores meridionales y amaestrados por mano tan segura de sus efectos que hasta supo
dar la nota contenida.
Las Bodas Aldobrandinas, admiradas por L uciano , Go e t h e , R ubens, V an D yck. y P oussin,
son prueba elocuente de que los pintores pompeyanos que se inspiraron - en los poemas

12

�cíclicos de la epopeya homérica prefirieron tratar las figuras plásticas
en relieve para ahondar en su expresividad y que tal composición
cíclica influyó en la pintura del segundo y tercer estilo. Empeñado
como siempre en desgajar todo vestigio de influencia romana en
el arte helenístico, Maiuri encuentra en esta obra un reflejo de esa
aristocracia romana para quien el cántico nupcial de Cátulo es un
ensayo lírico con atisbos costumbristas. La obra que más ha contri­
buido a interpretar el mito griego, es el fresco de la Villa d e los
Misterios, que representa la iniciación en los misterios dionisíacos
con la lectura de los ritos, la preparación para el sacrificio, el mundo
mítico del cortejo dionisíaco, la purificación por el martirio en una
atmósfera trágica de solemnidad hierática, el rito de la flagelación de
la carne y del espíritu, y el alborozo de la danza final que trasunta
el sentido del culto delirante, seguido de espasmos de gozo que con­
cluyen el ciclo dramático de la acción litúrgica. Proyectado en
el campo del mito y expresado con vivo sentido del pathos, estos
frescos exhiben los caracteres del arte de Scopas y constituyen el
monumento más importante de la pintura de la antigüedad.
Extensa es la lista 41 de pinturas helenísticorromanas, desde el
gran mosaico de la B atalla de A lejandro, obra de los grandes
maestros de la segunda mitad del siglo IV, hasta los amorcillos
ingenuos y maliciosos cuyo origen se remonta a los vasos pinta­
dos, pero si los grandes temas patéticos constituyeron el objeto
de la pintura monumental, el formato menor fué reservado para
los pequeños asuntos de la vida diaria: el paisaje, la personifi­
cación de la primavera en la joven recogiendo flores, las natu­
ralezas muertas, las pinturas animalistas, los retratos y aún la
caricatura que remonta su origen a la antiquísima pintura egipcia.

En cuanto al problema de las copias de la pintura helenísticorromana, las antiguas concepciones literarias 42 apoyan la teoría de que
Italia toda abundaba en obras maestras surgidas de manos helenas;
aunque Girard señala ejemplos en que el tema y la factura son
griegos, pero sin tratarse de una copia sino de verdaderos origi­
nales. Ducati y otros sostienen la existencia de frecuentes expor­
taciones de vasos áticos a lu península itálica y presumen que

13

39 P h ricle

claseica,

D u c a t i,

Torino,

V a r íe

1927.

P errot et C h ip ie z , Histoire

de

dañe Vantiquité ,
1894. S prin g er -R ic ci ,

Varí

P a rís,

Manuale di Storia delVArte,

Bergamo, 1910.

40 A medeo M a iu r i , Pomjjéi,

Ed. Istituto Geográfico de
Agostini N ovara; Lea fr e s ­
quea de Pompéi, Encyclopédie Alpina Illustrée, París,
1942 ; Pompe janische Wandbilder , Ed. Die S i l b e r n e n
Bücher, Berlín, 1938.

41 V éase O lga E l ia , P itture

m urali e mosaici nel Museo
Nazionale di Napoli, Roma,
1932.

42 G i r a r d .

Collignon

Perrot-Chipiez.

y

�hasta allí debieron emigrar también los ceramistas griegos, constituyéndose así una cerámica
trasplantada que no es fácil distinguir de la que procede de Grecia, aunque pronto cobre
caracteres itálicos muy peculiares que mejorarán la nobleza del diseño y de la composición.
En cuanto a las pinturas pompeyanas, para Reinach no cabe duda de que todas son copias
de originales griegos, pero se empeña en demostrar que la invasión ática no impidió el
desarrollo policromo de un arte romano que considera indígena itálico y no forma dege­
nerada del arte helénico. A su vez, la opinión de W ard43 es aventurada y antojadiza pues
sostiene sin fundamento que los artistas de Pompeya debieron unirse en grupos con un
artista griego responsable del esbozo total de la obra y de la ejecución de las partes más
importantes, siempre sobre copias de ejemplares griegos. Méautis rechaza fundadamente
toda esta labor de atribución alegando que el vigor de realización de ciertas pinturas
alejandrinas —jamás citadas por los autores antiguos— corresponde al ideal estético ro­
mano, más complejo y refinado que el de un Zeuxis o un Parrasio, subrayando Von Salís
que hay tal libertad y variedad en el uso que se hace de los viejos motivos que, en verdad,
no puede hablarse de normas unitarias en cuanto a la elección de los asuntos. Por
fin, Rizzo aclara agudamente este difícil y problemático tema de las copias, tras definir
relaciones entre la pintura mural romana y escuelas o maestros de la gran pintura
clásica y neoclásica. Analizando el evidente contraste entre la bellísima concepción y
mediocre ejecución, descarta toda idea de un arte original, fijando su concepto de que
en cuanto a las referencias escritas, la demostración de esta dependencia es tanto más
difícil que en la escultura, pues muy poco se sabe de la pintura antigua. Para otros
autores existiría el sistema griego de composición en que la figura aparece construida
como en relieve, en oposición a un sistema romano en que domina el fondo en perspec­
tiva, como en las escenas de la Odisea. Rizzo niega la validez de estas teorías pretextando
que los pintores pompeyanos conocían bien el arte antiguo, habían estudiado sus mo­
delos, pero en lugar de copiarlo fielmente prefirieron interpretarlo, alargando o trans­
formando el tema y hasta intenta trazar escalas cronológicas con todas las copias deri­
vadas de cada modelo. Con la llamada pintura neoclásica se buscaría en la pintura romana
una expresión estilística de mayor refinamiento, opuesta a la expresión sincera e inge­
nua que señala Méautis en el arte de los siglos clásicos; tal argumento ha podido ser
estudiado en la escultura del período de Augusto y en cinco cuadros pintados sobre már­
mol, para insertar en los muros, hallados en Herculano y Pompeya. También en la
decoración de la edad romana se han hallado imitaciones de pinturas del estilo clásico,
que podrían ser copias fieles de pinturas originales del siglo V, referidas a su vez a las
pinturas de los vasos.griegos sobre fondo blanco. Pero Rizzo tacha de absurda la sola
idea de que tal mezquindad técnica y pobreza colorística puedan corresponder a la pin­
tura de Zeuxis y Parrasio. Ve en las decoraciones neoclásicas simples dibujos con leves

14

�retoques cromáticos y recurre al ejemplo de las Bodas Aldobrandinas
para destacar una vez más que la influencia del arte neoclásico,
con su composición ecléctica, sus libres reelaboraciones, expone a
dura prueba el juicio del crítico más avezado.

43 J a m e s W ard , H i a t o r jp
and methods of ancient and
m odern painting, Londres,
1913.

Interesa plantear aquí aunque someramente el problema de los
estilos en la decoración mural arquitectónica, que cobra mayor auge
con la creciente importancia de la vivienda privada y en la que
debieron descollar los pintores pompeyanos, simples artesanos que
nunca se propusieron la gran pintura. Rizzo y Pfuhl, Romero
Brest y Plá son quienes tratan con mayor claridad y carácter
más definitorio los cuatro estilos de la decoración pompeyana.
El primer estilo habría consistido en revestimientos de estuco
que imitaban la incrustación marmórea, según la distribu­
ción arquitectónica griega de la época clásica; para Roger Plá,
registra el siglo IV del arte griego y denuncia en su riguroso
sentido realista rasgos muy similares a los del arte etrusco. En el
segundo estilo 44 se advierte el reemplazo de la decoración en
relieve por idéntica decoración pintada, evocando quizá las sun­
tuosas construcciones del Oriente helenístico. Fué intención del
segundo estilo crear la ilusión de espacio y profundidad con las
leyes de perspectiva y hacer perder el fondo en lontananza, por
lo que se lo llamó decoración escenográfica; con criterio más
explícito Plá lo denomina estilo arquitectónico-perspectivo pues
da paso a la pintura mural figurativa, con intervención del
arte paisajístico 45. Pfuhl añade que la decoración mural del
segundo estilo se halla como estrujada entre pilares, donde muros
imaginarios significan los primeros planos; Méautis lo interpreta
como una evasión de la realidad, aunque sin la pesadez de un
superrealismo, pues para él el arte pompeyano es juego sonriente
del espíritu en que el intelecto jamás pierde sus derechos mientras
exprese ritmo y armonía, elementos inefables del arte clásico que
tanto admira. Pero el tercer estilo renunciará a todo ilusionismo y
buscará acentuar la limitación espacial; con su característica preci­
sión interpretativa, Rizzo habla de una ornamentación en el plano
en sentido horizontal y vertical, como si perdido el concepto de

44 El ejemplo más antiguo
es el teatro cubierto de
Pompeya (año 80 a. C .).

45 V itruvio, hacia la época
de A u g u s t o , observa que
"sobre los muros se pintan
más bien m o n s t r u o s que
imágenes definidas de obje­
tos reales. En lugar de co­
lumnas, ramas estriadas, con
volutas y hojas encorvadas,
y motivos decorativos en lo­
gar de frontones.”

�la profundidad sostuviera el decorador un principio más sano, que rehuye la representación
■ escultórica y destaca el elemento dibujístico siguiendo la entonación estilística que lo
refiere al arte ático. Opina que la pintura neoclásica debe estudiarse principalmente dentro
del cuadro del tercer estilo, no sólo por su menor sentido de profundidad —unido a una
-ejecución minuciosa, tonalidad cromática clara y tranquila— sino por la síntesis decorativa
y la forma estilística. Plá vincula este estilo directamente con la influencia egipcia, porque
•conecta con las tendencias generales del espíritu augusteo que abogó por la severidad en las
formas y ve con agrado que el apego a la frontalidad de tales pinturas devuelva a la pared
su función de limitar el espacio, como en los frescos de la Villa de los Misterios antes citados.
Señala simultáneamente la subsistencia del segundo estilo, que aflora con nuevo ímpetu en un
cuarto estilo 46 en que las paredes se perforan en infinidad de perspectivas, mientras las
columnillas pintadas adelgazan de modo increíble; se prefieren los colores cálidos y lumi­
nosos hasta el tono del esmalte, se introduce profusamente el oro y se da predilección
al desnudo y los temas eróticos. En un repertorio influido por la literatura y la tra­
gedia, se representan las Bacantes, los Sátiros, las Nereidas, dentro de fantásticas arquitec­
turas de gran actividad atmosférica y con las características estilísticas del reinado de
Nerón. Rizzo desvirtúa toda noción de que el cuarto estilo llegara a Roma como derivación
del Oriente helenístico, con lo cual se le negarían posibilidades y fuerza autónoma de
evolución en el ámbito itálico, y rechaza las conjeturas acerca de posibles "importaciones”
dudosamente atestiguadas. Analiza el papel del cuadro helenísticorromano para dar mayor
énfasis a su opinión de que los grandes frescos del Boscoreale y de los Misterios debieron
corresponder a la decoración mural del segundo estilo, pues sólo más tarde, en el cuarto,
adquirió el cuadro significación propia, inserto en la pared, bien destacado y no subor­
dinado a la decoración mural.

A la luz de los estilos de la decoración arquitectónica pompeyana interesa estudiar ahora
la evolución del paisaje por su atingencia con los problemas del espacio y de la luz, en sus
graduales conquistas pictóricas, para llegar finalmente a definir los caracteres de un natura­
lismo que con frecuencia he citado hasta aquí. Existen en el arte arcaico ciertos caracteres
de limitación impuestos a la representación del espacio por aquella condición obligada en
las representaciones corpóreas: la perseverancia en la superficie; así, con tenacidad cons­
ciente, elude toda noción de espacio, repudia la profundidad. Nada más reñido con la
tan errónea como repetida concepción de progreso preconizada quizá sin saberlo por P as­
cal 47. Hay quien lo explica como una imperfecta educación de la vista que teme el
sentido de la profundidad y avanza a golpes por senda escabrosa, con el solo ánimo de
conquistar para el arte el mundo de lo visible. Estamos en la segunda mitad del siglo IV,

16

�cuando el paisaje adquiere en la pintura una importancia sorpren­
dente, la escena se anima con una vegetación de profusa riqueza,
se vence el temor que en los siglos clásicos alejara al hombre de la
naturaleza; lo que antes parecía inaudito, se realiza ahora en la
batalla de Alejandro donde ocurre que un cielo muy amplio y un
árbol aislado se alzan sobre el tumulto de la lucha. El hombre aún
está allí, pero ya no es “la medida de todas las cosas”. Desde Ale­
jandro se transforma totalmente la proporción hombre-espacio en
detrimento del predominio humano, es decir que a la gradual con­
quista de la representación del espacio, en relación con el mayor
o menor conocimiento de la perspectiva aérea, sobreviene el
paisaje. Pero todavía en el período helenístico se desdeñan los
medios que asegurarían una definitiva ilusión de espacio; apenas
si se valen de la dinamización de los fondos, de la individualiza­
ción de las figuras y del resplandor del horizonte para llevar la
mirada suavemente en el sentido de la profundidad . .. todos ele­
mentos dispersos identificados por una iluminación común en una
sola unidad óptica. Cuando se produce la conquista de la repre­
sentación en múltiples planos, se logra también la perspectiva de los
planos interiores y los efectos de luz. Salvo en tentativas aisladas,
la pintura antigua no había hecho uso de la luz que irrumpe en
una estancia o de sus reflejos sobre las cosas o de la transparencia
atmosférica en la pintura de paisajes. Los ejemplos citados por
algunos autores no pueden interpretarse sino como excepciones,
pues es evidente que la pintura griega eludió todo problema de luz
difusa para preferir los temas al aire libre que exigen profundos
contrastes sobre fondos opacos.
Plinio refiere la introducción de los jardines en la pintura;
Vitruvio, que hace la génesis del paisaje en perspectiva, lo atribuye
a los siglos III y II, mencionando la inclusión de figuras divinas
o episodios del mito, así como representaciones de la guerra troyana
y de la peregrinación de Ulises. El testimonio de Vitruvio, con
otros, indica a las claras que el paisaje no nació en Roma pero la
difusión que alcanza en el arte itálico, con muy peculiares formas
expresivas, corresponde perfectamente con la predilección de los
romanos por la quietud y el lirismo campestres. Cicerón halló en
la campiña pacífico asilo a los azares de la vida política, Horacio

17

46 Representado por los úl­
timos frescos de Pompeya
(60 d. C. hasta 150 d. C.).

47 P a sc a l : “ Toute la suite
des hommes pendant le cours
de tant de siecles doit étre
considérée comme un m ém e
homme qui subsiste toujoura
et qui apprend continuelie m en t”

�el refugio a la agitación urbana y Virgilio descubre, como Séneca, el sincero sentimiento
atávico de la belleza natural. Y el hecho de que los griegos no conocieran grandes maestros
en la pintura de paisajes, no puede atribuirse sino a que carecían de poder de observación
para los matices atmosféricos, los principios de composición y la perspectiva aérea. Pueril
sería atribuir tal omisión a una falta de conocimientos técnico-pictóricos, cuando todo señala
hacia una actividad muy propia del pueblo griego que se aviene a la tesis kantiana *8 sobre
la síntesis de la facultad experimental y la facultad racional.
Con tales elementos intentaremos fijar las formas de un naturalismo griego que res­
peta la premisa de Go et h e 49. Los caracteres naturalistas que Romero Brest señala en
los vasos de Dípilo se evidencian luego en la hoja de acanto del estilo corintio y en la obra
de los pintores del siglo IV con "el abandono de la concepción canónica de la figura
humana, la búsqueda apasionada del movimiento, los comienzos del claroscuro y del
escorzo, la libertad en la expresión sutil de los detalles." Collignon protesta contra el
repetido concepto del ideal en el arte griego, señalando que ya en tiempos de Fidias
la inspiración se dirige a la naturaleza. El realismo arcaico inspirado en la más severa
objetividad no condice con los caracteres precisos de la estilización arcaica, que nada
quiere saber de incondicional fidelidad a la naturaleza pues le importa mantener abso­
luta libertad frente a la complejidad de lo real. Contrariamente, en el período helenís­
tico advierte Von Salis un sentido naturalista de raíces cretense-micénicas, tamizado por
la observación analítica del helenismo. Con tenacidad perseverante se busca en el período
helenístico el fundamento de las cosas que está en el fondo de toda apariencia. Es la
edad de la ciencia empírica y el severo estudio objetivo de la naturaleza y sus fenómenos
informan la marcha de las artes plásticas. Se desea un acercamiento con lo natural, se
subrayan los contrastes entre la potencia espiritual y los defectos físicos, aunque “sin
intención de hacer caricaturas."
Concluyamos el estudio de los caracteres de la pintura griega leyendo en H o m ero , H e 50 y E squilo los rasgos del mundo helénico hasta el siglo VI y en Sófocles los
rasgos de la visión colectivista ática del siglo V en que se expresa la conformación
urbana. La voluntad popular parece señalar al arte sus propios rumbos e intenta infla­
marlo de poderosa conciencia helénica tras los últimos triunfos guerreros. En esta
etapa urbana el arte se basa en principios intelectuales y no sensibles, y evidencia una
disciplina mental de la especulación artística, con caracteres racionales que significan
el absoluto equilibrio de la experiencia de A ristóteles y la razón de Platón. En tanto,
en la vida griega coinciden los caracteres del mito apolíneo y un proceso de lo
espiritual relacionado pero no influido por lo material cuyo predominio caracteriza
síodo

ís

�C y D

�E

�el arte del siglo V, con lo cual se desmiente la falsa idea del
idealismo griego que, en la pintura, reflejara para Woermann la
evolución de la poesía griega desde la epopeya al drama. El siglo IV
opone al anterior materialismo un sentimiento individualista ex­
presado en esa dinámica interior de las formas que es su rasgo
diferencial. Y en todo el período helenístico señala el autor con
carácter permanente un germen vivo de la problemática y una
unidad conceptual que proviene de la transformación de la expe­
riencia visual —punto de partida de la creación— en formas
conceptuales. La tragedia había intervenido ya en la represen­
tación de los sentimientos y pasiones del alma. Las preocupacio­
nes que colocan la raza sobre el individuo, el porvenir colectivo,
todo eso es ajeno al modo de vida helenístico y prepara el
derrumbre de la vida helénica. La crisis ya está en Eurípides.

Para determinar la influencia del mito en la pintura recurriré como
referencia permanente a la obra de G ernet y B o ulan ger 51 que
ilustra sobre mitos y religión griega 52. Sobre éstos no hay refe­
rencia escrita por lo que deben ser reconstruidos con los aportes
deshilvanados que proporciona la literatura, la filosofía, las pin­
turas de vasos referidas al ciclo de los misterios dionisíacos, y
algunas pinturas pompeyanas como los frescos de la Villa de los
Misterios. Pero si en toda sociedad existen necesariamente rela­
ciones entre la religión y el arte, en ninguna otra parte han sido
tan íntimas como en Grecia, donde han experimentado —en el
corazón mismo de la vida religiosa— la necesidad de la represen­
tación que se satisface por sí misma 53. Aclara Romero Brest que
las artes plásticas no fueron las más propicias para la expresión del
individualismo místico dionisíaco, que no necesitó de templos ni de
la encarnación de sus divinidades, pues bastaron a su expresión
el escenario de la naturaleza, la música, la danza y el coro ditirámbico que originó más tarde la tragedia. N ietzsche 54 opondrá
a su vez al sentimiento atávico de la naturaleza, el concepto anta­
gónico de la sabiduría. Él y R hode 55 explican sobradamente los
dos cultos griegos encarnados en las divinidades de Apolo y Dio-

21

48 Ka n t : "L a razón debe
acudir a la naturaleza lle­
vando en una mano sus
principioa, según los cuales
tan sólo los fenómenos con­
cordantes pueden tener el
valor de leyes, y en la otra
el experimento, pensado se­
gún aquellos principios.”

49 Goethe : "Basta que un
artista escoja un tema, para
que éste deje de pertenecer
a la naturaleza.”

50 El primer poeta griego
que sintió con bastante in­
tensidad su propio yo para
presentárselo al mundo.

51 Ge r n e t y B oulanger , El
genio griego en la religión,

Ed.

Cervantes,

Barcelona,

1937.

52 H egel: "L a religión es
el saber que el espíritu refi­
nado posee de su esencia
como espíritu absoluto.”

53 Gqrnbti

y

B oulanger , ob.

cit.

54 F. N ietzsche, E l origen
de la tra g ed ia , y obras jjós turnas de 1869 a 1873, Ed.
Aguilar, Buenos Aires, 1947.

55 E r w in R hode , Psique , la
idea del alma y la inmortali­
dad entre los griegos, Fondo

de Cultura de México, 1948.

�niso, los representantes vivos y patentes de dos mundos de arte que difieren esencialmente
en su naturaleza y sus fines respectivos. Con la avasallante pasión con que desmenuza todos
los aspectos del problema —¡y es, contra toda apariencia, la indomable pasión de los fríos,,
nunca obcecada, siempre renovada!— dice Nietzsche: “Apolo se eleva ante mí como el
genio del principio de individuación, único que puede suscitar realmente la felicidad libera­
dora en la apariencia transfigurada; mientras que, al grito de la alegría mística de
Dionisio, el yugo de la individuación se rompe y se abre el camino hacia las causa*
generatrices del ser, hacia el fondo más secreto de las cosas.”
No se suponga que la vigencia de un culto reemplace en tiempo determinado al otro,
pues la extraña característica del problema reside en que ambos subsisten a la vez, ya
sea con carácter subyacente o actuante. El fondo de cultos agrarios que procede de la
época arcaica, integra creencias y prácticas del pasado campesino que, momentáneamente
eclipsadas por la civilización aristocrática, reaparecen exaltadas por influencias orientales
para traducir el elemento dionisíaco. El mismo Polignoto se vió en la necesidad de
acordar las tradiciones del canto IX de la Odisea, según sagaz observación de Méautis, con
los misterios de iniciación órficoeleusinos; “rudo trabajo era reunir en una sola obra
concepciones en apariencia tan opuestas: la de la Odisea y las otras proclamadas tanto
por los conventículos órficos y pitagóricos como por las iniciaciones oficiales que Eleusis
ofrecía a la multitud de los griegos." También Gernet y Boulanger se preguntan si hay
yuxtaposición o síntesis de los cultos, cuando en el templo de Delfos se representa la
tumba de Dioniso como Dios délfico y en el otro frontón a Apolo y las Musas. En
todo caso, convienen, Apolo en Delfos se hallaría en cierta atmósfera religiosa, junto a un
Dioniso esencialmente orgiástico, cuyos ritos eran conjugados con los suyos, si es que el
testimonio de P lutarco y P ausanias corresponde a una época anterior al sincretismo
helénico que ocurre tardía, pero seguramente, y aun cuando los rasgos definitorios de las
divinidades griegas habían sido fijados de manera harto precisa por las artes plásticas.
Antes de que ocurra el predominio urbano que por su concepción colectivista señala el
término de la conmoción social de la que procede la crisis religiosa, la ciudad impone a
la religión una calma, una disciplina y una suerte de impersonalidad que contiene el im­
pulso místico y da en el arte la nota dominante 5 6 . Así ciertos rasgos esenciales de la religión
clásica serán fijados imperiosamente. Al autor le interesa señalar la coincidencia entre
la efervescencia del misticismo y la constitución de la soberanía abstracta de la polis.
Es por un lado la huida del mundo de los sentidos, por otro el imperio de las preocupa­
ciones prácticas y de un pensamiento positivo. El mito olímpico dominado por el racio­
nalismo griego va a superar el contenido amorfo de los ritos agrarios de raíz dionisíaca,
entretanto se afianza el triunfo de la ciudad. No hay misticismo que pueda sobrevivir
a las concepciones colectivas. De modo que hasta el siglo V pueden seguirse en las arte*

22

�plásticas las huellas de un predominio apolíneo, de concepción colec­
tivista, que otorga estructura formal al culto y está íntimamente
relacionado con un arte de caracteres esencialmente materialistas
que en los siglos VI y VII favoreciera el desarrollo de una escultura
de predominante concepción empírica y científica. Sólo que en el
fondo alienta siempre la raíz dionisíaca, individualista, que representa
todo lo desmaterializado, lo espiritual del arte griego. P oljgleto
definirá para Romero Brest el arquetipo de la raíz apolínea y F umas
el ejemplo de la raíz dionisíaca. Esta corriente de contenido místico
humanizará más tarde la concepción apolínea, los misterios órficos
conducirán a una exacerbación de lo personal y en la thiasa dionisía­
ca se producirá la consubstanciación del hombre con la divinidad.
Quien dice misterios, dice unión sexual con la divinidad, anotan
Gernet y Boulanger.
Méautis, despreciando el alcance singular que para el arte tiene
esta raíz dionisíaca, no ve en lo helenístico sino un instintivo
deseo de rebajar todo lo que había de superior en las puras y
castas figuras de la religión apolínea; observa que la desaparición
del culto del héroe, su predilección por representar los momentos
de desfallecimiento, derrota y envilecimiento son característicos de
toda época de degeneración. Reconoce empero que el valor de la
época helenística está en haber roto toda barrera, en no rechazar
experiencias ni despreciar tema alguno, pero objeta que éste no
limitarse ni restringirse agota pronto y que los dos siglos de la
época helenística significan tremendo derroche y rápida declinación.
No conviene con Gobineau 57 en atribuirlo a una mezcla de razas
y, en especial, a una adulteración de la raza aria, pero reconoce
la complejidad del problema ante el aporte de la influencia de
los cultos orientales, que contribuyó a viciar las energías, como lo
prueba el éxito que obtuvo en el dominio de la pintura uno de los
mitos orientales: el mito sensual de Adonis, conocido por el libro X
de las Metamorfosis de O vidio. El mito épico ya no es el de
Homero 5 8 , ni el de Hesíodo 59 —observa Rizzo— sino el mito
de A pollonio R odio y de poetas como C alimaco y T eócrito .
Para Rizzo, el mito griego, en el esquema tradicional de las artes,
está representado en todos los cuadros que comprenden la decora­
ción de la Volta dorata, pues los copistas romanos debieron cono-

23

66 G b&amp;n &amp;t y B ou lancee , ob.
cit.

57 J . A. db G o bin ea u , E n sa­
yo sobre la desigualdad de
las razas humanas.

58 Hombro, el artista ingenuo

para Nietzsche.

autor de Los
Trabajos y los Dias, lo más

59 H ssíodo.

antiguo Que se conoce en
materia de literatura subje­
tiva.

�cer el mito helénico a través de la tradición de la pintura helenística, y es así
como traducen la poesía alejandrina referida a Calimaco y la espléndida reelaboración
de Ovidio. El cuadro de la casa de Adonis que señala hacia el período alejandrino y cuya
concepción temática se identifica con la poesía idílica alejandrina, recuerda en la ex­
presión patética de Adonis alguna figura de la escultura helenística derivada de Scopa».
Se suceden las representaciones de Pan, Bacantes, Sátiros, Silenos, Hermafroditas,
Narcisos, Polifemos, en el séquito orgiástico que conduce Dioniso, rebosante de juventud.
Méautis ve en la recurrencia de los temas de Leda, Ganimedes, Narciso, el carácter extre­
madamente afeminado y lascivo del arte helenístico, influido por el culto orgiástico y
misterioso de Dioniso hacia el que las mujeres se sentían más atraídas que los hombres.
Ambos modos de expresión, poesía y pintura, desarrollados paralelamente, llegan a
formas similares y señalan un cálido sentido de la naturaleza al que está estrechamente
unido el mito. Lo apolíneo es representado con profusión, a veces con el gran trípode
délfico. Pero Dioniso es el dios más amado, él y los seres profundamente sensuales de su
séquito, que en la naturaleza son acogidos y se consubstancian. Las carreras orgiásticas
son el rito de un verdadero frenesí religioso que Rhode compara con el furor de la danza
hacia fines de la Edad Media. Es una locura que se abate principalmente sobre las
mujeres, una sobreexcitación sexual con fenómenos de éxtasis y alucinación, "una especie
de amanismo colectivo que se reconoce en los fieles del dios” que esperan la renova­
ción de su ser, por el dios que absuelve y libera por la locura. Pero se entrevé un
impulso colectivo que suscita resistencias y represiones y que Eurípides personifica en la
leyenda de Penteo. Cuando en el siglo III, después de la muerte de Alejandro, comienza
la crisis helénica, esa corriente intensamente mística, individualista, que caracteriza al
período helenístico romano aflora con renovada potencia; "los espíritus incapaces de
abstracción y atormentados por el deseo de una unión personal con la divinidad, sin
esperanza de obtener de la religión tradicional un socorro eficaz, se vuelven hacia las
asociaciones privadas 60/* Dioniso gana con la disolución de la ciudad. Su culto conmo­
vedor y sensual ejerce singular sugestión sobre las almas místicas, por cuanto "exige la
donación completa de sí mismos.” Salvo un eclipse en la segunda mitad del siglo II a. C.,
el culto de Dioniso, durante el período helenístico, ocupó en todas partes el primer plano
de la vida religiosa.
De la existencia de las cofradías debía beneficiarse la noción del alma. Junto a la idea
de la psyché que en la tradición homérica responde a un ser inconsistente, "sombra tenue
que apenas conserva una sombra de existencia después de la muerte”, aparecerá en
adelante la idea de un ser subsistente emparexitado con lo divino. Rhode desentraña en
su obra citada el significado de la psique como "la imagen durable de la persona”, que

24

�no es el otro yo que en vida mora dentro del hombre. La creencia
en el alma se funde Con el culto a los dioses.
La tragedia, producto reciente y arte sintético —incluso el más
sintético, pues los comprende a todos— desentrañará los caracteres
del mito (algunos solamente) y de la lucha del hombre contra el
destino inexorable, fondo común de lo trágico. “La tragedia ática
refleja menos las concepciones del siglo V, el de la Ilustración
griega, que aquellas ideas del culto que, procedentes de los mitos
de la época prehistórica y transformadas o modificadas bajo las
aguas del río vivo de la tradición, se deslizaron hasta llegar a
aquellos tiempos de acusado individualismo helénico 61.’* Homero
plasma las figuras y sucesos que la leyenda y la fábula antiguas
sugerían a la fantasía; con ello el mito cobra, en formas tangibles,
un sentido totalmente nuevo y máximo contenido espiritual y
será E squilo quien logre una transacción más feliz entre la men­
talidad del pasado y la del presente. Esquilo es el orden moral.
Sófocles , en cambio, encuentra en sí mismo la ley de sus actos,
porque importa respetar al hombre individual con los impulsos de
su propia vida interior. Pero si Sófocles no sabe de estos misterios
más de lo que pueda saber “cualquier honesto ciudadano de Ate­
nas 62” y se mantiene al margen de todo el movimiento filosófico,
E urípides es arrastrado por él y por su afán dialéctico para fijar
más profundamente que nadie —y aún a pesar de su violento
escepticismo— el recuerdo de la religión. Inquieto y propenso a la
negativa, dominado por una necesidad de fe intermitente y harto
incapaz de darle satisfacción definitiva ni aun duradera, sigue a
trechos las corrientes filosóficas de su época. Quienes como Eurí­
pides no se resignan a una indiferencia total respecto a la cosa
religiosa, piden a la filosofía el fundamento racional de su descrei­
miento. Así la filosofía habrá dirigido durante mucho tiempo el
combate en favor del individualismo y el cosmopolitismo. En ade­
lante, labrará una cultura universal.
En el siglo III, Atenas es sede de la actividad filosófica: subsisten
la Academia y el Liceo con los discípulos de Platón y Aristóteles
y se desarrollan sectas, como el Epicureismo, primer intento de
establecer con conciencia un sistema que es la religión de las almas
serenas que buscan apartamiento, el Escepticismo y el Estoicismo,

25

60 Grrnbtt y B o ulan g er , ob.

cit.

61 H a n s E c k s t e in , prólogo
a Psique , de Erwin Rhode,
Fondo de Cultura Económica,
Buenos Aires, 1948.

62 ION, en Aten., 13, 604, d.

63 J en o fo n t e , Memorab. III,
10, 1. Aunque Jenofonte nun­
ca entendió a Sócrates, pro­
porciona los datos de mayor
fidelidad histórica.

�la filosofía del mundo helenístico que A rcesilao deshojó implacable, forjando un arma
de polémica dialéctica que los estoicos nunca consiguieron reducir a la impotencia. No
cabe duda de que las corrientes filosóficas penetraron los ámbitos artísticos. Parrasio dis­
cutirá con Sócrates 63 la finalidad y los límites de la producción artística. P latón con­
denará vehemente los caracteres de una cultura exclusivamente dedicada a las artes, pero
ya estará en él el germen del sentimiento panteísta y romántico de la época helenística.
Al racionalismo socrático que sólo busca el saber, opone Platón la experiencia del corazón,
con notas que no se atreverán a entonar sino D ante y Go e t h e .
Ante tal panorama para la especulación critica, no cabe sino adentrarse profunda y lar­
gamente en las pocas sí, pero no pobres, obras de la pintura antigua, sin detenerse a
aguardar más descubrimientos ni a lamentar el perdido tesoro. ¡Hay que entregarse al
por otra parte irresistible sortilegio de lo griego! Y comprender que se está frente a un
ciclo cultural finiquitado que no hace sino reeditarse a través de las épocas.
C lara D iam ent

26

��£

�H

�I

�Inventario

TOULOUSE
LAUTREC
EN B U E N O S
A I R E S
Dice M aurice J oyant que T oulouse-L autrec nace con el don del dibujo;
usar el lápiz y el color es para él tan necesario como comer o beber, y
a obtener maestría en su manejo dedica su vida, a la que un ensaña­
miento de la naturaleza cerró tantos otros caminos. No hay que creer,
empero, que debido a su invalidez, sólo encontramos en Toulouse-Lautrec
amargura, envidia o sordidez. Toda su obra demuestra que, al enfren­
tarse con el mundo, él se libera de lamentaciones o rencores y da su
versión con la tranquilidad y lucidez del que sabe ver, sentir y com­
prender, aun sin poder compartir.
Si exceptuamos la serie de dibujos de animales de su primera época —de
los 15 a los 18 años—, puede considerarse que lo que real y verdadera­
mente interesa e inspira a esta artista es el s e r h u m a n o , que no es para
él tan sólo un elemento que compone una escena, sino su actor principal;
lo demás, paisajes, muebles, interiores. . . son simples accesorios, lo impor­
tante es la presencia del hombre o de la mujer, y gusta encontrarlos
siempre allí donde la vida es acción y movimiento. Su primer profesor
fué el animalista R ene P rinceteau , en cuyo estudio conoce a F orain.
No es fácil encontrar muchos puntos de contacto entre estos dos pintores,
pero no podemos dejar de notar que ninguno de los dos va al mundo
en busca de temas bellos; ellos pintan sin lástima ni asco, y otorgan
belleza a temas que para otros sólo sugieren desesperanza, perversión o
vulgaridad.
A esta primera época pertenecen C in c o h ojas d e á lb u m (dibujos a lápiz
y sanguina, sellados H T L , pertenecientes a la colección Domingo Viau.)

31

�En esta serie de bocetos se observan ya las muestras de su genialidad.
Son estudios de jockeys o caballos, donde más que potencia de movi­
miento es casi la plena acción. El trazo analítico, es a veces nervioso,
indeciso —no olvidemos que son obras de adolescencia—, pero nunca inex­
presivo. Sin ser descriptivo anatómicamente hablando, se ve que cada
músculo del animal ha sido observado en el momento del movimiento y
atesorado por una poderosa memoria visual. Ya estamos en el camino de
la síntesis que caracterizó las obras de la madurez, en la plena invención
de arabescos con que el trazo va resumiendo la sucesión de imágenes que
el tema brindó. También pertenece a esta época el cuadro E n o b serv a tio n (óleo sobre tela, 0,610 m. X 0,500 m., perteneciente a la colección
Antonio Santamarina, antes a la colección Sevadjian) que lo muestra
siempre como dibujante a pesar de tratarse realmente de tela pintada y
no dibujo con color, como en muchas de sus obras. Se advierte que aún
no había entrado en contacto con los impresionistas, porque su gama
está dentro de los tonos oscuros, la luz no interviene, las formas están
construidas con masas de color, no con trazos yuxtapuestos.
De su segunda época —cuando estudia con B onnat y C armon para disci­
plinar su dibujo y aprender la técnica del oficio— no hemos encontrado
ejemplos en Buenos Aires. Es el momento de sus a ca d em ia s, su paleta se
ensucia, se oscurece, el joven pintor trata de olvidarse de sí mismo para
asimilar todas las enseñanzas de sus maestros. Pero su vocación formal
es tan fuerte que se opone a lo que por entonces se consideraba e l a rte ,
y pronto abandona sus estudios y trata de olvidar lo aprendido poniéndose
en contacto con los jóvenes pintores franceses. Es ahora cuando pinta
las series de pelirrojas en el jardín, los retratos de su madre, los de Suzanne
Valadon. Pertenece a este momento el cuadro B e rth e la so rd a en el
ja rd ín (0,76 m. X 0,59 m., colección Matsukata), expuesto en Buenos
Aires en 1949, a raíz de la exposición D e M a n e t a n u e s tro s días (véase
descripción en V er y E stimar, número 11-12) y también el R e tr a to d e
S u z a n n e V a la d o n , que se encuentra en el Museo de Bellas Artes.
Ya está cerca de los veinte años y, al conocer a V an Gogh y a los impresio­
nistas toma de ellos cuanto puede servirle para expresar su mensaje, sin
llegar a convertirse en un impresionista: es cierto que individualiza las
pinceladas —todo el cuadro de Suzanne Valadon está construido sobre
una especie de trama de plumazos—, pero lo hace porque dibuja al pintar,

32

�porque necesita líneas y no porque busque crear una atmósfera luminosa;
también es cierto que yuxtapone colores complementarios, pero no para
que la retina del espectador reconstruya formas, puesto que el cuerpo y
todos los rasgos de sus figuras están firmemente construidos por trazos
que casi las encierran totalmente, separándolas de la atmósfera en vez
de incluirlas en ella. Para Toulouse-Lautrec la luz no es elemento esencial,
no le interesan las variaciones que pueda producir ni busca efectos de
claroscuro. Le interesa la luz sólo mientras ilumina al ser humano que
quiere pintar; el hombre es lo vital, la luz es algo frío, abstracto, estable.
También pertenece a esta época L e R e g is s e u r (1885, óleo sobre tabla,
0,114 m. X 0,720 m., colección Antonio Santamarina) que se diferencia
notablemente de la mayoría de las obras que produce entonces. En
realidad, no es éste un cuadro de caballete, sino un panel de una decora­
ción mural que pinta para el Auberge Ancelin, en Villiers-sur-Morin.
Por eso está más cerca de los a ffic h e s de colores homogéneos y casi planos
que pinta años más tarde, aunque en esta obra usa, casi exclusivamente,
una gama de tonos neutros. Éste es uno de los primeros cuadros en que
su extraño punto de enfoque distorsiona a los personajes y da origen a
ese modo suyo de componer los conjuntos, tan personal. Toulouse-Lautrec
no es nunca retórico; busca destacar los elementos más característicos del
personaje que le sirve de modelo, pero nunca repite la receta. A veces lo
dice todo con una línea; en L e R e g is s e u r , en cambio, todo lo que le
interesa describir —la nariz y la boca— lo hace con dos manchas que con­
trastan con el resto del cuadro no solamente por el color, más decidido
y duro, sino también por la materia pictórica que sólo en estos trazos
es espesa y rica.
En este momento y casi hasta su muerte, Toulouse-Lautrec vive en Montmartre, formando parte de ese clan especial, al que nadie como él
supo describir tan agudamente. Es el período de su madurez, trabaja en
plena posesión de sus medios, sabe lo que quiere decir y lo dice, sin
miramientos, sin cautelas. Cualquier tema es bueno para pintarlo: muje­
res jóvenes o viejas, endurecidas o sufrientes, retratos de amigos, enfoques
casuales. Trabaja febrilmente, como temiendo no alcanzar a expresar
todo lo que lleva dentro y, sin embargo, como si un cierto pudor le
impidiera volcarse en sus obras. Tal vez pensaba, como su amigo O scar
W ilde, que quien posee el conocimiento de Dios lo pierde cuando quiere

33

�compartirlo con otros. Por eso la actitud de Toulouse-Lautrec parece ser
estudiadamente neutral, en tanto que su ojo observa y no deja de captar
en forma incisiva, muchas veces cruel, lo más característico de los seres
que despiertan su interés. Y por fin trabaja, crea su obra, que es síntesis
de las muchas imágenes que su mente ha ido acumulando. ToulouseLautrec no ensalza ni condena; su actitud es, en cierto modo, la del
pintor naturalista, un frío espectador del mundo que lo rodea. Esto
podría decirse de su posición previa, pero no sucede así cuando trabaja,
como lo revelan sus enfoques fu e r a d e fo c o , sus trazos que vibran sin
nervio, y su personal manejo del color. Todo esto lo colocaría comple­
tamente fuera del naturalismo, si descartamos la unidad que él da siempre
a sus formas y el parecido que conservan con el original. Hemos podido
comprobar esto al comparar el cuadro G a b rie lle la D a n s e u s e (óleo sobre
cartón, 0,360 m. X 0,250 m., colección Antonio Santamarina) que pintó
en 1895, con reproducciones de retratos de esta misma bailarina que pinta
entre 1888 y 1895. Hay diferencias de edad, de ropas y de escenarios,
pero en todos se descubre la adhesión al modelo. Su obra es siempre
el resultado de una labor intelectual; no busca arquetipos, pero llega a
la generalización conservando el carácter del ser individual. Si obser­
vamos el retrato de Iv e tte G u ilb e rt (1893, acuarela 0,525 m. X 0,345 m.,
firmado H T L abajo en el centro; colección Max Linder, hoy colección
Antonio Santamarina) podríamos considerarlo como descriptivo de una
actriz frente al público, pero bien se ve que no es eso solamente. Ante
todo es ella con su nariz respingada que Toulouse-Lautrec eleva casi
hasta lo imposible, con su porte altanero, con el gesto tan personal de
su boca; esto se observa también en otro retrato de la actriz, de 1894
(dibujo a lápiz, hoja de álbum, sellado H T L , colección Mme. Tapie de
Celeyran, luego colección Domingo Viau), donde el pintor no buscó acen­
tuar efectos grotescos, sino tan sólo describir ¡y cuán pocos trazos necesita
para hacerlo! Con tres o cuatro líneas, una más vibrante, las otras tensas,
casi duras y con escasas diferencias de grosor, construye esta cabeza, dando
en un pequeño dibujo la medida de esa potencia emocional que tan bien
esconde en otras telas suyas. Por ejemplo, en M a d e m o is e lle M a rc e lle L e n d e r (1895, dibujo a lápiz, 0,185 m. X 0,115 m., colección Domingo Viau)
el sentimiento, que indudablemente existe, se halla subordinado y deja
que se destaque el efecto grotesco e irónico que Toulouse-Lautrec extrae
de sus modelos. Lo mismo podemos decir de T e t e d e f e m m e d e fa c e

34

�(1895 (?), óleo sobre cartón, 0,420 m. X 0&gt;270 m., firmado abajo; colec­
ción Antonio Santamarina), donde los efectos grotescos se logran por con­
trastes cromáticos entre las manchas que construyen y el fondo del cartón
que emerge.
En L a B e lle et la B é t e (óleo sobre cartón, 0,340 m. X 0,250 m., fir­
mado H T L abajo a la derecha, reproducido en F íg a r o Illu s t r é de
setiembre de 1895, colección Antonio Santamarina) y en A u M o u lin
R o u g e (aguada, 0,545 m., x 0,430 m., sellado H T L , reproducido en
F íg a ro Illu s t ré de febrero de 1894, colecciones Roger-Marx, Pridonoff
y Mercedes Santamarina) destacamos lo que suele llamarse el e x p r e s io ­
n ism o lin ea l de Toulouse-Lautrec y su singular modo de componer. En
el primero, en vez de pintar las figuras, las construye con una incisión
que recorre la superficie homogénea del cartón; en A u M o u lin R o u g e
hay desproporción y contrastes no solamente en el tamaño de los perso­
najes sino en el tratamiento del color; mientras algunas figuras están
pintadas con el tono casi puro, otras están apenas construidas con pince­
ladas aguadas, que le permiten jugar sobre el tono del cartón con que
trabaja. Debido a esto, las figuras ganan en dinamismo lo que pierden
en volumen, en materia.
Hay un tema en la obra de Toulouse-Lautrec que pareció apasionarlo
siempre: el circo. No solamente ilustró libros y pintó a ffic h e s sobre la
vida del circo, sino que llegó a pintar de memoria, con lápices de colo­
res toda una serie de escenas circenses en 1899, mientras estaba interna­
do en un sanatorio. A u C i r q u e F e r n a n d o óleo y pastel sobre cartón,
0,810 m. x 0,610 m., firmado arriba a la derecha, colección Antonio Santa­
marina) no pertenece, sin embargo, a ese momento de la vida del pintor;
no cabe la menor duda de su autenticidad, a pesar de que no hemos
podido encontrar datos de ese cuadro en las monografías de Maurice
Joyant o de Lassaigne y tampoco en las listas de cuadros atribuidos a
Toulouse-Lautrec o en las de famosas falsificaciones. Esta obra —induda­
blemente una de las mejores piezas que se hallan en Buenos Aires— es
un cuadro trabajado al pastel, con algunas zonas acentuadas por manchas
de óleo muy diluidas en esencia. Da una versión del movimiento de la
e c u y é r e , unida por un arabesco de color al movimiento del caballo, en
tanto que la cabeza y el tren delantero del animal se mantienen tensos
dentro de otro gran arabesco que busca conceptuar toda la fuerza y el

35

�nervio que el brazo firme de la mujer apenas puede contener. Quizá
en ningún otro de los cuadros estudiados puede advertirse mejor que
en éste cómo la emoción creadora del artista es guiada por su frío inte­
lecto, según lo revelan el ritmo de los trazos y la elección de tintas
y tonos, casi todos dentro de la gama fría, salvo algunos acentos encon­
trados entre los complementarios; comprobamos así, una vez más, la
extraordinaria aptitud de colorista de Toulouse-Lautrec, no menor que
su calidad de dibujante. Una visión mucho más naturalista hasta por el
enfoque y la manutención de los ejes ortogonales es la que nos da en
M . P a u l V ia u d (óleo sobre cartón, 0,790 m. X 0,400 m., firmado abajo
izquierda, reproducido en la pág. 227 de L a u t r e c , de M. Joyant, colec­
ción Antonio Santamarina) que pinta en 1900, pocos meses antes de morir.
Para estudiar la obra de un artista, conviene generalmente conocer su
biografía, ya que en su vida puede hallarse la explicación de ciertas acti­
tudes que su obra refleja y, por otra parte, gracias al estudio y compren­
sión de sus obras es posible, en cierto modo, reconstruir la posición del
artista frente al mundo, sus sentimientos, sus reacciones. En el caso de
Toulouse-Lautrec el conocimiento de su biografía es casi un obstáculo,
pues sabiendo que fué un inválido, resulta fácil atribuir a este hecho
todas las calidades de originalidad que señalan sus obras, pero el que
así procede pierde la oportunidad de captar lo profundo y universal de
su mensaje. Toulouse-Lautrec supo caracterizar y definir sin volcarse,
su meta fué otorgar a los seres y las cosas una vida más honda y dura­
dera que la propia, una vida más allá de toda realidad, pero sin perder
contacto con todo lo que hay de perecedero, de deleznable en este mundo
en que vivimos.
B eatriz H uberman

36

�DEGAS EN

BUENOS

AIRES

Es por demás evidente que el expresionismo ha bebido en las fuentes de
Degas, por lo menos en cuanto su pintura significa independencia de la
línea y de la forma toda del objeto natural. Lo que es medido y equili­
brado en él se desata en los expresionistas, pero ya están en Degas el
desinterés por el modelo como forma dada y la búsqueda constante de
lo que él puede sugerir como forma y ritmo.
Más de una vez se ha hablado de la fealdad de sus bailarinas. No sería
legítimo pensar en un Degas enamorado de sus modelos, pues es tan frío
y tan objetivo frente a ellos como el maestro de danza que los ve nada
más que como el mecanismo maravillosamente articulado para producirla.
Es la danza en sí y no el tema lo que le importa, la danza como suges­
tión de formas.
Hablando del ballet, Valéry anota: “De donde resulta esa maravillosa
impresión en el universo de la danza: el reposo no tiene lugar, la inmo­
vilidad es expulsada, constreñida, forzada, momento de pasaje y casi de
violencia, a pesar de que los saltos, los pasos contados, las puntas y los
trenzados o las rotaciones vertiginosas se producen como maneras abso­
lutamente naturales de ser y de hacer”. Del mismo modo, tampoco en el
mundo de Degas tiene lugar el reposo. Sus bailarinas detenidas fugaz­
mente o ejercitando un movimiento danzan también y al recomponerlas
mentalmente las imágenes se suceden según un ritmo en arabesco entre­
tejido con líneas, espacios y tiempo. Esa fué una de sus conquistas, la
nueva manera de organizar el espacio poblándolo de ritmos que lo dinamizan, rompiendo con toda tradición clásica. Encontramos un buen

37

�ejemplo en D a n s eu se s a u fo y e r , un dibujo a pincel sobre tela que pertenece
a la colección Mercedes Santamarina (0,390 m. X 0,890 m. y que fecha­
mos aproximadamente entre 1880 y 1883). El cuadro se desarrolla en forma
longitudinal: con gran maestría contrasta Degas el elemento estático que
constituyen los instrumentos de música abandonados en el suelo con los
ritmos quebrados de las bailarinas que se aprestan a bailar. Por otra
parte, la línea de la pared sobre la que descansan los violoncelos nos
lleva hacia el punto de fuga entre las bambalinas, donde se va a desarro­
llar el espectáculo, sugiriendo otros espacios no representados. Mientras
los elementos estáticos están construidos con referencias de volumen,
comienza el movimiento a acentuarse en la bailarina agachada del primer
plano para ir descargándose de corporeidad las siguientes, a medida que
se alejan, hasta constituir puros elementos de un ritmo casi lineal. La
ausencia de color es total, salvo las tonalidades del gris que logra con la
tinta. Las gruesas líneas de pincel crean una estructura organizada de
tal manera que el fondo crudo de la tela vibra como espacio.
Igual que los impresionistas, Degas elude lo ficticio del clasicismo. Le
interesa la vida que lo circunda y si bien no sale al aire libre, encuentra
sus temas predilectos entre bambalinas, en las carreras o entre modistas y
planchadoras, captando a sus personajes en la intimidad, pero sin hacer
de su arte un medio de protesta o de sátira, como lo hicieran D aumier
y T oulouse-L autrec . Degas es un intelectual. Toda su obra es el resul­
tado de una profunda elaboración mental. “No hay arte menos espon­
táneo que el mío”, ha dicho él mismo. Le gustaba sorprender a las
bailarinas en esas actitudes que se desvanecen al instante por la sucesión
de los movimientos. Algunos de los muchos estudios que de ellas hizo
pertenecen a colecciones argentinas. En D a n s e u s e d e b o u t (dibujo a car­
bón y pastel 0,480 m. x 0,520 m., colección Mercedes Santamarina, alre­
dedor de 1882) utiliza el carbón con pequeños acentos de pastel y el
cambio de materiales implica otra expresión cuando se lo compara con
D a n s eu se a u fo y e r . La línea se hace más blanda, logrando una mayor
plasticidad, y toda la fuerza se resume en esos dos ejes casi en ángulo
recto de las piernas que describen el movimiento realizado y a realizar.
En otros dos estudios: D a n s e u s e (dibujo a carbón y pastel, 0,290 m. por
0,215 m., colección Mercedes Santamarina) y D a n s e u s e v u e d e fa c e (di­
bujo a carbón, 0,300 m. X 0,230 m., colección Mercedes Santamarina),

38

�el dinamismo se acentúa por la línea abierta y rota, salvo en los pies,
donde se cierra la forma para realzar el punto de apoyo y de equilibrio.
Quizá se descubra aquí una nota sentimental en esos trazos blancos y
rosas del pastel, aunque muy medida.
El movimiento es más contenido y la forma más cerrada en T r o is d a n seu ses (dibujo a carbón, 0,680 m. X 0,570 m., colección Antonio Santama­
rina) , en el que Degas busca el acorde de esas tres figuras en un juego
rítmico de las formas.
Al entrar en juego los volúmenes son otros los problemas que se plantean.
En D a n seu se en b la n c (dibujo a lápiz y pastel, 0,410 m. X 0,290 m.,
colección Mercedes Santamarina, alrededor de 1873) y en S a lle d e d a n se
(pastel, 0,500 m. X 0,320 m., colección Antonio Santamarina, alrededor
de 1878) las figuras están tratadas desde un punto de vista más pictórico.
La primera es un estudio para el cuadro R é p é t it io n d yu n b a llet s u r la
scén e que Degas pintó alrededor de 1873. Aquí la línea se esfuma y
desaparece para acentuar la redondez de la forma y hay un mayor interés
de conferir la calidad propia de la materia: el tul de la pollera se ablanda
y se vuelve mullido y por un refinadísimo empleo del juego de luz v
sombra la figura adquiere una gracia especial, apareciendo envuelta en
luces irreales como si se alargara pronta a desprenderse del suelo. La
bailarina en primer plano de S a lle d e d a n se , en cambio, se apoya firme­
mente en el suelo, en ese suelo al que tanta importancia dió Degas. Así
el talón y el arranque de la pierna sirven de base para que la forma se
construya clara y precisa sobre ella. La composición vuelve a tener sus
caracteres propios al colocar Degas tres bailarinas que van a constituir
un fondo dinámico para que resalte la figura más estática y plena de!
primer plano. Es un pastel en el que predominan los tonos fríos. Tal
vez sea el más naturalista.
En el desnudo A p ré s le b a in , fe m m e s’essuyant (dibujo a carbón, 0,570 m.
por 0,660 m., colección E. B.) es donde son más evidentes los acentos
de modernidad, donde Degas alcanza su nota más alta de expresión,
donde su potencia de dibujante se manifiesta más plenamente. En las
bailarinas aun no se observa una independencia total de la línea como
elemento expresivo, ni un desapego absoluto de la forma natural. En el
desnudo, en cambio, la forma es expresiva por sí misma y a pesar de haber
sombras que lo acentúan es el trazo el que importa, la línea vibrante

39

�que recorre el cuerpo para cerrar una forma dinámica llena de tensión,
no la que irrumpe, sino aquélla en la que todo está contenido, a punto
de estallar. Así se siente frente a esa línea la plenitud de la forma
lograda, en la que no hay un acento que distraiga y todo transporta a
esa esfera en que sólo cabe una emoción estética.
Una pequeña tabla nos sitúa en una etapa intermedia de su carrera,
cuando concurre en 1865 a Longchamps y comienza a pintar caballos.
A v a n t líq co u rs e (óleo sobre tabla, 0,090 m. X 0,115 m., colección Anto­
nio Santamarina) es una síntesis visual del espectáculo de las carreras
para Degas. No se advierte la evasión de la forma en el paisaje, como
lo hubiera realizado un impresionista, ni un afán de captar naturalís­
ticamente la figura. Sus caballos son síntesis de las formas que el animal
podía sugerirle en sus distintas actitudes. Las figuras del primer plano
recuerdan a G auguin, quien, como Degas, pensaba que la forma no debe
ser buscada en la naturaleza sino creada en la imaginación. Esos mismos
caballos nos recuerdan que durante mucho tiempo nuestro artista copió
los frescos de B enozzo G ozzoli y de G entile da F abriano. En cuanto al
color se nota la influencia que ejercitó M anet en este momento de su
vida. Hay algo de no resuelto en estas pinturas, algo de pesadez, moti­
vada quizá por no haber logrado resolver plenamente el problema de
las relaciones entre línea y color.
En D e u x d an seu ses ja u n e et ro se (pastel, 1,060 m. X L080 m., colección
Mercedes Santamarina, alrededor de 1898) despliega Degas, en cambio,
toda su capacidad de colorista y logra su expresión más sensible dibu­
jando con líneas de color. Apretando el pastel sobre la tela, superpo­
niendo cálidos sobre fríos, logra tonos irisados de una potencia máxima
de color. Las figuras se aplanan para confundirse con el fondo igual­
mente rico y vibrante, apartándose por cierto de lo que había sido la
tradición del pastel. Ya no pensamos tanto en su intelectualidad y lo
vemos más cerca de los impresionistas, pues si bien no es la luz solar la
que irisa los tonos o diluye las formas, es la luz del escenario la que
actúa sobre las mismas.
A l ic ia

40

P a s in i

�K

J

�L

�M

�correspondencia
ESCRIBE DESDE RO M A M A R G A R I T A S A R F A T T I
La B ie n n a le 1950 en Venecia. ¿Dónele están los nuevos P icasso , B ra q u e
y M atisse , dónde en Italia los B o ccio n i , M o d iglian i , Sironi y C a rra , en
suma, los nuevos jefes de las generaciones de hoy? No hablo, por supuesto,
de los muchachos entre veinte y treinta años, los cadetes y novatos que
han de prepararse concienzudamente para salir mañana de su normal y
legítima inmadurez. Los que faltan son los varones que frisan en les
cuarenta y que deberían ser los capitanes de hoy y los generales del arte
de mañana. Están todavía en la brecha, como dioses, los que tienen más
de sesenta. Alegrémonos de ver un A rturo T ossi, nacido en 1871, quien
presenta once lienzos de paisajes fechados en 1949 y 1950, de ufana lozanía.
Apenas salido de su grave enfermedad del año pasado, canta a voz en
cuello pero con medida calmosa el gozo de los verdes campos y de Ja
buena tierra de Lombardía; el sagrado trabajo del arado, que nos brinda
el pan y el vino; las intimidades de las casitas de ventanas cerradas como
párpados, o bien el plateado e irisado azul de las lagunas venecianas.
Nada de hinchazón retórica o dulzona, más bien aquel pudor en el amor
que es verdaderamente clásico.
Muy bien. Pero ¡qué pena que los muchos imitadores de este maestro
de honrada sencillez busquen las fórmulas exteriores y superficiales de
sus tierras morenas o el corte de sus idílicas composiciones, y no miren
más allá, hacia el secreto de su honda y sincera sensibilidad. Lo mismo
habría que decir del sinnúmero de imitadores de K a n d in sk y , B r a q u e ,
P icasso y otros.
El edificio principal de la exposición está ahora moralmente separado
por el gran salón central. En él se encuentra la retrospectiva de los
F a n v es, los cuatro maestros del cubismo —P icasso , B r a q u e , J uan G ris
y L ég er — y los primeros futuristas. Por la derecha se pasa a las salas

45

�de los fieles a la tradición del arte figurativo; por la izquierda a las de
los más o menos abstractos.
Abundan las exposiciones retrospectivas, algunas de ellas inútiles home­
najes a desaparecidos que se trata de galvanizar por nostalgia afectuosa
o tal vez por especulación mercantil. Otras, muy interesantes, como la
del gran escultor M edardo R osso , desde sus primeros anhelos a la liber­
tad impresionista, en 1883, con su P ortera , hasta su canto del cisne, el
Ecce Puer de 1907, estupendamente plasmado en luz y sombra, sonrisa
y noble p ath os juvenil.
G ino Se v e r in i y C a rlo C arra obtuvieron los dos grandes premios de
un millón de liras. Carra también está colocado entre los futuristas, con
sus primeros cuadros de 1910; luego se llega a su período giottesco de las
H ijas d e L o t —todo en verticales y tintas sencillas— y a sus M arinas
de agua tupida y sólida, como cristalizada. Al ver otra vez los cuadros
futuristas de B occioni vuelvo a lamentar que falleciera tan joven, cuando
iba a dar los mejores frutos de su talentosa facilidad para apoderarse
con sello propio de todas las novedades que husmeaban en el arte. La
sala de Se v e r in i asombra por su desarrollo artístico y lineal. Lejos de las
abigarradas aventuras intelectuales de Carrá, futurista, metafísico, noveccntista y cuánto más, la evolución de Severini va del impresionismo de
1909 al futurismo matizado de deformación cubista. Falta la expo­
sición personal de Sir o n i , tal vez la figura más destacada del arte italiano
de hoy. M orandi estuvo en la gloria en 1948 y ahora ha callado con
discreción. D e P isis nos encanta con su pincel de toque mágico: frota el
lienzo con una sombra de rojo y un brillo verde, y ahí están los peces
sobre la mesa, nacarados en su reciente H om en aje a K okoschka.
Están ahora divorciados los izquierdistas abstractos, como Sa n to m a so ,
.T assinari , P izzin ato y los demás, y los otros, estricta y rígidamente obe­
dientes a las órdenes de Moscú de “acercarse al trabajo y a la comprensión
del pueblo”. Lo que podría ser magnífico. Lástima que G u ttu so , M a fa l ,
G a rlo L evi y otros, se olviden del arte, agrandando en sus lienzos la
trivialidad fotográfica de los periódicos ilustrados de pésimo gusto y des­
cuidada técnica. Lástima por las esperanzas perdidas.
Aventurero espiritual de gran envergadura, A l b e r t o M a g n el l i lleva a
sus composiciones abstractas su sentido bien tcscano del color pulcro }
de la sensabilidad espiritual. Aun en París, donde vive, es considerado

46

�com o de los m ejores p in to res de las nuevas realidades, co m o §e lla m a n
a h o ra p ara a u m e n ta r la co n fu sió n y d e so rie n ta r las ideas del m ísero
p ú b lico. Y ya que estoy en esto, p lácem e n o m b ra r en segu id a a o tro e x c e ­
len te p in to r ab stra cto , el francés M a n essier , cuyas d elicad as e in ten sas
arm o n ías de co lo r y d ib u jo sim b ó lico , p ero no irre a l, se in sp ira n en las
em ocion es religiosas u o tra s. En sus L etan ías de la n oche p a re ce a co rd a rse
a e los lirios de las luces azules y d o rad as del a lta r y q u e las m e m o riz a ra
com o u n a visión p o r d etrás de sus ojos cerrad o s.

Triunfa entre los extranjeros aquel rey de los hechizadores que fué el
brujo J a m es E nsor , recientemente fallecido a los noventa años en Bélgica,
su patria. Aquí están presentes las etapas de su prestigioso camino, desde
sus veinte años enamorados de su excelente compatriota Stev en s y luego
de M a n e t , hasta su papel de precursor del expresionismo irónico y gro­
tesco en sus Máscaras, de las supercoloraciones fauves, de las alucinaciones
superrealistas, como se puede ver en su famoso cuadro Cristo entra en
Bruselas. El amplio lienzo rebosa de elementos satíricos y hasta grotescos,
pero ante todo ha sido estudiada y cuidada —y alcanzada— la armonía de
ía composición en perspectiva y de los colores vivos y luminosos. Aunque
pinte nada más que una coliflor en la cocina doméstica, se puede jurar
que las brujas y las hadas platearon sus hojas rizadas con misteriosos
reflejos.
Los alemanes se jactan de su grupo renovador de 1911, El C aballero Azul,
i lindado en Munich por F ranz M arc y K ani &gt;in sk y . Más me gustan las
obras posteriores, brillantes de colores como fuegos artificiales, que se
pueden ver en la exposición personal del mismo Kandinsky, organizada
por su viuda.
De J ohn C o n sta ble los ingleses nos han traído una maravillosa colección
de aquellos paisajes que revolucionaron la pintura al comenzar el siglo
pasado. Y para equilibrar bien la balanza entre lo viejo y lo nuevo, están
las esculturas de B á rbara H e p w o r t h , quien imita a M o o r e , y los lienzos
de S m it h , quien imita a M a tisse .
Por primera vez los mexicanos asombran a Europa con la¿ pinturas de
R iv e r a , O rozco y S iq u éir o s , tan atrevidas en sus concepciones y a menudo
chatas y p om p ier hasta lo increíble en su realización. Los tres espadas
de la arena mexicana están juntos con el nuevo cadete T a m a y o , más euro­
peizado.

47

�Francia está a la cabeza con el escultor L a u r e n s , con los fa u v e s , los
cubistas, las salas personales de J a c q u e s V i l l ó n , de R o u s s e a u el aduanero,
de U t r i l l o y de M a t is s e . Son bien conocidos los suburbios de Utrillo,
el encanto de aquellas casitas e iglesias humildes, de un Montmartre
provinciano, embellecido por su honda creación poética. Bien conocidos
también los ensueños exóticos de Rousseau, la fantasía que pinta la visión
requeteburguesa de la vida con aureola refinada y sin embargo cándida,
sencilla y primitiva. Matisse consiguió el gran premio de un millón de
liras para el mejor pintor extranjero. Aunque su fama no necesita esta
consagración tardía, resulta siempre consolador ver el mundo cosmopo­
lita del arte hermanado en el homenaje a esta gran vejez, incansable en
su encarnizado trabajo, hoy como antaño forzando la vida con su entu­
siasmo creador.
M a r g a r it a G. Sa r f a t t i
Por causas ajenas a nuestra voluntad, esta correspondencia es publicada con atraso.

ESCRIBE DESDE BARCELONA D A M I A N C. B A Y O N
Barcelona, en este suave otoño catalán tiene varias novedades artísticas
de interés, una de ellas la representación del D o n J u a n T e n o r io de
Zo r r i l l a , con decorados y trajes de S a l v a d o r D a l í , que vive otra vez en
España y ha hecho públicas declaraciones de fe católica, decidiéndose a
pintar solamente Madonas de ahora en adelante después de una ruidosa
conversión —como todas las suyas— y una entrevista con el Papa. He ido
al estreno de la discutida versión y cabe decir lo que parecería una
b o u t a d e : o sea que el defecto de Dalí es el de ser poco imaginativo, o el
de ejercer la fantasía de un modo demasiado restringido, demasiado D a lí
como para que sea efectiva. Los decorados no pasan de ser cuadros
agrandados (y naturalmente en la realización escenográfica pierden parte
de su encanto perfecto y lamido, característico del pintor), son cuadros
o sea pintura p la n a sin grandes hallazgos en la composición espacial y de
niveles. En su mayoría son tan arbitrarios como los trajes y a veces hasta
un punto que resulta abusivo, pero no se puede negar que tienen
belleza de color y han cumplido su cometido de satisfacer la inmensa

4S

�curiosidad con que los españoles siguen los caprichos de este n iñ o te rri­
b le, que en general se comporta como un hombre de negocios eminen­
temente práctico. Tanto preocupa Dalí que no ha faltado quien pro­
ponga su nombre para continuar las obras —por tanto tiempo interrum­
pidas— de la Sagrada Familia que iniciara ese genio de la arquitectura
española del siglo X IX que fué G a u d í . Dudamos que la idea siga su
curso por descabellada; no sólo hace falta imaginación para crear una
obra así, sino que también es menester un profundísimo conocimiento
de las leyes del cálculo estático y constructivo.
Entre las exposiciones, hay en estos días una retrospectiva de J o aq uín
M ir , el gran pintor catalán del 900, compañero de armas y de bohemia
que fué de R usiño l y de R am ón C asas. Mucho de parecido tiene la pin­
tura de Mir, pero fuerza es reconocer ante sus telas a un gran colorista
y a un deformador sutil, que imponía un mundo fantástico y lánguido
como el suyo con una fuerza de realidad como la misma naturaleza no
tiene a veces. En sus últimas obras sobre todo, la independización de los
trazos del pincel y de las m á fu la s de color juegan en tal forma sobre la
superficie que hacen realmente de un paisaje romántico subjetivo un cua­
dro abstracto, con valor en sí mismo como disposición de formas y colores,
independientemente del valor que pueda tener esa misma pintura dentro
de la historia del género. Extraña paradoja que para elogiar a un pintor
tengamos que dar la vuelta entera al ciclo pictórico. No tan extraña si se
piensa que toda la obra de arte verdaderamente grande, tiene en sí leyes
que parecen casi independientes y hasta antagónicas a la v o lu n ta d s u p e r ­
ficia l d e fo rm a del artista. Esas leyes que pasados los años indispensables
de claridad crítica quedan como las principales ordenadoras de la obra,
como un valor más valioso que los otros, que entonces se nos presentan
desvitalizados, casuales, locales, dentro de una concepción de época quizá
falsa o equivocada toda ella. Casi podríamos decir, extremando la nota,
que los grandes artistas son aquellos en los cuales, pasadas las circunstan­
cias de ambiente que los hicieron posibles, sobrenada ese valor-m ás, en
una palabra: todo lo que no es contingencia. Eso sólo lo puede intuir
el presente, pero lo sabe la historia con certeza. De Mir ya se puede decir
sin temor a equivocarse: quedará por lo que él mismo menos hubiera
sospechado. Por su construcción lógica, lúcida, su composición rica, su
elevado color.

40

�es de Canarias y ese solo hecho plantea una gran can­
tidad de interrogantes estéticos, entre ellos éste: ¿será que lo mediterráneo
tiene también su raíz africana? (No nos extrañaría después de haber go­
zado del equilibrio de cierta escultura negra.) Lo cierto es que el clasi­
cismo de Gregorio tiene una doble raíz mediterránea y africana y ella se
resuelve en el cuerpo desnudo de la mujer concebido como en M a il l o l ,
gran creador de ritmos femeninos, plenos en su arquitectura y sin embargo
trabados también en la concatenación ondulada de sus planos curvos que
se ensamblan con toda facilidad como en v o lv e n te s (en sentido geométrico)
de la forma. Lo mismo ocurre en las mejores esculturas de Gregorio
cuando no se distraen o condescienden al detalle aunque sea esquemático.
Es curioso pero ni siquiera las cabezas con su rotundidad —que una mata
anudada de pelo realza— le bastan para su ideal de construir grandes gui­
jarros-mujeres. Él busca el canto rodado elemental que conserve aún en
la ausencia de aristas, de planos secantes, su humanidad redondeada nunca
rechoncha o fofa, sino prieta en la materia exquisita al tacto en su pulido
minucioso. Ni siquiera las cabezas, porque ellas plantean problemas de
expresión: ojos, labios que el artista trata de tallar ingenuamente con dos
incisiones cuneiformes. No basta, es preferible desentenderse del accidente
ojos o boca y atender a lo grande total como hace valientemente B ra n c u si , o si no: estudiar las masas de los párpados, de los labios como sub­
volúmenes del volumen total. Esta escultura ahusada de Eduardo Gre­
gorio recuerda en cierto modo a la de A rturo M a r t in i , sus formas —me­
nos inquietas en la búsqueda que las del escultor italiano— avanzan en
el aire creando abanicos de reflejos en los pechos de mujer, uniendo los
detalles superfluos en grupos musculares sintéticos e imaginados. Sus su­
perficies son apetecibles al tacto y cuando la mano recorre sus maderas
tibias,, su frío mármol blanco veteado, se comprende toda la sensualidad
rotunda de la forma. Estos materiales —caoba, piedra— se avienen perfec­
tamente a su expresión, no así los yesos: muertos, ásperos, opacos, o el
bronce, demasiado mecánico para este gran pulidor que tiene las mismas
delicadezas que producen la erosión del aire y del agua a través de los
siglos, pero que no actúa como ellas ciegamente, por casualidad fortuita
sino que se vigila y sabe de antemano donde tiene sus metas.
He hecho dos visitas a los talleres de dos artistas jóvenes catalanes: E n ri ­
q ue P lanasdurá y Sa n tí S urós . Ambos son conocidos del público de
E duardo G regorio

50

�y
E st im a r a través de lotos y de un artículo de S eba stiá n G asch
aparecidos en el número 16. Ambos trabajadores infatigables siguen supe­
rándose en su marcha, por distintos caminos y sin embargo con dos metas
comunes: sentido mediterráneo de la pasta y el color y una fe inquebran­
table en el hombre total, el hombre como experiencia.
En la última obra de Planasdurá reconozco dos caminos principales, una
manera cu rv a tratada en arabesco, afrontando de un modo muy personal
problemas de forma (representada por una línea trepidante, angustiada)
y problemas de color, hermoso color resuelto a la manera mediterránea
con azules exacerbados, naranjas, amarillos, negros y violetas vinosos como
tonos dominantes. La otra manera más geométrica, de líneas rectas —tra­
zadas a s e n t im ie n t o , sin la rigidez de la regla y la escuadra— y de pla­
nos coloreados, no está quizá tan lograda como la anterior, creo que es
simplemente una búsqueda más de quien ha dado casi toda la vuelta a la
pintura desde el dibujo cuyo paradigma son los mqseos hasta esta libertad
actual en que se mueve tan cómodo.
Los críticos catalanes que se han ocupado de él hablan preferentemente
de una reminiscencia de M iró , no lo creo en absoluto, se trata de una
confusión meramente formal; el contenido profundo de Planasdurá lo
acerca a otro gran maestro contemporáneo: a F ernand L é g e r . A ambos
les preocupa, les duele lo humano —como a Unamuno le dolía España—
y crean sus ritmos centrados en esa intuición. Por eso cuando Planasdurá
sale a lo abstracto geométrico, el aire se le hace más irrespirable y debe
luchar terriblemente por expresarse (excelente lección que enseña a dar
las más altas potencias interiores). Sus ritmos naturales son o rg á n ico s,
como lo afirma W orringer de ciertas culturas polinesias o escandinavas
primitivas. Y en verdad que a ese arte desgarrado, hondo, comunicante
entre lo vegetal y lo humano habría que vincular la pintura de Planas­
durá. Hay en sus telas soluciones plásticas equivalentes a las mayas, a las
aztecas, o más cerca de nosotros los argentinos, algo de los vasos zoomorfos
de las culturas chimó. Como en ellas, presidiendo la expresión, hay una
angustia de pies; dedos, uñas, cuellos alargados como tallos, pelos erizados
que se estiran por la tela como las raicillas por la tierra buscando deses­
peradamente agua en un suelo árido. De ese patetismo previo a lo hu­
mano, previo a lo psicológico está hecha la pintura vital de este pintor.
Planteársela como un problema meramente estético sería desvirtuarla, en

V er

51

�cierto modo rebajarla. Este joven pintor que ya expone desde hace diez
años, va avanzando en su expresión. No nos sorprendería que hubiera
en él si no el lenguaje, una potencia semejante a la de Miró. Los años
dirán si nos equivocamos.
Surós se viene ejercitando en la plenitud cromática a través de formas
cada vez menos abiertamente figurativas. Su gama amarilla es de horno
a la más alta tensión. El verano de la costa catalana queda si no retrata­
do, implicado en sus telas ricas de sustancia que va buscando concreción
en la luz só lid a , no titilante (lo que conseguía Van Gogh por oposición
a los impresionistas). Surós ha intentado muchos caminos en estos últimos
tiempos, su manera más interesante resulta aquella en que se arroja
violento y cariñoso al mismo tiempo sobre la realidad y trata de colocarla
en lo que tiene de pingüe, de frutal, de plena. Para ello se sirve de for­
mas recortadas —punto de contacto con Planasdurá aunque el sentido
total sea muy diferente— formas que sólo en algún caso especial se abren
para modularse en un tono cambiante. En general cada zona se opone a
la otra vibrante como una clarinada y el amarillo choca gloriosamente con
un azul de juguete, con naranjas y bermellones acabados de crear. Color
de pueblo instintivo, mediterráneo, adherido al cromatismo exacerbado
por lo que tiene de sensible inmediato, sin escapatoria de subjetivismo.
Pero pintura anti-repentista que no contrapone ya complementarios sino
que usa pasajes cro m á tico s (por ejemplo: pasa del amarillo al azul inter­
poniendo un borde de verde que actúa de puente). Empezando a gozar
de la plenitud de sus medios, la fuerza expresionista de Surós se afirma
casi como la de un eslavo. Su riqueza de materia (como en general en
los catalanes modernos, lo emparenta en cambio con los belgas contempo­
ráneos) . Quizá ello se deba a una profunda afinidad en lo que se refiere
al sentido de la materialidad de las cosas, común a flamencos y catalanes.
Su pintura sigue un camino ascendente, su nota es particular, original,
honda.
D a m iá n C arlos B ayón

52

�N

�C A R L O S M. S A E Z

o

�p

Q

�R

�hojas de estudio

CARLOS

M. S A E Z

Cuando alguien que ha orientado su vida en el sentido de la creación
artística desaparece tempranamente, no podemos evitar cierto afán novelizador que tiende a prolongar en la imaginación la potencia creadora del
ser desaparecido, enriqueciéndola y magnificándola. Con frases tan vagas
y de sentido tan problemático como: “¡Quién sabe adonde hubiera lle­
gado! Con más tiempo hubiera podido. . nos desentendemos a menudo
de la obra realizada, del mensaje ya logrado, para buscar en zonas de
conjeturación, siempre engañosas, lo que sólo el contacto y la compren­
sión de la obra pueden darnos.
Al visitar el Museo de Bellas Artes de Montevideo, y penetrar en la Sala
C arlos F ederico Sáez, ante la manifestación tan fresca y vivida de su
talento, ante la apelación insistente de sus pinturas y dibujos, de su gran
paleta,, de ciertos pueriles y conmovedores “no te quiero más” y “no me
quieres” escritos quién sabe por quién en el margen de una de sus hojas
de dibujo, la mención de las dos fechas que encierran la vida de aquel

57

i

�magnífico artista adolescente: 1878-1901, se hace dramática y por un largo
momento Sáez nos impresiona profundamente por su destino de creador,
frustrado. Es necesario un esfuerzo de imparcialidad emocional para acer­
carnos serenamente a examinar la obra de Sáez, pasar rápidamente por la
breve anécdota de su vida para llegar a aquella parte en que continúa
viviendo y que es lo que más importa en la vida de un creador: la vida
interior que se plasma, se transfigura o se sublima en la creación.
Carlos Federico Sáez nació en Mercedes el 14 de noviembre de 1878.
Tempranamente evidenció su vocación artística y sin haber recibido aún
lecciones de dibujo, dibujaba y pintaba desde niño con rara habilidad.
En 1891 su familia se trasladó a Montevideo, donde el niño recibió
lecciones del Profesor J uan F ranzi. En el ambiente burgués, refinado
y mundano de su hogar, entre la comprensión y el estímulo de los suyos,
en especial de su madre y su hermana Luisa, el pequeño Carlos Federico
traza los dibujos y mancha las acuarelas con que su madre se presenta
un día ante el omnipotente e indiscutido J uan M anuel B lanes, para
3 solicitarle que acepte al niño como discípulo. “Quien ha manchado esta
acuarela, nada tiene que aprender conmigo” parece haber dicho el maes­
tro, y si se recuerda su carácter y lo parco en el elogio que era Blanes, se
comprenderá todo lo que significaba su juicio. Es por consejo de Blanes
que en 1893, a los catorce años, Sáez va a radicarse a Roma, donde por
breve tiempo concurre a la Academia de Bellas Artes. Luego se indepen­
diza y se instala en su propio taller, en la Vía Margutta. Concurre en­
tonces a la escuela pictórica napolitana, representada en Roma por
M ichetti y otros pintores amigos de Sáez. Se perciben también en el pin­
tor uruguayo ciertas influencias del artista checo M ucha y del pintor
español F rancisco P radilla de quien al parecer recibió lecciones.
Una foto muy difundida nos presenta al Sáez de aquel momento. En ella
nos miran profundamente unos ojos tristes y francos, “ojos claros, ojos
ingenuos que sabían descubrir y ver la savia del vivir v \ de un joven de
i E rnesto L aroche , Algunos pintores y escultores.

5#

Montevideo, 1939.

��MARIO SPALLANZANI (15 años)
Gallo
Exposición de pinturas infantiles en Montevideo

Hoja de VER Y ESTIMAR

�rasgos regulares y bellos, con los cabellos partidos al medio y luciendo
las manos enjoyadas. Sáez regresó más tarde al Uruguay, donde luego
de una breve estadía, las Cámaras le otorgaron una pensión especial
en 1897. Una vez terminada ésta, obtuvo una nueva beca en 1898. Sin­
tiéndose enfermo regresó a Montevideo donde falleció el 4 de enero de
1901, a los veintitrés años.
"Espectador genial del 19002” y también palpitante y estremecido actor
de esta época de frivolidad, ensueño y exaltación a la que no faltó dramaticidad y trasfondo trágico, como a ninguna época del tránsito del
hombre en la tierra, Sáez se entregó entusiastamente al dandismo y a lo
mundano y reflejó en su obra a los hombres y mujeres del novecientos,
con sus ropajes y sus adornos transitorios pero impregnados del alma que
su genio y su profunda simpatía por todo lo humano, iban a penetrar
profundamente para rendírnosla vibrante, en expresiones magníficas, a
través de la línea, el claroscuro o el color.
Aunque Sáez es esencialmente un pintor, nos interesa examinar su labor
como dibujante, pues es en los dibujos del joven artista donde encon­
tramos la expresión más intensa de su rico temperamento artístico. En
la actual colección Sáez, del Museo de Bellas Artes, donación de la señora
Luisa Sánchez de Sáez, madre del pintor, se exhiben dibujos de distintas
épocas y estilos, algunos de ellos infantiles, otros, muy pocos, demostrando
procedimientos espurios de ejecución. Todos ellos conmueven profunda­
mente como manifestaciones de una búsqueda en los medios de la expre­
sión plástica, de un artista que murió demasiado joven como para realizar­
se en alguno plenamente. Casi sin excepción toda la obra de Sáez traduce
la tortura íntima de un temperamento artísticamente dotado, luchando
por expresar el mensaje de su indudable talento y su emoción, con la
materia y consigo mismo, por vías diversas, con procedimientos diferentes,
pero revelándonos siempre al fin, al artista y al hombre amalgamados, en
2 Titulo de la conferencia que, sobre el artista, dictó en Montevideo el señor Jos¿
P edro A rgul .

59

�permanente combate, para traducir su verdad esencial. Las fluctuaciones
de sus constantes búsquedas, sus inseguridades, sus vacilaciones, la pugna
casi permanente de su tendencia romántica y naturalista, no superadas
trascendidas en una armonización superior que tal vez la madurez le
hubiera permitido lograr, dificultan la definición rígida de la obra de
este artista.

o

Pese a que se adivina en él un conocimiento, y hasta una frecuentación de
los clásicos, no es un clásico. Carece del equilibrio, de la serenidad y
armonía, de la plenitud y madurez que reconocemos en los artistas que
llamamos clásicos. Pese a reconocerle una marcada tendencia naturalista,
no es exactamente un naturalista. Carece de la seguridad, del vigor y hasta
de la involuntaria crueldad para expresar la naturaleza, de los verda­
deros naturalistas. Pese a advertir la tonalidad romántica de que está
revestida casi sin excepción toda su obra, no es exactamente un romántico.
Carece de un impulso idealista sostenido, ve siempre como un naturalista,
aunque su visión se dulcifique por la ternura, por un suave “humor”.
Para definirlo adecuadamente, o por lo menos, para acercarnos más a su
posición íntima como creador (posición que sólo excepcionalmente podría
encuadrarse en la convención de una categoría histórica) creo que po­
dríamos docir que Sáez está saturado de naturalismo e impregnado del
tono romántico de la época.
La obra de Sáez nos informa del choque y tensión permanentes en este
creador de tendencias románticas y naturalistas. En algunos dibujos de
Sáez reconocemos aptitudes muy señaladas para el dibujo naturalista y has­
ta para un cierto tipo de realismo caricaturesco a lo T oulouse-L autrec .
Sin embargo, en la mayor parte de ellos, aunque se percibe que la visión
es tan realista como en los otros, un impulso de ternura suaviza los rasgos,
afina las líneas, idealiza el conjunto. Considerando que la mayor parte
de los modelos del dibujante han sido seres familiares, amigos y personas
de su intimidad, puede pensarse, en un primer momento, que el senti­
miento es el elemento que realiza la idealización. Pero si bien es cierto

60

�que, en sus dibujos, suaviza tiernamente los rasgos de los seres que ama,
notamos que hay más suavidad, menos nerviosismo, menos tensión interna
(nos falta un término mejor) en los trazados con modelos profesionales u
ocasionales. No bastaría con decir de un dibujo que sea más naturalista
que otro, o más romántico o más idealista. Aquí hay algo que escapa a
las categorías, algo que viene de la subjetividad del artista y que interesa
fundamentalmente captar.
La visión realista, a veces despiadada de Sáez, ve a los seres que ama y
conoce profundamente, tal como son; el cariño suaviza los rasgos, corrige
las expresiones restando fuerza y crueldad a los trazos, pero esto exige
esfuerzo, tensión, com bate... Comparemos cualquiera de los dibujos que
Sáez trazara de su padre y los de otros modelos masculinos. La cabeza
del padre, trabajada como sea, aparece psicológicamente definida, como
de alguien demasiado bien visto para que la idealización se haga fácil­
mente. Sin embargo, Sáez siente el impulso, la necesidad plástica o sen­
timental de idealizar. Creemos que éste sea su conflicto como creador, y
la causa de su inestabilidad (aparte de las razones de edad y estudio),
de su constante vacilar y oscilar entre diferentes técnicas, sería lo que pres­
ta a su línea eso que hemos llamado tensión o nerviosismo, pero que reco­
nocemos completamente subjetivo y ajeno a la línea pero no a la mano
que la trazó.
En cuanto a los aspectos técnicos de la ejecución de Sáez, debemos desta­
car que la línea, como elemento de expresión plástica, presenta interesan­
tes diferencias en el impulso, dirección y hasta en el trazado más o menos
fino o cargado de los trazos, sobre todo en los dibujos a lápiz. Muy pocas
veces la línea se vierte con soltura; pues si bien los trazos son nerviosos y
espontáneos, se adivinan vacilaciones, inseguridades, contradicciones. Los
trazos del contorno a menudo se repasan, se corrigen, el lápiz corre ner­
viosamente, a veces obedeciendo a impulsos que no responden a justifica­
tivos plásticos. En algunos croquis es precisamente esta vibración y este
nerviosismo de los trazos lo que vitaliza la expresión. Las líneas se quie­

61

�bran, fluctúan imantadas por una fuerza de creación que da sugestión
y movimiento a las formas. En algunos dibujos de trazo sumamente es­
pontáneo y ágil, las líneas aparecen independientes unas de las otras y,
sin embargo, hay una coherencia interna que las continúa y armoniza.
En otros dibujos el trazado de la línea es neto, seguro, sintéticamente
definí torio y enérgico.
En general, Sáez emplea el trazo como signo sugestivo. Estos signos expre­
san movimiento en la mayoría de los dibujos. Pero también encontramos
signos para sugerir formas, para insinuar volúmenes, para relacionar par­
tes. La sombra está dada generalmente por grupos de líneas bien para­
lelas, bien contrapuestas. También encontramos sombras trabajadas con
esfumado y hasta en dos o tres dibujos se emplea tinta blanca o goma
para crear luz. Sin embargo, Sáez demuestra plenamente que puede lograr
excelentes efectos de luz sin recurrir a tales procedimientos, y en la mayo­
ría de sus dibujos maneja el claroscuro con gran habilidad. Generalmente
el empleo de la sombra responde en Sáez al deseo de crear volúmenes.
En algún dibujo la sombra se emplea con cierto intento planificador que
no creemos rebuscado sino espontáneo. La sombra exterior levanta las
formas del fondo para darles relieve, en tanto que la sombra interior
expresa volúmenes.
Resumiendo: Sáez dibujante, nos brinda a través de su obra un reflejo de
la época romántica y decadente de fin de siglo a través de tipos humanos
psicológicamente definidos tras los peinados, adornos y ropajes de la hora,
y lo que más importa, nos brinda la expresión de un talento vigoroso y
el drama siempre renovado del creador que, en esta sala del Museo de
Montevideo, testimonia indudablemente de sus frecuentes y definiti­
vas victorias.
E neida Sansone

62

�s

�T

�C

R

Í

T

Exposición

de P inturas I nfantiles *
en M ontevideo

Hace ya tiempo que la expresión del
niño a través de la plástica resulta mo­
tivo de meditación para la psicología y
permite apresurados, y generalmente equí­
vocos, juicios en el plano de la estética.
Como aportes para el estudio sistemático
de la mentalidad infantil y hasta para
los análisis concretos de casos particulares
de neurosis, con finalidad terapéutica, la
pintura y el dibujo infantiles tienen real
validez; por su parte, las relaciones que
pudieron fijarse entre esa mentalidad y la
del hombre primitivo, a fin de establecer
fundamentos para los orígenes del arte,
se hallan en crisis. No obstante, las deri­
vaciones de orden científico que estos tra­
bajos permiten justifican ampliamente la
importancia que se les asigna. Asimismo,
la obra plástica infantil da motivo a ries­
gosos arrebatos de opinión, cuando el
interés que despierta se encauza en la
apreciación de su faz estética o las posi­
bilidades que, en tal sentido, permite
suponer para sus autores. En este aspecto
cabe destacar que, al enfrentarse a este
tipo de pinturas, la crítica de arte difí­
cilmente guarda el necesario rigor esti­
mativo y que, por el contrario, termina
viciándose de sorprendida emoción pater
nal. Por eso, en tales casos, la cautela
debe ser la norma; es evidente que no
puede ni debe prescindirse, en el juicio,
de las condiciones particulares de la rea­
lización de que se trata, aunque esto im­
plique las trampas que tal actitud encie­
rra, y que son: el pasmo de admiración
incondicional o la socarrona acotación
incrédula.

I

C

A

La obra plástica del niño, en resumen,
debe ser encarada desde dos puntos de
vista: por un lado la documentación que
significa para el análisis psicológico y do­
cente, con todas las consecuencias que
acarrea y más arriba señalamos; y por
otro, la particular calidad artística que
presenta. El peligro, en cualquiera de los
dos casos es quedarse a mitad de camino:
en el mejor conocer las particularidades
personales, sin extraer la teoría general,
las consecuencias válidas de ese conoci­
miento, para su aplicación inmediata o
futura. No sólo hay obras; contenido en
ellas, hay un caudal humano, rico y con­
movedor, material delicado y peligroso
poT sus proyecciones.
Actualiza estas reflexiones, el interés que
despiertan las exposiciones de pintura de
alumnos de escuelas póblicas montevideai&gt;as, realizadas este año, primero en el
Subterráneo Municipal y luego en la Sede
del Seminario Interamericano de Educa­
ción; estas muestras recogen una selección
de trabajos infantiles efectuados bajo la
dirección de las maestras M. M. A ntelo y
B e l l C la v elli , y comprenden la obra de
varios niños de 5 a 16 años,
Las virtudes específicas de la espontanei­
dad en el libre juego de un lenguaje plás­
tico que el niño domina, evidentemente,
en la medida de sus apetencias y necesi­
dades, dan su máxima efectividad en los
más pequeños, como es lógico; los mayores
se contaminan pronto de prejuicios y vi­
cios efectistas, inducidos seguramente por
el ditirambo familiar, contra el que poco
puede la preocupación docente. Pero
también ocurre — y esto es lo más destacablc— que al madurar con el tiempo

�y el trabajo continuo, la mentalidad y la
técnica infantiles van definiendo las sen­
sibilidades y hasta, en determinados casos,
el talento artístico. Si la primera niñez
da una categoría cuya formalidad expre­
siva se encauza dentro de principios signográficos generales, ya las etapas supe­
riores, exponen, con el desarrollo de las
facultades, condiciones particulares de di­
ferenciación. O sea que se puede descubrir,
en esos casos, los valores auténticos: capa­
cidad de realización y alcance de la fuerza
imaginativa. Y esto es así, aun cuando el
tono general de la muestra no acuse diso­
nancias flagrantes y se desarrolle siempre
en el difícil camino del buen gusto; el
niño, aunque no demuestre vocación se­
gura para la actividad artística, da escape
siempre a una emoción pura y se interna
con soltura en graves problemas de com­
posición o de relaciones cromáticas, que
sortea, en general, limpiamente, con atre­
vimiento ingenuo, con asombrosa segu­
ridad, por medio de dibujo preciso, rica
policromía y poderosa inventiva. Se des
cubre asi, el placer que siente en las sim­
plificaciones audaces y en el cariño con
que se adueña de los atributos definitorios
del objeto, sin caer por eso en descrip­
ciones menudas. Pero, por sobre todo, la
obra infantil está llena de sugestiones
extra-artísticas, aun cuando se encuadre
claramente en el resultado de una labor
plástica.
Alcanzan, en cambio, otra latitud los casos
planteados por algunos de estos exposi­
tores que, como M ario Spallanzani, J osé
G amarra , o J orge C arrozzino se encuen­
tran actualmente en el umbral de la ado­
lescencia y que, además, han venido cum­
pliendo una continuada dedicación pic­
tórica, con intención sostenida y hasta
(lo que es más difícil) superando en los
últimos tiempos la obra de su niñez. L ó ­
gico es que, interesados fundamentalmente
en el aspecto artístico de la muestra, sean
estos casos los que precisen, justamente,
nuestro enfoque crítico. Es absurdo pen­

66

sar que todo niño, porque demuestre pía
cer en el juego plástico y condiciones
innatas de organización pictórica, presu­
ma un artista en potencia. El niño es
una maravillosa caja de resonancias, pode­
rosamente afinada por su imaginación
para la captación de sugerencias que por
el dibujo y el color enlaza su rico mundo
interior con el ámbito de objetos y emo­
ciones que lo rodea. Cuanto más puro
es su espíritu, ese mundo interior que va
creando resulta más nutrido y valioso
para la proyección que del mismo em­
prende a compás del ambiente que lo
circunda.
Hay, así, una simbología afectiva de colo
res y signos formales y, como resultado
plástico, una gran fuerza imaginativa que
explota en la variedad de sus soluciones.
En la mayoría de los casos no interesa
sino esa exaltación y evidencia de valores
emotivos; pero es notorio que para todas
las personalidades incipientes la consecu­
ción de un lenguaje tan amplio, por pía
cer de juego, sirve para el dominio de
la expresión que tendrá trascendencia
cuando empiece a aparecer la voluntad
creadora y la conciencia del hecho plás­
tico, cuando esa actividad admita amplia­
mente el atributo de artística. Entonces:
aun cuando en todos los casos puede afir
marse superioridad de los resultados obte
nidos por la primera niñez, esas obras
no pueden significar sino documentos de
innegable valor psicológico. Que además
se inicie ahí el dominio de un camino
que explotarán luego los capaces, esto es
evidente, pero también plantea el proble
ma más grave. No es suficiente que se
abran puertas a la imaginación, que se
induzca a elegir rumbos; el trabajo con
niños plantea siempre una grave respon
sabilidad.
Así entonces, la labor docente debe am
pliarse en previsión del futuro, apurando
la experiencia para lo por venir. O sea:
se requiere, junto con la práctica, la teo
ría., basada en esos hechos, que culmine

�la labor. Lo dicho no significa, poi
supuesto, exigencia de continuidad en la
preparación del artista, pero ese análisis
humano configurará, siempre, un aporte
valiosísimo para quien siga desarrollando,
con nuevas miras, la capacidad demos­
trada. Si el juego de los niños, cuando no
lo es, lleva al juego de quien enseña, al
emotivo placer de los asombros, la acti­
tud comporta más peligros que benefi­
cios. No es éste el caso de las señoritas
Antelo y Bell Clavelli, que evidencian una
seria y preocupada disciplina práctica,
pero falta todavía la síntesis teórica que
merece esa labor y que puede justificarse
ampliamente por sus resultados.
El único trabajo que en esc sentido se ha
hecho público es un informe aparecido
en los Anales de Instrucción Prim aria de
junio de 1949, y no tiene, lamentable­
mente, la profundidad analítica que el
material compulsado y el interés efectivo
que se demuestra pudo permitirles. La
enseñanza se imparte mediante la libertad
plena de expresión y la creación de cen­
tros de interés con posibilidades pictó­
ricas, que apoyan efectivamente la fan
lasía del niño en su desarrollo plástico.
Para esto sirve el cuento, el poema, la
canción, la música y la danza, configu­
rando una temática muy rica que el niño
desarrolla con asombrosa comprensión del
significado, aun cuando se trate de cier­
tas obras de H errera y R eissig, A lbertí
o G arcía L orca , que el adulto considera
oscuras. Es posiblemente la buena dosi­
ficación del aporte que se va dando, para
raíz del desarrollo, lo que mueve a esc
poderoso poder de comprensión que se
vuelca luego en símbolos. Pero ¿es éste
camino para la plástica o vehículo para
un acercamiento a la literatura y la mú­
sica? Este interrogante no se contesta, ya
que no puede aceptarse el trivial expe
diente de que la pintura es poesía o so­
nido, cayendo en una absurda confusión
de las artes singulares que, no lleva, a la

67

larga, sino a errores interpretativos o de
creación.
Interrogantes. Éste es el saldo de la ex­
posición cuando se supera el asombro
emotivo que genera. Y esto, precisamen­
te, por reconocer los valores que en la
muestra se evidencian. Su importancia
está justamente ahí: en la comprobación
de la eficacia del método didáctico impar­
tido a pesar de que admita equivocada­
mente interferencias de sonido y color;
palabra y formas que más tienen vincula­
ción con la psicología que con la creación
estética. Su importancia está, además, en
el hecho destacado de permitir la tem­
prana revelación de talentos pictóricos,
como en el caso concreto de Mario Spallanzani. Pero, con todo, resulta en con­
junto sólo una etapa de la obra que se
acepta, así, inconclusa, sin la proyección
que de ella puede y debe esperarse. Es
nuevo aporte a la colosal empresa que en
ese sentido desarrollan todas las naciones
cultas de hoy, pero carente, como en la
generalidad de los casos, de la sólida plani­
ficación previsora que el asunto requiere.
F er n an d o

G a r c ía

E steban

ARTE CONCRETO ARGENTINO
Abordar el comentario de una exposición
de arte concreto impone siempre a nues­
tra conciencia recordar las ideas vertidas
en teoría por sus cultores, como si la com­
prensión plástica aumentara sus alcances
mediante ese acercamiento al pensamien­
to total. El primer paso hacia tal com
prensión estriba en tener presente que el
artista concreto afirma ante todo que su
arte responde al cambio habido en nues­
tro siglo en la concepción del mundo.
Éste está en perpetuo devenir, es como
una permanente vibración. La creación
concreta pretende librar la esencia vela­
da en las apariencias para presentarla en
su perpetua evolución.

�Dirá K andinsky , niego el materialismo p u ­
ro. M ondrian , hay un ritmo liberado y
universal que está oculto y deformado
en las formas plásticas limitadas del arte
representativo. Y V antongerloo , siendo lo
imponderable de la realidad su perpetuo
devenir, no puedo reducirlo a un valor
inmutable, pero puedo hacerla inteligible,
es decir llegar a su unidad, estableciendo
relaciones. La obra de arte ha de ser la
expresión de esas relaciones.
En las formas plásticas del arte concreto
esas relaciones son establecidas por los
medios más abstractos y universales: las
leyes matemáticas. Estas son el instru­
mento, dijo V antongerloo , que crea las
formas. Pero así como el cincel, el mar­
tillo, son los medios esgrimidos por el
artista de la figuración en la elaboración
material de la obra pero rara vez tenidos
en cuenta por el que luego la aprecia,
del mismo modo el cálculo matemático ar­
quitectura la obra concreta sin que sea
imprescindible considerarlo en los resul­
tados.
Lo que hemos de tener en cuenta son las
expresiones que quiere lograr ese arte nue­
vo, a saber: espacio, movimiento, sucesión,
tiempo. La comprensión de estas afirma­
ciones nos llegó a través de la exposi­
ción de los artistas concretos argenti­
nos i.
Dos pintores y un escultor brindaron un
conjunto cuya unidad, desprendida de las
búsquedas fuertemente racionalistas, per­
mitió esclarecer los postulados de la es­
cuela. En los tres un sentimiento nuevo
emana de la sugestión del movimiento
que en los pintores se da por el juego de
las líneas y los planos y en el escultor
por los alambres que envuelven el espacio.
M aldonado elige dos maneras para ex­
presar el movimiento interior de la obra
plástica: establece relaciones entre el pla­
no único y los elementos concretos, líneas
(1) Arte Concreto, pinturas, esculturas, dibu­
jos. Instituto de Arte Moderno. Octubre, 1950.

68

o figuras, o bien fracciona el plano totalSobre tres funciones secantes indicaría el
primer camino. El fondo simboliza el es­
pacio no estático sino pleno de posibili­
dades dinámicas. Al ordenar el movimien­
to, al indicar su dirección por medio de
líneas, éstas adquieren la importancia de
signos; pero no sólo por la concentración
del movimiento en las líneas, sino tam­
bién por la disposición de los círculos en
los espacios intermedios, la esencia misma
de la obra que estaba en potencia, se
transforma y cobra vida.
Sabemos que todos los elementos plásticos
han sido sometidos al control previo de
una fórmula matemática. Mas ahora la
pura intuición artística asoma en el es­
pesamiento oportuno de una línea o en
la elección de los colores, cuyas posibi­
lidades expresivas varían de acuerdo a las
relaciones que establecen entre sí. Estos
escasos elementos —curvas inquietas que
se concentran en un determinado lugar
del plano, círculos suspendidos en un gran
vacío, colores sonoros cargados de pig­
mentos en las superficies limitadas por las
circunferencias—, son los vehículos que nos
entregan al artista Maldonado. Para nues­
tra imaginación ellos deben suplir los me­
dios expresivos de la pintura figurativa y
esto ocurre en la medida en que, bus­
cando expresar la tensión dinámica, sean
capaces de producir una emoción plástica.
En Pintura constructiva, Maldonado abor­
da su otra manera de expresión. El plano
único es fraccionado; sobre el fondo ne­
gro, la disposición de las distintas tintas
dentro de estructuras geométricas defini­
das obligan el ojo a un cambio perma­
nente, pero sin que varíe la profundidad
en el sentido del espacio tridimensional
Si en la primera forma de expresión el
dinamismo era incorporado en la direc­
ción de líneas, en la segunda es materia­
lizado en el choque de los planos. Cuando
las líneas son suplantadas por las figuras,
la fuerza del dinamismo parece menos
expresiva, como si éste existiera en razón

�u

�V

w

�inversa de la superficie que ocupa su signo
plástico.
H iito , el otro pintor concreto, también
plantea el problema del juego de las
superficies coloreadas en su composición
Anécdota plástica. Mientras en Maldonado la imaginación se vierte en la tensión
de las líneas, la expresión de Hiito parece
hallarse más en el juego de las formas, a
la manera de Kandinsky. En la compo­
sición aludida, la dinamización es expre­
sada de dos maneras: por el acorde plás­
tico que componen el fondo verde con las
dos grandes formas —trapecios circulares—
que se suceden verticalmente, una amari­
lla y otra roja, y luego, por el juego muy
simétrico a que conduce la disposición de
arcos, secantes y segmentos circulares.
¿Qué dimensión tiene el ritmo que líneas
y formas producen en el plano? Hiito,
más parco en la elección de los proble­
mas, en general nos ofrece soluciones más
contenidas.
A su vez el escultor I o m m i nos brinda una
expresión rítmica del espacio con los alam­
bres o con las superficies. En las cons­
trucciones primeras, las grandes curvas en­
volventes, aunque se ven de distinto mo­
do de acuerdo al punto de vista que adop­
te el espectador, tienen en todo momento
una expresión propia; cuando vibran em­
pujadas por el viento, la expresión se
transmite al espacio mismo que escapa por
entre esas curvas móviles.
En construcciones como Continuidad de
formas las superficies suplen a los alam­
bres obligando al espacio a expresarse por
los huecos. Mientras aquí penetra y se
desliza, en Formas limitadas escapa por las
aberturas y lejos de ser homogéneo es ex­
presivamente distinto merced a la luz y
a la sombra graduadas desde los grises más
profundos a los más claros.
En todas estas construcciones los elemen­
tos plásticos forman un todo con el espa­
cio, siendo imposible separar lo que es
expresión dependiente de él y lo que es
propio de las caras y los alambres. Estas

formas escultóricas pueden alcanzar la di­
mensión de lo cósmico, ya que se adivina
la intención de apresar en una forma li­
mitada un elemento del todo universal.
No es el objeto empírico observado o ima­
ginado el que cuaja en la escultura con­
creta sino el espacio dinámico con sus
ritmos y su luz, exaltado en las formas
—por eso líricas—, pero controlado racio­
nalmente hasta en la gradación de las
luces y las sombras.
Si el fin perseguido por estos tres artistas
concretos es dar vida a un espacio por el
movimiento de las líneas y los planos,
provocar una emoción plástica por el rit­
mo de los colores ajustados a una deter­
minada superficie de tamaño, debemos
coincidir en que con mayor o menor ri­
queza de elementos se acercan al logro
de sus fines. Acostumbrados a los temas
y modos de la pintura figurativa, las com­
posiciones concretas nos sorprenden por la
excesiva parquedad de sus medios; nos
resulta difícil desacostumbrarnos a las ha­
bituales cadencias de tonos y a los ele­
mentos familiares de la composición en
los que el artista volcaba su tempera­
mento. El único vehículo que poseemos
para acercarnos al forjador de la realidad
plástico-espacial es la relación de los co­
lores y las formas. En la medida en que
ellos son capaces de exaltar nuestra ima­
ginación sin recurrir a figuración alguna,
debemos aceptar su legitimidad.
B lanca

S t á b il e

CARTELES SUIZOS
En la ordenada y completa colección de
carteles suizos que expusiera hace algunos
meses el Instituto de Arte Moderno, pudo
notarse la influencia de todos los ismos y
escuelas de la pintura de este siglo, desde
el intimismo a la manera de V u iliard
hasta la impronta abstracta de M ax B il l .
Pero en esta diversidad de caracteres es

71

�posible hacer algunas divisiones generales:
a) los que se limitan a los medios pura­
mente plásticos y los que acuden a reac­
ciones sentimentales, b) los que se atie­
nen a formas objetivas en un enfoque real
de las cosas, c) los que se valen de una
trasposición de ideas, y d) los que hacen
completa abstracción de los objetos y recu­
rren a formas de pura invención mental.
Si tenemos en cuenta que el único fin del
cartel es la propaganda, y que ésta va di­
rigida al mayor número de personas, de­
bemos considerar que la intención dada
por medio de una imagen de fácil reten­
ción, debe ser entendida inmediatamente,
de modo que al volver a ver el anuncio ya
no se lea el cartel sino que se repita men­
talmente la característica de la propa­
ganda. Las formas deben transformarse en
signos de las cosas o ideas que las repre­
sentan.
Ésta es la ventaja de la repetición de
un mismo cartel pegado uno a continua­
ción del otro, pues la imagen adquiere un
ritmo simple, primitivo que actúa en el
subconsciente más elemental del hombre.
Entre las firmas de los carteles se desta­
ca la de B arth con su expresivo dibujo
zoológico. H erbert L eu pin , el ecléctico prerrafaelista, sabe adaptar sus diversas mane­
ras de pintar a las necesidades de la pro­
paganda: desde el realista embutido Bindon¡ al casi abstracto rizo de Panténe, a tra­
vés de la sutil interpretación del agua car­
bónica de Eptinger con su jirafa burbu­
jeante. A lois C ariciet aporta frescas tras­
posiciones de los lugares de turismo, M ax
B ill y R omán C lem ens sendos carteles
abstractos, C arlo V ivarelli una eficaz
composición fotográfica.
La perfecta impresión de los colores, la
ausencia de letreros profusamente escritos
y, en general, un alto nivel artístico hacen
de esta exposición de carteles una mues­
tra vital de cultura del pueblo suizo.

LA COLECCION ARENA
En la segunda quincena de setiembre
tuvimos oportunidad de ver en el Salón
Rraft y en la Casa del Escritor los cuadros
de la colección de Luis Arena, formada
exclusivamente con telas de pintores ar­
gentinos. De él ha dicho Guillermo de
Torre:
"He aquí un coleccionista —aunque él
repruebe este término y prefiera el más
íntimo de gustador— como Luis Arena,
quien se resuelve a explorar un territorio
próximo, donde puede aventurarse con
plena seguridad, sin guías ni criterios ex­
traños: el territorio cada vez más firme
y ensanchado de la pintura argentina con­
temporánea. Animado por una devoción
de buena ley, pareja de un gusto seguro,
exento del prurito antológico, tanto como
de parcialismo unilateral, Luis Arena
ha reunido en el espacio de pocos años
un conjunto de cuadros argentinos singu­
larmente valioso y representativo. Y en
este conjunto celebramos encontrar no
solamente cuadros de artistas ya consa­
grados sino también obras de jóvenes pin­
tores que empiezan a destacarse."
Pero al observar las telas de los artistas
que consideramos más maduros notamos
una coincidencia que obliga a reflexionar:
en general las obras más antiguas son más
expresivas que las pintadas recientemente.
No se trata de comparar a unos pintores
con otros, pero tal vez la superioridad de
las obras anteriores se deba a que casi
todos han seguido pintando las mismas
formas con pequeñas variantes, y si era
inspiración legítima la que guiaba la ma­
no de B erni , M arch , B asaldúa , Sp il im bergo , B utler y otros, hace quince años
o más, hoy hay un cierto aire anacrónico,
no en las obras que entonces los revela­
ron como buenos, sino en las que se em­
peñan en seguir pintando todavía . . . lajas
de un mismo camino.

Sa m u el F. O liver

B eatriz

72

H uberman

�m iscelánea

• C u a d e rn o s A m e ric a n o s publica un artículo de M arg arita N e l k e n que
titula A r t e ab stra cto , a rte fig u ra t iv o , a rte f u n c io n a l y en el que se intenta
un profundo estudio sociológico del arte abstracto, de sus alcances y de
su sinceridad expresiva. “El arte para el pueblo, el que el pueblo ape­
tece, el que es susceptible de satisfacer y deleitar a las grandes masas
sin especial educación para percibir las intenciones de la creación artís­
tica, ese arte, si sinceramente aspira a brindar una válvula de escape en
sus preocupaciones cotidianas, ni en poco ni en mucho puede ser remedo
o evocación de las mismas preocupaciones. . . . El rechazar el arte abstracto
aduciendo como razón plausible su divorcio de las preocupaciones or­
dinarias, no deja de ser, pues, absurda demagogia... Ahora bien,
este arte abstracto, aun sin ser más ajeno a los anhelos de las masas
que las representaciones de tipo popular, quizá no responde a las inquie­
tudes, a los móviles profundos de esta hora. Esto y sólo esto, es lo que
importa dilucidar para aceptarlo como verdad o rechazarlo como
impostura. M
# De las exposiciones de los abstractos en París nos adelanta nuestro corresponsal D amián
C arlos R ayón : "He visto las exposiciones de arte abstracto en las galerías Maeght y
Denise Rene. Ha expuesto A lechinsicy, que tiene una rápida manera de manchar, con
pincelada no homogénea, que parecería de apunte, con formas que se persiguen por
la tela y un color a veces muy vivo y siempre sentido de una manera total, es decir
no por la tinta hermosa en sí, sino referida a todo el cuadro como conjunto plástico.
Un nombre que conviene recordar es el de Signovert, quien mandó dos contribucio­
nes: una en negros, blancos sucios y humo, otra con un rojo valientemente incor
porado a la trabazón gráfica de la tela (es decir, formas con color y no recuadros
o casilleros iluminados a posteriori.) V asarely se caracteriza por el uso de líneas
rectas que empalman con curvas regladas, por su color crudo, no muy entonado, que
se opone en tintas bajas y un poco elementales. El resultado es brutal pero tranquilo,
se intuye que el cuadro está honradamente construido.
D ewasne es lo más interesante de esta exposición —lo más logrado quizá sea M ag n elli —, pinta sobre un terciado y al duco, con color franco, atrevido, sus formas
claramente geométricas; su pintura es la que está más dispuesta a integrarse a la
decoración arquitectónica en gran escala. Pero si difícil es caracterizar estas pinturas,
infinitamente más grave es tratar de explicarlas con el mero juego de las ideas
y las palabras. . ."

71

�• ¿Que decoración arquitectónica podríamos suponer para las nuevas estaciones del
subterráneo de Moscú? La descripción del Soviet W eekly supera en mucho lo imagi­
nable: 'son palacios subterráneos construidos en todos los grandes estilos, excepto en
la línea ele la arquitectura moderna del oeste.*’ Se suceden paneles decorativos en
porcelanas coloreadas, columnas de mármol con figuras alegóricas, mosaicos neobizaníinos .. . \ así andenes y andenes...

•

U n g ru p o d e p in tó les a rg en tin o s fu e in v itad o a p articip ar con sus o b ra s p a ra la d eco ració n

m u ral d e l H o t e l A lfa r d e M ar d e l P la ta , y d e la selección in d iv id u a l resu ltó u n a valio sa m u estra
artística.

E l p ú b lico v era n ieg o p o d r á fa m ilia r iz a r se así con varias d e la s co rrien tes d e n u estra

p in tu ra c o n te m p o rá n e a a trav és d e sus m á s d e sta c a d o s rep resen ta n tes.
tos n o m bres d e P e t t o r u t t i . D
G óm ez

C ornet,

B a sa ld ú a ,

el

P r e t e , B a t t l e P la n as, D

R o berto

au sp icioso está en la d e co r a c ió n

Rossr,

Y

a rq u itectó n ica .

en te,

a n e r i,

P ie r r i .

E l escu ltor

..

Luis

R ec o rd a m o s e n tre o tros

P o lic a st r o , S o ld i , T

P ero

acaso

F a l c in i

el

ig l io .

a lcan ce

es e l a u to r d e

m ás
un

reliev e p o lic ro m o d o n d e p u e d e verse co m o la escu ltu ra sigu e sien d o h o y , c o m o en las gran eles
ép o c a s d e l a rte, la ín tim a c o la b o r a d o r a d e la a rq u ite c tu r a en el lo g ro d e la u n id a d expresiva,
a p o co q u e sep a m o v er el m u ro sin qu eb ra r la s ex ig en cias d e l p la n o .

La

realización

de

un

fresc o d e C astagnino b r in d ó a un g ru p o d e a lu m n os d e la A c a d e m ia d e B e lla s A rtes la a n siad a
o p o r tu n id a d

de

tr a b a ja r

en

e q u ip o b a jo

p ro b lem a s p rá c tico s d e la p in tu ra m u ral.
tectu ra c o n te m p o r á n e a e stá b u sca n d o

la

d irecció n

de

un

m a estro ,

e n fr e n t á n d o s e

Q u isiéra m o s ver rep e tid a esta ex p erien cia.

aún su

a u tén tica

d e c o r a c ió n ;

en

la

m e d id a

con

lo s

L a a rq u i­
en

q u e se

o frez c a n los m u ros a p in tores y escu ltores, a u m en ta rán las p o sib ilid a d es d e ex p resio n es d efin itiv as.

• Últimos ecos de la Bienale: H en ri M atisse agradeció el Gran Premio
de pintura que le otorgara el jurado de la exposición, ofreciendo en
obsequio dos dibujos suyos que pasarán a integrar la colección del Museo
de Arte Contemporáneo de Venecia. Y, no contento con este gesto, ha
exigido que el importe del premio (un millón de liras) sea distribuido
entre él y el escultor H en r i L a u r en s , cuya importante muestra ha sido
objeto del más caluroso elogio de artistas y críticos, aunque no obtuvo
el Gran Premio de escultura, otorgado a Z a d k f n f por contados votos.

74

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• PLATERIA • ARTICULOS PARA
C H IM EN EA S
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AYALA, Francisco (Pto. Rico)
A2COAGA, Enrique (Madrid)

MACEDO, Diogo de (Lisboa)
MILLIET, Sergio (San Pablo)

BERENSON, Bernard (Florencia)

PLATSCHEK. Hans (Montevideo)

BILL, Max (Züricli)

ROH, Franz (Munich)

CORDOVA 1TURBURU (Bs. As.)

ROMERA, Antonio (Sgo. Chile)

DEGAND. León (París)

ROMERO, Francisco (Bs. As.)

DELEVOY, Roliert L. (Bruselas)

ROMERO, José Luis (Bs. As.)

DORIVAL. Bernard (París)

TORRE, Guillermo de (Bs. As)

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SARFATTI, Margarita (Roma)

FISCHER. VVend (Dusseldorl)

SEVERINI, Gino (París)

CASCH, Sebastián (Barcelona)

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Vol. 6, no. 21 - 22</text>
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              <elementText elementTextId="1995">
                <text>Diament, Clara&#13;
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                    <text>artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por tomas maldonado

Xanti Schawinsky
A le x a n d e r D orner
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J . M . B o rth a g a ra y
To m ás M a ld o n a d o
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Una nueva unidad estructural
A m a n c io W illia m s

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Discurso inaugural de la exposición de Amsterdam
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Notas y comentarios
Bibliografía

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sumario:
Xanti

Schawinsky: A le x a n d e r Dorn e r, O lg a G u e ft, J u a n M a n u e l B o r­
t h a g a r a y , T o m á s M a ld o n a d o , S tu a rt
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Ilusión:

X a n ti Schaw in s k i (p. 13)

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CM
CM

Dos exposiciones en el Museo de A r­
te Moderno de Nueva York (p. 26)

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0
-i-*
C
0

Sobre algunas interferencias entre las
artes: G illo D o rfle s (p. 30)
Una nueva unidad estructural: A m a n ­

O

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d o W illia m s (p. 32)

Exposiciones del "Grupo de Artistas
Modernos Argentinos (p. 36)
Discurso inaugura] de la exposición
de Amsterdam: V o rd e m b e rg e -G ild e w a r t p. 38)

Notas y comentarios: (p. 47)
Bibliografía: (p. 49)
Se d e se a el c a n je con las p u b lic a c io ­
nes s im ila re s : se h a rá n a n á lis is y
resú m en es de los lib ro s y re v is ta s e n ­
v ia d o s a n u e stra re d a cció n .

Representantes en el exterior:
Bolivia: L ib re ría "Lo s A m ig o s del Li­
b ro ", Perú esq . E s p a ñ a , C o c h a b a m b a .

Brasil: Jo sé M a rq u e s G o d o y , A v . Ip i­
ra nga 8 7 9 , S ao P au lo . G e ra ld o G o ­
d o y C a stro , Ed. I .A .P .I., Belo H o rizo n ­
te. Jo sé G o d o y C a stro , A v . G ra c a
A r a n h a 2 0 6 , Rio de Ja n e ir o .

Uruguay: S. U. R. D. Ltd a ., M a ld o n a ­
do 8 6 3 , M o n te vid e o .

4

�Xanti Schawinsky

N acid o en 19 04 en B a s ile a , S u iz a . Estu dió d ib u jo , p in tu ra y a rq u ite c tu ra en
Zu rich y B e rlín ; ing resó en el B a u h a u s en 1924 donde e x h ib ió sus o b ra s con
"lo s jó venes pintores del B a u h a u s " . T ra b a jó en el te atro y enseñó e sce n o g ra ­
f í a , después de h a b e r p ro ye ctad o los d eco rad o s de n u m e ro sas p rod uccio nes
en A le m a n ia y S u iz a . R ea lizó tra b a jo s de e xp e rim e n ta c ió n en te a tro , b a lle t,
a rq u ite c tu ra de e xp o sició n , diseño in d u s tria l y tip o g r a fía , co m isio n ad o por
la in d u stria y el g o b iern o de It a lia , F ra n c ia , Estad os U nido s.
Por in v ita ció n de Jo s e f A lb e rs , enseñó a rte en 19 36 en el B la ck M o u n tain Colle g e , de C a ro lin a del N o rte, y a llí fu n d ó "S p e c to d ra m a " , p rese n tacio n e s e s­
cé n icas refe re n te s a estudios de ó p tic a , a c ú s tic a , e sp a cio , tie m p o , ilusió n
v is u a l, etc.
Proyectó la m u e stra de C a ro lin a del N orte en la F e ria M u n d ia l de N e w Y o rk ,
y en co la b o ra ció n con G ro p iu s y B re u e r, el p ab elló n de P e n n s y lv a n ia . E x h i­
bió solo una m u e stra de sus o b ra s —" la f a z de la g u e r r a " — en N e w Y o rk
en 1 9 4 1 , C h ica g o y C a m b rid g e .
Enseñó en el N e w Y o rk C ity C o lle g e , y en la a c tu a lid a d d icta cursos en la
U n iv e rs id a d de N e w Y o rk . Proyectó la e xp o sició n del C o lo r en Estad os
Unidos y d e sa rro lló en su o b ra los elem ento s co lo r-luz-m ú sica-co n tro l.

X anti S ch a w in sk y (foto M oholy-N ag y).

X an ti S ch a w in sk y : A u torretrato (1944).
Televisión (TV) graph.

5

�W alter G rop ius y M arcel Breuer, arquitectos.

X an ti Schaw in sky, diseñ ad or: H all de la D em ocracia, Feria M undial, N ew York, 1940.

La obra y la personalidad de Xanti Schawinsky
Los diversos aspectos de la p erson alidad creado ra de Xanti Sch aw in sky como diseñ ad or, publicista,
pintor, fotóg rafo y escritor, son presentados a q u í a través de una selección de artículo s cuyos textos
pertenecen a A le x an d e r Dorner, O lg a G u eft, Stuart Presión, Ju an M anuel B o rth ag aray, Kiesler y
Tom ás M aldonado.

Alexander Dorner:
La co n te m p lació n de la o b ra de S c h a w in s k y p ro vo ca u na reacció n s a lu d a b le .
Uno p ie n s a : éste es un tipo e x tra ñ o de a rtis ta y se p re g u n ta si es que r e a l­
m ente es un a r tis ta , y si lo es a c a rta c a b a l.
N o ; no lo e s, y tie n e eso en com ún con los otros pocos que co nstitu yen la
n u e v a g e n e ra ció n de a rtis ta s d e riv a d o s del B a u h a u s . A co rd e s con la in g e ­
n io sa v isió n de su fu n d a d o r, W a lte r G ro p iu s, ello s su p e ra ro n la esp ecie del
a rtis ta ro m á n tico .
El ro m á n tico , in clu ye n d o a su producto sin fu tu ro , el s u r r e a lis ta , está au n
m ás cerca del a rtis ta tra d ic io n a l de O ccid e n te . Inten ta c u m p lir la m isión
d iv in a de f ija r la v id a co n tra su a te rra d o ra v e r s a tilid a d . A u n tem e la p arte
m a te ria l en la v id a h u m a n a que es p e re ce d e ra y sie m p re in c ie rta . En r e a li­
d a d , sus in sp ira c io n e s e s p iritu a le s y a no son un e xp re so d o g m a a ca d é m ico .
Se han co n ve rtid o en v a g a s em o cio nes. Pueden ser e s tim u la d a s por m era s
te x tu ra s y fo rm a s a c c id e n ta le s , pero p e rm a n e cen " lib r e s " y a is la d a s de la
p a rte fu n c io n a l de la v id a . H asta el cu b ista es ta m b ié n ro m á n tico , por c u a n ­
to im p on e a objetos ú tiles como p a re d e s y c e rá m ic a s , el sello id e a l de la
fo rm a e te rn a . Él ta m b ié n ilu m in a la o sc u rid a d del n un ca co m p le tad o p ro ­
greso c ie n tífico con los ra y o s de u na c e rtid u m b re en ú ltim o té rm in o e q u i­
lib ra d a .
Lo m a ra v illo s o del a rtis ta e g re sa d o del B a u h a u s , tal com o S c h a w in s k y , es
q u e h a p e rd id o ese m iedo e x a lta d o por la é p o ca . Ha d a d o un paso a tre v id o
y puesto pie en la p arte de la v id a do nde se p ru e b a n y v u e lv e n a p ro b a r los
procesos q u e cre a n los cam b io s y do n d e la ce rte za de las re v e la c io n e s f in a ­
les que no c a m b ia n , no d o m in a n m á s. Esto in fu n d e a la n u e v a g e n e ra ció n de
'á rtista s la c la rid a d a g re s iv a del p e n sa m ie n to m o dern o c ie n tífic o . Los m ueve
a e x p re s a r esta e x p e rim e n ta c ió n co n stru ctiva en té rm in o s v is u a le s . Y a se a la

6

X anti

Schaw in sky:

D e t a lle

de

la

E x p o s ic ió n

Jünkers, Berlín, 1929.

�Fragm ento de un panel fotográfico. En prim er plan o, un objeto form ado por cristales de diferentes
colores que provoca un interesante juego de luces al recibir los reflejos proyectados por el panel.

Í

o b ra de S c h a w in s k y , Jo s e f A lb e rs , H erb e rt B a y e r , O s k a r S ch le m m e r, M oh o lyN a g y , A n n i A lb e rs , Otto B e rg e r o W ilh e lm W a g e n fe ld , en to d as e lla s re s­
p ira m o s el m ism o h á lito fre sc o . E xiste en estas o b ra s el p ro fu n d o m o vim ien to
e m o cio n a l com ún a todos los a rtis ta s de h o y, pero que se h a lla d is c ip lin a d o
d entro de lo co m u n ic a b le de la e x p e rim e n ta c ió n c ie n tífic a . Su v isió n de lo
c re a d o y a no es m ás hostil a a q u e lla , d ic ta d a por los aco n te cim ien to s
co tid ian o s.
S c h a w in s k y no es so la m e n te un v is io n a rio : es ta m b ié n un e x p e rim e n ta d o r
co nstructivo que cuen ta con nuevo s y m ás poderosos m edios de co m u n icació n
v is u a l. En la a c tu a lid a d , la s noches de su v id a d in á m ic a la s ha d e d ic a d o a
e x p e rim e n ta r con fo to c o lo g ra m a s so b re p a p e l. Y a se a q u e e stud iem o s sus
o b ra s de los añ o s 19 20 y de p rin cip io s de 1930 y la s que lle v ó a cab o luego
de h a b e r d e ja d o el B a u h a u s , o a sus c re a cio n e s en este p a is , sentim o s sie m ­
pre la v isió n de un a rtis ta que no n ecesita v a le rs e de encanto s v a g o s en con-

X anti Sch aw in ky: Hall del Progreso, Feria M un­
d ia l, N ew York, 1940.

7

�Tres aspectos de la Exposición Internacional de la V ivien d a re a liz a d a el año 1931 en Berlín. La
Exposición se h a lla b a d ividida en tres g rand es secciones ded icad as a la casa-habitació n y al u rb a ­
nismo en A lem ania y a la arquitectura de los p a íse s extranjeros. En la m uestra de urbanism o se
exhibieron las obras y estudios que sobre el p articu lar re a liz a ra W alte r G rop ius. Xanti Schaw in sky
tuvo a su cargo el asesoram iento gráfico de esta parte de la Exposición.

ir a de la v id a re a l. M á s bien recib e y tra n s fo rm a la v id a re a l a l d e s a rro lla r
un n u e vo le n g u a je de co m u n icació n v is u a l.
Los sím b o lo s, que a p a re c e n en sus cu a d ro s y proyectos de e s c e n o g ra fía , e x p o ­
sicio n es y p ro p a g a n d a , ta rje ta s de fe lic ita c ió n y c a rá tu la s de fo lle to s, son
conocidos e in m e d ia ta m e n te reconocidos por todos. Son e scu ltu ra s de o rd en
clá sic o , fo rm a s b á sic a s de cuerp o s y rostro s, fru ta s y h o ja s, de te x tu ra s n a tu ­
ra le s o in d u s tria le s . Todo está d ib u ja d o con s im p lic id a d c lá s ic a , fo to g ra fia d o
o p re se n tad o en el estad o a c tu a l de m o n ta je . Las le tra s son lo m ás c la ra s y
fá c ile s de le e r p o sib le . Y sin e m b a rg o , estas co m b in acio n e s y e x p e rim e n ta ­
ciones crea n un n uevo p o der e x p lo s iv o que tra n s fo rm a la tra d ic ió n . No sólo
son re v o lu c io n a ria s con respecto a la re a lid a d de la visió n e s p a c ia l, sino que
ta m b ié n son p ro fu n d a m e n te c o n m o ve d o ra s a tra v é s de sus a so c ia c io n e s e m o ­
c io n a le s . Esta n u e v a co m b in ació n d a fá c il co m u n icació n y m o v ilid a d c re a ­
d o ra ; o to rg a a to da su o b ra el v a lo r de u n a p o sitiv a co ntrib ució n a la
v id a m o d e rn a .
No h a y en todo S c h a w in s k y u n a e v a sió n h a c ia la in c o m u n ic a b le in tim id a d
de m isterioso s ensu eñ o s in d iv id u a le s . Estos ensu eñ o s han sido d isc ip lin a d o s
desd e el p rin cip io h a c ia u n a p o sitiv a acció n so c ia l. No es d ifíc il com ­
p re n d e r que el v a lo r c re a d o r de este n u e vo a rte in te g ra d o p o d ría ser de in ­
m en sa u tilid a d en generoso s proyectos de m e jo ra de la s co nd icio nes de v id a ,
ta n to d o m ésticas como in te rn a c io n a le s.

8

�Juan Manuel Borthagaray:
C onocí a

Sch a w in sky en el Congreso

In tern a­

cional de Diseño Industrial de A sp en, C olo rad o ,
en Junio del año p asad o . Después de la con­
ferencia in au g u ral de Bucky Fuller, Schaw in sky
form aba corrillo con M ax Bill, Herbert B ayer, y
Hin Breidendieck.
Schaw in sky es bajo, fuerte, de cab eza grand e,
expresión casi siem pre a leg re y voz atro n a d o ­
ra. C u a n d o lo encontré m an ifestab a a gritos
su regocijo de ha lla rse rodeado de tan viejos
am igos; feliz, d e cía, de que "los m uchachos de
la Bauhaus estuvieran otra vez reunidos". A d e­
m ás, con p articu lar é n fasis tra tab a de con­
vencer a Bill de la necesidad de presentarse
todos d isfra za d o s a la fiesta de clau sura de la
conferencia; todos deb ían particip ar, por otra
p arte, del gran b allet que él e stab a preparando.
Al acercarm e le p r e g u n to a m b ig u a m e n t e :
" ¿ Q u ié n fué el autor de los tiros en la orques­
ta de la B a u h a u s?" Se sorprende: "¿C ó m o lo
su p o ?" En realid ad yo no lo s a b ía . Pero al
ver ese rostro y escuchar esa voz no era posi­
ble du darlo. "C o n esos tiros, me confiesa, tuve
una exp erien cia bastante pen osa".
El hecho
ocurrió, según su relato, en una de las memo­
rables fiestas de la Bauhaus. La ja zz de la e s­
cuela tocab a m úsica com puesta por los estu­
dian tes; esa noche se b a ila b a y se vo ciferab a
como nunca. En un rincón, Paul Klee, a islad o
del resto, a b stra íd o como siem pre, re vo lvía su a ­
vem ente su café.
La orquesta a lca n z a b a su
punto culm inante. Tam bién las c a rc a ja d a s, las
piruetas, los cantos absurdo s. Algo insólito d e­
b ía ocurrir como rem ate de esa d esbo rdad a
e xaltació n ; sólo Klee se m ostraba a je n a a este
v ag o sentim iento general. Ni a v izo ra b a ni sos­
p echaba n a d a , tan absorto e stab a en sus pro­
blem as y en su café. En un cierto momento,
Sch aw in sky se trepó al estrado y, sin decir
p a la b ra , disp aró seis tiros al aire. El sobresalto
y la turbación de Klee fueron enorm es y, en un
gesto brusco, volcóse el café encim a. "En to n ­
ces, com enta Schaw in sky, me sentí muy a p e n a ­
do y averg o n zad o de haber hecho algún m al
a una persona tan sensible y a quien tanto
qu eríam o s como Klee".
El aporte de Schaw in sky al Congreso de Diseño
Industrial consistió en la lectura de su
"Sp ecto d ram a". Desde el d ía anterior al
en el pro gram a pa ra su intervención, la
sidad cun día entre los participantes.

libreto
fija d o
curio­
Scha­

w insky reco rría los negocios de Aspen en pro­
cura de pelotas de colores, metros y metros
de hilo y rollos y rollos de papel higiénico. Por
fin llegó la gran noche. El teatrito de Aspen
e stab a colm ado (Aspen es una ciudad m inera
a b a n d o n a d a y parcialm ente resucitada gracias
al ski, al m ecenazgo cultural y a los intereses
en tierras de W alter Paepke, gerente general
de C o n tain er of A m erica). Con gran criterio,
la resurrección se ha hecho sin sacrificar el c a ­
rácter de frontera de fin de siglo de la vieja
ciudad. (El teatro es un ex-saloon con palm&amp;
ras y cristales biselados). Se levanta el telón. La
escena está v a c ía . Desde b a m b a lin as un piano
c o m ie n z a a tocar una z a r a b a n d a de Bach.
S c h a w in s k y entra b a ila n d o , aco m p añ ado de
dos m uchachas jóvenes y bonitas. Los tres lle­
van el rostro cubierto con antifaces de papel
ordinario. Las m uchachas salen. Xanti se saca
el a n tifa z y después de una explicación co­
m ienza la lectura de su libreto. El piano lo
aco m p añ a en algunos momentos. G ra n d es ro­
llos de papeles de colores son d e s e n ro lla d o s
por p ersonajes que cruzan la escena corriendo;
uno de ellos prefiere actu a r, desganadam ente,
con dos rollos de papel higiénico. M ás tarde,
una serie multicolor de esferas co lg ad as del
techo por largos piolines inicia un loco m ovi­
miento pendular. C uan do Xanti recita el poema
d a d a ista de Schw itters m ucha gente opina que
y o es dem asiado y se retira. C uan do term ina
o 'ectura queda solam ente la m itad de la conc u r r e r a a , pero los que perm anecen han sido
sA jru g o d o s por la g ra cia , el humor y el tale n ­
to escenográfico de Schaw in sky.

X an ti Sch aw in sky: Dibujo.

Olga Gueft:
U na de las m ás a c tiv a s y rica s p e rso n a lid a d e s e g re s a d a s del B a u h a u s , X a n ti
S c h a w in s k y , es ta m b ié n un p ro feso r (enseñó en el B a u h a u s , el B la ck M ounta in C o lle g e y , en la a c tu a lid a d , en la U n iv e rs id a d de N e w Y o rk ), lo que
lle v a a e s p e ra r u na ju stific a c ió n d o cu m e n tad a —u na te o ría — so b re los e sp e ­
jism o s, c a m o u fla g e s y v isio n e s que a p a re c e n u n a y o tra v e z en su o b ra . Pero
p rin c ip a lm e n te X a n ti se contenta con d e s a rro lla rla s y u tiliz a rla s en u na v a ­
rie d a d de a p lic a c io n e s que sólo pueden ser e sb o z a d a s a q u í. Su c a rre ra a b a r ­
ca la e s c e n o g ra fía p a ra te atro y b a lle t, la a rq u ite c tu ra e x p e rim e n ta l, el
diseño in d u s tria l y tip o g rá fic o , en A le m a n ia , F ra n c ia , Ita lia y los Estad os
U nid o s, h ab ie n d o sido co m isio n ad o por el g o b iern o y la in d u stria y firm a s
como O liv e tti, C o n ta in e r, G e n e ra l M otors, C ib a , Fern et B ra n c a , Fo rtun e, A lc o a .
En esta e xp o sició n no h a y a p lic a c io n e s , sino in n u m e ra b le s im p lic a c io n e s. Las
o b ra s se c la s ific a n en un núm ero de v a ria c io n e s sobre te m as sim p le s. En sus
g ra b a d o s , los objetos están d is fra z a d o s , no por te x tu ra s e v o c a d a s por la d ia ­
b ó lica p a le ta de X a n t i, sino por so m b ra s p e rfila d a s como si fu e ra n p ro y e c ta ­
d as por p e rs ia n a s , re ja s o red es. O tros están sin te tiza d o s por puntos a c u m u ­
la d o s, tal como los que se en cu en tran en g ra b a d o s a m ed ia tin ta so p le te ad o s.
En e llo s, X a n ti o btien e a lg u n a s veces el efecto m e d ia n te procesos fo to g rá fico s
y de g ra b a d o de su p ro p ia in v e n c ió n ; ha re a liz a d o una eno rm e c a n tid a d de
diseños p a ra te la s en esta fo rm a (C o h a m a , M a llin s o n , etc.).
M uchos de los estilos g rá fic o s de X a n ti ni s iq u ie ra a p a re c e n in sin u a d o s en
esta e xp o sició n , au n cu a n d o es su fa c ilid a d té c n ic a , a s í como su in terés por
la ilusión te a tra l, lo que ju stific a uno de sus p a sa tie m p o s fa v o rito s , "Specto d ra m a s " , p rese n tacio n e s e scén icas en la s que fo rm a s m ó vile s, luces y co-

9

�lo res, a c o m p a ñ a d a s de m ú sic a , e x p lo ra n las p o sib ilid a d e s d ra m á tic a s de la
ó p tica y la ac ú stic a .
La e xa ctitu d de las im á g e n e s que a p a re n te m e n te no ha p in tad o pero que
sin e m b a rg o v e m o s, p ru e b a , no o b stan te , que su v e rd a d e ra m a e s tría resid e
no en la m an o sino en el ojo del e s p íritu , en su ce rte za de lo que él q u iere
que v e a m o s , en su h a b ilid a d en c a p ta r y re g is tra r la re a lid a d h u id iza de
la que tenem os co nciencia sin poder e x a m in a r la , como el rostro que vem o s
s im u ltá n e a m e n te so n rie n d o , e n fu rru ñ á n d o s e y a tis b a n d o desde todos los
á n g u lo s , o el flu jo in ce san te de so m b ra s so bre el a g u a a s o le a d a .
In te rio rs

Tomás Maldonado:
Las im á g e n e s p ictó ricas de S c h a w in s k y se in s p ira n , casi sie m p re , en los cono­
cidos fe n ó m e n o s de fu sió n ó p tica. S c h a w in s k y e x p lo ra el m undo de las fo r ­
m as v irtu a le s . Fo rm as in co n clu sa s, a p e n a s s u g e rid a s . Fo rm a s que sólo la
co la b o ra ció n del e sp ecta d o r p ued e to rn a r le g ib le s. H a y a lg o im p o rta n te y
a te rra d o r en todo esto; S c h a w in s k y —co n je tu ra m o s— no debe de ig n o ra rlo .
El hum o r de S c h a w in s k y es de b u en a e stirp e . No es irre sp o n sa b le entonces.
Lo que h ace se nota que le d iv ie rte , a u n q u e n unca h asta a l e xtre m o de p e rd er
de v is ta el sentido ú ltim o de su ta re a . S c h a w in s k y , es cierto , a d o p ta el re p e r­
torio fig u ra tiv o . Pero sus fig u ra s , tan a m b ig u a s , tan e v a s iv a s , tan a m erced ,
en ú ltim a in s ta n c ia , de qu ien co n te m p la , restan a la fig u ra c ió n p a rte de su
an tig u o p re stig io . M u e stran su v u ln e r a b ilid a d . Si la e x p e rie n c ia tie n e a n te ­
cedentes —o p recu rso res: A rc im b o ld o , B ra c e lli, L a rm e ssin — esta v e z no res-

X anti Schaw in sky: Ilusión fo tog ráfica sobre una bald o sa.

A la izquierd a un fragm ento am pliado.

ponde a las m ism a s m o tiva cio n e s. A n te s e ra n hechos a is la d o s ; d esco n cer­
tan te s o cu rre n c ia s co rte sa n a s. A h o ra no. A h o ra estos tra b a jo s e v id e n c ia n una
ra r a co h e ren cia con otros fe nó m eno s de n u e stra cu ltu ra v is u a l. S c h a w in s k y
sa b e q u e, en los d ía s que c o rre n , el m undo de las fo rm a s v irtu a le s tie n d e a
id e n tific a rs e con la to ta lid a d del m undo p e rce p tivo del h o m b re. Pues lo cierto
es que las técnicas m o d ern as de la tra n sm isió n de im á g e n e s (fo to g ra b a d o ,
c in e , te le fo to , te le v is ió n , p u b lic id a d lu m in o sa y , en los últim os tie m p o s, c in e ­
ra m a y cin e m asco p io ) nos h a b itú a n c a d a v e z m ás a l uso de las fo rm a s v ir ­
tu a le s; c a d a v e z m ás nuestros procesos p e rce p tivo s se cum plen a tr a v é s de
procesos de fu sió n . En qué m ed id a v e n d rá esto a e n te n e b re ce r c fa T t u m in a r
las re la cio n e s del hom b re con el m un d o , es d ifíc il, por el m o m ento , p re d e cirlo .
P u é d e se, en ca m b io , a v e n tu r a r que los co nflictos e n tre la "in tu ic ió n in g e n u a "
y lo q u e el g ra n m ate m ático K lein lla m a b a la "in tu ic ió n r e fin a d a " —e sa
p ro p ie d a d p síq u ica que tenem o s todos de co m p le ta r e sp o n tá n e a m e n te u na
im a g e n —, han de a c e n tu a rse n o tab lem e n te en lo fu tu ro . El a rte co ntem po ­
rá n e o , con las so la s e xce p cio n es de S c h a w in s k y y Jo se p h A lb e rs , d esco n cierta
por su re la tiv a in d ife re n c ia p a ra con este fo rm id a b le cam p o de e xp lo ra c ió n
e stética .

10

�anti-xan ti está ahora
en fa v o r de los g rab ad o s
p a ra tom ar
un fin de sem ana de su vida
con valles
y sierras
y llanos de a g uatinta
con a g u ja s de acero
y pinceles
va g a
a rrib a a b a jo por su nuevo mundo
contrastando aventuras
con su geo m etría de cab eza hum ana
habitan sus g rab ad o s
octopus de tres ojos
retratos-dúo
cru zado s cab alleros
sextillizos m orfológicos
inequívocos
cuatro herm anos de padres idénticos
visibles sim ultáneam ente de cara de
de perfil

a trás

y hay alg o que me gusta
en su irónico h allazg o
y su huella de corcho
proscripta sobre la lám ina
donde nubes y v ía s lácteas
nacen al futuro
anti-xan ti
regresa lucha en su ruta h acia sí mismo
a través dentro y fu e ra
de las p ra d e ras de zinc

K ie sle r

Xanti Schaw in sky: Pintura.

Stuart Preston:
X a n ti S c h a w in s k y , d iscíp u lo de K a n d in s k y , es un a rtis ta de estilo típ ica m e n te
B a u h a u s , por cu an to busca co n stan te m e n te e n riq u e c e r sus m edios de e x p r e ­
sión con a y u d a s c ie n tífic a s , ta le s como la c á m a ra fo to g rá fic a , su b ya ce n te en
la e stru ctu ra de a lg u n o s cu a d ro s de esta e xp o sició n . T a m b ié n es típ ic a m e n te
B a u h a u s su p reo cu p ació n por el a rte b a jo su asp e cto m ás a m p lio de u tilid a d
so c ia l. Su e sp íritu de in v e n tiv a se ha a p lic a d o a la a rq u ite c tu ra , a la e sce­
n o g ra fía y a los tra b a jo s de e xp e rim e n ta c ió n con el co lo r, la lu z, la m ú sica ,
el control.
En sus o b ra s, S c h a w in s k y es un fo rm a lis ta casi a b s tra c to , que u tiliz a la c a b e za
h u m a n a como fo rm a b á sic a y la tra d u c e a un le n g u a je pictórico de rep etid o s
sig no s tr ia n g u la re s o c irc u la re s . Ha d is c ip lin a d o sus d iv e rs a s técnicas y ca d a
cu a d ro se m e ja la e xh ib ic ió n de u n a té cn ica en p a rtic u la r. El color o bed ece
a q u í ig u a lm e n te a e sq u e m as ríg id o s. Estas o b ra s p o d rán p a re c e r sup ere x p e rim e n ta le s y d e m a s ia d o c e re b ra le s , pero no carecen de m atices ro m á n ­
ticos y son tan b rilla n te s p ro fe sio n a lm e n te como p u e d a im a g in a rs e .

S

11

�Escen a 4

Com o particularm ente esclarecedo r de la po esía

Las luces se a p a g a n y c o rtin a s c o rre d iza s e n v u e lv e n el e sce n a rio en co m p le ­
ta o sc u rid a d . A p a re c e u na m á s c a ra b la n c a su sp e n d id a en el e sp acio e ilu ­
m in a d a por un cono de lu z. La m á s c a ra recita la "S o n a ta fu n d a m e n ta l del
so n id o " (según K u rt S c h w itte rs):
b a , b a , b a , b a , b a , :l
b a b a , b a b a , b a b a , b a b a , b a b a , :l
b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r, b a b a tr rr r r
b a b a tr rr r r b a b a iu u b e b e
b a b trrrrr b a b a iu u b e e e e e :l
(d a capo )
fu m p h , fu m p h , fu m p h , fu m p h , fu m p h , :l
fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a , fu m p h ta b a a a a ,
fu m p h ta b a a a a
fu m p h ta b a a a a b a b a z iu u b e b e e
fu m p h ta b a a a a b a b a z iu u b e e e e e e
(d a capo )
rin g lim b im in im , rin g lim b im in im , rin g lim b im in im ,
rin g lim b im in im , b e m in im , m e m in im , b e m in im , b e m in im ,
rin g lim b in im in ,
b e n im im , b e m in im , b e m in im , b e m in im ,
b am , b am , b am , bam , bam ,
o ca, o ca, o ca, o ca, o ca,
o ca, o ca, o ca, o ca, oca
tu jo I la I la
o c a , o ca, o ca, o c a , o ca,
t u j a l la l la .......................... (crescendo) P EG IFF!
la n k e trrg ll!
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
la n k e trrg lll
rnph rm ph

p ep ep ep e p e
p ep ep ep e oca oca oca oca oca
p ep ep ep e m u k a m u k a m u k a m u ka m uka
rm p h rnph

re n ze trrrg ll!
rm ph
rnph
rm p h rnph
oca
oca tu ja lla lla
o c a tu ja lla lla a p e p e p e ziu u b e b e
o c a tu ja lla lla a p e p e p e ziu u b e e e e e
(d a cap o )
(lento)
m ia u u u u , acoooo
z ia u u u u , acoooo
a u u u , aoooo
a u u u , aoooo
zia u u u re n ze trrg lll
píuuu tetetetrg111
rm ph rnph
rnph te te trg llll ze n tre trrg ll p e p ep ep ep e
z ia u u u u b e b e trrrrb e b a z iu u b e b e
zia u u u u b e e e e e .
(presto)
rin g lim b im in im , etc.
(fff) p e g iff.
c a d e n za
b a , b a , b a , b a , b a , ru n k s trrrg lll
p e p e p e p e p e , ru m p h strg g g lllll
p ip ip ip ip ip i p e g u lf tu lp fitu m p h to o o
tu lp h tu m p h to o ..........................e tc., etc.
b a.

14

de Kurt Schw itters, a cuyo concurso acu de a q u í
Sch aw in sky, creemos oportuno citar el siguiente
texto de M oholy-N agy:
"Sin tra tar de definir la peculiar cualidad poé­
tica de Schw itters, p o d ría decirse que en la
m ayo r parte de sus escritos existe una pu rifi­
cación em ocional, una explosión del caos sub­
consciente. Sus poem as, sin em bargo, están fu ­
sionad os con la re alid ad exterior, con el " s ta ­
tus" social existente. V a lg a n como ejem plo sus
"co lla g e s" verbales. En ellos, el curso de sus
pensam ientos está m ezclado con citas a p a re n ­
temente casu ales de diario s, catálogos y a nu n ­
cios. Con esta técnica — sim ilar a la de Gertrude Stein— Schw itters pone al descubierto los
síntom as de una decad encia social que nadie
ign ora, pero que por auto-defensa, nadie quie­
re reconocer.
El escenario es A le m a n ia. Después de la gue­
rra, la in flación , el derroche, el daño al hom ­
bre y a la m ateria. Una infructuosa revolución
social hace la situación aún m ás d esesp erad a.
Los escritos de Schw itters en esta época ter­
m inan siem pre con un grito al mismo tiempo
desesperado y rebelde. En una de sus e xh ib i­
ciones, mostró al auditorio un poem a conte­
niendo n a d a m ás que una letra sobre una hoja
de p a p e l: " W " (1924).
Schw itters lo recitó
con voz lenta y de intensidad creciente. La
" W " se escuchab a prim ero como un susurro;
después, como un sonido p lañidero de sirena;
finalm ente, como un lad rid o fuerte y d e s a g ra ­
dable. Esta era su respuesta, no sólo a la
situación social, sino tam bién a !a degradante
po esía "b oca-cerezo ", "cab e llo -é b a n o " y " a r ro ­
yo rum oroso".
La única solución posible p a re cía ser un retor­
no a los elem entos de la p o e sía, es decir, al
ruido y al sonido articulad o , fu ndam en tales en
todos los lenguajes. Schw itters realizó la pro­
fe c ía de Rim baud in ventando p a la b ra s " a cc e ­
sibles a los cinco sentidos" Su "U rso n a ta " (S o n a­
ta Prim ordial, 1924) es un poem a de treinta y
cinco minutos de du ración , com puesto de cuatro
m ovim ientos, un preludio y una caden cia en el
último de ellos. Las p a la b ra s u tilizad as no e xis­
ten, en realid ad po drían existir en cualquier
lenguaje. Su contenido no es lógico sino em ocio­
n al; como la m úsica, afectan al oído con v ib ra ­
ciones fonéticas. La sorpresa y el placer se d eri­
van de la estructura y la ingeniosa com binación
de las p a la b ra s" .

Kurt Schw iters recitando

�(d u ra n te la ejecu ció n de la s o n a ta , luego del 1er. " p e g if f" , se p ro ye cta v id a
m icro scópica so bre la p a n ta lla fro n ta l, d e sva n e c ié n d o se a l fin a l de la s o n a ta ).
Escen a 5
El disco de colores p a s a g ira n d o a tra v é s del e sc e n a rio , cu b re y h ace d e s­
a p a re c e r la im a g e n de la m á s c a ra y d e ja a l d escu b ierto u n a p a re d a z u l, la
q u e a su v e z se d iv id e en 3 p a re d e s de d im en sio n e s ig u a le s — a z u l, ro jo ,
a m a rillo . Las p a re d e s se m u e ven fo rm a n d o v a rio s p atro n es fu n d a m e n ta le s :
tre sb o lillo , d e sp lie g u e , y u x ta p o s ic ió n , a lin e a c ió n , fo rm a c ió n de d ia g o n a le s ,
etc. Se in co rp o ra u na se rie de p a re d e s que e n tra n de to d as d ireccio n e s y
co nstitu yen un juego de e sp a cio a tra v é s de fo rm a c io n e s c o n v e x a s y có n ca ­
v a s , su p e rp o sicio n e s, fo rm a n d o la rg a s d ia g o n a le s , etc. D iso lvién d o se f in a l­
m ente en un cao s a m o rfo pero sólo p a ra re a g ru p a rs e según co lo res a lte r ­
n ad o s (c lim a x ).
Escen a 6
A cto res a p a re c e n de a trá s de las p a re d e s en m a lla s de b a ile del color co rre s­
p o n d ie n te; a l co m ie n zo , uno de c a d a co lo r, luego m ás h asta fo rm a r un cuerpo
de b a ile de los tres te m p e ra m e n to s; c a d a uno o stenta el c a rá c te r de su co lo r,
p rim e ro s e p a ra d a m e n te , luego al u n íso n o ; se intro d u cen los co rre sp o n d ien te s
solos de in stru m e n to : cello p a ra el a z u l, c la rin e te p a ra el ro jo , tro m p e ta p a ra
el a m a rillo . B a ila rin e s so lista s de b lan co se unen a los g ru p o s a la v e z que
las p a re d e s m o v e d iza s co nstitu yen u n a e s c e n o g ra fía a rq u ite c tó n ic a . C lim a :
los b a ila rin e s d e sa p a re c e n d e trá s de la s p a re d e s que se d e sliz a n s im u ltá ­
n ea m e n te h a c ia am b o s co stad o s, en el m om ento en que
Escen a 7
e n tra por la d e re ch a un g ra n c u a d ra d o rojo q u e , m o vié n d o se len ta m e n te a
tra v é s del e sc e n a rio , d e scu b re dos g ra n d e s fig u rin e s b id im e n s io n a le s, que
re p re se n ta n los co lo res frío s y c á lid o s (co n tra ste ). Estos m u e ven sus fo rm a s
a b s tra c ta s en u n a se rie de d ife re n te s po sicio nes a l a c o m p a ñ a m ie n to de un
m aje stu o so te m a m u sic a l. Sus co lo res c a m b ia n tra n s ito ria m e n te su c a lid a d
c ro m á tic a , por m ed io de d ism in u ció n de in te n sid a d y juego de luces (in te ­

15

�racció n de flu o re s c e n c ia , tin tes c o m p le m e n ta rio s, etc.). M á s fig u rin e s p e n e ­
tra n de to das d ireccio n es y de a trá s de las co rtin as c o rre d iz a s ; desde e n a n o s
h a sta g ig a n te s , p are cie n d o s a lu d a rs e m u tu a m e n te , a rm o n iz a r y d e s a rm o n i­
z a r , a tra e rs e y re p e le rse , a m a r u o d ia r — fo rm a n d o fin a lm e n te dos g rup o s
co n trastan tes en a b ie rta o p o sició n. Pero, por d ism in u ció n de luces y p ro ­
yección de o tras desde el fo n d o , la escena se tra n s fo rm a en
Escen a 8
p royecció n de so m b ra s ch in esca s so b re la p a n ta lla fro n ta l. A l co m ienzo un
flu jo de luces b la n c a s p rod uce so m b ra s g rise s de d ife re n te in te n s id a d ; d e s­
pués se intro d u ce un e lem ento de luz c o lo re a d a , re su lta n d o un juego de
so m b ra s c o m p le m e n ta ria s, efectos de m ezcla s a d it iv a s y su s tra c tiv a s de co lo ­
res, como ta m b ié n m ú ltip le s im á g e n e s de p royecció n de v a r ia d o s m atice s y
sa tu ra c io n e s . Las com p osicion es de m úsica y color están co o rd in a d a s s in fó ­
n ica m e n te . M utis el b a lle t b id im e n s io n a l, d e ja n d o un solo fig u rín que d e s­
a p a re c e con la d ism in u ció n de luces y . . .
Escen a 9
e n tra d a de g ra n d e s escudo s, que re p re se n ta n los v a rio s m étodos de la e x ­
presió n v is u a l, por m edio de te x tu ra , fa c t u r a , p la s tic id a d , p e rs p e c tiv a , arte s
g r á fic a s , a b s tra c c ió n , re a lism o , g e o m e tría , fo to g r a fía , t ip o g r a fía , sim b o lism o .
Las im ág e n e s se m u e v e n , se so b rep o nen y se s e p a ra n en u n a sucesión rít­
m ica . Su p e rp u e sto , a p a re c e un ojo g ra n d e en la p a n ta lla de proyección
se g u id o de u na colección de p in tu ra s , d ib u jo s, fo to g ra fía s — que co n trastan
en e stilo , propósito e in ten ció n : p in tu ra de c a v e rn a s y c a m o u fla g e m o d ern o ,
el G re co y R uben s, re lie v e eg ip cio y fo to g ra fía estro b o scó p ica, m á s c a ra a f r i ­
c a n a y e stre lla de c in e , G iotto y P ica sso , e scu ltu ra s de M ig u e l A n g e l y
G a b o , etc.

Escena 10
A p a re c e un lector d e la n te de la p a n ta lla . E x p lic a la fu nció n b io ló g ica del ojo,
y del sentido de la v is t a , ilu stra n d o su lectura con la a y u d a de d ia p o s itiv a s ;
d e m u e stra que tanto el in terés v is u a l como la e xp re sió n g rá fic a corresp on den
a un e stad o m e n ta l, que a su v e z d e p e n d e co n sid e ra b le m e n te del "o jo in ­
te rio r" —im a g in a c ió n —; d e m u e stra q u e, m ie n tras la co m p rensió n h u m a n a
puede m u d a r con los distintos in terese s, juicios m u y distintos se fo rm a n a ce rca
del u n iv e rso , in a lte ra b le en a p a r ie n c ia . M u e stra el u n ive rso de los an tig u o s
g rie g o s con sus e s fe ra s co n cé n tricas de crista l y lo c o m p a ra con los puntos de
v is ta a c tu a le s . Y p reg u n ta ento nces, si a c a so u na e stre lla p are ce d ife re n te al
h o m b re, a h o ra que sab e que no está f ija d a al cielo como c re ía n los g rie g o s,
sin o que se m u e ve en el e sp a cio . * V a se el lector casi cho cando con
Escen a

11

un cieg o , con dos p arch es n egros so b re sus ojos, so m b rero y bastón b lan co s,
y con un carte l "c ie g o " so bre el pecho. C ie g o .
¿ U n a e s tre lla ? ¿Cóm o es u na e s tre lla ? Todos h a b la n de e lla . . . Dicen que

16

�bri lia . . . de todos co lo res. Q u is ie ra s a b e r qué son los co lo res. A q u í —(s e ñ a ­
lan d o el e sce n a rio o scuro)— veo los m ás herm osos . . . ¿Son ellos los colores
de las e s tre lla s ? — Pero an o ch e soñé con un color como n unca a n te s lo v i —
Q u is ie ra po der m o stra rlo ; (a l a u d ito rio ) n un ca h a b é is visto n a d a ig u a l.
Se a p a g a n las luces.
P arte II.

Escena 1

Desde el fo nd o del e sce n a rio se hace a u d ib le u n a e sca la de sonidos que
consiste en u na se rie de ru id o s: c ru jir de p a p e le s, r a s p a d u ra s , g o lp es, rotu ­
ra s , ra s g a d u ra s , re c h in a r de c a d e n a s , e tc., e tc., como ta m b ié n b a tir de ta m ­
b o res, cím b a lo s, d ia p a so n e s y otros objetos su sce p tib les de e m itir so nido s.
Se p ro ye ctan g rá fic o s de so nido so b re la p a n ta lla c e n tra l; en fo rm a s im u l­
tá n e a , u na o re ja g ra n d e so b re la p a n ta lla a n te rio r. G ra d u a lm e n te los ruido s
se o rg a n iz a n y conducen a u na com posición de p e rcu sió n . U na s in fo n ía de
ruid o s e m e rg e de e lla .
Escena 2
So nido s fu e rte s de d ia p a so n e s s o b re v iv e n a la s in fo n ía de ru id o s m ie n tras
se a p a g a n los d e m ás instru m en to s y se d e sva n e ce n los g rá fic o s . G ra n d e s
d ia p a so n e s se h acen v is ib le s ; están m o ntad o s so bre p la ta fo rm a s y ra m p a s a
d istin tas a ltu ra s . A c ró b a ta s los g o lp e a n con sus v a r a s , y s a lta n d o a los d i­
v erso s n iv e le s , e je cu tan u n a com posición m u sic a l. C lim a x : producen aco rd e s
y la o rq u e sta los co ntesta. Se e je cu tan d iv e rs a s e s c a la s : m en o r, m a y o r,
se m ito n a l, c ro m á tic a , de cinco tonos, de un cu arto de tono, e xó tic a .
Escena 3
V irtu o so s a p a re c e n en escen a e je cu ta n d o solos en sus instru m en to s y luego
to cando en co nju nto . S o b re p u esto : p e líc u la so n o ra so b re la p a n ta lla a n te rio r,
de v a r ia s o rq u e stas to cando g a ita s , ja z z , coro de ig le s ia , h a w a ia n a , b a n d a
m ilita r, s in fó n ic a , típ ic a , e tc ., y un co njunto de a r p a s . Las m e lo d ía s de las
a rp a s se e n tre m e zcla n con o tras s im ila re s que p ro vie n e n de a trá s de la p a n ­
t a lla . Las im á g e n e s se d e sva n e ce n y . . .
Escena 4
a p a re c e en escen a u n a reu n ió n de fa n tá stico s p e rso n a je s co n g re g ad o s a l ­
red ed o r de u n a m esa y que lle v a n m á s c a ra s de todos los ta m a ñ o s. En tre ­
chocan sus g ra n d e s v a so s llenos de v in o de v a rio s co lo res, p u d ién d o se o ír la
m e lo d ía que p ro d u ce n , se m e jan te s a so nido s de a r p a . Poco a poco los b e b e ­
do res e n cu e n tran g ra n p la c e r en b rin d a r con los v a so s a tra v é s de la m esa
y en to das d ire ccio n e s, e je cu ta n d o u na to ccata de v a s o s de v in o . A p o y a n
éstos y a p la u d e n en fo rm a sile n cio sa (im ita n d o el m o vim ien to de a p la u d ir ).
Uno de los in d iv id u o s p ro n u n cia un discurso que consiste en so nido s y p a la ­
b ra s d e s a rtic u la d a s ; sig u e n otros discurso s b re v e s, a rra n c a n d o cloqueos y
ris a s y a p la u s o s (silen cioso s) . . .
Escena 5
A p a re c e un m e n sa je ro de b lan co y m u rm u ra un rum o r a uno de los p a r ti­
cip a n te s, el que a su v e z tra n sm ite las cho cantes n o v e d a d e s (c a m p a ñ a de
ch ism e s), h asta que se fo rm a un alb o ro to g e n e ra l, p ro vo can d o un creciente
" a la b a s la m iru s e la , a la b a s la m iru s e la , r h a b a r b a r r h a b a r b a r , a la b a s " . * La
o re ja a p a re c e o tra v e z so b re la p a n ta lla . Los b e b ed o res se q u ita n las m á s ­
c a ra s y m u e stran sus v e rd a d e ro s rostros (m á s c a ra s d ife re n te s ); se d iv id e n en
dos g ru p o s opuestos y a g re s iv o s . D e sap a re ce n lu ch a n d o . Las luces se a p a g a n ,
d isp a ro s de cañ ó n irru m p e n la o sc u rid a d . U na c ria tu ra llo ra .
Escena 6
Entre b astid o re s se oyen so nido s de a rp a s y de d ia p a s o n e s , m ie n tra s un g r u ­
po de la c a y o s fú n e b re s (q ue re sp lan d e ce n por fo sfo re sc e n c ia ) a tra v ie s a le n ­
ta m e n te el e sce n a rio .
Escena 7
Un d esnu d o a p a re c e sú b ita m e n te a m e d ia a ltu ra del e sce n a rio y recita un
p o e m a , lírico y rítm ico . * D u ra n te el re cita d o se su e lta un p énd ulo (e sfe ra
b la n c a s u sp e n d id a de un hilo in v is ib le ) y se lo d e ja o sc ila r a tra v é s de todo
el e sce n a rio . Un seg un d o y te rce r p énd ulo lo im ita n , c a d a uno en d ife re n te
direcció n y sentid o . El d esnu d o rep ite v a r ia s v ece s el últim o v e rso del poem a
al ritm o de las e s fe ra s o scila n te s. Las luces se a p a g a n y hacen d e s a p a re c e r
el d e sn u d o , pero
P arte III

Escena

1

los tres pénd ulo s p e rm a n e cen v is ib le s y sig u e n o sc ila n d o ; p royecció n s u p e r­
p u e sta : in te rio r de un reloj en m a rc h a ; m etrónom o en m o vim ie n to ; goteo
de a g u a . Latido de co razó n con ta m b o r m a rc a n d o el ritm o . Se p ro ye ctan
o n d a s so b re la s p a n ta lla s fro n ta le s y po sterio r.

17

�Escena 2
Tres a cto re s, que re p re se n ta n el tiem p o n o rm a l, m o vim ien to re ta rd a d o y
m o vim ien to a c e le ra d o , e je cu tan s im u ltá n e a m e n te la m ism a e sce n a , pero c a ­
d a uno en su v e lo c id a d r e la t iv a : a t ra v ie s a el e sc e n a rio , sub e e sca lo n e s y se
d e tie n e en el m ás a lto , m ira h a c ia a r r ib a como si c o m e n za ra a llo v e r, a b re
su p a r a g u a s , d escien d e y co n tin ú a su m a rc h a , se sie n ta fin a lm e n te en un
b an co .
Escen a 3
Se re p re se n ta la m ism a esce n a pero en o rd en in v e rs o ; ta m b ié n se in v ie rte el
sentido de las o n d as en la p a n ta lla . Sólo el h o m b re p e rp le jo p e rm a n e ce
en e sce n a.
M onólogo del h om bre p e rp le jo :
—Esto sucedió y a u n a v e z en mi v id a ; ¿ fu é en el p a s a d o . . . o en el fu tu ro
(m ira en v a r ia s d ireccio n e s como tra ta n d o de lo c a liz a r la posición del tie m ­
po)? ¿ fu é a c a so un s u e ñ o ? . . . no puedo lo c a liz a r el tiem p o en n in g u n a p arte .
Pero , ¿q u é es el tiem p o ?
Escen a 4
D iálo g o en tre el hom b re p e rp le jo y v o z (a lta v o c e s desd e el a u d ito rio ):
V o z: ¿Q u é h o ra es?
H om bre (titu b e a n d o ): Estam o s en tre " a q u í" y " a llá " . . .
V o z : ¡Sé m ás preciso!
H o m b re: V iv im o s en el m om ento en que el p a sa d o e n cu e n tra el fu tu ro .
V o z: ¡Sé m ás preciso!
H o m b re: Son las 9: 37 (o la h o ra que fu e r a en ese m om ento).
V o z : ¿ Y por cu án to tie m p o ?
H o m b re: Y a no es m á s. Pero la d u ra c ió n de este m om ento no a la r g a el
p a sa d o ni a c o rta el fu tu ro .
El acto r a t a ja el p é n d u lo y lo d e tie n e . Las luces se a p a g a n b ru scam e n te y
Escen a 5
a p a re c e un físic o en un cono de lu z ; e x p lic a el "tie m p o " como u na c u a rta
d im en sió n en la concepción "e sp a c io -tie m p o ". En su lectu ra * ilu s tr a d a por
d ia p o s itiv a s , tra ta conceptos com o: m a te ria , e n e rg ía , g ra v e d a d . F in a lm e n te
p rese n ta a
Escen a 6
M in k o w s k i, P la n ck y Einstein q u ien es co ntestan las p re g u n ta s del físico a c e r­
ca de sus te o ría s . U na v o z lla m a a E u clid e s, A ristó te le s y C o p é rn ico q u ien es
a p a re c e n p a ra e x p lic a r " s u s " id e a s v c o m p a ra n las co ncepcion es del sig lo X X
con sus puntos de v is ta " c lá s ic o s " . E n tra n seis d a m a s p o m p o sam en te v e s ­
tid a s y todos b a ila n un v a ls a c o m p a ñ a d o s por la o rq u e sta en p le n o , m ie n tra s
se la n z a so b re la p a n ta lla la e xp lo sió n en fo rm a de hongo de la bom ba
a tó m ic a . S im u ltá n e a m e n te : fu e g o s a r tific ia le s so b re la p a n ta lla fro n ta l.
P arte IV .

Escena 1

Los fu e g o s a r tific ia le s se co n fu n d en con rollos de p ap e l que a tra v ie s o n en
g ra n d e s arco s y la rg a s o n d a s la p a rte a n te rio r y p o sterio r del e sce n a rio .
A cto res a p a re c e n por los co stado s a rro ja n d o rollos y a p ilá n d o lo s en m ontones
en o rm e s de los c u a le s e m e rg e n fig u rin e s de p a p e l a m o rfo s. P en e tran otras
fo rm a s de p a p e l y fig u rin e s c a d a uno de los c u a le s re p re se n ta un p rin cip io
d istin to de a p lic a c ió n o co nstrucció n: p le g ad o s y d e sp le g a d o s en a b a n ic o ;
reto rcid o s y c u rv a d o s (p iru e ta s g ir a to r ia s ); re b a n a d a s (s a lta n d o ); a rq u e a d o s
(ro d a n d o ), y o tro s; a l co m ienzo se m u e ven de u na m a n e ra co rre sp o n d ien te
a su c a rá c te r, luego lo hacen p a ra fo rm a r un b a lle t de p a p e l. A l s a lir se
e n cu e n tra n con:
Escen a 2
co nstructores que a tra v ie s a n el e sce n a rio lle v a n d o g ra n d e s p la n c h a s de d e l­
g a d o cartó n b lan co . Los co nstructores to m an d ife re n te s p o sicio n es, exp o n e n
sus c a rto n e s, los p lie g a n y unen y re a liz a n con ello s u na a rr ie s g a d a co ns­
tru cció n , u tiliz a n d o e s c a le ra s a la m a n e ra de a c ró b a ta s p a ra a lc a n z a r las
a ltu ra s . C lim a x : el ú ltim o cartó n c a u sa el d e sm o ro n a m ie n to de la co nstruc­
ció n , cao s y d e s a s tre , y h u id a de los co nstructo res. Un coro "c o n stru im o s",
que d u ra n te el pro g reso de la construcción ha ido en continuo au m e n to h a sta
lle g a r a l "fo rtis s im o " , c a lla sú b ita m e n te . T ra n s ic ió n :
Escen a 3
se p ro ye ctan tipo s de a rq u ite c tu ra so b re la p a n ta lla fro n ta l y p o ste rio r, a l ­
te rn a d a m e n te : e g ip c ia , g r ie g a , ro m a n a , m e d ie v a l, b a rro c a , c o n te m p o rá n e a ;
so b re p u esto : p irá m id e s de G iz e h y to rre de E iffe l, c a te d ra l gó tica y pont
tra n s b o rd e u r; tem plo g rie g o y ra s c a c ie lo s ; n a v e de u n a c a te d ra l y el in te rio r
de u na fá b ric a de a u to m ó v ile s. D u ra n te la p royecció n se d e sp e ja el e sce n ario .

18

�Escen a 4
Dos e s c a le ra s p e rm a n e ce n en e sce n a , u na de las c u a le s lle v a un p iza rró n en
la p a rte s u p e rio r. R eg la s T y e s c u a d ra s están s u sp e n d id a s en el a ir e y un
cubo rojo a p o y a d o en p rim e r p la n o . Escena ín tim a entre a rq u ite c to , su
asiste n te y se ñ o ra clie n te que pide el diseño y la construcción de u n a s illa .
En u n a p a n to m im a con a ra b e sc o s a c ro b á tic o s, el asiste n te está a fila n d o l á ­
p ices, cu a n d o e n tra el a rq u ite cto . A m b o s se tre p a n por las e s c a le ra s ; se e n ­
cu e n tran en la p u n ta , y c a n ta n un dúo.
Escen a 5
G o lp e a n en tre b a stid o re s y en tra la c lie n te , c a n ta :
N ecesito u na s illa de su diseño
y de m o d ern a construcción
cuyo m odelo se a p rim e ro yo el dueño
y luego s irv a p a ra v a s ta p ro d ucció n.
A rq u ite cto c a n ta :
con honor y p la c e r
a n te s de n a d a h acer
req u e rim o s sus m e d id a s y e sta tu ra
la h u m a n a prop orción
es la b ase y razó n
del aspecto v is u a l de la a rq u ite c tu ra
El a siste n te to m a las m e d id a s de la c lie n te , y la s dice en a lta v o z a l a r q u i­
tecto, quien d ib u ja la s illa en el p iz a rró n y la d e sp e g a (y a re c o rta d a ); es
b a ja d a por m ed io de h ilos in v is ib le s y la se ñ o ra se sie n ta sobre e lla . C lim a x :
se m ece có m o d a m en te m ie n tra s el a rq u ite cto y su asiste n te b a ila n . D u ra n te
la d a n z a : proyecció n de re g la s m id ie n d o v a r ia s a c tiv id a d e s — tr a b a jo , s u e ­
ño, ju e g o , c o m id a , v e s tid o , etc. T ra n s fo rm á n d o s e en p ro ye ccio n e s so b re las
p a n ta lla s fro n ta l y p o ste rio r de re g la s g ra d u a d a s que a p u n ta n h a c ia to das
d ire ccio n e s; se d e sva n e c e n g ra d u a lm e n te en
Escena 6
juego de e sp a c io , un b a lle t en que los b a ila rin e s e xp o n e n v a rio s p rin cip io s
de construcción por m ed io de la rg a s e sta c a s y so g a s. F in a lm e n te
Escen a 7
dos de los b a ila rin e s e je cu ta n u na escen a de e n la z a r y en el c lim a x dos p o r­
ta b a n d e ra s se unen a ello s a g ita n d o e n o rm es b a n d e ra s de s e d a . En la p a n ­
t a lla : p e líc u la len ta de b a ila r in e s , a tle ta s , b u zo s, c a b a llo s a lta n d o , etc.
Escen a 8
A p a re c e u n a s ó lid a construcción trid im e n s io n a l, p in ta d a ilu so ria m e n te en
dos p lan o s re co rta d o s. La ilusió n es in te n s ific a d a por el m o vim ien to re la tiv o
de tres acto re s, que c a m in a n en d e rre d o r; d e sa p a re c e n d e trá s y e n tra n en la
co n stru cció n , d e m o stra n d o la so lid e z de la im a g e n . C lim a x : los p lan o s g ira n
9 0 ° y la ilu sió n d e s a p a re c e por com p leto. R isas en tre b astid o re s m ie n tra s
se v a n los acto res y
Escen a 9
acto res de un típ ico te a tro de re p e rto rio e n tra n in fo rm a lm e n te de todos la ­
do s; a lg u n a s secciones de e s c e n o g ra fía son e n tra d a s por tra m o y is ta s y a h o ra
es e je c u ta d a u na escen a de "e sta noche im p ro v is a m o s ", de P ira n d e llo , en la
que el encu en tro en tre r e a lid a d e ilusió n cre a u na co nfu sió n ta m b a le a n te .
Se produce u n a d isp u ta en la que los acto re s m ezcla n sus lín e a s con e x p r e ­
sion es p ro p ia s ; e n tra co rrie n d o a l e sce n a rio el d ire cto r, lib re to en m a n o , t r a ­
ta n d o d e se sp e ra d a m e n te de s e ñ a la r a los in té rp re te s c u á l es la " v e r d a d e r a
h is to ria " . P arte del p e rso n al del te atro s a le p a ra o b s e rv a r la co nfu sió n y
e scu ch a r la e n c o n a d a d isp u ta en tre acto res y d ire c to r. M ie m b ro s del pú blico
h a b la n en a lta v o z , to m an d o p a rte ; a lg u n o s se tre p a n por la r a m p a . F i­
n a lm e n te a p a re c e el prod ucto r y tra ta de re sta b le c e r el o rd e n . Pero a l in te n ­
ta rlo el e sce n a rio y la s voces se d e sva n e c e n g ra d u a lm n te como por a rte de
m a g ia y re in a n o sc u rid a d y sile n cio com pletos.

ív

J m

é í j

¡JÉ

yi j í ]

Escena 10
Se e je cu ta la escen a 1 de la p arte I, pero en sentido in v e rso . La o rq u e sta
en pleno y el coro irru m p e n en s ile n c io , m ie n tra s el c u a d ra d o a m a rillo re tro ­
cede del proscenio h a c ia la p arte p o sterio r del e sce n a rio d ism in u y e n d o de
ta m a ñ o . El p lan o rojo a t ra v ie s a de d e re ch a a iz q u ie rd a , m ie n tra s el coro y
la o rq u e sta c a lla n , ú n icam e n te la v o z de solo c a n ta la m e lo d ía de in tro d u c ­
ción. La esce n a te rm in a b a ja n d o la lín e a a z u l y con el te m a p ia n issim o de
co n tralto .
Te xto su p rim id o , a d isp o sició n de q u ien lo so licite .

19

�Variaciones sobre el tema de una cara

Las " v a ria c io n e s so b re un te m a " , d e s tin a d a s o rig in a lm e n te a un á lb u m en
h o m e n a je a W a lte r G ro p iu s , co nstitu yen u na e x p e rie n c ia v is u a l de in d u d a b le
in te ré s. El pro p ó sito , u n a v e z m ás en el a rte co n te m p o rá n e o , es d e s c a rg a r
u n a im a g e n de sus s ig n ific a d o s h a b itu a le s . En esta o c a sió n , la im a g e n e le ­
g id a es u n a c a r a , la c a ra de W a lte r G ro p iu s. V a lié n d o s e del fo to m o n ta je
como p ro ce d im ien to , S c h a w in s k y d e s a rtic u la , d esco m p o n e, d is to rs io n a , la
im a g e n - c a ra . Si la c a ric a tu ra y los d ib u jo s a n im a d o s a p ro v e c h a n y a fia n z a n
el re p e rto rio fiso n ó m ico co n ve n id o en n u e stra c u ltu ra , las " v a ria c io n e s " de
S c h a w in s k y tra ta n de d e m o stra r su r e la t iv id a d . Las te n ta tiv a s de " d ic c io n a ­
rios m ím ic o s", desde B a p tista P orta h asta Ph. P id e rit, han fra c a s a d o h asta
a h o ra . Es que no p u ed e h a b e r u na a x io m á tic a de la e xp re sió n que p reten d a
te n e r un v a lo r a b so lu to . To da c u ltu ra tie n e su c a r a , sus tics, sus lu g a re s
com unes e x p re s iv o s , en o tras p a la b ra s , su m á s c a ra ; pero a to da cu ltu ra
ta m b ié n , irre m is ib le m e n te , le lle g a el m om ento de su d e s e n m a sc a ra m ie n to .
C ie rta s c a tá stro fe s s e m á n tic a s o cu rre n , a u n en las c u ltu ra s m ás se g u ra s de
sí m ism a s y en las circ u n c ta n c ia s m enos p re v is ta s . Los s ig n ific a d o s se d e s­
p la z a n . A lg u n o s m u e re n ; otros se a r r a s tr a n m a lh e rid o s y , m ás ta rd e , d e s a p a ­
recen. S c h a w in s k y sa b e todo esto. Es m á s: p ercib e el e sp a cio lib re que q u ed a
entre la c a r a y su m á s c a ra e irru m p e con h um o r y d e sco n ce rta n te in v e n ­
tiv a a r tís tic a .
T. M.

20

��22

���el prim er libro sobre la person alidad y la obra
de m ax bilí, sus principales tra b a jo s en pintura,
escultura, arq uitectu ra, artes g rá fica s y diseño
industrial, docum entados en 90 reproducciones
en blanco y negro y una a cuatro colores, in ­
troducción de tom ás m aldonado y cuatro textos
teóricos de m ax bilí, edición de lujo, en cu ad er­
n ada en tela e im presa en papel ilustración, fo r­
m ato: 22 x 21 cm. en castellano, inglés, francés
y alem án.

panoram a de la música actual
¡uan c a rlo s p a z
el libro m ás com pleto y mejor docum entado so­
bre la m úsica contem poránea, historia y m inu­
cioso a n á lisis de todas las tendencias a partir
de d eb ussy: ato nalism o, politonalism o, dodecafonism o, m icrotonalism o, m úsica concreta, etc.
form ato: 21 x 14,8 cm.

tres libros de la editorial "nueva visión", descuentos especiales para los suscriptores de "nv"
la editorial "n u e va visión " a co rd ará a los suscriptores de la revista "n v " un descuento del 20 %
sobre el precio de ta p a de sus libros, los tres prim eros títulos a q u í anunciados a p a recerán en
el mes de julio, los suscriptores pueden, desde y a , dirigirse a la adm inistración de esta revista,
cerr¡to 1371, t. e. 42-1347, reservand o los títulos que les interesan y que les serán rem itidos a su
dom icilio con priorid ad a su distribución.

problemática del arte contemporáneo
g u ille rm o w o rrin g e r
el autor, a quien debem os los puntos de vista
m ás renovadores en la estimación de las form as
artística s del p a sad o , en cara en este libro, por
prim era vez, el a n á lisis del arte de nuestro tiem ­
po y los problem as que éste p lan tea al artista
y al profano,

form ato: 21 x l4 , 8 c m .

25

�Dos exposiciones en el Museo de Arte Moderno de Nueva York

Museo de Arte M oderno de N ueva York.

Exposición de muebles Thonet

Dos m ueb'es diseñados por Le Corbusier, Pierre
Jean neret y C harlotte Perriand.

26

*

El M useo de A rte M o d erno de N u e v a Y o rk ha re a liz a d o recien tem en te dos
e xp o sicio n e s. En la p rim e ra de e lla s se e x h ib ió un co njunto de s illa s d is e ­
ñ a d a s y fa b ric a d a s por los h e rm an o s Thonet. La se g u n d a estuvo d e d ic a d a a
la p resentació n de d iez m odelos de a u to m ó v ile s de p o stg u e rra .
Trece s illa s , p ro d u cid as entre los añ o s 1836 y 1 9 5 2 , fu ero n se le c c io n a d a s p a ra
m o stra r cómo los h e rm an o s Thonet lo g ra ro n en sus cre a cio n e s fo rm a s sim p les
y a n ó n im a s , sin co m p licad o s d e ta lle s a rte s a n a le s , pero de un re fin a m ie n to y
u n a e le g a n c ia consecuentes con el m a te ria l usad o y los m étodos de p ro d u c­
ció n . P a rtie n d o del p rim e r m odelo d ise ñ a d o por el c re a d o r de la c o m p a ñ ía ,
M ig u e l T ho n et, en su ta lle r de A le m a n ia , h asta lle g a r a la hoy econ ó m ica silla
de c a fé , seis m odelos re se ñ a ro n el d e se n v o lv im ie n to de la s illa Thonet desde
el a ñ o 18 36 h asta nuestros d ía s .
Las cinco s illa s de a ce ro tu b u la r e x p u e s ta s , crea cio n es de B re u e r, Le C o rb u ­
s ie r, y M ies v a n d e r Rohe, fu ero n d is e ñ a d a s en el añ o 19 20. S e ñ a la n el
p ap e l p re p o n d e ra n te de la pro d ucto ra en el d e sa rro llo de esta n u e v a m o d a ­
lid a d del diseño m o derno de m ue b le s. Los m odelos m ás recientes e sta b a n
re p re se n tad o s por u na s illa m o ld e a d a de p lyw o o d d is e ñ a d a por Jo e A d k in so n
y un silló n a ju s ta b le de cuero de llm a ri T a p io v a a r a , p re m ia d o en el Concurso
del m ueb le económ ico del M useo de A rte M od erno .
Las s illa s fu e ro n e x h ib id a s en p la ta fo rm a s b a ja s y re d o n d a s, c u b ie rta s por
fie ltro s de distintos co lo res. En las p are d e s de la g a le r ía , fo to g ra fía s a m p lia ­
d a s de los an tig u o s catálo g o s de Thonet m o stra b a n otros m uebles de m a d e ra
to rn e a d a o de a c e ro . En el centro se p re s e n ta b a , en un la rg o " s ta n d " , m a ­
te ria l d o cu m e n tal y fo to g rá fic o de los m uebles Thonet en v iv ie n d a s de p aíse s
tro p ic a le s, E u ro p a y Estad os U nido s. A d e m á s , u n a ra m a de á rb o l de 27 pies
d o b la d a en e s p ira l y u n a p ie za de p lyw o o d de 5 pies ilu stra ro n so b re los
distintos tra ta m ie n to s que puede a d m itir la m a d e ra .
P re se n ta d a con un e vid e n te sentido d id á ctico , la m uestra ha co n trib u id o n o ta­
b lem en te a la v a lo ra c ió n de la o b ra re a liz a d a por los h erm an o s T ho n et, v e r ­
d a d e ro s pio nero s del m ueb le co n te m p o rá n e o . O b ra que puede sin te tiza rse
en la fr a s e p ro n u n c ia d a por Le C o rb u sie r en la in a u g u ra c ió n del p ab elló n
de L'Esp rit N o u v e a u de la Exp o sició n de P a rís (1 9 2 5 ): "H em o s e le g id o la hu­
m ild e s illa Thonet de m a d e ra to rn e a d a , cie rta m e n te la m ás com ún y econó­
m ica de las s illa s . Y creem os que esta s illa , que se usa por m illo nes en todo
el continente y en A m é ric a , posee n o b le z a ".
La e xp o sició n fu é d irig id a por G re ta D a n ie l, A siste n te del D e p arta m e n to de
Diseño y A rq u ite c tu ra del M useo , y d is e ñ a d a por el A rq u itecto Enrico P eresutti.

�27

�Al frente, el inglés M G. El Com ete a la derecha,
y el Sim ca, el Porsche y el Cunningham en la
parte posterior. El coche en último plan o, a la
derecha, es el Stu d eb aker 53, del que vemos
una parte.

Exposición de automóviles

28

D iez au to m ó v ile s a m e ric a n o s y euro p eo s de p o stg u e rra , d ise ñ a d o s p a ra la
p rod ucció n en m a s a , se p re se n taro n en la se g u n d a e xp o sició n . N in g u n o de
ello s fu é p ro d ucid o con fin e s p a rtic u la re s o de e x p e rim e n ta c ió n , y todos re v e ­
la n en sus lín e a s la in flu e n c ia del diseño ita lia n o . Dos tipos b ásico s de diseño
a u to m o v ilístic o pueden o b s e rv a rs e en la m u e stra , según lo s e ñ a la A . D re x le r,
C u ra d o r del D e p a rta m e n to de A rq u ite c tu ra y D iseño del M useo .
La e n v o ltu ra m e tá lic a de un coche, como las p a re d e s e x te rio re s de u n a c a s a ,
to m a su fo rm a del e sp a cio que e n c ie rra . Los d e ta lle s de la s u p e rfic ie de esta
e n v o ltu ra , como los de la fa c h a d a de un e d ific io , pueden s u g e rir por su u b i­
cació n y fo rm a la n a tu ra le z a del e sp acio e n c e rra d o . P ero , a d ife re n c ia de
un e d ific io , el a u to m ó v il se m u e v e , y e sp e ram o s u n a in d ica ció n sobre la d ire c ­
ción en que m ira n sus p a sa je ro s y la u b ica ció n de sus ru e d a s . En un c a so , la
c a ja de un coche re q u ie re el a g re g a d o de p arte s in d e p e n d ie n te s, g u a r d a ­
b a rro s , p a ra g o lp e s y fa r o s , p a ra in d ic a r la e s c a la y s e ñ a la r la d ire cció n . Por
lo ta n to , la s in terseccio n e s de los p lan o s de la c a rro c e ría son de e x tre m a im ­
p o rta n c ia p a ra el d is e ñ a d o r. Pero cu a n d o el cuerpo de un coche está tra ta d o
como u na e n v o ltu ra y m o d ela d o de m a n e ra que los p lan o s se p a ra d o s del
p iso , co stad o , fre n te y p a rte p o sterio r fo rm a n u na s u p e rfic ie co n tin u a , la
e sca la y la direcció n se o btien en g e n e ra lm e n te h acie n d o a b e rtu ra s en la
e n v o ltu ra , r a r a v e z a g re g á n d o le o tras p arte s.
Los coches e xh ib id o s re fle ja n c la ra m e n te estos tipo s de d ise ñ o . El C u n ­
n in g h a m 1952 (m odelo C -4 ), fa b ric a d o en los Estad os U n id o s con c a rro c e ría
d is e ñ a d a en Ita lia , a d o p ta en u n a m a y o r e s c a la m u ch as de la s c a ra c te rístic a s
del p equ eñ o coche spo rt ita lia n o . El S tu d e b a k e r 1953 es el único a u to m ó v il
de diseño y fa b ric a c ió n a m e ric a n o s . D ise ñ ad o por R aym o n d L o e w y , se d is tin ­
gue por se r el p rim e r coche n o rte a m e ric a n o que ad o p ta el diseño p a rtic u la r
de los a u to m ó v ile s e u ro p eo s. El La n c ia 1 9 5 1 , G ra n T u rism o , d ise ñ a d o por

�Puede verse al frente parte del coche inglés
Aston-M artin. Al fondo, de izq uierd a a derecha,
el fran cés Com ete, el alem án Porsche, el francés
Sim ca y el am erican o Cunningham .

Pin¡n F a r iñ a , se re v e la como uno de los coches de m a n io b ra m ás fá c il p ro ­
du cid o en g ra n e s c a la .
El C o m eta y el Ford 1952 fra n c é s tienen p ro p o rcio n es s im ila re s a las de los
coches a m e ric a n o s , pero el é xito de su diseño re sid e m ás en sus lín e a s s u a v e ­
m ente c u rv a d a s que en su ta m a ñ o y acceso rio s.
El in g lé s A sto n M a rtin , p a ra tu rism o y c a r r e r a , que co n se rv a los d e ta lle s de
los a u to m ó v ile s de p a s a je ro s , está p rese n tad o ¡unto con el M G . Este, d e s­
v iá n d o s e de su lín e a tr a d ic io n a l, o fre ce un m a y o r re p a ro co ntra las co n d i­
ciones c lim á tic a s y m a y o r e sp acio p a ra los e q u ip a je s . El N ash H e a ly , h a sido
d ise ñ a d o ta m b ié n por P inin F a riñ a . El a le m á n Porsche, con el m otor en la
p a rte p o ste rio r, es u na a d a p ta c ió n del fa m o so V o lk s w a g e n .
La e xp o sició n se re a liz ó en los ja rd in e s del M useo , p e rm itie n d o u n a a m p lia
p e rsp e c tiv a de los coches e x h ib id o s . Fué d irig id a por Jo h n W h e elo ck F re e m a n .
Frente a la cám ara el Studebaker 53. Del otro la ­
do de la pileta, de izquierd a a derech a, el AstonM artín , el Com ete, el Porsche y el Cunningham .
Detrás de éste se ve parte del Sim ca francés.

29

�Sobre algunas interferencias entre las artes
G illo D o rfles

P re scin d ie n d o de to da p o lém ica entre p a rtid a rio s de la
" fo rm a " y del "c o n te n id o ", en tre " e s p a c ia lis ta s " y "tem p o ra lis ta s ", y d a n d o por re su e lta c u a lq u ie r d ise n sió n e sté ­
tica q u e p u d ie ra su scita rse en tre e llo s, q u is ie ra e x a m in a r
el p ro b le m a de a lg u n a s in te rfe re n c ia s en tre las a rte s ,
e n fo c a d a s en su aspecto de c re a cio n e s e sta b le s, in trín ­
se ca s y p e rce p tib les.
El uso qu e h a ré , por lo ta n to , de c ie rta s p a rtic u la rid a d e s
lin g ü ístic a s y de c ie rta s v a lo ra c io n e s te m p o -e sp a cia le s,
sólo te n d rá por o bjeto la b ú sq u e d a de u na m a y o r p rofun d iza ció n en el co no cim iento y en el ín tim o m eca n ism o de
la fo rm a c ió n de las a rte s c o n s id e ra d a s . V e a m o s pues,
cómo se re la c io n a n dos d is c ip lin a s ta n d istin ta s y a p a ­
ren te m en te a je n a s entre sí como la m ú sica y la p in tu ra .
Los puntos de contacto en tre a m b a s son m ú ltip le s, y d u ­
ra n te m ucho tiem p o los in v e s tig a d o re s h an in te n ta d o po­
nerlos en e v id e n c ia . P o d ría n c ita rse n u m e ro sa s te n ta tiv a s
m ás o m enos c ie n tífic a s im a g in a d a s p a ra tra n s fe rir los
cán o n e s y leye s de la m úsica a la p in tu ra , o p a ra tra ta r
de id e n tific a r am b o s le n g u a je s, in v o c a n d o c ie rta s a n a lo ­
g ía s en tre e sca la cro m á tic a y e s c a la so n o ra , en tre v ib r a ­
ción a c ú stic a y v ib ra c ió n lu m in o sa . No es esto, sin e m ­
b a rg o , lo que hoy p ued e in te re s a rn o s , pues está y a com ­
p ro b ad o que la b a se de nuestro le n g u a je m u sical no está
en e x a c ta co rre sp o n d e n cia con la re a lid a d c ie n tífic a y con
las ley e s a c ú stic a s. Lo que d e m o s tra ría u n a v e z m ás la
in c o n c ilia b ilid a d que e xiste en tre cie n cia y a rte .
Q u is ie ra pues —d e ja n d o de lad o toda co n sid e ra ció n fis io ­
ló g ica y p sico ló g ica — a n a liz a r b re v e m e n te las re la cio n e s
e xiste n te s en tre las dos a rte s , ta l como se han d e s a r ro lla ­
do en los últim os tiem p o s.
La m ú sica m o d ern a se ha d e sta ca d o c a d a v e z m ás en su
aspecto rítm ico , tím b ric o y c o n tra p u n tístic o , a b a n d o n a n d o
o, por lo m enos, d e b ilita n d o el e d ific io a rm ó n ico a l que
se v e ía c e ñ id a desde v a rio s sig lo s a trá s .
P a rtie n d o del h ip e rcro m atism o w a g n e r ia n o , y a rrib a n d o
luego a l p o lito n alism o de S a tie y M ilh a u d , a l a to n a lism o
de H in d e m ith , y por fin a la s in ta x is d o d e c a fó n ic a de
S ch ó n b e rg , la m ú sica ha reco n q u ista d o e sa lib e rta d e x ­
p re s iv a que h a b ía p e rd id o a l so m eterse a las re g la s de
un se ve ro rég im e n to n a l. Puesto q u e , si la sín te sis to n ala rm ó n ic a h a b ía sido n e c e s a ria p a ra la e vo lu ció n del
le n g u a je m u sic a l, el h a b e r red ucid o to da la m u ltifo rm e
v a r ie d a d de los so nido s a las a r b it r a r ia s " e s c a la s " to n a ­
les fu é , in d u d a b le m e n te , un s a c rific io a rtific io s o .
A lg o a n á lo g o sucedió en el cam p o de las a rte s p lá stic a s
con el re d e scu b rim ie n to de la p e rsp e c tiv a lin e a l en los
u m b ra le s del R e n acim ie n to : se e stab le ció en la p in tu ra
una situ a ció n de d e p e n d e n c ia h a c ia la s leye s de la p e rs­
p e c tiv a , que d e b ía co n d u cir a l n a tu ra lis m o a c a d é m ic o del
siglo p a sa d o y que sólo con los im p re sio n ista s h a b ría
de e m p e z a r a d e s a p a re c e r. El pú b lico y los a rtis ta s te r­
m in a ro n por o lv id a r que h a b ia n tra n sc u rrid o larg o s añ o s
en la h isto ria del a rte sin que se h a b la s e de u n a p e rs­
p e ctiva lin e a l: ésta d esem p eñ ó en el te rre n o pictórico el
m ism o p a p e l de la a rm o n ía en el á m b ito m u sic a l.
Las le y e s a rm ó n ic a s , a u n in c ie rta s en la ép oca de los
p rim e ro s p o lifo n is ta s , d e b ía n h ace rse m ucho m ás s e v e ra s
con el tie m p o , p a ra c o m e n za r a d iso lv e rse con la a p a r i­

30

ción del h ip e rcro m atism o de fin e s del sig lo X IX . O tro
tanto ib a a su ce d e r con la p in tu ra re a lis ta b a s a d a en la
p e rs p e c tiv a , q u e p a rtie n d o de u na fa n ta s io s a re p re s e n ta ­
ción cu a tro c e n tista , se a c e rc a b a c a d a v e z m ás a las e stu ­
c a d a s fig u ra s del a c a d e m ism o del ochocientos.
Pero co m ie n zan en este m om ento las p rim e ra s rea ccio n es:
el im p re sio n ism o , a la b ú sq u e d a de u na re a lid a d lu m i­
n o sa , m ó v il, líq u id a , pero sie m p re en el á m b ito de una
re p re se n ta ció n de la n a tu ra le z a , d e s c a rg a el p rim e r g o lp e.
Luego el fa u v is m o , el fu tu rism o y el cub ism o conducen a
la descom po sició n de la im a g e n y a la inserció n de p rin ­
cipio s d in á m ic o s y te m p o ra le s en la fig u ra c ió n , tra ta n d o
de e n c o n tra r u n a razó n de ser p ictó rica in g é n ita en el
color puro y la fo rm a p u ra .
P a ra le la m e n te , en m ú sica , la in flu e n c ia to n al es e lim i­
n a d a , p rim e ro con un retorno a l a n tig u o m o d a lism o , luego
con los e xp e rim e n to s de los h e x a to n a lis ta s y fin a lm e n te
con el a to n a lis m o . A su v e z , las ú ltim a s te n d e n c ia s de la
p in tu ra y e scu ltu ra co ncreta pueden a s im ila rs e a las e x ­
p e rie n c ia s m u sica le s del d o d e ca fo n ism o . De esta m a n e ra ,
el cro m a tism o w a g n e ria n o p u ed e ser c o m p a ra d o con la
re vo lu ció n de los fa u v e s , el a to n a lism o de S tr a w in s k y y
de M ilh a u d a c ie rta s p in tu ra s de M a tisse y de los cu b ista s,
y la prod ucción de B e rg , S chó n b erg y W e b e rn a la s o b ra s
de V a n to n g e rlo o , M o n d ria n y v a n D o esburg.
En otros té rm in o s, si y a a lg u n o s cu b ista s, y an te s qu e ellos
M a tisse y a lg u n o s e x p re s io n is ta s g e rm a n o s , h a b ía n s a ­
bido h ace rse " tím b ric o s ", (m e s irv o de u n a p a la b ra to­
m a d a del le n g u a je m u sical p a ra in d ic a r la a fin id a d e x is ­
tente en tre el uso a c tu a l, e strid e n te y puro del co lo r, y la
u tiliza c ió n en la m ú sica m o d ern a de c u a lid a d e s p a rtic u ­
la re s e in d iv id u a liz a d a s de los in stru m e n to s) p e rm a n e c ía n
sin e m b a rg o lig a d o s a l o b jeto , a la re p re se n ta ció n fig u ­
r a tiv a del m ism o.
El e stu d io del "d e stin o fo rm a tiv o " in g én ito en el a rte co n ­
creto , y a d e sv in c u la d o de to d a c o m p la ce n cia f ig u r a t iv a ,
p ued e c o m p a ra rse con la in v e stig a c ió n q u e in ic ia ro n los
d o d e c a fo n ista s a c e rc a de la co nstitució n de la s e rie , de su
in v e rsió n y re tro g ra d a c ió n , de su e vo lu ció n h a c ia una
n u e v a y m ás co m p le ja e s p a c ia lid a d . (c fr. W . A d o rn o ).
V a lié n d o m e de arg u m e n to s a n á lo g o s , p o d ría s e ñ a la r las
a n a lo g ía s que e xiste n en tre m úsica y p o e s ía , a u n cu an d o
los estud io s so b re el p a rtic u la r resu lten m ucho m ás f r e ­
cuen tes. A u n q u e m ú sica y p o esía a p a re c ie ro n sie m p re
e stre ch am e n te v in c u la d a s , sus le n g u a je s son n etam en te
d istin to s y au tó n o m o s. La p o esía —con to da la im p o rta n ­
c ia que q u ie ra a trib u irs e a l elem ento so no ro — d e p e n d e de
su co ntenid o d e sc rip tiv o y de su s e m á n tic a , m ie n tra s que
en n in g u n a de la s o tras a rte s —y so b re todo en la mú1 s ic a — e xiste u n a id é n tica c a ra c te rís tic a . Lo dicho es ta m ­
bién v á lid o p a ra la p in tu ra y la e s c u ltu ra , que como y a
hem os s e ñ a la d o , h an podido lib ra rs e en nuestros d ía s de
la u rg e n cia fig u ra tiv o - re p re s e n ta tiv a a la que p e rm a n e ­
c ía n in d iso lu b le m e n te so m e tid a s.
De c u a lq u ie r m a n e ra , con e xce p ció n del puro elem ento
sonoro (q ue en p o esía no p ued e e x is tir s e p a ra d a m e n te
del s ig n ific a d o ) podem os e n c o n tra r otros puntos de co n­
tacto en tre las dos a rte s : ta l el elem ento rítm ico , e se n cia l
tanto a la u n a com o a la o tra , y que es c a p a z de d a r
o rig e n por sí solo a l d esp un te in ic ia l de un po em a (com o
tu vie ro n y a qu e a fir m a r Ellio t y V a lé r y ). De un ritm o lite ­
ra rio " p riv a d o de s ig n ific a d o " puede en seg un d o térm in o
s u rg ir en la m ente del poeta la im ag e n v e rb a l-s e m á n tic a
c o rre sp o n d ie n te . Y , como a fir m a Ellio t: "U n po em a puede
te n d er a r e a liz a rs e de la m ism a m a n e ra que un ritm o
p a rtic u la r, a n te s de que a lc a n c e u n a e xp re sió n en p a la ­
b ra s ; y este ritm o p ued e d a r o rig e n a la id e a y a la im a ­
g e n ". O tro e je m p lo , —si fu e ra n e c e sa rio — de la u rg e n cia
|de ab stra c ció n p rese n te, no sólo en las a rte s v is u a le s , sino
en la lite ra tu ra .

�Los e je m p lo s de c o rre sp o n d e n cia entre so nido s y p a la ­
b ra s , en tre ritm os m u sic a le s, poéticos y p lástico s son In f i­
nitos, pero debo lim ita rm e a a lg u n a s b reve s aco tacio n es
so b re el p a rtic u la r, pues me fa lta to d a v ía a n a liz a r a lg u ­
n as in te rfe re n c ia s en tre m úsica y a rq u ite c tu ra .
M u ch as son las c a ra c te rístic a s com unes a la s dos a rte s:
a m b a s d e riv a n de la m á x im a a b stra cció n que el intelecto
c re a d o r p u ed a c u m p lir, fu e ra de c u a lq u ie r re p re se n tació n
o b je tiv a , fu e ra de c u a lq u ie r hecho d e sc rip tiv o ; en la b ase
m ism a de su crea ció n e xiste un juego n u m é rico , u na r e la ­
ción de c ifra s y m ó d ulo s; a m b a s , en f in , son fo rm a s de
a rte que n ecesitan se r " p e n e tra d a s " : se p e n e tra en el
u n ive rso sonoro de u n a s in fo n ía de la m ism a m a n e ra que
se e n tra en una c a te d ra l, y luego se o b se rv a desde el e x ­
te rio r e sa m ism a c a te d ra l como se escu cha "d e sd e el e x ­
te rio r" ese fra g m e n to m u sica l. El estud io de la p la n ta , la
fa c h a d a o la proyecció n o rto g o n al de un e d ific io co ns­
titu y e , en cierto se n tid o , el e q u iv a le n te de la lectura de
una p a rtitu ra , a n te rio r o p o sterio r a la a u d ic ió n so n o ra .
En cu an to a las re cíp ro ca s in flu e n c ia s de e stas dos a rte s,
creo que el a n á lis is de un p e río d o como el b arro co resu lta
de lo m ás provecho so p a ra e v id e n c ia r un punto de co n­
tacto p a rtic u la rm e n te s ig n ific a tiv o entre los dos le n g u a je s.
En e fecto , el b arro co intro d u ce d entro de los ríg id o s e s­
q u e m a s de la a rq u ite c tu ra del R e n acim ie n to , co nceb id a
de a cu e rd o con un crite rio estático y a rm ó n ic o , la dúctil s i­
n u o sid ad de la lín e a " m e ló d ic a " . El a rq u ite cto b arro co
—puede de cirse sin m e tá fo ra s — " re fo rz ó " sus p la n o s, sus
e d ific io s , y yo sostengo que se in ic ia ju sta m en te con el
b arro co la n u e va lín e a a rq u ite c tó n ic a que h a b rá de
tr iu n fa r en nuestros d ía s : la a rq u ite c tu ra en donde el e s­
p acio se fra g m e n ta , se p o lim e riz a , y a b so rb e en sí el
elem ento te m p o ra l que hace del e sp acio de Euclides un
e sp a cio d in á m ic o a n á lo g o al m u sica l.
En cu an to a las re la c io n e s entre a rq u ite c tu ra y a rte s v is u a ­
les (o p lá s tic a s ), é stas fu ero n sie m p re a d m itid a s , h asta el
punto de que el e stu d io de la a rq u ite c tu ra v in o a e n g lo b a r­
se en el de la p in tu ra y e scu ltu ra , co n sid e rá n d o se a q u é lla
un d e riv a d o de é sta s. A mi p a re c e r, u n a d istinció n entre
e lla s es to d a v ía ú til, pese a la e x is te n c ia de m uchos p u n ­
tos en co m ú n . H oy, en e fecto , ta l d istinció n se ha hecho
to d a v ía m ás d ra m á tic a : la a rq u ite c tu ra se ha lib e ra d o de
las su p e r-e stru ctu ra s de la d e co ració n y la e s c u ltu ra , es
d e c ir, se ha se rv id o de e lla s m an te n ie n d o d ife re n c ia d a s
las e stru c tu ra s. Por o tra p a rte , son p recisam e n te las o tras
dos a rte s las que han e x p e rim e n ta d o n o tab lem e n te el
in flu jo de la a rq u ite c tu ra (b a sta p e n sa r en las o b ra s de
un P e v s n e r, un B ill, un G a b o , un M u ñ a n ); a p a rtir de la
época del B a u h a u s , la in flu e n c ia de la a rq u ite c tu ra en el
tra b a jo pictórico y p lástico se ha hecho sie m p re m ás in ­
te n sa . Y sin e m b a rg o , si u na sín te sis de las a rte s en el
sentido e x p re s a d o por Le C o rb u sie r puede ser d e se a b le ,
' no h a y que o lv id a r que s e ría e x tra o rd in a ria m e n te d a ñ in o
que la p in tu ra y la e scu ltu ra p e rd ie ra n su c u a lid a d de
cre a cio n e s a rtís tic a s au tó n o m a s, que pueden y deben v i ­
v ir ta m b ié n al m a rg e n de todo sostén e d ilicio . En o tras
p a la b ra s , el estud io de las in te rfe re n c ia s entre dos leng u a je s artístico s p ued e ser de e xtre m o in terés y de g ra n
u tilid a d , pero debem o s re c o rd a r que la a p a re n te sum isión
de un a rfe a los cán o n e s de o tro, se ha d e b id o ú n ic a ­
m ente a la p re p o n d e ra n c ia a s u m id a por este ú ltim o en
una ép o ca d e te rm in a d a . Porque e x is te n , y han e xistid o
sie m p re , p e río d o s en los que u na d isc ip lin a a rtís tic a ha
e je rcid o un p red o m in io ab so lu to sobre las o tra s, g u iá n ­
d o la s, e n d e re z á n d o la s y h asta so fo c á n d o la s, p a ra ce d er,
en u na época s u c e s iv a , su lu g a r a o tra que fu é a su
ve z la d u e ñ a d e sp ó tica de otro p erío do c u ltu ra l. Y es en
este a lte r n a r e in te rfe rir de los le n g u a je s a rtístic o s, que
se v ene d e s a rro lla n d o la
h isto ria de la c iv iliz a c ió n
hum ana.

ARTECNICA
O
O
O

© gamma
luz localizada
o
o

o
o

o
o

o
o
o
o
viamonte 1481 6? A t. e. 41-7853

(

31

�Corte diag o nal de

Una nueva unidad estructural

la

bóveda

y

su unión

con

,a columna

A rq u ite c to A m a n d o W illia m s
In g . a se so r Ju lio P izzetti

C o la b o ra d o re s: J. S a a l, H. Toscano, D. Schnelder,

N.

Fedullo

El uso del horm ig ón en la construcción de e d ific io s d a ta , como se s a b e , de
fin e s del sig lo p a sa d o . El re d e scu b rim ie n to del h o rm ig ó n y su p o ste rio r u ti­
liza c ió n como c o n g lo m e ra n te del h ie rro , c a ra c te riz a n todo el p e río d o de
la a rq u ite c tu ra que v a del 19 00 a 1 9 2 0 . A u g u sto P e rre t, en 1 9 0 3 , con su
c a s a de la ru é F r a n k lin , es el p rim e ro en v a le r s e del h o rm ig ó n com o m edio
^e e xp re sió n a rq u ite c tó n ic a . A p a rtir de ese m o m ento , la té cn ica del n uevo

material evolucionará rápidamente, produciendo en estos últimos años, crea-

Una de las bóvedas e n sa y a d a s y su arm a d u ra .
Esca la 1:10.

32

�ciones q u e, como la b ó ve d a c á s c a ra , a p o rta n n u e v a s solu cion es co n stru ctivas
y p lá stic a s a la a rq u ite c tu ra m o d e rn a .
M uchos facto re s d e te rm in a n el curso de este proceso: la co m p ro b ació n del
c a rá c te r m o no lítico de las e stru ctu ra s de h orm ig ón a rm a d o es uno de ello s.
En un p rin c ip io , los m étodos de cálcu lo se re a liz a b a n c o n sid e ra n d o la e s­
tru ctu ra fo rm a d a por só lido s p rism á tico s, v ig a s o c o lu m n a s, s im ila re s a las
de h ie rro o m a d e ra . Se im ita b a en su aspecto fo rm a l a la s co nstruccio nes
re a liz a d a s con estos m a te ria le s , y por m edio del cálcu lo teórico se ó b te n ía
el d im e n sio n a m ie n to de los elem ento s del e d ific io . En ca m b io , al co n sid e ­
ra rs e la e stru ctu ra ac tu a n d o como un co njunto ú nico , se hace po sib le la co ns­
trucción de la b ó ve d a c á s c a ra , que a p ro v e c h a a l m á x im o el v a lo r e stru ctu ra l
que p uede a d q u ir ir u na lá m in a resistente con un diseño a d e c u a d o . El pro-

A rm ad u ra de la bóveda de en sayo n"? 7.

b lem a de la fo rm a re v iste a s í una im p o rta n c ia fu n d a m e n ta l en este tipo de
e stru c tu ra s, que se p ro ye ctan y e n s a y a n e xp e rim e n ta lm e n te con a n te rio rid a d
a l cálcu lo teó rico , que es sólo de v e rific a c ió n .
En el caso que nos o cu p a , se h a lo g ra d o u na b ó ve d a c u a d ra d a de 13 m etros
de lad o y 4 cen tím etro s de esp eso r. C a d a u n id a d resiste c a rg a s e x tr a o r d i­
n a r ia s y puede m a n te n e rse en e q u ilib rio por sí m ism a sin n ece sid ad de n in ­
gún punto de contacto con la s o tra s b ó ve d a s que fo rm a n la e stru c tu ra .
O fre c e m u y poca re siste n cia a l v ie n to y tie n d e a d e s c a rg a rs e de peso por
acció n del m ism o . La d ila ta c ió n té rm ic a , tanto en u n id a d e s a is la d a s como
en una se rie de e lla s , re su lta a b s o rb id a por la e la s tic id a d que a d q u ie re la
b ó ve d a en ra zó n de su fo rm a . Las u n id a d e s se u san a is la d a m e n te o en d is ­
tin ta s co m b in a cio n e s. El techo fo rm a d o por un conjunto de b ó ve d a s pued e
c a la rs e su p rim ie n d o p arte de a lg u n a de e lla s , sin que esto a fe c te el e q u i­
lib rio de la e stru c tu ra .

33

�Parte superior de una colum na.

Sirve de v á l­

vu la de segu rid ad de desagüe.

Entre o tras a p lic a c io n e s , esta u n id a d e stru ctu ra l se rá u tiliz a d a por el a r q u i­
tecto A m a n c io W illia m s en la construcción de tres h o sp ita le s que se le v a n ta ­
rá n en M b u ru c u y á , p ro v in c ia de C o rrie n te s, do n d e por ra zo n e s c lim á tic a s y
por las n ece sid ad e s del p ro yecto , es preciso co n stru ir un techo alto que d e ­
te rm in e u n a zo n a c e rra d a y p e rm ita la ilu m in a ció n y v e n tila c ió n ce n ita l de
los d iv e rso s se rv icio s h o s p ita la rio s . Los h o sp ita le s co nstitu yen u na p e q u eñ a
c iu d a d con todos sus se rv icio s u b ica d o s b ajo el techo: h a n g a re s , g a ra g e s ,
p a b e llo n e s, ta lle re s , etc.
Es in te re sa n te c o m p ro b a r la c o in cid e n cia en la so lución de do ble techo al
Corte

V ista del hospital de M burucuyá.

34

p arcial

de uno de los hospitales donde
se utilizan las bóvedas.

p ro b le m a p la n te a d o por la a lta lu m in o s id a d , in te n sid a d c a ló ric a y g ra n d e s
llu v ia s , en tres g ra n d e s proyectos e je cu tad o s casi sim u ltá n e a m e n te . Nos re fe ­
rim o s al de Le C o rb u s ie r, c iu d a d de C h a n d ig a r , P u n ja b , a l de Jo sé Luis Se rt,
p la n e a m ie n to s u rb a n o s p a ra C o lo m b ia y éste del a rq u ite cto W illia m s en la
p ro v in c ia de C o rrie n te s.

�N ace en Buenos Aires. Arquitecto. Proyectos, obras y estudios: 1942: "V iv ie n d a s en el espacio ",
en colaboración con su esposa Arq. Delfina G . de W illia m s, Asesor: Arq. Jorge V ivanco. 1942-43:
" S a !a de conciertos". 1943: Conjunto de blocks. Aplicación del proyecto de vivien das anterior
a un gran conjunto. 1943-46: " O b ra M ar del P la ta ", en colaboración con su esposa. 1944: Trabajos
sobre transportes y com unicaciones. 1945: Proyecto "A ero pu erto de Buenos A ires". 1946: Proyecto
de edificio p a ra o ficin as, suspendido pof tensores m etálicos.
Estructura de hormigón arm ado
construida en obra. 1946-48: T rab ajo s de p laneam iento nacional p a ra el M inisterio de Salud
Pública de la N ación; planeam iento de la P ata g o n ia; planeam iento de la ciudad de Buenos Aires
en relación al p a ís y al continente; p'aneam iento regional del Delta; p laneam iento de la ciudad de
Corrientes y su región, etc. Después de 1948: barco pa ra catastro san itario , proyectos p a ra tres
hospitales en la provincia de C orrientes, estudio de div e rsas estructuras utilizando diversos m ate­
riales plásticos, etc.

Intensa ob ra docente en su taller.

Erich Mendelsohn

Con la muerte del arquitecto alem án Erich
M endelsohn, ocurrida el 15 de setiembre de
1953 en el hospital de M. Zion (Los Angeles),
se cierra un im portante cap ítulo en la evolu ­
ción de la arquitectura m oderna. Su vid a pro­
fesional transcurre entre 1914, año en que co­
m ienza a fe ch ar sus célebres esquicios, hasta
los últimos tiem pos, en que proyecta d iversas
sinago gas en los Estados Unidos. En este Ínte­
rin de casi cuarenta años, de sa rro lla un trab ajo
fecundo por su libertad inventiva y espíritu
creador. A través de sus ob ras, v a renovando
técnicas y concepciones del espacio , otorgando
un m atiz nuevo a la noción de "h a b ita t" .
Erich Mendelsohn nace en Allenstein (Prusia
O riental) el 21 de m arzo de 1887. En 1914,
durante la gu erra y estando en la trinchera,
com ienza a d a r form a a sus prim eras obras.
A fines de 1918, firm ad o el arm isticio, ab re su
estudio y se convierte, por su trab ajo y a ctivi­
dad teórica, en uno de los principales a d alid e s
del expresionism o. La Torre de Einstein (1919)
constituye un testim onio de esa etap a. En 1923
v ia ja a Palestina y en el mismo año publica un

folleto: "D inám ica y fu nción ", que es su prin­
cipal obra teórica de la prim era postguerra. En
1924 llega a los Estados Unidos y poco después
publica "A m e rik a ", su difundido libro. Entre
1925 y 1927 re aliza v a ria s tiend as p a ra la fir ­
ma Schoken, que constituyen aportes sustan cia­
les p a ra la técnica de construir.
Los años que van de 1928 a 1931 son los de sus
ob ras cum bres, ya en fran co racionalism o : la
Colu m bu shau s, su casa en Ruperhorn y la s tien­
d as Schoken en Chem nitz.
En los año s posteriores se m ultiplican los en car­
gos, pero en 1933, con la lle g a d a de Hitler al
poder, se trunca la carre ra y la ob ra de M en­
delsohn. Se tra sla d a , entonces, a In glaterra y
luego a Palestina, donde tra b a ja activam ente
y lleva a la práctica su proyecto de hospitalescuela modelo " H a d a ss a " . En 1941, luego de
v ia ja r por Medio O riente, India y S u d á frica , se
rad ica en los Estados Unidos, donde prosigue
su tare a . A llí com ienza re aliza n d o el hospital
M aim ónides. La muerte lo sorprende cuando se
dispone a construir v a ria s sinago gas y publicar
" A contem porary philosophy of architecture".

35

�Exposiciones del grupo de Artistas Modernos de la Argentina

El "G ru p o de A rtis ta s M o d e rn o s", que reú ne a los pintores y escu lto res a r g e n ­
tinos de o rie n tació n estética m ás a v a n z a d a , a c a b a de e x p o n e r en el "M u seu
de A rte M o d e rn a " de Río de Ja n e ir o y en el "S te d e lijk M u se u m " de Am ste rd a m . En am b o s lu g a re s , los sectores m ás c a lific a d o s del p ú b lico , de los
a rtis ta s y de la crític a han estad o de a cu e rd o en reconocer la je r a r q u ía de
los tra b a jo s e xp u e sto s. Puede a v e n tu ra rs e , sin á n im o de re sta r v a lo r a las
q u e se h a y a n re a liz a d o con a n te rio rid a d , que n un ca u na m u e stra a rg e n tin a
en el e x te rio r ha sido o bjeto , como en estos dos caso s, de a c o g id a m ás f a v o ­
ra b le . Este reco n o cim ien to in te rn a c io n a l, cu y a s ig n ific a c ió n , por cie rto , no
p reten d em o s e x a g e r a r , p ru e b a la m a d u re z a lc a n z a d a en n uestro p a ís por
las te n d e n cia s m ás re n o v a d o ra s del a rte a c tu a l, en p a rtic u la r, por la s a b s ­
tra c ta s y co n cretas, q u e son las d o m in a n te s en el g ru p o . La re v is ta " n v "
h a co n sid e ra d o o po rtu n o d o cu m e n tar estas dos e xp o sicio n e s y u n a te rce ra
r e a liz a d a no h ace m ucho en Buenos A ire s .
J . A . F e rn á n d e z M u ro , C la u d io G ir ó la , S a ra h G rilo , A lfre d o H lito , Enio
lo m m i, To m ás M a ld o n a d o , M ig u e l O ca m p o y Lid y P rati son los m iem b ro s
del " G ru p o de A rtis ta s M o d e rn o s". Con m o tivo de la e xp o sició n de Río de
Ja n e ir o y A m s te rd a m , fu ero n in v ita d o s los pinto res R a fa e l O neto y Clorin d o T esta.

Río de Janeiro

El "M useu de Arto M od ern a" está habilitado,
provisoriam ente, al pie del edificio del M iniste­
rio de Educación. Su directora, la Sra. N iom ar
Sodré, fué la o rg a n iza d o ra de la exposición.

A. Fern án dez M uro y A lfredo Hlito

36

foto M akarius

�A lfredo Hlito

Enio lom m i,
O cam po

Lidy

Prati,

C laudio

G iró la

y

M.

M aldon ad o y Fernández Muro

37

�La realizació n de la m uestra en Am sterdam se
debió, en gran p arte, a la iniciativa del Sr. J.
van A s, A g re g ad o de Prensa de la Legación de
los P aíses Bajos. El m ontaje y la tip o g rafía del
catálogo — p refaciad o por el crítico argentino
Jorge Romero Brest— estuvieron a cargo del
Sr. Sand b erg , director del y/Stedel¡jk M useum ".

La letra ''a'' (" a c h í argentijnse ab stracten ":
ocho abstractos arg entinos), signo de la e xp o ­
sición, fué tam bién u tilizad a en la ta p a del
catálogo.

El uso del color en la p in tu ra conduce a l d o m in io de la e n e rg ía . El color no
es sólo b e lle z a . Es ta m b ié n e n e rg ía .
El uso del color en la p in tu ra , como el uso del so nido en la m ú sic a , d ep end ede leye s fís ic a s . De h a b e r en te n d id o m ejo r esta d e p e n d e n c ia , los pintores se
h u b ie ra n a h o rra d o m ucho ca m in o . Pues si reconocem os que es sólo en cuanto
a rtis ta que el h om bre puede ig u a la r a la n a tu ra le z a en su fu n ció n c re a d o ra ,
re su lta e vid e n te q u e la o b ra de a rte d eb e r e a liz a rs e con proced im ien to s
d irecto s, sin po ner el color a l s e rv icio de prop ósitos que le se an a je n o s . Con
ra zó n dice Theo v a n D o esb urg : " D u ra n te sig lo s los recursos del a rte pictó­
rico han sido a b u sa d o s y p ro fa n a d o s con fin e s distintos a los e stricta m en te
p lástico s. El a rtis ta m o dern o los ha re h a b ilita d o " .
En la a c tu a lid a d , m erced a la cre a ció n a b so lu ta de fo rm a s (A b so lu te G estalfu n g ), la p in tu ra d escub re lo q u e en la m úsica se sa b e desde h ace tie m p o .
Por d e s g ra c ia , g ra n p a rte del p ú b lico no lo e n tie n d e a s í. Tam p o co m uchos
a rtis ta s . Se desconoce n eciam e n te el v a lo r de la e x p e rie n c ia e sté tica . P e rm í­
tasem e c ita r a q u í, por se g u n d a v e z , a Theo v a n D o esburg: "E s a tra v é s de la
e x p e rie n c ia estética que el a rtis ta re cre a la r e a lid a d ; pero n un ca según la
n a tu ra le z a , sie m p re según el a rte " .
H oy, con todo, som os testigo s de u na e x tr a o r d in a ria e vo lu ció n a rtís tic a .
Desde fin e s del sig lo X IX y p rin cip io s del X X , el a rte a v a n z a con in u s ita d a
ra p id e z y v ig o r, in flu yé n d o n o s a c tiv a m e n te , c a u tiv a n d o a m uchos e sp íritu s.
Si los nuevo s hechos a rtístico s nos im p re sio n a n de este m odo, se d e b e , en
ú ltim a in s ta n c ia , a que co n tra sta n con un la rg o perío d o de d e clin a ció n y
a p a t ía . H a b la r d e ta lla d a m e n te sobre la s c a u sa s que m o tiva ro n ta l d e c a d e n ­
c ia de la s a rte s v is u a le s , nos lle v a r ía , por sup uesto , fu e ra del m arco de esta
d ise rta c ió n . No o b stan te , v o y a re fe rirm e , a u n q u e se a sólo b re v e m e n te , a
a lg u n a s de e lla s .
A p a rtir del d e scu b rim ie n to de la p e rsp e c tiv a el a rte co m enzó , poco a poco,
a d e c lin a r. He a q u í a lg u n a s de sus c a u s a s :
Con la p a la b ra R e n acim ien to se d e sig n a por lo g e n e ra l sólo u na te n d en cia

38

Discurso inaugural
V o rd e m b e rg e - G ild e w a rt
Discurso in au gu ral pronunciado por
g e -G ild ew a rt en la exposición del
artistas m odernos de la A rg e n tin a "
M unicipal de

M aldon ad o y Fernández Muro

V ordem b er­
"G ru p o de
en el Museo
Am sterdam .

�en el a rte y en la h isto ria del a r te ; p ero , en las c ie n c ia s , esta te n d e n cia tiene
m uch a m a y o r s ig n ific a c ió n .
Rom a e ra el centro del m undo , es d e c ir, "c e n tro -c e n tra l-sim e tría -p o d e río ", pero
u na c a d e n a de d e scu b rim ie n to s a lte ró to talm e n te el concepto del m undo.
C ito , so m e ra m e n te , los p rin c ip a le s d e scu b rim ie n to s.
Leo n ard o d a V in c i siste m a tizó la p e rsp e ctiv a c o n te m p o rá n e a m e n te a l d escu ­
b rim ie n to de A m é ric a . El d e scu b rim ie n to de la im p re n ta es ta m b ié n un p ro ­
greso en el e sp a cio : la razó n co n q u ista el e sp acio . C o p é rn ico coloca el sol
en el centro del sistem a p la n e ta rio . K ep le ro in v e n ta el telesco pio a stro n ó ­
m ico: o tra co n q u ista del e sp a cio . Y cu a n d o en 16 09 G a lile o , por m edio de
un c a ta le jo de su in v e n c ió n , lo g ra o b s e rv a r la e n tra d a de b arco s en el
puerto de V e n e c ia , que no se a lc a n z a b a a v e r a sim p le v is t a , el esp acio
h a b ía sido d e fin itiv a m e n te d e scu b ie rto .
¡N o es a d m is ib le que to d as e stas n u e v a s se n sacio n e s no h a y a n tenid o in ­
flu e n c ia so bre el arte ! La in flu e n c ia e je rc id a se cu m p lió , sin e m b a rg o , a
tra v é s de recurso s de ilu sió n , d e s fa v o ra b le s a la a u té n tic a a c tiv id a d c re a d o ra .
D entro de esta c u rv a descen d ente e xiste n m uch as e ta p a s de im p o rta n c ia ,
o tras de in a c c ió n , pero n in g u n a de in tro sp e cció n , re c a p a c ita c ió n o au to co n ­
trol. En lo que a l a rte se re fie re , el sig lo X IX , de tan b rilla n te s é xito s en el
cam p o de las c ie n c ia s fís ic a s , p rese n ta un aspecto d e so la d o r. En re a lid a d ,
es im p o sib le h a b la r de v e rd a d e ra a c tiv id a d c re a d o ra .
Pero ¿ p o r qué el a rte es tan se v e ra m e n te c a stig a d o ? ¿ C u á le s son las c a u sa s
de esta d e c a d e n c ia ? Pueden co m p ro b arse dos fa cto re s en el estud io de
esta d e c a d e n c ia :
1) la p e rs p e c tiv a , que o rig in a la tra ic ió n al p lan o .
2) el a d v e n im ie n to del v irtu o sism o , cu y a re lació n con la p e rsp e c tiv a es
e vid e n te .
La p in tu ra ha d e b id o p a g a r un alto p recio por su re n u n cia m ie n to a l p lan o .
C o n v ie n e re c o rd a r que el p lan o h a b ía sido resp e ta d o por las g ra n d e s cu l­
tu ra s a tra v é s de los sig lo s. R eco rdem o s, a l p a s a r, q u e los fo nd os o ro , p re fe ­
rid os en v a rio s p e río d o s, e x p re s a b a n en fo rm a id e a l la v o lu n ta d del planism o. El p la n o , de por s í, n un ca p uede te n e r c a rá c te r im ita tiv o .
La lín e a descen d ente del a rte se in te rru m p e a fin e s del sig lo X IX y p rin cip io s
del X X . El "im p re s io n is m o " y el " Ju g e n d s til" p ro vo can una re c a p a c ita c ió n
y re o rie n ta c ió n . El "im p re sio n ism o " e m p ie za por re sp e ta r las leye s p ictó ricas
del p la n o . Sus p in tu ra s " a u p lein a ir " co n sistían a m enudo en f ija r so bre la
te la el in sta n te de un m o vim ie n to ; en o tras p a la b ra s , la o b ra " im p re s io n is ta "
d e b ía te n e r fo rz o sa m e n te u na ejecución r á p id a . Si p a ra lo g ra r esta fin a lid a d
e n tra b a n en juego el pincel grueso y el fre n e s í en la re a liz a c ió n p lá s tic a , ta le s
elem ento s e sta b a n p le n am e n te ju stific a d o s en el "im p re s io n is m o ". En c a m ­
bio, en las e xp re sio n e s a rtís tic a s que le s ig u ie ro n , el pincel grueso y el fre n e sí
p a sa ro n a ser elem ento s tan peligro sos com o, siglos a n te s, lo fu é la p e rs­
p e c tiv a . Lo cierto es que c u a lq u ie r recurso o tecnicism o es ene m ig o de la
crea ció n (G e sta ltu n g ) c u m p lid a con h o n e stid ad y rig o r.
El R e n acim ien to se v ió o b lig a d o a a b a n d o n a r los p rin cip io s a rtístico s de la
Ed ad M e d ia . Los que v iv im o s en el sig lo X X debem os tr a ta r , b asá n d o n o s
en las p o sib ilid a d e s p rese n tes, de lle g a r a nuevo s re su lta d o s. A p e sa r de
to d as las co n fu sio n es re in a n te s en n uestra é p o ca , no puede n e g a rse q u e,
desde hace 30 ó 40 a ñ o s, u n a g ra n revo lu ció n a rtís tic a se está cu m p lie n d o .
D espués del estrep ito so triu n fo del pseudo a rte y del fa ls o p atetism o , s u r­
giero n e x p lo ra d o re s del n uevo a rte , como S u lliv a n , v a n de V e ld e , los fu tu ­
ris ta s , cu b ista s y los a rtis ta s del "D e S tijl" , q u ien es cre a ro n un m undo e s p i­
ritu a l y a rtístic o de c a ra c te rístic a s in é d ita s, un m undo q u e , de acu e rd o con
sus p ro p ia s le y e s, ha co n fo rm a d o una n u e v a re a lid a d e stética .
Con la a y u d a del n uevo " a b e c e d a rio v is u a l" la b e lle za re sp la n d e c e en
fo rm a sim p le y d irecta y en la m a y o r a rm o n ía . D e s a p a re c ie ro n , p u es, el
p atetism o y las a b s u rd a s e x a g e ra c io n e s .
El a rtis ta a c tú a , a h o ra , en fo rm a c re a d o ra y a la v e z r e fle x iv a . A l a d o p ta r
esta actitud se co nstitu ye en co n tin u a d o r de la tra d ic ió n del a rtis ta p re re n a ­
ce n tista . Los a rtis ta s a p o d a d o s " R a d ik a lin s k y " (re v o lu c io n a rio s) so n, por
p a r a d o ja , los h ere d ero s de la tra d ic ió n . Esto im p lic a , sin d u d a , u n a s a lu ­
d a b le re co n ciliació n con el p a s a d o ; coloca al h om bre cre a d o r en el lu g a r
do nde la re fle x ió n n un ca es e n e m ig a del a rte .
C r e a r, in d a g a r e id e a r son a c tiv id a d e s a rm ó n ic a m e n te p a r a le la s . El dicho
"el p in to r se h ace en la p rá c tic a " me p are ce p u e ril. T o d a v ía h o y, tanto
en tre a rtis ta s como entre a m a n te s del a rte , se co n sid e ra la fo g o sid a d p ic­
tó rica como un m edio de e v a lu a c ió n y un a trib u to in d isp e n sa b le del a rte .
U na p in tu ra que no te n g a rastro s de la m an o del a rtis ta es re c h a z a d a
como m e z q u in a y a n é m ic a . La re a lid a d , en c a m b io , es m u y o tra .
Las p a la b ra s de P au l K lee : "E l a rte no rep ro d u ce lo v is ib le , h ace lo v is ib le " ,
son a ú n a c e p ta d a s . O tro in n o v a d o r, el arq u itecto y p e n sa d o r a m e ric a n o

F rie d e l V o rd e m b e rg e -G ild e w a rt
Pintor, escultor, poeta, publicista, g ráfico y e d i­
tor. N ace en O snabrü ck (A lem an ia).
Estudia
escultura, arquitectura y tip o g rafía en Hannover ("K unstgew erbesch ule" y "Technische Hochschule"). 1919: se une al grupo d a d a ísta . Am is­
tad con Schw itters. Films abstractos en 1920.
Expone en el "Stu rm ": 1923-1924. Desde 1919
hasta 1935 reside en Hannover. 1924: grupo
"S tijl". 1929: expone en P arís, G a le rie Povolotzky.
1932: "A bstractio n-C réation -A rt non-fig u ratif" en P arís. 1931: representa a A le m a ­
nia en el "C o n g rés p rep arato ire du musée contem porain" en La S a rra z, Su iza. 1934: exp o si­
ciones en Roma y M ilán. 1936: v ia je a Berlín.
1937: Su iza. 1938: se rad ica definitivam ente en
Am sterdam . Es autor de un libro de poem as:
"M illim iter und gera d e n "
(Editions D u w aer,
Am sterdam , 1940). Sus obras figuran en las
principales colecciones p riv a d a s y m useos de
Europa y Am érica.

1954: prem io adquisición en
la II Bienal de Sao Paulo.

39

�S u lliv a n , a lre d e d o r de 1 8 8 5 , logró d e m o stra r, m e d ia n te su c o n sig n a : " la
fu n ció n im pon e la fo rm a " , que lo o rg á n ic o es un elem ento in d isp e n sa b le
en la crea ció n de la fo rm a (G e s ta ltu n g ). Por lo ta n to , q u isie ra h ace r n o tar
de in m e d ia to que debem o s c u id a rn o s de a s o c ia r el concepto de lo o rg án ico
so la m e n te con el proceso de crecim ie n to del h o m b re, de la p la n ta o del
a n im a l. El n acim ie n to de u n a o b ra de a rte es ta m b ié n un proceso de
crecim ien to .
El fu n c io n a lis m o , en cuanto siste m a , se a p o y a en la re fle x ió n , de a h í que
la re fle x ió n y la e co n o m ía de recursos co n stitu ya n los puntos de p a rtid a
de to da a c tiv id a d c re a d o ra de fo rm a s (G e sta ltu n g )
La " id e a de la im a g e n " (B ild -ld e e ) tiene su o rig e n en el color y no a la
in v e rs a . C o lo r es e n e rg ía como es e n e rg ía ta m b ié n la lin e a . D espués del
caos de los fa ls o s e stilo s, la sen te n cia de H en ry v a n de V e ld e , fo rm u la d a
en 1 8 9 0 , a su m e un sentido p ro fético : " L a lín e a re p re se n ta u na fu e rz a que
ac tú a como to das las fu e rz a s e le m e n ta le s. La lín e a es u na fu e r z a , y d e riv a
d ich a fu e rz a de la e n e rg ía de q u ien la tra z ó " .
A h o ra , c u m p lid a y a la re d e fin ic ió n de los elem ento s b ásico s, p ued e de cirse
lo m ism o del co lo r. El co lo r, lib e ra d o de todo la s tre , o p e ra a c tiv a m e n te :
este co lo r, por e je m p lo , no s ig n ific a n a d a , ni a q u é l, ta m p o co ; es lo que
v iv e entre am b o s lo m ás im p o rta n te , es decir-, la re la c ió n .
Y con esto lleg a m o s a un punto p a rtic u la rm e n te crítico . En el fo n d o , com ­
p ro b am o s que y a no e xiste m ás el p rin cip io de la fo rm a , sólo e xiste la
crea ció n (G e sta ltu n g ). Es el v a lo r de las re la cio n e s entre los co lo res, de
las tensio nes que en tre ello s se e sta b le c e n , lo v e rd a d e ra m e n te im p o rta n te .
Las tensio nes d eben ser a p re h e n d id a s no sólo de un m odo v is u a l sino
ta m b ié n a u d itiv o .
La cre a ció n a b so lu ta por m edio del color se r e a liz a , como a c a b a m o s de
d e c ir, a tra v é s de la e n e rg ía . Estas e n e rg ía s son d e lic a d a s o ru id o sa s, e le ­
g an te s o g ro se ra s , su tiles o v io le n ta s . De a h í que co n v e n g a h a ce r un m in u ­
cioso e x a m e n del e sce n a rio donde se producen estos a co n te cim ien to s: el
p lan o pictórico.
Es la fo rm a del p lan o pictórico (su " fo rm a to " y su ta m a ñ o ) lo que co nstitu ye
el punto de p a rtid a de la creació n p ictó rica (B ild g e sta ltu n g ).
El a rtis ta debe e sta b le c e r, de e n tra d a , si el p lan o te n d rá u na dispo sició n
h o rizo n tal o v e rtic a l. Pues sien d o el h o m b re, por n a tu ra le z a , u n a e n tid a d
v e rtic a l, se produce sie m p re u n a tensió n fre n te al " fo rm a to " h o rizo n ta l,
m ucho an te s aú n que el a rtis ta h a y a e m p e za d o a p in ta r. U na v e z e s ta b le ­
cido el " fo rm a to " se p rese n ta el seg u n d o p ro b le m a ; ¿d eb e el p lan o ser
g ra n d e o p eq u eñ o ? En este se n tid o , co rre sp o n d e a c la r a r que u na " g r a n "
p in tu ra debe se r de v e rd a d e ra " g r a n d e z a " y no la a m p lia c ió n de una
p e q u eñ a p in tu ra . A l n a ce r la " id e a del c u a d ro " (B ild -ld e e ), to d as estas
re la cio n e s y el d in a m ism o p rod ucido s por las e n e rg ía s del co lo r, d e te rm i­
nan e sp o n tá n e a m e n te el " fo rm a to " del p lan o pictó rico . Es re a lm e n te a so m ­
broso que la m a y o ría de los a rtis ta s no se den cu e n ta de este p rin cip io
e le m e n ta l. C u esta creer que h asta hoy los a rtis ta s m o d ern o s, so bre todo
los de P a rís , usen au n los tres tipos de " fo rm a to " a u to riz a d o s por la A c a ­
d e m ia : " f ig u r a " , " p a is a je " y " m a r in a " . Pero "d im e n s ió n " y " ta m a ñ o " no
pueden e x p re s a rs e en "fo rm a to s " s ta n d a rd iz a d o s . Si a p e sa r de esto se
sin tie ra la n ece sid ad de in te rv e n ir p a ra o rd e n a r u na co m p o sició n , el " f o r ­
m ato " p o d ría , sin d u d a , fija r s e o rd e n a d a m e n te , pero sie m p re de acu e rd o
con la ló g ica p ictó rica y sin p reten d e r q u e la ló g ica p ictó rica d e b a som eterse
al "fo rm a to " .

A lfredo

H lito

M u ch as v e ce s, sea que el p énd ulo se d e sv íe h a c ia la co n so n a n cia o h a c ia
la d iso n a n c ia d in á m ic a . . . , la b e lle za p a sa d e s a p e rc ib id a . C o lo r, núm ero
y te n d e n cia com ponen la a rm o n ía . La b e lle za y el ritm o de u na o b ra de
a rte no nos a tra e n ja m á s ni por se n tim ien to ni por la so la ra zó n . Es el
conjunto de los elem ento s: se n tim ie n to -co n o cim ie n to -ra zo n a m ie n to -su b y u g a ­
ció n , que nos p e rm ite , v e r o ír y se n tir u na o b ra de a rte .
Y a s í lle g a m o s a la e sen cia del a rte a c tu a l. El a m a n te del a rte y a no p e rm a ­
nece p a s iv o fre n te a la o b ra : é sta , por el c o n tra rio , lo in v ita a to m ar p arte
a c t iv a . A h o ra , se tra ta de p e n e tra r en n uevo s te rrito rio s que an te s no e x is tía n ,
a h o ra , se nos in v ita a v iv ir in v e n cio n e s co m p le ta m e n te n u e v a s y no del
d e scu b rim ie n to de lo y a e xiste n te .
Si el n uevo le n g u a je del a rte v is u a l se sitú a por e n cim a de todo n a c io n a ­
lism o , si no se d e tie n e n un ca en fro n te ra s , si a p a re c e en to d as p arte s como
un fe n ó m e n o c a ra c te rístic o de n u e stra é p o ca , es p o rq ue en to d as p arte s h a y
fu e rz a s en a c tiv id a d , u n id a s en un m ism o id e a l. T a m b ié n en la A rg e n tin a .
C e le b re m o s, entonces la o p o rtu n id a d de d is fru ta r en nuestro p a ís las o b ra s
de la v a n g u a rd ia a rg e n tin a .
Y con esto q u ed a a b ie rta la e xp o sició n .
2 de O ctu b re de 1 9 5 3 .

40

La revista "n v " a g rad e ce a la Sra. van Hall y
al Sr. Pappenheim la colaboración prestada en
la tare a de vertir al español el discurso de
V ordem b erg e-G ildew art. En el texto originario
en holandés, V ordem b erg e-G ildew art ha utili­
zado , repetidas veces, la p a la b ra
alem an a
"g estaltu ng " (form ación y configuración), por
su e x p resa voluntad (a hemos conservado, en­
tre paréntesis, en el texto español.

�Buenos Aires

G alería Krayd

lom m i, O cam po, M aldonado

41

�foto S. v. S.

Pintor y gráfico. N ace en Buenos Aires en 1923.
Estudia en la A cadem ia de Bellas Artes. 1945:
pintura exp resio nista ab stracta. 1946: miembro

Alfredo Hlito

"C on stru cción " (1953).

42

fu ndado r del grupo Arte Concreto. Publica tra ­
bajos teóricos en la revista "A rte Concreto" y
"n v " de Buenos Aires. Desde 1946 expone en
m uestras colectivas. Prim era exposición indivi­
dua! en la g a le ría V an Riel (1952). V ive en
Buenos Aires.

�n

"N egro a la izq u ie rd a'7 (1953).

Fernandez-Muro

Pintor y gráfico . N ace en M adrid en 1920. Se
tra sla d a a la A rgen tina en 1938. Com pleta en
Buenos A ires su form ación artística . 1942: p ri­
m era exposición en la A rgen tina. 1948: Euro pa.
Expone en M adrid en la G a le r ía Buchholz y en
P arís en la m uestra la tin o am erican a o rg a n iza d a
por la Unesco. V iv e en Buenos Aires.

Enío lommi
Escultor. N ace en Rosario en 1926. Se inicia
artísticam ente en el talle r de su p ad re, escultor
italian o .
1946: prim eras esculturas concretas.
M iem bro fu n d ad o r del grupo A rte Concreto.
1948: continuidades lin eales en a lam b re . Vive
en Buenos A ires.

43

�Pintora. N ace en Buenos A ires en 1920. Inicia
sus estudios artísticos en Buenos Aires. 1948:
Europa. Exposiciones en A rgen tina y Europa.
V ive en Buenos Aires.

Claudio Giróla

Escultor.

N ace en Rosario en 1923.

Estudia en

la A cadem ia de Bellas Artes. M iembro fu nd ad o r
del grupo Arte Concreto. Expone desde 1946 en
Buenos A ires.

44

En 1949 v ia ja a Europa.

Realiza

una exposición in divid ual en M ilán y participa
conjuntam ente con los artistas del "M. A. C ."
("M ovim ento arte concreta") en la muestra co­
lectiva en Com o (Ita lia ). V ive en Buenos Aires.

Sarah Grilo

�Pintora. N ace en 1921 en Resistencia (A rg enti­
na). 1941: se inicia en la pintura. 1944: form a
parte a ctiva del grupo de va n g u a rd ia constituido
en torno a la revista "A rtu ro ". 1946: miembro
fu ndado r del grupo Arte Concreto. Expone re­
gularm ente en m uestras colectivas del grupo
Arte Concreto. 1952: v ia ja a Europa (Ita lia , Su i­
za y Francia). V ive en Buenos Aires.

foto M ax Jacobi

45

�Miguel Ocampo

"P in tu ra 53 - 123".

46

Pintor y arquitecto. N ace en Buenos A ires en
1922. Se inicia como pintor en 1944. 1948: v ia ja
a Europa. P arís: m uestra in d iv id u a l, p a rticip a ­
ción en el "Saló n des ¡eunes peintres" y en la
m u e s t r a la t in o a m e r ic a n a o rg a n iza d a por la
Unesco. V iv e en Buenos A ires.

�Tomás Maldonado
Pintor,

g ráfico

y

publicista.

N ace

en

Buenos

Aires en 1922. En 1938: A cadem ia de B ellas A r­
tes. 1944: prim eras pinturas concretas. Revista
"A rtu ro ". 1946: m iembro fu ndado r del grupo
Arte Concreto y codirector de la publicación que
lleva el mismo nombre.

T rab ajo s teóricos en re­

vistas nacion ales y e xtra n je ra s. M iem bro p a rti­
cipante de los C .I.A .M . (Congrés In tern ation au x
d'architecture moderne). Director de la revista
"n v " . V ive en Buenos A ires.

Tom ás M aldon ad o
"Tres zo nas y dos tem as circu lares"
colección J. M. Borthagaray

Alfredo Hlito: Premio adquisición en
la Segunda Bienal del Museo de Arte
Moderno de San Pablo.

El prem io otorgado por la Segunda Bienal del
Museo de Arte M oderno de San Pablo ha corres­
pondido, pues, a un artista de sentido u niversal,
cuyo em peño creador se proyecta sobre diversos
órdenes de la visión contem poránea.
E. B.

La conferencia anual de diseño in­
dustrial de Aspen

El ¡urado de la Segu n da Bienal del Museo de
Arte M oderno de San Pablo discernió un premio
adquisición a una de las obras exp uestas por
nuestro secretario de dirección, A lfredo Hlito,
quien se encuentra actua'm ente en Europa. Esta
distinción, otorgada a un artista argentino en
una exposición in tern acion al, adonde concurrie­
ron los creadores plásticos de m ayor g ra v ita ­
ción y trascendencia de casi todos los p aíses
del m undo y de las m ás diversas tendencias
estéticas, constituye p a ra nuestro p a ís un mo­
tivo de ju stificada satisfacción.
El prem io im plica, a d e m ás, un honroso recono­
cimiento a la labor de muchos años de un a r ­
tista identificado desde muy ¡oven con las p rác­
ticas cread o ras m ás d e p u ra d as, a través de las
cuales supo d a r m uestras de un espíritu o rg a ­
nizado y sutil, traducido tanto en sus obras
plásticas como en sus trab ajo s teóricos y de
orientación crítica.
C re ad o r lúcido, su inquietud le ha permitido
e n ca ra r distintas soluciones plásticas, sign ad as
generalm ente por la precisión form al y un d e s­
pierto sentido crom ático. Hlito ha efectuado tam ­
bién im portantes contribuciones en el cam po de
la s a rte s g ráficas. En este último orden, se ha
distinguido m ediante tra b a jo s fundado s en una
certera utilización de los recursos del lenguaje
visual.

Desde 1951 se viene efectuando, en Aspen (Esta ­
dos Unidos), una conferencia anu al de diseño
industrial. La ciudad que sirve de escenario a
estas conferencias, se encuentra situad a en ple­
na m ontaña en el estado de C olo rad o . A fines
del siglo p a sad o , era uno de los centros mineros
productores de p lata m ás im portantes de la re­
gión. Por esa épo ca, su población llegó a los
50.000 habitantes, pero al descender el precio

1953.

de la p lata esa cifra se redujo a 500. En !a
a ctu a lid ad se ha convertido en activo centro
de deportes de invierno y sus pobladores a lc a n ­
zan a 3.000.
El propietario de la m ayor parte de los terrenos
de esta lo ca lid a d , W alter Paepcke, promovió la
creación en Aspen de una serie de organism os
culturales. Paepcke, que es presidente de la
Con tain er C orporation, creó el C olegio de Estu­
dios H um anísticos, donde se lleva a cabo a n u a l­
mente un festival de m úsica con la intervención
de los m ás d estacad os intérpretes. Asim ism o se
efectúan a llí, ad em ás de la conferencia de dise­
ño que nos ocupa, congresos de filo so fía , socio­
lo g ía , historia, etc., con la asistencia de espe­
cialistas de diversos p aíses.
Los dos prim eros congresos efectuados en Aspen,
en los años 1951 y 1952, fueron o rg a n iza d o s y
dirigidos por el propio Paepcke. El de 1953, al
que asistie ra el autor de estas lín e a s, estuvo
a cargo de Leo Lecnni, "a rt director" de la
revista Fortune.
A ese congreso concurrieron
person alidad es del diseño industrial como M ax
Bill, N icolaus Pevsner, director del A rchitectural
Review de Londres, profesor de historia de la
Arquitectura en C am b ridge y Londres y autor
de un conocido tra b a jo sobre diseño ("Pioneers
of the modern movement, from W illiam s Morris
to W alte r G ro p iu s", London, Pellikan) y Buckminster Fuller, quien a ca b a de re a liz a r la h a za ñ a
de cubrir un hall de la exposición Ford con una
cúpula de 30 metros de diám etro, cuyo peso
era el doceavo del de la solución convencional
m ás liv ia n a presentada. Fuller trajo , d e sa rm a ­
d a , una p eq ueñ a cúpula de 12 metros de d iá ­
metro, in teg rad a por m ad eras, papel engom ado
y cuerdas de plástico, que tuvim os el placer de
a rm a r en el térm ino de dos horas.
Tam bién estuvieron presentes en la conferencia
C harles Eam es, Douglas H askell, editor del Archiectural Forum y House-Hom e, A lvin Lustig,
Herbert B ayer, Xanti Sch aw in sky, Enrico Peressutti, Hin Breindendieck y num erosos diseñad ores
jóvenes, profesores y alum nos de escuelas de
diseño.

47

�"stream lin ing " (form as aero din ám icas). A todo
ello Bill opone el simple y recto ideal de las
buenas form as, el diseño honesto de todo cu a n ­
to la hum anidad necesite form ar o reform ar,
desde las m ás peq ueñas tazas de m aterial p lá s­
tico hasta e! planeam iento de m ejores ciudades
que alojen a las nuevas generaciones.
Una corpcrizació n de tales ¡deas nos llega a
través del mismo libro que com entam os, cuya
presentación tipo gráfica constituye un m agnífico
ejem plo de buen diseño. A p arte del artículo
sobre Forma y arte, que sirve de introducción,
el libro contiene, entre otros, un tra b a jo sobre
Educación y creación, que fu era publicado en
el número 2 /3 de "n v ".
E. B.

Le Corbusier: "Oeuvre complete 194952", publicado per W. Boesiger, Ed.
Gisberger-Zürich, 1953.
Con la je rarq u ía y cuidado de sus anteriores
libros, W illy Boesiger ha publicado recientem en­
te este volumen que presenta los trab ajo s de
Le Corbu sier entre los año s 1946 y 1952. P erío­
do de p articu lares características, en el cual p a ­
reciera operarse una condensación del proceso
creado r del arquitecto. A su prim itivo interés por
las relaciones entre la m áquina y las " a le g ría s
ese n cia le s", Le Corbu sier a g re g a a h o ra nuevos
elem entos. Estos nuevos elem entos, según W .
Boesiger, nacen de " la s preocupaciones y d e b a ­
tes interiores surgidos del sentimiento angustioso
de las de sa rm o n ía s, que tan a m enudo separan
a los hom bres". Su filiació n, sin em bargo, d e­

b ería buscarse tam bién en todo aquello que,
en el estado actual del m undo, perm ita recu­
p e ra r la reflexión y la ponderación, produciendo
form as nuevas y factibles.
Las pág in as de este libro, en su totalidad , tra s ­
lucen la urgencia de construir y v erificar, a n ti­
gua pecu liaridad de Le C orbu sier, hoy, sin du da,
in tensificada. A p oyad o en ella, trata de a p ro ­
vechar al m áxim o la estructura social existente
a g reg án d o le, no sin flu id e z, otros valores que
favorecerán en lo futuro su transform ación.
Es dentro de este espíritu como ha resuelto la
u rb anización de Bogotá. D esarro llan do la vieja
cuadrícula e sp a ñ o la, Le C orbu sier ubica grupos
de "m onoblocks" en el interior de g rand es parce'as y d eja intacta parte de la ciudad antigua.
A lg o sim ilar sucede con la form a continua y
a h u sa d a del núcleo rural, en la ciudad en g ra ­
dientes p a ra la Saint-Baum e o en el proyecto
"R o q " y "Rob".
Las soluciones ad o p ta d a s, a s í como la aparen te
"n o -g eo m etría" de a lg u n as de sus form as, po­
d ría ser in terpretad a como un retroceso. Sin em ­
bargo,. la "p ro m enad e architectu ra'e" de estos
proyectos, tanto en sus im plicaciones sensibles
cuanto sociales, indica lo contrario. Lo mismo
puede decirse del edificio de M arsella y de los
proyectos de N antes-Rezé y del concurso de
Estrasburgo. Lo cierto es que, una vez p la n ­
teado el medio urbanístico y sus vinculaciones
con el entorno gen eral, Le Corbusier lleva a
cabo su ¡dea con tal fu e rza que sus re a liz a cio ­
nes rebasan la órbita estrictam ente arq uitectó­
nica y asum en una honda significación a n tro ­
pológica. La po sibilid ad de ejecución inm ediata
es en estas ob ras tan estim able como su inten­
ción de proponer un "h a b ita t" distinto.

De a h í que las urb an izacion es y te o rías u rb a ­
n ísticas, m aterial predom inante del tomo, cons­
tituyan en Le C orbu sier el principal sím bolo de
sus asp iracion es culturales. En última in stancia,
su m ayo r anhelo es fu ndir en una sola realid ad
arte, sociedad y lo que él denom ina "sentido
de lo contingente".
Ante las dificultades que esto presupone, Le
Corbu sier p lan tea hoy procedim ientos creadores
que, por su libertad y su orden, sean capaces
de g e n e ra r múltiples sistem as. Todas sus investi­
g aciones, en particu lar después de 1946, tienden
a log rar la síntesis por este cam ino.
A s í, en la págin a 83, encontram os una de sus
proposiciones m ás am b iciosas: un nuevo modo
de entender la síntesis de las artes m ayores
(proyecto de exposición perm anente en la Puer­
ta M aillot). Con este proyecto, Le Corbu sier se­
ñ ala la necesidad de crear, en lu g a r de m useos,
instrumentos especiales que, aun qu e no estric­
tam ente arquitectónicos, consigan e x a lta r v isu a l­
mente lo que se exhibe.
O tro esfuerzo de síntesis lo constituye la actual
u rb anización de C h a n d ig a r, que, al mismo tiem ­
po, objetiva sus ¡deas m ás a b stra cta s y con­
den sa, a través de edificios y signos esculpidos,
su finísim o m undo poético.
En la cap illa de Roncham p, la intención sintética
debem os b uscarla en la unidad acústico-arquitectónica, de tan evidente predom inio en este pro­
yecto. Por su parte, la "p atente 226x226^ 226"
log ra estatuir una arm ónica relación entre lo
tecnológico y lo habitable. La casa Curutchet,
las de C h in an h a i, Fueter, laon e, etc., trasuntan
una inquietud sim ilar. Estos son los m ateriales
m ás representativos del libro de W . Boesiger.
J. G .

D a b in o vic-G aid o -R o ssi

G a r c ía V á z q u e z , V it a li, F rig e rio

A lfre d o D. F e rn á n d e z

C o rrie n te s 222 p. 12

A re n a le s 2 8 3 9

H e re d ia

M a n u e l Jo sé P az

A s ía n y E zcu rra

P erro n e y A y e r z a Ltd a. S. A . (C o n st.)

C h ile 1449 o f. 5

M o n te vid e o 69 0

M o n te vid e o 4 3 4

1529

E n riq u e A lv a r e z C la ro s

Jo rg e To m ás S a la s y P atricio Billoch

S á n c h e z E lía , P e ra lta R am o s, A g o stin i

M a n zo n e 823 A ca su sso

S a rm ie n to 643

A re n a le s

A lfre d o Ib a rlu c ía y R icard o K ig u e l

o .a .m .

Jo sé León A ld a o

J u n ín

C e rrito 1371

G üem es 3390

1472 P. B. " B "

1 1 32

1la

discos

quena

as heras 1821
inamonte 859

novedades

long-play
irrompibles para niños

50

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m ú sica

co m b in a d o s

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i r t e r i e

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muebles
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lám paras

paraguay 545 t. e. 32/0317

■

"SER VICIO
EFICIEN TE Y
GENTIL ES
EL DE

KL M'

dobila

dice el Sr.

MIGUEL D. I. TELLECHEA

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ce rrito 1371

De la empresa industrial
"Tellechea S .R .l "
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más la atención; el eficiente |
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51

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15 DE CALIDAD ARTEFAC)
'OS MODERNOS DE C,

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RTEFACTOS MODERNO.

q a Ia t e a
viam onte 564 buenos aires

HUMBERTO /o

2BA1

n

U e s e a saborear
un g ra n c o p e tín ?

ROYALLUDGATE
G I N
(Con g o t e r o a u t o m á t i c o )
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52

��Imprenta López - Perú 666 - Buenos Aires

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                <text>Dorner, Alexander&#13;
Gueft, Olga&#13;
Barthagaray, J. M.&#13;
Maldonado, Tomás&#13;
Preston, Stuart&#13;
Kiesler&#13;
Schawinsky, Xanti&#13;
Dorfles, Gillo&#13;
Williams, Amancio&#13;
Gildewart, Vordemberge</text>
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                    <text>J u a n ita S u jo .

(Véase página 4 .)

A N O I * N ° 5 * Q U IN C E N A R IO P O P U L A R

* ESPECTACULO S, L IT E R A T U R A , N O T IC IA S, CIENCIAS, A R T E S * B U E N O S

SOBRE LA ELOCUENCIA
EN LAS ASAMBLEAS Y CONGRESOS
por GEORGES D U H A M E L

AIRES, 10 DICIEMBRE 1946 * $ 0,40

ESPAÑA EN SU HISTORIA '0
por A M E RICO CASTRO
(Especial para Cabalgata.)

(Especial para C abalgata.)

n país no es una entidad fija, un escenario en donde
lectuales—, en el orden intelectual, digo, no se hace nada
el tiempo va representando el espectáculo de la vida.
en éompañía. Creo en el trabajo del hombre solo, que ha
./que permite a sus lectores no saber
La tierra y sus límites pueden estar dados por la geografía,
nada—, nos dan en sus ediciones de la pesado todo, construido todo, corregido todo, y, finalmente,
mañana, de la tarde y de la noche, una firmado todo. El resto no es más que paparrucha. Por lo pero la historia de un pueblo, la del hombre individuo-so­
cial, es algo que va surgiendo y mudándose en vista de las
cantidad de informaciones sobre la mismo, los textos presentados por un grupo y en los cuales
tareas que su vida le ofrece en cada momento. No hemos
marcha del mundo. Relatan en sus colaboraron varios hombres inteligentes son casi siempre
pensado este libro sobre el presupuesto de una civilización,
menores detalles los debates de las incoherentes e incomprensibles.
A propósito de estas reuniones nacionales o internaciona­ o sea, de unas estructuras valiosas desgajadas de quienes
asambleas que se celebran, —a veces
las engendraron y siguen viviendo bajo el horizonte que
varias al mismo tiempo— en determi­ les, algunos observadores de sangre fría pronuncian son­
aquellas estructuras determinan. No lo hemos hecho por ser
nadas ciudades capitales. Así, por riendo el término academismo. Es peyorativo. Se dice
ya bien sabido que Cervantes, Velázquez, Goya y Hernán
ejemplo, nos enteramos que, por se­ corrientemente de una obra que es académica cuando sacri­
Cortés tienen él puesto que les corresponde en el reino de
gunda vez en treinta años, se van a fi­ fica la substancia a la forma y el vigor eficaz a la correc­
los valores humanos. Conocemos, en cambio, defectuosa­
jar las fronteras de los países europeos, ción florida. No sé si la elocuencia prodigada en las
mente el sentido de la historia y de la vida que hizo posibles
que se trata de buscar un reparto me­ pomposas logomaquias que nos ocupan aquí tiene siempre
a aquellos y a muchos otros hombres extraordinarios, y ése
jor de las substancias alimenticias, que -—por lo menos— los méritos benignos del academismo.
es el motivo que tuvimos para emprender la presente obra.
los partidos políticos se han reunido Pero no podemos olvidar que de estas logomaquias depen­
Nos urgía percibir cómo un grupo de gentes, en un período
en congresos, que la justicia de los pue­ den a menudo algunas finalidades considerables tales como
crítico de su vida, y partiendo de la situación en que
blos victoriosos se propone castigar a la paz del mundo, la dicha de los pueblos, las instituciones
se encontraban, emprendieron nuevos rumbos a fin de
los culpables, que las grandes asocia­ de las colectividades, y, en definitiva, la suerte de los
hacer frente a peligros ineludibles y escapar a su total
ciones corporativas van a pronunciarse individuos.
ruina. Quisimos averiguar cómo se formó y se desarro­
Los usos de las academias se prestan indudablemente a la
por o en contra de la suspensión del
lló lo que hoy denominaríamos la forma, hispánica de
crítica, y, por supuesto, no me refiero aquí a su verdadero
trabajo, etc.
vida.
Sabemos sobre todo que cuando le papel, que los censores conocen poco, sino a sus manifesta­
Los pueblos, como los individuos, se
llega el turno a cada orador, cien fotó­ ciones públicas, a sus ceremonias. En
encuentran
a veces en situación angus­
realidad,
los
hombres
que
se
consagran
grafos toman instantáneas, que los
tiosa y al borde del aniquilamiento.
proyectores lanzan torrentes de luz so­ a esos divertimientos solemnes saben
En tan apretada coyuntura hay quienes
Colaboran
bre las tribunas, que los cineastas ha­ perfectamente que no comprometen los
se
dejan morir, o se dejan estar, y lo
intereses
esenciales
de
la
humanidad.
en e s t e n ú m e r o
cen uso de sus manubrios y que los
que sigue es vida inerte y sin afán, sin
aparatos de radio, dispuestos en los La mayoría de estos hombres han tra­
puesto en el mundo de los altos valo­
GEORGES DUHAMEL
buenos lugares, captan las más peque­ bajado largamente en la soledad, para
res. Nadie entonces labra el manjar
AMERICO CASTRO
ñas frases de las personas eminentes la mayor gloria de la ciencia o de las
que no perece. Pero hay ocasiones en
letras. Si llega a suceder que ceden
convidadas a esos torneos oratorios.
CORPUS BARGA
que los pueblos se yerguen, forman el
el academismo, lo que no es laudable ni
ROGER BASTIDE
Me cautiva enormemente la elo­ necesario, es una flaqueza venial. Y si
propósito de seguir existiendo a todo
cuencia, pero llego a preguntarme si es
ANTONIO SCHM1TZ
trance, se crean horizontes alentadores
(C
ontinúa
página
2.)
posible trabajar seriamente er. ese.. at­
GASTON BERTRAND
mósfera de feria dominical... Iba a
C. P. SONDESEGUSE
escribir en esa atmósfera de match de
E. V. COWDRY
box, pero me acordé oportunamente
LORD DUNSANY
que nunca tuve el delicado placer de
JULIO RINALDINI
asistir a un match de box. No, no creo
que sea posible hacer nada serio y efi­
CEORGE SINCLAIR
caz en esa luz anormal y deformante
JEAN QUEVAL
bajo cuya influencia cada hombre
NORMAN NICHOLSON
—aunque fuera un santo— está obli­
JAIME PAHISSA
gado a pensar en su personaje mucho
J. MORA GUARNIDO
más que en su mensaje.
JESUALDO
Por consecuencia, no fundo ninguna
S. CRITH
esperanza en las deliberaciones de esas
M. VILLEGAS LOPEZ
solemnes asambleas que son las misas y
les oficios de nuestras malhadadas so­
GONZALEZ CARBALHO
ciedades modernas. Me atreveré a aña­
ESTELA CANTO
dir que no creo en lo que se llama los
Una página de ciencia, por
trabajos de las asambleas o de los con­
JOSE OTERO ESPASANDIN
gresos. Un congreso puede escuchar
Una página de modas, por
leer un informe y pronunciarse útil­
FRANCISCO JAUMANDREU
mente sobre él por voto escrito, sobre
Ajedrez, por el profesor
todo si los asistentes tuvieron previa co­
FRANCISCO BENKÓ
municación del texto que se está leyen­
Reportajes gráficos. Crítica de
do. Pero sostengo que, en el orden inte­
libros. Crítica de cine. Humor.
lectual —y hacer una ley, redactar un
Teatro.
Rascacielos.
G e o rg e t D u h a m e l.
tratado, tomar una decisión, supone
(Véase Arquitectura, página 7.)
con todo diversas operaciones inte­

OS periódicos, que saben todo —lo

U

I

Epfe,
■fjm

Goya.

La m aja desnuda.

(Véase páginas 12 y 13.)

y sueñan con un futuro de eternidad.
Mas lo conseguido en tan críticas cir­
cunstancias es tan decisivo y eficaz
que acaba por fijarse en un tipo de
acciones, las cuales, a fuerza de repe­
tirse, labran un cauce a la vida, tanto
más hondo cuanto mayores fueren la du­
ración y la intensidad de la situación
vital en que aquellas acciones surgie­
ron. Se crea así una manera de exis­
tir que la tradición prolongada fija en
rasgos tenaces e imborrables.
Concebimos la historia como una bio­
grafía, como una descripción llena de
sentido de una forma de vida valiosa,
en la cual se darán luego unos u otros
valores, aunque, dentro siempre de
unos límites últimos e irrebasables. La
elasticidad de una forma de vida, in­
dividual o colectiva, tiene, en efecto, un
límite, y si nuestra familiaridad con
la vida biografiada es completa, po­
dremos predecir qué tipo de acciones
le será inaccesible. Cierto es que nues­
tro menor conocimiento de la psicolo­
gía existencial de los pueblos hace de­
licado hablar de cuánto tiempo, y cuá­
les circunstancias hacen falta para que
se forje y estabilice un carácter colec­
tivo. Mas, sea como fuere, habrá que
distinguir con cuidado los abstractos
conceptos de cultura y civilización,
de las vidas colectivas cuya forma ex­
presan. Cuando esto se haga, los con­
ceptos de "cultura de Occidente”, o
"latina”, o "eslava”, u "oriental”, resul­
tarán muy inadecuados. Se verá en­
tonces, para citar un ejemplo muy a
titano, nue dentro de esa vaguedad del
"mundo latino”
FVoncin « I t a ­
lia ostentan
distintos, muél
^ ^
secundarias señwjaír^?. Psra Hacerse
inteligible, la historia habrá de con­
vertirse en unidades biografiables.

Aun a riesgo de equivocarse y de ser
muy incompleto hay que entrar en el
existir de quienes vivieron su propia
historia; dentro, no fuera de ella; en la
historia, olvidando el estilo narrativo y
externo de la crónica. Si no "se ve”
previamente la forma en que la vida
ocurre, es inútil intentar narrarla, por­
que el resultado es un anecdotario inde­
finido. Hay que esforzarse por ver, en
unidades.en estructura, de dónde arran­
ca y hacia dónde tiende el vivir. Los
"hechos” no son historia, sino índices o
síntomas de ella. Tal es el motive de la
enorme desproporción entre la mole de
"materiales” acumulados desde el siglo
(C ontinúa página

2.)

�LETR a s
E S P A Ñ A EN SU H I S T O R I A
xvili y los ensayos para dar con sendas un Asín o un García Gómez. Pero he
de sentido en esa selva confusa. Las de decir, con igual honradez, que este
pueriles y alborotadas discusiones acerca libro no ha pretendido allegar nuevas
de si España tuvo o no tuvo Renaci­ noticias sobre nada, sino hacer inteligible,
miento o ciencia, es ejemplo caracterís­ históricamente, la forma única del vivir
tico de tamaña desorientación. Parece español —un vivir que hoy más que nun­
como si España hubiera sido una mu­ ca aprieta ese pobre “átomo del corazón”,
chacha rebelde y holgazana que se negó que dicen mis amigos los árabes.
a ir a la escuela en donde ■'enseñaban”
i Por qué vías salieron a flor de his­
a ser aplicados y buenos renacentistas.
toria tanta eterna maravilla y tanta in­
Enfocada así la realidad del vivir, des­ capacidad para caminar por este mundo?
aparece la abstracción de una España ya En examen de conciencia era inevitable,
dada "intemporalmente” sobre la tierra urgente, y a él consagré estos años ya
ibérica. Creíamos que sobre aquella su­ próximos al ocaso. Resultado de la ma­
puesta España eayó el accidente de la nera en que este libro fué concebido
presencia indeseada de musulmanes (y es su falta de un orden lógico. El mu­
de judíos), y que al marcharse éstos, cho detalle alterna con la intuición del
España (regresó a su eterno ser, des­ conjunto, tal vez en proximidad enojosa.
pués de un enojoso "intermezzo” de Un mismo tema reaparece varias veces,
800 años. No. Cuando hablo ahora de siempre que la situación en que nos ha­
"lo español”, esta noticia ocurre en mi llábamos ofrecía un miradero para nue­
conciencia con un aspecto y una forma vas perspectivas. El propósito no era
cuyo sentido no puedo rastrear con ante­ narrar una historia, sino hacer percepti­
rioridad al año 711. No va a importar­ bles la situación y la forma de existir
nos, por el momento, valorar como bueno el hecho, no mencionarlos por sí mismos.
o malo, lo acaecido desde entonces. De­ Hechos o datos valen como aspectos sig­
searíamos experimentarlo en nuestra vi­ nificativos de algo yacente bajo ellos.
sión histórica, en tal modo que se provea Errado o verdadero, deshilvanado o cohe­
de sentido y se haga inteligible históri­ rente, este libro mira hacia un conjunto,
camente. El sujeto de tal historia, que y por ello rogaría al lector que no falle
incompleta e imperfectamente liemos in­ en contra, antes de pasarlo hasta el final.
He tenido que desdeñar muchos mate­
tentado esbozar, es la entidad humana so­
bre que se basa el proyecto de vivir riales, penosamente recogidos. Por lo de­
y de pervivir, es el “yo” histórico que más lo escrito ahora sobre la Edad Ini­
tomó unas direcciones y renunció a otras, cial (que no Media) de España iba a ser
incompatibles con el curso de su existen­ un breve prólogo a un estudio sobre los
cia. Las voluntades humanas fueron la­ siglos xvi y xvii. Me di cuenta, sin em­
brándose un cauce, precisamente, volun­ bargo, de la falta de sentido, de lo abs­
tarioso, y que ha resultado ser el más tracto de citar términos como Renaci­
peculiar y el más extraño dentro del con­ miento, Contrarreforma y Barroco, tan
junto do los pueblos vecinos. Ni en Occi­ usados por mí, sin ver con nitidez en mi
dente ni en Oriente hay nada análogo a conciencia de qué estaba hablando, o sea,
España, y sus valores (sin que nos inte­ quién fuese la entidad a la que le acon­
rese decir si son superiores o inferiores)
tecía el curioso percance de aparecer, o
son sin duda muy altos y únicos. Ron de no aparecer, como renacentista, barro­
irreductiblemente españoles La Celestina, quista o lo que fuere. Vi mi casi total
Cervantes, Vclázquez, Goya, L'namuno, ignorancia del “sujeto” al cual pudiera
Picasso y Falla. Hay en todos ellos un referir con dignidad intelectual la masa
quid último que es español y nada más. voluminosa de los aconteceres, de las “in­
Todo pueblo posee, por de contado, una fluencias”, de los valores y de los desva­
forma de vida, porque si no no existiría lores. ¿Qué es y cómo es ese “quién” al
ni podríamos mencionarlo inteligiblemen­ cual le pasa vivir tan rica y dramática
te. Pero no todos los pueblos han adqui­ existencia? Supuse entonces que el pro­
rido una dimensión valiosa, universaliza- ceso vital se daba en una entidad histó­
blc y perenne.
rica, humana, integrada por una con­
Sé muy bien que mi obra es incom­ textura cristiano-arábigo-judía, y en la
pleta o imperfecta. He trabajado lejos cual se conjugaban y articulaban (o des­
de las bibliotecas y archivos españoles, articulaban) esas tres formas de existir.
hace muchos años mi morada dilecta. No No eab a, en efecto, ni decir que lo es­
he podido cotejar mis ideas con las de pañol era lo europeo ni que era lo orien­
personas más sabias que yo en hispanis­ tal, y hubo por tanto que idear una es­
mo, y me he servido de traducciones ára­ pecial categoría para hacer el problema
bes, que por excelentes que sean, no reem­ inteligible. El panorama se aclaró enton­
plazan la impresión directa que logran ces muy gratamente. La idea servía.

{ l 'iV’ir

de página

1.)

Santiago apareció de golpe como un antiMahoma; el Arcipreste de Hita, como
un mudéjar adaptador de Ibn Hazm; la
Inquisición, como una ciega y feroz
exaspe ración de la desesperación judaica;
la ausencia de poesía lírica entre los
siglos xi y x iii , como una reacción de­
fensiva contra la sensualidad musulmana;
Castilla, Cataluña y Galicia se colocaron
en su sitio, y aparecían haciendo lo que
era de esperar, etc.
Apretujada entre la embestida islámica
y la ambiciosa presión de Francia, Cas­
tilla desarrolló una existencia de enérgico
y hábil esgrimidor, ducho en ataques y
en paradas. El menester de existir bajo
la amenaza de la más alta civilización
existente en el mundo entre los siglos IX
y xi, llevó a Castilla a delegar en los
moros y judíos que sometía, el trato con
las cosas, las técnicas y lo que requiriera
detenerse a pensar. Moros y judíos pa­
saron a ser castas subyugadas, desdeña­
das, utilizadas como indispensables y, en
ocasiones, admiradas e imitadas muy de
cerca.
De este modo empiezan a salimos las
cuentas. Seguramente el panorama es in­
completo, y puede haber pn él de menos
y de más. Pero me atrevo a pensar que
el panorama, peor o mejor enfocado, es
así y no puede ser de otro modo.
En diversos lugares de este libro agra­
dezco las noticias y datos con que me han
favorecido algunos amigos. Especialmen­
te he de agradecer a mi colega Philip
K. H itti la paciencia con que ha sopor­
tado las preguntas de un mal conocedor
del árabe, y el haberme permitido usar
liberalmente la biblioteca de nuestro Ge­
minarlo Oriental.
Princetou li uiversit y, 1946.
(1) Fragm entos del prólogo al libro, de
próxim a aparición, España en su Historia.
Copyright hy Editorial Losada.

SOBRE LA ELOCUENCIA . . .
(V ien e de página

1.)

se mezcla la publicidad, con todo su apa­
rato de sunlights y micrófonos, esto no
hace mal a nadie. Es un juego gratuito.
Nada semejante cuando se trata de ali­
mentar a un continente, de dar una cons­
titución a un gran pueblo, de asegurar la
salvación del mundo. Son negocios y
asuntos serios a los que habría que reser­
varles el silencio, la discreción, los largos
trabajos previos, los beneficios del retiro
y de la meditación.
París, noviembre (le 1946. (Servicio de
Inter-Prensa.)

FT ARTF F&gt;T EUROPA NO ES UNA HERENCIA
EXPRESION DE LA VOLUNTAD
D E C L A R A C I O N E S DE A N D R E M A L R A U X
Malracx, ex ministro de Información, ha dado una conferencia en
la Sorbona, titulada: "Arte y Cultura”.
La conferencia ferina parte de un ciclo
organizado por la UNESCO y le per­
mitió a Malraux tratar del humanismo
europeo a través del arte en general y de
la pintura en particular.
El orador demostró cómo Europa era
el único continente en el cual la pintura
es un arte de perpetuo porvenir y parte
integral de su propio genio.
Al tratar luego de pintura moderna, el
autor de "La condición humana” tomó
como base de su afirmación la obra
de dos artistas que considera como polos
magnéticos de este arte: Manet, que pri­
mero de todo rompió con la visión obje­
tiva, y Picasso, exponiendo que el doble
j4 ndiíé

SUMARIO DEL NUMERO 4
DOS NUEVAS ANTOLOGÍAS POÉTICAS,
de Torre. "M on
F aust ”, oe P aul Valéry, por Frail­
éis Ambriére. L'na lectura de L ’A i GLON, por Luis Santullano. Oda f i ­
nal a unas estatuas , por Ricardo
E. Molinari. E ntrevista con J orge
L uis B orges, por Estela Canto.
S alvador de M adariaga, por Mora
Guarnido. T ao-T e ii -K inc , por Ana
M. Berry. S pilimbergo y V ictorica,
por Romualdo Brughetti. E scuela y
capillas , por Roger Bastide. S amiri , por Fernando Diez de Medina.
D elfines o toninas , por M. Salinas
Alvarez. Los ojos df.l mañana, por
J . Otero Espasandín. N oche de
sombras, por Carmen de Alonso.
Charles D ullin , por Edouard Iíelsey. S entido moderno dei. melodra­
ma , por León Mirlas. A rauco espf.
ra su elegía , por José Boseh Bousquet. Rowena , por William Hughes.
L a industria británica de la relo­
jería , por R. A. Wecks. L a belleza
y EL sentido práctico, por lla rry
Trethowan. DlÁi-OGO de las comadres
de E fbso , por Daniel Devoto. Cómo
F alla imaginó L a At i .ántida, por
Jaime Paliissa. J ean C octkac, por
René Massat. E l teatro en P arís ,
por Marcel Thibaut. A ndré G ibe
en cine , por Jean Tédesco. C ríti ­
ca literaria , por González Carhalho.
U na página de modas, por Juumandreu. A jedrez , por Francisco Benko. E xposiciones de arte. M úsica .
Cin e . T eatro. Crónicas. H umor.
Caricaturas. Correspondencia de
F rancia , I nglaterra y E stados
U nidos, etc.
Este número incluye, im presa aliar­
te, la L ámina N 9 4, que representa
el cuadro de C laudio Monet " Gira­

por G u ille rm o

soles" .

fundamento de la fuerza occidental era
la voluntad de la conciencia, la voluntad
manifiesta.
Hablando de las amenazas que pesan
sobre Europa, el orador recordó que no
era la primera vez que Europa estaba en
peligro, desde el tiempo de ías grandes
invasiones, y que lo que estaba en juego
no eran solamente sus valores espiritua­
les, sino también su existencia pura y
simple.
—Hay humanismo posible, pero es un
humanismo trágico — declaró Malraux,
agregando que a cada uno de nosotros
nos pertenece conseguir los medios de
hacerlo.
El ex ministro insistió en el hecho de­
que el humanismo es independiente de
toda noción política, que solamente podía
deformar su contenido. Grandes aplau­
sos resonaron al final de la conferencia
desde todos los puntos del inmenso anfiteatio, que resultó chico para contener a
todos los admiradores del gran novelista.
Y ninguna frase podía llegar más hondo
en el corazón de Malraux que la pronun­
ciada por el Dr. Huxley en la sesión
general de la UNESCO, en agradeci­
miento a su colaboración: "En ninguna
parte, más que en París, hubiéramos po-

"'D espués de la liberación de Francia el
Comité de Escritores y Artistas acordó
considerar separados de la comunidad in­
telectual a aquellos de sus miembros que
habían colaborado con el enemigo o que
habían escrito en publicaciones contro­
ladas de hecho por ¡os alemanes. Entre
los escritores sometidos a esta medida
figuraban: Chardonne, T h c riv e , Jean
Giono, Alphonse de Chateaubriant, Paul
Fort, Picrre Ilamp, Fabre Luce, Edmond
Jaloux, Picrre Benoit. Roger Vercel, La
Varcne, Maree! Avine y otros de menor
importancia. Entre los artistas: Vlaminck,
Segonzac, Rotand Oudot, Bouchard, Landowski, Derain y otros.
Poco a poco, casi todos ellos vuelven a
la actividad. Fabre-Luce edita sus obras
en Suiza, que después son difundidas
en Francia más o menos clandestina­
mente; Mac-Orland, Marcel Aymé, Sa­
cha Guitry, La Verene y Roger Vercel
acaban de publicar obras en Francia; se
anuncia la próxima aparición de un libro
de Pierre Benoit, y recientemente la se­
ñora Bidault, esposa del presidente del
Consejo de Ministros y presidente del
Comité Nacional de la Resistencia, ha
ofrecido en el festival de Caniles, como
premio, un cuadro de Ottn Crios/, uno
de los artistas más comprometidos en la
colaboración con los alemanes.

•"Después del gran éxito obtenido por la
Exposición del Libro norteamericano, ac­
tualmente se celebra en los salones de la
Biblioteca Nacional la Exposición del Li­
bro suizo, organizada por el grupo pro­
fesional de editores y libreros. Figuran
en la misma 2.000 títulos de libros,
revistas y periódicos: 1.200 en francés,
800 en aiemán y 150 en italiano.
• " P o r tercera vez desde su fundación se
ha inaugurado el Salón de los Surindependientes, en el Parque de Exposiciones
de la Puerta de Versalles. La sala pri­
mera exhibe obras de los surrealistas, en­
tre los que se destacan principalmente
Domínguez, Delanglade, Roger Brielle, Picabia y Germaine Durbecq. En las otras
salas hay obras de Beaudin, MendesFrance, Dallfard, Mauriee Cloud, Rimbert, Gilbert Pajot, Fernand Well y bas­
tantes más, hasta un centenar de artistas
diferentes. Pero tampoco puede decirse
que esta Exposición ofrezca un conjunto
de verdadero interés, ni que se revele
fuertemente la personalidad de ninguno
de los expositores.
*** La Academia Francesa ha elegido los
sucesores de Abel Hermant y de Joseph
de Pesquidoux. Etienne Glison, especia­
lista de la filosofía medieval, ha sido
elegido para sustituir al primero y Mau­
ricio Genevoix, conocido novelista, ocu­
pará el sitio de J. de Pesquidoux.
**’En la "Maison de l’Amérique Latine”,
de la Avenida de lena, se celebra actual­
mente la Exposición de "A rts Americanas’.’
donde se nos ofrecen algunas muestras
de la pintura, del arte popular y de la
fotografía de Argentina, Uruguay y Chi­
le. A pesar de que la Exposición se ce­
lebra bajo los auspicios de las más altas
personalidades francesas de la política, de
la literatura y del arte en general, no
puede decirse que esta Exposición, la pri­
mera de arte latinoamericano celebrada en
Francia desde 1939, ofrezca a los visi­
tantes un verdadero conjunto del gran
desarrollo adquirido por el arte en estos
países.
.
Puede considerarse esta Exposición solo
como una muestra muy limitada de la
producción artística de algunos pintores,
cuya contemplación servirá para despertar
aun más el interés do los aficionados
franceses por la actividad artística de los
países americanos. La mayor atención de
¡a crítica se fcs or.centrrdo c-n torno a
ia tela de Figari, a las dos de 1 orres
García y a las de Norali Borges, Ortiz de
Zarate, Barradas, del Prete, Pareja, Soldi y Rivello. El cuadro de Pacenza,
"Paisaje de Caracas”, ha merecido tam­
bién ei elogio de la crítica y ha sido el
preferido para su reproducción en los
periódicos como típico del nuevo arte la­
tinoamericano.
, ,
Hablando de la Exposición, el critico
Pierre Descargues ha resumido así su opiuión: "Cada uno de los artistas está de­
masiado poco representado para que se
pueda hablar acertadamente de su obra.
El conjunto de los cuadros atestigua por
lo menos un arte vivo, muy vivo, ya bas­
tante notablemente original a pesar de su
juventud.” Es decir, la crítica francesa
no se ha pronunciado de una manera de­
finitiva ante esta presentación tan limi­
tada del nuevo arte latinoamericano.
La Exposición ofrece también esplén­
didas fotografías de G. Freund, de un
especial gusto artístico, y que tienen toda
la fuerza y belleza di1 la naturaleza a r­
gentina y de sus costumbres. Algunas
muestras de arte popular chileno comple­
tan la Exposición.
y
C H IL E

Antlré Malraux..
dido escuchar una conferencia como la
que nos dió Malraux sobre "El Arte y la
Cultura” . ..
París. (A. P. P.)

CORRESPONDENCIA
F R A N C IA

fué encarcelado y su editorial sometida a
intervención judicial. Desde su salida de
prisión, Grasset viene realizando todas
las gestiones a su alcance para volver a
tomar posesión de su empresa. Ante este
peligro, los escritores franceses han creído
necesario dirigirse a la opinión y al Go­
bierno para denunciar el hecho y tratar
de impedirlo.

La mayoría de los periódicos se eleva
contra el hecho de que se olvide tan rá­
pidamente el pasado; pero Fruí, cois Mauriac y Georges Duhamel se han encargado
de asumir su defensa desde las columnas
de "Le Figaro”.
""Sacha Guitry ha partido para los Es­
tados Unidos, según se dice para repre­
sentar allí sus obras. Los escritores fran­
ceses han creído necesario especificar su
opinión sobre dicho viaje en un comuni­
cado publicado por la Unión Nacional de
Intelectuales, y que dice así: "La Unión
Nacional de Intelectuales, amante del
buen nombre de Francia en el extranjero,
eleva la más enérgica protesta contra la
eventual presencia en América de un per­
sonaje que se lia comprometido escanda­
losamente en la colaboración y que no
puede representar en nada la cultura y
la opinión francesas cerca del público de
la gran nación amiga.”
'• ‘Al propio tiempo los escritores fran
ceses lian elevado una enérgica protesta
contra la posibilidad de que Bernard
Grasset vuelva a tomar la dirección de
su editorial. Durante la ocupación de
Francia, el conocido escritor y editor ha­
bía hecho causa común con los alemanes
y se había convertido casi en su editor
oficial en lengua francesa. Inmediata­
mente después de la liberación, Grasset

*** P.rposiciones---- Entre las numerosas
exposiciones del mes se destaca la de Arte
Brasileño Contemporáneo, celebrada en las
salas del Museo de Bellas Artes. Cándido
Portinari, figura de relieve continental,
está mal representado, aun cuando las tres
obras enviadas den idea del vigor creador
del maestro. Clovis Graciano nos ofrece
en su diversidad temática una obra pene­
trada de plenitud y de madurez. Levi, por
el contrario, más unilateral, sigue los pa­
sos de un superrealismo que recuerda en
extremo el estilo ilalidiano. Bonadei, Udler, Charoux, Leontina Franco y Flavio
de Carvallo practican una filosofía pic­
tórica en la que se exalta, a veces con
impulso desmesurado y desagradable, lo
patético. C.-imarco es brioso, José de Pau­
la, constructivo, y en Joaquín Tenreiro
una emoción sencilla nimba sus paisajes.
-** Salón Xacional, 1916.— El certamen
anual de la Sociedad Nacional de Bellas
Artes no supone sobre los anteriores sa­
lones una evolución en lo que a la calidad
de las obras se refiere. Muchos de los
envíos están por debajo de un módulo
imprescindible para enfrentarse a la esti­
mación del público y de la crítica. Entre
los expositores debemos citar a Matilde
Pérez, Isi Coris, Armando Lira, Byron Gigoux, Aristodcmo Lattanzi (li.) y Pablo
Vidor.
*** Otras exposiciones. — En la Sala Sé­
neca ha expuesto un conjunto de óleos y
acuarelas la pintora Chela Lira. En su
obra destacaba el instinto y el impulso
cromático .sobre el rigor técnico. En la
Galería del Pacífico expusieron los licr
■nanos Rojas Gatica una serie de apuntes
y bocetos de viajes. En estas estampas
se advierte la sensibilidad &lt;le estos dos
artistas para captar lo fundamental de las
cosas. Algunas acuarelas rápidas son
obras de cierta alcurnia estética. En la
Sala del Banco de Chile expuso el pintor
Donato Román.
" * Conferencias. — En el Salón de Ho­
nor de la Universidad dió fin a su curso

N U E S T R O P R O X IM O

NUM ERO

P.l p r ó x i m o n ú i i n r o d e C a b a l g a t a será
p u e s t o a l a c i n t a &lt;1 m a r t e s 4 4 ilel c o ­
r r ie n te .
l ) r a c u e r d o r o n lo a n u n c ia d o r n r l
m e r o a n t e r i o r , p o r r a z o n e s d e d is tr ib u c ió n
p a r a (¡ue a lo s p a i/u e te r o s n o s e l , s j n , j '
te n c a r ia s r e v i s t a s a la le e C aiialcata
s a lt e l s e g u n d o y c u a r to m a r t e s 6 , cn,l„
m e s. C o n s e n tí a s i s ii c a r á c te r q u in c e n a l
g a n a n d o e n c a m b io u n a s fa c ilid a d e s ,/,!
d i s t r i b u c i ó n q u e r e d u n d a r á n rn b e n e fic ia
(le la m e j o r d i f u s i ó n d e la r e v is ta .

de cuatro conferencias sobre Goya, con
motivo del bieentenario del pintor, el orí.
tico español Antonio R. Romera.
ESTA D O S

U N I I) O s

***La revista "Time” de los Estados Uni.
dos ha tenido la "humorada’ de publicar
algunos extractos de los informes redac­
tados por distintos periodistas que acaban
do visitar Europa.
Tres son los informes reproducidos v
pertenecen a Paul Hutehinson, director
de Christian Centurv, a Reinhohl Xie.
bulir, importante teólogo protestante do
los Estados Unidos, y a Winthrop Sargeant, periodista especializado en cues­
tiones culturales.
Para el primero, Europa está en banca­
rrota, política y espiritualmonte, y, según
su opinión, padece de un mal incurable.
Este enfoque puede titularse "La muerto
de Europa”.
P ara Xiebuhr, Europa tiene todavía
oportunidad de revivir, y, en su opinión,
depende de la política de los Estados
Unidos evitar el peligro de una guerra
entre oriente y occidente. Este informe
puede llevar por título "La esperanza do
Europa”.
W.
Sargcant buscó y encontró en Eu­
ropa muestras evidentes de vida en las
artes, una gran vitalidad intelectual en
Alemania, una salud mental sorprendente
en los intelectuales y artistas de Italia
a pesar de la devastación material e in­
cluso moral. Este es el informe (le "La
vida de Europa’’.
*»* En el suplemento de T h e X e w Y o r k
correspondiente al 13 de octubre
pasado, se reproduce a cuarto de página
un dibujo de nuestro colaborador Luis
Seoane, perteneciente a su libro "Home­
naje a la Torre de Hércules”, editado por
Nova. En el mismo suplemento Harvev
Breit da la noticia de que en dicho mes
se celebra en la librería I’ierpont Mor­
gan, de Nueva York, la exposición (le
trescientos libros ilustrados, impresos en­
tre los años 1935-1945 y proc.ornt; - (le
T im e s ,

j

uó » Ó a o -'tn -, &gt;•;! o.uiKiG Dfl! '.“ G.

Estos fueron seivcviviudos entre mil que
habían sido considerados los mejor ilus­
trados y diagramados del mundo, por el
jurado del Instituto Americano de Artes
Gráficas. Por lo tanto, el "Homenaje a
la Torre dq Hércules” ha sido conside­
rado por dicho Instituto, como uno de
los trescientos libros mejor ilustrados en
dicho período.
BU EN O S

A IR E S

•** Waldo Frnnk ha escrito reciente­
mente un juicio sobre "Uno y el Uni­
verso”, de Ernesto Sábato. Entre otras
cosas, dice: "Sospecho que es una obra
literaria más importante de lo que el
autor se imagina. Para empezar con la
finalidad, es una obra de arte. Uno no
ha avanzado mucho en el T e m a r i o , cuan­
do ya ha verificado que los temas tienen
unidad y que su variedad y libertad —su
delicioso casualismo— se estructuran en
un organismo de atmósfera, movimiento,
personalidad. La razón es, naturalmente,
que un temperamento unificado y contro­
lado maneja cada asunto y lo adapta en
un todo sin forzarlo. Desde luego, contri­
buye la prosa. Es una prosa soberbia.
No sé de ninguna otra que sea compa­
rable, excepto la del admirable Borges.
Y, naturalmente, el resultado sería un
mero diseño externo, no orgánico, si lio
hubiera una s u b s t a n c i a tan sólida, tan au­
téntica, tan viviente.”

R egistro d e P ro p ied ad In te le c tu al N° 216.844
R e d a c c i ó n , D i r e c c i ó n . A d m i n i s t r a c i ó n . F u b l ic i d a d
I N D E P E N D E N C I A J&lt;&gt;&lt;). B U E N O S A I R E S
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PAGADO
CONCESION No 3799
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t a r i f a

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CONCESION N» 3205

BO LETIN D E SUSCRIPCION
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( E N LETRA DE IMPRENTA)

Dirección

se suscribe a C A B A L G A T A por el
período de un año* seis meses y al efeclo
acompaña el importe de S 8,20, S 4,50.
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
postal a su orden.
* 1 a c h a r la c o n d i c i ó n q u e n o se u t i l i c e .

IMPRESO EN ARGENTINA

&gt;P*ÍNT* AMOÍ*' ^
/

�■ ■ m w m bw w —

LETRAS
estado de paso en París el escritor
soviético Elias Ehremburg. Tuvo que
abandonar la capital de Francia al co­
mienzo de la guerra. H abitaba en ella
desde antes de la guerra anterior, la prinera de estas guerras universales que es­
tamos viviendo en el siglo xx. Allá por
el invierno de 1914, en el frío cuarto de
un hotel de Montparnasse, él y yo tra ­
tábamos de traducirnos mutuamente los
místicos españoles y los simbolistas rusos
del Cristo, el trineo y las nieves. En aque­
llos trabajos lingüísticos, Ehremburg
aprendió por lo menos cuatro palabras
en castellano, que luego ha aumentado,
hasta llegar a poseer un rico vocabulario,
en sus viajes por España; yo aprendí dos
palabras rusas, de las que sólo recuerdo
una: "baba”. Ehremburg se dejaba aquel
invierno la melena lacia que le correspon­
día como poeta ruso en el destierro, y le
abrigaba.
En el fondo, era ya un ciudadano de
París, capital entonces de todos los ciuda­
danos inadaptados y refractarios del mun­
do. A París venían a divertirse los extran­
jeros, pero los ciudadanos del mundo ve­
nían todavía como habían venido Heine
y Bakunin, a quedarse, o no venían. Los
españoles, siempre a retropelo, no venía­
mos a quedarnos aunque abandonásemos
nuestra patria saliendo de estampía. Las
metas capitales de nuestros viajes eran
Londres, Berlín o Nueva York. Estába»
mos en contra del prestigio fácil de P a­
rís y el bulevar. Mas la ley de la ciuda­
danía universal que regía en las colinas
al margen del Sena, igual que antes en
el país latino, nos acogía a nuestro pesar,
y se ha dado el caso de quien, cual yo,
vino a ellas dispuesto a detenerse unos
siete días y se ha quedado, salvo las ausen­
cias de movilidad, siete lustros.
Los franceses, ahora que lo han perdi­
do, calculan la fuerza radiante que les
proporcionaban sus barrios de concentra­
ción, en los que vivían sueltos los indesea­
bles de todas las anfractuosidades del pla­
neta, reunidos allí por atracción natural.
Los campos de concentración alemanes
han realizado después la misma idea, pero
con designio contrario: han reunido, no
por atracción, sino por presión, no a los
indeseables sino a los conquistados, es de­
cir, a los deseados, y no para aprove­
charse, sino para privarse de ellos. La
estupidez de los alemanes de ahora ha
sido tan "grande como la inteligencia de
los franceses de antes.
Sea cualquiera su origen, un hombre
que habita una ciudad durante treinta
años, es más habitante de la misma que
un nativo de veinte. Con su autoridad de
antiguo ciudadano de París, Ehremburg,
q&gt;*3 acaba de visitar la Nueva Europa y
los Estados Unidos de América, me ha di­
cho en un inmutable restaurante a orillas
del río, enfrente del Louvre:
—Pensaba encontrar a Francia más
cambiada; París no ha variado.

H

a

CORPUS

rra puede provocar en una ciudad destruc­
ciones invisibles y paralizaciones disimu­
ladas que incluso pueden darle vigor. Por
ejemplo: ahora en París hay mucho vaivén
de viajeros de todo el mundo; podría de­
cirse que no ha variado el internaciona­
lismo de París. Sin embargo, la variación
está precisamente en que sea un vaivén.
Los escritores rusos o americanos, los ne­
gociantes americanos o levantinos, vienen
hoy aquí para irse, no para quedarse o es­
tablecerse. La capital de Francia, que era
una ciudad centrípeta, se ha convertido

género en el que los france­
Sisesexistesonunmaestros,
es el del análisis
de las relaciones entre la literatura y el
sentimiento religioso, ya se trate de des­
cubrir, a través de los libros, los movi­
mientos de la vida mística, como Henri
Brémond en su Historia literaria ríe! sen­
timiento religiosa, o de examinar, por el
contrario, la influencia de la literatura
de las pasiones en los estremecimientos
místicos, como Sainte-Bcuve en su Par!Poyal. Esta brillante tradición no ha
muerto; no necesito más pruebas, para
sostener el aserto, que algunos libros re­
cientes lanzados por las ediciones La
Colombe que acaban de llegar a América
del Sur.
Cuando Pierrc Leproelion intenta resu­
citar, ante nosotros, a ese genio de la
libertad que se llamó San Francisco de
Asís, tiene mucho cuidado de ligar la
religión del amor perfecto al arte de los
trovadores. Pues es lo cierto que se regis­
tra un comercio incesante entre el amor
cortés de los poetas meridionales y el
amor divino de los místicos latinos. Por
lo demás, se podrían mostrar iguales in­
fluencias líricas en los franciscanos de la
Renania medieval.
Pero el tejido sin costura queda des­
garrado. La reforma protestante estalla.
Raoul .Stéphan nos brinda la más objetiva
de las historias de la reforma francesa, la
más llena de amor cristiano. Pero este

BARGA

( Especial para C abalgata.)

del fascismo que ofrecía restaurarla en ca­
pital de imperio, aunque fuese de cartón
piedra. Con una u otra consecuencia, se
dejará sentir en París el cambio de mira
que el mundo le manifiesta. Las ciudades,
con mayor facilidad que las personas, son
lo que otros quieren de ellas más que lo
que ellas quieren ser para los otros. Obe­
decen a nuevas utilidades y pierden lo in­
servible. Se adaptan al medio internacio­
nal, las cosmópolis. Se rigen por leyes
planetarias. Y registran, en su trivial cró­
nica de sucesos, la desaparición miste­

en 1910, la Avenida de los Campos Elí­
seos —hoy lugar común de oficinas, cines,
bares, bazares y bancos, el bulevar del si­
glo xx, sin el espíritu ni las proporciones
del anterior— subía señoreándose entre
hoteles de reinas destronadas y de corte­
sanas históricas. Desde los jardines de la
infancia del tiempo perdido de Proust
hasta el Arco del Triunfo, no se atrevía
a mostrarse a su paso más escaparate que
uno, en una esquina de la Plaza de la
Estrella, que encerraba ensu inmensa caja
de cristal, una joya de otro mundo: un

Vista aérea del emplazamiento que ocupó Montmartre.
en una ciudad de paso, ni siquiera de pa­
seo o turismo. Se parece a Roma, después
de la guerra de 1914, de la que me decía
entonces un romano, apoyado con despre­
cio en la piedra de una basílica:
—La ciudad eterna es una estación de
ferrocarril.
Tal condición no fué ajena al espejuelo

*

—París siempre es el mismo —me ha re­
petido otro de los supervivientes de los
barrios de concentración de París, una an­
tigua irlandesa de Montparnasse, norteamericanizada durante la guerra.
-—En estos años que he pasado en Amé­
rica —ha añadido— he visto más cambios
de casas y calles en cualquier otra ciudad
que encuentro en París a mi vuelta.
No me extrañan estas observaciones:
yo mismo, después de muchos años, he
vuelto últimamente a Londres, y, compa­
rada con la capital de Francia, la de
Inglaterra me ha parecido fija, anticuada,
perdiendo calorías por sus chimeneas, con
su confort vetusto y usado como las buta­
cas de sus trenes, aunque más de un lon­
dinense dió por supuesto que no recono­
cería a la ciudad. Reconocí todo lo que
había conocido, menos los que hallaba en
ruinas. Pero no dudo que Londres como
París, Europa la Vieja, ha variado.
Una guerra no suele infundir a una ciu­
dad más vida artificial. Si no la destruye,
la paraliza. Es cierto. Aun más: la gue­

© cabalgata

VARIACIONES PARISIENSES
POR

La iglesia románica de San Germán de
los Prados, enfrente de la cual se halla
el café de "Deux Magots”.

riosa de las personas y la destrucción in­
visible de los ámbitos.
»
En el bulevar d" Jíontparriasse pregun­
tan con razón
Dónde está Montparnas­
se?”, los viajeros que no lo ven y desean
verlo precisamente porque no lo necesitan
para nada, ni venían a vivir en él, como
tampoco van a vivir ni necesitan para nada
las torres de Notre-Dame y las visitan.
Pero a las torres las encuentran, no sólo a
ellas, sino a la vista que se ve desde ellas.
Son una seguridad para el turista. Mont­
parnasse es una inquietud: la de ultra­
tumba. ¿Dónde está Montparnasse? El úl­
timo barrio parisiense de concentración
figura en la lista de los desaparecidos.
Durante los años que he vivido en P a­
rís han desaparecido por lo menos, el Ba­
rrio Latino, los Bulevares, Montmartro.
las fortificaciones y la ciudad que verda­
deramente constituía la colonia argentina.
Han tenido lugar desplazamientos inter­
nos, mutaciones y defunciones íntimas:
ha fallecido el famoso pasaje de !a Ope­
ra ; ha habido mudanza de los Bulevares
a los Campos Elíseos, para lo cual hubo
que abrir el bulevar que lleva el nombre
de Haussmann, el célebre prefecto del
-Srba que, a su vez, abrió el canal a P a ­
rís durante el Segundo Imperio. París,
en esta variación, ha continuado fiel al
urbanismo astrológico de las grandes ciu­
dades que les hace desplazarse de oriente
a occidente, como el sol y las emigraciones
humanas.
Cuando vine por primera vez a París.

automóvil modelo. Los escaparates de la
avenida eran ambulantes y no estaban
en las aceras, iban por el medio; eran los
milores forrados de raso donde se lucían
las "(lemi-mondaines” de lujo.
¿Pero dónde está Montparnasse? Entre

Orillas del Sena.

CRITICA LITERARIA Y CRITICA RELIGIOSA
po r

R O G E R

(Especial para

B A S T I D E

C a b a l g a t a .)

tante. ¡Qué error! Una sangre ardiente
corría por las venas de esos viejos fran­
ceses y estallaba en músicas violentas,
como en L e s tr a p iq u e s de Agrippa d’Aubigné o en grandes sinfonías musicales,
como S e m a in e de Du Bartas. Se ha criti­
cado frecuentemente a este último; Raoul
Stéphan muestra cuánto tienen de injustos
esos ataques; ciertos versos recuerdan
los conjuros de Péguy:
L a n u i t c s t c e lle -ld q u i c ita r m e n o s t r a v a u x .
E n s c v e lit

nos

s o in s ,

donne

tr e v e

a

nos

[ matiz
La

n u it

cst

c e llc -ld

qui

de

ses

a ile s

[so m b res
S u r le m o n d e m u c t f a i t a v e c q u e s le s o m [ b res
D é g o u t t e r le s ile n c e . . .

historiador no olvida que es, ante todo,
un novelista, un amante de las letras.
Por eso introduce en su último libro,
L'Epopée huguenotc, cierto número de ca­
pítulos en los que estudia, con mueha su­
tileza, la influencia del protestantismo en
la lírica y en la formación de la prosa
clásica. Se habla de la frialdad protes­

(Es aquella la noche, que nuestro trá ­
fago encanta — Nuestro cuidado entierra
y da tregua a los males — Es aquella la
noche, cuyas alas de sombra — Hacen con
las tinieblas, sobre el mudo universo —
Gotear el silencio.. .)
Todas estas páginas de Stéphan entre­

—

Sainte-Beuve, por Demarquay.
cruzan la crítica religiosa con la crítica
literaria y deben situarse en la gran tra ­
dición 'francesa de Sainte-Bcuve y del
abate Henri Brémond.
L ’Epopée huguenotc termina en víspe­
ras de la Revolución Francesa, evocando la
guerra de los "Camisards”, en los Cevennes quemados por el sol, cuando los campe­

los turistas que hemos dejado perplejos
en el bulevar de ese nombre, no falta
quien se dé una palmada en la frente y
exclame: "¡Ah, me había olvidado que
me dijeron que Montparnasse está ahora
en San Germán de los Prados!” Y des­
ciende al bulevar San Germán y se
siente en el Flora o en los Dos Monigotes
de la China, que, dentro de las horas re
glamentarias, uno de estos dos cafés se
halla abierto, cuando no se hallan abier­
tos los dos. En los Chinos podrá en­
contrar todavía superrea listas. En el
Flora no encontrará a los filósofos y
literatos J. P. Sartre y Simone de Beauvoir, que han dado su más reciente lustre
a este lugar, ya de antiguo político y
literario.
En él conocí a un curioso republicano
español, de la primera República, que
pasó casi toda su vida política en el des
tierro y que nunca se hubiera querido lla­
mar exilado: don Nicolás Estévanez. Este
ministro de la guerra del gobierno de Pí
y Margal!, tenía el espíritu federal de
los de Pí con cédula de oncena clase. No
fué ministro más que nueve días porque
otro republicano que pretendía serlo le
hizo una interpelación acusándole de haber
pedido su retiro de coronel en plena gue­
rra, ante el enemigo. Estévanez contestó
que era verdad y que no debía ser mi­
nistro. Había en efecto pedido su retiro
en Cuba durante la primera sublevación
de esta isla, porque el capitán general ha­
bía hecho fusilar a unos estudiantes de La
Habana.
Era canario y de una naturaleza es­
pléndida. Viejo, fracasado, cegato de tra ­
ducir para el editor Garbier, no daba
muestras de abatimiento ni desilusión.
Por su trato parecía un hombre de vida
optimista. Todo lo transformaba en risa.
De la emigración sacaba las ocurrencias
más graciosas. Contaba, por ejemplo, que
un emigrado español vivió una temporada
de ofrecer su paternidad en los juzgados,
hasta que le detuvieron porque en un
mes había tenido quince hijos, y le dije­
ron que exageraba. Refería que la pri­
mera vez que le invitaron a comer en una
casa francesa de la pequeña burguesía, le
chocó y le sedujo el derroche de fruta
magnífica que se ofrecía en el medio
de la mesa. La comida no respondió a lo
que anunciaba el postre, y cuando llegó
la hora muy esperada de la fruta, la se­
ñora de casa se levantó, retiró los platos
de la magnífica y los sustituyó por otro
con fruta modesta. La buena se alquilaba
como las flores, para que sirviera de
adorno.
*

Sartre y madame de Beauvoir no fre­
cuentan ya el café al que siguen acudien­
do republicanos españoles eqiigrados. Los
discutidos autores franceses van a trocafé al bar í.ubter
de
mo donde murió otro m.
español, lo contrario de Estévanez: el ge­
neral Primo de Rivera. Pero si aceptamos
la hipótesis de que el Flora y los Chinos
de San Germán son la Rotonda y el Domo
de Montparnasse, es decir que Montpar­
nasse está ahora en San Germán, no po­
demos negarnos a aceptar también que en
Montparnasse estaba Montmartre. que
desapareció con la otra guerra. Y a su
vez, que en Montmartre se refugió el Ba­
rrio Latino, que desapareció antes. La
variación de los barrios de concentración
de París, sería entonces pendular. De la
colina de Santa Genoveva, en la orilla
izquierna del Sena, a la de Mártires, en
la derecha. De ésta, atravesando de nuevo
el río, al Monte Parnaso, más alto que la
colina de Santa Genoveva. Y del Monte
Parnaso otra bajada hacia el río pero sin
atravesarlo, deteniéndose en los prados de
San Germán. Después de haber lograd:'
su oscilación máxima en Montparnasse,
el péndulo se dispondría a pararse.
Ha llegado el momento de escribir las
memorias de esas babeles por donde han
pasado tantos hombres de habla española.
París, septiembre.
sinos profetas hablaban como los cristia­
nos de la iglesia primitiva, en lenguas
desconocidas. Ultimo fuego de las guerras
religiosas, antes del gran brasero de la
Revolución.
Pero aquel siglo xvm, en sus postri­
merías, vió aparecer otras formas místi­
cas: un curioso ocultismo que ha ejercido
su influencia, más allá de la Revolución,
hasta el romanticismo francés. Se suele
creer que espíritus tan lógicos y teócra­
tas como Joseph de Maistre, han escapa­
do a esa corriente ocultista. Puen bien;
no. La masonería era entonces un movi­
miento religioso, al que iban a refugiarse
muchas almas místicas. Las ediciones de
La Colombe reeditan el Joseph de Mais­
tre místico de Emile Dermenghem, un
libro que hizo mucho ruido hace unos
años. En él aparece el autor de las Soirées ile St. Pctcrsbourg, el maestro de la
contra-revolución, como se le ha llamado,
a una luz nueva, curiosa, y los documentos
prueban que la imagen es verídica.
La guerra del 40 ha despertado en
Francia el sentimiento religioso; los li­
bros que tratan problemas místicos tie­
nen un gran éxito actualmente. Las edi­
ciones a que nos referimos se agitaron
en pocas semanas. Pero el francés conser­
va siempre, cuando analiza las oleadas de
la fe o las sacudidas afectivas, sus hábi­
tos de análisis, de sutileza que son sus
cualidades maestras.

�CRONICAS

cabalgata©
USUNA vez dijo Picasso que lo que hace
, más falta es entusiasmo. Daba desde
A
luego, por supuestos, la dedicación, el tra ­

L U Z E N LA S O M B R A

bajo diario, el esfuerzo que exige el ofi­
cio. Y, claro, la vocación.
Juanita Sujo es de un entusiasmo plu­
ral, un manojo de entusiasmos disparado
en difícil aire del teatro hispanoameri­
cano. La firme disciplina alemana no
alteró su espontaneidad inesperada. Los
largos estudios, los ensayos inacabables
no agotaron su capacidad cordial, su chis­
pa de conversadora sonriente, ágil, lúcida.
Y, lo más estimable de todo, su valentía:
no le teme a las palabras que se prohíben
las damas cultas, bondad, ilusión, ternura,
que dichas por ella recuperan su fuerza
evidente y saltan a su cima por encima de
toda blandura, superiores al peligro del
azucareo posible. Y dejémosla a ella con
nuestros lectores.
—¿Se le ha vuelto fantasma alguno de
los personajes representados por usted?
¿ Se le apareció en sueños o la preocupó
hasta tal punto que "habló con él” al mar­
gen de la escena?
—Buena pregunta: creo que no sólo
se me aparecieron en "sueños” o me pre­
ocuparon mi personajes, sino que todos
se me han ido haciendo un poco carne,
y de ahí los violentísimos debates, ya no
diálogos, que suelo escuchar dentro de mí.
—i Qué cosa la perturba más, cuál le
cuesta más esfuerzo, al pasar de la "rea­
lidad” a las tablas?
—Desde luego: pensar en la vuelta a la
realidad.
—i Qué anécdota de su vida de act riz
recuerda más?
—La primera que me indicó que lo se­
ría : al recitar en público por primera vez
a los cuatro años, fué tal la emoción,
mezcla de placer y susto, que guardé ocho
días de cama.
—{Cuál es el peor enemigo de una ac­
triz en nuestro teatro?
— El ciudadano que reniegue del mismo.
—¿Cree usted que es fundamental que
el papel que se ha de representar coincida
con el propio carácter?
—Creo que en un principio, lo funda­
mental es hacer coincidir nuestro carácter
con el del papel a representar. Más tarde
en la selección ya un tanto definitiva, se
engaña menos si el papel puede coincidir
con nuestro carácter.
—Aparte del teatro, i qué cosa la atrae
más en la vida?
— Aparte del teatro, me sigue atrayen­
do toda otra manifestación de arte: em­
pezando por la vida.
—De todos "los ideales” que la llevaron
al teatro, ¿cuál es el que se mantiene con
más fuerza y constancia, animándola en
su vocación?
—Cuando pienso en el bálsamo que ha
sido para mí en tantísimos pésimos mo­
mentos, una obra artística, siento que lo
que más me anima de verdad a seguir,
es la esperanza de significar con mi po­
sible obra, lo mismo para otros.
—i Qué teme más en escena?
— Lo mismo que en la vida. Per arra •
■ni comennetraciÓT»u acerca úe nuestra
muchísimos casos no dicen
todo lo que saben, y que en muchísimos
otros, se empeñan en decir lo que no sa­
ben. Habiendo raras excepciones.
—¿Qué actriz, actor, director, esce­
nógrafo, prefiere usted?

N toda Sudamérica es conocida la
Imprenta López, dirigida desde hace
muchos años por el hijo del fundador, que
se hizo impresor siguiendo, junto al pa­
dre, uno a uno los procesos del arte de
imprimir. De ahí vienen el amor y la capa­
cidad que pone al frente de la gran em­
presa don José M. López Soto, verdadero
impresor de libros, en cuya especialización invirtió sus mejores esfuerzos y los
colaboradores más hábiles y eficaces. Por
eso sus opiniones sobre los distintos pro­
blemas del libro, hechas especialmente
para los lectores de Cabalgata, tienen
la prestigiosa orientación que dan la expe­
riencia y el fervor.
—¿Cuáles son los problemas más ur­
gentes que debe enfocar la industria del
libro?
—Antes que resolver problemas, conside­
ro que lo más importante es unificar
criterios.
En realidad es lamentable que en la ac­
tualidad aun no se hayan podido estable­
cer conceptos y normas que den bases de
solidez permanente a nuestra industria
editorial.
—¿Teme usted por el futuro de la in­
dustria editorial argentina?
—Por el contrario, tengo plena confian­
za: sin embargo, es indispensable que
todos los que de una u otra forma par­
ticipan de esta industria, comprendan que
aquellas circunstancias muy especiales por
cierto que favorecieron y permitieron el
desarrollo rápido y progresivo de esta in­
dustria, han desaparecido.
Hoy la industria editorial argentina
debe prepararse para resistir y poder so­
portar la competencia extranjera que ló­
gica e inevitablemente debemos enfrentar.
Nada podrá desplazar al libro argentino
si llegamos a crear una sola conciencia,
lia conciencia de la colectividad editorial
para mantener el prestigio universal que
el libro argentino ha conquistado, por su
calidad literaria, por su presentación grá­
fica y por su precio.
—¿Cómo considera usted posible llegar
a crear esa conciencia?
__Ante todo es necesario que se com­
prenda que la industria editorial no es
patrimonio exclusivo de los editores. El
editor es, aunque muy importante, sólo
una parte de esta industria que se com­
plementa en primer término eon el escri­
tor, fuente creadora que hace posible el
libro; sigue el editor, nervio propulsor y
difusor de esa creación, y el impresor, que
da forma de libro al manuscrito y lo
transforma en múltiples ejemplares; si­
gue luego el distribuidor y finalmente el
lib:ero, factores indispensables e impor­

E

—Que siguiera hasta que la muerte nos
la llevase.
„ ..
—¿Quiere darme algunos datos poli­
ciales” : edad, estado, marcas, idiomas,
viajes, formación, etc.?
—Los datos policiales: qué aburridos.
¿Por qué no inventa? Edad: la mejor.
Estado: el único bueno. Idiomas: el del
corazón. Formación: voluntad, voluntad j
más voluntad.
A última hora, cuando ya está en m a­
quina este número, nos llega la noticia
de que Juanita Sujo ha recibido una in­
vitación del estado peruano para actuar
en la próxima temporada oficial como
primera actriz de la Compañía Nacional
de Comedias.
En la misma compañía oficial, cuya la­
bor en los últimos tiempos es una de las
más importantes de la América Latina,
colaboran el primer actor Edmundo Bar­
bero, y el decorador Santiago Ontañón,
figuras destacadas del teatro hispanoame­
ricano, de recordada actuación en Buenos
Aires junto a Margarita Xirgú.
No sabemos aún si Juanita Sujo acep­
tará la oferta, quizás la primera que un
gobierno americano hace a una actriz
nuestra. Pero no dudamos que su pacíente y apasionada labor en la escena la
hizo merecedora de tal distinción. Con
su aporte, el Teatro Nacional de Come­
dias de Lima conseguiría un valor indis­
cutible de nuestro teatro, que, junto a
las figuras que actualmente lo animan,
contribuiría en gran medida a la brillantez
de su próxima temporada.

LAS EDICIONES
EN F R A N C IA
L os *'Cahicrs Froncáis d ’I n f ormation” publican interesantes datos sobre
los problemas editoriales en Francia,
que tratarem os de resum ir a continua­
ción.

internacionales.

sería?

. O e Pue&lt;Je hablar de una crisis de la
ó
edición francesa, de su alcance y del
tiempo que se necesitará para salvarla?
Puede comprobarse que nunca ha sido
mayor la penuria de libros. En la actua­
lidad es punto menos que imposible pro­
curarse cualquier obra clásica sin acudir
a las librerías de viejo y todavía en ellas
el asunto no es fácil. Imposible también
hallar los autores modernos que antes de
la guerra hacían grandes tiradas que se
han agotado y no se han podido repetir.
Hay también una gran penuria de libros
escolares, de enseñanza superior y de obras
técnicas. En las librerías solamente se
encuentran novedades y a precios prohibi­
tivos.
Esta es la situación. ¿Se podrá mejo­
rar pronto?
Las dificultades con que se tropieza son
numerosas, además de la falta de papel:
falta de energín eiéfrrie». carestía ue Í2
mano de obra y aumento ae ios gastos
de fabricación. Las dificultades m ateria­
les retardan mucho la producción; en la
actualidad se necesitan seis Ineses para
sacar un libro. En relación con esto, los
precios de los libros han alcanzado aumen­
tos impresionantes. Una novela de dimen­
siones medianas se vende de 100 a 150
francos, es decir, de cinco a seis veces el
precio de antes de la guerra. Las princi­
pales causas del encarecimiento están en
ia limitación do las tiradas por la carestía
del papel. Solamente aumentando las tira-

ENTREVISTA CON
D o n J o sé M . L ó p ez Soto
tantísimos de cuya acción depende en gran
parte que el libro se venda normalmente.
Por consiguiente, todos estos elementos
que en realidad forman la industria edi­
torial ddben unirse para defender- esa in­
dustria que es patrimonio de todos y de
cuyo mayor desarrollo todos saldrán be­
neficiados.
Es un error pretender que los editores
progresen si los impresores no partici­
pan también de ese progreso. Lo mismo
ocurre si los distribuidores y los libreros
no encaran eon la debida preocupación
el problema de la venta: terminarían por
agotar toda posibilidad de nuevas edicio­
nes y por consiguiente toda posibilidad de
ventas.
—¿Qué opina usted del criterio editorial
de nuestro país?
—Excelente. Salvo raras excepciones, los
editores argentinos, por sí o por la eficaz
colaboración de su cuerpo de asesores,
tienen muy buen criterio para editar. Es
que en nuestro país existen ya editoriales
que son verdaderas instituciones, con pla­
nes estudiados y bien estructurados que
no dejan nada librado a la improvisación,
publicando obras de valor permanente que
representan un gran aporte para la cul­
tura en general.
—¿Cree usted que la industria gráfica
argentina responde o responderá a las ne­
cesidades de las editoriales?
—Antes de contestar a la pregunta per­
mítaseme hacer una aclaración: la in­
dustria gráfica argentina tuvo una parti­
cipación decisiva en la creación de la in­
dustria editorial. Sin el aporte técnico
y decidido que prestó la industria grá­
fica, el libro argentino no hubiera nunca
alcanzado el prestigio de que hoy goza.
Prueba evidente de ello es que en otros
paíse3 de América, donde la industria
gráfica no había alcanzado el grado de
desarrollo técnico de la nuestra, la indus­
tria editorial no fué posible en la medida
que lo ha sido la nuestra. Y debemos con­
venir que no ha sido ni por falta de
intelectuales, ni por falta de editores, ni
por falta de capitales.
Ahora bien, contestando a la pregunta,
debo decir que la industria gráfica no so­
lamente está preparada para responder
a las necesidades editoriales sino que ade­
más está identificada espiritualmente con
esa actividad.
Los auténticos impresores de libros que

existen en nuestro país, no son tan sólo
industriales con criterio estrictamente co­
mercial, sino que también tienen un alto
concepto de su misión y sienten al unísono
con el escritor, editor y librero verdadera
emoción por cada libro que sale de sus
prensas.
Esos auténticos impresores de libros
necesitan, como es lógico, el apoyo y la
colaboración de los editores, acicate in­
dispensable para mantener latentes el en­
tusiasmo y la colaboración decidida y
siempre ascendente para toda actividad
y necesidad editorial.
—¿Considera usted que los mercados de
libros están saturados por exceso de pro­
ducción?
— No. Los buenos libros jamás satu­
ran, por el contrario, son siempre espera­
dos con ansiedad. Lo indispensable es
que la aparición de esos buenos títulos
llegue a conocimiento del público, lo que
en la mayoría de las veces no ocurre en
la medida necesaria.
—¿A quiénes atribuye usted la respon­
sabilidad de que eso ocurra?
—La responsabilidad es colectiva, y
puedo asegurar que con bastante frecuen­
cia se tiene la impresión como si todo
el mundo se hubiera confabulado para
hacer desaparecer de la vista y del cono­
cimiento del público un buen libro recién
aparecido.
En realidad esa aparente saturación no
indica la imposibilidad de mayor ad­
quisición de parte del público, sino la
indiferencia y manifiesta apatía de los
interesados en el negocio editorial.
El distribuidor con argumentos más o
menos fundados, no ha podido encarar
y resolver integralmente el problema de la
distribución, aunque debemos reconocer
que en los últimos tiempos ha debido so­
portar toda clase de inconvenientes ajenos
a su voluntad y muy difíciles de superar.
Sin embargo, el problema existe y hay
que resolverlo. El librero, salvo excep­
ciones, no acoge el libro con el entusiasmo
que debía hacerlo.
Esta política perjudica en primer té r­
mino al editor, pero también se perjudica
el mismo librero, pues en muchísimas
oportunidades pierde ventas pór falta de
determinado título solicitado por el cliente.
Si algunos libreros llevaran una estadís­
tica que registrara las ventas perdidas por

carecer de determinados títulos, con segu­
ridad que cambiarían de criterio.
No pretendo hacer recaer toda la res­
ponsabilidad sobre los libreros: comprendo
que ellos también tengan sus dificultades y
sus problemas, pero si se desea la pros­
peridad de la industria editorial es ne­
cesario que todos colaboremos.
El periodismo también debe prestar de­
cidido apoyo. Debe dar a la crítica lite­
raria toda la importancia que ésta merece.
Si la industria editorial necesita más pá­
ginas de información bibliográfica, el pe­
riodismo debería brindarlas.
No es posible aceptar que todo el peso
de la financiación gravite sobre el editor.
Considero que la misión de éste debería
terminar con la edición de la obra; sin
embargo, así como están planteadas las
cosas, éste debe financiar la edición, con
todos los enormes gastos que trae apare­
jada la misma, y sobre todo ello tiene
a su exclusivo cargo la publicidad, muy
costosa por cierto, la distribución, la ven­
ta al librero y la preocupación constante
y personal para que sus obras se difun
dan, se conozcan, se exhiban. Esta res­
ponsabilidad por lo menos en lo que res­
pecta a la publicidad, crítica, difusión,
exhibición y ventas, es necesario que esté
más repartida entre los mismos intere­
sados.
Indiscutiblemente toda esta acción de
conjunto no puede dejarse librada exclu­
sivamente a la iniciativa particular, pero
con el apoyo do la Cámara Argentina del
Libro, de la Sociedad Argentina de Escri­
tores y la Asociación de Industriales G rá­
ficos, todas entidades de gran prestigio
no cabe duda que se obtendrán resultados
positivos.

das podrían abatirse los precios p
aumentarlas se necesitaría poder
de unos itocks de papel que no
Se ha comprobado que la cifra do í
tores en Francia ha aumentado' con.is
rablementc en los tiempos de la ocuna 7
llegando a superar a la de los ticimA
anteriores a la guerra, y no sólo
u
novelas y obras de imaginación, 8¡no 0hr
serias (historia, filosofía, etc.). Al i
ver a la normalidad esa tendencia ha t
pozado con grandes dificultades espedí'
mente explicadas por las situaciones / '
nómicas difíciles.
Copiamos literalmente de la infor
eión de la que obtenemos estos dat *
"Se discute mucho sobre la cuestión T
editar los libros franceses en el extr **
jero. ¿Nos deberemos entender provi»?
nalmente con nuestros competidores? i°
producción industrial se opone y en ^
parece estar en su papel, puesto que*'3
tra ta también de defender los inter W
de los productores franceses y de todo**!
personal adscripto a la labor editorial y*
hemos publicado anteriormente una com *
nicación de M. Duhamel a la Acoden/
pidiendo que, en lugar de editar libr'!¡
en el extranjero, se nos procuren las /
ferias primas necesarias, papel y carbón
para que podamos enviar a los mercados
nuestra propia producción y editar no
otros mismos nuestros libros.”

DISCOS
P o r JO R G E D ’ URBANO
V /- a son m uchos los años que han pasado H
1 de que Igor S traw insky declarara, fn !*esfuerzo de buena voluntad hacia lo que en es!»
momento se tenia como la últim a palabra de T
técnica, que el disco es el m ás útil instrumenté
para la tra n sm isió n del pensam iento de los maci.
tros de la m úsica actual. En aquellos tiempo»
fueron m uchos ios hombres de oficio que
re sistían a e n treg arse a las peligrosas facilid^
des y a los encantos de la nueva máquina qUf
según ellos, s*uponía la desintegración de U
personalidad y el m ás terrib le intento de coartar
el libre albedrío. Con esto el disco no hacia sino
cum plir el oculto destino de todas las máqui­
n a s: que se las suponga en principio por debajo
de lo hum ano y luego se las utilice por encima
de lo humano.
E-s obvio y escasam ente plausible discutir en la
actualidad si el disco es un legitimo elemento
de c u ltu ra . Por el esfuerzo combinado del favor
popuiar y de los intereses de las grandes compa.ñias (dos seguros factores de éxito), el disco
es ya un necesario instrum ento para una discreta educación m usical. No son pocos los que
opinan que una c u ltu ra musical puede hacerse
exclusivam ente con grabaciones (error en que
caen los que suponen ingenuam ente que una cul­
tu ra cualquiera puede hacerse con alqo exclusivam entc). O tros piensan que un método de gran
eficac a para no llegar a ser un buen músico
es escuchar discos con pro fu sió n . E ntre uno y
otro extrem o se sitú a el medio de equilibrio
form ado por la m ayor p arte de los aficionados y
profesionales que encuentran en el disco la fórm uía ideal para conocer nueva música poco
frecuentada por los in té rp rete s, o conocer nuevos
¡n t¿rp re te s a veces poco frecuentados por la
música.
Ki disco es m últiple y m últiples son sus in­
fluencias. Yo confieso que así como prefiero
unn buena reproducción a un cuadro mediocre.
¿-reí ro sin duda un buen d'sco a un mal
concierto. En v e d a d n ■ consigue una grabación
re g istra r esa m .sicr:
mági-* corr
que une en el concierto ai públ-co con el artiM-.
El disco ha term inado con la contingencia en ia
in te rp reta c ió n m usical como el cinematÓTrafo term inó con la contingencia m la interpretación
dra m á tic a, pero de esta aparente rigidez nace
una de sus más estupendas posibilidades: la
de volver a escuchar c u an tas veces lo deseemos
el mismo trozo de una obra y ei mismo pasaje
de una in terp retació n . U nase a esta virtud la
otra muy tra sce n d e n te de docum ento de voces
y sonidos y la eficacia pedagógica que se le
reconoce, y el disco, como el libro (que se le
a delantó quinientos a ñ o s) y el cinc se nos apprecen como los tre s g randes “captadores” de!
pensam iento y de «os sentidos del hombre (el
«lia que inventem os una m áquina que nos guarde
los perfum es, las sensaciones táctiles y las del
gusto se h ab rá cerrado el círcu lo ).
E stas crón-cas serán escritas pensando en
aquel grupo num eroso de los que encuentran
en e! disco un in term ed iario de elevada categoría . un ay u d an te solicito y discreto para cuitiv a r su propia a fin id a d con el arte de los
sonidos y que p o r 1 lo tanto desean saber qué
es lo que se g rab a y m uy especialmente cómo
*e graba.
H e.fetz, haciendo gala de una absoluta desap re n sió n en m a t.ria de repertorio, 1ha grabado
el “ L argo al factótum ” de El Barbero (Colurubia 263760 de 30 c m .), en un arreglo para
violín y piano de C astelnuovo-Tedesco. Desafor­
tunad'*. idea realizada de m anera magistral. Hcifetz pasa por sobre las dificultades más horren­
das con donaire y hasta con una cierta cínica
despreocupación que constituye lo mejor dtl
d seo. Esto no invalida que desde un punto de
vista m usical ej intento aparezca poco ffiiz
y de dudoso buen gusto. H orow itz le sigue los
pasos con un famoso álbum que V íctor acaba de
editar en nuestro país (V íc to r D M -100!, 6 faces
de 30# cm .) y en el que logra re u n ir tres obras
increíbles: “ D anza m acab ra” de Saint-Saens, en
un arreg io del propio H orow itz; Variaciones
f.°.bre vl ^ a ria “ I.a R icordanza” de Czerny y
D um ka” de Tchaikovsky. Si algo faltaba para
c o n firm ar la presunción que los discófilos tienen
sobre la prodigiosa técnica d e este hombre
que ha sabido sobreponerse a la tremenda con­
dición de yerno de Toscanini, este álbum viene
a co n stitu irse en prueba. No se puede hacer más
y m ejor con diez dedos. P a ra los que gustan
de las dem ostraciones de mecanism o estos discos
constituyen un inapreciable documento y les re­
comiendo oigan con p a rtic u la r atención ia ter­
cera variación de C zerny. I.a grabación peca
de brillantez pues se sum a a la lograda por los
técnicos de la V ícto r la afición de Horowitz
por e je cu ta r en pianos afin ad o s en ese timbre.
Con muy buen juicio se hace saber en la pre­
sentación del álbum que las obras que ei mismo
contiene han sido reunidas al solo efecto de
poner en evidencia )a capacidad técnica del
intérprete. P a ra que nadie pueda sospechar un
inten to de definición estética.
E n m úsica sinfónica las novedades más im­
p o rtantes del mes de noviem bre han sido
ediciones de “ F.l m a r” , de Debussy, grabado
P °r A rth u r Rodzinsky con la Sinfónica de Cle­
veland (C olum hia A lbum C 191, 6 faces do
30 cm.) y la P rim tra S in fo n ía en si bemol
m ayor “ I.a P rim a v e ra ” de Schum ann, registrada
p e r esa m aravilla de la ciencia orquestal &lt;lue
es la S in fó n ica de Boston dirigida por el sien»p re dinám ico Serge K oussevitzky (V íctor !&gt;&gt;•
655, 8 faces de 30 cm .).
De la primera de
estas
obras existen
dos célebres versiones
an te rio re s d irigidas por Piero Cóppola y S*
K oussevitzky respectivam ente. Esta que sale al
m ercado hoy, sin hacer olvidar las anteriores»
m antiene una excelente calidad de interpretación,
y Kodzinskv se esfuerza por detallar todos los
m atices y las sutilezas de esta obra sú&gt;:u'*r
y e x tra o rd in a ria . La grabación es mejor que jo
que aquí se estila y registra minuciosamente a
com plicada tra m a orquestal con una tendencia &gt;
los tim bres severos y s«n superficialidad que es
de gran m érito.
La S in fo n ía N? 1 de Schum ann. llena de
buen ánim o y am orosam ente influida por el
verbo ríe M endelssohn, ei am :go ddecto, abre
v a sta s perspectivas a la com prensión de la tra­
yectoria trág ica de la producción sch unían mana.
El segundo m ovim iento es «le una gran belleza.
La grabación de K oussevitzky está regida l*&gt;r
esc im petuoso y dinám ico espíritu que lo ca­
racteriza y que en esta obra encuentra el mejor
de los cam pos para explayarse. Algunos solos
(u n o «le &lt;»b»e y otro d** c larin ete) son de calidad
inm ejorable, y en general el registro ha sido
llevado con pulcra atención.

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�___________ CRONICAS_______________E cabalgata
U N A REVELACION SENSACIONAL PARA EL MUNDO ARTISTICO

La RONDA DE NOCHE, la famosa obra maestra de REMBRANDT,
no es ronda de NOCHE sino de DIA
por
«««
c»»u&gt;
ato
a n t o n io

s c h m it z

de atravesar toda una larga

da por el humo de las luces de la Sala cia al barniz, sino de quitar las capas Mertens puso manos a la obra. Pro­
de la Corporación de los Arcabuceros sucesivas de barniz con objeto de en­ cedió mediante tanteos y con extrema
para donde fué encargada y donde ha­ contrar de nuevo el cqlor dado por minuciosidad, buscando, para cada to­
campo de acción, en este momento, de bían tenido lugar numerosísimos ban­ Rembrandt a su tela.
no, el ácido apropiado para disolver
los pintores que se entregan en ellas quetes. Entonces se creyó un buen
Los primeros ensayos de limpieza el barniz sin correr el riesgo de atacar
a un revoque general, llegamos ante medio de limpiarla el darle por varias fueron realizados, al principio, sobre el color.
una puertecilla de hierro provista de veces una capa de
Trabajando con
un grueso candado. Detrás de dicha barniz. S e g u id a ­
pinceles finísimos
plancha de seguridad, el restaurador mente el lienzo
y muñequillas de
jefe del Museo, profesor Mertens, tra­ fué trasladado al
algodón, el restau­
baja desde hace nueve meses en una Ayuntamiento de
rador ha renovado
empresa apasionante: hacer surgir de Amsterdam, donde
completamente la
la sombra la obra maestra de Rem­ fué desventurada­
obra de R em ­
brandt, la célebre "Ronda de noche’’. mente cortado en
brandt. La limpie­
za ha permitido
La puerta se abre y vemos, frente su lado izquierdo.
realizar toda suer­
por frente a nosotros y a plena luz, En el siglo xix se
al capitán Banning Cock y al teniente hicieron diferentes
te de d e s c u b ri­
mientos y revelado
Rujtenburg, el uno vestido de negro ensayos para de­
v el otro cubierto con una deslumbra­ volverle su trans­
detalles hasta aho­
dora túnica de satén blanco bordada parencia al barniz
ra in a d v e rtid o s .
en amarillo, que avanzan a nuestro en­ mediante un proce­
Los colores que se
cuentro seguidos de cerca por la mul­ dimiento entonces
e x tin g u ía n bajo
titud bulliciosa y rebosante de anima­ muy en boga, con­
una atmósféra do­
ción de la tropa de arcabuceros que los sistente en endu­
rada han recobra­
escolta. Son, es cierto, ios personajes recer la tela con
do su o rig in a l
de la "Ronda de noche” : a la derecha bálsamo de Copaifrescor. Ciertos ar­
el tambor que redobla su parche, en ba. La "Ronda de
tistas y c rític o s
el centro el grupo que agita las lan­ noche” sufrió va­
h o lan d eses han
zas, el portaestandarte y esa reidora rias veces seme­
protestado ardien­
temente contra los
muchaehita perdida entre la turba de ja n te tratamiento.
soldados. Pero la penumbra que los Era indudable que
trabajos de limpie­
za, a los que con­
envolvía ha desaparecido y con ella el les devolvía una
sideran como un
misterio de aquella luz dorada sobre la cierta luminosidad
a te n ta d o dirigido
que, desde hace siglos, aficionados y a los colores, pero
eontra la obra en
críticos han escrito páginas de elogio como el bálsamo
sí. La dorada pe­
y maravilla, sin llegar jamás a com­ no secaba, el polvo
numbra que envol­
prender por qué Rembrandt, para y los insectos que­
vía la obra y que
pintar un cuadro de género, de tema daban pegados a la
se debía, sin géne­
bastante trivial, había escogido una tela. El resultado
ro alguno de duda,
hora tan tardía y singular.
de semejantes cui­
al espesor del bar­
Antes de colocar en su sitio la fa­ dados fué un enniz, ¿ debía con­
mosa tela escondida durante la guerra s o m b rec im ien t o
s e rv a rs e ? No es
en una gruta de los alrededores de aun mayor de la
ésa nuestra creen­
Maestrich, los expertos holandeses de­ pintura que de he­
cia después de ha­
cidieron someterla a una limpieza com­ cho no hacía sino
ber podido medir
pleta. La atmósfera penumbrosa de la apagarse bajo una
con nuestro propio
"Ronda de noche” había seducido a capa cada vez más
dedo el extraordi­
muchos aficionados y profanos como espesa de grasa.
nario espesor de la
Claudel que habló de "ese oro ateso­
Los trabajos de
capa de barniz. Es
rado en los más profundos entresijos restauración f u e ­
fácil igualmente el
del espíritu’’. Pero la erítica y el gran ron así confiados
convencerse de la
público lamentaban por igual esa pin­ al profesor Mertura sombría que se ensombrece por tcns, al serv ic io DfciMIe de i» "Uor.-V de Noche”. La franja oscura, vertical, que recubre la extraordinaria su­
momentos. Para más, cuando la "Ron­ desde años atrás parte izquierda de la figura del Teniente Rujtenburg, desde el final del ciedad que cubría
que aun no ha sido limpiada.
la tela con sólo ver
da de noche” fué sacada de su escon­ del Museo de Ams­ antebrazo hasta el suelo, es una parte del
los m o n to n es de
dite se advirtió que, si la tela seguía terdam y a quien
en este estado, la espesa capa de barniz se le agregó, como consejero adjunto, diferentes partes del cuadro. Dieron muñequillas de algodón, compietailiéiité
de que se hallaba cubierta terminaría el conservador Van Sehendel. Ambos lugar a tales sorpresas que no quedó la negras, que se apilan en el estudio del
por atacar los colores y arruinar de­ hombres se vieron enfrentados con una menor duda ni lugar de vacilación: era profesor Mertens.
finitivamente la totalidad de la obra. tarea enloquecedoramente aventurada : necesario sacar a la obra maestra de
Ya no es posible el volver a hablar
A comienzos del siglo xvm, ya se no se trataba, efectivamente, de rege­ su ganga de barniz. Con ayuda de pro­ de una "Ronda de noche” y la tela,
quejaron de la insuficiente luminosi­ nerar el cuadro, procedimiento éste cedimientos en los que se alian el ol­ tal como se muestra al presente, ha
dad del cuadro de Rembrandt. La tela consistente en someterle a vapores al­ fato del artista con los recursos de la perdido el fundido y la dulzura que
había sido, indudablemente, perjudica­ cohólicos que devuelven su transparen­ ciencia más adelantada, el profesor ofrecía antes de su limpieza. Pero, ¿hay
ras

T serie de grandes salas vacías del
famoso Rijksmuseum de Amsterdam,

La diestra pintora declara que si
imita a los maestros modernos, lo
hace pára probar que, aunque
pintora clásica, es capaz de hacer
lo que ellos . . .

N importante caso de falsificación
de pinturas ha sido descubierto
recientemente. Ello dió lugar al arres­
to de una joven pintora de Montmartre, Claude Latour, descendiente del
gran pastelista de la corte de los últi­
mos Luises y tan hábil imitadora de los
maestros más modernos —Utrillo, P i­
casso, Renoir, Susana Valadon— que
hasta los más duchos expertos se deja­
ron burlar.
Claude Latour llevaba hechos diez
Utrillos. Cada uno de ellos fué ven­
dido por su autora a un marchante en
1.000 francos. El marchante los reven­
dió en un millón. ..

U

Z I Z I L A T O U R , descendiente directa del gran retratista
Q U I N T I N L A T O U R, es una hábilfalsificadora de gran­

des maestros modernos. . .

Por

gastón bertr an d

(Especial para C abalgata.)

parecían productos en serie de una in­ minó por confesar que había robado nombre de la pintora. Una artista de
el cuadro en el establecimiento de su Montmartre, llamada Claude Latour.
dustria francesa más.
—No hay noche —me informa Utri­ cuñado, M. Coste, marchante de pin­
Ciaude Latour tiene a quién salir
llo— en que no venga alguien a mos­ tura de la Rué Lepic.
Claude Latour no es tan joven como
Una investigación efectuada en la
trarme una copia comprada por un
tienda del marchante de "obras de ar- se creyera en un principio. Nació el
original. . .
Y Lucía Valors nos explica a con­ íe ”, si bien no permitió encontrar más 19 de agosto de 1894 en Montgeron.
tinuación el nerviosismo que tan cul­ Utrillos, hizo, en cambio, que se halla- Vive en un modesto apartamiento
—13, Avenue Frop ab le in d u s tr ia
chet—, detrás de la
p ro d u c e en el |
Place Pigalle. Y es­
maestro.
//
-t&amp;r
ta vez no son repro­
—¡ Hay que re­
ducciones, sino sus
En casa de Utrillo
conocer —agrega el
propias creaciones
Este asunto ha venido a turbar la pintor— que ésta
las que dan que
sosegada atmósfera de la tranquila ca­ está p a r t i c u l a r ­
pensar
—¿ d e fo r­
*
e
¿
r
p
m
ente
b
ien
lo
­
sita de Vesinet donde el maestro y su
mación p ro f e s io ­
esposa, Lucía Valors, encontraron un grada !
nal?—, tanto por
Luego hace una
seguro refugio y un ambiente propicio
el tema como por
para su arte.
pausa, visiblemen­
la factura, en obras
Tembloroso el labio y enrojecidos los te emocionado.
conocidas. Envuel­
ojos, Utrillo mide a cortos pasos lo
ta en terciopelo vio­
Cómo fu é descu­
largo de su estudio:
leta, una Judit de
—¡Yo m ism o...! —exclama súbita­ bierto . . .
pecho provocador,
El
arresto
de
un
mente—, ¡Yo mismo, cuando el comi­
muestra la cabeza
sario me trajo la copia del "Lapin a raterillo de pocos
de Holofernes en el
Gilí”, tuve qué acercarme muchísimo años, Jacques Maiconsabido
plato de
rene,
culpable
de
para darme cuenta de la superche­
plata. En frente,
haberle arrebatado
ría. . . !
Julieta-Claude La­
Pero* naturalmente, no es ésta ia una noche su car­
tour ("Zizi” para
primera vez que los falsificadores uti­ tera a una baila­
sus íntimos) se ha
lizan la firma del gran paisajista pa­ rina del Bal Tabaretratado cubierta
risiense para lograr cuantiosas ganan­ rin, fué el punto
con un romántico
cias. El maestro ha pintado, a lo largo de partida para el
vestido de negro
de su vida, unas 3.000 telas. Un censo descubrimiento de
terciopelo sobre el
no demasiado minucioso descubriría, en la fabricación de
puño y letra de Utrillo acerca de esta copia fraudulenta
que se destaca su
todo el mundo, unas 100.000 telas fir­ Utrillos. Al inves­ Observaciones de
del cuadro "Lapin a Gilí”, que pintó en 1940.
blanco ro s tro de
madas por el famoso pintor de Mont- tigar en el domi­
ojos azules: en la
cilio
de
Mairene
martre.
—Rué CKalgrin, 10- se encontró una rail tres falsos Picassos, entre los que mano una flor azul pálido.
Una nueva industria
De aspecto insignificante y rostro
de las más famosas pinturas del maes­ se encontraba la famosa "Cabeza fe­
menina, 1906”.
enfermizo, Claude Latour no parece
La mayoría de tales falsificaciones tro : "Le Lapin a Gilí”.
Coste se disculpó: no le quedaban darse bien cuenta de la gravedad de sus
¿ Cómo podía estar una obra seme­
fué vendida en Norteamérica. La ex­
portación alcanzó tal volumen que el jante en manos de un ladronzuelo...? más Utrillos. Las diez falsificaciones actos incursos en los considerandos de la
Consultado el pintor, su respuesta habían sido rápidamente vendidas jun­ ley del 9 de febrero de 1895 referen­
gobierno estadounidense encaró la po­
to con un Valadon falso.,. Ya no le tes a los fraudes en materia artística.
sibilidad de crear cierto tipo de gabela fué terminante:
El padre de la "artista” era funcio­
—¡Falso...! Pero ¡qué habilidad...! quedaban más que un falso Renoir y un
con que gravar aquellas pinturas que,
Estrechado a preguntas, Mairene ter­ falso Rodin o Maillol... Pero dió el nario de la Imprenta Nacional. Ha vipor su número, más que obras de arte,

w

que lamentar semejante cambio ? Los
colores han recobrado su limpidez, re­
velando tonos que hasta ahora jamás
se vió utilizar a Rembrandt, tales como
un verdeazul preciosísimo, ciertos mal­
vas, grises y un amarillo, casi limón,
de una fuerza de luminosidad inusitada.
Fromentin no podría hoy ya escribir
las largas páginas que nos legó a pro­
pósito de la "Ronda de noche”, negán­
dole, como fin, a Rembrandt, las cua­
lidades de un auténtico colorista. Te­
nemos así que, con referencia a la tú­
nica del teniente Rujtenburg, escribió:
"Desafío a que se me diga cómo va
vestido el teniente y de qué color es
su dalmática. ¿Es blancoamarillenta?
¿Es amarilloblanquecina?” Y Fromen­
tin se lamentaba de la luz irreal de
la "Ronda de noche”.
Hoy ño hay ni por qué lamentarse
ni por qué vacilar. La dalmática del te­
niente es del más puro satén blanco
bordado de amarillo, la pluma de su
chambergo es también del más puro y
leve blanco. La oposición o contraste
entre el blanco del atavío del teniente
Rujtenburg y el negro con que se
viste el capitán Cock es ahora mucho
más fuerte. Ya que si el blanco ha­
bía perdido su luminosidad, el negro
había sufrido un tal deterioro por el
barniz, que también quedó despojado
de toda su profundidad. Entre los per­
sonajes secundarios, el portaestandarte
es uno de los que la limpieza ha des­
tacado más. Ahora puede comprobarse
que se viste con una magnífica túnica
verdeazul. También se advierte la pier­
na de un soldado con su mosquete
detrás del capitán y que con los años
había desaparecido por completo.
Para nosotros, el color redescubierto
es preferible a la desaparecida sombra.
Ya que con la luz ha vuelto la vida sin
por ello romper la armonía general de
la obra ni despojarla de la profundi­
dad de sus perspectivas, sino todo lo
contrario. Al recobrar su primitivo
frescor la obra de Rembrandt ha con­
servado, aun mejor, su unidad de tono.
Cuando dentro de dos o tres meses
queden terminados los trabajos de lim­
pieza, el público se sorprenderá al
comprobar que la "Salida de la Compa­
ñía de Arcabuceros del Capitán Cock”,
que ésa es la auténtica denominación
de ia vieja ÍÍOrN.a de noeñé’’,
Tin
paseo en pleno día en una calle de
Amsterdam, y es posible que prefiera
las bellezas de la nueva "Ronda de
día”, con todo su espléndido color, al
misterio de la desaparecida sombra.
Am sterdam. (Servicio de A. F. P .)

vido siempre en París. Entre sus ante­
pasados, figura, según dicen, el pastelista Quintín Latour, célebre retratista
de Madame Pompadour. Respecto a su
vida no ama ni piensa más que en
París y "sus cosas”.
Fué la compañera del pintor Sala,
su maestro de dibujo. Sala era especia­
lista en restauraciones de cuadros anti­
guos y Claude Latour dividió su tiem­
po entre la pintura y la restauración.
En pintura, su tendencia es clásica.
Pinta unos cincuenta lienzos al año en­
tre retratos y paisajes, que se venden
o no. En desquite, la restauración le
permite vivir. Su oficio, pues, es reto­
car y restaurar obras antiguas que a
continuación eran vendidas a muy buen
precio a los aficionados franceses o ex­
tranjeros. Llegó la guerra. La vida de
la artista se agitó. Comenzaron las.
necesidades.
Claude Latour obedeció a tres móvi­
les :
l 9 Un móvil material: las falsifica­
ciones le eran pagadas a 500 ó 1.000
francos, según el tamaño de la obra
copiada.
2’ Un móvil artístico: Claude La­
tour, pintora clásica, demostraba así su
capacidad de hacer la pintura moderna
tan bien como Utrillo o Picasso.
3’ Un móvil psicológico: venganza
contra el destino, firmando telas pro­
vistas con un nombre glorioso.
Su hija, de 20 años de edad, estu­
diante de dibujo, es invisible. Un enor­
me perro lobo monta guardia en el
estudio, auténtico campo de batalla
donde se amontonan centenares de ca­
chivaches.
-.
Han sido recobrados todos los falsos
Utrillo

Llegada la tarde, un aficionado —de
quien existe toda clase de razones para
creer de buena fe— trae los siete falsos
Utrillo que faltaban:
—Los compré en 200.000 francos a
un tal Dufour.
El tal Dufour también ha sido dete­
nido: era uno de los intermediarios de
Coste, el marchante de cuadros, cuya
¡)ista seguía de tiempo atrás la policía
por otros delitos.
París, (Servicio de Agencia FrancePresse.)

�cabalgata©

TARANTULAS
Y TARANTELAS

desagravio en pro de una de las criaturas
más calumniadas, si no la más calumnia­
da: la Tarántula, así con mayúscula.
Porque no sólo fué y es calumniada por
el vulgo sino también por filósofos. El
caso de Federico Nietzsche es sólo un
botón de muestra, Y sin embargo ver.
a carta que publicamos a continuación,
/ escrita por uno de nuestros colabo­ güenza debiera dar a todos manchar el
radores espontáneos, pone de manifiesto nombre ilustre de esta araña con la baba
lo acertado de nuestra campaña en favor de la insidia. Su nombre procede —no
de los animales injustamente calumnia­ se necesita ser un lince para adivinarlo—
dos. Ojalá el ejemplo cunda entre nues­ de Tarento, la Tera de los griegos y
tros lectores y llegue a ser esta página
de C a b a l g a t a una verdadera tribuna pa­
ra cuantos de una manera o de otra se
sientan interesados por los temas cientí­
ficos. Estimamos nuestro principal de­
ber contaminar de nuestro entusiasmo al
mayor número posible de lectores, y ofre­
cer un medio de expresión a cuantos ten­
gan algo valioso que comunicar a los
demás.
El mapa que acompaña estas líneas
está tomado de la excelente obra del
investigador norteamericano Henry E.
Sigerist recientemente aparecida en cas­
tellano con el título Civilización y enfer­
medad. (Fondo de Cultura Económica.
México.) — A\ de la R.

L

ojos desfilaron caudillos como Pirro, Aní­
bal, el Gran Capitán, etc.
Y sin embargo (como si se tratase de
cualquier oscuro habitante de los desier­
tos de Australia, de las selvas africanas
o brasileñas, con relación al cual se pue­
den hacer afirmaciones gratuitas sin ma­

res de la picadura. Pronto salían otros
enfermos del mismo mal engrosando el
número de los danzarines, pues los efec­
tos de la picadura duraban años a veces
y el dolor se despertaba con la sequía
canicular y sobre todo con las melodías
desenfrenadas de los instrumentos. La
supuesta tarántula no respetaba a nadie,
pero sobre todo se ensañaba con las per­
sonas jóvenes, y de preferencia del bello
sexo, si bien con menor frecuencia picaba
a los viejos también e incluso a los ni­

Señor redactor de la página científica
de Cabalgata.

Muy señor mío:
Me ha sorprendido agradablemente ver
cómo esa revista, para la que todos los
elogios me parecerían pocos, ha iniciado
una campaña de reivindicación de criatu.
ras calumniadas. Estimo que no se nece­
sita sentir arder en las venas gotas de
la sangre del Rey Arturo para aplaudir
esa labor y hasta para secundarla. Por
mi parte siento una santa indignación
cuando oigo declarar a cualquier igno­
rante que el hombre es el Rey de la
Creación; incluso hiere mi susceptibili­
dad eso de luchar contra las fuerzas cie­
gas de la Naturaleza. Pero lo que me
saca de quicio es esa utópica promesa
de que el hombre será feliz el día que
hava logrado someter o exterminar a to­
dos sus enemigos, porque, ¡pásmese us­
ted!, por tales no entienden los políti­
cos, los prestamistas, los banqueros, los
burócratas, los fabricantes de armas, los
propaladorcs de los credos raciales, los
patrioteros insidiosos, los cabecillas del
mercado negro, etc., sino los microbios,
los reptiles, los tiburones, los insectos sin
distinción, las fieras y qué sé yo. Los in­
sensatos peleones que se entretienen en te­
jer en hueca retórica estos sueños de feli­
cidad, no pueden imaginarse, a fuerza de
tontos, que los verdaderos enemigos de la
humanidad, a más de los señalados ineidentalniente, son ellos, su ignorancia, sus
perezas mentales, sus frases hechas...
(Perdone este apasionamiento impropio,
lo reconozco, de una página científica y
hasta de una reunión de personas bien
educadas. Pero . . . tiene uno que oír cada
cosa . . .)
Pero vamos al caso. Yo quisiera, con
su beneplácito, decir unas palabras de

Tarentum de los romanos, donde se esta­
bleció una colonia espartana dirigida por
Falanto, tras haber arrojado de ella a
sus legítimos dueños. (Esto sucedió se­
gún las crónicas o si se prefiere, leyen­
das, a finales del siglo viu a. de C.)
La misma ciudad que dió nombre a la
araña se lo dió también al golfo com­
prendido entre el talón y la punta de la
bota peninsular y sobre el cual se alza­
ron ciudades como Sibaris, Metaponto,
Heracles, etc. ¿Cabe mayor gloria para
un ser de tan parcas dimensiones que
llevar el nombre de una ciudad puesta
por sus fundadores dorios bajo la advo­
cación de uno de los hijos de Poseidón?
Esta araña vió nacer ciudades por obra
de esforzados caudillos y más esforzados
acaudillados, y las vió sucumbir como
consecuencia de los vicios de sus mora­
dores; vió surgir y sucumbir imperios y,
sin inm ‘■arse lo más m'.:"1 c, •-*•
-’

LA CENTOLLA
SE DISFRAZA CON ALGAS
os lectores de esta página tendrán
sobradas ocasiones de ver a qué tre­
I
tas acuden los seres vivos para ponerse
a salvo de sus enemigos, o, si se pre­
fiere para acercarse a sus víctimas favo­
ritas’ sin ser advertidos. Todo depende
de cómo se miren las cosas.
Tal vez el lector reaccione contra
nuestro modo de hablar replicando que
los animales no acuden deliberadamente
a tales tretas, sino que son como piezas
más o menos pasivas del gran tablero
de ajedrez donde la naturaleza o alguien
ñor el estilo se complace en jugar con
una total sangre fría, y que somos
nosotros, los peor intencionados de los
seres vivos, los que por mala intención
«, ignorancia echamos encjma de los seres
más inocentes el sambenito de la perveisidad.
No queremos entrar en polémicas. Nues­
tro hipotético lector puede estar en lo
cierto, porque ¿acaso la cebra, por ejem­
plo, se preocupó de pintar la piel con el
designio de sustraerse de este modo a
las miradas de los leones hambrientos y
de otros no menos voraces vecinos ? Lí­
brenos Dios de decir tal, aunque al ha­
cerlo así, hubiera estado en su perfecto
derecho.
Pero hay un caso mucho más sospe­
choso en lo que a deliberado propósito
se refiere. Y es el de la centolla, un
apetitoso crustáceo marino de las costas
del oeste de Europa y otros puntos, deno­
minado científicamente Maia squinado.
Como los demás crustáceos afines, la cen­
tolla necesita ir cambiando de caparazón
a medida que crece; su vestimenta no
tiene dobleces como los de los colegiales,
que permitan hacerla durar y sobrevivir
a los estirones de la propietaria. Y mien­
tras que no le nace otra nueva hállase
expuesta a peligros sin cuento. Sus ve­
cinos están provistos de tijeras monu­
mentales, de ventosas, taladros, punzones
venenosos. . . y si entre los tales vecinos
incluimos al hombre, como es justo, el
instrumental se complica en proporciones
alai mantés. Por ello la centolla en cuanto
acaba de mudar la ropa entiérrase en el
fango para no asomar cabeza hasta que
el traje nuevo adquiere cierta consisten­
cia. Pero aun así no estaría segura: la
pinza de una langosta, el taladro de un
caracol, las ventosas de una estrella, la
sacudida de un pulpo, etc., harían jirones
su pobre carapacho. Consciente de ello,
y al parecer sin necesidad de rascarse la
cabeza, toma entonces en sus delicadas
pinzas de color de rosa trocitos de algas
y los sujeta a las espinas, todavía tier­
nas que tachonan su coraza. Las algas
-recen pues todo lo que necesitan es un
soporte, y al crecer y ramificarse ocultan

yor inconveniente) la tarántula adquirió
perfiles siniestros en la conciencia de las
gentes, más siniestros que los de cual,
quier monstruo habido y por haber. In ­
contables muertes, locuras, excesos y
hasta vicios inconfesables fueron puestos
a cuenta de su reputación por personas
de todas las clases sociales . . . Durante
muchos siglos, entre la B aja Edad Me­
dia y el siglo xvn, en las ciudades, villo­
rrios y hasta grupos de chozas de Apulia y demás regiones contiguas al golfo
de Tarento, al llegar las sequías y caní­
culas del verano, las gentes sentían de
pronto como una picadura, la picadura
de la tarántula, y enloquecidas se echa­
ban a la calle gritando y bailando y pi­
diendo música con ademanes descompuse
tos. Los músicos estaban siempre a m .1
para tales casos: acudían con
ins­
trumentos y
.aban a tocar, cuanto
más a priia majo., para calmar los dolo-

C IT A S EN
QUE PENSAR
*'*"Los insectos pasan todos los años una
factura contra nuestros recursos natura­
les y nuestra capacidad productora de
3.000.000.000 de dólares aproximadamen­
te.” J&gt; tes A. H yslop . Climate and Man.
1941 Yearbooh o f Agriculture.
Y luego la bendición de que el
verano norteño es corto. El otoño en los
lugares donde se encuentran la zona tem­
plada y la zona ártica, resulta tan deli­
cioso como en Nueva Inglaterra; y des­
pués viene el largo, limpio y claro in­
vierno, el tiempo del año preferido de
todos los habitantes del lejano norte, el
tiempo de la libertad de movimientos y
de la variada actividad.” V ilhjalm uk
S tefansson .

" '" L a magia fué inventada por el hom­
bro primitivo para aumentar su senti­
miento de poder y sentirse más capaz de
hacer frente al problema de la vida dia­
ria.” J. A. Crowther.
***"Una de las mayores tragedias del
mundo actual es el contraste entre la vi­
sión del hombre sobre la tierra tal como
se halla hoy dentro de su alcance vivir
y la realidad de su vida presente tal
cual es, agobiada por la ignorancia, la
pobreza y la guerra.” P reston E. J a­
m es . A it Outline of Geography.
a la astuta centolla a la mirada de sus
enemigos y de cuantos tienen sobrada ra­
zón para temer su "amistad”. Así mata
dos pájaros de un tiro. Cierto que tiene
que llevar a cuestas un frondoso bosque,
pero ella no tiene prisa. No por mucho
madrugar amanece máB temprano. A la
sombra de las algas la centolla espera a
que algún incauto se ponga al alcance de
sus pinzas y . . . hasta la siguiente.

**‘"La ciencia nació en Inglaterra y fué
educada en Francia, y ninguna de sus
grandes leyes fundamentales fué descu­
bierta en Alemania.” W illiam H aynes .
This Chemical Age.

chando hasta que pudimos ver a su tra ­
vés, acurrucaditas, las ocho anteras de un
delicado color crema muy pálido, casi
blanco; pero aun así la parte terminal de
los sépalos seguía cerrada a cal y canto;
casi sentimos la tentación de forzar la
separación de dichos pétalos, movidos por
S eñor D irector
el deseo de contemplar la flor en toda su
hermosura, pero por ser la más precoz y
de la P agina C ientífica
casi única entonces, nos contuvimos. Por
de " C abalgata ” fin uno de ellos se separó de los otros
tres, con el consiguiente revuelo de la fa ­
milia, y entonces comprendimos la demo­
uy señor m ío : Permítame que brin­
ra : los sépalos estaban tapando el es­
de a los lectores de esa espléndida
tigma, mientras el polen de las anteras
revista un pequeño hallazgo de mi cose­
cha. Y es éste: en mi terraza hay una maduras de la misma flor caía por las
aberturas de la parte media. Hecho esto,
planta de fucsia heredada de un anterior
ocupante de la casa. El año pasado ofre­ el pistilo enroscado hasta entonces, como
cía un estado lastimoso y además, al al­ un muelle bajo la presión de la extremidad
quilar la casa, hallábase al término de la de los sépalos, se estiró hasta sobresalir
floración. Pero este año la planta está más de un centímetro de toda la corola
espléndida y todos hemos esperado día a en busca de polen de otras plantas o de
día la aparición de las primeras flores. otras flores de la misma planta. Con ello
Los capullos crecieron lentamente y se la naturaleza logra la polinización cru­
fueron pintando de rojo; después apare­ zada.
Atentamente le saluda
cieron hacia su parte media las hendidu­
X . X.
ras de los pétalos, que se fueron ensan-

M

ños. Pobres, ricos, medianos, monjas,
frailes, dignatarios civiles o eclesiásti­
cos. . . no importaba: todos saltaban a la
calle en cuanto sentían la picadura de
la insidiosa tarántula, estuviesen vesti­
dos o en paños menores. Y ya en el corro
de los danzarines, empezaban las cancio­
nes al son de la música con letras subi­
das de tono, plagadas, de alusiones equí­
vocas o no y acompañadas de gestos obs­
cenos. Las personas vestidas de negro
eran arrojadas a golpes del conjunto;
en cambio las ataviadas con colores cha­
rros eran acogidas con general alborozo.
En esto del vestido, como en todo, ocu­
rrían cosas peregrinas: ciertos pacientes
adinerados echaban ene inm «vs mejores
trajes en ta’ colón y otro- agitaban en

manos pañuelo1: evicados mientius

al jarro del vino, pero con ello parecían
exacerbarse los efectos de la picadura.
Hacia el mediodía, cuando la fuerza del
calor alcanzaba el máximo, se imponía
una pausa, que era aprovechada por lo»
pacientes para meterse en cama y sudar
pues admitíase por todo el mundo qué
con el sudor se eliminaban los humores
malignos inoculados por la perversa ta­
rántula. Pero el respiro no solía durar
mucho, porque a la hora de la siesta eran
muy frecuentes las picaduras, con lo cual
se armaba de nuevo la algazara y los
pacientes sudorosos saltaban del lecho
para incorporarse al conjunto. Hab a
pacientes que pasaban una semana y más
aún, bailando con leves descansos; hasta
se citan casos de personas que por los
efectos combinados de la picadura, del
baile y del vino, murieron en breve plazo.
Pero hacia finales del siglo xvii mu.
chos médicos empezaron a interesarse por
esta enfermedad tan curiosa y tan extra­
ña. En primer término se trató de
comprobar la certeza de la afirmación
según la cual no sólo las personas baila­
ban al ser picadas por la tarántula, sino
también animales como conejos, gallos,
perros, etc. Decíase que incluso la araña,
sin duda para inducir a sus víctimas a
imitarla, bailaba también la tarantela
con diabólica habilidad. Pronto se vió
lo falaz de dichas afirmaciones, y en
1793 un médico —digno sucesor del gran
Hipócrates por su espíritu crítico y su
honestidad profesional— convocó a las
autoridades y, ante un notario público,
se hizo picar en un brazo por la tarán­
tula sin otras consecuencias que una leve
y pasajera irritación. La índole psico­
pática de la enfermedad era declarada
sin ambages por la letrilla de las taran­
telas; en unas se declaraba "que no era
tanto la picadura como el vino de la
g arrafa” lo que hacía bailar; oirás de­
cían que para sanar debía llevarse al
mar a los pacientes, y cuando la letra
preguntaba "donde había sido la picadu­
ra’ replicaba casi indefectiblemente que
"debajo de la falda”. Algo parecido
trasunta de los versos:
La tarántula
es un bicho muy malo. - No se mata con
piedra ni palo.” Y cuando una moza
aldeana de los países mediterráneos re­
chaza las fogosidades de un galán, no
es infrecuente el comentario: "Parece que
te picó la tarántula”, y no va descami­
nada.
Acaso, señor director, me haya exce­
dido con tantos Tarentos, tarántulas, tnrantali —como se llamaban los pacien.
tes—, tarantelas y tarantismos. Pero
nunca está de más que los lectores de
Cabalgata tengan ocasión de reconocer
el alcance de las calumnias y sobre todo
cuánto deben a los que consagraron su
vida a la causa de la verdad, que es la
de la ciencia, tal como unos cuantos de
nosotros la entendemos.
Siempre a sus gratas órdenes

se desarticulaban bailando y cantando.
El excesivo ejercicio excitaba la sed de
los bailarines. Para mitigarla acudían

ACELLI.

Montevideo, ¿3 de octubre de 1946.

UNA A R A Ñ A
Q U E C A P T U R A PE C E S
seis en esa sosegada tensión del gato que
espía la puerta de un agujero en cuyo
fondo alguien se revuelve y roe. En cuan­
to un pececillo inexperto se acerca al
lugar donde se halla apostada, da un salto
y le cae encima con los seis garfios. Pero
aun así el pez se hubiera evadido con
la araña a cuestas si las patas se limi­
taran a su función prensil. ¡Con lo ner­
vioso que es un pez!. . . Mas las patas
inyectan una dosis de narcótico al clavar
sus dagas en la presa, con lo cual la
nerviosidad se disipa como por arte de
mag a. Y sosegado ya, la araña lo arras­
tra hacia la orilla con tirones sobresal­
tados, y acaba por meterlo dentro de su
tapizado departamento con las intenciones
que el lector puede suponer.

A los 88 años de edad
LIBERTY B AI LEY SALE EN
BUSCA DE UNA PALMERA
noticia bien merece ser acogida
con hurras jubilosos. Según un ca­
ble de Nueva York acaba de partir en
misión de estudios hacia las selvas de la
América Central el sabio norteamericano
Libeity Bailey en busca de una clave en
la sistemática de las palmeras que le per­
mita morir en p;az. El sabio botánico,
.y"VUlÉN puede disputarles a las arañas
el honor de haber inventado la después de muchos años de estudio, re­
flexión y pesquisas, advierte a los 88 años
Fu* red? Pero no todas las arañas de edad la falta de un eslabón, de una
apelan a la red para procurarse el pan clave perdida como una aguja en el pajar
nuestro de cada día. Hay arañas cuya en las inmensas selvas del Nuevo Conti­
arma más efectiva es la pinza o, si se pre­ nente, y con maravilloso arrojo abandona
fiere, la aguja de inyecciones. Bien cla­ su bien ganado descanso para lanzarse en
vada ésta en un punto decisivo (en las su busca. Acaso en una barranca de los
inmediaciones de determinados centros ner­ Andes, bajo un laberinto de lianas, al
viosos) basta para dejar paralizados los borde de una corriente cantarina, adhe­
músculos de la víctima, y luego todo es rida a una roca a punto de despeñarse,
coser y cantar. ¿Cómo, si no, capturar, en cualquier sitio, en fin, de esta inmensa
una rana, o un pajarillo de alas vibrantes América, espera una planta, inadvertida
y enérgicas? P ara estos casos, de nada o hasta la fecha, la mirada sagaz de un
de muy poco valdría la red.
veterano hombre de ciencia para ir a ocu­
Hay una araña a la que vamos a de­ par un puesto decisivo, un hueco en el
dicar unas palabras: la Thalassius spen- gran rompecabezas del mundo vegetal.
eeri, de Australia. Por poco avezado que
¡Qué honor para la planta —real o su­
el lector esté a las etimologías, el nombre puesta— que no deja morir en paz al
genérico, Thalassius, le olerá a sal y a veterano botánico, ser descubierta o des­
yodo, o sea a mar. Y es que esta araña encantada por él! ¡Qué honor para Li­
no pesca —metafóricamente— en el aire, berty Bailey llevar a cabo el hallazgo de
sino en el mar, y, claro está, no con red, los hallazgos antes de restituir sus hue­
sino con las patas. ¿No cuenta con cua
sos a la tierra fecunda de donde proce­
tro pares? Y' si cuenta, ¿por qué no hacer den! ¡Y qué gran honor para la ciencia
buen uso de ellas?
el haber podido inspirar esta aventura,
Esta araña se coloca al borde del esta sin duda última salida del caballero
agua como cualquier pescador de caña, en busca del reluciente yelmo de Mamy mientras procura mantenerse en equi­ brino y a batirse en descomunal batalla
librio sobre dos de ellas, tiene las otras
con los molinos de viento del Misterio!. • •

E

sta

�Columnas del templo de Castor en el foro romano, e interior de la catedral de Freiburg, en Alemania.

ARQUITECTURA
Por C O N R A D O P. S O N D E R E G U E R
espacio —cuya forma de repre­
sentación condiciona, según Riegl,
E
todas las artes plásticas— es para la
l

arquitectura, fundamental. Suponiendo
una escala de creciente aprehensión del
mismo, de mayor aproximación a él
como cosa tangible, como materia, pa­
ra la pintura el problema consiste en
su representación, interpretación o con­
cepción, para la escultura en eso y
además en su ocupación, y para la ar­
quitectura en todo ello pero y sobre
todo, en su captación o creación. La
irquitectura es un hecho de espacio,
no sólo por el aspecto concreto o uti­
litario de ocuparlo sino, lo que es mu­
cho más importante como arte, por
modelarlo y animarlo; sólo ella trabaja
directamente con él.
El espacio es a la arquitectura lo
que el color a la pintura. Sólo cuando
se comprende su razón espacial, se
logra un enfoque verdadero de su
problema que, según la época histó­

rica, la evolución de la técnica, la
mundivivencia actuante, puede resol­
verse en su ocupación (casi escultu­
ra), en su captación o, en sus mejores
expresiones, ser una modelación y do­
minio del mismo. Es decir, una evolu­
ción de lo limitado a lo infinito.
Simple ocupación de espacio es aquel
caso en que los valores del volumen son
tales, su materia, su peso están de tal
modo presentes que son lo principal en
la obra, al punto que casi podemos
creer que el lugar ha sido cavado en
un volumen anterior. En un templo
egipcio los valores son casi puramente
escultóricos. En él el espacio no se
modela, se da como accesorio y apenas
podemos decir que se usa. (Véase
Worringer: "El arte egipcio”.) La cons­
trucción está resuelta por cargas ver­
ticales simples; sólo por excepción en­
contramos una falsa bóveda o cúpula;
existen elementos sostenidos y de sos­
tén. En Egipto puede servir de expli­

Un aspecto del Partenón en la acrópolis de Atenas.

cación el recordar que los templos fue­
ron originariamente cuevas, pero estas
mismas características de ocupación de
espacio, cargas verticales, pesadez, etc.,
se observan en otras arquitecturas ini­
ciales : dórica primitiva, incaica, maya,
hindú, etc.
Una mayor pureza o sutileza de con­
cepto caracteriza el rodear un espacio.
Ya no se cava un volumen preexis­
tente sino que, dado un espacio deter­
minado, se lo limita. El limitar un
espacio implica una mayor tensión; ro­
dearlo es ya como una manera de po­
seerlo, de dominarlo. Todavía se usan
cargas verticales, pero está medida la
cantidad de materia y comienzan a
usarse cargas de otro orden (bóvedas
simples). Se establece una distinción
entre los elementos que sostienen y los
sostenidos. Vemos claramente que los
materiales son límites del espacio.
(Ejemplo: el Partenón.) Un pilar
dórico clásico no tiene ya el valor

Y
(Especial para

ESPACIO
C a b a l g a t a .)

de volumen que tenía un pilar de
Karnac.
Por último las más hermosas obras
de la arquitectura, obras definitivas,
aquellas en que realmente se supera el
ocupar y el rodear un espacio para lle­
gar a su captación, a su creación. En
ellas (lo gótico, por ejemplo) el espa­
cio juega, es un elemento activo en la
composición. Hay una vibración acor­
de entre el exterior y el interior, son
el uno reflejo del otro. No se distin­
guen ya elementos sostenidos y de sos­
tén, porque el todo se halla organizado
dinámicamente, en razón del espacio al
que dan vida. Los valores plásticos
están dados por él; la materia del edi­
ficio es sólo el instrumento para ha­
cerlo vibrar. El espacio es lo esculpi­
do. modelado y modulado.
Las columnas de un templo egipcio
permiten advertir que han sido conce­
bidas como volúmenes, como cosa mo­
delada y sólida. En cambio, en una

Templo de Ceres o de Vesta en Pesto.

catedral gótica las eolumnas soJ VI
esbeltas y livianas, y su valor plástico,
aunque grande, es de otro orden. Aquí
lo importante, lo que ha sido modelado
es el espacio interior, corno algo que
interviene activamente en la composi­
ción y concepción de la obra. Allí el
espacio es algo muerto, estático, es tan
sólo el medio neutro en que se alojan
las maravillosas columnas; es, a lo su­
mo, un ocupar espacio.
Estas tres etapas, quizás sucesivas,
de ocupación, limitación, y creación las
sentimos como estática, equilibrada y
dinámica respectivamente y expresan
una evolución del concepto de espacio
que va de lo mensurable a lo infinito.
Evolución común a ciclos arquitectó­
nicos distintos correspondientes a di­
versos materiales y maneras de cons­
truir. Y el conocimiento de esta evo­
lución quizá permita concebir una his­
toria de la arquitectura sin nombres
y sin ejemplos casi.

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E . V.

ducidos por la disentería, la tos f •
la difteria o el sarampión, lo cual n*nn,&gt;|
que el cáncer, aun cuando no es j **
entre las criaturas y los niños °!m4í
mortífero.
’ 51 *s
Tercera razón: el cáncer puedo A
arrollarse en más partes del cuerpo ^
casi todas las demás enfermedades ^
manera, que son diversos los tejido
edades en que puede ser estudiado p *
supuesto, se trata de una enfermedad *
ataca las células: obedeciendo a eimüf
razón ignorada, las células se modiff^
de tal manera que se vuelven ma;¡ Ca“
• y~v e dónde nace el optimismo de que
¿ 1 ) puede resolverse el problema del en el sentido de que se multiplican ■
obedecer a las restricciones usuales l#
cáncer? Hoy existe un rayo de esperanza
en lo que hace varios lustros se consi­ impone el cuerpo, invaden el área
deraba- con una apatía rayana en des­ pertenece a otras células y continúan T*
tendiéndose por todas ellas hasta cansa
esperanza.
la muerte del individuo, el que a menú/
Tal vez la mejor manera de dar con
parece en un estado de suma emaciaciá" '
la fuente de la que emana ese optimismo
Otra consecuencia más del hecho a
es conversando con las personas que se
dedican a buscar la solución del pro­ que el cáncer se presenta como objeto /
blema en los hospitales, institutos de in ­ estudio en cualquier parte del cuerpo q / i
vestigación y universidades. Algunas po­ ocurre, es la dificultad de estableceré/
nicas, en las escuelas de medicina, pa» 1
cas de ellas se muestran decepcionadas;
pero las más están un tanto entusiasma­ el tratam iento del cáncer. Si llegaran a ■
das por los resultados que van obtenien­ abrirse dichas clínicas éstas no podrían
ser como las de ginecología, oftalmolo-’i
do. Se sienten seguras de que están bien
orientadas, a veces tras esfuerzos inicia­ gía, urología u otras exclusivas de sec- !
les infructuosos, y están dispuestas a ha­ ciones especializadas; tendrían que g, I
departamentos enteramente independien- '
blar con entusiasmo por largas horas
acerca de sus experimentos. Pero a me­ tes o únicos, es decir, hospitales de cán- !
nudo critican con severidad a otros de cer, epues de lo contrario no pasarían de
sus colegas, y, como el blanco de sus ser organismos que tendUan que pedir I
permiso para tra ta r y estudiar casos en
ataques es la variedad de experimentos,
las distintas clínicas de la escuela, va i
con frecuencia su criterio se basa en un
conocimiento inadecuado de lo que ver­ establecidas; por ejemplo: el cáncer del
seno tendría que tratarse y estudiarse en
daderamente tratan de hacer los otros.
la clínica de ciru g ía; el de la próstata, en
Por consiguiente, el visitante corre el
la de urología, y así sucesivamente.
riesgo de desconcertarse en vista de esa
Un cuarto aspecto que presenta e' cán­
mezcla de críticas, algunas justas y
otras sin fundamento alguno; y esta con­ cer y el cual lo hace distinguirse de las
otras enfermedades, es el enorme número
fusión hace que el visitante se d irija a
mayor número de laboratorios de inves­ de agentes que pueden producirlo. Com­
pletamente ajena al cáncer es la- simpíitigación del cáncer. La verdad es que hay
varios métodos acertados, y que se pue­ cidad de la sífilis, que es originada por
un solo tipo de organismo de forma es­
de combatir el cáncer desde más puntos
de los que es posible abordar en otro cual­ piral, o la de la tuberculosis, que la causa
una sola especie de bacilo. Los agentes
quiera de los principales problemas que
que bajo ciertas condiciones engendran
se plantean al arte médico.
el cáncer son las llamadas sustancias car­
¿A qué razones se debe la existencia
de tantos senderos para buscar la solu­ cinógenas, las que se dividen en dos cla­
ses: externas e internas.
ción del problema del cáncer, que pueden
La luz solar es la más universal de las
explorarse para obtener provecho de ellos?
Una de esas razones es la de que se pue­ carcinógenas externas; pero su potencia
para provocar el desarrollo del cáncer es
de estudiar e! cáncer -o solamente en el
relativamente débil. I.a «voosición pro­
hombre s:
también u i una
’n varí"
ís
'-res durante un
d;¡T de animales domes. &gt;s: el ¡ierro, ia
período de muchos años podría resultar
oveja, el gato, la cabra, el caballo, etc.
en la formación de un cáncer. Algunos
Esta clase de animales son víctimas del
de los soldados que se batieron en el Pa­
cáncer con mayor o menor frecuencia.
Son particularmente iluminantes las in­ cífico sufren ahora de cáncer en el labio
debido a la acción del sol a cuya gran
vestigaciones que se han practicado en
intensidad se tuvieron que son.eter duran­
peces, batracios, pollos y ratones. Son
tantos los distintos animales de que se te el combate aunque fuera por cortos
períodos de tiempo. Si las condiciones fa­
tiene noticias de padecer de cáncer que
vorecen el desarrollo del cáncer, éste pue­
se ha entablado una búsqueda diligente de
de declararse por acción del polvo, y, en
algunas especies que el cáncer no ataca
nunca. Se pensó, con acierto, que si se especial, por la de ciertas clases de minas,
lograba encontrar algunas de esas espe­ de los rayos X, del radio y substancias
cies inmunes a ese azote, se podría esta­ radiactivas, de muchos productos ¿e al­
blecer una comparación con otras que quitrán de hulla, particularmente de la
brea y ciertas materias colorantes &lt;ie ani­
son comúnmente presa de tal enfermedad,
lina y de varias otras substancias quí­
y descubrir así la índole de los factores
que determinan la resistencia o suscep­ micas . . . Y en número menor de casos,
el cáncer tiene la tendencia de manifes­
tibilidad para contraer el mal. Con esa
idea se hizo un examen minucioso de los tarse por efecto de quemaduras y lesiones
físicas, como golpes en los huesos, en el
ejemplares de animales de los jardines
pecho o en los testículos.
zoológicos así como de los que recogían
las expediciones de cazadores enviados a
I-as carcinógenas internas son más di­
tierras extranjeras, a fin de encontrar
fíciles de reconocer; se sospecha que per­
un ejemplar de alguna especie inmune al
tenecen posiblemente a esta categoría los
cáncer; pero no se obtuvo ningún resul­ hormones de sexo masculino, y más de­
tado satisfactorio. De los experimentos
finitivamente los del femenino; pero, de
hechos en un número suficiente de ani­ nuevo, debemos subrayar en este caso la
males pertenecientes a una misma y sola
palabra "potencial”, porque generalmente
especie no se dió ningún caso en que se
no causan cáncer. Sin el uso de estos y
obtuviera resultados negativos que ju sti­ otros compuestos esteroides, la evolución,
ficaran la conclusión de que la especie
según la conocemos, no hubiera podido
fuera inmune al cáncer. Y basta de lo efectuarse.
que a los vertebrados se refiere.
Otra característica del cáncer aumenta
En cuanto a los invertebrados, ^éstos- nuestra perplejidad, algunas veces es
también pueden ser víctimas del cáncer;
muy fácil determinar la fecha del último
pero los conocimientos que se tienen so­ contacto con una sustancia carcinógena
bre el alcance de la distribución de ese y medir el tiempo transcurrido antes de
mal, son aun más obscuros. Se ha llegado
la aparición del cáncer. Un obrero, des­
a descubrir hasta en las plantas la exis­ pués de estar empleado en una fábrica
tencia de una enfermedad que se ase­ durante un lapso variable, podría cam­
meja, aunque lejanamente, a la del cán­ biar de ocupación sin que jamás vuelva
cer. Es, pues, el cáncer la antítesis de a correr el peligro de estar expuesto al
la enfermedad mental. El alienista puede
mismo riesgo del cáncer. La estadís­
tratar al paciente solamente desde un
tica demuestra que el cáncer podrá ata­
plano humano en donde los pensamientos
carle la vejiga dentro de 1 a 17 años
se trasmiten por medio de la palabra,
más tarde. Después de la última de las
mientras que el investigador puede ad­ repetidas exposiciones a los rayos X, el
ministrar su tratamiento desde varios pla­ médico o el técnico que los maneja puede
nos, tal vez desde todos los principales,
ser afectado en la piel por el cáncer en
en la gradación animal.
el tiempo que media de 1 a 11 años. Des­
Otros de los primeros investigadores
pués de sufrir una persona una quema­
trataron de encontrar un contraste para­ dura grave, se le puede manifestar el
lelo en el hombre, es decir, entre una raza
cáncer, en el lugar dañado, en el término
o tribu inmune al cáncer, y otra que no
de 1 a 24 meses. Es evidente que existen
lo fuera, siempre en pos del objetivo de
largas sendas y cortos trechos por donde
reconocer los factores de la resistencia o llegue el cáncer: es casi imposible des­
los de la susceptibilidad. A los primeros
enmarañar la concatenación de las cir­
informes de que entre los esquimales era
cunstancias.
desconocido el cáncer, invariablemente se
Pero tal vez lo que es más difícil de
sucedían datos del descubrimiento de ca­ analizar entre los aspectos del cáncer es
sos de cáncer al examinar más individuos.
la susceptibilidad para contraerlo. El
Es también evidente que el cáncer entre
grado de susceptibilidad a una enferme­
los seres humanos no es una enfermedad
dad infecciosa, como la parálisis infantil,
moderna, pues data desde los tiempos pre­ depende generalmente de la concentra­
históricos.
ción de material específicamente antagó­
Otra de las razones de que el cáncer
nico al virus contenido en la sangre. En
presente abundante material para la in­ el cáncer muchos tipos de células poseen
vestigación se encuentra en el hecho de susceptibilidad, y aparentan tenerla indi­
que, a diferencia de gran parte de otras
vidualmente en grados diferentes. Deci­
enfermedades, no se limita a ninguna
mos "aparentan’’ a sabiendas, porque uno
edad en particular. Aunque el máximo
se encuentra a cada rato, en el problema
del número de fallecimientos causados por
del cáncer, con complicaciones que nacen
el cáncer entre los hombres es de los de otras, y no podemos determinar hasta
60 a los 69 años, y entre las mujeres, de qué punto la frecuencia y rapidez del
los 50 a los 59, hubo más defunciones
desarrollo del cáncer dependen de las cé­
en 1942 debidas al cáncer en niños me­ lulas que sufren la transformación y do
nores de 5 años que todas las de p ará­ las actividades de otras células y fluidos
lisis infantil, nefritis aguda, o todas las corporales. El cuerpo es un organismo
enfermedades del oído y a la mastoiditis.
maravillosamente constituido que nunca es
Y en ese mismo año, los decesos causa­ el mismo en diferentes intervalos de tiem­
dos por el cáncer entre niños de 5 a 9, po pues su cambio es constante.
y de 10 a 14 años, sobrepasaron los pro­
( C ontinuará en el próxim o número.)
E l autor de este artículo es profesor de
A natom ía cu la U niversidad de IVáshington, v
es, adem ás, D irector de Investigaciones del tía r
nard Free S k in and Cáncer H ospital
de S t.
Louis. H a form ado parte del personal docente
de la U niversidad de C hicago; de la Escuela
de M edicina del Johns H o p k in s: de! r e k in g
U nion M edical College y del In s titu to R ochefcller de In v estigación M ódica.
E stu d ió el paludism o en T u n e s ; la fie b re en
la costa oriental de la Colonia de K cn y a . la
hcm oglobinuria en el T ra n sv a a l; la lepra en
P uerto R ico, y la enseñansa m ódica en v a n a s
partes del Japón y China. E l presente articulo
apareció en idiom a inglés en la revista
I he
S cientific M onthly” .

�_ CUENTO POLICIAL

0 cabalgata

LAS DOS BOTELLAS DE CONDIMENTO
por Lord D u n s a n y
(Traducción del inglés por J. C. O.)
es lili nombre. Soy lo que
do —decía yo. Y piensen que la pieza en a cortar los árboles. Trabajó tres veces por allá y jamás vi que tuviera una lupa de alerce, mirándome fijamente a la cara
ustedes podrían llamar un hombrecito
cuestión era una dama.
dedicado a un pobre negocio. Viajo para el —Sí; no es de ninguna utilidad. Posi­ por día durante una semana y cuando los y en todos los casos Scotland Yard se y mirándome con expresión extraña. Pensé
árboles estuvieron derrumbados fué cor­ le adelantó. En efecto, ellos disponían largo rato, apoyado en el seto, respirando
Num-numo, un condimento para carnes y
blemente lo mejor sea perderla.
tando los troncos en pedazos no más lar­ de pistas, de una enormidad de pistas. el olor de las flores y mirando los tron­
entremeses. . . , el condimento de fama
Y, saben ustedes, él tenía razón.
gos que un pie, que agrupó en montones Varios tipos de pistas para demostrar que cos de alerce y el prolijo y pequeño
mundial, debería decir. Es realmente bas­
Ya ven, había estado siguiendo lo que cuidadosamente hechos. Nadie vió nunca Steeger había asesinado a la pobre niña; bungalow, al otro lado del jardín. Medité
tante bueno, no contiene ácidos deletéreos
pensaba el autor del problema; ni más ni hacer una tarea semejante. ¿Y para qué? varias clases de pistas para demostrar que sobre muchas teorías hasta que di con el
y no afecta al corazón; de manera que es
menos.
Nació la teoría de que estaba buscando él no había hecho desaparecer el cuerpo. mejor pensamiento: lo más conveniente
bastante fácil sacarlo adelante. Si no
Bueno, un día se produjo aquel terrible un pretexto para justificar la tenencia
Pero el cuerpo no estaba allí. Tampoco sería dejarlo pensar a Linley, con su edu­
fuese así, yo no habría conseguido este
asesinato en Unge. No sé si lo recuerdan. del hacha. Pero el pretexto era más gran­ estaba en Sudamérica y no era probable cación de Oxford y Cambridge y lim itar­
empleo. Pero espero obtener algún día
Un tal Steeger se había ido a vivir con de que el hacha. El hombre trabajó du­ que estuviese en Sudáfrica. Y todo el me a llevarle los hechos, tal como él lo ha­
algo más difícil de vender, pues cuanto
una muchacha en un bungalow cerca de ramente, cada día. durante una quincena.
tiempo, téngase en cuenta, estuvo allí bía dicho. Olvidé contar que había estado
más difícil mejor pagan. Actualmente no
las North Downs y aquélla fué la primera
Además,
podía
haber
matado
a
la
pequeaquel gran montón de madera de alerce; en Scotland Yard en la mañana. Bueno,
hago más que defenderme, sin que me so­ noticia que tuvimos de su existencia.
ñita Nancy Elth sin la ayuda del hacha. una pista que miraba a todos fijamente no hay mucho para contar. Ellos me pre­
bre nada; pero vivo en un departamento
La muchacha tenía £ 200 que pasaron, Otra teoría era que necesitaba madera
en la cara y no revelaba nada. No, no guntaron qué andaba buscando. Y como
muy costoso. Ocurrió de la siguiente mapenique tras penique, a poder del hombre para deshacerse del cuerpo por medio del
deseábamos disponer de más pistas /y Lin­ yo no tenía una buena respuesta prepa­
nera, y esto me trae a mi historia. Y no
y finalmente ella desapareció. Scotland
fuego. Pero nunca usó los troncos. Los ley jamás se acercó al lugar. El asunto rada no pude sacar mucho de ellos. Pero
se trata del cuento que ustedes esperarían
á ard no la pudo encontrar.
amontonaba prolijamente en el jardín y estaba en hacer algo con las pistas que en Unge fué muy distinto; todos se mos­
de un hombrecito como yo; pero no hay
Bueno, yo casualmente leí que Steeger
allí los dejaba. Este enigma derrotó a
teníamos. Yo estaba completamente des­ traron serviciales: aquél era su día, como
otro que pueda contarlo. Las demás per­
había comprado dos botellas de Num-nu- todos.
concertado. Scotland Yard también; Lin- ya dije. El Condestable me dejó entrar
sonas que saben algo del asunto se mues­
bajo compromiso de no tocar nada y me
tran partidarias de mantenerlo en secre­
permitió
examinar el .jardín. Vi los tron­
to. Bueno, cuando recién conseguí mi
cos de los diez árboles y noté una cosa
empleo estaba buscando* una habitación
que segqn Linley estuvo muy bien obser­
para alquilar en Londres, tenía que ser
vada. No quiero decir que haya servido
en Londres para que fuese central. Visité
para nada, pero mostró que yo hice lo que
una manzana de edificios, muy sombríos
pude. Noté que los troncos habían sido
en apariencia, vi al encargado y le hablé
cortados de cualquier manera. Y de eso
sobre lo que andaba buscando. Los lla­
deduje que el hombre que había talado
maban departamentos; pero no eran más
los árboles no entendía mucho de eso. El
que un dormitorio con una especie de ro­
Condestable fué el que dijo que eso era
pero. Bueno, el encargado estaba mos­
deducción. De modo que pensé que el
trando los departamentos a un caballero;
hacha estaba embotada cuando él la usó
en realidad era algo más que un caba­
en los árboles; es seguro que eso hizo
llero, de manera que me prestó muy poca
pensar al Condestable aunque ahora no
atención. Quiero decir, el encargado de
reconozca que entonces yo tuve razón. ¿Ya
los departamentos. Así que yo no hice
dije que Steeger nunca salió del bunga­
más que correr detrás de ellos, viendo
low, excepto para trabajar en el pequeño
toda clase de habitaciones y esperando que
jardín, desde la desaparición de Nancy?
me enseñasen lo que me interesaba. Lle­
( reo que sí. Bueno, ésa era la verdad. Lo
gamos a un departamento muy lindo, un
habían vigilado noche y día y el Condes­
salón con dormitorio y baño, y un peque­
table me lo confirmó personalmente. Esto
ño espacio al que llamaban hall. Y así
limitaba notablemente las posibilidades.
fué como llegué a conocer a Linley. Era
Lo único que no me gustaba era que todo
el tipo al que estaban guiando.
aquello hubiese sido descubierto por poli­
—Un poco caro —dijo.
cías comunes y no por Linley. Estaba
El encargado se dirigió hacia la venta­
seguro de que él podría haberlo hecho.
na y se escarbó los dientes. Es curioso
Podría haber habido mucho romance en
cuánto puede expresarse con un gesto sim­
una historia semejante. Y ellos no hu­
ple como ése. El hombre quería decir que
biesen hecho nada si no fuera por la no­
disponía de centenares de departamentos
ticia de que el hombre era vegetariano y
como aquél y de miles de personas que los
sólo hacía sus compras de comestibles
deseaban; y que no le importaba quiénes
en la verdulería. Probablemente la histo­
I03 conseguían ni quiénes continuaban de­
ria la difundió el carnicero, por despecho.
seándolos. No era posible equivocarse.
Es curioso que detalles tan pequeños pue­
Y sin embargo él no decía una palabra;
dan echarle una zancacj¿lla a un hombre
miraba hacia afuera por la ventana y se
y hacerlo caer. Mi lema es que lo mejor
escarbaba los dientes. Entonces yo me
es proceder rectamente. Pero tal vez me
atreví a hablarle a Mr. Linley. Le dije:
estoy apartando de mi relato. Me gusta­
—¿Qué le parece, señor, si yo pago la
ría poder hacerlo definitivamente, olvidar
mitad y lo compartimos? Yo no sería un
que eso sucedió aguna vez; pero no puedo.
estorbo, estoy afuera todo el día y lo que
Bueno, recogí toda clase de informa­
usted disponga se hará. No lo molestaría
ciones o pistas, como pienso que deben liamás que un gat".
marse en un cuento como éste, aunque no
Bueno, ésos son los hechos que conté
Ustedes podrán sorprenderse de que yo mo. La policía de Otherthorpe llegó a
saberlo todo acerca de él con excepción a Linley. Ah, sí: además, Steeger compró ley no adelantaba nada y el misterio se llevaban a ninguna parte. Por ejemplo:
lo haya hecho; pero más se sorprenderán
mantenía
suspendido
encima
de
mí.
Si
no
llegué a saber todo lo que el hombre
un cuchillo de carnicero. Cosa curiosa, fuera por la insignificancia que se me
de que él haya aceptado. Por lo menos de lo que había hecho con la muchacha.
había comprado en el pueblo y hasta po­
los asesinos siempre lo hacen. Y, sin em- ocurrió recordar, si no hubiese sido por
si me conocieran, pobre hombrecito dedi­ Aquello, por supuesto, atrajo mi atención;
dría decir qué clase de sal usaba, una
bargo, después de todo no es tan curioso; una palabra casual que dije a Linley,
cado a un pequeño negocio. Sin embargo, en caso contrario nunca hubiese vuelto a
muy sencilla, sin los fosfatos que ie ponen
si usted tiene que descuartizar a una mu­ aquel misterio habría seguido el camino
pude comprender en seguida que él me pensar en el asunto ni dicho una palabra
daba más importancia que al hombre de a Linley sobre el tema. El Num-numo es­ jer, tiene que descuartizarla. Y eso no de todos los otros misterios que los hom­ a veces. Además, conseguía el hielo en
taba siempre en mi cabeza, ya que mis
la pescadería y grandes cantidades de
la ventana.
se puede hacer sin un cuchillo. Después bres no han podido dominar; una mancha
verdura, como ya dije, en la verdulería
—Pero no hay más que un dormito­ días eran empleados en tratar de vender­ algunos hechos negativos. El no había oscura, un pequeño remiendo nocturno en
lo; por eso fué que presté atención al ase­ quemado el cuerpo de la mujer. Encendía la historia.
de Mergin &amp; Sons. Hablé un poco de todo
rio —dijo.
eso con el Condestable. Me dijo que se
una pequeña estufa de vez en cuando y
—Yo podría armar mi cama en aquella sinato. Así que un día le dije a Linley:
Bueno, el hecho es que al principio
—Me pregunto si con esa habilidad que
llamaba Slugger. Yo me preguntaba por
sólo la usaba para cocinar. El Condesta­ Linley no se interesó mucho en el asunto,
piecita —contesté.
tiene
usted
para
ver
claro
en
un
problema
qué no habían revisado la casa en cuanto
ble de Unge y los hombres de Otherthor­ pero yo estaba tan absolutamente seguro
—El hall —dijo el encargado, dándose
faltó la muchacha.
vuelta desde la ventana, sin abandonar el de ajedrez no podría intentar algo en el pe que estaban dando una mano lo ave­ de que él podía resolverlo que no lo dejé
misterio de Otherthorpe. Es un problema
■ Bueno, eso no puede hacerse —me
riguaron con bastante habilidad. Había en paz.
escarbadientes.
en los alrededores algunos pequeños gru­
•Ni0—• Además, no sospechamos en se­
—Y la cama no le molestaría para como los de ajedrez.
—Usted
puede
solucionar
problemas
de
—En diez asesinatos no hay tantos mis­ pos de árboles y subidos en ellos pudie­ ajedrez —le dije.
guida que pasara algo relacionado con la
nada; podría tenerla escondida en el ro­
terios como en una sola partida de aje­ ron oler el humo que salía de la casa;
muchacha. Sólo se nos ocurrió que había
pero a las horas que usted guste —dije.
—El
ajedrez
es
mucho
más
difícil
—dijo
nunca hubo olor a carne quemada, sino él.
algo malo en él, puesto que era vegeta­
El me miró pensativo mientras el otro drez —contestó.
—Ese misterio ha vencido a Scotland
el común de las comidas. Aquello fué
hombre miraba a través de Londres; fi­
¿Entonces por qué no resuelve esto? riano.^ Estuvo aquí una buena quincena
Yard
—dije.
nalmente aceptó.
después de la desaparición de ella. Des­
bastante astuto de parte de la policía de —dije.
—¿Sí? —preguntó.
pués, entramos aquí como un cuchillo.
Otherthorpe, aunque, por supuesto, no
—¿Es su amigo? —preguntó el encar­
—Bueno,
vaya
y
mire
la
pizarra
por
—Los ha dejado atontados —dije.
gado.
Pero, usted comprende, no había ninguna
ayudó a colgar a Steeger. Más tarde lle­
—No debería ser así —dijo; y casi en garon los hombres de Scotland Yard y mí —dijo Linley.
investigación acerca de ella, no teníamos
—Sí —contestó Mr. Linley.
^
Aquélla
era
su
manera
de
hablar.
Ha.
consiguieron determinar otro hecho nega­ bíamos estado una quincena juntos y ya ningún mandamiento.
Fué realmente muy lindo de su parte. seguida me preguntó:
—¿Cuáles son los hechos?
tivo, pero que sirvió para estrechar el lo conocía. El deseaba que yo fuera al
Explicaré por qué lo hice. ¿Me conve­
—¿Y qué encontraron cuando entraron?
Estábamos en la mesa, a la hora de la
nía el alquiler? Por supuesto que no.
campo. Fué la comprobación de que la bungalow de Unge. Ustedes preguntarán —pregunté a Slugger.
•comida,
y
yo
le
conté
los
hechos
tal
como
Pero le oí decir al encargado que Mr. Lin­
creta bajo el bungalow y bajo la tierra por qué no fué él mismo; la verdad es
—Nada más que una gran lima —di­
del pequeño jardín no había sido remo­ que si hubiese viajado precipitadamente jo—, y el cuchillo y el hacha, las cosas
ley acababa de llegar de Oxford y quería los conocía por los diarios. Ella era una
vivir en Londres durante unos meses. rubia bonita, menuda, se llamaba Nan­ vida. Y él nunca se había alejado de la a través del campo habría pensado, mien­ que él adquirió para cortarla.
casa desde que desapareció Nancy. ¡A hí:
Supe que sólo quería estar cómodo y no cy Elth, tenía £200; ambos vivieron en
—Pero él consiguió el hacha para cortar
tras que sentado frente al fuego en nues­
hacer nada por un tiempo mientras estu­ un bungalow durante cinco días. Después
tenía una gran lima además del cuchillo. tro departamento desaparecían los lími­ árboles —dije.
diaba el ambiente y elegía una ocupación. él vivió solo allí una quincena, pero nadie
Pero no se encontraron rastros de huesos tes del territorio que podía abarcar, si se
—Bueno, sí —asintió, pero de mala
O, posiblemente, mientras le fuera posi­ volvió a ver a la muchacha. Steeger de­ molidos en la lima ni de sangre en el entiende lo que quiero decir. Así que gana.
claró
que
ella
se
había
ido
a
Sudaméri­
ble sostenerse. Bueno, me dije a mí mis­
cuchillo. Naturalmente, los había lavado. tomé el tren al día siguiente y bajé en
—¿Y para qué cortó los árboles? —pre­
mo; ¿cuánto valen los modales de Ox­ ca ; más tarde afirmó que nunca había
Conté todo esto a Linley.
la estación de Unge. Allí estaban las North gunté.
dicho
Sudamérica
sino
Sudáfrica.
No
se
ford en los negocios, especialmente en un
—-Bueno, por supuesto mis superiores se
Antes de continuar, debo hacer una Downs elevándose ante mí, semejantes,
negocio como el mío? Pues, simplemente, encontró nada del dinero de la muchacha
han formado su teoría —dijo— ; pero
advertencia.
Yo
soy
un
hombrecito
vul­
de
alguna
manera,
a
la
música.
no tienen precio. Si yo lograse asimilar en el baneo y se pudo probar que ju sta­ gar y nadie espera algo horrible de mí.
¿Es por allí, no? —dije al changa­ no pueden comunicarla a todo el mundo.
sólo un cuarto de los modales de Mr. Lin­ mente en aquel tiempo Steeger dispuso de Pero debo anunciar que aquel hombre
Como se ve, los troncos continuaban
dor.ley , sería capaz de duplicar mis ventas y £ 150. Luego se supo que Steeger era
triunfando.
era
un
asesino
o,
en
todo
caso,
algún
ase­
—Eso
es
—dijo—
.
Ahí,
cerca
de
la
esto_ significaría que muy pronto me desti­ vegetariano y que compraba al verdulero sino hubo. La mujer fué liquidada, una
¿Pero la cortó a ella? —pregunté.
senda; acuérdese de doblar a la derecha
narían a vender algo mucho más difícil la totalidad de su alimento. Esto hizo linda niña, y el hombre que hizo aquello
—Bueno, él dijo que la muchacha se fué
cuando llegue al árbol, un árbol muy
con una remuneración tal vez triplicada. que el condestable de Unge sospechase de no habría de detenerse en el punto eii
a Sudamérica —contestó; ésta era una
grande. Luego . . .
Era un buen negocio. Y uno puede lograr el, porque un vegetariano era una cosa que uno podría creer. Con una mentali­
actitud realmente muy equitativa de su
Me
describió
el
camino
de
manera
que
desconocida.
Se
dedicó
a
vigilar
a
Steeger
que un cuarto de buenos modales valga
dad apropiada para hacer una cosa seme­ yo no podía equivocarme. Todas las per­ parte.
y
lo
hizo
tan
bien
que
pudo
dar
a
Scot­
mucho más si sabe administrarlo. Quiero
jante y hostigado por la larga y fina
No recuerdo qué otras cosas me dijo.
sonas que encontré eran muy agradables
decir que no es necesario recitar todo el land Yard toda clase de información sobre sombra de la soga, nadie podría decir ante
—Steeger dejaba la vajilla en orden y
"Infierno” para demostrar que se ha leído el tipo, a excepción de lo único importan­ qué cosas se detendría. Las historias de y serviciales. Se comprende, había lle­ muy limpia —agregó.
gado al fin el día de Unge. Todo el te. El Condestable avisó a la policía de
a Milton; con media línea alcanza.
asesinatos son generalmente agradables
Bueno, traje toda esta información a
mundo había oído hablar de Unge; se
Bueno, vamos al cuento que tengo que Otherthorpe, unas cinco o seis millas para una dama que se sienta a solas y lee
podría haber hecho llegar una carta allí Linley en el tren que salía cerca de la
contar. Y ustedes no pensarían que un de distancia, y ella vino a dar una mano. junto al fuego. Pero el asesinato no es
sin poner en el sobre el nombre de la puesta del sol. Me gustaría hablar de
hombrecito como yo puede estremecerlos. Se sabía que Steeger no había abandona­ una cosa agradable y cuando un asesino
provincia. Me atrevo a decir que si uno la noche de fin de primavera, tan tran ­
Cuando nos establecimos en nuestro de­ do el bungalow ni el prolijo jardín desde está desesperado y trata de cubrir sus
quila sobre el horrendo bungalow, rodeán­
partamento pronto me olvidé de los mo­ la desaparición de la muchacha Com­ huellas, tampoco él se muestra tan agra­ quisiera ahora enterarse de dónde está dolo estrecha y gloriosamente, tal como si
Unge
.
.
.
Bueno,
ellos
estaban
recogiendo
dales de Oxford. Lo olvidé por la mara­ prenden: cuanto más lo vigilaron más
dable como podía serlo antes. Les pediré,
lo estuviese bendiciendo; pero a ustedes
su trigo mientras brillaba el sol.
villa que era el hombre en sí. Tenía un sospechas tuvieron, como le pasaría a
pues, que tengan eso presente. Bueno’
les interesa más el asesinato. Bueno;
cerebro como el cuerpo de un acróbata, cualquiera si se dedicara a seguir a un
, . y;— , .
aizauuose en
les he advertido.
conté todo a Linley aunque la mayoría
luz del día, subiendo como una cancii
como el cuerpo de un pájaro. Eso no ne­ hombre; de manera que muy pronto se
de las cosas no me parecían dignas de ser
Así que le dije a Linley:
Ustedes no tendrán ganas de leer fra¡
cesitaba educación. Uno no se daba cuen­ encontraron vigilando hasta el más insig­
contadas. Lo molesto era que cuando yo
—¿Y usted qué saca de esto?
sobre la primavera, el bullicio de la esl
ta de si el era educado o no. Siempre le nificante movimiento de Steeger. Pero
quería dejar algo afuera él lo adivinaba
—¿Desagües? —dijo Linley.
brotaban ideas, cosas que uno jamás ha­ nunca hubieran sospechado de él si el
cion, los colores que descienden sobre I
y me obligaba a decirlo.
—No —dije—. Usted ' se equivoca.
das las cosas cuando avanza el día y
bría pensado. Y no sólo eso, sino que si hombre no fuera vegetariano. No descu­
—Usted no puede saber qué es lo real­
multitud de pájaros.
alguna idea andaba cerca, él siempre lo­ brieron mucho en contra, a excepción de Scotland Yard revisó aquello. Y la gente
mente importante —decía él—-. Una chin­
Pero yo pensé: "¡Qué hermoso lug
graba atraparla. Más de una vez adivinó las t 150 que cayeron del cielo; y eso de Otherthorpe, con anterioridad. Han
revisado los desagües, tal como son, un
che barrida por una criada puede hacer
para traer a una muchacha!”
lo que yo iba a decir. No era lectura del mismo lo descubrió Scotland Yard y no la
colgar a un hombre.
pequeño canal que va a un resumidero,
pensamiento, sino lo que llaman intuición. policía de Otherthorpe.
Y
entonces,
cuando
recordé
que
just
más allá del jardín. Y nada bajó por
Todo esto está muy bien, pero hay
Yo acostumbraba a estudiar un poco de
mente allí la habían asesinado . .. Buen
,N o ; lo que descubrió el Condestable de a llí... es decir nada que no debiera
que ser concreto aun cuando uno haya sido
ajedrez, simplemente para dejar de pen­ Unge fué lo de los árboles de alerce
no
soy
más
que
un
pobre
hombre,
con
haber bajado.
educado en Eton y en Harrow. Cada vez
sar en el Num-numo por la noche, cuando
ya he dicho; pero cuando la imaginé sob
Y esto derrotó completamente a Scotland
L1 hizo una o dos sugestiones más, pero
que yo mencionaba el Num-numo que,
había terminado de trabajar. Pero nunca
Yard y despistó a Linley por largo tiem­ Scotland Yard se le había adelantado en aquella colina, con todos los pájaros ca
después de todo, fué el comienzo del
pude resolver problemas. Sin embargo, él po; por supuesto, también me derrotó a
tando, me dije a mí mismo: "No ser
asunto, ya que Linley ni se habría ente­
se acercaba, echaba una mirada a las pie­ mí. En el pedacito de jardín había diez cada caso. Aquí está, realmente, el pivote extraño que después de todo, yo cons
de mi historia. Uno considera necesario
rado del crimen si no hubiese sido por
zas y decía:
guiera hacer matar a ese hombre, si i
árboles de alerce y Steeger hizo una espe­
mí, él decía que el hecho de que Steeger
—Podría empezar por mover esa pieza. cie de acuerdo con el propietario del bun­ que el hombre que desea actuar como que él la mató a ella.” Pronto enconti
detective tome una lupa y vaya al lugar el camino al bungalow y me puse a ii
comprara dos botellas era trivial, y que
—¿Pero adónde? —decía yo.
galow, que lo autorizaba a hacer con los
nosotros debíamos limitarnos a los puntos
—Oh, a cualquiera de esas tres casi­ arboles lo que se le diera la gana. Y a de! crimen; que vaya, antes que todo, y vestigar, espiando hacia el jardín por ei
mida huellas de pies, encuentre pistas y
principales. Yo me sentía inclinado a ha­
llas —decía él.
cima
del
seto.
No
descubrí
mucho,
no
•
partir del día en que debió haber muerto
descubra el cuchillo que la policía pasó
blar del Num-numo porque aquel mismo
—Pero en cualquiera de ellas la pier­ la pequeña Nancy Elth, Steeger se dedicó
nada que la policía no hubiese visto antes
por alto. Pero Linley ni siquiera se acercó pero allí estaban los montones de tronce
día había logrado colocar cerca de cin-

S

uithers

(C ontinúa pá(/ina 15 )

�ARTE
EaxJOJ» De Qrraós es un hombre
B
querido. C a « a p c n eBo eoc s j
M tn rii gwnfroso. con s= trapcnuLcr:.TmrocT T fr«x&gt;eo. Come pintor ü e bies ha gicado la vohmiad de h
?eote eoe sa piulara e x p a á n . asoie*da con !a faz irradiante áel impresobísho y ambiciosa de grandes espae*K. coa la aK o rp o ríciá a la k«aoeiü L i del arte de ios ierras racionales
Cada tcz «que expone se o :Ttlira^ en toreo sajo el favor oficial,
la crítica j el pobhc© nuafrvjw. Pero
esta Tez había, además, otro motivo de
interés. Desde hace a lg ir tiempo- Qaitos. que parecía deslizarse n í - qne
andar, por an camino llano, estaba In­
quieto. quejoso, desoxuento ecnsigo
tnisino. Sos amigos conocían este es­
tado critica. Quitos no lo acallaba, v
j a es vísperas de sa óltinLi eipoéic . j.
erejo prudente dárselo a eocoeer al
póbiteo. En ttn reportaje periodístico
d ije: "Porque Besó un día ec qne em­
poce a encontrarme asshsiV ho con
todo enante era aii c-bra. Sentí £a im­
periosa necesidad Lcsofc* rnabíe de rea­
brirm e auténticamente, de ser jo mis­
ino, J creo haber hallado ei camino:
te declaro jobilosamente. Y ahora es
romo si estuviera de reares.) de andar
por senderos transitados j predios que
no me pertenecían j rnw arnm i' a
echarme por caminos inéditos j a ver
las cosas j tes seres con ojos recién
amanecidos, Y ante la pregonta del
reportero de si renegaba ¿e su obra
antera * contesta: Abs: mámente. Esa
cora ao me pertenece. Ella es el reflejo
de k s grandes maestros. Eco viro de
aiSI5eí?:ilenguaje se articula eoo vo­
ces magistrales. \ o no me reconozco
b o j en esa obra. Tengo que empezar de
caen*.”'
Xa&lt;ia más natural que. despaés de es­
tas declaraciones, ¡a exposición; que
se inauguró en Witeomb fuese nn
aeonteeimiento todavía de m ijo r reperensirn que .as anteriores. El pábdc© se arremolinó. ía critica eantó loas,
las ventas marearon ttn récord no al­
canzado ni imaginado hasta ahora por
artista aíatino. Pero ¿se Han enmpSáo
ei voto. la promesa j la ambición dd
artista ? Evidentemente, no.
En eí origen ¿e ia desazón qne viene
preoes pando a güiros de na tiempo a
esta parte no es difícil advertir eí
sentimiento de he desacuerdo entre sa
obra v el espíritu dominante de ía pin­
tura contemporánea. En pleno vigor,
pese a los años, de sa temperamento
j sts inteligencia. Quitos ha sentido la
necesidad de ponerse a tono con su
memento. Confieso que este aspecto de
sa p rtó.ena es eí qne menos me pre■' —v? 1 ••» í ' ■" t j no está en •
- : :-r:
ei m .'-Testa. .-o
da espontánea mente j en
acto si­
multáneo en manto ei arrise ¿ se pone
a tono consigo mismo- Todos somos
hombres de nuestro tiempo p»&gt;r ana es­
pecie de eonformícióc biológica sub­
sidiaria león ía salvedad nataral de
qae no estamos todos cortados sobre eí
mismo patrón];, j si no nos manifes­
tamos como tales es por negligencia
menta!, porque enlSivaci *s prejttiei s.
porqm no sontos -alicientemente filtres

jCem.v. te a nina' ,
E a j i f c aegtigRiun» y »j im s t» .
t e mt prej-iim * «
ree '■'■jtentzt m
Q i -.zóh T tda-cj» u«ri* •reysufa &lt;¡n, ¡¿

pautara « r»rore fra c te n a .nútaaifo.
pan n a te a tai m e z a . Sé» tempera^
TgBtsd

m ptn£&lt;)r *i&amp;5W3nxtíSMi&amp;f ~

±4*

***" •t f l u s &lt; v
a:

Ta-üiiwi

$ 5 5 i*

■uoaua .«« te
r iunree es te
•naaidr e ía ezjiinsBv .tm
i»*
mizim a
o.os os inr.hutiin
vem e na aceña iiu.na
mn .:
pCLDETl.
" " liarte »
rnmTiígtñlft*1
*í *• ■v " te m irisa,
La f * * —flj- fSBcui :
:tl 4C*^ es ing
i*' c. tu tfc •’OIA 7 1 ,(ía «tm»- a¡
^aun.: &lt;fe paz? üta te ir. leenn nai ,

P w es f pd-io*.

EL DILEMA DE BERNALDO DE QCIROS
P o r

frente a las coochÉsi-oees de caestra ex­
periencia.
De estas posibilidades dos son m boíbíes a nuestro artista: los prejuicios
j ía negligencia mental En te qne hace
a tes prejuicios, se desprende de Las
m i s m a s declaraciones de Qoirós : sa
obra "es reflejo de los grandes maes­
tros. Eco vivo de n a so s". Xa es ttn
remedo pero sí es trabada en sas n o ­
cí mientes j adulterada en sos forma.*
probables por viejos conceptos. Con­
ceptos que torteron vuüdex mientras
f rmaivn parte de un sistema orgázir
de ideas, ■Ñcmtrzs
__ «salid —
«te’ - f " . j
s a«és aJimentaroa
m a s de expresión de oca épo- a . pero que han demostrado ser fal-*is en «vasto han querido asumir cá­
tese ría de verdad nniversaL j que -sin
in*c.Bip»tíbáes coa el espirita íe asestro tiempo porqoe. r ó d a to K il e . es­
tamos cnfTenta*ios a ana noeva experieiicia del mando. Qairós te percibe.
Por eso «fice: " . . . es eosso d estuviera
«le regreso— j comenzara a echarme
«le nuevo por caminos tIIéditos’,. Noera posible que ana nataraSeza tan
vital como la su va ao llegase a rec-r-;-

J U L I O

R I N A L D I N I

cer qnc tes tiesapis que A Tirsos son sss aoAmientiis los resan«:s cn_mraotros, qne otro es snessro sentido de les. romo p :r sn rnst.; sjfnsnai -tei roten
ht realidad, otro el rñano de "lesera j ía materia. A caza paso pone en. ía
mente, otro el mecanismo de nuestras leía m «xor qne ha •sccontra«io reneasociaciones j otras las formas que roso j ahí te deja, sin precen parse, si
percibe nsesea inteligencia.
pico m s o te :, te as coaseeoecoas ¿ne
Qairós adviene todo esto, peso en necesariamente trae tcarreadas: stn
La práctica se pierde. Sa buena con­ pre*:«fuparse de qne todo eoíorr ine -f
ciencia tropieza j se traba en eon- poce en la tria asome tina faciñon deffietí) eoe sa educación j sa temne- tertnmante j trae cocse«men«nas que no
g dehe san o n t r i Se planta ¿rente al tema pzcien desaten.ierse.
j jsato a ía tria
ajos recién
berte «h, s.bt« re* .
-m
■,
amanecidos, per: apen-, - m i ac- i " ■
t'-tj-.- j inte- i
»«mué sízl
■- •
qne nzngsno «te tes dos se «ten por
—
r
i invadir por todo te qne Leva a-zvertidos de sa presencia en eí cua­
aprendí i: Sz • . • : - .-• - • • •• .
dro. qne sSí se están, inertes, sin.
visión directa j desamit. se desarrolla. desarrolle ni raz-.tc eficiente, te m a »
sin qne ü mismo lo advierta —o trate áe este n cd ; en errores qne para zn
de impedirte—, de “manera’. Segar hoín-bre de sa Btpe ñ a ñ i v sas cococieste dato pxi riamos llegar a ía eoce in­ nuentos tienen qne ser abetes. Errores
sten de qne k s prej nictes de escaria qne mal-.gran on enadre «uno eí ¿e ía
están tan arraigados en é; qne salen magnifica escampa de sancho la 'E l
a La superficie de toados modos. Pero domador «te La Eacierra’ tirara :rraseria más exacto decir qne so es snfi- nica- planca-ia eoc man.; maestra j
eiencemente reflexiva. Se «teja levar zismnoí-ia .neg*: ro r eí trata:: t- : tel
por sn faeilñiaíi. reír sa facundia j . Sxwso de ha teia. O errores qne te lle­
tras rilas, por eaanto hav en él de p r:- van a «focfhn.zir en ame soto, por esta
pio j «te (wstiBk Se «teja llevar tante­ aplicación irreflexiva «leí color, tres
en esto de permitir qne -e «arfen en t- ates perfectamente distintos «áe sa

_nagm«ir.«'.. o íe na ewi iemai aientai
¿Pea •.rajare a i . . u i a es a ine mmuta
j a rila se infle ri ameta. En. zafa
te esa « w tiía . i i ' ui.ma tes ¿mnag
j tes en ..re* se riñeran, se- tesarsiSan y ««neneirdtei. :■s.ia está »a ^
zamraíeza nz en a nsHeB». T Oí pos
está sn ti espi tttr.r j en ía mente 5^
biíérr está sa;«flj: 1 as i.'c.nn'.namonas
qne te onra tí _un«:a.eniín ea eí «nrsn
.áe sa saernitHiLi:
En sos termines ates n.ue«natas á
problema íe Q irríe se reírme a ma
enestiijn áe- «enserto y a n a í’aescún
«te Tiznare-ía. E-e erraron an mamii g
rineep.to .te la p a ra ra coma «nm
te arte , te ngt-arena. «1 manta, a «u
he? qne en. tetero 1. i.-iiío nmnenia ía
c a ta ra es. tremía tosmense, ::im •mn.
t.tia. j qne. por .«: nata. e-T íaaliaa.
te nsemiaaeiiiG. a seteetsda y te «nnocnia t e los medios sin meiesariíis
al haen nso te lo qne provee te «a.
«miniad. Prooa tiemen.ta te lemán iw
:m peraaiea::. te í asptrom j te te
siente s«;n smmJftánggt* en eí trema
pero .0 .nerto as qne ei rorir mentu
es zmiesar.ii. r Orante se ía smaito
t e 71recio p ar t a . i i i s ariiztas un.
árá qne me«üfi«:ar ti:«a; sa Tejo j¡¡.
tema, te f : roias. Xo tanori qne mn«irficarío par .;oavec«non. lo teman
m e modzfiear «fijan»; nna ?:msemenea
v ea a me«¿j¿a n e se •: mpomn a
ptentnza 11111 .Uiti te sn nieva Tatnr ie
tes cosas. Cnan-ii: esto snes-ia; se j® .
iiri aevntahíifnnHite. t e ie neroli&gt; nm sa
tem po, se -mate-fca ign frente a us
aIseroat-Tas fecnm-iis te te sip«sreHtina
j sn nárvi tendrá mas pciitetUfitefe
te per’í n n r qne si te c:o»rme ruano
p«;r 11—111 |i«lii 1 qme presóme eternus, Xn
mcr-' z
’«w ;?ite»» qne
a*¡» usa».—
•*’ c r ñor u
obra te xz artista me iaa
i-msirrod.:. 5trp»:c¡g. ; e no se tejaré anprgsogar por cíl«:s: ni por a.; asios
otros qne aperevaeñaa a -ifasLÓn tura
te sc a m z io a m tes ’minierreis’ sa
tenorereíia agresiva te estas tosas. 11
por eí es'ro.t.: r une sop*;ce m e ai ta­
lento p a n ate?) e toefiere ir tedgeniaa
p a n todo t nz p«;r ei toaupriter, ¿
qne nada po«temos .teeiríe p«;rqne an
podemos p«s*irrte 'nenta ári mso- que
hace t e sn .ite ro . Lo. crepto- te m
artista es -..-iperar t.:«ites estas eqmv.iea»fi-:res. Y Qmntós. sesrir &gt;: me cusin
«réf&amp;- se 1. la iai 1 reesto lotno an ¡tJber t e eoncierefte.

�© cabalgata

ESPEJO
DE L A
PINTURA
EXPOSICIONES
DE LA
QUINCENA
vo y lo plástico, y en buena medida la
capacidad de poner este arte al servicio
del libro. Los más diversos procedi­
mientos hallan a los canadienses bien
dispuestos para el desarrollo de estilos
universales. Empero, si de una reco­
mendación pudiéramos disponer, al
igual que para otros artistas del con­
tinente, comprendidos los nuestros, in­
sistiríamos más y más en este punto:
ahondar, ahondar en el oficio y en la
expresión y representación, pues una
obra de arte está ligada de tal modo a
sus elementos constitutivos que en ellos
van implícitas su perdurabilidad y su
grandeza.
XXXI S alón A nual de A cuarelis ­
G rabadores. Doscientos cuaren­
ta trabajos y más de ciento cuarenta
acuarelistas y grabadores reúne este
Salón de significativa trayectoria por-

tas y

Jorge Larco: Pepa Villam ediana.

aestros

antiguos, artistas argen­

M tinos, pintores jóvenes, estudian­
tes y egresados de bellas artes, consti­
tuyen la actualidad de la quincena
última. Lo internacional y lo nacional
se hicieron evidentes en nuestros salo­
nes de exposiciones: calidades sumas,
intenciones nobles, primeros pasos ar­
tísticos. Vimos un conjunto de 200
obras representativas de las artes grá­
ficas de Canadá, y vimos a maestros
antiguos de los siglos xvi, xvn y xvm,
e incluso una colección (de la señora
L. S. M. de R.) de óleos y acuarelas
preferentemente del siglo xix. Nuestros
acuarelistas fueron agrupados en el
XXXI Salón Anual de la Sociedad de
Acuarelistas y Grabadores, y, los más
recientes, aun en formación, en el XXV
Salón Anual de la Mutualidad de Es­
tudiantes y Egresados de Bellas Artes.
Asistimos también a la presentación de
otros núcleos: Trece pintores, Tres pin­
tores, Siete pintores y dos escultores,
croquis de Alberto Güiraldes, trabajos
en miniatura, etc., todo lo cual nos
prueba que nuestras galerías reúnen
lo saliente de la producción local, o, al
menos, fomentan la presencia de valo­
res consagrados y nuevos.
A rtes G ráficas de C anadá. Esta
exhibición ha sido viable por conduc­
to del Instituto Argentino Canadien­
se y la embajada de Canadá en la

Argentina, efectuándose en las salas
de "Nordiska”. De indudable valor cul­
tural, por cuanto han permitido conocer
a un conjunto de artistas de un país
de América, con el cual artísticamente
desearíamos estar en una relación di­
recta más constante, proveyendo inter­
cambios de conjuntos de asidua recipro­
cidad, las artes gráficas canadienses se
nos aparecen ricas en expresiones indi­
viduales a través de artistas nacidos
entre 1882 y 1922, que tienen una tra­
dición que se remonta al siglo xvn.
Vemos una vez más cómo el artista
americano —sea de Canadá, Brasil,
Argentina o Estados Unidos— se atiene
a la variedad y rigor de su oficio, en­
tregado a una fantasía o a un drama­
tismo de calidad que no excluye la
transcripción de la realidad, y que res­
ponde a las distintas manifestaciones de
nuestro tiempo cruzado por tendencias
y escuelas disímiles, mas invariablemen­
te captadoras de expresiones de tierras
nacionales o de estados de alma. Repre­
sentación y abstracción, se unen en el
mismo proceso y nos definen a hom­
bres que saben de la línea y del volu­
men, y de la invención, humor o gracia
ínsitos en todo testimonio artístico. Val­
gan estos nombres: Beaulac, Binning,
Blouin, Cosgrove. Daoust, East, Eveleigh, Fainmel, Goranson, S. Hudon,
Milne, Trudeau y otros no menos inte­
resantes, en donde se alian lo dec-orati-

Laura Mulhall Girondo y los tres pai­
sajes de Rodrigo Bonome dentro de su
individual estilo.

"Andamio y maniquí”, "Mates”, "Cabe­
zas”, "Naturaleza”. Sus exposiciones:
Müller.

XXV S alón A nual de E studian ­
La Mutualidad al presentar este
Salón en "Rose Marie”, nos hace alcan­
zar nombres nuevos, tales los de Remo
de Martino, Alberto A. Salietti, Angela
R. Arava, Basilio Celestino, Alfredo
Scarzella, M. J. Scieppaquercia y An­
tonio García Videla. En unos y otros,
estudiantes y egresados, se puede per­
cibir el deseo de dominar su modo de
visión, mas sabido es lo difícil que es
alcanzar una expresión en arte. Enten­
demos que las búsquedas actuales de
estos jóvenes deben ceñirse por ahora
más estrictamente a los rigores del ofi­
cio; luego, muy luego, vendrá el do­
minio de la expresión.

M a e s t r o s a n t i g u o s . Junto a estas
exposiciones de artistas locales y de Ca­
nadá hemos podido valorar obras de
grandes artistas del pasado europeo.
Admiramos las grandiosas formas ex­
presivas y en movimiento de Tintoretto
en "Los tormentos de los santos”, la
justeza en el dibujo y colorido de "Pie­
dad” de Libérale da Verona, o la "Niña
dormida” de Joshua Reynolds, obra
ésta que prefigura a Delacroix y alcan­
za una extraordinaria proyección senti­
mental por el color hecho sentimiento
moral y nobleza expresiva y represen­
tativa.
Creemos que la colección Müller y los
grabados de Durero, en la misma ga­
lería, las telas y tablas expuestas en
"Wildenstein” y alguno que otro óleo
en "Viau” debieran constituir para
todo artista nacional "el pan nuestro de
cada día”, ya que por la dificultad' de
hallarnos en contacto constante con va­
lores universales, estas obras que se
nos ofrecen de tanto en tanto asumen
dimensiones primordiales y ubican la
meditación y el análisis sobre el destino
del arte y su lograda inmortalidad.
Buen ejemplo, por lo tanto, y mejor
estímulo. E invariable espejo para glo­
ria de la pintura. — R. B.

tes .

Héctor Baaaldúa. Figura. (T em p era.)

(A cuarela.)

A lthabe ,

I raolagoitía

v

O tano.

Tres sentidos diferentes resumen estos
tres pintores jóvenes. Julián Althabe
cultiva una pintura en densidad, de
acentos anímicos, como "Sofía y yo” y
"El parque”. Fernando Iraolagoitía
señala búsquedas inteligentes y un de­
seo de penetrar la materia visible en
su refinamiento de los tonos: "Remi­
niscencia”, "Autorretrato”, "Flores”.
Juan Otano se afinca en simplificacio­
nes mediante masas de color y planos,
y construcciones de coloridas síntesis:

R aúl Russo: Bodegón. (Tem pera.)

Adriaan H annem an: Retrato de Sir Hurnphrev Style. (O leo.)

teña. Esta nueva exposición en "Witcomb” ha convocado a excelentes artis­
tas. Cabe mencionar: Baldini, Basal­
dúa,-R. y A. Bonome, Butler, L. Capdepont, Castagnino, Cochet, Cogorno,
C. Cornero Latorre, Chiesa, Domínguez
Neira, Fariña, L. Feodorowna, Fon­
tana, Forte, Gambartes, Grandi, Monsegur, Larco, Moraña, L. Mulhall Girondo, Nicasio, Angeles Ortiz, Pedone,
Pierri, Rebuffo, Russo, I. Sánchez,
Soldi, Torrallardona, Veroni, A. Vezzetti, E. Villafañe.
En una visión crítica concreta, par­
ticularizamos de manera sobresaliente
y en primer término, los envíos de Raúl
Soldi (especialmente las dos naturale­
zas muertas, temples), las acuarelatintas de Juan Carlos Castagnino, los
dibujos (pluma, dos colores, y pluma,
tres colores) de Manuel Angeles Ortiz,
las aguafuertes de Laertes Baldini, "El
ensueño”, de Víctor L. Rebuffo, "Cor­
tejo”, de Sergio Sergi, dibujos de Ho­
racio Butler, témperas de Héctor Ba­
saldúa y Ernesto Fariña, acuarelas de
Jorge Larco. De los más recientes:
"Granada”, de Santiago Cogorno, "La
florista”, de Mario Dino Grandi, "Bo­
degón”, de Raúl Russo. Finísimas las
témperas "Campo” y "Sembradora” de

Jothua R eyn o ld s: Niña dorm ida.

(O leo.)

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Escena He guerra.
(Colección Lgarte. Buenos Aires.)

Los fusilamientos en la Montaña He
en Madrid. (D etalle.el p rln&lt;.¡pe p¡„, e¡ 3 de mav„ 8e l8 0 8 _
lannu. i Aseusue.) (Museo Hel PraHo.)

SEGUNDO CENTENARIO DEL NACIMIENTO
DE DON FRANCISCO DE GOYA y LUCIENTES
R E C O R D A C I O N por FELIPE A R C O S
fuego y tanta gracia juntos. De tanto fuego
ardido. De tanta gracia, maestro volador, vivo
entre sus cenizas. Nació villano, hace doscientos años,
y desde hace poco menos a esta parte apenas si encon­
tramos parangón en señorío. Desde luego, funda un
linaje que muy pocas ejecutorias pueden alcanzar.

T

a st o

"Galante y feroz”, se ha dicho del pintor de los
"ángeles de ojos asesinos”. Un soplo de coraje, de va­
lentía sin resentimientos, lleno de la más difícil alegría,
de la más graciosa realización, recorre toda su vida y su
obra. Es la única fiesta de la pintura española, casi la
única fiesta universal del genio español. Es un grito
en el aire: de amor o de peligro; y 110 hay modo de
ver su vida si no es en un tris, con el corazón en un
puño siempre. Aun en los tapices, brilla un relámpago
de riesgo. Todos sus saltos mortales nacen de eso: de
llevar la fiereza de un estilo de vida a la inerte reali­
dad del lienzo.
Hay algo de crimen pasional en su obra entera. De
crimen que redime, clarificador, esperanzado.
Ese empeño de Goya por revelar lo más oculto de los
seres, su indomable misterio, su fuego sagrado, lo que
enciende su sangre, es para mí más importante que su
condición de gran maestro iniciador de la pintura mo­
derna. Con la resaca de su marejada se han fundado
puertos inmensos. Pero se perdió tanto en humanidad
y en misterio, en maravilla y en espanto . . . Tanto, que
nueho nos tememos que haya sucedido en el mundo, no
sabemos hasta qué punto, lo que estaba anunciado en
aquel grabado suyo, ¡Esto es lo peor!, en (pie la bestia:
la mentira, la crueldad, la brillante ignorancia, la bes­
tia, está dictando normas, revestida de espíritu.
Para quienes creemos que hay que volver a enfrentar
el espanto del capricho, del desastre, de la tirana y del
toro, de la luz negra y la bruja escobera de verdad;
las extrañas articulaciones imaginativas de los refranes,
la faz y el antifaz del mundo —todo sea sin perder la
alegría chispera más bailadora y burlona—, puede este
Autorretrato de Goya.
(Museo del Prado.)

increíble prerromántico, si) escuela que encajarle, ser
padre de nueva maestría yhumanidad. Entre otras co­
sas, por ser uno de los f^ides veneros de la moder­
nidad.
Dice Haudelaire: "Goya es siempre un gran artista,
a menudo terrible. Ha ui ido a la alegría, a la jovia­
lidad, a la sátira española leí buen tiempo
Cervantes,
un espíritu mucho más mdenio, o, al menos, que ha
sido buscado mucho más ¡a los tiempos modernos; el
amor a lo inasible, el sentimiento de los contrastes vio­
lentos, de los temblores d( la naturaleza y de las fiso­
nomías humanas extrañante animalizadas por las
circunstancias.” "El gran mérito de Goya consiste en
crear lo monstruoso vero¡mil. s us monstruos nacen
viables, armónicos. Nadie ha tenido más audacia que
él en el sentido de lo absvrdo posible. Todas sus con­
torsiones, sus rostros besti des, sus andrajos diabólicos,
están penetrados de énunimuiad.
"Aun desde el punto de ñata particular de la historia
natural sería difícil condenarlos, ,anta analog¡a hay ^
ellos y tanta armonía entre t0(ias ,as pMtes
en una palabra, la línea d. sutura, el puuto ()e eonjun’
ció" entre lo real y lo íc tic o es imposible de asir­
os una vaga frontera que el análisis más «¡„ci
6
mas sutil no podría
trazar, tan trascendente y natural a la
18 vez es el arte.”
Es una pena que nuestro p0eta ^ ^
^ ^
a la vista de los grabado de Gova. Vi
enamorado de
Delaeroix hubiera eneontndo en )a
hechizo suficiente para est r&gt;bir alSUno de del español
español
líos y penetrantes estudios |le pintura. La
las planchas lo garantiza. Vuereinos des.
,lntl
lo que nos dice Baudelaire' las pa,a W
r J‘ntre to«lo
gria humanidad. Principa ment* 1&gt;g d 3I',' laluiad, ale^°~
vialidad y alegría. Porqm está viénf}0jas . ,
en aquellos cuadros en qu“ ya es tópi(.0
*’co’ no
alegría goyesca —más que na()a
, ° enco"trar la
en *0s tapices- sino
justamente en la ]&gt;arte de su 0|,r|
más descarnado y brutal. A e||0 ^ ^ # ^01 ror es
‘ 'amos al
principio de nuestro trabajo s¡n
del poeta. Dichas por un ffanc.^
r as palabras
Palabra
°^ran, además, ,.]

RUIZ
valor que da la lejanía. Y, desde luego, es esa mezcla
de alegría y de horror, algo que Goya ha dejado ahí
misteriosamente sin que esté estudiado todavía su sen­
tido. Alguna vez he pensado si una cosa y la otra no
le vendrían tan juntas, de haberse zambullido plena­
mente en la vida, sin renunciar a su misión de dar
testimonio de lo inocente y de lo siniestro a la vez, tan
frecuentemente juntos también en esta humanidad que
no se atreve a reconocer su cruz. Tenía gran corazón
y pudo soportar la prueba: la noche siniestra no ahogó
su esperanza, el horror de Goya está en vilo, no es lagu­
noso, y por eso se salva y busca la alegría, la luz inol­
vidable de los cielos de sus cuadros de la llamada pin­
tura negra.
Esa esperanza, en fin, que le da ánimos, al final de
sus días, para refugiarse en Francia huyendo de
la sordidez española, para morir como un "afrance­
sado”, él, el español de más estirpe posible, hasta por
ese mismo hecho de marchar voluntariamente al des­
tierro.
Recordémoslo este año, a los doscientos de haber na­
cido, como al altísimo látigo del pecado triste, pezuñoso, sin amor. La cochambre hispánica, la palabrotez
carpetovetónica, la lujuria ruidosa y hueca, el rencor
del bruto tienen en él un espejo de vergüenza. Como
las gracias del mundo tuvieron en- sus pinceles todas
las sonrisas del rosa, el plata, el amarillo, el vermellón.
Recordémoslo también muerto en Burdeos junto a al­
gunos de los grandes desterrados de España; nada me­
jor para ello que transcribir el principio de una carta
de Leandro Fernández de Moratín a don Juan Antonio
Melón, fechada en Burdeos: "Querido Juan: Llegó, en
efecto, Goya, sordo, viejo, torpe y débil, y sin saber
una palabra de francés, y sin tener un criado (que
nadie más que él lo necesita), y tan contento y tan
deseoso de ver mundo.” Contento y deseoso de ver
mundo murió. Buena lección final, sobre todo en tal
ocasión.
El entierro de la sardina.
(Academia de San Fernando, de Madrid,).

�■

cabalgata©

LA RAZA
AMERICANA

EL TESTAMENTO PSICOLOGICO DE
GERTRUDE STEIN
por GEORGE SINCLAIR

\ V1f i

1.AK'Z' .

Por Daniel J. Rrinlon

\\!J KK ' v '

(Prólogo del profesor Enrique Palavecino)
Brillante sistematización de las civilizaciones
aborígenes americanas, tanto en la etapa precolom­
bina como en sus manifestaciones modernas.
"La traducción de la obra de Brinton es un
trabajo metódico y serio, destinado a circular en­
tre los lectores de habla hispana; llevará sin duda
al público una visión científica de la Américaindígena.” (Del Prólogo de Enrique Palavecino.)
Precio . .
g 1 2 .__

NOVA

LA EMOCION
E N

Y

E L

EN

H

EL

O

M

B

R

E

A N IM A L

Por Paul Tilomas Young
(Prólogo del doctor Emilio .Mira y López)
El eminente investigador de la Universidad de
Illinois nos revela en esta obra el mecanismo ínti­
mo y fascinante de las emociones, analizado
con rigor científico y expuesto con amenidad.
P r e c io ..........................................................S 12___ -

MOVEDADES PE
LOS PLASTICOS

DIOSES DE LA MUERTE

Algo que todos deberíamos saber
por Bernard Wolfe

(N ueve de Term idor)
por Mark Aldánov

Los m ateriales plásticos: historia com ­
pleta dei hallaz :o más sensacional de la
historia.
D etallada descripción desde
sus comienzos, sus realizaciones presen­
tes y sus perspectivas del futuro. La
utilización del m aterial plástico es la
más prodigiosa revolución del mundo
actual.
Precio . . .......................$ 6.—

D ram ática descripción de la famosa
jo rn ad a en que fue derribado Robespierre por la Convención y señaló el
fin fiel T erro r. Desfilan por esta sub­
yugante noveia todos los personajes que
influyeron en ia transform ación del
mundo. P r e c i o ............................... $ 7.—

GARIBALDI EN AMERICA

EL AMOR VISTO
POR UN PSICOLOGO

por New ton Freitas

por Theodor Reik

M arinero en Rio de Jan eiro , tropero
y revolucionario en Rio (irán d e. jefe de
los legionarios italianos en el cerco de
M ontevideo, prisionero en G ualeguay:
toda la vida del gran av en tu rero y de
su denodada com pañera en tierras de
A m érica y Europa. Precio . . $ 3.—

Desde la invitación al amor de P la ­
tó n , hasta las nueve leyes del amor
en Freud, no se ha escrito nada tan
original en torno a este misterioso tema.
Las delicadezas del amor tam izadas a
través de la investigación psicoanalitica.
P r e c i o ................................... $ 7.—

originaria de

el "prototipo”, si se quiere emplear tal
de la novela americana mo­

de Harvard, a últimos del pasado si­
glo. La influencia intelectual francesa
en los círculos avanzados anglosajones,
después de los éxitos prodigiosos de la
escuela simbolista en literatura, del im­
presionismo en pintura, era tal que
cualquier e s p ír i tu
amplio y curioso
sent a que en P a­
rís se podia encon­
trar verdadero ali­
mento e s p iritu a l.
Gertrude Stein, tan
pronto como termi­
nó sus estudios, se
embarcó con direc­
ción a Francia. Era
una muchacha atre.
vida, llena de ardor,
apasionada por la
pintura, dispuesta a
co m p re n d er hasta
las tentativas más
audaces del espíritu.
De la libertad y fir­
meza de su gusto se
tendrá idea por la
elección que hizo de
sus amistades nada
más llegar a Paris:
en su círculo esta­
ban Picasso, Matis­
se, Picabia, Marie
Laurenein —a quien
aun no habían visitado ni la gloria ni la
fortuna. Muy a menudo les sirvió de pro­
videncia comprando sus cuadros, invendi­
bles entonces, de cinco a cien francos. Hoy
día su galería es una de las más comple­
tas y más ricas del mundo.
El contacto con estos artistas no dejó
de influir, naturalmente, el espíritu
de la muchacha, que se dedicó a hacer
llegar a sus amigos de América las im­
presiones con que alimentaba su espíritu
en Francia. Su primer libro fué "Three
Lives” en 1908, cuya técnica rompía ya
con todas las tradiciones de la novela.
Pronto un segundo libro afirmaba aún
más su estilo: "Making of Americana.”
Era una especie de monólogo sin pun­
tuación, sin lógica exterior, a veces os­
curo, a veces confuso, confesión flúida
que marchaba al ritmo del pensamiento
y de la vida. Era una reacción violenta
contra la novela "compuesta’’, como lo
eran los libros ingleses de la época. Fué

En su estudio cerca del Odeón, Ger­
trude Stein se había hecho una vida
singular consagrada a la charla, a la
amistad, al trabajo, a la creación. A me­
dida que pasaban los años, esta america­
na se convirtió en una de las figuras

ertrude

S tein

era

Pittsburg, Pensilvania. Siguió sus expresión,
G estudios
en el Colegio de Radclyffe, anexo
derna.

guos, asombrados de semejante adorno
inesperado.
El libro que reveló Gertrude Stein al
gran público fué la "Biografía de Alico
B. Toklas”, aparecido en 1933. Es la bio­
grafía personal de Gertrude Stein, fi(.t¡.
ciamente escrita por Alice B. Toklas
su secretaria y amiga íntima a partir
de 1904. En él se encuentran las concep­
ciones literarias &lt;je
la autora, el am­
biente de bohemia
parisiense en el que
ella gozaba, ¡as ca­
ricaturas de perso­
| najes conocidos, etc.
Pero lo que más
ligó a Francia a
Gertrude Stein, fué
la ocupación. Esta
americana de cora­
zón francés no con­
sintió en abandonar
Francia ni en el
m om ento del pe.
ligro ni en el mo­
m en to de la de­
rrota. Primeramen­
te marchó á Bellev
con su amiga Alice
«A
Toklas; después, a
partir de 1942, a
Culoz. Jamás se la
inquietó porque, de­
cía, los alemanes no
buscaron en el pue­
blo más que a aque­
llos que les habían sido señalados. A los
habitantes de
Culoz les preguntaron:
"j Quién vive en esta casa ?” "Dos ancia­
nas y
su doméstica” les respondieron.
Los alemanes pasaron de largo.
Sin embargo, Gertrude Stein estaba es­
cribiendo dos libros: "Paris, Francia” v
"Les guerres que je me rappele”, especie
de diario de la ocupación. Había jurado
en 1940 que terminaría este último libro
el dia en que viese al primer soldado alia­
do sobre suelo francés. Esto sucedió en
agosto 26 de 1944, a las cuatro de la
tarde. Entonces trazó al pie de su ma­
nuscrito, f in . Algunas semanas más tarde,
volvía a París.
Por último y a fin de llegar a América
misma, escribió una obra teatral que es
su testamento de psicología. Esta obra
titulada Oui, c'est d’itn tres jcunc hom­
ilía . . . se dió en marzo último en Pasadena, cerca de Hollywood.
(Especial pai a C abalgata, de A. F. P.)

ÉL1

más características de Paris, uno de los
"monstruos sagrados” de la ciudad, como
le gustaría a uno decir de Jenn Coc
teau.
Pequeña, el pelo cortado, vestida c-on
sencillez primitiva, Gertrude Stein liuia
de la publicidad, salía poco, pero ado­
raba recibir, y atraía hacia ella todo
lo que París cuenta como habitantes y
viajeros célebres. Algunas veces hubo a r­
tistas que llegaron hasta instalarse cerca
de ella Murante períodos más o menos
largos, atraídos por la atmósfera que
sabía crear a su alrededor, para traba­
ja r dentro de la órbita de esta mujer
de inteligencia aguda y nervios sóli­
dos. El más célebre entre ellos es Picas­
so, cuyas obras forman el fondo de la
colección Stein. En su casa pintó el
retrato de esta Egeria moderna, llena
de indulgencia y autoridad. Hasta con­
sintió en dibujar para ella las tapi­
cerías que subren algunos sillones anti­

EDITORIAL
PERU 613 • RUENOS AIRES

FRANGIS AMB R I E R E
por J EAN QUEVAL
onocí

a Francis Ambriere en 1939

C en Oeuvres Frangaises. Tenía a mi
cargo la tarea (le leer manuscritos aje­
¡DE GRAN ACTUALIDAD!
MISIÓN EN ESPAfiA. TESTIMONIO DEL EMBAJA­
DOR BRITÁNICO, por Sir Samuel Honre, Vizconde
T em pleivood.....................................................S 8.—
Loa cntrrtclones dr la política española durante la guerra. Un
relato tan objetivo y verídico como apasionante ilc la conducta
seguida por el régimen dr Franco respecto a los aliados, l'n
documento revelador dr gran trascendencia.

ROLAND-MANUEL: Manuel de Falla .

S

7.—

Primer libro donde se estudia la vida y la obra del gran músico
español recientemente fallecido. Traducción y prólogo dr Vicente
Salas Viu. Con numerosos grabados, en una lujosa encuadernación.

Premios del Club "El Libro del Mes"
en su selección de octubre
________ .________Libros recomendados:-------------------------JOHN DEWEY:Democracia y educación .

S

8.—

La obra fundamental del más eminente representante de la pe­
dagogía de nuestro tiempo.

JULIO NAVARRO MONZÓ: El destino d&lt; Amé­
rica ..................................................................S 4.—
Les mejores y más representativos ensayos de Julio Xavarro
Momo, litio de los escritores americanos dotados de más amplio
conocimiento y con. más agudo sentido de los problemas espirituales
del continente.

ROBERT A. MILLIKAN: El secreto de los rayos cós­
micos .................................................................S 6.—
¿Para qué sirven los rayos cósmicos? ¿De dónde vienen estos
misteriosos visitantes con una energía diez mil veces superior a la
de la bomba atómica? En este libro se relata toda la historia del
más notable de ios recientes descubrimientos físicos.

GISELE FREUND: La fotografía y las clases medias en
Francia durante el siglo x i x ........................S 7.—
La evolución social del siglo xix reflejada en fotografías. Una
sociología del estilo, arte y técnica fotográficos.

ED ITO RIA L LO SA D A S. A.
Alvino 1131, Buenos A ire s
C o lo n ia 1 0 6 0

ÍM M
C O N TEV ID EO

Av. O ' H I g g l n s

253

S A N T IA G O DE CH ILE

cavellc

LIMA

nos. Ambriere venía de vez en cuando
a charlar y a ocuparse de sus asuntos
en aquellas visitas a medias, como ha­
cen casi todos los escritores con sus edi­
tores. Para entonces, ya había escrito
Vie secrete des granéis magasins, en su
origen un sencillo reportaje que Louis
Roubaud le había pedido que hiciese en
su lugar para "Les anuales”. Pero
¿acaso es posible traicionar su tempe­
ramento? Si le hubiese pedido que hi­
ciera una nota rápida sobre el origen
de la fortuna de Rockcfellér, sobre las
polainas a través de los tiempos o so­
bre los caballos del ejército de Atila,
en cada caso hubiese escrito también una
obra exhaustiva. Así pues, sucedió lo
que tenía que suceder: que el reportaje
adquirió las proporciones de un libro
admirablemente documentado, traba­
jado a la perfección, que se tradujo
luego a no sé cuántas lenguas, que se
lo cita como referencia en todos los
tratados de economía política, que me­
reció un comentario de veinte páginas
de Gaetan Birou y que a pesar de su
título de biblioteca de estación ferro­
viaria, ocupa un sitio en la mesa de los
especialistas. El libro fué editado pri­
mero por Flammarion y luego reedita­
do en Oeuvres Frangaises, editorial en
donde vi desfilar algunos autores que
luego se descarriaron y otros que, como
Máxime Blocq Mascart, comenzaban su
carrera.
Allí veía de tanto en tanto a Fran­
cis Ambriere, siempre dinámico, gigan­
te bondadoso de negra pelambre, pá­
lida tez y cejas espesas. Colaboraba
desde hacía mucho en "Les nouvelles
litteraires” y en "Mereure de France”.
Yo lo ubicaba en la galería de los semidioses: lo encontraba olímpico y cor­
dial. Volvimos a vernos en la prima­
vera de 1945. Había vivido cinco años
en el cautiverio, maravillando a sus ca­
maradas con su vitalidad, con su per­
sistencia y con su sutileza en la resis­
tencia pasiva. Con aquella salud suya
y aquella voluntad que prevalecen sobre
las circunstancias, había vuelto a su
vida de antes y a su misma actividad.
Asumía la dirección de las "Quides
bleus Hachette” y comenzaba a escribir
sus memorias de la cautividad hacia la
época en que yo reunía el equipo de
"Clartés” bajo el doble proeonsulado de
Jean Texier y de Georges Izard. Pedí
a Ambriere que se hiciese cargo de la

sección teatral y a Edmond Maghv de
la literaria. Hoy los dos son miem­
bros del jurado Théophraste Renaudot.
Así hemos entablado una amistad que
espero resista a cualquier cataclismo y
aun a las diferencias políticas.
Este escritor, que sigue pareeiéndome
olímpico y cordial, nació en París y
quedó huérfano a tierna edad. Lo edu­
caron en provincias. Sus primeros
maestros fueron Albert Mathiez y Gas­
tón Roupnel. Su formación clásica es
excelente. Se pone a la tarea con el vi­
gor de un leñador, pero luego la cince­
la como un artífice. Escribió su primer
poema a los doce años. Estaba dedi­
cado a una niña de once años, muy lin­
da al parecer, de una belleza que se­
gún lo proclamaba, "enternecería al co­
razón de una tigresa”. ¡Nada!
A los dieciséis años terminó un tomito de versos. Sin dudar un instante, so­
licitó un prefacio a Edouard Estaunié,
de la Academia Francesa. Y el acadé­
mico lo escribió. Publicóse el libro en
Lyon, en las Editions du Fleuve. Gen­
tiles versos de corte clásico, frescos y
bien pensados. "Cosas de chicos”, dice
hoy Ambriere, sin renegar de aquellos
primeros pasos.
Ambriere se hizo hombre. Lo volve­
mos a encontrar más tarde a través del
testimonio de Paul Guth, su contempo­
ráneo de la misma edad. Juntos hicie­
ron el servicio militar. Juntos, no es
precisamente la expresión, pues Paul
Guth, como Adeniai, el personaje có­
mico de las historias militares, tuvo la
poca fortuna de estar a las órdenes de
un sargento y destinado a doblar y em­
paquetar, de acuerdo con los reglamen­
tos, las camas de los soldados. Ese sar­
gento era Francis Ambriere, a quien
Guth lo considera como un hortera que
hubiese dejado de ser hortera escru­
puloso. Por lo demás, Paul Guth es de
Villeneuve sur Lot, región de fábulas,
como todos sabemos, y por ende no
hay que prestar mucho crédito a ese
testimonio meridional.
En verdad, Ambriere posee una hu­
manidad y una fraternidad profundas,
como las que hallamos en ciertos héroes
de Dickens, lo que se explica en parte
por la dificultad de sus comienzos y por
sus primeros años de extrema penuria.
Como Petit Chose, era un profesor de
ínfimo orden y escribía un ensayo so­
bre Du Bellay —publicado en 1931 por
Firmin Dido— y sus primeros artícu­
los. En "Mereure de France” tuvo la
crónica dramática juntamente con Paul

Léautaud, Henri Beraud y Pierre Liévre. Publicó trabajos eruditos sobre
Apollinaire y Flaubert. Sostuvo feroces
polémicas en las que hacía gala de no­
table terquedad en las demostraciones y
de una absoluta falta de miramientos.
Cuando Claude Farrére con el apoyo
de Georges Batault se propuso demos­
trar que el Padre Hugo era un falso
gran hombre, un falso bonachón y poco
menos que un gusano, el joven Ambriére empuñó su pluma y con gran acopio
de argumentos respondió que Claude
Farrére era un imbécil por esto, aquello
y lo de más allá. Hoy es completa­
mente obvio agregar que tenía razón.
El tealro y la historia son sus te­
mas preferidos. Hombre de teatro,
fundó en 1935, con André Villers, su
amigo más viejo, la "Compagine du Be­
ber”, la cual representó por primera
vez en Francia el drama de Alfredo de
Musset La coupe et les lévres. Tuvo
la alegría de recibir el día del estreno
a un viejo que no conocía y que llegó
arrastrándose hasta el teatro porque no
quería morir sin ver el espectáculo: era
Henri de Regnier.
En cuanto a la historia, para él no
son los pergaminos amarillentos, sino la
vida misma. Suele decir que el erudito,
si no es solamente erudito, encuentra
siempre su recompensa. Toma a los
personajes tanto en sus hechos minúscu­
los como en los espectaculares porque
para él todos los hechos son un testi­
monio. Sería preciso, sostiene, que los
intelectuales fuesen eruditos, y eruditos
inteligentes; sólo entonces habría lle­
gado el momento de escribir la historia.
Ambriere ha dado algunas de esas nor­
mas en su "Un favorit de Frangois
Premier”, con el que ganó la bolsa na­
cional de literatura instituida en 193/
por Jean Zay.
Ambriere conoció muy bien a Jean
Zay y tiene para él un recuerdo admi­
rativo y lo venera por la obra de pro­
paganda de la cultura francesa que hi­
ciera en el extranjero.
Prepara actualmente una gran obra
que se titulará Gustare flaubert on le
malhetir d’avoir une niéce y que conten­
drá doscientas cartas inéditas del g ra 'J
novelista. Su gran hombre es Paul
Claudel, que —dice— está hecho a ima­
gen del árbol. Su proyecto más am­
bicioso es una extensa novela que seria
el testimonio de una época y de dos
generaciones. Su modelo como nove­
lista es el Tolstoi de "La guerra y la
paz”.

�LETR AS
H. G. W E L L S

Por NORMAN NICHOLSON

espués

H. G. Wells nació en 1866. Su padre
era jardinero de una gran propiedad si­
tuada en el campo, pero también poseía
un pequeño comercio en la localidad de
Bromley, Kent, cuando el pequeño Herbert George llegó al mundo. En reali­
dad, ese pequeño comercio nunca le dió
ganancias y el muchacho tuvo que crecer
mal alimentado y mal educado, pero su
madre tenía para él planes ambiciosos
y le hizo entrar de aprendiz en una casa
local de tapizados. Pronto lo despidieron
y luego de hacer otras tentativas en falso,
durante las cuales fué ujier en una escuela
particular, ayudante de un químico, nue­
vamente ayudante de tapicero en una gran
firma de una ciudad cercana, Wells se
convirtió en profesor de la Escuela de
Gramática de Midhurst. Y allí, final­
mente, empezó a irle bien. Demostró un
interés especial por todo lo que se rela­
cionaba con la biología y fué aceptado
en las clases de práctica bajo la direc­
ción de Tilomas Huxley, que era abuelo
de Aldous y Julián (Aldous Huxley es
el autor de "Point Counter Point”,
"Brave New World”, etc. Julián Huxley
es un hombre de ciencia distinguido y un
director de broadeasting muy popular).
Diremos que su primer libro publicado
fué un texto sobre biolog'a, pero antes
que ese libro ya había escrito una novela
llamada "The Chronic Argonauts” (Los
argonautas crónicos), que fué retasada y
publicada con el título de "The Time
Machine” (La máquina del tiempo). Esta
novela se refiere a un hombre que inventa
una máquina con la cual puede retroceder
y adelantar en el tiempo, argumento que
se adaptaba muy especialmente a la ima­
ginación del joven Wells. Y es que se
sentía muy fascinado por los descubri­
mientos de la’ ciencia y por sus posibi­
lidades, y aunque no poseía, es cierto,
el poder imaginativo de un Julio Verne,
tenía más sinceridad en sus escritos y la
cualidad de hacer que sus inventos más
extravagantes, pareciesen posibles. Y eso
era lo que el público quería. La mayoría
de la gente de fines del siglo diez y nueve

Un rincón
distinguido

(Especial para Cabalgata.)

de haber escrito una serie
se había dedicado a la interpretación
de relatos científicos, extrañas na­ mecánica de la vida, pero todavía desea­
rraciones que en algunos casos probaron
ba sus sueños y sus maravillas. Ya mu­
haber sido proféticas, H. G. Wells escri­ cho antes había buscado todo eso en las
bió en 1900 "Love and Mr. Lewisham” novelas de terror góticas; ahora, se in­
(El amor y el señor Lewisham), la pri­ clinaba más bien por la novela científica.
mera de una serie de novelas que dieron
Wells estaba en condiciones de agradar
la medida de su genio en relación a tipos a su nuevo público, y así se convirtió
de carácter y comedia, y de su conoci­ en el profeta del progreso material. Su
miento y comprensión de la vida diaria. mente era un hervidero de ideas. "The
Esa novela fué seguida por "Kipps” en el War of the Worlds” (La guerra de los
año 1905, "Tono-Bungay” en 1909 y "The
mundos) relata la invasión de la Tierra
History of Mr. Polly” (La historia del
señor Polly), en 1910.

D

©cabalgata

por los habitantes de Marte; "The War
in the Air" (La guerra en el aire) es
una previsión de los zeppelines y los
aeroplanos; "The Food of the Gods” (El
alimento de los dioses), trata de una sus­
tancia que hace que las criaturas logren
crecer varias veces su estatura normal.
Tiene también novelas acerca de la Edad
de Piedra; de una estrella que casi choca
contra la T ierra; de una droga que hace
que los hombres se muevan y piensen con
una gran rapidez, de modo que la vida
a su lado parece moverse muy lentamente.
Pero, por más delicioso que todo esto
nos parezoa, no nos da la vendadera
medida del genio de Wells para los tipos
de carácter y de comedia y de su cono­
cimiento y comprensión de la vida diaria.
En el año 1900, por lo mismo, empezó a
escribir la primera de una serie de novelas
que él iba sacando de sus primeras expe­
riencias en la literatura y en la vida. La
primera de ellas fué "Love and Mr. Le­
wisham” (El amor y el señor Lewisham).
Se trata de un joven maestro, ansioso,
andrajoso y pobre pero con un senti­
miento raro y casi inconsciente de la
belleza. Cinco años más tarde vuelve a
presentarse con "Kipps", ayudante de una
casa de cortinados situada en Folkestone.

Es un personaje mucho menos educado
y mucho menos inarticulado que aquel
señor Lewisham, pero ya en la primera
parte de su vida existe esa brillantez pe­
culiar que parece haber pertenecido a los
primeros años de su siglo. Se muestra
hasta en los incidentes más pequeños, como
éste: "Es una brillante tarde de domingo;
la escena está situada en un pequeño si­
tio, a mitad de camino del frente de
Leas, y Kipps tiene cuatro años de edad.
Re nota una curva imperceptible en su
labio superior, y su traje está completa­
mente ajado, mientras se halla recostado
en el suelo sobre sus pies y manos. Lleva
el cuello tan alto que le oculta la garganta
y su mandíbula suave; el sombrero tiene
un ala curvada, la corbata denota buen
gusto, sus pantaloncitos son brillantemen­
te modestos, y sus zapatos son altos y
se cierran con un botón al costado. Gol­
pea el suelo con un bastoneito barato
v mira de soslayo a Fio Bates, la joven
damita que está en la caja, sentada.”
Kipps hereda algún dinero y se mezcla
más tarde con lo más selecto de la so­
ciedad, se compromete para casarse y se
siente completamente triste, hasta que
finalmente se desentiende de esos prejui­
cios y se casa con una chica de su clase.
"Ha sido inventado” —dice Wells— "bajo
una sensación de indignación; es una
criatura mal alimentada de cuerpo y es­
píritu, ligeramente mojigata, sin gramá­
tica y un poco snob”. Pero lo más raro
no es la indignación ni el análisis social,
no es esto lo que constituye el valor del
libro, sino la parte de comedia y la
imaginación creadora a que sus situacio­
nes dan lugar.
Prefiere ser un educador antes que
servir de entretenimiento (en cualquier
sentido de la palabra), y por esa razón
dedica la mayor parte de su tiempo a
obras populares como "The Science of
Life” (La ciencia de la vida). Su re­
putación debe descansar en el conjunto
de sus obras logradas como artista, y
en esto debemos admitir que a veces fué
torpe, otras veces poco sincero, y nunca
tuvo estilo de gran prosista. Sin em­
bargo, su mejor obra tiene una vitalidad
que la distingue de la labor de los no­
velistas que quisieron llegar muy alto sin
conseguirlo. También tiene un toque de
poesía: la poesía de los placeres sencillos,
de las casas públicas, de los muelles y de
los paseos en bicicleta a lo largo de los
canales. Y en todas ellas hay una verda­
dera comprensión del hombre común, y de
las experiencias que pueden permanecer
ignoradas, o si r aplastadas por una mala
enseñanza en la escuela o por los que­
brantos económicos. "K ipps” y "El señor
Polly” son los personajes que perdurarán.

bohemien club
SALON DE TE
Y
C O C K T A IL S
Abierto de 16 a 2 horas
además:

SEC C IO N LIBROS
SECCION D ISC O S
m es d e diciem b re
ACUARELAS BARNIZADAS
d e Felipe De la Fuente

VIOUNES
de ‘Francisco J. Cornejo

Viamonte 547
GALERIAS
PACIFICO

Buenos Aires

LAS DOS BOTELLAS DE CONDIMENTO
cuenta botellas en Unge. Un asesinato
estimula siempre la imaginación de las
personas y las dos botellas de Steeger me
dieron una oportunidad que sólo un tonto
habría desperdiciado. Pero, por supuesto,
nada de eso le interesaba a Linley.
Uno no puede ver los pensamientos de
un hombre ni mirar en su cerebro; por
esto, las cosas más apasionantes de! mundo
no pueden ser contadas. Pero yo creo que
lo que le pasaba aquella noche a Linley,
mientras yo le hablaba antes de la co­
mida, durante ella y después, sentados y
fumando ante el fuego, era que sus pen­
samientos se encontraban detenidos por
una barrera que le era imposible fran­
quear. Y la barrera no estaba constituida
por la dificultad de encontrar los proce­
dimientos que podría haber empleado
Steeger para deshacerse del cuerpo, sino
por la imposibilidad de comprender por
qué estuvo cortando aquellos troncos, dia­
riamente, durante una quincena y pagó
£ 25 al propietario, como yo acababa de
descubrirlo, para tener el derecho de ha­
cerlo. Aquello era lo que derrotaba a Lin­
ley. En cuanto a los medios que podría
haber usado Steeger para deshacerse del
cadáver, todos habían sido ya examinados
y desechados por la policía. Si uno decía
que lo había enterrado, ellos contestaban
que el subsuelo de creta no había sido re­
movido. Si uno decía que lo había tras­
ladado, ellos contestaban que el hombre
no abandonó la casa. Si uno decía que
quemó el cuerpo, ellos respondían que
nunca se sintió olor a carne quemada en
el humo que salía del bungalow. Yo me
había adaptado magníficamente a Linley
y no necesitaba tener educación para com­
prender lo que había de grande en una
mentalidad como la suya; siempre creí
que él podía solucionar el asunto. Cuando
pensaba en la ventaja que le llevaba la
policía y no veía ninguna manera de des­
contarla, me sentía realmente triste.
Una o dos veces él me preguntó si al­
guna visita había ido a la casa. ¿Alguien
se llevó algo? Pero nosotros no podíamos
dar respuesta a esa clase de cosas. Enton­
ces, acaso yo haya hecho aquella suges­
tión inútil o tal vez empecé a hablar nue­
vamente del Num-numo y él me interrum­
pió con severidad:
—¿Pero usted qué habría hecho, Smithers? —dijo—. ¿Qué haría usted?
—¿Si yo hubiese asesinado a la pobre
Nancv Elth? —pregunté.
—Sí —dijo.
—No me puedo imaginar haciendo una
•osa semejante —contesté.
El suspiró como si mi respuesta le des­
agradara.
—Supongo que yo jamás seré un detec­
tive —dije. El se limitó a sacudir la ca­
beza.
Entonces se puso a rumiar mirando el
fuego durante cerca de una hora. Luego
sacudió nuevamente la cabeza. Los dos
nos fuimos después a la cama.
Durante toda la vida me acordaré del
día siguiente. H asta la noche estuve,
como de costumbre, luchando por el Numnumo. Alrededor de las nueve nos senta­
mos a la mesa. No era posible cocinar
los alimentos en aquellos departamentos,

de manera que nuestra comida fué fría.
Linley empezó por una ensalada. Puedo
recordar ahora cada detalle. Bueno, yo
estaba aún lleno de mis éxitos con el
Num-numo en Unge. Demasiado sé que
sólo un tonto no lo habría colocado allí.
Pero era yo quien lo había colocado; y
cerca de cincuenta botellas, cuarenta y
ocho para ser exacto, son algo en un pue­
blo pequeño, cualesquiera sean las cir­
cunstancias. Así que yo estuve charlando
un poco sobre eso hasta que de pronto
comprendí que el Num-numo era lo mismo
que nada para Linley y me callé la boca.
El tuvo un gesto muy lindo. ¿Saben lo
que hizo? Debe haberse dado cuenta en
seguida de por qué yo dejé de hablar
y, sencillamente, estiró un brazo y dijo:
—¿Me daría un poco de su Num-numo
para mi ensalada?
Yo estaba tan emocionado que casi le
alcancé la botella. Pero, por supuesto,
uno no usa Num-numo con la ensalada.
Sólo para carnes y entremeses. Así dice
en la botella. De manera que le dije:
—Sólo para carnes y entren:, res. Aun­
que yo no sé qué son entremeses. Nunca
los comí.
Nunca había visto que la cara de un
hombre se pusiese en semejante estado.
Se mantuvo inmóvil durante un largo
minuto. Sin decir una palabra; sólo con
aquella expresión en la cara. Como un
hombre que ha visto un fantasma, tengo
ganas de decir. Pero no era realmente
eso. Les voy a decir lo que parecía. P a­
recía un hombre que ha visto algo que
nunca antes vió nadie, algo que él creyó
siempre imposible.
Y entonces dijo, con una voz totalmente
cambiada, baja, suave y tranquila:
—¿No sirve para verduras, eh?
—Ni un poquito —dije.
Le oí hacer una especie de sollozo con
la garganta. Nunca pensé que podrían
pasarle esas cosas. Por supuesto, yo no
sabía de qué se trataba. Pero, fuera lo
que fuese, yo pensé que a un hombre edu­
cado como él debían haberlo corregido
en Eton y Harrow. No tenía lágrimas
en los ojos pero sufría horriblemente,
Y entonces empezó a hablar con gran­
des pausas entre sus palabras:
—Tal vez un hombre pueda equivo­
carse y usar Num-numo con los vegetales.
—No dos veces —dije. ¿Qué otra cosa
podría decir?
Repitió lo que yo había dicho como si
yo le hubiese descrito el fin del mundo,
agregando un terrible énfasis a cada pa­
labra hasta el punto de que parecían
viscosas, con un terrible significado. Sa­
cudía la cabeza al hablar. Después se
quedó silencioso.
—¿De qué se trata? —pregunté.
—Smithers —dijo.
—Sí —contesté.
—Smithers —dijo.
Y yo dije:
—¿Bueno?
—.Vea, Smithers —dijo—. Usted debe
telefonear a la especería de Unge y ave­
riguar una cosa.
—¿Sí?
—Averiguar si Steeger compró aquellas
dos botellas, como yo pieneo, el mismo

día o en días distintos. No puede haberlo
hecho..
Esperé a ver si sucedía algo más y
después salí corriendo e hice lo que me
pedía. Demoré algún tiempo porque ya
habían pasado las nueve y necesité la co­
laboración de la policía de Unge. Con
seis días de diferencia, me contestaron;
así que regresé e informé a Linley. Cuando
yo entré levantó la vista lleno de espe­
ranza; pero supe por sus ojos que mi
respuesta era la mala.
Uno no puede tomar las cosas tan a
pechos si no está enfermo; de manera
que como él seguía silencioso le dije:
—Lo que usted necesita es un buen
brandy y meterse temprano en la cama.
—No —dijo él—. Debo ver a alguien
de Scotland Yard. Telefonee. Que ven­
gan en seguida.
Pero yo le dije:
—No puedo conseguir que .un inspec­
tor de Scotland Yard venga a visitarnos
a esta hora.
Sus ojos brillaban. Estaba lleno de
decisión.
—Entonces dígales —dijo— que nunca
encontrarán a Nancy Elth. Que venga
uno aquí y yo le dire por qué. —Y aña­
dió, creo que solamente para mí: —De­
ben vigilar a Steeger hasta que logren
atraparlo por otra cosa.
Y el hombre vino; vino el Inspector
Ulton en persona.
Mientras lo estábamos esperando traté
de hablar con Linley. En parte por curio­
sidad, lo admito. Pero yo no podía de­
jarlo rumiando aquellos pensamientos
frente al fuego.
Traté de preguntarle de qué se tr a ­
taba. Pero no quiso decírmelo.
—Un asesinato es algo horrible —fué
todo lo que dijo—. Y cuando un hombre
trata de eliminar las pruebas sólo puede
empeorarlo.
No quiso hablarme.
—Hay relatos —dijo— que uno jamás
quisiera oír.
Eso es bastante cierto. Yo desearía
no haber sabido nunca de éste. En reali­
dad jamás lo oí. Pero lo adiviné por las
últimas palabras de Linley al Inspector
Ulton, las únicas que pude escuchar. Y tal
vez sea este el momento de dejar de leer
mi cuento para evitar que también ustedes
adivinen, aun cuando les gusten las his­
torias de crímenes. ¿Por qué no preferir
un relato criminal con un toque román­
tico en lugar de la historia de un asesi­
nato real e inmundo? Bueno, será como
ustedes gusten.
Entró el Inspector Ulton y Linley le dió
la mano en silencio señalando el camino
a su dormitorio; entraron allí y hablaron
en voz tan baja que no oí una palabra.
Cuando entraron allí el aspecto del Ins­
pector era vigoroso.
Al salir caminaron en silencio a tra ­
vés de nuestra sala y entraron juntos en
el hall. Allí escuché las únicas palabras
de todo lo que se dijeron. Fué el Inspec­
tor. quien quebró el silencio:
—¿Pero por qué —dijo— cortó los
árboles?
—Nada más —dijo Linley— que para
abrirse el apetito.

O U IS F ish er es u n d e sta c a d o p erio d ista
n o r t e a m e r i c a n o . A m ig o d e S u m n e r
W elles, y de G a n d h i, v o lu n ta r io e n P a le s­
tin a y en E sp añ a, h a b la d e tie m p o s , p er­
so n a s y lu g a res co n la seg u rid a d y el a p lo m o
d el te s tig o p resen cia l.

L

Para L ou is F ish er EL G RAN D E SA F IO se
e n ta b la e n tr e e l r é g im e n s o v ié tic o , c a lific a ­
do d e d ic ta d u r a y la d em o cra c ia . C on rigor
im p la c a b le h a c e u n a n á lis is d e la p o litic a
exterior s o v ié tic a y d e la s c o n d ic io n e s im ­
p e r a n te s en R u sia , s in e s c a tim a r ta m p o c o
su s cr ític a s al im p e r ia lism o in g lé s y a la
p o lític a d e su m is m a p a tria .
U n v o lu m e n d e cerca d e 500 p á g in a s. $ 8.00
Pídalo en cu a lq u ier librería

E D IT O R IA L HERMES
d is trib u id a p o r la

EDITORIAL SUDAMERICANA
Alsina 500

Buenos Aires

�cabalgata©
ha pasado el décimo y último
septenario de su vida —él decía que
su existencia se dividía en períodos de sie­
te años— en tierra argentina. Ha muerto
pocos días antes de cumplir sus setenta
años, y en la be­
lla ciudad de Al­
ta Gracia, de Cór­
doba. Pero de es­
ta Córdoba de la
nueva A n d a I ucía; no en aque­
lla Córdoba espa­
ñola , y en la ca­
sita que estaba
en su recuerdo y
a la que pensaba
ir un día para
pasar, entre el penetrante aroma y la
ardiente luz de aquellas sierras, el fin que
todos esperábamos lejano— de su vida
terrena.
La enfermedad que hacía años le tenía
abatido el cuerpo, nunca el espíritu, no
se curó con el viaje a América, ni con su
estada en esta gracia de Alta Gracia.
Jin la parte más alta y hacia el té r­
mino de esta población, por el lado que
mira a las próximas sierras, está el chalet
"Los Espinillos” que Falla habitó el último
tiempo de su vida. Cómoda y agradable
era la casa, y umbroso el rústico jardín
que la rodea creciendo sobre un suelo de
fuertes pendientes. Nada faltaba en ella.
Pero su habitación de dormir era pobre,
nías que una celda de monje: las paredes
blanqueadas, una ventana, una sencilla
cama de hierro, una silla, y una mesa con
unos libros. Su cuarto de trabajo era
b anco, muy claro. Una gran mesa con
montones de papeles, pero muy bien dis­
puestos, y libros, todo muy ordenado; y
el piano, con sordina constante —sordina
despareja, hecha con toallas— un poco
desafinado y desigual, sonando, como diría
Debussy, vn peu favsse, mais en fin
agréable. Y un ancho ventanal mirando
a las sierras, y, en la pared lateral, una
Falla con su hermana María del Carmen, Pahiaaa y su hijita María Eulalia en el
ventanita estrecha, que él hizo abrir aun­
jardín del chalet "Los Espinillos” de Alta Gracia.
que se hubiese habido de romper el fuerte
y ancho muro de piedra, para que entrara
mas el aire. Necesitaba tener siempre
también lo era la manera de medirlo. Me
amigos, y a todos atendía, aunque sólo a
abiertas al aire puro las ventanas, o las
dijo un día: "No duermo mucho por las
la hora del almuerzo pasadas las dos
puertas de los balcones de la g alera que noches; a las cuatro o cinco horas de
de la tarde si es que se quedaban
da al comedor. En invierno, de día, con el estar en la cama me despierto y ya no
a comer con él, o después de la siete, a
sol y el hermoso clima de Alta Gracia, se puedo reanudar el sueño. Esta noche me
su hora del té. Y, sobre todo, el cum­
estaba bien, pero al caer la tarde, cuan­ desperté que debían ser las cinco y media,
plir con la correspondencia. Falla no de­
do iba entrando el aire helado que baja
porque, cuando miré el reloj, marcaba
jaba de contestar a quien le escribía. Por
de las altas sierras, el frío era intenso
las ocho; pero como que lo llevo una
eso se le acumulaban las cartas, y las que
y el estar molesto.
hora adelantado, eran las siete, tiempo
no eran tan urgentes iban quedando re­
A pesar de la belleza y serena tranouioficial, o sea, las seis, hora solar; y tomo
trasadas. Tenía aún por contestar hasta
lidad del apartado lugar, no podía dedicar
que ya hacía rato que estaba despierto,
correspondencia que trajo de Granada.
a la composición mucho tiempo. Cinco serían, pues, las cinco y media.”
Y a mí me dijo, cuando le hube de dar la
horas diarias —que últimamente se au­
Poco espacio le quedaba, en consecuen­
triste nueva de la muerte del pintor Zumentaron a seis— le requería el cuidado
cia, para el trabajo, aunque pudiera ser
loaga, tan amigo suyo, acaecida durante
de su persona y su salud. El horario de que esta reducción tuviera también ori­
unos días que pasé con Falla en Alta G ra­
la casa hubiera podido parecer de un gen en el subconsciente, más que en la
c ia : —"¡Cuánto lo siento! ¡Se ha muerto
gran desorden; no lo era sin embargo:
falta de capacidad o tiempo, pues mu­
sin haberle contestado: le debía carta de
era un orden retrasado* &amp;e levantaba más chos años atrás, hablando con él, yo le
hace cinco años!”
bien tarde que temprano; hacía su "toilet­ dije que no podía sostener el estado de
Su estilo epistolar era modelo de gracia,
te” , muy cuidada y primorosa; dedicaba concentración necesaria a la creación mu­
de elegancia y de corrección. El rasgo
bastante espacio a la correspondencia; y sical, más allá de tres horas, y él me con­
de su letra, con los relieves que venían de
con esto eran ya las tres y media o las testó que era cosa de entrenamiento, pues
la pluma ancha de escribir música, de tr a ­
cuatro de la tarde: entonces almorzaba. él trabajaba hasta ocho o más horas dia­
zo firme y bello, revelaban al artista ele­
Descansaba luego, es decir, hacía su sies­ rias. Lo que representa mucho mayor es­
vado y noble. Ultimamente ya no man­
ta ; y a las siete y media merendaba pacio que el que hoy empleaba. La verdad
daba las cartas escritas de su puño y le­
(o tomaba el té, como aquí se dice.). Des­ es que le ocupaban mucho tiempo los com­
tra ; líácía primero el borrador, y luego
pués se ponía a componer hasta las doce promisos que él consideraba ineludibles:
su hermana María del Carmen lo ponía
de la noche en que cenaba.
mucha gente que le iba a visitar: músi­ Falla y Pahissa a la entrada de su casa
a máquina. Y en algunos momentos de
Si el horario era un poco fantástico, cos, artistas, personas de representación,
en Alta Gracia.
postración en que le sumiera un recrude­

F

alla

LA VIDA DE FALLA
EN SUS U LTIM O S T IE M P O S
por JAI ME PAHISSA

EL B A L C O N C I T O
DE LA A N T E Q U E R U E L A

los biógrafos de averiguar
al detalle cuándo y por qué don Ma­
nuel de Falla llegó a Granada de paso,
V al preguntarle los amigos que lo ro­
deábamos si le gustaría quedarse a vivir
allí contestó con la mirada iluminada de
deseo: "Si encontráramos una casa bara­
t a . . . ” Lo que importa es que se encontró
la "casa barata”, con su jardincillo y vieron dolorosas u hostiles. Granada se
todo, y un balcón — ¡ay qué balcón!— llenó de pronto de furia y de erimen; has­
que dominaba el valle del Gcnil cuando ta la casa del pobre don Manuel llegaba
éste sale de la sierra entre cerros cebra­ el eco de los fusilamientos y el rumor de
dos de chumberas y se deja atrás, como los llantos y los clamores de auxilio; in­
telón maravilloso de fondo, el festón son­ tentó cumplir el precepto cristiano de sal­
rosado de los picachbs de Muleyhacen y var a las personas en peligro, ayudar a
El Veleta. Ningún lujo había en aquella
las víctimas inocentes, tender su brazo
casa: una habitación que era como una
fraternal a los injustamente perseguidos,
celda de monje pobre y el único mueble y no lo dejaron. Y, convencido de que
de valor: el piano; sillas populares con
no era aquélla la Granada en la que había
asientos de anea, anaqueles con libros y deseado terminar sus días y tareas, don
piezas de música, estampas antiguas en Manuel emprendió su viaje a América; un
la pared encalada. . . y el balcón.
viaje que tuvo todas las características de
En aquella casa se pasó don Manuel
una fuga aterrada, no obstante las Menti­
los años de su vida que debieron ser los das expresiones de adiós con que lo des­
más colmados de satisfacciones y dulzu­ pidieron las furias allí desencadenadas,
ras V fueron al final los más amargos y no obstante el digno silencio con que él
dolorosos. Se los pasó, la mayor parte del
tiempo sentado ante el piano, con el bal­
cón a su derecha, el panorama de la sierra
NOVIEMBRE
al otro lado del balcón, majestuoso, misterioso, eterno. A veces tenía el compositor
16 1908. Debut de Toscanini en Amé­
que hacer breves escapadas, "cosa del ofi­
rica, dirigiendo Aída en el Metro­
cio”, a París o Londres; otras veces era la
politan de Nueva York.
necesidad de renovar sus contemplaciones
17 1602. "Por un atril chico para el
lo que le obligaba a algún viaje a Mallor­
libro de órgano de Mr. Bateson,
ca o S evilla... Pero regresaba lo antes
seis chelines.” (Bateson, madrigalis­
posible a la casita de la Antequeruela Alta,
ta inglés, 1570T1630, fué organista
se sentaba ante el piano, con el balcón a
de la Christ Churcli Cathedral.)
la derecha, y mirando aquel paisaje fué
extrayendo del "círculo mágico” y ali­
18 178C. Nace en Eutin Cari M aria von
neándolas en el pentagrama, lentamente,
Weber. "Su obra contiene una so­
alquitaradamente, las melodías del Petañadora melancolía, jamás entorpe­
blo de Maese Pedro y de La Atlánlida.
cida por el indigesto claro de luna
Y se había hecho ya tan de aquel medio
alemán en el que se bañaban casi to­
y de aquel paisaje, que allí quería con­
dos sus contemporáneos.” (Claude
cluir su obra y su vida. Pero vinieron ma­
Debussy, "Monsieur Croché, antidilos tiempos. . . Al fin, don Manuel no tuvo
lettante”.)
más remedio que dejar aquella casa,
19
1828.
Muere en Viena Franz Schuaquel paisaje, aquel balcón, pensando
bert.
"La
música enterró aquí un
amargado que difícilmente volvería a
rico tesoro —dice su lápida— pero
ellos. ¡Tan difícilmente!
también esperanzas aun más ricas.”
La decisión de un alejamiento que le
20 1905. Se representa en Berlín, en su
arrancaba del fondo del alma tantas co­
forma original, la única ópera de
sas allí arraigadas no pudo formarse en
Beethoven, "Fidelio, oder Die Ehelisu ánimo, sino obligada por causas vio­
che Liebe”, op. 72, estrenada en el
lentísimas: un sombrío telón ensangren­
Theater an der Wien cien años an­
tado se deslizó de pronto ante sus ojos y
tes, el 20 de noviembre de 1805.
todas las cosas que eran para él amables
hasta entonces se estremecieron y se vol­
21 Estreno en París de "Robert le Dia-

P

r eo c ú pen se

cimiento de su enfermedad, ya ni escribía: mandaba telegramas.
Siempre fué en Falla objeto de eran
preocupación el cuidado de su salud. Cuan
do se sentaba a la mesa para comer él
mismo iba, antes, a buscar del cajón'del
buffet, unos potecitos, y unas cajitas de
medicamentos para colocar alrededor d I
plato, y que se tomaba antes, o despu¿
o durante la comida, pero muchas vece,’
distraído por la conversación, siempre ¡n’
terciante, no recordaba si había o no to­
mado, y de pronto, cortando el hilo del
discurso, preguntaba:
— i Usted ha visto si me puse las gotas'
O bien:
—¡Se ha fijado usted si me he tomad,,
las pastillitasf
Por lo demás, su comida era sustanciosa, acompañada de alimentos conetntra
dos: yemas de huevo, leche con crema v
unas gotas de extracto de café —para n'„
aguar la leche— tan fuerte, que un día
que me tomé una pequeña porción no dor­
mí en toda la noche.
Sentía gran pánico por las corrientes
de aire. Decía que la luna le hacía mucho mal y que el tiempo de los equinoccios
era fatal para él, pues fué en esta época
que tuvo los más fuertes ataques de su
enfermedad. Por eso escogía para )as
temporadas que debiera yo pasar con él
los días que no correspondieran ni a la
luna llena ni a los períodos equinocciales
del año.
Su modestia era, en todos sentidos ex­
traordinaria. A partir de su obra El som­
brero de tres picos, no quiso que su nom
bre figurara en la cubierta exterior de
sus partituras. No aceptaba que se le
dedicaran homenajes. Cuando vivía en
Granada, en la blanca casita de la calle
de Antequeruela Alta, el propietario, que
era un gran amigo suyo, se la quería
regalar. Pero como sabía que no se ]a
aceptaría, le propuso que se la comprara
y no de una vez, sino pagando le qué
quisiera, unos céntimos al mes, sólo para
que constara que no era un regalo. No
lo quiso Falla, porque, decía, "yo no
me siento como propietario”. Y en otra
ocasión en que se le ofreció un magnífico
contrato para ir a Norte América, por
una suma crecidísima de dólares, no quiso
tampoco aceptarlo, porque, decía también
"es demasiado dinero; y yo no soy hombre
para ser rico”.
No tiene, pues, nada de particular que
su situación económica no fuera muy bri­
llante. De nada carecía, ni nada había de
faltarle, pues a más de los ingresos que le
proporcionaran sus obras que tanto se
ejecutan, tenía buenos y muchos amigos
que jam ás lo hubieran permitido. Pero
esto no impide que haya pasado momentos
en que viera entrarse la estrechez por la
puerta de su casa. Me dijo un día:
—Con lo que me queda en el banco,
tenemos para vivir un mes. ¡Pero Dio»
proveerá!
Así, entre la calma del lugar y el fuego
del espíritu, entre la dolencia de la carne
y la salud del alma, entre la pureza del
arte y los problemas del mundo, ha vivi­
do Manuel de Falla los años de su último
septenario; el cuerpo, encerrado en su ca­
sita; afuera, el nombre llevado por la
fama. Famoso el músico. Bienaventurado
el hombre: modesto, bueno de corazón,
austero, religioso, enfermo y pobre.

Tchaikovsky. "Después de un cam­
bio de palabras, el albañil se enfu­
recía y comenzaba a injuriar a su
m ujer y a su hijo, aterrorizándolos
con sus amenazas. La mujer res­
pondía, luego sollozaba, tomaba al
niño que gritaba y se lo llevaba,
perseguida por su marido. Esto se
reproducía todos los días, con una
regularidad desesperante. . . En esta
atmósfera trab ajab a yo en mi par­
titura del "Baiser de la Fée”. (Igor
Stravinsky, "Nuevas crónicas de mi
vida”.)

ALTA

por JOSE MORA G U A R N I D O
llevó su destierro y su desolada pena.
"¡Quién nos iba a decir que habríamos
de encontrarnos en América! . . . ” Toda­
vía me suenan en el oído, tan extrañas,
aquellas palabras de don Manuel, sentado
frente a mí en el gran salón de un gran
hotel de Buenos Aires. Y qué rudo con­
traste, el de aquel ambiente, con la pe­
queña habitación donde tantas veces nos
habíamos pasado horas cuyo recuerdo nin­
guno de los dos queríamos despertar.
Nunca se pudo pensar en un desplaza­
miento más patético de una persona. Tan
triste, tan empequeñecido, tan desorienta­
do y desilusionado lo hallé, que todas las
fórmulas de consuelo fallaron.
Porque sólo calladamente y sin palabras
podíamos hablar de todas las cosas que

nos unían. Recuerdos que tardarán mu­
chísimo en despojarse de sus aristas a fi­
ladas y envenenadas y de su jugo ácido;
recuerdos que el tiempo tardará mucho en
convertir en resignación y conformidad.
Y porque para reanudar el diálogo con
don Manuel, sin pena y sin rencor, habría
sido menester tener delante nuevamente
aquel balconcito de la casa humilde de la
Antequeruela Alta, la casa que albergó
entre sus cuatro paredes encaladas lo me­
jor y lo más bello de una de las mejores
y más bellas vidas españolas de nuestro
tiempo y quizá de todos los tiempos. Aquel
balcón
¡ay qué balcón!— que es acaso
lo que más ardientemente habrían de­
seado ver los ojos del buen don Manuel,
antes de cerrarse sobre el mundo.

CALENDARIO
RETROSPECTIVO
ble”, de Meyerbeer. El libreto, de
Escribe y Delavigne, narra la histo­
ria de Roberto, hijo amado de Satán
y la Duquesa de Normandía, y su
camino al matrimonio en la Catedral
de Palermo, a pesar de las acechan­
zas de su padre.
22 Día de Santa Cecilia, martirizada
en 232, dulce patrona de la música.
La Iglesia le canta en este día:
"Aude, filia, et vide, et inclina aurem tuam . . . ”
23 1876. Nace en Cádiz don Manuel
María de Falla y Matheu, muerto en
la Argentina, en voluntaria exilio,
el 14 de noviembre de 1946. "Un
doloroso fervor, una nostalgia que
se eleva sin cesar, se espiritualiza
siempre y tiende al fin a su princi­
pio, forman el fondo del lirismo ar­
diente que penetra, involuntaria pero
sí visiblemente, esta música. Este
secreto ardor, en el que sangra una
misteriosa herida, es el signo esen­
cial del genio de Falla. Pero la

alabanza que la obra inspira se re­
siste a recaer sobre la persona de
su autor: para Falla, el ideal del a r­
tista cabe en una palabra que ya
dijimos: desaparecer, borrarse.” (Roland-Manuel, "Manuel de F alla”
1928.)
24 Estreno del "Romeo y Ju lieta” de
Berlioz. "Hace casi tres meses, dos­
cientos veinte músicos o cantores en­
sayan ese gran drama. ¡Han sido
pagados con los 20.000 francos de
Paganini! (los 20.000 francos eran
un homenaje metálico de adm ira­
ción del insigne violinista). ¡Y de­
cían que Berlioz, con ese dinero, p a­
garía sus deudas o se compraría una
casa! ¡Si Berlioz hubiera hecho eso
con ese dinero real, sería un ladrón!
(Jules Janin, en Les Débala.)
25

1862. Nace en Edgeworth, Philadelphia, Ethelbert Nevin, el del
"Rosário” y el "Narcissus”.

26 1504. Muerte de Isabel la Católica.
Se cree que el "Triste España sin
ventura” de Juan del Encina fué es*
crito en esta ocasión.
27

1928. Estreno de "Le baiser de la
Fée”, de Stravinsky, homenaje a

28

29

1925. Estreno de la "Música para
teatro”, de Copland, bajo la direc­
ción de Koussevitzky, en Nueva
York.

1643. Muere en Venecia Claudio
Monteverde. " ¡ Y quién podría ha­
blar de él, si el mismo quisiera ha­
b la r ? ... ¡Ariadna! —agregó Stelio, en voz baja, como para desper­
tarla.
Ella se levantó, sin hablar, se di­
rigió hacia una puerta, entró a la
estancia contigua. Se oyó el roce de
su vestidura, el leve son de su paso;
y luego el rumor del cémbalo que se
abría. Todos estaban mudos, espe­
rando. Un silencio musical ocupaba
su puesto vacío en la sala. Una
sola vez el soplo del viento inclinó
las llamas pequeñitas, agitó un poco
las flores. Todo quedó luego inmóvil
y ansioso, en la espera.
” ¡Dejadme morir!
”De un solo golpe, las almas fuerqn arrebatadas por un poder seme­
jan te al águila fulmínea que arre­
bató a Dante en su sueño hasta el
fuego. Ardían juntas en la verdad
de siempre, oían la melodía del mun­
do pasar a través de su éxtasis lu­
minoso.
” ¡Dejadme morir!
”iA riadna, Ariadna, llorando to­
davía con un nuevo dolor?, ¡subiendo,
subiendo aún al martirio?
”¡ Y qué queréis que me consuele
en esta dura suerte,
en tan grande martirio?
¡Dejadme m orir!”
(D ’Annunzio, "II Fuoeo”.)
30 1924. Estreno de "Reláche”, de Satie. "Quiero hacer una obra para
perros y ya tengo el decorado. El
telón se levanta sobre un hueso.”
(Erik Satie, citado por Coctcau.)
D. D.

�HUMOR

® cabalgata

BURLADERO
Por el Hondero Irónico
¿Qué no se habrá dicho de los ojos?
Desde aquello de que son el espejo del
alm a. . . cuando se tiene. Recuerden a
este respecto aquel pobre necesitado a
quien cierto usurero le ofreció perdonarle
la deuda si adivinaba cuál de sus dos
ojos era de vidrio y acertó en el acto.
—¿Cómo acertaste tan rápido? —le pre­
guntó su esposa.
— ¡Porque era el único en que brillaba
una chispa de humanidad! —contestó el
desgraciado.

UNA

VEZ

POR

TRIMESTRE

los millares de interesados

pecialidad técnica y literaria pueden

Pero no todo ha de ser amargura en
esta vida. Cierta vez, Enrique García Alvarez, emperador del astracán, no sabien­
do cómo ponderar los ojos de una "ella”,
terminó: "Tiene linos ojos que son un cie­
lo . .. ¡Un c ie lo !... ¿No lo cre en ?...
¡Un c ie lo !... ¡llasta una nube tiene en
uno de e llo s ! ...”

UNA

La bomba atómica envió al pobre Fujita a reunirse con sus honorables ante­
pasados. Japonés de Montmartre y Montparnasse, su sutil pincel sabía más de las
gracias de Occidente —por algo fué pin­
tor de felinos —que de las infantiles
geishas de sus lejanas islas. Demasiada
bomba para tan poco hombre. Gran a r­
tista, cierto día quiso darles una broma
a sus amigos de París —¿tenía otros,
acaso?— y levantándose el flequillo se
pintó otro tan minuciosa y sabiamente
sobre la fre n te ... que nadie se dió cuen­
ta de ello. . .
—¿Qué te pasa? —le preguntó cierto
día el Guerra a un moeetón de triste as­
pecto que se encontró al acaso.
—Na, don Rafaé. . . Que me llevan de
sordao...
—¿Y por eso estás tr is te ? ... Piensa
que en la milicia se aprende mucho y
tres años pasan p ro n to ...
—Si no es por mí, don R a fa é ... Es
que mi madre se pasa to er día llorando.
—¿Y cuesta mucho que no vayas?
— ¡Dos mil pesetas!
—Pues toma -—dijo el Califa de Cór­
doba echando mano a la cartera y dán­
dole las dos mil pesetas—. ¡Pa que no
llore tu m a d re !...

•

SELECCION DE LOS
MEJORES LIBROS
APARECIDOS

Ingres: "El baño turco”. Dibujo de O ski.

PALABRAS CRUZADAS
1

2

3

4

5

6

7

8 9

10

11

H O RIZO NTALES.
I. Completo. - Jefe de argonautas.
II. A rtícu lo determ inado. - Lo que pertenece
a lugar fijo. - Form a reflexiva de pro­
nom bre personal de la tercera persona.
I I I . C onsonante labial. - D esapacible. - C ien.
IV. Oeste.
P r o le t a r ia de u iu tienda de
comestibles. - U n o .
V. C ero. - A lias. - Isla de las C icladas.
V I. V iento de O riente. - G eneral de A ugusto
d errotado pos A rm inio.
V IL Cocinad. - C incuenta. - S egunds letra del
alfabeto griego.
V I I I . Be. - M ujeres rechonchas. - E le.
IX . C onjunción. - Bogan. - Be.
X . Bajo, debajo. - E sfe ra s planetarias.
N egación.
X I. Tal vez. - Le das al remo.

1 2 3 4 5 6 7 8 9

10 n

s ¡°
Gl Rl ° l Tl i P É a [! s AÍR
A| 1 IX | a pg X
S O L U C I O N ih l !a | l lora E ¡ S | 1 F
11s Afl^gg^ tfm o 5 6
DEL
Ri E |a ¡ga

Bl p r o b l e m a d e l a remiNiAn d e l i b r o * a l e x t e r i o r ( E d i t o r i a l ) .
Lu l i t e r a t u r a t é c n i c a , p o r J u a n J . G ó m e z A r a u j o .
J D x i t o e d i t o r i a l d e l t l u i j o t e , p o r el R v d o . P. C l e m e n t i n o S an z.
E l l i b r o e s t é r i l , p o r el V i z c o n d e d e L a s c a n o T e g u i .
l ’ f i i i i n u d e l e d i t o r , p o r V í c t o r N. N ep p .
L o * l i b r o * t é c n i c o * , p o r el I n g e n i e r o J u l i o V. R u e d a .
L ib ro* del p o r v e n ir
(R e v is ta de C orreo s y T eleco m u n icacio n es).
L i t e r a t u r a p a r a n i ñ o * (C o m . de Bib. P o p .).
Itio b lb lio g ra fla , Ju an
Jacobo Rousseau.
D e f i n i c i o n e s de t é r m i n o *
b i b l i o g r á f i c o * , p o r J u a n a M a n r i q u e de
L ara.

L i b r e d e b a - t e . p o r J. R. V i l l a n u e v a .
P r o b l e m a * d el lib r o (C o n feren cia radiotelefónica).
('A m o c o b r a r c u e n t a * , p o r Ja ck .
C ritica * ajen a*.
I I t im a * n o v e d a d e s y n u e v a * e d i c io n e s a p a r e c id a * e n t r e el m e *
«le c u e r o n n o v i e m b r e d e I94tl.
D e ta lle d e u u m e r o sa * ed icion es, c o n e x te n sa s reseñ a * b ib lio g r á ­
ficas.

i
•&lt;
■

C |R A

V E RTICALES.
1. A nim al cebado. - H ace mal uso de algo.
2. C ontracción de preposición y artíc u io . C onjunto de prim eras letras del alfabeto. Lemosin antiguo.
3. Segunda letra del alfabeto. - Poblado tra s u ­
ntante en A rabia. - P refijo negativo.
4. Individuos que aplauden en ei teatro a cambio
de cualquiera rem uneración.
5. M ujer sin juicio. - N ada. - A ve de A mérica.
6. Casa de moneda. - E sc rito r inglés que pru
sificó el teatro de Shakespeare.

EN EL TRIMESTRE

7 . N efrita. - Cinco. - R ecordar.
8. Tom aban las arm as.
9. Señor. - A rias. - Mil.
10. V osotros.
D epartam ento de F rancia.
Form a andaluza de nada.
11. Ignorante de lo que debe saber. - Blancos.

P R O B L E MA *
D E N°. 4 DE * M ü O! R ¡°
CABALGATA ™ A ¡ Bj C

| g
r7\ R
IX R o J8É C a S BJU üg R A
AI EIDIOraT ■ c] r T
XI T! Rio j v¡a ¡j§|
uLÍ-LL!.. N j o ,
h

EDITORIAL

|u |s

W AIPU 3 9 1

CON

B U E N O S A IR E S

L
Aquí tienen una lista de motes famosos aplicados a no menos famosos personajes
por la posteridad o la acreditada "vox populi”. Ustedes no tienen más que acertar
con los personajes históricos, populares, etc., a quienes correspondieron y enviárnoslos
por correo, y así se harán acreedores al consabido premio. /.Verdad que no es difícil?. . .
A ello. . .
Y vamos a ver: ¿quiénes e ra n ? ...
Su eminencia g ris — La viuda de W indsor — La Sem íram is del norte
El filósofo de
Ferney — El Incorruptible — El C alifa de Córdoba — E l E stag irita — Pepe Botella — El M a;
nífico
F.l Rey caballero — El zorzal criollo — El águila solitaria — El Santo de la Espada
Ei zorro del desierto — El zar rojo — El Cid C am peador — El A guilucho — El B urlador
El duque de h ierro
El titán de G raus — El Sansón de E x trem ad u ra — La Reina V irgen F.l príncipe de los ingenios — El cisne de V enusa - El Fénix de los ingenios — El manco de
L epante — El cisne del Avon — El sol de W cim ar —- M onstruo de la N aturaleza — El soi de
A lem ania — El
Rey Sol — El poeta de V alcjuse — El o rganista de Roncoli — El sordo
de Bonn
La
divina Sarah — El m aestro de Fuendetodos — El solitario de R ecannti - El
p in to r de
ias Concepciones — La doctora de A vila — E l apóstol de las Indias — El pintor de
Toledo
El peludo — Ei T ig re — El cisne de Pesaro
— El p&gt;dre del teatro español El
tigre de las pampas — La pantera negra — El toro de las pam pas — El B rujo de Menlo l ’a rk
Le petit caporal — El m aestro de Y asnaia Poiiana —
El G ran C apitán — El poeta de la
duda — El am igo del pueblo
El azote de Dios — El rey Sargento — El canciller de H ierro —
Ei doctor angélico — El pobrecito de A sís — El ginebrino — El rey poeta — El P recursor — El
doctor ilum inado — Ei últim o granadero — El caballero sin miedo y sin tacha — F ray M ar­
tín — La doncella de Q rleáns — El ruiseñor nav arro — El últim o mago — El br*vo e n tre los
bravos.

l« lINCV&gt;

V

S&gt; Y &gt;

LIBROS BIEN IMPRESOS
PARA EDITORES EXIGENTES

TRIOS

El. PASO DE ia
VII.I a r r i c a

Talla directa.

oruc

Qeurres

Cofi el prim er premio de $ 20 m /n ., Jorge Dabadie, V icto ria 1316, 2'f, C apital. Con una su s­
cripción p or seis meses a C a b a l g a t a : M ario
H ugo Cerezo, C urapaligüe 174, C apital; Concep­
ción O ssorio, Obligado 2815, C apital; A lfredo
Ji. tíesío, Sarm iento 541, C stam arca; Rubén M.
G il, C ervantes 63, C apital; Dzequíel A guilar,
V íd t 2161, C ap ital; M ario O scar Capagli, L,. N.
Alem 1350, C apital.
1.a solución correcta es la siguiente:
Padilla*, b rav o , M ald o n ad o — Don Ju a n , Doña
In é s, B ríg id a — P ie rro t, Colombina, A rlequín —
Sem, Cam. J a f e t - M elchor, G aspar, B alta­
s a r - —■E stre lla , Q uasim odo, Claudio b rollo —
D ante, B eatriz, V irg ilio — Don Q uijote, Sancho
P anza, D ulcinea — C arm en, Escantillo, Don J o ­
sé - C elestina, C alixto, Melibea — Otelo, V a­
go, D csdém ona -— M efistófeles, Fausto, M arga­
r i t a — Jo rg e Duval, M arg arita G autier, A rm an ­
do D uval — A cción, Tiempo, L u g a r-— L ibertad,
Igualdad, F rate rn id ad — Fe, E speranza, C aridad
— E xposición. N udo, D esen lace— M ar, Cíelo,
T ierra - Sólido, L íquido, Gaseoso
W erther,
C arlota, A lberto — Athos, Porthos, A ram ís —
A ntonio, O ctavio, Lcpido — C hurchill, Staiin,
Roosevelt — M undo, Demonio, C a r n e — N apo­
león, Siéyes, B a r r a s — Yo, T ú , E l — C rispió,
L eandro, Silvia — M undo, In fiern o , G loria —Keops, K cfren, M ic e rin o — Salom é. H crodias,
lokanaan — M enfis, T ebas, S a is — P in ta. N iñ a,
S anta M aría — E ra , A tenea, A fro d ita — Ju n o .
V enus, M inerva -— C risto, Dimas, G estas — R o­
ma, B erlín , T o k i o - - A lto , Bajo. M ediano-—
Bueno, Malo, R egular — Piano, V iolín, V iolon­
c e lo - - P in tu ra , E scu ltu ra, A rq u ite c tu ra — G ra ­
m ática, R etórica, D ia lé ctic a — B lanca, N egra,
M u iata-— Cloto, L áqucsis, A tropos —- Esquiló,
Sófocles, E u ríp id es — A leto, T esífone, M egera
— Aglaia, E u fro sin e, T a b a — Eunom ia, Dikc,
E irene
Ehos, Selcne, Eos — Crio, Tem is,
Mnemosine — líronte, Stéropc, A rge - Carpo,
M etacarpo, Dedos-—-F alan g e, F alan g in a, Faiangeta.

ALBATROS

U. T. 3 2 - 0 1 0 2

Premios correspondientes al concurso
planteado en el N* 3 de CABALGATA:
GANE

GUIA

INAPRECIABLE

En su conferencia del Centro Gallego,
el ilustre publicista don Salvador de 11adariaga dijo que se había dado cuenta de
que era gallego viendo un cuadro de. . .
¡Sorolla! Lo más curioso es que el pintor
valenciano tardó más de seis meses en
pintar su único cuadro gallego que era. . .
¡un día de sol! Darse cuerita de Galicia
con un cuadro de Sorolla es ya cosa bas­
tante curiosa cuando el propio pintor,
que nunca se distinguió por su ingenio,
dijo una vez:
— ¡Si hay algo que no puedo pintar,
es este endiablado verde reuma!
Furiosa aquella mamá por la con­
ducta de aquel "monstruo” de cinco años
de quien era imposible hacer carrera, le
conminó j*a en el colmo de la indignación:
—No volveré a reñirte más. Como vuel­
vas a hacer la más mínima travesura, te
llevo fuera y te cambio por una niña
b u en a...
—¿Yr quién te va a cambiar una niña
buena por otra m a la? ...

poseer

BIBLIOGRAFICA

Decía H. G. Wells: "Cuando las futu­
ras generaciones excaven entre las ruinas
de Londres y desentierren fotografías de
Bernard Sliaw, más fotografías de Bernard Shaw y más fotografías de Bernard
Shaw sería triste que creyeran que asi
era el inglés típico.”
"En los primeros días de la guerra de
España —contaba Antonio Machado— , me
vi requerido, ¿ior una patrulla de milicia­
nos, a enseñar mi documentación. Yo no
llevaba encima de mí más que la cre­
dencial de Académico de la Lengua. Uno
de los milicianos la miró un momento y
después exclamó:
”—¿No tiene usted otra cosa? Porque
esto lo tiene cualquiera...
”Y a lo mejor tenía r a z ó n ...”

en libros de es­

�cabalgata©

En estampado y blanco este conjunto para verano; tela dis­
puesta de modo de formar amplia guarda multicolor en la falda;
blusa corta y de hombros caídos, totalmente en estampado.

Short largo hasta la rodilla en hilo rojo;
blusa de gracioso corte, combinando hilo
rojo y blanco.

Conjunto de pantalón en lainage borra de vino
y blusa de poplin de seda celeste claro con
cintitas verdes.

la moda del sombrero ha
N sido más variada que ahora, y la S O MB R E R O S
unca

m ujer no tiene excusa ninguna si no
encuentra el sombrero que le conviene
a su persona.

LA FALDA PLISEE
Y EL TAILLEUR
DE VERANO

PARISIENSES

Entre las numerosas tendencias nuevas nosotros señalamos: levantados
grandes, muy graciosos, en fieltro o
paja cosida, los cuales parecen reem­
plazar los bretones y los boleros, tan de
moda al principio de la temporada.
Muy chic y graciosos son los sombreros
"chistera” entornados con un velillo de
tul cubriendo el rostro y atado por de­
trás que obtiene un éxito
muy grande; ellos pueden
llevarse con los trajes sas­
tres netos. Los redondeles
Luis -XT, muy adornados
de flores, de cintas y tul,
colocados muy echados ha­
cia adelante acompañan ma­

VARIACIONES DE
LA MODA
ntre

amplitud de las faldas da a los

&gt; tailleurs de verano una nueva linea:
L
amplitud en formas variadísimas, lo­
a

grada por plisados regulares en todo el
ancho de la pollera, y, muy frecuente­
mente por paneaux alternados, lisos y
en tablas pequeñas. Ahora bien, los
"couturiers” famosos han resuelto de
antemano la objeción clásica: "todo ex­
ceso de amplitud disminuye la silueta” ;
es imprescindible entonces, que, sobre
las caderas, el plisado o el tableado de
una falda quede cerrado, para abrirse
en toda su amplitud más abajo. Así,
en un modelo muy sencillo, en tusor
celeste, de Jacke Heim, el grupo de tablitas pequeñas, que dan amplitud a la
falda adelante y atrás, se abre muy
abajo; Baleneiaga, en una falda total­
mente "plisée soleil”, toma hasta unos
centímetros después de la cadera cada
pliegue, con un gracioso pespunte en
un tono fuerte.
Siguiendo siempre esa línea de falda
amplia, sobre todo para los tailleurs
sport, y para todo andar, los ' ensem­
bles” de dos piezas tienen lugar pre­
ponderante en todas las colecciones, y,
realmente, jamás se usaron telas tan
variadas; hace unos años nadie hubiese
pensado en un tailleur totalmente de
encaje o "broderie” ; hoy constituyen el
"deroier cri”, usados sobre dessous
de ciré o de satin, o aun de sedas color
rosa carne; y no hablemos de las pre­
ciosidades creadas en telas de tapicería;
rasos y damascos que resultan de un
sentido práctico extraordinario, pues,
según se les use con falda corta o larga,
constituyen maravillosos conjuntos para
cocktails o para noche.

Conjunto de saco "tailleur” de sisa
muy grande y sin mangas, y short
corto en gabardina celeste claro, sobre
blusa de jersey de seda de anchas
mangas cortas, rayadas en rojo y beige.
En este conjunto puede usarse falda
corta y recta en la misma gabardina
de la chaqueta, resultando así un mag­
nífico dos piezas para todo andar.

UNA
PAGINA
DE
Imitando el clásico mameluco jar­
dinero, este short corto en gabardina o
tusor en blanco tiza, con bretelles de
flores y frutas multicolores, para usar
con blusa a lunares negros y rojos
sobre fondo blanco.

1945 y 1946 la línea de la mo­

E da no ha variado mucho; y es ló­
gico: 1945 poco trajo con respecto a

J

aum andreu

la moda de la preguerra y de la guerra,
si es que durante la guerra hubo al­
guna renovación. Puede ser que esta
temporada, con respecto a la pasada,
veamos hombros más anchos, trabaja­
dos, ensanchados; que las faldas' pre­
sentadas en alguna colección famosa
sean más largas o amplias que las de
otra colección no menos famosa; pero,
puede decirse que, en conjunto, la si­
lueta va este año: de la recta, lograda
con faldas tubulares, casacas tipo sas­
tre, vestidos de tarde que recuerdan,
en sus amplios escotes redondos, en sus
hombros caídos, a la moda de 1925,
hasta la línea amplia, holgada, floja,
obtenidas por las faldas plisadas y ple­
gadas ; estas últimas generalmente con
pliegues adelante, entre bolsillo y bolsi­
llo o atrás, un poco en la línea de 1870.
Las colecciones son, desde luego, de
tintes muy vivos, pero siempre coñ una
búsqueda esmerada de la armonía y la
suavidad. Veremos este verano los to­
nos pastel, rojos y azules, y, reinando
sobre todos ellos, el blanco, en modelos
para toda hora y aceptando todas las
combinaciones, aun la nada vulgar del
oro y el blanco, logrando efectos mara­
villosos.
.
Los modelos de noche siguen influen­
cias variadas, entre las cuales existen
el estilo Renacimiento, y el estilo fines
del siglo xix. En el primero la costura
ha tomado los vestidos finos, de forma
princesa, ajustados, con mangas lar­
gas o cortas y escotes cuadrados, muj
amplios, o redondos, dejando al descu­
bierto los hombros. En el segundo es
tilo, tenernos las mangas célebres &lt;e
tiempo de Tolouse Lautree, ideas
"puffs” , faldas retenidas atras c,° .
grandes moños, chaquetas enta a
terminando hacia atrás en graciosas c
litas plegadas.
.
Los bordados seguirán usándose esi
verano, pero en hilos de colores m®
Enterizo en "shantung” blanco, de
villosos, en guardas caladas, en cue
línea novísim a, con un solo hombro
cillas opacas en tonos claros, en .
drapeado con reminiscencias griegas.
crustaciones preciosas imitando en •
Sobre el short, bordadas en marrón y
y broderies antiguos, en tonos a
verde, iniciales grandes.
y beige.

�AJEDREZ
a j e d r e z
Por FRANCISCO BENKÓ
UNA PARTIDA IMPRESIONANTE
a continuación la p artid a que j u ­

I garon en el T orneo de M unich 1941, los
jugadores 1*. Leepin y K. R ichter. Después de
nsertamos

las escaram uzas del medio juego las Blancas
quedaban con una v en taja de nada menos
que 4 Peones en un final ele T o rres, pero
R ichter. g ra n ju g a d o r especulativo, se tomó
la molestia de d ificu lta r la victoria de su a d ­
versario hasta el extrem o y con medios por demás
instructivos, hasta ver coronados sus esfuerzos
con una división de honores, que debe e n tra r en
la histor a del a jed rez comí' una de las más
bellas producciones de re s iste n c ia
R eproduci­
mos la partid a del libro ‘ Torneo de Munich
1941” que acaba de salir en la E d ito rial Grabo
con los sum am ente m eritorios com entarios de
A lberto Becker.

Partida N* 5
Torm*o do Munich 1941
Defensa Siciliana (por transposición)
P.

L e e p in

K.

R ic h t e r

1. P4A D
P4A D
2. C IA R
C3AD
3. 1*4 D
PxP
4. C x P
P3C R
E sta jugada perm ite a las Blancas e n tra r en
la v a r.a n te M aroczy de la S iciliana, por tra n s ­
posición. 4 . . . C3A 5. C 3 A P P4D ! es ia con­
tinuación teórica reconocida como satisfacto ria.
5. P4R
A2C
6. C2A!
Lo m ejor. A 6. A3R puede seguir C3A 7. C3AD
C5CR! etc.
C3A
7. C3A
0 -0
8. A 2R
P 3D
9. 0 - 0
A 3R
10. C3R
De esta m anera las Blancas no explotan
debidam ente la fuerza de su planteo puesto que
las N e.tras no ta rd a rá n *n tom ar posesión de
su punto SI). P referib le e&lt; el tratam ien to 10.
P3A seguido de D2D y P3C D o en seguida 10.
va que a 10. . . C x P ? , se puede
uquilam ente 11. CxC A xT 12 Cx3
T IA
C2D!
11. T iC
C5D
12. CD5D
C4AD
13. P3C D
A xC
14. P 3A
P3R
15. CxA
P4R
16. C3R
17. A 2C
C (4 )3 R
P4A
18. C2A
PxC ?
19. CxC
R ichter se dió p erfectam ente cuenta de que
19 . . . CxC! hubiera aseg u rad o para siem nre su
punto SD. Sin em bargo, las Blancas p o d rían cam ­
biar: 20. AxC P xA y la lucha te rm in a ría mnv
probablem ente em patada. P ara evitarlo, las N e­
gras corren serios riesgos de perder la p artid a.
20. P x P
PxP
21. P4A !
U n fu e rte golpe que am enaza 22. A 3A R y 23.
A 5D . seguido de ta captura del Peón negro
avanzado.
D3A
C4A
22. A 3AR
R lT
23. A 5D j.
D2R
24. D3A
25. T D lf l
A 25. T R 'R las N egras in te n ta ría n 2 5 . . .
D 2A D 26. T D 1 D D3C etc.
D6R j.
26. D xD
PxD
27. A xA j.
R xA
28. T R 1R
T R lR
29. P3C
T2A
30. R2C
T (2 )2 R
31. T2R
P 4T D
32. R3A
P5T
L a única contrachance. P arece increíble que
de este modo las N egras logren m antener su
P6R hasta el fin de la p artid a.
33. P4C D
C5R
34. A xC
C laro que a 34. T 3D , o a 34. T x P ? se contes­
ta ría 34 . . . C7D j.
TxA
35. T x P D
TxPA
36. T7D j.
R3C
37. T x P C
T8A
P ierd e otro Peón. A parentem ente 3 7 . . . T6A
38. T 7T T óT se presenta como m ejor, pero
tam bién en este caso la situación de las N e­
gras será delicada, p. ej.: 38. P5C T lC D 39.
T x P R (T x P ? 40. T6R j. m ate).
38. T 7T
Superior a 38. T x P R a causa de 3 8 . . . T8A j.
39. R2R T8R j. 40. R xT T x T j. seguido
de TóT.
T8A j.
T 8C D
39. R2C
T5R
40. T x P T D
P4T
41. P3T D
42. TóT j.
R2C
43. T 7T j.
U na continuación m uy fu e rte «*s 43 T 6D
TóC 44. T i l ) p. ej.: 4 4 . .. T x P T 45. T lC D
o 4 4 . . . R3A 43. P 5 C 1 etc.
R3A
44. T 7 T ?
Con la intención de replicar e 4 4 . . . R3C con
45. T 7I) entrando en la v arian te arrib a m en­
cionada. Pero Richter aprovecha la o p o rtu n i­
dad de avan zar con su Rey sacrificando dos
Peones más, y apoyando su Peón Rey libre y
avanzado. P o r esta razón era m enester ju g a r
44. T 5T seguido de un cauteloso avance de
los dos Peones libres y unidos.
R 3R !
45. T x P T
R4D
46. T xP A j.
R5D
47. T5A
A 47. T5R no seguiría 4 7 . . . T x T ? 48. P x T
R6D 49. P6R ! etc., sino m ejor 4 7 . . . R6D!
48. T x T R x T (4 R ) y el Rey negro volverá a

U n a resolución muy acertada. M ediante 5 1 . ..
T 7 D 52. T x T j. P x T 53 T x P j . R xT la?
N egras po d rían g a n ar un® T orre, pero en este
caso los Peones blancos apoyados por el Rey
c o n stitu iría n una fuerza irresistible: 54. P5A
etc. Por esta razó n tas N egras se abstienen de
ia ganancia m aterial y prefieren dedicarse a la
persecución del Rey enemigo y a la caza d f los
Peones blancos.
52. P5A
T 1C R j.
53. R 5T
A 53. R6A sigue 5 3 . . . T 8A R j. 54. R7A T4C
55. P6A T (4 )4 A R etc.
T 8T D
54. P4C
T lT R j.
55. R5C
T lC R j.
56. R4A
O 56. R 4T T 8A R ! con la am enaza 5 7 . . .
R 5R 58. T3A R5A1 59. R 5T T6A etc.
T 8A R j.
57. R3C
T xP A
58. P4T R
R5R!
59. P5C R
T6A j.
60. R2C
T (1) 1AR
U nico. Se am enazaba 61. T4A j. y a mo­
vidas de la T o rre en 6A se replica 61. T 3A .
6 '. P6C
T (6 )3 A
62. P 5 T
T4A
63. T5A
A 63. T3A la m ejor contestación es 6 3 ..
T4C j 64. R3T T6A j. 65. R 4T T8C etc.
T7A j.
64. T x T
T x T j.
65. R3C
T8A !
66. T8A
T8C j.
6 '\ R 2T
67. R 4T llev aría a un em pate inm ediato:
6 7 ..
. P7R 68. T8R j. R 5A ! (69. T8A
R6R etc.)
T4C
68. R 3T
De otra m anera se perdería no solam ente el
P T R , sino también el PC R .
69. T IA !
P7R
U na terrible equivocación sería 69. T8R j.?
T4R 70. T x T j. R xT 71. P7C . a causa de
7 1 . . . P8R (D ) 72. P8C (D ) D 8T j. seguido
de DSC j.
R6A
Y se convino en tablas. En este final ex­
trao rd in ario . e! estilo im aginativo de Richter
consiguió saivar un medio punto de una s itu a ­
ción poco menos que desesperadíL
(N o ta s de A lberto B ecker del libro
"T o rn e o de M unich 1941”.)

28. P7A T x P 29.
para las B lancas.

D xPA

con

gran

ventaja

D3A j. !
27. R1C
D 5R j.
E ste jaque no habían visto las Blancas en sus
cálculos. A hora cambia el panoram a por com ­
pleto.
28. R lT
D 5TI
29. DxD
Forzado.
CxD
30. P4A
30. T x P tampoco hubiera sido m ejor a
causa de 3 0 . . . C4A con la am enaza R IC .
C4A
y las N egras ganaron en la jugada 35.
(N otas en parte según el doctor
S. Tartakow er en "Schachm ethodik".)

E. ZEPLER
"Express-Mater” 1934

M uchos conocerán la brillantez que sigue, pero
habrá otros muchos que nunca pusieron su a te n ­
ción en este m aravilloso final de p artida que
se ju g ó en el año 1920 en N ueva O rleáns en ­
tre los ju g ad o res W . Adams (estadounidense)
y C arios T o rre (m ejicano). Cinco años después
de esta d e rro ta , el mismo T o rre pudo ganar
a su vez una partida b rillante al ex cam peón
m undial Em anuel L asker en el torneo de Moscú.

Nueva Orleáns 1920
Negras: C. T o r r e

L a idea de este problema consiste en llevar
la T o rre blanca a la casilla 8D sin perder el
P3D . por donde se escaparía el Rey negro.
¡N ada m ás fácil!
1. T 5C
R 5D
2. T 3C !
R4D
3. T I C
RSD
4. T iD !
R4D
5. T 1T D
R5D
6. T 3 T !
R4D
7. T 8T
R5D
8. T 8D mate

Concurso de soluciones

A dam s rem ató la p artida de la siguiente m a­
nera b rillan te:
17. A xC
A xA
Si 1 7 . .. P x A 18. TxA T x T 19. T x T D xT
20. D4CR j. ganando la Torre.
18. D4CR:.*
El tema de la pieza sobrecargada.
D4C
19. D 4A D U
U n d esastre sería 19. P4T D , que parece tan
n atu ral, por 1 9 . .. D x T l 20. T x D T8A j. 21.
C lR T x C j . y m ate en la siguiente.
D2D
20. D 4 A ü !
Se acaban los signos de adm iración.
D4C
21. P 4T D !
O tra vez las B iancas evitan 21. D xP C ? por
2 1 . . . D xT !
D xPT
22. T 4 R !
D4C
23. D x P C !
A bandonan
L as N egras ya no disponen de ninguna de­
fensa co n tra D xT.

(B ases: V er N i 1 de C abalgata.)
Con todo éxito y un interés creciente prosigue
nuestro concurso de soluciones que con los fi­
nales que aparecerán en el próxim o núm ero
(C abalgata N i 6) term ina.
De los problemas de hoy el prim ero es una
joya antigua que en e! correr de los años les
ha dado muchísimo placer a todos los aficionados dei m undo entero, m ientras el segundo es
una m iniatura (bajo m iniatura se entienden todos
los problem as que no tengan m ás que 7 piezas
incluso los R eyes), que con toda su ap aren te
sencillez contiene bastante veneno.

Problema /V" 7
P h . K lett

"Schachprobleme” 1878 (Versión)

Pocas veces se habrá dado el caso de que el
ju g ad o r que anunció un m ate en ta n ta s ju g a ­
das, tuvo que ren dirse a su vez pocas jugadas
después.

Debreczen 1925
Negras: H. Mattison

6D.

48. T (5 )2 A

EN LA EXPOSICION DE
PINTURAS DE HECTOR SGARBI
Por

JESUALDO

(Fragmento de una conferencia)

Un mate en 8 jugadas
E l lector de C abalgata ya se h ab rá dado
cuenta de que nosotros estamos empeñados en la
m ayor p ro fu sió n del ajedrez artístico , sean
los problemas o los finales. El motivo puede
considerarse muy persoñal. Todos los que, por
ejemplo, han visto una película extraordinaria y
quedaron im presionados por esta expresión del
arte, tienen casi necesariam ente el afá n de
com unicar su im presión a sus amigos íntim os
o lejanos, para que tam bién elios vayan a ver
esta cinta y tengan el mismo placer. E s una
de las sensacicnes hum anas más sim páticas
y cuanto m ás se cultiva, m ás aum enta !a com­
prensión entre los hombres, com prensión que
tanto necesitamos.
El a utor de estas lineas
siente el mismo placer a rtístico con buenos
problemas de ajedrez, como se puede sentir
j . cualquiera otra expresión del arte, como
por
m úsica, p in tu ra o teatro, y tiene la necesidad
intim a de com unicar este sentim iento a todos
ios que por diversas razones (generalm ente por
falta de contacto y buena enseñanza) quedaron ajenos a esta ram a del ajedrez.
El problema que hoy presentam os, es un
m ate en 8 jugadas. Siendo de tan tas jugadas
la m ayoría de la gente opina que debe ser
terriblem ente difícil, y sin embargo es más
fácil que m uchos m ates en 2 jugadas, por su
idea arquitectónica y al mismo tiempo hum o­
rística. P a ra muchos iectores será una im ­
presión nueva el hecho de que hay problem as (de
ajedrez, se entiende) que nos pueden hacer re ir.

Combinaciones r errores inm ortales

Posición después do la jugada 10
de las Negras.

©cabalgata

R6D
T8D

Mate en 3 jugadas.
V er diagram a.
Blancas: R 7CD , D lC D , A 2T R , A 7T R , C4R,
P5T D , P3A D , P2D , PSD, P 3A R , P2C R ,
P 3T R (12).
N egras: R 4A R, C3CR, P 3 T D , P5A D , P2D ,
P3D , P5D , P 5 T R (8 ).

Autorretrato. (Aguatinta.)

posición de clásicos, pero, claro, aplicados
con un sentido moderno. Ahí vi y apren­
dí todo eso sobre "ravons’’ verticales y
perpendiculares, planos y compensaciones,
relación de valores, diferencia de tonos
"ehaud” et "froid” y tono local, sacri­
omo noticia el problema empieza asi:
Señores: Se encuentra entre nosotros ficios, claroscuros, sombras transparentes,
el pintor Héctor Sgarbi, casi cuarentón,arabescos, toques, veladuras, pasajes, con­
tornos y envolturas, "atmosphére” y "épipero aun joven, "hijo pródigo que arriba
desde lejanas playas”, como así lo salu­ derme”, ¡oh, la, la!, ¡todo lo que se
dara Herrera MacLean al inaugurarlo, aprende!
Y ya está en la distancia, en el cúmulo
que un día del año 37, con unas telas
de las hojas, en medio del follaje de ese
bajo el brazo y un optimismo juguetón
aunque angustiado, hijo de ese andar el espeso bosque, la lógica. Pero metido,
día entero batiendo los costados del tra­ adentrado, planificado, como se diría.
bajo para vivir, dándole zurras diarias Cada cuadro es un esquema técnico, una
a todo quehacer (a mí, por ejemplo, me progresión plástico-física, una' ecuación
dibujó los muebles y dirigió su hechura), lógico-matemática que hay que resolverla
loco por irse, loco por ir a aprender, vi­ primero en frío y ensangrentarla de emo­
vir, ser, loco por querer, se embarcó para ción luego. Pero, ¿es que era eso todo ia
París, para el risueño "¡Oh París, la, pintura? ¡No! Estaban los otros y és­
la !”, con una beca, muchas recomenda­ tos son otros otros, como si dijéramos
ciones y poca plata. Pero, {y el ánimo? "otros López”. Los otros, más allá del
tejido de las verticales y las perpendicu­
¡Ah, el ánimo! A p e s a r... de que h ab a
visto en muchos amigos antes de zarpar lares. Aquí con Lhote, le parecía todavía
e! barco ese aire suficiente y esa sonri­ la ejercitación de los palotes, pero ¿las
silla de medio pelo, mitr.d "sobrada” y otras cosas, el objeto en sí, el cuerpo del
te compadezco y mitad "bronca” despis­ alma, el límite (la línea ataca)? ¿Y la
tada (y perdón por estos idiotismos que virtud de la flor, y el alma del espec­
sé, sin embargo, tal vez sean los que me­ táculo y el destino de la inquieta lanza­
jor nos hagan entendernos); ese aireei- dera, y el rincón amable de la casa, y el
11o.. . le quedó en el alma revoloteando grito de la calle, el grito, y todo lo otro,
lo que está preso detrás de los barrotes
como una mariposa negra. P ero. ..
—Lo difícil es atravesar esa escale­ (las líneas) de la gran cárcel que es el
rilla que une la tierra al barco —dic-e corazón del artista? Sí, y el"¿y ahora
Sgarbi—, flexible, vacilante escalerilla ; qué?” empezó entonces para Sgarbi.
pero una vez en el barco saltas ya con P ara nosotros ha de empezar aquí.
—Y salí desesperado de Lhote. . . Mas,
los dos pies firmes. . .
Y en el barco trabajó. Y luego allá: el por momentos, tenía necesidad del con­
peregrinaje de todos, la ausencia del ami. tacto de las escuelas. Y era entonces o
go, la falta de los guías (las Embajadas la "Grande Chaumiére”, o la "Collarossi”,
todavía no tienen, tal vez nunca tengan, pero no; o "Beaux Arts”, pero todavía
ese guía, asesor, coordinador del tiempo, peor. Mais non! No era problema de
escuelas, era de enseñanzas, era del sa­
sostenedor del desaliento del que llega. . . )
ber mismo y entonces "q’cl cafard, qVl
Y, entonces, ¿con qué cuenta el artista
pobre que llega? Con unos inmensos ojos eafard, mon Dieux!”
Fué en ese momento cuando apareció
y nada más. Y ustedes, ya vieron. A
veces, los ojos no sirven para nada. Y el otro hombrecito en la calle de su alma.
allá, todo cerrado. Todo difícil. Todo Y siempre hay un hombrecito, el ángel,
lejano e inaccesible. Todo como en el el gu'a, el que pincha el desánimo, el que
viaje aún. Pero siempre surge alguien acelera el pulso, el que empuja, lleva o
cuando ronda el ángel, y de la mano de trae a nuestro espíritu para que el frío
Méndez Magariños, que le fué cordial no quiebre nuestra mañana, ni el viento
compañero (y en estos casos es que quiebre la flor que se está abriendo. . .
Sí, siempre hay el hombre.
se sabe quién es quién) y le puso sobre
—¿Te acuerdas de Sahartés? ¡A h ...,
el primer camino. Después de los tum­
bos de la Exposición uruguaya, en cuyo qué amigo! Le escribí desesperado y le
pabellón trabajó, recaló en las Salas de dije: He abierto una ventana nueva al
Lhote, en donde, en verdad, reeién nació espacio, y he sacudido el polvo y las tie­
Sgarbi para la p in tu ra. .. porque aquí rras, y ya estoy sin "cafard” y como
empezó a comprender que se podía ver libre y nuevo para volver a em pezar...
Es que siempre es eso: empezar, y es­
sin ojos.
tar libre, que no es estar "suelto” y
— ¡Ah!, ¡tú no sabes lo que Lhote!
abrir una ventana para el espacio infinito
¡ A h ! ...
—Sí, sé: maestría, pintura, pedago­ del alma que es el yo, yo, más ellos.
Ellos, los que no van, pero que los llevo,
g ía ...
todos los de antes, y la exposición, y los
— ¡ A h ! ... En eso de la pedagogía
buenos y los malos, y Lhote y su amigo
Lhote es el verdadero maitre.
Y repite palabras, lecciones, sugeren­ Waleh y la calle que da ganas de llo­
cias. Traza líneas, ajusta planos, hace r a r .. . ¡ahora mismo!
—¿Cafard? .
esquemas. Por aquellos ojos nuevos va en­
— ¡Oh, sil ¡El arte que nos huye es
trando al ver. Está lleno de técnicas, de
saber, de lógica, de matemática. ¿Pero, un gran cafard! El pan extraño, la no­
che infiel, la compañera lejos, ¿tú com.
entonces?
—Ahí está el peligro. Te sientes como prendes?, ¡son un gran cafard! ¡Ese
color que uno persigue, la solución que
en una red. Se dispara la espontaneidad.
Todo se hace alto juicio y reflexión. To­ no la encuentras y que tal vez (me con­
formo pensando) la encontraré en la tela
do se ajusta a la geometría y todo parece
terminar en una palabra: la composición. de mañana que hoy mismo ya la quiero
empezar, "q’el cafard” ! ¡Y un vaso de
—I Moderna?
vino que se acaba sobre la calle desnuda
—Yo creo que hay una sola. Lhote nos
mostraba los clásicos, enseñaba con ellos y el pan finito, "q’el cafard” ! . . .
(C ontinúa página 22.)
delante. Todos sus talleres son una ex" Todo m irar se transform a en
considerar; todo considerar en m e­
ditar; todo m editar en relacio­
nar . .
Go e th e .

C

Problem a 1S° 8
V. Onitiu

"Allgemeine Zeitung ” Chemnitz 1933

Blancas: P. J ohner
Posición después de la jugada 19
de las Negras.
Posición después de la jugada 48
de las Negras.
I U na ra ra posición! L as B lancas tienen nada
menos que cuatro Peones de ventaja, m ientras que
las N egras sólo fin can sus esperanzas en el PR.
P ero este Peón p araliza com pletam ente la acción
de las T orres enem igas y adem ás ias Negras
disponen de la am enaza T7D , ganando a una
de ellas. De esta m anera se explica el hecho
de que todos los esfuerzos de las B lancas para
decidir ia lucha en su favor resulten estériles:
las N egras pueden lograr un empate.
49. R3A
T 8A j.
5U. R4C
T8D
51. R5C
T lR I

20. P5C1
21. C6A j. !í
22. D xA
23. P x P
24. T 7C I
Nada claro hubiera dado 24.
T7C C4C ttc.

AxC
R lT
PxC
D2D
D 3R C2T 25.

D4D
25. D4C
Con esta jugada las B lancas anunciaron mate
en 6 jugadas, que hubieran alcanzado con 25.
TD 1C !! p. ej.: 2 5 . . . C3C 26. D3R o 2 5 . . . C2T
26. D3D etc.
C3C
26. D 5T?
I Lo más simple y malo! Todavía las Blancas
ganaban con T x C P x T 27. D xP C T2D (único).

Mate en 3 jugadas.
Blancas: R 6R, T6D , T 1R , C6CR (4 ).
N egras: R 1R, A 2CR (2 ).

Pintura.

Masacre en O radonr-snr-M arne.

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Era necesario, para descorrer la cortina que mantiene en clausura la historia
sentimental de Bécquer, que la mano estuviese inspirada por ternuras cautelo­
sas, a fin de que el rumor de esa neblina en el aire no perturbara el sueño del
poeta.
María Teresa León recoge la tradición lírica de las "Rimas” para su devota
reconstrucción, donde lo imaginado y lo real dispútanse la certidumbre de la
imagen romántica. Ha preferido, consubstanciada con el espíritu de la época,
levantar su registro, sostenerlo en la escala pasional, cantar en su prosa por
momentos encendida en el arrebato del verso. Su libro sobre el sevillano, poeta
tan actual que nos conquista todavía con su llanto, extenúa la veracidad docu­
mental e inventa una luz, también cierta, para esas distancias de penumbra que
separan fechas y acontecimientos. Necesitábase un itinerario y la línea se cor­
taba a veces dejándonos espacios sin sangre. María Teresa León ha unido la
vena y el pulso denota regularidad de vida. Asimismo, ha dotado su interpre­
tación novelesca de climas en los que se recorta la figura del poeta, permitién­
donos escuchar su paso por las viejas veredas, entre el ruido de las berlinas,
en escenas iluminadas por la mortecina llama de gas. Gustavo Adolfo Bécquer
y Julia Espin nos conmueven en estas páginas como las rimas que, transcriptas
en su totalidad, complementan el libro. Un Bécquer de tránsito e introspección,
envuelto en la atmósfera reflexiva del comentario y el análisis; y una Julia
Espin, ese gran amor que anticipa el título, convertida en estampa de la pasión
presagiando la noche de su destino.
El ritmo de esta biografía aparece a ratos acelerado, rehuyendo la gravedad
que permitiría ahondar el misterio psicológico, quizás excesivamente narrativo.
Quisiéramos más Bécquer en su desgarrada presencia de hombre y ángel. El
avasallamiento verbal lo cubre a veces, pues la autora m anejaren hábiles expo­
siciones, la realidad ambiente, desplazando la ilustre y castigada figura del
poeta. Si reducida por ello la acción, tenemos en cambio la exaltación palpi­
tante de su alma en un sostenido proceso que da a la biografía sentido de
relato. Fiel al documento, devota de su personaje, María Teresa León ha cui­
dado las certeras líneas del dibujo, que trasluce —casi diríamos, muestra desnu­
damente, como fundamental objetivo— el corazón del poeta, diciéndonos que
ésa era la fuente de su vida y sus versos.
La

n ie b l a

y

el

árbol,

poemas, por Manuel J. Castilla. La Carpa, cuaderno

N" 6, Salta.

Límpido y desmañado hálito de adolescencia sube de estos poemas, simples de
estructura, sostenidos por deseos fervorosos de amar incondicionalmente la vida.
El verso, influido por la misma razón oscura que impulsa la alegría, se torna
por momentos melancólico. Poesía de una edad; floración inicial. Castilla es
el cantor de veinte años, invitado y concurrente de todos los caminos. Este
sentimiento ambulatorio, incontenible, se percibe en la naturalidad y facilidad
del vej»o, cantado más que escrito y en la nostalgia de cielos y rincones fami­
liares. Aun duran en el cariño el patio de la infancia, las habitaciones de
muros encalados, el recogimiento del solar provinciano. Pero despiertan al amor
horas y sueños. Las once primeras canciones reciben estas silenciosas corrientes
de nostalgia y despertar; por ello aparecen sin vértigo, sólo sentidas en la
dulzura de la sed transitoria. Serían más bien agradecimientos del corazón que
necesita darse al amor o al crepúsculo y ama porque le es imprescindible, como
el latir.
Las imágenes de "La niebla y el árbol” saben al encantamiento de lo que se
mira al pasar y queda en los ojos como un descanso. Colores atenuados, recuerdo
de musgos y ocasos. Siempre alrededor de un rostro de mujer, cuyo nombre tal
vez no sea siempre el mismo. Poeta de palabra demorada, diríamos que con­
versa en sus canciones imitando la opacidad del silencio. Su universo poético,
que parecería limitado, se extiende en cambio inesperadamente hacia la zona de
les sueños, envolviéndonos en sensaciones de lejanía. Vuelve todo aquello que
ha visto, que ha imaginado sobre lo descubierto, que ha ido explorando al per­
seguir una luz distinta, en la aventura de ascender a su emoción cada vez que
despierta. Otros poemas contiene el pequeño libro; uno de ellos, "A la oreja de
Van Gogh”, ofrece estrofas de intención lírica que inducen a esperar muy nobles
obras.
P o em a pa ra u n a m u er t e ,

NOTAS

LITERARIA

por Juan Ruiz de Galaneta. La d a la , 40 páginas.

Más que una elegía, es el mensaje a una muerta, reclamándole su retorno a la
existencia y al amor. La exaltación afectiva desahoga el padecimiento de la fata­
lidad y la ausencia. Líricamente, el caso —común en la literatura— adquiere
características normales. La poesía puéblase de sombras que nos iluminan de
pronto, en reconfortante convivencia. Ruiz de Galarreta avanza por la zona de
la evocación midiendo su desesperanza y en su trance de dialogar, alma a alma,
con el ser desaparecido, materializa la inmensidad que los separa. No habla
sino con el recuerdo, que anhela corporizar para el coloquio. Ella es el espíritu
huyente, alejándose cada vez más, sin dejar de permanecer en la atmósfera
cotidiana, disuelta en el aire que el poeta respira. Quizás, en este sentir transido,
se reconozca la virtud máxima del poema, tocado de cierta filosofía espiritua­
lista de la supervivencia, que le infunde vigor. Su motivo constante es el intento
de recuperación; aunque paralelamente gravite la imposibilidad de la empresa.
Por momentos resuena la voz con hondo patetismo, manifestándose, también
aunadas, la dulzura del llanto y la resignada desilusión frente a lo invulnerable.
Habiendo adoptado el autor la gravedad de una prosa llana, a modo de breves
salmos, infúndele al canto dignidad confidencial, transparencia de meditación
que no’admite artimañas literarias; pero el empleo de recursos tipográficos para
robustecer el sentido de una frase y la constancia de lecturas —la Biblia en
primer término— deslucen la ideal fluidez, restándole significación de -voz sur­
gida en impulsos desolados del alma.
La c iu d a d q u e e s p e r a y o t r o s c u e n t o s
Ciordia y R odríguez, Buenos Aires, 1946.

f a n t Á s t i OOS,

por José E. Venditto.

Presente en nuestro recuerdo "Cuentos de un soñador de Lord IJunsanv, des­
aparecen las posibilidades de originalidad en "La ciudad que espera y otros
cuentos fantásticos” de José E. Venditto. Tampoco aseguraríamos que son fan­
tásticos estos cuentos, si bien aspiran al plano imaginativo que nos transporta
a una realidad recóndita, a la lógica intrincada de la intuición y los sueños.
En verdad, escasas son las obras del género publicadas entre nosotros que
acusen esa originalidad a que aludimos, aunque las hay estructuradas con rotunda
precisión y otras que alcanzan decidido nivel poético. Leyendo estas historias,
reconocemos en algunas el proposito —frustrado totalmente de imitar al escri­
tor inglés. Cree Venditto que el absurdo basta a la literatura fantástica, que
con sólo presentar fantasmas o referir que un personaje se saca la cabeza y la
vuelve u colocar sobre los hombros, está manejando elementos do pura fantasía.
Tal error predomina en el libro, en cuyas páginas señalaríamos párrafos dis­
cretamente elaborados junto a otros de inexperiencia literaria y hasta de incali­
ficable mal gusto. Por otra parte, hay temas que alcanzarían jerarquía de ha­
llazgo, a no ser su tedioso desarrollo y su solución desalentada, pues el autor
opta por elementales arbitrariedades confundiéndolas con el alucinante mundo
que pretende para su obra. La literatura fantástica fraterniza intimamente con
la creación poética, no pudiendo prescindirse en ella del elemento revelador
—acaso indescifrable pero de presencia inconfundible— y del control lúcido de
la inteligencia que busca la correlación de episodios misteriosos con la realidad
cotidiana. Como imitador, Venditto no llega siquiera al conocimiento de las
fórmulas, faltándole el don intuitivo por el que todo se resuelve, a veces con
precisión matemática.

arte

de

A uouste

R o d in ,

ñor Victor Frisch y Joseph T. Shiplcy.
Traducción de C. A. Jordana. Editorial
Poseidon. Buenos Aires. Colección V i­
das y Obras. 24 X 17 cm. 528 págs. 105
grabados. Encuadernado en tela. Precio.
8 22.
Durante más de veinte años, Victor
Frisch fué ayudante del formidable escul­
tor francés; lo acompañó en los días de
su enfermedad y de su muerte y luego
escribió su biografía. Joseph T. Shipley
ordenó y vigorizó el relato de Frisch y
dió forma definitiva a este libro. Más
que una biografía, resulta un documento
psicológico de intensa expresión que des­
cubre todas las facetas del genio de Ro­
din y sus reacciones frente a la realidad
cotidiana y frente a sus propias creacio­
nes. Vida y obra se consubstanciaron en
Rodin y se nos ofrecen ahora en elocuente
síntesis. La traducción de C. A. Jordana
contribuye al placer con que se lee el libro.
Lo valorizan, además, una lista cronoló­
gica completa de la producción escultó­
rica del maestro y más de cien reproduc­
ciones de fidelidad insuperable. — Ramón
Escarrá.
E l m it o y e l

LOOOS, p o r E m ilio

O r ib e .

Editorial Poseidon. Buenos Aires. Co­
lección Ensayos. SO X 15 cm. S48 págs.
1 grabado. En rústica. Precio: $ 6.
Admiramos de nuevo, en este ensayo
del preclaro escritor uruguayo, al poeta
y al pensador, que sabe vibrar con igual
exaltación ante las manifestaciones esté­
ticas y ante la experiencia social y filo­
sófica, de la historia que va elaborándose
en nuestros días. 5Jara Oribe el supremo
problema espiritual de la humanidad es la
pugna entre el instinto y la razón, entre
el mito y el logos, y las grandes crisis
colectivas son efectos de estas enormes
fuerzas, a través de cuyos choques se va
perfeccionando nuestro linaje. Ninguna
inquietud colectiva es extraña al autor,
que analiza esa transformación "racional”
en el campo de la filosofía y de las reli­
giones positivas, de las artes plásticas, de
la literatura y de la política, para abar­
car finalmente las posibilidades de Amé­
rica en el logro de una cultura unifor­
me. — R. E.
L a e m o c ió n e n e l h o m b r e y e n e l a n i ­
m a l , por Paul Tilomas Young. Editorial

Nova, Buenos Aires. 582 páginas. Pre­
cio: $ 12.
En este libro se aborda el estudio de la
emoción humana y la animal desde todos
o casi todos los puntos de vista posibles.
El autor, siguiendo la mejor tradición
norteamericana, siente una preferencia
muy mareada por los hechos y no se afana
demasiado en defender teorías propias ni
ajenas; aunque no las ignora ni mucho
menos, y sepa aludirlas y eritiearlas lle­
gado el caso, sabe que la mejor teoría
tiene un valor provisional y, más que im­
puesta por el material de que se parte,
nace del punto de vista del hombre de
ciencia que la formula por vez primera.
Y esto es más eierto en lo que se refiere
a la vida afectiva de los seres vivos, tan
rica, tan desconcertante y hasta tan con­
tradictoria. Los diez cap tulos de que la
obra consta se ocupan respectivamente de:
I. La naturaleza de la emoción; II. Acti­
tudes y motivaciones determinantes de
la emoción; III. Necesidades y apetencias
como base de la vida afectiva; IV.
Desarrollo emocional; V. Cambios pro­
vocados por la emoción en el organismo;
VI. Pautas de respuesta orgánica en la
excitación emocional; VII. El sentimiento
y la emoción como procesos conscientes;
V III. Causas directas determinantes de la
emoción; IX. De la emoción. Condicio­
nes que predisponen al trastorno emocio­
nal; X. Las actitudes y los motivos en
relación con la emoción.
Copiosa bibliografía, ilustraciones, grá­
ficas, grabados, etc., contribuyen a dar
« realce a esta obra, la más completa que
conocemos, que nos ofrece Nova, con un
prólogo del psiquíatra español doctor Mira
López. — J. 0. Espasandín.
H istoria de la física , por Paul F. Schurmann. Editorial Nova. Buenos Aires. Im ­
presa en Imprenta López. Encuadernada
en tela. Tomo l, X X IV -f- 381 páginas.
Tomo II, 672 páginas. Los dos tomos:
$ 48.

Los físicos de hoy tienen la ventaja,
en oposición a los de pasadas épocas, de
que sus hallazgos son divulgados casi en
el mismo instante de producirse, y como
consecuencia muchos de ellos adquieren
una celebridad temprana que les permite
cosechar sus bien ganados laureles. Gran­
des empresas y muchas academias y de­
más .instituciones científicas están atentas
a cada nuevo paso de importancia, a cada
descubrimiento, con miras a explotarlo
comercialmente en unos casos, o a supe­
rarlo, a sacarle las máximas consecuencias
y a establecer sus posibles conexiones con
pasos precedentes o simultáneos, en otros.
Publicaciones profesionales, agencias de
información, publicidad comercial, propa­
ganda gubernativa, radiodifusión y, en
fin, cuantos medios de información hoy
poseemos, hacen llegar la inmensa mayo­
ría de las conquistas científicas a todos
los rincones del planeta. Por el contrario,
muchos de nuestros escolares, y no se diga
el hombre corriente, viven en una com­
pleta ignorancia de los esfuerzos llevados
a cabo por los genios anónimos —o poco
menos— de! pasado, cuyas creaciones, sa­
crificios y rasgos de heroísmo en muchos
casos, hicieron posible el presente esplen­
dor de las ciencias e incluso de la técnica
que nos permite divulgar aquéllas con r a ­
pidez asombrosa y hacer llegar sus bene­
ficios a todas partes. En la inmensa ma­
yoría de los casos ofrecemos las materias
de estudio en los centros docentes como
si hubieran existido en el mismo estado

nan a ciegas hacia su propia ruina sim i
mente porque sus progenitores no i *'
preocupado de hacerles comprender ./
por encima de las fronteras actualM °
desde siglos remotos, se han tendido’/
pueblo a pueblo, de continente a conr
nente vínculos hondos, duraderos y t
cundo» gracias a los cuales la humanidad
ha podido salir de la barbarie para crea,
(Continúa pig„a ¡

El

Señor

G lt-nn

L. M a r t i n , Prr*ld».,,(f

d e ln Cí le nn L. M a r t i n Co., Haltlmor?
Mil. l í . S A , m o s t r a n d o «loa «]«• loa mo­
d e l o * d e n r r o n n v e a &lt;|ue J u g a ro n un pa!
I»el I m p o r t a n t í s i m o e n au Inrica carrera’
E n e l f r e n t e e a t á el p r i m e r m od e l o dé
a e r o n a v e M a r t i n f a b r i c a d a en 1IW&gt;# y e|
IIIA* c e r c a « I * e ñ o r M a r t i n e » el modelo
"MARTE**,
acuático,
d e 4 motores,
e o n a t r u f d o e n IJMI e*pe&lt; i n l m e n t e para |a
m a r i n a a m e r i c a n a , y e n a«|uel entonces
ln n a v e m á a g r a n d e e n e x l a t e n c ia .

La G L E N N L. M A R T IN , la m ás grand e y a n tig u a f á b ric a d e av iones de los
E s ta d o s U n id o s , f a b r ic a n te del primer
a e r o p l a n o c o m e r c ia l d e la postguerra,
c o n o c id o c o m o el M A R T IN 2-0*2, se ha
d e d ic a d o t a m b ié n c o n é x ito a la difícil
ta r e a d e t r a n s f o r m a r av io n es de guerra
e n a v io n e s d e c o m e rc io civil, para po­
n e r e n se rv ic io e n m u c h a s com pañías
d e a v ia c ió n d e S u d A m é ric a .
E l a e r o p l a n o d e g u e r r a q u e na sido
c o n v e r tid o e n m a y o r c a n tid a d en avión
d e t r a n s p o r t e c o m e r c ia l es el ('-5 4 . apa­
r a to m i l i ta r , d e s p u é s d e h a b e r sido de­
c la r a d o c o m o s o b r a n te , a l fin a l de la
p a s a d a g u e r r a . 1.a la b o r d e reconvers ió n se h a lle v a d o a e fe c to en la podero sa p l a n ta q u e la G L E N N L. MARTIN
tie n e in s ta la d a e n B a ltim o r e , Maryland,
E s ta d o s U n id o s.
E sto s a e r o p l a n o s d e tr a n s p o r te mili,
la r , h a n sid o t r a n s f o r m a d o s técnicam en­
te e n lu jo s o s a p a r a to s d e p a sa je ro s . La
la b o r f u é h e c h a p o r la s e x p e r ta s ma­
n o s d e lo s m e c á n ic o s e in g e n ie ro s de
la f a m o s a c o m p a ñ ía M A R T IN . Las
c o m p a ñ ía s s u d a m e r ic a n a s d e aviación,
q u e h a n sid o fa v o re c id a s c o n la adqui.
sic ió n d e e sto s a p a r a to s convertibles
so n :
1 — L ín e a A e r o p o s ta l V e n e z o la n a , a la
c a b e z a d e la s c o m p a ñ ía s d e avia«jjón d e V e n e z u e la , q u e intensifi­
c a r á s u s r u ta s in te r n a c io n a le s . E.*
la m á s p r e s tig ia d a c o m p a ñ ía en su
p a ís y la q u e p o s e e u n excelente
ré c o r d d e v u e lo s . S u d ire c to r ge­
n e r a l es e l s e ñ o r H o ra c io López
C o n d e . L ín e a A e r o p o s ta l Venezo­
la n a h a c o n t r i b u id o gran d em en te
a l r á p i d o d e s a rr o llo in d u stria l y
c o m e r c ia l d e V e n e z u e la .
2 — S e rv ic io s A é re o s C R U Z E IR O DO
S U L , L td a ., es la m á s g ra n d e com­
p a ñ í a d e a v ia c ió n d e L a tin o Amé­
r ic a , a s í c o m o la m á s antigua.
C R U Z E IR O D O S U L m a n tie n e un
se rv ic io a é r e o c o n m u c h a s repú­
b lic a s h e r m a n a s y e n u n futuro
c e r c a n o , e x te n d e r á su s lín e a s has­
ta N o rte A m é ric a , in au g u ran d o
v u e lo s in te r n a c io n a le s e n tre Brasil
y E s ta d o s U n id o s . S u p re sid e n te . e&gt;
e l b ie n c o n o c id o c a b a lle ro doctor
B e n ito R ib e ir o , d e R ío d e Janeiro.
C R U Z E IR O D O S U L ta m b ié n ha
h e c h o p e d id o s a la M A R TIN de 10
d e los n u e v o s lu jo s o s aeroplanos
M A R T IN 2 -0 -2 , c a p a c e s d e trans­
p o r t a r 4 0 p a s a je r o s , en el mayor
c o n f o r t , y a u n a v elo cid ad aproxi­
m a d a d e 3 0 0 m illa s.
3 — L a F lo ta A érea M e rc a n te Argen­
tin a ( F A M A ) , la p o d e ro sa y nue­
va c o m p a ñ ía d e a v ia c ió n argentina
q u e e x t e n d e r á su s lín e a s y que es
la lla m a d a a u n i r A rg e n tin a con
el r e s to d e lo s p a ís e s del m undo.
FAM A n o só lo u n ir á Argentina
c o n las c a p ita le s d e A m érica l a ­
ti n a , s in o c o n E sta d o s U n id o s y Eu­
r o p a . Ix&gt;$ a p a r a to s C-54 que ha­
b ía n sid o p e d id o s p a r a DODEKO.
s e r á n e n v ia d o s a FAM A, p ara ser
p u e s to s e n se rv ic io d e lín e a s inter­
n a c io n a le s .
4 — K L IM , la c o m p a ñ ía R eal H olan­
d e s a , ta m b ié n r e c ib irá aeroplanos
C -5 4 c o n v e r tid o s e n la p la n ta de
la M A R T IN y q u e p o n d r á en ser­
v icio e n t r e W est Ilid ie s y la Guav a n a H o la n d e s a .
A d e m á s d e to d o lo e x p u e sto , dos
c o m p a ñ ía s d e a v ia c ió n d e N orte A m e­
r ic a p o n d r á n e n se rv icio los a f a m a d o *
M A R T IN 2 -0 -2 ,^ le 4 0 p a s a je ro s , en b*
lín e a s a é r e a s d e L a tin o A m érica. N&gt;n
é s ta s : C h ic a g o y S o u th e r n , q u e tendrá
a v io n e s q u e v o la rá n d e E stad o s l nidos
a V e n e z u e la , vía E! C a rib e , y la I’00*'
g r a q u e h a c e v u e lo s d e P an am a ■
B u e n o s A ire s, vía L im a , P e rú r Santia­
g o , ( .h ile .
E l n o m b r e d e la M A R TIN , que es
a m p lia m e n te c o n o c id o a lre d e d o r de
m u n d o c o m o sím b o lo d e eficiencia y
s e g u r id a d , p r o n to se rá visto cu b ierto de
fa m a s o b r e los c ie lo s d e casi lodos lo»
p a ís e s d e L a tia o A m érica.

�LIBROS
(V ie n e Je página 20.)

Jas presentes maravillas, las cuales, por
otra parte, nada valen si no sabemos usar­
las para forjar una verdadera hermandad
entre los hombres, una noción viva de
humanidad que abarque a todo el orbe
y nos solidarice con nuestro pasado y con
él futuro incluso de la especie.
Respondiendo a esta y a otras exigen­
cias imperiosas del momento, acaba de
publicar la Editorial Nova esta obra de
singular trascendencia. No es de este lu­
gar hablar de ella como se merece —otros
lo harán, sin duda, en revistas profesio­
nales—, pero no está de más que los lec­
tores de C abalgata (y en especial quienes
por su formación y su profesión están
obligados a remediar en la medida de sus
fuerzas el caos reinante en las mentes
juveniles) sepan que existe en lengua
castellana una historia de la ciencia físi­
ca —o, si se prefiere, de los creadores de
esta disciplina— ampliamente documen­
tada y de un valor incalculable para saber
cómo y cuándo se forjaron las ideas que,
en este orden de cosas, sirven de cimiento
a la vida presente. — J. Otero Espasandin.

OLIVERIO
GIRONDO

CAMPO
NUESTRO

,T. T orres García, por José María Podestí. Editorial Losada, 8. A. Buenos Aires,
1946. 128 páginas. Precio: $ 5.

F ormas de vida. Psicología y ética de la
personalidad, por Eduardo Spranger. Re­
vista de Occidente Argentina, Buenos A i­
res. 473 páginas. Precio: $ 13.

Se acaba de reimprimir en la Argentina
esta obra fundamental de uno de los más
grandes pedagogos del presente. Quienes
conozcan la Psicología de la Edad Juve­
nil del mismo autor no podrán ver en
nuestras palabras un asomo de exagera­
ción. Spranger es uno de los pocos pen­
sadores del mundo presente capacitados
para intentar una comprensión amplia del
espíritu humano en su proceso evolutivo
y en su plenitud individual y social. Pero
al igual que muchos otros hombres de
su país y de su tiempo no percibió la
índole, sentido y alcance de las fuerzas
que se agitaban bajo sus pies, o no tuvo
valor o fuerza —si no ambas cosas— para
enfrentarse con ellas, y así se da la para­
doja de que estos grandes espíritus, aten­
tos a los hitos supremos que deben orien­
ta r a la larga vida humana, se hallen
rodeados de las mayores miserias y ruin­
dades que la historia del mundo recuerda.
Nada más contrario a sus enseñanzas
que la ola de barbarie que llevó al mundo
por dos veces al borde de la total ruina.
Pero sin duda su tendencia preponderante
a buscar en los clásicos y en la tradición
germana los antecedentes y tendencias de
muchas de sus preocupaciones —casi to­
das las citas de la obra que comentamos
se refieren a autores germanos— ha favo­
recido la consolidación y desarrollo de la
mística de la agresión, de la violencia y
la superioridad racial que, unida al des­
pecho y al sentimiento de fracaso, puso a
la juventud alemana al servicio de Adolfo
Hitlcr y secuaces.— J. Otero Espasandín.
J osé B onifacio , E mancipador del B ra­
sil , por O. Tarquinio de Souza. Edit.

Fondo de Cultura Económica, México.
Colección Tierra Firme. 1946.
Nunca dejaré de recordar una vez que
Gilberto Freyre afirmó que José Boni­
facio era una figura brasileña olvidada
y poco divulgada. A pesar de la abun­
dante literatura que existe sobre el P a ­
triarca de la Independencia, nunca fué
completamente dilucidada la figura gene­
rosa y enigmática del hombre que redac­
tó la primera carta de ciudadanía brasi­
leña. Los lugares comunes construidos en
torno a su persona han contribuido a for­
mar de José Bonifacio una idea corriente,
vulgar, de héroe y de viejo penoso, siem­
pre clamando contra las aventuras de la
Marquesa de Santos y siempre corriendo
tras los adversarios políticos. Mientras
tanto, el libro de Tarquinio de Souza, pre­
sentado por el Fondo de Cultura Econó­
mica en su colección Tierra Firme, es el
libro más absolutamente sintético y per­
fecto que he leído en materia de biogra­
fía histórica. Parece imposible realizar
un esquema tan fuerte y tan simple, re­
ducir, coordinar, simplificar y metodizar
tantos elementos múltiples dando como
resultado un retrato humano y completo
de José Bonifacio. Sin ningún paralelo
literario, no puedo dejar de acordarme
de "Ulises”, al hablar del "José Bonifa­
cio” de Tarquinio de Souza. Y tan sólo
porque el hombre que vive dentrodel perso­
naje, héroe y fábula al mismo tiempo,
no excluye de ninguna forma la belleza
casi épica de sus realizaciones. El hom­
bre, siempre el hombre cubierto de llagas,
cubierto por los andrajos que le otorgan
sus debilidades humanas, más altivo, cer­
tero, patriótico y puro al mismo tiempo.
Los otros retratos pasajeros de los histo­
riadores profesionales me parecen ridicu­
las composiciones infantiles, cercanas a la
anti-farsa que representa la vida familiar,
política y científica de nuestro Patriarca
de la Independencia. El esquema de que
se vale Octavio Tarquinio de Souza es
aquel de que se valen todos los histo­
riadores, y, no obstante, existe entre el
eonglomerado anecdótico y el valor real
de la biografía un espacio tan inmenso,
&lt;)ue la literatura histórica va poco a poco
desmoralizándose y ya nadie soporta, hoy
en día, a los hombres de papel^que fe.hriean Jos biógrafos. José Bonifacio —p ri­
mer Gran Maestre de la Masonería B ra­
sileña— fué el hombre salvador de nuestra
independencia. Científico de primera lí­
nea, minerólogo, político, poeta, estadista,
hombre de letras, admirador de las bellas
niujeres, viajero incansable, comenzó su
'ida política casi maduro.
Es el "P atriarca” junto al
ien Pe­
dro I en sus fogosos 24 años; es el
Patriarca”, junto a la Regencia que vió
nacer, con la Constituyente, la Primera
Constituyente Brasileña que tuvo arrebutos de juventud y debilidades de niño.
Es el "Patriarca” rebelde que no acepta
Otelas extrañas, enfundado en su vivo
®rf?ullo de hombre de ciencia, que rechaza
^nores de estilo falso y mezquino. Vea *f°sé Bonifacio servir de escudo
ra aml&gt;arar los golpes de los exaltados

niño, sobre quien recaía el peso de la
Corona Imperial dejada por su padre,
Pedro I de Brasil y Pedro IV de Portu­
gal. La sombra de José Bonifacio se pro­
yecta tan fuertemente sobre el nuevo em­
perador. que los celos patrióticos no tardan
en surgir. Es sobre el viejo patricio so­
bre quien se ensañan y es un torneo tan
dramático este a que asistimos, que nos
asombramos de que los hombres de aquel
tiempo no tuviesen la visión de su fuerza
y de su fibra para defenderlo contra los
enemigos, numerosos como hojas de ár­
boles.
Mas es imposible sintetizar en una nota
este libro, que es ya en sí una admirable
síntesis. — Ncwton Ercitas.

Formal, y sobresaliendo junto a las evo­
lucionadas tentativas del arte de América,
el autor de "Universalismo constructivo”
transita en ese dualismo entre la pintura
y el conocimiento, tantas veces alentado.
El valor frente a la lucha, la trascendencia
teórica, la reacción del espectador y del
plástico, se agrandan en el artista que ha
identificado problemas de índole m etafí­
sica. José María Podestá, utilizando una
prosa en donde prevalece un sentimiento
de cálida intimidad, adelanta un viaje
objetivo a través de los infinitos m ati­
ces del artista uruguayo. Así anota el
paso por España, Italia, Estados Unidos,
Francia, Suiza y Uruguay, en donde la
instancia del germen va siendo reempla­
zada por incursiones tales como "clasicis­
mo”, "sintetismo”, "fauvismo”, etc., pre­
suponiendo una estructura básica como
antecedente formal para encender más
tarde su doctrina fundamental. Acaso la
mirada general y bien diseñada que nos
ofrece Podestá sobresalga en sus aproxi­
maciones eminentemente dispuestas para
presentar calideces del artista y de su vida,
dando de esa manera un enlace que pe­
netra por asociaciones humanas.
Del transporte señalado pasa luego a
la etapa del "constructivismo”, que subra­
ya como "una meta” del arte de Torres
García. Nada más importante frente a
la obra y a la intención del artista que
aquella preocupación ascética, en oposi­
ción a la sensual afirmación plástica, n a­
cida en París, aunque quizás elaborada
inconscientemente en sus lapsos de ávidas
lecturas.
Podestá hace una aclaración al con­
siderar la etajia del "constructivismo”. Se­
para dos elementos en su p in tu ra: el
plástico y el filosófico. Y se vuelca a
considerar el primero.

E Lritup r o fdeu n duno

e s p í­
gran
poeta en la síntesis de
un tem a esencial. E l
c a m p o argentino e x ­
presado en form a o ri­
ginal e inim itable por
un escrito r cuyo esti­
lo es un m odelo de
concisión y exactitud,
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y consolidar la independencia. Y poco des­
pués vemos al "P atriarca” derrumbado
por patriotas menos hábiles y no por eso
menos sinceros, emigrado, preso, derrota­
do políticamente, y luego nuevamente en
el escenario de la vida política brasileña
como tutor de Pedro II, el Emperador

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Algunas manifestaciones de Torres Gar­
cía dejan, sin embargo, una idea definida
de su búsqueda: "Soy místico, soy metafísico ..
"Esquemas de cosas, remi­
niscencias, ecos y rumores de otra vida”,
"en lo más hondo, sin que nos demos
cuenta, allí tiene lugar su rudo trabajo
de elaboración, silencioso y sordo”. Es
una intención que en su labor como pin­
tor, pedagogo y teórico, se debe seña­
lar particularmente, pues presupone un
saldo nacido de una contemplación interna.
Al considerarlo como plástico, Podestá
señala su solidez, la estructuración de las
obras, la austeridad de los tonos, el me­
canismo compacto, los esquemas sugerentes, y otros valores que individualizan al
artesano, al técnico, al esteta y al artista.
El valor como filósofo, que no ha sido
estudiado, presupone, sin embargo, el sen­
tido más rico de su etapa, pues, consegui­
do o no definitivamente, significa una
introducción al idealismo en la pintura
y es un esfuerzo por "subordinar la pa­
sión a la razón”, como el mismo Podestá
adelanta.
El libro cumple una finalidad. Y ésta
reside eminentemente, en acercarnos a una
vida, a los altibajos de esa vida frente
al arte, y a la ubicación del artista en
medio de las corrientes de nuestro tiempo.
Completan la entrega treinta y dos lá­
minas en negro y una en color, en donde
aparecen las obras de distintas épocas
de! pintor, escogidas acertadamente para
generalizar una trayectoria artística. —

Osvaldo Svanascini.

po r

(E xclusivo para
numerosas las bibliotecas de Mos­
cú, bien provistas, acogedoras y có­
S
modas para el estudio. La Biblioteca
ON

Lenin y la Biblioteca Extranjera ofrecen
un surtido apreeiable, conservado al día
hasta 1939-40.
A partir de dicha fecha, las novedades
publicadas más allá de las fronteras ru­
sas, salvo raras excepciones, no han po­
dido llegar al gran embalse de bibliote­
carios, eruditos, estudiantes y aun del
lector común.
P ara los que prefieren leer en su casa
y crearse una pequeña biblioteca, hay li­
brerías de viejo —mucho menos nume­
rosas que en París, por supuesto— , en
las cuales hay departamentos de libros
extranjeros.
Dominan las obras francesas, lengua
cultivada antes de la revolución, aunque
resulte raro encontrar libros anteriores
a 1914. El bibliófilo, como el aficionado
a los grabados, puede todavía hacer allí
provisión interesante.
Al frente de la sección "Libros extran­
jeros” de la Librería de los Escritores
Soviéticos, hay alguien que conoce el ofi­
cio, ol libro y la literatura antigua y
moderna. Es el poeta T . . . Cabeza a lo
Verlaine, admirador ferviente de Carlos
de Orléans y de Villon, de los poetas de
la Pléiade y de los simbolistas —estos
últimos poco conocidos en U.R.S.S., donde
se prefiere la grandiosidad sencilla de la
Canción de Roiand—, T . . . vivió durante
mucho tiempo en París, donde se unió a
la bohemia literaria, vivió en los cafés
del Barrio Latino y de Montparnasse.

MARKTWAIN
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C a b a l g a t a .)

La guerra de 1914 lo colocó en situación
penosa: no tenía documentación personal
y en aquel entonces se perseguía a los
extranjeros sospechosos y a los espías.
El poeta cuenta cómo un día de "redada”
lo atraparon y lo llevaron a la comisaría.
El comisario, quien al principio 1q recibió
de manera muy poco amable, le pre­
guntó:
—¿Usted es ruso? ¿No tiene documen­
tos personales? ¿Qué profesión e je rc e ...?
—Soy poeta . . .
— ¡Pruébelo!
El poeta nombró a las revistas de la
emigración rusas, en las cuales colabo­
raba; nombró a los poetas franceses de
quienes era am igo; recitó versos. . . Y
acabaron, el extranjero irregular y el co­
misario, por trabarse en una discusión
lite ra ria ... Había caído, por casualidad,
con Ernest Reynaud, el autor de En
niarge de la Melée symboliste v de L'assomption de Paul Verlaine, quien reco­
noció en el poeta a un colega, a un anar­
quista inofensivo, a un ciudadano de las
nubes, y le hizo entregar un permiso de
vecindad para París, seguro de que no
abusaría de él.
Pero un día le asaltó la nostalgia del
país. . . y volvió a Moscú, donde vive
ahora. El amor al idioma francés le ha
hecho alterar de vez en cuando el idioma
materno, cosa que ya le reprochaban sus
compañeros de emigración.
Hoy es el más asiduo lector de las
obras que están en su librería. El que
quiere lectura a precios abordables, en­
cuentra libros de Maupassant, Rolland y
Zola, siempre sagrados en Busia. Muy
buscados son también los tomos de gra­
mática francesa e inglesa, las antologías
de trozos escogidos, los libros de historia,
geografía. . . y los diccionarios.
Se siente ya volver el sosiego al mundo
de los libros; los proscritos entran, pero
como emigrados olvidados. Entre cierta
clase de literatura he encontrado la recopilación de Maurepas de Alina, reina de
fíolconda, y otros trabajos representati­
vos del erotismo antiguo y moderno, libracos que se venden en las librerías
ambulantes de París, en Plaza de la Con­
co rd ia ... Hay pesados volúmenes ale­
manes que describen minuciosamente el
cuerpo fem enino... pero la juventud
apenas les echa una mirada. Lo que más
interesa son los libros de arte francés,
inglés, egipcio, griego, y los grandes tra ­
bajos históricos. En los estantes de la
literatura rusa vuelven también a apare­
cer los emigrados: Wladimir Soloviev,
Aksakov y otros eslavófilos y ortodoxos y
algunos rescatados de las bibliotecas
eclesiásticas, especialmente la Historia de
las religiones en Rusia, Vidas de santos
y estudios sobre los creyentes. Estudian­
tes de derecho y de medicina, que deben tener nociones de latín, son los que, en
cierta proporción, buscan este tipo de
libros. Las novedades se agotan en cuanto
aparecen.
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A R T E • N O V E L A S
P O E S I A ' T E A T R O
H I S T O R I A * C I N E
FOLKLORE • REVISTAS

E x a m e n C r ít ic o
A r i s t ó t e l e s , por

de

la

F il o s o f í a

de

Karl Ludwig Michelet.
Ediciones Imán, Buenos Aires. Traduc­
ción del francés de Rodolfo M. Acoglia.
350 páginas. Precio: $ 13.
En el panorama inquieto y fragmentario
de la filosofía contemporánea, la lectura
de una obra como la metafísica de Aris­
tóteles, supone siempre el ensanchamiento

- BUENOS AIRES

del campo especulativo sobre terrenc f ir ­
me. Es por ello que en la obra de Mi­
chelet que nos presenta Ediciones Imán,
celebramos más que el aspecto de critica
histórica de la obra de Aristóteles, el
enriquecimiento de la construcción meta­
física del filósofo griego con la aplicación
de la dialéctica hegeliana.
Esta obra, laureada por la Academia de
Ciencias Morales y Políticas del Instituto
Real de Francia en 1835, adquiere hoy
una importancia excepcional, por cuanto
representa una orientación del hacer fi­
losófico que difiere totalmente del actual,
sumido en el pozo sin salida del subjeti­
vismo.
Los cuatro primeros capítulos del libro
están dedicados a un minucioso análisis
histórico. El quintp y último, el más
importante a nuestro entender, compren­
de la apreciación de la metafísica aristo­
télica, "su parte de verdad y su parte
de error”. La potencia y el acto, tomados
de Aristóteles, son juzgados con el mé­
todo dialéctico hegeliano. La verdad de
un sistema es aquello que el sistema ac­
tualiza, el error lo que deja en potencia.
"El fin de la historia de la filosofía no
es otro que la concentración de todos es­
tos aspectos en el elemento de la verdad
a b s o lu ta ...” "por lo tanto, la marcha
de la historia de la filosofía no tiene otro
objetivo que el de actualizar lo que exis­
tía en potencia”.
La utilización de los opuestos aristoté­
licos, vertidos dialécticamente, permiten,
en función de los conceptos señalados de
potencia y acto, de ser y límite, llegar
a la determinación del principio ¡primero,
tras una clara delimitación de los medios
de inteligir la esfera de los principios
absolutos y la esfera del mundo Tenoinénico. Es así que, a través de una obra
aparecida por primera vez hace más de
100 años, podemos comprender por qué al­
guien ha llamado a las filosofías actuales,
"filosofías pigmeas”. — Roberto J. Pifarré.

CONCENTRA
de¿ jLVicfuitecto.
U n i c a m e n t e libros para Arquitectos, Ingenieros Civiles, Constructores.

Importación directa de libros de: Estados Unidos, Canadá, México,
Inglaterra, Francia, Suiza, Italia, Rusia.
Suscripciones de revistas.

VIAMONTE
U. T. 31 RETIRO 5765

nieta,

541
BUENOS AIRES

LIBROS
ANTIGUOS

�cabalgata©

állase

on pleno vuelo la cinemato­

grafía egipcia. Sus comienzos ofi­
H ciales
precedieron en unos pocos años el
advenimiento del film parlante. Sin em­
bargo, en 1917 y 1918 produjo varias pe­
lículas una firma italiana que habla ins­
talado su estudio en las afueras de Ale­
jandría.
En Alejandría también se rodó el pri­
mer film "oficialmente” egipcio: "Un
beso en el desierto” realizado por Ibrahim Lama, con Itadr Lama como prota­
gonista. Posteriormente realizáronse otros
films con Aziza Amir, Fatim a Rushd y
Behidja Hafez.
Con el film parlante, el cine egipcio
se desarrolló rápidamente. La primera
película hablada egipcia se realizó en
Egipto y en Francia: se titulaba "Los
hijos de papá” y tuvo como intérpretes
a Yussef Wnhby, el popular actor egip­
cio, y Colette Darneuil. Otro film "La
rosa blanca”, totalmente realizado en P a ­
rís, en Buttes-Chaumont, conoció un gran
éxito. Interpretado por Abdel Wahab, el
más popular de los cantantes egipcios, "La
rosa blanca” sigue pasándose todavía, al
cabo de quince años, en los cines del
interior. En cambio, otro film rodado ha­
cia la misma época en París por una
compañía egipcia, "La canción del cora­
zón”, a duras penas ha cubierto los gas­
tos. El diálogo, escrito en árabe literario
(nahqwi), tan diferente del árabe habla­
do, lo hizo inaccesible a la masa.
En Francia también rodóse "Yacout”,
film scmiárnbc, semifrancés, con el extra­
ordinario artista Neguib Bey Rihani como
protagonista.

EN

LA E X P O S I C I O N
DE PIN TUR A S
DE H E C T O R SGARBI
(V ie n e de página 19.)

Pero entonces, aparece de nuevo el
hombrecito que nos dice en una carta:
—Sí, ésa es su gran tarca —habla Sabartés— : la limpieza. Es la única forma
en que se quedará usted en sí mismo.
Quedarse en uno mismo, es quedar el
hombre. El hombre-tiempo, ni pretérito
ni póstero; sino "el hombre-día del pannegro-hov-verdad-Uruguay ” y d e c ir lo ,
aunque siempre aparezca ese ycÓMO? El
cóqio es el pájaro que suelta el qué. El
qué es la cosa, como que es el relativo
que va en lugar del sustantivo (sustancia,
esencia, médula, contenido) y el cómo es
la forma, el continente, la técnica, el
tra m p e ro ... pero, ¡cuidado!, a veces
también puede ser el pájaro y, entonces,
hay que recordar a l'nam uno: |A qué
tanta aflicción, señor maestro, por el
cómo, si lo esencial es el qué; si del qué
sale el cómof
—Sí, ¡y ahora qué?
—Ahora, está ahí, todo está AQUÍ.
El dato objetivo, preciso, el que usted
necesita, está en el catálogo: 157 pin­
turas y 191 dibujos a lápiz negro y de
color, carbón y tinta, 348 motivos ex­
puestos . . .
— . . .y en el Salón.
—Sí, en el Salón del catálogo, ahí está
todo.
Sí, está todo. Desde el "affiche’’ hasta
el drama desnudo, o la cola por el pan
o la vida, o el caballo en el último do­
rado relincho final de diente afuera para
la posteridad del n a z i... para ese en.
toncos, para cuando te queden unos li­
vianos recuerdos de la muerte y su cor­
tejo: de los niños con los ojos colgando,
de los senos erectos clavados en las ba­
yonetas, y todavía del último clarín de
la razón de esa mirada que se escapó
de las azucenas y quedó para siempre en
el fondo enloquecidamente callado de la
última madre ú ltim a ... algo asi como
aquel ínfimo recuerdo que guardas tal
vez de niño de una bata rosada sobre el
]K‘cho de una joven de rulo, que un día
paseaba sobre unas flores celestes y pe­
queñas, y había sol y el tiempo eras tú
y tu madre era tan joven que era tu
novia, ¡ay!
Y ahora, jqué necesitas, qué quieres,
qué tienes que decir, por qué no me quie­
res ya bien, por qué no eres ya mi buen
amigo? |T e he hecho mal, he dicho algo
de ti ? i Es que crees que vine de tan
lejos a poner en descubierto tu vanidad,
o a decir de la mía; o qué cosa te su­
cede, hermano, querido amigo mío, buen
artista, compañero, mi camarada, qué. . . f
¡Habla! Hablemos. El arte es una lec­
ción cordial, dramática, honda, que nos
muerde; pero, entiéndeme, ¡hay también
dig non!

CINE EGIPCIO

rácter. Anwnr Wagdi, llussein Sidliy
Mahmud Zulfiear y Badr Lama, que, roniú
ya dijimos, interpreta los primeros pa­
peles desde su actuación en " fu L-so
en el desierto”, ganan popularidad ilia a
din.
Los sueldos de las grandes "vedettesV
del cine egipcio dejarían pensativos a
más de un mimado de la cinematografía
mundial. Yu.ssi f Walibv cobra de 12 a
15.000 libras por film. Kalsum pidió harc
poeo 20.000 por un solo film, o sea d i e z
millones de francos, suma que jamás ga
liaron las Viviano Romance, los Jean Ga­
lón o los Fernandel.
Los gustos del público

Yus»ef W ahby, primer actor.

Solim án Neguib B ey, intendente del
teatro real de la Opera de El Cairo.

Neguib R ihani, el actor más famoso
de Egipto.

Sabedores de la importancia de los mer­
cados que se abrían al cine hablado en
árabe, los productores egipcios pensaron
producir sus films en su país. Los con­
tados estudios se transformaron rápida­
mente y se equiparon con medios moder­
nos. Alvise Orfanelli y Togo Mizrahi,
pioneros del cine hablado en Egipto, pro­
dujeron regularmente hasta 1940 unos
tres films por año. Trabajaban entonces
en Alejandría.

a pocos kilómetros de los estudios Misr.
Los restantes están situados en el mismo
Cairo o sobre la carretera a Suez.
Todos los años salen cuarenta films
de los estudios egipcios, los cuales fueron
Utilísimos durante la guerra. En los de
Misr se centralizaron los servicios de
propaganda del Ministerio de la Infor­
mación, los que semanalmente editaban
un diario de guerra, el "War Pictorial
News”, distribuido en todo el Medio
Oriente, en India, China, Turquía y A fri­
ca del Norte después de la liberación.
Los comentarios se hacían en catorce
idiomas distintos. También los servicios
de la Francia combatiente realizaron en
aquellos estudios muchos films de propa­
ganda.
En 1944, el señor André Vigneau, di­
rector artístico de los Estudios Misr, rodó
un film en francés: "Monsieur Arnaud”,
con Lucicnne Lemarcliaiul, Henri Nassiet,
Ives Vincent y Philippe Grey.

Aziza Amir, Assia, Carioca, Om Kal­
sum, Lcila Murad, Nur El Noda. Una
brillante carrera le frustró el destino a
Asmaban, quien hace unos dos años pe­
reció en un accidente de automóvil. Su
último film, "Amor y venganza”, se man­
tuvo cuarenta semanas en el cartel en una
de las mayores salas de El Cairo. Carioca,
bailarina que se convirtió en artista de
la pantalla, fue contratada hace poco por
una firma norteamericana. En Holly­
wood se casó con un industrial norte­
americano.
Entre los hombres, Yussef Wahby mantiénesc siempre en el primer puesto. Este
actor representó en el teatro obras de
Bernstein y de Bataille. Conquistado por
el cine, trabaja en él sin cesar y desde
hace varios años dirige la "mise en seéne” de sus films. Solimán Neguib Bey,
traductor de autores franceses e ingleses,
es hoy intendente del Teatro Real de la
Opera de El Cairo, lo que no le impide ac­
tuar en cuatro o cinco films por año.
Bichara Wakiin es el gran cómico. Farid
El Attrache y Abdel Wahab comparten el
éxito en los films musicales. Abbas F a ­
ros es muy apreciado como actor de ca-

Los estudios de las Pirám ides
En El Cairo, el Banco Misr fundó una
rama de producción cinematográfica, cons­
truyendo estudios espaciosos al pie de
las pirámides, los cuales fueron dotados
de equipos modernos y contaron con la
colaboración de técnicos europeos con­
tratados especialmente. "Wedad”, el pri­
mer film rodado en aquellos estudios,
tuvo como "estrella” a la cantante egip­
cia Om Kalsum. La producción media es
de 6 a 8 films por año.
Seis estudios más totalizan en El Cairo
nueve sets. El estudio Ahram, el más re­
ciente de todos, se construyó hace un año

Una pléyade de estrellas
Entre las estrellas más queridas por
el público deben citarse a Amina Rizk,

F a tm a R o u a h d i , primera actriz.

Asm ahan, célebre actriz muerta recientemente en un
dente de automóvil.

El film musical está en boga: salvo
contadísimas excepciones, en cada pelí­
cula se incluyen obligatoriamente una o
dos canciones. Los films musicales propia­
mente dichos cuentan seis, ocho o diez.
Como cada canción dura por lo menos tres
minutos, cuando no cuatro o cinco, es fá­
cil emprender el metraje que acaparan.
Pero un buen film musical tiene asegu­
rado el cartel durante varias semanas.
Al público le gusta también el drama,
sobre todo el melodrama, pero no desdeña
la farsa burda. Los productores han in­
tentado el rodaje de magias por medio de
trucos. Realizaron igualmente films de la
jungla, con muchas escenas tomadas del
cine norteamericano, vistas de selvas vír­
genes, combates de monstruos, incendios
de bosques y cataclismos naturales. Pero
su éxito ha sido muy relativo.
"Los miserables”, de Víctor Hugo, jo
nocieren la adaptación a la pantalla y
su acción se desenvuelve en un cuadro
oriental. "La dama de las camelias”,
tiansportada a un ambiente egipcio, ob­
tuvo un éxito enorme: dieciocho semanas
di "premiérc” exclusiva en El Cairo.
También se rodó "Romeo y Julieta” y,
como es natural, los señores italianos no
aparecen en la pantalla. Actualmente se
piepara una adaptación de "La portouse
de pain” y otra de "Madame Butterfly".
No se hacen films de corto metraje,
aunque una documental de André Vig­
neau fué premiada en la Bienal de Ve
necia en 1939. En cuanto a los dibujos
animados no han podido prosperar por
falta de estímulo.
El mercado del cine egipcio
En Egipto el costo de una produccióu
varía entre cuarenta y cincuenta mil li­
bras. Desde el comienzo de la guerra se
abrió un gran mercado para el film
egipcio, que tiene una gran demanda en
los países de lengua árabe. Cierta canti
dad de cintas egipcias fueron explotadas
con éxito en Africa del Norte. América
de! Sur, donde la colonia libanesa es bas­
tante nutrida, representa también un mer­
cado nada desdeñable.
Es menester decir que, salvo raras ex­
cepciones, la técnica es rudimentaria. I»s
hechos parecen dar razón a los p ro d u c to ­
res cuando dicen: "Puesto que el público
se conforma con esto, y por qué buscar
otra cosa?” No obstante, será necesario
hacer un esfuerzo en este sentido: hay ya
ciertos clientes regulares en el extranjero
que se niegan a adquirir algunas pelícu­
las por el simple nombre del título o de
la estrella. Quieren verlas antes de com­
prarlas, y ahora sólo ofrecen la mitad
de lo que pagaban sin chistar antes de la
guerra.
El público es como los niños buenos.
Va gustoso a ver cuatro o cinco veces el
mismo film. Mucho antes de la hora de
abrirse las taquillas, la muchedumbre se
precipita ante los cines. Aquí no se hace
cola, sino que la gente anda a eni|&gt;e!loncs
para llegar a las taquillas: los más fuer­
tes o los más despabilados sacan antes
las enfrailas.
Existe también un mercado negro para
las localidades. Algunos traficantes rom
pran docenas de entradas que revenden
luego a los que no quieren molestarse en
aguardar su turno. Por lo general, en I**
salas hay cuatro sesiones diarias, una de
ellas por la mañana. A 'punas salas, quc
pasan en exclusividad films egipcios, Pe­
nen unas entradas de explotación que lle­
gan a veces a 500 libras por día. Como
los impuestos creados por el gobierno *c
elevan apenas al 15 por ciento, es consi
derable el margen de gananeias que queda
a los propietarios. Ix&gt; cual permite pre­
ver que, a ¡&gt;ooo que no se debiliten lo*
meritorios esfuerzos de los productores, 1*
cinematografía egipcia ha de tener
porvenir henchido de promesas.
(Servicio de A a&lt;tirio FrancePre***.)

�©cabalgata
ESTRENOS

CINE
ARGENTINO

POR

M . V I L L E G A S LOPEZ
MAS ALLA DE LAS NUBES

EL ANGEL DESNUDO

Film inglés, de Anthony Asquith, inter­
pretado por Michaet Redgrare, Rosamond
John, Douglas Montgomery, John Mills,
Joyce Carey.
lla y un riñe inglés que es todo mode­
ración. El máximo drama adquiere un
discreto tono y una sencillez de cosa ha­
bitual. Educación británica, veneración
de las formas, elegancia. Hidalgos de los
mares, el magnífico film de guerra de
Noel Coward, puede ser el exponente se­
ñero de este estilo cinematográfico bri­
tánico.
El mismo que domina .litis allá de las
nubes. —¿Por qué se ha cambiado el tí­
tulo original Él camino de las estre­
llas?—. Un secular campo de pastoreo de
ovejas en Halfpenny Fields se convierte
durante la última guerra en aeródromo, y
al terminar ésta vuelven las ovejas, como
fácil símbolo de paz. Entretanto, sucede
nada más que la batalla de Inglaterra,
cuando Ilitler quiso aplastarla con su
aviación, y unos pocos hombres la defen­
dieron en el camino de las estrellas. La
tragedia no puede ser mayor; la épica
está ahí para lanzar su gran ademán re­
sonante; todo propugna el c-lamor: sin
embargo, la película busca el susurro.
Para un latino es fría ; pero detrás de
su máscara —educación, forma, elegan­
cia— está la emoción muchas veces.
Anthony Asquith, este aristócrata, hijo
de lord Asquith, tiene una obra hecha en
el cine inglés. Por ejemplo: Estrellas fu ­
gares y Subterráneo, en el cine mudo, y
Pigmalión en el sonoro, como las más
conocidas entre nosotros. Basta recordar­
las para declararle destacado represen­
tante de ese estilo moderado.

En "El ángel desnudo" hay suspenso;
hay hermosas vistas tipo tarjeta postal
de Río de Janeiro; hay escenas de amor
en una playa, a la luz de la luna y con
acompañamiento de "zambas” y, como si
esto fuera poco, debuta una nueva actriz.
El debut de Olga Zuharry es lo más in­
teresante de "El ángel desnudo” ; lo más
inconcebible es el suspenso.
"El ángel desnudo" tiene un lejanísimo
parentesco con el cuento de Arthur
Schnitzler "La señorita Elsa", donde una
muchacha debe también mostrarse desnuda
para conseguir el dinero que librará de
la ruina a su padre. "La señorita Elsa”
es el monólogo interior de esta muchacha:
el incidente ocurre en el centro de Europa,
hace unos veinte años —más o menos—
y "fraulein” Elsa tiene, en todo momento,
conciencia de la sordidi z de su familia.
La Elsa argentina tiene un padre abne­
gado, aunque un poco distraído, que la
adora, y que no vacila en insistir con tele­
gramas y llamadas telefónicas para que
Elsita reclame cincuenta mil pesos de un
escultor a quien él supone haber hecho
un favor, mientras que, para salvar su
responsabilidad paternal y para que el
público quede contento, le dice a su hija:
"Supongo que no exigirá nada de ti . . .
Me tranquilizas . . . Gracias, eres un án­
gel. . . ” y cosas por el estilo. Cuando Elsi­
ta interrumpe su idilio telefónico con su
padre, comienza un idilio con su novio, o
hasta con su tía: se trata de prolongar el
film y de satisfacer las dulzonas conven­
ciones familiares en las que se complace
especialmente nuestro cinematógrafo.
El suspenso quiere extenderse a toda la
película, pero sólo es efectivo en los pri­
meros cinco minutos, cuando nos pregun­
tamos qué significan aquellas entradas y
salidas de Eduardo Cuitiño y de Carlos
Cores, unidas a palabras tan misteriosas
como: "Buenos A ires... Rio de Janei­
r o ... París”. En algún momento, indis­
cretamente, sospechamos si este suspenso
tiene razón de ser. El hecho de que el
suspenso se utilice eficazmente en algu­
nos films americanos e ingleses, no signi­
fica que sea inevitable para lograr una
buena película. Luego aparecen unos lar­
gos salones de techo bajo y unas estatuas
que intentan recordarnos a "El ciudadano”
y, lo que es peor, lo logran. Recapitu­
lando: El drama de Elsa —en centro
Europa y en un momento dado— ha sido
trasladado a Buenos Aires y al Brasil,
añadiendo una tía amante, un novio, un
escultor que estuvo enamorado de la ma­
dre de Elsita y un extraño padre que sal­
va las convenciones matando al escultor
y proporcionando los cinco primeros mi­
nutos de película, para que el director
argentino demuestre que también podría
dirigir un film policial. Habla altamente
en favor de la virtud de la protagonista
el que en ningún momento se sorprenda
por el excesivo precio de su desnudez.
Pero no todo en "El ángel desnudo”
es una híbrida mezcolanza de psicologías,
temas y países: tenemos a Olga Zubarry,
que se mueve con desenvoltura y que, cou
su aspecto físico, logra que "El ángel
desnudo” no sea totalmente insoportable.
El vestuario de la actriz demuestra ade­
más cierta simplicidad digna de elogio.
Resumiendo: un film argentino más, lle­
no de cosas que no son imprescindibles.
Por ejemplo: ¿era necesario para el argu­
mento que se fotografiara el Cristo del
Corcovado y la playa de Copaeabana, o
Elsa podría haberse desnudado igualmente
en Mar del Plata, o en Punta del Este,
o en Necochea? El cine, el público y hasta
los negocios saldrían ganando si no se uti­
lizara más que lo indispensable.

Delia Careés y Esteban Serraelor. en "La eterna Ninfa”.
Teatro Odeón.

Chañes Panel, Schultz y Jolarule Saffon en "El honor de los Roquevillard”, film francés presentado por
Interamericana.

Noel-Noel impone doblemente
su personalidad a las películas
que nos presenta: primero por
su obra de esccuarista 1/ luepo
por su interpretación del perso­
naje principal. . .
U acción creadora es además muy com­
pleta, ya que, desde la concepción del
argumento, se siente impulsado hasta Ja
preparación y redacción de los diálogos y
que, de la composición del papel protngónico, pasa a la preparación y ajuste
de los más sutiles efectos di* una interpre­
tación extremadamente matizada. Tal vez
no le falte más que una mayor experien­
cia cinematográfica, para ser completo.
Noel-Noel cree que en la realización de
sus films, debe tener un colaborador-ci­
neasta que lo ayude en la "mise en scéne”.
Por cierto, él mismo dirige a los demás
intérpretes y no tolera influencia alguna
en la conducción de su trabajo de ac­
tor. . . pero la realización de un film
implica tantos preparativos minuciosos,
que es fácil explicar la necesidad de una
colaboración técnica, a condición de que
ésta no altere en nada el carácter origi­
nal del film. Para "Le Pére Tranquillo”,
fué elegido un joven realizador: Pené
Clément, quien interpretó el papel. Pero,
a pesar de que el Festival de Cannes le
haya otorgado el premio internacional co­
mo "mejor niétteur en scéne”, no pode­
mos pensar que su participación en este
último film haya sido la única causa de
tan alta recompensa. El cineasta de "La
&gt;atalla del riel” tenía otros títulos para
merecerla. En el film de Noel-Noel pa­
recería que todo se borrara ante la per­
sonalidad del verdadero autor. Juzguemos
primero la calidad del argumento.
El "Padre Tranquilo”, es el apodo que
se le da a un francés de la clase media,
ciudadano de una localidad pequeña, don­
de vive con su familia, en una casita con
jardín, cerca de una importante usina
metalúrgica. Parecería que toda su exis­
tencia fuera dividida entre sus pólizas de
seguros, su partida de naipes en el café
y su dulce manía por el cultivo de las
o rq u d ea s... La acción se desarrolla du­
rante la ocupación. Los vecinos ven con
poca conformidad la atonía de Mnnsiour
Martin. Por poco lo acusan de "colabo­
racionista”. En su propio hogar, e! viejo
recibe los retos de su mujer y es tratado
con dureza por su hijo que se queja por
no poder escuchar Ja radio de Londres.
La esposa vela con brusquedad por los re­

S

La señorita Julia, de Strimbrrg, con
Amelia Bence y Alberto Closas.
Edmo Cominetti: Cumbres de hidal­
guía, con Malisa Zini, Roberto Airaldi
y Ricardo Passano (hijo).
Leopoldo Torres Ríos: La mujer más
honesta del mundo.
Luis Saslavsky: un argumento del es­
critor uruguayo Wilfredo Jiménez, con
Mecha Ortiz y Santiago Gómez Cou.
Antonio Momplet llega de Méjico. Di­
rigirá La cumparsita, argumento de Verbinsky y Villalba Weish, con Hugo del
Carril.
A r t i s t a s Argentinos Asociados, las
A .A .A ., anuncian su plan 1947. Cinco
películas: Nunca te diré adiós, terminada;
Como tú lo soñaste, según Un día de oc­
tubre, de Kaiser; Los motivos del lobo,
inspirada en Rubén Darío; Juan María,
nóvela del uruguayo J. M. Delgado; Feli­
cidad. Como director figura Lucas De­
ntare; argumentistas, Ülises Petit de

George Sanders y Carole l.andis en
"Vidocq, el bribón de París”, film de
Artistas Unidos.

M A P A DE
PANTALLAS

LAS DOLLY SISTERS
Film norteamericano, ele Irring Cumming,
con B etty Grable, June Harvcr, John
Payne, S. Zsakall. En tecnicolor.
Revista cinematográfica sobre la his­
toria de dos cupletistas de music hall que
conquistaron el mundo a principios de
este siglo: New York, París, Londres,
amores con reyes, duques, millonarios,
cantores célebres... Eso sí, todo ello
contado con la ñoñería y candor de una
comedia de colegio de monjas; induda­
blemente la vida de todas las cupletistas,
que conquistaron el mundo desde la nada,
fué siempre así, un modelo de virtudes.
Como argumento, la serie de vulgaridades
inevitable en toda revista musical yanqui.
Apuntemos los aciertos. Los también
inevitables buenos cuadros de revista,
con lujo y buen gusto, pero con poca
fantasía. Y sobre todo el color, aun so­
metido a los riesgos aventureros de lo
nuevo. Bajo la dirección de la pintora
Natalia Kalmuss —dirección obligada,
porque su marido es el inventor del sis­
tema y propietario de las treinta únicas
cámaras de tecnicolor que existen en el
mundo—, el color en la pantalla ha lo­
grado jerarquía y calidad artísticas. Los
juegos de rojos y granates son siempre
de una gran belleza. Y aqui, en algunas
escenas, como las del puerto y la esta­
ción, se atisba la posibilidad de que salte
de los límites del cromo hacia el alto cam­
po, inmenso, del cuadro. P intar con rayos
de luz es el ensueño imposible de todo
pintor.

María Duval y Andrés Mejulo en una escena de "Milagro
de amor”, film de San Miguel.

Conrad Feidt en una escena de "El
ladrón de Bagdad”, película de la
Guaranted Pictures.

Escena de "El pirata y la dama”, film
en que intervienen Joan Fontaine y
Arturo ele Córdova. Paramount.
Argentina.
Falleció Max Glucksmann, austríaco ra­
dicado en el país: importante productor,
distribuidor, exhibidor desde los albores
del cine en Argentina.
Alberto de Zavalía dirigirá Días som­
bríos, según Hugo Conway, con Delia
Garcés y Pedro López Lagar.
Mario Soffici: Pecado capital, según

Murat, Homero Manzi, Sixto Pondal Ríos
y Carlos Olivari; actores, Enrique Muiño,
Francisco Petronc, Angel Magaña, ade­
más de Zullv Moreno en el film ya ter­
minado.
Méjico.
Emilio Fernández terminó Enamorada,
con María Félix y Pedro Armendáriz.
Ramón Peón: Ella, con Luis Aldás y
Lina Montes.
Ramón Delgado: Soy un prófugo, con
Cantinflas.
Fernández Bustamante: Acosada, con
Amanda Ledosma.
Moscú.
Se crea un Ministerio del Cinema: Iván
Bolchakov, ministro.
W. 1. Pudowkin: Almirante Nakhimov,
con Alejandro Diky.
Plan de difusión: cuarenta mil salas,
doble del número del año actual, para
1950.
Parts.
Robert Le Vigan, el villano especialista
en personajes desquiciados, ha hecho su
papel en la vida real: colaboracionista
durante la ocupación alemana. Diez años
de presidio.
Jacques Feyder: Macadam, con Fran(;oisc Rosay, Paul Meurisse y Andréc
Clément.
Roland Tual: Marie de Risquontout,
argumento de Monede Valentín y Jean
Anouilh, con Mcdeleine Robinson.
Marccl Cravenne: La danza de la

Ava Cardner, en "Los asesinos”, film
basado en un relato de Hemingwey,
perteneciente a la Universal.

Dulcina de Moraes, actriz brasileña
que interpreta en el Astral la obra de
W. Somerset Maugham: "Lluvia”.
muerte, de Strindberg, con Erich von
Stroheim.
AI revés por una vez: Jean Charles
Reynaud ha publicado una novela según
el film Carnet de baile, de Julicn Duvivier.
Chevalier publica el primer tomo de sus
memorias: Ma route et mes chansons, de
1888 a 1914.

EL P A D R E T R A N Q U I L O
po r

JEAN TEDESCO

medios, las gotas y las píldoras. . . El mu­
chacho se ríe del sweater a rayas que lleva
el padre; únicamente la hija que comple­
menta la pequeña familia, sabe todavía
rodearlo de una discreta te rn u ra ... Y
será ella la primera en descubrir la ver­
dad. El "Padre tranquilo”, por otro lado,
no se deja llevar por delante sin rezon­
gar; se queja de que revuelvan sus pape­
les de negocios, y de que se instalen a su
lado cuando le llegan visitas. Es que sus
visitas son precisamente los agentes de la
red clandestina de la cual es el jefe;
antiguo oficial de la guerra del 1914, le
llaman "comandante”, y mientras tanto si­
guen las reuniones secretas que le permi­
ten transmitir a Londres los informes que
hace reunir. La estación receptora de ra­
dio está escondida en el invernáculo de las
orquídeas.
¿Quién supondría que un pacífico ju ­
gador de naipes, que a veces se queda en
el café horas y horas, os el mismo que
hace desencadenar sobre la comarca las
tormentas de la Royal Air Forcé?
Las "tormentas” se tornan más y más
frecuentes, la Gestapo se alarma, revisa
todos los rincones para atrapar al jefe
de la resistencia; oniplea un "carnero”,
gracias al cual ingenuas comparsas caen
en manos del enemigo... Apenas lo des­

(Especial para C abalgata.)

cubre, el "Padre tranquilo” lo hace ejecu­
tar por los muchachos del "maquis” cer­
cano. Pero las mallas de la red se cie­
rran a su alrededor. Unos oficiales ale­
manes lo visitan y quieren ver el inver­
náculo de las orquídeas y Monsieur Mar­
tin hace angustiosamente los honores de
sus orquídeas, protegiendo el escondite
cuyo descubrimiento le valdría ser fusilado
inmediatamente. . . Sus gentilezas para los
visitantes son mal interpretadas por la
población; el hijo de Martin ya no puede
más y se va al "maquis”, "para que ha va
al menos un resistente en la familia” . . .
Sin embargo, se presenta una magnífi­
ca oportunidad: la de hacer bombardear
la usina, donde el enemigo guarda el ma­
terial que será la base de la resistencia
al desembarco. El "Padre tranquilo”
transmite sin vacilación las indicaciones
necesarias, pero, a fin de poner su familia
y sus vecinos fuera de peligro, organiza,
de acuerdo con su hija, una fiesta de fa l­
sas bodas, en los alrededores, cuidando
bien de invitar a todo lI mundo, hasta los
vecinos con quien estaba peleado, sin ol­
vidar a los viejos enfermos.
En una escena encantadora, la del ban­
quete "salvavidas”, en el cual el novio es
precisamente el lugarteniente de M. Mar­
tin, en quien el padre ha advertido los

Noel-Noel, autor, director e intérprete del film "Le Pére
Tranquille”, en una escena del mismo.

sentimientos y la simpatía que tiene para
con su hija. El bombardeo tiene é x ito ...
pero la Kominandantur consigue descu­
brir algunos hechos que denuncian la
culpabilidad de Martin. Lo acaban de
arrestar; lo arrojan a la cárcel... y la
ejecución es interrumpida por la llegada
de los F .F .T . que precede a la de los
aliados. El joven Martin está presente
cuando se llevan sobre una camilla el
cuerpo del "Jefe de la Resistencia” . . .
Un brazo cuelga debajo de la colcha que
cubre el cuerpo y el muchacho reconoce
el sweater a rayas de su p a d re .. .
Está en la modalidad de Noel-Noel el
mezclar así sonrisas y lágrimas, ironía y
comicidad, drama y humorismo y hasta el
ridículo secunda a la emoción, sin contra­
decirla jamás, y dándole el sabor especial
que ya teníamos olvidado desde las pelí­
culas de Ruster Keaton. Modalidad que
no puede ser confundida con un simple
procedimiento, pues pertenece a la pro­
funda intención del autor y, todo lo per­
fectamente que sea posible, al tempera­
mento del intérprete. Ya que un argu­
mento de Noel-Noel tiene la superioridad
dramática, sobre toda concepción de escri­
tor, de haber sido concebido para ser in­
terpretado por él. Hay identificación ab­
soluta entre el personaje imaginado y el

Noel-Noel en otra escena de la misma película.

actor que lo encarnará. El "juego” está
dibujado, las réplicas escritas para servir
exactamente una silueta y un acento; las
escenas tlaidas pura poner en pleno valor
un rostro maravillosamente expresivo, que
no deja perder ningún matiz del senti­
miento . ..
A esta rara ventaja que le debemos a
las múltiples cualidades de Noel-Noel,
agreguemos una preciosa ingeniosidad de
"mélteur en scéne”. Así es que "El P a­
dre Tranquilo", que bien cuidó de decir
que sabía alemán, parece adormecerse en
la oficina de la Kommandantur, mientras
un suboficial ingenuo, suelta de un trago,
toda una serie de informes valiosísimos.
Excelente "contrapunto” del sonido "al
ángulo” y de la imagen en primer plano.
¡ V qué decir de la escena do la foto dé
Ja chica, sucesivamente escondida o puesta
en evidencia por el joven enamorado, se­
gún el padre finge, en su visita, no
haberla visto, o se pone a hablar?
Son detalles precisos, que recuerdan en
algo a los de Relié C'lair, con un toque
de emoción más conmovedora, de la cual
no sabemos qué admirar más: si la in­
ventiva exquisita o la ejecución impe­
cable . . .
( Servicio de Agencia France-Presse.)

RECTIFICACION
No es a esta redacción —sino a la
agencia que la difundió— a quien corres­
ponde rectificar la versión que do una
entrevista a León Klimovski apareció en
el número anterior de C a b a l g a t a . Pero
por tratarse de un colaborador de nuestra
revista, hacemos constar, a su pedido, que
en ciertos aspectos ésta no refleja el pen­
samiento verdadero de León Klimovski, el
cual lamenta sobre todo ciertas expresio­
nes acerca de su futuro en el mundo del
cine, así como con respecto a entidades
que tienen relación con el cine nacional,
que no corresponden, principalmente en la
forma en que están recogidas, a su actitud
permanente frente a los problemas cinema­
tográficos y a su habitual modestia cou
respecto a la obra personal.

�cabalgata©

UNA NUEVA
BAILARINA

JANINE
SOLANE
Su a m b ic ió n es p la s m a r en
d a n z a s a B ach , a B e e th o v e n , el
M a e stro d e la P ie d ad d e A v ig n o n ,
c o n q u is ta n d o P a rís .
(Especial p ara C abalgata.)

ella imitando tubos de órgano y, siguien­
do el lógico fraseo de la fuga, se anudan
y desanudan conforme a movimientos y
pasos tanto simétricos como asimétricos;
dibujan así, plásticamente, ante nuestros
ojos, el devanarse del punto y contra­
punto que registra al mismo tiempo el
oído.
Este es el primero de sus grandes
efectos. Seguidamente Janine Solane, si­
gue con diversos ballets inspirados en
otras composiciones de Bach (especial­
mente música religiosa). Ha traducido
ritmicamente el "Cazador Maldito”, de
César Frank, pero la obra en la que tiene
puestas todas sus ilusiones es la Sinfo­
nía Pastoral de Beethoven, presentada
en esta temporada en el Palacio Chaillot
y que ha sido la consagración de su estilo.
Decoradora.
Un ballet no es, sin embargo, única­
mente la ilustración de la música me­
diante las actitudes y los gestos de las
bailarinas. Exige asimismo una plastinueva danzarina francesa se ha
atrevido a buscar la inspiración de
sus ballets, en la Fuga en sol menor
Bach y en la Sinfonía Pastoral de Beetho­
ven. Ha sido la primera en intentar tan
arriesgada aventura, a la que se lanzó en
cuerpo y alma con la ayuda de un pu­
ñado de entusiastas compañeras. El re­
sultado de su aventura ha superado to­
das -sus esperanzas: una serie de reci­
tales presentados en el Palacio de Chail­
lot le demostraron que su éxito no ha
sido el de una mera y transitoria cu­
riosidad, sino el de un triunfo tan artís­
tico como rotundo. La autora de todo
ello no es sino una mujercita, Janine
Solane, curiosísimo personaje típicamente
parisiense.

U

na

Comienzos, "la regla de oro”.
Janine Solane, hija del escultor Cury,
hermanastra de Bourdelle y de la pin­
tora Fran^oise Bangor, sobrina del fres­
quista Lenoir, el precursor de Maurice
Denis, no solamente heredó dotes plásti­
cas de sus ilustres parientes sino que ha
sabido encarnar asimismo la música.
Y desde su infancia, la música, no se ha
traducido en ella más que en gesto y rit­
mo. Danza desde los catorce años. Discí­
pulo primero de I.éo Staats, el clásico
maestro de puntas en la Opera, muy pron­
to sintió la necesidad de liberarse de las
trabas del justillo de satén y del "tutú”.
A los diecisiete años era ya una tráns­
fuga del baile clásico aunque sin deni­
grarle en absoluto. Y al siguiente año,
con asombrosa intrepidez, fundó su propia
escuela. Su manifiesto inicial comienza
con la siguiente afirmación que consti­
tuye su regla de oro: "Danzad conforme
al ritmo de vuestros corazones.” La es­
cuela no se compone más que de una
media docena de muchachas que trabajan
desinteresadamente, animadas de su mis­
ma fe. Este cuerpo de baile tuvo que

Rennes, Evreux, Bourges . . . Todas ellas
disfrutan con su venida a París, una o
dos veces al mes, para la preparación de
un recital, compartiendo durante el día
todas las tareas de la escuela y durmien­
do durante la noche sobre el duro suelo
del taller. Reanudan así la vida común,
ya sea acunando a Cacou cuando su mamá
está fuera, sea cocinando, sea entregán­
dose a trabajos intelectuales. Profun­
dizan en historia musical con su amigo
José Bruyer, se perfeccionan en dibujo
con el dibujante Vallony; también can­
tan. Georgette W atteau constituye su
ideal de muchacha completa: jovencísima
licenciada en letras, danza, esculpe y es­
cribe novelas cortas.
Las demás muchachas se llamait: Mvrtille Romane, Cristian Tisin, Bicole Giselle, Cossete Amo, Denis Ortol, Geor­
gette Biry, Yvette Delorée, Simone Rosy,
Audrée Véry, Colette Descartes, Monose
y Gisú Perennes, Dina Carie y Mony
Montoroni. Son ellas quienes representan
los papeles de María, San Juan, María
Magdalena y el Centurión en el Entierro
de Cristo, distribuyéndose los papeles de
la "Lección de Baile” de Mozart, de la
Fuga en sol menor, del Tercer Concertó
de Brandeburgo, de F ra Savonarola, de
Listz y de la Pastoral.

esperar hasta 1937 para presentarse ofi­
cialmente dejando de lado las fiestas de
de
beneficencia y las festividades de barrio.
Pierre Aldebert, actual director del Paluis de Chaillot, encargó a la sazón a J a ­
nine Solane la parte coreográfica del
"Verdadero Misterio de la Pasión’’, re­
presentado en la escalinata de Nuestra
Señora de París. El mismo año, bailó en
la Exposición Internacional para el Cen­
tro de Artesanos con ballets que perso­
nifican cuatro oficios. El "Ballet de los
Alfareros” goza aún de un rotundo éxito
ante el público. Bajo los dedos del al­
farero, las danzarinas se animan y abren
convertidas en vasos y ánforas.
Pero Janine Solane, persigue un sueño.
Quiere bailar la música de Bach. Bach
la atrae por su misticismo y Janine Sola­
ne busca en la música la inspiración
divina. Primero interpretó su coral del
Entierro de Cristo, inspirándose en el fa ­
moso retablo de la "Piedad de Avignon”
para su presentación escénica. Luego
se atreve a disponer un ballet conforme
a la Fuga en sol menor: esto constituye"
una revelación para el público y, para
un joven alumno de la Escuela Central,
apasionado de la música (nieto del com­
positor Mulhouse), que la toma por espo­
sa, con quien tiene una niñita, MarieDominique, la que ya muestra notables
disposiciones para la música.

Desinterés general.
Todas ellas conocen a la perfección la
totalidad del repertorio de los veinticinco
ballets creados por Janine Solane, al par
que dirigen la enseñanza en provincias
de las doscientas cincuenta discípulas que
suman en la hora actual las clases de
danza de su iniciadora.
El reclutamiento de dichas discípulas
es variadísimo: basta con que amen la
danza y manifiesten ciertas dotes para
que queden inscritas. Las alumnas de la
Escuela Normal de Educación Física de
Chatenay-Maldry forman el núcleo más

En justillo de seda violeta.
La Fuga en sol menor de Bach, reve­
lación auténtica de Janine .Solane, se
bailó por primera vez en el Palais de
Chaillot, el 6 de abril de 1941. Janine
Solane, cubierta con un justillo de seda
violeta como los de los Kappelmeister
alemanes, en armonía con su azafranada
cabellera, aparece completamente sola
ante los tubos del órgano, resplandeciente
e inmenso a la luz de los focos. A una
señal suya, las bailarinas avanzan hacia
cidad formal, "trajes y decorado” de
acuerdo con el fondo y la forma de la
obra a representar. Sin dinero, en sus
comienzos, Janine Solane tuvo que in­
ventar, cortar y coser por si misma sus
trajes y los de sus bailarinas. Más tarde
se aficionó tanto a semejante tipo de
creaciones suplementarias que ha conti­
nuado siendo la decoradora y modista de
sus ballets de los que ha dibujado todas
las maquetas: los 150 trajes y accesorios
de la Pastoral son todos ellos obra de
su mano, y ha sido ella, además, quien
se los ha probado a sus compañeras y
discípulos, mientras seis costureras tra ­
bajaron durante seis meses para ejecu­
tarlos mediante una producción de uno
diario. La costurera Madeline Carpentier, admira muchísimo las creaciones de
Janine y no titubea en divulgar por to­
das partes que muchas veces se ha inspi­
rado para la creación de modelos de sus
colecciones en las creaciones de Janine
para sus ballets.
P ara el decorado se asoció con su her­
manastra Fran^oise Bangor: asi fueron
concebidos los Monstruos de la Guerra, de
asombrosa expresión, y los peinados cam­
pesinos de la Sinfonía Pastoral. Común­
mente, Janine Solane se inspira en los
pintores primitivos italianos, Piero della
Francesca y Donatello, quienes le sumi­
nistraron los modelos directos de sus crea­
ciones para la Marcha F m ebre y el
Entierro de-Cristo. Su admiración por
Mantegna, quedó expresada en su San
Sebastián asaeteado, en gris y negro.
Una cofradía artística.
Como todos los artistas completos y
todos los fundadores de escuela, Janine
Solane, al par que maestra, es la autén­
tica guía de una comunidad: su gente
está compuesta por sus compañeras de
primera hora, monitoras de educación fí­
sica y directoras de cursillos recogidas
por la escuela en provincias: Tourcoing,

importante. T rabajan como simples alum­
nas, llenas de ambición y amor al arte,
junto a muchachas desocupadas, estu­
diantes, taquígrafas, mecanógrafas. To­
das las alumnas desempeñan por turno
un puesto en las representaciones que da
en París el auténtico ballet de Janine
Solane.
Tanto las danzarinas profesionales, co­
mo las profesoras y alumnas son total­
mente desinteresadas. Los ocho meses de
preparación que llevó la Pastoral, re­
presentaron ochocientos sesenta ensayos
completamente gratuitos. Unicamente los
pianistas, las costureras y los suministra­
dores, cobran. El esposo de Janine So­
lane confía, con una sonrisa, en subvenir
los gastos generales con algo que ignora
qué será, pues la recaudación de entra­
das de las representaciones del Palais
Chaillot, llenas hasta el colmo, es toda­
vía insuficiente v deja un déficit de cerca
de un millón.
Pero las bailarinas, profesoras, profe­
sionales y discípulas no tienen cuidado
alguno: su maestra ha nacido bajo el
signo de la audacia y su divisa es
no amilanarse por las dificultades mate­
riales.
La empresa de Janine Solane y hasta
su estilo, han encontrado, naturalmente,
detractores. Puede lógicamente pensarse
que lo ambicioso de sus propósitos no
está de acuerdo con la realización, ya que
traducir el inasible misterio de músicas
no pensadas para su representación plás­
tica, aunque sea animada por la danza,
constituye una empresa difícil de lograr.
Pero lo que en definitiva importa, para
la historia de la danza y el honor de los
espectáculos de París, es haber i n t e n t a do
semejante prodigio. Y su resultado, gus­
te o se le condene, no puede dejarnos
indiferentes. — (í. S.
( Servicio ¡le Agencia France-Presse.)

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Castro, Américo&#13;
Malraux, Andre&#13;
Corpus Barga&#13;
Bastide, Roger&#13;
Schmitz, Antonio&#13;
Bertrand, Gastón&#13;
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                    <text>Buenos Aires, Enero de 1945

Año I + Num. 2

LITERATURA
E s*» e s el lu g a r d e h a c e r u n a o b se rv a c ió n e s e n c is ils im a
en la m a te r ia . H e m o s d ich o q u e la l i t e r a t u r a e s la e x p re sió n d e l p ro g re s o d e u n p u eb lo ; y la p a la b r a h a b la d a o
e s c rita , no es m i s que la r e p re s e n ta c ió n d e Jas id e a s , e s
d e c ir de ese m ism o p ro g re so . A hora, b ien , m a r c h a r e n id e o ­
logía, e n m e ta fís ic a , en c ie n c ia s e x a c ta s y n a tu r a le s , en
p o lítica, a u m e n ta r id e a 3 n u e v a s a la s v ie ja s , c o m b in a c io ­
n e s d e h oy a la s de a y e r, a n a lo g ía s m o d e r n a s a la s a n tig u a s ,
y p r e te n d e r e s ta c io n a rs e e n la le n g u a q u e h a d e s e r la
ex p resió n d e esos, m ism o s p ro g re so s, p e rd ó n e n n o s los s e ñ o res p u r is ta s , e s h a b e r p e rd id o l a c a b e z a . Q u isié ra m o s, sin
ir m á s lejo s en l a c u e stió n , v e r a l m ism o C e rv a n te s e n el
d ía, fo rza d o a d a r a l p ú b lico u n a r tíc u lo d e p erió d ico
a c e r c a d e la elecció n d ire c ta , d t la re s p o n s a b ilid a d m in is ­
te r ia l, del créd ito o del Juego de b olsa, y e n él q u is ié r a ­
m o s le e r la le n g u a d e C e rv a n te s . Y n o se n o s d ig a q u e el
su b lim e in g en io no h u b ie r a n u n c a d e s c e n d id o a s e m e ja n te s
p eq u eñ ec es, p o rq u e e s a s p e q u e ñ e c e s f o rm a n n u e s t r a e x is ­
te n c ia d e a h o ra , com o c o n s titu ía n la d e e n to n c e s lasj co­
m e d ia s d e c a p a y e s p a d a ; y p o rq u e C e rv a n te s , q u e la s
e sc rib ía , p a r a v iv ir, c u a n d o n o s e e s c rib ía n sin o co m e d ia
de c a p a y e s p a d a , e s c rib ir ía p a r a v iv ir ta m b ié n , a r tíc u lo s
de p erió d ico , h o y q u e n o se escribein sin o a r tíc u lo s d e
p eriódico. Lo más» q u e p u e d e n ]os p u r is ta s e x ig ir e s q u e a l
a d o p ta r v o ces y g iro s, f ra s e s n u e v a s , se r e s p e te , 6e co n ­
su lte , s e o b e d e z c a en lo p o sib le el. tip o , la ín d o le, la s f u e n ­
te s , la s a n a lo g ía s de la len g u a.
H e a q u í v e rd a d e s q u e n o c o m p re n d ie ro n lo s padre® d e
n u e s tr a re g e n e ra c ió n lite r a r ia : q u isie ro n a d o p t a r id e a s
p ereg rin as-, e x ó tic a s , y v e s tir la s -con la le n g u a p ro p ia ;
p ero e s ta le n g u a d e s e m e ja n te d e la tú n ic a d e l S e ñ o r, n o h a b ía
c re c id o con los a ñ o s, y con «J p ro g re so q u e h a b í a d o r e ­
p r e s e n ta r : e s t a le n g u a , t a n r i c a a n tig u a m e n te , h a b ía v en id o
a s e r p o b re p a r a las. n e c e s id a d e s n u e v a s ; e n u n a p a la b ra ,
e s to v e s tid o v e n ía e s tre c h o a q u ie n le h a b ía d e p o n e r.

PROFESION DE RESPONSABILIDAD
ADA más fértil y propicio — aunque parezca paradojal
que momentos como este en que atraviesa el mundo, don­
de una realidad inmediata nos enfrenta proponiendo urgentes
balances, liquidaciones, tomas de conciencia. Por debajo de los
escombros del mundo en guerra, y del desequilibrio y la des­
orientación que como rebote inevitable cunden en los pueblos
de América, aparece, sin embargo, el fermento posible de to­
da reconstrucción. Frente a este estado general de la vida y del
mundo correspondió al intelectual en los últimos tiempos
asumir el verdadero magisterio de su condición de tal. No nos
demoraremos aquí en determinar si ha cumplido su cometido
o no. Baste recordar que no hace mucho se puso sobre el ta­
pete de las discusiones la cuestión de su "irresponsabilidad”.
Este ejercicio de la responsabilidad estaba referido a una for­
ma clara y concreta respecto de su actitud frente al conflic­
to actual. El problema planteado, arduo, vastísimo y de im­
portancia capital fué discutido y analizado y sus conclusiones
son del dominio público.
Pero este problema parece ser una consecuencia
o un
subproblema— de otro más vasto cuyo carácter es permanen­
te en el oficio del intelectual y cuya vigencia no depende de
causas contingentes e inmediatas — la guerra en este caso ,
sino que se halla en la condición misma del oficio y no ha me­
nester de estímulos externos que pongan en funcionamiento
su vigor. Es el problema eterno del escritor como individuo
indicado para ejercer el ministerio de la conciencia, de la lu­
cidez y del valor moral en los dominios de la cultura. Estos
dominios de la cultura 'no son dominios abstractos ~ no es
ocioso recordarlo— en los que se desarrolla una función gra­
tuita carente de conexiones' con el resto de las necesidades del
hombre en sociedad, sino que importa sus conquistas materia­
les y espirituales más nobles, porque defiende la superviven­
cia de su destino, porque ayuda al hombre (y con él a la so­
ciedad) a sobrellevar y superar su existencia.

N

Nadie ignora que esta profesión de conciencia en función
de la cultura no sólo comprende el desarrollo del conocimien­
to, la obra creadora y la educación del espíritu, sino que abar­
ca en su expresión más viviente y orgánica los sentimientos
innatos del hombre, su libertad, su amor a la tierra.
Delimitemos los puntos de este planteo a nuestro medio.
Confesemos, matando en nosotros la inútil vanidad y sin de­
jarnos poseer por una falsa modestia, que nuestra realidad in­
telectual —no nos referimos al "hecho” aislado del talento in­
dividual— no ha conseguido aun articular las partes disper­
sas de su gran organismo. En rasgos muy generales, puede
decirse que hemos oscilado entre los extremos de un péndulo
que va del localismo estrecho, reaccionario y novelero hasta
la rápida y no vivida asimilación de lo foráneo.
Por ese camino que es la trayectoria del péndulo ha tran ­
sitado eventualmente la obra auténtica, el cabal y maduro
esfuerzo de nuestro temperamento.
Creemos que nos ha llegado la hora de la integración.
Es posible entrever, en esté fluir de las cosas y del tiempo que
para nosotros parece suceder con pausa y sin prisa, una fuer­
te voluntad tendiente a esa integración de toda nuestra ener­
gía, de toda nuestra lucidez. Creemos verlo no sólo en la obra
aislada de algunos de nuestros mejores escritores, sino tam ­
bién — y esto es lo más importante— en la juventud dispersa,
ignorada, libre de avideces que nutre su silencio pensativo a
lo largo de todo el territorio argentino.
Creemos, entonces, en ese conglomerado de responsables
dispuestos de una vez por todas a prestar todo ese fervor hu­
mano a un rostro moral que aun se muestra entre brumas.
De ahí que ningún momento más oportuno que este que
vivimos todos, dentro del ritmo desacompasado de la hora,
para que las fuerzas permanentes de la inteligencia y del m un­
do moral ejerzan su destino rector.

Si n u e s tr a s ra z o n e s n o tu v ie r a n p eso s u fic ie n te , J i a b r í a
d e te n e rlo in d u d a b le m e n te ed e je m p lo d e e s a s m is m a s n a ­
cio n es, a q u ie n e s nos v em o s fo rz a d o ^ a im ita r, y q u e m ie n ­
t r a s n o so tro s h e m o s p e rm a n e c id o e s ta c io n a rio s e n n u e s tr a
le n g u a , h a n e n riq u e c id o la s s u y a s co n v o c e s d e to d a s p a r ­
tes. P o rq u e n u n c a p re g u n ta ro n a las» p alab ra® q u e q u isie ro n
a c e p ta r ; ¿D e dón d e v ien es? sin o ; ¿ P a r a q u é s ir v e s ? Y m e ­
d íte s e aq u í que el e s t a r p a ra d o , c u a n d o los d e m á s a n d a n ,
n o e s só lo e s ta r p a ra d o , e s q u e d a r s e a t r á s , e s p e r d e r t e ­
rre n o .
A d e m á s de e s t a c a u s a , q u e o p u so t a n t a s tr a b a s a n u e s ­
tr o s a d e la n to s , h a b ía o tra , a 6 a b e r: q u e el n ú m e ro d e los
q u e a d o p ta b a n el g u s to fra n c é s, e im p o rta b a n u n a n u e v a
lite r a tu r a , e r a re d u c id o : e ra n e n to n c e s u n a s c u a n ta s a v a n ­
z a d a s de la m u ltitu d , e s ta c io n a ria to d a v ía , ta n to e n l i t e ­
r a t u r a com o en p o lítica. No q u e re m o s reh u sarle® p o r eso
la g r a titu d que de d e re c h o le s c o rre sp o n d e ; q u is ié ra m o s
sólo a b r ir u n c a m p o m á s v a s to a la jo v e n E s p a ñ a ; q u i­
sié ra m o s sólo que p u d iese lle g a r u n d ía a o c u p a r u n ra n g o
su y o , c o n q u ista d o , n a c io n a l, e n la l i t e r a t u r a e u ro p e a .
N o es n u e s tr a in te n c ió n en e s t a r e s e ñ a g e n e r a l e n t r a r
a a n a liz a r el m é rito d e lo s e s c rito r e s q u e n o s h a n p r e c e ­
d id o ; e s to f u e r a m o lesto , in ú til a n u e s tr o p ro p ó sito , y poco
liso n je ro a c a s o p a r a a lg u n o s q u e v iv e n to d a v ía . D esp u é s
que a lg u n o s n o m b re s c a ro s a la s m u s a s h u b ie ro n , n o le ­
v a n ta d o n u e s tr a l i t e r a tu r a sin o in tro d u c id o e n E s p a ü a la
fra n c e sa , d e s p u é s que n o s im p u sie ro n el y u g o d e io s p r e ­
c e p tis ta s d e l sig lo o s te n to s o y c o m p a sa d o d e L u is XTV, la s
tu rb u le n c ia s p o lític a s v in ie ro n a a t a j a r ese m ism o im p u lso ,
que lla m a re m o s b u en o a f a lta d e o tro m ejo r.
M uchos a ñ o s h e m o s p a s a d o d e e n to n c e s a c á sin p o d e m o s
d a r c u e n ta siq u ie ra de n u e s tro e s ta d o , sin s a b e r s i te n ­
d ría m o s u n a l i t e r a tu r a p o r fin n u e s tr a o si se g u iría m o s
eien d o u n a p o s td a ta r e z a g a d a d e la c lá s ic a l i t e r a tu r a f r a n ­
c e s a d e l sig lo p a sa d o . E n e s te e s ta d o e s ta m o s c a s i to d a v ía :
e n v erso , en p ro sa, d isp u e sto s a re c ib irlo todo, p o rq u e n a d a
te n e m o s. E n el d ía n u m e ro s a ju v e n tu d se a b a la n z a fu rio sa,
a la s f u e n te s d e l sa b e r. ¿Y e n q u é m o m e n to s? E n m o m en ­
to s en q u e el p ro g re so in te le c tu a l, ro m p ie n d o e n to d a s
p a r te s a n tig u a s c a d e n a s, d e s g a sta n d o tra d ic io n e s c a d u c a s,
y d e rrib a n d o ídolos, p ro c la m a e n el m u n d o la lib e rta d m o ­
ra l, a la p a r d e la físic a , p o rq u e la u n a n o p u e d e e x is tir
sin la otraL a l i t e r a tu r a h a de r e s e n tir s e d e e s ta p ro d ig io s a r e v o lu ­
ción, de e s te in m en so p ro ceso . E n p o lític a , el h o m b re no
ve m á s q u e in te re se s y d erech o s, es d e c ir, v e rd a d e s . E n li­
t e r a t u r a no p u e d e b u sc a r, p o r c o n s ig u ie n te , sin o v e rd a d e s .
Y n o se n os d ig a q u e la te n d e n c ia del sig lo y el e s p íritu
de él, a n a liz a d o r y p o sitiv o , lle v a e n sí m ism o la m u e rte
de la lite r a tu r a , no. P o rq u e la s p a sio n e s en el h o m b re s ie m ­
p re s e r á n v e rd a d e s , p o rq u e la im a g in a c ió n m ism a , ¿ q u é es
sin o u n a v e rd ad m á s h e rm o s a ?

(Fragmento de “Literatura”, articulo de Mariano
José de Larra)

L I N O E. S P I L I M B E R G O : Monocopia s.
M A R I A N O J O S E DE L A R R A : L i t e r a t u r a .
P R O F E S I O N DE R E S P O N S A B I L I D A D .
M A R I O F E R N A N D E Z DE L A F U E N T E : E l m un d o
poétic o de “ P la t e r o y y o ” .
E R N E S T O S A B A T O : G e o m é triz a c ió n de la nove la.
F E LIS B E R T O
H E R N A N D E Z : “ El l a d r ó n de
n iñ o s ” .
J U L E S S U P E R V IE L L E : L 'A ir.
P R E S E N S I A DE E S C R I T O R E S I N G L E S E S : D. H.
L a w re n c e .
F R A N C I S C O DE S A N T O : Dos x ilo g r a f í a s .
A R T U R O C E R R E T A N I : J. M. no c o n t a r á la h i s ­
t o ria .
RO G ER P L A : A p u n t e s de un aficionado.'
S A M U E L E I C H E L B A U M : Destino.
J U A N G. F E R R E Y R A B A S S O : C u a tro poetas jó v e ­
nes de la p r o v in c ia de Buenos A ir e s .
F E R N A N D O G U I B E R T : P a la b ra s para el día im ­
posible.
D E N I S M O L I N A : Dos poemas.
N O T I C I A S O B R E L A I M A G I N A C I O N EN B U E ­
NOS A I R E S .
L U I S G I L S A L G U E R O : R o ta c ió n arca na.
L E O N B E N A R O S : A p r o x im a c ió n a la poesía de
J. G. F e r r e y r a Basso.
J. A. V I L A P L A : Los r e la to s t o r t u r a n t e s de De nis
Kr ause.
L E O P O L D O L O P E Z : M is ió n c u l t u r a l del t e a t ro
lib r e .
D I B U J O S D E : A n s e lm o P íc c o li, Raúl Lozza, F e r ­
nando G u ib e rt y A n d ré s Calabrese .

�7
Pdg. 2

EL

CONTRAPUNTO

MUNDO
P O E T IC O
DE
‘‘P L A T E R O
Y YO”

IJN

%

exquisito p in to r in te rn o , u n g ra n R ey M a­
go (él m ism o fu é G aspar para los n iñ o s ),
el d u eño de u n prism a m aravilloso a través del
cual la realidad se tra n sfo rm a e idealiza, ta l es
J u a n R am ó n Jim énez, an d alu z, en su libro-alm a
Platero y yo .
E ste ra ro exégeta de la realidad, q u e descubre
la d efin ició n del lirism o en el vuelo de la m a­
riposa; al cual unas colinas ( ¡M o n s-u riu m !) lo
hacen sentirse de p ro n to glorioso porque él, J i­
m énez, proviene de la " r a íz fu e rte ” de la la ti­
n id ad ; este m ístic o que ha llegado a red u cir la
flo r solam ente a aro m a; este q u e pide e sp íritu
a la poesía española de h o y , p o rq u e él bien sabe
de ello; este, sencillam ente, poeta, crea u n a d u a­
lidad real-ideal y sobre ella m ueve sus elem en­
tos m ágicos. E labora su m u n d o p oético (plano
ideal) con procedim ientos físicos, psíquicos y
m ístico s. Y esa creación se realiza p or medio
de lo que él m ism o denom ina tra sto rn o , tra n s ­
fo rm ac ió n , tra n sfig u ra c ió n , trastro cam ien to .
C o n esa d ualidad Jim én ez realiza u n juego de
relaciones, oposiciones e in terferen cias, en el cual
u bica to d o su m u n d o poético. D escubre relacio­
nes escondidas: p o r u n a p a rte el m u n d o h ab i­
tu a l: por o tra u na nueva realidad — irrealidad
o idealidad— , m u n d o de la ilusión, de la fa n ­
ta sía y del am or p u ro . U n a veces tra n sfo rm a el
plano A en B, o tras los in te rfiere, o tras los m a n ­
tiene separados oponiéndolos o no. Basta reco r­
d a r, e n tre m uchos c ap ítu lo s sim ilares, estos m ás
representativos: E l dem onio, A lb ir chicos, Juegos
del anochecer, E l eclipse, Judas, El m o rid ero, E l
á rbol del corral, La verja cerrada, D on José, el
cura.
E n La verja cerrada aparece evidente el p ro ­
pósito de tra s to rn a r la realidad. La verja es el
in s tru m e n to a trav és del cual el paisaje se to r ­
na mágiclo. E n este caso el agente tra n s fo rm a n te
es exclusivam ente la im aginación del poeta, pues
en o tro s casos h a y adem ás agentes físicos. E n la
tra n sfo rm a c ió n física el sol es agente, y son
in stru m en to s los cristales de colores, p or ejem plo.
E n este c a p ítu lo la vería es lím ite de visión que
separa el plano real del ideal.
E n el vocabulario del c ita d o c a p ítu lo en co n ­
tra m o s la atm ósfera de m isterio y de incógnita
que h a y en todo el lib ro : cosas borrosas, cam ino
in tran sita d o , magia, ilusión, y sueño. Se habla de
jardines prodigiosos y cam pos m aravillosos.
Lo m aravilloso es p rim o rd ial en esta obra.
Es la m arav illa deseada, q u erid a, buscada y en ­
c o n trad a. P o r eso dide:Se^7/ro de hallar tras ella
{la verja) lo q u e m i fa n ta sía m ezclaba, n o sé
si queriendo o sin querer, a la realidad
E n v erdad el poeta lo ha querido, p ero se nie­
ga a acep tar ro tu n d a m e n te esto y quiere esfu ­
m a r la lín ea lim ítro fe e n tre lo v o lu n ta rio y lo
in v o lu n ta rio ; e n tre lo co nsciente y lo subcons­
ciente. El no sé condiciona necesariam ente la
ín d o le del libro, y le da esa sensación de vague­
dad, de inestabilidad, de cosa in d e fin id a , tan
g ra ta a Jim énez.
A sí cam bia el paisaje a tra v é s de la v erja. N o
es el m ism o paisaje. Es la negación de la id en ­
tid a d en esta irracio n alid ad poética. Las perso­
nas, los objetos, e! paisaje, etc ., son d istin to s de
sí m ism os, según quiera el poeta. E ste desdobla­
m ien to es m u y c o m ú n en esta obra. D esdobla­
m ie n to que puede ser psíquicio o físico ; a veces,
psicofísico.
E l espectáculo h a b itu a l do fu e ra de la v erja,
visto a trav és de ella, re c o rta d o p o r la verja,
cam bia. Y fre n te a esto está la realid ad : Los
bodegueros m e decían, riendo, que la verja no
te n ia lla v e . . .
Jim én ez n o tiene in co n v en ien te en reconocer
to d o esto com o p u ra elaboración fa n tá stic a , aje­
na a to d a posibilidad lógica o racional. Es que
ah o ra es el sentim iento el q u e ejerce el c o n tra ­
lo r del pensam iento, lejos de la in telecció n : E n
m is sueños, con las equivocaciones del pensam ien­
to sin cauce, la verja daba a los m ás prodigiosos
jardines, a los cam pos m ás m aravillosos. Es de­
c ir que hem os dado u n paso m ás: nos hallam os
en o tra etapa de la fa n ta sía . Y a n o es la rea­
lid ad tra sto rn a d a , ahora se tra ta de la p u ra im a­
g inación creadora q u e u bica a trav és del m edio
de visión u n esp ectácu lo plen am en te psíquico.
La ú n ica relación que guardam os con el m u n d o
real es la v e rja -lím ite . Y a no se tra ta del pai­
saje fís ic o que veíam os cam biado, ah o ra se tra ta
de un paisaje ideal.
Esta, tra n sfo rm a c ió n de la realidad puede odur r ir de m uchos m odos. E n general cabe d^sracar,
para lo q u e p o d ríam o s lla m a r tra n sfo rm a c ió n f í ­
sica, los siguientes elem entos principales: perspectivism o (p u n to de v is ta ) , m edio ó p tico (a la
vez suele ser in s tru m e n to de v isió n ), lím ite de
visión y agente tra n s fo rm a n te . E n la tra n s fo r­
m ación psíquica y en la m ís tic a puede h a b er a l­
guno de estos elem entos. Las d ife re n te s u b icacaciones del sujeto co n te m p lan te da el persnectivism o que aparece en E l eclipse {desde el m ira ­
dor, desde la escalera del corral, desde la v e n ta ­
na del granero, desde la cancela del pa tio ) en
La casa de en fre n te {desde donde y o m iraba
H u elva , desde m i halcón, vista desde su tr o n c o ),
en La azotea ( to d o se tra n sfo rm a v isto desde la
a zo tea ), en A m ista d {a n u í h a y otros dos p u n ­
tos de v ista : el tro n co del pino de la C orona para
v e r el cielo, y la colina para v e r el r ío ) . M edios
ópticos pueden ser la atm ósfera, el agua, el v i­
drio. T a l o c u rre en El eclipse con el a n teo jo de
larg av ista o u n a b otella, e n tre o tro s; lo m ism o
en La cuadra, el tra g a lu z se c o n v ie rte en prism a.
Estos medios Opticos, o tam b ién in stru m en to s,
son espaciales: las cosas se tra n sfo rm a n a tra v é s
de ellos y en el espacio, pero las cosas tam b ién
pueden tra n sfo rm a rse a trav és del tiem po. En
La casa de e n fre n te las cosas v a ría n con las h o ­
ras. Lo m ism o, en las tran sfo rm acio n es p síq u i­
cas ya n o será el sol agente tra n s fo rm a n te , sino
el recuerdo, el sueño, u n estado de ánim o, etc.
y el tiem p o será, n o digam os ya u n m edio ó p tido, pero sí u n m edio tra n s fo rm a n te en el q u e ac­
tu a rá sobre to d o el recuerdo. La fu sió n de estos
sistem as de tra n s fo rm a c ió n en físicos y psíquicos
a la vez se n o ta p o r ejem plo en La azotea: ¡Q u é

Po
MARIO

FERNANDEZ

extraña, por la m o n tera de cristales, la vida or­
dinaria de abajodas palabras, los ruidos, el ja rd ín
m ism o, tan bellos desde é l. .
En El p ino de la Corona Jim é n ez iguala el a r r i­
bo físic o al ideal. Llega a una ciudad com o
llega al am or. Por lo que h a y de satisfa c to rio
en llegar a lo buscado, puede h a ce r esta igua­
lación. T o d o te n d e rá a e x a lta r el recu erd o del
g ra n refugio, del clobijarse bajo u n pino que
para él es la in fa n c ia y es to do: el p ino de la
C orona. E n esta obra m oguereña, plena de pinos,
h ay , pues, un o elegido. Es el p ino de los re ­
cuerdos, el pino-eje del m u n d o po é tic o de J i ­
m énez. Bajo su som bra crecen los sueños y se
despliega el recu erd o c o b ra n d o vida a ctu al. Es
p u n to de con tem p lació n del m undo. E ste es o tro
ejem plo del pro ced im ien to de Jim é n ez en la
tra n sfo rm a c ió n de la realidad. E stam os fren te
al efecto tra n s fo rm a n te de la vida, del tie m ­
po. A h o ra el p u n to de vista no está en el es­
pacio sino en el tiem po, en la in fa n c ia que ve
las cosas distintas.
☆

*

☆

Jim énez tra ta in sistentem ente de a b an d o n a r lo
racional. Busca lo no conocido, lo lejano, lo en ­
tre v isto o apenas adivinado: lo que p ertenece a
la im aginación, al sentim iento, al m isticism o. En
Platero y y o hay una pe rm a n e n te n o ta de v a­
gu edad, de im precisión, que in d u d ab lem en te co n ­
trib u y e al e n ca n to poético. N o querem os decir
que la vaguedad sea la poesía. P ero es evidente
que c u an d o u n a u to r com o Jim énez, poeta v e r­
dadero, apela a u n recurso de esfum ación de las
líneas m u y m arcadas, o de lo dem asiado co n ­
creto , está ay u d an d o m a te ria lm e n te a la fija ­
ción de u n " n o sé q u é ” poéticlo. T a n es así
que no sólo re c u rre a elem entos que com bina­
dos den la sensación del n o sé qué, sino q u e em ­
plea repetidas veces la propia fó rm u la en toda
su desnudez, a veces ex ac ta m e n te igual, a veces
co n ligeras v ariantes, pero m an te n ien d o el espí­
r itu de la m ism a. El p rim er c a p ítu lo es ejem ­
plo ilu s tra tiv o al respecto:
en no sé q u é cas­
cabeleo ideal.
l a ra íz de esta fó rm u la es el n o sé. Es el
no saber del plano racional que nos conduce a
u n a irrac io n a lid a d poética. C on este no sé se in ­
tro d u c e la duda, , o se niega el do n o cim ien to , A t
rodo el m u n d o Nacional. Se afecta (a las riyzones últim as. U nas veces se niega la cosa, o tras
la causa, otras el tiem po, etc. Se niega o se duda.
A l c o nsiderar esta irrac io n a lid a d poética de
Jim énez abarcam os su lirism o, lo sin sentido, lo
am b iguo y lo im preciso. Caemos con esto den­
tr o de c írc u lo s que se superponen en p arte. N e ­
cesariam ente debem os re c o rd a r el sim bolism o
(V erlaine. Ya lo dijo D a río : . . . y con V erlaine
a m b i g u o . .. ) y el im presionism o pictóriclo. En
A r te poética de V erlaine en co n tram o s la clave
de m uchos aspectos de lo a m biguo o im preciso
de Jim énez. V erlaine q uiere el verso vago y gris.
Lo indeciso ju n to con lo exacto. Lo velado.
El m a tiz , sueños, alm a y m úsica. Y lo azu l. El
im presionism o p ic tó ric o c o n cu erd a en m ás de
u n p u n to con lo enunciado.
El lirism o de Jim é n ez está d e fin id o por él
m ism o en Platero y y o en el c a p ítu lo C X X X I
(M a d rig a l). R efiriéndose al vuelo de la m a ri­
posa, exclam a ‘.Platero, m ira q u é bien v u ela ! ¡Q ué
regocijo debe ser para ella v olar así! Será, com o
es para m í, poeta verdadero, e l deleite del verso.
E l m ism o se dice poeta líric o en la A d v e rten c ia .
E n el c a rá c te r de vaguedad, de im precisión
que le asigna Jim énez a su realidad poética, a b u n ­
d an los adjetivos, adverbios y su stantivos nece­
sarios para ello. Siem pre nos presenta lo vago,
lo fu g a z , lo incoloro, lo velado, lo que se p re ­
senta aleiado de la vista o el o íd o (lejan o en
el espacio) o alejado en el recu erd o o en la
im presión p síquica m om entánea (‘leiano en el
tie m p o ). E sto no q u ita , sobre to d o en lo c ro m á ­
tico , que use lo defin id o o p o rtu n a m e n te (c o lo ­
res v iv o s).
Los conceptos de ru in a y grandiosidad his­
tó rica son o tro s elenlentos p o r m edio de los
cuales clonvierte las cosas hab itu ales en no h a b i­
tuales. A sí, cu an d o el M o n tu rrio deia de ser
v u lg a r, la a n tig ü e d ad , la ru in a h istó ric a y m o ­
n u m e n ta l — catedral o castillo— acude a su
m ente com o referencia.
En Idilio de abril, está lo sin razó n , lo des­
p ro p o rcio n ad o , y lo equívoco. En E l loro, hay
u n a absurda escopeta vieja. E n L o rd y E l po­
tro castrado aparece de nuevo lo sin razón. El
plano de la inconsciente fig u ra en A lhcrchigos
c u an d o dice: Y le da varazos a las piedras, sin
saberlo . .

☆

♦ ☆

O tr a nota frec u e n te es el ensim ism am iento
de los persona ies. Las personas — ta m b ié n las
dosas— se vuelven sobre sí m ism as, se in te r­
n a n en s í; o, a la inverc^. se salen de sí, lo
cu al da siem pre u n d esdoblam iento hacia adetr o o hacia afuera. E n A lb érch ig o s, el ch iq u illo
o lv id a su negocio y torn a en su ensim ism ado
ca n tu rre o gitano.
R em anso es u n c a p ítu lo de plena belleza cuya
base está p rin c ip a lm e n te en el p lan o psíquico.
E l sol es agente tra n s fo rm a n te . H a y u n eneveño: efecto del sol tra sp asa n d o el agua (m edio
ó p tic o ). Y la im aginación, com o agente p s íq u i­
co, c o m pleta la tra n s fo rm a c ió n del agua. T o d o
esto o c u rre en la desbordada im aginación de u n
p in to r in te rn o . R ec o rd a n d o siem pre a este p in ­
to r in te rn o podem os e n c o n tra r la clave de ta n ­
ta im a g in e ría . E n R em anso Jim é n ez sim boliza
la in fin itu d de la belleza, crea u n a c o m p lic a ­
ció n subconsciente y establece la zona am bigua
del ser-n o ser. P ara J im é n ez la belleza tiene

DE

LA

FUENTE

una tú n ic a tra s la cual se esconde. O c u lta sus
tesoros a la m irad a h a b itu a l y sólo los ojos del
sueño pueden de sc u b rirla . La c ualidad de in fi­
n itu d es p riv a tiv a de la belleza. El lím ite no
se concibe en los dom inios de lo bello. P or eso
expresa: Y m ás, y m ás, y m ás. La belleza nos
huye. Es necesario descubrirla, h a lla r el m o­
m en to de belleza. Q u ita rle la tú n ic a es q u ita r­
nos el velo de la vida o rd in aria. A l recuerdo
le asigna el v alor de una idealización o sueño
del presente. Es, en una descripción tem poral,
la oposición de los dos planos real (presente)
e ideal (pasado tr a íd o al presente por el re ­
c u e rd o ). La com plicación subconsciente que co­
m ienza en el sueño d ifíc il, sigue con el reefuerdo de una a n títe sis (p rim a v e ra -d o lo r) y se
ubica, com o c u ad ro , en u n lu g a r c o n tra d ic to ­
rio con respecto al recuerdo: en u n ja r d ín de
olvido. D e donde resulta una cosa recordada en
u n ja r d ín de olvido. Es una m u e stra de ir r a ­
cionalidad poética que encierra g ra n belleza. A
lo c u al le sigue el c o n flic to e n tre el ser y el
no ser: en u n ja r d ín de olvid o que n o existiera

quiere irse, del casino, de la botica o del tea­
tr o (E l árbol del c o rra l).
H a y adem ás en Jim énez u n pesar psíquico
que está tra ta d o en detalle: la riñ a de gallos.
A q u í cae en el g rito de pro testa p o r la torpeza
y b ru ta lid a d del hom bre. Y no se olvida de
situ a r en este c u ad ro de gallos al d ip u ta d o , al
alcalde y al to re ro . Este es el m u n d o pequeño
del hom bre.

☆

* ☆ '

F o rm an p a rte del am biente p oético de Platero
y yo: la luz, el arom a, el silencio, la soledad, la le­
ja n ía , el estatism o, lo sin p a r, la apoteosis, los li.*ios (sobre todo los lirios a m a rillo s ), lo azu l, el
recuerdo, el to n o m alva y la m ism a f lo r m alva.
A dem ás nos encontram os con la referen cia a a r ­
tistas ilustres o a sus obras, o a otros objetos
de a rte . Estos a rtista s (poetas, pintores, m ú si­
cos y escultores) son citados unas veces por
m era obligación del m o m en to o del tem a, otras
veces e stán citad o s po rq u e son las verdaderas
fuentes estéticas de Jim énez.
A sí hallam os a N o v alis, Shakespeare, C h én ier,
R onsard, Leopardi, C am poam or, M arco A urelio,
B écquer, La Fontaine, F ra y Luis, y ta m b ié n la
m en ció n de la poesía p o pular.
E n c u a n to a p in tu ra , aparecen M iguel A n ­
gel, F ra A ngélico, Piero di C osim o, B ocklin,

ú ltim o c a p ítu lo ha sido esdrito con tem p o rán ea­
m ente con el D iario. Y veremos que en el Dia­
rio están todos los elem entos y el e sp íritu m is­
m o de Platero y yo. Podem os relacionar, pues,
el am biente poético de Platero y y o con las
otras obras de Jim énez y ta m b ié n con los p in ­
tores im presionistas.
C om encem os recordando que T u r n e r y B oc­
k lin
p a ra n o m b ra r, en este p u n to , sólo a los
citad o s p o r Jim énez en Platero y yo— son p in ­
tores que se ocuparon del problem a del color.
Y decimos esto porque constituye un o de los
p untos fun d am en tales de esta estética. P o r o tra
p arte, la luz, en esta tendencia es o tro elem ento
fu n d a m e n ta l. Los pintores buscan los efectos de
la luz dispersa, al aire lib re, de los reflejos, de
la vibración atm o sfé ric a. C o u rb e t, citado ta m ­
bién por Jim énez en P latero y y o , se ocupó de
este problem a, y observando efectos de ilum i­
nación llegó h asta las som bras lum inosas. Jim é­
nez en Platero y y o (c . L I X ), a n ota: . entre
la lu z om bría.
Para L á z á r, M onet es u n m ístic o capaz de
h acer una poesía crom ática de sus obras, o un
reino encantado, ta l cual podemos nosotros señ a la r en Platero y yo. Jim énez sigue a estos
e
pintones com o ya lo h iciera D a río , según Ma
rasso que c ita a T u r n e r (y al poeta R o n sa rd )
a p roposito de los pinos en D a río . (Y a hemos
dich o la influ en cia de este árbol en J im é n e z ).
Y ta m b ié n M onet, M illet, Puvis de C havannes
y B ocklin, están d ire c ta o in d irectam en te en el
m u n d o de D a río . Puvis de C havannes usa co­
lores que e stán en Platero y yo: rosa, lila y
m alva. Los m atices graduados y el arco iris son
recursos dom unes a Jim é n ez y a los pintores
im presionistas. Paisaje grana (c . X I X ) , nos da
la escala del ro jo y la opalescencia ta l cual
señala Béla L á z á r en los pintores.
El c olor m alva está en el p rim er paso poé­
tic o de Jim é n ez : Se paraba la rueda d f la n o ­
che
Vagos ángeles m alvas apagaban las ver­
des estrellas. Son versos escritos en 1898. T n
Platero y y o (c . I I ) , e n contram os: Vagas cla­
ridades m alvas y verdes perduran
El c olor de las som bras, sobre to d o las som ­
bras de tonos violáceos de los p intores im p re­
sionistas, fig u ra en el c a p ítu lo III: p 0r la os­
curidad m orada. El tono rosa está en A ng elu s, y
el lila en E l loro.
E n el D iario, dice: en diáfana atm ó sfera de
a zu l y honda transparencia, que es precisam en­
te una C aracterística de los p in to res im presio­
nistas.
E n el - D iario Jim é n ez sigue siendo
de 1898 y el prosista de Platero y y o :
Prusia otra v e z , está com o tajado en
planos de osciiros colores lu m in o s o s . . .
M usas aclam ando al G enio m ensajero
de P uvis de C havannes, fem en in a s olas
de una m ar ideal.

el poeta
E l m ar,
in fin ito s
A s i Las
de lu z
blancas

El tem a del arc o iris, p resente siem pre
Platero y yo, está en el D iario, y re fe rid o ta m ­
bién a la im agen de la lira. Véase Id ilio de abril
en Platero y y o ( . . . com o en una lira de llan­
to , el arco ir is), y en el Diario: Claridades de
nubes encendidas lo d e slum bran sin reposo, y
en las espum as de cada ola rota, u n arco iris
eleva su lira de colores.
E n La isla transfig u ra d a del D iario, em plea
los m ism os recursos citados ífp Platero y y o .
V ale la pena ver en d etalle para a n o ta r los ele­
m entos: M alva, de oro y vaga — igual que u n
gran barco boca abajo sobre el m ar co n cen tra d o
y aztil u ltra m a r— , en u n ocaso am arillo que
ornan m ágicas nubes incoloras, gritos c o m p li­
cados de lu z , la "Isla de los M u e rto s” , de B o c k ­
lin: Luego añade: O ro, fu e g o , p u r ific a c ió n , y m ás
abajo: T ra n sfig u ra d a y a y a r d i d a .. . roja, m a l­
va y ceniza. D onde hallam os el color m alva y
el tem a de la tran sfig u raclió n . E l g r ito de la lu z
a rrib a expresado ta m b ié n está en Platero y y o
(c. X V I I I ) : . . .u n espantoso ruid o seco, co m o
la som bra de u n g r ito de lu z . .
lo cual es una
sinestesia sonoro-visual donde se ig u a la n los ex­
trem o s de las escalas: ru id o saco-som bra, y g ri­
to -lu z , p o r ser ig u a lm e n te bajos o igualm ente
altos en sus correspondientes escalas.

JUAN RAMON JIMENEZ, por Andrés Calabrese
del to d o . . . E stam os en una zona am bigua. En
este caso, dom o en otros ta n to s, Jim é n ez no re ­
suelve el problem a. Su m ay o r e fe cto poético re ­
side en d ejar p la n te ad o el p u n to sin despejar
la in c ó g n ita . Existe y n o existe al m ism o tie m ­
po. Existe en p a rte . Es el casi que está presente
a tra v é s de toda su obra. Q ue no existiera del
todo, es decir, que casi existiera. Sobre el v alor
poético del casi, ya ha dado su palabra el m is­
m o Jim é n ez : Era casi p erfecta . Su m a yo r e n ­
c a n to estaba en el "casi”.
☆

*

☆

E n Platero y y o Jim é n ez ha fija d o una serie
de datos personales que son aberraciones p s í­
quicas útiles para p u lsar la sensibilidad del a u ­
to r. E n Los gallos hace to d o u n e studio de las
sensaciones ín tim a s y p a rtic u la rís im a s del dis­
gusto. D espués el c a p ítu lo se enr¿quccJe psico­
lógicam ente con una lista de transposiciones
sinestésicas. E n La fá b u la a u m e n ta esta lista de
aberraciones y la c o m pleta en E l árbol del co­
rral. P o r to d o esto sabemos que le pro d u cen
m alestar: lo ro jo y a m arillo, siem pre que no
sea la b an d era española; las b arajas de naipes
finos, los crom os de las cajas de tabacos y de
pasas, las e tiquetas de las botellas de vino, los
prem ios del colegio del P u e rto , las estam pitas
de c hocolate, el c o rn e tín de la banda de M o­
desto, etc . A dem ás, nos dice que desde n iño t u ­
v o u n h o rro r in s tin tiv o al apólogo, a la iglesia,
a la guardia c iv il, a los toreros y al aaprdeón
(L a fá b u la ) . L uego en u m era o tras cosas des­
agradables, en el m ism o c a p itu lo . En o tro nos
h a b la del C arn av a l y explica que no quiere nada
con el C arn av a l, que n o sirve par3 esas cosas.
P o r fin , nos dice q u e está m al, tiene f r í o y

T u r n e r y C o u rb e t. C om o re p re sen ta n te de la
m úsica está B eethoven y de la e sc u ltu ra R odin.
T a m b ié n fig u ra n el P a rte n ó n , las P irám id es y
las catedrales todas.
Podem os h a lla r fuentes de im presionism o, ex­
presionism o, sim bolism o, parnasianism o, m o d e r­
nism o, ro m an ticism o , clasicism o, p rerrafaelism o ,
en la poesía de Jim é n ez y en Platero y yo, com o
lo hallam os en D a río ta m b ié n . P ero nada de
esto p o r sí c o n stitu y e la líric a de Jim énez.
A dem ás, no es posible n u n c a d e lim ita r bien
c u á n d o u n a u to r es im presionista, expresionista,
sim b o lista.
Estas esferas se c o n fu n d e n .
Si­
g u ien d o a A. A lonso y R . L ida, a C h . B ally
y a E. R ic h te r para el im presionism o en el le n ­
guaje y a Béla L á z á r p ara el im presionism o en
la p in tu r a , podem os ilu stra rn o s sobre estas re la ­
ciones.
El m ism o Jim é n e z nos dice que lo de las
escuelas literarias es a c c id e n ta l y que lo in te ­
resante en u n poeta es el e sp íritu . A sí lo e x ­
presó en una co n feren cia sobre la C risis del es­
p ír itu en la poesía española C ontem poránea. El
e s p ír itu se c o ntiene en lo lír ic o in d iv id u a l, pese
a todas las escuelas.
T odos los elem entos del a m biente p oético de
Platero y y o — sean de la escuela que sean—
e stá n ta m b ié n en sus poesías, p uesto que dichos
elem entos son de Jim é n e z y no de este libro
solam ente. Y no sólo fig u ra n en sus poesías esos
elem entos del a m b ie n te poético, sino ta m b ié n
los p rocedim ientos para c re a r la irrea lid a d —
sean, lo m ism o, estos proced im ien to s, de c u a l­
q u ie r escuela— . P o rq u e Platero y y o viene a
ser com o una síntesis o rg á n ic a y d e p u ra d a de la
poesía de Jim é n e z desde 1898 a 1916. E l lib ro
fu é e sc rito desde 1907 a 1916. T e rm in a en t i
año del D iario de u n poeta recién casado. El

Es im p o rta n te , pues nos in teresa para Platero
y y o , a n o ta r los tres p u n to s fu n d a m e n ta les de
la té c n ica que re su lta de esta fo rm a im presio­
nista de ver la realid ad , o sea: división del to ­
no, efectos de lu z , y m o m en tan eid ad del co­
lor, el dual v a ría con las horas.
Los G o n c o u rt, los prim eros im presionistas li­
te ra rio s y ta l vez pictó rico s, v ie rte n este c o n ­
cep to fu n d a m e n ta l: A estas h o r a s . . . en litera ­
tu ra . . . to d o está en in v e n ta r u n anteojo con
que se hagan v er los seres a través de cristales
que to d a v ía no h an servido, se m u e stre n cua­
dros desde u n áng u lo de lu z desconocido hasta
entonces, se cree una óptica nueva. C om párese
esto con lo visto en d istin ta s p a rte s de Platero
y y o y p o d rá apreciarse la relación del lib ro
con el im presionism o.
Y a pro p ó sito de lo d ich o sobre las su p er­
posiciones de las esferas de dada escuela a r tís ­
tica, no debem os o lv id ar que en la exposición
celebrada en P a rís en 193 6 con m o tiv o del c in ­
c u e n te n a rio del sim bolism o, estuvieron c o n fu n ­
didos los p in to res im presionistas con los escri­
tores sim bolistas.
Im presionism o y expresionism o ta m b ié n se
c o n fu n d e n y m ezclan. Y a lo h a b ía señalado E.
R ic h te r y sobre ello insisten A lonso y Lida. Es­
tos ú ltim os nonen ejem plos en los cuales h a­
cen ver cóm o no cabe la d istinción e n tre im ­
presionism o y expresionism o, y uno de esos
ejem plos es p recisam ente de Platero y yo.
Para d o n c lu ir señalem os una in teresan te c o n ­
fesión de Jim é n ez sobre el libro que tra ta m o s.
E stá escrita al fin a l de lo que fu é la ob ra
p rim itiv a antes de que el a u to r le agregara los
c ap ítu lo s de 1915 y 1916. A q u í confiesa e x ­
p líc ita m e n te que este lib ro .
lleva m ontada
en su lo m o de pabel a m i alm a. E fe c tiv a m e n ­
te; sólo reconociendo al alm a m ism a de J im é ­
nez en este libro, puede un o explicarse su f u e r­
za y la c re cien te in flu en c ia que ejerce, d ia a
d ía , sobre los lectores de habla castellana. P o r­
que son el alm a de u n hom bre, de u n poeta,
m ás que u n lib ro , los poemas de Platero y yo,
vencedores del tiem po, p erm a n e ce rá n com o obra
de e sp íritu , y ellos serán para la posteridad,
com o son para nosotros, u n a de las m ás p u ­
ras floras de la lír ic a española.

LA PLATA, ENERO DE m í .

�“

—

—

~

C O N T R A P U N T O

pd&amp;- 3

G E O M E T R I Z ACION
DE
LA
NO V E L A
p o r
E R N E S T O
I A

novela policial e v o lu cio n a desde la m era
a cu m u lac ió n de hechos — crím e n e s, robos,
a v e n tu ra s — hasta la novela m a te m á tic a , donde
u n crim e n de origen d esconocido es la in có g ­
n ita que hay que despejar m e d ian te u n análisis
ló g ico -m atem ático . C u a n d o se llega a este p u n to ,
el p ro ced im ien to es el silogism o y los juicios
a p rio ri: la novela p o licial se c o n v ie rte en una
ram a de las ciencias puras.
C u an d o digo que la novela evoluciona hasta
la novela m a te m á tic a , no q u iero d e cir que esa
ev o lu c ió n sea necesaria; q u iero d e c ir, sim ple­
m en te, que existe, q u e h ay u n a evolución de esc
tipo. D e o tro m o d o c aeríam o s en la escolástica
d iscusión sobre lo que es y lo q u e no es n o ­
vela p olicial, seu d o -p ro b lem a de d efin ició n . Q ue
la novela ló g ic o -m a te m á tic a no es la ú nica que
puede a sp irar a la d en o m in ació n , se prueba
m e d ia n te la ex isten cia de novelas policiales que
e stá n lejos de te n e r esa e s tr u c tu ra : E l halcón
m a l té s, p o r ejem plo. Q u e no es la cu lm in a ció n
necesaria del g én ero se p ru eb a p o r el h echo
h is tó ric o del re to rn o a la in trig a psicológica o
a la a rb itra rie d a d ; a co n tec im ie n to bien an ali­
zad o p o r R o g er C aillois en su ensayo sobre la
novela p o licial. P o d ría arg ü irse que esc re to rn o
es u n h ech o psicológico y n o lógico, y que
la novela p o licial c u lm in a ló g icam en te en la es­
tr u c tu r a m a te m á tic a . P ero ésta n o es u n a p ru e ­
ba, es u n a d e fin ic ió n del género. Según la de­
fin ic ió n que se ad o p te, puede h ab er varias c u l­
m in acio n es: p a ra alg u n o s será La m u e rte y la
b r ú ju la , de B orges; para o tro s, C rim e n y Cas­
tigo.
R e h u y o in m isc u irm e en u n a discusión de este
seu d o -p ro b lem a y p re fie ro ate n erm e a la exis­
te n c ia m ism a de novelas aceptadas com o p o li­
ciales; y de éstas, qu iero a n aliza r las q u e se
p ro p o n e n el m odelo ló g ico -m atem ático . C reo, sin
em b arg o , que los problem as que plantea este g é­
n e ro e stric to son ta m b ié n problem as de toda
novela y q uizá de toda realid ad , sólo que en él
se p la n te a n co n m ay o r n itid e z p o r la sim p lifi­
cación que lo c a ra c te riz a .
El c u e n to de Borges representa u n caso ex­
tre m o de g eo m etrizació n de la realidad. Pero
au n sin lleg ar a ese p u n to , la novela policial
e stric ta , in a u g u ra d a p or Poe, es c ie n tífic a y
m u e stra ya la ten d en cia a ra c io n a liza r la reali­
d ad . P rocede así: h ay u n c o n ju n to de hechos
— cadáveres, g u a n te s perdidos, im presiones d ig i­
tales, p alab ras oídas, odios conocidos— que es
necesario hactcr c o h eren te m e d ia n te u n a h ip ó te­
sis; esta hipótesis debe explicar el c rim e n m e­
d ia n te los hechos restan tes, del m ism o m odo
que u n a stro fís ic o in te n ta e x p licar el estallido
de u n a estrella m e d ian te las presiones interiores,
te m p e ra tu ra s, masas y fu erzas g ra v ita to ria s. Si
la hipótesis se m an ifiesta eficien te, se co n v ierte
en te o ría y el c rim e n se supone explicado.
¿Q ué significa explicar? S ignifica establecer
u n a rig u ro sa cadena causal que te rm in a en el
crim en . El u niverso en que se m ueven estos
personajes está regido p o r leyes inexorables, d o n ­
de no h ay lu g a r para el m ilag ro o la c o n tin g e n ­
cia: es u n universo e stric ta m e n te racional. Para
que la novela cu m p la con esta co n d ició n , se
d e sc a rta n d elib erad am en te los elem entos irrac io ­
nales o d em oníacos que no se p u edan plegar al
esquem a.
La lo cu ra y lo irrac io n a l, si e n tra n en estas
novelas es para ajustarse a u n esquem a que
resu lta ser en ú ltim a in stan cia racional. C iertos
sucesos en la serie de crím en es de La m u e rte y
la b rú ju la pueden parecer la obra de u n c rim i­
nal m a n iá tic o , y en c ie rto sen tid o es a sí; pero
esa m a n ía obedece a u n c an o n g eom étrico y
la serie de actos dem enciales obedece a u n plan
racio n al. Q u iz á para u n a In telig en cia D ivina,
to d o lo irrac io n a l q u e existe en n u e stro m u n d o
sea ta m b ié n a p aren te y q uizá to d o él esté col­
m ad o de actos que solo en apariencia son de­
m enciales.
E n este sentido, la novela policial presenta
c o n c la rid a d u n pro b lem a de vasta trascen d en ­
cia. Es la red u c ció n al ab su rd o de u n g ra n p ro ­
blem a: el de si la realidad es racional o no.
La novela c o m ú n parece ser el reino de la co n ­
tingencia y de las v érité s de fa it, en ta n to que
la novela policial sería el rein o de la necesidad
y de las v érités de raison. E l d e tectiv e que co n ­
vierte una m u ltitu d de hechos incoherentes en
un riguroso esquem a ló g ico -m atem ático , reali­
za el ideal leibniziano del conocim iento. Sería
in teresan te saber si n u e stro U n iv erso ha sido h e­
c h o p or un A u to r con m en talid ad parecida a
la de E d g ar Poe.
E n La m u e rte y la b rú ju la se da u n paso m ás,
y la realidad se co n v ierte en g eo m etría.
Los personajes de este c u e n to son títe re s , pero
no corno consecuencia de u n d e fe cto en la cons­
tru c c ió n
sino, precisam ente, p or su p e rfe c to
ajuste. La perfecció n del m ecanism o im plica la
sim plicidad de los personajes, del m ism o m odo
que un a lfil no es susceptible de a c titu d es im ­
previstas o problem as de conciencia. P o r encim a
óe la psicología, Borges desenvuelve u n p ro b le ­
ma de lógica y g eo m etría.
El pistolero R ed S charlach odia al detective
E rik L o nnrot y ju ra m a ta rlo . Este es el ú n ico
elem ento psicológico, pero es apenas el m o to r
que pone en m archa una m aq u in aria m a te m á ­
tic a . C om o Borges, el c rim in a l am a la sim e­
t r í a , el rigor geom étrico, el n ú m ero , el silogis­
m o; de m anera que piensa y ejeefuta un plan
m a te m ático : el detective te rm in a p o r hallarse
en el p u n to prefijado de un ro m b o tra z a d o so­
b re la ciu d ad , y ei pistolero lo m a ta com o quien
te rm in a una dem ostración, m ore geom étrico.
Borges no realiza en este c u en to asesinatos:

Scharlach deben ser com etidos en alguna parte.
P ero in d u c iría a e rro r d a r a esa fig u ra real un
sentido preciso y definido, com o si el v alor de
las conclusiones dependiese de esa clase de co­
rrección. Se necesita una ciudad u n poco ge­
nérica, co n creta y a la vez a b stra c ta , con no m ­
bres cualesquiera, in ternacionales; es u n Buenos
A ires donde todo ha sido generalizado lo su fi­
ciente com o para ser geo m etría y no m era geo­
g ra fía . El c u e n to podía haber sido com enzado
con las palabras: "Sea una c iudad X c u alq u iera ” .
¿Existe el tiem po en una novela de este g e­
nero?
E n las M editaciones, D escartes habla así de
los entes m atem áticos: "Im a g in o u n trián g u lo ,
aunque quizá una fig u ra tal no exista y nunca
haya existido en nin g ú n lugar de la tie rra , fu e ­
ra de m i pensam iento. N o o b stan te, esta figura
tiene una cierta n a tu ra le za o fo rm a o d e te rm i­
nada esenclia in m u ta b le y ete rn a , a la que no
he in v e n ta d o y que no depende en n inguna f o r ­
m a de mi e sp íritu . E sto es evidente, porque
soy capaz de d e m o stra r varias propiedades de
este triá n g u lo , com o por ejem plo que sus tres

SA B A T O
dem uestra u n teorem a. Los crím enes de su pis­
to le ro no em ocionan de d istin ta m anera que el
re sultado
a* ■f b ' = h-^
en un triá n g u lo re c tá n g u lo . Es d ecir, hay una
em oción, pero no es sensorial sino in te le ctu al,
del tip o que pro d u cen las te o ria s filosóficas o las
inferencias c ic n tífc as.
La cñudad en que R ed S charlach com ete sus
c rím en es es Buenos A ires, pero parece no serlo;
es conocida, pero irreal. Los nom bres de sus ca­
lles son fa n tá stico s, los nom bres de sus h a b i­
ta n te s son increíbles, la friald ad de las a c titu ­
des es in h u m an a.
P ero son todas cualidades, no defectos, si se
piensa que es la geo m etría del sistema lo que
interesa, n o sus elem entos inevitables, pero indi-

L ’A I R
(Dieu parle)
Por
JULES
J

SUPERVIELLE

4

\

"E t pour donner du prix aux choses
J’ai voulu les couronner d’air,
Pour Phirondelle qui se pose
Comme pour l’homme sur le mer,
Air qui préfére les penetres
ll remplit la chambre et le ciel
Air qui veut a peine paraítre

\

l
i
Xilografía de Francisco De Santo (taco original)

Mais auréole le réel.
A h í j’ai peine á le reconnaitre,
Ouand il se jache dans le vent
Puisqu’il faut aussi des tempétes
Pour les besoins de l’océan.
Air perspicace qui penétre

“El Ladrón de Niños”
de Jules S u p e rv ie lle
P o r

Jusqu’au plus noir des souterrains,
On dirait que tu viens de naitre
Et tu es plus vieux que l’humain.
Air qui sait rester solitaire,
A ir invisible comme moi,
Tu souffles au dessus des lois
Máme endormi, tu perseveres,
E t transparent est ton émoi.
Compagnon de l’homme d toute heure
tu es la qu’il rie ou qu’il pleure,

FELISBERTO

H E R N A N D E Z

R U A N D O el telón se levanta sobre el coronel
Biguá, que está de som brero puesto y de
"ro b e de ch am b re ” an te una m áquina donde
cose u n pa n ta lo n cito de niño, en el in sta n te en
que vamos a re ír, nos detiene la sospecha de
que el a u to r ha sorprendido algo m uy e x tra ñ o
en esa realidad inm ediata a la que siem pre el
tom a ta n descuidada. Es d ie rto que nosotros
estamos predispuestos; pero dem asiado bien ga­
nada tiene esa predisposición Jules Supervielle.
Ya sabemos que no nos presentará, solam ente,
una hum orada esparcida en m edio de form as
de a rte de una te rn u ra original. (Y ya esto es
m u c h o ). T am bién sabemos que el brazo largo
de un gigante, ha llevado una m ano abierta
a rascar fondos desconocidos. Desde el p rin c i­
pio sabemos que el coronel B iguá, cuando co-

se en aquella m áq u in a está pedaleando sobre
su p ropio destino. El coronel cose para servir
a una idea fija. E n tra m o s a la obra p o r esa idea
y al fin al salimos por la m ism a. La idea que
tiene el coronel de ser p a d re da toda la v u elta a
su m undo. Y m ien tras ta n to lo vemos recorrer
todos los paises de su tem peram ento.
El quiere a d o p ta r u n recién nacido. P ero le
ha crecido ta n to y es ta n u rg e n te la neclesidad de tener u n hijo, que u n d ía se le desbor­
da, c u b re al prim ero que en cu e n tra — que tie ­
ne diez años— y lo tra e a su casa bajo su
dapa, de donde su m u je r asom brada lo ve sa­
lir, com o del ala de una gallina.
Todos, en la casa de B iguá, g ira n alrede­
dor de su ó rb ita : son a tra íd o s por u n corazón

c lrc u lo , por ejem plo, no puedo decir lo que se
me o c u rra : sus propiedades son ta n objetivas
com o el color, plum aje y pico de u n ágq¿L*
T am poco puedo decir cosas a rb itrarias de u n
c en tau ro ; sabemos que u n c en tau ro no es lo
m ism o que u n unicornio. C om o de todos modos
un cen tau ro no tiene el m ism o género de exis­
tencia que u n caballo condreto, se ha conside­
rado necesario designar al prim ero com o obje­
to ideal y al segundo com o objeto real. Es claro
que los objetos ideales pertenecen a u n universo
sin tiem po y sin causalidad. U n c írc u lo n o n a­
ció algún d ía y no m o rirá jam ás: es in c o rru p ­
tible. Los centauros, la B lancura, las figuras m a­
tem áticas, pertenecen a u n m u n d o in c o rru p ti­
ble com o el chelo platónico, donde el m ovim iento
y el tiem po no existen, donde to d o es etern o e
invariable.
Si la novela policial estricta culm ina en la
geom etría, es evidente que sus elem entos ingre­
san al propio tiem po en este reino de la in te m ­
poralidad. N o hay r a z ó n para h ab lar de un
transcurso: n o hay que c o n fu n d ir el tiem po que
se ta rd a en hacer una dem ostración con el tie m ­
po intrín se c o que puede existir en los elementos
puestos en juego. T am poco se puede h ab lar de
causalidad: en estas novelas policiales n o existe
ninguna causa de nin g ú n crim en, com o la rec­
titu d de u n ángulo no es la causa de que el cua-

d ra d o de la hipotenusa sea igual a la sum a de los
cuadrados de los catetos. E n estas ficciones, co ­
m o en la g eom etría, hay im plicación.

(Sigue en la ptigina 14)

Air qui ne manques qu’au mourant
Et toi seul qui le dé sal teres
— Plus que l’eau dans le dernier verre —
Ouand je suis dans l’éloignement”.
Enero de 1945, Montevideo.
ferentes. Piensa L o n n ro t c u an d o cree que ha
d e scifrado el enigm a de los crím enes sucesivos:
"V irtu a lm e n te h a b ía descifrado el problem a: las
m eras circ u n stan c ia s, la realidad (nom bres, arres­
tos, caras, trá m ite s judiciales y carcelarios) ape­
nas le interesaban a h o ra ” .
E n la dem ostración de un teorem a es in d ife ­
re n te el no m b re de los p untos o segm entos, las
letras latinas o griegas que los designan. N o se
dem uestra una verdad para este triá n g u lo p a rti­
c u la r, sino para el triá n g u lo en general; ni si­
quiera es necesario que esté bien d ibujado y casi
es m ejor que no lo esté, para ev ita r la falacia
de que la corrección del re sultado es debida a
la corrección de la fig u ra ; por él c o n trario ,
com o dice P oincaré, la geom etría es u n a cien­
cia que extrae conclusiones ctorrectas de figuras
incorrectas. C laro que, de todos m odos, una fi­
gura es necesaria y tam bién los crím enes de R ed

ángulos interiores sum an dos rectos; que su án­
g ulo m ayor está su btendido por el m ayor lado,
ere. Q uiéralo o no, reconozco m uy clara y dis­
tin ta m e n te que estas propiedades están en el
trián g u lo aunque nunca haya pensado en ellas
antes y aunque ésta sea la prim era vez que yo
haya im aginado un triá n g u lo ” . Se desemboca aquí
en un de los grandes problem as de la filosofía,
que es el de la objetividad y atem poralidad de
los entes m atem áticos. H ay , por lo menos, dos
tipos de objetos, de distin ta e stru c tu ra óntica:
los objetos reales y los objetos ideales.
Son objetos reales: un anim al, una mesa, el
estrecho de G ib ra lta r. Se caracterizan por exis­
tir en el tiem po, p or tener u n principio, un
transcurso y un fin ; por ser causados y por te­
ner efedtcs. Son objetos ideales: u n trián g u lo ,
la Ju stic ia , los centauros. N o hay duda de que
estos entes son tam b ién objetivos, pues de un

El resultado general es el siguiente: la c u lm i­
nación de c ie rto género policial c o n d u ce a la
novela geom étrica y por lo ta n to a la ete rn id a d .
C uando el le c to r lee y va haciendo d esfilar las
hojas delante de sí, este m useo de form as e te r­
nas y petrificadas su fre u n sim ulacro de tiem po,
prestado por el que lee. Y c u an d o la lecítura te r ­
m ina, las som bras de la e te rn id a d vuelven a po­
sarse sobre sus crim inales y policías.
Pero ¿no seremos ta m b ié n nosotros u n L ibro
que A lguien lee? ¿Y no será n u e stro tiem po el
T iem po de la L ectura? Si esta hipótesis es co­
rre c ta , el tiem po ex istiría verdaderam ente en el
in sta n te presente. El pasado h a b ría vuelto al
m u n d o subsistente y atem p o ral; de m odo que
a través d e l'in s ta n te a ctu al, com o por u n agu­
jero, el m u n d o existente de las cosas reales es­
ta ría convirtiéndose c o n tin u a m en te en el m u n d o
subsistente de los entes ideales. A sí que el U n i­
verso Ideal sería: u n A lm acén In fin ito que p ro ­
vee al Presente; u n C em enterio In fin ito de las
cosas que ya fueron, com o N apoleón y el R ap to
de las Sabinas; y u n M useo In fin ito de aquello
que jam ás existió ni existirá, com o H a m le t, la
B lancura, la T ria n g u larid ad , los dragones y cen­
tauros.

�\

C O N T RAP U N T O

Pdg. 4

s

Pr e s e nc i a

de

e s c r i t or e s

DAVID

i ngl eses

LAW RENCE

HERBERT

EL BARCO DE LA MUERTE

VII

I

Estamos muriendo, estamos muriendo y todo lo que nos queda
Es desear morir, ahora, y construir el barco de I3 muerte
Para que conduzca nuestra alma en el más largo viaje.
Un barco pequeño, con remos, con alimentos,
Y Ypequeños platos y todos los equipos
Dispuestos y listos para el alma que parte.

A HORA es otoño y los frutos caen
Y es el largo viaje hacia el olvido,
Las manzanas caen como grandes gotas de rocío
Machucándose al caer.

1

És tiempo de partir, de despedirse
De uno mismo, de encontrar una salida
A su caído ser.
II
¿Has construido el barco de la muerte? ¿Lo has construido?
¡Oh construye el barco de la muerte!, tú lo necesitas . .
El hielo horrible estará a tu alcance y las manzanas
Frecuente, casi estruendosamente caerán sobre la tierra endurecida.
¡Y la muerte está en el aire como un olor de cenizas!
¿No la sientes?
Y en el cuerpo herido, el alma atemorizada
Se encoge, retrocediendo ante el frío
Que sopla por los orificios.
III
¿Puede un hombre darse la muerte
Con un punzón desnudo?
Podemos hacernos una herida con dagas, con punzones, con balas,
Una abertura por donde salga la vida.
Pero, ¿eso es un reposo? Dime, ¿eso es un reposo?
N o, un asesinato, aun el propio asesinato,
¿Cómo puede ¿er un eterno reposo?
IV
Conversemos del reposo que conocemos,
Del reposo que podemos conocer, del reposo amable y profundo
De un fuerte corazón de paz!

J^AW'RENCE no pertenece a aquellos
escritores que recrean el mundo den­
tro del velo de las apariencias, de lo&lt;
que juegan con las formas consagradas
y las descomponen y recomponen pero
sin alterar la ley venerada. Es de los
que saben que el pensamiento no cons­
tituye una serie de ejercicios de tretas
o de trampas. Traspasa el velo que los
hombres han levantado para su engaña­
dor consuelo y busca en el caos la sus-i
tancia para un nuevo ordenamiento deí
hombre en la Creación. Va hacia los
orígenes, hacia el terreno arcaico de to-t
da vida, con una rara vocación por lo'
misterioso, como aquel su antepasado
del siglo XVIII, el extraño y alucinador
William Blake, revelador de las esferas
demoniacas de la energía.
Hombre óe naturaleza ahincadamente
religiosa y ótica, busca una renovación
de los valores morales en el culto de la
sangre y de la carne. Exalta la vida)
sobre el pensamiento, lo que, claro está,1
no es nuevo. Son sus palabras: "My
great religión is a belief in the blood,
the flesh, as being wiser than the intellect”.
No concibe un cosmos sin Dios, y c'mo cree que el cristianismo está en de­
cadencia, falto ya de sangre, recurre a las
religiones primitivas en busca del elej
mentó numinoso y mágico, cuyo mensa-,
je da a los hombres, y por otra par
se dirige al Dios vivo y desconocido;
que ciertamente para él no es el mis-i
mo que invocaba San Pablo. Así dice
en “Pax”:

I

AU that matters is to be at one with.
[the living God
To be a creature in the house of the
[God of Life.

¿Cómo podemos obtener nuestro propio reposo?

Construye, entonces, el barco de la muerte
Porque debes hacer el viaje más largo, el del olvido.
Y muera la muerte, la muerte dolorosa y larga
Que yace entre el viejo y el nuevo ser.
Ya nuestros cuerpos han caído, heridos, torpemente heridos,
Ya nuestras almas se han filtrado por la abertura
De la herida cruel.
Ya el océano oscuro e interminable del fin
Está lavando las brechas de nuestras heridas,
Ya el diluvio está sobre nosotros.
Oh construye tu barco de la muerte, tu pequeña arca,
Y llénala de alimentos, de pastelitos y de vino
Para la huíd^ oscura que cae en el olvido.

VI
El cuerpo muere en pedazos y el alma tímida
H a perdido su apoyo mientras la oscura marea crece.
Estamos muriendo, estamos muriendo, todos nosotros estamos muriendo
Y nada detendrá el diluvio de la muerte que sube sobre nosotros, ,
Y que subirá pronto sobre el mundo, sobre la superficie del mundo.
t

J

Estamos muriendo, estamos muriendo, todos nosotros estamos muriendo
[están muriendo,
Y nuestra fuerza nos abandona,
Y nuestra alma se agazapa desnuda bajo la oscura lluvia que cae
[sobre las aguas,
Se agazapa en las ramas últimas del árbol de nuestra vida.

Fué un heterodoxo de la cultura y del
la civilización: descendencia de J. J./
Rousseau. Por eso se sentía agobiado)
en Europa e iba en busca de países don-,
de los hombres se sintiesen menos so­
focados por una horrenda regimentación
jurídica.
En una hermosa carta, dirigida1 a La­
dy Cinthia Asquith, que más bien parece
una elegía, habla de la angustiosa ne-i
cesidad de partir de Inglaterra, donde!
tantas cosas viejas están mulléndose,
sin que cosas nuevas lleguen, donde el
pasado, el gran pasado está desmoronánc
dose, destruyéndose, no bajo la fuerza
de nuevos pájaros, sino bajo el peso
de las hojas del otoño.
Sufrió lo que todo rebelde a la moral)
debe sufrir aún en épocas de tolerancia;
Los hombres toleran a todos los revo­
lucionarios, menos a aquellos que quie-|
ren trastrocar los valores éticos que ellos
consideran perfectos e intangibles.
'Creyó que la raza humana estaba a
punto de naufragar, pero menos fúnebre,
mente agorero que Franz Vogelsinger
(“Der Untergang der Mensc’hen”) trató
de reconducirla hacia la fuerza y la1
alegría, re-ubicándola en el plan divino
mediante su prédica exaltada y lírica.
Sus obras en prosa son harto cono-t
cidas en nuestro país. No tanto sus
versos. Pero los relámpagos místicos,
los sermones moralizantes, el sentido
viviente del paisaje, el culto a las flo­
res, el retorno a la vida después de una
sumersión en las aguas del olvido,, los
panfletos contra la civilización, están
presentes en sus novelas, en sus_ ensa­
yos, en sus cuentos, en sus poemas.
Las obras poéticas comprenden nume-,
rosos títulos: “Poemas de amor y otros)
poemas”, “Amores”, “Nuevos Poemas”,
“Bahía”, “Tortugas”, “Pájaros, Bestias,
Flores”, “Colección de Poemas”, “Pen­
samientos”, “Ortigas", “El triunfo do
la máquina”.
Damos la aproximación de una de sus
poesías, la del extraordinario “Barco de
la Muerte", cuyo traslado al español
puede hacer sospechar la intensidad y
belleza del original.

Nota y versión de LUIS DE PAOI.A.

Ahora que el cuerpo muere y que parte la vida,
Bota el barco, bota el barco,
El alma frágil en el barco frágil del, coraje, el arca 1de la fe,
Con su copia de alimentos y pequeñas cacerolas,
Y mudas de ropa,
Sobre la negra devastación de las aguas,
Sobre las aguas del fin,
Sobre el mar de la muerte, donde todavía navegamos
En la oscuridad, porque no podemos conducir, y no existe puerto.
No hay puerto, no hay parte alguna adonde ir.
Solamente la profunda negrura todavía oscureciendo
Mas negramente el diluvio, callado y sin murmullo.
Oscuridad sobre oscuridad, arriba y abajo,
Total oscuridad en torno, sin rumbo ya,
Y allí está el pequeño barco, partiendo
Nadie lo ve, pues nadie existe para verlo pasar.
¡Ha partido! ¡Ha partido! y sin embargo
En alguna parte está.
¡En ninguna parte!

VIII
Y todas, las cosas han partido, el cuerpo se ha hundido,
Se ha hundido enteramente.
La oscuridad de arriba es pesada como la oscuridad de abajo,
Y entre ellas el barco pequeño
Fia partido.
Es el fin, el olvido.
IX
U n hilo aun lo separa de la eternidad,
Lo separa de la negrura,
U n hilo horizontal
Que humea pálidamente en la oscuridad.
¿Es una ilusión? ¿O es la palidez que se levanta?
Espera, espera porque es la aurora,
La cruel aurora de retornar la vida
Del olvido.
Espera, espera, el barco pequeño
Se desliza sobre el gris mortal y ceniciento
De una nueva aurora de aguas.
Espera, espera!, es como un resplandor amarillo
Y oh alma pálida y helada, u n extraño brillo rosa.
U n brillo rosa y todas las cosas recomienzan.

X
El diluvio se sumerge y el cuerpo como una gastada concha m ari-a
Emerge extraña y dulcemente,
Y el barco pequeño vuela al hogar, deslizándose vacilante
Sobre las rosadas aguas,
Y el alma frágil, marcha nuevamente al hogar
Con el corazón lleno de paz.
El corazón palpita renovado de la paz
Del olvido.
Construye el barco de la muerte. ¡Oh construye el barco de la muerte!
Porque tú lo necesitas,
Porque el viaje del olvido te espera.

�.. — —

—

Pag. 5

C O N T R A P U N T O

L

E pareció que alguien se acerca­
ba, E ra hombre tranquilo y n e ­
cesitó cerciorarse antes de huir. E ra
v e rd a d : había una persona que ron­
daba por ahí, y no casualmente.
Aquel ruido, ta n leve pero preciso,
era producido por alguno empeñado
en que no se sospechase su presen­
cia. Cuando observó con más deteni­
miento pudo ver u n a som bra que os­
cilaba detrás de la columna, desde
el punto en que se encontraba, apa­
recía a la izquierda.
Se ta rd a más en contarlo. Lo cier­
to es que en escasos segundos Jaim e
M ayor abandonó toda perspectiva
de llevar a buen efecto su misión, re­
cogió los enseres, se puso de pie y
se fuá deslizando hacia el corredor
de la derecha.
El sereno, sin duda, había desper­
tado y estaba realizando una recorri­
da por el establecimiento. Jaim e M a­
yor no había contado con ese desper­
ta r del sereno.
Cosa cu rio sa: al llegar al corre­
dor y al volverse con rapidez para
constatar si alguien lo seguía, obser­
vó, detrás de la columna, la misma
som bra y la misma oscilación. In tu ­
yó que todo podía ser u n a falsa ala r­
ma. Las sombras estaban m udas otra
vez, intraducibies. No había ninguna
vibración en la atm ósfera. Así y to?do sentía perfectam ente que alguien
m aduraba un plan de ataque.
No sería posible explicar en qué
form a se le presentaban a Jaim e Ma­
yor las sensaciones, pero era eviden­
te que estaba dotado —superdotado
— de un extraño sentido de la vigi­
lancia. Un sentido interior que sa­
bía ponerse de m anifiesto en los mo­
mentos de m ejor oportunidad. Ese
m agnífico oído interno le había sal­
vado varias veces la vida.
Algo se le había erizado ahora en­
tre el pecho y la espalda. M ientras
“ tra b a ja b a ” había tenido necesidad
de volverse, y al volverse había vis­
to aquella oscilación extraña detrás
de la columna. E l hecho de que la
som bra permaneciese en su puesto y
que la oscilación mantuviese su r it­
mo, no se le hacía ajeno a u n a po­
sibilidad de amenaza. Algo se le ha­
bía erizado dentro del pecho y h u ­
biera sido cosa in fan til desatender ei
aviso.
P o r eso, del corredor pasó a la al­
fom brada escalera y bajó peldaño a
peldaño con una mano en la b aran ­
dilla y la otra en el bolsillo del saco.
Al m ediar la escalera sintió, así co­
mo redoblada, la amenaza de los ins­
tantes anteriores. Un cable eléctrico
— ta n conocido— se puso a vibrar
en su interior, transm itiéndole otro
alerta más acusado.
Se detuvo. Miró hacia atrás y,
o tra vez, muy rápidam ente, hacia
adelante, al pie de la escalera. E n
ese momento se sintió perdido.
E ué u n segundo durante el cual
Jaim e M ayor se sintió perdido, por­
que al segundo siguiente, ya se ha­
bía salvado. O, por lo menos, creyó
que h abía adelantado' algo en el ca­
mino de la salvación. F ué aquel se­
gundo que tardó en reponerse del
miedo que empezaba a atosigarlo.
No pensó n ad a más. Atenaceó el
miedo, lo hizo a un lado con violen­
cia, saltó la barandilla y cayó al pi­
so bajo’.
Entonces hubo una especie de tu ­
multo. De la p a rte inferior de la es­
calera emergió u n a som bra nueva,
la misma que M ayor había entre­
visto m om entos antes. Se dirigió
hacia él, que estaba caído junto a
un m ostrador,y al mismo tiempo,
otra sombra —la fantasm agoría de
la colum na en el piso de arrib a—
bajó precipitadam ente tam bién la
b aran d illa y se dejó caer a su lado.
U na som bra te rc e ra vino tam bién
de quién sabe donde, y, entre las
tres, lo aferraron. Luego lo pusie­
ron de pie y le descargaron un gol­
pe terrib le en la m andíbula.
Term inaron con él, o, por lo me­
nos, lo dejaron ido de sí mismo1por
u n buen rato. Todo el rato que los
dos policías y el sereno ta rd a ro n en
desposeerlo de sus armas, en encen­
der la luz y en a rra stra rlo h asta un
sillón p a ra hacerle beber dos tragos.
— ¿E stá listo, amigo? — fué lo
prim ero que oyó al volver del des­
mayo.
Les echó una m irada circular. El
sereno era un hom brecito misera-

“ J. M. ” no contará la historia
ble vestido' de over-all y con un tic
repugnante que consistía en quitarse
y ponerse una suerte de gorra de
chauffeur, con visera, luego de ras­
carse la coronilla sebosa.
—E sta vez le cuesta c a r a la
faena.
H abía hablado uno de los poli­
cías. Jaim e lo m iró sin encono'.
— ¿ Quién fué el del goipe ? —p re­
guntó tratando de sonreír.
— ¿ El del golpe ? ¿ Qué golpe ?
Jaim e M ayor se pasó la mano pol­
la barbilla.
— Este, é ste . . . — exclamó el po­
licía, com prendiendo, m ientras se­
ñalaba a 1 sereno m i s e r a b l e .
— ¿Quién lo hubiera dicho', n o ?
¡ Tan petizo, é l ! . . .
El sereno no se enteraba de na­
da. M iraba fijam ente a Jaim e M a­
yor y persistía en la tarea de mon­
darse el cráneo con las uñas.
—Bueno, vamos.
Habló el segundo policía. Jaim e
se puso de pie.
— Cuando quiera.
Comenzaron a andar. Del sereno
no se ocuparon pues quedó firm e en
su puesto con aquella fijeza en los
ojos del que no ha dormido gran
cosa y con aquel tic suyo tan repulsico.
Llegaron a la p u erta de calle.
—A hora cuidado con lo que se
hace. —D ijo uno de los policías.
M ayor preguntó, sin volverse hacia
el que hablaba.
— Que puedo hacer, yo ¿vamos
a ver?
—Usted me entiende.
Y siguieron andando por la calle.
Los pasos se acompasaban. L a ca­
lle aparecía solitaria y silenciosa.
Ni un alm a en la calle, ni una estre­
lla en el cielo.
Lo favoreció la obscuridad. Y fué
así como, en la prim era oportuni­
dad, Jaim e Mayor, logró zafarse de
sus capturadores.
E n un recodo, dió un paso atrás,
luego dos hacia adelante, para tomar
una determinación inesperada. Des­
orientó a los policías y aprovechó
sabiam ente la desorientación que
tan sabiam ente había provocado.
Escaló una ventana baja que se !e
había aparecido m isericordiosamen­
te ab ierta y se metió allí, jugándo­
se el alma.
— ¡No salís con vida! —fué lo
que exclamó con rabia inaudita uno
de los policías.
E n tre tanto escalaban a su vez la
ventana y penetraban en esa habi­
tación desconocida. Una vez dentro,
se hallaron ante la obscuridad más
completa.
— ¡D ate o te m ato!
No se oyó nada.
-—¿Me oís? ¡D ate te digo!
Acto seguido' se vió como Jaim e
M ayor saltaba o tra vez la ventana
hacia la calle y em prendía una ca­
rre ra en la que se le podía acabar
la vida.
D urante un buen rato no supo de
sus perseguidores. Pero si supo de
la persecución. La sentía a sus es­
paldas como una cosa tangible, como
si aquellos dos hombres, mayores
que él eu tam año, pero menores en
astucia y en apellido, le enviasen al­
ternativam ente ondadas de alarm a
y de peligro'.
Jaim e M ayor las sorbía con sus es­
paldas m agníficas y, de pronto, se
diluía en la som bra en un esfuerzo
blando que lo hacía p artic ip a r de la
obscuridad de la noche.
Bajo el cielo negro, en la noche
negra, Jaim e M ayor se hacía inencontrable.
Se estuvo unos m inutos retom an­
do aliento, entre unas vigas recién
dejadas frente a una construcción.
Jad eab a como un corredor de fon­
do. Tenía ambos brazos extendidos
y las manos apoyadas en dos salien­
tes del m aderaje que le hacía de
cueva. Y el espíritu alerta se le ma­
nifestaba en sus ojitos veloces, muy
amigos de fingir una m irada al sue­
lo cada vez que la intención de mi­
r a r estaba en la distancia. Escuchó
todos los ruidos de la manzana.

P o r

A R TU R O CERRETA N I
E ran todos ruidos normales. Un ani­
mal aquí, ro n d a n d o ; u n carro p au ­
sado, a lo lejos; do's paseantes discuiidores, ahí a diez pasos. N ada
m ás. Todo lo demás era el silencio
exasperante, pero ventajoso.
Salió de su escondite v andando

Ilustración de F. GUIBERT

como' un simple an d arín de calles
en la noche, comenzó a encender un
cigarrillo. Su atención permanecía
tensa, sin embargo. Sin embargo,
no se le escapaba ningún ruido n a­
cido dentro de los sesenta metros a
la redonda. E ra él, como el centro
de un pequeño y a la vez enorme
universo de peligro. Le volvió al
oído aquel mismo ro d ar de carro
pausado de momentos antes. Una
ráfaga suave le re trajo el crujido de
las llantas de hierro sobre la piedra
de la calle. Y en seguida otro trozo
de la conversación de los paseantes.
Dos o tres palabras nítid as:
— .. .no tiene nada que ver. . .
Y en seguida, la respuesta de
ot”a voz, menos n ítid a :
— . . . cada c u a l... te r r ib le ... te
dig o .. .
Y ya nada más. Se consideró a
salvo y se fué andando m ientras sor­
bía el humo de su reciente cigarro.
Y sonó un disparo.
Sus pies se aferraron a la vereda

im pidiéndole la m archa. lia bala le
había sido dirigida. Le había ro­
zado.
Luego, otro disparo. V otro. Y
otro más.
Sus pies se desaferraron del piso
y echó a correr. Pero iba herido.
Inm ediatam ente sintió que el pie
chapaleaba sangre dentro del zapa­
to. Y unas voces que lo aco sab an :
— ¡E stá listo!
—¡ D a le !
— ¡No va a correr mucho'!
Y una carrera a sus espaldas, ni
veloz ni lenta. Una c a rre ra con se­
guridad de triunfo. ¡Y su pie, ahí,
m anando sangre dentro del zapato-!
¡ M aldito s e a !
Corrió, no obstante con todas las
fuerzas de su alma, ya que las de
su cuerpo iban menguando poco a
poco. D ejaba de oír la carrera a sus
espaldas y tornaba a oírla. E ra co­
mo si alguien — el destino— jugase
con su pobre angustia de hombre
perdido sin remedio. Quizá, como
antes la conversación, el viento le
llevaba y le traía algo de su perse­
cución.
F in lam entable —pensaba— de un
hom bre nacido p ara otra cosa.
Pero, sin saber cómo, se halló
frente a una p u erta conocida. Y los
ruidos del enseguim iento se habían
diluido a sus espaldas. H asta su
vuelta, dentro de segundos contados.
E ra ese todo el tiempo que le que­
daba p ara planear su liberación. La
p u erta llevaba a una escalera y la
escalera a la habitación de Amparo
Torres. Sin duda, Am paro era su
amiga, tenía pruebas de esa amistad.
Lo recogería ahora, indudablem ente.
Em pujó la p u erta y halló que cedía.
E ntró como' un relám pago y cerró
la p u erta tra s de sí. Le puso tra n ­
ca, aquella tran ca carcomida, pero
féi cea aun, am iga infalible de la
gente huidiza. Subió la escalera
arrastrándose . E n un descanso, se
quitó el zapato y supo así que su
herida era leve. Pero prestó oído a
la calle, a través de la puerta, y vió
que no epa n a tu ra l todo aquel si­
lencio. Ahí, detrás de la puerta, se­
guía vigilando' la persecución. No
recordaba si la casa tenía otro pu n ­
to de evasión. De no ser así, su fin
era certero. V ictoria linda, la de
sus perseguidores. ¡ Qué tr is te !
La Amparo estaba en su cama. A
su lado, abrazada a ella, la hija. Es­
tab an inmóviles. H abía abierto la
p u e rta lentam ente:
— ¡ A m paro!
No le había contestado. E n tre ­

Xilografía de Francisco De Santo (taco original)

veía las form as de la niña pequeña
y de la m ujer grande entrelazadas.
Buscó y no halló la llave de la luz.
— ¡A m paro! — clamó o tra vez, pe­
ro por segunda vez no le contesta­
ron.
Llevaba el zapato en la mano y
el pie en el aire. Con m ayor tra n ­
quilidad, se (hubiera sentido gro­
tesco.
Fué hacia la cama y puso1 la m a­
no en el hombro de la m ujer. No lo
hizo muy fuerte, p a ra no d esp ertar
a la niña, pero con la fu erza sufi­
ciente p ara hacer que la m ujer se
volcase de espaldas en la cam a.
Allí en la obscuridad, creyó ver los
ojos abiertos de la Amparo' T orres.
—Soy yo; ¿sabes? J a i m e ...
Le pareció que la m ujer se mo­
vía. Más aún, le pareció que ese
m ovimiento y aquella voz débil y
extraña, le decía:
—¿Qué querés?
P o r lo que él se dispuso a h a b la r:
—Me persiguen, te digo. E sta vez
va en serio. Saben que estoy aquí.
Tenés que escucharme, Am paro.
Claro que yo no quiero comprome­
terte. Ya sé que puedo co n tar con
vos. P ero está la nena. No me acor­
dé de ella, si no, no hubiera venido.
Pero tengo que decirte una cosa.
La voz se le entreco rtab a y, p o r
otra parte, la m u jer ahí se estaba,
escuchándole, con los ojos m uy
abiertos en la obscuridad
—S í; tengo una cosa que decirte.
Seguro que no cuento la historia.
P o r eso quiero que la veas a E rn es­
tina, ¿comprendés? Quiero que la
veas si me pasa algo, natu ralm en te.
Deeile que la quiero mucho. Bueno,
vos te arreglarás. Que la quiero m u­
cho y q u e ...
Pero, ¿porqué esa m ujer no se
movía? ¿Por qué lo m iraba así, con
los ojos tan abiertos?
—-¿Dónde tenés la llave de la luz?
No le contestó.
— ¿No me oís? ¿E stás dorm ida?
Tanteó las paredes. Y halló la lla­
ve. Hizo g irar el conmutador.
La Am paro Torres, de espaldas en
la cama, tenía los ojos muy abiertos
y vidriosos. La cara desencajada
y pálida. Tenía la nariz m uy afila­
da. La niña, a su lado, tam bién te­
nía la nariz muy afilada y blanca,
pero los ojos estaban cerrados.
— ¡ Amparo ! ¡ A m p aro !
La tomó p or los hombros y com en­
tó a sacudirla. Am paro T orres no
respondía a esos impulsos. H abía
cierta rigidez en su cuerpo. T an ta
que lo venció el miedo y dejó caer
ese cuerpo sobre la alm ohada. E lla
seguía m irándolo desde sus ojos de
vidrio.
Jaim e M ayor se sentó en u n a silla
cercana. Pensó que no debía saberle
(Sigue en la página 6)

�Pag. 6
ARTES

C O NTRAP U NTO
PLA STICA S

el Neruda de Entrada a la Made­
ra. Un Neruda que diera la ma­
dera abierta, sin transmutacio­
nes. Esta tricota es jugosa y m a­
terial, espesa de materialidad. Hay
sin embargo cierto equívoco fo r­
mal (entre el "nuevo” realismo y
el "viejo” ) que (volveré a mi­
rarlo extensamente) no llego a
admitir del todo.
Diciembre - 1940

Pensativo (óleo), de Antonio Berni

Apuntes de un aficionado
Por

ROGER
Julio - 1944

PLA
Agosto

H ay miedo, insinceridad. Nos
falta — nos ha, faltado— el co­
raje de Dadá. Lo de siempre.
Asimilamos rápidamente la for­
ma. Y lo valioso, es el contenido
viviente, el pathos humano. És­
te tiende hacia la forma. (Sí.
Puede uno pensar en Aristóteles,
si es que lo entiendo bien. Pero
sin exceder la simple m etáfora).
*

Florida. Plena temporada; los
dos fenómenos: influencias téc­
nicas sin coincidencias profundas.
Coincidencias profundas con re­
petición. Dos modos distintos de
inautenticidad, con diferencias
de grados (en su "calidad” ).
La primera — la de menos cali­
dad— me parece, aunque resulte
paradójico, la actitud más valio­
sa, menos nefasta. Es simplemente
inmadurez, etapa que se puede su­
perar. Pero la segunda es¡ la inau­
tenticidad ya madura vistiéndose
de uniforme. La repetición impli­
ca un elemento de academismo, y
el ritmo de la creación original
queda detenido. Así nacieron ante­
ayer los italianizantes y ayer los de
la Academia. Y así nacen hoy los
_ "picassitos”.

La tendencia al "balance”, en
estas épocas, no es privativa del
comerciante. Los niños norteame­
ricanos siguen el consejo de Ben­
jamín Franklin y lo hacen todas
las noches, junto a la almohada,
y nosotros, aunque practiquemos
"ejercicios” periódicos, entramos
en el umbral de cada nuevo año
con una inevitable mirada retros­
pectiva que se detiene, a veces,
en dos o tres hechos casi siempre
determinados por el mismo ca­
pricho que mueve nuestro meca­
nismo rememorativo. En este ca­
so, 1944 aparece de pronto, en la
totalidad de su actividad plástica,
como un tum ulto de nombres,
muestras individuales, exposicio­
nes de conjunto, salones oficiales,
panorama que, aquí y allá, se
salpica con recuerdos más o menes gratos, y otros profundam en­
te decepcionantes. Hubo algo, en­
tre las muestras individuales, que
me resulta memorable: la exposi­
ción de Lorenzo Domínguez, en
Muller, en agosto. En otro orden
de cosas, el Instituto Francés de
Estudios Superiores reunió, en el
mes de julio, una buena serie de
tejas de Fígari, para regustar allí
la fresca poesía de este lírico por
excelencia (dentro, por supuesto,
de toda la pintura moderna inevi­
tablemente agónica). En cuanto a

Pareciera que la preobra, e!
complejo de necesidad expresiva,
tuviera una tendencia natural a
la forma (realización). No sirve
para nada una influencia, si no
se vive en sí, por simple coinci­
dencia profunda, ese complejo
peculiar que cristalizó, en el ar­
*
tista dado, en la técnica que nos
asombra. Entonces queda resuel­
Pettorutti es maduro. Pero
to y disuelto el primitivo com­
plejo. En cambio, solemos poner­ Pettorutti es el disfraz de Petto­
rutti.
nos de puntas de pie, saltar so­
*
bre nuestro complejo creador
(cuando lo tenemos) y tratar de
Alguien puede decir que con
emplear esa forma por razones tal que un disfraz sea hermoso,
de seducción conceptual o for­ no le interesa el disfrazado. Y ese
mal.
es, precisamente, el castigo dei
*
que se disfraza.
H ay algo más: Puede adm itir­
se la coincidencia profunda. Y
sin embargo la forma o la técni­
ca que se presenta como la satis­
facción cabal del complejo ex­
presivo compartido, resulta in­
útil, precisamente por haber ser­
vido al primero. Esta es la para­
doja: una forma ya cuajada, a
la vez que revela la antenticidad
del complejo creador que la m o­
tiva, señala la caducidad de ese
complejo. Las sensibilidades se re­
nuevan expresándose. N o repi­
tiéndose. La influencia, sólo ope­
ra, pues, como enriquecimiento.
Pero jamás puede proporcionar
un estilo, una técnica hecha. En­
riquece, descubriendo nuestra dernora, nuestro rezagamiento sen­
sible o intelectual. (Curioso: des­
cubrirlo, es siempre sinónimo de
hacer saltar el resorte que lo ade­
lanta) .

los argentinos, Demetrio U rru- lo —venciendo esa pereza física
chúaí expuso u-,na magnífica que me produce la crítica— so­
muestra en Impulso, Castagnino bre su obra. Está grabando. Punexhibió dibujos de una soltura tasecas. Veo sus últimas telas. No
fresca y sutilísima en Sagitario, es la primera vez que me pasa
Del Prete continuó demostran­ esto, y trato de indagar por qué
do, sobre la base de su potente me irrita el hecho de preferir, en
e indudable estructura orgáni­ una obra que respeto en su tota­
ca de pintor, su voluntad de lidad, la parte menos ambiciosa,
extremismo sensual en el color y más "privada” —cabezas, en este
la forma (puede discreparse con
Del Prete, pero este "fauve” es
una fiera. . . ) ; y, en fin, junto a
otras expresiones interesantísimas
—Gertrudis Chale, en Comte—
vimos la pintura media de siem­
pre, y la subpintura abrumadora­
mente vendible —hasta los cien
mil pesos— que cloaquea por la
Florida de siempre
Los jóve­
nes —está faltando un enfoque
detenido sobre los pintores de
treinta años— hicieron acto» de
presencia. Y, entre ellos, un pro­
vinciano, Medardo Pantoja, dió
en la Galería de los Artistas una
exhibición de pintura que fué
para mirarla despacio, y Pierri
(buen pintor que me parece con­
ceptualmente desviado) una mues­
tra surrealista, en Muller.
En extramuros, cerca de Cole­
giales, donde la mirada profesio­
nal no llega nunca, un rosarinG,
Anselmo Piccoli, (antiguo ami­
go), efectuó una muestra en la La mujer del caracol (óleo), de O. Pierri
sede del club Chacarita Juniors.
Eran óleos de una personalidad caso— a la otra, la de más im ­
en formación, que, aun como pulso artístico, indudablemente,
promesa todavía no cumplida, Va más esforzada del artista. La
eclipsaban por su fuerza y su irritación tiene su origen, sin du­
personalidad a muchas persona­ da, en que esta preferencia im ­
lidades hechas. ¿Qué sucederá plica la evidencia siguiente: o es­
cuando la promesa se cumpla?
toy yo en un error —y entonces,
a pesar de mi interés conceptual,
Enero 10
no sé gustar lo más nuevo y tra s­
Conversación c o n Urruchúa, cendente de esta obra —-o lo está
en su taller. Proyecto un artícu ­ el artista en cuestión, y entonces
sigue una ruta un poco al m ar­
gen (entendámosnos: no por el
concepto ni la intención, sino por
la realización) de sus posibilida­
des sensibles y auténticas. En
cualquiera de los dos casos, la si­
tuación es irritante.
*

Encuentro por la calle a A. y
le digo:
D. me ha elogiado los grabados
de Audivert. N o sé cómo no le
molesta en este grabador esa es­
pecie de exagerada evidencia del
oficio. Sus planchas me hacen
padecer todo el trabajo físico —o
quizá más— que debió darle.
A.: Mi hijito, pides demasiado
en la plástica nuestra: el oficio
deja de evidenciarse en la obra
— en la intención ambiciosa, se
entiende— cuando se llega a las
grandes épocas.
N o he llegado.a resolver si tie­
ne o no razón, o, al menos parte
de ella.

Septiembre
El Salón. Debo hacer una cró­
nica sobre la muestra de escultu­
ra. La sección pintura no me de­
para sorpresas. Los premios —y
uo por exceso de escepticismo— ,
t a m p o c o . Me he preguntado
quién es el que ganó el gran pre­
mio. Un retrato asombrosamen­
te insalobre y anodino. N o lo
conozco. H ay un chico, de Berni.
He aquí un hombre de quien no
se ha hablado hasta hoy con equi­
dad. Oscila entre la difamación
y la opología. Pero este chico, es
un señor cuadro. Empiezo a ad­
m itir la legitimidad de la frase
"nuevo realismo” para la pintu­
ra de Berni; precisemos: para
este chico, en concreto: es rea­
lismo y es nuevo. H e aquí una
humanidad cuya materia jugosa
me hace pensar (no sé por qué) en

Nuestro Señor Don Quijote (yeso), de Lorenzo Domínguez
i

í

J . M . ’ ’ no c o n t a r á

(Viene de la página 5)

a nuevo lo ocurrido. E sa h abía sido
la eterna amenaza de la Am paro To­
rres :
— El m ejor día de estos, term ino
con todo'.
A lguien le había oído decir esas
palabras. A lguien —ese mismo que
las había oído— era el indicado pa­
ra ?,em ediar la cosa. P ero ya, la co­
sa, no tenía remedio. Y Jaim e Ma­
yor, al borde del g ran peligro1, se
estaba ahí, ensimismado en la silla,
m uy cerca de la cam a. Miró a la
m u jer y miró a la niña. Luego se
levantó y cerró los ojos de la m ujer.
E n seguida le tapó la cara con la
sábana. La m ujer y la niña fueron
dos bultos blancos, bajo aquella luz
eléctrica rojiza y m alsana.

la

Jaim e M ayor apagó la luz y salió
a la escalera que llevaba a la calle.
Ya no le dolía el pie. T enía aún el
zapato en la mano, y fué así que se
sentó en el descansillo p ara volver a
calzarlo, antes de seguir bajando.
Cuando llegó a la p u erta, pensó
que la m uerte lo esperaría detrás.
P ero abrió la p u e rta y vi ó que la
calle estaba silenciosa.
Salió y miró hacia ambos lados
de la calle. Observó que no1sólo es­
tab a silenciosa, sino tam bién que no
acusaba m ovimiento alguno. H abía
que aguzar m uy mucho el oído para
escuchar otro carro tan pausado co­
mo monótono y distante.
Apoyándose más en un pie que en
el otro, comenzó a an d a r hacia la
izquierda con el propósito de d iri­

historia
girse hacia el F érjuson. C ontaría la
a v e n tu ra : lo de creerse perdido y lo
de la A m paro y su hija.
— Calculen que ya no creí que
contaba el cuento y . ..
— ¡Qué flojo! — com entaría E r­
nesto Lema, o algún otro.
— ¿F lojo? B ueno. Después de
todo no me avergüenzo1 de h ab er
sentido el m ie d o .. .
Sonó un tiro. Le rozó el hom bro.
Se encogió un tanto y, velozmente,
se hizo co ntra la pared.
P ero sonó otro tiro y fu é certero.
Le penetró en la espalda.
Tam baleándose, llegó h asta la mi­
tad de la calle. Cuando cayó —so­
naron antes dos o tres disparos— se
aunaron h asta tres hombres p ara
verlo desangrarse.

�I

—

Pág. 7

C O N T R A P U N T O
acción de este esquema de comedia
se desarrolla en la modesta casa de
la familia Dupont. Hacia el atardecer de
un dia de verano llega a ella, de muy
larga distancia, Emilio Dupont, de
treinta años, el mayar de los hijos del
matrimonio Dupont.

L

a

Se ñ o r a D u p o n t . — N o has
cambiado nada, hijo.
Z u l e m a . — ¿Que no ha cam ­
biado nada? ¡Pero, mamá, si casi
no lo reconozco! A mi ya no me
parece Emilio.
B e a t r iz . — Yo también lo en­
cuentro muy cambiado, mamá.
Zulema exagera, pero la verdad
es que ha cambiado mucho.
Se ñ o r a D u p o n t . — Pues, pa­
ra mí está igualito. Ya verán que
vuestro padre dirá lo mismo que
yo. Es que ustedes no lo observan
bien. M írenle los ojots y verán
que conservan su inestabilidad;
véanle la frente: tiene los mis­
mos pensamientos de siempre.
Como que ya lo estoy viendo des­
pedirse para otro viaje.
Z u l e m a . — Así, sí, mamá. Es
claro que no le han cambiado los
ojos, ni ha canjeado con nadie su
frente. Pero está envejecido. . .
E m il io . — H an pasado diez
años, Zulema. Ya no soy el m u­
chacho que se ha ido.
Z u l e m a . — Y hasta los ojos
se jle han cambiado. Es verdad
que conservan éso que siempre
tuvieron, como nostalgia de co­
sas desconocidas, pero si los obser­
vas bien, notarás que ya hay en
ellos cierta saciedad, como la del
apetito colmado en el hombre que
deja la mitad del alimento en su
plato.
E m il io . — Es posible que éso
sea exacto, sobre todo por el símil.
El apetito satisfecho da idea de
transitoriedad, de periodicidad.
Se deja de comer por unas horas.
B e a t r iz . — ¡Qué apuro en
aclarar que la saciedad no dura
mucho tiempo.
E m il io . — ¿Me 'dejan decir
algo?
Se ñ o r a D u p o n t . — Es claro
que sí, hijo. Tienes razón. N o ha­
cemos más que hablar nosotras,
como cotorras.
E m il io . — No, mamá. Lo na­
tural, lo que yo quisiera es oírlas
a ustedes, pero no quiero dejar
de decir que yo sí estoy asom­
brado de las hermanas que en­
cuentro. Dejé a dos chicas, de
cuarto y quinto grado, flacas, in­
formes casi, de largos brazos y
largas 'piernas, de aspecto insípi­
do, de pelo revuelto, y sin gra­
cia, de ojos inexpresivos. . .
B e a t r iz . — Basta, Emilio, por­
que parece que estuvieras hacien­
do el retrato literario de dos ade­
fesios.
E m il io . — De dos bien queri­
dos adefesios.
Z u l e m a . — Pero no hay nece­
sidad de detallar tanto.
E m il io . — Ya verán que sí.
Dejé, pues, dos queridos adefesios,
y me encuentro con estas dos se­
ñoritas. Hermosas, de semblante
claro, elegantes, llenas de gracia.
Sin duda, han cambiado mucho,
se han metamorfoseado de una
manera maravillosa, pero son las
mismas. Beatriz tiene la misma
embestida mental de antes y Zu­
lema la misma Voluntaria con­
formidad que le conocíamos. Lo
admirable del ser humano es su
mutabilidad perpetua y su asom­
brosa permanencia, a la vez.
Se ñ o r a D u p o n t . — De todo
eso tendrás tiempo de hablar,
Emilio. Ahora, 'tengo la impa­

P o r

SAMUEL
ciencia de saber por qué te has
ido de nuestro lado. Quiero oírlo
de tus propios labios.
E m il io . — ¡Ay, mamá! ¡H a­
ces unas preguntas!
Se ñ o r a D u p o n t . — Las úni­
cas que yo puedo hacer.
E m il io . — H a pasado tanto
tiempo, mamá, y han pasado tan­
tas cosas dentro de uno mismo. Y
aún si no hubiesen pasado; aun
regresado el tiempo ido, sin hue­
lla de su tránsito, tampoco sabría
decírtelo, mamá. En el mismo ins­
tante de mi partida, cuando creía
tener un cúmulo de motivos, tam ­
poco sabía por qué me iba. Te­
nía necesidad de irme. Sobre mi

IN O

E IC H E L B A U M

na de redención del hombre. ¡Lí­
breme él de caer en la soberbia de
atribuirme un destino luminoso!
Pero, por humilde que sea el nues­
tro, debemos acatarlo también.
H ay infinidad de muchachos co­
mo lo era yo cuando me fui, que
no sienten ninguna necesidad de
irse. N i sienten la apetencia de
mares y tierras desconocidas, ni
conciben que alguien la sienta.
Si yo lo he concebido y soñado
hasta sentir la necesidad de absor­
berlos con mis ojos, será porque
es parte de mi destino. N unca sa­
bemos cuándo dará flor o fruto
el padecimiento del presente. Só­
lo sabemos que nadie sufre en va­

sino de él. De nosotras ni se acor­
dó.
Se ñ o r a D u p o n t . — (M orti­
ficada por el reproche que le ha­
cen al hijo.) ¿Y a quién quieres
que se refiera, si es de su destino
que habla?
E m il io . — Es verdad, Zulema.
Habló mi egoísmo. Pero no se
puede ser verdaderamente res­
ponsable, ni generoso, ni piadoso
si no se está en paz consigo mis­
mo, y la paz consigo no se obtie­
ne sino mediante una profunda
atención de las voces interiores.
A veces, es indispensable extre­
mar nuestro egoísmo para poder
liberarnos definitivamente de él.

Dibujo de ANSELMO PICCOLI

vida debían caer los panes de las
grandes experiencias. Tenía que
saber, a través del persistente y
dulce sufrimiento, lo que es te­
neros distantes, más allá de lo ac­
cesible a mis brazos, debajo dej
mi trozo de cielo de esta ciudad
de voces infinitas; tenía necesi­
dad de viajar, esto es todo, mamá.
N unca se sabe ciertamente por
qué hacemos las cosas más impor­
tantes de nuestra vida: las hace­
mos, simplemente. Las de menor
importancia, esas sí que sabemos
por qué las realizamos.
Se ñ o r a D u p o n t . — ¡Aban­
donar a los padres, a los herma­
nos, abandonar todo lo que era
tu vida por esos años! N unca lo
he comprendido, y ahora que me
lo explicas. . .
E m il io . — Menos lo compren­
des, ¿verdad?
Se ñ o r a D u p o n t . — ¡Menos
lo comprendo, hijo! (Y la señora
de D upont se echa a llorar dulce­
mente al conjuro del recuerdo).
E m il io .— (Conmovido.) ¡Có­
mo! ¡Ahora lloras! ¿Por qué?
¿No estoy aquí acaso? ¿No te
tengo abrazada? Escúchame, ma­
má. Yo sé que eres muy buena
cristiana, mamá. A veces, los hi­
jos, sin que les falte nada del gran
amor a los padres, tienen un des­
tino al cual deben obedecer, igno­
rando ellos mismos que le obede­
cen. Jesús abandonó a sus padres
para lanzarse a predicar su doctri­

no, que nada sucede en vano. Aun
no vislumbro qué bien espiritual
me deparará la larga angustia de
mis diez años lejos de vuestro
amparo, pero sé que he vuelto con
el espíritu fortalecido, con el al­
ma más celosa del bien y del mal
del jser humano, qon el pensa­
miento clarificado. Pienso mejor,
mamá. Puedes creerme. No sé si
he sido un buen hijo, pero sé que
ahora puedo serlo; no sé si he sido
un buen hermano y un buen hom­
bre, pero hoy me siento capaz de
ponerme a prueba. Cuando eché
a andar por el mundo, me sentía
un poeta con predestinación profética. Me parecía indudable que
yo habría de revelar al mundo
algo del misterio del hombre.
Pienso ahora con profunda pie­
dad de aquel Emilio, en perma­
nente pecado de soberbia. Se ha
reducidp &lt;tanto mi anhelo, que^
hoy me sentiría feliz si pudiera
expresar el gozo, que sube por las
manos y los brazos del artesano
que hace un banco simple, firme
y sólido, y más feliz aun si pu­
diera darme el gozo de saber ha­
cerlo yo mismo. Era indispensa­
ble, mamá, mi larga vagancia pa­
ra sospechar las dimensiones exac­
tas de mi destino.
Be a t r iz . — ¡Tiene razón!
Z u l e m a . — Tiene razón, pe­
ro hasta este momento no ha dado
sino razones egoístas. N o habló

U n hombre ungido por una falsa
y desmesurada ambición, no pue­
de ser útil a nadie, porque ve a
sus semejantes de acuerdo al es­
pejismo que lo ciega y los juzga
según el preconcepto de su error,
muchas veces funesto. Quiero de­
cir que yo no les hubiera sido útil
haciendo las cosas movido por el
falso designio de una misión que
no habría de cumplir. Era me­
nester que viera lúcidamente en
mi propia vida, como creo ver
ahora.
Tres dias después, en una espléndida
caída de la tarde, Emilio, que ha esta­
do paseando con sus hermanas, se sienta
a descansar, junto con ellas, en un banco
de plaza.

E m il io . — ¿Sabes una cósa,
Beatriz? He notado que ya no me
miras tan severamente como en
los primeros días. ¿Es verdad lo
que me parece haber notado o es
que sólo me parece porque lo de­
seo?
B e a tr iz . — N o creo haberte
mirado con severidad en ningún
instante. En cambio, te puedo ase­
gurar que te juzgo como en el
primer momento.
Z u l e m a . — No le hagas caso,
Emilio.
E m il io . — ¡Si supieras todo lo
que me gusta esa franqueza tan
limpia de Beatriz! Sólo somos en
la medida que decimos la verdad.
¿No me perdonas entonces?
B e a t r iz . — ( Luego de una
pausa.) — En eso te equivocas.

Te he perdonado apenas te vi.
Precisamente por haberte perdo­
nado, no puedo justificar tu con­
ducta. La justificación de un he­
cho supone el reconocimiento de
la ausencia de culpa, y en este
caso el perdón no tiene razón de
ser. Yo te he perdonado, pero no
justificado. ¡N unca podré justi­
ficar que te hayas ido y que sien­
do el único varón, hayamos te­
nido que ser las mujeres solas las
que hiciéramos frente a las des­
gracias que se presentaron. Al po­
co tiempo de habernos abando­
nado tú, papá se enfermó grave­
mente, y nos vimos precisadas a
buscar trabajo para costear los
gastos de la enfermedad y po­
der vivir. N o puedes pensar que
este reproche envuelve una pro­
testa por haber tenido que bus­
carnos una ocupación, sino por
haber tenido que hacerlo nos­
otras dos solas, sin que tú com­
partieras la responsabilidad que
debimos asumir. Mientras mamá,
Zulema y yo llorábamos en los
rincones, a escondidas, viendo a
papá que se nos iba para siempre
— lo salvó un milagro, como lo
dijo el médico— tú vagabas por
el mundo, en busca de tu canto.
E m il io . — De mi destino.
B e a t r iz . — ¡Bueno! ¡De tu
destino, Emilio! Lo cierto es que
no estabas a nuestro lado y que
no podíamos contar contigo pa­
ra nada.
E m il io . — Cuando yo salí del
país, papá, estaba sano y se gana­
ba fácilmente la'vida. Si yo me
hubiera marchado estando él en­
fermo, hubiera dado motivos pa­
ra todas las recriminaciones. Pero
nada hacía sospechar que sobre­
vendría esa desgracia. ¿No com­
prendes, Beatriz, que son las cir­
cunstancias las que revelan la pre­
sencia del destino?
Z u l e m a . — ¡Es verdad!
E m il io . — ¿No comprendes
que si papá enfermó después que
yo me fui es porque el destino,
mi destino, me ordenaba hacer
ese viaje? De haber estado yo aquí
durante su enfermedad, no h u ­
biera podido realizarlo. ¿No com­
prendes, Beatriz, que el orden de
los hechos está dictado por las
fuerzas superiores? ¿No com­
prendes que si tú, tan enérgica
como te muestras ahora, me hu­
bieras escrito haciéndome saber
todas esas cosas, yo habría regre­
sado inmediatamente? Pero no lo
has hecho, Beatriz, porque tú
misma, sin saberlo, respetaste
también mi ..destino. N o sabías
que lo estabas respetando, porque
la providencia nada dice al oído
de nadie, pero lo respetabas guar­
dando tus energías para cuando
yo volviera. Algo había dentro
de tí que te aconsejaba una dis­
creción que contradice tu natural
expansividad.
B e a t r iz . — N o quería afligir­
te. Esto es todo. Puesto que es­
tabas lejos y nada podías hacer
por nosotras, pensé que era pre­
ferible que lo ignoraras todo.
E m il io . — Pues esa idea de
ahorrarme la angustia de hacer­
me saber lo mal que lo pasaban,
te dice bien claramente que yo
debía ignorarlo. Esto no quiere
decir que yo me alegre de no ha­
berlo sabido. N o hago más que
interpretar y unir las circunstan­
cias de que te hablaba.
B e a t r iz . — N o me importa la
interpretación de las circunstan­
cias. Me im portan las penas pa­
sadas en ausencia del hermano ma(Sigue en la pág. 9)

�Pag. 8

C O N T R A P U N T O

C U A T R O P O E T A S JO V E N E S DE LA
P R O V I N C I A DE B U E N O S A I R E S
r 1L título de esta presentación no
‘ tiende a otra demarcación que la
meramente geográfica, sin que ella
presuponga la delimitación de una
igualdad temática, formal o estética
influida por el paisaje común, la ve­
cindad comarcana o la vinculación
entre si de los poetas de la provincia
de Buenos Aires.
Es notorio, sin embargo, que la tó­
nica predominante en las jóvenes
voces Uricas de esta. provincia está
nutrida por la presencia esencial del
paisaje, la influencia apacible y ve­
hemente a la vez de la llanura, su
cielo, sus verdes, sus ganados. {Lo
apacible visual, inform ante del pa­
norama; la vehemencia espiritual,
motivada por la confrontación con
esa lenta, constante, perceptible flui­
dez con que el tiempo pasa, dejando
su huella fu g itiva en las visibles co­
sas) .
La provincia de Buenos Aires ha
dado ya en estos últimos arios algu­
nos nombres definitivos a la poesía
argentina (Vicente Barbieri, María
Granata, etc.). Y digo en estos ú lti­
mos años porque durante los anterio­
res la atracción de la cercana capital
nos llevó a su centro, invariablemen­
te, la presencia física — y al poco
tiempo la espiritual-— de los poetas
provinciales.
Esta presentación no significa
tampoco una selección. González Gattone, de limpio y cristalino lirism o;
A m ar al y Tomat-Guido con los pies
bien afianzados en su tierra sureña,
en su provincia agraria, dándonos
desde allí su poesía ligeramente sim­
bolista; Catani con este poema evocativo - invocativo s o n solamente
cuatro nombres entre los numerosos
excelentes poetas jóvenes con que
cuenta esta provincia. Cuatro entre
los numerosos poetas que han comprendido que el hombre puede y de­
be cantar “ con toda la voz que tie­
n e ” cuando siente que tanto cielo y
tanto espacio y tanta soledad lo ago­
bian y lo purifican.

Raúl Amoral
'Nació en La Plata en 1913. Ha publi­
cado “Plegarias del Silencio (19!¡1) y
“Sonetos del Fortín” (19j 2). Dirigió los
“Cuadernos del Cantón Mulitas”. Es pe
riodista y colaborador de “Conducta”,
“Verde Memoria”, “Oeste”, etc. Prepara
otro libro de poesías.

M

E

N

S

A

J

E

UARDADM E hasta la tarde mi sueño de esperanza
porque con él iremos a iluminar canciones,
y una rama de luces crecerá en los balcones
junto a la tibia búsqueda del año y su tardanza.
Que asciendan cautelosos los muros amarillos
mientras en cada cielo muere una fecha mia;
mis ecos ya recogen sus lirios de agonía
quebrando, entre la sombra, los cánticos sencillos.
No ha de volver la honda raíz que se consume
y entrega al claro viento su sangre sin corolas.
Temo que de este amargo silencio de consolas
surja la primavera de paz con su perfume.
Danza la alegre espuma por pálidos senderos
y aún ignoro donde termina el recorrido:
Si nacerá mi mundo por límites de olvido
o en marginales flores de ríos marineros.
Guardadme hasta la tarde la magia de las voces
que dicen de un recueido brotado en la simiente.
Ved cómo las muchachas del pueblo permanente
despliegan sus señales de lágrimas y adioses.

Francisco Tomat-Ghddo
Nació en 1922. Vive en 25 de Mayo
(Prov. de Buenos Aires). En 191¡2 pu­
blicó “Canción Celeste”. Tiene ya termi­
nado un nuevo libro de poemas que ti­
tulará “Júbilo V i r g e n H a colaborado en
“Verde Memoria”, “Oeste”, etc.

EL PR O FU N D O A N T A Ñ O
'

I

Juan G. FERREYRA BASSO.
Coronel Moni (Prov. at buenos Aires;

/ ^ O N cada pensamiento en las sombras regresan
los trémulos perfumes de mi profunde* antaño.
Su flor de encantamiento reclama como el humo
limpios paisajes nuevos de azul ilimitado.

TEATRO
FIM NCIO SANCHEZ

La tierra se transforma en agriverde ensueño
sobre lentas riberas de cálidos presagios,
para encender el bálsamo sapiente de espesura
tras de la curva mínima, sobre el invierno lánguido.

Su actividad para 1945
a cargo de Pablo Palant

Y fué que me nombraron en la pasión oculta,
la m uerta primavera, el ademán pausado
y frente a un mundo extraño sólo alcancé la estrella
despierta de la rosa, que se volvió milagro.

*
I. — Hom enaje a Román Gó­
mez Masía.
Ausencia, (dram a en 3
a c to s; h ab lará Alfredo
de la G uardia).

II
Pequeños templos guardan su herencia campesina,
su convencida savia, sus muelles de leyenda,
el afanoso título que yace sin retorno
en el clamor del niño trocado ya en tristeza.
Su imagen —vivo fruto— siente el rural latir
con espuelas de malva y potros de quimera
y avanza, insospechado, con cuidadoso escudo
entre impetuosas guías de inéditas promesas.
Dejadlo enamorado. Como llorando el día.
Descolorido siempre donde la vida empieza.
Toda advertencia es vana, todo ademán perdido:
su virgen soledad le cubre y recupera.

II. — Carlos y Ana, de Leon ard P ra n k (trad u cid a
de la versión francesa
de J e a n R ichard Bloeh,
p o r B eatriz Naas y P a­
blo P alan t.)
•

III. — A n tífo n a bebe cham ­
pagne, de M anuel Kirs,
(tre s actos).
IV. — Ju an a, de Georg Kaiser,
(n n acto trad u cid o por
R oger P ía ).

A lejandro González
Gattone
* Nació en Pergamino (Provincia de
Buenos Aires) el 9 de setiembre de 1922.
Ha colaborado en “Conducta”. El grupo
juvenil ••Liluli” acaba de publicar su cua­
dernillo de poesías “Este gris enun­
ciado".

¡AY, QUE SE VA LA BARCA!
JDO R tu olvido
raudo se va el amor, desesperado.
¡Ay, que te alejas tanto! U n delicado
gris en mi tiempo tengo, arrepentido.
Mi alma será un geranio fallecido
de tanto ver un mar, un separado
dolor de corazón abandonado
— Obsesiones con barcas y latido—
Como una soledad puro poniente
se eriza tu recuerdo —sal y viento—
y un entusiasmo claro de repente
clamo por las paredes con mi aliento.
Pero se va la barca velozmente
y es un amargo fuego lo que siento.

E nrique Catani
Nació en 9 de Julio (Prov. de Buenos
Aires) el 28 de setiembre de 191b. Ha
publicado “Poema Histórico de 9 de Ju­
lio" y “Core y otros poemas”.

CANTOS AL PAYADOR

R E G R E S O a tu guitarra
profunda, Payador,
a despertar los ríos
de tus cuerdas, y a sentir el galope
espiritual de tu canción.
Allí,
donde yace tu cuerpo
como un pájaro oscuro, sin un ángel
que llore en los jardines apagados
del recuerdo,
tú que encendiste el corazón del pueblo.
Soy tu guitarra, Payador,
y, como antaño,
la descubro en la calle,
donde un niño harapiento
viene a buscar el oro de los cantos.
III
Soy tu guitarra, Payador.
Sé que los ríos de las cuerdas brotan
y abren mi corazón
como el seno profundo de una roca.
Cualquier hombre que pasa
puede llegar al valle y, descuidado,
llevarse la canción, como una rosa
que alumbrará la noche de su mano.
Soy tu guitarra, Payador.
Y esta armonía que nace de mi alma,
se desborda en la calle, sobre el mundo.
Y en cada verso el corazón me sangra.

.

�P a l a b ras para el
imposible

día

y ^ LGUN día cuando la desgracia llegue rompiendo los cristales.
Cuando el desamor haga crecer las ramas amarillas que hunden
[nuestro techo.
Y el cirio infinito de la duda vele tiritando las dos sombras.
Cuando se haya ahogado irremediable el último grito del Instante.
Ajándose la noche.
Y el cielo sea el cielo interminable. Igual el pájaro. Iguales las estrellas.
Cuando la flor, la araña y el rocío. N o sean más que eso.
U n ser de espalda rencorosa pegado a su tristeza.
Cuando la luna, maldita luna engañadora que espejo es de la locura
[nuestra.
Tenga blancor de calavera sucia, que se burla en la puerta.
Cuando el miedo entre nosotros sea u n gato pringoso
H uyendo a los rincones.
Y el odio o casi el odio arda furioso en llamas verticales
Altas. Cada vez más altas.
Cuando quizás la maldad del momento nos cubra de malezas,
Que ya no cortaremos porque no nos importa.
Cuando la risa de una sola boca golpeándose en los dientes
A zuce la impaciencia.
Y las cuatro manos codiciosas ajenas estén de su codicia
Porque estamos vacíos y temblando. El uno para el otro.
Cuando las palabras. Todas las palabras que supimos
Banderas y faroles caprichosos
Vuelvan al color de la ceniza y al fondo de los vasos.
Palabras que serán hormigas inquietantes de corrosivas patas.
Trepando en las gargantas.
Cuando me mires. Te mire. Y solo veas mi pobre cara. Y yo vea tu cara.
Cuando mi horrible desnudez de siempre. Recién horrible sientas.
Y yo olvide tu cuerpo inolvidable contemplándolo.
Cuando las calles. O tra vez las calles estén llenas de gente.
O tra vez los rostros repugnantes. Los pasos repugnantes.
Cuando salgan de agujeros, de agujeros insectos pertinaces.
O tra vez poblándose este mundo de cosas insolentes.
O tra vez canastas y letreros voceando desperdicios.
^
Y empiecen escobas apuradas a barrer el polvo de lo hecho.
Cuando sea im portante entre nosotros. Tan importante.
La cáscara que odiamos de lo inútil.
Sólo la cáscara. Sólo la envoltura. E! humo. Y lo sobrante.
Y amemos el sobre de las cartas.
Cuando el vuelo de la mosca. El punto. La coma. La mancha. Y la
'
[ceniza.
Todo lo inútil vuelva a ocupar nuestras paredes. Gozando su venganza.
La hoja sea el árbol. La gota de agua, el tonel repleto hasta Ios-bordes.
Y la miga de pan de nuestra mesa. Sea el pan. Todo el pan.
Cuando ya tus cintas. Tus vestidos ligeros. T u cabello. Todo sea trapo.
Y arrugas. Y ajadas mariposas.
Y aquellos besos. Extraños besos olvidados.
Sólo sea la simple carne tuya sobre mi simple carne.
Cuando odiemos en las perchas las formas familiares de las ropas.
Cuando mi voz. T u voz: U n ruido sumándose en el ruido innecesario.
Y aturda tus oídos, mi vanidad golpeando sin prudencia.
Cuando las palabras malas. Las pequeñas palabras. Las p a la b r a s ^
Sean las únicas palabras, silbando como látigos.
Cuando sea un tam bor desesperado, el rodar callado de tus lagrimas.
Y tus injurias, que dirás un día, me asalten como sapos.
Mientras cortan la angustia de los puños dos piedras aguza
Cuando venga el silencio. Los suspiros. Y el luto de las puertas.
Nadie que levante presuroso suciedad de manteles.
Todo cubriéndose de polvo. Arena. Astillas. Y papeles rotos.
Y al fin. Altísimas paredes sin ventanas. Y calle interminable.
Rejas que marcan el óxido en las manos. Cadenas y cadenas.
Y aún más. Lo que no ha de decirse.
Algo qut callará la vergüenza. Porque habrá aún vergüenza
Entonces. Cuando sea ese día. Nos iremos.
T ú te irás de mí. Y yo de tu fantasma insoportable.
Así se va la absurda sonrisa de los muertos.
_
Así se va sin término la sangre. Como se irá mi sangre sin on as.
En el d i a imposible.

P O E M A S

(Viene de la página 7)

Z u l e m a . — ¡B asta y a, B eatriz !
B e a t r iz . — N o tengo por qué
E m il io . — Si no te pido que

GUIBERT

DOS

yor, por causa de su voluntad de
irse, por causa de su egoísmo.
callarme.

Por

FERNANDO

d e st in o

te calles, sino que comprendas.
B e a t r iz . — Lo que yo com­
prendo es que no cumpliste con
tu deber.
E m il io . — ¡Pero si nada había
que me impidiese moralmente a
hacer ese viaje!
B e a t r iz . — ¡Debió im pedírte­
lo el afecto a la familia!
E m il io . — El afecto a la fa­
milia no se amenguaba en lo más
mínimo con un viaje cuyo verda­
dero sentido intenté explicar ya.
Era mi destino que me lo orde­
naba, era mi destino que lo dis­
puso, como el tuyo dispuso que
en vez de coquetear, según las
inclinaciones que todos veían en
tí, te convirtieras en esta impla­
cable mujercita que parece tra ­
bajar para alimentar su acritud.
Be a t r iz . — También de esto
eres tú el culpable. Como ves,
conviene a tu causa que calles.

Libros recibidos
La ca n ció n

h e rid a ,

Poesía. Mendoza, 1944.

por Luis Nieto.

L a t u n o s a m an za n e ra, por Augusto
Saccoto Arias. Teatro. Ed. Revista del
Mar Pacífico. Quito.
Es p u m a y júbilo, por Ida Réboli. Poe­
sía. Ed. El Ateneo, Bs. As., 1944.
A g r a d e c i m ie n t o de las tard es, por Héc­
tor Villanueva. Poesía. Bs. As., 1944.
C in c ó ipesos poca pla ta, por Aristóbulo Etehegaray. Novela. Ed. Feria, Bs.
Aires, 1944.
Las ca m p a n a s de Basilea, por Louis
Aragón. Novela. Ed. Futuro, Bs. As., 1944.
Epopeya m ín im a , por Enrique Tomás
Bíriglia. Floemas. Ed. Cosmoroma, Bs.
Aiies, 1944.
H o m b r e s capaces, por Héctor Eandi.
Cuentos. Ed. Emecé, Bs. As., 1944.
V o z in a u g u ra d a , por Bernardo H o
rrack. Poesías. Bs. As., 1944.
Z ozo b ra del ángel, por Eduardo F. Rivas. Poesías. Mendoza, 1944.
Los sig nos del s ile n c io , por Vicente
Nacarato. Poesías. Mendoza, 1944.

Por

DENIS

MOLINA

moribundas
SO NY axilas
el sexo de otro día
Los que me empujan a estar así.
Son sus piernas irreales
Y esa lámpara que las ilumina.
Son axilas moribundas
Que me comunican su pulso desvelado.
Son ingles recién nacidas
Y gimiendo sin asidero.
También soy yo
Cerrado a lo que deseo,
Pintado de pensamiento enajenado,
Ala y pájaro de vuelo enajenado,
Estatua detenida en la sangre,
Falsa voz de los días iguales
Tacto en mi tacto,
Sordomudo al borde de los encuentros.

A /A L E el cielo
Este vino inmortal
Por tanta incertidumbre que sus antenas mueven?
Vale sí
Esta herida llameante
Donde solloza nuestra voluntad frustrada,
Vale sí
Aunque nadie la huella descubra,
Nadie el pulso donde caigo,
Nadie las puertas abra de sus propias manos
Y todos la muerte ericen de itinerarios,
Vale sí
El pie del fósforo sin sentido,
Vale sí
Aunque nada ocurra al tocar el vino,
Vale sí
El guante de lo desconocido,
Adentro, naturalmente,
Vale nuestra existencia de equis sordomuda.
Enero de 1945, Montevideo.

�CONT RAPU N T O

Romain Rolland
O M A1N Rolland ha cerrado
K
los ojos sobre la visión dicho­
sa de la liberación de su patria.
Ha tenido esa suerte, que no le
cupo a otros maestros del espí­
ritu francés, inmolados ante la
furia turbia del nazismo, esta es­
pecie de insurrección violenta de
todo cuanto de deleznable hay
en la criatura humana, desde la
falsa palabra hasta la ciega ani­
malidad.
Porque algún día se verá en es­
ta malsana erupción del fascismo,
derramándose como una lacra so­
bre el m undo, algo así como la
erupción en la piel del Hombre
de todo cuanto dormía en el fo n ­
do de él mismo domado, pero no
curado —desgraciadamente— por
veinte siglos de civilización. T o­
do ese trasmundo en la apología
de cuya " vitalidad” se complacen
los teóricos del instintivismo na­
zi, denunciado ya por esta misma
cultura que el fascismo trata de
ahogar en nombre de una verdad
antropoidal y cavernaria', todo
este subsuelo feroz de la criatura
humana, adquirió su voz reivindi­
catoría en estos profetas de la
ametralladora y las cámaras leta­
les pero no para ser revelado en
vistas a su definitiva extirpación,
sino, monstruosamente, para ser
colocado en el lugar del hombre,
" mitad ángel, mitad bestia”, al
que dicen vitalizar matándole el
ángel y entregándole todo su " es­
pacio vital” a la bestia.
Otro fin, en cambio, perseguía
ese inextinguible entusiasmo que
llevó al hombre a enfrentar re­
sueltamente esta perturbación con
vistas a la derrota definitiva de
la animalidad, al reajuste de los
resortes individuales y sociales que
harían posible el ingreso a una
Historia plenamente h u m a n a,
despojada al fin de este último las­
tre zoológico que ahora resurge
como un eructo, así de repugnan­
te pero así de fugaz. Porque esta
guerra no es una form a de comer­
cio dentro de un modo y a cadu­
co de vivir, como lo fueron las!
guerras hasta hoy; sino que, ini­
ciada quizá en esa forma, su ca­
lidad se vió pronto transforma­
da por la aparición de este litigio
nunca visto, en donde se enfren­
tan el pasado y el porvenir del
hombre, la voluntad del retorno
y la decisión del avance, el im ­
pulso cordial y humanista contra
la declarada intención de estruc­
turar el m undo — como en la sel-

va— sobre el instinto del dominio
feroz y la hostilidad. Esta guerra
no es una guerra más, sino la gue­
rra del entusiasmo por la hum a­
nización ascendente c o n t r a el
enajenado entusiasmo por la artimalización regresiva; y es por eso
que dentro de ella caben la digni­
dad de la criatura, de los pueblos,
y de la humanidad, en franca lu­
cha por su subsistencia. Romain
Rolland fué precisamente, por en­
cima del aspecto estrictamente li­
terario de su obra, la personifica­
ción viviente de este entusiasmo,
de esta indeclinable voluntad de

Vasily Kandinsky
t a . . . C ualquier objeto del m undo
m aterial puede ser ab straíd o o
frag m en tad o en las diverjáis p a r ­
tan tes del arte llam ado g r o s s o tes que lo componen. P ero el círcu­
lo, el cubo y el triángulo, son fo r­
m o d o “ab stracto ” . La calificación
—y la obra de K andinsky— h a d a ­ mas absolutas: si son cambiados o
abstraídos pierd en su existencia.
do m otivo á serios litigios. E n 1936,
K andinsky expuso en la Gibbes Me­ Adem ás la p in tu ra a b stra cta más
dinám ica tiene algún objeto p arti­
m orial A rt Oallery — C harleston —
c u la r cqimo p u n to de p a rtid a ; la
ju n to con Rudolf Bauer, en una
p in tu ra absoluta* no) contiene nin­
m uestra que com prendía cosas ta n
g ú n objeto. L a form a y el espacio
diversas como las que van desde
S eurat — tam bién representado —# de u na p in tu ra absoluta son defi­
h asta la baronesa H illa Rebay, au­ nitivam ente cósmicas, sin n ad a material, y absolutam ente decisivos
to ra del m anifiesto de presentación.
ASILY Kandinsky, que ha m uer­
V
to recientem ente en París, fué
uno de los m ás calificados represen­

H ace pocos

días,

en

la historia

dism o argentino se cum plieron

del

perio­

dos fechas gra­

tas para el pueblo argentino, y que al m ism o
tiem po significa para

nuestra

hora actual una

refirm ación de f e en la palabra escrita y en los
sagrados derechos de la libertad de expresión. N os
referim os al 75 aniversario de la fu n d a c ió n del
diario "L a N a c ió n ” y

a la reaparición de "La

Vanguardia”. C on el prim ero se cu m p le algo más
que una fech a aniversario; a casi c uatro déca­
das de la m u e rte del hom bre ilustre que fu é su
fu n d a d o r los altos designios que lo inspiraron
con inalterable f e en el porvenir, halla h o y al
prestigioso m a tu tin o c u m p lie n d o fie lm e n te su m i­
sión de dignidad, su propósito de c u ltu ra y su
con vicció n plena en los derechos dem ocráticos.
A ssc actual director D . Luis M itre y a sus re­
dactores y colaboradores, nuestro hom enaje cor­
dial.
☆

A p a r e c ió

*

*

“ E g lo g a ”

1, e d it a d a

en

Mendoza . Su d ir e c t o r , A m é r i c o Calí, r e une en sus p á g in a s a e s c r ito r e s de Cuyo .
T r a b a jo s de L á z a ro S c h a lm a n , A . S a n t a
M a r ía C o n ill, A l f r e d o R. Bú fano, D o m in ­
go Pro, M a r io B in e t t i, V ic e n t e N a c a ra to ,
R e in a ld o B ia n c h in i, A n t o n i o de la T o r r e
y A m é r i c o Cali, in t e g r a n la e n tre g a .
☆

ROMAIN ROLLAND, por A. Piccoli

dignidad humana que no teme,
en modo alguno, ver a la verdad
de frente, porque sabe que, cuan­
do la verdad es un mal, hay un
solo modo de matarla: mirándo­
la a los ojos. Vió el mal de fren ­
te, y su mirada no parpadeó ante
una realidad que tuvo tres for­
mas de proceder: ganando para
su propio partido al predispues­
to — y éste fué el nazi— ; ponien­
do en fuga al débil — y éste fu é
el scholar puro de que habla Mac
Leish, o el soñador de un idealis­
mo inoperante y evasivo— ; o tra­
bándose en lucha con quien, co
nociéndola, sostuvo la furia de sus
ojos. ¡Qué ”realismo” distinto el
del nazi, — donde una negativa
realidad toma partido— al del úl­
timo, donde el conocimiento ca­
bal de la realidad es condición pre­
via de la lucha por ella! Cuestión
de signos, las palabras fueron en­
tonces como símbolos m atem áti­
cos cuyo valor está dado por el
signo que las precede. Fueron
confundidas entonces los térm i­
nos, y las palabras, como ciertos
insectos, se tiñeron del color de
los hechos que las alimentan. La
juventud fu é desorientada, tras­
tornada, y la confusión, fom en­
tada sistemáticamente por quie­
nes pescaban en sus aguas revuel­
tas, hizo posible todo un pedazo
de historia lamentable, el que va
desde la entrega de España hasta
el 40, pasando por el deplorable
paraguas de Chamberlain.
Pero la claridad y la verdad
predominan al fin en este juego
de fuerzas. Y este gran hombre,
cuya vida íntegra fu é una consa­
gración desnuda y verdadera a la
lucha contra una mala realidad,
pudo cerrar los ojos sobre la li­
beración de París y el recuerdo
de Stalingrado, donde alboreaba
el principio del fin de esta rebe­
lión h u m a n a. Desde su Jean
Christophe seguirá brotando in ­
definidam ente, como un inago­
table manantialx esa lección de en­
tusiasmo y de fe que fu é la única
sinfonía de su vida. En nombre
de este entusiasmo, Romain R o ­
lland, salud! El porvenir está con­
tigo.

+

☆

“Sed” aspira a bucear la superficie ane­
gada de almas envueltas en su persona­
lidad, para encontrar un desahogo, una
via de salida de esta terrible vorágine
materiail que agota a los pasajeros del
mundo”. Así declaran sus redactores en
este primer número. Jóvenes, resueltos,
probarán el talento y la conciencia del
oficio, lo sabemos. Estas páginas de “Fi­
losofía, poesía y arte” las dirige Osvaldo
Svanascini, de la más fresca promoción
poética.

☆

-K

☆

U na extensa nóm ina de libros argentinos a n u n ­
cia Fondo de C u ltu ra E conóm ica. La tarea es­
tá a cargo de num erosos intelectuales de toda
la A m érid q latina.
☆

*

☆

Con el nu e v o ano, los poetas nuevos
se a p re s ta n a o f r e c e r al f la m a n t e t i e m ­
po in a u g u r a d o su e x p re s ió n l í r ic a . Así
H é c t o r V il l a n u e v a que en “ A g r a d e c i m i e n ­
to de las t a r d e s ” d e fin e a ún m ás el a lt o
t o n o m e la n c ó lic o , a p a c ib le de sus poe­
m as que en su li b r o a n t e r i o r “ De la es­
p u m a a la p ie d r a ” ponía de m a n if ie s t o
al t a le n to s o y se n sib le lí r ic o que hay
en él.

☆

-K *☆

"F ray M o ch o ”, nueva librería abierta en un
descanso e n tre
A ires.

las

apretadas

calles

de Buenos

A l l í se dan cita escritores, artistas', p ú ­

blico am igo, para renovar la co stu m b re perdida
de la te rtu lia y de la cam aradería cordial que
ta n ta fa lta hace a esta ciudad de seres solitarios.

Vasily Kandinsky: Angulo y círculo.
L a denom inación común de la nues­
tr a — especie de punto de enlace en
esta h eterogeneidad — era la de
Non - O bjectivity (No o b jetividad).
E n cuanto a los “abstracto s” (fig u ­
ra b an tam bién, además de los m en­
cionados, A lbert Glezes, F ern an d Leger, Ladislao M oholy — Nagy, Edw ard W adsw orth) H illa R ebay es­
crib ía: “H ay u n a diferen cia m uy
sutil pero m uy im portante entre la
form a ab stra cta y la form a absolu­

■fá Una librería evocadora del Buenos Aires fin de siglo.
U n ambiente confortable en un mundo de libros.
L IB R O S A R G E N T IN O S Y A M E R IC A N O S —
TURA

IN F A N T IL

—

L IT E R A ­

E N C U A D E R N A C IO N E S

PA RA

R E G A L O S — G A L E R IA D E A R T E — C O N C IE R T O S —
C O N F E R E N C IA S —

T E R T U L IA S L IT E R A R IA S .

V ISIT E "F R A Y M O C H O ” Y H O JEE LIBRO S COM O
. E N SU C A S A
A B IE R T A H A S T A L A S 24

SA RM IEN TO 1820, CASI ESQ U IN A CALLAO

( . . .W ith o u t m aterialistic mean in g
and absolutely fin a l” ). Y luego: “La
p in tu ra no objetiv a es la llave que
ab re las p u ertas h acia u n m undo de
elevación inm aterial...” . K andinsky,
p or lo tanto, era juzgado no ab stra c ­
to, sino “absoluto” y como el camino
h acia “u n a in m aterialid ad elevada”
no inspirado sino in tu itiv o (T he objectikie picture follow s inspiration.
The non-objetive picture follows int u i t i o n . .. ) Otros, en cambio, p a r ­
tiendo de u n mismo a rte plástico —
el que re p resen ta esta ilustración,
vg., — d irá n que no es ab stracto sino
“concreto”, y h a sta hum ano y m a­
te ria l (T orres G arcía) derivándolo a
u n a identificación conceptual con a l­
go ta n d istin to a la unmaterialistic elcvation como el m arxism o... Non-objectiv íty o Creative A rt. como en la Gib­
bes G a llery ; A bstracto, como en alg u ­
nos neocubistas, creacionism o cons­
tru ctiv o , etc., de cada m odo d istin to
que se le llame, el arte de K andinsky
prueba, en todo caso, su ca rác te r de
in d iferen cia conceptual: es decir, que
este tipo de técnica es u n a adiáfora; su
sentido depende del que se le asig ­
ne, pues en sí mismo carece de él.
De donde, al cabo, se vuelve al p rin ­
cipio: es abstracto, puesto que la
significación p recisa im plica u n a
concreción sensible. Y es la ausencia
de esta p a rtic u la riz a d a re p re se n ta ­
ción — como d iría u n lógico —, la
que hace posible, en este tipo de p in ­
tu ra ta n ta s significaciones como se
quieran. Es, pues, ta n to K andisky
como to d a su descendencia, arte abs­
tracto . Lo dem ás — como d iría S an ­
cho P an za — son m onsergas.

�Pág. 11

CONT RAPU NTO

NOTICIA

SOBRE

La imaginación en Buenos Aires
(A l g u n o s
PAPELES DE REC IEN V EN IDO
Por MACEDONIO FERNANDEZ
(E d ito ria l Losada)

ESDE las páginas de Papeles de Recienvenido se columbra la figura
extraordinaria de Macedonio Fernández
enclavado en este suelo del que sus raí­
ces profundas extraen una sustancia de
lo permanente, de lo esencial, de lo ver­
dadero que tenemos. En sus páginas en­
cuentra vida una representación originalísima, por lo ahondado de su caladura,
del hombre americano sin asombros, o
con tantos, que trata los problemas se­
rios con ese humorismo del que sabe que
debe hacerse perdonar su inteligencia, y
con ella regalar, sin que se note mucho,
sus sabidurías. Por eso, en espirales que
a veces conforman virutas de su pen­
samiento, ofrece graciosamente rasgos
casi inaprehensibles de las características
nuestras, y otras veces del manejo ágil
de los resortes conceptuales, de sus des­
arrollos metafísicos, llega al relato de
puro goce estético.
El dominio de los juegos reflexivos y
penetrantes, hace que sus pensamientos
produzcan el continuo, el sostenido asom­
bro de sucesivos descubrimientos, y de
pronto también presente esa sinceridad
del hombre que no escribe, sino que con­
fiesa sus pesimistas presunciones respec­
to al lector, retirando el proscenio que
utilizan todos los escritores.
Macedonio Fernández gravita sobre
nuestros escritores de concepciones ima­
ginativas porque es quien sabe tender las
líneas fundamentales para llegar a ese
mundo de abstracciones, de hipótesis, de

D

proyecciones tan caras al hombre de
llanura.
Macedonio Fernández poeta, metafísico, humorista, quevediano, mantiene
en cada frase de su producción ese sello
particular, original, característico que
determina la calificación de gran in­
genio.
Papeles de Recienvenido contiene ade­
más "Continuación de la nada”, obra no
aparecida en anteriores ediciones, y un
excelente y completo ensayo de Ramón
Gómez de la Serna donde ubica a Mace­
donio Fernández, en un retrato que
abarca su trascendente personalidad y da
cuenta de otras facetas de éste y de al­
gunas páginas representativas de »u pro­
ducción ajena al libro.
ALEJANDRO- DENIS-KRAUSE.

FICCIONES
Por JORGE LUIS BORGES
(E diciones S u r)

OS libros de relatos: "El jardín de
los senderos que se bifurcan” y
"Artificios”, ha reunido en este volumen
Jorge Luis Borges. Una profunda pre­
ocupación metafísica, un subjetivismo
que se proyecta sobre la realidad para
problematizarla, crean en torno de los
relatos de Borges una atmósfera personalísima y tensa, singularmente propicia
a las arduas aventuras del espíritu. Hay
autores que nos reconcilian con el mun­
do de las apariencias, que nos hacen amar
el rumor de las hierbas, el canto de un
pájaro, los milagros del bosque, los ros­
tros, los destinos. Borges, lúcido y es-

D

^NOVEDADES

1944)

libros de

oéptico, escudriñador de Schopenhauer y
Berkeley, sospecha que el mundo es una
creación del sueño, -e inventa sucesivas
parcelas en ese infinito sueño con la re­
mota esperanza de subordinar lo fantás­
tico a un riguroso orden de inteligencia.
La realidad N(eí caos de imágenes, pre­
sunciones y atisbos a que llamamos rea
lidad) desvanece en Ficciones sus con­
tornos y se torna alucinatoria, al igual
que el orbe de Tlón y Uqbar, hipotético
mundb descubierto en las hipotéticas
páginas de una fantasmal enciclopedia
escrita por redactores conjeturales.
Los cuentos de Borges — admirables
por la maestría del arte literario con que
han sido realizados — reconocen un pro­
tagonista principal: las ideas metafísi­
cas del autor. El relato y el ejercicio
dialéctico se confunden, a menudo, en
ellos. Algunos personajes — el memo­
rioso Funes o Vincet Moon, el delator
de "La forma de la espada” — perdu­
ran, no obstante, como figuras vivientes
y cálidas en el sostenido intelectualismc
de Ficciones. Intelectualismo, por otra
parte, no exento de riesgos, porque su
predominio no suele lograrse sin el sa­
crificio de lo espontáneo y vital.
Borges ha afrontado con entereza ese
riesgo, permaneciendo fiel a sus prefe­
rencias íntimas, a sus convicciones y
limitaciones. Juzga que la literatura es,
en definitiva, arte verbal. Y por cierto
que en sus relatos sorprende la perfec­
ción del instrumento expresivo, sinuoso
y soslayado como las formas de su pen­
samiento. Un epíteto, un verbo, una
imagen ("una chusma de perros color
de luna emerge de los rosales negros” )
son suficientes para insinuar una atmós­
fera o apuntar una sugestión cargad:
de dramaticidad. Cada palabra en la
prosa de Borges — mejor dicho, en el
idioma de Borges — ofrece un sesgo úni­
co e inconfundible, un resplandor como
de luz que atravesando laberintos de
graduales espejos concentrara en un solc
foco su múltiple llama.

ma formas de entrañable desasosiego: "La
felicidad de llegar se apaga. No. No se­
rá la cancel de antaño, ni oiremos las
voces familiares acercarse tumultuosas,
ni nos apretarán los brazos inolvidables
de otros días. Entre ellos y éste de llega­
da está de pie el tiempo con su rostro
cegado. El no dice por qué. Nosotros no
sabemos por qué. Pero lo cierto es que el
regreso ha sido un desengaño. Nada de
lo que instintivamente esperábamos se ha
producido. Y, aun de pie, sintiendo el
calor de nuestra casa, mantenemos la ma­
leta a nuestro lado esperando partir quién
sabe con qué rumbo”. (Id ).
Con este tono elegiaco transcurre ca­
si todo el libro. Y no podía ser de otro
modo. El poeta ve su propia infancia y
en el develar transfísico del recuerdo só­
lo queda en pie la sombra de lo que ha
sido para no ser jamás: "¿Qué significa
este desamparado regocijo, esa incons­
ciencia de encuentros y esas desaparicio­
nes a las que no nos acostumbraremos
nunca?” (id.).
Exclamación de extraordinario pate­
tismo que marca el clima donde se mue­
ven esos hermosos cuentos que el autor
titula: "El niño sin lágrimas”, "Teoría
de los ojos cerrados”, "Ha cantado un
grillo”, "El muro”, etc., y cuyo refluir,
apenas insinuado o sugerido con maes­
tría, no ha sido superado, entre nosotros,
por cuanto se ha escrito en el género. Tan
sólo aquello inolvidable que Eduardo
Wilde llamó "Trini” puede compararse
—en cuanto a intensidad emocional se
refiere— con "Teoría de los ojos cerra­
dos”, por ejemplo. Y vaya esto en su elo­
gio, pues ya conocemos ¡a incomparable
ternura que Wilde puso en ese cuento,
verdadera pieza antológica nacional.
M A R TIN ALBERTO BONEO

ANTES QUE MUER AN
Por NORAH LANGE

A. G.

(E ditorial Losada)

'.mimiüsmmmmiimimmmmmiUinmüHimiimüiuummmii

D. H. Lawrenee: E L HOM BRE QUE M U R IO ............................ $ 3.50

ENTREABIERTA

Una do sus obras más singulares y profundas.

i

A lfred N orth W h iteh e ad : MODOS DE PENSAM IENTO

. . . . „ 4.50

Uno de k»s metafísicos máximos de nuestro tiempo. Una filosofía
renovadora y novísima.
Una novela genuinamente argentina, donde se describen con gran
relieve, características del vivir urbano hasta ahora poco tra­
tados por nuestros novelistas.

A zorín: LOS VALORES LITER A R IO S

.................................... „ 2.50

La maestría de Azorín en el arte ide revivir los clásicos y de
interpretar a los modernos se pone de relieve en este libro
capital.

R. M. Mac I v e r : COMUNIDAD - ESTUDIO SOCIOLOGICO . .
I

9 .—

Intento para establecer las leyes fundamentales de la vida social
por un gran sociólogo y profesor de ciencia política en la
Universidad de Toronio.
S

Lorenzo L uzuriaga ¡ REFORMA D E LA EDUCACION . . . .

4 .—

La educación .actual y la de postguerra examinadas por un auto­
rizado pedagogo.

A ristófanes: LAS AV ISPA S. LA PAZ. LAS AVES, (encuad)
,,
,,
,,
o
o
?&gt;
o (en rustica)

4 —
2 —

Tres obras que muestran el genio satírico y poético del más
'grande de los poetas cómicos de la antigüedad clásica.

M. A. Alien M aw e r: LOS VIK INGS .................................................

4 —

Jorgre Luis B orges: FIC CIO N ES .....................................................

4 —

M anuel P eyrou: LA ESPA DA DORM IDA ...................

3.50

Las expediciones, las luchas en. mar y tierra, tas costumbres y
la cultura de los célebre* navegantes y guerreros escandinavos

iPor fin en un solo volumen todos los cuentos de Borges.

Un muerto sin cara, un círculo de traidores, un arma invisible,
una luna ilusoria, la coartada de un muerto, un crimen dic­
tado por Shakespeare.

Editorial LOSADA S. A.
A L S I N A 1131

M I T R E 991

Buenos Aires

Rosario

A rg e n tina

C O L O N I A 1060

Montevideo

A v . O ’ H I G G I N S 259

Santiago de Chile
C h ile

Uruguay

___ ■

........ ■
-----------

Por GONZALEZ CARBALHO
(E d. E l A ten eo )

Isidoro S agüés: MAL DE CIUDAD ............................................. „ 4 —

RUEQUE, suspenso, y juglería de
la representación escrita que es el
libro, se encuentran en esta obra de Norah Lange. Y, algo muy hondo, arran­
cado de la vida, desarraigado del dolor
y sin embargo ya inerme como un traje
usado, una carta recibida, una frase pro­
nunciada tiempo atrás, el recuerdo. El
recuerdo colgado entre el pasado y pre­
sente como un estado intermedio entre
la vida y la muerte.
Del recuerdo nacieron Cuadernos de
Infancia, primera expresión de esa exis­
tencia, primera libertad para modificar
el pasado y transformarlo en una obra;
del recuerdo nace Antes que mueran,
expresión más cambiante, compleja, ex­
traña y acorde con las fuerzas concu­
rrentes que determinan la marcha de un
ser en el tiempo.
Poesía había en aquel libro de fresca
femineidad; poesía hay en éste, más, un
volcar múltiple las impresiones diversas
en su correspondiente forma ocurrente.
En uno, estaba el material según los cá­
nones, en el otro los cánones según las
experiencias. Por eso Antes que mueran
tiene una natural originalidad y Cuader­
nos de Infancia una originalidad previ­
sible, sin que esto implique objeción al­
guna, sino más bien un afán de diferen­
ciación.
La gracia, el toque, la belleza de es­
tos recuerdos surge de que ellos se nos
presentan con la misma insospechada sor­
presa que los actos y las palabras de
cada nuevo día hieren la sensibilidad,
aunque sean conocidos. Esto le adjudica
la virtud de una gran expansión que
abarca facetas del cotidiano vivir en in­
cursión descubridora.
Valgan pues estas pocas palabras para
dejar señalada la fecha de aparición de
este libro, fuera de toda calificación de
almanaque, en obra que es para varias
lecturas.

T

LA V EN TA N A

í A magia poética de González CarJ balho ha entreabierto una venta­
na a través de la cual penetra, alado, el
recuerdo de la infancia. Invasión sigi­
losa de niños claros, que el viento de la
noche empuja suavemente para iluminar
nuestro espíritu, tan propenso siempre
a recibir la inolvidable luz de su mejor
edad. Rumor de voces en la quietud de
patios familiares, juegos en bosques de
fábula y, por sobre todo, el vibrar ine­
fable de las maravillosas preguntas o de
las respuestas extrañamente adultas, que
sólo los niños tienen a flor de labio. Poeta
del recuerdo, el autor de La ventana en­
treabierta ha enraizado el árbol lírico
en su propia infancia y de ello nos da
su mejor fruto: este libro, hilvanado tan
sutilmente que todo él, a fuerza de ser
una absoluta aspiración de canto, parece
un poema: "Desde el horizonte, ya de
cara a nuestra ciudad, en la arrepentida
actitud del regreso, estamos sintiendo la
necesidad del abrazo. Una voz de ternu­
ra crece del íntimo silencio, saludando a
los seres y a las cosas que han gravitado
en nuestro corazón. Regocijado himno,
que anuncia el final del viaje y para el
cual no existen ausencias. As!, de pronto,
nos transporta a la infancia misma. Y al
pensar en la casa, punto terminal y so­
ñado, vemos aquella de tres grandes pa­
tios, de atemperadas habitaciones que co­
nocimos en la niñez. Y quizá hasta espe­
remos que salga a recibirnos el gran pe­
rro oscuro, de patas torpes, que se ex­
presaba gimiendo”. (De Evocación y
Prólogo).
Es el regreso. El doloroso regreso del
hombre ya maduro; y el reencuentro to­

A. D. K.

TRES GRACIAS
Por HÉCTOR RENÉ LAFLEUR
(E diciones Siglo V e in te )

A ventana mágica, editado en 1942,
había descubierto a un narrador
que conjugaba en su producción, una vi­
sión de nuestra, realidad ciudadana, un
alzado vuelo poético, un sentido para el
enfoque de sus tramas. Tres Gracias co­
rrobora esas tres afirmaciones y una su­
peración manifiesta; su agudizada sen­
sibilidad capta más matices, su sólida
cultura
inquieta búsqueda — trascien­
de de esa prosa aun más depurada, y la
intención recta — fruto de la reflexión
de los problemas que nos acosan — está
presente en la atmósfera de esos relatos,
en las palabras que resuenan con el eco
del drama de esta hora (dado advertirlo
en "Fábulas contra el fragor de los días”
y "Tierra, mala tierra” ) aunque nada
más alejado de su intención última que
expresar lo transitorio, sino la definitiva
belleza que encierran las fuerzas de la
vida.

L

Lafleur es íntegramente el escritor
Lafleur, que en su calidad de hombre
escritor es el exponente de una realidad
cabal, conclusa dentro del mundo que
refleja. Pocas veces, muy pocas, encon­
tramos en la actualidad al hombre tan
responsable de su palabra, tan consustanciado con las necesidad de paliar el ar­
tista para que su condición no sea mo­
tivo de las invectivas propias de esta
época, y poder así cumplir su destino.
Entre los relatos cabe destacar el titu ­
lado "Lo de enfrente”, cuyo contenido
humano, extraído de una de las mil ca­
lles de Buenos Aires, tiene esa amplitud
de la que trascienden caracteres univer­
sales. Une a esto, la hábil técnica — di­
fícil de advertir— del doble relato que
va conformando en el ánimo del lector.
En "Noche de Reyes” toca un tema mu­
chas veces narrado que, sin embargo, ad­
quiere un cariz distinto, donde su pro­
sa poética, precisa una intensidad lírica
que lo señala como dechado de perfec­
ción. Así, se suceden los siete relatos que
componen este libro que bien señalaba
con su aparición uno de los años más
felices para la prosa de imaginación.
S. G.

EL BRUTO
Por ARTURO CERRETANI
(E diciones Feria)

E 1STA obra abre una perspectiva a
*—• nuestra narrativa, cuya carencia de
novelistas cada día se hace más patente.
Arturo Cerretani, con ese sentido de res­
ponsabilidad que da un destino, presenta
en su novela El Bruto, un encaramiento
con la realidad, con esa vida caudalosa
de hechos, de actos sin premeditación
que realizan la mayoría de las gentes de
la tierra.
Al volver del ambiente de ese mundo
de campo y fuerzas ineluctables, miste­
riosas pero sensibles — palpables casi — ,
el libro se recuerda con la fuerza de una
experiencia personal. Porque esta novela
despierta interés desde el comienzo, ab­
sorbe la atención por la sucesión de sus
concretos aconteceres, con su desarrollo
sobrio, perfectamente medido, y deja la
impresión de haber observado esos actos
descarnados que presenta el diario exis­
tir. Zelaya, su mujer y las personas que
los rodean, han pasado con sus vidas an­
te nuestros ojos, para seguir sus múlti­
ples existencias, sobrepasantes, de las
siempre limitadas referencias a las mis­
mas que puede dar una obra. Es decir,
queda la visión de esos hechos que el
libro nos ha relatado con los elementos
imprescindibles. Así, le basta una frase
para dar el total conocimiento de una
persona, y el relato del velatorio in absentis que las tías santiagueñas hacen con
(Sigue en la pág. 12)

�C O N T R A P U N T O

Pag. 12
(Viene de la pág. 11)
un muñeco vestido con las ropas de Zelaya para ayudar a morir al desaparecido,
y cómo la justicia comprende que está
"muerto” cuando queman la almohada
que hizo las veces del cuerpo de aquél,
para mostrar qué atmósfera rodea a los
personajes.

en relatos anteriores, de los que siempre
volveremos a recordar los que integran
Agosto febril, mágica representación de
trasmundos poéticos.
A. 4- /•

HOMBRES CAPACES
Por HECTOR EANDI
(E m ecé E ditores)

Américo FERNÁNDEZ COCRANE

LA LUNA SE H A H EC H O
C O N AGUA
Por ENRIQUE AMORIM
(E d ito ria l C laridad)

ROBABLEMENTE ningún otro ha
descrito nuestro campo como Amorim: en sus novelas, las mejores páginas
relatan la vida del campo criollo, la lu­
cha entre lo viejo y lo nuevo, el trigo,
el rastrojo, la peonada, los viejos capa­
taces, las curanderas y manosantas, los
potros y las yeguas en celo. Hasta el
último bichito chacarero merece la ter­
nura, la comprensión y la caricia de Amorim: las hormigas, las arañitas, las co­
madrejas.
En esta última novela hay páginas
magníficas, de belleza plástica, plenas
de sensualidad y terneza, cualidades t í ­
picas de Amorim. Merecen ser recorda­
das la escena inicial y la mágica visión
de Goyo en la Piedra Madre. Esta última
es — quizá— la mis hermosa y justi­
fica el juicio que alguna vez hiciera Francis de Miomandre en Les nouvelles littérarres: "La atmósfera en que se mue­
ven sus personajes es misteriosa, angus­
tiadora a menudo, rodeada de una mez­
cla de magia y de realismo que se acerca
al gusto naturalista. Si no se adivinara
ese ambiente soleado propio de las obras
sudamericanas, podría sostenerse que di­
cha atmósfera evoca con frecuencia la
de los admirables libros de Kafka. En
esos paisajes de sol flota una tristeza in­
sinuante e irresistible... El estilo de Amo­
rim no es tanto el de un cuentista o un
novelista como el de un poeta. Su prosa
es rica en imágenes, metáforas y alegorías
nuevas y exactas”.
E. S.

P

N libro nuestro cuyo tema es el
hombre y el campo y entre éstos
desplazándose el juego vario de las pa­
siones y los sentimientos, es siempre un
libro que propone reticencias. Reticen­
cias motivadas por un tipo de literatura
al cual una temática característica ha va­
ticinado sus propios límites objetivos ya
colmados por una insistencia de localis­
mos coloristas y repetidores, que fatiga­
ron su vigencia casi para siempre. Aludo
al tipo de literatura campero, entendien­
do por ello una de las expresiones pro­
pias de la idiosincrasia ríoplatense. El te­
ma del hombre de la campaña argentina
y uruguaya, su vida y su acontecer que
fluyen entre la bóveda de un cielo con
significados directos y la tierra vinculán­
dolo a todo su fermentario vital, ha pro­
ducido, es cierto, obras definitivas. (Bas­
te citar a Quiroga, Benito Lynch, Amo­
rim, para referirse concretamente a esa
expresión dada). Pero, por otro lado, una
empobrecedora retórica nutrida de pin­
toresquismo falsamente nacionalista, acu­
muló falsedades, tinieblas y mal gusto.
"Hombres Capaces” es un libro de
hombres de campo y de cosas del campo.
Está dentro de la ambición que tiende a

U

expresar la realidad sentimental y prác­
tica de un tipo definido de nuestra mo­
dalidad como país.
Apresurémosnos a decir que Eandi con­
sigue cabalmente la realización de esa
ambición. Nueve relatos integran este vo­
lumen, de los cuales lo que impresiona
en principio es una noble reciedumbre,
un tono de verdad limpia y simple que
considero es condición autentica de nues­
tro hombre de la campaña. (No así el
turbio destino de paisanos cuchilleros y
haraganes que le adjudica la antilitera­
tura campera). Eandi conoce a fondo al
hombre que habita nuestro campo —en
este caso nuestro campo inmediato— y
lo ubica con precisión notable entre las
cosas que forman su existencia. Su ima­
ginación y su sensibilidad de cuentista
extraen del suceso narrado el agudo ma­
tiz psicológico y la nota poética, dados
siempre dentro del ámbito sentimental,
emotivo, allí donde los sentimientos po­
seen un valor prístino y está indemne su
vigorosa dignidad humana.
Otro hecho están viviendo sus histo­
rias: el de aparecer de pronto, en el fluir
del relato de tono marcadamente natu­
ralista, una vaga luz de ensueño, un en­
foque distinto donde la realidad se re­
suelve poéticamente regida por una ima­
ginación finamente sensible. ("Perdido
en la claridad”, "Una tropilla de rua­
nos”, ilustran esta indicación).
Es preciso notar cómo el paisaje que
contiene a este hombre que vive en los
cuentos de Hombres Capaces, cobra una
realidad primordial, una presencia pode­
rosa en la que se confunden las bestias

EL SUEÑO DEL SEÑOR
ANDRÉS
De ALEJANDRO DENIS-KRAUSE
(L ib rería A ten e o , La Plata)

r \ E los hombres que imaginan es po' sible que sea el reino de la vida
plena, imperfecta pero maravillosa, du­
ra y cruel pero honda, de la vida en fin
que la criatura humana debe vivir como
un bien conquistado.
El sueño del señor Andrés es un re
lato levantado sobre andamios de lo real
y proyectado en los planos de la imagi­
nación. Vale decir, que allí están vi­
viendo las cosas que pertenecen al mun­
do cotidiano del hombre en función de
una realidad poética, en función de un
destino sólo explicable por la imagina­
ción creadora. Denis-Krause ha inventa­
do esta historia (esto es, vivió sensible­
mente una historia) con la estricta pro­
porción de realidad y de ensueño como
para ser reconocido en su mundo nues­
tro propio mundo. Sucede que al en­
trar en ese mundo que Denis-Krause no;
ofrece, reconocemos el transitado atribu­
lar cotidiano de nuestros pasos que mi­
den la anodinez de los días, su fina ma­
lla de sordideces, el repetido caer de las
cosas desde siempre. Pequeño ser desvaí­
do en el tono grisáceo de la vida ofici­
nesca, Andrés se parece a cada uno de
los hombres que conforman su existen­
cia en el lento morir rutinario de lo pre­
visible, del diario desmenuzarse sin gran­
deza y sin ilusión. Pero... (y aquí está
lo maravillosamente real) en esa marcha
algo nos detiene al borde de una grieta:
por allí se coló la franja sutil de una
luz extraña. Resulta que era nada menos
que la justificación de la anodinez, de
las sordideces, del incesante caer de las
cosas. Y por allí sentimos que se nos
va la vida por rumbos imprevisibles. Sí,
no la detengamos, que por grietas de lo­
cura o de sueño se nos va dando, manso,
el mundo en su congruencia, en su razón.
Denis-Krause, escritor perteneciente a
la generación que apenas pasa los treinta
años, confirma plenamente en este libro
su capacidad novelística, ya anticipada

La Imprenta López,
Perú 666, Buenos Aires,
es una organización completa
al

Su

servicio

participación

del

en

la

libro.

creación

de la i n d u s t r i a e d i t o r i a l a r g e n t i n a
ha s i d o d e c i s i v a : en c a l i d a d , nos
dicen nuestros clientes; en cantidad,
podemos

asegurarlo

nosotros.

Los

Libros

E PO P E Y A MINIMA (!)
De Toméis E nrique Briglia
“ Veinticuatro horas modulan el
cántico de todas las edades” . Dentro
de este círculo corto e infinito de las
horas, el poeta mide la grandeza de
una epopeya. Epopeya mínima, que
es como usar la voz heroica para can­
ta r el m undo de lo perecedero, el
m undo de cada momento. Del Lunes,
del Martes, del Miércoles, que B riglia
nos enumera.
E sta visión encerrada en el cami­
no de las veinticuatro horas hace cre­
cer el tiempo de lo cotidiano, que es
lo aparentem ente pequeño y fu g iti­
vo. B riglia logra muchas veces tam a­
ño intento. Pero su poema se resiente
con cierta superficialidad descripti­
va, ante tan complejo mundo de esen­
cias. Su apresuram iento conceptual
no siem pre le perm ite poseer el ob­
jeto, rozando la orgullosa intim idad
de las cosas.
E l poema, p or su destino heroico,
comienza con el nacimiento. Im áge­
nes apuradas hacen nacer el mundo
del día. Giran pensamientos y pala­
bras en remolino. Tinieblas y nebulo­
sas. Nace la rasa porque el poeta di­
ce: “ Y al vestir su color tuvo nombre
la ro sa” . E l m undo del día aun es
oscuro,

Briglia, que es un verdadero hom­
bre de su época, porque siente la ho­
ra cotidiana de su época, nos vuelca
la fuerza de los hechos en m a rc h a :
“ Inundaciones de bronce de la
[Historia
lamen sonoros destellos en las armas
[prestas.” ■
Su mundo nace con belleza. Con
hermosa imagen dice: “ —del m un­
do que tiene la estatu ra de los n i­
ños— ” . Igual la m añana de la epo­
peya diaria, m adre infinita, “ que si­
gue naciendo, creciendo, girando, pro­
digándose” .
B riglia es un poeta de hoy. angus­
tia viva y presente. Ahora exabrup­
tamente, intencionadam ente irrum pe
la ciudad. Y al referirse a su mons­
truoso cuerpo enumera con acento
autom ático:
“ Los trenes suburbanos,
las calles convergentes,
crepitantes subsuelos
y el capital humano en la guerra
[del trabajo”.
He aquí otra belleza implacable, la
inmersión constante de sus imágenes
en este tiem po nuestro de hombres
que sufren estructuras y destinos me­
cánicos y que B riglia expresa a s í:

“ Pasan turbios peces, reptiles como
[nubes
y nubes apacentando columnas de
[cenizas.”

“ M irad rodar hacia las tiendas, ta[üeres, oficinas,
la oscura m arejada del progreso;
displicentes soldados que respiran
[fraternal suerte común
con su trágica parcela de noticias.”

y las criaturas humanas como en un de­
signio de completud vital. Es decir, que
aquí el paisaje no ejerce una función de­
corativa o pintoresca, sino que, sin ser un
personaje más, aparece integrando la vida,
perteneciendo al destino. Adviértase esta
simple, sencillísima notación de un he­
cho en "Tierra cansada” : dos hombres y
una mujer llenan esta historia que cul­
mina en tragedia. La sangrienta y brus­
ca muerte los deja solos a los tres en el
mismo rancho, mientras afuera la vida
continúa, imperturbable: "Y entonces el
campo comenzó a avanzar hacia la casa.
A través del patio, antes tierra pisoteada
y desnuda, fueron adelantándose las guías
tentaculares de los zapallos, con los cá­
lices amarillos de sus flores, luego la miona de savia lechosa, la cicuta con su som­
brilla transparente, la quinea amarga, la
verdolaga carnosa, la gramilla; toda una
lenta invasión vegetal al asalto de la fu ­
tura tapera, donde ya los peludos, husmeadores de osamentas, hacían empezado
a cavar sus cuevas”.
Tierra cansada es uno de los mejo­
res cuentos del libro. Con él abre Eandi
su franco y confiado mundo donde la
tierra es la gran madre, infatigable en su
misión nutricia y protectora.
Pero sobre ella, en el ancho marco de
la naturaleza cargada por la torva tor­
menta del estío coincide también la acu­
mulación sorda de las pasiones huma­
nas que, al fin, en una sola preñez trági­
ca se desfoga en sangre brusca y en ríos
desbordados y avasallantes.

L a epopeya cuenta de la m adurez
del mediodía. Y de la tierra, “ que
extiende sus m anteles” . Sin em bar­
go, no puede olvidar la tristeza de los
agobiados, con el hogar sepultado en­
tre horarios y papeles;

Eandi trabaja con elementos que si
bien no se ejercen en función de origi­
nalidad, en cambio poseen el valor eter­
no de lo cotidiano en el drama del vivir
humano. El amor, la amistad, el valor,
el sentimiento de la tierra, la muerte, la
consustanciada raigambre del hombre a
las cosas de su medio comportan la ma­
teria de los relatos. Es así que varios
personajes claramente definidos se los
siente vivir, desplazarse sobre los planos
reales. Cumplen bien su destino de crear
una atmósfera que le es propia y que re­
fleja su verosimilitud.
Todo el libro está medido sobre una
unidad de estilo y de tema tan pareja que
más que relatos constreñidos sobre un
plano común, semejan una novela cuya
congruencia y agilidad es su primera
virtud.
"Perdido en la claridad”, "Tierra cansada”, "Luna en el rastrojo”, "Hombres
capaces”, "Una tropilla de ruanos”, son
cuentos de exacta construcción, de fina
sugerencia poética y de perdurable cali­
dad literaria sobre el conjunto.
HÉCTOR RENÉ LAFLEUR.

“ Pero hay comedores mercenarios;
y el ceño adusto del empleado
que agazapa su nostalgia hogareña
tras el diario,
tras la risa,
tras los vasos.
Y su destino elevado de poeta, lo
quiere también para los otros:
“ La. madurez del m undo quiere un
[designio más alto
y el hombre rompe la tregua
para conquistar grandeza,”
Declina el día heroico, sin embargo
no todo será cobardía en ese sacrifi­
cio del trab a jo :
“ E l ángel de la gracia
busca refugio en las plazas.”
E n la epopeya del día común. Día
entre cadenas de días, B riglia dice
con belleza:
“ E s el momento de llamar a la nos­
ta lg ia ,
de pedir a la nostalgia, su lágrim a.”
También está presente la noche, en
la cena del hogar. H asta que el sue­
ño con su párpado cansado cierra es­
te círculo de veinticuatro horas de
epopeya. Epopeya de dolor, sin rem e­
dio aun p a ra los hombres.
B riglia no podía d ejar a las lág ri­
mas seguir su insostenible destino.
P o r eso esta vez nos dice p a ra prom e­
ternos la alegría:
“ A lg u n a vez
se alzará una voz de plata en las can­
ta d a s riberas.
Y las estrellas reirán blancamente...”
Entonces será la tánica epopeya. Ni
grande ni pequeña.
F. G.1
(1) Ediciones Cosmorama, B. As., 1944.

LA YEGUA V E R D E (!)
De Marcel A ym é.
E n u na cu id ad a versión de Silves­
tre Otazú, la E d ito ria l F u tu ro ha
puesto en. circulación u n a de las no­
velas m ás ju g o sas de la lite ra tu ra
fran cesa contem poránea, cuyo au to r
(Sigue en Ja página 13)

�C O N T R A P U N T O

G ott erschuf Weísse und Schwarze
Sagte nicht, wer besser sei.
Schmerzen schickt er einerlei
Unter einem Kreuz für beide,
Doch dass man die Farben scheide,
Führte er das Licht herbei.

(Dios hizo al blanco y al negro
Sin declarar los mejores;
Les mandó iguales dolores
Bajo de una misma cruz;
Mas también hizo la luz
Pa distinguir los colores.)

E&gt;as Gesetz isc wie der Regen,
Niemals gleich für alie Leut’,
N ur wer nass davon wird, schreit,
Oder, dass ich’s sage besser:
Das Gesetz ist wie ein Messer,
Dem, der’s handhabt, tu t’s kein Leid.

(Es la ley como la lluvia:
Nunca puede ser pareja.;
El que la aguanta se queja,
Pero el asunto es sencillo:
La ley es como el cuchillo,
No ofende a quien la maneja.)

Eine Sonne, eine Welt
Und ein einziger Mond allein,
Also führte Gott die Zahlen
Nicht von sich aus bei uns ein.
Er, das Wesen aller Wesen,
Formte nur das eine Sand,
Alies andre kommt yom Menschen,
Der die Rechenkunst erfand.

(Uno es el sol, uno el mundo,
Sola y única es la luna.
Ansí han de saber que Dios
No crió cantidad ninguna:
El ser de todos los seres
Sólo formó la unidad;
Lo demás lo ha criao el hombre
Después que aprendió a contar.)

Bin wohl kein gelehrter Sanger,
Doch, beginn’ich einen Sang,
Lauft er endlos hin so lang,
Dass ich alt werd’unterm Singen.
Meine Stanzeln fliessen, dringen,
Wie der Quell am Bergeshang.

(Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando;
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.

Wenn ich zur Gitarre greife,
Rühret mich kein Mücklein an,
Zwingt mich nicht der stárkste Mann.
Wenn zum Sang die Brust ich weite,
Seufzt mit mir die dünne Saite
Und die dicke schluchzet bang.

i

Ya la m arm ita en el fuego, el D uende T ijeras nos ap ro p in cu a un
sabroso tasajo bibliográfico, tir a del lomo d e un suplem ento lite rario do­
m inical de uno de los conocidos como diarios “g ran d es”. D espáchase el es­
forzado perg eñ ad o r un lib rejo de pseudipoem as que puede in d istin tam en ­
te llam arse “Gemidos del alm a”, “Flores de m i vergel” o “Gotas del co ra­
zón”. Con delicadas pinzas esfuérzase a e x tra e r el “q uid” poético que
cualquiera de ta n prom etedores títu lo s anuncia. Después de en co n trar en
el dudoso cocido respeto p o r las form as clásicas — cosa constructiva, sin
du d a—, vuelo poético y o tras ap titu d es ascendentes y levantadoras, es­
cribe el m icrogacetílledo, poco m ás o m enos: “E l p o eta inicia su lin e o
vuelo. De pronto, a la o rilla de u n arroyo m urm urador, sorp ren d e una
avecilla. E x tra e entonces su bien tem p lad a lira, y en versos sonoros y
correctos d a salida a su estro, como resu ltad o de lo cual nos hace el
regalo de este prom etedor tom ito, que se im prim ió en los talleres de Fulánez Ig n o tu s”.
¡Oh, azarosos e irresponsables gacetilleros! Oh, facedores de chupi­
nes incomibles, frangolla dores de croniquillas cursicegatas. ¡Oh! ¿No so­
p la rá un buen h u racán que os b a rra con viento fresco? ¿Lo mismo es p a ­
ra vosotros el flam an te engendro doméstico del a u to r de “V ergel florido”
que la rebelde p rosa del alto y a veces in tra m ita b le Jam es Joyce?

i Es posible uno cinem aturgia? Sí, señores diablos, diablillos y diablones.
Sí, amables brujas, fantasmas, aparecidos y demás cofrades de los reinos del
Malo. Todo es posible en este Buenos Airéis, con los calares que estamos pdsando. Os digo que es posible una cinem aturgia y hasta una cinem aturgia
por partida doble. Véase, si no, el artículo que el señor Lessieux publica en
el periódico “ A cen to ”, en el número de junio de 1944, que tan frescam ente
plagia al que apareció bajo la firm a de Roger Plá, en el diario “ E l M undo,r,
con fecha 23 de febrero del mismo año. E ste señor Lessieux, parece que tiene
“ les y e u x ” bien abiertos y en cuanto ve agua que le viene bien para su molina,
no se anda con chicas. . .

Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman,
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se entona,
Llago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.)

Auf dem Land die Ungelehrten,
Die Gelehrten in der Stadt.
Ich bin auf dem Land geboren,
Und ich sing euch dergestalt
Bei den einen für die Ohren,
Und den andern den Gehalt.

(El campo es del inorante,
El pueblo del hombre estruido;
Yo que en el campo he nacido
Digo que mis cantos son
Para los unos... sonidos
Y para otros... intención.)

Noticia: Esta ejemplar traducción, be­
lla y precisa como el original, la debemos
a Karl Vossler, el distinguido romanista
alemán; nuestro Martín Fierro es co­
mentado sagazmente en su conferencia
sobre "La vida espiritual en Sudamén-

ca”. Los fragmentos que aparecen en el
espejo se tomaron de la versión caste­
llana que de la mencionada conferencia
realizó el Instituto de Filología de la Fa­
cultad de Filosofía y Letras de Buenos
Aires en 1935.
Tris tan Fernández.

Insisten poetillas esdrújulos en apropiarse del arsenal poético de]
grande N eruda. Lo que en el hum ano au to r de “Residencia en la tie rra ”
es hom bría en profundidad, en sus malos rem edadores resu lta telen p in ­
tado con efectismos apocalípticos, angustia “all uso”, gesto forzado de
comediante. ¡A decir la verdad, señores! Si oscuram ente, con la e n tra ­
ñable oscuridad de lo natu ralm en te oscuro. Pero nada de nubarrones de
u tile r ía ...

Las gacetillas de los diarios “g ran d es” son malas, es cierto, pero las
de “Mundo A rgentino” son p e o r e s ... ¿Qué hipogrifo fabuloso, m inotauro
increíble o unicornio fláccido pergeña —y con cuál de las ¡patas— los des­
cosidos renglones de la b ibliografía que gobierna? Con ánimo alegre des­
pacha nom bres y distribuye lápidas, lo mismo que lev an ta altares p a ra sus
idoMllos de aserrín. Del grande J u a n Ram ón Jim énez dice en el N° 1734,
del 12 de abril del año pasado: “Hemos leído algunos poemas que son
ininteligibles, verdaderos enigmas, acertijos que desorientan y que h asta
hacer pensar en la decadencia del poeta”. ¡Oh, execrable ejem plo de chorliescriba macrocéfalo! ¿A qué género pertenece el paleolítico y e stra tifi­
cado ejem plar que “M undo A rgentino” reserv a p a ra a b a rca r con su petro caletre el vario m undo de los libros que caen bajo sus cascos? ¡Res­
ponded, oh, siglos! ¡ Hablad, oráculos! . . .

■m

Y ? '
LA

YEGUA VERDE
(Viene ie la página 12)
era desconocido hasta hoy p a ra el
público de h ab la castellana. M arcel
Aymé, el au to r de L a Y egua V erde
(La Ju m en t v e rt), tiene en esta
obra u n a de sus más felices realiza­
ciones. D entro de un m arco de pro­
vincia, con un trasfondo' de sátira
que no abandona nunca una bonhomía y u n a cordialidad p rofunda­
mente hum ana se desarrolla la vida
diaria de una aldehuela francesa,
de cuyo relato se encarga una yegua
llevada un día al lienzo por u n p in ­
tor, que al realizar este cuadro hizo
coa él el talism án de una fam ilia—
los H audouin— cuya historia des­
em peña el papel protagónico del li­
bro. E l buen hum or, y una frescura

del lenguaje sim plem ente asombro­
sa, hacen de Ayuné un tipo de escri­
to r jocundo, agudísimo en la obser­
vación y con u n a enorme habilidad
p a ra destacar el ¡aspecto grotesco
de las cosas, hechos que justifican
sobradam ente el nom bre de R abelais
que la crítica francesa ha recorda­
do casi unánim em ente al com entar
su obra. Los re trato s de hombres,
m ujeres y niños, son vivientes y rea­
les. L a inspiración burlesca, susten­
tad a como en Rabelais sobre un
fondo de sana y franca sensualidad,
no am engua un solo momento, m an­
teniendo el interés de la novela has­
ta la página final, a la que el lector
llega con la sensación de haberse re­
juvenecido en un baño saludable de
sencillez y de hum anidad. L a Yegua

Verde, que desde el marco1 de su
cuadro observa y relata la historia
de la fam ilia Houdouin, opone la
sim plicidad sin malicia de su salud
instintiva a la sofocada y tu rb ia se­
xualidad de estas criatu ras defor­
m adas por la censura del prejuicio
y de la superstición, realzando el
relato con relieves hum orísticos de
franca alegría, en donde el humor,
si bien llega a veces a la carcajada,
no la produce nunca de modo su­
perficial. Un libro, en suma, cuya
divulgación en nuestro idioma es
un acierto — ahora, que se edita tan ­
to sin discrim inación— y que cons­
tituye una de las expresiones más
recientes de la joven lite ratu ra fra n ­
cesa. — R- P.
1) Editorial Futuro, B. Airea, 1944.

___

E n un rincón de los Quintos Infiernos, el Diablo Cojuelo tiene su
bohardilla de la que ha sacado telarañas, escobas viejas, poemas deshila­
cliados, prosas cojitrancas y ensayos aguachentos. Los objetos inservibles
irán a un archivo sombrío donde se cuelan lluvias lústrales y ejem plarizadores m ohos. S erá éste el altillo de los trastos. P ronto irán algunas m ues­
tras de la lim pieza. H asta entonces, entre un vaho sulfuroso, el Diablo
Cojuelo se despide con un grande y diablísimo som brerazo.

Lencerí a

CA

FEMENIL

AJUARES

Av. Roque Sáenz Peña 975
BUENOS

Se)

Carlos Pellegrini 930
AIRES

�C O N T R A P U N T O

Pag. 14
AFORI STI CA

“El L a d r ó n

Rotación

Arcana

P o r

LUI S

GIL

Una Magnífica Colección de

BIOGRAFIAS DE AYER Y DE HOY
FR A N C IS C O M A D R ID :

S A L G U E R O

L a v id a a l t i v a de V a lle - ln c lá n

Ene. te la $ 10.—

B E R T A E. P A U L I : A l f r e d o N o b e l: Rey de la d in a m it a 10

A r q u it e o t o de la Paz ........................

(ADVENIMIENTO DE LA FORMA.)
El sentimiento de la belleza no llega al espectador si no eliminamos los mo­
mentos inciertos y vagarosos de la forma. Pero, para el creador, sí, llega, trémula,
inesperada, aliada a lo desconocido.

E. M. B U T L E R :
RACKHAM

R a in e r M a r ía R l l k e

HOLT:

...............................

12. -

George W á s h in g t o n C a r v e r .........

13.13-

H E N R Y S E I D E L C A N B Y : T h o r e a u ...........................
K L A U S M A N N : A n d r ó Glde .....................................................

(ADENTRO DE LAS CAUSAS.)

La C o le cción D ébora

la unidad que más se siente, la más íntima, la más trabajadora y continua,
es la del hombre insondable en la actividad y el empleo de sus fuerzas plásticas de
encarnación de lo perdidá, y de la figuración de lo por venir

publica

la m ejor

novelística

act ual

E R S K I N E C A L D W E L L : A to d a m á q u in a r u m b o a S m o le n s k o

(UNIVERSO CORPÓREO.)

HELEN

M A C I N N E S : C ita co n el p e lig ro

.................................

J A M E S A L D R I D G E : F ir m a d o con su h o n o r ...............................

Sólo la poesía, la imaginación y la memoria, pueden hallar de nuevo el sentido
de excitabilidad que mueve el orden plástico del espíritu e interpreta la apariencia
como una variación elemental en el universo corpóreo.
(ACOMODADO AL MODO DE LA GRANDEZA.)
Y, acaso, no hay sistema de la existencia, ni hombre en general, — ni adquisi­
ción temporal de un contenido metafísico: hay un pluralismo de lo divino, de las
personalidades, de las ideas, de los seres. La tragedia, la intensificación en la dificul­
tad,— la conciencia que se reitera y afirma y niega en actos sucesivos de reflexión;
de crítica que recupera al sujeto, de crítica que lo pict'de; de sentimiento que clama
por lo posible y que se abraza a lo perdido. Hay el movimiento de la personalidad que
quiere acomodarse al ser, definir lo posible y no perder la realidad.
¿No es por ello mismo, toda filosofía, una exploración que no cesa, una tarea
ininterrumpida?

..-

12

Ene.
ii
n

$ 5.—
a 6.
a 6.—

1 S T V A N T A M A S : El S a r g e n to N ic o lá s ..........................................

..

JOHN

„

„ 6.—

F A U L K N E R : A lg o d ó n de a d ó la r .....................................

S IN C L A IR L E W IS :

Gideon P la n is h ................................................

6.—

M

II

K O S T A T O D O R O V : Fuego en los B a l c a n e s .................................

„

„

7—

D O R O T H Y M A C A R D L E : S o m b ra s del m al .................................

n

ii

6»

T o r m e n t a ................................................

n

a 6.

E D U A R D O B O R R A S : Un t a l A d o lf o H i t l e r ...............................

„

„ 6—

G E O R G E R. S T E W A R T :

7.

C o le cció n Ensayos
E L I E F A U R E : D e s c u b r im ie n t o del A r c h ip ié la g o .................................

$

7.-

P A B L O R O JAS P A Z : Cada c u a l y su m u n d o ..........................................

„

5.-

THOMAS MANN:

„

6.-

F re u d , Goethe, W a g n e r , T o ls t o i .............................

(TERRENAL.)
La espiritualidad de acento profundo, se denota en la actuación, en la obediertíia lúgubre que dispensa a los objetos.

Colección Críticos e Historiadores
de A r t e

ESPÍRITUS.)
La lentitud de formarse, es un misterio; mayor en los espíritus aéreos y atraídos.

J U L I O E. P A Y R Ó : A n d r é L h o t e .........................................................

6.6.7.7.-

R A M O N G O M E Z DE L A S E R N A : O sca r W ild e

8-

R A M O N G O M E Z DE L A S E R N A : J o h n R u s k in ........................
LORENZO V A R E L A :

(JÚBILO CORPÓREO.)
La poesía es una corporeidad. Agitada, aérea, viene en el hálito, apenas fun­
dando un cielo de alegrías corpóreas y extensibles.
(GRACIA DEL NUMEN.)
Para que la filosofía alcance lo concreto, la poesía debe tenderle la mano.
(EN LA ESFERA DE LOS CAMBIOS.)
El artista avanza hacia el conocimiento de las causas que dan en el descubri­
miento de las fuerzas plásticas de encarnaríón y remoción arcana de la identidad.
(CANTO ESCONDIDO.)
La gratitud que dispensamos a la vida, canta desde un sitio agradable y secreto
de la memoria.
(EL MISTERIO, UN NUMEN.)
La genialidad — es una poderosa fuerza individualizadora, vehemencial;— ar­
doroso, sólo el misterio puede alentarla.
(NO HAY PAZ PARA CREAR.)
Para crear — se requeriría la calma; la calma sería como una frescura venida
del sueño.
(EN LA ESFERA DE LOS CAMBIOS.)
Se diría que, en el acto de crear, se manifiesta una tímida necesidad de orien­
tación de la existencia.
(ORBE ATRAÍDO.)

C h a rle s B a u d e la ir e

Ene.

...................................

RO G ER P L A : De nis D id e r o t ................................................................
......................

„

LOS VOLUMENES DE ESTA COLECCION
ESTAN PROFUSAMENTE ILUSTRADOS

P id a estos libros a las buenas lib rerías o a la

EDI TORI AL

P O S EI D O N

☆

P
3A I R E S
BE
UR
EU
N O9
S7
(PIENSO EN GIDE.)

Sin duda hay, en Gide, como en Goethe, una búsqueda, una apropiación de
la forma. Pero, en él, la riqueza vertible de la subjetividad constituye siempre una
rebosadura, como su propia trascendencia y, al mismo tiempo, un movimiento que
intenta volver a la vida. Tiene un yo inalienable, y la vida perdida, y la que llegará,
sirven a su desarrollo. Pocas veces un escritor estuvo más amparado por su excita­
bilidad y hondura y por su transparencia.
(FORMA DE LA DELICADEZA.)
La más tierna, la más fugaz — la más intrépida y tímida forma del alma que
pusimos y alzamos ante lo eterno— es la apariencia. Nacida en núestro corazón, hi­
ja aérea y temblorosa de la emoción humana —inconsistente— por un momento,
desafía al arrebato de la eternidad.
(CUIDADO SUPREMO.)
Una desviación en la naturaleza utilizando los modos superiores del espíritu,
he ahí la originalidad.
(INTERVALO COLMADO.)

La imagen es extática: un mundo en lo desconocido; un orbe tembloroso; una
identidad que querría eternizarse; una fidelidad que no quiere .olvidar la apariencia.

La dificultad, para el creador, se halla en el momento del pasaje en que trans­
figura lo real y suscita su aparición, mientras él, eterno, puede infundirle propie­
dades vivientes y colmar el intervalo de la nada con el movimiento viviente del
desarrollo.

(DESTINO DE ESTRELLA.)

(EXPERIENCIA VERTIDA.)

Los elementos llegarán a ser un orbe en el sueño; una materia inextintiva y be­
llísima; un pensamiento de tierna y poderosa exaltación.

El, creador j amoroso, sabe el modo lúgubre, inarticidado de la sustancia, __
vierte un enternecimiento extraño, — una piedad envolvente,— una desesperación
que fulgura en el ámbito de la materia tristísima, solitaria, lenta.

(PIENSO EN GRACIÁN.)

(SUSCITACION ARCANA.)

No tuvo la poesía de las ideas. No escribió el proceso sintético que realiza la
vida que deja la brevedad como el aliento, como el suspiro de lo vivido, — como el
compendio de nuestras vidas ante lo eterno. El ingenio agoniza en el sentido. La
brevedad no es el alma de la sentencia.

El supremo hechizo para el hombre profundo, es tenerse como existencia de
aparición, — suscitarse arcano, remoto— efecto de la profundidad posible, por una
especie de logro continuo de creación personal.

(PIENSO EN MAX SCHELER.)

(SÍNTESIS DE LAS CAUSAS.)

Schcler ignora la reiteración, la pérdida, el retorno de la materia destruida,
tenue, como forma evanescente, en la emoción que recoge y retiene el esquema de
su huida; de la poesía vivida como sueño; de la fatalidad que vuelve — tierna—
blanda— como poesía y ¡realidad verdadera.

Si se pone el hombre en el centro de las fuerzas cósmicas, despierta, como es­
píritu, a trabajos infinitos, en el uso pródigo de sus intenciones plásticas y en el
uso vehemente de sus presentimientos de futuro evenir.
Enero de 1945. Montevideo.

.

de Niños

V

(Viene de la página 3)
tierno y puro. Pero el cuerpo e x tra ñ o de aque­
lla idea que un d ía apareció en ese corazón
am enaza el equilibrio de todo el sistem a de la
fam ilia.
La
realidad
responde desbordándose
tam bién. A fuera saben que el coronel adopta
niños y le traen otros. A hora viene u n pobre
hom bre que quiere salvar a su hija — tiene diez
y seis años— de la m iseria y de la madre c u ­
ya vida es algo que el padre dice al oído de
Biguá. E l coronel resiste. Pero no resiste. Aquel
padre — a quien el alcohol le ha sacado el em­
pleo y le ha p in ta d o la n a riz — se juega en­
tero : acariclia, ta n te a, envuelve y hasta fuerza
el corazón de Biguá com o u n la d ró n la com­
binación de una caja de caudales. Y a su vez
el coronel ha de convencer a la joven — con el
ingenio de la te rn u ra — para que acepte su
p rotección. Y después viene o tro m ás: el h e r­
m ano m ayor de aquel p rim er niño. Y después
viene o tra cosa peor: la te rn u ra de B iguá por
la joven. M arcela ha crecido dem asiado. El
«istema de la fam ilia tam balea. Se p re c ip ita n
sobre B iguá la esposa y la m adre. A cada m o­
m en to le tra e n tisanas, lo cepillan y en todas
form as lo llam an a su c en tro . P ero tam b ién se
pre c ip ita n los sentim ientos de M arcela — que a
su vez están am enazados de bifu rcarse— : la
preten d e el herm ano m ayor del p rim er niñoEntonces B iguá se hax:e fu e rte ; pero se hace
fu e rte en su debilidad: rechaza a todos por
M arcela. Y aq u í el coronel llega al p u n to mas
alejado de su c en tro . M arcela va al c u a rto del
coronel. El cree que sueña; pero está despierto
y absorbe toda aquella dicha inm ediata que es
M arcela y aquel sueño que ya va a realizarse.
P or lo p ro n to c o m binan el in sta n te de f u g a r­
se. El sentim ien to de a v en tu ra del Coronel ha
dado el m áxim o de elasticidad. U na p u n ta h a­
bía quedado atada al c e n tro de su p u re z a, en
plena fam ilia, ligado a una vieja te rn u ra , a una
vieja co stu m b re, a lo co n q u istad o por el h o m ­
bre civilizado; allí está el llam ado de la m a­
d re que debe h a b er quedado e n ce rrad o en a l­
g ún rin c ó n v ita l. La o tra p u n ta la ha ido es­
tira n d o M arcela. El ha llegado a v iv ir los ins­
tantes de m áxim a tensión pensando en ir a ra p ­
ta rla . Pero tiene que despedirse de su m adre
y de su esposa. N o c o ntaba con esto. Es ahora
que el sentim ien to de la a v en tu ra no resiste; se
rom pe del lado de M arcela y de rebote le da
ta n fu e rte latigazo que lo tra n s to rn a . E n to n ­
ces decide ahogarse en el Sena. Lo salvan. Pe­
ro él, delirando, tra e a p re ta d o en su m ano, ti
pa n ta ló n . M ientras este g ra n sím b o lo c h o rrea,
él lo blande y lo m uestra a su m ad re y a cu
esposa com o la c a rta de triu n fo del reproche.
El p a n ta ló n es el g ra n personaje de su delirio.
Desde el p rin c ip io de la obra h a y objetos,
que juegan presencias de personajes. É l biom bo
que el coronel tiene d e trá s c u an d o se esconde
para coser, parece u n ser que co n tem p la el si­
lencio afanoso en el que B iguá incuba la idea
del niñ o m ientras le prepara los ja n ta lo n c ito s .
E l biom bo está com plicado en aquel silencio con
c ualidad de ser. El som brero a fe rra d o a su ca­
beza es vio len tam en te defendido p o r sus m i­
nos c u an d o su esposa quiere sacárselo. C u an d o
viene la m ano de B iguá y le q u ita el som brero
y el biom bo, estos personajes a b an d o n a n el p ri­
m er p la n o ; pero apenas la m a d re se va, vuelven
apresuradam ente a pro teg er la cabeza donde está
la idea fiia, a esebnder la espalda encorvada
sobre la c o stu ra y a a p re ta r de nuevo el silencio
afanoso con ansiosa y cóm plice curiosidad. T a m ­
poco quiere irse del recu erd o el bigote que un
d ía se pone el n iñ o m en o r, los papeles escritos
que Biguá deja en los cajones donde sabe que
el niño m ay o r ha de m e te r las m anos. Y aquel
negro p iz a rró n que el negro sirv ien te lleva a
sus espaldas con las indicaciones que ha cscri-o
Bi(guá, pero que se tra n s fo rm a en p iz a rró n del
escándalo c u an d o lo escribe el niñ o m ayor.
Si p o r un lado en esta qbra, los objetos as­
p ira n a te n e r vida, p o r o tro las palabras aspi­
ra n a ser objetos. Ellas llegan n a tu ra lm e n te y
se h a n fo rm ad o con la espontaneidad de u n or­
ganism o hu m an o . El a u to r m e d e cía que él as­
piraba que las p alabras le llegaran o se le h ictieran. Y esta sabia paciencia nos da u n a con­
creción y una lealtad plástica poco c o m u n e s /
P o r eso el a c to r ha de ro d ear las palabras con
silencios, con expresiones y con el proceso que
requiere su c o n te n id o ;
porq u e antes de verlas
nacer, las vemos pensar y s u f r ir en el a cto r.
La acción de todos los personajes en esta
obra, está llena de m o vim ientos fugados. P ero
ta m b ié n e stán fugadas las voces de los senti­
m ientos de B iguá. En su in q u ie tu d vem os que
su c e n tro oscila so lic itad o p o r sen tim ien to s con­
tra rio s. Si p rim ero se decide p o r la ira, ya sa­
bemos que después v e n d rá la te rn u ra . Y asi
con m uchos otros. A l fin a l, c u an d o le ha f r a ­
casado hasta el suicidio, c u a n d o ha p e rd id o to ­
das las elasticidades y está recogido en su c u a rto
sin q u e re r salir, o c u rre el hech o inesperado que
de p ro n to enciende de nuevo aquella idea fija,
pone en m a rc h a sus m ejores sen tim ien to s y ’o
co n cib a c o n él m ism o y clon el m u n d o . A p a ­
rece M arcela que ha sido ab an d o n ad a p o r el
niñ o m a y o r” . P ero le da la n o ticia de que
es m adre. B iguá apenas tiene tie m p o de no creer
en sem ejante d icha. Ella le m u e stra una fo ­
to. El será abuelo. Se e n tre g a a u n a eu fo ria
vertiginosa. El aire se llena de p rendas in fa n ­
tiles que él va sacando de m uebles asom brados
con los cajones abiertos. D e sus ojos salen ch is­
pas que hacen c o m u n ic a r e n tre sí a todos los
países de su te m p e ra m en to , y el n u d o de su
idea .Jija se ablanda.
M ien tras o c u rre la h isto ria de esta idea, este
in q u ie to viajero de su m u n d o — m u n d o que a n ­
tes fu é m ovido p o r las pequeñas m anos de .m
n iño im aginado—-, nos pone el c o razó n al b o r­
de de los ojos, vem os su vida com o si fuera
la n u e stra y viajam os fa ta lm e n te a tra íd o s por
la m a g n itu d de su o b ra-

Enero de 1945, Montevideo.

�- —

—

Pág. 15

C O N T R A P U N T O

Aproximación a ia poesía de
Juan G. Ferreyra Basso

NOVEDADES LITERARIAS

P o r

L E O N

B E N A R O S

^ O N el desasosiego de las p la n ta s, c u an d o se
realizan en su lim pio destino, J u a n G . Fe­
rre y ra Basso ve crecer sin p az su ram aje poé­
tic o , cad a vez más seguro, m ás ajeno a toda
v a n id a d , más e n riq u ecid o y despojado.
E n tre las conquistas de la a ctu a l poesía a r ­
g e n tin a , el tiem po señalará, en m i g usto, tres
luceros de serena y p erm an en te lu z: son ellos
L u z de provincia, de C arlo s M a stro n a rd i; La
balada del rio Salado, de V ic en te B arbieri, y
Paisano m u e rto en el r io , de J u a n G . F errey ra
Basso.
El d a n to de este ú ltim o poeta tra z a u n se­
g u ro ru m b o desde sus dos p rim eros libros, R o sa de arcilla y La soledad poblada hasta E l m i­
neral, el á rbol, el caballo, co n el que o b tu v o
el prem io m u n ic ip a l de poesía co rresp o n d ien te
al añ o 1943.

I. — HOMBRE EN ACECHO
H o m b re en acecho: he a q u í una de las de­
fin icio n es q u e pueden fija r lo flu c tu a n te , lo
h u id iz o de la ex p licació n de u n a poética. T ra s ­
lad an d o el pro b lem a al o b jeto — sujeto, en este
caso, y dolido p ro ta g o n ista — , F errey ra Basso
ve n acer su c a n to de su h u m an a c ircu n stan cia.
A sí se espía del m ás tris te m odo, clon la más
desconsolada c e rtid u m b re , en la arcilla donde
estaba el n iñ o y desde la que el h o m b re se ele­
va:
P uedo decirles h o y co m o m e quise,
rubio m desvanecido de bondades,
buscando el rostro en la m ita d del pecho
y el fu e g o a llí d o nde com ienza el talle.
E l h o rrib le c recer de uñas y pelo le d an la
seg u rid ad de que, a q u í y ahora vive, en su
h u m a n a c o n d ició n . Se persigue, se au sc u lta sin
piedad. A n d o detrás de m í, sin descuidarm e,
dice. V uelve a m irarse de reojo en los cris­
tales, en los espejos d o nde las reflejadas im á ­
genes se a c u m u la n .
N in g ú n descuido, n in ­
g ú n p erd ó n es posible. E sta c ru el, esta te n e b ro ­
sa indagación lo sum erge en m undos m in u c io ­
sos y am argos. Es el M isterio, la M u erte, toda
la m u e rte , p ero reducida a su sistem a de p re ­
sagios com unes, a sus m ás m iserables exteriores,
a su acechanza en cu b ierta. A sí, la m u e rte se
d isfra z a de ra tó n noclturno, o de a rm a d u ra , o
de m usgo e n tre baúles, representaciones todas,
ev idencias del olvido.
E ste m o d o cru el adquiere, p b r g rav itació n de
los propios elem entos que m aneja, u n aire de
tru c u le n c ia m o rtu o ria en el p rim er lib ro del
poeta q u e nos ocupa. Sin dejar de in fo rm a r su
te m á tic a, el m o tiv o se c la rific a y alcanza su
lim pia cu lm in a ció n en El m ineral, el árbol, il
caballo. El poeta sale de la alcoba al cam po,
y el d ulce p am pero le ensancha las narices de
gozo. Sigue, sin em bargo, aclam ado p or la h ier­
ba u rg en te, p o r las in fin itas savias que desde
la sangre le d ic ta n y reclam an su pasado. En
su lim pia y u ltim a h u m ild a d , nada le queda
sino dejarse crecer, co m o la ín fim a h ierb a, so­
m eterse al p lan in fin ito , in te g ra r el ciclo sin
paz en que la vida se crea y se recrea, asistido
p o r la am istad, el am o r y la presencia del h i­
jo, tres ata d u ra s a la tie rra en que se goza su
c o ra z ó n y lo defienden de lo oscuro, del lla­
m ad o rem o to :
C o n tro la d o por lunes y crecientes
co m o los vegetales y el ganado,
re m o n to ya setiem bres y torcazas
co n la m u je r y el h ijo e n tre los brazos.
Si p u d iera darse u n a síntesis d efin id o ra, co­
rresp o n d e ría decir oue F errey ra Basso es un
poeta ab ru m a d o de vidas.

II. — LAS METAMORFOSIS
D ijim os alguna vez q u e las m etam orfosis des­
em p eñ an u n papel p rin c ip a lísim o en su canto.
A greguem os q u e no debe verse en ellas nin g ú n
fatigoso ni esfo rzad o proceso, esos sudores y a n ­
sias ostensibles que '•■ara m uchos resu ltan co n ­
dición coetánea e indispensable del cam bio. En
la poesía de F errey ra Basso las tra n sfo rm a c io ­
nes son tra n q u ila s y dulces. A parecen com o un
m anso asom bro, y, a fu erza de acostum brarse
a lo m aravilloso, ya ni com o éso. Es la equi­
vocación, el tra stru e q u e :
Puede estallar en
sin sorprenderse.
dónde term ina el
y c o m ien za n las

lágrim as o trinos
Y es que ya no sabe
aire de sus ojos
leguas del paisaje.

T odas las cosas
los seres del m u n d o , las
cosas vivas, sobre todo, conspiran c o n tra el poe­
ta, adosan su arcilla, esperan con paciencia f a ­
ta l la hora de ser en la carn e del destinado.
A sí los días llevan v tra e n su golpeado c o ra ­
zón, y su sólo goce es la soledad y el canto.
Su fu e n te es ta n generosa, que le basta clon ir
enum erando su circ u n stan c ia :
No me
buscan
B rizna,
juegan

alejo de m í porque las cosas
m i v o z, se encienden en m i sangre.
corcel o arteria de alegría:
su lu z: y o en tien d o sus mensajes.

H O R M I G O N

LIDICE, novela de Heinrich Mann. — Este gran maestro de las letras alemanas ha que­
rido escapar al tono doliente y al matiz angustioso para darnos una farsa, en la cual
sus personajes simbolizan la resistencia de un pueblo que no podía, no quería
morir. Gran formato. Encuadernado
$ 5.50
HEROES DE LA CIENCIA, de Sarah K. Bolton. — Biografías de Copérnico, Galileo,
Newton, Linneo, Herschel, Cuvier, Humboldt, Davy, Audubon, Faraday, LyellAgassiz, Darwin, Pasteur, Fabre, Lord Kelvin, Huxley, Edison, Curie, Marconi.
Gran formato. Encuadernado
5
EL GENIO, de Theodore Dreiser. — Esta novela —la más grande de su autor— no es
solamente el periplo de un artista, sino que es, al mismo tiempo, una enciclopedia
que sirve para interpretar toda una época de EE. UU. y de la civilización humana.
Un volumen de 632 páginas. Gran formato, lujosamente encuadernado $ 1 2 .—
DISTURBIO EN JULIO, de Erskine Caldwell. — El linchamiento de un negro, el an­
sia primitiva de los blancos lanzados a su cacería, novelado con una emoción pro­
funda y desgarrante. Un volumen encuadernado ............................. $ 5 - —
AL RQMPER EL ALBA, de F. C. Weiskopf. — Novela de guerrilleros checoeslovacos,
escrita con un aliento poético avasallante. Gran formato. Encuadernado $ 5 .
LAS CAMPANAS DE BASILEA, de Lotus Aragón. — Una visión extraordinaria del
París de preguerra. Gran formato. Encuadernado
6*

R igurosam ente fiel a su ser, ni las am argas
acechanzas ni las oblicuas señales a los inalejablcs augurios pueden lib ra rlo de su d u ro des­
tin o , sobrellevado c o n heroísm o sereno.

III. — TECNICA Y MODOS
N u e stra época hizo alguna vez gala de des­
p reciar la técnica lite ra ria , de dejarse llevar
p o r el g rito lim pio, sin m edida ni cálculo. Sin
em bargo, una apariencia de to ta l lib e rta d pue­
de o c u lta r los m ás trabajosos procedim ientos
literarios. F e rrey ra Basso no necesita despreciar­
los, porque los desborda. A lgunas m aneras de
su expresión parecen acercarse al gongorism o.
Ese ta n lim pio y gracioso m odo de alzar un
g e rundio en el ex tre m o del verso, es amorosa
frecuencia en el a u to r de Polifem o. E n F errey­
ra Basso se da algún ejem plo: en amapola y
larva decreciendo . . C onviene, sin em bargo,
a n o ta r de qué seguro m odo el poeta de Rosa de
arcilla se va despojando de todo lo lujoso para
acercarse ciada vez m ás al cotid ian o y p ro fu n ­
do estilo de la vida, y, m ás aún, de una vida
a rgentina, con la intensidad de lo u niversal, pe­
ro el color argentino. Esta lim pia desnudez es
ya visible en El m ineral, el árbol, el caballo.
H a sta entonces — con algunas m ínim as persis­
tencias actuales— , p o d ía n fo rm u larse en su
poética algunas leyes c o n stru ctiv as aplicadas con
repetida fidelidad. T am bién son caras a Ferreyra
Basso las an títesis, los procedim ientos de oposi­
ción de ideas, la sim e tría c o ncejtual (E j.: Para
estar y no estar y estar pasando). Agreguemos
los buscados sonsonetes, las rim as interiores, el
sabio m a rtilleo con que puede insinuarse una
obsesión, una persistencia doliente: oh, corazón
dolido y condolido; . que m e crece, enloquece
y ju s tific a . . .
A lgunos a y !, hondos gritos del alm a hispana
que atraviesan el a n tig u o dancíonero y resur­
gen de m odo pánico en la obra de Federico
G a rc ía Lorca, aparecen alguna vez en las com ­
posiciones del poeta oue nos ocupa, aunque
siem pre con el tono del propio desgarrón.
C iertas concesiones a la re ta b le ría , al p in to ­
resquism o, al juego de palabras por la gracia
que en sí enuncian, va deiando lugar a lo más
p ro fu n d o y despojado. P or a h í asoma el cora­
zó n del gallo veleteio. T am bién algunos a d m i­
rativos o h !, ta n asiduos en la poética ro m á n ti­
ca, que el p u d o r lite ra rio relegó al olvido y
n u estro dolido tiem po ha vuelto a restaurar,
aparecen en el canto, pero despojados de su
cáscjara sensiblera.
A gréguese a to d o ello la iro n ía, pero una
iro n ía inocente y dolida, que despunta en al­
gunos versos. Son referencias a esas pavorosas
creaciones de lo c u ltu ra l, las am argas adm inis­
traciones de que habla N c ru d a , el nú m ero sis­
te m á tic o , la c ifra exacta que encasilla al hom ber y lo sepulta. A sí c an ta una m u e rte a n ó n i­
m a:
T e ta s sobre las c uatro ruedas
— por a n te m i y a tantas fojas—
Solo el cochero y el jamelgo,
sola tu m u e rte en la carroza.
C om o otras presencias vitales, deben señalar­
se en Rosa de arcilla algunos testim onios de la
am arga anécdota de g uerra, que dem uestráíi ía
co n flu en cia en su can to del poeta y del hom ­
bre, y su m odo de ubicarse en la realidad de
su tiem po.
O tra s definiciones son su ingenuo m odo de
n o m b ra r por m om entos lo cotidiano, la lim pia
inocencia con
que habla de una fru te ra o tía
un buenos días, en esa zona donde el delirio
desnuda toda
retó rica y la concreción de los
objetos perm anece en su magia p rim itiva.
Pero estos
intentos de indagación deben so­
lam ente considerarse cam inos para una pro x i­
m idad, ya que los resortes secretos de toda
expresión poética sólo son em ocionalm ente a p r:hensibles.

Iy . — DIGRESION FINAL
Es esa fidelidad consigo mismo, ese sentido
del m u n d o com o rueda eterna, dom o ciclo sin
paz en que todo espera su tu rn o para ser y
renacer, lo que da consistencia y a rq u ite c tu ra
al sentido de la obra de J u a n G. Ferreyra Basso. Sin una noción o in tuición del plan del m u n ­
do, nin g ú n poeta puede d a r je ra rq u ía a lo que
c an ta, n o m b rar situando en el tiem po y en el
espacio, ju s tific a r su p a rtíc u la de c ria tu ra d i­
vina.
Los más seguros atrib u to s del poeta se dan
en J u a n G. F errey ra Basso, y ju n to a o tras vo­
ces nuevas que el tiem po no abatirá, su poesia
es ya h onor y honra de las letras argentinas-

A R M A D O

Oficina Técnica: PELEGRIN VACAS - PEHUAJO
LEY 40 48 - PROVINCIA DE BUENOS AIRES
A cargo del Ing. Civ. Atilio Darío Radaelli
U . T . 33 - 4682 — C A P IT A L

_______Kh.¿k

EN TODAS LAS LIBRERIAS

Editorial

FUTURO

JOSE E. URIBURU 131 — U. T. 48-6110/5878 — BUENOS AIRES

LO QUE ES Y
LO QUE NO ES
I ) . — C o n t r a pu n t o entiende la c ríti­
ca como una contribución a la
obra creadora. Su actitud es de
carácter positivo, su voluntad es
valorizar lo que cree no está de­
bidamente valorizado, su ambi­
ción supone una realidad cuyo
fru to sea un orden de serena tras­
cendencia.

*
I I ) .—C ontrapunto no es un periódico
de política, pero sus redactores y
colaboradores, ante el litigio que
en el orden universal divide a los
hombres en dos bandos precisos—
aquellos nazifascistas que renie­
gan de la cordialidad humana y
confiesan apoyarse en un deseo de
estructurar el mundo sobre la
hostilidad, y aquellos que, desde
la derecha a la izquierda mantie­
nen la cordialidad humana y lu­
chan contra el mito hitleriano,—
se identifican con las fuerzas de
la democracia, suponiendo que su
condición de escritores no se res­
tringe sino que se enriquece con
una manifiesta posición en este
sentido.

*
III) .—Como los redactores de C ontra ­
son personas que desde su
oficio de escritores no tienen
"compromisos literarios” con na­
die, y sólo creen en la honrada la­
bor de "irse escribiendo” para es­
cribir a los demás, irán denun­
ciando sin fastidio y con proliji­
dad: la mentira organizada, el
"b lu ff” de moda, la audacia tre­
padora, la menuda política de elo­
gios vacuos y la alevosía del bru­
lote resentido; lacras todas de fe­
liz proliferación en nuestro me­
dio.
pu n to

*
IV ) .—En entregas venideras, C ontra ­
irá realizando su propósi­
to de valorización y actualiza­
ción de figuras de nuestro pasado
inmediato y de nuestro presente
en las que cree se hallan los au­
ténticos designios de nuestra lite­
ratura.
pu n to

*
V ).—A cuantos estuvieran de acuerdo
con la posición de C ontrapun ­
to , se les invita a colaborar en sus
páginas.

Los relatos torturantes
de Denis-Krause
P o r

J OSE

A N T O N I O

R U A N D O hace poco m ás de u n año cayó en
nuestras m anos el m anojo de sueños de A gosto
Febril, n o pudim os sustraernos a la im posición
de su le c tu ra y luego, a la fu erza arrolladora
de sus vocablos, de sus frases y situaciones len­
tas y tam bién "fe b riles’*.
Denis K rause fu é entonces para nosotros algo
más que u n ho m b re que sabe decir herm osas
frases y que ríe endem oniadam ente a m edida que
desliza sus palabras. D e aquel ro stro anguloso—
que poco antes habíam os conocido— , siem pre
ilum inado por u n rayo de te rre n a felicidad — a
veces la dicha terren al es sim ple re frac c ió n de
la anhelada v e n tu ra espiritual— , de aquellas
palabras vertidas pausada y graciosam ente, poco
dejó en nosotros el reduerdo — el tiem po— y esa
m em oria de su calidad despertó con fuerza in ­
sospechada al hojear las breves y densas páginas
de su plaqueta.
A quí Denis K rause fu é algo más que un
hom bre ingenioso y espontáneo; surgía ya, de
cada una de sus páginas, esa inevitable calidad
que no pueden disim ular los ilum inados. Y el
escritor-poeta (am bos géneros se fu n d e n y com ­
plem entan en él) se nos presentó com o u n ilu ­
m inado por el a rte , puliendo im placablem ente
sus figuras, zigzagueando e n tre el m u n d o de
•lo real y la irrealidad m ism a, tem eroso de lle­
gar a ser un fantasista p u ro o u n im presionista
literario.
D e ese a n d ar por cam inos por él m ism o tra z a ­
dos, com o abriendo picada en la m araña vege­
tal de lo hoy escrito — que no es siem pre lo
hoy sentido— , la fe y el estilo del a u to r salen
robustecidos.
A hora, tra s el am ago genial de A gosto Febril,
en el que n o quiso decirnos todas sus palabras
ni abrirnos todos sus secretos, El sueño del se­
ñor A ndrés se nos aparece com o una sublim a­
ción de las anteriores dualidades y u n inten to
serio de abordar el relato desde su esencia m is­
ma, sin concesiones de ninguna especie, con algo
de esa im perturbable inexorabilidad del juez que
se rem ite al c e n tro v ita l qe los hechos y las co­
sas, sin conceder v alor a lo secundario ni dete­
nerse en lo superfluo y vacuo.
O rien tad o su relato en ese sentido, D enis K ra u ­
se logra con el re tra to del Sr. A ndrés finas y
dignas páginas; hay en su esbozo rasgos n o ta ­
bilísim os y el pequeño hom brecillo que ha te ­
nido siem pre "u n a perfecta existencia de reloj,
cuya única posibilidad es que deje de a n d ar” , se
nos presenta cromo u n ejem plo típ ic o del in d i­
viduo vegetativo que ha m odelado su existencia
de acuerdo a cánones fáciles y que sólo se con­
cede un derecho: esperar.
En esa filosofía fatalista reside ta l vez el ú n i­
co destello de fa n ta sía del Sr. A ndrés.
E sp íritu excesivam ente sim ple, el Sr. A ndrés
no es, pese a ello, un p ro d u c to de la im aginación.
H a y en la vida real, sem ioeultos en su propia
m ediocridad, en su irrita n te tim idez, m illares
de "A n d ré s” desdoblados y sufrientes, alucina­
dos en una espera in ú til.
Denis K rause llam a a esa espera, a ese a g u ar­
dar constante, m eta insospechada, "casu alid ad ” ;
nosotros intu im o s en la a rq u ite c tu ra sim ple y
llana del vocablo u n av atar del destino.

V I L A

PLA

Ese pasear de los sábados, h u y e n d o de las
dom pañías y los ruidos, buscando u n a relativa
soledad; ese co n te m p lar en sus paseos "lo s c h a r­
cos de 3gua reflejan d o las nubes, las luces” , vien­
do, en su to rtu ra d a im aginación (casi diríam os
en su b u ro c rá tic a m entalidad de " in v e n ta ria d o r” ) "las fachadas que presentan las cosas se­
g ún los d ía s” , ¿qué es sino otear la presencia, la
pervivencia del propio, calculado y exacto des­
tino?
Esa es la razón de su "q u ie to observar lo que
se tiene delante, com o en casa del ocu lista” , p o r­
que el destino, veleta al fin , ofrece d iariam ente
a sus ojos el balande de las horas pasadas y la
incógnita de las que se sucederán, com o en una
p izarra de escolar.
¿ H a y en ese esperar "la casualidad” , te m o r o
locura?
,
El m é rito que corresponde al a u to r es el de
hacer que E l sueño del señor A n d rés no pase
los lím ites de la fa n ta sía para caer en el r i­
d ículo. D e la alucinada existencia de su perso­
naje, nada se desprende que pueda d ar lu g a r a
esto ú ltim o , porque las cosas, en su dim ensión
e x tra -n a tu ra l h a n sido ta n inteligentem ente dosi­
ficadas que no exceden la verosim ilitud de la
historia.
Es im posible no darse c u en ta del duidado que
ha puesto D enis-K rause en cada línea. H a pesa­
do a conciencia cada vocablo; ha soñado tal vez,
en largas noches to rtu ra d a s , cada una de las
situaciones y así, el Sr. A ndrés, deja de ser u n
sim ple personaje, u n ho m b re de tin ta , para tra n s ­
form arse an te nuestros ojos en algo m aterial.
El a u to r ha c o rporizado sus sueños — que es
revivir la frase shakesper iann— y su ta le n to
no se pierde, bien que gana con ese encariñado
descarnar su alm a, h u rg a r su carne, ap rovechar
su esencia.
Y en ese co n stan te elaborar u n arquetipo,
ahondar, sum ergirse casi en el d ram a pequeño o
gran d e de sus personajes, el e sd iito r revela una
fina sensibilidad, capaz de re h u ir la p ostura ex­
quisita y de e n tre g a r la propia alm a al alma
del relato.
A esto m ism o — sin e n tra r en paralelism os de­
testables— nos tiene acostum brados K afka y re­
cordam os que en su "M eta m o rfo sis” asomaba
desde el personaje to rtu ra d o de G regorio — con
su d ram a áspero y laderantc— la propia to rtu ra
del a u to r, am argado y enferm o.
im aginam os por eso que la sonrisa ancha de
D enis-K rause se h abrá apagado poco a poco al
interiorizarnos del d ram a del Sr. A ndrés y que
cada página que nos acercaba m ás a la esperada
casualidad ’ ha de haberle significado u n dolo­
roso despliegue de activ id ad , porque o c u rre a ve­
ces que en los instantes m ás solemnes de la vida
o en las situaciones m ás rudas, las palabras se
niegan a tener u n sentido y suenan huecas y v a ­
nas, incapactes de a b arca r el c úm ulo de g ra n ­
deza o decadencia de una hora.
D enis Krause -*—dem oníaco a veces— pone fin
a su relato con no disim ulado alivio; el clim a
de sus propias páginas lo ahoga, porque, in q u ie­
tantes y extrañas, sus historias tienen la v irtu d
de m an ten er la te n te el interés, tensos los nervios,
aguzados los sentidos.

--

U-

■

�Pag. 16

C O N T RAP U N T O

M is ió n C u lt u r a l del T eatro L ib r e
r s T A M O S acostumbrados a
* considerar el movimiento de
los teatros independientes como
un esfuerzo de superación intelec­
tual de interés solamente para
una minoría de cultura ya for­
mada. Vinculando sus creaciones
a experiencias de otros países, el
teatro Ubre aparece, como expre­
sión pura, desligado de cualquier
propósito que no sea la formula­
ción de una idealidad definida
por su contenido y renovadora
en sus formas. Es una actitud de
la inteligencia, una posición esté­
tica y una definición artística.
Si bien este sentido es esencial
para asegurar su influencia sobre
nuestra época, quiero destacar
otro aspecto de su acción social,
de primordial importancia para
nuestro país y cuyas realizacio­
nes pueden lograrse paralelamen­
te a la construcción de una nue­
va dramática y a las manifesta­
ciones de mayor pureza artística.
La educación del hombre
El hombre es la característica
fundamental de la edad que vi­
vimos. El hombre como ser cons­
ciente de su misión y de su ac­
ción, partícipe activo en la obra
de superación.
La humanidad ha abandonado
el "menosprecio de las cualidades
humanas del hombre” — frase de
Huxley— según el cual era nada
más que una forma biológica, un
simple animal, para empezar a
verse, en todo caso, "como un ani­
mal muy peculiar y, en muchos
modos, único”. En este punto el
enigma de la condición y la pecu­
liaridad del hombre, la cuestión
de su destino, sale del campo de
la biología, y, confiesa el mismo
Eluxley, se llega a la obligación de
abandonar "el reexamen más c rí­
tico de su posición biológica para
dejar la soluciqn del problema al
historiador social”.
La educación es una de las for­
mas que han de contribuir a re­
solver el dilema. Tiene que pro­
ponerse formar un tipo humano
incorporando a su propia esencia
los valores artísticos y éticos, ex­
presión de nuestra época.
Pues bien, sin pretender hacer
una crítica de la escuela argenti­
na, ni de la extraordinaria ley
1420 — preciso es distinguir en­
tre escuela y enseñanza— es evi­
dente que la enseñanza en nues­
tro país no tiene en cuenta al
hombre. O por lo menos la que
debe ser nuestra visión actual del
hombre.
La enseñanza común y obliga­
toria se impuso como objetivo
destruir el caudillismo, introdu­
cir la civilización, imponer la
verdad democrática, mediante el
ejercicio de la razón aún por ele­
mentos rudimentarios. Fué una
creación llamada a hacer brotar
fuerzas de arraigo con la tierra
desolada y a definir una perso­
nalidad en un conglomerado he­
terogéneo.
H a cumplido, en este sentido,
una tarea de gran envergadura,

alfabetizando a millones de ar­
gentinos, dando conciencia de su
nación a poblaciones enteras. Co­
mo lo expresara el joven maestro
de la juventud, Américo Ghioldi,
en "Sarmiento, fundador de la
escuela popular”, "nuestra escue­
la enseñó a leer y escribir, liberó
a los hombres de la esclavitud de
los sentidos y de la memoria, pro­
pagó rudimentos de ciencia y
abrió caminos a las aptitudes para
el trabajo, la industria y la inves­
tigación, difundió una tabla de
valores de historia argentina que
atan por dentro la imaginación
de los argentinos; predicó la to­
lerancia por su poder fermenta­
tivo y fué libre y humanitaria,
huyendo siempre del fanatismo y
la opresión; propagó hábitos e
ideas de democracia constitucio­
nal que es hoy como el alma del
pueblo argentino; nuestra escuela
ha sido liberal como espejo y sím­
bolo de la vida colectiva que ha
sido siempre libre, humana, ex­
pansiva, generosa y abierta”.
Aun reconociendo esta acción,
necesario es apuntar algunas c rí­
ticas. Ese programa era adecuado
a la época de estructuración del
país, cuando había que fijar los
principios republicanos en un
medio caracterizado por la anar­
quía y en el que el levantamiento
de caudillos como Chumbita sólo
podían combatirse educando a las
nuevas generaciones. La escuela
era el medio de defensa — más
efectivo en el ejército de campa­
ña— en una extensión territorial
semi-desértica. Tendía también a
unificar en una misma concep­
ción nacional las culturas tan di­
versas de la corriente inmigrato­
ria depositada en nuestras playas.
Pero esta enseñanza, hoy, falla
al no entregarnos el "hombre
medio” culto. La escuela prim a­
ria, a la cual no concurren todos
los argentinos en edad escolar, y
cuyo ciclo no todos los asistentes
concluyen, se limita a enseñar las
cuatro reglas fundamentales de
la aritmética y a repasar algunas
lecturas.
En historia el conocimiento se
reduce todavía a anécdotas trivia­
les o conceptos erróneos, creyen­
do que la mente del educando no
puede penetrar la filosofía de la
historia si se le enseñara como
una vocación de la humanidad
hacia el perfeccionamiento.
Es decir, para esta enseñanza,
el hombre no es su elemento.

Po r
LEOPOLDO

LOPEZ

Queda un enorme porcentaje,
la casi totalidad, sin más instruc­
ción que la de la escuela primaria,
y una cantidad considerable de
analfabetos.
Planteo este angustioso proble­
ma y reclamo la más sagrada con­
sideración, pues estamos jugando
el porvenir cultural del pais, per­
mitiendo el desarrollo de genera­
ciones sin base cultural alguna.
Vamos a ver como es aún más
grave la situación. En un artícu­
lo que publicara en "Argentina
Libre” el profesor Ernesto Nelson hacía referencia a este desas­
tre, señalando además que sólo el
37 por ciento de los jóvenes en
edad escolar completaba su ins­
trucción primaria, y apenas un
8 por ciento concluía el ciclo de
la enseñanza secundaria. Puede,
entonces, sostenerse que menos de
un 10 por ciento de nuestra po­
blación de veinte años tiene una
cultura deficiente, como la que
se proporciona en los institutos
de enseñanza secundaria, donde lo
principal es "pasar el examen” y
no cumplir una vocación.
Esto ha hecho decir al profesor
Ghioldi en su libro " Política y Pe­
dagogía de la Juventud” que
"cuando con énfasis se habla de
la obra educativa de la Nación,
se quiere decir tan sólo que la
Nación gasta decenas y decenas
de millones de pesos en la educa­
ción de 110.000 jóvenes, por lo
tanto, un joven de cada diez de
15 a 19 años. Para los otros no
hay ningún esfuerzo formativo,

CONTRAPUNTO
LITERATURA - CRITICA - ARTE
C angallo 1219

59 Piso, dep. 22

T e lé f. 3 5-8278

Buenos A ires

Secretario:
H éctor René Lafleur
Redactores:
León Benarós
A rturo Cerretani
Alejandro Denis-Krause
Fernando Guibert
Raúl Lozza
Roger Pía
Sigfrido A. Radaelli

La tragedia de nuestra juventud
C O R R ESP O N SA LE S:

Ahora bien, por la propia li­
mitación de su ciclo, la escuela
primaria abandona la educación
de los muchachos a los 13 ó 14
años. ¿Cuál es el estado cultural
de nuestras jóvenes generaciones?
Según las estadísticas que pro­
porciona Alejandro E. Bunge, en
1938, entre los 15 y los 24 años,
inclusive, e s t á n comprendidas
2 .200.000 personas. De estos so­
lamente 25.415 son estudiantes
universitarios, y 116.000 entre
los 15 y los 19 años, asisten a las
aulas secundarias.

Prov. de Buenos Aires : J . G . F erreyra
Basso.

Prov. de Santa Fe: Leónidas G am bartes y
N é lid a

E sth e r O liva.

Prov. de M endoza : A lejan d ro Santa M a­
r ía C onill.

M ontevideo (U ruguay): Felisberto H e r­
nández.

Precio del ejem plar............... $ 0.40
Exterior ........................... dólar 0.15
Suscripción anual (en el país) $ 4.20
APARECE TODOS LOS MESES

ni estímulo intelectual, moral ni
social.”
De esta manera se van destru­
yendo las grandes fuerzas espiri­
tuales de nuestro pueblo, que,
afirmo, existen en su seno.
U na experiencia personal per­
mite hacer interesantes conside­
raciones.
En un establecimiento de en­
señanza de esta capital se ha cons­
tituido una biblioteca por los
alumnos y ex alumnos del mismo,
iniciándose también la publica­
ción de un periódico. Tarea que
puede repetirse en muchas par­
tes del país. Casi todos sus colaobradores son jóvenes menores de
diez y nueve años. Es decir que
en edad temprana se manifiesta
ya el acicate del conocimiento,
palpitando en sus corazones el
sentido de perfeccionamiento y
la ambición de educarse como
hombres. En un barrio obrero, sin
características especiales de cultu­
ra, en un tipo humano que puede
ser considerado el tipo medio de
nuestra póblación£ se encuentra
este núcleo, sin ninguna tarea es­
pecial de organización y recluta­
miento. Algunos de ellos escriben
sobre música, otros redactan
cuentos, quienes dibujan. Quiere
decir que nuestros muchachos de
14 años tienen todas las caracte­
rísticas de una mentalidad fres­
ca y vigorosa, abierta a las cosas
del espíritu, con anhelos de apren­
der.
¿Por cuáles caminos se pierden
esas posibilidades? Es lo que co­
rresponderá señalar alguna vez.
La función de los teatros libres
i

Delimitado ya el problema va­
mos a señalar como los teatros
libres pueden contribuir a salvar
lo mejor de la sensibilidad de
nuestro pueblo, realizando una
educación literaria y estética de
sano contenido.
Aun cuando tan sólo se favo­
recieran sus integrantes, dado el
gran numero de éstos, la obra se­
ría considerable. Se tendría una
cantidad de jóvenes dotados de
nuevos conocimientos y una sen­
sibilidad mas fina, pues es anti­
guo aquello de que nunca se apren­
de mejor de un autor dramático
que representando sus obras.

cripción, escribió el 20 de junio
de 1842, en "El Mercurio”, sobre
la importancia educadora del tea­
tro. Recomendaba a las autorida­
des facilitar la construcción dei
estos establecimientos, pues seña­
laba que el teatro sirve al público
como un liceo, criticando la indi­
ferencia oficial de entonces. (¡Y
hay quien dice que cambian los
tiempos!) .
El gran procer hacía un aná­
lisis del teatro francés y español,
afirmando las razones por las cua­
les eran los que debían difundir­
se entre nosotros. "El teatro es­
pañol, como el francés, trabaja
por destruir toda preocupación de
clases, toda tiranía, ya sea públi­
ca o doméstica, y elevar en su lu­
gar a la libertad individual del
uno y otro sexo, y en dar en la
sociedad la influencia y el lugar
que al mérito real corresponde.
Por esto y por mil otros puntos
de contacto de la literatura dra­
mática de la Francia o de la Es­
paña, que sigue hoy sus pasos en
el camino de su regeneración, con
nuestras necesidades, es que el tea­
tro es una verdadera escuela en
que por medio de los sentidos y
del corazón llegan a nuestro es­
píritu ideas que necesitamos para
la misma obra de regeneración de
nuestras costumbres. Preocupados
de esta influencia poderosa y vi­
tal que el teatro ejerce entre nos­
otros, haríamos voluntariamente
abstracción de otras consideracio­
nes a nuestro juicio secundarias,
si todas ellas no contribuyesen de
consuno a hacer de este espec­
táculo un resorte de moralidad
que no es parte a debilitar tal cual
ligera mancha, como todas las que
necesariamente empañan las me­
jores creaciones de la humana in­
teligencia.”

En ese m agnífico artículo, se
lamenta el procer pues "el teatro
yace a merced de especuladores
particulares.”

En una disertación pública, di­
je, no hace mucho, que estos "es­
peculadores particulares;” , debe­
rían ser sometidos a un proceso
criminal por la destrucción de un
elemento esencial de cultura, pa­
ra satisfacer sus intereses y rea­
lizar sus ganancias. H ubo quien
Pero también el público reci­ se alarmó por esa afirmación, cre­
be una educación que penetra yéndola expresión inútil de ex­
por sus ojos, con escenografía tremismo literario. Pero ahora,
adecuada, con la emoción de la efectuando un balance desde la
palabra bien dicha, con los tra ­ época en que Sarmiento, denun­
jes que iluminan la imaginación. ciaba ya esos vicios hasta el pre­
La Federación Argentina de sente, ¿qúé ha hecho el teatro
Teatros Independientes puede in­ "nacional” por la educación del
tentar en forma orgánica esta ta­ gusto estético del pueblo? ¿Acarea. Se cuenta para ello con e] sq sus mercaderes no han destrui­
entusiasmo de las agrupaciones, do fuentes de innegable gracia
con la colaboración de escritores para ganar algunos pesos?
y de artistas plásticos que figuran
Estos son los mismos que aho­
entre los mejores que el país posee. ra buscan trabas para los teatros
El campo para su desarrollo es todo independientes dispuestos a cum ­
el interior del país con sus gentes plir a conciencia su misión. Pero
sedientas de conocimientos.
tenemos fe en nuestras fuerzas.
Vamos a cum plir con la Fede­ Nos impele u n poder eterno y
ración Argentina de Teatros In ­ sabemos que en la A rgentina sólo
dependientes en este terreno, con el teatro libre puede realizar la
un mandato histórico. Domingo gran misión que el visonario Sar­
Faustino Sarmiento, en la pros­ miento también le asignaba.

a

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                <text>Fernández de la Fuente, Mario&#13;
Sábato, Ernesto&#13;
Superville, Jules&#13;
Hernández, Felisberto&#13;
Lawrence, David Herbert&#13;
Cerretani, Arturo&#13;
Pla, Roger&#13;
Eichelbaum, Samuel&#13;
Guibert, Fernando&#13;
Molina, Denis&#13;
Gil Salguero, Luis&#13;
Benaros, León&#13;
Vila Pla, José Antonio&#13;
López, Leopoldo&#13;
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                    <text>IZQUIERDA

“ El sangrador” , estudio de Guillermo Fació Hebequer
No. 4

20 cts.

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j■ E D I C I O N E S J . S A M E T
■
la
■
E n e m ig a
$ 3 .0 1 0
de la
■
En el Concurso Literario
Municipal de Buenos Aires:
C u ltu ra ?
m

P R E M IA D O

CON

U N IV E R S ID A D

He ahí el importante
problema que estudia el
Dr. C. Sánchez Viamonte
en :

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FRENTE A LA j
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SE REMITEN LIBRES DE GASTOS, A TODA LA AMERICA
■

por

T. A L L E N D E

IR A G O R R I

J. S A M E T , E d ito r - Av. de M a y o 1 2 4 2 - Bs. A ire s

■

�FUNDAGÓN ESPIGAS
ARCH. ALBERTO H. COLLAZO

IZQUIERDA
PUBLICACION

MENSUAL

Buenos Aires, A bril de 1928

Año I

Los intelectuales,
los obreros y los
hombres de acción.

No. 4

mana, la tiene. Esta ventaja tiene la in ­
teligencia sobre las otras cosas. Esta des­
ventaja tienen los intelectuales entre los
otros gremios. La. inteligencia es capaz de
Un día un obrero me dijo:
condenarse a sí misma, y el intelectual es
— A ustedes los intelectuales los va­
capaz de levantar testimonio contra su
mos a ahorcar, cuando hagamos la re­
propia vocación, profesión, oficio y
volución.
existencia. El intelectual se confiesa siem­
A mí no me tom ó de sorpresa lo que
aquel obrero me dijo. Era un hombre ro era mayor. Nuestro obrero era revo­ pre, y su confesión suele adquirir el to ­
estúpido, honrado y revolucionario; sen­ lucionario. Si los intelectuales le dieran, no y la traza del martirio. El señor Ba­
tía profundo desprecio por los intelec­ pongo por caso, hecha la revolución, él rrenechea, que es un intelectual puro, ha
tuales. No creía sino en la organización los echaría después de aceptarla, dicién- sentido sed de padecimiento. Se ha in/ fligido martirio, con gozo. Ha puesto de
obrera y en los obreros. Tenía el odio doles:
del bruto por la inteligencia y la des­
— Hermanos, gracias por la revolu­ infelices y canallas para abajo a los in ­
confianza del ignorante por el que sabe ción que me dan; ahora, largo de aquí: telectuales. Lo ha hecho mucho mejor
algo. Estaba convencido de que quien se jódanse ustedes, porque yo no les pedí que aquel obrero con quien concuerda en
empeña en saber algo, lo hace de puro que la hicieran. La pensaba hacer por mi sus opiniones. Porque lo ha hecho con
inteligencia.
picaro para embaucar a quien no sabe. cuenta.
Aquel obrero no creía capaz de ningu­
Cuando le dije, sonriendo, que si los in ­
Los obreros piensan hacer la revolu­
telectuales hacían la revolución con los ción por su cuenta. Hay algunos inte­ na acción social a los intelectuales, sino
obreros, no había razón para matarlos, lectuales que creen que eso es posible. sólo de sumisión. Parece mentira que
me respondió- exasperado:
Hay quien cree, por lo pronto, que la sea menester decirle ahora a Barrenechea,
— Sí, lo mismo habrá que acabar con inteligencia es cosa secundaria, y que sir­ lo que no valía la pena de decirle a
ellos, o echarlos a cualquier parte. Han ve de muy poco. Es un error. Por ejem­ aquel hombre, no porque fuese obrero,
servido siempre a los burgueses. Y son plo, el señor Barrenechea ha escrito un sino porque no quería entender: los me­
unos parásitos. Una sociedad obrera no libro, que, aunque se llama "Excelencia dios de acción del intelectual son de otra
necesitará intelectuales. ¡ Son un lujo y miseria de la inteligencia” , sólo mues­ naturaleza que los medios de acción, del
burgués!
tra la miseria de la inteligencia. El se­ hombre de acción. Pero, si se juzga por
Aseguro que estas palabras me las dijo ñor Barrenechea cree lo mismo que aquel los resultados, salvo el m uy raro caso de
un obrero. Me acordé de él, cuando leí obrero de mi cuento, y lo mismo que un puro hombre de acción, con genio,
en un ensayo de Gorki esta respuesta de aquel campesino ruso que le decía a el intelectual es al cabo mucho más
hombre de acción que el puro hom bre de
un campesino a un intelectual: (cito de G orki:
memoria, porque no tengo el libro a m a­
— Después de los frailes, hay que col­ acción. Así como la actividad intelectual
sea un escritor con ideas y con destreza
no; así que las palabras son mías, pero gar a los médicos y a los sabios.
el sentido es de Gorki) :
El señor Barrenechea, no está, por lo expresiva, es leído al cabo por mucho
----Hermano, ---- dijo el campesino —— visto, en mala compañía. Su opinión es mayor número de personas que las que
nosotros no les hemos pedido a ustedes que los intelectuales son. naturalmente, puede manejar el puro hom bre de ac­
que hicieran la revolución; la han hecho unos corrompidos. Escribe que siempre ción. La acción del puro hom bre de ac­
porque han querido; ahora aguántense.
han sido aduladores y alharaquientos sin ción es de momento. Actúa por acción
de presencia. Sus obras e instituciones,
Y no soltaba el trigo para la ciudad hacer jamás nada bueno.
cuando
él ha desaparecido, pueden o no
Su
argumentación
es
bastante
inorgá­
que sufría hambre. La revolución hecha
por los intelectuales, y los obreros inte- nica. Parece, por momentos, que si el hablar por él. Pueden ser mal usadas;
lectualizados de las ciudades, había pues­ intelectual hace míala vida y tiene m a­ porque los hechos dependen de las opi­
to el trigo y demás alimentos de Rusia las costumbres, es por culpa de nuestra niones, sino para ser producidos, para
en manos de los campesinos; pero los sociedad. Pero luego, en resumen, la con­ ser entendidos y aplicados.
La acción del intelectual se extiende en
campesinos no había pedido la revolu­ clusión es que todo el mal del intelec­
ción ; por eso no se tenían por obliga­ tual está en ser intelectual. Y o no voy el tiempo. No es de mero lugar y m o­
dos a alimentar las ciudades, ni a los a hacer la fácil broma de decirle a Ba­ mento. Gana más terreno porque dura
intelectuales, ni a los obreros que los rrenechea, que él ha hallado en su propia más: con la añadidura de un privilegio
habían sacado de la esclavitud. Aquel inteligencia la miseria de la inteligencia. que parece divino; en sus obras está
obrero argentino pensaba, en el fondo, Antes pienso lo contrario: que es una ex­ siempre presente el autor, al través de las
lo mismo que este campesino ruso de celencia de la inteligencia el poder seña­ edades. Ellas hablan por él. El es su pri­
Gorki. Pero la estupidez de nuestro obre- lar su miseria, que, como toda cosa h u ­ mer exégeta y su primer apóstol. Su
A m o al pu eblo, pero detesto
su estupidez.
'Zan gw ill.

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voz es directa. Su obra nace de su pen­
samiento, y como él escribe lo que pien­
sa, lo que deja escrito, eso es él; eso es
su obra. Su identidad con su obra es
más efectiva; su efecto es más prolon­
gado y más tradicional; por eso es más
firme.
El famoso anarquista Malatesta m o­
vió más hombres en el mundo con sus
simples folletos y cartillas, que con su
propia acción personal. Sus librejos eran
los mensajes intelectuales de un hombre
de acción. Muchas obras puramente in ­
telectuales de intelectuales puros, son
grandes obras de acción por los resulta­
dos. Así el famoso mensaje comunista
de Marx. Así las novelas de Dostoievski:
no por nada los rusos le dicen narodnic.
A cualquier rata de biblioteca o a cual­
quier gacetillero literario y metafórico no
se le ha de llamar intelectual; como no
se ha de llamar jurista a cualquier ave
negra ducho en chicanas. El señor Barrenechea piensa con Sorel, que la inteli­
gencia está al servicio de los impulsos.
Este pensamiento no es nuevo. Se halla
en Schopenhauer, en Vailünger; y ya
mucho antes de Schopenhauer. Se halla
después en todo el pragmatismo. Se halla
en Remy de Gourm ont y otros. Se ha­
lla en Bergson. De Bergson es discípulo
Sorel. De Sorel es discípulo Barrenechea.
Pero así como la tortuga no hubiese so­
brevivido sin su caparazón, así el hom ­
bre no hubiese sobrevivido sin su inteli­
gencia. El instinto, la intuición, los im ­
pulsos, son todas formas y extremos de
la inteligencia. La inteligencia la tiene el
hombre, no por lujo, sino necesariamen­
te para vivir. La inteligencia humana
jamás es desinteresada. Puede desintere­
sarse del individuo, mas no se desinte­
resa de la especie. El arte que parece una
de las formas más desinteresadas de la in­
teligencia intuitiva y constructiva, es uno
de los más profundos intereses de la es­
pecie, cuando la especie está en una edad
enérgica y en estado de fecundidad in ­
ventiva; es una de las formas organi­
zadoras y fijadoras del conocimiento; y
toda forma del conocimiento es una ga­
rantía y fortaleza de la existencia. ¿Que
los intelectuales suelen ser canallescos en
su conducta? No lo son por intelectua­
les. Lo son por hombres. No hay más
canallas entre los intelectuales que entre
los médicos y los abogados. Puede parecerlo porque los intelectuales se con­
fiesan más. Hay más canallas entre los
obreros que entre los intelectuales. No
los culpo por eso- sus desgracias tienen
para serlo. Los intelectuales se han trai­

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cionado a menudo a sí mismos como in ­
dividuos de clase, cuando han defendido
a los obreros. Los obreros han traiciona­
do mil veces más a los intelectuales que
los intelectuales a los obreros. Y aún
peor que eso: han traicionado las ideas
que en beneficio de los obreros y por
amor de la justicia produjeron aquellos
intelectuales. Los obreros son de todo
punto incapaces de hacer por sí mismos
una revolución. Lo que dice el señor Ba­
rrenechea, de que la salvación de la so­
ciedad depende de la sola acción obrera,
es infantil de puro torpe. Los obreros no
son capaces de hacer sino a lo más,
grandes motines y revueltas. La jaquede,
los pillajes de los Guex, las sublevacio­
nes de los campesinos en Alemania, con
Thomas Münzer, las turbulencias agres­
tes en Bohemia y en Rusia, allá por di­
ferentes épocas, el levantamiento de los
obreros en Italia ahora poco, cuando to ­
maron las fábricas; todas estas acciones
obreras, en distintos tiempos y ocasiones,
no añadieron ni quitaron nada al estado
social. Sólo trajeron crímenes, ruinas y
miseria. Les faltaba la dirección intelec­
tual para que fueran acciones construc­
tivas. Veamos el ejemplo de los obreros
en Italia cuando ocuparon las fábricas,
hace pocos años. Tuvieron en sus m a­
nos al gobierno, a la sociedad entera, el
ejécito estaba con ellos, o poco menos;
eran dueños de todas las vías de comu­
nicaciones: y no pudieron establecer su
gobierno en Italia; ni lo intentaron;
ver cidos por su ineptitud para organi­
zar, devolvieron las fábricas a sus amos.
Dejaron paso al fascismo. A los sindica­
listas de Itatlia les faltó dirección inte­
lectual. En Rusia hicieron la revolución
los intelectuales. Los intelectuales harán
la revolución en el m undo; o no la ha­
rá nadie. Puede ser que acaben siendo sus
víctimas. Pero esos son los riesgos del
oficio. Los intelectuales hicieron las dos
únicas grandes revoluciones de estos
tiempos: la revolución francesa y la re­
volución rusa. Los intelectuales hirieron
las grandes revoluciones de la antigüe­
dad. Moisés que hizo una revolución en
Egipto, fué también un intelectual. Cris­
to, si habló con parábolas y con frases
robadas del Antiguo Testamento, según
están asentadas en los. Evangelios, fué un
intelectual y un erudito de la ley, aun­
que no fué un esclavo de la letra. Por
intelectual de genio fué gran revolucio­
nario; ni lo fué tanto por la acción per­
sonal, cuanto por la acción intelectual.
En vano el señor Barrenechea acumula
datos para demostrar la miseria de los

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intelectuales al través de la historia. No
puede ofrecer tantos o más en contra de
todo lo que dice. Con los hechos me­
nudos y dispersos de la historia se puede
probar todo lo que se quiera en mate­
ria social y moral. No demuestran en
rigor nada. Sólo el cojunto de los he­
chos decisivos, los movimientos orga­
nizados, las épocas fundamentales, las
consecuencias radicales y los resultados
tradicionales de la historia demuestran,
con su serie y evolución, algo en pro o
en contra de una teoría. Al lado de un
Maquiavelo rabioso, amargado y descreí­
do, hay un Giordano Bruno que se h a­
ce quemar por sus ideas, y hay un Campanella que se pasa la vida en la cár­
cel. Sus ideas obran por ellos en el m un­
do. El oficio de la inteligencia, es según
el hombre. La inteligencia no hace peor
al individuo. Antes por inteligencia pue­
de hacerse el hombre mejor; si no por
el cambio de los impulsos, al menos por
la inhibición y disciplina estética de los
impulsos. La inteligencia eleva al hom ­
bre a una cierta armonía en la cual la
fealdad de las malas acciones y de la m a­
la vida, es, por discordante, a duras pe­
nas admitida; y si lo es, lo es con gran­
des torturas de la conciencia y con per­
turbaciones de la reflexión. La voz de
orden para que los obreros se unieran,
partió del intelectual Marx. Los que p ri­
mero trabajaron para organizar a los
obreros, fueron intelectuales y no obre­
ros. Babeuf y Lasalle eran tan intelec­
tuales como hombres de acción. U n in ­
telectual no es siempre un hombre de ac­
ción. Pero tampoco lo es siempre un
abogado, ni lo es siempre un ingeniero,
ni aún lo es siempre un orador. E ntien­
do por hombre de acción al reformador
social o al fermentador social. Creo que
es lo mismo que entiende Barrenechea
por hombre de acción y es lo mismo
que entiende el vulgo, fuera del orden
militar. El gremio de los intelectuales
ha dado, proporcionalmente, mayores
hombres de acción que todos los otros.
Y han sido los mejores por ser intelec­
tuales. Y por lo mismo han sido los
más originales.
Sin la dirección intelectual la organi­
zación obrera no vale gran cosa. Servi­
rá para hacer huelgas, para obtener sa­
larios mejores. Pero no puede hacerse con
los obreros y con el sindicalismo sola­
mente una sociedad más justa. Toda la
vida social del mundo y todos los cauces
de la acción en lo que toca al hombre
son de organización intelectual. La in ­
teligencia es el principal instrumento de

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la vida del hombre, y es la más bella
prenda de su espíritu. Gracias a la inte­
ligencia vemos belleza en ciertos contras­
tes humanos y naturales, que de otro
modo sólo serían turbios y violentos
choques de nuestra condición. Sin la
inteligencia seríamos miserables, y perece­
ríamos. ¿Que eso es porque la inteligen­
cia nos engaña? Este engaño sería una
ilusión biológica. Esto es, una mentira
vital. Pero las mentiras vitales son im ­
prescindibles. Cuando dejan de serlo se
caen solas. Pero, ¿por qué creer que la
belleza mostrada por la inteligencia es un

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engaño y una mentira? ¿Por qué no
pensar que es una revelación y un m ila­
gro? Hay mejores razones para pensar es­
to. Finalmente, demuéstrese primero que
los obreros de su sola organización sin­
dical, han sacado la idea de una sociedad
justa. Yo digo que es todo lo contrario:
que la idea de la organización, como
procedimiento táctico, es secundaria; y
sigue a la idea de tener poder para ob­
tener más justicia social; y la idea de
justicia social es de puro linaje intelec­
tual: y todo, idea de justicia, idea de
poder e idea de organización, es obra de

■ ■ ■ '-----------------------

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los intelectuales. Los obreros, lo repito,
no han hecho jamás una revolución. J a ­
más la harán, si no es como lugartenien­
tes, cabos y soldados. Los intelectuales
no serán si se quiere ni mejores ni peores
hombres que los obreros. Pero para las
revoluciones se pintan solos. Y hasta de
puros revolucionarios que son, hacen lo
que el señor Barrenechea: hacen la revo­
lución contra la inteligencia. Menos mal
que la hacen con inteligencia.

Julio Fingerit.

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PUBLICACION M ENSUAL
RED AC IO N :
Luis Di Filippo,
Juan Lazarte,
José Torralvo,
Julio R. Barcos,

DIRECCION:
Elias Castelnuovo,
Ibarrola 7050
[Liniers]
Buenos Aires
A D M IN ISTRA C IO N :
Sebastián Ferrer,
Concepción Arenal 3987
Semestral

SU SCRIPCIO N:
$ 1
Ejem plar
Agentes y paqueteros, convencional.

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no se les remitirá el tercero.
Se ruega a los suscriptores que envíen el importe directamente a la Administración, en estampillas de
—

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^ ÁCQTACICKEAgEL CUENTO DE MONROE
U n literato americano acaba de escribir un artículo en G i­
nebra sobre la doctrina de M onroe. La prensa lo comenta ex­
tensivamente y transcribe un párrafo donde el hom bre ase­
gura que “ gracias a dicha doctrina la U nión es el país más
grande del m undo y el más respetado de todos’”.
A pesar de que no pasa un día sin que la prensa del suri
o del norte se ocupe de la doctrina de M onroe, nosotros,
hemos ilegado a dudar de la existencia de M onroe y a poner
en tela de juicio, tam bién, la existencia de su doctrina. Se
nos ocurre, a menudo, que la doctrina de M onroe no fue la
concepción de un presidente que se llam ó M onroe, sino-, sen­
cillamente, la creación fantástica de un pueblo picaro y o fi­
cioso.
La doctrina de M onroe ofrece, en este sentido, cierta ana­
logía con la doctrina de Irigoyen. N o por el contenido, si­
no por la falta de contenido. A quí y allá, se habla a cada
paso de la existencia de una doctrina, pero, ni aquí ni allá, la
mencionada doctrina, aparece por ninguna parte. E n efecto:
¿quién conoce la doctrina de M onroe? Nadie. Y ¿quién conoce
la doctrina de Irigoyen? T am poco: nadie. Sin embargo, no
sólo corre el rum or de que Irigoyen posee una doctrina, sino
que se jura y perjura que la tiene encerrada en el bolsillo.
La doctrina de M onroe, quizás, es el producto de la p i­
cardía yanqui, como la doctrina de Irigoyen es el productode la picardía argentina. N o en balde, a ellos y a nosotros
nos separó Dios de los demás continentes.
T anto Irigoyen como M onroe, son dos tipos históricos,
más o menos apócrifos, creados por la fantasía popular para
satisfacer una necesidad histórica. La necesidad histórica de
nuestro pueblo, en este m om ento, son los empleos nacionales.
Irigoyen representa la causa de todos los desheredados. . . de
la burocracia. Y la necesidad histórica de la U nión es descar­
gar sus culpas sobre la conciencia de alguien, que en este caso
es un filósofo que tuvo la ocurrencia de inventar una doctri­
na. Monroe, desempeña en la política americana el triste p a­
pel que desempeña Quevedo en la literatura española. C ual­
quier chiste verde que huela a ajo se le atribuye inm ediatam en­
te a Quevedo. En la U nión a M onroe lo cita hasta el verdu­
go que maneja la silla eléctrica. La razón de un hom bre se ha
convertido, paulatinam ente, en una razón social. O en una ra­
zón de Estado. ¿Qué la U nión bom bardea a Nicaragua? B ue­
no: la doctrina de M onroe ya lo había previsto en el capítu­
lo de los bombardeos. ¿Qué se firm a un pacto de paz?
Ah, ah . . . M onroe era un apóstol de la paz y la U nión con­
tinúa el apostolado de M onroe. ¿Qué se quebranta la paz
y se inicia la guerra? ¡M onroe que te parió! ¿Qué la U nión
traiciona a un pais extranjero? M onroe decía que la trai­
ción dejaba de ser traición cuando el estado del Estado lo
exigía... ¿La U nión es traicionada por otra potencia más
sinvergüenza que ella? Ah, ah, a h . . . ¡M onroe repudiaba
el engaño y aborrecía la traición! ¿Qué la Standard Oil se
apodera del petróleo de nuestro continente y nos deja m a­
terialmente a oscuras? M onroe previo el caso. D ijo al res­
pecto: el petróleo produce el calor. Sin calor no se puede
vivir. Luego, hay que buscar y traer petróleo de cualquier
parte. Eso dijo. ¿Qué se lincha a una caterva de negros en
Cansas City? M onroe era blanco. Luego, no se viola la doc­
trina del ilustre m andatario.
M onroe le sirve a los americanos como Aristóteles al A r­
cipreste de Hita. El Arciprste de H ita cuando quería decir
algo por su cuenta se lo hacía decir a Aristóteles. Decía que

él lo decía. Los americanos proceden exactam ente como el
jesuíta español. Hasta sospechamos que para poner en prác­
tica la siila eléctrica se consultó la doctrina de M onroe, y
se adujo, naturalm ente, que M onroe era partidario de la
electricidad.

EL CUENTO DE IRIGOYEN
La A rgentina ha creado, también, un tipo sem ejante al
tipo de M onroe. N o lo ha hecho con fines internacionales,
como la U nión, sino con fines puram ente domésticos. N o se
trata de un tipo para uso externo, sino para uso interno.
Nos referimos a El Hom bre, con mayúsculas.
Así como hemos puesto en duda la existencia de M o n ­
roe, a veces, se nos ocurre dudar de la existencia de I ri­
goyen. N o dudam os, en cambio, de la creación. D udam os,
e:i una palabra, de que sea una persona, pero no dudam os
de que sea un personaje. U n personaje real y fantástico.
N o conseguimos todavía com pletar nuestro pensam iento. El
Elombre vive, dicen que vive, pero no vive, si vive, para
sí. ni en sí, sino para los demás y en los demás. Si una ra­
zón de Estado creó el tipo de M onroe, una razón social,
tal vez, creó el tipo de El H om bre. Sea como sea, la crea­
ción de El H om bre es una creación real y ficticia a la vez,
que responde, no sabemos bien, si a la necesidad espiritual
de un pueblo de tener un hom bre o si a la necesidad m ate­
rial de disponer de él. M ezclamos las palabras realidad y
fantasía, porque a pesar de que a El H om bre no se lo ve
poi ningún lado, su nom bre suena y truena y anda de C e­
ca en Meca como el nom bre de M onroe. Pocos son los que
han podido ver a El H om bre, pero son m uchos los que
pronuncian su nom bre y relatan sus hazañas.
¿Existirá, en efecto, El Hom bre? ¿V ivirá o estará m uer­
to? U nos dicen que vivió y que aún sigue viviendo. Otros,
aseguran que ha m uerto. O tros, que está em balsam ado. . .
A decir verdad, no hace gran falta que El H om bre viva,
supuesto que su existencia no es suya sino el producto de
la im aginación popular o la misma im aginación popular
donde nació y en la cual vive. N osotros nos dam os cuenta
de que El Hom bre vive o vivió, no por él: que no habla,
ni se deja ver, ni sale al balcón, ni anda por la calle, sino
por los otros, en quienes él vive y por los cuales respira
y obra. P or todos aquellos que afirm an que lo han visto u
oído o que se dicen amigos de él o partidarios de su doctri­
na y que vienen a ser, en resumidas cuentas, lo único que
podemos apreciar de su vida, si es que El H om bre vive.
P or m om entos, llegamos a sospechar que las personas que
siguen a El Hom bre se han com plotado con el fin de crear
a un hom bre y que para valorizar más la creación le aña­
den las mayúsculas y le cuelgan una doctrina con un régi­
men y una causa. Se menciona a El H om bre como si se
tratara de un santo y se menciona la causa como si se tra ­
tara de un milagro. N o obstante, nadie puede precisar la fi­
sonom ía del santo y menos la naturaleza del m ilagro. R ei­
na el misterio más profundo alrededor de los dos fenóm e­
nos. Pero, se habla a cada paso de las dos cosas como si
fuesen dos cosas positivas y existentes. El santo, entretanto,
calla y la gente se encarga de propalar su evangelio, o sea,
las palabras que el santo no pronuncia. P or m om entos, lle­
gamos a sospechar, tam bién, que dicho hom bre existe a
condición de guardar silencio, a fin de que los com plotados puedan hablar libremente por él, dándole los últim os re­

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toques a la figura. Advirtamos, asimismo, que El Hombre
no Se alegra ni se enoja de ser el depósito general de las ideas
de sus correligionarios y en vez de abrir la boca un día,
cada dia lá tiene más cerrada. No aprueba ni desaprueba. C a­
lla y asimila. Todos los que lo siguen le atribuyen una
cualidad distinta, cualidad que El Hombre hace suya, silen­
ciosamente. Todos los que le han visto le descubren una nue­
va virtud o un nuevo privilegio. Vale decir: amplían su
vida de personaje legendario. Y como todos, a la postre,
han tenido una participación en la creación de El H om ­
bre, el hombre se siente muy agradecido con todos y to ­
dos con el hombre.
Digamos que El Hombre ha sido una bella concepción
popular, siempre que no se trate, claro está, de un caso de
sugestión colectiva. Costó mucho construir a El Hombre,
pero, al fin, se lo construyó. Y el pueblo que lo hizo,
ahora que está hecho, lo ama. No ama a El Hombre: ama
su propia obra. Cuando el pueblo lo aplaude, a sí mismo,
se aplaude. Lo engrandece para engrandecerse y lo exalta pa­
ra exaltarse.
La doctrina, si es que hay doctrina, la constituye el con­
glomerado vasto de sus admiradores. De todos aquellos que
directa o indirectamente participaron o convinieron en la
construcción de un hombre, en cuya cabeza descansaría una
doctrina.
Se trata, como puede verse, de una creación maravillosa,
que participa del espíritu y de la materia. Porque El H om ­
bre ha sido ideado para satisfacer las necesidades del cuerpo
y del alma. Es así que tiene animadores líricos y anima­
dores prácticos. Y mientras los unos esperan la resurrección
del país, los otros, esperan tan sólo la resurección de su
familia, que a fuerza de aguardar el empleo prometido se
está muriendo de hambre.

OTRO CUENTO PEOR
Sale aquí una revista católica apostólica romana donde
colaboran asiduamente algunos escritores de nota. También
sale un pasquín de la misma catadura religiosa, en el cual
van a parar todos los restos que evacúa semanalmente dicha
publicación. Una se llama “ Criterio” . La otra, "C riterito” .
“ Criterio” y "C riterito” , según parece, se disputan a vi­
va fuerza, la salvación del país. No se la disputan a trom ­
padas y a balazos como las hordas misericordiosas de Cantoni. Ni tampoco repartiendo empleos nacionales como la
fracción contraria. Al binomio mesiánico de unos y otros,
“ Criterio” y “ Criterito” , oponen un terceto: la Santísima
Ttinidad. O sea: El Padre, El H ijo y El Espíritu Santo.
Sí a la humanidad no la salva Dios, de esta hecha, no
la salva nadie.
Nosotros somos muy respetuosos de todas las ideologías.
Hemos escuchado al reverendo padre Napal sin encajarle si­
quiera un cascotazo. Y esta tolerancia nuestra se debe a
que después de sumar y restar la calidad y cantidad de los
hombres, llegamos a la conclusión de que los ideólogos esta­
ban en minoría y que no convenía atacarlos a fondo, por­
que peligraba, naturalmente, la especie.
Pero, ni el respeto ni la admiración excluyen el análi­
sis. Por eso, a pesar del concepto excepcional que los ideó­
logos nos merecen, consideramos que no conviene, sin embar­
go, darles demasiado soga. Conviene, por el contrario, te­
nerlos siempre a raya. De esta manera contribuiremos a
mantener la rectitud del individuo y la integridad de la es­
pecie...
Trataremos, en consecuencia, de apuntar dos cosas que
conspiran contra la eficacia de la propaganda de “ Criterio”
y su minúsculo apéndice. La primera es la condición eco­
nómica de los propagandistas y la segunda es la forma de en­
carar la propaganda.

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EMPECEMOS POR LO PRIMERO
Digamos que ambas publicaciones están editadas y escritas
por la burguesía y se venden en todas las iglesias. La ma­
yoría de sus colaboradores es gente de plata. Poseen un tí­
tulo o dos o tres, o varias cátedras, o una renta del Estado
o una renta de la mujer, o una casa en M orón o un con­
ventillo en Belgrano. Nosotros no vamos a censurar su po­
sición ideológica. Cualquier ideología, después que hicimos
nuestro balance, nos resulta digna de estudio. N i tampoco
vamos a censurar su posición económica. Cada cual vive
como puede. . . Pero, vamos a señalar, eso sí, la contradic­
ción que encierra la posición ideológica de “ Criterio” y
“Criterito” con su posición económica.
Cristo exigía, como condición previa, a todos aquellos que
lo querían seguir, que abandonasen sus privilegios. No se
puede ser rico y ser cristiano a la vez. Llenas están las
escrituras de anatemas contra los poderosos. Sí en algo se
excede la palabra de Cristo es, precisamente, en el repudio
de la riqueza. Asegura, por ejemplo, que es más fácil que
pase un elefante por el ojo de una aguja que entre un rico
en el reino de los cielos. La religión de Cristo, no es la re­
ligión de los ricos, sino la religión de los pobres. Cristo
predicaba a los afligidos y a los menesterosos. Se dirigía es­
pecialmente a los que tenían hambre y sed de justicia. Y
los ricos jamás han tenido hambre de ninguna especie y sólo
han tenido sed da riqueza. Cristo tronó particularmente
contra los magnates de la tierra. Después que se apagó la
voz del maestro, el trueno de su filosofía siguió estallando
en la boca de sus discípulos.
San Jerónimo decía que “ la riqueza era siempre el pro­
ducto del robo” . San Basilio fué más terminante. D ijo que
“ todo rico era un ladrón” . Y San Crisóstomo le dió la pa­
pa a San Basilio. “ Todo rico — afirmó — es un bandido".
Pero, los ricos, ahora, no se conforman, por lo visto,
con ser ricos. Les parece poco ser lo que son. Quieren ser
algo más... Ya dan por cierta, seguramente, su salvación
y quieren salvar a los otros... Nos quieren salvar a nos­
otros los pobres.
Para hablar de Dios, es menester, estar en buenas rela­
ciones con él. U n hombre religioso, no es religioso porque
se diga religioso, sino porque cumple con los preceptos
de la religión. Sacar una revista o dos para prestigiar a Dios
y hacer todo lo que Dios condena, es hacerle un flaco ser­
vicio a Dios.

SIGAMOS POR LO SEGUNDO
Digamos que el lenguaje de “ Criterio” y "C riterito”
sorprende por su estruendosa fonación. Es un lenguaje clá­
sicamente revolucionario: campanudo, pistonudo y treme­
bundo. Mete miedo. Y sorprende, porque el criterio de am­
bas publicaciones es francamente reaccionario. La forma no
cor.dicc con el contenido. (Ya hemos demostrado que el
contenido no condecía con la fo rm a). Hay, entonces, con­
tradicción y recontradicción flagrante.
Los burgueses no pueden ni deben ser revolucionarios.
Como las mujeres no deben ni pueden ser varones. Porque
los burgueses no pueden ni deben hacer la revolución. N i la
necesitan, ni la desean, ni les conviene. Los burgueses, a lo
sumo, podrán hacer la contrarrevolución el día que la revo­
lución estalle. La revolución es el producto de la desigual­
dad social. Y la desigualdad social, si no es el producto
de la burguesía, por lo menos, así lo parece. O si levantá­
ramos un censo de los que están bien y de los que están
mal, resultaría que los que están bien son pocos y los que
están mal son muchos y estos pocos son siempre los b u r­
gueses. De donde se desprende que si los que están mal no
tienen derecho a quejarse, los que están bien, deben, por
prudencia, callarse la boca. Porque si los ricos se quejan,
¿qué pueden hacer los pobres, entonces? Y si los que poseen

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una renta del Estado o de su mujer o media docena de tí­
tulos o una casa en Morón o un conventillo en Belgrano,
ponen el grito en el cielo, ¿qué podemos hacer nosotros,
que sólo tenemos el día y la noche, un cubierto de lata en
el hospital y una franja de terreno en la Chacarita?
Si nos vamos a poner a gritar todos (los que reciben la
paliza y los que la pegan), en vez de salvar lo poco que
nos resta del edificio social, echaremos a perder hasta el úl­

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timo ladrillo.
Advirtamos que Cristo predicaba la paz, y que “C rite­
rio” y “Crilcrito” son partidarios de la guerra. De la gue­
rra social y universal. Son más papistas que el papa.
Y señalemos, por fin, que algunos de los que colaboran
r n ambas publicaciones, pertenecieron primitivamente a “La
Protesta” . Parece ser que hubo un trasbordo de dinamita
verbal de una cañonera ácrata a un submarino católico. No

se cambió de disco. No. Se cambió de fonógrafo...
Para salvar a los hombres hay que empezar por casa.
Sórlo el que se salva a sí mismo está en condiciones de sal­
var a los demás. Pero, no creemos que para salvar al m un­
do sea necesario insultar a todo el mundo,

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R O B E R T O J. P A Y R O
Payró era ante todo un hombre
honrado. Parece poco; pero ahondan­
do en esta afirmación, vemos que tal
título, negado para muchos en la
hora presente, le daba derecho para
erigirse en maestro de la juventud. Lo
fué sin proponérselo. Hombres jóve­
nes de las más distintas tendencias
le admiraban y querían. En “ Babel” ,
en un modesto número en su home­
naje, expresaron en un lenguaje cáli­
do, espontáneo y sincero, lo que pen­
saban del gran escritor, lo qué sen­
tían hacia el benévolo amigo. H a­
bía mucha emoción en esas páginas y
el viejo luchador habrá encontrado
en esa solidaridad con su persona y
con su obra, alguna compensación a
los sinsabores, ingratitudes y dolores
de su vida.
Como psicólogo en la novela y el
drama, como crítico y analista en el
artículo, Payró fué maestro de la ju ­
ventud por la seriedad con que enca­
raba el arte y la rectitud de su juicio.
Era para todos un ejemplo de firme­
za, de perseverancia en el bien, de na­
tural modestia. Nunca nada ni nadie
pudo torcer el curso natural de su

pensamiento. Si en contraria hora al­
guno de nosotros estuvo a punto de
claudicar, estamos seguros de que el
ejemplo de espíritus de temple como
el de Payró, lo salvó.
Desde que se inicia en las letras
fustiga enérgicamente la falta de idea­
les en el pueblo, los bajos deseos de
lucro. A veces es cáusticamente iróni­
co, a veces su tono es amargo y crudo.
Detrás de estas preocupaciones mora­
les se alza independiente de toda
ideología el recio esqueleto de su obra
artística, que lo hace el padre de la
novela argentina.
Era un escritor bien nuestro. Sien­
do su obra por sus caracteres gene­
rales de interés mundial; nadie pin­
tó con más acierto y originalidad
nuestras costumbres. Es que en su
obra no hay el convencionalismo va­
cuo de los falsos nacionalistas. Es
anti-gaucho a pesar del cariño que po­
ne en la pintura del paisano., Sencillo
de toda su sencillez, siendo un escritor
costumbrista no explota tampoco el
pintoresco caló que ulcera nuestro
idioma. En su obra la pampa no es
un producto literario; es la visión

inteligente y franca de las cosas y los
hombres y la concepción artística del
paisaje.
Payró compartía sus preocupacio­
nes entre el arte y las cosas humanas;
no vivía librescamente, palpitaba
con todas las cuestiones del mundo.
Acaso esta inquietud que era un ex­
cedente de generosidad, le llevó al
periodismo. Y fué un periodista de
verdad, de enorme • cultura, de prosa
ágil y clara, íntegro hasta la médu­
la, desinteresado como ninguno.
Si fué padre de nuestra novela,
con Florencio Sánchez inauguró entre
nosotros el teatro de ideas, que aún
hoy no tiene sucesor de veras.
Por todo esto y por lo que hubie­
ra podido realizar si el periodismo
no distrajera sus fuerzas, por tanta
ingratitud e injusticia como sufrió en
vida, es que volcamos íntegra nuestra
admiración en el noble amigo des­
aparecido. Con nuestra admiración
va nuestra pena. Porque quién cono­
ció su obra, le admiró y le quiso, y
quien le conoció, aumentó su admi­
ración y su cariño.

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Filosofía-P olítica
ESTADO PSIQUICO ^MONARQUISTA

La democracia burguesa argentina, co­
mo otras del mundo, vive sustentada por
un estado psíquico monarquista, expre­
sado en la historia por variados aconte­
cimientos de resonancia y en la realidad
de la hora actual, por sus instituciones
monárquicas o hijas de la monarquía.
La tradición monárquica argentina no
es solamente prerrevolucionaria, sino
post-revolucionaria. No sólo ha de bus­
cársela en las escuálidas crónicas de la
conquista sino también en los proceres que
forjaron en el decimonono siglo, esa
"libertad” sólo existente para la “liga pa­
triótica” y demás fanáticos del orden.
Desde Moreno, Saavedra, Belgrano,
Alvear abuelo, restauradores hipotéticos
de monarquías cobrizas o blancas, hasta
Alvear nieto y don Leopoldo Lugones,
que en Febrero de 1928 se muestra par­
tidario ‘‘personal” de la monarquía, una
serie de personajes han aspirado a reyes.
No sólo el fenómeno puede descubrir­
se en aristocracias o élites intelectuales, si­
no también y principalmente en la bur­
guesía argentina. El sentimiento total de
ésta es monarquista.
Ese ensamblamiento de monarquía y
burguesía era entre nosotros una pro­
longación de cuanto pasó en Europa.
Sabido es que la Revolución francesa
no destruyó ni monarquía ni nobleza.
La burguesía fué atraída y vencida por
el prestigio tradicional de la nobleza cu­
yas raíces estaban en el feudalismo. Aque­
lla, aún en la misma revolución, trató de
imitarla. El espíritu servil de una clase
llena de iniciativas y materialista, aspi­
raba a ser nobleza separándose del pue­
blo, y así después de una revolución que
cortó cabezas coronadas, vino la restau­
ración que levantó cabezas coronadas.
Como no podía dejar de creerse en al­
go, el símbolo subsistió, devino cuestión
de fe. Al rey le substituyó el presidente
de la república. Como la democracia es
la continuación de la monarquía, un
presidente es el sucedáneo del rey. Los
norteamericanos han puesto en manos de
sus presidentes amplios poderes, envi­
diados por los reyes de la tierra. En la
Argentina un presidente tiene también
poderes regios durante seis años y conste
que en la historia muchísimos reyes go­
bernaron menos de seis años. . . .

A partir del siglo anterior se desarrolla menudo por Europa y crecen tres pal­
patológicamente, un apetito de aristo­ mos del suelo, cuando almuerzan con el
cracia en las clases adineradas, que por duque tal; cuando les recibe en sus salo­
falta de tino no ha de realizarse nunca. nes el conde Fulano de Italia o el gran­
En las provincias unidas del Río de de de España, que a la postre les recibe
la Plata sucedió en pequeño cuanto en por curiosidad ultramarina o por nego­
el Mediterráneo era moda. Pasada la re­ cios. Este mal corroe igualmente a las
volución de Mayo (que para algún pen­ profesiones liberales.
Aristócratas arruinados, emigrantes in­
sador no fué tal) , los mismos revolucio­
narios trataron de imitar por herencia, deseables, llegados al país con sus perga­
educación, viajes, costumbres, las m o­ minos, encuentran fácil ubicación a su
das de las cortes europeas. Si en Francia triste parasitismo en las esferas más al­
la revolución restauró la monarquía, en tas de la burguesía.
Muchachas casaderas, cuyas arcas pa­
América no se podía hacer un distingo
fundamental, entre las viejas colonias y ternas encierran millones, emigran perió­
las nuevas repúblicas. Así pasó el siglo dicamente a Francia, Italia, Suiza, etc.,
XIX. La burguesía ganadera y directora en busca de maridos con títulos nobilia­
era de sentimientos y costumbres m onar­ rios y de buen olfato para bolsas re­
pletas.
quistas, salvo contadísimas excepciones.
Los últimos presidentes argentinos
Los valores sociales de la colonia no
se habían destruido, permanecían intac­ fueron monarcas por todo, menos por la
tos, como lo demostraron la fantochería y duración de su reinado. Es notorio que
carnavaladas de los festejos del primer don Roque Sáenz Peña, ilustre enfermo,
chiflado por el fausto de las cortes que
centenario argentino.
visitara,
estableció un protocolo, famosa
Simultáneamente se registraba en nues­
tras clases “cultas” y adineradas, una as­ copia fiel y exacta del inglés. Republica­
piración universal hacía la nobleza. Error no con auténticas costumbres monarquis­
fundamental, pues a la nobleza como tas! Otros como Alvear tienen poses im ­
clase, ya no se la puede ni vivificar, ni imi periales y es público y conocido su m o­
tar y menos sus virtudes, pues ella per­ narquismo constitucional. Hasta Irigotenece a un ciclo histórico y épocas cum­ yen, santón hierático, tiene los presti­
plidas. Sus valores cardinales, que le die­ gios de un monarca y sus súbditos des­
ran auténtico prestigio y atributos me­ de los que pontifican en la cámara de
morables, los obtuvo en su empuje ini­ diputados de la nación, hasta los calchacial, allá en la media edad, cuando el quíes de Salta, le colocan en alabanzas
feudalismo fué cristiano y despreciador y en todo, sobre un trono, no se sabe
del dinero. A la nobleza lo único que se si después de Dios o en el lugar de Cris­
le podía copiar eran sus degeneracio­ to. Irigoyen es un presidente de repú­
nes y vicios, y eso fué cuanto la bur­ blica con más poderes que un monarca y
guesía sacó de su imitación grosera, pues no sólo poderes que le concede la consti­
el espíritu burgués creyó que con el di­ tución, sino que le brinda el pueblo, re­
nero ya tenía la superioridad ansiada, nunciando con ello a su gran tradición
sin contar que le faltaba lo dem ás. . .
de dignidad y de libertad.
En nuestro país, los grupos sociales
De todas maneras, en la gran burgue­
en movimientos lentos se desplazaban, y sía argentina (Ídem en los millonarios
si en la burguesía existía una tendencia norteamericanos), existe un estado psí­
universal a ser nobleza, en el proleta­ quico monárquico. En los yankis más
riado palpitaba una tendencia universal a desarrollado todavía, pues el auge del di­
ser burguesía.
nero les ha permitido llamarse reyes
De que nuestros burgueses admiran a (nueva imitación) del petróleo, acero,
los nobles, es lugar común y no digo azúcar, azafrán, embutidos, etc., y to ­
novedad ninguna.
dos les reconocen y rinden pleitesía co­
"Nuestros” ministros, banqueros, di­ mo a tales.
rectores de grandes periódicos, indus­
Con él advenimiento de la democracia
triales, estancieros, latifundistas, viajan a en europa no se resolvió ninguno de los

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problemas fundamentales encerrados en la
cuestión social. Los sentimientos de los
grupos persistieron casi intactos. Debido
a esto, las revoluciones tuvieron un lím i­
te, no en el espacio ni eji lo externo, si­
no en la conciencia y alma del hombre.
Ni la propiedad, ni el Estado, ni la m o­
narquía cayeron, por cuanto no cayeron
ni pasaron los estados psíquicos de las
masas y de los individuos que las susten­
taban. Los movimientos humanos de to ­
da la era parlamentaria democrática de­
muestran claramente, que no es el fac­
tor económico el determinante de las ins­
tituciones sociales, sino su efecto.
La tendencia monarquista restó en
Euro-américa como corriente subcons­
ciente y no menos real que lo objetivo y
racional y su estado psíquico correspon­
de perfectamente a las formas republica­
nas de gobierno,

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En una república con sufragio uni­
versal, subconscientemente todos los ciu­
dadanos desean ser presidentes o gober­
nadores. T al es el sentido oculto del vo­
to. Se vota la vanidad. Realmente uno
vota por el régimen y por sí mismo fue­
ra de la sumisión al jefe de partido. Las
urnas son la exaltación de la impotencia
política. Goethe en sus últimos años de­
cía: “ El peor envidioso es el que consi­
dera a cada hombre como su igual” .
El espíritu monarquista no es sólo
atributo de los monárquicos, se nota
asimismo en el proletariado. En Alema­
nia lo resalta definitivamente Henri de
Man, lo estudia en los partidos socia­
listas del centro y medio día de Europa.
Es harto conocida la tendencia ministerialista de los proletarios y el paso rá­
pido y con comentarios, del partido La­
borista en el gobierno inglés.

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No creo que el socialismo autorita­
rio sea capaz de cambiar los instintos del
hom bre’ en el momento actual, ni pue­
de modificarlos superficialmente pues la
enfermedad le ha contagiado; él tam ­
bién e= democracia, como dice el autor
más a-riba citado “ lo mismo en el sen­
tido empírico que en el histórico, demo­
cracia, y socialismo son dos nociones in ­
separables” .
Si algo se puede hacer, hemos de bus­
car la revolución por otro camino. Hay
que remover los valores sociales. Labo­
rar en el cambio de la mentalidad de las
masa-, torcer ciertas disposiciones m onar­
quistas del hombre, dejarnos de crear
paisas y ciudades en el año 2000. Sólo
así el porvenir no será un retroceso y
-a posibilidad de un hom bre nuevo será
ruta abierta y luminosa.

Cinematografía
“ ¡ABAJO LAS ARM AS!”
Como todas las creaciones de la inte­
ligencia humana, el cine ha tenido su
proceso evolutivo.
T uvo su etapa infantil. En realidad,
al principio no fué sino un arte elemen­
tal como para niños, hecho a base de
situaciones hilarantes por lo grotescas o
de episodios sentimentales inverosímiles.
Era una cosa de chicos y para chicos,
algo así como un nuevo instrumento de
diversión equidistante entre el teatro y
las “ marionetas” . No tenía nada de in­
telectual pero a todos nos divirtió, nos
produjo alegría, nos enseñó a reír con
risa suelta y sana como cuando éramos
niños, con esa risa fisiológica que deso­
pila el bazo y descarga el cerebro de sus
toxinas, refrescándonos el alma con un
poco de jovialidad y optimismo.
Antes que surgiera el ingenio bufo
de Carlitos, ¿quién no gozó con las
bertoldadas y ’las corridas de su prede­
cesor el popular Sánchez? Ambos perte­
necen a la categoría de los benefactores de

la humanidad, porque han hecho reir a
millones de niños y porque hicieron el
prodigio de que millones de adultos nos
sintiésemos también niños.
Después vino la etapa del perfeccio­
namiento técnico del cine. Su crecimien­
to es tan extraordinario, que se con­
vierte súbitamente en la industria más
exhuberante y rica, sobre todo en el
país de los grandes trust financieros que
es Yanquilandia.
El cine en manos del yanqui es un fiel
reflejo de la psicología de aquel pueblo,
cuyo prog'-'reso material contrasta con su
miseria espiritual. Se perfecciona su téc­
nica pero no mejora su espíritu. Por el
contrario, pierde la frescura de su pri­
mera infancia. Se trueca en cátedra de
moralinas baratas al servicio del clero,
el capitalismo, el Estado y sobre todo, la
propiedad privada, que para aquel m un­
do de filisteos, es lo único sagrado.
El daño que Estados Unidos le ha he­
cho a estos países de nuestra raza inocu­
lándoles por el cinematógrafo el virus de
la imbecilidad colectiva, es mayor que

el que hacen sus tropas al invadir el te­
rritorio americano. Los soldados inva­
sores soliviantan el patriotismo de los
invadidos Pero en cambio, por este otro
camino, el yanqui se nos mete hasta la
cama y la cocina, envenenando hasta el
alma de nuestras mujeres y nuestros hi­
jos.
Siempre pensé si no habría modo de
contrarrestar esta influencia embruteccdora de la película yanqui, con un cinc
que fuese instrumento de cultura espi­
ritual para nuestro pueblo; que repre­
sentase dentro del arte escénico la misma
corriente de idealismo que representan en
la literatura los grandes pensadores y ar­
tistas de nuestro siglo.
El Soviet y los productores alemanes,
son los únicos que por el momento in­
terpretan este anhelo propio de un mun­
do cultural del siglo X X y no del siglo
X V III. Pero las películas que nos lle­
gan de Rusia y Alemania, son todavía
tan escasas que ellas resultan manjares
de pascuas, mientras las otras son el pan
cotidiano.

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Con este estado de ánimo respecto del
cine, fuimos a ver pasar en acto privado
la película “A bajo las armas” , hecha
por los señores Pearson, Godeol y Cristiani.
Creo que como iniciación, los auto­
res han revelado poseer un sentido h u ­
manista del arte cinematográfico y una
gian habilidad técnica para m anipular
los materiales estéticos que reclama la
confección de una buena película.
Salvo una que otra deficiencia en las
leyendas, que pecan a veces de vaguedad

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por lo literarias, (susceptibles de corre­
girse) esta cinta provoca emociones in­
tensas, de verdadero arte y lleva al es­
píritu d i espectador sugestiones eleva­
das y generosas de hum anidad, de am or
y de justicia.
Tiene dos virtudes intrínsecas, como
obra de arte; l 9 N o explota la trucu­
lencia ni exhibe los horrores materiales
de la guerra: muestra los estragos que
produce en las almas de los seres queri­
dos; 29 No provoca conflictos doctrina­
rios que pudieran producir choques ideo­

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lógicos de nacionalistas y antim ilitaris­
tas. etc.: Plantea situaciones dramáticas
de honda emoción que hablan con la m is­
ma elocuencia a todos los corazones con­
tra el crimen de la guerra.
i Ojalá el público estimule con su
apoyo a los autores de esta película, para
que continúen laborando por un arte ci­
nematográfico genuinamente nuestro; va­
le decir, que responda a nuestra ideali­
dad latino-am ericana!
J . R . B.

Dramaturgia
La Función por dentro
Estamos en el vestíbulo del teatro
“ S arniento” . T odavía no hemos pene­
trado a l- recinto. La noche es tibia y
agradable. El program a, prom ete... Dice
más o menos así: “ Gran compañía de
revistas de arte y sátira. Dirección: M a­
nuel Romero. Primeras tiples (por o r­
den alfabético) : Carmen Lamas, Celia
M ootalván y Enriqueta Serrano. Prim e­
ros actores cóm icos: Alfredo Camiña,
José Otal y Severo Fernández, Cancio­
nista: Olinda Bozán. Las treinta baila­
rinas más bellas de Buenos Aires. La
más extraordinaria jazz-orquesta que se
ba visto hasta el día en los teatros de
revistas . ”
Recordamos haber leido en el Brasil
un program a como éste, donde se decía
de una bailarina, que era “ la más gran­
de del m undo y de otras partes más” .

Empecemos por “ Orden
Alfabético.
Permanecemos aún en el vestíbulo. La
taquilla funciona de una manera prodi­
giosa. Parece una m aquinita de fabricar
plata . . .
De m om ento no entendemos bien las
razones que ha tenido el director o el
empresario para estampar el nombre de
las mujeres por orden alfabético. T ra ta ­
rlos, entonces, de abordar la explicación.
Recurrimos, sin ningún empacho, al mé­
todo de Aristóteles. O sea: al método de

la “ com parancia” . Repentinam ente nos
sumergimos en una laguna de reflexiones
peripatéticas.
Si bien la naturaleza no ha hecho dos
cosas iguales, las hizo, no obstante, tan
parecidas, que a m enudo se confunden.
Quien haya conocido el funcionam iento
interno de una compañía, conoce por
extensión o por deducción, el funciona­
miento de todas. Las diversas compañías
de cómicos se asemejan entre sí como se
asemejan entre sí los distintos elementos
que las constituyen. Es raro, por ejem­
plo. tropezar con un portero que no
tenga escrita una tragedia en cinco actos.
Como es raro encontrar un bom bero que
no esté enamorado de la prim era actriz.
O una prim era actriz casada que no le
haga los cuernos al marido. O un m ari­
do salvaje que no los consienta.
El orden alfabético que nos ocupa, no
sigue propiam ente las fluctuaciones del
abecedario, sino las fluctuaciones de la
vanidad femenina. La mujer, por sí, ya
vanidosa, aum enta el haber de su vani­
dad a medida que se la festeja. Los
problemas trascendentales de la gloria no
la inquietan tanto como su aparatosidad
escénica. N o le im porta mayormente ser,
sino parecer que es. La m ujer no aspira
a conquistar la celebridad mediante la
contracción y el estudio. Ni siquiera as­
pira a la celebridad. Aspira solamente a
cosechar el premio de la celebridad. A
gozar de todas las permutas y de todos
los halagos que la celebridad entraña.
Quiere recoger el fruto sin sembrar la
semilla. Y subir sin mover las patas.
Sueña, en una palabra, con todo lo que

sueña el hombre, mas espera que todo le
caiga del cielo. N o tiene talento para
alcanzarlo. Ni trabaja seriamente para
suplir la falta de talento. El hom bre
consigue la gloria con su inteligencia y
su voluntad. La m ujer la consigue con
otro ó rg an o . . . El hom bre inteligente
camina siempre con una torm enta bajo
el cráneo. La mujer, en cambio, con una
torm enta bajo las polleras.
Cuántos más éxitos obtiene una actriz,
tanto más vidriosa se torna en su vida
privada. Llega un m om ento en que se
hace inaguantable. N o hay cristiano que
la resista. C uando term ina el espectácu­
lo para el público, para ella recién em ­
pieza. O comienza otro: el espectáculo
de su vanidad desenfrenada. A unque se
trata de un defecto deplorable, sucede
que ella lo impone como si fuera una
cualidad exquisita. Persona que no se lo
respete ya se puede ir largando de su ca­
m arín. Contrae
una especie de viruela
f
del elogio y necesita luego rascarse y que
se le rasque constantemente esta forunculosis que le corroe el espíritu.
Aunque el actor es casi siempre hijo
de una actriz, existe entre el varón y la
mujer, en este sentido, una diferencia
apreciable. El actor se ama a sí mismo.
La actriz, empero, se adora. El actor se
admira con fruición. La actriz lleva su
admiración hasta la locura.
Los defectos de una actriz, claro está,
son los mismos defectos de todas las m u ­
jeres, pero, elevados a la últim a potencia.
El hom bre por más bestia que sea, sabe
qué clase de animal es la mujer. Decía
un filósofo que toda m ujer que concu­

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rría a un espectáculo, no iba por el es­ te, pero su misión es invariable: consiste
pectáculo, sino pensando que el espec­ en aplaudir o bisar cuanta cosa buena o
táculo podía ser ella. Es de suponer, en­ mala se representa en el teatro.
La claque del “ Sarmiento” debía fi­
tonces, la flora microbiana que bulle en
el “cerebro” de una mujer que encabeza gurar en el programa. Se lo tiene bien
el espectáculo. La mujer en las tablas o merecido. Es una claque excepcional. R o­
fuera de las tablas es la misma siempre: busta y bien alimentada. A simple vista,
sin público no trabaja. Necesita público se nota la presencia de un jefe enérgico
hasta cuando lava la ropa. Porque el e inflexible. Cuando rompe el fuego del
público es la continuación del espejo y aplauso, la explosión es tan fragorosa
significa la aprobación y el aplauso. La que aquellos que aplauden espontánea­
mujer quiere ser la primera... en figu­ mente se sienten tan empequeñecidos que
rar. La primera por orden alfabético. optan por guardar silencio.
También quiere ser la primera por o r­
La claque es el soldado desconocido
den fotográfico. El primer retrato que de la victoria. Ella determina el éxito o
se expone en el vestíbulo corresponde in ­ el fracaso. El jefe, es, por una parte, un
variablemente a la primera figura feme­ cafisio de la gloria, y, por otra parte,
nina del elenco. Así se establece previa­ una suerte de estratega ignorado, que
mente en el contrato. Si se lo coloca, por termina casi siempre en la cárcel, supo­
descuido, en segundo término, ella ar­ niendo que no acabe de salir de ella. Es
ma un escándalo descomunal o se desma­ un sujeto, como decimos, sencillamen­
ya. Si se la coloca íntencionalmente, des­ te patibulario. M ejor dicho: un m ilitar
pués de la gresca consabida, interviene la fracasado. La claque requiere una dis­
fuerza pública. En el contrato se estable­ ciplina de cuartel.
ce, además de la ubicación de la fotogra­
Sólo un hombre avezado en las
fía, el cuerpo y el tipo de letra en que
artes
de la guerra puede manejarla. A n­
debe aparecer su nombre en los progra­
mas. Cualquier violación al respecto im ­ tes de levantarse el telón, el jefe distri­
buye a sus soldados estratégicamente en
plica la ruptura del contrato.
el
gallinero. O los atrinchera atrás de los
La vanidad de la mujer en el teatro palcos.
excepcionales, los des­
es tan virulenta que se contagia. Los parrama Enporcasos
la
platea.
Dondequiera que
varones que la secundan, acaban por ex- vaya o se coloque, la claque,
abruma y
perimentatr el mismo “ furor uterino” revienta al enemigo, que en este
caso es
de figuración, por orden alfabético. Es el espectador que ha pagado su entrada.
así que el espectáculo teatral, la mayoría La colocación de la claque determina la
de las veces, es más espectáculo por den­ colocación del jefe. Conviene evitar el
tro que por fuera.
cebo y la soga. El jefe ocupa un lugar
visible a la comparsa y viceversa. Se­
gún la actitud que asuma éste, luego, así
es la actitud que asumen los otros. Si el
jefe aplaude y mira a los zanahorias de
la izquierda, los de la izquierda, aplau­
Ahora, entremos a la sala. El telón se den. Si mira a los de la izquierda y a
levanta y cae. La “ más extraordinaria los de la derecha, entonces, se produce el
jazz-orquesta que se ha visto hasta el aplauso general. Además, marca con el
día” , rebuzna y patalea. A fortunada­ mentón si las descargas deben ser piano
mente, entre ella y nosotros, se inter­ o forte, con allegro o con brio. Si abre
ponen piadosamente veinte filas de bu ­ el aplauso con un “ bravo” , la comparsa
tacas. Vuelve a caer el telón y vuelve a trina y bravea que es una temeridad.
levantarse. Cada vez que termina un n ú ­
Ahora, nos iremos explicando por qué
mero, la claque entra en acción y la sa­
no
fracasa ninguna obra entre nosotros.
la retiembla. Advirtamos que la mayo­
O
mejor
dicho: por qué son aplaudidas
ría de los teatros de “ arte y sátira” , o
simplemente de “ arte” , mantienen a un todas las obras, aunque la mayoría de
sujeto patibulario que desempeña la je­ ellas, sean rigurosamente fusilables.
Cuando el aplauso decae durante una
fatura de la claque, quien contrata to ­
das las noches a una pandilla de zánga­ temporada, se aumenta el plantel de los
nos, a los cuales se denomina vulgar­ zanahorias, y el "arte” queda salvado. A
mente, “ comparsas” o “ zanahorias” . El veces, se le amplía el campo de sus obli­
conjunto de estos zanahorias forma lo gaciones con algunos números extras, co­
que se llama la claque. Su composición es mo hizo Ballerini en el “ Sm art” mien­
heterogénea y se renueva continuamen­ tras se representaba "La Horrible P ro­

E1 soldado desconocido
de la victoria.

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fanación” ; contrataba a dos o tres m u­
jeres para que se desmayasen en la pla­
tea al final de cada acto.

Su excelencia el Sr. Pa­
ganini.
Cada artista paga mensualmente, al
jefe de la claque, el tributo de sus aplau­
sos. Por manera, que cuanto más aplau­
de el público, tanto más enérgica es la
sangría que experimenta su salario. La
victoria de todos los días, significa al
fin una derrota aplastante. Hay tenores
que se gastan la m itad del sueldo para
hacerse gritar “bravo” o "bis” . El jefe
de la claque tiene una tarifa singular,
donde figuran las diversas gradaciones de
la aprobación, cada una, se comprende,
con su precio determinado. El aplauso
parcial de la claque, pongamos por caso,
vale tanto. El aplauso total, cuanto. El
"bravo” , un poco más. Algo más el
“bravísimo” y el "bis” , un disparate. A
fin de mes, el cafisio de la gloria, pasa
la cuenta a los artistas especificando la
naturaleza de su trabajo. Le pasa una
factura pintiparada a la factura que nos
pasa el almacenero.

Factura.
Día jueves: aplauso general . . . . $
Día viernes: “ bravo” , “ bravo” . . $
Día sábado: “ bis” , “ bis” .................. $
Día dom ingo: un ramo de flores. $
T o t a l .................................................manga
La noche de un estreno, el paganinino es el actor o la actriz, sino el autor.
No lo decimos por experiencia propia,
sino por la experiencia de otros autores
más afortunados que nosotros. T odo el
gasto de castañuelas y zapateo, corre, esa
noche, por cuenta del agraciado. Ahora
nos iremos explicando, también, cómo
es que al día siguiente de un estreno se
leen críticas, a menudo desfavorables, que
terminan, no obstante, diciendo que “ al
final el autor fué m uy aplaudido” .
Si un artista no ‘p aga con puntuali­
dad al jefe de la claque, éste, le retira
inmediatamente su apoyo. En otro len­
guaje: lo boicotea. Y el artista comien­
za a declinar de una manera insperada y
violenta. Y el empresario se hace el sue­
co y le rebaja el sueldo o lo despide.
Cuando un elenco anda mal, y no abo­
na el salario correspondiente a la com­
parsa, la comparsa "se retira” o "se ti­
ra a m uerto” y la compañía se funde rá­
pidamente.

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Principio y fin de una
cosa sin principio ni fin.

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del espíritu se estrellan a menudo contra
las exigencias del estómago. Y el teatro
honrado no paga los sueldos que paga
el
bataclán. A veces, ni siquiera paga y
Ahora terminó una' revista y empieza
otra. Podemos juzgarla ya. Por más es­ el actor queda reducido a la miseria o a
cándalo que arme la pazz fenómeno, no la mendicidad. Se llena de deudas, y no
logra, sin embargo, embarullar nuestro encuentra luego otra solución que in ­
juicio. Tam poco lo consigue un “ gran gresar en una compañía de revistas, don­
inquisidor’’ de la claque que se ba pues­ de se le asegura una ganga de mil pesos
to a nuestras espaldas y golpea furiosa­ mensuales. Este es, quizás, el caso de A l­
mente las manos como si tuviese un par fredo Camiña, la nota triste del bata­
de baldosas francesas entre las palmas. clán. No encontramos otra explicación pa­
N o . La revista es un espectáculo dinám i­ ra justificar su presencia en el “ Sar­
co, pero subalterno, como es el box o m iento” . Alfredo Camiña, es, sin dis­
las carreras. Ayuda a hacer la digestión, puta, un muchacho serio y estudioso. Se
cuando es buena. Cuando es mala, claro destaca de una manera natural por su vi­
está, la interrumpe. Pero, nunca sale de gor artístico y por su temperamento dra­
su esfera gastronómica. No se nos diga mático. Posee una voz bien tim brada y
que la revista eleva el espíritu o recrea camina derecho sobre sus piernas. Reúne
el corazón. O que llena el alma de al­ todas las condiciones del actor que se de­
guna inquietud trascendente. No. La re­ sea. Pero, sus méritos caen allí, como
vista no se dirige al corazón ni a la ca­ la honradez de una m ujer honrada que
beza. Se dirige a las tripas. Nada m ás. se metiera a trabajar en un prostíbulo.
Parece mentira que el bataclán cuente
Alegra y reconforta la panza y el intes­
tino grueso, agradecido, rie y burbujea... con intérpretes tan calificados como C a­
No entra por los ojos del espíritu, sino miña, y que no sea posible form ar un
por los ojos de la barriga. El bataclán conjunto de la misma índole, para ha­
es un espectáculo sumamente apropiado cer teatro de verdad. En otras épocas se
para rascarle la pelambre roñosa al cer­ constituían elencos homogéneos con fines
verdaderamente artísticos. Era cuando vi­
do hum ano.
Huelga decir que todo es epidérm ico. vía el malogrado Bataglia, Jacinta PezTrajes, luces, piernas, senos, gran can­ zana y Pablo Podestá. Entonces, el arte
dombe y pizza... A fin de que el espec­ no se hallaba tan prostituido ni tan mertador no piense, (suponiendo que a la cantilizado. Había autores como Floren­
sala concurra alguna persona capaz de cio Sánchez, Ernesto Herrera y Roberto
tamaña fechoría), se las dota de un m o­ J Payró. Se form aban cooperativas gre­
vimiento vertiginoso de motocicleta, con miales entre las mejores figuras de la
explosión y todo. La rapidez con que se 'escena. Sucedía casi lo contrario de lo
suceden los cuadros y los personajes, re­ que ahora sucede. Porque, mirando bien,
sulta a la postre, envolvente. Marea y un actor bueno resulta más bueno si tie­
atolondra. Los golpes de la jazz y los ne otro bueno al lado. La huelga, que
m arronazos de la claque completan la debió consolidar el gremíalismo, obró a
la inversa. Destruyó lo poco que se h a­
borrachera.
Las revistas del “ Sarmiento” están bía edificado. Después de la huelga, co­
confeccionadas, sin duda, con cierta gra­ mienza, para nosotros, el desastre del
cia. N o se ve en ellas la intención de exa­ teatro nacional, tanto en la producción,
cerbar al ciervo. . . Nuestras considera­ como en la interpretación. Se desencade­
ciones no se refieren a! teatro, sino al nó, entonces, una torm enta de pasiones
género de teatro. Porque la revista aun­ mezquinas y de apetitos pedestres, que
que sea de “arte y sátira” y participen en dividió a los productores y a los intér­
ella actores como Alfredo Camiña y ac­ pretes y diezmó las fuerzas del arte na­
trices como Celia M ontalván, no deja cional.
por esto de ser revista. Vale decir: una
Digamos que la producción y -1^ in ­
manifestación teatral sin ningún propósi­ terpretación marchan paralelamente. Si
to teatral.
una cae, la otra no puede permanecer pa­
rada. Sin buenos intérpretes no hay bue­
nas obras y sin buenas obras, no hay in ­
térpretes buenos. U n actor excelente pier­
La vida de los actores está sujeta co­ de su excelencia si se pone a interpretar
mo la nuestra, y como la de todos los una producción desgraciada. Y un autor
artistas, a lo que Carlos M arx llamó “ el de garra no triunfa si entrega su p ro ­
materialismo histórico” . Las exigencias ducción a una compañía de rascatripas.

La nota triste.

11
Sin autor no hay actor y sin actor no
hay autor.
Digamos, asimismo, que asistimos al
naufragio del arte escénico. Y que aun­
que contamos con los aparejos suficientes
como para salvar a la nave que se h u n ­
de, nuestra marinería permanece neutral
esperando que la salvación venga de F ran­
cia o de Rusia... Sucede algo peor toda­
vía: nuestra marinería espera, mas no
sabe propiamente lo qué espera.
A pesar de que Alfredo Camiña se
halla en el bataclán y Pablo Acchiardi
en el “Príncipe” y Héctor Ugazio en la
selva de Misiones y Ricardo Passano h a­
ciendo caricaturas, sostenemos, sin em­
bargo, que en este descenso brusco de los
valores teatrales, quienes se llevaron y se
llevan la peor parte no fueron ni son los
cómicos, sino los autores. El nivel de la
producción es todavía más bajo que el
de la interpretación.
Las tentativas de hacer teatro serio fra­
casan, aquí siempre por diversas razo­
nes. Quizás, la primera se deba a que la
iniciativa parte siempre, o de los actores
o de los autores: nunca de las dos partes
a la vez, suponiendo que tanto interés
tienen los unos como los otros y que
una misma participación tienen todos.
La segunda es que se busca siempre, co­
mo asesor literario a uno de esos autores
que hace veinte años eran jóvenes y se­
rios, pero que ahora son viejos y oficio­
sos. Además, se incurre en el error de
constituir una compañía a base de un par
de figuras destacadas, integrada por un
fárrago de mediocridades. U n actor o
una actriz solamente no hace una com ­
pañía, como una golondrina no hace ve­
rano. La nota que se busca y que se ne­
cesita, es una nota de conjunto. Se bus­
ca y se necesita algo así como una coope­
rativa moral y material de autores y ac­
tores seleccionados. M ientras esto no sea
posible, tampoco será posible, levantar el
nivel moral de nuestro teatro. El autor o
el actor que niega la posibilidad de lle­
var a cabo una empresa parecida o se­
mejante. se niega a sí mismo, porque
niega la única posibilidad de salvar al
barco que se está yendo a pique.
Tam poco se puede hacer teatro serio a
base de un repertorio clásico o semiclásico, hecho ya y rehecho hasta la sacie­
dad. N i con autores nacionales exclusi­
vamente. T odavía no se ha descubierto
que aquí existe una juventud bien per­
trechada que espera el momento, no de
estrenar o de ganar plata, sino que sue­
ne la hora de la renovación. Se espera la
constitución de un elenco homogéneo con

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fines nobles y elevados,,, con menos je­
rarquía tipográfica y más jerarquía m o­
ral y sin tanto orden alfabético, que
quiera colaborar con la juventud en la
difícil empresa de arrimar los hombros
para iniciar el salvataje de la nave que
se hunde.

sino el contenido. Pasemos rápida revísta
a los héroes de la canción. Son tres: el
compadre, milonguita o esthercita y la
pobre, madre de ambos, ó sea: "m i po­
bre madre querida” . El compadrito es
un macró paupérrimo, que vive a fuer­
za de café con leche, pan y manteca. Es
un sujeto de avería, física e intelectual­
mente nulo. Ni trabaja con las manos,
ni trabaja con la cabeza. Es un gandul de
siete suelas que puede interesar a la po­
Aunque el espectáculo del “ Sarmien­ licía, mas no al arte ni a la humanidad.
to” respira cierto gusto y cierta limpie r M ilonguita trabaja para él. Trabaja, se
za moral, hay un número, sin embargo, comprende, con el útero. Si el compa­
particularmente repugnante. Nos referi­ dre es un inútil, milonguita no le va en
mos al número de tangos a cargo de zaga. Cultiva la línea horizontal, y el
Sofía Bozán. No sabríamos precisar qué dolce far niente. Sí se pone de pie es
es ,1o que más choca aquí: si la cancio­ para hacer alguna porquería. La pobre
nista o la canción , Si la música o la le­ madre querida, es “pobre” y es “ queri­
tra del tango. O si las tres cosas a la vez. da” en la canción: en la realidad es una
El tango como música y como letra, aún triste alcahueta: una suerte de viejo V iz­
no se puede considerar ni música ni poe­ cacha con faldas, del comercio sexual. El
sía. Esto no quiere decir que algún día ambiente donde se mueve el tango, es un
no llegue a ser las dos cosas y llene su ambiente de rufianes y proxenetas. El
presunta función artística. Por el m o­ lenguaje que utiliza (atorranta, machito,
mento, no ha traspasado el redondel ne­ marrusa, papusa, rantifusa), es degra­
gro de donde salió: el arrabal porteño. dante e inverecundo. Se hace la exalta­
I.a podredumbre moral de un pueblo, ción de una vagancia abyecta que vive
amasada por la mano de un artista, pier­ parasitariamente a expensas de la corrup­
de su olor prístino. No ocurre lo mismo ción. Lo que reducido a sus términos
si la mano que amasa es la mano de un exactos, no es más que una industria
carrero o de un analfabeto. Los autores clandestina y secreta, por obra y gracia
de tangos, cuando no son lustradores de de cuatro compaces, se le quiere dar el ca­
botines, son vendedores ambulantes: pa­ rácter de un arte y de un arte nacional.
Volvamos a la cantora. M ientras “ el
peros o cebolleros. Lo típico en ellos es
la profesión. T anto en la letra como en zorzal” chilla, la claque la secunda ad­
la música los tangos se resienten de un mirablemente. Se ve que la calandria pa­
analfabetismo espeso y rabioso. Si la ga bien.
música es pésima, la letra merece cua­
La impresión que nos produjo esta
tro tiros. Pero, lo peor no es la forma, mujer, fué sencillamente desastrosa. Si el

La nota canallesca.

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tango está dotado de un espíritu cana­
llesco, para cantarlo bien, o hay qüe te­
ner un espíritu semejante o hay que m u­
ñirse de él. Sofía Bozán se quiebra y se
requiebra, entonces, como una mujer rea
y descuadrilada. Vocaliza como un ca­
rrero y gasta unos ademanes comunes a
la gente que frecuenta la quema de ba­
suras. No se sabe a ciencia cierta si gus­
ta o si disgusta, porque la claque no le
permite abrir juicio al público. Cada vez
que ella canta, truena y chisporrotea.

Resumen.
En suma, excluyendo este número de
lictuoso, lo demás si bien es frívolo, se
salva porque no es grotesco, ni despechugadamente pornográfico. Se salva,
también, porque el director no es "tan
tonto como para no darse cuenta, que sin
los tontos no se va a ninguna parte.’’
Las mujeres no se desvisten totalm en­
te, ni los hombres se sacan los pantalo­
nes. Tam bién se salva, porque tiene la
virtud de no hacer ni dejar pensar, pues
de lo contrario, es de suponer lo qué
acaecería. Y se salva, finalmente, porque
cuentan con plata y con la plata se pa­
gan el lujo de tener a Camíña, “ a las
treinta bailarinas más bellas de Buenos
Aires” , luces, decorados, etc.; todo el
material prim o que los otros no tienen
para hacer teatro de verdad.
Por último, digamos que mientras el
bataclán triunfa, los artistas de la p lu ­
ma y de las tablas, miran el h u m o . . .

R. Chaves.

D E T ■R A . C T O R E S

MIS D ET R A C TO R E S
Los sucesos que mueven el carro de la
Historia en nuestros días, son de tales
dimensiones y tan abundantes, que has­
ta los prohombres de la escena mundial
resultan figuras cinematográficas: pasan
un instante por la pantalla y se desva­
necen en seguida ante la sucesión de los
acontecimientos, con la inacabable reno­
vación de sus actores.
¿Cuánto más pequeños mirados des­
de este plano mental, no resultarán, en­
tonces. los minúsculos grandes hombres
de estas republiquetas americanas a me­
dio civilizar?
Seria, pues, un pecado mortal de ego­
latría vargasviliana, hacer de cada dis­
puta sobre nuestros méritos o defectos

personales, una cuestión de Estado.
No vale la pena perder el tiempo en
presenciar estas pujas de vanidades luga­
reñas que hemos estado presenciando,
verbigracia, en estos días de vergüenza
electoral, donde tipos de mentalidad su­
balterna, por cierto inferiores a la cul­
tura general del país, se convierten, no
obstante, en figuras nacionales por la
simple desfachatez de abrir desmesurada­
mente el cuajo, para vom itar en pala­
bras burdas injurias más o menos cana­
llas al adversario.
El espectáculo que nos da la polí­
tica callejera en plena Capital de la Re­
pública, achica y desfigura el panorama
real de nuestra cultura, que, aunque in ­
cipiente, siempre es superior a la de los
oligarcas y los caudillos que se disputan

el mando. Bien sabido es, que no son
los que afiebran en estas batallas
el alma de las m ultitudes ni de sus pas­
tores. Son los apetitos desbordados los
que producen esta contienda biológica, de
desalojo, desatando la animalidad de las
pasiones y estimulando a los lengua suel1 1 para batir el record de la procacidad.
Afortunadamente, tal espectáculo no es
sino un resabio de nuestra anarquía
gaucha que, como el circo, subsiste, pero
se va.
Los hombres que trabajamos desinte­
resadamente por la cultura nacional, te­
nemos un fundado optim ismo a este res­
pecto. Y no es el optimismo verbal del
literato, sino el optimismo orgánico del
idealista activo, del circulador de ideas
motrices, del que inflamado por su ideal
ideales

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en acción, levanta el templo de la nueva
fe a la par que hace la congregación de
obreros, para consolidarlo con sus manos
y sus corazones.
Esos hombres hemos concertado, a la
pecto. Y no es el optimismo verbal del
la educación popular, para contribuir a
remediar las calamidades remediables que
pesan sobre nuestra desgraciada pobla­
ción nativa, cuyos hijos mueren de ham ­
bre y de miseria en la primera infancia,
restándole, según las estadísticas oficia­
les, medio millón de habitantes anual­
mente a la población del país. Y acaba­
mos de producir, quizás el hecho más
trascendental en pro de la unidad espi­
ritual del Continente, con la celebración
de la primera Convención Internacional
de los maestros libres de América.
Esta clarinada de la Nueva Educación,
ha producido las mismas reacciones vio­
lentas que produjera el prim er grito de
la Reforma universitaria dado el año 18
en la ciudad de Córdoba.
Está tan fuertemente consolidada la
rutina en nuestra instrucción pública,
que cada vez que se intenta dar un paso
al futuro, los reaccionarios se nos cuel­
gan de los faldones para no dejarnos
avanzar.
Recrudecen los odios incurables que
envenenan a los envidiosos y los im po­
tentes, contra los hombres que aplica­
mos el oxígeno del idealismo activo a
esta pestilente atmósfera, espesa de utili­
tarismos, venalidades y cobardías, que
constituye la moral del magisterio ar­
gentino.
En esta refriega me ha tocado ser el
blanco d etoda clase de ataques de gentes
y gentuzas de todos los pelajes.
No quiero descender a una querella
contra mis detractores públicos o solapa­
dos, que son muchos y en su m ayoría
tipos enjutos de alma y ruines de carác­
ter, indignos de ser tomados en cuenta
para nada, sino que voy a aprovechar
la coyuntura para pintar a base de algu­
nos hechos, lo que es por dentro esta
sentina social del gremio al cual perte­
nezco y del cual soy — no sé, si por
suerte o por desgracia — su antípoda
espiritual.
LA D IA T R IB A
Para un hombre que lucha y traba­
ja en el campo de las reformas socia­
les, la vida le sería corta si pretendiera
contestar todas las truhanerías y calum ­
nias que se le propinan.
No es posible pasarse la vida dando
satisfacciones. Cien Quijotes serían po­
cos para acabar en nuestro medio con
los follones y los malandrines que se nos
cruzan en el camino y nos estrechan za­
lameramente la mano, y hasta nos com­
pran a veces con sus simulaciones.
¿Para qué refutar con palabras a nues­
tros detractores, cuando hablan por nos­
otros nuestros hechos y nuestras obras?
Si realmente hemos edificado nuestra
vida con actos y obras de algún valor
intrínseco, no hay para qué agregarle
palabras inútiles.
Por otra parte, aquellos que por in ­
compatibilidades psíquicas son nuestros
adversarios natos, darán siempre crédito

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a la lengua viperina que nos difama, y
aún demostrándoles que los difam ado­
res mienten, seguirán siéndonos hostiles.
Y cuando la animadversión es p ro ­
ducida por el despecho, por la vanidad
herida, por celos o envidias inconfesa­
bles, como la que mueve a muchos de
mis detractores, esta es una pústula del
alma que sólo se cierra con la muerte.
Ingenieros ha psicologado en dos ca­
pítulos de ese libro saludable que todo
joven debería tener bajo su alm ohada:
“ El Hombre Mediocre” , a estos roedo­
res de la gloria ajena, atacados de la
peor enfermedad, que es la envidia.
“ El envidioso es la única víctima de
su propio veneno; — dice Ingenieros—
la envidia le devora como el cáncer a la
viscera” .
Dante los consideró indignos del in ­
fierno y los recluyó en el purgatorio por
su condición mediocre. “ Yacen acoqui­
nados en un círculo de piedra, sentados
junto a un paredón lívido como sus ca­
ras llorosas. El sol les niega su luz; tie­
nen los ojos cosidos con alambres por­
que nunca pudieron ver el bien del pró­
jim o” .
D E T R A C T O R E S DE LAS IDEAS
N o se tom a impunemente partido por
el porvenir, ni aún tratándose de los de­
rechos de la niñez que es carne y espí­
ritu de la hum anidad futura, sin que to ­
do el mundo reaccionario se nos venga
encima.
Por mucho tiempo continuaremos
purgando este delito de haber sido los
propulsores de una reforma trascendental
de la educación, que afecta los intereses
de mostrador de los industriales de la
vieja pedagogía.
Las casas editoras que ganan millones
con la venta de textos escolares, se de­
fienden desde los grandes rotativos por
intermedio de sus comanditarios los vie­
jos profesores que han puesto anónim a­
mente su plum a al servicio de la rutina.
Cada cual se agarra con las uñas que
tiene.
Esos son los que, escudados en el anó­
nimo, “ echan a volar las campanas de
plata del patríotísm p” (la frase creo
que es del jesuita autor de “La Maestra
N orm al” ), contra los maestros revolu­
cionarios que se dan el lujo de celebrar
conferencias internacionales. independien­
temente de todos los oficialismos.
El beaterío se asustó ante el toque de
alarma de la prensa cancerbera; y se sin­
tió el tropel de patas temblorosas que
huían en todas direcciones: eran los car­
neros de Panurgo que se habían espanta­
do creyendo divisar la sombra del lobo.
U n rayo de luz había penetrado por
las rajaduras del edificio del viejo “ enseñadero” y había herido de golpe a los
buhos y los murciélagos que se albergan
dentro de sus muros. Al dispersarse des­
pavoridos, sus graznidos y aletazos Tela­
ron de miedo el alma de los pusilánimes
que creen a pie juntillas en las superche­
rías que les cuenta la "prensa seria” .
¿Cuál ha sido, al final de cuentas, el
resultado de esta insidiosa campaña de
los pedagogos reaccionarios que se escu­
dan en los diarios ricos, contra este soplo

13
renovador de la cultura argentina?
U n estruendoso fracaso.
Se quiso hacer fracasar a la Conven­
ción, incitando a los pusilánimes a re­
tirar sus credenciales. A bortó el complot.
Se quiso hacer castigar a los maestros re­
volucionarios, señalándoseme como el
principal hereje. A zuzó “La Prensa” a sus
jaurías como en la campaña famosa del
himno, y hasta consiguió, para deshonor
del magisterio de mi patria, convertir a
una “Asociación Nacional de Educa­
ción” , compuesta de plesiosauríos pe­
dagógicos, en una C H E TK A del magis­
terio, la cual cayó en la ridiculez de ir a
pedir al Consejo la destitución de esos
maestros que señalaba la prensa.
Cuando ia autoridad escolar les exigió
que concretaran los cargos y dieran los
nom bres. . . no supieron qué decir.
Tam bién fracasaba el testaferro del
“ gran diario americano” .
Entonces conminó “La Prensa” di­
rectamente desde sus editoriales, al C on­
sejo Nacional de Educación, para que su­
mariara y castigara a esos maestros di­
solventes, "a los cuales era menester per­
seguir y exterm inar como se hace con
las plagas de insectos perniciosos en de­
fensa de los cultivos” . Y a pesar de lo
mucho que pesa el imperialismo de los
grandes rotativos en aquel Cuerpo, éste
no se atrevió a complicarse en seme­
jante canallada.
Hay motivos, entonces, para seguir
pensando que las fuerzas morales encar­
nadas en quienes pretendemos ser los re­
presentantes de la cultura nacional, ejer­
cen su imperio en la conciencia p ú ­
blica.
Y si estos poderosos enemigos no nos
han derrotado, menos podrán hacerlo los
minúsculos adversarios que apelan a ar­
mas innobles para combatirnos.
LA M ORAL DEL M A G IST E R IO
Hablemos un poco de la psicología
del maestro para apreciar la talla de los
enanos mentales que me rinden el h o ­
menaje de su aversión. Hablo particular­
mente del maestro m etropolitano, moral
y espiritualmente m uy inferior al de p ro ­
vincias y territorios, como lo demuestro
en mi libro “ Como educa el Estado” .
No creo con Pablo Groussac, que so­
lamente los degenerados sigan la carre­
ra del magisterio. Pero sí creo que la
rutina profesional los embrutece y que
la obediencia pasiva los arrebaña y la
frivolidad de los hábitos m undanos los
envicia y los corrompe.
El maestro varón, sobre todo, descon­
tando m uy pocas excepciones, es un eunucoide m oral: ha perdido gradualm en­
te los atributos del carácter masculino.
Dijérase que la profesión los ha cir­
cuncidado intelectualmente, de acuerdo al
rito de la disciplina burocrática, o que les
hubiera atrofiado las glándulas suprarenales, que según los biólogos m oder­
nos segregan el coraje.
Reaccionan, no como varones, sino
como andróginos. N o se rebelan nunca
contra el que da o quita puestos. Aunque
acatan ciegamente el principio de autori­
dad. son murmuradores y maldicientes
con sus superiores como las c o c í-

�14

I

ñeras y los mucamos con sus patrones.
Serviles con el que manda, son tiranos
con los que están a sus órdenes, sober­
bios con los de la clase humilde y dés­
potas con los niños.
Ese es el material humano con que me
tocó trabajar durante quince años, en pro
de un ideal de cultura emancipadora y de
la dignificación moral y material del
maestro argentino.
No son las mías afirmaciones temera­
rias, dictadas por el desencanto.
Muchos son los ejemplos de vergon­
zosos servilismos que podría traer a co­
lación, para demostrar que los peores ene­
migos del maestro son los maestros. En
ningún gremio obrero se encontrarían
actos carneriles y traiciones colectivas co­
mo las que me ha tocado presenciar ha­
ce cinco años en San Luis y hace dos
en La Plata. Los maestros varones se
pusieron del lado de los verdugos del
gremio y las mujeres tuvieron que con­
vertirse en los hombres de la causa, pa­
ra salvar el honor de la profesión.
Yo me he cansado de cargar en cuen­
ta de los políticos la corrupción y el en­
vilecimiento de los maestros de escuela.
Pero no son ni los políticos corrupto­
res, ni las autoridades dictatoriales ni
los reglamentos faraónicos, los peores
enemigos del maestro, sino el miedo (co­
mo dice Gabriela M istral), el miedo y
■ la venalidad, agrego yo, que los hace
conducirse como sayones y filisteos. T o ­
das las rebeldías del magisterio no fue­
ron aquí, sino actos reflejos, más o me­
nos inconscientes. No fue la acción co­
lectiva, en ningún caso, la que contuvo
los abusos de autoridad. Ya que se pre­
tende historiar, documentémonos en la
verdad de los hechos.
Bien saben, amigos y enemigos, que
el protagonista principal de los sucesos
más resonantes del magisterio m etropoli­
tano, he sido yo. Y he sido yo, por dos
razones: porque en la hora de prueba he
ocupado el primer puesto en la acción,
demostrando que nadie tiene más segura
la cabeza sobre sus hombros que el que
se la juega todos los días y sólo la pier­
den los que tienen miedo de perderla. Y
porque nunca luché por mí, sino por los
otros, exagerando a veces mi incurado
quijotism o del bien y la justicia.
Yo demostré prácticamente a mis co­
legas. después de ayudar a morir a dos
consejos nacionales de educación, que no
era cierto que el hilo se corta siempre
por lo más delgado, sino que a veces se
corta por lo más podrido. Y que si no
hay todavía justicia para el magisterio,
es por la despreciable cobardía colectiva
del mismo.
Yo no vivo rememorando los hechos
de mi vida pasada, porque mejor pertre­
chado intelectualmente que ayer, para la
acción y la lucha, marcho hacia la con­
quista del porvenir, desplegando sobre to ­
dos los sedientos de luz, libertad, y justi­
cia, el estandarte de una cultura sin ído­
los y sin dogmas.
No ha de ser, seguramente, entre esos
inválidos del gremio donde reclutaremos
los voluntarios de este ejército de- cora­
zones intrépidos. Ni ha de ser la poli­
tiquilla doméstica del magisterio, el esce­
nario intelectual en que yo me mueva,

Z

Q

U

I

para influir eficazmente en los destinos
culturales del país.
Cuando se haga el balance de los va­
lores de la cultura argentina, es posible
que no aparezca ninguno de los Pérez
y Rodríguez cuyo único oficio en su vi­
da de estéril alacranería, como el de las
lavanderas, fué llevarle la cuenta de la
ropa sucia al cliente de sus odios, pero
es más que probable que no se pueda
prescindir de mi nombre, porque, bueno
o malo, soy una unidad intelectual den­
tro de la cultura progresiva de mi raza.
D E TR A C TO R ES DE MI C O N D U C TA
Son muchos los maestros que se han
dedicado estas vacaciones a despellejarme
a su paladar. Entre los que fueron a ve­
ranear a M ar del Plata, circuló la noti­
cia de que yo me había vendido &gt;1 dicta­
dor de Chile.
,_]
Luego he sabido que los comunistas
se han dedicado, también, a propalar es­
ta burda especie, desde las columnas de
“ La Internacional” .
Se explica el raquitismo político del
partido comunista, por el raquitismo in ­
telectual de los seminaristas rojos que lo
capitanean. Se ve que la opinión pública
les hace justicia. Las actitudes de estos
temibles revolucionarios, acreditan mis
palabras pronunciadas en la Convención.
Los comunistas rusos — dije — hicie­
ron la Revolución Rusa, la más grande
de las revoluciones; pero los comunistas
de por acá, sólo han hecho el caos en la
conciencia del proletariado. Y ahora
agrego: son fascistas invertidos, que vi­
ven aplicándose el aceite de ricino entre
ellos mismos, por cuya razón se han di­
vidido en tres pequeñas sectas, como los
monjes luteranos y calvinistas de la edad
media.
La causa de los ataques que me endil­
gan estos politiquillos del bolcheviquis­
mo, fué, sobre todo, mi réplica a los de­
tractores del magisterio chileno, en cuya
mala compañía sorprendí a Orestes
Ghioldi, el cual en el pecado llevará la
penitencia por haberse mezclado a los
“ negocios gremialistas” de ciertos vivillos del magisterio.
Los profesores chilenos — dije — no
han hecho ningún pacto indecoroso con
la dictadura, al aceptar la responsabilidad
de dirigir la enseñanza. Los únicos que
contrajeron públicamente, el compromi­
so de no molestar al gobierno, al precio
de cuya claudicación han conseguido con­
servar sus bancas en el congreso, fueron
los diputados y senadores comunistas. El
señor Ghioldi fué el primero en recono­
cer esta verdad.
Pero continuemos con los roedores de
mi reputación.
Entre los turistas que fueron a pasear
sus personas por la vecina República
de Chile, no faltaron los ex-amigos... o
los ex-hombres, que se ocupasen en des­
prestigiarme. Pero como en aquel país
he cosechado, con mis libros y mis accio­
nes, las simpatías y los aplausos que se
me regatean en el mío, estos exportado­
res del chismorreo y la intriga tuvieron
que oír lo que no esperaban.

E

R

D

A

U n talentoso profesor y escritor chile­
no, con quien nos conocemos a través de
nuestros libros, hubo de decirles a esos
turistas: “ Ustedes tienen un gran valor
en la persona de mi amigo Julio R. Bar­
cos. Es sensible que la mediocridad am­
biente les impida apreciarlo” .
Por último, en una revista rosarina que
lleva el nombre de Sarmiento, se me
ataca insidiosamente cada poco tiempo,
no sé si por encargo o por cuenta pro­
pia, pues la verdad es que no conozco
a su director, sino por el par de ore­
jas largas que asoma en sus escritos.
Finalmente, otro -ex-amigo, y que
hasta ayer se complacía en hablar admi­
rativamente de mi vida de lucha, se des­
pacha ahora con toda la hiel que lo ca­
racteriza, desde el periódico de una “L i­
ga del M agisterio” (que no es sino una
gavilla capitaneada por Rinconete y Cor­
tadillo) , con una ristra de cargos con­
tra mi vida pública, de tal modo, que
los hechos que antes ponderaba elogio­
samente para mi persona, hoy se true­
can en motivos de difamación.
Em ulo del vil autor de ' 'Anatole
France en Zapatillas” , este Judas de la
amistad, pretende a su vez una limosna
de celebridad, haciendo a través de su en­
conado espíritu, mi biografía.
Comprendo su intención: ha querido
tener sus cinco m inutos de notoriedad,
deseoso de que yo le dé personería, to ­
mando en cuenta sus ataques.
Voy a complacerlo, porque no puedo
consentir que mi ex-ayuda de cámara
haga mi retrato. Y porque considero útil,
más bien dicho, profiláctico, desbaratar
la pérfida campaña que con los dineros
ajenos se están llevando a cabo dentrfc
y fuera del país, no sólo contra mi per­
sona, sino también, aviesamente, contra
el prestigio y la autoridad moral de la
Convención.
Cuando se manejan sin control las lla­
ves de un Banco, se pueden im primir y
repartir gratis, muchos millares de hojas
difamatorias, contra los hombres que es­
tán, moral e intelectualmente, a cíen co­
dos sobre sus difamadores.
Este caballero se ha ofendido porque
en un comentario de la Convención, dije
que “ aquellos que cuidan la conducta
ajena y descuidan la propia” , fueron los
únicos espíritus mezquinos que atacaron
a los maestros chilenos, en dicho C on­
greso.
Eso mismo, con estas diferentes pala­
bras: "una cosa es ser moralista y otra
hombre m oral” , se lo dije en la asamblea
a este censor.
En aquella oportunidad no reaccionó.
No convenía pedir aclaraciones. Ahora
demostraré la verdad de lo que dije,
agravada por la inverecundia de este de­
tractor de oficio, cuya misión ha sido
en esta asamblea la de un centurión. Las
dos únicas veces que habló, fué para
arrogarse la ingrata función de desacredi­
tar a alguien. De modo que si le hubie­
ra faltado a quién difamar, no hubiera
tenido papel en el Congreso. Una vez
habló para pedir la expulsión de un de­
legado, y la otra, para arrojar sombras

�Z

Q

U

I

a los únicos maestros que están en la
pista cogiendo al toro por los cuernos:
los profesores chilenos, forjadores de una
reforma integral de la educación, que
marcará rumbos a los demás pueblos dr
América.
LA LIGA DEL M AG ISTERIO
Mi detractor me obliga a rememorar
ciertos hechos sin mayor importancia,
para destruir sus aseveraciones.
Tiene el desparpajo de afirmar que
fui separado de la Liga del Magisterio.
Con el mismo aplomo con que afirma
que en la Convención hice la defensa de
Mussolini e Ibáñez, llevándose por delan­
te el testimonio de toda la asamblea que
presenció el debate y jamás pudo oír se­
mejante cosa, lanza este otro grosero em­
buste, olvidando el testimonio de casi
todo el magisterio metropolitano.
Refresquemos un poco la memoria de
estos egregios historiadores.
A mi regreso de Estados Unidos no
encontré sino restos náufragos de la L i­
ga Nacional de Maestros, que fué aquí
un Quijote de la justicia.
Sólo encontré un grupo reducido de
viejos amigos, que habían inventado la
“Liga del Magisterio” con fines electo­
rales hacia la conquista del Banco de la
Pro Maestros. Mi atacante, en cuya
amistad creía, me propuso que los
acompañara y que una vez obtenido el
triunfo, se trocaría el Banco en un ins­
trumento económico en cargo de unifi­
car el gremio en todo el país.
Acepté e invité al mejor y más recto
de los hombres que había actuado con­
migo en las luchas gremiales, Santiago
Ponce. Ponce, que tenía ya calificados en
su fuero interno a estos integérrimos gremialistas, quiso evitarme el chasco y
no consiguiendo que yo desistiera de mi
compromiso, resolvió acompañarme.
Pronto se mostraron al desnudo las al­
mas. Fué a raíz de la victoria electoral,
que contribuí a darles con el prestigio
de mi nombre. Era la hora del reparto
de los puestos.
Quedé pasmado al ver los apetitos ex­
acerbados de estos "gremialistas insig­
nes . Habíamos hablado al magisterio de
la administración honrada de sus aho­
rros; y se proyectaba, de pronto, inflar
el presupuesto de la Asociación con una
burocracia desmedida.
Sépase que cualquier Banco de la ca­
tegoría de éste: el Escolar Argentino, el
Policial, que cuenta con igual número de
socios, funcionan con cuatro, cinco o seis
empleados. El de la Pró Maestros tiene
más de setenta! Es un-caso de parasitis­
mo voraz y predatorio peor que el de la
burocracia oficial.
Les dije entonces que bien merecíal
me colgaran un babero, por haber co­
metido la imbecilidad de creerles; y des­
pués de aplicarles la marca de fuego que
merecían, me retiré decepcionado y ado­
lorido.
En lugar de ofenderse fueron a bus­
carme a mi casa, prometiéndome que se
organizaría, pública y legalmente, la L i­

E

R

D

A

ga, para mostrar la sinceridad de sus
propósitos.
Pronto vi que era otra farsa la que
intentaron representar, pues ninguno de
ellos era partidario de una sociedad le­
galmente constituida, sino del so viet; así
le llamaban ellos a la pandilla que usu­
fructúa, tras el biombo pintado de la tal
Liga, el Banco de la Sociedad Pro Maes­
tro.
Llevaron la simulación hasta hacer la
asamblea y aprobar los estatutos. Pero
se sacaron la careta al exigirles que se
efectuara legalmente la reorganización
prometida. Entonces oyeron tronar la
verdad en mis labios. Se cuidaron muy
bien de hacerse los melindrosos; y cuan­
do publiqué en "La Obra” mi renuncia,
confesando el chasco que me había lleva­
do con estos puritanos gremialistas, se
guardaron de hacer ninguna clase de co­
mentarios.
Esa es la autoridad moral de estos Ca­
tones del gremialismo.
Asegura el autor del brulote, que yo
me opuse siempre a que se atacara al pre­
sidente Boero. Lo que no dice es que él
sacó provecho de mi amistad con aquel
funcionario, pues fué después de llevarlo
un día a su despacho,- donde supo con­
ducirse con bastante obsecuencia (tenía
un hacha que afilar) y pedirle para él
un puesto de Visitador, que este “ in­
flexible moralista” consiguió dicho cargo,
desempeñándolo hasta hace poco en La
Pampa.
Me opuse, efictivamente, a que se
atacara al hombre que más hizo por los
maestros mientras estuvo solo al frente
del Consejo (más tarde lo perdió su de­
bilidad de carácter) . Y me opuse, no só­
lo porque era injusto atacarlo, sino por
los inconfesables propósitos de quienes
le eran hostiles, pues ellos obraban por
cuenta de tercero, del señor Juan P. R a­
mos, contra el hombre que tenía en sus
manos el hilo de la verdad sobre el ase­
sinato de Antolin.
Otro hecho: mi reposición en el car­
go de Visitador después de la caída del
Consejo que me exonerara por mis ar­
tículos publicados en “Verdad” .
El doctor Gondra, deseando curarse
en salud, quiso confinarme en Tucumán.
Sin arrogancia y con firmeza, le dije
que me planteaba otra vez el dilema del
hambre o la humillación.
Eligiré, una vez más, el ptimero —
le manifesté — pues tengo la carne dura
para el sacrificio.
Es curioso — le agregué ■— que ha­
biendo sido yo el que ha puesto la casa
en orden y purificado su atmósfera con
la venida de otros funcionarios más rec­
tos que los anteriores, usted que me ha
felicitado delante de mis camaradas por
mi carácter, me aplique ahora el destie­
rro. El asunto quedó en el aire.
Un día me presenté al despacho del
doctor Gondra con el periódico de estos
liguistas en la mano, donde se atacaba al
Consejo por las contemplaciones que
tenía conmigo. Esa fué toda la solidari­
dad gremial con el maestro que caía en­

15
vuelto en la bandera de sus principios.
Es necesario, señor, le dije, que usted
i\ suelva mi situación: o me deja en mi
puesto, o le presento mi renuncia, si es
que su objeto es echarme a la calle. No
quiero que usted me haga servir de blan­
co a la injuria de estos ladronzuelos, le
dije, mostrándole el periódico.
“ Bah” — me contestó — • “ no le ha­
ga caso a esos atorrantes” . — Y tuvo
palabras de encomio para mi persona.
No obstante eso, no es verdad que me
quedara con el tirón de orejas que me
daba este señor en el decreto de mi re­
posición. Por ahí anda un número de
‘‘Los Pensadores” donde le contesté
aquella opinión suya sobre los “ revolu­
cionarios candorosos” .
“ Somos revolucionarios candorosos
— le decía •— los que luchamos quijo­
tescamente por la dulcínea de un ideal,
recogiendo para sí los sinsabores, mien­
tras cosechan los demás el beneficio.”
“ Somos revolucionarios candorosos, en
efecto, sobre todo, frente a los revolu­
cionarios “prácticos” del 90, que des­
pués de haberse alzado en armas con­
tra los poderes constituidos de la na­
ción, hoy están magníficamente rentados
por el Estado.”
En cuanto a la huelga del año 12
(contesto sin atenerme al orden cronoló­
gico) a que se refiere mí detractor,
aquélla dió la medida de lo que es la
moral del magisterio. Novecientos maes­
tros fueron a pedir clemencia al Conse­
jo, rectificándose de su conducta en un
documento vil que éste les hiciera firmar.
Quedamos afuera unos sesenta, que nos
negamos a pasar por esa horca caudina.
Propuse, entonces, a quienes quisie­
ran salir del país, que nos expatriásemos
al Paraguay, que fuésemos a pagar la
deuda que tenemos los argentinos con el
pueblo hermano, masacrado por la T ri­
ple Alianza, enseñando y educando a
cambio del pan y el techo.
Los hermanos Ponce que eran amigos
del doctor Vicente Gallo, me invitaron
para ir a verlo. Cuando le dijimos que
estábamos preparándonos para emigrar
al Paraguay y que desde allí les haría
yo un regalo a los políticos de mi tie­
rra, dedicándoles un libro que titularía
“La República de los Canallas” , el doc­
tor Gallo nos pidió que interrumpiése­
mos nuestras gestiones hasta tanto ha­
blara él con los miembros del Consejo.
Fué entonces cuando este cuerpo en­
contró el puente de plata y nos repuso
en homenaje a la efeméride, que
menciona mi detractor y que para él fué
“perdón” , y que para nosotros fué una
victoria sin vencidos ni vencedores.
Fué la de aquella autoridad escolar,
una farsa idéntica a la de Prim ó de Rive­
ra, indultando a Giménez de Asúa y el
doctor Marañón.
En aquella ocasión, tres señores que
confunden petulancia con carácter, qui­
sieron destacarse como los más altivos,
puesto que en el aula ya se habían des­
tacado como los más haraganes, y resol­
vieron seguir en huelga; y en huelga
perpetua se hallan; y en huelga conti-

�I

Z

Q

U

nuarín viviendo, porque padecen de un
atorrantísmo orgánico incurable. Veamos
cuál ha sido el destino de estas tres ves­
tales revolucionarias. Uno de ellos,
se alquiló a Lencinas como inspec­
tor de escuelas, para trocarse en seguida,
en el peor de los centuriones contra sus
colegas, durante la sonada huelga de
Mendoza. Los otros dos se han alternado
en la gerencia del Banco de la Pró Maes­
tro, canongía que da para juergas, liba­
ciones, timba y comilonas a todo pasto.
El puritano que me ataca, renunció
su cargo de Visitador, para aceptar el
“sacrificio” de ocupar la gerencia de di­
cho Banco, con el que juegan a las esquinitas los ases de esta gavilla del ma­
gisterio, pues ya he demostrado que la
tal Liga no es una sociedad sino una
horda. ¿Para qué alquilarse al Estado,
cuando se puede ser, simultáneamente,
parásito de los maestros y “líder” del
gremíalismo?
Todo el gremialismo de estos conno­
tados gremialistas, ha consistido en
“conquistar” la caja de fierro de la nom­
brada asociación, mediante procedimien­
tos electorales tan cínicamente fraudu­
lentos, que dejan chiquitos a los docto­
res en malas artes de nuestro viejo electoralismo criollo.
Han quedado solos, en la pista. Sien­
do una minoría tan mínima y tan des­
acreditada dentro del magisterio, ellos son
siempre mayoría en las elecciones. ¿Pero
a qué hablar de algo que todos conocen?
El Consejo de Educación le retiró su
patrocinio a la Pró Maestro, para no
siguir legalizando el lencinismo que prac­
tican estos escrupulosos administradores.
Legalmente, los picaros que eluden las
sanciones del código penal, son honrados
mientras no se les pruebe lo contrario.
Y estos caballeros lo son, indudable­
mente, puesto que aún no están en la
cárcel.
Otro hecho desfigurado por mi Zoilo,
es el de mi viaje a Estados Unidos.
Hay en esos cinco años de mis pere­
grinaciones por las dos Américas, episo­
dios y elementos suficientes para una
novela de interés social, que alguna vez
he de escribir.
Contesto por ahora, a la malévola in­
sinuación de mi detractor, respecto a la
causa que motivó ese viaje.
Dos veces había sido nombrado direc­
tor de escuela normal en distintas provin­
cias y las dos veces, la mano sigilosa del
clero, vetó el nombramiento. Obispos y
legisladores católicos se pusieron en
movimiento hasta conseguir que los di­
rectores de la enseñanza borrasen con el
codo lo que habían escrito con la mano.
Fué, entonces, cuando me presenté al
ministro Saavedra Lamas a preguntarle,
indignado, quién gobernada aquí las
escuelas laicas del Estado: ¿el ministro
o el arzobispo? Este me propuso, en des­
agravio, un viaje para estudiar las es­
cuelas intermedias de Estados Unidos.
Acepté gustoso la comisión y aunque no
llevaba otro numerario que los 180 pe­
sos (papel) de mi cátedra, pues el Con­
sejo Nacional me negó, implacable, el

I

E

R

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A

sueldo de maestro primario, me fui m o­
destamente de segunda clase, puesto que
no iba en busca de otro género de placeres
que los que produce la inmersión del&gt;
espíritu en la vida cultural de un m un­
do más grande y rico que el nuestro.
Al segundo mes de mi permanencia en
Nueva York, se me dejó de girar el suel­
do. El yerno del ex-presidente Sáenz Pe­
ña a raíz de una interpelación de un di­
putado socialista por “haberse mandado
a un maestro anarquista en misión de
estudios al extranjero” , declaró muy
orondo que el profesor Barcos había ido
a Norte América sólo con licencia y sin
goce de sueldo. Mis amigos se cotizaron
durante tres meses para aliviar mis atri­
bulaciones en el exilio, pues ya habrá
comprendido el lector, que todo esto no
fué sino una celada para aplicarme el
destierro.
Pero si el propósito de aquel ministro
fué eliminarme de la escena, hay que
convenir en que el burlador salió burla­
do. Aquí estoy de nuevo, pero esta vez
acrisolado por las arduas pruebas de la
vida, después de haber actuado en las lu­
chas sociales de varios países america­
nos, haciendo, tal vez, por la educación
del pueblo, lo que no han hecho desde
la Casa Rosada media docena de minis­
tros.
No se tome esta afirmación de fe co­
mo un acceso de egolatría. Ningún hom ­
bre inteligente ignora que el legislador
de las grandes reformas educativas no
es, comúnmente, el que calienta una ban­
ca en el Congreso, sino el que arraiga
una idea en la conciencia pública.
¿Quién se acuerda, en tanto, fuera de
mi detractor, del barbilindo ministro que
me condenó a la expatriación y el ham ­
bre?
Pero no es posible continuar refutan­
do todas las bellaquerías de mi detracto­
res. Diré únicamente, para terminar, que
nunca fui expulsado ni de la FORA ni
de la USA, por la sencilla razón de que
nunca fui miembro de ninguna de esas
entidades exclusivamente obreras. T am ­
poco gestioné nunca mi ingreso a la
Confederación Nacional de Maestros. Lo
que hice fué un ensayo de frente único
entre las asociaciones de maestros de la
Capital, para elaborar un proyecto de es­
calafón escolar. De allí salió el que hicie­
ra suyo el diputado Guillot, presentándo­
lo el año próximo pasado al Congreso,
y el que calcó a su vez el Consejo al
elaborar su plan de escalafón.
De mis libros y mis ideologías, cada
cual es dueño de pensar y decir lo que se
le antoje. Menos los que no tienen nin­
guna dé ambas cosas.
Yo no pretendo que en mi vida de
hombre de acción, no haya errores ni que
mi conciencia esté limpia de pecados. Ca­

16
da vecino tiene su tarro de basura detrás
de la puerta y algunos tienen un vagón:
pero hay otros que son un horno cre­
matorio.
Yo no tengo, sin duda, ni pasta de
mártir ni vocación de santo. Amo la vi­
da y la vivo y la avaloro según los espe­
jismos de mi alma.
Errores, todos los cometemos. Pero
una cosa son los errores del juicio y otra
los yerros de la conducta.
Cualquier persona decente puede ser
víctima de un abuso de confianza, sin
que eso acuse una superioridad del victi­
mario sobre la víctima. Suponerlo así se­
ría subvertir el sentido de la moral social
y el concepto de los valores personales.
Sería atribuir al bribón mayor jerar­
quía espiritual que al hombre de bien.
¡Esa, parece ser la creencia de mi de­
tractor, al subrayar que “ me enamoro
superficialmente de los hombres” . Y,
precisamente, esa generosidad para apre­
ciar en el prójimo sus cualidades, sin re­
parar en sus defectos, es lo que distingue
a los caracteres viriles y generosos de los
tipos rastreros y alacranes.
“Los espíritus alicortos son malévo­
los; los grandes ingenios son admirati­
vos” , dice el autor de “El Hombre Me­
diocre” .
Moriré siendo hombre de buena fe,
aunque tenga que rectificar mil veces mi
concepto de los individuos a los cuales
les entrego mi amistad o mi confianza.
Soy demasiado rico de afectos y mis de­
fraudadores no podrán nunca empobre­
cerme. No importa que me lleve algunos
chascos como el que me llevé con este
gran tacaño que vendió al amigo por
cuatro reales en la feria. También hay en
el mundo almas grandes, atesoradas de
simpatías, que nos enseñan a pensar bien
de la humanidad y de la vida. Nunca
como ahora me he sentido tan rico de
amistades excelsas, de esas que honran y
ennoblecen.
No pienso volver a distraer mi tiem­
po para esgrimir la pluma contra quienes
no tienen otra misión que la de enlodar
mi nombre. Por mis libros y mis accio­
nes hablará mi espíritu.
Sé que esto no desarmará a los envi­
diosos. Por el contrario, los exasperará
hasta romperles la bolsita de la ponzoña.
Sin embargo, quiero darles un consejo
por boca de Federico Nietzche:
Zaratustra se quedó dormido aquella
tarde al pie de un árbol.
La serpiente aprovechó la coyuntura
y lo mordió en un brazo.
El dolor despertó al filósofo y al mi­
rar luego a la serpiente, le dijo sonrien­
do: ¿Acaso eres tan rica, para derrochar
así tu veneno?
¿'Dónde viste que el veneno de la ser­
piente matase al dragón?

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COtTfCA - AfíTES

Revista

Red. y Ad.: R IV A D A V IA 1273
Adm inistrador: S. IvAPLAN

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N o se devuelven originales no solicitados ni se mantiene correspondencia acerca de ellos.

COLABORADORES
A genor A rgüello (E l Salvador). — Jan Abry. — Dr. Federico
Aberastury. — Leónidas Barletta. — A ntonio Barrot. — P ro­
fesor Camilo Berneri (P arís). — Carlos Brandt (N ueva
Y ork). — H erm inia C. Brumana. — Prof. Francisco C. Bendicente. — Edgardo Casella. — E. Centrón (M o n tev id eo ).—
H em D ay (B ruselas). — M anuel D om ínguez (M ontevideo).
•— L uigi Fabbri (M ontevideo). — Luce Fabbri (M ontevideo).
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G onzález Areosa (M ontevideo). — Prof. Rafael G rinfeld.—
Juan Guijarro. — Juan Gorodisky. — Prof. A lfonso L. H e­
rrera (M éxico). — Jorge H ess. — Costa Iscar. — María Lacerda de Moura (B rasil). — Dr. Juan Lazarte. — Gastón Leval. — Prof. José M. Lunazzi. — H aydée M aciel. — Juan D.
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N E C E S IT A M O S A G E N T E S Y P A Q U E T E R O S E N E L IN T E R IO R Y E X T E R IO R

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Cu adernos
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1

Dr. Juan Lazarte

L A R E V O L U C IO N S E X U A L
D E N U E S T R O T IE M P O

Incitación

al

Socialism o

2

Prof. Francisco C. Bendicente

A P U N T E S G E O G R A F IC O S P A R A
U N A E C O N O M IA R A C IO N A L A R ­
G E N T IN A
3

Manuel Villar

C O N D IC IO N E S P A R A L A
R E V O L U C IO N E N A M E R IC A

4

de

Gustav Landauer
Traducción
directa del alemán de

D. Abad de Santíllán

Dr. Juan Lazarte

LA LOCURA
D E L A G U E R R A E N A M E R IC A
P ró lo g o de Jo rg e F . N icolai

5

Diego Abad de Santillán

LA
B A N C A R R O T A D E L C A P IT A L IS M O
6

Dr. Georg Fr. Nicolai

DESA RRO LLO DEL
T R A B A JO H U M A N O

64

20
Centav.

Páginas

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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de los años 1 y 2 de la revista Izquierda, publicados entre 1934 y 1935.</text>
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Barletta, Leónidas&#13;
Lazarte, J.&#13;
Chaves, R.&#13;
Barcos, Julio R.</text>
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                    <text>RED A CC I ON

V

A 1) M I N I S T R A C 1 O N:

Año II
Diciembre

Perú 97:3 - Rueños Aires - Teléf. .84-2:384

TEORIA DEL ZAPATO
y OTRAS C O S A S

Prerio del número: $ 0.60 moneda argentina
S u s c r i p c i ó n a n u a l : $ 6.50 m o n./ar j|.

19 4 7
2a- Epoca

UNA

SUPERCHERIA

ICONOGRAFICA:
de

Por R A M O N GOMEZ DE LA SERNA

LOS

RETRATOS

CERVANTES
Por GUILLERMO DE TORRE

habido interpretadores del zapato pero sin acabar de dar en los
alrededores de la escatología con la fórmula que es sencillísima
y que yo resumo a sí:

H

a

Z

apato

=

m u je r

La zapatofolía o la zapatofilia sólo fué vengada por aquel criminal
de París al que perdió conservar los zapatos de las víctimas, sus sín­
tesis supremas.
Para que se vea que m i teoría no brota de lo burroeonsciente ni
revela una manía fetichista con un oscuro sentido pornográfico, sino
una representación surrealista, voy a dar dos imágenes dibujadas tosca­
mente por mí que han de aclarar mi hallazgo.
A sí se verá también que no he dicho una cosa despectiva como sería
el suponer que la m ujer es una chancleta.
E n el zapato mujer descubro un secreto atractivo y
además el secreto del porqué las mujeres compran para re­
novarse, para multiplicarse y para narcisizarse tantos zapa­
tos y. cuando presentan los últimos al hombre, éste los mira
sonriente como comprobando el parecido con ellas como si
fuesen su nueva imagen virginizada como una miniatura
de ellas mismas.
Veamos el esquema de una zapato (figura 1) y nos da­
remos cuenta que es como el tronco cercenado de una mujer
— cercen que no le importa al deseo porque fácilmente su­
pone el resto— pero si no acabamos de ver esa sugerencia
observemos la figura 2, quedará todo aclarado y emdente
y ya no se nos despintará, esa silueta mórbida apoyada e n .
brazo acoiíauo en el diván • uptut ¿0? dándonos cuenta
que la M a ja de Goya se podría titular “ zapato desnudo” .
Años de espera me ha costado esa imagen, pero ya
* ahí.
Ahora que los surrealistas me la admitan en las futuras
ñones de sus diccionarios.
Y o en realidad puedo ofrecerles muchas definiciones
lapeletas de académico vagabundo— pero ellos son muy
dos en la aceptación.
Como muestra fuera de concurso ahí van unas euantas
oíbles:
coral — esponja de sangre muerta
sombrilla — redondel de tela sostenido por un palillo
clavado en el corazón
apuntador — el eco antes de la palabra
•ciervo — hijo del árbol y del
rayo
catálogo — recuerdo de lo 'que
se olvidará
olivo — espejo del alba
esternón — camafeo del esque­
leto
violeta — actriz retirada
ajos — dientes de bruja
monóculo — llavero de las mi­
radas
botella — sarcófago del vino
córnea — esfera del reloj del ojo
termos — bala pacífica
gong — platillo viudo
m o s q u it e r o — h ad a de los
sueños
plom ada — ra ta muerta sus­
pendida por el rabo
ancla — inicial del pañuelo del
mar
nata — mejilla de la leche
musgo — peluquín de las pie'
dras
errata — herrata
beso — hambre y sed de in­
mortalidad
o m b lig o — h u ella d el botón
perdido
nido de hornero — calavera de
un solo ojo
Es un vocabulario en otra di­
mensión, en otro espacio.
El surrealismo se escapa a sí mis® ° y en vez de una doctrina es
ya una realidad que marcha hacia
adelante como el conquistador en
as tierras apenas descubiertas, sin
saber lo que hay delante de sus pa808 y sin embargo avanzando y to­
mando notas de lo que conquista.
( Continúa en la pág. 5)

posteridad iconográfica de Cervantes, las vicisitudes de sus su­
puestos retratos, revelan quizá mejor que ningún otro aspecto
de su vida, lo que ésta fué en puridad: es decir cuán oscura y
sigilosa impronta marcaron sus pasos materiales sobre nuestro planeta,
en contraste con la clamorosa repercusión que habría de alcanzar su
obra. Cervantes, — “ un tal Cervantes” , id est: un “ pobre diablo” —
fué un desconocido en vida. Y esto, aparte de los datos raleados y los
escuetos documentos que, al cabo de buscas y de años, han podido
sacar a luz pacientes investigadores, nos lo revela plenamente la ausen­
cia absoluta de un cuadro o grabado, el cual, en forma inequívoca y
concluyente, pueda considerarse como su verídico retrato.
¿ C ó m o . . . ? ¿ Y el famoso cuadro de Jáuregui, del que pululan
miles de reproducciones -— aumentadas todavía más en este año centurial— con la alta frente, la nariz corva, los largos bigotes
caídos sobre la barba cenicienta y aquella espléndida gola
escarolada que le ciñe estatuariamente el cuello?— preguntará
el lector desprevenido. ¿Acaso tal cuadro no condice pare­
jamente con el retrato que el autor de las Novelas ejemplares
trazó de sí mismo en el prólogo de aquéllas, en 1613, sólo
tres años antes de morir, y que empieza: E ste que veis aquí,
de rostro aguileno, de cabello castaño, de frente lisa y desem­
barazada, de alegres ojos y de nariz c o r v a ..., terminando:
E ste, digo, que es el rostro del autor de ” Galatea” y “ Don Qui­
jote de la Mancha” , y del que hizo el “ Viaje al Parnaso” . . .
Llámase comúnmente Miguel d e-C ervan tes Saavedra.
S íh cmhargo, la eedad resuda muy distinta, ese parecido
entre los rasgos* literarios y les pictóricos pudiera haberse
encontrado asimismo en otros retratos de la época, y el cuadro
de Jáuregui no pasa de ser una superchería iconográfica,
amañada sin gran firmeza y a la cual se ha dejado prosperar
por convencionalismo académico de los unos y vaga supers­
tición popular de los más. Pero la historia de tal usurpación
es sabrosa y merece ser contada con algún detalle, conforme

L

a

( Continúa en la pág. S)

DOS P R O L O G O í&gt; DE L A

N O V E L A DE L A E T E R N A "
Por MACEDONÍO FERNANDEZ
GULA A LOS PROLOGOS. (Prólogo Indicador.)

E l “ último” Cervantes, descubierto en 1943.

“La tertulia de P om bo” , famoso cuadro de José G utiórrez S olana , donado por Ramón Gómez de la
Serna (en pie, centro de la tertulia) al Museo de Arte Moderno, de Madrid.

habilitando comodidades y
un nuevo capítulo para esce­
nas y personas sobrevenidas, a las
que debo improvisar acomodo, pá­
ginas, hechos y redacción. Pues mis
personajes son todos ligerísimos:
en el instante en que dejo de escri­
bir dejan ellos de hacer; como no
trabaje yo, queda todo parado; ahí
está Juancito “ en el aire sin piso
del espacio” — es una lírica que
surge en mí como un respiro libe­
rador en la gravedad de los pró­
logos que aún me faltan a medio
caer de un balcón, porque yo paré
ayer de escribir, como escritor a
conciencia, para desocupar el suelo
(y preparar su descripción) que
ocuparía su porrazo; no le cuesta
nada seguir la acción de la grave­
dad ¡ pues no lo hace! Otra vez me
buscaron a lo largo de la Novela
porque había dejado a don Luciano
metiendo un brazo en la manga del
sobretodo y ya no resistía los ca­
lambres de esta postura. Mas no se
quejó el Presidente, pues interrum­
pí redactarlo cuando iba a soplar el
fósforo con que acababa de encen­
der su cigarrillo y ha pasado la
tarde sin fumar y quemándose. Esto
parece mentira. E n toda hora hay
en mi novela alguien con sólo un
botín puesto, un joven con una sola
novia o los novios que iban a que­
dar solos y yo no acabé de retirar
a la mamá o hacer cabecear a la
tía. También don Luciano fué de­
jado por mí de escribir en mo­
mentos en que se calzaba una nue­
va Moral y se me encontró lejos

E

stoy

(Continúa en la pág. J )

�cabalgata

2

Carta de Francia
Por JUAN SAAVEDRA

SU LLANTO POR LAS COSAS
H ijo Pródigo:
¿Quién escucha tu canto, quién oye tu alabanza
cuando el fuego del mar quema tus labios
y lloras en el viento bajo las furias de tu
corazón?
¡Oh lejanías! Más puros que la muerte
se levantan los altos sofismas de la noche,
el lánguido y solemne conjuro do la luna
temblando, susurrando eir oídos de aguas.
Pero tu alma es un coro de ambición y violencia,
el sueño de una roja alameda en otoño, que despliega
en el fondo,
entro la lejanía de sus hojas, el tierno adiós
materno:
esa tela que ondea y sonríe llorairdo,
esa bandera muerta, ese éxtasis de polvo,
y la memoria, el brillo de la lumbre de antaño,
mientras tiñes tu alma con una llama impura
y abandonas tus días al amparo de una pluma de
pájaro.
Ahora canta en la niebla
la celeste serpiente de la noche:
roza el opio lechoso de la lámpara,
las casas aferradas a la costa,
la calva de unos hombres melancólicos
saboreando sus sopas,
miserables placeres y codicias
entre las telarañas del hastío.
¡Oh vagabundo coronado de harapos! Nada te
pertenece.
Sólo los labios crueles del amor,
sólo la profecía de las olas en el tatuado maderamen
de un puerto.
¡Pródigo! Infiel como el deseo,
más allá de las losas grasicntas del asilo
en donde la paciencia arde en silencio
como un fuego infestado,
encima de unos muertos en altos taburetes,
y sobre las techumbres, con trapos, humos,
alientos de cubiles que remontan
desde las ultrajadas callejuelas.

DE

OLAS

Las nubes amarillas en el viento,
y estas casas viciosas, estos gritos
de una playa de hembras
•i grasicntos peinados ante el mar,
con obscenas plegarias encima de las tumbas
cuyos muertos sonríen y repican
■i- blao
'Cecilios y s is ríe.'-—».
¡Un canto de lujurias! (Esos brazos
untados de canela te reclaman
al pie de estos altares labrados por el ocio.)
Deidades codiciosas, con sus redes de plata
tendidas en sonrisas y lascivias,
damas pintarrajeadas ñor el sueño,
perras del mar. ¡Oh diosas de carne
tentadora! Celestes criaturas cuyas flautas
exaltan el desprecio y el ;.-gullo.
¡Príncipes vagabundos!
He aquí unaq fogatas al abrigo del grito de la
muerte.
He aquí, caballeros, como un ángel hambriento
latiendo en los baldíos espacios de la tierra,
una reunión de llamas y mujeres
cantando, sollozando
bajo las grandes hojas de un país.

ENRIQUE

cabalgata

EL PR Ó X IM O N Ú M ER O DE

será
ESPECIAL
y
APA REC ERÁ

el día 23 de diciembre

con el fin de
iue los lectores que decidan
REGALAR LIBROS
a sus
FAMILIARES
y
AMIGOS
en las próximas fiestas de
NAVIDAD,
PRIMERO DE ANO
y REYES,
conozcan los avisos extra¡ ordinarios de la producción
bibliográfica argentina que
insertarán estas páginas y
puedan elegir este año un
buen regalo:
UN LIBRO,
MUCHOS LIBROS

MOLI NA

Es necesario destacar que la prensa francesa, y no segura­
mente sólo por razones de patriotismo, se ha congratulado casi
unánimemente de esta elección de la Academia sueca. Unica­
mente algunos católicos han discrepado y también “ L ’Humanité ’ ', que no puede perdonar a Andró Gide sus dos libros
sobre la U.R.S.S. El órgano del partido comunista ha calificado
la designación de “ Premio Nobel de la servidumbre” . Aunque
no se comprende muy bien lo que esto quiere decir, se deduce
que alude a que Gide es “ un agente de los trusts americanos” .

• En la Sala Pleyel, hace unas noches
dió Sacha Guitry una conferencia dedicada
a sus admiradores, y también, aprovechando
el ambiente político, para tratar do justi­
ficar sus veleidades durante la ocupación
alemana. En realidad, más que un público
literario el que asistió era un público intetegrado por todos los antiguos colabora­
dores. Así se explica la gran ovación con
que fué saludada la primera frase de su
charla: ‘ ‘ Cuando entré en la cárcel ” . . .
No se ha producido gran cambio en
Sacha. Su presunción aumenta con los
años. Tratando de justificar su familia­
ridad con Goering y Abetz, aludió al pre­
cedente histórico de Goethe acogiendo a
Napoleón en Erfurt.
• Con arreglo a la última ley de am­
nistía promulgada en Francia, el proceso
intentado contra el escritor norteamericano
Henry Miller, por pornografía literaria,
ha sido sobreseído. Esto ha sido debido a
las protestas que en la casi totalidad de
los escritores había dado lugar semejante
acción judicial. Pero ahora se ha hecho
público que en Suiza va a abrirse el pro­
ceso contra las ‘ ‘ Editions du Chéne ’ ’,
culpables de haber difundido los ‘ ‘ Trópi­
cos” en el territorio federal.
• El Premio Stendhal, por un valor de
cien mil francos, ha sido concedido a
Miehel Bataille, por su obra “ Patriek” .
El presidente del Jurado es Jean Schlumberger y los jueces tuvieron que elegir
entre la obra premiada y “ Martha du
prisonnier” , de Alain Gual.

• La Unión Nacional de Intelectuales ha contribuido con in­
terés a celebrar el centenario de Cervantes. El día 14 de
noviembre se ha inaugurado la exposición organizada principal­
mente por Julien Cain, Jaujard y Jean Cassou. Figuran en ella
ediciones raras de carácter cervantino y obras de arte inspiradas
por los escritos de Cervantes.
El día 15 se ha celebrado en el Teatro Francés una función
poética consagrada a Cervantes, y cuyo programa ha sido re­
transmitido por la Radiodifusión nacional. El 24, Jean Cassou
ha pronunciado una importante conferencia en el Teatro des
Mathurins sobre la obra inmortal del autor de “ Don Q uijote” .
Otros actos hay previstos, principalmente el 7 de diciembre, en
que se celebrará una gran fiesta popular en el palacio de Chaillot.
Del Comité de Iniciativa Cervantes forman parte un número
importante de personalidades francesas y españolas, entre ellas:
Madeleine Renaud, Nacgelen, Pierre Bourd»’', Julien Caín Pau
Casals, Aragón, G. Pillement. Mati- e, Corbusier, Bataillon,
Louis Parrot, Picasso, P-nrano Híaja, J. L. Barrault y Paul
Eluard.
Dos emisiones radiofónicas, el 8 y el 22 de diciembre, per­
m itía n oír a los franceses páginas de Cervantes y un concierto
du ooras inspiradas por sus libros a Richard Strauss y a Maurice Ravel.
y’~

Ahí estalla tn súplica.
¡ Oh melodía!
Sentencias, fulgores sin piedad,
llanto inmortal y verde del mar, oye ese llanto,
como una tentadora melopea,
como un tierno gemido, profundo y redentor
que corona el relámpago.

TEMA

• Como me permití anunciar en mi anterior ‘ ‘ Carta ’ ’ , el
Premio Nobel de Literatura de este año ha sido concedido al
gran maestro de las letras francesas Andró Gide. Con este ga­
lardón internacional concedido a un francés, Francia supera
la marca de todos los premios Nobel concedidos a otras naciones
desdo principios del siglo.
En efecto, Gide es el séptimo laureado francés coronado por
la Academia sueca. Sus predecesores fueron: Sully Prudhomme
(1901), el primero que obtuvo el nuevo premio: Fredcric Mistral
(1904), Eomain Rollamd (1915), Anatole France (1921), Henri
Bergson (1927) y Roger Martin du Gard (1937). En cambio,
Inglaterra cuenta sólo con cuatro laureados: Kipling, Bcrnard
Shaw, Galsworthy y Yeats. Los americanos han obtenido sólo
tres premios Nobel: Sinclair Lewis, Eugen O ’Neill y Pearl
S. Buck.
No pretenderé yo dar a conocer la gran significación de
Andró Gide, lo que no habrá ya dejado de hacer la prensa
diaria argentina. Andró Gide, a los setenta y ocho años sigue
siendo considerado por todos como la principal personalidad
literaria francesa, aunque nadie en el pasado, e incluso en el
presente, ha sido más discutido que él. Para marcar su evolución,
nada mejor que copiar estas líneas que le ha consagrado, con
motivo del Premio, el eminente crítico literario Robert Kemp:
“ L ’ enfant prodigue ha errado mucho. Frecuentemente ha
sido herido. No ha vuelto a la casa paterna porque se ahogaba.
Pero ha terminado por construirse una casa tranquila; hay
orden e incluso decencia. Ha saboreado, después de una vida
de tempestades, su bello crepúsculo, y va a sonreír a su gloria,
con un poco do escepticismo, naturalmente. .. La obra es sólida.
Puede estar orgulloso de no haber escrito — es el elogio que
prefiere— una línea insignificante.”

se disponia a cambiar el programa, cuando
súbitamente la obra conoció un gran éxito.
El triunfo fué tan total que llegó a las
cuatrocientas representaciones, y en 1936
la Comedio Frar.vjaise inscribió “ Canción
de Cuna ” en su repertorio.

(li)

• Un nuevo pleito literario de interés ha merecido el comen­
tario de la prensa francesa. Podría titularse este pleito “ Los
herederos abusivos” .
Hace seis meses las “ Editions du Point du J o u t ” publicaron
un volumen con una selección de cartas de Baudelaire, entre
las que figuraban las más significativas. Una sola de estas
cartas no había sido publicada en volumen integramente. Cinco
líneas escogidas por el señor Crepet habían aparecido hace mu­
cho tiempo. (Aclaremos que el señor Crepet se dedica desde
hace cuarenta años al estudio exclusivo de Baudelaire.)
Esta carta, dirigida por el autor de “ Las flores del m al”
al señor Ancelle, su consejero judicial de entonces, es nada me­
nos que su testamento (el único que se conoce), puesto que
establece sus disposiciones a favor de Jeanme Lemer, al mismo
tiempo que declara su intención de suicidarse. Suplica al señor
Ancelle que comprenda y haga respetar sus últimas voluntades.
Dicho documento tiene una importancia excepcional para co­
nocer a Baudelaire, porque no llevó a cabo sus intenciones de
suicidio, pero tampoco renegó de sus disposiciones con respecto
a Jeanne Lemer.
Pero he aquí que el biznieto del señor Ancelle, actual poseedor
de esta carta, se ha manifestado contra su publicación, ha hecho
recoger todos los volúmenes donde ella figura y ha llevado al
editor a los tribunales, reclamando 250.000 francos de daños
y perjuicios. Pretexto de esta actitud: la carta es de su propiedad

y se opone a su publicación “ porque la
juzga ofensiva para la memoria de Bau­
delaire ’ ’ .
• No es frecuente que un nuevo aca­
démico reúna el asentimiento de todo el
mundo. Sin embargo, puede decirse que
la entrada de Henri Mondor en la Coupole
ha tenido la mejor prensa que haya podido
tener en muchos años un nuevo académico.
Gran cirujano, profesor de la Facultad
de Medicina, Henri Mondor es también
un extraordinario historiador literario. Su
obra, centrada principalmente sobre Mallarmé, comprendo obras sobre Dupuytren
y sobre Pasteur, asi como también un
“ Verlaine” y un “ V aléry” . Un verda­
dero humanista-médico. Su presentación
ante la Academia fué hecha por Georges
Duhamel, médico-humanista a su vez.
En cambio, los elogios lio han sido tan1
unánimes para otro académico reciente­
mente elegido: Maurice Genevoix. Es un
escritor rural, que sucede en la Coupolei
a otro escritor rural, Joseph de Pesquidoux.
• Sobre la muerte de Saint-Exupéry
siempre se han emitido diversas versiones
y juicios. Ultimamente, Mareel Sauvage,
autor de “ Les Solitudes” y “ Gardiens
de la parole ’ ’, da una nueva versión, que
tiene gran importancia porque era íntimo
amigo del gran escritor piloto.
Según Sauvage, tres días antes de par­
tir para su último vuelo, Saint-Exupéry se
expresó en estos términos con él:
“ Estoy decepcionado por todo lo que
veo y o ig o . .. Una vez más es la gran
ilusión y el mundo está perdido. .. En to­
do caso, las gentes de nuestra clase no
tienen irada que hacer aquí. . . Vengo a
despedirme de t i . . . Preveo que es la úl­

tima vez que te veo; sé que no te volveré
a ver.”
• Según expresión de Roland Dorgelés,
los Jurados de los grandes premios lite­
rarios franceses están condenados de aquí
a primeros de diciembre a “ lecturas
forzadas” . Efectivamente, así es porque
nada menos que ochenta candidatos se
disputan los premios que serán adjudicados
a fines de año. El hecho so complica por­
que entre los aspirantes hay autores de
novelas de ochocientas páginas.
Para el Premio Goncourt se habla de
“ Plannéte sans visa” , de Jean Malaquais, que ha obtenido un gran éxito de
crítica, y que es la obra que yo eligiría.
Pero, sin embargo, parece que las obras
quo tienen más posibilidades son ‘ ‘ Caporal
épinglé” , de Jacques Perret, y “ Les Soli­
tudes” , de Mareel Sauvage.
Para el Premio Reuaudot, el gran fa ­
vorito es Georges Govy, por su novela
“ Les jours maigres” , seguido muy de
cerca de Maria Le Hardouin ( “ Les Foréts de la n uit” ). Se habla también de
“ On vous parle” , de Jean Cayrol, y de
“ Pomme verte” , de Paul Vincent.
Para el Femina la pugna está entablada
entro la novelista canadiense Gabrielle
Roy ( “ Bonheur d ’oceasion” ), Maurice
Tocsca ( “ Les Scorpionnes” ) y Luc Estaug ( “ Ternps d ’amour” ).
e Con motivo de la muerte de Martínez
Sierra, un semanario francés ha recordado
que su obra “ Canción de cuna” se re­
presentó por primera vez en París en una
pequeña sala que acababa de construirse:
el Studio des Champs Elvsées. Algunas
noches después del estreno apenas había
una docena de espectadores. El director

Micho! Bataille, interrogado por los
periodistas al conocerse la decisión del
Jurado, ha dicho: “ No, yo no amo a
Stendhal. No, yo no sé por qué. No, yo
no sé lo que amo. No, yo no soy escritor
yo soy arquitecto ’ ’ .
o A través de la Radio, se lia celebrado
el cincuentenario do la publicación de
“ Nourritures Terrestres” , de Andró Gide
Esta emisión literaria corrió a cargo de
Maro Bcrnard, Roger Grenier y Andouard
El propio André Gide leyó párrafos de
su obra.
• Con el título de “ La América degrada
el espiritu ” , el diario comunista “ L ’Humanitó” ha publicado una página espe­
cial dedicada exclusivamente a combatir la
literatura norteamericana.
En dicha página se decía, entre muchas
otras cosas, las siguientes:
“ No compréis los enterradores ameri­
canos de la cultura. No compréis las revis­
tas americanas. Difundid la literatura
sana. En el país de Rabelais, de Montaig­
ne, de Voltaire, de Moliére, de Rimbaud,
de Eluard y de Aragón, una propaganda
de rebajamiento del espíritu no debe en­
contrar apoyo.”
• El Jurado del “ Premio de los Lec­
tores” (mil lectores que han pagado 500
francos para poder votar su obra preferida
entre las publicadas en el año) ha demos­
trado un cierto buen criterio en su elec­
ción.
El premio ha sido concedido a la señora
Framjoise d ’Eaubonne por su novela ‘ ‘ Comme un vol de gerfauts” y a Gilbert Cesbron por su “ Tradition Forrtquernie” . La
primera ha percibido 400.000 francos y el
segundo 100.000.

Picasso, Bey

próximo 15 de diciembre, Pierre
Blanchar representará en el teatro
de los Campos Elíseos de París
“ Edipo R ey ” . Y los decorados corren
a cargo de Picasso. Por cierto que al
principio la interesante asociación estuvo
a punto de romperse: Picasso presentó
un pequeño telón con una diminuta barca
pintada en el centro: “ Este debía ser el
único decorado de la obra” , le dijo a
Blanchar. Pero el actor no estuvo de
acuerdo.
“ Estos actores no saben nada de nada
— comentó más tarde Picasso— . La barca
simboliza el Destino y el Destino es el
único decorado que necesita esta maravi­
llosa tragedia. ’ ’
No obstante, Blanchar no quiso ceder,
quizás porque la nueva traducción del
“ Edipo R ey” se deba a la pluma de un
profesor de la Sorbona, P. Mazón.
“ Edipo R ey ” — explica Blanchar a
sus amigos — es la quintaesencia de la
tragedia universal; es, simultáneamente,
el más hermoso drama policíaco y el
drama de la fatalidad más angustiante
de todos los tiempos. Es admirable su
construcción sinfónica, el ritmo de la obra,
matizado por el movimiento del coro, esos
andantes y esos allegros, ritos religiosos
olvidados sobre un ritmo humano eterno. ’ ’
Por supuesto, Pierre Blanchar ha re­
chazado la versión de Edipo hecha por
Delacroix por considerar quo falsea el
drama de Sófocles.
“ La obra griega — añade— está frus­
trada por el romanticismo de la época.
Se precisaba toda la estatura y la voz
de Moiuret-Sully, el máximo trágico mo­
derno, para disimular el “ pompierismo” .
Hoy, nadie podría representar esa Adap­
tación. ’ ’
Desde luego, la obra promete ser una
recreación. En ella, unas veces Apolo y
Diana parecen personajes ficticios y otras
Artemisa y Febo parecen dioses reales,
personajes potentes y familiares. Tanto
que durante los ensayos los maquinistas
y tramoyistas del teatro han quedado sus­
pensos de emoción.
‘ ‘ Evidentemente — precisa Blanchar—
no podemos recrear a Sófocles, ni la re­
ligión, el teatro y la música griegas. No
aspiramos a eso. El mejor medio de con­
mover a nuestros contemporáneos es res­
petar en gran medida la pureza de la
vieja tragedia helénica v a través de sus
intenciones religiosas devolverle su con­
tenido humano .más íntimo. El propio
texto incita a un decorado geométrico,
lineal que, do creer a los eruditos, no se
aleja mucho de la “ mise en scéne ’ ’
griega. ’ ’
En cuanto al decorado, Blanchar ma­
nifiesta :
“ Los que no conocen a Picasso más
que a través de una falsa publicidad se
quedarán muy sorprendidos. Bien docu­

E

l

mentado sobre temas antiguos, Jicasso
ha respetado en un todo el arcaí no co­
rrespondiente a los comienzos d
siglo
v antes de Cristo en Atenas. Er. uanto
a los colores no me atrevo a d• -r que
serán neutros; pero me limitaré a cordar
la observación de una joven cret e que
desembarcó en Provenza: “ ¡Oh jamás
había advertido en mi tierra que 1
olivos
fueran verdes! ’ ’

lin/VCIA!
No es en cumplimiento a
’tna
rutina que estampamos aquí
tra palabra de agradecimiento a
cuantos nos han hecho llegc sus
plácemes. Dicta esa humilde fra­
se la fe puesta en estas páginas,
correspondida, con adhesión que
nos emociona, por nuestros lecto­
res, por nuestros antiguos y nue­
vos colaboradores, por nuestros
avisadores. . . Tan pronto como
nuestro número anterior hubo to­
mado contacto con la calle, sen­
timos a nuestro alrededor la pre­
sencia del público que queremos
como amigo. A este público le
decimos hoy que aspiramos a ha­
cer de C abalgata el periódico de
letras y artes que él desea.
C ab alg ata es un periód ico
ecléctico y heterogéneo: aspira a
ser un órgano selecto de gran di­
fusión. Colaborarán en estas pá­
ginas — están invitados a hacer­
lo— los escritores, poetas, artis­
tas, críticos del país de todas las
tendencias y p r o m o c io n e s . Es
nuestro propósito ofrecer al lec­
tor la más amplia panorámica del
arte y la literatura nacionales.
Con idéntico espíritu recogerán
estas columnas las manifestacio­
nes plásticas y literarias de los
países hermanos y de los de ha­
bla distinta a la nuestra.
E l número anterior, con el que
i hemos iniciado la segunda época
; de C abalgata , se agotó rápida­
mente, privándonos de atender los
pedidos que llegaron con poste­
rioridad al día de salida. Roga­
mos disculpas a cuantos no hemos
podido atender por este motivo.

�cabalgata

5

UNA SUPERCHERIA
ICONOGRAFICA:

LOS I1ETIIAT0S
DE

Primera imagen de Cervantes
recibiendo la inspiración.
(Yicpe de la primera página)
de hacerlo muy amena y docu­
mentalmente * un cervantista emérito y un
excelente prosador.
Ya la primera anomalía que siempre ha­
bía suscitado nuestro asombro es que el
mencionado retrato hubiera sido descu­
bierto e impuesto oficialmente en fecha
reciente, descartándose el que hasta enton­
ces se tenia por auténtico. Pero he aquí
que un buen día, en junio de 1911, apa­
rece — el verbo de aire mágico no puede
ser aquí más exacto, ya que nunca se
supo claramente su verdadero origen—
cierta pintura sobre tabla en cuya parte
superior leíase esa inscripción: D. Mi­
guel de Cervantes Saavedra, y en la in­
ferior, esta otra: leían de laurigm . Pinnf. Año 1600. El cuadro pasó inmedia­
tamente — por donación de un profesor
le dibujo y restaurador de cuadros anui­
mos, último poseedor de él, quien nunca
aplicó satisfactoriamente cómo había llo­
rado a sus manos— a la entonces Peal
Academia Española. Esta, sin mayores
iveriguaeiones técnicas, fiada solamente
■n la convicción difusa de sus honorables
niembros, y resolviendo expeditivamente
malquier perplejidad, decretó que dicha
abla era el retrato auténtico del creador
leí Qnijote, y como tal se apresuró a pro­
palarlo e imponerlo, multiplicando sus re­
producciones. Que aquellos acartonados y
pxtraa-rtísticos varones no advirtieran, co­
no podía advertir cualquier aficionado picórico — aun sin llegar al grado d© histoiador..diserto, de chamarilero sabio o de
‘ pes o en Bellas A rtes” *--, la esca°'\
ralájodel lienzo en cuanto obra &lt;le arte,
m¡añac"repararan en el denso tu fo.d e cosa
tabla ala que trasciende — al ca.bo, una
de la t nfigua algo repintada, con la frente
dejar’ ’igura ensanchada hacia arriba, para
las ina “ lisa y desembarazada” , y con
tas— seripciones recientemente superpue­
sto l nada tiene de extraño. . . puesto que
obrer o ve cualquiera, sobre todo cuando
del ,-a la reproducción con los colores
original. Mas que los eminentes vesi del idioma, entre los cuales se conn a la sazón gentes muy duchas en
•histórico y minucias cronológicas, no
tieran que si la tabla fué pintada,
:eza la inscripción, en 1600, Cervantes
entonces cincuenta y tres años — y
iarsonaje del retrato parece bastante
más viejo— , ni tampoco que Jáuregui
sólo contaba entonces diez y seis; que no
les isombrara ese Pon pegadizo que nunca
osó Miguel de Cervantes, con el cual no
lo ¡ratificó ningún contemporáneo suyo
y tampoco figura en documento alguno
de los siglos xvi y xvrr; ni que fin al­
mente repararan cómo el modo potencial
y dubitativo con que Cervantes se refiere
en las primeras líneas de su prólogo al
retrato de Jáuregui quedaba así convertido
en tiempo presente y hasta profético, ya
er Sosa más extraña.
acaban

Ahora bien, la sospecha, y aun la cer­
tidumbre del error de la Academia de la
Lengua, cometido por ligereza o soberbia,
adquiere aún mayor base cuándo repasando
lis páginas del mentado e ilustrativo vo­
lumen, advertimos que no es éste el primer
díñate perpetrado sobre tal materia por
la “ docta corporación*” . (¡E s a inefable
A'ademia Española que ha mucho perdió
basta la sombra de prestigio, si es que
dguna vez lo tuvo cabal; que ni siquiera
ajorce ya la influencia social de “ buen
tono” lograda en los días de Valera y
Menéndez Pelayo; esa Academia de la
Lengua, engendradora de hispanófobos
lingüísticos en la América española, pues
«ólo aquí, en este continente, se le atribuye
con credulidad un monopolio regulador y
despótico -sobre el idioma común que en
España misma nunca felizmente alcanzó
y que de hecho pertenece a los buenos
osentores y a las gentes cultas; esa
Academia que con im p a g a b le “ celo
histórico” mantuvo secuestradas durante
decenios las cartas reveladoras de Lope
jl® Vega al Duque de Sessa, estimando
8ensatamente” que el conocimiento de
ian extraordinaria fuente documental me­
noscabaría la memoria del F én ix; esa
Academia, en suma, con la cual sería el
cuento de nunca acabar, si fuésemos a
historiar todos sus desaciertos y medroedades, pues ella misma no acaba jamás
o® acrecer sus deudas en tal punto, según
•onfirma cierta hoja servil antepuesta a
última edición de su Diccionario. . . ! )
¡A Historia gráfica de Cervantes y del Quie, por Juan Givanel Más y Gaziel. Editorial
Ultra, Madrid, 19-16.

Dos años después, en una edición de
1707, Cervantes utiliza sin dificultad
su mano estropeada.
En efecto, ya algunos años antes, en
1870, se habia equivocado con la misma
desenvoltura al considerar como auténtico
cierto supuesto retrato de Cervantes atribui­
do a Alonso del Arco, y que fué durante
más de un siglo el primer ‘ ‘ Cervantes o fi­
cial o de la Real Academia ’ ’ . Lo más grave
es que en la lámina que sobre él se di­
bujó — incluyéndola como frontispicio en
Versión señorial: Un “ Cervantes”
dibujado por Kent y grabado por
Vertue para urna edición inglesa
de 1738.

UNIDA»

la famosa edición de Ibarra— ni siquiera
so buscaba o se respetaba ya el menor
parecido con el autorretrato literario de
Cervantes; venía 3 ser así, del modo más
ingenuo, una imagen perfectamente aca­
démica — por convencional y sin base
efectiva— , enmarcada lapidariamente en
un medallón barroco por su recargamiento,
pero qgoclásieo en la factura. Se trataba,
en suma, de una interpretación más, de
una variante libre sobre el retrato com­
pletamente imaginario, dibujado por Kent
y grabado por Vertue, quo acompañaba
a una magnífica edición inglesa del Qui­
jote, en su texto español, publicada en
Londres, en 1738, y precedida del primer
estudio biográfico, el de don Gregorio
Mayans y Sisear. Representa aquélla, sin
sombra de verosimilitud, sin el menor es­
crúpulo histórico, al hombre azacaneado
y pobretón que fué Miguel de Cervantes,
nada menos que instalado en un palacio
y, al fondo, un gran salón de ventanas
ojivales por donde cruza un caballero, su­
puesto don Quijote, completamente embu­
tido en una armadura de museo cual nunca
la poseyó el hidalgo m anehego...
Pero estas representaciones convenciona­
les y engrandecedoras — todas ellas imagi­
narias, puesto que nunca, insistimos, se
ha encontrado el menor trazo o bosquejo
do ningún verdadero retrato cervantino—
arrancan de más atrás, se remontan* ori­
ginariamente a la edición que en 1705
publicó un librero de Amsterdam con la
traducción francesa de las Novelas ejem ­
plares. Aparece allí un grabado con cierto
caballero, vestido a usanza del siglo xvm ,
y no del siglo de Cervantes, sentado ante
una mesa y en* trance de recibir la ins­
piración. Esta asume las formas de un
genio alado, sobre mullida nube, entregán­
dole una pluma, que el supuesto Cervantes
recibe con la mano derecha abierta. Lo
curioso es que dos años después, en otro
grabado — también do una edición hecha
en Amsterdam— la imagen aparece vuelta
del otro lado, y Cervantes ase ahora la
pluma, que el angelote le tiende, con su
mano izquierda, perfectamente hábil, ol­
vidando cuán estropeada le quedó por el

Versión caprichosa del “ Manco de
Lepanto’ ’ en su primer fase.
arcabuzazo que recibiera “ en la más alta
ocasión que vieron los siglos ’ ’. Mas este
asunto del “ manco de Lepanto” ha lo­
grado aún, a lo largo de su accidentada
iconografía, imágenes más chuscas. En
ocasiones se le dió una representación*
discreta, atenuada, según muestra un gra­
bado de Kent - Vertue, publicado en La
Haya, en 1739. En otras, cierto dibujante
también inglés, un tal Hulett, calcó el
antedicho retrato y le cercenó la mano
izquierda, de un ta jo ; con* razón dicen los.
Versión académica: el supuesto re­
trato de Cervantes atribuido a Juan
Je Jáuregui.

id e

Supondría demasiado espacio ir siguien­
do paso tras paso, retrato a retrato, las
vicisitudes sufridas por la representación
artística de Cervantes a lo largo de tres
siglos. El curioso lector podrá encontrar
un historial bastante completo en el libro
de Givanel Más y Gaziel, tan curioso, que
venimos parafraseando. La conclusión in­
mediata derivada del cotejo ante el desfile
de tan caprichosas y contradictorias imá­
genes cervantinas es ésta: cada siglo, cada
época, do la cultura y de los estilos artís­
ticos ha tenido “ su ” Cervantes: tendió
a representarse al humilde y genial alfialaíno siguiendo más que las características
propias del tiempo cervantino, las caracte­
rísticas y gustos peculiares de la época
vital de cada intérprete g rá fico; y lo
mismo acontece con los múltiples ilus­
tradores del Quijote.
Repasando esas páginas se advierte así
como hubo un Cervantes al gusto neo­
clásico, un Cervantes romántico de per­
geño francés 1840, un Cervantes britanizado y puritano, otro shakespeariano, un
Cervantes aburguesado, culto, liberal, de
tipo español 1800 — cual es el de Madrazo
- -, un Cervantes español, romántico ima­
ginado ba jo la influencia del Don Alvaro,
de Rivas, y del Don J.uan Zórrilleseo, un
Cervantes eonstitueionalista de 1876. Lue­
go, a fines del siglo xlx, enasdo se empieza
a entrever que no todo es jácara en Han
Quijote, cuando se insinúa la ‘ ‘ melanco­
lía ” del gran libro, brota un Cervantes
ensimismado.

1

i

» DAN

1
jL

1

las plantas que le hacen dudar
protesta a menudo contra
de
la inteligencia de Maeterlinck;
los que pretenden encerrarlo
y ese Gide, espectador violenta­
en alguno de sus libros, y de que
mente imparcial del mundo, que
Les nourritures terrestres sea la
apunta las faltas gramaticales de
prisión preferida por tales simplisus colegas, colecciona recortes de
ficadores apresurados. Frecuente­
periódicos, toma notas sobre mé­
mente vuelven en su Diario afir­
trica y prosodia y transcribe lo
maciones como ésta: “ Si yo mu­
que dicen los chicos del jardinero
riera ahora, sólo dejaría de mí
es el mismo Gide que, con una
un rostro tuerto, o sin ojos” y
técnica
netamente folletinesca, ela­
quejas contra la dura fatalidad de
bora
las
más portentosas novelas
la composición, que impone un or­
contemporáneas y nos presenta la
den sucesivo a obras de génesis y
teoría del acto gratuito al mismo
necesidad contemporáneas.
Andró Gide
tiempo
que emprende la revisión
E s curioso apuntar cómo en dos
Premio Nobel de Literatura, 1947
de ciertos procesos judiciales o
de las más magníficas cabezas de
políticos.
la literatura francesa contemporá­
Gide
realiza
la
paradoja
de una conducta única,
nea, Gide y Benda, se da el mismo fenómeno en dos
literaria y humana, unida al respeto por el adversa­
sentidos distintos. Benda, orden, lógica, claridad des­
rio: paradoja tanto más paradójica porque su ad­
piadada, que marcha de la novela a la filosofía y
versario
se encarna en él mismo y es su inteligencia
busca cada vez más su propia integración, conoce su
sin par la que le hace ver todos los lados de una cues­
dualidad fundam ental: bien puede remontarse en ar­
tión al mismo tiempo y bajo una misma luz. Su tra­
gumentaciones implacables, negarse a ciertas músicas,
yectoria
— en la que no ha sido difícil ver contra­
abrazarse a la razón desnuda. La poesía lo reclamará
dicciones que sólo lo son en apariencia— es rectilínea;
siempre desde su propio pecho; para nuestra radian­
y su conducta y la continua progresión de su pensa­
te maravilla, tendrá que penar sobre cada línea hasta
miento no han podido menos que conquistarle ene­
que las palabras respondan a la armonía — y no al
mistades e ininteligencias, tales
que no se puede
puro sentido— de la idea. Aunque abandone su pro­
dejar de estar con él cuando se ve quiénes lo atacan” ,
pia imagen y pretenda escribir con una pluma del
como escribió Montherlant hace ya veinte años. Un
ala de Uriel, Benda — y es su grandeza mejor— no
hombre que ha sacrificado constantemente su tran­
dejará de ser un hombre: no una pura mente sino
quilidad exterior a su imprescindible necesidad de
un hombre, a la vez luminoso y ciego, como todos
ser veraz hasta con él mismo, para quien elegir es
los hombres.
sacrificar el resto — o sea no ser ya el mismo— V que
Gide, en cambio, recobra su figura por la suma
puede decir al cabo de una larga carrera que “ su
de todos sus rostros diferentes. E l cantor del agua
arte es la cosa que considera más importante para
de los jardines africanos es el mismo viajero que re­
é l” , merece las nobles palabras que le dirige uno
torna de Tchad con su valija llena de protestas; el
de sus opositores, Franqois M auriae: ‘ ‘ Quiero decirle
sutil comentador de Dostoievski es el sutil traductor
que si continuamos queriéndolo mucho y a pesar de
de W illiam Blake, su propio pastor y su inmoralista,
nuestras diferencias, es porque toda su vida ha sido
y los demonios que se agitan alrededor de su Saúl
alguien que se ha ofrecido. Nos ha servido a todos
son el mismo ángel con que lucha, como Jacob, uno
para conocernos m ejor.” Y el alto premio que acaba
de sus personajes. Gide es el mismo — y eso es lo
de recibir no es sólo la máxima distinción otorgada
asombroso— desde los tiempos en que el simbolismo
a un artista sino la señal visible, universal, casi co­
pretendía guardarlo del contacto de la realidad has­
lectiva y tan necesaria hoy, de la confianza de to­
ta hoy en que el color de unos ojos es para él un
dos en el ser humano y sus potencias espirituales.
rasgo sagrado e intocable. Es el Gide propietario
E l triunfo de Andró Gide es una de las victorias
rural el que dicta a Gide su sagaz refutación de
del hombre.
Barres y sus observaciones sobre la inteligencia de

G

autores Jel libro citado que “ el grabador
Hulett era más temible que los arcabu­
ceros turcos” . . .

Y a última hora, en 1943, dentro de
esa misma corriente, ha surgido un nuevo
Cervantes, seguramente también apócrifo,
sobre el cual ya nadie se atreve a dar
ninguna garantía de autenticidad -—ni
siquiera la Academ ia— , pero que en* re­
sumidas cuentas es el que más se le parece
espiritualmente. Nos referimos a cierto
lienzo, también vagamente atribuido a
Jáuregui — pues ahora nadie osó pintar
unas letras encima, ni simular una firm a— ,
pero superior, en cuanto obra artística,
a todos los conocidos. Representa a un
caballero anciano, de unos sesenta y cinco
años, cuyas características faciales coin ­
ciden también con el autorretrato literario
de las Novelas ejemplares. Es un rostro
quo trasciende inteligencia, bondadosa iro­
nía, recatada dign idad: en suma, aquellas
cualidades con que a través de la dedi­
catoria del Persiles vemos espiritualmente
a Cervantes en sus días postreros.
Dejando a un lado m ofas y sátiras con­
tra las Academias ( “ ¡de las Academ ias
— y de laa blasfemias— , líbranos, Se­
ñor! ” ), contra los embaucadores ingenuos
o maliciosos, llevando la cuestión a un
plano más alto y general ¿qué otra cosa
demuestran estas peripecias infligidas a
un escritor glorioso en busca de su retrato
sino la necesidad que sienten las gentes
de concretar siempre e » una imagen m ate­
rial el sujeto de su devoción? No se re­
signan a imaginárselo por su cu en ta;
quieren ver una figura real detrás de la
obra. Quieren — queremos, pues, en este*
afán todos comulgamos— resarcirle con
esta reencarnación g rá fica de lo invisible
que pasó entre sus coetáneos.
Porque el hecho categórico resultante
es que ninguno de los artistas que convi­
vió con Cervantes le otorgó jerarquía o
consideración como para preocuparse de
fija r sus rasgos mortales. Cervantes p ro­
bablemente hubo de amistar con Pacheco,
cuando residió en Sevilla, y sin em bargo
su efigie no aparece en El libro de retratos,
que grabó el suegro de Velázquez, y donde
figuran otros ingenios del tiempo, más
famosos entonces y hoy olvidados. Cer­
vantes no tuvo la fortuna icon og ráfica
do un Erasmo al ser retratado triplemente
por Holbein, Durero y Quintín M atsys;
no halló en su camino a un Velázquez
como Góngora, ni a un G iotto como Dante,
ni a un R afael como Castiglione, ni a un
Tiziano como ArioBto y Aretin*o, ni a un
Lucos Cranach como Melanchton, ni a
un Greco como Paravieino, ni a un Murillo como Quevedo, ni a un Frana Hale
como Descartes, ni a un Philippe de Ohampaigne como Pascal, etc., etc., en esa
serie de grandes correspondencias icon o­
g rá fico! iterarías que fuera muy largo ha­
cer medianamente completa, pues reque­
riría agrupar decenas y decenas de nom ­
bres perdurables.

�cabalgata

4

escritor auténtico crea su propio
mundo, y, a pesar del excelente adagio
“ Escribe sólo acerca de lo que conoces” ,
el mundo que crea no es siempre exactatamente parecido al que tiene cada día
ante sus ojos. Porque el realismo (como
verdadero realismo artístico) sólo así pue­
de llegar lejos De otra manera, el escritor
no pasa de agregar novela tras novela,
como si se tratara de coleccionar auto­
móviles Ford. A veces son libros admira­
bles. ricos en asuntos candentes; pero su
vitalidad es sólo pasajera: tratan, por lo
general, a plena luz del día. de los pro­
blemas del casamiento y del divorcio o
enuncian, por ejemplo, los de la industria
del pescado seco, hasta agotar el tema;
hacen esto y otras cosas más, pero no
interesan a nadie unos años después. Mas
parece que ello no tuviera importancia, por­
que siempre se publican1 nuevas novelas del
mismo género. Mientras tanto, sólo conta­
das creaciones de la imaginación logran
vivir perdurablemente.
Quizá la mejor prueba de la calidad
artística de Robert Xatlian consiste en que
las novelas que publicó hace va mucho más
de una década conservan toda la frescura
del primer día. ¡D e cuántos novelistas
contemporáneos se puede decir algo pa­
recido? Y cuando se dice, muchas veces
resulta impropio. Lo cierto es oue. en este
caso, mientras el campo literario de Esta­
dos Unidos se ve cada semana inundado,
devastado, por novelas que avanzan a paso
firme — guiños de anuncios luminosos y
voz de radiodifusoras— hacia el olvido
inevitable, los personajes creados por Ro­
bert Xathan — el señor Aristóteles y el
Papa Jonás, la señora Heavenstreet v el
perrillo Musket, la adolescente Jennie v
Eben, el pintor— siguen siendo lo que
fueron al nacer: criaturas vivientes que
respiran y se agitan. Estas criaturas no
pretendieron jamás otra cosa, y la vida que
las anima sigue intacta. Las calles que
rodean la plaza han cambiado de aspecto,
en cierta forma, pero la luz del crespúsculo
sigue proyectándose en forma de barras
amarillentas, empolvadas, y la tragedia
del señor Aristóteles sigue siendo una tra­
gedia, aunque esté representada por un
muñeco. La gran pelea del gallo Barto­
lomé contra el mestizo malaycVsigue siendo
tan emocionante como antes, y la estación
primaveral en Barlv no ha cambiado. Esto
es lo que interesa, ante todo, en una no­
vela. Así es como una obra resulta dura­
dera y se anima de nueva vida.
Es muy ilustrativo volver la vista hacia
los comienzos. Los modelos que seguían los
jóvenes novelistas de principios de este
siglo formaban una especie de “ novela
colegial” y cambiaban dé una generación
a otra. Los había en gran número y pro­
venían de las universidades de Yale, Har­
vard, Princetoir, Chicago y otras de la
misma importancia. En todo caso, el héroe,
un poco desilusionado de la vida, tomaba
su camino armándose de ironía y de pie­
dad. Entre estos héroes hubo uno que
apareció con el nombre de P eter Kindred.
X o fué un libro de éxito, a pesar de que
tenía dos cosas excepcionales: grave so­
briedad de estilo y notable ausencia de
adjetivos sonoros. Pero, en lo que se re­
fiere al conjunto, en general seguía ex­
hibiendo las tres características del modelo
establecido: adolescencia, vida estudiantil
y amores primerizos. A simple vista, esta
obra daba la clave de la dirección que
debía tomar el autor.
Como Xathan nació en Xueva York, era
natural que su segunda obra fuera un
estudio sesudo sobre Manhattan y su nueva
generación; un estudio que podría permi­
tirse hasta ligeras excursiones a Long
Island, por ejemplo ...P e r o no fué así.
El libro esperado fué una pastoral llamada
Otoño. Giraba alrededor del tema de un
maestro de aldea y estaba relacionado

T

Oscar Domínguez. “ Composición” .

Problemas de la Pintura Contemporánea

OSCAR

DOMI NGUEZ
Por EDUARDO WESTERDAHL

unos diez años, con motivo de una
exposición de objetos superrealistas en
la Galería Charles Ratton, de París, yo
escribía sobre el pintor Domínguez estas
breves palabras, trazando un puente entre
su figura y la de Hans Arp, como cargas
polares del movimiento superrealista.
“ Oscar Domínguez — decía— entra en
la vida plástica del superrealismo insu­
flado de academia, de literatura y de
los valores poéticos que representa Sal­
vador Dalí. Arp representa la polaridad
del movimiento en tiempo y tendencia
concreta. Domínguez polariza también en
el movimiento el tiempo y la tendencia
propia de realidades que pertenecen al
mundo onírico. Sus últimas obras se se­
paran de la academia que amenaza a
Dalí, afiliándose a la aventura de un pro­
cedimiento más directo, en su relación,
con su mundo subconsciente y con las
revelaciones de su persona. En Domínguez
puede descansar el necesario despertar
constructivo. Sus últimos objetos atesti­
guan que aún la realidad ofrece un vasto
campo experimental, partiendo, desde lue­
go, de una introversión del sistema sepu’i do: que lor objetos no son lo que
-. n -'-,-’' ,n, sino cosa distinta deson ’ ’ .
Este desdoblamiento morfológico, pre­
visto entonces en su obra plástica, se ha
acentuado en los últimos años, especial­
mente en sus llamadas esculturas móviles,
que adquieren un peculiar desdoblamiento.
Das esculturas móviles de Domínguez, pe­
queñas piezas talladas en caoba, se com­
ponen de cuerpos grávidos e independien­
tes que forman una suma plástica de
expresiones variables. Las piezas se en­
samblan y cambian sus valores creando
cuerpos que son derivaciones de objetos
sin clara representación, pero que al fin
concretan unas realidades tan inteligibles
como los personajes de Joan Miró.
Oscar Domínguez establece así una co­
nexión con el 900 y aparece como un
heredero de la tradición poéticoutilitaria
que difundió en occidente el neobarroquismo denominado “ Jugend mistyl” . Ahora
bien, esta herencia es mecanicista, pero
nada tiene que ver con la morfología de
este estilo, tan grata por otra parte a
Salvador Dalí, quien la impuso al mo­
vimiento superrealista influyendo en Bre­
tón, hasta el punto de poder yo atestiguar
la impresión que a este je fe de grupo le
causó ver una torpe reproducción1 en yeso
policromado de estos “ bibelots” comer­
ciales, calificado como m agnífico ejem­
plar de escultura delirante.
El “ Biedermeier” fué un movimiento
expansivo del objeto que vino a parar,
por su dinámica lineal y el campo vegetal
donde desarrollaba preferentemente sus
operaciones, en un movimiento ornamental
o decorativo. El objeto poéticoutilitario
o la doble finalidad del objeto artístico
tuvo caracteres de creacióir. X o necesi­
tamos detenernos en la descripción de bra­
zos o cabellos de tal forma enlazados que
formaban búcaros, de tallos estilizados
cuyas flores eran perchas o de ingentes

H

ace

troncos o montañas floréales que eran
casas (G audí).
Pero desde Arcimboldo a Dalí, pasando
por el Boseo, por Huys, por Larmessin
y Grandville, sin olvidar a Leonardo, ni
a los contemporáneos como Picasso y
Ernst, el arte ha tenido un sentido de
catacresis, mediante el cual la obra trata
de vibrar orgánicamente. Esta preocupa­
ción entró en el arte con el Barroco, con su
dinámica, en la que ya se puede apreciar
la doble intención reflejada en la genial
receta de W olfflin : “ en distinto sentido
que de los retratos clásicos hay que decir
de los retratos barrocos: su contenido es,
no los labios, sino el lenguaje; no los
ojos, sino la mirada’ ’ .
En un plano objetivo el impresionismo,
lo mismo que años más tarde el futuris­
mo, trata de captar la vibración, la re­
verberación, el movimiento del objeto grá­
vido al ser disuelto por la luz, por el
aire, por la atmósfera o por el movimiento.
El expresionismo, más dentro de los mó­
viles espirituales del Barroco, centrado
en la persona y su vacilación, en su an­
gustia, capta los valores demoníacos y
las líneas de contención de la figura; y
1«= representaciones del color tenidas por
'radnional. o científicas son abandona­
das por cielos amarillos y rostros azules;
o como en la pintura absoluta de Kandinskv por líneas o colores que lleven en sí
autonomía, que se comporten de manera
universal como individualidades de deter­
minadas radiaciones emocionales.
Quiere decir todo ello que la doble
intención, catacresis, imagen o represen­
tación, es una cualidad ingénita del arte,
y que una manzana nada tiene que hacer
en el cuadro si su intención es la de
ser simplemente una manzana.
Así vemos estos objetos de Osear Do­
mínguez, cuyo polimorfismo tiene algún
parentesco con las esculturas del inglés
Henri Moore. Pero este parentesco lo ob­
servamos también en Pablo Picasso con
sus ajustes, ensambles y sincronismos, con
sus metamorfosis, como una línea general
de conducta a la que parece adaptarse
parte del arte contemporáneo.
De la crisis en que parece sumido el
movimiento superrealista, pintores como
Piccaso, Dalí y Domínguez tienden a re­
valorizar el cuadro, a hacer un inventario
de sus buscas o encuentros. Así para
Picasso será una suma de destrucciones,
para Dalí, la vuelta a Rafael, (véase su
Vida Secreta,) para O. Domínguez la ne­
gación del tema y el trabajo dentro de
los límites del cuadro: materia, color, lí­
nea, etc.
La obra de Oscar Domínguez posee una
riqueza y variedad extraordinarias. De­
jando atrás la obra de los años anteriores
a la última guerra, la producción de los
últimos años tiende hacia un sintetismo
dramático sirr huir de la preocupación nor­
mal picassiana: la persona y su drama.
De 1937 a 1941 Domínguez trabaja sus
cuadros cósmicos, paisajes de una lujosa
trabazón corpórea, de celestial anatomía,
a la que parecía destinado por muestras
de su obra anterior. Estos lienzos son

Oscar Domínguez. “ Escultura móvil en caoba” .

odo

extraordinariamente vitales, con formas
inventadas, concretas y dramáticas.
En ese mismo año 1941 hace sus incur­
siones en el cuadro “ vitral” con sus
óleos “ Minotauro” , “ Alio Cleopatra” ,
“ Crepúsculo” y “ Composición” , algunos
de los cnales anticipan sus esculturas
móviles del siguiente año y sus cuadros
Tadiales jlel 1944.
En 1943, logra su célebre “ El revólver
y el teléfono” , expuesto con gran éxito
en Bruselas; de técnica radial, y sus ba­
ñistas, figuras lineales y “ fauvistas” .
En 1944 entra de lleno en su obra
radial o vitralista, de gran trabazón1 ló­
gica, donde trata de sincronizar todos
los valores plásticos de objeto y fondo,
estableciendo una unidad de construcción
V creando el cuadro orgánico, dotado de
las mejores adquisiciones logradas por la
pintura, es decir, composición o arquitec­
tura, color, formas exactas, conclusas, ce­
rradas en sí mismas, pero móviles, gráciles
y dinámicas, cierto humor dramático, pla­
nificación y concreción humana.
Sus últimas obras presentan problemas
bidimensionales, sintéticos, por los que
su pintura parece buscar una salida hacia
el reposo de la arquitectura.
De él ha dicho Georges Hugnet: “ sus
invenciones llevan una inquietud y un
tormento fuera de toda medida. Uno se
pregunta si este canario, embovedado, des­
tilando oscuros recuerdos, no sería el de­
positario de los secretos de un universo
desaparecido, y si él no nos propone un
mundo de autómatas con funcionamiento
perdido, a la manera olvidada, un mundo
de héroes sin nombres, travémlonos a las
orillas de una leyenda fantasm a” .

con las tendencias y modas literarias de
su tiempo, en la misma forma que los
Songs o f Inocence (Canciones de Inocen­
cia ), de Blake, lo estaban1 con el suyo.
En este caso se podría observar que
muchos novelistas habrían sido capaces de
escribir cualquiera de las novelas de se­
gundo orden que abundan entre nosotros;
pero sólo Robert Xathan podía — mejor
dicho, pudo— escribir Otoño.
Y lo cierto es que se trata de una obra,
con algo que ninguna otra de su tiempo
posee: un estilo a la vez delicado, austero
e inquebrantable, lo bastante afilado para
cortar, pero sin rencor; un estilo claro
como el agua o el aire. Y junto con esto,
la ironía graciosa y la imaginación deli­
cada, además de una sensibilidad amorosa
de la vida y un odio profundo contra todo
lo que puede mutilar o desnaturalizar, con
cualquier fin, este amor, y que quizá no
ha sido suficientemente observado por los
críticos de Xathan. Pues este autor escribe
bien, claro está, pero sin acaramelamientos. Y el horror de Metabei en la iglesia
es un horror auténtico.
Por otro lado, hay también melancolía
— que no tiene nada del manto negro, sino
de la sombra de una nube de verano— y
humor que ilumina sin destruir. El ángel,
en La mujer del obispo vive tiempos di-

jamás mi salvación a costa de tener que
escupir sobre mi propio pueblo. {Cree
usted que amo demasiado a los judíos?
{Cómo podría decírselo cuando yo soy uno
de ellos? Pero, en todo caso, le confieso
oue estoy harto de los que odian a los
judíos, porque estoy harto de odio. Lo que
ahora necesita el mundo es un poco más
de cordialidad, y que las gentes se estre­
chen las manos y se saluden cariñosa­
mente. {Cree usted, acaso, que es agradable
permanecer al margen de t o d o ? . .. ”
Estas palabras fueron escritas en 1928.
La permanente actualidad de la obra de
Robert Xathan hace ane sea posible apli­
carlas también en estos momentos. {Cuál
es la virtud aue le da esta característica
de permanencia? Y o desearía conocerla.
De los libros a oue. hago referencia en
este artículo, dos desarrollan su argumento
en una aldea, dos en la ciudad de Xueva
York y una en el cielo. Los principales
personajes son: un perrillo, un ángel, una
actriz famosa, un obispo, un artista pintor,
un gallo de pelea, utr hombrecillo verde y un
leñador. En ellos hay amores felices y
amores desgraciados: grandes y pequeños
dolores del cuerno y del espíritu: juventud,
vejez y decepciones de la edad. Son. por
otra parte, libros que sólo tratan de la
naturaleza humana, y no son ni presun­
tuosos ni oscuros. Además, están- escritos
con dulzura.
Pero, a pesar de estos “ defectos” , uno
los lee y los recuerda, y vuelve a releerlos.
Veamos, por ejemplo, al violinista de
Barlv cuando acaba de ser despedido a
•causa de su ociosidad, por el reverendo y
sonriente presbítero Flood:

;
j
j
-

“ Cuando se quedó solo, el violinista
contempló la figura del doctor Flood, que
se retiraba sonriente.

Bobert Fatlian
fíciles en este mundo, y el señor LewisLevy, en Hay otro cielo también tiene sus
dificultades en el paraíso protestante al
que lo han enviado. El mismo Musket, el
perrillo inteligente, no encuentra todas las
cosas arregladas a su gusto, a pesar de
su reputación artística. Sin embargo, todos
viven con un entusiasmo mezclado dé sor­
presa. Y pueden sufrir caídas, pero poseen
la aptitud de levantarse. V oy a hacer una
cita para dar idea de la calidad:
El
amor del hombre y la mujer es una cosa
muy diferente; está lleno de pena y de
sed humana; es un infinito desierto deternidad, es una ilusión de coinoó.ues un miraje de consuelo. Además, el
amor es también un impulso irresistible
de naturaleza puramente animal. Y o no sé
nada de esto por experiencia propia; pero
he estudiado bastante a los poetas ” .
Así habla Jorge Germán Wutheridge,
profesor de lenguas semíticas, uno de los
personajes de La mujer del obispo. Todo
esto es muy fácil de leer; pero es muy
difícil de escribir en su mismo tono de
humildad. Porque el lector no espera re­
cibir exactamente lo que pensaba, y, en
virtud de la última sentencia, uno se ve
obligado a dar imprevistamente un paso
atrás. Esto constituye una parte del mé­
todo de Robert Xathan, si es que el arte
de escribir bien puede llamarse método.
Esta mezcla de imaginación y de rea­
lidad (de realidad contemplada en la
im aginaciónjconcede a este autor un pues­
to excepcional en nuestras letras. Porque,
a pesar de que sus historias son casi siem­
pre fábulas, jamás pierden su nexo con
la humanidad. Observad la extraordinaria
descripción de los niños, desde Amy May
n olly en La muñeca maestra y la prota­
gonista de Eetrato de Jennie, hasta los
dos muchachos llamados simplemente Potter y Johnson, en La mujer del obispo.
Todos ellos son niños reales, con la pe­
queña barbarie y la gracia emocionante
de la infancia; son crueles, absorbentes
y al mismo tiempo encantadores. Viven en
su propio mundo y, parcialmente, también
en el nuestro. Xadie ha podido hacerlos
mejores de lo que son, en nuestro tiempo.
He aquí un ligero incidente en una fiesta
de Xavidad:
“ El rostro de Julieta se puso a temblar.
Aproximándose con la cabeza inclinada,
abrazó a su madre por las rodillas y
exclamó con voz lastimosa: — X o tengo
ningún payaso. Y o quiero un payaso. Tú
le diste el mío a Potter. Este árbol de
Xavidad me pertenece. Tú le diste mi lindo
payaso. . . ”
“ Y eehando a llorar prosiguió: — X o
tengo ningún vestido de fie s ta .. X o tengo
ningún vestidito nuevo de fiesta. . . ”
“ Potter no le prestaba atención, y, lan­
zando un muñeco al aire, exclamaba a su
vez: — Aquí estoy saltando. . . Y caigo de
n u evo.. . ;B u m !. . . ”
Estas sólo son algunas frases, pero en
sus palabras so levanta el espíritu de mil
criaturas. Xathan tampoco es menos acu­
cioso cuando afronta problemas más pro­
fundos. Leamos lo que hace decir, por
ejemplo, al millonario Cohén, cuando se
encuentra anto Miguel, el arcángel diá­
cono, y le da sus razones personales para
seguir siendo judío;
“ — X o, amigo m ío; si no me he hecho
cristiano, como muchos otros, no es por
las prácticas religiosas, sino porque no
quiero que mis nietos odien a los judíos.
En el mundo actual existe demasiado odio,
y en nuestro país crece como la cizaña.
Aquí, hasta los poetas se odian entre sí.
Y o sigo siendo ju d ío; no quiero ir a fo r ­
mar parte do los que odian. X o compraré

“ Ven — se dijo a sí mismo— , siempre
habrá un dueño de casa v un huésped,
dondequiera que vavas. Algunas perso­
nas no quieren ser huéspedes; sólo son
felices cuando son dueños de casa. Les
gusta permanecer en su hogar, y con ese
objeto hacen allí toda clase de arreglos.
Bien. bien, mi querido compañero, ven
conmigo. Aquí tenemos una lira y público
para escuchar. Cuando estabas lleno de
vida, '■más me diste ninguna preocupa­
ción. A r ra me toca atenderte como es
debido _
no hay vino, y las mtiéres
lucen alas en vez de piernas. X o tienes
que esforzarle para ser feliz y " r de
manera inteligente” .
mbíín
i5artes de
lea:
‘ 1 brió los ojos una vez má
ue
aquello era más viril. Pero lo
que e: ontró su mirada fueron sv
pit
armados de brillantes
pee .p as v agudas, curvadas o
tar; s— Esto es la muerte, no
— o -usó— , y levantó las pata:
puéotra, para mirarlas.’
Pero ya se trate de una u ot
jóvenes amantes perdidos entre
bas de una pradera veraniega &lt;el encantador Petrato de Jeun hombre perplejo en las oJordán, de un perro o un grili
ángel o de criaturas menos divina
más nos impresiona es su vitalidí
vitalidad coloreada de bella fantr
gei a como el contacto de una h o j, y,
mismo tiempo, inolvidable. Hemos tenide
a nuestro lado un alegre y sabio obser­
vador. Es verdad que no sabe el w n ejo
de todos los instrumentos de una orp.esta;
pero la nota que da es auténtica, natural
e inquieta — bastante rara, ciertai irte—
y permanece en nuestro recuerdo.
¡Quiénes fueron los maestros ¿e Xa­
than ? Quizá Anatole France, al con ’eirzo;
pero posteriormente se le nota la i.-l'uencia de Hans Cristian Andersen, r^- un
lado, y de Xathaniel Hawthorne, por otro.
El puritano horror de este últii o está
ausente en su obra, y su espíritu es más
gentil: sobre todo, más amablemente irónico. Pero fuera de los Twice Told Tales,
de Hawthorne, es difícil encontrar otra
obra norteamericana equiparable a ia de
Xathan. 1 repito que no conozco nii guna
obra contemporánea que se- parezca a la
suya.
Lo cierto es que esta obra integór ma
ha logrado conquistar un amplio pu ico,
sin recurrir a complacencias de guste nís
o menos vulgar, sólo eir virtud de que el
novelista escribe, con maestría y comj ensión, exclusivamente de las cosas que íás
le agradan.

i
1
]
\

1
II
I
i

j
]

Pero, mejor que hablar de los buenos
libros es leerlos. Hace ya un- buen nú- í
mero de años que encontré por primera
vez a Jane Demonstration y escuché a
Amy May Ilolly decir: “ ¡Defiende tu
verdad! ” A lo largo de este período han
ocurrido muchas cosas y han pasado mu- j
chas modas, pero esto no afecta a los
personajes de Xathan. El violinista sigue
tocando en Barlv, la señora Sebold conti- 1
núa prodigando su amabilidad, Metabei
consuma su sacrificio y el señor LcwisLevy cruza las frías aguas del Jordán.
Y estoy seguro de encontrarlos en la mis- j
ma forma, de aquí a muchos años. Dudo
de que el paso del tiempo les haga daño.
Y envidio a quienes van a conocerlos por
primera vez.*
* De Robert Xathan se ha publicado en
careliano Retrata de Jennie. Próximamente
aparecerán La mujer del obispo, La orquídea,
El violinista de Barly, Hay otro cielo y Fas­
cinación de altura, en la colección "La_ Rosa
de los Vientos" de Ediciones Siglo Veinte,
traducidas por Armando Bazán.

�“Novela de la Eterna”
(V iene de la primera página.)
su análisis sereno de la vida y de las cosas.
Vuelve a ser el paisajista de Buenos-Aires
en la luz distinta de “ El paso a nivel”
o ‘ ‘ La terraza ’ ’ . Cada pincelada lleva
en sí una carga emocional. En ‘ ‘ La lec­
ción ’ ’ controla sus contenidos desbordes
anímicos, y en “ La costura” halla su
estilo. Un leve claroscuro lo aparta de
cuando me buscaron para devolverle cierta
Virtud. Otra peor, pero de provechosa
consecuencia: todo un público de inaugu­
ración del nombre nuevo de una calle, que
contaba dormirse tan pronto se levantara
el Ministro a aburrir oratoria. Dejé a éste
erguirse y en el momento en que iba yo
a redactar dormido al público, me llama­
ron por un rulo no acallado de redondear
o un solo lado afeitado de una cara; como
el público era el personaje de mi novela
y el Ministro no, éste dijo todos sus indis­
pensables conceptos y el publico escuchó
tobo, lo que jamás ha principiado a ocu­
rrir en ninguna inauguración, aniversario,
día de premios del colegio o de estatua
que estrenan. Los públicos de mi novela
no volverán a abrir la boca por apellidos
de calles. En fin, los editores me previenen
que si ceso de redactar al comprador de
mi novela en el delicado instante de la
instable decisión de empezar a comprar la
proximidad de un ejemplar, seré indigno
de los mil pesos gastados en pegar en las
paredes seguridades sobre la “ M ejor no­
vela del mundo desde su principio y el
de ella” .
se va, y en este prólogo se
despide de la novela, de ella.
Más triste que malhumorada, Nicolasa
y su corpulento volumen se aleja de la
novela, dunisionante, eomo ya se sabe, y
pasa frente al vigilantecito que, como buen
amigo, la interroga sorprendido:
— ¿Cómo le parece que marchará la
novela f
— Ic o nada sé. Pero usted, que es hombre
de buen apetito, se figurara que podrá
resultar una novela sin cocinera: una no­
vela de ayunadores.
La novela la siente mucho y tiene que
añadir de ella que cuando todas las mue­
blerías de Buenos Aires supieron que es­
taba vacante Nicolasa, se disputaron em­
plearla, por sus l i d kilos, en probar de
resistencia las sillas y las camas. La silla
o cama que la hubiera resistido quedaba
como sellada por la aplicación de aquella
parte del cuerpo de Nicolasa, y este sello
importaba una garantía por diez años.
Le esta ocupación, que le dió mucho
dinero, se cansó pronto, quizá por nostalgia
de su puesto en la novela; y vino a esta­
blecer una Empanadena próxima a la
estación ferroviaria que lindaba con ‘ ‘ La
N ovela” . E l caso es que el aroma de las
deliciosas empanadas era de tan poderoso
encanto que no sólo estuvo a punto de
dejar sin lectores a la novela, porque
todos los que acudían eran desviados del
camino hacia la Empanadería, sino que en
la estación se detenían las locomotoras,
como hechizadas. Esto le valió una distin­
ción de la Municipalidad, beneficiada por­
que ya no había trenes de pasar de largo,
lo que era de muchas ventajas para el
público viajero del pueblo.
Aunque voluminosa, muy sensible, N i­
colasa mortificaba viendo que podía privar
de lectores a la novela, abandonó toda
esta situación envidiable y trabajó única­
mente en invierno, en las grandes avenidas
de Buenos Aires, para atajar el viento y
el frío a los transeúntes, que se refugia­
ban al amparo de su persona hasta agotar
las localidades.
Todavía puede añadirse que las imágenes
(gustativo-olfativo-visuales) de la última
empanada que comimos, nos hacían inca­
paces de atender a lo que se nos conver­
sara y era universal en el mundo-aldea de
Verónica el membrete de “ estar pensando
en empanadas” lanzado al distraído oyen­
te, o el dicho “ quien piensa en empanadas
no es malo en lo que piensa ’ ’. Por eso las
citas a tratar negocios, o por labores
exigentes, eran fijadas “ para cualquier
hora antes de empanadas” , y el trato
concluido, como también el apostar em­
panadas, se celebra en la empanadería.
Lo “ empanada y media” , una unidad
gastronómica de invención de doña N ico­
lasa, era frecuente premio de apuesta:
apostar una docena de “ empanadas y
media” era a menudo el apacible final
de disputas y pronósticos. Un antiguo
veroniquense era reconocible en el modo
hábil, sin destrozos, de descorrer una
“ empanada y media” ; se las “ desco­
rría ” ; las palabras trozar, cortar, no se
usaban con ellas.
La empanada y media fué unidad que
tuvo momentos de moneda local; no era
raro leer u oír en estipulaciones escritas
o verbales, esta cláusula: “ Contra reem­
bolso en dinero o empanadas y media” .
Otras veces se escuchaba: — Qué temporal
se ve venir, amigo. — Sí, no lo paran ni
empanadas.
Pero en resolución, ya dijimos que N i­
colasa, que quería tanto a esta novela, se
mudó a otra parte para no quitarle a ella
icolasa

N

H éctor Basaldúa. “ Naturaleza muerta’

Itinerarios Pictóricos

*

M. ANGELES 0RTIZ Y HECTOR BASALDUA
Por ROMUALDO BRUGHETTI
a

aventura quiere ser una cabal aventu­

ra, y siendo el aventurero audacia y
Lmedida,
esta audacia y esta medida es

reivindicada por el creador, por el pintor
poeta.
¡Vedlo a Manuel Angeles Ortiz! La
sombra negra de España lo trae al nuevo
mundo, y la estrella del Plata lo vuelve
pura luz redescubierta, ensimismado hur­
gador do las sutiles formas de nuestra
tierra. Son sus “ construcciones” del Sui7
e\ sueño de las maderas y las piedras de
los lagos patagónicos en sus estructuras
abstractas, alisadas -y penetrantes, que nos
traen el mensaje de los bosques y de las
cumbres nevadas. Y, sus litografías, que
vienen también del Sur, de una zona de
abruptos silencios, de ásperos y hondos
murmullos aquietados. Toda la remansada
quietud de las sierras de Córdoba llega
después en sus “ lápices” , sin que falte
en la convocación el Río de la Plata y sus
costas y la extraña floración de sus bos­
ques y de sus aguas, sus barrancas de
Mar de Solís y sus anilladas plantas, ju n ­
cos y hierbas, renacidas en la pureza del
dibujo. ¿Y sus óleos? Con un linaje per­
sonalismo hecho de realidad y abstrac­
ción, de espacios vigilados, de tiempos mu­
sicales, Manolo Angeles controla la apa­
rente discontinuidad de sus experiencias
estéticas.
Vedlo ahora regresar a la dulzura me­
lancólica de su España, acogerse a esa
presencia fantasmal de claveles, abanicos,
frutas, paños, en finos contrapuntos de
grises, o el verde cantando en oposición
al rojo, y las modulaciones de la riqueza
de sus tonos y la línea que apura ara­
bescos. Ortiz, en la serie “ Naturaleza
muerta española” y otros óleos similares
de “ naturaleza argentina” , gradúa el
motivo de sus “ botellas” — etapa cum­
plida— y desemboca airosamente en estas
suevas armonías filigranadas. Y el espacio
nve en, la realidad de las cosas, en la
densidad envolvente que prefigura el en­
cantamiento de los espejos. Otro sector
de su obra abarca un finísimo retrato;
luego penetra la forma y la destruye,
0 la geonietrización se reconcentra en el
«olor puro do sus recientes investigaciones
«•mistas, y hay un momento en que se

allega al límite de la pintura para res­
catar su misterio. Es cuando aborda “ Ja ­
rra de vidrio en la cima de una montaña
y flores sobre el cielo” .
¿Queréis una definición más poética?
Mas, dibujante agudísimo, Manuel Ange­
les Ortiz aporta a la par la belleza de
sus trazos ea dos diseños magistrales.
Pertenecen a una villa de nuestros con­
tornos, hacia la costa norte del Río, y la
pluma tocada por el color elabora una
naturaleza de exquisitos matices, linajuda
condición que Arturo Serrano P laja de­
nominaría “ fatalidad de los sentidos” .
De esta “ fatalidad de los sentidos” y
“ no sensualidad de la vista” , que nutre
el arte de este español dulcificado en
tierra de América.
Héctor Basaldúa se atiene a la gran
aventura pictórica de nuestro siglo. En
París integra el núcleo de los artistas
argentinos que van a hacer su aprendizaje
fundamental. Son sus amigos de la pri­
mera hora y de siempre, Aquiles Badi y
Horacio Butler, mas él habría pronto de
hallar su tema inspirador en cierto raro
clima espiritual de la Argentina, grato
a las expresiones de antiguas luces repe­
tidas y nostálgicas pasiones de distancias
u olvido. Con un espíritu zahori tocado
por libres invenciones, se yergue más tar­
de, único, renovador de la escenografía
en nuestro país La maciza o etérea di­
námica poética teatral en Basaldúa logra
depurada existencia y viviente presencia
plástica.
¿En tanto? El pintor crece en una ex­
presión do tonos frescos y sólidos, en una
región de suaves penumbras, en un intimismo en que la sola forma y el color,
preferentemente el color, adquiere confe­
siones de una intensidad grata al alma
de quien sueña con tonos grises y azulados,
acentuadamente nocturnales, que permiten,
empero, elevarse la sinfónica llamarada de
los rojos. Basaldúa aprehende calidades en
contrastes, actuando casi a la sordina.
Toda la pintura de este argentino posee
de esta manera la dimensión constructiva
de una voz sostenida por la vivencia de
sus tonos y volúmenes, una factura ri-

Manuel Angeles Ortiz. “ Naturaleza muerta española. 1947.

gurosa y vigorosa que busca la vida co­
tidiana, sin desplantes, apoyada en se­
cretas armonías interiores.
¿Lo hubiéramos preferido más fuerte,
o audaz? Héctor Basaldúa se rinde a los
valores de su órbita cerrada, a su mundo
concluso, mas a su expresión defiéndela
esa sutil visión do mirar afinado, de im­
ponderable energía pictórica, lógica y
coherente y no obstante plena de proyec­
ciones sentimentales.
¿Acaso el pintor no ha escuchado en
los lentos atardeceres porteños la canción
de las primeras estrellas soltadas hacia
el nocturno cielo?

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lectores que pasaban para “ La N ovela” .
Es un ejemplo nunca mentado de adhesión
a algo.
Deseamos que ella sepa que este recuerdo
le dedica la novela.
Pero de persona tan simpática no nos
despidamos tan pronto, digamos cualquier
cosa más. Por ejemplo, la teoría meta­
física de Nicolasa.
So centraba su doctrina en este princi­
p io : dos son los poderes máximos de la
realidad; el Tizne y la Electricidad; pero
la Variedad en el mundo es tal que a estas
potencias máximas las detiene: al Tizne
una endeble hoja de papel, y a la Luz y
al Bayo un lámina de vidrio, de madera,
de goma. Así que hay que llevar nuestra
conducta entre el temor a esas potencias
y el constante recordar que el mundo da
ilimitados modos de frustrarlas.
Pero aparte de su doctrina metafísica,
Nicolasa tenía también de antiguo cierta
tirria a los geómetras, por algún episodio
de su vida. Lo seguro es que les cumplió
venganza invitándolos melosamente a un
banquete por ella preparado. Hizo los
manjares tan perfectamente esféricos en
su presentación, particularmente el prime­
ro, que no sabiendo los geómetras en su
escrúpulo por dónde empezarlo (hallándose
ante un infinito sin comienzo, que debían
respetar), no probaron de aquél, y no ha­
biendo empezado el banquete por el prin­
cipio, se abstuvieron de empezarlo por lo
demás, lo que dobló su mortificación,
pues los manjares siguientes no revestían
impedimentos geométricos a su muy de­
seable gustación.
/
Y ahora ya si es hora de dejar a N i­
colasa en su paz.

Teoría del Zapato
y

Otras Cosas ...

(V ien e ae la primera página.)
¡ Qué hermoso leer lo que no se sabe
qué es! ¡Qué descanso y qué gloria en
el otro mundo, en el mundo de lo absoluta­
mente descabalado!
¡Qué tensión y gran conducta moral
y espiritual se necesita para encontrar
estas cosas con el desinterés religioso y
en el desinterés de los premios literarios!
Erío de abandono, de estar perdido, de
no ver ni poderse entender más que con
muy pocos, con nadie quizá, es la sen­
sación que produce el estar dedicado al
encuentro puro ¡pero su estado de fra n ­
queza inefable enriquece la vida como
ninguna otra riqueza im aginable!
Es estar echado de todas las cárceles,
de todos los asilos, de todas las institu­
ciones, de todos los manicom ios y de todos
los cementerios. ¡E stado perfecto!
Rico en puntos de partida el surrealis­
mo nos deja en libertad de acción, roto
el cerco do la razón, sin mucha estética
ni muchas advertencias.
Soluciona la necesidad de luz interior
como la solucionó el autor del rompiente
de la catedral de Toledo, abriendo una
brecha a un costado en la nave parca
en ventanales.
No hay que hacer caso del rótulo sino
darse cuenta do que es un más allá con
nuevos permisos en el concentrisnio del
tiempo.
En la insinceridad de la pretensa sin(Continúa en la página C)

�T

cabalgata

6

( L A UDEL

ULTIMAS NOVEDADES
DE NUESTRA SECCION

CONTRA

BELLAS ARTES

Andró Gide
Pero esta rebeldía es un aspecto cris­
tiano. Todo eso iro tiene nada de inaudito.
Es perfectamente claro. Lo inaudito es
que él lleva de un golpe a la perfección
su sistema verbal; instaura un canon nue­
vo de la prosa. Es lo que le distingue de
sus imitadores, que no tienen ni sintaxis
ni oído. Sus búsquedas están desprovistas
de todo valor.
— El subconsciente...
— El subconsciente, el subconsciente.
Primero deja de serlo si es conquistado.
Conquistado. . . Salgamos de esos zar­
zales.
— ¿Si usted no aprecia el esfuerzo de
los herederos de Rimbaud quizás se in­
terese usted por otros jóvenes escritores?
Principalmente cual es vuestra actitud
ante aquellos que en un universo privado
de esperanzas reconstruyen sobre el hom­
bre sólo un sistema de valores morales?
— Los valores morales son los manda­
mientos de Dios y de la Iglesia. Fuera
de esto no hay nir _ún valor moral ui
espiritual. Lo que vuestros escritores des­
cubren me pa rece irrisorio.
— Su tragedia y su lealtad a. . .
-—Eso no me importa. Que se las arre­
glen como puedan.

La expresión musical de América Central y del Sur.
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S algo. . . Me empapo de aire. T0v
saber d ó n d e ...
Surgjdo de mi estupor más que de mi
memoria, un verso gira en mi espíritu
un verso simple, solemne, resplandeciente’
un verso de Paul Claudel, obstinado tomo una explicación:
Habito de un viejo imperio el escombro
principal.

(V iene de la 1 ’ página)

L A M Ú SIC A DE. A M É R IC A L A T IN A

CÓMO RECO N OCER E L E STILO
U N A OBRA M U SIC A L

— Pero eso es inexacto. Tiene tantas
p á g in a s ... ¿Y “ Si le grain ne meurt” ?
¿Pero es que entiende el que no quiere
entender?
— Yo combato esta influencia con todas
las armas que tengo. Qué queréis, se es
“ s í” o “ n o ” .
— ¿ Y cuándo se es “ s í” y “ n o ” ?
— No comprendo.

i

R I M B A UD:
El ANGEL
y el DE
(V iene de la 1» página)
virse. Había caminado hasta entonces guia­
do por una secreta luz encendida en su
alma, como un vidente; ahora iba a re­
correr por la vida de todos, por el mundo
que él palpaba para sí como una fruta
madura, casi a tientas, cansado, a ciegas,
ebrio, con la fatiga de haber creado y
perdido una vida y la violenta ansiedad
angustiada de visiones y a la vez enloque­
cida de integrarse, de reintegrarse otra
vez a todo, a ser y desaparecer en todas
las cosas. Su poesía “ El Barco E b rio’ ’
es aplaudida y negada: pero hasta los
grandes talentos conocen ya su ext aña
existencia. Verlaine le llama el Shakes­
peare niño. Paris le aburre; mientras es­
cribe, parte hacia Bretaña, Londres, Bru­
selas; quiere escapar de sí mismo. Por

M i aspecto asombrado le incita a la
dulzura.
— Soy como un pavo que no comprende
nada do un pato. Comprender no es mi
papel de viejo buen hombre. La incom­
prensión forma parte de mis atributos.
— Sin embargo, esta busca de una moral
que no vaya más allá del hombre es
también el objetivo de uno de vuestros
contemporáneos, de André Gide.
— ¡Oh! Me horroriza ése.
—

???

— No le reconozco ningún talento.
— ¿Qué decir?
— Su inquietud, o más bien, como usted
diría, su in-quietud. . .
— ¿No cree usted que todo eso es men­
tira?
“ ¡!
.
,
— Lo incomprensible para mi es su in­
fluencia. Desde el punto de vista artístico,
desde el punto de vista intelectual, Gide
no es nada. Su influencia es uno de los
misterios que me rodean.
— Usted ha dicho con motivo ide é l: “ El
mal no compone” . E l confiesa en su
“ D iario” que no comprende muy bien
el sentido de esta “ proforation” .
— Pero según la teología, el mal no
existe. Es un elemento destructivo que es
sólo negación. El mal es sólo interesante
por medio del sufrimiento. Desde este
punto de vista es un indudable elemento
creador. Gide se abandona a las tentacio­
nes fáciles, a necesidades llamadas natu­
rales, en lugar de crear un medio viviente
para su alma. El cristianismo es una es­
cuela de energía que nos enseña el he­
roísmo.
— Si Gide no se ha convertido. ..
— Es que no tenía guía. Gide da un
espantoso ejemplo de cobardía, de debi­
lidad.
* — El tendría horror que se le defienda...
Sin embargo, ¿ignora usted el valor de
sus adhesiones contradictorias, su probi­
dad?
Ríe. Una risa de calmoso desprecio.
— Bueno; os dejo la “ probidad-1’ para
contentaros.
Me considera con indulgencia.
— No creáis que hay mala voluntad por
mi parte. Pero usted me hace preguntas
inesperadas. No he tenido tiempo de re­
flexionar.
-—Es posible.
— No quiero polemizar. He frecuentado
mucho a Gide cuando le creía profunda­
mente cristiano, y cuando yo ignoraba su
defecto abominable-. .
Se vuelve púdicamente.
— Sí, hasta el momento en que he co­
nocido esta. . . falla. Hay una policía ne­
cesaria contra los envenenadores. Es un
envenenador; no lo diso por decir. ¿Cuán­
tas cartas no he recibido de jóvenes des­
carriados? A la partida de su camino ha­
cia el mal, hay siempre Gide.
— ¿Terminan siempre en usted?
— Al cabo de cierto tiempo se dan cuen­
ta de que el mal no compone. Entonces
se dirigen a mí.
— Gide nos ha enseñado, a todos, el
valor do la probidad hacia sí y de la
lucidez en cuanto a las causas de nuestros
actos.
— ¿Usted cree que él dice verdadera­
mente las causas de sus actos? Gide está
fascinado por los espejos. Su “ D iario”
es sólo una serio de posturas ante él
mismo. Desde luego, cuando uno se mira
se adopta siempre una postura. Su “ D ia­
r io ” , es desde este punto de vista un
monumento de insinceridad.
— Algunas páginas traducen esta in­
quietud. Recuerdo una frase, o aproxi­
madamente: “ Si he dejado durante al­
gún tiempo de escribir este “ D iario”
es porque el hecho do escribirlo le hacia
menos sincero” . Era ya una advertencia
literaria.
— Se limr&gt;ia el polvo con una pluma
de colibrí. Del drama cardinal de su exis­
tencia, no habla ya.
Bastante para que el lector sepa que
este drama es cardinal.
En cuanto a su defecto más grave,
el más. . . natural, apenas le roza.

Arthur Rimbaud
bares y por docks, en una bohemia de
ajenjo, Rimbaud tiene que ir más lejos
todavía; más lejos de sí mismo; no sabe
adonde. Verlaine desesperado le dispara
dos balazos hiriéndolo. Pero él renuncia
a la literatura; hace un auto de fe — como
Platón— con sus últimos poemas hechos
con la substancia del genio. Tiene 18 años;
es descargador en Milán, vendedor am­
bulante en Hamburgo, mendigo en Amberes; se ilustra mientras tanto en cien­
cias; estudia italiano, ruso, griego, ho­
landés. Para estudiar sin molestias lo
hace encerrado en un armario. Más tarde
encerrado elJ*
se engancha en el ejército holandés; lle­
ga a Java; una vez allí deserta. Y des­
pués, el hombre de las suelas de viento
— como le llamó Verlaine— fue je fe de
canteras en Chipre; vivió entre merce­
narios árabes, malteses. sirios. Recorre los
puertos del Mar R o jo ; llega a Aden;
se instala en Harrar con una factoría en
donde cambia baratijas por marfil, oro,
perfume, incienso, pieles; tiene el mal del
trópico; la fiebre de llegar más allá.
Y mientras trafica y explora envía sus
informes a la Sociedad Geográfica que
los echa al canasto. Lleva veinte años
do anda? y luchar con sed de riquezas.
A lgo como un impulso maldito lo arrastra.
Decide vender fusiles a Menelik. el futuro
rey de Abisina. Cincuenta dias de marcha
por desiertos encendidos, sorteando be­
duinos, tribus nómades y guerreras. Llega
por fin al campamento del monarca y lo
entusiasma con los juguetes mecánicos,
con las sedas, los brocados, las sombrillas.
Pero no se salvó. Explorador de imá­
genes y mundos volvió vencido él también.
“ Procuré inventar nuevas flores — dice— ,
nuevos astros, nuevas lenguas. Creí poseer
poderes sobrenaturales... Ahora debo en­
terrar mi imaginación y mi recuerdo.
Una bella gloria de artista y de narrador
me lia sido arrebatada, puedo decir tanto
tanto al irme como al regresar; me han
devuelto a la tierra. ¡A mi! A mí que me
soñé mago o ángel.”
La vida de Rimbaud es un problema
del ser y su tiempo, del tiempo lacerado,
del ser desgarrado, del drama de vivir,
de comprender. Fué su infinito anhelo
de expresar todas sus vivencias que le
llevó a su tragedia. La conciencia de la
limitación 1 en el tiempo y en el espacio
producía en su ser un choque doloroso, por
gravitación del cual vivió siempre en ar­
dorosa vigilia. Esta tragedia interior hizo
dimanar do él precozmente tres llamas
que trabajaron el barro de su espíritu
modelándolo al igual que un vaso de
cerámica. Esas tres llamas inexorablemen­
te unidas fueron la pasión, la angustia y
Ia rebeldía. ¿Por qué dejó de escribir
Rimbaud? Él dejó de escribir por una
sencilla razóir. Él, como Kierkegaard y

Pascal, al encontrarse de pronto ante el
abismo, se preguntó ¿para qué? Y esta
pregunta obsédante lo eurariza para la
expresión, pero no para la vivencia. Como
Pascal. Rimbaud sobrepasa el fin te-restTe
y trasciende su ser absorto al plana de
lo intemporal, de lo externo. Trascendido
allí, formula la extrema y dramática pre­
gunta sirr respuesta posible. La tragedia
de Rimbaud estaba constituida de dos
elementos esenciales, soledad y limitación.
El tiempo es la tardanza de lo que está
por venir, dice Martín Fierro. Rimbaud
no puede esperar la limitación ni la tar­
danza; tiene una dimensión sideral, es­
téticamente estructurada; el ser allí puede
adquirir virtudes sorprendentes de comu­
nicabilidad, de perennidad. Pero como en
el retrato de Fantin-Latour: ¡Verlaine
mira su vaso y Rimbaud mira a lo lejos!
¡Soledad y limitación! ¡Dios nos libre
de sentir alguna vez la angustia de la
soledad y la limitación que experimentó
Rimbaud! Porque entonces uno es capaz
de ir a vender armas a Menelik, de em­
plearse de fogonero en un barco qne Ta
a Punta A g u ja s; de sentir la embriaguez
de las olas atraídas por la luna y des­
esperarse porque nos sentimos de pronto
como un árbol prisionero en el atardecer.
Él vivió como nadie su tiempo y su ser.
“ Soy de la raza que cantaba en el su­
plicio — dice— . No comprendo las leyes;
no tengo sentido moral. S í; tengo los ojos
cerrados a vuestra luz. ’ ’ Dentro de las
leyes hallábase exento de sentido moral
El sentido moral, como el sentido esté­
tico, como el sentido religioso sólo pueden
manifestarse con autenticidad y alcanzar
plenitud y fertilidad en un campo sin
limitaciones de la libertad. Él sintió la
libertad como una llama que fuera por
encima del mar, de los bosquqs. de las
montañas, por encima de los templos, que
se detuviera sobre la cabeza de los após­
toles, que anduviera, como los fuegos
fatuos sobre la soledad desolada de bu
noches eternas. ¿Por qué dejó de eseflíit
Rimbaud? M i vida está terminada — dice—
ya volveremos a ella. ¿Podrá volver? Lle­
va casi dos años de andar y de luchar
con sed de riquezas; algo como un im­
pulso maldito lo arrastra. Decide venderle
fusiles a Menelik. Su factoría de Harrar
ha prosperado. Pero uir tumor a la ro­
dilla lo mantiene atado, en angustia cons­
tante. Hizo trescientos kilómetros en anga­
rillas ba jo soles y lluvias infernales; llegó
a Zeilah, partió para Aden, cruzó el mar
R ojo en una inmunda nave. En Marsella
sufrió un horrible mal a los huesos que
lo imposibilita en nna cama de hospital.
Quiso partir al trópico. Pero murió pen­
sando en una mujer de bronce que le
esperaba — según él— impasible frente s
la tienda de Harrar. Murió el 10 de no­
viembre de 1S91. Tenía 37 años y apenas
1S de permanencia en la poesía. Pero en
ese poco tiempo ya está para siempre en
sus poemas de bronce y oro. He aquí que
un niño nos ha revelado lo inconsciente.
A él no le importó la razón, al contrario,
1g atrajeron la sombra y la penumbra que
flotan alrededor de la razón. ¿Y cómo e»
posible que encontremos razón a su silen­
cio? El incoercible aburrimiento no es
más — según él— que una respuesta &gt;1
racionalismo que jamás pudo dar razón
de nada. ¿P or qué dejó de escribir M®baud ? Él en la poesía tenía uu mensaje
y no un oficio. Cumplió con su deber ?
pasó de largo. Eso fué todo.

B A L G A T A , cumpliendo
ipósito, que inicia en este
ro, de asomar el lector a
etividades e inquietudes
t llora presente crea a ed¡escritores e intelectuales
lestro país, publicará en
ros sucesivos breves entrecon
ARA M.AGLIONE DE JORGE,

¡rectora-gerente
orial Lautaro.
orce

de Edi*

Luis B orges. escri-

□r, poeta, publicista.
uan

O scar

P onfe * eADA’

scritor, dramaturgo.
.EÓMDAS BARLETTA, DO'Cista, hombre de teatro.
rILBERTO KNAAK P£ l" _
erente de la Casa P ® .
Arturo C apdevila, es
or, poeta, ensayistaEnrique Larreta, e
[ramaturgo.

oe.

«*•- « “ . t a i

ente general de L

�cabalgata

7

El Autor Frente

A S I O

B R A*

Dice el autor de
"GRAN C H A C O ”

El plan primitivo de Gran Chaco era dis­
tinto del que resultó. El gringo Valenti debía
ser el personaje principal, pero creo que el
paisano Villalba gana con su presencia un
lugar más predominante.
Elegí Gran Chaco como titulo porque me
I pareció lindo y además porque, se me ocurre,
atrae al lector. En la sugerencia del título
¡ tuvieron que ver el director de cine Navarro
y Pablo Palant.
Claro que este título ha confundido a algunos
comentaristas inclinados a rotular, a poner
casilleros, qyienes objetaron que no doy todo
el Chace. Jamás tuve esa pretensión. Y me
causan gracia los que andan pidiendo la no­
vel? de Buenos Aires, la novela del frigorífico,
i la novela de Tucumán, etc. Sólo por comodi­
dad se puede definir así. Todos los temas
admiten infinitas novelas, desde el momento
! quc incluso una misma anécdota se ve dis­
tinta según el creador que la narre.
Mo alegra, no obstante, haber acercado a
mis compatriotas una imagen del lejano te­
rritorio. Y me siento compensado en mi tra­
bajo cuando recibo cartas de lectores anóni­
mos que me cuentan sus impresiones. Muchos
me dicen que me he quedado corto, lo cual
par?, mí significa que la novela se deja leer.
No fui al tema chaqueño deliberadamente,
sino que el tema vino hacia mí. Pero muchas
peripecia'- cruzaron antes de que legrara com­
ponerlo. De intento dejé de lado 1&lt;Tfolklórico
cuy? abundancia da material para rellenar to­
das las novelas que se quieran escribir sobre
. «i Chaco. Ninguno de los personajes de mi
novela tiene trascendencia histórica, supuesto
que son ficticios.
Acostumbrado a la autocrítica, sé bien los
méritos y cojeras de mi novela. Pero prefiero
que me señalen más los primeros. Un libro
es como un hijo. ¿Y a qué padre le halaga
hablar de los defectos y vicios de su prole?
Pero 1?. autocrítica sirve a veces para algo.
Y trataré de aplicarla cuando termine de es­
cribir mi nueva novela cuyo título provisional
e? La infancia recobrada, pero que también
podrii ser Vigilia en el calabozo.

L os R ojos R fdmayne , por Edén Phillpotts. Traducción de Marta Acosta Van
Praet. Emecé Editores, Buenos Aires.
348 pgs. a la rústica. $ 6.— m/arg.
En alguna medida, esta novela policial
señala un curioso acontecimiento dentro
del género, puesto que entraña implaca­
blemente la derrota de un detective a quien
acompañaba la simpatía y la esperanza
del lector a lo largo de una serie de tene­
brosos crímenes. No porque en la parte
final intervenga un segundo investigador
— concesión necesaria para detener en úl­
tima instancia la hábil progresión criminal
de los culpables— deja de sorprendernos
el tono tan distinto de que se ha valido
Phillpotts en procura de una novedad pro­
vechosa.
Este libro gustará a los que, rechazan­
do la novela policial confinada en las di­
mensiones de una habitación y un diálogo,
prefieren que la investigación se cumpla
paralela a los sucesos, para adelantarse
luego y dominar el terreno en el epílogo.
Phillpotts nos lleva de Dartmoor a la
costa de Dartmouth, y de allí — por el
puente de un tercer asesinato—- a los lagos
italianos; este turismo y paisajismo lite­
rario, que repite felizmente los ya admi­
rados en obras como La Torre y la Muerte
(Innes) y La Maldición de los Dain
(Ham mett), quita sequedad a las situa­
ciones del enigma, sin privarlas del rigor
que continúa siendo condición ineludible
del género. Tal vez Phillpotts se excede
en el encubrimiento de uno de los culpa­
bles, y cae en alguna deslealtad; se hace
perdonar en cuanto todo lector avisado
advertirá prontamente que es capaz de
leer entre líneas (tal vez fué ésa la cordial
intención del autor) y burlarse de su tram­
pa o su descuido.
Ei., los últimos años, la novela policial
ha llegado a una perfección formal que,

de sufrir, por ejemplo, obsesiones sexuales,
vivan predominantemente un sencillo amor y
un afán de solidaridad — los problemas inte­
lectuales y estéticos que se dilucidan en mi
novela no son sino formas de ese afán— no
reduco lo novelesco ni lo humano de “ En
esos años” .
BERNARDO VERBITSKY

Dice el autor de
"DICCIONARIO
DE LA ACTUALIDAD
MUNDIAL”

!

,

BAUL

LARRA

Dice el autor de
"EN E S O S A Ñ O S ”

Si el autor no es el más indicado para opinar
sobre los méritos de realización de su obra,
es lógicamente quien mejor puede aclarar sus
Propósitos, que conviene conocer si se desean
medir los resultados que ha obtenido.
Loe personajes de ‘‘En esos años” aman
a vida y desean cumplir la propia armoniosa,ent®- en Ia Plenitud de su sensibilidad, en
orden individual, y en la plenitud de sus
piracionce fraternales en un sentido social.
*v"° y Mariana — la pareja protagónica—
tra^a*1 &amp; v?vir- simplemente, y parte de su
v? .rcsi(*e en su mayor conocimiento de
enr 0"si'acnl°8* próximos o remotos, que se
mn 1&gt;fn ? *a realización de su anhelo. El que
nerita*
*0s Personajes de mi novela sean
_ . lstas- explica también la amplitud del
gistro de sus preocupaciones. Por lo demás,
Cftm-mentalidad “ Periodística” es cada vez más
om»U1f' «1 desarrollo de los medios mecánicos
. Iacilitan las comunicaciones — diarios,
* o. noticiosos— incorporan al horizonte
rp!&gt;ua
hombre de hoy un mayor sector de
Dar»0 a mun^ ^ - Lo que estaba lejos es hoy
te de su emoción. Su conciencia abarca
v°r número de hechos y sabe y siente que
tamo *S°n ajenos- no que su vida está direcQn ntft conectada a ellos. Si los fenómenos en
0T se ®anifiesta lo social y lo político — cuya
P eslon más llamativa y terrible ec la guc
pos
Pedieron confundirse en pasados tiemson if** COn *os fenómenos de la Naturaleza,
comprendidos en sus causas y sus
sona°Sv
indudable que infinidad de perviv ° •n vivido y padecido desde 1936 como
velaPt* sufr.en algunos personajes de mi no­
el t&gt; • soc?al y 1° político se confunde con
lnnineRtÍn°' *&gt;ero si éste siempre se aparecía
y enigmático en la tragedia griega.
cargfas
8Us apariencias pueden hoy explid ' ’ y a eso se encaminó parte de mi esfuerzo
genH°Ve^Sta' some'iéndome. por cierto a exie as de los mismos personajes, adelantados
extert COnocimiento de la trama de la realidad
erón&lt; ’
&lt;lue cn **®n esos años” no hay
lca 0 simPle mención de acontecimientos,
lio* Crónica de estados de ánimo que aque­
ta" ?rovocaron. de los temores y las anguscitar 148 &lt;*ePresi°nes y las esperanzas que susQüp ° f ^ °r CS0 me Pern&gt;it0 creer también
** c el hecho de que sus personajes en lugar
^ltimnmente aparecidos: Gran Chaco, por
Raúl Larra. (Editorial Futuro) $ 4: En
esos años, por Bernardo Verbitsky (Edi­
torial Futuro) $ 1 0 : Diccionario de la
actualidad mundial. por Córdova Iturburu
(Editorial Atlántida) $ 20 .

No me asombra que mi “ Diccionario de la
Actualidad Mundial” , salido de las prensas
hace menos de un mes, se esté vendiendo en
forma satisfactoria. Me ha costado mucho
trabajo ponerlo al día, organizar su material
—tan vasto y complicado— y escribirlo. Pero
creo que, finalmente, ha resultado un libro
útil. No sé si está bien o mal escrito.. Ni qué
pensarán de él muchos colegas míos de la
República de las Letras. Pero no creo que
so me niegue su utilidad positiva. Ni su ob­
jetividad. Como no se trata de un libro polémi­
co ni de batalla, como no se trata de un libro
que aspire a demostrar esto o aquello, como
se trata — en suma— de un libro que sólo
tiende a proporcionar un máximo de informa­
ción sobre la realidad de nuestro tiempo, en
un mínimo de espacio, he hecho lo indecible
— y creo haberlo logrado— por mantenerme
al escribirlo en un plano de la mayor im­
parcialidad. Se convendrá conmigo que la
tarea no era fácil y estaba erizada de graves
dificultades. Es muy difícil mirar con sereni­
dad. el espectáculo actual del mundo, lo que
ocurro en las naciones, sus corrientes polí­
ticas, sociales y económicas, los sucesos, las
instituciones y los personajes actuantes. Es
muy difícil contemplar todo eso sin ceder a
las inclinaciones del propio espíritu, a las
sugestiones de la convicción, a las incitaciones
premiosas de la pasión ineludible del bien
público que anima en todo corazón que no
es indiferente. Pero yo, al emprender esta tarea
compleja y ardua, comprendí qne la excelencia
de mi libro, que su mérito como tal, estaría
en razón directa de la imparcialidad, de la
serenidad y la objetividad con que lo hiciera.
Me metí en el bolsillo, por eso, mis puntos
de vista personales apenas me senté frente
a mi máquina y pensé en el lector a quien
estaba destinada la obra, esto es, en el señor
desprevenido y confiado que apremiado por
la curiosidad acudiría a mi “Diccionario” en
busca de datos, de nociones, de información,
en una palabra, acerca del tema o la cuestión
que le interesa. ¿En qué consistía mi deber?
Lo vi claro desde el primer instante. En no
defraudarlo, esto es, en proporcionarle, sólo,
información a fin de que las conclusiones no
fueran mías sino suyas, exclusivamente suyas.
Considero, por otra parte — como lo dicen
los editores en el Prólogo generoso con que
lo han encabezado— que mi libro es una es­
pecie de historia del mundo en estos últimos
cincuenta años, ordenada en un vocabulario.
Creo quo nada importante ocurrido en los
órdenes político, social y económico en lo que
va de! siglo está fuera de sus páginas. ¿Qué
no está todo, absolutamente todo? Desde luego.
Para quo lo estuviera hubiera sido necesario
licuar no un volumen de cuatrocientas y pico
do páginas sino varios; muchos, mejor. Pero,
do todas maneras, a pesar de sus limitaciones,
do alguno que otro error — que seguramente
los tiene y que agradecería a los lectores
que me los señalaran— pienso que es un libro
útil para quienes desean orientarse
sobre
la marcha de los acontecimientos— en la
realidad política, social y económica de nues­
tro tiempo.
CORDOVA ITURBURU

paradójicamente, la amenaza seriamente;
lo que constituía lectura sedativa V de
fin de semana, se torna difícil y com­
prometida tarea cuando se acude a autores
de la talla de Dickson Carr, Black, Ham­
mett (éste, además, por sutiles razones
casi patológicas), Quentin, Innes y Agatha Christie. De ahí un claro deslinde
entre la nivela detectivesea de corte tra­
dicional (Stanley Gardner, por ejem plo),
y las de los autores citados, donde im­
plicaciones de alta cultura, retóricas muy
finas y ambientes nada accesibles las re­
ducen a un círculo decreciente de lectores.
Los Rojos Redmayne puede ser incluida
en el primer grupo; no señala ninguna
fecha capital err el género, pero tiene
la claridad de todas las obras de Phill­
potts, su continuado interés, su final co­
herente y satisfactorio. — J. C.
S pinola, el de l a s l a n z a s ( y otros
retratos históricos), por la Condesa de
Yebcs. Esposa - Culpe, Buenos Aires,
160 pgs. a la rústica. $ 2.25 m / arg.
La condesa de Yebes es un curioso caso
de anacronismo literario. Esta excelente
escritora se expresa (como idea y como
form a) en pleno siglo xix, con un roman­
ticismo más atemperado del que fué común
en la España romántica. Y, como corres­
ponde a tal actitud, se orienta hacia la re­
surrección de un pasado que su perceptible
conocimiento histórico le vuelve claro, tran­
sitable y hasta (por ahí es de veras ro­
mántica) apetecible.
Pinta, pues, — diríamos casi: ilumina—
imágenes que tienen como ella la discre­
ción del segundo plano y la penumbra.
Spinola, un guerrero; Ana de Austria, una
pobre reina; Luisa Sigea, una bas - bleu
renacentista. Todo eso es simple, casi como
crónica de m onja; pero hacia el final nos
trae la condesa a Rosmithal de Blatna,
aquel noble de Bohemia que en píen» siglo
xv se animó a inventar el turismo hacia
el oeste y vino a España con una escolta,
una inagotable ingenuidad y un valor
digno de recuerdo épico. El barón que
pasea (espada atenta) y el secretario y
el canónigo que van hilando la viva crónica
del paseo, satisfacen en la autora el deseo
de mostrar una visión extranjera (y, por
ende, escrutadora y directa) de la realidad
medieval española. Llena de encantadores
detalles, episodios dramáticos y costum­
bristas, la ruta del barón de Rosmithal lo
lleva por fin a Santiago — meta de todo
buen caballero, fin de este bonito libro
sin enjpaque. — J. C.
Yo, e l B e y , por Hermamv Kesten Tra­
ducción de María Inés Rivera. Editorial
Poseidon, Buenos Aires. 548 pgs. a la
rústica. $ 10 m /arg.
Extraña y fascinante novela ésta, donde
la figura del rey Felipe I I — Yo y el
tiempo— ha sido exhumada con infinita
paciencia y dificultad, puesta en el centro
do un mundo tan1 múltiple, abigarrado,
espléndido y miserable como el mundo de
la Contrarreforma, encarnada aqui en el
sigpo despótico del soberano español.
Kesten, para quien la novela histórica
vale antes como sucesión de imágenes
plásticas quo como relato ordenado y con­
tinuo, ha encontrado en Felipe el mirador
desde donde atalayar el panorama europeo
del siglo xvi. Con rápidas mutaciones,
montajes y enfoques ingeniosos — a veces
demasiado ingeniosos, o no bien afirmados
en la comprobación, pero invariablemente
fieles a la realidad psicológica de la
obra— , Yo, el Rey es un gigantesco diario
de tiranía, una seca y amarga crónica de
decadencia, donde un Felipe nada conven­
cional, lleiio de vida desdichada y ansiosa,
mira su mundo y sus marionetas: María
Tudor, Antonio Pérez, la de Eboli, Gui­
llermo de Orange, los inquisidores, Egmont
el ajusticiado, Carlos el infante loco. . .
Novela extraña y fascinante, como ese
tiempo del que estamos tan lejos, en plena
cercanía. — J. C.
L a danza , por Sergio Lifar. Traducción
de Juan Carlos Foix. Ediciones Siglo
Veinte, Buenos Aires. 296 pgs., encua­
dernadas. $ 16.— m /arg.
“ El sueño de Icaro, tan propio de la
naturaleza del hombre, en parte alguna
se resuelve tan bien como en el arte al
cual sirvo ’ ’, dice Sergio L ifar en el texto
de su célebre conferencia de 1937 en la
Sorbona, cuando el bailarín ascendió a la
cátedra para fundamentar estéticamente
su brillante lección: plástica en la Opera
de París y defender, en páginas memora­
bles, al coreautor, al hombre que crea la
danza y la echa a girar por el mundo.
Lifar conoce como ninguno el exacto
territorio del ballet moderno, y lia que­
rido concluir con los incesantes malenten­
didos que dividen al público frente a la
daiiv.a en dos sectores sin término m edio:
los apasionados y los indiferentes. A los
primeros les recuerda el error de conectar
inexactamente el ballet con la música,
con el gesto expresivo ( “ mímica de semá­
fo r o ” ), con la poesía y la pintura; a los
segundos les enseña que en el comienzo
era el Ritmo. Ordenado, prudente, el coreautor de Icaro pone a cada arte en su
justa dependencia (que es entonces in­
dependencia bien entendida), y aunque se
excede en profecías — la muerte del ‘ 1 arte
de la palabra” , por ejemplo, que sólo ve
con ojos de amateur— deslinda finamente
la función de la pintura y sobre todo de
la música con relación a la danza, y re­
clama para el coreautor la libertad de
crear sin deformante sujeción a textos y
partituras que en nada se conectan con
la esencia rítmica y anímica del ballet.
( Conitnúa en la pág. 10)

JEAN - PAUL SARTRE : La

náusea

S

' 6. -

Respondiendo a la enorme curiosidad que en todo el mundo
han despertado las doctrinas del existeneialismo y enten­
diendo, según sus mismos expositores, que éstas qtiedan mejor
expresadas en las obras de ficción que en las filosóficas, la
Editorial Losada ha contratado con derechos exclusivos para
su versión española toda la obra literaria — novelas y tea­
tro— de Jean - Paul Sartre. Acaba de aparecer La náusea,
novela -originalísima de poderoso interés humano y filosófico.

PRIM ER PREM IO N A CIO N AL
EN CIENCIAS SOCIALES, PO LITICA S Y JU RID ICAS

CARLOS COSSIO:

La teoría egolágica del de­
recho y el concepto jurídico de libertad

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Editorial L O S A D A S. A. Montevideo
UN

Lima
PINTOR

JOAQUIN

DE

AMERICA

TORRES

( Viene de la página 16)
al artista. Luego, la razón sublevada por
ese torbellino, reaccionó manifestándose en
simplificaciones y estructuraciones más rí­
gidas y pronunciadas; a su vez reehazazaban los sentidos el dictado racionalista
y se expresaban en violencias de color,
de empaste y de factura. A esa altura
de su evolución, Torres García fué a P a­
rís, donde se decidió el destino de su arte.
Contra el nuevo instinfivismo desenfrena­
do de la post-guerra, hacia 1925 se alza­
ban ya consejos y ejemplos de mesura.
Ozenfant, Yan Doesburg, Mondrian, los
hombres de L ’Esprit Nouveau y de Abstraction-Création realizaban esfuerzos co­
incidentes con los de Torres García, en
quien de nuevo resonaba — después del
paréntesis neoyorquino— la sabia voz que
diez años atrás le decía: ‘ ‘ Queremos
que la obra sea universal, grande, eterna,
y esto no es posible sino cuando en el
arte domina la idea a lo sensual, la es­
tructura a la apariencia” .
En París, el pintor uruguayo realizó,
combinando la hermosa disciplina de la
sección áurea con la independencia cromá­
tica y técnica de la “ pintura-pintura ’ ’,
obras que preanuncian su Constructivismo
americano. América, por otra parte, lo
llamaba y a ; y la lección preeolombiana
empezaba a inspirarlo. Su nuevo estilo
se elaboró y definió cuando por fin re­
gresó a su patria, en 1934, e instalado
en Montevideo fundó la escuela de Arte
Constructivo de la cual brotó el próspero
Taller Torres García, integrado en la
actualidad por un centenar de discípulos
suyos.
En 1938 consagró noblemente el artista
su doctrina en el monumento de piedra
del Parque Rodó en que, como en nume­
rosas pinturas realizadas hasta la fecha,
muestra cómo es posible restablecer el
contaeto con el arte de la América no
conquistada sin eludir — rasgo esencial—
la condición del hombre del siglo xx. Su
teoría del Constructivismo se prestaba,
por otra parte, a una feliz renovación de
las artes menores: el reloj, el aparato de
radio, el mueble, el cacharro contemporá­
neo pueden adornarse bellamente según1
los mismos principios que rigen la creación
de una pintura constructivista. Y la re­
sonancia americana se escucha, sobre todo,
en bordados y tejidos realizados en el
Taller Torres García que, sin falsificar
lo calchaquí o lo incaico, abrazan1 más
estrechamente la tradición precolombiana
que cualquier otra pieza decorativa pro­
ducida hasta hoy en América. Conservan,
a la vez, un pronunciado acento moderno,
lo cual demuestra su vigencia.
En cierto momento, el arte constructivo

GARCIA

de Torres Garcia aceptó el predominio de
la línea, mientras el color ocupaba un:
lugar subalterno, reducido a gamas fin í­
simas y variadas del orden de los grises.
Más adelante, el maestro compensó la po­
tente estructuración lineal mediante el co­
lorido fuerte y — movido por una de sus
intensas reacciones extremistas— substitu­
yó bruscamente la paleta neutra por el
sonoro quinteto de los colores puros: rojo,
azul, amarillo, blanco y negro. Una pin­
tura mural de espíritu y proporciones mo­
numentales fué el resultado de esa sín­
tesis: hizo sus pruebas, originalísimas y
cargadas de promesas, en el Pabellón Mar- •
tirené, del Hospital Saint-Bois, cerca de
Montevideo, cuya decoración constituye sin
duda alguna — con sus muchas virtudes
y sus pequeños defectos— la más sensa­
cional realización del modernismo en1 todo
el continente americano. Para decorar esas
paredes en que trazaron 27 composiciones
sobre los más diversos temas, Torres Gar­
cía y sus colaboradores del Taller que
lleva su nombre no s e ‘ encerraron en ese
simbolismo acumulativo que presidió du­
rante largo tiempo las realizaciones del
Arte Constructivo *** sino tque supieron 1
alcanzar la meta superior de describir
vividamente, dentro de un estilo muy plás­
tico y disciplinado, una amplia realidad
terrestre. Allí, b a jo un cielo cuajado de
signos trascendentes, una activa humani­
dad deseripta en rasgos sintéticos que la
unlversalizan, vive y trab aja en paisajes
urbanos que nos son familiares.
No ha concluido por esto, ni con esto,
la evolución creadora de Joaquín Torres
García, inventor incomparablemente des­
pierto e impaciente, que jamás ha podido
someterse a fórmulas sin elasticidad ni
obstinarse en la repetición autom ática de
un procedimiento. L a reciente (¡trig é s im a
q u in ta !) exposición 1 de su Taller revelaba
ya facetas inéditas de su enseñanza. Si en
su pintura, siempre pura, siempre honesta
y sincera, se producen periódicas altera­
ciones, es porque su propia condición de
ser viviente lo lleva a dudar, corregir,
cambiar, perfeccionar, transform ar la “ en­
v oltu ra” externa de su obra, como si su
pensamiento estético describiera una di­
námica espiral constante en torno del eje
invariable de una certeza que es el fu n ­
damento mismo de su arte. E l 11 v ie jito ’ r
Don Joaquín, con sus setenta y dos años;
sigue siendo el más juvenil de los pin ­
tores americanos.
* * * El cuadro constructivo se compone, a
grandes rasgos, de un trazado alveolar geo­
métrico, estructurado, con ricas variaciones,
según la “ divina proporción11, y animado por
signos individuales yuxtapuestos ----el pe 2, el
sol, el reloj, el ancla, etc.— cuya suma formu­
la la alegoría total.

�i—
—

9

cabía ninguna pena de vivir. El supo de ese
tránsito de honradez que le establece a uno
un cielo propio y sintió lástima y tuvo ges­
tos de protección para los actores de la hon­
radez falsificada. Por eso los hace bailar, les
extiende escobas, les pone máscaras, los si­
gue en sus falsedades, en su prostitución, en
sus blasfemias, y los ve como se retuercen v
ruegan haciéndolos vivir en un infierno don­
de incluso no falta la mesa servida.
Entró en las obscuras capas de la existen­
cia, supo de los fenómenos que se establecen
en el juego de la vida y consiguió sobrepo­
nerse a la muerte cumpliendo con el real
dictado de su pensamiento.
Ojalá no desaparezcan nunca, que nunca
se pierdan los pasos, los gritos, el alma toda,
de este atormentado en las salas del Museo
Nacional de Bellas Artes.
Que de este misterioso se incrusten los
signos, en las salas y en los cuadros, en las
ventanas, en los marcos, en el traje de los
asistentes, en las casas y en la vida toda de
las gentes, que no se pierdan los dramas que
él sublimó y convirtió en obra de arte, que
como un fantasma recorra largo y tendido
el cerebro y el corazón de los espectadores,
los fertilice con sus gritos, los oprima y los
ubique en el justo lugar y los enfrente a ese
desierto que solamente se puebla con uno
mismo, con las voces y los crímenes de uno
mismo.
Así este feriante del Dolor, salta de la es­
coba a la bruja, del perdón al milagro, de la
hoguera a la plácida atmósfera de ocres y
negros; del infierno menos pestilente, pero
más lógico, de sus obscuridades, al infierno
rojo de los beatos pueriles. Salta y gira, se
reconcentra y se anuncia en una procesión,

G utiérrez Solana . Proctn de Semana Santa.

en un esqueleto, en un atormen­
tado Cristo conducido, en más­
caras y en ornamentos, en vie­
jos que intentaron un día me­
jorar a la sociedad con sus obras,
con su conducta y con sus con­
ceptos; pero que todas esas vir­
tudes, eran la savia de las enfer­
medades que no curarían nunca
por ser específicas.
Hay una única razón y ella
ha de entrar fuerte y sin perdón.
No se determina el fenómeno
artístico en el hombre, por las
razones o la justificación de un
oficio o experiencia conseguido
en los años fuertes, sino que el
arte es, ante todo, la defensa de
cortantes instrumentos que han
de señalar el real estado del
pensamiento. Porque ese impe­
rativo que nace en determinado
momento en la vida de un su­
jeto escapa a todos los límites
de las experiencias. Gutiérrez
Solana supo de esa verdad y la
vivió.
“La misma ley para el león
y el buey es opresión” — ha di­
cho William Blake. Por eso es
extraña la ley de este león, de
este rey de comarcas, del ocre
y negro pintor embrujador de
colores, que destierra la gran
paleta-muleta de los oficiales de
la pintura. Porque éstos nunca
supieron nada del hombre y por
lo tanto nada del artista y se
arrastraron en lo fatuo y en el

G utiérrez S olana . “ El Lechuga" . Colección Roque Freire, Buenos Aires

G utiérrez S olana . L os caídos. Pertenece al Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

en la obra de este maestro, que

El supo como pocos sorpren­
es precisamente entrar en una de las der a los ciudadanos en su cama
Esangres
más frías de la pintura contemporá­
ntrar

nea. no es fácil. En Gutiérrez Solana hay
que entrar sabiendo no solamente que las
puertas están cerradas, sino que éstas se
cierran tras uno. La habitación donde se
lo encuentra no es la cómoda vivienda don­
de un especulador o malabarista se entrega
a espectáculos de formas y colores. Su ha­
bitación es un cuerpo geométrico en donde
lo dramático cobra una intensidad de una
naturaleza tal, que la geometría pasa a ser
la mágica estructura de un alma. Es en esa
habitación donde un día este artista pintó
Los Caídos. Este cuadro (y no tratamos de
establecer por qué razón) es para nosotros
como un resumen de la simbología de to­
das sus obsesionantes imágenes. ¿Qué juego
nos entrega ese cinco de oros, ese dos de
bastos, ese tres de espadas o ese tres de bas­
tos, al lado de esas cuatro mujeres, de esos
dos sujetos, de esa cortina, de ese mechero,
de esa guitarra, de esos vasos y de esa bote­
lla? sino el juego de la muerte. De una muer­
te que solamente será salvada por un gato
(siete vidas) y por una cama refugio de los
“ Caídos’’ o por un hombre: Gutiérrez So­
lana. Porqué esa diagonal obedecía precisa­
mente a lo que él era. El maestro fué eso:
un gato y una cama. Una cama refugio de
los sueños que él leía y sublimaba de las llu­
vias, de los perezosos, de los disfrazados, de
las rameras, de los busca coches, de los asóla
pados retorcidos que estiran la mano de la
avaricia (la amistad), de los rezagados, de
las brujas, de las escobas, de la muerte, de
los íncubos, de los profanadores, de los negadores del mismo infierno, de los bobos Velázquez, de los puros, resucitados por el per­
dón de Dios, de Dios mismo crucificado,
perseguido incluso por los que lo llevan en
falsas procesiones. (Pocos pintores han ex­
presado tan patéticamente la imagen de Cris­
to llevado y observado por los hombres en
procesión y que con más crueldad haya sepa­
rado la figura de Cristo de los humanos) .

y revelar su comportamiento
mediante la valorización del
verdadero sueño, él pintó la ca­
ma común, autoritaria y verda­
dera en la que viven y resumen
sus tormentos los ciudadanos.
El convirtió en obra de arte su
confesión castigando a los glotones de sue­
ños, que se baten despiadadamente en com­
bates para las glorias de sus guarda-muebles,
(el cerebro) falsificando su comportamiento
para no revelar la justa y veraz historia de
su vida, esos que empuñando la Rama Do­
rada, se abaten entre sí frecuentando ideo­
logías, religiones, hogares o estúpidas colec­
ciones de estampillas. El los vió acogotados,
vivientes, en la doble cama, la del comporta­
miento común y la del falso comportamien­
to. Pero supo como pocos, dictarse la real
posición y la auténtica desgracia. Sus sabias
medicinas lo curaron y optó por esa diago­
nal que, enfrentando la cama, lo convirtió
en un gato; solamente así, le fueron permiti­
dos tantos ojos, tantas pupilas, tanto poder
ver en la obscuridad. Era en las tinieblas que
ese gato pintor se acurrucaba hasta tocarse
con los dedos de sus manos extra pictóricas,
los dedos de sus pies extra caminantes, pro­
porcionándose el líquido aceitoso que le
permitiría después de largas caminatas por
el misterio, fijar en la tela las heridas colo­
readas de su alma.
Así encontró, Dios sabe por qué lo destinó,
la técnica pupila que se agranda en la obs­
curidad, procedimiento por medio del cual,
le iba a caber en suerte mostrarnos la noche
que él era. No titubeó en su confesión y usó
para ello la única verdad: enceguecer la
pintura, y dar vida al Tema.
Vestido con las mejores galas de sus tor­
mentos, no penó de vivir en la tierra, entre
cuatro paredes, señalando el destino a relo­
jes, a muñecos, a fantasmas, a la sangre.
¡Qué alegría saberse tan fríamente represen­
tado!, tan especulado y demostrar que no le

J¡ IATLIE T I M A S
G utiérrez S olana . La peinadoi Colección A lfred o G on zález
Garaño, But os Aires.

G utiérrez Solana. t l¡n ¡Li munj 0

juego de las preferencias. Pero
mientras él es, los otros corren.
El es, de negros colores a ne­
gros perdones, él se muestra y
gira, y aquí está el alma, el pen­
samiento, el espíritu y la cara
del hombre que no tiene una
misma ley: Gutiérrez Solana.
Están escritos los favores de
su bondad en esta expiación personal que
él vivió y penó de los humanos. Acaso a
pesar de arrastrar los evidentes pecados co­
metidos por otros supo depurar las falsas
conductas (los penitentes observando espec­
táculos) y sorprender a los cómodos que
identificados con las trágicas leyes no les
hubiera costado nada tomar las posturas, los
gestos o las anécdotas de sus obras. El usó
un apartamiento, un terror, una calle, para
separar a los que eran tan iguales, tan uno
mismo, tan parecidos a ciertos sueños, ami­
gos, cosas que se escucharon en la casa, o
aquello que algunas veces le pasa a uno. . .
Nació en una de las partes de la tierra,
donde el genio y la arrogancia han adquiri­
do siempre estados sublimes. Es que preci­
samente en esa parte de la tierra todavía se
lucha en extraños designios, en extraños
misterios y en extraños destierros. En esa
tierra el debate es la muerte, expedida co­
mo tal, hidalga, sin humor, la muerte he­
cha imperio.
Por eso un día, un hombre, un griego, un
pintor, un alma, obscureció el cielo de los
santos con sus Santos. Allí se lucha trágica­
mente por la solución de la vida, la muerte
y sus secretos evidenciados por el alcance
logrado en sus sueños y terrores y por la
existencia de hombres de un destino trági­
co y alucinado que buscan en la historia su
condición de individuo creando héroes po­
sesos, que le permitirán la total recobración
del espíritu.
Allí han nacido, por ventura, cuatro de
los más grandes trágicos que ha dado la pin­
tura contemporánea: Salvador Dalí, José
Gutiérrez Solana, Joan Miró, Pablo Picasso,

humbres puros que no han temido mostrar­
se tal como son, confesando a cada instante
el dictado de sus psiquis. Ellos han dado al
arte la presencia de una dignidad y de una
solvencia como pocas veces se han dado en
el arte, enfrentándose a esta época, subli­
mando sus tormentos, que, en suma, son
las únicas verdades que nos dejara la histo­
ria por encima de todos los contratos sociales
que los hombres establezcan en la voluntad
de gobernarse. Es de estos confesos el equi­
librio alcanzado entre la inteligencia y la
vida.
Estos hermetistas elevándose por encima
de los diablos, investigando en el auto­
matismo, atentos a los dictados de la noche,
han escrito la nueva historia de la pintura.
Iluminados enfrentan a las fuerzas del mal
en el momento en que éstas enseñoreadas se
pasean con sus banderas negras. Ellos han
dado vida a un Tema, a un color y a una
forma que nace en lo más misterioso del
hombre. “El arte —ha escrito el conde de
Lautreamont— es el encuentro fortuito de
una máquina de coser y de un paraguas so­
bre una mesa de disección.” Hay que entrar
en esa caja, no importa estas imágenes, no
importa este delirio, de la sublimación de
los objetos se llegará al verdadero idioma.
Estos hombres lo hablan. Así Gutiérrez So­
lana lo vivió y sublimó.
Así iluminó con su luz los obscuros re­
sortes del alma. No fué el temor del tiempo
el que lo lleva a su matrimonio con las ho­
ras, los relojes, los péndulos. Fué la fiereza
de los temas y las conductas que él quería
fijar y por eso sus horas, sus minutos y se­
gundos son la vida de la historia. Son los
hombres y los mitos, los brazos descamados
donde el juego de músculos, venas y nervios
son un imperativo; donde un torero es his­
toria de un país, y una procesión es un jue­
go, y un hombre látigo, y una mujer sueño,
y un señor, un artista, es una cama, es un
gato, es Gutiérrez Solana.

�cahaígaia

10
EL TIEMPO

Habla para

Y SUS LIBROS

CABALGATA

(V iene de la pág. 7)

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T . A . 3 3 - 0 8 7 8 - Bs. AIRES

LIBROS
DE
Novedades
E L A L M A DE HUM AHUACA,
por Evaristo L. González Arena.

La segunda parte de la obra — en la
que hay excelentes fotografías de Lifar,
Nijinsky, von Swaine e Isadora Duncan—
tiene el alto interés de un estudio de la
evolución del ballet vista por un bailarín
que es al mismo tiempo investigador y
analista de primer orden. La violenta re­
belión de L ifar contra las tendencias des­
naturalizantes de la danza, y sus audaces
innovaciones en Jcaro, Alejandro Magno
y El Cantar de los Cantares, son reseña­
das coir sincera voluntad de proselitismo
y una enorme confianza en un futuro más
libro para el ballet, un tiempo a venir
en el que la danza brote íntegra y original
del impulso del eoreautor y el bailarín,
en vez de mantenerse en la mera réplica
a incitaciones exteriores que la condicionan
y la humillan. — J. C.
T emor y temblor, por Sóren Kicrkegaard.
Traducción de Jaime Grinberg. Edito­
rial Losada, S. A., Buenos Aires. 160
pgs. a la rústica, $ 4.— m /arg.
La extraña historia de Abraham, que
alzó el cuchillo sobre su hijo para cumplir
con un mandato de Jehovah, es el símbolo
en torno al cual se mueve, densa y enmara­
ñada, la sustancia de esta obra del pen­
sador danés que se agrega valiosamente
a la bibliografía filosófica en español.
“ Comprender a Hegel debe ser muy
difícil ’
observa con ironía el autor.
“ ¡Pero qué bagatela comprender a Abvaham ! Superar a Hegel es un prodigio;
; pero qué cosa fácil es superar a Abra­
ham! ” Y porque no sabemos mirar, y
porque pasamos de largo ante los espec­
táculos más significativos, entre los cuales
se halla este episodio de incalculable sa­
crificio — junto al cual palidecen los de
Ifigenia y Bruto— , Kierkegaard alza una
a una las cortiiras de un meditar pro­
gresivo, donde el acto de Abraham vale
por “ la prueba del hombre’ ’ en su más
hondo sentido, donde la trascendencia de
los valores allí jugados plantean (tal vez
resuelven) la pregunta del hombre por sí
mismo.
“ Lo que falta a nuestra época no es
la reflexión sino la pasión” , dice dura­
mente Kierkegaard. Así, apasionado, in&gt;daga él las implicaciones y explicaciones
del símbolo de Abraham e Isaac; creo
que las páginas finales del “ segundo
problema ’ ’ — Si hay un deber absoluto
hacia Dios— , en las que se distingue
entre el héroe trágico y el “ caballero de
la f e ” , son de las más reveladoras que
haya escrito. “ El héroe trágico exprésalo
general y se sacrifica a ello” , enseña
Kierkegaard. “ Por el contrario, el caba­
llero de la fe es la paradoja, es el In ­
dividuo, absoluta y únicamente el indivi­
duo . .. E ií la soledad del universo, jamás
oye una voz humana; va solo, con su terri­
ble responsabilidad.”
Obra difícil, con frecuencia desconcer­
tante por la multitud de sentidos que sub­
yacen en el aparato expositivo, “ Temor
y Tem blor” es otra etapa capital para
medir el mensaje de Sóren K ierkegaard:
Jaime Grinberg da de ella una versión
de clara eficacia discursiva, que alienta
al lector en tan sinuoso y despojado ca­
mino. — J. C.

R ú s t ic a ...................................... $ 2.50
El autor de esta serie de cuentos
cortos penetra en las fibras íntimas
del indígena del pasado para dar­
nos los paisajes espirituales y ob­
jetivos que sorprendió en las áspe­
ras altiplanicies.

DE

GINEBRA A L A

DEFENSA

CONTINENTAL, por F. Iturraide
Chinel. Rústica ..................... $ 8.—
Importante análisis de los aconteci­
mientos y negociaciones diplomáti­
cas que en el intervalo de dos
grandes guerras tuvieron como fin
asegurar la paz entre las naciones.

E L COMPLOT COLONIAL,
por Exequiel César Ortega.
Rústica

...................................

$ 8.—

El pintoresco Buenos Aires de fines
del siglo XVIII, tanto en lo espiri­
tual como en lo físico, a la luz de
sus paisajes y ambientes humanos.

Reedi c i ones
CIUDAD EN L A M ONTANA,
por Upton Sinclair.
Rústica c/sobrecubierta

. . . $ 6.—

Un joven de la más ínfima clase so­
cial que, conducido por su audacia
y su carencia de escrúpulos, escala
las más altas cimas de la riqueza
y la sociedad, da tema a esta obra
del gran novelista americano.

LJL Y

SHANE,

por Louis Brorn-

field. Rústica c/sobrecubierta $ 6.Argumento y estilo, personajes y
medio, lo social y lo individual, se
en tre la za n admirablemente para
brindar un conjunto de interés fun­
damental, revelativo de una etapa
de la vida americana y dando al
libro un valor perdurable, como to­
do lo qué surge de la pluma de este
genial escritor.

EDI TORI AL

AYACUGHO

SANTA FE 2224

s. r l.

BUENOS AIRES

E l laberinto, por Martín Alberto Boneo.
El Ateneo, Buenos Aires. 64 pgs. a la
rústica.
Todo libro de sonetos se presenta de
algúir modo plásticamente, supone una ar­
quitectura poética donde el rigor y la
libertad empeñan la fraternal y continua
batalla del ve:so. En un período en el
que el soneto se ha transformado en una
de las formas más fáciles y andadas,
parece como si esta supervivencia de­
pendiera ya más de una retirada al buen
hermetismo que de una simplificación cre­
ciente de sus tópicos.
No ha de creerlo así Martin Alberto
Boneo, porque sus sonetos se resuelven en
claras, continuas imágenes (muchas veces
la imagen es el soneto íntegro, y entre
estos encuentro los más bellos), partiendo
de una perceptible eliminación de pres­
tigios formales para buscar — al modo
de Garcilaso— el discurso coherente y sirfricción dentro de la severa vía que le
va fijando el código del verso. Así llega
Boneo a un soneto contrapuesto a la co­
rriente más favorecida — la lírica isabelina y gongorista, el soneto del simbolismo,
el de Ricardo Molinari— y escoge una
sencillez humilde para decir del amor y
de la muerte, sesgando el compromiso tras­
cendente para darnos, con' fidelidad, su
imagen de hombre que adora, vacila, teme
— en sombra leve y esperanza poca— , sin
renunciar a la secreta seguridad de que
todo eso se está recobrando y salvando
p or, su poesia. — J. C.
L a piiosofia perenne, por Aldous IIuxley. Traducción de C. A. Jordana. Edi­
torial Sudamericana, Buenos Aires. 432
págs. a la rústica. $ 7 50 m/arg.
El joven Huxley prefería referir su
asombroso acopio de información a las
opii.iones, teorías y conductas de per­
sonajes que vicai iamente lo representaban
en sus novelas; nos dió así obras que
— combatidas furiosamente, pero como
combate el viento las banderas— señalan
los ápices intelectuales de nuestras cuatro
primeras décadas: Contrapunto, Un Mun­
do Feliz, Con los Esclavos en la Noria.
Ei.' plena madurez, la inteligencia de
Huxley parece preferir la manifestación
directa, el ingreso a los órdenes funda­
mentales del conocimiento del hombre por
vía de intuición y meditación. Todo su

ROBERTO
C ASTR O M AN
® Sobre el problema de los
autores nacionales
• Incremento de la crítica
periodística.
• Relaciones
y editor.

entre

autor

!Y! 5 ¡1 A n n it
Gerente general de la Edi­
torial “ Hobby", Presidente
de la Sociedad Argentina de
Editores, Roberto Castromán
es un hombre fogueado en
las lides del ramo al que
viene dedicando su diaria ac­
tividad desde hace ya 25 años.
Como una prueba do ello, ca­
be señalar que es fundador
de la casa citada, constituida
en una de las principales fir­
mas dedicadas a especialida­
des técnicas en nuestro país.

La Ley 13.049 No Es Una Dádiva
Ni Subsidio a las Editoriales
n

el cordial ambiente que ofrece la

sede de la editorial de la cual es
E
gerente, don Roberto Castromán nos dice
cuán interesante es la tarea en que se
halla ocupada CABALGATA al recoger
en sus páginas opiniones sobre los pro­
blemas editoriales provenientes de los sec­
tores más diversos. Por ello, su palabra
no espera mayores requerimientos, y, al
pun'to nos dice:
— Nuestro panorama editorial puede ser
apreciado desde diversos puntos de vista,
y respecto a cada uno de ellos podremos
concretar opiniones. En el aspecto de la
irradiación cultural a nadie escapa que
es mucho lo realizado, cualesquiera fueran
las circunstancias que lo favorecieron. El
hecho de que hoy se observe retraimiento,
como fenómeno general en la compra de
libros, íro nos debe alarmar.
Argentina posee jerarquía honrosa como
país productor y sus libros han penetrado
en América, que le brindó la mejor acogida.
Esta adhesión, que no debemos permitir
decline, en lo que a nosotros compete,
obliga a corresponder con realizaciones que
afiancen este prestigio.
— ¿Qué pudo oponerse al desenvolvi­
miento editorial argentino?
— A nadie escapa la gravitación con
que incidieron los trastornos referentes a
la irregularidad de transportes y los cada
día más graves que emergen de la res­
tricción de divisas, en la mayoría de los
países americanos. Felizmente los despa­
chos al exterior — localmente— por vía
postal, ya han- dejado de ser un obstáculo;
por el contrario, se agudiza el problema
de las divisas que traba la libre remesa
de fondos.
— ¿ Qué proyecciones económicas tiene la
reciente Ley de ayuda y fomento ?
— Debo dejar aclarado, en primer tér­
mino — la Ley lo dice sin lugar a dudas— ,
que no se trata de un subsidio o dádiva
otorgado a las editoriales, sino que de­
fínese, claramente, como un fondo per­
manente para préstamos y que, quienes
usen de él, por aplicación de ese ins­
trumento legal oblarán el interés esta­
blecido, que es del 5 por ciento. Debe pues
desvirtuarse cierta atmósfera que hace
aparecer a las editoriales como beneficia­
rías de una gracia, cuando en realidad
sólo existe un préstamo que lo diferencia
de los corrientes, por hacer extensivo su
plazo a 5 años, en cuyo lapso debe ser
amortizado.
t— En otro ordeiv, ¿qué puede decirnos
acerca de la estimación de autores nues­
tros?
— Involucra otro de los aspectos no me­
nos complejos. Lo es por la diversidad de
factores que podrían quedar al margen
en su consideración y que influyen como
imponderables para tachar Me parcialidad

saber busca comunicarse sin rodeos ni
máscaras, en un mensaje donde la espe­
ranza combate y se apoya err la angustia:
así se lia generado esta su nueva obra,
La Filosofía Perenne, itinerario de despojamiento espiritual, de ascenso severo
y claro al mismo tiempo, nueva ruta dan­
tesca a un paraíso de lucidez interior y
posesión del ser.
Esta vasta antología de fragmentos me­
morables — que van desde los textos hin­
dúes y chinos a la metafísica y ética
modernas, pasando por místicos y santos
medievales— se articula y fusiona en las
distintas partes de la obra mediante en­
laces escritos por el mismo Huxley. En la
medida en que citar es citarse, el autor ha
expuesto su actual concepción del hombre
y sus ideales (también de sus logros) a
través de textos de una hondura y una
belleza que exceden la calificación. Artis­
ta siempre, el filósofo Aldous Huxley se
propuso evitar lo más conocido para ofre­
cer imágenes, modos de pensamiento, rit­
mos de culturas arcaicas y modernas que
hacen de esta obra un nuevo espejo donde
el hombre verá su propia imagen bajo
una luz distinta, y donde acaso descubra
que también la imagen es otra y más
cierta. — J. C.

E l H ombre P erdido, por Ramón Gómez
do la Serna. Editorial Póseidon, Bue­
nos Aires. 332 páginas. $ 7.— m/arg.
No se puedo decir, en casos como el de
Ramón Gómez de la Serna, que éste inicie
un?, aventura, sino que continúa su aveirtura y que continuándola se mete en un
ámbito distinto. Ese ámbito forma parte
desde luego y como siempre del gran
mundo de la “ greguería” . Ramón es Ta
greguería, más ancha, más estrecha, más
alargada, más corta, más impalpable o
más plástica. . . siempre la greguería. Pero
lo maravilloso es estar andando siempre
por eso campo sin tropezarse con los fan­
tasmas, en constante acecho, del agota­
miento o de la repetición y esto es lo

a las conclusiones a que se pueda arribar.
— Veamos sus razones, Castrom án...
— Sí. Todos ' los editores, por lógica,
deben presentar libros de éxito; dan brillo
al sello editorial y producen utilidades.
Ese éxito es una consecuencia de la bondad
de la obra y de la acogida que le da el
lector. Entonces, el editor juega un papel
ciertamente cómodo; así, también, en todos
los casos en que el autor aporta el pres­
tigio de su nombradla, P ero. . .
— t Cuando se trata de autores noveles?
— A eso iba a arribar. Entonces, sobre
el concepto de los editores se cierne una
nube de ira tras el descontento de algunos
autores que se sobreestiman y -desconocen
la experiencia (que alguna tienen los edi­
tores) sobre los gustos y modalidades del
público. Ejemplos en contrario de lo que
digo, lo hay y habrá.
-—¿Puedo adelantarnos algunas solucio­
nes que TJd. estime lógicas?
— Como solución parcial, creo que, indu­
dablemente, mucho pueden hacer en be­
neficio de los autores noveles las mismas
instituciones que los reúne a fin de im­
pulsar las obras inéditas, procurando ma­
yor contacto entre ellos y los editores.
— ¿Alguna medida concreta que Ud.
vería factible. . . ?
— Deberían los escritores mantener a
las editoriales al tanto de su producción,
mediante gacetillas informativas, que se
cristalizaría en oferta y demanda, cosa
que hasta el presente no se ha hecho.
— Esto en lo que se refiere a obras li­
terarias o imaginativas, ¿en cuanto a las
de carácter técnico?
— Aqui el problema varía fundamental­
mente. Quizá se desconozca que el 90 o|o
de las obras de medicina editadas en el
país pertenecen a firmas nacionales, en
derecho el 80 o|o, en textos escolares el
100 o|o, en la enseñanza inedia el SO ojo,
y en manuales técnicos, artesanía y di­
vulgación, el 90 o lo.
— Las cifras que nos proporciona son
halagadoras, Castromán.
— Si libros de autores noveles perma­
necen en los anaqueles de librerías aquie­
tados (y esta circunstancia hace cautos
a los editores que no ignoran lo que in­
sumo el centímetro publicitario) esta si­
tuación cambiaría si la crónica bibliográ­
fica, firmada, por los críticos consagrados
a quienes les está encomendada, ocupase
el lugar que merece en los grandes diarios
lo que despertaría el interés del público.
Poniendo fin a sus opiniones sobre el
problema editorial, Castromán nos despide
recordándonos que éste y muchos otros
tópicos contemplará la Ley de fondo de
la producción del ramo, a cuya considera­
ción se abocará el Honorable Congreso
Nacional próximamente. — O. H.

quo consigue Ramón perfectamente y hace
de él el escritor de imaginación de posi­
bilidades más incalculables que hay ac­
tualmente no sólo en lengua castellana.
E l Hombre Perdido es el normal creci­
miento de una greguería — célula, como
el hombro fisiológico es el crecimiento
de una célula fisiológica. Y de la misma
manera que no hay en la fisiología nada
que no pueda ser, tampoco lo hay en el
campo imaginado de la greguería crecida
y crecida hasta convertirse en la aven­
tura de un hombre en, los aledaños de lo
real, de lo superreal, de lo extrarreal, pero
no imposible. El que sepa leer a Ramón, lo
puede seguir sin temor de perderse; el
que no lo sepa, es inútil que busque una
guí?, o itinerario. Ramón es una de esas
selvas en las que hay que meterse y andar
sin guía y saber mirar y ver y no temer
al extravío. ¡ Adelante! . . . Y el que sea
de ésos que quieren saber cómo se llama
ese pájaro, cuál es la característica botá­
nica de esa planta, en qué forma se re­
produce esa mariposa o dónde deja sus
huevos ese pez, que no se meta en la
selva, pues no andará por ella dos pascY.
Hay que entrar y seguir y seguir escu­
chando su murmullo y ver sus cosas sin
explicación ni clasificación.
¿Hasta dónde? Sin prisa ni destino fijo,
esa lectura no lleva a ninguna parte, ni
tiene su por qué, ni su para qué, sino
muy hondo y muy en el misterio de las
puras satisfacciones estéticas. Nadie puede
limitar hasta dónde lleva contemplar los
Caprichos de Goya, o escuchar una sinfo­
nía. Hasta dónde se quiere ir, y-cada cual
puede alzar la expiyisión de su propio
espíritu.
Ramón es inagotable y tiene en su caja
de sorpresas una constante provisión de
cosas nuevas, no vistas antes o vistas coir
una proyección original. De estas cosas
nuevas está lleno su nuevo libro, en el
quo se anuncia el ciclo de las Novelas de
la Nebulosa, con una prolongada órbita
de incalculables maravillas poéticas en
giro perpetuo. — Mora Guarnido

• Con su reciente exposición en los salo­
nes do los Amigos del Arte, en Monte­
video, J. Baclle-Planas, el prolífico, activo
y vario pintor, reedita el cúmulo de difi­
cultades, dilaciones, expedienteos y cien
cosas más, con que tropieza el artista ar­
gentino que llevando y trayendo su obra
do una orilla a la otra del Río de la Plata
trata de contribuir al acercamiento de los
dos países hermanos, y de hacer el bien
que los buenos artistas pueden hacer y
hacen ofreciendo generosamente al público
el espectáculo de su obra de creación.
Sería deseable que las entidades plás­
ticas recabaran el apoyo y la comprensión
de las autoridades competentes para que
de una vez cesaran las trabas que en la
actualidad se oponen a los artistas plás­
ticos do uno y otro país que van o vienen
a exhibir su propia producción, con lo
cual se lograría más, mucho más que con
la “ naturaleza muerta” de ampulosos con­
venios de buena vecindad.
• Julio E. Payró ha traducido para la
Editorial Poseidon, el libro de Le Corbusier “ Cuando eran blancas las catedra­
les” , agotadísimo. y esperado, libro del
gran arquitecto francés que junto con
“ La Ciudad (Su nacimiento. Su decadencia.
Su futuro) de Eliel Saarinen, (trad. Ro­
berto A. Champión). iniciará una colec­
ción do urbanismo y arquitectura a cargo
de la Editorial aludida.
9 Gustavo Cochet, a pocas fechas de su
exposición de pinturas celebrada con no­
table éxito en el Salón Peuser, entre otras
exposiciones foráneas y una excursión a
las sierras cordobesas do donde ha traído
unn provisión de paisajes, ha tenido en
exhibición en las Galerías Argentinas, de
nuestra capital, un conjunto de grabados,
especialidad en la que el artista rosarino
es notable maestro.
En edición de autor, realizada en las
prensas de la Editorial Castellví de Santa
Fe, Cochet, distinguido escritor v trata­
dista — su monografía sobre Daumier y
su historia y técnica de “ El grabado” __
acaba de publicar “ Entre el llano y la
sierra” , un suculento libro de breves pro­
sas, ilustradas con magníficos grabados
tallados en madera.

• Luis Seoane, acto seguido de su cele­
brada exposición de óleos en la Hebraica
Argentina, ha ofrecido al público que visitr, el salón de la Librería Viau* una
colección de acuarelas de fuerte colorido
pertenecientes a la serie “ Amadís de Gau1?. , completada con dos paisajes urbanos
expresados con un notable dramatismo
formal.
Paralelamente, en vitrina, presentó para
lectores exigentes y coleccionistas de li­
bros en edición limitada, una serie de
cuadernos impresos en la Imprenta López,
bajo el signo un tanto nostálgico de “ La
Botella en el Mar” , Se destacaban “El
perro andaluz” , de Buñuel y Dalí, con
dibujes de Dalí; “ La voz humana” , de
Jean Cocteau, con dibujos del autor; y
“ Anfión” , de Paul Valéry; “ Catalina’ de
Houlihan” . de Yeats. y “ El ceñidor de
Venus desceñido” , de Rafael Albcrti, ilus­
trados por el expositor.
• Dentro de la Colección El Hilo de
Ariadna que para Editorial Futuro dirige
Julio E. Payró, el distinguido pintor ar­
gentino Jorge Larco — quien hace algún
tiempo nos diera un magnífico estudio so­
bro Piero Della Francesca— acaba de
publicar una breve reseña de la histórica
pintura española de los siglos XIX y XX.
Las lagunas que en este fervoroso estudio
puedan observarse no afectan el notable
esfuerzo del comentarista, quien en su mue­
vo trabajo literario alcanza momentos de
expresiva forma.
• En la calle Nazca 2546, ha quedado
abierta al público “ Trastienda” muestra
de arte, generosamente instituida, que ofre­
ce en su presentación al público grabados
de Adolfo Bellocq, esculturas de Horacio
Juárez y pinturas de Antonio Berni, Ro­
drigo Bonome, Juan C. Castagnino y Ma­
nuel Eichelbaum.
• La Exposición de Arte Español Con­
temporáneo, que ha ocupado totalmente el
edificio del Museo Nacional de Bellas Ar­
tes de nuestra capital durante los dos
últimos meses, ha cosechado una bien es­
casa crítica periodística. No analizaremos
aquí la causa, una de las cuales, vale la
pena subrayarla, podría ser la falta de
espacio, de publicaciones por decir mejor,
en las que entre nosotros se cultiva la
crítica artística. Se le han hecho reproches
a la organización, algunos de los cuales
omitimos citarlos por razones obvias. Se
le reprocha que en ella falten nombres
ilustres, entre otros el más descollante,
Picasso. Y Miró. Y tantísimos oíros. Que
esté tan mal representado Dalí y el otro
catalán insigne. Joaquín Sunyer. Pero por
qué buscarle explicación a lo que habla
por sí mismo. Estos dos últimos, pre­
sumiblemente no han sido consultados; se
les ha hecho figurar simplemente. Otros
no fueron invitados. Otros no hubieran
ido do todas maneras. Esta exposición es
parcial y parcial, pues. Le sobran nombres,
esto so nota. Hay grandes nuevos valores,
afirmados últimamente: Sisquella, Serra,
Prieto, Palencia. No faltan los jóvenes,
de aquella juventud, que se han perdido
por completo: Pedro de Valencia. Genaro
Lahuerta. ¡ Descollante, rotundo. Gutiérrez
Solana!
• Merece aplauso la iniciativa hecha pú­
blica por la Editorial Kapelusz, en adhe­
sión. a la “ Semana del Libro Infantil” que
acaba do celebrarse con brillantes actos,
Ir. cual consiste en un Concurso de Cuentos
para niños, dotado de la respetable suma
de 10.000 pesos. Respaldan el Concurso
tres nobles divisas, una de las cuales sub­
rayamos: “ Dotar a la infancia de más y
mejores libros que coadyuven a su for
mación moral y a su elevación espiritual ’
o
No nos lo comunica el cable, dema­
siado atareado en transmitir noticias por
siempre jamás perecederas. Es la- carta de
un amigo la que, con un retraso de unos
pocos días, nos trae la noticia. En México,
abatido por un ataque cardiaco, como tan­
tos otros intelectuales exilados, ha muerto
el ciudadano Víctor Kibalchiche. vale de­
cir el escritor de larga obra Víctor Serge.
de quien dijo Panait Istrati, que vinculó
“ su destino individual al destino de todos” .
Víctor Serge será recordado en la litera­
tura de los tiempos presentes, de “Los
últimos tiempos” por decirlo con las pa­
labras literales de su última novela conoci­
da en francés e inglés, pronta a aparecer
en castellano.
• La Escuela Nacional Industrial de Ce­
rámica tiene abierta en la Galería Müller.
su séptimo salón, en el cual, como lo han
venido haciendo todos los años, exhibe la
producción de sus aventajados discípulos.
Fernando Arranz, director de la Insti­
tución aludida, demuestra con esta comple­
tísima muestra, cuantas y cuan elevadas
son las posibilidades que el arte ceramístico tieno en nuestro país. Existe primera
materia: la ha sabido encontrar el escla­
recido técnico. Existe entusiasmo y voca­
ción de artesanía. La escuela-taller está
en funcionamiento. Quien sabe si le falta
algo, no obstante. Quizá le falta al mag­
nífico hallazgo, lo que sólo el Estado pue­
de darle; una más amplia dotación para
que los anhelos de quien está al frente
de la Escuela y de cuantos lo secundan,
puedan cumplirse para honor del país en
más colmada medida.

�LADY MACBETH

d el

DISTRITO

NOVELA DE NICOLAS LESCOV
( Continuación del número 1S de
Cabalgata ).

ULTIMOS TITULOS

IX

COLECCION
PINGÜINO
S IR W A L T E R R A L E I G H .
PIRATA Y CABALLERO,
por Eric Ecclestone . .

$ 2.—

BALLET,
por Arnold Haskell . .
f r a n k e n s t e in

$ 3.—

,

por Mary Shclley .,.. .

$ 2.50

¿POR QUE SE DESINTE.OKAN LOS A T O M O S?,
por A . K. Solomon . . .

$ 3.—

NOVELISTAS A N T E R IO R E S
A. C E R V AN TES,
por Autores Varios . .
n o v e l is t a s

$ 3.—

in m e d ia t o s

A CER V AN TES,
por Autores Varios . .

$ 2.50

¡en v e n t a e n to d as
LAS BUENAS L IB R E R IA S!

E D I T O R I A L

LAUTARO
J J .

U R I B Ü R U

B U E N O S

12 2 5

A I R E S

Serguey tenía el cuello envuelto en una
bufanda colorada y se quejaba de mal
do garganta. Mientras, antes de que las
marcas dejadas en la garganta por los
dientes de Zinoviy Borissitch estuviesen
curadas, se advirtió la desaparición del
marido de Katherina Lvovna. El propio
Serguey habló a menudo de esto con los
demás. A veces, cuando anochecía, se sen­
taba con los muchachos sobre el banco,
ante la empalizada y repetía: “ De todas
maneras es incomprensible que el patrón
no baya regresado todavía7’ .
Los empleados se asombraban también
de ello.
Tin día llegó del molino la noticia de
que el patrón había alquilado unos caba­
llos y había partido hacia ¿asa hacía
mucho tiempo. El postillón que lo llevó
d ijo que Zinoviy Borissitch estaba depri­
mido y que le había ordenado regresar
de una manera rara: unos tres kilómetros
antes de llegar a la población descendió
do la carreta, cerca del convento, cogió
un saco de viaje y se marchó a pie. Ante
esto, todo el mundo se extrañó aún más.
Zinoviy Borissitch había desaparecido.
Se iniciaron las investigaciones, pero
no llevaron a conclusión alguna. Según
los informes del postillón lo único que
estaba claro es que sobre el río, a la al­
tura del convento, el comerciante había
seguido el viaje a pie. El asunto no se
esclarecía y entre tanto, Katherina Lvov­
na, aprovechándose de su situación de
viuda, vivía con Serguey en plena li­
bertad. Se inventaba que Zinoviy BorisBitch aparecía hoy aquí y mañana “ allá,
poro el comerciante seguía sin regresar
y Katherina Lvovna sabía mejor que nadie
que no volvería.
Así pasó un mes, otro y un tercero.
Katherina Lvovna se sintió embarazada.
T-a fortuna será para nosotros, Serojetcha; tengo un heredero — le dijo a
Serguey, y fué a pedir al consejo comu­
nal que, sintiéndose encinta y estando los
negocios de la casa en pleno marasmo, se
la autorizase a ocuparse de todo.
De cualquier forma no era necesario
que la empresa comercial se derrumbara.
Katherina Lvovna era la esposa legítima;
no había deuda alguna.... En consecuen­
cia se la podía autorizar. Y se la autorizó.
Katherina Lvovna vivía a su guisa, rei­
nando sobre todos y, a causa de ella, todo
el mundo buscaba la amistad de Serguey.
Pero era demasiado fá cil: una nueva ca­
lamidad sobrevino. El alcalde recibió de
la ciudad de Livni una carta comuni­

TERMINAN ASÍ

• El potente grito de la locomotora
vibró en la noche. El tren abandonaba
h el Territorio. Un cartel agobiado por
¡
3°nibras, mantenía su pregón: CO­
LONICE EL CHACO. . . (Oran Chaco,
de Raúl Larra. F u t u r o .)
• Ina abierta y alegre sonrisa se
mujo en los labios de su compañera,
I J’ rec°giendo levemente su falda con
s mano izquierda, Gradiva Rediviva
,0c ®ertSang, envuelta por las mira|
as soñadoras de Ilanold, atravesó la
I
e, a pleno sol, por la vereda de
I iT \ .COn su Paso flexible y sereno.
I L ra ' V a ’
Wilhelm Jensen. P o s e i -

*. ' a través del oriente de
soma que bañaba todavía su i
«
en e* éxtasis de su dii
&lt;m pastoral sentada al bo
■meses futuras, y más allá
la 1 US ven'deras &gt;’ a pesar de
, r M10* ,ic la vida ovangélii
cave P° r el gran « s e r ió t e de

Ozerón % 6‘ -díg“° señor c"

de P.

{ t l sen°r cura de
ancis Jammes. E m k e .)

(

J a iie 'le T 8’ -S'n esperar el t:
tren . . anzo hacia París — h¡
conin 8¡".a G|nebra— , corriendo
(I p, , tuv,era que salvar la
1914 ■v n
Losada!.)d

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Lo,
* rp"ové en el de

*»• ^ S tl-sT &gt; ’e.eltranqUÍ,,Zad0Sconvov reant

DIBUJOS DE J. BATLLE - PLANAS
sociedad mercantil. Insistía una y otra
vez diciendo que si ella diera a "luz un
hijo en los nueve meses siguientes a la
muerte de su marido, toda la fortuna les
pertenecería, y entonces la felicidad de
ambos no tendría fin.

X
Luego, repentinamente, Serguey dejó
de hablar del heredero. Y desde que cesa­
ron los discursos eir los labios de Serguey,
Fedia Liamine se implantó en los pensa­
mientos y el corazón de Katherina Lvovna.
Se tornó pensativa e incluso menos tierna
para con Serguey. Duerma, salga para dar
órdenes o se disponga a rezar, siempre
es la misma cosa la que danza en su
espíritu:
¿Cómo es esto? ¡P o r qué, en efecto,
me va a privar de mi fortuna? He sufrido
ta n t o ... he arrojado tantos pecados so­
bre mi alma y él sin tomarse la menor mo­
lestia, llega y me d esp oja .. . Todavía paso
si fuera un hombre, pero no, un mucha­
cho, un niño. . . ”
Afuera habían comenzado las primeras
heladas. Como es lógico no se recibía nin­
guna noticia de Zinoviy Borissitch. Kathe­
rina Lvovna aumentaba de talle y no de­
jaba de estar pensativa. En el pueblo la
murmuración trataba de saber cómo era
eso que la joven Ismailova, que siempre
había sido estéril y no hacía sino adel­
gazar y languidecer, engordaba tan re­
pentinamente. Durante este tiempo, el j o ­
ven coheredero, Fedia Liamine, se paseaba
por el patio, vestido con un liviano casaquín, y rompía el hielo de los charcos.
— ¡Vamos, Fedor Ignatitch! ¡Vamos,

— Porque, por amor hacia ti, Katherina
Lvovna, yo hubiera querido verte conver­
tida en una verdadera dama y no en lo
que has sido hasta hoy — replicó Serguey
Filipitch— . Pero ahora se hace evidente
que en comparación con los medios anti­
guos tendremos que vivir todavía más
modestamente que antes.
— ¿Y qué puede importarnos eso?
— Es cierto, Katherina Lvovna, que tú
ni siquiera te preocupas, pero en cuanto
a mí, que te honro y frente a las miradas
cobardes y envidiosas; esto resultará muy
penoso. Para ti, será como tú le inter­
pretas, pero yo comprendo que así, en
estas condiciones, jamás seré feliz.
Y siguió machacando sobre Katherina
Lvovna que por culpa de Fedia Liamine
él so había convertido en el hombre más
desdichado del mundo, privado de la po­
sibilidad de realzarla a ella y de cubrirla
de opulencia ante las narices de toda la

M A R Y

VUELTA

E

camino, furtivamente, como ladrones
en la noche. (Ladrones en la noche;
de Arthur Koestler. A bril.)
» El vehículo siguió un trecho por
la avenida Wagram y dobló en la plaza
do L ’Etoile. En parte alguna se veía
luz. La plaza era todo obscuridad. Es
taba tan obscuro que no se podía dis­
tinguir siquiera el Arco de Triunfo.
(A rco de Triunfo, de Erich María
Remarque. Castelar .)
• Habría yo querido llorar, pero me
sentía el corazón más árido que el
desierto. (L a Sinfonía Pastoral de
André Gide. P oseidon).

un cargo discreto pero bien remunerado
en el ministerio de Dominios pero es dejado
cesante como consecuencia de la publica­
ción de su primera obra: ‘ ‘ Hechos me­
nudos en la vida de los obispos” . Hasta
los treinta años no ha escrito una sola
línea. Y en el alborear de su carrera li­
teraria un artículo mal interpretado le
vale la más tenaz hostilidad de la iz­
quierda literaria. E 11 aquel entonces las
posiciones políticas están ya fijadas: hay
que ser conservador, religioso y eslavófilo
o liberal, curopeísta y materialista. Leskov
parece no definirse y vacilar entre ambos
extremos. Tolstoi le hará justicia un día
escribiendo de él: “ Leskov ha sido el
primero que haya mostrado en la novela
el peligro que amenaza a la libertad y al
ideal, el primero que se haya desviado
del progreso estrictamente materialista” .
En verdad no hay contradicción alguna
en la actitud de Leskov. Mielielson hace
notar justamente: ‘ ‘ Por sus orígenes, Les­
kov pertenecía a un medio militante or­
tod oxo.. . Religión y equidad son las dos
ideas motoras que dan cuenta de su iti­
nerario intelectual. . . Para satisfacer una
exigencia ética Leskov fué un abolicionista
ferviente, se acogió, en sus comienzos a
la bandera liberal y se hizo amigo del
revolucionario Arthur Benni; que más se
interese en los tentativas de evaneelización de lord Redstock y que sea seducido
por el tolstoianismo, es muy natural. Pero
como ante todo y sobre todo era un or­
todoxo convencido y conservador por tem­
peramento. hizo su carrera bajo la ésrida
de los partidos de derecha, se unió a Sersre
Aksakov y sufrió, hacia el fin de su vida,
la influencia de Soloviev” .
En verdad, si se le juzga por su obra
es un hombre con menos prejuicios que
instinto,- un instinto profundo, y tiene
menos gusto por los debates doctrinales
que por una determinada actitud religiosa
ante la vida. Es más sensible y atento que
razonador; creo más en su experiencia
íntima que en las teorías políticas e inte­
lectuales. Más que un soñador es un
hombre con fe.
Y como es sólo su- obra lo que verdade­
ra mentó interesa, puede afirmarse de Les­
kov que no hay ningún escritor ruso en
el que lo irreal y el sueño, lo cotidiano
y lo maravilloso, el acontecimiento y lo
irracional estén más íntimamente confun­
didos. Sencillez, veracidad y ausencia
completa de todo ornamento retórico son
sus calidades esenciales. Imposible expre­
sar mayor elogio.

W E B B

A

JUAN

LA

FIERRA

PABLO

ECHAGOE

PARADOJAS MORALES E INMORALES
En estos diálogos vivaces y amenos, el fino escritor y crítico, miembro
de la Academia Argentina de Letras, persigue algo de esa intención moralizadora que impulsó al escritor y al poeta satírico a practicar el exa­
men de conciencia de la sociedad de su tiempo. Un volumen de la
“ Colección Ensayos Breves” , de 176 páginas ........... ................. $ 3.00

JOSE

0 EL ARTE POR LA SENCILLEZ
el recio panorama de la literatura
rusa falta destacar en sus justas
proporciones a un hombre naeido en
1831. Es Nicolás Leskov, cuyo nombre
merece figurar junto a los grandes nove­
listas de Rusia y que es punto menos
que desconocido; a tal extremo que en
muestro país la primera traducción que
de él se ofrece es la presentada por CA­
B A L G A T A : “ Lady Macbeth del distrito
de M’zensk” .
Debo decirse, sin embargo, que el ta­
lento de Leskov no alcanza la profundidad
apasionada del genio de Dostoievski ni
la pujanza soberana del de Tolstoi. Pero
su obra está caracterizada por una especie
de serenidad y una sencillez aclaratoria
que nos revela a Rusia quizás mejor que
cualquier análisis angustiado de uno o
diversos tipos excepcionales. Los perso­
najes de Leskov son seres sencillos, sea
cual fuere el rango en que los haya situado
el Destino. No son intelectuales ni teóri­
cos, sino gentes semejantes a otros mi­
llones de gentes.
La biografía de Nicolás Leskov no tiene
nada de extraordinario Nace en Gorokh off, provincia de Orel, en 1831. Tiene
13 años menos que Turguenev, 10 menos
que Dostoievski y tres menos que Tolstoi.
Su padre es un clérigo y la familia de
su madre es noble; sin embargo, su edu­
cación deja bastante que desear: su fa ­
milia no so ocupa a penas más que de
enseñarle a leer y escribir. A los 16 años
entra en la administración judicial local.
Dos años más tarde va a Kiev en donde
completa su ilustración durante sus horas
libres; se apasiona por la literatura. Fun­
cionario del gobierno consigue efectuar
diversos viajes a través de Europa. Ocupa
n

hijo de comerciante! le gritaba a veces la
cocinera Axinia al atravesar el patio apre­
suradamente. ¡E s adecuado que un hijo
de comerciantes chapotee en los charcos?
Pero el coheredero que perturbaba a
Katherina Lvovna trotaba como un cabritillo despreocupado y dormía más des­
preocupadamente, sin comprender que se
había cruzado en el camino de alguien y
que había disminuido la felicidad de quien
fuese.
Finalmente, Fedia atrapó una viruela,
complicada con un enfriamiento del pecho,
y el niño hubo de guardar cama. Se le
cuidó primero con infusiones y hierbas;
después se mandó por el médico.
El doctor hizo algunas visitas, prescri­
bió unas pociones y se las hicieron tomar
al muchacho cada hora. Unas veces era su
vieja abuela la que se las suministraba,
otras, ésta rogaba a Katherina Lvovna que
lo hiciera.
— Tómate esa molestia — le decía—
Katerinuchka; tú misma estás encinta y
esperas también el juicio de D ios; tómate
esa molestia.
Katherina Lvovna no se negaba. Sea
que la vieja fuese a las vísperas a rogar
‘ ‘ por el adolescente acostado en su lecho
de dolor” , sea porque iba a la misa ma­
tutina a conseguirle una partícula de la
hostia sagrada, Katherina se sentaba fre­
cuentemente a la cabecera del enfermito
y le daba de beber cuando tenía sed y le
hacía tomar los medicamentos a su hora.
Así, la vieja partió para asistir a las
vísperas de la Presentación err el Templo
(Pasa a la página 12)

De la autora de “ Siete para un secreto” , cuyas obras son de un
7igor y una reciedumbre tales como difícilmente se encontrará paran­
gón, es esta coyela cuya acción tiene por fondo el paisaje galés de
montañas y valles, tan íértúl en vegetación natural como en bellas y
conmovedoras leyendas. Un volumen de la “ Colección Horizonte”
de 392 páginas ............... ................................ ..................................
$ 6.—

NICOLASLESCOV

• Resuelto y grave, afinaba cuida­
doso un venablo de madera de plátano.
(Radmiento de la Odisea, de Jean
Giono. Argos.)
• Ciñó su talle con los brazos y la
atrajo hacia sí; ella le puso las ma­
los como unas algas alrededor de su
cara, a la que aproximó la suya. Así
3e compenetraron sus miradas, pro­
funda y dichosamente; así se tocaron
sus cuerpos en caricia perfecta. Clau­
dia bajó los párpados y los labios se
anieron en un beso. ( Claudia, de Arnold Zweig. A r g o n a u t a .)

cándole que Boris Timofeyévitch no co­
merciaba sólo con su propio capital, sino
también con el de su sobrino, menor de
edad, Fedor Zaharovitch Liamine y que
era preciso arreglar el caso y no confiar
el negocio solamente a Katherina Lvovna.
A l recibir la noticia el alcalde se en­
trevistó con Katherina Lvovna y una se­
mana después llegó de Livni una viejecita
con un muchacho.
— Soy — explicó— la prima del difunto
Boris Timoféyevitch y éste es mi niete­
cito Fedor Liamine.
Katherina Lvovna los recibió.
Contemplando desde el patio esta visita
y la acogida dispensada a los recién lle­
gados por Katherina Lvovna, Serguey se
puso blanco como la pared.
— ¡CJué to ocurre? — le preguntó la
patrona al apercibirse de su mortal pa­
lidez, cuando entró detrás de los recién
llegados y se detuvo en el vestíbulo a exa­
minarlos.
— Nada — replicó, girando sobre sus
talones para irse. Pienso solamente que
Livni es una ciudad muy curiosa, — con­
cluyó, con un suspiro, antes de cerrar la
puerta tras de sí.
— Bueno, ¡ y ahora qué haremos? —pre­
guntó Serguey Filipitch a Katherina
Lvovna, sentados durante la noche ante
un samovar— . Al presente, todo nuestro
negocio ha quedado reducido a polvo.
— ¿Por qué, Sereja?
— Porque a partir de este momento todo
irá a medias. Y estaremos al frente de
un negocio insignificante.
— ¿Te resulta poco?
— No se trata de mí, pero la felicidad
ya no será la misma.
— ¡Cómo! ¿ Y por qué, Sereja, no he­
mos de ser dichosos?

MZENSK

de

F ERRAT ER

MORA

EL SENTIDO DE LA MUERTE
Magnífico ensayo del autor de “ Variaciones sobre el espíritu” que com­
prende una ontología general de la realidad, una metafísica de lo orgá­
nico y una filosofía de la persona —bases sin las cuales el problema
de la muerte resultaría ininteligible— completándose con un ataque a
fondo del problema de la inmortalidad y la supervivencia. Un volumen
de la “ Colección Filosofía” , de 356 páginas ................... ................. $ 7.50

ANTHONY

LOS

STANDEN

INSECTOS

INVASORES

Presentada en forma amena y pintoresca, esta obra es en realidad nn
pequeño tratado de entomología aplicada. Su lectura, tan atractiva, basta
para demostrar que no es preciso ser amigo de los insectos para bailar
interesante su estudio, ni aún para hacer a los demás participes de ese
interés. Un volumen de la “ Colección Ciencia y Cultura” , de 256 pági­
nas, con ilustraciones fuera de texto ................................................ g g.00

Reediciones
W-

LA

S O ME R S E T

OTRA

MAUGHA M

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La pluma de este gran autor dramático nos hace seguir las alternativas
de la vida de Julia Lambert, actriz consagrada, cuya exaltación artística
llega hasta el punto de que ella misma ignore donde termina la realidad
y donde principia la ficción en su propia existencia. Un volumen de
la “ Colección Horizonte” , de 331 páginas (4á edición) ............... $ 5.00

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GUÍA DEL LECTOR DEL QUIJOTE
Ensayo del eminente polígrafo español, dividido en dos series de estu­
dios: en la primera se analiza la actitud de Cervantes para con el
Quijote y los libros de caballerías; en la segunda se aclara de modo
magistral el matiz psicológico de personajes grandes y chicos d© la obra
inmortal. Un volumen de la “ Colección Ensayos Breves” , de 231 nabi­
nas (2* edición)
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Eelato que muestra en todo su esplendor y sus miserias a la Italia del
siglo X V III, del “ siglo galante” que ocultaba su corrupción tras nn
magnifico despliegue de refinamientos y elegancias, y qne sirve de
fondo a la historia del “ verdadero” amor de Casanova, del único amor
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BUENOS AIRES

�cabalgata

12

LADY

EL A T E N E O

(Tiene de la pág. anterior)

Presenta sus

de la Santa Virgen y rogó a Katherinuchka que cuidara a Fediuchka. En ese
momento el niño comenzaba a restable­
cerse.
Khaterina Lvovna entró en la habitación
do Eedia. Estaba sentado en la cama,
con su casaquín de petit-gris sobre los
hombros, leyendo la Vida de los santos.
-—¿Qué estás leyendo, Fedia? — le pre­
guntó Khaterina Lvovna, sentándose en
el sillón.
— Estoy leyendo la Vida de los San­
tos, tía.
— ¿Interesante?
— Muy interesante, tía.
Katherina Lvovna apoyó el mentón en
la palma de la mano y observó a Fedia
que movía los labios al leer y, súbitamente,
fué como si una horda de demonios se
hubiera desencadenado en ella, viéndose
invadida por los pensamientos de costum­
bre acerca del daño que le hacia este niño
y cómo todo hubiera marchado bien si
él no existiese.
“ Después de todo — pensaba Kathe­
rina Lvovna, — después de todo está en­
fermo . . . se le dan medicamentos. . ■ na­
die sabe nunca en qué para una enferme­
dad. . . Todo lo que puede decirse es que
el médico no ha recetado las medicinas
adecuadas ’ ’.
— ¿Es la hora de tu medicamento,
Fedia?
— Sí, tía . . Es muy divertido lo que
cuentan los santos varones, — dijo des­
pués de haberse tomado la cucharada.
— Bueno, sigue leyendo — dijo Kathe­
rina Lvovna, y tras recorrer con mirada
fría toda la habitación, sus ojos se detu­
vieron sobre la ventana congelada— . Hay
que cerrar los postigos — d ijo ; salió al
salón, de ahí a la escalera y penetró en
su habitación. Se sentó.
Cinco minutos más tarde Serguey se
reunía con ella, en silencio, vestido con
una casaca con cuello de castor.
— ¿Cerremos los postigos? — le pre­
guntó Katherina Lvovna.
— Sí — respondió Serguey, con voz
brusca. Despabiló la bujía y se colocó
cerca de la estufa.
Se hizo el silencio.
— ¿Las vísperas de hoy son largas? —
preguntó Katherina Lvovna.

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1536-1870. Un tomo con ilustraciones del autor, encuadernado ,, 1 5 .—
V. NADAL MORA: Estética de la arquitectura colonial y post­
colonial argentina. Con ilustraciones del autor, encuadernado . . . .
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nes fuera 'Se texto, encuadernado ................................................. ..
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Alteraciones, fraudes, adulteraciones descubiertas, encuade*T,ado .
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M. BRENET: Diccionario de la música, histórico y técnico. Un
tomo ilustrado, encuadernado ................................................................. „ 8 0 .—

LIBRERIA El Ateneo

M A CBET H

Habla para CABALGATA

SARA MAGLI0NE
DE J O R G E
SOBRE PROBLEMAS EDITORIALES
Argentina de origen, iniciada en la
labo* editorial hace cinco años, la se­
ñora Sara Maglione de Jorge — con
su labor responsable como DirectoraGerente de la Editorial Lautaro—
viene bregando por la difusión de
obras de real calidad, propulsando
así la obra de cultura efectuada por
los libros nacionales en el continente.
Actualmente es consejera titular de
la Cámara Argentina del Libro.

£lu™ A&lt;3rí?
•
•
•

Crear un mercado interno.
Incrementar la obra de autor nacional.
Perspectivas de ediciones para 1948.

prueba
U na
alcanzado

del alto grado de desarrollo
por la industria editorial
argentina lo constituye el hecho simpático
do que una de las empresas populares como
la Editorial Lautaro tenga como guía a
una mujer, la señora Sara Maglione de
Jorge, circunstancia que evidencia las enor­
mes posibilidades que ofrece el campo edi­
torial, no sólo para el hombre — cotidiano
monopolizador de las tareas ciudadanas—
sino también para la mujer, conquista­
dora constante de nuevos derechos Preo­
cupada, al igual que el hombre, por los
problemas que acucian a la industria, la
señora de Jorge gira constantemente en
torno a su escritorio mientras repasa men­
talmente las respuestas a nuestro interro­
gatorio.

Por primera v e z en el país, una gran
organización de librería postal al ser­
vicio de los lectores exigentes.

— ¿Cómo ve, señora, el momento edito­
rial?
— Saldremos del paso. Hemos estado, y
estamos, pasando por una situación seria
para nuestra industria, pero debemos reco­
nocer que la actual crisis nos deja como
saldo favorable una serie de enseñanzas
que repercutirán en beneficio de las edi­
toriales.

Los libros de las editoriales
PEUSER, K A P E L U S Z , L O S A D A , A Y A C U C H O .
L A U T A R O , S U D A M E R IC A N A , EL A T E N E O ,
A B R IL , IB E R O -A M E R IC A N A . A L B A T R O S , A R ­
G O N A U T A , P E R L A D O y PO SE ID O N anunciado?
en este número de C abalgata que a usted le inte­
resen, los remitimos a vuelta de correo, contrarreembolso, libres de porte. Solicítelos boy mismo.

50, 10 0, 200 . . . ¿Con cuántos libros de­
sea comenzar a form ar su biblioteca?
Escríbanos y le indicaremos gustosos cuáles son
las grandes obras del pensamiento universal que
no deben faltar en ningún bogar.

MERCORIUS. Librería Postal
al serv icio del buen libro
Independencia 360

Buenos Aires

— Sí. Mañana es una gran fiesta; los
oficios son largos — replicó Serguey.
Otra pausa.
— Debo ir a la habitación de F edia:
está solo — dijo, levantándose.
— ¿Solo? — preguntó Serguey con una
mirada huidiza.
— Solo — le contestó ella con un susu­
rro— . ¿Por qué?
Y la idea pasó de uno a otro a través
de sus miradas como un fluido magné­
tico; pero ninguno de ambos dijo nada.
Katherina Lvovna volvió a bajar y dió
una vuelta por las habitaciones desiertas:
todo estaba en silencio. Las lamparillas,
ante los iconos, alumbraban tenuemente;
sobre los muros corría la sombra que
ella misma proyectaba; las ventanas con
los postigos cerrados comenzaron a des­
helarse y se pusieron a lagrimear. Fedia
estaba sentado, leyendo. A l ver a Khate­
rina se limitó a decir:
— Tía, coloca, por favor, este libro en
el estante y pásame el que está bajo los
iconos.
v
Katherina Lvovna ejecutó el ruego del
sobrino y le dió el libro pedido.
— Debías dormir un poco, Fedia.
— No, tía; voy a esperar a la abuelita.
■
— ¿Qué necesidad tienes de esperarla?
— Me ha prometido traer pan bendito
do las vísperas.
Katherina Lvovna palideció súbitamen­
te: su propio hijo acababa de dar seña­
les de vida por primera vez bajo su
corazón y le hizo experimentar una sen­
sación de frío en el pecho. Permaneció
un momento en la habitación y salió, res­
tregándose las manos, que se le enfriaban.
— ¡Vam os! — musitó al llegar a su dor­
mitorio y erreontrar a Serguey en la misma
posición en que lo dejara, cerca de la
estufa.
--‘-¿Qué 1 — inquirió Serguey, con voz
confusa, atragantado de saliva.
— Está solo.
Serguey frunció el entrecejo y respiró
penosamente.
— ¡A nda! — exclamó Katherina Lvovna
volviéndose hacia la puerta con un movi­
miento brusco.
Serguey se quitó las botas rápidamente
y preguntó:
— ¿Qué debo llevar?
— Nada — contestó ella coir un suspiro,
y lo condujo de la mano silenciosamente.

1

— ¿A cuál de ellas puede referirse?
— Vivíamos confiados en nuestra labor
comercial con el Continente; pero, la contigencia de la última guerra, con sus pro­
blemas posteriores, nos puso ante una
realidad que debimos afrontar sin estar
preparados para ello. Una de las enseñan­
zas fundamentales que esta crisis nos pone
a la vista es la necesidad de crear un mer­
cado argentino, capaz de absorber por sí
mismo buena parto de nuestra producción.
— ¿Qué medidas adoptaría Ud. para ir
salvando estos escollos?...
— Y a las hemos a d op ta d o... Viajamos
a menudo al interior del país, desde la
Dirección de la Editorial hasta el más mo­
desto do los corredores, a fin de profun­
dizar en la realidad argentina, bregando
por la descentralización do Buenos Aires,
con miras a que cada localidad impor­
tante del interior posea librerías donde el
habitual lector nuestro encuentre en el
mostrador la última novedad sin necesidad

do molestarse en correspondencias con las
Editoriales.
— Corresponde sondear las necesidades
espirituales del lector del interior. ..
— A eso íbamos; en el grado en que se
incremente el poder adquisitivo del inte­
rior, surge la evidencia de acentuar la
producción de autores nacionales, y de ahí
quo nos hallamos frente a otra de las en­
señanzas auspiciosas que nos deja esta
crisis editorial: el auge del libro de autor
argentino, en un futuro próximo.
— Su optimismo es alentador, señ ora ...
— Naturalmente. Normalizada la situa­
ción, miraremos a América; pero, no ya
como un gigante con pies de barro, sino
asentados sobre bases firmes. Como prue­
ba de esa confianza puedo adelantarle algo
do nuestra labor próxima.
— ¿Algunas colecciones nuevas del sello
Lautaro ?
— Usted lo ha dicho. Dirigido por ex­
pertos, bajo el rubro de Colección “ Bealidades Argentinas” , publicaremos volúme­
nes donde se analizan problemas locales
(sociales, económicos, etc., por regiones),
problemas generales atingentes a nuestro
país, y, finalmente, problemas específicos
como la tierra, el agua, la educación, la
langosta, siempre en relación a esta reali­
dad argentina.
■
— ¿Otras producciones?
— Conjuntamente con la ya difundida
colección “ Viento en el M undo” , irán
apareciendo otras obras como los 1 ‘ Docu­
mentos y estudios para la historia de la
cultura de la Argentina” , bajo la guía
do Gregorio Weinberg, ‘ ‘ Historia de la
diplomacia” , de Potemkin (obra en seis
tomos, que comprendo hasta la diplomacia
del año 1939), los tomos de la colección
Pingüino, los “ Tratados Fundamenta
les” , “ El pensamiento argentino” , etc.
Un llamado telefónico pone fin a nues­
tra entrevista. La primera mujer editora
con responsabilidades directrices, nos tien­
do su mano, y, con gesto femenino, nos
devuelve al trajín monótono do la calle,
donde montones de libros, apilados tras
los escaparates, nos recordarán a cada
trecho su labor en pro de nuestra cultura
O. H.

XI
El niño enfermo se sobresaltó y dejó
caer el libro sobre las rodillas cuando
entró Katherina Lvovna por tercera vez
— ¿Quó te pasa, Fedia?
— ¡Oh, tía, tengo miedo de no sé qué!__
contestó sonriendo con ansiedad y arre­
bujándose en el rinvón de la cama.
— ¿De quó tienes miedo?
— ¿Quién estaba contigo, tía?
— ¿Conmigo? Nadie, querido.
El muchachito se inclinó hacia los pie*
do su cama y, entrecerrando los ojos
miró hacia la puerta por la que acababa
de entrar su tía, y se tranquilizó.
— Debe ser idea mia — dijo.
Katherina Lvovna se acodó en la cabe­
cera de su sobrino. Fedia la miró y ¡o
hizo notar quo estaba muy pálida. Como
respuesta, Katherina Lvovna tosió expre­
samente y miró, atenta, hacia la puerta
del salón. Se escuchó crujir una tabla
del piso.
— Estoy leyendo la vida de mi santo
patrón, el bienaventurado Fedor Stratilato, tía. Ese sí que sabía complacer a
Dios.
Katherina Lvovna seguía silenciosa.
— Si quieres, tía, siéntate y te leeré
algo — dijo el niño cariñosamente.
-—Espera, vuelvo en seguida; voy a des­
pabilar las lamparillas del salón — con­
testó Katherina Lvovna, saliendo con1 paso
apresurado.
En el salón se percibió un cuchicheo
apenas perceptible, pero que, en el silen­
cio general, no dejó de llegar a oídos del
niño.
— Pero tía ¿qué sucede? ¿Con quién
estás hablando? — gritó el muchacho, cod
lágrimas en la voz—». Ven, tengo miedo—
llamó con una voz más llorosa todavía
y le pareció oír que Kathe ina Lvovna
decía “ ¡V a m os!” en la pieza contigua.
— ¿Do qué tienes miedo? — le preguntó
Katherina Lvovna con una voz algo ronca,
al tiempo que entraba con paso decidido
y se detenía junto al lecho de maner?
que la puerta del salón quedaba oculta
por su cuerpo— . Acuéstate en seguida.
— No quiero, tía.
— Pero, Fedia, tienes que obedecer.
A cuéstate.. . ya es h o ra ... acuéstate.. . —
repitió Katherina Lvovna.
— ¡A y tía, pero si no tengo sueño!
— ¡Anda, acuéstate! — dijo de nuevo
Khaterina Lvovna con la voz alterada,
aunque sin firmeza y, cogiendo al niño
por las axilas, lo acostó sobre la almo­
hada.
En ese instante Fedia emitió nn grito
’ c- -ocabab de ver a Serguey que
entraba, pálido, con los pies desnudos •..
Katherina Lvovna cubrió con su mano
la boca del niño, abierta de espanto, y
d ijo:
— ¡Vamos, rápido; sujétalo bien para
que no se debata!
Serguey sujetó a Fedia por los pies y
las manos, mientras que con un solo mo­
vimiento Katherina Lvovna cubría, con
una gran almohada, el rostro del niño
mártir, arrojándose sobre ella con todo
el peso de su pecho opulento.
Por espacio de unos cuatro minutos
reinó en la habitación un silencio se­
pulcral.
__Y a está — murmuró Katherina Lvovna— . Pero apenas se había reincorporado
para ponerlo todo en orden, cuando las
paredes de la casa silenciosa que tantos
crímenes ocultaba, se vieron sacudidas
por golpes atronadores: los vidrios tem­
blaban, las planchas crujían, las cadeni­
llas de las lámparas encendidas ante los
iconos temblaban y sobre los muros co­
rrían sombras fantásticas.
Serguey se estremeció de pies a cabeza
y se lanzó hacia afuera a todo correr;
Katherina Lvovna se precipitó en su per­
secución. Fueron seguidos por los ruidos
y los gritos. Parecía que fuerzas que no
eran de este mundo sacudían hasta los
cimientos la casa del pecado.
Katherina Lvovna temía que Serguey,
acosado por el miedo, saliese al patio y
se traicionase en su terror. Pero él se fué
derecho haeia la torrecilla. Llegado a lo
alto de la escalera, se acurrucó en la obs­
curidad, con la frente contra la puerta
entreabierta, y se desplomó, con un ge­
mido, enloquecido por un terror supers­
ticioso.
— Zinoviy Borissitcli, Zinoviy Borissitch — farfullaba arrastrando hacia la
habitación a Katherina Lvovna.
— ¿Dónde? — lo preguntó ella.
— Aquí está otra vez, encima de nos­
otros; acaba de pasar con una hoja da
hierro blanco. Y a está aquí de nuevo...
¡A y ! ¡A y ! — gritaba Serguey. — ¡Ya
ruge, ya ruge nuevamente!
En ese momento estaba más que claro
que una multitud de manos golpeaba en
todas las ventanas que daban a la calle
y quo alguien intentaba derribar la puer­
ta de entrada.
— ¡Im bécil, levántate! ¡Im bécil! — gritó
Katherina Lvovna y, con estas palabras,
saltó hacia el cuarto de Fedia, colocó su
muerta cabeza en posición de durmiente,
de las más naturales, y con mano firme
abrió la puerta en la que golpeaba una
muchedumbre.
»
El espectáculo era pavoroso. Kathe­
rina Lvovna miró por encima de los hom­
bres que estaban en primera fila y rió
una multitud de desconocidos que salta­
ban al patio por encima del alto muro,
mientras que la calle se hallaba inundada
por los gemidos de una masa innume­
rable.
Antes de quo Katherina Lvovna pu­
diera comprender nada, fué barrida y re­
chazada hacia el interior de la casa.
( Continúa en la página 1S)

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DIVULGARA
LA CU LTU R A
ARGENTINA
EN LO N D RES
E l INSTITUTO

Novedades
Margarct Mead
SEXO Y TEMPERAMENTO
Erich Fromm

l, monótono mirlo de los transeúnte» al
desfilar por la rumorosa palle "Flo­
rida oblig-a a nuestro interlocutor a elevar
su fin o timbre de voz de tintes enanos,
ñero — dominando la situación— el pro­
fesor Coulthard nos afirm a:
— L a obra trae enmnlirá el Instituto
“ Guillermo Enrique H udson” en Gran
Bretaña ha de significar nna mavor comnrensión de vuestra literatura, historia v
bellas artes, por cuanto — es preciso se­
ñalarlo con precisión1—- vuestra condición
espiritual es poco conocida en Londres,
donde admiramos en mayor escala vuestra
potencialidad económica, sin que ello sea
obstáculo para que el Martín Fierra y
El Ombú. circulen en versiones inglesas.
Claro está que en proporciones reducidas,
que este Instituto tiende a ampliar en lo
posible.
(U n golpeteo a sus dedos y el profesor
ba tirado la colilla sobre el asfalto mien­
tras sus ojos van devorando las vitrina»
do las librerías, ahitas de volúmenes oue
él anhela para la lejana biblioteca lon­
dinense. . . )
-—Sabíamos que el buen amigo nuestro,
el Dr. M illington D ra k e .. .
— Sí. Ha sido el Dr. Eugenio M illing­
ton Drake, ya conocido vuest-o ñor su
actividad como diplomático en el Uruguav
y en el Consejo Británico de Buenos Ai­
res quien, entendiendo la urgente necesidad
•de_éstrechar relaciones espirituales .entre
el Río de la Plata v Gran Bretaña, tomó
la iniciativa de fundar este Instituto pues­
to b a jo la tutela de uno de los nombres
más altos de la lengua castellana, don
Guillermo E. Hudson, también vinculado
a las letras inglesas en que vieran la luz
sus obras.
(Las inolvidables páginas de El Ombú
ponen un paréntesis a nuestro diálogo,
con el recuerdo de la pampa árida, el
gorgojeo de nuestros pájaros en El Go­
rrión. el panteísmo de nuestro suelo en
La Tierra Purpúrea, cantados en millares
de ejemplares de lengua inglesa que tu­
vieron la virtud de acercar, por primera
vez, la idiosincrasia del criollo a la ne­
blinosa ciudad lo n d in e n s e ...)
— Y bien, veamos, ¿qué piensan realizar,
concretamente, amigo Coulthard?
— Como primer paso, reunir en Lon­
dres a los amigos del Río de la Plata;
don Eugenio Millington Drake adquirió
para ello de su peculio una mansión —
situada en 8 Montagu Square— destinada
a ser el hogar común de argentinos e
ingleses; el edificio cuenta con dos salas
destinadas a bibliotecas, dormitorios para
socios, nna sala de conferencias donde ya
so llevan; realizados varios ciclos a cargo
de hispanistas de Gran Bretaña y presti­
giosas figuras argentinas.
— Suponemos que la función del Insti­
tuto no se limitará a estos tóp icos. ..
— Por supuesto que no. Tenemos en pro­
yecto auspiciar ante las Universidades de
Gran Bretaña una firm e colaboración con
nuestro Instituto a fin de ampliar los
conocimientos del estudiante sobre la vida
del Río de la Plata, el idioma castellano,
la historia, literatura y bellas artes rioplatenses.

¿QUE ES "CIEN CIA

Y SOCIEDAD"?
El análisis, desde el punto
de vista sociológico y filo ­
sófico, del significado de
nuestros tiempos y de la
profunda crisis del hombre
contemporáneo.

Obras publicadas
Harold Laski
LA LIBERTAD EN EL
ESTADO MODERNO
Margarct Mead
ADOLESCENCIA y CULTURA
EN SAMOA
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EL GOBIERNO PARLAMEN­
TARIO EN INGLATERRA
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FILOSOFIAS DEL SIGLO X X

En preparación
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Y CULTURA. Harold Laski:
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*°. 488 páfrs.....................

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r™ »m «Gr*296P pT¿° d 0. : a. . At 7 mÍ!
VPiwtSa de U a u sso n v ille : L A J U - a
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byron

-a figura de Byron ha sido estudia- I
. yarios biógrafos, poro sólo I

m
-

do tíln fi" a intuición co- I

Condesa de Hausaonville ha I
Podido captar los
- I
8 dt-i gran romái
' &lt; :_8

u
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®
8
e x c l u s iv o s
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M E?*O P E S rX
LA S O BRA S DE LO S

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Nobel 1946) y OTROS.

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EL MIEDO A LA LIBERTAD

Ven t u d

Egresado de la Universidad de Ox­
ford como profesor de castellano y
francés, ejerciendo en la Universidad
d e . Cambridge, autor de numerosos
ensayos sobre nuestra literatura, Di­
rector cultural y Bibliotecario del
Instituto “ Guillermo E. Hudson” ,
George Robert Coulthard es el en­
viado especial que Gran Bretaña nos
manda con fines de acercamiento
espiritual.

y s o c ie d a d

He aquí cómo se produjo la alerta;
En las vísperas de una gran fiesta cele­
brada en las iglesias de la población don­
de vivía Katherina Lvovna :— pueblo que
sin ser cabeza de partido no por eso de­
ja ba de ser importante y comercial — el
número de fieles era siempre considera­
ble. Y todavía lo es más durante la fiesta
de la patrona del lugar, pues en tal oca­
sión si se deja caer una aguja desde el
techo no llegaría al suelo, y no sólo en
la misma iglesia sino incluso en el recinto
exterior. Habitualmento canta una masa
coral integrada por aficionados, reclu­
tados entre la juventud mercantil y diri­
gida por un maestro de capilla, elegido
igualmente entre los amantes del arte
vocal.
Nuestro pueblo es piadoso; está anima­
do por un hermoso celo hacia la iglesia
do Dios y además posee un sentimiento
artístico en su género: los ritos suntuo­
sos y los cantos armoniosos y plenos
constituyen para él uno de los goces más
elevados' y puros. Allá donde hay un
chantre se concentra casi la mitad del
pueblo, especialmente la juventud mercan­
til: empleados, muchachos, obreros de f á ­
brica e incluso los propios patronos con
sus mitades. Y todo el mundo se agolpa
en una misma iglesia: cada cual quiere
estar aunque sea en el atrio o sobre una
ventana, haga un calor tórrido o un frío
do helarse, para escuchar al octavo hacer
fiorituras de órgano y al tenor perderse
en sabios fiatos.
En la iglesia parroquial de la casa do
los Ismailov, iglesia consagrada a la Pre­
sentación de la Santísima Virgen, era al

— ¿Existe alguna medida concreta en
este plan de colaboración?
— Hemos puesto a disposición de las
citadas casas de estudios la biblioteca en
formación del Instituto, salvando de esta
forma la escasez bibliográfica en vuestro
idioma así como la falta de buenas y
numerosas traducciones.
— Nos alegra enormemente, Coulthard,
ej interés que — a través de sus palabras
evidencian en Gran Bretaña por nues­
tra actividad espiritual.
— A ello obedece mi viaje, amigo cro­
nista, pues el Dr. Millington Drake .me
ha enviado con el propósito de obtener
bibliografía sobre los tópicos menciona­
dos, habiendo logrado ya la colaboración
de editoriales, escritores, etc. que me han
concedido generosamente numerosos volú­
menes, estando en plan de ejecución una
donación importante del Gobierno nacional,
y la Cámara Argentina del Libro.
— La labor está cumplida, pues, pro­
fesor.
— A úir no. Es idea del Dr. Millington
Drake enviar periódicamente a la Argen­
tina grupos de estudiantes que palpen,

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Sir E. Millington Drake
mano a mano, esta realidad que dice de
la grandeza de estos países jóvenes y pu­
jantes, para indagar de raíz todo aquello
que la falta de traductores, la ausencia
de material de consulta, aleja cruelmente
de nuestra ansia de fra tern iza r...
(D ejando resbalar raudamente sus me­
ticulosas y meditadas palabras pronun­
ciadas en un correcto castellano nos dice
cuán profundo es el afecto que por la
Argentina sienten los ingleses en estos
momentos. Su paso, a instantes apresura­
do, se ha ido reduciendo, y, cuando sus
ojos trasparentes descubren nuestra tu­
multuosa Avenida de Mayo, una honda
alegría surge de sus labios al tener —
palpitando en sus manos— , esa realidad
argentina que tantos compatriotas suyos
añoran conocer. . . )
Como dato de interés agregamos que
integran el Comité Directivo del Instituto
“ Hudson” , T. S. Elliot, Charles Morgan,
Stephen Spender, y el Comité de la B i­
blioteca, Sir Henry Tilomas, del Museo
de Arte Británico, y Robín Humphreys,
junto a otras personalidades de no menor
relieve. 0 . H.

día siguiente la fiesta de la Patrona. Así
la noche previa, momentos antes de los
hechos que acabamos de describir, la ju ­
ventud de todo el pueblo se hallaba en
esta iglesia y se dispersaba bulliciosa, co­
mentando los méritos del tenor, localmen­
te célebre y los verros accidentales del
no menos célebre bajo.
Pero no todo el mundo estaba preocu­
pado con estas cuestiones vocales: había
en la muchedumbre gente que se intere­
saba también por otros temas.
— Digan", muchachos, es bastante cu­
rioso lo que se cuenta de la joven Israailova — dijo aproximándose a la casa
de los Ismailov un joven maquinista que
un comerciante del lugar había traído do
San Petersburgo para su molino a vapor.
Se pretende que tiene de amante a un
empleado. . .
— Todo el mundo lo sabe — replicó una
pelliza do piel de carnero, recubierta de
mahón azul— . Esta noche no lia venido
a la iglesia.
— ¿A la iglesia? Esa sucia hembra se
ha encanallado hasta tal punto que ya
no teme a Dios, a su conciencia ni a la
vista y paciencia de todo el mundo.
— ¡ M ira! Hay luz en sus ventanas
— d ijo el maquinista designando una ra­
ya de luz entre los postigos de la casa.
— F íjate un poco por la rendija para
ver lo que ocurre — dijeron simultánea­
mente varias voces.
El maquinista se elevó apoyándose en
los hombros de dos camaradas y apenas
hubo pegado el ojo a la hendidura de
los postigos, aulló:
— ¡Compañeros! ¡A m igos! ¡Están es­
trangulando a alguien!
Y el maquinista golpeó desesperadamen( Continúa en la pág. 14)

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HRAS1L 1766

T. A. 25 - 7452

te con los puños en la ventana. Una de­
cena de hombres siguieron su ejemplo y
saltando sobre las ventanas dieron tra
ba jo a sus puños. La multitud se arre­
molinó en torno a la casa y así se pro­
dujo el asedio que ya conocemos.
— ¡L o he visto con mis propios ojos!
— testimoniaba el maquinista, junto al ca­
dáver de Tedia— . El niño estaba acos­
tado, derribado sobre la cama, y ellos dos
lo estrangulaban.
La misma noche fué llevado Serguey
a la comisaría y se encerró a Katherina
Lvovna err su habitación, colocando ante
la puerta dos centinelas.
En la casa de los Ismailov, el frío era
insoportable: no habían encendido las es­
tufas y la puerta estaba abierta: una
muchedumbre do curiosos cedía su lugar
a otra. Todo el mundo venía para ver
a Fedia en su ataúd, así como otro gran
ataúd, cubierto por un lienzo. En la frente
do Fedia habían puesto una corona de
moiré que ocultaba la huella dejada por
la autopsia del cráneo, por la cual se
había establecido que Fedia había muerto
estrangulado. Serguev fué conducido ante
el cadáver y desde las primeras palabras
del sacerdote respecto al Juicio Final y
al castigo de los “impenitentes, se deshizo
en lágrimas y contó con absoluta sinceri­
dad no sólo el asesinato de Fedia sino
que rogó también que desenterrasen a
Zinoviy Borissiteh. al que le había dado
tierra sin sacramentos El cadáver del
marido de Katherina Lvovna, enterrado
entre arena seca, no se había descompuesto
totalmente: se le sacó y encerró en un
ataúd. Para mayor horror de todos, Serguey designó como cómplice de todos sus
crímenes a su ioven patrona. A todas
las preguntas, Katherina Lvovna respon­
día: “ No sé nada de todo esto y no me
he enterado hasta ahora” . Se obligó a
Serguey a confundirla con un careo. Desnués do haber escuchado su confesión,
Katherina Lvovna lo contempló con mudo
asombro, pero sin cólera, y dijo con in­
diferencia :
— Desde el momento que él tiene deseos
de decirlo, no tengo por qué recusarme:
sí, he matado.
.— Pero ¿por qué? — le preguntaron.
— Por él — contestó ella, designando a
Serguev, que dejó caer la cabeza sobre
el pecho.
El terrible suceso que había suscitado
la atención y la indignación generales tu­
vo una conclusión rápida. A finales del
mes de febrero se anunció en la audiencia
a Serguey y a la viuda del negociante
de tercera clase Katherina Lvovna que
se les condenaba a ser azotados en la
plaza del mercado del pueblo y en seguida
serían enviados a sufrir trabajos forza­
dos a perpetuidad. A comienzos de marzo,
una fría mañana helada, el verdugo contó
el número previsto de cicatrices azulpúrpura sobre la desnuda espalda blanca
de Katherina Lvovna, y en seguida contó
la ración correspondiente paTa Serguey y
mareó tres veces con uir hierro candente
su hermoso rostro.
Durante todo este tiempo, no se sabe
por qué, Serguey había provocado mucha
más compasión que Katherina Lvovna.
Maculado y sangrante, cayó al descender
del catafalco negro, mientras que Katherina Lvovna b a jó dulcemente evitando sólo
que la rugosa camisa y el grosero sobre­
todo de presidiaría no martirizasen' su
espalda desollada.
Incluso en la enfermería de la cárcel
cuando le presentaron a su h ijo se con­
form ó con decir: “ |Para qné lo quiero
a h ora !” y, volviéndose contra la pared,
sin emitir ningún gemido, se abatió sobre
el pecho la dura colchoneta carcelaria.
X III
E l convoy de presidiarios en'ruta hacia
Siberia, del que formaron parte Serguey
y Katherina Lvovna, partió cuando la
primavera estaba en puerta, pero sólo se­
gún el calendario, mientras que para ser
fieles a la verdad, diremos que hacía un
sol bastante claro pero que apenas ca­
lentaba.
Habían confiado el h ijo de Katherina
Lvovna a la vieja hermana de Boris Timofeyévitch, pues considerado como hijo le­
gítimo del difunto esposo de la criminal,
el niño se convertía en el único heredero
de toda la fortuna de los Ismailov. Kathe­
rina Lvovna estaba muy satisfecha y re­
nunció al niño con indiferencia. Como
ocurre a la mayoría de las mujeres apa­
sionadas, su amor por el padre no englo­
baba en parte alguna al hijo.
Desde luego, para ella no existían ni
luz, ni obscuridad, ni mal, ni bien, ni
aburrimiento ni alegrías. Ella no compren­
día nada, no amaba a nadie y no se
quería a sí misma tampoco. Unicamente
aguardaba con impaciencia el momento
de la partida del convoy porque así es­
peraba ver durante el trayecto a su Seroietchka. Un cuanto al hijo se olvidó de
pensar en él.
Las esperanzas de Katherina Lvovna
no la engañaron: fuertemente encadenado,
Serguey abandonó la prisión en el mismo
grupo que ella. El hombre se habitúa a
toda situación innoble y, en la medida
do lo posible, igualmente, conserva en
cualquier situación la facultad de prose­
guir sus miserables regocijos. Pero Kathe­
rina Lvovna ni siquiera tenía necesidad
de adaptarse a nada: veía de nuevo a
Serguey y junto a él la ruta del presidio
florecía de dicha.
Era bien poca cosa lo que Katherina
Lvovna se llevó consigo en lo que a ob­
jetos de valor se refiere y menos aún en
cuanto a dinero líquido. Pero todo eso,
mucho antes de llegar a Nijni-Novgorod,
lo distribuyó entre los suboficiales de
etapa a cambio de la posibilidad de mar­
char junto a Serguey y de permanecer
enlazada a él durante una hora de negra

noche en un rincón estrecho del corredor
de la prisión de etapa.
Pero el marcado amigo de Katherina
Lvovna so había tornado bastante poco
amablo para con ella; todo lo que lo
decía era semejante a una coz. Ni siquiera
apreciaba ya las citas secretas para asis­
tir a las cuales ella, negándose a comer
y a beber, daba los últimos centavos de
su bolsa, que tanto necesitaba. Más do
una vez él le d ijo :
— En lugar de venir a pegarte a mí
en los rincones del corredor mejor hubiera
sido que me hubieses permitido disponer
del dinero que has dado al suboficial.
— No le he dado más que veinticinco
kopecks, Serojetehka — se justificaba K a­
therina Lvovna,
— ¿Acaso veinticinco kopecks no es
también dinero? ¿Durante el cambio te
has encontrado por el suelo muchas piezas
do esas? Y sin embargo, las has ido des­
pilfarrando por ahí.
— Pero gracias a eso hemos podido vernos, Sereja.
— ¡Qué gran dicha el vernos después
do estas torturas! Se desea maldecir la
existencia y no ir de citas.
— Para mí, Sereja, todo es lo mismo
con tal de verte.
— ¡Estupideces! — respondía Serguey.
Había días en que Katherina Lvovna

so mordía los labios hasta hacérselos san­
grar ante respuestas semejantes; otros,
en sus ojos poco inclinados al llanto, sur­
gían lágrimas de cólera y despecho al
amparo de la obscuridad de las citas
nocturnas. Pero ella lo soportaba todo,
se callaba y quería engañarse a sí misma.
Así, con estas relaciones tan distintas,
se aproximaron a Nijni-Novgorod, en don­
de su convoy se fusionó con otro de pre­
sos que venían por la ruta de Moscú.
En ese gran convoy, entre una infinidad
de gentes de todas clases, en la sección
de mujeres se hallaban dos personas muy
interesantes. Una, la mujer de un sol­
dado de Yaroslav, Fiona, mujer maravi­
llosa, espléndida, de gran estatura, espesa
cabellera negra y negrosi ojos lánguidos
sombreados por espesas pestañas. La otra
era una rubiecita de diecisiete años, de
rostro vivaracho, la piel de un color rosa
tierno, minúscula la boca, con hoyuelo^
sobre las mejillas y los cabellos de un
rojo áureo, que se escapaban caprichosa­
mente del pañuelo reglamentario atado a
la cabeza. Esta muchachita so la conocía
en el convoy por el nombre de Sonetka.
La hermosa Fiona era de carácter dulce
y perezoso. En su convoy la conocían to­
dos y ningún hombre se jactaba de ob­
tener sus favores exclusivamente.
— La tía Fiona es una gran m ujer; no
humilla a nadie — decían los presidiarios
bromeando.
Pero Sonetka era de una especie muy
distinta. Se decía de ella:
— Es una peonza: gira al alcance de
la mano pero no se deja atrapar.
Sonetka tenía gusto y sabía elegir, in­
cluso tal vez tuviera un gusto muy severo.
Ella quería que se le entregara pasión,
pero no con la vehemencia corriente sino
con una salsa sazonada de sufrimientos
y sacrificios. Fiona era de uira simplici­
dad específicamente rusa y demasiado pe­
rezosa para decirle a nadie: “ V ete” y
sólo sabía una cosa: que era una hembra.
Mujeres semejantes son muy estimadas
entre las bandas de malhechores, los con­
voyes de presidiarios y en las comunas
social-democráticas de San Petersburgo.
L a aparición de estas dos mujeres en
el convoy fusionado del que formaban
parte Serguey y Katherina Lvovna tuvo
para esta última una significación trágica.

X IY
Desde los primeros días de la marcha
de las columnas unificadas, de NijniNovgorod a Kazán, Serguey comenzó a
buscar visiblemente los favores de Fiona
y no sufrió en vano. La lánguida belleza
no lo dejó penar, pues en su bondad no
dejaba-su frir a nadie. En la tercera o
cuarta etapa Katherina Lvovna se las
arregló, por medio de algunos vasos de
vino, para entrevistarse con Serojetehka.
Permaneció en su celda sin dormir. Aguar­
da que de un momento a otro venga el
suboficial do servicio, que la empuje sua­
vemente y le diga al oído: “ Corre. ¡De
p r is a !” Se abrió la puerta y una mujer
se deslizó por el corredor; se abrió una
segunda puerta y otra prisionera se es­
currió por entre las colchonetas super­
puestas y desapareció igualmente tras el
guía.
Katherina Lvovna se levantó rápida­
mente de su camastro de madera, pulida
por las costillas de muchas gentes, arrojó
sobre sus hombros el sobretodo y siguió
al guardián.
Cuando Katherina Lvovna pasaba por
el corredor iluminado débilmente sólo en
un punto, tropezó con dos o tres parejas
que era imposible distinguir de antemano.
Al paso de Katherina Lvovna por la sala

de los hombres, creyó escuchar a través
de la mirilla una carcajada ahogada.
— Se divierten — gruñó el guía de K a­
therina Lvovna y, deteniéndola por los
hombros, la impulsó hacia un rincón y se
alejó.
Katherina Lvovna, a palpas, percibió
un sobretodo de presidiario y una barba;
con la otra mano tropezó con un rostro
de mujer que ardía.
— ¿Quién está ahí? -—preguntó a media
voz Serguey.
— ¿Qué haces aquí? ¿Con quién estás?
Katherina Lvovna arrancó, en plena
obscuridad, el pañuelo que su rival llevaba
en la cabeza. La otra se deslizó de cos­
tado, echó a correr y tropezando con
alguien tendido en el suelo del corredor,
se desplomó. En la sala de los detenidos
estalló una risotada general.
— ¡P illo! — murmuró Katherina Lvov­
na azotando el rostro de Serguey con el
pañuelo recién arrancado de la cabeza
de su nueva amiga.
Serguey levantó la mano amenazante,
pero Katherina Lvovna se escurrió rápi­
damente por el corredor y penetró en la
sala. Las risas en la habitación vecina
se repitieron con tal fuerza que el cen­
tinela, que montaba la guardia apática­
mente frente a una luz anémica, escupió
sobre la punta de sus botas, levantó la
cabeza y rugió:
— ¡Peste!
Katherina Lvovna se acostó en silencio
y permaneció inmóvil hasta el alba. De­
seaba decirse “ ya no lo quiero” , pero
se daba cuenta de que lo amaba con más
fuerza, con mayor calor todavía. Y ante
sus ojos se dibujaba la mano de su amigo,
trémula bajo la cabeza de la otra, mien­
tras que con la otra mano enlazaba sus
espaldas cálidas.
La pobre mujer lloró y añoró a su pe­
sar que esa misma mano no estuviera en
aquel momento bajo su cabeza y que la
otra no rodease sus hombros, presos ahora
de convulsiones histéricas.
— Por lo menos devuélveme el pañuelo
— le dijo por la mañana Fiona.
— ¡ Ah! , ¿entonces eres tú?
— Devuélvemelo, por favor.
— ¿ Y por qué nos separas?
— ¿Pero en qué os separo? ¿Es acaso
amor esto, para enojarse así?
Katherina Lvovna reflexionó un segun­

do. En seguida sacó de la almohada e
pañuelo y arrojándoselo a Fiona se volví
cara a la pared.
Se sentía aliviada.
“ Uf, se dijo, ¿voy realmente a pe,
nertne celosa do esa marmota pintam
jeada? Incluso me daría vergüenza com­
pararme con ella. ’ ’
— Oyeme bien, Katherina Lvovna, lo
quo voy a decirte — le dijo Serguey al
día siguiente, ya de camino— ; métete
en la cabeza que, ante todo, yo no soy .
un Zinoviy Borissiteh y que, en segundo
término, hoy día no eres una gran dama.
Entonces hazme el favor de no inflarte.
Los cuernos de cabra no son entre nos­
otros objeto de comercio.
Katherina Lvovna no contestó nada y
siguió marchando durante una semana
junto a Serguey sin decir ni una palabra.
Ofendida, se mantenía firme y no quería
dar el primer paso para reconciliarse des
pues de su primer disgusto con Serguey
Entre tanto, mientras Katherina Lvovna seguía reñida con Serguey, este co
menzaba a cortejar a la pequeña Sonetka,
la de la piel blanca. Unas veces la salu
daba de pasada, otras le sonreía o bien,
al tropezarse con ella trataba de estre­
charla contra su pecho. Katherina Lvovna
veía todo eso y sólo conseguía hacer arder
su corazón más aún.
— ¿No sería mejor que me reconciliase?
—se interrogaba Katherina Lvovna titu- •
beando, casi sin ver el suedo bajo sus pie-,
Pero acercarse v reconciliarse a inicia­
tiva de ella era imposible y hoy menos
que nunca. Su orgullo se lo im oedía. . .
Y sin embargo, Serguey estrechaba el
cerco en torno a Sonetka y todo el mundo;
comenzaba a percibir que la. inaccesible
Sonetka, que sólo giraba sin dejarse atra
par, iba a ser atrapada.
— Ves. te enoiaste conmino una vez
—dijo un día Fiona a Katherina Lvov­
na— . ¿Y qué te había vo hecho? Tuve
mi día. pero eso ya pasó. Harías mejor
en vigilar a Sonetka.
“ Aunque muera mi orgullo, hoy voy
a reconciliarme” , decidió Katherina Lvov­
na, no pensando ya más que en la forma
de buscar la reconciliación hábilmente.
Pero fué el propio Serguey el que la
sacó de esta dificultad:
__¡Eh. Lvovna! — llamó él, durante un
alto en la marcha— Ven a verme esta
noche. Tengo que hablarte.
Katherina Lvovna no contestó.
— ¿Qué pasa? ¿Estás todavía enfadada?
¿No vendrás?
Ella mantuvo silencio.
Pero en cuanto Serguey y todos los
demás detenidos yieron nróxima la pri­
sión de etapa, Katherina Lvovna comenzóa rondar en torno al suboficial, al que
le deslizó diecisiete kopecks, producto de
la caridad ajena.
~
— Cuando recoja algo más agregaré
otros dos kopecks.
El suboficial dejó caer el dinero en
el revés de su manga y d ijo:
— Está bien.
Hacia el fin de la entrevista. Serguey
rrodujo un chasquido con la lengua y le
miñó un ojo a Sorretka.
’ — ¡Ah, mi Katherina Lvovna! —diio
lerguev pasando el brazo por el talle de
a mujer, al entrar en la prisión de
,ta m — En comparación con esta mujer,
.migos, no hay otra igual en el mundo
Katherina Lvovna enrojeció, asfixiánlose de felicidad. Por la noche, apenas
io entreabrió la puerta, saltó para ir a
¡n encuentro. Con mano temblorosa bus:ó a Serguey en el negro corredor.
— ¡M i K atia! — exclamó Serguey tonándola entre sus brazos.
— ¡Ah, mi granuja querido! — responh a
T V - , 1 - i T-vovua cutre lágrimas.
escupía, se detenía y reanudaba la mar
cha. Detrás de la puerta, los detenidos,
cansados, roncaban; una rata roía una
pluma; los gritos se comunicaban entre
sí. Katherina Lvovna estaba sumida en
la beatitud.
Pero los transportes se apaciguaron y
la prosa inevitable se dejó escuchar.
— Es horrible lo que esto duele; desde
el tobillo hasta la rodilla los huesos me
duelen terriblemente — se quejaba Serguey sentado sobre el suelo con Kathe­
rina Lvovna en un rincón del corredor.
— ¿ Y qué podríamos hacer, Serojetchka? — preguntó ella arrebujándose.
— A no ser que pida entrar en el hos­
pital de Kazán.
— ¡Pero, Seroja!
— ¿ Y qué otra cosa puedo hacer si no
quiero morir?
— Pero entonces tú te quedarías y a
mí me llevarían lejos de ti.
— Qué le vamos a hacer. Esto me due'
tanto que te aseguro tengo la impresió
de que las cadenas están sobre el hueso.
¡S i tuviera unas medias de lana! — ex­
clamó Serguey unos minutos más tarde
— ¿Medias? Todavía tengo, Sereja. Ten
go un par completamente nuevo, el último.
Sin decir urna palabra, Katherina L v o
na entró en la sala, deshizo su mochi n
y reapareció junto a Serguey con t
par de gruesos calcetines de lana, con
unas fleehitas de color claro a los costado
— Así ya no sentiré el dolor — d jo
Serguey, separándose de Katherina Lv,
na y aceptando el último par de medí",
de la mujer.
Feliz, Katherina Lvovna regresó a ’-u
camastro y se durmió profundamente. Xo
oyó que minutos después Sonetka salía
al corredor y no regresaba hasta el
amanecer.
Esto ocurrió a sólo dos etapas de Kazán.
XV
Un día frío, de viento borrascoso I
lluvia mezclada con nieve, la colun -&gt;a
emergió de la sofocante cárcel de tránsito.
Katherina Lvo#na salió bastante alegre­
mente pero, apenas se había colocado en

�cabalgata

—¡ . . . y cincuenta! — contó una voz que
0 era duicil reconocer como la de Serguey.
1 ios visitantes nocturnos desaparecieron
as la puerta.
Katlierma Lvovna se libertó de las ro­
tas y se puso en pie de un salto. l ra
¿o había nadie. Sólo, unos camastros
¡as allá, una presa se ahogaba de risa
¡«rversa. Katherina Lvovna reconoció la
•¡sa de Sonetka.
La ofensa sobrepasaba toda medida y
¡impoco había medida para ei sentimiento
.o cólera que hervía en el alma de Kateriiia Lvovna. En pleno desvarío se
anzó hacia adelante, y cayó en los braos de Piona.
Sobro el pecho opulento que tan recia­
mente había colmado la voluptuosidad del
idúltero, infiel amante de Katherina Lvova, lloró ahora su pena incontenible,
¡aechándose contra su rival tonta y
blanda, como un niño se aprieta contra
seno de su madre. En la actualidad
daban en un pie de igualdad: las dos
redaban reducidas a lo mismo e igualJ ente abandonadas.
IEran; iguales! ¡ Fiona sumisa desde el
rimer momento y Katherina Lvovna sairdotisa dei drama del amor!

I

Desde luego, nada podía ya herir a
latlierina Lvovna. Después de haber 11oodo todas sus lágrimas se quedó petricada: y con una calma de madera se
¡spuso a salir para reanudar la marcha.
Eedobla el tambor: plan, rataplán, pilan;
i el patio se desparraman detenidos con
sin cadenas, y .Serguey, y Eiona, y Sofia, y Katherina Lvovna, y el disidente
j ticadenado junto a un ju d ío ; y un po, veo encadenado con un tártaro. Todo
mundo se apelotona, después se alinea
mo puede y la columna se forma.
Es un cuadro sin alegría: un puñado
¡'i hombres arrancados a la vida y pri­
mos de toda sombra de esperanza en
i porvenir mejor, chapotea sobre el lodo
io de un camino inclemente. En su de. edor, todo es feo hasta el espanto: lodo
barro sin fin, un cielo gris, árboles
a hojas chorreando agua y, en una rama,
grazna un cuervo. El viento unas veces gime, otras se enfada, en ocasiones aúlla, a
omentos se transforma en colérico torellhio.
Entre estos sones de infierno que, des­
mando el alma, completan todo el cua'0, resuenan los consejos de la mujer
-o Job: “ Maldice el día de tu nacimien’v y muere’ ’.
Quien no quiere prestar oídos a estas
'labras, el que no afronta la idea de
la muerte ni siquiera en este triste esdo, sino que le espanta morir, ése debe
• aliar esas voces ululantes por medio de
go más inmundo todavía. El hombre
vplo lo comprende perfectamente: deja
doñees en libertad toda su simplicidad
ftial, comienza a sentirse animal, a bur' se de sí mismo, de las gentes y de todo
que le rodea. Y a no muy tierno por
; luraleza, se torna doblemente malvado.
—¿Qué tal, comerciante? ¿Está su graen buena salud? — preguntó con in' encia Serguey en cuanto la columna
¡ 'Uo perdido de vista, tras un montículo
medo, el pueblo en donde había per’ !lrtado.
. l es*as Pulabras, se dirigió hacia So' *ta, la cubrió con la punta de su cae y cantó con voz de falsete:
~n

sombra de Ja ventana aparece
[una cabeza rubia.
Tu no duermes, mi tormento, tú no
'•
[duermes, pícam ela!
o te cubriré con mi capa y nadie te
[verá.
Y Serguey tomó a Sonetka entro sus
'tazos y ia besó ardientemente ante to1,1 el convoy.
katherina Lvovna veía y no veía todo
"O: avanzaba ya sin vida. I.e daban con
. c°do para que observase cómo Serguey
P'gaba coi? Sonetka. Se convirtió en blan150 de todas las burlas.

Í

— ¡N o seáis así — intercedía Piona,
cuando trataban de burlarse de Katheri­
na Lvovna, que a cada paso parecía per
der el equilibrio y caer— . ¿N o veis, banda
de diablos, que la pobre mujer está en­
ferm a!
— Seguramente se habrá mojado los piececitos — ironizó un joven presidiario.
— Se explica, es de familia de comer­
ciantes, de educación delicada — apostilla­
ba Serguey.
— Evidentemente, si llevase unas medias
abrigadas, sería menos duro — agregó.
Katherina Lvovna pareció despertar:
— ¡V íbora asquerosa! ¡— le dijo, sin po­
derse contener más— . ¡Búrlate! ¡B úr­
late!
— Pero no, comercianta. No es que me
burle. Lo que digo es que precisamente
Sonetka tiene para vender un excelente
par de medias de lana. Entonces yo me
no preguntado si nuestra comercianta no
las compraría.

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Risotadas. Katherina Lvovna marchaba
como un autómata.
E l tiempo empeoraba cada vez más.
Las nubes grises que cubrían el cielo co­
menzaban a verter nieve en copos hú­
medos que se fundían al tocar tierra y
aumentaban el lodo inextricable, Fmalmente apareció una ancha banda de plomo
cuya otra orilla no se alcanzaba a divisar.
Esa banda era el Volga. Por encima del
Volga soplaba un viento violento que le­
vantaba en todas direcciones olas som­
brías de rostro disforme.

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tD IC IO N completa en cuatro grandes tomos, con más de 3 .0 0 0

La columna de detenidos — mojados y
transidos— se aproximó leutamente hacia
el lugar de cruce y esperó al lanchón.
Chorreando agua por todas partes, llegó
la barcaza sombría. Los barqueros co­
menzaron a distribuir a los detenidos.

páginas.

Textos

latinos y

griegos traducidos, índices, notas e

inclusión de valiosos documentos al cuidado del profesor Félix F.
Corso.

— Se dice que en la barca alguien vende
vodka — dijo uno de los deten-idos cuando
largó amarras el lanchón y comenzó a
danzar sobre las olas del agitado río.

Obra de valor extraordinario jubilosamente recibida por

el público y la crítica.
PRECIO D E L A O B R A M A G N IF IC A M E N T E E N C U A D E R N A D A

— Sería realmente bueno meterse unas
gotas tras la corbata — d ijo Serguey, y
persiguiendo a Katherina Lvovna, para
que se divirtiera Sonetka, agregó: Dime,
comercianta, por nuestra vieja amistad,
¿no me ofrecerías un vasito de vodka?
¡N o seas avara! Acuérdate, so descari­
ñada, de nuestro viejo amor, cuando nos
abrazábamos eir las largas noches de oto­
ño, despachando a tu fam ilia hacia el
reposo eterno sin necesidad de popes ni
diáconos.

5^

O U » “

PUEDE ADQUIRIRSE
A PLAZOS Y A SOLA FIRMA
* 1-

la fila, se puso verde y comcuzó a tem­
blar. Sus ojos ¡je velaron; todas sus ar­
ticulaciones le dolieron y desfallecieron,
¿jite Katherina Lvovna estaba Sonetka
-on sus medias áe lana con flechitas
•laras que ella conocía demasiado bien.
Katherina Lvovna se puso en camino
a As muerta que viva. Solamente sus ojos
■ontemplaban con mirada terrible a Ser,rUey, sin parpadear.
En el primer alto, se aproximó tranjuilamente hasta Serguey, murmuró “ caíalla” y, repentinamente, le escupió en
los ojos.
Serguey quiso lanzarse contra ella, pero
lo sujetaron.
__¡Aguarda un pocoj -—amenazó él.
t _l)e cualquier forma no le falta valor
la muchacha — decían los detenidos bur¡ándoso de Serguey. Y más alegremente
ue todos reía Sonetka, con su risa so­
nora. La intriga a la que ella se había
orestado, so desarrollaba absolutamente
, ogún sus gustos.
— ¡Esto no quedará así! — amenazaba
■erguey.
Agotada por el mal tiempo y la ca­
lina ta, Katherina Lvovna dormía ansioamente sobre un camastro de la cárcel
o etapa y no oyó que dos hombres en­
caban en la sala do mujeres. Entonces
lOnt-tka se levantó e indicó en silencio
.•1 lugar on que dorada Katherina Lvovna
y se volvió a acostar.
Ea seguida, Katherina Lvovna quedó
-ajeta por su sobretodo, y por su espalda,
¿lo cuoierta por una áspera camisa, se
¡,aseó con toda su fuerza una mano
masculina, armada de una cuerda trenzada.
Katherina Lvovna lanzó un grito, pero
su voz se ahogó bajo la gruesa capa que
s cubría la cabeza. Hizo uu movimiento
ñolento, pero sin éx ito: un recio pre­
sidiario, sentado aobre ella, le sujetaba
las manos.

15

Librería PERLADO

Katherina Lvovna tembló de frío. Y
además del frío que la transía hasta los
huesos ba jo sus ropas empapadas, su cuer­
po hervía. La cabeza le quemaba como si
fuese fu ego; sus pupilas estaban dilatadas
y animadas por un brillo errante y agudo,
pero como fija s en las olas.

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RIVADAVIA 1731
38 4321

E

S

-CORRIENTES 1545

-

35

-

4314

— Por lo que respecta al vodka yo
también lo bebería; no puedo más — ex­
clamó Sonetka.
— ¡ E h !, comercianta.
— insistió Serguey.

1Obsequíanos!

— ¡Qué hombre! — dijo Piona, movien­
do la cabeza con reproche.
-— No te haces mucho honor con todo
esto — manifestó el pequeño detenido Gorduchka.
— Si no por ella, al menos contente
por un poco de respeto hacia los den^s.
— ¡Dime, botella al alcance de todos!
— gritó Serguey a Piona— . ¿De qué ten­
go que contenerme? ¡Quién te dice que
yo la haya amado jamás! En todo caso
en la actualidad. . . mira, la sandalia des­
trozada de Sonetka me es más querida
que esa jeta de gata arañada. ¿Qué me
dices a eso ? Que se enamore de Gorduelika, el de la boca torcida, o bien (se volvió
hacia un individuo que pasaba a caballo
con kepis militar y capote-impermeable
y agregó) o bien, que se restregué con
ése: al menos estará seca bajo el capote.
— Y todo el mundo la llamaría la mu­
jer del oficial — añadió Sonetka.
— Y de esa manera podría comprarse
unas buenas medias -—concluyó Serguey.
Katherina Lvovna no se defendía: mi­
raba más y más atentamente las olas del
río y movía los labios. A través de los
discursos innobles de Serguey seguía es­
cuchando los gemidos y el murmullo del
oleaje. Y he aquí que de repente, tras la
cresta de una ola vió la cabeza azulada
de Boris Tim ofeyévitch; detrás de otra
apareció su marido, balanceándose. Tenía
en sus brazos a Pedia cuya cabeza pendía
sobre un costado. Katherina Lvovna quie­
re acordarse do las palabras de la oración
y mueve sus labios, pero sus labios mur­
muran: “ Como pasábamos los dos las
largas noches de otoño enviando a las
gentes al otro mundo en medio de un-a
muerte cruel,’ ’
Katherina Lvovna temblaba. Su mirada
se concentraba y se convertía en mirar
do demente. Sus brazos se tendieron dos
veces hacia el espacio y volvieron a aba­
tirse a lo largo de su cuerpo. Un minuto
después, osciló, sin quitar la vista de
una ola sombría, se agachó, agarró a
Sonetka por las piernas y de un solo im­
pulso so dejó caer con ella al río.
Todos se quedaron petrificados por la
sorpresa.
Katherina Lvovna apareció en la cum­
bre do una ola. Otra hizo surgir a Sonetka.
— ¡Un bichero! — dijo alguien— ¡A lar­
gadles un bichero!
Un bichero pesado, atado por su ex­
tremo a una larga cuerda, hendió el aire.
Nuevamente dejó de verse a Sonetka. Dos
segundos después, arrastrada por la co­
rriente, Sonetka levantó los brazos; pero
en el mismo instante otra ola hizo emer­
ger hasta la cintura el cuerpo de Kathe­
rina Lvovna. Esta, como un lucio rapaz,
se lanzó contra Sonetka y las dos des­
aparecieron definitivamente.
P IN

LA
—
=
r—

SIN FO N IA

P A ST O R A L

T '! SINFONIA PASTOS A L es tal vez, dentro de la maravillosa producción de André Gide,
el mejor ejemplo de su excepcional facultad de decir, sugerir y hacer sentir más cosas
con las menos palabras posibles.

==

EN PRENSA, DEL MISMO AUTOR;

==

LA

PU E STA

ESTSECHA

LA ESCUELA DE LAS MUJESES

LOS MONEDEEOS FALSOS

por KLAUS MANN
Ene. en tela: $ 13.—
El libro de Klaus Mann es desde ahora indispensable para el conocimiento de André Gide. Esta historia íntima de
Gide hombre y escritor, en estrecha fusión, es una acabada prueba de que el ensayo crítico puede ser una obra
de arte cuando lo realiza un hombre de la fina sensibilidad de Klaus Mann

André Gide

Friedrich Nietzsche

TROZOS ESCOGIDOS

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

$ 7.—

$

La lúcida inteligencia de André Gide encuentra en este
volumen antológico, que incluye fragmentos de ensayos
y largos trozos de algunas de sus novelas más famosas,
la expresión más completa de su monumental obra.

Maisie Ward

GILBERT KEITH CHESTERTON
$ 15 —
Maisie TTard nos ofrece en una síntesis magistral, la
ciclópea personalidad de Chesterton y la historia viviente
de la cultura de nuestro siglo.

6 .—

Una nueva versión del más popular de los libros del
genial escritor germano, en el que comprobamos lo que
hay de perenne en la prédica de aquel filósofo.

LA VOLUNTAD DE PODER
$

7

—

Este libro contiene una exposición sistemática de la doc­
trina filosófica nietzscheana, según se fu e manifestando
a través de sus libros, ensayos, etc., siendo ésta su
obra cumbre.

l’ ida estos libros a las buenas librerías o contrareembolso a la

Editorial

POSEIDOS

II 7 3
BUENOS AI RES

I1 E II U

�N

asirías, sumerjas, escitas, griegas arcaicas, etruscas, y
o es, ciertamente, Joaquín Torres García pintor
bucearon en la prehistoria de Francia y ilspaña en
que pinte “ como el pajarillo canta” , según el
el arte d( los africanos, los polinesios, los khmers y
concepto instintivista tan abundantemente ejemplifi­
cado en el arte del siglo x ix y, en particular, de los
— aunque en reducida escala— los aborígenes ameri­
canos, en busca de principios fundamentales y eternos
impresionistas. 8u pintura — huyendo de esa ameni­
que pudieran aplicarse a una expresión de la*fase em­
dad que muchos reclaman al cuadro como si éste de­
brionaria de este “ mundo mecánico” en formación
biera proporcionar obligatoriamente algo así como el
rato de esparcimiento que se busca en un teatro de
Joaquín Torres García, de ascendencia catalana, mar­
revistas— , es y ha sido siempre conceptual y se halla
cadamente “ mediterráneo” , instalado en Cataluña
dominada por una razón que se expresa en términos
donde hizo sus estudios y redondeó el primer período de
de rigor matemático ,y responde a una teoría estética
su carrera, percibía sin esfuerzo los antiguos secretos
personal, elaborada por el artista en largos años de
murmurados por los vientos que recorren las costas
estudio, meditación y experimento, y volcada en abun­
del mar que fué cuna de civilizaciones. Pero es ameri­
dantes publicaciones en libros * y en gran número
cano : con relación a los europeos gozaba del privilegio
de artículos, guiones y manifiestos de diversas épocas.
inapreciable de una gran independencia de todo pre­
Difícilmente se encontraría en América a otro pintor
juicio académico y, por instinto, escuchaba las voces
(sobre todo capaz de practicar con maestría lo que
de las viejas culturas de América. En su personalidad
enuncia teóricamente) que haya dedicado tantos y tan
misma, como bien puede juzgarse ante cualquiera de
serios afanes a la teoría de su ai-te y difundido su
sus obras, pero más aún si se toma contacto directo
pensamiento, en similar profusión, mediante la im­
con él, juega con vigor poco común el eterno conflicto
prenta. Más difícilmente aún se encontraría en Am é­
de la razón y del instinto, que en última instancia
rica a un artista que, como este maestro uruguayo,
determina el contraste entre lo panteísta americano
haya hurgado tan a fondo en las tradiciones prey lo racionalista mediterráneo. Equilibrar lo sensual
colombianas del continente para extraer de ellas una
con lo intelectual fué, desde sus comienzos, el objetivo
doctrina estética: no arqueológica y difunta, sino ac­
estético (y moral) de Torres García. “ Para el artista
tual o viviente, o por lo menos viable en nuestro mundo
— decía ya en 1917— la realidad es un caos; a él,
del siglo x x y ajustada a las características de la
más que a otro, toca ordenarlo. E l arte también es
sociedad moderna a la vez que a los principios en
lógica” : “ lo bello que un artista encuentra en la
que se fundó el arte admirable de los aborígenes.
naturaleza es pura coincidencia del espíritu con la
Lo que hasta hojr se ha entendido generalmente por
realidad” . Tal propósito determinó la línea general H
la “ vuelta a la tradición americana” ha sido una abe­
de su arte, que siempre fué antirrealista — si se ex­
rración productora de monstruosos híbridos artísticos,
ceptúan sus primeros y excelentes trabajos de estu­
tan artificiales como inertes: con los pretextos de la
diante, del 1890— tanto cuando tomó el rumbo figu­
escuela limeña, cuzqueña o lo que fuere (que en re­
rativo como cuando practicó los diversos grados de la
sumidas cuentas no dieron mucho más que degenera­
abstracción, pero siempre estuvo también sólidamente
ciones de lo español importado) se fomentó un retorno
apoyado en la realidad **.
al barroquismo hispano; con los pretextos de lo incaico,
A l principio, no estuvo tan marcado en Torres Gar­
lo calchaquí y demás, se favoreció una exhumación
cía como en estos últimos tiempos el vínculo con lo
de motivos decorativos con que se pretendía poner
americano. Sus primeras obras importantes responden
como un reguero de salsita americana a muy ordi
a una orientación helénica que, según propia admisión
narios cocidos europeos. Sin embargo, la tradición
del artista, se debió a la influencia de Puvis de Chaartística de América, potente, gran­
vannes. Pero su helenismo difería
J. T o r r es G a r c ía , Retrato de Don Miguel de Unamuno.
diosa, merece producir algo distinto,
del practicado por el decorador
Colección Garmendia, Buenos Aires.
más enjundioso y más auténtico.
francés, por tres aspectos principa­
Puede ser; fecunda, debe serlo. E l
les: hay en el uruguayo una mayor
arte americano precolombiano ex­
sencillez de ejecución, un mayor ri­
presaba cierta organización social,
gor geométrico ( “ Pensar — dice—
cierto sistema político, cierta cien­
es geometrizar” ) y, simultáneamen­
cia, cierta fe, cierta concepción del
te, una vibración íntima, un calor,
mundo que eran sui generis y que,
una vitalidad nunca alcanzados por
téngase bien en cuenta, no pudieron
el pintor de Santa Genoveva.
convivir ni un siglo, ni un decenio,
A l cabo de unos años, Torres Gar­
ni un lustro siquiera con la organi­
cía empezó a desentenderse de evo­
zación, el sistema, la ciencia, la fe
caciones de una Antigüedad más o
y la concepción que del Viejo M un­
menos adaptada a la verdad con­
do trajeron los conquistadores, y
temporánea de la vida campesina
que a su vez habían configurado
catalana, para interesarse por una
allí un arte europeo: el del Renaci­
realidad más actual: la del esfuerzo
miento. Tratar de aprovechar los
técnico del hombre moderno. Vino
materiales derivados de las reliquias
entonces un período de transición
del arte americano para embutirlos
en que el artista intentó aplicar las
en una concepción europeizante y
formas de su helenismo a la repre­
renacentista de la pintura (o la es­
sentación de la actividad humana en
cultura o la arquitectura) era inten­
la fábrica, la oficina, el riel, el puer­
tar a cuatro o más siglos de distan­
to. Sin embargo, la vida tumultuosa
cia una reconciliación que había si­
del presente sólo puso su sello deci­
do imposible desde la primera hora.
sivo en la obra del uruguayo desde
Cuánto puede dar de sí el arte pre­
el momento en que de la relativa­
colombiano no será nunca el ejemplo
mente bucólica España se trasladó
de una realización total (como, ver­
a Nueva York. Esta ciudad “ tentabigracia, la obra de un Miguel A n ­
cular” , como decía Yerhaeren, lo
gel, cúspide de una pirámide de len­
puso de golpe al diapasón del siglo
tos esfuerzos y perfeccionamientos)
x x . Su pintura se tornó agitada,
sino una ley básica: el principio in­
inquieta, vehemente: describía la vo­
volucrado en él. Pero ese principio
rágine de un mundo exterior que
no podía servir a quienes llegaban
producía alucinaciones vertiginosas
(Continúa en la pág. 7)
ya provistos de su propio principio,
ni a quienes siguieron aplicando éste
durante unas cuantas centurias.
* Tales como Notes sobre art (1918),
Diálegs (1915). El descubrimiento de sí mis­
E l principio americano puede, en
mo (1917), Estructura (1935), La tradición
del hombre abstracto (1938), Metafísica de
cambio, ser poderoso guía par a. . .
H oracio T orres (del Taller Torres G arcía). Pintura mural del Pabellón Martirene. M ontevideo, 1944
la prehistoria sudamericana (1939) y Uni­
•principiantes. No usamos la palabra
versalismo Constructivo (1942).
con su habitual sugestión despecti­
** Aun en las producciones más puritana*
que le dictó su propia experiencia:
tal comodidad o tal deleite que con
readores, de los inventores admíra­
de su período constructivista encontramos la
va : todo artista realmente moderno
“
volver
al
caballito
de
madera
de
quien abrió el camino a la posibili­
referencia clara al hombre, al animal, al ve­
les cuyas creaciones y cuyos inven­
es hoy principiante de una nueva
getal, a la máquina, o bien una alusión muy
la infancia” , Simbólicamente, en el
dad de realización de lo cómodo o
directa a creaciones humanas representada*
ís
—
acaso
imperfectos—
luego
perera del arte, en el mismo sentido en
terreno artístico, ese caballito re­
en fragmento o en totalidad: un mecanismo,
deleitable: cierto es que aplaude más
eccionan maestros que jamás inuna estructura arquitectónica, etc. El placer
que Giotto fué el magnífico prin­
presenta las artes primitivas. Y ,
a Stevenson que a Papin, más a Ra­
mayor
o menor del espectador (placer mental
entan y pocas veces crean, pero ad­
cipiante de la pintura del Renaci­
y físico) ante las más abstractas de sus obras
efectivamente, desde fines del siglo
fael que a Duccio di Buoninsegna.
depende
únicamente de la sensibilidad y la
orablemente saben pulir y adapmiento. Son precisamente tales prin­
pasado y durante los brillantes pri­
Lo cual no impide que los precurso­
imaginación más o menos grandes de ese esir.
Cierto
es»
que
el
público
se
enectador: tal como ocurre con la música de
cipiantes quienes cobran en la his­
meros decenios del actual, los artis­
res siempre merezcan el sitial más
ach' que, según quien la escuche puede no
indila más con aquel que le brindó
toria la alta estatura de los grandes
despertar sensación alguna o exalta como
tas creadores estudiaron con apasio­
alto. Característica del artista inven-

Un Pintor de América

JOAGUIIM TORRES GARCIA

m a c nilP llí).rl;i. Pll

J. T orres G arcía. Puerto de Barcelona. 1918.

otros inventores que, como él, bus­
caron lo esencial en el-punto de par­
tida. Joaquín Torres García, pintor
principiante del siglo x x , no escapa
a esa ley general: de ahí que haya
tenido éxito donde otros no lo al­
canzaron, en la aplicación de princi­
pios precolombianos.
Cuando Cézanne, renovador de la
pintura occidental, confiesa “ Soy el
primitivo de la senda que he descu­
bierto” no pronuncia la mera excusa
de un tímido y un modesto, sino que
habla con genial intuición de lo
que vendrá. Cuando Gauguin dice:
“ Vuestra civilización es vuestra en­
fermedad; mi barbarie es mi resta­
blecimiento” , formula una adver­
tencia que ningún artista contempo­
ráneo debiera ignorar- Y el pintor
de Bretaña y Tahití ofrece al mis­
mo tiempo el medio eficaz para re­
juvenecer el arte y abrirle nuevas
perspectivas, cuando recomienda lo

nado entusiasmo las obras egipcias,

la contemplación de un universo perfecto e*
movimiento.

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i

J. T orres G arcía . Infinito. 1943.
O
REGISTRO DE PROPIEDAD
INTELECTUAL N° 254-Í26
IMPRENTA
CHILE
Perú 565
Buenos Aires

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FRANQUEO PAGA
Concesión N? 3799

DO

TARIFA REDUCID
Concesión N? 3205

A

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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Gómez de la Serna, Ramón&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Fernández, Macedonio&#13;
Saavedra, Juan&#13;
Devoto, Daniel&#13;
Benét, Stephen Vincent&#13;
Westerdahl, Eduardo&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Batlle Planas, Juan&#13;
Leskov, Nicolás&#13;
Maglione de Jorge, Sara&#13;
Payró, Julio E.</text>
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                    <text>A B R I L
a ñ o

15

D E

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Julio

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S ig ü e n z a - A lfredo

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Adm inistrador:

A T R A S A D O ......................................... ”

0.20

L U IS R E Y C A R R E R O

SU SC R IP C IO N A N U A L, A D E L A N T A D A
N U M E R O S U E L T O ................
NUMERO

-

. . . .

RI T m O P O L I T I C O
Y
R I T m O
S O C I A L

I
, no, ha sido la divergencia entre la másHasta los tiempos presentes, la polí­ i cara preparada y retocada de lo que se
tica ha sido muchas veces un artificio llama Estado y la vida interior y múl­
y una simulación. Nos referimos a fe­ tiple de ese Estado, donde el ritmo vi­
nómenos repetidos en muchas épocas tal no obedece sólo a propósitos y a
de la Historia, donde lo externo, condi­ programas, sino al fluir de la corriente
ciones de gobierno, fórmulas de ocasión, de los tiempos, donde varios caudales
procedimientos circunstanciales son un de ideas, de emociones y de deseos van
puro equilibrio, fuera de todo impulso formando el estrato, el residuo, de un
vivo, de toda esa corriente de ideas y mañana diverso, peor o mejor, según
de sentimientos que en instantes aven­ sea progresiva o regresiva la evolución
tureros y transitorios, como todo lo que social íntima del Estado.
IV
existe, forman el sentir íntimo más o
La vida íntima de la masa de un pue­
menos completo de un pueblo.
blo y su vida oficial pueden ir, aunque
.
11
El ritmo social (esto es, la ideología parezca imposible que tal suceda, en
y las aspiraciones de lo que está más o perpetua divergencia, aunque esa diver­
menos vivo en un mundo) es siempre gencia dure siglos de historia. Por eso
diverso. Puede ser unánime el descon­ se repite con cierta periodicidad, en
tento o parcial. Pueden entrecruzarse momentos culminantes de un pueblo, el
distintas corrientes de opinión; pero advenimiento de acontecimientos que
aún entresacando un sentir más o me­ sorprenden a las miradas superficiales
nos confuso, más o menos lejos de de cronistas, historiadores y estadistas
plasmarse en ideas precisas, el resulta­ de segunda o tercera mano. General­
do es que el ritmo social es siempre mente suele vivirse de tópicos, no siem­
algo en formación, cuya deriva depende pre vulgares. Los tópicos aristocráticos
de un sinnúmero de hechos accidenta- suelen ser los más peligrosos. General-

M

su gran cultura a cuestas; pero los
tiempos hoy, pese a los nacionalismos
funestos en ebullición, tienden a una
concreción más amplia y a un futuro
internacionalismo.
V
La idea clásica del Estado, que pare­
cía intangible, decrece. De Hegel aca,
en pocos años — un instante en el tiem­
po — varias tempestades de desconten­
to y de inquietud han resuelto las al­
mas. Una tendencia práctica hacia las
técnicas y el mecanismo han helado
muchos entusiasmos y han modificado
fundamentalmente la marcha del mun­
do. Uno de los fenómenos más de ma­
nifiesto ha sido este artificio, cada día
más visible, entre el vivir oficial y el
vivir real. Si el tiempo no los pone de
acuerdo, cosa difícil, este desequilibrio
cada vez más patente, derribará muchas
cosas en buena parte del mundo.
La gran política de mañana irá de
acuerdo con las grandes corrientes vi­
tales. Hasta ahora, la política muchas
veces se ha opuesto a ellas. Y por eso
un día, quizá no lejano, se derribará
con esa política todo el fundamento de
una constitución social, cada día más
gastada y más ineficaz.
JA C IN T O

j.

c

o

u n e o

LA CRITICA FRANCESA Y LA EXPO­
SICION DE LOS URUGUAYOS CU­
NEO Y MICHELENA, EN PARIS.—

GRAU.

les difíciles de concretar “a priori” .
El ritmo gubernamental, en cambio,
es, por oportunista que sea su conduc­
E S C R I B E N :
ta, algo concreto, con una unidad bien
delineada. Le apoya en una acción co-j
Jacinto Grau, A n g e l Aller, A lfre d o M a r i o Ferreiro, Jesualdo, Julio
mún, en un fin por realizar, en una p o -,
Sigüenza, E n r i q u e B u st a m a n te y Ba lllvian, L u i s Bertrán, Enr iq u e
lítica destacada, cuyos vaivenes pueden I
E. Potrle, L. Glordan o, A. Z u m Fel de, M a r í a Ele na Muñoz, Gerardo
modificar las circunstancias; pero cu- ;
del Valle, N ic o lá s F u s c o Sa nsone, E s t h e r de Cáceres, E m ilio Fruyos objetivos, ‘latentes o manifiestos,
goni, E u g e n i o M o n t e s y José
M a r í a Egure n.
obedecen a un pensamiento común, por
poco que un Gobierno sea digno de tal
I £.
U S T R A N s
nombre.
M e lc h o r M é n d e z M a g a r i ñ o s y José Cúneo.
Así, salvo en períodos revolucionarios
o de reconstrucción, donde el ritmo so­
cial resuena en la superficie, el ritmo
gubernamental puede estar muy cerca o mente vienen a cristalizar en imperati­ G.
Guillot M u ñ o z
muy lejos de todas las vibraciones ínti­ vos que se peírifican un tiempo, a ve­
mas de una colectividad diversa y com­ ces muy largo, sirviendo para desvir­
En el hotel del Prado se llevó a cabo
pleja. El problema está, pués, en si tuar el espíritu alerta a esas realidades la demostración de simpatía a Gervasio
puede ser o no posible un paralelismo, complejas, difíciles de encasillar y su­ Guillot Muñoz, por parte de muchísimos
más o menos sostenido, entre dos tra­ jetar a un pnesamiento y a una defini­ amigos, con motivo de su reciente nom­
yectorias. La que podemos llamar aquí ción.
bramiento para la sub-dirección del Mu­
política externa de un Estado y sentir
El hombre tiende, generalmente, a re­ seo de Bellas Artes de Montevideo.
íntimo del pueblo o de los pueblos que posarse en el prestigio de ideas fla­
La comida transcurrió en medio de
constituyen, ese Estado.
mantes que durante un cierto tiempo una sostenida animación, cosa rara en
III ■
parecen gozar de un consenso de mino­ este género de fúnebres episodios.
Salvo en casos excepcionales, casi
Hay que creer: los banquetes resultan
rías inteligentes. De ahí ha nacido un
siempre fecundos en mal, o en bien, en
sentir aristocrático, de espíritus más cuando los homenajeados se los mere­
que una gran figura, secundada por va­
conservadores que revolucionarios, aun­ cen.
rios co rife o ry por coyunturas propicias,
Gervasio Guillot Muñoz, estuvo entre
que por su trasiego y viveza mental se
acomete desde el Poder una gran trans­
crean ser esto último, sin serlo. Este Carlos Reyles y Julio Supervielle.
formación social, como el caso recien­
Rodearon la mega los mejores inte­
reposarse en conceptos que parecen
te dé Turquía, salvo en esos casos poco
axiomas y no lo son'lleva siempre a un lectuales en "trainning” .
frecuentes en que se fúnden el ritmo so­
CARTEL, por boca de Fereriro, tuvo
cial y el ytm o gubernamental, un fe­ estatismo funesto. Es muy posible que que hacer uso por dos veces de la pa­
haya pueblos muertos y que entre en
nómeno histórico, hasta ahora poco es­
su ocaso todo el occidente europeo, con labra.
tudiado en su esqueleto y en su contor-

De “Montparnasse”, diario parisino,
traducimos el siguiente suelto:
“Cún eo - Michelena. — Dos grandes
amigos de nuestro Montparnasse. Dos
artistas, naturales del Uruguay, que, en
estos días, ofrecen a sus numerosos c a ­
maradas parisienses, en el salón Zak, el
fruto de su más reciente labor.

“ Cúneo se ha impuesto en Sudamérica con telas estimables

pintadas

con

una maestría personálísima. Lo suyo
que l^oy se nos muestra ha sido creado
casi exclusivamente en el Mediodía fran­
cés.
‘■Pueden verse treinta y cinco pintu
.ras de una factura sobria, sin vacilacio­
nes. Paisajes — que

osamos

llamar

atléticos, — en los que la fuerza inte­
rior, luminosa, desórdena una libertad
de planos. Cúneo se exalta cuando pin­
ta. Conoce, como todo artista profun­
do, los placeres que puede ofrecer la
naturaleza a quien sabe comprenderla
para extriorizarla rítmicamente.
“ Las esculturas de Michelena, que
son diez, forman un sólido conjunto. Su
“ Eva” , su “ Maternidad” , están concevidas y ejecutadas

humanamente,

sin

afectación. Un conocedor sobrio, en el
que la seguridad técnica es sorpren­
dente” .

�CARTEL

CARTEL

S

H O

T

S

POLEMICA
uou ex nuevo formato de CARTEL., la dirección del mismo lia acordado
agregar a su enunciado "panorama mensual de literatura y arte” la palabra
"polémica” .Es esta una necesidad vivamente sentida en nuestro medio en
donde todas las cuestiones que afectan a la comunidad artística y literaria
quedan siempre envueltas en la sombra y reducidas a una “ camarilla” que las
compone, cose y remienda, en beneficio de no sabemos quién. Como CARTEL
desea que las cuestiones artístico-literarias se ventilen a la luz del día, abre,
desde hoy, sus puertas, a toda persona responsable que tenga algo que decir,
denunciar, criticar, o comentar. Por demás está advertir que no admitiremos
personalismo alguno y que sólo deseamos, con nuestra actitud, justificar la
necesidad, harto sentida, de renovación dei ambiente, librando a la vez, a
nuestra publicación, de convertirse en una “ antología” más de las muchas que,
con el nombre de revistas, aparecen entre nosotros.
Queda, pues, franca la puerta, para todo el que tenga algo que decir.
Sólo pedimos la corrección provervial de las gentes bien educadas y cultas,
y la capacidad necesaria para sostener las afirmaciones que deban ser pu­
blicadas.

P

R

E
(Pard on,

T
M.

C

Gide)

Al reconocer la crítica literaria que
tal o cual escritor posée ya formaado su
estilo propio, en el sentido de concep­
tuarlo brillante y musical, jamás debe­
ría estimarlo a título de mérito. La pa­
labra es el vehículo del pensamiento, pe­
ro como es sabido, deficiente, y el sig­
no escrito, que es su cristalización, es
lo más aún, porque siendo fluido por
esencia no puede ser cristalizado sin
sufrir mutilaciones capaces de alterar,
Algunos señores literatos se han creído en el deber de acercarse hasta al verterse, la temperatura de su clima
prístino y con él sus matices, entona­
la dirección de CARTEL para advertirnos que en nuestro último número han
ción, perspectiva y claroscuros. Un es­
aparecido varias firmas de autores nuevos. En vez de congratulación, la cita tilo desprovisto de estas cualidades vie­
envolvía reproche. Olvidaron aquellos literatos del “antiguo régimen , que ne a ser algo así como la armadura o
ellos, antes de ser la cosa vieja que ya son, fueron nuevos y flamantes. Tam­ caparazón del pensamiento. Cuando más
dueño de tal estilo sea el escritor, tan­
bién olvidaron que nuestra publicación es joven y ágil, y no puede ni quiere to mayor será su propensión a encerrar
vivir acartonada.
sus concepciones dentro de moldes de­
terminados, los cuales actuarán sobre
La misión, que hemos asignado a CARTEL sus directores y fundadores,
y por demás está advertir que es la que sostendremos
, es, precisamente, sus ideas un poco a la manera del le­
ésa de apoyar toda manifestación de arte elevado que se produzca en nuestro cho de Procusto. En general, puede de­
cirse que el estilo no es el hombre si­
medio sin que nos importe para nada la edad puramente física de los autores. no una parte de él, porque estilo equi­
Ya hemos dicho en CARTEL, que para la medida del arte o de la ciencia vale a limitación del pensamiento, en
virtud de hallarse sujeto a tiránicas
no cuentan, con nosotros, los años.
Y ahora esta aclaración final:
Si hubiéramos de limitar CARTEL a lanormas de eufonía y estética particu­
lares. Los admiradores del estilo retó­
recolección de las producciones de
los ya consagrados, viviendoal margen de
rico y grandilocuente consideran a cier­
la juventud y de nuestro tiempo, no lo hubiéramos fundado nunca. Y nada más. tos escritores carentes de estilo litera­
rio, porque usan de un estilo llano y un
tono familiar de conversación en su li­
teratura. Gravísimo error: cabalmente
con ese tono menor son los más capa­
CARTEL no cobra nada de nadie ni aspira a cobrar nunca. Tiene su
citados para traducir los estímulos más
propia esquela de defunción preparada para cuando, por falta de medios eco­ finos de su sensibilidad, y por ello al­
nómicos, no pueda seguir publicándose Creemos que ésto va para largo. canzar una belleza de fondo, de índole
Pero CARTEL aspira a que el que cobra cumpla o que, de lo contrario, no espiritual, muy superior a la meramen­
cobre. Esas revistas que cobran en el Ministerio de Instrucción Pública una te formal. Én España, Ricardo León, es
el arquetipo del escritor de estilo orna­
cantidad mensual, deben salir mensualmente. No es posible ni legal que se mental y de tono mayor, “que intenta
publique un número cada tres meses y se cobre re ligiosa m en te cada mes. dar solemnidad a todo, a lo que ya lo
Llamamos la atención del señor Ministro, pues lo denunciado nos parece de tiene de por sí y a lo que no lo tiene” .
una inmoralidad manifiesta. No nos oponemos a que se pague, poco o mucho, Baroja representa el modelo opuesto;
logra alcanzar la auténtica belleza lite­
cuanto más mejor, a publicaciones que, bien o mal, cumplen una misión de
raria sin valerse de los chirimbolos re­
cultura. Nos oponemos, si, a que se siga cobrando mensualmente, con toda tóricos, porque aquella fluye de la in­
puntualidad, y las publicaciones aparezcan englobando tres números en uno timidad de sus personajes, cuyas vidas,
y cobrando como tres en el Ministerio. Y conste que somos de opinión de en medio de sus fracasos y rebeldías,
que el dinero invertido en la protección a estas revistas, estaría mejor desti­ muestran gestos puros de ascensión.
nado a la confección de una gran publicación nacional que, además de cumplir
***
su cometido cultural, pagara a los autores Su colaboración. Insistiremos per­
manentemente sobre este asunto si no se escucha nuestra voz.
A la conciencia moral y lúcida básta­
le con la irradiación de las cosas; la
conciencia henchida de sentido prácti­
co actúa directamente sobre la materia;
la primera enfoca sobre el área espec­
Las gentes de letras, ese mundillo que por ahí se agita en cuanto el tral de todo cuanto la circunda, la. se­
gunda mide, pesa y calcula.
gobierno ofrece cuatro vintenes, quiere leer de arriba.

COLABORACIONES

ESAS REVISTAS QUE COBRAN

LA VENTA DE LAS REVISTAS LITERARIAS

Esta manía de leer gratis cuanto se publica estriba en aquel reparto que
de sus producciones impresas hacían los que no eran tolerados en los cafés
o en las peñas artísticas.
Regalando las producciones ya convertidas en libro, folleto o periódico,
conseguían aquellos para quienes todos endurecían las orejas, ser leídos por
el mundillo literario.
Más las cosas, como todo en el mundo, han ida sufriendo fundamental
cambio.
Ni nosotros vamos a leer nada a nadie, ni nadie tiene por qué incomodarse,
ante nuestras lecturas.
De ahí que saquemos en consecuencia que sólo a poderosas razones de
clásico amarretismo responde ese prurito de querer que regalemos CARTEL.
CARTEL, queridos colegas, es una cosa seria. Y, además cuesta dinero.
El dinero que empleamos en CARTEL no lo conseguimos vendiendo
libros para los niños, ni enjaretando malas estatuas en el Prado, ni progra­
mando carretas de $ 50.000, ni ligando algunas de las conferencias con que
obsequiaremos a los turistas de literatura que nos visiten en julio próximo.
La plata que abonamos mensualmente en la “Editorial Apolo”, por con­
cepto de confección del periódico, la ganamos en nuestros respectivos empleos
donde — tampoco son prebendas ministeriales — tenemos que trabajar de
firme por la mañana y por la tarde.
Eso, unido a la generosidad de algunos amigos que nos facilitan anuncios
de sus casas de negocio, financia la aparición de CARTEL.
Es decir, no es completa la financiación, pues siempre queda un resto
( P a s a al frente).

***
La mujer parecerá tanto más bella
cuanto más irradie la sugestión de su
sexo.
***
El progreso del maquinismo es conti­
nuo, al paso que en bellas artes es
discontinuo, porque aquél se reduce, en
última instancia, a indefinida incitación
y superación numérica, afán perenne y
actvo que alienta en el hombre; en tan­
to que éstas son inspiradas por fuertes
corrientes espirituales y emocionales,
sólo posibles merced al advenimiento de
una religión capaz de ,'estremecer el
alma de todo un pueblo.
•***
Hay sujetos cuya inquietud da la sen­
sación de que estuviesen oteando el ho­
rizonte desde una torre ideal, a la es­
pera de algo que nunca les llega. Has­
ta en la conversación nótase la influen­
cia perturbadora de ese prurito. Nunca
se abandonan enteramente al asunto so­
bre el cual tratan, porque están como
azuzados por un incógnito aguijón que
los obliga a desplazarse de continuo de
un determinado centro. Los veo ideal-

X

T

O S

mente cqn la mano en visera sobre la
rente, fijando obstinadamente la mira­
da en un punto distante. .
***
Definición del héroe guerrero: volun­
tad inconsciente de consubstaneiarse en
la substancia cósmica.
***
La tragedia íntima-secreta-del hom­
bre comienza cuando contempla todo lo
que ama con la aguda sensación de
asistir a su fuga.
***

Aun la amistad más acendrada nece­
sita períodos de ausencia para airearla.
***

Para extraer la gota de divinidad que
todo hombre atesora, es menester antes
sumergirse impávido en las profundida­
des y meandros de su egoismo.
***
Siguiendo la brillante clasificación del
gran psiquiatra Jung, acerca de los ti­
pos extravertidos e introvertidos — los
primeros sienten principalmente como
motivos los factores externos y los se­
gundos lo intevno o subjetivos — pue­
de uno discriminar entre las varias mo­
dalidades de escritores dos grandes ca­
tegorías que se ajustan bien a la clasi­
ficación de .Tung. Como el tipo extra­
vertido es más común que el otro, es
natural que el número de escritores de
esta clase sea mucho mayor. Son por
excelencia caudalosos, superficiales y
retóricos. El tipo opuesto es sobrio, ori­
ginal, profundo, y su forma de expre­
sión es a menudo desaliñada. Su apti­
tud consiste en el análisis, descuidando
cuanto le rodea o lo que podríamos lla­
mar la decoración externa. Estudia el
alma inagotable del hombre con la mis­
ma atención que el biólogo cuando enfo­
ca el ojo en el microscopio y rastrea
en la célula viva el secreto funcional
de la vida. Dado el cúmulo de funcio­
nes reprimidas, su inconsciente, en ex­
presión, las sugestiones de las imágenes
sensoriales, ante bien, éstas caen en
buena parte en el campo de lo incons­
ciente a enriquecer su psiquis. El extra­
vertido puede' ser tan receptivo o más,
pero la calidad de su producción carece
de la substancialidad y d i m e n s i ó n de la
de su tipo opuesto, porque su natural
espontáneo no permite a sus ideas ad­
quirir la necesaria madurez y decanta­
ción. Ejemplos ilustrativos: piénsese en
los personajes del novelista Pereda; no
llegan, a pesar del lujo descriptivo — fo­
tográfico— con que están dibujados, a
dos dimensioines. Aquí la letra mata
al espíritu. En cambio, la vida de los
seres creados por Dostoiewski — tipo
representativo del escritor introvertido
■
— rebasa las tres dimensiones euclidianas, en virtud de los conflictos divinos
y demoníacos que traspasan sus almas
atormentadas.
Para abolir el pasado en el misterio
de la conciencia, el hombre nuevo debe­
rá inclinarse furiosamente hacia el por­
venir.
***
La prosa, para llegar a una rango ci­
mero, debe lograrlo por la fuerza y la
nobleza de su fondo, jamás por su ade­
rezo y lujo idiomático. O en otros tér­
minos; además del estilo derivado de la
letra, hay un sobreestilo dimanante de
la irradiación del espíritu a través de
la letra; aquél halaga el oído, éste pue­
de hablar al alma. La belleza no es
sino la expresión de la eficacia, ha di­
cho Emerson, y no se olvide que la
euritmia del edificio reside en su ar­
mazón .
Enrique

E. P O T R I E .

f

�wm

CARTEL
(V iene

CARTEL

del frente)

que debe ser cubierto de cualquier modo. A esto debe agregarse el costo de las
estampillas de la copiosa expedición que hacemos al exterior, los gastos de
locomoción y tiempo mientras solicitamos las colaboraciones, y el trabajo de
ordenar todo, leer todo, corregir todo y armar todo, más el reparto a las casas
que expenden el periódico.
Todo éso, queridos señores, no nos reporta ningún otro beneficio que el
de salimos con la nuestra de mantener una revista mensual que sale todos los
meses, sin subvención pública y sin concesiones a mayorías inartísticas.
Por todas esas razones y otras cuya enumeración no concluiría nunca, es
que exhortamos a todos los compañeros residentes en Montevideo — colabora­
dores o no — para que compren CARTEL, a diez centesimos, en los sitios
donde se vende.
Que lo compren, porque estamos dispuestos a contestar como se debe a los
que vienen hasta nosotros para pedirnos un numerito. . .

TAMBIEN EL MUSEO NACIONAL
No debe ser facultativo del señor Director del Museo Nacional, la compra
y colocación de ¡as obras que vayan a enriquecer el mismo. Tenemos enten­
dido que había una comisión de compras, y no sabemos por qué razón esta
Comisión no funciona ya. Hemos realizado una visita al Museo y da verdadera
pena contemplar aquello. Aún con el acuerdo feliz del nombramiento del
señor Gervasio Gillot Muñoz para la subdirección, es necesaria la Comisión
de compras. Y es necesario también que las copias u obras que envían nuestros
pensionados en Europa puedan ser contempladas por el público, en uno u otro
sitio, o en los escaparates de las tiendas, antes de ser arrumbadas en donde
están actualmente El público, que en definitiva es el que paga las pensiones,
tiene, por lo menos, el derecho de saber a quién pensiona y para qué lo pen­
siona.
Hay mucho, muchísimo, que hacer en el Museo Nacional. Hablaremos del
asunto en números sucesivos.

ESOS INSULTOS
No nos parece bien el insulto por que lo creemos propio de gentes mal
educadas. Y menos nos parece bien el insulto llevado, por medio de la letra
impresa, al dominio público. El escritor Filartigas acaba de ser insultado por
medio de las columnas de “La Tribuna Popular” que, sin respeto alguno para
el caballero, se despachó a su gusto y como le vino en gana contra este
escritor. Una cosa es criticar la obra de un intelectual, buena o mala, pero
con “criticas y razones”, y otra es el insulto personal. Quien tenga que insultar
a un señor, sea cualesquiera que sea, debe hacerlo casa a cara y ateniéndose
a las consecuencias que de su acto puedan derivarse. El señor Filartigas
tiene su obra impresa, a la venta pública, y por lo tanto la crítica de la misma
consideración sicial que se otorga a todos los hombres.

LAS ASOCIACIONES DE ARTE
No es posible que cada vez que |un sañor cualquiera se levanta de mal
humor, tengamos una citación para; constituir un “ COMITE DE ARTE” .
En el Uruguay el arte no necesita comités de tal naturaleza. Ya sabemos lo
que suelen resultar tales Asociaciones!y qué fines se persiguen con la llamada
a constituirlas. Cuando un señor necfesite vender los objetos que fabrica en
su industria debe hacerlo por cuenta propia y no mezclar en el asunto a poetas,
escritores, pintores, etc., etc., que nada tienen que ver con el comercio. Está
muy reciente aún el recuerdo de ciertas embajadas y recepciones, de las que
todos nos hemos reído algo. No queremos reirnos de nuevo y además queremos
que cuando alguien tenga ganas de Viajar, vaya con su sola representación
y pague los gastos de su bolsillo particular. Avisamos al Ministerio respectivo
para que se ponga en guardia. También avisamos a la Comisión del Centena­
rio por que, a lo mejor, resulta que esta vez los tiros van hacia aquél lugar.

C A B L E S
t .
En la Gran Calle de los Panaderos
pude ver las piernas más deliciosas Las
mismas que trotan por las orillas del
Alster, bailan en Alkazar y, por los
canales, en el romántico bote hambur­
gués, se colorean con las tenues luces
de los húmedos crepúsculos.

rado en Venecia el sentido de la melan.
colía

—Vengamos, amigo Bocaccio, amigo
Maurras, a ver desde sus colinas a Firenze, tan armadura. Si os parece toma­
remos un cokctail con Fiammeta y gri­
taremos como fascistas frente a la Lo­
—Desde Sullberg, el Elba es cara- gia de los Lanzi.
vansello de los transatlánticos.
El barroco de Roma se entra des­
El Edén Hotel, como los reyes, tie­
pacio y por tortuosas sendas al alma.
ne su corona en la cabeza: sobre el
El topacio del Tiber e3tá estratificado
amplísimo Berlín de cielos celestes, su
como un metal líquido desde que lo vió
admirable azotea, abre, bajo las alfas
Cellini y el ruido de la calle de los Dos
del Norte, sus techos de cristal. BrighitMacelli, ahoga las disonancias de Respi.
te Helm comparece, armiñada, florido
ghi y hace pensar en que Víctor Ma­
de raras orquídeas el brazo y en la
nuel haya emprendido el galope con su
frente el halo de la mujer mecánica.
pingo, huyendo del altar de la Patria.
Flor difusa, témpano de la helada be­
Esto que parece una broma, es lo
lleza de sus ojos.
más natural: la Toscana es tosca y Sie­
—Aquí han terminado los escrúpu­ na, tierra de Siena. Aunque ésta tiene
los se dice en el Tiergarten. Jardín me­ un poco de rosado.
dio selva en el gran Berlín, obscuro,
Pisa: la voluptuosidad bella y ma­
claro o silencioso. Todavía es aquí ro­ dura.
mántico el amor. Aunque sea muy bur­
—Los Diez han escrito “El zar no ha
gués.
La aristocracia de un 'sentimiento, muerto” y M. Rostand “ El último zar”—
en cambio, uno la percibe de pronto, en ' y lo ha representado él mismo! — con
los ojos de la desconocida que calza sus lo que está dicho que las cosas rusas
chinelas en el wagón_cama: llenos de preocupan aún a los espíritus más vul­
gares.
de promesas, sin egoísmos.
—De lo más trágico que he podido
—En el corazón de la Hesse: qué ro­ ver en París es el beso que hay que dar,
jizos los frenos! Son los árboles efec­ a hurtadillas, en el square sombrío,
tivamente acogedores del diálogo es­ cuando toda la noche de amor anda
tético. Por su altura, y el temblor del suelta por los bulevares y hace desbor.
augusto espíritu que desciende de sus dar el Sena.
ramas.
—Las tarjetas postales del lago Le­
— Las cortinas de la casa de Goethe man, con todo, no pueden dar una idea
son un espectro. Girón a girón todas las de lo siniestro que es el chirle suizo.
miss del mundo han creído llevarse,
—El Greco ha sacado de algún círcu­
con el hilo inocente, el secreto de la
lo extradimensional las "persistencias de
juventud.
sus lívidos y .sus “libidos”.
—En Nurberg, de noche, los zótanos
— Cuando dos vecinas pelean a gritos
rebosantes de Durer, hierven de cancio­
entre el volido de un murciélago, Toledo
nes, de humo y de deseos. Arriba, las
toma su copa única de alcohol: un cog­
calles sumidas de misterio, el Pegnitz !
nac sobrio, y bien seco. Pero basta para
lánguido, la bella fuente enmudecida;
perder la idea de tiempo.
abajo, la canción del teimpo, el beso di­
—El espectáculo de un mercado de
choso, la contemporánea risa.
mariscos, bajo el cielo aventado y alto
—Ni Baldüng, ni Cranach, han logra-!
de Madrid basta para hacer olvidar a
do desprenderse de esa manera alema- ¡ los presumidos de la calle de Alcalá.
na del grotesco.
—He aquí la cultura: una madre ga­
—Se puede erigir un monumento en i llega reprende a sus hijos porque me
las Dolomitas y si el escultor es bas- I gritan “alemán” y, al saber que soy
tante genial no se notaría.
español, tórnase su cólera furiosa y les
—En el Excelsior hay que sufrir la castiga.
presencia de los hombres en pijamas
lilas; pero, a pesar de ello, he recupe­
L. G I O R D A N O .

EMPLEOS, LIBROS PARA ESCUELAS Y BIBLIOTECAS
El intelectual que niegue que el Uruguay es el mejor país del mundo;
miente como un bellaco. Pueden contarse con los dedos de la mano los
plumíferos de nuestro medio que no estén perfectamente ubicados en el presu­
puesto de la Nación. Todos son servidores de la República, y naturalmente,
todos cobran muy justamente sus servicios. Nos parece bien que los intelec­
tuales trabajen.
Lo que ya no nos parece ni medianamente bien, es que esos mismos
intelectuales, valiéndose de la amistad o de lo que sea, encajen sus libros,
cobrando muy bien su importe, en las escuelas públicas de la Nación. Algunos
hay, tan avispados, que ya logran la consignación de su libro antes de
tenerlo escrito. Otros, en cambio, hacen reediciones de libros que han publi­
cado hace años, y los encajan a los pobres muchachos de las escuelas que
no tienen culpa alguna de que en el país los poetas y escritores crezcan como
la hierba. Como la mala hierba inútil.
Se está forjando, con tal procedimiento, una generación que, sin duda
alguna, ha de resultar digna de estudio para las venideras. Se inundan las
escuelas de libros sin orden pedagógico alguno, escritos por adultos para
adultos, y rechazados por el criterio público que no ha visto en ellos cosa
alguna que merezca la pena. Todo autor nacional que publica un libro que no
se vende, ya sabe de antemano a donde tiene que enviarlo: a las escuelas.
Se admite de todo: versos, filosofía, sociología y macanas. Hay que arreglar
ésto, señor Ministro de Instrucción Pública, y nombrar comisiones que dicta­
minen, aprueben y rechacen los libros destinados a la enseñanza Igual con
la Biblioteca Nacional, ya que no es posible tolerar que al criterio de un solo
señor quede librada la facultad de comprar cientos de libros a quien le de
la gana.

A

H

O

R

R

E

!

hoy para a frontar con t r a n q u i l i d a d el futuro y piense que al labrar
así su independencia económ ica, Vd. colabora al en grandecimiento
de la Patria.

DEPOSÍTE

SUS

ECONOMIAS

EN

EL

SANCO POPULAR DEL URUGUAY
Quien a d hiriéndose a la co nmemora ción
del Cente nario de la Independencia de
la República, ha resuelto a b o n a r por de­
pósitos en C ajas de A h o r r o s hasta
$ 3.000 E L
IN T E R E S A N U A L
DEL
EL BANCO R E A L IZ A TO D A C L A S E DE

6

O P E R A C IO N E S

B A N C A R IA S

Casa Central: 25 de Mayo, 402 esq. Zabala
Agencia Goes: Av. Gral. Flores 2381-83

�■—

CARTEL ~ L —

L a C o m p r a d el
“ Da viD’ ’
M ig u e l

De

A ngel

Después de haber asistido al torneo
de macanas entre “ El Día”, “ El Ideal” ,
“El Diario” y “La Mañana” , sobre el
“David” de Miguel Angel, vamos a de­
cir alguna cosa, ya sin sonrisa compa­
siva.
Primero: los diarios de cierta circu­
lación deben hacerse la obligación de
consultar a los que entienden antes de
largarse a macanear como han maca­
neado en este asunto.
Tanto en la redacción del diario batllista como en la del diario riverista se
conoce a varios escultores de nota, a
quienes debiera haberse consultado.
Segundo: el segundo “David” , el pos­
terior al que se pretende comprar, es
infinitamente superior, como obra de
arte, al primero; pero tampoco sirve pa­
ro lo que se pretende porque es muy
pequeño.
Tercero: las copias en mármol de las
obras de arte, son todas malas.
Prueba: el “David” de la plaza de la
Señoría, en Florencia, es infinitamente
inferior al original. Hay que tener en
cuenta que esa copia fué hecha para el
gobierno italiano por un artista. Pién­
sese lo que va a venir aqui, hecho por
un marmolista golpeador...

Ultimo Romance
E s p in ó la
(

a

n

o

Gaucho Perdido

del
en

la

S ie r r a

i

m

n

o )

Ya brumas de otoño, frías,

la madrugada en el flanco.

No más fanfarria de espuelas,

viene el aurora llorando.

Lleva tembloroso el belfo;

no ceñidores, no lazos,

alto el ijar y temblando.

ni la divisa en la frente,

En las anchas soledades

ni erguida lanza al costado.

le bate la dura mano

Vagares de peregrino

del viento de Mal Abrigo,

arrastra quien fué centauro.

que mal abrigo le ha dado.

Por negras sendas, la carne

Jaeces no le oprimieron

vásele desparramando.

ni riendas le gobernaron;

Sin dueño corre en la bruma,

pues quien domeñarle pudo

flecha de sombra, el caballo.

vive, ha tiempo, domeñado.

Cimera en los peñascales

Sin ánima, desque amores

está la tarde flotando.

el ánima le robaron,

Cuevas de la serranía

ha, el jinete, las nativas

cobijan al ermitaño

preseas abandonado.

que, sin morir, ya muriendo,

Luminarias del oriente
vístenle de plata el llanto.
Claros tropeles de niebla
mueven por el aire claro.
Verde monte, verde sierra,
oro-verde de los campos,
en briales de misterio
se fueron arrebujando.
Armonía de silencios.
Silencio de sones vagos.
'Ceñido de lejanías
anda un balido rodando
por la sierra, por el monte,
por el abra, por el llano.

sueña que vive soñando.

Cardenales mañaneros

Sayal de parda estameña

—yelmo rojo, peto blanco —

le cubre el cuerpo menguado.

desvaídos en la bruma

Sobre la llaga del hombro

volando pasan, volando.

tiene un gavilán posado.

No llevan, como solían,

La voz, cansada y distante,

gozoso el vuelo, ni raudo;

suena, favores clamando:

sueños de soles y cumbres

‘ ‘ Señora Santa María:

soñando pasan, soñando.

Sáquesme deste quebranto” .

La mañana, quieta y fría,

Le nace un lirio en el pecho.

escucha un rumor de cascos.

Lágrimas le van regando.

Negro de angustia y de noche,
el potro llega, trotando.
Gualdrapas de luz le tiende

Sierras de Mal Abrigo.
Abril de 1930.

Cuarto: las obras de mármol, a la intemperie se ponen feas. El mármol no
es para la intemperie.
Quinto: las dimensiones del “David”
— 5 metros 50 centímetros, más dos
metros (minimun) de pedestal: 7 me­
tros 50 — no encajan, de ninguna ma­
nera, en la esquinita de Rivera y Jackson.
Sexto: hay que ver si la decoración
del muro, pega con la obra que se pien­
sa adquirir. Porque aquí al mármol se
le obliga a hacer los firuletes que tiene
el Palacio Legislativo, por ejem plo...
Séptimo: la cultura de los pueblos no
se eleva comprando copias. Hay que fo­
mentar la producción original para que
aquí pueda aparecer un artista de ver­
dad. El gobierno debe destinar esa su­
ma para que un escultor de por aqui
haga una estátua para ese lugar.
Octavo: si se piensa adquirir una re­
ducción del “David” , para ponerlo a to­
no con las dimensiones de la pared de­
corada, entonces... ¡apagá y vámonos
con escape lib r e !...

R A D A E L L I
En Montevideo, alojándose en el
“ Parque-Hotel” se encuentra Radaelli
desde hace unos diez días. De sopetón
acaba de llegar el impagable dibujante
y el fino ironista.
Desde la punta del Africa, (saliendo
ae Pocitos, por sobre el agua, en línea
recta siempre al Este) ha seguido el
movimiento de Montevideo, ha enviado
periódicas colaboraciones llenas de in­
superable sprit, y se ha carteado en
inglés, en ¡os rotativos sudafricanos,
con “ Boy” , que tuvo que recurrir al
jdioma de las señas para entender el
inglés de Brvan de G-rineau.
Por poco tiempo estará Radaelli enire nosotros. De aquí saldrá para Sudufrica, de allí a Rusia, de Rusia ¡sabe
Dios adonde!
Al espíritu puro dd Radaelli, CARTEL
.e tiende su diestra en el encuentro de
esta llegada.

�■
[ CARTEL*

! C A RT E L ■

VAZ

CARLOS

FERREIRA

Este estudio inédito, que el autor entrega a CARTEL, forma
parte de la obra P r o c e s o Int electua l del U r u g u a y , y C rítica de su
Lite ra tu ra . — el mayor trabajo de crítica realizado basta h o y en el
pais — y que aparecerá próximamente, publicado en dos grandes
volúmenes, bajo los auspicios de la Comisión Nacional del Cente­
nario.
I

no han llegado a publicarse. Sería el
primero, una serie de tomos o fascícu­
los, de publicación sucesiva, semejante
a “ El Espectador” o al “Glosario” que
en España publican Ortega y Gasset y
Eugenio D’ Ors.
Fe rm e n t a l es una expresión favorita
de Vaz Ferreira, — tomada de la Quí­
mica — refiriéndose a las ideas que, sin
tener carácter doctrinario, ejercen so­
bre el pensamiento una acción sugerente y renovadora. De los “Psicogramas”
ha publicado muchos, sueltos, en revis­
tas del Plata; son, en gran parte, frag­
mentos desglosados de sus Conferen­
cias.

no sólo de definir tipos intelectuales
distintos. Es en este sentido que quere­
El Maestro de Conferencias de la Uní- ¡ mos señalar a Vaz Ferreira como el úni­
versidad de Montevideo, es el único ti-, co tipo neto de filósofo, fenómeno ra­
po de filósofo puro que se baya produ-! ro en estas tierras.
cido basta ahora en el Uruguay; y pro-1 Tal vez por ello, precisamente, la
bablemente, en toda Hispano-América. j personalidad y la obra de Vaz Ferreira
Hemos tenido, sí, en estos países, al­ no han alcanzado en América la difu­
II
gunos escritores dotados de agudo t a -' sión y el prestigio que gozaran las de
Ocupa Vaz Ferreira, dentro del mo­
lento y vasta cultura general, cuya obra Ingenieros o Rodó, por ejemplo. Cierto
versa sobre problemas éticos o socia­ que le ha faltado, en gran parte, el in­ vimiento filosófico contemporáneo, una
les; ensayistas de corte literario, como |terés vivo e inmediato de las cuestio­ posición intermedia entre el positivis­
Montalvo, Ingenieros o Rodó, para ci- ■nes éticas palpitantes que aquéllos ofre­ mo y el intuicionismo, aunque, de un
tar los más famosos. Pero el filósofo cían. Pero lo que le ha faltado sobre to­ modo general, mucho más cerca de
puro, no sólo consagrado por entero do, en cuanto a ese efecto, es el atrac­ aquél que de éste. Puede definírsele
al estudio de los problemas especifícos tivo de la forma literaria, que aquellos acaso como un libre continuador de la
de la Filosofía, sino formado y soste­ otros escritores en alto grado poseían. escuela empirista inglesa, procediendo
nido dentro de sus disciplinas riguro­ Tal carencia de sugestión estética, no más directamente de Stuart Mili, de
quien, en cierto modo y hasta cierto
sas, ese no se encuentra sino llegando sería óbice al prestigio de una obra
a Vaz Ferreira; salvo algún nombre es­ puramente filosófica, en el ambiente eu­ punto, es discípulo. Pero discípulo én
casamente conocido que podemos omi­ ropeo; pero sí, lo es en el americano, el más noble y alto sentido; vale decir,
tir, y de ahí la prudencia del “ proba­ donde la cultura sigue siendo esencial­ aquel que prosigue el método y la la­
bor del maestro, pero no como simple
blemente” empleado.
mente literaria.
extensión y aplicación, sino como des­
La Filosofía ha estado, en esta Amé­
Mas, conviene advertir que Vaz Fe­ arrollo evolutivo, por lo cual si el pen­
rica, en manos de los literatos. Aún si­ rreira está, asimismo, a mucha distan­
samiento del maestro es el punto de
gue, en general! estándolo. Se ha he­ cia del tipo común, y aún del mejor
partida del continuador, no es el de lle­
cho aquí, no una filosofía de técnicos
— por así decirlo — sino de aficiona­ tipo, de simple profesor universitario de gada; los resultados de su labor pro­
pia pueden estar mucho más lejos que
dos; y nutrida, no del estudio arduo Filosofía, quien, sabiendo quizás perfec­
los del maestro — y deben estarlo —
de las obras fundamentales ni basada tamente su materia, carece de criterio
sin perder la línea de identidad gené­
en el difícil dominio de los primeros propio, limitándose a cumplir, más o tica.
problemas, sino de una filosofía ya pa­ menos eficazmente, en el aula o en el
Si el mejor discípulo es, según lo ase­
sada a su vez por la literatura, o, me­ texto, su función pedagógica. Pues, no
guraban ya los griegos, aquel tue su­
jor, de una literatura filosófica, que tal es necesario detenerse mayormente a
pera al maestro, — no en talento, que­
es, — no más, no menos, — la de Re­ comprobar que aquellas disciplinas di­
dácticas a que antes nos referimos, si rían decir, sino en sabiduría, — Vaz Fe­
nán, Guyau, Carlyle o Emerson.
rreira es, sin duda, el mejor discípulo
Nuestros escritores filosóficos, nues­ pueden bastar, por sí solas, para hacer
de Stuart Mil!, pues que ha llevado su
un
excelente
profesor
de
filosofía,
no
tros ipensadores ^latinoamericanos han
propio método lógico hasta las últimas
conocido directamente poco a Bergson bastan, ni con mucho, para hacer un posiciones posibles.
o a James; casi nada a Hegel o a Bere- filósofo. Requiriendo empero, ambos ti­
Esas últimas posiciones tocan ya, co­
keley; nada absolutamente a Kant o a pos, esta misma base disciplinaria, el
mo veremos, en las fronteras del IntuiHume; siempre que por conocer £e en­ filósofo propiamente dicho recién em­
cionismo vitalista — procedente de
tienda, claro está, algo más que las no­ pieza a ser, donde el profesor termina.
La labor didáctica del profesorado Bergson, — y aún en cierto modo, en­
ciones elementales y vagas de los resú­
menes enciclopédicos y los textos de universitario ha absorbido, sin embar- tran en su campo mental, participando
go, lo más y lo mejor del tiempo y del de algunos de sus elementos específi­
clase.
La profundización propiamente filosó­ esfuerzo mental de Vaz Ferreira. Su la­ cos. Así es como las conclusiones a
fica de nuestros más preparados “ pen­ bor propia se ha desarrollado toda al­ que arriba Vaz — las puntas, digamos,
sadores” de los primeros lustros de es­ rededor de la misma cátedra, (regla­ de sus ideas —- tienen ya un valor pro­
te siglo no había pasado, en el estudio, mentaria, de Filosofía, primero; libre I pio y distinto de las del autor de “ Sis­
más allá de Compte o Spencer, es de­ de conferencias, más tarde); mas, ha teme of Logic” .
Siguiendo el curso de su desenvolvi­
cir, lo menos profundo. Es seguro que logrado infundir en esa ímproba labor
Rodó, por ejemplo, no había nunca leí­ universitaria, valores propios, injertan­ miento filosófico, se ve acentuarse en
do directamente a Kant, ni a Spinoza, do, digámoslo así, en el normalismo su pensamiento a medida que avanza,
ni a Hegel, ni a Hume, ni a ninguno oficial de los cursos, su pensamiento este rasgo de carácter vitalista, habien­
de los grandes filósofos; a lo sumo, los crítico; o, para usar un símil caro a do sido más puramente stuart-milleano
“ Primeros Principios” de Spencer; y su misma expresión: poniendo en ellos en sus comienzos. Sin embargo, una vi­
va unidad y consecuencia de pensamien­
por cuanto se infiere de sus propios es­ su fermento ideológico.
En varias ediciones de sus trabajos to — y de actitud — rige toda la labor y
critos, con seguridad, sólo conocía di­
rectamente sus “ Principios de Sociolo­ reitera la advertencia de que no dispo­ la conducta de Vaz Ferreira desde su
gía” . Sus lecturas absorbentes eran Re­ ne de tiempo ni recogimiento suficien­ iniciación hasta el presente.
nán, Guyau, Emerson, Carlyle, los en­ tes para escribir libros, que no puede
A partir de sus primeras manifesta­
sayistas de índole un tanto lírica. Y hacer obra directamente destinada a la ciones intelectuales, al asumir la cáte­
imprenta,
y
se
limita
por
tanto
a
corre­
en cuanto a Ingenieros, — el Pontífice
dra de Filosofía en 1896, — ganada por
del Positivismo Científico en la Argen­ gir un poco sus apuntes de clase, o las concurso a los veinticinco años de su
tina — no iba tampoco mucho más hila versiones taquigráficas de sus conferen­ edad, — ha mantenido hasta el presen­
de las fronteras doctrinarias de su es­ cias semanales. “ Moral para intelectua­ te una posición idéntica; y así su ac­
cuela, supeditando siempre, por lo de­ les” (1909), y “ Lógica Viva” (1910), sus ción docente como sus trabajos origi­
más, las verdaderas disciplinas filosó­ dos libros más significativos, son un nales, presentan una firme línea de con­
ficas, a sus aficiones de escritor cientí­ conjunto de apuntes de sus cursos re­ tinuidad, siendo todo lo suyo como fa­
glamentarios de Moral y de Lógica. Así ces integrativas del mismo criterio.
fic o - literario.
Puede afirmarse que todo el movi­ también “ El Pragmatismo” (1909), “ Pro­
Decía ya en el proemio de su Curso
miento criticista e idealista de la filo­ blemas de la Libertad” (1915), "La Expositivo de Psicología
Elemental
sofía alemana posterior a Kant, así co­ Propiedad de la Tierra” (1918), y otros, (1897): — "Al escribir la parte#de Psi­
sin
contar
sus
textos
de
Psicología
y
mo el empirismo y el utilitarismo in­
cología del texto de Filosofía de nues­
glés, han sido ignorados por la intelec­ Lógica Elementales (1897), con que ini­ tra Universidad, me he propuesto evi­
ció,
a
temprana
edad,
su
magisterio.
tualidad latino-americana, en sus fuen­
tar esos males (se refiere al exclusivis­
A ello habría que agregar “ Ideas y mo doctrinario) que antes ha señalado.
tes, al .menos. Atenida al magisterio in­
Observaciones”
(1905)
y
“
Conocimiento
telectual de Francia, esta América ha
Sin embargo, el método que he seguido,
recibido nociones vagas de todo ello, a y Acción” (1908), que recogen sus pri­ estrictamente imparcial, que concede
través de la crítica francesa. En fin, meros trabajos críticos, ligados también un lugar a todas las teorías importan­
que la literatura filosófica en nuestros de un modo o de otro a su actividad tes, aun a riesgo de dejar gran número
países se ha desenvuelto ajena a toda docente; y algunos folletos sobre pro­ de cuestiones sin solución definitiva,
disciplina seria, sin que ello implique, blemas pedagógicos, los . más de ellos podría prestarse a una objección: —
desde luego, negar, ni las posibilidades Informes presentados en distintas opor­ ese método, se dirá quizás, debe condu­
del solo pensamiento intuitivo, fuera de tunidades a los Consejos educacionales cir forzosamente a la duda y al escep­
ticismo .
tales disciplinas, ni la existencia de de que formara parte.
El llamado “ Fermentario”, como así
ideas y tendencias definidas respecto a
Es fácil responder a esa objección.—
los problemas generales de la cultura. mismo “Psicogramas”, anunciados en el Debe responderse en primer lugar que
Y, sobre todo, no se trata aquí de es­ plan de sus obras, conteniendo refle­ las ciencias filosóficas, y en nuestro ca­
tablecer un juicio de superioridades, si­ xiones sueltas sobre diversos motivos so la Psicología, no se componen ex­

clusivamente de hipótesis y discusiones,
que hay en ellas hechos y leyes, aun­
que en menor número que en otras
ciencias, y que en ese terreno sólido,
por reducido que sea, puede apoyarse
la creencia sobre el acuerdo de todos
o casi todos los autores.
Y debe responderse en seguida, que
en cuanto a lo demás, a las hipótesis y
discusiones restantes, esa duda que se
teme es precisamente un bien, y no
un mal, porque es el estado de espíritu
•más natural, más legítimo y también
más fecundo, cuando lo que se exami­
na son simplemente interpretaciones
más o menos inseguras y teorías más
o menos verosímiles. ¿Puede considerar­
se razonablemente, en el espíritu de los
estudiantes, sobre puntos que no han
sido aclarados definitivamente por la
controversia de los psicólogos? Por mi
parte he visto siempre, ¿por qué no de­
cirlo?, cierta falta de honradez intelec­
tual en los que así proceden. Hay en
cambio, lealtad y franqueza en el au­
tor o profesor que dice a sus discípu­
los: Os doy una filosofía tal cual es: .
algunos hechos, algunas leyes empíri­
cas, algunas teorías más o menos vero­
símiles, y en cuanto al resto una cla­
sificación de interrogaciones; no os doy
más por que no sabemos más.
Para prometeros otra cosa, yo tendría
que ser un genio o un ignorante.”
"A mi juicio, la enseñanza misma del
profesor debe estar inspirada en idén­
tico espíritu, y sus lecciones, lejos de
tener por objeto producir en las inteli­
gencias a que se dirigen el predominio
exclusivo de ciertas ideas, deben al con­
trario penetrarse constantemente de la
más sincera imparcialidad y de la más
amplia tolerancia.”
Toda la posición filosófica de Vaz
Ferreira está contenida en esas decla­
raciones del profesor: “A l g u n o s hechos,
a lg u n a s leyes empírica s, a lg u n a s teo­
ría s m á s o me nos verosím ile s, y en
cuan to al resto una clasific ación de in­
t e rr o g a c io n e s ”. De acuerdo con tal prin­

cipio, toda la crítica de Vaz Ferreira
se dirige a combatir los sistemas; no
los sistemas tales o cuale», sino todos,
o mejor dicho, el espíritu de sistemati­
zación en sí mismo, considerándole el
origen de los mayores errores, así teó­
ricos como prácticos. Su “Lógica Viva”
está destinada a demostrar con análi­
sis y ejemplos los vicios del razona­
miento, — las falacias y los paralogis­
mos — en que se fundan siempre los
sistemas, y que éstos a su vez, gene­
ran.
Ya, desde que apareció en el escena­
rio intelectual del país, apareció com­
batiendo el sistematismo. En tanto que
toda su generación era positivista spenceriana, y admitía, casi como dogma
incontestable la teoría de la Evolución,
— que era, por lo demás, yf como ya
dijimos, la doctrina casi oficial de la
Universidad hacia 1900 — Vaz Ferrei­
ra, aún cuando aceptaba muchas de las
ideas de Spencer, señalaba las graves
insuficiencias del Evolucionismo desde
el punto de vista filosófico, que le im­
pedían admitirlo íntegramente. En el
texto de Psicología ya citado, apunta,
por ejemplo, y esto para los mismos
estudiantes, que la psicología evolucio­
nista falla en un punto capital: el de
la conciencia; pues, “la conciencia es .
un fenómeno especial — dice — que
difiere no en grado sino en e sen­
cia, de todos los otros órdenes de fe­
nómenos; y por eso, si no se la supone
existente desde el principio, es impo­
sible explicar d esp u és su nacimiento,
sin solución de continuidad” ; “es im­
posible determinar en qué momento de
la evolución y continuidad de los fenó­
menos, nace o se produce ese hecho” .
Vaz Ferreira ha llevado el empiris­
mo filosófico a su grado máximo de ri­
gor. No sólo funda en la observación
y en la experiencia todo conocimiento
cierto, y toda posible teoría, sino que
sólo admite una lógica ceñida extrictamente a los hechos, llevada de la ma­
no por los datos de la experiencia. Se­
gún él, toda falacia, todo paralogismo,

El Café de “ CARTEL” Tupi - Nambá
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M O N T E V ID E O .

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CARTEL
__ y, por tanto, toda sistematización —
provienen del razonamiento puro, que
opera no con hechos sino con pala­
bras. La humanidad habría asi confun­
dido hasta ahora el pensamiento con las
palabras; especulando con verbalismos
ha creído manejar hechos. A la lógica
verbalista, tradicional, — y que el Po­
sitivismo sistemático había heredado
sin darse cuenta — Vaz Ferreira opo­
ne la lógica empírica o experimental,
que tal significa viva.
Ha dado Vaz un paso — un largo
paso — más allá de la lógica inductiva
de Stuart Mili. Las consecuencias son,
por ende, más radicales. El filósofo
■uruguayo completa y ultima la obra de
oposición a los sistemas racionalistas
ya comenzada por el inglés, y rigoriza
aún más el método de análisis de los
errores lógicos en que se fundan.
Una observación de Hoffding sobre
Stuart Mili es íntegramente aplicable a
Vaz Ferreira. "La fuerza principal de
Stuart Mili como pensador, consiste es­
pecialmente en la discusión infatigable,
en el valor con que da vueltas y más
vueltas a los problemas, para llegar a
sus últimas condiciones” . El análisis ló­
gico - empírico del Profesor montevidea­
no, es tan sutil, desmenuza y disasoc'.a
de tal modo las teorías, que al fin, de
vastas doctrinas, no queda entre sus
manos más que un polvillo de realidad,
y a lo más, algunas ideas para tener en
cuenta. Perfilándose, siempre desconfia­
do, vigilante y astuto, su ojo asoma por
detrás de todos los ángulos y las aris­
tas de las cuestiones. No quiere enga­
ñarse ni engañar. Nada de forzar la
creencia; nada de pragmatismos esti­
mulantes .
De acuerdo con tales normas, una de
las más empeñosas campañas intelec­
tuales de Vaz Ferreira ha sido la rea­
lizada contra el Pragmatismo; contra
todo pragmatismo filosófico, más o me­
nos disuelto bajo diversos rótulos; pe­
ro especialmente contra el definido y
doctrinario que representa William Ja­
mes, al que dedicó varias conferencias,
editadas luego en volumen.
A propósito de este estudio, y refu­
tando la afirmación de James, de que
Stuart Mili es, (por sus Estudios sobre
la Religión) uno de los precursores del
■Pragmatismo, — declara Vaz; — “Si
Stuart Mili hubiera llegado a conocer
el Pragmatismo actual, si lo hubiera
criticado — como él criticaba, con su
inteligencia y con su sentimiento — hu­
biera hecho de esta doctrina una críti­
ca de la cual, estoy seguro, dará una
idea esta mía, como puede darla de una
obra maestra, un imperfecto aunque
sincero esbozo” .
El error de pensar por sistemas y no
por “ idea s para tener en cu en ta”, es —
según él — el origen falaz de casi to­
das las controversias doctrinarias, y
crea el paralogismo de las falsas opo­
siciones teóricas, impidiendo que la par­
te de verdad que contienen los siste­
mas, pueda ser reconocida y aprovecha­
da. Pues, todos los sistemas, si como
tales son falsos, contienen, no obstante,
algunas ideas verdaderas o probables.
De su sistematización paralogística pro­
viene la general falsedad del sistema.
Esta selección de ideas conduce a una
especie de eclecticismo, que podríamos
llamar ino rgánico, pues organizar esas
ideas para tener en cuenta en un cuer­
po colectivo, sería ya darles una estruc­
tura sistemática.
Alguien, adversario filosófico de Vaz
— un pragmatista, por ejemplo — po­
dría llamarle cole ccionista de ideas. Y
acaso Vaz no se sentiría mayormente
mortificado por esa frase, ya que cabe
perfectamente dentro de su escepticis­
mo ideológico. Por lo demás debe ad­
vertirse que no es, el suyo, un escep­
ticismo sistemático, pues que está dis­
puesto a admitir como verdaderas algu­
nas ideas; no dice que nada se sabe ni
se pueda saber, sino que se sabe algo
y se puede llegar a saber más. Y sobre
todo, tiene confianza en la vida; y en­
trega a la vida misma — no reductible
a fórmulas ideológicas — gran parte de
las soluciones problemáticas, en cuanto
al plano práctico se refiera.

III

Naturalmente, se ha objetado a Vaz
que su actitud filosófica, tenia el gra­
ve inconveniente práctico, de inhibir al
hombre para la acción, puesto que le
mantiene indeciso frente al análisis,
sin ofrecerle ninguna solución concre­
ta, ninguna dirección definida. En “Co­
nocimiento y Acción” ha procurado el
filósofo responder a esa objeción grave,
aunque no, quizás, con la eficacia con­
vincente que fuera menester.
“ Cuando cualquier inteligencia no
cristalizada y todavía plástica, se apli­
ca a profundizar los problemas nobles,
cierto escepticismo empieza fatalmente
a penetrarla. Desde ese momento pue­
den suceder dos cosas: o bien ese es­
cepticismo infiltra todo el espíritu (en­
tonces, a veces lo pudre y otras lo em­
bebe de una tolerancia dulce, pero hi­
riéndolo de inacción), o bien se orga­
niza por separado. En este último caso
se forma un órgano mental dirigente,
de función reguladora y algo inhibito­
ria, como es la de los centros superio­
res. Cuando nos deja obrar, hacer el
bien, como deja el cerebro a la médu­
la abrochar los botones y llevar la co­
mida a la boca; cuando no nos inhibe
sino para hacernos más benévolos y
piadosos en la acción, resulta una de
las variedades más simpáticas y respe­
tables de hombres que puedan encon­
trarse. El escepticismo organizado así,
no paraliza la acción: la suaviza” .
“Los hombres de nuestro tercer tipo,
en el plano de la acción obran como los
dogmáticos; quizás su acción no pueda
llegar a ser tan extrema; pero, en cam­
bio ofrece mayores garantías de acier­
to, por lo cual, aunque los unos dieran
mayor suma de acción en bruto, los
otros dan una mayor suma de acción
buena”. “ En cuanto a mí, la experien­
cia de la vida, y lo que sé del alma de
los hombres, me hacen esperar en la
práctica, de esta clase de tipos, aun­
que no se puedan hacer al respecto de­
mostraciones ni cálculos, un mayor pro­
medio intelectual y moral que de los
afirmativos dogmáticos” .
Fiel en este caso a su criterio empí­
rico, Vaz, no pudiendo dar solución sa­
tisfactoria al conflicto en el plano teó­
rico, lo resuelve, o cree resolverlo sim­
plemente por el hecho. En “ Lógica Vi­
va”, se ha referido ya al “sentido co­
mún h ip e rló gico”, como árbitro en las
cuestiones de orden práctico que no tie­
nen clara solución racional. Vaz se con­
fía a ese sentido, aun cuando no pue­
da o no intente explicar su naturaleza
psicológica; existe, acciona, lo experi­
mentamos, es un hecho: él se limita a
la constatación.
Es imposible no reconocer en este
factor hiperlógico una cierta relación
con la psicología intuicionista, puesto
que el autor reconoce en la conciencia
la acción de un sentido de io verdade­
ro o de lo conveniente, de orden noracional, o cuando menos no racionallógico, cosa que el positivismo no ad­
mitía, pero que no está en contradic­
ción con el empirismo puro, que él
profesa, ya que se trata del reconoci­
miento de un hechco psicológico expe­
rimental, no importa cual sea su natu­
raleza .
Vaz no ha querido, sin embargo, aven­
turarse más allá en la exploración de
ese sentido hiperlógico, camino proble­
mático que le está vedado a su méto­
do. La, lógica viva lo conduce hasta allí
y allí se detiene; no podría seguir sin
romper sus amarras; ese sentido es só­
lo una puerta de escape para los con­
flictos de su lógica.
Mayores son, quizás, sus conexiones
con el vitalismo intuicionista, al refe­
rirse a los problemas morales. Porque
donde el conflicto inherente a su es­
cepticismo, o más exactamente a su
anti-sistematismo, se agudiza, es al en­
frentar los problemas de la conducta
moral.
“Moral para Intelectuales” sería, en
general, un libro de moral aplicada,
puesto que procura dilucidar la mejor
actitud del hombre en el ejercicio de
las diversas profesiones y en relación

frfl(U)|p)!Ml®llllLI

con las circunstancias prácticas, des­ es lo que singulariza la posición del fi­
arrollando una verdadera casuística lai­ lósofo uruguayo.
Cierto que esta posición aparece,
c a ... La última parte del libro contie­
ne, empero, algunos breves capítulos de por momentos, un tanto indecisa,
carácter general y teorético, en los cua­ tímida, incolora, neutra. Pero Vaz resles el autor renueva y adapta a los pro­ pondería que su honradez filosófica no
blemas morales — o, mejor, al proble­ le permite ser más afirmativo. “Algu­
ma de la moral — el criterio empírico nos hecchos, algunas hipótesis verosí­
de su lógica. Moral empírica también, miles” ; tal, según él, todo lo que sa­
es pues, esta de Vaz Ferreira, que se bemos. Y tal es, en efecto, el límite fi­
apoya, en último término, en los s e n ­ losófico de Vaz Ferreira.
tim ientos morales, como un hecho psiIV
colóligo, sin entrar a explicarlos.
Estos dos libros comprenden lo ca­
Opuesto a todo s istem a de moral, a pital de sus ideas. Otros, como "Los
toda moral doctrinaria e ideológica, — Problemas de la Libertad”, se concre­
como ya se supone, de acuerdo con su tan a aplicar el análisis de su lógica
criterio general — sus lecciones, orde­ v iv a al estudio del determinismo y del
nadas en este libro, tienden a demos­ libre-arbitrismo, para demostrar los pa­
trar que, lo que importa, no es llegar ralogismos de falsa oposición en que
a una escuela,si no a un estado de espí­ incurren las diversas doctrinas, confun­
ritu. Así como en los conflictos de la diendo las cuestiones de palabra con
lógica, Vaz se apoya (o se escap a...) las de realidad. No es su intento, de­
en el sen tido com ún hiperlógico, en los clara, resolver el problema, sino plan­
conflictos de la moral se apoya (o se tearlo en sus verdaderos términos, y
esca p a ...) en los sen tim ientos, dete­ registrar las ideas aprovechables (para
niéndose, en este como en el otro caso, tener en cu enta ), una vez desglosadas
en la puerta misma de salida. Estos de su sistema falaz.
“ Y con eso ya alcanza — dice al fi­
sentimientos existen en nosotros, ac­
cionan, los experimentamos; admitien­ nal de ese estudio — para sentir cuán
do tal hecho y partiendo de él, el filó­ Imperiosamente se impone repensar la
sofo entiende que el solo método de la cuestión. Hacer nuevos argumentos,
moral debe ser cultivarlos, aclararlos y descubrir nuevos aspectos es necesidad
fortalecerlos, — lo mismo que si se secundaria al lado de la esencial de
tratara de órganos físicos — de .manera deshacer las confusiones para pdder
que lleguen a cobrar un firme imperio apreciar y utilizar la obra intelectual
sobre la conciencia del individuo; la que atraída por estos problemas, ha
moral de cada uno no ha de ser un realizado la inteligencia humana” . “Por
con junto de re gla s sino un estado vivo. oposiciones ficticias, la humanidad se
Producido ese estado vivo, el individuo cree obligada a elegir, a abandonar una,
obrará moralmente bien en todas las cosa para poder conservar otra, no só­
circunstancias, de manera casi espontá­ lo en los casos en que realmente lo im­
nea y natural En los casos de moral so­ pone la lógica, sino en otros muchísi­
cial o política! que tienen relación con el mos en que no es así; y en ninguna
Derechco Público, y donde lo puramen­ cuestión como en la presente, esta tan
te moral, se complica con problemas humana tendencia a tomar lo comple­
de orden objetivo, — ejemplos: el di­ mentario por contradictorio, se mani­
vorcio, la pena de muerte, las guerras, fiesta falsamente exagerada” . Ya se en­
las dictaduras — el autor permanece trevé cómo esa confusión inutiliza gran
fiel así mismo a su método empírico; parte del trabajo intelectual, como con­
aconseja tener confianza en las solu cio­ duce ai error haciéndonos continuamennes de libertad y de piedad; mas no me concluir (sacar conclusiones) sobre
por ningún principio teórico, sino por­ una cosa cuando ya hemos empezado a
que la experiencia histórica demuestra razonar sobre otra distinta; a sostener
que esas soluciones han sido siempre 0 a combatir una tesis porque creemos
deber sostener o combatir otra, y no
las mejores.
comprendemos con claridad ni las di­
En esta su moral “ viva” como en
ferencias ni las relaciones lógicas fie
aquella su lógica viva, ha de verse an­
te todo, ciertamente, un desarrollo ri­ am bas.. . ”
En “ La Propiedad de la Tierra” (se­
guroso y extremo de aquel empirismo
opuesto a toda sistematización ideoló­ rie de conferencias de cátedra), ha lle­
gica, que, falaz en sí misma, cierra ade­ gado el autor a conclusiones algo más
más el, paso, con sus cristalizaciones concretas que en sus otros trabajos.
dogmáticas, a la investigación y a la Sintetiza su tesis al respecto, este acá­
crítica. Pero hay también en ello algo pite del libro: “El derecho de habitar,
de ese concepto bergsoniano de la plas­ — derecho de estar — cada individuo,
ticidad esencial de la vida, que no pue­ en su planeta y en su nación, sin pre­
den contener los rígidos esquemas inte­ cio ni permiso, es el mínimun del dere­
lectuales; y algo asimismo de las rea­ cho humano; derecho que no ha sido
lidades intuitivas de la conciencia, más reconocido ni bien establecido, a causa
allá de las categorías racionales de la principalmente de que tanto los que de­
fienden cómo los que combaten el or­
lógica.
den económico actual no distinguen
Refiriéndose al estado vivo de la con­
bien el aspecto de la tierra como medio
ciencia moral, fuera de un cuerpo de
reglas doctrinarias, dice Vaz que “no de habitación, de su aspecto como medio
se puede reducir a fórmulas, justamen­ de producción” . El resto del problema
te como todo lo vivo” . Y dice, refirién­ soeial-económico, su solución colectiva o
dose a las sistematizaciones ideológicas, individualista seria aparte y después de
que son las que “nos cristalizan el es­ este derecho de habitación de la tierra
píritu, las que nos quitan la movilidad, -— que en el hecho daría a cada indi­
la plasticidad que caracteriza la vida, viduo o familia la propiedad o la gray la progresividad intelectual y moral” . tuidad de su vivienda — y se entablaEn cuanto a la metafísica, “ debe con­ 1 ría sobre el otro aspecto de la propie­
tribuir ampliamente para la moral ideo­ dad, o sea la tierra como medio de pro­
lógica, y para la moral afectiva, pero ducción. Esta tesis constituye sin duda
no tanto con teorías y con definiciones otra excelente “idea para tener en cuen­
s in o con sugestiones, y con la inmensa
visión de sus posibilidades, etc.” Se re­ ta”, — como diría el a u tor..., — den­
conoce en tales conceptos, la influen­ tro del programa político-económico de
cia del movimiento vitaiista, bersognia- una democracia social (programa míni­
no, y post bersogniano, que es, bajo di­ mo socialista o laborista). Pues, no, de­
versas modulaciones, el pensamiento es­ ja de ser una ilusión teórica (y en es­
te caso, Vaz se ha apartado un poco de
pecífico de nuestro tiempo.
Bien es cierto que Vaz no se aventu­ su empirismo) al creer que las clases
ra tampoco, en la exploración de este sociales b u r g u e s a s y los partidos neta­
camino de la conciencia moral, limitán­ mente individualistas, es decir, capita­
dose a hacer de ello una puerta de es­ listas, admitan buenamente, en la prác­
cape para los conflictos de esa moral tica, ese principio jurídico de su tesis.
V
empírica, como ya hiciera, con el sen­
tido común hiperlógico, para los de su
Vaz Ferreira es quien ha estudiado
más a fondo los problemas educaciona­
lógica viva.
Esta especialísima conexión del em­ les, y quien en ei Plata, ha vertido acer­
pirismo lógico con el intuicionismo vi- ca de ellos, conceptos más certeros. De­
talista, (Stuart Mili más Bergson, o me­ signado vocal del Consejo de Enseñan­
jor quizá, Bergson menos Stuart Mijl...) za Primaria, en 1900, se abocó al estu-

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Justino Zavala Muniz

Julio Superviene ha vuelto a encender
los farolillos del elogio en todas las cri­
ticas literarias de los más eminentes
diarios de Europa y América.
Al admirado poeta, nuestra alegría
por sus triunfos y por su venida al país.

ros premios, diez y siete segundos pre­
mios y diez y siete terceros premios
destinados a fomentar la producción ar­
tística en todo el territorio de la Re­
pública.

LU IS P E D R O
OI O N D I N O

Los primeros premios serán de $ 800
para obras literarias en prosa y en ver­
so, para composiciones musicales, para
obras escultóricas, para obras pictóri­
cas, para la mejor serie de diez graba­
dos (madera, litografía, dibujo, e tc .).
Los segundos premios serán de ? 400
y los terceros premios de $ 200.
Por otro artículo se destina hasta la
suma de $ 40.000 anuales para la forma­
ción y funcionamiento de la Compañía
Nacional de Arte Dramático.
Por otro artículo, se destina la canti­
dad de &amp; 15.000 anuales para la adqui­
sición de obras de arte.

CARTEL opina que, estando en el Mi­
nisterio de la Cultura, el Dr. Demichelli,
se podrían intensificar los trabajos ten­
dientes a conseguir el pronto despacho
parlamentario de la citada ley.
Por ella se crean diez y siete prime­

Para sufragar en parte estos gastos,
el distinguido legislador propone en el
Art. 13 de su proyecto que se grave
con un impuesto de 5 ojo sobre el pre­
cio de adquisición toda obra de arte
extranjera venida al país.
Este proteger sin parodia el arte uru­
guayo, hace de Justino Zavala Muniz
II ne s ait pas m on nom
una figura de proyecciones entre los an­
C e coeur dont je s u i s l’hóte,
gustiados por la vida frente a la nece­
II ne s ait ríen de moi
sidad de crear. Justino Zavala Muniz,
Q ue des ré g lo n s s auvages.
que es de nuestros primeros valores li­
H a u t s plate au x f alts de sang,
terarios, afronta de una manera quijo­
E p a l s s e u r s interdltes,
tesca el arduo problema de hacer enten­
C o m m e v o u s co n q u é rir
der que la protección del arte no es
S a n s v o u s d o n e r la m o r t ?
tirar plata a la calle; y tan así lo ha­
C o m m e n t v o u s remonter,
ce que, de entrada, en su exposición de
R l v i e r e s de ma nult. . .
motivos dice que si de algún defecto
adoloce su proyecto es, precisamente,
El autor de esa maravillosa estrofa
de excesiva modestia comparada con lo
está en Montevideo. Quemamos benga
que aún queda por hacer.
las de alegría en torno a la alta figura
CARTEL pide a los intelectuales que
alta — apoyado en el cielo con los ojos
sacudan un poco la modorra en que es­
—, de nuestro compatriota.
tán siempre sumidos, y se dirijan al
París se desprende de él como un ha­
ministerio de la Cultura pidiendo la
lo, y le acompaña, asombrado del pai­
pronta intervención del Dr. Dimiclielli
saje de Montevideo.
para que, por los resortes que corres­
Y Supervielle, a quien — fugazmente
ponda, pueda obligarse a la Camara
— vimos a la izquierda de Gervasio Guia ocuparse de un asunto de capitalísima
llot Muñoz la noche de la demostración
importancia para el porvenir de la Re­
en el Prado, anda por esas calles lar­
pública.
gas que cortan — tiras de hormigón de
En nuestra redacción recibimos adhe­ cielo a cielo — las tupidas quintas de
siones, y en nuestros números sucesi­ los alrededores.
vos daremos la nómina de adherentes al
Con sus dos recientes éxitos: “Le vopetitorio referido.
leur d’enfants” y “ Le forcat innocent” ,

dio de las cuestiones pedagógicas que
su posición le planteaba. En 1905 era
designado Decano de la sección de En­
señanza Secundaria de la Universidad;
y extendió entonces, al plano universi­
tario, los estudios que ya habia elabo­
rado en el terreno escolar. Sus ideas
pedagógicas -— que tienen perfecta uni
dad fundamental en ambas "aplicaciones
— han sido expuestas analíticamente
en muchos trabajos breves, — infor­
mes, en mayoría — que luego ha ido
publicando en volúmenes; tales: “Dos
Paralogismos Pedagógicos y sus conse­
cuencias” , “Dos ideas directrices peda­
gógicas y su valor respectivo”, “Sobre
Enseñanza Secundaria” , “ Problemas Pe­
dagógicos", “ Informe in Voce” , y otros.
Vaz Ferreira ha distinguido y sepa­
rado en toda enseñanza — sea prima­
ria o superior — el elemento re gla d o o
metódico, del elemento libre o pen etra ­
ble. (Las expresiones que subrayamos
son suyas). El primero es el que pro­
cura enseñar con sujección y medida
estricta a un programa; el segundo es
el que pone a disposición del alumno
el máximun de conocimientos, dejando
libradas sus mayores o menores adqui­
siciones a su propia facultad de asimi­
lación. Al primer procedimiento corres­
ponde el texto, que da al alumno las
nociones esquemáticas o emulsionadas,
en medida y gradación fijas ya deter­
minadas de antemano: nada más que
aquello que se supone deba y pueda
aprender. Al segundo procedimiento co­

rresponde el libro propiamente dicho,
el libro original de los escritores (hace
un distingo fundamental entre el libro
y el texto) que da al escolar o al estu­
diante, la materia viva y original del
pensamiento, sea tal materia científica
o literaria, sin dosificarla previamente,
a fin de que el alumno penetre en ella
con su comprensividad hasta donde
pueda.
Según Vaz, es un simplismo pedagó­
gico — y antes, simplismo psicológico
— suponer que el muchacho va adqui­
riendo los conocimientos y desarrollan­
do su conciencia intelectual en un or­
den perfectamente esca lo n a d o ; la inte­
ligencia y la intuición, de consuno,
obran de un modo completamente dis­
tinto; los procesos mentales de induc­
ción o deducción en el alumno, y en la
edad escolar, no se ejustan a los mé­
todos reglísticos; de ahí la convenien­
cia, más aun, la necesidad, de poner a
su disposición no sólo la mayor suma
de conocimiento posible, sino el propio
pensamiento vivo en las obras origina­
les, para que esos procesos obren por
sí mismos, en la medida y manera que
correspondan a la naturaleza mental de
cada individuo.
Pero, — enemigo siempre de todo sis­
tema exclusivo, — lo que propone no
es una entera sustitución del texto por
el libro, ni un desechamiento de toda
enseñanza reglada, para cultivar sólo
lo penetrable; lo que propone es equi­
librar lo uno con lo otro, concediendo

f

DE

UNA
QUE

VEZ

SE
DE

POR

T IE N D E
VERDAD

TODAS
A
EL

PARECE

PROTEGER
ARTE

Nobilísimo es el propósito que anima
el proyecto presentado a la Cámara de
diputados por el escritor Justino ZavaUuniz.
Le atención que reclama del Estado
para los empeñados en la angustiosa ta­
rea de crear belleza, no puede ser más
simpática, ni más oportuna, ni — aun­
que todavía se dude — más patriótica.
Las patrias precisan, antes que de
ninguna otra cosa, de sus artistas. Lo
único que puede mover un país es la
inteligencia creadora, laboriosa y des
lumbrante a la larga.
Así lo ha entendido el autor del pro­
yecto, y en una exposición de motivos
ya divulgada, apuntala su moción de la
necesidad nacional con un cúmulo do
razones irrebatibles.

U

E.

E

S

su peR vieixe

al reglismo y al texto un mínimun con­
veniente, pero confiando lo más y lo
mejor al cultivo de lo penetrable, que
es lo que abre los caminos y las pers­
pectivas al desenvolvimiento propio de
la verdadera cultura. “ No hay — dice
— tipo intelectual más estrecho, cerra­
do y estéril, que el de aquellos que se
formaron sólo con textos” . Y en tal nú­
mero coloca a la mayoría de los mis­
mos maestros normalistas actuales, for­
mados en métodos réglisticos y textivos esterilizantes.
Aplicado este concepto a la enseñan­
za secundaria, Vaz propuso la reduc­
ción al mínimun posible de la materia
reglada para exámenes, y, en cambio
la mayor extensión posible de la ma­
teria de cultura — libre del examen y
clasificaciones — que seria, en este ca­
so, lo penetrable. Pero el problema, en­
carado en el terreno universitario, se
relaciona ya — como puede verse en el
capítulo so'ore la crisis de la cultura
universitaria — con otros factores de
orden social que le tornan más comple­
jo aun en la práctica.
No parece que pueda decirse por aho­
ra nada mejor, acerca de la enseñan­
za, así primaria como secundaria, que
lo dicho por Vaz Ferreira; pues, cual­
quier método práctico que tienda a sus­
tituir el actual sistema de textos por
otro más libre e intuitivo, está com­
prendido dentro los principios de psico­
logía pedagógica por él afirmados. Ad­
vertimos, sin embargo, que nuestras

Del diario parisién “ Comedia” ex­
tractamos la siguiente noticia:
En el “ Círculo de la Unión Interalia^
da” ofreció el señor Rodríguez Escale­
ra, conocido periodista español, una re­
cepción en la que actuó el famoso cuar­
teto de laúdes Aguilar, ejecutándose
muchas piezas clásicas y algunas her­
mosas composiciones del uruguayo Luis
Pedro Montino.
La concurrencia, encabezada por la
infanta Eulalia de España, brindó a
nuestro compatriota la triunfal acogida
a que se ha hecho acreedor su talento.
—

o —

Del servicio informativo de nuestros
diarios;
En la sala Gaveau de París, el cuar­
teto de laúdes Aguilar, de fama mun­
dial, que acaba de regresar de Estados
.Unidos, después de una brillantísima
gira artística, dió un concierto del que
dedicó una parte a la ejecución de com­
posiciones del uruguayo Luis Pedro
Mondino.
El público que llenaba la sala Gaveau
— que se distingue por la afluencia de
entendidos — premió la labor de los
concertistas y la belleza de las compo­
siciones de nuestro compatriota con una
nutrida ovación.

c u n e o
Está Cúneo en Montevideo. Conjun­
tamente con Basso Maglio, Casal y Princivalle, hemos charlado con el magnífi­
co artista.
Casi tres años ha pasado en Europa
el aplicado pintor; viene rebosando
aquel ambiente. Ha trabajado. Ha vis­
to. Ha estudiado. Cúneo une, a su ta­
lento indiscutible, una atrayente ma­
nera de trato.
Nuestra fraternidad para José Cúneo.

Instituciones educacionales están bas­
tante lejos de haber, por ahora al me­
nos, comprendido o aceptado estas ideas
de Vaz Ferreira. En la Instrucción Pri­
maria es muy poco lo que se ha evo­
lucionado en tal sentido, si bien exis­
ten, dentro de ella, ciertas tendencias
favorables. En Secundaria, en cambio,
las cosas, han ido modificándose cada
vez más, p e r o ... en sentido opuesto,
hasta llegar a ser hoy, aquella rama de
la enseñanza, — y por factores que se
exponen en el capítulo referido — pre­
cisamente lo contrario del predicado de
Vaz Ferreira.
Habiendo dado a la Universidad lo
mejor de sus energías, — y puesto en
ella, quizás, lo más caro de sus es­
peranzas — la Universidad ha acabado
casi por destruirle. Hombre de consti­
tución débil, hipernervioso y de una
susceptibilidad moral extrema, graves
conflictos y hasta odiosas incidencias
personales ocurridos en estos últimos
tiempos, — con los estudiantes y con
las autoridades, — le afectaron a pun­
to de provocar un estado de crisis pro­
funda en su salud, obligándolo a aban­
donar toda labor, incluso la cátedra.
Nombrado Rector en 1929, tuvo que re­
tirarse casi de inmediato a la intimi­
dad, en uso de licencia por tiempo in­
determinado. Cabe agregar que, la fi­
gura moral de Vaz Ferreira presenta,
a través de toda su vida pública y pri­
vada, una línea de austeridad ejemplar.

Alberto ZUM FELDE.

■

�CARTEL

CARTEL
V

I

R

A

Z

O

N

Mi corazón en fuerza me arranca de la hora,
Y mis ojos desandan la ruta cruzada
Los recuerdos se filman. . . .
¡Grifos abiertos del ayer!
Virazón del latido que aviva aquella luz
Y apaga estas luciérnagas opacas;
Que enlaza las esencias
Y comprime distancias.

FINO CUERPO EN EL AGUA
QUE CANTA ALEGRIA

Y es un nacer de estrellas en mi cielo
Ignorante de secos horizontes.
Zona inconmensurable, donde entro
Para fundirme entera
En los días perdidos,
Que no son días muertos.

Fino cuerpo en el agua que canta alegría
,me trae el mar en su mediodía.
Los ojos sueñan miradas de amor
que caen entre los brazos
florecidos en la luz del cielo.

Está sordo el instante.
Revoluciono el orden del espejo y del tiempo.
.. .¡Estoy enagenada1. . .
Onda que va pasando entre las lunas
Y amalgama en mi savia
Aquel zumo de lejos.

¿Adonde va la canción que nace en el mar
y parte sin muerte en los vientos vagabundos?
¡Y está su boca dándose en silencio1
Fino cuerpo en' el agua que canta alegría
me trae el mar en su mediodía.

Focos en la estampa de la ausencia;
Resonancia de astros;
Balbuceo de siempre;
Tierra que voy pisando
Donde siento
Otros pasos silentes.

¡Soledad de gacela que corre
en la bandera abierta del horizonte!
¿Qué lejano tamboril nocturno
llegará hasta la sombra de su perfil
tocando la madurez de su música?

Agilidad del viento
Que en una curva elástica
Abraza a un solo impulso
El antes y el momento.

Fino cuerpo en el agua que canta alegría
me trae el mar en su mediodía.
En sus manos los peces dejan
un júbilo fresco de amanecer.

Y se van sacudiendo las ramas de mi árbol
Tendidas a las músicas del tiempo.
María Elena MUÑOZ.

F O T O G E N I C A S
OH ARETE OHAPLIN
Cataptromancia tragicómica de la vida
sus gestos caricaturizan su svanidades
su indumentaria se rie
de sus embustes y
el bastón
pluma, batuta, fusil, cuchillo de comer,
extrae de los estómagos burgueses
el plomo de sus monedas falsas
Charlie Chaplin
en una de tus caídas clownescas
he visto reir a un banquero y
supe al otro día que una de sus víctimas
se había suicidado.

Se dan sus pasos a los caminos
en la ternura luminosa de .su voz
que tiene el mismo alejamiento sin ruidos
de los días que se van de nuestra ansiedad
cómo si estuvieran perdidos...
Fino cuerpo en el agua que canta alegría
me trae el mar en su medodía.
Nicolás Fusco SANSONE
(Del libro en prensa, “ Preguntas a las cabezas sin reposo” )

POEMA DEL RENUNCIAMIENTO
Desde la puerta en que dejé mis ojos,
Desde el más puro amanecer
Y la más embrujada noche,
Todas las cosas que amé
Me llaman

GRETA GARBO
Los fjords se acoman a sus ojos
de catóptricas tentaciones
y conectan 1.000.000 de k.' w.
en la red arterial
de nuestra planta fisiológica.

Aquella fuente del hondo
Aquel humo amatista de
Y aquella ventana de la
Todo quiere llegar hasta
Impenetrable.

encanto quieto
todas mis tardes,
más libre claridad.
este cielo

LON GHANEY
SingiSing de delincuentes
manicomios asilos de lisiados
fanfarria goyesca de borrachos
el puñal, el veneno, la pistola,
rima su arte toda la humanidad
de Zola, Dostoiewsky y Gorki
con versos de Edgar Poe
involuehados.. .
Cotel de dramas y en la última gota
siempre una mujer
Habana, 1930.

Pero yo que vencí el secreto del Tiempo,
Y que he andado caminos de silencio
De olvido y de desesperanza
He de tender un silencio más
He de levantar un muro más, .
Sin mirada y sin voz
Llegaré al día más ágil para el renunciar perfecto;
Sin mirada y sin voz
He de romper el último encanto.
Gerardo DEL VALLE.

Esther de CACERES

�CARTEL

CARTEL

ALI GERATE

BIEN

Aligérate bien. Igual que el corzo
ten pronta y tersa tu agilidad,
que ya viene en tu busca el acompañante fiel
que ha de conducirte por los atajos
que van de estrella a estrella,
y te ha de llevar al astro que nació contigo
y que te espera desde siempre.

A M A N E C E R

Aligérate bién. Desnúdate todo, todo,
tu alma, recién lavada,

¡y que

No es porque esta nube me afine más el alba;
ni porque aquel balido me disipe los cielos.
Está en el cacareo del gallo que martilla en las luces
de la clara herrería toda llena de negro,
Pausadamente, un carro desacongoja el eje
con la esperanza en línea de una pronta llegada.
Y corrigen su plana de palotes las luces
caídas de la estrella que marchó rezagada.
Trabajador del alba, camina el día a pasos
•pausados por la línea del casco de los cielos.
Manchado, el campo corre a su encuentro.
Efusión de llegada. Con humo de las fábricas,
sobre alargados tubos, van haciéndose las manos:
saludo para los primeros aviones.

a

n

o

c

h

e

c

e

reviva las inconscientes horas del nacimiento.
Sólo así lograrás evocar el recuerdo de otros viajes análogos;
de los otros viajes que ya hiciste,
cuando el acompañante de hoy, como esta vez,
llegó en tu busca y ya eras ágil como el corzo,
tenías el alma desnuda,
y fuiste por la escala de las estrellas
hasta fundirte en aquella que nació contigo.
Julio SIOÜENZA

CERRO
r

Los árboles, maneados, ya no pueden moverse.
La sombra los amarra para enfundarlos luego
en el azul espeso del negro que ven todos.
Empiezan a encenderse las luces.
La ciudad, en cuclillas, bajo los faroles
espera, con paciencia de gato, el sol para cazarlo.
Las luces hacen vela, salpicando las estrellas:
cernidor luminoso para colar lá obscuridad.
Y el cielo se desgaja en colores tranquilos.
•Sólo en lo hondo, a ras del suelo, el negro
se calienta en lo obscuro y se aterciopela.
La ciudad está desierta. Desde los extramuros
se ve cómo la sjjices se apiñan en el centro
y toman por asalto las torres para leer los avisos.

DE

PASCO

Cielo nublado de oxidaciones
que enturbia los ojos y los cristales.
Cauces de verdores cobrizos
que roban metales a la Smelter.
Bungalows de la Esperanza
que no han podido subir la cuesta
y están esperando
ir a la ciudad en un fordcito.
Iglesias de; torres enmaderadas!
como los sovacones.
para impedir que Dios se derrumbe
en esta tierra llena de agujeros
donde el piso se sostiene bajo su palabra de honor,
y las bolsonadas
le quitan .importancia a la eternidad.

Alfredo Mario FERREIRO.
“ La Goleta”
con todas sus bodegas llenas de agua
está durmiendo bajo la Matriz.
La boca de su pique se ha cerrado
entre el altar mayor y el pulpito.
24 horas cada día entre las minas
y unas cuantas de descanso
a sombra de las cartas de poker
que llenan de misterio a las miradas
para que despierten alegres
persiguiendo el filón de los dados
que puede ser de oro
en unos treses de a cien libras
Un dulce abrigo de chimenea en los pies
y en las entrañas un calorcito de whisky.
Ascensores que se han parado de cabeza
para meterse en las minas.
Bombas que son pulmones
para millares de obreros.
(La Cooper ha metido a los indios
800 pies dentro la roca
pero nadie ha podido entrar
un milímetro en sus almas,
aunque estén vestidos de over-all).
Enrique BUSTAMANTE y BALLIVIAN.
(Del próximo libro serrano “ Junín” ).

�CARTEL .S.. .

UNA

NUEVA

La tendencia a negarle a las mujeres
los derechos de que con el hombre dis­
fruta y la tendencia a concedérselos,
responden en primer término a dos
conceptos distintos sobre el encanto de
la personalidad femenina, o sea, a dos
opuestas concepciones de la mujer ideal.
Hay quienes aman en la mujer un con­
junto de gracias frágiles y sutiles que
necesitan ser cultivadas en el ambien­
te reducido de la vida doméstica y de
los salones discretos y que parecen no
resistir el contacto con las costumbres
de una existencia más abierta a los
vientos del mundo y de la cultura uni­
versal. Ellos ño conciben a la mujer
despojada de cierto aire o apariencia
de ingenuidad pueril que le es impues­
ta, como una especie de librea espiri­
tual, por la obligación que tiene de ig­
norar nuevas cosas. Esos son los que
temen, como una desgracia irreparable
para los destinos de la humanidad, el
peligro de que la intervención del se­
xo femenino en las agitaciones de la
vida contemporánea le haga perder esos
atractivos tradicionales. ¿Son lógicos?
Desde luego no lo son, porque lo que
conspira contra la belleza y la sedución
femenina en su esencia íntima no son
los derechos civiles y políticos y hasta
morales que nosotros queremos consa­
grar, sino los deberes, las obligaciones
materiales que impulsan a la mujer a
entrar en la circulación de la vida acti­
va, fuera de las cuatro paredes de su
casa, para trabajar penosamente y lle­
narse de preocupaciones que en su tiem­
po parecieron exclusivamente masculi­
nas. Frente a esta necesidad que los
enamorados del tipo femenino angélico
no han podido evitar ni se han preocu­
pado de hacerlo — y en vano se hubie­
ran preocupado porque, como es sabido,
eso obedece a factores integrantes de
todo un sistema social — empeñarse en
desear la adhesión del espíritu femeni­
no a las modalidades arcaicas, mante­
niéndolo lejos de la vida y sus ense­
ñanzas fecundas, cerrado a la luz de los
conocimientos humanos, manifestándo­
se en una mentalidad algo infantil, li­
mitada y balbuciente, es absurdo y fe­
roz. Pero además revela ignorancia de
la inagotable riqueza de recursos del
alma humana para reconciliarse con la
vida. La cultura superior, un mayor co­
nocimiento de la existencia y un más

CARTEL

FCM IflIDAD
amplio ejercicio de los derechos moderuos, lejos de ser peligrosos para algún
ideal de belleza femenina, son, por el
contrario, los medios de defensa que de­
bemos ofrecer a las mujeres para con­
trarrestar los efectos de un estado de
cosas que las obliga a competir con el
hombre en ocupaciones y preocupacio­
nes. Con esos medios ella ha de ten­
der a evitar que se la haga víctima de
cargas demasiado pesadas para sus dé­
biles fuerzas y se estropéen sus encan­
tos materiales con los excesos de una
explotación o de una tiranía económi­
ca implacables. ¿Es posible pensar que
retrocediendo a épocas pasadas, la mu­
jer vuelva a quedar consagrada en ab­
soluto a ese mundo pequeño de las ac­
tividades domésticas, a la tranquila obs­
curidad carcelaria del gineceo griego o
romano? Si esa vuelta al pasado no es
posible ni deseable, fuerza es admitir
que debe modificarse, de acuerdo con
las nuevas condiciones de hecho, el tra­
tamiento civil, legal y educativo de la
mujer, para que no quede desarmada
en la lucha a que la arroja la corrien­
te del tiempo y el inevitable designio
de la historia.
No se crea que una educación o una
capacidad espiritual y jurídica adecuada
a sus nuevas' necesidades desfemlnlcen
— séame permitido el término — a la
mujer. Si por feminidad ha de enten­
derse inferioridad, incapacidad o sumi­
sión de esclavas, no nos preocupemos
de conservarla, sino, por el contrario,
apresurémonos a destruirla. Si por fe­
minidad ha de entenderse las caracte­
rísticas del sexo en la sensibilidad de­
licada, en el sentimiento maternal, en
la gracia armoniosa que fluye natural­
mente, espontáneamente de la persona
física y moral, como el perfume de las
flores, entonces tengamos la seguridad
de que al ampliar el ambiente de la vi­
da femenina, al renovarlo con las au­
ras de la naturaleza, con las palpitacio­
nes del mundo, y al aclararlo con la
luz de una cultura elevada, permitimos
a esa feminidad manifestarse con ras­
gos más firmes y luminosos, del mis­
mo modo que las plantas más bellas son
las que se crian al aire libre, entre las
caricias del viento y los ardientes besos
del sol. También nuestros abuelos, im­
buidos de ascetismo católico-romántico
y olvidando, las enseñanzas de las civi-

lizaciones paganas, especialmente las
de la antigua Grecia, en que vemos a
las jóvenes correr y danzar al aire li­
bre, en la amplia y clara serenidad de
las praderas, para desarrollar la pura
línea de los cuerpos esculturales y dar­
les un encanto alado hecho de agilidad
y de armonía, llegaron a creer que no
había belleza y atractivo sino en la
mujer cuyo recato se confundía con una
parsimonia de movimientos, una inmo­
vilidad de actitudes que hoy nos pare­
cerían torpeza. En sus tiempos las mu­
jeres apenas se movían al bailar, no se
permitían reir, sino sonreír; no corrían,
no saltaban en presencia de los hom­
bres; no se bañaban___ digo, no se
bañaban en público; no cruzaban las
piernas en los salones. Había siempre
en ellas un estudiado hieratismo, que
las modas acentuaban con los miriña­
ques rígidos que les dificultaban los mo­
vimientos; las faldas largas, que les da­
ban una elegancia suntuosa y decorati­
va; el inflexible corsé y hasta los ho­
rribles polizones de grotesca memoria.
Los que se habían acostumbrado a esas
formas de la feminidad vieron sin du­
da con horror la propagación de las
nuevas costumbres femeninas, importa­
das de Norte América, con esa afición
a los juegos al aire libre, a los baños
de playa y a las danzas llenas de dina­
mismo. Creyeron que las mujeres per­
derían todo encanto, que se volverían
horribles; que olvidando la mesura de
los movimientos de antaño, el pasito
menudo y la pulcra gracia, leve y que­
bradiza, de niñas cloróticas cantadas
por los poetas románticos, se transfom¡trían en seres monstruosos, dotadas
de fuerzas en vez de debilidad, y de
salud y alegría en vez de ese velo de
enfermiza tristeza que fué la más terri­
ble seducción de las novias del año 30.
Y bien: las mujeres formadas hoy bajo
el influjo de las nuevas costumbres,
desarrolladas por el deporte, agilizadas
por el esfuerzo gimnástico, desenvueltas
en sus maneras, buscando hacerse inte­
resantes por el color de salud y la irra­
diación de alegría, mostrando la piel lu­
minosa en los audaces rostros y bajo
las mangas cortas, mostrando también
— benditas sean! — bajo el ruedo de
la saya exigua lo que en otros tiempos
se ocultaba celosamente con la coquete­
ría hipócrita y artera de darle a su de­
bido tiempo el valor de una revelación
deslumbrante; las mujeres de ahora po­
seen, si no para nuestros abuelos, para
nosotros, un atractivo irresistible, y no

creo que ante un concepto estético su­
perior e im.parcial, tenga nada que envi­
diar estas vivientes esculturas que el
ejercicio físico modela y colora, a aque­
llas suaves estampas de oleografía que
nuestros antepasados acercaban elegan­
temente a sus largos bigotes retorcidos
con cosmético__
Si esto ha ocurrido por lo que se re­
fiere a las maneras exteriores, a las
formas visibles de la feminidad, lo mis­
mo ha de ocurrir por lo que se refiere
a la educación y modelación de los espí­
ritus. No temamos que una cultura ca­
paz de transformar la mentalidad de las
mujeres elevándola y ampliándola, des­
truya en ellas sus delicadezas esenciales
y las desfeminice. Si para nuestros
abuelos la mujer ignorante y frívola era
la más encantadora, y hasta un escri­
tor nos aconsejaba desconfiar de las
mujeres que tienen buena ortografía,
para nosotros, hombres de otra edad, la
ignorancia no puede ser un atractivo,
y hemos de encontrar en la mujer de
intelecto bien nutrido virtudes nuevas
que nos harán ver bajo una nueva luz
sus bellezas naturales, los encantos pro­
pios de su sexo, el inmortal esplendor
de lo que Goethe llamara “ el eterno fe­
menino” .
Si somos partidarios de la elevación
intelectual de la mujer, debemos por
fuerza serlo de su adquisición de todos
los derechos humanos. Por lo que res­
pecta a los derechos políticos, yo no
creo — claro está — que por el simple
hecho de adquirirlos ella ha de trans­
formar su mentalidad y su cultura. Tam­
poco ocurre tal cosa con los hombres.
El voto no los hace más sabios. Pero
sería enormemente contradictorio pro­
clamar el derecho de la mujer a la cul­
tura y a la vida, en toda la extensión
de la palabra, y negarle un derecho con
el cual los hombres pueden decidir de
la suerte de las mujeres. Dígase üaellas lo que tantas veces se ha dicho
de los hombres: no bastará que pue­
dan votar, es necesario que sepan votar.
Los hombres no han aprendido todavía.
Para que las mujeres hagan buen uso
de ese derecho, habría que colocarlas
en 1?. vía de la preparación. Y nada po­
drá movernos tanto a preocuparnos de
que adquieran su capacidad como el fa­
cultarlas a ejercer un derecho con el
cual —- a idéntico título que los hombres
incapaces facultados para lo mismo —
podrían perjudicarnos.
E m i li o

FR U G O N I.

ñl WHHWl"i Y W,IWH

Tomas Marín, Premio Nobel
j
Fué en Berlín, en una tarde tórrida pueda escribir la historia de la litera. ¡
de estío, cuando yo veraneaba orilla a tura universal.
la amistad En aquella sala de la Em.
Alemania no produjo un tipo de noserstrasse, acortinada de penumbras, hu­ vela, tal vez por ser un país de poesía.
meaban los cigarros y los diálogos. El Goethe fracasó como novelista. Porque
limón, el pairo, sesteaba en el mar sin no podía dejar de sentir poéticamente.
viento de la taza rubia; sangraban las La novela es objetividad Y en Goethe
uñas rojas; brillaba el charol de los todo era peripecia personal. Autobio­
dátiles, desnudos y relucientes como grafía. Lirismo.
El prestigio incalculable de los her­
criollas; morían lánguidas las manos y
manos Mann en el mundo germánico—
las voces.
y en los países nórdicos que gravitan
Yo dije de pronto a Klaus Mann:
— Si usted me presenta a Spengler en torno a la cultura alemana — es di­
soy capaz de ir a Munich.
fícil de comprender para un extranje­
—No puedo —respondió, sonriendo, el ro. A ellos les entusiasma el hecho de
hijo del escritor sobre quien recae aho­
ra la gloria abrumadora del premio No­
bel —, no puedo. Spengler es enemigo
de mi padre.
Toda la literatura de Tomás Mann
se me presentó entonces iluminada por
el resplandor de esta confesión fami­
r e v is t a
m e n s u a l
liar de la enemistad spengleriana. To.
más Mann es el anti-spengler. Es el
De Letras, Arte, Historia, F ilo ­
hombre que cree en Occidente. Que
sofía, C ien cias Sociales
quiere conservar la cultura unitaria. Que
quiere conservar el clasicismo. Que ama
Dire ctore s: ALFREDO A. BIANel azul tópico mediterráneo y el caca­
CHI Y ROBERTO F. GIUSTI
reo del gallo francés.
Se cre ta rio:
EMILIO SUAREZ
CALIMANO

NOSOTROS

Pese a quien pese, es lo cierto que
Alemania no tiene tradición novelística.
No hay una novela alemana, como hu­
bo una novela española, y como hay
una novela rusa y una novela francesa.
Desde mi punto de vista, extremo y
personal, esto no es una inferioridad,
porque no creo esencial la novela para
la existencia de la literatura. Después
de todo, griegos y romanos y árabes y
europeos medioevales vivieron sin co­
nocerla. Y no creo que sin griegos y
romanos, sin árabes y medioevales se.

Pre cios

de suscrip ción

(adelantada)
SEMESTRE $ m¡n. 10.—
ASO $ m|n. 18.—
Exterior, año: 8,00 dollares

Lavalle 143o
BUENOS

A IR E S

que alguien haga en idioma tudesco no­ El camino de Venecia. El camino del
velas comparables a las de un Flau- ¡ fuera de la ley. El camino del músico.
* ''* ” ’ *
bert. Pero a nosotros, esto no puede I "V or&gt; n n i n n o o i r n o W W n ~ X T « o m

�CARTEL

CARTEL

M O T I V O S

e S T C T I C O S

den luces de ágata y vuelan sombras ra con relación a la nuestra y a los pre­
bosquecinas; a lo lejos tiemblan las la­ cios de los libros. Es fácil imaginarse
gunas a donde bajan los luceros; duer­ cómo acogerían esa propaganda verda­
La belleza es indefinible. Podría ser me; el bambú susurrante de la serpien­ me la quinta de terciopelo, rumorosa deramente bolchevique, las demás libre­
la santidad objetiva de los ojos, el éx­ te armoniosa. La belleza es lo bueno cincela la manción de las mangas y en rías de la plaza y de Buenos Aires, que
tasis del movimiento. Una pluralidad como principio puro; es la armonía del I la ribera mece el mar sus fantasmas siempre habían esquilmado cuanto ha­
armónica como el gusto, daría tantas misterio; sin éste se borra en un com- \ espumosos. La belleza es de origen di- bían podido al paciente e incurable lec­
bellezas como gustos diferentes. Los pás monótono, en la nada. Las belle- 1 vino; los griegos la odoraron, Ruskin tor.
Poco a poco, las otras casas fueron
nórdicos adoran sus vírgenes de nieve zas naturales son arcanas; huyen de los ; hizo de ella su religión. El amor es la
y los africanos sus ángeles negros. Co­ sentidos, laten en un continuo desper­ cumbre de la belleza y la primera vir­ poniéndose a tono de la extranjera: los
mo atrayente de amor, con sus líneas tar; principio de la vida, tienen algo de tud. Es espontáneo; ni la inteligencia, precios, pues, se estabilizaron en una
gráciles y sus colores activos, la belle­ infantil y femenino. La hermosura del ni la voluntad lo adquieren; suele po­ línea, más o menos prudencial, y así
za sería principio de vida, la verdad de hombre tiende a lo sublime, a la fuer­ nerse en fuga con la suavidad que ha nos alcanza el año de gracia de 1929.
A fines de ese año se produce el “ con­
la vida y lo que se apartara de ella, za elemental; la de la mujer a la sen­
traído, nos rinde como el sueño. El prin­ sorcio” a que nos venimos refiriendo
negación y muerte. La belleza podría sualidad, al ideal; por su finura se re­
demostrarse por si misma, por el sen­ monta al punto más alto como la libé­ cipio del amor es una nota de dulzura, en estas notas y que detallaremos en
timiento en comprensión universal y lula. La clasificación de la belleza se­ algo imperceptible por su tenuidad; na­ las próximas que seguiremos dedican­
tácita. El arte es el instrumento para ría interminable; existen características ce en lo íntimo del ser, en el corazón do a este interesantísimo asunto.
exteriorizarla.. El genio la crea en el generales, afinidades entre la mujer y y vibra en toda la Naturaleza. Lo ha­
arte, y la. primera causa, Dios, en la ciertas plantas y gemas; esquemas ra­ llamos en las falenas de la tarde y en
“C .”
Na uraleza. Descorrido apenas el velo ras que se tocan. Las especies espiri­ las barcarolas liliputienses de las ri­
misterioso del tiempo, la belleza se no 3 tuales son imperceptibles e innúmeras. bas, en las barandas alegres como ave­
revela en la música, que viene del in­ Como hay familias y generaciones atá­ nidas donde juegan los insectos, en las
finito; porque siempre es lejana y de vicas de una pasión dominante, así hay falacias de luciérnagas titilantes y en
luz antigua. La sentimos cuando ha pa­ especies de belleza que corren una mis­ las sonatas de los cuentos de niños.
sado; es el arte que más sugiere, inde­ ma línea; un mismo amor las modela y Está en el corazón y sube la escala de
terminado y trémulo. Siempre maña­ precisa y se plasman en símbolos vj.l la verdad como un perfume. La bellenera, en actitud de nacer, la música es vientes. La belleza es una síntesis; ya za es ^a beceusse úe la vida, la emana­
el lloro y la risa, expresión directa de sen la canción simétrica de los meló-1 ción de un Plano superior, de un cielo;
La puñalada de
la sensibilidad; más que creación pare­ distas o las vagancias mañaneras de e? e' principio novador de la existenla noticia desde el
ce expansión; es como el sueño: conso­ Debussy: “ La filie au Cheveux de Lin” ma, una afirmación y una esperanza.
barracón de los avi­
nancia velada de la vida. La belleza es o el Scherzo de Proltojieff. Lo bueno Por la carrera de los años se descubren
sos telegráficos de
de recuerdo. Tiene en su gama la ter­ requiere un juicio; es par y consonan­ tonos prístinos en las rosas de los sue­
nura y el espanto, las pasiones de la te; lo bello es una armonía ascendente, ños y en las umbelas melodiosas, en los
un diario.
Naturaleza; las tempestades y las obs­ abierta a disonancias. La pir*.ura es la Kioskos celestes y en las miniaturas
La puñalada tra­
curas calmas. La música moderna tien­ más objetiva de las artes. Picasso, Chi­ de la noche. Hay bellezas que parecen
pera,
hasta lo hon­
de a lo universal; es un timbre de tim­ neo, varios surrealistas, la afirman arte hóstiles, inadaptables en este mundo
do, de puñal clava­
bres, una orquesta de orquestas. Falla propio del hombre, que no imita el ob­ dual de fuerzas encontradas; en este
do.
sube sus campanas en una altura de jetivo circundante, campo de la fotogra­ dos terrible de amor y muerte. En la
alturas; Debussy colorea los colores. fía. La naturaleza es bella en cuanto es ¡ espantable ronda de las almas negras
Se ha ido MariáVarias canciones forman al unísono una dinámica. Volidora e inmanente crea ; y de las horas vulgares, en el pórtico tegui y, con él, se ha ido el ánimo de
canción suprema. Sincronismo de seme­ estados de alma y múltiples sugeren- neblinoso de la retirada vibra un canun hombre libre.
janza y sugerencia. Oí una noche en cias. En el sueño de la mañana el can­ to de gracia por la primavera de las
Quisiéramos hablar de toda su obra.
una velada amiga una discusión de to del ave gris parece que abriera una flores y la balada del recuerdo, por la
amor. Varias voces decían a un tiem­ puerta mágica. La belleza de amor es belleza del amor, única razón de la Como en las composiciones nuevas, son
po diferentes motivos, las frases de la el gran mito, el primer color, la prime­ vida.
tantos los temas que más vale asistir
emoción iban al vuelo como los finales ra luz, el acento que ha dictado el poe­
mudamente a la contemplación del con­
de una sinfonía adorable. Era la mú­ ma del universo inefable. Despierta en
Lima 1930.
junto.
sica del pensamiento. De parecido mo­ la mañana de las rosas y aletea en los
J osé M. E G U R E N .
Mariátegui hizo la luz. Y picaneó la
do vibran en la noche las melodías glo- ojos de la rubia que enciende las lám­
marcha de ese Perú que no va todo lo
rietales y el canto del ensueño. La no­ paras de la tarde. La pasión en los
che responde la pregunta silenciosa; ca­ ojos; hay un tremor azul en toda las
bien que deseamos.
da ser revela parte de su secreto melo- d.Ttancias; un idioma no inventado y
Mariátegui, sin quererlo él, sin darse
dial. La música es anunciadora; será presentido que cantará ternura en vez
cuenta, tuvo discípulos en toda Améri­
siempre el preludio de un arcano her­ de otras canciones. El conocimiento de
ca latina.
moso. La, belleza inmanente es inase- la belleza es la sabiduría, la máxima
otuble. pertenece a un plano innatural. penetración, el elán de un nuevo plano
Discípulos que, — ;y esta será la
No se trata de un consorcio para me­
La belleza pura excede a nuestro senti­ sensorial, la isla del poder y de la
jorar las condiciones del negocio, con revancha de sus penurias! — serán mados, de presentarse a ellos los apaga­ bondad creadora. El enigma; los insec- ■vistas a obtener beneficios para los lée­ Iriateguistas pese a quien pese.
ría. LTna finura intensa de color y de
los de le. noche coloridos e invisibles' toros y los libreros.
Porque las semillas que volcó Mariá­
líneas sería venenosa; un amor absolu­ para el hombre indican un mundo igno­
Se trata, como anticipamos en una tegui eran de selección y de fermento
to quemaría el espíritu de la Tierra. rado y sensible. Hay rostros de mujeres
breve nota de nuestro número anterior,
El principio de 1a. belleza es de simpa­ que parecen surgidos de esta tiniebla
asegurado.
de un consorcio de libreros para ase­
tía, mora a la vez en el objeto y el su- mística. Desde Boticelli hasta Ernst vi­
CARTEL cumple con el deber de di­
gurarse la explotación, el desbalija’ eto sensible: dos movimientos integra­ bra la gloria de los ojos infantiles de la
vulgar la espantosa nueva por el sector
miento
del
lector.
Es,
pues,
una
cosa
les y un solo amor. La mayor belleza sombra. No es la penumbra espirita­
sería un movimiento de infinitos espa­ da que oculta el mito de las cien fac^ muy distinta y, por lo pronto muy alar­ de su derrotero ideológico.
cios, un todo armónico de desarmonías. cienes, es la belleza fémina que triun­ mante. ..
Hasta hace unos años, el negocio de
La explicación de la belleza viene del fa do la noche, al apocalipsis de las
sentimiento y el buen gusto que carecen flores y de las vírgenes. El amor elige librería era, en nuestro país, una me­
de normas. Una faz que en los siglos a la mujer, la corona de ensueños ma­ rienda de negros. Quizá era Montevi­
ha parecido hermosa, sufrirá diferen­ gos, le pinta la frente y las pupilas de deo la ciudad del planeta donde más
tes apreciaciones pero sólo por excep­ esperanza. La belleza natural y la ar­ caros se pagaban los libros. En virtud
“L E F O R C A T I N N O C E N T ”
ción se le acusará de fealdad. El buen tística corren paralelas. La Naturaleza de qué ley misteriosa sucedía eso, na­
gusto no se puede precisar; pero senti­ supera al arte en extensión, luz y per- die lo sabía. Pero sucedía, y el ser lec­
tor en aquel entonces suponía ser un
mos que gravita una fuerza selectiva,
P o r J u le s S u p e r v i e n e
— &gt; Lene orobablemente sus leyes y fume. Nunca se logrará pintar el- mar ¡ fuerte rentista o algo por el estilo,
que se imoone en el tiempo. Como sa­ perfecto; pero el arte es el alma misma j Por esa misma época existía en la
París, marzo de 1930.
bemos 1? belleza se expresa por el ar­ del hombre. El ocultismo de la Natura- calle Colonia, casi esquina a Andes,
te oue es su figuración o reflejo. El leza se adivina con lentitud prolija. De-¡ ^na tienñ¡ta c-e figurines y algunos liEsta nueva colección de versos de
hombre no llega a crear, sólo compone bussy en la música. Proust y los n o-’ í’f 08’ , en a que oasl nadie reparaba.
e inventa. El arte es solamente una me­ velistas de vanguardia plasman la su­ No obstante, se trataba nada menos /ules Superviene aparece compuesta
táfora. y al artista se le llama creador cesión de los momentos vitales. Es un que de la representación en Montevi­ por diversas obras menores que Super­
por semejanza. El conjunto creciente de avance; Soupaul mezcla las almas con deo de una de las más fuertes empre­ viene ha publicado en estos últimos
todas las artes, en una gran metáfora, los colores nocturnos como en una pin­ sas de librería y publicaciones que exis­
años y a las que se agregan algunos
ten en el m undo...
se-ís el espejo mágico del espíritu. La tura; Bretón crea su adorable Nadja,
Y, un buen día, la tiendita se trans­ poemas inéditos. Afírmase en ella el
música es un presentimiento, la poesía, flor de la calle y la locura; Valery Larformó en una magnífica casa del cen­
una determinación; las manifestaciones baud, su Fermina deliciosa. De un la­ tro de la ciudad: un verdadero palacio, gran talento de este poeta, pero obser­
do el arte viejo, la actividad de genios
vamos en él una evolución. Supervie­
de ésta parecen explicativas pero de que levantaron la casa del pasado y es­ incluso con personal “ palaciego” ; que­
ne
abandona cada dia más esos poe­
remos
decir
que
todo
se
puso
allí
en
haber comparación entre las artes, sería tilizaron el pensamiento y la sombra.
la primera; pues una pintura o melo- Los imagineros, los góticos de Boticelli, grande y en brillante. ¿Quería eso decir mas animados por un impulso lírico
peya sin poesía es un signo muerto. los renacentistas: Rafael con sus bel­ que los negocios de la tiendita habían avasallador que se alargaban en tan
El niño desde la cuna sonríe a la bon­ dades italianas, Moreau de verdes orien­ sido tan buenos que dejaban margen bellos versos de trece o quince pies,
dad y a la gracia; notas de belleza. tales. De otro lado arte de juventud para realizar tan grande transforma­
al modo de los de Claudel. Ahora ha
Después escucha el canto, corre a su que va con sus aviones a la ciudad noc­ ción? Nada de eso. Pero la casa extran­
primer paisaje; vienen los años y su be­ turna de los faroles. Son bellas las ho­ jera en cuestión se había decidido a ceñido su verso, ha condensado su ex­
presión. Vuelve con más frecuencia a
lleza es amor. Siempre recordará su
ras de la libélula que gira en un triun- conquistar el Río de la Plata, echando
canto, su paisaje y sus rojos claveles; fo de jardines y colores; vive y muere, aquí
el
resto
como
vulgarmente
se
dice:
la
rima y a la asonancia, se encierra
.
.
vuela el tiempo, se va apagando la lám­ en el viento con hilos de Eros y la ! instalándose regiamente con numeroso en las formas clásicas del alejandrino
para y los ojos se velan. De tarde en ronda breve de la pavonia que se que- i Pers° na1' raptdos y amplios servicios de
tarde vuelve la lejana aurora que creía­ ma en su ideal ardiente. Son bellos co- uovedades y, — aquí viene lo importan- o en ¡os versos de seis o siete pies di­
mos muerta; un sueño infantil de áto­
. .
,
i te — precios bajos, enormemente b ajos1 vididos en estrofas. Se encuentran
siempre se ha-! siempre en ellos sus dotes de poeta há­
na dulzura o un rostro tenue nos en mo sentimiento la ternura caritativa y ; con relación a los
el heroísmo oculto Es interminable la b¡an pagado entre nosotros La empre. bil para atravesar las zonas más mis­
cantan. He visto en una sala marina
belleza con las etapas de su camino sa en cuestión hizo lo propio en Buenos:
bajo el mismo pórtico, con igual sombra
siempre ignotas. La emoción que de Aires, con lo cual se comprenderá cuál ¡ teriosas de la vida y de la muerte, pe­
azul, la cara en blanco y cielo que soñó
ella viene es una viva sorpresa, un re -: ser¡a ]a ..revolución.i qu e‘ se araló ” n. ro, al mismo tiempo, le vemos también
antaño. Toda belleza tiene un raro po­
lámpago
verde como una nueva auro-! tre el público lector. ;A1 fin se podría! contraerse y depurarse, prisionero de
der causaría temor como todo lo que
parece superar las leyes naturales; más ra; después un recuerdo musical, gentil ; leer por poco dinero! ;A1 fin estaría- una forma más estricta, más brillante,
igualmente emotiva quizá, pero de un
el temor pertenece al campo de lo su- soplo de ensueño. Desde la curva del mos al día en materia de novec^des!
La nueva casa enseñó al público, con lirismo menos vigoroso.
blim*. La belleza debe ser suave, pues camino se escalonan los mirajes rosaes un movimiento inicial de simpatía. dos, las colinas canoras, las lontanan- un desinterés digno de todo encomio,
Georges P I L L E M E N T .
Es difícil distinguir lo bello de lo subli­ zas florecidas. Cae la noche, se encien- las cotizaciones de la moneda extranje­

JUAN C A R L O S
M ARIATEGUI

C o n s o r c i o de
L i b r e r í a s

L o s u r u g u a y o s en
el e x t r a n g e r o

�PAnORAfTIA
A B R I L
A Ñ O II

15

M E nSU A L

L IT E R A T U R A ,

DE

N. o V

Julio S ig ü e n z a

-

RE

A lfredo M ario E erreiro

cuando apareció C A R T E L del que nin­
gún crítico dijo nada, con excepción de
“ Boy” cuyo suelto reproduje en la “ R e ­
vis ta U r u g u a y a de B i b li o g r a fí a ” que en
paz descanse.
Lo que quiero hacer ahora es reco­
ger, en un haz, muchos, (no todos por­
que sería interminable), de esos he­
chos, para que se vea que los prece­
dentes no faltan y que, por ahora, no
sólo no hay remedio para nuestro mal
sino que, a juzgar por los últimos acon­
tecimientos, parece que se agrava y
mucho.
No hay critica literaria. — ¿Quién
ejerce entre nosotros ese,difícil minis­
terio? Nadie. Hasta hace poco,_ un se­
ñor ejercía de tal desde un diario ves­
pertino, pero se recordará que por me­
terse entre faldas salió despedido co­
mo bala de cañ ón...
Antes y después de eso, existía y
existe una especie de “ sociedad del
bombo mutuo” que actúa del siguiente
modo: un zascandil cualquiera publica
un libro el tal señor no se preocupa, lo
más minimo, de colocarlo bien y vigi­
lar su venta, sino de obtener una lis­
ta de personalidades a cada una de
las cuales remite un ejemplar con su
correspondiente dedicatoria. Las perso­
nalidades leen, o no leen,'el libro; pe­

titos.

A ese respecto se puede observar el
siguiente hecho sintomático: cuando se
publica un libro serio, de fondo, o un
libro de una especialidad poco común,
el sueltito elogioso termina casi siem­
pre con estas o parecidas palabras:
“ Con más tiempo, expondremos detalla­
damente los altos valores que encierra
esta obra” .
Y en el 99 por ciento de casos, esa
exposición no se publica jamás. Es que
no hay nadie capaz para hacerla.
Otro hecho característico: la crítica
elogiosa, ditirámbica sistemáticamente.
Y si al menos, como compensación,
existiese la otra, la sistemáticamente
negadora, siempre sería un alivio, pero
no hay tal.
Por lor común, el crítico, aquí, es a
su vez autor de obras, es decir, que
necesita a su vez que lo critiquen. Pero
si un señor publica un libro de arte o
literatura malo, pésimo, y al mismo
tiempo cultiva la crítica, ¿quién es el
que se atreverá a decir que esa obra
es mala si su autor, puede a su vez,
tomar represalias en una próxima opor­
tunidad?
Quieras que no, vamos a pasar, de
bocas a manos, a la “ sociedad del bom­
bo mutuo” .

a

J O S E

n

O

N

T

E

V

I

8 7 0
D

E

O

L U IS R E Y C A R R E R O

m

Al dar cuenta en la “ R e v is t a U r u g u a ­ ro redactan una carta de puro co m p ro ­
ya de B ib lio g ra fía ” de la aparición de m iso elogiando al autor y éste publica
C A R T E L aproveché la ocasión para de­ esa carta en un periódico. A veces, en
cir, usa vez más, esto: “la crítica de los diarios, aparecen sueltos elogiosos
la prensa diaria en nuestro país sufre para algunos libros y el público cree
de una indigencia que da grima. No que en esos diarios hay críticos litera­
hay crítica literaria, ni artística, ni rios como los hay teatrales, según pa­
musical, ni siquiera teatral, que sea ca­ rece.
Jío hay tales críticos. La mayor par­
paz de informar al público y educar­
te de esos sueltos — cuando se refie­
lo dirigiendo su afán de curiosidad” .
ren a obras nacionales — los hacen los
Y esto otro:
“ Los lectores cultos ya hace tiempo mismos autores los cuales, no siendo
que viven, intelectualmente, vueltos de ricos, tienen que acudir a ese procedi­
espaldas a esa prensa, artística e inte­ miento para tratar de vender ejempla­
res y poder así pagar a la imprenta.
lectualmente analfabeta” .
El sueltito en cuestión — que yo re­ En el fondo, la mayor parte de los que
dacté — no llevaba firma alguna, pero acuden a ese procedimiento, no se ha­
los directores de C A R T E L , al repro­ cen ilusiones respecto del valor de sus
ducirlo en parte, tuvieron a bien nom­ propias obras. . . Otros, no se hacen los
brarme y eso fué lo que me ha obli- sueltos elogiosos de sus libros, pero co­
gado a escribir ahora el presente ar­ mo aquí todos nos conocemos y, si ras­
tículo para que no se crea que aquello camos un poco la piel, resultamos pa­
fué una explosión de envidia o de des­ rientes, ¿quién no tiene un amigo en
p ech o... ¡cosas de las que, según pa­ un periódico y qué amigo es el que se
rece, ahora se padece bastante en nues­ niega a hacer un sueltito elo gio s o ? Hoy
por ti; mañana por mí. El amigo perio­
tro ambiente litera rio!...
Por lo que hace a mí, esa opinión dista leerá, o no leerá la obra, pero
sobre la crítica uruguaya no es nue­ el sueltito aparecerá. Y así se da el
va: lo vengo diciendo desde hace mu­ caso de que todos los sueltos se pa­
chos años y, de yapa, cada vez que lo recen entre sí, todos dicen lo mismo y,
dicho he tenido la generosid ad de de­ al fin, el público ya no se fía ... De to­
mostrarlo con h echos... Así sucedió dos modos continúan publicándose suel

M

A dm inistrador:

83

CRITICA

POLEMICA

Y
s

D E

$ 1.00
SU SC R IP C IO N A N U AL, A D E L A N T A D A . . . .
N U M E R O S U E L T O . . ................................... ” 0.10
N U M E R O A T R A S A D O ..................................... ” 0.20

DE

ARTE

Toda sociedad tiene su interés colec­
tivo, casi diría de clase. De ahí la for­
mación de un ambiente turbio, enchar­
cado, que han venido a enriquecer to­
davía más los premios en vil y aurí­
fero metal que tantos apetitos inconfe­
sables despierta.
A todo eso, ¿qué se ha hecho de la
crítica?
De la crítica no se tiene ya ni el
más remoto concepto en la prensa uru­
guaya.
Corolario: en mi concepto hay tres
críticos notables, de primera línea en
nuestro país, y son:
Raúl Montero Bustamante
Mario Falcao Espalter
Gustavo Gallinal.
Pues bien: ninguno de ellos publica
nada en la prensa nacional. Sus estu­
dios aparecen en la prensa extranjera
donde, para vergüenza nuestra, los ava­
loran como es debido, porque allí no se
vive de la piratería, del recorte, etc.,
sino que hay criterio para elegir y el
dinero de las empresas periodísticas se
emplea en dotar a los diarios de todas
las mejoras que necesitan.
N o ha y crítica artística. — En este
capítulo estamos peor que en el ante­
rior. Cualquier fabrica nte de c u ad ros
para com ed or recibe aquí el espaldara­
zo de artista. ¿Quién da el espaldarazo?
Generalmente el suelto anónimo: anó­
nimo de todo, hasta de sintáxis y or­
tografía. Pero el fabricante hace, entre
tanto, su agosto.
Y, 'entre tanto, los verdaderos artis­
tas tienen que morirse de hambre, tie­
nen que emigrar o emplearse como es­
cribientes.
Desde el punto de vista educativo la
carencia de crítica artística se mani­
fiesta por esa absoluta confusión y va­
guedad ,en que se agotan los buenos,
los talentosos, los sinceros, carentes
como están del índice que debe propor­
cionar la crítica, que no lo proporcio­
na porque no existe.
No hay crítica mu sical. — Cuando se
ve que las mamarrachadas carnavales­
cas que propician los políticos profesio­
nales para seguir manteniendo la clien­
tela electoral, se elevan a categoría de
arte popular, se puede colegir la horfandad terrible en que nos hallamos en
ese sentido. ¡Hasta eso hemos descen­
dido!

música y el canto orfeónicos ante la vi­
sita de los Coros Ukranianos, sobre los
cuales se dijeron tantas y tan profun­
das tonterías?
El que habla, es siempre el suelto
anónimo, o a veces, un literato en
agraz, que porque él descubre recién la
sopa de ajo, cree que los demás no la
conocen todavía.
Total: que no hay crítica musical.
No hay crítica teatral. — En mate­
ria de crítica teatral, estamos en ple­
na y risueña opereta, lo que no deja
de estar en carácter.
Con la única excepción de Cyro Seoseria — culto, fino, observador, etc.,
etc., — ¿quién ejerce aquí la crítica
teatral? Y sobre todo, ¿cómo se ejerce?
Ahi están los hechos. No hay un solo
artículo de verdadera crítica y ésta se
expresa es sueltos que, con poca dife­
rencia, son del mismo género que los
otros, con la excepción de los que re­
dacta Scoseria, que es tan culto y tan
personal que hasta en una breve gace­
tilla dice lo que debe decir y como de­
be decirlo.
Ahora, un critico teatral, acaba de
adoptar, a través de otra adaptación,
una obra extranjera.
Ya sólo con eso estamos frente a
una ensalada que promete ser suculen­
t a ... ¿Quién se ha atrevido con el
plato?

Otro dia fué Bellán el que estrenó
una obra digna de un serio estudio crí­
tico: “La ronda del hijo” . Salvando a
Scoseria, ¿quién fué el que dijo algo
serio y atinado de esa obra? Nadie.
Y así en isfinidad de casos que, re­
pito, sería interminable detallar.
No hay, pues, crítica de ninguna cla­
se y en su lugar lo único que existe es
la “ Sociedad del Bombo Mutuo” , lo cual
explica perfectamente, que el lector cul­
to viva de espaldas a los comunicados
de esa sociedad.
Por lo demás no he querido citar
más casos concretos de otra especie
porque ios que dejo sumidos en la ne­
grura del tintero son del género des­
agradable y no siento ninguna vocación
ni por el deporte de las gestiones ca­
ballerescas ni por el más científico de
reventar tum ores... aunque éstos sean
de pedantería, y vanidad.
En cambio séame permitido consig­
nar aquí la esperanza de que si C A R i EL tiene larga ^vida ha de resultar
No hablemos de la crítica musical provechosa para la crítica pues al fin.
propiamente dicha. ¿Quién comenta la depurar y elegir las colaboraciones,'e 3
ejecución de un cuarteto de tal o tal también una función de crítica y un
maestro? ¿Quién borda “firuletes” a la procedimiento educativo del gusto; en
expresión de tal o cual violinista? resumen un índice como otro cual,
¿Quién se atreve a hablarnos —- ¡Dios quiera.
nos tenga en sus manos! — de la téc­
Dios quiera que asi sea.
nica de un Iturbi, o de un Baclchauss?
¿Quién explicará el significado de la
Luis

mm

Bertrán.

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                <text>Grau, Jacinto&#13;
Potrie, Enrique E.&#13;
Giordano, L.&#13;
Zum Felde, Alberto&#13;
Muñóz, María Elena&#13;
Sansone, Nicolás Fusco&#13;
Del Valle, Gerardo&#13;
Cáceres, Esther de&#13;
Sigüenza, Julio&#13;
Ferreiro, ALfredo Mario&#13;
Bustamante y Ballivian, Enrique&#13;
Frugoni, Emilio&#13;
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Superville, Jules&#13;
Pillement, Georges&#13;
Betrán, Luis</text>
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                    <text>Buenos Aires, 25 Febrero 1947
Año n - N* 10 - Precio $ 0.40

Colaboraciones
esp eciales de:

S ir

R I CHA RD

G R E G O R Y
JUAN DE LA ENCINA
R. GONZALEZ TUÑON

k

ALBERT DUNN
FERNANDO DIEZ DE
MEDINA
MARIO AGUILAS
L U IS MARI O
JEAN TEDESCO
JULIO RINALDINI
WELUAM C. FORD
etcétera.

libros, cine, teatro, ajedre», modas, n o t ic ia s ,
ciencias,

e n t r e v is t a s ,
humor.

NATIVOS DE CUZCO - PERU
rote V IC T O R CHASiBI

QUINCENARIO POPULAR
DE L E T R A S ,

ARTES,

CIENCIAS, ESPECTACULOS

�¡cab alg ata

Ludmila Tcherino, bailarina y "vedette" de " U n revenont", film en que reaparece
Jouvet. Las crónicas «ficen que Is bailarina es "ado rab le" y que el gran actor completa
en el cine el relam o Triunfal a Francia, iniciado con una exitosa temporada teatral.

Una de los últimas fotografías de Paco Aguilar, el extraordinario laudista esp*ñ«l
recientemente fallecido en Córdoba. En homenaje a su memoria se preparan diver­
sos actos. C A B A L G A T A reflejará en sus páginas el sentimiento causado por sa muerte.

"L o s ojos artificiales de material plástico son más livianos, menos rompibles y más durables que los de vidrio". Este escalofriante párrafo que se sustento en varios
consumados, nos hace pensar en un ser imperfecto ideal que, al acostarse, guardara en estuches prefabricados una pierna, un ojo un brazo la dentaduro y lo peluca; » »
*e»lo sólidamente confeccionado en el moderno y tan conveniente material plástico, ton en boga en estos últimos tiempos, "m ás liviano, menos rompible y más durobw ■

P A R A UN A L B U M DEL T I E M P O
-

�3

H. G. WELLS, FI GURA CUMBRE DE LA L I T E R A T U R A
I N GL E S A C O N T E M P O R A N E A Por sir r i c h a r d g r e g o r y
AS ideas creadoras, y la influencia
ejercida por su expresión, constituyen la medida del progreso ma­
terial e intelectual reflejado en las obras
de la ciencia y de la literatura. Hoy se
considera generalmente a la Ciencia co­
mo una filosofía natural sistematizada
y formulada. Pero ligadas con los ade­
lantos logrados en estas formas del en­
tendimiento humano se hallan fuerzas
morales y sociales que, aunque no re­
vistan carácter físico, pueden observarse
en sus efectos y son susceptibles de ser
analizadas y juzgadas racionalmente.
Tal es el dominio de lo que H. G.
Wells, el gran escritor inglés reciente­
mente fallecido, llamaba la ecología hu­
mana; y todas sus obras —novelas, fan­
tasías y libros sobre problemas sociales,
religiosos o políticos— se refieren, di­
recta o indirectamente, a factores indi­
viduales y sociales que integran un todo
biológico. Como filosofía de la materia,
de la vida y de la inteligencia, y de sus
relaciones recíprocas, puede decirse que
Wells expresó independientemente prin­
cipios evolucionistas muy similares, en
muchos de sus aspectos, a los enunciados
por el general Smuts en su “ Religión y
evolución”, publicado en 1926. Valores no
sólo materiales, sino también morales
integran su nuevo humanismo, y su
adaptación a condiciones de vida dignas
crea de continuo nuevos problemas que
las sociedades civilizadas deben afrontar
y resolver, dentro de una complejidad
cada vez mayor, que aumenta constan­
temente la dificultad de los reajustes.
Era esta la actitud que siempre adop­
taba Wells hacia el pensamiento y la
acción humanos. En una conferencia que
pronunciara en 1902 ante una entidad
científica sobre el “Descubrimiento del
futuro”, defendió la tesis de que “la hu­
manidad se halla en los albores de una
gran transición, entre el principio de
que la vida debe ser considerada como
una serie de consecuencias, y la teoría
de que la vida debe ser resultado del
esfuerzo constructivo... Debemos sentir­
nos cada vez menos atados por los com­
promisos del pasado, y tener un sentido
cada vez mayor de responsabilidad por
el efecto creativo de nuestros propios
actos”. No afirmó que pudiera predecirse
el futuro, pero sí que podían anticiparse
las condiciones que reinarían en el fu­
turo.
Treinta y cuatro años más tarde, en
una nueva conferencia ante la misma
institución (la Royal Institution), Wells
expresó n u e v a m e n te un pensamiento
que siempre ejerció sobre él una in­
fluencia dominante: relacionar los efec­
tos y las causas como elemento de ge­
neralización y de síntesis. Su tempera­
mento y su esfuerzo fueron siempre los
de un investigador científico de las ex­
periencias individuales y de sus relacio­
nes colectivas; y en esta segunda con­
ferencia Wells trató, con su acostumbra­
da autoridad e independencia, el tema
de "Una enciclopedia mundial” que fue­
ra compendio de todos los conocimientos
humanos.
l a idea de una empresa tan vasta se
halla ya en germen en su "Esquema de
la historia”, en “La ciencia de la vida”
—escrita en colaboración con su hijo,
mayor G. P. Wells, y Julián Huxley— y
en “El trabajo, la riqueza y la felicidad
de la humanidad", obras aparecidas su­
cesivamente entre 1920 y 1932. El “Es­
quema” relata la historia de la tierra
como residencia del hombre desde su
primera aparición sobre el planeta has­
ta la paz de Versátiles; la “ Ciencia de
la Vida” estudia las estructuras biológi­
cas y sociales; y en la tercera de las
obras mencionadas se estudian las formas en que la humanidad se asegura el
sustento.
Su primer fantasía científica del tipo
mencionado fué "La Máquina del Tiem ­
po", cuya versión primitiva apareció en

I

la “ Revista de la Escuela de Ciencias”
criando Wells contaba sólo 21 años. H a­
bía adquirido ya los conocimientos de
astronomía necesarios para describir con
seguridad las cambiantes fases de la bó­
veda celeste que se presentaban ante el
viajero a través del tiempo. l a luna pa­
sa en un instante a través de todas sus
fases, el sol se transformaba en una
franja ígnea, y se balanceaba de arriba
hacia abajo, de solsticio a solsticio, en
menos de un minuto, y la primavera y
el invierno se amalgamaban como por
arte de magia, y en esta obra tenemos
ya en síntesis las admirables cualidades
narrativas y de apreciación científica
que distinguen a la totalidad de su vas­
ta producción literaria.
Luego vino la “ Guerra de los mun­
dos", precursora de toda una serle de
fantasías imaginativas en las cuales los
factores físicos y biológicos eran apro­
vechados con gran habilidad e inteligen­
cia. El libro de Lowell sobre Marte, y
sus afirmaciones de que los llamados
canales habían sido construidos por se­
res dotados de inteligencia había apa­
recido sólo tres años antes, de manera
que Wells contaba con una buena base
científica para su novela. Con “Los pri­
meros hombres en la Luna", publicado
en 1901, comprobamos una vez más su
genial habilidad para ofrecer mía na­
rración plena de interés humano sin por
ello herir las sensibilidades del espíritu
crítico de las mentalidades científicas.
Esta obra constituye, sin duda, un gran
adelanto sobre la similar de Julio Verne, que se hallaba plagada de errores
científicos. Por otra parte, los viajeros
de Vente no llegaron a la Luna, mien­
tras los de Wells descendieron en ella
y encontraron allí seres con pensamien­
tos y sentimientos capaces de estable­
cer contacto con los corazones humanos.
En "El Mundo de Libertad” el autor
nos describe las transformaciones efec­
tuadas en el mundo por una guerra
mundial, y aún cuando apareció en 1914,
en vísperas de la primera guerra, su ba­
se espiritual y material se halla más
cercana a la reciente conflagración uni­
versal. El libro fué dedicado a la obra
del profesor Soddy “ Interpretación del
Radium” , que vió la luz en 1909, y su
trama se base en la desintegración del
átomo y en el empleo de bombas ató­
micas y de millares de aviones en la
guerra moderna. Al describir el descu­
brimiento y el empleo de la energía na­
tural como complemento de la fuerza
animal del hombre, el primer capítulo
nos ofrece una explicación científica de
claridad realmente extraordinaria, bos­
quejando la conquista de la energía ex­
terior a través de la aplicación indus­
trial del fuego, del vapor, la electricidad,
y nuevos elementos químicos, hasta lle­
gar al radium y a la liberación de la
energía encerrada en los átomos, desti­
nada a ser utilizada primeramente, con
efectos catastróficos, en lo que el autor
llamaba “ La última guerra” , y luego a
partir de 1956, para liberar a la huma­
nidad de las obsesiones y complicacio­
nes que impiden su progreso moral y
material.
Otras obras en las cuales Wells pre­
decía el futuro de la humanidad fueron
“El Durmiente Despierta”, “Anticipacio­
nes” (publicadas en 1899 y 1901 respec­
tivamente) , “ El Alimento de los Dioses”
(1904) y “Una Utopía Moderna” (1905).
"Anticipaciones” , sobre todo, mereció el
elogio no sólo de muchos críticos lite­
rarios, sino de figuras destacadas de la
política, la ciencia y la sociología. Wells
se inició en la vida como estudiante de
ciencias, y al ingresar en la literatura
debió abandonar una carrera para la
cual había demostrado poseer grandes
condiciones, pero pese a ello siguió sien­
do considerado un gran educador cien­
tífico, y su espíritu inquieto y empren­

dedor lo mantenían en constante con­
tacto con todos los adelantos y nuevas
teorías científicas.
En "Anticipaciones” Wells proyectó el
presente en el futuro desde el puesto
de observación de la ciencia moderna.
Atacaba a muchas costumbres y pre­
juicios, predecía importantes cambios
sociales, y describía adelantos científi­
cos y mecánicos con una visión del fu­
turo realmente proíética. Los automó­
viles y las autovías, los tanques, los
trenes blindados, los paracaídas, todo
desfila por esta obra como si al autor
le hubiese sido dado presenciar los acon­
tecimientos que habrían de tener lugar
cuarenta años más tarde.
Su fe en una biología social racional
es traducida con ingenio y espíritu pro­
fundamente humanos en “Una Utopía
Moderna” , que nos presenta a una so­
ciedad con reminiscencias de la Repú­
blica de Platón, pero dando preeminen­
cia a las libertades individuales y a la
tolerancia. Un espíritu parecido, pro­
fundamente comprensivo y lleno de fe
en el porvenir de la humanidad, es el
que trasciende de “ Hombres como Dio­
ses” (1923), en que Wells nos habla del
nacimiento de una nueva raza, dotada
de grandes cualidades físicas y de gran
nobleza de pensamiento y 'd e corazón.
Al proyectarse en el futuro del hom­
bre y de la sociedad, Wells no se limita
a hacer sátira como Swiít en “ Los via­
jes de Gulliver", ni a ofrecer a sus lec­
tores parodias científicas, tan comunes
dentro de la literatura de nuestros tiem­
pos, sino que se adentra dentro de lo
más profundo del espíritu humano para
estudiar las vastas posibilidades del pro­
greso a través de su mentalidad estu­

diosa y científica. Siguiendo métodos
científicos, Wells (¿servaba la vida que
lo rodeaba, deduciendo de sus observa­
ciones los principios básicos que sirven
de tema a sus obras. “ El Amor y Mr.
Lewisham", “Kipps” . “Mr. Polly” y “ Las
Ruedas de la Fortuna” son todos tra­
suntos de su propia vida, y muchos fue­
ron los críticos que lamentaron que se
dedicara luego por un tiempo a la fan­
tasía científica, pese a su indudable
maestría dentro de dicho estilo. Pero
Wells no abandonó en ninguna época
de su vida el estudio y la expresión de
las cualidades y flaquezas humanas, sea
en el individuo o en la sociedad, y así,
fuera de las obras ya citadas, nos fué
dando “El Mundo de William Clissold”
(Tres tomos, aparecido en 1926), “El
Camino del Mundo” (1928), “ La Cons­
piración” (1930), “ Después de la De­
mocracia” (1933), “A n a t o m ía de la
Frustración” (1936), “El Nacimiento de
una Estrella” (1937), en la cual se es­
tudia la posibilidad de que los rayos
cósmicos dirigidos hacia la tierra pue­
dan producir la mutación de los núcleos
humanos, “El Porvenir de Homo Sa­
piens” (1939), “El Nuevo Orden Mun­
dial” (1940), “La Conquista del Tiem po”
y “Fénix” (1942), “ 1942, 1943 y 1944” ,
suplemento de su famosa autobiografía,
obras todas en las cuales se sintetiza el
concepto del autor de que el mundo debe
evolucionar hacia una sociedad donde
reine la buena voluntad y el espíritu
de cooperación, libre de prejuicios y sec­
tarismos, para que asi el hombre pueda
avanzar hacia formas más avanzadas y
más puras de la existencia humana,
aprovechando plenamente los recursos
que la naturaleza le ofrece.

�c a lta Itídta

□

E N L O S I N I C I O S DEL
ARTE AMERICANO...
I ’o

r

J

U

A

N

DE

L A

POEMAS
Por R A U L G O N Z A L E Z T U ÑON

E N C I N A

(E S P E C IA L P A R A “ CA B A LG A TA .” )

(E S P E C IA L P A R A “ C A B A L G A T A ”)

otear hoy y desde aquí, des­
de esta bulliciosa y heteróclita
ciudad de México, el panorama
artístico, no ya universal, sino mera­
mente americano? Nunca íué el mun­
do más discorde y nunca ha estado m a­
terialmente más unido. Las distancias
se han acortado monstruosamente. La
velocidad, la rapidez, la vertiginosidad,
imperan. ¿Cómo sentar nada sobre na­
da en este imperio fantásticamente mu­
dable de lo veloz, de lo vertiginoso?
¿Padece el arte también de la gran
dolencia del mundo? Es seguro, si el
arte, como se ha dicho, es el mejor
manómetro que marca la presión de la
atmósfera espiritual, el m ejor termóme­
tro que marca la temperatura, el índice
más seguro del estado espiritual de un
momento o de una época históricos? La
distancia material se reduce, se estre­
cha, parece casi a punto de aniquilarse
en la velocidad. ¿Sucederá lo mismo
con la distancia, o distancias, espiritua­
les?
Si atendemos al arte, entran gran­
dísimas dudas. Por un lado, parece que
el arte europeo ha dominado desde ha­
ce algunas décadas el planeta en su
parte civilizada y culta. Quien dice ar­
te europeo moderno, dice particular­
mente arte francés. Sin embargo, asis­
timos en ese campo a un fenómeno
parecido al del Renacimiento. El R e­
nacimiento es genuin amente Renaci­
miento italiano. Italia impera en el ar
te al compás que se desmorona y abate
políticamente. Mas toda Europa, y una
parte fce América, en virtud de la obra
española, conocen y practican concien
rudamente el espíritu general que al
arte dió el Renacimiento Italiano. ¿Re
medaba, imitaba, repetía Europa el arte
renacentista italiano? Sí y no a la par.
Dentro de una área común, el arte re­
nacentista se descomponía en facetas
nacionales. El nacionalismo, el senti­
miento de la comunidad nacional, to ­
mó también vuelo en aquellas horas,
que no dejan ds tener algún parecido
doloroso con las nuestras, aunque de
muy distinta y más profunda magia.
Se ha dicho, v. g r„ —y se ha dicho
bien a la ligera, con precipitación e in­
comprensión— que España no tuvo Re­
nacimiento. Cerrados debió tener los
ojos, los de la carne desde luego, y aca­
so en parte también los del entendi­
miento, quien tal dijo. Lo que hay es
que el Renacimiento español, aunque en
parte basado en él, es distinto del ita­
liano, que sirve de arquetipo. Pero lo
mismo acontece con el Renacimiento
en Francia, en Alemania, en los Países
Bajos, en Austria, etc. El Renacimiento
es vario, m u lt if o r m e , nacional. Cada
nacionalidad, en la época, tiene el suyo.
¿En qué fo rm a o en qué formas, pues,
el arte moderno, producto arquetípico
en gran parte francés, y más que fran­
ójco

cés, parisiense, se manifiesta fuera de
Francia? ¿Ha podido alcanzar en otros
lugares tantos quilates como consiguió
durante el siglo X I X y lo que va corrido
del X X en la ciudad de Santa Geno­
veva? N o parece que asi sea. Pocas ve­
ces se pueden alegar, en arte moderno,
fuera de Francia p e r s o n a lid a d e s tan
señeras como las de Francia misma. El
tono del arte moderno, el tono y la más
aPa calidad, su más alta significación,
son franceses, o mejor dicho, han sido
hasta aquí franceses, porque del por­
venir nada sabemos: duerme en las ro­
dillas de los dioses.
Como un gran río que se sale de ma­
dre, en imponente y hermosa avenida,
así el arte moderno francés se ha ex­
tendido por el mundo. H a tomado —in­
dudablemente— la coloración de los di­
versos cielos, de los diversos climas, de
las diversas sociedades y gentes. De ahí
su variedad. Pero este arte, tal vez por
producirse en una época en que el sen­
timiento de las artes del dibujo y del
color ha venido de una manera tan
alarmante a menos, dejando de ser una
poderosa faceta de la vida social, no ha
tenido aquella fuerza portentosa de
creación que tuvo el del Renacimiento
en Italia y, en cierto modo, no menos,
fuera de ella.
De esta manera, resulta que si se
contempla un poco a vista de pájaro
el panorama general de ese arte, te­
niendo en cuenta sus diversos avatares
desda el Romanticismo al Suprarrealis­
mo, hallamos en ocasiones, fuera de
éstas o las otras eminencias que apa­
recen de raro en raro en muy diversos
lugares, una monotonía de pampa ar­
gentina o de llanura castellana que no
deja de producir en los espíritus ávidos
y exigentes algún fastidio, cuando no
alguna desolación. Los viajes y sobre
todo las revistas han llevado los ava­
lares del arte producido principalmen­
te en París a los rincones más aparta­
dos, y en ocasiones inhóspitos, del pla­
neta. Todo el mundo se puso a hacer
arte a la manera de Francia. Mas lo
curioso es que ese arte, si bien se m ira
es producto de lo que pudiérase llamar
en justicia una decadencia, es decir, del
término de un largo proceso histórico
en su punto de descomposición, ha sido
adoptado muy gentilmente por los ar­
tistas de muchos y diversos p u e b lo s
harto lejanos en carácter, cultura y sa­
biduría del francés, produciéndose así
una especie de esperanto artístico. Pro­
ductos de una cultura archirrefinada, en
vías, ya que no de aniquilamiento, como
creen muchos, al menos, en momentos
de crisis tremenda y de transformación
radical, fueron y son adoptados con
entusiasmo, que tantas veces es ficticio
y de autosugestión, por gentes, o mejor
dicho, por artistas, que pertenecen a
otros mundos espirituales y .a otros es­
tados de cultura. De ahí que tantas ve­
ces sintamos que, fuera de su crisol, ese
arte asume caracteres y tonos que se
nos antojan excesivamente artificiosos,
enteramente falsos.
Y o no sé a ciencia cierta si éste es
uno de los problemas del arte ameri­
cano, considerado sin distinción de na­
cionalidades, aunque tengo alguna sos­
pecha de que algo de esto debe acon­
tecer dentro de su recinto de Un as
vagas, muy fluctuantes. Se puede desde
luego hacer una pregunta, y más de
una vez me la han hecho: ¿Existe en
realidad un arte americano? Nadie ig ­
nora que existen —principalmente en
Méjico, la Argentina y Brasil— artistas
de relevantes méritos. T al vez el arte
de estos artistas — el de algunos de los
mejores— no deje de sorprender extra­
ñamente al ojo y al gusto europeos, no

CANTO DE L A TRACCION A SANGRE

J

tuno al río de barcos callados
han muerto ios Grandes Caballos.

, Junto a los silos blanqueados
han muerto los Grandes Caballee

Hombres, venid, vale la pena
ver esa muerte por la arena.

A l estirar las largas patas
espantaron fugaces ratas.

Junto a los vagones pintados
han muerto ¡os Grandes Caballos.

Junto a las tumbas de los carros
han muerto los Grandes Caballos.

El relincho de la agonía
rompió los ríeles del tranvía.

N i rebenque ni pasto, ¡Nada!
se pudre la Gran Caballada.

Junto al carbón del fuego helado
han muerto los Grandes Caballos.
Sus enormes cabezas negras
s: clavaron en la honda tierra.

Venid, dorados cargadores,
a ver la sangre colorada
que han derramado en la alborada
les Caballos Trabajadores.

VISITA A L A FREIDURIA DEL PUERTO
en la sartén la sardina de plata,
el vino de la Costa desborda en anchas pipas.
C rujir de leña joven, sabor de aceite en lata.
Fugaces mariposas mueren en las tulipas.

E

stalla

Ranas de los pantanos, anguilas de las charcas,
pejerreyes de oro del Paraná fecundo;
un rumor de acordeones que viene de las barcas
y el viento en la plazuela del arrabal fecundo.
Fuera la enredadera trepa el antiguo muro.
Un marinero cose su camiseta rota.
Suena el piano automático en el mesón oscuro.
De súbito entra el río, vestido de gaviota.

CANTO DEL NACIMIENTO DEL PUENTE

A

la ciudad que corta el R ío
un puente nuevo le ha nacido.

Su nacimiento ha iluminado
la Luna de Cemento Armado.
Canto los puentes, los Grandes Puentes,
macizos, alados y fuertes.
A la ciudad del pez y el trigo
un puente nuevo le ha nacido.
Canto los Puentes Sonoros
faltando acaso alguna que otra ocasión
en que lle g u e n a escandalizarlo. Es
cu-stión de gusto, de sensibilidad. Pero
a pesar de todo esto, y de esas distin­
guidas personalidades en particular, es
probable que sea por el momento cosa
que postula no pocas reservas el afirmar
que positivamente existe un arte ame­
ricano con inequivoco carácter de tal.
Que pueda existir en un tiempo no le­
jano, es ya otra cuestión. A los que lo
sientan así, no ha de faltarles segura­
mente buena copia de argumentos. Es­
toy entre ellos.
La producción de un arte genuino es
cosa tan extraña y misteriosa, tan ar­
cana, como cuanto nos rodea en la vida
y lo es la nuestra propia, por humilde
que sea. Todas las explicaciones, más
o menos históricas y sociológicas, que se
han dado al fenómeno del arte, por in­
geniosas y profundas que fueren, valen
poco, pues poco o nada explican con
certidumbre cabalmente. Aquellas razo­
nes de clima, de raza, de geografía, de
circunstancias históricas, de momento,
de costumbres, etc., de las que usó y
abusó con tanta elocuencia y lógica de
h ierro... que nada prueba, H ip ó lit o
Talne, y con él toda la segunda mitad
del siglo décimonono, si, efectivamente,
no dejan de tener su influjo en el fe ­
nómeno artístico, no por eso son sufi­
cientes, nimucho menos, para explicarlo.
Son indudablemente factores en la pro­
ducción artística; pero en qué forma y

tendidos en el alba de oro.
Los grandes pusntes ciudadanos,
desam ables como mecanos.
A la ciudad del Toro Herido
un puente nuevo le ha nacido.
Canto a los puentes cuyas raíces
soliviantan aceras grises.
Los grandes, los Inmensos Puentes,
que cruean las pálidas gentes.

en qué medida actúan, cómo se teje to­
do ello, es lo misterioso, lo que está por
aclarar y acaso nunca se aclare. No se
tiene, por otro lado, arte porque sí,
porque a un grupo de hombres bien in­
tencionados y admirables se les antoje
tenerlo, porque crean que su país lo ne­
cesita. No creemos que en la historia
se haya producido nunca un arte de
esta manera, por pina volición, o puro
capricho bien intencionado, o por mero
entusiasmo de un grupo. No. El arte,
ya lo dijo mi buen amigo Perogrullo, es,
en primer lugar, producto del genio, y
lu ego..., luego, acaso de las circunstan­
cias y coyunturas históricas y sociales.
Aunque tanto se haya perorado y es­
crito en nuestra época sobre materia
artística —en muchos casos todo ello no
pasa de ser mediocres ejercicios de mala
retórica o negocios “ marchante"—, para
un espíritu exigente y bien formado de
nuestros días es faena ardua encontrar
en nuestra época bárbara y calamitosa,
con sus horizontes tenebrosos, pura an­
gustia, hombres de genio en las artes.
Talentos hay muchos, algunos origina­
les, encantadores, rara vez profundos.
De ahí, triste es decirio, aunque lo que
hay no sea grano de anis, no se pasa,
mal que pese a los estentóreos prego­
neros de la mercancía.
El arte americano, tomado en bloque,
sufre en modo aún mucho más intenso
de la dolencia general. Su origen es
(Continúa en la página Z I )

�^
-inclusive los domingos, a fin de te­
ner el panel terminado para la fe­
cha indicada.
En la obra de marquetería hay
varios procesos complicados. Dicho
o explicado en forma breve, primero
se toma un calco del dibujo y se
marca cuidadosamente con una agu­
ja fina a fin de tener un diseño lla­
ve. Esto es luego trabajado de ma­
nera de poder disponer de un diseñe
sobre el cual realizar la obra; ha­
cen falta docenas de dibujos para
que cada pieza pueda ser cortada
separadamente y adaptada a la ma­
dera adecuada, la cual es luego cor­
tada y teñida.
El panel de Chaucer cuenta con
miles de piezas. Sería difícil afir­
mar a qué cantidad alcanzan; pero
puedo decir que en el dibujo se ven
veintisiete caballos y jinetes, y los
caballos m á s pequeños contienen
doscientas cincuenta piezas. Cada
pieza de madera tiene el espesor de
más o menos 16 avo de pulgada.
Este no fué mi único trabajo pa­
ra el Queen Elizabeth; también pre­
paré otros ocho paneles para el
“ lounge” , aunque mucho más pe­
queños en tamaño. Estos son llama­
dos los paneles de la “ baraja” , por­
que representan las cabezas de los
reyes y las reinas de los cuatro pa­
los de un mazo de cartas.
Actualmente cuento más de sesen­
ta años de edad. Cuando salí de la
escuela entré como aprendiz en una
casa de fabricantes de sillas; pero la
vez que vi un trabajo de marquete­
ría me sentí tan fascinado, tan en­

..'.Ty'.'iKi

tusiasmado, que manifesté a mi pa­
dre el deseo de aprender ese arte.
El me dijo entonces que me enca­
minase ai Londres. A llí entré en una
empresa de marqueteros pertene­
ciente a un francés, hombre habili­
doso que m6 enseñó mucho del arte.
A l final de ocho años establecí mi
propio negocio y tomé un local en
Londres, donde instalé el taller. Con
el pasar de los años me di cuenta
de que era uno de los pocos hom­
bres que quedaban en Gran Bre­
taña, capaces de practicar el arte
de la marquetería tal como fué
practicado por los grandes artífices
de otros tiempos. Adquirí reputa­
ción; pero cuando vino la segunda
guerra mundial, lo mismo que mu­
chos otros ingleses, dejé mi arte y
me fui a una fábrica de aeroplanos,
donde fabriqué herramientas. Ahora
me siento feliz de poder decir que
ha reasumido nuevamente las tareas
propias de mi oficio; pero en la ac­
tualidad e s t o y concentrando mi
atención en una rama especial del
mismo: el de la restauración. Se me
envían actualmente raras y magnífi­
cas muestras de marquetería antigua
a fin de que yo les “ devuelva la sa­
lud” , es decir, que las restaure, de­
bido a que sufrieron mucho durante
los ataques aéreos enemigos duran­
te la guerra.
Como no dispongo de taller he
convertido una habitación de los fon­
dos de mi casa en taller temporario;
allí, mi hijo y yo, estamos atarea­
dos, esforzándonos por devolver la
perdida belleza a piezas antiguas que
han sufrido deterioros.

El hermoso ponel que represento una eseeno de los famosos "Cuentos de Canterbury ,
instola do en lo pared principal del "Icu n g e" del nuevo horco británico Queen Elixobeth.

VII A R T E DE LA
VI A R O U E T E R I A
Por A L B E R T
L día en que e l nuevo barco de
pasajeros de G ran Bretaña, el
Queen Elizabeth, partió en su
viaje inaugural a través del A tlá n ­
tico, rumbo a N u eva Y o r k , y o m e
sentí lleno de gran orgu llo. M i tra ­
bajo de toda la vid a com o fab rican ­
te de decoraciones y m uebles de
marquetería (hace más de m ed io si­
glo que me inicié en ese arte, com o
aprendiz), había sido coronado. Un
ejem plo de m i trb a jo estaba en el
“ lounge” del Queen Elizbeth, para
que pudiese v e rlo todo e l mundo.
Se trata d el panel de la pared
principal, de vein te pies de altura
y dieciocho de anche, que he presen­
ta una escena de uno d e los fam osos
“ Cuentes de C an terbu ry’’, d e l poeta
inglés Chaucer. E l señor G ecrge
Ramón, el artista que diseñó e l pa­
nel, realizó 400 bocetos antes de en­
tregarm e tsl diseño d efin itiv o .
Y o me trasladé inm ediatam ente a
un taller tem porario, en Lon dres
— pues había abandonado m i taller

E

DUNN

cuando estalló la segunda guerra
m undial— , y em pecé a reu n ir las
m aderas necesrias para la obra. N e ­
cesitaba ob ten er alrededor de 70 es­
pecies distintas, abarcando desde el
alm endro hasta el p alo áloe. H abía
m adera da un plátano de Londres,
m eple de Canadá, alm endro de A u s­
tralia, teca de la India, lig n ito de
encina d e Irlan da y un pedazo de
enredadera de V irg in ia , d e unos 120
añcs de edad, proven ien te d e Ham ptom Court. Estas fueron tan sólo
unas pocas d e las innum erables m a­
deras usadas; algunas de las m ejo ­
res que u tilizam os en la m arquete­
ría de época vien en de O rien te y
de las Indias Occidentales.

MILES DE PIEZAS
H abiendo ocleccionado mis m ade­
ras m e puse a trabajar, con la ayu ­
da de m i h ijo (q u ien sigue los pasos
del padre en m ateria de m arquete­
ría ) y dos ayudantes. Durante ocho
meses trabajé trece horas p o r día,

El hermoso ponei de los “ Cuento, de Canterbury", instalodo en el "lo u n g e "
de! Queen El.xobeth, esto hecho sobre dibujo de George Ramón, por Albert Dunn.

�UN N O V E L I S T A

KOLLA

RAUL B O T E L H O GOSALVEZ Y SU NOVELA
“ ALTIPLANO” , V I G O R O S A E X P R E S I O N
D E LA M E S E T A A N D I N A Y SU P O B L A D O R
Per FERNANDO DIEZ DE MEDINA
L indio es una esfinge. Habita un
orfce hermético, inaccesible al blan­
co y al mestizo. No comprendemos
sus formas de vida ni su mecanismo
mental. El sociólogo y el narrador no
alcanzan a modelar la materia viva:
divagan. El indio tal como lo entiende
Tam ayo —por ejemplo— es un indio
ideal: no existe. T al como lo ve A rguedas en “ Raza de bronce" es puro
cromatismo: pintura sin volúmenes. H a­
blamos del indio como factor-masa de
la nacionalidad; en verdad le ignoramos
por desconocer su psique individual y
su drama colectivo. El indio vive. El in­
dio actúa y produce. El indio no se deja
entender, no desea comunicación Hos­
co. silencioso, in m u ta b le , habita un
mundo cerrado. El indio es un enigma.
Pero quien lea “ Altiplano”, vigorosa
novela de Raúl Botelho Gosálvez, pen­
sará en forma distinta. No hay tal enig­
ma ni esfinge tan adusta. El indio es
un ser humano, tal vez un tanto ele­
mental en sus reacciones emotivas, tal
vez algo retrasado, primitivo en sus há­
bitos; ser humano al fin, susceptible de
m ejora o empeoramiento según le tra­
ten los demás. Su apego a la tierra, su
estoicismo en el infortunio, su callar
ante el blanco, su sometimiento al mes­
tizo, su sentimiento de solidaridad so­
cial en la lucha por la vida, dicen a
gritos lo que no queremos entender: el
drama indio requiere una siembra de
«m or y una pedagogía agraria. Dadle
afecto, dadle tierra, aseguradle una vida
pacifica de dueño y señor de su par­

E

cela, y el indio no tardará —dos, tres
generaciones— en incorporarse a la grao
masa civil. Cuando el indio sea propie­
tario real e indespojable de su suelo, el
día que ni el gamonal ni el tinterillo
puedan arrebatarle su heredad o sus
animales, estará ganada la primera ba­
talla por su redención económica y so­
cial. La sociedad moderna descansa en
el principio de propiedad; y el indio
sólo será ciudadano si le dejamos ser
propietario efectivo de lo suyo. Bien leí­
do. este libro no es sólo un recio alega­
to social, sino un clarinazo de verdad:
enseña.
Sobrepasando los anteriores bocetos
narrativos del autor, “ Altiplano” tiene
va la anchura de la novela; una estruc­
tura sólida, un revestimiento armonioso,
un equilibrio justo de tema y expresión.
Botelho ha leído mucho, supo asimilar,
más no se hundió en la poza de las in­
fluencias. Rivera, Gallegos, Gülraldes,
Rey les. Azuela, Lynch, le son familiares.
Conoce las escuelas insurreccionales del
Perú y del Ecuador. Admira a Méjico y
a Rusia. Venera a Dostolewski. Acaso
sueña componer un ciclo gigantesco al
modo de “ Los campesinos” , de Reymont.
Lee Conrad, Lawrence, Klpling. Pero
éstos son simples hitos de formación
literaria. En el fondo sólo le interesan
sus gentes y paisajes nativos: lo boli­
viano. Descubrir, interpretar la realidad
ambiente, con esa tercera vista estética
que, más a llí de la sociología y de la
historia, poema tiza el relato de las v i­
das y la descripción de las cosas. No sé

por qué, hablando de Botelho he re­
cordado a D'Orbigny, insigne geógrafo
y naturalista francés, que nos enseñó
a conocer a Solivia montaña por mon­
taña, rio por rio, aldea por aldea, en
un periplo de amor y de Investigación
que io captaba y lo encendía todo con
su emoción viajera. Botelho es un an­
sioso explorador de nuestro territorio
físico y humano, que recorrió y estudió
coa pasión de sabio, con fervor de poeta,
con intiudón de artista. “ Altiplano" es,
pues, un doble regalo literario; por su
valor documental y por su jerarquía ar­
tística. Enseña, deleita, eleva. Y a quien
objetare que “El mundo es ancho y aje­
no” , la famosa novela del peruano Ciro
Alegría, es más novela en extensión y
técnica narrativa, podemos replicarle:
pero el Indio de “ Altiplano” es mác f i­
dedigno, y el paisaje está sentido con
mavor potencia lírioa.
Botelho nos transmite la dramática
hondura del problema indígena su vir­
tud radica en que, alejándonos del plan­
teamiento político, económico, o simple­
mente estético, nos sitúa en el núcleo
mismo del asunto: el hecho humano, que
nos hiere a todos y a todos nos obliga.
“ Altiplano” es el drama indio en toda
su hondura y su pavura. Su valor ético,
testimonial, no tiene precio. Es la verdad
significante de lo real, captada con be­
lleza y precisión. Es el indio vivo, con
su miseria y su estoicismo, con su fo r­
taleza y su misterio, con su ancestralia
mágica y telúrica, con su esperanza mu­
da. Inquebrantable. Y por ese realismo
intrépido que le da vida y movimiento,
el ayOn de Jatun-Kolla -Adonde trans­
curre la novela— pertenece ya a la geo­
grafía literaria de América.
El libro está sólidamente construido.
Tiene unidad de fondo y forma. El rema
entrañable; la vida indígena. Técnica
ráDida y certera en la distribución de
masas, en la trama bien llevada, en el
juego vivaz de los contrastes. Botelho
aplica — consciente o inconscientemen­
te— el mecanismo intem o del buen na­
rrador; comenzar con vigor, dejar caer
el relato, volver a suspenderlo a la m i­
tad, dejarlo caer otra vez y terminar
con un remonte final Es la “ W ” que
todo autor persigue. El estilo sobrio, sin­
tético, denota la zarpa koüa; fluye con
facilidad en las descripciones, dialoga
con soltura y veracidad. Desde un pun­
to de apreciación estilística, “Raza de
bronce” es la loma chata y desigual.
“Altiplano" tiene la energía y la belleza
de una pirámide de nieve. El sentimien­
to estético del paisaje en este joven no­
velista es de linaje esquQiano: concep­
ción brusca y fuerte de las líneas esen­
ciales, vuelo atrevido en las metáforas,
exaltación pauteísta de la naturaleza El
Ande alienta con toda su grandeza y
pesadumbre en esta prosa m ¡L^i:inPi
eléctrica, que lleva andar de puma. ¿Los
defectos? Se pierden en la multitud de
excelencias del libro, de este libro ma­
tinal que anuncia un escritor de garra.

Botelho conoce y ama Solivia con pa­
sión devota. Su intrépida juventud dis­
currió en la selva virgen, en los anchos
ríos, en el yunga tropical, en los valles
templados, en la meseta andina. Tiene
un concepto geográfico, realista, territo­
rial y humano de la nación. Su visión de
la comunidad de Jatun-Kolla es, pues,
visión directa, como lo son los brochazos
magistrales con que describe la aldea
mestiza, el trópico yungueño, la vida en
las altas minas; cuadros cálidos, vibran­
tes, captados de la sustancia nacional
He aquí un libro típicamente boliviano,
de contenido y continente hondamente
nuestro, que todo boliviano debe conocer
para reconocerse en su mensaje de fe;
porque es mensaje de fe el que traen
sus páginas estremecidas de emoción na­
tiva, de pasión terruñera, enraizadas en
el subsuelo del ancestro y de la autoc­
tonía, que claman por la superación del
caos geográfico y del desorden social en
que vivimos. Este joven maestro de la
percepción folklórica relata las faenas
agrícolas, las bodas, fiestas y danzas na­
tivas, las costumbres todas del indígena,
con el primor y el fervor de un visio­
nario del Milquinientos. El éxodo deter­
minado por la sequía, aunque no se mo­
vilicen grandes multitudes como en “La
buena tierra", de Pearl Buck. tiene un
patetismo trágico que desafía los mejo­
res modelos en el género. La expulsión
de los perros es un pasaje imborrable.
Y el capítulo de la sequía de una tal
fuerza plástica que aterra. Novela des­
criptiva, costumbrista y Urica a un tiem­
po mismo, “ Altiplano” es un friso vio­
lento donde alternan figuras dinámicas
y formas e s t á t ic a s del viejo mundo
andino.
¿Qué decir de los personajes? Aquí es
donde se estrellan exégetas y denosta­
dores de lo indio. Pero aqui es, justa­
mente, donde se impone la verdad del
novelista. Con mirada zahori, Botelho
penetra y adivina la casi impersonal
psicología del indigena. El capitulo “El
signo escalonado” vale por un tratado
de sociología india. Los orgullosos Villca,
el Drudente Paulo Huaraca, el infortu­
nado Condori, expresan con admirable
fidelidad los tipos sociales de la comu­
nidad de Jatun-K olla; sus rasgos y sus
actos podrían retratar a los comuneros
de cualquier caserío andino. Son la ma­
teria humana, la materia viva de 1*
América india. Y estos indios fueron
calados con tal veracidad por el narra­
dor que a través de su hermetismo y su
hurañía sopla un aire de ternura co­
municativa, hablan para todos los hom­
bres libres del mundo con la voz honda
y doliente de la verdad, de la humildad,
de la desdicha. Si no hay un gran pers o n a je -c la v e . acaso es porque JatunKolla no lo tiene. El artista se sometió
a su tema y, en vez de inventar, retra­
tó can m a n o experta. Botelho ve 1**
clases medias con pupila Irónica y des( Continúa en la página 30.)

i

i

�LOS SETENTA ANOS HEROICOS DE

PABLO CASALS
ESPECIAL

U

PARA

C A B A LG A TA

Por M A R I O

NA casita que lleva el nombre
de “Villa Colette” , en el pue­
blo de Prades, pueblo del Rosellón, tierra catalana de Francia,
el día 29 de diciembre se llenó de
flores y de cartas y de telegramas,
firmados por los nombres más ruti­
lantes del mundo y por los más hu­
mildes Pablo Pau Casals cumplía
setenta añcs y les cumplía en esa
casita, donde ha pasado los siete
años_ angustiosos de la emigración
española y de la guerra. Cuar.do la
República sea restablecida en Espa­
ña, esa villa tendrá que ser declara­
da monumento nacional, demandan­
do al gobierno francés, para ella y
gl:ria de Casals, una espiritual ex­
traterriterialidad.
Cuando en febrero de 1939, el to­
sente humano, penetró en Francia,
Por las colladas de los Pirineos ca­
talanes, Pablo Casals dió a sus ami­
gos fugitivos, a dieciocho amigos,
su hospitalidad, y mientras en Es­
paña le eran secuestrados sus bieoos, él enviaba a los campos de con­
centración franceses, que oprimían a
trescientos mil españoles, sus reser­
vas metálicas, hasta agotarlas, y co­
mo las cartas seguían llegándole y
ya no podía concretar su fraternidad
fo un donativo, escribía a un amigo:
situación es lamentable y tengo
que hacer equilibrios para vivir y

AGUILAR

que vivan les que me acompaña». Ei
alma se me rompe, recibiendo las
cartas d i los campos, a las que ya no
puedo atender. ¿A quién puedo ayu­
dar yo, si ya no puedo ayudarme a
mí mismo?” . Si da conciertos, son
de beneficencia para socorrer a los
prisioneros franceses y a la Cruz
Roja. Agotados los tres millones de
francos que tenía en la Banca de
Prades, tuvo que vivir con 1.500
francos mensuales y fué cuando un
día se le presentó un fraile tentador,
que venía a ofrecerle, si reconocía
a Franco y entraba en España, la
devolución de sus bienes y el retor­
no a todas las preeminencias. Pablo
Casals se negó y el fraile le pregun­
tó asombrado:
— Pero, ¿qué hace usted aquí?
— Hago de cristiano — respondióle.
Des años más tarde, al visitar la
Gestapo, su casa, le preguntaron, se­
ñe lando al viclencelo:
— ¿Y quiere hacernos creer que
con esto vive usted?
— Con esto vivo yo y han vivido
muchos, y seguiré viviendo y haré
vivir.
El alemán no comprendió, como
no había comprendido el fraile, co­
mo no han comprendido muchos,
quizá porque no han querido enten­
der desda los alcantarillados políti­
cos, que en Pablo Casals se ha hecho

carne la dignidad humana y que el
alma de Beethoven ha transmigrado
a su alma.
Si se hiciera un paralelo entre
Beethoven y Casals, hallaríamos la
misma obsesión para la verdad —
porque también existe una mentira
musical— , idéntica integridad moral,
análogo apasionamiento por la liber­
tad. Beethoven era toda la pasión
enfe cad a en el pentágrama y Ca­
sals es todo arco. Con lo que Beetho­
ven despreciaba podrían nutrirse
cien músicos, y con lo que deja Ca­
sals en las rectificaciones, durante
el estudio, cien violoncelistas. A ser
contemporáneos, se hubiera presen­
ciado la milagrosa unidad de la
música, por el exacto acoplamiento
del creador y del intérprete, creador
también. Beethoven sería Casals y
Gasals Beethoven, que en cada ye­
ma de los dedos de Beethoven habla
un alma, como la hay en las de Ca­
sals. Por eso, oyéndole las “ Sona­
tas” y la “ Novena Sinfonía” , uno
tiene la certeza de que Beethoven lo
llama y Casals sale a su encuentro.
Son hermanos, y la predestinación
de su hermandad tan completa, que
el hercismo los ensambla en el arte
y en la vida.
La pasión de Casals, aplicada a
la vida, no tiene la dramática exhuberancia de la de Beethoven. Pa­
sión honda que odia lo espectacu­
lar, algo así como un San Francisco,
con indignación íntima. ¡Pero qué
pasión! Pablo Casals es, nada me­
nos, que el primer resistente de
Europa. Cuando Hitler persiguió a
los judíos, Casals decidió no volver
a tocar en Alemania, y no volvió.
Cuando Mussolini expatrió a Toscanini, antifascista, Casals se Impuso
no volver a Italia, y no ha vuelto.
Siente que una grave desarmonía
se extiende por el mundo, y la nota
falsa irrita su conciencia como Árrita
sus oidos. Pierde dinero, amigos,
tierras donde su presencia produci­
ría siempre resonancias de fama y
de utilidad. No imperta. Dios, es de­
cir, su conciencia, lo manda. Beetho­
ven hubiera hecho lo mismo.
Todas las águilas, la prusiana, la
de Roma, la bicéfala, grabada en los
palacios espñoles de la época aus­
tríaca, se echaron sobre España, y
Casals dijo entonces: “ La vida se ha
parado y todo se há vuelto lúgubre” .
Todo menos él. En medio de la san­
gre y del fraticidio su arte nos ofre­
ció un remanso. Mientras los jóve­
nes, aquel verano de llamas y de
sangre de 1936, iban a la batalla,
Casals, con sus sesenta añcs, abría
el Liceo, el teatro de la Opera, pa­
ra sus conciertos orquestales, y los
atbría entre alertas. Se hizo republi­
cano, carne y alma republicana. El,
católico, repetía con Severine, una
cristiana al revés: “ Con el pueblo
siempre ,a pesar de sus errores, a

N

O

T

I

U N A O FIC IN A IO NO SFERICA
Un decreto publicado en el “Diario
Oficial” acaba de dotar a Francia de
un nuevo organismo, denominado “ O fi­
cina Ionoesférica Francssa", dependien­
te del MinisVrio de Correos y Telégra­
fos. Los estudios sobre la popagación de
las ondas radioeléctricas demostraron
que ldá transmisiones a grandes distan­
cias eran tributarias del estado de cier­
tas regiones de la alta atmósfera, en­
globadas bajo el nombre de ionoesíera,
porque los gases rarificados que se en­
cumbran allí están ionizados.
La atmósfera desempeña, para las on­
das radioteléctricas, el papel de varios
espejos superpestos en altitudes que va­
rían de 100 a 400 kilómetros. Son las
r: flexiones sucesivas entre el suelo y
esos diversos espejos los que permiten
la comunicación por radio alrededor de
la tierra.
Las propiedades reflexivas de esos es­
pejos están lejos de ser constantes; pe-

pesar de sus faltas, a pesar de sus
desmanes” . El hombre rico no pre­
fería el patrimonio a la patria, y
decía: “El pleito de la guerra es
también Cataluña, y la república es
la libertad de Cataluña” .
Resisten-te -por óbediencia a su
espíritu, frente a H itler y frente a
Mussolini. Resistente, también, y
hace siete años, en el destierro, fren­
te a Franco. Recogido en el puebleciUo de Prades, hemos dicho que de
él no salía más que para dar con­
ciertes de beneficencia a pesar de
cercarle la penuria. Un día lo lla­
maron desde Suiza para dar unos
conciertos que podían salvar su eco­
nomía, pero las autoridades helvéti­
cas le exigieron el pasaporte oficial,
el de Franco, y él se negó a cumplir
aquella formalidad aparentemente
administrativa, en el fondo acata­
miento a una autoridad usurpadora.
Y no fué a Suiza: Pero llegada la
liberación, fué a Londres, a Buckingham Palace, en el que se reunió
la médula de Inglaterra, incluso sus
majestades británicas, y c u a n d o ,
después de Londres, renevaron las
pretéritas ovaciones Oxford y Birmingham y Manchester, Pablo Ca­
sals, con una sencilla firmeza anun­
ció: “ Y o no volveré a dar ningún
cor cierto a Inglaterra mientras In­
glaterra mantenga su apoyo a Fran­
co” . Y no ha vuelto a Inglaterra. Le
ofrecieron después contratos en los
Estados Unidos, y otra vez, con ab­
negada terquedad, c o n d ic io n ó la
aceptación: “ Dejen de a p o y a r a
Franco y aceptaré tedas sus propo­
siciones” . Y no ha ido a los Estados
Uridos. Ahora mismo, hace irnos
días, la U.NJ5.S.C.O lo llamó para
dar unos conciertos en París, y Ca­
sals, nuevamente, ha respondido:
“ Hegan ustedes, previamente, una
declaración antifranquista” .
— Así — he dicho a Pablo Casals—
va cerrándose el mundo para dar
ccnciertos.
— No importa. Tocaré ante uste­
des, los- emigrantes españoles que,
como yo, amen a Beethoven.
No se piense en un hombre duro,
o fatuo, o intolerante. Pablo Casals
toma estas decisiones y dice estas
cosas con una vez tenue, fregándose
las macos abaciales, sin perder nun­
ca su dulzura ni su aire monacal. No
ha querido nunca, tampoco, seguir
les caminos de un Paderewski, con
singularizaciones políticas. Su vio­
loncelo y su conciencia, su arte y su
cristianismo. Todo el.resto puede ser
simulación o vanidad, y lo aparta.
Cuando Pablo.Casals muera y los
dieses alarguen su vida, lo enterra­
remos en el monasterio de Pcblet,
el Escorial de Cataluña, donde están
los cenotafios de los antiguos reyes
catalanes, en medio de las solem­
nes soledades de los campes tarra­
conenses, cerca de Vendrell, donde

C

I

A

S

ro se conocen actualmente, en forma
suficiente, las leyes de evolución, para
poder calcular de antemano cuáles serán
las posibilidades de tráfico de un punto
a otro de la tierra, en una estación, fe ­
cha y hora determinadas.
La Oficina Ionesíérica francesa se ha
creado, precisamente, para elaborar esas
previsiones y comunicarlas a los direc­
tores de las estaciones de radio.
UNA T E LA DE VOUET (1590-1649)
ALCANZO LA SUM A DE 400.000 F R A N ­
COS EN EL H O TEL D R O U O T DE
P A R IS
En una venta de cuadros antiguos, en
el hotel Drouot, ‘un aficicmado pagó
400.000 francos por una tela de Vouet:
“L a Sagrada Fam ilia".
Una pintura de Reynolds, “Hércules
Niño” , alcanzó los 100.000 francos. El
retrato de Lady Poel, atribuido a Lawrence, llegó a 152 000 francos.

�Mas con ser tan extraño y tan asom­
brosamente real el picaflor, un Impetu
tan coherente y a la vez tan diferen­
ciado, tan rico en facetas, hay algo que
produce aún más asombro, si cabe; algo
que conmueve y perturba y m aravilla el
ánimo en medida mayor o, por lo menos,
igual, y es el nido del picaflor. H e tenido
ocasión de descubrir uno hace dias. Es­
tábamos sentados bajo un gran cedro,
en una isla del tigre; mi m ujer y yo
leíamos; nuestra hija seguía los pasos
acompasados y un tanto solemnes de un
hornero a la busca de caracoles y otras
presas sobre el césped. Súbitamente,
sentimos encima de nosotros, por entre
las ramas del árbol que nos daba som­
bra, las alas del picaflor y, al levantar
la vista, lo vimos zigzaguear en la pe­
numbra de la copa. A l cabo de unos
segundos, se posó y desde el punto en
que yo me hallaba sólo se advertía su
pico rojo. Extrañado de la duración de
su descanso, dejé el libro; con mucho
sigilo me moví unos pasos a un lado y,
fijándom e mucho, pude ver pico y cola
sobresalir por lados opuestos de un nido
increíblemente chico y parecido por su
aspecto extem o a una mancha de liqúe­
nes de los mismos que cubren tronco y

MANCHAS
-j N cable de W ellington (Nueva ZeI landia) nos inform a de que, seV- 7 gún observaciones del observatorio
Cárter, gran cantidad de manchas sola­
res cubren la mayor parte del disco
solar, lo que suele tomarse como anti­
cipo de serios trastornos en las comu­
nicaciones inalámbricas. Alrededor de
estas manchas obsérvanse además, se­
gún el mismo cable, colosales prominen­
cias o surtidores de hidrógeno y helio
incandescentes.
Desde su descubrimiento por Galileo
en 1610 —los chinos las conocían desde
mucho antes— , no se dió un paso en el
estudio de las manchas hasta que, en
1843, un boticario alemán, astrónomo de
afición, llamado Schwabe, tras pacientes
observaciones, anunció la recurrencia cí­
clica de dichas manchas, siendo el pe­
ríodo de irnos once años. Así, pues, du­
rante ellos el número de manchas au­
menta gradualmente a partir de un cier­
to nivel o mínimo hasta alcanzar un
determinado máximo, y torna a decrecer
otra vez. Desde entonces acá, con los
métodos modernos de observación y de
medida, el estudio de las manchas ha
t

G rabado en m adera de un picaflor hecho por el artista inglés C. F. Tunnycliffe,
para el libro " A book of birds", de M ory Priestley. Víctor Goiloncz Ltd. London, 1937.

OBSERVANDO AL PICAFLOR
“ ...a s í, al com prender que es m ila­
groso c u a n t o nos s u ce d e , se nos
muestran, a su luz más clara, los en
especial llamados milagros."
M ig u e l

de

U n amono

N el acto de observar a un pájaro
—y acaso a toda criatura particu­
larm ente esquiva— hay una emo­
ción particularísima, a la vez tensa, go­
zosa y, sobre todo, penetrada de un acu­
sado tem or de que el ser observado des­
aparezca en un abrir y cerrar de ojos.
Es este gozo un tanto áspero y primario
el que lleva a los niños a destruir nidos
y a m atar pájaros. Sin ese dominio de
si mismos de las personas mayores, se
lanzan por el atajo dando muerte al
pájaro, si es posible, para contemplarlo,
siquiera sea muerto, a sus anchas. Los
niños no pueden cortar la respiración
por un esfuerzo de voluntad y perma­
necer inmóviles mientras el pájaro o
pájaros, ignorando su presencia, incuban
sus huevos, construyen sus nidos, se h a­
cen la corte, picotean las bayas o el
légamo. Aun para una persona mayor
no avezada, resulta d ifícil esta casi to­
tal inhibición.
Ningún pájaro de cuantos he tenido
ocasión de observar m e ha m aravillado
tanto como el picaflor (1 ). Los primeros
que pasaron ante m i me dejaron per­
plejo por no saber de qué se trataba;
su rapidez, la brusquedad de su vuelo
—lo único que pude advertir a medias
mientras dejaba errar la mirada— y esa
trayectoria que parece burlar el impe­
rativo de la inercia, pues se curva, como
el vuelo del moscardón, al parecer con
una docilidad total, pese a la mucho

E

(1 ) M e r t fis r o a m n a d e las especies
más comunes d el T ig r e o delta d e l R io
de la Plata

mayor rapidez del pájaro que la traza,
eran cosas que no podía asimilar a nada
conocido. Su voz, el restallar de sus alas
en ciertos momentos, sus reflejos m etá­
licos y su total opacidad en ciertos casos,
el torbellino de sus alas mientras el pá­
jaro gira como un cohete en tom o a una
flor, o mientras, inmóvil, su pico cachea
can una delicadeza suma los menores
repliegues de los pétalos y los sépalos de
las flores de enredadera; ese don de vo­
lar hacia atrás, de lado, de frente; un
levísimo despegue de sus patitas y su
rápido recogimiento cuando la explora­
ción de una flo r se prolonga más de la
cuenta; ese al parecer ciego albedrío que
lo impele con la rapidez de un proyectil
y lo frena casi instantáneamente, es al­
go que nadie podrá olvidar jamás.
A l picaflor es vano tratar de seguirlo
con la mirada por entre los chopos, las
enredaderas, los sauces llorones, los fru ­
tales. Lo m ejor es colocarse cómodo e
inmóvil al lado de las flores y, con todos
los sentidos alertas, esperar con la m a­
yor serenidad. De pronto, aparece y des­
aparece como una centella con un chas­
quido que no sé si lo produce con la
garganta o con un especial movimiento
de sus alas; pero no tarda en hacer
acto de presencia de nuevo frente a un
m anojo de flores, a lo m ejor a un me­
tro escaso de vuestra cabeza. Si perma­
necéis inmóviles, es muy probable que
podáis observarlo durante unos largos
segundos, seguir las hábiles maniobras
de su pico de lezna, oír el sordo zumbido
de sus alas, ver espejear el verde esme­
ralda de su lomo y hasta sus ojillos d i­
minutos. Pero, sin daros tiempo a pen­
sarlo, aquel inm óvil o casi inm óvil tor­
bellino de vida y luz parte en la direc­
ción menos pensada, y el más leve con­
traste de luz y sombra parece borrarlo,
diluirlo por completo.

ramas añejas del cedro. De un salto me
encaramé al árbol y empecé a seguir la
ram a asido a otra paralela situada en­
cima; al cabo de unos metros a partir
del tronco, apoyado en una horquilla di­
minuta, tenía el nido ante mis ojos, con
un hueveclto color verde pálido y alar­
gado en el fondo. La esterilla del nido
parecía haber sido cortada por un plano
un tanto por encima del centro. La
oquedad o cuenco estaba rodeado por un
anillo perfectamente circular y era hon­
do, esférico, suave como un vellón. Me
quedé contemplando aquella maravilla
por un breve instante con la sensación
de tener ante mi algo sagrado, algo que
no tenía derecho a ver y menos a tocar.
Para ver aquel nido, para sorprender
aquella intimidad, aquella absoluta ino­
cencia y penetrar aquel misterio, me
pareció que se necesitaba la total ino­
cencia de los ángeles o del mismo pi­
caflor. Poco a poco, como arrepentido,
salté del árbol. Y si entonces la espada
de Jehová resplandeciese airada sobre
mi cabeza y me arrojara de allí, como,
según el Génesis, arrojó a Adán y a Eva
del Paraíso, no me hubiera extrañado.
J. O. E.

SOLARES
hecho grandes progresos. Pero, por el
momento al menos, no podemos entrar
a fondo en el tema. Gracias a la pila
termoeléctrica, por ejemplo, sabemos qu^
la parte más oscura de una mancha es­
tá form ada por gases a la temperatura
de irnos 4000 grados centígrados, supe­
rior a la de fusión del tungsteno —que
es de 3400 grados— , metal de que esté
hecho el filam ento de las lámparas de
incandescencia. ¿A qué, pues, se debe la
oscuridad? A un mero contraste entre
la temperatura de la umbra o parte más
oscura de dicha mancha y la de la fo­
tosfera circundante, 2000 grados centí­
grados más elevada. Si, en vez de ser de
6000 grados, la temperatura de la super­
ficie que la rodea fuese de 3000 ó 2000
grados solamente, la mancha se conver­
tiría en la parte más brillante y el resto
del disco sería la mancha. Este enfria­
miento de partes de la superficie solar,
a veces de un tamaño igual al 1 % de
la superficie del sol — en una sola man­
cha pueden caber varias Tierras—, dé­
bese a la formación de grandes remo­
linos de gases (de que el astro que nos
alumbra está por entero constituido),

Fotogrofio del disco soler tomada el l 2 de agosto de 1917 con el telescopio de 40 pulgodos del observatorio Y erkes i E. U U . ) . En el án gulo inferior derecho aparece el taasono relativo de la Tierra representado por un c ¡r e t ir o blanca pora poder ¡asger al
tamaño de los m onchas solares.

�con la consiguiente dilatación de éstos.
En esta dilatación se consume una asom­
brosa cantidad de energía térmica, y
este consumo se acusa en el descenso
de la temperatura de la umbra.
Cuando en el centro del disco solar
aparecen manchas de grandes propor­
ciones se p re s e n ta n las tempestades

magnéticas, que hacen oscilar la brújula
a uno y otro lado de su posición nor­
mal hasta dos grados y más, hacen sus
despliegues fantasmales las auroras y,
como consecuencia de súbitos cambios
en la ionosfera, las ondas herzianas ex­
perimentan imprevistas anomalías en su
propagación.

EDISON, CON QUI S TADO R
DEL M L N D O

Tomos

Alvo

Edison

(1 8 4 7

1931 ).

E cumplen hoy cien años del naci­
miento de Tomás Alva Edison (n. el
11 de febrero de 1847, m. el 18 de
octubre de 1931), sin duda el más fiel
representante del gran pueblo norte­
americano. Las gentes sencillas, en el
fondo más admiradoras de la magia que
de la ciencia, le han llamado el Mago
de Menlo Park, y la inmensa mayoría
de los periodistas emplea con esta oca­
sión una versión más pretenciosa y ac­
tual de la misma palabra: genio. Si en­
tendemos por mago el ser para quien las
leyes naturales no cuentan, el que por
un acto de su voluntad hace que las pie­
dras se eleven o permanezcan en el es­
pacio en vez de caer a tierra, que se
yergan castillos de la nada en cualquier
parte, que las materias se transmuten
en un abrir y cerrar de ojos, etcétera, es
patente el absurdo que la palabra en­
cierra con respecto a Edison; si enten­
demos por genio el hombre con el don
de intuir de un modo inmediato rela­
ciones más o menos insospechadas entre
hechos, sonidos, palabras, colores, etcé­
tera, y de hacerlas patentes a los demás,
tampoco el término conviene a Tomás
Alva y acaso no convenga a mortal al­
guno. En cambio, si como grado excep­
cional ciertas dotes p a r t ic u la r e s y a
quien las circunstancias de toda índole
permiten en mayor o menor medida
ejercitarlas para que den frutos, Edison
fue un genio con todas las de la ley.
¿Qué dotes se dieron en él en medida
sobresaliente? La respuesta no es fácil,
porque el hombre no es una yuxtaposi­
ción de cualidades separables, de ele­
mentos físicos o psíquicos, sino una to­
talidad, un individuo o indivisible; pero
no cabe duda de que la imaginación
~~~csa cualidad en virtud de la cual las
cosas más corrientes, más familiares, se
nos aparecen como nuevas, como recién
nacidas cada vez que posamos en ellas
nuestros ojos y prontas a entrar en re­
lación con las demás, a servirlas y a
®elJ lrSe de ellas para engendrar reali­
dades nuevas— ha sido uno de sus dones
niás sobresalientes. Era esta imaginación
que no daba punto de reposo a sus
manos, la que le arrancaba del lado de
su esposa el mismo día de la boda — si
i ii ^ exageración en la anécdota— y
llevaba a su taller; la que, al oír n n »

S

simple palabra, trocaba el rumbo total
sus acciones y pensamientos y le lan­
zaba a la exploración de nuevas posi­
bilidades y coyunturas. Pero, aun asi,
seria necio suponer que la imaginación
es algo dado de una vez, algo con que
el hombre nace o puede nacer en estado
de plenitud. No; la imaginación, como
la inteligencia y otras dotes humanas,
adquiere plenitud con el ejercicio y es
estimulada por el éxito y acaso también,
en ocasiones excepcionales, por el fra ­
caso; si bien no todos los mortales na­
cen iguales a este respecto, sino que ca­
da uno viene al mundo con posibilidades
propias, depende de las ocasiones que se
le ofrezcan y de su oportuno aprove­
chamiento que la medida de dichas po­
sibilidades sea colmada o no lo sea.
Edison tuvo la inmensa ventaja de
nacer en un momento histórico y en un
país ideales para dar cauce a su im agi­
nación y a sus dotes de hombre de
ciencia. Pues, aun con ser tantas sus
dotes imaginativas, sus inventos no le
salieron de las manos como Atenea de
la cabeza de Zeus; por el contrario, su
imaginación hubiera pasado desaperci­
bida para el mundo si no fuese secun­
dada por ese tesón, por esa fe en las
cosas que lleva al hombre de ciencia a
repetir una y m il veces el mismo ex­
perimento, a corregirse una vez tras
otra y hasta en ocasiones a bucear en
el abismo sin una clara noción de lo que
pueda aparecer. Otro tanto le hubiera
ocurrido si naciera en una época o en
un país muy distintos. El pueblo norte­
americano empezaba a hacerse cargo de
sus inmensos recursos naturales y de las

necesidades de todo orden que se le pre­
sentaban. Para domeñar el inmenso ám ­
bito geográfico, que se extiende del A t­
lántico al Pacífico y desde el golfo de
M éjico al San Lorenzo, se requerían
telégrafos, teléfonos, ferrocarriles, vapo­
res, generadores eléctricos cada vez más
perfectos y poderosos, es decir, talentos,
hombres, fuese cual fuere su extracción
social; lo que importaba era que, bien
por ambición o por satisfacer exigencias
imaginativas o vocaciones, tuviesen la
audacia necesaria para abrirse paso a
través de los mayores obstáculos. Con
Edison nacieron las grandes fortunas, la
aristocracia del dólar, esas ambiciones
que obraron el prodigio de la unidad
norteamericana y cimentaron su pre­
sente grandeza. Por ello hemos dicho al
comienzo que Tomás Alva Edison es uno
de los más fieles representantes del pue­
blo norteamericano. Nació en un país
en período de febril crecimiento, y en
tanta o mayor medida que contribuyó a
secundar este desarrollo, fué llevado a
la cumbre de sus posibilidades por la
corriente, por la presión de los aconte­
cimientos globales de su país y de su
época. Nadie como él simboliza la epo­
peya del engrandecimiento del país ami­
go, el tesón, la capacidad de trabajo, la
entrega total a un propósito y hasta ese
golpe de imaginación audaz que lleva a
hombres y pueblos a superarse, a antlparse al presente, a desentrañar las ocul­
tas posibilidades del momento y conver­
tirlas en hechos.
¿Ha llegado a su cénit la estrella de
Estados Unidos al cumplirse el primer
centenario de Edison, o sigue ascendien­
do todavía? No nos cabe duda: hombres
como Edison nace ntodos los dias. dentro
y fuera de Estados Unidos, sin que tra­
temos de eclipsar sus glorias bien gana­
das y merecidas. Si estos hombres en­
cuentran en tom o suyo el sano afán
creador que él encontró, el mismo deseo
de superación, el mismo amor al trabajo
pacífico, la misma disposición para re­
compensar al que vale y al que crea, es­
tos genios en potencia saldrán a relucir
y beneficiarán a la humanidad entera,
como lo hizo Edison. En caso contrarío,
para mal de todos, la estrella de Esta­
dos Unidos, sea cual fuere el oro acu-

CIENCIAS: a cargo de
José

Ot er o

Espasa ndín

mulado en sus bancos y su potencia m i­
litar — que tanto adulan sus falsos am i­
gos, los que tratan de amparar con ella
sus particulares intereses— iniciará su
descenso. Edison conquistó el mundo en­
tero sin armas y sin oro, y sus conquis­
tas hicieron posible un grado de felici­
dad desconocido hasta entonces y echa­
ron tag bases de una felicidad todavía
mayor para todos si sabemos aprovechar
sus enseñanzas y ni armas ni oro nos
deslumbran.
Modestamente, sin el menor asomo de
petulancia, C A B A L G A T A rinde tributo
a la memoria del ciudadano del mundo
Tomás A lva Edison y al pueblo que le
brindó ludias y triunfos.

ACLARACION
Por falta de espacio en nuestro
número precedente no pudimos pore r unas someras apostillas si tra­
bajo de nuestro colaborador Sixto
Pórtela titulado “ ¿La bacteria del
petróleo?” , cosa que, pese a la inte­
rrogante que lo encabeza, nos cree­
mos obligados a h a c e r h o y p o r
honestidad informativa.
En primer término, la bacteria en
cuestión fué descubierta en 1943 por
el oceanógrafo doctor Claude E. ZoBell; su denominación es d e s u lfo v ib ric h a lo h id ro c a rb o n o c lá s tic o (lig e ­
ramente romarceada), y su acción
no consiste en p ro d u c ir petróleo,
sino en d e s a lo ja rlo de las rocas y
tierras porosas que lo embeben. Por
multiplicación de su número y por
la presión del anhídrido carbónico
resultante de sus procesos vitales
principalmente, el petrólo que im­
pregna rocas calizas porosas y cier­
tas tierras contiguas a los depósitos
petrolíferos se aglutina en gotas de
creciente tamaño que se depositan
en lugares de donde puede ser re­
cuperado. La esperanza puesta en
este descubrimiento por los propie­
tarios de pozos d e p e t r ó l e o ya
exhaustos o a punto de estarlo, se
fundan en la posibilidad de reju ve­
necerlos mediante una infección en
gran escala de los estratos con esta
bacteria, y así aprovechar ur.os re­
siduos valiosísimos que, de otra ma­
nera, acaso se pierdan para siempre.

A q u . te n e m o s o p o rtu n id a d de o p r e s o r un d ,b u ,o de lo p rim e ro planta de energio Eléctrico construido por Tornbs A lb o Edil
los "och en tos" del siglo posado para alumbrar los colles de lo ciudad de Nuevo York. ( Propiedad del N e w York Edison Co

�MITO Y EXPERIENCIA
Por R O M U A L D O B R U G H U T T I
. I -i N artista nueve! No es el insI tinto, la pasión o el desborde
I
que le guían a trazar pincela­
das, a cubrir superficies con líneas,
planos de color, volúmenes, ciñen­
do el signo plástico que va a con­
vertirse en símbolo representativo
y quizá a suscitar emoción en el
espectador afinado de la entidad
pictórica creada. Este nuevo artista
cuya cifra de intensidad tiende a
dominar el “ espacio” es sometido a
infinitos planteos; aun la geometría
de los valores táctiles y naturalistas
se ve substituida por otra menos
experimental y más lógica, surgida
de atenazadas investigaciones con­
temporáneas; e irrumpen, en etapas
previamente delimitadas, problemas
de estructura, y se coordinan los ele­
mentos bajo la presencia de un es­
píritu ordenante, al punto que esta
ordenación descompone a aquellas
unidades apuntadas de modo está­
tico, en potencias vivientes y diná­
micas. Atiende razonadamente nues­
tro artista multiplicados estudios:
de color (vibración, calidad, estruc­
tura, perspectiva), de forma, acordes
de planos, de líneas, de volúmenes,
de luces y, sobre un trazado lineal,
configura poliedros e incorpora sa­
lientes en donde son inscriptas figu ­
ras y paisajes: el “ hecho plástico”
construido emerge tajante.
No es exhaustivo, empero, este
minucioso pensar y repensar las le­
yes del oficio. Escribió Lao Tsé, el
filósofo chino (una existencia que
rememora treinta y cinco siglos):
“ Paredes, puertas y ventanas consti­
tuyen la casa, pero es lo inaprehensible quien contiene su construcción.
Así, en general: da lo inmaterial de­
penden las formas; de lo inmaterial
que se produzcan” .
En convocada circunstancia, se ar­
ticula el nombre reverenté y agu­
zado de Ideal Sánchez. Ideal conci­
be la pintura como problema filo ­
sófico o de concepción del mundo
y, simultáneamente, cuanto atañe a
los valores mensurables.
PR ESEN CIA DE UN P IN T O R
Un paisaje de clima dramático,
una figura desnuda, un ambiente
criollo (grupo orión, 1940); el óleo
“ La nube” y grabados, naturalezas
y búsquedas abstractas (1947). El
misterio vive y se yergue, y el pintor
observa y es visto: Salón Nacional,
Acuarelistas, Mar del Plata. Y pare­
des surgen, y las pinturas murales
del Club Hurucán — dos paneles— :
“ El origen del foot-ball” y “ Epcca
de sus primeras leyes” . (Ahora lo
aguarda la aventura de una pared
de 10,46 mts., por 3,80: “ La simbo­
lización del triunfo” ).
Nos ha sido d 2 do en la Argentina
— tierra de imprevistos fenómenos
culturales— la facultad de asistir al

nacimiento de un arte decorativo de
proyección colectiva: La Cúpula de
las Galerías Pacífico ( “ Cabalgata”,
N? 1). Sánchez, pausado adalid, pro­
yecta sus avanzadas. En “ El origen
del foot-ball” lo abstracto concebido
preside la composición y planos de
color, hacia el fondo, crean atmós­
fera movida y viviente. El color lo­
cal, dentro de lo figurativo, en las
figuras de los muchachos criollos,
absorbe actitudes e indumentarias.
La escena es inscripta en luz cálida,
el espacio poblado con minuciosos
detalles, más si peligro ilustrativo
desentona los afanes del pintor.
De cómo es aprendizaje en el ofi­
cio y en la expresión, podría defi­
nirse el primer panel; en el segun­
do, las búsquedas se ?centúan y el
color local desaparece, y el coordi­
nador de espacios incluye su exce­
lente consistencia. El dinamismo de
los personajes, volúmenes sólidos y
lina as funcionales, acucian superfi­
cies planas. Un rincón del panel alu­
de a la medida sindicadora de la pin­
tura decorativa de Ideal Sánchez, en
el grado necesario a la expresión for­
mal y al carácter de lo representa­
do: La simplificación se adelanta y
se individualizan hombres y muje­
res jóvenes (éstas hacia los extre­
mos) en la compensadora acción de
fuerza del movimiento y de los volú­
menes estáticos. El color (de las mu­
jeres: una, dominante en verde, y
otras des en rojo y azul) ahondado,
y siempre el espacio que acosa y le­
vanta los fantasmas de lo real en
atendidas plasticidades. Buen aporte:
la columna real del edificio y la co­
lumna m óvil — f i g u r a— pintada
(costado derecho que divide el pa­
nel)..
IN V E N C IO N Y LIBERTAD
He visto en el taller de Ldeal
Sánchez —^Sánchez: discípulo de Li­
no Spilimbsrgo en 1936, tres años
previos de Academia Nacional— la
pintura de dos o tres óleos y no es­
casas monccopias que intuyen di­
mensiones espirituales. La entidad
plástica estalla y nada huye al con­
trolado mirar. Este equilibrio inno­
vador lo desearíamos como antece­
dente predominante en su trabajo
mayar futuro del Club Huracán. To­
da la invención en libertad q u ele
sea acordada a este riguroso soñad o r ; no limitaciones figurativas.
(Buen síntoma: las autoridades del
Club auspician pinturas murales de
un artista joven; signo fecundo ha
de s.r acordarle independencia en
la concepción y realización de las
ebras). Invención y libertad: volver
el símbelo del “ triunfo” en izado
símbolo de victoria artística. Mito y
experiencia, convergentes, pues:
“ de lo material dependen las formas;
de lo inmaterial que se produzcan .

EXPOSICION DE 650 MEDALLAS QUE EVOCAN
LA R E V O L U C I O N F R A N C E S A DE 1879
P A R IS . — El señor Schuman inau­
guró en el hotel de Monedas, de ésta,
una exposición retrospectiva de m eda­
llas y monedas de oro, plata y papel,
emitidas o acuñadas durante la R evo­
lución P r a n c e s a . Se encuentran re­
unidas en ocho vitrinas 650 medallas y
monedas, también numerosos billetes de
Banco y asignados, fastos de la historia
de Francia.
El artista, con una mano hábil, trazó
en algunos centímetros de bronce o es­
taño, los remolinos gigantescos que
acompañaron a la reunión de los Esta­
dos Generales en 1789. Los menores de­
talles aparecen grabados con un realis­
mo sorprendente. L a toma de la Basti­
lla está evocada en medallas de inspi­

ración popular. Unas quince de ellas
ilustran los combates y la destrucción
de 1su fortaleza
U na de esas medallas fué grabada en
un cerrojo de la prisión y su autor, el
ciudadano Palots, sacó una impresión en
metal. Otra medalla muestra la cabeza
de Bcilly, primer alcalde de P arís, otra
m agnífica medalla evoca la n och e d
4 de agosto.
Vemos también, rodeado de una nu­
merosa escolta, al rey Luis XVT, ha
riendo su entrada en París. D an ton . e
el momento de ser guillotinado, Cabria
dicho al verdugo: " M o s t r a r á s mi cabeza
al pueblo” , un grabador se Inspiró en
esta leyenda para realizar una plaque

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A jL ' / t o í-VtffT“Vv«A-' ^ i x X u - A j U - ^ ,
A lm afuerte. En el dorso de la fo tografía, lo siguiente dedicatoria: " A mi gran amigo
Elíseo Csigena, su om igo, Pedro B. Palacios. M ercedes. Enero 5 de 1880.

A utógrafo de A lm afu erte que aparece publicado en
el libro " A p o s t r o fe ", en la edición de H. A . Tommasi.

A L M A F U E R T E , el ge

de la m a l t i t u d
EL PO ETA

Y EL HOMBRE

día de este m iañ o mes de fe ­
brero, el último, y hace treinta
años, se apagó en La Plata la voz
más resonante — sin olvidam os de W alt
W hitm an— que poeta alguno haya le­
vantado en Am érica: la voz de Alm afuerte.
* Este recuerdo periodístico no significa,
en m odo alguno, un hom enaje a esa fe ­
cha y a su memoria. Porque el mejor
hom enaje que la vida y la muerte del
gran poeta nos reclama es la profunda,
extensa, acendrada, minuciosa y altísi­
m a penetración de su obra, lo que no
podría lograrse, por mucho que se de­
seara y condensara, dentro del espacio
reducido de las cinco o seis cuartillas
periodísticas reglamentarias.
Es vasta, extraña y notablemente va­
liosa la obra de Pedro B. Palacios, del
cual tanto se ignora que hasta sus pro­
pios biógrafos disienten sobre el conte­
nido de esa misteriosa inicial intermedia
de su nombre, pues para unos precede a
B onifacio y para otros Benjamín.

Ü

N

Don Antonio Herrero, su más devoto
panegirista, opta por lo primero, y sus
razones tendrá, pues sin duda es el suyo
el más ardiente y empecinado tránsito

a lo largo y a lo alto de la vida y la
obra de Alm afuerte.
Tropezando desde el comienzo en aquel
equívoco escalón de esa inicial, hemos
hallado tantos subsiguientes equívocos
que no consideramos osado afirm ar que
todo está por hacerse aún en tom o a la
personalidad originalísima del gran pa­
yador profético-, que todo está por re­
correrse siguiendo el itinerario de su
gigantesco y atormentado vivir.
Desde genio me ta i isleo hasta versifi­
cador iletrado, desde la exaltación más
laudatoria hasta la negación más oscu­
ra y más sórdida, todo es noble deseo o
bajo recurso en la d ifícil valorización
del poeta. ¿D ifícil? Sí, puesto que el ju i­
cio, favorable o adverso, no ha sido
aceotado, y no lo será durante mucho
tiempo, como definitivo.
Sergio Bagú, en sus notas prelim ina­
res a los "Discursos com plete»” supone
que “ la improvisación y la violencia de
la controversia han conducido a lapidar
su vida y su obra con el veredicto de
lo d efin itivo” .
P ero no. nada hay defin itivo respecto
de Alm afuerte, fuera de su propia obra.
Y esa obra se ignora en Argentina, en
América, en España, en el mundo en­
tero, pese a que, dentro de los ámbitos

P

o

r

a ns
L

U

regionales, merecieron los cantos, los
apostrofes y las rebeldías rítmicas y en­
cendidas del poeta justa y exitosa po­
pularidad. Porque conocer a Alm afuerte
fragmentariátnente, como se lo conoce,
es desconocerlo para la valorización in ­
tegral.
Hace unos años, mediante un proyecto
del concejal municipal, sin duda almafuertista, el Concejo Deliberante de la
ciudad de La Plata dictó y sancionó una
ordenanza para convertir una manzana
de tierra de Berisso en plaza pública y
levantar allí una estatua del poeta. Al
año siguiente, como contribución para
la obra monumental, se editaban en los
talleres oficiales diez m il ejemplares de
“ El misionero".
P ero la obra plena, la obra minuciosa,
la recopilación estricta y total de sus
discursos, artículos, cartas y poemas no
está hecha. Don Antonio Herrero, que
ha puesto toda su energía y su fervor
para realizar ese trabajo de recopila­
ción, se sumerge en profundas m edita­
ciones cuando se le interroga por qué
no se ha podido llevar adelante la edi­
ción completa de las obras de Alm afuerte. Y no responde con palabras ha­
cia el exterior, pero sin duda se da
reflexiones precisas y concretas para
sí mismo.

I

S

M

A

R

I

O

Nosotros no vamos a callar lo que
don Antonio calla: nosotros vamos a
establecer, al paso, pero sin
ce^!
teramente, las razones porque vivlm
ignorando, en su más perfecta homoge
neidad, la obra y la vida de nuestro
arquetipo pampeano y racial. Para e
respuesta nos ayuda el propio Almaíuerte. Nos ayuda todo lo que de su obra
conoce, y que se puede espigar, al azar,
sin elecciones expresas.
Y o repudié al feliz, al potentado,
al honesto, al armónico y al fuerte...
¡P orqu e pensé que les toco la suerte
com o a cualquier tahúr afortunado!
Repudia al feliz y levanta el
de su gran milonga clásica P^ra __ .
tarle a su “ chusmaje querido c
.
flúida y refrescada voz de una
pam peana:
Aquí me pongo a cantar
con cualquiera que se ponga,
la m ejor, la gran milonga
que se habrá de perpetuar.
Y voy a cantarte a ti,
¡oh, mi chusmaje querido!

�porque lo vil y caído
me llena de amor a mi.
“Sólo el que siente en si mismo una
cosa se explica sobre de ella con elo­
cuencia. y la entrega, tal como es, a la
expectación de los demás’’. Lo dice así
en un versículo de su evangélica cuarta.
Lo dice, lo siente y lo saca de sus pro­
pias entrañas:
Yo miro al Universo pasar adelante,
como a pelusa tonta, sin que me
[ asombre;
soy profeta, soy alma, soy como el Dante,
¡yo no siento más vida que la del
[H om bre!
Por eso voy perdiendo todo m i jugo
y al estómago ajeno voy por momento»,

sin querer de ella adulaciones. La inci­
taba a la custodia de las mejores tra­
diciones morales. La llamaba a la acción
y al repudio del caudillaje y del caudillo
concupiscente y ambicioso. En el año
1910, un g r u í» de admiradores y amigos
de Almaíuerte, estudiantes todos, ha­
bían presentado a la Cámara de Dipu­
tados una solicitud para que las “ La­
mentaciones" fuesen adquiridas, en una
cantidad importante de ejemplares, en
forma oficial.
Iba a ser aceptada la sugestión cuan­
do un cura, politiquero y cazurro, se
opuso, pretendiendo que las mentes in­
fantiles serían envenenadas por aquellas
beregías si la edición llegaba a difun­
dirse en las escuelas. La sesión camaral
terminó en ruidoso escándalo y los es­
tudiantes organizaron un homenaje en­
tusiasta que tendió sus ecos más allá de
nuestras fronteras, para repercutir en
toda América.

¡mientras pasan el plato de la colecta!...

En aquella oportunidad, Almaíuerte
pronunció uno de sus grandes discursos,
tremante y fogoso, no de virutas orato­
rias, sino de pasión patriótica y humana.
“ Seremos indispensables como nación —
dijo a los jóvenes— , no solamente a las
necesidades materiales de la vida civi­
lizada universal, sino también a los an­
helos y tentativas, a los esfuerzos y a
la evolución incesante del espíritu del
hombre, evolución que no sabremos nun­
ca, en seco, en qué instante de la eter­
nidad hará su punto final, abrirá su flor
augusta y cuajará su último fruto".

[Por eso tengo arranques desesperados

EL A N T IC R IS T O

corto el agua de tod o s , como un
[mendrugo
que cayese en el patio de los
[hambrientos.
Por eso los que ordeñan mi chusma
[amiga
llamándola la virgen y la perfecta,
le dicen ai oido que me maldiga,

que me llenan de sombras y cicatrices!..
¡Por eso me repudian los potentados
y me besan las manos los infelices!
¿De dónde saca ese acento bravio?
¿De dónde le sale ese flamígero aletear
de verdades que tanto repele al esteticista, como al demagogo, al reaccionario
y al falso profeta?
De su bondad, que le desborda; de su
sentido austero de la vida, de su amor
a la justicia, de su probidad, de su in­
menso y extraordinario humanismo.
ALM AFU ERTE Y LA JU V E N TU D
Nunca fué espectador, sino actor de su
propio drama y del vasto drama univer­
sal que percibía, no como las vibraciones
de un necio ruido, sino como un gemir
de gemidos que le traspaba las carnes
como una espada.
Amaba a la juventud, sin adularla y

Lo que en lenguaje corriente se ha da­
do en llamar oligarquía repudia, en ver­
dad, al gran poeta nacional y universal
que es Almaíuerte.
El dogma religioso hace de él el más
cristianó de los seres, un satánico anti­
cristo. Y las manos de los abates.

Dibujo de época, por Hofmana.
Portado dé uno dé lo* primera» ediciones.

¿v:

llenas de donaire,
de tez cándida y pulida

O B R A S DE

que no hicieron en la vida
más que cruces en el a ire ...
se alzan anatematizantes contra aquel
Prometeo trágico y viril que arrastra y
levanta en sus hombros todos los dolo­
res del mundo, ante Dios y más allá
de Dios todavía;

f ALMAFUERTE
T ^ I O

Yo te soñé la Madre y el Abuelo,

£L üliS im g »

yo te soñé más próvido que el sol;
yo te pensé m e jo r... ¡Vete a tu cielo!
¡N o mereces ser Dios!
Aquí está mi pecado más funesto;
aquí está de mis lacras, la peor;
aquí estoy ante t i . . . ¡N i un solo gesto!
¡Págame mi dolor!
M U E R T E C IV IL
Hace treinta años, en tarde de febrero
como ésta, Almaíuerte lloró su última
lágrima y penetró para siempre en “la
nada de las nadas” .

Fachada de lo casa de A lm o fu e rte .

Tenía cincuenta y siete años. Quizás
los contara por siglos.
¡M ucho barro hay que batir
en la via del sepulcro:
no hay oficio menos pulcro
que el oficio de vivir!
Sereno, como un dios del Olimpo, con­
fió al más íntimo de sus amigos sus de­
cisiones p o s tr e r a s , después le dijo:
“ Ahora déjame solo, que voy a morir” .

Donde

escribió

sus

últimas

versos.

Y murió así, como había vivido, solo,
viril y cuerdamente solo, el gran soli­
tario que tuvo y tendrá por los siglos
de los siglos, las más grandes muche­
dumbres en tomo suyo, en tom o de su
voz proíética y resonante.

^
_

— lISíw-

H. A . TOMMAS1
BUENOS AIRES

s
■‘ * í
'*-/&lt;&amp;* ** '

�der algo distinto en el teatro? Seria ab­
surdo. ..
—¿Cree usted que la misión del direc­
tor puede equipararse a la del actor co­
mo medios de expresión del autor?
—No. La diferencia estriba en que el
actor se dirige solamente a un público:
el director se dirige a un pueblo. Por
lo tanto, debe tener en cuenta cuestio­
nes de idiosincrasia, de modalidad pe­
cuniaria. Asi, su obra será sólida y arrai­
gará mejor. Pero, naturalmente, cuidan­
do de ser fiel a la obra. Su mayor honor
será ser tan perfecto, en su carácter de
medio expresivo, como lo es el creador
en sus dominios. Tomemos, por ejemplo,
a un Picasso. Dibuja admirablemente y
pinta mejor. P ero... ¿por qué causan
admiración muchas de sus creaciones?
Porque las realiza él: porque Picasso
realiza a Picasso. Si no poseyera ese
instrumento expresivo extraordinario...
Cuando ocurre ésto se dan esas imita­
ciones que andan por ahí, en que está
el mensaje desvirtuado: Picasso sin P i­
casso. Pues bien; la aspiración del diiector debe ser esa: equipararse en per-

fecdón al autor, pero dentro de su es­
fera de acción.
—¿Cree usted en la obra de los tea­
tros experimentales?
—Sí. Sobre todo, me parecen impor­
tantes porque aportan nuevos contin­
gentes de público al teatro, porque ex­
tienden y acrecientan el fervor por el
teatro. En suma, van ganando adeptos
para la labor en que todos estamos em­
peñados. Pero creo, en cambio, que algu­
nos de ellos se equivocan al elegir para
su repertorio obras oscuras y de un tin­
te acentuadamente intelectual y anti­
teatral, lo cual les hace suponer a los
espectadores que el teatro de arte debe
ser forzosamente aburrido. Cuando la
verdad es todo lo contrario...
—¿Qué proyectos tiene para este año,
Discépolo?
—Nada concreto. Pero no tengo prisa.
Hago una pausa para mirar el camino
andado, que no es escaso, y miro con
serenidad el futuro, con absoluta con­
fianza en la vitalidad de nuestro teatro
y en la capacidad de los hombres que
en él trabajan por su grandeza.

El Regreso de LUDMILA
TTDMiLiA Pitoefí ha vuelto a París.
Esta escueta noticia implica un
- * aporte vitalizador en momentos en
que el teatro francés parece cobrar nue­
vos bríos con las obras de Anouilh, de Salacrou, de Jean-Paul Sartre, de Achard
Ludmila Pitoeff vuelve al escenario
de sus grandes triunfos. Es la misma de
siempre. A pesar de sus cincuenta años,
de sus numerosos hijos, de la muerte de
su inolvidable Georges, que la abandonó
en 1939, su figura menuda y sus ojos
brillantes y vivaces traen los mismos
bríos de antaño, de ayer, de siempre.
Porque Ludmila es un mensaje lírico,
una llama que se consume a sí misma,

I

Escena de "L a nueva colonia", de Pirondello, en la que intervienen Rosa Cató,
CáHos Perelli y Eduardo Cuitiño, uno de los mejores trabajos de Armando Discépolo.

la pasión misma del teatro. Es la actriz
de los grandes papeles y de las grandes
obras. Al hablar de ella, se evoca in­
mediatamente a Nora, a la Doncella de
Orléans, a Fedra, se recuerda “El anun­
cio hecho a María”, “El pan duro”,
“ Oríeo” .
Ludmila ha pasado por trances duros
y angustiosos y no lo oculta. En el exi­
lio, sin el camarada cuya labor parecía
un complemento natural de la suya, tra­
bajando ante públicos fríos, incompren­
sivos y difíciles, los años se alargaron
de una manera penosa e interminable.
Estaba desarraigada, lejos de su medio
natural, de su público de París, de w

HABLAN LOS DIRECTORES

Para ARMANDO DISCEPOLO, lo único
que cuenta en el teatro es el creador
Discépolo es ya, a través de
sus treinta y seis años de teatro,
una figura incorporada con relieves
personales y con una obra maciza, he­
cha sin tregua y con amorosa ternura
de artista, a la historia de nuestro tea­
tro. Como autor, con sus grotescos “Ma­
teo” , “ Mustafá” y “Babilonia” , abrió
picadas vírgenes. Como director, a tra­
vés de numerosas temporadas de sin­
gular jerarquía, dió a conocer grandes
comedias, formó intérpretes, trazó rutas
de superación. Muchos de los mejores
actores y aún directores que actúan en
nuestro medio salieron de sus manos.
El hombre que ha puesto en escena
“ Esta noche se recita impiovisando” y
“ La nueva colonia" de Pirandello, “ In ­
vitación al viaje” , de Jean Jaoques Bernard; “La fierecilla domada” , de Sha­
kespeare; “Fábrica de Juventud”, de
Alexis Tolstoi, y en el acervo de lo
nuestro, "Un guapo del 900” , de Eichelbaum; “Mientraiga”, de Payró; "Altoalegre” , de Zavala Muñiz, tiene sobrada
autoridad para hablar de teatro.
—¿Cuál es su posición como director

A

K it ando

frente a la obra?
—l a única que me parece posible: el

respeto total al creador. En teatro, co­
mo en todas las latitudes del arte, lo que
cuenta es el creador. El director y el
actor colaboran con él y son quienes
se encargan de que su mensaje llegue
con claridad al espectador. Pero cuando
el director pretende dominar en la obra,
la desvirtúa. Su actitud es un abuso.
Podrá montar un espectáculo, hasta un
espectáculo bello, pero esto no será ya
la obra montada. Será... simplemente,
otra cosa.
—¿Cree usted que una misma obra
puede ser interpretada de diversas ma­
neras?
—No. Una pieza realista debe tener
una entonación realista en todos los as­
pectos de la mise-en-scéne. ¿Acaso po­
dría concebirse una comedia de Niccodemi con decorados cubistas? El clima
es fundamental y cada pieza tiene su
clima. Alterar éste, es alterar el pensa­
miento mismo de la obra. Además, pen­
semos un poco en lo ocurre en la mú­
sica. Una obra de Liszt, por ejemplo, es
algo claro, nítido, que tiene un cauce
definido. No puede ni debe ser inter­
pretada sino de una sola manera, la
única concebible. ¿Por qué ha de suce­

La presente nota gráfica muestra uno escena de conjunto de "L o

nuevo colonio

�Embao de "Fófcrico de juventud", de Alexis Tob:oi, ta lo que aparecen' Berta Sin germen, Foust Rocha, Amilano, Caviglio, Enrique Discépoio,

Inolvidable productor Jacques Hébertot,
aliado cordial y sagaz de gran parte de
sus triunfos. Después de Suiza, Vinieron
Sitados Unidos, donde su arte no inte­
resó, y Canadá, donde pretendieron pro­
hibir “Casa de muñecas”, alegando que
con semejante ejemplo “las esposas de
Montreal se marcharían de sus casas
si no se ponían de acuerdo con sus
maridos” .
El m aterialism o norteamericano le
arranca risueños gemidos. ¡Ah, el vér­
tigo del hombre que quiere hacer dinero!
Y Ludmila asegura que, en una broadr
castlng de Hollywood oyó una síntesis
de "Madame Bovary” en media hora,
donde todo el patetismo de Flaubert se
reducía a esta confesión de su heroína:
,!¡Yo quiero ir a París!” .
Y ahora vuelve. Vuelve a arraigar en
París, donde llevó siempre una vida tan
ejemplar dividida entre el arte y el ho­
gar que pareció increíble que una mujer
tan burguesa en su vida privada pudie­
ra encamar a heroínas tan trepidantes
de ritmo interior. París la ha recuperado
v acogido con júbilo, con los brazos
abiertos. No la olvida y la necesita más
que nunca. En estos momentos hay
bien pocas actrices de su jerarquía en
los escenarios parisienses. Quizá sola­
mente Marguerite Jamois. Y los auto­
res de la nueva generación reclaman
intérpretes de su sutileza, de su fer­
vor, de su sensibilidad.
Ludmila Pitoefí es un modelo de lí­
nea artística inflexible. Jamás ha cedi­
do a las solicitaciones del éxito fácil ni
menoscabado la dignidad de su reper­
torio ni descendido hasta el público,
nrocurando, por el contrarío, elevarlo
hasta el nivel de las grandes creaciones
del teatro. Es en París lo que Eva Le
Galliene en Nueva York, lo que Marga­
rita Xirgu en todas partes: una vestal
del teatro que mantiene siempre encen­
dida la llama.
Se ha presentado con “ L ’Echange” , de
Claudel, alternando seguramente esta
pieza con una de sus creaciones, la “No­
va”, de Tbsen. Singular cotejo de uno
de los autores modernos más audaces
con el padre del teatro psicológico y de
Ideas. Una vez más, Ludmila probará la
dúctil flexibilidad de su temperamento,
Que vuelve a enriquecer al teatro fran­
cés, en pleno reverdecer de energías
después de un breve marasmo.

HURGANDO EN LOS
CAMARINES DE
LA HISTORIA

LOS SALTIM BANQ UIS
VERSUS
LA COMEDIA FRANCESA
A principios del siglo xvn, en la fa­
mosa feria de Saint Germain florecie­
ron los teatros de saltimbanquis, lle­
gando a funcionar hasta siete simultá­
neamente. Los saltimbanquis no sólo
trabajaban p e rs o n a lm e n te , sino que
también presentaban títeres y animales
salvajes. El mono que más se distinguió,
Fagotin, fué muerto de una estocada,
según es fama, por Cyrano de Bergerac,
que se creyó insultado por él.
Más tarde, los saltimbanquis empeza­
ron a representar comedias elementales
y luego, al ser suprimido el elenco de
cómicos italianos del hotel de Bourgogne
por orden real, aquéllos mejoraron su
repertorio y sus actores y la competen­
cia empezó a inquietar a la Comedia
Francesa. Esta inició un proceso y con­
siguió en 1707 que a los teatros de las
ferias les prohibieran el uso del diálogo.
Pero los actores de la feria no se die­
ron por vencidos y adoptaron lo que
llamaron “El arte de hablar solo, in­
ventado por la Comedia Francesa” . T a
que no podían dialogar, monologaron.
Una comedia era una sucesión de mo­
nólogos y, por lo general, cuando apa­
recía un actor, el otro volvía a ocultar­
se entre bastidores.
Hubo nuevas quejas de la compañía
privilegiada de la Comedia Francesa. La
justicia hizo demoler los teatros de la
feria y quemar sus decorados. Pero a

los ocho días los teatros estaban recons­
truidos lo mejor posible y se habían
vuelto a pintar los decorados.
Entonces, el rey prohibió, a pedido de
la Comedla Francesa, que los actores de
las ferias pudieran hablar en escena.
Pero los intrépidos saltimbanquis qúe
querían ser actores apelaron a un nue­
vo recurso: cada actor llevaba en el bol­
sillo derecho su papel escrito con gran­
des letras en rollos de papel que le mos­
traba al público cuando lo exigía la si­
tuación y que volvía a guardarse en el
bolsillo izquierdo cuando lo habla usado.
El público alentó a estos actores con su
aplauso en la desigual lucha.

La Marcha del Teatro
En el teatro Montpamasse de París
se estrenará en la versión francesa la
trilogía de O’Neill "Electra” . Marguerite
Jamois encarnará a la protagonista
Lavinia.
*

*

*

Joseph Squinquel interpretará en Pa­
rís “ El mercader de Venecia” .
*

*

*

ESn Hollywood se prepara una película
de grandes proporciones sobre la vida
de Sarah Bernhardt. No se sabe con se­
guridad quién hará el papel. Bette Davis,
comprometida para hacerlo, no puede
por la poderosa razón de que espera un
bebé. Las candidatas son Greta Garbo,
Ingrid Bergman y Greer Garson. Eba
cualquiera de los casos, puede esperarse
una creación excepcional. De todos mo­
dos, Lysiane Bernhardt, nieta de la cé­
lebre actriz trágica, ha declarado que
si el libro cinematográfico del reputado
dramaturgo y cineasta Ben Hecht, cuyo
talento reconoce, se aparta demasiado
de la vida de la inmortal Sarah, ella y
su hermana harán todo lo posible por
evitar que se filme una biografía extra­
vagante de la diva.

Sección de
Teatro a cargo de León Mirlas

Pirovono y

otros.

El destacado escritor Pierre Emmanuel, cuyo drama claudeliano “ El lepro­
so” provocó hace poco encontrados co­
mentarios en París, acaba de dar térmi­
no a una nueva obra, que se considera
muy superior a la anterior.

¡Que viene el vapor!
Se le atribuye por lo general a Thomas
D. Rice la creación de los minstrels, o
sean los actores cómicos de Estados Uni­
dos que se pintan la caira fingiendo ser
negros. Según una versión, Rice empezó
a hacer ésto en Cincinnati, donde le to­
mó en préstamo a un cochero negro su
indumentaria y su canción y salió a
escena cantando:
Doy vuelta por aquí y por allá y siempre
[que lo hago
me encuentro con Jim Crow.
Como el público festejaba ruidosa­
mente la canción, el actor no oyó que
el negro casi desnudo, entre bastidores,
le reclamaba su ropa porque iba a llegar
el vapor. Y , finalmente, el cochero llegó
a tal grado de excitación que salió a
escena tal 'como estaba, gritando:
— ¡Señorito Rice, señorito Rice! ¡De­
vuélvame el sombrero del n egro..., la
levita del n egro..., los zapatos del ne­
gro! ¡Que viene el vapor, señorito Rice!

PALABRAS
INOLVIDABLES
— ¡Basta! ¡Que me van a quitar los
deseos de tener marido!
—No hay peligro. Esos deseos sólo se
quitan con el matrimonio.
L u ig g i C h ía s e l l i

("L a máscara y el rostro”)
•

PROSCENIO:

llde

*

*

*

—No me gusta nada el romanticismo.
&amp; la tristeza organizada como espec­
táculo p ú b lic o : llantos desmelenados,
venenos, adulterios y músicos tubercu­
losos. No me gusta.
A lk jaw d k o Ca so » a

( “Nuestra N atochar)

0

��LOS J I N E T E S DE L PARTENON
Por

JULIO

R 1 N A L D 1 JSI

ACE aproximadamente dos mil
cuatrocientos años que vienen
galopando los jinetes de la ca­
balgata inmortal. Rompieron oficial­
ícente la marcha el mes de Hecatombeón (julio para nosotros) del
año 438 anterior a Cristo. El día 28
la procesión ritual de las celebracio***’ de las Grandes Panateneas as­
cendió, como lo hacía cada cuatro
años, la colina del Acrópolis de Atenas, para ofrendar a la diosa tutelar
ñe la ciudad el peplo tejido por las
doncellas y la corona de oro de las
victorias. Pero esta vez la ceremonia
revestía doble solemnidad. Atenas
es*aba alojada en su nueva casa,
mandada levantar por la devoción
ciudadana, y que Ictino y Fidias ha­
ll dado forma. Sobre la colina
recosa el Partenón erguía su silue• La teoría llegó hasta los pórticos
y seguramente debió sorprenderle
que en lo alto de los muros interio­
res del recinto del nuevo templo es­
tuviera grabada en relieve su imagen. Fidias había tenido la ocurren­

H

cia inusitada de representar a lo v i­
vo, en aquel friso, el espectáculo de
la procesión en marcha. Como los
veía desfilar el pueblo por las ca­
lles de la ciudad, allí estaban los
magistrados que ehcabezaban la co­
lumna, las doncellas que llevaban
los vasos sagrados, los oficiantes que
llevaban las víctimas destinadas al
sacrificio, los carros que habían to­
mado parte en los juegos atléticos
y, en filas apretadas, los jinetes.
Siglos después, los arqueólogos
discutirían sobre esta transgresión a
los cánones de la arquitectura doria
y a las figuraciones rituales de la
decoración de los templos. Aquel
friso ccn relieves en un ordenamien­
to dorio, y aquellas figuras huma­
nas junto a la asamblea de los dioses
inmortales, han dado mucho que de­
cir a las plumas eruditas. ¿Cómo y
por qué se permitió Fidias semejan­
te libertad? Las soluciones propues­
tas son varias, pero, probablemente,
sea la más sensata la que supone que
en la mente del artista el friso de

Especial para "‘Cabalga!a"
las Panateneas fué, también, una
ofrenda en la que debía quedar fija­
da para siempre la devoción del
pueblo ateniense para su diosa. Si
así fué, no se equivocó. En el curso
de los siglos el Partenón debía pa­
sar toda suerte de vicisitudes: sa­
queos, cambios de destino y destruc­
ción final por la mano del hombre.
Iglesia cristiana durante un tiempo,
mezquita otomana después, plaza
fuerte y polvorín más tarde; lo que
no pudo el tiempo, lo realizó en 1687
una granada de ls tropas de Venecia en guerra contra el infiel. La
magnífica fábrica quedó desintegra­
da para siempre. Las losas del friso,
que resistieron a la catástrofe, poco
más de un siglo después fueren
arrancadas de su sitio; pero la teo­
ría sigue desfilando por las calles
imaginarias de una Atenas perdida
en la historia, y la cabalgata inmor­
tal mantiene el ritmo cadencioso de
un galope corto. Como lo quiso Fi­
dias, el testimonio de la devoción
del pueblo ateniense perdura. En tie­

rra extranjera les jinetes que retrató
tan a lo vivo mantienen el garbo
marcial o la soltura de sus gestos de
caballeros bien sentados. De todas
las figuras se diría que fué en estas
donde Fidias se detuvo con más so­
licitud. No omitió detalle de la ac­
ción o aspecto de los personajes que
pudiera valerle para infundirles no­
bleza y gracia. Como su compatriota
Jenofonte, también él a d m ira b a
seguramente el ¡espectáculo de una
tropa de caballería, “cuando no se
oye más que un paso cadencioso, un
soplo y un relincho colectivo” . Com­
partía seguramente el gusto de la
gente de su país por la figura del
hombre a caballo, documentado una
y otra vez en la obra de los cera­
mistas.
Pero Fidias iba a darle al tema
su máxima amplitud. A l lado suyo,
sus antecesores asirios son tímidos
realizadores y todos los creadores
de figuras ecuestres que habrían de
sucederle en el tiempo, no han su­
perado la riqueza y el sabio ordena-

�miento de sus composiciones. De
composiciones se trata, en efecto.
Composición de conjunto en el des­
arrollo de los grupos y composición
siempre variada por la acción del
caballo y el movimiento del caba­
llero en las figuras singulares. El
detalle die las vestiduras usuales

también es puesto a contribución: el
petaso y la chalina del viajero, el
casco empenachado y la coraza del
soldado, el bonete tracio de piel de
zorro, la clámide echada al viento
sobre el cuerpo desnudo. Ordena los
diferentes elementos en un reperto­
rio de figuras ecuestres donde todas

l 2 s posibilidades del tema parecen
haber sido consideradas. Los grie­
gos montaban sin silla ni estribos,
y “en pelo” la caballería de los ejér­
citos entraba en combate. En el
ejercicio de los efebos, en los cam­
pos de adiestramiento, Fidias podía
controlar las relaciones de los cuer­
pos atléticos semidesnudos, con la
silueta fina, de pescuezo ancho y ca­
beza nerviosa del caballo de guerra:
la figura ecuestre pura, sin adita­
mentos de monturas y jaeces. Mien­
tras ss mantuvo la continuidad de
la cultura helénica y durante el pe­
ríodo helenístico, estos jinetes del
Partenón sirvieron sin d u d a de
ejtemplo. Con las variantes impues­
tas por el episodio, el grupo de A le­
jandro cazando, que exorna el gran
sarcófago de Sidón, parece arran­
cado de una de las losas del friso
de las Panateneas. Y tampoco es ex­
traño a este antecedente la estatua
Ecuestre, también de Alejandro, de
época muy posterior, del Museo de
Nápoles.
La tradición se cortó con el correr
del tiempo. El Renacimiento no co­
noció la obra de Fidias, como no
conoció ningún original del arte he­
lénico. Habían cambiado, el espíritu
de los tiempos y los elementos de

uso. El caballo de guerra que cono­
cieron Donatello y Vterrccchio era
de formas más pesdas y voluminosas
que el de la caballería griega, que
Jenofonte describe y Fidias reprodu­
ce. Armaduras, sillas y jaeces com­
plicados cambiaban el aspecto del
jinete y la cabalgadura. La figura
ecuestre adquirió otra fisonomía,
curiosamente más próxima de las fi­
guraciones asirías que de la tradi­
ción griega. Sólo Leonardo ensayó,
en sus dibujos y bocetos (te la esta­
tua de Francisco Sforza, la asocia­
ción de los cuerpos libres de arreos.
Los jinetes del Partenón no volve­
rían a imponer su prestancia a la
atención pública hasta principios
del siglo X IX , cuando Lord Elgin
devastó en lo que pudo los restos del
Partenón y llevó a Londres cincuen­
ta y seis losas del friso del recinto.
En 1816 estos caballeros, que siglos
atrás habían partido al galope ocrto
del Cerámico exterior de la Atenas
de Pericles, recibieron alojamiento
en el Museo Británico. Otros fueron
a dar al Louvre, al Museo del Acró­
polis. A llí permanecen, jinetes ejem­
plares y primicia indudable, en las
representaciones del artse, del trata­
miento genial de la figura ecuestre.
•

li

�“Plumas y Palabras”
Po r J.

MORA

Sin embargo, hay que reconocer que
las cosas han cambiado, no diremos si
para bien o para mal. Antes, no sola­
mente no se le temía al cagot, sino que
se le provocaba gallardamente; ahora,
aduciendo respetables razonamientos le­
guleyos, se le evita. Los escritores libres
van poniéndose r a z o n a b le s ... ¡Malo,
m a lo !...

Feto reciente de Jean Jacques Gcutier,
premie Concourt 1946. En hi misma apa­
rece firmando ejemplares de su últi­
mo libro, "Asesinos de agua dulce".

A Acadm ia francesa tenía desde
hace más de año y medio dos si­
llones vacantes. Cuando se sepa
quiénes habían dejado tales vacantes, se
comprenderá por qué d u r a n te tanto
tiempo no se ha prestado nadie a lle­
narlos. Uno de esos sillones lo ocupaba
(ararles Maurras; el otro, el mariscal
Petain...
Por lo general, nadie ha abandonado
Jamás su sillón académico, sino por la
ancha puerta de la muerte. Allá por los
albores de la Academia hubo un caso
de académico expulsado por estafa, cuya
mención u omisión dio mucho que pen­
sar al abate d’Olivet, académico y autor
de la primera “Historia de la Academia
y de los académicos". Pero desde enton­
ces tenemos la idea de que la cosa no
había vuelto a suceder. La “ evolución”
académica tenía sus etapas previstas:
s:r inmortal, dormitar en les cómodos
sillones, intrigar subterráneamente para
proveer las nuevas vacantes con los ami­
gos. morirse camalmente y oír desde la
gloria el retórico elogio d ; su sucesor.
No estaba, al parecer, previsto qué se
hace cuando el inmortal sale de la Aca­
demia sin el bell enterrement del caso
y se dirige por sus propios pies a la
cárcel.
¿Y qué hace el que llena su vacante?
¿Qué “elogio de su antecesor” se larga
en el discurso de recepción?
Esto es lo que ha motivado que du­
rante más de año y medio los sillones
de Maurras y de Petain hayan sido
considerados “tabú". Por último, el es­
critor Jean Rivain (un valiente) se ha
presentado solicitando el sillón de Mau­
rras. El de Petain continúa “ tabú’..

L

AUTOCENSURA
Hasta ahora, cuando en un libro, en
un periódico o en una revista nos en­
contrábamos con algunos claros en blan­
co, nuestro pensamiento iba siempre a
una oficina misteriosa, a Jin atrabiliario
funcionario ignorante y solemne, a un
fatídico lápiz rojo, en una palabra, a
toda la escenografía melodramática de
la censura gubernativa, sin la cual no
nos explicábamos ese claro, y a la que
creíamos capaz de todas las barraba­
sadas posibles.
Pero el último libro de Raymond Guérin, “Apprenti”, nos ha dado la sorpresa
de un caso único hasta ahora en que
el censor y el censurado se unen en la
misma persona. Guérin escribió su libro,
lo presentó a un editor, el editor lo
aceptó, se siguió toda la laboriosa ma­
nufactura —corrección de pruebas, pa­
ginación, foliación, etc.— y cuando el
libro estaba ya para Imprimirse hubo
cierto miedo, se pidió consejo a un abo­
gado y de acuerdo con el crjterio del
abogado el editor pidió y el autor con­
cedió les cortes correspondientes.
Los “cagots” (la palabra es tan bonita
que no podemos resistirnos el deseo de
dejarla en su idioma original), los nun­
ca bien alabados y servidos cagots, se
han quedado en esta ocasión sin su pre­
sa. No se podrán dar el gusto de escan­
dalizarse y escandalizar a su piara.

LA M A N IA DE S IS T E M A T IZ A R
Hay hombres en los que la manía de
sistematizar y reducir a cifras previsi­
bles y aleccionadoras los más delicados
actos de la vida los lleva a convertirse
en perfectos personajes de ese grari Mo­
liere del siglo x x que tanta falta nos
está haciendo y que no aparece por nin­
guna parte.
El profesor Emest Burgen, de la Uni­
versidad de Chicago, es uno de esos
hombres. Durante si; te años ha exami­
nado metódicamente el comportamiento
de 526 matrimonios (no sabemos nada
de los instrumentos ad hoc que haya
empleado en su interesantísima p;squisa), y al final ha reunido sus conclu­
siones en un hermoso volumen apare­
cido con el título d; “ Código del per­
fecto amor conyugal".
A la única persona a la que este libro
podrá ser de alguna utilidad es a su
propio autor, el honorable profesor de
la Universidad de Chicago, Mr. Emest
Burgen, pu;s aunque su obra no alcance
gran venta, le ha servido al menos co­
mo personal experiencia y se ha queda­
do soltero —de modo que entre sus “ fi­
chas” operatorias la única que no ha
llenado es la propia.
Por lo demás, tal vez esté recibiendo
infinidad de felicitaciones de solterones
y solteronas de todas las latitudes, con
lo cual, dentro de otros siete años de
sesudos estudios y con la ayuda de otro
fichero automático, confeccionará otro
libro “ Código del perfecto solterón”, y
se casará (para pagarlas todas juntas)
con alguna de sus admiradoras.
EL LA B E R IN T O G EO G RAFIC O
CO NTEM PO RANEO
Ser profesor o estudiante de geografía
en nuestros tiempos es un verdadero su­
plicio. Resulta que de todo el continente
europeo, s o la m e n te España, Portugal,
Suiza, Suecia, Noruega y, con ciertas re­
servas, olanda han conservado sus fron­
teras invariables. En los demás países
del anciano continente (que a pesar de
su ancianidad no ha llegado todavía a
sentar la cabeza) las fronteras han cam­
biado nada menos que ciento cincuenta
veces sn un periodo de veintioho años.
Lo malo es que generalmente los lími­
tes geográficos de las distintas naciones
se aprenden en la geografía elemental
y en la infancia por un fatal proceso
mnemotécnico del que muy difícilmente
se desprende la mente madura. Y cada
vez que se habla, se piensa o se escribe
sobre cuestiones que afretan a una a
otra región, el espectro del tembladeral
geográfico, de la incertiumbre jurisdic­
cional, contiene y obliga a innumerables
consultas. Antes se resolvía esto muy
fácilmente acudiendo al párrafo de la
geografía elemental, fijado en la memo­
ria con sello indeleble. Ahora se pierde
cualquiera entre anuarios, tratados in­
ternacionales, publicaciones de la difun­
ta sociedad de G inebra..., y muchas
veces concluye per no saber ni siquiera
en qué país ni bajo qué jurisdicción vive.
Y a que se hacen tantos libritos sin­
téticos sobre disciplinas que no son sus­
ceptibles de síntesis, ¿por qué no hay
una “ guia breve de las fronteras de los
diversos países” para uso de las escuelas
públicas y de los comentaristas de suce­
sos internacionales?
Muy difícil debe ser hacer esa guía
cuando no ha habido ningún genio de
la iniciativa que se atreva a lanzarla.
O tal vez se esté esperando tener cierta
seguridad en las fronteras actualmente

G UA R N I D 0
existentes, o se tiene miedo de que haya
un nuevo cambio el mismo día que la
“ guia” aparezca.
TODO ES SEG UN EL C O L O R ...
Como ahora se habla con tanta fre­
cuencia de la carestía de los libros, y es­
te articulo d; primera necesidad espiri­
tual se está poniendo por las nubes en
casi todas partes, a un periodista se le
ha ocurrido preguntarle a Roland Dorgelés:
— ¿Qué opina usted de la carestía de
los libres?
El autor de “ Cruces de palo” ha con­
testado con la solemnidad que le carac­
teriza;
—Un buen libro no tieEe precio; sola­
mente los malos libros cuestan d masiado caros.
La frase es muy buena. Pero quisié­
ramos saber lo que el señor Dorgelés

J

cree de sus propias libros. ¿Caros? ¿Ba­
ratos?... Pues quién sabe si una obra
d; Rabelais se puede tener por unos
pocos francos y en cambio un libro del
señor Dorgelés cuesta el sueldo de tm
mes de un funcionario de ministerio.
EL FAMOSO "D IA R IO "
Todo el mundo conoce, aunque sea de
oídas, el famoso “ Diario” de los Goncourt; algunos han leído I06 nueve volú­
menes da la edición Charpentler, en los
que es’á la parte de “verdad agradable”
que Edmond d i Goncourt juzgó se po­
dría publicar estando él vivo. El resto,
esto es, lo que Goncourt el superviviente
considera “verdad desagradable” (esto
es, la que tal vez los demás considera­
ríamos la más “ agradable” ) permanece
inédito y en les anaqueles de la Biblio­
teca Nacional francesa.
De cuando en cuando se halda de pu­
blicar es; resto del “Diario” y se hacen
cálculos acerca de su extensión. Por lo
general se ha considerado hasta hace
poco que la obra quedaría completa
agregándole unos tres vclúmen:* más.
Un editor “ de la casa” J.-H. Rosny conf Continúa en la página 30.)

»

-

LA IMPRENTA LOPEZ
es la primera organización creada en Hispano-"
Am érica dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre

como impresores, unido a l de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.

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arte y la técnica de la I M P R E M I ' A L O P E Z

en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­
nes, tanto de lujo como populares,
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B U E N O S AIRES

�'

CRITICA
Por

LITERARIA

G O N Z A L E Z

P a h u a del c a m p o , por Horacio

C A R B A L H O

Rega M olina; Editorial GuiU.rmo Graft Ltda.;

Buenos Aires; 130 páginas.
Pueblo patriarcal; solar envuelto en luces esenciales donde el labradaro, su bí­
blica presencia, se as me ja a un símbolo. Acontecimientos y cosas responden á
un ritmo remansado y aparecen en el verso con su condición de estampas de
melancólico recuerdo. Esta “ Patria del campo” tim e su clara ubicación en la
nostalgia. Es un aferrarse al t í mpo apresurado; es un querer aminorar la distan­
cia, corroborada a ratcs con el presente, sin que :1 cnto desnaturalice su aliento
rememorativo. El paso de las estaciones — a veces un soio día y su claridad deter­
minada— avivan en el corazón d ;l hambre esos ríos secretos, su agua vegetal,
inacabable. Nace así ese conjunto de poemas evocativo6 en que la realidad me
claramente animada por savias sin edad. R g a Molina desenvuelve límpidamente
su inspiración, tocada de un tenue soplo virgüiano que la infunde tonalidad ar­
caica. Su verso, superado en pureza, prolonga la estética conocida. Tanto el lenguaje
como los recursos de su técnica, están demasiado afianzados en él como para que
admitan discusión. Ayer, en sus libros primeros, pudieron anotarse influencias.
Hoy, en su madurez, le son tan propias esas influencias, que muestran la natura­
lidad del movimiento, del gesto. Acaso algunos de sus procedimientos estéticos
induzcan al reparo desde el punto de vista teórico, pero en la afinada música del
poema la fraternidad de espíritu y forma es tan cabal y fluida, que el lector
siente la necesidad de abandonarse a su música. Piel a metros y rimas, Rega
Medina logra independizarse d : toda ley o sujeción, y se deslizan sus estrofas
en una felicidad o fatalidad de expresarse frisca y espontánea. He aquí, estipulado,
el ajustamiento ideal d ; un oficio.
En decidida madurez, dominando sus elementos, el poeta aparece emanando el
agua de su canto.

D. H. Law rence
E L P A V O R E A L BLANCO
Una joven de notable cultura y fina sensibilidad, se niega a
afrontar abiertamente los impulsos del sexo y con eüo causa
ruina-de su propia existencia y desquicia la de los suyos.

R am ón G óm ez de la Serna
E L H O M B R E P E R D ID O
$ 7.—
D ice el autor: “Quiero que aparezca en esta novela todo lo
que la aprensión cree encontrar en la vida actual y sus alre­
dedores. Asi puíde resultar de este libro la compensación del
inccmpensado, del hombre perdido” .

'\M

John Steinbeck
E N L U C H A IN C IE R T A
S «—
Poema de unas almas muy distintas, impelidas por una causa
común buscando los alicientes de una existencia más tranqui­
la e iluminada por el lenitivo de la esperanza.

Ram ón G óm ez de la Serna
EL NOV ELISTA
* 6 .J jos ambientes más dispares, los conflictos más originales
rodean a los innúmeros personajes de ese inagotable retablo
humano, compuesto con prim or de maestro por uno i e los
escritores que más entienden de vidas y de novelas.

Ignazio S ilone
P A N Y V IN O
$ 7—
Un relato pleno de realismo rural, perenne, de Italia, en el
que describe el autor de “ Fontamara”, con intensidad dra­
mática, la evolución operada en la educación de las masas
populares después de la primera guerra mundial

Pida

estos libros a

las b u e n a s l i b r e r í a s

La imagen alcanza :n este libro un destino funcional. Ella equilibra, arquitec­
tura más bien, en su sencillez de viñetas distribuidas eficazmente por las estrofas,
el orden d;l poema. Y cada imagen decide matices, infunde sugestiones, acelera,
con su pulsación, la vital corriente poética.
Hallamos en “ Patria del campo" la encumbración de un lirismo impulsado pan
la nostalgia del lugar donde se nació y vivió. Savia de recuerdo, tradición de la
auténtica poesía, transportada luego por la voz de todo aquello por donde el
poeta difunde la mirada. Mundo mínimo, pero de tan rezumante emoción, que
se tom a amplio y numeroso, como que basta el árbol y la corriente menor para la
henchida grandeza del paisaje y la abismante entonación del agua. Cualesquiera
sean los metros que afronte, o los motivos que le inducen, Rega Molina acredita
la vena sensible y humana de su inspiración.
M a s t ín F ie r r o , por José Hernández; edición critica de Carlos Alberto Leumann;
Estrada, editores; Buenos Aires; 606 páginas.

No estamos ante un investigador más. Leumann es, entre tantos que se aven­
turaron por la inmortalidad del “ Martín Pirro” , uno de los capacitados para la
noble y difícil tarea. En esta edición critica que comentamos, utiliza el difundido
método de Lachmann, peligrosa herramienta en manos irresponsables, no asi en
las suyas de hombre familiarizado, en largas experiencias, con el lenguaje de
Hernández y su inspiración, tanto ilimitada como particular. Traiconado *1 texto
orginal, primero por distracción o desconocimiento del oficio de corrector de
pruebas en el autor; segundo por la irreverencia d i ediciones hechas a la ligera,
dentro del marco primario de nuestras publicsiciones baratas, urgía, como dice
Leumann, "hallar el arquetipo d : nuestro poema nacional”, correspondiendo para
ello la investigación filológica, realizada no solamente con paciencia y devoción,
sino con conocimiento del medio y del Individuo en su verdad profunda. L=umann aplica a su trabajo crítico normas de rigor probado, estudiando la múltiple
documentación existente acerca del poema, su criador y su época, efectuando
enmiendas, a veces con la única medida de la lógica; otras, después de pene­
traciones minuciosas, en idioma y estilo gauchos e interpretando el criterio artís­
tico de José Hernández.
Por lo expuesto, abarcamos en parte las dificultades y trascendencia de la
labor, que determina de por sí una etapa fundamental hacia la recuperación
y total conocimiento de esta obra, columna impar de nuestra literatura clásica,
que esperaba, como ocurrió con “ El cantar de M ío Cid” , el “Poema de los Nibelungos”, la "Canción de Rolando” y otros que se citan en las páginas prológales del
libro, ser salvada de versiones anárquicas que restaban pureza a la espléndida
verdad poética. Lcumman expone y discrimina lealmente, a la vista del lector
—presentándole uno por uno los períodos que nos devuelven a la prístina forma
de los cantos— descubriendo las razones que, a su juicio, motivaron su desna­
turalización. Transcribe luego, independientemente, las notas, el poema ya “restituído a su verdad arquetípica” ; para concluir con una «numeración metódica
de los versos enmendados. Ilustran el volumen diversas pruebas facsimilares ael
manuscrito, convenientes para fundar las correcciones. Libra Leumann sus capí­
tulos de oscuridades técnicas, enigmáticas a menudo para el lector profano en
este género de disciplinas, por lo cual la comprsnsión es absoluta. Sus referencias
a la gramática hemandiana, la ubicación del poema en el terreno de la pnta
i creación estética y sus convincentes dsducciones acerca de la americanización
del castellano, demuestran su ejemplar desempeño en el tema, la profundidad
dr sus consideraciones y la alta significación de su trabajo, tendiente a clarificar,
frente al tiempo qus lo reclamaba, la monumental obra de Hernández.

L

I

B

R

O

S

L a p a z por m e d io del D erecho , p e r Hans

Kelsen

Costorda.

Editorial

Losada,

Buenos Aires, 1946. 238 páginas.
El Instituto Argentino de Filosofía
Jurídica y Social, consecuente con su
modalidad kelsenista y sus afanes de
difusión de la misma, ha hecho tradu­

cir una colección de artículos publica
dos por Kelsen y que éste presenta en­
garzados en un libro bajo el título q
encabeza estas lineas.
En su nuEva publicación, Kelsen af
ma que tarea mucho más importante
que la de decidir entre la democracia
y la autocracia o el capitalismo y e
socialismo, es la de asegurar la P“"
mundial, lo qe se ha da lograr esenel mente con la creación de una or®an',
zación internacional mediante la cu

�se evitará-, efectivamente, la guerra en­
tre las naciones de la tierra. Dicha tesis
no sólo revela una vez más el form a­
lismo jurídico de Kelsen, derivado de un
positivismo jurídico, sino también que
aquél considera los problemas de la paz
como algo exclusivamente jurídico, con
Independencia de ciertos presupuestos
fundamentales para la misma. Ahora
bi:n, el problema de la paz no reside
la existencia de una organización, en
el mantenimiento de una entidad inter­
nacional aseguradora de aquélla, sino
en lo que, previam nte a esa organiza­
ción, exis'a como consecuencia de una
nueva estructura del mundo. Si éste no
cambia, y esto no se logrará mientras
no se resuvivan, de una u otra manera,
¡as cuestiones que Kelsen viene a conáderar como accesorias y que para nos­
otros son principales, de nada servirá
crear, como una simplv superposición,
una flamante organización mundial que
no satemos tampoco en dónde podrá
hallar su fuerza jurídica piara resolver
las cuestiones que un constante anta­
gonismo entre los factores señalados,
le presentará constantemente. No en
vano algunos de los teólogos españoles
señaló ya el a ror de crear organizacio­
nes polínicas mientras la naturaleza
humana, ypor tanto las condiciones pre­
vias de vida, no hayan sido modiifcadas. (P. de V itoria).

ii
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ii

i
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1
í
i
i

I
i
j

\

Con lo dicho no nos oponemos a la
existencia de organizaciones como la
desaparecida S. de N. o las actuales
Naciones Unidas, pero si creemos que
ninguna de ellas podrá cumplir debida­
mente con su misión si previamente no
se resuelven esas cuestiones extra jurí­
dicas a las que tan escasa atención de­
dica Kvisen, consecuente en esto a su
famosa, y para nosotros rechazable,
teoría pura del Derechc.

Por JEAN JAURES
I. La Asamblea Cons­
tituyente.
II. La obra de la Asam­
blea Constituyente.
III. La Asamblea Legis­
lativa.
IV. La República.

Dentro ya de esa concepción kelsenista, el libro representa un apr: dable
apere para una posible estructura in­
ternacional, la cual sólo es posible tras
una evolución de los conceptos de sobe­
ranía, nacionalismo, etc. Señala Kelsen
la imposibilidad actual de un estado fe ­
deral mundial, que él estima Irrealiza­
ble, y nosotros también. A n u e s tro
parecer, lo que interesa hoy día no es
postular esa imposibilidad, sino, más
prácticamente, aquellas transformacio­
nes predas, muchas de índole nacional,
que son necesarias para llegar a crear
otra nueva mentalidad, la única que
puede permitir en su dia llegar, no a
ese estado federal, sino a una organi­
zación mundial que tenga la autoridad
y capacidad de Imposición que actual­
mente no se puede lograr en ninguna
forma. Para nosotros, las cuestiones ju­
rídicas de esa organizacón dependen de
esas otras extrajurídicas, ya que, en su­
ma, aquéllas son simple manifestación
de un ordenamiento de vida. Conse­
cuentemente, en tanto no reformemos
ésta, nada o muy peco hemos dé lograr
con estructuras que descansan en con­
cepción :s formalistas que, p»r otra par­
te y dentro de una estricta filosofía
Jurídica, son más que discutidas.
Trata también Kelsen de algunas
cuestiones atinentes a la criminalidad
de guerra, todo ello d=ntro de ese su
formalismo jurídico que no responde a
ias exigencias de la obra actual. Su
afirmación de que la disciplina es posi­
ble únicamente en bas3 a la obedien­
cia incondicional, la estimamos dema­
siado absoluta y ello, pese a que la
“ dsma no excluye la responsabilidad en
que puede incurrir el superior que dió
la orden.
En suma, el libro contiene una ser
de aportación s interesantes dentro c
es: formalismo jurídico que estimami
debe ser superado. Sinceramen*e, creí
mos que el “descubrimento” e Íntegrí
ción d:l kelsenismo, que en alguni
países de América ha logrado gra
acePtación, lejos de ser beneficioso pai
una evolución de la filosofía jurídica e
cuando menos, retardatario de aquéll
Nadie pued: dudar de la gran obra qi
se halla realizando el Instituto Argenrii
e Filosofía Jurídica, pero bueno ser

Historia Socialista de la
R evolución F rancesa
V. La R e v o l u c i ó n en
Europa.
VI. La Gironda.
V IL La Montaña.
Vin. El Gobierno Revolu
cionario.

PRECIO DE LOS OCHO V O LU M E N E S

$ 70.----

H IST O R IA D E LO S E ST A D O S U N ID O S
Por JAMES TRUSLOW ADAMS
I. S u r g i m i e n t o de la
U n ió n .
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II. De la guerra civil a
potencia mundial.

PRECIO DE LOS DOS V O LU M E N E S $ 22.___

Hi s t or i a de la
' América Latina
Por DAVID R. MOORE
ENC.

I
I

EN

CARTONE

$ 2 5 .-

E1 autor pone de relieve los
acontecimientos más importan
tes, desde su descubrim iento
hasta la segunda guerra man
dial, de los países im ericanos
de origen ibérico} moldeados
en los postulados de la R evo­
lución Francesa.

i

Pida estos libros a las buenas librerías.

E d it o r ia l P oseídos

P E R U

9 7 3

BUENOS AIRES

�EORGIA O’ Keefe se encuen­
tra entre los más notables ex­
ponentes del arte moderno en
los Estados Unidos. La crítica la ca­
lifica de panteísta, oculista, perfec­
cionista, mística y purista; pero to­
dos recon-ccen en sus obras una ori­
ginalidad completa, una limpidez
gráfica, un espíritu lírico y gran eco­
nomía y pureza de ejecución. Su la­
bor artística se ha extendido desde
sus primeras acuarelas y dibujos ai
carboncillo, expresiones abstractas
compuestas de líneas, masas y espa­
cios, a través de los gigantescos pe­
ro exquisitos óleos de flores que han
sido tan imitados y que han traído a
esta artista su mayor fama; hasta la
época presente en que reproduce el
sudoeste de los Estados Unidos en
términos de montes azules, iglesias
de 2 dobe, huesos blanqueados por el
sol y dunas que se extienden hasta
el horizonte.
La señora O’Keefe nació hace 59
años en Sun Premie, en el estado de
Wisconsin, región agrícola que infun­
dió en ella el amor al cempo que
ha retenido toda su vida. A la edad
de diez años, mientras dibujaba ro­
ses y pensamientos, confió seriamen­
te a una amiga el propósito de dedi­
car su vida al arte. En el convento
donde recibió su primera lección de
dibujo la sentaron a copiar el yeso
de una mano de niña. Hizo un dibu­
jo tan minucioso y minúsculo que la
maestre al verlo la regañó por ha­
berlo hecho tan pequeño. Entonces
decidió nunca más dibujar rada en
escala menor.
Sus primeros estudios formales los
cursó en el Instituto de Arte de
Chicago. De allí fué a la Liga de Es­
tudiantes de A rte en Nueva York.
Después de pasar todo un invierno

G

GEORGIA O ' K E E F E
Por D E N I S CADOGAN
pintando con la técnica tradicional
llegó a creer que nunca llegaría a
ser -una verdadera artista. Se dedicó
entonces brevemente al arte comer­
cial. Pasó a estudiar diseño en la
Universidad de Virginia, y por fin
regresó a Nueva York a estudiar en
la Universidad de Columbia bajo el
profesor Arthur Dow. Fué éste quien
la enseñó a experimentar con su ar­
te, a “ buscar formas nuevas para

Tres

exp resa r la b elleza d e una id ea ” .
“ E l arte lle g a a la d ecaden cia” , le d i­
jo , “ cuando diseñadores y pintores
pierden e l poder in ven tivo y se con ­
fo rm a n con m eram en te im ita r la na­
tu raleza y las . creaciones de los
dem ás” .
“ E l diseño abstracto” , continuó el
p ro feso r D ow , “ es la c a rtilla de los
pintores. E l p rim er paso en la p in ­
tu ra es e l d ib u jo de las líneas aue

I nangu rac iones

P arís . — Se realizó en la galería Van
Riele, Boulevard Malesherbes, la inaugu­
ración privada de las obras recientes del
pintor F. Maíllaud.
Nacido en Mouhet (Indre) en 1863,
Maillaud, a la edad de 83 años, con­
serva una seguridad en su mano, un ca­
lor en el colorido y, sobre todo, una fe
en su arte, que admiran. No se dice de
un paisaje del maestro: "H e aquí todo
lo que pintaba en su buena época” . No
podría decirse, en realidad, pues ningún
artista ha sido y continúa siendo más
igual a sí mismo que Fem and Maillaud.
El conjunto que presenta no hace más
que confirmar las cualidades que ya se
le conocían: un trabajo realizado al ser­
vicio de una sensibilidad refinada.
Conjuntamente con el pintor Carzou,

Privadas

cuyas obras se exponen en privado en
la Galería Drouant-David, entramos ple­
namente en el sobrerrealismo. Un so­
brerrealismo que no tiene nada de agre­
sivo. Nada de escuelas, ni capillas. Garzou "trabaja” el azul verde con una rara
intensidad de expresión.
Sus flores, especialmente, no son del
todo flores .sino lo que la imaginación
y el talento del artista han querido que
fueran.
Finalmente, en la Galería Bruno, ca­
lle del Sena, se realizó la inauguración,
en privado, de las obras de Baboulet,
joven pintor de Toulouse, de gran por­
venir. Sus paisajes del Sud-Oeste, y de
Provenza, en particular, han sido trata­
dos en la más pura tradición clásica

crinan e l contorno de los objetos,
in la creación de estas líneas e
irtista tiene, una oportunidad fo m lable para capturar la belleza
as proporciones y establecer un
iue fu erte y v iv o ” . También le
licó que en e l arte oriental -i I“
ne tem a es utilizado una y_ ®
'ez, pero siem pre con nueva bel** •
:on d iferen tes cualidades y acomp
lam ientos com p lejos” .
En 1916, bajo el influencia de
Dow, G eo rgia O ’K e e fe decidió P
ar en e l futuro solamente a gusw
tropio. Desde e l oeste del Pal^
le estaba trabajando en esa epo .
lan d o un núm ero de dibujos a
im igo en N ueva Y ork , con la
lición de que “ nc se 1°®.ens®
i nadie” . El am igo inmediat?ment
e los enseñó a A lfre d o StiegldL
¡ran m aestro de la fotografía
,.
lerna, quien al verlos ex.cIan\,
¡P o r fin , una m u jer que Pinl f
rerd a d !” . P oco después presento e
u fam osa G alería 291 )jn?.
g¡a
lición d e los cuadros de tj?c
D'Keefe, y más todavía, logro co
rencerla que debía dedicarse ‘ .
Untura al óleo. Ocho anos despu«
sta amistad culm inó en lss
le estos dos grandes artistas.
El arte de G eorgia O K e; fe des
lierta em ociones intensas
las en form as de cristalina P . ’
In todas sus obras se refleja, P
am ente expresado, su amor P
lo a la naturaleza que ella un*
lefinió com o algo “ brillante,
Q
c y apacible todo a una v e •
1 curso de los últim os ve *nt® • Jes_
o años, \z señora O ’K e e fe b
te
rro lla d o más y más com pl-t;
u personalidad artística. Sus
e m antisnen a un tiem po sensual»
ascéticas, em otivas, limpi

�0

G

RIMLOCK: era sólo espectador del
proceso. Habla venido únicamente
por placer; porque odiaba a Be­
doff. Además, deseaba saber qué le ocu­
rriría a Menlis, a quien se sospechaba
asesino. Más bien simpatizaba con Men—
lis, limitadamente, claro está, porque
Menlis era una persona limitada. Cum­
plía órdenes y por esta razón lo había
utilizado Grimlock, y también porque
Menlis no tenia escrúpulos. Pero Menlis
no tenía condiciones de jeíe. Grimlock
lo había utilizado, como a los otros, lo
menos posible. Creía que no era conve­
niente que demasiadas personas cono­
cieran intimamente sus asuntos.
En el gran salón, el viejo juez, senta­
do en el banco, con sus ropas flotantes,
parecía una figura muy decorativa. En
estos procesos se ponía mucha pompa,
y esto impresionaba al público. Como si
no existieran todas aquellas complica­
ciones detrás. Grimlock podía complicar
las cosas como los mejores. Este era su
fuerte, o uno de sus fuertes. Por eso es­
taba aquí

el médico descansando y hablando tráíia¡lilamente— es un tumor, del tamaño
de una nuez, que se presenta en el so­
baco. Esto es lo primero que debe aten­
derse. Se percibe al tacto. Se desarrolla
ocho días después del contagio. Después
de su desarrollo nada puede salvar al
paciente.
— Adelante, doctor —animó eí acu­
sador.
—Poco después de la aparición del tu­
mor —siguió diciendo el testigo— , sur­
gen náuseas, con sudor, fiebre y opresión
en la garganta.
—Adelante, doctor —d ijo el acusador
otra vez.
— En pocas horas hay un agudo dolor
en el vientre, acompañado de hinchazón
en la cara y en el cuello. Las facciones
se desfiguran, como por estrangulación.
Poco después sobrevienen un síncope y
la muerte.
— ¿Cree usted posible —preguntó el
acusador, y hablaba ahora muy lenta­
mente y miraba al magistrado— que el
muerto haya c o n t r a íd o la peste en
Egipto?
—No sólo creo que es posible, sino que
estoy seguro — dijo el médico— . Todos
los síntomas eran los de la peste. Supi­
mos que el barco se detuve? una hora en
El Cairo. Habría necesitado Solamente
tocar con las manos descubiertas la piel
de un enfermo y la peste habría sido
transmitida. El contacto personal, jun­
to coa atraer el rostro a suficiente dis­
tancia como para recibir su aliento, bas­
tan para contagiar.
El acusador hablaba lentamente.
— ¿Ha tomado usted, naturalmente,
todas las precauciones para evitar el
contagio al público? .
El médico añadió:
— Claro está que tomamos todas las
precauciones. Todo fué desinfectado y
la cabina cerrada. Por tratarse de la
temperada de turismo no lo hemos he­
cho público aún, puesto que todo peligro
ha pasado ya. Esto fué por orden del
gobierno. Han transcurrido ocho días
desde la muerte. Si alguien hubiera con­
traído la enfermedad, los sintomas apa­
recerían ahora. Sin embargo, creemos
que nadie estuvo en contacto con el
muerto. No creemos esos cuentos sobre
una persona dejando la cabina...
— ¿ Y cuál es su conclusión, d o cto r? __
preguntó sonriendo el acusador.
—Que murió por la peste, y que nadie
debe ser acusado de su muerte —dijo el
testigo enfáticamente.

Nada demasiado malo podía suceder
al joven Menlis. Grimlock tenía esto
previsto. Ya se encargarían de alguna
manera del asunto. Pero cómo, Grimlock
lo ignoraba aún. Generalmente dejaba
detalles de esta índole en manos de sus
bien pagados secuaces. Se divertía escu­
chando el proceso.
Bedoff había muerto súbitamente. Es­
taba a bordo. En el gran “Balkania” , que
había anclado en la zona este del puerto,
donde Grimlock era poderoso. Tantas
cosas ocurrieron mientras aquel gran
barco ancló. Guerra o paz. Iba a de­
cidirse.
Tal vez Bedoff se habría inclinado por
la paz, pero la paz no era exactamente
lo que deseaba Grimlock en aquel mo­
mento. Por lo menos, no hasta que se
vendieran aquellos armamentos. Y Grim ­
lock detestaba a Bedoff. Todos sabían
ésto. Y todos sabían también que nada
detenía a Grimlock cuando estaba enadado. ¿Por qué aquel idiota de Bedoff
&gt; se había mantenido aparte, en lugar
e parapetarse con su dinero? Bueno;
caro le había costado. Y ahora Bedoff
estaba muerto. Asesinado, decían. Y
murmuraban unas y otras cosas de los
agentes de Grimlock. Sospechaban. No
mucho, pero había murmuraciones por
doquier. Y apretaban al joven Menlis
más que a nadie. Esto era, probablemen­
te, porque se trataba de uno de los alle­
gados a Grimlock, y también porque la
descripción del hombre que salió de la
habitación de Bedoff coincidía con Men­
lis. como coincidía coa las sillas de aquel
salón. Menlis estaba allí sentado, calmo,
tranquilo, confiado.
Las pruebas prosiguieron, digna, len­
tamente. Habían encontrado a Bedoff
muerto en su buque, después de atracar.
Tenía marcas en el cuello, como si hu­
biera sido estrangulado.
l a descripción del hombre que dejó
la cabina de Bedoff era tan indefinida
que podía aplicarse a cualquiera. Este
era un punto a favor de Grimlock. Pro­
seguía el testimonio.
El joven Menlis tenia cosas en su con­
tra. Grimlock bien lo sabía. Su coartada.
Por ejemplo. Parecía un punto descui­
dado, muy descuidado, y tenia fallas.
Hubiera sido tan fácil preverlo todo por
anticipado. Grimlock frunció el ceño y,
cuando lo hizo, la Honorable Corte, y el
acusador, el médico y todos se sintieron
incómodos.
El testimonio aumentaba. El médico
legal ocupó el banquillo. Había, exami­
nado el cadáver, sí. Sí, había hecho la
autopsia. Sí, el cuello estaba hinchado...
y la cara. Sí, era una muerte violenta.
Sí, por estrangulación. Perfecto.
Grimlock frunció el ceño otra vez. El
médico prosiguió :
—Pero1—dijo— todos estos síntomas
significan otra cosa.
Grimlock se tranquilizó. Sus mucha­
chos se habían encargado del asunto.
Fuera lo que fuese, ya Iba a enterarse.
—Prosiga —dijo el juez.

c a b a lg a t a

—Puede usted retirarse —dijo el acu­
sador, y se inclinó ante la Corte.
En. justicia, no debo interrogar más
—dijo.

CUENTO

POLI CI AL

SOSPECHA DE ASESINATO
Por

WILLIAM

El testigo continuó, en forma pausada:
—C o m ú n m e n te — dijo— , habríamos
supuesto que se trataba de un asesinato
por estrangulación.
Miró a Menlis y lanzó una mirada de
reojo a Grimlock. Comenzaba a diver­
tirse con su papel.
—Pero —repitió— no llegamos a esa
conclusión. Habíamos recibido un comu­
nicado muy inquietante de El Cairo —
prosiguió— exactamente antes de ir a
la cabina. Como se trataba de plena
temporada de turismo, las noticias se
callaron. Pero como el barco habla salido
de El Cairo sólo ocho dias antes y a
causa de un gran peligro..., nos habían
informado a nosotros... confidencial­
mente, claro está.

C

FORD

— Adelante —dijo el acusador. Y tam­
bién dirigió una mirada a Grimlock.
Muy hábil, pensó. Y verdadero también,
lo que lo volvía aun más hábil. Tal vez
aquí lo atraparan. Se inclinó para res­
ponder.
El médico se irguió y se compuso el
pecho.
—La peste habla estallado en El Cai­
ro —dijo— ; exactamente el período de
inoculación de ocho días había trans­
currido desde la partida del “Balkania” .
Esto hizo cambiar nuestra opinión...
Grimlock se Inclinó de nuevo.
— ¿Cómo se desarrolla esa peste —in­
terrogó el acusador.
—La primera indicación del mal —dijo

Grimlock estaba libre. Nadie en con­
tacto con éL nadie, ni remotamente, po­
día ser acusado ahora. Se habla termi­
nado con Bedoff.
La guerra se acercaba. Es cierto que
Bedoff hubiera muerto de cualquier ma­
nera, y terriblemente. Pero todo estaba
en paz, pensó Grimlock, encogiéndose de
hombros.
Nada. Nunca la cara de Grimlock ha­
bía mostrado sus sentimientos, nunca
en su vida. Nunca mostraría nada.
Nada. Asi. Apenas vió la inclinación
del médico y el digno saludo del juez.
ADenas sintió que devolvía el saludo.
Nada. No mostrar nada. Había gana­
do ahora, como siem pre... Se apresuró
empujando a la multitud. ¿Se sorpren­
dían acaso de su prisa? Lentamente,
Marchó hacia la puerta sonriente...,
con una sonrisa rígida en la cara.
Y . una vez en el corredor, rápidamen­
te. deslizó la mano debajo de la cha­
queta para tocar el sobaco.
El tumor estaba alli.

�P A R T ID A

N i 11

Torneo Internacional del Círculo de A jed rez
(Buenos Aires, 1939)
BLANCAS
F. B E NK O

N E G RA S
R. G R AU

Defensa Caro - Kann
Variante Panov
1.
2.
3.
4.
5.
6.

P4R
P4D
PxP
P4AD
C3AD
A5C

P3AD
P4D
PxP
C3AR
C3A

Esta jugada, que em pleó Botw innik en su
match contra Flohr. es considerada la llave
d el sistema. Las Blancas amenazan ganar
un Peón. Hay varias defensas, pero en casi
todas ellas las Blancas quedan con m ejor
ju ego Veam os:
a ) 6. . . . P x P ; 7. P5D, C4TD (si 7. ...
C4R; 8. D4D); 8. C3A, P3R; 9. C5R!. P x P :
10. D 4 T j„ C3A: 11. O— O— O, con gran su­
perioridad de desarrollo.
b ) 6. . .. P3R; 7. C3A, A2R (7. . .. P x P
es menos peligroso); 8. T IA , O— O; 9. P5A!.
C5R; 10. A x A , D x A ; 11. A2R. A2D; 12.
P3TD, P 4A ; 13. A5 C ! con m ejor juego para
las Blancas (B otw in nik - Konstantin&lt;^olski.
Svendlovsk, 1943)
c ) 6. . . . A3R; J C3A. D2D (no 7. . . .
P xP ; 8. AxC, P R x A ; 9. P 5D ); 8. P5A, con
m e jo r juego para las Blancas.
d ) 6. . . . D3C; 7. P xP , D xPC (si 7. ...
C D xP; 8. C R 2R !); 8. T IA , y las Blancas
están muy superior. (Botwinnik-Spielm ann.
Moscú, 1935).
e) 6. . .. D 4T!; 7. D2D! P x P (m ejor, 7. . . .
A 4 A !); 8. A x P , P4R; 9. PSD, C5D; 10.
P4A !. con m e jo r juego para las Blancas
(K eres-C zem iak , Buenos Aires, 1939. Torneo
Internacional del Círculo de A je d rez)
f ) 6. . . . A5C, aplicada en la presente
partida.
6.............
A5C
Esta jugada, d el argentino Damián Reca.
ha sido tratada con inexplicable indiferen­
cia p or los teóricos internacionales.
7.

P3A

.........

Otras posibilidades:
a ) 7. D2D. P x P ; 8. P5D, C4TD; 9. D4D.
D3C!; 10. AxC, P C x A : m ejor las Negras
Si 11. D x A D x P
b ) 7. D4T. C2D!; 8. P x P (si 8. C xP, C3C:
9.
D5C, A2D; o si 8. P5A, P3CR. e t c ':
8.
. .. C3C; 9. D5C, P3TD; 10. D5A. C2T;
11. P6D D xP; 12. DxD. con juego igual
c ) 7. A2 R I (en mi opinión, la m ejor res­
puesta): 7 . . . A x A ; 8. CR xA, P x P ; 9.
P5D, C4R; 10. 0-0, y el desarrollo de las
Blancas es muy superior.

Otra interesante continuación es 8. P5A;
por ejem p lo: 8 . . . P3CR; 9. A5C. A2C;
10.
CR2R, 0-0; 11. D2D, con buen juego
para las Blancas.
8.........
9.C4A

P xP

N c 9. A xC , P R x A ; 10. P SD a causa de
10.
. .. C5C!; 11. C4A (si 11. P x A ? se p er­
dería la D am a); 11. . . . A4AR, etc.
9. . . .
10-CxA
11.A x P !

CxP
CxC

Benkó explota la debilidad d el flanco
Dama enemigo, para crear amenazas de
mate. E l A lf il blanco de 5CR disfrutará
por algún tiem po de protección ''in visi­
ble".
11.........

AJEDREZ
la? Blancas fácilmente re c u p e r a r ía n su
Peón, quedando con mucho m ejor juego.
La única defensa consiste en jugar 12. ...
CID ; por ejem plo: 13. C5C. T IA . etc.
12........
13.R2A

La solución empieza con

Por FRANCISCO B E N KÓ
muestra una vez más los peligros que en­
cara un R ey "sin aire” .
C A M P E O N A T O A U S T R A L IA N O
Negras: LO U G H R A N

Tam poco ahora se podía capturar el A l­
fil: 13. ... C xA?; 14. A5C j.. C2D: 15. TxC.
T x T : 16. T1D.

DxD
CxD

Y, completando el encierro de la Dama,
se juega
4. P7C!
DxP
Unica y tablas por ahogo del Flanco.
Un final precioso.

A.

C ID
P3R
R2R
C2D

Y

F I N A L E S

P R O B L E M A
NO
14
G. TH O RÉN ( “ Svenska Dagbladet”,
1927).
Blancas: R7TR, D4CR, T3AR. P2TR (4).

Si 18- . .. P3CD; 19. C5C. C3A. 20. C x P !;
CxC; 21. A x P C y ganan.
^

C3AD
C(2)4R
P4A

19. A x P T
20. A3R
21. A2R
22. P3TD

L o m ejor. Pasando un P eón lib re en el
flanco Dama, las Blancas se aseguran el
triunfo.
C2D
C ID

22........
23.A4AD
24.P4CD

Tam bién 24. A 5 C j., C3A; 25 CxP, CxC:
26. T1R, era suficiente.
P3T
P4CR

24........
25.P4TD
26.A4D
¿Para qué? M ejo r
26. P5T, etc.
26. . .
27.A3A
28.P5T

seguir

con

el • plan:

P4R
C3AD

En lugar de ésta. 28- A6R ganaba en el
acto.
2 8 ....
29.P5C
30.A4C J.
31.P6T
32.C5D j.
33. A x C
34. A x P
35.A x A
36.T1CD
37. T6C j .
38.A5D
39.A6R
40.R2R
41.
A5A
42.
A3D

Blancas: H AR R IS O N
Juegan las Blancas
Las blancas jugaron
1. D8TR
a lo que siguió
P4T??
Esta &gt;ugada natural y aparentemente sa­
tisfactoria, es un error, después del cual
el final está irrem isiblem ente perdido para
las Negras. Cierto que en la partida, las
Blancas fallaron en encontrar el camino de
la victoria —sumamente profundo e intrin­
cado— . y por eso perdieron el juego, pero
análisis posteriores mo-traron una manio­
bra en extrem o interesante y peculiar pa­
ra ganar:
2.

A2C
C5D
R3A
C3C
C xc
CxPC
A1A
TxA
C2T
R2C
T1D
P5A
T5D
T5T
abandonan.

(Com entarios de M iguel Czem iak
de su libro "T o rn eo Internacional
del Círculo de A je d rez", Buenos
Aires, octubre le 1939).
C O M B IN A C IO N E S Y ERRORES
IN | M O R T A L E S
K A R L O V E V A R Y (Karlsbad, 1*11)
Negras: E COHN

D6A!

La misma maniobra en la partida viva,
como en el final de K. A . L. KubbeL de
nuestro concurso de soluciones (C A B A L ­
G A T A N? 3); esto demuestra una v e z más
la importancia de ocuparse también de los
finales compuestos, porque ellos tratan en
potencia de todas las estratagemas y suti­
lezas que pueden producirse en cada mo­
mento en la partida viva.
D6T
Evidentemente, las Negras no pueden ju ­
gar DxD, n i p erm itir que las Blancas le
cambien la Dama en la casilla 4AR de las
Nsgras. P o r eso la alternativa sería: 2........
D5A. con una variante m uy interesante:
3. R2C, P5D; 4. D xP. P5C: 5. D6A j.. D4C;
6. P4A!, D xD; 7. PxD , P6D; 8 P7A
P7D; 9. P 8 A (D ), P 8 D (D ): 10. D6A, mate.
3. D7A1!

P5D

Las Negras no tienen m ejor jugada.
4.

D8AÜ

Si esto fuera Un estudio compuesto, el
compositor podría estar orgulloso de cada
jugada.
P6D
Después le 4. . . . D4A, 5. DxD. P x D co­
rona el Peón blanco mientras el Peón ne­
gro sería detenido por el R ey blanco.
5 . D4CJ.
6 . D7R

P5C
malte.

(Notas parcialmente de J. Míeses
de ;u libro "Instructive Positions
írom Master Ches;",.

D xD j.

V E N T A J A DE D A M A Y DOS C A B A LLO S ;
R E S U LT A D O : T A B L A S !!
A. O. Herbstmann, el famoso compositor
de finales ruso, es uno de los magos del
tablero, que sabe m anejar los trebejos a su
gusto y producir las ideas más inverosí­
miles. A continuación publicamos una de
sus joyas, que por cierto provoca en nos­
otros el deseo dé conocer más obras de su
cosecha-

12,TxD

A. O. H E R B S T M A N N (¿Fu ente?)

Juegan las Blancas
En esta posición ganaron las Blancas con
un brillante sacrificio de las dos Torres.
1. T x P j . ü
2. D7R j .
3.78CR j .
4 .T xC j . !!

La posición de las N egras no es. por
cierto m u y atractiva. N o pueden seguir 12.
.. C ÍA por 13. CSC. N i 12. . . . C x A (o 12.
. .. C 4A) por 13. A5C. j. Tam poco pueden
p erm itir el cambio en 6R pues en tal caso.

P 8 T (D )!!
T7TDÜ

(Se publicarán los nombres de los solucio­
nista que manden soluciones correctas
dentro de los primeros quince días después
de la aparición de este número).

Ahora el ala de la Dama, desguarnecida
quedara a merced del adversario. P ero ya
no había nada mejor. Si 14. . .. C xA?; 15.
T xT . y si 14. . . . T3A, 15. A (4 )x C , pero
no 15. A5C, CxA, etc.
15. T x T
16.C5C
17.C7A j.
18.A3R

2.
3.

P R O B L E M A S

TxT

A 11. . . . C x A habría seguido 12. D 4 T j„
C2D: 13. 0-0-0, P3TD ; 14. TxC , D x T ; 15A5C.

Pcsiclón después de la Jugada 12 de las
Blancas

1916

T1D?
T3D

14.TR1R

1. T x P j !
DXT
Si 1. ... R xT; 2. P8T(D )j., y son las
Negras, quienes tienen que buscar ias ta­
blas.

R xT
R3C
R4A

Este sacrificio de la calidad demuestra
el objeto del sacrificio precedente. Ahora
las Blancas ganan la Dama, pues después
de 4. . .. P x T sigue 5 .D 7 D j., y después
de 4. . .. R x T ; 5. D7CR j., R4T; 6. D7TR j
Abandonan.
El ejem plo que sigue es un fin al de
Damas sumamente instructivo, porque nos

Negras: B8CR, A7CR (2).
M ate en 3 jugadas.
...............F I N A L N 9 7
K U R T EUCKEN (Original).
Blancas: R1CR, A7AR, C2D. C5AR, P ®
P4TR (6 ).

m

ii S

m m 1
SS3

B
ma ■L,
m &gt;r”■ ?&gt;I
m B mm m
■ m B it
a mm □

i

■

Negras: R1TD, T4R. A1AR. C8AR. ClTB
(5 ).
Juegan las Blancas y hacen tablas.

SOLUCIONES DEL N» 6 DE CABALGATA
P R O B L E M A NO 9:
A. E LLE R M A N N (Original).
Blancas: R1TR. D1AR, T7TD, T8D, AID.
A8TR. C8AD, C8AR (8).
Negras: R2AR. T7CD. T2TR. A2CD. C8AB,
O C R ; P4CD. P3TR, P7TR (9).
M ate en 2 jugadas:
1. D2C
P R O B LE M A NO 10:
A.

K R A E M E R ("Deutsche Schachzeitun* .
1936).
Blancas: R IA D , D3AR, T7CD, A3D. P4AR.
P7TR (6 ).
Negras: R1TR (1).
Mate en 3 jugadas:
1. T IC !, R2C; 2. D7C J.
N A L NO 5:
J. V A N C U R A (1917, ¿dónde?)
Blancas: R7TR, T6CR. C6CD (3 )•
Negras: R6R. C1CD. C7H. P2AD^5&gt;.
Juegan las Blancas y hacen t*0135
1. TIC , C8C; 2. T4C!.
‘ t x CJ-T IC tablas); 3. T4TD!. C6T. 4. 7
xT; 5. C4A j . tablas.
Soluciones correctas roandaron PRoeeü&lt;&gt;
oblemas 9 y 10 y para el fin a l,
irnández. Bánfield, T ''Puefnes&lt;pablo Ca­
para los problemas 9 y 1®- , puuer
era, Montevideo, y Bruno Lu
asnos A ires.
#inai. jorg«
PaTa el problema N? 10 y el fi
Galtié, Ituzaingó.

�Orquestas Sinfónicas Rurales en los EE. LE.
Por J.

E

x

los Estados Unidos hay muchos
pueblos y ciudades que carecen de
los recursos necesarios para soste­
ner una orquesta sinfónica. Sin embar­
go, de la unión de los talentos musica­
les que se encuentran en varios pueblos
y aldeas vecinas, se pueden obtener a
veces resultados sorprendentes. El des­
envolvimiento de-orquestas de esta ín­
dole ha sido muySiatural y no se debe
juzgar como fenómeno aislado propio
solamente de una región, excepcionalmente favorecida. Es un desarrollo que
se ha repetido, una y otra vez, en di­
versos puntos de la nación. El resultado
ha sido que las orquestas sinfónicas, in­
tegradas por aficionados, que se han
desarrollado en grandes centros indus­
triales, tales como la ciudad de Detroit,
tienen como rivales conjuntos similares
en muchos pueblos del país.
Creo que este desarrollo se puede
ilustrar mejor citando un ejemplo par­
ticular, y por eso relataré el progreso
musical habido en el condado de Tus­
carawas, en el sureste del estado de Ohio.
Como casi toda comunidad en esta
época intranquila, Tuscarawas ha te­
nido que lidlár con el problema de la
delincuencia de menores, y ha tomado
medidas positivas para remediar esa si­
tuación. Al mismo tiempo, el provecho
que ha sabido sacar a los centros de
conservación de recursos naturales, crea­
dos por el gobierno durante los años de
la depresión, ha servido de ejemplo a
otras localidades en circunstancias se­
mejantes.
En los pueblos y aldeas se inició, hace
afios, la industrialización del condado.
Debido a la proximidad de yacimientos
de arcilla refractaria y de carbón, la in­
dustrialización se extendió a la manu­
factura de cañerías para cloacas. Una
vía férrea principal que atraviesa el
condado ha atraído a muchos jóvenes
de la región; asimismo, la industria si-

DORSEY

CALLAGHAN

denirgicá se difundió aprovechándose de
la abundancia de yacimientos de car­
bón que se encuentran en los alrede­
dores. Pero, en cuanto a la música, fue­
ra de la radio y de los pianos en una que
otra casa, sólo existían los órganos de
las iglesias que en este condado, por lo
general, están situadas en los cruces de
caminos.
Esta era la situación hasta que llegó
al condado, hace diez años, un músico
joven, Gilbert Roehm de nombre, quien
había cursado estudios musicales en el
Conservatorio de Cincinnati. Llegó a
Tuscarawas con una idea fija, y anima­
do del entusiasmo necesario para lle­
varla a término. Quería, simplemente,
organizar una orquesta sinfónica en la
que se aprovechasen los conocimientos
adquiridos en los excelentes cursos mu­
sicales de las escuelas públicas del con­
dado, a fin de que la juventud de Tus­
carawas, al concluir sus estudios, no se
viese obligada, por razones económicas,
a abandonar su interés en la música.
Encontró unes cuantos simpatizantes
que no sólo aprobaron sus aspiraciones,
sino que se convirtieron en partidarios
activos de su labor. Con ese apoyo se
fundó la Sociedad Filarmónica del Con­
dado de Tuscarawas. Basándose en la
creencia de que en todo pueblo y aldea
existen almas amantes de la música, los

organizadores se dedicaron a propagar
sus intenciones por todo el condado, y
en corto tiempo pudieron reunir un nú­
mero suficiente de aficionados para or­
ganizar una orquesta de setenta músicos,
dirigida por el señor Roehm.
La idea tuvo un desarrollo sorpren­
dente. Cada villa y cada aldea empezó
a enorgullecerse de sus artistas locales.
Por ejemplo, cuando se corrió la voz en
la estación de ferrocarril del pueblo de
Dennison que “ Janst Lacey y Floyd
Stine iban a tocar con la orquesta sin­
fónica el próximo sábado” , sus compa­
ñeros de trabajo acudieron en masa pa­
ra averiguar qué era eso de “sinfonía”.
Lo mismo sucedió e nlos otros pueblos,
y de esta manera se fué creando pú­
blico hasta llegar al punto en que el
auditorio de la escuela superior de la
sede del condado, en donde se celebra­
ban los conciertos, no tuvo cabida para
alojar al público que deseaba oírlos.
Después, la orquesta emprendió una
gira por el condado, presentando, casi
en cada pueblo, a un solista nativo del
lugar. Y la calidad de la música fué
mejorando a la par que el interés del
público.
Hoy día, la orquesta puede recurrir a
un máximo de quinientos músicos, entre
los que se encuentran desde adolescentes
hasta septuagenarios de barba blanca.

CALENDARIO RETROSPECTIVO
FEBRE
11 1893. Se estrena en el Teatro Regio
de Turín la ópera de Puecini Mancm
Lesean.t. La obra del Abate Prévost
fué puesta en música varias veces;
1*1 ballet en 3 actos, de Halévy, en
la Opera, 3 de mayo de 1830 ; 2“ )
una Opsra-comique de Auber, con li­
breto de Eugenio Scribe, Opéra-

RO

Comique, febrero 23 de 1856 ; 3*) la
ópera de Massenet, libreto de M eilhao y Gille, enero 19 de 1884. OpéraComiqüe; 4*) esta de Puccini, sobre
libreto anónimo.
2) 1843. Federico Augusto de Sajonia
nombra, por real decreto, segundo
director de la orquesta de la Opera

de D r e s d e n a Ricardo Wagner.
3) 1904. Nace, en Pisa, el compositor
-Luigi Dallapiccola.
4) 1728. Se estrena en el Teatro Sant’
Angelo de Venecia, como última
ópera del carnaval, G l'odj delusi dal
sangre. Baldassare Galuppi compu­
so el primer y tercer actos; Giovanni Battista Pescetti el segundo.
5) 1887. Estreno del Otello de Verdi
en la Scalá de Milán. "¿Todavía
Otello en la S cala?!!! Después de
la masacre que hicieron con él la
última vez, esperaba que no se ha­
blara de Otello en la Scala por lo
menos por un decenio— Repito;
Otello ha sido mal presentado en la
Scala, y ahora darán una audición
de duetos, arias, etc., para consuelo
de los adeptos de la música del por­
venir, que continuarán gritando qüe
el drama musical, el gran drama, el
verdadero drama, sólo se encuen­
tra en Alemania y en Francia, ¡A le­
grémonos, a le g r é m o n o s ! Amén.”
(Carta de Verdi al editor Ricordi,
sin fecha; anterior a la reposición
a la cual esta carta se refiere y que
tuvo lugar el 15 de febrero de 1882).
6) 1600. Fecha de la dedicatoria de la
Euridice de Perl, p r im e r a ópera
conservada, a María de Médicis. La
obra fué compuesta para los feste­
jos de las bodas de María de M é­
dicis con Enrique IV, de Francia.
7) 1533. Muere, en Nuremberg, el polifonista K a s p a r Othmayr, autor
del Epithaphium D. M a rtin Lu theri, a cuatro voces.
8) 1934. Estreno de la ópera Four
Saints in Three Acts (Cuatro santos
en tres actos) de Virgil Thomson,
en la Sociedad de amigos y enemi­
gos de la músico moderna, de Hart­
ford, Connecticut.
9) 1337. “De Nos Don Pedro (IV , el
Ceremonioso), por la gracia de Dios
Rey de Aragón, etc., al fiel suo Jus­
ticia de Exativa salut et gracia. Co­
mo nos hayamos menester á Halezigua, moro juglar tocador de rabén,
por esto vos enbiamos de?ir et man­
dar que vistas las presentes nos lo
alarguedes por alguna manera. D a­
da en Valencia Jus nuestro tertio
nonas febroarii a n n o quo supra
(1337).”
10) 1127. Muere Guillermo, séptimo con­
de de Poitiers, noveno duque de
Aquitania, primero de los trobadores provenzales. “ .. .et saup ben trobar e cantar; et anet lonc tems per
lo mon per enganar las domnas”
( “supo trovar y cantar bien, y an­
duvo mucho tiempo por el mundo
engañando mujeres” : biografía anó­
nima, siglo X III.)
11) 1741. Nace, en Lieja, André-EmestModeste Grétry. Su maestro roma­
no, Casal!, lo recomendó a un co­
lega de Ginebra con estas palabras:
“ Le mando uno de mis alumnos,
que en música es un verdadero bu­
rro y no sabe nada de nada, pero
es un excelente muchacho y de bue­
nas costumbres.”
12) 1924. Estreno de la Rhapsody in '
blue de Gershwin, por Paul W hlte­
man, con el autor al piano, en el
Aeolian Hall, Nueva York.
13) 1933. Muere, en Mont de Marsan,
Suiza, el compositor Henri Duparc,
al que una enfermedad nerviosa im­
pidió trabajar desde 1885, cuando
tenía treinta y siete años. “ Sallamos
de una reunión en casa del editor
Baudox, en el Bulevar Haussman.
Teníamos que atravesar el bulevar
para llegar a la Rué Taltbout. De
pronto se aferró a mi brazo: «Por
favor, ayúdeme a bajar de la ace­
ra. Tengo miedo, no puedo dar ese
paso». Su voz tem blaba...’' (Gustave Doret, Temps et contretemps.)
14) 1867. John Strauss (el Joven) estre­
na su Danubio azul, naturalmente,
en Viena.
15. 1637. Asciende al trono el emperador
Fem ando III, y Johann Jakob Froberger es nombrado organista de la
corte de Viena

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V tí (I

VERTICALES
1.
2.
3.
4.

5.
6.

7.
8.

9.
10.

11.

SU U U / &amp;

— Raspa. Parte de un rio que sufre el
in flu jo d e las mareas.
— Especie de aguardiente. Divide pira
vender.
— Enferm edad incipiente o poco deter­
minada. Consonante. Cerda de jabalr
— Composición poética de gran elevación
y arrebato. Hacerse cargo de lo a.ue
hablan. Locución adverbial
— Dom ingo. Gancho para pescar. Sur
— N om b re genérico de ciertos animales
de plumas cuya m ayor parte vuelan.
N om bre femenino, griego.
— Abas. Espantas la caza. 100.
—Cada una de las ondas o prominencias
que forman la superficie agriada de
las aguas- A rte. Nave.
— Cuidado, vigilancia. Primero. Coloca.
— P ied ra dura y transparente Sufri­
mientos.
— M etal precioso y pesado, el más dúctil
de todos los que se conocen. Voz ex­
presiva d el sonido de un golpe o del
golp e mismo.

HORIZONTALES
¿cuál de los dos es Lord Derby? (D ibu jo de Sieimbcrg, exclusivo poro C A B A L G A T A ).

BURLADERO
Siendo Presidente don Faustino Do­
mingo Sarmiento, vio un día invadido su
despacho por una nutrida comisión de
matronas porteñas que, en nombre de
las “ Damas de qué-sé-yo” , pretendía al­
go de la comprensión de Su Excelencia.
Una vez hecha la presentación de las
directivas por el secretario, se hizo un
silencio que decía bien a las claras que
no se había tratado de antenano quién
de las susodichas era la que debía llevar
la voz cantante.
El propio Sarmiento rompió el inusi­
tado silencio diciendo:
— ¿De qué se tra ta ? ... Que hable la
m a y o r...
Y , ante el gélido silencio que siguió a
semejante insinuación, el cazurro de don
Faustino terminó versallescamente:
—-Es la costumbre en todas partes,
aunque yo, como innovador en tantas
cosas, le cedo el uso de la palabra a la
m en o r...
L a algarabía que estalló íué, como
pueden suponerse, formidable.

Tulie Mazarino, el gran cardenal ita­
liano y político francés, de quien esta­
mos tan bien informados gracias a los
buenos oficios de Alejandro Dumas, El
Grande, era, según dicen, hombre de
gran ingenio. Cierto día, refiriéndose a
nn juez extremadamente severo, dijo:
— Es tjari grande su afán de castigar
que lo que siente es no poder condenar
a las dos partes.

Furiosísimo el Gran Mariscal de Aya-

Por EL HONDERO IRONICO

cucho, don Antonio José de Srucre, sor­
prendió a uno de sus más estimados
oficiales en posesión de una monumental
borrachera.
— ¡Borracho! — le gritó el vencedor de
Pichincha— . ¿Sabes la pena que tienes?
— ¿P en a ?... ¡Ninguna, mi general! ¡Si
lo que tengo es una alegría grandísima!

Es casi un apólogo, casi una ingenua
leyenda arrancada de las páginas de un
misal ilum inado... Era allá, en una re­
catada aldea, al pie de una montaña,
junto a un río rumoroso. La moza más
bella de todas las mozas apacentaba sus
ovejuelas por riscos y laderas, entre can­
dorosos balidos y místicas esquilas. Y un
d ía ... Una mañana, m ejor dicho, por
haberse alejado demasiado del reparo
familiar, se encontró de pronto frente a
un viejo, viejísimo de destrozado sayal
y luengas barbas, tan blancas como la
lana de las euearísticas ovejuelas de la
pastorcilla:
— ¿Quién sois? —preguntó la mozuela
al anciano.
—Soy un ermitaño que sabe que se
aproxima el fin de su vida.
— ¿ Y habéis v i v i d o aquí s ie m p re ?
¿Nunca habéis sentido deseos de nada?
— T e diré la verd ad ... Aunque te pa­
rezca locura, y para que veas que no soy
tan ajeno a las cosas del mundo, como
pareciera... Antes de morirme, querría
ver dos cosas...
— ¿Qué cosas?...
—Querría ver una locomotora y una
mujer desnuda...
Huyó la pastora, roja ante la preten­

sión del anciano, acompañada por un
clamoreo e s q u ilo n e o desexorcizador...
¿Sería el diablo?... Pero n o ... Y pare­
cía tan anciano... Y si iba a m orirse:..
¿No serla una obra de caridad?... Y,
para cumplirla, despojóse de sus ropas
y se mostró, bella y castísima, ante el
anciano, quien, todo regocijado, escuchó
las palabras de la moza: '
—Aquí me tenéis, buen erm itaño...
De los dos desees vuestros, uno se ha
cumplido.
Y el ermitaño gritó con su voz casca­
da, entre un aleluya de balidos m ila­
greros:
— ¡Gracias, gracias y m il veces gra­
c ia s !... ¡Ahora no me queda por ver
más que una mujer desnuda!

1.
2.
3.
4.

5.

6.
7.
8.

9.

10.
11.

—Provecho. Ansar.
— Crecida. Cito—A lergia. P r e fijo negativo. Percha para
cazar perdices.
— R epetición del sonido. Sufijo que ca­
racteriza las fracciones de unidadN om bre alemán.
—Nada. T ern illa que el animal tiene en
ambos lalos de la cabeza y le sirve
para que se introduzca por ella el so­
n ido que percibe por e l oído- Alteza.
—-Descanse en paz. Bupto fijo desde
donde em pieza el cóSptito de los aáos.
— 50. Gastas. Consonante.
— Cubrecabezas m ilitar. Pronombre P&amp;’
sonal N om bre de la última clase de
vertebrados.
—Se usa para hacer distinción de ar­
tículos o capítulos. Este. La9 ires ^e
la tarde para los romanos.
— Poetas antiguos. Ciudad de Apulia— R io de Suiza. Conjunto de una clase
de vocales.

Sción. del Problema. N. 9
1

Y , ya en las fronteras de la hagiogra­
fía, oigan este juicio de un capitán de
industria estadounidense, que resumía
asi su lectura de las “ Confesiones” , de
San Agustín:
— Cuando comencé a leer, Dios se me
apareció como un anciano de venerables
barbas e infinitamente sabio, bueno y
poderoso, cuya esencia le hacia estar
presente con sus tres virtudes en todas,
partes donde hacia falta o era requerida
su presencia... Luego, cuando avancé
en la lectura, fueron desapareciendo,
primero la barba, luego el enciano—
¡L o que quedó, eso es D io s !...

Aquel literato que empeñó sus escasos
ahorros en un negocio de comercio, en
todo ajeno a cualquiera de sus dotes e

i i 4' « &lt; i

*» i r í o .j p _aa _
—
inclinaciones, colgó, el último óia ^
cierre definitivo, este letrero a la Pue“ “ ;
t.nn pocas veces pisada: “ Abierto
equivocación” .

— Mamá —preguntó la niña de ojos

�— ¡S i! ¡Creo que esto me va a servir
de lección para el resto de mi vida!
*

*

*

Bontempelli y Ceseri se encuentran en
las calles de Roma. Ceseri, antes de ini­
ciar el saludo, ordena autoritario:
— ¡Máximo, dame un cigarrillo!
— ¡Hugo, lo sie n to !... ¡He decidido no
comprar más cigarrillos!
— ¿No com prar?... ¿Por qu é?...
—Para quitarte del vicio, H u g o ...
*

*

*

Hace ya algunos años, cuando H olly­
wood era Hollywood, el entonces famoso
novelista Louis Bromfield vióse fabulo­
samente contratado por Samuel G oldwyn, de la M. G. M. M agnífico despacho,
bellísima s e c re ta ria , salario impresio­
nante y . .. nada que hacer. Pasaron m e­
ses y meses, y nuestro novelista comenzó
a cansarse de aquella mantenértela, has­
ta el punto de que un buen día entró
en el despacho del gran Mr. Samuel y
le espetó terminantemente:
— ¡Mr. GoMwyn! ¡Vengo a romper el
contrato! Me paga muy bien, pero yo no
hago nada por ganarme ese salario...
Y para m í es imposible seguir aqu i...
— ¡N o diga eso! —exclamó conciliador
el bueno del jefe— . Usted nos ha pagado
concreces... Si nosotros lo que contra­
tamos fué su nombre, Mr. B ro m fk ld ...
*

grandes, acostumbrada a oír historias de
maravilla— , ¿todos los cuentos fantás­
ticos empiezan siempre “ Erase una
vez...” ?
—No, h ija ... —murmuró la mamá
escépticamente— . Hay otros cuentos mu­
cho más fa n t á s t ic o s que empiezan:

“ Queridita, hoy no llegaré hasta tarde,
porque hay mucho trabajo atrasado en
la o ficin a .. . ” .
*

*

*

— ¿Tenéis algo que decir? —preguntó
el verdugo al reo que iba a decapitar.

*

S O L U C IO N AL C O N C U R S O
“U N A L I S T A C U R I O S A ”

*

— ¿Ha vivido usted aqui toda su vida?
—preguntó cierto curioso viajero a un
viejo montañés que se hallaba plácida­
mente sentado, fumándose una pipa, an­
te una humilde cabaña perdida en las
fragosidades de no recuerdo qué cor­
dillera.
—Todavía n o ... — fué la respuesta del
anciano, que prosiguió lanzando sosega­
das bocanadas de azulado humo.

CONCURS O ¡OJO, C A B A L G A T E N O S !
Aquí tienen un baturrillo al que hay que ordenar, conforme a ciertos ejemplos que deben serles gran­
demente familiares. ¿Es a sí? ... No es demasiado complicado el acertijo y creemos que lo resolverán
rápidamente. El premio grande y los demás, en las condiciones de rigor... ¿Más sencillo?

Poé, Ib sen. Lessing. Balzac, A zorín . M aeterlink. Lessing. Tolstoy, Valera, Gálvez.
Musset, Vertí i. Gamma rano, Schiller. Julien
Green. Los Goncourt, V a le ry Larbaud. G o r­
fei, Donizzetti, W a lter Scott, ZoLa. Dickens,
Galdós. Fóscolo, Pushkin, Galdós Soler.
Pereda, Deledda, D 'Annunzio, G arcía Gu­
tiérrez. Ibsen. M arryatt, M a n y a tt, H er­
nández, M erim ée, Stem e, Puccini. Forzano,
Dante. Unamuno, Gogol, Ibsen, G arcía G u ­
tiérrez. Rostand, A n d reiev. A zorín , Turguenev. M oliére, S c o tt Dumas, Elliot.
Los prem ios de este concurso de C A ­
B A L G A T A . han correspondido: 1? $ 20.— a
Elsa Coni Paz, Salta 1188, 29 B. Capital:
6 segundos premios, de suscripciones a C A ­
B A L G A T A por seis meses, a : H. Catalá Z Vicuña M ackenna 239, Santiago de Chile;
Eduardo Hugo. Lacar 3907, Capital: H ugo
R. T ap ia Gómez, conesa 2035, Capital; D elfina L. d e Chaneton, G u tiérrez 3915, Ca­
p ital: Paula Maresca, San M artin 219, San
Martín, F C C A ; Dolores A . d e Lu qu e L e grand. Piedras 264, 6c C. Capital.

En los I n i c i o s del
Arte A m e r i c a n o - - .
(Viene de la página 4.)
europeo en su mayor parte. América ha
seguido a la letra, aún harto más que en
espíritu, el proceso del arte m o d e r n o
europeo —sin acertar del todo a aco­
modarlo a sí misma— , y en las últimas
décadas se ha contagiado como nunca
de las Inquietudes azarosas de una evi­
dente decadencia que no es suya. Arte
en fárfara, en víais de formación, sin
germinas e inequivocas tradiciones, quie­
ro decir, tradiciones que le sean verda­
deramente propias, hijas legitimas del
terruño y la sociedad americana, sin
que el aliento popular y nacional combee vigorosamente sus velas, se entrega,
o mejor dicho, se entregaba totalmente
hasta hace poco, a todos los vientos de
todos los cuadrantes. En esa form a no
podía nacer un arte americano: s ó lo
reflejos de reflejos. Pero quien atenta­
mente ausculte estos fenómenos artís­
ticos de la América española ll e g a r á
acaso a la conclusión de que las cosas
están variando rápida y considerable­
mente. Hay en todas partes un pode­
roso anhelo de afirmación artística na­
cional, un vehemente deseo de realizar
un arte propio, que no tenga sus raíces
más o menos febles allá en París, sino
que eche otras vigorosas en la misma
sociedad y en les problemas espirituales
de América. América quiere tener un
arte que la represente, que la retrate,
que la exprese en lo más señero y
único de si misma.
Que lo haya realizado, o lo esté rea­
lizando, es otro asunto, que la falta de
espacio nos veda tocar en este articulo.
Por el memento, basta con señalar el
síntoma, síntoma halagüeño y esperan­
zados El cumplimiento cabal de lo que
él denuncia vendrá o no vendrá. En el
estado actual del mundo, en cualquiera
de sus partes, nadie puede siquiera vis­
lumbrar de la manera más vaga y equí­
voca el porvenir del arte. Pueda quedar
como planta petrificada, por la que ya
no corre la savia; puede convertirse en
producto de otras culturas, extemporá­
neo en la que está a punto por venir;
puede, en fin es difícil matar este deseo,
aunque los nuncios sean atroces, que
qua sufra un nuevo y nunca visto flore­
cimiento. Sea como fuere, los artistas
americanos están en el deber de hacer
un arte tal. No con palabras, como tan­
tas veces es uso — las palabras, dice el
pueblo español, se las lleva el viento—
sino con obras originales y genuinas. La
tarea es ardua. Pero lo que cuesta es lo
que vale.

�PARA ESTAR EN CASA
1 &gt; B lu sa b la n ca rib etead a en negro, a ncho cin tu ró n drapeado en satín
verde co o rra , y p an taló n de la n illa n egra, ha elegido Evelyn Keyes.

2 ) L iz a b e th S co tt se decide por un deshab illé de grueso crepe tiza con
bordados en oro y p la ta y largo fle co de seda en el tono del vestido.

3 ) Con blusa c o n f e c c io n a d a en v iy e lla beige, la e x q u i s i t a Adele
Jerg en s com bino p an taló n gris a z u la d o y ch a leco color verde fuerte.

MODAS

JAUMANDREt

�pttllfflFflB

1

A N T I C I P O S I)E LA
MODA I N V E R N A L
ARIS, a pesar de las dificultades de
todo ord:n que le paralizan, hace
un inmenso esfuerzo por reencon­
trar 5u razón de ser: su vida deslum­
brante, su lujo.

P

L’C^era ha inaugurado sus "soirées
habillées”, las cenas elegantes se mul­
tiplican; París se moviliza en favor de
ese “sprit” y gusto que asombraron siem­
pre al mundo entero. Y aunque parez­
ca paradojal, el lujo de las fiestas, el
brillo de los atavíos, es fuerza recono­
cer que toda esa cabalgata de belleza
es para los franceses tan necesaria co­
mo un deber nacional. Según eHos, los
extranjeros no deben encontrar nada
más bello que su subyugante “ciudad
luz". Sobre este punto no podsmos te­
ner más que una política: la de la
grandiosidad. Y debemos decir que la
costura francesa la ha comprendido.
Si en ciertas colecciones enontramos
todavía el estilo juvenil y deportivo, es
bien cierto que se ha pasado ya la fron­
tera del género “ petite filie” , y que
reinan ahora las deslumbrantes toilettes
de lineas envolventes y rebuscadas, y
los personallsimos peinados de gala. Es­
tamos ante una feria de belleza que
no podemos copiar, como no podríamos
copiar una calle de París; pero a pesar
de ello quizás podamos resumir en cier­
tas frases las tendencias que nos traerá
la meda para este año:
—EUa nos impone alargar las fal­
das; adornar los cabellos.
—Nos tienta con los tapados orlados
de pieles: de astrakán, de zorros azude “renards argentées” .
—Nos aconseja guantes dr&amp;peados y
bordados; pequeños abrigos en rasos y
aatines brillantes, para acompañar soirées espectaculares.
—Nos trae sombreros para todas las
boras: gorros de pieles, boinas de pa­
tio, tocas de “pellletes’’, tocados de “ aigrettes” .
La moda, en fin, va hacia su destino,
?Ue es sorprender al mundo, aprove­

chando el brillo de una lentejuela o la
profunda belleza d: un terciopelo.
Molineux se vuelve hacía su línea de
1927, linea estrecha y simple, paletots,
sacone- cortos bois de rose o rosa ama­
rillento, sobrs vestidos simples en gris
oscuro. En su colección actual, la rique­
za de bordados, sobre todo en los tapa­
dos de vestir; sus modelos para la no­
che, de faldas amplias de tipo bailarí­
na, nos recuerdan la otra guerra.

PARA LOS PRIMEROS DIAS FRESCOS
Soco bes cuartos en gabardina de lana gris, de corte modernísimo y del»Hado

I)

con un gran bolsillo de línea sumamente original; es una creación de mucho prccticidad

21

acompañar

cualquier

vestido

sencillo

y

en

cualquier

hora

y

ocasión.

Dos piezas de lineo muy moderna, para la tarde; ha sido confeccionado en la­

nilla

3)

pora

de

color

celeste

pastel

y

se

puede

llevar sobre

b lu s a

de

cre p e

n e gro .

Vemos aquí este modelo en gros de color gris rosado paro un conjento de gran

vestir,

can

blusa

de

encaje

y

puños

con

ademos

plegados

de

este

material.

Gres pone su atención en el corte de
los hombros y el talle; femeninas y ar­
moniosas. sus robes son cortadas mis­
teriosamente en lanillas de telas de co­
lores neutros: grises, azul-s, baiges pa­
ra sport.

4)

Jacqv.es Heím no ha olvidado el en­
canto del cuadrillé y de los escoceses en
los vestidos para todo momento, y sus
“ robes de soir” son d= faldas amplísi­
mas, en tules y taíettas de colores pastel.

está hecho en el mismo material en rojo, y la falda tubular en crepe de lona, negro.

Jeanne Lafunrie ha compuesto una
muy eilegante colección: tailleurs lar­
gos, da cadera aumentada con pliegues
y recortes, faldas alargadas y estrechas.
Sus robes de tarde y de cena nos traen,
generalmente en géneros negros, drap ados raímente imprevistos.
Madeleine Vramant ha tomado para si
un estilo único y muy femenino: las
túnicas amplias sobre las faldas tubu­
lares. Ella no emplea casi nada el ne­
gro, pero los beiges, los lilas, los rosas,
gozan de sus preferencias.
Jacqves Costet presenta redingotes de
tonos vivos, bordeados de loutre y am­
plios tapados de manga kimono En su
colección, la paqueña robe y el tailleur
son de linea estrecha. El lanza los gran­
des sombreros para la noche, acompa­
ñando los tapados de paño.
Para Gastón, a la mañana los ta'pados claros, rectos, forrados en telas chi­
llonas o pieles chatas; a la tarde, las
líneas finas y que envolviéndose alrede­
dor del cuerpo, se amplían en las ca­
deras. El elige también grises y beiges,
colores que, decididamente, reinarán so­
bre los otros, este año.

Aquí tenemos un bonito bolera y falda confeccionados en cuadrillé rojo, blanco

y gris que forma un bonito conjunto con lo blusa de jersey de lana en gris cloro.

51 Juvenil blusa confeccionada en jersey blanco, el cinturón, con bolsillo colgante,

�V,

(VIENE DE LA PÁGINA 6)

pectiva. Curas, alcaldes, subprefectos,
mayordomos, tinterillos, cruzan la no­
vela fustigados por un látigo satírico.
Duele reconocer que tamaña miseria
subsista. Un risueño humorismo esmalta
estos brotes de sátira social, que a ve­
ces pecan de ingenuidad, pero casi
siempre aciertan en el asunto.
Allpacamasca — tierra animada— lla­
ma el indio al ser humano. Y es este
concepto de pura teluricidad, en esta
mística relación del suelo con su pobla­
dor, donde el novelista ha proyectado su
relato. No comprende al habitante quien
no capta el sentido de su tierra. No en­
tenderá la tierra quien no capte al po­
blador. Por eso en "Altiplano", a des­
pecho de los -personajes fidedignos, los
dos grandes protagonistas dominantes
del relato, los que se fijan en la mente
del lector con personería trascendente,
son en realidad la tierra madre, la tie­
rra antigua y sabia, la Pachamama del
ancestro, encamada en la alta y rojiza
peñería de Ja tu n -K olla ; y la comunidad
indígena, el ayllu milenario, el centro
nuclear y protector que agrupa la vida
social del indio, y de cuyo funciona­
miento depende la existencia de cada
uno de sus componentes.
“Altiplano” : sí, Bolivia. O una mitad
de Bolivia que debe hacer pensar a la
otra mitad. Mientras legisladores ilusos
devanean la doctorización del autóctono,
un hombre joven, un hombre de fe, un
artista intuitivo, nos dice: “ He aquí el
indio; he aquí su vida; he aquí el nudo
intacto de nuestro drama nacional".

La mayor virtud de este novelista kolla
es su entusiasmo, su capacidad de ar­
der por el objeto que contempla. Ese
fervor místico sacude sus mejores pá­
ginas. Su mayor defecto, el peligro del
que debe cuidarse, es la facilidad. Al
escritor de talento, de pronta y rica ins­
piración, lo traiciona inadvertidamente
su propia rapidez constructiva. Una ima­
ginación potente, una plenitud eufórica
de dotes narrativas, deben desconfiar de
un* marcha muy pronta en la elabora­
ción artística. No hay que olvidar que
el pulimento, los toques finales, consti­
tuyen buena parte en el secreto de es­
cribir bien.
Raúl Botelho Gos&amp;lvez, que hasta ayer
fuera el benjamín de nuestras letras, es
hov un escritor de jerarquía, seguro de
su vocación y de su técnica juvenil. El
nos dará la visión de la selva indómita,
la vida chola, el proceso de la urbe. Y
acaso un día, cuando su genio novelís­
tico madure hasta la magnitud del te­
ma, la gran novela andina que América
esriera todavía: la soledad del hombre
en la quieta majestad de las montañas.
Que los manes del ancestro levanten
el vuelo de esta pluma kolla. Ella es
digna de las más altas victorias.
Es posible que suscite discrepancias la
apreciación de la descarga cósmica y
humana de “ Altiplano” . Es posible. Nun­
ca las buenas novelas fueron mensaje­
ras de unanimidad. Pero quien lea, entre
nosotros, las páginas de este libro her­
moso y fuerte, sentirá con hondura en­
trañable el dolor y el orgullo de lla­
marse boliviano.

SHAKESPEARE EN CINE
os productores norteamericanos de
películas han mostrado siempre especial respeto hacia las obras de
Shakespeare; las versiones cinematográ­
ficas hechas de algunas de ellas, se han
ajustado con toda fidelidad al texto, ca­
racterización de los personajes y am­
bientes originales, utilizando los mejores
artistas, diseñadores, técnicos, etc., como
lo prueban “ El sueño de una noche de
verano” , "Rom eo y Julieta” y “ Enri­
que Y H I ” .
Una de las más recientes y valiosas
aportaciones a la cinematograíría shakesperiana es la realizada con la film a­
ción de "Macbeth” por un grupo de ar­
tistas “ amateur” , en Winnetka, suburbio
de Chicago, Illinois. Estimulados por la
crítica favorable, el ex sargento del ejér­
cito estadounidense D a v id Bradley y
unos cuantos jóvenes compañeros suyos
tienen el propósito de llevar a la panta­
lla obras como “ Ham let” y “Julio César” .
"Macbeth” es una película sonora de
16 milímetros, de no menos de 900 me­
tros de longitud, que dura 73 minutos.
No es un film comercial, habiendo sido
en principio bosquejado para ser exhi-

Í

PLUM AS Y PALABRAS
( Viene de la página 19.)
sideraba seriamente que la publicación
quedaría completa agregándole un vo­
lumen más.
Pero ahora risulta, según el dictamen
de un archivero paleógrafo, M. Pognon,
que la agregación del texto suprimido
solamente al primer volumen de la edi­
ción Oharpentler haría doce grandis vo­
lúmenes y el total de la publicación (al­
rededor de 16.000 páginas) daría nada
menos que cincuenta volúmenes.
De est: dictamen paleográíico surgen
dos conclusiones; primero, que es muy
probable que la Academia Goncourt no
se resuelva nunca a la edición completa;
segundo, que el ilustre escritor y goncourtiano entusiasta J.-H. Rosny, que
consideraba la parte inédita del “ Dia­
rio” susceptible de ser contenida en un
volumen más, no había leído siquiera el
“ D iario” . ..

bido en centros escolares, pero debido a
su excelente dirección y nítida fotogra­
fía artística, sus directores e intérpretes
han sido objeto de ofertas varias para
film ar una película comercial.
El productor Bradley posee gran ex­
periencia en películas no comerciales.
Sus estudios en el Todd School y en la
Universidad del Noroeste, en Illinois, se
encauzaron siempre hacia el teatro y
el cine. Durante la pasada guerra y sir­
viendo en el ejército en Alemania, Aus­
tria, Bélgica e Inglaterra, Bradley man­
tuvo latente su sueño más querido: fil­
mar “Macbeth” . Llevado de esta inspi­
ración investigó en museos y bibliotecas
europeas, trabó conocimiento con miem­
bros de la Oíd Vic Company de Lon­
dres y efectuó en París trabajos al res­
pecto.
A l ser licenciado, en abril de 1946, se
lanzó de lleno a su empresa de produc­
tor. Compró cámaras, proyectores y re­
flectores; formó una compañía de Jó­
venes que alegremente reunieron sus
ahorros y frecuentaron lugares de ven­
tas, en busca de gangas, mientras en el
sótano de la casa de Bradley, conver­
tido en taller, se confeccionaban vesti­
dos, escenarios, armas y todo género de
aditamentos teatrales.
La filmación de la película tuvo lugar
entre el 15 de junio y el 15 de septiem­
bre de 1946. Winnetks y sus pintorescos
alrEOfedores sirvieron de escenario ¡jara
muchas escenas de la gran obra. La fa ­
mosa batalla de Bim am Wodd fué des­
arrollada en Crow Island, al oeste de
Winnetka. Unos 100 extras — estudian­
tes de escuelas vecinas— llevando yel­
mos, lanzas, espadas y hachas de com­
bate, libraron una feroz batalla (super­
visada cuidadosamente por un universi­
tario experto en historia m edieval). Se
contó con un foso para proporcionar
fondo adecuado a las escenas del so­
námbulo que camino daga en mano. Una
cantera de piedra cerca de Racine sirvió
para las escenas de brujas, e incluso
hubo hasta un castillo ) moderno, pero
ajustado a la vieja arquitectura euro­
pea) donde se filmaron las escenas del
banquete, la coronación y las habita­
ciones de Lady Macbeth.

Froncsise Rosoy en "M acodam ”

CRONICA CINEMATOGRAFICA
-&gt; n t r e los “ films” franceses que triun­

h

fan en el periodo de fiestas para
J tender el puente entre 1946 y 1947,
dos obras de calidad retienen la aten­
ción: "L e visiteur” y “ Martin Roumagnac”. El primero, realizado por Jean
Dréville, de un escenario de Jean-Bernard Luc, está interpretado por Fierre
Fresnay; el segundo, realizado por Georges Lacombe, sobre una novela de Pie-

rre René Wolí, reúne a Jean
Marlene Dietrich. Ni el uno ni
maestib
ciertamente, demuestran gran
en la realización y, desde este punto ^
vista, "Le visiteur" es seguramente •
más débil.
irtnrií
“Le visiteur” nos cuento una “ tsw
bien simple, limitada a una &lt; 3 ™ ^ .
antecedentes no son más que evocan
Un abogado de negocios poco limp**

UMAG

Jeon Gobin en "M artin Roumognac".

�tamente. Le bista una mirada en un
espejo, mientras borra las manchas de
su sangre de sus puños, para hacemos
penetrar en los abismos de una concien­
cia turbia e inquieta. Le basta una son­
risa para comunicamos su emoción en­
ternecida por la confianza y la admira­
ción que le prodigan los niños. No se
puede más que deplorar que el noble
temperamento de Pierre Fresnay sea
traicionado por los papeles que le repar­
ten. En “Filie du Diable” tiene también
un rol de bandido, simpático por evolu­
ción: los “malos muchachos” no se des­
cartan de su carrera cinematográfica.
¿Para cuándo el bello y justo papel pa­
ra el cual le llama su noble carácter?
“Martin Roumagnac” es una novela
provinciana que pone en escena a un
buen muchacho, una aventurera, un di­
plomático enamorado, un petardista sin
escrúpulos y algunos personajes episó­
dicos mucho menos convencionales. La
aventurera es, naturalmente, Marlene
Diettich, aunque su prestigio internacio­
nal sobrepasa un poco un papel conce­
bido para una personalidad más modes­
ta. La variedad de sus “ toilettes'’ mag­
nificas desentonan visiblemente en el
cuadro de una acción que se desarrolla
en una pequeña ciudad francesa, entre
las canciones de un albañil y la partida
de billar en el café. Se ha querido jus­
tificar su acento de Europa Central y
no han encontrado nada mejor que ha­
cerla nacer en Australia, sin duda espe­
rando que su estada en América deno­
taría su acento. El buen muchacho es
Jean Gabin. Siempre realista en los pa­
peles populares y excelente artista; si
no un perfecto albañil, en cambio se
muestra un amante sincero. El “ film ”
nos cuenta cómo él se entrega a esta
aventura con una chica que le atrae
sobremanera y que llena sus deseos; sus
antecedentes no le inquietan en manera
alguna y, sordo a las habladurías, le

destrozado por sus ráfagas de celos y
advertido, al fin, por el rumor público,
desencadenará su pasión estrangulán­
dola La desdichada no tendrá tiempo
para ponerle en conocimiento de su ge­
nerosa decisión y ;1 asesino, al compa­
recer ante el tribunal, se enterará, de­
masiado tarde, que su rival iba a ser
detenido. Sobre esta trama un poco bur­
da, el adaptador, Pierre Véry, y el direc­
tor, han sabido crear situaciones por en­
cima del tema; les roles secundarios son
reales y bien representados, en particular
por Marcel André y por Daniel Gélin,
joven debutante destinado con esperan­
za a interpretar tímidos atormentados.
El amor de M artin Roumagnac por la
bella aventurera es esencialmente car­
nal; Jean Gabin nos traduce su deseo,
cuando ve desvestir a su amiga ;n la
habitación de un hotel, con una m i­
rada salvaje que no puede equivocamos.
La atracción física que esos dos seres
experimentan por igual está con fuerza
y decoro tal, que hace honor a la maes­
tría de los actores y a Georges Lacombe.
Jean Gabin se muestra en todos los mo­
mentos con gran naturalidad; sus vul­
garidades de hombre de pueblo, sus im ­
pulsos amorosos, sus dificultades, sus ce­
los y el fatal estallido de su brutalidad,
son tratados con una gran sinceridad.
Como Pierre Fresnay, del cual se dife­
rencia por su formación pinamente ci­
nematográfica, Jean Gabin puede ser él
mismo en todos los papeles que se le
confíen. No tiene necesidad de compo­
ner un personaje: le basta la seguridad
íntima de serlo al representarlo inten­
samente en la escena.

Registro de Propiedad Intelectual W 216.894
Redacción. Dirección.
Administración, P u b licid ad :
IN D E P E N D E N C IA 360, BU ENO S A IR E S
R E P U B L IC A

Marlene Dietrich en "Martin Roumagnac".

E l r it m o de la poesíK de N ic o l á s G u i ­
l l e n ANDA SUELTO POR CUBA, por JeSUaldO.
C a n c ió n de los hombres perdidos , por
Nicolás Guillen. L a fuga de E ddxe M a r ­
t i n , por Maurice Grashin. P asteur , por
el profesor doctor Henri Mondar. P ierre
B onnard , por Raymond Cogniat. L a p e ­
n ic il in a DE AYER Y DE HOY, pOT José LUÍS
M. Anthonisen. E l ho rm ig ó n armado y
LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA, pOT
Conrado P. Sonderéguer. F o u j it a 1947.
U n pin to r puede hacer p in t u r a de guerra
por patrio tism o , pero nada t ie n e que ver
eso con sus deseos , por Kikou Yamata.
Baleen H er lie , la no ve l actriz trágica
británica , por Frank Lambe. C o n v e r san ­
do con L eónidas B arletta , por Estela
Canto. P lu m a s y palabras , por José
Mora Guarnido. L a trágica m uerte de
don D io n ig i E rba , por Daniel Devoto.
H am let , el personaje in f i n i t o , por León
Mirlas. C ie n c ia s , a cargo de José Otero
Espansandin. Dos pág in as de modas , por
Jaumandreu. A jedrez, por el profesor
Francisco Benko. E x po sic io n e s y notas
de arte , por Romualdo Brughetti. C r ít ic a
literaria , por González Carbalho. Discos,
por Jorge D ’Urbano. C orrespondencia de
F r an c ia . M ú s ic a , T eatro , C r ó nicas , H u ­
mor , C aricaturas , N otas , N o t ic ia s , etc .

Este número incluye, impresa aparte, la
lá m in a n ° 9, que representa el cuadro
de Amedeo M o d i g l i a n i “ B u s to de
m ujer

JOVEN",

N o se devuelven los originales no lolicitados.
La Dirección de C A B A L G A T A no se hace
responsabe de las opinicnes que se expre­
san en las colaboraciones firmadas.
Se publica el segundo y cuarto martes
de cada mes.
Precio del ejem plar: S 0.40 m/arg.
S U S C R I P C I O N
Argentina: Un año ............ $8.20 m/arg.
Seis meses ......... 4.30 m/arg.
E xtranjero: Un a ñ o ---- Dólares U S A 3.50
D I S T R I B U I D O R E S
Capital: Silvano Machi, independencia 2877
In terior y exterior:
Distribuidora T riu n fo S. R. L.
Rosario 201
| CENTRAL (B) |

SU M A R IO DEL flí° 9

tas por los niños que ven en su Ídolo
el personaje que se les ha descrito, un
célebre abogado de grandes causas. Ese
héroe involuntario se muestra bastante
nervioso y más bien dispuesto a utilizar
a los niños entregados a su custodia pa­
ra despistar a la policía. Se los lleva a
París y aprovecha este paseo — en el
cual es el vigilante vigilado— para po­
nerse en relación con una mujer que
puede ayudarle a tomar el tren de Bru­
selas. Pero el proyecto de fuga se con­
vierte pronto en enredo y, traicionado
por esa falsa amiga, el “visitante” se
encuentra muy pronto acorralado. Los
niños pudieran darle el medio de esca­
parse, pero al enterarse de que ellos de­
berían pagar esa complicidad en una
correcional para menores, el criminal
prefiere entregarse obteniendo del fun­
cionario que simule un error judicial y
deje a los generosos niños la ilusión de
la leyenda con la cual le habían au­
reolado.
Se concibe que este escenario, fácil
de realizar y que no comporta más que
una interpretación de niños y de algu­
nos comparsas, haya tentado a los pro­
ductores, permitiéndoles el lujo de una
primera figura sensacional. Por su lado,
Pierre Fresnay, muy absorbido por el
teatro, encuentra en “ Le visiteur” una
ocasión de entregarse un poco al cine­
ma sin demasiadas fatigas. Ha cumplido
su papel con su infinita conciencia pro­
fesional, aportando toda su ciencia y,
sobre todo, esa extraordinaria presencia
real que es el sello de los grandes acto­
res. No se puede decir que su personaje
de abogado de negocios turbios esté ama­
nerado, pues nada modifica en la silueta
del papel el aspecto habitual ds Fres­
nay. Asi sucede en todos los papeles de
Mr. Fresnay en el cinema: si el actor
ha juzgado que conviene ante todo pen­
sar el personaje para imponerlo al pú­
blico, lo consigue, una vez más, perfec­

ARGENTINO
CORREO

ha cometido un crimen: busca un refu­
gio en la escuela donde estuvo interna­
do y cuyo director ha conservado por él
un ferviente recuerdo y una admiración
ciega, que ha sabido comunicar a todos
sus pequeños pensionistas. “La visita”
del asesino fugitivo es recibida con fies-

A R G E N T IN A

L a Dirección de C A B A L G A T A no mantiene
correspondencia con los colaboradores es­
pontáneos, excepto en aquellos casos en que
acuerde publicar los originales.

FRANQUEO

PAGADO

CONCESION N« 3799

TARIFA

REDUCIDA

CONCESION N« 3205

B O L E T IN

DE

S U S C R IP C IO N

El señor ....................................i . . .
(E N

LETRA

DE IM P R E N T A )

Dirección ........................... ............

Pepe Arias en "La mujer más honesta del
mundo", coproducción Pampa Film - A.
Z. Wilson, que se estrenará en breve.
construye una pequeña y hermosa casa
donde abrigar sus amores. Pero la her­
mosa está explotada por un falso padre,
que la destina a un diplomático gene­
roso y cínico, que Marcel. Herrand en­
cama con una indiferencia olímpica.
Cuando Marlene se decide a optar por
el simpático albañil que le gusta, éste,

se suscribe a C A B A LG A TA por el
periodo de un año * seis meses y
al efecto acompaña el im porte de
$ 8¿0, $ 4¿Q. Dólares 3¿0 U. S. A.
en cheque, bono postal a su orden.

• Tachar la condición q'je no se utilice.

�-

Exija con este ejemplar la lámina corresr,' pendiente:

“ La Madona del

Jilguera” ,

por Tiepolo.

balgafa
FEBREKO DE 1947 — Precio: $ 0.40

“GATO EN LA VENTANA”
Acaso el menos doméstico de los ani­
males domésticos, y, ciertamente, el de
m is independencia, el m i i solitario, va (abundo y rebelde, el (ato ha sido óblete
de cuantos mimos puede hacer b einsanJHitamente porque en esta loto s o en­
contramos la duhtonerla ten que «telen
tratar el tema los aficionados, encontramos
en ella, con sn miñosa ventana de .‘onde,
la belleza que suele falcar &amp; ios “ retratos
de cates de cajas dt bembones” .
Esta hermosa fotefrafia linea la firma
de tieorfes bcBeffer.

B B B Em m

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              <elementText elementTextId="2083">
                <text>Gregory, Richard&#13;
De La Encina, Juan&#13;
González Tuñón, Raúl&#13;
Dunn, Alberto&#13;
Diez de Medina, Fernando&#13;
Aguilar, Mario&#13;
Otero Espasandín, José&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Mario, Luis&#13;
Mirlas, León&#13;
Rinaldini, Julio&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
González Carbalho&#13;
Cadogan, Denis&#13;
Ford, William C.&#13;
Callaghan, Dorsey&#13;
Jaumandreu, Francisco&#13;
Tedesco, Jean</text>
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                    <text>CUADERNOS DC CRITICA ARTISTICA

�V E R Y E S T IM A R
C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA
Ocho números en el año
de abril a noviembre
60 a 70 páginas de texto
8 a 12 con ilustraciones
1 lámina
SUSCRIPCIÓN ANUAL
Argentina: 15 pesos n acio n ales
Uruguay: 7 pesos uruguayos
Otros países: 4 dólares u . s . a .
NÚMERO SUELTO
$ 1,80 arg. ó 0,80 urug. ó 0,50 dólar
Toda la correspondencia deberá ser diri­
gida a nombre del director, o de la se­
cretaria de redacción, Martha Traba. Las
suscripciones, cheques, giros, bonos pos­
tales, a nombre de la administradora,
Raquel Bianco de Brané.
No se mantiene correspondencia sobre
originales espontáneamente enviados.
Dirección, secretaría y administración
Tucumán 1539. T. A. 35 -9243
B u e n o s Ai r e s
Registro Nacional de la Propiedad
Intelectual Ní&gt; 271821

Cuatro pescrs ochenta
BÍRTtlMIMP II. rttlFMun

�Fundación espías J

*•• es - Arg&amp;^ia ! -;.j

VER Y ESTIMAR
CUADERNOS

DE

CRÍTICA

ARTÍSTICA

DI R E C T OR : J O R G E R O M E R O B R E S T
Volumen II

Números 7 y 8

OCTUBRE - NOVIEMBRE

i

948

��HOMENAJE

GAUGUIN

A

EN EL C E N T E N A R I O DE SU N A C I M I E N T O

�£,o.£ofi5» tótac-Vi u lA. piftbCv

A

/o largo de sus poemas Alberti recrea la pintura. El enor­
me edificio queda construido desde la base a la cúpula,

con una sola emoción. Desde la base de la línea, el co­
lor, la composición, la tela, el pincel, la mano . . . que se
elevan en definiciones poéticas, hasta la cúpula, esférica y perfecta,
de la expresión de su sentido más íntimo en sus mayores manifes­
taciones. Fiesta del color que se encuentra a si mismo y se recono­
ce; del color que sabe hablar y canta en la naturaleza y en las telas.
Poemas al rojo, al blanco, al amarillo, al negro: son pinceladas
de color puro que recorre todos sus matices en todos los pinceles.
El amarillo suena, resuena y grita en van Gogh; el rojo es infier­
no en Brueghel, orgía en Rubens, baja al rosa en Renoir, alcanza
el púrpura en Giotto, dormita en Giorgione . . . Pinceladas que
se esculpen en sonido para traducir una sinfonía perdurable.
Y ya estamos en otra dimensión,
Cada elemento pictórico recibe su definición poética: la li­
nea “andamio y sostén”, “gloria y pasión” el color, la co?nposición “razón”, el movimiento “forma en vuelo”, la gracia “yo
no sé qué de la pintura” . ..
En fin, cuando su poesía se enfrenta con las obras, se satura
de la poesía que brota de ellas, y, sin mudar su calidad, también
del conocimiento emotivo y racional de su sentido. A la gran
sensibilidad se une la profundidad de comprensión. Cada autor
vive en sus poemas sintetizado y a la vez analizado en sus temas,
sus medios plásticos y su estructura. Giotto y Goya, El fíosco y
El Greco, Piero della Francesca “místico del diseño” y Picasso
oh monstruos, razón de la pintura, sueño de la poesía”.
Metáforas que penetran en la oscuridad de lo imponderable;
líneas y formas que generan las palabras. Y más allá que eso,
una adaptación de la forma poética al carácter de la obra que
expresa: transposición de elementos plásticos a elementos poé­
ticos que le hace agitar el ritmo siguiendo la pasión de Miguel
Ángel, descansar su metro en la gracia de Rafael, y cortarlo, des­
menuzándolo, en la “pincelada quemada” de van Gogh.
Isolina Grossi

�Para VER Y ESTIMAR

C.

G A

U G U I N

(Indice p a r a un p o e ma )

P

jL~sl color,

de viaje,
se hizo aroma de ilor,
perfume de paisaje,
isla, amor.
Mar, mar, mar,
poesía
misteriosa,
verde, amarillo, rosa.
Platanar.

�Melancolía *
quieta.
Alegoría
carmín, morado, violeta.
Esmeralda
palmar,
orilla gualda.
Dqsnudo ensimismado,
quemado.
Guirnalda,
viento inmóvil, dorado.
Siesta.
Y los jinetes por la fina,
enredada floresta,
azul araña serpentina.
Pintor:
pura,
al sol de mirada segura,
sueño real,
flor
irreal,
tu pintura.
RAFAEL ALBERTI

�SENTIDO DEL SÍMBOLO EN EL
A RT E DE P A UL G A U G U I N c
terrible confusión viene reinando desde los tiempos en
U NA
que Gauguin vivía, a propósito del sentido del símbolo en

su arte. Lo confundía él mismo con la alegoría —El simbolis­
mo no es más que la expresión disfrazada de un sentimiento
vital atrasado, decía a su amigo Schuffenecker— y lo desnatu­
ralizaban los poetas al identificarlo con la imagen subjetiva.
(Sobre todo con éstos, no obstante las muchas afinidades que
tuvo, la disidencia fué fundamental, ya que en lugar de buscar
el fantasma de las cosas en la música de las palabras, la imagina­
ción de Gauguin, demasiado concreta para comprender el aforis­
mo de Mallarmé: No nombrar sino sugerir, no se apartaba de
las cosas precisas, como Puvis de Chavannes, al que tanto admi­
raba.) Tampoco lo comprendían quienes se empeñaron en hacer
la teoría, a pesar de que en ellos se hizo patente el concepto de
sustitución, pues ninguno llegó a advertir que la calidad del sím­
bolo depende, además, de la vivencia interior con que se sepa
dotar la forma, la única que le permite satisfacerse a sí misma y
agotarse en sí misma. Entretanto, el verdadero sentido del sím­
bolo, ése que no se sabe decir o se dice malamente, surgía de la
práctica: Gauguin lo intuía con el corazón y lo creaba con las
manos, siempre más firmes que su inteligencia, a pesar de que
era lúcida como en pocos artistas de nuestro tiempo.
Se hablará aquí del símbolo, que es como decir: de la esté­
tica del solitario de Tahití. Mas no de la que pueda surgir sólo
de sus ideas escritas o trasmitidas por sus amigos, siempre enga­
ñosas, sino la que se pueda desgajar de sus obras. Se hablará aquí
7

�de una idea del símbolo que se descarga de acepciones históricoliterarias para dar nombre a la más universal de las expresiones
—la de la vida, ya que no hay símbolo en verdad sino de ella—
con el acento peculiar que supo darle; de una idea que el pintor
fue extrayendo desde lo más hondo de sus emociones y refinando
en el diario contacto con los hombres que a su juicio la enrique­
cían; de una idea que empieza por configurar su propio ser, pues
fué Gauguin ante todo artífice de sí mismo.
¿Qué quiere expresar Gauguin? Renuncia al naturalismo,
pero no deja de bucear en lo profundo de las cosas, sin apartarse
de ellas, manteniéndose en una pecrüiar actitud inmanentista.
Contemplo un pecho de mujer —escribe en Noa-Noa—, lo admiro
y en él encuentro graves enseñanzas, y lo escucho y obedezco dó­
cilmente si él lo manda. Renuncia igualmente al lirismo de sus
antecesores. Él busca otro lirismo, no tan musical y más objetivo
que el de los impresionistas; no tan sutil y más conceptual que el
de los románticos; no tan rígido y más emotivamente pensado que
el de los clásicos. Quiere expresar mediante la forma las cosas
comunes —el hombre, el animal y el paisaje— pero encerrando
en ellas una verdad trascendente y primaria que lo acongoja.
Porque sin duda lo acongoja el misterio, acaso no el misterio que
creyó discernir Mallarmé, el de éste era definición, pero sí el
misterio a que se llega por la fuerza del pensamiento. El signo
de los impresionistas y de los románticos era el de la expansión;
el de Gauguin es el de la compresión, mas no para agotarse en la
conceptuación de lo que ve, como en cierto modo fué el de los
clásicos, sino para concretar también lo que intuye con una po­
tencia que tiende en vez a destruir la forma.
Y si pretende volver el arte a su principio, al pensamiento,
para reencontrar la tradición alterada por la ciencia y por las
escuelas, no es porque lo anime una actitud primitivista y nega8

�dora de la cultura humana, sino porque comprende que le es
necesario entrar en contacto con el Espíritu en su entera libertad
inicial, como si esperara hallar en ese contacto el secreto que
otorga sentido a la existencia. Por lo mismo no fué Gauguin un
hombre seguro: no tuvo la firmeza emotiva de van Gogh —an­
clado en su individualismo de alucinado—, ni la firmeza intelec­
tual de Cézanne —guiado por su desconfianza de los sentidos—:
en él se mezclaron todas las actitudes: fué naturalista y abstracto,
romántico y clásico, y por encima de todo, un hombre que sintió,
adelantándose a nuestro siglo, el valor de una nueva épica del
instinto. Porque en ese remontarse a la idea primera, que es
como buscarla en el momento en que todavía no se ha desgajado
como tal y mantiene su original fuerza instintiva, ha de verse una
voluntad épica, no con el propósito de recordar formas de vida,
pero sí el afán de vivir. Y de este modo Gauguin anuncia Picasso,
aunque en aquél pesan ciertas trabas intelectualistas, sin duda
hijas de su tiempo, que éste ha roto y sigue rompiendo en nues­
tros días; lo anuncia además en cuanto siente, el primero y acaso
el único antes del genio hispánico, la necesidad de ser absoluta­
mente inédito.

Veamos ahora cómo quiere expresarse Gauguin. Rechaza la
alegoría porque le espantan los sentimientos hechos y no admite
que en sus obras se encarnen temas mitológicos o cristianos, como
en las de Puvis, ni tampoco se deja arrastrar por esa corriente
igualmente alegórica que implica toda vida pintoresca. Porque
la rechaza su arte es austero y sin anécdota, tan reducidos sus te­
mas y tan pobres sus alusiones existenciales. (Piénsese en la ma­
nera cómo Gauguin ha, explotado el tema tahitiano o marquesino
y se comprenderá su punto de partida: nunca representar la vida
de aquellos pueblos primitivos, siempre vigorizarla con su ánimo
de extraña potencia universalista). Pero tampoco la rechaza del
9

�todo. Negando por anticipado a los que habrán de postular las
teorías del purismo formalista, comprende que no hay arte sin
contenido alegórico, es decir, sin elementos alusivos a toda clase
de realidad, que sirvan de enlaces con el espíritu que se pretende
hacer vivir. El arte de Gauguin es literario en este sentido ahora
peyorativo de la palabra, que es como decir alusivo, porque los
contenidos literarios han desempeñado, lo mismo en su arte que
en el de todos los grandes creadores, el papel de sugeridores de
la realidad inmediata.
No se agota sin embargo en la alegoría y en esto reside su
grandeza, en una época en que no se comprendían sino las acti­
tudes extremas. Él trata de expresar, y lo logra en algunas obras
de manera cabal, la actitud espontánea y fresca, instintiva del
hombre, como algo inédito que no responde a una idea o un sen­
timiento hecho, como una creación. Y en la medida que consi­
gue que sus formas se potencien dé sentimiento, al mismo tiempo
que aluden a lo objetivo del existir y se hacen intérpretes de
ideas universales, se acerca al verdadero símbolo.
Se me reprocha algunas veces de ser incomprensible —dice
en carta a Monfreid—porque justamente se busca en mis cuadros
una faz explicativa que no tienen. Hay que convenir en que a
veces el reproche es justo, pues su mentalidad literaria no dejó
de traicionarlo, pero sólo a veces; en la etapa de plenitud, espe­
cialmente durante la segunda estancia en Tahití, las formas viven
como símbolos brutales, salvajes y descarnados, encerrando el pin­
tor en ellas la fuerza primigenia del vivir.
La forma es simplemente alegórica mientras está adherida
a la realidad inmediata de las cosas, comprendidos en ella los
sentimientos nominados; sólo alcanza la calidad de símbolo cuan­
do, sin desprenderse de esos elementos objetivos, es algo más que
alusión: vivencia de lo humano, de lo humano individual fun­
dido en lo humano universal, es decir, vivencia de lo permanente
10

�ya que la forma es simbólica cuando logra
expresar por medio de elementos artificiales de sustitución, por
eso permanentes, lo que sólo se da en la realidad como contin­
gencia. (Piense el lector en la poesía o en la música y compren­
derá que el arte de quienes la cultiven con éxito es el de trans­
formar todo lo que es significación y alusión en vivencia perma­
nente de emoción, lo qual implica superar toda reacción indivi­
dual; comprenderá igualmente que esa transformación se realiza
merced al poder creador del artista, que halla el modo de emplear
elementos artificiales otorgándoles un sentido expresivo proce­
dente de una dimensión humana pero con ciertos caracteres de
sobrehumanidad; y comprenderá también que el símbolo expre­
sa como viviente lo que existe nada más que como ideal de per­
fección, teniendo caracteres de tal cuando esa perfección no se
manifiesta sólo como forma pensada, sino igualmente como for­
ma sentida) . Gauguin lo sabe y por ello va a encontrar en cada
caso los equivalentes plásticos de sus ideas y sentimientos tra­
tando sin embargo que éstos vivan en aquéllos, no con perfección
terminal, sino en los primeros escalones de ella. Más tarde, Maurice Denis sistematizará el principio: La teoría de los equivalentes

y no de Io pasajero,

plásticos nos proveía de los medios necesarios, nosotros la había­
mos sacado de su imaginación expresiva, que nos daba derecho al
lirismo; y, por ejemplo, si estaba permitido pintar con bermellón
ese árbol que en un momento determinado nos había parecido
muy rojo, por qué no expresar, exagerándolas, esas impresiones
que justifican las metáforas de los poetas, y afirmar hasta la de­
formación la curvatura de una bella espalda, exaltar la blancura
nacarada de una carnación, dar un aspecto rígido a un ramaje
que no es agitado por ningún viento?

Gauguin es quien se anima, en las postrimerías del siglo, a
osarlo todo, como acostumbraba decir, empeñado por enriquecer
el lenguaje de la plástica, de modo que cada signo tuviera la pro11

�piedad de despertar, además de lá alusión alegórica, la vivencia
simbólica. Su rebeldía, y su disconformismo le llevan a superar
lo que ve y lo que siente, a fundir la visión en el sentimiento,
para extraer de esa fusión una forma completa, absoluta. Es erró­
nea, pues, la afirmación de Charles Morice, de que en el símbolo
gaugueniano hay alusión; Gauguin no alude sino presenta viva
la idea, mezclada con el sentimiento, y de este modo rejuvenece
el arte occidental.
Hay un símbolo de la trascendencia y un símbolo de la inma­
nencia 1. El de Gauguin pertenece a esta segunda categoría, ya que
no se propone hallar el sentido del mundo en un ente ajeno a él.
No hay en su pintura adivinación de un plano metafísico —como
en la de Rembrandt o Corot, por ejemplo—sino comprensión de
lo terrenal, y la lucha entre lo dinámico y lo estático —entre la
vida y la muerte—no se plantea ni se resuelve más que en el cam­
po de lo tangible. Podría haber dicho también él: Nada de lo
humano me es ajeno, aunque la humanidad que le interesó calara
más hondo, aun en el tiempo, que la de otros pintores.
Se comprenderá mejor esta idea del símbolo de la inmanen­
cia si se contrapone la concepción de Gauguin con la de natu­
ralistas y clásicos: el naturalista detiene su observación en las
cosas que representa y busca su médula en la diversidad, siendo
por ella analítico y detallista, como si creyera que la vida se alo­
ja con originalidad en cada minúscula parcela de materia; el
clásico se detiene igualmente en las cosas, pero las reduce a es­
quemas mentales y sólo a éstos representa, logrando así, por abs­
tracción y generalización, formas sintéticas de valor absoluto,
Véase La pintura de los primitivos y un cuadro de Gerardo Stharnina,

1
E stim ar , N ? 5.

12

V er

y

�como si creyera que tan sólo es original y por ende permanente
la vida en las grandes estructuras ordenadas. También Gauguin
reduce y simplifica, mas no a la manera del clásico, sino reco­
giendo además la vibración de lo individual, como si creyera que
lo más característico de la vida fluye de ese juego entre lo que
permanece y lo que cambia.
Tal posición intermedia tiene sus peligros. Sus formas no
tienen la riqueza de elementos que se advierte en los buenos na­
turalistas, desde Massaccio hasta Courbet —esa especie de fer­
mento que permite atesorar sus obras como si fuesen, y lo son
en verdad, documentos de vida perenne—, ni tampoco la otra
riqueza —Rafael o Poussin— que consigue crear la ilusión de lo
permanente haciendo imposible toda trasmutación. Ante un pai­
saje o una figura de Gauguin el espectador no siente el fluir de
la existencia como un río, tampoco la detención activa de la mon­
taña; sí el fluir y la detención, íntimamente fundidos. Hasta
parecería que sus formas responden a una imprecisa observación
de las cosas vivas y a una iñsuficiente actitud mental para gene­
ralizar. Es así, porque contempla la realidad concreta más bien
con los ojos de la intuición metafísica, voluntariamente endere­
zada hacia el pasado remoto de la humanidad, que con los ojos
de la intuición sensible, y porque se obliga a no reducir solamen­
te sino a captar con el máximo de intensidad emocional el men­
saje que procede de lo más hondo e impenetrable del mundo.
Puede decirse, desde este punto de vista, que el símbolo gaugueniano es símbolo de lo imperfecto, no de lo que se desgarra por
la acción deletérea del sentimiento, sino de lo que se anuncia
en fecunda primavera. Es el suyo un símbolo de epifanía, con
lo que otra vez se encuentra con Picasso.
Si Gauguin recurre a la síntesis, pues, y no trepida en en­
cerrar las formas con gruesos trazos y en construirlas valiéndose
de planos definidos; si la emplea porque tiene necesidad de una
13

�//
..
.
como dijera
Bernard Dorival;
si
ha llegado a ser hasta la nota que caracteriza su arte —lo que a
mi juicio no es falso pero sí impreciso e incompleto— no es por­
que se acerque a los clásicos, o a Cézanne, como tantas veces se
ha dicho, sino porque busca esa otra síntesis, menos mental que
intuitiva, que le permite alojar la potencia de la pasión que se
despierta en la potencia de la razón que construye. Por eso le
interesaban los egipcios —primitivos como él en este sentido—
y ese arte menor del esmalte cloisonné, porque en éste sobre todo,
más que en la incipiente y vacilante pintura medieval, podía en­
contrar algún modelo que lo alentara. La síntesis no era otra cosa
expresión elíptica y condénsetela,

que la simplificación voluntaria de las líneas, de las formas y
de los colores, simplijicación que tenía por fin dar a la expresión
su máximo de intensidad mediante la supresión de todo lo que
podía disminuir el efecto.

La definición de Jean de Rotonchamp
es justa sólo a medias, porque podría ser valedera también para
los clásicos y para los constructivistas del siglo actual; la síntesis
en Gauguin es algo más que síntesis mental, algo más que sim­
plificación voluntaria de las líneas, de las formas y de los colo­
res: es también síntesis sensorial, ya que la capacidad de reducir
y generalizar la ejerce igualmente en el plano de los sentidos,
cierto es que con una peculiar característica, la de deformar. La
síntesis actúa en el arte de Gauguin para crear un símbolo de
la pasión que no se agota en la forma y acude irrazonadamente
a la deformación.
A causa de este juego nunca definido entre la síntesis men­
tal y la emocional, entre lo universal y lo particular, el arte de
Gauguin ha podido ser tan fecundo. Constructivistas y expresio­
nistas de nuestro tiempo encuentran en él venero inagotable de
sugestión; quienes ven nada más que la poderosa razón ordenado­
ra en las obras de un artista que hizo de la composición un culto;
quienes sólo se dejan arrastrar por la pasión que desborda el trazo
14

�y el plano cromático, en las obras de un artista que hizo también
de los contrastes de color puro un culto.
Queda todavía la posibilidad de formularse una última pre­
gunta: ¿para qué quiere expresarse Gauguin?
Puesto que era un artífice de sí mismo, no puede extrañar
que se haya valido de diferentes modos de expresión, pero no hav
que engañarse: tanto la escultura, el grabado y el dibujo como
la literatura no fueron sino modos subsidiarios. Él es esencial­
mente piñtor. Y se explica, a mi juicio, porque persigue la forma
amplia quí^ supere todo individualismo y toda mezquindad ele lo
característico, sin endurecerla sin embargo, tratando de que el
hombre se integre en una gran unidad cósmica. Lo que él quiere
es construir monumentalmente el mundo de las emociones prima•rias, prestarle a la naturaleza la potencia decorativa del ritmo.
Si le guiara tan sólo la voluntad épica del monumento, la
escultura le satisfaría, pero su voluntad épica, hecha de instinto
y de razón, le lleva hacia grandes pluralidades —conjunto de
cielo, tierra y hombre en los que no cabe lo minúsculo— que
nada más que la pintura puede permitírselas. La escultura monumentaliza la idea o el sentimiento o el hecho a través del hom­
bre individual, y Gauguin trata de que sea el cosmos en su re­
lación primitiva, no por eso menos rigurosa, el que se eternice.
Por eso, cuando hace escultura, prefiere el relieve en madera, y
cuando cultiva el grabado, la xilografía, porque en estos géneros
halla el modo de expresar la tremenda fuerza de lo que aún no
se ha refinado. Más todavía, me atrevo a afirmar, no obstante su
vocación innegable de pintor, que se acerca más a su ideal al
tallar la madera que al manejar los pinceles. Parecería que cuan­
do pinta —esa fina tarea de distribuir el color con el pincel, que
enfría en cierto modo la emoción del artista— pierde la feroz fa­
cundia que sostiene al manejar el cuchillo.
15

�A. tal punto le domina esta exigencia de monumentalizar la
naturaleza primitiva que desdeña el espacio y el volumen, aplas­
tando todo contra un muro imaginario que nunca se le propor­
ciona para que lo pinte. En vano gritará su amigo Albert Aurier:
¡Muros, muros; dadle muros!; su voz no será escuchada.
En otros tiempos, con otras condiciones sociales y económi­
cas, y si hubiera tenido sentido de solidaridad con los hombres
de su época y hasta de su clase, Gauguin hubiera debido ser ar­
quitecto, pues el símbolo de su arte exige el espacio peculiar que
lo haga valer. Aquí es donde mejor se advierte su calidad de vi­
sionario y su incompleta fuerza constructiva: puede decirse que
durante toda su vida construyó un templo inespacial hecho sólo
de paredes pintadas, un castillo de naipes destinado a derrum­
barse. De él quedan ahora los cuadros que lo integraron en su
tiempo, cada uno como débil señal de una voluntad cósmica que
nunca llegó a realizai'se plenamente. No se captará por tal razón
todo el valor de su pintura si se piensa qiie él se volcó íntegra­
mente en cada tela; hay que imaginarse el conjunto, no en rápi­
da sucesión sino en yuxtaposición y contraposición de imágenes,
para tocar con los ojos y con la piel la vibración de su alma, ator­
mentada más por las exigencias del ideal universalista que por
las insuperables dificultades materiales.
Como ocurre a menudo, son muchos los escollos que han de
ser superados para llegar a comprender hondamente el mensaje
simbólico de este artista. Acaso sean más porque la única pala­
bra que de ningún modo puede ser pronunciada a propósito de
su obra, es la de perfección. Gauguin tuvo el valor de ser im­
perfecto, y de querer serlo, y la humanidad le está sin duda agra­
decida, ya que en esa genial imperfección palpita el alma de
nuestro tiempo.
J orge R om ero B rest

16

�La Casa de Pilatos — Sevilla,

��CAMINO DE LA OBSERVACION
VIDA

Y

OBRA

DE P A U L

LES BOROS DE LA SEINE AUX ENVIRONS DE
PARIS (1873). De 1873, pintura tonal, sentimental,
casi naturalista, poco comprometedora, a 1891, pin­
tura plana, decorativa, brutal y sabia: del burgués
al “juera de la ley”, al salvaje. El hombre de ne­
gocios Paul Gauguin, pintor aficionado, recibe la
herencia sin riesgos de Jongkincl y la escuela de
Barbizon: paisajes de cielo y agua, lirismo tonal,
efusión romántica consolidada por el dibujo que
construye y la pincelada que diferencia la calidad
material de los objetos.
BUSTO DE METTE GAUGUIN (1873). Emoción
epidérmica en los grises, predominio de lo anecdó­
tico. Estos primeros ensayos no se sustraen al aca­
demismo dulzón que vicia la escultura de la época.

ENTRÉE DE V1LLAGE (1879). Gauguin ha co­
nocido a Pissarro, y con él sufre la influencia
de los impresionistas, grupo díscolo y despreciado.
Y si bien la renovación no es tan radical como
parece, tiene el peligroso atractivo de lo que es
ruptura, lucha, polémica. Gauguin hace ahora
una pintura más dinámica y menos sentimental,
menos acabada y precisa, más espontánea; la pin­
celada vibra y se acorta.

GAUGUIN

�LTUDE DE NU (1S81). Contrastando con sus ensayos
impresionistas en el paisaje, Gauguin se muestra sólido
y constructivo en el desnudo. Huystnans alaba “la tajada
de vida”, verdad en la pose y el modelado, aceptación
del objeto con su carga de circunstancia, sentido de
equilibrio, firmeza de líneas.

PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN DÉVANT LE CHEVALET (1883). En enero de 1883 el pintor de los do­
mingos abandona los negocios para volverse pintor de
todos los días. P6'r haber desdeñado el respaldo social
lia de vivir ahora en un medio hostil, lejos de su fami­
lia, conociendo el dolor extremo y ¡a extrema miseria.
Su autorretrato está caliente de subjetividad; el em­
paste es dinámico y tiende a unir la figura con el plano
del fondo. Sobre lo oscuro saltan las manchas claras
del rostro y la mano en subrayado emotivo. No obstan­
te el dibujo logra una deformación ya brutal.

LA MAISON, SAINT CLOUD (1885). Aun por bastante
tiempo Gauguin se considerará impresionista. Pero en el
impresionismo habrá siempre algo de disperso y de blan­
do que le repugnará secretamente. Aquí ya aparece un
anticipo ele la división en planos. El dibujo controla el
fervor dinámico del empaste.

�VILLAGE DE LA MARTIN1QUE (1887).
Después de una corta estada en Bretaña, sin
importancia pictórica, Gauguin parte a bus­
car fortuna a Panamá. Enfermo y defrau­
dado pasa a Martinica donde reside sólo
unos meses. Sus colores se hacen más fran­
cos y planos. Se afirma su tendencia a di­
vidir el cuadro en zonas de color y a de­
formar y abreviar el trazo. Se lo ve menos
sentimental, más objetivo, con algo de pin­
toresco.

BA1GNEUSES EN BRETAGNE (1S88). De nuevo en Francia, Gauguin retorna a Pont-Aven.
Bretaña tiene para Gauguin el encanto de su paisaje duro y apretado, el misticismo brutal
de sus calvarios, los pesados, graves rostros animales de sus gentes. Con su contacto el setimiento
se robustece de instinto. Aquí todavía la vibración de la pincelada divide el paisaje en pequeños
fragmentos. El trazo, descriptivo y hasta sensual en los desnudos, tiende a independizarse.

�PORTRAIT CHARGE DE *GAUGUIN (1889). Transfor­
mación radical. Se trata ya del luego llamado c l o i s o n n i s m e
y sintetismo —colores planos, trazos oscuros, firmes, abre­
viados. Un solo plano mitad oscuro y mitad claro, ador­
nos que lo dinarnizan sin crear espacio. El dibujo da
algún relieve a la cabeza terriblemente deformada. El
episodio de Arles, la locura de van Gogh, no han rozado
su seguridad vital.
SOYEZ AMOJTREUSES VOUS SEREZ HEUREIJSES (1889). Gauguin llega en el relieve a la má­
xima violencia expresiva. Su talla ruda, a golpes
de cuchillo, tortura el volumen, estremece y de­
forma el contorno. Sus pinturas más brutales pa­
recen controladas ante tal vehemencia, que em­
pero no excluye cierto orden. El símbolo se con­
funde con elementos alegóricos.

PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN (1890). El trazo se
hace más pausado y severo, la deformación menos agria.
La expresión se concentra. Hay algo de equilibrado, de
jnaduro y definitivo.___________ __ ____________

�XIRVANA. PORTRAIT DE MEYER DE HAAN (1S90). El planismo se acentúa conser­
vando la vibración del empaste. Cada plano de color muy trabajado tiende a expandirse.
La deformación del trazo traduce lo interno. Pero ya hay una organización por líneas
curvas de sentido puramente rítmico. Se percibe un regusto literario que sobrepasa el tema.

�TROIS PE TI T S TAHITIENS DERRIÉRE UNE T A BLE (1891).
Composición rigurosa, dibujo pre­
ciso, deformación atemperada y aje­
na a lo emotivo, empaste plano,
tendencia estática. Se advierte una
voluntad de equilibrio y un espíritu
sin angustia. Tahiti comienza por
cercenar en las obras de Gauguin
todo temblor subjetivo.

PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN
A UIDO LE (1893). Frente a la de­
formación violenta y al ardor ex­
presivo de los autorretratos de Bre­
taña, lineas sintéticas y serenas, ma­
yor objetividad en el enfoque.

ANNAH, LA JA VANAISE (1893). París, una
herencia, un taller artificialmente bárbaro, dispu­
ta en Bretaña, desengaño de lo Europeo, retorno
a Tahiti; colores fuertes y secos, elementos de­
corativos, modelado con alguna sugerencia de
volumen y un grano de sensualidad, ida al pla­
no, predominio estático, linea que se limita a
ceñir la forma todavía no monumental, indeci­
sión entre lo expresivo y lo decorativo: anécdota
y esencia de Ana, la javanesa.

�OV1RI (AUTORRETRATO). Por sobre todo,
la potencia emotiva de la expresión. Gauguin
escultor es ajeno al anhelo decorativo del pintor.

SCULPTURE. YERRE NON CUITE. Escultura
de libre irrupción del instinto de auténtica bar­
barie. Desaparece el freno intelectual siempre pre­
sente en su pintura. Síntesis que sirve al volu­
men prieto y a la vez de fuerte signo expansivo.

PAYSAGE DE BRETAGNE (1891). Bre­
taña ablanda de sentimiento la malla
monumental-decorativa labrada en Ta­
hiti. Pese a la fuerza del color, el em­
paste se carga de vibración emotiva y

�PORTRAIT DE PAUL GAUGUIN "A L’AMl DANIEL” (1896). Después de la fluctuantc
etapa europea, el segundo periodo taliitiano, de maduración, de afirmación definitiva. Tam­
bién de limitaciones que no habrá de superar: un planismo nunca total, una aspiración
monumental frenada por la tela, un decorativismo que a menudo se teñirá de sentimiento.
POÉMES BARBARES (1896). Los dos planos, figuras y fondo, tienden a unirse. La línea
que en las obras bretonas fuera nervio conductor de una expresión casi patética, se enfría,
se detiene y simplifica, subrayando el planismo de la forma cuyo modelado llega casi a
perder todo relieve. El misterio es temático, no plástico. Hay una clara voluntad formal.

�NEVER MORE (1897). Se precisa un concepto monumental del desnudo. La enorme defor­
mación del muslo y la cadera tiene carácter rítmico, sin ningún erotismo. Contraste del primer
plano claro sobre el fondo obscuro, animado por el ritmo estático de los elementos decorativos.

EAA IHEICHE (1898). Las figuras, alargadas y esquemáticas, vacías de contenido, se hun­
den en el fondo y adquieren un carácter esencialmente decorativo. Su papel puede casi equi­
pararse al de su marco vegetal. Se llega a la máxima despersonalización de las formas, su­
bordinadas al juego rítmico de colcr y línea.

�LE SE1NES AUX FLEURS ROUGES (1899). Por com­
paración con el anterior, las formas resultan mucho más
sólidas, más construidas, si bien el dibujo y el color
mantienen su carácter planista. Ritmos de líneas curvas
organizan las figuras, en las que despuntan atisbos de
subjetividad.
NATURE MORTE AUX POMMES (1901). Es aquí, más
que en la figura o aún en el paisaje, donde se nota la
influencia del empaste cálidamente amasado, y vibrante
de Cézanne, sin su emoción, con una cierta sequedad.
El dibujo pone diques a la tendencia expansiva del
color. Falta ese mínimo permanente de intimidad que
se advierte aún en las naturalezas muertas más rigu­
rosamente compuestas de Cézanne.

LES SOLEILS [1901). Su dibujo ¿e vuelve menos estricto
y ceñido al narrar las flores, mientras conserva su fir­
meza en la mitad inferior del cuadro. Comparados con
los de van Gogh estos mirasoles parecen mucho menos
duros, mucho menos salvajes, adorno sin peligro para un
interior cualquiera.
_____________________

�CONTES BARBARES (1902). Al pasar
ele Tahiti a las Marquesas la pintura
de Gauguin adquiere una tonalidad in­
tima y sentimental nueva, poco acorde
con su decorativismo, y crece en su as­
piración de misterio, por la incorpora­
ción de figuras y formas de sentido
confuso.

PORTRAIT DE GAUGUIN. El dibujo
se vuelve detector de lo interno, vibra,,
deforma, recorta, se ennegrece o aclara
a impulsos de su necesidad patética. Es
el último Gauguin, miserable, enfermo,
perseguido. Confesión terrible como la
de ese paisaje nevado de Bretaña, obra
final, que invalida el testimonio opti­
mista de algunas obras de ese período„

�MARQUISIENS A CHEVAL (1902). Este es un Gauguin inespera­
do: elegancia en las formas y en su disposición, elegancia en el
color, menos rico, más sensible, tendencia dinámica. Al mismo
tiempo la expresión se superficializa, la monumentalidad desapa­
rece. La obra de Martinica queda definida por C ontes barbares y
M arquisiens A chevals : sentimentalismo y refinamiento.
A ngelia B eret

�GAUGUIN:

I

coincidencias

ES EN EL 83. LOS DOS, PISSARRO Y GAUGUIN, PINTAN
la ruta de Pontoise a Osny. Es uno el paisaje, pero liay quien
evidencia la luz en imagen, sumerge los volúmenes en la atmós­
fera, acentúa la dimensión mentida y va hacia el sentimiento que
está en las cosas. . .
Una visión que lo desmenuza todo en sueltas pinceladas
de color. Aire libre, valores. Un espíritu que, seducido
por la sinfonía luminosa, desecha la línea y construye
con el color. Profundidad, volumen. Gama de verdes y
grises y una materia grasa, espesa que es su esencia pic­
tórica. El aire circula.

29

�.. .y quien en arquitecto construye todas las formas, succiona toda atmós­
fera, frena toda dinámica, y lo osa todo.
El suyo es arte de transposición. Ley de la lógica subjetivada. Deformación y color sentidos. A la visión frag­
mentada opone “su” síntesis formal. Tintas planas, rit­
mos. Búsqueda de un equilibrio lineal, una estilización
formal, una expresión por lo monumental para alcanzar
lo decorativo. De la luz coloreada al color puro.
Aclarar, ¿para qué? Gauguin dice: “Sobre senderos convergentes, rostros
campesinos buscan no se sabe qué. Esto podría ser de Pissarro.”
Es el pintor de la naturaleza agreste y la vida rústica.
Se identifica con un naturalismo que nada tiene de
anecdótico. Compone la realidad. Su visión y su liris­
mo están dados con un pigmento cromático exacerbado
en su substancia. Pero es un sensualismo objetivado.
“M anque a Corot —dice A. Tabarant— es a Poussin a
quien se evoca para definir el carácter y situar el sen­
timiento.” Aunque Théodore Duret objete que en Pis­
sarro no existe la sublimación de un Millet.
Mientras Pissarro —“yo... yo tengo el temperamento de un campesino,
melancólico, rústico y salvaje en mis obras; quien tenga prisa no se de­
tendrá ante mí”— anota en Gauguin un buscar del sentimiento, no como
estilo, sino hecho idea. . . Gauguin dibuja una, dos, tres caras que él
quiere llamar “rostros despojados de sentimiento”. Pero. . . “mi bárbaro
corazón: tan duro como am ante... Hay salvajes que se visten a veces”.
Gauguin es el pintor de las naturalezas primitivas, ama
y posee la simplicidad, el hieratismo sugestivo, la ino­
cencia algo torpe y angulosa. Luz tan intensamente des­
lumbradora. Sus figuras tienen la espontaneidad de las
floras vírgenes. Es sobrio, grandioso, imponente. (A.
Delaroche.)
Y cuando se esbozan, uno al otro... Pissarro siente que el pulso le
exige un vigor inusitado, rebelde... no es esa misma acallada, constre­
ñida potencia con que diez años antes dibuja y pinta a otro discípulo,
Cézanne. Y Gauguin, como con sorna, hace saltar los puntos, “el todo
de confetti”.
Mordaz alusión a la etapa puntillista, mientras Pissarro

30

�se agota en la duda: “¡Cómo aunar la pureza y simpli­
cidad del punto —pobre, diáfano, monótono— con la
suave, libre, espontánea y fresca impresión que es pos­
tulado impresionista!” Es la duda que lleva a los “pa­
sajes”. A disminuir las distancias tonales con interme­
diarios. A desechar la nota vibrante: yuxtaposición de
tonos distantes. Él que huye del contraste.
Con Cézanne lejos, Gauguin entregado a la abstracción, el misticismo. ..
Pissarro había abrazado la teoría de Seurat. Entre la pincelada endia­
blada y el orden neoimpresionista, el sentimiento pugna por estallar con
un furor insospechado. O del realismo, pasando por la división de to­
nos, a la armonía decorativa de los paisajes urbanos.
Y siempre esa rigurosa, inveterada construcción formal
que va a penetrar y enraizarse en Gauguin.

Antes —es en el 74— mis dos artistas se encuentran en un paisaje de Gau­
guin. Hasta la quinta exposición impresionista, primera para Gauguin,
Huys'mans podrá decir de sus telas: “una dilución de obras inciertas de
Pissarro”, pero al año siguiente: “la personalidad de Gauguin se recorta
netamente en un desnudo.. . apenas en el paisaje se adivina un vínculo
con Pissarro, su maestro”.
En las Meules, en la Barriere, pesa todavía el ojo ace­
chante de Pissarro. Luego hay las Nature Morte a la
manera de Cézanne. Y hay la etapa de transición de la
Belle Angele, formas individualizadas, agitadas por la
desazón que le impulsa hacia el misticismo. Y de allí a
las Tahitiennes assises.
Luego, ¿dónde hallar asidero para un paralelo entre mis dos pintores?
¿dónde, si acaso, se rozan sus planetas divergentes? ¿Influencia por el
verbo?. . . ¿por la paleta y el pincel? Veamos si la hay.
En tal paisaje, en tal rincón de villorrio, Gauguin va al
análisis de los tonos, la división del color, la oposición
de los complementarios.

31

�El origen de Pissarro se remonta a las Antillas, el de Gauguin al Perú.
Hay quien huye a Caracas, quien a Tahití: sumersión en ambos. ¿Eso
basta?
PISSARRO: —Dibuja siempre del natural. La naturaleza es nuestra sola
esperanza si queremos lograr un arte verdadero y decora­
tivo. Pero el deseo de interpretarla no debe destruir el
contacto íntimo y directo. Transcribirla.. .
Pero Gauguin sintetiza, quiere evitar el carácter, ir a la
sola construcción de forma. El eje es la transposición.
Ni Monet, ni Cézanne, ni Renoir, ni van Gogh tuvieron discípulos, pero
en Pissarro y en Gauguin hay más que algo de Rilke. Anhelo de difun­
dir lo alcanzado. Imperiosa voluntad de decir de lo artístico.
Pissarro dice: “Si la tela está lograda, es porque aparece
construida”. Gauguin sintetiza, Gauguin deforma, pero
Gauguin construye.

32

�PISSARRO:

—Siempre, siempre la impresión memorizada, para abatir
toda vulgaridad. Dejar los modos de la verdad percibida,
sentida. Nada más.
GAUGUIN: —Mejor es pintar de memoria. Entonces tu obra será tuya.
CÉZANNE: —Sólo yo sé poner un rojo. Porque pinto de memoria.
Concepción introspectiva. Formas que viven en la at­
mósfera misma de su acción. Luz que dibuja. Búsqueda
de una construcción abstracta por planos en contraste.
Materia preciosa, espesa, rústica, y la visión sintética.
Pincelada ligera: esto es Pissarro.
PISSARRO: —Volver siempre a los primitivos. Ingenuos y sabios, ellos
son nuestros maestros. Siempre a las fuentes: en pintura
a los primitivos, en escultura a los egipcios.
GAUGUIN: —La verdad está en el arte cerebral, en el arte primi­
tivo, el más sabio: Egipto. Allí está todo principio.

53

�Todos los elementos que entran en la impresión visual,
el color local, los reflejos de los colores vecinos y la sutil
influencia de los que por contraste se acallan o se exal­
tan —Georges Lecomte—, todos los tonos que añaden las
caricias de la luz y del sol, todas las tintas que cantan
desde la sombra, todo se descompone en la tela y se re­
compone en exultante armonía en el ojo del espectador.
Valores tan próximos como en los primitivos y en Corot, maestro de Pissarro.
Georges, hijo de Pissarro, con visión inquieta y sarcástica, cumple con
rara seducción de forma y color sus fantasías decorativas; son paneles
de una suntuosidad cálida, dedrimbrante, armoniosa. Pissarro es quien
guía hacia la pintura decorativa. Pissarro que pinta sus abanicos en
perfecta unidad de forma y motivo. Y entre los Marqueses anota Gau­
guin —¿por qué lo busca?— un instinto insospechado por la decoración.
Visión de lo monumental. Deformaciones expresivas,
yuxtaposición de grandes manchas, intensidad de los co­
lores en sus contrastes. Es el drama de los elementos
plásticos en la lucha de Jacobo y el ángel, las escenas del
Calvario, el Cristo amarillo —la etapa mística de la Bre­
taña— donde hay rastros de un realismo que no quiere
persistir. Desaparece toda perspectiva y el aire denso se
hace irrespirable. Esto es Gauguin.
En la Bretaña algo le dicta un “sonido sordo, mate, potente”. Porque
allí ama lo salvaje, lo primitivo. Pissarro es la armonía toda. Para
Gauguin la armonía está en el contraste de los colores, el acorde de la
luz plena, la abolición de la acción. Gauguin sintetiza, Gauguin cons­
truye, Gauguin ordena.
Pissarro admira las estampas japonesas donde nada es
forzado y hay una calma, una grandeza, una unidad,
una luminosidad subyacente, un equilibrio sorpren­
dentes.
En Gauguin, croquis japoneses, estampas de Hokusai, litografías de Daumier, crueles observaciones de Forain, agrupados en un álbum, no por
azar, sino por su voluntad completamente intencional. Les añade la
fotografía de una pintura del Giotto: “el Giotto es el fragmento capital”.
También Georges Lecomte evoca al Giotto cuando quie­

34

�re decir del color que contienen las formas abstractas
en Pissarro.
Y Gauguin añade también a Rafael, el discípulo de Perugino, que no
trata los valores, que no aleja los planos. “¿Qué pasaría si Rafael cono­
ciera los valores? Yo que adoro y respeto a Pvafael?”
“Que todo respire la calma y la paz del alma” ... ¿lo
quiere en verdad?

Después —es en el 88— Gauguin pinta Bretonnes sur l’herbe, Gardien de
porciers, afirmando una tendencia a la simplificación de los tonos, la

estilización de las formas, la disposición de líneas y manchas con afán
decorativo. Es su síntesis. Un año después hará uso exclusivo de sus
colores planos, de sus gruesos cercos azules que sostienen las formas. Es
su contraste.
Pissarro limita sin líneas, sus formas se alejan, se apar­
tan, se desprenden del fondo con plenitud de volumen;
la luz y el color los empujan. Pero los límites son
igualmente precisos, la construcción formal igualmente
lograda.
*■
Van al gran orden de la composición. La ruta que desemboca en la de­
coración.
PISSARRO: —No veo sino manchas. Lo primero que busco es el acorde.
El primer problema es la armonía de la composición.
GAUGUIN: —La imaginación transformará la observación. La razón
dispondrá del mundo exterior.
Ansias de expresarse, sea cual fuere el modo. Hay quien usa de los agua­
fuertes, las litografías, los abanicos pintados, las témperas con tal de dar
curso a su sed de ritmo y forma. Y quien de su dibujo, su pintura, su
grabado, su escultura, su cerámica, su prosa.
Pissarro admira los relieves sobre madera y las terracotas
de Gauguin. Escribe a Mirbeau: “Son tan extrañas, de
un gusto tan exótico y bárbaro, tan preñadas de estilo”.
Cuando Gauguin se apresta a partir para la Martinica, ya es él.

35

�PISSARRO: —Trabajo, observación y emoción son las únicas fuerzas ver­
daderas.
GAUGUIN: —Hay mucho trecho de la convención, de la intuición a la
comprensión.
Si yo he logrado un paralelo, paralelo bifurcado, el maestro niega al
artista que hay en Gauguin. Cuando la etapa mística en Bretaña “ha
tomado sus elementos de los japoneses y los bizantinos”, cuando vuelve
de Tahiti “siempre en terreno ajeno, ahora ha saqueado a los salvajes
de Oceanía”. Cuando el movimiento simbolista, le critica acerbamente
por no aplicar su sentido de la síntesis a la filosofía moderna absolu­
tamente social, libre y sobre todo antimística. Hallla que toda su pintu­
ra, su decoración carecen de convicción. Y le Enrostra su más cruel
acusación: “Su pintura no le pertenece, usted es un ser civilizado”.
Hasta aq u í... ¿el maestro? ¿el amigo?
Y Gauguin: “Si contemplamos la totalidad de las telas de Pissarro, a
pesar de tantas fluctuaciones, hallaremos no sólo una voluntad artística
que jamás miente sino, y lo que es más, un arte esencialmente intuitivo,
puro. £1 fué uno de mis maestros. Yo no le niego”.
Hay quien capta las imágenes con los ojos,
hay quien con el núcleo misterioso del pensamiento.
C lara D iament

16

�C.ON LA FUERZA ANCFIA Y OSCURA DE LA TIERRA Y
el esquema claro de la inteligencia, Gauguin construye su mun­
do. Impulso que se define y se limita para ahondarse. Su mundo
nutrido de materia húmeda como la vida, que se agiganta en
un esquema colosal, comunión de lo universal con lo íntimo.
Gauguin voluntario, sensual e inteligente, se entrega a la verdad que
lo posee, para escribir esa verdad sobre su siglo de naturalismo, de ro­
manticismo y de impresionismo. “La verdad es el arte cerebral puro, es
el arte primitivo —el más sabio de todos— es Egipto, dice. Allí está el
principio. En nuestra miseria actual no hay salvación posible más que
en el retorno razonado y franco al principio.”
La condición primera de su arte es el sello de su voluntad y de su
inteligencia; la que personaliza su obra y la inscribe en un nuevo ámbito.
En verdad, por la afirmación de los elementos racionales rompe el
cerco del impresionismo cuya influencia lo aprisiona. Desde su primera
exposición recorre diez años de búsquedas: la vida en Bretaña, el primer
contacto con van Gogh, el viaje a la Martinica que tanto enriqueció su
pensamiento. Cuando después de Pont-Aven comienza a considerársele
jefe de la nueva escuela de pintores, ya se ha hallado a sí mismo. En
esta definición —voluntad, sentimiento, razón— más allá del impresio­
nismo se vincula con Degas, y a través de él con Ingres y con los clá­
sicos. Porque la búsqueda de su propia manera la realiza a través de la
construcción rigurosa de la forma.

n

Grande y profunda lección la de Degas con su labor junto a los
impresionistas y a la vez lejos de ellos. Con su unión de raíz y tronco
al movimiento que significaba “autonomía de concepto”, y sus ramas
libres cargadas de frutos nuevos. Degas esencialmente moderno y esen­
cialmente solo, sometido a su rigor; entusiasta impulsor de los nuevos
pintores e ignorante consciente de sus técnicas y de sus temas. Frente a
ellos, que captan la realidad forzando los sentidos, construye rigurosa­
mente la suya esforzándose en la composición, y buscando en los mo-

37

�mentos fugitivos de su mundo la estabilidad, la concreción, la solidifi­
cación que otorga la síntesis del dibujo.
Gauguin encuentra en Degas el alimento de las mismas pasiones:
pasión del dibujo, de la composición, del ritmo, de la búsqueda del valor
decorativo; pasión de organizar la obra, de estructurarla por medio de la
razón, de crearla como una totalidad que no busca en la naturaleza sino el
punto de partida. Como Degas intenta concretar y estructurar las formas
diluidas por el impresionismo, en su tendencia agotadora a buscar; a bus­
car y definir. Raíz de una misma inquietud racional que se resolverá
en distintos caminos: en la construcción de dos mundos.

Entre los dos no hubo barreras. Degas oscuro y huraño, ordenado, aisla­
do, respetado y temido, explica a los jóvenes la obra de Gauguin narrando
con simpatía la fábula de El perro y el lobo: “Miren ustedes; Gauguin es
el lobo”. En tanto que en su refugio tahitiano Gauguin adorna sus paredes
con reproducciones de cuadros de Degas. “¿Quién conoce a Degas?”, se pre-

38

�gunta. “Decir nadie sería exagerado. Algunos solamente. ¿Le comprenden
bien?. . . Es muy bueno, pero como tiene talento pasa por ser arisco. . .
En el hombre como en el pintor todo es ejemplar. Degas es uno de
esos raros maestros que no teniendo más que agacharse para recogerlas,
ha desdeñado las palmas académicas, los honores y la fortuna, sin me­
lancolía ni rencor. ¡Pasa tan sencillamente entre la multitud!’’
Y la comprensión de su obra lo exalta. “ . . .no hay motivo ni tema:
solamente la vida de las líneas: líneas y otra vez líneas. Su estilo es él.
Porque firma. Nadie tiene menos necesidad que él. En estos últimos
tiempos ha hecho gran cantidad de desnudos. Los críticos en general
vieron la mujer. Degas ve la m ujer.. . Pero no se trata en modo alguno
de las mujeres de antaño, no se trata de bailarínas. . . ¿De qué se trata?
El dibujo estaba en el suelo. Hacía falta levantarlo, y ante estos desnudos
yo grito: Ahora está en pie.”
Pasión del dibujo que los une y los diferencia.

52

�El valor expresivo de la línea es fundamental en Degas. Cerrada,
vibrante, sintética, tenue unas veces y dura otras, se aísla del color para
tomar un alto valor por sí misma. Dentro de un mundo nunca muy gro­
tesco consigue apresar lo inestable, lo inefable, lo inasible: el movimien­
to que nace o que muere.
Si en Gauguin el valor del dibujo se impone, no es de la línea en sí
de donde surge la expresión. Es de la línea como límite de masas colo­
readas; es de la línea como arabesco decorativo.
En Degas la línea se-hace sutil y vibrante para aprisionar lo instan­
táneo; en Gauguin se endurece para traducir lo permanente. En uno el
dibujo dinaráiza las formas en el plano; en el otro es fundamento de su
ideal estátiqo.
Para Gauguin el dibujo y el color están unidos. Él confiesa no haber
sabido jamás “hacer un dibujo limpio, ni manejar un esfumino, ni una
miga de pan”. “Me parece que siempre le falta algo: el color”, dice. “La
línea es el color”.
Sus colores no se mueven. Evita la pose en movimiento para que todo
respire calma, como si su mundo hubiera llegado a la definición. El mun­
do de Degas, en cambio, es inestable y lleno de imprevistos: tal vez más
cerca del de la naturaleza.
Semejantes en el afán de construir por la síntesis del dibujo, estos dos
mundos distintos vuelven a unirse en su pasión del orden. En su ritmo,
traducción del sentido decorativo. Ritmo dinámico el de Degas, rico en
posibilidades, pero austero. Gauguin solidifica el ritmo: lo detiene. Lo
aplasta en sus figuras aplastadas, mientras Degas se complace acariciando
un volumen creado casi sólo con la línea.
Probablemente lo que más atrajo a Gauguin en Degas fué este senti­
do decorativo, expresión de un concepto racional del arte. De allí sur­
gen infinitos puntos de unión que van señalando diferencias. En la obra
de Degas el elemento decorativo se agota en la síntesis, en la construc­
ción rítmica, en la composición de nuevos enfoques, sin absorber el vo­
lumen, ni la variación tonal, ni el espacio. El mundo está creado en pro­
fundidad, sin subordinaciones.

40

�Pobladora de uno y otro universo es la enorme figura del hombre:
centro y recipiente de igual inquietud. Enorme figura creada a través de
pequeñas figuras: bailarínas, planchadoras, jockeys, o bretonas y tahitianas. En los dos, esquemas. Pero en el esquema de Degas cabe su sen­
timiento humano, profundo y cálido. El impulso de Gauguin, hecho de
tierra y vida, de sentimiento, de sensualidad, de alegría y dolor, choca
contra los límites, y al no poder romperlos, los agiganta. En este punto
se separa de Degas por la naturaleza de su mensaje: Degas es íntimo,
Gauguin monumental.
Si los dos tienen el propósito de expresar la vida interior de una
realidad creada, la realidad es distinta por su contenido y por su ex­
presión.
Más respetuoso de la naturaleza y más apasionado por la caracte­
rización, Degas transmite un estremecimiento interior a la forma, que
electriza la expresión más banal o el escorzo más atrevido, y traduce esa
expresión en misterio y poesía. Todo parece suavizarse por un aliento
cálido.
Gauguin nos presenta de golpe la realidad sentida y pensada, con
su misterio franco y rudo. Un misterio que parece no serlo a fuerza de
ser sincero. Y su poesía no es ya estremecimiento sino sustancia amasada
con el propio color y la línea; salta sobre el espectador con la fuerza
de lo doloroso.
Los dos desnudan a la realidad y la visten con su sentido: la realidad
primera ya no les interesa, sino ésta nueva rica de contenido. Pero Gau­
guin la inmoviliza en su vestidura y, liberada de lo accesorio, la libera
también del espacio que la aprisiona. La vuelve invariable por la línea
y el color y la compone según su ritmo. Sus mujeres estáticas y oscuras,
sus bretonas de alegres cofias, no nos hablan con sus rostros. No le in­
teresa lo psicológico. Su fuerza está en la precisión con que apresa y de­
tiene a sus personajes encerrando en sus límites seguros la expresión
uniforme de su existencia. Sin velos ni misterios; sin escorzos ni tonos:
planos y monumentales. Así son en su raíz primitiva. Así los quiere.
I s OLINA GROSSI

41

�I

TT T “¿Por qué no se crea un gran estilo?”... “¿Por qué en lugar
i 1 de una gran forina se crean tres pequeñas?” ... “Puro y amplio:
i | he ahí el dibujo, y he ahí el arte” ... “Las bellas formas son

sencillamente superficies y redondeces” ... “Debemos hacer pintu­
ra escultórica.”

Las ideas de Ingres incomprendidas en su época, se plasman, aunque
de manera harto diferente, en la obra de dos de los más grandes pintores
franceses de todos los tiempos.
Gauguiri y Renoir, dos hombres en busca de un ideal estético, dos
mundos divergentes. Sus destinos los llevaron por sendas que no habían
de cruzarse. No fueron creados para entenderse, no se entendieron jamás.
Renoir en busca de la expresión íntima, construye su pequeño mundo
y lo encierra dentro de un marco. Gauguin en cambio, no puede expresar­
se en una tela que lo ahoga y lo angustia; sus búsquedas se encaminan
hacia la creación de un “gran estilo” y de “una gran forma”. Sus cuadros
tienden a salir del caballete, responden más a la concepción de la pin­
tura mural.
En la influencia de Ingres y de la estampa japonesa, residen los
únicos puntos de contacto entre los dos artistas, unión y separación abso­
lutas, caminos opuestos. Mientras uno se deja arrastrar por sus sentidos,
río desbordante de sensualidad, el otro, se reprime y se vuelve autero
tratando de llegar a la raíz del concepto de lo monumental.
Una de las más frecuentes vías de expresión de ambos artistas, es el
desnudo femenino, pero ¡qué diferencia!, ¡qué oposición constante!. Re­
noir lo concibe como una “bella forma modelada esféricamente” y lo
colma de contornos flexibles y voluptuosos, de “superficies y redondeces”,
forma-fruto de un goce interior. Asimila la estampa japonesa como occi­
dental, ve en ella sobre todo la posibilidad de enriquecer su dibujo. En su
pintura no hay preconcepto, Renoir es un naturalista intimista al que le
interesan los objetos por sí mismos, y en cuyas proporciones quiere descu­
brir el secreto de una armonía universal. Su instinto lo lleva a acercarse
a las cosas y a reproducirlas mediante un empaste rico y un color lleno
de vigor en los que está implicado un profundo goce erótico, fuerza desa­
42

�tada que se desprende del desnudo, sensualidad palpitante que aflora
del fino modelado redondeado con ardor.
Frente a Renoir, Gauguin el constructivista apasionado que reprime
y sublima su erotismo primigenio, buscando siempre como intuición ra­
zonada, la teoría tras la forma. En el desnudo supera todo significado
sentimental, lo construye sin relieve, como una estatua a la que el plano
hubiere absorbido. El sentido de la monumentalidad está plenamente
logrado gracias a una concepción planista de los elementos, y a las formas
concebidas con un gran sentido de síntesis, secuela de la estampa japonesa.
Gauguin frena su sensualidad con su inteligencia que actúa como
muro de contención. Una fuerza bárbara está sin embargo latente en el
contraste y en la violencia del color, que infunden a sus cuadros un hálito
salvaje y primitivo. La búsqueda del sentido épico y de lo eterno lo lleva
a realizar figuras que permanecen dentro de un estatismo absoluto, hieráticos seres primitivos inmersos en una naturaleza que está en sus co­
mienzos, fuera de toda civilización, naturaleza a la que dominan y con­
templan encastillados en su yo.

Renoir hace “pintura escultórica” incorporando el desnudo al es­
pacio. El dibujo firme, construye formas plenas que se inscriben en
contornos netos de límites sinuosos vibrantes y sensibles. Hay una franca
búsqueda del arabesco en el trazo que limita la figura y que por no inte­
rrumpirse en ningún momento, hace que ésta cobre cierto carácter estático
que no se hace definitivo merced al entrecruzamiento de los ejes. La mate­
ria pulida que parece esmalte, pasta rica y sensual, se condensa en pince­
ladas audaces y nerviosas que dejan adivinar el pintor impresionista. Una
atmósfera de luz y color envuelve la forma al tiempo que la equilibra. Hay
una gran armonía en el color, en el brillo de los tonos puros, valorados
gracias a los ocres y grises que emplea en su unión.
Para conseguir dar a las formas objetivas lo que el modelo tiene de

43

�personal, de individual, Renoir deforma, afirmando siempre el volumen
con gran sentido de síntesis. A la inversa de Gauguin, busca la expresión
psicológica, el subrayado emotivo. Su voluptuosidad no reprimida —que se
traduce en la profusión de curvas— da origen al erotismo del desnudo cuya
carne, apenas contenida por la línea, parece desbordar. Renoir observa la
naturaleza, estudia el modelo, que con frecuencia es un personaje común,
una mujer cualquiera, y lo transfigura mediante su intuición plástica y su
sentido lírico. La figura trasluce tranquilidad, alegría de vivir, sana sen­
sualidad, pero es que a la inversa de Gauguin, no le interesa la gran expre­
sión o la búsqueda de lo mo­
numental, “su sentido de la

mesura le impedía todo empu­
je a lo extraordinario, descon­
fiaba de lo sublime que es in­
controlable”.

Gauguin en plena madura­
ción artística, logra plasmar su
ideal estético en esta obra, don­
de el sentido épico está plena­
mente logrado, donde consi­
gue reprimir su sensualidad sin
abrirle ninguna vía de escape.
El dibujo fuerte y vigoroso,
valor fundamental como límite,
estructura con rudeza la figu­
ra enérgica. La línea pierde en
parte su sentido significativo,
para tomar en cambio carácter
monumental. Ni fría, ni iner­
te, conserva una cierta vibra­
ción emotiva que se convierte
en tensión interior.

44

�El sentido decorativo lo lle­
va al empleo de ritmos salvajes
y austeros. Ritmos austeros los
que hay en el arabesco de la
línea límite, línea que se corta
en ángulos, donde las curvas
son escasas, línea que ciñe es­
trictamente la figura armoni­
zada por el fondo dentro de
una composición bien equili­
brada. Ritmos salvajes los que
hay en el color vibrante que
salta con sonoridad de la ma­
teria rica y pastosa que cons­
truye la tela. Con el tono uni­
do y homogéneo, hace carne
una fuerza centrífuga instinti­
va que empuja las formas hacia
afuera en busca de expansión.
La concepción es planista por
definición, aunque el volumen
esté aludido, no ya en su cor­
poreidad real y verdadera, pues
no está creado, sino idealizado.
Esta es la esencia del simbolis­
mo de Gauguin, en toda su ca­
pacidad de sugerencia. La bús­
queda del sentido épico lo lle­
va a superar todo detalle. No
mueve las formas, mantiene el
desnudo en un estatismo absoluto. No busca la expresión psicológica ni
individual, la figura carece de sentimientos. Para lograr plenamente su
objeto, la monumentalización del espíritu primitivo, condensa síntesis y
símbolo en una tela a la que restituye la esencia, el alma del mundo infla­

mado en el que vive.

L ía C arrea

45

�"'®" ~T EL PROBLEMA DE LA INFLUENCIA DE CÉZANNE
\ j sobre Gauguin ha sido planteado no solamente en casi todos
los ensayos sino también por sus mismos amigos y contem’
poráneos. Así, por ejemplo, mientras Lhote llama a Gauguin
“falso discípulo” del maestro de Aix, por ser su estética negación de la
cézanniana, Maurice Denis, por su lado, lo considera el verdadero conti­
nuador de sus teorías, ya que, con mayor rigor teórico pero con menor
sensibilidad llevó adelante la reconstrucción del arte iniciada con los
materiales del impresionismo.
Por eso, repetir este enfoque de la influencia directa o indirecta del
uno sobre el otro, nos ha parecido menos interesante que oponer las dos
figuras para llegar a determinar la coincidencia de ambos en los princi­
pios esenciales que contribuyeron, en los últimos veinte años del siglo XIX
a trasformar el concepto de la obra artística.

I

Partamos de una primera afirmación: Tanto Cézanne como Gauguin
arrancan de la observación de la naturaleza. De las numerosas cartas del
primero a Émile P-ernard recogemos su pensamiento: “El estudio real y
prodigioso a emprender es la diversidad del cuadro de la naturaleza”.
Esto no significa que traduzca la naturaleza tal cual es, sino tal cual la
siente; el pintor no debe reflejar la naturaleza, sino la emoción que ha
sentido en su presencia. “El método consiste en buscar la expresión de
lo que se siente, en organizar la sensación de una manera estética per­
sonal”. Primero está la sensación, luego el pensamiento que organiza.
Gauguin a su vez afirma: “No más reproducir la naturaleza y la vida
por más o menos o por trompe l’oeil improvisados, sino por el contrario,
representar nuestras sensaciones y nuestros sueños por formas y colores
armoniosos”. Para él la obra de arte es un espejo donde se refleja el
estado de alma del artista. Éste ha de buscar un equivalente que permita
expresar la sensación recibida sin reproducir el espectáculo inicial, re­
sultando de aquí que la obra de arte es una transposición. De modo que
para Cézanne como para Gauguin la naturaleza es un motivo, es la ma­
teria exterior que se da al artista; sobre ella reacciona el espíritu para
crear la verdadera obra de arte. El primero encierra su pensamiento en
la conocida frase: “Rehacer a Poussin según la naturaleza”, esto es, corn­

eó

�poner y racionalizar las sensaciones. El segundo, en carta a Monfreid,
concreta a su vez. “El artista, (si quiere realmente hacer obra creadora),
no debe copiar la naturaleza, sino los elementos de ella y crear un nuevo
elemento”. Esto es posible por la imaginación, la verdadera maestra del
cuadro.
Sentado este punto de partida de la estética de ambos pintores, se
nos plantea el problema de saber la manera cómo cada uno entiende que
ha de trasmitir el artista sus emociones.
Para Cézanne, lo primero ha de ser la búsqueda de la forma tradu­
cida por el color. La forma no está separada del color, ambos se condi­
cionan. Pero no se trata del color llevado a las variaciones tonales que
reproducen el modelado tradicional, sino del color considerado en sus
contrastes. Para Cézanne todo es color en la naturaleza, el objeto, la
sombra, la luz y el espacio. “No existe la línea, no existe el modelado,
no hay más que contrastes”. Existe el tono local de cada objeto, pero es
modificado por influjo del tono de la luz, por los reflejos de la atmósfera;
de tal manera que cada cambio se traduce en un pequeño plano y el
conjunto de éstos conforman el volumen. La forma es pues el volumen
expresado en una serie de gamas de distintos colores. Es lo que llama
modular. Por eso el dibujo en blanco y negro fué raramente usado por
Cézanne, porque el color tenía como expresión plástica un valor absoluto.
“El dibujo y el color no son cosas diferentes; a medida que se pinta se
dibuja; cuanto más se armoniza el color más se precisa el dibujo. Guando
el color alcanza la riqueza, la forma alcanza su plenitud”. “La luz y la
sombra son relaciones de color. El dibujo puro es una abstracción. La
forma y el contorno nos son dados por los contrastes y las oposiciones
que resultan de sus coloraciones particulares.”
¿Qué significa, en cambio, para Gauguin crear? Ante todo la susti­
tución de las imágenes objetivas por imágenes coloreadas que responden
a leyes totalmente subjetivas. Las cosas son evocadas por las manchas
planas de color, por la armonización y la disposición intencionada de
las mismas. El color puro es el principal vehículo para expresar la sensa­
ción recibida. Ésta es la teoría de la equivalencia o del símbolo, gestada
por Gauguin y tomada y desarrollada por Denis, Anquetin, Bernard, Ranson y otros.

47

�Resumiendo lo expuesto: Cé­
zanne crea por medio de las
estructuras logradas a base de
contrastes de colores. Gauguin
por las síntesis armoniosas de
tintas planas, equivalentes o
símbolos de la emoción expe­
rimentada. El arte es el resul­
tado de una sensación pero
comporta al mismo tiempo la
participación del yo, el orde­
namiento de esas sensaciones
por obra de la imaginación y
de la razón.
¿Cómo se traduce en definiti­
va esa participación? En Gau­
guin en las deformaciones ex­
presivas, en la intensidad de
los colores, en la distribución
de las manchas que equilibran
la superficie plana. Y todo esto
conforma a cierta leyes rítmi­
cas, lo que da a sus composiciones un aspecto decorativo. Efay además,
en él, simplificaciones en el dibujo, ritmos en la composición que eviden­
cian la elaboración mental a que sometía sus trabajos.
En Cézanne la participación del elemento ordenador halla su expre­
sión más acabada en la voluntad de construcción. Construir significa,
como aclara Dorival en su acabado estudio sobre Cézanne, “desprender
la naturaleza profunda de las cosas, someter lo accidental a lo esencial,
poner ese esencial en su valor”, lo cual es posible solamente por un control
absoluto de la razón. Esto es lo que llevó a D’Ors a calificar a Cé­
zanne de clásico, porque su guía son las ideas y su preferida la razón.
Analizaremos ahora las teorías de ambos artistas en el orden de las
realizaciones plásticas. Confrontaremos para ello dos obras de la madurez.
La primera de Cézanne: Madame Cézanne au fauteuil jaune (1890-94).

48

�Para él la figura —casi siempre retrato— es un pretexto para llevar a su
más alto desarrollo la búsqueda de la forma a través del volumen y del
color. En este ejemplo que proponemos, la figura emerge independizada
del espacio que la rodea; el volumen de la cara, de los brazos, apresado
en los trazos sintéticos de un dibujo cerrado, nos lleva a pensar en
verdaderas abstracciones geométricas. Pero el color no vive independiente
de ellas; si observamos el vestido, los brazos cubiertos, notamos que se
llega a la forma por la colocación en contraste de las tintas que marcan
las partes en luz y en sombra. Por momentos, el dibujo tiene su impor­
tancia en el bosquejo de las formas, pero la corporeidad de las mismas
no llegaría a producirse sino fuera por el contraste y la vibración del
color que se incluye en sus límites. La figura aparece envuelta en su parte
inferior por la atmósfera que también es color; pero al mismo tiempo
todo el aire que rodea a la primera parece recibir los reflejos de ella.
Para Gauguin, la figura tiene, en cambio, otra traducción plástica.
Analicemos su Nave-Nave Mahana (1896). Se nota ante todo que se trata
de una composición en la cual se ha buscado una distribución adecuada
de las figuras y de los colores para hacer del cuadro una composición
equilibrada. Hay
una intención lo­
grada y buscada
en la disposición
de las manchas
frías y cálidas; los
verdes fríos locali­
zados en las ropas
de las tres figuras
sentadas encierran
en un triángulo
las re sta n te s de
pie, las cuales se
ordenan a su vez
en otro triángulo
de cálidos violen­
tos y profundos,
49

�que apresa las dos figuras centrales, calculadamente portadoras de un azul
frío y de un verde cálido. Este acorde del azul y del verde está resaltado pol­
la proximidad de los rojos anaranjados. El aspecto decorativo se ve subra­
yado por la concepción de- las figuras como siluetas. Ellas se recortan
sobre los fondos y su nitidez es más significativa a causa de los con­
tornos espesados en trazos oscuros los que delimitan rigurosamente las
formas. Este procedimiento plástico —cloisonnisme— usado antes que por
Gauguin por Émile Bernard como procedimiento de grabador y de pin­
tor de vitraux, es incorjrorado por el primero al conjunto de los ele­
mentos pictóricos. Por su influjo, la pintura adquiere una mayor fuerza
expresiva, no como pintura naturalista, —leamos: empeñada en llevar a
las dos dimensiones de la tela las tres del espacio natural—, sino como
pintura eminentemente decorativa, donde la búsqueda de la perspectiva
y el volumen es sacrificada en beneficio de las posibilidades expresivas
de la pintura mural. En Gauguin no hay empeño por traducir el volumen
y el espacio. Observemos las figuras humanas en el cuadro propuesto
como ejemplo. A pesar del contraste de luz y sombra no se logra la cor­
poreidad, como tampoco la visión en perspectiva del paisaje. Paisaje ilu­
minado por igual, sin la atmófera envolvente, tan característica de Cé­
zanne, su emoción es producida por los ritmos plásticos que crean la
disposición de las manchas de colores.
La base de la creación artística de Gauguin está pues en la sensación,
pero por sobre ésta predomina la razón en la distribución armoniosa de
las masas y las líneas.
Esta participación en primer plano del elemento racional une a Gau­
guin con Cézanne, abriendo así la auténtica brecha por donde ha de surgir
toda la estética del arte moderno.
B lanca Stabile

50

�LOS CAMINOS DE GAUGUIN Y DE VAN GOGH -co ­
mo vidas y como arte— provienen de ámbitos diferentes,
se cruzan en un punto y vuelven a separarse para siempre
inscritos en dos esquemas que por antagónicos se complemen­
tan en el complejo mundo de la pintura moderna.
Gauguin era lo que la psicología actual llama un extravertido. Hom­
bre alto y fuerte, un poco fanfarrón de su físico, sanamente sensual y con
un ideal de arte clásico, aunque él hubiera renegado de este adjetivo o
no lo supiera advertir en sí.
Van Gogh era un introvertido que llegó a la locura.' Un hombre
deshecho en su juventud por las dudas religiosas. Predicador entre mi­
neros, fracasado en el amor, torpe, llega a la pintura con un caudal de
fuerza expresiva contenida que lo hace pasar por encima de una concep­
ción lúcida del arte para llegar a poner en sus telas toda la desesperación,
el desconcierto, la pasión brutal que lo incendiaba.
Como tipos humanos, pocos habrá más dispares. Pues bien, esos dos
mundos se llegan a conocer, a habitar bajo el mismo techo —la famosa
casita blanca de Arles— pero nunca sabremos hasta qué punto a apre­
ciarse, a sentir un verdadero afecto el uno por el otro. Gauguin posible­
mente ejerció su prepotencia sobre van Gogh en este período. Lo des­
lumbraba con su éxito entre las pupilas de alguna casa de tolerancia del
pueblo, las mismas-mujeres que se reían de aquel holandés chiflado que
pintaba un par de zuecos o una silla de paja en un cuarto vacío, irreco­
nocible en las pinceladas a mandoble, en los colores exacerbados hasta
lastimar los ojos. A una de esas mujeres que se mofaban de él, van Gogh
mandó —en un ataque de locura— el regalo sangriento de su oreja cor­
tada al ras.
Cuando después de este episodio Gauguin huye de Arles, la vincula­
ción de ambos hombres queda truncada. Posiblemente van Gogh en
los meandros de su mente confundida, le envidiara siempre a Gauguin la
seguridad para el dibujo, la campechanía en el trato de las gentes, la insul­
tante vitalidad de gigante, la destreza, la fuerza física. Quizá toda aquella
estadía no haya sido más que un afirmarse de Gauguin ante quien consi­
deraba inferior y el episodio de la persecución nocturna llevando van
Gogh un cuchillo para desfigurar o matar al otro nos dice con toda cla­
ridad el estado mental de los protagonistas. Fué una experiencia terri­
ble para ellos, jrero el arte del mundo ganó con toda aquella angustia,

V

51

�aquella zozobra, aquel miedo.
Veamos cómo, tratando de de­
sentrañar las posibles influen­
cias positivas y negativas del
uno sobre el otro.
Partamos del dibujo. Gau­
guin ha sido uno de los gran­
des dibujantes del siglo XIX.
Viene de una línea excelsa que
llega a culminar en Francia ha­
ce cien años en Ingres y algo
después en Degas, dos de las
mayores admiraciones de Gau­
guin. Pero entendámonos, la
línea de estos pintores es la
línea clásica, la que se pliega
a la concepción superior del
artista que busca un ideal de
forma equilibrado, infundien­
do en ella su vitalidad pero sin dejarse arrastrar por el instinto que,
aunque presente siempre, está imperceptiblemente corregido en cada
pulsación por una mente clara que concibe cerebralmente y va dejando
registrada en ella una idea junto con una pasión.
Van Gogh en ese sentido no sabía dibujar. La dureza de su línea,
la inseguridad, la fluctuación lo denuncian como un instintivo que lucha
por construir un esqueleto a sus cuadros y fracasa. Sus pequeños dibujos
de principiante son dolorosos, en ellos se ve a alguien que quiere dibujar
bien y no lo consigue 1.
En el douanier Rousseau por ejemplo no pasa nada de eso. Su defor­
mación es tan ingenua, se nota al artista tan feliz con lo que hace, que
ahí está ya precisamente su gran fuerza de afirmación. Van Gogh llegó
a copiar postales ilustradas, tanta era su necesidad de un andamio de
1 Decimos: b ien en bastardilla porque hay un concepto unánime y popular que
cree que lo clásico —y lo académico que es lo peor— es la única forma de arte correcta
y valedera. Eso es absolutamente falso pero no corresponde discutirlo aquí.

52

�dibujo sobre el que po­
der volcar a torrentes el
color desbordado que so­
ñaba. Sus notas posteriores
cuando ya se sentía pintor
no pueden considerarse di­
bujos, son trazos cortos, re­
lampagueantes, abiertos en
una explosión centrífuga
igual que las pinceladas de
sus cuadros. Son un simple
cañamazo sobre el que apli­
ca el color. En todos sus
dibujos, antiguos y madu­
ros, hay una fuerza, es la
fuerza que luego se ha lla­
mado expresionista, defor­
me, pero con una potencia
animal instintiva que la
salva; lo que no fué su lí­
nea, lo que no pudo ser
nunca, fué un registro neto y claro de la realidad objetiva.
De la composición puede decirse casi lo mismo que hemos dicho
con respecto a la línea. Gauguin tiene un sentido total del cuadro y
aunque lo vaya agrandando en esa tendencia instintiva por rebalsar el
cuadro de caballete para llegar al muro, siempre compone equilibrada­
mente, oponiendo masas a masas, color a color. Disponiendo primeros
planos que encajan con fondos muy dinámicos pero nunca tanto como
para distraer al espectador. Su claridad a ese respecto es ejemplar. Mu­
chas veces toma un punto de vista elevado que le hace ver las cosas un
poco de arriba para abajo huyendo del mucho fondo o mucho cielo
que le crean problemas de otra índole, pero sus arabescos se entrelazan,
se encadenan, se compensan hasta crear una sensación de plenitud feliz,
de realización plena. Van Gogh en cambio enfoca sus telas como puede.
Están cortadas en un sitio como pudieran estarlo en otro. Dentro del rec­
tángulo o el cuadrado que tiene para pintar pone todo lo que puede o lo
que quiere de un modo instintivo pero ni sabio ni ponderado. Nos hace

55

�recordar a esos malos fotógrafos aficionados a los que siempre les sobra o
les falta placa porque no tienen en absoluto la capacidad creadora de re­
ducirse a una forma geométrica elemental para encerrar su tema. Pero esa
misma incapacidad da un interés más a la pintura de van Gogh. La hace
menos hecha, más terriblemente improvisada como si el mundo todo re­
sultara pintado, registrado, en gamas feroces sin discriminación de bello o
jeo, de importante o nimio (sentido tan moderno este de van Gogh, tan
nuestro, de la realidad que nos rodea, nos alienta, nos ahoga).
El color de Gauguin es también pensado. Si él dice que “un metro
cuadrado de verde es más verde que un centímetro cuadrado del mismo
color’’, ello implica una actitud previa cerebral, como cuando después
Matisse decide pintar un muro con un color que se pasa de los límites
dibujados de ese mismo muro porque considera que la sensación cromá­
tica es tan fuerte en la realidad que para reconstruirla no basta exacerbar
el tono sino que hay que hacerlo desbordar de sus límites que hasta en­
tonces lo contuvieron. Pintores ambos reflexivos y de gran sabiduría tanto
Gauguin como Matisse ponen sus colores pensando el efecto que buscan
y alterándolos en la medida que entran dentro del esquema previo de
dibujo, composición, entonación que se han fijado como metas.
Es natural que Gauguin haya elaborado un color plano, casi homo­
géneamente extendido sobre la tela, llenando sus islas de dibujo con una
concepción cromática que —como lo dijimos a propósito de la composi­
ción— apunta al ideal de monumentalidad de los muralistas de genio.
Para van Gogh el color es el vehículo esencial de su romanticismo.
Maurice Denis en Teorías dice: “Es la deformación subjetiva la que da
a la pintura de van Gogh su carácter y su lirism o... es un romántico
exasperado: lo pintoresco y lo patético lo emocionan mucho antes que
la belleza plástica o el orden”.
Naturalmente que todo este patetismo tiene que expresarse por el
color. En él triunfa van Gogh como uno de los más grandes pintores de
su siglo. No tampoco por su entonación sino por la agudeza de sus con­
trastes, por la brutalidad de sus oposiciones, por esos ojos nuevos con que
sabía ver los paisajes tradicionales. Sus amarillos se queman sobre la tela,
sus rojos parecen arterias llenas de sangre, aplastadas y aún con vida,
por ellas circula un dolor y una ternura extremas que sólo saben ex­
presarse así. Todo lo que en sus cartas al hermano Theo es ponderación,
minuciosa observación de las costumbres de una raza, de la calidad pic-

54

�tórica de la luz, del sol del Mediodía que lo obsesionaba y que llegó a
pintar en un intento que es absurdo y vano en otro que no sea él, toda
esa moderación desaparece al ponerse a pintar. Entonces hay que ima­
ginarlo en estado febril, solo así saltan los azules zigzagueantes de un
cielo: eléctrico de tanta exaltación patética. Nunca cielos altos desvaídos,
cóncavos como una infinita redondez cada vez más alta, más aérea. No,
en él, un cielo detrás de un trigal con cuervos es una epilepsia de trazos
gruesos —pincel, espátula o dedo— grasos de materia cromática pura, im­
bricada con los acentos circunflejos de los cuervos negros, con- la frondosa
trama de ocres, de cadmios que son los trigos incendiados, doblegados por
un viento calcinante de fragua al rojo.
La pasta de Gauguin es unida, es lisa. No esmaltada como en los
antiguos pero vibrante por la trama muy gruesa de las telas que le gus­
taba utilizar, por los rebordes que acentúan la línea. Pero una pasta lle­
vada a la saturación, impregnada como un betún chato y denso, una
sustancia que no se quiebra ni se descascara tan tupida y firme es.
El empaste de van Gogh, ya lo hemos dicho, es casi color solamente
pegado, una escultura de bulto en que a veces se reconoce-hasta la forma
cilindrica del óleo tal como sale al apretar el pomo. Aquí no se trata de
impregnación sino de acumulación nerviosa, de paroxismo, para llegar
a trasponer en una tela toda la riqueza de un mundo llameante de gi­
rasoles, de estrellas que palpitan en lo azul de una noche con cipreses.
En cuanto al problema de la luz ocurre algo semejante. Gauguin
proviene en ese sentido de Cézanne. Para abarcar una luz total —antítesis
de las Catedrales a toda hora de Monet— una luz sin reloj ni estación
fija, Gauguin va iluminando sus cuadros con una claridad pareja que
está en todo y no está definidamente en nada. Se manifiesta por el cho­
que del color, por sus oposiciones siempre muy reflexionadas.
Van Gogh en cambio lucha por conseguir una iluminación irradian­
te, plena, absoluta. Pero en vez de átomos en suspensión como en los im­
presionistas, la luz en van Gogh se reconstruye psicológica más que físi­
camente.
Siempre un cuadro de Gauguin queda oscuro, con una luz cernida,
igual en toda la superficie de la tela si está al lado de uno de van Gogh.
En el holandés la luz es algo tangible, se ubica en un sitio, se concentra
en grandes manchas que irradian halos concéntricos de claridad. La luz
de van Gogh no es vibración sino violencia de color siguiendo un ritmo

55

�de espasmo incontenido. Hay dos cuadros: de Gauguin uno, de van Gogh
el otro, titulados ambos: L’Arlesienne; son ejemplos típicos para la com­
paración. Con las dos telas por delante se podrían ver los abismos que
separan a ambos maestros en sus concepciones pictóricas.
Si se influyeron no queda a la vista nada de ese influjo. Quizá po­
damos siempre sospechar que van Gogh aprendió algunas' técnicas de
dibujo más flúido (Gauguin dice que le dibujó algunos cuadros pero en
él podría ser fatuidad o brom a). Es probable que Gauguin se asombrara
del color de su extraño anfitrión de Arles y se inspirara alguna vez en él.
Creemos que ambos estaban demasiado formados y tenían una idea
ya muy cerrada de sus respectivas artes como para influirse mucho el
uno al otro.
Meditar en ellos apareados y distantes es un ejercicio de la máxima
utilidad cuando se piensa en las influencias que ambos han ejercido en
la pintura moderna. Pronunciarse por la primacía de uno o del otro es
pueril y es vano. Son muy grandes los dos sin estorbarse. Cada uno de
nosotros elegimos para nuestra predilección el que canta un idioma más
ideal a nuestro oído, el que más se parece a nosotros (quizá —¡oh afininidades electivas!— el que es más distinto a nuestros gustos, pasiones, fe.)
D amián C arlos B ayón

56

�G A U G U I N Y EL E X P R E S I O N I S M O
E l fu tu r o siem p re da la razón a Ifs crea­
dores, y ellos la d a n a su ve z a l fu tu r o ,
n u n c a a l p re se n te , el q u e p a ra ellos y a es
pasado.
1P ero ta m po co d e rru m b a n e l pasado con
m an o s sacrilegas sin o con solem nes obras
— y e l p re se n te ja m ás les da la razón.

F ranz M arü

LA PINTURA DE GAUGUIN Y SUS PUNTOS DE CON­
TACTO- CON EL E X P R E S IO N IS M O ALEMAN Y EL
F A U V I S M E FRANCÉS

. "

: :

I

Cuando Gcuguin empieza a pintar en el año 1880 reina todavía cierta tranquil:- •
dad feliz en el mundo espiritual de la humanidad, pero ya, se advierte claramente la
ausencia de valores éticos superiores. Gauguin sabe que la verdad no está en la cien­
cia positivista ni en la creciente mecanización de la vida del hombre, con las qué sola­
mente se logran verdades parceladas. Resueltamente se lanza a la búsqueda de los
elevados valores de la idea, y con esta posición renovadora comienza también el nuevo
arte de las minorías.
z
Precisamente en Gauguin cuaja por vez primera lo que es candente en esta nueva
tónica de lo irracional e instintivo, pero aún no con caracteres bien definidos. Gau­
guin es, pese a sus proyecciones hacia el futuro, nuestro presente, siempre hijo de su
siglo, y en él presenciamos el violento choque de esta irrupción de lo irracional e

57

�P aul G aucuin, xilografía.

individua^, como presagio de la nueva moda. lidad cultural en ciernes, con lo racional, for­
mal y (colectivo de su época. El hieratismo
, duro, áí veces absoluto, en sus formas contie­
ne ya visiblemente la violencia instintiva, bár­
bara y emotiva del virus que invadió a todo
nuestro arte contemporáneo. En este sentido
Gauguin en lina posición decididamente antirracionalista, nada clásica rii académica, es el
iniciador del doble plano desarrollado en el ex­
presionismo y fauvisme por un lado y el eubis
mo constructivo por el otro. lib arte para él
es el decan tamiento y expresión de su ser, sin
preceptos ni prejuicios. Asi toda su obra tiende
a instaurar los modos de una cultura por ha­
cerse, y es por esto también que él ve en los
fetiches de los pueblos primitivos una estrella
de te y fuente de un nuevo optimismo. El arte
cerebral, y - como tal, el arte egipcio conjunta­
mente con el arte primigenio de los llamados
pueblos bárbaros son para él puntos de» partida
En su reacción contra el frío y pseudonaturalista academismo ya lo habían precedido a
Gauguin otros pintores, entre ellos Gustave Moreau y ante todo Pttvis de Chavannes, que se
consideran como los iniciadores del llamado mo­
vimiento simbolista pictórico, al cual también
adhiere Gauguin, si bien con una concepción
bastante distinta. Puvis de ChavanneS creía po­
der escapar al avance de lo naturalista con te­
mas de sentido más alegórico y en su búsqueda
de una pintura decorativa y monumental tiene
con Gauguin un punto - de contacto fundamen­
tal. La tendencia hacia lo monumental se ma­
nifiesta sin embargo con mucha mayor eviden­
cia y logro en /a pintura de Gauguin, que en
la da Puvis, que indudablemente ya tenía la
58

�idea, pero no pabia realizarla en sus telas. Así las obras de Gauguin no solamente son
de gran tamaño, que sería lo menos decisivo para una pintura monumental, sino ante
todo por su concepto llegan a superar claramente los límites *de! hombre, respon­
diendo a un hondo sentimiento épico; el hombre se empequeñece frente a la auténtica
obla monumental,
Gustave Moreau es más alegórico aún que Puvis de Chavaanés, pero tuvo la gran
virtud de ser un excelentemaesuo, de cuyo taller salieron algunos de iop mí; grandes
pintores contemporáneos, entre ellos Henri Matisse. De todos modas, lo valioj^ del
aporte de ambos jSÜntores, tanto de Puvis como de Motean, era más que el logro pictó­
rico mismo el planteo de una idea nueva, un nuevo acento poético y renovador de
la pintura y la iniciación de una tendencia bacía 'tita pintura decididamente mon'.men­
tal y jeccr .,a. Tanto Puvis como Moreau letoman la pintura pianista, sabiendo que
toda pintura decoi ativo-uionumenud tiene que ser forzosamente pianista, batiendo
abstracción de volumen y espacio. Y Gauguin sigue esta tendencia hacia ia abstracción
formal luego con absoluta decisión.
Por otro ado,Ja pintura de van Gogh es otra prueba más ele esta reacción yio
lenta contra el desnutrido academismo del siglo pasado, si bien él, torna por un camino
distinto a! de Gauguin. Pero pese a sus diieteutr&gt; concepciones de ia pintura, se
considera generalmente a ambos como los verdaderos iniciadores dd llamado movi­
miento expresionista postetior,
1.a época en que Gauguin se acerca realmente má? a lo que luego el expresionis­
mo adopta como sus máximas y postulados, es sin duda alguna su segunda y breve es­
tada en el i’ouldu en 1S3Ó-9C. Son los paisanos y niños bretones, las sacras bretonas
y sobre tsdo los poros cuadros místicos de temas religiosos, - f e Christ . .une, Le Calva iré,
. Le Christ au- Jardín d a Oliviers y La Lv.itu de Jacob el de t’Ange— h'-s que llevan a
Gauguin a una mayor deformación y nna vioíenta ritmización de ios colores, opues­
tos en armonías y sentidos conirapumisticus, y a los que como elementos plásticos pue­
den considerarse como definúonos para ei expresionismo. En uta época Gauguin tam­
bién empieza a dibujar-pasa que sus granel»» planos de color queden encuadrados
deraro de una forma ceñida y cerrada.' Por esta vía de la utilización del trazo grueso demarcatorio de tales formas Gauguin llega a su corto periodo del llamado doisennisme,
En este esmalte tabicado, cuya grao importancia se píenle coa el final de la culturo
románica a fines del siglo xiu, tenemos oira raíz común que alimenta y nutre tanto
a Gauguin como al expresionismo. En este período, Gauguin en su pintura es más
sudo y primitivo que nunca, casi pinta en fotma brutal, dominando el cuadro con la

59

�\

"V.
1 ■

solidificación de una luz estática que no conoce ni admite juegos de luz y sombra. En los
cuadros de temas religiosos Gauguin llega casi al punto de exagerar la expresividad de
las líneas en lá representación de los calvarios de la vieja y semipagana tradición cél­
tica, que todavía posee su raigambre profunda én forma más definida en los dól­
menes y irtnhires del paisaje bretón y normando, cpie en las crucifixiones de su tem­
prana cristiandad. La pintura de Gauguin aquí se carga de potenciación místico-pri­
mitiva, aún siendo discutible su religiosidad. Pero esta ¿poca y su influencia sobre
el arte de Gauguin es solamente de coita duración, pues él es artista de rápido desa­
rrollo. Pronto de iegr’eso en Tahiti y luego en las Marquesas se desvía nuevamente
de esta violencia del mazo y color para tender cada vez más hacia lo que fe es más
propio en su busca: su monumentalidad estática.

DEFINICIÓN DEL, EXPRESIONISMO ALEMAN.
DESARROLLO HISTÓRICO Y CONTACTOS CON GAUGUIN.
■
'
i
,
.
.
' .
Remontándonos
al. comienzo
de la pintura
moderna advertimos
la Aimportancia
y
nitidez de las figuras de van Gogh y Gauguin en un punto crucial en lo que su arte
implica paia el comienzo de una gtatt era totalmente nueva en las artes plásticas,
para el crecimiento rápido y -vertiginoso dei expresionismo. Se habla iniciado la vuelta
hacia una nueva pintura monumental, vuelta en cuanto a contenido, forma y carácter.
En lugar de la trivialidad del naturalismo cotidiano, histórico y académico. 10 sobre­
humano en sd representación mitológica y heroica se hace objeto de la nueva pintura.
En la forma, puesto que la figura humana llega a dominar el cuadro en su gran pose
y. belleza corporal, recortándose del fondo como parte primordial del cuadro y acercán­
dose al espectador a la manera de los cuadres antiguos de ternas religiosos. La uni­
dad ioraámica del hombre y su ambiente, la natutaíeza que lo rodea se disuelve otra
vez en el viejo dualismo entre figura y fondo. En cuanto al carácter general se aclaran
los oscuros y apagados colores anteriores, adquiriendo nuevamente el perdido valor de
¡o decorativo como elemento esencial. EsU significado decoiativo del color conduce ló­
gicamente a-una nueva intensificación de los re no estes y a la subdivisión construciivista
de la superficie del cuadro en valores fot males, cúbicos, planos y de color.
Así en Gauguin se tunden fondo y figura con colores igualmente intensivos en una

60

�sentida armonía decorativa. No hay atmósfera que borronee los límites de los planos.
La luz no es un medio de disolución sino es transparente como en los vitrales góticos,
acentuando o amainando la intensidad de los colores. Gaugain eleva las figuras sobre
la esfera de lo humano, no .para acentuar io carnal-erótico como por ejemplo' Lovis
Corinth en Alemania, sino empleando elementos de una mitología, exótica de los
seres primitivos y de wn hieratismo formal de plástica arcaica, de rigurosos ejes at-quitectónicos con mateada acen­
tuación de la vertical y de la ho­
rizontal. Raros y exaltantes son
sus colores, curiosamente callados
donde aparecen abiertamente, can­
sados donde; brillan, valores to­
nales donde delimitan y colorean
el plano, r;¡ luz ni espacio, y de­
licados donde se dan con solem­
nidad.
A
Si ert Francia, pintores como
Pt’Vis de Chavátlues, ■Morcan y
Thomas Couture v principalmen­
te van*Gogh y Paul Gauguin son
los que echan con sus ideas y
obras la simiente y raíz para la
nueva concepción' pictórica, en
Alemania, con diferencias a veces
bastante acentuadas por razonas
de un distinto devenir histórico,
el planteo del período de transi­
ción en la linca general se da con
Max U n o l d , En el umbral, xilografía
caracteres similares en pintores'
como Anseim Feuerbach, Arnold Boecklin, Leibl, Tiloma y ante todo en Hans von
Marees. Grandeza, claridad y. rigor son Sus postulados. Especialmente en Maróes Se
define bien nítidamente la nueva independencia de la creación artística, y la libertad
creadora del artista frente al objeto, tanto come el valor de su invención como ele­
mento creador, autónomo y decidido. Estos factores en Marees se d .n con tanta fuerza,
que muchas veces ya-se lo ha incluido en el mismo movimiento expresionista, si bien
con caracteres todavía no tan violentamente deíormatorios como los que luego llegan
a definir al expi esionísmo en su evolución posterior.

61

�.Dentro de este grupo de pintores que preparan la brecha para la entrada y el
empuje que ha de cobrar la nueva pintura poco más tarde, corresponde recordar
a los suizos Max Buri y Feidinand Hodler. Especcialmente este último, proveniente to­
davía del Jugendstil (estilo de juventud), que encontró su expresión similar en Ingla­
terra en los pintores prerrafaelistas Dante Gabriel Rossetti, Ford Madox-Brown, Edward Burne-Jones. y que pronto cae en abigarrados y superficiales arabescos de deco­
radores como Aubrey y Beardsley, sabe plantear el pronlema de una nueva monumentah'dad de temas religiosos y heroicos. Pero Hodler no llega más allá del gran gesto
puramente decorativo y pronto cae en el movimiento estereotipado de las maiionelas y
de su oredó solamente queda un mero formulismo gritón carente de grandeza integral
e interior. Pero también Hodler significa otro paso más hacia el expresionismo.

CARACTERES GENERALES.
En Alemania la nueva pintura parte, más qué de otros, de Gauguin, diferencián­
dose del expresionismo francés, también llamado fauvisme, por sus mayores variaciones
individuales, incluyendo pintores tan extremadamente opuestos como Emil Nolde y
Paul Klee. El expresionismo alemán se da mucho más multiforme, más expansivo y
en la deformación más vinculado al objeto.
Según definición de Wilhelm Hausenstein, uno de los factores más decisivos en
la conformación del expresionismo alemán es lo quimérico. Este factor, que ya en el
arte cristiano de la temprana Edad Media conservaba marcados caracteres paganos,
es el mismo que volvemos a encontrar luego en Martin Schongauer de la Baja Edad
Media, tendiendo un largo puente hacia el expresionismo, por lo menos en este aspec­
to, de! comienzo de nuestro siglo? El planteo del gótico, «le una relación ílena de an­
gustia y temoi fíente a la existencia es, desde este punto de vista, el mismo que
determina la posición del expresionista. ¿No estaba acaso el gótico colmado de tortura,
dolor, muecas y pesadillas horrorosas? ¿Y no había además poderosos precedentes eñ
la jugosa substancia de lo barroco? ¿No es en este sentido el expresionismo una especie
&lt;Ie resumen moderno de estos antecedentes históricos? Así el gótico Beckmann, descen­
diente del mayor de los Holbein, nunca deja de ser un quimérico Beckmann, como
tampoco el barroco Kokoschka deja de ser un quimérico Kokoschka, También en
Georges Rctuault encontramos lo quimérico, igual como en los belgas'*James Ensor ¡y

52

�Frits van den Berghe, los que pintan bajo el impulso de tener que mirar a las cosas
y los seres como máscaras de espíritus peligrosos y demoníacos. Como expresión de lo
quimérico nos hemos familiarizado con las gárgolas de las catedrales góticas como con
todos los demonios góticos pintados, esculpidos, tallados y grabados. En este factor
quimérico desde siempre había una manifestación inequívoca de la fantasía germá­
nica, pues no cabe duda que el carácter germánico y en especial el alemán, son hijos de
este espíritu quiméi ico-fantástico.
En el expresionismo alemán se ha reafirmado esta particularidad, esta tendencia pe­
culiar y predestinada hacia la peladilla. En este sentido, sin embargo, también es ciert&lt;** que las pretensiones metafísicas del expresionismo en su tendencia hacia lo es­
piritual o lo demoníaco se afirman en el valor de una definición bien positiva.
* En cambio en los franceses hay dos valores firmemente cimentados y heredados,
que ellos pueden oponer a este factor de lo quimérico, valores provenientes del es­
píritu francés, afinado por el siglo xvm; un buen gusto inconmovible y un sentido
clasicista nunca perdido, siendo los dos valores inherentes a su carácter nacional y
determinados por su latinidad. Para el espíritu francés es imposible desbordar las
medidas de lo inverosímil y de sacrificar esta posición de mayor equilibrio a lo mera­
mente fantástico. Parece que esta afirmación queda bien claramente comprobada y co­
rroborada con la suerte que corrió el movimiento superrealista en Francia, fuera
de la consideración de que esta tendencia no se deja circunscribir en absoluto a un
movimiento auténticamente francés.
• Lo problemático y autotorturante, así como la cavilación morbosa pertenecen a la
masa genérica y hereditaria de los nórdicos y especialmente de los alemanes. Es esta
la razón principal por la cual en Francia lo que comúnmente se denomina expresio­
nismo se ha dado con caracteres mucho menos virulentos y violentos, también menos
duraderos que en Alemania.
Indudablemente por su vinculación espiritual con el mundo nórdico, Gauguin,
que toda su vida soñó poder pintar en los países escandinavos, donde aún hoy día más
se lo comprende y admirá, siente bullir en su interior la potencia grotesca de lo qui­
mérico. Pero, equilibrado como es en toda su vida y obra, y por, su mayor atracción
hacia la posición espiritual francesa, no da nunca rienda suelta a esta potencia fantas­
magórica, la que es inmanente en él, sin que él la deje brotar con el mismo libre albe­
drío que lo caracterizó en otros aspectos, salvo en este breve período suyo en el Fouldu.
Por esta inclinación latente pero no definida hacia lo quimérico, Gauguin se acerca
interiormente a las ideas y sentimientos que algo más tarde encuentran su exteriorización en el expresionismo, y precisamente por esta inclinación sutil y escondida hacia

63

�el mundo nórdico, gran parte de su obla resulta tan poco francesa y adquiere un
carácter tan marcadamente universal.
Fuera de todos estos caracteres qua definen el expresionismo alemás tampoco debe
olvidarse que éste ha creado un arte que está profundamente vinculado con la de irosa experiencia de la primera guerra mundial. Así el expresionismo alemán se da
como una especie de ideo­
logía perteneciente a un
período de guerra arla
cuando su temática no
siempre se oriente por este
lado, a una época de tre­
menda destrucción en to­
dos los sentidos y de to­
dos los valores, temporal­
mente adelantándose y ex­
cediéndose en algunos años
a la duración de Ja güeña
misma. En este aspecto es
sintomático observar cómo
después de la reciente con­
flagración se ha dado un
nuevo recrudecimiento del
movimiento expresionista
en Alemania, si bien con
caracteres no siempre igua­
les a los que caracteriza­
ron el movimiento inicial.
Se dirá en efecto que hu
H e in íu c h C a m p e n d o n k
bo las primeras manifes­
Desnudo con animales, xilografía. taciones de la pintura ex­
presionista. unos cuantos años antes del estallido de la guerra de 1914. Es o es correcto,
pero ¿no se ha dado siempre el caso donde el arte y. el artista han estado adelantados
a la realidad temporal, a la coetaneidad de los elementos políticosociales? ¿No es cierto
acaso que una de las características del arte es su capacidad visionaria de proyectarse
profélicamente hacia el futuro? Pues si esto no fuere realmente así, por más que
se quiera renegar de esta lapidaria verdad, ¿cómo hubiera podido llegarse a la
calificación de un Arte de Vanguardia?

64

�Hasía el año 1902 no hubo en Alemania una manfiestición organizada de la
nueva escuela del expresionismo. Es en este año en que se funda en Dresde el
grupo Die ¿ruecke, compuesto por la vanguardia de pintores, en su mayoría oriun­
dos del norte de Alemania. Sólo en 1908 cuaja en Munich este movimiento como
tal con la Neue Kuenstleroereiningung Muenchen. Esta fase inicial del primer expre­
sionismo alemán forma un cerrado fíente de reacción anJimpresionista. Pretende, me­
diante la. más vigorosa simpiicadón plástica y lineal, transfigurar la naturaleza real.
Pero el mundo de los objetos queda .intacto, la realidad espacial c\e un paisaje, por
ejemplo, subsiste, aunque resueltamente'deformada en pro de un nuevo orden siste­
mático. Se despierta el sentimiento de la inmensa fuerza expresiva de la deformación
e irrumpe la significación anímica- q‘ue encierra el color.
El expresionismo, tomado en conjunto, revela por su reacción antimpresíonista una
marcada preferencia per los objetos fantásticos, supvaterrestres y, dentro de Jo terrenal,
por lo exótico. Sin embargo no excluye lo cotidiano, al que para distanciarlo reviste
muchas veces de un exotismo chocante. Muy notable es el crecido número de los
temas religiosos que repentinamente fueron recogidos tanto en Alemania, como en
Bélgica, Escandinavia-y .-rancia; .allí Gauguin seguido en esta posición por Rouault.
Con súbita audacia se emplearon los últimos símbolos religiosos, .cuyo empleo pictó­
rico prácticamente estaba proscripto por la Iglesia.
Grandiosas torroehtas cromáticas se desencadenaron a través de todos lo? seres y
foirnas en' un ttrascendentalismo frenético, demoníaco, pn una precipitada fuga del ,
mundo objetivo. Estamos súbitamente frente a frente con una revolución artística que
descubre nuevas rutas con abstracciones c!e la estereométria y del color pufo y llamean­
te. El expresionismo considera harto evidente la existencia de los objetos y busca su
sentido en los ritmos poderosos y violentos de las formas. Su gran sistema abstracto
tiende hacia la pintura muralista —influencia gauguimana— para -llenar en libres
ritmos anchas superficies de pared que debieran actuar eficazmente desde lejos sobre
e! espectador. Piénsese, como puntó de comparación, en la derivación de este con­
cepto que fué recogido, si bien ya con otros caracteres, por los grandes muralistas
mexicanos Orozco, Rivera y Siqueiros. Se rechaza de antemano la imagen de ía natu­
raleza existente en favor de un mundo casi exclusivamente impulsivo y espiritual. Los
medios artísticos consisten solamente en la composición, en la disposición de grandes
masas y trazado de líneas .generalmente cJe grueso espesor, y les planos dinámicos de
color, pero nunca en ¡a captación más o menos fiel del oojeto,
Con el expresionismo cunde la opinión que la naturaleza de por sí no adquiere

0

�aún suficiente fuerza expresiva, incluyendo la sentimental sin haber pasado previa­
mente por la mente y representación conformista del hombre. Sjf compone, en diago­
nal, con formas en glandes bloques y figuras con grandes gestos. Se manifiesta un
anhelo de espacialidad donde el impresionismo había achatado y aplanado el espacio
con su velo de color fragmentado. La dimensión de profundidad es sentida coirio
expresión primordial, todas las
cosas son colocadas en sesgo; para
manifestar más vivamente la fuer­
za expresiva de los escorzos. El
cuadro se ahonda y se llena de
depresiones y elevaciones. Todos
los sesgos se ofrecen más bien
como movimiento hacia adelante
que como movimiento en retroce­
so, elemento directamente vincu­
lado con los cuadros de Gauguin.
De esta disposición pictórica se
nos viene encima el cuadro ex­
presionista ccn su marcado ca­
rácter de áspera agresividad. Los
paisajes caso Marees— pretenden
surgir de la efectividad del plano
y de la sensación continua de la
pared. También aquí se admite
el parangón con Gauguin, que a
sus telas tahitianas de grandes
dimensiones ni siquiera pone
marco, presamente para no pro­
vocar la cesura que el marco inGeorges R ouault, litografía,
variablemente significa entre cua­
dro y pared circundante.
El expresionismo toma de ¡a Baja Edad Media el esquema geométrico de ia com­
posición en grande. Aspira a un arte excitante, sorprendente y sugerente, que quiere
estimular en los hombres el empleo de su capacidad fantástica y las resonancias y
expresiones puramente personales y subjetivas. Místicos delirios, el concepto de lo
cósmico e irrupciones prometéicas de las masas caracterizan su vida profunda y funda­
mental. Ya en las postrimerías del siglo xix apuntaba un nuevo sentido de lo diná6&amp;

�mico que expande en poderoso crescendo la historia moderna del espíritu europeo,
llegando con Nietzsche, Bruckner, van Gogh y Gauguin al fortissimo, en cuya cima
está el movimiento expresionista. Él supuesto básico de ese dinamismo era la concep
ción de un mundo inabarcable e infinito, donde el impulso del ser penetra con em­
puje profundo, siendo éstas las últimas derivaciones, convertidas en nuevos arrebatos
de misticismo.
f
*
Expresionismo es color exuberante potenciado. Se reflejan en él tanto la aurora
bóreal, la mágica noche nórdica, como la candente vibración solar y el brillo meditet.áneo y de ámbitos tropicales. Pero lo que en él priva es sin duda el alma nórdica,
_jy en su salvaje y potente expresión, de este lirismo de contornos violentos, de éxtasis
cósmico y también de un romanticismo sui génesis, de pasmo pesimista frente a lo
demoníaco y angustioso que la vida tiene, la realidad está completamente sojuzgada
por la idea. En este conjunto de ideas que sirven de guía al expresionismo, figura
también la de que todo atte es expresión de un sistema de acción colectiva. El arte
vuelve a hacerse activista} agresivo,_desdeñando al hombre puramente contemplativo.
Con todo, la tónica general del expresionismo es de un frano; optimismo y sobre
toda la cavilación morbosa se eleva la idea ele que el hombre es bueno, y precisamente
esta tónica latente y esta fe optimista son también los caracteres profundos que deter­
minan a Gauguin como hombre y como artista.

t F xanz Ron en su libro R e a lism á M á g ic o (Revísta de Occidente, Madrid, 1937)» traza un
útil esquema de las componentes y caracteres principales ^1 expresionismo, nombrando entre otros:
muchos temas religiosos, supresión del objeto,. ritmo, exudación, extravagancia, dinamismo, grito.,
sumariedad, versión cercana (primeros planos) que se mueve hacia adelante, monumentalidad, cálido
en sus colores, materia cromática densa, aspereza, deja ver la mano (fa c tu r a ), deformación expresi­
va de la forma representativa, predominio de la diagonal (sesgo a menudo en ángulo agudo) y
oposición con los márgenes del cuadro (marco). ¡.Piénsese en cuántos de estos elementos se hallan
unidas las posiciones de Gauguin y del expresionismo!
2 Ecie F sure cree que el expresionismo no es sino la transposición de la pintura desde un
plano puramente 'plástico a un plano ’de .tónica, musical y que vendría a ser para los alemanes lo
que fué el impresionismo para los franceses. El impresionismo, al menos en su comienzo, preten­
día expresarse de cualquier manera, con tal que la impresión fuese justa. El expresionismo en
cambio, enseña que hay que expresar de cualquier manera, con tal de que la expresión sea personal,

67

�CARACTERES PARTICULARES DE LOS MAS DESTACADOS
PINTORES EXPRESIONISTAS.
Quienes influyeron decisivamente en la conformación del movimiento expresionista
son principalmente el noruego Edvard Munch, cuya obra y proyecciones se estudiarán
más a fondo en un ensayo futuro, y el alemán Emil Nolde. Es este último ur.o de los
pintores más importantes del expresionismo alemán. Luego de pertenecer brevemet. .e
al grupo Die Bmecke también Nolde se siente atraido ‘por Java y Borneo donde sin
embargo el mágico exotismo del trópico no pudo vencer su coucierícia nórdica que se
refirmó en la expresión gótica al producirse el contacto con los esplendores dei mundo
y el paisaje salvaje y primitivo. La feacción de Nolde es en este caso muy similar a
la de Gauguin, que nunca pintó cuadros maories ni jamás hizo arte folklórico e indí­
gena, sino que siempre se mantuvo dentro de sus conceptos europeos. En Emil Nolde
se comprueba que les valores del expresionismo no soít puramente estéticos, como no
son puramente estéticos los valores de Bréughel,. Memling, los van Eyck y otros grandes
artistas' del norte de Europa, que usaron la técnica de Ja pintura, no pafa crear un
objetq^de admiración y belleza pura, sino más bien como un medio de comunicar un
sentido idealista cte la vida verdadera.
La relación objetiva que hay entre las tradiciones de Gauguin y el expresionista
Nolde se basa primordialmente en lo que Gauguin llamó lo bárbaro. Idealmente, aun­
que no en lavteahzación^ráctica, el arte de Nolde significa, como el de Gauguin, una
renovación del espíritu artístico de los salvajes, la esencia de los instintos artísticos
primarios, cargados ,de una .fuerte tónica mágica;, ambos'llegan así a un arte que no
solamente compona el sentido supremo de lo artístico, sino un arte cuyo argumento
está en Ol misticismo del alma, henchida de emoción y religiosidad nada falseada, sino
pura e inmediata, del espíritu estremecido con atisbos metafísicos.
Fuera de Emil Nolde se advierte en la pintora alemana Paula Modersohn-Becker
un punto de contacto muy fuerte con Gauguin, y en especial con sus obras que perte­
necen al corto periodo de su cloisonnisiñe. Esta pintora aplasta el color, casi, siempre
opaco y lleno de cierto misterio, contra la tela en forma harfo similar a la de Gauguin.
Ella solidifica la misma luz estática y cierra sus formas plásticas en sus naturalezas
muertas igual que éste.
,
Si en la obra pictórica de pintores como Ernest Lltdwig Kirchner, que fué cofundador del grupo Die Bruecke, como Karl Hofer, cuya visión, demoníaca de la danza
inacabra y de los lémures fantasmagóricos de sus noches nórdicas de Walpurgis, lo accr68

�can al gran grabador belga Frans Masereel, como de los homares que forman el grupo
Der lilaue Rciter (El Jinete Azul) — Fratu Maro, August Macke, Paul Kiee, G. Jatv
lenski, Wassili Kandinsky et. al.) ya no podemos advertir a primer golpe de vista
los (rasgos típicos y personales de la pintura de Gauguin, no nos cabe tampoco nin­
guna duda sotJre la profunda influencia espiritual que éste- ha tenido en la formación
de estos artistas expresionistas prominentes. I.os mismos caracteres generales definítorios paia pintores expresionistas de prirnev orden, como Karl Schmidt-E.ottluff, Erith
Heckel, Max Pechstein, M«x Beckmann, Otío Alndltr, Willhelm Morgnev —éste ya más
bajo la influencia de van Gogh—, Oskar Kokosoika, Ch. stian Rohlfs, Georg Tappert
y otros,, son los que han conformado la integridad pictórica de su obra, arrancando
en la liberación y autovaioración de la pintara moderna que se debe, en tan gran
paite a la labor de Paul Gauguin.

EL FAUVIS.ME FRANCÉS.
En 1905, desatando una verdadera tormenta de críticas e insultos, se realizó en París
una exposición de "un grupo de pintores, cuyas obras representaban la violenta y com
bativa reacción dei instinto contra la tradición anémica impuesta por la Academia,
exposición q.ue incluyó una serie de cr.adfos de colores estridentes y dibujos defor­
mados y desgarrados, que proclamaba a voz en cuello el libre imperio dei tempera­
mento. En tal ambiente ro e’s dé extrañar que un crítico íradicionaiisía y académico,
como León Vauxcelles exclamara al ver en la misma sala una serena y ciasicista figura
del escultor Marque a la manera de Doiiatello: “Doratello aux milicux des fauves!" A
consecuencia de este incidente, y de ahí en adelante, los cultores de esta nueva manera
de pintar convinieron en llamarse ellos mismos íes fauves (las fieras).
Encontramos los orígenes de esta posición y pintura fiíuve, más circunstanciales
que bistói tos, er&gt; el talle: de Gustave Moreau: Encontráronse a su lade Henri Matisse,
Fierre Albert Marquet, Georges Rouault, Camoin, Manguin, y más tarde Raoul Rufy,
Georges Marque, Othon friesz, Kees van Dongen, Luden Adiiou, ÍW-cel Giomatre
y otros.
. Pero no solamente en el taller de Moreau y sus posteriores discípulos se gestaba
lt. rebelión fauve. Al mismo tiempo se lanzaban en Chatou sur Seine a las mismas
búsquedas «adates: Andró Derain y el flamenco Mautice VlawindC, quienes sé habían

6r&gt;

�interesado vivamente en las ttianifesteciones riel arte negro, que te había descubierto
en' Francia a fines del siglo pasado. Es ahí donde entronca también el joven pintor
italiano Auredeo Modiglidtii con el arte expresionista.
Tres corrientes pueden distinguirse más o menos nítidamente en la oteada de
las fieras. Una de ellas, renovación técnica más que nada, busca la alegoría pura y pri­
mitiva del color, basándose tanto en la discriminación inteligente y rajonada como en
la expresión intuitiva. Su inquie­
tud es ante todo de índole pura
mente pictórica y plástica y sus
representar,tes se .inspiran no sólo
en el ¡awe de los pueblos primi­
tivos, entre ellos especialmente
Matisse, sino también en el arte
decorativo oriental, Se simpiifica
el cuadro con grandes planos de
colores vigorosos, puros y sensua­
les, y el dibujo adquiere el ca­
rácter de puro arabesco rítmico
y decorativo. Junto con Matis­
se integran esta corriente RacuS
Dufy, • hábil pintor y decora­
dor, hierre Albeit Marque?, que
poco más tarde transforma su
pintura en busca de colores so­
brios y de gama baja, de or­
denación sencilla y con tenden­
cia hacia ¡a perfección en el paysage intime, y fices van Doiigcn,
estridente en las telas y mimado
Anduí Í)2rain, xilografía,
por un público superficial y snob.
El parangón admisible entre la pintura de Gauguin y la {tintura favve n i cuanto
a esta primera corriente^queda reás bien en la superficie. Es especialmente Matisse,
quien insiste en .1 plano de lo decorativo, que Gauguin había desarrollado en su' obra.
Pero si aniU,s pintores, Gauguin y Matisse, cultivan tr elemento decorativo, sus cami­
nos se separan totalmente frent-e a* sentido de lo monumental, ya que Matisse es pinto,'
íntimo y no peí sigue en absoluto 1." mouumentalidad de Gauguin.
t&gt;uienes tiacarou que la renovación pictórica fuer?, también una renovación de lo*

70

�valores humanos e instintivos, que la pintura se aproximara nuevatnente y más a la
verdad diaria y profunda a veces, componen la segunda corriente del movimiento fa u ve.
Surgidos de las capas proletarias en su mayor ¡jarte, gritaron en sus telas, aparte del
color estridente, su visión de la vida humilde y mísera de la gente de las clases socia­
les inferiores y de los cafetines y bprdeles de los arrabales. Georges Rcuault ante todo,
y en grado menor Maurice Vlaminck y Othon Friesz componen esta dirección del
fa u vism e. Es Georges Roualt el
único que no desvía su estilo y
su concepción pictórica, como lo
hace en cambio la mayoría de los
pintores que pasan i por el fa u ­
vism e y que pronto! se orientan
hacia el cubismo constructivo u
otras direcciones. Es tam bién
Rouault quien difiere de la ma­
yoría de los pintores fa u v e en
cuanto que su arte no queda re­
legado a la mera exquisitez de lo
puramente decorativo o especta­
cular. Su obra entera os una en­
trega apasionada a ebyllicientes
problemas sociales, empleando
símbolos y- no meras alegorías,
como saben hacerlo tantos pin­
tores de ¡os abusados tem as socia­
les. símbolos marcados de una
grotesca fealdad. Aquí Rouault
entronca prontamente ton la me­
H enri Matisse, grabado,
jor tradición de un arte de hondo
significado humano-social, que tantas veces y con tanta injusticia se ha pasado ligera­
mente por alto: la venerable obra de Ilonoré Baumier. Muchos de los trabajos de
Rouault son recuerdos vivos de los vitrales medievales, sus colores florecen con un brillo
vitreo, delimitados y definidos por un llameante trazado de gruesos contornos y líneas
negras. Vemos en sus C low ns, Jueces, C iistos. y C ru cifix io n e s como en sus D esnudos
brutales la misma distorción gótica y quimérica, en la que las figuras parecen indinarse
en sentido sometimiento a la ciucería de arcos, bóvedas y ojivas, en-rígida frontalidacl
y vertical composición, que parece seguir aquellos paneles centrales, alrededor de los

71

�«mies el vitral gótico se eleva en apretada verticalidad.
Para castigar la fealdad ramal, tanto Gauguin como Rouault, como los expresio­
nistas alemanes, que en esta, posición están unidos bs.jo signos que son propios del alma
nórdica, se valen temerariamente de úna inmediata fealdad plástica, de violento, lace­
rado y sangriento grito expresivo, impregnado de furor, disgusto y desdén, pero también
lleno de misericordia y honda comprensión henchida de fe y optimismo. ¿Y no encon­
tramos acaso en esta fealdad, que es símbolo de búsqueda angustiada y profunda del
hombre en su más hondo significado, la quiñi esencia de la belleza? ¿No había dicho
Gauguin que; “Lo féo puede ser bello — To lindo ¡jamásl”?
Y por último, y casi como representante único, Andró Derain, espíritu inquieto,
que trata de hacer una pintura arraigada en el primitivo clasicismo, que lo lleva por
senderos completamente distintos, define la tercera corriente del fauvisme. Derain es el
que más se aparta de la pintura e idea de Gauguin, que por cierto no tenia nada de
ciasícista.
■
'
Si la pintura y las conquistas de Cézai.ne fueron de un alcance e impacto inmediato
y amplísimo sobre la obra de casi todos los pinte res modernos, la obra de Raúl Gauguin
tardó no solamente más en imponerse y en ser. comprendida en su totalidad, cosa que
probablemente ni siquiera hoy día sea un hecho total y completo, sino que fué de
proyecciones más mediatas, casi diríase escondidas, debajo de la superficie de las apa­
riencias. Es que Gauguin ha creado una obra tan rica en matices, elementos plásticos
ó ideatlvos, que en muchos casos, éstos aparecen contradictorios, tan contradictoria como
la.misma personalidad de Gauguin, y por esta razón resulta'bastante más difícil y menos
obvio señalar parangones directos con la pinturg tontempoiánea. La influencia de Gau­
guin está implícita tanto en el expresionismo alemán como en el fauvisme francés,
mientras la influencia cézanniana está explícita en todo el arte moderno, pero no por
esto es de mayor alcance o valor una que la otra.
Gauguin pervive en el arte de nuestros días en muchos aspectos distintos, y es
esta perduración la que seguirá pesando durante muchos años, la que agranda al hom­
bre y su obra más allá de los límites temporales, que sobrepasan, a veces rebalsándolos
como Gauguin, solamente los grandes artistas.
*
R odolfo G. Brchl1
1 Rene Huyghe define el arte fa u v e como un despiadado auto de fe purificadcr de las' trabas
de la cultura burgués-naturalista, que en formas simplistas se había desarrollado a través del ri­
gió xix como consecuencia de las grandes revoluciones y evoluciones sociales. Es este arfe también
una rev'í’ución, nacida ce una necesidad histórica, que se fijó al precio de una actitud agresiva
y radical, mal interpretada pr.r el público, que veía solamente el aspecto exterior de este profundo
drama intelectual, como confesión de insania y mistificación*

72

�Inventario

GAUGUIN EN BUENOS AIRES

P

RECISAR ETAPAS EN GAUGUIN . .. ! YA EL EXTRAORDINArio paisaje de la Galería Witcomb (propiedad de la Sra. ToutainG rün), fechado en 1890, época de la Bretaña y del Pouldu, representa el
momento en que Gauguin se desprende de resabios románticos, se quita
las telarañas naturalistas y, liberado, va a descubrir su propia forma y
su propio mundo. En esta tela que es análisis y síntesis de su pintura,
se resume con asombrosa antelación toda su experiencia y toda su po­
tencia de pintor. AquE puede verse y sentirse esa condensación, esa con­
cepción monumental en que el guía es un instinto poderoso que la razón
ofusca, y cómo satura las formas de expresiva elaboración interior. Aquí
casi podría leerse su cronología de pintor: en primer término están las
matas, los matorrales dados con esas pinceladas febriles, sueltas, de co­
lores puros en que Gauguin se evade abiertamente de lo figurativo para
hallar ese ritmo de manchas cortas —su modo del impresionismo— con
que las formas, si no alcanzan a construirse llegan sí a expresarse; lue­
go en el pastizal recurre a la pincelada dirigida, a los verdes modulados
de Cézanne, cuya tradición y ejemplo le retienen aún en la última
etapa de las Marquesas; en los árboles la forma que lleva la impronta
de la estampa japonesa y que se recrea deliciosamente con esas manchas
rojas como frutos, se ciñe bien construida con intención de dar un volumen
tan aplastado que no necesite del límite para definirse, y el arabesco per­
manente de los cielos, las nubes, las ramas libres como plumas, las formas
agigantadas se detiene en esos árboles para crear —no el estatismo de los
guijarros y las piedras del primerísimo plano, el más tranquilo, con sus co­
lores puros, el trazo azul muy vibrante en que perdura la alusión al volu­
men— sino un ritmo muy propio; en las dos figuritas de campesinas breto­
nas, con sus enormes fardos sobre la espalda, la una plena, la otra perdida
entre los matorrales, la forma tan sintética que apenas se insinúa, se esta­
blece un ritmo por repetición, sonoro en la figura totalmente incorporada
al paisaje, disminuido en la que se oculta. Se podría objetar que los peque­
ños elementos fraccionan el paisaje, amenguan el sentido de lo monumen73

�tal; pero véase que la incorporación de la figura es tan acabada que en nada
se desdice. Aunque todavía no fuerza los contrastes de color, busca sabias
armonías de azules y verdes en una gama que si se nos ocurre tenebrosa,
deja jugar las largas pinceladas de una gama alta. El cielo con un ritmo
de azules y blancos tan planos que terminan por aplastarse del todo, con
su alto vuelo imaginativo impreso con fuerza en toda la composición, será
un presagio de lo que Gauguin trata de alcanzar como gran pintura deco­
rativa. Gauguin es siempre la precisión, la concreción formal, el gran sen­
tido de la gran composición, el arabesco, el ritmo y la arrasadora fuerza
imaginativa.
Nada similar a esta obra proporcionan los paisajes de la Bretaña: aún
su etapa del Pouldu —sin duda la más fructífera— tiene demasiado de los
impresionistas, demasiado de Cézanne, aunque ya en él se ha incubado el
sentimiento místico expresionista, sobre la base de temas religiosos. Sí, esta
tela es presagio de lo que vendrá después, como “Soyez am oureux.. . ” en
que también se nos crea una resistencia a aceptar la fecha.
Gauguin pinta la naturaleza porque la tiene en la retina, pero lo que
maneja su pincel es un concepto de lo inventivo, de lo imaginativo —aquí
es donde entra a tallar el simbolismo—, porque sus formas están compe­
netradas de una espiritualidad tan honda que hechiza al espectador. Mallarmé decía muy bien: “¡Qué pueda darse tanto misterio con tanta cla­
ridad!” Y Gauguin: “En el silencio de la naturaleza y de mí mismo, solo
frente a la inmensidad verde y azul —¡qué no te responderá, si tú la inte­
rrogas!— solo en un presente de eternidad, sin porvenir ni pasado, sin más
esperanza ni desesperación”.
La Galería Wildenstein posee una Naturaleza muerta de Gauguin, con
un pequeño paisaje representando un caserío que se atribuye también al
Pouldu, aunque Maurice Malingue 1 lo identifica como Nature marte a la
coupe de fruits (1900). Poco, sin embargo, dicen las fechas cuando se va a
las naturalezas muertas de Gauguin, pues el objeto aferra, impone el res­
peto por la forma, y el tema no permite mayor libertad. Cuando Gauguin
pinta naturalezas muertas, algo en él se apaga, pareciera indiferente, como
si pusiera poco de sí mismo. Pero sea antes o después de Tahiti y de la
Dominica, ¿cómo se nos imaginaría una naturaleza muerta pintada por él?i
i “Gauguin, le peintre et son oeuvre”, Ed. Les Presses de la Cité, París.
74

�Vahine no te mi ti.
c io n a l

Pastel,

de

M useo N a ­
B uenos A ires .

acuarela,

dibujo.

C o l . Sa n t a m a r l n

�Dibujo acuarelado. Col . Santamarina .
Nature morte. G al . YVildenstein .

�Todo lo que puede haber de propio, de único ya está dado —no hay lugar
a dudas— filtrando su potencia imaginativa por entre los elementos plás­
ticos.
Cuando Gauguin se disponía a pintar una naturaleza muerta, comen­
taba irónico: “Vamos a hacer un Cézanne”, pero obsérvese la flagrante y
feliz contradicción de que Gauguin como Cézanne no sostienen la plenitud
del color, lleno, sonoro, no extienden la materia homogénea y pianística­
mente, ambos rellenan con color modulado; pero en Gauguin se introduce
ese límite riguroso, duro, que parece exigir una substancia unida, y plana.
El mismo dibujo tiene una voluntad de expansión en tanto que el color,
de acentuación romántica, lleva el ojo hacia adentro; y mientras la fuerza
interior de la modulación re¡rele toda limitación de formas, Gauguin re­
chaza esta exigencia y hasta se atreve a otorgar al trazo duro y grueso,
valores muy expresivos. Gauguin precisa las formas construyéndolas por
fuera, en tanto que Cézanne las estructura por dentro dándoles profun­
didad con el valor cromático.
Véase cómo en esta naturaleza muerta el todo aparece tratado por
planos de color muy peculiares: no es como en muchas de sus composi­
ciones una construcción por oposición de colores planos, sino zonas deter­
minadas por la predominancia de un color local en cada fruta, en cada
trozo de mantel, siempre en planos endurecidos por el dibujo, ceñidos a
las formas por la línea que resume todos los detalles y emociones que las
cosas le proporcionan, individualizando las formas y las zonas de color.
Es cierto que no quiere sostener el color con plenitud, con sonoridad,
porque hasta en la composición busca por un lado la concentración de las
frutas en el cacharro, pero para disgregarlas luego. Quiere dar los tonos
más agudos con las frutas colocadas cerca de la ventana, como si fueran
notas sueltas de color libre, para dar los tonos más graves con las del
cacharro; allí pone el gran acorde, la forma más construida, más defi­
nida. Debilita el contraste de las manzanas “verde manzana” y las manza­
nas “rojo ciruela” recurriendo a los ocres y a los anaranjados intermedia­
rios. Así va creando un arabesco de color dado en la superficie que se
rompe en la jarra azul del primer plano, y en el cacharro construido con
toda precisión, y se sostiene en los techos del caserío con colores puros:
rojo, azul, verde, amarillo y otra vez el límite azul.
A la riqueza del color suma una riqueza de substancia que se afina
en el paisaje, pero que en las frutas aparece amasada capa sobre capa.

77

�La luz que penetra por la ventana parece perseguir una melodía, acen­
tuando las sombras a medida que avanza hacia el primer plano, buscando
la gran claridad del paisaje y la sombra del marco de la ventana.
La valiosa tela que posee el Museo Nacional de Bellas Artes, Vahiné
no te miti (1893) corresponde a sus experiencias de la primera época en
Tahiti, cuando todavía buscaba desentrañar los temas, aprehender el sen­
tido de sus figuras, sin atreverse a desposeerlas de sus caracteres indi­
viduales y sus acentos psicológicos. Queriendo desechar los elementos
contingentes que le impiden llegar a la forma monumental, planta esta
figura de espaldas, desindividualizada, buscando una expresión universal
en su vigor vital.
En esta tela se entabla una lucha entre el plano y el volumen, en
que la gran mancha de las arenas amarillo-doradas sobre la que se recor­
ta la figura tiene tal predominancia que da a toda la composición una
tónica planista apenas perturbada por el juego de luz y sombra; tal vez
pudieran anotarse dos concepciones distintas, la que corresponde al plano
inferior donde se busca el contraste sobre el violento plano amarillo,
y la del plano superior en que una armonía colorística funde la cabeza
con el fondo y va a romper toda posible monotonía. Su concepción de
las formas planas, su gran sentido de la síntesis, su dibujo como gran
elemento de expresión, su contraste de colores planos... esos son los ele­
mentos que le conducen a realizar su aspiración de lo monumental. El
mismo juego de los colores se basa en contrastes de gran violencia cro­
mática como aún no había alcanzado y sólo va a armonizar cuando trata
el azul violáceo del cabello que irradia su color sobre todo el fondo ma­
rino y ese juego de ocres y verdes y azules que va conformando el torso
con ayuda de dos golpes de luz que, constituyéndose en centro luminoso,
estructuran la forma toda.
El dibujo en el desnudo es un límite riguroso, geométrico, en que
la línea recta —la curva está casi totalmente excluida y así también todo
sensualismo de la forma— se endurece para condensar los elementos, ganar
en carácter monumental y evitar toda alusión a la sensibilidad. Donde
la línea y el color se ablandan consigue el juego más libre de ese caracol
y esa hoja seca y esa mancha roja inspirados seguramente por una volun­
tad decorativa.
Las olas solidificadas que se levantan como masas de un mar extraño
78

�y fantástico, aligerado con la espuma marítima que recuerda las telas
que envuelven a sus mujeres tahitianas, dicen claramente de esa bús­
queda de lo decorativo que se imprime en el juego rítmico de las olas tan
imaginativamente concebidas —único elemento casi dinámico en esta
composición de total estatismo— y que lo conducirá certeramente al do­
minio de uno de sus primordiales valores expresivos: la pintura deco­
rativa. La forma que aparece claramente expresada con líneas puras,
claras, de pintor que tiene la pasión compositiva, demuestra claramente
que Gauguin trataba siempre de dominar y sublimar su erotismo, de
neutralizar lo personal. En la búsqueda de lo primitivo por lo monu­
mental, el cuerpo vive con gran potencia interior, cargado de una ex­
presión simbólica un poco ruda. El tocio emana una quietud, un senti­
miento de eternidad, una atracción indescriptibles.
Lejos está ya de la muchachita indígena (perteneciente, como las
obras a analizar en seguida, a la colección de Antonio Santamarina)
que quizás en aquel primer viaje a la Martinica, Gauguin realizara al
pastel dando el rostro y el cuerpo en verdes y azules que ganan en som­
bras al llegar a la pierna, y la mata de cabellos de un amarillo pajizo;
la forma se impone con acentuación de volumen subrayado por la línea
significativa que sirve también para traducir el juego rítmico de brazos
y piernas.
El dibujo a lápiz, es posiblemente un estudio de formas para algún
óleo posterior difícilmente identificable, por cuanto ninguna de estas
obras tiene indicación de fecha u origen; la línea blanda, indecisa a veces,
el trazo que se abre, o se carga apenas de sombras para sugerir el volu­
men, la expresión francamente psicológica permitirían suponer, sin em­
bargo, que pertenece a su última época de las Marquesas.
El dibujo acuarelado correspondería a un friso posiblemente de la
época en que se lanza a hacer una pintura de franca decoración mural;
el gesto de las figuras, la inclusión de los ídolos denunciarían su segun­
da etapa tahitiana. En las formas planas, de expresiva deformación, el
trazo elimina todo detalle para perseguir un sentido rítmico que se repi­
te con sones de azul, rojo, naranja. Y al dorso de este dibujo, un raro
apunte de montañas tahitianas en azules, apenas una mancha de color, y
un trazo vibrante, sinuoso, expresivo como el que más.
R aquel E delman
79

�BIBLIOGRAFIA
La azarosa vida de Gauguin, su extraña personalidad y la potencia de
su arte, han tentado la pluma de muchos escritores, desde el crítico y el
historiador hasta el imaginativo novelista que, como Somerset Maugham
ha hecho llegar la vida del pintor al cinematógrafo. Copiosa bibliografía
que registra toda la gama de los valores.
No siendo posible una critica exhaustiva, juzgamos de interés una
suscinta referencia de aquellas obras más importantes y las de fácil acceso
por estar traducidas al castellano. La obra escrita de Gauguin —cartas,
panfletos y otros manuscritos— está reunida en unos quince títulos de edi­
ciones francesas e inglesas; los libros dedicados a él pasan de veinte, en
francés, inglés y castellano; los de arte con capítulos especiales para Gau­
guin llegan a cuarenta, en francés, inglés y alemán; y por último, los
artículos periodísticos de cierta categoría pasan del centenar, que sin duda
se habrá multiplicado este año con motivo de su centenario. Si la vida
de Gauguin ha sido atrayente para la literatura, su arte lo seguirá siendo
para la crítica. Y su personalidad de hombre y de artista plantea mi pro­
blema psicológico que será cada vez más objeto de profundos estudios
junto con el de otros grandes creadores —Leonardo, Miguel Angel—, los
grandes santos y los “malditos”.
NOA - NOA
La isla feliz.
E d. P oseidón , B s. A s., 1942.

por Paul Gauguin

LA OBRA LITERARIA DE GAUESguin,
escrita en colaboración con el

poeta Charles Morice. Son estampas de la
vida tahitiana directamente recogidas por
Gauguin y comentadas por Morice, en
prosa y en verso. Producto de la primera
estada del pintor en la isla, sus capítulos
reflejan, junto con su entusiasmo de la

primera hora, agudas observaciones sobre
las costumbres, las creencias y el alma del
pueblo maorí. En muchos pasajes está
presente el pintor, que capta los juegos
de color y el sintetismo constructivo que
configura su estética.
La colaboración de Morice da un carác­
ter híbrido al libro. Hay un contraste de
estilos y, pese a la unidad que supone
su carácter poemático, una marcada dife­
rencia se establece entre la esencia poética
de ambos textos. El estilo conciso y des­
criptivo del pintor resulta más cargado de
poesía que los versos y la prosa poética
80

�del poeta. Aquél nos da una poesía viva,
mientras el segundo nos da una poesía
de alfeñique elaborada en la cocina parisi­
na, una poesía de segunda mano para ser
ofrecida al público del boulevard.
ANTES Y DESPUÉS
por Paul Gauguin

E d. E l A teneo ; B s. A ires, 1945

Estelibro “no es un libro’’, según la
reiterada advertencia, ni el autor quiere
titular Memorias ni Confesiones —tan di­
fíciles después de Juan Jacobo—, por su
fecha —enero-febrero de 1903, o sea tres
meses antes de la muerte súbita de Gau­
guin— podemos considerarlo su testamento
artístico-literario, escrito “por necesidad de
charlar”. Es un desahogo postrero. Y el
estilo es de desahogo: recuerdos, anécdotas
grotesco - sentimentales, juicios, fantasías,
sueños, cartas de amigos, de todo hay allí;
mezclado, sin plan, sin lógica, sin orden,
dicho como le sale. Y ése es precisamente
su estilo. El hombre Gauguin está entero
en él; diríase que es un temperamento
que estalla en esas páginas algunas de las
cuales preanuncian el superrealismo y mu­
chas podrían cómodamente intercalarse en
el Ulises. Hasta el plan de la obra pare­
cería sugerido por Joyce.
¿No le bastó a Gauguin la pintura para
expresarse? Su polifacética personalidad no
deja de manifestar cierta armonía en tan­
to se mantiene dentro de la plástica —pin­
tor, tallista o escultor— pero ese afán de
expresarse “de viva voz” por la palabra
escrita ya resulta extraño, máxime cuando

lo hace en esa forma turbulenta y tan po­
co literaria. Ello demuestra una exube­
rancia espiritual, una inquietud cósmica
insaciable, para la cual resultan exiguos
los recursos plásticos y literarios. Ese es­
píritu desbordaba los límites de lo huma­
no; la vida del hombre fué una lucha
por salvar ese espíritu, alimentarlo y li­
berarlo: contra los prejuicios sociales, con­
tra la pedestre rutina, contra las propias
exigencias de su cuerpo. El mismo se
encarga de contarnos esa lucha con pala­
bras muy simples: “Gracias a esto, por
unas cuantas monedas de cobre mi carne
está satisfecha y mi espíritu permanece
tranquilo”.
Ahí tendríamos la clave de la "inmo­
ralidad” de Gauguin. Una inmoralidad
puramente carnal, que él menospreciaba
para salvar su espíritu.
Esta edición española, bien prologada
por el traductor, Javier Farías, contiene la
reproducción de los 27 dibujos del ma­
nuscrito original.
CARTAS DE PAUL GAUGUIN A
GEORGES DANIEL DE MONFREID
E d. E l A teneo , B s. A ires, 1943.
Dinero, dinero... y dinero. Estas “cartas
de un pintor a otro pintor, su amigo"
—según las palabras de Víctor Segalen en
el prólogo que. titula Homenaje a Paul
Gauguin— son algo así cómo la trastienda
de! Arte. Pocas, aisladas referencias al arte
mismo; muchas, constantes, al negocio ar­
tístico: giros, pagos, compras, deudas —di­
nero—; contratiempos, enfermedades, apre81

�mios de dinero... Es la lucha con la
miseria. Es —como lo anota el prologuista—
"el equilibrio sin cesar comprometido y
sin cesar restablecido entre las fuerzas
destructoras y las fuerzas creadoras; en­
tre la ferocidad del pan cotidiano y el im­
ponderable alimento; entre la previsión y
la dicha; el oficio, el trabajo y la obra".
Gauguin se lamenta de ello: "Cuándo
llegará el día en que no hablemos más
que de una sola cosa: de Arte”; “qué de
miserias por esta maldita moneda”; "si
yo me resigno a vivir pobremente es que
no quiero más que vivir para el Arte”.
Entré tal cúmulo de cifras y menuden­
cias, se entresacan algunos juicios de in­
terés, ciertas opiniones teóricas muy útiles
para una compilación de la estética gauguiniana. Pero más interesante resulta esta
correspondencia para perfilar psicológica­
mente al hombre y al artista. Y la con­
clusión, un poco amarga, se sintetiza en
esta cualidad dominante: egoísmo, uu fe­
roz egoísmo, tenaz, exigente, absorbente...
Pero, ¿qué egoísmo puede caber en ese
ser que ha renunciado a todo para con­
sagrarse al Arte? Es el egoísmo del ar­
tista, no del hombre. El hombre encuentra
justificado y natural que, así como él se
ha sacrificado confinándose lejos de la ci­
vilización para dedicarse por entero al
arte, sus amigos, sus allegados, su familia,
sus colegas, junto con los críticos, los
“marchands”, los “amateurs” y los millo­
narios, todo el mundo tenga que estar dis­
puesto a comprenderlo y a “servir su arte”.
De ahi los juicios despectivos para muchos
y el tono apremiante de sus demandas, ya
se trate de dinero como de encargues o de
82

“directivas” para la mejor difusión de su
obra y su “valoración” en el mercado.
Esa faceta del egoísmo del artista que
se consagra a su vocación como respon­
diendo a una exigencia del destino es
lástima que no la haya tocado Víctor Segalen en su Homenaje. Le hubiera pres­
tado mucho más interés —un interés más
épico— al prólogo y al libro.
PAUL GAUGUIN
por Charles Morice
En. H. I'loury , P arís 1919.
Es quizá la obra más importante y más
completa sobre Gauguin. El fiel Morice
renuncia aquí a su poesía para darnos un
libro documentado sobre la vida y la obra
del pintor. Es un estudio pleno de humana
cordialidad. Vemos en él retratado al hom­
bre, leemos su historia, nos compenetra­
mos de su credo estético, valoramos su
obra y su influencia en el arte contem­
poráneo. Hasta penetramos su tragedia ín­
tima y nos explicamos su vocación, sus
aparentes contradicciones. Seguimos el pro­
ceso de su maduración y admiramos en
definitiva esa fuerza irrevocable del hom­
bre y del artista, sin desmayos, ese triunfo
del espíritu que se muestra más exaltado
y definitivo en los años postreros, de
auténtica desintegración carnal, hasta la
muerte definitiva del cuerpo. Este libro,
escrito con una devoción admirativa que
no empaña la objetividad crítica, resulta
indispensable para estudiar el “caso” Gau­
guin en forma integral: el caso de un

�guin buscó en el "primitivismo” bretón
la fuente ingenua y natural de la expre­
sión artística, pero sin desmentir su clacisismo. Era un clásico de alma y de
ahí su admiración por Ingres. Esa línea
la mantuvo siempre y ni aun en Tahiti
pudo olvidarse de Bretaña.

hombre y una vida materialmente sacrifi­
cados en favor del arte.
La esmerada y fina edición de Floury,
con buenas reproducciones en negro y en
color de toda la obra de Gauguin —cua­
dros, dibujos, grabados y cerámicas— im­
plica ya de por si un valioso homenaje
que da la medida del artista en su ubi­
cación histórica.

PAUL GAUGUIN, MON PÉRE
por Pola Gauguin
E d. L es E ditions de F range , P arís 1938.
Pola Gauguin es un verdadero escritor
y, por lo tanto, un artista. Utilizando
los mismos elementos —cartas, manuscri­
tos de Gauguin y su anecdotario— ya
conocidos y explotados por otros autores,
ha escrito una sustanciosa biografía, una
historia de su padre con todo el sabor
de una novela. Posiblemente sin querer­
lo, nos brinda una biografía novelada,
densa, vigorosa y llena de interés.
Sin duda la vida de Gauguin ya es una
novela. Mas para hacer una buena nove­
la no bastan los datos, no basta el asunto,
por dramático que sea; hay que ser ar­
tista. Y el hijo menor de Gauguin, que
casi no conoció a su padre, educado al
lado de la madre que le confiesa no ha­
ber comprendido nunca el arte ni la
conducta de su marido, el hijo que, ade­
más de ser escritor, se ha familiarizado
con el movimiento pictórico de los úl­
timos años, se empeña en comprender
el enigma de su padre y en desentrañar
las raíces de ese conflicto familiar que
debe haberlo obsedido desde la niñez y
que no es sino uno de los aspectos del

GAUGUIN Y EL GRUPO DE
PONT-AVEN
Documentos inéditos, por Charles Chassé
E d . H. F l o u r y , P arís 1921
¿Existió realmente una “escuela de PontAven”? Éste es el problema que plantea es­
te ensayo, destinado en su mayor parte a
relatarnos la vida de Cauguin y su grupo
de Pont-Aven. Buenas reproducciones nos
ponen en contacto con la obra de los
discípulos, hoy ya casi olvidados.
El grupo de Pont-Aven no constituyó
formalmente una escuela, pero la acción
directriz de Gauguin sobre este núcleo de
pintores jóvenes, dió a la producción de
éstos todas las apariencias de una escuela.
Es interesante asimismo el estudio que
Chassé hace de la evolución artística de
Gauguin durante sus estadas en Bretaña,
estableciendo en definitiva que su pro­
ducción de ese período marca una etapa
de transición.
Si no puede hablarse de una "escuela”,
hay que admitir resueltamente la in­
fluencia de Gauguin sobre ese grupo, del
cual dice Chassé que si Gauguin fué el
Cristo, Sérusier fué su San Pablo, al
difundir las enseñanzas del maestro. Gau­

83

�conflicto entre el artista y su medio. To­
do está admirablemente trazado, con hon­
dura y probidad de artista genuino. El
amor filial es seguro que habrá guiado
su pluma, pero como buen creador lo
supera y nos ofrece una figura de dimen­
siones admirativas. Lo que viene a confir­
mar que toda obra de arte es, ante todo,
obra de amor.

tar la tormenta de una ruptura con los
suyos, que alimenta la esperanza de que
la separación no sea definitiva, luchando
intimamente contra lo inevitable y que
al final se entrega a “su destino”. Pero
queda la amargura en el hombre, aun­
que éste vea triunfar en él al artista, al
que conscientemente le sacrificó todo. Esa
amargura se evidencia en las cartas pos­
treras y en el “Gauguin polemista”, cu­
LA VIE SENTIMENTALE DE
yos panfletos, según Dorsenne, han sido
PAUL GAUGUIN
el “violín de Ingres” de Gauguin.
Vemos en ese contraste entre la ternu­
por Jean Dorsenne
ra inicial y la amargura final de estos
En. L ’artisan du L ivre, P arís, 1927
El alma de Gauguin a través de un documentos transcriptos y comentados, la
análisis epistolario familiar. Vemos así gran trasposición humana que fué la vida
un Gauguin enamorado y pasional es­ de Gauguin. Trasposición que en mayor
trellándose contra el alma fría, terri­ o menor grado debe existir en todo artis­
blemente razonable y “normal” de su mu­ ta y que importa la gesta dolorosa de to­
jer, enamorada sin duda de ese hombre da creación.
excepcional e incongruente, pero que en
su lucha por llegar a comprenderlo cede
TEORÍAS (1890-1910)
a la presión de su medio puritano y bur­
gués, implacable con las “genialidades” Del simbolismo y de Gauguin hacia un
nuevo orden clásico,
del artista, impermeable a lo que no fue­
por Maurice Denis
ra el orden, el aseo, el trabajo metódico,
E d . E l A teneo .
las convenciones sociales, la moral... pu­
ritano-burguesa. Y vemos a un Gauguin
Las teorías plásticas que analiza y des­
tierno y enamorada que, sin embargo, arrolla Denis en este libro, corresponden
empieza ya a odiar. Empieza a odiar ese al post-impresionismo, deteniéndose en los
medio y esos parientes políticos que ci­ umbrales del “fauvismo”, del cubismo y
mentan y fomentan su desgracia conyu­ otros “ismos”. Denis limita su estudio a
gal. “Tus daneses ...” —escribe despecti­ las teorías en auge en esos 20 años llama­
vamente en las cartas a su mujer.
dos la época feliz, finisecular y de pre­
Vemos a un Gauguin preocupado por guerra: sintetismo, cloisonnisme, simbo­
la suerte de sus hijos, consciente ya de la lismo ... todo lo cual se traduce y re­
tragedia sentimental que se avecina; un sume en un neo-clasicismo.
amante padre y marido que quiere evi­
Un estudio a fondo de este libro, tan
84

�y con el neto simbolismo de un Odilon
Redon. El neo-clasicismo que buscaban
éstos no era precisamente el preconizado
por Ingres. Gauguin, lo mismo que Re­
don y Cezanne, sabía que la línea del
clasicismo griego daba en la vía muerta
del naturalismo, con sólo dos posibilida­
des: la frialdad constructiva del acade­
mismo o bien el dinamismo desintegrador
impresionista. Gauguin, Cézanne y otros,
vieron a tiempo el peligro y lucharon su
vida entera para buscar otro camino.
El problema no era de “retorno”, sino
de fundar un clasicismo vivo. Y en eso
estamos todavía.

rico de contenido, no cabe en estas bre­
ves notas. Tendríamos que circunscribir­
nos a la parte dedicada especialmente a
la obra de Gauguin. Pero ello resulta di­
fícil, porque la presencia de Gauguin
es constante y un poco indirecta; es como
un mojón, un punto de referencia en la
delimitación de ese camino que, arran­
cando del impresionismo, tiene como me­
ta la fundamentación de un nuevo cla­
sicismo. Pero no se trata de una vuelta
al camino trillado que degeneró en el
naturalismo académico y contra el cual
el impresionismo no fué sino una reac­
ción frustrada, puesto que se limitó a
una revolución técnica con miras precisa­
mente a darnos un naturalismo más na­
tural, más verdadero.
La intención era fundar un clasicismo
vivo. Diríase que, más que con el clasi­
cismo renacentista —originariamente na­
turalista en su lucha por lograr la terce­
ra dimensión— esta reacción clasicista se
emparenta con los primitivos y con el ar­
te bizantino, en sus aspectos decorativo
y simbolista.
Denis hace partir esta reacción de In­
gres, cuya línea siguen Degas, Puvis de
Chavannes, Cézanne, Gauguin y van Gogh.
Llama a Gauguin “el más notorio de los
discípulos de Cézanne”; hablar de “in­
fluencias” nos hubiera parecido más apro­
piado. Y, si bien la influencia de Ingres
sobre Degas o su parentesco directo con
Puvis no puede discutirse con éxito, re­
sulta bastante aleatorio el contacto a dis­
tancia del maestro clasicista —en el sen­
tido griego— con el sintetismo de Gauguin

GAUGUIN - PEINTRE MAUDIT
por Charles Kunstler.
E d. F loury , P arís, 1947.

Aunque ameno, este es un libro que no
aporta mayores enseñanzas acerca de Gau­
guin. De un marcado sentido literario, re­
sulta una casi biografía novelada, sin
llegar a serlo por falta de vuelo lírico y
de garra en el dramatismo que hace su­
poner el título.
Como biografía seria resulta pobre y
construida con materiales de segunda ma­
no; como pura obra literaria le falta mu­
cho de aquello que precisamente le sobra
a la novela de Somerset Maugham.
Una nutrida selección de reproduccio­
nes —de factura mediocre— sirve para mos­
trarnos gráficamente la parábola del “es­
tilo” de Gauguin, desde su primera ma­
nera impresionista hasta la definitiva de
Tahiti y las Marquesas. Es seguramente
el aporte más valioso de este libro; y lo

55

�seria del todo si la calidad de los graba­
dos fuese mejor.
PAUL GAUGUIN
por Julio E. Payró
E d. P oseidón, B s. As., 1947.
Este breve estudio, biográfico y crí­
tico, tiene el mérito principal de la sín­
tesis, lo que no deja de ser un elocuente
homenaje al creador del "sintetismo” en
pintura. Concisa y penetrantemente, Pay­
ró nos muestra en esta obra casi esque­
mática las aristas más salientes del Gau­
guin hombre y pintor, sin excluir el jui­
cio crítico de la obra, ubicándola históri­
camente y caracterizándola con acierto.
Con la lista de las obras de Gauguin y un
regular número de reproducciones en ne­
gro y en color, este pequeño libro resulta
muy interesante y eficaz.

tor que no basta la pura documentación,
aunque ella se haga con un orden parti­
cular. Eso puede ser el esqueleto; y aun­
que esa estructura ya denuncie el “crite­
rio” con que la obra ha sido concebida,
ésta resulta incompleta. Ese tipo de his­
toriografía carece de valor literario. Ro­
tonchamp demuestra, en los primeros ca­
pítulos, poseer las cualidades intrínsecas
de un verdadero historiador de arte. Pero
luego descansa en la pura transcripción
y nos defrauda. Si la primera edición, a
los tres años de la muerte de Gauguin,
llenaba una necesidad inmediata, publi­
car la segunda después de haberse difun­
dido el “Noa-Noa” y la correspondencia
de Gauguin, exigía algo más. Hoy su lec­
tura nos deja la impresión de una "repe­
tición” de cosas ya leídas.
GAUGUIN
por Raymond. Cogniat.
E d . P ierre T isné ; P arís, 1947.
Es una biografía más de Gauguin, sin
nuevos aportes críticos ni documentales.
Aunque la brevedad del texto —menos de
cincuenta páginas— parecería prometer al­
go original y sustancioso, abundan las
transcripciones, imperdonables ya en tal
medida en una obra sobre Gauguin que
se publica en el año 1947. La buena pre­
sentación con numerosas reproducciones
en negro y en color —lo más valioso del
libro— hace pensar en una simple obra
de divulgación y de negocio editorial con
vistas al inmediato centenario de Gau­
guin.
El elogio, pues, debe reducirse al que

PAUL GAUGUIN
por Jean Rotonchamp
E d . G. C rés; P arís, 1925.
Con criterio minucioso y serio de his­
toriador, Rotonchamp ha escrito este li­
bro basándose sobre todo en los manus­
critos de Gauguin. Aparecida en 1900, esta
recopilación ordenada de documentos, con
sus atinados comentarios, ha servido a ca­
si todos los que posteriormente escribie­
ron sobre Gauguin. Resulta así una obra
capital, según lo reconoce Charles Morice
en su meduloso libro. Pero es lástima que
su apego al documento reduzca esta obra
casi enteramente a una simple recopila­
ción. Un concepto más amplio de la his­
toriografía debiera haber advertido al au­

86

�le corresponde como libro de divulgación.
En ese orden, llena cumplidamente su co­
metido.
GAUGUIN - LE PEINTRE ET
SON (EUVRE
por Maurice Malingue
E d . L es P resses de la C ité .
P arís, 1948.

en capítulo especial, el “clima” pictórico
de 1876 y con ello se nos da la clave de
la revolución impresionista. Luego, al ana­
lizar la manera impresionista, tenemos la
base de la formación de Gauguin como
pintor. Y así nos enfrentamos con la es­
cuela de Pont-Aven, cuyas proyecciones
Malingue profundiza y juzga de un mo­
do personal que, aunque acertado en su
mayor parte, quizá pueda encontrarse dis­
cutible en algunos aspectos —lo mismo
que el capítulo siguiente, dedicado al pe­
ríodo tahitiano—, pero siempre con autén­
tica envergadura de crítico y de histo­
riador.
Completan este estudio capítulos dedi­
cados a Gauguin como escultor y cera­
mista, grabador y escritor. Y uno parti­
cularmente interesante sobre los falsos
cuadros de Gauguin. Se trata, pues, de
un estudio completo en que se agregan
datos nuevos y, discretamente, no se in­
siste demasiado sobre los ya conocidos.
Es, lo repetimos, el homenaje que me­
recía Gauguin con motivo de su cente­
nario y nada mejor que cerrar con él esta
crítica sintética de la bibliografía gau­
guiniana.
A lfredo E. R oland

En lujosa edición, con 240 reproduc­
ciones en negro y 16 en color de cuadros
de Gauguin, 70 ilustraciones en el texto y,
como apéndice, una minuciosa bibliogra­
fía gauguiniana, este libro resulta un ver­
dadero homenaje al artista en el año de
su centenario. Que el prólogo se le haya
encomendado a su hijo, da mayor carácter
de homenaje a esta publicación, que co­
mo tal la ofrece Pola Gauguin en sus pa­
labras de introducción.
Es el libro que merecía el artista en
su centenario, ya valorada definitivamen­
te su obra. El texto de Malingue es lo que
debe ser ya hoy un nuevo libro sobré
Gauguin; apiecia a éste en su perspectiva
histórica y engarza su obra en el arte
de su tiempo. La vida del pintor, su
aprendizaje, la explicación de su vocación,
todo está sobriamente descripto y enfo­
cado con j usteza, prescindiendo del pin­
toresquismo biográfico y de las largas
PAUL GAUGUIN NACH EIGENEN
transcripciones de sus cartas y sus escritos
UND FREMDEN ZEUGNISSEN
para explicarnos su estética.
.No se desecha el aspecto biográfico, pe­ V erlag B enno &amp; Co B asilea, 2® edic. 1946
ro él está encarado con criterio de crítica
Gauguin cuenta él mismo en gran par­
histórica, dejando en lugar secundario la te de este compendio gauguiniano su vida
parte anecdótica y novelesca. Se estudia, hondamente trágica y especialmente los
87

�últimos dos decenios de su vida, la que
el lector convive de manera casi dolorosa
y de modo tal que se siente tentado de
perder la fe en los destinos buenos del
hombre, renegando de aquellos destinos
malditos que acumulan tanta miseria ma­
terial y sufrimiento moral sobre un ar­
tista como Gauguin, quien se queja en
una oportunidad con amargo sarcasmo:
“¡Tengo ahí arriba decididamente a un
enemigo, que no me deja tranquilo ni un
sólo minuto!”
Los. relatos propios son combinados y
completados con documentos y opiniones
de terceros sobre Gauguin, especialmente
de sus contemporáneos que mantenían re­
laciones con él, o de gente que se le
cruzó en su camino. A estas personalida­
des pertenecen escritores y poetas como
Mallarmó, Andró Gide, August Strindherg,
Octave Mirbeau, Henri de Régnier.
El lector encontrará muchos elementos
documéntanos y biográficos —contenido
principal de este libro— como mucho ma* terial anecdótico bien, digo bien, contado,
que en otras monografías sobre Gauguin
no se encuentra con facilidad ni con
frecuencia, o que está tan mal interpre­
tado que tapa la verdadera figura de Gau­
guin. Además se hallarán en este libro, se­
gún anuncio del editor, por primera vez
los nombres completos de aquellas perso­
nas, que han sido premeditadamente su­
primidos en las ediciones francesas de sus
cartas a Monfreid, de tanta importancia
para su biografía, o los que habían sido
88

suplantados con iniciales también preme­
ditadamente erróneas y falsas. Hallará el
lector también por primera vez el conjun­
to completo de las cartas gauguinianas a
su amigo de Monfreid en su cronología
correcta. Esta cronología correcta es de es­
pecial valor y en grado mayor lo es para
la correspondencia del artista con Emile
Bernard, con su mujer Mette Gaad, con
Schuffenecker y otros. Las tantas cartas
que no hablan sido fechadas por su mis­
mo autor, o que llevaban fechas apócrifas,
introducidas con fines fraudulentos por
varios editores, habían efectivamente cau­
sado confusión en la biografía de Paul
Gauguin. También en cuanto a otros datos
biográficos, que aún en el libro de su hijo
Pola, Paul Gauguin, mon pére, no siem­
pre eran de exacta mención e interpre­
tación, este libro de Graber implica co­
rrecciones y rectificaciones de importan­
cia. Fuera de las opiniones emitidas por
terceros sobre la personalidad y obra de
Gauguin este grueso volumen trae juicios
de valor propios del autor, los que sin du­
da alguna en muchos casos serán todavía
materia de discusión. Play además la trans­
cripción fiel de muchos trozos de los tan­
tos escritos y obras de carácter literario
de Gauguin a más de una numerosa serie
de excelentes reproducciones y grabados.
Tales son el fin que anuncia el editor y
el valor indiscutible de este libro, que
además se caracteriza por su impecable
presentación.
R. G. B.

�R ene M agritte :

Nostalgia.

E X P O S I C I Ó N DE A R T E
BELGA CONTEMPORÁNEO
C onstant P ermeke :

Amanecer.

J

am es

E

n sor:

Esqueletos en procura de calor.

�Gustave df. Smet : Pueblito ron campanario.

Adolescente, por­
tador de reliquias.

G eorge M in n e :

�Crítica
EXPOSICIÓN DE ARTE BELGA
CONTEMPORÁNEO
^
Inmerso en el drama de dar el espíritu
dentro de la materia y más allá de ella,
el artista belga en significativa inquietud
estética bucea todos los caminos de la ex­
presión plástica, desde la ingenuidad apa­
rente hasta el grotesco psicológico, pa­
sando de la sutileza sentimental a la po­
sible frialdad de la abstracción.
J am es E nsor , el genial pintor es junto
con el escultor George Minne, fundador
de la escuela de Laethem-Saint-Martin, de
la que proceden destacados artistas belgas
modernos, la mayoría expositores en esta
muestra. Ensor atrae al espectador con su
extraño sortilegio; las cuatro piezas son re­
tablo maravilloso de su historia que sale al
encuentro y muestra su lucha. Azaleas, su
amanecer que se expresa en suaves melo­
días, en quietudes de espera. Flores y
legumbres, es en cambio imagen de mo­
vimiento, de inquietud irrefrenable. For­
mas encerradas en la razón de la línea
que ondula con el color que desborda.
Hay doblegada en esta euforia una fuer­
za que lucha por salir y se revuelve por­
que el artista dueño de la atmósfera y
el fondo, las ha encerrado en una tela
en que no quieren estar contenidas. En

su fondo cálido está la liberación de la
pincelada, que en el triunfo de lo sensible
construye la atmósfera. Es naturaleza
muerta porque admitimos la rara ironía
de los géneros, ya que las formas viven
allí con un vigor que se hace violencia.
Cuando la rebeldía se aquieta, el color en
generoso y abigarrado empaste se enter­
nece con la línea sensible, realizando la
apariencia en equilibrio solidario; es éste
el mediodía de su entusiasmo plástico.
Cuando la luz se torna atardecer, Ja­
mes Ensor encuentra la melodía interior
de sus Porcelanas chinas. El tormento vi­
tal ha pasado, es hora de madurez espi­
ritual, por detrás de las cosas emerge la
sugestión de misterio que da la variación
tonal. Tazas, paños, planta, son pretex­
tos del artista para presentarse a sí mis­
mo. Es ésta la nota gris de su íntimo
retraimiento, pieza magnífica en que la
línea entrega a la pincelada la misión de
crear la atmósfera en juego de emoción
contenida; y se ven cosas de las que
uno está un poco ajeno a su realidad,
porque solo viven en la medida en que
Ensor mira a través de ellas.
En Esqueletos en procura de calor se
confirma lo que Margarita G. de Sarfatti ha dicho de él, al señalarlo “como
precursor unos cuarenta años antes del
superrealismo”. Aquí su noche, su pesadi
lia, en el tema una tragedia disfrazada;
con ridículos ropajes los esqueletos agru­
pados alrededor de una estufa muestran
el tormento más allá de lo consciente. Con
intención bufa una farsa grandiosa con la
que quiere convencer de que convive ami-

91

�gablemente con sus terrores. Entonces el
pincel se hace meticuloso, se enriquece
con tintas cuando goza en el detalle de
las cosas, y sorprende con notas de poten­
tes tonos puros casi en el plano. Hay
una diafanidad que unida a su calidad
plástica, le permite trasmitir sin reservas
la realidad y la fantasía de cada expre­
sión. Cuando la sustancia humana se de­
forma para integrarse en el espíritu divi­
no, las formas deshumanizadas se elevan,
no sólo por la fuerza de adentro, sino por
un requerimiento superior que obra co­
mo imperativo. Estamos frente a G eorge
M inne , frente al intuitivo de espíritu re­
gulador que disciplina y concreta la in­
tención exaltada. Adolescente portador de
reliquia y tres dibujos, de los cuales es
posible hacer un comentario simultáneo,
porque el sentimiento que los inspira es
el mismo. Su obra, en actitud mística
perfectamente lograda, lo revela como va­
lor plástico paralelo al anterior.
En su escultura hay una descarga de
la fuerza emocional en el bronce que se
agiliza en prieta curva. Madre e hijo,
otro‘dibujo, es desnudo de mujer que
atraviesa diagonalmente el papel, la figu­
ra en escorzo y hacia atrás; en el án­
gulo, la cabeza que se pierde en claros­
curo. A diferencia de sus otros dibujos,
engrosa la línea para subrayar la pleni­
tud sensual de la forma, haciéndose cur­
va, vigorosa y ceñida.
El artista entregado a una verdad es­
tética a la que permanece fiel, está en
camino de sintetizar la universalidad del
sentimiento. G ustavo de Sm et , en Pueblito

22

con campanario, no muestra cosas sino
una manera de vivir. Su naturalismo sen­
timental respira simplicidad campesina,
profundamente humana. Las formas se
aprisionan ayudadas por el cerco plástico
con que el artista, como recurso aparen­
temente pueril, da la nota de concreción
al conjunto. Envolviendo ese clima pa­
triarcal —arroyo, cielo y animales— atre­
vidas y graciosas alusiones cromáticas. El
color denso elude los contrastes que rom­
perían la armonía de la totalidad, del
amarillo al ocre rosado los volúmenes
están construidos en valores cromáticos
equivalenets. Hay en G. de Smet, una ten­
dencia poética a transformar la realidad
en un todo, para conseguir esa esencia de
la paz interior a que llega por la conceptuación al esgrimir la claridad de sus
formas idealizadas. Sombrero de paja, no
tiene menos valores que el anterior: es
retrato de mujer en que las formas se
vuelven imprecisas, nunca tímidas, para
dar la fusión emocional. La nota tan ca­
racterística de de Smet no podía dejar
de aparecer en un pequeño pájaro mul­
ticolor que naufraga en tintas irisadas,
destacando el acertado y expresivo ara­
besco del perfil. Parece que se afirma
en tonos ocres, para probar austeridad
consigo mismo, y con escasos elementos
en cuanto a tintas y detalles, dominando
o libertando el pincel, hace de su ritmo
plástico un panorama espiritual.
Lo inteligible es en C onstant P ermeke
un deseo de relación emotiva entre el cielo
y la tierra; para lograrlo contrapone cier-

�tas partes sólidas de sus cuadros con un
desfile de imágenes sin consistencia ma­
terial, transparentes y casi flotantes. Su
justificación en el plano sentimental no
salva lo arbitrario de la combinación.
Por este contraste que acaso repita, crea
en su óleo Amanecer una tensión entre
la actitud total y unas formas sugeridas
por elementos gráficos. Pródigo en gracia
y sutileza, realiza por ese contraste la
transformación interna de la realidad. El
pasaje cielo-tierra ofrecía en esta tela de
gran tamaño serias dificultades; se hace
posible con manchas compactas de pince­
ladas ocres —troncos de árboles, molinos—
que transforman lo concreto en armoniza­
ciones puramente externas. En Marina, el
mismo problema dificultosamente supera­
do: aquí no existe limitación de formas
ni diferenciación de materia, la super­
posición de ocres crea un movimiento su­
perficial bien obtenido, a pesar de lo
cual hay desvitalización evidente.
Rudeza campesina que oculta honda
ternura es Pudelador de C onstantin M eu nier ; sentimiento de la totalidad de su
obra en la unidad de expresión; una figu­
ra bien plantada, con arriesgados movi­
mientos en las vestiduras, que introducien­
do luz y sombra en el volumen acentúan
la fuerza expansiva. No claudica en sus
dos óleos Mina de carbón bajo la nieve
y Techos rojos: el contenido en el pri­
mero, siempre único e indivisible, desdeña
el pequeño matiz por exigencia directa de
la materia acaso en beneficio de la ex­
presión sensorial, la que no permite al
pincel detenerse en detalles y obliga a

93

que la forma se endurezca deliberada­
mente. Techos rojos es pintura de cincel,
es un bronce trabajado en una tela. As­
pereza interior en el tema y la intención;
es el escultor que se expresa en óleo sin­
tiendo el bronce.
Desde el expresionismo al superrealis­
mo, F rits van den B erghe, en el Hijo
de la luna. Instinto de fuga y evasión de
lo real para realizar plásticamente la idea
de la lucha, de allí la ficción teatral o
mejor, circense de su obra. Desde el im­
perio de lo onírico elude las formas vi­
vas, desplazando el fácil patetismo. En
sus dos obras (debemos agregar El poeta
asaltado) lo espantable se intuye en los
mascarones o animales desplazados' a la
periferia. Dentro de su extremismo pa­
rece que al despersonalizar quisiera de­
fender posiciones ideológicas. Construye
en óleo sobre tela, pero crea áspera ma­
dera en rechazo de blanduras sentimenta­
les. Sus personajes recortados parecen fi­
guras que nacen del exotismo salvaje que
vive en un espíritu lógico. Nobleza aco­
sada por la envidia, el peligro, la perse­
cución que intentan convertir su actitud
frente a la vida. Deliberadamente brusco,
brutal por momentos, rechaza los recur­
sos de fina mordacidad, porque presenta
anticipadamente en drama extratemporal
la batalla perdida del hombre frente a
las fuerzas que lo cercan.
Si el autosimbolismo de los sueños indi­
ca la satisfacción de un deseo, y nos
apoyamos en Bleuler que "ha mostrado
las grandes contradicciones que pueden
vivir juntas en el inconsciente”, el mundo

�de los sueños que P a u l D elvaux nos
trae con Cariátides y Paseantes, significa­
ría la transformación de figuras sujetas a
la fría materia marmórea en sustancia
humana, con prescindencia y negación de
lo intelectual a que están sometidas. For­
mas racionales que hasta entonces sos­
tenían arquitecturas, se adelantan colocán­
dose en primer plano, todo se torna ma­
teria en incitación sensorial, los detalles
del desnudo se refuerzan como contraste
con los elementos del fondo construido
en grises. El color se descarga en las figu­
ras, el fondo aparece delimitado por el
elemento lineal riguroso. Visitas es su ter­
cer óleo, una habitación desnuda y una
mujer que recibe a un niño que entra por
la puerta abierta al mundo exterior. Si­
gue ironizando en detalles: sobre las pa­
redes ángeles con vestiduras al viento
munidos de trompetas, araña con crista­
les. La anécdota es inevitable, pero la
calidad artística con respecto a los ante­
riores es superior. Los desnudos se enri­
quecen en variaciones tonales muy dignas
donde trasmite su poderosa carga afectiva.
Ya no aparece el erotismo de las figuras
anteriores, todo se ha contenido en la
reflexión y no existen aquí contradiccio­
nes en pugna.
Dentro de las manifestaciones superrealistas, en obras que revelan madurez plás­
tica, R ene M agritte, ex-estudiante de Hu­
manidades, trae fantasías de honda poe­
sía, en lirismo manifiesto. En Nostalgia
el contenido es muy claro, facilitando una
directa identificación con el tema. Un
puente en grises homogéneos, firmes; en

el cielo rosado formas concretas que se
desdibujan, en la balaustrada un hombre
con alas custodiado por un león. Mira ha­
cia el mar, la nostalgia pone alas a su
ansiedad que quiere remontarse en el cie­
lo cálido y acogedor que la transporta;
detrás de él, sólo ve lo que anhela, y
es capaz de borrar las formas materiales
que limiten el afán. La emoción nace de
la libertad imaginativa del espectador,
que advierte la contradicción entre el de­
seo de un hombre por volver y la im­
posibilidad de realizarlo. El león vigila,
es la fuerza que lo detiene; el personaje
respeta esa sujeción a la realidad y, sin
traicionarla, es capaz de ponerse de es­
paldas a ella y emprender el viaje desde
el puente custodiado.
Es evidente que Magritte es artista que
se rige por normas severas, hay un espí­
ritu clásico dentro de lo imaginativo. Sin
embargo su capacidad creadora no está
limitada, el vuelo de lo preconsciente se
intuye en comunión perfecta con la plás­
tica. Todo ello le agrega categoría, su
pintura es producto de una disciplina
mental respetada. En Razón pura sus va­
lores se imponen sobre la fácil atracción
del tema: adelante en un claro del bosque
la Razón pura, fuera de toda fuerza que
la reclame, espera (es figura de animal
con atributos humanos, en calideces de
color en que agranda su dimensión). En
el fondo un jinete que intenta atravesar
un bosque de frías hojas, cercado por
telones rojos en incitaciones sensibles, ha
de pasar por sobre el instinto y la frialdad
para llegar a la Razón pura. En toda su

94

�obra la misma manera de tratar el ma­
terial que se concreta en empastes uni­
dos, proporcionando una calma notable
al conjunto. La variedad pequeña en el
tono, obliga a la agudeza visual, mérito
del artista, porque sin disgregar la emo­
ción, logra una uniformidad que sin sus
recursos sería monótona. El simbolismo
en el color utilizado con acierto facilita
la comprensión de su lenguaje.
Frente al artista equilibrado, el que
intenta la difícil aventura del grotesco
psicológico apoyado en la deformación fí­
sica. J ean V aerten en Toro, agrega a la
expresión patética el contraste de rojos
y amarillos. Hay en su arte joven un
aspecto pequeño del dolor humano; están
las zonas crepusculares en que se angosta
su fuerza intuitiva, a la que dirige por
los signos del color y de la línea violenta
embutiendo la deformación en que se in­
cuban sus grotescos. Estamos frente a la
obra audaz pero inmadura, su intención
al presentar un toro triste y ridículo pa­
rece satírica, pero le falta refinamiento
en el terreno de la penetración psicoló­
gica y por eso tiene que forzar algunas
notas gráficas que son innecesarias. En
Cosecha persigue el ritmo en unión con
la fuerza del color, siempre rojos y ama­
rillos, sólo las formas las destaca con el
violeta lineal. En este juego de superficie
tiene aciertos destacables en la síntesis for­
mal, juego de curvas entrelazadas en el
plano en invención rítmica.
Artista inteligente, admirador de Cézan­
ne, R ik W outers, que desapareció prema­
turamente cuando su obra comenzaba a

ser aporte importantísimo para el arte
belga. Quizá su juventud es la razón más
poderosa para que su mensaje carezca de
hondura. Dominado aún por la técnica luminista, aparece sincero y finamente sen­
sible pero ingrávido. Se contentaba dema­
siado con el juego aparente del color.
Le faltó tiempo para agrandar la dimen­
sión desde la cual contemplaba la realidad
y endurecer así, el arraigo de las formas
con el espíritu.
En la misma línea H ippo lite D a e y e y
A ntoine M artsboom atraen la atención,
sus pinceles pierden sensualidad ganando
transparencia. Sería excesiva rigidez cen­
surar la superficialidad de su obra, pero
carecen de valor y trascendencia.
En la obra de un artista buscamos al
hombre que hay en él. I sidore O psomer
se expresa en virtud de su lenguaje plás­
tico, por oposición apasionada de elemen­
tos, pero que lo conducen a la justeza y
limitación interior; en Retrato de Jules
Destrée construye una personalidad de
aparentes contradicciones, pero impetuosa
y firme.
En autorretrato rodeado de figuras,
A uguste O l e f f e , es el intuitivo que no
traspone el plano de lo individual. Sus
pequeñas ideas son las pequeñas ideas del
mundo convencional en que se mueve.
Falta de constancia que nace y que se
pierde en un momento, porque la vincu­
lación de sus personajes es circunstancial,
vive cada uno un mundo egoísta y trivial,
donde el espíritu se pierde en sentimien­
tos fáciles y desarraigados. De allí su gra-

95

�cia y fragilidad que nacen de una raíz tanto valor
Desnudo de
débil.
A m a l ia J ob

COLECCIÓN RAFAEL A. CRESPO
Poder ver y vivir en Buenos Aires la
palpitante y candente actualidad de un
conjunto de arte moderno como la que
nos brinda —y verdaderamente cabe el
término brindar— la Colección de R a fae l
A. C respo, por cierto implica un elevado
y no muy frecuente goce estético.
Entrerriano, trasplantado a París en los
años de euforia creadora que conmovieron
la vida artística de la cité lu m ié re después
de la primera guerra mundial, Rafael
Crespo coleccionó con un sentido poco
común un conjunto de obras de arte mo­
derno que hoy nos revela genuina intui­
ción y acierto en más de un aspecto. Es
harto probable que este conjunto, legado
por Rafael Crespo, constituya hoy día una
de las más importantes colecciones pri­
vadas de arte de vanguardia en Sudamérica.
Por supuesto, tomarla como pars pro
to to y entrar a través de ella en disquisi­
ciones sobre los diversos movimientos de
la pintura contemporánea, no es éste el
lugar adecuado, ni tampoco podrá consi­
derársela base suficientemente amplia pa­
ra tal fin generalizador. El camino que
nos queda por tomar es pues el de inven­
tariar, y no por ser los fa u ves los numé­
ricamente mejor representados, sino por
haberse incluido tan sólo un cuadro de

plástico

como

el

pequeño

A ndré D erain , nos induce a

colocar a éste en prim erísim o lugar.

Los tres óleos de Derain señalan bien
claramente el camino recorrido por este
pintor. Si su R e tr a to d el p in to r V la m in c k
está concebido con toda la violencia cro­
mática, los empastes nutridos y la libre
deformación en el plano y el dibujo, que
caracterizan el comienzo del movimiento
fa u v e , su T o rso d esn u d o d e m u je r ya nos
revela cómo él muy pronto se aparta de
las estridencias sonoras y contrapuntísticas de la materia. Este T o rso muestra to­
davía una marcada acentuación de los ele­
mentos psicológicos, producto de la con­
cepción expresionista, pero en su valora­
ción de la línea como arabesco, recurso
sin duda, pero de una inventiva digna de
admiración, también vemos el desarrollo
que ha de tomar más tarde el fauvismo.
Forma, casi diríamos clásica, vigorosamen­
te construida, color sombrío bien balan­
ceado entre ocres, grises y rojos —ya de
por sí poco fa u ves— y el empleo de un
dibujo de contornos gruesos que parece
independizarse del color.
En cambio con el D esn u d o pequeño es­
tamos frente a un cuadro que es una ver­
dadera lección de cómo emplear, aún man­
teniendo todas las conquistas de la pintura
moderna, la rica variación tonal y un fi­
no juego de luz y sombra para crear la
sensación de volumen y de una forma que
se expande desde adentro hacia afuera.
El trato que Derain ha dado en esta obra
a los verdes transparentes del fondo es
simplemente magistral, lográndose con él

í&gt;6

�A i. U

t r i l i .o

:

La casa.
K.

van

D ongen :

El sendero de la virtud.

C O LE C C IÓ N

CRESPO

A.

D erain :

Torso de mujer.

�A. M odigm ani :

G. R o u au lt :

Sr. Héctor.

Retrato de mujer.

Cu. Soutine :

Paisaje.

�una acentuación de la plasticidad y vida
interior que a la vez de darnos un exce­
lente desnudo nos ofrece un auténtico re­
trato, cálido y vibrante, y un sentimiento
profundo expresado exclusivamente con
los elementos plásticos que se unen en
una gran armonía de forma y expresión.
El grupo de los fauves, fuera del pri­
mer cuadro de Derain, está representado
por M aurice V l a m in c k , pese a que su
Paisaje de tono algo literario también
ya nos muestra más bien otra desviación
posterior del fauvismo inicial. Retoma
aquí Vlaminck por la vía constructiva de
Cézanne, conservando en cuanto a color
violento y puro, lo que conquistó en sus
mejores épocas fauves, pero cayendo en
cambio en esta tela en una especie de
escenografía, por cierto muy sentida.
De M aurice U trillo hay dos paisajes
urbanos, uno y sin duda, el de más valor
plástico, de Montmartre, La casa de Berlioz, cerrado en su forma por un denso
cielo invernal y plomizo, que se contra­
pone a los alegres y rítmicos colores pu­
ros de las formas arquitectónicas, mien­
tras que el otro, La capilla de Ivry con
mucho menos empaste cromático nos da
una imagen dibujística y planista de un
trozo de arquitectura con colores grises
parcos y de escasa variación tonal.
G eorges R ou au lt , el más fauve, está
representado en la Colección Crespo con
dos gouaches, Señor Héctor y Clown, con­
cepción satíricaburlesca del bourgeois el
uno y el drama profundo de lo que la
clownerie encierra como una considerable
parte de la vida del hombre moderno el

otro, en la literatura contemporánea mag­
níficamente relatado y condensado por
Hcnry Miller. Colores puros y de gran
sonoridad, extendidos en el plano y dinamizado al máximo por el grueso enrejado
de las líneas divisorias de la forma, que
parecen el legado del vitral gótico y del
cloisonné románico. Más allá de estos
medios formal-expresivos una deformación
empleada con absoluta libertad para lo­
grar la máxima expresividad de lo instin­
tivo, de lo amargo, libertad justificada por
su honradez y sinceridad que no admiten
falsos retoques.
Dentro del movimiento fauve, aunque
bastante superficializado, de concepción
satíricaelegante, sin lo mordaz de un Os­
car Wilde, tenemos a K ees van D ongen
con su composición El sendero de la vir­
tud, un paisaje del bois pintado con vir­
tuosidad brillante y gracia snob en sus
tonos luminosos de grises verdosos y azu­
lados fríos. Más cuadro sin duda el pai­
saje de Venecia con una fina variación
tonal que van Dongen logró en el gran
plano de la laguna, aunque en ninguna de
las dos telas convence él con ese gran
mensaje que es conditio sine qua non de
todo arte.
Dentro de una similar pintura de gran
habilidad de oficio vemos las Flores de
J ean F autrier . Hay cierta monotonía pe­
sada en sus colores sombríos y en sus for­
mas deshechas que él trata de encauzar
con incisiones hechas a espátula en el em­
paste.
E douard J oseph G oerg, el excelente gra­
bador, tampoco nos da en sus óleos más

99

�que una paleta exquisitamente matizada.
Emplea tanto en su Vendedora de feli­
cidad, como en el Almuerzo de Vigilia
una técnica parecida a la de Fautrier, in­
sinuando el color y la forma mis que diciéndolos, si bien su mano es más liviana
que la de Fautrier.
De M arie L aurencin hay una nota de
finura exquisita en su Niña de la lira.
Grises, rosados y celestes, los colores que
invariablemente emplea con fina sensibi­
lidad femenina, pero también con insis­
tente monotomía, estancándose en un ca­
llejón que para esta clase de pintura no
tiene salida.
Ya muy otra cosa es la sensibilidad colorística del rumano J ules P ascin , en quien
hay que detenerse algo más para recordar
que viene del Simplicissimus, la revista
satírica de Munich, de la que salieron
dibujantes eximios como Georges Grosz y
Olaf Gulbransson. Y también en l’ascin
tiene neta primacía el dibujo sobre el
color que casi se pierde en esfumada am­
bigüedad. Su Joven recostada, cargada
de sensualismo interior que se mantiene
bien en la línea del erotismo refinado de
Renoir, está pintada con tonalidades iri­
sadas de grises verdosos, mostrando en
los sesgos de una muy difícil pero plena­
mente lograda composición un acentuado
sentido de la invención, que siempre ca­
racteriza al auténtico artista. Pero Pascin
es un pintor moderno solamente a me­
dias, con un sentimiento todavía muy fin
de siécle, concibiendo el desnudo y la fi­
gura en términos académicos y huyendo
en el color de todos los contrastes violen­

tos. Su Niña del moño rojo está conce­
bida en idéntica coloración pálida e in­
sinuada, que en algunos pasajes nos hace
recordar la finura de la estampa china
más que la japonesa.
En el excelente óleo de M arc C iiacall
del año 192S, Los enamorados, tenemos
una hermosa prueba del lirismo misterioso
de este expresionista ruso, y lirismo y ex­
presionismo, pese a su aparente antagonis­
mo, de ningún modo son valores opuestos.
Misteriosa y arbitraria la suave y fluida
pareja que flota entre arbustos e imagina­
rios follajes sobre una luna plateada y la
alegórica introducción de un colibrí como
elemento que acentúa el dinamismo de
la composición. Claro que Chagall no da
formas rigurosamente construidas, no hay
absolutamente nada del moderno clásico
que se nos reveló Derain en su Torso de
Mujer, pero sí hay en él un mundo de
ensueño y suave fantasía, de recogimiento
en valores que probablemente lindan más
con lo literario que con lo puramente
plástico, pero acaso no acertó Gauguin al
dogmatizar que no importaba que la
pintura sea “literaria”, con tal que sea
pintura?
Sin mayores diferencias cronológicas flo­
rece dentro de la llamada escuela de Pa­
rís otro movimiento de la pintura con­
temporánea, el cubismo, que tiene en
A ndré L i-iote su apóstol máximo en cuan­
to a su urdimbre intelectual-teórica.
Lhote es hombre de vasta cultura e
intelecto agudo, mucho más teórico que
pintor, con un profundo conocimiento del
oficio. Pero mientras que con sus teorías

100

�brilla y plantea los problemas más canden­
tes con una lógica y claridad convincen­
tes, con su pintura no logra conmovernos.
Oliverio Girondo define el arte de Lhote
muy bien cuando dice que "su lucidez,
que presupone tanta sabiduría, reseca su
temperamento y reprime su espontaneidad,
hasta el extremo de que en sus telas ape­
nas nos proporciona un deleite distinto
al que procura el desarrollo lógico de
una ecuación matemática”. Así en su Re­
trato de mujer, muy bien .construido con
pasajes de distintos verdes al rosa y car­
mín en planos entonados en finas armo­
nías, nos deja fríos y no hace vibrar en
el espectador una emoción íntima, fuera
de obligarlo al reconocimiento de su abso­
luta eficacia de oficio.
Cosa similar nos sucede con la composi­
ción abstracta de A ndré B eaudin , Reflejo
amarillo, que con fino ensamble de grises
obtiene una construcción de arabescos y
líneas curvas que expresan refinado sen­
sualismo en lo decorativo. También en
Beaudin vemos esa gran habilidad y sen­
sibilidad excpiisita que caracteriza a esa
legión de pintores parisinos de segundo y
hasta tercer orden, qué no son nada des­
deñables, como tampoco en el orden de
la estructura sociológica francesa es des­
deñable su ancha clase media. Ambas ca­
pas son caldo de cultivo y cimiento segu­
ro para los verdaderamente grandes en
Francia.
Dentro de la concepción cubista se mue­
ve M arie B lanciiard , española de origen,
de la que la Colección Crespo exhibe una
obra cubista, Niña dormida, con máxi­

ma destrucción de la forma y reestructu­
ración en pequeños planos de color como
■ resultado de la desintegración formal que
procede del anáiisis frío y agudo que el
cubismo hace de las cosas. El color se
mantiene en grises, amarillos y ocres sin
gran sonoridad para representar un tema
de orden sentimental que parece arbitra­
rio para la posición antiemocional adop­
tada por el cubismo. Su otra tela, Niña
enferma, en su composición hierática nos
parece algo monótona, sin mayor vida in­
terior de la forma, quedándose en el es­
quema.
De P ablo P icasso hay un pequeño pas­
tel. En el Moulin Rouge, que fué he­
cha en su tiempo de primer aprendizaje
en París en una concepción todavía muy
Toulouse-Lautrec. Si esta pequeña obra
no llevara la firma de Picasso resultaría
sin duda muy difícil atribuirla a este gi­
gante de la pintura contemporánea.
Volviendo otra vez a la posición expre­
sionista nos enfrentamos con el ruso
C harles Sou tine y en sus tres telas, muy
raras por cierto, pues no han sobrevivido
muchas de sus obras la acción devoradora
de su estufa, encontramos ese verdadero
mensaje del artista cuya existencia consi­
deramos como punto de partida para todo
arte. La tortura máxima en la vida' de
Soutine se traduce en sus telas, que vi­
bran de emoción en formas que violentamente se retuercen, en colores puros que
cantan y que dan el mismo grito que dió
van, Gogh. Tanto que en su Retrato de
mujer que es un cuadro magnífico en
toda su extensión, como en su Mucamo

101

�Soutine nos da una pintura de expansión
sin construcción lineal. Sin recurrir a un
dibujo definitorio deja que la misma subs­
tancia cromática vigorice y acentúe la ex­
presión violenta y dinamice la composi­
ción. Estos dos cuadros están pintados con
colores puros, empaste vigoroso y decidido,
con la primacía de azules sonoros en uno
y rojos vibrantes y llameantes en el otro.
En su maravilloso Paisaje hay una exube­
rancia de verdes en el gran árbol que re­
torciéndose violentamente ocupa casi toda
la extensión de la tela, dejando tan sólo
unos pedazos que el artista utiliza para la
introducción armónica de un fondo de
elementos arquitectónicos y de una ape­
nas esbozada figura humana en pleno mo­
vimiento. Todo en este cuadro es dina­
mismo, desde el ramaje del árbol castiga­
do por un viento imaginario hasta la hile­
ra de ventanas de las casas del fondo. Di­
ríamos que hay un profundo lirismo de
lo dinámico y encontramos otra vez que
la posición del pintor expresionista en ab­
soluto contradice o aniquila la emoción
lírica y vibrante que, en este caso, nos
puede brindar un paisaje urbano. Sola­
mente que esta lírica ya es otra que la
lírica estática, contemplativa de un LiTai-Pe o de un Fírdusy.
íntimo amigo de Soutine, el mediterrá­
neo A medeo M odigliani., sabe mantener­
se libre de toda influencia de los demás
pintores coetáneos. Tan sólo cuajan en
él las enseñanzas y la pureza estilística
de las máscaras y estatuas del arte ne­
gro, procedente de la Costa de Marfil.
Modigliani pone en su arte de vanguardia

una profunda nota de originalidad autén­
tica sin rebusques artificiosos. Quizás, co­
mo la gran mayoría de los pintores medi­
terráneos, Modigliani no sea un pintor
muy profundo. Angustiado y torturado al
máximo en su vida, en sus telas esta
angustia se mantiene alejada y sublimada.
Su pintura es clara y diáfana, transparen­
te muchas veces, caracterizada y regida
por el espíritu del hombre mediterráneo.
Es probable que debido a la primacía de
este espíritu de diafanidad y equilibrio no
se hayan dado en las regiones mediterrá­
neas las muestras angustiadas y torturadas
que nos dió el arte expresionista nórdico
y en cierto modo también el eslavo. Sola­
mente en el soberbio Retrato de niño
se traduce algo de esta angustia, que
su amigo Soutine nunca suprimió. Es
por este carácter tal vez también el
cuadro menos propio y semejante a lo
que Modigliani logró darnos en su retrato
llamado María. Ahí sí está todo el Mo­
digliani que conocemos y admiramos con
su ulterior transparencia de color armó­
nico y claro. La forma se expande por
encima de su ceñida construcción lineal
con la que el artista logra el máximo de
expresividad de lo humano. Y si Modi­
gliani alarga las formas humanas no lo
hace en una concepción gótica, cargada
de misterio metafísico, sino para acentuar
la síntesis formal muy propia de este espí­
ritu diáfano y mediterráneo que ya he­
mos destacado en él.
Si su hermosa y dramática Cabeza de
mujer (Nf 13) todavía nos muestra un
Modigliani no muy clarificado, si en este

102

�cuadro, que está más cerca de su Retrato
de niño, él aún no ha llegado a la lisura
que luego caracteriza su pincelada, ya eu
el Retrato de Mme. Zborowska y en el
melancólico pero firme Retrato de mu­
jer (N? 16) con su sillón que acompaña
el alargamiento dinámico de la forma fe­
menina sentada, Modigliani no llegó a la
cúspide de su arte eufórico y optimista.
Destacamos otra vez que sus obras son
cargadas de optimismo, no reducidas en
su euforia por una tónica general melan­
cólica, espíritu y sensación de lo carnal
que vemos ampliamente demostrados en
su gran Desnudo acostado. Aquí Modi­
gliani construye las formas del cuerpo hu­
mano, sin intervención alguna de juegos
de luz y sombra, con meditada deforma­
ción y una captación de la expresividad
de lo lineal que, nos atrevemos a decir,
sobrepasa y supera aún al gran maestro
contemporáneo de la línea y el arabesco,
Matisse. La forma está dibujada y conci­
samente delimitada con una marcada ten­
dencia a la detención formal con acentos
estáticos, sin que esto lo lleve jamás a la
inercia. Hay en este desnudo una enorme
y absoluta armonía lineal en un juego de
movimiento tranquilo, nada mecánico, na­
da violento, que nos dice de la fuerza y
del vigor que lo hacen tan grande a
Modigliani. No hay sensualismo ni erotis­
mo, pero sí exuberancia en los tonos cáli­
dos y opulentos con que pintó la carne
y piel de la mujer y el maravilloso fondo
de rojos y ocres, el que por si sólo ya da
la clara noción que se está frente a un
gran artista.

Y para completar todavía más la sober­
bia visión que nos dió la Colección Cres­
po de la obra de Modigliani, hay inclui­
dos en ella tres dibujos a lápiz, retratos
hechos en algún bistro y un aguafuerte,
en el que el artista creó muy sutiles y
reducidos campos sombreados para acen­
tuar la concepción altamente dibujística
que con sintéticos trazos de contorno da
una perfecta sensación de volumen y de
expresividad emotiva.
Para cerrar estas páginas creemos muy
justo agradecer a la viuda del señor Ra­
fael A. Crespo por habernos brindado la
espléndida oportunidad de palpar y sen­
tir la emoción que nos transmitieron las
obras de pintores que en su mayoría tu­
vieron marcada y profunda influencia so­
bre lo que hoy —ya a cierta distancia tem­
poral— llamamos todavía Arte de Van­
guardia. (Salón K r a f t .)
R odolfo G. B ruhl
XXVII SALÓN ANUAL DE ROSARIO
Con este Salón se cierra el año. Un
pequeño grupo de los artistas de siem­
pre y otro más pequeño aún de jóvenes
le otorgaron alguna dignidad, pero son
tan pocos que ni siquiera las obras de
ellos lograron evitar la impresión de te­
dio que el conjunto producía. La mayor
novedad se refiere a la disposición. ¿Cree­
rá alguien que se pueden ubicar dos
esculturas sobre un radiador de calefac­
ción; un conjunto de cabezas en pedesta­

103

�les de desigual altura, uno al lado del
otro, contra una pared; grandes y peque­
ñas figuras, cabezas, torsos, etc., todo mez­
clado en un pequeño recinto cuadrangular, hasta parecer el depósito de una
yesería? Pues bien, así fueron dispuestas
las esculturas en el Salón de Rosario.
Obras sobresalientes en pintura presen­
taron E ugenio D aneri, R aú l Soldi, M a r ­
cos T iglio , J uan C arlos C astagnino y
M iguel D iom ede . Destaco especialmente
la Naturaleza muerta (1948) del primero,
en la que muestra una vez más su ma­
nera potente de fundir el claroscuro en
la materia pictórica, como si la luz y la
sombra salieran de las entrañas del color;
la Naturaleza muerta de C astagnino , con
una fuerza lírica que hace mucho tiempo
no se advertía en sus trabajos; y Pescados
del último, excelente pieza no obstante
la tendencia a repetirse. Fuera de ellos,
Arenques de C arlos E nrique U riarte,
quien posee ahora una pasta más rica,
aunque perduran ciertos efectismos; Na­
turaleza muerta de L u cía C apdepont ; el
romántico Paisaje de J osé C ernobori.
Entre los jóvenes que prometen figura
L eopoldo P resas : envió un buen Desnudo
y una naturaleza muerta no exenta de
valores; tan sólo le falta definirse en
cuanto al estilo y un mayor control sobre
su sensibilidad, que le lleva a crear formas
a menudo superficiales.
Otro es B runo V enier , todavía exagera­
do y polémico, violento con una violencia
que no se justifica plásticamente del to­
do, pero ajustado en los tonos y con claro
sentido de la composición decorativa; ade­

más, con una personal nota de emotivi­
dad. Y el tercero es Sim ón F eldm an , de
quien se expusieron dos cuadros desigua­
les en cuanto a concepción: El sombrero
azul, construido con planos severos, un
tanto pobres de color, particularmente fe­
liz en la cabeza, y La torre, más ágil y
abierto que en el retrato. De algún inte­
rés los cuadros de L u m erm an n , C árrega
N úñez ,
n in i ,

G r e la ,

F iorini ,

G arcía
R ossi,

C arrera ,

C entoira ,

A r a y a , B leuzet , A rchidiácono

N IC H IN I.

y

P aga­
G randi ,
D om e-

Finalmente señalo las telas de R aqu el
y de A ntonio B erni, los cuales
buscan, por distintos caminos y con di­
ferentes medios, la pintura monumental.
Si la primera se decidiera a simplificar
las formas y los temas, y sobre todo a
desdeñar los contenidos alegóricos, acaso
podría llegar al logro que desea; si el
segundo comprendiera que no puede for­
zar el color y que su mayor posibilidad
de trasmitir emoción se halla en el trazo,
también alcanzaría la monumentalidad.
Obras conocidas de J osé A lonso y de
H oracio J uárez en la sección escultura.
Sobre la tendencia retórica del primero
ya se ha hablado suficientemente en estas
páginas; en cuanto al segundo, siempre
potente en el modelado de Los que se
van, no resuelve los problemas de la com­
posición, y deriva en las grandes cabezas
de El poeta Guillén y de El negro Cal­
derón hacia un gigantismo peligrosamen­
te superficial. Con todo se trata de las
obras más valiosas. Además, un bronce
frío de J uan C arlos L abourdette y una

F orner

104

�excelente Cabeza de L eo T a v ella , quien
parece ser una promesa: es muy expre­
sivo sobre todo en el plano sobresaliente
del cabello como una marquesina, en el
sentido pleno del volumen y en algunos
perfiles. Inexplicablemente a mi modo de
ver el Jurado otorgó el premio Manuel
Musto a una obra de José G erbino, Ado­
lescente, que responde a una concepción
torpemente naturalista y pintoresca, tre­
mendamente incorrecta, además, desde el
punto de vista naturalista en que se co­
loca. Y sería injusto no mencionar los
envíos de Soto A vendaño y D evoto, los
cuales presentan las características habi­
tuales.
Tampoco la sección grabados presenta
sorpresas. Allí sobresalieron las estampas,
ya comentadas en la revista, de J osé P l a ­
nas C asas , la xilografía de V íctor L. R e buffo y un díptico de A lberto N icasio ,
junto a los envíos de M iguel A. E lgarte
y E nrique F ernández C helo .
En resumen, un Salón más, en el que
sólo se advierten, agravadas, las mismas
características que hemos señalado a pro­
pósito de otros salones y en particular del
Nacional. Al comentar el de Santa Fé en
estas páginas escribí: “Ojalá pueda en
ellos (me refería a los salones próximos
de Rosario y de Córdoba) modificar o
atemperar estos juicios, necesariamente
provisionales en cuanto se refieren a obras
del momento; ojalá pueda verse un brote
de invención, aunque sea bárbaro, pero
que implique el corte de este nudo gor­

diano que nos apresa”. Debo declarar que
nada de esto ha ocurrido.
J orge R om ero B rest

PREMIO PALANZA
Cinco telas. Y en ellas ha de trasuntar
cada pintor los varios modos expresivos
de su actividad creadora. ¡Difícil empre­
sa! Pero lo cierto es que la muestra Palanza constituye el mejor exponente de lo
que es la pintura argentina. Sólo una ex­
posición local ha revestido mayor interés
en este año y para ello necesitó ser el
inventario retrospectivo de nuestro artista
máximo i.
El arabesco que nos acerca y nos arre­
bata las formas, el color que se enardece
y se apaga, la realidad objetiva y su som­
bra —el concepto— que se penetran de
espíritus nuevos: la invención, la abstrac­
ción. La luz que llena y vacía las formas
y el dibujo que las deforma son los dos
elementos casi abstractos que el artista
domeña y aprovecha para llenar los volú­
menes y vaciarlos. Y la estática entendida
como lo que es en arte: siempre movimien­
to. Así mi pretensión de definir a P ettoru ti con cinco estacas —arabesco, color, luz,
abstracción y estática— que puedan servir
al ojo menos avizor para ver mejor un
Pettoruti, para no perder nada. Su mues­
tra comprende obras desde 1944 hasta
aquí y entre ellas Mi florero es, sin du1 P e t t o r u t i e n la G a l e r í a P e n s a r : V
E s t i m a s N ? 6.

105

er

y

�da, la pieza más lograda. Con los menos
elementos, casi un solo objeto y casi un
solo color, el artista transmite sus formas
vitalizadas en un espacio disminuido y
una luz materializada.
El color que le dictan las paredes vie- ■
jas, las aguas turbias, los suelos andados
se rompe con la irrupción súbita de un
matiz osado. El empaste rico en sustan­
cia y en decir amasa las formas con ver­
dadero afán de pintor. Así es D aneri en
esas dos Naturalezas muertas (la 14 ¡tan
lograda!) y El libro de misa en que lo
que está gritando es ese sombrero de un
gris-azul que dice de cómo Daneri crece
en su pintura. Sesenta años ya, apenas ha­
ce cinco que trata la figura, y véase con
qué aciertos la construye, con qué poten­
cia la expresa, con qué fresca emoción
la entrega.
Quizá el único paisajista argentino. El
único que entrega el paisaje tamizado por
su visión y su sentir. Más que tamizado,
transformado. Más que construido, diluido
en una atmósfera lírica, romántica. Así
son los paisajes de P ronsato . Y, cada vez
más, su armonía de grises se exalta en el
contraste con manchas puras, vibrantes:
la luz verde y la luz naranja de La nave
en el crepúsculo... o se aclara y se ilu­
mina en ese cielo que retrocede para de­
linear El buey negro de 1938... o se
enciende, superando la experiencia im­
presionista, con toda la gama pura de
Las torres de Kerong, una de sus telas
más logradas y la mejor, sin duda, del
Salón Nacional del año pasado.
La paleta de Soldi deletrea u n ritm o

hecho gracia: gracia del color, gracia de
la forma, gracia de la materia. Tanto es
así que para quitar a sus telas todo atis­
bo de materialidad está haciendo más ro­
sas los rosas, más huidizas las formas, más
diáfana la materia. En Casas de América
(1939) la gracia y la composición —el otro
elemento— se traducían en formas tan só­
lidas como las de La escalera de 1937;
entonces era la suya una pintura vigo­
rosa, grande en la forma, de ricos em­
pastes, de colores exaltados al variar la
unidad del tono, de comunicativa expre­
sividad. Pero su intuición le ha alejado,
sin embargo, hacia las formas apenas aproximativas de Sarita, la materia mucho más
delgada y la armonía tonal sólo encendida
en la sandalia azul de la Niña mirando,
rosa y rubio.
En las antípodas, una paleta con colo­
res de tierra y humo, sin gracia y con
mucho por decir. Una paleta encarnizada
en proyectar lo suyo con pincelada po­
tente, con materia generosa, con nervio.
Expresionista, sabe infundir a la defor­
mación el gran sentido íntimo que al­
canza en 1945.
Aquí P olicastro , otro gran valor en su­
ba, ha tratado las figuras de la madre y el
niño en brazos con expresivo acierto y el
perro con irrenunciable espíritu inventivo.
Quizá sea Pampa la tela en que la fuerza
nueva de Policastro se manifieste con más
vigor, resolviendo de un modo muy pecu­
liar el problema de la monotonía pam­
peana, con ese color acre al que la materia
añade un sentido hondo, febril. Luego en
Descanso, como en todas sus figuras, hay

106

�un dramatismo activo, tan potente que le
lleva a veces a resumir la forma en el
paisaje romántico y naturalista que amal­
gama bien con su concepto expresionista.
Dos acuarelas aéreas, ligeras, en que al­
gunos acentos, algunos trazos libres com­
ponen la figura según un ritmo de blan­
cos, son parte de la muestra de L arco .
Acuarelas en que se respeta cierta ley de
¡a tonalidad para extraer un valor más
puro del color y de esa pincelada libre
y suelta. Sus tres óleos entrañan una
muestra bastante total de su hacer: el
Isleño durmiendo (1940-41) es de una pin­
celada sentida aunque monótona, un co­
lor bastante puro exacerbado en los con­
trastes, y un ritmo del trazo que alcanza
al campo, la figura y el follaje. En Leña­
dores isleños (1943) hay una introducción
del sol del mediodía que va a jugar con
el color sobre los rostros y las ropas. Se
anota una liberación de la pincelada, un
color menos violento, una menor suje­
ción al límite formal. Y ya en La siesta
(1945-48) se apaga m¿s el color en la fi­
gura, para oponerle esa ventana tan logra­
da de verdes y amarillos en que el trazo
hace alarde de idéntica libertad, idéntica
fuerza a la que esgrime en sus espléndidas
acuarelas.
De los fauves a la manera de Vlaminck,
con algún resabio de Mattise. Buscaba
problemas de luminosidad, oposiciones
cromáticas por la luz más que por el
color. Le importaba menos construir que
pronunciar con la materia. Hacía vibrar
los negros. Así compuso B asaldúa su tela
La noche (1939) en que las dos viejecitas

contienen emotividad y un profundo sen­
tido de la forma. Ahora, con una materia
y un color exacerbados, su obra carece de
la expresividad de entonces. Va hacia un
academismo sin fuerza y sin sentido.
Pareciera que G astón J arry se busca
por dos caminos: el de los colores inten­
sos que valen por oposición, con una ma­
teria grasa y brillante, como en La madre
del pintor, el Abanico, y una gama de
pasteles que se hace sentida cuando
trata ¡a espalda del Desnudo y esa otra
figura Amalia, mejor, en que el trazo azul
antes recurso, se torna ahora expresivo y
legítimo; aquí y allá saltan algunas man­
chas de color puro, no siempre emotivas.
Su Naturaleza muerta, por sus formas, su
color, sus sombras que se apartan del cu­
chillo para significarse más, podría ser
una de sus buenas telas, si ese fondo otra
vez graso, brillante y oscuro no existiera.
Demasiado ecléctico, Jarry no se perfila
con total definición.
U rruciiúa , aquí como en su exposición
en Van Riel, sigue construyendo con vo­
lúmenes geométricos y gestos estilizados,
traduciendo una luz mortecina que de­
saloja todo color para expresar ¿qué? B a llester P eña había logrado su mejor fi­
gura con Debita Nostra (1944) que tiene
sugestión, expresividad y está bellamente
construida, pero los fondos tan pobres y
su poca franqueza desdicen el valor de sus
telas. (G alería W itco m b .)

107

C lara D ia m e n t

�TRES ESCULTORES
Cuando en 1923 muere Lucio C orrea
después de setenta años de
fructuosa faena, ya se habían afirmado
algunos de los más eminentes escultores
argentinos, de modo que el cotejo a que
invita su obra, presentada recientemente
por la Academia Nacional de Bellas Ar­
tes, ha de hacerse en función de éstos,
no para señalar progresos o regresos, sino
para pulsar direcciones expresivas. La
ocasión sería propicia, porque también
acaban de exponer Luis F alcin i, en la
Sociedad Hebraica Argentina, y J osé F io r avanti , en la Galería Witcomb, quienes
figuran a justo título entre nuestros me­
jores artistas. Si la dejo pasar empero,
no es tanto por la desigualdad de las
exposiciones —la de C orrea M orales es
una nutrida muestra colectiva, la de F a l cini sólo incluye algunas pocas obras del
pasado y del presente y la de F ioravanti,
piezas aisladas en su mayor parte que
corresponden a monumentos en ejecu­
ción— cuanto por la necesidad de con­
servar más o menos intacto el tema, ya
que dedicaremos uno de los números de
V er y E stimar del año próximo a la es­
cultura argentina.
M orales ,

y

Es cierto

que a prim era vista sorprende

hasta molesta, en las obras de C orrea

M orales ,

su

eclecticismo, ya qu e n i el n a ­

turalism o anecdótico

y

pintoresco de p ie ­

zas como las m uy conocidas

ñores de Onaisin, ni la

Cautiva y Se­

blanda objetividad

de los retratos, con evidentes señales de
su paso por la Academia, ni los ritmos
elegantes que se advierten en El Paraná y
El Uruguay, ni la expresión desmañada a
fuerza de ser aproximativa de los bocetos,
permiten vibrar a un hombre de nues­
tros días en la dimensión de sus intere­
ses existenciales. Mas, por debajo de tan­
ta alegoría y no obstante su falta de
estilo, muy característico de casi todo el
siglo xix, se advierte no sólo al hombre
de oficio, que en algunas piezas llega a
la maestría —ahí está La Fe para probar­
lo, con su ajustada monumentalidad—,
sino también al artista pleno, para quien
la escultura nunca fué un somero juego
de planos que limitan un volumen, ni me­
nos aún el aderezo elegante o patético,
según los casos, de elementos gráficos.
C orrea M orales supo, además, compren­
der que la expresión artística no puede
surgir sino del ámbito en que se vive,
y a pesar de que se dejó arrastrar dema­
siado —no dejó de hacerlo el gran Rodin — por la corriente de las exigencias
de superficie, caló hondo en algunas oca­
siones. Otros lo superaron, sin duda —me
refiero a R ogelio Y rurtia , quien por otra
parte fué su discípulo dilecto, lo que
sería suficiente honra para tal maestro—,
pero en esas obras por demás modestas y
realizadas a conciencia que se acaban de
mostrar pervive todavía un hálito de mis­
terio, tras el cual palpita un momento
de nuestra vida más organizada; y ésta
supervivencia denota que fué algo más
que un precursor y un buen artesano.

IOS

�J o s é F io r a v á n t i:

Libertad de religión.

Luis F a l c in i :

Tor

�L

g e n io

D

a n e r i:

eo po ld o

P resas:

Naturaleza unióla.

Figura.

�Luis F alcin i pertenece a otra genera­
ción. Hombre probo como pocos y de
rara inteligencia, tuvo la intuición agobiadora para él desde los comienzos de
que la escultura, por ser un arte tridi­
mensional, no puede moverse en el plano
de las puras ideas, y obedece a exigencias
de la materia que obligan al creador a
ajustarse a las incitaciones del medio so­
cial. Toda su vida —bien se lo advierte
ahora— ha sido una tremenda lucha para
no apartarse de esa verdad de a puño y
para lograr la adecuación entre esos con­
tenidos sociales, que en él se manifiestan
a través de una potente sentimentalidad
subjetiva, y el afán de monumentalizar
la vida con inevitable sentido épico. No
hay otro caso entre nosotros de mayor
honradez consigo mismo, ni de lucha más
tesonera, ni de mantenimiento más vivo
en una convicción arraigada. Tan sólo
por esto F a l c in i merece respeto, pero es
mucho más. Tiene la virtud de potenciar
el volumen por dentro y de hacer que
esa potenciación manifieste íntimos senti­
mientos: esa virtud es la que le permitió,
siendo todavía muy joven, modelar Torso
(1913) —una verdadera obra maestra—,
Dolor (1920), los dos magníficos retra­
tos de los hermanos Laborde (1920) y
Racimos (1922) . Pero desde hace ya mu­
chos años se viene empeñando en culti­
var una escultura monumental, al mismo
tiempo épica y dramática, que violenta
a mi juicio su ser interior. A esa direc­
ción se debe Mujer del éxodo (1924) ,
bien plantada figura en cuyas aristas frías

muere no obstante el sentimiento que la
engendró. La escultura concebida con
grandes planos, cada uno de ellos inerte
en la dinámica superficial, es expresiva
cuando se compone con ellos un volumen
animado de ritmo total, cuando en éste
se condensa una emoción generalizadora
que hace caso omiso del detalle, y en
F alcin i la materia sólo se sublima cuan­
do la amasa con los dedos, como si necesi­
tara dejar en cada golpe de pulgar el
fragmentario signo de una forma que se
constituye por agregación. Finalmente, ex­
pone algunas obras últimas, entre ellas un
Estudio para retrato (1948), cuidadoso en
el análisis y sagaz en la síntesis, pero
que no hace olvidar las figuras de an­
taño.
Movido por impulsos distintos, algo si­
milar ocurre con J osé F ioravanti. Tam­
bién él se fuerza en el monumento, aun­
que lo componga con figuras que poseen
valor aislado. Pero tiempo habrá para juz­
gar los conjuntos cuando se inauguren.
Ahora sólo cabe señalar la virtud del ex­
celente retratista y del modelador de fi­
guras y torsos. Si por una parte el Re­
trato del arquitecto Alejandro Bastillo y
el Retrato de la Sra. M. A. Steverlynk son
piezas magistrales en el género —firmes en
su arquitectura, ricos en sus perfiles, hon­
dos en su expresividad psíquica— la gran
figura Libertad de religión y el torso que
alegoriza el Combate contra el mal revelan
la dignidad del escultor naturalista y la
potencia de quien sabe hallar en la fi­

111

�gura humana escondidos ritmos de pasión,
lástima que no intente renovarse: el me­
canismo de su creación obedece a un
sistema de alusiones asociativas —tal figura
debe producir cierto tipo de emoción, no
menos esperada, que la recuerda— y aun­
que realiza bien, lo que presta alto valor
a sus obras, el espectador en el que
bullen inquietudes, afanes, deseos, etc.,
siente la insatisfacción que produce el
hecho de hallarse frente a lo conocido.
Por eso me pregunto: ¿por qué F iora vanti , que conoce tan bien los secretos del
oficio, se detiene frente a lo que ve y no
deja que su imaginación le dicte formas
nuevas y suyas? ¿Por qué renuncia, sobre
todo, a la rica experiencia de los movi­
mientos de vanguardia? ¿No comprende
que el pulso de nuestro tiempo exige
elementos de sugestión, de adivinación
de la vida espiritualizada, más bien que
una representación a través de temas y
formas conocidas de la estática materia
humana?

toda la expresión que busca, está como
condensada en el grupo imperturbable,
permanente, invariable, de Rocas y mar,
que compone con tres elementos esen­
ciales de la naturaleza; aire, agua y tierra
—cielo, mar y roca— con los que se pro­
pone dar una entonación épica en su
canto a la lejana tierra española que
tanto parece añorar.
En la búsqueda de una expresión monu­
mental desdeña el detalle que caracteriza,
la nota de individualización y por eso sus
personajes deshumanizados no tienen edad
ni tiempo; ligados a un pasado legenda­
rio y con algo de actual al mismo tiem­
po, están como adheridos a la tierra
misma del rincón gallego que recuerda
Seoane. Así son sus Mujeres montañesas
donde crea arabescos barrocos con los
pliegues de las ropas; o Mujeres frente
al mar, dos desnudos femeninos donde
no cuaja toda su expresión, porque a pe­
sar de la rudeza'que pone en la materia,
la forma total no se mantiene. En El
secreto, de las mejores obras que expone,
J orge R omero B rest .
las dos mujeres descargadas de toda expre­
sión psicológica, muestran su gran sentido
de la deformación y de la síntesis. Estas
LUIS SEOANE
telas son de franca inspiración picassiana
Hermética, cerrada, difícil de penetrar, —no se entienda copia sino lección bien
la pintura de Seoane no es de las que se asimilada— y también lo es Figuras de
capten en el primer instante que se las leyenda, cuyo sentido legendario queda
mira, no es de las que incorporan de inme­ como intento y donde no alcanza toda
diato al espectador de mirada rápida la energía que quiere dar a los desnudos
y un poco superficial. Sin que aluda a un que fuerza cargándolos de sustancia.
mundo preñado de misterios o a un juego
En su afán por crear una imagen úni­
de lo fantástico y lo absurdo, podría de­ ca, total de su mundo, rechazando lo que
cirse que todo el sentido de sus óleos, particulariza y empequeñece, trata por

112

�igual cielo, mar y tierra, le da lo mismo
que sean hombres o rocas los que pinta:
su materia está siempre violentamente car­
gada, su pasta es siempre áspera, las
pinceladas gruesas, largas, se individuali­
zan dando un dinamismo a la sustancia
que contrasta con la expresión estática de
las imágenes. Sus colores son agrios, man­
teniéndose generalmente dentro de los gri­
ses y ocres, y cuando los carga de color,
como en Mujer vestida de rojo, no siem­
pre resultan tan limpios; aunque muestra
que sabe poner tonos saturados, un ver­
de, un rojo, o un amarillo, como los que
contrapone en las blusas de Pescadores.
En una línea general, su pintura respon­
de a una concepción planista; la perspec­
tiva, cuando la hay, es siempre ingenua,
por sucesión vertical de planos; las figu­
ras se recortan bien del fondo; pero
cuando entra a tratarlas, las corporiza, les
da volumen con el empaste cargado, pe­
sado y con el trazo grueso con que limita
algunas formas; en Pastor, especie de églo­
ga con vistas a ajustarse a lo mural, en
Mujer sola o Cabeza de mujer que aun­
que deshumanizada, descargada de todo
sentido psicológico, resulta profundamen­
te expresiva en sus ocres y grises pro­
fundos.
De los tres pequeños paisajes marinos,
Los botes tiene honda resonancia senti­
mental; más diluida la sustancia, va bus­
cando la oposición de colores comple­
mentarios, rojo y verde de las barcas, que
despiertan el recuerdo de van Gogh, más
por el tema que por los elementos plásti­
cos. En El vagabundo, evoca el mismo

personaje pintoresco con que ilustrara su
libro de narraciones; trabajada toda la fi­
gura y el paisaje en tonalidades de un
mismo verde que sabe mover muy bien y
que, lejos de resultar monótono, muestra
un mayor dominio de los medios técnicos
que en algunas telas parece descuidar;
pero la materia demasiado pesada y el
empaste recio impiden que alcance el
vuelo lírico de sus dibujos. (G alería
V iau .)

R.

E delm an

BATLLE PLANAS
Cada artista crea su mundo de lucidez
o de misterio. De misterio es el que ha
sabido inventar B atl l e P l an as . Y de un
extraño misterio sin elementos de trucu­
lencia. Un luminoso mundo, de una luz
sesgada y tangente en que la tierra se
hace planeta otra vez, llena de cosmos, en
que el aire flota y pesa como agua azul
transparente de un mar despoblado. En
que figuras, rocas, resuenan con un eco
desmesurado y de ultratumba. Esta pin­
tura tan hermosa de color, tan sabia de
formas es una pintura que puede escu­
charse, mejor dicho, cuyos silencios maravilosos se oyen como se oye el silencio en
un caracol: una espiral de raíz honda que
se nos va clavando en el cerebro. Un si­
lencio elemental que es la base sobre la
que se construye luego triunfante toda
música como un fuego fatuo.
Esa calidad y esa cualidad ha tenido
siempre la pintura de Batlle Planas. Fué

113

�uno de los superrealistas más dotados, más
lleno del gran saber pictórico unido a una
fabulosa imaginación sin límites. Ahora
aquellos lejanos personajes que poblaban
los grandes desiertos grises, ocres, se lian
acercado hasta nosotros y nos miran in­
crédulos desde sus marcos. Incrédulos de
nuestra pobre realidad. Y allí están en una
galería alucinadora. Profetas de religiones
no inventadas. Viejos-jóvenes de hirsutas
barbas que siempre tienen algo de Juan el
Bautista, con su piel de oveja sobre los
hombros y su cayado. Mujeres-pájaro con
unas extrañas plumas de colores que les
hacen halos concéntricos de colores purí­
simos y desmayados. Grandes ojos cuya
curva y cuya trasparencia se funden en
las sienes milagrosamente. Peplos nacara­
dos, carne irreal, azufrada, carne de ci­
licio y de luz. Esas extrañas momias
vueltas a la vida tienen algo de los retra­
tos fúnebres de Palmira, algo de muertos
con una gran curiosidad ingenua por mi­
rarnos. Son indescifrables y se enriquecen
de azules verdosos, de rojos que perduran
en la memoria, de gamas tiernas hechas
con casi nada.
Si Lord Dunsany hubiera soñado con
ilustraciones para sus maravillosos Cuentos
de un soñador, no los hubiera encontrado
mejores ni más hondos que los de este
gran pintor de silencios.
Una objeción sin embargo. Batlle Pla­
nas podría llegar a más. Por eso hay que
decírselo. Todas las últimas telas que
presenta en Müller nos dejan algo de insa­
tisfacción. Maneja el color como pocos. Ya
hemos dicho sus gamas admirables en los

tonos de acendrada palidez, tintados de
gris hasta la más rica exigencia del matiz.
Resonantes en los puros, glorioso color
que luce más aún en la opacidad del tem­
ple que en el óleo. Dibuja con una se­
guridad admirable. Sus líneas se enroscan,
se estiran como serpentinas, se someten a
la figura o la desmienten en los plumajes,
las barbas ariscas, los pliegues de pura in­
vención como los de los mosaicos bizan­
tinos. En una palabra es amo y señor de
sus medios. Pasa del óleo al temple y
—aunque lo prefiramos así— domina las
dos notas que quiere tocar... Y, sin em­
bargo, notamos que no está todo él en
lo que hace. Censurarle la facilidad, la
rapidez seria pueril y tonto. Los pintores
orientales de pluma y pincel han hecho
acuarelas maestras en contados minutos.
Pero han fijado un momento eterno en
toda su fugacidad. Eso le pedimos a Batlle
Planas, que se queme íntegro sobre sus
telas, que no se nos dé con regateos. Una
gran obra llena, en que se exprese todo el
hombre con todas sus potencias vivas, un
gran monumento que quede. Está en esa
deuda con quienes lo admiramos, Espere­
mos sin titubeos, seguros en la anunciación
que todos estos cuadros presagian.
D a m iá n C arlos B ayon

JORGE LARCO
de mirada rápida, incisiva y
penetrante. Una sensibilidad muy des­
pierta lo lleva a poder sentir los menores

J orge L arco

114

��B a t t i .k P l a n a s :

Luis

Se o a n l :

El

Pastor.

J a s 'm ecunism os clel n ú m e ro .

�accidentes del paisaje, los más mínimos
repliegues del carácter en un retrato, ins­
tantáneamente y a dejarlos reflejados como
color y como forma. De su pincel a su
sentir hay un camino ininterrumpido: la
emoción que ha penetrado por sus senti­
dos todos, se transmite como una descarga
eléctrica a lo largo del brazo y de la mano
y su vibración llega integra y con toda su
fuerza inicial hasta la punta misma del
pincel teñida con el color preciso. Y esta
punta —como la de un sismógrafo— deja
registrada sobre el papel o la tela la con­
moción interior que ha sentido el artista
frente a las cosas.
Cuando así ocurre —como en la última
manera— J orge L arco es un gran pintor.
Su riqueza interior se lleva bien con su
saber pictórico. Hay muchos artistas frus­
trados por esa falta trágica de adecuación
entre lo que se siente y lo que se expresa.
A algunos les sobra sensibilidad, a otros
técnica. En él ambas fuerzas se dan equili­
bradas. La sensibilidad inicial ha perse­
guido la obtención de medios que le per­
mitieran florecer plenamente. Creemos que
Larco la descubrió primero en la acua­
rela. En los óleos trataba de obtener una
construcción más sólida que lo encarcela­
ba. Ahora, sin perder el ostinato rigore
que impone siempre el óleo ha logrado
una soltura que antes no tenía. Esa li­
bertad del canon fué la que logró Soutine,
es la que ha logrado también, para su
fortuna, Jorge Larco.
Sus desnudos femeninos de hace pocos
años nos parecen fríos frente a esta nueva
expresión. En cada caso tiene la capacidad

de invención de la pincelada o el empaste
que va a utilizar. Y no llega a amane­
rarse en un descubrimiento feliz, sino que
sigue renovándose incesantemente.
Con esa tendencia instintiva que tene­
mos todos a echarnos de bruces sobre los
cuadros y que los soi-dissant entendidos
censuran (sin saber que en la pintura
como en el amor los rostros se deben
mirar de lejos y de muy cerca), con esa
buena mala costumbre descubrimos en los
óleos de Jorge Larco un verdadero cosmos
con sus distintos sistemas solares, sus es­
trellas errantes, sus cometas. De pronto el
empaste llega a aplastarse no queriendo ser
más que un color anegado, un extraño
malva, un gris, un rosa. Sólo un color, casi
sin brillo y sin materia. Y de pronto unas
pinceladas se erizan como víboras cargadas
de sustancia cromática plena y hermosa:
el carmín del traje de un torero, un vio­
leta en sombras dinámicas entreveradas de
otras pinceladas menores —ramas de? mis­
mo árbol— divergentes, aparentemente
contradictorias, que en el conjunto forman
un todo armónico y de una tremenda
lucidez.
Esto con respecto al óleo. En la acua­
rela no hay tanto goce de la materia
como materia en sí, el vehículo expresivo
es más aéreo pero queda la forma siem­
pre triunfalmente libre, queda el color,
modulado en todas las gamas desde lo
triste de un nublado a un sol detenido en
un cénit azul. Además en la acuarela,
Larco sabe como nadie utilizar los secretos
del papel mojado y seco. Primero mancha
con unas amplias difusiones que parecen

117

�casuales y son de gran sabiduría, y, luego,
con pinceles finos y ya seco el papel, di­
buja y construye. Superpone arabescos que
ligan perfectamente con las otras manchas
más dulces. Da arquitectura a lo que era
sensibilidad, ablanda y humaniza lo que
podría ser demasiado construido o riguro­
so. En el justo medio de lo firme y lo
sugerido puede pintar acuarelas como las
vistas del Golf de Madrid, de colores se­
cos: verdes y grises; o sierras peludas de
piquillines, con sus arbustos espinosos bajo
un azul vacío, con sus remansos de un
poquito de agua entre las piedras. Hay
sierras cuyo reborde se pasa al cielo, con
esa cualidad que solo puede dar la acuare­
la, hay sombras cortantes como un filo,
el quicio oscuro de una puerta, el ángulo
de una casa. Y hay otras formas —unas
gallinas blancas en un corralito— que son
y no son. Fantasmas de flores y pájaros
que ya se mueven de tan sugeridos. Mi­
ramos con avidez unos admirables gira­
soles, tememos que al darnos vuelta ya
hayan desaparecido, tan ciertos eran en
su irrealidad.
Pero las acuarelas que más admiramos
aquí son las que nos recuerdan los dibujos
a la aguada de los chinos. Larco nos
asombra con unas difíciles y abstractas
manchas de unos pajonales, unos pajona­
les casi informes, plenos de color agrisado,
de masa vegetal confusa en que todo está
casi dicho rehuyendo facilidades especta­
culares. Con agua, color y unos pocos
trazos construye su realidad individual,
la sostiene y le da coherencia.
óleos y acuarelas de España y de aquí.

Decir que unos y otros se reconocen a sim­
ple vista es su mejor elogio. Porque aquí
no hay folklorismos fáciles ni recetas. Hay
interpretación psicológica de un paisaje,
de una luz. Ni la españolada en la que
nunca podría caer Larco que es casi tan
español como argentino, ni el cordobesismo de affiche al que desgraciadamente es­
tamos acostumbrados en otros pintores de
las Sierras.
Desnudos, retratos, toreros, paisajes. Ca­
da uno en su órbita propia. Con su téc­
nica adecuándose al tema, con su nervio­
sidad, con su sazón justa en el color.
D a m iá n C arlos B ayon

JUAN CORRADINI Y BOB GÉSINUS
C orradini ve la naturaleza a través de
un lente de exquisita delicadeza que deja
traslucir al pin to r europeo y a l hombre
de espíritu refinado.

Sus acuarelas aunque tengan carácter
de bocetos —más acentuado en Las lagu­
nas, Miraflores, Pampa de Amanecer— su­
peran el apunte; hay en ellas un sentido
más universal, más perdurable, pues cap­
tan el verdadero significado del tema, ya
sea éste Casa de campo, Rocas, Sandias o
Lagunas.
Consigue mediante pocos trazos carac­
terizar el paisaje, convertirlo en algo ágil
y aéreo, prescindiendo de detalles y de
anécdotas que siempre van en detrimento
de la concepción formal.
El color parece salir de adentro de la

118

�forma como si estuviera enraizado en
ésta; la expresión más acabada se diría
que está en aquellas acuarelas en las que
ha refrenado una cierta pasión colorística,
manteniendo las pinceladas en esa línea de
finura que es la que da la tónica de
esta exposición.
Se anota una cierta influencia de Cé­
zanne, influencia al parecer ya superada,
pues su actitud frente al modelo, a dife­
rencia de la del maestro, no es tan inte­
lectual como sensible. Sabe dar a la forma
su expresión y al conjunto lo que otorga
a cada objeto en particular, haciendo de
la sensibilidad su medio expresivo.
El Caballo es verdaderamente una obra
notable desde todo punto de vista; la con­
cepción alejada de todo detalle se crista­
liza en formas fuertes y resueltas. Repre­
senta aquí lo esencial de una estructura
formal y hace de la síntesis un vehículo
más para conseguir captar el significado
íntimo del modelo. Sobre todo esto se
desprende de esta obra el refinado sen­
tido del color del que hace gala Corra­
dini y que está presente en todas sus
acuarelas como algo innato al artista, co­
mo algo que aflora desde muy adentro.

atrevimiento de los fauves, pero en la lí­
nea de éstos, aunque se mantiene siem­
pre dentro de una técnica fundamental­
mente impresionista. Se vuelve audaz con
el color —tema esencial— que se posesiona
de sus telas, y que salta vibrante y vio­
lento de las formas construidas con ma­
teria densa y nutrida, con empaste acei­
toso. Toda su fuerza emocional se vuelca
en la sustancia y en el color con los que
consigue acabadas armonías formales; con­
vierte así la representación en un juego,
de relaciones que hace pasar el tema a
un segundo plano.
En las flores es donde el artista se su­
pera, pues el tema de por sí justifica
el uso de los colores puros que en otros
casos es quizás un poco excesivo y que
aquí emplea con todo el acierto, con toda
la armonía de un buen colorista. Apoya
casi siempre las flores en fondos de extra­
ño sentido lírico en los que ventanas
abiertas hacia el infinito, invitan al es­
pectador a sumergirse y perderse en él.
(G alería V ia u .)

(G alería A n tú .)

L ía C arrea

ROBERTO TERRACINI

Sensibilidad medida, retina ágil, senti­
con agilidad los mentalismo cuidadoso del objeto, langui­
elementos plásticos que entran en la com­ dez desangustiada de tono lejanamente fi­
posición de sus telas y que en sus manos nisecular. De aquí la forma, fina, esbelta,
se vuelven flexibles, se ajustan a lo que temblorosa bajo su malla de grises, des­
quiere expresar.
envolviendo la vibración varia de sus per­
Deforma con gran sentido inventivo, files, quebrándose en ejes oblicuos que
con proporción y equilibrio sin llegar al irradian por ella su carga dinámica, sos­
B ob G ésinus m aneja

119

�tén de un momento cualquiera, efímero
—porque no puede ser sino un tramo de
la acción total—, inteligible y directa, sin
madejas ni laberintos su apenas melan­
colía. Pues pese a las ofensivas de van­
guardias que han ido diciendo su pala­
bra ansiosa en este primer medio siglo,
en Terracini el naturalismo mantiene sus
fueros. Y si hay una síntesis que huele
a moderno en un cabello que cae como
una masa única, en brazos y piernas que
recortan como ramas vivas el vivo espa­
cio actuante y acentuado, los botones de
una blusa, los pliegues desmayados de
un ropaje borran toda sospecha denun­
ciando su fidelidad al objeto y sus resa­
bios clasicistas. La Italia romana y rena­
centista pesa quizás demasiado sobre este
escultor que no llega a legitimizar su
ojo clásico sobrepasando la determinación
de tiempo. Alguna vez podría creerse que
la transposición queda en reproducción.
Alguna vez el sentir clásico parece helar­
se en lo externo y anecdótico. Pero nin­
gún reparo podría amenguar el encanto
de figuras como la suave Meditación, Canéfora o Muchacha peinándose. (G alería
M üller .)
A ngelia B eret

NUEVOS VALORES
Apenas traspuesta la entrada, estos cua­
dros de Nuevos valores de la pintura
actual dicen plenamente de una sangre jo­
ven, un color encendido, un mensaje irre­
primible. No son otra vez los mismos

caminos trillados; hay la inquieta bús­
queda de otras rutas, la fresca sed de
otros modos de expresión. Legítimo in­
tento, por cierto, puesto que extraña el
imperio de un mundo nuevo que ya a
nadie se le antoja desoír.
Una Figura rotunda y plena —que ex­
pone L eopoldo P resas— es el arabesco he­
cho mujer. Arabesco que persiste en el
color y ritmo que rompe el fingido esta­
tismo para violar la sustancia con la bri­
llante cadencia que recorre los brazos en
alto, el aro pajizo del sillón, la ojiva de
los muslos y penetra hasta las formas
abstractas. Presas ha pintado esta tela
con el fuego del talento.
La inexorable psicología revela sus ha­
llazgos en Cabeza de J ulio B arragán . En
su pintura, el color es acre, la materia es
áspera; pero por el camino de dos man­
chas blancas, apenas un cuello y un puño,
el ojo se adentra en la forma y retorna
conmovido. Y esto, mientras Barragán só­
lo tiene veinte años... Tampoco en Si­
món F eldm an el color —engañosa nota
detectora— grita su juventud, pero los pro­
blemas que dilucida y las formas que
somete denuncian un voluntad nueva.
Buscando la fragmentación en planos
traduce con viva intuición su Calle de los
cines— problema de composición—, y Fi­
gura con moño rojo —problema de forma y
color— con sugerente emotividad.
B runo V enier , el más osado, siente el
futurismo y el cubismo, y así se afana en
lograr los sustitutivos plásticos que con­
formen su modo de la realidad. En Estu­
dio puede gustarse sin misterios el juego

120

�de luces naranjas y amarillas con verdes
y rojos saturados, y unos cercos negros en
arabesco que limitan y construyen las for­
mas, en tanto que en Calavera, si bien
con luces y formas fragmentadas, se res­
petan los colores locales para refundirlos
en el espejo que volcará su luminosidad en
el libro abierto sobre el primer plano. En
Pan y jarra, violetas y amarillos sobre un
fondo uniforme aunque vibrante de ver­
des y rojos, logra con rara conjunción
otro difícil cometido.
Esgrime Luis L usnich una materia seca,
un dibujo de síntesis, un color frío para
potenciar sus figuras de un clima espiri­
tual que las proyecta con suma expresivi­
dad. Su Figura de chica —de factura unida,
color sobrio y sentido hasta, el verde oliva
de la cabellera, volumen apenas sugerido
bajo el delantal azul claro, y apuntes grá­
ficos que denuncian amor al plano— y su
Naturaleza muerta en que conduce las
formas en fuga de la incipiente sombra
de los primeros planos a la gran claridad
del fondo —con color más fresco, síntesis
más aguda— revelan en Lusnich a uno de
los valores más promisorios.
S im o n etta M orpurco y E olo P ons apor­
tan sus paisajes y escenas urbanas de color
fresco y materias expresiva. Y mientras la
define las formas sin precisar, construye
primera —su mejor tela: Ancona 1946—,
por franca oposición y en seguida por
modulación del color tan joven que los
mismos ocres se enardecen en súbitos
arranques, Pons —en sus Paisajes de Purmamarca— traza pulcramente sus masas de
color, geometriza las montañas, abunda

en detalles y varía las tintas planas, para
acusar un acierto cuando establece los ejes
de la composición mediantes ramas des­
nudas o postes verticales.
F elisa Z ir , audaz en el enfoque, atre­
vida en el color, anota con Niña su in­
tento más logrado, recurriendo a una pin­
celada jugosa, materia expresiva y color
osado como en la cabellera pelirroja de
Figuras. Luis C enturión elabora sus temas
atendiendo a la deformación, el dibujo
que sintetiza, la línea en arabesco que
acentúa las curvas pero sin imprimir un
movimiento que el trazo de sombra des­
echaría.
Si he analizado tan suscintamente las
obras, sin rozar con una alusión ese bra­
zo que avanza quebrado hacia la luz o
esa otra mano pronunciada con el recurso
fácil de una sombra ajena, el excesivo
apretujar de cosas o una construcción tem­
blequeante, una intención pictórica des­
provista de unidad o una deformación sin
valor expresivo, compréndase que no he
querido marchitar en mi crítica esta fresca
muestra de lo que pueden dar los pintores
jóvenes, con ese desmenuzar del análisis
y recomponer de la síntesis que, si es
muy cierto que puede madurar y hacer
perdurar la emoción, también la enfría.
(G alería Sintonía .)

121

C lar a D ia m e n t .

�F lavio R osende de C arvaliio expone
dibujos, acuarelas y óleos en la Galería
Otra vez Soldi, P olicastro y C astagni- Viau. Toda su obra en general es de gran
no , reunidos los tres en el Salón de Sin­
originalidad, y ésto, que no es un valor
tonía, oponiéndose en sus valores, desta­ de por sí, tiene importancia en una época
cándose en el contraste, al enfrentarse las de recetas y de ismos. Algún resabio pidistintas fuerzas que los guían.
cassiano puede quedar en los dibujos, pe­
R aú l Soldi crea siem pre un m undo
ro ¿quién se libra de imitar aunque sea
sonriente de ensueños, al dejarse llevar
sin querer al máximo inventor plástico
librem ente p or su im aginación. En Chica
de nuestro tiempo? Sus retratos, sus ros­
enhebrando la aguja m uestra toda la sol­ tros están como tironeados por unos hilos,
tura que es capaz de dar a sus formas,
por unas rayas negras que se desmadejan,
toda la gracia qu e pu ed e pon er en un
que se anudan en la boca y nos crean
pañuelo, en unos cabellos, o aún en una
una dinámica angustiosa. Los retratos de
fina hebra de hilo, toda la delicada e x ­
su madre moribunda nos parecen de los
quisitez de su color. Por esto apena que
más fuertes (aunque repudiemos esa falta
denote a veces cierto apresuram iento en
de pudor ante la intimidad y la muerte).
el acabado de sus telas.
Sus acuarelas, dejando secar cada mancha
P olicastro , al igu al que. Soldi , rom pe
y trabajadas sobre un papel muy liso y
sus form as sin recom ponerlas plásticam en­
poco poroso, son hermosas y muy atinadas
te; pero es distinto el prin cip io qu e lo
de color, como las dos vistas del Cuzco y
anim a, pues él persigue, más bien, una
algunas tropicales a la sombra de grandes
emoción dram ática, busca la expresión de
arboledas. Otras en que hay lápiz y man­
un sentim iento hondo, que dice con su
chas de acuarela ya son caóticas y pre­
materia cargada, con su color espeso, de
tenden mucho sin decir casi nada. Es el
tintas bajas, en los tonos de la misma tie­
peligro de toda esta pintura. Está al bor­
rra dolorida, tenebrosa, desgajada, que
de de la disociación total; por eso los óleos
pinta.
no son más que bravatas de color con
C astagnino lleva aún más lejos la des­
poca construcción, sin casi dibujo. Y un
trucción de las form as, y con esfuerzos
color para colmo amontonado en una
el espectador recom pone las imágenes.
pasta opaca que forma verdaderas cor­
Muchacha de barrio, de sentida expresión dilleras generalmente muy poco expresivas.
lírica, es la única figura que expone; a p a­
De los óleos apenas dos o tres podrían
rece más construida, m ejor estructurada,
salvarse, uno de ellos (sospechamos anti­
pero el resto, todos paisajes, resulta hasta
guo) impresión nocturna de una gran
caótico en la búsqueda por la exaltación
ciudad y algunas flores no tan exacerba­
dinámica del color.
das, más inventivas, a lo Odilon Redon.
Queda un dibujante y un acuarelista po­

A P O S T I L L A S

122

�tente y expresivo, de imaginación y fuer­ tro y que es ya un clásico de la propa­
tes acentos originales. No queda un pin­ ganda contemporánea. A su lado figuran:
tor completo con un idioma propio y R avo , con una graciosa esponja de goma,
algo que decir en ese idioma.
D eronet con un delicioso marroquí fu­
mando. D elpy con su aviso de una Expo­
D. C. B.
sición del Teatro. En todos ellos se ve
una intención de ironizar que no hay ca­
e
si en C assandre, el. lírico que supo inven­
tar ese Angleterre (a secas) con maravi­
En Kraft se realiza una Exposición de llosos prados verdes y dos caballitos pa­
originales de Affiches Franceses^ Contem­ ciendo.
poráneos. Más difusión debía tener una
K i f f e r es un retratista, un caricaturista
muestra tan interesante como la presente. al revés, que sabe dar a los ídolos (Edith
Nuestros dibujantes podrían aprender si Piaf, Maurice Chevalier) ese rostro de
no fórmulas al menos una actitud seria y simpatía que la gente ve en ellos. Savigsiempre original ante el problema de la nac ha compuesto un alegre cartel para
propaganda. Llamar la atención, sí, pero Ubu Roí la famosa obra de teatro que
poniendo además un fuerte sentido artís­ tanto revuelo causó en su tiempo. Y Loutico al servicio de lo que se quiere anun­ po t ha creado para Coty un affiche tan
ciar. En el campo de mejorar práctica­ entonado, tan sabio que una sola boca de
mente el standard estético del hombre de mujer y un color crean una sensación de
la calle se hace más con una cuchara o perfume que se expande... Pero también
una heladera bien diseñadas, con un exce­ hay tragedia en los avisos dé Francia, y
lente affiche que acaba por metérsenos entonces hay que citar el magnífico y
en los ojos de tanto verlo, que con con­ patético de P a u l C olín (el otro grande)
ferencias teóricas sobre lo que debe ser llamado: Varsovie acense que tanto con­
trasta con su alegre gallina de pascuas de
o no en arte.
El nombre máximo, el del pontífice de la Lotería Nacional. Citemos a Sepo : ex­
la propaganda, es el de C assandre ya cé­ celente, a R ene M ery cuyo L’echo de Nor­
lebre desde hace muchos años y de quien mandie es una de las mejores piezas ex­
se acaba de editar en Suiza un magnífico puestas y el sugeridor, el admirable affi­
volumen con reproducciones en colores che, de la playa, de Fix M assf.a u : dos
exactamente como si se tratara de un colores que se funden, la lejanía, un cara­
gran pintor más. Y lo es sin duda, pese a col... y nada más, pero todo está dicho.
que aquí no tenemos la suerte de ver su ¡Y cómo!
aviso del Normandie, o el del Étoile du
D. C. B.
Nord, pero en cambio está el hombrecito
de Dubonnet, tan célebre, tan amigo nues­
123

�miscelánea
• París es el centro del arte que era desde antes de las Guerras. En se­
tiembre se realizó una retrospectiva de Utrillo y el Salón de Otoño con
muchos concurrentes; para más adelante se anuncian; una exposición de
tres siglos de arte de Alsacia y Lorena, una gran muestra de Longkind y
dos de Gauguin recordando su centenario, una en la Orangerie, otra que
recorrió los países escandinavos con gran éxito, no se sabe todavía dónde.
Como si todo esto fuera poco para tentar al espectador el Museo de Arte
Moderno también anuncia una retrospectiva de Marquet y en el Petit Palais se disponen a exhibir las piezas importantes de la famosa Pinacoteca
de Munich.

c

• La hermosa revista suiza DU dedicó su número de octubre a Paul Klee. Es un
verdadero homenaje, respaldado por sus excelentes refnoducciones, muchas de ellas en
color, algunas poco conocidas, y más aún por las más variadas colaboraciones, que se
componen de muy logrados trabajos interpretativos de plumas tan destacadas como
las de Hausenstein, Zahn, Max Huggler, Ueberwasser, etc. Además enriquecen este numero de DU recuerdos personales de Félix Klee, hijo del artista, de compañeros de
escuela y del escultor alemán Alexander Zchokke, que cuenta la historia que rodea a
un busto que él hizo de Klee. Hay además una verdadera fuente de material biográfico
fresco, inmediato y tan desconocido como el mismo Klee. Muy interesantes interpreta­
ciones grafológicas de cartas escritas por Klee, un etéreo y hermoso poema de Paul
Eluard dedicado a él, y criticas, favorables y entusiastas las más, y negativas las tem­
pranas, que se escribieron durante sus 40 años de obra y creación artística complementan
este soberbio número.
e Ha sido emplazado en los jardines del Ministerio de Educación de Río de Janeiro
el grupo escultórico: Juventud Brasileña, obra del escultor Bruno Giorgi. El citado Mi­
nisterio es obra de los hermanos Robertos, tres de los más destacados arquitectos bra­
sileños, sobre una idea básica de Le Corbusier. Los jardines sen realización del proyecto
del paisajista Burle Marx cuya fama ha salvado ya la frontera americana. De este
grupo de granito gris, la revista Architeclural Review dice en su número de octubre:
“...ya sea vista esta obra como un elemento de unión entre las arquitecturas del

124

�siglo XVIII y la del XX; ya como un incidente dramático en un horizonte, ya de por
si dramático; como un brote orgánico en la rgularidad matemática de la arquitectura
moderna; o como motivo que da un énfasis de dirección a las curvas serpentinas de
Burle Marx; lo que principalmente simboliza es la vuelta de la escultura desde los
museos otra vez a las calles y jardines que es donde debe realmente estar”.
• El gran arquitecto francés Auguste Perret, primero en el mundo en usar el hormigón
armado para construir una casa de pisos (París, 1S92), acaba de recibir la Medalla de
Oro del Royal lnstitute of British Architects, medalla que le fué entregada en persona
por el rey Jorge VI.
• En el museo de Wiesbaden se expuso hace pocos meses la Colección Haubrich
que abarca las múltiples facetas de la pintura expresionista nórdica, incluyendo también
algunos de los pintores que figuran a la cabeza del posterior movimiento de la Nueva
Objetividad, entre ellos Otto Dix y Schrimpf.
Dr. Haubrich, abogado de renombre, coleccionó valiosas obras de pintores como
Nolde, Franz Marc, Schmidt-Rottluff, Pechstein, Kokoscrka, Jawlensky, Fcininger, Chagall, Ensor, Xaver Fuhr, Hofer, Beckmann y otros con una personalísima visión, y se
le considera y estima hoy como uno de los conocedores más profundos del arte moderno
en Alemania. Su colección creció a través de varios lustros bajo el signo de amorosa
comprensión y profundo entendimiento, alimentada por sus vínculos estrechos y amis­
tosos con la mayoría de los pintores en ella representados.

® Derain, el inolvidable autor de la escenografía de la Boutique Fantasque, vuelve otra vez con entusiasmo al ballet, presentando en París una

creación propia en la que realizó no sólo los decorados y trajes, sino tam­
bién el libreto y el baile.
La música es la de una antigua melodía.
• En un suplemento dominical del New York Times la Editora Asociada de Arte
Miss Aliñe B. Louchheim escribe un artículo sobre arte abstracto no muy profundo,
pero al nivel medio del lector norteamericano que —fuerza es confesarlo— se preocupa
mucho más que el lector medio argentino por la marcha del arte de su tiempo, ya sea
para ponerse en pro o en contra pero rehusando la pasividad, que es la que más ofende.
La autora califica al primer cubismo como variedad de jardín (dentro de la familia
abstracta) y al movimiento cuyo líder fué Pier Mondrian, como variedad de invernadero.
Opone este últim grupo de la Escuela Rígida o de la Regla T, al más flúido y flotante
de Kandinsky que vendría a ser la variedad Rítmica o Intuitiva. A Joan Miró que se
niega a caracterizar a su arte como abstracto propone llamarlo el Taquígrafo de la
Pintura, pues stis signos connotan realidades transpuestas sobre la tela de manera abre­
viada.

125

�En suma: una actitud respetuosa y simpática tratando de aclarar un término como
el de abstracto, esencialmente confuso y contradictorio.

• Copiamos de una carta que hemos recibido de España el siguente sa­
broso párrafo: “ ...nuestros arquitectos se están dando cuenta, un poco
tarde, de que estamos muy atrasados y que no podemos seguir copiando
indefinidamente a Herrera; que los que creían que la expresión de la
arquitectura nacional consistía en hacer cubiertas de pizarra con unas
bohardillitas, y muros de ladrillo con cercos de piedra en los huecos, ahora
dicen que es necesario seguir la marcha del tiempo, y, lo curioso es que
uno de los principales propulsores de esta virada en redondo es el autor
de los más triste y anticuados edificios: el del Ministerio del Aire, que
aquí por broma, llamamos: Monasterio del Aire”.

e Pese a las noticias alarmantes que vienen de Europa el Viejo Continente sigue dan­
do muestras —por suerte— de una recalcitrante juventud. La Bienal de Venecia ha sido
un tour de forcé admirable (matizado con las quejas, protestas, insultos de Giorgio de
Chirico). Del 25 al 28 de agosto se realizó en lo que hoy es territorio polaco en
Wroclaw (la Breslau de los alemanes) un Congreso al que asistieron artistas, críticos
y escritores de toda Europa, entre los cuales estaban Picasso, Huxley (la noticia no
dice si Julián que preside la Unesco o Aldous), Haldane, Vercors, etc. En Ginebra en
setiembre se reunieron cuarenta escritores para discutir el Arte Contemporáneo. Entre
los oradores figuraban: Jean Cassou, Thierry Maulnier, André Bretón, Charles Morgan,
Elio Vittorini y Gabriel Marcel. Para los derrotistas Europa está acabada, para los
que no lo somos sigue dando al mundo un ejemplo de entusiasmo y de fe.
® Sverige Nytt trae la noticia que el Museo Nacional de Suecia ha en­
cargado la impresión a todo color de las más representativas litografías
de once conocidos pintores suecos, por valor de más de 40.000 coronas
suecas. Estas reproducciones serán destinadas a todas las oficinas públicas
y especialmente a las legaciones y oficinas del servicio diplomático sueco
en el extranjero, entre ellas en Addis Abeba, Lisboa, Pretoria, Reykjavik,
Río de Janeiro etc. Es una nota simpática y una manera discreta y gentil
de difundir el conocimiento del arte de Suecia.

126

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uno puede leer o realizar
otras tareas visuales du­
rante horas y horas, sin
experim entar cansancio ni
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Número suelto: 1.80 pesos nacionales.
N? 9: aparecerá en Abril de 1949.

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9-26 noviembre: JUAN León PalliéRE (litografías).
GALERIA A NT Ú
29 noviembre -30 diciembre: PINTORES Y ESCULTORES ARGENTINOS.
G A L E R I A MÜ L L E R
15-27 noviembre: Sala I: Elena B. DE Galli (pintora); salas II y II: JOSÉ
Benjamín H eredia (grabador); sala IV: Amelia Bonano (ceramista);
salas V: RETRATOS DE MAESTROS ANTIGUOS; sala VI: REMBRANDT y DURERO
(grabados); sala VII: Tapices antiguos.
29 noviembre -13 diciembre: VIII EXPOSICIÓN de los trabajos efectuados en
la Escuela N acional de Cerámica.
GALERÍA SINTONIA
15 noviembre-6 diciembre: Carlos García González (escultor); Rafael
Fernando Squirru (pintor).
G A L E R I A V A N RI EL
8-20 noviembre: ARTE POPULAR YUGOESLAVO.
22 noviembre-4 diciembre: X Salón DE MÉDICOS organizado por la Aso­
ciación Médica de Cultura Artística.
GALERIA W1LDENSTE1N
15 noviembre - diciembre: Sala I: F. ZUCCARELLI, Italia 1702-1788: La fuite
en Egypte; Blain Fontenay, Francia 153-1715: Instruments de musique:
L. Ledoux, Francia 1786-1852: Eemme au chien\ M. Luce, Francia 18581943: Quai a Bercy: Antonio Esquivel, España 1806-1857: La bailarina
Josefa Vargas; sala II: G. BARBIERI, Italia 1591-1666: Retrato de Mons. Pío
Josefa Vargas; sala II: G. BARBIERI, Italia 1591-1666: Retrato de Mons. Pió
di Reggio; FrancOIS Boucher, Francia 1736-1799: La Gloria coronando la
Musa de la pintura: Antoine Coypel, Francia 1661- 1722: Neptune, Diane
et Nimphe: FRANgOls Clouet, Francia 1510-1572: Portrait d’homme: TA­
PICERÍA Francesa, siglo XVI; Juan Boldini, Italia 1845-1931: Place Pigalle: Charles D’Aubigny, Francia 1817-1878: Paisaje con patos.
G A L E R I A W 1 T C O MB
15-17 noviembre: Teresa Casadó de Gómez (pintora); Foto Club Ar­
gentino; Margarita Castro (encuademaciones).
SALÓN KRAFT
22-30 noviembre: EXPOSICIÓN DE PINTORES INGLESES organizada por la
Sociedad Británica.
1 -8 diciembre: AFFICHES ARGENTINOS.
S A L Ó N P EUS ER
1-15 diciembre: Salas 1 y 3: JOSÉ ALBERTO LE PERA (dibujante); Salas 2
y 4: Salón Tout Petit.
LIBRERIA I T AL I ANA SAN MARCO
24 noviembre-12 diciembre: N iño CAFFÉ (pintor).

�VER
Y ESTIM AR
C U A D E R N O S DE C R I T I C A
ARTISTICA
DIRECTOR

JORGE ROMERO BREST

CON LA COLABORACIÓN DE SUJ DISCÍPULO»

SUMARIO
Rafael Alberti y la pintura.

ISOLINA GROSSf

•

A Gauguin (Para Ver y Estimar)
R afael A lberti
Sentido del símbolo en el arte de Paul
Gauguin.
J o rg e R o m e r o B rest
Camino de la observación: Vida y obra
de Paul Gauguin.
A ncella B eret
Gauguin: coincidencias
I.
C l a r a D ia m e n t
II.
I s o l in a G r o s s i
III.
L ía C a r r e a
IV.
B l a n c a St á b il e
V.
D a m iá n C a r l o s B a y ó n
Paul Gauguin y el expresionismo.
R o d o l f o G. B r u h l
f* Inventario: Paul Gauguin en Buenos
Aires
R aquel E delm an
Bibliografía gauguiniana
A lfred o E . R oland
R. G. B.
•

Critica:
Arte belga contemporáneo.
A m a l ia J o b
3 Colección Crespo. R o d o l f o G. B r u h l
XXVIII Salón de Rosario
J o rg e R o m e r o B rest
Premio Palanza
C l a r a D ia m e n t
7 Tres escultores. J o r g e R o m e r o B r e s t
Luis Seoane.
R aquel E delm an
Juan Batlle Planas.
Jorge Larco D a m i á n C a r l o s B a y ó n
Juan Corradini y Bob Gésinus
L ía C a r r e a
Roberto Terracini
A n g e l ia B e r e t
Nuevos valores de la pintura actual.
C l a r a D ia m e n t
Apostillas:
Soldi, Policastro y Castagnino. R. E.
Flavio Rosende de Carvalho. D. C. B.
-- Exposición de affiches franceses con­
temporáneos.
D. C. B.
"

o

Miscelánea.
Tapa: Maruru - Grabado de
G

a u g u in

.

Paul

Volumen II, Nos. 7 y 8 - OctubreNoviembre de 1948.

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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Ver y Estimar : cuadernos de crítica artística</text>
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                <text>Vol. 2, no. 7 - 8</text>
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                <text>Grossi, Isolina&#13;
Alberti, Rafael&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Beret, Angelia&#13;
Diament, Clara&#13;
Carrea, Lía&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Bayón, Damián C.&#13;
Bruhl, Rodolfo G.&#13;
Edelman, Raquel&#13;
Roland, Afredo E.&#13;
Job, Amalia</text>
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                    <text>H

Año I + Núm. I

L I T E R A T U R A

-

C R I T I C A

-

ARTE

•

Buenos A ires, Diciembre d e 1 9 4 4

LA FUNCION SOCIAL
DEL ESCRITOR
En la sesión de^ día 7 de septiembre de 1956
del X IV Congreso Internacional de los P. E. IdClubs celebrado en Buenos Aires, el escritor fran­
cés Georges Dvhamel, en su calidad de Huésped
de Honor,,pronunció el discurso del cual reprodu­
cimos el siguiente fragmento.

E

IC A R O
Dos últimos cuadros de Raquel Forner

O

N TR £ todas las funciones que un
hombre puede desempeñar, llamo
función social a aquella por la cual res­
ponde a alguna necesidad de la sociedad.
Absorbidos por las preocupaciones y
los trabajos de su función personal, la
mayor parte de los ciudadanos, en una
sociedad normal, no tienen ni el deseo
ni el tiempo de conocer el mundo, en
el sentido filosófico y poético de la pa­
labra, ni de expresar en una lengua in­
geniosa la sustancia de sus descubrimien­
tos. Se entregan voluntariamente al es­
pecialista, es decir, al escritor que, en
la medida de su crédito, se encuentra co­
misionado para realizar estos actos de co­
nocimiento.
Un escritor realiza, pues, en mi opi­
nión, su función social, cuando nos ayu­
da a comprender mejor el hombre y el
mundo, cuando se contrae, según la
fórmula de Paul Claudel, a "'transfor­
mar lo desconocido en conocido” , cuan­
do es verdaderamente un descubridor, un
inventor, un liberador, ya sea que esta
facultad de liberación se ejerza inme­
diatamente sobre los seres, los aconteci­
mientos, ios fenómenos, o mediatamente
sobre los pensamientos y las obras de un
hombre, de un pueblo, de una civili­
zación.
Semejante función, que, desde el ori(Continúa pág. 11)

)

UNA

i

i

I
ü

CUESTION

f^ reem o s fríam ente, sin apasionamiento, o al menos con un apasiona-

AMANECER - ICARO. Por Raquel
Forner.
LA FUNCION SOCIAL DEL ES­
CRITOR. Por Georges Duhamel.
UNA CUESTION DE TONO.
ENCARO AL COMPADRITO Y SU
ALMA. Por Fernando Guibert.
LOS CUENTOS CRUELES DE
SALVADOR IRIGOYEN. Por León
Benarós.
LA MUERTE EN EL MERCADO.
Por Luisa Sofovlch.
A MARTIN NOEL. Por Fernández
Moreno.
ES TRISTE. Por Arturo Horacio
Ghida.
TRES SONETOS A UN PAISAJE
LEJANO. Por Miguel D. Etchebarne.
CANCION. Por Juan G. Ferreyra
Basso.
INTRODUCCION AL MUNDO MI­
NERAL. Por Héctor Rer.é Lafleur.
TIERRAS DE LA MEMORIA. Por
Fellsberto Hernández.
EL TEATRO DE SAMUEL ElCHELBAUM. Por Roger Pía.
LOS TRABAJOS DE LOS DIAS.
• CONCIERTO SINFONICO. Por E.
D’Arte.
ALGO SOBRE GIRAUDOUX. Por
Alejandro Denis-Krause.
LA INTELIGENCIA Y LA VIDA.
EL COMBATE DE SAN LORENZO.
Por E. F. Rubens.
REDADA DE LOS TEATROS IN­
DEPENDIENTES. Por César Fer­
nández Moreno.
LO QUE ES Y LO QUE NO ES.
REFERENCIA A GRANDES PRO­
BLEMAS. Por S. A. Radaelli.
ESPEJO DE LECTURAS. Por Tris­
tón Fernández.
TRES NOTAS. Por Elias Pitterbarg.
PATIO CORDOBES. Por Clement
Moreau.
ILUSTRACIONES de: J. Heredia,
Raúl Lozza, Fernando Guibert.

^ miento — permítasenos parafrasear una buena frase de U nam uno—
que nos sostiene pero no nos enceguece, que no hemos puesto aun el
pie, en nuestro país, en esa zona donde existe ia suficiente luz, ni poca
ni mucha, para que las cosas puedan verse en su propia medida, en su
presencia más o menos verdadera. Los argentinos tenemos el hábito
de abrir los ojos en la penumbra del desprecio o en la reverberación
del entusiasmo. Y esto, que puede ser tan fecundo para tantas cósase
tiene en lo que respecta a las cosas del espíritu el inconveniente de
que trastorna y falsea toda realidad. Casualmente, nosotros hemos dis­
m inuido la luz para lo nuestro aumentándola invariablemente para lo
ajeno. N o se trata de proceder a la inversa. Buscamos solamente el
graduador de la luz para encontrar la tonalidad que no deslumbra ni
enceguece, la tonalidad que necesita el ojo.
Necesitamos vernos. Creemos que nuestro panorama intelectual
— lo estamos comprobando todos los días, lo estamos palpando— no
ha superado aún, pese a ciertos intentos intelectuales producidos como
un reflejo más de disciplinas occidentales, la etapa del aplauso y el
silbido. Junto a las reacciones impulsivas que predeterminan estas
afirmaciones o estas negaciones rotundas, labora la fría administración
profesional de los elogios, que sustituye el aplauso gritón con la frase
culterana y enfática, el silbido con el silencio solemne y soberbio.
Nuestro mundo literario es el mundo de los asombros inusitados, de
los gestos que se resuelven en éxtasis conmovedores sobre rostros que
antes de resolverse al gesto, tiritaron un instante en la vacilación y
el titubeo. El libro da el tono sustancial a este concierto de voces que
entona el rumor de la manida colmena literaria, y no la vida. Las m u­
sas salen de la biblioteca para pasear en puntas de pie por la calle Flo­
rida, languidecen en un premeditado hermetismo sin oxígeno y sin
motivación profunda. N o escribimos sobre la labor de nosotros mis­
mos, porque nos queda ese provincialismo que consiste en creer que
lo hemos s u p e r a d o para siempre, y somos cursis con la cursilería
que se enmascara en la arrogancia de no tenerla. Pero sabemos bien
que todo esto no es problema de generación ni de categorías sino
de instantes menos discernibles, de responsabilidades no tan fácilmen­
te denunciables. N o creemos que "nosotros, los jóvenes” o "aquellos
otros, los tal y cual” , puedan erguirse frente a nuestra realidad, co­
m o salvadores exentos de toda culpa, como incontaminados reden­

DE

TONO

tores. Menos pretenciosa es la intención de esta revista, por lo mis­
mo que no sale "fu e r a ” de este m undo sino dentro de él, ensayando
una voz distinta, un contrapunto.
Es cierto que todo esto, la puerilidad y la adultez jactanciosa
como caras de una misma medalla, el librismo pedantesco y la igno­
rancia arrogante, conform an un m omento de nuestra evolución espi­
ritual — que las naciones tienen su biología, com o los individuos— no
sólo como Argentina, sino com o Am érica. A q u í puede invitarse a los
h&lt;s#nbres y a los países a arrojar la primera piedra bíblica, y lo sabemos.
N o contrapunteamos pues com o plataforma teórica, com o form ula- »
ción de programa que descansa tácitamente en la afirmación de tal o
cual remedio, o de tal o cual p o s a ra salvadora, de tal o cual infa­
lible redención. Es por esto mismo que C O N T R A P U N T O resulta
de un grupo heterogéneo, donde cada cual parte de su propia y au­
tónoma singularidad. Sólo dos cosas nada pretenciosas y una sola
intolerancia nos vincula. La intolerancia — que por lo mismo que
es intolerante no se toma el trabajo de discutir y pasa a otra cosa— ,
se ejerce para todo aquello que vaya contra nuestro americano m o ­
do de vivir, contra nuestra libertad y nuestra aftsiosa identificación
con las fuerzas que la resiembran en el mundo. Las otras dos cosas,
sumamente vulgares: "u n periódico más” — asi, con todo el sentido
material de la frase— y este intento de graduar la luz que pueda
darnos la justa medida de lo que nos rodea.
Porque es este desconocimiento de nuestros valores captados en
su real estatura, lo que nos duele. Es esta ignorancia del tamaño ob­
jetivo de nuestro pasado inmediato y de nuestros valores contem po­
ráneos lo que nos enturbia la visión y falsea nuestra realidad. Es esto
— y por lo mismo no es generosidad despegada del propio egoísmo sino
útil generosidad— lo que hace posible nuestro desconcierto, este tener
las raíces en el aire, ahora, que según parece las vamos arrancando
necesaria y afortunadamente de aquella Europa que exclusivamente
las nutria. Bureamos, para ellas, su necesaria tierra. Sobre estos fines
prácticos, hemos sabido que tal cosa es posible, discerniendo la medida
real del esfuerzo cumplido entre nosotros. Necesitamos vernos. Y para
ello, sabemos que estamos, más que ante un problema de orden inte­
lectual, ante un problema de naturaleza ética. Valorar — que es lo que
neceritamos
en el sentido más llano del termino implica antes que
(Continúa pág, 11)

�/

Vág.

i

E

2

CONTRAPUNTO

N este mundo pequeño y belicoso, don­
de los hombres forjan como herreros
preocupados eslabón y eslabón de sus des­
tinos, la lucha y la necesidad del coraje
es verdad, porque estando triste iba a
fueron herramientas ayudadoras. El espa­
estar aún más triste.
cio es grande para nuestros huesos y el
La historia inverosímil del compadre
cielo anchuroso para nuestros xleseos, pero
tuvo su comienzo así. La pobreza que
los hombres por una costumbre invetera­
era el retrato marchito de la madre. Igual
da de amontonarse y amontonarse han
el padre. La pobreza que le regateó a sus
hecho^los caminos angostos y los encuen­
huesos y a sus alegrías. Los días de su
tros enojosos y para nuestro compadrito,
su destino estrecho.
El coraje fué naciendo en esta tierra
como los dedos de la mano. Compañero
de la vida y la necesidad vistió todos sus
disfraces y todos sus colores. Se ingenió
con todos los mangos, todos los hierros y
todos los filos se plantó en el suelo de
todas las maneras y en todas las posturas.
Por eso nuestro compadrito, hijo de pue­
blo, también se vistió con el.
Allí se estuvo en la vereda de su calle,
un trozo de eternidad, maullando el coraje
con el pelo erizado, enarcando el lomo ga­
tuno de sus instintos, como quien está
por saltar un charco, que al final saltó.
No nos asustemos si en el irónico es­
pejo del tiempo su figura cambia, desde el
gesto sañudo hasta el visaje, desde la ne­
gra apostura a los desplantes y el remedo,
porque en el tiempo, el compadre se viste
y se desviste con las ropas que le prestan
años y lugares.
■De nuestro encaro quedará un compa­
drito casi sin tiempo, casi sin los detalles
de cada momento y de cada hombre. Sólo
Dibujo de F. GUIBERT
el espíritu compadre, que es como decir el
coraje y la mueca del coraje. Tampoco
niñez fueron flacos y vagabundos. La ca­
contaremos del salto batracio que dió ese
ma también fué flaca como la mesa. Y la
espíritu compadre, desde el arrabal hasta
puerta siempre estuvo abierta a la calle
los niveles más ufanos de la sociedad. Ni
. avergonzada. Eran amigas y enemigas para
como ese espíritu que fué verdad, se vol­
que el comadreo tuviera muchos ojos y
vió cada vez más, letra y estilo, culmi­
muchos oídos. No podemos seguirlo entre
nando en los cartones lucrativos del sai­
los pastos cortos y la polvareda. Baste de­
nete. Antes de decir sobre el compadrito
cir que la poca maestra que tuvo, a quien
o del compadre, que no hacemos diferen­
regalar manzana agria, fueron sus prime­
cias, diremos del alma de sus cosas y de
ras correrías. Fué así que se tuvo que apre­
su paisaje.
tar bien pronto la faja con el mal ejemplo,
M'a Fué en el arrabal, donde creció su des­
y quizás para no llorar de rabia se anudó
tino castigado. Allí las casas eran humil­
muy fuerte el pañuelo a la garganta. La
des, chicas y silenciosas, por ellos se hi­
verüenza o lo contrario le requintó el som­
cieron más chicas y silenciosas, y se asus­
brero en la cabeza.
taron frente a los entreveros. Fué en el
Así corría su vida en la barriada que
arrabal, con sus parecitas y paredones em­
ya era un alma. Hermana resentida por
polvados, que le dejaron rumiar la con­
sus tareas. Límite de carros y de trabajos
goja, el resentimiento o simplemente pen­
duros, era también orilla de destinos su­
samientos pajareros. Esos paredones, que
fridos.
les dieron la espalda a sus espaldas de gua­
Una noche de mates o de Cañas, la ba­
pos éhfundadas como violines. Fué. en el
rriada habló a sus instintos como una mu­
arrabal, de veredas a la buena de Dios,
jer desgreñada. Su voz era bronca porque
que eran tambores para los pasos cacarea­
estaba empañada por la historia de un he­
dores que buscaban la contra.
cho. La historia que era de sangre, era mi­
Todo se prestó para que se hiciera legión
tad mentira porque se trataba de justificar
el compadraje, como un corral de gallos
la maldad o de perdonar un apuro. Eso lo
negros peleadores. Fué la poca salud de
embraveció de golpe como la furia que
los 'faroles. Fué la oscuridad cargada de
día a día juntaba sus piedras. Ese enojo
los terrenos baldíos y las hondonadas. Fué
que había amontonado sin remedio se le
el peligro de las distancias. La noche gran­
volvió de pronto compadrada. Y desde esa
de |a veces seguida de los perros, porque
noche empezó a cuidar el ruido de su
más de una vez la noche fué perra. Fué
nombre.
el interior del almacén que era un ruidoso
La compadrada antes de ser la suficien­
carro sin caballo, esa "esquina rosada” de
cia profesional, la quietud del verdugo, fué
Borges, que se volvió palenque. Era el
sólo crueldad que se había desatado. Casti­
4sebo de los naipes y la sangre de las cañas,
gó a los que tuvo cerca porque no cabía en
éque es como decir la sangre que derramó
tanta sordidez la paciencia. Su mal humor
fia culpa de las cañas. Eran también los
derribó las sillas y las mesas. Golpeó las
patios y la conversación de los patios. Y
puertas agobiadas de pena y levantó mu­
las puertas achicadas por donde regresaba
chas veces la mano. Hizo más su furia
el trabajo rezongando. Todo ayudaba al
cuando levantaba las tormentas de sangre,
; compadraje que nacía del ocio. Las horas
En esos días, por él, la barriada agachó
: alisadas con los mates largos. El cielo tan
la cabeza. De su arrepentimiento, sólo
abierto y la pampa que es el cielo que se Dios sabe. Pero hemos de creer que como
ha caído entre los pastos y que no podía
fué hombre tuvo también la vergüenza
entrar al arrabal, igual que el tiempo, que
del hombre.
tampoco entraba en los relojes.
Una tarde, a su hora, floreció el amor
También la quietud casi provinciana,
en la vereda. Era la mujer que venía cum­
jorque el campo apenas si era pariente.
pliendo inconsciente su destino. En el co­
Esto es lo importante, los hombres ya no
razón del guapo se abrió un balcón y una
eran paisanos, el campo andaba angustiado
esperanza. La noche, por primera vez, lu­
br el arrabal, porque le habían negado
ció su terciopelo. La luna se le volvió una
saludo. La tierra, eterna y amiga, ahora
parecita cercana y compañera. Brillaban
no era tierra de raíces y semillas, se ensu­
las estrellas. Y corrió un dulce alcohol en
ciaba, se agrisaba de cosas puebleras que
las guitarras. Pero no duró. Cuando cayó
se chocaban los codos. Los arroyos empe­
el amor entre los charcos, ya habían caído
zaban a ahogarse en el caserío, las tapias
de la mujer muchas lágrimas. De este
y los alambrados. El aire se volvía impu­
eclipse entre un guapo resentido y la luna
ro y porfiado por los humos de tantas
amarga, que ahora ocultaba en la sombra
ollas y el tufo de los desperdicios. Y el la­
el drama de la mujer y el suyo, nació el
drido de los perros excitados enojaba la
tango compadre e invisible que venía cor­
tranquilidad. De esa traición y olvido de
tando la madeja y que lloró por él. El
la pampa nació el hombre de a pie. El
compadrito no quiso hogar. Le avergonzó
hombre quedó paisano, desmontado, y es
el maridaje del cuchillo y la cuchara.
por eso que al compadrito se le desmontó
Sangre y sopa. La pieza fué muy triste.
el destino. Se encerró en la callejuela y
Le robó los muebles y los hijos y el pan.
aprendió a andar por la vereda. Esto qui­
Y hasta la echó a la calle. Desde entonces
zás explique que el compadrito no quiso
se oyó insoportable el hipo y los gemidos y
ser compadre. Fué la vida del arrabal que
el golpe seco y repetido de un revés, para
lo largó a caminar por una tabla tan an­
que la mujer fuera moneda en sus bolsi­
gosta, que tuvo que aprender a hamacarse
llos. La madre del compadrito que venía
a cada paso para no caerse. Al referirse a
llorando y perdonando lloró otra vez.
él alguien dijo que era un mozo enlutado,
Empezó a hacerse sabio en el coraje. Su

\

En caro al Compadrito y su A l ma
Por Fernando Guibert
miedo viejo. El miedo a la oscuridad, el
miedo al padre que lo tenía acurrucado
en los rincones, apaleado debajo del jer­
gón se le volvió un animalejo sumiso que
se quedó durmiendo al lado del brasero.
Ahora era él, el que soltaba el miedo en
las esquinas. Se convirtió en un gato cruel.
Jugó despaciosamente en el macabro jue­
go de las compadradas y los retos. Con los
otros hombres hizo extraños malabares de
cuchillos y de frases. El compadre que te­
nía un lenguaje sobado como la redondez
del mate, se hizo un lenguaje con sus ade
manes, tartamudeos y silencios, encogién­
dose, ladeándose, suspirando y silbando,
todas cosas que después el tango se las
alquiló para fregarlas entre espejos y sa­
lones. Creó el compadre, el conjuro a la
noche y al destino, que traían envueltos
entre tapujos, la traición, las venganzas y
el descuido. Nació para él el mito de la
estampa que fué el santo y seña para su
cerrada cónclave de machos.
Por ese coraje, como un nuevo Fausto,
vendió su alma al Diablo que agitaba el
poncho escarlata en la barriada. Es que el
Diablo andaba incansablemente en ella ju­
gando como siempre con los hombres y las
cosas. Estaba en los animales huidizos. En
las cortinas. Aguardaba callado en el ne­
gror de los zaguanes para ver y oír. En

algún maizal aparentaba ser el vagabundo.
Pero era él, el que robaba las ropas. El
trampeaba los naipes sumisos, que incen­
diaban la discusión. Era él, el que hacía
reír a la insolencia estúpida en las esqui­
nas para provocar. Y el que vestía la
traición de la hembra. Por eso y mucho
más, el compadre se vendió al Diablo. Era
un patrón poderoso que respetaba por
malo y pedigüeño. Tan pedigüeño, con el
compadre, fué el caudillo político, que
era el Diablo menor y que empezó a pa­
sear sus gavilanes amaestrados.
Vender el alma al Diablo es una frase
vieja y equivocada. Otra vez al Diablo se
le escapaba el hombre al quererlo estafar
por la codicia. El alma era la protegida
de Dios que había soltado también sus
ángeles en el arrabal. El alma estaba en la
quietud de las casas. En la porfía de las
enredaderas. En el amanecer cantor. En el
anochecer llorando las estrellas. En las po­
lleras floreadas y rápidas. En el reojo. El
suspiro, el requiebro y la flor. Y estaba en
las gargantas mansas de las guitarras.
Pero la verdad es que el alma estaba
tiritando. El compadre no podía enmen­
darse porque lo arrastraba el turbión de
su obstinación. La vida se le ladeaba por­
que se le había amontonado la noche a
las espaldas. Por eso torció el gesto y se
marcó entrecejos porfiados.. Apuró de un
trago los convites y espantó en los bailes.

Los cuentos crueles
de Salvador lrigoyen
X IST E N en el campo de la lite­
ratura zonas de interregno, vo­
caciones que se desenvuelven como
ramas solitarias, sin la posibilidad
de adscribirse a los grupos que en
una determinada circunstancia, le­
vantan sus medios materiales de ex
presión, sus periódicos o revistas y
que, por sentido de clan-o por un
simple desconocimiento de los que
por timidez o recato permanecen al
margen, limitan casi siempre las pu­
blicaciones a los que aparecen uni­
dos por la bandera del momento.

E

Sin los medios de trascender al
público en la necesaria proporción
para fija r en la memoria un nom­
bre y hacer volver la cabeza a los
que deben señalarlos a la considera­
ción de 'os entendidos, esos hom­
bres quedan en la sombra, relegados
al conocim iento de unos pocos, ca­
suales francotiradores, pescadores
aventurados en el mar de lo que dia­
riamente se publica. Los libros de
esos auto) es son botellas de náufra­
gos arrojadas a las agttas y, a ve­
ces, por demasiados años, se me­
cen entre las olas, antes de que la
justicia llegue.
Frente al inflacionism o pape’ ero
y exitoso, es entonces cuando a los
más sinceros y limpios duele una
postergación, un desentendimiento,
un olvido.
Este es el caso de Salvador Irigoyen, fuerte y entero cuentista ar­
gentino cuya obra, sin embargo, no
ha trascendido en el grado que su
calidad merece.
Después de Cuentos del billete p re­
miado, Develaciones anuncia ya el
seguro cuentista de su último libro
publicado en 19L3, que titula Monó­
logo del retorno filial.
La esencia de estos cuentos — al­
gunos de ellos son relatos, o simple­
mente m onólogos— es un realismo
disgresivo, dialéctico. Lo que pri­
mero sorprende la atención en ellos
es el prieto lenguaje en que se desen­
vuelven, su ninguna concesión al
clisé, a lo algodonoso y muelle. Se
nota que la fuerza de estas páginas
es la idea, y todo el clima ie l libro
aparece envuelto en una m elanco­
lía seria, com o de quien ve pasar
los días s’ n objeto.
La ironía no es en Salvador Irigoven picante ni ingeniosa, sino
aere sin excesos, con esa pizca de
amargura de quien rem onta los años
clavado a diarias postergaciones, el
repertorio infinito de las horas gas­
tadas sin cb jeto, la oficina, les me­

nesteres de la casa, los plañideros
modos de ia parentela, el presupues­
to familiar, la insulsa e imaginable
sobremesa. Tragedia sin altura, don­
de lo bello sucumbe aplastado ba­
jo acumulaciones de groserías dia­
rias, cié miserias mínimas, modos
de la ilevantable animalidad en que
el hombre refugia su instinto de
conservación.
Son, pues, cuentos crueles. Se tra­
ta, sin embargo, de una crueldad
burguesa, en el sentido de la comodi­
dad, que parece constituir la esen­
cia de lo burgués.
Inciden todos sobre una realidad
amarga y cotidiana. Se detienen en
esa contem plación minuciosa e in­
finita de pequeños actos, de hechos
mínimos cuya suma configura, sin
embargo, io humano, nuestra p ro­
porción a menudo excesiva de cria­
turas de carne y hueso.
Ningún disfraz tierno provecta es­
tos cuentos hacia la zona de la me­
lancolía sentimental. Todos ellos
sobrellevan, más bien, la realidad
como un sello de la condición terre­
na, y son acres sin buscarlo
Distingue a Salvador Irigoyen un
m odo decisivo, a veces laberíntico,
en su expresión, tan llana y natural,
sin embargo. Se diría que preside
sus relato-; una inteligencia desen­
cantada. Están llenos de agudezas,
de encuentros. Este es su to n o :
Las otras noches —la cara entre fas
manos, mientras leía e'l diario de la tar­
de. s.nti&amp;ndo trascender aúny.en los eruc­
tos -con que se jalona la trabajosa di­
gestión, el regusto de la -mayonesa servida
en el a-lmusrzo, conmemorando, digamos
así, los años de Cristo que yo cumplía—
descubrí inesperadamente, en mi dedo
pulgar, la larga uña amarillenta de mi
pao i e.

Así comienza su Monólogo del re­
torno filial, relato que inicia el volu­
men. Esos mismos gestos repetidos en
la implacable herencia le dan ocasión
de anotar con m elancolía:
Hoy, pasados los años, con la preven­
ción melancólica de la vejez, que siento
como un tono gris de ceniza, en esta so­
litaria sobremesa, mientras hago bolillas
de miga, y -me espanto alguna mosca del
occipital, que ralea como el de mi padre,
y al cual parecieran acudir aquellas para
proliferar en larvas, como a un signo de
muerte y descomposicin física. Hoy alter­
nando como hacía él en mi ceroso oído,
la larga uña amarillenta de fumador a
ultranza y el palillo de dientes, recapi­
tulo estos dolorosos recuerdos de infan­
cia y adolescencia.

Pero hay dos cuentos en este li­
bro que inciden sobre temas que nos
atrevem os a decir que son tratados
p or primera vez en la literatura ar­
gentina.

Taconeó fuerte para afirmar con los pies
lo que su cabeza desesperada no podía
dec-ir ni comprender. Salivó las cosas y
manchó las paredes y le dió amistad al
antojo y a la gana. Pero no seamos in­
justos con él. jEn la noche triste de los
tangos, las solapas recogieron unas lágri­
mas perdidas. Y dió el corazón que le
costó la vida, nada más que para guapear.
Allí lo tenemos al compadre envainado
en la esquina, luciendo como un espejo.
Consolándose con su lujo pobretón. Las
manos blancas y afiladas. Bien cepillada la
modestia del saco. Está desafiante como
quien reparte, seguro, de naipes conocidos.
Mañana, bajo las colgaduras agoreras del
anochecer estará velándose a sí mismo.
Cerrándose para la muerte próxima que
viene vestida con la ropa de otro compa­
dre. Estará pálido como un cirio porque
lo fúnebre no andará muy lejos de los cu­
chillos. Cuchillos como perros que segui­
rán callados al hombre en su destino cam­
biado.
Ahora en la ciudad, con la cara pre­
ocupada por su destino de piedra y acero,
en medio de una algarabía de ruidos co­
losales, el compadrito de nuestro encaro,
ese extraño ser de pocas esquinas, seguirá
en la fantasía, quieto y ensimismado. Se­
guirá en el borde de la ciudad, acodado
en la pared, fantasma de un pasado como
el olvido. Estará callando el silencio. Eno­
jando cada vez más su enojo. Ladeando
cada vez más su ladeo y quizás, pobre de
él, ennegreciendo cada vez más su sombra,
que es su muerte.

por L E O N
BENARO S
Son los denominados Cesión de
vesícula y N ecrofagia burocrática,
dos verdaderas piezas de antología.
Nada más desconsolador que el tema
del primer -, esa pobre m ujer lleva­
da y traída, en manos de malos y
buenos médicos, sometida a cru e­
les e inútiles operaciones sucesivas
hasta que la última cicatriz le con ­
figura sobre la sufrida carne, como
un anuncio, una desgarbada guadaña.
Ambos están llevados con una lim ­
pia seguridad, con esa precisión de
relojero que el cuento exige, y son
los dos apretados y densos, com o lo
quería Ricardo G uiraldes: Lo que;
más me gusta de la mano es el puño.
N ecrofagia burocrática crea un per­
sonaje — Spátula— que constituye
un verdadero hallazgo literario p or
su fuerza humana. Personaje sinies­
tro, pequeño, torvo, es quien p or
consenso tácito posee en la oficina
pública la lista de empleados con
las constancias al día de ascensos,
vacantes y jubilaciones.
Y después, ese Ramírez, enferm o
del corazón, que vuelve a su oficina
y encuentra signos
de ocu pación
anterior, com o si le anunciaran la
certeza de su muerte próxim a en esa
posesión de bienes de difuntos. El
final del cuento, es una página que
no se o lv id a : P or un descuido, Spátula ha abandonado en el escritorio
de Ramírez la lista de que se trata.Abrió lentamente el li'braco.
;Cómo seguiría Acuña?
Al volver una hoja tuvo un repentino
sobresalto.
Su mirada se fué enturbiando sobre
una línea en lápiz rojo, tendida a reng'ón Reruido del nombre de Acuña, pre­
cisamente, sobre el suyo propio, que se­
guíalo en el escalafón y que hallábase
ahora precintado por aquel trazo rojo de
tono nesruzco, como de sangre coagula­
d a ... Una llave, en su mismo margen,
cual una avechucho fijado en vuelo, ce­
rrábase sobre una miniaturesca inscrip­
ción.
Tuvo oue inclinarse sobre ella, para
descifrarla.
‘‘Es mi pronóstico reservado”, leyó...
Y firmaba “S”.
Se apoderó de él un extraño males­
ta r... Los oídos, parecíale que le zum
baban en crescendo.
Creyó sentir, a su alrededor, el am­
biente bos-til, cautamente criminoso...
Miró a uno y otro lado, por si se le ob­
servaba... Y sacando trabajosameinte
una goma de su cajón, se puso a borrar
febrilmente.
Le pareció que se iba desenterrando...
Hasta que una gran angustia, como
de fuga trunca, entorpeció sus dedos.
La voz de Spátula, que se aproximaba,
había sonado cual rispido grito de aler­
ta y como lanzando sobre él, en trance
de huida, la tensa trailla escalafonada.. (Continúa en la pág. 3)

�Pág. }

C O N T R A P U N T O

EL J U E G O

Referencia a grandes problemas

1944 se han publicado en Buenos
Aires dos libros de contenido ex­
cepcional; ninguno de ellos ha producido
juego se asocia a la religión y a la pa­
hasta ahora sensación. Son El juego,
tria en sus recuerdos y fastos rr.ás me­
grave problema nacional, por el gene­
morables. Las gloriosas efemérides na­
ral José María Sarobe, y Administración
cionales se evocan con grandes loterías,
Nacional de los Derechos de Autor, por el
jugadas y redoblonas” (emisiones extra­
doctor Eduardo Augusto García.
ordinarias de lotería para Navidad y 9
En circunstancias normales, el libro
de Julio; aumento de las ruletas veranie­
del General Sarobe habría conmovido a
gas para Semana Santa; “ clásicos” de
la sociedad argentina hasta sus cimien­
carreras en todas las grandes fechas del
tos. Este alegato, valiente en sus tér­
año, etc.). “ Si el Estado, llámase nacio­
minos, documentado en sus cifras, con­
nal o provincial, tolera y auspicia el
cluyente en todo, será algún día revi­
juego en forma de loterías, hipódromos,
sado con estupor, y resultará entonces
ruletas y especulaciones bursátiles, no
difícil comprender el grado de desidia
puede evitar su proliferación en el pla­
y de corrupción a cue hemos podido
no inferior de la sociedad, en timbas,
llegar hoy, ante la general indiferencia
quinielas y redoblonas". “ Por consi­
pública. En tiempos revolucionarios, el
guiente, toda cruzada moralizadora con­
tra el juego está condenada al fracaso,
libro del General Sarobe debería de ser
aprovechado como un programa de re­
construcción moral del país.
Sin embargo, allí está EL JUEGO en
las vidrieras de unas pocas librerías y
L libro del doctor G a r o i a contiene
en e| sótano de las otras (puesto que
apenas 68 páginas (1). Consiste en
los libreros de esta Ciudad esperan que
un “ Proyecto de reglamentación” pre­
un libro tenga éxito por sí mismo para
cedido de un breve prefacio y una “ Ex­
interesarse por él, sin pensar que el
posición de motivos” . El autor propon»
interés previo del librero contribuye al
“ dar una nueva organización al sistema
éxito posterior del libro). Alguna gace­
imperante para la percepción de los
tilla en los diarios, y punto final. Sin
derechos de a u t o r” . Las ascciac'ones
embargo, aparte de lo que en el libro
gremiales que ejercen esas funciones,
se dice, éste debería atraer desde las
desde antes de |a vigencia de la ley
tapas, pues el tema es de los que inte­
11.723 de “ propiedad Intelectual”
no
resan con fervor, a jugadores y no ju­
han dado — sostiene— el resu'tado que
gadores; el autor es notoriamente uno
se esperaba.
de los más distinguidos militares del
El problema considerado, al cual Gar­
país, conocido como estudioso verda­
cía le ofrece una solución integral, no
dero, por sus importantes trabajos so­
es sino este: “ lograr el respeto univer­
bre la Patagonia y sobre Urquiza, y
sal de los derechos de autor y la per­
hasta la Editorial que l0 ha publicado
cepción normal y justa de ’.as cantida­
se llama, simbólicamente, “ Difusión” .
des que le corresponden por la repro­
Inútil, todo inútil. Entretanto, y sólo
ducción de sus obras” . Eso es todo. Y
para llamar en lo posible la atención
con ser sólo eso,, arfirmamos, con el
hacia el meritorio esfuerzo de este
doctor
García, que la solución de ese
escritor argentino, transcribiremos algu­
problema no debe demorarse ni un mo­
nos párrafos del libro.
mento más por parte de los poderes
“ El juego — dice Sarobe— es el pri­
públicos. Con ello se hará respetar de
mero y el más difundido de los victos
veras el derecho intelectual de los au­
nacionales. Si algo representa un peli­
tores y de sus herederos; se asegurará
gro constante para el bienestar y la in­
una retribución adecuada por el uso de
tegridad moral del pueblo argentino, es
las creaciones de la inteligencia, y se
esa desmedida afición por el juego, esa
evitará al país el bochornoso espectácu­
tendencia irresislí.ble del carácter nati­
lo de las ediciones clandestinas de li­
vo, de librarlo todo a las sorpresas y
bros, el abuso de ciertos editores, las
contingencias fortuitas del a z a r . La
dificultades para el pago de derechos
falta de interés común de los ciudada­
por parte de quienes utilizan la obra
nos por los problemas colectivos, ese
literaria, teatral o musical, etc. Todo
estado de insensibilidad e indiferencia
esto aparece prohibido en la 4ey 11.723,
de las masas ante las agudas cuestio­
sancionada hace once años, pero ni en
nes vinculadas al bienestar económico,
ella ni en sus diversas reglamentacio­
al progreso político y el adelanto social
nes se prevé el mecanismo que permita
del país, reconoce entre otros factores
dar un justo cumplimiento a sus previ­
esenciales, como causa de origen, al
siones. El doctor García sostiene que
juego” .
con un nuevo decreto reglamentario de
Ahora bien: el juego es nada menos
la ley 11.723, por el cual se cree el or­
que “ la actitud principal, la INDUS­
ganismo al que llama “ Administración
TRIA
más
próspera y lucrativa
de
Nacional de los Derechos de Autor” , el
la República Argentina. No menos de
problema alcanzará su cabal solución.
MIL DOSCIENTOS MILLONES DE PE­
En verdad, los gobiernos rara vez, o
SOS, o sea una suma equivalente al pre­
nunca, se preocupan por l^ situación
supuesto general de la Nación, devoran
de los productores intelectuales como
anualmente las ruletas, los hipódromos,
tales. Algunas pocas veces éstos consi­
las loterías, tómbolas, redoblonas, rifas,
guen un meti ó de subsistencia median­
quinielas y otros ju e g o s . ..”
te cátedras o puestos públicos de cierta
La impresionante reseña de antece­
significación, pero es necesario aclarar
dentes que pone el autor ante la vista,
que en el 99 o]o de los casos, unas y otros
y las cifras, que hacen un camino as­
se otorgan no por la condición de ar­
cendente año tras año, le hacen decir
tistas, escritores o sabios, sino por la
que "somos sin disputa, los timberos
de parientes o amigos de quienes pue­
más notables del m u n d o entero” . ^La
den influir para el insólito nombramien­
afirmación es tristemente g l o r i o s a .
to. Ni aun para los cargos técnicos, que
“ Aunque el juego instituido legalmente
exigen una especialidad y una vocación
proveyera rentas PARA COSTEAR TO
cumplida, se piensa, por |o general, en
DO EL PRESUPUESTO DE LA NA­
los intelectuales consagrados a esa es­
CION — añade— , no puede ni debe tole­
pecialidad o a esa técnica. Las cátedras
rárselo, porque el Estado, órgano del
de historia son entregadas a abogados,
derecho, no puede asociarse a la inmo­
como podían entregarse a médicos o a
ralidad y al v i c i o , amparados con la
peritos mercantiles. Las becas oficiales
égida- de la ley, para medrar con las
son distribuidas en muchos casos con
ventajas materiales resultantes de su
displicente complacencia, sin que haya
aprovechamiento” . “ En la Argentina el
un control público que permita discer­

E

n

mientras el Estado, por claudicación o
falta de energía, admita la práctica de
los j u e g o s PERMITIDOS” . La conse­
cuencia pavorosa de todo esto: “ La epi­
demia del juego ha invadido el cuerpo
entero de la Nación” .
Para mostrar de frente el tamaño de
la desdicha; para hacer reflexionar so­
bre el futuro que espera al país, sobre
todo en sus clases más necesitadas; pa­
ra reclamar una solución del problema
— la única solución: la prohibición de
todo juego de azai— , el General Sarobe
ha escrito este libro extraordinario
por su documentación y por su ingenio,
que algún dia será tenido en cuenta:
cuando se reconquiste la decencia na­
cional.

Los Derechos de! Autor

Los c u e n t o s
c r u e l e s de...
(Viene de la pág. 2)
Y poco a poco, como en el repliegue
de una maca/bra evasión frustrada, fuese
deslizando su gran cuerpo de obeso por
debajo del mueble, en el espacio abierto
a lo largo, con estricto corte de fosa ..
En su rostro un terrible rictus de en­
terrado v iv o ...”
No es aventurado afirmar que ante
Salvador Irigoyen estamos en presencia
de uno de Tos primeros cuentistas ar­
gentinos.

asociaciones gremiales de autores.
La
obra de| doctor García tiende a salvar
esa omisión, cubriendo al mismo tiempo
las deficiencias actuales del sistema, en
lo que respecta a la percepción de los
llamados “ derechos de autor” .

nir acerca de la justicia de tales es­
tímulos. Los concurses de cátedras se
hacen siempre con una curiosa publi­
c a d : la publicidad retraída. Se trata
—y el éxito más brillante corona siem­
pre este propósito— de cumplir con las
prescripciones legales del anuncio pú­
blico, busoando al mismo tiempo que la
(1) Fué publicado primeramente en
seis números del diario “ Mundo Foren­
se”, desde el 1? hasta «I 10 de agosto
de 1944.

difusión sea la más reducida posible.
A este fin, las not.cias sobre concursos
de cátedras, que todos los diarios publi­
carían gratis en la sección correspon­
diente, son las únicas noticias que los
establecimientos aludidos dejan de en­
viar; pero la letra de la ley se cumple,
pues, mediante la módica tarifa de di.
gor, un d i a r i o cualquiera publica en
forma de aviso, la incitante noticia, en
e| sitio más escondido de alguna pá­
gina que nadie lee. Otras veces, el con­
curso es anunciado con una ostentación
sospechosa. Cada uno de los miles y
miles de profesionales pobres, deja en
papel sellado, veinte, treinta o cincuen­
ta pesos, j u n t o con los antecedentes
respectivos. Entonces el concurso se
anula. En los dos últimos años el Es­
tado se benefició en esa forma con más
de doscientos mil pesos.
Quizá al Estado nunca le haya inte­
resado la situación del productor inte­
lectual — hombre de ciencia, escritor,
artista— porque, por una información
explicablemente deficiente (la estadísti­
ca es aún en nuestro país un instrumen­
to de muy escasa precisión), considere
que el número de ellos es reducido. No
formarían, al parecer, una “ masa” apre­
ciable para ningún fin. Cabría contestar
a esa creencia — que, por otra parte,
es errónea— , pensando que lo que in­
teresa aquí es la calidad. Que lo que
está en juego es la parte más importan­
te del país, puesto que quienes de cual­
quier modo ocupan en él el primer pla­
no son los creadores de la ciencia, el
arte y la belleza. Que “ la justificación
y e| fin de toda legislación protectora
del trabajo intelectual reposa, en defi­
nitiva, en el respeto y en la fe hacia
los v a l o r e s permanentes del espíri­
tu” (2).
Pero, por si esos argumentos no fue­
sen suficientes, digamos, por f.n, que
t a m b i é n en número los intelectuales
(excluidas las profesiones liberales)
forman en nuestro país una nutrida le­
gión: más de veinte mil. Desde el pun­
to de vista social, la cifra debe tripli­
carse, en consideración a las respecti­
vas familias, para las cuales el produ­
cido del trabajo intelectual representa
todo o parte de su sostén.
Antes de referirnos en detalle al pro­
yecto García, conviene detenerse sobre
la importancia que tiene y ha tenido
entre nosotros el trabajo intelectual. El
doctor Carlos Mouchet acaba de hacer
la historia comoleta del problema en
un rediente folleto, “ Evolución históri­
ca del derecho intelectual argentino” ,
que es apenas el cuarto estudio publi­
cado en el país sobre tema tan funda­
mental, “ Trabajador intelectual” es. se­
gún la definición dada en el Congreso de
la Confederación Internacional de Traba­
jadores Intelectuales reunido en París en
1927, “ aquel que obtiene sus medios de
subsistencia de un trabajo en e| cual el
esfuerzo del espíritu, en lo que tiene
de iniciativa y de personalidad, predo­
mina habitualmente sobre el esfuerzo
físico” .
Los productores Intelectuales
integran, con los profesionales, los pro-

fesores y los educadores de distinto gé­
nero, e| gremio de trabajadores intelec­
tuales. En esta ocas.ón solo nos referi­
mos a aquellos productores — hombres
de ciencia, artistas y escritores. La le­
gislación protectora de sus derechos es
harto insuficiente. Sin embargo — dice
Mouchet— , salvo breves eclipses de la li­
bertad del espíritu, se iha honrado a
los escritores, los artistas y los hombres
de ciencia, y se los ha considerado como
preciado elemento del progreso de la Na­
ción” . El mismo autor cita una frase de
Denis de Rougemont, son la que éste se­
ñalaba el papel que cumplen los escrito­
res en la sociedad: “ Opino que un Gide,
un Valéry v un Jouhandeau, cuidadosos
de| estilo hasta el preciosismo, han repre­
sentado POR ESO MISMO, para su pa­
trimonio nacional, una ilustración y una
defensa más eficaces, en definitiva, que
e| cemento de la Línea Mag.not” .
:EI problema fué señalado en nuestro
país, hace ya más de un siglo. En 1838
pudo leerse en los números 19 y 20 de
la revista LA MODA un artículo titu­
lado “ La importancia del trabajo inte­
lectual” (cuya redacción se atribuye a
Vicente Fidel López) y que comenzaba
así: “ El desprecio por el trabajo inte­
lectual es la preocupación que en este
siglo degrada más a una sociedad; por­
que es una señal infalible de su igno­
rancia y de su atraso” .
Indica Mouchet la conveniencia de
perfeccionar nuestra legislación sobre
derechos intelectuales, y reclama para
ello: el perfeccionamiento de la vetus­
ta ley 111, de patentes de invención,
sancionada en 1864; e| perfeccionamien­
to de la ley 11.723, de “ régimen de la
propiedad intelectual” , cuya vigencia
desde 1933 ha permitido advertir las múl­
tiples deficiencias de que adolece, no
obstante los buenos propósitos que ins­
piraron al legislador; una legislación
que reglamente e| perfeccionamiento de
las asociaciones gremiales de autores;
la adhesión del P. E. a la Convención
de Berna sobre protección de las obras
literarias y artísticas, que desde 1886
vincula a todos los países civilizados, y
la ratificación por parte de nuestro Go­
bierno de |a Convención Panamericana
sobre “ propiedad literaria y artística”
suscripta en la Conferencia celebrada
en Buenos Aires en 1910. Como tema
anexo, propone, asimismo, el idel fo ­
mento por el Estado de la labor inte­
lectual, y afirma que tal estímulo es
todavía insuficiente frente a la impor­
tancia del país. La política «ultural de
impulsar los estudios científicos y las
creaciones del arte, facilitando los me­
dios que permitan al intelectual consa­
grarse a su tarea, no se limita en rigor
—dice Mouchet— a determinados ‘indi­
viduos, ya que el resultado final será
siempre el de acrecentar “ el patrimonio
común de la cultura nacional” .
Y bien: según se ha visto, una de
las exigencias que es necesario cumplir
dentro de un plan tendiente a mejorar
el “ estatuto jurídico” de los producto­
res intelectuales, es la de reglamentar,
mediante una legislación adecuada, las

F e rn á n d e z
A

Por SIQFR 1DO A. RADAELL 1

MARTIN

( Continúa en la pág. 5.)

M

o re n o

NOEL

C ' S T A tarde, M artín , tan de verano,"
sesga com o una rauda golondrina,
años de adolescente estudiantina
el recuerdo insistente de tu hermano.
La señorial blancura de su mano,
su voz sonora masí su letra fina.
Ahora, en mitad del tiempo cjue camina
es tu amistad, joyel. N o todo es vano.
„

(2) Carlos Mouchet, “ Evolución his­
tórica del derecho Intelectual argenti­
no” , 49, Buenos Aires 1944 (Instituto de
Historia del Derecho Argentino).

La cuestión, por su misma gravedad,
ha sido señalada antes de ahora; pero
siempre en medio de una obstinada in­
diferencia. Podemos indicar algunas de
las ocasiones, poñ estar vinculadas a
iniciativas que nos pertenecen. En ma­
yo de 1936 la Sociedad Argentina de
Escñ.tores consideró la nacesiíadl de
promover la reforma de la ley 11.723, de
“ propiedad intelectual” . El dictamen de
la mayoría de la comisión especial de­
signada al efecto (Artemio Moreno, F.
Estrella Gutiérrez y S. A. R.) contenía
once puntos, en los que se indicaban las
prinoipales fallas y ausencias del régi­
men legal, para las cuales se proponían
soluciones. El más importante de todos
era el quinto punto: en él se auspicia­
ba la "creación de una Oficina nacional
que recaude los derechos pecuniarios” .
Nuestra iniciativa encontró un a p o y o
extremadamente débil en 4a SADE.
Recuerdo que nos apoyó, con in­
terés, Horacio Rega Molina, y que Ro­
berto A. Ortelli, advirtiendo la trascen­
dencia del proyecto, propuso que el dic­
tamen con sus once puntos pasara, co ­
mo ponencia de la C. D. al primer Con­
greso de Escritores, convocado para fi­
nes del mismo año. Así se hizo (“ Bole­
tín” de la SADE, N&lt;? 11, agosto de 1936,
pág. 4). El Congreso se reunió en Bue­
nos Aires en noviembre de 1936, y con­
sideró aquella ponencia y otros proyec­
tos nuestros en los cuales se hacía tam­
bién mención de la “ Oficina nacional
de reoaudación de derechos de autor” :
sobre régimen legal de las traducciones,
en colaboración con Estrella Gutiérrez,
y sobre introducción al país de libros
extranjeros, en colaboración con Gon­
zález Trillo, Ortiz Behety y el doctor
Carlos Mouchet (“ Boletín” , N9 12, no­
viembre de 1936, pág. 2 y 5). En el mo­
mento de considerarse estos asuntos, se
creyó conveniente evitar la discusión en
la asamblea de problemas técnicos
que requieren serenidad y tiempo para
su estudio. Resolvió, pues, el Congreso
que la Sociedad Argentina de Escritores
invitaría a las sociedades de Autores tea­
trales y de Compositores de música, al
Círculo de la Prensa y al PEN Club
de Buenos Aires, a constituir, clon sus
delegados, una comisión 'intergremial
“ para el estudio de las reformas de la
ley 11.723” . La comisión debería estar
integrada por “ socios técnicos” de la
SADE.
(“ Boletín” N9 13, pág. 7, sep­
tiembre de 1937). La verdad es que la
Sociedad representativa de los escri­
tores no demostró interés por el asunto.
Pasó e| último mes del año, y todo 1937
y enero de 1938, sin que pensara se­
riamente en c u m p l i r el mandato del
Congreso, convocando la comisión intergremial. Y si lo hizo a| cabo, en abril
de 1938, fué como defensa ante el enér­
gico manifiesto del 22 de enero, enca­
bezado por Lugones y firmado por 160
hombres de letras del país, por e| que
se reclamaba la sustitución de la ley
11.723 por otra mejor. Constituida, por

Ünenos a los dos amor de España,
tu en un sendero, yo en otro sendero,
pero nacido de una misma entraña.
A m or de catedral y romancero:
alto y alegre como una espadaña,
gra\ e

y

fle x ib le

com o

un

buen

acero.

�C O N T R A P U N T O

TRES N O T A S
(Viene de la pág. 7.)

se sugiera de otros aspectos del es­
píritu humano, podrá enriquecer
la obra o empequeñecerla, pero
constituyen de todos modos, va­
lores accesorios a la finalidad pro­
pia de la obra, que es la de ser
bella.
II. A rte abstracto.
A form a, dicen que esencia de
lo bello, jamás se da pura.
Siempre se viste con algo concre­
to. Forma y contenido, form a y
materia, son indisolubles. Por más
que luchemos por construir una
form a pura, no podremos hacer­
la sino con nuestras manos ama­
sando materia. ¿Pero, de dónde se
desprende que ciertos elementos
concretos, com o la línea o el co­
lor o las figuras geométricas sean
más puras que otros, si todo es
impuro desde su origen?
El número, el triángulo, las fa­
mosas ideas "universales” tampoco
pueden renegar de su origen m a­
terial. N ada concreto o material
se presenta sin form a y ninguna
form a sin concreción.

INTRODUCCION AL MUNDO MINERAL
por

H

mosa.
D e ahí a invocar el arte abs­
tracto como el arte más puro o
único, es reincidir en el supuesto

mente armónica. Ramponi ha hablado del
arte, del sentido de todo arte verdadero,
de su propio sufrimiento y de su impla­
cable contracción a una verdad cabal, y
hemos descubierto con alegría que su poe­
sía es asimismo su vida ,o dicho con pa­
labras de Rilke, para él "el arte no es más
que una manera de vivir” .
Hay así una lúcida desesperación en
su poesía; hay una pasión llevada a los
límites del cilicio y de la descarnación.
"Piedra Infinita” es la historia de su sen­
sibilidad paso a paso. En esa historia se
vuelca al más definitivo lenguaje poético
una sensibilidad que contiene su horror,
su locura, su amor, su rabia, sus lágrimas
y su euforia hacia ese ente de eternidad
que es la piedra. Asistimos en el decurso
del poema a la lucha sin igual del hom­
bre embistiendo el recóndito mineral con
su sangre y su carne perecederas. Una
crueldad, una inmensa crueldad y un
llanto sin esperanza de mitigación tras­
cienden de esta agonía por conquistar el
mundo secreto, la voz nunca oída de esa
quietud sin carnadura de la roca. Al prin­
cipio, es una vez cósmica que asciende
en un lento tono grave:

BG

R A M P O N I ,

La voz sigue siendo un sordo monólogo, aglutinado de imágenes casi palpables
por su realidad, brotando a cada verso
presencias que bien se comprende que son
las últimas presencias de cada cosa, su postrer avatar.
Todo el poema será el relato minucioso
de una marcha a través de la mole im­
placable. El atraviesa su materia de éx­
tasis con éxtasis (por eso su verbo trans­
grede todo mero realismo objetivo y ex­
presa una metafísica), se deshace en in­
humanidad ante su quieto cuerpo inhu­
mano, y se torna de pronto una caliente
sustancia mortal cuando ya su piel sus

huesos y su sangre han habitado su "ca­
racol profundo” , cuando ha franqueado
ya sus "márgenes de espanto” .
Pero a la piedra hay que afrontarla
desde algún ángulo secreto, adivinar su
vínculo borrado con el hombre. Piedra
y sangre: he aquí la definitiva antinomia.
Mas sin embargo, la criatura humana está
también contenida en esa masa de grani­
to porque ésta informa su paisaje total.
Hombre de la tierra, hombre de la llanura
y de la selva, nuestro hombre siente tam­
bién gravitar en la densidad de sus hue­
sos el mismo mármol de la montaña que
lo observa desde un tiempo infinito:

Acaso algo terrible habitó su caracol profundo,
de esperar, siglo a siglo, la valva cerró por intemperie.
Caída al fondo de ese abismo palpable en sus márgenes
de espanto,
— avida espalda yerta, féretro de lo estéril,
ecuador de lo triste,
no es r.i desdén: ignora redonda en su materia sorda,
íntegra nada nunca.
Geometría en rigor, sola en su límite,
ceñida cantidad, estricto espacio,
asignatura ciega, pieza hermética,
contrita y sin piedad, armada en temple,
cuadrada en su sostén, compacto término,
duro numen del número,
sin pórtico al sueño ni a la lágrima.
Si absorbe no incorpora, ajena al vello de los liqúenes.
El fuego no es su dádiva, es ardiente
secreto que el hombre le inventó buscándose.
Sentid: ni ruda música primaria,
cajón sordo, yunque seco, ataúd del sonido.

tivo.

El tono de esa voz cósmica va adquiriendo altura, se va haciendo grito que
presagia en su paulatina y futura gravidez el alarido sin término de la desespe-

idea de triángulo que se ha ela­
borado en base a innumerables co­

ración por arrancarle a la piedra su sí laba, su interjección de ultramundo. A cómete su milenario origen y le adivina:

El Arbol es un pensamiento de la tierra,
bulle y fulge en la atmósfera con su rito de pájaros;
semáforo del alba sus veletas al viento,
escultura de pecho circular al paisaje.
El alma oral del agua tiembla en cuño verde, en cauce
de frescura,
su géiser hace fiestas a la sangre,
si echara a andar nos besaría en el corazón, labio por
grumo, hoja por hoja.

Y le antepone:
La piedra es un terror que fué un dolor remoto.

presenta otra cosa que a sí mismo,
porque a ninguno igual hemos
visto en la realidad; sin embargo
representa además a los innúme­

Figura geométrica y figura hu mana, en el arte, son creaciones
originales que no tienen par en la
naturaleza y sólo tienen un asi­
dero en la imaginación o referen­
cia a una idea.

Y

no

Aquí es, quizás, donde reside el pro­
fundo sentido del poema: esa incógnita
suprema, que carga muerte, del destino
humano ante este testigo inexplicable que
lo asedia con su honda raíz de tiempo.
Es la solicitada nostalgia de la eternidad
que hace desollar las manos del poeta en
ese tremendo aferrarse a las frías lápidas.
Sospecha su parentesco lejano, sospecha

Así transcurre este férvido himno, es­
ta monodia que va ascendiendo y se ensancha con ecos de bóveda. Se llega así
N o hay equidad
hombre de pobre
Nadie alcanza la
Nadie vuelve su

Atajos de masacre
con ur. crimen remoto.
Eormas de orden sin término
y fractura furiosa,
terraza de agria escama,
y arrecifes de herrumbre,
lívidos holocaustos,
goznes de acetileno,
escafandras de hollín y cobre púrpura.

sas de forma triangular.
Tam bién este esperpento no re­

¿Qué diferencia sustancial que­
da entonces entre arte figurativo
y no figurativo?

que son formas vivas en las que el hom­
bre ausculta su propio crecimiento. Pe­
ro es en vano:

la invisible y seca arteria por donde se
unen — hombre y piedra— en quién sabe
qué suerte de transferencias de polvo, de
esqueletos, de cenizas ya perpetuadas en
la roca. Ramponi exige al mineral su co­
munidad de transitados días en el tiempo
incalculable. Le reclama la devolución de
su parte de muerte y de innumerables vi­
das hechas polvo:

(La piedra acosa al hombre,
lo asedian sus espectros,
por el reverso de la sangre suelta sus meteoros frios,
en campos de vigilia fulge su heráldica siniestra,
empuña su perfil de crimen, verdugo de los sueños.
De espaldas entre lo opaco inútil por translúcido,
el corazón en cruz por un sollozo,
despierto, náufrago fugitivo de una liturgia amarga,
desnudo hasta los huesos por un lívido lampo.
Oh lecho de cruel espejo estéril,
ras a ras de su intemperie seca,
— un cráneo bajo un cráneo, un fémur a lo largo de los
fémures—
tálamo y catafalco,
en nupcias con mi propia forma blanca yacente).

;JTAICE un partidario del arte no

ros esperpentos que hemos con­
templado o imaginado. Es decir,
que también aquí hay una idea
representada: la de esperpento.

Recurre a la forma casi humana del
paisaje que circunda al hombre para gol­
pearla en su dura cáscara. Concita el fres­
co verdor del vegetal y el fluir del agua

Lo que no participa ni aún asiste.
En vano la lluvia, a largas manos de caireles, busca
rcento en su omóplato,
en vano la vida quiere abrirle un hondo cáncer.

Y así, verso a verso, con un pleno su- tra en la enumeración adjetiva de la mafrimiento a flor de sangre, Ramponi en- teria, nombrándola para siempre:
v
'
'
I

III. A rte figurativo y no figura­

: representa otra cosa que a sí mis­
m o, no imita nada. Añadimos
nosotros: también representa a la

H e r e d i a

Y es, precisamente:
Piedra es piedra:
aleación de soledad, espacio y tiempo,
ya magnitud, inmemorial olvido.
El hombre quiere amar la piedra, su estruendo de piel
áspera: lo rebate su sangre.
Pero algo suyo adora la perfección inerte.

¡■ítos empleados.

m r * * figurativo: Este triángulo no

por

rangrí.

de la existencia real de formas pu­
ras o de elementos puros, que,
desde la perspectiva dialéctica m a­
terialista, constituye un supuesto
dé*'meras ideas sin cuerpo, fantas­
mas ideales.
D e factores personales, ciencia
y talento, y callando los factores
| exteriores, dependerá la creación
de la gran obra de arte. Podrá
surgir tanto en el grupo que sus­
tenta la tendencia abstracta o en
la que insiste en lo figurativo. La
jerarquía no dependerá, de cual­
quier manera, de la simplicidad
o de la complejidad de los elemen-

Lafleur

Porque compacta sombra,
o soledad,
perpetua soledad a plcmo,
témpano de silencio,
rígido limbo y piedra,
tienen la misma réplica, oh cóncavo nefasto igual
ecuación fría,
responden con un eco de amargo símbolo en la

El arte abstracto es simplemen­

saberse apto para crear, es la gran
conquista que se debe regalar a
la humanidad y que se basta para
estimular a la escuela del arte abs­
tracto. Es obra suficiente y her­

Re ne

ACE unos meses el poeta Jorge
Enrique Ramponi nos visitó
en Buenos Aires. Teníamos de
él hasta ese momento sólo el
conocimiento de su profunda
poesía que nos llegaba desde su tierra de
Mendoza. Circulando en restringida edi­
ción, su poema "Piedra Infinita” era del
dominio de no muchos. El autor de "Pul­
so del Clima” , en la plenitud de su ex­
presión — casi diría en el paroxismo, pues
sólo paroxismos de lúcida desesperación
palpitan en el fondo tremendo de su can­
to— , nos entrega en esta obra la más de­
finitiva proeza de su espíritu. Algo nue­
vo, por encima de la hazaña ver­
bal y más allá de todo valor estéti­
co nos asombra frente a este monu­
mental poema; si la poesía es ,en esencia,
transfiguración ,ahí está íntegro como
nadie el poeta compartiendo la compacta
materia de su canto, disuelto en la pa­
vorosa nada que es el mineral que él tro­
pelía para llegar hasta su inerte corazón.
Conocíamos su obra poética,; luego he­
mos sentido próxima su presencia huma­
na, y su presencia y su poesía revelaron
constituir una estructura única sólida­

te aquél que opera con los ele­
mentos materiales más simples. En
consecuencia el arte abstracto po­
drá tener un enorme valor propedéutico y otro valor, más encomiable aún, de permitir a cual­
quier ser humano la posibilidad
de la creación de obras de arte.
La dignificación que supone el

Héctor

a ese paroxismo de que hablábamos al co­
mienzo, donde la tensión rebasa todo lí­
mite.

corpórea,
tierra alzada en alarido.
piedra.
núclo pulpa viva.

N o lo coca una vara de llanto caída en la Intemperie.
Nadie conoce el sésamo ardiente que abra el témpano.

Y luego, en un magnífico salto lírico,
regresa de pronto al mundo de formas

hallaremos

diferencia

fundam ental, salvo que aceptemos
la existencia ideal del triángulo.
Entonces el arte abstracto sería el
arte representativo
puras.

de las ideas

cálidas de lo humano, como un consuelo
fundamental:

Pero el agua distribuye su magia.
Rápidos cubiletes vuelcan su azar perenne,
números bailarines por declives de danza hasta lo innúmero
súbitos sortilegios encinta de primicias.
Juegos de hembras,
fugaces biseles de muchachas,
el augurio de carnales magnolias siempre en fase de vísperas
la promesa de ebrias lunas de nalgas, a deriva por rápido menguante.

Y, finalmente, después del áspero tur­
bión de esa aventura metafísica, el poeta

le impreca su verdad, su injuria noble de
lágrimas:

�CONTRAPUNTO
OR el Meló ya había pasado esa
nube blanca que correspon de
a cuando han sido ven d id as todas
las aves, enteras o descuartizadas,
en los puestos de aves del m e r c a d o ;
se había d esvan ecid o, asimismo, esa
otra nubeeilla que corresp on d e a
cu a n d o hasta los 'm enudillos, con
sus d esp erd icios tornasoles, han si­
d o tam bién despachados. Era una
rauda y a la vez vidriad a mañana.
A h ora, en el in terior de la enor­
me barraca se desataba el caos sang in olen to, los ríos retorcid os de
ca b os de rem olachas. D alias de o to ­
ñ o con el peso de sus innum erables
párpados cansados, y rem olachas.
M aría, ia sirvienta, a n d u vo un
b u en rato p or ahí, sin m ezclarse,
sin olisquear, sin m irar a las m u je­
ronas, a las trasnochadas,
a esas
que p arecen ir y ven ir com o em bria­
gadas p o r la cod icia de haber
en con trad o algo valioso entre los
rieles húm edos, a m edio hetrum bar,
que surgen aquí y allá para traspo­
n e r los flotantes deshechos, las canatas, las h oja s negras. La mañana
pasaba. P ero tem prano, o tal vez du ­
rante el descanso n octurno, María
había visto un rostro. Pensaba en
esto sin prisa. E lla era una sirvien­
ta v ieja que no había sucum bido,
sólo que para Continuar siéndolo,
le tocaba estar, cada tanto en tan­
to, entre gan tes diferentes, entre
paredes diferentes. Tam bién él por
vivir — pensó— se hubiera com ido
las paredes. Sí, hubiera com ido una
pared de cal p or vivir. Y la vieja
sirvienta volvía a ver al caballero
sentado fren te a su mesa, apartada
de la de ios niños, y obligándoles
desde la suya, a que ellos m astica­
sen tam bién, com o estaba haciéndolo
él, treinta y siete veces un bocado
de b a n a n a ; y los niños, que ya se
lo habían tragado, le mentían can­
dorosos e hipócritas, m oviendo trein ­
ta y siete veces la boca vacía y ya
nn p o co hastiada.

P

E n aquella casa se entraba y se
salía a toda hora, de m adrugada, de
tarde, de n o c h e ; se deshacían equi­
pajes, se im provisaban convites, y
aun cuando lo natural hubiera sido
declarar que esto a la larga term ina­
ba p o r ser únicam ente fatigoso, ella
n o llegó a d ecirlo nunca. Sólo se
trataba de que era una casa no ma­
durada, una fam ilia en desordenada
form ación . La sutil m aquinaria es­
taba oculta en la penum bra de una
de las habitaciones donde en el res­
p aldo de madera del ancho lecho
se acentuaba, día a día, una ton a­
lid a d m ás carnal, '.mas p rofu n d a ,
más doliente. Desde allí partía, si­

(Viene de la pág-, 3.)
fin, la comisión intergremial (en la cual
es curioso consignar la ausencia de “ so­
cios técnicos” de la SADE) el nue­
vo organismo, nacido únicamente para
“ estudiar las reformas que requiere la
ley 11.723” se entregó a la insólita ta­
rea de alabar el régimen legal en dis­
cusión y de gestionar con premura, en
todas las provincias, decretos reglamen­
tarios que facilitaran la acción policial
de las entidades de autores. Hizo algo
más: a mediados de ese año presentó
un nota al Ministro de Justicia e Ins­
trucción Pública, pidiendo la reforma
de la reglamentación de la ley 11.723
( “ Boletín” N9 16, septiembre de 1938,
pág. 4). La comisión intergremial sigue
en ejercicio, per0 no ha cumplido aún
su misión. No seremos demasiado pru­
dentes al pensar que los tres proyectos
que el Congreso de 1936 entregó a la
custodia y examen de la comisión inter­
gremial, deben considerarse definitiva­
mente naufragados.
Mientras tanto, en e| 119 Congreso de
Escritores, reunido en Córdoba en oc­
tubre de 1939, volvió a tratarse la cues­
tión, y se resolvió pedir a la SADE la
“ constitución de una comisión especial
que estudie las reformas a la ley 11.723,
de propiedad intelectual, con e| apoyo
de los gremios afines” . ( “ Segundo Con­
greso, discursos y resoluciones” , pág.
42, Buenos Aires, 1940). La SADE d.ó
cumplimiento a lo resuelto, así que mien­
tras seguía reunida la comisión intergre.
mial proveniente del Congreso de 1936,
apareció una nueva comisión especial
(“ Boletín” , N9 19, marzo de 1940, pág.

Pág. 5

LA MUERTE EN EL MERCADO
lenciosam ente, la exaltación, la inte­
gración, el núcleo form al que agru­
paba las personales tías, los sesenta
prim os, las concuñadas, los repelía,
los tornaba a con gregar. A unque
inusitado, resultaba bastante melan­
cólico — para una sirvienta— el com ­
prenderlo.
Era una parentela enervante. Pa­
recía que no había, para las mujeres

por Luisa Sofovich
pareja de primos, la sobrina peli­
rro ja m edio pupila en un colegio
— trataba de salir— como de un pan­
tano— de su excesiva inocencia, se
la mandaba llamar al aposento del

te recompensada por el caballero que
tomaba ei frasco de sus manos y
desaparecía con él en la som bra de
su gran habitación donde estaba a
prueba la esperanza.
Cierto día, siempre hacia el ano­
checer, la sirvienta entregó la última
pálida panacea (no, n o ; ya por esa
época se habían desengañado todos,
en aquella casa, acerca de esa agua)

ILUSTRO RAUL LOZZA

que la com ponían, más que un gorro
de piel de topo, un solitario lindo
m onedero que ambulaban de una a
o tr a ; y para los hombres, un único
reloj de oro (y era que sobre todos
ellos, sólo im peraba el que de noche
y de día no alentaba más que para
v iv ir). En cuanto a los niños, se
les dejaba intactos en su limbo, com o
si con ello se pudiese contrarrestar
el otro lado, inclinado hacia lo fatal,
de la casa Y cuando se entreveía
que ya alguno de entre ellos — una

que, al cabo de un rato largo, salía
más cándida aún, envarado de pu ­
reza, atado de pies y manos.
Después, vino a la memoria de la
vieja m ujer el día en que el señor,
p or vivir, había com enzado a com ­
prar unos frascos, que anunciaban
en los periódicos, llenos de un agua
mansa y con una etiqueta con una
orla de raíces amarillas. Durante
toda una temporada ella había ido
por las botellas, costosas e inocuas,
siendo, de vuelta, gentil, feudalm en­

y se marchó. Sí, — rememora— re­
cuerdo que se me ocurrió dejarla,
y antes del oscurecer les planté y
me fui.
El tiempo pasa. Fosas de remola­
chas se hunden, moradas y du'zonas,
desaparecen o se elevan en m ontícu­
los, o se deslizan com o arroyos des­
teñidos que nunca anegarán el frío
pavimento. El aíre, por sobre el gran
ámbito atiborrado de cosas inertes,
de laurel seco, de carneros que se

REFERENCIA A G R A N D E S PRO BLEM AS
6). N0 sabemos que el nuevo organismo
h a y a cumplido tampoco su cometido:
En este sentido, hay una tradición ine­
xorable.
Quienes se interesan por mejorar el
régimen legal de los derechos intelec­
tuales — vinculados a la recaudación de
los “ derechos de autor”— saben que
poco puede ya esperarse de tantas
coincidentes dilaciones. La salida está
por otro lado. Es lo que se comprue­
ba en el proyecto del doctor García,
cuya autoridad de jurista y de técnico
en la materia es bien notoria.
Los decretos reglamentarios de la ley
11. 723 dictados hasta hoy — dice Gar­
cía— sólo contemplan el aspecto admi­
nistrativo y mecártco de aplicación de
la ley, organizando el Registro y regla­
mentando las formalidades de inscrip­
ción de las obras literarias y artísticas,
“ pero no previeron una serie de activi­
dades íntimamente Vinculadas al régi­
men de la ley 11.723, cuya falta de ajus­
te y reglamentación ha producido y
continúa produciendo perjuicios irrepa­
rables precisamente a las personas que
la ley quiso amparar de manera expre­
sa” . Una de esas actividades se relacio­
na nada menos que “ con el manejo y
distribución de los fondos que perciben
las sociedades de autores por permitir
el uso, la representación, la ejecución,
etc. de las obras de sus asociados. En
este aspecto del problema — añade— , la
anarquía y el desorden es considerable,
porque tío existe un procedimiento co­
nocido y suficientemente controlado pa­

ra la percepción y distribución de esos
fondos. Cada sociedad de autores recau­
da p o r a ñ o más de $ 2.000.000” . Ello
demuestra ‘-‘ la necesidad de reglamen­
tar nuevamente la ley 11.723, no en su
aspecto burocrático, sino en su aspecto
funcional frente a los autores y a aque­
llos que reproducen las obras de éstos” .
En seguida pasa revista a las asocia­
ciones gremiales de autores existentes
en el país, y que han asumido — ante el
silencio de la ley— la delicada función
de recaudar derechos, para revelarnos
lo siguiente:
“ Sólo una mínima par­
te de los productores intelectuales de
cada género pertenece a la respecti­
va
Sociedad.
En el
país existen
unos quince mil autores y compositores
de música; sin embargo la s o c i e d a d
respectiva no tiene más de tres mU so­
cios. La proporción es mucho mayor con
respecto a los escritores en general y
un poco menor con respecto a los au­
tores de obras teatrales. ¿A qué se de­
be esta situación? A la falta de una
severa y prolija reglamentación oficial
que no permita ni tolere la constitución,
e| manejo y el funcionamiento capricho­
so y arbitrario de dichas sociedades y
que asegure la entrada a las mismas a
todos los autores de su género” . (Es
j u s t o consignar, como lo hace García
expresamente, que la Sociedad Argen­
tina de Escritores n0 está incluida entre
estas entidades” ).
Diremos, por nuestra p a r t e , que el
control oficial de las entidades gremia­

les no es novedad en otros países. En
Uruguay, Alemania, Austria, Canadá,
España, Holanda, Rumania, Bohemia y
Moravia, Yugoeslavia, Dinamarca, Dantzig y Japón, existen leyes y decretos
por los cuales se reglamentan y fisca­
lizan la percepción y distribución de los
“ derechos de autor” . En Italia, el Esta­
do, por medio de un organismo especial,
cumple las t a r e a s de recaudación en
forma exclusiva (“ Droit d’Auteur” , Ber­
na, julio y septiembre de 1939). Y con­
viene tener presente, como lo destaca
el órgano de la Unión de Berna, que
“ el movimiento legislativo que tiende a
reglamentar de una manera más o me­
nos estricta la actividad de las socie­
dades de percepción, es un fenómeno in­
dependiente de la forma de gobierno de
los Estados” .
Las cifras que presenta el doctor Gar­
cía para reforzar su tesis nos lleva a
las comprobaciones más alarmantes:
así, por ejemplo, sabemos que los mú­
sicos asociados perciben sólo ef 43,76
por ciento de sus derechos; que por los
discos cobran apenas el 2 % ; que hay
editoriales que no pagan derechos a
los escritores o que les abonan sumas
inferiores al 10 % de la participación
sobre sus obras. “ De aquí — agrega— la
necesidad y la conveniencia de contem­
plar la posibilidad de adoptar un nue.
vo procedimiento para asegurar eficaz­
mente a los autores e| respeto de sus
derechos y el just0 cobro de lo que les
corresponda por la reproducción de sus
obras” .

balancean, se tienden tiva ces me­
ridianos: son las falsas buenas n oti­
cias, las pequeñas estafas instantá­
neamente fraguadas, los hurtos im­
perceptibles de nísperos o de cabezas
de ajo con su boca de pelam bre am bi­
gua y volandera. M aría es ahora
una de las tantas sirvientas que se
disponen a irse con sus cestas, o
sus capachos de hule, bien p rovis­
tos, que abandonan el m ercado.
M aría ya ha salido a la luz des­
pejada de afuera, observa a los la­
dos, da unos pasos y de pren to se
detiene, paralizada, m ientras sus
ojos bizquean com o nunca m irando
a alguien que viene p or el extrem o
opuesto do la calle.
Era una jovencita. A m edida que
ésta se acerca, aumenta la estupe­
facción do la m ujer. Sus torcidos
ojos no logran enderezarse mien­
tras gim otea y murmura palabras
oscuras. Uu mundo, una fam ilia ol­
vidada avanza hacia ella. De rep en ­
te, abrumada, deja la cesta en el
suelo com o si ya no diese má« com o
si desde este momento renunciase
para siempre a seguir sirviendo más
a nadie, puesto que en este mismo
momento acaba de m edir todo el
tiempo, los tardos años, que ya no
com pra carne, ni berenjenas, ni esas
roscas anisadas (que tanto gusta­
ban a los niños) para aquel mundo,
para aquella fam ilia de la que una
inesperada partícula, que ha crecido
y cobrado sobremanera expresión,
está viniendo a su encuentro pol­
la radiante acera. Lentam ente se
aproxim a. Y a se encuentra ahí, ya,
niña demacrada, está frente a ella.
Y la m ujer rompe a sollozar. C on fu ­
samente, com o una pobre sirvienta,
quisiera llorar más alto, insistir, es­
trujarse las manos, que gruesas lá­
grimas lilas recorran sus viejos p ó ­
m ulos; acaso intentan que las gen4
tes desinteresadas se detengan, re- J k
pentinas, a su alrededor. P ero
la chica con su antiguo dom inio so­
bre ella la toma del brazo — -No grites — le dije entonces ca-i
si con.dureza— . Esta noche t fo E va­
risto . . .
Pero la vieja desasiéndose de m í :
— Sí — me contestó— ya lo s ^ jL o
he soñado. Esta noche el señor E va­
risto ha m uerto de una hem orragia.
Y fué de este m odo com o cier­
ta mañana yo vi por vez primera,
sí, vi el verdadero, el fu g itiv o ros­
tro de la Muerte. Había salido p or
un instante para enseguida, rápi­
damente, volver a meterse b a jo la
húmeda t inmensa e?(parazóii del
Mercado.

Como conclusión final, García sostie­
ne que “ ante el fracaso de las socieda­
des de autores (se entiende que el fra­
caso es sólo respecto al sistema y la
eficacia para la recaudación de dere­
chos) y la comprobación reiterada de
que practican liquidaciones arbitrarias
de los fondos recaudados al a&gt;"
o de
la ley, corresponde intervenir
poder
público, para e v i t a r la repex &gt;n de
esos hechos y asegurar a cada autor el
pago del derecho que legítimamente le
corresponde por la reproducción de sus
obras” . La forma práctica de esa inter­
vención es la creación de un organismo
mixto, la ADMINISTRACION NACIO­
NAL DE LOS DERECHOS DE AUTOR,
compuesto de un representante del go­
bierno y representantes de las socieda­
des de autores, con la finalidad de re­
caudar y distribuir los “ derechos de
autor” . Las entidades gremiales segui­
rían cumpliendo sus altos fines de re­
presentación, mutualismo, etc. El pro­
yecto García establece que los auto­
res no podrán percibir menos del 80 %
de sus derechos (el 90 % en el caso de
representaciones teatrales), debiéndose
cubHIr con la diferencia el costo de la
Administración Nacional, que así no
gravitaría en el presupuesto de la Na­
ción. Esta oficina liquidaría las sumas
percibidas a todo autor, socio o no so­
cio de las entidades gremiales, de acuer­
do con los aranceles a f.jarse.
El nuevo organismo podrá recaudar
doce millones de pesos y beneficiar a
veinte mil autores. He aqui los antece­
dentes del problema; he aqui también
la solución.

�o

Pág.

6

C O N T R A P U N T O

ES

II

T R I S T E
P or
ARTURO

P

H O R A C IO

G H ID A

S triste

- L ' y no poder ser tigre o ratón o caballo,

Tres

sonetos
paisaje

a

un

lejano

Es triste
que las sangres del varón y la hembra

Por

M I G U E L

D.

A

Con la espalda apoyada en una planta
allá quiero morir mirando el cielo,
que si mi sangre corre en ese suelo
en sauce o en acacia se levanta.

haber nacido hom bre
y mirar esta tierra envejecida
por un hum o de números mentales
y ciudades pálidamente blancas.

SI como el jilguero cuando canta
eleva la dulzura con el vuelo,
el íntimo recuerdo y el anhelo
me suben desde el pecho a la garganta.

E T C H E B A R N E

vivan sin encontrarse con la fuerza inocente
que desnuda a los frutos en el sol,
porque entre lo profundo de dos cuerpos,

Esta tristeza que lo rememora
es la única forma de tenerlo
en la misma tristeza que lo llora.
Porque el día que vuelva a merecerlo
ha de ser al final, cuando la hora
sea de recobrarlo y de perderlo.

entre dos besos de distinto polen,
entre sagradas piernas que se nombran y alumbran

III

I

se levantan paredes cenicientas
y señores de herrumbre y catecismo
y muchos,
muchos fantasmas de hueso moral.
Es triste
oír palabras y decirlas,
sin aullar minea, sin entenderse a sueños,
a relámpagos,
a esplendores de aurora jubilosa,
en un mundo directo, claro, alegre,
donde crezcan las risas en la hierba
y cada corazón guarde un cerezo
y una flor y una cinta.
Es triste
no saber ya cantar com o los pájaros
que saludan la luz del nuevo día,
porque la v o z está vieja por dentro,

L recuerdo que tengo ya no alcanza
para evocar el cielo y la llanura,
se me perdieron forma y hermosura
lo mismo que la dicha y la esperanza.

L-JOR la ruta del cielo que se asoma
"** con su color más plácido y lozano,
lo recupero en tiempo y en aroma
como antes en los meses de verano.

E

Con emoción de monte y de paloma
lo siento tan agreste y tan cercano,
como el gusto del agua que se toma
al borde del arroyo con la mano.

La nostalgia me queda, la alabanza
al torno y al hornero, la frescura
del arroyo ligero y la negrura
del monte recostado en lontananza.

Quién sabe que será de aquella estancia
en el partido de la Magdalena:
campo quebrado y mar a la distancia.
Aparejando el gozo con la pena,
allá quedó el recuerdo de la infancia
perfumado de malva y yerbabuena.

La devoción que ahora se merece
no encuentra voz ni nombre semejante
a su verdor y al aire que lo mece.
Pero tiene mi sangre palpitante
frente al paisaje que desaparece
y tiempo triste para que le cante.

y. todo, todo tiene
el orden funeral que da el orgtillo:
están viejas las manos de los niños,

)

las nubes, las edades de la m uerte,
las trenzas de la joven que levanta
hacia la eternidad sus pechos blancos,
nacen viejas las flores
y hasta los animales nacen viejos.

i

'•t

Es triste respirar cosas gastadas.
Es m u y triste,
creédm elo,
m u y triste.

C an c i o n
P or
JU AN

P

O R la mar celeste,

bajo estrella de oro
comanda m i niño
su barquito rojo.

Grum ete de cielos
en m i bergantín.
Eh, de la estrellita!
Y a pueden abrir.

I

Afianza en la tierra
su pie navegante.
A l pie de la cuna
sonríe la madre.
Por el prado verde
va el asnito gris,
la vaquita overa

G.

FERREYRA

BASSO

Viene el enanito
de calza y jubón.
Viene el enanito,
barba y vozarrón.

La luna se olvida
que es luna y se va
en mitad del día
a verlos pasar.
(Alas musicales
marcan el com p á s).
U na rama nueva

llega, y su pastor.
Y llega la rosa

me ha brotado a m í.
Y el dolor no tiene
principio ni fin.

con su picaflor.

LITERARIO

. PREMIO
I M P R E N T A LOPEZ
CON

EL
DE

Todos de m i niño
que los va a seguir
— jinete celeste—
sobre un colibrí

y el sol bailarín.
La ovejita blanca

CONCURSO

SOCIEDAD
DE

AUSPICIO
LA

AR G EN TIN A

ESCRITORES

Premios: Primer premio, $ 1.000.— m/'n.; Segundo premio, $ 500.__
m/nacional. Además la Imprenta López imprimirá por su cuenta
bajo la dirección artística del pintor Attilio Rossi, las dos obras
premiadas, las que llevarán el sello de la Editorial Losada, S. A., la
cual se hará cargo de la distribución y administración de las mismas.
El importe bruto de la venta se repartirá en la siguiente forma:
20 % para el autor; 20 % para la Sociedad Argentina de Escritores,
fondo que destinará a obras de beneficio social para el escritor; y el
60 % restante para descuento a los libreros, gastos de distribución
y propaganda de las obras.

Del libro El Niño, que aparecerá pró­
Rojo apresurado,
verde pastoril,

PUNTO, con doce fotografías de Au­

lumbre de naranjas,
rosado feliz.

gusto I. Vallmitjana y un dibujo de Raúl
Lozza.

ximamente bajo el signo de C O N T R A ­

Las bases de este Concurso pueden solicitarse en la Imprenta López,
Perú 666, Buenos Aires y Sociedad Argentina de Escritores, Santa
Fe 1243, Buenos Aires.

�TIERRAS DE LA MEMORIA
4'
Anticipamos este fragmento de una nota inédita del escritor uruguayo Felisberto Hernández, de guien ya lieynos co­
nocido en nuestro medio sus dos libros
anteriores: •'Por los tiempos de Clemente
Colling” y “El caballo perdido’’, relatos
de carácter novelístico.

quella noche en M endoza yo
debo haber abandonado la
cara de nuestro je fe cuando
llegaron las muchachas de
la casa. También venía la recitado­
r a ; pero con un vestido de tercio­
pelo color vino claro. Y a las bote­
llas de la mesa habían perdido su
color oscuro y sus cuerpos de vidrio
— de un verde discreto— tenían cier­
ta humillación de viudas desnudas.
En el instante en que las mucha­
chas entraron, parecía que ellas tra­
jeran un p oco del fresco y de la os­
curidad de la noche. En todos nos­
otros se p rod u jo alguna agitación.
La recitadora, al recibir de pronto
la atención de tantos muchachos, to­
mó una actitud majestuosa y pre­
paró todo su cuerpo com o para ser
visto, según alguna idea que ella
tendría de sí misma. Las muchachas
me saludaron desde lejos y en su
actitud cariñosa parecían estar so­
breentendidos los acontecimientos
de la ta rd e; una me hizo adiós con
la mano y aprovechó el movimiento
de los dedos para aludir al piano.
La recitadora, viendo que las demás
saludaban miró hacia mí y me hizo
un lento movimiento de cabeza, co­
mo si las hubiera concedido a‘ las
muchachas la gracia de adherirse a
sus espontaneidades. A lgunos mu­
chachos fueron hacia las recién lle­
gadas y todas las cosas se mezclaron
de nuevo,- las botellas volvieron a
sorprender con sus colores oscuros
y los muchachos volvieron a reunir­
se en gru pos; pero ahora las cartas
de cada grupo habían quedado com ­
binadas de manera tan distinta como
los dados en otra tirada de cubilete.
De pronto vino hacia mí la gorda de
pelo corto y de aros de oro en las
orejas. En ese instante un scout
chileno también se acercaba hacia
mí y me ofrecía una cop a de v in o ; yo
inicié un m ovim iento con la mano
para indicarle que no bebería y en
ese momento mis dedos tropezaron
con la c o p a ; él hizo un ju ego con las
dos manos para barajarla; la copa
iba perdiendo el líquido pero pare­
cía que se salvaría. Sin embargo al
fin se cayó. Mientras yo pedía dis­
culpas, llamaban de otro lado a la
gorda de los aros. Mi compañero
— el otro cetrino— se acercó a mi
oído y me d i jo : “ La gorda se cortó
el pelo porque tenía p iojos” .
A l rato empezó a cambiar de
nuevo todo el ju ego de las caras:
se daban vuelta, mostraban la nuca
y se am ontonaban en un ángulo
del patio. La recitadora estaba en
actitud de esperar que se reunie­
ran en su alma las palabras de un
poema. Se hizo bastante silencio y
el cuerpo de ella estaba inm óvil.
Después empezaron a moverse so­
lamente sus labios y le salía una
voz tan tenue que me hizo pensar
en la flauta de un encantador de
serpientes. Ella tenía los ojos fijos
en un lugar del espacio y allí vería
desenroscarse el poema. Y o me di
cuenta que podía mirarla impune­
mente y me acerqué todo lo que
pude. Su cara era m uy distinta a
la de nuestro jefe. Las partes de la
cara de la recitadora no parecían ha­
berse reunido espontáneamente: ha­
bían sido acomodadas con la volun­
tad de una persona que tranquila­
mente com pra lo m ejor en distintas
casas y después reúne y acomoda
todo con gusto y sin olvidarse de
nada: allí estaba todo lo necesario
para una cara. En la casa de los
ojos había elegido un par grande,
de color azul y se había fija d o bien
si su mecanismo
estaba p e r fe c to :
con seguridad que los habría pro­
bado dándolos vuelta para todos la­
d o s ; en la casa de las bocas se ha­
bía elegido una de un tamaño regu­
lar, pero cómoda, y con labios de
un ro jo bastante abultado.
Como
era recitadora, aquí habría puesto
el máximo cu idado: debía emitir

A

L

Por
Felisberto Hernández
palabras claras a gran velocidad,
palabras lentas en tonos velados, y
debía tener gran facilidad de ma­
niobra.
Realmente, su arma más
eficaz era la boca. En un instante
en que yo observaba su estrategia
combinada — que era cuando iba ele­
vando los brazos, entornando los ojos
y deteniendo las palabras en los la­
bios—- mis ojos se habían quedado
en su boca. A l mismo tiempo que ca­
si había 'cerrado del todo el escape
de la voz, el labio superior había
hecho una onda hacia un lado de
la boca y expresaba la angustia de
un escepticismo romántico. En los
últimos estertores del poema, daba
vuelta los ojos hacia el cielo y los
párpados movían lentamente las
pestañas como esclavos abanicando
a un raja. E n las últimas palabras,
el labio superior subía y bajaba con
la lentitud de un telón a l.fin a l de
un espectáculo. A l mismo tiempo
que el borde de los labios rozaba
los dientes, parecía que ella gusta­
ra caramelos amorosos, y en todo
aquello y o sentía la posibilidad de
un placer más delicado que el de
los vinos y las empanadas de la
mesa. De pronto, en medio de uno
de los poemas, ella empezó a dar
pasos de un lado para otro. Como
era muy alta y los pasos eran más
bien largos, tuvimos
que hacerle
más espacio. Y o, en vez de correrme
más atrás aproveché la confusión
para colocarm e más adelante. Ella,
para ir de un lado al otro, no siem­
pre daba vueita el cuerpo y cami­
naba de fren te: hacía algunos pa­
sos de costado y sus piernas pare­
cían un compás que se abría y se
cerraba. Yo había dejado de aten­
der su boca y sus palabras.
Sus
pasos eran un acontecimiento extra­
ño, no sólo por el hecho de caminar
así en medio de un poema, sino p or­
que ponía en movimiento dimensio­
nes y volúmenes
desacostumbra­
dos. En el paño eneorpado de aquel
vestido se veía ondular un oleaje
color v in o ; y esas ondas eran len­
tas, aún en los instantes en que de
pronto subía la marea y sorprendía
la rotación de aquellos grandes v o ­

TRES

lúmenes. En un lado de la pollera
había una fila de botones; el olea­
je os hacía aparecer y desaparecer
como a los corchos de un aparejo.
A mis ojos se les ocurrió ir hasta
el otro extremo de ella y ver sus
brazos, que eran muy blancos y se
elevaban más allá de su ca b eza ;
mis ojos hicieron ese recorrido, co­
mo si hubieran ido desde el mar
hasta las nubes.
Después todos estábamos de nue­
vo alrededor de la mesa, donde el
vino era más oscuro que en el ves­
tido de la recitadora y donde las
empanadas abultaban sin p rovocar­
me apetito.
Hacía poco tiempo yo habia te­
nido que estudiar historia a ntigu a;
y aunque aprendí poco
— ni si­
quiera me alcanzó para salvar el
exámen— me habían quedado flo ­
tando lejanamente las figuras de
algunas diosas y los ritos de algu­
nas religiones. Ahora, mientras ha­
bía estado mirando a la recitadora,
aquellas nociones flotantes se ha­
bían acercado y habían traído re­
cuerdos de form as y proporciones
extrañas a mis ojos.
Cuando los
ojos se aburrían de estar inclinados
ante las palabras y las fechas de la
historia, trataban de evadirse hacia
las páginas donde había figuras.
A llí corrían p or todo el blanco del
papel, persiguiendo a las cándidas
líneas que rodeaban el cuerpo de
las diosas. Aunque en aquellos mo­
mentos y o hubiera olvidado las pa­
labras y las fechas de la historia.
A pesar de todo, el sentimiento era
claro y la imaginación trataba de
hendir el aire de un cielo lejano.
Las cosas y las personas eran de
una humanidad extraña y demasia­
do alejada de esta tierra del pre­
sente. H ice todo lo que pude por
acercarme a la vida de aquellas f i­
guras y allí encontré por primera
vez las raras proporciones y los pa­
sos de costado. Ahora, mientras yo
miraba a la recitadora, aquellas fi­
guras me habían devuelto la visita.
Primero ellas habrían cruzado al­
guna zona oscura del recuerdo, des­
pués habrían acercado al presente
su nave sigilosa y por último yo las
había visto alejarse de nuevo lle­
vándose aquel sentimiento mío que
era claro y de una humanidad ex­
traña.
Ahora la recitadora había
tomado esas mismas líneas y las ha-

PATIO CORDOBES

por

E L IA S

I. A rte.
I

A obra de arte manifiesta es-

•*—1 tar constituida por ciertos in­
gredientes cuya combinación q u í­
mica produce una sal: la belleza.
Las leyes de esta química las des­
conocemos, por ahora.
Colores y líneas, figuras reales
o geométricas, imágenes fantásti­
cas, palabras, volúmenes, etc.; la
calidad de los ingredientes es va­
riable, su medida más aún, pero
ío constante ,e invariable ves la
com binación. según determinada
ley. Si la conociéramos, nos sería
fácil dar la receta del arte de las
artes, pero, a falta de la ley, lo
que nos certifica de la existencia
de la sal, no es el conocimento de
las operaciones previas, sino la sal
misma: el resultado.
Opérese como se pueda y como
se quiera, con el material adecua­
do — los ingredientes esenciales de
cada arte— y el resultado dirá
por sí mismo de la bondad del
método.
U n muro se puede construir con
ladrillos y argamasa o con bloques
de piedra y sin cemento, o con un
único bloque de piedra.

bía llenado con toda la realidad que
encarnaba el presente; los espacios
blancos que antes yacían en el cuer­
po de las diosas, ahora habían sido
cargados con este eneorpado vesti­
do color vino, que forzaba la resis­
tencia y la elasticidad de los con­
tornos. Y en Jos lentos movimien­
tos que hacía la recitadora, no sólo
se confundían las líneas y se fo r ­
zaban sus lím ites: también se fo r ­
zaba su inocencia.
Era entonces
cuando yo levantaba los ojos y de
pronto ellos se encontraban en los
brazos blancos de la recitadora.
Noviembre de 1944, M ontevideo

Grabado de Clement Moreau

NOTAS
P IT E R B A R G

La obra de arte también puede
resultar de la combinación más
disparatada de elementos hetero­
géneos o de los pocos elementos
esenciales.
Si lo fundamental es la com bi­
nación según cierta ley de las par­
tes, la obra de arte será una
realidad, independientemente de
cualquier otra significación, sim­
bolismo o descripción que se ad­
hiera a sus elementos. Es arte por
cuanto se ha logrado el producto
de aquella combinación química.
Lo que consigo traigan adherido
los ingredientes, quitará o añadi­
rá valor accesorio, pero siempre
un valor extraño a la magia de
la combinación química esencial.
Apenas si podemos decir algo
de esta combinación. Con pru­
dencia nos atendremos a la defi­
nición de K ant, que considera a
la obra de arte com o un m undo,
en el que las relaciones de las par­
tes al todo es semejante a la re­
lación de las partes con el todo de
un organismo. Se cumple una f i ­
nalidad que, com o dicé K ant, na­
da tiene que ver con la finalidad
en el sentido humano.
La finalidad de la obra de arte
es ella misma: una estructura es­
pecífica que despierta un senti­
miento también específico.
La obra de arte en suma es un
mundo, una cosa m undo, peque­
ña o grande, que posee una fina­
lidad en sí misma y por sí misma,
con independencia de cualquier
otro valor o significación.
Dos o tres líneas, dos o tres pa­
labras pueden combinarse y dar­
nos belleza. Será difícil lograrlo
con tan escasos elementos, pero es
posible. Lo que se exprese o lo que
(Continúa en la pág. 4)

i

�Pag. 8

C O N T R A P U N T O

se le ofreció hace poco a Sa­
CUANDO
muel fcicneibaum un homenaje en
celebración do sus veinticinco años oe
teatro, se tuvo la sensación de que no
se. trataba de' una cena servida en torno
a un pretexto para la camaradería del
mantel, inofensiva costumbre, tan espa
ñola, a la que somos sumamente afectos.
En ese acto, sancionábase algo menos
convencional, y por lo mismo más ¡n
frecuento. Pocos homenajes, en verdad,
más merecidos que éste. Samuel Eiche1baum recibía efectivamente un testimo.
nio público y profesional no en nombre
de su privada persona, que én este ca­
so iba solamente implícita, sino de su
obra. Era la afirmación de lo más fun­
damental en la vida literaria de un hom
bre. Se- le decía, con seriedad, que sus
veinticinco años de teatro no habían si­
do varos. ¿Puede pensarse que en esta
cosa tan simple no hay mérito excesivo?
Reflexiónese en nuestra historia teatra..
y, por extensión, en la de nuestra cul­
tura nacional. Mírese con objetividad, sin
ese enceguecimiento patriotero que lo
único que consigue es hacer ineficaz t o .
da lucha superat:va aun desde un punto
de vis-a nacional, y se verá que nues­
tra tierra vive aún el momento en que
su único posible amanecer para la cu
tura del mundo, como nación — no en
casos aislados esporádicos— reside en
este simple y aparentemente trivial su­
ceso: que la vida de un artista o un es­
critor, no haya sino vana.
Pues como todo país joven, el nues­
tro sólo admite una actitud favorable al
desarrollo de su personalidad: la con.
ciencia lúcida de sus propios defectos. ¿Y
quién de, nosotros, en el fondo de' su colazón, no está dispuesto a reconocer en
nuestro mundo intelectual todos esos sig
nos inequívocos de adolescencia, de vaci­
lación valorativa, de ambigüedad con­
ceptual que lo forman, y, por lo tanto, que
nos forman?
Así, una de las cosas, quizás, que* de
hemos reconocer con toda claridad, en
torno nuestro y en nosotros mismos, es
esta especie de incapacidad para dar al
César lo que es del César, para hablar
de una cosa én lo que la cosa es, y no
idcmtif'cándola con lo que aceptamos o
rechazamos en ella. Quie'ro decir, esta
especie de miopía que consiste en no
ver, detrás de una obra re'alizada — nos
guste q no— la presencia irrefutable de
un escritor realizado, es decir, de un he.
cho consumado. Por el contrario, acepta­
mos, y nuestra admiración se desliza al
más excesivo y por lo tanto convencio­
nal de los elogios, o rechazamos, y la
censura se lleva por delante — ignorán­
dolo— al más respetable de los esfuer­
zos. El snobismmo, la afectación, la fuer­
za de las cosas artificiosas y todos los
defectos universales de la condición hu­
mana, se añaden a nuestra juventud pa
ra expresarse con su voz del modo más
virulento. Así, hemos reservado general­
mente la parte de nuestro habitual pro­
cedimiento crítico que consiste en abrir
la boca más de lo necesario ante lo eu
ropeo —como el adolescente con la mu­
jer de treinta años—, y aplicamos la
del desprecio ciego para lo nuestro. Bue.
no sería, en cambio, intentar un ele­
mental deseo de claridad y de justicia pa
ra nosotros mismos. ¿Impediría esto al
lector c. al crítico negar su apoyo a es
ta obra en nombre de los defectos que
dica encontrar en ella? De ningún modo.
Ni tampoco toda la pasión o el entusias
mo que crean necesario depositar en su
aceptación o su re'pulsa, toda la afecti­
vidad estimativa que surja de reales con.
tactos de afinidad esperada — esa eeperacla afinidad que subyace en todo in­
tento de indagación crítica como anhe­
losa de manifestarse. Pero sí impediría
que esas actitudes reposaran en el aire,
afirmándolas, por el contrario, sobre un
hecho real: la presencia irrefutable — o
no— del escritor en cuestión.
El caso, pues, en lo que respecta a la
literatura local, consiste quizá en que
deberíamos comenzar por el principio,
por ese discernimiento inicial —tan líen­
nos estamos dei mistificaciones— que po.
ne en claro la presencia de una obra
como tal, de un escritor que existe per
se como un hecho consumado. En llevar
a la práctica esos viejos lugares comu­
nes de la critica hasta hoy poco menos
que envueltos en las nebulosas de las
frases te'óricas: la prescindencia del hom
bre, la exclusiva atención de la obra, la
objetividad en lo que respecta al mate
ríaI cor. que se trabaja —ya que la autoobjetividad es harina de otro costal. La
clara roción, en suma, como materia ini
cial de análisis, de si se está en presen,
cia, o no, de una obra quei existe, con
sus virtudes y sus defectos, como tal:
de una obra que por el momento vive
por discutible que sea lo que se refiere
a su longevidad.
La sanción de este hecho auspicioso
es lo que iba implícita de modo visible
en el homenaje tributado a Samuel Eichelbaum. Era ella la que, sin duda, pro

vocaba esa sensación de cosa no cor.
vencional, de cita auténtica en torno al
esfuerzo de un hombre de letras. No
es tanta nuestra inmadurez como para
que este caso sea excepcional, y por el
contrario, su repetición en distintos ór­
denes de nuestra vida intelectual es la
que va configurando probablemente una
realidad más alentadora, aunque menos
ruidosa, en torno nuestro. En ese home­
naje, se pudo con toda justicia lamentar
el hecho de que' la obra de Eichelbaum
no tuviera un estudio exhaustivo y jus.
to, tal como ella, por su simple exis­
tencia. exigía. No es en verdad esta la­
guna la que llenaremos con nuestro tra­
bajo, pues razonéis de orden práctico,
entre ctras, hacen imposible encarar i3n
estudio tal sin haber visto antes repre­
sentadas al menos gran parte de las pie­
zas, cosa para la cual debimos haber
nacido diez años antes —y éso escapa a
nuestra responsabilidad (*). También,
porque ni siquiera hemos podido procu­
rarnos todos los libros, y debimos con­
tentarnos con unas once o doce obras edi
tadas en Buenos Aires. Pero las dificul­
tadas no fueron tan grandes como paia
impedirnos inte'ntar este estudio en ba
se a esas obras — por otra .parte las más
significativas— en el que desaríamos se
viera un intento de participar a la vez
de ese homenaje del mejor modo posi
bit': e¿, decir, estudiando la obra de Ei.
chelbaum en función exclusiva de una
honesta indagación crítica, con prescin
dencía total de todo otro juicio, aun de
aquellos que podría dictar la amistad.
Homanaje que es el que merece esta obra,
pues implica que ella posee la fuerza ne
cesaría como para soportar, sin destruir­
se, no sólo el análisis de sus virtudes,
sino también el de su debilidad.
EL TEATRO PSICOLOGICO DE
EICHELBAUM
En rigor, tanto las virtudes como las
debilidades del teatro de Eichelbaum apa­
recen en germen las unas, visibles las
otras — que el proceso superativo con­
sistirá en este desarrollo desigual de ere.
cimiento y atrofia respectivamente— des­
de sus primeras piezas. La Mala Sed in­
troduce en nuestra escena una modali­
dad — verdadera ‘novedad”— que está
destinada a cobrar cierta trascendencia.
Aunque no sea éste eil lugar de demos­
trarlo, digamos, aun como afirmación re­
ferida al recuerdo de cada cual, que ha­
cia 1920 la escena nacional no ha su.
perado un período de imitacióp, al que
escapan esporádicamente algunos ejem­
plos ilustres, pero aun éstos de modo
parcial. No se trata ya de una imitación
de forma, al menos en principio, sino
conceptual y profunda. El dramaturgo
labora sus elementos dramáticos con far­
macéutica habilidad — la que quiere ga­
nar— de laboratorio. Esta habilidad,
cuando es conseguida, se traduce en cier­
ta capacidad para entretener y plantear
al público ciertos problemas, para ha­
cer mover a los personajes en el tabla,
do con agilidad de titiritero, cosa más o
menos visible según la enjundia de quien
los maneje. Hickens dará el juego ágil
e intrascendente de Entre Polleras__donla mano bénaventina calza un guante disimuiatorio— o Martínez Cuitiño com­
pondrá sus piezas con preponderancia
evidente de una sagacidad profesional.
Lo profesional, precisamente, en tanto
que dominio de determinados recursos
técnicos, gravita sobre el teatro que per­
mite incluir en cartelera a Laferrere y
a Payró, a Pico o a Florencia Sánchez
Por el ejemplo último, dedúcese que no
implica esta actitud un juicio peyorativo,
estanco todo juicio sobre' estos dramatur
gos, como es obvio, tan al margen de
nuestros propósitos. Pero sí implica una
esp&amp;ciai actitud del teatro, propia de
determinados momentos — aun en países
evolucionados— y que podría definirse co­
mo la tendencia a trabajar con elemen­
tos que. aun cuando tomados de la rea­
lidad, se transmutan en una combina­
ción convencional que se llama oficio.
En estos casos, el oficio no está al ser­
vicio de las sensaciones de realidad — en
su más amplio sentido— que trata dt*
producir el auter, sino al revés. Las
realidades se adelgazan o se inclinan to­
do lo necesario como para pasar por -:l
aro dei oficio. Si en Florencio Sánchez
esta condición se cumple ae un modo que,
por la violencia misma dei los hechos
reales que utiliza, borra casi y quiebra
los moldes del oficio, en cambio, en el
otro extremo de la escala, hace veinte
años o diez Vacarezza queda hueco de
realidades, moviendo sobre escena tan
sólo los aros vacíos de su pericia escé­
nica. En este plano de actividad profe.
sional, una voluntad férrea asistida por
cierto talento, puede llevar a la calidaa.
* Desde 1919, en que se estreno “En
la Quietud del Pueblo", hasta 1930, fecha
de estreno de ”Señorita”, Eichelbaum
escribió y estrenó trece obras, cuatro de
ellas en colaboración con Pico.

/

EL TEA TRO DE
Pero si se quiebra con este estilo profesionalista y se trata de devolver todo
su bien a la exigencia urgente de la ne
cesidad creadora, doblegando el oficio a
eila, entonces e's inevitable la parado­
ja de un contenido humano más rico V
trascendente que e| otro, envuelto y da
do por formas técnicas más flojas y pre
carias que las del teatro de oficio. **
La Mala Sed, aparece en e'scena dando
forma y sustancia a esta paradoja. Y
por lo mismo, a la vez que se da el acto
trascendente, en nuestro país, de un dra­
maturgo creador que busca su ¡nstrumemto expresivo en servidumbre de sus ur­
gencias vitales, se cumple la inevitable
flojedad, por vastedad del propósito, de
una estructura formal que sólo irá con­
siguiéndose! con el tiempo.
La forma en que éste trastrueque de
planos — oficio, realidades— se produce,
está dada en La Mala Sed por la inten­
ción inicial que ha guiado la búsqueda
— o ei hallazgo— del tema. Es en los te­
mas, en lo que el artista acoge o recha­
za, dende se abre quizá esa ranura por
donde se cuela la profunda intención del
autor Aquí, como en toda su carrera,
Eicheilpaum verá la situación real, de.
ducirá ae e'lla lo que cree que es su sus­
tancia auténtica, y con esos elementos
recién arrancados, recién despellejados
de su realidad, hará teatro. En la pri­
mera operación —arrancar el tema—
además de la virtud potencial dé la ac­
titud creadora que entraña —su vaior éti­
co, pedríamos decir— se manifiestan las
posibilidades de ese talento. El conduc
to que se ve abierto hasta la realidad que
sé quiere succionar, es para este autor
el psicológico. Está nutrido quizá, como
es por otra parte propio de su época
de debutante, por el teatro psicológico
francés, por Strimdberg, y en general por
la literatura dostoievskiana que Inaugu­
ra todo un ciclo de indagaciones analí­
ticas. Supone que la conducta humana sé
explica por resortes psicológicos cien­
tíficamente — racionalmente— analiza­
bles. Y en La Mala Sed, tratando de lle­
var a escena las razones ocultas que
mueven la desmedida apetencia sexual
en tanto que elemento de perturbación
-ocia! — disolvente de la familia, de uKr
moral dada, etc.— , compone sobre un po­
sible factor hereditario dado por el pa­
dre, la trayectoria sentimentalmente de
sastrosa de sus hijos. Esta ‘‘mala sed” ,
que lleva al padre a apetecer de modo
irreprimible la mujer de su hijo, tenienao
él tods lucidez del drama quei esto en­
traña, solo sé destruye cuando quien
la padece y quien la ha legado se des­
truye a sí mismo. Las líneas del drama
trágico están tendidas.
Pero en la pieza primeriza queda só.
lo el augurio y la novedad, en nuestro
medio oe un dramaturgo que busca hur­
gar en la vida antes que componer es­
cenas. Las escenas compuestas, no están.
En ellas, en la realización formal, apa­
recen ya las insuficiencias que irán adel­
gazándose, es ciérto, en el itinerario de
la obra eichelbaumiana, pero que la sig
narán hasta el día de hoy. En primer
término, la falta de eficacia teatral del
movimiento escénico y del diálogo, pa­
rece imputable por un lado a los ¡neón
veniéntes mismos del teatro psicológi­
co, es decir, a razones de orden con­
ceptual, y por otro a factores persona­
les. Si bien en estas primeras piezas la
inexperiencia del debutante' hace el res­
to, tales factores siguen persistiendo en
esta línea del teatro de Eicheilbaum — de
la que podremos más adélante desglosar
otras direcciones—, motivo por ei cual
conviene detenerse en ellas.
Diez años después, en Soledad es tu
Nombie, En tu Vida Estoy Yo, El Gato
y su Selva, Tejido de Madre, Divorcio
Nupcial (esta última dé 1941), las últimas
derivaciones de esta dirección psicológica
siguen adoleciendo de esta debilidad de
carácter conceptual. Eichelbaum trasla­
da mecánicamente a escena sus propias
deducciones sobre los resortes psicológi­
cos que mueven al personaje y los pone
en labios da sus criaturas. Más, los pone
con su propio lenguaje dé intelectual. Si
en L , Mala Sed se producía además una
confusión, por sometimiento a la ética
aparente del medio pequeño burgués que
le sirve de téma, entre lo humanamente
dramático como la desdicha conyugal de
Elsa y el amor de su suegro por ésta, por
un lado, y lo no tan dramático del contac­
to sexual de Esther con su novio (dan.
do a ambas la misma categoría trági­
ca, aunque aun dentro de la moral pe­
queño burguesa de' 1920 poseen eviden­
temente grados divergentísimos) en las
piezas sucesivas e| dramaturgo irá ajus­
tando sus temas a un enfoque más deli­
mitado de las situaciones, distribuyendo
sus cargas dramáticas y emocionales dé
modo más adecuado a la situación que las
contiene. Pero si en La Mala Sed el len
guaje verbalista y autoanalítico del per­
sonaje frustra su deseo de realidad, su.
cederá lo mismo en 1941, cuando en Di
vorcio Nupcial — ese magnífico y ambi­
cioso tema— Blanca dialoga de modo in­
verosímil con su sirvienta y su esposo
deduce frente a ella con lenguaje de
médico psiquiatra — cosa que ocurre tam
bién er. otras obras de éste acento, visi
blemente y de modo casi insoportable n
Tejido de Madre, Y es que aplicasei a
este teatro de Eichelbaum el reproche
qua, con motivo de Curel, formula Lalou
al teatro de ideas. Eichelbaum — y en

esto sigue el ejémplo, quizá subcons­
cientemente, del teatro psicológico de
Porto Riche — al que también se aplica
eil reproche— adapta el personaje a su
situación teatral, y no al revés. Sus cria,
turas están constreñidas a utilzar un
diálogo que sirva a los propósitos de
índole oilucidatoria que persigue el au­
tor. El reproche de “ literatura” que ce
ha formulado a su teatro, se concreta en
es,a éscasa composición de lugar, hecha
por el autor en lo que a la naturaleza
misma del teatro se refiere E| psicologísmo ael tema —y del autor— sofocan
al dramaturgo y lo traban, por su mismo
carácter de enfoque parcial, como una
pantalla cónica traba la expansión total
de una luz constriñéndola a la irradia­
ción que tiene la forma del cono que la
proyecta. Así, este teatro no obtiene sus
efectos por la situación — en cuya elo­
cuencia. sin embargo, confía aún el
O’Nail de El Gran Dios Brown o de Raro
Interludio— sino por la irrupción de
ideas en el diálogo, dé revelaciones que
deben ocupar en la Imaginación del es­
pectador lo que la escena no leí muestra
Para ello, los personajes se explican an­
te sí mismo y ante el público, y en lu­
gar de ser explicados por la alusión fu­
gaz que permite al autor recoger la ¡dea
sin apartar por eso su atención de la vi­
sualidad escénica —teatralmente funda­
mental— lo hacen con un diálogo discur­
sivo, de tipo ficticio a vecés, casi siempre

analista olvida al dramaturgo, quien, si
hubiera sido tenido en cuenta, habría sa­
tisfecho sus propósitos, aun los de or­
den cerebral, de modo más eficaz. Lo que
él dramaturgo habría logrado, aún pene­
trando en los más oscuros abismos freudianos, con la elocuancia de un acto fa­
llido, de una exclamación condensada y
justa, de un grito logrado intuitivamen­
te, el analista trata de conseguirlo me
diantc la reflexión cavilosa y el lógico
sucedér de ideas guiadas por la razón,
propio de un psicoanalista. Personajes
torturados por “ complejos” o realidades
subyacentes, que los presionan con mo
vimientos de flujo y reflujo vividos por
ei autor en calidad de dramaturgo, y
no de analista, se habrían exprésado en
diálogos tirantes de tropiezos y retornos,
de fustezas dramáticos, explicándose más
por e! tinte emocional de la marea psi­
cológica que por el empeño pueril dé!
análisis verbal. Y es que el patetismo
asrá ausente de la estructura verbal de
Eichelbaum. Se confía demasiado én la
idea, en la capacidad significativa de la
palabra, y no se recurre nunca al envón
d ; ¡a frase que no significa nada pero
que puede expresarlo todo. Y es esta
ausencia de teatralidad emocional lo que,
luego de enfriar estos temas talentosa
mente captados, malogran una pieza que,
como Divorcio Nupcial, si bien quedará
por su valor de lectura, languidecerá er.
cambio para el teatro por no haberse

EICHELBAUM, por Lozza
librescc. Luis Enrique, en Tejido de Ma­
dre (1936) hombre que ha dudado de su
paternidad, identificando la obsesión ma
temal de su mujer con su duda, dice a
su esposa en ese segundo acto qué es
toda una lucha verbal por concretar sus
sospechas: “ No es a mí a quien debes
formular esa pregunta, sino al otro. Pero
no olvides que el otro no ha optado. El
piobléma es tuyo y nada más que tuyo.
Eres tú quien se ha encontrado de pron.
to en un problema de trastienda amo­
rosa. Alguien ha logrado impresionar su
imagen en la cámara oscura de tu per
sona. Tú no podías acoger esa imagen
porque te séntías inhibida. Yo estaba
a tu lado. El era, pues, un huésped ilí
cito. Como no tuviste el valor necesario
para rizarte contra los convencionalis­
mos. . ” Y sigufc explicando así, con tau
toiogias evidentes, (“ Yo estaba a tu la­
do” , ‘ El éra un huésped ilícito” . . . ) el
lugar adonde desembocan sus sospechas.
Un supuesto deseo pretérito de su mujer
hacia otro hombre, rechazado por la cen­
sura moral a lo subconciente, irguiéndo­
se ahora en el lugar de la paternidad
frsa de Luis Enrique. Y al final dei este
extenso párrafo (todos los párrafos son
extensos en est apieza) esta expresión ab
soluta ajena a toda perturbación emocio­
nal ,absurdidez dada por el hecho &gt;de aue
ei analista en cuéstión dice estar __y el
autor lo da asi tácitamente— emocional­
mente perturbado: “ La trastienda ha ido
ensanchándose hasta ocupar la zona de
luz que le estaba vedaaa. Irrumpiendo
los sentimientos secrétos, arrasaron con
todo. Asi ve mi lógica, e&gt;| suceso que
mi dignidad, avergonzada y horrorizada,
rechaza. Pero mi dignidad es sólo un
testigo espantado del hecho” . En este
ejemplo, puede verse como procede Ei­
chelbaum. Absorto e¡n su intención de

bre la difusa iogicidad verbal que el au
tor le ha impuesto.
Los esfuerzos de Eichelbaum por sa
lír do oste círculo de hierro en que se
muevo su teatro psicológico, no se apli
car, como vemos, a la materia misma de
su lenguaje. Pero revela la ansiedad poi
la fo'ma ágil, fresca, que lo envuelva
en lo que réspecta a la estructura. N&lt;
advlrtiendo que el problema radica e*
el origen conceptual que mueva su plu
ma, es en vano que aflojé las juntura!
d&amp; s is escenas, que las disloque en acto:
breves o en cuadros, que busque el rit
mo del film, como en Soledad es tu Nom
b&gt;e pues el téma sigue quedando tea
raímente realizado a medias. En esta úl
ima pieza (1932) cuya tónica secret

M
034? 3se Hevg
urSe en
EU tU VÍda
S s t°V ||a
(1-olj,
a escena
,a poét¡ca
a
; L / ° ' edad hacia su compensa
cion anhelada, con ciertas semejanzas a

laÜ
Cumpledefinitiva
com° ei
la ÚIUmt0nÍan°
u f m a p,eza,’ qUe
o SeSefrustra
da e ¡nane'i°h?n 13 se9unda- La ¡manta
reunida
3 £’ atracció" de d°s rerereunidos al principio, sueltos en el cur
o de a acción, yendo en su búsau“ d
al final, introduce en ambas piezas u,

S

r - a

K

1;

co ncidencia con Kaiser” ¿ ' nflue,nc|a
Pues en cualquiera
L H
' nteresí
desviación,

dé

R o£

e

r

�-------------------------------------------- ------------- ---------------- ------------------------------------------

C O N T R A P U N T O I

E I C H E L B A UM
imponderable está contenida auténtica
mente en la idea original del tema. Mi =ntr.is en Soledad es tu Nombre las criatu­
ras elegidas para unirse no llegan a re­
conocerse ni a vincularse nunca por fac­
tores circunstanciales, condenadas a un
oesencuentro definitivo y final, en En tu
Vida E stoy Yo, aparecen unidas en ei
primer acto, cuya primera escena plan­
tea con diálogos interiores tipo Extrange
Interinar la separación voluntaria de la
pareja por ímpetu de libertad en el hom
bre, escritor que cree necesaria esa libe­
ración para la realización de su obra. Er,
el teatro psicológico de Eichelbaum, caen
así uros granos de poesía que, preteiso
es confesarlo, no logran disolverse hasta
ter;r, como sucede, en las bien dosifi­
cadas piezas de Kaiser que responden a
este t,po la totalidad de.' la carnadura
teatral. En Soledad es tu Nombre Rolón
es olvidado por el espectador hasta que,
sorpresivamente, vualve a tenerse cono­
cimiento de él en la última escena, cuán­
do Alicia retorna a ese pueblo de cam­
paña en busca — según se entera quizá
demasiado tarde el espectador— de e'sa
posible compensación a su soledad. Mien­
tras tsnto, ha transcurrido toda la ac
clon en una serie sucesiva de seis actos
breves, en los cuales se) han escenifica­
do anécdotas, antes que, el mismo proce­
so an,nico de Alicia. Este proceso, que da
si nembargo su intención a la obra, no
derrota a la anécdota sometiéndola a su
colaboración lírica, pues el psicologismo
analítico vuelve a conspirar e'n el diálo­
go contra la espontánea expresión del
sentimiento dramático. Cuando el mundo
íntegro rechaza a Soledad, y ella luego
de caer en manos de un escritor queí se
le presenta de modo bastante inverosímil
resuelve devolver a éste a su legítima
esposa, como si cumpliera con una im­
placable tarea de arrojar lastres en tor­
no suyo, su entrevista con la esposa de
su amante cobra este tono: “ Si usted re­
conoce la existencia de un problema mo­
ral en su situación, es porque no se sien­
te del todo desvinculada de su marido. Y
esto es lo importante. Entre gente hon­
rada, cspiritualmente honrada, es decir,
ser.sibie a las fuerzas morales, tiene,
efectivamente, algo de indisoluble hasta
el concubinato. Resulta entonces absur­
do que lo que hay de grosero y pequeño
en el hombre o en la mujer, en une y
en otra, triunfe sobre una conjunción in­
destructible. Que su marido se negara a
reconciliarse con usted, por un impedi­
mento m ora l... (y luego de un extenso
análisis de este o rd e n )... El matrimonio
dt' ustedes subsiste, a pesar de la separa­
ción, subsiste en el conflicto moral suyo
y en el problema sentimental de él” . Tai
tipo de diálogo con sus “ efectivamente” y
"erii o.ices” , y su ordenación lógica, cate
drática. de frases desgranadas con méto­
do expositivo, no sólo es ineficaz para
dai realidad psicológica al personaje, si
no que mata el germen de poesía que se
ha introducido anecdóticamente en el te­
ma El recuerdo de Rolón, de aquel mu­
co tero que espera a una mujer que vió
pasar fugazmente en tren, y que “ es idén
tica a Alicia” (a quien so lo dice en el
encuentro circunstancial del primer ac
to), mujer entrevista a la que dedica su
vida &gt; a la que busca, está ya a una dis­
tancia astronómica de la sensibilidad del
espectador. Nada en el curso de la escena
que mediante sugerencias poéticas me­
diatas mantenga viva la distante presen­
cia de quien puede — el único— penetrar
en la soledad de Alicia. Así, cuando lue­
go oe todos los naufragios sentimentales
de sociedad»— Alicia (que ni siquiera son
sentimentales: “ No son sentimientos fe­
m e m o s los que me traen aquí — dice
Alie,a al marido de su amante— . . . Y lue­
go “ Mal podría quedarme con él si son
sentimientos amistosos los que me mue­
ven” ) ésta retorna a aquel pueblo de
campaña donde un muchacho le hablara
de la mujer entrevista fugazmente, y a
la que espera, “ idéntica a ella” , al es­
pectador le sorprende, y le choca un po
co, esa desmayo final ante la noticia de
que Rolón ha muerto, y hasta esa posi­
ble muerte de la heroína, que hasta aho­
ra parece más bien una doctora ein filo­
sofía y letras en trance de teorizar so
bre la vida como espectadora fría de
sus propias tragedias.
Es cierto que En tu Vida Estoy Yo, e'l
reencuentro de 'a pareja está previsto
por sugerencias cuidadosamente dosifi
cadas. Sin embargo, la gradación dra­
mática, de la que se prescinde quizá en
función de una necesidad moderna, no
se ve sustituida por la preparación del
clima necesario a la verosimilitud, a la
naturalidad del hecho escénico que ha de
anteceder a los momentos acentuados del
drama y las caídas de telón, casi siem
prc bruscas e inesperadas Falta, en su­
ma el bien entendido artificio del dra­
maturgo que domina su emoción y su ver­
dad, falta ese arte de farmacia, esa p¡
caí día seria del gran tramposo que se es­
conde, paradójicamente, detrás del cread»ir más genuino ,ese arte del afeite y la
pomada a que aludia Baudelaire cuando
hablaba de sus poemas, y que, en suma,
es 'a total utilización de los recursos
expresivos para proveer a su materia po­
tencial de una forma que se le adapte
emo el guante a la mano con su justeza
y su naturalidad,. En su teatro psicológi-

P L A

co, mechado en algunas obras de ingre
d»?ntes poéticos no del todo asimilados,
Eichelbaum sigue quedando en deuda
con nosotros. Tiene en sus manos lo más
importante: |a materia prima perfecta
mente l.cida, clasificada y depurada y.
es justo decirlo, las grandes líneas fun­
damentales de la realización: pero falta
la justtza de esta realización, la depura­
ción de su diálogo, el abandono de cierto
material lingüístico ,el hallazgo de otras
materias capaces de mayor maleabilidad.
Hay que ajustar tornillos, agilizar situa­
ciones, afinar un instrumento que, para
rendir toda su eficacia, necesita dar sus
notar-, e,n un más exacto diapasón.
LA COMEDIA BURGUESA DE
COSTUMBRES
El factor negativo que asignamos al
conceptualismo teatral de Eiche'lbaum en
lo que respecta a la dirección más do
minante de su teatro — la psicológica—
perece comprobarse por ei alza inmediata
que se opera en aquellas piezas donde
se efectúa una nueva dirección. Ya en
La Y alo Sed, coexistiendo con la motiva­
ción central del tema, se extiende la pin
tura ae un cuadro dt) costumbres que
posteriormente seguirá tentando al autor.
La familia pequeño burguesa de tipo co.
rrierte — más corriente, es cierto, hace
20 anos que hoy— con sus prejuicios re­
producidos can toda prescindencia de
“ parti-pris” , su mundo de egoísmos y de
pasiones, su pequeñez do encierro, pa­
norama ante el cual el dramaturgo no opi­
na, tomando los materiales que les son
dador por la realidad con la imparciali­
dad de una cámara fotográfica que* tu
viera, a la vez, la virtud de analizar me.
diante sus personajes las reacciones psi
cológicas que en ellos se operan. Cuandr
se da_ preponderancia a este- análisis, co­
mo en La Mala Sed, El Gato y su Selva
(drama clásico del solterón con reminis­
cencias del Carlitos de Extrange Interín­
ele, aunque aquí no es el complejo de
Eripu ei que actúa sino un complejo ho­
gareño — que se entreteje con el apego
a dos hermanas solteronas y todo el mun­
do rutinario que e'IIas vigilan— , Tejido
d”. Medré, Divorcio Nupcial, estamos en­
tonces ante el drama psicológico. Pero
cuar.do es bajado el tono del análisis y
se dibuja con preponderancia ej cuadro
objetivo familiar, se produce una direc­
ción teatral que de'semboca en la co­
media burguesa de costumbres. Es lo que
ocurre con Un Hogar (1922), tema de la
familia sórdida pequeño-burguesa, de
ht manos solteros egoístamente ence'rrados en sí mismos, —que sin embargo tra
tan también de analizarse— , alegrada
transitoriamente por la presencia de una
muchacha campesina que junto con la
aiearía sit'mbra impensadamente eá dra.
ma ,al arrancar con su partida esta últi­
ma posibilidad de plenitud para uno de
los personajes. En este drama primeri­
zo, los- defectos de factura malogran ca­
si totalmente el tema. Pero en 1941, E¡chelbaum retoma este asunto, con va
riantes temáticas y compone entonces
un;, de las mejores piezas de» su teatro,
que, junto con Pájaro de Barro, del año
anterior, quedarán, sin duda, definitiva­
mente incorporadas a nuestras cartele­
ras. Vergüenza de Querer posee ya un
diálogo diálogo ágil, donde los conteni­
dos psicológicos de los personajes se
trasunta con habilidad dramática y no
se llevan al primer plano de la artifificiosa auto-explicación. El primer acto
plantea un hogar de tipo corriente, en
franco proceso de disolución por des­
aparición de los padres. La madre ha
muerto, y el padre se extingue en un
delirio da ancianidad. Nadie trabaja
firmemente excepto Goya, la enérgica,
sobre cuyos hombres recae el manejo y
hasta la imposible magia de hacer co­
mida sin dinero. Una magra renta sos­
tiene la casa, con la que Goya debe ha­
cer milagros. Los hermanos, un chico
estudiante, un pintor, un clásico ato­
rrante porteño que se siente “ rentista”
y una hermana mayor, Flora, que sueña
en casarse. Goya, pues, es el sentido
de la realidad. Por una causa u otra,
los demás viven en las nubes. Nubes
en las que se extingue la cochera del
padre, cuya muerte silenciosa precede al
telón final. Esta escena que cierra el
primer acto, de concepción notable, no
adquiere quizá el relieve que se desea­
ría para ella. Estrictamente visual (en
el libro se expresa por acotaciones) de­
penderá en gran parte de la habilidad
dei “ metteur-en-scéneV. La familia, lúe
go de este telón, queda desintegrada
prácticamente.
El progreso que se registra entre es­
te primer acto y el primero de “ Un Ho­
gar", es astronómico. El dramaturgo
cuenta con recursos amplísimos. Sin
embargo, se resiente el diálogo
casi
siempre evidentemente dirigido por su
autor__ por una dosificación no preci
sámente exacta. Matices, precisiones
que habrían hecho falta y que no están,
rodeos verbales que suplen la síntesis
necesaria, agilidad que, aunque grande,
no llega a la maestría que exige el te­
ma, conspiran contra la realización ca­
bal del acto. Esto se repetirá en t-l cur
so de la pieza, hasta el final. Pero es
preciso decir, sin embargo, que si tal co­
sa hubiera sucedido, Vergüenza de Querer sería una de las grandes piezas de
la literatura dramática universal, hecho,

por lo mismo, que hace tanto más la­
mentable la debilidad de las situaciones
y del diálogo, pero que a la vez permi­
ta esperar algo muy serio de quien pudo
llevar tema tan intensamente frecuente
y humano al plano de semejante hon­
dura vital. Es esta hondura, esta pro­
fundidad vital, la que va salvando a los
personajes — cada uno de ellos una pre­
sencia irrefutable— hasta el fm. Goya,
personaje notable por su instintiva leal
tad hacia su vida profunda, cae por un
instante en la tentación del recurso
práctico que convierte al amor en una
resignada operación de conveniencia
material o moral. Pero luego, se libera
aun del matrimonio para construirse en
función de sus reclamos autémeos. Go
ya es la negación del hogar de que
surge, construido sobre lá convivencia
convencional. Con Goya la vida se im­
pone, y con ella una lección tremenda.
No se puede traicionar la propia vida
en nombre de una pretendida sensatez,
pues la vida se venga en sordidez e
infelicidad. Este reclamo a la lealtad
hacia la vida profunda de cada cual
— no absolutamente lúcido en Vergüen­
za de Querer, sino más bien implícito —
va también, tácitamente contenido en
Pájaro de Barro, teatralmente superior
a la pieza recién comentada. Pájaro
de Barro, si bien no está exenta de
ese intelectualismo en nombre del cual
Eichelbaum fía quizá excesivamente en
su inteligencia para componer el diálo­
go cuando, quizá, ciertas situaciones de­
ben confiar la pluma a la intuición —
es, en cambio, la obra más fresca, más
carnal y más saludable no solamente del
teatro de Eichelmbaum, sino, probable­
mente, de todo el teatro argentino. El
tema, magnífico de por sí — debemos
repetir que hay en Eichelbaum un asom­
broso explorador de temas— cuaja en
la forma para la que había nacido. Pres­
cindiendo de algunas objeciones que de
jaremos para el final, la obra íntegra
respira, se contrae en un ritmo visible
y audible como el del aliento. Criaturas
vitales son éstas, primariamente huma
ñas, y saturadas de una realidad que,
por ser nuestra — aunque esto implique
una redundancia— no es menos univer­
sal. Aquí Eichelbaum quiebra el marco
convencional y prejuicioso con que tras­
lada a sus personajes en otras obras de
ambienta burgués—aquella campesina de
Un Hogar, por ejemplo, que teoriza fren­
te al amor que le pide su cuerpo como
una pastora protestante, y extrangula su
amor porque no se le da antes libreta
de casamiento, todo elle dado por el au
tor como si tal cosa fuera humana y
verdadera — cuando su única realidad
psicológica está dada, en esas criaturas
cuando no es cálculo, por la disciplina y
el temor— y pone en escena una cam­
pesina, “ peona” , que está prometida en
buen partido a un hombre que no cono­
ce, pero que ocasionalmente tiene con­
tacto primerizo con un desconocido que
está de paso, a quien querrá como padre
de su futuro hijo; quiebra ésta su casa
miento, haciéndose reemplazar por una
amiga — a quien la oferta interesa —
y parte en busca de su hombre hasta
que le halla. No le dice nada, pues bus­
ca sólo su contacto — éste le ha mani­
festado francamente su absoluta irres­
ponsabilidad moral, permitida por ella, en
la aventura— y sólo queda allí, en cali­
dad de sirvienta, en una casa de cam
po — una verdulería— atendida por la
madre del hombre en cuestión — un es­
cultor—, española que sabe también, más
de la vida misma que de sus convencio­
nes. En ia escena final, cuando la ins­
tintiva sagacidad de la madre descubre
el secreto de la “ china” Felipa, el diálo­
go precisa el alcance de la pieza:: “ Cas­
ta de mujeres que alumbran huérfanos...
Es posible que sea verdad. Pero termina
tú con esa casta dándole padre a tu pe­
queño. Si te niegas, le quitas padre y
madre” .
Desde un punto de vísta estrictamente
dramático, no está exenta de fallas esta
pieza. Ya lo hemos dicho: el teatro de
Eichelbaum es una preciosa materia pri­
ma cristalizada de modo desigual, pero
que aun no ha hallado la temperatura
perfecta para su forma totalmente logra­
da. Estos factores condicionantes de la
forma, se han ido produciendo en una se­
lección evidente a través del tieimpo. Da­
da esta visible maduración, ¿es arries­
gado vaticinar un gran teatro en el Ei­
chelbaum futuro, hoy en plena fuerza
mental y espiritual? Creemos que no.
Pero agreguemos también que, contra lo
que suele creer el prejuicio del escritor,
no hay pieza sobre la que no pueda vol­
verse, versión que no pueda corregirse.
Quizá uno de los prejuicios más nefas
tos del artista, sea el que concede carác­
ter de cosa irreparable a la obra dada a
publicidad. Por el contrario, la obra es
constantemente reparable, a pesar de
aquel Lafcadio de Gide que odiaba la
literatura precisamente por su capacidad
para ser corregida —-adjudicándole a la
vida una hermosa y gratuita irreparabilidad. La vida misma es reparable, pues
el autor se modifica a sí mismo volvien­
do sobre su obra — y ejemplos ¡lustres
de dos y tres versiones de una misma
obra lo prueban— como el hombre se
transforma transfor m a n d o infatigable­

mente lo que le rodea y lo que él mis­
mo crea en torno suyo. No sería quizá,
improbable que Eichelbaum diera un día
algunas nuevas versiones de Pájaro de
Barro y Vergüenza de Querer:
es tan
poco lo que le faltan para un ajuste ca­
bal, que cuando madure la temperatura
necesaria para ello en este autor, pueden
surgir ya de, estas piezas— prescindiendo
de las nuevas que se gesten en el futuro
— dos obras maestras del teatro nacio­
nal.
EL TEATRO POPULAR
Porque la voluntad de rectificación es
manifesta en el teatro de Eichelbaum.
Tres direcciones, hemos dicho, se entre­
cruzan y signan de otros tantos acentos
a su obra. Si el teatro psicológico cede
en algunas piezas al realismo costumbris­
ta burgués, en otras se borran ambas
para dar entrada a la inspiración popu­
lar de “ Un Guapo del 900” y “ Un tal Ser­
vando Gómez". Cuando se produjo el es­
treno de estas piezas — especialmente ía
primera— se insinuó que Eichelbaum ba­
jaba la puntería, que “ entraba por el aro
de las concesiones” . ¿ Puede hablarse de
concesiones en estas pieza? Si por con­
cesión so entiende las que un artista ha­
ce a su inquietud, dejando una veta te­
mática para obedecer al reclamo de otra,
sí. Pero si por ello se alude a cierta
genuflexión ante la taquilla y el público,
no. Hay una concesión hacia el atrac­
tivo de tipo pintoresco, del brillo costum
brista, tanto del lenguaje como del per­
sonaje, y se cede efectivamente en hon­
dura lo que se gana en extensión. Pero
deoajo de ella el dramaturgo sigue abs­
traído de toda consideración ajena a su
oficio, ocupado con esa honestidad que
se ignora así misma — la verdadera —
en obedecer las sugerencias de su emo­
ción y de su hallazgo. Un Guapo del 90b
es una consecuencia lógica de esa espe­
cie de escala, en el registro teatral de
Eichelbeum, que lo lleva de la nota psi­
cológica a la hogareña y de la hogareña
al mundo cotidiano: en éste, su ojo per­
cibe la figura del “ guapo” , y a este gua
po lo ubica en dos momentos, con sus
diferenciales psicológicas dadas por su
momento histórico: el 900, y el ambien­
te político de entonces, y la época actual,
y cierto medio trabajador de extramu­
ros, medio típicamente porteño — quiza
mejor argentino, o del litoral, pues se lo
encuentra en Rosario, en Santa Fe y en
las ciudades del Paraná— carrero que
está vinculado, en cierto modo, al puer­
to (aunque en Un Tal Servando no sea
necesaria esta vinculación) que propor­
ciona gran parte de su trabaje. En el
primer caso, e el guapo profesional, el
mercenario con su moral también merce­
naria; pero de cierta honradez peculiar:
cuando se vende, lo hace más afectiva­
mente que por dinero. Su vida está da­
da. La ha entregado, y la vive sólo de
reflejo: “ Para lo que el amigo mande” .
El concepto de la amistad confúndese
con el del servicio, como sucede con el
escudero medioeval o el testaferro del hi­
dalgo español. Eichelbaum documenta con
precisión un tipo local, actualmente casi
extinguido, sustrayendo quizá, un tema
al ensayista, para transvasarlo en la forfa teatral. Nada más lejos, pues, que
la “ concesión” populachera y taquillesca.
Su intención prescinde de toda servidum­
bre al público. Su personaje no excita
patoteros entusiasmos, no se diviniza en
una plebeya heroicidad, sino que lleva a
cuestas su real catadura singular, su pro­
pia ética personal, que no es precisamen­
te de| hampa, sino del malevaje gratui­
to, el verdadero, el que cobra y paga.
Ha matado porque creyó que debía ha­
cerlo, y “ la libertad le está quemando
los pies dondequiera que vaya” . “ Detrás
de las rejas, hasta la osamenta de Ordónez — el que ha matado— se levantaría
para . darme la mano”. Documento es
también Un Tal Servando Gómez. Como
Ecuménico — el guapo del 900— es tipo
vital, con vida sin prejuicios, tal como
es propio de su medio en contacto di­
recto con la lucha por la vida, de cara
a la necesidad y a la realidad sin eufe­
mismos. Es el eufemismo, producto de
la vida sin fuertes necesidades, sin lu­
chas violentas, el que configurando la
existencia convencional hace posible el
prejuicio. No- hay lugar para el prejui
ció cuando se tiene la realidad desnuda
ante los ojos, y Servando Gómez, como
hombre de trabajo proletarizado, mane­
ja también la realidad. Pero el trabajo
dignifica aquí ese coraje realista y esa
mesura criolla del hombre experimen­
tado. Hombre solo, también, que en su
corralón recibe el animalito que busca
lo necesario a su hambre — alimento y
amo— a la vieja que le lega un día,
porque anda sola por el barrio, a la
mujer también, que le acude a su lado

abandonando a su marido — su amigo —
porque le pega. Servando es la fuerza,
y sobriamente, en silencio, sabe que ha
de proteger con su fuerza. Su vida es
en rigor una acumulación de deshechos
que le lelgan como restos de naufragio.
El es la fuerza, y por eso tiene piedad
y amor para aquellos que no pudieron,
que no pueden — como él — aguantar ia
realdad. E débi queda bajo su mano, y
si es preciso, su mano puede empuñar
entonces, en Su defensa, el cuchillo. Y el
hijo de esa mujer — que es del otro —
crece a la sombre de esa fuerza que es
Servando, la verdadera fuerza: la que no
necesita manifestarse ante el débil, co­
mo no sea en forme de piedad viril, o
de amor.
El retrato, sobiamente, magníficamente
trazado, se humaniza hasta la vibración
final cuando la ruindad queda desarmada
para siempre, derrotada por la lección
muada de Servando, de su sóia existencia.
Pero, ciertamente, ambas piezas no excedn quizá el valor del documento — segaz y profundo, es cierto— para llegar
a la esfera de ló perdurable en lo tea­
tral. La imposición del tema, la absolu­
ta falta de complejidad de las criaturas
reales con que el autor trabaja, privan
a éste de su vibración más fuerte: la
indagación sutil de la naturaleza huma­
na. Debe emplear procedimientos de pin­
tura al fresco, manchas extendidas bidimensionales, y se queda sin esa tercera
dimensión que da el acento vigoroso a
su teatro. El diálogo, ajustado y de lé­
xico concienzudamente escogido — y es­
tudiado— coarta también, la libre expre­
sión del tono y de la idea, como antes
lo coartaba el propósito analítico de la
indagación psicológica. En estas piezas,
también, subsiste lo que podría ser el
denominador común de esta debilidad del
teatro de Eichelbaum, y que se aplica a
las tres direcciónes de su obra dramática,
sustentando cada una de las intenciones
que se encierran en ellas: una preponde­
rancia de lo intelectlvco, de lo pensado,
sobre la intuición; un dominio imperioso
de la inteligencia sobre el instinto. En
esto veíamos la causa de la frialdad que
en mayor o menor grado aqueja a este
teatro. ¿iSgnifica esto que el autor ca­
rezca de sensibilidad, que trabaje sin
emoción? Nada de eso, puesto que esta
frialdad no es ausencia de emoción sino
precisamente la consecuencia de una
emoción domada — excesivamente doma­
da. No implica esto una absurda censu­
ra conceptual, que consistiría, en exigir
una actitud romántica a quien con todo
derecho resuelve no tenerla. Significa,
tan sólo, que la predominancia de la in­
teligencia quiebra con exceso ei equili­
brio de la obra, llevando lo que pudo
haber sido dominio del instinto hasta su
sofocación, hasta su incomunicación con
la obra. La actitud inteligente, no se
conforma aquí con dominar al Instinto.
A veces, parece que lo extrangula.

i

TRASCENDENCIA DEL TEATRO DE
EICHELBAUM
La debilidad del teatro de Eichelbaum
¿es lo bastante aguda como para invali­
dar la trascendencia de su obra? La res­
puesta es negativa, y por muchas razo­
nes. En principio, en esta obra ya reali­
zada, como hemos visto, hay suficiente
material como para nutrir la escena ar­
gentina con un nuevo tono y una nueva
puntería teatral. Sí la actitud primera
no fuera bastante — esa quq da todo su
valor ético a la empeñosa autenticidad de
su obr/i—, al inaugurar objetivamente en
nuestros tablado un tipo de teatro que
va en busca de su instrumento expresivo,
que pone el oficio al servicio de su ver­
dad, quedarían como testimonio la pro­
fundidad de sus temas, la belleza de sus
asuntos, la inclusión de personajes rea­
le en sus piezas, que de por sí contribu­
yen a hacer del ejemplo de Eichelbaum
una influencia duradera en el teatro na­
cional. Conceptualmente, quizá esta in­
fluencia no tenga la misma fuerza. Ei­
chelbaum. en sus últimos trabajos, evo­
luciona a su vez hacia formas más ági­
les, más vivientes, de la estructura tea­
tral. Su visión tiende a abrirse en irra­
diación amplia, y no a centrarse sobre
aspectos parciales, actitud ésta cuya de­
bilidad no es, por cierto, exclusiva de1 su
teatro, sino de todo el teatro occidental.
Se ha hablado hasta el cansancio de la
decadencia de la escena europea, y Fran­
cia es un ejemplo de ello. Un soplo v¡talizador pareció insinuarse con el teatro
expresionista alemán, pero se vió que
éste también aportaba realidades parcia­
les y agotables. ¿Hasta qué punto esta
limitación conceptual de Eichelbaum es
imputable a él, y hasta qué punto lo es
a la difícil y caótica época que vivimos,
(Continúa en la pág. 15)

RECIENTEM ENTE A P A R E C ID O :

EL

SUEÑO
por

DEL

SEÑOR

Alejandro

ANDRES

Den i s - K r a u s e

Un (rozo de la vida real. Una imagen de la obsesión. Una
historia que se pierde en el misterio
$

2 . —

EL

E J E M P L A R

Distribuidor: ‘ A T E N E A ” — Diag. 80 N&lt;? 1010, La Plata

I

�Pág. 10

C O N T R A P U N T O

PRESENCIA DE LOS ESCRITORES F RANCESES

A lgo

sobre Giraudoux
por Alejandro Denis-Krause

E

POCA de calificaciones políti­
cas y no de apreciaciones li­
terarias, según cóm o se reci­
bió la muerte de Jean Gi­
raudoux, así se emitieron juicios
sobre su obra.
Quienes dividen aún más el cam­
po de la inteligencia y consideran
que hay expresiones vivas y otras
que “ son” muertas — o intelectua­
les ( ? ) — haciendo caso omiso a los
valores que puedan tener, por el
solo efecto de la resonancia siempre
muy personal, también lo juzgaron.
Giraudoux, escritor de medios su­
tiles para equilibrar realidad y fic ­
ción, con su estela de equívocos, de
fórmulas más hábiles que verdade­
ras, deja más bien elementos para
desconcertar y no para que ellos re­
fieran algo de su persona y encan­
ten o desencanten su obra, con este
m otivo también podría plantearse
otra cuestión política por parte de
quienes se interesan más por las “ v i­
das heroicas” de los escritores que
por sus libros, considerándolos re­
fle jo o prolongación de aquéllas, y los
que — sin hacer cuestión— sólo va­
loran ingenuamente un volumen por
lo que han leído en él.
Mas, extenderse en tales interpre­
taciones en esta oportunidad, sería
empañar un poco el fin o cristal del
que nos dió hermosos espejuelos
para alejarnos en algunos momen­
tos, de la tristeza infinita que es
vivir o de la lucha desigual empren­
dida p or algunos para cumplir su
destino.
Jean Giraudoux, casualmente, ha
tenido el don particular de saber
cóm o debían tenderse preciosos ve­
los transparentes sobre la realidad.
Ha sido de los escritores que tratan
de hacer gratas sus obras y así ali­
gerar la vida.
Cuando apareció, lo rodeaba la
aureola de su nuevo talento. D eve­
laba un estilo pleno de imágenes, de
felices ocurrencias, de sagaces obser­
vaciones, de conclusiones inespera­
das. A trajo, poraue parecía a pri­
mera vista que liberaba de ataduras
a la imaginación, que facilitaba una
más amplia expresión del pensa­
miento, y porque se suponía que por
esos cauces desembocarían los ríos
futuros. Se lo analizó a fondo, y Albert Thibaudet d ijo : “ la aventura
interior va a confundirse en Girau­
doux con el ju ego de la imagina­
ción ” . La aparición de otras obras,
su actividad de autor teatral, deiaron atrás esta impresión, con fu n di­
da entre aportes menores con los
que deslumbró en aauella época.
Casi hace veinte años, leía “ L ’école des indifferents” y parecíame de
una graciosa soltura"; más tarde he
releído sus frases y las he hallado
encerronas para la imaginación. Esa
impresión de tan nuevo, tan distin­
to a todo lo francés que recibí en
un principio, contrastaba luego con
mi advertencia tardía de que era
tradicional, con esa continuidad es­
labonada que demuestran los escri­
tores de ese país de generación en
generación, fáciles a la referencia
de sus antecesores en las letras. Que
esto lo produjera m i-conocim iento a
posteriori de Jules R enard o de al­
gún otro, ahora no puedo precisar­
lo. Que fué una lectura que me im ­
presionó, sí. Jean Giraudoux tenía
una suerte de sugestión por ese en­
tonces, que lo destacaba com o m o­
derno — casi con una expresión de
la época, podría decirse que— : pa­
recía m arcar la literatura de la h o­
ra venidera. A portaba imágenes sor­
prendidas por distintas fases de la
inteligencia. Sus personajes, como
aclara Paul Morand, se veían “ co­
mo la triple imagen de un autor de
éxito en el espejo del camarín de
una actriz” . Se lo seguía. Aquí, en
la A rgentina se em parentaban con
su obra “ Cuentos para una inglesa
desesperada” de M allea y “ Presen­
tación de Buenos A ires” de Amorím.
Para considerarlo convendría des­
lindar dos personalidades bien de­
finidas, dos etapas bien distintas de

su producción. Una en la que en­
cuadran sus novelas y relatos, y
otra en la que aparecen sus dramas
que le acuerdan una trascendencia
mayor. Los elementos esenciales que
maneja en unos y otros son los mis­
mos, mas, en la primera está em­
barcado en la facilidad, y en la se­
gunda ceñido a un esfuerzo. Por eso,
como autor teatral siempre podrá
recurrirse a él, y sus obras — excep­
to algunas frases que no se salvan—
se llevarán a escena prescindiendo
de la referencia de cuando fueron
escritas. Pero, respecto a su otra per­
sonalidad, quizá determine que se lo
señale, com o escritor representativo
de este otro “ fin de siecle” que se
cumple en 1940. Es que resulta ser
en sus novelas el exponente de la
m oda de una época, por su autén­
tico talento, p or su verdadero apor­
te de originalidad, porque en ellas
está patente esa estimación de las
inteligencias en pruebas puramente
inteligentes.
Si un día abandonamos tod o para
partir, rompemos nuestros papeles,
regalamos los libros y en última ins­
tancia después de renunciar al ayer,
sólo nos consuela pensar que abult a r e m o s nuevamente el equipaje
cuando lleguemos a querer algo has­
ta el dolor, podremos mantenernos
así por voluntad hasta que en nos­
tálgicas nubes vuelva el pasado, p e­
ro mientras habremos padecido una
brumosa tristeza. En este estado de
ánimo recuerdo “ Simón le pathétique” , “ Lectures pour une om bre” ,
“ Adventures de Jéróm e Bardini” , li­
bros que quedaron en alguna parte,
alejados ahora de mi mano. El mun­
do de ellos, de Englantine, de Bella
se esfuma lejan o en tonos muy pá­

lidos. Era un mu¡ndo poético con
los elementos de éste en que vivi­
mos. Daba la impresión hasta de que
era una concepción nueva de la vida,
tenía algo de la justeza con que se
desenvuelve la acción cinematográ­
fic a ; no era para tratar de forja rlo
por supuesto, sino únicamente para
observar. Despertaba quizá, una in­
quietud por la aventura interior, es­
pecie de evasión que se definía en
ruta poética o en contragolpe de la
im aginación en audaces respuestas a
una realidad que nunca andaba
acorde. Encaraba la vida con espí­
ritu deportivo y de ese ju ego ex­
traía frases luminosas. Parecerá in­
sistente hablar de sus frases y es
que ellas tenían un existir aislado.
Eran imágenes que conform aban un
trozo de naturaleza completa.
Desde “ Les Provinciales” su p ri­
mer libro de cuentos, hasta “ Siegfried et le limousin” p or el que se
le otorga en 1923, el premio Balzac,
sus virtudes se repiten y los repa­
ros también. Georges Pillement en
1939 con m otivo de la aparición de
su novela “ Choix des élues” sinte­
tiza todo ello en la siguiente fo rm a :
“ encontramos más que en ninguna
otra obra suya, un análisis de los
sentimientos, una observación hecha
con sorprendente virtuosismo y con
deslumbrante malabarismo verbal,
sin que p or ello deje Giraudoux de
estrecharnos con una curiosa angus­
tia y sin que su protagonista fem e­
nina deje de ser patética. Y a hay en
esto razón para sorprenderse p or­
que Giraudoux ha revestido su es­
tilo con imágenes de lo más cam­
biantes y sutiles y acumula los tro ­
zos de intrepidez y las páginas de
antología; gracias al análisis más

inteligente y brillante que uno pueda imaginar, llega a deshumanizar
sus personajes, cual embalsamador
que despoja al cuerpo de sus vícti­
mas de las visceras que encierra,
para ungirlo y envolverlo con cin­
tas, de tal manera que logra fab ri­
c a r sublimes momias a p t a s para
atravesar siglos enteros.”
Este escritor tan sutil, de prosa
tan alada y ágil com o poética, de
palabra tan precisa para captar im ­
presiones fugitivas, un día iba a de­
dicarse al teatro donde el lenguaje
se simplifica, se insiste en la expre­
sión y donde la palabra tiene más
vigor que intención. Pero la suerte
de su gracia atrajo a las gentes que
se abstraían en ese teatro de refle­
xiones poéticas, de pirotécnica de

LA INTELIGENCIA Y LA V ID A
Del X I V Co n g re s o de los P. E . N . Cl ub s ,
ín B ue no s A ir e s . 1936. Do s de los orad or es ,
B e n j a m í n C r e m i e u x , que d i r i g i ó el debate
que t r a n s c r i b i m o s y M a r i n e t t i que i n t e r v in o
en él, han m u e r t o en estos días.
L a s pa la b ra s de C r e m i e u x co b ra n h oy un a
reaild ad p r o f u n d a m e n t e d r a m á t i c a .

Sr. CREMIEUX. — Señores delegados:
Disponemos de una media hora para termi­
nar el debate sobre la inteligencia y la vida.
Voy a recordar las cinco tesis contenidas en
los cuatro discursos que se har. pronuncia­
do sobre esta materia, tesis que voy a pedir,,
dirigiéndome directamente a los oradores que
han hablado, sean establecidas con la mayor
precisión.
Los cuatro oradores han estado en contra de
la filosofía de Julián Benda, y contra la su­
bordinación de la razón al estado, a la raza, a
cualquier potencia que sea. Sobre estos puntos
han estado de acuerdo.
Sobre otros tres puntos, los señores Maritain
y Mallea han declarado que las razón no tenía
nada por sobre ella y que representaba un
"va lor supremo. El señor Ruin, por el contrario,
ha declarado que la razón no era más que una
"metteuse en forme” al servicio del amor, y yo
diie va en la sesión pasada tjue alguien habría
podido sostener que ella era una "metteuse en
forme” al servicio del materialismo histórico.
La razón, han dicho los señores Maritain y
Mallea, progresa irquiéndose contra ella misma,
procediendo por revoluciones contra sí misma.
Los señores Ruin y Maritain han hecho una
afirmación religiosa, uno en una forma general,
el otro en un sentido católico. El señor Awad
ha hecho un llamado a una fe nueva, de la
que no ha distinguido si se trataba de una
creencia supranatural o de una fe puramente
humana.
Para llevar el debate con claridad, pido al
señor Maritain nos diga si encuentra una opo­
sición formal entre su opinión sobre el sentido
de la razón, y la definición que ha dado ei
señor Ruin: "metteuse en forme” al servicio
del amor.
Sr. M A R IT A IN — Trataré de ser todo lo
breve que pueda:
Encuentro que esta expresión, "metteuse en
form e” , acerca de la razón, puede ser tomada
en varios sentidos diferentes, y entre ellos per­
cibo un significado por el cual yo podría estar
perfectamente de acuerdo con el señor Ruin.
Si se entiende por él que la razón es prácti­
camente "metteuse en form é” , es decir, que ella
impone una forma a un contenido que le es
suministrado por lo irracional contenido en e1
ser humano. Pero, ¿por qué es ella, en este sen­
tido la "metteuse en forme” dado que es capaz
en el orden psicológico, de conquistar la rea­
lidad, de obtener y de conocer el ser? Y dán­
dose esta verdad en el orden psicológico, 1:
razón es entonces capaz, por sí misma, de cor
formar la vida humana, los sentimientos y el
mundo irracional.
Pero en esta expresión "metteuse en fo r­
me” , la razón no es servidora; ella sigue siendo.

por lo contrario, la que da la dirección y la
medida, no a título de medida absolutamente
primaria, puesto que en la definición que yo
he dado, ella misma depende de un sujeto su­
perior. Y el pensamiento del señor Ruin es com ­
pletamente exacto en mi opinión, al presentar a
la razón como servidora del amor, dado que nos
ha puesto en guardia, de una manera sumamen­
te penetrante y justa, contra el abuso que po­
dría hacerse de esta palabra "am or” .
Sr. CREMIEUX — El señor Ruin aprueba la
interpretación que el señor Maritain ha hecho,
ae su expresión "metteuse en forme” .
Sr. R U IN — Es exacco lo que el señor Ma­
ritain ha dicho. Lo podría suscribir.
Sr. CREMIEUX — Entonces llegamos a este
primer punto de concordancia: que la expresión
"metteuse en forme” , pronunciada por el señor
Ruin, no está en contradicción con la función
directiva de la razón, bajo esta reserva: que los
creyentes estiman que por encima de la razón
humana hay una sabiduría divina superior. Pero
en el dominio de los humanos los cuatro ora­
dores están de acuerdo para afirmar la pri­
macía de la razón.
Después de la síntesis que he hecho, pregun­
taría si alguan se opone a la primacía de la
razón, en el sentido bien delimitado que he
dado.
Sr. M A R IN E T T I — Y o, en parte. ¿Debo, en
consecuencia, responder a esta cuestión junto con
la última?
Sr. CREMIEUX — Preferiría que os reser­
varais para la última cuestión. Si prefiero que
el señor Marinetti se r e s e r v e para luego, es
porque creo que su exposición no versa sobre
el valor humano de la razón, sino sobre su
aplicación.
Sr. M A R IN E T T I — Estoy un poquito fuera
de las categorías, y es por ello que deseo ha­
blar.
Sr. CREMIEUX — ¡Ya lo haréis! Así, pues,
precisado el principio de la razón, preguntaría
a nuestro amigo Maritain si he interpretado bien
«u pensamiento y el del señor Mallea, cuando ha
dicho que los principales obstáculos a que el
mundo se vuelva razonable son, por una par­
te, las fuerzas biológicas, y por otra, los pro­
pios errores de la razón, debiendo ésta luchar
contra sí misma.
Sr. M A R IT A IN — Digo una vez más que
es una cuestión de vocabulario la que se plan­
tea. T odo depende de lo que se ponga en esta
palabra, evidentemente muy emocionante, de
revolución. Lo que he querido decir es que la
razón comienza ordinariamente, en cierto mo­
do, en el dominio de la práctica y que avanza,
en consecuencia, rectificando sus errores. Esta
rectificación, esta autocrítica y autorrectificación pueden ser llamadas, si se quiere, revo­
lución; pero esta palabra corre el riesgo de ser
equívoca, porque podría hacer creer que la ra­
zón trabaja en una búsqueda perpetua de lo
nuevo, por una nueva problematizacióp de lo
ya adquirido, concepción ésta defendida por un
cierto número de espíritus y en particular por
los filósofos que se afilian a una nueva forma

de surrealismo, que se llama el suprarracionalismo; es el señor Bachelard quien defiende en
Francia esta teoría, según la cual la razón debe
constantemente proceder por una negación y
problematización perpetua de sus propios princi­
pios. N o es bajo esta acepción que yo he pro­
puesto este asunto.
He dicho ayer Gue lo principal es tomar con­
ciencia de la ordenación de la razón con re­
lación a lo que no es ella, es decir, al ser, a las
profundidades del ser a descubrir; y práctica­
mente ella debe también, como decíamos, alcan­
zar sus límites en cuanto a las realidades de la
vida propiamente humana. Es allí donde por lo
general se equivoca.
Diré, pues, que la razón comienza por equi­
vocarse, y por rechazarse a sí misma después.
N o hay en esto revolución propiamente dicha,
en el sentido que le da Benda. Hay revolución,
si se quiere, en otro sentido: en la medida en
que generalmente la razón para descubrir una
verdad nueva, a causa de su debilidad misma,
siente la necesidad de apoyarse sobre el error.
Es en el conjunto, en un mismo complejo, que
la verdad nueva nos aparece con ciertos errores;
es menester hacer después una selección, un
trabajo de purificación. Por otra parte, las ver­
dades ya reconocidas corren en general el ries­
go de enquistarse en el espíritu que las posee.
Es necesario hacer una especie de refundición
sustancial para extraer de estas verdades los erro
res que se han mezclado: y este trabajo de re­
fundición sustancial parecerá una revolución, pe­
ro en un sentido muy estricto.
Sr. CREMIEUX — ¿Hay alguien que quiera
sostener que la razón es revolucionaria en el
sentido que le da Bachelard, a quien no conozco,
j.ero que el Sr. Maritain acaba de mencionar?
cNadie pide la palabra para sostener que la ra­
zón es en esencia revolucionaria? Creo que nos­
otros no podemos discutir el punto referente
a la afirmación religiosa y que el interés prin­
cipal reside ahora sobre la afirmación de los
cuatro oradores, según la cual la razón no de­
be en ningún ca&gt;o estar subordinada a cosa al­
guna, cualquiera que sea, raza, estado, etc.
Como los oradores creo que han sido muy
claros sobre este punto, puedo dar la palabra
ai señor Marinetti para responder acerca del mis­
mo. Después de esto, daré la palabra, con per­
miso de la Presidencia, al Sr. Khadduri y a
la señora W adía, quienes desarrollarán sus pun­
tos de vista en un marco menos limitado. Si
quedan después algunos minutos, yo sacaré las
conclusiones.
Sr. Marinetti, tenéis la palabra.
Sr. M A R IN E T T I — N o haré un discurso.
Trataré de ser breve, más breve que todo el
mundo. Nuestro amigo Cremieux nos ha hecho
una maravillosa exposición del pensamiento, pero
dudo que llegue a realizar lo que desea: po­
nernos de acuerdo, porque estamos entre un
océano, la palabra inteligencia, y otro océano,
la vida. El señor Maritain ha dicho ayer con
acierto, y creo interpretar bien su pensamiento,
que la vida toma una forma de la inteligencia.

(Continúa en la pág. 11)

imágenes. “ S iegfried ” (traslación de
una de sus novelas) sería el primer
paso. Le seguiría “ A m phitryon 38”
donde despunta una sátira a la in­
felicidad de los dioses. — Alcm ena se
alegra de que en el Olimpo no haya
un dios del amor conyugal y le brin­
da a Júpiter su amistad, invención
exclusiva de los humanos. Y a en
esta obra están en ju ego sus parti­
culares anacronismos. Esos diálogos
que nunca sostendrán las personas,
ese am asijo de lo cotidiano g ra cio­
samente intercalado a destiempo p a­
ra que alguna vez sea un elemento
extraño. “ Le cantique des cantiques” serie de brillantes variaciones
sobre el amor, en envolturas de ale­
gorías, esconde el pensaminto, o lo
transparenta, o quizá más bien lo
sugiere. Mas, ya deja ver que su
palabra está bordada en ondulación
armoniosa de túnica. Y aunque “ In­
termezzo” es un canto a la poesía,
Giraudoux llegará más alto en “ Judith” , “ Le guerre de Troie n’aura
pas lieu” y “ E lectre” .
“ Interm ezzo” , trae aliada para
nosotros la representación que hi­
ciera M argarita X irg ú de la versión
castellana de José B ianco tan ajus­
tada a la fina prosa del autor. A qu e­
lla Isabelle que escucha al fantasma
y p or interm edio de él, al am or y
ál más allá, tenía la voz y el espí­
ritu que le con fería la gran actriz.
X av ier V illaurrutia y A gustín La­
zo han traducido en M éjico, “ Judith” y “ La guerre de Troie n ’aura
pas lieu” ( “ No habrá guerra en T ro­
y a ” ) con notable probidad, amplian­
do así el redu cido panoram a de este
autor en castellano, del que no hay
más de cin co obras en nuestro id io­
ma, y no todas fáciles de conseguir.
En tren de escarceos, es dado se­
ñalar que G iraudoux ha cultivado
tam bién la crítica, publicando estu­
dios sobre Choderlos de Lacios, Racine y Gerard de Nerval, reunidos
en 1943, en un yolum en titulado
“ Littérature” editado en Canadá.
En 1938, da cinco conferencias so­
bre La Fontaine que reúne en un li­
bro con la denom inación de “ Les
cinq tentations de La Fontaine” .
A nteriorm ente había aparecido “ La
France sentimentale” conteniendo
una serie de artículos de diversas
índoles.
L ejos de pretender con lo expues­
to dar un re fle jo de la figu ra tan
com pleja de Giraudoux, sin detener­
nos debidam ente en su teatro, sin
bosquejar ese “ entente” p o r la que
bregó, dedicándole páginas de “ A d ­
ventures de Jéróm e B ardini ” y
“ S iegfried et le lim ousin” , sin alu­
dir a “ Ondine” y a “ Sodom e y Gom orrhe” su últim a obra dram ática,
sin analizar en fin otras mil facetas
fundam entales, estas líneas sólo han
querido evocar otra pérdida más en
el campo de la inteligencia. Para
muchos quizá, la más leve, pero leve
era su prosa que apresaba form as
etéreas, impresiones fugitivas, y nos
agradaba tan to con sus melodías
delicadas, casi inaprehensibles. P ro­
sa en la ru ta eterna de la búsqueda
y el perm anente hallazgo.

�C O N T R A P U N T O

AL

(Viene de la p á g .4 )

Piedra c vanidad del tiempo que a sí se erige dólmenes.
Máscara turbia de una fábula lenta que perdura en su mímica.
Ignora las primaveras — danza del árbol y la sangre__
Sus destellos o ruinas,
témpano sin temperatura.
Accede en su color o declina en su orgullo
sólo per la gran constancia unitaria.
La tierra cargada de su plomo triste
gira por un azar de siglos y girándulas.
Ved la piedra en su código:
materia que sólo sabe dormir, dormir, párpado a plomo,
esclava en su postura,
deriva una soledad de limbo a limbo.

Y la actitud final:
R om pí su cuerpo por ver su corazón: témpano sólo.
Vacié su vaso, arena muerta contenida.
c-lla, lo eterno; yo, lo efím ero ardiente, la atropello a sangre y canto.
Lo sé: me mira hasta los huesos con mi lápida,
pero lim o sobre ella, porque algo suyo llora en mi su destino.
Hombre beodo de piedra, de su vino de lápidas,
de su tufo de templo, de sagrado patíbulo, convalece y escucha:
un élitro estival clama en tu pámpano,
oh alma que aun habitas un cuerpo,
cuerpo que aun hospeda su sangre,
sangre que aun exige su liturgia terrestre.
Bulle en el corazón un encendido enjambre venero de tórridas burbujas;
criaturas de un latido asumen su vigilia en el tallo de un pulso;
se heredan y suceden llamas de un leve pétalo votivo,
romo abejas de fuego entre voraces párpados
que inflaman su faceta púrpura y se retiran:
se percibe el humo de la vida que extinguen sus luciérnagas.
Canta, pequeño pastor de unos días y una sangre
sobre la tierra, nuestra heredera y nuestra herencia,
canta, oh, deudo, mientras vuelve a la heredad la dádiva,
gota a gota a su núcleo,
porque es honra del hombre libar lo que su oscura,
última flor contiene,
así madura la equidad del mundo, oh héroe del corazn, clamando.

Así concluye este magnífico conjunto
orquestal de palabras, de palabras que
son insustituibles, porque cada una de
ellas entraña un destino de perdurable
poesía. Libro que pertenece al tono uni­
versal, su mundo poético enuncia y uti­
liza leyes de alta maestría estética. El
profundo conocimiento del mecanismo
verbal está al servicio de una gran pasión,
de un fervor. Por eso nada sobra en este
libro. Circunscribiéndolo a nuestra lite­
ratura, cabe señalar un hecho extraordi­
nario: el de incorporar a nuestra estruc­
tura poética otro aspecto de la divisible
realidad. Libro de difícil lectura, "Piedra
Infinita” es de esos libros que además del
profundo goce estético y la densa calidad
dramática que implican, proponen vivir
sensiblemente su experiencia y convocan
problemas de orden formal y ético. Un
tiempo torturado como el nuestro pro"
duce necesariamente obras torturadas. En
un sentido estrictamente formal, hay
proezas de lenguaje en él. Cuando lo ne­
cesita, Ramponi es suntuoso, es retórico.
También llega a la descarnada precisión
y a la pura carne del vivir tumultuoso
de cada día. Es que todos los elementos
son buenos cuando sirven a una alta ver­
dad.
Hombre integrado en llanura, hombre
integrado en selva y en desierto y en río,
nuestro hombre pertenece también, allí
donde se resuelve oscuramente su vincu­
lación con lo cósmico, a la fría sombra
de una cordillera cuya principal sustan­
cia es el permanente tiempo.
Concluida su lectura, nos queda la
sensación de haber asistido a un vertigi­
noso itinerario de espanto; todo el abis­
mo, todo el decrépito material de esconr
bro del tiempo, toda la voluntariosa y
fuerte sangre de la criatura humana pug­
nando ante lo inerte están viviendo sus
versos. He querido destacar algunos frag­
mentos que indiquen ese vértigo.
•r í¡*
Considerado ya el poema desde un pun­
to de vista objetivo y crítico, ¿qué acti­
tud final comporta el autor, como crea­
dor estético, como conductor de un men­
saje? ¿Qué ubicación le pertenece dentro
de la poesía nacional, y frente a esta poe­
sía, qué consariguinidad establece su puen'
te y qué factores la separan? Porque im­
porta — y aunque en esto el poeta no
cuenta, inmerso ya en la propia sustan­
cia de su demonio poético— desde el án­
gulo de simple lector, conocer el rostro
de la obra de Ramponi; ese rostro que
mira hacia el mundo y que para el des­
tino del poema — como para el destino
de toda obra de arte— es el único vale­
dero; aquél al cual el tiempo respetará
para siempre o lo cubrirá de implacable
olvido según su sino auténtico. Hemos
deseado para este libro de Ramponi la di­
fusión que todo libro debe tener para
llegar adonde debe. Desgraciadamente el
autor ha publicado su obra en limitada
edición.
Ramponi no vive una experiencia de
carácter realista frente a las categorías
que inciden sobre su sensibilidad. Es emi'

nentemente subjetivo y desde su profun"
da intimidad se lanza a la desesperada
expresión de sensaciones y vivencias, y de
ahí que el tono general de su verso sea
por encima de todo, musical, auditivo,
sea una selva de palabras que gimen o
estallan, guardando entre tan espeso fo­
llaje la esencia del objeto que canta. Es
antes que nada, canto puro, en el sentido
tradicional del poema.
Una captación superficial y apresura­
da de estas características daría como
consecuencia un dictamen de poesía me­
ramente verbalista, sólo construida sobre
fundamentos retóricos. Paradojalmente,
la densa dramaticidad de "Piedra Infini­
ta” está sostenida en vilo por el recurso
puramente oral ,por una vorágine de pa­
labras de eco sonoro y perdurable; es de­
cir, que estos elementos que cuando se
presentan solos y como substancia fun­
damental del poema constituyen eso que
entendemos por mala poesía, aquí son
vertebrales e imprescindibles, aquí tras"
máten su impureza a la pureza, aquí se
amalgaman en una sola materia, tal co­
mo en los cuerpos vivos la sangre y la
savia transportan elementos disímiles pe­
ro que se funden en carne crecedera y
vital.
Después de atravesar la espesa marea
del poema, calmas ya las aguas de esa
agonía atroz, queda algo concreto aun­
que pequeño, luminoso aunque débil pero
en toda forma lúcido, cierto, verdadero:
queda el hombre.
Frente a la piedra, que no sabremos ja­
más si es un caos inmóvil o un orden im­
penetrable, queda su razón desnuda e in­
demne.
Y este final, que podría parecer el más
tremendo de los pesimismos y de los des­
engaños, es en esencia el sereno reconocí"
miento del hombre ante lo eterno en pug­
na con su propia condición humana. El
debe volver al polvo, a la nada total en
donde está el misterio mismo de la vida.
Queda, al fin de todo, un dios sin sentido
de lo divino, cuyo atributo mayor lo im­
pele a acometer ese "terror que fué un
dolor remoto” . La ley de la razón se lan­
za, desesperada, a abrirle una brecha a la
dura piel de la irracionalidad hierática y
ciega. Nos parece que esto importa un
hondo sentido de afirmación humana,
vital.
La poesía de Jorge Enrique Ramponi
se incorpora por su sola razón de existir
a esa estructura no muy precisa que lla­
mamos literatura nacional. Debemos ad­
mitir, aunque nos cueste, que no sabe­
mos concretamente qué es eso de "litera­
tura nacional” . Es dable pensar que ha
pasado la hora de las estériles batallas teó­
ricas frente a problemas cuya índole y
cuya densidad han rebasado su propio
cauce hasta anegarnos con su caudalosa
pujanza. Ya no es cuestión de ir hacia
los problemas. Ellos están sobre nosotros;
tan fuerte es su vigencia que, coincidien­
do con un cúmulo de factores de natura­
leza diversa — históricos, sociales, políti­
cos, etc.— se identifica con los aconteceres cotidianos de cada hombre. Es el pro­

blema mismo del individuo ubicado en la
sociedad que lo contiene, vinculándolo
por una maraña de tentáculos con todas
las conexiones, que hoy, fuerza es reco­
nocerlo, son de importancia imprescindi­
ble. El escritor de nuestro tiempo ya no
puede hablar de problemas estéticos con
prescindencia de las demás categorías que
comportan el ser. Es forzoso admitir que
una posición estética (como problema de
arte) debe ser asimismo, también una po­
sición llanamente humana. Nuestro tiem­
po más inmediato ha decretado la muerte
de todos los unilateralismos; reclama sin
piedad al hombre integral, a ese hombre
sumergido entre todos sus humores y con
la responsabilidad plena sobre su destino
total. Para el intelectual, esta profesión
de plenitud toma su forma más aguda,
se le exige sin transacciones de ninguna
especie.
Cuando decíamos que la obra de Ram­
poni es una contribución a un aspecto de
nuestra varia realidad, lo hacíamos con
la plena conciencia de todas las objecio­
nes que su obra puede soportar. Pero tam­
bién debemos dejar bien sentado que la
casi totalidad de esas objeciones, más que
al mismo Ramponi, deben hacerse a nues­
tro medio, al propio clima poético que,
pese o no a él, lo contiene. Nuestra poé­
tica es la poética de las individualidades
singularizadas por su solo talento perso­
nal, no el producto de una generación o
generaciones que interpretan poéticamen­
te un determinado sentir del mundo —
del propio mundo— en el tiempo. Así,
sólo tenemos poetas que al darnos lo me­
jor de su sensibilidad estética, no nos da­
ban su integración a una realidad co­
mún, a eso que oscuramente llamamos
"lo nacional” .
Ramponi es una consecuencia más en
este sentido de esa hemiplejía poética que
anotamos. Por eso su esfuerzo, con ser de
una profunda hondura y de una maravi­
llosa calidad dramática, es, al mismo
tiempo, fragmentario, unilateral.
De ahí que resulte trasnochado y ocio­
so urgar en "Piedra Infinira” , "debilida­
des” , y sacar luego conclusiones que ya
son lugar común en la gazmoñería lite­
raria.
Estamos frente a la obra de un gran
poeta que ha volcado en ella todo su
fervor de cada día, con honradez, con
valor. De un poeta que se le siente su­
frir. No le encontrarán a su obra la fal­
sedad ni el mimetismo ni la gratuita
concesión. Podrá hallarse en cambio — y
esto es bueno— defectos, mezclados a su
potente tono mayor, avasallante, noble,
limpio.
Bienvenida a nuestra poesia su poesía.
Consuela su decir sobrecogedor y her­
moso, de tanto poeta irreprochable y mal­
versador, de tanto poeta exquisito que
padecemos y bajo el cual tiembla una
pobre criatura sin fervor.

UNA

Hervirán en esta marmita bodrios li­
terarios, guisados y desaguisados, sopas
de letras, pasteles, pastelones y "pasti­
ches” , y cuanto estofado insulso, pican­
tes compuestos, zurcidos de cocina, com­
potas y carbonadas a medio cocer salgan
del culinari-caletre de escribidores, liróforos y portaliras.
Todos tendrán aquí su sal y su pi­
mienta, y serán cocidos a la temperatura
adecuada, según sus merecimientos.

Queremos crítica firmada, se­
ñores! . . . Crítica, firmada, seria
y responsable, com o en los buenos
tiempo de don Roberto Payró.
E l D iablo C o ju d o deja su tr i­
dente y, p or hoy, pone tapa a su
bullente marmita, hace un gran sa­
ludo y se pierde entre el humo de
los azufres infernales.

La Inteligencia y la Vida
Viene de la pág. 10)
La inteligencia tiene su origen en la vida, esto
es indiscutible, y creo que es completamente im­
posible determinar, sin ofender la inteligencia,
ios límites intransferibles entre estas dos enti­
dades. Nadie ha pronunciado una palabra que
yo cito a menudo y que es en mi opinión una
demostración de su poder de verbalización: la
vida desborda la inteligencia. Esto es, en cierto
modo, la solución del problema. La inteligencia
es una voluntad activa, enérgica, que tiende a
situar en una categoría, en un sitio restringido
lo que es inmenso, la vida, que fatalmente des­
borda. En la intención, asimismo, de responder
favorablemente al cuestionario presentado con
mucha habilidad y finura por Cremieux, diré
que no podéis negar, fuera de toda religión, que
hay en la vida dos sensaciones, llamémoslas así,
de las cuales una puede ser llamada lo divino
y otra lo diabólico. Fuera de toda filosofía de
cátedra, de todo sistema y enseñanza universi­
taria, así como de toda teología, es exacto que
se siente a veces, o puede entreverse, a lo di­
vino y lo diabólico. He tratado entonces de ha­
cer en cierto modo dos categorías, sin menos­
cabar la inteligencia ni la vida. Busco lo que
podría llamarse el fruto de la vida y el fruto
de la inteligencia. Hallo que lo diabólico — lio
se trata de infierno, ni de cielo— podría de­
nominarse "pensamiento negro” , cuando podemos,
en un momento dado, sentir el fruto de la in­
teligencia bajo la forma de diferentes cosas; po­
dríamos anotar, por ejemplo, el trance crítico,
el pesimismo, la envidia, el dinero, la avaricia,
la traición, la miseria, el espíritu sofocante, *1
aburrimiento, y la posesión conservadora, son
otros tantos momentos diabólicos. Lo divino es
a menudo el fruto de la vida bajo formas de
la potencia creadora artística o científica, bajo
forma del espíritu revolucionario, de la alegría
ingenua, de la poesía, del arte, de todas las ar­
tes y bajo la forma de los desbordes fisiológicos,
naturalmente del amor, naturalmente de la ter­
nura, de la voluptuosidad, de la voluntad de
poderío, del maquinismo. En cuanto al maquinismo, me dirijo antes que a nadie a la señora
Sofía W adía. Basta contemplar una central
eléctrica, en la que dos, tres o cuatro hombres
son suficientes para la limpieza y la puesta en
marcha de máquinas, que dan la muerte, en la
que hay dos o tres cables que tienen el sentido

CUESTION-DE

TONO

(Viene de la pág. 1.)

nada una actitud moral. Sólo después puede discutirse hasta el cansan­
cio y proyectar en toda su vastedad filosófica lo que esta actitud en­
traña. Pero estamos lejos de esa pretención — cada cual irá buscando
su verdad— pues para que se produzca in limine la disonancia que
buscamos — con ello nos basta— es suficiente la primera seguridad
moral: juzgar en función de las obras dadas, de los hechos en lite­
ratura y arte consumados. Contrapuntear en este concierto de vo­
ces que nos hiere el oído con un m atiz común de suficiencia, de afepiración profesional, de política camarillesca. . . de miedo. Miedo a
Europa, miedo a la calidad, miedo a los exquisitos, miedo a los li­
bros, miedo a la postergación, miedo a la propia verdad. Salir de este
miedo, y aun de esa especie de heroísmo polemizante y gritón, ar­
mado de brulote y silbido, que es el mismo miedo en estado de có­
lera y de furia. Ver si es cierta esta serenidad que parece querer
cobrar su voz en nosotros, y que quizá se insinúa hoy en el mundo,
como sucede siempre después del dolor o aún del reflejo del dolor.
Serenidad que cuaja en una atmósfera sin penumbra y sin rever­
beración. Donde la mirada llega sin frialdad pero con sosiego, hasta
él contorno cognoscible del objeto.
Nada trascendente, pues, en todo esto. N i constituimos un grupo
posesionado de una verdad, ni tenemos la receta del arte ni las llaves
del mundo. Sólo "u n a revista más” , y una toma de conciencia de nues­
tra realidad intelectual. Ese es nuestro programa m ínimo. Para ello,
C O N T R A P U N T O no hace de su carácter "contrapuntístico” ni un
propósito, ni un deseo, ni un sistema. Cree que por su sola presencia,
por su solo existir, ha de dar el tono capaz de crear la contrafigura
necesaria. Es sólo una cuestión de tono, que participa del carácter in­
directo del sonido. N o está en la misma materia: sólo su vibración
lo exhala.

de lo divino. En consecuencia, cuando pienso
en las máquinas no es preciso pensar siempre
en las ametralladoras. Maquinismo liberador,
velocidad, que suspende los corazones y los es­
píritus, acorta la tierra y las distancias, dán­
doos así el placer de encontrar gentes tan in­
teligentes, cosa imposible si la velocidad no
existiera. El amor en general, transporte del co­
razón, heroísmo, misticismo (aplausos).
Sr. CREMIEUX — El punto que acaba de
abordar el señor Marínetti en el debate da una
nota nueva. El señor Marinetti nos ha puesto en
guardia contra la inteligencia, ¿pero es contra
la inteligencia destructiva o constructiva?
Sr. M A RIN E TTI — Es contra la inteligencia
conservadora. Es extraño, ¡pero es así!
Sr. CREMTEUX — Nos ha propuesto, no pa­
ra suprimir la iniciativa de la inteligencia sino
para corregirla, al irrealismo, al misticismo, a
la voluntad de poderío. Resumo la objeción que
se ha hecho a la tesis de Marinetti, a fin de
que pueda responder. He aquí lo que se dice,
Marinetti, contra vuestra tesis: se dice que la
inteligencia se equivoca, que ella es destructiva
— el señor Maritain lo ha dicho— pero ha agre­
gado que la inteligencia tiene siempre un recurso,
que ella encuentra, su propio correctivo, puesto
que después de haberse equivocado, de haberse
destruido, reconstruye. (Aplausos).
Sr. M A RIN E TTI — Al contrario. Y o la re­
puto enemiga de la voluntad de poderío.
Sr. CREMIEUX — Planteo dos problemas pa­
ra que podáis responder: la voluntad de poderío
puede ser también destructiva, y cuando es
destructiva no tiene ningún recurso contra sí
misma, mientras que la razón, después de haber­
se equivocado, la tiene.
Sr. M A RIN E TTI — Vuestra objeción, querido
Cremieux, es muy sutil. Decís: la inteligencia
se equivoca y puede corregirse. Por mi parte ha­
llo que la inteligencia se equivoca y muere. La
voluntad de la vida, es decir, la vida en sí
misma, se equivoca, pero se corrigq por una nue­
va vida. (Aplausos).
Sr. CREMIEUX — Creo que la discusión pue­
de cerrarse sobre ios puntos propuestos, y antes
de dar la palabra a la señora W adía, quiero
aclarar, para aue la discusión quede perfecta­
mente terminada, que estamos de acuerdo sobre
todos los puntos, salvo en uno. En el que el
señor Marinetti acaba de indicar. El profesa lo
que yo llamaría el misticismo de la vida, mien­
tras que todos los oradores anteriores han pro­
fesado lo que yo llamaría el misticismo de la
razón. Resta un punto de vista que no ha sido
presentado aquí, es el punto de vista marxista,
el puntp de vista del materialismo histórico. Y o
lo siento por mi parte, pero cuando se diga que
nuestro Congreso fué un Congreso marxista, po­
demos afirmar que no lia sido así. (Aplausos) .

Ls Función Social del...
(Viene de la pág. 1)

gen de los tiempos, parece indispensable
al desarrollo de una sociedad armoniosa,
no puede realizarse con felicidad, esto
es, con fruto, sino en gracia de una justa
libertad. No hay libertad que no encuen­
tre sus límites. Por profundamente in­
dividualista que sea, no olvido que vivo
en sociedad. Consiento, pues, para juz­
gar la libertad que me es adjudicada,
en sacrificar mis conveniencias persona­
les. Digo que la libertad es suficiente,
justa y razonable, cuando hallo que los
grandes poetas y filósofos, en quienes sa­
ludamos a nuestros maestros, han podido
componer sus obras maestras libres de
toda sujeción. Si Goethe, Plugo, Dante,
Montaigne, Shakespeare, Cervantes y Spinoza, por ejemplo, se hubieran encon­
trado cargados de cadenas, yo habría
dicho que no soy Jibre. Tal es mi cri­
terio.
Los obstáculos a la libertad no siem­
pre han impedido a los escritores hacer
acto de creadores, pero han perturbado
notablemente las relaciones de los es­
critores con la sociedad. En otros tér­
minos, han perturbado a los escritores
en el ejercicio de su verdadera función
social.

�Pág.

12

C O N T R A P U N T O

EL COMBATE DE SAN LORENZO
(Pieza histórica en cinco cuadros)
CUADRO PRIM ERO

E

i

L fren te de la posta de ¡San L o­
renzo, camino del Rosario a la
ciudad de Santa F e, el 2 de febrero
de 1813. Es noche cerrada. Hay un
carruaje como abandonado, con los
tiros en el suelo. Apar&amp;se un oficial,
con varios soldados. Examinan el co­
che, mientras el oficial entra en la
casa de la posta y sal-e con el maes­
tro.

u

M AESTRO. — Me parece haberlo
visto ya. Va al Paraguay con mercan­
cía fina,.
O F IC IA L l 9 ( después de haberse
asomado al coche por una ventani­
lla). — Habrá que tomarlo.
M A E STR O . — Esté seguro que
lo que es éste no les irá con el cuen­
to a los godos.
O F IC IA L l 9 ( a los soldados). —
Avancen hasta el convento y quéden­
se de bomberos.
(Salen).
M AESTRO. — Cerca debe de an­
dar el jefe de milicias del puerto. T o­
da la tarde 'lian arreado el ganado
tierra adentro. Aunque esta vez no
son provisiones lo que los realistas
andan buscando. Es cosa más seria:
Se nos vienen encima, teniente.
O F IC IA L l 9. — Querrán repetir lo
de Zárate y San Pedro. O hacer co­
mo en San Nicolás, y matarles el
cura.
M A E STR O . — Y vaya contando
usted todos los pueblos de la orilla
que han saqueado y quemado, por
aquí cerca no más. Como saben que
no nos pueden poner la pata encima,
por eso queman y arrasan las pobla­
ciones.
O F IC IA L l 9. — Pueda que crean
atraerse las voluntades. Dicen que a
los salvajes los redujeron así.
M A E STR O . — Tienen que ser bru­
tos si piensan que a la gente se la
puede manejar a las malas. Los he­
mos aguantado trescientos años, y
porque les hemos d ich o: “ ¡B asta!
¡Vuélvansen a su tierra! No tenemos
nada con Vds., pero a su rey, y me­
nos todavía ése, no los queremos más
ni en la cara de la plata.’ ’ Recuerde
la manera fea como se ha dejado
agarrar, en tanto que los gringos in­
vaden su tierra. Pues en vez de vol­
verse en paz o venirse a traba jaicomo Dios manda, llevan dos años
arrasándonos la costa — peor que un
malón. Es mi parecer que van a
desembarcar, teniente. Y por aquí
no más. Y es mucha tropa para que
se les opongan las milicias.
( Han entrado San Martín, ves­
tido de paisano, y varios ofi­
ciales).
SA N M A R TIN . — ¿ Y este, ca­
rnaje ?
M A E STR O . — Es de un comer­
ciante inglés, que viaja al Paraguay.
Está dentro.
SAN M A R T IN (al Oficial l 9). —
Llámelo.
O F IC IA L l 9 (acercándose al co­
che). — ¿Quién está ahí?
ROBERTSON (desde adentro).—
Un viajero.
O F IC IA L l 9. — Salga.
ROBERTSON. — Déjeme dormit­
en paz.
OFICIAL l 9. — Baja, o lo saca­
mos a la fuerza.
SAN M A R TIN . — No sea V d.
duro, que no es enemigo.
RO B E RTSO N (asomándose). —
Seguramente usted es el coronel San
M artín. ..
SA N M ARTIN . — ¿Y si así fue­
ra?
ROB E RTSO N . — A quí está su
amigo Robertson. (B aja).
SA N M A R T IN (abrazándolo). -~
Y excelente amigo.
R O B E R TSO N . — Sospeché que
fuesen los marinos. E l Maestro de
posta me ha dejado sin caballos.
SA N M A R TIN . — E l Gobierno
los ha requisado para mis granade­
ros, a mi pedido.
R O B E RTSO N . — ¿E stá usted vi­
gilando la costa?
SA N M A R TIN . — N o . . . sino ins-

:

Por
E. F. RUBENS
peecionando las defensas.
O F IC IA L l 9. — Ha vuelto un
soldado de los que mandé al con­
vento.
SAN M A R TIN . — Que se acer­
que.
SOLDADO l 9 (de paisano). —
Siguen entre el convaito y la isla,
como esta tarde, coronel. Hay mu­
chas luces en los barcos, como si
hubiera movimiento.
SAN M A R TIN (a los oficiales).
— Ensillen los caballos de relevo, y
se están listos en diez minutos.
(Quedan San Martín, Robertson
y el M aestro).
SAN M A R T IN (a R obertson). —
H oy los estuve observando. Tengo
la eerteza de que bajan en San L o­
renzo. Ensayaban maniobra de des­
embarco.
R O B ERTSON . — Mucho me gus­
taría acompañarlo, coronel San Mar­
tín.
SAN M A R TIN . — ¡Cóm o no!
(Con naturalidad). Mi primer hecho
de armas en América, con un testi­
go como Vd., míster Robertson!
(Pausa). Llevamos cinco noches a
caballo, siguiéndolos, esperando que
bajen. Probablemente no les irá lo
bien que se piensan. Y se termina­
rán, al menos, las piraterías, para
alivio de la pobre gente de la ribera.
ROBERTSON . — Pues a mí me
parece inconveniente arrasar la cos­
ta. Quémele V d. a la gente su casa
o mátele los hijos, y en vez de en­
tregarse, se empecina.
SAN M A R TIN . — Es así, míster
Robertson. Andan con pie cambia­
do. ¿P ero quién convence a los go-'*
dos. .. con la soberbia y obstinación
que tienen? (Pausa). Le haré apron­
tar caballos para Vd. y su sirviente,
p or si la suerte nos es contraria.
ROBERTSON . — Muchas gra­
cias. Espero no necesitarlos. La mar­
cialidad de sus soldados no deja du­
da sobre el resultado.
SA N M A R TIN . — Van a ver la
cara del enemigo p or primera vez.
Espero que no me defrauden. Son
nuevitos. Solos doce hombres traen
carabina. H ubo que dejar atrás las
compañías de infantería. A mí tampo­
co no me lo justificarán, cuando no
he conseguido todavía que crean que
he venido a Am érica para ponerme a
su servicio, no a traicionarla. Pero las
cosas se han de hacer con los medios
de que se dispone, y aunque el diablo
meta la cola, o la pata. Sería en E u ­
ropa una escaramuza insignificante;
aquí una carga y un centenar de sol­
dados pueden alterar el curso de la
guerra.
(E n tra un oficial con un mari­
nero medio desnudo).
O F IC IA L 29. — C oronel: Un ma­
rinero, fugado de los b a r c o s ...
SAN M A R T IN (rápido). — ¿De
dónde es V d ?
M A R IN E R O (todavía jadeante).
— De Asunción, señor. Me tomaron
frente a San Pedro. Venía en un
falucho, con yerba. Lo hundieron. ..
a cañonazos.
SA N M A R TIN . — Resulta ser un
crimen navegar por el río, para los
c r io llo s ...
M A R IN E R O . — Decían que me
iban a fusilar. Según ellos, por re­
belde. Y o no les había hecho nada.
Hasta ese instante ni había querido
saber nada de la guerra, señor. “ Pa­
ra m í” , pensaba — ya hacía mi tra­
bajo— : “ que pelearan otros.” Por
suerte pude escaparme. Ahora sí...
Para cobrárm elas. . . Pude soltarme
y me tiré al agua.
SA N M A R TIN . — ¿Cuántos tri­
pulantes?
M A R IN E R O . — Unos doscientos
cincuenta de desembarco, con dos ca­
ñoneo tos.
SAN M A R TIN . — ¿Los que mon­
taron esta tarde?
M A R IN E R O . — Sí, señor. Suerte
que es de su conocimiento. Los man­

da un vasco grandote. A yer bajaron
a saquear el conveuto. Eran unos
pocos. Fugaron no Lien divisaron
una polvareda que se levantaba del
sur.
M A ESTRO. — Los milicianos del
Rosario.
M A R IN E RO . — A l amanecer van
a volver, y todos. Sospechan que hay
mucha plata en el convento. Y pien­
san correrse para adentro.
SAN M A R TIN . — Por San Pedro
fué encontrado un muerto.
M A R IN E RO . — E l patrón, señor.
No bien los vimos, enfilamos para las
islas. Lo mató la andanada. Y o me
salvé porque Dios es grande. ¿Cree
usted que se apiadaron de mí? Que­
rían que les dijera qué había río arri­
ba. Como yo no había visto nada, no
podía informarles de nada. ¿Cómo
me iban a dejar bajar a ver las ba­
terías ? ¡ Qué mala gente, señor! Se
consideran más que nosotros porque
han nacido en España.
M A E STR O . — Y no halla Vd.
uno, en todo el país, sin tener en
contra de los godos un motivo seme­
jante.
SAN M A R TIN . — O los dejamos
que nos sigan explotando otros tres
siglos, sin re m e d io.. . P or eso es ju s­
ta y racional esta guerra. Ni nos de­
ja n otra alternativa que esclavos o
matándonos, agachando el lomo bajo
su yugo o rebeldes en armas.
M A R IN E RO . — Se debía echar­
los, señor.
SAN M A R TIN . — ¿Quieres alis­
tarte con nosotros ?
M A R IN E R O . — Si V d. considera
que puedo servir. . . Mi intención era
avisar a las poblaciones. . . o ser útil
de cualquier manera. A eso vine. Y o
no sé manejar fusil, pero me gustaría
pelearlos a machete.
O F IC IA L 29 (entrando). — Es­
tamos listos, coronel.
SAN M A R T IN (al marinero). —
Hay una vacante en la segunda com­
pañía de granaderos.
M A R IN E RO . — Sí, señor. Con to­
da el alma se lo agradezco.
SAN M A R TIN . — Vamos. A ca­
ballo, en silencio. (Salen).
PEL.ON

CUADRO SEGUNDO
E l campanario del convento de
San Carlos, en San Lorenzo. Son las
tres de la mañana.
San Martín, que se ha puesto su
uniforme, observa con un catalejo.
Oficiales.
E ntra un oficial.
O F IC IA L P?. — Coronel: Ha lle­
gado el capitán de milicias.
SA N M A R TIN . — Dígale que se
sirva subir. Los milicianos, que se
distribuyan sin el menor ruido en las
salas que miran al río.
(E l oficial sale).
SAN M A R T IN (observando con
el catalejo). — Me parece notar ma­
yor movimiento a bordo. (A un o fi­
cial) Mire V d., capitán Bermúdez.
BERMjUDEZ. — Es exacto.
SA N M A R TIN . — H ay para va­
rias horas, todavía.
(E n tra Escalada).
E S C A L A D A . — Soy el coman­
dante Celedonio Escalada, para ser­
virlo, señor coronel. De acuerdo a
las instrucciones del Gobierno, me
pongo a sus órdenes con los cincuen­
ta y dos milicianos del Rosario que
han acudido a mi llamado. Sabien­
do su arribo, no juzgué oportuno lla­
mar más que a vecinos del puerto,
de mi confianza. Partidas de paisa­
nos recorren la costa, dando la alar­
ma a las poblaciones y prontos para
hacerle guerra de recursos al invasor.
(Pausa). Le hice prevenir caballos
de relevo en la posta, coronel.
SAN M A R TIN . — Me han sido
muy útiles.
E S C A L A D A . — A yer conseguí co ­
rrerlos.
S A N M A R TIN . — ¿Cómo fué eso?
E S C A L A D A . — Eran p o c o s ...
pero podían haberse defendido. Y
n o . . . no bien me divisaron, volvie­
ron a sus leños. Y eso que no traigo

sino un cañoncito y siete escopetas.
SAN M A R TIN . — ¿E s todo su ar­
mamento ?
E S C A L A D A . — Para pelear de
lejos, sí señor. Piense que no nos
dejaron mojar las Chuzas.
BERM U D EZ. — ¿Tienen una cier­
ta instrucción militar?
E S C A L A D A . — Muy insuficien­
te, señor. Guerra regular no se ha
hecho hasta ahora en la zona.
SAN M A R TIN . — Mi propósito
es atacar a los realistas apenas ha­
yan subido la barranca.
E S C A L A D A . — Los paisanos en
armas que estaban a mis órdenes sa­
ben cumplir con su deber.
SAN M ADTIN . — No se espera
menos de todos nosotros. Mi plan es
el siguiente: Dejarlos avanzar hasta
a unas cien yardas de la tapia üel
convento y cargar sobre ellos en dos
columnas, una por lado, a sable, y
lanza. Usted estará al frente de la
reserva, formada por sus milicianes
y la docena de granaderos con armas
largas. Si no se enteran de nuestra
existencia hasta el momento de la
carga, no creo que les toque la m ejor
parte. Sé el empuje y la decisión de
mis soldados. H e estudiado el te­
rreno del combate y de suceder las
cosas como se las ha previsto, no les
quedará espacio para reorganizar sus
cuadros, y se despeñan barranca aba­
jo. ¿E s apropiado el plan, señores
capitanes ?
BERM UDEZ. — Es lo indicado,
mi coronel.
E S C A L A D A . — Muy bien pensa­
do. Me parece muy bien. Conozco el
terreno. H ay un solo camino por el
que pueden subir en formación.
SAN M A R TIN . — A unas cinco
cuadras río arriba.
E S C A L A D A . — Exactamente.
SAN M A R TIN . — El objeto del
Gobierno es escarmentar de una vez
por todas a los invasores. Mis dispo­
siciones tienden a que no escape uno
sin su merecido.
E SC A L A D A . — Los habitantes ri­
bereños del Paraná estamos ansiosos
de que una cosa así suceda. No es
que lamenten sólo la quemazón de
propiedades y instrumentos de traba­
jo, o ser objeto de los bombardeos,
ni el cese del tráfico comercial del
río, de cuya prosperidad depende­
m o s .. .
B E R M U D E Z (que ha estado ob­
servando el río ). — Coronel: Un bo­
te .entre los barcos. (A otro oficial,
que mira también con c a ta le jo ).- ¿Lo
ve, teniente?
O F IC IA L 29. — Una embarcación
pequeña, que cruza, mi capitán.
SAN M A R TIN . — Déme el ante­
ojo. (Tom ándoselo). Comunicaciones
especiales o reunión de jefes. Falta
un buen rato todavía, (A l oficia l:)
¿Qué le sucede, Carrasco? ¿Temble­
que Vd. ?
O F IC IA L 29. — Son mis nervios,
señor, que no me responden. Y o le
prometo que cuando llegue el mo­
mento, sabré portarme.
SAN M A R TIN . — Así espero. T o­
dos vamos muy pronto a descargar
los n e r v io s ... pero sobre los godos.
Vaya a descansar un poco, muchacho.
OFICL\L 29 — No querría no in­
tervenir en la acción, señor.
SA N M A R T IN (con a fecto ). —
Ya le haré yo avisar cuando sea pre­
ciso.
O F IC IA L 29. — Muchas gracias,
señor. (Sale).
SAN M A R T IN (a Escalada). —
Pagando la novatada. La imagina­
ción, agrandando el peligro que aun
d escon oce.. .
E S C A L A D A . — O el cuerpo, que
se sospecha lo que le puede pasar, y
tiembla él, porque en un par de ho­
ras pueden perforarle el (cuero, o
achurarlo.
SAN M A R T IN . — Llegado el mo­
mento, no volverán la cara a las ba­
las. Es la espera, que desespera, en
este juego de la caza y de la muerte.
O F IC IA L l 9. — O del escondite,
mi coronel. Escúcheme V d .: Uno se
esconde y hace bulto, para que se
figure el otro que están ahí escondi­
dos todos cuantos son ; el otro simu­
la que no lo ve a uno, y lo tiene
observado. E l uno sabe que el otro
simula, para pillarlo. Confiado en
el compañero, que está oculto más

lejos e invisible, deja que el otro se
le acerque; en la apariencia, sufri­
d o ; armada la trampa, dispuesto a
que lo tomen desprevenido; hasta
que de atrás del matorral, o del montecito, o del cardizal, que no había el
otro registrado porque ahí a la vis­
ta están todos cuantos son, salta el
tercero ,irrumpe el escondido:
— pilla, píllete!
— pilla, bonete!
— que te pillé, pañete!
E l burlador, burlado. Emoción de
lo inesperado, quinto pie del gato,
no rabo, ni co la : matagatos. Corri­
da y disparo general — correr a es­
conderse, corridos, gritando— . A
merced del astuto vencedor; en humo
convertidas la dignidad y hombría,
la seguridad en el triunfo, el orgu ­
llo, la corona de laurel tan prome­
tida. honrosa página en la historia
de la piratería. ¡ Qué bonito pape­
ló n ! — A sí simulan no verlos los
marinos a sus milicianos, com andante;
el tercero, inesperado e imprevisible,
lo escondido que salta a la luz, son
el coronel y los sables con que les
cortamos los gañotes hoy a la madru­
gada.
SAN M A R TIN . — Mucho, Pache­
co ; y requetebién entendida la manio­
bra.
E S C A L A D A . — La pagarán todas
juntas la buena ocurrencia de bajar
a tierra.
SA N M A R T IN (a Escalada). —
Ni la seriedad del momento les hará
perder el humor. Con muchachos co­
mo éstos está ganada la guerra, co­
mandante.
(Pausa).
E S C A L A D A . — . . . Y véalos Vd.,
preparándose a desembarcar.. . Las
casas y los cuatro cacharros que se
tienen no valen n ad a .- hechas están
para quemadas o ta p e ra s .. . Pero es­
ta depredación continua me tiene con
sangre en el o j o . . . No crea, que tam­
bién los hay muy apegados a sus
ranchos y a cuanto han almacenado
en ellos. Me hago cargo que pueden
sentir él deseo de volver a la tranqui­
la vida de antes, como aseguran los
serviles que era la nuestra. A mi
modesto entender, aquí está el peli­
gro de la Revolución. A yer les salí
al encuentro por eso. ¡Nosotros no
queremos volver a lo de antes! Entre
la destrucción y la muerte se lo sos­
tendremos, y los que no se conven­
zan con razones, tendrán que aguan­
tarse. No, señores: las cosas no anda­
ban antes m ejor. Infórmense b ie n :
Llevo veinte años en el país, y ja ­
más han andado m ejor que ahora,
y eso que estamos en guerra. Además,
la gente vivía mordiéndose p or den­
tro. Me gustaría decírselo a los rea­
listas de los barcos — puesto que la
espera es forzosa, permítanme Vds.
que me desahogue — ; Si no les da
vergüenza pelear al servicio de un
rey. En este país pueden ser dueños
de sus p erson as.. . Pero quieren lle­
varse a todo el mundo por delante,
porque sí, y porque sirven a su sobe­
rano no respetan a los dem ás. . . se
llenan la boca con su soberano y con
que él sólo manda. . .. los demás so­
mos esclavos. (P ausa). Español con
el que he hablado mano a mano, se
ha vuelto patriota como el que más.
Eso s í. . . siempre que sea de a caba­
llo. Háganse de un caballo y toda
esta llanura inmensa es su,v a . . . Si
es maturrango, no nos entendemos.
Suele decir un padre m uy ilustrado
de este convento, que galopando la
pampa no hay extranjero ni criollo.
B E R M U D E Z. — Don Juan Larrea
es español de nacimiento.
E S C A L A D A . — Como yo, señor
capitán. Pero aquí nacieron mis nue­
ve hijos. No voy a pelear del lado
que procura que sigan siendo escla­
vos. Y aquí y o también soy libre. De
andar, de trabajar, de pensar. ¿P o r
qué, porque he nacido en un país que
no acepta que los hombres sean libres,
debo yo hacer abandono de estos do­
nes preciosos y de las consideraciones
de que gozo aquí?
SA N M A R T IN . — H ijos o nie­
tos de españoles somos casi todos,
y, sin embargo, nos vamos a matar
m uy pronto.
E S C A L A D A . — ¿P o r qué, dia­
blos, entonces, esta guerra ? Si lo te­
nemos todo para ser fe lic e s ...
SA N M A R T IN . — Me lo pregun(Continúa en la pág. 14)

�- LA A R G E N T IN A
GERTRUDIS
por D .

DE

CHALE

J. V O G E L M A N N

guras — ese paisaje dominante y esas figuras que con él se identifi­
can— , el propio aire que estas obras respiran, su hálito vital, su oculto
m ovim iento, revelan idéntico origen, origen de horizonte: la mani­
festación de lo infinito, esta faz primaria de la libertad, que en lo
más hondo informa a la vida argentina, y que Gertrudis Chale, cotí sin­
gular lucidez, supo entrever y fijar. Y así esa suprema despreocupación
criolla, la infatigable expectativa, la gran paciencia, el constante com en-

"Compadezco al que, viajando de Don

Desde el año pasado recibimos un grato men­
saje de nuestros hermanos mejicanos. "E l Iíijo
Pródigo” llega a nosotros con la fisonomía tan
particular de los seres vinculados por la san­
gre, con un aspecto de cosa de otra época. Se
parece lejanamente a algo entrevisto en alguna
remota infancia hurgadora de bibliotecas y tiene
el pensamiento nuevo, la palabra precisa, la gra!.&lt; presencia que nos hace admirar con afecto.
Al "H ijo Pródigo’’ el saludo de C O N T R A ­
PUNTO.

a Bersheba, exclama: ¡Todo es estéril!...

Declaro solemnemente que aun en mitad
_íife del desierto encontraría yo motivos de
amor”.
L. Sterne.
•M O

ha sido el arte pictórico en sus mejores manifestaciones docu-

C
m en tó siempre, d ocu m en to cabal de la peregrinación del h o m ­
bre a través de sus edades y ciudades, a través de sí m ism o, de sus
infinitos com bates por conciliar su ojo con el m u nd o? H e ahí los
insignes testimonios de Paolo U ccello o de Breughel, de D urero o de
G oya . C u a n to más alta la maestría, tanto más certero el docu m en to,
que, m erced a su poderoso afán de fijación trascendental, absoluta,

Fernández Moreno ha entregado ya a la
imprenta las últimas pruebas de su Antología
(3a. edición, Espasa-Calpe) que abarca cinco
años más que las anteriores: 1915-1945. A l mis­
mo tiempo, V íctor Delhez está trabajando en
las ilustraciones de Poema, que editara la casa
Guillermo Kraft.

quintaesenciada, suele rebasar grandemente las márgenes restrictivas
del realismo.
Una Argentina — Argentina de la edad nuestra— profunda­
m en te secreta, abismada en vigorosa, dinámica quietud, y a la v ez
notoriam ente real, dos veces real en su abarcamiento, a más de la
tierra palpable, de todo lo que hay en ella de latente y de soñado, de
gozoso y de promisorio y de irremisiblemente perdido, se nos apa­
rece en estos excepcionalísimos cuadros de Gertrudis Chale, que hace
m u y poco pudim os estimar en las paredes parcas, poco amigas, de
la estrecha galería de la casa C o m te.
A

quienes hem os reconocido infinitas veces esa misma A rg en -

%

León Benarós acaba de publicar su primer li­
bro de poesías. El rostro inmarcesible se titula el
volumen que aparece bajo el sello de Emecé Edi­
tores.

Otra de las sugestivas obras de Chale, premiada en el Salón de Acuarelistas

zar y recomenzar las cosas, y en el fon d o esa certeza de la marcha, del
avance lento e invariable, surgen — casi corpóreos en su abstracción—
de la contemplación de estas imágenes, tal com o surgen siempre de
todo verdadero contacto con el vasto paisaje argentino, con el vasto
hom bre argentino, el de Argentina adentro, m u y adentro. Surge la
tierra infinita de los infinitos moldes de la libertad: una libertad p ro ­
pia, rigurosa com o una fuerza elemental.

C oncierto Sinfónico
El día 19 de octubre la Orquesta Fi­
larmónica de la Asociación dt'l Profeso­
rado Orquestal, realizó un concierto sin­
fónico bajo la dirección del maestro Eu­
genio Füerst, músico éste que forma par­
te del elenco del famoso Ballet Ruso de
conocida actuación mundial. El progra.
ma en extremo interesante fué vertido
en todas sus partes con suma frialdad
e indiferencia, lo que demuestra qué po­
co ha asimilado dicho director de loa
gestos Expresivos de la danza que se
gún Ravel, ella todo lo dice.

FIGURAS, por G. Chale

tina, maravillados ante sus magras y sedientas raíces y su increíble
floración, nos sobrecogen estas visiones con un poder de persuasión
co m o sólo estamos habituados a sentirlo en aquellas obras de arte que
son d ocu m en to genuino e imperecedero.
E flu vio de otros orbes — de un m undo m u y distante del uni­
verso pampeano y de m u y otras dimensiones— , la sangre espiritual
del pintor Gertrudis Chale — poco encontraremos de "pintora” en
sus rudas y viriles representaciones, ajenas a toda fácil dulzura— ha
venido a regar aquí un yerm o y a extraer de él, com o Figari, com o
H u d son a su m od o, la cosecha, casi tan inverosímil com o infalible,
de un m u ndo interior, el incandescente m undo interior de un pai­
saje, del paisaje que es el mism o país.
Pues el desierto sólo es desierto al alma incapaz de recoger las t
caricias de la arena. ¿Q u é es la gran m onotonía sino una riqueza tan
incalculable ya que en ella se pierden los accidentes, los prom onto­
rios — valores de una fútil variedad? Aquéllos que, al desdeñar la
dicha de poder atravesar en largo viaje estas provincias, se lamentan
de su m onotonía, no han traspuesto aún el invisible umbral que con ­
duce a la recóndita y apasionante intimidad de nuestro paisaje — y
a la de estos cuadros de Gertrudis Chale. En ellos la desolación es
grávida abundancia, y la miseria misma es rica, pletórica de secreto
señorío.
A llí — en eStas imágenes que exceden su propio tamaño, el ta­
maño físico de los óleos y los temples— , donde en última instancia
impera sin tregua la inmensidad del horizonte, el sello de lo infinito,
de la vida sin tiem po, ha marcado todas las cosas. Es éste un horizonte
peculiar, filosa espada que defiende a la tierra esquiva contra toda
intrusión celestial. Y este horizonte, emblemáticamente argentino, se
adentra en casas y plantas y bestias y hombres, y las casas y las plantas
y las bestias y los hombres se llenan de transparencias para darle ca­
bida. Inconmensurables y sin tiem po también las figuras, más aún
que las figuras los rostros. Esos rostros que, en el plano de los ros­
tros, son a su v ez el horizonte exacto de la vasta alma argentina; que
por lo tanto casi no llegan a ser rostros, rostros en plural, sino una
sola presencia uniform e y singular. Y a la par que el paisaje y las fi­

Un conjunto musical numeroso como
es la Orquesta Sinfónica por muy exi­
mios que sean sus componentes, si el
músico que los dirige carece de sensi
bilidad. y desconoce su verdadera fun
ción limitándose a la demarcación de loa
compases, dará como resultado ejecucio
nes conectas, pero carentes de ese háli.
to maravilloso que envuelve a toda obra
de arte
Si, por el contrario, el director es en
sí, el vínculo que une la orquesta con
lai dea del compositor, y sus gestos cla­
ros y expresivos “ dicen” -y sugestionan
a la masa sonora transportándola a su
verdadero objEto, las versiones poseerán
y a la veo: transmitirán al auditorio todo

QRANDES

e| sentido artístico que inspirara a su
creador.
Esta es la explicación del porqué el
público en el concierto mencionado ha
ya escachado sin inmutarse aquel mo
numEnto sonoro quei es la IV Sinfonía en
Fa de Tschaikowsky, como así eii sobrio
Concertó Grosso de Haendel, el poético
preludio de Kovanchtchina de Moussorgs
ky, el Sueño de una noche de verano
de MendElshon y la impetuosa Obertu
ra de Los maestros cantores de Wagner.
Con este acto se ipuso de manifiesto la
falta de valores nuevos de que se adole.
ce, lo cual ha sido confirmado por la
Asociación del Profesorado Orquestal al
verse obligada a recurrir a un directo.medlocro para exhumar ge Orquesta Fi­
larmónica.
A pesar de todo creemos que dicha
Asociación, dada su vasta eixpErlencla,
podrá remediar esta falla dando opotunldad a los jóvenes músicos para que
demuestren en concursos organizados
exprofeso, sus condiciones y aptitudes
a fin de que puedan surgir los futuros
directores de orquesta que mantengan
bien en alto el benemérito nombre de
la Asociación dEI Profesorado Orque»
tal.
E. D’Arte

ENSAYISTAS

Colección dirigida por Eduardo Mallea. Una completísima síntesis,
en el orden clásico y contemporáneo, de grandes libros del género,
agrupada bajo el lema de ‘‘La cultura como esfuerzo vivo” .
1 — PROSA DE V E R Y PEN SAR, por Dom ingo P. Sarmiento $ 5 50
2—
E N SA Y O SOBRE E L DESTINO A C T U A L D E LAS
L E T R A S Y LA S ARTES, por W ladim ir W e id lé .............. „ 4.50
3 — CASA GRANDE Y SE N ZA LA , por Gilberto Freyre (dos
tem os). Una obra sensacional sobre el B r a s i l ..............
j o __
4—
LA S OPINIONES DE O L IV E R ALLSTON , por Van ”
W y ck B r o o k s ............ ...........................................
5 50
5—
L A S CRUZADAS, por Hilaire B e l l o e .................... " ” 5 . _
6 — E U R E K A , M A R G IN A LIA , L A FILO SO FIA DE L A COM­
POSICION, p or E dgard Alian P o e ................
4 __
7 — LOS PO ETAS M E T A F ISIC A S Y* OTROS E N SA YO S ”
DE TEATRO Y RELIGION, p or T. S. E liot (dos tom os).
E legido “ Libro del Mes” , ju lio ...............................................
9.50
8 — P A G IN A S CRITICAS D EL D IA R IO DE UN ESC RI­
TOR, p or F edor D o s t o ie w s k y ...............................................
4.
9 — R E PO R TA JES IM AG IN ARIOS, p or A ndré Gide. P ri­
mera traducción al c a s t e lla n o ...............................................„ 4.50
DE P R O X IM A A P A R IC IO N :
LA CULTURA DE LAS CIUDADES, por Lewis Munford.

EMECÉ

EDITORES

S.

A.

UNA EDITORIAL AMERICANA - UN PANORAMA UNIVERSAL
San Martín 427
Buenos Aires

•v '

La Municipalidad de Buenos Aires viene des­
arrollando desde el mes de septiembre un ciclo
cultural que incluye conferencias, recitales y con­
ciertos a cargo de escritores y artistas jvenes de la
ciudad, actuando también escritores y artistas ya
consagrados por sus obras. El m icrófono de L. S. 1
Radio Municipal trasmite todos los martes a las
IS A 5 estas audiciones. Es digna de aplauso la pre.
ocupación de la Comuna por difundir la actividad
de los intelectuales porteños. Los escritores y ar­
tistas estarán más allegados así a su propia ciudad,
cumpliéndose al mismo tiempo por parte del Mu­
nicipio una digna labor de estimulo. Actuaron
en estas audiciones los escritores y artistas-.
Francisco Luis Bernárdez, Vicente Barbieri, lka
Aldalur, H éctor Rene Lafleur, Roberto Paine,
josé Guillermo Huertas, Federica Fedii, Horacio
Schiavo, Marisa Serrano Vernengo, Alicia María
C.arracedo y Miguel D. Etcbebarne.

Integran el jurado que discernirá los
premios literarios del Concurso Impren­
ta López los escritores cuyos nombres se
dan a continuación: por la Sociedad Ar­
gentina de Escritores los señores Julio
Aramburu, Adolfo Bioy Casares y Leóni­
das Barletta; por la Imprenta López la
señora Victoria Ocampo y por ¡la Edito­
rial Losada D. Guillermo de Torre.
Reapareció ‘'Argentina Lábre". Reagu­
da así con labor de prédica bien inspira­
da y honesta este periódico una coin­
cidencia que mantuvo durante tres años
con los núoleos más sanos de la opinión
local.
ARISTA, revista oral de difusión Interamericana, viene realizando desde febre­
ro de 1943, por intermedio del micrófo­
no de L. T. 1 Radio Litoral, una de las
tareas más interesantes y dignas del ma­
yor elogio en favor de la cultura. Conta­
das son las audiciones radiotelefónicas
de índole intelectual que se destacan por
su calidad y por su capacidad de llegar
al interés del público. El pintor Luis
Fuster y el escritor Alberto Rodríguez
Muñoz, director y colaborador, respec­
tivamente, de esta audición, son los in­
fatigables mantenedores de su ritmo vi­
vo, contando ya más de 165 audiciones a
través de las cuales han contribuido a la
difusión de las mejores páginas de la li­
teratura americana. Destacamos otro
hecho interesante, que enaltece aún más
el valor de la actividad cultural de
ARISTA: don Fernando Maliandi, direc­
tor propietario de L. T. 1 Radio Litoral,
es quien ha dedicado generosamente es­
ta media hora (martes y viernes, a las
23.15) a dichas manifestaciones. Audi­
ción sin avisos, audición independiente
aue no produce ganancias, audición que
no está sujeta a las contingencias de un
avisador comercial. Felicitamos cordial­
mente a los inteligentes integrantes de
ARISTA por. su noble esfuerzo.
D. J. Vogelmann dió el jueves 2 de no­
viembre en la Sociedad Hebraica su con­
ferencia: “Franz Kafka, escrutador de
lo inescrutable”.
Uno de los conceptos finales de su di­
sertación: la afinidad psicológica que él
halla entre el sentido de la postergación
Infinita en la obra kafkiana y la poster­
gación de porvenires en el temperamento
argentino. El "vuelva usted mañana...
mañana... mañana..." es una voluntad
criolla de eternidad.
Segiin se tienen noticias, es la segun­
da conferencia que sobre Kafka se pro­
nuncia en el mundo entero. La primera
también la dijo otro escritor argentino,
Eduardo Mallea.
Ha cumplido un año de mantenida la­
bor el periódico “ Correo Literario” , a
cargo de intelectuales españoles en nues­
tro país. Saludamos cordialmente a este
colega por su esfuerzo que se ve premia­
do por la amplia afirmación lograda no
sólo en nuestro medio, sino continental.

�r

Pág. 14
(Viene de la pág. 12)

embargo, haber dado un cierto mo­
tivo,
aunque nunca sospeché poder
to a menudo, aunque mi oficio sea
ser tan mal entendido. Y o no he
pelear, y desde chico no haya sabido
puesto en duda el derecho de nues­
otra cosa. ¿P or qué nos vivimos ma­
tro rey a gobernarnos a españoles
tando los hombres ? En las largas ho­
y americanos, pero me he animado a
ras de marcha, estos días, he pensa­
sospechar en los criollos cierta capa­
do en lo extraño de mi posición:
cidad para conducirse en las funcio­
Veinte años peleando por España,^ y
nes
públicas, y, argumentando sobre
ahora, dentro de dos horas no más,
ello, a preguntarme, basándome siem­
por primera vez, contra mis propios
compañeros de armas, por la salva­ pre' en la realidad — nuestros con­
trastes tan recientes del Cerrito y
ción e independencia de mi país. Co­
de Tucumán, contra ejércitos de gau­
mo si una voz me hubiera llamado
chos y con jefes improvisados y sin
— no sé, nunca he creído en estas co­
arte militar, lo corroboran— , si nues­
sas románticas de destino, pero algo
tra expedición no es numérica­
debe haber, cuando un hombre que
mente insuficiente para cumplir sa­
no ha pensado toda su vida sino en
tisfactoriamente la misión que se le
cumplir con su deber en el ejército
encomendó. Concretando: ¿Podemos
del rey de sus padres, empieza a
tomar las baterías de Punta Gorda
ser perseguido por una idea que se
con
la escasa tropa de que dispone­
le hace más fuerte cada día, no bien
mos? ¿Ocupar y sostenernos en la
se entera de que su patria pelea con­
ciudad de Santa Fe, cuyas autorida­
tra el dominador de siglos, y que
des pueden oponernos miles de hom­
sus compatriotas quieren hacer un
bres
en unas pocas horas? Mi opimén
país de libertad y justicia de lo que
es franca por la negativa. Y me atre­
no era más que una colonia estúpida­
vo a aconsejar, a los fines de la de­
mente explotada y oprimida. — Mi
cisión que se adopte, la máxima pru ­
patria, de la que no había oído ha­
dencia en el desmérito de las fuerzas
blar m ás. . . Y esto se me volvió una
adversarias.
obsesión: Qué iba a pelear yo en de­
Z A B A L A . — A mi juicio, al señor
fensa del rey en cuyo nombre se fu ­
A
lférez
le sobra razón. Yoyhe com­
sila a americanos que sólo tratan de
batido en las tropas criollas del gene­
ser libres — y yo estaba luchando por
ral Velazco, cuando la campana de
la libertad de ese mismo rey. Me pu ­
los insurgentes porteños contra el
se a buscar noticias, y en la misma
Paraguay, y he visto con mis pro­
Cádiz encontré otros oficiales ame­
pios ojos los prodigios de decisión,
ricanos que sentían así como yo. Un
coraje y disciplina de que son capa­
día resolvimos cruzar el mar, y vi­
ces defendiendo su suelo. A los seño­
nimos a ponernos al servicio de la
res
oficiales recién llegados de Espa­
libertad de A m é rica ... Por lo que
ña les pediría prestasen atención a
a mí respecta, en un par de horas se
la fuerza y energía puesta por nues­
verá si con eficacia. . .
tro pueblo en lucha contra el invasor
que tiraniza Europa.
TELON
A L F E R E Z M A Y O R . — Pero si
éstos
son gente in fe rio r.. .
CUADRO TE R C ER O
Z A B A L A . — Es en mí una arrai­
l
gada convicción no creer en la infe­
A bordo del buque capitán de la
rioridad o superioridad de unos pue­
escuadrilla realista. La cámara del
blos sobre otros. Ni lo considero ar­
comandante Juan Antonio de Zabagumento de acción militar eficaz. Y
la, .jefe de la expedición.
el otro error, y lo expreso aquí por
H ay consejo de oficiales, presidido
habérselo hecho así presente al señor
por Zabala, que tiene a su derecha
Capitán General de la Plaza de Mon­
a Rafael Ruiz. su segundo.
tevideo, ha sido el mantenimiento de
A L F E R E Z M A Y O R . — No nos
esta guerra de devastación de las cos­
liemos reunido, señor Comandante,
para considerar las causas de la gue­ tas, que nos presenta como enemigos
del bienestar de las poblaciones — y
rra a los rebeldes, sino la oportuni­
fué en ese concepto que me confió
dad de la ejecución de una maniobra
la jefatura de esta expedición, des­
militar destinada a afectar honda­
cartándose todo acto de guerra sobre
mente el curso de la guerra. Pero
los habitantes pacíficos de las ribe­
ya que el tema ha sido sacado a
ras.
pública discusión, permítaseme ma­
T E N IE N T E 1?. — E l señor Co­
nifestar con la brevedad del caso cuál
mandante formula graves cargos con­
es el sentimiento de la mayoría de
tra los jefes anteriores de la escua­
los oficiales aquí congregados.
dra.
V A R IO S O F IC IA L E S . — Muy
Z A B A L A . — No es mi deseo otro
bien.
que
la victoria final de nuestras ar­
Z A B A L A . — Le recuerdo al señor
mas y en ese sentido me permito ju z­
Alférez Mayor que las opiniones de­
gar la actuación de mis predecesores.
ben ajustarse al reglamento, y, por
RUIZ. — Propongo pasar a la o r­
tanto, ser estricta y rigurosamente
den. del día y suspender el uso de
individuales.
la palabra de quien traiga cuestiones.
TE N IE N T E l 1?. — E l reglamento
no prohibe las manifestaciones de
Z A B A L A . — Nuestra orden del
adhesión, señor Comandante.
día, señores, es considerar las con­
tingencias de una acción contra al­
, V A R IO S O F IC IA L E S . — Así es.
guno de los puntos señalados en las
A L F E R E Z M A YO R . — Prosigo.
instrucciones, dada la escasez de
Z A B A L A . — Pero en un tono me­
nuestras fuerzas y una apreciación
nor, señor A lférez Mayor.
equilibrada del espíritu combativo
A L F E R E Z M A YO R . — Ruégole
del enemigo. El señor A lférez ha
disculpe lo que es obra sólo de mi
hablado con mucho tino. Se nos de­
temperamento y del orden de ideas
bió entregar unos mil marineros de
en debate.
desembarco y apenas conseguí la
Z A B A L A . — Continúe usted.
cuarta parte. Señores: Mi proyecto
A L F E R E Z M A Y O R . — Se ha di­
es apoderarme del convento que te­
cho en esta reunión, no entro a su­
nemos a la vista, y apoyados en él
poner con qué intención. . . se ha
cortar las comunicaciones fluviales
puesto en duda nuestro derecho de
y terrestres entre Santa F e y el nor­
súbditos leales de nuestro amado rey
te de Buenos Aires. ¿Qué opinión les
Fernando V II, que Dios guarde (to ­
merece? Hable mi segundo.
dos se ponen de pie y vuelven luego
a sentarse) para felicidad de la me­
R U IZ. — Parapetados en las mu­
trópoli y de su imperio americano. . .
rallas del convento y con la escuadra
ese derecho de gobernar a su nom­
que nos asegure refuerzos de Monte­
bre Jas colonias de América, como
video, haremos gran daño a los re­
si no nos pertenecieran por obra y
beldes. Compatriotas nuestros, radi­
derecho de conquista y civilización...
cados en la costa, me han hecho sa­
puesto que sería justificar la insu­
ber el número y armamento de las
bordinación y conculcar las leye:^
únicas fuerzas de la región. Son es­
eternas que determinan el gobierno
casamente unos cien hombres mal ar­
y policía de los pueblos. Dios nos ha
mados. No hay noticia de tropas re­
hecho nacer superiores a los mesti­
gulares. E l gobierno de Buenos A i­
zos y c r io llo s ...
res necesita más de cinco días para
hacerlas llegar. Y si una vez reali­
V A R IO S O F IC IA L E S (interrum ­
piendo). — Muy bien. De acuerdo.
zado el desembarco, parte de Ja es­
Z A B A L A . — Pido más mesura a
cuadra ataca o amaga atacar otros
mis distinguidos compañeros de ar­
puertos, se dispondrá de tiempo so­
mas.
brado para fortificar conveniente­
A L F E R E Z . — Y o no sé qué se
mente el lugar y hacerlo inexpugna­
busca con todo esto. Reconozco, sin
ble.

C O N T R A P U N T O
Z A B A L A . — Hable el Alférez Ma­
yor.
A L F E R E Z M A Y O R . — Soy en
todo del mismo parecer. Nuestras
únicas divergencias radican en una
distinta concepción teórica sobre la
capacidad de las poblaciones ameri­
canas para el gobierno y la guerra.
Pero en ocasionarles el mayor per­
juicio estaremos siempre de acuerdo.
Z A B A L A (a los demás). — ¿A lgo
que objetar, alguien? (Nadie contes­
ta). Queda levantada la reunión. No
bien empiece a clarear se embarcará
la tropa en las lanchas y botes con
equipo completo de desembarco. Las
fuerzas de los barcos estarán pron­
tas para cooperar con su artillería.
P or el rey, señores: Buena suerte.
(Salen).
TELON

CUADRO CUARTO
E l comedor del convento. Grandes
ventanas que dan al pampo. A tra­
vés de las rejas, una planicie, y, más
lejos, el río Paraná.
Granaderos y milicianos, con fusi­
les, detrás de las rejas y troneras.
Escalada, Bermúdez, Robertson y
oficiales, en silencio, miran al campo
con gran atención. Se oye a lo lejos
un redoble de tambor.
ROBERTSON . — Se acerca el
gran momento.
(Nuevo silencio, hasta que entra
un oficial).
O F IC IA L 1° (dirigiéndose a B er­
múdez). — Capitán: Los granaderos
han montado detrás de las tapias tra­
seras y esperan órdenes.
B ERM U D EZ. — ¿Sesenta hom­
bres por columna?
O F IC IA L 1° — Sí, señor, como
se ha dispuesto. El trompa está en el
patio junto al caballo del coronel.
B ERM U D EZ. —- Los lanceros en
primera fila.
O F IC IA L 1?. — Está bien. (Sa­
le).
(A l redoble de tambor, acompa­
ñan ahora los pífanos, que
suenan alegres en el aire fres­
co de la mañana).
E S C A L A D A . — Y a están aquí.
ROBERTSON . — Suben en bue­
na formación.
E S C A L A D A . — ¡ Les va a quedar
form ación!
(Se oye el tambor cada vez más
cercano).
E S C A L A D A (a un oficial de mi­
licias). — Que carguen el cañón. Lis­
tos todos para la descarga, a la or­
den.
(E l oficial sale).
O F IC IA L DE M IL IC IA S (afue­
ra) . — Listos todos para la descarga,
a la orden. (Se le oye repetir la or­
den más lejos) : Listos todos para la
descarga, a la orden.
SAN M A R T IN (entrando). — No
gaste pólvora, Comandante. Esto se
resuelve a lanza y sable. Capitán B er­
múdez:
BER|MUDEZ. &gt;■— Mande, señor.
SAN M A R TIN . — Usted manda­
rá la columna de la derecha; yo, la
izquierda. No se necesitarán sacar
las pistolas del arzón. En el centro
de las columnas realistas nos encon­
traremos, y allí daré a usted mis ór­
denes.
BED M U D E Z. — Está bien, Co­
ronel.
SAN M A R TIN . — En dos minu­
tos más estaremos entre ellos.
R O B E R T SO N (al salir San Mar­
tín y B erm údez). — ¡E x ito !
SA N M A R T IN (afu era). — Sol­
dados del primer escuadrón de mi
regimiento de granaderos: Vamos a
poner en práctica las lecciones apren­
didas para defensa de la patria y es­
carmiento de los realistas, una vez
por todas. ¡ A cargarlos a sable y
lanza! ¡A galope! ¡P o r la Patria!
(Se oye el galope y un clarín
que toca “ a la carga” . Una
descarga cerrada de fusilería y
el estampido del cañón).
E S C A L A D A (a R ob ertson ). — A
tiros no los atajan. ¡ Esa es ca rg a !
¡Y a está sobre ellos la columna del
coron el!
(Se mezclan los gritos de) :
G RITO S. — V iva el rey. V iva la
Patria. V iva el rey. Viva el rey.
Viva la Patria. V iva la Patria. Viva.

ROBERTSON . — E l coronel ha
caído.
E SC A L A D A . — A su alrededor
pelean cuerpo a cuerpo.
ROBERTSON . — Y a llegó la otra
columna.
GRITOS. — Viva la Patria. Viva
el rey.
M ILIC IA N O . — Se desbandan.
Disparan. ¡Disparan, señor!
E S C A L A D A . — E l clarín toca a
degüello.
(Tiros aislados, y, de pronto, el
estampido lejano y grave de
los cañones de los barcos).
ROBERTSON. — La artillería de
la escuadra.. .
E S C A L A D A . — No pueden hacer
puntería sin acertar más en los su­
yos.
M ILICIAN O . — Se tiran barran­
ca abajo los g o d o s ...
E S C A L A D A . — Y son quince me­
tros a pico.
(Un gran silencio).
GRITOS. — ¡V iva la Patria! ¡V i­
va la Patria!
E SC A L A D A . — ¡ Hemos ganado!
¡Que viva! ¡V iv a !
M ILIC IA N O (en un arranque).
— E ra San Martín el jefe — con
sólo sus granaderos: — el tres del
mes de febrero — del mil ochocientos
trece!
TELON

CUADRO QUINTO
El huerto del convento. Mediodía
radiante.
A la sombra de un pino, San Mar­
tín y un oficial, * que escribe. San
Martín tiene en la cara dos parches
blancos.

\
SAN M A R TIN (dictando). —
. . . “ permanecieron con denuedo en
todos los peligros. Seguramente, el
valor e intrepidez de mis granade­
ros hubiera terminado en este día de
un solo golpe las invasiones de los
enemigos en las costas del Paraná,
si la proximidad de las bajadas que
ellos no desamparan, no hubiera pro­
tegido su fuga, pero me arrojo a p ro­
nosticar sin temor, que este escar­
miento será un principio para q n
ios enemigos no vuelvan a inquietar
estos pacíficos moradores. Dios guar
de a V. E. muchos años. San Loren­
zo, febrero 3 de 1813.” Ahora vuél­
vame a leer desde el comienzo.
O F IC IA L I*?. — ‘ ‘ Excelentísimo
Señor. Tengo el honor de decir a V.
E. que en el día 3 de febrero, los
granaderos de mi mando en su pri­
mer ensayo, han agregado un nue­
vo triunfo a las armas de la. patria.
Los enemigos, en número 250 hom­
bres ” . . .
O F IC IA L 29 (entrando). — Coro­
nel .. .
SA N M A R TIN . — Sí.
O F IC IA L 29. — El parlamenta­
rio quie mandan los realistas. Lo
acompañan un abanderado y un tam­
bor.
SAN M A R TIN . — Hágalo entrar,
con los honores correspondientes a
su giado. Búsquelo al comandante
Escalada, que quiero hablarle.
(E l oficial sale).
SAN M A R T IN (reflexiona un mo­
mento, y le dice al oficial 19) __E s­
criba usted rápido. Papel de esquela.
Querida Remedios: Gracias a Dios,
todo ha salido de acuerdo a mis es­
peranzas. Los realistas han tenido su
merecido. Tu esposo y amigo. Otro
papel. Señor Jefe del Estado Mapor. E l Coronel de Granaderos José
de San Martín comunica a Vd. ha­
ber batido a los realistas desembar­
cados frente al convento de San Car­
los, cercano a la posta de San Loren­
zo.
( Entra Escalada).
SAN M A R TIN . — Un segundo.
Comandante. (Sigue dictando). V a
parte con detalle. 3 de febrero.
(Apenas ha terminada de dictar,
San Martín se levanta, se acer­
ca rengueando al escritorio
improvisado, y firma las dos
esquelas).
O F IC IA L 19. — ¿Sello los so­
bres?
SAN M A R T IN . — Sólo la priva­
da. Así el eorreísta muestra la otra
por los pueblos. (A Escalada). F a ci­

líteme usted un chasque que sin mie­
do a la fatiga lleve la noticia al Go­
bierno, y entregue una esquela en lo
de Escalada, frente a la plaza.
E S C A L A D A . — En seguida sale.
(Toma las cartas y sale).
SA N M A R T IN (al oficial). —
Averigüeme cómo sigue Bermúdez,
y dése una corrida interesándose
por los heridos. Vuelve luego a ter­
minar el parte.
(San Martín se sienta con difi­
cultad. Largo sd en cio).
SAN M A R TIN . — Todo ha salido
bien. No he venido en balde. No ha
sido sin fruto mi trabajo de un año.
Ni estaba yo equivocado sobre los
m edios: son éstos. Sí, ahora creerán
que sirvo para algo. No sólo sargentón, instructor de reclutas que
no se sabe cómo aguantarán la prue­
ba de fuego. Hice bien en venir. Así
se los vencerá. Como debía ocurrir,
si para algo sirve la razón, que pre­
vé la marcha de los sucesos y se an­
ticipa a e llo s ... E l enemigo incurre
en e rro r; y mientras, uno ha ido pre­
parándolo todo, aguardando, con los
nervios en punta, el momento justo
del golpe, para caer, como una fuer­
za natural implacable — y no es sino
la razón y la justicia obrando, ani­
quilándola ,paf, zas, sobre el impre­
visor y soberbio. Me tendrán ahora
confianza. Me dejaran hacer lo que
hay que hacer. Y gritarles a los ca­
lumniadores, intrigantes, aspirantes,
que yo he dado mi sangre, y ellos
palabras y retórica— . Casi me ma­
tan. Hay ahora una zanja in fran ­
queable, ' insalvable, entre mis ante­
riores compañeros de armas y y o . . .
no sólo razones y sentimientos de por
m edio... . Y me ha hecho bien la san­
gría : me ha descargado de esta ten­
sión de un año en una tierra y en­
tre hombres que desconocía. — Pero
hoy más que nunca, no marearme.
No' he hecho nada de extraordinario.
Es exacto. Y repetírmelo. No p or
principio. D om inarm e; moderarme.
¡ Es un triunfo en un campo secun­
dario y sólo parcialmente logrado!
¡ Es porque debía ser así que todo ha
salido b ie n ! Y o no he sido más que
el instrumento, el brazo o la cabeza
que realizó lo que debía hacerse, y que
otro cualquiera hubiera hecho. No voy
a creerme el señalado por la Providen­
cia. — Esto es nada más que la inicia­
ción del camino (recién empiezo a
ver con claridad el estado real de
las cosa s), que no concluye en M on­
tevideo, ni en Salta, ni en Mendoza,
ni en Chile. .. que no terminará has­
ta Lima. No está', libre ni el terri­
torio que pisan nuestras fuerzas. . .
Ni lo estará, mientras haya en Am é­
rica un solo enemigo. — ¿E s que ya no
podré sino deberme a mi patria? V i­
ne porque lo sentí como una obliga­
ción. Hice lo que debía hacerse, apli­
cados los cinco sentidos, para hacer­
lo bien. Deseaba que esta tierra es­
pléndida que había visto al nacer,
fuera grande y libre.— ¿P ero por qué
he de ser yo quien lo haga ?— No quie­
ro tener que hacer lo que presien­
to, ni cargar con la responsabilidad
de cum plir las esperanzas de cuan­
tos desean pertenecer a la tierra en
que nacieron. Ni tener que realizar
algo que sobrepase las posibilidades
de los hombres, que no me lo perdo­
narán, aunque los haga libres. N i
una misión que cumplir, que no am­
biciono. — Sería mayor que mis fu e r­
zas. Y o no estoy preparado ftara
hacerlo. No, no voy a atarme a una
empresa así hasta el fin de mis días,
después de veintiséis años de servi­
cio en el ejército, siempre cum plien­
do. frenado siempre por el deber. Ni
debo desechar toda posibilidad de fe ­
licidad. Y a no podría volver a mi ca­
sa, com o pensaba, a estar con mi mu­
jer y ver crecer los hijos. ‘ ‘ Un par de
años más, y seremos felices” . ¡P o ­
bre R em edios! — ¿ Pero no había yo
mismo elegido el camino ? ¿ No se está
cum pliendo lo que deseaba: llegar,
organizar, pelear, vencer? Ahora,
después de la prueba, ahora me tiro
atrás y caigo en la cuenta de que
yo no buscaba sino un sitio secunda­
rio y tranquilo, una guerra corta y
un retiro cómodo después. ¿ Y he si­
do tan irreflexivo en creer que en
estos tiempos podía alguien retirar­
se. y vivir tranquilo y de recuerdos?
¿Para poder con tar: ‘ ‘ aquella maña­
na casi me matan ?? ¿N o es absur-

�Pág. 15

C O N T R A P U N T O
do? ¿P o r qué será el hombre un ser
tan absurdo, capaz de m edir con pre­
cisión la distancia de aquí a las estre­
llas, y tan inútil para razonar con ri­
gor sobre su destino p rop io? ¿La ma­
rea de la Revolución no lo ha tras­
tornado tod o? ¿N o ha levantado a
los dormidos, incorporado a los que
parecían estar b ajo los sepulcros, en­
conado a los hijos contra los padres?
¿Y en medio de este desbarajuste
universal creo posible retirarme, a
un sitio tranquilo, donde pasar mis
últimos días y descansar ? ¡ Y sin lle­
gar hasta el fin, sin term inar lo que
debo hacer, lo que acabo de ver que
se puede hacer con éxito y en una
escala mayor y decisiva!... — ¿P o r qué
hacer lo que se debe hacer?— O nada.
No ser nada. No actuar, no tener am­
biciones, p or nobles y altas que sean,
ni tampoco tenerse más por hombre
honrado que piensa en el bien racio­
nal a que pueden llegar sus seme­
jantes. .. En la sala de mi casa, ju n ­
to al fuego, ver pasar los ejércitos,
oír los c la r in e s ... y nada. ¡N ad a !
No recordar siquiera, para no des­
pertar los remordimientos. Oprim i­
dos los pueblos, restablecidas las épo­
cas de dolor y hum illación. No ha­
ber hecho nada, cuando todo era p o ­
sible, cuando todo hubiera sido d * t in t o .. . ¿N o es pura vanidad mía ?
No desaparecerá la libertad bajo el
despotismo, si yo me voy a mi casa.
No seré insustituible. Otros, más ca­
paces, me reemplazarán. — ¿ Quiénes ?
—No haber hecho ni lo que era posi­
ble, ni lo que estaba al alcance de
mi mano. — ¿ P or qué ? ¿ Qué deshizo a
ese hom bre? ¿Qué le tronchó la ca­
rrera de triunfos ? — Carrera... carre­
ra, para tiempos como éstos... A quí
ahora nadie se retira, ni se jubila,
ni se vuelve a su casa. De aquí se
va a la fosa, a p odrirse. . . o a seguir,
y seguir, hasta que lo sustituyan a
uno, por inservible; o que lo arrum­
ben com o trasto viejo los in g ra to s ...

les recién icelebrado resolvió enco­
mendarme a mí la tarea de solicitar
de la generosidad del je fe adversa­
rio, alimentos frescos y medicina de
urgencia para los heridos, y la nómi­
na de los prisioneros. De serme entre­
gados, víveres y medicinas se em­
plearán únicamente en aliviar a quie­
nes lo necesitan. D oy mi palabra de
honor.
E S C A L A D A . — Ustedes no cuín¡lien palabra de honor a los rebel­
des. ..
Z A B A L A . (Interrum piendo). —
Y o puedo asegurarle. . .
E S C A L A D A . ( Interrum piendo)
— Como en Huaquí.
Z A B A L A . — Quien la faltó era
un americano, señor.
E S C A L A D A . — Pero al servicio
de ustedes. . .
Z A B A L A . — Doblemente traidor.
S A N M A R T IN . (A Zaba-la). —
Su pedido será inmediatamente aten­
dido. Escalada: Hágame el favor de
anotar en una lista los realistas p ri­
sioneros, heridos y muertos, y que se
carnee una res gorda para mandarla
a los barcos. No, no se vaya todavía.
(N uevam ente a Zabala). Pero su pa­
labra de honor, señor, ha de exten­
derse hasta el compromiso de no ata­
car localidad alguna en su trayecto
de regreso. Usted puede hacerlo: pa­
ra eso es el icomandante de la es
cuadra.
Z A B A L A . (Después de reflexio­
nar). — Me comprometo a regresar
a Montevideo sin ejercer acto de gue
rra sobre las poblaciones ribereñas.
¿Desea el señor Coronel que lo rati­
fique por escrito?
SA N M A R T IN . — Me basta su de­
claración. Señor Comandante: Es ho­
ra de almorzar. Me permito invitarlo
a mi mesa. Nos acompañarán el co­
mandante Escalada y el teniente Pa­
checo.
Z A B A L A . — No puedo no aceptar
su gentileza. Muchas gracias.
— Pero tampoco podría seguir in d efi­
SA N M A R T IN . ( A E s'alada). —
nidamente :...¿y después? Ah, sí, la
Sírvase cum plir esas comisiones y or­
g lo ria . . . Hasta la gloria. Mis me­
dene se prepare el almuerzo.
jores años consagrados a pelear por
(Sale Escalada).
la gloria. ¿ Y después? ¿Les gustará
SAN M A R T IN . — ¿P odría usted
seguir siendo libres a los pueblos?
inform arse sobre el oficial caído pre­
so?
Nadie me devolverá mi vida, sacri­
ficada por la verdad de un día, ju n ­
Z A B A L A . — Está muy mal heri­
do. Dos balas en el cuerpo y una
to con una generación entera, que
rodada seria. Apenas regrese, se lo
tampoco gozó de la vida, arrastrada
mandaré en canje.
detrás, contagiada por el incendio.
SA N M A R TIN . — Es un gran
—•¿Sólo y siempre obrar según la ra­
muchacho.
zón, los sesos de mi cabeza, que me
(E n tra el Oficial 1?).
dicen lo que debo hacer, oponiéndo­
se a los deseos del corazón, hacer lo
O F IC IA L l 9. — C oronel: He esta­
que se debe hacer, ser lo que hay
do con los heridos. Mejoran, a ex­
que ser, pese a todo y a todos ? — Y
cepción del capitán Bermúdez, pese
tener forzosamente que hacerlo. A d e­
a que se le amputó la pierna, y del
lante, adelante, puesto que no hay
sargento Cabral, que está a punto de
más remedio, sin
rehuir
Vesporimorir. Pide, como gracia especial,
sabilidad alguna, y hasta el fin. E n­
que se le conceda despedirse de Y d.
tre la muerte y las lágrimas, y la
SAN M A R TIN . — Tráiganlo.
vida entera no dedicada a otra cosa,
(E l oficial sale).
adelante, adelante, p u es: A ser li­
SAN M A R TIN . — Es el soldado
bres . . .
que me salvó la vida, cuando muerto
( E ntran el Oficial 2?, Zabala.
mi caballo y no podía sacar una pier­
con la cabeza vendada, y un
na apretada, me cubrió con su cuer­
p elotón de granaderos).
po. Los tiros y bayonetazos que lo
O F IC IA L 29. — Señor C oron el: matan iban contra mí.
Z A B A L A . — ¿P o r qué arriesgó
E l Comandante Zabala, cuyos pode­
usted la vida así esta mañana?
res de parlamentario pongo en sus
m a n o s.. .
SAN M A R TIN . — Usted también
fué h erido. . .
SA N M A R T IN . (D espués ele leer­
Z A B A L A . — Un je fe no da la es­
los). — Se ajustan a las reglas de la
guerra. Tome usted asiento, señor
palda al e n e m ig o .. . Mis oficiales me
hicieron retroceder poco menos que
Comandante
(A l oficial). A l Co­
mandante Escalada,
que tenga el
a la fuerza. Pero usted cargó al fren­
bien de venir. Retire la tropa.
te del escuadrón, como un teniente.
(E l oficial sale con los soldados).
Fué el primer en tomar contacto con
SA N MARjTIN. — Lamentables
los m íos. . .
las circunstancias en que hemos ve­
SAN M A R T IN . — ' Y el primero
nido a conocernos, señor. Sus heri­ en c a e r .. .
das no serán g r a v e s .. . puesto que
Z A B A L A . — Era lógico. Entiendo
usted ha subido la barraca y llega­ que un jefe demuestre coraje, pero
do hasta aquí. . .
lo suyo puede parecer im prudencia...
Z A B A L A . — A sí es, señor. Las
SAN M A R TIN . — E l partidario
suyas, espero que tampoco.
secreto de ustedes tenía que ser el
SAN M A R T IN . — No tienen im­ primero en sablearlos. Como no tenia
portancia. Muchas gracias.
en el país familia con valimiento o
( Entra Escalada).
con autoridad, se me hacía espía de
SAN M A R TIN . —
Deseo su
ustedes.
presencia,
Comandante Escalada.
Z A B A L A . — Nunca nos atrevimos
( Presentándolos). El oficial parla­
a creerlo. Sólo su arrojo y pericia
mentario... el comandante de mili­
táctica nos derrotó.
cias del puerto del Rosario.
SAN M A R TIN . — Opinión sobre­
(Escalada y Zabala se saludan
manera halagadora para mí, pero yo
cerem oniosam ente).
lo atribuyo todo al coraje y abnegaZ A B A L A . — E l descalabro de
c. on de mis soldados. ¡ (Ion naturali­
nuestras armas nos ha llenado de he­
dad). A los hombres de este país no
ridos los barcos y de preocupación
podrán ustedes dominar jamás. Sa­
por la suerte de muchos, si prisione­
crificarán ejércitos, gastarán milloros o ahogados. El consejo de oficia­

&gt;

nes, perderán escu a d ra s... sacrificio
inútil. Un je fe victorioso puede eneeguerse, o m orirse; pero la decisión
de este pueblo por la libertad es irre­
vocable. Por eso me pregunto: ¿A
qué objeto prolongar la guerra? Pa­
ra conquistar tierras donde puede es­
tablecerse y prosperar cualquiera que
lo desee.
Z A B A L A . — Mientras subía la ba­
rranca, viendo el reguero de sangre
de mis soldados pensaba también en
la falta de sentido de esta guerra.
Pero yo no soy ms que una pieza sin
significación, dentro de esta gran má­
quina, y cuya opinión no cuenta. . .
a quien sólo le es posible.. .
(Entra, interrumpiéndolo, el O fi­
cial 19, seguido por cuatro gra­
naderos, que traen al sargento
Cabral en una camilla, y detrás
el cura párroco del R osario).
O F IC IA L 19. (A l sargento). —
Ya está, amigo, en presencia del co­
ronel.
SA R G E N TO C A B R A L . ( Mientras
San Martín, profundam ente emocio­
nado, lo abraza). — Mi coron el: Mue­
ro contento. Hemos batido ai enemi­
g o . . . Hemos batido al enem igo. . .
Muero contento.
SAN M A R TIN . — Me sacó Vd. del
aptiro, sargento. Mientras viva, ten­
dré grabado su gesto en el corazón.
Dígame su voluntad: Estése absolu­
tamente cierto de que sabré cum­
plirla.
SA R G E N TO C A B R A L . — Era mi
obligación : Muero contento, mi co­
ronel. Hemos batido al enemigo. Viva
la Patria. Muero co n te n to ... batido
el enemigo! (Pierde el conocim iento).
Z A B A L A . (E ntre dientes). —
Tengo un nudo en la garganta. A
estos hombres no los vence nadie.
SA N M A R TIN . — Llévenlo con
cuidado.
(Salen).
SAN M A R TIN . (A l oficial). —
¿N o es posible hacer nada?
O F IC IA L 19. — Nada, absoluta­
mente.
SA N M A R TIN . — Llevará la no­
ticia de la victoria a los otros que ya
han muerto, por la Patria. (A l o fi­
cial). H ay que terminar el parte,
Pacheco. Venga. Escriba usted. (E m ­
pieza a bajar el telón). “ Nota. El
buque comandante de la escuadra
enemiga me ha remitido un oficial
parlamentario, s o lic ita n d o ...”
TELON F IN A L

Eí Teatro de
Samuel Eichelbaum
(Viene de la pág. 9)
reflejada con todas las desventajas del
reflejo en Buenos Aires? Son estos in­
terrogantes a los que implícitamente he­
mos respondido en el curso de este tra­
bajo, pues la virtudes y las debilidades
de su obra están contenidas dentro de
esta misma limitación. La respuesta, por
cierto, será dada por la obra futura de
Eichelbaum, y sj bien no podemos pro­
fetizar sobre ella, podemos en cambio in­
dagar algunos vestigios de las razones po­
sibles que determinan en él — como lo
hicimos ya desde un punto de vista con­
ceptual— esta limitación en su trato de
la escena. Sus obras, no señalan a las
nuevas generaciones un camino inspira­
dor, una guía ejemf lanzadora, como no
sea el ejemplo — valioso, por cierto— de
su íntegra autenticidad. ¿Puede culparse
a Eichelbaum de ésto? Su tarea no es
esta. La tarea de ningún artista es
ésa. Cuando su obra abre rumbo, lo ha­
ce de modo aleatorio, sin propuesta in­
tención. Pero, sin embargo, puede con­
signarse en Eichelbaum un cierto des­
entendimiento por lo que respecta a la
búsqueda — o al hallazgo— de un con­
cepto teatral más pleno, de una temática
y una estructura cuyo continente sean
áp+os para una más vigorosa iplenitud
vital. Contribuye a ello la absoluta prescindencia anee sus personajes, en este
autor que, como Pilatos, parece lavarse
las manos luego de lanzar a escena sus
criaturas. Esta ausencia de partidismo,
este “ effacement” , como dicen los fran­
ceses tan gráficamente, se produce en la
obra de Eichelbaum, y respecto de su ca­
rácter positivo o no, sólo podemos pro­
nunciarnos de modo puramente personal,
como sucede con aquellas cosas libra­
das a la polémica. Digamos solamente
que esta ausencia de tendenciosidad —
que si sería indeseable en el sentido su­
perficial del término no lo es en cambio
e*n su sentido profundo, como lo prue
ban desde Ibsen a Kaiser— se efectúa
detrás de una objetividad que casi gegeneralmente consiste en sacrificar al

Espejo de Lecturas
ai espejo.
STA sección quiere ser el “ mira qué
Acompañando al texto irá una breve
bueno” , la afectuosa sugerencia que
suele anudar dos amigos a una lectura. noticia del autor y de la obra cuya es
la cita. Cuando la página elegida no esté
No tiene propósito de novedad, ni pre­
escrita en nueistra lengua se procurará
ferencia por materia determinada, tam­
transcribir con su versión española el
poco seguirá un orden cronológico de his­
texto original.
toria literaria, sólo el azar determinará

F

N esto entró una que parecía mujer, m uy galana y llena de coro­
nas, ccptros haces, abarcas, chapines, tiaras, caperuzas, mitras,
monteras, brocados, pellejos, seda, oro, garrotes, diamantes, serones,
perlas y guijarros. U n ojo abierto y otro cerrado, y vestida y desnu­
da, y de todas colores; por el un lado era m oza, y por el otro era
vieja; unas veces venía despacio, y otras aprisa; parecía que estaba
lejos, y estaba cerca; y cuando pensé que empezaba a entrar, estaba

E

ya a mi cabecera.
Y o me quedé como hombre que le preguntan qué es cosa y cosa,
viendo tan extraño ajuar y tan desbaratada compostura. N o me es­
pantó; suspendióme, y no sin risa, porque bien mirado era (com o v u lgarmente’ se dice) figura donosa. Preguntóle quién era, y díjom e, sin
más ni más, con una voz m u y seca y delgada:
— La muerte.
— ¿La muerte?
Quedé pasmado. Y apenas abrigué al corazón algún aliento para
respirar, y m uy torpe de lengua, dando trasijos con las razonas, la
dije:
— Pues ¿a qué vienes?
— Por ti — dijo.
— ¡Jesús mil veces! ¿Muérome, según eso?
— N o te mueres — dijo ella — ; vivo has de venir conm igo a
hacer una visita a los difuntos; que pues han venido tantos muerte*
a los vivos, razón será que vaya un vivo a los muertos, y que los m uer­
tos sean oídos. ¿Has oído decir que yo ejecuto sin embargo? A lto , ven
conmigo.
Perdido de miedo,
— ¿N o me dejarás
— N o es menester
do, ni soy embarazosa;

la dije:
vestir?
— respondió — ; que conmigo nadie va vesti­
yo traigo los trastos de todos, porque vayan

más ligeros.
Fui con ella donde me guiaba; que no sabré decir por dónde, se­
gún iba poseido del espanto. En el camino la dije:
— Y o no veo señas de la muerte, porque allá nos la pintan, unos
güesos descarnados con su guadaña.
Paróse y respondió:
— Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda, de los
vivos. Esos güesos son el dibujo sobre que se labra el cuerpo del h om ­
bre. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra m uer­
te, tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de
vosotros mismos. La calavera es el muerto, y la cara es la m uerte; y
lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es em ­
pezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los güesos
es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepoltura.
Si esto entendiérades así, cada uno de vosotros estuviera mirando en
sí su muerte cada día y la ajena en el otro; y viérades que todas vues­
tras casas están llenas della, y que en vuestro lugar hay tantas m uer­
tes com o personas; y no la estuviérades aguardando, sino acompa­
ñándola y disponiéndola. Pensáis que es güesos la muerte, y que hasta
que veáis venir la calavera y la guadaña no hay muerte para vosotros;
y primero sois calavera y güesos que creáis que lo podéis ser.

~ "

ly^ájjfwtiiji’iii11' mfm i

Este trozo de Don Francisco de Quevedo Villegas (1580-1645) pertenece a
“ E| Sueño de la Muerte” que estaba de­
dicado a Doña Mirena Riqueza, anagra­
ma de Doña María Enríquez, marquesa
de Villamagna. Es el quinto tratado de
los “ Sueños y Discursos” de que for-

man parte el “ Sueño de,l Juicio” , “ El Al­
guacil endemoniado”, “ El Sueño del In­
fierno” y el “ Mundo por de dentro” .
Repárese1, entre tanta maravilla verbal,
el ascetismo de hoja de espada con que
se califica la voz de la muerte.
Sobre, el tema que trata Don Francisco
y a comparar: Jacobsen, MaeteJrlinck,
Rilke.
Tristón Fernández.

autor en nombre de las costum­
bres y de| mundo moral de su perso­
naje. ¿Vincúlase esto a ese e’xceso de
control inteligente que denunciábamos
en sus diálogos? En este caso parece
indudable, pues al no transfigurar esos
elementos reales en otras realidades
acordes con la intención sensible del
autor, éste se ve precisado a manejar
las criaturas como le son dadas,
abriéndolas en el análisis, pero no re­
velándolas er» su plenitud dramática me­
diante lo sustancialmente teatral. Sin
duda, acabamos de emplear una frase
peligrosa, pues está por verse qué es
“ lo sustancfalmente teatral” . Hacemos
la alusión simplemente al teatro “ en si” ,
aun cuando no lo definamos, pues es líci­
to llamar la atención a un autor sobre la
necesidad de caracterizar lúcidamente
las técnicas con que trabaja, sin que ello
implique para quien lo haga la obliga­
ción de realizar por sí mismo ese traba­
jo. La influencia de Eichelbaum, tan po­
sitiva y vigorosa en lo que respecta al
simple ejemplo estético y ético de su
obra, no trasciende, por conductos es­
trictamente teatrales, precisamente por­
que la debilidad de su obra, como lo
apuntáramos al concretar opiniones so­
bre sus piezas, reside en que no ha lo-

grado aún una forma “ cabalmente” tea­
tral. Todas las condiciones sin embargo
están dadas para esta cristalización es­
cénica de su notable talento dramático,
y la tarea librada a su propio esfuerzo.
Suceso que nos permitimos vaticinar, en
base a las virtudes discernióles en sus
veinticinco años de trabajo auténtico y
honrado, y cuyo cumplimie’nto no signi­
ficaría solamente un motivo de satisfac­
ción para quienes le siguen en su obra,
sino un suceso trascendente en nuestra
historia teatral. Esta historia nuestra
que, con Eichelbaurh, parece hallarse al
borde de conquistar un puesto universal.
"* Esta preponderancia del oficio se
da, por cierto, en dos form as: o el au­
tor — caso Florencio Sánchez— por vi­
vir fatalmente en un medio sin tradi­
ción escénica debe apoyarse heroicamen­
te en recursos formales ya dados y de
sancionada vigencia profesional — tan
condicionado como está el esfuerzo crea­
dor por el momento histórico-cültural
del pais en gue éste se manifiesta— o
bien — y éste es el caso más general—
el autor en cuestión utiliza esos recur­
sos con carácter profesional, dedicándo­
se al teatro como pudo haberse dedica­
do a la medicina, la ingeniería, o cual­
quiera otra actividad liberal.

N o tic ia

�Redada de Teatros Independientes
/^ O N

setiembre ha llegado

la

^ p r i m a v e r a de 1944: primave­
ra indócil, irregular, contradicto­
ria, donde días de frío incisivo y
generosas lluvias han alternado
con el aroma de los paraísos en
eclosión. Y esto no es meramente
hablar del tiempo, porque ha coin­
cidido con esta primavera una
intensa temporada de teatros in­
dependientes, o experiment a l e s
(que de ambas maneras suele y
puede decirse). Y la estación flo­
rida se parece bastante a tales tea­
tros, no sólo por el sentido ado­
lescente que es tradicional atri­
buir a una y a otros, sino por los
desequilibrios en que han coinci­
dido este año: teatros donde, al
lado de un jacarandá florecido,
crece y coexiste un trueno ate­
rrador o una ráfaga helada.
Entre los de habla hispana, y
pese a — o a raíz de— su menor
atracción para el público, el m e­
jor de estos teatros es sin duda
Espondeo. Se advierte en él una
medida dirección, un asentado
equilibrio de los elementos que
reúne. Acreditemos esto no sólo
a su directora, W a lly Zenner, sino
a su régisseur: Jorge F. de O bie-

T A L L E R
A R T E

D E
M U R A L

TACUARÍ 443 - BUENOS AIRES
Se ha constituido en Buenos A i'
res recientemente el Taller de A r­
te Mural, por iniciativa de un
grupo de destacados artistas. Da­
mos a continuación los nombres
de estos pintores que organizan
el Taller, y el manifiesto corres­
pondiente.

i

A N T O N I O BERNI
JUAN C. CASTAGNINO
M ANUEL COLM EIRO
LINO S P I L I M B E R G O
DEMETRIO URRUCHUA
Con el propósito de desarrollar lo más
ampliamente posible la pintura mural en
nuestro país, y sabiendo la finalidad que
a ésta le corresponde con relación a la
arquitectura moderna, hefres organizado
este grupo de pintores pa.t
í'ablecer re­
lación con arquitectos y crmstructores,
deseando encarar el problema en toda su
extensión.
N o es nuestro objeto explicar aquí la
importancia de la pintura mural como
complemento necesario de la construc­
ción y como expresión estética de la cul­
tura y el carácter de la época, porque
entendemos que es bien conocida y apre­
ciada por los profesionales. Sólo preten­
demos poner en conocimiento de los ar­
quitectos y constructores, que estamos
capacitados para realizar trabajos al fres­
co, silicato, témpera y otros procedimien­
tos técnicos. Es nuestro firme propósito
sostener un alto principio artístico y una
absoluta corrección en el trabajo, sin que
ello importe un costo excesivo y gravoso
para el presupuesto general de la obra.
Teniendo esto presente y para tender
a su realización, se constituye el Taller
de Arte Mural. La experiencia técnica
de quienes lo forman les permite ejecu­
tar obras de carácter diverso.
Será preocupación fundamental de ca­
da uno de los miembros, al realizar la
obra contratada, hacerlo con la respon­
sabilidad a que le obliga su firma, te­
niendo en cuenta, a más del objetivo y
destino de ella, que nos alienta el firme
anhelo de conseguir el resurgimiento del
arte mural como único y absoluto fin.
Buenos Aires, Septiembre 1944.
Para la preparación tequfrida por el muro
cuando se realiza una pintura, especialmente para
el procedimiento del fresco (aislamiento, revo­
ques adecuados, etc.), es necesaria la participación
de los pintores, a fin de que la decoración esté
de acuerdo con el desarrollo constructivo de los
muro* por decorar, y señalar los materiales ne­
cesarios. El Taller de Arte Mural dará cualquier
informe que se le solicite.

ta. Y tal vez al grupo de sus tra­
ductores, entre los cuales figuran,
además de la directora, escritores
como Borges y Petit de M urat, y
jóvenes valores com o Marta R oumiguiére, que consiguió salvar casi
impunemente las dificultades de
una obra como M i corazón está
en la montaña, de W illiam Saroyan.
Es ponderable el equilibrio rei­
nante entre sus actores: podría
decirse que no los tiene ni dema­
siado buenos ni demasiado malos;
cabe destacar, empero, la ahinca­
da labor de Daniel Layer, en quien
recayeron papeles tan pesados co­
mo el Daniel Bartlett de D onde
está marcada la cruz ( O ’N eill)
y el Johnny de Saroyan, que sal­
vó con abundancia de cualidades
escénicas, entre las cuales, por
desgracia, se filtró cierto amane­
ramiento que lo perjudica. N o es
ajena a la apreciación que nos me­
rece este teatro la acertada y pa­
reja elección de las obras: nos
gustan, especialmente, la aguda
sencillez de Feliz viaje, donde
Thornton W ilder prefigura ideas
y recursos de su deslumbrante
N uestro pu eblo; y largos m om en­
tos de la obra de Saroyan, que
tanto se acerca a W ilder en su
sentido engrandecedor de lo co­
tidiano, en su admirable llegar a
la sensibilidad por la exégesis de
lo simple.
En La Cortina falta una firme
dirección. Esto se nota, en primer
lugar, en la elección de las piezas.
Hemos visto La carroza del San­
tísimo Sacramento, algo marchita
a los ojos sintéticos del especta­
dor moderno, que concibe el des­
arrollo de su magra trama en una
quinta parte del tiempo que le
lleva a Merimée. Contribuye a esta
impresión el monótono galope de
la mayoría de los actores sobre el
diálogo, por cuya causa las no
escasas finuras y segundas inten­
ciones del autor se pierden, aho­
gadas en el torrente de las frases.

Por C E S A R
FERNANDEZ MORENO
sionante, a pesar de algunas pre­
maturas arrugas— , alcanzó una
discreta representación, donde M i­
guel Tilli Bebán destacó su figu­
ra, voz y comprensión del perso­
naje central. El mismo actor asu­
mió la dirección: cabe aconsejarle
la conveniencia de que ciertos per­
sonajes, como la señora Beunke,
no se conduzcan con ese convencionalísimo tono de género chico
español que obliga a una señora
anciana a caminar inclinada y
temblorosa, hablando un grotesco
idioma nasal y tableteado.
O tra mujer, y van tres — Simone Garma— , dirige el Teatro
Universitario Franco Argentino.
(¿Por qué esta alianza entre la
dirección de teatros independien­
tes y el sexo femenino? ¿Será la
vieja afición de las mujeres por el
teatro dom éstico?) C on actores
anónimos, pero m u y seguros, en­
tre los cuales destacamos el que
encarnó primero a Jacquinot y
luego a Satanás y el que personi­
ficó a Théophile, representó este
grupo en el Nacional de C om e­
dia La jaree du cuvier, entremés
anónimo del siglo X V , y Le miracle de Théophile, de R utebeuf
(siglo X I I I ) . T odo ello, con gran
dignidad y pareja altura: no en
vano se reconoce la capacidad de
su directora y colaboradores, en­
tre los cuales se contaban músicos
com o A lbert W o l f f y decoradoras
como Clelia R em y.
Adrede dejamos para el final
el comentario de la representación
de El duelo, Judith y Detrás del
m ueble, las tres obras de autores
argentinos no representados.
El duelo, de M aría Luisa G ainza de V ivanco, dado por La C o r ­
tina, desarrolla, demasiado a lo
García I.orca, una m u y hermo-

H emos visto U n pedido de mano,
donde Chéjov desarrolla, más en
form a de cuento dialogado que
de teatro, una de esas macabras
historias humorísticas tan caras a
los rusos. T od o en flojas traduc­
ciones. Y cuando llegamos a obras
de autores castellanos, nos encon­

contrapunto
LITERATURA - CRITICA - ARTE
I . C angallo 1219
I

Redactores:
León Benarós
A rturo Cerretani
Alejandro Denis-Krause
Tristán Fernández
César Fernández Moreno
Fernando G uibert
José Luis Lanuza
Raúl Lozza
Roger Pía
Sigfrido A . Radaelli

por dos o tres poemas de m alí­
sima, salvan apenas lo trivial de
la fábula. Lo mejor que hemos
visto representar a las huestes de
Mane Bernardo es La mirada de
doce libras, intencionada sátira de

pañía de Teatro M oderno, título
que se nos ocurre un tanto exce­

Prov. di’ Buenos Aireas J. G. Ferreyra
Basso.
Prov. de Santa Fe: \Télida Esther Oliva.
Prot'. de Mendoza: Alejandro Santa MaI ría Conili.
Montevideo (Uruguay): Fclisberto HerI nández.

. ---------------------

Preciodel ejem plar..................

vemente — tal vez el autor la
hubiera redondeado— fué vestida
con poderosas imágenes, y un diá­
logo conciso, si bien a veces de­
masiado explicativo. M u y digna
y hasta lujosa la puesta en escena,
a cargo de Carlos Perelli.
En el Teatro Libre Florencio
Sánchez asistimos al estreno de la
pieza dramática en un acto de
Roger Pía, titulada rrDetrás del
M ueble” . Bajo la dirección de E n ­
rique Mallea Abarca y Arturo
Frezzia esta pieza se m antuvo por
espacio de más de dos meses en
cartel, constituyendo un éxito de
público que no siempre se da en
salas de esta naturaleza. Esta obra
había sido ya publicada en plaquette en la recordada colección
Adiafora, que dirigía H é cto r R e­
né Lafleur.

El autor ha dejado plenamente
demostrado en ésta su primera in­
cursión en el género, su talento
teatral, que se traduce en un cer­
tero sentido del espectáculo logra­
do a base de síntesis, de diálogos
agudos y de un m ovim iento gene­
ral de gran plasticidad y realidad
escénicas. Los actores, pese a ser
la noche del estreno, llevaron el
desenvolvimiento de la pieza con
un buen sentido de ajuste, sin ex­
tralimitaciones, y con fidelidad —
aunque no pareja en todos los ac­
tores — al personaje que interpre­
taban. Destacamos la acción de
Virginia W arret, que en el papel
de H eb e demostró poseer des­
tacabas condiciones dramáticas.
C o n grandes aptitudes en la voz y
en los movimientos, resultó el per­
sonaje en torno al cual se desplazó
la gravitación*toda de la obra. D o ­
m ingo Córtese, en el papel de El
Deshollinador logró también una
adecuada y hábil actuación; hace­
mos notar que su personaje era el
M u ñ o z, El novio, desvirtuó en
parte su papel, por un prurito de
derivar con exceso su interpreta­
ción de un individuo vulgar y ba­
nal hacia cierta comicidad que, en
la intención del autor y en la psi­
cología del personaje están ausen­
tes. Los papeles del padre y la tía

dólar 0.15

I Suscripción anual (en el país) $ 4.20

de H ebe estuvieron a cargo de
Pascual F. M azziotti y Eumelia

i

Frezzia, respectivamente. A m bos

Exterior . .

delator ) .
Por encima de toda considera­
ción particular, surge, con respec­
to a estos teatros independientes,
un vivo aplauso: por su desinte­
rés y su aspiración de arte — en
cuanto los mantengan— ; porque
llevan al público, bien o menos
bien, obras y autores que de otro
modo seguirían ignorados por él,
a través de las grandes compañías
comerciales; por lo que tienen, en
fin, de improvisación y de lucha.
U n elogio, de pasada, para el T ea­
tro M unicipal, principal respon­
sable del auge de estas representa­
ciones; y para el Instituto M u n i­
cipal de Extensión A rtística, cuya
iniciativa de poner en ejercicio el
olvidado premio municipal a los
autores y entidades noveles ha con­
tribuido eficazmente a alentar las
actividades de unos y otras.

★

LO QUE ES Y
LO QUE NO ES
I. — C ontrapunto es dialéctica ágil,
limpia, visteadora, con espontanei­
dad brusca o prem editación hones­
ta.

★

í

$ 0.40

po es un sueño, de Lenormand,

mente anónimas. La obra — apa-

grupo de actores entre los cuales
se destacaron Dolores Millé, fuer­
te y persuasiva, y disciplinados
coros dirigidos por María del Car­
men Garay. El autor — muerto
en su juventud— revela en esta
obra mayor garra que en su pro­
ducción lírica. Judith participa
con ella de su carácter fragm en­
tario: poesía — lírica o dramáti­
ca— decantada, cristalizada, des­
carnada, casi informe. La cono­
cida anécdota, desarrollada bre­

con eficacia y desenvoltura. En
suma, con escasos recursos técni­
cos este conjunto independiente
ofreció un espectáculo de jerar­
quía que lo hace acreedor a todo
estímulo y aplauso por su digno
esfuerzo. En la misma noche se
puso en escena un relato teatralizado de Edgar Poe (El corazón

II.
— C ontrapunto no es pugna
de dos en fu n ción de un escepticis­
mo com ún. No es la lucha que con ­
cluye dejando
con form es a cada
cual con su verdad. D el con trapu n ­
to de la novela huxleyana n o nos
interesa su fin al actitud
de prescindencia p or una verdad com ún.

★
III. — D el contrapunto en la p a­
yada en nuestro hombre de a ca­
ballo y guitarra no nos interesa su
desengañada postura de con trin can ­
tes que em parejan un d iálogo sin
vencidos ni triunfadores.

★
IV . — N os im porta en el con tra ­
punto el diálogo que es pregunta
con respuesta, su trapecism o ver­
bal, su voluntad de com unicación.

★

más difícil de la pieza. Eduardo

CORRESPONSALES:

sivo para un grupo de esta índole,
que presentó en el Smart El tiem ­
con malas decoraciones y en bue­
na traducción, ambas inexplicable­

Buenos A ires

H éctor René Lafleur

relieve; o con La señorita se di­
vierte, de Benavente, donde algu­
nas ironías de buena ley afeadas

Llegamos ahora a la Gran C o m ­

T e lé f. 3 5-827S

Secretario:

tramos con una hueca y altiso­
nante perorata de A zo rín , donde
están ausentes hasta las altas vir­
tudes estilísticas de su prosa, y
donde en vano las reconocidas do­
tes interpretativas de Mercedes
Sombra pretendieron ponerse de

Barrie, que encontró adecuada in­
terpretación.

S9 Piso, dcp. 22

sa idea central: la mujer que
asiste, mansa y resignadamente, al
sacrificio de su ideal. Apuntem os
en la autora, com o cualidades que
deberá aprovechar y desarrollar en
sucesivas producciones, loable so­
briedad y dramática incisión: su
obra es teatral, lo que es mucho
decir. En cuanto a Judith, de Jor­
ge Carlos M agnin, fué represen­
tada en el Teatro Municipal de
Comedia — donde también se die­
ron por La Cortina y Espondeo
las obras comentadas— , por un

APARECE TODOS LOS MESES

actores cumplieron su cometido

V . — La actitud de hom bres, de
pueblos, de ciu dades (acom odad os
en la bóveda
ancha del m u n do)
ocupados en el trabajo n o in d ife ­
rente del contrapunto, es una ex­
presión de infinitud.

★
V I. — El con trapu n to no se pue­
de hacer en el desierto.
N i en la T orre de Babel.
Ni entre los m uertos.

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                <text>Guibert, Fernando&#13;
Benaros, León&#13;
Radaelli, Sigfrido  A.&#13;
Lafleur, Héctor René&#13;
Sofovich, Luisa&#13;
Etchebarne, Miguel D.&#13;
Ghida, Arturo Horacio&#13;
Ferreyra Basso, Juan G.&#13;
Hernández, Felisberto&#13;
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Fernández Moreno, Cesar</text>
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18, 17 y 18)

Colaboraciones
especiales de:

N IC O LA S

G U IL L E N

JESU A LD O
JOEGE DTTRBANO
L E O N M IR L A S
D A N IE L D E VOTO
K IK O U Y A M A T E
HENRY MONDOR
C O G N IA T
M O R A G U A R N ID O
ESTELA C A N T O

OTERO E S P A S A N D IN
MAURICE G R A S H IN

*, cine, te a tro , ajemodas, noticias, cienhum or, entrevistas.

v ' -■'I-

I QUINCENARIO P O P U L A R
| de l e t r a s , a r t e s ,
A IE N T IA S

F s p jr j: v f T T T r&gt; c. ,

FOUJITA.

(Foro

femada

dorante &gt;u v¡«it* a M é jic o ).

�M U SIC A Y CINE. — Desde los tiempos del cine modo — ya remotos y sin embarga ton entro noblemente vires en nuestra a m e n o — la músico be formado parte del repiten
ert*. Esclava, como el guión, o lo fotografía, o el octor, d d sentido total g oe la dirección da el film, osomo, sin emborge, cor» personelidod dommonte cuando la interpreta,
« » * orpneste y un director de calidad excepcionales. En U presente sota gráfico, Leopoldo Stokowski dirigiendo uno orgueste sinfón.ce en un estudio cnemotogrofit».

[ ( X PITOCFF. — Una ¿«milis q * e em todo una mstftocióo. Un «peludo eue está
mdiasluli‘ i ■ n t r unido « la historio del teatro contemporáneo. En la (oto, Ludmilo
Pftoeft, em el centro, con su* hijo» Sacha y Bárbaro, es ose de tos piei.es de Claudei.

PRIMER PREMIO. — En el fr o a festival cinemoloprofico de Conne» obtuvo al P " » “
premio e¡ film "L a sinfonía postoral". Prototonisfa: M khefe Morgan. Ea esta M»
apetece lo o r in a duraste U Filmación de m e escena de le mesetesad» pehcáa.

PARA UN ALBUM DEL TIEMPO

j

�O cabalgata

C A N C I O N DE LOS
HO MB R E S P E R D I D O S
I’or NICOLAS GUILLEN
ON las ojeras excavadas,
rojos les ojos como rábanos,
vamos por las calles calladas.

C

La tripa impertinente hipa,
puntual lo mismo que un casero,
pero nada hay para la tripa.
No hay aguardiente ni tabaco,
ni un mal trozo de carne dura:
sólo las pulgas bajo el saco.
Así andamos por la ciudad,
como fierros abandonados
en medio de una tempestad.

Eí Ritmo de la Poesía de NICOLAS
GUILLEN Anda Suelto por Cuba
Por

J ES U A L D O

a Nicolás Guillén en su pro­
pia salsa, como quien dice, allá en
la Cuba del negro y del son, del
calor y del ron. Allá en donde la rumba
y la conga andan sueltas por el aire de
la ciudad, mezcladas con el pregón que
muerde las esquinas con el desenfado
de su tono alegre y campanero. Nicolás,
que por sobre sus muchas virtudes, des­
de luego sin excluir esa de su particula­
rísima y entrañable poética tan moder­
na, es un extraordinario amigo cuya
compañía ennoblece al compañero, lle­
va de paseo una ancha cara asen­
sual y una sonrisa abierta, amplia, pi­
caresca y sabrosa. Todo nuestro intento
de ser agradables a su lado fué desbor­
dado de inmediato por su simpatía. T o ­
mados del brazo, como su poesía nos
toma en seguida del corazón, al paso,
oliendo las penetrantes sales yodadas y
los mariscos del Caribe, que expanden
su vaho isla adentro, a menudo ama­
necíamos en los malecones, las avenidas
arboladas, los puertos tan llenos de trá­
fago de trasmundo, los bodegones, los
muelles de pescadores en donde divagá­
bamos, entre chanzas, frente a los vive­
ros que del mar traían los pirisioneros
vivos para el exigente ictiófago; y, so­
bre todo, por aquella alta barriada ama­
necida, blanca y tamborilera, Casablanca.
en alguna de cuyas tabernas con mesas
y mostradores de estaño ■—allí todavía
el estaño tendría su tango— , apurába­
mos la penúltima copa de un "matusa­
lén” insobornable entre cantos y sones
de músicos populares. La presencia del
“chévere del navajazo, que se vuelve
navaja él mismo” ; o de algún Papá
Montero, “bebedor de largo trago, gar­
guero de hoja de lata” , que por enton­
ces, un poco escéptico de como anda el
mundo era Chacumbele, el “que mis­
mito se mató", impregnaba de vivencia
y autoridad la Cuba trasíonda. Esa
Cuba en la que los habaneros, como
"mobila” parecían no "drumi” nunca
en ‘su ’trasnochismo cálido como de
felpa. .
Por entre las venas de estas noches
calientes, venas de rápido latido, íba­
mos a menudo con Nicoljs Guillén, de
cu;rpo fuerte y piernas firmes, como
enraizadas en su suelo tropical, y por
las que parecen correr azúcares extra­
ños, concentradas nicotinas y toda clase
de jugos vitales. Yo. abismado, oía ho­
onocí

C

ras enteras la mezcla de la realidad de
sus poemas, dichos sin alarde, y ese
ritmo que en Cuba vive suspenso en el
aire mezclado con el olor y el color. A
veces me detenia la audacia de sus
maceracíones acústicas, ya como de ma­
dera que se lamenta en tono menor:
“repique, repique, pique;
repique, repique, p ol” ;
otras como ahuecadas voces, salidas de
bóvedas enormes:
“mama tamba, serembe, cuserembá...
Congo, solongo del Songo. ",
que quedaban en el aire como flotantes
truenos que sonaran lejanamente; y
muchas, creadoras de la imagen estre­
mecida de los grandes lotos, las aguas
con caimanes y las lunas rojas emer­
giendo entre la maraña del trópico.
Porque el ritmo de la poesía de Nico­
lás Guillén, recogido en esencia, subli­
mado de la canela más sabrosa de su
pueblo, y no como la recolección de ma­
zorcas de los hermanos Grimm, dije al­
guna otra vez sobre este mismo tema;
ti ritmo de su poesía está derramado
en bruto, en Cuba entera. Se palpa casi
su “ sóngoro cosongo” , especie de latido
o voz, de sordo tambor que llama y
canta, que canta y sufre y llora y ríe
con grandes mandíbulas de viento blan­
co, rojo o nsgro Ese ritmo “sóngoro co­
songo” —que algún aficionado de nues­
tro Uruguay tamborilero quiso traducir
de las maderas y lonjas templadas por
boracotó, borccotó, chas chas— , salta
luego a las cuerdas de las guitarras o
se mete debajo de la piel de los chivos
qus despiertan alucinados y “rompen
tambor". Pero cernido el ritmo, quedan
como pimientas las grandes angustias
de un pueblo que viene triturando su
afán de liberación por decena de años,
desdi los reinos negros de la Africa de
infamantes cacerías, hasta las rebelio­
nes de los ingenios o las recientes huel­
gas de las minas de cobre de Matahambre.
Mi encuentro con Cuba no se hubiera
realizado totalmente, si no lo hubiera
side, al mismo tiempo, con Nicolás Gui­
llén. Y o le vi en mi llegada, cuando
sentí la fraternidad de sus brazos ceñi­
dos, como a un antiguo "compañero y
señor mió” , como le llamó el hosco Unamuno Vi que hacia mi venía, como

El sol nos tuesta en su candela,
pero por la noche la luna
de un escupitajo nos hiela.
Somos asmáticos, diabéticos,,
herpéticos y sifilíticos,
mas sin regímenes dietéticos.
Nos come el hambre día a día,
y van cavándonos los dientes
charcos bermejos en la encía.
Así andamos por la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad.
¿Quién es quien sabe nuestros
.
[nombres?
Nadie los sabe ni ios mienta.

“ Caimán” , “ El M a c h o ” , “ Perro
[V iudo” ,
son nuestros nombres en la vida,
y cada nombre es un escudo.
Así andamos por la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad.
¿Qué más da ser ladrón o Papa?
El caldero siempre es el mismo:
lo que le cambia es la tapa.
Y hay quien podrido está en k&gt;
[hondo;
cuanto el pellejo más perfuma
más el espíritu es hediondo.
Nosotros vamos descubiertos;
el pus al sol, la mugre al aire
y con los ojos bien despiertos.
Así andamos por la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad.
Secos estamos como piedra.
Largos y flacos como cañas.
Mano-pezuña, barba-hiedra.
Mas no tembléis si crece el ham[bre:
presto el gorila maromero
se estrellará desde su alambre.

Somos las sombras de otros hom[bres.

¡Animo, amigos! ¡Piernas sueltas,
diente afilado, hocico duro,
y no marearse con dar vueltas!

Y si es que* hablar necesitamos
unos con otros, ya sabemos
de qué manera nos llamamos.

¡Saltemos sobre la ciudad,
como perros abandonados
en medio de una tempestad!

siempre llegaba, llega, con “ el fuego so­
bre la noche... y el cinturón del tró­
pico y espíritu limpio” . De lejos oí su
grito: "¡Eh, compañeros, aquí estamos!” ,
y desperté. Su risa, en verdad, era la
de quien había madrugado sobre los ríos
y los pájaros.
Allí, mi oído sobre su voz, comprendí
totalmente el concepto de Antonio M a­
chado sobre el más exacto sentido del
folklore: barro santo, "cultura viva y
creadora de un pueblo de quien habla
mucho que aprendsr.. . ” . De ese “ saber
vivo” —tal vez también peces vivos fue­
ra del agua, como quería el gran espa­
ñol escarnecido— , de ese barro santo
que se deposita a través del tiempo en
el fondo de los filtros, está hecha toda
la poesía de Nicolás Guillén: poesía pa­
ra gritarla como pregón o para cantarla
con instrumento; poesía para reír o llo­
rar, como para enternecer y enseñar.
Poesía que el pueblo le dice tan sutil­
mente a su elegido, en el oído, cuánto
es él dt fervoroso para recogerla.
Su poesía así es emoción, es lengua y
es drama; en una palabra, sangre, mé­
dula y acción de su pueblo, y como tal,
profética, verdadera poesía, si es que hay
alguna que pu£da no ser verdadera. La
advertencia en el peeta es privativo de

su esencia creadora. Y en Nicolás G ui­
llén esa advertencia suele ser la revolu­
ción misma, la que, en algunos sones,
como en el N? 6 del yoruba de Cuba,
anuncia un “son de todos”, que una ve*
que empÍEce, todos juntos, "todo mez­
clado, San Berenlto, Santa María, San­
ta María, San Be re ni to” , ¡ya no va a
parar más!
Y o sé que traje de Cuba, con el pri­
mer adelanto de su Son Entero y mi
devocionada admiración a expresión tan
original y poderosa, el mensaje de N i­
colás Guillén para mi pueblo de blancos
y negres. Emocionado mensaje que su­
bió conmigo a! barco, junto a su ya im­
borrable presencia, una tarde cálida en
la que el fuerte olor salobre mezclado
con El de tabacos y roms, me hicieron
más dura y nostálgica la partida. Toda­
vía tengo vivo su lejano ademán — quie­
ro pensar que por alguna vez también
m elancólico...— que me entró al ca­
marote, junto con aquel su ritmo final
de barco en marcha y de triste ausencia:
Tambor!
costas sordas, cielos sordos.
Tíimbor!
Las islas van navegando,
navegando, navegando,
van navegando encendidas.. . ”

�. r ^ D D IE Martin había huido!
p
Aullaron las sirenas de la
l J cá rce l.. les agentes registra­
ron meticulosamente los alrededo­
res. . . toda la policía del país entró
en acción.
¡Apresad a Eddie Martin!
Entretanto, el fa m o s o criminal
viajaba debajo del camión de cons­
trucción que lo había sacado de la
prisión por la puerta del este.
Con manos y pies se agarró al
fondo d-el camión, sacudido por bar­
quinazos, hasta que el chófer lo
guardó, por la noche, en e l local de
la compañía. Sólo al oscurecer se
atrevió a desentumecerse.
Se arrastró hasta el vestuario de
chóferes y rápidamente cambió su
uniforme de presidiario por ropas de
trabajo. Se echó la gorra sobre los
ojos, empuñó una pesada barra de
acero y se preparó a viajar.
Por unas callejuelas llegó a los
confines de la ciudad. Evitó el ca­
mino principal y marchó atravesan­
do las colinas. A la medianoche en­
contró un riacho y lo vadeó. Nunca
darían con él ahora. Casi corrió la
última milla hasta llegar a la cabaña
abandonada donde se refugiaría.
Mientras m archaba apresurada­
mente, recordó cuántas veces se ha­
bía refugiado allí. Cuando era mu­
chacho y su fa m ilia habitaba el
rancho, él y su hermano mayor, Dan,
jugaban a “ policías y ladrones” . Ya
en aquel entonces había insistido él
en ser ladrón. Dan se contentaba con
ser policía. Por mucho tiempo ha­

Í

bía utilizado la choza, en el fondo de
la granja, como escondrijo, y Dan
no podía dar con él. Hasta que un
día, finalmente, Dan descubrió el
escondrijo y se terminó el juego.
Pero esto ocurrió cuando tenia
diez años y sola mente "jugaba a ser
el hombre malo. Ahora lo era de
verdad. El gobierno ofreció cinco
mil dólares de recompensa por su
captura después de su última opera­
ción bancaria. Ahora doblarían Ja
suma.
Se sintió orgulloso; había andado
mucho desde que jugara a los la­
drones.
A corta distancia de la choza se
detuvo y escuchó. Ninguno le ga­
naba en astucia. Convencido de que
estaba solo se dirigió a la choza.
La puerta estaba cerrada, las ven­
tanas tenían tablas, como cuando las
dejó. Con su barra de hierro forzó
la puerta en sus chirriantes goznes.
Los ratones huyeron al campo, al­
gunos pájaros volaron desesperada­
mente en los rificones. C e r r ó la
puerta y avanzó hacia el centro de
La habitación. Arrodillándose, impa­
cientemente, apartó las telarañas del
piso y arrancó varias tablas. Se in­
clinó en el hueco, cogió la manija
de un pequeño baúl y lo sacó de su
escondrijo.
Primero se apoderó de una lin­
terna e iluminó con ella el escon­
drijo. Se rió fuerte, triunfalmente.
Todo estaba en orden; exactamente
como lo preparara hacía tres meses.
A llí estaba el cajón con los diez m il

dólares. A llí estaba su revólver, en
un estuche de felpa. A llí había car­
tuchos e ingredientes para limpiar
el revólver si se hubiera enmoheci­
do. Y allí había también una muda
de ropa completa.
No podía equivocarse. ¡Tenia ta­
lento! Por esta razón, cuando ganó
veinticinco mil dólares en el último
atraco, intentó huir llevando sola­
mente quince mil, y guardó el resto
en el baúl, con el revólver y otras
cosas. Decidió esconder este dinero
para el caso de que sus planes fra­
casaran y no pudiera huir del país.
Y sus planes salieron mal. Había
confiado en un individuo y le había
dado dinero para que lo ayudara a
escapar. El “ camarada” no sólo ha­
bía recibido su din-ero sino que lo
había chantageado y, después, había
cobrado también la recompensa. Pe­
ro esto era el nasado; ahora estaba
en el mismo sitio, con el dinero, y
esta vez no podía fracasar porque
no había confiado en nadie.
Solo en la oscuridad, se puse a
pensar y, como era oscuro y estaba
solo, se puso a pensar en su madre.
Q u;ría a su madre, no porque lo
fuera, sino por las muchas cosas qua
había hechc por él. Recordó cómo
peleaba con el vecindario para li­
brarlo de una paliza. Siempre ha­
bía deseado su bien.
Sí señor, su madre era una gran
persona.
Se estiró y cayó en un pacífico
sueño. Despertó dos horas más tar­
de sobresaltado. Tem bló de miedo

mientras sí apoderaba del revólver.
Una v o z lla m a b a apresurada­
mente:
— ¡Eddie! ¡Eddie!
Era su hermano. No contestó. Dan
gritó de nuevo:
— Eddie, ¡necesito verte!
Eddie lo dejó entrar, después, de
un portazo, volvió a cerrar la p^er.
ta. Oprimió el revólver contra las
costillas de su hermano:
— Todavía estás jugando a “vigi­
lantes y ladrones” . Pero no vivirás
para cobrar la recompensa.
Dan lo- miró con frialdad:
— Mamá te quiere ver.
La salvaje tensión desapareció del
rostro de Eddie.
— ¿No bromeas? ¿Después de to­
das los cosas que han publicado so­
bre mí?
— Ella no sabe nada —repuso
Dan— . Hace seis años que no pue­
de leer. Y o inventaba historias en
Lugar de leerle.
— Gracias, Dan, me gustaría verla. Pero ahora es imposible.
— Está muy enferma.
— ¡No!
— Es la última oportunidad de
que la veas viva.
— Voy.
Rápidamente se puso buena ropa.
M etió el revólver y los cartuchos en
los bolsillos y colccó la bolsa con el
dinero debajo del brazo. En la puer­
ta se detuvo.
— Escucha, Dan, aunque seamos
hermanos, jamás nos hemos querido.
Si ést3 es una treta tuya te aseguro
que me las pagarás, aunque sea la
última cosa que haga.
Dan sacudió la cabeza compasiva­
mente:
— ¿No confías en nadie?
— Sólo en m í. . . y en mamá. Va­
mos.
En el auto de Dan se encamina­
ron a la casa. A la mitad del camino
estalló una tormenta. L a lluvia
manchaba el parabrisas más rápido
que «1 limpiador. Rugían los true­
nos y los relámpagos iluminaban
el campe.
L a tormenta estaba en su apogeo
cuando se detuvieron delante de una
casita blanca. Dan saltó del cocha y
tocó el timbre. Eddie lo siguió. A la
luz de un relámpago Eddie se vol­
vió y alcanzó a ver un coche poli­
cial doblando la curva.
Eddie empujó a Dan y cerró la
puerta. Sacó el revólver y apuntó a
su hermano.
— ¡Te d ije que me las pagarías!
— Pero Eddie — suplicó Dan— yo
no h e . ..
Los truenes apagaron el ruido de
los disparos. Dan cayó, muerto.
Los policías estaban afuera, Eddk
era un rata en una trampa. Abrió la
puerta. V ió a su madre en la cama.
— Edusrdo, Eduardo — dijo débil­
mente.
Eddie miró por la ventana: estaba
bloqueada per policías. No podía
huir. Escondió el revólver detrás
suyo.
— Hola, mamá — dijo.
— ¡Me alegro tanto de verte! —di­
jo ella— • ¿Estás bien?
— Sí, mamá, estoy muy bien.
Ella dió un suspiro de alivio.
— Tenía el horribla presentimien­
to de que estábais en peligro —di­
jo— . ¡Hasta telefoneé a la policía
para que os protegiera!

�5

A' S T E
POR

*

EL

PROFESOR DR. HENRI MONDOR °&gt;
de la Academia Francesa

fuerzas las ofreció
T ODAS
a la ciencia. Cuando murió, el

plejidad y el de ampliar, hasta
el delirio, una cuestión de la que
los demás sólo habían visto los
límites.

sus

28 de septiembre de 1895, a los 73
años de edad, acababa de decir a
los suyos con una especie de ex­
cusa sublime: “ Y a no puedo más” .
Su obra fué una serie ininte­
rrumpida de trabajos admirables.
Modestamente, llamaba entusias­
mo a su energía.
Su sensibilidad fué siempre la
misma que en la época en que le
llamaban “ el artista” , en la que
se complacía con la- lectura decla­
mada de Lamartine, de Auguste
Barbier, o pintaba bellos retratos
trazados con amor. Quiso tierna­
mente a sus muertos; escribió un
artículo admirable sobre el libro
de Claude Bernard al enterarse
de la enfermedad de éste; maldijo
valerosamente al enemigo en 1870.
Después de la derrota, se prome­
tió la venganza patriótica de so­
brepasar en adelante a todos los
sabios alemanes.
Temblaba de ansiedad en víspe­
ras de sus innovaciones terapéu­
ticas y se negó siempre a ciertas
vivisecciones. F i n a l m e n t e , en
1892, en el gran anfiteatro de la
Sorbona, donde su patria, en fastos
excepcionales, se honraba h o n ­
rándolo, hizo oír este exquisito
dictado, con su voz debilitada: “ A
través de este brillo, mi primer
pensamiento va con melancolía
hacia el recuerdo de tantos hom­
bres de ciencia que sólo conocie­
ron dificultades” .
Los honores no habían cambia­
do su orgullo en v a n i da d , ni
disminuido sus esfuerzos, ni a flo ­
jado su i nt en sa perplejidad de
creador. Los vivas de millares de
personas en Edimburgo, la gracia
familiar de dos reinas venidas a
su encuentro en Copenhague, la
acogida deferente de las Socieda­
des Sabias, las felicitaciones de
Renán al recibir’o en la Acade­
mia Francesa, saludando en él al
hombre de genio, la presencia en
la Sorbona y el abrazo de Lister, bajo una aclamación tan larga
que pareció la señal del agradeci­

«

miento de los siglos, nada en­
turbió sus al t as p r e f e r e n c i a s .
*

*

*

Permanecerá como un ejemplo
extraordinario, porque se armo­
nizaron en él, para beneficios pro­
digiosos, los sentimientos puros,
la profundidad del pensamiento,
el lirismo en la creación, el impul­
so de los más grandes designios.
Cuando evocaba un día el noble
placer y la utilidad de medir “ La
parte del corazón en el progreso
de las ciencias” , habríale bastado
con hablar de sí mismo.
Pero el prodigio fué su espíritu.
La invención lo enriquecía sin
cesar de proyectos; su inteligen­
cia fascinadora y su ingenio le
sugerían bellas experiencias; su
rigor y su probidad hacían que
las llevase a cabo. Ninguna prisa
en concluir y ninguna jactancia
en cuanto a su infalibilidad. En
las cuestiones ar du as , parecía
aclarar bruscamente lo que todos
encontraban oscuro, y, algunas

veces, veía tan dé prisa que hacía
creer en la adivinación. En reali­
dad, ¡qué cantidad de interroga­
ciones, de análisis, de delibera­
ciones, qué “ incesante devanar”
daban origen a aquellos relámpa­
gos de transparencia o de intui­
ción!
No le faltaba nada a aquel ce­
rebro; ni siquiera los más ricos
contrastes: la vivacidad y la fe­
cundidad; el flujo de las hipótesis
inspiradoras y el culto severo de
la experiencia irrebatible; la in­
vención y la nitidez del criterio;
la minucia de los tanteos, de las
verificaciones, y la cascada de
deducciones prácticas; la silencio­
sa confrontación de los argumen­
tos y la paciencia demostrativa
inclinada hacia la vulgarización;
la coquetería del número de ideas
directrices y la disciplina de una
lógica con fuertes articulaciones;
el culto secreto de la abstracción
y la embriaguez evidente de las
actividades constructivas; el arte
de circunscribir una amplia com­

*

*

En el momento de resumirlo
con una palabra, invoquemos la
colaboración d-a su propio crite­
rio. Ganaremos con oírlo en uno
de sus mejores días y también,
sin duda, definiéndolo a su gusto:
“ Entre los hombres superiores, de­
cía, los hay que, aislándose en sus
estudios, tienen para el tumulto
de las ideas una piedad desdeñosa
y una indulgente ironía. Sin in­
quietarse de la opinión general
— que en su espíritu demasiado
delicado confunden f á c i l m e n t e
con la opinión del vulgo— sólo
se proponen ejercer una influen­
cia directa en un círculo de pri­
vilegiados. Si esta élite les esca­
pase, encontrarían en la actividad
y el espectáculo de su inteligen­
cia un interés vivo y prolongado.
” Otrcs, al contrario, g u i a d o s
por la necesidad de hacer triun­
far sus ideas, se arrojan en las
batallas de la vida pública.
"Finalmente, hay una pequeña
cantidad de hombres hechos tanto
para el trabajo silencioso como
para los debates de las grandes
asambleas. Fuera de los estudios
personales que les aseguran un
lugar aparte ante la posteridad,
tienen el espíritu atento a todas
las ideas generales, y el corazón
abierto a todos los sentimientos
generosos. Esos hombres son los
espíritus tutelares de una nación” .
Así, Louis Pasteur, en plena
gloria, hablando con agradeci­
miento y veneración de uno de
sus primeros maestros, nos de­
signó discretamente su p r o p i o
lugar entre los genios tutelares
de Francia y de todo el mundo.
(1) Del 18 al 24 de noviembre se conme­
moró en París, con importantes ceremonias
y con un congreso científico al que asintie­
ron delegaciones de todos los países del
mundo, el cincuentenario de la muerte de
Pasteur. Con e^te motivo, el profesor H.
Mondor ha escrito el presente artículo.

�"P ie rrt Bm h m M "

(1 9 4 2 )

PIERRE
Por

B OIS

RAY MOND

año el Salón de Otoño ha ren­
dido homenaje a Pierre Bonnard.
Este pintor es, sin disputa, una de
las cimas de la pintura francesa con­
temporánea. La admiración que rodea a
su obra es casi unánime y procede tan­
to de los artistas como del público. Con
Matisse y Picasso, Bonnard está a la
cabeza del arte de hoy. Sin embargo,
en tanto que los dos primeros tienen
numerosos imitadores y su influencia
se revela fácilmente en toda la joven
pintura, parece que el arte de Bonnard,
aunque provoque los mismos entusias­
mos, no provoca análogos ecos y conti­
núa desarrollándose en su serena sole­
dad sin crear adeptos. Hay en esto un
fenómeno que puede parecer sorpren­
dente y que merece se busquen sus ra­
zones. Sin duda se debe a que la obra
de Bcnnard refleja un mundo feliz que
no se conforma a los tiempos revueltos
en que vivimos; sin duda se debe, tam ­

E

ste

ISA R D

C O GNI A T

bién, a que esa obra ha sido realizada
al margen de doctrinas, porque no res­
ponde a ninguna teoría, sino a una ma­
nera de sentir y mirar que son intransm is itl: s, puesto que sólo existen en fun­
ción de la sensibilidad del autor.
I
Ciertamente, las creaciones de Bon­
nard pueden prestarse a razonamientos
y justificar sutiles comentarios, pete
éstos tienen que tomar como punto áe
partida a la obra, en tentó que en mu­
chos otros casos las teorías la condicio­
nan. Así, un cuadro de Bonnard parece
siempre nacido espontáneamente. Sis
embargo, si se mira de cerca, vése Que
tal logro, ten perfecta armonía, han sido
premeditadas antes de cumplirse.
El milagro reside en esto, en perma­
necer dueño de sí y de su técnica
punto de conservar en cada cuadro
frescura de la inspiración inicial la emoción directa, casi ingenua, de los descu­
brimientos imprevistos. Pues cada «u

i

�" Autorretrato"

una exquisi ta modestia, que no sólo se
advi ríe en sus actos a lo largo d i una
existencia sin altibajos, sino en su mis­
mo sentido del color, en el tacto, la sua­
ve sobriedad de sus cuadros. F ie r r e
Bonnard era un poco el náufrago inevi­
table tn el violento remolino de las esmetas contemporáneas, voceadoras, agre­
sivas, inventoras.
En sus óleos, en sus apuntes, en sus
carteles, en sus panneaux decorativos,
encontramos hoy un testimonio solita­
rio de los pocos espíritus que conserva­
ron una imagen risueña, leve, billa, en
los días más turbulentos, en las épocas
más desgarradas. Dos grandes guerras
y una serie de luchas cruentas no bas­
taron para apagar la sonrisa de Bon­
nard. para ensombrecer su p a lito car­
gada de tenues colores, frescos y ligeros,
como temblorosas llores que eternizaran

ese momento indícible en que te mues­
tran coronadas de un rod o primaveral.
Violetas, amarillos, lilas, azules, todos
ellos contenidos por una sinsibilidad a
la que debían causar horror los con­
trastes. las aventuras, las crudezas, des­
filan hoy ant nosotros con un color de
época que. siendo su limitación, es, sin
embargo, su gloria y su premio. Pues
aunque su vida se adentra en nuestro
siglo hasta este año avanzado, los te­
mas, los colores, la sensibilidad de Bon­
nard, par een haberse entregado fiel­
mente a aquellos años que sirven de
puente entre los dos siglos. Todo ello
sin envejecer, sin que, como los dague­
rrotipos, ;sa calidad de época esté be­
sada en cierta marchites conocida per
todos los que hayan hojeado viejos ál­
bumes de fotografías.
Decía de él hfaurice Denis, uno de

de Bonnard es un nuevo acorde perfecto,
una obra compuesta de elementos y de
sentimientos en apariencia inconcilia­
bles: •¿mídez y modestia se aviene con
las certidumbres y las afirmaciones de
intransigencia: la originalidad de los
acordes, de la disposición de los obje­
tos o de los planos en el espacio, la
audacia extrema, no contradicen la in­
clinación a no escandalizar. Asi, el me­
nor tema se enriquece de esplendores
inesperados: una tela blanca, una bañe,
ra. se irisan de reflejos nacarados y se
recrean en una materia suntuosa y re­
finada. A pesar de toda esa elegancia
y esplendor, el conjunto conserva una
extrema sencillez, con sus resonancias
apagadas como una silenciosa melodía.
ün arte en apariencia tan sencillo, se
mantiene, Inevitablemente, al margen
de las batallas estéticas que agitan al
mundo artístico desde hace casi un si­
glo. El oficio que atestigua, es un medio
de expresarse mejer y no un pretexto
de virtuosismo gratuito. El propio ca­
rácter de Bonnard no se presta a las
discusiones teóricas.
Por la tranquila alegría de vivir que
emana de esa pintura, par el brillante___
esplendor de los colores que la caracte­
rizan, la obra de Bonnard puede ligarse
al impresionismo sin, en modo alguno,
imitarlo, sino más bien prolongándolo
en nuestra época, a la que se tiene ten­
dencia a creer exclusivamente preocu­
pada de austera intelectualidad. La pre­
sencia de Bonnard está en contradicción
con la dominante opresión de los siste­
mas, contradicción extrañamente suges­
tiva, cuyo poder y seducción tienen tan­
ta más fuerza de convicción cuanto que
se imponen con una gran discreción, pe­
ro también con ineludible y suave te­
nacidad.
H arte de Bonnard, con ser excepcio­
nal no es. sin embargo, pasado de moda.
Si las atmósferas, las tiernas intimida­
des que representa, evocan un tiempo
ya pasado, los medios que emplea y las
obras que crea son asombrosamente jó­
venes y vivientes. Poseen la frescura y
actualidad que se encuentra en las di­
ferentes épocas del arte francés en sus
más prestigiosas encamaciones, espe­
cialmente en el siglo X V III. Aunque no
puedan compararse los temasUe Bonnard
con los de Watteau, ni tampoco la téc­
nica de ambos, sin embargo, hay entre
ellos un paralelismo de sensibilidad y
analogías más fáciles de experimentar
que de definir. A s i aun en los momen­
tos más originales y excepcionales, el
arte de Bonnard se entronca intima­
mente con la m is pura tradición fran­
cesa, a la que él prolonga renovándola.
«

•

a

.V. de la R. — Muy en silencio, como
era de espirar luego de una vida apar­
tada del estruendo, ha pasado la recien­
te noticia de ¡a muerte de Fierre Bon­
nard, uno de los más delicados pintores
franceses de los últimos tiempos.
S\f vida y su obra. Inseparablemente
unidas, una misma cosa, transcurren,
desde finales del pasado siglo hasta
nuestros dias. Quizá el principio del si­
glo que corre señala la fecha de su
mayor resonancia y de su madurez. De
"U
í

cahime* 4e tafette"

(1912)

sus más fervientes admiradores: “ Sien­
do camarada supo desde IM t. en la Academie Jullian, conozco bien la edad de
Bonnard Pero me ocurre dudar que
haya transcurrido desdi entonces más
de medio siglo, tan joven permanece tu
pintura y tan fiel al espíritu juvenil de
rus comienzos (lo cual no quiere decir
que en se largo periodo nc haya alcan­
zado su pltno desarrollo y tenido varias
maneras).
Con él desaparece, acaso, el ulttm o
pintor de la intimidad benévola, no
exenta le una galantería sencilla, a lime. de buen gusto. Vena de ternura
de sentimiento poético.
El articulo que aquí publicamos, del
prestigioso critico R. Cogniat, fue es­
crito con motivo de sus muestras en el
últim o Salón de Otoño celebrado en
París, peces meses untes de su muerte.

y

�riles. Los adelantos técnicos son extra
ordinarios, y para dar idea de ellos di"
remos que en algunas fábricas se logra
reducir a polvo el líquido mediante con
gelación en el vacío, utilizando una tem"
peratura menor de 50° C. bajo cero y ur'
vacio de 0.01 mm. de mercurio, con lo
que si hielo se vaporiza sin pasar ñor «i
estado líquido.
La penicilina de los primeros tiempos
tenia una escasa actividad: unas 15o a
300 unidades por miligramo, lo que sig­
nificaba que su pureza solamente alcan­
zaba a un 10 ó 20 % ; en la actualidad"
contiene alrededor de 1.400 unidades por
miligramo, o sea que su pureza llega a
un 80-90 % , e incluso se obtiene la pe.
nicilina absolutamente paira, que es uñ
polvo blanco como la nieve con un loo %
de pureza y 1.666 unidades por miligra­
mo. Aquellas penicilinas había que dar­
las poco concentradas, pues de lo con­
trario resultaban muy dolorosas. Por lo
general, las dosis eran de 15.000 ó 20.000
unidades en 5-10 c.c.; las actuales pue­
den darse, incluso, a las dosis concentra­
dísimas de 200.000 ó 500.000 unidades en
2-4 c.c. Este proceder es el llamado de
las “ dosis masivas” , que parece que está
destinado a revolucionar la técnica de
administración.
Pora producir penicilina en cantidad ero precito multiplicar el número de tráteos. He aqui una sección de uno fábrica, produciéndoles.

La aplicación clínica de la penicilina
tropezó con el grave inconveniente de
que se eliminaba con extraordinaria ra­
pidez, y para que fuera eficaz era preciso
alcanzar y mantener determinados nive­
les de la droga en sangre. Era —según
Florey— tanto como querer llenar de
agua una bañera con el desagüe, abierto.
Esto obligaba a administrar la droga de
una manera casi continua, y como re­
sultaba tan dolorosa, muchos enfermos
pensaban que era peor el remedio que
la enfermedad. Psu-a vencer ese obstácu­
lo se ha aguzado el ingenio, y los inves­
tigadores pensaron en “ tapar la bañera"
bloqueando el riñón mediante la inyec­
ción de algunas sustancias que se eli­
minan por esa vía más lentamente, pero
ha tenido más éxito la inyección de la
penicilina en sustancias de gran den­
sidad — aceite y cera de abejas—, con
lo que se forma una especie de “depó­
sito” en el organismo, del que va des­
prendiéndose lentamente la penicilina,
consiguiéndose mantener asi niveles úti­
les durante 12 ó 24 horas. La actual ten­
dencia a las dosis masivas podria des­
cribirse como un intento de solucionar

Frosca de cultivo del moho "Penicillium aotatum " al cobo de varios dias de incubación. En el medio esterilizado se inoculan las es­
poras del hongo. La boca del frasco deio paso al aire ni través de gasas y algodones que filtran las gérmenes qua aquél pueda con­
tener a fin de mantener puro el cultivo. Esta ara la manera primitiva de obtener la penicilina.

LA PENICILINA DE AYER Y DE HOY
Por José Luis M. Anthonisen
ya lejano el año 1929 en el que
Fleming, de una manera casual, hi­
zo el descubrimiento de la penicilina.
El hecho ha sido relatado muchas ve­
ces: una placa de un cultivo de estafi­
lococos (uno de los gérmenes más co­
munes de las infecciones) que había
quidado destapada en su laboratorio fué
contaminada a ccid en ta lm en te por un
hongo del aire (.penicillium nota.tv,m) y
en tom o a la colonia de ese hongo se
dibujó un círculo que quedó libre de
gérmenes. Luego allí había una sustan­
cia que los atacaba y destruía. Así na­
ció lo que es considerado por muchos el
descubrimiento médico más grande del
siglo. (Casi siempre en los descubrimien­
tos hay un factor casual, pero para no
alentar demasiado a aquellos lectores
que puedan pensar que entonces no hay
como dejarse estar y esperar a que las
cosas caigan llovidas d=l cielo, conviene
recordar que esas casualidades, por lo
general, sólo suelen percibirlas quienes
por haber dedicado muchos años de su
vida al estt'.-’ io y a la investigación tie­
nen una gran capacidad de observación;

E

stá

los demás pueden presenciarlas cientos
de veces “sin verlas" o sin darse cuenta
de su trascendencia).
También ha quedado muy rezagado el
año 1941 en el que Florey y sus cola­
boradores ds Oxford, lograron producir
y aislar después de innumerables es­
fuerzos, unas pequeñas cantidades de
aquella delicada sustancia antiséptica
que, cosa curiosa, se destruía a la me­
nor contaminación, y aplicarla con re­
sultados excelentes a medía docena de
enfermos decahuciados.
Desde isas fechas hasta la actualidad
se han realizado progresos extraordina­
rios, debidos tanto a la capacidad, de
los hombres de ciencia ingleses y norte­
americanos, como al espíritu emprende­
dor de los fabricantes que no titubearon
en invertir grandes sumas de dinero en
montar enormes plantas de producción
de la penicilina en momentos en los que
el descubrimiento de la estructura quí­
mica de la misma hubiera significado
su preparación sintética y el cierre de
todas aquellas costosas instalaciones.
De :sos extraordinarios progresos va­

mos a intentar dar una breve visión.
L a penicilina se obtenía al principio
sembrando el esporo del moho — tan pe­
queño que caben cómodamente 1.000 en
fila sobre la cabeza de un alfiler— en
botellas que contenían el medio de cul­
tivo. Este era el llamado “ cultivo en su­
perficie” . El rendimiento era escaso: en
los primeros tiempos, entre 4.000 y 12.000
unidades por frasco; más adelante, has­
ta 50.000 unidades. Los fabricantes acu­
mulaban cientos de miles de botellas en
enormes salas estériles (hasta 300.000
llegaron a tener los Laboratorios Glaxo,
de In gla terra ). No hace falta señalar los
prodigios de habilidad y técnica que se
precisaban para evitar la contaminación
de esos miles de frascos a lo largo de las
diversas manipulaciones de siembra, cul­
tivo y cosecha. En la actualidad se uti­
liza el procedimiento llamado de “ culti­
vo en profundidad". Las botellas han
cedido el puesto a enormes tanques de
más de 7 metros de altura y 22.000 litros
de capacidad, donde todas las operacio­
nes de siembra y extracción se realizan
en forma automática por tuberías esté­

Experimento» con penicilina. Sobre un pla­
to da cultivo de "Stophylaeaccuj aureui"
*e colocan uno» cilindro» de vidrio o por­
celana barnizada en cuyo interior se vier­
te la penicilina, la cual té difunde poco e
poco por el medio de cultivo. En el plato
última — derecho— *e obtervo un círculo
en torno a cada cilindro, que señala la lo­
na de inhibición del desarrollo del e»tofilococco.

�el problema, metiendo en la bañera mu­
cha más agua de la que puede salir de
ella.
Conviene señalar aquí que la adminis­
tración de penicilina, si bien no tiene
inconvenientes, no debe hacerse indis­
criminadamente. La aplcación a dosis
insuficientes o en forma incorrecta pue­
de hacer que los gérmenes se tornen
resistentes a la droga, y aunque el pro­
blema no Uene en este caso la impor­
tancia que con las sulías, puede signifi­
car un grave inconveniente cuando se
trata de resolver un momento crítico.
Por eso su aplicación debe estar en las
manos exclusivas del médico.
La penicilina se medía al principio en
Unidades Oxford o Florey, nombres da­
dos en honor del grupo de investigadores
y del autor, a quienes más debemos en
este aspecto, pero en la actualidad rige
ya la Unidad Internacional que equivale
a la actividad específica de 0.6 microgramos de la sal sódica de penicili­
na H (G ).
Desde el comienzo se dedicaron gran­
des esfuerzos para descubrir la estructu­
ra química de la penicilina. Esos estudios
han revelado que existen varias penici­
linas químicamente diferentes, habién­
dose aislado hasta ahora cuatro, a las
que se han designado J, II, I I I y IV en
Gran Bretaña, de acuerdo con el orden
de su descubrimiento, y P, G, X y K en
los Estados Unidos. Lo importante es
que difieren en cuanto a su eficacia,
siendo la más desventajosa, desde el
punto de vista clínico, la K , por lo que
los fabricantes tienen buen cuidado de
descartarla de sus productos.
Hoy en día, aunque se llegara a la
preparación sintética de la penicilina, es
tal el adelanto y la perfección a la que
se ha llegado en la industria de la pre­
paración natural de la misma, que su
producción no resultaría más económica,
por la que el hombre seguirá valiéndose
de ese modesto hongo de la Naturaleza
para fabricar ese maravilloso medica­
mento al que se debe ya la salvación de
miles y miles de vidas que sin él se
hubieran perdido.

mismo. Primero el hombre logró con la
escritura perpetuar su pensamiento en
una lucha de siglos y hasta milenios.
Con el advenimiento de la imprenta el
pensamiento pudo ser difundido hasta
el último rincón de la Tierra. En lo que
va d: siglo se ha conseguido hacer lle­
gar, no ya el pensamiento cifrado, sino
la palabra viva, con todas sus cuali­
dades, con su fuego, con su fascinación,
al medio de los mares, a las montañas,
a los desiertos, a las selvas, y ello en el
plazo de unas fracciones de Segundo. Y
por fin ya no es la palabra descamada,

Desde hace tiempo, hombres de ciencia y
artistas vienen intentando recomponer la
fisonomía de nuestros remotos antepasa­
dos. Esto figura corresponde, según J. H.
MacGregor, al "pitheconthropus", cuyos
restos encontró en Jova el médico holan­
dés Dubois, a comienzos del siglo actual

despacho de Londres acaba de in­
formarnos de un hecho que bien
puede hacer época: la primera
conferencia televisada. Desde los estu­
dios de la BBC, en el célebre Alexandra
Palace hotel ( i ) , el profesor Thomas
Edward Allibone, discípulo de Emest
Rutherford en el laboratorio Cavendish
de la Universidad de Cambridge, dió
una conferencia sobre física anatómica,
ilustrada con esquemas, películas al ra­
lead y hasta con experimentos, patro­
cinada por el Instituto Británico de
Ingenieros Electricistas. El profesor A lli­
bone tuvo a su cargo investigaciones de
suma importancia relacionadas con la
bomba atómica durante la guerra y por
ello está especialmente indicado para
una labor como la llevada a cabo desde
los estudios del Alexandra Palace Hotel.
Sin salir del lado de sus chimeneas, los
londinenses provistos de un receptor de
televisión, han podido escuchar las pa­
labras del sabio investigador, presenciar
sus bien estudiados y preparados expe­
rimentos y seguir cual si estuviesen an­
te d i, sus gestos y sus ademanes. El
parte nos informa que la conferencia
fué televisada con pleno éxito.

Ü

sona humana distante la que llega a
nosotros cargada de saber, de experien­
cia, de misterio. Los muros universita­
rios no se han derrumbado. Si así lo
queremos en nuestra mano está o poco
menos, la universidad para todos y a
domicilio. Y quien dice la universidad
dice las mejores orquestas, los grandes
laboratorios, el paraninfo de un hospi­
tal, un observatorio astronómico...
( i ) Véase la Página
NV 6 de C AB ALG ATA.

Científica del

El artisto belga Mátete, bajo la dirección
del profesor A . Rulot, nos ofrece este pro­
bable recomposición del llamodo "hom bre
de Heidelberg", o bien "H o m o heidelbergensis", el primer testimonio "p len a­
m en te" humano de que se tenga noticia,
s e g ú n lo opinión más generalizada.

EL ESLABON PERDIDO
D

que la teoría de la evolución
fué aceptada por los hombres de
ciencia, existe una particular an­
siedad por hallar eslabones perdidos, fo r­
mas de transición entre unas y otras
especies, entre un género y otro género,
entre órdenes y familias afines, etc. Sin
esde

LA C A T E D R A
DEL M A Ñ A N A

sin fisonomía ni ademán, sino la per­

que sea del todo racional, se ha venido a
imaginar las distintas estirpes filogenétícas como una cadena de numerosos
eslabones y casi siempre rota por una o
varias partes, falta de algunos eslabones
supuestos fundamentales.
De todos estos eslabones han cobrado

n

Más que detenernos a analizar las
posibilidades que este primer experi­
mento pone delante de nosotros, nos
gustarla que lo hiciese el lector por si

¿La Bacteria del Petróleo?
de muchos rompederos de
cabeza los químicos han descubier­
to la manera de fabricar por vía
sintética el oro negro. El petróleo, rareza
hacia 1850, y mayor rareza aún cuando
los sumerios utilizaban algunos de sus
productos para pegar ladrillos y hasta las
partes metálicas a las no metálicas de
algunas ds sus obras de arte, (hacia
finales del IV milenio a. de C .), es hoy
una materia prima importantísima. Por
supuesto, se acreditó y aún conserva su
crédito como combustible, como la san­
gre de Ares, el dios de la guerra, pero
hoy no faltan quienes se lamenten de
este empleo, quienes se duelan de su com­
bustión pensando sobre todo en el cau­
cho, en las sustancias colorantes, en las
fibras sintéticas y en miles de cosas
más que los químicos pueden sacar de
sus cadenas interminables de átomos de
carbono e hidrógeno anudándolas y des­
anudándolas con las de otros productos
no menos toscos y grasicntos. Nada tie-

D

espués

ne de extraño que c, petróleo sea más
codiciado cada día y que con petróleo
se compren y vendan muchas concien­
cias. Pero aún asi los geólogos no saben
bien cómo y quién ha hecho a los mag­
nates este don maravilloso, d o r m id o
durante millones de años en las entre­
telas de la corteza terrestre. ¿Es de ori­
gen inorgánico u orgánico? ¿Qué con­
diciones presidieron o determinaron su
formación? ¿Temperaturas? ¿Presiones?
¿Fermentaciones? ¿Humedad o seque­
d a d ?... Estos problemas no podían ser
tratados a la ligera cuando sólo en per­
foraciones s* gastan anualmente alre­
dedor de 88.000.000 de libras esterlinas.
Además, y si el día de mañana las re­
servas acaparadas a costa de muchas
trampas, sobornos, intrigas, asesinatos
Incluso, se agotan ¿qué va a ser del
poderío de ciertos países y de las ac­
ciones de tantos millonarios? Por eso
desde hace tiempo empresas y gobiernos
gastan muchos millones — aunque no

G I E N C I A S : A cargo de
J.

Otero

Espasandín

especial interés los de la cadena huma­
na. Sobre la pista de los mismos andan
los anatomistas, los prehistoriadores, los
geólogos, los antropólogos.
Los busca­
dores de tesoros n o sa b en que unos
dientes, una mandíbula, un frontal o
cualquier otro residuo humano encon­
trado a suficiente profundidad bajo alu­
viones o depósitos de otra naturaleza
bien pudieran valerle una fortuna, por­
que ¡qué no daría un Museo norteame­
ricano por unos huesos pertenecientes a
un sub o superhombre de los albores
de la humanidad!
Ahora mismo acabamos de leer un
parte fechado en Nairobi sobre el esla­
bón perdido de la cadena de la evolu­
ción humana. (L o de la cadena también
pertenece al parte en cuestión). Poco
antes de la guerra unos hombres de
ciencia sudafricanos e n c o n tra ro n un
cráneo en Kenya, y una autoridad en
la materia le asignó la categoría de
eslabón. Ahora un sabio del epartamento
de de anatomía de la Universidad de
Oxford, el profesor Le Gros Clark, aca­
ba de someterlo a un estudio minucio­
sísimo, del cual parece resultar — la cau­
tela nunca está de más, aún tratándose
de opiniones de sabios— que las ideas vigEntes sobre la evolución humana van
a sufrir un vuelco tremendo. Hace cosa
de 250.000 años, la región donde se
encontró este cráneo parece que estuvo
habitada por hombres-monos, seres cu­
ya capacidad craneal era la cuarte par­
te de la nuestra, no obstante lo cual
vivían en grandes comunidades, cami­
naban erguidos, tenían caracteres hu­
manos, sobre todo en lo que se refiere
a dentadura y miembros. Pero su as­
pecto, para quien no los viese con los
lentes de un profesor de anatomía, era
de mono. He aquí, pues, un nombre más
que añadir — mientras no se demuestre
lo contrario— a la lista, nada grande
por cierto, del hombre u hombres o
semihombres del pasado: el de Kenya,
el de Java, el de Pekín, el de R odesia...

tantos como en perforaciones— en el
sostenimiento de laboratorios, donde tra­
bajan eminentes biólogos, geólogos, quí­
micos. Y así fué cómo uno de estos
hombres de ciencia atrapó, al cabo de
indecibles desvelos y fracasos, la piedra
filosofal del petróleo o al menos* según
sus declaraciones, una de las piedras
filosofales posibles, pues tiene la mara­
villosa propiedad de convertir tierras
secas en sangre de Marte, en oro negro,
en algo tan codiciado como lo fueron
las especias durante la Edad Media y
comienzos de la Edad Moderna, como el
oro, como las perlas de Oíir. Claude E
Zoberl, del Instituto Scripps de la U ni­
versidad de California, es el feliz mor­
tal que parece haber hallado la pista
de esta bruja, desconocida hasta ayer,
y bautizada con el nombre cabalístico
de "Desulfovibrio Halchydr ocar bono B elasticus", si hemos de dar crédito a las
agencias noticiosas. Pero, ¿es posible?
— se preguntarán millones de incrédu­
los. Una planta microscópica extraída
de depósitos submarinos de petróleo es
capaz de obrar el milagro diabólico de
convertir determinadas sustancias de las
más corrientes en esa mezcla prodigio­
sa de hidr ocar bonos, de donde el hom­
bre saca los combustibles que impelen
las alas de los aviones sobre los hielos
d ; la» Antártida, sobre las cumbres más
altas, sobre los mares, asi como las f i ­
bras que enloquecen desde los escapa­
rates a nuestras esposas e hijas, y cien­
tos de cosas a cual más tentadora. La
verdad es que cuesta creerlo. Pero si
bien se mira, cosas por el estilo se ven
a diario. ¡Quién sabe si el día menos
pensado no surge la idea de erigir una
estatua a la bacteria en la cima del
Empire State Buildingl
S I X T O P O R T E LA .
Comodoro Rivadavía, enero de 1947.

�10
resplandecen. La línea y el plano crean
el movimiento sorpresivo, quitan a lo
folklórico sus plumas de indio, y surge
entonces la dimensión del volumen, el
hecho plástico viviente. En América, lo
real se confunde con lo imaginario, en
busca de personajes primitivos que vie­
nen de un mundo remoto y que ostentan
las virtudes y caracteres de una cobriza
raza milenaria. ¿Que lo chino, la japo­
nés, lo persa, o sea, lo oriental, entra
con sus duras aristas y el peligro disgregador del color desaparece en fun­
ción de la forma? Claro, en el Altiplano,
la línea y el volumen, una vez más, son
el austero mensaje de una tierra cuyos
ojos viven enclavados en un diálogo de
naturaleza eterna, la cual, a partir del
Ecuador, se entrega al riesgo del hombre
y el paisaje desaparece atacado por las
indumentarias.
LA

ESTELLE MANDEL
OMO no han de tener d ifi­
cultades, especialmente eco­
nómicas, lo s a r t is t a s en
nuestro tiempo? Mas en los Estados
Unidos, la entidad Artistas Am eri­
canos Asociados trabaja desde hace
doce años en una tarea que tiende
a salvar esos inconvenientes. Colocar
obras de pintores, escultores y gra­
badores, interesar a los compradores
particulares y a grandes compa­
ñías, desarrollar una intensa cam­
paña de propaganda mediante pu­
blicaciones, folletos, etc.
Esta asociación dispone de gale­
rías de arte en Nueva York, Chica­
go. California y otras c a p ita le s .
Probablemente ha de disponer de
un departamento nuevo, el de Am é­
rica I/atina. en Buenos Aires,; el
centro más importante del conti­
nente sur. Estelle Mandel, vicepre­
sidenta de la “ Associated American
Artists” , en gira por estos países,
propondrá, sin duda, esta iniciativa
a su regreso a Nueva York, y ella
ha de contribuir, de modo sobresa­
liente, para establecer lazos cultura­
les entre los creadores americanos.

Nuestros artistas tendrán una orga­
nización viable para la colocación
de sus obras.
La señorita Mandel presentará,
además, un informe a la asociación
que representa y al Departamento
Cultural de la Unión Panamericana
sobre la situación de los cultores del
arte en Sudamérica. Propondrá a la
“Unesco” una exención de derechos
aduaneros para la circulación de
obras entre las naciones del mundo,
a semejanza de los Estados Unidos,
que aplican esta disposición harto
simpática para to d o s los artistas
contemporáneos vivientes.
Estelle Mandel pertenece a la re­
vista “ A rt News” , a la que envía
correspondencias. Su paso por la
Argentina ha sido breve, pero no
obstante le ha. servido para visitar
museos y galerías, artistas y críti­
cos argentinos. Su viaje actual abar­
ca Venezuela, Brasil, Uruguay, A r­
gentina, Chile, Perú, Ecuador y Co­
lombia. Estará de regreso en Bue­
nos Aires seguramente en el invier­
no próximo.

AMERICA Y EL ARTE
D i á lo g o con la p i n t o r a G e r t r u d i s

Chale

Por ROMUALDO BRUGHETTI
de Bolivia, de Perú, de Ecua­
dor, donde el horizonte quiebra el
paisaje y lo arrastra a una geo­
métrica infinitud. Agolpadas montañas
cuyas líneas y planos de color miden
la fuerza del espacio. Vientos de duras
soledades, estableciendo por silos las ar­
ticuladas columnas que descienden de
las laderas de los cerros en escurridos
^

altes

sistemas circulatorios de origen mineral.
Pienso en un B r u e g e l de convocadas
escenas populares, en Gauguin de fuer­
tes tipos raciales, en los japoneses con
su pura linea y arabescos.
Todo impresionismo yace abandonado
toda línea se simplifica y circunda a
seres humanos y objetos: lo abstracto
y lo real, por tanto, se ensamblan y

P IN T O R A

G E R T R U D IS

CH ALE

La penetrante pintora Gertrudis Chale
cursó durante 18 meses la roqueña pla­
nicie americana. Después de años trans­
curridos en Buenos Aires y suburbios,
la Pampa, la Patagonia y en el intuir
desbordado de imágenes que ascienden
hacia la Quiaca, inicia en abril de 1945,
la avanzada de su pintura que la con­
duciría hasta el Altiplano. Acuarelas de
Juan Carlos Castagnino, grabados de
Clément Moreau y fotos originales de
los huacos del Museo de La Plata de
Horacio Cóppola, acrecentaron su em­
bajada cultural. Son, Juan Carlos Dávaíos en Salta y Cecilio Guzmán de
Rojas, en La Paz; Julia Codesido, José
Sabogal y Moisés Puentes Ibáñez, en
lim a ; los poetas Cardón y Jorge Gue­
rrero, en Ecuador, y tantos otros artis­
tas y escritores, quienes le abren los
valles de los tesoros artísticos de sus
seductoras ciudades y la aproximan a
la ruta de América Expuso en Salta,
Lima y La Paz. Con nosotros, ahora:
croquis, temperas, óleos, fotos, apuntes
y anotaciones para una exposición y un
libro; con nosotros su incesante destino
artístico y su testimonio humano.
EL PA IS A JE A M E R IC A N O
— Existe un fragmento de Elle Faure
en que atribuye, en comparación con
Francia, color vulgar a los paisajes y
atmósferas de América. ¿Qué responde
a esta objeción, Gertrudis?
— Si por vulgar entiende la ausencia
de atmósfera vaporosa que matiza la
luz y los colores, el crítico francés está
enormemente equivocado. Si se refiere
al Altiplano, es aún más injusto; éste
está situado en gran parte sobre los
trópicos y tiene atmósferas vaporosas
con irisaciones y matices de luz de in­
verosímil variación y delicadeza. El pai­
saje americano en su expresión sintética
se halla cercano a los conceptos de la
pintura actual más que de los de Fran­
cia, pues se acerca a nuestras exigen­
cias de líneas, ritmos y planos. Esto en

los parajes más desérticos, más yermos,
en los páramos. Si observamos ias Pu
ñas de Sal (S3n Antonio de los Cobrea
Uvuni, e t c ) veremos los más hermosos
efectos de luz, sin ser ellos, por cierto
impresionistas.
P IN T U R A AM ERICANA
—¿Con estos elementos integradores
es posible entonces la creación de una
pintura americana?
—He tenidc oportunidad de comparar
el arte occidental con el arte autóctono
antiguo y c o n te m p o r á n e o de nuestro
continente. He llegado a ia jonciusón
de que el arte americano puede ser úni­
camente de inspiración americana. Aá
le paso a los mejicanos, que han creado
una corriente nacional (escuela), siendo
ella una temática (inspiración) autóc­
tona realizada según los cánones y cri­
terio del arte europeo, y con los medios
tecni.os europeos.
¿EL C U B ISM O . DE ORIGEN
A M E R IC A N O ?
— ¿Mas el cubismo, como alegan cier­
tos críticos, habría sido inventado des­
pués de las primeras fotos de Machu
Picchu?
— Un viaje por les países índoamericanos, en contacto con sus realidades y
Museos, me aportó la convicción de que
eJ arte universal contiene un sinnúmero
de factores cuyo lugar de origen bien
uuede haber sido nuestra América, Sus
paisajes, tan a menudo colmados de as­
pectos metafísicos y abstractos, y tanto
más verdaderos cuanto más se le sueña
y recrea, es decir, se vuelven poesía
pura, son fundamento mismo del código
del arte contemporáneo. Luego, el hom­
bre que anima estos paisajes, su vesti­
menta, sus actitudes y su expresión, es
pura plástica. He asistido a muchas fe­
rias, concurrí a muchos mercados en
donde el movimiento de las masas, la
repetición de formas y colores, se con­
vierten en los más hermosos pretextos
nara la pir tura abstracta Y en los mu­
seos de arte indigenista, al examinar los
bordados en los mantos reales de dinas­
tías preincaicas, uno se convence de
pronto que ya se ha dicho la última
palabra en arte Ubre de teda convención
millares de años antes de Picasso.
A R B IT R A R IE D A D Y CREACION
— ¿Entonces, la estética moderna, se­
gún su experiencia, pudo abrevarse en
estas expresiones artísticas?
— Los bordados de los tejidos maravi­
llosos de la cesta del Perú muestran
una estilización del cuerpo humano de
1» más extraordinaria arbitrariedad. El
cuerpo humane entra en rectángulos o
triángulos, arreglado y descompuesto
aquél según la necesidad de llenar estos
espacios. Asi se ven figuras, en hileras
de cinco o seis cabezss en la espalda,
una cantidad de piernas y brazos de

�diversas proporciones, el todo dentro de
atrevidas interpretaciones, y en un or­
den plástico de gran belleza de ritmo
lineal y color. ¿No es esto contempo­
raneidad?
PICASSO Y LA C IV IL IZ A C IO N
AM ER IC A N A
— ¿Halló usted antecedentes de las
innovaciones picassianas en el Perú?
—Si hacemos un salto y analizamos
en qué consisten las innovaciones más
extravagantes de Picasso, nos encontra­
mos que ellas están ligadas a estas ar­
caicas representaciones. ¿No es, acaso
' una de ias características sobresalientes
; c obras del malagueño la recreación
libre y arbitraria de elementos y cosas
conocidas y familiares, según un código
personal y subjetivo, la conjugación de
elementos plásticos hasta lo exhaustivo
de sus posibilidades expresivas?

en principio al estilo de sus profesores.
A esta regla escapan, por supuesto, los
que han podido alcanzar Buenos Aires,
Méjico, Estados Unidos o Europa, Cuan­
do no existe este contacto, lo folklórico
predomina, y es lamentable porque se
pierden aptitudes muy verdaderas.
Q U IT O . LA ROM A DE A M ER IC A
DEL SUR
— ¿Es Quito una ciudad excepcional
por sus tesoros artísticos?
—Una especie de Roma de América
del Sur, brindando, en el conjunto de las
bellezas naturales, extraordinarios teso­
ros coloniales que favorecen la expan­
sión y el culto del arte. Además, está
casi terminada la Casa de Cultura, que
ha de ser una Meca para todos los ar­
tistas, una cita entre Norte y S u r...,
el Ecuador de las Artes.
A R T IS T A S AM ERIC AN O S

M A TISSE. D R A M A T IC ID A D DE
LA LIN EA
—Pensamos en las inscripciones linea­
les de Matisse. ¿Pueden estar ellas tam­
bién fundadas en tales testimonios ame­
ricanos?
—Efectivamente, los mismos rasgos
enérgicos y oscuros a modo de contorno
como se ve en todas las representacio­
nes gráficas de origen americano, pre­
incaico e incaico (incluso arte rupestre,
azteca, maya) inciden en el modo de
inscripción europea moderna en muchos
artistas, como Matisse. En estas ins­
cripciones en que se da dramaticidad a
la línea, el drama visible y anecdótico
está ausente. Nada enteramente nuevo
se ha intentado hoy, pero también es
prueba de que los artistas europeos sa­
ben mirar y v e r... Sin embargo, ¿no
es cruel y absurdo que el artista ame­
ricano pueda llegar a la conciencia de
lo suyo por arriba de la enseñanza
europea?
LA ENSEÑANZA A R T IS T IC A
—Entendemos que existe en la ense­
ñanza artística de Bolivia, Perú y Euador una evidente falta de medios para
ayudar al artista a encauzar su visión
y aprender un sólido oficio. ¿Esto es
verdad?
—De modo impresionante. La casi to­
tal ausencia de material gráfico, la po­
breza incomprensible de las escuelas de
bellas artes, que funcionan a veces en
edificios medio derruidos, sufriendo la
carencia hasta de papeles, colores, etc.,
y. por último, una falta de contacto ver­
daderamente alarmante con otros am­
bientes. Esta falta produce un curioso
fenómeno: existe pasión, hambre, por
saber qué se produce afuera, ver cua­
dros originales y de categoría para el
conocimiento técnico, modalidades, etc.
Es un hecho que tanto en Bolivia como
en Perú los jóvenes artistas se aferran

— ¿Ha conocido usted artistas del A l­
tiplano?
— Tengo un hondo recuerdo por Guz‘ mán de Rojas, por José Sabogal, hom­
bre de intensa personalidad, que fué mi
guia en Perú y por cuya penetración el
arte cuzqueño se me hizo inteligible y
viviente. En la obra de Julia Codesido
tuve una notable revelación, pues vi
cómo un artista puede aprovechar la
maravillosa fuente de inspiración que
ofrecen estos países indoamerícanos. En
Buenos Aires he de exponer este año
una colección pequeña de grabados so­
bre madera que me han confiado Sa­
bogal y el renombrado pintor ecuato­
riano Jorge Kingman.
F E R R O C A R R ILE S A CINCO M IL
M E TR O S DE A LT U R A
— ¿Y lo inmediato de estos pueblos?
—Que adelantan a pasos de gigante.
Los he recorrido en todas direcciones
y mediante todos los medios de locomo­
ción, aun los más primitivos. Pero es­
tán provistos de excelentes carreteras,
tienen ferrocarriles que suben a cinco
mil metros, existen confortables hoteles
y los precios son bastante civiles.. Y
las gentes son nobles, muy cordiales y
estimuladoras.
UN PU Ñ A D O DE M A I Z . ..
¿Cómo seguir a Gertrudis Chale en
su itinerario de realidad y sueño ex­
tenso y buido? Ha entrado ella delibe­
radamente en el continente sudamerica­
no, en el más austero y desnudo clima,
el que pocos saben amar.
Al dejarla en su casa de Bella Vista,
rodeada de sus experiencias e imágenes,
regustamos aún palabras suyas: “ Siento
oue América me conquistó y debo, a mi
vez, conquistarla. . . Un puñado de maíz,
un puñado de arena me bastan como
máximo tesoro".

�El H o r m i g ó n A rm a do y la
Arquitectura Contemporánea
Po r

j, hormigón armado no ha logrado
aun su sistema constructivo. Se
entiende que su uso debía dar ori­
gen a una técnica y plástica propias,
creando formas orgánicas y caracterís­
ticas, y en general se siguen usando sis­
temas constructivos creados piara otros
materiales. Sólo se han ampliado o per­
vertidos viejos modos de construir, pro­
pios del hierro, la piedra o la madera.
Son escasas las obras (Estadio de F lo­
rencia, Hangares de Orly, o Puentes
contrapesados de la Avenida General
P a z ), que no hubieran podido ejecutarse
sin conocerlo, y esta pobreza es quizás
culpa der los arquitectos contemporá­
neos, ajenos al valor tectónico del H o r­
m igón Armado.
Se le ha empleado abusando de su
resistencia, pero sin llegar a lo más in ­
teresante de ella. Se le negó primero
calidad ornamental y se lo escondió ba­
jo la máscara de algún “ estilo” ; luego,
los más honestos, intentaron mostrarlo,
sacarlo al exterior, pero, sin vida pro­
pia, sólo se mostró su textura, supedi­
tada a lo form al conocido. Y aun cuan­
do no se im itara ya lo ornamental de
las formas anteriores, “ las nuevas fo r­
mas” no fueron tales, apenas se reacon­

E

Torre de Einstein en Potsman, por Erich Mendelsohn.

Conrado P. Sonderégu.er
dicionaron viejos ornamentos y con el
nuevo m aterial se siguió imitando lo
más importante de esas formas: su es­
píritu, lo que les daba vida: sus estruc­
turas. Por .eso quizás pocas obras de las
llamadas “ modernas" han resistido el
paso de los años (apenas algunas de los
m(L«i grandes creadores: Le Corbusíer,
Frank Lloyd W rigth o Gropius). Na­
cieron muertas, sin espíritu. Recordemos
en cambio las obras del “ art nouveau”,
que pueden no gustar, su forma pa­
recer arcaica o hacemos sonreír, pero
existen, están vivas, verbigracia, nuestra
Avenida de Mayo.
N o se trata ya, pues, de mostrar el
hormigón, sino de crear nuevas estruc­
turas propias de él. No es cuestión de
Verdad solamente, sino de Creación.
— Hasta hoy los intentos de creación
realizados —s a lv o excepciones— sólo
han atendido a su plasticidad, o a su
resistencia, olvidando que su valor con­
siste en que es un material cuya con­
textura la condicionamos nosotros. Poco
o nada se ha creado usando esa gran
resistencia, o su plasticidad. Buscar lo
esencial, el espíritu de un material no
es crear con él formas arbitrarias sino
conocerlo, saber qué circunstancias lo

�n
afectan para evitarlas, cuáles lo favo­
recen para buscarlas. Es fácil ser plás­
tico olvidando esto, usando caprichosa­
mente los materiales. Fácil y peligroso.
Fs el camino de Mendelshon o de Gaudí.
Interesantes como intento, menos que
mediocres en sus resultados.
Esa plasticidad —ajena a la verdadera
razón del material— , es la de la arcilla
o la madera, salvo algún caso aislado
en que se ha intentado usar un enco­
frado plástico o de goma.
Lo extraordinario y lo realmente im ­
portante del hormigón armado es que
es un material creado por el hombre.
No se trata simplemente de la unión de
dos materiales (piedra más hierro) que
teniendo condiciones de trabajo distin­
tas (compresión más tracción) se com­
pensan y dan por resultado un mate­
rial dúctil y un ingenioso sistema cons­
tructivo. Considerándolo como la suma
de las condiciones de sus componentes
sólo se logrará usarlo en fosólas cono­
cidas aunque sea con mayor economía
e ingenio. Es preciso comprender que el
hormigón armado debe ser, es en rea­
lidad, la multiplicación e integración de
las condiciones de aquellos con nuevas
propiedades y con vida y uso caracte­
rístico. Creamos su constitución ubican­
do a voluntad sus fibras resistentes. Sus
caracteres íisico-mecánicos, su textura,
su organización interna pueden ser de­
terminados a priori según el dosaje, la
cantidad de hierro, el manipuleo, etc.;
y es esa maravillosa condición la que
rara vez se ha explotado.
El conocimiento que tenemos de sus
orígenes y de les procedimientos de in­
tegración nos permiten intervenir en su
génesis dando por primera vez quizás,
posibilidad al hombre de crear un ma­
terial que responda totalmente a su vo­
luntad. Su vida, su estructura, son mo­
delados por el hombre, su voluntad está
en él o es la suya. Creamos su manera
de reaccionar y lo podemos hacer capaz
de resistir a todas las fuerzas posibles,
exactamente allí donde esa reacción es
necesaria, con la más estricta economía
de medios (técnicos y plásticos).
Y esa posibilidad de integración total,
el monolitismo que se puede lograr, per­
mite la concepción de estructuras orgá­
nicas absolutamente solidarias con la
obra, expresión de la vida misma, fiel

reflejo de la voluntad humana con la
certeza de una unidad total entre lo
plástico y lo tectónico. No es ya un ma­
terial (hierro, piedra, m adera), que es
preciso respetar y a cuya naturaleza se
deben subordinar en mayor o menor
grado las concepciones plásticas, sino
que creamos el material que permite
realizar esas concepciones.
El espíritu, la grandeza del hormigón
armado, surge, pues, no de su malea­
bilidad, sino de su libertad estructural,
y sin restar valor a aquélla es más im ­
portante ésta. (Superioridad del Estadio
de Florencia, sobre el Observatorio de
Einstein construido por Mendelshon).
Es preciso unir a sus condiciones de
ductilidad, el vigor, la verdad de un sis­
tema constructivo adecuado a sus con­
diciones de resistencia, a sus posibilida­
des estructurales.
N i Le Corbusier ha podido escapar a
la influencia de sistemas constructivos
anteriores. El plan libre, hazaña de li­
bertad estructural, la libertad por la ra­
zón — tal como se ha concebido hasta
hoy— no ha tenido en cuenta las ca­
racterísticas del monolitismo e integra­
ción total del hormigón armado. La es­
tructura en él es algo, sino accesorio,
independiente del plano en sus tres di­
mensiones. Estructura, planta y espa­
cio han sido casi siempre tres elemen­
tos ajenos entre sí. El juego acorde sólo
se ha realizado parcialmente: plantaespacio o estructura-espacio o en sec­
tores de la obra.
El concepto de una estructura mo­
dulada y regular se origina en la cons­
trucción en hierro. En ella los elemen­
tos, de dimensiones y perfiles "stan­
dard” justifican y aun exigen en razón
de la economía (práctica, técnica y plás­
tica) una estructura planificada, pero
es ajeno al espíritu de hormigón armado
cuyas características ¿
maleabilidad,
solidaridad y resisteí- ,a triple (tensión,
compresión y flexión) y condicionable
piden una estructura libre.
No denuncio el plan libre pero creo
aue debe nacer de una estructura igual­
mente libre, orgánica, y el espacio se
expresará entonces en el total de la
obra,, como en lo gótico, donde plan y
estructura son uno y mismo canto al
espacio.
Tal el papel del hormigón armado.

Arcos del Mercado Son Cristóbal. - Buenos Aires.
Arquitectos Sanche* Eiía, Peralta Ramos y Agosfm i.

Puente sobre el arroyo Leyes. - Provincia de Santa Fe. _ República Argentina.

I

�14

HAMLET,
El Personaje Infinito
( i \ / O no querría hacer un Hamlet
| romántico —declaró hace poco
el notable actor francés JeanLouis Barrault, en vísperas de abordar
el papel en la versión de André Gíde del
"H am let” presentada en el teatro Marígny— . Creo que en “ Ham let" hay más
tristeza que amargura, mucha ternura,
mucho amor no saciado. Pero es un ser
muy viril, un ser que habría podido vi­
vir normalmente...
Probablemente, esta c o n c e p c ió n del
personaje shakesperiano tuvo por objeto
dar una limpidez gala a una psicología
tradicionalmente sinuosa, por oposición
a la interpretación de Pitoéfí, que den­
tro de la línea clásica destacó la tortura
metafísica.
Lo indudable es que en la vasta gale­
ría de Hamlets creados en la historia
del teatro cada actor le ha aportado sus
características personales y ha subra­
yado facetas distintas. El creador del
papel íué el actor inglés Richard Burbage (1567-1619), y más tarde Thomas
Betterton, a quien el difundido cronista
Pepys elogió diciendo que su Hamlet era
“ el mejor papel jamáis encamado por
hombre alguno” , inauguró la serie de
grandes Hamlets que va de Burbage a
Gielgud. Luego se suceden los grandes
intérpretes: John Philip Kemble, Garrick, Junius Brutus Booth, E. L. Davenport, Edwin Booth, Edmund Kean,
cuya naturalidad en la linea interpreta­
tiva eclipsó el eníatismo de Kemble, tra­
zando el camino para los Hamlets del
futuro: sir Henry Irving, que al hacer
el “ Hamlet” en 1874 estableció un re­
cord de doscientas representaciones que
nadie ha igualado; Alejandro Moissi y
John Barrymore. Y , finalmente, el me­
jor Hamlet de la historia del teatro, John
Gielgud, que al interpretar la obra de
Shakespeare, en 1934-35, hizo peligrar el
record de Irving.

Además, el papel de “ Hamlet” es el
“ travestí” más famoso del teatro y ha
tentado a no pocas actrices. Lo aborda­
ron, con su brillo y sutileza habituales,
Sarah Bemhardf. Asta Nielsen y M ar­
garita Xirgu.
¿Por qué tienta este papel a todos los
grandes actores?
,
Por lo pronto, desde luego, porque re­
sume y condensa toda la angustia me­
tafísica del hombre, todo el drama de!
individuo condenado a debatirse en los
sueños y a frustrarse en la acción. In ­
terpretar a Hamlet es penetrar en la
esfera lacerante de los deseos abortados
y de la pasión de ser contenida y hu­
millada: es, en suma, penetrar en los
secretos mismos de la personalidad fren­
te a la vida. Pero, además, el papel de
Hamlet tienta y subyuga porque no es
un lecho de Procusto al cual deba amol­
darse el actor con rigidez inexorable. Es
otra cosa. Es un abismo, un océano en
el cual se sumergen los grandes intér­
pretes y que les ciñe el cuerpo, pero al
mismo tiempo les permite libertad de
movimientos. Cada actor ve a Hamlet a
su modo, y lo curioso es que todos tienen
razón, porque este Jan os multifacéTico,
este agonista de las mil caras, es un
mundo y lo contiene todo.
Felicitémonos por las inquietudes y
bríos de los animadores del teatro fran­
cés que permiten que, en una misma
temporada, se representen dos “ Hamlet”
en los escenarios parisienses, el de JeanLouis Barrault en la versión de Gide y
el de Pierre Blanchard en la versión de
Pagnol, y aun que se anuncie un ter­
cero a cargo de Gérard Philippe. Esta
vida imperecedera de Hamlet y otros
entes shakespearianos es el más rotando
mentís a los que hablan de la crisis del
teatro, su mejor afirmación de vitalidad,
ya que los personajes de Shakespeare,
como los de Moliere, son el teatro mis­

mo en su expresión más quintaesencia­
da, y al sobrevivir a todos los azares
de la sociedad moderna y a los progresos
de la técnica, al defenderse airosamente
de la terrible competencia del cinema­
tógrafo, de la radiotelefonía —y, esta­
mos seguros de ello, de la televisión—
dan fe de que el teatro es eterno como
el drama mismo del hombre, de que

Y ccmo los milagros no se reD¡.
ten a cada momento. . .
^ '
*

»

*

En un reportaje concedido a un
grupo de periodistas neoyorkinos
Eugene O ’Neill tuvo que afrentar
esta ingenua pregunta de un joven­
zuelo:
— ¿Cómo se hace para escribir un
drama?
Y la respuesta del gran drama­
turgo fué:
— Teme unas tablas... un poco
de lienzo, clavos, pintura, luces
lo que haga falta. Construya im
teatro, un escenario. Trabaje con
él, sobre él. Cuando lo haya hecho
sabrá cómo se escribe un drama ’
¡quizá!
Y un cronista norteamericano
aludiendo a la entrevista, comentó
con razón:
“ La fórmula no es mala. Puede
correr pareja con la famosa defini­
ción que data de la España de Lope
de Vega. El teatro puede hacerse
con “ dos bastidores, cuatro tablas y
una pasión” .
*

HURGANDO EN
los camarines

DE LA HISTORIA
LA
DE

El notable actor M aurke Evans en
su nueva versión de "H am let” .

alimenta pródigamente a todas las de­
más artes de la imagen móvil visual o
sonora y aun le sobra carnadura, de que
vivirá y nos .causará estremecimientos
mientras existan el sexo y el dolor y
el hambre y el peligro, de que el cre­
púsculo del teatro vislumbrado por Lenormand no pasa de ser un relámpago
de melancolía en un opaco cielo de des­
aliento.

P R IM E R A H U E LG A
ESPECTADORES

Cuando el actor inglés John Philip
Kemble tomó a su cargo en 1809 el tea­
tro Covent Garden, dedicado entonces a
la comedia y que acababa de ser recons­
truido después de un Incendio, tomó en
préstamo diez mil libras para iniciar la
temporada, y para salir de apuros elevó
los precios de las localidades.
El público se indignó, y a pesar de que
Kemble y su hermana, la famosa actriz
Sarah Siddons, que encabezaban el car­
tel, eran muy populares, inició los famo­
sos Tumultos del Viejo Precio. Los es­
pectadores bailaron durante tres meses
la Danza del Viejo Precio, pataleando,
cantando e Impidiendo en toda forma
que se oyera a los actores, acusando a
Kemble y la Siddons de ganar sueldos
exorbitantes mirntras los pobres tenían
que pagar la reconstrucción de su tea­
tro. Finalmente, el público venció, con
una transacción: se rebajó el precio de
las plateas, conservándose el aumento
de los palcos.

U N R IV A L D E L O P E DE VEGA

LA MARCHA
DEL TEATRO
La comedia “L ife with father” (V i­
vir con papá), de Russel Crouse y
Howerd Lindsay, al entrar en su
octavo año de representaciones con­
secutivas ha superado e l r e c o r d
mundial que tenía hasta ahora “ Tobaco Road” , de Erskine Caldwell.
*

M i'es Molleson, actor procedente del famoso elenco del
Oíd Vic, en un interesante Polonio del "H a m le t" de Evans.

*

*

A l empezar su aventura artística,
hoy sólida realidad, hace un cuarto
de siglo, el Teatro Guild tenía en
sus arcas diecinueve dólares con
cincuenta centavos. El American Repertory Theatre, una nueva organizacióndram ática encabezada con
altos fines artísticos por Eva L e Galline, Cheryl Crawford y Margaret
Webster, comienza con 350.000 dó­
lares. i Se acabaron las aventuras!
Hcy, los números cuentan.
Y ccn razón. Porque el Guild, al
iniciarse, debutó con un fracaso. Y
de no haber aparecido milagrosa­
mente en ese momento un sólido
éxito de público con la pieza “ John
Gerguson” , de St. John Ervine, és­
ta es La hera en que no existiría. ..

Sin duda, el Fénix de los Ingenios
abruma, no sólo por la magnitud de su
genio, sino también por las proporcio­
nes numéricas de su obra.
Pero tuvo un digno rival en Francia
en punto a fecundidad, si no en genio.
El autor francés Alexander Hardy (15601631), que fué virtualmente el fundador
del teatro francés, por cuanto influyó
sobre Rotrou y así ejerció influencia in­
directamente sobre los dramaturgos pos­
teriores, Comeille, Racine y Moliere. Es­
cribió la friolera de 1.200 comedias y
abasteció el teatro parisiense durante
cuarenta años.

PALABRAS
INOLVIDABLES
No hables mal de las mujeres:
la más humilde, te digo
que es digna de estimación,
porque, al fin. dellas nacimos.
C alderón

de la

Bascí.

(E l alcalde de Zalamea)
— ¡Pero, niña! ¿Una boda, qué es? U®8
boda es esto y nada más. ¿Son los dul­
ces? ¿Son los ramos de flores? No. Es
una cama relumbrante y un hombre y
una mujer.
(Bodas de sangre) G arcía Lorca

�laboración que tienda a eliminar, des­
virtuar o agregar situaciones o escenas
a la obra. Tanto durante mi labor como
actor con Ruggiero Ruggieri y Emma
Grammatica como durante mis cinco
años de aprendizaje del oficio de direc­
tor teatral, de la técnica propiamente
dicha del montaje escénico, junto al ex­
celente m etteur Scharov, director de la
compañía de Elsa Merlini, pude llegar
a esa convicción.
— ¿Qué opina de tentativas como la
de Gordon Craig de presentar “ Hamlet”
de frac?
— Vi casualmente el espectáculo hace
muchos años en Milán, durante una gi­
ra por Italia de la compañía londinense
del Oíd Vic. Se trataba de un elenco
magnífico, formado sobre el principio
que debiera imperar en todos los elen­
cos: todos al servicio de la obra, todos
primeros actores dispuestos a jugar el
papel de un criado en una comedia y a
ser protagonistas en la siguiente. Gra­
cias a esto la armonía y equilibrio de
la compañía eran extraordinarios, como
en el caso del K am em y Teatr de Tairov.
Baste con decir que el papel de Hamlet
lo encarnaba un joven actor de 25 años,
y por cierto que lo hacia de una manera
extraordinaria. Pues b ien ... El hecho
de que Hamlet y otros personajes vistie­
ran ropa moderna estilizada y de que
Laertes luciera un traje de sport al en­
trar blandiendo la espada, no mermó en
nada la jerarquía y seriedad del espec­
táculo ni desnaturalizó la obra. Todo
porque la realización de Gordon Craig
estaba presidida por un profundo res­
peto por la obra y por una gran com­
prensión del espíritu de ésta. Y la me­
jo r prueba de la armonía y equilibrio del
elenco es que, en las tres oportunidades
en que fui a ver el “ Hamlet” del Oíd
Vic, vi dos Hamlets y tres Ofelias dis­
tintos, y todos igualmente brillantes.
— ¿Le parece .útil la función de los
teatros experimentales?
— Si los integran aficionados, no. N a ­
da aportan entonces al arte escénico. Se
requieren actores y la presencia vigilan­
te de un director experto, como también
un repertorio de obras de vanguardia
de las que no hallan fácil acceso al tea­
tro comercial. Sólo en esos casos se jus-

HABLAIS LOS DIRECTORES

Mottura, con Irma Córdoba, M a l»»» Zb*í
y Daniel Bellueelo, en un interrolo de
"A ltitu d 3 2 0 0 ", uno de »us e*j&gt;e«táeuios que h a n sido m ás e l o g i a d o » ,

tifican los teatros experimentales.
—Hemos oído hablar de su futura
temporada en el O d eán ...
— Eso es. Dirigiré un elenco encabeza­
do por López Lagar, que estrenará la
versión c a s t e lla n a de la comedla de
Jean-Paul Sartre “ Huís Clos” , probable­
mente con el nombre de “ A puerta ce­
rrada” . Se trate de una pieza excepcio­
nal por su vigor y pureza, al mismo
tiempo que por lo descamada y sincera.
Sartre no adopte posición alguna desde
el punto de vista teológico, pero cree en
un más allá y la prueba es que concibe
a su manera un in fiem o donde se tor­
turan tres terribles pecadores con el ar­
ma punzante y dolorosa de la verdad.
Creo que este estreno constituirá una
nota artística de relieve.
— ¿Proyecta estrenar algo más, des­
pués de " H u ís Clos” ?
—Tanto yo como López Lagar quisié­
ramos estrenar luego alguna comedia de
autor argentino que tenga verdadera Je­
rarquía. Todavía no nos ha llegado nada,
pero quizá aparezca aún. Sería para
nosotros un verdadero placer cerrar con
esa nota nuestra breve temporada de
tres m eses...

Luis Mottura considera que
el único divo debe ser la obra
uis Mottura, que ha triunfado am­
pliamente entre nosotros como di­
rector teatral y cinematográfico,
tiene acreditada una personalidad de ar­
tista en que se amalgaman un fino sen­
tido de la plástica y del ritm o con un
buen gusto que habla bien a las claras
de la excelente escuela dramática en que
se ha formado, como actor y como m etteur-en-scéne. Una serie de brillantes
espectáculos, “ L i ó l a ” , “ Altitud 3200” ,
“Días felices” , “ Soñé con el paraíso” ,
“Leocadia” , “ La orquídea” , han probado
su versatilidad. Per eso nos hemos diri­
gido a él para conocer su opinión sobre
algunos temas de interés teatral perma­
nente.
—¿Qué opina usted, como d ir e c t o r ,
frente al conocido conflicto entre Stanislavsky, con su respeto por el autor,
y Mryerhold, ccn su defensa de la li­
bertad total del director de transformar
la obra y recrearla a su arbitrio?
—Creo que la base de toda mise-enscéne debe ser el más profundo de los
respetos por la obra. La obra es el ver­
dadero y único divo de todo espectáculo.
Si para darle mayor realce y eficacia
teatral se hace necesario desvirtuarla,
es preferible no representarla. No puedo
aceptar la posición de directores como
Max Reinhardt o Baty, en cuyas miseen-scéne se advierte ante que nada la

L

presencia del director, que gravita con
tanta fuerza que aplasta a los intérpre­
tes y a la obra misma. La presencia del
director debe advertirse en la armonía
del conjunto, en la fidelidad con que
se traduce en plástica, color y ritm o el
pensamiento del autor y no en el brillo
de un espectáculo disociado de la obra,
por brillante que sea. Personalmente,
siempre he procurado respetar al m áxi­
mo todas las piezas que he montado y
sólo me he limitado a acentuar en oca­
siones algunos de sus aspectos, dema­
siado sutiles o extraños a la compren­
sión de nuestro público. Asi, por ejem­
plo, al poner en escena “Leocadia", de
Anouilh, autor demasiado sintético y
poco explicativo en sus acotaciones, he
tratado de acensuar la atmósfera poética
de la comedia, en vez de insistir en el
aspecto irónico de algunos personajes o
situaciones como lo hizo la compañía de
Fem and Ledoux, porque consideré que
ello permitiría acercar mejor la obra a
la psicología de nuestro público, menos
sofisticada que la del parisiense. Al mon­
tar una comedia, el director debe tener
en cuenta el público al cual va dirigida,
y puede y debe destacar algunos ele­
mentes de preferencia a otros para la
mejor comprensión de la obra. Así, co­
labora con el autor; es su única colabo­
ración legítima. Pero rechazo toda co­

PROSCENIO:

Sección de

Teatro a cargo de León Mirlas

Delia Garcés, en uno escena de "D ías felices", con Vilm a Vidal e Irma Córdoba.

�F O U J IT A 1947.

puede hacer
o b r a de g uerr a p o r p a t r i o t i s m o , p e r o
nada tiene que ver eso con sus deseos ”
La historia de las crueldades germanojaponesas no había logrado endurecer­
nos tanto que la noticia de la muerte de
Foujita no nos causara cierta melancolía.
En aquellos momentos, coincidía con la
explosión de las primeras bombas ató­
micas, el nombre de Foujita era para
nosotros algo asi como un abanico ama­
rillento por el tiempo, pero cuyo raro
aroma, cuyo lejano y vaporoso prestigio,
siguieran todavía teniendo la capacidad
de emocionarnos, o la de hacer revivir
en nosotros los recuerdos de una época,
lejana y cercana a la vez, aún inm e­
diata, presente aún no sólo en la me­
moria poética sino en alguna extraña
calle, en algún hotel, en algún dorm i­
torio, en las palabras que designaban
ciertas flores en labios de una amiga
que prolongaba exhausta su belleza de
prim er cuarto de siglo.
Algo deliciosamente infantil, y vapo­
rosamente distante, oriental y parisién,
refinado y superficial, algo como el leve
roce de una hoja de té en el desusado
vestido de tul de una tía que fué muy
hermosa y cuya historia está prohibida
en la fam ilia: algo asi va unido siempre
al nombre de Foujita. Un nombre que
nos huye, que no nos dice nada defi­
nitivamente duradero, pero que, como
una burbuja, sobresale de vez en cuan­
do entre nuestros recuerdos.
Recordamos uno de tantos intrascen­
dentes y agradables dibujos de Foujita,
una de esas diversiones sensibles y li­
geras a que nos tiene acostumbrados su
talento decorativo. En él, F oujita se ha­
ce su autorretrato: nada de dolor, ni
de poderío, ni de penetración ni de ca­
rácter. Nada de nada. Apenas el n oti­
ciario de un día foujitense: por aquí,
F ou jita haciendo el tomar; por allá,
desayunando; en otra parte, con unos
pinceles, tan peinadores, que parece que
es con ellos como se hace el conocido
flequ illo que le cae sobre la frente co­
mo un rastrillo jardinero y burlón.
Supo darle a Europa lo que aquella
Eurcpa esperaba de O riente: una distin­
ción apagada, ensimismada, sin com ple­
jidades. Un sedante. Biombos, kimonos,
Hai-Kais. Y llevarse de Europa lo que
su O riente quería: el m im o, el blando y
enfebrecido aplauso de postguerra, ese
fluido que para un temperamento así,
tan de convaleciente, gracioso, tiene la
apariencia de ser lo internacional, lo co­
mún a todos los grupos sociales flota n ­
tes, desenraizados. Desenraizados como
él mismo, acaso. Ya recordáis, sin duda,
aquellas acusaciones que contra él lan­
zara el japonesismo im perial. Y , más
evidente aún, las palabras de su propio
padre en aquella época, durante su es­
tada en Estados Unidos, y que el cronis­
ta Y amata nos transcribe en su artículo:
j ¿

O U J IT A murió en Nagasaki víctima de la bomba atómica". Y
los periódicos del mundo con­
sagraron al artista japonés artículos ne­
crológicos.
En las antiguas afueras de Tokio, en­
cuadradas hoy en la m etrópoli destrui­
da, la casa en que habita Foujita se
parece a la quinta de un pequeño ren­
tista en Meuton. El sol resbala suave­
mente sobre los cristales de su taller.
Sobre la puerta, un nombre dos veces
respetado: en caracteres chinos, sobre
una pancarta en am arillo y azul (los
colores empleados por el ejército ame­
ricano para la circu lación ): Foujita.
El mismo abre la puerta. Chaleco azul,
pantalón oscuro, los cabellos de plata r
la mirada tranquila: es el mismo hom IH

cQU¡i*«t

"¿Es todavía japonés?” .
Pero al parecer, naturalmente, algo
de japonés había en él. No sólo lo bueno,
su blanco del Japón, su dibujo delgado,
muy delgado, exangüe y gracioso, sus
escándalos de gheisa. su paciente y sua­
ve pincel. Desde la época de los lucha­
dores, que nos recuerda hoy Yamata, y,
más concretamente, desde su regreso al
Japón, estaba decidido Foujita a ser el
pintor fuerte que exigía él imperio.
Más detalles nos los dará la crónica
que hoy publicamos. Sólo nos interesa
el contraste entre la melancolía que sen­
timos cuando se nos dio la falsa noticia
de su muerte, y las palbras de Yamata
a propósito de la reacción de Foujita al
hablar de la bomba atómica, que creyó
el mundo habia sido la causa de su
muerte. “ La historia de la bomba le di­
vierte y le envanece: Pensó..., la bomba
atóm ica. . algo muy grande... Foujita”.
Sin embargo, y justamente por lo di­
cho, Foujita Tío habrá de ser visto nun­
ca como un colaboracionista. En el sen­
tido que nosotros los occidentales hemos
dado en dar a esa palabra. Foujita es
capaz de colaborar sin el menor deseo,
com o un menester más de los bajos qué
hay que hacer en este mundo. Como co­
laboraría con un régimen democrático
si las circunstancias lo exigieran: sin
mayores ganas, sin que eso tuviera nada
que ver con sus deseos, como él mismo
dice al cronista.
Le trae sin cuidado este mundo; cuan­
to le rodea está bien sin o le molesta o no
le desagrada, y muy bien si se pone a
su servicio ,al servicio de Foujita. En
realidad, estuvo s ie m p r e solo, en su
mundo, divirtiéndose con sus espirales,
con el borde de los humos amables, con
el dragón que se le volvió línea para
no asustarse a si mismo.
Paz para él, en su ancianidad, con
sus cabellos plateados, con sus nostal­
gias de París, con los graciosos arabes­
cos que todavía ofrecerá acaso a los
mismos "marchands’’, y el retrato en se­
da de otra rubia, la rubia final, con que
se irá lentamente borrando, esfumándo­
se hasta alcanzar la paz definitiva.
Nada hay que pueda ser mayor cas­
tigo para un espíritu sensible que haber
sufrido ya la cercanía de dos guerras,
sin que ninguna de ellas tocara su alma
más que para desconcertarle su mundo.
Esa frase, idiota aplicada a los artis­
tas en general, cursi y ramplona si se
piensa en los héroes de la historia del
arte, esa frase que tantas veces nos ha
repugnado o ir: "N o hay que juzgar al
artista; es como una flor” , esa frase in­
noble, nos parece que en el caso de
F o u jita cobra de pronto sentido moral
y lo salva.
N. de la R.
bre de siempre, con su distinción y en­
canto silencioso.
La historia de la bomba le divierte y
le envanece: “ Se pensó: la bomba ató­
m i c a . . , algo muy grande... ¡Foujita!"
Con la mano señala ios muros del pe­
queño salón europeo en el cual nos he­
mos sentado sobre edredones blancos,
en tom o a un brasero japonés: dos
desnudos de Rodín, un pequeño erayon
de Cézanne, un minúsculo paisaje de
Renoír, dos croquis de Puvis. Tiende a
que yo cite las obras que lo rodean, asi
como las instaladas en otras piezas: un
M odigliani, un Picasso, un Rafael Collin.
Habiendo evacuado con tiempo su es­
tudio Ao Tokio, no ha perdido x.is teso­
ros :i&gt; sus propias obras.
•
Evocamos juntos todas las épocas de

,

1

�su vida. Algunos datos son suficientes,
marcados con agujas sobre este mapa
del mundo que se dibuja en nuestra
imaginación. Las escen as que hemos
evocado despiertan nuestra imaginación:
—¿Y el baile de la noche de Shanghai?
Usted se había disfrazado de salvaje de
Formosa, el torso desnudo y el talle ro­
deado de cabezas cortadas. Se gritó:
“ ¡Foujita!” . Todos subieron a las mesas.
Yo me había envuelto en un tul. Un
mantón japonés había transformado a
mi novia en una extranjera del Hono­
rable Partido del Campo.
Aquella tarde lejana, Foujita resplan­
decía entre las aclamaciones. Recuerda
todavía un almuerzo, por cierto bien
serio, en el Instituto de Cooperación
Intelectual, donde, al verle arreglarse
sus cinturones en público, tuve que de­
cirle: “ ¡Aquí no, Foujita!'’.
El recuerda la escena y madame Fou­
jita nos contempla con su mirada asom­
brada. La joven péñora, muy bonita, pa­
rece muy alta con su vestido del tiempo
de la guerra. Nos ha dejado por un

momento y regresa trayéndonos café.
¿Qué gran marchand se hubiera atre­
vido a decir en París, hace veinte años,
que Foujita terminaría alrededor de un
brasero japonés, con una mujer japone­
sa? “ La amo —me decía un día el ar­
tista— . Naturalmente, es una japonesa".
Los tres nos pusimos a recapitular:
Tokio, la escuela de Bellas Artes, sección
japonesa. Después, París, desde 1913 a
1929. Durante la guerra de 1914, Foujita
no recibía dinero del Japón. Comía co­
liflor cruda.
Los primeros éxitos llegan con los cua­
dros que él mismo llamó los primitivos.
Representan escenas religiosas. Encuen­
tra su camino con los dibujos de desnu­
dos y los cuadros de mujeres, de una
pasta limpia, blanca y mate como una
clara de huevo. Es la época en que el
pintor vive en Montparnasse. Cerca de él,
una sólida figura de mujer: Fernanda.
La celebridad fija entonces los rasgos
y el personaje Foujita. Se divierte, se
pone un pendiente de oro en una de sus
orejas, se tatúa un anillo en un dedo

He visto de esa época una cabeza de
mujer muy bien lograda: el retrato de
Susana Bertrllon, pintado sobre seda.
Pronto alquila un departamento bur­
gués en Passy.
Es la época dorada. La bella Yuki, ru­
bia y blanca flamenca, está a su lado.
La representa en todos sus cuadros, es­
pecialmente en aquella gran “ Neige”, en
la que el cuerpo ondula sobre un hori­
zonte sombrío. En 1925 recibe la Legión
de Honor. En casa de Bemheim ha ex­
puesto grandes murales decorativos con
personajes sobre el puente de un navio.
Uno de sus colegas nipones dirá: “Fou­
jita ha expuesto diez metros cuadrados
de pinturas". Decora la Casa del Japón
en la Ciudad Universitaria. Renuncian­
do al modelo femenino, quiere hacer al­
go más grande, más viril, y con la mis­
ma técnica pinta luchadores.
Se traslada a un pequeño hotel par­
ticular de Montsouris, con su cocinero
Japonés y su cocinera francesa. En la
calle, Foujita se detiene conmigo ante
una vitrina y, mirando un grabado ro­

Perros sabios'

mántico, un ramo, me dice: “No sabes
lo hermoso que es” .
Después, la huida a América, donde
permanece tres meses, y al Japón, donde
yo le he seguido. Estamos en 1929. El
padre de Foujita, inquieto por la larga
ausencia de su hijo y por los rumores
que circulan, me pregunta si es todavía
japonés.
Cuando le pregunté qué retratos había
hecho en América, cita el de la gran
duquesa María, pero rehúsa dar otros
nombres. No quiere pasar por un pintor
mundano.
A su regreso al Japón, la pareja Fou­
jita-Yuki se ha separado. El le escribe:
“He nacido para el trabajo y la pobreza” .
A l volver a partir lo hará con M ag­
dalena, de hermosa cabellera, cuvas can­
ciones alegraban la embajada de Fran­
cia. En ruta, se detiene en M élico y en
la Argentina. Permanecerá dos anuo en
Méjico, pintando, desde 1931 a 1933, in­
dígenas y niños.
En 1939 regresa a París. Ha perdido a
Magdalena, muerta en Tokio. Su esposa

�Foujita. Sobre su cabeza, las previstas flores de ios cerezos.

japonesa, que le acompaña, encontrará
un París que no podía ni presentir, por­
que ella es de formación japonesa clá­
sica. Viven en Montmartre hasta 1940.
Y Foujita, desde su ventana, pinta París,
Pintor japonés, Foujita no había con­
seguido el mismo renombre en su propio
país. Oficialmente se le consideraba
hasta con desconfianza, pero en 1941, al
fin, hace la conquista del Japón; se le
nombra miembro de la Academia Im ­
perial.
Estalla la guerra. Foujita es integra­
mente japonés y está por entero al ser­
vicio del Ministerio de la Guerr*. Se
niega a repetir su charla sobre arte en
la Casa franco-japonesa. “ Hasta ese
momento .— declara— yo no he hecho
nada” . Su arte comienza entonces. P in ­
ta los combates de Nomohan y el últi­
mo ataque a la isla Attu. Esta tela, de
grandes dimensiones, desarrolla en to­
nos sombríos escenas de cuerpo a cuer­
po. Como le reproché el hecho de que
no se viera nada en ella me contestó:
‘los combates tenían lugar casi siempre
por la noche” .
Durante la guerra, esta obra bélica
íué reproducida en América bajo el tí­
tulo: “ Lo que le pasa a un país sin
ciencia” . Fué trasladada al palacio im ­
perial para que Su Majestad la viera.
Y o estaba entonces en la cárcel y los
inspectores me lo notificaron, pero in­
sistiendo acerca del contraste de nues­
tras situaciones respectivas, con el fin
de que ello me sirviera de lección.
Foujita había evacuado su taller a Fujine, junto a una ribera, con un grupo
de amigos de París: la cantante Yoshfko, Sato, Inokuma, Oguis. No fueron
bombardeados. “ ¿ Y ha pintado usted?” .
“ No —respondió— . la s ideas me daban
vueltas en la cabeza y me impedían
pintar".
En 1945, después de la capitulación,
Foujita publicó en los periódicos un ma­
nifiesto. Declaraba en el mismo que un
pintor puede hacer obra de guerra por
patriotismo, pero nada tiene que ver
eso con sus deseos.

Mientras tanto, en esta época de de­
puración, mantenido un poco al margen,
Foujita ilustró muchas revistas femeni­
nas. Entregó muchos dibujos para la
novela “Tokyo Romance” , publicada en
Tokio por un periodista americano. No
se reconoce en nada al Foujita de París,
en esos dibujos en los que una hada se
parece a una “ star” del cinema japonés.
La bomba atómica no ha matado a
Foujita, pero lo ha echado a la zona del
limbo. Conmovido por la detonación, es­
tá todavía aturdido.
Ha dicho que no participará en los
Salones antes de un año. Su estudio está
en perfecto orden. Nada falta. No he
visto en él obra empezada o en prepa­
ración. Sólo una gran tela, en la cual,
sobre un paisaje sin luz, tres mujeres
desnudas, en rosa, se miran en silencio,
separadas por un lirio y una adormide­
ra. La gloria de los museos, por la cual
el tiempo recompensa al artista y pone
su obra al abrigo de las vicisitudes del
mundo, acompaña a Foujita.
“ ¿Regresará a París?” . “ Seguramente”
—responde.
Y regresará a los desnudos, sil tubo
blanco, a ese arte puro y decorativo que
le ha valido la reputación.
Hojea en sus fotos, pero no me mues­
tra ninguna reproducción de sus traba­
jos de guerra. Prefiere mostrarme una
maqueta nueva o una cobertura roja pa­
ra la cama. “ Es un juguete”, me dice.
“ Tengo que construir todavía todos los
accesorios” . Su bicicleta está ahí, como
para ayudarle a trasladarse a la próxi­
ma estación. “No olvide hablar de mi
bicicleta” — añade.
Un arco iris cae sob re su rostro
a través de la ventana iluminada por
el sol, como una caricia de esa gloria'
que tanto ha amado, como un efecto de
paleta. "Adiós, querido” —me dice toda­
vía, y esas dos palabras, "juguete” y
"querido” , dichas en francés, tienen un
acento íntimo, pero nostálgico.
Le deseo que regrese a París.
( Especial de A. F. P. para
C abalgata.!

�El LEEN HERL1E,
ACTRIZ
Por

TRAGICA
F R A N K

I uno se decidiera a creer como si
fuesen los evangelios, todos y cada
uno de los elogios que los críticos
teatrales británicos sin excepción han
venido tributando a Eileen Herlie, ha­
bría de esperarse que. al encontrarse
con ella por primera Vez, viésemos sus
hombros decorados y guarnecidos por el
manto, hace muchos años vacante, que
dejara caer, al morir, la misma Sarah
Bemhardt.
,
Y, no obstante, la primera vez que se
apareció ante mis ojos, anhelantes esta
júnior Madame Bemhardfj sus hombros
no estaban cmados por tal preciado
manto ni por velatura otra alguna. Por­
que lo primero que yo vi fué su desnuda
espalda, cuando la actriz descendía del
tejado de su casa por una claraboya.
Desc.ndía, digo, de tomar un baño de
sol en la azotea; y a la par de repasar
su papel en preparación a su próxima
interpretación de “ Salomé” . En antici­
pada encamación de tal, había estado
apostrofando a las chimeneas circun­
vecinas, oteando sobre los caballetes de
los altos tejados sobre que aquellas se
yerguen y, en fin, poniéndose en modo
para asumir su primera gran interven­
ción :n una película.
En el breve vuelo de cuatro mal con­
tados años, Eileen, que no era sino
toqui-meca en Glasgow, y que no gana­
ba más que dos miseras libras semana­
les, ha ascendido al pináculo ds la con­
sagración, y a sus pies se han ofrendado
los más unánimes y cerrados aplausos
que se hayan rendido a actriz alguna
en el Londres de todo el pasado medio
siglo. Y todo eso con la sola referencia
a su portentosa encamación de la R ei­
na trágica en 1» obra francesa de deán
Cocteau, “El Aguila tiene dos cabezas” .
La cosa comenzó cuando Murray Mac
Donald, miembro de la exclusiva y originalísima Compañía d= los Cuatro, co­
fradía que se dedica a poner en escena
obras de empaque ideológico en el parduzco y reducido Lyric Theatre londi­

S

la

novel

RRITANICA
L A M B E

nense que se alza en el suburbio de
Hammersmith, dió en el pensamiento
de que no seria mala idea la de roturar
terreno virgen mediante la presentación
por vez primera en Inglaterra del nuevo
melodrama de que es autor Jean Coc­
teau.
CO CTEAU T E M IA QUE NO FUERA A
HABER N A D IE C A PA Z DE IN C O R P O ­
R A R SU C R EA C IO N
La dificultad a vencer en un principio
fué la de que Cocteau mismo no quería
persuadirse de que pudiera haber nadie
que, ni en Inglaterra ni en Francia,
fuese capaz de dar vida al papel de la
protagonista, papel altamente emocio­
nal, el de la trágica Reina en su obra
maestra que discurre sombríía bajo un
gótico abovedamiento.
La obra en si es henchida, con pasajes
purpúreamente cruentos, e incidental­
mente heroico-poética. Ssrpentinescos
zig-zagueos, a través de los cuales on­
dula la línea del argumento, vienen a
complicar antes que a desvelar el ba­
rroco cuento sin gusto. Lo que emerge
y se salva de todo este cocktail-Coteau,
agitada mixtura de concupiscencia cor­
tesana, contra-conspiración y profusión
de cadáveres, es precisamente la exc:lsa
actuación de Eileen Herlie. En el seco
armazón de esqueleto de este árido
melodrama, es ella quisn acierta a in­
suflar y avivar fuego y pasión de vida
que redimen la obra, levantándola a un
plano que ni el argumento ni la técnica
en que se desarrolla alcanzan a merecer.
Su pape! de Reina es realmente ago­
tador; el primer acto se resuelva casi
en un monólogo: en un discurso de 1.000
palabras, ella acierta a recorrer toda la
escala ascendente y descendente de las
emociones humanas, desde la feliz y
abandonada alegría a la desesperación

anegada en lágrimas; un v e r d a d e r o
teñir de forcé de declamadora elocución,
colmado de complejas armonías retó­
ricas.
El coro de loas que su interpretación
legró arrancar a los refractarios críticos
londinense s, prueba irrefragable m e n te
que ha sido algo más que voluble pala­
brería del mundillo teatral lo que ha
llevado a asociar el nombre de esta fla ­
mante actriz con los e s c la re c id o s de
Mrs. Patrik Campbell, Sarah Bemhardt
y Sarah Siddons. ¡Hemos asistido al
nacimiento de una gran actriz trágica!,
fué el fallo pronunciado por el habitual­
mente brusco y desdeñoso Noel Coward,
asombrado hasta verse precisado a pro­
rrumpir en solemne sinceridad.
LA MUCHACHA D EB U TO EN UNA
C O M PA Ñ IA DE A F IC IO N A D O S
He aqui los antecedentes del éxito de
Eileen Herlie, la muchacha que “ desea­
ba ser actriz porque sentía que entra­
ñaba la facultad de serlo” . Comenzó,
como innumerables otras con m en os
suerte lo hicieron, desempeñando pape­
les en una compañía local de aficiona­
dos. Cuando la Diosa Casualidad se dió
a escribir por anticipado la biografía de
Eileen, reservó expresamente un papel
para otra Diosa, la Diosa Fortuna, con­
certando el que ésta hubiera de hacer
su entrada disfrazada de director de
teatro radiofónico de la BBC, en sazón
en que Eileen representaba la protago­
nista en la obra titulada “ Sweet Aloes”
( Dulces Acibares) ante un público de
indulgentes parroquianos de la humilde
compañía en que actuaba.
Luego, a través de la radio, su es­
pléndida voz, en trance de declamar
versos de Shakespeare, vino a ser escu­
chada por un Peter Glenville, director,
escénico recién designado para la com­
pañía del “ Oíd Vic” (especie de compa­
ñía Clásica Nacional B ritánica), por ese
entonces en Liverpool. Y aconteció que
Eileen pasó a ser la primera dama de
esta última compañía durante sus ac­
tuaciones a través de doce meses en
Liverpool. Entonces, Tyrone Guthrie,
otro de los miembros de la cabalística
Compañía de los Cuatro, y también di­
rector del “Oíd Vic”, se la trajo a Hammersmith.
A través de una serie de diversos pa­

peles, la actriz vino a acreditarse como
una cantante c# ópera en una camarilla
de colegiala; lo pletórico de su torrente
emotivo quedaba como crucificado en
obras de diálogo fluidamente trenzado
con otras intervenciones; los demás per­
sonajes se toman insípidos y marchitos
ante el impetuoso impulso de su arte.
Eileen Herlie necesitaba un papel de
femenina plenitud, encamar un carác­
ter que pudiera llenar por sí solo la
escena durante horas sin fin, papel tan
dilatado como el de Hamlet de Shakes­
peare, o el de la Santa Juana d ; Arco
de Bemard Shaw; papel que la habili­
tara para ascender a bogar en las al­
turas de su propia exuberante vitalidad.
Y precisamente “ El Aguila tiene dos
cabezas” , a pesar de todas sus graves
fallas, vino a ofrendarla tal papel.
NO A B A N D O N A R A LA ESCENA P&amp; R
LA P A N T A L L A
Acaba de anunciarse que sir Alexander Korda ha contratado a Eileen para
la encamación de la protagonista en
una serie de películas, y, entre ellas, la
primera versión en cine de la “ Salomé”
de Oscar W ilde. Cómo va a hacerse
posible el trasladar a la pantalla la
joyante historia poética y macabra de
Wilde, es, por ahora, un misterio que
acaso nos vayan a descifrar efectiva­
mente. L o que sí es seguro por antici­
pado es que Eileen se desenvolverá con
toda holgura como la voluptuosa baila­
rina bíblica de los siete velos, que derrite
el empedernido corazón del Rey Herodes
Al fir m ar su contrato para el cine,
Eileen descubrió otra faceta' de su personalísimo carácter: puso como condi­
ción el estipular que no habría de hacer
más que una sola película cada 12 meses
y qué habría de permitírsela el proseguir
su carrera dramática en la escena. A n ­
te lo cual, y avanzándola un cheque por
la respetable suma de 60.000 libras es­
terlinas, sir Alexander Korda se limi*ó
a responder; “ ¡Y e s !” .
,
“ — Por favor, ha de especificarse que
no tengo intención alguna de desertar
de la escena por la pantalla — dijo— . El
teatro sigue siendo mi real, primero y
último amor” . Escuchándola, la sombra
de Sarah Bem hardt debió incorporarse,
para inclinarse luego en a d e m á n de
aprobación.

C O N V E R S A N D O

C ON

LEONIDAS BARLETTA
Por

ESTELA

un entreacto^ mientras unas se­
ñoras esperan que les dedique un
libro, mientras sus ayudantes en­
tran y salen consultándolo, Leónidas
Barletta, presidente de la Sociedad A r­
gentina de Escritores, nos concede una
entrevista. Tememos, dadas las circuns­
tancias, que nuestra conversación deba

E

n

E N T R E V I S T A S

CANTO

abreviarse. Pero no es asi; Barletta es­
tá dispuesto a robarse su propio tiempo
para hablar de su Teatro del Pueblo.
Casi sin indicación nuestra, desdeñan­
do referirse a su labor personal de es­
critor, nos habla:
—El Teatro del Pueblo se fundó en
1936 — nos dice— ; en aquel año, un
grupo de artistas se sentía profunda­
mente humillado por el mal teatro que
se hacía en Buenos Aires. Fué un acto
de protesta y de solidaridad. Esta soli­
daridad se extendía también al público.
Se trataba de educar a actores y a es­
pectadores. Esta es la verdadera fun­
ción del teatro: entretener y educar.
Sus palabras qag llevan a preguntarle
algo sobre sus modernas teorías con
respecto al teatro y al cine. Barletta
medita un momento y nos dice:
—Creo que la habilidad no tiene nada
que ver con el arte. Por eso, prefiero un
actor sincero a un actor fogueado en
todas las triquiñuelas del oficio. Es una
teoría bien sencilla, tal vez en ello con­
siste su originalidad y su modernidad.
Lo cierto es que prefiero formar artistas
compenetrados de esta teoría antes que
triunfar con la fama de los actores co­
merciales.
— —Podría decimas algo más sobre su
credo artístico?
—M i credo artístico se sintetiza en el
esfuerzo realizado para equilibrar los
( Continúa en la página 25)

�dríamos decir retrospectivos. Uno de sus
aciertos ha sido el retrato de una deli­
ciosa y fresca jovenclta que atraía las
miradas de las damas y caballeros asis­
tentes a la exposición de sus obras. La
modelo: Mary Plckíord. Respetables y
popularísimas estrellas de la edad silen­
ciosa de la pantalla se han contagiado
ante el inesperado resplandor juvenil
de su rival y amiga y se han apresurado
a exhibir ante el afortunado retratista
sus poses arqueológicas, y a firmarle
cheques contra las cajas de ahorros que
quedaron repletas en sus buenos tiem­
pos. Un excelente negocio.
Pero eso, se dirá, ocurre en todas par­
tes. Efectivamente, pero en todas partes
no hay un friso de veteranas como en
Hollywood, con depósitos importantes en
los bancos y un resto activo de ilusión
en el alma, que se quedó como un poco
frustrada al no poder expresarse sino a
medias en la mutilada pantalla m uda...

Evolución casi Revolución

¡4.700.000 volúmenes! Esta es la impresionante cantidad de libros
que guarda en sus estantes la Biblioteca Pública de Nueva York.
Cuenta dicha Biblioteca con imprenta y taller de encuadernación
propios. En la foto, un detalle de la labor de los encuadernadores.
4 4

Plumas y Palabras”
l'or JOSE MORA GUARNI DO

Abaratamiento de la lectura
O NSIDERANDO la lectura un vicio
barato, se hace cada vez más fuer­
te la tendencia a explotarla co­
mercialmente, en gran escala y con pre­
cios al alcance de todas las posibilidades.
Las empresas de alquiler de libros han
alcanzado ya en muchos países, incluso
en el nuestro, desenvolvimiento consi­
derable No hay nada nuevo en ello;
desde que existen los libros, hay quienes
ofrecen libros en alquiler y quienes los
toman. Pero ahora la cosa adquiere
vuelos de empresa. Capitalismo moder­
no, tendencia monopolista y rapaz.
En Inglaterra, según leemos en una
revista, hay empresas de libros de al­
quiler que tienen en circulación un mi­
llón de volúmenes, b a s empresas tie­
nen, por lo general, (M itro categorías de
clientes y cuatro tarifas. Por un precio
moderado se ofrecen todos los libros que
no sean novedades y obras científicas
de alto precio; ppr cuotas gradualmente
más altas se van suprimiendo las reduc­
ciones hasta llegar a la cuota más ele­
vada. que ya no limita la calidad o im ­
portancia del ejemplar que se presta. El
abonado a una de esas empresas sólo
encontrará al régimen un defecto, si en
realidad es amante de los libros; que
las libros no son suyos.

C

Sí, este régimen de alquiler de libros
acercará al lector el libro en forma ba­
rata y ordenada eficientemente, pero no
le dará el libro, no dará satisfacción,
sino a medias, a su amor al libro, es
decir, lo dejará siempre descontento,
hasta que, si es verdaderamente amante

del libro, desista de su condición de
arrendatario y lo compre.
Porque el libro, si no es nuestro, si no
está encajado para siempre en los ana­
queles de nuestra biblioteca, nos parece­
rá siempre un desdichadillo {Tasajero cgn
el que no conviene encariñarse en exce­
so, para no sufrir tanto cuando se vaya.

Ya no hay “ Mecenas”
Un pintor famoso — cuyo nombre re­
servamos por razones especiales— regre­
sa de Estados Unidos y habla con unos
compañeros de las condiciones económi­
cas en que el arte de la pintura se des­
envuelve por allá. Si alguno de los ami­
gos había pensado ir a Norteamérica a
ganarse la vida con su arte, las palabras
del compañero que regresa han debido
ser para él como una granizada de de­
cepciones.
En América hay demasiados artistas,
demasiados jóvenes y demasiados talen­
tos. Pero no hay — ¡a y !— Mecenas ar­
tísticos capaces de evocar y reproducir
las glorias del Renacimiento. Las Lu­
crecia Borgia o las Gioconda de nues­
tros días se hacen magníficas fotogra­
fías en tecnicolor y se quedan conten­
tísimas de legar a la posteridad ese tes­
timonio gráfico —y barato— de sus en­
cantos.
Un ejemplo de las cosas que por allá
ocurren lo ofrece el pintor francorruso
Verboíí, cuyo éxito en Hollywood ha si­
do, al parecer, muy grande. Verboff se
ha dedicado a hacer retratos a las ve­
teranas artistas de la pantalla muda,
pero unos retratos especialísimos y po­

Francia, el país de la guerra cuyo es­
píritu de postguerra ha comenzado a
manifestarse antes, trata de investigar
ahora, entre otras cosas, los efectos de
las guerras en el teatro, y al hablar de
guerras nos referimos a las dos que
Francia ha sufrido últimamente. En la
de 1918, el efecto fué de medianos al­
cances; el teatro, que hasta entonces se
había orientado hacia la aristocracia y
la alta burguesía estable y casi tradicio­
nal, tuvo que descender un escalón y
tratar de interesar a la alta burguesía
provisional de los nuevos ricos — aquellos
nuevos ricos de aquella primera guerra
mundial, tan orgullosos, tan insolentes,
tan engreídos en su riqueza.
El efecto de la última guerra mundial
ha sido mucho más vasto y profundo.
El teatro ha tenido que descender —o
ascender, según el punto de mira— a)
pueblo entero. La apetencia del público
teatral ha ido cambiando como su in­
dumentaria, En 1918 todavía se iba al
teatro en traje de etiqueta y la obra
teatral —aun la más audaz— tenia que
hablar a caballeros con pedieras res­
plandecientes y damas descotadas; aho­
ra, el pueblo va al teatro con lo que
tiene ¡rara ponerse, y en su mayor parte
alimentado por las escuetas comidas que
le permiten su tarjeta de racionamien­
to; y si alguno va más repleto por al­
gún relleno suplementario obtenido en
la bolsa negra, en lugar de ostentarlo,
trata de llevarlo con disimulo. A un
público como éste no se le puede ilu­
sionar, ni convencer, ni entusiasmar, ni
hacerle pensar, con los mismos temas y
las mismas soluciones.
El teatro, por tanto, evoluciona radi­
calmente en Francia, y todavía cuando
se dice Francia se dice proyección se­
gura en el resto del mundo. Y es ésta
una evolución a marchas forzadas, que­
mando etapas, sin retrocesos, en busca
del alma de una multitud estremecida
y arisca, que todavía no ha concretado
su expresión decisiva. Una evolución que
es más bien una revolución; no se asus­
ten ustedes: se trata de revolución li­
teraria, aunque las cosas ahora se tra­
ban de tal manera que una arrastra a
la otra, o la anuncia, o es un síntoma
de e lla ... ¿Quién sabe?

Las aficiones desbordadas
El señor Ingres tenia un violin, lo
tocaba con mucho entusiasmo, lo que
no quiere i ecir, sin embargo, que fuera
tan violinista como pintor. También fué
aficionado al violin Jacques-Philippe Le
Bas, el famoso grabador del siglo XVTTI.
Esto justifica sobradamente que los mú­
sicos sientan a veces veleidades de pin­
tores y hasta Que, reunidos corporati­
vamente, expe gan sus obras en una
famosa galería parisiense. Si los pinto­
res hacen mú ica, los músicos tienen
derecho a hac r pintura, ¿no es asi?
Pero los músicos que han organizado

han acudido para hacerse U p r o í S *
da a un recurso de mala ley n *r? '
conciertos en el salón de la e x p o r to
y, como son mejores músicos quVnlniT
res, la gente no tendrá más remedé
contemplar los cuadros y no criticará
demasiado. (Si, pintan muy mal II®
tocan tan b ie n !...)
’ lPero
Es una competencia desleal ;c&gt;u&lt;s o
pensaría si los pintores aficionados I
música organizaran una orquesta m,
mala y atrajeran oyentes haciéndnS
retratos a lápiz en los intermedios?
’

Haynd, el humanizador
_ ,
------muy seno —»i
Daily Telegraph— invita a la h u i W
dad contemporánea a humanizarse «
cuchando n u eva m en te las obras ri»
Haynd. Oir a Haynd constituiría « J »
dicho periódico, algo así como darsTuí
baño de frescura y de reposo.
La razón en que se apoya tan curiosa
como respetable exhortación está finT
mente expresada en unas palabras dei
propio músico, que se transcriben:
•Muy pocos hay sobre la tierra dichosos y satisfechos, muchos abrumados por
las tribulaciones y las preocupacionespuede ser que tu obra sea alguna vez l¿
fontana en la que el hombre derrumba
do por la inquietud y el fracaso encuen"
tre la frescura y el reposo”.
Hay otras muchas razones, partiendo
de la primera y fundamental de que
toda música, no sólo la de Haynd sino
toda gran música, desliza en el alma
preocupada sedantes y alivios inexpre­
sables y valiosos La música de Haynd
es “ como un vino claro". La música de
Havnd es “ menos nerviosa y menos bri­
llante que la de Mozart”, pero su “buen
humor fluye constantemente...”.
De modo que la receta vale la pena
de ser ensayada. Oigamos a Haynd, hu­
manicémonos todo lo más posible en la
fontana de vino claro de Haynd... y
si Haynd no está a nuestro alcance, no
importa; busquemos en la buena música
sedantes y adormecimientos, en vez de
aturdimos con las estridencias de la ba­
tería y el saxofón...

Algo que consuela
Damos a continuación la traducción
de la exposición de motivos de una ley
que la Asamblea Constituyente francesa
aprobó por unanimidad el pasado 12 de
septiembre:
“En los períodos reaccionarios de nues­
tra historia han sido objeto de persecu­
ciones, con el pretexto de ultrajes a las
buenas costumbres, obras que honran a
las letras francesas. Por ejemplo, bajo
el Segundo Imperio, “Las flores del mal”
fueron s e c u e s tra d a s inmediatamente
después de su publicación y, por sen­
tencia del tribunal correccional, seis
poemas de la colección fueron suprimi­
dos y Baudelaire y sus editores conde­
nados a pagar una multa.
“ Siendo el farisaísmo una de las for­
mas de la persecución del pensamiento,
debe ser denunciado y combatido, sobre
todo cuando amenaza perjudicar nuestro
patrimonio literario de tesoros auténti­
cos. Para reservar el beneficio de la re­
visión a las únicas obras que han en­
riquecido nuestra literatura y que el
juicio de las personas cultas ha rehabi­
litado ya, proponemos que la revisión
de una condena por ultraje a las buenas
costumbres cometido por la via del libro,
pueda ser demandada veinte años des­
pués de que el juicio se haya convertido
en definitivo. Estt plazo basta para que
se desprendan las cuálidades profundas
v el valor duradero de una obra. La Société des Gens de Lettres de France,
que posee personalidad jurídica y es re­
conocida de utilidad pública, estará ha­
bilitada para pedir tal revisión."

�COLECCION
_____
j / I &gt;* V
A L 1

COLECCION

PERSEO

peruto

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PELIGRO ...................................... 6.—
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SU H O N O R ....................................6.—
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NICOLAS ......................................6.—
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BALCANES .................... ..............
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MAL ............................................. 6.—
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Dr. WASSELL ................................ 5.—

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OdLon Redon - SOBRE LA VIDA, EL ARTE Y LOS ARTISTAS
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Hilaire BeUoc - ¡CUIDADO! NOS OBSERVAN ....................... 5.50
Paul Gauguin - ANTES Y DESPUES ......................................... 5^50
Ninon de Léñelos - CARTAS AL MARQUES DE SEVIGNE___ ’ 5.50
Wilhelm Jensen - GRADIVA .................................................. g

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Pablo Rojas Paz - CADA CUAL Y SU MUNDO ................... »,
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Arquitecto de la P a z )........................ $ 10.—
Francisco Madrid:
LA VIDA ALTIVA DE VALLE-INCLAN „

LA

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Martín Gumpert:
DUNANT (La Historia de la Cruz Roja) „ 13.—

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G L O R I O S O „ 7.—
Ram ón Góm ez d e l a
Sema:
EL H O M ­
BRE PER­
DIDO .... $ 7.—

V• A t. -.
vi

7.—
S-—
6.—
7.—

�cabalgata

CRITICA
P o r
C ró nica

del héroe ,

LITERARIA

G O N Z A L E Z

C A R B A L H O

por Alberto G irri. Editorial Nova

82 páginas. Buenos Aires.

Provenientes de una generación más sentimental que intelectual — acerca de
cuyas virtudes y vicisitudes podríamos h a b la r a lg u n a vez— experimentamos
uteerés decidido p o r la actitud e s t é t ic a q u e a d o p ta , en su ya sólida labor,
Alberto G im , escritor en la más ostentosa de las mocedades, que cuenta en su
haber con dos libros: “ Playa sola” , poemas, y "Crónica del héroe” , relatos. En
ambos evidénciase una conciencia directiva, un claro antecedente creador y firmes
propósitos de presentar, en temas y soluciones, fases nuevas de lo eterno. No hay
improvisación en su literatura. A la intuición poco le es permitido de su ciega o
lúcida voluntad. Alberto G irri deja a la razón amanecer desde su honda raíz,
y entonces ordena y simplifica su fulgcr recóndito, para dejamos su más limpia
y desnuda llama en alto.
Sus ocho personajes, fantasmales a fuerza de esencializados, nos abren pers­
pectivas ilimitadas; podrían ser, en sí mismo, cada uno una viva novela, acaso
cabría afirm ar que son ocho estilos distintos de la angustia. En ello estriba la
importancia del libro.
Su detrimento nos llevaría a buscar consecuencias infaustas de esa afirmación.
Porque, leyéndole, en ocasiones querríamos ver irrumpir, despreocupada, la co­
rriente impetuosa para que los personajes fueran, en extensión y vehemencia,
aquello que pudieron s e r...
En la edad literaria de Girri, “ Crónica del héroe” es la seguridad de íntegras
realizaciones futuras, cuando sobreponga a su ingenio de narrador la captación
emocional del mundo. De esa conmoción sin la cual la obra escrita, horra de san­
gre, lim ita su repercusión y permanencia, surgirán las páginas totales que Girri
nos está pronosticando con desusada elocuencia.
Sus relatos de hoy son una prueba de dominio técnico, un ejercicio de capa­
cidad. Pese a ello señalamos, para su adecuada valorización, la actitud noble de
su inteligencia, su imaginación liberada de delirios, elaborando entre ambas la
realidad de sus ficciones con propiedad indudable. Se nos ocurre achacarle algún
prejuicio, por ejemplo, su descreimiento de cierta sencillez o simplicadad que a
menudo es confundda con lo fácil. El teme a lo fácil. Puede decírsenos que su
sensibilidad despierta solamente en contacto con determinados mundos mentales
en que se desenvuelve con soltura. Sin duda. Pero la verdad es que su libro, rico
de personajes, deja deslucida, por momentos, la personalidad. Recordamos, en
algunos aspectos, al Borges de los cuentos. Más en Girri, inventor de historias,
se entrevé el sadismo de proponer episodios para que sus héroes padezcan una
existencia en que el autor hace las veces de castigo y fatalidad. Si fueran fan ­
tasmas de sus propias vigilias, cabría asignarle al joven escritor un deseo ascético
de rigor y disciplina. Dejamos esbozada esta sugestión en que obra la subconcien­
cia, comprendiendo que el libro de G irri adquiere una proporción ilimitada. No
pasaremos por alto el depurado y sobrio lenguaje en que el autor de "Crónica
del héroe” denota su señorío de prosista.
d e - sal , por Vicente Barbieri. Colección Paloma. Editorial Nova. Buenos
Aires. 188 páginas.

A n il l o

Luz de anunciación, de vísperas, cae sobre la voz del poeta e iguala, con envol­
vente palidez de relámpago, el rostro transido de sus palabras. Barbieri levanta
su perfil hacia remotas soledades y le vemos descansar la frente sobre almohadas
de aire, escuchando, como quien recoge la plegaria del tiempo, rumores transpi­
rados de infinito.
Nos atrae en él este aferrarse y salir del mundo por su canto En su poesía, de
materiales elaborados, sentimos la cercanía de lo inapresable, la precisión de lo
indefinible. Le vemos puestos los ojos en claridades donde se adivina una cruz.
Porque la esencia misma de su lirismo —ya reflexivo, ya dirigdo a recuerdos,
seres o pasajes— parece alimentada por secretas heridas de padecimiento y pa­
sión cristiana, de desentrañada ansiedad mística.
Logra Barbieri, en ese sentido, la más pura y trascendente de las expresiones.
Ella no se configura en temas, sino en dirección y encendimiento.
Mantiene su libro unidad de voz, con un mismo lenguaje crucificado para to­
das las cosas..Se transfigura en su canto, disolviéndose el m otivo inspirador, to­
mando forma el cuerpo todo alas de su lirismo, que asciende hacia zonas de
luz imperturbable. Desde esas zonas — su intimidad abstraída— se entrega a su
misión redentora de poeta, dejando que los acontecimientos desemboquen en
su corazón — como rumorosos ríos— devolviéndolos después dotados de nueva
vida, a su destino de corriente.
Estamos en presencia de una sensibilidad fecunda, entregada al verso por pre­
destinación y voluntad de cantar. Es el poeta que ama la palabra, a veces con
deleitación excesiva. Deriva per momentos en elocuencia. Hay en él una sensa­
ción de trasvasarse y fijarse, también con impulso místico, a la existencia física
del vocablo. Comunicarse espiritualmente con los mundos invisibles de otros espí­
ritus es en Barbieri una necesidad vital, como asimismo la de exteriorizar ese
universo suyo, tan numeroso como escondido.
Aun fraternizando con los demás poemas del libro, sus “ Epístolas rioplatenses” ,
que figuran como epílogo de "A n illo de sal” , le muestran en una faz vegetal sobre
lo anterior vegetativo. El poeta recibe de la tierra la savia de su verso. La tierra
le devuelve — substancias vivas— aquello sucedido que corresponde tener pre­
sente para mirar nuestro paisaje. Eli “Aquel de la larga fam a” , toma la apostura
del payador. Y la cruz que ve en la claridad, le demarca los puntos cardinales en
"Campo austral” . Vicente Barbieri determina en sus actuales poemas la etapa
de su madurez lírica, hecho digno de documentarse en el proceso de su generación.
C uentos

de

N ochebuena , por Augusto M ario Delfino. Editorial Losada, S. A. 134

páginas. Buenos Aires.
Dice bien Delfino que sus “ Cuentos de Nochebuena" son más nostalgia de la
fiesta que la fiesta en si. No era indispensable, tampoco, para responder al título,
que el libro se ciñera a los aspectos tradicionales. H ay aproximaciones, sensaciones
del ánimo, que dicen también — con exactitud,de alegría y dolor— de la antigua
celebración cristiana. Bástanos la inconfundible luminosidad del aire, el mensaje
de la estación, para que adivinemos la presencia del mes sagrado. Y en nosotros,
el registro cronométrico del pulso, va delatando, a puro presentimiento, los grandes
aniversarios de la humanidad. En algunos de los sujetos que Delfino nos presenta,
existe esta intución de la fecha. Los más desgraciados temen más y presienten
más claramente las horas en que se debería ser dichoso. He aquí, pues, anotada,
la substancia humana de estos seres sencillos, asomados a los días en que su sen­
sibilidad se acrecienta.
D elfin o posee la honda sabiduría de engrandecer los pequeños sucesos, de vita­

lizar episodios aparentemente intrascendentes y adivinar, en la intimidad de sus
héroes, el menudo dolor central, suficiente a decidir el drama psicológico. Vidas sin
lucimiento, esperanzas anónimas, vicisitudes grises como las existencias. Aquilátase
el impar suplicio del alma al penetrar en las calles silenciosas de estos seres de
nombre desvaído, clave y ejemplo del hombre. Sería un lugar común decir que nos
hallamos representados en nuestras experiencias personales, en nuestras observa­
ciones. Con frecuencia se confunde el lugar común con el acierto veraz. Delfino
es siempre veraz, pues aún cuando imagina, lo hace bajo el imperio de evocaciones
y comprobaciones directas. Sus cuentos subyugan humana y artísticamente al
lector, porque la anécdota aparece desmenuzada con piadosa y poética unción,
tiernamente si nos devuelve a la infancia, con desgarramiento si a territorios de
congoja y melancolía. Sus ambientes demarcan una ciudad —nuestra ciudad— ■
las criaturas que perfila, se detienen a mirarnos, nos desnudan sus almas, confi
dentes y familiares. Las hemos visto, tenemos la costumbre de su voz.
Delfino equipara su maestría de narrador, tanto en la rápida determinación dt
un carácter, como en la fijación de un ambiente, sin omitir su don de lo indeter
minado, en que alcanza el vigor de sugerir atmósferas agobiantes que son a vece:
el drama mismo.

L

I

B

R

El huésped y la m e lanco lía , por Ricardo
E. Molinari. Editorial Emecé, Buenos
Aires. í 430. 113 páginas.
¿Es bastante ante este libro, “ El hués­
ped y la melancolía” , repetir que Ricardo
E. Molinari es un gran poeta? En él
viven, admirablemente hermanados, la
mejor tradición y el talento. Fuentes
antiguas le brotan con la facilidad con
que el manadero de la perfecta poesía
corre sin tregua y sin cansancio. Para
valorizar la obra, ya muy completa, de
Molinari, para elogiarlo como sería nues­
tra inclinación, sería preciso precindir
de limitaciones de espacio, cosa que
ahoga en medidas restringidas las me­
jores intenciones críticas.
En el caso de este libro deploramos
que los críticos, o mejor, que una crí­
tica grande, vigorosa, levantada, no lo
tome por su cuenta diciéndole cuánto
se merece. Entre la producción poética
argentina “ El huésped y la melancolía”
está en el primer escalón.
El método y el hábito críticos no es
el lado más firme, ni mejor orientado
de nuestra producción literaria. Casi
podríamos decir que está ausente, tal
vez por cobardía, por instinto juvenil de
conservación. Pero la Argentina no se
establecerá entre los países productores
de literatura mientras unos cuantos de
los más seguidos escritores no se deci­
dan a opinar en voz alta. Las jerarquías,
las categorías, las clasificaciones han de
quedar hechas para que cada generación
sepa lo que da y lo que recibe y en qué
proporción cada escritor sirve a la for­
mación de la empresa tradicional del
arte.
El elogio al poeta por parte o por su
obra total afirmaría muchos períodos de
madurez poética indecisas. Es triste can­
tar sin eco. Casi podría escribirse una
trágica narración, como la de Chamisso,
del que vivió sin sombra.
Para llenar en la Argentina esa deja­
dez, bueno fuera que los escritores ilus­
tres se decidiesen a leer a sus contem­
poráneos. Y , por ejemplo, que este li­
bro de Ricardo Molinari mereciese, por
su generoso alerta, la devoción y el des­
cubrimiento a un sector de apasionados
de la poesia, de la silenciosa y retirada
personalidad de este poeta, tal vez el
más universal de la poesía argentina.
Las fuentes clásicas, el manejo feliz
del castellano, cierta sublimidad apa­
sionada, una suma feliz de dependen­
cias directas entre la emoción y la ima­
gen, dan elementos al libro “ El hués­
ped y la melancolía” para que su equi­
librio nos lleve a la admiración por la
presencia del verdadero arte.
M aría Teresa León
va el género h u m a n o ?, por D e­
siderio Papp. Editorial Pleamar, Bue­
nos Aires, 198 páginas, t 6 m/arg.

¿A dúnde

Acaso fuése más exacto preguntar
adonde es llevado el género humano, por
cuanto este libro, sustrayéndose a las
preocupaciones (que muchos consideran
más apremiantes) del inmediato porve­
nir histórico, considera nuestro destino
desde el punto de vista del astrónomo,
del físico y del biólogo. No son cosas de
nuestro albedrío los problemas de la paz

O

S

y de la guerra ,el cuerpo lacerado de la
sociedad de nuestros días, los constan­
tes tira y afloja de los intereses y an­
tagonismos del poderío de las superpotencias el tema de estas disquisiciones
del escritor austríaco. También en su
libro se habla de cataclismos, de tras­
tornos ante los cuales nuestros explosi­
vos más poderosos desaparecen literal­
mente de la escena. Pero en este caso
los plazos probabls son suficientemente
tranquilizadores, y así podemos dejar
nuestra imaginación a rienda suelta por
entre las galaxias, por encima de los
inmensos vacíos interestelares, al tra­
vés de los eonios que median entre los
primeros períodos y edades del planeta
y les momentos actuales, un mero abrir
y cerrar de ojos con relación a los pe­
ríodos de integración y desintegración f
de los soles y las nebulosas.
Consta este libro de dos partes: Por.
venir y Posibles e imaginarios cataclis­
mos. A su vez, la primera comprende
cuatro capítulos: 1 - Señales desde el
espacio cósmico; I I - El drama de la
t ida sobre la Tierra; I I I - ¿Cuánto tiem­
po puede durar aún la vida sobre la
Tierra?; IV - El porvenir del hombre. Y
la segunda, cinco capítulos, cuyos res­
pectivos epigrafes son: V - El globo y
el destino de la humanidad; VI - ¿Eos
amenazan peligres desde el espacio cós­
m ico?; V il - El crepúsculo del género
humano; V I I I - Los dueños de la Tierra
después de la desaparición de la Huma­
nidad, y I X - Fin del planeta terrestre.
Sin embargo los epigrafes poco sugie­
ren de la riqueza de detalles, hechos, ci­
fras, sugestiones, divagaciones, hipótesis
y conjeturas que el libro atesora para
quien se sienta inclinado por este gé­
nero de obras de tan amplia aceptación
en este momento. El autor da muestras
en todo momento de una amplia cul­
tura cientiíica y de amplias dotes de
exposición. Tanto los temas astrofísicos
ccmo los biológicos y hasta psicológicos
cobran una peculiar animación, y los
sucesos remotos y poco probables se
nos presentan como verosímiles y hasta
reales. Así, pues, para curamos, o al
menos olvidamos por unas horas del
asedio de los problemas inmediatos, nsda mejor que la lectura de este libro,
donde el hombre y el planeta en que
habita, vistos desde una lejanía de parsecs y de hasta centenares de años Ira
quedan reducidos a proporciones insig­
nificantes. Siempre hemos creído que
si los políticos, los consejeros, los testa­
ferros de los estados mayores, los agita­
dores políticos, los agentes de las gran­
des empresas, los banqueros y demás
personajes que todos padecemos, tañe­
sen tiempo y humor para echar un ñstazo al universo de vez en cuando y pa­
ra leer libros como el que ahora comen­
tamos, muchos de nuestros males que­
darían muy aliviados por la sencilla ra­
zón de que unos palmos de frontera, una
roca estratégica, una fuente de mate­
rias primas, y no se diga los puntillis­
mos del honor nacional y necedades por
el estilo no podrían ser tomados en se­
rio, o al menos tan a pecho como para
llevar a los hambres al borde del ex­
terminio.
Otero Espasandin

)

�c a bal gata
l a vida del genio , por Morris
Bishop, Ed. Mermes, Méjico.

P ascal -

Pascal es una de las figuras más
complejas y contradictorias de la histo­
ria dfl pensamiento. Quienes se hayan
preocupado alguna vez por estudiar la
génesis de una idea, de una concep­
ción o de una teoría, con su lento pro­
ceso de maduración y desarrollo, con
una evolución que en sus grandes ras­
gos podemos seguir sin sobresaltos, que­
darán asombrados ante la abismal dis­
continuidad, la sorpresiva insolitez de
sus geniales intuiciones en campos que,
como el científico y el religioso, aparen­
temente se excluyen.
Mente poderosamente analítica y sin­
tética, ya desde los umbrales de su ado­
lescencia da solución a intrincados pro­
blemas matemáticos que habían preocu­
pado durante siglos a decenas de cere­
bros privilegiados. Asombra realmente la
diáfana claridad de sus planteamientos
y la pasmosa sencilez de sus demostra­
ciones; entre otras geniales anticipa­
ciones merece señalarse el estudio de
las secciones cónicas y lo que más tar­
de se transformaría en el cálculo de
probabilidades.
Mas abandona los seguros caminos de
la meditación científica para internar­
se por las oscuras sendas del misticismo.
Arduo y difícil seria intentar siquiera
dar una idea del doloroso proceso de su
conversión. Su espíritu, sobrecogido y
poseído, se conmueve hasta sus fibras
más íntimas: "El silencio eterno de esos
espacios infinitos me aterra” , escribe en
forma lapidaría y definidora.
Desde un punto de vista literario y
humano más que "el prodigio” ; que “ el
inventor” ; “ el convertido": “el físico” ;
“el matemático” ; “ el hombre de mun-

N

O

T

I

El restaurante Drouan conoció, una
vez más, su animación tradicional. En
la antecámara del primer piso se em­
pujaban periodistas, editores y amigos
de las letras esperando la llegada de
los jurados Goncourt y Renaudot. En
este ambiente, las viejas amistades se
renuevan y las enemistades se perdo­
nan. Colette llegó la primera, seguida
por André Billv, Roland Dorgeles, Léo
Larguier, Luden Descaves, J. H. Rosny
(hijo) y Francis Careo, que no parecía
muy contento.
A las doce y treinta, Andrés Bílly sale
del despacho particular transformado
para la ocasión en sala de deliberación.
Anuncia que Jacques Gautier es el lau­
reado por su novela “ La historia de un
suceso". Ganó en la tercera vuelta del
escrutinio por cuatro votos contra tres
a Serge Groussard, que p re s e n ta b a
“Crepúscule des vivants” (Crepúsculo
de los vivos). Zoé Oldenburg obtuvo al­
gunos votos por “Argüe” (A rcilla), así
como Maurice Toesca por “ Soleü N oir”
(Sol negro). Jean-Jacques Gautier es­
cogió por tema un drama de la calle:
Lucíen Cappel, ex obrero, después de
algunas aventuras matrimoniales y sen­
timentales vino del norte de Francia a
instalarse en París, donde muy rápida­
mente íué engañado por su última con­
quista. El, muy enamorado de ella, la
degüella con una navaja. Fué M. Jac­
ques Isomi quien facilitó el tema _al_
joven escritor, y Jean Jacques Gautier
le dedicó la obra.
Algunos instantes después, Pierre Des­
caves vino a anunciar que el premio
Théophrasíe Renaudot acababa de ser
adjudicado a Jules Roy por su novela
“La vallée heureuse” (El valle fe liz ),
por siete votos contra tres, a Georges
Govy, autor de “ Sang russe” (Sangre
rusa), El laureado es comandante de
aviación. Ostenta la D i s t i n g u i s h e d
Flying Crcss, la Cruz de Guerra, y es
miembro de la Legión de Honor. Nació
en 1907 en Argelia, es descendiente di­
recto de los primeros píonners de la

do” : “ el enamorado” ; “ el místico"; “ el
penitente” ; “ el filósofo” , o el santo” , nos
interesa “ el polemista” .
Sus “ Cartas provinciales” , nacidas al
calor de una polémica apasionada y
violenta como pocas recuerda la histo­
ria, siguen siendo un ejemplo insupe­
rado de habilidad y dialéctica, de pre­
cisión literaria, de agudeza y de inge­
nio; no hace muchos años todavía los
liceos franceses tenían el privilegio de
utilizar esas "Cartas” como modelo de
lengua francesa. Su ataque a los je­
suítas y a lo que ellos significaban ha
sido el motivo directo que les dio ori­
gen, pero las provinciales estimularon
también una abierta lucha contra la
autoridad, es decir, la Iglesia y sus je­
rarquías, la escolástica y su deformación
mental asestaron un golpe al código mo­
ral y al sistema ético, contribuyendo, a
pesar de él, a secularizar la moral, las
costumbres y Is ideas. Nota curiosa y
reveladora, se supone, y muy verosimümente, que los inmortales personajes de
Moliére, Tartufo y el Misántropo, han
sido inspirados por algunos caracteres
pintados en las “ cartas” . Su influencia,
y éste es el mejor comentario que pue­
da hacérsele, no ha dejado de sentirse;
a sabiendas o no, desde Voltalre hasta
el último librepensador de provincias
han Empleado y siguen empleando ios
ingeniosos argumentos, ios diestros en­
foques de Pascal.
M il veces y nunca enamorado; mil
veces y nunca satisfecho, mil veces y
siempre angustiado, tal es la imagen
que del exacto, infinito y limitado mapa
de su intelecto nos hemos forjado; un
rayo de luz inquisidora cegado y oscu­
recido cuando era fruto y semilla, pre­
cursor y culminación al mismo tiempo.

U L T I MO S

EXITOS

A. J. Cronin. - G R A N C A N A R IA . Con el mismo
vigor que han hecho famosas sus anteriores novelas,
A. J. Cronin narra &lt;n esta obra una atrayente his­
toria que deja huella profunda y duradera en el
espíritu del lector. Un volumen de 380 págs., $ 6.—
Louis Fischer. - EL G R A N D ESAFIO. El destacado
periodista y autor de varios libros sobre relaciones
internacionales, corresponsal durante largos años en
Alemania y Rusia, hace un análisis detallado de. la
pclitica exterior soviética y de las condiciones im­
perantes en Rusia, sin escatimar tampoco sus cri­
ticas al imperialismo inglés y a la política de su
misma patria. Un volumen de 540 páginas, $ 8.

Aparecerán

Próximamente

Robert Wilder. - ESCRITO EN EL V IE N TO . En es­
tilo tan brillante como inteligente, W ilder nos da en
su nueva novela la historia de una decadencia fami­
liar llena de episodios audaces.
Pierre Maillaud. - L A M A N E R A IN G L E S A . ¿Cómo
son y cómo actúan los ingleses? Con gran sagacidad
y una simpatía no exenta de severidad cuando la
ocasión lo requiere, este agudo francés nos lo dice
cu una obra amenísima.
Christine Weston. - IN D IG O . He aquí una novela
sobre la India cuyo elevado interés literario podría
prescindir del que, naturalmente, despierta la ac­
tualidad del tema.

H éctor Pacheco Pringles

CI AS

Vicki Baum. - ULI, EL E N A N O . La amenidad usual
en las novelas de esta autora está aquí bordada so­
bre el gran fondo trágico de la tremenda “soledad”
del protagonista.

selva africana; le gusta la aventura que
le hizo entrar en la aviaci6n en 1938.
“L a vallée heureuse” (El valle feliz)
cuenta las peripecias de los treinta y
siete vuelos que efectuó sobre Alemania.

EDITORIAL HERMES
IG N A C IO M A R IS C A L 41

M E X IC O D . F.

Distribuidores exclusivos para Argentina, Chile jr Uruguay:

EDITORIAL

La Sociedad de Hombres de Letras
de Francia adjudicará próximamente el
premio Halpérine-Kaminsky, de un va­
lor de veinticinco mil francos, destinado
a recompensar la mejor traducción al
francés del año.
•

#

SUDAMERICANA

A L S I N A 500

B U E N O S A IR E S

•

La Academia de Inscripciones y Be­
llas Letras procedió, el 6 de diciembre,
a la elección de un miembro ordinario
para llenar lá vacante dejada por el
fallecimiento de Paul Collart. En la ter­
cera vuelta del escrutinio, el señor Ro­
ben Fawtier fué electo por 15 votos
contra 13, que obtuvo el señor Robert y
una al señor Dherme.
El nuevo académico nació en Bóne
(Argelia) en 1865. Es antiguo alumno de
la Escuela de Roma “ agregué” de la
Universidad, doctor en Letras, fué con­
servador de los manuscritos de la John
Ryland’s Library de Manchsster. Es ac­
tualmente director en la sección de In ­
vestigaciones Científicas, especialista de
la edad media, publicó varias obras co­
mo “ Europa Occidental de 1280 a 1328”
y “Los Capstos y Francia” .
Arrestado bajo la ocupación, fué con­
denado a trabajor forzados a perpetui­
dad por los alemanes.
El señor Ch Picardúlió cuenta de una
misión realizada por á 'e n Marruecos en
los meses de marzo y abril pasados.
Sus observaciones .recayeron princi­
palmente sobre los centros arqueológi­
cos de Volubilis y Valentia-Banasa.
Comentó los descubrimientos de los
bustos encontrados por el señor Thouvenet y presentó algunas hipótesis so­
bre su origen y su fecha.

EL PRO FESO R BEN HAMOU
El profesor Ben Hamou, de la Facul­
tad de Medicina de Argelia, a quien se
debe la organización de las transfusio­
nes sanguíneas que prestaron notables
servicios a los ejércitos aliados durante
las campañas de Africa del Norte y de
Italia, se encuentra actualmente en P a­
rís. Asistió, el 6 de diciembre, al casa­
miento de su hija, Janine Ben Hamou,
ccn el señor Claude Losry, auditor del
Consejo de Estado.
Estaban presentes en la recepción que
siguió a la ceremonia nupcial, numero­
sas personalidades parisienses y argelinas
EN

LA

AC AD EM IA

DE

C IE N C IA S

Inaugurando el 2 de diciembre las se­
siones de la Academia de Ciencias, el
presidente dió la bienvenida a los tres
sabios extranjeros que, respondiendo a
su Invitación, tomaron asiento entre los
miembros de la Academia: señor Lípschuts, profesor de Santiago de Chile;
Maratón Mose, profesor del Instituto de
Estudios Superiores de Princeton (New
Jersey, U. S. A .) y Michel Heidelberg,
de la Universidad Columbia de Nueva
York.
L a Academia eligió corresponsal al
señor The mas Wallace, en Bristol, y co­
mo miembro, en la sección de las apli­
caciones de la ciencia en la industria,
al señor Georges Darrius.

Licenciado en ciencias físicas, inge­
niero en artes y manufacturas, el nue­
vo académico hizo toda su carrera en
grandes compañías industriales, traba­
jando, desde el punto de vista científi­
co, en el sector mecánico y eléctrico.
La Academia eligió vicepresidente pa­
ra el año 1947 al señor Villat, miembro
de la Compañía desde 1932.
L a Academia otorgó, luego, diversos
premios y recompensas.
CONGRESO DE IN G E N IE R O S
AG RO NO M O S
En la mañana del 4 de diciembre, los
ex alumnos del Instituto Nacional Agro­
nómico recibieron, en la sede de su Aso­
ciación en París, a los delegados ex­
tranjeros y la prensa.
El presidente del Congreso y el de la
Asociación dieron la bienvenida a ios
miembros de las delegaciones de Bél­
gica, Dinamarca, Finlanida, Gran Bre­
taña, Holanda, Líbano, Polonia y Suiza.
Por la tarde, el señor de Fslcourt,
presidente del Congreso, abrió la sesión
ante numerosa concurrencia, en la que
se encontraban representantes de los
Ministerios, de las Sociedades de sabios
y personalidades de la Ciencia. Expresó
la necesidad de la doble formación téc­
nica y biológica de los ingenieros agró­
nomos y su adaptación a las condiciones
económicas y sociales presentes.

t

�P

R

E

M

í

o

s

c o r r e s p o n d i e n t e s a l concurso
planteado en el número siete d
CABALG ATA.
“ J U A N IT O E N E L MUSEO”
Con el primer premio de $ 20 José i ,,
Madariaga. Montevideo 1780, CapitaL r *
una suscripción por seis meses a CABAT
T A : Carlos E. CassineUi. Larrea 92.
Emilio Gentili. Bolívar 160. Ralaela (F o
c A &gt;:„ c - A - Burone. Bulnes 1774, Capital
Mario R Borsani, España 171, Florencio W
reía (F C .S .); M. Aranguren, J. E Uris-V
ru 1368. Capital: María Lydia Rodr¿?¿'
José Bonifacio 2647, Capital.

S O L U C I O N
Rembrandt: “Autorretrato con Saslr;,„
Galería de Dresde. Tlziano. "Al
,
que es del César". Galería de Dresde Mem
ling: 'Cristo con los ángeles canto-es"
Mu eo Real de Amberes. Van Eyck: '' rw.¡:!
de El Canónigo Van der Paele presentado a1
la Virgen por San Jorge" Museo Comuna*
de Brujas. Veronés: "La Sagrada Familia"
Galería de los Oficios, Florencia. Veliz
quez: "Bufón Don Diego de Acedo El Pn
mo”. Museo del Prado. Madrid. Holbeto
(El Joven): "Retrato de un hombre de edad
madura". Museo Real de Berlín. Rubenv
"Rapto de las hijas de Leucipo por los Dióscuro'/'. Pinacoteca Antigua de Munich Allegrí (C orreggio): "Cristo y la Magdalena o
Noli me Tangere”, Museo del Prado, Ma­
drid. Rafael: "L a Madonna del Gran Duque. Palacio Pitti. Florencia. Van Orlev
' El Calvario", Schmitt Collection, ParU
Memllng: "Retrato de Martín Van Nieuwenhove. Hospital de San Juan, Brujas
Delacroix: "L a matanza de Scío”, Museo dei
Louvre. Del Sarto: “La Sagrada Familia"
Museo del Louvre. Velázquez: "El bufón Don
Juan de Austria". Museo del Prado. Ma­
drid. Pintura pompeyana: "Concierto pá­
nico”. Museo Nacional de Ñipóles. Rem­
brandt: "Retrato de un noble". Museo Enni
.tage, Len Ingrado.

Venimos de porte del director del Museo de Ciencias Naturales, pora saber cuándo

tendrá lista su estatua.

(DIBUJO EXCLUSIVO PARA CABALGATA DE OSKI )

B URL ADERO
Cierto día en el Ministerio de la Go­
bernación de Madrid — alié por los tiem­
pos de Alfonso X I I I — , se recibió el si­
guiente inefable telegrama, firmado por
el gobernador, de la situación, en San
Sebastián:
‘'Anunciase extraño fenómeno, llama­
do Aurora boreal. ¿Qué hago?” .
La respuesta del entonces ministro,
Sánchez Guerra, íué auténticamente es­
partana: “Por lo pronto, dim itir” .
*

*

★

Mrs. L. M., de Los Angeles, obtuvo
sentencia de divorcio en cuanto le in­
formó al juez que su esposo no la había
hablado más que tres veces desde el día
de su boda. Asimismo le fué confiada
la custodia de sus tres hijos.
*

*

*

— ¡Teniente! ¡Está usted temblando!
—le gritó indignado su jefe a un jovencito recién incorporado, en lo más duro
de un terrible combate.
— ¡Sí, m i coronel! — contestó el subal­
terno— . ¡P ero estoy!
*

*

*

Vargas, el legendario jefe de alguaci­
les del Madrid de Felipe n , fué un dia
interrogado por un curioso cortesano so­
bre la muerte del secretario Escobedo,
m otivo de tanta cébala y fantasía his­
tórica desde entonces:
' — Vargas, vos que lo sabéis to d o ...
¿Quién mató a Escobedo?
— ¿Su excelencia sabe guardar un se­
creto? — contestó el cauto golilla.
— ¡Sí¡ — afirm ó el interesado pala­
ciego.
—Pues yo también — terminó el mis­
terioso alcalde de corte, con respuesta
en todo acorde con su fam a de pruden­
te. sagaz y cauto funcionario.
*

*

*

En el hall de uno de los más famosos

rrer lleno de ilusión; MATRIMONIO, es
el escotillón donde todo —AMOR y
AM AN TE — desaparece de golpe.

Por El Hondero Irónico

hoteles de Nueva York, luce este cartel:
“ S I NO TIE N E NAD A QUE HACER,
NO LO H A G A A Q U I” .
*

*

*

El domador de perros se presentó f i­
nalmente ante el empresario con su
magnífico par de San Bernardo. Antes
de que le hubiera podido dar los buenos
días, el atónito empresario oyó como
uno de los perros le decía al otro:
¡Por fin nos ha recibido este buen
señor!
Y el otro — ¡oh, prodigio! le contestó:
— ¡Más vale tarde que nunca!
—Pero es posible —gritó el estupefac­
to empresario— , ¿estos perros conver­
san?
—No, no conversan, señor... —replicó
el propietario, un poco mohíno— . ¡P a ­
rece que conversan, pero la verdad es
que ese, el más grande, ¡ss ventrílocuo!
*

*

*

En un bar del puerto de Argel, un
viejo lobo de mar presenta al atónito
auditorio un prodigioso loro que respon­
de a toda clase de preguntas:
— ¿Cuál es la fecha del descubirimento
de América?
— 12 de octubre de 1492.
— ¿Qué altura tiene el Mont Blanc?
— 4.810 metros.
Un inglés compra el loro, pagando por
él una enorme cantidad de buenas li­
bras esterlinas.

Días más tarde, se presenta indignado
ante el viejo marino: aquello es un en­
gaño; el loro no contesta nada.
Confuso el viejo levantino, devuelve
el dinero y le pregunta a su loro:
— ¿Por qué no le contestaste al señor?
— ¿Cómo le voy a contestar? —res­
ponde el loro no menos enfadado— .
¿Crees que se puede aprender el inglés
en quince días?
Siempre Bemard Shaw:
Inglaterra y Norteamérica son dos
países separados por el mismo idioma.
*

*

★

— ¿En qué estoy pensando? —respon­
dió cierto dia Víctor Hugo a su más que
amigo Sairit-Beuve, que le preguntó el
motivo de su preocupación— . Pues pien­
so en qué le diré a Dios cuando me
encuentre ante El.
— ¡Si es eso tan sólo, no te preocu­
pes! ¡Y a sé qué le d irá s!...
— ¿Qué?
— ¿Cómo andamos, querido colega?
*

*

El general Lamadrid, cuya pobreza es
ya histórica, vióse en determinado mo­
mento —pese a lo escaso de sus medies
pecuniarios— obligado a encargarse un
traje de buen género y corte. Fué, pues,
al establecimiento de un renombrado
sastre y, una vez tomadas las medidas,
regateó tesoneramente el importe hasta
dejarlo reducido a su “más mínima ex­
presión” .
Entregada la prenda, el general se ol-‘
vidó de pagar al “ tailleur” , que, cansado
al fin, interpeló al general con malísimos
modos:
— ¡Pero mi general! Si no pensaba pa­
garme, ¿por qué me pidió tantísima re­
baja?
— ¡Para que no perdiera tanto, gran­
dísimo tonto! —le contestó el general lo
más campante.

P A L A B RA S

CRUZADAS

*

C I N I S M O :
B IG A M IA , es tener una mujer de
más; M O N O G A M IA ... es lo mismo.
M A TR IM O N IO , es una novela en la
que el héroe muere en el primer capitulo.
M A TR IM O N IO , no es una palabra, si­
no una sentencia.
AMOR, es un largo corredor a reco­

C O N C U R S O
¿POR QUÉ ES FAM O SO ESTE SEÑOR? ¿Héroe de un dia, de una hora
o autor de una sola obra? Basta añadir a su nombre el hecho, obra o
recuerdo a que debe su fama para ganar el premio.
Erostrato, Gutierre de Cetina, Marshall, Gualterin de Penniles, Paul
Revere, Plácido el Mulato, sargento Cabral, Halley, Volstead, Malasaña,
Caserío, Juan Fernández, Carlota Corday, Boulanger, Dreyfus, Cavrilo
Prindp, Rodrigo Triana, Filípides, Efialtes, Andrés Torrejón, Stanley
Mermo*, Ravaillac, Juan Bravo, Angiolillo, Alejandro Selkirk.

HORIZONTALES
1.—Géneros fuertes que se utilizan pa»
protección, velas, etc. Utiles de madau
y forma apropiada que emplea «1 m4r,‘
no para impelir su embarcación.
2 —Uno. Consonante. 1.000. Nada-

�0

CORRESPO N D E N CIA
La querella presentada por el “Cartel de
acción m oral y social'’ contra los editores
de las obras de Henry Miller. litigio al
que ya nos referimos en una corresponden­
cia anterior, había despertado cierta alarma
en los medios literarios y artísticos por lo
que tiene de intento le limitar la libertad
de expresión de las manifestaciones ar­
tísticas. Es de suponer que cuando el asun­
to se vea ante el Tribunal del Sena, la
polémica volverá a reproducirse en térmi­
nos de mayor pasión aún. El tema vale
la pena. La propia sentencia ha de pro­
ducir jurisprudencia sobre la materia y ha
de establecer si la expresión artística tiene
un limite en su forma, y, en caso afirmati­
vo. cuál es éste,
*

*

*

Entre tanto, un nuevo hecho se ha pro­
ducido que también es interpretado por la
prensa como un atentado contra la libertad
crítica y contra los periodistas indepen­
dientes. Actualmente se representa en el
Teatro de los Embajadores una obra de
Henry Bemstein titulada “Secreto”. El crí­
tico teatral de un diario ha cementado la
obra en términos duros para el autor, aun­
que bastante justos desde el punto de vista
literario. Bemstein, que es demasiado cono­
cido por su altivez, además de autor dra­
mático es actualmente director de teatro,
lo que le da mayores facilidades j&gt;ara re­
presentar sus obras, cuya concepción res­
ponde más a una época pasada, la de co­
mienzos de siglo, que a la presente.
Tomando como pretexto dicha c r í t i c a ,
conjuntamente el Sindicato de Directores
de Teatro y la Sociedad de Autores, no
solo han adoptado la sanción de privar al
crítico independiente de su butaca gratui­
ta para asistir a los estrenos, sino que
llegan incluso a anunciar que., si el caso
se repite, emprenderán una acción judi­
cial “por actividad perjudicial a la indus­
tria del espectáculo”. Por si esta amenaza
fuera aún poco, dichas entidades expresan
también su propósito de ejercer, amparán­
dose en la ley, el "derecho de respuesta".
Es decir, que si una crítica no es del agra­
do del Sindicato de Directores de Teatros

3—Erre. Dignidad eclesiástica. La primera
4.—Cada uno de los golpes de mar que
azotan sucesivamente las costas o Pla­
yas. Primero. Mayúscula Rio de Rusia.
5—Abreviatura que sirve para suplir al
nombre propio que no se quiere expre­
sar. Uno de los signos del Zodíaco. Gui­
so. Prefijo negativo o privativo,
g —100. Nada. Consonante.
1.—Doble suena muy fuerte. Nombre de un
cierto eslabón de cadena. Parte d i l río
hasta donde llegan las mareas. Cero.
3 _Pronombre demostrativo. Quinta conso­
nante. Conjunción c o p u la t iv a
Her- mana.
9 —Algunas vigas tienen su forma. Poetas
primitivos. Séptima letra.
10.—Conjunción disyuntiva. 50. Solo. Pun­
to cardinal.
U —Moverse dando vueltas alrededor del eje.
Ciudad siria.

— ¿Y esto es un moralista? . . .

heterogéneos elementos que concurren
en un espectáculo.
— ¿Cuál es, concretamente, la función
1. — Mamífero muy semejante al ratón. Pre­ de un director?
ceptor y profesor romano.
—Un director debe orientar todo un
2. — Oeste. Cinco veces diez. Lo que hace movimiento artístico y no responsabili­
el borracho. Cero.
zarse fragmentariamente por la puesta
3. — Norte, poeta griego. Quinientos.
en escena de una obra. Creo que esto
4. —Altar. Este. Sur. Parte de Un edificio. es indispensable para la consecución de
5. — Opuesto al norte. Prefijo griego refe­
unidad, para la disciplina del elenco, pa­
rente a la vida. F. Décimasexta con­
sonante.
ra que cada artista sienta y viva seria­
6. — Alias. Cero. 50
mente la obra que representa. Debe ha­
7. — Consonante. Astilla o raja de pino u ber colaboración entre director e intér­
otra madera resinosa destinada al alum­
pretes; esta colaboración efectiva, basa­
brado. Convicto. Alteza.
da en la amista, en el mutuo respeto y
8. —M. San. Primero. Río de Galicia.
en la comprensión, no puede obtenerla
9. — Monsieur. Regalas. Segunda vocal.
el director que recién conoce a su elen­
10.— Nada. Nada- Nada. Pe.
co e ignora la personalidad de cada uno
11.— Bellaquería. Hijo de Apolo y Caliope.
de los intérpretes.
— El Teatro del Pueblo: ¿ha mostrado
alguna predilección especial por un gé­
nero determinado?

(Dibujo exclusivo para CABALGATA de Steinberg.)

—El Teatro del Pueblo ha encarado el
montaje de géneros muy distintos. Por
ejemplo; mientras a d ie s t r a b a actores
para el teatro de cámara, tenia que re­
presentar teatro clásico, apenas conoci­
do por las muestras esporádicas de las
compañías extranjeras. Así, más de 200
obras, primicias absolutas para el pú­
blico de Buenos Aires, fueron estrena­
das por este grupo entusiasta.
— Creemos que la labor del Teatro del
Pueblo no se ha limitado solamente al
repertorio del teatro clásico, sino que
también ha ayudado empeñosamente a
autores argentinos de valor.
— Sí, poetas argentinos de dos genera­
ciones enfrentaron al público desde el
Teatro del Pueblo Hemos representado
obras de Eduardo González Lanuza,
Amado Villar, Roberto Arlt, Ezequiel
Martínez Estrada, Luis Cañé, Horacio
Rega Molina,. Roberto Mariani, Roberto
Ledesma, Alvaro Yunque, Raúl Gonzá­
lez Tuñón, Nicolás Olivari y muchos
otro, que escribieron especialmente para
el Teatro del Pueblo.
— ¿Qué autores del teatro clásico han
sido representados? Recordamos haber
visto, hace años, en el antiguo y primi­
tivo local del Teatro del Pueblo, una
versión de “ El sueño de una noche de
verano” , que nos impresionó vivamente.

FRANCI A

o de la Sociedad de Autores, éstos van a
exigir el derecho de replicar a las objec­
io n e s que desde el punto de vista crítico
pueda inspirar una obra teatral.
Es justo decir que el problema no es
nuevo y que se repite de vez en cuando.
Los directores de teatro, e incluso algunos
autores, estiman que un billete gratuito
para el crítico de un diario obliga a éste a
cierta benevolencia hacia la obra que se
estrena Contra semejante opinión, la crí­
tica independiente se ha alzado siempre
que la cuestión ha sido planteada. Los
teatros y los autores pueden hacerse su
reclamo eh las páginas de publicidad, que
no prejuzgan la opinión del crítico; pero
éste no puede, en ninguna circunstancia,
permitir que se menoscabe su indepen­
dencia.
En este caso concreto, el problema se ha
complicado por ser Bemstein el promotor
del incidente, cuyas, pretensiones constantes
no responden ciertamente a la calidad de
su producción artística.

Guy Chastel, miembro del Comité de la
"Societé de Gens de Lettres" ha presentado
la dimisión de la comisión consultiva ins­
tituida en el ministerio de Justicia y en­
cargada ds pronunciarse sobre la moralidad
de los libros contra los cuales se presenten
denuncias ante la justicia.
Guy Chastel figuraba en esta comisión,
compuesta en su mayoría por magistrados,
en calidad de único representante de la
“Socité de Gens de Lettres" A consecuen­
cia de la publicación en Francia de las
obras del autor norteamericano Henry Mi11er, fué presentada una denuncia. Llam a­
da a dar sil opinión, la comisión unánime­
mente declaró que dichas obras son con­
trarias a la moral. De acuerdo con el pro­
cedimiento ordinario, se emprendió una ac­
ción judicial contra el traductor y el editor
francés de “Trópico de Capricornio” y
“Trópico de Cáncer”.
La “Societé de Gens de Lettres” se im­
presionó ante este acuerdo y h * resuelto
retirar de la Comisión a su representante.

CONVERSANDO CON , , ,
VER TICALES

cabalgata

(V iene de la página 19)

Barletta parece recordar aquella épo­
ca. El m ontaje de "El sueño de una no­
che de verano” es tarea difícilísima, que
requiere a la vez gran sentido poético y
pericia escenográfica. El T e a t r o del
Pueblo es el único conjunto argentino
que montó esa obra y salió, además,
airosamente de la prueba.
—Además de Shakespeare hemos re­
presentado a Plauto, Sófocles, Moliere,
Cervantes, Lope de Vega, Tirso de M o­
lina, Marlowe, Goldoni. Y tampoco he­
mos descuidado a los cultores más atre­
vidos del arte dramático moderno, co­
m o: O N eill, Elmer Rice, Lenormand,
Saroyan, Thom ton W ild e r , Pellerin,
Etrainoff, Meano, etc.
— ¿Podría hablamos de otras activida­
des del Teatro del Pueblo?
— Sí Por ejemplo, a veces actúa en
función de seminario.
— ¿Cómo es eso?
— Inaugurando en Buenos Aires una
modalidad ofiginalisim a: dos veces por
semana, en debate público, que yo diri­
jo, se pone en discusión obra, interpre­
tación y dirección. A llí se defienden
apasionadamente nuestros p u n to s de
vista. Por otra parte damos también
conciertos de música de vanguardia y
secciones de danza; tenemos exposicio­
nes de pintores jóvenes y conferencias
de escritores, todo esto como base de
nuestro empeño para difundir la cultu­
ra. Actualmente estoy formando una
compañía de adolescentes, con su co­
rrespondiente director. Acaban de estre­
nar “ Pelo de zanahoria” , de Renard; "El
oso” , de Chejov, y “Feliz viaje” , de
Thom ton Wilder.
Y al despedirnos, Barletta hace un
examen de la labor realizada y nos dice;
— Estoy satisfecho de los actores y
creo que ellos lo están también por la
labor realizada, que nos ha mantenido
siempre unidos, pese a todas las d ifi­
cultades. F o rm a m o s , posiblemente, el
único elenco estable en Buenos Aires, y
también el único que no admite aplau­
sos del auditorio, en el que no existen
primeras figuras y con una disciplina
de equipo propia del vanguardismo que
sostenemos.

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Cadena
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ESA FAMOSA PEQUEÑA ROBE
Par l’invention, tingéniosité, et la technique que demande leur creation, les
“petites robes” sont de "grandes robe” .

A Q U IN : lanilla a cuadros en
una creación de maravillosa
línea, en la que graciosos desfle­
cados rodean el escote, los hom­
bros y los originales bolsillos que
caen del cinturón.
* PIE R R E B A L M A S IN : pliegues

que se recogen sobre la cadera
en un pequeño moño y donde ter­
mina el corte que atraviesa el
corsage, cerrándose en pequeños
betones hasta el cuello.
JEAN DESSES:- cortes irregu­
lares partiendo desde los hom­
bros, forman sobre el busto y las
caderas grandes bolsillos y se pro­
longan luego en la falda remar­

cando, a ambos costados, movi­
mientos de tableados que enan­
gostan la misma hacia abajo.
JAU M AN D R EU : medias túni­
cas que, partiendo de las costu­
ras de los costados de la falda, se
reúnen en graciosos drapeados
hacia adelante, dejando ver la
falda tubular en un modelo en
“ crepé” de lana, una de cuyas

EL D E T A L L E
EN EL CORSAGE

nos encontramos una banda bordada
como broderie que, naciendo de las
sisas, atraviesa el corsage formando
medio recuadro.

ALGO MAS SOBRE EL

P

r p A N TO como la falda o las
J mangad, el corsage puede ser
el lugar dond: reside el detalle
original de un modelo, con el agre­
gado que el tipo de mujer de nues­
tro país acepta que así sea, evitan­
do muchas veces los detalles que
en los hombros( mangas o faldas,
tienden a mostrar disminuido el
largo talle y, consiguiente, la ele­
gancia de la silueta.
En un encantador modelo de Jeannie de Lafaurie, en crepé blanco,

En otro modelo veraniego, esta
vez de Madelaine de Rauch, un gra­
cioso corte que trae los pliegues de
la blusa, se continúa en dos cordo­
nes gruesos y oscuros que, tras de
rodear la cintura, se anudan en
grandes borlas a ambos costados.
Y por último, una creación de
Jaumandreu, de falda en gris es­
curo y blusa blanca, des tirantes
en el género de la falda se unen
sobre la misma en un bordado simu­
lando escudo, en gruesos cordones
rojo sangre.

soirée no es ya solamente la crea­
ción más o menos bella y siempre
siguiendo una tendencia en boga,
con que los modistos famosos cierran su
más o menos profusa colección de cada
temporada. No es tampoco la robe que
cada elegante acepta sin vacilaciones,
porque sólo una linea reina sobre las
demás; hoy, como nunca, se pueden ele­
gir líneas, tendencias e ideas y se puede
reflexionar sobre tal o cual tipo a elegir;
tal es la diversidad de estilizaciones que
impera entre los couturiers, que la elec­
ción se hace difícil.
Sin embargo, nosotros podemos deslin­
dar, en la moda, tres principales ten­
dencias: primero, las amplias faldas, que
parecen verdaderamente envíos de val­
ses, fruncidas, drapeadas, reunidos sus
pliegues en cascadas o pu/s y qu exigen

E

l

anchas solapas lleva ribete y oja­
les en cabritilla de plata, mate­
rial de que se han forrado las
dos hebillas del cinturón.
R A P H A E L : un corte en el cor­
sage se continúa verticalmente en
la falda, recogiendo pliegues en
la misma; el cuello formado por
bandas que, plegadas, simulan un
gran meño.
A T A V IO

D E

NOCHE

metros y metros de tissus. Para contras­
tar con ellas, imponentes y voluminosas,
los corsages serán siempre estrechos y
simples. La segunda tendencia en boga
es, quizás, sólo privilegio de las figuras
esbeltas y armoniosas: es el modelo de
noche que sigue una línea recta y an­
gosta; los géneros se adaptan magní­
ficamente al cuerpo, drapeados perfectos
marcan las caderas, cayendo luego en
suaves pliegues hasta el suelo, dejando
apenas ver las coquetas sandalias pla­
teadas o doradas. Y, junto a esas dos
tendencias de la moda en trajes de no­
che, nos encontramos con la que en algo
coordina a ambas: la de las amplias
sobrepolleras en tul, o aun en el género
del vestito, que llegando sólo a la rodilla
dejan luego aparecer la estrecha falda
tubular.
En lo que a escotes se refiere, trae
también la moda graciosas variaciones
que van desde el amplio y profundo descotado, que deja al descubierto los hom­
bros y el nacimiento del cuello, hasta
los clásicos escotes en pico o menos ba­
jo. pero que exigen siempre hombros en
el modelo, pasando por el escote que,
dejando completamnte al descubierto un
hombro, cubre el otro, trayendo remi­
niscencias de clásicas túnicas griegas.
En cuanto a adornos y tocados, vuel­
ven a imperar, acompañando creaciones
de gran gala, los aigrettes colocados en
no mucha profusión; los pinches de ían.
tasía, detallando peinados de época: las
pequeñas mantillas de encaje: los an­
chos collares y cadenas adornando el
cuello.
Y , para abrigo de noche, las capas
largas, de alto cuello, que tienen el en­
canto de guardar hasta el último mo­
mento el secreto de las toilettes, impe­
ran sobre los demás tipos de abrigos y
acompañan m agníficam ente cualquier
estilo de vestido y cualquier tipo de tela;
los satines profundos y calmos, color de
luna o de plata vieja; los frescos voiles,
los cambiantes tafetanes, los tules gri­
ses, verdes, rosados, de tonos degradées,
géneros en los cuales los creadores tie­
nen magnificas aliados para sus sor­
prendentes modelos para fiestas noc­
turnas.

�MODELOS

AMERICANOS

Evelyn Keyes, de lo Columbio, nos muestra, en "Aventura en Brasil", este conjun­
to de falda en lanilla negra y casaca en gris rosado; ribetes de lo tela de la falda.

De Lizobeth Scolt es este modelo veraniego, confeccionado en tusor a rayes azu­
les y blancas, acompañado por ancho cinturón y sandalias en cabritilla dorado

En la foto podemos apreciar un sencillo modelo de vestido y túnica en "im p rim ée"
negro y celeste que, con gran sombrero, luce Evelyn Keyes en el citado film.

Práctico tailleur de sport a royas en gris y blanco con blusa de jersey rojo sangre y
"b e re t" de terciopelo al tona. También pertenece al vestuorio de Elizabeth Scott.

MODAS A CARGO DE JAUMANDREU

�LA TRAGI CA M U E R T E
DE DON D I O N I G i ERBA
Por

DANIEL

A Dora Berdichevsky

O Y se recuerda a Don Dionigi Erba, compositor ecle­
siástico y profano y redactor de
un librito sobre la r e s o n a n c i a
múltiple de las campanas, sola­
mente como al presunto autor de
un “ M agníficat” para doble coro
saqueado abundantemente por J.
Federico Haendel en varias par­
tes de su oratorio “ Israel en Egip­
to” . Don Dionigi, con su numero­
sa producción y su vida disoluta,
fué, a pesar del olvido que ha
caído sobre él, una de las más
notables figuras de su época. Her­
mano del cardenal Benedetto Er­
ba, dejó con él Milán, su ciudad
natal, para entrar en un semina­
rio en Roma donde aprendió la
música y recibió las órdenes. El
papa Inocencio X I le dió grandes

H

DEVOTO
muestras de favor, y se dice que
respondía a los rumores que le
llegaban sobre la vida desorde­
nada de su protegido, diciendo:
“ Es la música, y no las mujeres,
la que le hará perder la cabeza” .
(L a música, che non le donne, li
fará perdere la testa). Alejandro
Vin, sucesor del papa Inocencio,
fué más severo con el joven pre­
lado, retirándole de su círculo do­
méstico y despejándolo de su pre­
positura cardenalicia; Don Dioni­
gi se consolaría cantando en su
laúd los aires españoles que es­
candalizaban a Su Santidad, y
preparando otro escándalo mayor,
al que tuve que poner término el
papa Inocencio X II. Dionigi Erba
estrenó en 1696 su ópera “ Arión” ,
fruto de un largo estudio, e in­
terpretando el papel protagónico

tuvo la audacia de aparecer, en
medio del teatro, cantando des­
nudo sobre un delfín mecánico.
La corte pontificia no compartió
el entusiasmo de las damas roma­
nas, y Don Dionigi fué expulsado
a Milán, prohibiéndosele so pena
de excomunión mayer tomar par­
te alguna en representaciones y
vedándosele hasta el ejercicio de
la música eclesiástica. Los buenos
ofit^/s del cardenal B e n e d e t t o
consiguieron atenuarle la pena y
hacer que se le concediera el
puesto de maestro de capilla en
la iglesia de San Francesco, con
la obligación de no salir de Milán
en toda su vida. Grandes polifonistas — Viadana, Nascimbeni —
habían sido cantores de San Fran­
cisco, y los archivos de la iglesia
guardaban riquísimos manuscri­
tos; sus órganos eran también cé­
lebres en Milán, pero lo que más
solicitó la atención de Don Dio­
nigi fueron las campanas, rivales
de los grandes carillones del Duomo. Dejando su puesto en el coro,
junto al órganc, Dionigi solía su­
bir al campanario para observar

CALENDARIO
16
17

NARCISO IBAÑEZ MENTAl

18

19

20
21

El fam oso libro de Edmundo De Amicis vertido ahora
a la pantalla argentino en un esfuerzo cinematográfico
sin precedentes! , con las estrellas juveniles

22

Juan Carlos Barbieri
Salvador L o tito - Luis Zaballa
Félix G il - Enrique Lerós
Alberto Contró - Oscar W alter Derbes
y un gran reparto

23
M agistral realización de

GRAN

EXI TO ^

SEGUNDA

SEM AN A

CARLOS BORCOSQUE

OPeRa i

C0BR1TNTES 860 • U T 35 1335 6619 • C 10C0C0 S A

24

nores, controlar sus arm' %
que variaban según se
descifrar sus inJirineiont tansra&gt;
Laudo Deum ^ ^ 2 “ '
voco.. . ninbum f UgC d’p f m
p lo ro ,

P a s ó m u c fc ^

escribiendo, en los años en ! ***&gt;
peste asolaba a Milán aiK qUe la
a fines de 1712,
pas francesas que ahana ,
la ciudad P a re á L
to gesto de un soldado que
nocía dem asiado bien u £ 0 C0‘
tirarse precipitadamente d2° *
mez, enredándose fuertemente^:
la soga; lo cierto es que h «
pana se desprendió de su h L ¿ “ '
deteriorado y cayó sobre éhte °f
pitándolo de un solo ! £ * £
leyenda cuenta que la cabTza de
Orfeo bajo cantando por
bros hasta el mar; la de r w '
Erba rodo hasta ai pleV T |
calera, donde ía encontraron cat
da, sucia de polvo y de s a W
con la lengua partida por los cW
tes y un cjo reventado.
D A N I E L

DEVOTO

RETROSPECTIVO

ENERO
1905. Nace el compositor español Er­
nesto Halífter.
1919. Ignacio Juan Paderewsky, com­
positor, pianista y patriota, es ele­
gido presidente de la República de
Polonia.
1835. Nace, en Vilna, César Cui. “ Cui
usa su talento ecléctico, pero no ro­
busto, en óperas de tipo ultrarromántico, con todo su horrible corte­
jo de paisajes bajo la luna, puñales
teñidos de sangre, gritos de vengan­
za, copas de veneno, y el resto.” ( R o ­
s a N e w m a r c h , The Russian Opera.)
1884. Estreno de “Manon” , de Massenet, en la Opéra-Comique de P a ­
rís. “Massenet. parece haber sido la
víctima del juego de abanico de su
bello auditorio, cuyo aleteo palpitó
tanto tiempo en su homenaje. Su
influencia sobre la música contem­
poránea es tan manifiesta como ineoníesada por algunos que, debién­
dole mucho, lo niegan con hipocre­
sía, lo que es bien bajo.” (C lavde
D ebussy, M. Croché, antidilettante.)
1894. Nace el compositor norteame­
ricano W alter Pistón.
1912. Estreno del ballet “Ma mere
l'oye” , de Ravel, en el Théátre des
Arts, París. “ Los que no han visto
este ballet pueril en uno de esos es­
pectáculos mixtos en que lo acompa­
ñaban “ Fantasio” , de Musset, y “ Le
festín de l'araignée” , de Albert Roussel, ignoran lo más delicioso que el
teatro podía ofrecer en las bellas
veladas de una época fe liz ... La
coreografía, de Jane Hugard, no era
más rigurosa que la intriga, e hizo
las delicias de Nijinsky, que dijo a
Ravel: “ Así es domo se baila en fa ­
m ilia”. ( R olakd-M anuel , A la gloire
de Ravel.)
1655. Estreno de “Le triomphe de
l'amour sur des bergers et bergéres” ,
libro de Charles de Beys, música de
Michel de la Guerre, primera come­
dia francesa en música, anterior a
la “ Pastorale” , de Perrin y Cambert,
y primer antecedente de la ópera en
Francia.
1528. Data de la más antigua publi­
cación fechada de Pierre Attaingnant, el más célebre editor francés
de danzas y canciones del Renaci­
miento.
1705. Nace, en Nápoles, Cario Broschi detto Farinelli, sopranista. "Du­
rante los diez años que pasó en la
corte de España —para distraer la

melancolía de Felipe V - tuvo j.
obligación de cantar al rey todas
las noches, cuatro romanzas,
eran siempre las mismas, y que Pa.
rinelli, en estos diez años, cantó tres
mil seiscientas veces.” (Grao Mon ald i , Cantanti evirati celebri)
25 1858. Se celebra en la capilla d#]
palacio real de Saint James la txxfc
de Federico HI. rey de Prusia y em­
perador de Alemania, con la priacesa Victoria, hija de la reina Viotorta de Inglaterra. En la ceremonia
se tocó la Marcha Nupcial del “Sue- ño de una noche de verano”, de
Mendelssohn, por primera vez en
unas bodas.
26 1790. Se estrena en el Burgtheate
de Vlena la ópera de Mozart "Coa
ían tutte, o sia la scuola degli aman,
ti” , un día antes de cumplir su auto
los treinta y cuatro años. “El 21 de
enero, primer ensayo de orquesta, en
el teatro, con Haydn; el 26 el es­
treno, sobre el que no sabemos na­
da.” «R obert P itbou, La vie de Mozart.)
27 1901. Muere en Milán Giuseppe Verdi, a las 2 horas 50 de la madrugada.
“ Seamos simples y lógicos. No pi­
damos a un gran artista las cuali­
dades que le faltan y sepamos dis­
frutar las que posee. Cuando na
temperamento apasionado, violento,
hasta brutal: cuando un Veril en­
riquece el arte con una obra fuste
y vital, amasada con oro, fango, hiel
y sangre, no vayamos a decirle temente: "¡Ah, querido señor: esto
carece de buen gusto, esto no es dis­
tinguido!” ¿Distinguido? ¿Acaso Mi­
guel Angel, Homero, Dante, Shakest peare, Beethoven, Cervantes y Re­
beláis son distinguidos?” (G. Best,
hacia 1872.)
28 1898. Nace el compositor italiano
Vittorio Rieti.
29 1849. "En cuanto a Chopin, sus su­
frimientos le Impiden interesarse «
nada, y menos aun en el trabajo
i D elackoix , Journal.)
30 1925. Estreno de “Le mariage de
Monsieur le Trouhadec", de Jules
Romains. en la Comédie des Champe
Elysées, París. Música de escena *
Georges Auric.
31 1601. Casan Jacques Champion, tuv
de la Chapelle, y Anne Chatriot, pa­
dres de Jacques Champion de Chainbonniéres, nacido en 1602, prime-de los grandes clavecinlstas france­
ses del siglo xvn.

�e e

T R I U N F O
DE L
CINE NACIONAL

CI NE A R G E N T I N O
CORAZON: Produ cción F ilm A n des
y Pyada. D irigid a por C arlos BorAdaptación del lib ro ho­
mónimo de Edm undo de A m icis.
Interpretada p or N arciso Ibáñez
&gt;lenta. Juan B a rb ieri, S a lva d or
lotito, Luis Zaballa, Y a y a Suárez
Corbo, F é lix G il, etc.
La dificu ltad de adaptar una ñovela a la pantalla es bien conocida.
Generalmente una buena adaptación
oarece patrim onio ex clu s ivo d e las
malas novelas; de las buenas es d i­
fícil recordar una que no haya fr a ­
casado, aun en e l caso de haberse
logrado uc buen film . L a adapta­
ción de “ C orazón ” era sum am ente
difícil por tratarse de una novela
f o r m a d a por varios episodios o re la ­
tos aisladas, contados por un niño
en el curso del año escolar. A lgu n os
de estos episodios bastarían para
argumento de un film . L a película
“Corazón” ha quarido a b a r c a r lo s
todos con el afán de u tiliza r e l con ­
cosque.

c h o s niños de nuestro recuerdo se
ven convertidos aquí en m ozalbetes
sentimentales, y las lágrim as son
una especie de fon d o en todas las
escenas de la película.
Sin embargo, no sabemos por qué
razón se ha evitad o e l m ejor de los
cuentos, “ E l tam borcillo sardo” .
Pero las películas deben juzgarse
por sí mismas. En este sentido po­
demos d ecir de “ C orazón” que cuen­
ta con buenos intérpretes. Bien ios
trajes y decorados de época. — H. S.
R O M A N C E M U S IC A L : Producción
Estudios San M iguel. A rgu m en to
de Sixto Pondai R íos y Carlos
O liva n . D i r e c c i ó n d e Ernesto
Arancibia. Interpretada por L i ­
bertad Lam arque. J u a n Carlos
Mígtieo, Ernesto Raquen. Enrique
de Rosas, Bertha Moss, etc.
El em oto origen d e las com edias
sofisticadas de enredos habría que
. icario, tal vez, en O scar W ild e ;
es verdad que ahora estamos — nos­
otros jamás tuvim os ningún contac­
to, ni siquiera rem oto— más lejos
que nunca de la In gla terra victoria na y wildeana, p ero la c o m e d ia
absurda llegó desde H o lly w o o d , d ió
resultado económ ico y, sin pensarlo
más, fué adoptada.
“ Romance m usical” tien e a lgo de
esto, con mucha música de ja z z y
muchas canciones.

SUMIO DEL L S
M úsica f ñ el adié, p or G. Bemard Show.
¿Se ha encontrado el “ h k b k a h O " dkl
"M uchacho A z u l " de G a ix s b o s o u g h ?,

por George Sinclair. A i i M. R erry , por
Patricio Canto. R espo nsabilid ad y r e s is ­
tencia. E scritores europeos sacrificados ,

por Guillermo de Torre. A lg u n as
CONSTANTES

DEL ES PÍR ITU

n o t as

C IE N TIFIC O , pOT

Julien Benda. P aul C laudel habla del
A pocalipsis , por Paul Guth. A ijtled St ie GLITZ, DECANO DC LA FOTOGRAFÍA KM ESTA­
DOS U nidos, por James ThraU Soby. U n
ooto mendocino , por Daniel Devoto. E l
bandido de los cerdos, per Dee Róndale.
José A lonso , por Lorenzo Varela. P l u ­
mas y palabras, por J. Mora Guam ico.
Jeak P aul Sartre, el ú ltim o escándalo
de P arís, por J. L. Dámete!. S omzeszt
Maügham t el teatro inglés , por León
Mirlas. A lgunas escenas de f ilm ac ió n se
“El filo de la, navaja ". D os páginas de
ciencias a cargo de José Otero Esposandin. Dos páginas de modas, por Jaumandreu. A jedrez, por el profesor Francisco
Bencko. Exposiciones y notas de arte,
por Romualdo Bryghetti. Crítica lit e ­
raria, por Gomóle?. Carbalho. Corres­

C h il e . M úsica , T eatro, C i be, Crónicas , H umor , C aricaturas , etc .
Este número incluiré, impresa aparte, la
lámina h* g, que reproduce el cuadro de
Fierre-Auguste Rencir “ O rillas k l lago".
pondencia de

mm

Escena de "C ora zó n ", con Juan Carlos Berbierí y Carmen Uembi.

E l film cobra m a y o r in terés al
aparecer el cafetín . Sú bitam ente el
film se eleva de tono. El m ila gro es
sencillo, lo produce L ib erta d L am arque con su acento de barrio,
ccn su m elena tanguera, con sus
gestos sentim entales y bravos. T ie n e
personalidad, es auténtica, y esto,
por sí sole, da a lien to a la película.
L ib erta d canta com o en los cines

DISCOS

Por

Victor argentina ha publicado una gra­
bación del cuento musical de S. Prokofieff
“Pedro y el lobo*' (álbum D.M. 1103. 6 faces
de 30 cms.), que ha sido totalmente reali­
zada en el país con la colaboración de la
Orquesta Sinfónica de la empresa dirigida
por George Andreani, Narciso Ibáñez Menta
como narrador y un grupo de instrumen­
tistas lócale?- Ha sido sin duda un esfuerzo
pcnderable y necesario La gracia y belleza
de este cuento musical tiene eficacia para
la imaginación infantil a condición de que
los niños puedan entender las palabras del
comentarista. Hasta el momento las versio­
nes conocidas estaban impresas en idioma
inglés y por esto los niños de habla española
podrán, por primera vez. acercarse a esta
obra que es el más feliz intento para cauti­
varlos musicalmente ofreciéndoles una ex­
presión concreta de imágenes sonoras con
la palabra conductora.
Prokofieff pertenece a un país y a un
estado que se interesa profundamente por
los niños. En Rusia la educación infantil
es preocupación de primer plano y se apoya
en la mú'ica cantada. La canción es. por
cierto, la fórmula más eficaz para educar
el oido y desarrollar el gusto artístico. Pero
en la canción el interés del niño se mantie­
ne en cuanto él mismo pueda ser intérpre­
te. En el cuento musical el niño es espec­
tador. se libera de la necesidad de partici­
pación activa y e~to le permite lanzar a
vuelo toda su imaginación y acercarlo a la
actitud crítica.
“Pedro y el lobo" se estrenó en Moscú
en el año 1936 dirigido por su autor en un
gran festival dedicado a los niños de la
U.R.S-S- veintidós años después de la com­
posición de otra obra dedicada a caracteri­
zar anímale - y que se llama ‘El pequeño
patito feo”. “Pedro y el lobo” conquistó
de inmediato a ios públicos europeos y
americanos, mereciendo los honores de mu­
chas grabaciones y la participación en ellas
de los mejores artista' del momento. Incluso
se puso en escena un “ballet” con coreogra­
fía de Adolph Bolm en Chicago, se publi­
có en Boston una edición de lujo y Walt
Disney lo captó para comentarlo cinemato­
gráficamente
Las grabaciones de que tengo noticias se
iniciaron con ia que Víctor realizó con el
ccncur o de la Orquesta Sinfónica de Bos­
ton bajo la dirección del dinámico e inquie­
to Serge Kcussevítzky. Desde el punto de
vista musical es. sin duda, la mejor Bri­
llante. sonora, alegremente decidida, se vió
realzada por la intervención de algunos
solistas de la orque ta que hicieron prodi­
gios de técnica y musicalidad en la carac­
terización señora de los diversos personajes
del cuento. El fagote y el clarinete son de
calidad extraordinaria. La d i r e c c ió n de
Kou? evitzky. campeón de Prokofieff en el
mundo occidental y que tiene el privilegio
de estrenar todas sus obras tacaba de dar
a conocer la Quinta Sinfonía), es precisa J
tan ajustada al espíritu de la obra, que crea
simultáneamente el estilo y el modelo. Por
desfracia el narrador Richard Hale extrema
su celo dramático y crea un clima donde
palabras temblorosas y enfáticas exceden
la natural lógica del relato- En este sentido
el oue se lleva las palmas por su magnifica
realización es Basii Rathbone, que en inglés

de barrio, com o en B alcarce y Gara y , com o en Bcedo, com o en R i v a ­
cia v ía al 9000. y por su sola gracia
hace qu e recordem os con agrado
“ R o m a rc e m u sical” .
A l salir, la recordam os a ella con
sus tangos, sus m ilon gas y hasta sus
rumbas, ya que, exigen cias argu ­
m éntales, la lleva n a actu ar en un
teatro cubano. — H. S.

JORGE

El cine argentino acaba de obtener un
nuevo y señalado triunfo en el extran­
jero. Esta vez es en la República de Cu­
ba. punto de confluencia y competencia
de los cines argentino y mejicano, don­
de nuestra cinematografía ha sido con­
siderada como la m ejor de habla espa­
ñola. La Asociación de Cronistas Cine­
matográficos y Teatrales de Cuba ha
elegido todas películas argentinas como
las mejores en español de las proyec­
tadas allí durante el año 1946.
En primer puesto, con mayor número
de sufragios y como vencedora absoluta,
la película "La amada inmóvil”, dirigida
por Luis Bayón Herrera, argumento ori­
ginal de Manuel Villegas López, inter­
pretada por la promisoria estrella G lo­
ria Berna! y el gran actor Santiago
Gómez Cou, que triunfa como el mejor
intérprete de lengua española por su en­
camación de Amado Ñervo en este film.
“ La amada inmóvil” fué, hace poco,
amplia y efusivamente elogiada por la
critica norteamericana, al ser estrenada
en Nueva York, y ahora proporciona a!
cine argentino otro nuevo y resonante
triunfo en el continente americano, al
obtener la máxima distinción de la cri­
tica cubana.
Siguieron en orden de votación “ Ce­
los", “ El c a n to del c is n e ” , en la que
Mecha Ortlz obtiene el primer premio
para actrices; “ Una mujer sin importan­
cia” y “ La señora de Pérez se divorcia".

D ’ U R B AN 0

impecable conduce el cuento en la graba­
ción de la Orque ta AU America Youth que
Stokcwsky dirigió para la Columbia. Lo ha­
ce con tal equilibrio y naturalidad, que de
por sí se erige en el centro de interés de la
obra. Es a la vez una hermosa lección de
dicción y de inteligencia dramática y un
verdadero placer para los aficicnados a los
idiomas pronunciados con gran estilo. Stokowsky. bastante moderado contra su cos­
tumbre, secunda muy bien la acción de
Rathbone y su interpretación del cuento es
a la vez simple y certera. El disco es bueno
pero carece de cierta profundidad sonora
que en la versión de Kcussevítzky se ha
logrado como complemento un poco mágico
de la acción.
Por útimo, también e x it e 0tra versión im­
presa esta vez por Decca con la participa­
ción de la Decca Simphony Orchestra diri­
gida por Alender Smallens y narrada por
un especialista en audiciones radiales in­
fantiles llamado Frank Luther (mal nombre
para contar cuentos de niños). Es la menofeliz de las tres, pues le falta por momen­
tos ia cohesión necesaria y desde el punto
de vista fonográfico carece de lucimiento
técnico.
Cada una de estas versiones comprende
6 faces de 30 centímetros.
En la grabación argentina la labor de
Ibáñez Menta es muy correcta y digna de
elogio- Su voz. que regi'tra con exactitud,
posee inflexiones acertadas y convincentes.
El desempeño de la orquesta ofrece aspec­
tos de calidad realzados por la labor de
algunos instrumentistas que se distinguen
particularmente, entre ellos Alfredo Montanaro (flauta), Pedro di Gregorio (oboe).
Luis Carbcne (clarinete) y Antonio Yepes
(timbal). La dirección de G. Andreani no
se aparta de una corrección estimable aun­
que se pueden objetar con éxito los movi­
mientos de alguno*; temas. Lcs técnicos de
la Victor han sorteado con habilidad mal
nifiesta los múltiples problemas que susci­
ta la grabación de obras de este género.
La voz de Ibáñez Menta se oye claramente
en ca~i todas sus intervenciones con la
orquesta (el modele de grabación en este
aspecto es la de Basil Rathbone). Falta,
eso si. la profundidad y perspectiva sonora
(ej. los timbales en la escena de los caza­
dores), indispensable para el éxito de la
versión tan lograda, como ha quedado dicho,
en
grabación de Koussevitzky.
Columbia del país ha publicado en edi­
ción nacional un buen disco que contiene
la “Danza de las doncella^* de €E1 prínci­
pe Igor’\ de Borodin. y eí “Cópale”. de
Moussorgsky. en la excelente transcripción
orquestal de Liadow Ejecuta la Filarmónica
de Londres conducida por Walter Goher
(C. 264580 - 2 faces de 30 an s.). La danza,
sin ser tan conocida como las llamada'
“polctvsianas” de la misma ópera, contiene
alguno' elementos «Ttmicos de tradición folk­
lórica y que cuentan entre los más intere­
sante- de la obra. La versión es de primer
orden, con el ímpetu y lirismo precisos pe­
ro sin acentuar en exceso el carácter apa­
sionado de Borodin que algunos directores
cultivan sin freno. La orquesta suena ciaramente y el di co recoge matices (pedales
de las cuerdas en “Gopak“ &gt; en proporciones
poco frecuentes-

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„
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Interior y exterior:

DISTRIBUIDORA TRIUNFO S. R L.
Rosario 201

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£s

FRANQUEO

P A G A D O

CONCESION N? 2799

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K Ui

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T A R IF A

R E D U C ID A

CONCESION N* 3205

B O L E T I N 'D E S U S C R I P C I O N
El señor ....................................
(EN L E T R A DE IM P R E N T A )

Dirección

se suscribe a C A B A L G A T A por el
periodo de un año * seis meses y
al efecto acompaña el im porte de
i SJ0.
4JO. Dólares i JO U. S. A.
en ch que, bono postal a su orden.

t

* Tachar la condición que no se utilice

�¿xija con este ejemplar la lámina corres•
pendiente: 44Busto de mujer joven” , por
Am aleo Modigliani.

Núm . 9

Este es el nombre que el pueblo «m etí
rano, ¡tan campechano siempre!, h » dado
a U famosa estatua de la Libertad, per
la cual, aunque ao se vieran los grandes
rascacielos, r e c o n o c e r í a m o s siempre a
Nu eva Vork en las películas.
Llena de gente que se le m etió en la
cabes*. el rostro de la andada Diosa per­
manece impasible a tanto abuso; como
siempre.
¿Cuando lo » visitantes se resirenf caca­
huetes. chicles, nombres grabados con 14plces de labios, restos de merienda; todo
un triste trasiego humano que pasé por
allí sin la antigua reverencia al mito.
En fio , teda una o f r e n d a mo d e r n a ,
“ existencia ILta*.

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 21 de los años 1 a 3 de la revista Cabalgata, publicados entre 1946 y 1948.</text>
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                <text>Guillén, Nicolás&#13;
Jesualdo&#13;
Grashin, Maurice&#13;
Mondor, Henri&#13;
Cogniat, Raymond&#13;
Anthonisen, José Luis M.&#13;
Otero Espasandín, J.&#13;
Brughetti, Romualdo&#13;
Sonderéguer, Conrado P.&#13;
Kikou, Yamata&#13;
Lambe, Frank&#13;
Canto, Estela&#13;
Mora Guarnido, José&#13;
González Carbalho&#13;
Devoto, Daniel&#13;
D'Urbano, Jorge</text>
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                    <text>B u e n o s
Ai res,
A g o s t o
de
1951
Dirección y redacción: Cangallo 1219 — $ 1.50 el ejem plar

Tintoretto

Subestimación del plano.
Profundidad descriptiva.

Juan Gris

Apariencia de figura
en el plano.

Moholy-Nagy

Representación o
apariencia del plano.
Raúl Lozza

Perceptismo.
Realidad del plano.
La pintura como mentira. — He aquí un tem a apasionante, que muchos han conceptuado como
un hallazgo fe liz en la solución de todas las disquisiciones subjetivas sobre la belleza.
Pero,
naturalm ente, la palabra "m e n tira " ha sido substituida por la palabra "a p a rie n c ia " o "en g añ o ".
El mismo Picasso dice que "e l arte no es una ve rd a d ", aunque "e l pintor ha de buscar la m a­
nera de hacer creer al público que su m entira es una verd ad ". Con esto a firm a él tam bién su
adhesión al arte como expresión y representación.
Pero, aquellos que piensan como este pintor, que "e l arte es una m entira que nos permite acer­
carnos a la verd ad ", se aventuran, no obstante, a proclam ar que la pintura misma es una verdad,
así como es. Entonces hemos de entender que la pintura representativa es una verdad dentro
de un engaño, es una verdad porque es una m entira. Aunque, para m antener este concepto
tendremos que hacer abstracción del objeto real que la obra represente o exprese, figuras y
form as del mundo que nos rodea, signos o sím bolos; del mundo visible de los objetos o del
mundo interior que ese arte m antiene aún como punto de partida.
Sin embargo, la verdad del arte no ha de estar aislada de la verdad del objeto del cual se nu­
tre. A sí, el arte representativo, por ser un engaño, no puede lograr la relación entre el medio
y el objeto estético; no puede constituir una verdad.
La pintura como mentira no es, a pesar de todo, una mera frase abstracta o teórica. Tien e su
raíz en lo negativo de toda la pintura representativa y contradictoria. Esto pone en evidencia
cómo los "pensadores" han pretendido fundar una teoría estética exclu siva sobre la base de
aquello que la historia ha ido rechazando en el arte por superfluo e inú til. Y a lo dijo Ruskin:
la función del arte es el engaño. Y otros: la emoción a rtística consiste en el hecho aparente de
ver una cosa sabiendo que no es ella. Consecuente con esto, el concepto no se queda en lo
teórico; tam bién es aplicado a la sagrada misión de la enseñanza. Y a de niños nos enseñan
a m entir; y tam bién los "g en io s" antiacadém icos nos hablan con soltura de "esencias dinám icas"
(movim ientos y ritmos del a rt e ), de "fu e rz a s y resisten cias" (equilibrios de m a s a ), de "espacios
tonales" y m uchas otras cosas, como "valo res ab stra cto s", todo tan aparente y engañoso desde el
punto de vista plástico como las clásicas figuras representadas.
Este engaño en el arte sig n ifica una plaga u n iv e rsa l; está por sobre los estilos y las razas; en
todos los pueblos y en todos los am bientes. Es tan perjudicial para el espíritu del hombre como
lo son los bacilos para su organism o: el clim a por sí mismo no lo am edrenta ni lo anula.
La pintura como mentira. . . ¿Qué relación íntim a y profunda m antiene con el propio ser? O b­
jetivam ente, ninguna relación constante y norm al. Es por eso que dicho arte es, actualm ente,
la más atrasada de las m anifestaciones del hombre; ya que eso que ayer era una verdad, dada las
circunstancias, hoy no lo es; lo que ayer era necesario o im prescindible, hoy no lo es; lo que
ayer existía como fenómeno norm al, hoy subsiste o perdura por imposición.
La pintura como mentira no está separada de la m ística y de los privilegios. Por su contenido
individual, expresivo e interpretativo de los fenómenos y las cosas, y por la su tileza con que
oculta sus "va lo re s" mediante la anécdota o el símbolo, continúa siendo un arte para unos po­
cos, esos que saben descubrir la " m ir illa " , muy estrecha por cierto, que el "a rtista descuida"
para que el espectador capaz penetre en el "m undo a p a rte ". El idealista Croce lo expresa muy
bien. De lo contrario escuchemos el clam or de toda la " e lite " de los "esp íritu s refinados" por
boca de Cansinos de Assens: "m e gusta un arte que tenga muy oculto sus intenciones y cuya tra ­
ma formada en el secreto con hebras muy sutiles no llegue a verse n u n ca".
Eso sí, la pintura como mentira no es obra del individuo, del pintor, sino del medio. Pero tam ­
bién es el medio el que pervierte al hombre, y, no obstante, la sociedad hum ana está colmada
de seres no pervertidos. . .
¿Qué esperan los jóvenes pintores, aquellos que están por sobre las actitudes m ezquinas de los
intereses creados?

�PINTURA y ARQUITECTURA

Gorin

Arquitectura, escultura, pintura.
Neo-barroquismo constructivo
donde las funciones específicas
impiden la síntesis.

Piet Mondrian,

Pintura creando espacios
artificiales, que destruyen
las relaciones arquitectónicas.

un
Las teorías de la
arquitectura, de Miloutine
Borissavlievitch.
Ed. “El Ateneo”, Bs. As.
Se sirve Borissavlievitch de la crítica de las teorías estéticas
aparecidas hasta el siglo pasado para defender y explicar
su propia estética.
La arquitectura sería un arte de tiempo destinado a satisfa­
cer el ojo.
Lo bello consistiría en las formas que exigen ser vistas me­
diante movimientos suaves y naturales de los músculos ocu­
lares. Bello es lo que concuerda con la naturaleza del ojo.
El arquitecto debe preocuparse entonces de que las formas
arquitectónicas aparezcan en esas condiciones para la vista.
Lo principal sería conocer la fisiología del ojo. Más que el
edificio, debe importarle cómo “aparece”. La función no tiene
importancia.
La estética sería una ciencia objetiva de lo subjetivo. Esa
construcción de las condiciones para la visión ocular lleva a
subestimar la función de un edificio y las leyes intrínsecas
de sus materiales. Parece, por otro lado, postular una esté­
tica que más convendría a la pintura que a la arquitectura,
que es convertida en un arte para el ojo exclusivamente.
Quizá haya que recordarle estas palabras de W olfflin: “Se
ha dicho con razón que el efecto de un aposento de bellas
proporciones debe percibirse aun cuando se transite por él
con los ojos vendados. El espacio como cosa física no puede
ser captado más que con los órganos físicos. Este efecto es­
pecial es propio de toda arquitectura.. . Siempre que haya
que contar, pues con perspectivas nos hallamos en terreno
pictórico”.
Borissavlievitch aplica la perspectiva óptica que consiste en
hacer aparecer un edificio como si sus líneas estuvieran or­
denadas según las leyes de la perspectiva que exigen las cosas
para ser pintadas en un plano.
La perspectiva que sirvió para representar una cosa real, sir­
ve ahora a Borissavlievitch para construir una cosa real, y
construir con las leyes de la apariencia y no de la realidad
significa borrar el mundo y reducirlo a un contenido sub­
jetivo.
El libro tiene partes que pudieran, en otro tiempo, cons­
tituir un aporte. Pero llega tarde, como siempre. Ahora sólo
se destacan sus partes retrógradas.
. ■* 31 • St ói
A. Haber

Las ultim as tendencias de la plástica parecen delatar una influ en cia ejercida por la arquitectu­
ra sobre la pintura y la escultura. Sea o no sea este hecho una realidad, lo cierto es que los
líderes de la pintura moderna investigan con gran afá n los problemas de la arquitectura.
A sí, para Piet Mondrian el problema base de la arquitectura es la ciudad, cuyos principios de
construcción m aterial deben regir tam bién en el interior espiritual del hombre. A su vez el hom­
bre ya no e xistiría más como ente cuyo desenvolvim iento se desgarra entre un hogar que exi­
ge una vida íntim a, aislada de la vida de los demás hogares y una vida pública realizada en
común con la vida pública de los integrantes de los demás hogares. No e xistiría tampoco el
concepto de calle como una cosa que está en la ciudad, pero que no es escenario ni condición
de la vida interior del hombre. Mondrian h ab la de una unidad entre el hombre, la calle y la
ciudad, síntesis que constituye el núcleo central del pensamiento mondriano y que nosotros lla ­
maremos antrópolis por comodidad de expresión.
La antrópolis, ciudad del futuro, engloba todo un sistem a sociológico, al cual M ondrian no
aporta ninguna solución estética. Nos habla de la horizontal y la vertical que si bien son las
relaciones exigidas para la construcción de edificio s aparecen en una fa lsa relación estética
con los valores sociales de la antrópolis.
Aunque las ¡deas de Mondrian no desemboquen en una solución p ráctica la arquitectura a c ­
tual parece cam in ar a la realizació n de la antrópolis, que enunciada por los arquitectos y
plásticos como una adaptación de la construcción a las necesidades física s y espirituales del
hombre, no es más que uno de los elementos de una nueva visión p olítica, social y económica,
que trae tam bién como consecuencia la transform ación íntim a del hombre. Los ambiciosos
proyectos de los arquitectos, la ciudad jard ín vertical o la ciudad jard ín horizontal, son res­
puestas arquitectónicas a los problemas suscitados por la visión de la antrópolis. La organiza­
ción de la vida fu tu ra dispersará ciertos menesteres domésticos y funciones de cada hogar y
los concentrará en "le s prolongements du logis" (Le Corbusier) : jardín de infantes, can tin as
m aternales, talleres para la juventud, comedores, lavaderos, escuelas, hospitales, p iscinas, cam ­
pos para deportes y edificios para las nuevas form as de vida que pudieren surgir de la nueva
organización social.
Con esto desaparece tam bién la repercusión íntim a de ciertas funciones hogareñas. Y a dijo un
psicólogo que la vida interior del hombre es o va a ser un mito. No nos atrevem os a a firm a r
tanto pero sí decimos que va a su frir una g ran transform ación. Mondrian d ice: La ¡dea de
"h o g ar, dulce hogar" debe perderse. Tam b ién d ice : "yo he combatido siempre lo que es in d ivi­
dual en el hombre y he tratado de demostrar el valo r de ver universalm ente. A ctu alm en te el
hombre está dominado por su individualidad fu g itiva en lugar de cu ltiva r su verdadero ser que
es universal. El no busca ni puede encontrar m ás que su propia persona. El hombre deviene el
lugar donde se cu ltiva esta fugaz individualidad y la expresión p lástica del hombre es el re­
flejo de esta m ezquina preocupación". La antrópolis debe ser estéticam ente la expresión
p lástica del hombre cuya vida interior se ha transform ado y ha abandonado esta ind ivid u ali­
dad y conquistado la universalidad. La belleza de la antrópolis no puede depender de la fu n ­
ción que está cum pliendo (en este sentido Mondrian es an tifu n cio n a lista ) sino que debe repre­
sentar esa interioridad universalista de la persona hum ana. Pero esta concepción p lástica em a­
nada del interior del hombre y concretada en el ángulo recto co in cid iría con las exigencias p rác­
ticas. Este representar el interior del hombre por el ángulo recto no es más que una convención
o alegoría. Nosotros pensamos que el símbolo podría ser tam bién una esfera o cualquier otra
figu ra geom étrica, sin menoscabo ninguno de la integridad de la teoría. El ángulo recto, así
explicado, es pura literatu ra que nada tiene que ver como elemento de una estética cie n tífica .
Hombre, ca lle, ciudad, no es la única síntesis que apunta Mondrian. A rq u itectu ra, pintura y es­
cultura m archan a una unidad. Es así que p intura y arquitectura al converger encuentran prin­
cipios estéticos comunes, que deben ser, como ya hemos explicado, la expresión de un espíritu
universalista cuya representación p lástica debe estar dada por los medios plásticos puros, "co m ­
puestos de tal suerte que ellos pierden su individualidad, formando por una oposición n eu trali­
zan te y aniquilante una unidad insep arable". Esta oposición está dada por el cruce de la ver­
tical por la horizontal "que expresan el m ovim iento de la vida m adurada por un ritm o pro­
fundizado que no es otro que la palpitación de| equilibrio u n iv e rsal". El neopfasticismo pictó­
rico de Mondrian m archaba a toda carrera a esa oposición. Por otro lado los cánones de la a r ­
quitectura moderna señalaban el cubo como ideal.
La síntesis estética de arquitectura y pintura se re alizaría en la fachada del edificio. Imagínese
el lector un rascacielo cuyas vigas de cemento o de hierro, horizontales y verticales, form an la
oposición requerida. Por otro lado, las ventanas, o paredes de vidrio serían espacios vacíos o de
no-color (negro, blanco o gris para la pintura m ondriana) y habría tam bién un espacio rec­
tang u lar sin ventanas, pintado con un color prim ario. Los cuadros de Mondrian servirían como
planos para la fachada de un edificio.
Pero no olvidemos que el edificio, además de una fachada tiene un interior formado por pa­
redes que son susceptibles de ostentar una p intura.
A cá se hace más d ifícil concebir cuál
sería la síntesis entre arquitectura y pintura. El interior solo ofrece paredes lisas; pintar sobre
ellas no re a liza ría la síntesis entre las dos artes y además aten taría contra la expresión arqui­
tectónica.
No puede Mondrian adaptar las ca ra cte rística s de los interiores a las estructuras
de su pintura. Las horizontales y verticales, que en la fachada eran realidades constituidas por
las vigas, tienen ahora que ser sim uladas sobre las paredes interiores m ediante la representa­
ción y los espacios vacíos de las ventanas reem plazados por superficies de no-color.
No hay
síntesis puesto que la arquitectura no aporta nada. A l contrario; la pared-arquitectura desapa­
rece aniquilada por la pintura que la cubre. Se desnatu raliza. Y no empleamos esta palabra
por nuestra cuenta. Pertenece a Mondrian, quien tiene que recu rrir a la desnaturalización para
ju stific a r la muerte de la pared m aterial bajo su p in tu ra: "Siendo la desnatu ralización uno de
los puntos esenciales del progreso humano, e lla es entonces de prim era im portancia en el arte
neo-plástico. El poder de la pintura neoplasticista consiste en haber demostrado plásticam ente
la necesidad de la d esnatu ralizació n "
" E lla ha desnaturalizado ya los elementos constructivos, ya la composición de aq uéllos". Con
esto tam bién queda ju stificad a la desnaturalización o desm aterialización de la arquitectura por
la pintura. Mondrian yerra al no considerar la arquitectura como creadora de espacios y verla
solamente como una composición de planos. La arquitectura no es la fachada ni tampoco las
paredes interiores. Mondian subestima la función creadora de la arquitectura en aras de su
pintura.
Tam bién nosotros creemos en una síntesis p lástica entre la arquitectura y la p intura, pero no
en el ámbito del plano, donde la 3er. dim ensión, creadora de los espacios arquitectónicos es­
ta ría ignorada, sino en el ámbito tridim ensional, donde el plano es un componente real.
Por
eso, ya una vez afirm am os que pintar en un plano no sig n ifica an u lar la tercera dimensión, y
sí ubicar ese plano dentro de ella.
Podríamos encontrar una ju stificació n al error de Mondrian en el hecho que su acción como ar­
quitecto era poca. Y a es más d ifícil adm itirlo en un arquitecto de la ta lla de Le Corbusier.
Le Corbusier pintor aniquila lo que hace Le Corbusier arquitecto. Sus pinturas que ni siquiera

�ABRAHAM
HABER
han superado el cubismo, deform an el espado pictórico.
El hombre se mueve y "fu n c io n a "
en el espacio creado para "a lg o " y no puede penetrar el espacio pictórico que no sirve para
"a lg o " y que cum ple mal su función estética porque rompe como tal la unidad del hombre al
transportarlo de un espacio a otro para ubicarlo en la belleza. Para entrar en ella le es ne­
cesario sa lir de la realidad. No podría el hombre construir su antrópolis si todavía no ha fu n ­
dido la belleza con la verdad.
Los enunciados de Mondrian fueron recogidos y am pliados a pesar de haber vaticinado que el
advenim iento del hombre fe liz sería la muerte del arte.
Como punto de partida para el desarrollo ulterior al encuentro de la pintura y de la arquitec­
tura en la fachada se presentan dos vías de evolución.
1° La fachada m ondriana es sólo el cruce de dos cam inos, concepto que h aría nuevamente dos
artes distintos de la pintura y de la arquitectura.
2 ° La fachada une definitivam ente la pintura con la arquitectura en un solo arte, concepto
que obliga a un arte a torturarse para adaptarse a las exigencias del otro.
Este últim o cam ino parece haber seguido Gorin quien dice en un m anifiesto de agosto de 1949:
"Lo s neoplasticistas consideran la arquitectura contemporánea como el más poderoso medio de
expresión, donde la síntesis de las artes mayores puede realizarse en una real unidad construc­
tiva , donde la vida moderna, individual y colee tiva encontrará su plena exp ansión. .
y sigue

luego hablando de un proyecto suyo donde uno "puede hacerse claram ente una ¡dea exacta de
la aplicación espacial de esos principios. La síntesis arq uitectura-escultura-p intura se encuentra
realizad a en la unidad plástica y espacial de la construcción".
En ese proyecto que encontramos reproducido junto a| m anifiesto Gorin cree a p lica r algo que
no estaba en Mondrian. Y a no se trata de la síntesis p lástica realizad a en un plano.
Ahora
habla que "lo s valores puram ente plásticos de esta construcción participan del espacio-tiempo.
Las leyes de la frontalidad son abolidas en todas las construcciones espaciales neoplasticistas y
el equilibrio de la dualidad individual-universal se encuentra realizado en la u n id ad ". Se trata de
"u n a construcción monumental que puede tener 20 ó 30 metros de a ltu ra , que está destinada a
ser erigida en una p laza pública de una ciudad m oderna". Del arte arquitectónico carece de lo
p rin cip a l: la función.
Sólo como escultura podría hacer valer su función estética.
De pintura, considerando que juegan las diversas caras del monumento, no solamente se puede
decir que tales caras no realizan una síntesis sino que tampoco son diversas pinturas puesto
que cada plano pintado con un solo color carece del juego de relaciones, esencial para la pin­
tura.
i
Ahora bien; quizá interpretemos mejor a Gorindiciendo que esa síntesis no tiene nada de sus
elementos comoonentes sino que es un arte nuevo, que no es p intura, ni arqu itectu ra, ni escultu­
ra puesto que "el hombre desplazándose siente estéticam ente todo el contenido del espacio p lás­
tico que lo impregna. La composición debe provocar un efecto sinóptico de esas tres m anifesta­
ciones cre atrice s".
|
Pero, ¿qué pasa con las tres artes plásticas? ¿Desaparecen? ¿Conviven con el resultado de su
síntesis? Gorin nada dice. Pero dejando de lado estas cuestiones discutirem os un concepto
de Gorin que nos parece im portantísim o. "Lo s valores puram ente plásticos de esta construc­
ción — dice— participan del espacio-tiem po. . . La circu lació n del hombre en este espacio tiempo
arquitectural da al color plástico puro una im portancia capital para la arquitectura.
No es
más la imagen estática que ligaba al hombre a un punto determinado del espacio, como en el
rol decorativo de la pintura antigua. Hoy con el empleo de esos nuevos principios plásticos de
espacio-tiempo la composición arquitectural se ha vuelto c in é tic a ". ¿Qué significa para Gorin
" lig a r al hombre a un punto determ inado del espacio"? Precisam ente si la arquitectura realiza
una función es ligar al hombre al luqar donde re aliza algo. Si es por eso tam bién fa lla la analoqía de Gorin con la física einsteniana puesto que el espacio-tiempo fija un punto en el espa­
cio.
Entendemos aue Gorin quiere sig n ificar que su obra de arte tiene efectos distintos según sea el
punto de vista del espectador o que el efecto es continuo y cam biante a medida que éste se
desplaza. Esto im plicaría toda una nueva cien cia del color y de la form a, cuyas bases recién
han sMo dadas por el perceptismo. Los colores aue pierden intensidad y extensión para la vista que
se a le ja , entran en una nueva composición con los colores aue se acercan, relación que era inversa
en el punto de partida. T a m b :én el juego de colores m odifica para la vista las dimensiones de
1os planos que componen la arau itectu ra. No especifica ni siquiera Gorin alguna ley o prin­
cipio que qarantice el efecto estético de estas m utaciones y siempre nos deja sin resolver el pro­
blema de los interiores.
Hemos v'Sto tam bién fotos, planos y explicaciones de una obra de Max Bill, la sección su iza de
"a exposición trienal de M ilán , aue nos tienta hacer un an álisis. El com entario habla de "u n
contraste de colores puros cuyos tonos están repartidos según ciertos puntos de vista determ i­
nados sobre los diversos elementos espaciales".
Nuestras objeciones principales son:
l 9 El contraste de colores puros está basado en experiencias tradicionales.
2° El iuego de colores aue no iueaa con las form as no a lca n za la categoría de pintura y sólo pue­
de ser considerado como empleo de color en la arquitectura.
Entendemos que ciertas relacio­
nes de colores exigen cierto iueqo de form as y viceversa. En la pintura ambos deben determ i­
narse m utuamente. S irv :endo las form as arquitectónicas a una función pretender sin tetizarlas
con la pintura sería arrastrar los colores y d esn atu ralizar las posibilidades que sólo pueden alnxcrr- con form as pictóricas.
Para el perceptismo la arauitectura no ofrece sus form as a la pintura sino que da el plano
sobre el cual se destacan las form as pictóricas. La síntesis entre la arquitectura y la pintura se
realiza para el perceptismo considerando la pared plano como lím ite determ inante del espacio
arquitectónico que no desaparece ni es incompatible con el plano pictórico sino que le sirve de
fondo. Se trata, volvemos a repetir, de ubicar un plano en un volumen.

1
Le Corbussier

El pintor Le Corbussier destruye
el muro de Le Corbussier arquitecto.
2

Del Marle

Color espacial aplicado a la
estructura arquitectónica.
Esto es ajeno al problema
pictórico.
3
Raúl Lozza

Pintura perceptiva N9 167, año 1949
estructura plana funcional sobre
muro real y espacio arquitectónico.
4

Tajiri

Estructuras similares a estas
se han utilizado en edificios,
creando un desacuerdo entre el espacio
arquitectónico y su forma exterior plástica.

�A L G O

Paul Klee

El signo plástico
como lenguaje literario.
Vasily Kandinsky

Medios pictóricos utilizados
para expresar estados
anímicos musicales.

Ben Nicholson

Intento de m aterializar el plano
substituyendo el color por el relieve.

MAS

En todo el período histórico de la pintura representativa, el concepto de su esencia no ha variado
m ayormente. Recordemos que para Aristóteles esta esencia es la im itación, m ientras que para los ú l­
timos sostenedores del arte figurativo está dada por el contenido (Max Raphael).
Podemos señalar
igualm ente que algunos cie n tificista s sostienen una esencia de la pintura basada en la té cn ica; pero
tanto esto como lo de im itación y de contenido, están relacionados directam ente a un solo principio
m etafísico del arte, el de la representación.
N uestra concepción estética es el resultado de una investigación orientada de acuerdo a un método, que
ha permitido d efin ir sobre la m ism a p ráctica la esencia de la pintura. Por eso estos resultados se dis­
tinguen de aquellos resultados obtenidos en las doctrinas del cientificismo idealista o del positivismo,
especialm ente en el hecho de que nos hemos orientado en base a una dialéctica del desarrollo histórico
del arte, para h allar una realidad en relación a otras realidades; en que no nos hemos preocupado
en imponer una esencia obstracta y aisla d a, sino en h a lla r una verdad, considerando el arte como fa c ­
tor condicionado y tam bién activo en el desarrollo social del hombre y su medio. A sí, nos ha guiado
un im perativo, el de ser objetivos tanto en la p ráctica creadora como en la fundam entación de la
doctrina.
1
¿Por qué, entonces, no extraer una esencia de la pintura de las m ism as leyes de este desarrollo? Ella
no es la pura idealidad basada en la representación y el mito, ni está constituida abstractam ente por
líneas y colores, modelado y otras salsas denom inadas como "elem entos perpetuos o co nstan tes", sino
que está constituida por aquello delim itado sólo a través de la superación de sus contradicciones
(1 ) : el plano, la gran síntesis de forma y color.
Las form as a rtísticas, las desprovistas de todo resabio representativo, subjetivo o sim bólico, no pudie­
ron ser conquistadas hasta el advenim iento del perceptismo. Sin embargo, esta realidad esencial de
la pintura está latente en toda la obra del pasado; es el punto neurálgico, tanto para las tendencias
progresistas que se aproxim aron, como para los conservadores que pretendieron alejarse de ella ( 2 ) .
Y las luchas que, por influ en cia exterio r, se operan dentro de los lím ites del arte, entre elementos po­
sitivos y negativos, entre lo físico y lo m etafísico de la p intura, entre su m aterialidad y su contenido
como aparien cia e idealidad, esta lucha es, en sum a, encausada por una natural reacción del hom­
bre contra ciertas fu erza s que entorpecen su p ráctica creadora.
Las más acabadas teorías de las form as del arte como in flu en cia del medio corresponden al positi­
vismo y a algunos filósofos m ecanicistas, cuyos buenos propósitos no lograron el resultado esperado
cuando se debió considerar de qué m anera se proyectan en la pintura los estím ulos sociales.
Las
relaciones entre el desarrollo del arte y el desarrollo social no han sido dilucidadas en form a precisa
por ninguna de esas estéticas idealistas y determ inistas.
Nosotros, hoy, hemos buscado lo esencial rechazando lo superfluo y lo inútil en el arte.
Tam poco ha sido nuestro propósito pretender que alguna de las tendencias existentes de la estética
se adaptara a las demandas teóricas del perceptismo. N inguna de todas ellas se han planteado la
posibilidad de p ráctica de una pintura que no sea ap arien cia o engaño.
Las estéticas no han hecho, literalm ente, más que buscar un objeto donde colocar un pensamiento.
H an investigado sobre la base de que aquello que constituye belleza es un algo ajeno a la m ateria
a rtística.
Y los llamados cie n tificista s, o la doctrina sensualista de la b elleza, o el machismo en el
arte, no han logrado una relación entre el concepto objetivo de la form a y un contenido netamente
subjetivo como significado de la b elleza..
Otorgando un carácter subjetivo al "v a lo r' artístico y
llevando esta clásica dualidad a los extrem os de la prntura abstracto-geom étrica/ niegan para el arte
propiamente dicho toda cualidad y categoría m aterial.
Los métodos basados en la fisiología pura de la percepción, aparentem ente objetivos, están destina­
dos a sostener una estética netam ente subjetiva.
i
El carácter cien tífico disim ula en este caso una tram pa idealista. Es un método que, al pretender in ­
vestigar un fenómeno artístico sin a isla r del m ism o al hombre, está aislando el hombre fisiológico
del hombre social, y el arte de la historia.
)
Para el perceptismo, lo objetivo en la pintura es algo más que el objeto "en s í" ( 3 ) .
En los pro­
blemas de la nueva visión no iuega el sim ple m ecanismo aislado. Tam b ién el "en ten dim ien to" es
parte activa en la percepción. Para esto ¿en qué medida nos ha interesado la influ en cia del medio y
la constante experiencia cotidiana en el campo de la percepción visu al? Ni hemos subestimado ni
anulado esos fenómenos. Los reconocemos como facto r determ inante, porque los problemas de la v i­
sión no son tratados por el perceptismo en form a especulativa. Les otorga la m ism a categoría que al
espacio volum étrico, frente a la concepción plana del objeto artístico.
No " im ita r " los resultados de la percepción cotidiana de espacio, color y form a, las asociaciones e
ilusiones ópticas, sino reconocerlos como factor que condiciona esta otra realidad, la bidim ensional, es
uno de vuestros postulados. Los medios m atem áticos sólo serán un recurso para a ju sta r la práctica
creadora a esta concepción.
La técnica de la pintura se ha desarrollado de acuerdo a la anulación pau latin a de las form as y del
contenido representativo, impulsando el arte a la conquista de esas nuevas m anifestaciones que de­
manda el concepto actual de la realidad objetiva. Buscando soluciones a los últimos problemas p lás­
ticos contradictorios, hemos conquistado la form a plana. Si comprendemos el pasado, vemos que esta
ley del plano ha sido la que ha ordenado interiorm ente, como objetividad prim era e indiscutible del
muro, la frontalidad de las figuras egipcias, y los rtm o s espaciales en la obra, por ej., del Giotto..
Ella es igualm ente fu erza contradictoria en esas salientes y profundidades de los espacios figurados
que ca ra cte riza al período barroco. Y siempre este problema para el pintor de antaño y precursores
actuales del perceptismo: el lienzo como realidad plana y los espacios figurados impuestos por un
precario dominio de la natu raleza (4 ) por parte del hombre, cuyo resultado será la técnica de repre­
sentación y el reducido campo de creación e invención. Es así como pintores de la ta lla de Cézanne
y algunos cubistas constructivos, fueron los primeros que decididamente y dentro de sus nuevas po­
sibilidades, se lanzaron a la conquista de la pintura plana.
Sin embargo, es de señalar que si bien nuestros fundamentos están determinados por el mismo de­
ven ir histórico del arte, nada hemos logrado extraer de la historia de las estéticas en sí mismas.
Ellas han fracasado en su empeño de elaborar un método de juicio, debido al error inicial de actuar
sobre la base de un concepto abstracto y " a p rio ri" de los elementos visuales. Por esa misma causa
no es posible elaborar una doctrina del arte en base a la historia de los juicios estéticos. Tam poco
podemos aceptar un dualism o entre un método de juicio y un método de creación.
N unca ha sido la práctica misma la que ha llegado a fundam entar en la pintura representativa y
expresiva una teoría estética objetivo, ni ésta jam ás se ha nutrido en las enseñanzas aportadas por
el desarrollo progresivo del arte hacia un grado superior de realidades. Para la filo so fía, una cosa es
la especulación del "po r qué" del arte, en que trata de d ilucidar supuestos enigmas sobre la belleza,
" a posteriori" de la práctica creadora, y otra cosa será una estética fundam entada en la práctica
m ism a, como doctrina que se nutre y nutre la propia invención a rtística. Hemos considerado absur­
da la existencia de una estética especulativa, aunque se vea justificad a por una pintura que falsea
en la práctica su propia m aterialidad.

(1) Las notas en la pág. 6.

�SOBRE F U N D A ME N T O S
DEL P E R C E P T I S M O
Para sostener todo ese mundo espiritual en bancarrota, mucho se ha hablado del arte representativo
como factor que nos acerca a los objetos y fenómenos del mundo exterior. En numerosas oportu­
nidades hemos señalado la medida en que dicha pintura nos ha sido impuesta como un medio de co­
nocimiento. Pero, para nosotros, este conocimiento basado en la representación del mundo y sus
fenómenos, es un conocer a la m anera de lo que sería una "cie n cia reducida a simples a p a rien cias".
Es verdad que con un arte objetivo integral basado en la no representación podría existir igual­
mente una estética especulativa; pero ésta cada vez se a le ja ría más de los hechos, así como la filoso­
fía m etafísica se aísla tam bién de los resultados de la investigación cie n tífica .
La pintura llam ada abstracta, concreta o no-objetiva lleva igualm ente im plícita, aunque en un grado
más elevado de su desarrollo, las contradicciones propias del arte figurativo. Ella aún guarda una
profunda relación con el concepto de " a p a rie n c ia " ; en su aspecto general, permanece dentro de
los lím ites del pensamiento idealista, pues no se ha operado en ella el salto hacia la realidad con­
creta, y, aunque a simple vista no lo demuestre, conserva aún en la n atu raleza exterior su "punto
de p a rtid a ". A sí, lo que distancia fundam entalm ente al perceptismo de toda la pintura anterior es
el grado de objetividad alcanzado con la síntesis plana sobre la base de su propia natu raleza ( 5 ) .
U nicam ente orientándonos en esta ley natural que ella impone hemos vencido los inconvenientes con
que tropieza el arte abstracto: dualism os entre apariencia y realidad o entre contenido y forma, ju s­
tificados por los consiguientes y lógicos resabios de estructuras antropom étricas o deform aciones a n ­
tropom orfas, perm itidas por la fa lta de una estructura acorde con las exigencias de la nueva visión.
Y desde el punto de vista del "cu a d ro " como "m undo a p a rte " podremos hacer extensivo el concepto
de "fig u ra y fondo" a toda la pintura anterior a la perceptista.
Los ulteriores desarrollos de la in ­
vención en la pintura dem andarán la asim ilación de nuestra doctrina, y nuestro método deberá ser
tenido en cuenta para el progreso de todas las demás artes ( 6 ) .
Esos resabios que aun conserva la pintura, aunque sea en su grado mínimo, nos permite involucrar
en una sola etapa que llam am os primitiva, a todo el arte, hasta el perceptismo. En el transcurso de
ella el pintor siempre ha buscado lo expresivo, recurriendo tanto a la natu raleza como a las m ate­
m áticas y a las geom etrías, para otorgar con esas form as categoría visual a un pensamiento o a una
idea. El novísimo arte abstracto y constructivo es pasible de critica en ese mismo aspecto, ya que no
ha logrado librarse de aquello que se ha dado en llam ar "el arte como form a sensible de la idea"
(H egel). Lo que constituye su " v a lo r" y su esencia no em ana de su propia m aterialidad, sino que
están constituidos por un pensam iento " a p rio ri" de su p ráctica, por un nuevo concepto del espaciotiempo aplicado literalm ente; contiene una a p a rie n cia; es una pintura de contenido.
El neo-plasticismo (M ondrian), relaciona el color al no-color, el prisma rectangular denominado "m a ­
te ria " y el "fo n d o " neutro, que sig n ifica un espacio aparente, inm aterial ( 8 ) .
Pero, en uno u otro

aspecto, casi toda la escuela abstracto-concreto (M. Nagy, Vantogerloo, Max Bill, Ben Nicholson,
Malevitch y sus correspondientes continuadores e im itadores) m antienen el problema en las mismas
condiciones de solución.
Menos consideración merece el llamado planism o pictórico de ciertas
escuelas abstractas m etafísicas, basado en la equivalencia crom ática del "to n o ", degradaciones pro­
porcionales de cada color, que m antiene, no obstante, los "v a lo re s " académ icos y solo expresan, en
ocasiones felices, una sensibilidad determ inante, o un problema individual.
Este planism o no logra
evitar, ni se lo propone, la profundidad espacial v la destrucción del mismo plano que constituye el
lema que los ca ra cte riza .
Evidentem ente, también es una pintura de contenido.
El perceptismo no se ha interesado en rech azar directam ente un contenido en el arte, pues esto equi­
vald ría a aceptar una form a sin contenido, recu rrir a un planteam iento equivocado.
Pasar de un
extrem o a otro no es precisam ente resolver el problema de la pintura en la form a cualitativa que
nos hemos propuesto. Por eso decimos que hemos superado el dualismo con una síntesis, que hemos
anulado el concepto de "fo rm a y co n te n g o " m ediante una transform ación total ( 9 ) .
¿Cómo pretender a n u lar esas contradicciones de la p intura, sin transform arlo todo? ¿H a sido acaso
la geom etría o la m atem ática un recurso, un medio, de transform ación? De continuar aferrados al
concepto platónico de la belleza o de la estructura nos hubiera sido imposible superar la ap arien cia.
Sobre el p articu lar dice Max Bill, entusiasta sostenedor de las nuevas geom etrías como elemento de
la p in tu ra: "D e e llas, como de los principios m atem áticos de que provienen, dim ana un cautivante
sentido estético. Estos casos extrem os en que la m atem ática se m anifiesta plást'cam ente, o ap are­
ce como color y forma sobre un plano, sig n ifica, en la búsqueda de nuevas formas de expresión lo
que en su época el descubrim iento de las esculturas negras para los cubistas" ( 1 0 ) .
Esto es pre­
cisam ente lo que hemos querido evitar, llegando a la conclusión de que tanto las m atem áticas co­
mo las geom etrías no constituyen base alguna para superar el engaño en la pintura. Ellas solo e x ­
presan posibilidades.
Nuestro objetivo estético estuvo orientado por el propósito de relacionar el arte al hombre; re la c:ón
directa entre el objeto físico , real, y el desarrollo em ocional, sensible, del espectador. Las geometrías
y las m atem áticas considerados como elementos, otorgan a las form as p lásticas un margen de apa­
rien cia, representación e idealidad suficiente como para destruir este funcionalism o, ya que la obra
ha de estar concebida dentro de los lím ites objetivos de las relaciones normales entre "e l ser y el ser
visto " (H aber).
No nos hemos interesado por nada extraño a esta relación y a esta conclusión.
La función es el lazo de unión entre objeto y sujeto. Es tam bién lo social, lo universal y lo hum a­
no de todo arte.
Lo funcional ju stific a , s :n mayor esfuerzo, toda la transform ación de la pintura hacia las nuevas for­
mas. Tomemos como ejemplo la arquitectura como arte. Es a llí la función la orientadora hacia una
esencia no im itativa, a pesar de que en épocas pasadas aquello que constituyó la parte a rtística de
la arquitectura haya sido estilizaciones de la n atu raleza.
H ay ejemplos curiosos en varios libros

Raúi Lozza

Pintura perceptista N9 171.
Estructura funcional plana.

1
Lohse

Continuación del
neoplasticismo, asentuando
la obstrucción del plano.
2

Max Bill

Detalle de una
composición simétrica
con espacios sugeridos.

3
J. Arp

Materialización de
signos anímicos.

R A U L
LOZZA

�A LG O MAS
SOBRE LOS
FUN D AM EN TOS DEL PERCEPTISM O

Notas
(1) Estas contradicciones han hecho decir a Hausenstein
que “el colorido y la pintura son dos cosas distintas”. “El
color es un hecho estático y, a lo más, símbolo de senti­
mientos”.
(2) Leonhard Adam sostiene en su libro “Arte primitivo”
que “la religión y el conservadorismo son responsables de la
preponderancia de las copias entre las creaciones nuevas”.
(3) En el fondo, este objeto “en sí” no es en el arte más
que un ente subjetivo que se adapta tanto al sistema fisio­
lógico como psicológico de la estética. El método experimen­
tal psicológico de Fechner trata igualmente de descubrir un
“valor en sí” del objeto estético de acuerdo a una medida
matemática.
(4) Este problema ha hecho decir a Lipps que sólo es pin­
tura “ese arte que reproduce el espacio en las superficies”.
(5) Piet Mondrian pensó que una realidad artística podría
ser lograda únicamente por la forma y el color. Pero al plan­
tearse justam ente el problema de lo estático equilibrado so­
bre la base de los contrastes “dinámicos” tuvo que recurrir
a lo expresivo y reconocer lo aparente. Al no solucionar de
raíz en el terreno de la realidad esa cuestión “dinámica”,
nada pudo tampoco contra los espacios aparentes.
(6) El perceptismo se ha orientado hacia una esencia obje­
tiva del arte, encarando los problemas no desde el punto de
vista general, sino particular de cada arte. La esencia de la
pintura, la de la arquitectura o la música, por ejemplo, no
puede ser la misma. Sólo la función universaliza todas las
artes desde el punto de vista social.
Por eso hemos evitado todo mecanicismo, aplicando dialéctica­
mente el método de investigación del desarrollo de las artes,
cuyos resultados en poesía, literatura, teatro y música, serán
dados a conocer en próximas publicaciones nuestras.
(7) La cuarta y la quinta dimensión contenidas en el arte
concreto de la actualidad revive sin mayores variantes ese
concepto subjetivo de la estética.
(8) Ha escrito Mondrian: “Los medios plásticos deben ser
el plano o el prisma rectangular en colores primarios (rojo,
azul, amarillo) y en no-color (blanco, negro o gris). En la
arquitectura el espacio vacío se toma para el no-color; la
materia puede contarse para el color”.
(9) Croce ha pretendido solucionar ese problema con una
pura teoría, desde el punto de vista idealista. Opina que
“contenido y forma deben distinguirse perfectamente en el
arte, pero no pueden calificarse separadamente como artís­
ticos, precisamente por ser artística solamente su relación,
es decir, su unidad entendida no como unidad abstracta y
muerta, sino como la concreta y viva de la síntesis “a priori”.
(10) Max Bill, “E l pensamiento matemático en el arte de
nuestro tiempo”. De la Revista “Ver y Estim ar”. (Lo subrrayado es nuestro).
(11) “La arquitectura es, en este sentido, superior a todas
las otras artes; es el arte creador por excelencia y no un
arte de imitación como son los otros”. “La arquitectura es
una realidad y no una apariencia”. Borissavlievitch, “Las
teorías de la arquitectura". Ed. Ateneo. (Este autor no logra
extraer de este fenómeno conclusiones claras).
(12) La dialéctica de mi pintura perceptiva no puede ser
considerada en un aspecto parcial —una dialectiva para los
fenómenos “internos” del arte, y otra para su relación con
el mundo exterior—, donde una forma o un color se influyen
entre sí. Aquí, todos los planos que constituyen las partes del
objeto, y el medio mismo se influyen mutuamente; todo fluye
sobre todo. La estructura funcional ha quebrado las barreras
que mantenían al arte en un “mundo aparte”.
(13) Hegel lo considera m aterial y sólo lo acepta en la
medida que acepta la realidad material, pero su espíritu será
eso que de él em anará como luz y sombra. La luz si es un
elemento de la pintura un medio de belleza. También para
Winckelman el color entorpece la apreciación de la belleza
en el arte. Y sabemos cómo lo ha despreciado Severini, con­
siderándolo agente material y disolvente.
(14) Baudelaire se refiere a una unidad de forma y color
en la naturaleza, pero para él ese concepto de forma no es
lo específicamente visual. Dice que “las afinidades químicas
son la razón por la cual la naturaleza no puede cometer
faltas en el ordenamiento de sus tonos; pues para ella, forma
y color son una misma cosa”.
(15) Aquí se cae en el error de considerar a la pintura so­
lamente como color, o por lo menos adoptar sólo parte de
ella, subestimando su propia estructura. Al margen de lo que
es propiamente arte plástico, la arquitectura siempre se ha
valido del color, y estas últimas experiencias significan úni­
camente una aplicación, más científica y más adaptadas, de
las posibilidades del color a la vivienda del hombre.

La pntura perceptista será presentada
en Sao Poulo, Río de Janeiro, Sgo. de
Chile, Francia e Italia.
También se realizarán varias conferen­
cias en nuestro pais y en esas ciudades
mencionadas.

sobre arquitectura, considerando a ésta como arte superior desde el punto de vista creador, pues ella
no representa, sino que "presenta, c re a " ( 1 1 ) . Pero muy poco se ha dicho sobre las leyes esencia­
les que hacen de la arquitectura un arte no im itativo, y menos aun para tra ta r de investigar sobre
esas bases la esencia no representativa de la pintura. Sus relaciones funcionales no pudieron ser
descubiertas por aquellos idealistas absolutos, ni por aquellos que aplicaron una dialéctica m ecánica
para ju s tific a r un contenido en el arte ( 1 2 ) .
¿Cómo ha sido lograda por el perceptismo esta síntesis que determ ina el plano funcional?
Em ancipar el color, como representación, de su contenido expresivo y aním ico, no ha sido tarea
aislada o ajena a los demás problemas de la pintura. Por eso hemos fundado una teoría del color
que ya puede ser considerada como estética, basada en un " v a lo r" visual relativo. Esto ha dem an­
dado la necesidad de a ju sta r el color a la form a, a su variació n o a su ca rá cte r, fundando para el
mismo una medida de especificación extensiva y compleja. Con esto hemos superado por prim era
ves los métodos clásicos o intuitivos de estructura del arte.
El color em ancipado es el color funcional, y no un elemento deshum anizado.
Los intentos de relacionar un color a una form a datan de tiempo atrás. Leonardo insinúa esta nece­
sidad, pero nada puede hacer por ella. Luego de toda una trayectoria de altib ajos en la considera­
ción p ráctica de los medios crom áticos, donde se ha llegado incluso a despreciarlo ( 1 3 ) , los pinto­
res constructivos abstractos se enfrentan resueltam ente con este problema. Las relaciones propues­
tas por ellos, sin embargo, tienen ya como base la aceptación de una apariencia en las form as. La "p o si­
ció n " de los planos basada en la " le y del peso", el tam año o el "d in am ism o " fueron las soluciones epidér­
m icas postuladas por la m ayoría de los nuevos pintores no representativos. Cuando Kandinsky señala
un principio cualitativa del color, afirm ando quel — 1 = 2 es lo más adecuado para el "v a lo r"
crom ático, otorga al color una cualidad X aislada y " a p rio ri", y a la form a un ca rá cte r cuantita­
tivo basado en las dimensiones. Aunque este pintor ha dicho que ni el color ni la form a se pueden
medir "h a sta en sus menores d e ta lle s", se plantea un problema cualitativo por una dism inución cuan­
titativa basada en un campo extenso y abstracto. Esto pone de m anifiesto que para él un color tiene
potencia expresiva. Su pintura es expresionista, y m ediante su sistem a no es posible a lca n za r el
objetivo plano.
Moholy-Nagy, en " L a nueva v isió n ", nos dice que el color "es trasladado a una form a, la cual debe
ser absorbida por el espectador". Otorga un "esp acio p o ten cial" al color; pero esa potencia cro­
m ática visual no ha podido ser estructurada por ninguna de las escuelas o tendencias de la pintura.
Las relaciones que propusieron todas las nuevas doctrinas del arte para los colores y las form as
continuaron siendo aquellas u tiliza d as por los pintores del pasado. Cuando se ha querido aban­
donar las leyes estrictas y form ales de las estructuras clásica s, ha sido en demanda de un propó­
sito netam ente expresivo y subjetivo.
La relación entre color y form a está comprendida en los lím ites de la creación y no de la im itación;
es la últim a gran conquista del
poder inventivo del hombre en la p ráctica del arte.
En la n atu raleza visib le y en la m ateria m ism a del universo, esta relación de color y form a obe­
dece a leyes ajen as a la de una estructura estética para ser vista. La única ley que podemos e x ­
traer de la n atu raleza se reduce a una palabra, que es la fundam ental para nosotros: la unidad ( 1 4 ) .
Esta relación de unidad entre color y form a no existe tampoco en el mundo que nos rodea, de los ob­
jetos creados por el hombre. En todos estos objetos de utilidad cotidiana el predominio de la fo r­
ma es absoluto. Un autom óvil, una casa, un utensilio cu alq u iera, pueden acusar form as diversas
adaptadas a su función respectiva, pero al margen del color. A s í, observamos que un complemento
m obiliario es de un color dado de acuerdo a una buscada arm onía con el medio am biente, pero ja ­
más en relación a su form a, ya que esta obedece a otras funciones. En estas cosas, el color obedece a
factores o bien impuestos por el
m a teria l, por el gusto, o psicológicos y sim bólicos. Lo mismo ocu­
rre con la aplicació n del color ala arqu itectu ra am biente, orientada por el deseo de fusionar la
pintura a esta últim a como un problema de espacio-tiempo en las sensaciones crom áticas (M ax
B ill), lo cual es en la p ráctica la continuación del concepto abstracto del color y sus rudim entarias y
p rim itivas relaciones ( 1 5 ) .
El hecho de que con el perceptismo se haya logrado m edir el grado de sensación de un color en una
fo rm a, asestando un golpe de muerte al intuicionism o lírico y rom ántico, ha probado que, aun en el
campo cien tífico , no será posible elaborar una co lo rim etría justa sin tener en cuenta la form a plana.
El enfoque experim ental ha creado constantem ente nuevas condiciones que entorpecen los resulta­
dos de la cien cia m ecanicista. Es por eso que el congreso de la luz realizado en 1937 tuvo que
aceptar un sistem a colorim étrico bastante convencional, y este mismo problema hace actualm ente
decir a muchos investigadores, de la inseguridad de que el espacio de los colores sea medido (Ives
Le G rand). Es que el medio circundante en el estudio de las sensaciones crom áticas, por parte de
las cien cias física s y psicológicas, ha tenido la base de claridad fija o igual, objetos aislados iguales y
fondos rigurosamente negros. Los resultados abstractos de una investigación encarada con ese c ri­
terio no puede ser aceptada por una pintura que busca su realidad en el plano.
La relación entre intensidad luminosa y cualidad colorida no es independiente de un problema de
extensión o forma plana. Como color y luz son una sola cosa, hemos superado esos planteam ien­
tos que otorgan a ambos valores independientes, evitando u tiliz a r los medios crom áticos como re­
presentación lum inosa.
H ay form as que "se ven m á s" que otras. Para e sp e c ifica r cuándo la acum ulación o cantidad de
color se transform a en sensación colorida, no podremos de ninguna m anera a is la r el rayo luminoso
en una experiencia de laboratorio. La cualidad sensorial colorida, el problema de la visión, se m e­
rece la m ism a consideración otorgada al conocim iento del objeto: una relación ajustada entre cómo
lo vemos y cómo es en sí. Por eso en una oportunidad hemos dicho que la " a n a lo g ía " en las leyes
visuales del color carecen de todo fundam ento por ser principio de una doctrina que considera al
mundo colorido como sensaciones aislad as de la form a.
Como la relación entre ¡nterísidad y sensación no se produce totalm ente sino en una etapa cualita­
tiva y compleja, pues percibim os un fenómeno inverso del color, se ha sembrado una confusión al
mnraen va de la cie n c:a, cuyo resultado fu é 'e l de otorgar m ayor o menor luminosidad a ciertos co­
lores aislados. Sin embargo, desde el momento que la sensación crece con más pausa que el e x c i­
tante y nos impide crear una ley que condicione estas sensaciones al margen de las medidas de intenoiuua, tendremos que orientarnos, no hacia una ley psico-física de sensación d iferen cial, sino hacia
una colorim etría específica espacial, del color en el espacio, y una ley del proceso cualitativo visu al.
Para esto, ha sido indispensable la consideración activa del medio.
El plano, que para la física más avan zad a es un continuo bidim ensional, se transform a d ialéctica ­
mente para el perceptismo, por sus lím ites y el medio que condicionan su carácter — form a y color—
en campo para la creación y la invención. Por eso la intensidad exacta entre dos colores distintos
(equilibrio de " to n o " ), controlada por el fotómetro, no dem andará en nuestro caso dos form as
e xa cta s; pues es la d iferen cia de tinte, su cualidad colorida, y no el poder intensivo — luz y som­
bra o saturación— la que demanda una determ inada estructura plana.
La propiedad de la doctrina artística perceptista es la de haber superado estas contradicciones, y
haber indicado como esencia de la pintura las propiedades del plano, la unidad cualitativa del color
y form a. El hombre actúa sobre elementos m ateriales plásticos, y el resultado no es el fruto de una
práctica que desvirtúa esa m aterialidad, sino su síntesis creadora inventiva. Ese proceso desarrolla­
do de lo sim ple a lo complejo fundam enta la propia esencia de la p intura, como objeto funcional
inventado por el hombre y para el hombre.

�Humanismo - Perceptismo

Para el perceptismo, humanismo, racionalismo, universalismo y realismo, emanan de su esencia intrínseca y
de su finalidad funcional. E sta función estética es el resultado de nuevas formas de relaciones entre el
subjeto —el ser social y el objeto— exterioridad real.
Estos dos aspectos constituyen para el perceptismo una sola verdad; convergen hacia un solo objetivo: hacer
del arte un factor activo y dinámico en el desarrollo de la evolución histórica en las formas de ver y conocer.
El arte tiene que ser un modo de relación entre el hombre y el mundo, pero este modo de relacionarse tiene
que establecerse sobre una base distinta de la que existía en la especulación idealista de la plástica. Debe
operar una acción liberadora de la conciencia humana, de manera que lo que aun exista de contradictorio en
el hombre esté dado entre lo conocido y lo desconocido y no entre el fenómeno y la cosa en sí.
En el perceptismo queda superada esta dualidad, y la conciencia es transform ada en un instrumento de po­
der que facilita apoderarse de nuevas parcelas de la realidad y construir objetos que sirvan para impulsar
y desarrollar su propia naturaleza ejerciendo un dominio práctico y real sobre el mundo circundante. El
nuevo humanismo en el arte está determinado por la exaltación de esta capacidad inventiva y creadora y so­
lamente por esta actividad real y práctica cobra validez universal el objeto estético y se torna necesario para
el hombre. El arte deviene social y colectivo a medida que sus elementos esenciales —su estructura— se
concreta materializándose por intermedio del plano-color sobre un muro arquitectura. La pintura va reali­
zando su propia revolución en una sociedad que revoluciona y cambia sus modos de convivencia, creando un
orden equivalente en el campo del arte. Dos técnicas que se van complementando y sintetizando en una di­
mensión colectiva y universalista; la producción económica y la actividad estética. No existe gratuidad allí
donde la razón se convierte en intérprete de éstas necesidades sociales y se eleva por encima de la subjetivi­
dad individual, afirmando su índole y su grado de conexión con la responsabilidad histórica y con su tiempo.
Muchos sostienen el equívoco de que la pintura es la forma de lo vivo, donde muere todo otro contenido
temporal y aleatorio.
Este concepto idealista que elude responsabilidades de orden social es sustentado por la mayoría de los es­
téticos y pintores en cuanto tratan de definir la naturaleza del arte con respecto a las demás actividades.
Es muy sutil este nexo que guarda el arte con la vida, pero es suficientemente patente para ver en ello un
humanismo pasivo y negativo, una actitud complaciente con todo lo sentimental y caduco, un formalismo
huero.
La pintura no puede ser un sucedáneo de hechos vividos, sino que debe vivir con los sucesos, colaborando con
la obra progresista que empuja a la humanidad adelante. Debe de afirm ar ese sentido de progreso que se
pone de manifiesto desde su origen y que los idealistas niegan como continuidad histórico-dialéctica.
El perceptismo rechaza el mundo de los sueños y de lo vago que es el desiderátum de los vacilantes que no
combaten ni crean.
No tiene miedo a la realidad objetiva, sino que la afirm a al reaccionar sobre ella para transform arla y adap­
tarla a nuestros fines y necesidades. Es optimista porque cree en la capacidad de un conocimiento cada vez
mayor y cierto del mundo. Los espíritus rezagados que niegan este papel revolucionario y cognoscitivo al arte,
pueden subscribir unánimemente el juicio de un escritor que es la antítesis de nuestra concepción humanista,
que dice: “El signo de nuestro poder es no descubrirnos. El que ha descifrado su misterio ya no tiene que re­
solver el drama proyectándolo en su obra con esa fuerza heroica que embriaga al espectador. Para una hu­
manidad conciente de su destino, el mundo espiritual se helaría en la m uerte” £1). Así se expresan los ideó­
logos de hoy, filisteos y restauradores del oscurantismo y de la ignorancia en m ateria estética y crítica, en
tanto que los líderes de la humanidad se convierten en nuevos prometeos que luchan por la emancipación y
por el esclarecimiento de todos los problemas que someten al hombre a la esclavitud y al fatalismo ciego.
Así las causas que impulsan a la acción son frenadas y se convierten en el arte en una renuncia contempla­
tiva.
El hombre es negado en su realidad y poder y transpuesto a un mundo ideal de cualidades espirituales, y
seccionado de la vida cotidiana para sentirse otro, un ser extraño a sí mismo. En el arte representativo el
espectador experimenta un estado emocional y psicológico de evasión del mundo real. Pero hay que acla­
ra r que no solamente el arte es idealista por sus contenidos, sino que el contenido idealista es el factor que
lleva a una concepción idealista de su técnica, y esta técnica perdura en la plástica de contenido aparente­
mente realista.
El idealismo del proceso creador, por el cual se plasma un mundo aparente e ilusorio, para expresar un senti­
miento, configura un arte cuya técnica en vez de servir a la invención, valiéndose de los elementos pictóri­
cos materiales, los somete a un ejercicio mecánico de reproducción negando su realidad para la visión.
La identidad entre el parecer y el ser, se va resolviendo en la pintura al cobrar vigencia el proceso de estruc­
turación del objeto estético en la dimensión real.
Dijo Lipps que “cuanto menos representación posee la obra de arte más se anexa al mundo real”. El huma­
nismo del contenido realista no ha podido eliminar el carácter irracional entre el mundo y el hombre; toda­
vía lo encadena subjetivamente. ¿Cómo se produce la génesis de esta técnica mágica y fetichista? ¿Procede
del ojo humano en la forma de ver y conocer o de un instinto de imitación? Es una experiencia más com­
pleja y profunda de carácter social. El ojo fisiológico no puede condicionar una estructura y un arte ni una
técnica específicamente estética. E ntre la sensibilidad plástica del hombre y el mundo del contenido represen­
tativo actúa en el arte un factor de naturaleza distinta al meramente mecánico y fisiológico.
Todo el idealismo ha tergiversado la causalidad de estas motivaciones, y también el empirismo subjetivo
ha reducido a un esquema puramente mecánico estas explicaciones pseudo-científicas.
El hecho que exista y se sostenga en la actualidad la pintura representativa no expresa su validez ni su
necesidad, sino que significa la aceptación de una form a de arte sancionada por una crítica que ha eludido
—por prejuicio demasiado arraigado en la mente hum ana—- la importancia condicionante de los elementos
esenciales de la pintura. Para esta crítica, el único desiderátum del arte es la representación colectiva o in­
dividual. El proceso dialéctico de negación entre la realidad representada, proyectada, y la verdad plástica
hay que buscarlo en la raíz de los acontecimientos sociales; en los conflictos provocados por las actividades
contradictorias de los hombres debido a una estructura irracional de la organización social y su reflejo
espiritual, entre el hombre que necesita conocer “cosas” para llegar al dominio del medio y de la naturaleza,
y la super estructura ideal que niega este conocimiento del mundo exterior.
Esta antinomia está latente en toda la pintura representativa, desde las primeras manifestaciones del arte,
en que este proceso posee un carácter inconciente, hasta las más altas racionalizaciones del mismo.
La técnica representativa nace en etapas atrasadas de la evolución, y se elabora y desarrolla a medida que el
trabajo social se especializa y jerarquiza dentro de categorías diferenciadas.
El pintor como ser social se va divorciando del trabajo práctico, se separa del productor y se extraña de su
medio; así idealiza sus necesidades y espiritualiza la materia. Menospreciando la actividad técnica, la subor­
dina a fines que reflejan un mundo fantástico.
Esta situación social ha originado, indiscutiblemente, con sus antagonismos y jerarquías, contenidos espiri­
tuales correlativos.
El hombre en su esencia humana fué seccionado en dos aspectos irreconciliables: cuerpo y espíritu. Y en el
orden de las actividades sociales, en trabajo técnico, y especulación pura. El arte recibe el influjo de esta
concepción, sojuzgando sus elementos materiales a una finalidad espiritual representada, contribuyendo, al
adoptar esta categoría ideal, a mantener un divorcio del arte con el mundo objetivo. La conciencia del pin­
tor se desdobla y surge una nueva contradicción entre su ciencia inventiva, su facultad creadora, y la desva­
lorización de lo que constituye la materia pictórica. En cambio de especializarla manteniéndola en el plano
real, la envuelve y metamorfosea en una apariencia. Hegel llama a este proceso espiritualización por el
contenido de esa estructura natural, la extensión.
El arte lleva el vestigio de esta actividad enajenada; la substancia plástica por un lado y la proyección sub­
jetiva en la obra de arte por otro.
,
Al interpolar una estructura dentro de otra estructura que la rechaza, se hace imposible toda unidad en el
proceso creador. En toda la producción que corresponde a este tipo de sistema social anti-científico, como a
su creación artística, el producto se separa del productor y actúa con una dinámica propia de carácter aná­
logo al fetichismo. Aquí la necesidad no se transform a en libertad, es mera participación en un contenido
ideal en que la conciencia queda desplazada como energía creadora. El hombre en esta situación está desin­
tegrado de la vida y busca totalizarse en un mundo trascendente, fuera del mundo real. La reintegración
de la conciencia del hombre a la realidad, se produce mediante el conocimiento de la misma, comprendida co­
mo unidad de acción y pensamiento, asimilando a la técnica y a la producción material como parte integrante
y esencial para crear un mundo sin divisiones violentas, de manera que las manifestaciones espirituales sean
la expresión directa de la síntesis entre la base m aterial de la vida y la práctica creadora de esencias ma­
teriales y objetivas.
El hombre mecanizado por la técnica, el hombre máquina, aherrojado por una espiritualización del mundo,
que desvaloriza su trabajo práctico, ha de erigirse en inventor en virtud de su dominio sobre la realidad por
medio de la técnica. La historia de la pintura nos m uestra que la realidad de su materia plástica ha condi­
cionado el valor del objeto estético y lo ha impulsado a su desarrollo, actuando como factor decisivo para lo­
grar su verdad esencial.

R. V. D. Lozza

comentarios
Dicen los sensualistas que “el placer estético es un
fenómeno puramente subjetivo” y que “lo bello obje­
tivo no existe”. De esto a negar la existencia del mun­
do material exterior hay solo un paso.
Sobre el arte en la época bizantina y sus m anifestado.
nes no figurativas, recuerda Antoine Bon que, a pesar
de la imposición de la religión cristiana “no desapare­
ció nunca completamente el sentimiento de repugnancia
hacia esa decoración figurada, y hasta llegó a mani­
festarse por medio de actos violentos . . . ” “La tradi­
ción antigua — continúa — era demasiado fuerte en esas
regiones para que pudiera desarrollarse un arte abso­
lutamente desprovisto de imágenes”. “Resulta curioso
comprobar que el primer movimiento iconoclasta que
tuvo éxito — la Reforma — sea contemporáneo de la di­
fusión del libro impreso, es decir, de aquel momento en
que la representación figurada puede ser reemplazada
por el texto escrito” (Introducción general a la historia
del arte. Ed. Hachette S. A.)
Estas comprobaciones, y muy especialmente la últi­
ma, no necesita comentarios.
“La perversión del instinto histórico de Picasso alcan­
zaría su punto culminante en el curso de su fase su­
rrealista”, dice Max Raphael, afirmando que hasta en­
tonces este pintor había sido “activo y revoluciona­
rio”.
Este crítico está con el arte representativo. ¿Cómo
explica entonces su propio concepto de “revoluciona­
rio”, el que otorga al período más racional y menos ex­
presivo de un pintor? (En aquella época Picasso era
cubista).
Lionello Venturi, adepto tardío, con muchas reservas, a
cierto arte “abstracto” ha dicho: “La pintura abstracta
y la escultura abstracta, que causan estragos desde ha­
ce treinta años, no han producido una obra de arte que
nos convenza y nos exalte. La razón de ello es que esa
pintura y esa escultura abstractas son juegos intelec­
tuales compuestos en frío”.
Pero, si Venturi espera del arte nuevo también aquello
de que “el pintor se expresa a sí mismo mediante fo r­
mas y colores”, y basa sobre esa vieja ley subjetiva sus
juicios críticos frente a la nueva pintura, es lógico que
no halle “valores” individuales en el arte no expresivo
o no representativo.

La evolución va de la ignorancia al conocimiento de la
ilusión a la realidad, de la apariencia al ser. La cien­
cia nos otorga los medios para superar nuestras limita­
ciones y am pliar el radio de acción en el universo.
“Cuando la ciencia arranca un nuevo conocimiento al
mundo, el arte tiembla” decía Hegel. O la pintura
abandona su esencia intuitiva y sus técnicas y formas
ideales y se convierte en un proceso estético cognosci­
tivo científico, o no tiene nada que esperar el hombre
de ella; queda al margen del progreso.
El perceptismo no ha eludido ningún problema que ten­
ga atingencia con el arte y el hombre “como parte
integrante de una humanidad concreta que busca su
desarrollo hacia el futuro”. Al ayudar a descubrir en
el hombre sus más legítimas facultades, su verdadero
ser, el perceptismo humaniza al arte y al hombre, cris­
talizando uno de los más puros deseos que llevaba
dormido: conocer su poder y su libertad. Lo ético y
lo estético están indisolublemente unidos en ese acto
creador que abre nuevas posibilidades para el porvenir.
(1) Elie Faure , “El espíritu de las formas”. Ed. Poseidón, Bs. Aires.
R. V. D. L O Z Z A

�Color

145,4
90,8
229,0

Raúl Lozza

LA D I N A MI C A DEL P E R C E P T I S M O

Talleres “Optimus” - Diagrama

Según Fechner, el arte se divide en dos géneros, el de quietud y el de movimiento. Nosotros diremos, con más
exactitud, arte de espacio y arte de tiempo.
Sin embargo, ciertas artes han pretendido unificarse, como por ej. la pintura con la escultura y la arquitectura,
en una sola manifestación espacio-temporal. Pero la pintura, por si misma, mientras permanezca dentro de la
órbita de las apariencias no podrá lograr esa unidad objetiva entre tiempo y espacio. El tiempo expresado en una
pintura estática no es más que una apariencia contradictoria, un concepto intelectual aplicado a una determinada
estructura plástica.
Una opinión al azar nos enseña —la de Simmel, por ej.— en qué medida es metafísico el tiempo y el espacio re­
presentado en una pintura. Este escribe que “el tiempo y el espacio que aparece en una obra de arte no están
limitados por otros tiempos y otros espacios, sino que cada uno de ellos forma su mundo para sí solo: el mundo
de la obra de arte. Por eso, desde el punto de vista de la realidad, la obra de arte sigue viviendo fuera del
tiempo y del espacio aunque encierre determinaciones temporales y espaciales, las cuales no viven más que en
la espera de la idea y no en la de la realidad”.

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                <text>Haber, Abraham&#13;
Lozza, Raúl</text>
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                    <text>AÑO I * N° 2 * QUINCENARIO POPULAR * ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, ARTES * BUENOS AIRES, 15 OCTUBRE 1946 * $ 0,40 -/„

EL XXXVI SALON NACIONAL
EN TORNO A LA "SUPUESTA”
DE ARTES PLASTICAS
GENERACION ESPAÑOLA DE 1936
Por y O SE H E R R E R A P E E E R E (Especial para
í, Guillermo de Torre, "tema nuevo
e incitante” este de las generacio­
S
nes; sondeo objetivo y naturalmente
erróneo o proclamación apasionada,
que se presta a mucho o poco, a es­
clarecimientos fértiles o a inferencias
caprichosas, pero que ahora tienen la
virtud, hispánicamente esperanzada, del
clavo ardiendo.
El tema me entusiasma, lo reconozco,
y tanto que, como al parecer vamos a
desfilar en la popular Cabalgata,
una serie de escritores españoles más
c menos jóvenes y más o menos viejos,
no he podido resistirme a arrancar, es­
pontáneamente, en ancas de tu mismo
caballo. ¡Arre!, pues, y perdóneseme
la impremeditación, la pasión y la
prisa.
Pues sí, querido amigo; con perdón
tuyo, afirmo que existe la generación
de 1936 —yo preferiría llamarle "de la
guerra”— y afirmo que existe y ade­
más que es la única actualmente viva,
como tal generación.
Desde ayer han pasado muchas cosas
en los destierros y aun dentro mismo
de España y ya "no son todos Juan
Ramones los que cantan — ni Villalones”. ¡ Oh, n o! Ni siquiera "Altolaguirres de plata que tocan al alba” ; ni
siquiera a "Emilio Prados de oro”. Des’-e aquellos dorados y "deshumaniza­
dos” días en que los hijos de familia
nos reuníamos y se reunían en los ca­
es —de la Bolsa, por ejemplo— a be&gt;er cocacola sin sospechar lo que se
ocultaba detrás de las burbujas, ha lioido mucho -—a veces sangre—, y la
Terra, como es natural, no ha tenido
más remedio que florecer o arder.
Ha sido difícil, el parto. Lo es to­
davía. Pero de ningún modo se trata
del parto de los montes. Quizá el cor­
dón umbilical exista aún, en ciertos
casos; pero en nosotros ha sido cortado
mucho más pronta y limpiamente que
en ocasiones anteriores. Mas no se tra­
ía ahora de cordones o no cordones,
no se trata de uniones ni de separa­

l

C

Por J O R G E R O M E R O B R E S T (Especial para

abalgata)

O me sorprende que el Salón Nacional de este año
ciones sino de registrar y bautizar la nueva vida que natu­
alcance tan bajo nivel, ya que tuve el infeliz acierto
ralmente no la trajo de París la cigüeña sino que, en mayor
de prever esta crisis hace cinco años y de destacar sus
grado que otras, es hija de España, del amor y del dolor,
causas probables: ausencia de direcciones plásticas, falacia
odios y miserias, sangre y humores cálida y orgullosamente
conceptual a propósito de las relaciones entre el contenido
humanos.
y la forma, ineficacia del sistema de recompensas en di­
En el concepto "generación”, suele haber, sin embargo,
nero, papel insignificante de la crítica, falta de sentido
una tara antipática de la cual, afortunadamente, puede
didáctico de la enseñanza, pobreza cultural del artista i 1).
librarse la nueva criatura —niña, ¡ay!, y pasó la mar— : es
toda idea de estrechez cronológica, ¿Pues qué son los años
Por otra parte y aunque no signifique disculpar de ma­
—números— frente a los acontecimientos "extraliterarios”,
nera total a los artistas, sobre todo a quienes se sujetan a
los vaivenes del interés ocasional, ¿no
vida? Por eso esta generación de la
es lógico que se hallen desconcertados
guerra, podría llamarse, para algunos
en los días actuales? ¿Dónde podrían
de sus miembros, regeneración. No re­
Co Ia b o r a n
encontrar la idea noble o el sentimiento
cuerdo si Wechssler y Baldensperger
amplio que les sirva de sostén para
tienen registrado el concepto. En todo
o n i&gt;s I c n ú tti r r o :
poner en juego la fantasía creadora?
caso me tiene sin cuidado. Lo impor­
G E O R G E BERN ARD S il\\N
Debemos conformarnos con ,1a cali­
tante es querer que dicha generación
J O R G E R O M ER O BREST
dad individual que manifiestan unos
exista. Voy a tratar de esclarecer su
JO S E H E R R E R A l’E T E R E
pocos, acaso con señalar a los jóvenes
verosimilitud.
un provisorio camino de redención. A
EZE O U IEI. MARTÍNEZ ESTRADA
Tú admites que en América, por
éstos, decirles que lanzarse afanosa­
ejemplo (y no sólo en América), "se
JIJAN RAMON JIM É N E Z
mente a la reconquista de las falsas
han afianzado y aun llegado a su ple­
A R T E R O SERRANO 1*1.AJA
posiciones del naturalismo ochocentista
nitud con obras considerables, muchos
CORDON A IT tJH R U R U
es tan pernicioso como tratar de per(Continúa página 2.)

N

G. K. C IIE S T ER T O N
ANA M. BERRA
E E l.ll’E ARCOS Kl IZ
ERANCIS B R A C EE
CECILIA IN GEN IERO S
DANIEL D EV O T O
GONZÁLEZ CARRACHO
MANI EL VILLEGAS LÓPEZ
u &gt; \ i*á&lt;;iin \ Itt- &lt;:its&lt; i \
por

JO S É O T E R O KSI’ASAMMN
UNA SK« CIÓN DF. AJEDREZ
a c arg o del profesor

i

F K A M ISCO BKNKO
UNA PÁGINA DE MODAS
|irt'|iiir a ilit p o r e l m o d i a l o

ERAlNCISCO J AUMANDREl)

William Kapell. joven y consagrado pia­
nista norteamericano, que en la tem­
porada del Colón ha sabido conquistar
el fervor del público y los elogios de
la crítica, obteniendo en cada concierto
un éxito resonante.

Cran&lt;lc&gt; rep ortaje* gráficos.
Muchas iltisl raciones.
F agin a He h u m o r.
Crítica He libro*.
Crítica y ñola* sobre cine.
M undo edito rial. A rquitectura.
C orresp o n d en cia de Francia.

Manuel Bandeira, prestigioso p o eta
brasileño, cuya llegada a Buenos Aires
se anuncia. Lo acompaña Helena Figner, y ambos vienen representando a
la Sociedad Brasileña de Música de
Cámara.

mundo no puede vivir con pa­

E labras. Confucio y Platón dije­

ron lo mejor que el hombre mortal
puede decir; y, probablemente, eso
había sido dicho ya siglos antes de
su época. De Jefferson a Franklin
Roosevelt, pasando por Longfellow,
Emerson y su grupo de Boston, sus
palábras tuvieron resonancia en Es­
tados Unidor, y nos convirtieron en
los salvajes ligeramente barnizados
que somos.
Je sú s predicó m uy elocuente­
mente que como con dos cosas ne­
gras no es posible formar una blan­
ca, lo mejor que podíamos hacer
era prescindir del castigo y la ven­
ganza ; pero nuestros códigos pena­
les son sin embargo tan bárbaros,
que sus instrumentos más piadosos
son la silla eléctrica y la guillotina.
Nuestras Biblias, Coranes, Vodas,
Talmudes y obras similares, están
atiborrados de las palabras más
juiciosas; pero al mismo tiempo im­
primimos las más crudas idolatrías
tribales; y con las idolatrías ac­
tuamos, y enseñamos a nuestros
hijos, utilizando el resto sólo para
aparentar que somos civilizados.
Lo que necesitamos no es sabi­
duría 'verbal, porque estamos har­
tos de la misma, sino conocimiento
del mundo en que vivimos. Los es­
tadistas y periodistas norteamerica­
nos que nos formulan llamamientos
para que nos unamos en la defensa
del Oeste contra los amenazantes
horrores del comunismo, aun hasta
el punto de arrojar una que otra
bomba atómica en Rusia, no saben
de qué están hablando, y nunca han
advertido el simple hecho, que tie-

IGNORANCIA, IGNORANCIA,
IGNORANCIA
Por G E O R G E

en

todas

BERNARD

partes!

SHAW

George Bernard Shatc, el genial dramaturgo inglés, con cuyo articulo especial en este número, inaugura
CABALGATA la publicación de colaboraciones de grandes escritores internacionales.

C abalgata)

manecer en los bastiones de una pre­
tendida espiritualidad universal, casi
siempre adulterada en su esencia por
huecas ideologías; que la única actitud
fecunda es la de mirar cara a cara
nuestra realidad, por compleja y caó­
tica que pueda parecer, con el ánimo
de desentrañar en ella los acordes
emotivos del ser nacional, y que todo
lo demás es torpeza mental, holgaza­
nería de la mano o pedantería estetieista. Y agregar para quienes parecen
haberlo olvidado o para los que nunca
lo han sabido: la creación artística no
es el producto de una voluntad de ex­
presión individual, sino de una volun­
tad colectiva orientada hacia valores
sociales y objetivos.
Como viene ocurriendo desde hace
muchos años, sobresalen por su cali­
dad los dos cuadros de Emilio Pettoruti, sobre todo Naranjas, en el que
se expresa la más cumplida madurez
del artista.
Pettoruti ha ido logrando, mediante
sucesivos recortes en la realidad visi­
ble y la pérdida de la materialidad de
las cosas que representa, las formas
más puras, equilibradas, armónicas,
rigurosas V cristalinas, a punto de que
parecen obedecer a una precisión men­
tal casi geométrica, como si su mundo
debiera sobreponerse al de estos mise­
rables hombres que somos. Precisión
mental que no excluye la emoción,
siempre actuante corno impulso y pre­
sente en la apenas perceptible vibra­
ción de sus trazos y de sus zonas
coloreadas.
Sin desfallecimientos y sin compro­
misos, en una línea ininterrumpida y
clara de transformaciones que nunca
ha admitido la repetición, ha ido ven­
ciendo la contingencia de la vida y la
aniquilación de la muerte para afirmar
en la pureza de un rayo de sol, de
una mesa, de una botella o de una
puerta la perennidad de las formas
creadas por el hombre. Los artistas
jóvenes encontrarán en sus obras, si es
(C ontinúa página 10.)

nen ante sus ojos, de que todas las
civilizaciones están fundadas en el
comunismo. Que se eliminen nues­
tros caminos com unales, calles,
puentes, fuerzas de policía, tribu­
nales, brigadas de bomberos, sumi­
nistros de agua, alumbrado de las
calles, faros costeros, servicios pos­
tales, represas gigantescas, valles
del Tennessee, etc., ¿y quién queda­
ría vivo el mes próximo, con excep­
ción de una tribu o dos de pieles ro­
jas, y tal vez un puñado de chinos?
Todos somos esclavos natos de la
naturaleza, condenados a trabajar
o morir; y cuanto más comunismo
podemos soportar, mayor es nuestro
tiempo ’ desocupado y de descanso,
que es nuestro linico tiempo libre.
Sin embargo, blandimos la Consti­
tución Norteamericana, y declara­
mos que es patente de que todos
nacemos libres. Rousseau jamás dijo
una mentira más escandalosa.
Hace solamente unos días, se pi­
dió al Trust Británico de los Cere­
bros, las inteligencias seleccionadas
de nuestro tiempo, que definiera a
la clase media. Quedó completa­
mente aturullado, aunque las pala­
bras de Karl Marx han hecho que
el asunto sea lo suficientemente
claro hasta para un escolar.
¡ Ignorancia, ignorancia, ignoran­
cia en todas partes!, eso es lo malo
en nosotros, y lo que frustra nues­
tras buenas intenciones en todo
momento. Los que carecen de edu­
cación son los que tienen menos
que desaprender. Cua ndo todos
sean totalmente instruidos, nuestra
ruina será completa.
(Especial para C a b a l g a t a )

•t A

Uf!

�LETRAS _

cabalgata©
(Viene de página 1.)

valores nuevos que en España sólo des­
puntaban”. Supongo entonces que nie­
gas la existencia de la generación de la
guerra por la "extraliteraridad” del fe­
nómeno que la originó y porque pien­
sas que, negando con tus propias pa­
labras, no existe "un conglomerado de
espíritus que en un momento dado, en
el de su alborear, se sienten expresa­
mente unánimes para afirmar unas co­
sas con auténtico ardimiento juvenil”,
ni "una ruptura y una inauguración” al
mismo tiempo ni "una coincidencia sin­
gular en las mismas filias y fobias”.
Vayamos por partes.
Amigo Guillermo de Torre, crítico,
quizás el más certero, de una época y
de unos escritores: la guerra de Es­
paña no es un fenómeno extraliterario.
¡ Qué va a ser! No es tampoco un "pre­
texto”, sino un texto perfectamente en­
cauzado, justificado y sentido para los
que fuimos textes fautores o víctimas
de ella, para tantos y tantos anónimos
que se crecieron y se multiplicaron.
No, Guillermo de Torre. En esto no
estoy conforme contigo, ni yo ni otros.
Me bajo de tu caballo y coirinúo a pie,
aunque sea so'o, por la llanura quijo­
tesca, mfinit ■■ Por mi llanura y por
tu llanura española, hambriento, se­
diento, acosado de mastines y de lobos,
aporreado de vizcaínos, ignorado de
yangfi. -es, y burlado y despreciado de
arist ic atas y demás "cultos” señoritos
objetivos.
I ’ero yo sé que no eres de ésos. Pon­
gámonos de acuerdo. Tomemos entre los
dos la brida. Porque ni tú ni yo en­
tendemos por guerra el deporte mussolmesco-marinettino de disparar ametra­
lladoras sin ton ni son, como quieh
juega de artificio cohetes o buscapiés
mortales; sino algo —oblación— pro­
fundamente moral, humano y por lo
tanto vital, literario. Eso es, al menos,
la guerra que nosotros hicimos y que
hacemos, que perdimos y que ganare­
mos, hasta sus últimas consecuencias,
no "cismáticas” ni "escisorias”, sino
unificadoras y universales. Puedes es­
tar literariamente seguro de ello.
Por otra parte, tan evidente es que
casi huelga el decirlo, las guerras han
sido y son también "pretexto”, por la
remoción de pasiones, emociones y sen­
timientos y las profundas convulsiones
de toda índole que llevan anejas, para
que se produzcan fenómenos literarios

FRANCIA
(Envío especial para “Cabalgata”.)
omo

en

este período del año la vida

y artística de París cesa casi
Cporliteraria
completo, viven todavía los ecos
dos “affaires” artísticos: el de Rouault Vollard y el del pintor italiano Chirieo.
Ambroisc Vollard era suficientemente
conocido, no sólo en Francia sino en los
medios artísticos del mundo entero, para
que necesite nuestra presentación. Des­
pués de haber sido “marchand” de Cézanne, de Renoir, de Van Gogh, Gauguin,
Bonnard, Picasso y de muchas otras ce­
lebridades artísticas de hoy día, sin aban­
donar por completo el comercio de cua­
dros, se dedicó esencialmente a la edición
de obras de arte. Consagró años y años
a la edición de obras que son un modelo
tipográfico, y que ilustraron los mejores
artistas actuales, desde Bonnard a Dufv
y de Maurice Denis a Picasso. Esta de­
dicación alcanzó resonancia en tres obras
de una importancia fundamental en la
bibliografía artística: las “Fábulas” de
La Fontaine, ilustradas por Chagall, las
“Geórgicas”, de Virgilio, con cien agua­
fuertes de Scgonzac, y “Misereres y gue-

SUMARIO DEL NUMERO 1
VÍCTOR H ügo v

los ESPÍRITUS,
la muerte

Alfonso Reyes. Ex

por
de

por José Luis
Romero. Mi vieja amistad , por Arnaldo Orfila Reynal. H enríQuez
U reña , por Ernesto Sábato. E voca­
ción de R oberto A rlt , por Córdova Iturburu. U n testimonio , por
Gabriel Marcel. P rimeros pasos
hacia la soledad, cuento por Ezequiel Martínez Estrada. L a s u p u e s ­
UN TESTIGO DEL MUNDO,

ta

generación

española

de

1936,

por Guillermo de Torre. E se gran
desdichado de V erlaine , por Emilc
Henriot. N aturaleza de i.a danza
aborigen , por Oscar Cerruto. T res
pintores ecuatorianos , por Jorge
Romero Brest. L as pinturas m u ­
rales de la Galería P acífico , por
Romualdo Brughetti. L as formas
EN LAS PINTURAS DE I.A CÚPULA, por
Norberto A. Frontini. L a MÚSICA
AL día en M éxico , por Adolfo Salazar. D ecadencia del cine norte­
americano , por Manuel Villegas Ló­
pez. Crítica literaria , por Gonzá­
lez Carbalho. N otas de modas, por
Clairc Vendóme. C rítica df. cine .
M undo editorial. N otas sobre ar­
quitectura Y DECORACIÓN. CORRES­
PONDENCIA de F rancia . U na carta
de A lejandro S awa a R ubén D a ­
río. U na página de ciencias , re­

dactada por José Otero Espasanpor Felipe Ar­
por el profesor
Francisco Benkó. H umor. Carica­

dín. E xposiciones ,
cos Ruiz. A jedrez ,
tura .

Este número incluye impresa apar­
te la L ám ina N* 1 a 6 colores reproduciéndo el cuadro de F rancisco
de Go y a : “Don Manuel Osorio de
Zuñiga.”

I N TORNO A LA "SITI HST V GKNKRACION DE !T3b
de toda índole, generaciones, regenera­
ciones, deserciones, huidas y suicidios
literarios; obras críticas y de creación
que van desde la "I liada” hasta "La
guerra y la paz”, por no ir más lejos;
desde el "Cantar de Mió Cid”, anóni­
mo, hasta los "Esperpentos” de ValleInclán, por no ir tampoco más allá.
Sí, amigo Guillermo de Torre, las
guerras desgraciadamente son aún par­
te de la vida, y la vida que trae al
mundo poetas, que los alimenta o no
los alimenta, los mata a palos o los
fusila contra una pared, los casa o los
descasa, los encierra en un cámpo de
concentración o los trae a América, tie­
ne casi tanta relación con la literatura
como no importa qué revista de grupo
encasillable o momificable por un eru­
dito a la violeta cualquiera.
#

*

*

Pasado este primer escollo o escolio
necesario, supongo que sin tropiezo,
regresemos al terreno literario "propia­
mente dicho”; es decir, al "conglome­
rado de espíritus”, a las "afirmaciones
y negaciones”, al "ardimiento juvenil”,
a las "filias y las fobias”.
Con respecto al "conglomerado de
espíritus” y al sentimos "unánimes en
nuestro alborear”, poco he de decir. La
unidad de los que formamos la nueva
generación, es más que de espíritus; es
de espíritus y de cuerpos, de experien­
cias, de vidas y de muertes. Y no con­
fundo una causa literaria con una "ex­
traliteraria”, pues para nosotros la li­
teratura es todo y somos lo que somos,
y nos unimos como nos unimos, en vir­
tud de nuestra condición primera de
poetas y escritores. En cuanto al "ardi­
miento juvenil”, creo resulta demasiado
evidente, y pido perdón por ello.
Finalmente, he aquí unas cuantas
"afirmaciones” y "negaciones”, unas
cuantas "filias” y "fobias”; espero que
mis compañeros de generación, no ten­
drán que ponerles reparos fundamen­
tales.
ira”, con texto y aguafuertes de Rouault.
Ninguna de ostas obras estaba terminada
cuando un accidente de auto acabó bru­
talmente con la vida de este protector
del arte.
Un escritor ha calificado de novela ver­
daderamente balzaciana las relaciones de
Ambroise Vollard con el pintor Rouault.
Después de una vida muy dura, como la
de casi todos los artistas hasta llegar a
imponerse, Rouault recibió un día la visi­
ta de Ambroise Vollard, que iba a some­
terle un proyecto comercial: comprar toda
su producción, la que tuviera en su estu­
dedio, la que estaba pintando, la que tu­
viera en proveeto y todo lo que produjera
en el futuro. En lo sucesivo, Rouault tra­
bajaría sólo para Ambroise Vollard. Des­
de este momento y durante veinte años
seguidos, Vollard y Rouault conservaron
una íntima amistad.
Al morir Vollard, sus herederos confia­
ron a un “marchand”, que después de la
liberación de Francia fué encarcelado,
Martin Fabiani, el encargo de vender to­
das las magníficas colecciones que pose'a
Vollard. Muchos de sus cuadros partie­
ron en seguida para los Estados Unidos,
y durante la ocupación, hacia Alemania,
a nutrir las colecciones de Goering y otros
jerarcas hitlerianos. Así, hoy se encuen­
tran en distintos puntos del mundo los
pasteles de Degas, los paisajes de Cézanne, el retrato de Vollard vestido de
torero hecho por Renoir, las esculturas
de Maillol, “Le Moulin de la Galette” de
Bonnard, etc.
Los herederos quisieron también dispo­
ner de más de ochocientas obras de
Rouault, todavía sin acabar, y muchas de
las cuales estaban incluso sólo en boceto.
El pintor elevó una querella ante el Tri­
bunal Civil del Sena, y éste le ha dado
satisfacción al condenar a los herederos
de Vollard a devolverle los cuadros. El
Tribunal ha sentado el principio de que
una obra no terminada pertenece al ar­
tista.
l

“affaire” Chirieo es de un carácter

Para nosotros, "clara y expresamen­
te”, la literatura no es cola de pavo
real ni mercancía, el arte tiene un fin
y una causa, el escribir no es profesión
sino vocación, servicio. Sí, Dostoyewsky, sí Juan Ruiz, sí Jorge Manrique,
sí Fray Luis, sí San Juan: "lo impor­
tante es tener qué decir”. En suma:
nosotros elevamos la moral a categoría
estética o la estética a categoría moral.
Sabemos que este modo de entender la
literatura no es nada nuevo, sino por
el contrario muy antiguo, tradicional en
España, podríamos decir, y estamos or­
gullosos de ello. Creemos que lo nuevo
ayer y lo viejo hoy, es la actitud con­
traria : la élite, la frivolidad, el estufismo equívoco, el snobismo extranjerizan­
te, el "preciosismo”, el "álgebra supe­
rior de las metáforas” y el inferior y
pueril sumar en cuanto a pensamiento,
sentimiento, emoción y moral.
Pero la generación que nos ocupa de­
be estudiarse en sus obras, "obras son
amores y no buenas razones”.
Su estudio no es fácil, si se olvida
que ha nacido de la guerra y de sus
secuencias: la emigración, la cárcel.
En esta generación no cuenta la edad;
cuentan la sangre, la conservación del ta­
lento literario, la sensibilidad, la capa­
cidad para comprender el verdadero
sentido de la Literatura española, por
qué es literatura y por qué es española.
Procuraré explicarme citando un
nombre, un solo nombre. Cada genera­
ción tiene su dios tutelar, su santuario;
pues bien, yo pondría en el de la ge­
neración española de la guerra la figura
procer poética, literaria y humanamen­
te hablando, de Antonio Machado,
muerto precisamente al engendrarla.
*

*

*

La prehistoria de esta generación,
podría ser la siguiente. En 1930, se
inició el resquebrajamiento del aristo­
crático palacete del "álgebra superior”
que Ortega, tan occidentalmente defi­
niera, si es que no nació ya resquebra-

CORRESPONDENCIA
Este artista hace tiempo que ha cam­
biado fundamentalmente de concepciones
estéticas. Desde que Chirieo se ha insta­
lado en un pequeño piso de la vieja Roma,
está frecuentemente en lucha con las crí­
ticas de los jóvenes pintores italianos que
le reprochan, seguramente con la violen­
cia de los neófitos, el haber traicionado,
el retroceder hacia el “pompierismo” y el
complacerse en “los pincelazos egocentristas”. A esto responde Chirieo con gran
frenesí: “Conspiración, intrigas de las
fuerzas de la decadencia contra la salud
y el oficio.”
Como hemos dicho, la cuestión no ha
sido dilucidada del todo y la justicia ha
comenzado a actuar. Chirieo declara que
los cuadros que con su firma se han ex­
puesto en la Galería parisiense, son falsos.
La directora de la Galería manifiesta que

Se presenta oscuro, o por
Autorretrato de Giorgio de. Chirieo.
E lodiferente.
menos con aspectos bastante extraños,

jado. Por aquella época comenzaron a
subir de las entrañas de la tierra, sor­
dos rumores, sembrando la inquietud en
pleno artificioso seminario. Aquellos
ruidos venían a veces disfrazados de
surrealismo, pero detrás de ellos se
ocultaba algo mucho más profundo y
español: la pasión moral —antimoral—,
el realismo poético, la épica y nuestra
religiosidad universalista clásica en su
moderna forma.
Rafael Alberti, gran poeta que abar­
ca en plenitud dos generaciones, publi­
có su "Elegía cívica”, que para tantos
pasó desapercibida. Emilio Prados co­
menzó a sentir una angustia más defi­
nida, concreta y generosa: la de la mi­
seria del pueblo de Málaga. A César
M. Arconada y a Pedro Garfias les
sucedía también algo parecido: empe­
zaba a disgustarles el arte "hermético”,
egoísta, ñoño, vacío. ¿Ningún profesor
se dió cuenta de eso?
Después se creó la revista "Octubre”,
donde colaboraron desde Antonio Ma­
chado hasta Luis Cernuda y Manuel
Altolaguirre. Al mismo tiempo comen­
zaron a aparecer nuevos jóvenes, infor­
mes, balbuceantes, pero llenos de pa­
sión y . . . a quienes ya el álgebra no
satisfacía, ni muchísimo menos.
La situación no era todavía clara.
Aun, a la fuerza, había que escribir por
ecuaciones; no teníamos de momento
ningún otro medio de expresión, no era
fácil alcanzarlo, aprehenderlo, asirlo;
aunque en realidad, sí existía: en Es­
paña.
En estas confusas circunstancias lle­
gó la guerra; agarró a los poetas y
escritores y los colocó en pleno campo
de batalla, partiendo plaza; en mitad
de la más cruda y feroz realidad lite­
raria. Después vino la emigración. . .
Sobre lo que sucedió literariamente en­
tonces y sobre lo que sucede ahora,
pueden escribirse libros. Algún día se
escribirán.
Pero de ningún modo es posible pa­
sarlo por alto haciendo un elegante ade­
para siempre al autor. Maquinación fran­
cesa, claro está, contra un pintor italiano,
porque la política está mezclada también
en esta cuestión.”
Este ha sido el tono general de la
prensa francesa acerca del “affaire” Chi­
rieo. Según él, hoy no hace más que
arte clásico y pinta “a la manera del
siglo x v h ”.
Charles Estienne, otro gran crítico, que
en su crónica sobre el “affaire” no es
muy dulce para Chirieo, ha expuesto de
la siguiente manera sus dudas sobre al­
gunas de las telas de la Exposición: “De­
bo declarar que una tela expuesta en la
primera fila de la galería —pertenecía,
por otra parte, como lo señala Chirieo, a
la época de “caballos estilizados y rui­
nas”— me había dejado perplejo. Se me
liab a dicho que el célebre pintor, para
contentar a sus aficionados, no vacilaba,
en caso necesario, en hacer él mismo co­
pias de un motivo muy solicitado. Y sólo
Dios sabe cuántos caballos estilizados co­
rren por el mundo.”

mán de objetividad literaria pasiva,
aunque éste sea hasta generoso. Porque, 1
amigo Guillermo de Torre, la "objeti­
vidad” no existe en el mundo, puedes
estar poética y literariamente seguro, y
la "literatura por la literatura" tam­
poco. (Discúlpame la pedantería generalizadora en aras del necesario "ardi­
miento”.)
*

*

*

La nueva generación "es niña y pasó
la mar”, dije antes. La mar amarga
y salada de la experiencia; en ello re­
side su verdadera fuerza, el fondo y
la forma que la caracteriza. Por eso,
estoy seguro: no se conforma con hacer
literatura de literatura.
Me resisto a inclnir nombres de auto­
res y de obras. Como tú temo incurrir
en omisiones y en inclusiones equivo­
cadas (éste es el único error de Homero
Serís, a mi juicio). Las dificultades
que los hombres de esta generación tie­
nen, para darse a conocer, publicar y
comunicarse son muchas. Quien se de­
cida a emprender el estudio de las
obras que ha producido tendrá que co­
menzar por reunir materiales a veces
inéditos, dispersos en un área que
abarca desde Murmansk a la Patagonia,
pasando naturalmente por España.
En todo caso no es a mí a quien co­
rresponde enumerar y enaltecer o re­
bajar. Los árboles me impiden ver el
bosque. A los críticos como tú, dotados
de verdadera vocación y sensibilidad,
y que no se arredren ante las dificul­
tades toca la faena.
A título de dato te diré que Jean
Camp, el eminente hispanista francés,
actualmente en México, ha tenido oca­
sión de conocer algunas de las obras
producidas por escritores españoles en
los campos de concentración de Francia.
Me gustaría aducir algunos otros ar­
gumentos en pro de la existencia de la
nueva generación española de la guerra.
También me gustaría hablar, por ejem­
plo, sobre los escritores que escriben en
España, que no son sino una confirma­
ción aterrorizada, perseguida, disimu­
lada o autocastrada (por traición) de
ella (y en ningún modo algo esencial­
mente antagónico y ni siquiera dis­
tinto).
Pero terminaré agradeciéndote, Gui­
llermo de Torre, el haber tocado este
tema que a tantos escritores y poetas
jóvenes y menos jóvenes nos apasiona
hasta la misma raíz de nuestros traba­
jos, luchas y sufrimientos.

México.
y verdaderos, de una extraordinaria no­
bleza, como en “Danzas macabras”. En
1917, Blok se entregó con toda pasión a
ia revolución y escribió sus poemas más
conocidos en el mundo: “Los Doce” y
“Los Escitas”, en el que se invita a todos
los pueblos al "festín fraternal del tra­
bajo V de la paz”.
' Alejandro Blok murió en 1926.

a lg u na s de
las iniciativas más acertaX i. das de los editores ingleses y ameri­
canos comienzan a tener en Francia imi­
tadores. A partir del 10 de julio, los
“Penguin Books”, los “Bantan Books” y
otras famosas colecciones de libros de
bolsillo tienen una análoga en francés.
Esta colección se llama “Mille et un
A compañía “Le Rideau de Paris’’ ha
j representado, por una sola vez, en el jours” y aparecerá por ahora una vez por
teatro Charles-de-Rochefort, una obra de mes. Para acreditarse, la colección “Mille
et un jours” ha comenzado por anunciar
Paul Yaléry.
premio de 50.000 francos a la mejor
Paul Valéry tuvo siempre gran interés un
por el teatro; pero, sin embargo, sólo en novela publicada durante el período 19451940 concibió vagamente “el deseo de un 46, y que se refiera a actos de patriotis­
III Fausto, que pudiera comprender un mo de la juventud francesa durante la
ocupación. El jurado del concurso estará
número indeterminado de obras más o presidido
por Pierre Marc-Orlan.
menos hechas para el teatro”, según su
propia expresión. En seguida se dedicó
a componer lo que él mismo denominó
“Mi Fausto”, o sea una comedia titulada
“Lust, la señorita de cristal”, y un drama
de magia: “El Solitario o las maldiciones
del Universo”. Las dos obras fueron in­
terrumpidas, de tal manera que de la
primera sólo terminó Valéry las tres cuar­
Registro de Propiedad Intelectual N&lt;&gt; 216.894
tas partes y del segundo los dos tercios
Redacción.
Dirección. Administración. Publicidad.
nada más.
INDEPENDENCIA 360. BUENOS AIRES
REPÚBLICA ARGENTINA
Al representarse ahora “Mi Fausto”, se
resiente de esta imposibilidad de conocer
Se publica loa d í a s 1 y 13 de cada mes.
Precio del ejemplar: $ 0,40 m./arg.
hasta el final el pensamiento de Paul Vatóry, ya que la obra queda incompleta.
SUSCRIPCIÓN
Pero se les ha dado a sus amigos la po­ Argentina: Un a ñ o ......................$ 8 . 2 0 m./arg.
*
Seis meses . . . . $ 4.30 m./arg.
sibilidad de oír sus maravillosas palabras,
dichas por una compañía que ha puesto Extranjero: Un año . . . Dólares U .S .A . 3.50
DISTRIBUIDORES
todo su entusiasmo y pasión en represen­
tar al maestro.
S i l v a n o M a c h i . Independencia 2837

1

cabalgata

lo cual mueve a la mayor a de los críticos antes de inaugurar la Exposición envió
y expertos en arte a dudar de la sinceri­ fotos de todos los cuadros al propio Chi­
dad del artista italiano. Se llega a creer rieo, que dejó pasar casi dos meses sin
por muchos que se trata meramente de una contestar y que lo ha hecho sólo después
Interior y exterior: D i s t r i b u i d o r a T r i u n f o S.R.L.
campaña de reclame que él mismo se ha­ de clausurada, la Exposición. Uno de los
Rosario 201
ce o, lo que es peor, simplemente de un coleccionistas que había cedido los cua­
eliantage.
dros, asegura en forma concluyente que
stos días se ha cumplido el vigésimo
O
En nuestra crónica anterior hemos por lo menos la mitad están comprados
FRANQUEO
PAGADO
aniversario de la muerte del gran
O Z
dicho so m eram ente en qué consiste personalmente por él y directamente al
CONCESION No 3799
poeta ruso Alejandro Blok, al que toda la IU ►= _J
este “affaire” Chirieo. El pintor ex-su- artista. Por otra parte, algunos de los prensa literaria francesa ha recordado en
E zUJ &lt;
te
O O z
rrealista Giorgio Chirieo ha lanzado re­ cuadros en litigio eran ya conocidos por­ esta ocasión con más o menos fervor. Ya
t a r i f a
REDUCIDA
o ce oUJ
pentinamente un grito en todos los perió­ que figuran en el follctito dedicado a él su vida en sí, tanto como su muerte
&lt;
CONCESION No 3205
dicos y revistas del mundo que han que­ en la colección Gallimard, titulada “Pein- estuvo impregnada de un gran sabor ro­
rido concederle espacio, denunciando como tres nouveaux”. Todo es, pues, bastante mántico.
falsos todos o casi todos los cuadros de sospechoso.
Nacido en 1880, apenas conoció a su
una Exposición que acaba de celebrarse
Sobre esta cuestión, el gran semanario padre, que fué profesor de la Universidad
en París, y de los cuales, por cierto, nin­ “Arts”, con su reconocida autoridad, se de Varsovia, músico exquisito y admiraBOLETIN DE SUSCRIPCION
guno se había vendido.
ha expresado en los siguientes términos:
(ior de toda la literatura universal. AleChirieo ha querido hacer creer a todo
“Sin embargo, algunos habían creído jandro Blok, se educó con la familia de
el mundo que existe nada menos que un observar en ciertos cuadros expuestos una su madre, hija de A.-N. Beketov, botánico
E l señor
(E N LETRA DE IM PRENTA)
complot organizado contra él por “los densidad y un peso m ás... auténticos ee.ebre y rector de la Universidad de San
llamados medios de vanguardia de París”. que en otros, porque es sabido que la Petersburgo, donde gozaba de una gran
Dirección
La fabricación de falsos Chirieo hace cualidad propiamente pictórica nunca ha autoridad científica.
creer a éste que existe una acción pre­ sido una de las preocupaciones principa­
Su primer libro, “Versos sobre la bella
meditada de los “modernistas” contra sus les de los pintores metafísicos, cuya va­ señora”,
apareció en 1906; fué seguido
esfuerzos para encauzar el arte por “el lor es sobre todo filosófico e histórico, de “Alegría
se suscribe a C A B A L G A T A per el
y en 1907 de
plano de la nobleza, de la belleza, de la í Estaremos, por tanto, en presencia de “Máscara de inesperada”,
período de un año* seis meses y al efecto
nieve”.
Sus
primeros
versos
dignidad, de la seriedad”. Acusa, con un complot de los medios de vanguardia
acompaña el importe de $ 8,20, $ 4.30,
sus propias palabras, “a esos modernistas parisinos que no perdonan a este pre-ex- fueron acogidos con gran entusiasmo en
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
los
medios
poéticos
simbolistas;
pero
que sólo buscan emociones, revelaciones, surrealista, a este fundador incluso del
postal a su orden.
pronto se separó de esta escuela, para
y que son incapaces de interesarse por eí surrealismo, el haberse apartado en 1918? tomar
nueva orientación.
hecho más interesante en el cuadro: el Una oscura maquinación es el origen de
Ya en sus obras de 1908 a 1916, se ma­
Tachar la condición que no se utilice.
hecho pictórico”.
esta Exposición, cuyo objeto era perder nifiestan sus poesías con colores crueles

E

IMPRESO EN ARGENTINA
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�LETRAS _

cabalgata©
(Viene de página 1.)

valores nuevos que en España sólo des­
puntaban”. Supongo entonces que nie­
gas la existencia de la generación de la
guerra por la "extraliteraridad” del fe­
nómeno que la originó y porque pien­
sas que, negando con tus propias pa­
labras, no existe "un conglomerado de
espíritus que en un momento dado, en
el de su alborear, se sienten expresa­
mente unánimes para afirmar unas co­
sas con auténtico ardimiento juvenil”,
ni "una ruptura y una inauguración” al
mismo tiempo ni "una coincidencia sin­
gular en las mismas filias y fobias”.
Vayamos por partes.
Amigo Guillermo de Torre, crítico,
quizás el más certero, de una época y
de unos escritores: la guerra de Es­
paña no es un fenómeno extraliterario.
¡ Qué va a ser! No es tampoco un "pre­
texto”, sino un texto perfectamente en­
cauzado, justificado y sentido para los
que fuimos textes fautores o víctimas
de ella, para tantos y tantos anónimos
que se crecieron y se multiplicaron.
No, Guillermo de Torre. En esto no
estoy conforme contigo, ni yo ni otros.
Me bajo de tu caballo y coirinúo a pie,
aunque sea so'o, por la llanura quijo­
tesca, mfinit ■■ Por mi llanura y por
tu llanura española, hambriento, se­
diento, acosado de mastines y de lobos,
aporreado de vizcaínos, ignorado de
yangfi. -es, y burlado y despreciado de
arist ic atas y demás "cultos” señoritos
objetivos.
I ’ero yo sé que no eres de ésos. Pon­
gámonos de acuerdo. Tomemos entre los
dos la brida. Porque ni tú ni yo en­
tendemos por guerra el deporte mussolmesco-marinettino de disparar ametra­
lladoras sin ton ni son, como quieh
juega de artificio cohetes o buscapiés
mortales; sino algo —oblación— pro­
fundamente moral, humano y por lo
tanto vital, literario. Eso es, al menos,
la guerra que nosotros hicimos y que
hacemos, que perdimos y que ganare­
mos, hasta sus últimas consecuencias,
no "cismáticas” ni "escisorias”, sino
unificadoras y universales. Puedes es­
tar literariamente seguro de ello.
Por otra parte, tan evidente es que
casi huelga el decirlo, las guerras han
sido y son también "pretexto”, por la
remoción de pasiones, emociones y sen­
timientos y las profundas convulsiones
de toda índole que llevan anejas, para
que se produzcan fenómenos literarios

FRANCIA
(Envío especial para “Cabalgata”.)
omo

en

este período del año la vida

y artística de París cesa casi
Cporliteraria
completo, viven todavía los ecos
dos “affaires” artísticos: el de Rouault Vollard y el del pintor italiano Chirieo.
Ambroisc Vollard era suficientemente
conocido, no sólo en Francia sino en los
medios artísticos del mundo entero, para
que necesite nuestra presentación. Des­
pués de haber sido “marchand” de Cézanne, de Renoir, de Van Gogh, Gauguin,
Bonnard, Picasso y de muchas otras ce­
lebridades artísticas de hoy día, sin aban­
donar por completo el comercio de cua­
dros, se dedicó esencialmente a la edición
de obras de arte. Consagró años y años
a la edición de obras que son un modelo
tipográfico, y que ilustraron los mejores
artistas actuales, desde Bonnard a Dufv
y de Maurice Denis a Picasso. Esta de­
dicación alcanzó resonancia en tres obras
de una importancia fundamental en la
bibliografía artística: las “Fábulas” de
La Fontaine, ilustradas por Chagall, las
“Geórgicas”, de Virgilio, con cien agua­
fuertes de Scgonzac, y “Misereres y gue-

SUMARIO DEL NUMERO 1
VÍCTOR H ügo v

los ESPÍRITUS,
la muerte

Alfonso Reyes. Ex

por
de

por José Luis
Romero. Mi vieja amistad , por Arnaldo Orfila Reynal. H enríQuez
U reña , por Ernesto Sábato. E voca­
ción de R oberto A rlt , por Córdova Iturburu. U n testimonio , por
Gabriel Marcel. P rimeros pasos
hacia la soledad, cuento por Ezequiel Martínez Estrada. L a s u p u e s ­
UN TESTIGO DEL MUNDO,

ta

generación

española

de

1936,

por Guillermo de Torre. E se gran
desdichado de V erlaine , por Emilc
Henriot. N aturaleza de i.a danza
aborigen , por Oscar Cerruto. T res
pintores ecuatorianos , por Jorge
Romero Brest. L as pinturas m u ­
rales de la Galería P acífico , por
Romualdo Brughetti. L as formas
EN LAS PINTURAS DE I.A CÚPULA, por
Norberto A. Frontini. L a MÚSICA
AL día en M éxico , por Adolfo Salazar. D ecadencia del cine norte­
americano , por Manuel Villegas Ló­
pez. Crítica literaria , por Gonzá­
lez Carbalho. N otas de modas, por
Clairc Vendóme. C rítica df. cine .
M undo editorial. N otas sobre ar­
quitectura Y DECORACIÓN. CORRES­
PONDENCIA de F rancia . U na carta
de A lejandro S awa a R ubén D a ­
río. U na página de ciencias , re­

dactada por José Otero Espasanpor Felipe Ar­
por el profesor
Francisco Benkó. H umor. Carica­

dín. E xposiciones ,
cos Ruiz. A jedrez ,
tura .

Este número incluye impresa apar­
te la L ám ina N* 1 a 6 colores reproduciéndo el cuadro de F rancisco
de Go y a : “Don Manuel Osorio de
Zuñiga.”

I N TORNO A LA "SITI HST V GKNKRACION DE !T3b
de toda índole, generaciones, regenera­
ciones, deserciones, huidas y suicidios
literarios; obras críticas y de creación
que van desde la "I liada” hasta "La
guerra y la paz”, por no ir más lejos;
desde el "Cantar de Mió Cid”, anóni­
mo, hasta los "Esperpentos” de ValleInclán, por no ir tampoco más allá.
Sí, amigo Guillermo de Torre, las
guerras desgraciadamente son aún par­
te de la vida, y la vida que trae al
mundo poetas, que los alimenta o no
los alimenta, los mata a palos o los
fusila contra una pared, los casa o los
descasa, los encierra en un cámpo de
concentración o los trae a América, tie­
ne casi tanta relación con la literatura
como no importa qué revista de grupo
encasillable o momificable por un eru­
dito a la violeta cualquiera.
#

*

*

Pasado este primer escollo o escolio
necesario, supongo que sin tropiezo,
regresemos al terreno literario "propia­
mente dicho”; es decir, al "conglome­
rado de espíritus”, a las "afirmaciones
y negaciones”, al "ardimiento juvenil”,
a las "filias y las fobias”.
Con respecto al "conglomerado de
espíritus” y al sentimos "unánimes en
nuestro alborear”, poco he de decir. La
unidad de los que formamos la nueva
generación, es más que de espíritus; es
de espíritus y de cuerpos, de experien­
cias, de vidas y de muertes. Y no con­
fundo una causa literaria con una "ex­
traliteraria”, pues para nosotros la li­
teratura es todo y somos lo que somos,
y nos unimos como nos unimos, en vir­
tud de nuestra condición primera de
poetas y escritores. En cuanto al "ardi­
miento juvenil”, creo resulta demasiado
evidente, y pido perdón por ello.
Finalmente, he aquí unas cuantas
"afirmaciones” y "negaciones”, unas
cuantas "filias” y "fobias”; espero que
mis compañeros de generación, no ten­
drán que ponerles reparos fundamen­
tales.
ira”, con texto y aguafuertes de Rouault.
Ninguna de ostas obras estaba terminada
cuando un accidente de auto acabó bru­
talmente con la vida de este protector
del arte.
Un escritor ha calificado de novela ver­
daderamente balzaciana las relaciones de
Ambroise Vollard con el pintor Rouault.
Después de una vida muy dura, como la
de casi todos los artistas hasta llegar a
imponerse, Rouault recibió un día la visi­
ta de Ambroise Vollard, que iba a some­
terle un proyecto comercial: comprar toda
su producción, la que tuviera en su estu­
dedio, la que estaba pintando, la que tu­
viera en proveeto y todo lo que produjera
en el futuro. En lo sucesivo, Rouault tra­
bajaría sólo para Ambroise Vollard. Des­
de este momento y durante veinte años
seguidos, Vollard y Rouault conservaron
una íntima amistad.
Al morir Vollard, sus herederos confia­
ron a un “marchand”, que después de la
liberación de Francia fué encarcelado,
Martin Fabiani, el encargo de vender to­
das las magníficas colecciones que pose'a
Vollard. Muchos de sus cuadros partie­
ron en seguida para los Estados Unidos,
y durante la ocupación, hacia Alemania,
a nutrir las colecciones de Goering y otros
jerarcas hitlerianos. Así, hoy se encuen­
tran en distintos puntos del mundo los
pasteles de Degas, los paisajes de Cézanne, el retrato de Vollard vestido de
torero hecho por Renoir, las esculturas
de Maillol, “Le Moulin de la Galette” de
Bonnard, etc.
Los herederos quisieron también dispo­
ner de más de ochocientas obras de
Rouault, todavía sin acabar, y muchas de
las cuales estaban incluso sólo en boceto.
El pintor elevó una querella ante el Tri­
bunal Civil del Sena, y éste le ha dado
satisfacción al condenar a los herederos
de Vollard a devolverle los cuadros. El
Tribunal ha sentado el principio de que
una obra no terminada pertenece al ar­
tista.
l

“affaire” Chirieo es de un carácter

Para nosotros, "clara y expresamen­
te”, la literatura no es cola de pavo
real ni mercancía, el arte tiene un fin
y una causa, el escribir no es profesión
sino vocación, servicio. Sí, Dostoyewsky, sí Juan Ruiz, sí Jorge Manrique,
sí Fray Luis, sí San Juan: "lo impor­
tante es tener qué decir”. En suma:
nosotros elevamos la moral a categoría
estética o la estética a categoría moral.
Sabemos que este modo de entender la
literatura no es nada nuevo, sino por
el contrario muy antiguo, tradicional en
España, podríamos decir, y estamos or­
gullosos de ello. Creemos que lo nuevo
ayer y lo viejo hoy, es la actitud con­
traria : la élite, la frivolidad, el estufismo equívoco, el snobismo extranjerizan­
te, el "preciosismo”, el "álgebra supe­
rior de las metáforas” y el inferior y
pueril sumar en cuanto a pensamiento,
sentimiento, emoción y moral.
Pero la generación que nos ocupa de­
be estudiarse en sus obras, "obras son
amores y no buenas razones”.
Su estudio no es fácil, si se olvida
que ha nacido de la guerra y de sus
secuencias: la emigración, la cárcel.
En esta generación no cuenta la edad;
cuentan la sangre, la conservación del ta­
lento literario, la sensibilidad, la capa­
cidad para comprender el verdadero
sentido de la Literatura española, por
qué es literatura y por qué es española.
Procuraré explicarme citando un
nombre, un solo nombre. Cada genera­
ción tiene su dios tutelar, su santuario;
pues bien, yo pondría en el de la ge­
neración española de la guerra la figura
procer poética, literaria y humanamen­
te hablando, de Antonio Machado,
muerto precisamente al engendrarla.
*

*

*

La prehistoria de esta generación,
podría ser la siguiente. En 1930, se
inició el resquebrajamiento del aristo­
crático palacete del "álgebra superior”
que Ortega, tan occidentalmente defi­
niera, si es que no nació ya resquebra-

CORRESPONDENCIA
Este artista hace tiempo que ha cam­
biado fundamentalmente de concepciones
estéticas. Desde que Chirieo se ha insta­
lado en un pequeño piso de la vieja Roma,
está frecuentemente en lucha con las crí­
ticas de los jóvenes pintores italianos que
le reprochan, seguramente con la violen­
cia de los neófitos, el haber traicionado,
el retroceder hacia el “pompierismo” y el
complacerse en “los pincelazos egocentristas”. A esto responde Chirieo con gran
frenesí: “Conspiración, intrigas de las
fuerzas de la decadencia contra la salud
y el oficio.”
Como hemos dicho, la cuestión no ha
sido dilucidada del todo y la justicia ha
comenzado a actuar. Chirieo declara que
los cuadros que con su firma se han ex­
puesto en la Galería parisiense, son falsos.
La directora de la Galería manifiesta que

Se presenta oscuro, o por
Autorretrato de Giorgio de. Chirieo.
E lodiferente.
menos con aspectos bastante extraños,

jado. Por aquella época comenzaron a
subir de las entrañas de la tierra, sor­
dos rumores, sembrando la inquietud en
pleno artificioso seminario. Aquellos
ruidos venían a veces disfrazados de
surrealismo, pero detrás de ellos se
ocultaba algo mucho más profundo y
español: la pasión moral —antimoral—,
el realismo poético, la épica y nuestra
religiosidad universalista clásica en su
moderna forma.
Rafael Alberti, gran poeta que abar­
ca en plenitud dos generaciones, publi­
có su "Elegía cívica”, que para tantos
pasó desapercibida. Emilio Prados co­
menzó a sentir una angustia más defi­
nida, concreta y generosa: la de la mi­
seria del pueblo de Málaga. A César
M. Arconada y a Pedro Garfias les
sucedía también algo parecido: empe­
zaba a disgustarles el arte "hermético”,
egoísta, ñoño, vacío. ¿Ningún profesor
se dió cuenta de eso?
Después se creó la revista "Octubre”,
donde colaboraron desde Antonio Ma­
chado hasta Luis Cernuda y Manuel
Altolaguirre. Al mismo tiempo comen­
zaron a aparecer nuevos jóvenes, infor­
mes, balbuceantes, pero llenos de pa­
sión y . . . a quienes ya el álgebra no
satisfacía, ni muchísimo menos.
La situación no era todavía clara.
Aun, a la fuerza, había que escribir por
ecuaciones; no teníamos de momento
ningún otro medio de expresión, no era
fácil alcanzarlo, aprehenderlo, asirlo;
aunque en realidad, sí existía: en Es­
paña.
En estas confusas circunstancias lle­
gó la guerra; agarró a los poetas y
escritores y los colocó en pleno campo
de batalla, partiendo plaza; en mitad
de la más cruda y feroz realidad lite­
raria. Después vino la emigración. . .
Sobre lo que sucedió literariamente en­
tonces y sobre lo que sucede ahora,
pueden escribirse libros. Algún día se
escribirán.
Pero de ningún modo es posible pa­
sarlo por alto haciendo un elegante ade­
para siempre al autor. Maquinación fran­
cesa, claro está, contra un pintor italiano,
porque la política está mezclada también
en esta cuestión.”
Este ha sido el tono general de la
prensa francesa acerca del “affaire” Chi­
rieo. Según él, hoy no hace más que
arte clásico y pinta “a la manera del
siglo x v h ”.
Charles Estienne, otro gran crítico, que
en su crónica sobre el “affaire” no es
muy dulce para Chirieo, ha expuesto de
la siguiente manera sus dudas sobre al­
gunas de las telas de la Exposición: “De­
bo declarar que una tela expuesta en la
primera fila de la galería —pertenecía,
por otra parte, como lo señala Chirieo, a
la época de “caballos estilizados y rui­
nas”— me había dejado perplejo. Se me
liab a dicho que el célebre pintor, para
contentar a sus aficionados, no vacilaba,
en caso necesario, en hacer él mismo co­
pias de un motivo muy solicitado. Y sólo
Dios sabe cuántos caballos estilizados co­
rren por el mundo.”

mán de objetividad literaria pasiva,
aunque éste sea hasta generoso. Porque, 1
amigo Guillermo de Torre, la "objeti­
vidad” no existe en el mundo, puedes
estar poética y literariamente seguro, y
la "literatura por la literatura" tam­
poco. (Discúlpame la pedantería generalizadora en aras del necesario "ardi­
miento”.)
*

*

*

La nueva generación "es niña y pasó
la mar”, dije antes. La mar amarga
y salada de la experiencia; en ello re­
side su verdadera fuerza, el fondo y
la forma que la caracteriza. Por eso,
estoy seguro: no se conforma con hacer
literatura de literatura.
Me resisto a inclnir nombres de auto­
res y de obras. Como tú temo incurrir
en omisiones y en inclusiones equivo­
cadas (éste es el único error de Homero
Serís, a mi juicio). Las dificultades
que los hombres de esta generación tie­
nen, para darse a conocer, publicar y
comunicarse son muchas. Quien se de­
cida a emprender el estudio de las
obras que ha producido tendrá que co­
menzar por reunir materiales a veces
inéditos, dispersos en un área que
abarca desde Murmansk a la Patagonia,
pasando naturalmente por España.
En todo caso no es a mí a quien co­
rresponde enumerar y enaltecer o re­
bajar. Los árboles me impiden ver el
bosque. A los críticos como tú, dotados
de verdadera vocación y sensibilidad,
y que no se arredren ante las dificul­
tades toca la faena.
A título de dato te diré que Jean
Camp, el eminente hispanista francés,
actualmente en México, ha tenido oca­
sión de conocer algunas de las obras
producidas por escritores españoles en
los campos de concentración de Francia.
Me gustaría aducir algunos otros ar­
gumentos en pro de la existencia de la
nueva generación española de la guerra.
También me gustaría hablar, por ejem­
plo, sobre los escritores que escriben en
España, que no son sino una confirma­
ción aterrorizada, perseguida, disimu­
lada o autocastrada (por traición) de
ella (y en ningún modo algo esencial­
mente antagónico y ni siquiera dis­
tinto).
Pero terminaré agradeciéndote, Gui­
llermo de Torre, el haber tocado este
tema que a tantos escritores y poetas
jóvenes y menos jóvenes nos apasiona
hasta la misma raíz de nuestros traba­
jos, luchas y sufrimientos.

México.
y verdaderos, de una extraordinaria no­
bleza, como en “Danzas macabras”. En
1917, Blok se entregó con toda pasión a
ia revolución y escribió sus poemas más
conocidos en el mundo: “Los Doce” y
“Los Escitas”, en el que se invita a todos
los pueblos al "festín fraternal del tra­
bajo V de la paz”.
' Alejandro Blok murió en 1926.

a lg u na s de
las iniciativas más acertaX i. das de los editores ingleses y ameri­
canos comienzan a tener en Francia imi­
tadores. A partir del 10 de julio, los
“Penguin Books”, los “Bantan Books” y
otras famosas colecciones de libros de
bolsillo tienen una análoga en francés.
Esta colección se llama “Mille et un
A compañía “Le Rideau de Paris’’ ha
j representado, por una sola vez, en el jours” y aparecerá por ahora una vez por
teatro Charles-de-Rochefort, una obra de mes. Para acreditarse, la colección “Mille
et un jours” ha comenzado por anunciar
Paul Yaléry.
premio de 50.000 francos a la mejor
Paul Valéry tuvo siempre gran interés un
por el teatro; pero, sin embargo, sólo en novela publicada durante el período 19451940 concibió vagamente “el deseo de un 46, y que se refiera a actos de patriotis­
III Fausto, que pudiera comprender un mo de la juventud francesa durante la
ocupación. El jurado del concurso estará
número indeterminado de obras más o presidido
por Pierre Marc-Orlan.
menos hechas para el teatro”, según su
propia expresión. En seguida se dedicó
a componer lo que él mismo denominó
“Mi Fausto”, o sea una comedia titulada
“Lust, la señorita de cristal”, y un drama
de magia: “El Solitario o las maldiciones
del Universo”. Las dos obras fueron in­
terrumpidas, de tal manera que de la
primera sólo terminó Valéry las tres cuar­
Registro de Propiedad Intelectual N&lt;&gt; 216.894
tas partes y del segundo los dos tercios
Redacción.
Dirección. Administración. Publicidad.
nada más.
INDEPENDENCIA 360. BUENOS AIRES
REPÚBLICA ARGENTINA
Al representarse ahora “Mi Fausto”, se
resiente de esta imposibilidad de conocer
Se publica loa d í a s 1 y 13 de cada mes.
Precio del ejemplar: $ 0,40 m./arg.
hasta el final el pensamiento de Paul Vatóry, ya que la obra queda incompleta.
SUSCRIPCIÓN
Pero se les ha dado a sus amigos la po­ Argentina: Un a ñ o ......................$ 8 . 2 0 m./arg.
*
Seis meses . . . . $ 4.30 m./arg.
sibilidad de oír sus maravillosas palabras,
dichas por una compañía que ha puesto Extranjero: Un año . . . Dólares U .S .A . 3.50
DISTRIBUIDORES
todo su entusiasmo y pasión en represen­
tar al maestro.
S i l v a n o M a c h i . Independencia 2837

1

cabalgata

lo cual mueve a la mayor a de los críticos antes de inaugurar la Exposición envió
y expertos en arte a dudar de la sinceri­ fotos de todos los cuadros al propio Chi­
dad del artista italiano. Se llega a creer rieo, que dejó pasar casi dos meses sin
por muchos que se trata meramente de una contestar y que lo ha hecho sólo después
Interior y exterior: D i s t r i b u i d o r a T r i u n f o S.R.L.
campaña de reclame que él mismo se ha­ de clausurada, la Exposición. Uno de los
Rosario 201
ce o, lo que es peor, simplemente de un coleccionistas que había cedido los cua­
eliantage.
dros, asegura en forma concluyente que
stos días se ha cumplido el vigésimo
O
En nuestra crónica anterior hemos por lo menos la mitad están comprados
FRANQUEO
PAGADO
aniversario de la muerte del gran
O Z
dicho so m eram ente en qué consiste personalmente por él y directamente al
CONCESION No 3799
poeta ruso Alejandro Blok, al que toda la IU ►= _J
este “affaire” Chirieo. El pintor ex-su- artista. Por otra parte, algunos de los prensa literaria francesa ha recordado en
E U
zJ &lt;
te
O O z
rrealista Giorgio Chirieo ha lanzado re­ cuadros en litigio eran ya conocidos por­ esta ocasión con más o menos fervor. Ya
t a r i f a
REDUCIDA
o ce oUJ
pentinamente un grito en todos los perió­ que figuran en el follctito dedicado a él su vida en sí, tanto como su muerte
&lt;
CONCESION No 3205
dicos y revistas del mundo que han que­ en la colección Gallimard, titulada “Pein- estuvo impregnada de un gran sabor ro­
rido concederle espacio, denunciando como tres nouveaux”. Todo es, pues, bastante mántico.
falsos todos o casi todos los cuadros de sospechoso.
Nacido en 1880, apenas conoció a su
una Exposición que acaba de celebrarse
Sobre esta cuestión, el gran semanario padre, que fué profesor de la Universidad
en París, y de los cuales, por cierto, nin­ “Arts”, con su reconocida autoridad, se de Varsovia, músico exquisito y admiraBOLETIN DE SUSCRIPCION
guno se había vendido.
ha expresado en los siguientes términos:
(ior de toda la literatura universal. AleChirieo ha querido hacer creer a todo
“Sin embargo, algunos habían creído jandro Blok, se educó con la familia de
el mundo que existe nada menos que un observar en ciertos cuadros expuestos una su madre, hija de A.-N. Beketov, botánico
E l señor
(E N LETRA DE IM PRENTA)
complot organizado contra él por “los densidad y un peso m ás... auténticos ee.ebre y rector de la Universidad de San
llamados medios de vanguardia de París”. que en otros, porque es sabido que la Petersburgo, donde gozaba de una gran
Dirección
La fabricación de falsos Chirieo hace cualidad propiamente pictórica nunca ha autoridad científica.
creer a éste que existe una acción pre­ sido una de las preocupaciones principa­
Su primer libro, “Versos sobre la bella
meditada de los “modernistas” contra sus les de los pintores metafísicos, cuya va­ señora”,
apareció en 1906; fué seguido
esfuerzos para encauzar el arte por “el lor es sobre todo filosófico e histórico, de “Alegría
se suscribe a C A B A L G A T A per el
y en 1907 de
plano de la nobleza, de la belleza, de la í Estaremos, por tanto, en presencia de “Máscara de inesperada”,
período de un año* seis meses y al efecto
nieve”.
Sus
primeros
versos
dignidad, de la seriedad”. Acusa, con un complot de los medios de vanguardia
acompaña el importe de $ 8,20, $ 4.30,
sus propias palabras, “a esos modernistas parisinos que no perdonan a este pre-ex- fueron acogidos con gran entusiasmo en
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
los
medios
poéticos
simbolistas;
pero
que sólo buscan emociones, revelaciones, surrealista, a este fundador incluso del
postal a su orden.
pronto se separó de esta escuela, para
y que son incapaces de interesarse por eí surrealismo, el haberse apartado en 1918? tomar
nueva orientación.
hecho más interesante en el cuadro: el Una oscura maquinación es el origen de
Ya en sus obras de 1908 a 1916, se ma­
Tachar la condición que no se utilice.
hecho pictórico”.
esta Exposición, cuyo objeto era perder nifiestan sus poesías con colores crueles

E

IMPRESO EN ARGENTINA
IM
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eA 2028

�LETRAS

Gaba
X ^ O iaer
encontrar a Ehremburg
V en París, es un acontecimiento
sentimental.
Hablamos de la guerra en su país,
lo conozco
le digo— muchas de sus
crónicas de gue­
rra. Y asimismo
he visto muchos
films y he se­
guido los cables
de información.
He modo que ef
sentido heroico
del pueblo ruso
está muy pre­
se n te en mí.
¿Quiere contar­
me algún hecho
que no sea propiamente militar y que.
a su juicio, refleje el estado de ánimo
de su pueblo durante estos años terri­
bles f
—En Leningrndo, durante el asedio:
en 1942. Era una situación espan­
tosa. No había ni agua, ni calefacción,
ni luz. La ración de todo el mundo
consistía en 125 gramos de pan por
día. No sé si se da usted cuenta de lo
que significa eso, en una ciudad de un
frío extraordinario y en la cual los
días son de cortísima duración. Allí
conocí a una muchacha que había sido
estudiante y que, durante dicha época,
trabajaba en un taller de reparación
de piezas de artillería. Hablé mucho
con ella y al final le pregunté cómo
ocupaba sus horas de descanso. En vez
de contestarme, me dió su "Diario de
guerra”. Lo llevé y cuando pude leerlo
me llamó la atención que frecuente­
mente se repetían frases tales como:
"He leído Madame Bovary”, "He leído
Ana Karenina” . . . Volví a verla, ex­
trañado. Y le comuniqué mi asombro.
No comprendo muy bien ciertos frag­
mentos de su diario —le dije— ; dice
usted que ha leído ciertos libros. ¿Cómo
puede ser, si durante el día trabaja y
en las noches no hay luz en toda la
ciudad?
Entonces supe que ella llamaba leer,
a recordar mentalmente, con la mayor
precisión posible, tales libros. Y que
hacía eso, para mejor luchar contra la
muerte de cada segundo.
En Kurks, el año 1944, cuando lle­
gué allí con nuestro ejército, los ale­
manes, en su retirada, habían quemado
y destruido todo, como de costumbre.
Allí conocí a un hombre muy viejecito
que, auxiliado por su mujer, a quien
él llamaba "su viejecita” estaba entera­
mente entregado a la reconstrucción
de lo que quedaba de una isba que-

II
AUTENTICIDAD ARGENTINA
DE SU LITERATURA
o cité al azar, en la primera parte
N
de este artículo, las palabras del
prólogo que Roberto Arlt escribió para
"Trescientos Millones”. Surgen de ellas
algunas sugestiones confirmativas de
tres aspectos cardinales de su obra; tres
aspectos que, en mi entender, será ne­
cesario analizar a fondo en cualquier
estudio destinado a profundizar en la
labor de este gran escritor nuestro des­
aparecido cuando comenzaba a alcanzar
el pleno vigor de una madurez esplén­
dida.
Uno de esos aspectos es el de la au­
tenticidad de su literatura. He aludido
a ella al referirme a la obsesionante
presión interior de que su obra no era
sino una exteriorización liberadora. Los
personajes, los temas, las situaciones, lo
acosaban en forma tal y tal violencia
de vértigo asumían el proceso de su ma­
duración interior y la consiguiente nece­
sidad expresiva, que en más de una
oportunidad se vió precisado a recurrir
a ocasionales secretarios a quienes dic­
taba páginas que apenas necesitaban,
luego, superficiales correcciones. Más
de la segunda mitad de "Los Siete Lo­
cos” fué escrita en esta forma. Arlt
era, de toda evidencia, un escritor nato,
un novelista, un cuentista, un hombre
de teatro, para quien la literatura, de
no existir, hubiera tenido que ser in­
ventada a riesgo de torcer su destino
V martirizar su vitalidad creadora.
Otro de los aspectos de su obra y
de su personalidad —tan absolutamente
inseparables— es el de su interés hu­
mano. Su simpatía, su piedad, su amor,
su comprensión del ser humano, llega­
ban a formas y niveles sin duda alguna
excepcionales. Pocas veces —tal vez
ninguna en realidad— he tropezado con
un hombre de tan penetrante sagacidad
psicológica. Quienes fuimos sus ami­
gos tuvimos, en más de una oportuni­
dad, la estremecedora impresión de ha­
llarnos, ante sus ojos, en la tiritantedesnudez de nuestra intimidad más pro­
funda. El gesto más insignificante, la
más fugaz de las palabras, desnudaba
ante sus ojos los más recatados senti­
mientos, los pensamientos más escondi­
dos. Aunque a primera vista parezca
contradictorio, lo cierto es que esta
aptitud hacía de Arlt, para las más
dispares clases de gentes, el interlocutor

I i

ENTREVISTA

\

1 1 í 1 i i
, gitH, g '‘i; *

l i1 ^l 1 l i k lü
, . , I.

Por ARTURO SERRANO
i AfPg

E xclusiva p a ra C A BA LG A TA

jM i § f i § l | f
- - ¿

¡

gobierno de dicho país. Por tal motivo
fué bastante erande su sorpresa cuan- 1
do vió que periodistas, hombres impor- ¡
tantes, etc., aprovechaban la primera
oportunidad y aun inoportunidad, para
interrogarle acerca del "affaire” del
supuesto espionaje soviético acerca de
la bomba atómica. "Teniendo sobre
todo en cuenta que era un invitado
oficial del gobierno, me pareció aquélla
una cortesía un tanto extraña. Pero
acaso la clave de todo está en mis
perritos, los que compré en Nueva i
York y que usted conoció la otra
noche.”
Pocas noches entes, efectivamente
cenando en algún restaurante, Ehrem­
burg hizo una exhibición de sus perri.
tos magnéticos. Se trata de unos dimi­
nutos "skots-terriers”, hechos de alguna
materia plástica y montados sobre al­
guna peana magnética de diferente
signo. De modo que, poniendo algu­
nos delante de otros, aquellos a qu¡e.
nes la suerte les distribuye el papel de
hembras, pueden tener dos reaccioneso bien, la supuesta perrita reacciona
iracunda, dándose media vuelta, al sen­
tir cerca de sí el indiscreto hocico de
su osado congénere, o bien, ganada p0r
el galanteo perruno, de un brinco
magnético va a unirse a su amador
magnético canino. Ingenioso y obsceno
producto de la industria americana
llamado, como se verá, a dar más dé
un dolor de cabeza a la policía cana­
diense.
Porque al parecer, estando ya en
Canadá, Ehremburg, que muestra gran
entusiasmo por tales perritos (porque
son muy cómicos, dice, y porque le
recuerdan. su propio perro de carne y
hueso, que le espera en Moscú), un día
al ir a jugar con ellos, no los pudó
encontrar. Y, desesperado, envió un
telegrama a sus amigos de Nueva
York.
"Perdí perritos magnéticos. Envíen
otros a Boston.”
De allí a poco, al cambiar un día
de chaqueta, encontró los animalillos
en la nueva prenda, y de inmediato
cablegrafió nuevamente a Nueva York.
"Recuperados perritos magnéticos.”
Si se tiene en cuenta que por esos
días la prensa del mundo entero ha­
blaba del supuesto robo audaz del se­
creto de la bomba atómica, llevado a
cabo por espías rusos, ya se comprende
que la policía canadiense no dejaría
de controlar los misteriosos cablegra­
mas del escritor soviético: "¿Conque
perritos magnéticos, eh?”

macla. Me llamó la atención su apre­ manuel tienen ahora más tensión que daderas novelas; las de antes eran más
mio, por cuanto el frente estaba aún antes. Se han producido algunos libros bien ensayos novelados, en tanto que
muy próximo y podía, por consecuen­ que me parecen mucho más vivos que ahora se producen más vivas y orgá­
cia, ser el suyo trabajo perdido si el los de antes de la última guerra. Por nicas, como novelas.
Le pido opinión
azar quería que al­
sobre el movimien­
guna bomba o gra­
to existencialista,
nada fuese a des­
verdadero caballo
truir lo que suponía
de batalla literaria
yo que era su cho­
actual, en París.
za. Y cuando le
— Sartre —dice
comuniqué mis te­
Ehremburg— es un
mores, me contestó
novelista de talento,
que aquélla no era
su casa. A mi vie­
no se p u ed e ne­
jecita y a mí —di­
g a r, a u n q u e de
jo— no nos falta­
un talento de ca­
rá un rincón para
rácter patológico:
morir. Para morir
en el fondo lo que
no hace falta una
le interesa es el
c a s a . E sta m o s
vómito de las mu­
arreglando ésta pa­
jeres. Pero en este
ra la mujer de un
caso los "sartrissoldado que tiene
tas” me parecen
tres hijos, y va a
escritores insigni­
tener otro, y que
ficantes, inútiles.
no sabe dónde me­
De una manera
terse para vivir.
general, me gusta
La primera vez
mucho la literatu­
que llegó Churchill
ra am erican a y
a Moscú, en pleno
tengo confianza en
invierno de nues­
algunos escritores
tro país, le llamó
rusos. Pero debo
la atención que
aclarar, como ya
por las calles la
lo he hecho otras
gente iba comiendo
veces, que al refe­
algo. Preguntó qué
rirme a la litera­
era, y cuando supo
tura am erican a,
que se trataba de
entiendo sólo por
helad os, atónito,
tal algunos escri­
resp ondió: "¡To­
tores americanos.
mando helados con
En los E sta d o s
este frío! ¡ Esta
Unidos no hay ar­
gente es invenci­
quitectura media:
ble!”
o hay rascacielos
Ahora hablamos
o chozas. Y así
de literatura fran­
ocurre con los es­
cesa. Le pregunto
critores. Hay al­
qué impresión ha
gunos e sc r ito r es
tenido al volverse
magníficos y e 1
a poner en contac­
resto es increíble­
París, 1946.
to con la produc­
mente inferior.
ción literaria de
Fi nal ment e, ya
este país. Ehrem­
Ilya Ehremburg. Foto y copyright by Jean Reisman.
al despedirnos, me
burg responde:
cuenta una anéc­
—En g en era l, encuentro que aho­ ejemplo Drole ele jeu de Roger Vail- dota bastante pintoresca acerca de
ra la literatura es aquí más interesante lant; Puits de Miracles de André sus andanzas por América. Desde los
que en la época de entreguerras. Es­ Chamson y Education Européen de Estados Unidos fué Ehremburg al personajes de Arlt ese aire extraño que
critores como Eluard, Aragón o Em- Raymond Gary. Estas me parecen ver­ Canadá, invitado oficialmente por el advierten en su fisonomía quienes dete­
nidos en una estimación superficial no
extreman el análisis. Pero esos perso­
najes, a pesar de la universalidad que
' &gt; &lt; */ s *' y*
k j
y
Jes confiere su contextura definitiva de
hombres, son indudablemente argentinos, de ninguna manera rusos y menos
aún dostoyewskianos.
Reduciendo la cuestión a esquemas
muy generales podría asegurarse que lo
que caracteriza a los personajes de Dostovewski es la precisa dirección de su
sentido vital. Todos ellos -siempre
generalizando— saben hacia dónde van
ideal. Desde el hombre de letras y el cos”— describa un verdadero tipo de el que exhibe un objeto haciéndolo gi­
artista de mayor selección hasta el ham­ rufián criollo, la gente se va a caer rar de manera que un determinado v que quieren y no ignoran en qué
pón de los bajos fondos, todo el mundo de espaldas... Nada se le parece me­ foco ilumine sucesivamente sus caras. consisten las limitaciones que levantan
barreras en la senda tortuosa de sus
se hallaba cómodo con Arlt y, más aún nos que el tipo convencional que nos
Arlt se complacía, aun en la conver­ destinos. Los personajes de Arlt —no
que cómodo, se sentía, ante él, en la ha ofrecido hasta ahora el teatro. ..
sación, en someter sus personajes a cir­
estoy comparando sino tratando de desdisposición amistosa de la confidencia.
En "Los Siete Locos”, recuérdese, lo cunstancias variadísimas e inesperadas
8ra r un juicio falso— acusan una
¿A qué obedecía esta curiosa particu­ describió. Y la sorpresa fué extraordi­ y en imaginar sus reacciones. Utili­
característica
más desoladora. La de la
laridad? A la presencia actuante de su naria para muchos. Tan extraordinaria zaba, sin haberlo pensado, la técnica de
apasionado interés por el ser humano, como la que suscitaron sus otros perso­ los químicos que para determinar un perfecta indefinición de sus vidas. No
saben a dónde van ni ]0 que quieren.
por los problemas fundamentales y pro­ najes, no menos nuestros, no menos cuerpo lo ponen en sucesiva presencia
arecen de d ir e c c ió n espiritual de
fundos de la personalidad, a la serie­ porteños, no menos verdaderos.
de tales o cuales reactivos. El asunto fuerza pasional.
dad dramática con que contemplaba el
Llego por este camino, sin proponér­ es, en sus novelas, un sistema de opor­
Me falta v id a ... entusiasmo...
espectáculo del hombre. Una noche melo, a otro de los aspectos de la obra tunidades de evidenciación psicológica
—serían más de las dos de la mañana— literaria de Roberto Arlt. El de la di­ ya que lo que interesa, en realidad, no a g0 &lt;tue sea como un sueño extraordi­
exclama Erdosain, su per­
me despertó, recuerdo, el timbre del te­ recta originalidad de sus fuentes. Nada es lo que sucede sino la forma en que nario...
léfono. Sin mucho entusiasmo, como se de lo que hizo reconoce otro origen que reaccionan los personajes, su persona­ sonaje típico.
Un viento blando y tornadizo de in­
comprenderá, me levanté y descolgué el el de la observación directa, muchas lidad.
fortunios los arrastra hacia un destino
auricular. ¿A quién se le ocurriría lla­ veces vivida. Una considerable propor­
bería largo, desde luego, analizar
mar a tales horas? Desde el otro extre­ ción de sus páginas, la mayor parte, aun con mínima prolijidad esos per- opaco entre el llanto angélico de sus
mo de la línea me llegó la voz de tal vez, es sencillamente autobiográfica. sonajes. Pero no es posible negar su almas y el panorama de escombros de
Roberto Arlt, mordiendo las palabras, Más de una novela suya lo es de ex­ originalidad, su autenticidad argentina. sus iraoasos.
- L o s hombres - d ic e uno de sus
en aquella forma lenta y tan personal tremo a extremo y una gran cantidad Piénsese en el "Rengo”, aquel desca­
están llorando adentro de
de articular los sonidos.
de sus cuentos. S o rp ren d e pensar rado feriante de "El Juguete Rabioso” ; I ersonajes
—Mirá, estoy aquí, en un café, con —contempladas ya las cosas en sufi­ en el infortunado Erdosain, de "Los SUS almas. Pero no quieren oír el
unos ladrones. . . Me están contando ciente perspectiva— que alguien haya Siete Locos”; en el Balder de "El Amor llanto de su ángel.
cosas maravillosas... ¿N o querés cono­ podido hablar, cuando la aparición de Brujo , que tanto se le parece; en
* Tj e"e al?0 T ,e ver todo esto con la
cerlos ?
"Los Siete Locos”, de una decisiva in­ Haffner, el rufián; en el Astrólogo. La realidad profunda del hombre que in­
El hecho, tan extraordinario para fluencia dostoyewskiana. La obra de complejidad psicológica de estas cria­ vento esas criaturas y las echó a rodar
cualquier persona, era corriente en él. Arlt es nuestra, profundamente nues­ turas de su fantasía pudo hacer pensar por e mundo a través de páginas inol­
Los ladrones, los rufianes, las prosti­ tra. Porteña, sobre todo. Tal vez en en su exotismo a gentes habituadas a vidables? Hay un recinto del recuerdo
tutas, los tahúres, gentes de tan expli­ el procedimiento de alguna de sus no­ la simplicidad de los muñecos conven­ ( en ro ( e cuyos límites no tenemos de­
cables y desconfiadas reservas ante velas —"Los Siete Locos”, por ejem­ cionales de mucha literatura. Se dijo recho a penetrar todavía.
Cierta vez que me encontré con
quienes no pertenecen a su medio, ha­ plo— podría observarse cierta analogía de ellos, por ejemplo, que no son ar­
blaban con Arlt, apenas lo conocían, con la técnica utilizada por Dosto- gentinos sino rusos. Nada más apre­ Roberto Arlt, en la calle, le lancé,
como si se tratara de un antiguo amigo. yewski en la composición de "El Prín­ surado y falso. La ligereza con que bromeando alegremente, una pregunta
Su simpatía humana, su auténtico inte­ cipe Idiota” o "Crimen y Castigo”. cierta crítica formula tales afirmacio­ semejante a las que él solía formular
rés, su comprensión profunda, los en­ Pero esa técnica, consistente en cierta nes es frecuente, no sólo entre nos­ con su grave seriedad habitual.
¿Deeime, Arlt, sos feliz?
volvía en el clima cálido de la amistad, aparente incoherencia narrativa, es el otros, cuando aparece un novelista q
Con la voz temblorosa me contestó
despertaba la conciencia de su dignidad procedimiento natural, el método espon­ cuentista original e intenso. El caso de
*
humana y los ayudaba a entender ese táneo de exposición que utiliza todo Sherwood Anderson lo demuestra. Acu­ rápidamente:
—¿Acaso
n°
tengo
yo
derecho
a
un
enigma inquietante de la propia perso­ aquel que siente o intuye un personaje sado por numerosos críticos de imitar
nalidad ante el cual, claro está, pocas de gran riqueza psicológica y trata de servilmente a los novelistas msos "me poco de felicidad?
Pero su tono era tal, al responderme,
veces se habrían detenido.
hacérnoslo sensible colocándolo, ante puse a leerlos —asegura 5i mismo—
que alce la vista, desconcertado, v lo
—El día que un escritor —me decía nuestro juicio, en situaciones distintas para comprobarlo
Arlt antes de escribir "Los Siete Lo­ y contradictorias, muchas veces, como
Es su honda realidad humana, esa

EVOCACION DE ROBERTO ARLT
Por CO RD O VA ¿TU RBU RU

SL

oio* búmrt« &lt;*'«-

�ARQUITECTURA PINTURA
LA V I V I E N D A

teras tiene su propio ojo de buey. Los
cobertores de uso diario son de mate­
rial basto, en colores pardo y blanco.

MODERNA

y moderno ambiente, del arquitecto Edward D. Stone. Al fren­
te, pared solar, corrida, y que se pro­
longa en ángulo, proporcionando así
un verdadero balcón que es a la vez
habitación.
El campo invade la casa, y el aprove­
chamiento de la luz es perfecto.
Obsérvese las ventanas en ambos ex­
tremos de la pared de cristal. La cu­
riosa mesa, cuya forma recuerda tanto
las de las esculturas abstractas más re­
cientes.
Para las pinturas de las paredes se
ha elegido un tono verde con el pro­
pósito de crear una atmósfera que co­
rrespondiese a un gran cuadro de Van
A

ivino-room

de dos pisos. Balcón
con entrada a nivel. Co­
municación interna entre ambos pisos
con escalera montada al aire.
Amplio panel de cristal continuo
comunica con el exterior, dando entra­
da en la casa al paisaje (este detalle
no se advierte en la fotografía). Bajo
el balcón se observa una chimenea típi­
ca, que da "color” al ambiente.
Detalles de carpintería y de arqui­
tectura de interior, que son difíciles de
observar en la fotografía, complemen­

L/oblicuo

m plio

Gogh, que no se advierte en la foto­
grafía.
El cortinaje puede aislar la habita­
ción, cubriendo la amplia vidriera, y de
eso modo puede ser mantenida la inti­
midad de la vivienda que tanto defen­
dían los enemigos de la moderna ar­
quitectura.
El sol, el aire, la sensación espacial,
la posesión del paisaje en la habita­
ción, son conquistas de la moderna vi­
vienda que dan, además, un estilo pro­
pio a nuestro tiempo.

tan el conjunto, uno de los más inte­
resantes de este arquitecto.

uarto

de niños trazado’ por el ar­

quitecto Edwuard D. Stone, exhi­
C
bido en el Rockefeller Home Center,
de Nueva York.
Para disponer de más espacio apro­
vechable, las camas han sido reempla­
zadas por literas. Para que el recuer­
do de un hermoso cq¿narote de baj-co
sea más completo, cada una de las li­

A C U A R E L IST A S N O R T E A M E R IC A N O S
ARTISTAS BELGAS
EN BUENOS AIRES
Por R. BRUGHETTI
n

Francia, la sensibilidad y la in-

en Bélgica, la fuerza, el
E ' ,teligencia;
el temperamento que constituye
odo de ser original pródigamente
úzado.
¿n años de pintura sindican direc­
ta s. orientaciones estéticas, gustos,
sentimientos, oficio, expresiones todas

Acuarela de Maurice Prendergasl.

Acuarela de Ben Shahn.
m po r t a n

los artistas

que

logran

I trasponer la realidad, recrearla, ren­
dirla a imágenes plásticas, a esencias
pictóricas, donde el mundo de la poesía
y de la existencia vivan en permanente
verdor. Importa una expresión jerar­
quizada, la calidad aliada al rigor
constructivo y emocional. En el arte
de la acuarela de los Estados Unidos,
en buena medida nos han sido dadas
esas virtudes primordiales. En el pa­
norama de su evolución, representan­

tes de las distintas escuelas: Homer,
Sargent, junto a Prendergast, Marsh,
Hart, Burchfield, Dehn, Bohrod, Luks
y Feininger, Grosz, Weber, Davis, Ma­
rín, Demouth. Naturalistas, románti­
cos, impresionistas y post-impresionistas, y dominadores de las técnicas y de
las estéticas nuevas que incluyen el
cubismo, el expresionismo y el gené­
rico abstractismo. En su casi totali­
dad, primacía de la "escena america­
na”. Transposiciones de la vida y del

MONTEVI DEO
Mane Bernardo. Retazo. Oleo.

M

Paul Frognier.

Arrabal de Bruselas.

que afirman escuelas y personalidades
salientes de sostenido alcance.
Se pinta hallando como punto de
mira la realidad natural o soltando lu­
ces románticas naturalísticas; se pinta
en Bélgica con Leys, Coutens, Meunier
("Idilio”), Smits, Wouters, Stevens,
Oleffe, Dubois, Rops, Thavenet. Y se
arraiga en E. Laermans, el pintor de
lo popular, tocado por problemas y an­
gustias donde el socialismo y el arte
social entran en las telas sin dañar al
artista, pues sus tonos sintéticos y la
contorneada línea que ciñe formas y las
diferencia, salvan airosamente y ubi­
can a este constructor de vida, gusta­
dor del paisaje moral de sus gentes.
Estos pintores, que ordenó Juan Zocehi en las salas del Museo Nacional

ra. Lo plástico es la base del arte
nuevo, pero lo pictórico es canto pro­
fundo e integrador. Este avance lo
prueba "La caballa azul”. Mas, en el
conjunto, las presencias humanas emer­
gen sobre fondos de colores puros, de
espacios estáticos, de silencios, y nos
presentan a la par dramas que se afi­
lan en las líneas señaladas, los claros­
curos leves, las variaciones, los deta­
lles primordiales: manos, rostros, frag­
mentos, "Retazo”. En esta tela, Mane
Bernardo halla la medida de su mundo
de comunicación. Pienso que es un
mensaje trágico —y expectante, si que­
réis— , pero humano. — R. B.

Exposición de
LUIS SEOANE
en Amigos del Arte
ÁS conocida su personalidad de di­

bujante y de grabador, principal­
mente a través de dos obras, La Torre
de Hércules y ¡Eh, los Toros!, además
de sus múltiples ilustraciones, y de sus
maquettes para diversas colecciones de
libros que hoy figuran en un lugar de
honor de las ediciones argentinas, Luis
Seoane se presenta por primera vez
ante el público de Montevideo con un
nutrido conjunto de óleos y una se­
lección de gouaches y acuarelas.
En la misma figuran algunas de las
obras ya expuestas en Buenos Aires y
muchas que lo son por vez primera.
Es la muestra, desde luego, un buen
desfile de las líneas más salientes de su
obra. Desde ¡a primera faceta, plana,
de colores vivos y figuras recortadas,
que recuerdan los códices medievales,
hasta su última fase —E l Avaro, Gue­
rrilleros Españoles, etc.—, en la que
se manifiesta su más valiosa expresión
de pintor, llena de originalidad, de
frescura, de nostalgia por los perdi-

paisaje, contingencia y sueño: directo
modo de mirar, alambicado sentido de
apreciar. Razones estáticas y órdenes
dinámicos. Tierra, pueblos, calles, epi­
sodios, mar; y también: "visión inter­
na” (metafísica), Morris Graves, y
proyección hacia la composición mural
y lo social, "unión de lo abstracto y
lo concreto”, Ben Shahn. La multipli­
cidad y la unidad. Formas y colores,
símbolos, representaciones e ideaciones
bajo el signo de un arte muy cultiva­
do en América del Norte. — R. B.

LUIS

CENTURION

el escultor más vi/ viente de la Argentina actual, pre­
L
senta a Luis Centurión en "Altamira”,
ucio F ontana ,

L. Seoane. Moza. Oleó.
dos mundos de la patria lejana. Una
luz plateada, unos tonos de exquisita
sobriedad, una fluidez pictórica tan
tierna como llena de certidumbre, po­
drían ser algunos de los elementos que
más se destacan en esta última fase de
su pintura. En cuanto a los gouaches,
salva todos los peligros del procedi­
miento, logrando una fuerza de color
y un enlazamiento de planos como sólo
en el óleo podría sospecharse. — F. A.
MANE
ane

y éste no lo deja mal. Su "Día leja­
no”, pintado con atemperado sentido
del color y de las formas creativas, en
un ambiente de soledad que presupone
la llanura argentina al borde de un
pueblo de campaña, no transita por ca­
mino totalmente errado. En "Esta­
ción”, hay mira personal, y en "Ropa
tendida”, extrañas formas compuestas
líricamente, sostienen el cuadro. Con

BERNARDO

B ernardo

asume su apren­

dizaje pictórico esencial en "MuM ller”.
Asciende en sus paisajes desde

Auguste Oleffe. Nieuport.

la desintegración escenográfica a la
captación de tiernas atmósferas ("Ca­
sita de campo”) : una' dimensión supe­
rada. Se afina y ahonda la materia de
su expresión, y se enriquece la pinto-

IFillem Paerels. Puerto Mediterráneo.

de Bellas Artes, se alzan en retrospec­
tiva visión y se agolpan en operantes
valores. Un mundo del alma emana de
cosas, figuras y paisajes. En éstos, los
grises son invariablemente ricos. Por
ejemplo: Camus construye su cuadro
con fuertes pinceladas y se mantiene en
zonas de vibraciones sensibles, y a Pauatañe un bullir intenso por conducto
U .
. Túdad, más blancos y grises
apunia.:
-U - sobre los óleos
hacia la tajan¡v es:- n .
Esta pintura moderna. fiCOiloCjH
síntesis plástica y se suelta en liber­
tad expresiva. Vemos a misteriosos, se­
cretos dominadores: Van Gogh, Cézanne, Matisse, Braque, Derain, el noble
Picasso. Sí, Jean Rets, tu finura está
bien, mas suelta un poco al cubista Bra­
que, y tú, afinadísimo Scauflaire, entra
en tu propia casa que guarda una pa­
leta aquietada y colorida. Están también
Counhave, denso y pastoso, y Cockx, a

Ph. Cockx. El palco.
la sombra de Rouault, y, en guardia,
Timmermans. Frans Maserrel, perma­
nece fiel a su oficio de grabador: su
única tela tiene mareadas líneas ne­
gras, pero, ¿cómo exigirle color?
La Escuela de París, opera: con ella
o contra ella. Por sus derivaciones y
devociones, los hombres de 30 años nos
dan en la Exposición lo más polémico
y fecundo de los días preseiítes. Se
llaman: Wolvens, Van Lint, Barbaix,
Mendelshon. (Tampoco faltan otros
nuevos: Descamps, Dégroux, Navez,
Wallet, Dupagne, Opsomer, Ochs, Marie Howet y Urbain, de 23 años.)
¿James Ensor? El eminente belga
exhibe 102 grabados. Fantasía y rea­
lidad, drama y sueño, alegoría y paisa­
je, tormento y golpe de sueño en la
sabiduría de sus líneas incisivas y gri­
ses que crean atmósfera donde sólo
falta el color. El color está en su pin­
tura única traída por Piérard: es de
tonos claros y no lo representa.

elementos mínimos, Centurión organiza
sus óleos: le importa el espacio, y la
simplificación no lo abandona, ni el
colorido sólido. Su aire de pesadilla
("Figura”) no es ajeno a F. Kafka.
Sus retratos fijan presencias y un es­
píritu primario vive y se propaga.
Sensible su dibujo ("Hombre”).
¡Cuidado, empero! Me temo que en
muchos jóvenes anide un nuevo acade­
mismo, esta vez de índole abstractista
y surrealista, igualmente funesto. —
R. B.

�abalgátaQ

CUENTO POLICIAL

I-

LAS FUGAS DEL PRINCIPE
P or G . K. C H E S T E R T O N
aventura, aunque coronada igualmente
por el buen éxito en el lugar donde ocu­
rrió, acrecentara el peligro que había
quedado pendiente en el anterior escena­
rio.' Entre las muchas hazañas que con­
taban de él, se decía que pocos días más
tarde una muchacha llamada Marv Cregan lo encontró escondido en la granja
donde estaba empleada; y si el relato
es cierto, la pobre muchacha debió expe­
rimentar también el sobresalto de una
s te relato comienza entre la maraña
de cuentos tejida en tomo a un nom­ experiencia insólita. Pues ocurrió que
estaba ocupada en alguna solitaria labor
bre al mismo tiempo reciente y legen­
dario. El nombre es el de Michael en el patio, cuando una voz se puso a
O’Neill, conocido por el pueblo por Prín­ hablarle desde el aljibe; pronto supo que
cipe Michael, en parte porque afirmaba el perseguido se había ingeniado para
descender de antiguos príncipes fenianos, introducirse en el gran balde que colgaba
aprovechando que el pozo sólo es­
y en parte porque se le atribuyó un plan abajo,
a medias lleno. En esta oportu­
destinado a proclamarlo Príncipe Presi­ taba
nidad, sin embargo, debió recurrir a la
dente de Irlanda, tal como el último Na­ muchacha
para que remontara la cuerda.
poleón lo hiciera en Francia. Era indu­
los hombres aseguran que cuando esas
dablemente un caballero de honorable Y
noticias fueron comunicadas a la otra
ascendencia y de múltiples aptitudes; pero mujer,
su alma echó a caminar hacia las
dos de esas aptitudes se destacaban ne­
de la traición.
tamente del resto. Poseía el talento de fronteras
Tales eran al menos los relatos de la
aparecer cuando no era buscado, y el de región,
y había aún muchos otros; como
desaparecer cuando sí lo era, especial­
el fugitivo se mostró insolente­
mente tratándose de la policía. Puede cuando
mente en la escalinata de un gran ho­
agregarse aquí que sus desapariciones re­ tel,
vestido con una espléndida "robe de
sultaban más peligrosas que sus aparicio­ chambre”
verde, obligando a los policías
nes. En estas últimas, pocas veces iba a una caza que comprendió varias habi­
más allá de lo sensacional: pegar car­ taciones y departamentos del hotel y los
teles sediciosos, echar abajo carteles ofi­ condujo finalmente —a través de su pro­
ciales, dirigirse al pueblo en fulgurantes pio dormitorio— hasta un balcón sus­
discursos o desplegar estandartes veda­ pendido sobre el río. Apenas los perse­
dos. Pero en lo que respecta a las prime­ guidores se inclinaron sobre el balcón,
ras, llegaba a luchar por su libertad éste se rompió a sus
con tan tremenda energía, que algunos pies
y los precipitó
hombres se consideraban felices de esca­ en masa a las re­
par con la cabeza rota y no con el cuello vueltas aguas, mien­
quebrado. Sus más famosas escapato­ tras Michael, con
rias, sin embargo, habían sido hazañas tiem po suficiente
de habilidad y no de violencia. Una des­ para despojarse de
pejada mañana de verano, mientras se­ su “robe” y zambu­
guía un camino rural blanqueado por el llir, se alejaba na­
polvo, pasó frente a una granja y dijo dando. Aseguraban
a la hija del granjero —con elegante que había limado
indiferencia— que la policía lo estaba los soportes del bal­
persiguiendo. La muchacha se llamaba cón para que no
Bridget Royce y era una belleza de tipo resistiera nada tan
sombrío y aun hostil. Lo miró fijamente, pesado como un “pocomo dudando.
liceman”. 13
¡ui,
—¿Espera que yo lo oculte! —dijo.
otra vez, . i úé aforEl Príncipe se contentó con reír, míen
luaádo en principio
tras saltaba livianamente el eerco d;
aunque no en últi­
piedra y echaba a andar hacia la granja. ma in s ta n c ia , ya
Per sobre el hombro envió su respuesta: que segúji parece
—Gracias. Habitualmente me arreglo uno de los policías
se ahogó, dejando
muí bien solo para esconderme.
Con lo cual demostró una trágica ig­ un odio de familia
norancia de la naturaleza femenina, y en que hizo algún daño
su claro camino asoleado cayó una som­ a la popularidad del
Principé. Esos re­
bra de fatalidad.
Luego de verlo desaparecer más allá de latos pueden narrar­
la granja, la joven estuvo un rato con­ se ahora con algún
templando el camino, hasta divisar a dos detalle, no porque
sudorosos policías que avanzaban traba­ sean los más asom­
josamente. Aunque todavía furiosa, guar­ brosos entre sus mu­
dó silencio, y un cuarto de hora más chas aventuras, sino
tarde los dos oficiales habían registrado porque son los úni­
que la lealtad de
la casa y se dedicaban a la inspección del cos
huerto y los sembrados inmediatos. Da­ sus compatriotas no
das las violentas reacciones de su carác­ envolvió en silencio.
Sólo ellos se abrie­
ter, la muchacha hubiera cedido acaso a ron
camino hasta los
la tentación de delatar áí fugitivo, de informes
oficiales, y
no mediar un pequeño inconveniente: que eran justamente
los
ignoraba tanto como los policías el lugar
tres jefes de la
donde pudiera hallarse. El huerto estaba que
zona se hallaban le­
rodeado por un cerco muy bajo, y los yendo y comentando
sembrados se tendían oblicuamente como cuando se inicia la
un parche cuadrado sobre una vasta co­ parte más importan­
lina verde; de estar allí el fugitivo hu­ te de esta historia.
biera sido visto como un punto negro
La noche estaba
a la distancia. Todo se mostraba con muy avanzada, y ha­
precisión y en su sitio habitual: el man­ bía luces en la ca­
zano era demasiado pequeño para escon­ baña utilizada tem­
der a un hombre en su follaje; el único poralmente como comisaría, cerca de la
cobertizo aparecía abierto y obviamente costa. A un lado se alzaban las últimas
desierto; no se escuchaba sonido alguno casas del esparcido villorrio, y del otro
salvo el zumbar de los moscardones y el no había más que páramos tendiéndose
ocasional grito de un pájaro lo bastante hacia el mar, con una regularidad sólo
novato para dejarse asustar por el espan­ quebrada por la presencia de una torre
tapájaros del sembrado; apenas se nota­ solitaria cuyas formas prehistóricas aun
ban sombras, salvo unas pocas líneas suelen verse en Irlanda. Alzábase esbelta
azules cayendo del frágil árbol; cada como una columna, pero terminando en
detalle se recortaba en la brillante luz una punta piramidal.
del día como a través de un microscopio.
Ante una mesa de madera y frente a
Más tarde la muchacha describió la cace
la ventana que se abría sobre ese esce­
na con el apasionado realismo de su raza; nario, sentábanse dos hombres vestidos
v aunque los policías carecieran de tan de civil aunque con un cierto aire militar;
aguda visión de lo pintoresco, tenían, al eran los dos jefes de la policía de inves­
menos, claro sentido de su derrota y se tigación destacada en el distrito. El ma­
vieron obligados a abandonar la escena yor en años y rango, hombre robusto y
y renunciar a la persecución.
de corta barba blanca, tenía las canosas
Bridget Royce permaneció mirando cejas arrugadas de un modo que más re­
como en un trance el iluminado jardín velaba preocupación que severidad. Se
donde un hombre acababa de desaparecer llamaba Morton y era de Liverpool, aun­
a la manera de un hada. Seguía sintien­ que largamente probado en los conflictos
do un siniestro malhumor, y el milagro irlandeses frente a los cuales cumplía su
tomó en su mente un carácter hostil y deber con una áspera rudeza no despro­
temible, como si el hada fuese en reali­ vista de simpatía. Acababa de cambiar
dad un espíritu maligno. El sol, bri­ unas frases con su compañero Nolan,
llando sobre el jardín, la deprimía aun hombre alto y moreno con un rostro ir­
más que la oscuridad. Pero se obstinó landés equino y cadavérico, cuando pare­
en seguir mirando fijamente. Y enton­ ció recordar súbitamente algo y apretó
ces fué como si el mundo perdiera su un timbre que resonó en otro cuarto. Al
sentido, y Bridget lanzó un alarido. El instante un subordinado vino trayendo un
espantapájaros se movía bajo el sol. fajo de papeles.
Dándole la espalda, con su viejo y des­
—Siéntese, Wilson —dijo Morton—.
trozado sombrero negro y su ropa en Supongo que ésas son las declaraciones.
jirones, había echado a andar a través
—Sí —repuso el tercer oficial—. Creo
de la colina.
que les he arrancado ya todo lo que se
La muchacha no analizó la audaz es­ podía, de modo que los dejé en libertad.
tratagema por la cual el hombre había
—¿Declaró Mary Cregan? —preguntó
puesto a su favor los sutiles efectos Morton con un ceño algo más duro que
de lo esperado y lo obvio; estaba aún el usual.
bajo una nube de más personales com­
— N o, pero lo hizo su patrón —repuso
plejidades, y lo único que advirtió cla­
ramente fué que el distante espantapája­ el llamado Wilson, que tenía cabellos ro­
ros no se daba vuelta ni una sola vez jo s y lacios y un rostro llano y pálido
para mirar hacia la granja. Y los hados no desprovisto de agudeza—. Me parece
aue tan adversos se mostraban en la fan­ que nuestro hombre anda rondando a la
tástica carrera del Príncipe Michael por muchacha y que se ha echado encima un
la libertad, decretaron que su próxima rival. Hay siempre un motivo parecido

E

cuando se nos dice la verdad completa
sobre algo. Y en cuanto a la otra mu­
chacha... ¡vaya si dijo bastante!
—Bueno, esperemos que nos sirva de
algo, —observó Nolan sin mucha espe­
ranza al parecer y mirando hacia la os­
curidad de afuera.
—Todo lo que sirva para enseñarnos
algo nuevo sobre él —dijo Morton— nos
será útil de sobra.
—¿Pero sabemos algo acerca del hom­
bre? —preguntó el melancólico irlandés.
—Sí, una cosa —repuso Wilson—. La
única cosa que nadie pudo saber jamás:
sabemos dónde está.
—¿Seguro? —inquirió Morton mirán­
dolo agudamente.
—Completamente seguro —repuso su
asistente—. En este mismo momento se
encuentra en aquella torre cerca de la
playa. Si se arrima un poco verá la
luz de una vela en la ventana.
Mientras hablaban, el sonar de una bo­
cina llegó desde afuera y un momento
después se oyó el zumbido de un auto­
móvil que se detenía en la puerta. Mor­
ton se enderezó de un salto.
— ¡Gracias a Dios, es el auto de Dublin! —exclamó—. No podía hacer nada
contra él sin alguna autoridad presente,
aunque lo hubiésemos tenido en lo alto
de la torre sacándonos la lengua. Pero
el jefe puede decidir lo que le parezca
mejor.
Se apresuró a salir, y pronto estuvo
cambiando saludos con un hombre ro­
busto y elegante, envuelto en un abrigo

de pieles que traía a la pequeña y sór­
dida comisaría el indescriptible halo de
las grandes ciudades y el lujo del alto
mundo.
Era sir Walter Carey, oficial de tanta
importancia en el Castillo de Dublin que
sólo un caso como el del Príncipe Michael
podía haberlo lanzado a semejante jor­
nada en medio de la noche. La verdad
es que el caso del Príncipe Michael es­
taba complicado tanto por el legalismo
como por la ausencia de ley. En la últi­
ma oportunidad se había escapado gra­
cias a una triquiñuela forense y no,
como era usual en él, mediante una ha­
zaña personal; ahora se trataba de de­
terminar si la ley lo protegía o no. Tal
vez fuera necesario mostrarse bastante
elástico en algún punto; pero un hombre
como sir Walter podía estirar el punto
todo lo necesario.
Si tal era su intención, constituía en
ese momento la pregunta tácita. A pesar
del toque de lujo casi agresivo del abrigo
de pieles, pronto resultó claro que sir
Walter no empleaba su gran cabeza leo­
nina sólo como ornamento, y que tenía un
concepto amplio y preciso del problema.
Cinco sillas rodeaban la simple mesa,
pues el recién venido había traído con­
sigo a un joven pariente y secretario lla­
mado Home Fisher, individuo de aire
más bien lánguido, con rubios bigotes
y cabello prematuramente ralo. Sir Wal­
ter escuchó con grave atención —y su
secretario con educado hastío— la serie
de episodios a través de los cuales la
policía lograra seguir la huella del es­
curridizo rebelde desde las escalinatas del
hotel hasta la solitaria torre a orillas del
mar. Allí, por fin, estaba acorralado en­
tre los páramos y las rompientes, y el
espía enviado por Wilson informaba que
se hallaba escribiendo a la luz de una
bujía solitaria; tal vez componía otra de
sus proclamas. Hasta resultaba muy na­
tural en él que hubiese elegido la torre

como el sitio indicado para presentar
batalla. Tenía cierto remoto derecho a
su posesión, a manera de castillo sola­
riego, y aquellos que lo conocían lo ima­
ginaban capaz de imitar a los primitivos
caudillos irlandeses que sucumbían pe­
leando contra el mar.
—Vi salir a algunas personas de raro
aspecto cuando llegaba —dijo sir Wal­
ter Carey—. Supongo que serían los tes­
tigos. Pero ¿por qué vienen aquí a estas siderándolo una señal de que el arresto
sería efectuado de inmediato. Sin em­
horas de la noehe?
Morton sonrió irónicamente.
bargo el jefe permaneció sumido en hon­
—Vienen por la noche porque serian da meditación, como si comprendiera quc
hombres muertos si se presentaran de día. se había llegado al momento de las de­
Son criminales cometiendo un delito más cisiones.
espantoso aquí que el robo o el asesi­
El silencio fué quebrado de improviso
por un quejumbroso, prolongado grito
nato.
—¿Qué dase de crimen? —pregunto el que venía de los tenebrosos páramos. E¡
otro con alguna curiosidad.
silencio que lo siguió resultaba aun más
—Ayudar a la ley —repusoi Morton.
estremecedor que el aullido, y duró hasta
Hubo un silencio, mientras sir Walter que Nolan dijo sombríamente:
consideraba con mirada ausente los pape­
—Es la fantasma. Alguien bajará muy
les puestos ante él. Por fin habló:
pronto a la tumba.
—De acuerdo, pero fíjense en esto: si
Su cara, larga y dé anchas facciones
los sentimientos lugareños son tan in­ estaba pálida como una luna; no costaba
tensos, hay varios puntos que considerar mucho advertir que era el único irlandés
con cuidado. Creo que el último decreto en la habitación.
me faculta para apresarlo ahora mismo
— ¡Bah, yo conozco esa fantasma! —ex­
y del modo que me parezca mejor. ¿Pero clamó jovialmente Wilson—. Y eso que
será en verdad mejor? Un levantamiento me creen ignorante de las cosas locales.
en esta zona no nos beneficiaría en el Hablé con la fantasma hace una hora,
Parlamento, y el gobierno tiene enemigos y la envié a la torre con orden de gritar
tanto en Inglaterra como en Irlanda. No en la forma que han oído si alcanzaba a
sería un buen éxito proceder con lo que echarle una ojeada a nuestro amigo es­
yo llamaría un poco de rigor. . . y que cribiendo su proclama.
se nos convierta en una revolución.
—¿Es esa muchacha Bridget Royce?
—Creo que es to- —preguntó Morton, arrugando las cano­
.
do lo contrario —di­ sas cejas hasta que se juntaron—. ¿Ha
jo el hombre llama­ llevado hasta ese extremo su deber para
do Wilson, con cier­ con el rey ?
ta viveza—. Hay
—Sí —-dijo Wilson—. Ustedes me acu­
menos p e lig ro de san de no conocer las cosas locales: pero
rev o lu ció n si lo sospecho que una mujer ofendida es la
arresta ahora mismo misma en todos los países.
que si lo deja suelto
Nolan. sin en-1 orgo, continuaba pre­
dos o tres días más. ocupado y como fuera de sí.
Pero, claro está, ac—Es un tejide horrible, y codo este
t u a !”.eotfc no hay asunto
es horrible —murmuró—. Sí real­
.
ningún asunto que mente es el fin del Príncipe Michael,
la policía no pueda puede serlo también para otras cosas.
arreglar.
—Mr. Wilson es Cuando el espíritu lo habita, sería capaz
un londinense —dijo de escaparse por una escalera de hom­
sonriendo el detecti­ bres muertos y huir a través-de este nr
aunque fuera de sangre.
ve irlandés.
—¿Es ésa la verdadera razón de ..
—Sí, ya lo creo
que soy un cock- piadosa alarma? —preguntó Wilson con
ney (l) — repuso un ligero tono de burla.
El rostro del irlandés se ensombreció
Wilson— y pienso
que es mi mejor tí­ a impulsos de una nueva pasión.
— ¡He encarado tantos asesinos en este
tu lo , especialmente
cuando se trata de distrito de Clare —bramó— como usted
un tr a b a jo como en su barrio de Clapham, señor eockncy!
—Vamos, vamos —intervino secamente
‘éste.
Sir Walter pare­ Morton—. Wilson, usted no tiene dere­
ció levemente diver­ cho a poner en duda la conducta de su
tido ante la insis­ superior. Espero que esta noche se mues­
tencia del tercer ofi­ tre tan valeroso como él lo ha sido toda
cial, y tal vez aun su vida.
El pálido rostro del pelirrojo pareció
más por el acento
con que habló y que tornarse aun más blanco, pero guardó un
tornaba casi innece­ silencio respetuoso mientras sir Walter
saria la jactancia se acercaba a Nolan con marcada corte­
sía y preguntaba:
de su origen.
—¿Salimos ya, y acabamos de una vez
—¿Quiere usted in­
sinuar —preguntó— con este asunto?
El amanecer triunfaba, mostrando una
que conoce mejor el
asunto que nos ha gran franja blanca erd re una enorme
reunido . . . simple­ nube gris y el pardo contorno de los pá­
mente porque ha ramos, más allá de los cuales se recor­
venido de Londres? tá is la -torre contra el día naciente y
—Parece absurdo, el mar.
Algo, en su llana y primitiva silueta,
pero lo creo así
—repuso Wilson—. sugería vagamente el alborear de los días
Entiendo que esta primeros de la tierra, en algún tiempo
clase de asuntos re­ prehistórico cuando los colores habían
quiere métodos nue- sido apenas creados; cuando había sólo
vos. Y sobre todo creo que requiere la cruda luz solar entre la nube y la
gente nueva.
tierra. Pero aquellos tonos mates cedían
Los oficiales superiores rieron, y el en un punto dorado: el resplandor de la
pelirrojo se mostraba aleo irritado cuan­ vela en la ventana de la torre solitaria,
do prosiguió:
ardiendo a la luz del creciente día. Cuan­
—Pues bien, ah! están los hechos. Vean do el grupo de oficiales —seguidos por
cómo el hombre se les escapó cada vez, un cordón de policías— se abrió en semi­
y comprenderán qué quiero decir. ¿Por círculo para cubrir toda vía de escape,
qué fué capaz de ocupar el sitio del la luz en la torre se agitó como si alguien
espantapájaros, sin más que un viejo som­ la moviera, y luego se apagó. Imagina­
brero que le ocultara? Porque había allí ron que el hombre, al darse cuenta del
un policía del lugar, que conocía muy comienzo del día, acababa de soplar la
bien el emplazamiento del espantapája­ vela.
ros . . . Sabía que estaba y, naturalmente,
—¿Hay otras ventanas? —preguntó
no se preocupó de mirarlo mejor. Pero Morton—. Y una puerta, seguramente,
yo nunca espero un espantapájaros. J a ­ al otro lado de la torre. . . aunque las
más he visto ninguno en la calle, y por torres redondas no tengan lados.
lo tanto los miro a fondo cuando los en­
—Un nuevo ejemplo para mi ¿roqueña
cuentro en el campo. Es algo nuevo para sugestión —observó calmosamente Wil­
mí, algo que merece la pena de examinar. son'—. Esta rara torre fué la primera
Lo mismo puede decirse de cuando se es­ cosa que vi cuando llegué a estos parajes,
condió en el aljibe. Cualquiera sabe que y puedo darles algunos informes más so­
en un sitio como ése tiene que haber bre ella. . . Por lo menos sobre su exte­
un pozo; como es natural no se cuida rior. Hay cuatro ventanas en total: una
de él cuando lo ve; mientras que yo, ape­ se halla cerca de la que vemos, pero no
nas lo veo, me apresuro a mirarlo.
se la divisa desde aquí. Ambas corres­
—Es una idea, ciertamente —dijo son­ ponden al piso bajo, y lo mismo la ter­
riendo sir Walter—. Pero ¿qué opina cera que se abre del otro lado, comple­
del balcón? Suelen verse bastantes bal­ tando así una especie de triángulo; pero
cones en Londres.
la cuarta está por encima de la tercera,
—Pero no con ríos justamente debajo y supongo que ilumina un piso superior.
como si estuvieran en Venecia —respon­
—No es piso sino una especie de hueco
dió Wilson.
en el techo —corrigió Nolan—. De chico
—Ciertamente es una nueva idea —re­ solía jugar allí, y sé que se trepa por
pitió sir Walter con algo parecido al una escalera. El hueco no es más grande
respeto. Tenía todo el amor de las clases que una cáscara de nuez.
afortunadas a las nuevas ideas. Pero po­
En su rostro se acentuaba la melanco­
seía también facultad crítica, y se mos­ lía, quizá porque estaba pensando en la
traba inclinado a creer, después de me­ tragedia de su país y la parte que le
ditarlo bien, que aquella idea era tan tocaba desempeñar en ella.
cierta como nueva.
—De todas maneras, el hombre debe
El amanecer había convertido en gri­ haber conseguido una mesa y silla —pro­
ses los negros paneles do la ventana cuan­ siguió Wilson—. Sin duda se las ce­
do sir Walter se puso bruscamente de dieron en alguna cabaña próxima. Si me
pie. Los otros lo imitaron al punto, eon- permite una sugestión, señor, ¿denso que
deberíamos lanzarnos simultáneamente so­
bre las cinco entradas.
(1) Nativo de Londres, indicando oricen co­
pular.

(N. del T.)

(Continuará en el próximo número.)

�LETRAS
LITERATURA
l

interés por las religiones y filosofías de Oriente es,

puede decirse, reciente: data del siglo xix. La literatu­
E
ra más antigua del mundo, la védica, se remonta a la pe­

1 3 cabalgata

Y ARTE

ORIENTALES

LOS U P A N I S H A D S

numbra de los tiempos.
Los exégetas europeos asignan a los Upanishads —filosófía religiosa que sucede a los himnos del Rig Veda—
unos mil años de existencia antes de la era cristiana aunque
los pandits les atribuyen mayor antigüedad. Sólo en 1801-2
ve la luz una traducción al latín de un manuscrito persa,
el Oupnekhat (Upanishads). Transcurren, pues, veintiocho
siglos, por lo menos, antes de que el Occidente se entere de
los libros de la India brahmánica y que apenas si se conocen
en el resto de Asia. En el suelo índico se mantiene viva la
tradición prístina enriquecida por los comentarios y hallaz­
gos de uno que otro filósofo o reformador que aparece de
vez en cuando en el curso de las centurias. Mas las cosas
tienen su hora y su destino. El silencio milenario se rompe
de pronto. Se oye, por fin, el primer decir del hombre ario.
Habla de sus dioses y luego del Dios Uno —Brahma— que
suma a todos los dioses y a todos los seres.

Por A N A

M. B E R R T

e! estudio de los Vedas y cuya puerta de acceso son los Upa­
nishads . . . estará preparado del mejor modo para entender
lo que yo tengo que decirle.” El entusiasmo sin medida de
Schopenhauer por los Upanishads lo lleva a confesar que,
a su juicio, "no hay en el mundo lectura —si se exceptúan
los mismos originales— más provechosa ni más elevada que
la del Oupnekhat”. "Ha sido el solaz de mi vida y será el
solaz de mi muerte.” El interés del autor "De la voluntad
en la Naturaleza”, influye en filósofos del idealismo alemán
y en estudiantes. Max Müller en sus mocedades recoge de
los cursos de Schelling sobre los Vedas, la inspiración pri­
maria que señala norte a su vida. Treinta años más tarde,
en 1876, radicado en Oxford, Max Müller da comienzo a la
magna aspiración de difundir el conocimiento de las escritu­
ras clásicas de las seis grandes religiones de Asia. Scholars
alemanes, ingleses, franceses,’italianos, indúes y persas par­
ticipan en su realización. En veinticuatro volúmenes y en
forma de serie, se dan a la publicidad "The Sacred Books
of the East” que comprenden libros brahmánicos, budistas,
el Zend-Avesta, Confucio, Lao-Tse y el Koran.
Y se inicia la gran ruta del conocimiento religioso-filosó­
fico. Sin imaginarlo quizá, cada uno de esos eruditos al
poner por su parte su don lingüístico y su especialidad que
atestigua una vocación ingénita, contribuye a una obra en
común de gran alcance: marca la tendencia que sé observa
hoy en todas las ramas del saber y que se orienta a lo
universal.

Hombres intuitivos, sensibles a la belleza poética y a la
hondura filosófica y moral de esas antiquísimas escrituras
Irán vertiéndolas a sus respectivos idiomas. En primer tér­
mino se procede con la mayor de ellas, los Upanishads: com­
pendio de especulaciones sincréticas no superadas. Su histo­
ria es curiosa y sugerente:
Un príncipe mogol, Dará Shukoh, hijo mayor de Sha
Jahan, de fama mundial por el monumento del Taj Mahal,
emprende la traducción del sánscrito al persa de aquellos
libros. El bisnieto de Akbar —el Gran Mogol cuya corte
congregó a sabios hindúes y musulmanes a fin de esclarecer
los principios básicos de los diversos credos practicados en
sus dominios— llama a colaborar a eruditos sanscristas. La
tarea termina en 1657. Dos años después, el príncipe Dará,
rebelde entonces y acusado de atentar contra la fe de sus
antepasados persas, la religión establecida en el reino, muere
asesinado por orden de su hermano Aurangzib. Sin em­
bargo, la semilla del malogrado príncipe subsiste, destinada
a germinar en otras tierras.

Ultimo» desarrollo»
En lo que va de nuestro siglo, y a pesar de las dos gue­
rras mundiales, los estudios orientales se acrecientan. Hay
mayores fuentes de investigaciones: se descubren nuevos
libros, se viaja más y se conocen mejor las lenguas asiáti­
cas. Provistos de mayores conocimientos surgen los scholars
orientalistas —sinólogos como Richard'Wilhelm y Waley,
especialistas én la religión brahmana o budista como los'Rudolf Otto, Tueci Fornichi, Keith, Hume, Senart— de amplio
y profundo saber. En las universidades se fundan cátedras
de religiones comparadas; se divulga entre estudiantes la
curiosidad por la literatura oriental, como se aprecia tam­
bién su arte.

La primera traducción en Occidente
Han pasado cerca de un siglo y cuarto cuando, en 1775,
una copia del manuscrito persa llega de la India a manos
de Anquetil Duperron. El descubridor del Zend-Avesta
emprende la labor de verter el Oupnekhat al francés y al
latín. La traducción francesa se extravía, pero la latina se
publica al comienzo del siglo xix —según ya se mencionó—.
La lee Schopenhauer. Asombrado, reconoce verdades pre­
sentidas por él, lo cual da alas a su propio pensamiento y
trabajo. Testimonio de ello es el prefacio de la primera edición
de "El Mundo como Voluntad y Representación” publicado
en 1818. "Si el lector ha recibido el beneficio que representa

Y ahora llega al vulgo. Basta con citar ejemplos de los
dos últimos años: una versión poética del Bhagavad Gita,
en inglés, colaboración del Swami Brabhavananda y Cristopher Isherwood, poeta y escritor sobresaliente de la gene­
ración que apareció después de la primera guerra; y la
Perennial Philosophy de A ld o u s
Procesión de bo­
H uxley: antología de los grandes
tes en Agrá du­
místicos, que florecen desde tiempos
rante el reinado
remotos en diversos credos y razas,
de Akbar. Pintura
con comentarios que ligan y subrayan
M o g o l . Museo
Victoria and Al­
la experiencia íntinm-religiosa como
bert. Londres.
una y universal.

Bailarinas en la corte de Akbar. Pintura Mogol.
Museo Victoria and Albert, Londres.

Akbar después de su visita a Delhi vuelve por barco a Agrá.
Pintura Mogol. Museo Victoria and Albert, Londres.

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�HUMOR

cabalgata®
B U R L A D E R O

con voz —¡ay!— lo más femenina po­
sible:
— ¡Viva la pequeña diferencia!...

Por el Hon der o Iró n ico

Parece ser que todos los escritores y
artistas norteamericanos le deben su glo­
ria en las artes a su fracaso como milita­
res. Edgar Poe fué expulsado de un co­
legio militar; Santayana le debe el ser
escritor de lengua inglesa a la ausencia
de Novaliches, cuando le fué a pedir una
plaza de subteniente en Toledo. Whistler
cuenta que fué expulsado de West Point
por no saber contestar qué era la sal.
Cuando años más tarde se enteró que era
un compuesto de un ácido y una base, ex­
clamó lleno de alegría:
— ¡Pensar que si llego a saber eso a
estas horas era por lo menos teniente co­
ronel U . .

Decía Metternich, que el diplomático es
el hombre que dedica toda su energía, cul­
tura y talento a evitar conflictos interna­
cionales que no existirían si no hubiese
diplomáticos.
De G. B. S. en una última entrevista:
“Las cosas que se saben hacer, se ha­
cen ... Y las que no se saben hacer...
se enseñan a los d em ás...”
Diálogo entre un ruso y un norteameri­
cano que le reprochaba al ciudadano de
la URSS su falta de libertad de palabra
y acción:
—i Qué entienden ustedes por libertad
de palabra? —preguntó el ruso.
— ¡Libertad de palabra es que en Es­
tados Unidos, si usted quiere, va a la
Casa Blanca y dice que Truman es un
im bécil!... ¡Y no le pasa n a d a !...
—Pues en Rusia, si usted quiere —re­
plicó el soviético—, si usted quiere, va al
Kremlin, dice que Truman es un imbécil,
¡y tampoco le pasa nada! . . .

biada la conversación se habló de nata­
lidad y los diversos Indices por país. En
cierto momento que la Opulenta Anfitriona expresaba su propia experiencia sobre
el asunto, Paderewski, súbitamente des­
pierto, intervino de nuevo en la conver­
sación creyendo que seguían hablando del
tema anterior.
—No soy de su opinión señora... Para
mí el antiguo procedimiento es el mejor.
—{Es usted la nueva mecanógrafa?
—Sí señor.
—¿Sabe usted francés?
—Yes. ..
—Eso no es francés, es inglés.
—¡Uy! ¡También sé inglés! . . .
La Fanática Feminista proclamaba con
voz, lo más varonil posible, su fe en el
triunfo de los nuevos ideales.
— . ..y después de todo... ¡Qué es lo
que distingue al hombre de la m ujer?...
Una pequeña diferencia. . .
Y entonces la Feminista Ingenua gritó

No hace mucho tiempo, Miss Ellen Wilkinson, ministro a la sazón de Instrucción
de la Gran Bretaña, visitó Alemania don­
de pronunció una conferencia- ante un nu­
meroso concurso de maestros y maestras
a quienes explicó las ventajas de la liber­
tad de pensamiento como base de toda
enseñanza. Terminada su charla se le
acercó entusiasmada una joven maestra
quien le preguntó con el más ingenuo y
desnazificado entusiasmo:
—Señorita ¡qué directivas debemos se­
guir para pensar libremente? . . .

ÜM
PREMIOS
Envíenos usted las soluciones. La primera solución que nos llegue respondiendo
correctamente a lfls 35 pruebas será premiada con í 20 m/n. Las seis primeras
respuestas que recibamos y que solucionen 30 preguntas serán premiadas con una
suscripción por 6 meses a Cabalgata.
,
Las respuestas deben d irig irse a la redacción de Cabalgata , a n te s del 1’ de no­
viembre. En el núm ero c o rresp o n d ien te al 15 de noviem bre p u blicarem os las solucioneEn°cada' número de Cabalgata se publicará una prueba equivalente a ésta, cuya
solución aparecerá, dos números después.
A continuación tiene una lista de famosos seudónimos, junto con los verdaderos
nombres de quienes los lucieron en vida o en parte de sus obras. Nombres y seudó­
nimos se encuentran en desacuerdo entre ellos. Procure ligarlos correctamente. Si
acierta en todos su cultura e información no dejarán nada que ¡.escar y hasta puedo
calificarlas de excepcionales. Pero para su consuelo le advertimos que con un sesenta
por ciento de corrección tiene más que suficiente y puede darse por plenamente
satisfecho.

1.

“Tirso de Molina”.
“Anatole France”.
3. "Pablo Neruda”.
“
Carmen Sylva”.
4.
5. "Gyp”.
“Colombme
.
6.
7. “ Fray Mocho”.
8 . “ Ei Solitario”.
9. “ Almaf uerte”.
10. ““Clarín”.
Fernán Caballero” .
11 .
Enrique Sienkiewicz"
12. ““Andró
Maurois”.
13.
14. “ Silverio Lanza”.
15. “Raehilde”.
.6. “ Novalis”.
17. “ Stendhal”.
18. “Moliere”.
19. “Fígaro”.
20 . “George Eliot”.
2 1 . “Gabriela Mistral” .
22. “ Boz”.
23. "Lorenzo Stecchetti”.
24. “Juan Moreas”.
25. “Mark Twain” .
26. “ Máximo Gorki” .
27. “Voltaire”.
28. "George Sand”.
29. “Juies Romains”.
30. “ Azorin”.
31. “Vigil.us Haufniensis”
32. “ Xenius”.
33. “ Hugo Wast”.
34. ‘ Chamico” .
35. “Alejandro Casona”.
2.

El famoso psiquíatra italiano, Roneati, director del manicomio de Bolonia,
acostumbraba a decir siempre que salía
a la calle:
—Ahora que hemos estado en el mani­
comio pequeño, ya podemos pasar al gran­
de.
Uno de los más. grandes polvorines del

PALABRAS

CRUZADAS

mundo, el Fort Knox, en los Estados
Unidos, luce este rotundo letrero: “No
fume si no quiere convertirse en un dato
estadístico.”

LIBROS BIEN IMPRESOS
PARA EDITORES EXIGENTES

Thomas de Quincey, el dandy cínico, y
cierta lady tan pasada como ingenua, pe­
se a sus años.
—Una p re g u n ta , Thomas: ¡cuántos
años cree que tengo?
H O RIZO NTALES
I. — Malvavisco. - Fiesta de los judíos.
I I . — Sesgo. - Cerro.
III. — Hijas de caballo y burra. - Instru­
mento de grabar.
IV. — Aconsejadora.
V. — Hermana.
VI. — Moneda romana de escaso valor. - Re­
gión de la antigua Grecia. - Se dirige.
VII. — Donde. - Hilo para pescar. - Acción
de dirigirse.
V III. — Vela pequeña. - Pronombre autorita­
rio. - Sobrino de Abraham.
IX. — Segunda letra dei alfabeto griego. - In­
terjección que denota impaciencia.
X. — Veloz. - Punto opuesto al cénit.
XI. — Río de Florencia. - Noveno.
VERTICALES
1. — Palabra mágica.
2. — Embrollos. - Acalorarse por el sol.
3. — Recelas. - Pez.
4. — Pronombre demostrativo plural. - Primera
carta de la baraja. - Adonde.
5. — Apoyo.
6. — Corto.
7. — Embarcaciones.
«8. — Derrumbamiento grande de nieve sobre
los valles. - Contracción de preposición y ar­
tículo. - Una de las doce tribus de Israel.
9 . — Pueblo de la provincia de Toledo. - Per­
sona que protege a otra.
10. — Príncipe árabe. - Instrumento de arco.
11. — Guarnicionero.

AMOBRORTU
CORDOBA 2 0 2 8

BUENOS AIRES

—El doble.
— ¡Exquisito! —exclamó el divino Gabriele sorbiendo un helado en la terraza
de su fastuoso Vittoriale—. ¡No le falta
más que ser pecado!
—-¡No, no! —rechazó te r m in a n te ­
mente el podestá de aquella ciudad ita­
liana, cuando Carducci le ofreció la pre­
sidencia de la mesa—. ¡Qué diría la

10.
11 .
12 .

13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.

21.

22.

23.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.

José Martínez Ruiz.
F. María Arouet.
Leopoldo Alas.
Carmen de Burgos.
Margarita Eymery.
Isabel de Rumania.
M. J. de Larra.
A. Rodríguez Alvarez.
B A. Palacios.
J. B. Amorós.
Aurora Dupin.
Federico de Hardenberg.
J. L. Farigoule.
Eugenio d’Ors.
Sybyla Riquctti-Mirabeau.
Henryk Litwos.
Chindo Guerrini.
G. M. Zuviría.
F. Gabriel Téllez.
Sóren Kierkegaard.
Cecilia Bóhl de Faber.
Carlos Dickens.
Yanni Papadiamantopoulos.
1. B. Póquelin.
Neftalí Reyes.
A. Herzog.
Estébanez Calderón.
S. ------------------Mary Ann Evans.
F. Á. Tbib-ut.
C. Nalé Roxlo.
Lucila.. Godoy.
Henri Beyle.
Samuel Langhorne Clemens.
José Alvarez.
Máximo Piechkov.

gente si me viera sentado ahí a mí que
soy muchísimo más burro que usted!...
—Me levanté temprano —contaba aquel
gran dibujante catalán—, allá en mi pue­
blo natal, La Garriga: era una mañana
de invierno fría, crudísima, gris plomo en
la que todo parecía augurar una magní­
fica nevada. Pero no: apenas habían caí­
do algunos copos más o menos discretos,
una canallesca llovizna los deshacía en
agua. Con la nariz pegada a los crista­
les de mi ventana, hacia toda la fuerza
posible, una hora tras otra para que cua­
jara la nieve de una manera decente y
disfrutar de una nevada como Dios man­
da. Todo fué inútil: pasó una hora, otra
hora y otra más, sin éxito alguno y cuan­
do llegó la noche me retiré de la ventana
completamente vencido : ¡ Aquella nevada
había sido un completo fra c a so !...

ALGUNAS ANECDOTAS
DE B E R N A R D SHAW
cumplido no­
C ventamotivoañosdede hab'ér
edad, la prensa in­
ON

glesa rj francesa ha aprovechado la
ocasión para recordar algunas de las
anécdotas más célebres del gran autor
dramático inglés. Nos limitaremos a
reproducir aquellas que son más carac­
terísticas del humorismo shawiano.
Bernard Shaw ha usado siempre sus
palabras más crueles para las mujeres.
Un periodista americano le preguntó
en cierta ocasión si había cambiado de
opinión con respecto a las mujeres.
—Sobre las mujeres, no; pienso exac­
tamente lo mismo que pensaba hace
noventa años, es decir nada. Lo que

Y aprovechando que nos encontramos en
los Estados Unidos, recordemos la última
apreciación del inagotable Emil Ludwig,
que al embarcar para Europa, como se le
hiciera referencia a que dejaba al conti­
nente de la libertad, le dijo amablemente
a su interlocutor.
—Así es, mi querido am igo... Pero
no olvide que la libertad no es un inven­
to americano con derechos reservados pa­
ra las demás naciones...

ocurre es que a veces se ha dado el
caso de que una mujer no formaba
parte de "las mujeres”.
*

*

*

Es sabido que Bernard Shaw tiene
un elevadísimo concepto de su propio
talento. Transige con admirar a Sha­
kespeare, aunque considerándose supe­
rior a él.
Un día que Shaw se encontraba un
tanto melancólico, un amigo íntimo le
preguntó qué le ocurría, y el gran au­
tor le respondió:
—Shakespeare ha muerto, Moliere ha
muerto y yo mismo no me encuentro
muv bien.
Agregó, finalmente, que pensaba vi­
vir tanto como su antepasado Matu­
salén.

* * *

A su regreso de un viaje a Grecia,
una señora le preguntó ingenuamente
si era verdad que todas las mujeres
allí tenían la nariz griega.
— Claro está — contestó Shaw.^
—¿Cómo claro está ? — volvió a pre­
guntar la señora.
—Comprenda usted, querida amiga;
no va usted a pretender que las griegas
hagan venir su nariz del extranjero.

A propósito de profesores que quieren
enseñar lo que no saben, nos referiremos
al recién llegado embajador intelectual de
Madrid, el que, terminada su primera con­
ferencia, al ser interrogado por el profe­
sor Monner Sans, reaccionó en imperial
con las siguientes palabras:
—“Por lo que oigo, ustedes se creen
que en España andamos a g a ta s ...”
—“A gatas no —replicó el interpelan­
te—, ¡pero con bozal sí! . . .”

*

*

*

De Bernard Shaw son estas lincas
que exteriorizan toda su petulancia ge­
nial :
"Durante setenta años, con una te­
nacidad sin precedentes, he metido cu
la cabeza del público el que soy un
hombre extraordinario, espiritual, bri­
llante y hábil. Esto forma parte ahora
del patrimonio de la opinión pública de
Inglaterra y ninguna potencia en el
mundo podrá cambiarlo en lo más mí­
nimo. Mi reputación está construida,
firme y sólida como la de Shakespeare,
sobre una base inquebrantable de afir­
mación dogmática.”

En el almacén:
—Déme dos docenas de sardinas.
—¡Las quiere nacionales o importa­
d as?... Las nacionales valen 50 centa­
vos y las importadas 2,50 pesos.
—Démelas nacionales... ¡ Quiere que
le pague el pasaje de Europa a una sar­
dina?. . .
El Opulento Anfitrión iba enseñándole
todas las maravillas de su palacio al gran
Paderewski. De pronto se detuvo ante un
piano de gran cola y exclamó:
__Mire maestro . . . Cuatro pedales. . .
Caja to n a l... Cuerdas anticlimáticas...
Fueron tantaB las explicaciones que el
buen Paderew ski se quedó dormido. Cam­

1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.

*

—Si, señorita: ; odio el realismo fotográfico en el arte!

*

*

Cuando se le preguntó qué es lo que
pensaba de la experiencia de Bikini,
Bernard Shaw respondió:
— Es la primera vez que una come­
dia americana puede escucharse hasta
el final.

�CIENCIAS_______________ E cabalgata
ste

personaje reptiliano vivió en el

que tanto estupor promueven entre los ni­
ños y los mayores por igual a causa de
su sangre fría para tratar con los felinos
y otros animales de reconocida ferocidad
y poder. Llamóse a este reptil dragón de
Komodo, y los naturalistas lo colocaron
con las formalidades de rigor, en el gé­
nero Varanus con el resto de los moni­
tores. Con una longitud de unos 3,60
metros y más de 100 kilogramos de peso,
el dragón hubiera pasado, sin embargo,
por un vástago recién salido del casca­
rón del Tyrannosaurus mencionado arriba.
Pero es preciso contar con los 70.000 si­
glos de franca decadencia del linaje de
los lagartos antes de tomar a broma al
Varanus komodoensis y pensar qué puede
ser de nosotros al cabo de un retroceso
equivalente. Hay que andarse con pies de
plomo siempre que se trate de decir algo
que valga la pena de ser tenido en cuen­
ta, sobre todo cuando andan por el me­
dio cuestiones de prestigio. Para lavarnos
las manos nosotros diremos que, conside­
rado a nuestra escala, el dragón de Ko­
modo es un dragón con todas las de la
ley, aunque para evitar su desaparición en
menos que canta un gallo, el gobierno ho­
landés haya tenido que colocarlo bajo su
tutela, cual si se tratara de una criatura
de pecho. Y es que, tratándose de dra­
gones, ninguno hay capaz de toserle al
hombre, sea éste sabio, empresario de cir­
co, simple bombardero de una fortaleza
volante o jefe de un campo de concen­
tración.

norteamericano hace cosa
E decontinente
70.000.000 de años, durante el llamado
por los geólogos período Cretáceo. Al
revés de otros reptiles que le precedieron,
éste, denominado Tyrannosavrus rex, era
carnicero como ponen en evidencia sus
temibles dientes montados sobre maxilares
poderosísimos; su cabeza medía más de
un metro veinte de largo; su alzada as­
cendía a seis metros y su longitud a los
catorce. Por fortuna para todos los seres
que le sucedieron, entre ellos nosotros (que
aparecimos ayer para el caso), los reptiles
de esta catadura fueron perdiendo terre­
no, sin duda porque, entre otras cosas,
su cerebro era demasiado chico con rela­
ción a la masa que debía controlar. Y el
puesto hegemónico que los reptiles ocupa­
ran en pasadas épocas geológicas, pasó
a otras estirpes zoológicas mejor adapta­
das, más inteligentes y dinámicas: las
aves y los mamíferos.
Sin embargo no hace mucho —y no ya
con arreglo a la escala geológica, sino a
la histórica propiamente dicha, pues era
alrededor de 1914—, corría el rumor en­
tre los nativos de ciertas islas indonésicas
de la existencia de un monstruo capaz de
rivalizar por su talla y apariencia con los
del pasado. Hízose entonces una explo­
ración en dichas islas, y en la de Komodo, situada en las cercanías de la isla
Flores, se descubrió, en efecto, un reptil
capaz todavía de poner los pelos de punta
a cualquiera de esos capitanes de circo

Desaparece
un Hombre de Ciencia
y un g r a n Divulgador
l

16 de setiembre próximo pasado

murió en Dorking, Surrey, el astró­
E nomo
James H. Jeans, muy conocido enSu libro The World A round Us, traducido
el mundo culto y hasta en los medios po­
pulares por sus contribuciones a la cien­
cia de su especialidad y por sus libros de
divulgación. Es característico de los hom­
bres de ciencia ingleses de la más pura
tradición, no olvidar por un momento que
el saber, y en especial el saber científico,
no debe ser ni puede ser privilegio de un
grupo de escogidos, porque si bien su país
tuvo hombres de ciencia precedentes de
las clases superiores, como Boyle, Hook,
Cavendish, etc., los creadores por exce­
lencia fueron de extracción popular; re­
cuérdese si no a Dalton, Priestley, Faraday, Davy, Darwin, Rutherford, etc., to­
dos ellos de origen humilde. Raro es el
sabio inglés que no da clases populares
en la Sayal Institution, no habla por la
B. B. C., no escribe libros destinados al
gran público sobre temas de su especiali­
dad, además de enseñar en Cambridge, en
Manchester, en Londres y otros puntos de
las Islas o fuera de ellas.
Jeans ha sido uno de estos hombres.

al castellano con el título El mundo que
nos rodea a poco de su aparición en su
lengua original, ha causado una profunda
impresión en todas partes por la forma
magistral con que presentaba un cuadro
del estado presente de la física atómica
y la astronomía, ambas estrechamente uni­
das desde el descubrimiento del espec­
troscopio y die la formulación de la teo­
ría de la relatividad. Hace poco (en
1944) apareció una nueva edición inglesa
de este libro en la cual se recogen muchos
resultados científicos obtenidos desde la
fecha de su primera publicación. Otra
obra del mismo autor, y de análogo ca­
rácter o sea de divulgación también, es
Through Space and Time, no vertida al
castellano que nosotros sepamos, como no
lo está Astronomy and Cosmogony. Se
han traducido en cambio The Misterious
üniverse y The Satars in Their Courses.
El primero es en el fondo una conferencia
docta sobre temas de relatividad y física
atómica, y el segundo el contenido de

una serie do charlas sobre astronomía da­
das en la B. B. C. (la radioemisora ofi­
cial inglesa) para el gran público.
La labor de Jeans en el terreno de la
ciencia pura es copiosa también. Y de-

U N A PL A N T A CARN ICER A
stamos

acostumbrados a asociar los

E seres carniceros con la agilidad de
movimientos del tigre y del lince, con
las astucias del zorro, con el sigiloso
vuelo de las aves nocturnas, con la mi­
rada potente del azor. Procurarse la
carne ha sido siempre una tarea arries­
gada, tanto que el hombre no ha podi­
do progresar hasta que se independizó
de la vida cazadora con la cría de ani­
males en domesticidad —la vaca, la ca­
bra, la oveja—, y más aún que con
la ganadería, con la agricul­
tura, con el cultivo en cre­
ciente escala del trigo, la
cebada, el arroz, la avena,
el centeno. .. Los frutos de
estas plantas pueden con­
servarse durante años en si­
tios apropiados y de este
modo los tiempos de las va­
cas gordas pudieron com­
pensar los de las vacas fla­
cas. Fueron los cultivos los
creadores del sentido de la
previsión, los que otorgaron
al espíritu la dimensión del
futuro, porque cimentaron
la confianza e hicieron po­
sible el ocio creador, el
cual, aliado con la necesidad
(no menos creadora cuando
no rebasa cierto grado),
echó los cimientos de la vi­
da civilizada.
La exigencia de la carne
es un atributo típicamente
animal, más aún: del ani­
mal superior. Al revés de
lo que ocurre con las plan­
tas, los animales carecen de
la facultad de sintetizar los
simples compuestos minera­
les del suelo y del aire pa­
ra convertirlos en carne de
su carne, en fuerza de sus
músculos, en energía de su
cerebro, y por ello son los
obligados parásitos del reino vegetal de
un modo inmediato o mediato.
Pero hay excepciones para todo, y
más, tratándose de la naturaleza, y así
nos encontramos de vez en cuando con
plantas de una voracidad por la car­
ne que apenas desmerece de la de mu­
chos animales. Vea el lector esta "ja­
rra” con su correspondiente tapadera.
En su origen fué una hoja como cual­
quier otra cuyo pecíolo o punto de in­
serción con el tronco se supone en la
prolongación superior; pero en vez de

quedar reducida a una hoja cuya mi­
sión fundamenta! fuese elaborar almi­
dón, celulosa y otros- materiales a ex­
pensas del anhídrido carbónico de la
atmósfera, del agua, etc., decidió to­
mar por el atajo y convertirse en un
atrapamoscas con todas las de la ley.
Sus brillantes colores la hacen pasar
por una flor, como tantas otras, con
sus jugosos néctares; el borde de la
boca ha sido reforzado con una espe­
cie de aro, para evitar a toda costa
que aquélla se cierre; en la
parte inferior de la tapade­
ra existen unas células se­
cretoras de unos líquidos
viscosos; el tramo superior
de la cara interna de la
"vasija” está encerado como
para que los infelices insec­
tos resbalen hacia el fondo
—en ciertas especies afines
de plantas, hay unas espi­
nas encurvadas hacia aden­
tro—, y, por fin, la parte
interna profunda contiene
un líquido adherente del cual
no pueden librarse los in­
sectos en cuanto lo tocan.
Pero las cosas no paran
aquí, sino que, por el con­
trario, éste es el comienzo,
pues a partir de la caída del
insecto al fondo de la tram­
pa, las células de la hoja
empiezan a segregar un lí­
quido con análogas funcio­
nes a las de los ácidos se­
gregados por las paredes del
estómago de los animales,
con el resultado de que la
carne es digerida y asimi­
lada con todas las de la ley.
En unos casos estas ja ­
rras-estómagos se forman en
una hoja cuya parte filifor­
me ha dado previamente una
vuelta a cualquier soporte,
pues en general estas plantas son tre­
padoras de las regiones tropicales; pa­
rece como si quisieran prevenirse con­
tra los riesgos de derrumbe de una
comida demasiado copiosa. Pero en
otros casos las hojas donde se forman
estos depósitos no desempeñan funcio­
nes trepadoras o prensiles.
La planta a que se refiere el gra­
bado es oriunda de las Indias holande­
sas, y se conoce con la denominación
de Nepenthes ampollaría. El tamaño de
este órgano es doble de la figura.

manuales, volvió su atención hacia este
nuevo campo, y el 27 de enero del año
1927, en un alarde de inventiva, de des­
treza y de perseverancia, hizo una exhibi­
ción ante la Royal Institution, que marca
una época en la historia de la televisión.
Desde esta fecha nadie pudo poner en du­
da la practieabilidad de una idea acari­
ciada por muchas mentes audaces, pero
tan escurridiza que, cuando se la creía en
la mano, tornaba a desvanecerse. A par­
tir de esta prueba Baird contó con los
medios necesarios para poner en práctica
sus conquistas y para perfeccionarlas rei­
teradamente. En cierto modo esta figura
fué a la televisión lo que fué Marconi a
la radiotelefonía, pues como éste, acabó
por vencer todo posible escepticismo y
por formar una compañía de amplios re­
cursos, dispuesta a ensayar todas aquellas
iniciativas que ofreciesen alguna garantía
en cuanto a su eficacia.
Los primeros ensayos de Baird fueron
hechos con analizadores mecánicos del ti­
po del disco de Nipkow (patentado por

el alemán Paul Nipkow en 1884, pero po­
co menos que arrinconado hasta que
Baird puso de nuevo sus manos sobre él).
Este método resultó inadecuado, pese a
todos sus perfeccionamientos, pues la
inercia y otros inconvenientes de los ana­
lizadores mecánicos imponían grandes li­
mitaciones a la definición de las imáge­
nes, y con gran dolor para Baird fué ne­
cesario volver la vista a los dispositivos
electrónicos, ensayados independientemen­
te por Rosing en Rusia y por CampbellSwinton en Inglaterra misma por vez pri­
mera. Estos dispositivos alcanzaron un
triunfo de gran trascendencia con el ico­
noscopio de Zworykin, con el “tubo di­
sector” de Farnsworth, etc. Pero todo
ello acaso no saliese a la luz por muchos
años si no fuera por el genio de este in­
ventor escocés, a quien se debe que la
B.B.C. empezase sus programas regulares
de televisión en noviembre de 1936. Al
ser interrumpidos estos programas como
consecuencia de la guerra, funcionaban en
Inglaterra alrededor de 23.000 receptores
y hoy dicho país es de los que van a la
cabeza en este terreno, tan prometedor
para el futuro.
Las agencias informativas dan cuenta
de la amplia contribución de Baird al per­
feccionamiento de la técnica telelectrónica
y nos dicen que antes de morir “había
dado los últimos toques al equipo más
moderno en existencia”.

EL SER VIVO MAS VIEJO DEL PLANETA
i queremos buscar el ser vivo de
máxima longevidad tenemos que
S
descartar los animales y orientarnos
bémosle una hipótesis sobre el origen del
sistema solar, la llamada hipótesis de la
marea. Había nacido en 1877 y desem­
peñó destacados puestos en la enseñanza
y en las instituciones científicas de su
patria.

MUERE
JOHN LOGIE BAIRD
A prensa mundial acaba de anunciar
j la desaparición de John Logie Baird,
1
ingeniero electricista nacido en agosto de
1888 en Helensburg, Escocia. Baird fué
el primero en ofrecer muestras contun­
dentes de la practieabilidad de la televi­
sión. Hasta bien entrado el presente si­
glo la posibilidad de transmitir imágenes
de un punto a otro por medio de ondas
electromagnéticas —idénticas en esencia
a las de la luz ordinaria y a las de la
radiotelefonía— era tema de especulación
más que una realidad tangible, y en con­
secuencia no había empresa que se aven­

turase a poner a disposición de los hom­
bres de ciencia y de los amateurs los me­
dios económicos necesarios para instalar
laboratorios de investigación y construir
equipos de prueba. En 1923 Baird, hasta
entonces un alto empleado de la (Jlyde
Valley Eleetrieal Power Company y per­
sona de amplios recursos imaginativos y
Página redactada por
J o s é O t e r o E s p a s a n d ín .

hacia los vegetales. El organismo ani­
mal es muy delicado y muy aetivo
para durar demasiado; la sensación del
tiempo, la impaciencia, el fuego de la
acción, van socavando su existencia,
minando su ser. Por el contrario, los
vegetales en general están hechos de
materiales más resistentes, más esta­
bles, y la acción apenas perturba su
plácido existir. Y por eso mientras los
hombres y demás animales sucumben
con la angustia de no haber vivido,
con una sed de tiempo en los labios,
ciertos árboles parecen hilar impasi­
bles los siglos precipitados en la rueca
de su copa. Los astros danzan en las
esferas, la corteza del planeta se agrie­
ta, denuda y estalla aquí y allá, pero
estos árboles parecen no enterarse; sus
ansias se despliegan sobre ciclos más
vastos y la angustia del instante fugi­
tivo no altera el ritmo de su pulso.
En México hay un árbol, una especie
de ciprés, llamado ahuehuete en el país
y Taxodium mucronatum por los .natu­
ralistas, que mide de circunferencia (a
ras de tierra) más de 36 metros. Otro
ejemplar de la misma especie y del
mismo país hállase en la Calzada de
Tacuba, y debajo de él dice la historia
que se lamentó Cortés —tan poco dado
a las lamentaciones— de su mala for­
tuna en la lucha contra los aztecas.
¿Cuántos años tienen estos árboles
colosales de crecimiento reposado?
¿Cuántas cosas pasaron sobre la Tierra
desde el momento en que reventó a la
caricia del sol y del agua la diminuta
semilla de que proceden? Sucumbió el
recio extremeño, sucumbió el imperio
de Moctezuma, sucumbió el imperio de
Carlos V y se halla en la agonía la ci­
vilización nacida entonces, y estos ár­
boles siguen en su puesto, acaso por
muchos siglos más.
Pero el ser más antiguo en existen­
cia parece ser la sequoia denominada
General Slierman de California. Más
vieja que los ahuehuete, que los boabab del Africa ecuatorial, que tos eu­
caliptos de Australia, que los olivos de
Jerusalén. Podríamos saber su edad,
pero sería a costa de su propia vida:
en su tronco está escrita su simple his­
toria, los años que ha vivido, pues a
cada uno de éstos corresponde un ani­
llo de vasos de mayor diámetro que los

inmediatos. Pero es preferible la ig­
norancia al sacrificio de una vida ve­
nerable nimbada por los siglos y los
milenios. Una sequoia menos corpulen­
ta cortada hace años, tenía 3.126 años
de edad, y hay quien estima a la Ge­
neral Sherman dos milenios más vieja.
Hacia comienzos del siglo xxix a. de
C. empezaron a erguirse de las arenas
de Egipto las pétreas pirámides; an­
gustiados por el tiempo que pasa sin
piedad, los faraones deliraban con la
eternidad, en tanto la joven sequoia

abría sus brazos confiados a los espa­
cios clementes de California. Nubes,
brisas perfumadas, cantos de pájaros,
el lejano rumor del mar, los tules de
alguna que otra niebla serían entonces
como hoy sus hadas, el repetido tema
de sus sueños, la eternidad verdadera.
Si hablara de pronto la Sequoia gi­
gantea ¿qué diría a tantos cobardes
corazones que sólo piensan en el ex­
terminio de los demás con el necio
afán de garantizarse unos segundos de
vida atormentada? ¿Toleraría el nom­
bre que le han puesto?... Pero dejé­
mosla en paz y pidamos al cielo que
no abrasen sus ramas los rayos de las
bombas atómicas.

�ARTE

cabalgata©
BIOGRAFIAS

DE

AYER

Y

DE

HOY

miento ni es contingencia anecdótica: es
materia qué se diversifica en formas por
obra de la naturaleza y del hombre y a
la que respeta en actitud religiosa. Sus
esfuerzos reproductivos no le impiden ser
un creador, pero no lleva sus posibilida­
des de inventiva más allá de los esque­
mas que la materia transmutada en for­
ma común le presenta, como si no se ani­
mara a traspasar los límites del saber
empírico para penetrar en el mundo tras­
cendente de los ideales.
No tiene ninguno de los caracteres de
elegancia, de refinamiento y de buen gus­
to que falsamente se han ido colocando
como condiciones ineludibles del valor artístico; pero posee en cambio el amor
por las cosas concretas, por el dibujo ce­
ñido y significativo, por el color robusto
y bien nutrido, que no es en definitiva
sino el -amor por la pintura, común a to­
dos los grandes realizadores.

El XXXVI SALON NACIONAL de
ARTES PLASTICAS r.»
ROMERO BREST
jo rg e

(Viene de yigin c 1.)

que no lo han advertido ya, la mejor
leceión sobre lo que la pintura ha sido
y debe ser, aunque puedan disentir con
la estética que las informa.
¡Qué le importa a Pettoruti no recibir
premios si sus cuadros siempre son las
columnas dóricas que sostienen y elevan
los salones! Muy tranquilo puede estar, y
es envidiable su postura, ya que nadie le
arrebatará la gloria futura.

Alfredo Nobel, por Hería E. Paull
vida altiva de Valle-Inclán, por Francisco Madrid
Rainer María Rilke, por E. M. Buúer
Ceorje Washington Carver, por Rackham Holt.
Thor- -a, por Henry Seidel Canby
And' • Gide y la crisis del pensamiento moderno, por
Kiaus Mana
Zcla y su época, por Matthew Josephson
r'mitri Shostakovieh, por Víctor Ilych Scroff
Ounant: La historia de la Croa Roja, por Martin Gumpert

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13.—

Acaba de aparecer

En las antípodas de esa rigidez mental
de lo emotivo que caracteriza a Pettoruti
se halla el lirismo sentimental de Domin­
go Pronsato, euyos cuadros lo señalan,
recién ahora para muchos, como el gran
maestro del paisaje. Reincidiendo en la
temática sureña que le es tan cara, ex­
presa en sus dos paisajes: El camino de
los ñiris (premiado) y Dies de mayo ne­
vado, su concepción dinámica y panteís­
tica de la naturaleza, según la cual se
confunden para él agua, cielo y tierra en
vibrantes armonías de color tan puras
como para que cada trazo mantenga su
autonomía, tan construidas como para que
se impongan espontáneamente.
Pero no destaco las obras de Pronsato
solamente por la riqueza de sensibilidad
que denuncian, ni siquiera por la sobria
y cuidada factura, sino porque son la
expresión de un hombre que se adhiere a
la tierra con toda la potencia de su ser
y que subordina el pensamiento a la vio­
lencia emocional de sus intuiciones; sobre
todo porque se expresa con amor y éste
es sin duda el gran vehículo del arte.
También se impone y se agranda Euge­
nio Daneri, paisajista de barrios subur­
banos hasta hace pocos años, que cultiva
ahora con la misma maestría la figura.
En la' línea de La pérdida del hijo, su
magnífico cuadro del año pasado, acaso
La plegaria sea superior, y más aún Co­

ra todos, siendo primordial que cada ar­
tista se forme la suya de acuerdo consigo
mismo. Y esto es lo que ha logrado este
ingenuo maestro de la pintura argentina
a quien la posteridad hará la verdadera
justicia que merece.
Modesto como Daneri y hasta con ca­
racteres similares de artesano es Gustnvo
Coehet. Tanto el Retrato de Francisca
como El botijo de whisky, sobre todo este
cuadro, denuncian al concienzudo modela­
dor de la materia en el espacio, que os
fiel a una ingenua concepción naturalista.
Para Coehet la pintura no es movi-

Cierro este parágrafo sobre las obras
sobresalientes mencionando la magnífica
acuarela de Jorge Larco, Bodegón con
aves, de sobria y perfecta factura, sor­
prendentemente olvidada por los jurados
e injustamente relegada a un rincón, j Se­
rá porque se piensa todavía que la acua­
rela es un género menor de la pintura?
También en este cuadro, como en los
anteriores, hay materia de estudio para
los jóvenes, no sólo porque se expresa
con la más alta nobleza el pintor y logra
en él un valor lírico de presencia perma­
nente, sino por la destreza que se advier­
te cu el manejo de los tonos, en el ensamblamiento de los planos y en el vi­
gor de profundidad no naturalista del
espacio.
Ramón Gómez Comet ha recibido el
Gran Premio Adquisición por su óleo La
Urpila. Quizás no sea de las obras más
enteramente logradas del maestro, sobre
todo porque la composición es pobre y
crea un vacío difícil de llenar, pero en la
figura se advierte una vez más la preci­
sión del trazo, tan castigado hasta obte­
ner con él la más pura significación de
las formas, y la sobriedad de sus tonos

Ramón Gome* Comet. La U r p i l a .
(Gran Premio Adquisición Presidente
de la Nación Argentina.)

Este libro es fruto de una minuciosa investigación de la vida interior del gran
Poeta de la Democracia y de los misteriosos procesos que condujeron a sus crea­
ciones poéticas. Evocación completa del hombre humanísimo que había en Walt
Whitman y de los rasgos potentes y originalísimos de su obra, ofrece también un
cuadro palpitante de la historia de los Estados Unicos en aquella época que pre­
senció ia expansión tumultuosa de la nación, el nactmiento de la era industrial y
la Guerra de Secesión.

480 páginas. Encuadernado en tela: % 15.—

COLECCIÓN

VIDAS

Y

OBRAS

Domingo Pronsato.
Diez de mayo nevado. (Segundo premio.)

Vida de Miguel Ángel, por Hermana Grimm
Granewald, por Juan Zocchi
l a vida y la obra de Pierre-Auguste Renoir, por Ambroise
Vollard
Vida secreta df Salvador Dalí, por Salvador Dalí
Tiziano, por Margarita G. de Sarjatti
José Gutiérrez-Solana, por Ramón Gómez de laSerna
Nicolás Ponssin, por Otto Grautoff
Vincent Van Gogh, por Julius Meier-Graefe
La vida y la obra de Auguste Rodin, por Víctor Frísch y
Joseph T. Shipley

9 25.—
9 22.—
9 20.—
9 35.—
3 22.—
9 22.—
9 22---9 25---3 22.—

Acaban de aparecer

Análisis y documento de los distin­
tos aspectos de la vida y la produc­
ción de uno de los más grandes pin­
tores del siglo x v iii . Plasmación ar­
moniosa de aquella alma privilegiada
que nunca perdió la alegría y el op­
timismo de su juventud. Reviven en
este libro algunas de las páginas más
ardientes de la historia de Francia.

Este libro es a manera de un re­
portaje hecho al hombre, al paisaje
ue envolvió su vida y al artista creaor. Judith Cladel deja hablar muy
a menudo al propio Maillol y se li­
mita a acotaciones reveladoras de su
estado de ánimo. Se obtiene así una
especie de autobiografía de uno de los
más grandes escultores de la Francia
moderna.

316 páginas, 87 grabados, 6 en co­
lor. Encuadernado en tela: 9 23.—

304 páginas, 63 grabados, 3 en co­
lor. Encuadernado en tela: $ 22.—

legiala, pues en éste ni siquiera la sentimentalidad del tema pudiera ayudarlo.
La maestría de Daneri no es la del
técnico consumado, sino la del hombre
que difícilmente y con esfuerzo, esfuerzo
de expresión visible hasta ahora en sus
óleos elaborados, va conformando su vi­
sión primaria y honda de la vida, lo mis­
mo a través de la figura doliente que
del miserable barrio de muros bajos y te­
chos desvencijados o del modesto ramo
de flores en un jarro de cerveza. Hay
algo de primitivo en él, hasta por la eco­
nomía de sus medios y su falta de alarde,
de hombre que busca en la entraña de sí
mismo y en la entraña de las cosas nn
secreto de acción que nunca es meramente
formal, sino escondida potencia de pa­
sión.
Es cierto que en sus cuadros se advier­
ten algunos errores técnicos, y sería pre­
ferible que no los hubiera, pero no debe
olvidarse que' la pintura, como todo arte,
es modo de íntima e intuitiva expresión,
en definitiva la única importante y valio­
sa; tampoco hay que olvidar que no exis­
te una técnica absolutamente valedera pa-

Gustavo Coehet.
El botijo de whisky.
en acorde con la de su dibujo.
Nadie ha penetrado tan hondamente co­
mo él en la figura humana para recons­
truirla luego con los elementos de su ex­
periencia dándole caracteres de eterni­
dad; nadie ha sabido conjugar como él,
el documento emocionado de la humani­
dad desvalida de su tierra, sobre todo
de la niñez, con la . pura ereación imagi­
nativa del arte. Por eso sus figuras que­
darán como estampas prototípieas, a tra­
vés de las cuales el argentino del futuro
descubrirá emocionándose la raigambre
sentimental de la estirpe.
Quizás La Urpila no sea la mejor obra
de Gómez Comet, pero j no están res­
paldándola docenas de obras en las que
maduró su espíritu y se perfeccionó su
mano? El Gran Pfemio consagra año tras
año la vida de un pintor; éste que se le
ha otorgado no puede haber sido más jus­
ticiero.

Eugenio Daneri. Colegiala.

EDITORIAL P0SEID0N
PERU 973

Dir. T.I.

e d ipo

BUENOS AIRES
Raquel Forner. El juicio. Oleo. 1946.

Otros pintores eminentes han enviado
obras que no se cuentan entre las mejores
de sus respectivas producciones. Me re­
fiero a El profesor Pascual Fittipaldi de

�Miguel Carlos Vietorica y a Figura de
Baúl Soldi.
He hecho el elogio de ambos en muchas
ocasiones, del segundo en un artículo recientísimo (*), de modo que no es el mo­
mento de repetirme, sí de señalar la hon­
rada expresión que fluye de estas obras a
pesar de no ser las más valiosas. En el
retrato de Vietorica hay más de un frag­
mento magistral, las manos y la cara es­
pecialmente, y en la figura de Soldi
subyugan el refinamiento cromático y la
virtud de exaltación sensible de los ritmos
formales en arabesco.
Aunque se le puedan oponer reparos de
fondo, no dejan de tener interés Niña
con flores de Antonio Berni, en la que pa­
rece volver a formas olvidadas eomo la de
Mujer del sweater rojo de hace años;
Figura en el paisaje de Juan Carlos Castagnino, inexplicablemente separados uno
de otro; los dos paisajes urbanos de Onofrio Pacenza, en los que se advierte cla­
ramente cómo la estrechez de su senti­
mentalismo naturalista lo obliga a repe­
tirse; Mañana en el Riachuelo de Italo
Botti, siempre emotivo y refinado en el
manejo de los grises, pero sin la potencia
constructiva de otros paisajes sobre el
mismo tema; Quebrada de Bumahuaca de
Manuel Coutaret, a la que falta grandio­
sidad y acercamiento a la tierra como si
se interpusiera entre la montaña y él un
velo intelectualista; Figura con rosas de
Juan del Prete, gran colorista que juega
y se dispersa con exceso; El hombre y la
tierra de Enrique Policastro, más hondo
en la intención que en el logro, peligro­
samente monocromo; dos grandes paisajes
de Guillermo Martínez Solimán, fuerte­
mente empastados.
De Domingo Candía se expone El man­
tel blanco, una de las pocas naturalezas
muertas verdaderamente felices de ¡a ex­
posición, clara y definida, de composi­
ción rica y original, de una expresividad
tan honda como moderna en la individua­
lización de sus claras tonalidades.
Sobre el gran cuadro que envió el año
pasado Raquel Forner al Salón Indepen­
diente escribí largas páginas que nunca

ARTE
figura embozada y al hombre que se pre­
senta ante ella, con las ropas desgarra­
das, sus flancos hendidos y florecido de
dolores, como un juguete del cruel des­
tino.
Con este cuadro no ha superado Libe­
ración; por el contrario, acaso porque se
ha fatigado en el terrible esfuerzo de
permanencia en el tema, la alegoría no
tiene, la fuerza de sincera emoción de
aquélla, la composición se resiente a cau­
sa de la abundancia de elementos y del
hueco que la fracciona inevitablemente, y
el modelado carece de la dinámica inte­
rior que sería menester. Pero habrá que
esperar su inminente exposición individual
para juzgar su última labor.
Aunque son pocas, afortunadamente se
exponen algunas obras felices de pintores
jóvenes. Ante todo Desnudo de Santiago
Cogcrrno, obra de pintor sensible en el
exquisito modelado de las carnes y en la
feliz solución de los ritmos formales de

Jorge Larco. Bodegón con aves.

que el autor ha construido con rigor y
sobriedad ejemplares. Diomede está en
la línea de Daneri y de Coehet —lo digo
por el espíritu de ingenua artesanía que
lo guía y no porque exista la menor con­
junción estética—, es decir, de los pin­
tores no sofisticados por ideas extrañas
a su ser esencial, de quienes se podrá es­
perar el verdadero surgimiento de una
plástica auténticamente nuestra.
En cuanto a Medardo Pantoja, cuyo
cuadro Mujeres de la Puna del año pa­
sado en el Salón Independiente fué salu­
dado como una revelación, no está a la
misma altura con Mujeres de Jujuy. No
obstante interesa por el espíritu de sín­
tesis que denuncia: dominando el trazo
como si se hubiese contagiado con la se­
veridad estática, plena de sugerencias má­
gicas, de los pobladores de la Puna, ha
creado un mundo con esas dos figuras
hieráticas y las ha ubicado en el paupé­
rrimo paisaje que les corresponde. El
cuadro es una verdadera lección para
quienes todavía creen que la expresión
norteña se resupe en superficiales evoca­
ciones de los elementos vitales pintores­
cos.
Quinta porteña de Juan Carlos Miraglia figura entre los cuadros que fijan
la atención del espectador, porque tam­
bién pinta con espontánea adhesión a las
cosas y sabe extraer de ellas un perfume
de-poesía. Y Naturaleza muerta de Ideal
Sánchez no deja de ser un promisorio
llamado de atención.
Pocas obras de escultura pueden ser se­
ñaladas a la consideración del lector. En
primer lugar Las tres bañistas y Tierra
argentina de Pablo Curatella Manes, obras
antiguas y conocidas; luego Aquiles y
Silla barroca de Lucio Fontana, deshe­
chas las formas hasta perder toda cohe­
rencia expresiva, lo que es de lamentarse
por tratarse de un escultor que ha proba­
do muchas veces la recia envergadura de
su talento; Dolor de Antonio Sassone,
con la virtud de creación de formas di­
námicas emocionales que le es caracterís­
tica, pero sin el pulimicnto que fuera me­
nester; La Argentina de Horacio ^Juárez,

© cab alg ata

EL ATENEO' PRESENTA
EN SU SECCION HISTORIA

LA ESPAÑA
MUSULMANA
POR

CLAUDIO
SANCHEZ-ALBORNOZ
La historia de la España musulmana des­
empeña papel decisivo en el nacer de la
modernidad española. Conocerla qne, por
tanto, al interés hirviente que suscita todo
conocer histórico, el de ofrecernos las
raíces de un mundo y de una civilización
de cuyas esencias vivimos aún.
El gran historiador Sánchez-Albornoz ofrece en este libro una nueva
visión integral del pasado de la España islamita. A sus páginas asoma
la vida toda de los musulmanes de España contada por ellos mismos
y por los cristianos, sus contemporáneos.
En ellas hablan sus políticos y sus guerreros, sus alfaquíes y sus poe­
tas, sus magnates y sus califas, sus jueces y sus filósofos, sus eunu­
cos y sus santones, y, con ellos, mujeres de toda condición e incluso
hombres de sensualidad turbia o exaltada.
2 grandes tomos de más de 500 páginas cada uno, profusamente ilustrados con
grabados, planos y mapas, muchos de ellos fuera de texto.

Encuadernado $ 55.-

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FERNANDO
e ISABEL
Por HERMANN RESTEN
Traducida del alemán por
DIEGO A. DE SANTILLAN
Novela histórica tejida en torno a la personalidad
y la obra de los Reyes Católicos, en la que se mues­
tra un cuadro magistral de la España del siglo xv.
Muy ilustrada.

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en colores de J. F. Lewis, 30 en relieve de Gustavo Doré y numerosos graba­
dos en el texto del mismo autor. Ene................................................... $ 30.-—
Emilio Pettoruti.
Naranjas.

Medardo Pantoja.
Mujeres de Jujuy.
se publicaron y que ahora no puedo re­
producir. Destacaba en ellas cómo Libe­
ración era el fruto de un grande y sos­
tenido esfuerzo a través de años hasta
obtener formas plenas de vida en sí mis­
mas, después de haber eliminado las as­
perezas, aligerado la composición y ad­
quirido una extraordinaria soltura plásti­
ca en el manejo del color. También
anotaba que la dolorosa rebeldía de antes
conducía a este espléndido triunfo al in­
fundir su autora al barro humano el es­
píritu universal, el de la libertad, sin
negarle su plebeyo origen.
“Pudo suponerse —decía— que la tragicidad de las escenas estaba determinada
en los cuadros de Raquel Forner por la
persistente emoción de una lucha inaca­
bable, mas la guerra ha terminado y,
puesta a exaltar el triunfo, no ha podido
evitar esos flancos desgarrados de su fi­
gura central, aunque en ellos brota una
flor, porque su visión pesimista parece
ser la esencial.” “Ahora comprobamos
-—agregaba— que no hay sino acentos de
diferencia entre el dolor y la alegría para
ella, a pesar de que ha sabido trocar los
tonos agrios y tristes de antes por otros
más cálidos y alegres, porque no ha hecho
sino expresar la humanidad de siempre, a
la que seguirá viendo probablemente con
su cortejo de miserias.” El juicio, tela
de grandes dimensiones que expone este
año, prueba que no me equivocaba. La
alegoría no es de fácil comprensión, pero
se adivina que Raquel Forner no ve ni en
el momento de la justicia un panorama
optimista. Concibe la justicia como una

figura monumental de bronce, bien plan­
tada pero con acentos retóricos; y el
Torso de Aurelio Macchi, en el que apun­
ta un escultor de fibra que se desenvuel­
ve por el áspero camino de las expresiones
vigorosamente sentidas y sinceras.

Miguel Diomede. Renzi.
la cabeza, los brazos y los senos; obra
en la que manifiesta este egresado de la
Academia de Brera de Milán, una virtud
de expresión mediterránea, muy afín a la
de ciertos pintores italianos, no exenta
de originalidad.
Una do las notas más puras del Salón
la da Miguel Diomede con Renzi, figura
casi plana y de honda expresión emotiva

Aun menos rico es el aporte de los gra­
badores. Aparte de las dos magníficas
xilografías de Víctor Rebuffo, en una de
las cuales, La ribera, vuelve a su enjundiosa concepción anterior que parecía ir
olvidando (*), sólo puedo destacar los vi­
gorosos grabados de Mario Ceeconi, Pa­
tio boquease y Quietud isleña, Delta, rea­
lizados sin virtuosismo pero con honda
emoción y cabal sentido de los contrastes
entre negros y blancos, Cristo Coya de
Carlos Alberto Aschero, cuyo fresco igual­
mente titulado constituye una promesa, y
Melancolía de María Celia Raimondi.
La tiranía del espacio me impide refe­
rirme a muchas obras en las que se des­
cubre algún valor en potencia, aun no
madurado, o de artistas consagrados que
no han estado felices, amén de la mul­
titud de obras francamente malas que
nunca debieron ser aceptadas. Me he li­
mitado, porque creo obrar mejoi'' así, a
las piezas en donde he hallado algún mo­
tivo de afirmación.

LEMONN1ER, C. — F élicien R ops. En Rops se descubre un poder simbó­
lico y una imaginación figurativa de la más alta especie. Sus lápices pusieron
el espíritu de toda una época al desnudo. Ene................................8 50.—
TAINE, H. — F ilosofía del arte. Noticia liminar y revisión de José R. Destéfano. Nueva edición ilustrada con 62 policromías en offset y tipografía.
312 grabados a un color, a toda plana. Ene....................................$ 30.—
GONCOTJRT, E. y J. de. — La mujer en el siclo xviii. Con numerosas
ilustraciones en negro y color. Ene..................................................... 8 30.—
ORTEGA, E. C. — H istoria de la biocrafía. El hombre visto por el hombre
a través de los siglos. R ú stica......................................................... $ 9.—
BERENSON, B. — P intores

del

Ene. 8 20.—

R enacimiento .

VASARI, G. — V idas de pintores, escultores y arquitectos ilustri s. 2 to­
mos. Ene................................................................................................ 8 35.—
GUIDO, ANGEL. — R edescubrimiento
D U R E R O , A . — V ida,

pasión

de

A mérica

y muerte de

en el arte.

Ene. 8 60.—

N uestro S eñor J esucristo. 56

grabados. Ene. ...........................................................................................8 16.—
SEVIGNÉ, Madame de. — C artas

escocidas.

Ene. 8 12----R. 8

9.—

MUNTZ, E. — R afael. S u vida, su obra y su tiempo. Ilustrado con 35 re­
producciones en colores y 93 en negro, fuera de texto. Ene. . . . 8 30.—

L IB K E H E A
F lo r id a

( 1) Véase E l Salón Nacional de Bellas A r ­
tes - Argentina Libre, octubre 3 de 1940.
(-) Véase La pintura de Raúl Soldi - A vs,
año V, N9 29. 1946.
(-) Véase Víctor Rebuffo y el destino de la
xilografía en Argentina - Cuadernos America­
nos, año V, N? 3, 1946.

italianos

RUSKIN, J. — A rte- primitivo y pintores modernos. Con noticia liminar
de Leonardo Estanco. Ene. . - ...........................................................8 16.—

"1ElL ATENEO"

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Desnudo. (Premio estímulo.)

�QUITECTONICA

cabalgata©

©cabalgata

N prestigio de siglos lo declara glo­
U
rioso, triunfante de su mismo car­
tel, más alto que la estatura que le
obligan a adoptar las circunstancias de
ser lo que se oculta detrás de esas cinco
letras: París. Ninguna otra ciudad de­
vora tanta inocencia para alimentar una
máscara que es la más acabada sonrisa
irónica del mundo, su bandera de com­
bate, espiritual, graciosa, insurgente.
Su reino dura ya dos siglos, cuando
menos, y no parece extinguirse. Aun
el mundo va a él en peregrinación a
rendirle tributo, a prestarle su talento,
su fuego eterno, su propia sangre.
Y hay algo que nadie podrá negarle,
por mucho que discuta los derechos de
su supremacía. Jamás tuvo vasallos que
no lo fueran por propia elección, nunca
las armas fundaron su grandeza ni fue­
ron sostén de su poderío. No es más
fuerte que una canción, ni más docto
que una sonrisa, esa sonrisa, esa can­
ción que deja en los labios de los que
pasan por sus calles, asombrados de
que éstas sean como las habían previs­
to, como sabían ya, y sin embargo más
densas, enteras, verdaderas.
Mucho destino tiene que encerrar en
sus entrañas una ciudad, para que has­
ta su enfermedad, la vieja y secreta
enfermedad del mundo, pueda salir a
luz, mostrarse sin temor y exponerse
a todos los soles de la tierra buscando
curación. Puede que esta manera de
cicatrizar sus llagas, haga que París
enferme a veces al mundo, lo contagie,
le ceda algo de la podredumbre que lo
come, pero que a la vez es su mejor
fertilizador moral. De ahí que cual­
quier fruto del hombre que no resista
la objeción de París, sea sospechoso
sin más.
Después, naturalmente, puede su­
ceder, y de hecho sucede, que la vic­
toria, la madurez de ese fruto, se deba
precisamente a eso, a haber nacido para
pesar en el otro lado de la balanza, en
el que no suele caer París.
No sabemos cómo pudo apoderarse
de toda la belleza y de toda la crueldad
del mundo, haciéndose una colección de
flores V de monstruos como ninguna
ciudad haya tenido jamás. Jardín y
leprosario de la cultura occidental, sus
paredes, su aire, su gente, parecen ago­
biados por lo que queda de inútil en
tanto trabajo, por el sobrante, la esco­
ria, la costra, los fracasos, las grandes
traiciones, los éxitos muertos. Pero sólo
así podía comprenderlo todo, incluso su
mezquindad, su tortuoso gobierno, su
corazón ardiente y vivo a fuerza de
crímenes que en sus bulevares adquie­
ren categoría de descubrimientos ex­
cepcionales, fulgurantes, santificados.
No importa que lo hayan dicho todos
los "meteques” del orbe: es la ciudad
que encontró el secreto de hallar la
alegría, la más difícil, la alegría me­
lancólica de agonizar bellamente, con
lucidez, con ingeniosa resignación, con
apretada y honda serenidad.
No es una ciudad humana, ni una
ciudad hecha con los elementos que per­
mite la municipalidad; es una ciudad
construida con los materiales de la li­
teratura, del arte bueno y malo. Una
gran ciudad levantada con todas las
pasiones y todas las ambiciones, con
todo el material de las novelas y las
síntesis precisas de la poesía, con todas
las historias tremendas que constan,
para que el hombre no las olvide, en la
increíble madeja de la Historia Natural.
No se equivoca uno cuando cree que
París da la sensación de no dormir
nunea. Su sonrisa es la sonrisa del
desvelado, que contempla burlonamente
la modorra o el profundo sueño de los
demás. En sus barrios hay turnos y
relevos, guardias y retenes que mantie­
nen vivo el insomnio necesario para
que no se apague la antorcha. Y el gris
color del insomnio corona su frente an­
tigua y juvenil. Antigua y juvenil sin
ser exactamente lo uno o lo otro. Aun­
que lo mismo pasaría con cualquier de­
finición, pues una de sus virtudes es la
de ser indefinible, la de ser múltiple sin
dispersión, desmandada con orden, en­
loquecida con rigor, con lógica, con
"mesure”.
Nueva York, Londres, Berlín, Mos­
cú, Tokio, Río de Janeiro. Podríamos
seguir citando capitales grandes, islas
perdidas, olvidados puertecillos de to­
dos los mares y de todas las razas:
todo eso está en París, el gran integrador, el gran crisol que le hacía falta
al mundo para entenderse. Sus calles
conocen todas las lenguas, no porque
las hayan aprendido, pues nada es más
cierto que la aseveración de que no se
concibe un francés que pueda compren­
der que exista otro idioma que el suyo.
No, no es cuestión de intérpretes. Pero
los trajes más raros, los gestos más
inesperados, los colores más imprevis­
tos, los más extraños desvarios y sen­
timientos, tienen en París su sitio, su
comprensión, su molde depurador, su
agasajo incluso. Tanto, que hasta sin
ir allá, cosa que no es estrictamente
necesaria, pues ya París va con nos­
otros y en nosotros, se nos ha incorpo­
rado a todos queramos o no, tenemos
la esperanza de que en sus plazas ce­
lebren ese tono que en otras partes nos
reprochan, esa violencia o ese mal gus­
to que en París nos recortarían, nos
ordenarían de tal modo que pronto

de uno morir de hambre sin que nadie
se lo reproche, sin que nadie suponga
que está usted preparando una cons­
piración, o que por eso, por morirse
de hambre, ha perdido usted todos los
derechos.
En realidad, ya estaba preparado
para recibir a Picasso y a Daly. Desde
que París es París, toleró toda clase
de vestimentas y toda clase de desnu­
deces, y nunca se miró allí a un negro
con temor a mancharse la mirada. Ni
a un pelo rubio sobre unos ojos azules,
suponiéndosele ventajas de fabricación.
El que quiera selva en París, tiene sel­
va; el que quiera puede ir a una taber­
na marinera, flanear melancólicamente
por el Sena, perderse en el fragor de
la calle comercial, olvidarse del mundo
en las mil galerías con toda la pintura
posible o presentarse en casa de Madaquedaría sin la única arista que le
sobra para ser aceptable, para vestirse
de la brillantez y de la evidencia ne­
cesarias.
Mas lo que aquí vemos, en estas ro­
tundas fotografías, es un París despo­
blado y fantasmal, sin un alma, con
toda la faz de k&gt; ciudad a secas, la
cáscara que envuelve a París, esa co­
raza de grises que dió luz a gran parte
de la pintura contemporánea. Y ahora
vemos todo lo que tiene de inmenso
decorado, al ver este escenario vacío,
silencioso, fantástico.
Tan repintado, tan distribuido, tan
increíblemente disparatado, tocado y'
retocado por las manos de hombre, has­
ta tener sus ventanas, sus chimeneas,
sus techos, una forma como de traje
sin planchar que guarda la forma de
su dueño, que parece adoptar su misma
piel, y sostenerse sobre sus mismos
huesos directamente. Esas callejuelas,
esas azoteas, parecen tener cada una
su respiración, su fiebre, su ambición
propias. Y cada metro de pared, en
cada frente, podría llevar de pronto su
bastón y su sombrero y salir a tomar
su "perno”.
En el gran teatro del mundo es París
el coliseo mayor, el definitivo; todo lo
demás son heroicos arrabales, en los
que el sueño de los hombres afila sus
armas, prepara sus energías, estudia sus
fuerzas para lanzarse a la gran prue­
ba, en la noche del estreno mortal.
Y mientras tanto, por debajo, detrás
de esas paredes, en el fondo de esos
tugurios, un hormiguero laborioso y op­
timista, el París trabajador, encarcela­
do como en cualquiera otra ciudad, da
la batalla permanente de la continui­

dad. El París que se levanta a las cin­
co de la mañana para alimentar al
París que se ha desvelado. El París
de la Comuna, y el de la Resistencia.
Sencillo, lúcido, ágil, sano. El París
que soporta la gran columna y limpia
el gran leprosario sin contagiarse. La
ciudad donde se hace más viviente la
palabra libertad.
Ninguna otra hubiera perdonado a
los grandes, a sus grandes, a Verlaine
y a Rimbaud, a Baudelaire y a Nerval,
esa implacable mirada, esa fría palabra,
esa cortante manera de establecer lí­
mites a la fatuidad, a la ignorancia,
a la pedantería. Bajo sus inmensas
alas nacieron las águilas de Hugo, muy
ciudadanas si se quiere, pero con cuán­
ta grandeza. Y esas águilas fueron cui­
dadas, criadas por toda la ciudad.
Pero aquello estaba aún más cerca
de lo esperado, de lo que podía enten­
der la portera y la midinette, de lo
que podía digerir como cosa corriente
el misterioso y vulgar señor de la bo­
hardilla. Lo que ya no podía entender
de buenas a primeras toda esa gente,
incluido el robusto y sonrosado gendar­
me, tan dispuesto a entender todo cuan­
to sea cultura, es la acrobacia de los
ismos, la disparatada creación del arte
moderno. Y no lo entendió, pero supo
encontrar el respeto justo, cuanto más
apenas matizado con cierto aire de sos­
pecha que no pasó nunca del chiste
benévolo, ese chiste que es más bien
un modo de alentar, de aplaudir, de
consagrar.
Después de todo, más monstruoso que
el cubismo y que el surrealismo, es
morirse de hambre. Y en París, gran
ventaja aunque no lo parezca, se pue­

me X con el único traje de que dispone.
En fin, puede encontrar —gran lujo—
su cueva, su basurero, esa cueva que
le prohíben en su patria, en su ciudad,
en su casa.
Todo ese aire de basurero, de cemen­
terio, de viejo bazar arruinado, es lo
que aparece más a primera vista en es­
tas fotografías. Con los barrios más
recordados por el extranjero y por los
"artiste-peintre”. Barrios en que los
techos parecen darse la mano de acera
a acera, en que las calles son algo así
como un interior o un desván despan­
zurrado del que hayan salido los anti­
guos grabados, las ropas legendarias, los
mapas amontonados, los libros sin tapa,
los personajes de las lejanas cartas de
amor. Salir a la calle en una ciudad
así, es salir al mundo, a encontrarse con
la gente, no a huir de ella, a descubrir

la novela del día en la mirada, en el
andar, en la indecisión o en la furia
del transeúnte. Perderse en la marea
humana, entre las parejas que andan
por las aceras o por el medio de la
calle con las mismas leyes amorosas
que en las plazas o en el portal oscuro
de otras ciudades.
En esas calles en donde todo sale con
libertad, el grito y el susurro, la carre­
ra y la ensoñación. Porque en esas ca­
lles se sabe que el hombre es así, y que
la locura o el dolor, la risa o la miseria,
la extravagancia o la afectación, tam­
bién forman parte de su ser. — Felipe
Arcos Ruiz.
AT. de la R. — Las fotografías que ilustran
este artículo, corresponden a maquettes hechas
en arciTla por el decorador George Alexander.
Actualmente las tiene en su estudio de Los
Angeles, después de haberlas rescatado cuando
los alemanes ocuparon París.

�cabalgata©

LA IMPRENTA LOPEZ
es la prim era organización creada en HispanoA m énca dedicada exclusivamente a la impresión
de libros. Su participación en la creación de la indus­
tria editorial argentina ha sido decisiva. Su nombre
como impresores, unido a l de los editores, marca una
etapa culminante en la historia del libro argentino.
E l arte'y la técnica de la I M P R E N T A L O P E Z
en conjunción maravillosa realizan el milagro de
producir las más bellas y cuidadas edicio­
nes, tanto de lujo como populares,
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convenientes, pues

su especialización le per­
m ite d a r c a lid a d
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IM P R E N T A LO PEZ
A l ser vi cio del libro
P E R U 666

•

B U E N O S AIRES

Entierro de red. 1945.
hombres cuya obra brinda de
un solo golpe a su país, y a su
siglo, una apariencia de alta civiliza­
ción. Sus vidas revelan un símbolo
que se sitúa fuera de las medidas ha­
bituales, rebasa los límites del tiempo y
de las costumbres y, saliendo fuera de
la órbita de sus comarcas, alcanza el
centro mismo de la universalidad.
¡ Portinari! Se recuerda solamente
en algunos estudios de Montpamasse
a un hombrecito de llameante mirada,
cuya modestia y buena voluntad, sólo
hacían presagiar débilmente su futura
grandeza. Era pobre, aplicado en el
trabajo, como los alumnos estudiosos
a quienes la gloria de los maestros de
antaño impresiona hasta sofocarlos. Y
quizá, si hubiese continuado viviendo

H

at

duros años de su infancia, pasados en
la tarea de desenmarañar la floresta
brasileña.
Nació a fines del siglo pasado, en el
norte del estado de San Pablo, en una
aldea que también acababa de nacer, y
que lleva un nombre polaco: Brodowski.
Su padre, algunos años antes, había
abandonado Italia impulsado por la
miseria, acompañado por su esposa y
por el humilde envoltorio del inmi­
grante. ¡De Florencia a Brodowski, al
límite extremo de la civilización!
..." M e han hecho ir a los Estados
Unidos —dice el artista— pero no he
querido quedarme allí. Todo el mundo
es muy gentil, muy camarada, pero
falta algo . . . ”
"De tiempo en tiempo —agrega—

He sido nombrado profesor de la Uni­
versidad, y he podido formar alumnos.
Hoy en día los impresionistas y sus
actuales sucesores tienen cierta influen­
cia.”
Portinari me describe sus grandes
obras, frescos murales, ejecutados en
el Ministerio de Educación, y la deco­
ración de algunas salas del Congreso
de Wáshington, y me muestra sus úl­
timas telas que han hecho proferir
"rugidos a los señores del gobierno por­
que no halagan su vanidad de admi­
radores”. Son tres grandes cuadros que
representan el éxodo de los campesinos
del Norte expulsados de sus tierras por
la sequía. Figuras alucinantes que ale­
jan hasta el infinito las posibilidades
emotivas de los seres, que resumen y

VISITA A
Jean Malaquais
LOS JAVANESES
La novela del apatrida, del hombre sin pasaporte, sin documentos, sin
número en los registros.de las patrias oficiales. De prosa descarnada
y violenta, a veces deliberadamente ruda y atroz, esta obra pregona la
fama de un autor francés que se destaca por su reciedumbre, su sar­
cástica amargura y su protesta. Un volumen de la "Colección Hori­
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La diversidad de las repúblicas sudamericanas y su unidad cultural
e ideológica, explicadas con un nuevo estilo que corresponde a una
nueva concepción de la Historia. Es el primer ensayo — magistralmente
logrado— de abarcar todo el continente sudamericano como una reali­
dad histórica, examinando los factores que han formado su historia
y fundado su actualidad. Un volumen encuadernado en tela, de 788 pá­
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Jornadas de misterio y de gloria del nuevo Cristóbal Colón que cruzó
el océano de la vida espiritual y descubrió no imaginadas tierras. Obra
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debida a la pluma del ex embajador argentino en el Japón. Un aná­
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pueblo, que permite formar una certera composición de lugar y hallar
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raleza de la música 7 ¡ volumen encuadernado en tela, de 204 páginas
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CANDIDO PORTINARI
Por F R A N C I S B R A G U E
entre esos fantasmas, la gran fuerza
latente en su persona jamás hubiera
osado despertarse.
Al regresar a su país natal, a esa
tierra ardiente de naturaleza exube­
rante y pérfida, de desmesuradas di­
mensiones, Portinari supo desligarse de
los prejuicios que lo sujetaban. Había
asimilado en sus estudios parisienses la
pasión por el espíritu, el sentido de
lo humano desarrollado al extremo.
Me ha x’ecibido en Río de Janeiro,
en su casa, situada entre hermosos jar­
dines a mitad de camino entre el mar
y la montaña. Ese falansterio, tan cer­
cano a los rascacielos y al artificial
agrupamiento de riquezas materiales,
es un refugio para el espíritu, un re­
tiro, una catedral. Portinari no ha ido
nunca más allá de su terraza, sobre la
que se abren las inmensas bahías de su
taller. Sólo es absorbido
por su trabajo, su fer­
viente búsqueda de lo
que el hombre tiene de
esencial.
¡Qué lejos está de ser
un Utrillo poseído por la
licencia! ¡Con cu á n ta
gravedad, cuánta amoro­
sa constancia, encara los
problemas del arte y de
la vida! Se siente esto
en el primer contacto, en
su primera mirada que
nos dirige mientras nos
estrecha la mano, con su
so n r isa tan llena de
amabilidad, donde un
pliegue de - sus labios
mantiene siempre en re­
serva una mueca de buen
humor y gracia. Ni la
seriedad del pedante, ni
la manera del necio. Po­
see algo real, puro, que
atraviesa como soplo ma­
rino esa capital donde lo
ficticio tiene curso de­
masiado fácil.
Portinari nunca podrá
olvidar, sin duda, los

siento también la necesidad de regresar
a mi aldea natal, de volver a ver mis
árboles y mi casa familiar.”
Sus padres siguen viviendo en el
Brasil, orgullosos y maravillados de su
hijo, cuya brillante carrera les hace
olvidar sufrimientos pasados.
Portinari me habla ahora de su arte:
"He traído aquí las teorías de París,
pero en América tienen la manía de
querer hacerlo todo distinto. El arte
es universal. Ante todo es necesario
«hacer» bien. El tema y el procedi­
miento sólo tienen una importancia se­
cundaria.”
"El arte moderno ha dado comienzo
aquí con el expresionismo alemán, pero
esa escuela no ha tenido alumnos. La
escuela de París en cambio, la que he
traído en 1930, ha sido ante todo muy
atacada, pero he obtenido algún éxito.

Niño muerto. 1944.

m u ltip lic a n el sufrimiento humano,
grabándolo en la retina como al hierro
candente. Si el arte es universal, no
lo es menos la miseria.
¡ Qué sentido notable de la miseria
posee este hombre! No se crea que sus
personajes provocan lástima mediante
una exposición de lo horrible, un pro­
cedimiento fácil de Gran Guignol.
No, el menor rasgo de estos semblantes,
el más secreto de los gestos de estas
manos, el harapo más disimulado, son
auténticos y vivos.
He a q u í la v a n d e r a s a las que
sólo les vemos sus cabellos y sus
enormes manos, que friegan la ro­
pa. j, Qué se gastará antes: la tela
de algodón o los dedos enrojecidos
por el agua, o la fuerza de estas
esclavas que ya nad a tie n e n de
femenino? ¡Mirad esos movimientos!
¡ Mirad esa vida que se
desgasta!
"Cuando caen —me di­
ce Portinari—, es para
morir. Son las lavande­
ras de mi aldea, que la­
van y friegan toda su
vida. Allá, cuando al­
guien muere, suele de­
cirse: —E se es feliz:
ahora podrá descansar.
C om prenden perfecta­
mente en qué estado se
encuentran, pero lo peor
es que no se rebelan.”
"Entonces uno se sien­
te culpable, se siente
responsable de su pobre­
za. Toda mi juventud
ha tran scu rrid o entre
esas gentes que son mis
hermanos, mis semejan­
tes. Lo único que puedo
hacer por ellos es tratar
de traducir sus gritos,
sus llantos, en un len­
guaje que los poderes
p ú b lic o s puedan com­
prender.”
( E x c l u s i v o de A.F.P.
para "Cabalgata".)

�AJEDREZ
AJEDREZ

h) Esto pierde inmediatamente, pero ya es
difícil encontrar una defensa adecuada.

Por Francisco Benito

i) Si 21. D2AR T8D j. 22. A1A A7T j.
ganando la Dama.
Notas de L. Szabo.

Presentamos hoy otra partida del maestro
húngaro L. Siabo, que tan brillantemente actuó
en el reciente torneo de GronmKcn. Los comen­
tarios de esta partida corresponden al mismo
Saabo y están traducidos de la revista “The
Australasian Chess Review" (Revista de Aje­
drez de Australia) del año 1940.

IIn empate que debió ser victoria
Veamos el siguiente diagrama; d famoso ju­
gador francés D. Janowski alcanzó una posi­
ción ganadora contra uno de los mejores maes­
tros que jamás baya tenido d mundo: C.
Schlechter. Tres años después (1910), Schlechter empató un match con el entonces campeón
del mundo Emanuel Lasker en un memorable
encuentro por d campeonato, y únicamente la
estipulación de aqud match que pedia un score
favorable al desafiante, dejó d título en manos
dd gran Lasker.

Partida IV? 2
Campeonato húngaro 1935
Peón Dama - Defensa Eslava
L- Szabo

A. Becker

1.

2.
3Í
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.

P4D
P4AD
C3AR
C3A
P4TD
P3R
AxP
0 -0
1&gt;2R
T lD
P3T d)
C2TD
PxP
C4D
CxC g)
DxT
P4CD ver diagrama

En esta posición ganaron las Blancas por la
siguiente magnifica combinación.

P4D
P3AD
C3AR
PxP a)
A4A
P3R b)
A5CD

Ostende 1907
Negras: D. J a n o w s k i

OO

1. C6C j.
2. PxP j.
Lo mejor.
3. T 8A ! I

T7A, qne parece muy fuerte, pierde. Las N e­
gras juegan TxA 4. T xP j. RxT 5. D7A j.
R3T 6. D7T j. R4C 7. T3C j. DxT 8. AxD
P7C y ganan.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.

TxA
T8A
TxC ll
T8AÜ
D2R
D4A j.
R lT
D4TR 11
T8T j.
AxT
D6R j.
R1T
TxT
DxP j.
RlC
RIA
D7T j.
DxP j.
RlR
R lD
IDA j.
A6A j. y mate en la próxima
jugada.

Una producción realmente hermosa.

Concurso de soluciones

P4A c)
D2R
C5R e)
A4T!
C3AD! f)

Proseguimos hoy nuestro concurso con 2 pro­
blemas en tres jugadas. Las bases del concur­
so y los problemas Ne 1 y 2 se encontrarán
en el número 1 de CABALGATA.

TRlD

Problema N° 3

G.
Wmw-

H eathcote

Chess Idylls 1918

llo cuanto ingenuo de despenar enemigosdelgrangrangronReich.
Pero dejemos ahí ese asunto, ya en
tan buenas y concienzudas manos, y
como esto es una revista de letras y
artes, echémosle por nuestra parte una
miradita al castigo literario y artístico
que le están infligiendo al pueblo ale­
mán sus cultos vencedores.
De salida, y en justa corresponden­
cia con las costumbres rateriles de los
ex proceres y conductores germanos,
dados al robo de buenas pinturas, los
ocupantes no sólo devuelven lo que
aquéllos se llevaron sino que arrean
con otros de propina. Y así gran nú­
mero de joyas de la pintura alemana,
pagando justos por pecadores, van y
vienen sin descanso cruzando continen­
tes y surcando mares en viajes seguramente sin regreso posible. No es que
esté mal la cosa, pues para eso han
ganado unos y perdido los otros, pero
lo que ya no creemos sea tan positivo,
es la virtud educativa de semejante
procedimiento, 'pues ante él, el antiguo
robador puede pensar perfectamente
que no estaba tan equivocado al hacer
aquello cuando podía ya que éstos lo
hacen ahora que pueden.
Mas no se crean que esto es nada
nuevo y que han sido los pobres nazis
quienes inventaron semejante manera
de proceder. Desgraciadamente para es­
tos sujetos, la imaginación y capacidad

A2A h)
T lD
D5T!
AxPR
D6C
D7T j.
A6C

a) La Defensa Eslava fué desde algún tiem­
po mi apertura favorita; con ella tenia algún
éxito, sobre todo porque mis adversarios casi
siempre trataron de eiudir las lineas usuales.
b) La posibilidad 6 . . . C3T seguido por
C5CD para tomar posesión de esta casilla de­
bilitada por las Blancas, les da a las Negras
un juego un poco restringido. Este Caballo no
toma parte para prevenir P4R.
c) Actualmente esta jugada está considerada
un error, pero la continuación exacta 10. C2T
A4T 11. P xP C3A 12 .T lD D2R 13. C4D!
T R lD 14. P4CDÜ A2A (CxP 15. A2D)
15. P5T manteniendo al peón ganado, era des­
conocida hasta la partida Ragosin-Flohr, Mos­
cú, 1936.
d) Todavía ahora 11. PxP!. Como i confesó
el Prof. Becker después de la partida, temía
la continuación 11. P4R A5C.
e) Esto evita P 4R !

Negras:
P4TD (5).

R4AR,

D lT D ;

P2TD,

P3CD.

Problema N° 4
E. Z f.p l e r
3° menc. hon.
Dresdner Anzeiger 1932

Blancas:
R5CR, D5CD, A lT R ,
C6AR, P3R, P3CR, P7TR (8).
Negras:

R7AR, P7TD, P3CR

ClTD,

(3).

EN LA EXPOSICIÓN

LA T O R R E
D E RABEL

— Como debo salir de viaje, me excu­
sará usted si no puedo asistir a su en­
tierro.
de invención no cuenta entre las virtu­
des del hombrerubioqueamaymata. La
mayoría de los museos del mundo, ex­
cepto honrosísimas excepciones, se han
nutrido en su más grande parte, median­
te el procedimiento Goebels-Goering.
Y lo que es peor todavía, los azares de
la suerte han hecho que numerosísimas
obras de todos conocidas, lleven el nom­
bre del llamado coleccionista en vez del
autor que las creara. Así ocurre con los
famosos mármoles Elgin, que, arreba­
tados, ignoramos cómo, por el distin­
guido gentleman de dicho apellido, de
las ilustres ruinas del Partenón, sobre
perder el nombre algo más ilustre de
Fidias, se mueren ahora de tristeza en
una sala del Museo Británico, añorando
bajo la plúmbea bruma londinense el
heroico sol de la Acrópolis. Y lo mismo
ocurre con el Altar de Pérgamo, la Ve­
nus de Milo y la Victoria de Samotracia. Bien está arrebatárselas a los
rateros teutones pero mejor estaría ha­
cer justicia de una vez para siempre
y devolver todas estas obras, a la Acró­
polis, Pérgamo, Milo y Samos. Sería
una manera artística de empezar a po-

icen

por ahí que el ladrón efee

D que todos son de su condición y
uno de los principales fines de la jus­

Dijo Unamuno refiriéndose a aquel mal profesor de Derecho Romano que había im­
puesto como texto a sus alumnos la monumental “Historia de Roma” de Mommsen:
“Ese hombre tiene la virtud de enseñar lo que no sabe” ... .
*
EL VIEJO CORONEL
Entusiasmado el viejo coronel por la marcialidad y apostura de la enfermera,
exclamó con voz emocionada:
—¡Qué regimiento más hermoso sería el mío si todos estuvieran formados como
usted!

^

P u blica la s g ra n d es
novelas contemporáneas
MARTIN EDEN — Jack London
Considerada por los críticos como su obra
maestra, “ Martín Edén” es a ia vez la
autobiografía del autor. La vida múltiple,
azarosa, llena de peligros, tal como la que
viviera Jack London, además del proceso
de su desarrollo intelectual hasta el triun­
fo de su vocación de escritor, están re­
flejados en esta novela de vehementes pa­
siones y sutil ir o n ía ......................... $ 6,50

LA COLINA FEBRUARY — Vic­
toria Lincoln
Una familia excéntrica y de turbias ma­
neras de vivir; mujeres de vida alegre,
capaces de la mayor ternura y de los
más imprevistos vueicos del alma, son los
elementos humanos de esta singular his­
toria, cuya aparición afirmó definitiva­
mente el nombre de Victoria Lincoln en
el concierto de la rica novelística* ame­
ricana .................................................. $ 5.—

EL HALCON MALTES — Dashiell
Hammett.
Obra maestra en su género, consagratU
como gran éxito editorial y cinematográ­
fico, ocupa en el dominio de la ficción
el lugar reservado a las creaciones des­
collantes, pues, como señala un crítico
norteamericano, es la única creación de
intriga policial que ocupa un puesto de
primer orden en el campo de la novela
p s ic o ló g ic a ............................................ $ 4,50

EL BUEN SOLDADO SCHWEIK
— Jaroslav Hasek
Un libro que sacudió a Europa con la
fuerza de su sátira. Una novela trágica
y humorística a la vez, cuyo éxito mun­
dial hacía imperiosa esta traducción cas­
tellana . . . . . .
$ 6,50

UN ALDEANO DE GEORGIA —
Leo Kiacheli

Por N . E.

UNAMUNO

0

La sociedad destruida por la locura del
hombre y el drama del hombre destruido
por la locura de la sociedad. La falacia
de los principios morales falseados y de
las ideas corrompidas de una generación
que dejó las aulas por las trincheras y
que luego se encontró sin aulas, sin amor
y sin p a z ............................................$ 4.—

Blancas: R2CD, D1CD, T8AR, A2D, A7AR,
C4R, P5R, P3TR, P5TR (9).

Mate en tres jugadas

— ¿Qué es lo que yo tengo de extraordinario?

£

FABIAN, Historia de nn Moralis­
ta — Erich Kastner

De un torneo del Club de Ajedrez Karlsbad
Negras; A. S c h w a l b

f) Retomar al Peón con el Caballo o la Dama
es malo. En el primer caso 14. P4CD gana
una pieza. En el otro caso 14. P4'CD AxP
15. CxA DxC 16. A3T gana la calidad.
g) La diferencia entre esta posición y la
resultante de la partida Ragosin-Flohr es que
después de 15. P4CD CxP, las Blancas no
pueden jugar 16. A2D por la posición del C
en 5R. Con la jugada del texto las Blancas
quieren devoiver al Peón, pero era preferible
tomar al Alfil.

£

El realismo poderoso con que el autor des­
cribe el ambiente revolucionario mexicano
y su ejecución magistral, hacen que el
iector reeorra las páginas de este libro
con esa constante espectación e interés
que sólo logran suscitar los grandes crea­
dores de la literatura . . . .
$ 3,50

Combinaciones y errores inmortales
Bajo esta denominación nos proponemos pu­
blicar periódicamente posiciones y finales de
partida que merecen ser conocidos por todo
amante de nuestro querido juego por su belleza
y por la enseñanza que invariablemente en­
trañan.
Para que d lector pueda saborear mejor estas
posiciones, las daremos no como problemas, sino
ya con las anotaciones necesarias. De esta ma­
nera formarán un conjunto que aconsejamos
coleccionar al aficionado.

*

EL MEXICANO -—Jack London

Pero Janowski no supo ganar. Jugó T8D j.
y la partida resultó empatada. Si hubiera
jugado P5A!, las Blancas no hubieran tenido
otra alternativa que T4C. Avanza el Peón a
6A, a lo que las Blancas se hubieran rendido
probablemente, porque después de algunos ja­
ques infructuosos, el Monarca negro se escapa
y ya no hay salvación contra T7T j. seguido
de P7A j.

Posición después de la jugada 17 de las
Blancas
18. P3A
19. D2A
20. PxC
21. D2R i)
22. A2D
23. RIA
Abandonan.

PxC
RlC

(¡^cabalgata

ticia de tejas abajo, consiste, precisa­
mente, en demostrarle que afortunada­
mente su condición suele ser una
excepción más o menos numerosa de la
regla. Hemos visto, tomando el ejem­
plo más alto como término de compa­
ración, cómo las potencias vencedoras
se esforzaron en el crecidísimo jui­
cio de Nuremberg, y mediante todo
el aparato de juridicidad necesario, en
convencer a los criminales de guerra
nazis, de que si les van a sacar de este
mundo, para bien de todos y futuro
descanso de madres, esposas e, hijos, no
lo hacen de la expeditiva e ilegal ma­
nera empleada por aquellos, sino con
todas las de la ley. Con esto se preten­
de subrayar las ventajas de la cultura
sobre la barbarie, al par. que demos­
trar públicamente el triunfo del bueno
y el castigo del malo.
No será ésta, seguramente, 1%opinión
de los condenados, a quienes por otra
parte les basta y les sobra con saber que
han perdido, para tener que aguantar­
se. Seguramente considerarán hipocresía
lo que los otros califican de juridici­
dad, reservándose por su parte el cali­
ficativo de franquezavitaldelhombrerubio, expresióntriunfantedelalegretrabajodematar, u otro cualquiera vocablo
trabalenguas-kilométrico para su. senci­

— Tengo otro manual de autosugestión
que es también muy interesante.
ner cada cosa en su lugar al par que
un lugar para cada cosa, como dicen
los hombres de negocios de por allá.
Sin embargo, el sentido urraqueseo
de almacenar cosas inútiles e inaprove­
chables —o desaprovechar cosas útiles,
que viene a ser lo mismo—, caracterís­
tica esencial de arqueólogos, coleccio­
nistas y otras aves de rapiña, es algo
de fácil exportación y que ha aclimata­
do perfectamente en el nuevo mundo.
El caso es tener mucho de todo, y así
se ha llegado a conseguir la denomina­
da Venus arcaica de Chicago, la Ma­
donna de Boston y el Felipe IV Huntington, títulos bastante graciosos aun­
que justificados porque sus actuales
poseedores pagaron a buen precio las
escasas briznas de cultura y tradición
que lograron conseguir.

Un personaje típicamente caucasiano y
de noble humanidad que gana inmediata­
mente ia simpatía y admiración del lec­
tor. es el protagonista de esta novela
que mereció, por su calidad, ser distin­
guida con el Premio Stalin
. $ 4,50

EDICIONES
SIGLO VEINTE
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JUNCAL 1131

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AL RECLAMO
DE AMERICA
Por la necesidad de difundir los
valores de nuestra propia cultura,
responde la colección
TIERRA FIRME
que publica obras originales de los
más prestigiosos escritores del Con­
tinente.
Han aparecido hasta ahora:
De la Conquista a la Indepen­
dencia - Picón-Salas, M. $ 4.—
Tupaj Katari - Guzmán, A. | 4.—
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da, J...................................... $ 4.—
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varro, J................................ $ 7.—
Este pueblo de A m éric a - Arciniecas, G.......................... S 5,50
La independencia hispanoameri­
cana-G arcía Samudio, N. S 5,50
¿Existe América Latina? - Sánchez,
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FONDO DE
CULTURA ECONOMICA
Independencia 802 - Buenos Aires

�MODAS

cabalgata®

JA U M A N D R E U

en

CABALGATA

ha sección Modas de CABALGATA cuenta desde hoy con la colaboración del dis­
tinguido modisto Francisco Jaumandrev, quien la orientará técnicamente. Con figurines
propios, y selección de figurines de los modistos más destacados internacionalmente,
Jaumandreu hará que la sección Modas de CABALGATA responda a los más exi­
gentes deseos de nuestras lectoras, que así podrán encontrar en sus páginas, gracias
al asesoramiento y colaboración del famoso modisto argentino, los consejos, infor­
maciones y sugerencias de uno de los más famosos creadores de la moda en la
Argentina.
Una prenda insustituible: El Tailleur Negro
Tanto en primavera como en otoño e invierno, el clásico
dos piezas de lanilla negra, de solapa inglesa o largo cuello
“smoking”, de chaqueta un poco larga sobre recta falda de
cintura alta y estrecha, es la prenda que no debe faltar en el
guardarropa de ninguna mujer que se precie de ser, al mismo
tiempo, práctica y elegante, pues la enorme variación de blu­
sas y accesorios que permite, le hacen ideal para lucir en las
horas y ocasiones más diversas.
A la mañana, por ejemplo, con una simple blusa de corte
chemisier, en tusor o crepé opaco, blanco, celeste, rosa o ama­
rillo, con una boina o una sobria cloche, con cartera colgante y zapatos “trotteur”
en charol o cabritilla, constituirá un verdadero conjunto sport que realzará la dis­
tinción de quien lo luzca; mientras que a la tarde' para la hora del té o aún del
coktail, será ideal acompañado de blusa de broderie o crepe de corte bonito, de zapa­
tos y bolso de antílope y de sombrero un tanto lujoso, ya sea en tipo canotier, gran
boina de terciopelo o toca; a la noche, en cambio, un tocado muy chic en plumas,
o flores y tules, según la estación; chaleco o blusa sin mangas y gran escote en raso
o brocato blanco, oro o fucsia, y guantes al tono, complementarán su elegancia ha­
ciéndole muy recomendable para lucir en el teatro, la boite o el “petit dinner”. Con
el agregado de que pocas prendas como él se prestan, por su sobriedad, que afina y
embellece la silueta, a la figura y el rápido tren de nuestras mujeres.
Lo que dicen los grandes modistos franceses
tsruyere: Del vestido de voile, a la “robe d’hotesse” yo he realizado esta tempo­
rada una silueta nueva. Silueta de espaldas amplias, de busto breve y de largas
mangas; también he variado muchísimo el corte de las chaquetas de mis “taillenrs”
que se llevan sobre faldas bien amplias, cuya amplitud se
obtiene por el trabajo de sus paños realizados al bies y a
derecho hilo.
Para la mañana he concebido simples robes negras y azul
marino, graciosamente aclaradas con blanco o . adornadas con
ligeros bordados como “broderie”.
Para la tarde, robes y “tailleurs” en imprimé?, estampados
de coloridos nuevos, yendo desde el blanco azucarado y del
“café americano” al “tete de noir”.
Para la noche propongo vestidos de “pequeña comida” cor­
tos, combinando taffetas y tul o aun tafettas y estampados.
Renunciando a los sombreros rebuscados, mi preferencia va
esta primavera a los tocados de flores, realizados como tur­
bantes, que acompañan tan bien la silueta moderna.
Mad. Carpenticr dice, en cambio: Más bien que insistir en
el juego fácil de la ornamentación, me he esforzado en la crea­
ción de una línea joven, limpia, escultural, de caer nob'.e y
lógico, pensando que nada es más armonioso que un cuerpo
donde la gracia se adivina bajo el vestido.
Adopto esta línea de hombros naturales, de talle muy alar­
gado, de caderas suavemente redondeadas, también para mis “tailleurs”, que
juegan en mi colección un papel importante y que, con blusas románticas,
los feminice aun más que mis vestidos de mañana o mis conjuntos de tarde
y de comida íntima.
Molineux: Más que nunca una técnica rigurosa y un minucioso trabajo de
las telas se imponen para crear modelos, que, si bien aparentemente simples,
no por eso dejan de ser cuidadosamente estudiados.
Ellos constituyen, en mi opinión, la verdadera elegancia. Proscribiendo todo
lo que tiende a destruir las armoniosas proporciones de la mujer, trato de dis­
minuir la “cuadratura” de los hombros y, por un juego de cortes, afino el
talle al máximo.
Como siempre, “tailleurs” y redingotes juegan en mi colección un rol pri­
mordial; los “tailleurs” de Inspiración clásica son acompañados de blusas y
chalecos primaverales, alegres y juveniles.
Paquin: Hoy más que nunca yo pruebo una moda en detalles, en refina­
mientos de corte que me permiten lograr en su máximo el deseo de las mujeres
elegantes: una moda armoniosa. Armonía de la silueta que destaca la línea
del cuerpo; armonía de colores que logran las combinaciones más inesperadas.

Jaumandreu: T a ille u r, en
g a b a rd in a de seda g ris c la ­
ro . D e la co stu ra d e u n
costad o d el saco, b a n d a
d ra p e a d a en fava c u a d ri­
llé n e g ro , v erd e y b la n c o ,
q u e sim u la n d o c e rr a r el
saco al p a s a r p o r o ja le s
e n el ta lle, se co n tin ú a
lu eg o en g ra n m o ñ o so b re
el co stad o o p u esto . S o m ­
b re ro de p a ja n a tu r a l, con
d e ta lle e n el m ism o c u a ­
d rillé .

Q s'UtVivíxÍ!—

Ofrece para la presente estación
una gran colección de conjuntos
en carteras y zapatos, realizados
en finos materiales, y terminados
a mano.

0 \Á/^i/v%cxQ--

Alrededor de las colecciones
Hay en la eterna renovación de la moda femenina algo de sorprendente y
de misterioso que hace que uno no sepa jamás qué admirar más, si el poder
creador de los modelitos, ya sean franceses, americanos o argentinos, o la faci­
lidad de adaptación de la mujer.
La moda se puede inspirar en tantas épocas, en tantos estilos, que no nos
muestra jamás lo mismo; la silueta es diferente, el “allure” es cambiante,
la línea del cuerpo mismo es enteramente modificada por las exigencias de los
modelos de cada temporada.
Esta primavera la silueta es enteramente juvenil y dinámica en razón de
una amplitud enorme de las faldas, del talle en su lugar normal, de los corsages que, aun permitiendo las variaciones más atrevidas, tienden siempre, ya
sean drapeados, alforzados, bordados o simples, a alargar la figura terminando
en pico u onda sobre la falda unos pocos centímetros abajo de la cintura;
pero, indudablemente, es en la línea de la cadera donde los creadores dan
vuelo a su fantas'a. Las líneas más rebuscadas, los bolsillos de formas más
variadas y los volados y drapeados más atrevidos, siempre en línea horizontal
exagerando enormemente la amplitud del contorno. Las mangas, en cambio, han
vuelto, tras sus extraordinariamente raros cortes del año pasado, a una gran
sobriedad, con una amplitud moderada de la espalda; justamente la necesaria
B o lero y fa ld a re c ta , en la n a to s ta d o ; b lusa celeste, en
g ru e so c re p e ; g a rg a n tilla d e p e rla s y zap ato s m a rró n
ro jiz o , fo r m a n u n e n c a n ta d o r c o n ju n to d e e n tre tie m p o .

para no romper bruscamente el movi­
miento general del corsage.
Los géneros: En todas las grandes co­
lecciones mostradas en la Ciudad Luz al
comenzar la primavera pasada y entre
las que ahora comienzan a pasarse en
las “maisons” porteñas, tusores, hilos, pi­
qués y cuadrillés tienen la supremacía
para los modelos sport o de medio vestir
mientras que rosalbas y crepes, encajes y
broderies rivalizan en lo que a vestidos
de tarde y noche se refiere; y una no­
vedad : este año trae el resurgimiento de
la gasa y la organza natural, tan fran­
cesas ambas, para modelos de gran ves­
tir, ya se trate de lujosos soirées o de
vaporosos vestidos cortos. En los colores
el blanco y el beige madera, el rosa ama­
rillento y el celeste grisáceo se llevan la
palma, ya sea como colores básicos o como
elementos de raras combinaciones, entre
las euales la del celeste lavanda con el
verde agua es quizá la más bonita. Por
otra parte, al lado del “tailleur” clásico,
negro, gris o blanco, siempre tan elegante,

A
/

M odelo d e Paquin d e P a rís : P a ra los
d ías fresco s de p rim a v e ra y verano y
a u n p a ra u s a r com o p re n d a sport,
a c o m p a ñ a n d o p a n ta lo n e s o "sh o rts”,
este saco de g a b a rd in a b lan co , de lín ea sim p lísim a , q u e se p re n d e con
b o to n es d o rad o s. Los bolsillos con
g ra n d e s ta p a s p e sp u n te a d a s.

De Jaques Fath: C h aq u etó n en lan illa
azu l q u e fo rm a so b re los an ch o s h o m ­
b ro s plieg u es tran sv ersales, los cuales
al co n tin u a rse sobre el fa ld ó n co n sti­
tuyen los b o lsillo s; sólo u n b o tó n , de
n á c a r b lanco, e n la p a rte alta del co r­
sage c e rrad o , lig e ra m e n te cru zad o .

nos encontramos con “arreglos” maravi­
llosos mediante la combinación de faldas
y chaquetas en los tonos más opuestos:
“bois de rose” y marrón, oro y negro,
verde y azul; y es que los coloridos tie­
nen una importancia extrema y permiten
que cada elegante muestre su verdadera
personalidad a través de estudiados “en­
sembles”.
Puede decirse que los accesorios no ha­
cen totalmente la elegancia de una mujer,
pero hay algo que nadie podrá negarles,
y es que tienen el mérito de poner el
toque final de toda toilette, y son nece­
sarias la reflexión y la inteligencia, y,
sobre todo, una suerte de intuición tal
en su elección, que sin ellos el resultado
obtenido puede ser exactamente contrario
del que se espera hallar. Así las echarpes
y pañuelos, los cinturones, los clips y
collares, que se usan enormes este año, los
brazaletes, los guantes y las carteras, los
zapatos y los sombreros, confieren a las
toilettes una nota tan especial que, a
través de ellos, nos encontramos con el
gusto y la distinción personales de cada
mujer.

S u n tuoso y p rim av eral "d e sh a b ilié ” , en gasa rosa, con
g ra n c in tu ró n en raso al to n o , m a te ria l de q u e se ha
realizad o adem ás el viso y las elegantes san d alias.

D e Marcel Rochas: V estido en grueso
tu s o r celeste en el q u e se d estacan las
m a n g as c o rta s y c ru z a d a s, arm ad as so­
b re g ra n d e s h o m b re ra s. El talle, un
poco b a jo , d e ja n a c e r los pliegues de
la fa ld a a m p lísim a .

_■—
"1

m u pom
Presenta para la actual
temporada una gran
colección de mode­
los exclusivos dise­
ñados por verda­
deros ar t i st as
en el difícil ar­
te de bien
calza r.

^ J~\

cW O W
FLO RID A 148 A L 152

FLO RIDA 148 AL 152

INTERIOR
E n v ío s co n tra re e m b o ls o
Su p e d id o se ra fie lm e n te in te rp re ta d o
y re m itid o en e l d ía

IN T E R IO R
Envíos co n tra re e m b o lso
So p e d id o se rá fielm en te in te rp re ta d o
y rem itid o en e l d io

�MUSICA
E INFORMACION MUSICAL

FLORES

Por D A N I E L D E V O T O
Él*

CALIDAD
PARA

REGALOS
DISTINGUIDOS

.

____________

E L O G IO D E L A B U T A C A O C U P A D A
más de cien años, en 1844, el
doctor Francisco Cruz Cordero es­
cribió en su “Discurso sobre la música”
que “el célebre Masoni, llamado por an­
tonomasia el segundo Paganini, visitó
esta Capital y nuestras Provincias hace
algunos años”. Ignoramos qué éxito tuvo
Masoni con su tournée en carreta, pero
en este siglo de virtuosos por vía aérea
"esta Capital” es uno de los centros im­
portantes de la actividad —casi diríamos
industria— musical del mundo. Pianistas,
violinistas, violoncelistas, cantantes, di­
rectores de orquesta se suceden ininte­
rrumpidamente en nuestro escenarios, ante
salas casi siempre repletas. ¿Conciertos de
Marisa Regules? No hay más localidades.
¿Conciertos sinfónicos de Juan José Cas-

H

ace

tro? No hay más localidades. ¿Conciertos
Ormandy-Brailovsky ? No hay más locali­
dades. Podríamos continuar con diez nom­
bres más, y las localidades seguirían
agotándose.
Es posible que no sea oro todo lo que
Tcluce, ni lo sean todos los que tañen la
cítara y el órgano, ni los que obstruyen
la b u tac a p a ra escucharlos. Ya sabemos
que hay quien oye a X. porque no puede
uno quedarse callado, cuando en lo de
IV. se hable de él. Que N. obtiene más

CALENDARIO
RETROSPECTIVO

RAMOS PARA NOVIA,
AZAHARES,
ORQUIDEAS, ROSAS...

Variedades en
CESTAS, BOLS,
FLOREROS,
PLATOS Y OBJETOS
DE ARTE
con
PLANTAS Y FLORES
FINAS

FL O R E S

ROSE MARIE
S A N T A FE 1 4 4 8 - 5 2
U. T . 41 - 9 8 3 5

1 En 1733, Jean Philippe Rameau es­
trena Hippolytc et Aricic, su primera
ópera. El autor cumplía, apenas cin­
cuenta años.
2 “Por la composición del Himno Pa­
triótico Original a grande orquesta:
con violines, viola, flautas, fagotes,
trompas y contrabajo, como también
por la enseñanza de los niños canto­
res: 100 pesos. Buenos Aires, octubre
2 de 1812. Blas Parcra.”
3 1833. Berlioz casa —por fin, para
qué— con Harriet Smithson.
4 1743. Muere en Londres Henry Ca­
rey, autor del God save thc King.
5 Mal día para la música ágil, corre­
diza, ligera. Muere, en 1880 Jacques
Offenbach; en 1915 ITsandizaga.
6 1600. Celebrando las bodas de Enri­
que IV y María de Médicis se estrena
la Euridice de Peri,^ primera ópera
que se conserva.
7 1548: Bautismo de Juan Ginés Pé­
rez, maestro de capilla y director de
la escuela de coros de Valencia de
1581 a 1595.
8 1820. Estreno de la Obertura .del
Freischütz de Weber, en Copenhague.
9
19081 Primera audición de la Prcmiére sonate para piano y violín de
Albert Roussel, en el Salón d’Automne, París.
10 1813. Nace, en Le Roncóle, Giuseppe
Verdi.
11 1938. Se celebra en París la milénima audición de Werther.
12 Antes del 12 de octubre de 1511
muere Joannes Tinctoris, compositor
y autor de tratados y de un voca­
bulario musical.
13 1890. Estreno del Macbeth de Ricar­
do Strauss, en Weimar.
14 1899. Muere en París Aristide Cavoillé Coll, organero, de una familia
de organeros, a los 88 años.
15 1905: estreno de La mcr, de Claudio
Debussv. Pierre Lalo escribió, en
I.c Temps: “Ni oigo,'ni veo, ni siento
el mar por ninguna parte.”

n

los Estados Unidos se han hecho

E extraordinariamente p o p u la re s los
conciertos musicales al aire libre, y este
año, después de la declinación del inte­
rés público en los mismos, determinada
por la guerra, han vuelto a resurgir con
toda su animación y esplendor, caracte­
rísticos de la época an­
terior al conflicto bélico.
E sto s conciertos son
principalmente n o ta b le s
en dieciséis de las más
grandes ciudades norte­
americanas, donde milla­
res de personas se con­
gregan en los bellos lu­
gares de los alrededores
para escuchar la versión
de la música de los gran­
des compositores ofre­
cida por las principales
orquestas del país.
En Boston, la famosa
Orquesta Sinfónica que
dirige S erg io Koussevitzky actúa a orillas del
río Charles; en Washing­
ton, la Orquesta Sinfó­
nica Nacional, en una
barca flotante en las ri­
beras del Potomac; en
Chicago, la Sinfónica, en
un pequeño valle situado

bussy que vale más ver una salida de
sol que o'r (entiéndase, en este caso,
“otra vez más todavía”) la Sinfonía Pas­
tara!. No importa, que siempre habrá
quien la oiga por primera vez. Lo impor­
tante, lo cierto, es que en Buenos Aires
se hace música, y las butacas se pagan y
se ocupan por la música (buena, exce­
lente, regular o pésima). Bueno es poder
ir a conciertos, y hasta es bueno no ir,
por cualquiera de las infinitas razones
posibles, pero saber que están allí, que
no vivimos en una ciudad sorda, sórdida,
y que esas butacas ocupadas, que podrían
estar ocupadas por nosotros mismos, son
signo y razón de la espléndida corona
de músicas que la ciudad arroja al r'o
de sus días, incesantemente.

NOTICIAS

O ctu b re

Creaciones
Artísticas

® cabalgata

Marisa Regules.
aplausos que IL, no siempre por razones
ni por procedimientos musicales. Que se
va a escuchar a Z. y no a las composi­
ciones que Z. toca —de lo cual Z. tiene

Juan José Castro.
en buena parte la culpa—. Que hay quien
va a un concierto por su capa de piel,
y quien va por lo que la capa lleva den­
tro: no importa. Ni importa, tampoco,
que algún malhumorado piense con De­

a 32 kilómetros de la ciudad; en Nueva
York, la Sinfónica Filarmónica, en el Lewisohn Stadium; en Denver, la Sinfónica
se presenta en un magnífico anfiteatro
rodeado de rocas rojas; y en Los Ange­
les, la Orquesta Sinfónica ofrece sus con­
ciertos en el Hollywood Bowl, situado en

***Este año la Sociedad Internacional
de Música Contemporánea celebrará en
Londres su primer festival desde la de­
claración de la guerra.
***Pareee que es necesario ser un Kapell ( = musicalidad + técnica + juven­
tud) para osar presentarse con primeras
audiciones: Prokofieff, Palmer, Persichetti... y no volver a moler por ené­
sima vez el mismo vals de Chopin en
todos sus conciertos. Mucha buena mú­
sica hay en los programas resobados de
ciertos “virtuosi”, pero “la música no es
siempre góndola”, como decía Cocteau.
Congratulémonos de la existencia de in­
térpretes que también lo saben, como
Kapell1.
*** Llega de México, publicado por el
Fondo de Cultura Económica en su co­
lección “Tierra Firme’’, un nutrido vo­
lumen de Alejo Carpentier sobre “La'
música en Cuba”.
***Circula el número 12 de Buenos
Aires Musical, publicación quincenal dedi­
cada a las actividades musicales argen­
tinas.
**sAlbert Wolff estrenó. Les Orien­
tales, para voces y orquesta, inspiradas
en poemas de Víctor Hugo, de nuestro
compatriota Carlos Suffern.
***E1 Collegium Musicum recientemente
creado en Buenos Aires ya ha realizado
un ciclo de ocho conciertos de órgano,
cuatro clases de extensión musical y un
concierto instrumental de música antigua.
***La Cooperativa Interamericana de
Compositores, dependiente del Insti.uto
Interamericano de Musicología de Mon­
tevideo, inicia una nueva serie de edi­
ciones musicales (publicaciones número
51 a 60).
*** Envin Lcuchter disertó en el Collegivm Musicum sobre la “Evolución de
la música occidental”. Sus dos clases,
dictadas el 2 y 3 de. septiembre, fueron
¡lustradas por los cantantes Martha Mai1lie y Juan José Adler, algunos instruí
mentistas y un pequeño coro.

las colinas próximas al Pacífico y cuya
capacidad es de 20.000 personas.
Cuando en la época de la primera gue­
rra mundial se iniciaron estos eonciertós
al aire libre, algunos opinaron que había
que ofrecer al público música popular, por
cuanto la clásica no sería del agrado del
público de verano. Pero
se equivocaron, porque
la experiencia demostró
que Tchaikovsky, Wagner, Bach, S ib e liu s,
Glinka, Handel y otros
autores de su categoría,
eran los preferidos.
También se incluyen
en los programas de ve­
rano composiciones de
músicos norteamericanos,
siendo George Gershwin
el caballo de batalla de
las principales orquestas,
en el aspecto nacional de
su programa.
Famosos cantantes de
renombre mundial, como
Marian Anderson, L ily
Pons, Gladys Swarthout,
James Melton, Paul Robeson, Helen Traubel, y
muchos otros, intervienen
frecuentemente en estos
programas.

SUCURSAL NUMERO 1
DE
LIBRERIA PERLADO
l Tna nueva librería abre sus
puertas en la avenida Corrien­
tes. Es la sucursal número 1
de la tradicional Librería P er­
lado, que así celebra sus trein­
ta años de existencia.
Don Calixto Perlado, des­
cendiente de libreros, consagró
su vida entera al negocio edito-

D on Calixto P erlado.

rial. Después de cumplir sus
estudios en la Escuela de Co­
mercio de Madrid, colaboró con
sus abuelos y tíos en la hoy
centenaria Librería y Editorial
" H ern an d o”, matritense (ex
Perlado, Páez y Cía.), famosa
en todo el mundo. En 1911 se
radica en la Argentina, fun­
dando cinco años después la
tan conocida L ibrería P erla­
do, de la plaza Congreso.
Fomentó en gran medida las
relaciones bibliográficas hispanoargentinas, dando a conocer
en España, entre otras obras
de autores argentinos, "Ei Ca­
minante”, novela de Héctor
Olivera Lavié, laureada con el
premio Municipal de 1922, y
"Ulises”, del celebrado escritor
Laureneena.
La producción editorial de
Perlado, realizada bajo la di­
rección literaria del profesor
Feliz F. Corso, es abundante,
y en ella descuellan las colec­
ciones "Biblioteca Clásica Uni­
versal”, "Moderna Biblioteca
Universal” y "Biblioteca Clasi­
ca Reservada”.
Como homenaje a la Argen­
tina, al cumplir la casa sus
treinta años de existencia, pu­
blica la extraordinaria obra del
saber español "Historia de les
Heterodoxos Españoles”, de
don Marcelino Menéndez y Pelayo, edición completa que ofre­
ce por primera vez traducidos
los apéndices griegos y latinos.
Don Calixto Perlado, al ha­
blarnos de la inauguración de
su primera sucursal pone mu­
cho interés en encomiar la la­
bor de sus colaboradores, espe­
cialmente la de su jefe de ven­
tas, señor Guillermo Dávalds,
cuya inteligente gestión y ex­
traordinaria actividad facilitó
en grado sumo la tarea.
Hov Librería y E ditorial
P erlado, a través de su vasta
red de corresponsales europeos
y americanos, fomenta en gran
medida la difusión del libro ar­
gentino. Recientemente hizo un
considerable envío a Suecia,
mercado del que se tienen las
más halagüeñas impresiones.
He aquí los títulos que inte­
gran la Biblioteca Clásica I niversal, de la Editorial Perlado.
1-2. Gradan, "El Criticón”;
3. Quevedo, "Obras Satíricas y
Festivas”; 4. Kant, "Crítica de
la Razón Práctica” ; 5. Arci­
preste de Hita, "Libro del
B uen A m or”; 6. Espinosa,
"Etica” ; 7. 'Tas Mejores Poe­
sías de la Lengua Española”;
8-9. Diógenes Laercio, "Vidas
de Filósofos Ilustres”; 10. "Re­
franero Español”; 11. Carlgle,
"Los Héroes” ; 12. J. de \ aldés, "Diálogo de la Lengua” ;
13 Esquilo, "Tragedias”; 14.
Autores Clásicos y Modernos,
"Pensamientos, Máximas y Re­
flexiones”; 15. Sófocles, "Tra­
gedias; 16-17-18. H e r o d o to ,
"Los Nueve Libros de la His­
toria”.

Vista de la S u cu rsal N9 I de
L IB R E R ÍA y E D IT O R IA L
PE R L A D O

Rivadavia 1731
Sucursal: Corrientes 1545
(Abierto de noche hasta la i hora.)

Buenos Aires

�cabalgata®

stas

niñas llegan a nuestras manos, es un decir, porque hay unos señores que

se apoderan de las fotografías, las meten tranquila y rutinariamente en un
E
sobre, y escriben: Bellezas; y aquí las tenemos, que es otro decir.
Luego, pues ahí no acaba la cosa, hay que hacer algo, que es lo que estás
leyendo, caro lector, y que en jerga periodística se llama ponerle "pie” a estas
fotos. Y éste es el momento más triste de la vida de un periodista. ¿ Acaso
no tienen ellas pie suficiente, y adorable? ¿A qué ponerles nada si ya tienen
de sobra? i Y cómo encontrar palabras que no sean alarmantes para decir lo
que se nos ocurre ante semejantes milagros de la naturaleza? ¿No sería bas­
tante decir: lector, estoy de acuerdo contigo, completamente de acuerdo, te
comprendo, nos comprendemos, la vida es injusta, un día haremos cualquier bar­
baridad? De ese modo quedaría sugerido, algo que está prohibido decir, nunca

BELLEZAS

comprenderemos por qué. Acaso por­
que todo en el mundo anda al reyés.
Miremos, pues, y callémonos, que es
un modo de dar a entender, sin que
nadie pueda impedirlo, lo mucho que
podríamos decir ante estas bellezas que
nos llegan ensobradas.
A nuestro lado, un ser macabro que
se llama crítico, nos susurra, temeroso
de nuestra reacción galante, que hay
mucho maquillaje, mucha crema, mucho
barniz. Que en conjunto serían más

cálidas sin tanta cosa. De acuerdo. Pero si así como están, las pobrecitas son
tan, digamos aceptables, 4qué pasaría si se cumplieran las exigencias del crítico,
de e?e ser feo, inteligente pero feo, que se llama crítico ? Olvidemos al monstruo
vecino e impertinente y contemplemos esta hermosura, con ojos de colegial que
acaba de ponerse de largo. Y sepamos, por una vez al menos, perder la cabeza
por algo que vale la pena. En fin, demos gritos, lloremos, quememos la oficina,
o dejémonos vagar por las aceras con aire de alelados a quienes nadie convencerá
de lo contrario.
\ busquemos fuerzas, haciendo de tripas corazón, para resignarnos a vivir
tan lejos, tan lejos de ellas que ya estamos suponiendo que son mentira.
¡Pero es verdad, lector curioso, créalo o no, es verdad, por cualquier lado que
se mire!

�D A N ZA
Graham: es la gran figura
en el escenario de la danza nor­
teamericana actual.
Habíamos oído hablar de ella, cono­
cíamos sus espléndidas fotografías, to­
madas por Bárbara Morgan, aquí y
allí se repetían conceptos suyos sobre
el arte del movimiento.
Pero es necesario presenciar uno de
sus espectáculos para comprender lo
que representa en la historia de la
danza.
Después de dos meses de asistir a re­
citales de solistas, dúos, tríos y grupos
se descubre que hay toda una juventud
(espiritualmente demasiado joven) que
crea danzas individuales directamente
como un producto de su influencia for­
mal. Así como entre nosotros se copia­
ba a rabiar el lirismo de los Sakharoff,
aquí cada chica dobla su codo en un
ángulo extraño, se arrastra por el sue­
lo en forma muy complicada y preo­
cupada y hace cosas muy inesperadas,
como declamar, cantar o apagar las
luces cuando esperábamos que empe­
zara el baile.
Incluso todas las danzas de las come­
dias musicales muestran su influencia.
Es el "momento Graham” de la dan­
za, así como hubo un momento del ba­
llet romántico, un momento Duncan o
un momento Wigman.
Y lo que nos resultó sorpresivo, o
acaso absurdo en algunas coreógrafns
que recién comienzan, lo volvimos a
encontrar en Martha Graham (a quien
vimos bailar mucho después), provisto
de todo su sentido, de toda su verdad.
La vemos de pie en mitad del esce­
nario, con los brazos abiei’tos en una
cruz extraña, conectada por un momen­
to con el conocimiento. Entonces su
forma de verdad viene a nosotros con
fuerza, con un poder de penetración
que no podemos ni intentar rechazar;
penetra en nosotros y la compartimos,
un poco a costa de nuestra belleza, pe­
ro con una decisión que desconocíamos.
Es como si no hubiera espacio entre
su movimiento y nuestra respuesta, co­
mo si el contacto se estableciera contra
toda protesta.
Así como reverenciamos un arte ea-

©cabalgata

artha

M

Martha Graham en " F r o n tie r” , o b ra su b titu la d a "A m e ric a n P ersp ectiv e o f th e p la in s ” .

agudos, cortantes, angulosos, crueles.
Feos para una estética costumbrista
—como pudieron serlo al principio los
cuadros de Picasso y la música de Stravinsky—, se descubre, lentamente, en
ellos una extraña belleza hecha de po­
der y de convicción.
Es un combate entre el arte moder­
no y nuestros prejuicios en que esta­
mos vencidos desde el primer momento.
Martha Graham se supera cuando
entra a hurgar en lo trágicamente
irrealizado del alma humana actual.
Parecería que su lenguaje fué creado
para decirlo, para explicarlo. Si no
fuera una tan extraordinaria bailarina
se podría decir, paradójicamente, que
se la siente más de lo que se la mira.
De todas sus creaciones preferimos
"Muertes y entradas” (" ...é s ta es
una leyenda de la vida del corazón.
Hay una suspensión del tiempo y una
subsecuente intensificación de la expe­
rien cia ...”) y "Oscura colina” ( " ..,
que concierne a la aventura de an­
siar. . .”) que son las más poderosas y
perfectas obras de arte que he conocido
en el campo de la danza. Pero todas
las demás son también extraordinarias.
Sus sátiras son de una finura y pro­
fundidad difíciles de superar, llenas de
valores formales y espirituales.
Uno de los puntos decisivos en la
fuerza artística del espectáculo, es la
indudable unidad espiritual que rige la
actuación de toda la compañía. Martha
Graham está sin duda detrás de cada
movimiento, puesto que los ha creado,
pero al mismo tiempo está encima del
total, se proyecta un poco en cada in­
dividuo, como si sus almas contuvieran
un poco de la de ella.
Cada miembro del conjunto (perfec­
tos individualmente como los del inol­
vidable ballet Joosl tiene una función
definitiva, y cuando se ha visto todas
las obras, cada uno ha tenido también
una oportunidad.
Integran la compañía': Erck Havvkins, Merce Cunningham, May O’Donnell, Nina Fonaroff, Pearl Lang, Marjorie Mazia, Ethel Winter, Angela
Kennedy, Natanva Newmann, Mark
Ryder, David Zellmer, Douglas Wat-

NZA MODERNA EN NORTEAMERICA
MARTHA

paz de abrirnos las puertas a la ver­
dad, diríamos que Martha Graham nos
arrastra violentamente a través de ellas,
queramos o no, entendamos o no, y
nos pone frente a una luz menos inma­
terial, menos despojada de sus adjeti­
vos pero que'es el reflejo vivo de nues­
tra época.
Martha Graham ha dado quince reci­

tales en Nueva York este invierno, con
su compañía, y dará todavía otros
quince, lo que es un verdadero récord,
incluso para Nueva York. Hemos vis­
to siempre salas repletas, con gente de
pie en abundancia (aquí se venden
entradas de pie en casi todos los gran­
des teatros) y los aplausos eran siem­
pre calurosos y repetidos, con nunca

Martha Graham
en so extraordinaria interpretación de "Satyrie Festival Song”.

GRAHAM

menos de siete llamadas a escena y a
veces más de doce.
Pero Martha Graham no es grande
por su éxito clamoroso, sino como ex­
presión de un sentido artístico humano.
Está de más decir que en pintura y
música los americanos son también más
modernistas que nosotros. Pero aun la
música y la pintura han viajado, por
contrasentido, mucho más velozmente
que la danza. Nada conocíamos que
pudiera dar una idea exacta de Martha
Graham. Ni siquiera se podía imagi­
narla o preverla.
Nuestra danza moderna, tan en pa­
ñales, ha conocido el espiritualismo y
el naturalismo, y hasta se ha peleado
bastante sobre cuál era "lo verdadero”
y si eran mejores los velos o el traje
severo. E indudablemente ninguna de
nosotras ha escapado al placer de "vo­
lar” un poco por el escenario con un
vestido transparente sin más sentido
ni contenido que seguir la línea mu­
sical.
Así. cuando se "descubre” a Martha
Graham se descubre por qué ninguna
de las dos formas anteriores era sa­
tisfactoria en sí, se descubre que era
por eso que las mezclábamos, tratando
de llegar a n u e s t r o momento humano,
tal vez menos bello, tal vez demasiado
distinto a pesar de igualmente atormen­
tado, para que la forma Wigman si­
guiera siendo su expresión natural, pe­
ro que era lo que tan intensamente
deseábamos decir.
Martha Graham ha creado la forma
de movimiento que satisface la necesi­
dad actual de conectarse con la verdad.
Cuando se la ve por primera vez
danzar, se tiene un sentimiento azora­
do, como de quien siente bruscamente
la pérdida de una cantidad de bienes
que parecían inamovibles.
Pero poco a poco se siente crecer en
uno la verdad, hay como una compren­
sión física que se va apoderando del
espíritu y que si formalmente es la so­
lución de los problemas anteriores, es
al mismo tiempo una afirmación en sí
misma, la afirmación de un momento
espiritual dentro de la historia del pen­
samiento humano.
Es la suya una manera llena de mo­
vimientos percutivos, de profundas
contracciones musculares, que no se
preocupa de la belleza de las líneas.

sino de su poder de proyección. Que
se sumerge totalmente en la abstracción
y consigue, a través de ella, emociones
de tal intensidad y pureza como para
decir que son, mientras duran sobre
el escenario, una manera de vida.
Los ritmos son para ella una especie
de juguete, hecho arma penetrante has­
ta los huesos. Sus movimientos son

son, Helen McGehee, Yuriko, y co­
mo artistas huéspedes Jane Dudley y
Jean Eardman.
Colaboradores artísticos: Aarón Co­
pland, Paul Hindemith, Carlos Chávez, Luis Horst, Hunter Johnson, Paul
Nordoff, Arch Lauterer, Isamu Noguchi, Philip Stapp, Edythe Gilfond y
Jean Rosenthal.

Interpretando "Imperial Ceatiore” ;
coreografía j trajea de la minina Martha Graham.

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cabalgata©

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A cab a n de p ublicarse

ENTREVISTA
CON JORGE D’URBANO VIAU
ante un caso poco frecuen­
to: un librero con espíritu, culto,
fino, y con un gran amor al libro.
.Jorge D’ürbano Viau, juvenil, em­
prendedor, es la vez que director de la
elegante librería de la calle Florida,
Secretario de la Cámara Argentina del
libro y Presidente de Club El Libro
del Mes. Y aun tiene tiempo para se­
guir al día las grabaciones de música
y escribir sobre las mismas unos juicios
críticos que cuentan entre los más esti­
mables. Por otra parte, el sello edito­
rial Viau tiene bajo su dirección un
bien ganado prestigio. Hoy publicamos
sus respuestas a tres preguntas que de
un modo u otro preocupan a la indus­
tria editorial argentina.
—¿ Cuál es el estado de los proble­
mas editoriales entre los editores dé
América Latina y Norteamérica?
—En realidad —nos dice el señor
D’Urbano— puede afirmarse que no
existen problemas mayores entre los
dos grupos editoriales del continente
americano, por la sencilla razón de que
sus mercados correspondientes no se
tocan. Los que existen son problemas
de relación, no de influencia. Los edi­
tores latinoamericanos compran dere­
chos de traducción a los de los Estados
Unidos y éstos se los venden, a veces.
Sólo cuando en alguna ocasión una de
las partes tuvo la mala ocurrencia de
apartarse de su cauce natural, preten­
diendo invadir el terreno de la otra,
se plantearon problemas graves por su
importancia y su agudez. La doctrina
del área idioniática, única valedera en­
tre grupos de.distinto idioma, fué re­
conocida como el argumento más se­
vero contra la publicación de libros en
idioma español en países de otro idio­
ma. Esta doctrina, fué oportunamen­
te Reconocida por los editores norte­
americanos que cortaron en sus co­
mienzos el poco feliz intento de impri­
mir libros en español en los Estados

E

stamos

Unidos. Confiamos en que continúen
en ese estado de espíritu, pues de él
dependen las buenas relaciones que en
la actualidad nos unen. En cuanto al
caso contrario, vale decir que los edi­
tores de América Latina se propongan
inundar el mercado norteamericano con
libros publicados en su territorio en
idioma inglés, mi imaginación no es
tan frondosa como para imaginarlo.
—¿Cómo ve usted las relaciones en­
tre autores y editores nacionales?

Jorge D’Urbano Viau.
—Causa verdadero estupor la igno­
rancia con que algunos de los autores
nacionales tratan el problema de la
edición de sus libros. Según sus ex­
presiones pareciera ser que el editor
tuviera una sola misión y un único
interés: no publicar libros de autores
argentinos. Dos reflexiones sobre el
tema:
a) No creo que haya en Argentina
una sola obra literaria de algún valor
que permanezca inédita después de ha­
ber pasado por manos de editores.

b) Si los autores nacionales tuvie­
ran idea de las sumas que los editores
han gastado en la edición de libros de
autores argentinos sin otra recompensa
que la íntima seguridad de haber co­
laborado con ellos, les estarían agrade­
cidos. o por lo menos debieran estarlo.
Sostener que los libros de autores
nacionales no se venden en la propor­
ción debida porque los editores no se
esfuerzan en publicarlos con más fre­
cuencia, es simplificar tanto el pro­
blema como decir que los libros de au­
tores nacionales no se venden porque
en general son malos. Una y otra se­
rían apreciaciones erróneas. El pro­
blema está por sobre autores y edito­
res. Es un problema de mercado y de
falta de lectores que encontrará solu­
ción en una bien orientada campaña
de revalorización del libro nacional, de
larga prédica y constante esfuerzo. No
es con medidas administrativas que se
obliga a la gente a leer tal o cual li­
bro. Debo referirme otra vez a la Reu­
nión de Chile pues allí se encontrará
el análisis más justo de este problema
y las soluciones que los editores aus­
piciamos.
—¿No cree usted que el precio de
los libros editados en la Argentina es
demasiado alto?
. —El libro, como cualquier otra mer­
cadería, no puede sustraerse al alza
general de los precios y a pesar de
ello el aumento en el precio de venta
de los libros es inferior al aumento de
los costes.
No conozco ninguna industria que
venda su producción al mismo precio
de hace siete años manteniendo la ca­
lidad de sus productos. Sin embargo
todos conocemos colecciones argentinas
de libros que han mantenido sus pre­
cios de antes de la guerra. Se dirá,
claro está, que antes se ganaba mucho.
Palo por lo que dices y palo por lo
que callas.

M aría T eresa L e ó n : El gran amor de Gustavo Adolfo Bécquer ( U n a vida pobre

y apasionada)
................................# 8.—
Coincidiendo con el estreno de la película, El gran amor de Gustavo Adolfo Béc­
quer, aparece esta gran biografía del inmortal autor de las Rimas, ilustrada con gra­
bados de la época, retratos de Bécquer y fotografías del film. Se incluyen también
completas las Rimas de Bécquer.
K arl V o ssle r : La poesía de la soledad en España

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El motivo poético de la soledad da ocasión al gran crítico y filólogo para estudiar
la Historia de la poesía española desde la Edad Media hasta la declinación del
siglo de oro, examinando especialmente lo trovadoresco, lo renacentista y lo quietista, el sentimiento religioso de la soledad y el esplendor dei barroco. U n volumen
lujosamente impreso, encuadernado en tela y con ilustraciones.
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LIB R O S R E C O M E N D A D O S:
Á n g e l C ru c h a g a S a n ta M a r ía : Antología

.

.

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"Enfermedades y sueños y seres divinos, las mezclas del hastío y de la
soledad, y los aromas de ciertas flores y de ciertos países y continentes,
han hallado en la retórica de Cruchaga Santa María mayor lugar extá­
tico que en la realidad del mundo”, dice Pablo Neruda en el prólogo
. del l.bro.
E n r iq u e P o po l iz jo ; Alberdi

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encuadernado.
B e r tr a n d R u s s e l l : Nuestro conocimiento del mundo externo

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O tra obra genial del gran pensador contemporáneo Bertrand Russell, en cuidada
versión española, con una introducción *del Prof. Florencio D. Jaime.
M ariano P ic ó n -S a la s : Miranda
................................
• # 7.
El eminente escritor venezolano ofrece en esta obra una original biografía de M i­
randa, el primer criollo que "venciendo el aislamiento colonial se paseó con gran
decisión y señorío por la historia del mundo” .
B e n it o P é r e z G a id ó s : Miau
. . .
.
$ 3.
Miau pertenece a la época de plenitud de Gaidós y es un cuadro acabado y minu­
cioso de la burguesía burocrática.
»

oxteiko

Lobato es un hombre na­

cido para contar y para contarse.
M
Todo lo que sienta a su alrededor lo
convertirá en relato, en cuento, en na­
rración y a todo le dará su espíritu ale­
gre —alegre a pesar de todo—, un tono
dé humor entusiasta y risueño que nü
llega a la ironía, que se queda a la
puerta misma del escepticismo. No ex­
trañará, por tanto, que esté convirtiendo
en narración inventada y amable sus
primeros pasos de visitante en la Ar­
gentina. De tal manera que cuando ha­
bla, a cada una de sus afirmaciones o
de sus declaraciones se siente la inten­
ción de preguntarle: "¿Esto es verdad
o lo está usted inventando?”
Y habrá que resignarse a no saber
nunca lo que hay de imaginado y lo que
hay de auténtico en todo lo que nos ha
dicho.
Monteiro Lobato se ha pasado la vida
buscando un sitio en donde vivir tran­
quilo y sin encontrarlo. En unas partes
han sido el gobierno y la policía, en
otras los mosquitos o los vecinos, en
otras el clima y en otras la falta de
dinero. Todas esas- cosas han logrado
que, como no está bien en ninguna
parte, casi le da la mismo estar en una
que en otra. Unos cuantos días sin sol
lo han obsequiado con un formidable
resfriado; su aspiración más ardiente
por tanto en ese tiempo ha sido la de
no toser. Esta preocupación por li­
brarse de la tos le ha hecho casi olvi­
darse de otra preocupación bastante
grave: conseguir Tin teléfono. Ambas
preocupaciones le han tenido también
alejado de su gran programa de tra­
bajos y de sus negocios.
¡ Áh; los negocios de Monteiro Lo­
bato! ¡Magníficos! El mejor de ellos,
organizar revoluciones, cosa que pro­
duce mucho dinero . . . Tal vez sea tam­
bién un buen negocio —hay que ano­
tarlo para más adelante— fundar una

religión. También puede serlo vender
aire puro del Tupungato, embotellado.
Con esto se puede hacer rico cualquiera.
En cuanto a la literautra, Monteiro ha
hecho ya toda su obra de esta vida. Le
queda todavía que hacer su obra de ul­
tratumba por intermedio de un mé­
dium . . . No tiene esto ninguna nove­
dad. En el Brasil hubo un escritor,

librerías están abarrotadas de libros,

drían abatir los precios y ésta es la

libros de Flaubcrt, de Daudet o de Anatole Franee. La razón está en que los edi­
tores. disponiendo de muy poca cantidad
de papel, la lian destinado principalmente
a los libros nuevos, respecto de los cuales
la elevación de los precios es mucho me­
nos sensible para el público. Una edición
de dos o tres mil ejemplares de un autor
nuevo pasa y se distribuye sin que los pre­
cios llamen tanto la atención; pero en
cambio, sería inútil hacer una edición de
tres mil ejemplares de "Madame Bovary”
a un precio que, comparado con las edi­
ciones de antes de la guerra, mucho me­
jores, sería escandaloso.
La situación se agrava cuando se trata
de libros para la enseñanza, que exigen
muchos más gastos por su composición
más complicada y sus numerosas ilustra­
ciones. Solamente grandes tiradas, impo­
sibles por muchos años para los libros
nuevos como para las reimpresiones, po­

tratan de mantenerse bajo los precios mí­
nimos y evitar movimientos desordenados
de los precios, en previsión de las bajas
que con el tiempo tendrán que producirse.
Pero si no reciben cantidades do papel
suficientes, estos editores serán los prime­
ros en tener que abandonar su atinada
política de contención de los precios,
puesto que es el tipo de libro que tiene
necesidad de cubrir a un mercado más ex­
tenso y más apremiante.

Monteiro Lobato.

Había una vez
un Contador
de Historias...

Humberto de Campos, que en vida rea­
lizó una obra muy estimable; pero que
después de muerto ha seguido publi­
cando y esta parte postvital de su obra,
que tiene ya ocho volúmenes es la más
importante y más densa. Naturalmente
que teniendo ese proyecto y estando
todavía vivo por fortuna, Monteiro Lo­
bato trata con interés muy comprensible
de conseguir por anticipado los servi­
cios de un médium de confianza.
Entretanto, no pronunciéis ante él
una palabra que no conozca; se hará
repetir y deletrear esa palabra, se la
hará explicar en todos sentidos; después
sacará una misteriosa libreta del bolsi­
llo y la anotará con su explicación co­
rrespondiente. Ha comprado un gran
mapa de la Argentina y lo ha colgado
en su habitación; lo estudia y admira;
este país grande, variado, espléndido; es
maravilloso sentirse en él, conocerlo,
irse familiarizando con sus cosas y sus
interioridades. Monteiro está con el pie
en el estribo del tren para marcharse
unos días a Córdoba en busca de sol
y para empezar a ver en extenso esta
Argentina tan densa de vida y de suge­
rencias. Volverá dentro de pocos días,
cargado de historias vividas entre los
hombres y el paisaje. Organizará en­
tonces su existencia en Buenos Aires
en donde piensa permanecer bastante
tiempo.
Ya nos veremos y hablaremos en­
tonces de todas las cosas, incalculables,
infinitas, que hay que hacer. Muchos
negocios, muchas empresas, muchas
aventuras, sentados en un café, riendo
y viendo deslizarse alrededor la vida de
las gentes.
Monteiro Lobato tiene la enorme suer­
te, la virtud inapreciable, de haberse
convertido él mismo en personaje de
sus obras, con toda la gracia, la sim­
patía, la dulzura y la intrepidez de los
personajes de sus obras.— J. 31. 0.

La inteligencia, su naturaleza y su cultura
$ 4.—
Las últimas investigaciones realizadas por los psicólogos norteamericanos sobre el
problema de la inteligencia congénira y la influencia del medio ambiente sobre ella.
G eorge D . S toddard :

C ary l P. H askjns : Las hormigas y el hombre
. . .
$ 8.—
Estudio de la vida de las hormigas, cuya semejanza con la del hombre es innegable.

pero éstos son principalmente nove­ constante preocupación de las casas espe­
Lydades.
Es difícil encontrar, por ejemplo, cializadas en esta clase de libros, que
as

¡IN M IN EN TE, DE GRAN ACTUALIDAD!

M ISIÓ N EN E S P A Ñ A
T E S T IM O N IO D E L E M B A JA D O R B R IT Á N IC O
p o r S ir Sam uel H o a re , V izconde

T em plew ood

Los entretelones de la política española durante la guerra. U n relato
tan objetivo y verídico como sorprendente y apasionante de la conducta
seguida por el régimen de Franco respecto a los aliados. U n documento
revelador de gran trascendencia.

EDITORIAL LOSADA S. A.
A Isin a 1131. Bueno s A ire s
C o lo n ia 1 0 6 0

M O N TE V ID E O

Av. O 'M iq g m »

2*3

S A N TIA G O DE C H ILE

c a v e ll c a 2 8 8

LIM A

En realidad, no se puede hablar de cri­
sis del libro, puesto que por elevado que
sea el precio, el libro se agota rápidamente
en razón de sus tiradas poco numerosas.
Las viejas editoriales han realizado gran­
des beneficios, agotando, en precios muy
ventajosos, todos sus almacenes. Pero
ahora se encuentran ante la necesidad de
renovar su fondo editorial y de seguir
publicando obras nuevas y para una y

otra cosa lo que necesitan es papel. El
Ministerio de Producción Industrial trata
de satisfacer esta demanda en lo posible.
La situación ha mejorado mucho en lo
que va del corriente año. Se trata ahora
de buscar compensaciones al mercado in­
terno, en la exportación. La demanda do
libros franceses en el extranjero es grande
en todos los países; tanto que durante la
guerra se ha producido una importante
concurrencia de libros franceses impresos
en el exterior. Algunos países, especial­
mente el Canadá, gozando para ello de
ventajas considerables, especialmente de
precio, han empezado a inundar de libros
franceses el mercado exterior. Francia
deberá vencer las dificultades de produc­
ción y de transportes de la postguerra que
hacen que, por ejemplo, se puedan llevar
al mercado de Lisboa los libros franceses
editados en el Canadá a la mitad del pre­
cio que los editados en París. Aunque
esta ventaja haya sido en parte compen­
sada por la reciente desvalorización del
franco.

�L1BROS
CRITICA

L I T ER AR IA
por

GONZALEZ CARBALHO
A ntología, por Angel Cruchaga Santa María. Selección y prólogo de Pablo
Nernda. Volumen de 333 páginas. Editorial Losada, S. A., Buenos Aires.
Treinta anos de fecunda labor poética resúmense en este volumen. Grave y
apasionado, Cruchaga Santa María es el cantor siempre al borde de la desespe­
ración ; su lírica debe situarse, por ese culto de la sensibilidad exaltada, en la
línea romántica, aunque en su aspecto formal, en su exterioridad retórica, acuse
’a influencia del modernismo. Cabe considerar a este alto, encendido poeta, más
que nada por el amplio volumen de su voz, por su desgarrado y tenso acento,
por la condición decididamente espiritual y humana de su tono. Voz inconfun­
dible, paralela, sin intentar un parecido, a la de Gabriela Mistral. Razón geo­
gráfica, sin duda, y de tiempo. A través de sus nueve libros, en la selección que
de sus poemas realiza Pablo Neruda, se demarca su personalidad: ua gran
árbol de firmes raíces, de copa espaciosa en que se enreda la meditativa luz de
la tarde. Cruchaga Santa María es un poeta crepuscular. Le oímos en su pro­
longado coloquio con la naturaleza, desnudando su confidencia que es la del
hombre, demandando sin cesar respuestas a sus enigmas. Solitario, pese a su
fruición comunicativa, lo manifiesta en su fidelidad al dolor, en su relación
fraterna con el paisaje. Canta, en el exacto sentido de la palabra, dejando fluir
en lentos salmos la ardorosa corriente de sus versos. Por otra parte, toda su
poesía, diversa en motivos, acentuada en su dirección a lo humano, perfeccio­
nada de libro en libro, es un solo y total poema en que se reconoce, estrofa a
estrofa, renglón a renglón, idénticos rasgos, el mismo mensaje. Su "Antología”
nos permite valorizarle en su noble y desusada magnitud, en su perfil incon­
fundible, en su dimensión de poeta que encierra, en ámbito de sagrada lejanía
religiosa, la actitud palpitante de su clara conciencia civil. El prólogo de Pablo
Reruda crea, con particular estilo, la atmósfera entrañable, el universo íntimo,
de este difundido autor chileno.
,
H istoria de gatos, por Marcelo Menasché. Ediciones Trompo. Volumen de 06
páginas. Con un juicio crítico de Luis Emilio Soto.
Sabemos hacia dónde va dirigida, por lo común, la intención del humorista,
nacida de un mal humor y resentimiento inconfesables que urge desahogar.
No ocurre así con Marcelo Menasché, considerado en obras anteriores o a tra­
vés de "Historia de gatos y otros cuentos”, donde la sencillez y transparencia
de su estilo, su regocijada inventiva, conquistan al lector transportándolo, por
el camino de la sátira, a los dominios mismos de una gracia liviana y alecciona­
dora. Menasché es humorista de vena cordial e imaginación fácil. Es, como
afirma Soto en su minucioso estudio crítico, un humorista de carácter típicamente
rteño. Su medio ciudadano y el mundo, le proporcionan elementos que orga\, sin limitar su fantasía, ni preocuparse del matiz benévolo o cáustico.
taría su historia de unos cubiertos de plata para determinar su maestría en
•elato y su virtud de observador comprensivo que capta en esencia el detalle
icológico, documentando su sentido ambiental y buscando la correspondiente
,oraleja a los hechos por el camino contrario a la solemnidad. Quien admite
jue en el fondo de todo humorista hay un hombre triste, desconoce la obra de Me­
nasché. Mantiene una condición de fluida gracia, que es en verdad juventud
y vigor espiritual. La etapa de las influencias ha pasado para él y sus disci­
plinas están ya asimiladas, permitiéndole liberar su ingenio despreocupadamente
y mostrar, aun en el escepticismo, una sensible y luminosa espontaneidad de
creador.
litoral , por Carlos Carlino.
telvi, S. A ., Santa Fe.

P atria

Volumen de 112 páginas. Ediciones Cas-

Hálito de tierra laborada, de sol de mediodía, de cereal maduro. "Llevas el
lino hasta en tu nombre, Carlino”, le escribe Pedroni, su admirable hermano
mayor y coterráneo. Entrar en "Patria Litoral” es encontrar, tendida, la mano
france de una expresión conmovida y recia. Llano y verdadero, Carlos Carlino
alza la voz para desnudarnos su alma; para cantar, en noble y emocionado
alborozo, la belleza del campo, la ajegría de trabajar en el surco. Cumple este
poeta santafesino un precepto de neta ascendencia cristiana: cantar con amor.
—"Las ropas olerán a domingo de campo”— dice descubriéndonos ese estado
de plenitud de entrega, espiritual y física. Y con el mismo amor canta a la
muerte. Y enarbola también, a veces, la rebeldía. Carlino es un poeta virgiliano.
Lamentamos que enturbie circunstancialmente su ternura, su transparencia de
planta verde, con algún rencor apenas esbozado. Es la marca del tiempo, de
este tiempo. Lo demás es en él de siempre. Alcanza su culminación de gran
poeta al mostrarnos su voz resplandecida de gravedad evangélica. Leyéndole
—reconociendo la autenticidad de campo y cielo en sus palabras, de ojos des­
piertos al amanecer, de corazón cruzado por vientos y corrientes— entrevemos
que Carlino adquirirá muy pronto su voz total, que será uno de nuestros más
auténticos poetas, valiéndose de elementos tan simples como la verdad y e»
fervor.

gilio sólo fueron accidentales. Por eso,
el plan de Lewis es adecuado: el libro
es la vida de Ronsard a través de sus
siete grandes amores. Y la literatura
vestida con una blanca túnica, imperial
y griega fué el primero de esos amores,
y el más fiel. Las otras amadas no
compartieron la pasión excesiva y ar­
tísticamente erudita de Ronsard, y se
explica tal inconsecuencia, pues ni la
erudición, ni la impaciencia, ni el con­
tinuo arrodillarse fueron nunca aconse­
jables en tales asuntos. O sea, que ellas
no tuvieron la culpa. Las mujeres de
Villon son "filies de joies”, hermosos
animalitos, a quienes siempre se debe ca­
lumniar, y cuya misión en la vida es
hacerse conocer, b blicamente hablando.
(No olvidemos que en Villon hay siempre
una voluntad mística a la cual Ronsard
es impermeab'e.) En Ronsard, las ama­
das se llamaban, naturalmente, Casandra o Elena, adecuadas para provocar
un sufrimiento lírico, traducido luego en
sólidos y enjoyados sonetos.
Luego llegaba lo inevitable, las damas
inspiradoras pasan sin transición de la
sorpresa agradable de hallarse ante ta­
maño poeta, al aburrimiento, pues el papel
de semidiós no conviene a ningún conquis­
tador que además abruma diciendo:
Je suis —dis jé— Ronsard, es cela
[te sufisse,
Ce Ronsard que la Frailee honore
[chante et prise.
Como consecuencia, ellas se entrega­
ban no a nuestro poeta sino a hombres
de más jóvenes espaldas, o mejor for­
tuna y de ignorancia encantadora. Ve­
mos también que los grandes aconteci­
mientos de su época, aunque sea la San
Bartolomé, no lo conmueven. Ronsard
—dice su biógrafo— "estaba tan comple­
tamente encerrado en su torre de marfil,
que ni siquiera las habládurías de los
criados, dando cuenta de los desórdenes
de París, turbaron aquel cerebro, turba­
do por ansiedades más inmediatas; la
elección de un epíteto, la substitución
de un verbo, el pulimento final de tal o
cual verso rebelde”. Pero el biógrafo,
que cuenta la vida de Ronsard con una
leve y traviesa sonrisa, disculpa a las
damas en cuestión, y disculpa la apa­
rente despreocupación ante la ola calvi­
nista, de este admirable artífice al que
tanto le deben las generaciones posterio­
res y cuya lectura aseguraba, nada me­
nos que a Flaubert dos o tres meses de
entusiasmadas lecturas dominicales.
Además, el libro es una sana selección
de los mejores momentos del poeta há­
bilmente intercalados. Lewis relata con
lo que él mismo llama en alguna página,
humor imaginativo, rechaza las compli­
caciones noveladas y sólo apela a un
recurso literariamente más agradable y
no tan responsable, cual es el d e ... "yo
imagino a Ronsard”, etc., o presentar un
diálogo entre él mismo y Ronsard. Lo
histórico —aunque sea lo relativamente
histórico de toda biografía— queda sal­
vado, y Lewis demuestra saber que el
.género es de no escasas posibilidades li­
terarias y que el estilo no es una vana
superstición__ Alberto Girri.
La

vida y la obra de

J .-H . F ragonard ,

por Georges Grappe. Editorial Foseidon,
Buenos Aires.

Toda la vida de este gran pintor de
Francia del siglo xvm, J.-H. Fragonard,
continuador en pintura, en cierto modo,
de Watteau y Boucher, está narrada con
profunda habilidad y conocimiento por
Georges Grappe. La vida de Fragonard,
la pública y la íntima, su historia de pin­
tor de gabinetes, su actitud ante los gran­
des hechos históricos de la Francia de su
época y en los que, como cualquier otro
ciudadano francés, se vió envuelto, apare­
ce claramente expresada por quien, ade­
más, sabe colocar al pintor en el rango
que le corresponde por la calidad de su
obra. Fragonard, el pintor provenzal que
llevó a París, para que sirviesen de fondo
E l salar, novela, por Fausto Burgos. ción es que el prologuista diga estricta­ a sus cuadros, los paisajes de su tierra
Editorial Rosario, Rosario.
mente, con escueta exactitud, lo que es mediterránea, fué olvidado durante largo
preciso —ni más ni menos que lo nece­ tiempo por la crítica de arte, hasta que en
La novela regional argentina euenta ca- sario— para situar literariamente la obra la segunda mitad del siglo pasado los her­
Ga día con más cultivadores y, gracias a y el autor. Y el prólogo a esta edición manos Goncourí, con esa conciencia y cu­
^llos, el lector común va enterándose de de "El salar” cumple bien este funda­ riosidad art'sticas que les destacó, volvie­
ron a colocarle en su puesto entre los gran­
que en el país existen gentes, grupos hu­ mental cometido. — N. Búa.
des pintores franceses. Discípulo de Bou­
manos ■
—isleños, yerbateros, salineros,
cher, de quien aprendió a fondo el oficio
"mensús”, obreros de los ingenios— con
problemas sociales y económicos peculia­ R onsard , por D. B. Wvndham Lewis. de la pintura, llegó con su arte a la altu­
ra de su maestro y de Watteau por el
res; vamos aprendiendo palabras, giros, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
amor al espacio y a la tierra, e incluso
expresiones espirituales, auténticamente
Toda biografía supone, además de por ese modo de describir pintando esce­
nacionales, pero de los que nada sabía el
hombre urbano que tiene como único me­ una vida individual, la presencia de nas de sana sensualidad con extraordina­
ridiano cultural el de la ciudad capital. una época. Tratándose de un poeta, ria inocencia. Los críticos le tuvieron lar­
Gracias, al menos en una gran parte, si ese poeta es Pierre de Ronsard, no go tiempo por pintor de temas lascivos
a la novela regional —Payró, Quiroga, hay cuidado de que, por ser un personaje —los que le habían dado su renombre ini­
Booz, Greca, Lynch, Carrizo, Rojas Paz, importante, se lo haga partícipe de los cial hasta que Diderot consigue aficionarle
Varóla, Burgos— vamos aprendiendo có­ acontecimientos que han rodeado el mo­ a otros temas—, sin contar con que Fra­
mo vive, cómo piensa, eómo sufre y cómo mento de su vida, peligro contra el cual gonard comienza a dar para Francia una
se alegra, en suma, cómo es, el habitante advierte el siempre seguro Alfonso Re­ visión campesina, como esa de "La bajada
de las comarcas del interior argentino. La yes. Ya podemos imaginar qué partici­ de Napoule”, que se reproduce en el iibro
labor del novelista regional trasciende pación tuvo en los grandes hechos áe SU que comentamos, o a caracterizar con ener­
siempre, aun sin que él concretamente se época un hombre que es el príncipe de gía cabezas como esa extraordinaria de
los poetas de Francia, nada menos que viejo que ilustra las mismas páginas de
lo proponga, lo meramente artístico.
Fausto Burgos es uno de los escritores en el artístico siglo xvi. Tal categoría este libro y que constituye una especie de
argentinos que más contribuye a que se y tal ^siglo bastan para señalar en él adelanto del impresionismo que vendrá un
conozca el vivir humano de las comarcas un estilo de vida, y la consiguiente dis­ siglo más tarde. También la cabeza del
andinas que él mide continuamente, en culpa por no haberse acordado de Villon, retrato de Saint Non recuerda per la for­
conjunción bien acompasada de pies y ce­ deficiencia que quita un poco la calma al ma alguna de las que muchos años después
rebro, como un peregrino de emociones. autor de esta biografía. No hay que trazará Daumier.
El espectáculo renacentista es
En sus cuentos tobas o cuyanos, en sus exagerar.
El texto, acompañado de una gran can­
más o menos el mismo en todas las cor­
narraciones jujeñas o tucumanas, en la tes, y las cortes son el obligado escenario tidad de reproducciones en negro y en co­
mayor parte de sus novelas rezuma sin —o finalidad— de los talentos deseosos lor, fué traducido por Antonio R. Costa
y admirablemente presentado por la Edi­
mentiras de biblioteca, sin trampas retó­ de gloria.
ricas, vida concreta, realidades descubier­
Una rígida y verdadera educación clá­ torial Poseidon. — L. S.
tas por él en su constante permanencia sica era imprescindible, y Wyndham Le­
entre las cosas y los hombres cordillera- wis nos muestra que Ronsard la tuvo E nsayos sobre poesía española , por Dá­
1108 y norteños.
mejor que nadie. Estudió en el colegio maso Alonso. Editorial Revista de Occi­
"El salar”, fábula sentimental aparte, do Navarra, y con Jean Dorat, aquel dente Argentina.
nos da la vida sufrida, explotada, mísera humanista que no vacilaba en cantar can­
del salinero jujeño, que, con doloridas, ciones báquicas por él mismo compuestas
Ya desde las primeras páginas de este
crucificadas manos, arranca de las Salinas en griego en alguna taberna. Un hu­ libro arremete Dámaso Alonso contra no
Grandes, los panes de sal que luego mal­ manista podía ser, cuando quería, diver­ pocos juicios que se han emitido sobre la
vende a los acaparadores.
tido, y no pensemos sólo en Rabelais, literatura española ; juicios que gozan aún
Con este libro inicia la Editorial Ro­ sino también en aquellos alegres italianos de singular vigencia, pero que deben ser
sario su Biblioteca de Novelas de Amé- que manejaban su bien sabido latín para cribados de nuevo porque no todos se
f'ca, dirigida por Amelia Sánchez Garri­ componer libros que: quamvis lascivium ajustan a la realidad. Se ha hablado
do, que escribió para él un prólogo al que et secum una priscos viros imitetur, y tanto, y se habla del realismo español,
conviene el adjetivo excepcional. La regla que dedicaban a los Médicis.
que éste ha pasado a ser tópico de rigor
es que los prólogos no sirvan más que
En Ronsard la antigüedad clásica era a la hora de las definiciones. Mas aún:
Para estar donde los ponen. La excep­ un culto, y tales "profanaciones” de Vir­ se le ha puesto como el más auténtico

NOTAS

© cabalgata

representante de las letras españolas, y,
forzando la idea, se ha exaltado prefe­
rentemente el teatro y la novela picaresca,
por su realismo y su carácter local, como
si por esos dos cauces, y solamente por
ellos, hubiese discurrido toda la produc­
ción española del siglo de oro. Semejante
criterio ofrece una imagen incompleta de
la literatura clásica, porque en ella hay
tanto de idealismo como de realismo, tanto
de universalidad como de localismo. Juz­
gar a Lope sólo por lo popular, es res­
tarle evidentemente toda su grandeza y
universalidad; y ver únicamente en Quevedo al formidable satírico es olvidarse
del severo moralista y del extraordinario
poeta lírico que hay en él. Mas no paran
ahí los yerros, como señala agudamente
el ilustre ensayista, pues que se ha llega­
do a negar al pensamiento español capa­
cidad para el lirismo. De ahí que algu­
nos de estos magníficos ensayos, aunque
quizá no haya sido ése el propósito del
autor, constituyan toda una defensa de la
lírica española de los siglos dieciséis y
diecisiete; una defensa no sólo ardorosa
y apasionada, sino también justificada.
Sí; porque justamente en esos siglos en
que el tan traído y llevado realismo pare­
ce hallarse en toda su manifestación, se
produce en España el más intenso y es­
pléndido florecimiento poético sin que
tenga, ni en su arranque ni en su vuelo,
nada de aquél. Y, sin embargo, es pro­
fundamente español: ahonda sus raíces
en el suelo, de cuya savia se nutre. En
esa rama caben la elegancia de Garcilaso,
la inspiración de Herrera, la gravedad
de Fray Luis, el ardor espiritual de San
Juan de la Cruz, la perfección de Góngora, por no citar más poetas; y Dámqso
Alonso lanza a continuación esta afirma­
ción rotunda: "No hay en todas las lite­
raturas europeas de los siglos xvi y xvn
un desarrollo lírico que equivalga en in­
tensidad y en riqueza al de España.”
El valor crítico de estos ensayos se
patentiza por la elaridad que arroja sobre
muchos aspectos de la literatura española.
Señalemos concretamente los dedicados al
"Poema del Cid”, el Arcipreste de Hita,
Fray Luis de León, "La poesía arábigoandaluza y la poesía gongorina”, Gongora, tan injustamente motejado de "oscu­
ro”, y Bécquer, a quien restituye toda su
originalidad e inspiración, que una crítica
ligera había tratado de robarle al socaire
de Heine. Por último, citemos un trabajo
sobre García Lorca, a quien Dámaso Alon­
so evoca lleno de emoción y de cariño,
preso en el recuerdo del amigo tan trági­
camente muerto; y otro sobre Vicente
Aleixandre, otro gran amigo también, tan

poeta como humano, derribado desde hace
años por una persistente dolencia. En
esos trabajos dedicados a dos amigos, uno
muerto y otro condenado a una vida ho­
rizontal, las palabras le fluyen directa­
mente del corazón. — I. Paredes.
I nvestiga cio nes
i .a verdad, por

sobre e l significado y

Bertrand Russell. Tra­
ducción del inglés por José Rovira Armengol. Editorial Losada, Biblioteca Fi­
losófica, Buenos Aires. 430 páginas. Pre­
cio: $ 10.
Las obras de Russell que se han tradu­
cido al castellano hasta ahora no son,
por cierto, las más expresivas de su pen­
samiento. Se han preferido los ensayos,
especialmente cuando se refieren a asun­
tos de actualidad; pero estábamos, y es­
tamos todavía, sin conocer su pensamien­
to madurado en la cátedra o en la medi­
tación filosófica. Felizmente el libro que
ahora comentamos es el principio de un
propósito serio de ahondar en el pensa­
miento de Russell. A su lectura no se
puede aventurar el que no sea un fiel
amante de la filosofía. El pensador in­
glés se propone problemas y busca su so­
lución con rigor lógico, con exposición
esquemática y dentro de fórmulas casi
matemáticas.
Russell se sumerge en el detalle del
lenguaje, busca sus conexiones y múlti­
ples relaciones. Nos exhibe su fértil ri­
queza. Vemos la lógica, y a veces la
absoluta falta de lógica, en los signos
que usamos para expresar nuestro pensa­
miento mutuo. Pero si se detuviera ahí
no nos daría sino una explicación, más o
menos aceptable, de los signos gramati­
cales. Tal vez no pasaría de ser sino un
positivista lógico, uno entre los muchos
que abundan en Estados Unidos, por cier­
to de obra meritoria en el campo de la
gramática y de la filosofía. Pero Russell
mira más allá, y adivina tras el lenguaje
una metafísica. Podríamos decir que es­
te libro, bien nutrido y pensado, aspira
a comprobar lo que afirma al clausurarlo:
"En cuanto a mí, creo que en parte a
base del estudio de la sintaxis podemos
alcanzar un conocimiento considerab'e de
la estructura del mundo.” Esta aspira­
ción que creemos logra plenamente, jus­
tifica la presencia de este libro en una
Biblioteca Filosófica. Un renovado nomi­
nalismo, que debemos a varios positivistas
lógicos, ha pretendido que el conocimien­
to lo es solamente de palabras; extienden
una sima infranqueable entre la expre­
sión verbal y la incógnita realidad. Rus(Continúa página 22.)

ALGO NUEVO EN BUENOS A IRES!

USTED nos trae el libro
usado y fija el precio
a que desea venderlo.

N O S O T R O S lo recibi­
mos en consignación y
lo presentamos d ia ria .'PSBte p ara su venta.

Y además como siempre, al día en novedades-

�BH
B

LIBROS- CINE

cabalgata©
NOTAS

(Viene de página 21.)

Bell extiende los puentes de la conexión.
El gramático se nos revela tan sagaz
como el filósofo y el matemático. El verbo se hace carne en la realidad, y una vez
más se nos comprueba que para ser buen
gramático es preciso ser filósofo. En
este libro encontramos un Russell poco
conocido de los lectores de habla caste­
llana: no es el ensayista que nos encanta
por lo acertado y moderno de sus jui­
cios, dotado de una ironía finamente in­
glesa; es el pensador puro que nos quie­
re conducir a la meta, sirviéndose de
ejemplos - esquemas y de estrictas defini­
ciones. — Luid Forré.
U na llamarada en la roca, por Tan

Yun. Editorial Sudamericana, Buenos Ai­
res.
Desde que las novelas de guerra no
son descripciones de batallas —tiempos
de Víctor Hugo, de Stendhal—, y las
batallas han sido llevadas al plano dis­
tante de la mejor perspectiva como telo­
nes de fondo de un conflicto humano
más próximo y más tangible, han ganado
mucho, si no como ejemplares literarios
para las antologías, como documentales
preciosos de ese denominador común de
horror y de angustia por el que ha ido
pasando casi toda la humanidad en la
primera mitad de nuestro siglo.
La guerra está detrás de esos primeros
planos en donde las gentes se empeñan
en olvidarse de ella y vivir como si no
existiera; amar, soñar, ambicionar, tra­
bajar, gozar, reír, todos los géneros po­
sibles de actividades, de afanes, de emo­
ciones, adquieren un ritmo nuevo, invo­
luntario y resistido la mayor parte de
las veces, mientras más allá suena el ca­
ñón y desde allí llegan, interminables, las
filas de camiones y ambulancias sanita­
rias. La vida se empeña en no rectificar­
se y lo hace a regañadientes, reacia y
recelosa. Eso ha ocurrido en todas las re­
taguardias de todos los frentes y los ade­
manes de odio, de desesperación, de ira,
se han simplificado como nunca lo estu­
vieron, igualando a los hombres de todas
las razas, de todas las lenguas.
Una llamarada en la roca, desplaza ante
nosotros el escenario de la guerra en
China, tantas veces evocado para los lec­
tores del mundo occidental por los jóvenes
escritores de la China nueva. Tan Yun,
la autora de esta novela es una muchacha
de veinte años cuya madurez precoz ha
provocado indudablemente el drama de su
tierra. Nos pone delante lo que ha visto
y parece tan sencillo su relato precisa­
mente por lo que hay en él de veraz y de
auténtico. Es un idilio fracasado que em­
pieza en un bombardeo aéreo y el présta­
mo involuntario, por sorpresa, de su san­
gre, que hace un soldado a una muchacha
herida y moribunda. La sangre trans­
fundida crea raicee inesperadas de amor;
pero en las trincheras y los hospitales
de sangre brota difícilmente el árbol de
la vida. Una ráfaga de ametralladoras
y el hombre se pierde en la cifra de los
muertos anónimos; la doncella se queda
sin ilusiones y sin fe; solamente quisiera
vivir para que su muerto no se perdiera
totalmente en el olvido, para siquiera
ella recordarlo. Pero muere. Y entonces
su muerto anónimo se queda sin nadie
que lo recuerde. — Mora Guarnido.

PRIMEROS PASO S. . .
(Viene de página 3.)

un anca y un costillar, entre una cabeza y
un pecho de huesos, duro, vibrante de mie­
do; conseguía andar unos pasos, cuidando
de no ser derribada o herida por los cuer­
nos agudos, pero no avanzaba, no conse­
guía salir de allí, moviéndose en el mismo
sitio. Al levantar las cabezas, los animales
la golpeaban. Intentó colgarse del cuello
de uno, mas desistió con espanto, pues la
bestia levantó la cabeza azorada, rozán­
dole la cara con un asta. Llevaba los bra­
zos en alto y se limitaba a no caer. Le
pareció que las vacas asustadas y trému­
las que la oprimían se deslizaban en al­
guna dirección, arrastrándola soliviada, y
experimentó un respiro, como si eso la sal­
vara. Seguro que las vacas se ponían en
fuga, o que se dispersaban por el campo
y que la dejarían libre, viva. El confuso
y agitado rumor de los cuerpos y las pa­
tas en movimiento, le dió la seguridad
de que el peligro mayor pasaba y de que

sólo debía temer que si se diseminaban,
alguna de ellas pudiera, despavorida, atro­
pellarla al huir. Aunque los perros la
acometieran y la mordiesen sin piedad,
nada sería peor que esa situación que ya
notaba, con todo el cuerpo, que se hacía
menos mortal.
En efecto, los animales procuraban ale­
jarse de ella y al cabo de unos minutos
se encontró libre, sola. Podía, al menos,
respirar. Echó a caminar, tropezando con
otros cuerpos que la esquivaban aturdi­
dos, empujándose, y así consiguió apar­
tarse, avanzar no sabía hacia dónde, por
el campo. Se había desorientado por com­
pleto. No tenía la más leve idea del lugar
en que se encontraba, acaso en otro país
o en otro mundo. Miró al cielo y distin­
guió nuevamente las estrellas, borrosas,
pero firmes, brillantes en la sombra. El
silencio le daba ahora seguridad, esperan­
zas. Lloraba de agradecimiento —por pri­
mera vez el recuerdo de su marido se
asociaba a una confianza en su protec­
ción—, como si alguien que velara por ella
y por sus hijos hubiese sentido compasión
y la sacara de allí. Marchaba sin senti­
do, completamente al azar. Caminaba ha­
cia cualquier parte, para alejarse de ese

lugar. Se detuvo y giró lentamente con
los brazos extendidos, sin ver; necesitaba
pensar algo, no dejarse llevar por sus
piernas sin rumbo. Escuchó en el silencio
hasta que oyó, lejanos, algunos ladridos.
¿De qué chacra vendrían! Cuando le con­
testaron otros ladridos de la chacra de
don Andrés —ya los conocía—, se rehizo
su aturdido pensamiento y supo que ten'a que caminar hacia la derecha, dando
un largo rodeo que la alejara de las casas,
para tomar el camino interior que daba a
la tranquera y al camino real. Así lo hi­
zo. Cuando sintió que sus pies se posaban
en la huella, experimentó una sensación
de estar a salvo, de encontrarse segura,
otra vez quien había sido antes, ¿ Quién
había sido antes! Al horror pasado si­
guió el horror de comprender con cierta
sorpresa que era la madre de seis cria­
turas, una pobre mujer sin amparo, cuyo
marido había muerto —así le dijeron—
tres días atrás.
Caminaba angustiada y al mismo tiem­
po feliz, encaminándose a su casa con un
largo rodeo. Tropezó con la tranquera,
pasó por entre los hierros y tomó, segura
y decidida, el camino para su chacra.
Tenía que pasar por enfrente de la casa

de su cuñado Eloy, el peor de sus enemigos
ahora. Después de mucho andar, porque
era como Si no avanzase, distinguió íuz
en la casa del bajo. Estarían despiertos,
acaso planeando la forma de arrebatarle
lo poco que le quedaba. El encono entre
hermanos —y ella no tenía, en realidad,
la culpa— era tan grande, que ni la muer­
te podría atemperarlo. Al contrario. Sen­
tía, viendo la luz solitaria, que sus peo­
res enemigos estaban allí; que las renci­
llas pendientes no habían muerto.
Pero ella se había salvado, había esca­
pado providencialmente de morir bajo las
patas de la hacienda más asustada que
ella. Vivía otra vez, había vuelto a la
vida. JA qué vida!, ¿para qué! Mientras
avanzaba tratando de apresurar el paso,
de vencer su infinita fatiga, su desaliento,
miraba fijamente la luz en la hondonada.
Todavía faltaba lo peor. Tenía ánimos,
necesitaba tener ánimos para defender a
sus hijos. Eso era todo. No habría de ce­
jar. Iba diciéndoselo en voz alta a la
remota luz rojiza, a medida que se apro­
ximaba a su campo. Cuando ya estuvo cer­
ca, pasó el alambrado para dar otro ro­
deo final y evitar que los perros la aco­
saran, y que pudiera salir alguien de la

casa de su enemigo y la encontrara tan
sucia y atolondrada. Se burlarían de ella,
la ofenderían en una escena de desprecio
y de venganza. Hasta tenía vergüenza
de llegar en ese estado a su propia casa,
de presentarse así ante sus hijos. Una hu­
millación como si hubiese sido ultrajada,
arrojada a un chiquero, escarnecida en
un trance de muerte. Ahora sentía frío
en las piernas, y de todo lo ocurrido no le
quedaba más que ese asco y esa vergüen­
za. Caminó por el campo hasta que la
luz desapareció y la noche oscurísima la
protegió, indiferente, helada. Pisó, por
fin, las huellas de su chacra. No había
luz en la casa. Las criaturas estarían
apretadas de miedo. Acaso se habrían
dormido sin cenar. Apresuró el paso, ya
sin sentir ninguna desesperación ni casi
cansancio; firme, resuelta. Al llegar oyó
que Inés le decía desde el patio en som­
bras, con voz muy baja, sabiendo que la
disgustaría:
—Mamá: tío Eloy hace mucho que
está esperando.
—4 Dónde! —preguntó Rosa Inés con
sorpresa, ya en el umbral.
—Aquí —contestó él, en la oscuridad
total de la cocina.

momentánea, el relato de esa gigantesca
construcción, con sus luchas, sus hazañas,
sus catástrofes y triunfos. La actualidad
viva, en un país en que todo es actuali­
dad, porque no puede ser todavía otra
cosa.
Y el arte de la actualidad viva es el
periodismo.
Esencia del cinema norteamericano.

7 hnrltC .hanlin.

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del

OTo'

DECADENCIA DEL CINE NORTEAMERICANO
Por MANUEL VILLEGAS LOPEZ
y II
INDUSTRIA CONTRA ARTE
El cine en general, y más que ninguno
el cinema norteamericano, está montado
sobre un inmenso error fundamental: creer
que el cine es una industria. Y es un
arte, simplemente.
El que este arte tenga una enorme
base industrial, no quiere decir que esa
base sea el arte mismo. Stradivarius no
pensó nunca que era un Bach, ni Gutenberg que era el Dante. Lo que pasa es
que el hombre está descubriendo las má­
quinas desde hace un siglo —nada para
la historia— y todavía no ha aprendido
a manejarlas, a distinguir lo que son de
lo que producen. La cumbre trágica de
esta confusión son las guerras modernas,
donde los hombres mueren ya por millo­
nes y en las que pueden perecer civiliza­
ciones enteras, media humanidad.
En el mundo de la cultura, cuando la
máquina se pone al servicio de un arte
tradicional, bien definido y largamente
sedimentado en siglos, la confusión no
es posible. El editor sabe que no es un
literato, porque se sabe desde siglos lo
que es literatura; ni el fabricante d ev ís­
eos de gramófono supone que es un mú­
sico, ni se le ocurre pensar que la música
son sus discos. Pero de los miles de má­
quinas descubiertas desde hace un siglo,
la única que ha dado lugar a un arte
nuevo es el cinematógrafo; a un arte

(Especial para

desconocido, impreciso, naciente. Y se ha
confundido este arte nuevo, este "séptimo
arte”, con la máquina que lo produce, pri­
mero, y luego con la industria creada con
esa máquina; industria que, al fin, no
es más que ía máquina misma. Es con­
fundir a Picasso con el fabricante de
colores o la música de Chopin con el
piano.

C abalgata)

cial; son comerciantes, industriales, ban­
queros . . .
Porque el arte no es un orbe hermé­
tico e independiente de este mundo real,
de esos cimientos hechos con ganado, con
tierras, con minas, con astilleros y fábri­
cas. Todo lo contrario. El arte es la su­
prema expresión de la base económica so­
bre la que está construido. Pero no puede

El mecanismo de la decadencia.

ARGENTINA SONO FILM presenta:

A ! K E \ I Z
E x tra o rd in a ria
b io g r a f í a f ílm ic a
del g ra n m ú sico ,
a d m ira b le m e n te
i n t e r p r e t a d a p or

PE D R O LOPEZ
LAGAR, con Sa­
bina Olmos y un
gran elenco, y la
magnífica pianista
M A R I S A
R E G U L E S .

La vida más román­
tica. La música es­
pañola más cono­
cida, en una gran
película argentina.

Así, el arte yanqui por excelencia es el
periodismo, que se infiltra en toda otra
manifestación artística, hasta definirla;
Waldo Prank lo ha señalado magistralmente. Todo acaba por traducirse a no­
ticia. Es decir, al suceso escueto y vivo,
tal como es, sin analizarlo ni comentar
Y de él, su cúspide aguda: la aventu
la hazaña.
El mejor cine norteamericano está
cho sobre esta línea, que es a la ve
personalidad norteamericana: los pioi
en lucha con los indios; el Far-West,
cow-boys y aventureros; los films de
sodios y luego sus magníficas pelñ
policíacas; los gangsters; los hombre,
empresa y sus formidables hazañas; ao
lias comedias de costumbres, de muchach
emprendedores y optimistas, que triunfa,
siempre gracias a su audacia; hasta sus
magníficas películas cómicas eran siempre
una interminable cascada de aventuras di­
vertidas, etc.
Los dos grandes forjadores del cinema
norteamericano son Griffith, el gran ta­
lento creador, y Chaplin, el genio del
cine. Ambos se consagran mundialmente
durante la guerra de 1914-18, y crean el
gran cine yanqui, con su indiscutible he­
gemonía mundial. Griffith es el folletinista, que incorpora a la pantalla todos
los recursos de la grande y fácil emoción
popular: "la salvación en el último minu­
to”, de los protagonistas en peligro, por
ejemplo. Y Chaplin es el humorista, que
crea el hombre, contradictorio y complejo,
en el cine; pero ese hombre es un vaga­
bundo y su vida es una perpetua aventu­
ra sin límites.
Esta es la esencia del cinema yanqui: la
noticia, el suceso, en su cumbre de proeza.
Cuando se limitan y ciñen a esta persona­
lidad hacen obras maestras, de sencillez
y vida. Conforme se alejan de ella, su
cine se infantiliza. Cuando abordan lo
ideológico, lo simbólico, lo grande y com­
plicado, el fracaso es tremendo, siempre
seguro.

U na escena d e "E l n a c im ie n to de u n p u e b lo ” , film a d a p o r G riffith en 1915.
F u e ésta la p rim e ra p elícu la d e larg o m e tra je p ro d u c id a en los E stad o s U nidos.

En todos los países, el cine está mon­
tado sobre esta confusión que lo esterili­
za. En todas partes priva aún la indus­
tria, pero se empieza a conceder una pla­
za cada vez mayor al arte; es el camino
hacia adelante. En Norteamérica, por el
contrario, la organización industrial y sus
exigencias dominan cada día más, y del
arte no queda ya ni el vocablo; es la
marcha atrás.
Obsérvese la cinematografía norteame­
ricana en cualquier aspecto, y se verá que
todo se comprende y se explica conside­
rándola exclusivamente como una indus­
tria, como la de las conservas, los au­
tomóviles o las heladeras. Primacía in­
dustrial que no es un capricho, ni un azar.

hacerse una novela, un cuadro o una pe­
lícula, con la tabla de números índices, ni
con la estadística de producción o paro
obrero. Pero un pueblo de pastores es
distinto de un pueblo de obreros e indus­
triales, y serán diferentes sus constitucio­
nes políticas, sus leyes, su organización
social, sus ideas, sus ideales, sus costum­
bres . . . Según un país sea rico o pobre
tendrá una visión distinta de los proble­
mas sexuales, por ejemplo, y sus ideas
sobre el amor serán —quiérase o no— una
representación indirecta de su situación
económica. Y esto —el amor, las costum­
bres, las ideas, los ideales. ..— es lo que
el arte puede a su vez representar: son
temas de arte. Que no están ahí por ge­
neración espontánea.
Tienen que nacer y crearse lentamente,
El arte como representación.
como cúspide y expresión- de esa base
Los Estados Unidos son un país nuevo, económica. Los Estados Unidos, país nue­
en lo que radica su fuerza y su esperan­ vo, joven, está construyendo esta econo­
za. Pero un país nuevo lo es por algo, mía, que lo ha convertido ya en el primer
más que por la simple historia. Lo es, país industrial de la tierra. Pero aun no
porque está en duro y pleno forjar. Está ha construido del todo su organización
trazando sus definitivos cimientos más social. Y menos la expresión artística de
profundos: los cimientos económicos. Y esta sociedad: carece de temas definiti­
la mayoría del país, con sus mejores fuer­ vos para su arte.
zas al frente, se dedica a esta tarea esenTiene, claro está, los temas de su vida

Pero el caso es que al mismo tiempo
que en el cinema yanqui se producen estos
hechos, que lo llevan hacia atrás de modo
evidente, en el resto del mundo se pro­
duce el fenómeno opuesto. Especialmente
en Francia e Inglaterra, el cine está ad­
quiriendo, por días, mayor jerarquía ar­
tística, mayor sutileza y complejidad psi
cológiea, el más leg'timo tono poé.icoEn una palabra: más arte. Mientras e'
cine yanqui se industrializa, se hace cada
vez más elemental, la corriente general
de la época está creando un cinema artís­
ticamente maduro y hecho. De este m&gt;,
do, el abismo entre Hollywood y el cine
de la época crece rápidamente, tanto por
lo que aquél retrocede como por lo que
éste avanza.
Esta es la verdadera situación, en este
momento. Y frente a ella surge la pre­
gunta, que puede ser el drama: ¿Es que
Hollywood hace del cine una industria
porque no puede hacer ya un arte! ¿Es
que el arte cinematográfico empieza a
dejar de ser eso vivo, elemental y directo
—la noticia, la aventura— que hizo el
triunfo del cine yanqui! ¿Es que el cinema
empieza a ser otra cosa que Hollywood
no puede alcanzar! En ese caso, la de­
cadencia sería inevitable. También puede
no producirse, en un país poderoso, capaz
de tantas cosas admirables, capaz de en­
contrar el recurso inesperado. Sólo el
tiempo tiene la respuesta.
Ahora únicamente se trata de señalar
aquí esa serie de hechos, con su engra­
naje lógico, que constituyen el mecanismo de la decadencia. Ese mecanismo es­
tá funcionando dentro del omnipotente
cine de Hollywood, haciendo su obra disociadora, destructora. Y la decadencia se
viene produciendo.
Sí. Hollywood, el primer cine del mun­
do, la segunda industria del país más
poderoso de la tierra, estrellas universal­
mente admiradas, millones de dólares,
propaganda inmensa, más millones. ..
También Japón producía casi tantos films
como Estados Unidos y no tenían ninguna
importancia, ni siquiera en el orbe asiá­
tico; en cambio, dominaron el mundo laf
pinturas de Hirosije. Es que todo eso es
la industria. Y ahora se trata del arte
Se trata de que en cualquier momento,
el mundo puede descubrir que el cinema ec
un arte.

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�_ CINE _

©cabalgata

MAPA DE PANTALLAS

Phyllis Calvert y John Kenten en "Madona de las Siete Lunas” , film británico
que exhibe en el Broadway la Universal.

MADONA DE LAS SIETE LUNAS
Universal. Film in g lé s . Intérpretes:
Phyllis Calvert, Stewart Granger, Patricia
Roe, Peter Glenville, John Stuart, Reginald Tate, Peter Murray, Dulce Gray, etc.
Director: Arthur Crabtree.
Las últimas películas inglesas nos lian
puesto ante un cine que sin la gran pro­
ducción y la propaganda de los otros
tres grandes: Francia, Rusia y Estados
Unidos, ha alcanzado ya ante el al icionado exigente, uno de los más altos pues­
tos del cine actual.
En esa linea, origina! y llena de pro­
mesas, está “Madona de las siete Lu­
nas”, excelente película dirigida por Ar­
thur Crabtree.
Inferior a la precedente muestra del
cine inglés, “El séptimo velo’’, más pro-

pia del eine medio británico que debe
estarse produciendo en estos días, tiene,
no obstante, la calidad general de buen
tono, lógica, sonido perfecto, y grandes
actores en todos los papeles, en fin, ese
cuidado en los detalles que revela una
madurez, de oficio, una dignidad de me­
dios, y que tanto se echan de menos
en muchos films de los que nos sirven
esta temporada los grandes centros de
estreno. Melodrama, psicoanálisis, colo­
rismo o pintoresquismo —esta vez le toca
a Italia padecerlo—, “Madona de las siete
lunas” reúne todos los ingredientes que
hacen detestables a otros films. Y no
importa, se ve con agrado, con interés.
No podíamos hacer mejor elogio del di­
rector. — L. V.

Una escena de "El Hombre Gris” , con
James Masson y Phyllis Calvert, basa­
da en la novela de Lady Eleanor Smith
de igual título, que exhibe Artistas
Unidos, en el Opera.

Olivia de Havilland tiene a su cargo el
papel central de "Lágrimas de una
m adre” , que Param ount presenta cele­
brando su 30 aniversario.

Peter Laicford y Fay Helm en "El
Hijo de Lassie” , producción en tecni­
color de M.G.M.

"Esclava de su pasión” , film de la
W arner Bros, que se exhibe en el
Opera. '

EL

EXTRAÑO

R. K. O. Radio Pictures. Intérpretes:
Edward G. Robinson, Loretta Young, Or­
son IVelles, Philip Merrivale, llarry Long,
Byron Keith, Konstantin ' Shayne, Billy
Bousc, etc. Director: Orson IVelles.
Por mera coincidencia, se proyecta este
fi.m en Buenos Aires, cuando aun flamea
en el aire como una bandera triste, la
noticia de los perdones de Nuremberg.
Pero en “El Extraño”, ilusión de la pan­
talla al fin y al cabo, el nazi recibe
su castigo. Un castigo truculento y guignolesco, sobre la torre del reloj de una
iglesia norteamericana, cuando había lo­
grado camouflarse como un correcto pro­
fesor de Historia. Lo atraviesa, para
más truculencia, la espada de una de las
figuras que mueve el antiguo mecanismo
del “carillón”, cumpliendo así la senten-'Cia trágica del tiempo: ¡Tiempo al tiem­
po!
Construido en luces y sombras de vio­
lencia ya característica en Welles, este
film es, sin embargo, más claro,’ más
entroncado con el cine último americano
—se ha citado el nombre de Hitchcoek_
y el suspenso bien hilvanado a lo largo
del argumento, es el elemento principal

de “El Extraño”. Mas con respecto a
“El Ciudadano’’, aun con todos los repa­
ros que se puedan poner al tan discutido
fim revelador de Welles, “El Extraño”
registra una decadencia evidente del in­
quieto y hábil direetor-productor-argumentistaactor. Un error en la elección
de actriz para el papel femenino —-a pe­
sar del brillante trabajo de Loretta
Young— acusa más este descenso. Una
muchacha joven, enamorada, de aire
tierno e ingenuo, no cambia de la noche
a la mañana hasta el punto de disparar
sobre su esposo cuando descubre que éste
es nazi. La crisis nerviosa que padece
—y que en “El Extraño” se la relaciona
con el subconsciente de acuerdo con la
moda— no justifica el paso, que queda en
el aire. Pero la dirección del film hace
que el espectador no tenga tiempo a re­
flexionar sobre estos detalles, pues la
acción está llevada con un ritmo, con
una seguridad, con una precisión de con­
junto, que no permiten al público obser­
vaciones que en definitiva, para un film
policial, como éste, pueden ser secunda­
rias. La figura de Robinson y el mag­
nífico aetor que es O. W. borran mu­
chas manchas. — L. V .
4

Hollywood.
Charles Chaplin está terminando Monsieur Verdona: —antes A comedy of Murder—, inspirado en la vida de Landrú. No aparecerá el vagabundo Charlot,
Carlitos, Charlie. ¿Ha muerto?
•
Charlie Chaplin, júnior, debuta en la
pantalla como actor.
Otro: Alain Renoir, hijo de Jean Renoir, se inicia como eameraman.
Fritz Lang dirige The secret beyond
the Door, con Joan Bennet.
Rouben Mamoulian: Summer Holiday.
Robert Siomak: Time out of Mind.
Frank Borzage: Pver alway love you.
Roma.
Blasetti dirige: El arca de Noé.
Carmine Gallone: Venganza, terrible
venganza.
Fosco Giachetti: Rondini sema Nido,
con Danielle Darrieux.
París.
Vuelta de René Clair: Filmará El si­
lencio es oro.
En el local de la Cineteca Francesa,
se reunió el I II Congreso Mundial de Ar­
chivos de Films. Presidieron el Sr. Fourré-Cormeray, por Francia, y la Sra. Iris
Barry, por la Film Library del Museo
de Arte Moderno de New-York.
Leonide Moguy —Prisión sin rejas,
Carne y espíritu, etc.— ha vuelto a
Francia desde Hollywood. Dirigirá Liceo
de muchachas, con Fierre Blanchart y Lise Topart.
Cantinflas no ha gustado en París. Lo
único gracioso: sus pantalones.
Gran éxito de El ciudadano, de Orson
Welles “el magnífico”. La guerra im­
pidió proyectarla antes.
Pierre Calef dirige La casa sobre el
mar, con Viviane Romance y Clément
Duhour.
Dimitri Kirsanoff, maestro dé la van­
guardia, director de Rapto y Rostros de
Francia, prepara Normandie-Niemen, so­
bre la célebre escuadrilla.
María Casares y Pierre Brasseur en El
amor alrededor de la casa; dirige Pierre
Hérain.
Argentina.
Lucas Demare filma: Nunca te diré
adiós.
Bayón Herrera: Un marido ideal.
Manuel Romero: Adiós, pampa mía.
Leopoldo Torres Ríos: Santos Vega
vuelve.
Daniel Tinayre: A sangre fría.
Ernesto Arancibia: Mirad los lirios del
campo.
Carlos Borcosque: Corazón.
Luis Moglia Bart: La senda oscura.
Ernesto de Zavalía acabó: El gran
amor de Bécqner.
Carlos Schlieper: Madame JBovary.
Carlos Hugo Christensen: El ángel des­
nudo.
Luis César Amadori: Albéniz.
Arturo García Buhr concluye Lauracha, empezada por Arancibia. El film de­
bió suspenderse hace tiempo por rivali­
dad de productoras. Solucionado el con­
flicto, debe cambiarse el director por es­
tar el primero realizando otra película.
Mario Sofficci prepara: Martín Fierro.
Lucas Demare: Un día de octubre.
Carlos Schlieper: El misterioso tío Sylas.
Julio Saraeeni: El misterio del cuarto
amarillo.
Mocha Ortiz, exclusiva de Estudios
San Miguel, ha sido cedida a Argentina
Sono Film para una película.
¿Combinación de grandes empresas:
Argentina Sono Film, Emelco, Pampa
Film l
Méjico.
Buster Keaton filma: El moderno
Barba Azul.
Miguel M. Delgado: El abrigo delator.
Joaquín Pardavé: El ropavejero.
Chano Urrueta: El superhombre.
Conflicto entre el Sindicato de Direc­
tores y los productores. Todo parado.
Sólo se filman cinco películas.
Chile.
Lugones prepara Es mi hombre, según
Amichos.
La amada inmóvil triunfa
en New-York
El film argentino La amada inmóvil,
dirigido por Bayón Herrera, con argu­
mento de Manuel Villegas López, inter­
pretado por Santiago Gómez Cou y Glo­
ria Bernal, de E. F. A, se ha estrenado
en NevjA’ork, con subtítulos en inglés. Y
ha obtenido un gran éxito.
Dorothy Masters, célebre crítica del
“New-York Daily News”, ha dicho: “Se
trata do un tierno y vibrante argumento,
prestigiado por una notable fotografía,
acertada dirección y eficaz actuación de
los intérpretes.” Concluye con la decisión
de “otorgar a la citada peí cula la cali­
ficación de tres estrellas y media, sobre
cuatro, raramente logradas en esta co­
lumna”.

Fred Mac Murray y Joan Leslie en el
film en tecnicolor "Adonde vamos
ahora” que estrenará el 17, en el
Gran Rex, la 20th Century Fox.

El Cine Ocean presentará el 18 "Ala­
dino y la lám para maravillosa” , film
del sello Columbia, del cual reprodu­
cimos una escena.

Zully Moreno en una escena de "Nun­
ca te diré adiós” , p r o d u c c ió n de
A.A.A., dirigida por Lucas Demare.

Pedro Lopes Lagar y Andrés M eju to
en "Albéniz”, producción de Argen­
tina Sono Film.

bondad pasada, reciente, de las gentes en
guerra. Menos el enemigo alemán, claro.
Algo cruel había de confesarse.
Sinfonía Pastoral. Es el título de un
film francés estrenado en Suiza.
Es el primer argumento cinematográ-

fico tomado de una novela de Andró Gide. Intérpretes: Michele Morgan y Pierre
Blanchard.
Batalla del Riel. René Clair lo con­
sidera el mejor film francés que se haya
producido después de la liberación.

ENTREVISTA CON RENE CLAIR
(Especial para
n

su habitación del Palace Hotel, en

la Avenida de los Campos Elíseos.
E René
Clair nos dice:

—Actualmente, cuando se exhibe un
film francés en Estados Unidos, quiere
decir que se lo presenta en salas peque­
ñas, destinadas exclusivamente a esa clase
de exhibiciones, es decir, que el gran pú­
blico americano lo ignora en absoluto . . .
Si mi próximo film lo haré con la
R. K. O. Radio Pictures es para lograr
que las compañías americanas lo exhi­
ban en sus grandos cadenas de cinema­
tógrafos. No sé cómo me irá, pero si el
asunto marcha, será por primera vez.
Le preguntamos si su film será dobla­
do...
Al oír “doblado’’, una llama de indig­
nación brilla en los ojos de Clair.
—¡Oh, no! ¡Eso nunca! ¿Cómo quiere
usted que el público americano pueda
interesarse en un film “doblado” ? La
abundante producción de su país le ofre­
ce más films de los que puede ver . . . Si
el espectador elige un film francés es
para ver verdaderamente un film francés
y no aquella falsificación, aquel engaño
comercializado que es la película dobla­
da . . .
Pasando de un tema a otro, hablamos
del acuerdo Blum-Byrnes.
—Lo que más le reprocho a ese acuerdo
—declara Clair—, es el haber consagrado
oficialmente al procedimiento del doblaje.
No es el caso de pensar en realidad en
el doblaje... sino que me es imposible
imaginar que Blum y Byrnes estén al
tanto del asunto. . . El doblaje es la
traición al cine . . . No hablo solamente
como espectador francés ca su a l...; me
permito hablar en nombre de mis colegas
americanos, quienes ignoran completa­
mente la deformación sufrida por sus
obras . . . Hubiera habido que hacer ensa­

C abalgata)

yos, suprimir todas las barreras aduane­
ras, dejar entrada libre a las películas
americanas en su versión original, sin li­
mitación, y prohibir el doblaje.
Le preguntamos si piensa volver pronto
a los Estados Unidos, y Clair me confía
que, luego del film francés que está
produciendo ahora —el primero después
de treee años de ausencia—, deberá ha­
cer un film en Hollywood cuyo argumen­
to será por primiuqi vez enteramente suyo.
A otra pregunta referente al precio
de las películas americanas, el realiza­
dor de “Hoy es mañana” (It happened
to-morrow) nos recuerda que hay dos cla­
ses de películas en Hollywood: los films
de la clase A que cuestan de 400.000 a
5.000.000 de dólares, como “Lo que el
viento se llevó”, y los films de la clase B,
que cuestan como máximo 300.000 dólares
y son los -producidos en tiempo record.
- —He visto films que duran una hora
y media, .y hechos en seis días, y algunos
de ellos, a decir verdad, bien valen cier­
tos films franceses que han requerido
mucho más tiempo y mucho más dinero.
Tratamos, a pesar de las reticencias
del autor, de saber algo acerca del film
“El silencio es de oro’’ y nos enteramos
que tendrá el mismo espíritu que “14 de
julio” y “Bajo los techos de París” y
habrá en él elementos fantásticos, como
en “Me casé con una bruja”.
—Un film —nos dice Clair—, no debe
ser tratado enteramente en el mismo
tono . . .
En fin, en nuestra entrevista el cé­
lebre director-productor ha hecho profe­
sión. de fe de que la regla de las tres
dimensiones es aplicable al cine.
Es suficiente substituir a la unidad
“lugar’’, que es anticinematográfica, la
unidad estilo que es tan esencial como
las otras.

E N U N A N O C H E D E N A V ID A D
(L ’assassinat du Pére N08I)

Film francés de Christian Jacque, se­
gún Pierre Very, con Fernand Ledoux,
Henee Faure, Raymod Rouleau, llarry
Baur, Marie-Belene Daste, Robert Le Vi­
ga n, Jean Brochará, Jean Parides y el
coro de los pequeños cantores de "La
Cruz de Madera”.
Un maravilloso cuento infantil hecho
con seres reales: el viejo fabricante de
esferas terrestres, que hace de Padre
Noel la noche de Navidad; su hija, alu­
cinada por los cuentos de magia y aven­
tura con que aquél llena su vida; el
aristócrata que ha recorrido el mundo y
vuelve a su castillo abandonado, para
ocultar su desilusión y su lepra; la loca
que busca eternamente un gato que no
existe . . . Y por contraste la realidad de
la vida mezquina y pintoresca en un
pueblecito nevado de la Alta Saboya: el
alcalde, el alguacil indiscreto y miedoso,
el sacristán blando y pintoresco, los dos

viejccillos eternos jugadores de cartas,
los niños, muchos niños, tan dilectos de
Jacques y que tan bien los sabe mane­
jar. El asunto policíaco, que forma la
trama directa del film, se queda, sin em­
bargo, en trasfondo, dominado y absor­
bido por el gran hálito poético de la
película. Poesía simple, directa y pura;
poesía de cuento de niños. En un paisa­
je maravilloso del que Jacque extrae án­
gulos expresionistas al estilo de “El ga­
binete del Dr. Caligari”. Una cámara má­
gica, magistral. Un montaje magnífico.
Un tema realista hecho fantasía; la me­
jor fantasía.
Christian Jacque, director fecundísimo
y desigual, parece que se ha impuesto
como gran realizador durante los años
de ocupación. “Los desaparecidos de Saint
Agil” era una bella película. Esta es una
obra maestra. Esperemos “Sortilegio”,
“Bola de Sebo”, “Carmen”. — M. V. L.

CARTELERA

Adolphe Menjou, Ellen Drew
Brjen en "El fantasma ami
K.K.O., que se proyecta
Monumental.

Bette Davi* en "Vida robada” , pro­
ducción de la Warner Bros, que se
estrenará en breve.

Un Día con el Diablo. Cantinflas,
sin novedad. Lo demás, por desgracia,
también.
Inspiración. Decorados hechos con to­
do el oficio de Gori Muñoz. Argumento
de autores experimentados y eficaces: Al­
fredo de la Guardia y Manuel Agromayor. Música de Sehubcrt elegida inteli­
gentemente por el maestro Julián Bau­
tista, y que cubre eficazmente la duración
del film.
El gran amor de Bécqner. Fina, li­
gera. El encanto de Delia Gareés, la
caracterización de Esteban Serrador, la
actuación de Josefina Díaz, Pedro Codina, Andrés Mejuto y Susana Freyre;
el argumento de Rafael Alberti y María
Teresa León; la dirección de Alberto de
Zavalía. He ahí algunas de las razones
por las que “El gran amor de Béequer”
será uno de los buenos films de la tem­
porada.
La Ultima Chance. El paisaje en pri­
mer lugar, después, el paisaje, y' por úl­
timo el paisaje. El argumento, dema­
siado cuáquero, con exceso de fe en la

Escena de "En una noche de Navidad” ("L ’Assassinat du Pére Noel” ) que se
exhibe en el Opera, dirigida por Christian Jacque, y en la que intervienen
Fernand Ledoux , Renée Faure , Harry Baur y Raymond Rouleau .

�cabalgata®

aprendizaje en los fríos y desmantelados escenarios de provincia, en­
tre un aplauso pobre y un estruendo de terquedad y de silbidos. El
respetable sólo acepta el talento de los dioses, y ello hasta que la
blasfemia no le invade el humor.
Todos los tipos de la pequeña y media burguesía francesa, son en­
carnados más tarde por él, en teatro y en cine, con el aplomo, la bon­
dad, la sencilla riqueza de matices de quien aprendió a conocer a un
pueblo on todas sus escalas y a representarlo en todas las escenas.
Así vemos que se cumple en él la ley, cada día más admitida, de que
no hay buen actor en cine que no sea buen actor de teatro.
Sólo las tablas pueden dar más tarde en el set esa profundidad
interpretativa que no alcanzará nunca el “galán” por muchos metros
que haya filmado, por muchos primeros planos que le hayan concedido.
Gerente de empresa o diputado socialista, panadero o exportador
de paños, rentista enamorado o padre en discordia, Raimu podía en­
trañar los más diferentes caracteres con una personalidad que no
molestaba, sino que justamente acentuaba la personalidad propia de
personaje representado.
Siempre había en él algo que salvaba los momentos más mezquinos
posibles: su comprensión delicada de la poesía que ampara a las
cosas vulgares, las ridiculeces tiernas de la familia, lo que hay ( e
destino y por lo tanto de legítimo, en los actos más sórdidos del
amigo, la esposa o el pueblo.
A Harry Bauer podemos reprocharle cierta tendencia a la geniali­
dad ^desmedida, a convertir sus papeles en violentos ejercicios de ex­
presión, a salir de madre halagando la opinión que la gente corriente
tiene de lo teatral.
,
A Victor Francen, tan gran actor en ocasiones, podríamos rec darle una afectación que sólo cuando coincide con la afectación propia
del personaje, como en el caso de “Le Roy”, cobra brillante jus i ua
ción Pero a Raimu, más hondo unas veces, como en “La Mujer ae
Panadero”, más intrascendente otras, lo recordaremos siempre como el
actor seguro, que sin esfuerzo extemporáneo, se apodero del espint
y de la vida de sus criaturas y nos muestra su historia como si estu­
viera sucediendo ante nosotros con toda espontaneidad.
Y, por sobre todas las cosas, a la hora de recordarlo, nos queda de
él una verdadera imagen de Francia, esa difícil Franca del ahorro,
ra uno de los padres del cine francés, en el doble sentido, por sus
las bodas tristemente concertadas, los amores fallidos, los hombres
paternales papeles, y porque un film en el que interviniera era
agotados, sin esperanza y sin desesperación pero en cuya atmosfe .
para nosotros un film que se apellidaba Raimu. Tenía algo de di­ no todo es portería cómplice, propina malhabida, pues ju o .
rectora su figura cargada de experiencia, de buen sentido, de sabia
eso crece la vida mejor, con su apacible despertar, su apasiona
naturalidad.
afán, su sonriente fiesta.
. „„tnr
«Iules Augustc Muraire, nace el 18 de diciembre de 1883, destinado
Supo no ser el actor más fácil entre los grandes actores, e actor
por su padre a formar parte del ilustre gremio de los tapiceros, en
de una sola pieza, de una inconmovible pieza en la que se mete cual­
el que habría de hereda», el puesto paterno.
quier papel como en una camisa de fuerza, y aunque reviento por tm
En el Casino de Tolón, la ciudad de su nacimiento, tiene lugar el
a...
la indenendcncia del carácter representado, sigue adelante
primer intento que hace Raimu para merecer el oficio de su vocación.
Un pequeño papel le permite sortear -.el mandato de la familia y
desde esc momento emprende la gran batalla del teatro. Batalla
librada sobre un fondo de fracaso, pues la patria chica, la amada
villa de Tolón, lo había recibido sin la menor piedad.
Recorre Francia en compañías de la lengua, y practica el duro

E

tra: algo así como el antídoto de toda retórica, de todo engolami
de todo acartonado cuello duro verbal.
Nos descompone las frases más campanudas, los sentimentali
grandilocuentes, que se curarían con una gabardina entera &lt;
buen bistec, las angustias de moda, tan hijas terribles de las inoc
jaquecas de antaño. Nos desarticula todo mostrándonos la vaci
do las mil piezas estúpidas de nuestra expresividad vacua, cenjer
y nos frena el mecanismo torpe y engreído de la verborrea.
Porque su verdadero elemento, mucho más que la m mica, coi
tan ajustada y eficaz, es la palabra. Decididamente, no es un pa
El payaso no necesita hablar, no importa que diga o no su pape
que importa es la bofetada, el atuendo, el andar, los tropezones
talotas, llantinas.
Si a Cantinflas se le prohibiera hablar, reventaría; es un el
tán de todos los diablos, se muere por hablar, con mucha más ansí
de decir lo suyo que un jubilado o una comadre.
Además, como es un personaje colectivo, dice a la vez lo qu&lt;
rresponde al coronelito y al licenciado, a la viuda en trance d
grimas y al orador de turno en la cámara, trabucándolo todo •'
una radio que recorriese velozmente todas las estaciones.
Luego, cuando él lo destaca, cuando lo cuelga del palo más alt
la comicidad para que todos lo vean, llega el momento en que lo
tan los mismos personajes a quienes él desvalijó.
“Aquí entra otra vez lo psicológico, joven. Uno tiene una co-.
y un día la enseña y otro la imita. Pero si la cosa que usted mu'
es el pueblo, entonces razonamos que no hay imitación, sino id
ficación y reconocimiento. ¿De acuerdo?” De acuerdo, señor Y
Moreno, de acuerdo: ahí está el detalle de su éxito, en eso que-1
tan justamente llama identificación y reconocimiento con el pu
Y a cambio de ese acuerdo, tenemos ganas de decirle a usted :
con todo el respeto que su talento nos merece: su poca gabarco
nos va resultando demasiado insistente, y si se subiera los pa
Iones hasta donde Dios manda, no por eso dejaría usted de ser J
cológico’’.
Sabemos bien que la gente que va a verlo a su teatro Apolo, e: y
esa gabardina y ese despantalonamiento. Está muy bien para e
Apolo, entre la bataclanicie del escenario y el maniseo de las butacas

haber sido carpintero, beisbolista, boxeador, soldado, baila­
rín profesional. Antes de caer en todos esos modos de ganarse los
“tamales”, quería ser licenciado. Hizo un curso del bachillerato y
dice haber abandonado por falta de medios.
Le creemos cuando refiere que de pronto se dió cuenta de que que­
ría ser cualquier cosa siempre que lo aplaudieran: torero, general o
actor. Un escenario de carpa circence, en Tacámbaro, es su primer
paso en falso.
Por un azar que fué la clave de su vida, hubo de improvisar ante
un público impaciente. Y allí quedó inaugurada su carrera, entre las
primeras carcajadas y los primeros aplausos confirmadores. Parece
que ese mismo día, alguien “muy chicho” le bautizó Cantinflas.
Y desde entonces Mario Moreno no es mas que una cédula, una fe de
nacimiento, una firma que administra la mina cantinflera.
^ ^
Viste —en su vida privada— como un “gentleman”, da “cocktails
en su mansión dorada, asiste a las carreras y recibe, como un gran
señor, homenajes de los toreros.
Pero Cantinflas lo domina hasta cuando quiere aparentar, tener lo
que se llama en Cuba “plante” y en Buenos Aires “parada”, y no
permite que Mario Moreno reniegue de esa criatura que le salió padre.
J,
“Aclara” a un periodista, para que no haya dudas: “. . ■vo soy muy
psicológico y en todo me fijo”. Pero no le queda otro remedio que de­
clarar la verdad, y cierta vez la desembucha entera: “Mire usted, Can­
tinflas ha llegado a apoderarse de mí al extremo de que to&lt;jos los
días estoy en un tris de reaccionar como él.” i En un tris? At modo
de verlo.
, . „
“Fuera de lo que es propiamente humano no hay nada comico.
Estas penetrantes palabras de Borgson, nos iluminan la personalidad
extraña de Cantinflas, su humanidad. Donde quiera que se habla es­
pañol, esa humanidad se contagia al público, a través de una jerga,
de un palabrerío mexicano de acento y de construcción, pero de men­
talidad hispanoamericana evidente, intraducibie. Mentalidad de la
picaresca, en figura de atorrante, de roto, de pelado, de golfo.
Esa condición suya, hispanoamericana, cuya clave es el descoyunta­
miento del idioma, propio de una vida moral y material descoyuntada
de nacimiento, y no conscientemente, intelectuaímente, hace que sea
Cantinflas un personaje importantísimo en la vida idiomática nueso n fiesa

C

Pero ésa es hoy la parte más pequeña
de su público y en toda América piden
que no se limite a ellos, que no se limite
usted, que no se repita en cosas tan desacertabas.
Para la carpa o para ol Apolo, sirve
eso. Para el cine, que sale de esos mar­
cos, y aun del marco nacional mexicano,
más que un modo de hacer patente el
tipo de Cantinflas es un modo de ha­
cerlo antipático, excesivo, derrochador de
demasiada miseria, de demasiada sucie­
dad, de demasiado mal gusto.
En el Apolo es usted un entremés
—aunque mucho más importante que to­
dos los platos juntos y el detalle del pos­
tre incluido— ; allí sale usted un minuto
y deja paso a las coristas, antes de que
las carcajadas se remansen. En el cine
nos tiene usted dos horas viéndole, y lo
toleramos todo sólo porque tiene usted
gracia para escf y para mucho más.
Y no sólo le perdonamos, finalmente,
ese pantalón que le cae a usted mal, y
a nosotros también, en el sentido mexi­
cano de la palabra, y esa sugerencia de
gabardina que nos pudo divertir una vez,
sino que le perdonamos incluso las malí­
simas películas que usted salva. Y sólo
usted.

_____

y da un grito a tiempo, o espera a que una escena especialmente
liante salve el conjunto de la representación.
Aprendió no se sabe dónde —ése es el misterio de las buenas
c¡oncs_ que no hay destino sin multiplicidad, y que simultanean
pueden producirse en una misma, en una sola conciencia, las má
contradas reacciones. Que nada es ridículo a secas, que la bonda
es químicamente pura, en fin, que no hay fórmula para encerré
ella la línea dramática de un destino por muy simple que éste se
Su aportación al cinematógrafo, su aportación de gran acto. d.
teatro, fué precisamente la de poner en él una variedad de pl •
la correspondiente a cada papel, que muy pocos actores han p&lt; i
lograr.
Para hacer el papel del panadero en la famosa peí cula, era pr -c un actor que, como él, no sólo se limitara a estudiar su parte,
que se identificara hasta en el modo de respirar, con su destino

�</text>
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                <text>Herrera Petere, José&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Shaw, George Bernard&#13;
Serrano Plaja, Arturo&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano&#13;
Chesterton, G. K.&#13;
Berry, Ana M.&#13;
Brague, Francis&#13;
Dovoto, Daniel&#13;
Ingenieros, Cecilia&#13;
González Carbalho&#13;
Villegas López, Manuel</text>
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                    <text>buenos aires/argentína

1955

áji,*A
-.Vr- í ,1

'/i'1'i s'r. %

revista de

cultura visual

artes/arquitectura/diseño ¡ndustrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

Josef Albers
El tema del espacio en la pintura actual
Alfredo Hlito

Dos obras y una conferencia
Richard Neutra
Filosofía de la técnica
Max Bense

2 T‘v V ' . v ^ t

:

iÉjsuffi' ■

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s. r. I. cap $ 50.000 ce rrito 1371 / 1er. piso / t. e. 44-2 3 5 7 44-1 340

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W r ig h t . A tra v é s d e l a n á lis is de sus ob ras m ás re p re s e n ta ­
tiv a s , e l a u to r señ ala con p re c is ió n las c a ra c te rís tic a s
fu n d a m e n ta le s del g e n io c re a d o r de W r ig h t y la la rg a
e v o lu c ió n qu e ha s u frid o desde 1 9 0 0 h a sta nu e stro s días,
d e s ta c a n d o a l m is m o tie m p o el p a p e l fu n d a m e n ta l que
en to d o m o m e n to desem pe ñó en la h is to ria de la a r q u i­
te c tu ra c o n te m p o rá n e a .
C on el o b je to de e v ita r la re p ro d u c c ió n de o b ra s v a s ta ­
m e n te c o n o c id a s y q u e no p o d ría n d o c u m e n ta rs e s u fi­
c ie n te m e n te , este lib ro p resenta en su p a rte f in a l tre s
de las o b ra s m ás c a ra c te rís tic a s de W r ig h t , con re p ro ­
d u c c io n e s en su m a y o ría in é d ita s y con u n a n á lis is d e ta ­
lla d o a c a rg o de l P ro f. T e d e s c h i: la casa A v e ry C o o n le y,
la R obie y la fá b ric a J o h n s o n ............................m $ n . 3 5 .—

Editorial Nueva Visión
C e rrito

1371

/

Bs. A s.

Frente al paisaje que

2

/

T . E. 4 2 - 1 3 4 7

TODOS ADMIRAMOS

�LOPEZ

uenos aires

prelooker

36^

perú

una organización de técnica avanzada al servicio del libro

I M P R E N T A

!a estrecha colaboración
entre el autor,
el editor,
el artista gráfico
y el impresor
convierte el libro
en una obra de arte

3

�nv
nueva visión
revista de cultura visual. Artes, arqui­
tectura, diseño industrial, tipografía.

A p a re c e ca d a tre s meses
D ire c to r: T o m á s

M a ld o n a d o

C o m ité de re d a c c ió n : A rq . H o ra c io B a lie ro ,
A rq . F ra n cisco B u llric h , A rq . J. M . B o rth a g a ra y , E d g a r B a ile y , A lfr e d o H lito , Jo rg e
G o ld e m b e rg

A c a b a de a pa re cer

S e c re ta rio

de re d a c c ió n : J o rg e G ris e tti

A d m in is tr a c ió n y re d a c c ió n : C e rr ito 1 3 7 1 ,
B uenos A ire s , A r g e n tin a , T . E. 4 2 - 1 3 4 7

M ax Bill

La d ire c c ió n no se re s p o n s a b iliz a de los a r ­
tíc u lo s firm a d o s n i d e v u e lv e las c o la b o ra ­
cione s e sp o n tá n e a s.

T om ás M a ld o n a d o

La re v is ta " n v " , n u e va v is ió n , es p ro p ie d a d
de N u e v a V is ió n S .R .L., cap . m f n . 5 0 .0 0 0 .

La in te n s a y m ú ltip le a c tiv id a d re n o v a d o ra de M a x B ill en el
c a m p o de la a rq u ite c tu ra , de la p in tu ra , de la e s c u ltu ra , d e l d is e ­
ño in d u s tria l, de la tip o g r a fía y de la e n se ñ a n za de l a rte , así
c o m o sus m u ch o s tra b a jo s c rític o s y te ó ric o s , lo c o lo c a n en un a
s itu a c ió n p re e m in e n te d e n tro del proceso de la c u ltu r a c o n te m p o ­
rá n e a . A tra v é s de las d iv e rs a s a rte s v is u a le s que p r a c tic a , B ill
p ro c u ra c o n c re ta r u n a c o n c e p c ió n in te g ra l d e l esp a cio , a p e la n d o
p a ra e llo a los m e d io s fo rm a le s de e x p re s ió n a co rdes con las n e ce ­
sid a d e s y v a lo re s de n u e s tro tie m p o . " E n c a d a u n a de m is ob ras,
h a d ic h o B ill, tr a to de lle v a r a la p rá c tic a en u n a d ire c c ió n d if e ­
re n te u n m is m o c o n c e p to de a rm o n ía , a u n q u e o b e d e cie n d o s ie m ­
pre a u n a ley im p u e s ta p o r el c o n c e p to m is m o ".

Sumario:
Jo se f A lb e rs (p . 5 )
El te m a del esp a cio en la p in tu r a a c tu a l,
p o r A lfr e d o H lito (p . 10 )
Dos o b ra s y u n a c o n fe re n c ia , p o r R ic h a rd
N e u tra (p . 1 4 )
F ilo s o fía de la té c n ic a , p o r M a x íB e n s e
(p . 2 5 )
In f o r m a c ió n :
C asa en C o u n try C lu b . A r q .: o .a .m . (p . 2 8 )
P a b e lló n e m 'u n ja rd ín . A rq . A n to n io B one t
(p . 3 1 )
N o ta s y c o m e n ta rio s (p . 3 2 )
B ib lio g r a fía

Representantes en el exterior:
B ra s il: José M a rq u e s G odoy, A v . Ip ira n g a
N&lt;? 8 7 9 , Sao P a ulo
U ru g u a y : N u e v o D iseño , J u a n B e n ito B la n ­
co 1 1 2 2 - 2 6 , M o n te v id e o

C o n te n id o :

T o m á s M a ld o n a d o
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill
M a x B ill

" M a x B i ll "
" L a c o n c e p c ió n m a te m á tic a en el a r te de
n u e s tro tie m p o "
" U n m o n u m e n to "
" E l b a rrio co m o e le m e n to u rb a n o d if e ­
re n c ia d o "
"F o rm a , fu n c ió n , b e lle z a "
E dic ió n de lu jo , e n c u a d e rn a d a en te la ,
con 1 4 8 págs. im presas en p a p e l ilu s ­
tra c ió n , con 9 0 re p ro d u c c io n e s , 1 a c u a ­
tro colores, te x to s en c a s te lla n o , in g lé s,
a le m á n y fra n c é s ........... m $ n . 1 6 5 .—
E je m p la re s n u m e ra d o s, c o n te n ie n d o un a
lito g r a fía a dos co lo re s o r ig in a l de M a x
B ill, fir m a d a p o r el a u to r m $ n . 3 5 0 .— •

Editorial Nueva Visión
C e rrito 1 3 7 1 / Bs. A s. / T . E. 4 2 - 1 3 4 7

4

Se desea el c a n je co n las p u b lic a c io n e s
s im ila r e s : se h a rá n a n á lis is y re súm enes de
los lib ro s y re v is ta s e n v ia d o s a n u e s tra re ­
d a c c ió n .
E xch a n g e w ith s im ila r p u b lic a tio n s is
d e s ire d : th e b o o ks a n d jo u rn a ls s e n t to o u r
E d ito ria l S ta ff w ill be re vie w e d .
O n dé sire l'é c h a n g e avec les p u b lic a ­
tio n s co n g é n é re s : on fe ra des a n a lyse s e t
des résum és des liv re s e t des revues e n v o yés a n o tre ré d a c tio n .
Si d e sid e ra il c a m b io c o lle p u b lic a z io n e
c o n g e n e ri: s a ra n o f a t t i a n a lis i e ria s s u n ti
d e l lib r i e riv is te rim e ssi a lia n o s tra re d a z io n i.
W i r b itte n u m A u s ta u s c h m it a e h n lic h e n
F a c h z e its c h r ifte n : w ir b rin g e n B e s p re c h u n g e n d e r uns e in g e s a n d te n B uech er.

�Josef Albers

Entre la p in tu ra , com o m a te ria , y la p in tu ra a p lic a d a a un cu ad ro , p a ­
re cie ra h a b e r un pequeño paso. Esto, sin e m b argo , sólo es c ie rto v e rb a l
y a u d itiv a m e n te . S ig n ific a un c a m b io de c o lo ra n te a c o lo r.
T o m a d , p o r e je m p lo , el v e rid io puro. M ie n tra s se presenta com o v e rid io p u ro , c o n s titu y e m ero c o lo ra n te , p in tu ra . T a n p ro n to se cu e stio n a
su p u re z a al m e z c la rlo con o tro s colores c a m b ia n d o su tin te o su to n o ,
es d e cir, ta n p ro n to aparece, no del m odo en que tie n d e a p e rm a n e ce r,
sino p lá s tic a m e n te , se tra n s fo rm a de p in tu ra en color.
Este ca m b io es el re su lta d o de la re fe re n c ia . En un c u a d ro , cu a n d o un
co lo r, en un m u tu o d a r y to m a r con o tro s colores o recursos fo rm a tivos, hace más — o ta m b ié n m enos— , q u ie re h a c e rlo in d e p e n d ie n te m e n ­
te. C u a nd o la in te rd e p e n d e n c ia se resuelve en co n tra ste s y a fin id a d ,
am bos fa c to re s en ju e g o pueden ir m ás a llá de una así lla m a d a a rm o n ía .
C on secu en te m e n te, en p in tu ra , las pro pie da de s física s del c o lo r son de
m enos interés que el e fe c to psíquico. Lo que el c o lo r es, interesa menos
que lo que el c o lo r hace.
La p in tu ra es c o lo r a ctu a n d o . A c tu a r es c a m b ia r de c a rá c te r y c o m p o r-

Josef A lbe rs

De

la

serie de grabados a m á q u in a : 'T r a n s ­
fo rm a c ió n de un e squ e m a " (1 9 5 2 ).
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y ork.

De la serie de grabados a m á q u in a : " T ra n s fo r­
m aciones de un e squ e m a ". V in o lite . (1 95 2 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

5

�"S e c lu s io n ".

De la serie de lito g ra fía s "G ra p h ic
T e c to n ic ". (1 9 4 2 )
Cortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

" U - 3 " . De la serie de grabados a m á qu in a so­
bre plá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

ta m ie n to , h u m o r y “ te m p o ” . Un a c to r hace que nos olvid em os de su
n om bre y de sus rasgos. Nos engaña y a c tú a com o si fu e ra otro.
El c o lo r a c tu a n te y, p o r lo ta n to , a c tiv o , pie rd e id e n tid a d , aparece com o
o tro co lo r, más c la ro o más oscuro, más o m enos intenso, m ás b rilla n te
o más opaco, m ás c á lid o o m ás frío , m ás fin o y liv ia n o o m ás espeso y
pesado, más a lto y cercano o más p ro fu n d o y a le ja d o ; lo opaco se v u e l­
ve tra n s lú c id o , los colores que se ju n ta n aparecen superponiéndose, etc.
C uando el c o lo r a c tú a , nunca podem os d e c ir lo que el c o lo r es.

De la serie de grabados a m á q u in a : " T ra n s fo r­
m ación de un esqu e m a ". (1 9 5 2 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

6

�Josef A lb e rs

n a c ió :

C u rric u lu m V ita e

1888
1 9 1 3 -1 5
1 9 1 6 -1 9
191920
192023

enseñó:

1 9 2 3 -3 3
B a u h a u s, W e im a r , Dessau y B e rlín
1 9 3 3 -4 9
B la c k M o u n ta in C o lle g e , U .S .A .
19495 0 A r t A c a d e m y , C in c in n a ti, C h ic a g o ;
In s titu te , B ro o k ly n , N .Y .
1950-

" U - l " . De la serie de grab a d os a m á qu in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s ". (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

"H o m e n a je

al c u a d ra d o ": " M id w a rd " . Caseína
y óleo. (1 95 4 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk.

B o ttro p , W e s tfa lia

e s tu d ió :

K ó n ig l y K u n s ts c h u le , B e rlín
K u n s tg e w e rb e s c h u le , Essen
K u n s ta k a d e m ie , M ü n c h e n
B a u h a u s, W e im a r

P ra tt

Y a le U n iv e rs ity
C urso s p a ra g ra d u a d o s en U n iv e rs id a d e s de
E .E .U .U . (re p e tid o s en la H a rv a rd U n iv e r­
s i t y ) , M é x ic o , C u b a , S a n tia g o de C h ile , L i­
m a , P erú , H a w a i, H o c h s c h u le f ü r G e s ta ltu n g , U lm , A le m a n ia

v ia jó :

p o r d ive rso s países
A u s tr a lia y Ja p ó n

" U - 4 " . De la serie de g rabados a m á q u in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e s tru c ­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y ork.

" U - 2 " . De la serie de grabados a m á qu in a so­
bre p lá stico la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e stru c­
tu ra le s " . (1 9 5 5 )
C ortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk .

de

E u ro p a ,

A m é ric a ,

�" T la lo c " . X ilo g ra fía . (1 9 4 4 )
Cortesía de Sidney Janis G a lle ry, New Y o rk

N o ta s a d ic io n a le s a l C u rr ic u lu m V ita e

En 1 9 2 0 a b a n d o n é la cla se s u p e rio r de
p in tu r a del p ro fe s o r F ra n z v o n S tu c k en la
A c a d e m ia de M u n ic h e ingresé a l B a u h a u s
de W e im a r , de re c ie n te fu n d a c ió n . C o m e n ­
cé e n to n ce s — a la ed ad de 3 2 años— u n a
ve z m ás desde el p r in c ip io : e ra el m a y o r
de la clase en la que M a rc e l B re u e r era el
m ás jo v e n .
La ra z ó n d e c is iv a p a ra este c a m b io r a d i­
c a l fu é la le c tu ra del p rim e r m a n ifie s to del

B a u h a u s, con el p ro g ra m a de G ro p iu s en
un la d o y una x ilo g r a fía de F e in in g e r
— " C a t e d r a l" — en el o tro . C o n s id e ro que
m i regreso a e stu d io s básicos en esa t a r ­
d ía época ha sido u n a de las m e jo re s d e c i­
siones de m i v id a . D espués de p a s a r tres
años co m o e s tu d ia n te , G ro p iu s me c o n v e n ­
c ió de q u e e n señara a llí. Y co m o coleg a
de K lee y K a n d ín s k y , d e scu b rí que e llos
ta m b ié n h a b ía n sid o d is c íp u lo s de F ra n z
vo n S tu ck.
A l c o n tin u a r m í e n se ñ a n za d u ra n te d ie z
años, p e rm a n e c í e n el B a u h a u s m ás tie m p o

De la serie de grabados a m á qu in a sobre plá s­
tic o
la m in a d o : "C o n ste la cio ne s e s tru c tu ra le s ".
1 (1 9 5 5 )

* Cortesía de Sidney Janis Gallery, New York.

8

�"C o n s tru c c ió n en n e g ro ". Oleo. (1 9 3 8 -4 3 )
Cortesía de Sidney Janís G a lle ry, New Y o rk.

q u e c u a lq u ie r o tro de sus m ie m b ro s — 1 3
años— , es d e c ir, d u ra n te casi to d a su e x is ­
te n c ia (e x c e p to el p r im e r sem estre después
de su fu n d a c ió n en 1 9 1 9 ) h a sta su c la u ­
sura en 1 9 3 3 .
M u y poco tie m p o después m i m u je r y yo
fu im o s los p rim e ro s lla m a d o s p a ra e n se ñ a r
en los EE. U U . P or re c o m e n d a c ió n de l M u ­
seo de A r te M o d e rn o nos d irig im o s a l B la ck
M o u n ta in C o lle g e , q u e a c a b a b a de cre arse
en N o rth C a ro lin a , d o n d e p e rm a n e c im o s
h a sta 1 9 4 9 , a pesar de las o fe rta s de u n i­
ve rs id a d e s y co le g io s de m ás re n o m b re .

"A l

M o n te

D espués de h a b e r e n señad o en la A r t A c a d e m y de C in c in n a ti, en el P ra tt In s titu te , y
d ic ta d o un curso sobre c ritic is m o en Y a le
y o tr o de v e ra n o en la H a rv a rd G ra d ú a te
School o f D esign en 1 9 5 0 , a c e p té la o fe r ­
ta de la U n iv e rs id a d de Y a le p a ra to m a r
a m i c a rg o la d ire c c ió n d e l D e p a rta m e n to
de D iseño en la D iv is ió n o f th e A rts .
A l m ism o tie m p o q u e e n señab a in te n s a ­
m e n te pu de c o n tin u a r con m i p in tu ra y con
la tip o g ra fía . Desde 1 9 3 5 m is tra b a jo s h a n
sid o e x h ib id o s en v a rio s c ie n to s de e x p o s i­
cione s en A m é ric a y en el e x te rio r.

A lb a n " .

De la serie de lito g ra fía s
"G ra p h lc T e c to n lc ". (1 9 4 2 )
C ortesía de Sidney Janís G a lle ry, New Y o rk.

El o rig e n del a rte :
La d ife re n c ia e n tre el hecho fís ic o y el e fe c to p síquico
El c o n te n id o del a rte :
La fo rm a c ió n v isu a l de n ue stra reacción a la vida
La m ed id a del a rte :
La re la c ió n de e s fu e rzo a e fe c to
La fin a lid a d del a rte :
La reve la ción y la evocación de la v is ió n in te rio r

A lb e rs

9

�El tema del espacio en la
pintura actual
A lfre d o H lito

Laszlo M o h o ly -N a g y : ''C o n stru cció n A 2 0 "

T oda obra de a rte está situ a d a en el espacio pero, adem ás, c o n tie n e es­
p a cio de una c ie rta m anera.
U na e s c u ltu ra de D o n a te llo , lo m ism o que una e s c u ltu ra de R odin o de
Pevsner, se e n c u e n tra n sum ergidas en un espacio com ú n que las e n v u e l­
ve a todas p o r ig u a l. Lo p ro p io acontece con un fresco de Piero della
Francesco, un cu a d ro de Rubens y una p in tu ra de Picasso. Sin em bargo,
un a n á lis is más d e te n id o re ve la ría que cada una de esas obras está p re ­
sidid a p o r una c o n fig u ra c ió n espacial d is tin ta . Es que el espacio no sólo
rodea y envuelve a la obra de a rte , sino que in te rv ie n e en e lla , p r in c i­
p a lm e n te , com o rep re sen ta ció n o, ya que esta p a la b ra puede o rig in a r
un equívoco, com o esquem a visua l.
A q u í me ocuparé so la m e n te del espacio en la p in tu ra y, en especial, de
las a lte rn a tiv a s que ha e x p e rim e n ta d o la n oción de espacio en la p in ­
tu ra de los ú ltim o s años. C onviene co m e n z a r h acien do una a c la ra c ió n
im p o rta n te .
En e sc u ltu ra y ta m b ié n en a rq u ite c tu ra , el espacio asum e de hecho un
rol p ro ta g ó n ic o m a n ifie s to , m ie n tra s que en p in tu ra no o cu rre lo m ism o.
Podemos a p re c ia r las propiedades espaciales de una e s c u ltu ra o de un
e d ific io , sin que se req uie ra para e llo , una m o d ific a c ió n s u b s ta n c ia l de
las co nd icio ne s en las que se c u m p le h a b itu a lm e n te nue stra percepción
del espacio. La p in tu ra , en ca m b io , supone una m o d ific a c ió n p ro fu n d a
de esas condiciones. La razó n de ésto es que el espacio p ic tó ric o sólo
existe p o r m e d ia c ió n del p la n o , es d e cir, de a lg o que, por d e fin ic ió n , c a ­
rece de espacio.
Este hecho c o n fie re de in m e d ia to una s ig n ific a c ió n especial a la noción
de espacio en p in tu ra . Por lo p ro n to , hace pensar en alg o m ás a b s tra c to
e in v e rific a b le que el espacio e s c u ltó ric o o a rq u ite c tó n ic o .
¿Qué s ig n ific a d o tie n e , entonces, la p a la b ra espacio a p lic a d a a un
cuadro?
R efe rid a a una p in tu ra del pasado, esta p re g u n ta puede ser co nte sta da
d icie n d o que espacio, es la sensación de p ro fu n d id a d o de a tm ó s fe ra
que el p in to r ha q u e rid o c re a r sobre la te la . Esto no o fre c e d ific u lta d e s ,
salvo el hecho de que la clase de espacio que el p in to r se ha propuesto
o bte ne r, no reúne n in g u n a de las propiedades del espacio real. Sin e m ­
bargo, este pseudoespacio ha resu ltad o, d u ra n te v a rio s siglos, a b s o lu ta ­
m ente co n v in c e n te para el e s p íritu . La co nve nción ó p tic a que nos p e r­
m ite " v e r " espacio donde no e xiste, depende e x c lu s iv a m e n te de cie rta s
relaciones que el p in to r ha e sta b le cid o sobre la te la . Estas relaciones no
son el resu lta d o de la im ita c ió n espontánea de un m odelo e x te rio r. El
espacio p ic tó ric o del R e n a c im ie n to fu é , com o se sabe, una c o m p lic a d a
c o n stru c c ió n del e s p íritu en la que lo real e n tra b a sólo b a jo la fo rm a de
a p a rie n c ia . T a n c o m p le jo era el sistem a de a b straccio ne s que m a n e ja b a
entonces el p in to r, que q u iz á s era a esto a lo que se re fe ría Leonardo,
al d e c ir que la p in tu ra era de n a tu ra le z a m e n ta l.
Si a h o ra nos volvem os h acia una p in tu ra a b s tra c ta o c o n c re ta , ¿qué s ig ­
n ific a d o tie n e a q u í la p a la b ra espacio? N o hay fo rm a de c o n te s ta r a
esta p re g u n ta con la m ism a s im p lic id a d de la a n te rio r. Es h a b itu a l re­
c u rrir, en casos com o éstos, en que carecem os de nociones lo s u fic ie n te ­
m en te in tu itiv a s , a correspondencias to m a da s del p e n s a m ie n to c ie n tíf i­
co o filo s ó fic o . C onsidero que lo m e jo r será que pensemos lo menos
posible en té rm in o s de co rrespondencias y que, a fa lta de una c la rid a d
m ayor, tra te m o s de conservarnos d e n tro de los lím ite s de la p in tu ra . El
te m a del espacio se e n c u e n tra , en e fe cto , ta n im p re g n a d o de m a g ia v e r­
bal, que ya resu lta im p o sib le saber cuáles son sus e q u iv a le n te s reales
en la e x p e rie n c ia . Para algunos, la p in tu ra a c tu a l tie n d e , después del
cu bism o , a p ro m o ver un nuevo espacio p ic tó ric o se m e ja n te, en p e rm a ­
nencia y e fic a c ia , al espacio de la p in tu ra del R e n a cim ie n to . N o me e n ­
cu e n tro en cond icio ne s de a firm a r ta n to . M i p ro pó sito será m ás m odes­
to ; me re fe riré e x c lu s iv a m e n te al p ro b le m a del espacio en re la c ió n con
los presupuestos p la n is ta s de la p in tu ra que sig u ió al cubism o. A n te s
m encionam os el hecho de que el espacio p ic tó ric o del R e n a c im ie n to h a ­
bía resu ltad o co n v in c e n te d u ra n te va rios siglos. En el siglo X I X , era ya
una su pe rvive ncia. Lo que en sus co m ienzos h abía sido una a m b icio sa
a v e n tu ra del e s p íritu , la de re d u c ir to d a la v a rie d a d de los fenóm enos
p e rce p tib le s a un sistem a de relaciones bien ordenadas, te rm in ó en un
c o n ju n to de recetas y de tru co s, conservados y tra n s m itid o s por las a c a ­
dem ias del s ig lo pasado. Fueron los im p re sio n ista s quienes, al rebelarse
c o n tra la d ic ta d u ra del "tro m p e l'o e il" co m e n za ro n a p ra c tic a r una p in ­
tu ra más honesta, d ire c ta y sin truco s, con lo cu al c o n firie ro n un nuevo

10

�Pablo Picasso: "D esnudo'

Sassetta: "L a s exequias de San A n to n io "

v a lo r a la s u p e rfic ie de la te la . A u n cu an do ellos y los p o s t-im p re s io n is tas, c o n tin u a ro n tra b a ja n d o d e n tro del m arco p ic tó ric o tra d ic io n a l, y sus
p in tu ra s conservan espacio y a tm ó s fe ra , el "tro m p e l'o e il" quedó, des-'
de entonces, d e fin itiv a m e n te id e n tific a d o con la p in tu ra p a sa tista in c u l­
cada por las academ ias. A raíz de esto, se e lim in ó del cu a d ro una de
las fo rm a s más im p ura s y g ra n d ilo c u e n te s del espacio p ic tó ric o .
El fa u vis m o , al a c e n tu a r más aún el s e n tim ie n to de lib e rta d del a rtis ta
fre n te a la te la , se despreocupó en a b s o lu to de los problem as v in c u la d o s
con el vo lu m e n y la p erspe ctiva, que eran las expresiones más típ ic a s y
constantes del espacio p ic tó ric o tra d ic io n a l. Con los cubistas, el p ro b le ­
ma del espacio asum e una im p o rta n c ia m ayor, porque está re fe rid o a
un in te n to de índole más co nscien te ; el in te n to de re e m p la z a r el esque­
ma ó p tic o en el que se basó toda la p in tu ra a n te rio r, por una ó p tic a
nueva, p ro pó sito éste, que ta m b ié n p ers ig u ie ro n los fu tu ris ta s .
El espacio p ic tó ric o , despojado de casi todos sus a trib u to s , tie n d e h acia
una e sq u e m a tiz a c ió n cada vez m ayo r, pero resu lta reconocible en la su­
gestión de a tm ó s fe ra que conservan to d a v ía los cuadros cu bista s y las
p rim e ra s p in tu ra s a b s tra cta s co nte m p o rá ne as del cubism o.
La situ a c ió n creada a la p in tu ra por la e x p e rie n c ia del cubism o, c o n d u ­
jo a a lgunos a rtis ta s a re sca tar el p la n o de to do esquem a ó p tic o p re ­
concebido. C oncluye ro n que el in te n to de c o n c ilia r un fe nó m e n o de n a ­
tu ra le z a espacial con las c'os dim ensiones de la te la c o n s t it u í una
negación de las propiedades reales del plano. Este asum e con el neop la s tic is m o , el v a lo r de una re a lid a d su b sta n cia l y co ncreta .
El presupuesto p la n is ta de esta nueva p in tu ra im p lic a b a , entonces, una j
solu ción n e g a tiv a al p ro ble m a del espacio. Si los im p resion istas se h a - i
bían c o n te n ta d o con a b o lir el "tro m p e l'o e il" , los n eo plasticista s se p ro ­
pusieron la a b o lic ió n de todos a qu ellos recursos p ic tó ric o s a los cuales
se asociaba el espacio, en v irtu d de una tra d ic ió n ó p tic a s e c u la r: el c la ­
roscuro, la p ro fu n d id a d , etc. Su ideal fu é el de una p in tu ra p la n a y sin
.atm ósfera. Todos los elem entos p ic tó ric o s debían ceñirse a este ide al;
debían ser elem entos que p a rtic ip a ra n de la n a tu ra le z a del p la n o : b a n ­
das re ctilín e a s, p a rtic ió n o rto g o n a l de la s u p e rfic ie y planos de co lo r
p e rfe c ta m e n te dete rm ina do s.
El re q u is ito p la n is ta llevado a sus ú ltim a s consecuencias co n d u jo , e ntre
nosotros, a p ra c tic a r una d e s in te g ra ció n del p lano. C onsiderábam os, en
1946, que el n e o -p la s tic is m o no c o n s titu ía una solu ción e fe c tiv a al p ro ­
b lem a del espacio. M ie n tra s el c u ad ro co nsistiera en un p la n o sobre el
cual se inscribiesen form as, el espacio p a rtic ip a ría co nsta ntem en te en
él para c re a r una s itu a c ió n a m b ig u a e ilu so ria . Con la fin a lid a d de des­
a lo ja r este ú ltim o residuo espacial, se pensó en c o rp o riz a r los e le m e n ­
tos p ictó ric o s y a b a n d o n a r la te la com o soporte. A lg u n a s de nuestras
p in tu ra s de entonces consistían en c o n ju n to s com puestos por planos de
color, separados e n tre sí, de ta l m odo que el espacio p a rtic ip a b a re a l­
m ente en la com posición de la obra. Pero com o esos planos se e nco n ­
tra b a n a un m ism o nivel y el c o n ju n to e xig ía ser v isto com o un cuadro,
se o rig in ó una nueva d ific u lta d . Las paredes a las cuales se fija b a n esas
p in tu ra s , a sum ían , de in m e d ia to , la fu n c ió n ó p tica que c u m p lía antes la
te la , con lo que el fondo reaparecía nuevam ente. Esos o bjetos p a r tic i­
paban ta n to de la p in tu ra com o de la e scu ltu ra , pero sin lle g a r a poseer
una coherencia p ropia.
Si m en cio n o esta e xp e rie n cia , que alg un os de nosotros abandonam os por
co n sid e ra rla in s a tis fa c to ria , es porque s irv ió al m enos para p ro b a r que
el re q u is ito p la n is ta no podía ser llevado más a llá de cierto s lím ite s sin
c o lo c a r a la p in tu ra en una s itu a c ió n sin salida.
Sin em bargo, el m a n te n im ie n to de este re q u is ito iba a p ro p o rc io n a r el
orden de ¡deas que p e rm itiría in tro d u c ir nue vam en te la noción de espa­
cio en la p in tu ra , pero esta vez con un signo positivo.
Los n e o -p la s tic is ta s e v ita ro n e ncontrarse con el espacio porque en sus
cuadros h abían m o d ific a d o el sistem a de com posición p ic tó ric a tr a d ic io ­
nal. Lo que lla m o com posición tra d ic io n a l es sólo una s im p lific a c ió n
v e rb a l; sé m uy bien que la com posición del c u ad ro ha sido basta nte v a ­
riada en el pasado pero, en lo esencial, el c u ad ro fué concebido siem pre
com o un o rg an ism o y la com posición se p ra c tic a b a desde los bordes de
la te la hacia adentro. El n eo -p la sticism o , por el c o n tra rio , se propuso
c o n ce b ir el cu a d ro más com o un fra g m e n to que com o un organism o.
Con esta fin a lid a d h iz o que el tem a — reducido a un e nreja do line al y
planos de co lo r— a ba rca ra p o r igu al toda la s u p e rfic ie de la te la . Los
n eo -p la sticista s e lim in a ro n el ce n tro de com posición que, hasta el c u b is ­
mo, había c o in c id id o casi siem pre con el eje del cuadro y desplazaron

11

�P icro d e lla

Francesco: " L a

fla g e la c ió n "

la co m p osición h a cia los bordes. Se p ro p u sie ro n , adem ás, e lim in a r to da
d is tin c ió n e n tre el te m a y las zonas vacías, por m ed io de una e q u iv a le n ­
cia co n sta n te . El cu a d ro no p re sen ta ba , de este m odo, zonas destacadas,
a expensas ce zonas n e u tra s ; lo que se veía en él, era el fra g m e n to de
un te m a su scep tible de p ro lo n g a rse in d e fin id a m e n te .
Si hacem os excep ció n de los tem as y de las d ife re n c ia s de in te n c ió n e x ­
p resiva, podem os e n c o n tra r a n te ced e nte s de esta co m p o sició n en la p in ­
tu ra del pasado. En las ta b la s y en los frescos del 3 0 0 y del 4 0 0 , h a lla ­
rem os fá c ilm e n te re m in is c e n c ia s n e o -p lá s tic a s : la m ism a p a rtic ió n o r ­
to g o n a l del p la no , zonas de c o lo r bie n d e fin id a s y, en g e n e ra l, la fa lta
de ese e le m e n to c irc u n d a n te y u n ific a d o r que lla m a m o s a tm ó s fe ra .
M ie n tra s todas las líneas fu e rz a s de un c u a d ro , flu y e n h a cia los bordes
y se expresan en él, el c a rá c te r p la n o de la p in tu ra parece p re va le ce r
sobre c u a lq u ie r o tro . Esto, a p ro x im a d a m e n te , va le ta n to p a ra un c u a ­
dro de M o n d ria n , com o p ara un fresco de M a s s o lin o o de Piero d e lla
Francesa. W o lf f lin h abía v is to con sa ga cid ad , que el e fe c to de p ro fu n ­
d id a d en la p in tu ra no ha sido consecuencia d ire c ta de la in tro d u c c ió n
de la p e rsp e ctiva , sino del c a m b io que se p ro d u jo cu a n d o el te m a se
desp re nd ió de los bordes, y co m e nzó a d e sa rro lla rse a p a r tir de un p u n ­
to s itu a d o en el in te rio r de la te la . Esto, según W o lf f lin , es lo que c a ­
ra c te riz a ría luego a la c o m p o sició n barroca.
Sin in fe r ir de esto una co rre sp o n d e n cia e s tric ta co m p ro b a m o s que a lg o
se m e ja n te o c u rrió con otros m o v im ie n to s m odernos que p a rtie ro n de una
ren ova ción del p la n o , s e m e ja n te a la de los n e o -p la s tic is ta s . Lo que d is ­
tin g u e , en e fe c to , al s u p re m a tis m o y al c o n s tru c tiv is m o p ic tó ric o , es que
reso lvie ro n de m a n e ra d is tin ta la re la c ió n e n tre el te m a y la s u p e rfic ie
del cu ad ro . A l c o n tra rio de los n e o -p la s tic is ta s , no co m p u s ie ro n sus c u a ­
dros p o r m ed io de p a rtic io n e s , sino que co nse rva ro n la c o n tin u id a d del
p la no . C onservaron ta m b ié n el te m a pero sin re fe re n c ia s a p a re n te s con
los lím ite s del cu ad ro . De este m odo sus com p osicion es p arece n flo ta r
en un m e d io flú id o y sensible a las v a ria c io n e s del c o lo r y a la posición
re la tiv a de los elem entos. Sus com posiciones, adem ás, no están p re s id i­
das p o r el c rite rio e s tá tic o de e q u ilib rio , basado en la co m p en sació n de
las d is tin ta s zonas del cu ad ro . Esas p in tu ra s se c a ra c te riz a n p o r un c ie r ­
to e q u ilib r io in e sta b le del te m a con re la c ió n al vacío. Este fu é c o n s id e ­
rado p o r ellos, com o tra n s m is o r de m o v im ie n to y ene rg ía , de a tra c c ió n
y de rep ulsión . La ¡dea de que los e le m e n tos p ic tó ric o s se c o m p o rta n en
el p la n o com o si o b e d e cie ra n a un o c u lto m a g n e tis m o , fig u ra ya en los
títu lo s de las com p osicion es de M a le v itc h de 1914. Sin e x p e rim e n ta r las
consecuencias p a ra liz a n te s de un p la n is m o o rto d o x o , o tros p in to re s e x ­
p lo ra ro n m ás lib re m e n te las p o s ib ilid a d e s del p la n o renovado.
A lg u n o s , com o A lb e rs y M o h o ly , u tiliz a ro n nuestros h á b ito s de " le c t u ­
r a " e s p a c ia l, p ara p ro d u c ir en el p la n o s itu a c io n e s de sign o a m b iv a le n ­
te ; el p rim e ro , p o r m ed io de un em p le o o rig in a l de la p e rs p e c tiv a y el
segundo, por superposiciones y tra n s p a re n c ia s . El p ro p io M a le v itc h c o m ­
puso a lg u n o s de sus cuadros, con fo rm a s de ta m a ñ o re la tiv o d is tin to ,
con lo que logró c re a r situ a c io n e s , en las que lo m ás g ra n d e y p ró x im o
a lte rn a s im u ltá n e a m e n te , con lo m ás peq ue ño y a le ja d o .

P iet M o n d ria n : "C o m p o s ic ió n A . 1 9 3 2 "

12

C asim iro M a le v itc h : "C o n s tru c c ió n s u p re m a tis ta "
(1 9 1 3 )

�Pablo R ubens: " L a

erección de la c ru z "

C asim iro M a le v itc h : "C o n stru cció n s u p re m a tis ta "
(1 9 1 7 )

La p in tu ra , después de p ra c tic a r un rodeo, parece busca r n ue vam en te
una re c o n c ilia c ió n con todos los recursos p ic tó ric o s , pero d iso cián do los
de la s ig n ific a c ió n trid im e n s io n a l que te n ía n antes. Los fe nó m e n os es­
p aciale s que p re se n ta n estas p in tu ra s , p ate ntes para la in tu ic ió n , son,
sin e m b argo , d ifíc ilm e n te e x p lic a b le s . N o sabem os si esto obedece a que
estos fenó m e n os son to d a v ía nuevos p ara la e x p e rie n c ia , o a que la n o ­
ción de espacio resu lta ya in s u fic ie n te y c o n ve n d ría re e m p la z a rla por
una n oción m enos in tu itiv a .
A n te una p in tu ra de M a le v itc h que co nsiste en un solo tra z o e sfu m a d o
sobre el fo n d o b la nco , o a n te una p in tu ra de V a n to n g e rlo o , re d ucid a a
una a g ru p a c ió n de p un tos d im in u to s , la p ro p o rc ió n casi in fin ite s im a l de
estos e lem entos, es s u fic ie n te para c re a r en nosotros una s itu a c ió n es­
p a cia l ta n inten sa, que nos o p rim e la ¡dea de no poder e xp re sa rla más
que por a p ro x im a c io n e s in tu itiv a s . Estos fenó m e n os poseen, sin duda,
una base p s ic o ló g ica real no bie n a c la ra d a to d a vía . A c tú a n a llí, s e g u ra ­
m ente, asociaciones im p líc ita s de n ue stra e x p e rie n c ia de lo in c o n m e n ­
su ra ble , e x p e rie n c ia que hem os pod id o o b te n e r de la c o n te m p la c ió n de
un cie lo e s tre lla d o o de c ie rta s fo to g ra fía s del m u n d o de lo in v is ib le . N o
sabem os si la noción de espacio será fin a lm e n te conservada en la in te r ­
p re ta c ió n de estos hechos, a u n q u e es e v id e n te que, por a h o ra , se e n ­
c u e n tra re d u cid a al n ive l de lo p sico lóg ico .
Pero si no conocem os con e x a c titu d la clase de espacio que se m a n ifie s ­
ta en esas p in tu ra s , sabemos, al m enos, que el p la n o ha a d q u irid o con
ellas una d im e n s ió n d is tin ta .
La e s tim a c ió n del v a lo r del p la n o en la p in tu ra ha pasado, com o hem os
visto , p o r una serie de a lte rn a tiv a s . M e ro soporte en la p in tu ra a c a d é ­
m ica del s ig lo pasado, rescatado por los im p re sio n ista s, asum e, después
del cu bism o , el v a lo r de una re a lid a d s u b s ta n c ia l y c o n c re ta , para c o n ­
ve rtirs e , de nuevo, en a g e n te c o n d u c to r de fenó m e n os sin m a te ria lid a d
a p a re n te .
¿Cuál es la n a tu ra le z a de este a ge nte ta n v e rs á til? ¿Cómo es posible que
el p la n o , p e rm a n e c ie n d o id é n tic o a sí m ism o, haya sido, no o b sta n te , el
v e h ícu lo m ás fle x ib le , m e jo r a d a p ta d o , m ás d ú c til para plegarse a to do
lo que se ha q u e rid o e xpresa r por su in te rm e d io ?
N i el p la n o soporte, ni el p la n o o b je to , c o n s titu y e n respuestas a d e c u a ­
das a esta p re g u n ta . Lo p rim e ro supone a d ju d ic a r to d o el v a lo r a la im a ­
gen; esto es lo que sustenta el rea lism o n a tu ra lis ta . Lo segundo supone
a d ju d ic a r todo el v a lo r al p la n o , lo que es ta m b ié n un rea lism o, pero
a la inversa.
Er equívoco del rea lism o consiste en cree r que se p a rte de un m od elo e x ­
te rio r, y no de las m o d ific a c io n e s a que se som ete al p la n o para a lc a n ­
z a r ese m odelo. Este equívoco se su sten ta en la cre e n cia de que los m e ­
dios expresivos se d is tin g u e n de las fin a lid a d e s expresivas. Esto e x p lic a
ta m b ié n el c a rá c te r p a s a tis ta del rea lism o p ic tó ric o a c tu a l.
Eí equívoco del p la n is m o consiste en c re e r que se p a rte del p la n o , y no
de las m o d ific a c io n e s a que se lo som ete para e xpresa r lo que el a rtis ­
ta se propone.
En am bos casos, el p la n o está a hí y es necesario c o m e n z a r por m o d ifi­
ca rlo . N u n c a la te la ha sa lid o in ta c ta de las m anos de un p in to r, ni aún
cu a n d o éste se propuso co nse rva r lo que conside rab a esencial en e lla :
las dos dim ensiones.
; La p in tu ra es la a de cu a ció n recíproca del p la n o y de la im a g e n / J\|¡ la
f im a g e n es im p ue sta al p la n o , ni el p la n o d e te rm in a a la im a ge n más
que com o fa c to r c o n c u rre n te de las c a lid a d e s p ic tó ric a s de esta ú ltim a .
La im agen es el c o n ju n to de las m o d ific a c io n e s del p la n o y lo que lia - '
m am os espacio es el resu ltad o, .en la in tu ic ió n , de esas m o d ific a c io n e s .
Las propiedades del p la n o son las p ropiedades de la im agen que se m a ­
n ifie s ta n en él.
La ú n ica p ro p ie d a d observable del p la n o , que posee a lg u n a g e n e ra lid a d ,
es la de ser m o d ific a b le . P ropiedad ésta, que depende más de las c o n ­
venciones del e s p íritu y de la c u ltu ra , que de su n a tu ra le z a m a te ria l.

&lt;AAY

13

�Dos obras y una conferencia
R ich a rd N e u tra

La d e lica d a filig ra n a de la a rm a zó n de acero,
re cortad a co n tra el lum inoso cielo de C a lifo rn ia ,
se a bre generosam ente para e n m a rca r la vista
de la m o n u m e n ta l "R o ca del A g u ila " (C lub de
re crea m ien to en Eagle R o ck).

14

T re in ta años de m i vida he em p le a do en la lucha p o r la a c e p ta c ió n de
los m edios co nte m p o rá ne os en la a rq u ite c tu ra . Si c o n te m p la m o s las c iu ­
dades de Essen, A le m a n ia ; San Pablo, B ra sil; C aracas, V e n e z u e la ; C ha nd ig a rh , In d ia ; el p ro b le m a parece a m p lia m e n te resuelto.
T a l vez sea u rg en te ahora un período s im ila r de esfuerzos para o b te n e r
una idea general y m uy d e ta lla d a de cuáles pueden ser los p rin c ip a le s y
verdaderos progresos fu tu ro s . Es necesario te n e r en c u e n ta las p ro p ie -

dades fis io ló g ic a s del h om bre, que d e te rm in a n sus reacciones y que d e ­
berán p o r lo ta n to d e te rm in a r el diseño del m edio h a b ita b le , del que la
vid a sa lu d a b le y la su pe rvive ncia de la especie dependen. La s u p e rv iv e n ­
cia del h om bre no se basa sola m e n te en la a de cu a ció n al m edio, com o
o curre con el resto del m undo o rg á n ico . Depende m uch o m ás de la a d e ­
cu a ció n de un m un do de a rte fa c to s diseñados a nuestras p o s ib ilid a d e s
y necesidades b io lóg ica s, estab lecida s a lo la rg o de m ile n io s. La c o m ­
pre nsió n de lo que puede y lo que no puede ser a lte ra d o en el h om bre,

�R ichard

N e u tra

&lt;

1 Ver " n v " n9 7, sec. b ib lio g ra fía .

la m u je r y el n iñ o es, en c u a lq u ie r p a rte del g lo bo , el p re rre q u is ito de
un diseño seguro y s a lu da ble .
Es bueno observar las escalas de respuestas in d iv id u a le s . E vid en te m e nte,
ta m b ié n es bueno observar las d e te rm in a n te s g e o g rá fic a s y c lim á tic a s
que m o lde a n los estilos específicos de v id a de los hom bres. Pero hay un
com ún d e n o m in a d o r de c a rá c te r más g en eral p ara la fis io lo g ía de la especie en n ue stro sistem a nervioso. Este deberá ser a te n d id o m in u c io s a ­
m en te p o r los diseñadores y rediseñadores perpetuos del h a b ita t h u m a ­
no y del m un do en que v iv im o s , en esta era de c ie n c ia a p lic a d a y, en
g e n e ra l, de te c n o lo g ía in d u s tria l m u n d ia lm e n te d e sa rro lla d a .
"P ro g re s o té c n ic o " es una d e n o m in a c ió n engañosa, com o lo es " e l a d ­
v e n im ie n to del a u to m ó v il", porque tenem os no uno, sino m illo n e s de
a u to m ó vile s, y no uno, sino a c c id e n ta le s m illo n e s de "p ro g re s o s ", que
se a b o lla n los g u a rd a b a rro s y se nos aparecen en p erpe tu a c o lis ió n , m o ­
lestándonos eno rm em e nte .
Los a rq u ite c to s , diseñadores y p la n ific a d o re s m odernos te n d rá n que t r a ­
b a ja r de m odo a lg o d is tin to al de los a rq u ite c to s , diseñadores y p la n if i­
cadores del pasado. Estos sentían c u rio s id a d por lo que era la c ie n c ia de
sus días y estaban m uy interesados en e lla . Sin em bargo, ni aun el g ra n
A ris tó te le s te n ía nuestra p o s ib ilid a d de leer la m u ltitu d de tra b a jo s p e ­
n e tra n te s de in v e s tig a c ió n que aparecen en las p u b lic a c io n e s c ie n tífic a s
de todas partes del m un do , y que e lu c id a n , cada año más, aspectos de
la n a tu ra le z a d in á m ic a del hom bre. Todos nuestros procesos orgánicos
pueden p e rm a n e c e r en un e q u ilib rio m ila g ro s a m e n te a rm on ioso o ser e n ­
te ra m e n te p e rtu rb a d o s p o r un h a b ita t diseñado ina de cua d am en te .
El log ro más c o n s tru c tiv o del progreso h u m a n o no es el que se re fle ja
en los avisos a to d a p á g in a de nuevos m a te ria le s y equipos, ni en la
c h a rla persuasiva para ve n d e r los m iles de a rte fa c to s o b te n ib le s en m e n ­
sualidades. Reside en el c u m p lim ie n to s is te m á tic o y c o n s ta n te m e n te m e ­
jo ra d o del v ie jo consejo filo s ó fic o de conocer al h om bre p ara poder ser­
v irlo . Esto deberá saberlo a c ie n c ia c ie rta el lú c id o d ise ñ a d o r del m añ an a.
El área del c o n o c im ie n to de la n a tu ra le z a h u m a n a re c ie n te m e n te e x p lo ­
rado es vasto, p o r c ie rto , y de una u o tra m an e ra , todos los dem ás co n o ­
c im ie n to s de n ue stro tie m p o se le re la c io n a n y abreva n en él para ser
s ig n ific a tiv o s .
"S u p e rv iv e n c ia m e d ia n te el d is e ñ o " 1, esos c u a re n ta y siete ensayos es­
crito s a lo la rg o de m uchos años, y que la O x fo rd U n iv e rs ity Press p u b li­
có ta n fie lm e n te , tra ta de los p ro ble m a s a qu í m encionados. Esos ensayos
han sido tom ados y c ita d o s m uy a m en ud o en la co le cción in fo rm a l de
a rtíc u lo s que m ech an el nuevo lib ro de ilu s tra c io n e s cuya p re p a ra c ió n
está re a liz a n d o A le x a n d e r Koch en S tu ttg a rt. M r. Koch cree que las v i ­
viendas son las que m e jo r pueden ilu s tr a r el s e rvicio de la a rq u ite c tu ra
a la ca p a cid a d h um a n a de re a c c io n a r a n te el m ed io , m olde a da y c o n ­
d ic io n a d a a lo la rg o de un c ic lo v ita l que va desde la in fa n c ia hasta una
edad a va n za d a de m a d u re z c o n te m p la tiv a . Este c ic lo v ita l es más c o ­
m ún a h o ra que en n in g ú n m o m e n to del pasado a n tro p o ló g ic o . M r. Koch,
en re p re sen ta ció n de una a n tig u a fir m a europea interesa da en a rq u i­
te c tu ra , pensó so m e ter su lib ro al p ú b lic o del c o n tin e n te europeo com o
una c o n trib u c ió n a m e ric a n a que p u d ie ra te n e r a lg ú n v a lo r a los ojos de
la gente c o n d ic io n a d a por v ie ja s y siem pre v iv ie n te s tra d ic io n e s .
C om o lo he señalado in extenso en o tra p a rte , in d u d a b le m e n te existe a l­
go o rg á n ic a m e n te fu n c io n a l en el d e v e n ir de la tra d ic ió n . Reside en los
té rm in o s c o rrie n te s de la fis io lo g ía nerviosa y es m u y su scep tible de ser
d e fin id o . El h á b ito y la h a b itu a c ió n pueden ser observados en c u id a d o ­
sos e xp e rim e n to s de la b o ra to rio , en vez de v a g a m e n te d iscu tido s, a la ­
bados o d e n ig rad os desde un p u n to de v ista m o ra l.
La a rq u ite c tu ra m oderna de hace una g e n e ra ció n tu v o sus fu e rte s te n ­
dencias m eca nicista s, heredadas de un s ig lo de a p lo m a d o " m a te r ia lis ­
m o ". Las ce rte zas del fa m o so " K r a f t und S t o ff " (F u e rza y M a te ria ) de
B uckner, p u b lic a d o hace m ás de cien años, no son ya nuestras certezas,
en la era p o s t-e in s te n ia n a de re la tiv id a d y u n ific a c ió n . El seductor des­
file de la " H is to r ia del M a te r ia lis m o " de Lange, después de tres g e n e ­
raciones, ya no nos a tra e , porque hem os superado el siglo X IX .
M ie n tra s que siem pre hub o ley y orden en la tra d ic ió n e s p iritu a l soste­
nid a de m odo c o le ctivo , para nosotros una ley o rg á n ic a deberá ser co ns­
ta n te m e n te p e n e tra d a para lo g ra r el orden sobre la a rb itra rie d a d , en el
diseño de un m ed io que se to rn a cada vez más peligroso. El esplendor de
im a g in a c ió n p lá s tic a desplegado en la azote a de la " U n ité d 'h a b ita t io n " de M a rs e lla o las e s tru c tu ra s del te cho del a la Este de la C orte
Suprem a de C h a n d ig a rh (Le C o rb u s ie r), puede ser c o n tra s ta d o con el

15

�e splendor d ife re n te de la re p e tic ió n g e o m é tric a , a d m ira b le c o n tu n d e n c ia
y co h e re n cia de los esqueletos cúbicos de M ie s van der Rohe. Para el
estudioso de la a rq u ite c tu ra m oderna resu lta d ifíc il o rie n ta rs e e n tre es­
tos co ntrastes co ntem poráneos. Las a rb itra rie d a d e s de c o m p lic a c ió n e
irre g u la rid a d , p o r una p a rte , y de re g u la rid a d y s im p lific a c ió n , por la
o tra , pueden ser e xp lo ra d a s y v e rific a d a s en té rm in o s c o rrie n te s , a d ife ­
rencia de lo que puede ser observado com o e xp e rie n c ia s c o n tro la d a s e x ­
p e rim e n ta lm e n te e in te rp re ta d a s a través de m in ucio sas inve stiga cion es
e le m e n tale s de d in á m ic a ce re bral.
Es d ifíc il p re se n ta r en fo rm a sim p le un c o n ju n to , por pequeño que sea,
de la p o lifa c é tic a m u ltitu d de h a lla z g o s fis io ló g ic o s que rep re sen ta n la
m a yo r c o n q u is ta de nuestros días. En los ensayos fu tu ro s , tra ta ré de su­
p erar, en este aspecto, los p ub lica d o s p o r O x fo rd , y d irig iré la a te n c ió n
de m odo e sq u e m á tico a c ie rta s fa ce ta s y pun tos de c o n ta c to de la vid a
d ia ria , ta l com o acon tece n en la casa más sim p le en lo re fe re n te a los
hechos duraderos de la fis io lo g ía a n tro p o ló g ic a .
Pero considerem os p o r un m o m e n to cóm o e x p e rim e n ta m o s la casa más
sim ple. Nos acercam os a e lla después de h a b e r e stacio na do el coche en
el cordón de la vereda. Recorrem os el sendero de e n tra d a re cib ie n d o un
rico c o n ju n to de im presiones sensoriales, procedentes de las e x h a la c io ­
nes a ro m á tic a s de la v id a m ic ro b ió tic a de la tie rra , del césped, y del
p e rfu m e de los a rbustos del ja rd ín del fre n te , alg un os de los cuales p u e ­
den e sta r flo re c id o s m ie n tra s otros p ie rd e n sus h ojas y las a ba nd on an
a la descom posición. D u ra n te todo este tie m p o , una leve brisa de una u
o tra d ire c c ió n es una m a n ife s ta c ió n p e rc e p tib le del m ic ro c lim a . La e va ­
p o ra ció n de la hum ed ad de las partes expuestas de nue stra p ie l, por
e je m p lo , de la ca ra y las m anos, nos in fo rm a ta n to sobre la escena en
que nos e nco ntra m o s, com o los p e rfu m e s antes m encionados, o los in fo r ­
mes nerviosos de la m u s c u la tu ra de nuestros pies y piernas, m ie n tra s
ca m in a m o s y ascendem os unos pocos escalones hasta la e n tra d a . Sin e m ­
bargo, lo más a g u d a m e n te co nscien te es n uestra im p resión v isu a l de la
casa que "ve m o s no m e ra m e n te para v e r" , sino "p a r a a c tu a r en re la ­
ción a la v is ió n ". M ie n tra s nos acercam os, leva ntam os la cabeza para
c o m p ro b a r la n u m e ra c ió n de la casa y p o sib le m e n te echam os un v is ta z o
al techo, a su s ilu e ta reco rtad a c o n tra el c ie lo y su c o n fig u ra c ió n . M ie n ­
tra s in c lin a m o s la cabeza h a cia a rrib a , las operaciones de e q u ilib rio y
co rtic a le s de nue stro oído in te rio r fu n c io n a n in m e d ia ta m e n te y c o m b i­
nan el re g is tro c o m p le jo de la p osición de nue stro cu erpo con la visión
pura y sus perspectivas siem pre c a m b ia n te s . G iram os los ojos por m edio
del c o m p le jo in s tru m e n ta l m u s c u la r de nuestras ó rb ita s , in s tru m e n ta l
v in c u la d o in trín s e c a m e n te y por conexiones nerviosas con el g ira r e in ­
c lin a r la cabeza.
Todas estas observaciones d e s c rip tiv a s se re fie re n a im presiones de los
sentidos; m uchas o tra s se c o m b in a n c o n tin u a m e n te "fu n d ié n d o s e estere o g n ó s tic a m e n te ", com o d ice n los fisió lo g o s. En n in g ú n m o m e n to u sa ­
mos un solo se ntid o, sino que m illo n e s de rece ptá cu lo s sensoriales están
s im u ltá n e a m e n te en a cció n, conectados con el área nerviosa c e n tra l, en
el cerebro su p e rio r y m edio e spe cia lm e nte, donde, por la d in á m ic a n e r­
viosa de e x c ita c ió n e in h ib ic ió n , por la d ifu s ió n de irra d ia c ió n y del fe ­
nóm eno a n ta g ó n ic o de in d u c c ió n , un m eca nism o tre m e n d a m e n te c o m ­
p le jo y una ve lo císim a a c tiv id a d son puestos en a cció n a travé s de todos
los m encionados e stím ulos sensoriales del e x te rio r.
T ocam os y g ira m o s el p ic a p o rte de la p u e rta de e n tra d a y re cib im o s la
e xp e rie n c ia tá c til del m e ta l p u lid o a travé s de los dedos y la p a lm a de
las m anos, m ie n tra s las sensaciones m uscu la res de las e x tre m id a d e s in ­
fe rio re s nos in fo rm a n m in u c io s a m e n te sobre la resistencia del fe lp u d o
sobre el que estam os parados.
A travé s de la p u e rta a b ie rta p e rc ib im o s la e n tra d a y la sala de estar.
¿Cómo está hecha? Echamos un v is ta z o , p o r e je m p lo , a la c h im e n e a , de
m anera de te n e r su im agen en la fovea de la re tin a , donde los re ce p to ­
res de la v isió n están más densam ente concentrados. T enem os una vaga
"v is ió n p e r ifé r ic a " , vemos una m u ltitu d de cosas cada vez m enos c la ra ­
m en te "c o n el ra b illo del o jo " y a precia m o s un g ra n á n g u lo a la d e re ­
cha e iz q u ie rd a , por a rrib a y deb ajo del p u n to fo c a l de n ue stro cu a d ro
visu a l. La n a tu ra le z a nos ha d ota do de la visión p e rifé ric a , com o a la
m ayo ría de los a n im a le s , para que podam os d e te c ta r una a la rm a en el
cam po v is u a l y g ir a r rá p id a m e n te los ojos a c u a lq u ie r p u n to del m ism o
donde a con tezca a lg o sospechoso por su m o v im ie n to , c o lo r o b rillo . De
no e x is tir la v isió n p e rifé ric a , el a rq u ite c to no te n d ría o p o rtu n id a d de dar

�Notas de la conferencia pronunciada por r í chard Neutra en el IX Congreso Panamericano,
Caracas, Venezuela, 1955 .

im presiones espaciales a su masa co n su m id o ra de seres hum anos. U sa­
mos la v isió n p e rifé ric a g ira n d o los ojos, en pequeños m o v im ie n to s d is ­
c o n tin u o s , cada vez que m ira m o s un in te rio r o e x te rio r a m p lio s. En re a ­
lid a d el d ise ña do r puede a le rta r el o jo m e d ia n te “ pun tos de in te ré s "
conspicuos, cu id a d o s a m e n te ubicados, h acien do s a lta r la v ista hasta p e r­
c ib ir pun tos o rasgos a cen tua d os del diseño y, de este m odo, h ace r g ira r
la cabeza y a ún el cuerpo.
La "v is ió n para a c tu a r en c o n s e c u e n c ia " h ará que la persona a c tiv e sus
in clin a c io n e s loco m o trices. C a m in a rá a un lado u o tro sobre la a lfo m ­
bra y su base e lá s tic a , y espiará con c u rio s id a d la te rra z a de la sala de
e star o el c o lo rid o del p a tio . Puede ser "a tr a íd o por el d is e ñ o " para que
oiga re ve rb e ra r su voz en los cielo rraso s y arcadas de la h a b ita c ió n en
que hace p re g u n ta s y recibe respuestas del dueño de casa; en síntesis,
re c ib irá su ca p a c id a d de estím ulos sensoriales y "a s o c ia c io n e s " de ¡deas
y percepciones. La perspe ctiva m u ltis e n s o ria l, e spe cia lm e nte, va más
a llá y se e n riq u ece ín tim a m e n te por e n cim a de to d a p e rspe ctiva v is u a l.
Si el v is ita n te no es m ic ro s o m á tic o , o sea d is m in u id o en su ca p a c id a d o l­
fa to ria , insensible a p erfum e s y olores, sabrá en seguida dónde está u b i­
cada la cocina d e n tro de la p la n ta de la casa, y si se to m a rá sopa de
re p o llo a la hora de la cena.
U n m illó n de recuerdos y efectos m en tale s, p re con dicion a do s por la e x ­
p e rie n c ia de una vida desde la in fa n c ia — m ie n to : desde la vida e m b rio ­
n a ria p re n a ta l en el seno m a te rn o — , están p e rp e tu a m e n te reactivados.
A p a re n te m e n te , las "a s o c ia c io n e s re m o ta s " están v in c u la d a s en in te r m i­
nables cadenas m ie n tra s fu n c io n a n nuestros sentidos. Es com o cu an do
d ig e rim o s y a s im ila m o s a lim e n to s — pero a q u í fra g m e n to s del paisaje
e x te rio r, m e d ia n te a m p lia m area de im presiones, p e n e tra n al paisaje
que vive b a jo n ue stra p ie l, y a llí son absorbidos en una especie de d ig es­
tió n m e n ta l o nerviosa.
El dise ña do r, el p la n e a d o r, el a rq u ite c to , está p eligrosa y responsable­
m en te al se rvicio de su c lie n te . A u n después que se re tira , cobrado su
h o n o ra rio , y cu a n d o a p a re n te m e n te cae en el o lv id o , este p eligroso p e r­
sonaje a com paña en re a lid a d a su v íc tim a v e in tic u a tro horas al día, 365
días al año, d u ra n te m uchos años, d igam os 2 0 ó 30 hasta que la h ip o ­
teca está paga. N ad a hay de in o fe n s iv o en su locación de servicios. La
m ayo ría de sus actos, a un a qu ellos que escapan a su c o n c ie n c ia , s ig n i­
fic a n a m e na za o prom esa, daño o b e n e fic io , co m p lic a c io n e s fu tu ra s o
c o n fo rta b le d e s e n v o lv im ie n to de m u ltitu d de procesos de la v id a y — si
,
,
,
,
,
, ,
, , , .
r
, .
recorrem os el c u a d ro ce n ue stro a trib u la d o m u n d o fa b ric a d o por el h o m ­
bre— , la su p e rvive n cia de n uestra raza.

Club House de recrecimiento en Eagle Rock
Bel A ir , C a lifo rn ia
R ich a rd N e u tra , F .A .I.A ., a rq u ite c to
D ione N e u tra , A .I.A . (A m e ric a n In s titu te o f A r c h ite c ts ) , c o la b o ra d o ra
V is ta Sudeste. A la izqu ie rd a y al fo n d o, el a n ­
fite a tro .

17

�Todas las fo to g ra fía s que ilu s tra n este a rtíc u lo
pertenecen a Ju liu s Shulman,- Los A ngeles, C a­
lifo rn ia

V is ta del in te rio r del g im n a sio m ostra nd o la
pared c o m ple ta m e nte le va n ta d a , a b ie rta al n o r­
oeste, donde se le v a n ta rá un p arque de h erm o­
sos árboles.

18

�cio in te rio r de juegos, de la pista de baile
y del área del porche servida por la cocina.
D iseño
El diseñ o se a s ie n ta en u n tra ta m ie n to sin
a d o r n o s , m e tic u lo s a m e n te p ro p o rc io n a d o ,
q u e ha c a ra c te riz a d o sie m p re a l a r q u ite c ­
to . N o h u b o n in g ú n re q u e rim ie n to p re v io n i
se tra tó de c o n fo rm a r n in g ú n e s tilo h is ­
tó ric o .
E s tru c tu ra
La e s tru c tu ra p resenta nu m erosos p u n to s
de in te ré s. C o m b in a el uso de a lb a ñ ile ria s
p o rta n te s de la d r illo con u n a lig e ra e s tru c ­
tu r a de v ig a s , c o lu m n a s y p la ta fo rm a s l i ­
v ia n a s de ace ro. En esta e s tru c tu ra , el peso
de la g a le ría c u b ie rta está s o p o rta d o po r

■■

V is ta s le ja n a s , a lre d e d o re s p la n e a d o s y un
p ro b le m a de s ig n ific a c ió n p a ra la c o m u n i­
d a d se h a lla n c la ra m e n te exp resad os en el
e m p la z a m ie n to . J u n to con el p r in c ip io de
e x te n s ió n de las fu n c io n e s h a c ia el e x te ­
rio r, c o n trib u y e ro n a d e te rm in a r el c o n c e p ­
to a rq u ite c tó n ic o . A n u a lm e n te , m illo n e s de
personas c o n te m p la rá n la s ilu e ta de la es­
tr u c tu ra .
El e d ific io está u b ic a d o en el p u n to m ás
a lto de u n p a rq u e p ú b lic o , c ru z a d o p o r el
a rc o v e lo z de u n a s u p e rc a rre te ra en te r m i­
n a c ió n . Los a lre d e d o re s serán a rb o la d o s po r
el d e p a rta m e n to de p a rq u e s de la c iu d a d y
a m p lia m e n te a p ro ve ch a d o s en el a n fite a tr o
a l a ire lib re qu e se le v a n ta rá fre n te a l es­
c e n a rio del c lu b . En la p a rte p o s te rio r, se
a b re n las a m p lia s p u e rta s c o rre d iz a s del
e d ific io , p e rm itie n d o la e x te n s ió n del esp a­

La fa c h a d a n o rte m ira al a n fite a tro , de declive
suave. El espejo de agua está ubicado e n tre la
escena y el público.

La

e stru ctu ra

La pared de la d rillo s es gris. Superficies blancas
de yeso, cana le ta s p in ta d a s de m a rró n oscuro y
el a lu m in io de las viga s c o n fo rm a n el esquema
de colores.

no es o rn a m e n to , sino una p o r­
ta d a al espacio.

19

�Todas las fo to g ra fía s que ilu s tra n este a rtíc u lo
pertenecen a Ju liu s S hulm an, Los A ngeles, C a­
lifo rn ia

V is ta del in te rio r del gim n a sio m ostrando la
pared c o m ple ta m e nte le va n ta d a , a b ie rta al n o r­
oeste, donde se le va n ta rá un parque de h erm o ­
sos árboles.

18

�V is ta s le ja n a s , a lre d e d o re s p la n e a d o s y un
p ro b le m a de s ig n ific a c ió n p a ra la c o m u n i­
d a d se h a lla n c la ra m e n te exp resad os en el
e m p la z a m ie n to . J u n to con el p r in c ip io de
e x te n s ió n de las fu n c io n e s h a c ia el e x te ­
rio r, c o n trib u y e ro n a d e te rm in a r el c o n c e p ­
to a rq u ite c tó n ic o . A n u a lm e n te , m illo n e s de
personas c o n te m p la rá n la s ilu e ta de la es­
tr u c tu ra .
El e d ific io está u b ic a d o en el p u n to m ás
a lto de un p a rq u e p ú b lic o , c ru z a d o p o r el
a rc o v e lo z de una s u p e rc a rre te ra en te r m i­
n a c ió n . Los a lre d e d o re s serán a rb o la d o s po r
el d e p a rta m e n to de p a rq u e s de la c iu d a d y
a m p lia m e n te a p ro ve ch a d o s en el a n fite a tr o
a l a ire lib re qu e se le v a n ta rá fre n te a l es­
c e n a rio d e l c lu b . En la p a rte p o s te rio r, se
a b re n las a m p lia s p u e rta s c o rre d iz a s del
e d ific io , p e rm itie n d o la e x te n s ió n del e sp a ­

La fa c h a d a n o rte m ira al a n fite a tro , de declive
suave. El espejo de agua está ubicado e n tre la
escena y el público.

La e stru ctu ra

cio in te rio r de juegos, de la pista de baile
y del área del porche servida por la cocina.
D iseño
El diseñ o se a s ie n ta en un tr a ta m ie n to sin
a d o r n o s , m e tic u lo s a m e n te p ro p o rc io n a d o ,
que ha c a ra c te riz a d o sie m p re a l a r q u ite c ­
to . N o h u b o n in g ú n re q u e rim ie n to p re v io n i
se tr a tó de c o n fo rm a r n in g ú n e s tilo h is ­
tó ric o .
E s tru c tu ra
La e s tru c tu ra pre se n ta nu m erosos p u n to s
de in te ré s. C o m b in a el uso de a lb a ñ ile ría s
p o rta n te s de la d r illo con u n a lig e ra e s tru c ­
tu r a de v ig a s , c o lu m n a s y p la ta fo rm a s l i ­
v ia n a s de ace ro. En esta e s tru c tu ra , el peso
de la g a le ría c u b ie rta está s o p o rta d o p o r

La pared de la d rillo s es gris. Superficies blancas
de yeso, cana le ta s p in ta d a s de m a rró n oscuro y
el a lu m in io de las vigas c o n fo rm a n el esquema
de colores.

no es orna m e n to , sino una p o r­
ta d a al espacio.

19

�Lado este del e d ific io del C lub. La v is ta pasa a
tra v é s del e d ific io .

La o fic in a del gerente, antes de ser ocupada. P i­
so de baldosas a s fá ltic a s ro jiza s, cielo rraso acús­
tic o bla n co , vo la d izos de m e ta l p in ta d o s de m a ­
rrón oscuro.

fin o s ten sore s de a c e ro que c u e lg a n de los
e x tre m o s de las v ig a s en v o la d iz o del t e ­
cho, e lim in a n d o así to d a c o lu m n a m o le s ta .
La c a rg a en los e x tre m o s de estas v ig a s de
g ra n lu z a y u d a a re d u c ir los m ó d u lo s de
sección n e cesario s p a ra s a lv a r la g ra n a n ­
c h u ra de la sa la c o m u n a l. Este siste m a
p re s e n ta g ra n d e s v e n ta ja s c u a n d o se desea
la e lim in a c ió n de c o lu m n a s que in te rfie re n
la lib re c irc u la c ió n , en e x te rio re s c u b ie r­
to s de escuelas, h o s p ita le s u o tro s e d ific io s
s im ila re s .

In s ta la c io n e s
El siste m a de c a le fa c c ió n y v e n tila c ió n
e m p le a d o en el e d ific io es m u y in te re s a n te
y p ro d u jo e co n o m ía s c o n s id e ra b le s en el
costo in ic ia l, fa c to r de e s p e c ia l im p o r ta n ­
c ia . El a ire c a lie n te se g e n e ra en u n a sala
de m á q u in a s s itu a d a sobre los c a m a rin e s
y es in tr o d u c id o a p re s ió n a tra v é s de re ­
jilla s q u e c o rre n sobre el te c h o d e l e sce n a ­
rio . P ara a s e g u ra r u n a a d e c u a d a d is t r i­
b u c ió n , se in s ta ló u n s is te m a e x tr a c to r en
el e x tre m o o p u e s to de la sa la c o m u n a l, que
a s p ira el a ire c a lie n te h a c ia a trá s y lo e x ­
pe le a l e x te rio r. Esto a s e g u ra u n a c ir c u ­
la c ió n 1 0 0 % de a ire fre sco te m p la d o con
to d o s sus s a lu d a b le s b e n e fic io s .

20

U n a c a ra c te r is tic a in te re s a n te a g re g a d a a l
s is te m a fu é la u tiliz a c ió n del siste m a de
e x tra c c ió n p a ra h a c e r c ir c u la r el a ire d e ­
b a jo de l piso de h a rd w o o d e s p e c ia lm e n te
d is e ñ a d o de la sala de ju e g o . C u a n d o estos
pisos e s tá n in s ta la d o s sobre u n a losa de
h o rm ig ó n , p re s e n ta n a m e n u d o el in c o n v e ­
n ie n te de la a c u m u la c ió n de h u m e d a d d e ­
b a jo de la m a d e ra . U n a z a n ja c o n tin u a a
lo la rg o de l p iso del e s c e n a rio p e rm ite que
el a ire e n tre y sa lg a p o r el e x tre m o o p u e s­
to , p a ra m a y o r s e g u rid a d del piso, lib re de
o b s tru c c io n e s , de l g im n a s io . La re n o v a c ió n
del a ire y el c o n tro l de la te m p e r a tu r a de
un e d ific io re v is te n u n a s ig n ific a c ió n d i­
re c ta p a ra los o c u p a n te s , pe ro ta m b ié n p a ­
ra la v id a y m a n te n im ie n to d e l e d ific io y
su co n s e rv a c ió n n a tu ra l.
In te rio re s
El p r in c ip a l esp a cio in te rn o del p ro y e c to es
la sala c o m u n a l, qu e es ta m b ié n la m ás
in te re s a n te p o r su tra ta m ie n to in te rio r. Las
p u e rta s g u illo tin a que o c u p a n am bos lados
de l h a ll p e rm ite n u n a e x p a n s ió n p r á c tic a ­
m e n te ilim ita d a . Estas p u e rta s c o n s titu y e n
la m a y o r p a rte de las pa rede s in te rio re s y
e stá n re v e s tid a s de a b e to D o u g la s, co n lu s ­
tre n a tu ra l y la v e ta c o lo c a d a v e r tic a lm e n ­
te . Este m a te ria l, a p lic a d o en pa n e le s con

ju n ta s v e rtic a le s m a c h ie m b ra d a s , fu é e le ­
g id o p a ra re d u c ir a l m ín im o las ju n ta s e n ­
tre las p a rte s fija s y m o v ib le s de la pa re d .
C u a n d o las p u e rta s e stá n b a ja s , fo rm a n ,
en e q u ilib r io co n las pa rede s, u n a fa ja
c o n tin u a que a d e m á s de te n e r u n a a p a ­
rie n c ia s u m a m e n te a tra y e n te , es a lta m e n ­
te re s is te n te a los im p a c to s , sa c u d id a s y
ra y a d u ra s . Esto se tra d u c e en u n b a jo co s­
to de m a n te n im ie n to , re q u is ito fu n d a m e n ­
ta l de la p ro p ie d a d p ú b lic a .
El c ie lo rra s o de m a te ria l a c ú s tic o se in te ­
g ra co n las v ig a s de ace ro, re v e s tid a s en
a lu m in io , del te c h o . L a p a rte a lta de la
p a re d está p in ta d a en un to n o c h o c o la te
q u e re a lz a los de m ás m a te ria le s de m a n e ­
ra n o ta b le .
F u n c ió n m ú ltip le . F le x ib ilid a d e n el uso
M a sa s de c iu d a d a n o s y, en este caso, m u ­
c h a ch o s y m u c h a c h a s q u e serán los c iu d a ­
d a n o s del fu tu r o , g r a v ita n en u n c e n tro
c o m u n a l co m o el de E agle R ock. S e rv ir c o ­
m id a s a d e n tro y a fu e ra (a u m e n ta n d o así
el n ú m e ro de pe rsona s a te n d id a s ) , b a ila r,
p e r m itir u n a o p o rtu n id a d de d is tra c c ió n y
descanso, c re a r la p o s ib ilid a d de m ir a r y de
e n c o n tra rs e , son fu n c io n e s q u e c o n c u rre n
a l p ro g ra m a del e d ific io , s im ila r a los p ro ­
g ra m a s de c o n s tru c c io n e s s im ila re s .

�La d is tr ib u c ió n sobresale p o r ia n o ta b ie
fle x ib ilid a d c o n s e g u id a . Por e je m p lo , el es­
c e n a rio del sa ló n p r in c ip a l posee u n a p la ­
ta fo rm a la te ra l qu e, a d e m á s de usarse a
veces com o c o m p le m e n to del m is m o esce­
n a rio , p u ede ser u tiliz a d a co m o p la ta fo r m a
de re p re s e n ta c io n e s p a ra el " c lu b - r o o m "
a d ya c e n te . Posee a n ch o s escalones e m ­
b u tid o s que p u eden e xte n d e rs e h a c ia el
" c lu b - r o o m " , q u e a p ro v e c h a así la p la t a ­
fo rm a p a ra c o n s titu ir u n sa ló n en dos n i­
veles.
C om o ya se h a d ic h o , se puede d u p lic a r o
t r ip lic a r la c a p a c id a d de esp ectad ore s u b i­
c á n d o lo s en el h a ll y en los e x te rio re s a d ­
ya ce n te s. A d e m á s , los dos la rg o s costados
del salón poseen a m p lia s p u e rta s q u e , a l
le v a n ta rs e , p e rm ite n la a d m is ió n de u n p ú ­
b lic o m u c h o m a y o r. En este caso, to d o s los
esp ectad ore s g o z a n de u n a p e rfe c ta v is ib i­
lid a d del e s c e n a rio , que p u ede ser usado
p a ra c u a lq u ie r p ro g ra m a , desde re c ita le s
de d a n z a h a s ta c o n c ie rto s s in fó n ic o s o de
so lista s, y a u n p a ra re p re s e n ta c io n e s de
te a tro m o d e rn o con el fo n d o ilu m in a d o del
p a is a je a l a ire lib re .
V is ta la te ra l, con la "R o ca del A g u ila " , el g i­
gantesco peñasco, clara m e n te v isib le en el fondo.

Residencia de
Mr. y Mrs. Sidney Brown
Los A n ge les, C a lifo rn ia
R icha rd N e u tra , F .A .I.A .,
D ione N e u tra , A .I.A . co la bo rad ora

V ista h acia el Sud. A la derecha, el a la de d o r­
m ito rio s que da sobre el garage. Escalera de
e ntra da . Una pared de "lo u v e rs " da p riv a c id a d
a los d orm ito rios. B alcón a b ie rto al panoram a,
fre n te a los lugares de estar, situados a lo iz ­
quierda.

Los esposos B row n fo rm a n u n a p a re ja h o s­
p ita la r ia , re tira d a de los ne gocios, q u e a n ­
tes c o n ta b a con un a fa m ilia n u m ero sa y
a h o ra v iv e sola. M r. B row n p in ta y M rs .
B row n es u n a a u to ra te a tr a l y e s c rito ra ,
a ta re a d a en su e s c rito rio y ta m b ié n en su
te la r. El lu g a r fu é u n o de los m ás c o m p li­
cados que le to c a ro n m a n e ja r a l a rq u ite c ­
to : u n a b a rra n c a a p ic o ; los lím ite s de la
p ro p ie d a d , su m a m e n te irre g u la re s y le g a l­
m e n te c o n fu so s; la lle g a d a , un e m p in a d o
c a m in o p riv a d o , ta n d ifíc il de re solver c o ­
m o la u b ic a c ió n del e s ta c io n a m ie n to , de
las d e p e n d e n cia s p a ra los huéspedes, el es­
p a c io p a ra m a n io b ra s y la p ile ta de n a ta ­
c ió n . Las na pas de a g u a del sub suelo o r i­
g in a ro n g ra n d e s d ific u lta d e s . T o dos los

21

�El p ab e lló n de la p ile ta es la p rim e ra im presión
visua l que se recibe al e nca ra r la ascensión del
em pin a do cam ino de e n tra d a . C olum nas de ace­
ro in o x id a b le sostienen el g eo m é trico cuerpo de
yeso.

22

�Las d ivisiones p orta n te s del fre n te v id ria d o de
la sala de estar están revestidas de acero in o ­
x id a b le . H a y una g ran sensación de espacio y
tra n q u ilid a d en la e xtensión de esta h a b ita c ió n .

p ro b le m a s in g e n ie rile s y de e m p la z a m ie n ­
to en el te rre n o se re so lvie ro n a to ta l sa ­
tis fa c c ió n d e l p ro p ie ta rio , lu e g o que el a r ­
q u ite c to e la b o ra ra d e ta lla d a m e n te tre s p ro ­
ye cto s c o m p le ta m e n te d is tin to s .
Los lu g a re s de e s ta r y las h a b ita c io n e s de
huéspedes se e x tie n d e n h a c ia el p o n ie n te y
e stá n c o n e cta d o s a un a n c h o b a lc ó n a b ie r­
to q u e se tra n s fo r m a en te r ra z a de césped
en su e x tre m o oeste. El c o m e d o r se ab re
a u n p a tio , a l noroeste, y se c o n e c ta h a c ia
el oeste con el lu g a r de d e sa yu n o , o ffic e ,
co c in a y b a ñ o ; e sca le ras in te rio re s y e x te ­
rio re s v in c u la n los n iv e le s in fe rio re s , piso
b a jo y g a ra g e s co n la p la ta fo r m a su p e rio r.
Las h a b ita c io n e s p riv a d a s fo rm a n el a la
este y, sobre la p é rg o la m a rin e ra c u b ie rta
p o r u n a p a rra , m ira n a l v a lle qu e se e x ­
tie n d e h a c ia e l sud.
En el sud, la p ile ta y e l p a b e lló n c o rre s ­
p o n d ie n te , q u e g o z a n de u n a v is ta p a n o rá ­
m ic a del m a r, ju n to con los espejos de
a g u a , u b ic a d o s en dos n iv e le s d e n tro d e l
p a tio n o roeste, e n riq u e c e n el p a is a je t r a ­
b a ja d o de la c o lin a .

R incón de fu e g o de la sala de estar. El te ch o
se abre al c ielo en to rn o a l vo lu m e n de la d rillo s
de la chim enea. La lu z que pasa a tra v é s , el
á ng u lo v id ria d o y el cielorraso fo rm a n un in te ­
resante juego de planos y fo rm a s.

23

�R incón de un d o rm ito rio , con el a v e n ta n a m ie n to cuidadosam ente som breado para ade cu a r la
vista a la exposición.

En p rim e r pla n o , la mesa del com edor. A la
derecha, el p a tio , y a la izq u ie rd a , a tra vé s del
liv in g , vista de Los Angeles.

24

La cocina, estudiada por el a rq u ite c to a tra vé s
de una g en eración, puede ser fu e n te de un te ­
soro de estím ulos sensoriales y salud d ie té tic a .
En sus a sp e c to s ru tin a rio s , se ha co nve rtid o en
una cu estión de precisión, lim p ie z a y seguridad.

�Filosofía de la técnica
B alance de una d is c ip lin a
M a x Bense

M e parece im p o rta n te h a c e r n o ta r que en el fo n d o de las discusiones de
a ce n to m ás o m enos e m o tiv o y p a rtid is ta que, sobre to d o desde 1 94 5,
pueden h a lla rse en nuestras revistas y p e rió d ico s re fe rid a s a la té c n ic a ,
se observa cada vez más c la ra m e n te un tra b a jo de tip o se ria m e n te f i l o ­
sófico. Están a la v is ta los ele m e n tos de una nueva d is c ip lin a filo s ó fic a :
la filo s o fía de la té c n ic a .
La filo s o fía , en su a cepción la ta , fija nuestras relaciones con la s itu a ­
ción v ita l y e s p iritu a l. En se n tid o e s tric to es una c ie n c ia a p lic a d a que
a c la ra , e d ific a y ju s tific a los fu n d a m e n to s , m étodos y e nlace de las c ie n ­
cias. P a rtie n d o de estas p rem isas es preciso e n te n d e r la a p a ric ió n de una
filo s o fía s is te m á tic a de la té c n ic a (en el se n tid o de la filo s o fía n a tu ra l
clásica y m od erna y en consonancia con e lla ) . Su ta re a m ás g en eral es
la e xpo sició n y c rític a de n ue stra s itu a c ió n v ita l y e s p iritu a l en un m u n ­
do que puede d en om ina rse re a lid a d té c n ic a o esfera té c n ic a . Su in v e s ti­
g a ció n m ás especial se o rie n ta a cuestiones de te o ría de la c ie n c ia que
se p la n te a n d e n tro de las e specialidades té cn ica s, y a sim ism o a la d e ­
te rm in a c ió n c a te g o ria l y e x is te n c ia l de la té c n ic a en re la c ió n con la
n a tu ra le z a (y con el a r te ) . D icho con o tra s p a la b ra s : la in v e s tig a c ió n
m ás especial se o rie n ta a cuestiones que se p la n te a n cu an do la té c n ic a
en c o n ju n to o en d is tin to s rasgos c a ra c te rís tic o s se c o n v ie rte en te m a de
d is tin ta s d is c ip lin a s filo s ó fic a s : gnoseología, o n to lo g ía , é tic a , estética .
2.
N a tu ra lm e n te , la té c n ic a aparece re la tiv a m e n te ta rd e en la p ro b le m á ­
tic a y c o m e n ta rio filo s ó fic o s . En m i o p in ió n , donde p o r vez p rim e ra se
puede n o ta r el te m a de la filo s o fía de la té c n ic a en un s e n tid o m oderno
es en la E n ciclo p ed ia de D id e ro t. En los te xto s de esa obra — sobre to do
en el a rtíc u lo "E n c ic lo p e d ia " , e scrito por el p ro p io D id e ro t— es donde
p o r vez p rim e ra h ay una v e rd ad era co n c ie n c ia del "m u n d o de la m á ­
q u in a " y de la " in d u s tr ia " , co n c ie n c ia que a com pa ña la e xpo sició n y
re fle x ió n filo s ó fic a s . O sea que, en esa o bra, la re a lid a d té c n ic a , en f o r ­
ma de in d u s tria del m e ta l, m á q u in a s te x tile s , in d u s tria del v id rio , d iques
secos, fá b ric a s de papel, obras de fo rtific a c ió n y a rte san a do , pasa a ser
p o s itiv a m e n te un " d a t o " del e s p íritu filo s ó fic o .
Desde luego, h a y te s tim o n io s más a n te rio re s a ún del e nfo q u e filo s ó fic o
de los fenóm enos té cnico s, sobre to d o de la m á q u in a . En ellos p re d o m i­
nan las consideraciones m e ta fís ic a s de c a rá c te r e spe culativo . M a s el ra ­
c io n a lis m o c a rte s ia n o , la filo s o fía e x is te n c ia l p a s c a lia n a o el "m e c a n is ­
mo p o s itiv o " de M erse n n e a base de la fís ic a de m odelo de G a lile o , y
la "m o n a d o lo g ía " y "m a te s is u n iv e rs a l" de L e ib n iz c o n tie n e n fra g m e n ­
tos de una filo s o fía de la té c n ic a del s ig lo X V II. P rescin die nd o del papel
desem peñado p o r D id e ro t y d 'A le m b e rt, L ag ra n g e y L a p la ce , fu e ro n
K a n t, H egel y M a r x quienes cre a ro n las a p o rta c io n e s m ás e ficace s de
fin e s del s ig lo X V I I I y luego del X I X a n ue stra d is c ip lin a . P a rtic u la r­
m en te im p o rta n te s y c a ra c te rís tic o s de las recientes exposiciones de f i ­
losofía de la té c n ic a me parecen ser los a n á lis is que a p a re c ie ro n en las
dos obras de N o rb e rt W ie n e r: "C y b e rn e tic - or C o n tro l and C o m m u n ic a tio n ¡n th e A n im a l and th e M a c h in e " (1 9 4 9 ) y " T h e H u m a n Use o f
H u m a n Beings (C y b e rn e tic s and S o c ie ty )" ( 1 9 5 0 ) ; luego la "C o lle c t io n " de Georges F rie d m a n n titu la d a " L 'h o m m e e t la m a c h in e " (donde
sobre to d o Louis C o u ffig n a l, del In s titu to B laise-P ascal, p u b lic ó sus es­
tu d io s sobre las "m á q u in a s de p e n s a r " ) , y, por ú ltim o , las in tro d u c c io ­
nes y epílogos de G o tth a rd G ü n th e r a la lite ra tu ra de "S c ie n c e F ic tio n "
n o rte a m e ric a n a (e d ic ió n a le m a n a de K a rl R a u c h -V e rla g , D ü s s e ld o rf).
En todas esas p u b lic a c io n e s , la filo s o fía de la té c n ic a e s p e cu la tiva es re ­
e m p la za d a p o r una filo s o fía de la té c n ic a exacta . Se hace p a te n te de
qué m odo puede c o n v e rtirs e la té c n ic a en " d a t o " de las inve stiga cion es
filo s ó fic a s , y se echa de v e r con c la rid a d que lo dado de la té c n ic a es
tr ip le : el m u n d o de la m á q u in a c lá sico (el de A rq u ím e d e s ), en el cu al
la m á q u in a s u m in is tra energía y rin de tra b a jo , re d u c tib le a la p a la n c a de
A rq u ím e d e s ; luego, el m u n d o de la m á q u in a p a sca lia n o , d is tin to del
de A rq u ím e d e s , m u n d o que no p ro p o rc io n a energía, sino in fo rm a c io n e s ,
com o d ice n W ie n e r y G ü n th e r, y que es re d u c ib le a la m á q u in a de c a lc u ­
la r de Pascal; a ho ra b ie n, p re s c in d ie n d o de que los tra n s fo rm a d o re s c lá ­
sicos de la e le c tro d in á m ic a y los tra n s ito re s de la te o ría y té c n ic a de la
c o n d u c tib ilid a d e lé c tric a a d o p ta n una especie de posición in te rm e d ia e n ­
tre el m un do de la m á q u in a de A rq u ím e d e s y el de Pascal, puesto que
no son esenciales com o proveedores de e nergía ni com o in fo rm a d o re s ,
sino p re cisa m e n te com o tra n s fo rm a d o re s , el p ro b le m a de la c iv iliz a c ió n
té c n ic a con todos los fenóm enos especiales de la o rg a n iz a c ió n y c o m u n i­

25

�ca ció n pertenece sobre to d o al d o m in io in ve s tig a b le de la re a lid a d té c ­
nica, a n tro p o lo g ía filo s ó fic a , etc.
3.
V is ta desde las d is tin ta s d is c ip lin a s o teorías filo s ó fic a s , la té cn ica p a re ­
ce ser de interés espe cia lm e nte p ara la A n tro p o lo g ía filo s ó fic a . S iem pre
que, com o en "D e r M e n s c h " de A rn o ld G ehlen (4- edic. 1 9 5 0 ), se c o n ­
cibe el h om bre com o "p ro b le m a b io ló g ic o e s p e c ia l", la p ro b le m á tic a de
la génesis de la té c n ic a se presenta e n la za d a con la a p a ric ió n y d e s a rro ­
llo del h om bre. La in te rp re ta c ió n del h om bre com o "s e r d e fe c tu o s o " su­
g ie re n a tu ra lm e n te que haya una necesidad de té c n ic a que debe fu n d a r ­
se por la a n tro p o lo g ía c ie n tífic a y filo s ó fic a . La té c n ic a aparece com o
p o s ib ilid a d de e lu d ir las d e fic ie n c ia s de lo n a tu ra l. A dem ás, la s itu a ­
ción del h om bre de no poder ser p uro ente n a tu ra l ni p u ro ente espi­
ritu a l, com o ya lo a d v irtió m uy c la ra m e n te Pascal, o, en la sagaz f o r ­
m u la c ió n de N ie tzsch e , Scheler y G e h le n : de no te n e r un a m b ie n te
adecuado, dado, ju s tific a n la su posición de que la re a lid a d té c n ic a es la
g e n u in a m e n te h u m a n a . M a s esa suposición presupone un c o n o c im ie n to
e xa cto de la te m á tic a o n to ló g ic a de la té cn ic a , una te o ría de la c o n fi­
g u ra c ió n té c n ic a , que avance hasta la o n to lo g ía de la re a lid a d té c n ic a .
En la te o ría o n to ló g ic a de la té c n ic a se revela que, en c ie rto aspecto, la
esfera de ser de lo té cn ico es m a yo r que la esfera de ser de la n a tu ra le ­
za o del e s p íritu tom adas p o r separado. La esfera de lo té c n ic o rebasa,
p o r d e c irlo así, los d o m in io s de la n a tu ra le z a y del e s p íritu . Es un hecho
c o n firm a d o por la e xiste n cia y p o r las d ife re n c ia s e n tre el m undo de la
m á q u in a clásico (de A rq u ím e d e s) del re n d im ie n to de energía y tr a b a ­
jo, por una p a rte , y el p a sca lia n o (n o -c lá s ic o ) de la p ro d u c c ió n de in fo r ­
m a ció n y co m u n ic a c ió n , por o tra . En el c o n o c im ie n to del e fe cto de la p a ­
lanca trop eza m os con un p rin c ip io m ecá nico que rig e en la n a tu ra le z a
fís ic a ; en la ¡dea del c á lc u lo aparece una fo rm a de n ue stro e s p íritu que
es uno de los m edios de expresión de éste. Pero parece que lla m a la
a te n c ió n o tro p u n to de vista o n to ló g ic o : es e v id e n te que la esfera de lo
" h e c h o ", que existe en la té c n ic a , a d ife re n c ia de la n a tu ra le z a , que
es una esfera de lo " d a d o " , no puede c a ra c te riz a rs e del to d o en el orden
m odal m e d ia n te el té rm in o " r e a l" . Lo que N ik o la i H a rtm a n n d en om ina
" n a tu r a le z a " en su sistem a c a te g o ria lo n to ló g ic o (P h ilo sop hie d e r N a tu r, 1950) es p arte in te g ra n te , bien que m uy esencial, de lo que él d e ­
n o m in a "m u n d o r e a l" (D e r A u fb a u der realen W e lt, 1 9 4 3 ). M a s lo
hecho, o sea la té cn ica y a su lado ta m b ié n el reino del a rte , del cual
to d a vía no hablam os, lleg a m ás a llá que el á m b ito de ser1 de lo real. Se
fu n d a en lo real, su m a te ria l es lo re a l; pero com o te rm in a d o , to d o lo
" h e c h o " es, en relació n con lo " n a tu ra lm e n te d a d o ", sólo " c o - r e a l" , un
m odo que se ha rem edado del "c o -p o s ib le " o "c o -n e c e s a rio " ideado p o r
O. Becker. Existen a q u í enlaces con el d o m in io del a rte , establecidos por
M a x B ill en su obra " F o r m " , "b a la n c e de la e v o lu c ió n de la fo rm a a
m ediados del siglo X X " ( 1 9 5 3 ), y cuyos aspectos o n to ló g ic o y e stético
in ve stig ó el a u to r en su " A e s th e tic a " ( 1 9 5 4 ). A dem ás, pertenece ta m ­
bién a la te o ría o n to ló g ic a de la filo s o fía de la té c n ic a to d a fija c ió n de
las relaciones espa cio te m p ora le s dé las e s tru c tu ra s té cn ica s o bien de
toda la esfera té cn ica . J. B a rn ic k a firm ó e xpresa m e nte en su recien te
obra "V o m Sinn des G a n z e n " (T u b in g e n , 1 9 5 2 ) : "P a ra to d o o b je to h e ­
cho según un p la n h u m a n o , la e s tru c tu ra te m p o ra l fin a l es a p rio rís tic a m en te segura. En e fe cto , el té rm in o 'h a c e r' in d ic a ya un m odo fin a l,
m u y pro ba ble , de m a d u ra c ió n ." (Pág. 5 9 .) Esas fo rm u la c io n e s y el es­
tu d io in h e re n te a ellas del a p a re n te c a rá c te r de masa de las e s tru ctu ra s
té cnica s, son p a rte in te g ra n te de la n o -e sp e c u la tiv a filo s o fía de la té c ­
n ica de nuestros días y d ice n a lg o p o sitiv a m e n te esencial sobre la índole
de nuestra esfera de e xiste n cia " c o - r e a l" . Por lo m enos, o n to ló g ic a m e n te, la té cn ica , en el se ntid o de e s tru c tu ra té c n ic a y de m u n d o té c n ic o , no
puede entenderse a base de la idea de un m odelo, del proceso de im ita ­
ción . El d e c a im ie n to del c a rá c te r de m odelo es para la té c n ic a m oderna
ta n e vid en te com o p ara la física m oderna. Las im ita c io n e s , todos los
grados de a b stra cció n y p o r ú ltim o de la im a g in a c ió n m e tó d ic a , hacen
c o m p re n sib le g e n e a ló g ica y e s p iritu a lm e n te la te m á tic a de ser de la es­
fe ra té c n ic a .
Q u isie ra a lu d ir aún a o tro fa c to r de índole o n to ló g ic a y gnoseológica. El
m u n d o té cn ico no debe entenderse ni describ irse a m odo de o b je to com o
o c u rre con respecto a la e s tru c tu ra real de la n a tu ra le z a — así lo d e ­
m ue stra la filo s o fía n a tu ra l clásica desde A ris tó te le s a N ik o la i H a r t­
m an n. P rim o rd ia lm e n te , el m un do té cn ico no es una esfera de clases de
objetos, sino de fu n cio n e s, cuya descrip ción y d e te rm in a c ió n es casi ab-

26

�so lu ta m e n te im p osib le con las clásicas categorías de ser y c o n o c im ie n to ,
re fe rid a s en p rim e r lu g a r a objetos. Existen las más diversas p o s ib ilid a ­
des de p re s e n ta r la p a la n ca com o o b je to , puesto que h ay las m ás d iv e r­
sas representaciones de la p alan ca com o o b je to , desde la v ig a te n d id a
hasta las te na zas, etc. Sólo que la fu n c ió n es siem pre la m ism a y ú n ic a ­
m en te corresponde a la esfera té c n ic a . Por lo ta n to , con vista s al m un do
té cn ico , in d ic a la p o s ib ilid a d y la necesidad de una o n to lo g ía de la f u n ­
ción , que sin la m en or duda co m prende m uch o m ás segura e in e q u ív o ­
ca m e nte la te m á tic a del ser o la e s tru c tu ra del ser del m undo té cn ico
que una o n to lo g ía que sólo tra b a je con ca teg oría s re fe rid a s a objetos.
N a tu ra lm e n te , esta c irc u n s ta n c ia se e n la z a con el retroceso del co nce p ­
to clásico de su stan cia y m odelo, ta n to en la fís ic a m oderna com o
a sim ism o en la té c n ic a m od erna , p a rtic u la rm e n te en el m un do de la m á ­
q u in a que no sea el de A rq uím ed e s, y cabe p re g u n ta r si, h ab ie nd o v a ­
ria d o todas estas relaciones o n to ló g ic a s y gnoseológicas d e n tro de la
física y de la té c n ic a , no estará re la c io n a d o con este c a m b io el progreso
de su d e scrip ció n de te m á tic a del ser con los m étodos fu n d a m e n ta lo n to lógicos de las "e x is te n c ia lía s " en vez de las "c a te g o ría s ". En e fecto,
H e id e g g e r h iz o de diversos m odos ensayos en este se ntid o, y si hasta
ahora han fra c a s a d o se debe, a m i e n te nd e r, a que la rep re sen ta ció n que
de la té c n ic a se hace H eid eg ge r, es sim p le m e n te dem asiado e le m e n ta l,
por no d e c ir dem asiado ing en ua , y, com o te o ría del " a r m a z ó n " , c o m ­
prende m e ra m e n te el m un do de la m á q u in a de A rq u ím e d e s
In te rru m p a m o s la re fle x ió n o n to ló g ic a y gnoseológica que, e v id e n te ­
m ente, sólo p od ría in tro d u c ir los e lem entos de una filo s o fía de la té c n i­
ca. Y to d a vía queda por a ñ a d ir, em pero, que siguen siendo supuesto de
to d a clase de e xposición de las relaciones estéticas y é ticas que tie n e n
cabal se ntid o en ese m un do té c n ic o o con respecto a él en c o n ju n to . La
d e stin a c ió n de la h u m a n id a d en re la ció n con la n a tu ra le z a tie n e un as­
pecto n o to ria m e n te d ife re n te que en re la ció n con la té c n ic a — hecho
co rro b o ra d o por la h is to ria de la c iv iliz a c ió n y del e s p íritu . M as sigue
siendo curiosa la re la ció n con la h is to ria . Y o supongo que se ahonda en
un se n tid o p ositivo . C onsidero absurdo h a b la r de la "h is to r ia de la n a ­
tu ra le z a " , com o ha hecho, p o r e je m p lo , C. F. von W e iz s á c k e r. Sólo hay
h is to ria en la c a te g o ría de p e rfe c c ió n , de una p e rfe c c ió n que pueda f o r ­
m ularse de a lg ú n m odo, y me parece que esta c a te g o ría carece de e n ti­
d ad respecto de la n a tu ra le z a y que, en ca m b io , representa un e le m ento
in te g ra n te de la c iv iliz a c ió n té c n ic a , s u b lim a d o e id e o lo g iza d o en la n o ­
ción de progreso, cuyo aspecto m oderno pro vie n e de G a lile o y Pascal.
T en go la im p resión de que, al ig u a l que la d o c trin a del tie m p o fu n d a m e n ta lo n to ló g ic a (fe n o m e n o ló g ic a ), d e s a rro lla d a en las "V o rle s u n g e n
z u r P hán o m e no log ie des in n ere n Z e itb e w w u s s ts e in s " de H usserl (1 9 2 8 )
y en "S e in und Z e it " de H eid eg ge r ( 1 9 2 7 ) , ta m b ié n la d o c trin a de
la h is to ria fu n d a m e n ta lo n to ló g ic a (e x is te n c ia la n a lític a ) , c o n te n id a en
"S e in und Z e it " de H e id e g g e r y en " Z u r L o g ik der M o d a litd te n " de
O ska r Becker ( 1 9 3 0 ), es im p o rta n te para la d escrip ción y fija c ió n f ilo ­
só ficas del m u n d o té cn ico . A u n cie rta s de las aserciones de M a r tín H e i­
degger, c o n te n id a s en su c a rta "H u m a n is m u s " ( 1 9 4 7 ), sobre M a rx , el
h u m a n ism o , el m a te ria lis m o y la té c n ic a , c o rro b o ra n una h is to ric id a d
e xis te n c ia l del m un do té c n ic o , que, n a tu ra lm e n te , c o n s titu y e un proceso
ta n p a te n te com o irre ve rsib le .
En su ú ltim a g ra n obra, ta n c rític a com o p ro fu n d a : "D ie K risis der europáischen W is s e n s c h a fte n und d ie tra n s z e n d e n ta le P h á n o m e n o lo g ie ",
que acaba de p ub lic a rs e com o to m o V I de la "H u s s e r lia n a " (La H aya,
1 9 5 4 ), uno de los grandes fra g m e n to s de la filo s o fía o c c id e n ta l, Edm und H usserl se re firió (en la c u a rta década de este s ig lo ) a un ra c io ­
n a lism o c ie n tífic o m oderno (G a lile o y D escartes) co nside ran do que la
"te c n ific a c ió n p riv a de se n tid o a la c ie n c ia m a te m á tic a ". Insiste en que
esa p riv a c ió n de se n tid o es consecuencia del hecho de haberse o lv id a d o
que "e l m un do de la v id a . . . es el fu n d a m e n to que da se n tid o a la c ie n ­
c ia " (págs. 4 5 , 4 8 , e tc .). H usserl ha expuesto así los e lem entos de una
c rític a de la c iv iliz a c ió n té c n ic a , con la cu al tie n e n que e xp lica rse el
físico , el té c n ic o y el filó s o fo si se q u ie re p on er coto al reproche que
p e rio d ís tic a m e n te los acecha de que su tra b a jo ha quedado p riv a d o de
sentido. Y o creo que una de las ta re as más im p o rta n te s de una m o d e r­
na filo s o fía de la té c n ic a (sobre to d o com o d is c ip lin a de una U n iv e rs i­
dad té c n ic a ) ha de c o n s is tir en re fu ta r, con re fe re n c ia a las verdaderas
ca teg oría s y e x is te n c ia lía s en que debe entenderse el m un do té cn ico ,
a q u e lla c rític a fu n d a m e n ta l a base de la esfera de la v id a , o sea, pues,
resta ble cer la p ureza y el sentido o rig in a rio s de la fa en a te cn o ló g ica .

(
Í
Traducción J, Rovira Armengol

27

�Información
Casa en Country Club
T o rtu g a s , 1951
A rq .: o. a. m.
D ire c to re s de o b ra :
A rq . H o ra c io B a lie ro
A rq . A lic ia C a z z a n ig a
A rq . E d u a rd o P o lledo

La casa está s itu a d a en u n C o u n try C lu b ,
en los a lre d e d o re s de B uenos A ire s . Se d is ­
puso d e u n lo te de 2 0 m e tro s de fre n te
sobre la c a n c h a de g o lf, del c u a l se d e b ía n
d e ja r lib re s dos fa ja s la te ra le s de 2 ,5 0 m e ­
tro s de a n c h o y o tr a m ás p ro fu n d a en el
fre n te y en e l fo n d o .
La casa ib a a ser usada en el v e ra n o y,
p re fe re n te m e n te , los fin e s de se m a n a , po r
u n a c a n tid a d c o n s id e ra b le de g e n te de d is ­
tin ta s edades. Estas c a ra c te rís tic a s , y la
n e cesidad de p o d e r lle g a r a la m is m a desde
c u a lq u ie r p u n to del te rre n o , e v id e n c ia ro n la
v e n ta ja d e c re a r zon as in d e p e n d ie n te s : el
ja rd ín , d o n d e ju g a ría n los niñ o s, los d o r­
m ito rio s , con acceso d ire c to p a ra p o der
asearse y c a m b ia rs e de ropa a l lle g a r del
c lu b o de la c a n c h a , y el liv in g co m o lu g a r
de e s ta r y de re u n ió n .
La d is p o s ic ió n de este ú ltim o en la p la n ta
a lta , p e rm itiría g o z a r d e u n a v is ta e s p lé n ­
d id a , a l e s ta r a b ie rto h a c ia el e x te rio r sin
ser p e rtu rb a d o p o r u n c o n tin u o p a sa je de
g e n te . La in c lu s ió n de la co cin a en esta
p la n ta no p re s e n ta b a p ro b le m a s , pues sería
usada s o la m e n te p a ra de sayuno s y, o ca sio ­
n a lm e n te , p a ra co m id a s rá p id a s.
En la c o n s tru c c ió n se u s a ro n , p a ra los m u ­
ros, la d r illo s com unes, q u e no re c ib ie ro n
n in g ú n tr a ta m ie n to e sp ecial d o nde q u e d a -

b a n a la v is ta . El e n tre p is o fu é c o n s tru id o
con v ig u e ta s p re fa b ric a d a s d e h o rm ig ó n p re ­
c o m p rim id o con la d rillo n e s esp eciales e n tre
e lla s. U n a v ig a de c a d e n a , a p a re n te en el
e x te rio r, las s o lid a riz a . La ch im e n e a del
piso a lto no ap oya sobre é l; lo h a ce sobre
dos p ila re s que fo rm a n en la p la n ta b a ja
los co sta d o s de u n p la c a rd . El te c h o es de
te ja s p la n a s , con a is la c ió n h id r ó fu g a de
fie ltr o s y té rm ic a de fib r a s ve g e ta le s p re n ­
sadas q u e de scansan sobre u n e n ta b lo n a d o ,
a p o y a d o en ca b io s ig u a lm e n te espaciados.
Los pisos son de m o saicos g ra n ític o s ; grise s
en la p la n ta b a ja y b la n c o s en la a lta . Los
d o rm ito rio s e stá n p in ta d o s a l a g u a en c o lo ­
res c la ro s : g ris , v e rd e , ocre y m a rró n . El
c o rre d o r es b la n c o . La c a r p in te ría d e m a ­
de ra fu é b a rn iz a d a del la d o de a fu e ra y
lu s tra d a en el in te rio r.
La casa p re se n ta un a sp e cto u n ita r io d e b id o
a l e q u ilib r io q u e se e s ta b le c e e n tre el d in a ­
m is m o de sus líne as y p la n o s y la e n to n a ­
c ió n de sus m a te ria le s , el la d r illo , las m a ­
deras y las te ja s . El deseo de tr a b a ja r con
p la n o s y no con v o lú m e n e s , es e v id e n te en
el liv in g , cu y a tra n s p a re n c ia p e rm ite v e r

28

V is ta

desde

la

cancha

de

g o lf

(fo to

H oracio
C óppola).

�P lan ta baja

H a ll de e n tra d a . La fo to fu é to m a d a desde e l d o r­
m ito rio p rin c ip a l. La ra m pa de la escalera queda,
en la fo to , a la derecha de la bara n d a. (Foto
H oracio C óppola).

desde el e x te rio r la c h im e n e a a tra v e s a n d o
el te c h o y d a rle s ig n ific a c ió n co m o p la n o .
Esto p u e d e ta m b ié n o b servarse en la p a rte
m ás c e rra d a de la casa, cuyos p a ra m e n to s
c o n fig u ra n un p la n o v e r tic a l q u e b ra d o , de
to d a la a ltu ra del e d ific io , q u e se re la c io n a
p o r e n ca stre s o s itu a c io n e s de p a sa je con
el re sto de p la n o s de la casa.
En el m u ro q u e c ie rra a l e x te rio r el h a ll
de d o b le a ltu r a de la e n tra d a , desaparece
la v ig a de e n c a d e n a d o p a ra p e n e tra r en la
casa. Esta co n se cu e n cia c o n s tru c tiv a p e rm i­
te e n tre v e r las fu n c io n e s q u e se d e s a rro lla n
d e trá s del c e rra m ie n to , y cre a a la v e z una
re la c ió n m ás flu e n te e n tre la p la n ta sup e­
r io r y el te rre n o . Esta re la c ió n se m a n tie n e
a l e n tr a r en el h a ll, ya que sus p a rede s de
la d r illo , la m a d e ra d e la e sca le ra y el h o r­
m ig ó n de la v ig a q u e p e n e tra desde el
e x te rio r c iñ e n d o la losa, no im p lic a n una
ru p tu ra brusca con la p e rce p ció n e x te rn a
de la casa.
A l s u b ir la e sca le ra , se va re c o rrie n d o in te ­
rio rm e n te este e sp a cio re s trin g id o y m e su­
ra d a m e n te ilu m in a d o , pe ro a l lle g a r a c ie r­
ta a ltu r a del re c o rrid o , el v is ita n te se e n ­
fre n ta a ras del piso con el a m p lio espacio
del liv in g y con el c ie lo , p a ra ir g r a d u a l-

V ls ta del liv in g de la p la n ta a lta , m iran d o desde
la chim enea (a la izqu ie ru a en la to ro ) nacía el
h a ll de doble a ltu ra (fo to H oracio C óppola)

29

�V is ta del liv in g . (Foto Georges Friedm an).

El p a b e lló n de servicio.

m e n te e n c o n trá n d o s e con el p a is a je . A l e n ­
fr e n ta r el liv in g , los m u ro s la te ra le s salen
de l ca m p o de la v is ió n d ire c ta , pe ro en su
c o n tin u id a d se in s in ú a n co m o a c o ta m ie n to s
de un esp acio ú n ic o .
En este piso, la c h im e n e a , a b ie rta a los dos
lado s, ju e g a un pa p e l p re p o n d e ra n te a l d e ­
te r m in a r d is tin ta s zon as de e s ta r. Pero se
p u ede o b je ta r q u iz á s q u e , p o r la fu e rz a de
su fo rm a , u n id a a la fu g a d e l te c h o , " p r e ­
s io n e " este esp acio — q u e a b a rc a desde el
h a ll a la te r ra z a — h a c ia el e x te rio r y le
c o n fie ra un c a rá c te r d e m a s ia d o p a n o rá m ic o .
U n e le m e n to e s ta b iliz a d o r lo c o n s titu y e , sin
d u d a , la a n c h a fa ja h o riz o n ta l de m a d e ra
que fo rm a el ta p a rr o llo de las p e rs ia n a s y

se e x tie n d e a lo la rg o de to d o el fre n te
v id ria d o . Sin e m b a rg o , la re la c ió n e n tre
in te r io r y e x te rio r lo g ra d a p o r la c o n tin u i­
dad de los m a te ria le s y el tra ta m ie n to de
los espacios, p o d ría s u g e rir c ie rto n a tu r a lis ­
m o o a lg u n a s u e rte de " o r g a n ic is m o " .
C ree m os q u e esto a u e d a d e s v irtu a d o en
g ra n p a rte p o r la d e lim ita c ió n de los pla n o s
h o riz o n ta le s qu e c o m p e n sa n estas c o n tin u i­
dades e n tre e x te rio r e in te rio r.
La h o m o g e n e id a d y b r illo de los pisos, en
c o n tra s te con el re sto de los m a te ria le s , les
hace re c o rta r las fo rm a s , a cu sa n d o no sólo
la g e o m e tría del lu g a r, sin o d e te rm in a n d o
con to d a n itid e z el m e d io n a tu ra l, e x te rio r,
y el m e d io s o cia l, la casa.

O tra v is ta de la casa.

La casa v is ta desde la e n tra d a , en la calle. A la
derecha, d etrá s de los pinos, se e n c u e n tra el
p a b e lló n de servicio.

30

�Pabellón en un jardín
B eccar, F .C .G .M .
A rq . A n to n io B onet

D e ta lle del fre n te co n tig u o a la piscina, donde
se observa el tra ta m ie n to de la bóveda y la
in te rru p c ió n de la ce ne fa por el b o ta -ag u as.

El p a b e lló n se h a lla u b ic a d o en u n ja rd ín
con m a g n ífic o s á rb o le s y c o n tig u o a una
p is c in a . S irve p a ra c o m p le m e n ta r la v id a
que se re a liz a en el v e ra n o con el uso de la
p is c in a , a u n q u e ta m b ié n se lo usa p a ra fie s ­
ta s , re u n io n e s, e tc. D isp o n e de u n b a r, un
o ffic e , un to ile tte y u n rin c ó n de e s ta r, a p o ­
y ad os c o n tra el m u ro p o s te rio r y d ife re n c ia ­
dos del esp acio p rin c ip a l a b o ve d a d o .
A d e m á s de esta c irc u n s ta n c ia , co m ú n en la
o b ra de B o n e t (b a sta re c o rd a r la m a g n ífic a
casa B e rlin g ie ri de P u n ta del Este), c a ra c te ­
riz a a este p e q u e ñ o p a b e lló n la to ta l tra n s ­
p a re n c ia de tre s de sus lados. El uso de
g ra n d e s v id rie ra s no p e rm ite en este caso la
v is ió n de a m p lia s p e rs p e c tiv a s , y ta m p o c o
h a n sido p la n e a d a s en fu n c ió n de u n a re la ­
c ió n to ta l de e x te rio r e in te rio r. Sin e m b a r­
go , lo g ra n c re a r con la lu z , ta m iz a d a p o r el
fo lla je q u e ro dea a l p a b e lló n y p o r los re fle ­
jos de los pisos, u n a sua ve a tm ó s fe ra in te r ­
na q u e n ie g a a la bó ve d a c u a lq u ie r pesadez
y le da u n c a rá c te r casi flo ta n te .

V is ta del fre n te p rin c ip a l con las pue rtas co rre ­
dizas. Las colum nas de los ángulos son p e rfile s
de h ie rro donde apoya la bóveda.

Fotos Georges Friedm an.

31

�V is ta hacia el in te rio r m ostra nd o el lu g a r de
e sta r al lado de la chim enea. A la derecha de
ésta se encu e n tra el bar.

V is ta desde el lug a r de estar h acia el e x te rio r.
Se puede ve r el ca nte ro de p ie d ra que p en e tra
desde a fu e ra .

Ediciones G a la te a /N u e v a V is ió n

Pierre-Maxime Schuhl:

Maqumismo y filosofía
Desde hace unos tre in ta años, se re a liz a n en F ra n cia
serios estudios sobre diversos aspectos de uno de los
más e x tra o rd in a rio s fenóm enos de n ue stro tie m p o :
el d e s a rro llo del m aq um ism o . La " m á q u in a " es a llí
e nca ra da ta n to desde el p u n to de v is ta de las conse­
cuencias p rá c tic a s de su u tiliz a c ió n com o desde el
p u n to de v is ta de su repercusión en la c u ltu ra en g en e ­
ral. P ie rre -M a x im e Schuhl es uno de los m ás a u to riz a ­
dos inve stiga do res en esta m a te ria . En "M a q u m is m o
y F ilo s o fía " e stu d ia las a c titu d e s que, a través del
tie m p o , desde la a n tig ü e d a d clásica hasta nuestros
días, han a d o p ta d o los grandes pensadores de la h u ­
m a n id a d fre n te a las invenciones susceptibles de ser
em pleadas com o in s tru m e n to s de tra b a jo .

a d q u ié ra lo en todas las lib re ría s y en:

G a la te a , V ia m o n te 5 62
N ueva V is ió n , C e rrito 1371

32

�Notas y comentarios

Exposición Sarah Grilo. Bs. As.,
Galería Krayd, 1955.
Sarah G rilo: " U n p u n to n e g ro ".

Después de p a r tic ip a r en el curso del a ñ o
en v a ria s m u e s tra s c o le c tiv a s , S arah G rilo
e fe c tu ó u n a e x p o s ic ió n in d iv id u a l en K ra y d
d u ra n te los p rim e ro s d ía s del pa sado mes
de n o v ie m b re . La e x p o s ic ió n o fre c ió así la
p o s ib ilid a d de a p re c ia r, a tra v é s de u n c o n ­
ju n to de sus ob ras, las te n d e n c ia s y p re ­
o cu p a c io n e s que ha n v e n id o c a ra c te riz a n d o
su p ro d u c c ió n . A l ig u a l que o tro s que t r a ­
b a ja n con un s e n tid o c re a d o r en c o n s o n a n ­
c ia con el e s p íritu de n u e s tro tie m p o ,
S arah G rilo p ro ta g o n iz a p ro b le m a s y c o n ­
tra d ic c io n e s qu e está n m o s tra n d o , p o r fu 3 ra
de a lg u n o s a p re s u ra d o s esquem as c rític o s ,
la v ita lid a d de una a c titu d e s té tic a que,
lejos de a g o ta rs e en un m e ro p la n te o fo r ­
m a l se a s ie n ta cad a ve z m ás en un a e x p re ­
sión h u m a n a to ta l. Y no es que estem os en
p re s e n c id d e u n re to rn o y m enos a ú n de
un a b a n d o n o del s e n tid o c o n s tru c tiv o , que
d ió fu n d a m e n to y c a rá c te r a la a c titu d se­
ñ a la d a . N o h a y aq uí n in g u n a d e ja c ió n de
la re s p o n s a b ilid a d que c o n s titu y ó el sus­
te n tá c u lo de ta n ta s provecho sas re a liz a c io ­
nes. El a r tis ta m a n tie n e su v ig ilia . Es la
v ig ilia que re q u ie re el le n g u a je p lá s tic o a
qu e ha a rrib a d o , le n g u a je que im p lic a y a
un a co n q u is ta d e fin itiv a . Pero no to d o es
v ig ilia en su tra b a jo . O tro s fa c to re s , m e­
nos p re v is ib le s , su rg id o s de u n a e x p e rie n c ia
p e rs o n a lís im a , h a n in te rv e n id o en el curso
de la c o m p o s ic ió n , y la e s tru c tu ra , a que
se lle g a fin a lm e n te , no sólo está o r g a n iz a ­
da: ta m b ié n tie n e un se n tid o . C o n te m p la d a s
con este c rite rio , las p in tu ra s de S arah
G rilo c o b ra n un in te ré s p o n d e ra b le . N os
ponen en pre s e n c ia de u n a d in á m ic a p o lí ti­
ca, que p u g n a p o r c o n q u is ta r sobre la te la
u n a lib e r ta d e s tru c tu ra d a . Y , ta n to en los
tra b a jo s c om puestos p o r líne as sobre fo n d o s
v a lo riz a d o s c ro m á tic a m e n te , com o en las
e s tru c tu ra s basadas en p la n o s superpuestos
de c o lo r, los e le m e n to s está n dispuestos
a te n d ie n d o p o r ig u a l a las e x ig e n c ia s o r­
g a n iz a d o ra s de o rden v is u a l y a los re ­
clam o s de un a in d iv id u a lid a d e m o c io n a l.
El a m p lio re g is tro p lá s tic o de esta p in to ra
la c a p a c ita p a ra c o n c re ta r en una n o ta b le
v a rie d a d de s itu a c io n e s sus necesidades
cre adoras. Se p a te n tiz a a q u í u n a e x p e rie n ­
c ia que tra s c ie n d e los lím ite s de u n a p ro ­
b le m á tic a e s tric ta m e n te v is u a l. Los e le ­
m e n to s p lá s tic o s u tiliz a d o s , a u n c u a n d o
co n servan su re a lid a d de ta le s , se c a rg a n
de un s e n tid o , a p u n ta n a una s ig n ific a c ió n
e s p iritu a l. Se tr a ta de un proceso de tra n s ­

m u ta c ió n del le n g u a je , d is tin to , sin e m b a r­
go , de c u a lq u ie r c a lig r a fía e x p re s io n is ta ,
pues el n u e vo s ig n ific a d o e m p ie z a a o p e ­
ra r sobre no sotro s desde un a in te lig e n c ia
a le rta . Lo c ie rto es que estas líne as y co ­
lores c re a n un m u n d o a n u e s tro a lre d e d o r
y a lc a n z a n u n v a lo r c o m u n ic a tiv o , lo cu a l
no im p lic a , sin e m b a rg o , una ilu s tra c ió n
de u n te m a fija d o de a n te m a n o . N o es la
ve rsió n lite r a r ia de u n a e x p e rie n c ia , ya que
los m e d io s p lá s tic o s se m o d ific a n a l m ism o
tie m p o qu e las s ig n ific a c io n e s . De este
m o do, lle g a S arah G rilo a e la b o ra r una
p in tu ra o rg a n iz a d a y lib re , en cuyos fa c ­
to re s e s tru c tu ra le s sub yacen los e le m e n to s
de u n a v is ió n y u n a e x p e rie n c ia nu evas.
Sus sím b olos visu a le s a b re n paso a un a
p o é tic a en p le n o d e s a rro llo . In ic ia así esta
p in to ra una e ta p a d e cisiva en su e v o lu c ió n ,
tra s s u p e ra r a lg u n a s v a c ila c io n e s de sus
co m ie n zo s m e d ia n te una c e rte ra c o m p re n ­
sión de los p ro b le m a s fo rm a le s c o n te m p o ­
ráneos.
E. B.
Sarah G rilo: "D os círcu los sobre una b a n d a ."
Sarah G rilo: "C o m p osición N9 23 en ro jo s".

33

�il Exposición de pintura, escultura,
arquitectura y urbanismo de nues­
tro tiempo. Gath &amp; Chayes. Bs. As.,
octubre 1955.
En el sub suelo de G a th &amp; C have s se re a liz ó
la se g unda e x p o s ic ió n de p in tu r a , e s c u ltu ra ,
a r q u ite c tu ra y u rb a n is m o de n u e s tro tie m ­
po., C o m o se sabe, el p ro p ó s ito p e rs e g u id o
p o r los o rg a n iz a d o re s de esta m u e s tra es
el de p re s e n ta r a l p ú b lic o un p a n o ra m a
de la s itu a c ió n a c tu a l de ca d a u n a de
esas a c tiv id a d e s a tra v é s de sus e x p re s io ­
nes m ás a v a n z a d a s . A l re u n ir en un m is m o
salón o b ra s de ta n d is tin to c a rá c te r, se es­
pe ra a s im is m o p o n e r de m a n ifie s to la e x is ­
te n c ia de u n a p re o c u p a c ió n c o m ú n qu e se
tra d u c e &lt;j veces en s im ilitu d e s de fo rm a y
de p ro p ó s ito . N o o b s ta n te , la m u e s tra es lo
s u fic ie n te m e n te a m p lia y e c lé c tic a com o
p a ra
d a r c a b id a
a m a n ife s ta c io n e s
de
o rie n ta c ió n e s té tic a d iv e rs a .
Las secciones de p in tu r a y e s c u ltu ra han
esta d o re p re s e n ta d a s con u n a a b u n d a n c ia
q u e una s e lecció n m ás e x ig e n te h u b ie ra
re d u c id o a p ro p o rc io n e s m ás e q u ilib ra d a s
re specto de las seccion es re s ta n te s . De a r ­
q u ite c tu r a , u rb a n is m o y m u e b le s , en c a m ­
b io , sólo se h a n e x h ib id o unos pocos e je m ­
plos q u e d is ta n m u c h o de p ro p o rc io n a r una
n o tic ia , s iq u ie ra s u m a ria , de lo re a liz a d o
p o r nu e s tro s a rq u ite c to s y d iseñ ado res.
U na m u e s tra de estas c a ra c te rís tic a s que se
ha
p ro p u e s to
adem ás
una
p e rio d ic id a d
a n u a l, debe e x h ib ir a lg ú n c r ite r io de a d m i­
sió n , n o sólo con la fin a lid a d de s e le c c io ­
n a r lo m e jo r sin o ta m b ié n con la de e s ta ­
b le c e r una g u ía q u e p e rm ita a l o b s e rv a d o r
d is c rim in a r el proceso y e v o lu c ió n de las
a c tiv id a d e s qu e re p re s e n ta . P or e je m p lo , el
ru b ro de a rq u ite c tu ra p re s e n ta u n a v a r ie ­
d a d ta n g ra n d e de asp ectos q u e sería c o n ­
v e n ie n te h a c e r su p re s e n ta c ió n p o r tem as,
en lu g a r de e x h ib ir, s in n in g u n a p o s ib ilid a d
de c o m p re n s ió n p o r p a rte del p ú b lic o , un
p ro y e c to de v iv ie n d a , un e d ific io p ú b lic o y
un p ro y e c to de p la n e a m ie n to ju n to con un
p a r de s illa s y u n a m esa.
D ig a m o s fin a lm e n te q u e , a pe sar de las
b u e n a s in te n c io n e s que h a n p re s id id o este
e s fu e rz o , no se ha co n s e g u id o s u p e ra r la
m u e s tra a n te rio r en lo qu e se re fie re a h a ­
ce r c o m p re n s ib le a l p ú b lic o los p ro b le m a s
que a g ita n a q u ie n e s , desde sus a c tiv id a ­
des e sp e c ífic a s , se p ro p o n e n im p u ls a r la
re n o v a c ió n del le n g u a je v is u a l c o n te m p o ­
rá n e o .

Exposición de Urbanismo. Bs. As.,
noviembre 1955.
En o p o rtu n id a d de ce le b ra rs e la S em ana
M u n d ia l d e l U rb a n is m o , se re a liz ó en Bs.
A s. u n a e x p o s ic ió n que re u n ió diversos t r a ­
b a jo s sobre el te m a .
La D ire c c ió n de U rb a n is m o y la S ociedad
C e n tra l de A rq u ite c to s fu e ro n los e n c a rg a ­
dos de la o rg a n iz a c ió n y d is tr ib u c ió n de la
m u e s tra , e s ta n d o a d em ás a c a rg o de la
p rim e ra , la p re s e n ta c ió n de im p o rta n te s
tra b a jo s sobre la m a te ria .
Esta e x p o s ic ió n , a tr a y e n te p o r su te m a
p r in c ip a l (el p la n e a m ie n to de Bs. A s. y el
g ra n Bs. A s .), p o r el s e n tid o c la ro y d id á c ­
tic o de su d e s a rro llo y la c a lid a d de los
tra b a jo s exp uesto s, ha c u m p lid o u n a f u n ­
c ió n m e rito ria a l in fo rm a r a l p ú b lic o sobre
u n a ta re a s ig n ific a tiv a y , lo q u e es m ás,
ha lla m a d o la a te n c ió n sob re el o b je to y
p ro p ó s ito del u rb a n is m o , esca sam en te c o ­
n o c id o s p o r
la g e n e ra lid a d
de n u e s tro
m e d io .
La m u e s tra , fá c ilm e n te a c c e s ib le , se d e s ­
a r ro lló en p a n e le s q u e in c lu ía n g rá fic o s ,
m a p a s y te x to s , d e s ta c á n d o s e en fo rm a
m ás n o ta b le las c o n c lu s io n e s p rin c ip a le s del
e s tu d io . Se e x h ib ía n a d em ás, en las v i t r i ­

34

V ista de la exposición

nas, m a q u e ta s de b a rrio s diseñ ado s con un
c r ite r io u rb a n ís tic o .
En p rim e r lu g a r, lu e g o del acceso, se e x ­
puso el P lan de R e e s tru c tu ra c ió n p a ra la
C a p ita l Fe deral y el G ra n B uenos A ire s ,
p re p a ra d o p o r la D ire c c ió n de U rb a n is m o
de la M u n ic ip a lid a d de Bs. A s. Este t r a ­
b a jo p re s e n ta b a en p r im e r lu g a r los e s tu ­
dio s a n a lític o s re a liz a d o s p o r el E studio del
P lan B uenos A ire s (1 9 4 8 - 5 0 ) , q u e no fu é
p o sib le in c lu ir en su to ta lid a d d e b id o a la
fa lta de e sp a cio d is p o n ib le . A d e m á s , com o
c o n c lu s ió n de los tra b a jo s a n te rio re s , se e x ­
p u s ie ro n , en esquem as s in té tic o s , to d o s los
asp ectos d e l G ra n B uenos A ire s a to m a r en
c o n s id e ra c ió n con re fe re n c ia a las Ideas
Básicas del P lan de R e e s tru c tu ra c ió n .
En la s e g u n d a m ita d de la e x p o s ic ió n f ig u ­
ra b a n el P lan R e g u la d o r de San J u a n , el
P lan de U rb a n iz a c ió n de D a rw in , u n C e n tro
C ív ic o p a ra 1 0 .0 0 0 h a b ita n te s , el P lan Re­
g u la d o r de J u ju y P a l-P a lá , el B a rrio G en e­
ra l Paz, la C iu d a d J a rd ín M e rce d e s B enz,
los pla n e s de u rb a n iz a c ió n de T a n d il, T r e n que L a u q u e n y M ira m a r , y la C iu d a d J a r­
d ín El L ib e rta d o r.
En el c u rso de la e x p o s ic ió n se lle v ó a
ca b o u n a v is ita e x p lic a d a , a la qu e asis­
tie ro n a u to rid a d e s m u n ic ip a le s , p ro fe s io n a ­
les y c u e rp o d ip lo m á tic o , d o nde fu é e x p li­
cad o, p o r los a r q u ite c to s O di lia S uárez y
E d u a rd o J. S a rra ilh , de la D ire c c ió n de U r­
b a n is m o , el tra b a jo de re e s tru c tu ra c ió n de
Bs. A s. y el g ra n Bs. A s ., el P lan de J u ju y
P a l-P a lá p o r su a u to r, el a rq . J o rg e V iv a n co y el de San J u a n p o r el a rq . José M .
F. P astor.
En estos m o m e n to s en que la o p in ió n p ú ­
b lic a se o cu p a in te n s a m e n te del p ro b le m a
de la v iv ie n d a , ha s id o m u y o p o rtu n a y
c la rific a d o r a esta e x p o s ic ió n de u rb a n is m o ,
V ista de la exposición

sobre to d o en lo que a ta ñ e a la p re s e n ta ­
c ió n de las ideas b á sica s d ire c tric e s del
P lan de R e e s tru c tu ra c ió n p a ra Bs. A s. y el
G ra n Bs. A s.
H a ce a lg u n o s años, los o rg a n is m o s o fic ia ­
les de c ré d ito p o s ib ilita ro n la c o n s tru c c ió n
de g ra n c a n tid a d de v iv ie n d a s , sobre to d o
e co n ó m ica s (P la n Eva P eró n), que se le ­
v a n ta ro n en c u a lq u ie r lu g a r, sin o rd e n n i
c o n tro l. D e b id o a l m e n o r costo de la tie r ra ,
o c u p a ro n las zo n a s b a ja s e in s a lu b re s s i­
tu a d a s fu e ra de la c iu d a d , a le ja d a s de los
n ú cle o s p o b la d o s o de los lu g a re s de t r a ­
b a jo , y fu e ro n c u b rie n d o p a u la tin a m e n te
exte n sa s zonas. D e n tro de éstas, c o n tin u a ­
ro n le v a n tá n d o s e en lotes e n tre m e d ia n e ra s ,
o rie n tá n d o s e en c u a lq u ie r fo r m a y s o lid ifi­
c a n d o la m asa de la c iu d a d a c tu a l. En a m ­
bos casos, c o a rta b a n c u a lq u ie r p la n ific a c ió n
u lte rio r.
A h o ra ta m b ié n se c o n s tru irá n v iv ie n d a s y,
p o s ib le m e n te , en u n a c a n tid a d m a y o r que
las que s u rg ie ro n a n te s . C on el o b je to de
e s tu d ia r y re so lve r e l a n g u s tio s o p ro b le m a
q u e p la n te a la escasez de a lo ja m ie n to , se
h a n c o n s titu id o v a ria s co m isio n e s. Pero n in ­
g u n a de e lla s debe ig n o ra r un p la n de des­
a r r o llo de la c iu d a d : su z o n ific a c ió n , sus
reservas, sus p re visio n e s, sus d ire c tiv a s .
Las idea s bá sica s del P lan de R e e s tru c tu ra ­
c ió n de Bs. A s. y el g ra n Bs. A s. p resen­
ta d o en la e x p o s ic ió n , a b a rc a n estos asp ec­
tos, a p o rta n d o a d e m á s las co n c lu s io n e s de
un e xte n so a n á lis is : p u n to s d e fin id o s de
a p o yo qu e deben ser el p u n to de p a rtid a
de c u a lq u ie r p ro g ra m a p a ra la v iv ie n d a .
Es im p re s c in d ib le , p o r o tra p a rte , q u e las
a u to rid a d e s p re ste n un a re a l a te n c ió n y
a p o ye n la fin a liz a c ió n del P lan R e g u la d o r
p a ra Bs. A s. del q u e estas Ideas Básicas
d e l P lan de R e e s tru c tu ra c ió n fo rm a n p a rte ,
p ro m u lg a n d o la ley de P la n e a m ie n to c o rre s ­
p o n d ie n te . A p o y a n d o a l e q u ip o de té cn ico s
q u e lo e s tu d ia , re fo rz á n d o lo con el asesoram ie n to n e c e s a rio y , sobre to d o , d á n d o le la
je ra rq u ía qu e a n u e s tra c iu d a d le c o rre s ­
ponde.

Exposición Arfe Nuevo. Van Riel.
Bs. As., noviembre 1955.

B a jo el n o m b re de A r te N u e v o , esta e x p o ­
s ic ió n re úne un c o n ju n to c o n s id e ra b le de
o b ra s p e rte n e c ie n te s a las te n d e n c ia s a b s ­
tra c ta s y co n c re ta s del a r te a c tu a l. A u n ­
que a q u í ta m b ié n se e x p o n e n a lg u n o s p ro ­
ye cto s de a rq u ite c tu ra y h a y u n a sala de-

�d ic a d a a la fo to g r a fía , p re d o m in a s in e m ­
b a rg o el a s p e c to p lá s tic o re p re s e n ta d o p o r
la p in tu r a y la e s c u ltu ra . El n ú m e ro e le ­
v a d o de e x p o s ito re s in d ic a la d ifu s ió n a l­
c a n z a d a en n u e s tro m e d io p o r a q u e lla s
fo rm a s a r tís tic a s sin q u e esta d ifu s ió n p u e ­
da to m a rs e c o m o e le m e n to de ju ic io p a ra
a p re c ia r el g ra d o de e v o lu c ió n qu e esas f o r ­
m a s h a n a lc a n z a d o e n tre no sotro s.
El c a r á c te r de fr e n te ú n ic o q u e los p ro p io s
o rg a n iz a d o re s o to rg a n a esta clase de e x ­
p o sicio n e s , im p id e , p o r s u p u e s to , to d a c o n ­
s id e ra c ió n de la o b ra a is la d a y tra e a d e ­
m ás co m o c o n s e c u e n c ia la p ro m o c ió n de
p rin c ip ia n te s c u y o ú n ic o c a u d a l ra d ic a en
u n m a n ie ris m o rá p id a m e n te a d q u irid o , con
el a g ra v a n te de qu e h o y n o se ca re c e de
a n te c e d e n te s , c o m o o c u rría d ie z añ os a trá s .
Esta m u e s tra , en re s u m e n , p o d ría re s u lta r
s ig n ific a tiv a p a ra q u ie n se p ro p u s ie ra a v e ­
r ig u a r c ó m o se c u m p le n e n tre n o s o tro s los
procesos de d ifu s ió n de las fo rm a s m o d e r­
nas, procesos en los c u a le s p a rece g r a v ita r
m ás la n o tic ia , el d a to e x te rio r, qu e una
re a l e x p e rie n c ia e s té tic a .

Fernand Léger (1381-1955)

Fernand Léger.

Exposición Del Prete. Van Riel, Bs.
A s., diciembre 1955.

Del

Prete:

"C o m p o s ic ió n "

(1953).

En las salas de V a n R iel el p in to r Del
P re te ha re a liz a d o u n a e x p o s ic ió n de p in ­
tu ra s a b s tra c ta s y fig u r a tiv a s que re p re ­
se n ta n su la b o r de los ú ltim o s c in c o años.
Se tr a ta , pues, de su p ro d u c c ió n m á s re ­
c ie n te , en la q u e se r e fle ja n las n u e va s
in q u ie tu d e s que este p in to r h a in c o rp o ra d o
a su e x te n s o re p e rto rio p lá s tic o .
D el P rete no es p in to r de fá c il u b ic a c ió n ,
p e ro su a c titu d e s e n c ia l fr e n te a la p in t u ­
ra p e rm a n e c e c o n s ta n te desde el fa u v is m o
in ic ia l h a s ta sus ú ltim a s p in tu ra s , d ic ta d a s
p o r un e s p o n ta n e ís m o lib re de to d o p re ­
c e p to fo r m a l. Los te m a s m ás d iv e rg e n te s
del a r te a c tu a l c o n s titu y e n p a ra él v e rd a ­
deros " t e m a s " , es d e c ir, p re te x to s , e x e n to s
de to d a p r o b le m a tic id a d , que le p e rm ite n
e je rc e r la p in tu r a c o m o u n a a c tiv id a d es­
p o n tá n e a y n a tu ra l. A q u í es d o n d e ra d ic a
su c o h e re n c ia .
En un m e d io co m o el n u e s tro , d o n d e la
p in tu ra a d o p ta fá c ilm e n te un b a rn iz de
b u e n to n o , la p in tu ra de D el P rete puede
re s u lta r c h o c a n te , n o ta n to p o r las a p a ­
rie n c ia s fo rm a le s qu e re v is te , c o m o p o r la
re belde in tra n s ig e n c ia con q u e a c o m e te el
h a c e r p ic tó ric o . C o n te m p la d a desde este
p u n to de v is ta , la e x p o s ic ió n c o n s titu y e un
b u e n e je m p lo de lo que a firm a m o s .
A . H.

" L é g e r , ha d ic h o A p o llin a ir e , h a sid o un o
de los p rim e ro s q u e , re s is tie n d o a l a n tig u o
in s tin to de la especie y de la ra z a , se h a ya
lib ra d o con a le g ría a l in s tin to de la época
en q u e v iv í a " .
M u c h o s s ig lo s de u n a c iv iliz a c ió n ra c io n a lis ­
ta y ca d a ve z m ás m e c a n ic is ta , ya no p e r­
m ite n a l h o m b re el m a n te n im ie n to de re la ­
c io n e s p a n te ís ta s a rm o n io s a s . La té c n ic a
■
— y a qu e de bem o s lla m a r la p o r su n o m ­
b re — se ha c o n v e rtid o d e s e rv id o r en d u e ­
ño. D u e ñ o v e n e ra d o h a sta el fa n a tis m o .
P acto con S a ta n á s p a ra m u ch o s. M e d io de
re d e n c ió n p a ra o tro s. C u a le s q u ie ra sean su
n a tu ra le z a y sus fin e s , n in g ú n h o m b re c iv i­
liz a d o p u ede e sca p a r a su d o m in io . Desde
ha ce u n s ig lo — y a ú n a n te rio r m e n te —
m u c h o s p in to re s h a n p re s e n tid o esta tra n s ­
fo rm a c ió n fu n d a m e n ta l de las c o n d ic io n e s
de la e x is te n c ia h u m a n a . El im p re s io n is m o
fu é la p r im e r to m a de c o n c ie n c ia de esta
n u e v a m ís tic a . El c o lo r, h a sta e n to n ce s se­
c u n d a rio , se to rn ó sob eran o. P or o b ra de
a lg u n o s a rtis ta s , de L é g e r e s p e c ia lm e n te ,
fo r m a y c o lo r o b tu v ie ro n su a u to n o m ía . El
c u a d ro e n te ro se c o n v ir tió en u n n u e vo o r ­
g a n is m o , un o b je to c re a d o p o r los solos
e le m e n to s de su e s tru c tu ra .
" S o la m e n te el c u a d ro -o b je to es c a p a z de
s o p o rta r la c o m p a ra c ió n con c u a lq u ie r o b ­
je ta fa b ric a d o y re s is tir a l tie m p o . El c u a ­
d r o -a r tis ta es fa ls o y está a c a b a d o " ha
d ic h o Léger.
Y si, ta l co m o él lo p re te n d ía , a ca d a é p o ­
ca c o rre sp o n d e u n v u e lc o p a r tic u la r del
e s p íritu , Lé g e r, m ás a ú n y m e jo r q u e n in ­
g ú n o tro , se id e n tific ó con el de su tie m ­
po. M á s q u e sus co m p a ñ e ro s de la b r illa n te
c u a d rig a c u b is ta : P icasso, B ra q u e y G ris,
q u ie n e s , a p e sa r de las a p a rie n c ia s , no
a b a n d o n a ro n n u n c a el te rre n o tra d ic io n a l
de la p in tu ra .
L é g e r, c o m o un n iñ o g ra n d e m a ra v illa d o
p o r los ju g u e te s p ro d ig io s o s q u e los h o m ­
bres c re a n ca d a d ía — los e x tr a o rd in a rio s
d e s c u b rim ie n to s ,
las m á q u in a s
a s o m b ro ­
sas— a s p iró ta m b ié n a c re a r v is io n e s n u e ­
vas, a a g ru p a r los e le m e n to s p lá s tic o s en
c o m b in a c io n e s n u n c a vis ta s . B uenos tr a b a ­
jos, b ie n re a liz a d o s , b ie n te rm in a d o s , b r i­
lla n te s , d in á m ic o s — e s p e c ta c u la re s — , c a ­
paces de c o m p e tir con la u sin a y con la
fá b ric a .
Pero ¡a te n c ió n ! L é g e r sabe q u é q u ie re d e ­
c ir té c n ic a . C on el b u e n s e n tid o c a m p e sin o
y la a g u d e z a n o rm a n d a he re d a d o s de sus
p a d re s , sabe e n fr e n ta r la fra n c a m e n te , pero
p u ede ta m b ié n h a c e rlo con a s tu c ia . A u n q u e
de ba re s p e ta r la s u p e rfic ie de la te la — le
a g ra d a a veces ta m b ié n s u g e rir el v o lu ­
m e n — lo hace ta n s u tilm e n te qu e la su­
p e rfic ie resiste y e l peso sub siste. En c u a n to
a l c o lo r, si L é g e r le ha trib u ta d o un v e r­
d a d e ro c u lto — " s in c o lo r n o se p u ede v i­
v i r " es su fó r m u la — , si lo e x a lta , si re ­

v e la que es b e llo p o r sí m ism o , a ú n y so­
bre to d o en sus to n a lid a d e s fu n d a m e n ta le s ,
lo e m p le a sin e m b a rg o en u n a ju s ta m e d i­
da, a f in de q u e su b r illo re s p la n d e z c a , que
sus o n d a s se irra d ie n . Si el m e jo r o fic io es
el m ás a p to p a ra e x p re s a r la id e a p lá s tic a ,
el de L é g e r, que es m u y e fic a z , se h a lla
m ás ce rca del o fic io del a ffic h is ta q u e del
p in to r. En c u a n to a l a s u n to , es irre c o n o c i­
b le , a n o n a d a d o co m o p o r u n a d e fla g ra c ió n
n u c le a r q u e lib e ra la e n e rg ía p lá s tic a a su
e s ta d o p u ro . Pero L é g e r no h u b ie ra c o m ­
p re n d id o lo q u e era la té c n ic a si no h u b ie ra
sa b id o q u e e lla debe tr a d u c ir lo in e x p re s a ­
b le , esa e s té tic a q u e posee el a r tis ta , esa
s u b s ta n c ia ta n pre cisa e im p re c is a a la vez
q u e e x is te en él.
Desde 1 9 1 2 , p in tu ra s co m o " V a r ia tio n s des
fo r m e s " , "C o n tra s te s de fo r m e s " re v e la n
q u e L é g e r ha d e fin id o de g o lp e su e s té tic a ,
ha in v e n ta d o su té c n ic a y ha e n c o n tra d o
su " m é t i e r " .
Este m ila g ro se ha p ro d u ­
c id o a p e n a s en dos añ os, e n tre 19 11 y
1 9 1 3 , ya q u e en 1911 h a b ía e x p u e s to to ­
d a v ía en los In d e p e n d ie n te s " L e s ñu s da ns
la f o r é t " , u n a p in tu ra b a sada a ú n en el
a n á lis is de los e le m e n to s d e l s u je to , g e o m e triz a d o s seg ún el c é le b re co n se jo de C éz a n n e a su a m ig o E m ile B e rn a rd : " T o d o en
la n a tu ra le z a debe ser tra ta d o p o r el con o,
la e s fe ra , e l c ilin d r o , puestos en p e rs p e c ti­
v a s " . Frase c la v e p a ra L é g e r — m ás que
p a ra tod os los o tro s c u b is ta s — , id e a d ire c ­
t r iz de to d a su o b ra .
D espués v in o la g u e rra . L é g e r n o d e b e ría
re to m a r ja m á s con el m ism o rig o r las e x ­
p e rie n c ia s d e s in te re s a d a s de sus co m ie n zo s.
A l m a rg e n de la le ye n d a q u e p re te n d e que
la g u e rra h a ya en señad o a L é g e r la b e lle z a
de la m á q u in a — a se rció n que ig n o ra las
" m a c h in e s nees sans m e re " del P ica b ia
1 9 1 5 y las " m a c h in e s in ú t ile s " del P ic a b ia
D a d a 1 9 1 6 — , podem os p re g u n ta rn o s si
esta g u e rra de 1 9 1 6 , en la qu e lu c h ó d u ­
ra n te tre s añ os en el fre n te de V e rd u n , no
ha re v e la d o m ás b ie n a L é g e r v e rd a d e s
p ro fu n d a s , d e te rm in a n te s p a ra su a rte . En
el exceso de l m a l, en el d e s e n c a d e n a m ie n ­
to d e l o d io , ha te n id o , a no d u d a r, la re v e ­
la c ió n del v e rd a d e ro a m o r fr a te r n a l. L ic e n ­
c ia d o en 1 9 1 7 después de h a b e r sid o a l­
c a n z a d o p o r los gases, L é g e r re to m a poco
a poco, lu e g o d e v a rio s meses de co n v a le s c e n c ia , en la qu e un tra s to rn o de la v is ta
n o le p e rm ite v e r m ás q u e el a m a r illo , sus
e x p e rie n c ia s p ic tó ric a s .
Si en sus n u e va s p in tu ra s e n c o n tra m o s la
m ism a c ie n c ia que en las a n te rio re s , e lla s
no poseen ya la m ism a fu e rz a fe s tiv a , la
m is m a fo g o s id a d , el m is m o e n tu s ia s m o p o r
los e le m e n to s p lá s tic o s q u e é l h a b ía c o n ­
trib u id o a lib e ra r. U n a d u d a se ha in s in u a ­
do, un te m o r ha s u rg id o , un re cu e rd o , ta l
ve z, se ha p re cisa d o . Esos cañ ones que

35

�e n c o n tra b a be llo s b a jo el sol de la tr in c h e ­
ra c u a n d o era a r tille r o , n o e ra n acaso los
m ism o s que s e g aban a los c a m a ra d a s que
d e b e ría re c o g e r m ás ta rd e co m o a n g a rille ro? L é g e r no es h o m b re de c o m b a te s in te ­
rio re s, n i de s u tiliz a r en exceso. Sus o b je ti­
vos son s im p le s y fra n c o s , su fu e rz a , tr a n ­
q u ila y b ie n e q u ilib ra d a . S e g u irá sus in t u i­
cio n e s, se a p o y a rá de n u e v o en e le m e n to s
co n c re to s , no s o la m e n te m e c á n ic o s , sin o
ta m b ié n en p e rs o n a je s o p a is a je s . V o lv e rá
a la v id a de las a p a rie n c ia s p ic tó ric a s com o
v o lv ió a la v id a a l re g re s a r de la g u e rra ,
a p re n d e rá de n u e v o a v e r y a a m a r las
cosas n a tu ra le s y h a b itu a le s . Si e x is te a q u í
un re tro c e s o es m ás en su e s té tic a que en
su té c n ic a , a u n q u e n e c e s a ria m e n te esta ú l­
tim a se re s ie n te . V a , pues, a a p o y a rs e so­
b re u n a tra d ic ió n , la m is m a q u e , ha ce c u a ­
tr o sig lo s y en c irc u n s ta n c ia s s im ila re s , fu é
la de los g ra n d e s c o n s tru c to re s , esos a r tis ­
ta s de l seis c ie n to s ita lia n o , ce rc a n o s desde
ta n to s p u n to s de v is ta a los de n u e s tro
tie m p o , en v ir tu d d e l e s p íritu té c n ic o y las
in te n s a s e x p e rie n c ia s p lá s tic a s .
Sin u n a e x c e s iv a b u e n a v o lu n ta d , es fá c il
e n c o n tra r u n a id e n tid a d e n tre las te la s de
L é g e r del p e río d o 1 9 1 8 - 1 9 2 2 q u e fin a liz a
con “ La le c tu r e " y " L e g ra n d d é je u n e r"
— dos o b ra s m a e s tra s , fo r m id a b le s go lp es
de p u ñ o de sca rg a d o s sobre la mesa v e rd e
de la d ip lo m a c ia p ic tó ric a de la ép oca—
y las p in tu ra s de un U c e llo o p r in c ip a lm e n ­
te de u n P ie ro d e lla F rancesco. E n c o n tra ­
m os la m is m a g e o m e triz a c ió n de las f o r ­
m as, el m is m o ta m a ñ o m o n u m e n ta l, I17
m ism a a p a re n te in s e n s ib ilid a d , la m is m o
n e g a c ió n a to d o s e n tim e n ta lis m o . P in tu ra s
in te le c tu a le s , a l m is m o tie m p o que p in tu ra s
a lta m e n te h u m a n a s , en d o n d e to d o s los
p ro b le m a s p la n te a d o s son p ro b le m a s de
p in to r , en d o n d e el c o n te n id o es u n a a d h e ­
sión a l e s p íritu de su tie m p o . Sobre estas
p in tu ra s podem os d e c ir lo que A p o llin a ir e
de los c u b is ta s : " L é g e r n o ha tra n s p o rta d o
con él el c a d á v e r de su p a d re " .
R e to m a n d o y a el c o n ta c to con la tra d ic ió n ,
im p re g n a d o d e l p e n s a m ie n to a lb e rtia n o , L é ­
g e r tr a ta de s u b s titu ir el a s u n to p o r f o r ­
m as a rq u ite c tó n ic a s . A este p e río d o " d ó ­
r ic o " sig u e el de los o b je to s en e l esp acio.
D u ra n te la rg o s añ os L é g e r re a liz ó m e tó d ic a ­
m e n te , h o n e s ta m e n te , to d a s las te n ta tiv a s
p a ra d e s a rro lla r sus h a lla z g o s p lá s tic o s sin
tra ic io n a rlo s .
N o era h o m b re de re p e tir in d e fin id a m e n te
las m ism a s e x p e rie n c ia s , co m o lo h iz o poco
después M o n d ria n . A d ife re n c ia de este
m ís tic o , L é ger, te m p e ra m e n to fís ic o , d in á ­
m ic o , sólo se re a liz a p o r la a c c ió n , a la
q u e se e n tre g ó con la fo g o s id a d de su n a ­
tu r a le z a a p a s io n a d a .
La f a lla de e s ta b e lla n a tu ra le z a p o d ría
h a b e r sid o u n a in c lin a c ió n p ro n u n c ia d a h a ­
c ia lo p in to re s c o p o p u la r: las fie s ta s fo r á ­
neas, los c irco s, los " b a ls m u s s e tte " y sus
p a rro q u ia n o s , las c o m p e tic io n e s d e p o rtiv a s ,
las m u ltitu d e s ociosa s y los tra b a ja d o re s .
N o h a sido así, sin e m b a rg o . El p in to r ha
d o m in a d o c o m p le ta m e n te esa f lo r a z u l que
se e x p a n d e ta n n a tu ra lm e n te en los c u a d ro s
de l D o u a n ie r R ousseau, a q u ie n L é g e r a d ­
m ira b a p ro fu n d a m e n te . Y en d e fin itiv a , es
en su c a rá c te r de a r tis ta p lá s tic o q u e se
in te re s a p o r esos e s p e c tá c u lo s : " lo s p e rfile s
de m e d a lla de los b a ila rin e s , s in c u e llo s
p o stizo s, de los " b a ls m u s s e tte " , hace n o ­
ta r un día .
A p ro x im a d a m e n te después de 1 9 3 2 , L é g e r
n o re s is tió m ás a l lla m a d o de esas m u lt it u ­
des, de ese m u n d o a b ig a rra d o que o c u p a b a
su c o ra z ó n desde ta n to tie m p o . La id e o lo ­
g ía p o lític a a la qu e se a d h irió poco des­
pués, con to d a su fe y su b u e n a fe , h a b ría
de c o n tr ib u ir a la n u e v a o r ie n ta c ió n de
su a rte .
E m p ie z a en to n ce s la serle de las g ra n d e s
c o m p o sic io n e s : " L e s c o n s tru c te u rs ", " L e s
lo is ir s " , " L e s m é tie r s " , q u e fin a liz a en sus
ú ltim o s añ os con " L e c ir q u e " y " L a g ra n d e
p a r a d e " , te s tim o n io s in d is c u tib le s de su
m a e s tría p lá s tic a al m is m o tie m p o que a f ir -

36

LI BROS

LA CARTA DE ATENAS. —
C h a rfe

d 'A th é n e s " .

d o c u m e n to

que

P rim e r

f ija

T r a d u c c ió n de " L a

y

h a s ta

d o c tr in a

en

hoy

ú n ic o

m a te r ia

de

u r­

b a n is m o . E x p lic a c io n e s y a c la ra c io n e s de los C o n ­
gresos

In te r n a c io n a le s

de

A r q u ite c tu r a

M o d e rn a .

15 .—

$
Fernand Léger: " L a e s tu fa " (1918).
Fernand Léger: Estudio p ara "E l fu m a d o r" (1914).

LAS TRES LAMPARAS DE LA ARQUITEC­
TURA MODERNA, p o r e l A r q . Jo se p h V .
H u d n u t. T r a d u c c ió n d e l A r q . J o rg e V . R iv a r o la . —
En e s te

lib r o

q u ite c to s

y

de

p a r t ic u la r

Hudnut

e s tu d ia

fic a s y

p e r ju d ic ia le s

tu r a

in te ré s

p a ra

e s tu d ia n te s d e a r q u ite c t u r a ,

m o d e rn a

la s

d ife r e n te s
que

in flu e n c ia s

a fe c ta n

a

e s c rito

e s tu d io

s o b re

A rq .
bené­

la a r q u ite c ­

................................................

LA VIVIENDA DEL MAÑANA.
b r illa n t e

los a r ­
el

^

] 2 . -----

— El

a r q u ite c t u r a

m ás

re s id e n c ia l,

p o r los A rq s . N e ls o n y W r ig h t . 2 1 4 p á g i­

nas en

fo rm a to

fo to g ra fía s

de

u n ifa m ilia r e s .

de 21

x

29

in te r io re s
3^

y

e d ic ió n .

con

232

h e rm o sa s

e x te r io r e s

de

. . .

casas

80 .—

$

LA MADERA AL SERVICIO DEL ARQUI­
TECTO, p o r S e v e rin o P ita . — T o d a la c a r p in te ­
r ía b la n c a ; p u e rta s de e n tr a d a , g u illo t in a y c o r re ­
d iz a s ,

v e n ta n a s

c o rre d iz a s y de
tiv a s

a e s c a la , f o t o g r a f í a s

c io n e s

d e ta lla d a s ,

im p re s ió n

m o c ió n de l deseo d e , re e n c o n tra r un n u e vo
re a lis m o , un a r te p a ra el p u e b lo . Sin e m ­
b a rg o , p re c is a " n o som os no sotro s los que
debem os descende r h a sta e llo s, son e llo s los
que deben s u b ir h a sta n o s o tro s ".
Si m e d ita m o s sobre los c in c u e n ta añ os d u ­
ra n te los cu a le s se d e s a rro lló la o b ra in ­
m ensa de L é g e r, in te g ra d a n o sólo p o r sus
p in tu ra s s in o ta m b ié n p o r sus e s c u ltu ra s ,
c e rá m ic a s , v itr a u x , m o saicos, d e co ra d o s de
te a tro , c o re o g ra fía s , film s , ilu s tra c io n e s , t a ­
p ic e ría s , a d v e rtim o s que esta o b ra , qu e ha
e n riq u e c id o el a rte u n iv e rs a l, pu ede a p o rta r,
p o r sus in te n c io n e s y sus re a liz a c io n e s , un a
re spuesta a la c u e s tió n a p a s io n a n te de los
tie m p o s p resentes ace rca de si la té c n ic a
m o d e rn a p u ede ser un m e d io d e c o n o c i­
m ie n to p a ra el h o m b re y el a r tis ta .
L é g e r, que fu é un té c n ic o in c o m p a ra b le ,
u n o de los p in to re s m ás c la riv id e n te s de su
ép oca, u n v e rd a d e ro p io n e ro , a u n q u e no h a ­
ya p o d id o p e rs is tir en las p in tu ra s in d e p e n ­
d ie n te s de sus c o m ie n z o s , ha d e m o s tra d o
de to d a s m a n e ra s q u e el e s p íritu té c n ic o es
el m ás a p to p a ra s e rv ir a l e s p íritu m o d e rn o .
L é ger, n a tu ra le z a re a lis ta y g ra n c o ra z ó n ,
ha a lc a n z a d o la e s p ir itu a lid a d — c o n d ic ió n
fu n d a m e n ta l p a ra q u e el e s p íritu té c n ic o
sea e fic a z — - p o r m e d io d e l e s p íritu de c a ­
rid a d h u m a n a .
G e rm a in e D erb ecq.

de a b r ir a l

e x te r io r , a l in te r io r

g u illo t in a ; co n lá m in a s
268

y s ó lid a m e n te

c o n s tr u c ­

n u m e ro s a s y

p á g in a s

con

e x p lic a ­
e x c e le n te

e n c u a d e rn a d o

125 .—

$

ARQUITECTURA EN RELACION AL DE­
RECHO, p o r el A r q . J o rg e V í c to r R iv a r o la . —
Con
Un

la c o la b o r a c ió n
lib r o

ya

de

c lá s ic o

de los c o n tr a to s y

la A r q .

p a ra

la

M a ría

E. M e o li.

in te r p r e t a c ió n

le g a l

la d ire c c ió n de o b ra . 3 6 5 p á ­

g in a s n u tr id a s de v a lio s o

m a te r ia l

...

$

6 0 .____

PLACARDS y toda clase de muebles para
guardar. ----- 128 p á g in a s , 20 co n la s m e d id a s de
to d o s los a r m a rio s q u e p u e d a n
de
y

1 0 0 c o n te n ie n d o f o t o g r a f í a s
s u e lto s

n e c e s ita rs e y m ás
de m u e b le s f ijo s

............................................................. $

4 3 ._____

ED IT O R IA L CO N TEM PO R A S.R.L.
S a rm ie n to

643

31 - 2 5 7 4 - 1 8 9 3

B u enos

A ire s

�Exposición del Club de Directores
de Arte. Bs. As., Witcomb, diciem­
bre 1955.

Las e x p o s ic io n e s sue le n d a r u n a ¡dea c la ra
y p re cisa a c e rc a de q u ie n e s las o rg a n iz a n .
Estos son los d e p o s ita rio s de las o b ra s de
los e x p o s ito re s y a s u m e n la g ra v e responsa­
b ilid a d de p o n e rla s en v a lo r p ú b lic a m e n te .
Esta la b o r no es fá c il, sin d u d a , ya q u e el
é x ito o e l fra c a s o de la e x p o s ic ió n d e p e n ­
de en su m a y o r p a rte d e l in te ré s que p u e ­
da te n e r lo que se e x p o n e . Pero, a u n q u e
a q u í ra d iq u e en d e fin itiv a lo e s e n c ia l de
u n a m u e s tra , e x is te a d e m á s u n a té c n ic a de
e xp o sic io n e s q u e c o n v e n d ría te n e r p resente
p a ra el m e jo r lo g ro de la fin a lid a d que se
p e rs ig u e a l h a c e r p ú b lic a u n a m u e s tra .
Esto es lo qu e ha s u c e d id o con la re c ie n te
e x p o s ic ió n de l C lu b de D ire c to re s de A r te
q u e , p o r c o n s titu ir un re sum en de la a c ti­
v id a d p u b lic ita r ia g r á fic a re a liz a d a p o r los
socios de esa e n tid a d , tie n e un c a rá c te r
re p re s e n ta tiv o c u y a im p o rta n c ia ha sid o to ­
ta lm e n te s u b e s tim a d a p o r los o rg a n iz a d o re s
de la m u e s tra . El m a te ria l q u e la co m p o n e ,
d e fic ie n te y p o b re en su m a y o r p a rte , está
e x p u e s to sin d ig n id a d a lg u n a , a g lo m e ra d o ,
m a l d is tr ib u id o sobre h o ja s de p a p e l " a r ­
tís tic a m e n te " d e c o ra d a s con b a n d a s de c o ­
lores que tr a ta n de e v id e n c ia r el e s p íritu
a le rta de los o rg a n iz a d o re s . La m u e s tra
está co m p u e s ta p o r los " o r ig in a le s " r e a li­
zad os p o r el d is e ñ a d o r p u b lic ita r io y su
ve rs ió n im p re s a en p e rió d ic o s y re vista s.
El b a jo n iv e l de im p re s ió n qu e p re d o m in a
en n u e s tra s p u b lic a c io n e s de g ra n c on sum o
p a re c e o r ie n ta r la a c tiv id a d de los d is e ñ a ­
dores g rá fic o s qu e, en su g ra n m a y o ría ,
se lim ita n a e je c u ta r ta re a s ru tin a ria s sin
e v id e n c ia r el m e n o r in te n to de im p o n e rs e
a sí m ism o s y a los e n c a rg a d o s de in te r ­
p r e ta r y re a liz a r sus ¡deas, n o rm a s té c n ic a s
y e s té tic a s m ás e le v a d a s y e x ig e n te s .
F .-M .

El Bar 55.

p a ra fa m ilia s con o sin coche, v iv ie n d a
m ín im a con te rra z a , e tc .). En se g u n d o lu ­
g a r, y con c a rá c te r in te rn a c io n a l, se e x h i­
b ía n re a liz a c io n e s de a r q u ite c to s de c in c o
países (M a rc e l R o u x, F ra n c ia ; A lv a r A a lto ,
F in la n d ia ;
F in n J u h l, D in a m a rc a ;
H ans
S c h w ip p e rt, A le m a n ia O c c id e n ta l; Sten L in d e g re n , S uecia; A lfr e d A lth e r r , S u iz a ; Eric
Lyo ns, In g la te r ra ; Y o ji K a s a jim a , J a p ó n ),
que c o n s titu ía n d ive rsa s e xp re sio n e s de la
típ ic a casa f a m ilia r e q u ip a d a con m u ebles
y e le m e n to s p o sib le s de c o n s e g u ir en el
m e rca d o .
En el m u e lle , e l p r im e r p a b e lló n esta ba
d e d ic a d a a la e le c tric id a d . D ise ñ a d o p o r el
a r q u ite c to en je fe de la e x p o s ic ió n , h a b ía
sido p la n e a d o con u n a e s tru c tu ra de ace ro,
lib re en la p la n ta b a ja p a ra p e r m itir la
c irc u la c ió n del p ú b lic o . Seguía la sección
p a ra n iñ o s, q u e c o n s ta b a de un s iste m a v ia l
en m in ia tu r a cu y o acceso se p e rm itía a los
p e queñ os p a ra e n se ñ a rle s las re g la s del
tr á fic o , un d e p a rta m e n to de ro p a p a ra n i­
ños, o tr o de ú tile s escolares y un m o d e lo
de ja rd ín de in fa n te s .
L u e g o d e l B ar, u n a serie de p a b e llo n e s p e ­
q u eños (co rre o , u n a tie n d a de re g a lo s, v e n ­
ta de h e la dos, te lé fo n o s , e tc .), se h a lla b a n
d isp u e sto s en p e queñ os ja rd in e s . U n te rc e r
e d ific io , se m e ja n te a l d e d ic a d o a la e le c tr i­
c id a d , e s ta b a d e s tin a d o a la n a v e g a c ió n ,
con e x h ib ic ió n de c a b in a s y o tro s e le m e n to s
de u n b a rco .

V ista del m uelle.

U n a sección d e n o m in a d a " C o lo r " e sta b a
d e s tin a d a a la e x p lic a c ió n de la c ie n c ia del
c o lo r, las re g la s ó p tic a s q u e lo g o b ie rn a n ,
la p ro d u c c ió n in d u s tria l de los c o lo ra n te s
y la a p lic a c ió n de l c o lo r a l diseñ o de in te ­
rio re s. F in a lm e n te , después del re s ta u ra n t,
u n g ru p o de e d ific io s se h a lla b a n d e d ica d o s
a l d ise ñ o in d u s tria l y a l a rte s a n a d o de D i­
n a m a rc a , F in la n d ia , N o ru e g a y S uecia.
Los a rq u ite c to s en je fe de la e x p o s ic ió n
fu e ro n C a rl- A x e l A c k in g , B e n g t G ate, T o rb jó rn O lsson, Sven S ilow .

La sección de juego para niños.

Exposición de arquitectura, diseño
industrial, amueblamiento y artesa­
nado. Hálsingborg, 1955.
2 5 años después de la e x p o s ic ió n de Estoc o lm o de 1 9 3 0 , se ha re a liz a d o en H á ls in g b o rg , S uecia, d u ra n te los meses d e ju n io
y a g o s to , o tra m u e s tra in te rn a c io n a l de c a ­
rá c te r re m e m o ra tiv o , a la que c o n c u rrie ­
ro n d is tin to s países de E uropa y el J a p ó n .
P ara la e x h ib ic ió n se u tiliz ó un la rg o d i­
qu e de m e d ia m illa de la rg o , c o n e c ta d o
p o r un p u e n te con tie r r a firm e , en d o nde
se d e s a rro lló la p a rte de la e x p o s ic ió n d e ­
d ic a d a a la a r q u ite c tu ra . El lu g a r, de un
g ra n d e s a rro llo lin e a l, y el e n to rn o lu m i­
noso del m a r — a n im a d o p o r ve le ro s y b a r­
cos qu e c irc u la b a n p o r e l p u e rto — , no p o ­
d ía n ser m ás a d e cu a d o s p a ra la m u e s tra .
En la sección de la e n tra d a se h a lla b a n
u b ic a d o s el a u d ito riu m y un e sc e n a rio a l
a ire lib re . La p a rte p rin c ip a l, c o n s titu id a
p o r la sección de a r q u ite c tu ra y a m u e ­
b la m ie n to , c o m p re n d ía en p rim e r té rm in o
c u a tro b u n g a lo w s suecos, p ro y e c ta d o s de
a c u e rd o a d is tin to s re q u e rim ie n to s o d is ­
tin to s m é to d o s de p re fa b ric a c ió n (p a ra una
fa m ilia m ín im a que tr a b a ja en su h o g a r,

37

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conciertos de música contemporánea

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                <text>Hilto, Alfredo&#13;
Neutra, Richard&#13;
Bense, Max&#13;
o.a.m&#13;
Bonet, Antonio</text>
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                    <text>CUADERNOS DE CRITICA ARTISTICA
NUMERO ONCE - DOCE
BUENOS AIRES

Ver y
Estimar

Este número contiene: Joa­
quín Torres García: Ho­
menaje de Ver y Estimar.
- El Instituto de Arte Mo­
derno - Tres exposiciones
de arte extranjero - Joan
Merli y la Editorial Poseidón: D IR EC C IO N .-El arte
contemporáneo y la evo-/
lución de nuestro tiempo:
RENE HUYGHE. - Camino
de la observación: Graban,
dos antiguos y modernos:
S A M U E L F. O L I V E R . Crítica: Walter de Navazio, Valentín Thibon de
Libian y Víctor Pisarro:
JORGE ROMERO BREST;
Pintores argentinos con­
temporáneos: B E A T R I Z
HUBERM AN; Mario Carreño: JORGE R O M E R O
BREST; M a r c o s T i g l i o :
B LA N C A STABILE. Apostillas. - Hojas de Es­
tudio: De Manet a nues­
tros días: BEATRIZ HU­
BERMAN y BLA N CA STABILE. . El artista frente
al mundo: O p i n a V A N T O N G E R L O O . - Corres­
pondencia: Escribe desde
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�______ C A R T E L E R A --------------C A L E R ÍA
A I. C O R A
7-22 septiembre: A l e ja n d r o V ains tk in (óleos) .
22f&amp; ¡itiembre-15 octubre: M on a co (ó^cos) .
15-70 octubre: R a ú l So i .di (óleos) .
C A I /• R Í A
A N T Ü
19 septiembre - 11 octubre: M a r gen at (óleos) .
3-15 octubre: A n t o n io B e r m (¿Ileos) .
C A L E R Í A
A R C E N T I N A (Paraguay 1312 - T . L. -i 1 - 3870)
15-30 septiembre: F ranc is co L avf.cci iia (óleos) . 1
11-15 octubre: J a c i n t o M . C ast ill o ( ó l e o s ) ; J osé M o n t e r o T aoasa ( ó l e o s ) .
C A LE R 1 A M V I 1 E R
19 septiembre - /&lt;* octubre: Sala I: P edro C h a k p e v i Rer (acuarelas) . Salas II
y I I I : L o la L uz arreta (óleos) . Sala IV: R aya ( ó í &amp; s j v Sala V: O scar V áz
(óleos) . Sala V I: Luis A q u i n o (óleos) . Sala V I I : F ra ncisco R a m o n e d a (óleos) .
C A L E R í A V A A' R I E E
12 septiembre - l i octubre: Sala I: P aulo F ierre (óleos)-. Sal. II: P edro R icci”
(‘óleos) . Sala III: F er n an do L uis (óleos) . Sala IV: D avis F. H E y n e m a n n
(óleos) .
3- 22 octubre: Sala I: Salvador de A nc.Ei .is (óleos). Salas II y III: A ldo
R a i .m o n d i (acuarelas) . Sala IV: O t i l ia G. de S aravia (óleos) .
C A 1 li 11 t A i r / L 1) E X S T E 1 X
22 septiembre - 22oct ubre: C o n s i a n t i n G i

vs

(d ib u jo s y a c u a re la s).

S A L Ó X R E C S /• R
6-20 septiembre: J uan J orge Sa l z m a n n (óleos) ; G arcía L e m a (óleos) ; R afa el
U rsandivaras (óleos); M aría C ris t in a M o l i n a S alas ( e s c u l t u r a s ) .

22 septiembre

-

6 octubre: J u li o V an zo (óleos) ; R a f a e l C a y o i . (acuarelas) ;
(esculturas) ; G r u p u satinijs (óleos) .

P ablo FI a u n e m a n n

10-

25 octubre: S alón

de

A cu arelistas

y

G rabado res .

SOCIEDAD H E B R A I C A A R C E N T I X A
11- 50 septiembre: A lf red o G u t t f r o (óleos) .
4- 15 octubre: C a s i a g n i n o , P a l m e i r o , G i a m b i a g i . G ó m e z (¿&gt; r n k t . P a n t o j a .
P o u c a s t r o , So i .d i , S p i l im b f .r g o , V ic t o r ic a .

C E N T E DE A R T E DE A V E L L A N E D A
10- 24 septiembre: J orge L argo (acuarelas v óleos) .
11- 15 octubre: H o r ac io B uti kr (óleos) .

�VER Y ESTIMAR
CUADERNOS
DE C R I T I C A
ARTISTICA
D IRECTO R

JORGE ROMERO BREST
CO N

LA

COOPERACIÓN

DE SUS D ISC ÍPU LO S:

BAYÓN, Damián Carlos.
BERET, Angelia.
BRANÉ, Raquel B. de.
BRUHL, Rodolfo G.
CARREA, Lía.
CAMICIA, Angelina
DIAMENT, Clara.
EDELMAN, Raquel.
GROSSI, Isolina.
HUBERMAN, Beatriz.
JOB, Amalia.
OLIVER, Samuel F.
ROL AND, Alfredo E.
STABILE, Blanca.
TRABA, Martha.

V O L U M E N

III

NUMERO ONCE DOCE
JUNIO

DE

1949

�COLABORADORES
ALBERTI, Rafael (Bs. As.)
ARGUL, José Pedro (Montevideo)
AYALA, Francisco (Bs. As.)
BERENSON,Bernhard (Florencia)
BILL, Max (Zürich)
CAMÓN AZNAR, José (Madrid)
CORPORA, Antonio (Roma)
DEGAND, Léon (París)
DELEVOY, Robert I.. (Bruselas)
DORIVAL, Bernard (París)
GASCH, Sebastián (Barcelona)
GIEDION, Siegfrid (Zürich)
GIRCOURT, Geneviéve (París)
GOERITZ, Mathias (México)
HUYGHE, Rcné (París) '
LEYMARIE, Jean (París)
M ACEDO, Diogo de (Lisboa)
MURARO, Miclielangelo (Venecia
ROM, Franz (Munich)
ROMERA. Antonio (Sgo. Chile)
ROMERO, Francisco (Bs. As.)
ROMERO, José Luis (Bs. As.)
TORRE, Guillermo de (Bs. As.)
SARF VTTI, Margarita (Roma)
SEVERINI, Gino (París)
VENTURI, lionello (Roma)
ZEV1, Bruno (Roma)

�JOAQUÍN
TORRES - GARCÍA
1874

-

1949

HOMENAJE

DE

VER y E S T IM A R

Acaba de m o rir el gran m aestro de la ju v e n tu d uruguaya que
volvió a su patria, después de la vigilia aten ta q ue lo m aduró en
E uropa hasta los sesenta años, para en co n trar en ella las nuevas
energías que le p erm itirían ennoblecerse con la prédica y la
enseñanza denodadas.
Parecía sin edad, como si el tiem po en él se hubiese detenido.
T a l era la en ju n d ia de su palabra y de su gesto, la precisión de
su trazo y la riqueza de su paleta, p o rq u e su fortaleza no era físi­
ca: le dom inaba la trem enda fuerza m oral que se cum ple con
las cuatro virtudes señaladas por R enán: la pobreza, la m odestia,
la regla de las costum bres y la corLesía. Y p or eso parecía eterno.
Don Jo a q u ín era ojo, era piel y era gusto, era olfato y era oído,
tan fino como para in fu n d ir resonancias de todos los sentidos a
sus acordes de tonos; era u n a inteligencia lúcida que com ponía
con los daLos de la historia una gran sinfonía de planos e q u ili­
brados, en la que hallaba su desarrollo la gran idea q ue le obse­
sionaba; era un alm a generosa que se d erram aba sin regateos,
optim ista a pesar de los dolores del m u n d o que no dejaron de

�Italia. 1924 (arriba) .
Montevideo. 1935 (abajo) .

ensañarse con él; pero además
y sobre todo era u n esp íritu vi­
gilante de la vida —de la p ro p ia
y de la ajena, en su tie rra y en
la de nadie o en la de todos—
y p o r eso com pendió sus afanes
en la fó rm u la justa: Volver a
lo cósmico por encima de lo his­
tórico.
E.n su o b ra se h an identificado
felizm ente lo vital y lo abstrac­
to: lo q u e es exaltación de lo
sensible a través de lo perecede­
ro y lo q ue es conceptuación
racional de lo p erm an en te, lo
que le p e rm itió conservar la ca­
lidez de la adivinación in tu itiv a
y lo q u e le llevó a calar muy
hondo hasta la esencia in m ate­
rial de las cosas. T o d o se con­
densó en el sím bolo, que fué
figura y alegoría, pero tam bién
potencia in te rio r de la form a
que se significa a sí misma.
E q u ilib rio y sensatez, in te lig e n ­
cia e im aginación, el fuego de
lo q u e se intuye y la calm a de
lo que se sabe, la pasión del
am or y el rigor del cálculo, lo
instan tán eo y lo pasajero, esto es
J o a q u ín T orres-G arcía en las
inn u m erab les m uestras de su
Dostoievsky. 1944.

��talento sin par. Fauve 0 constructivo, figurativo o abstracto, hay
un hilo de em oción tensa que une sus formas más ap aren tem en te
dispares: la em oción de u n hom bre que jam ás se detuvo en el
in tento de crear a través de su m un d o in d iv id u al el m u n d o u n i­
versal.
N unca le agradecerán bastante en su p atria la generosidad de
que dió prueba. U n hom bre que se entregó herm anándose con
sus discípulos, aun a riesgo de debilitarse, y que supo ser conse­
cuente consigo mismo, em pero, sin p e rm itir q u e hubiese la m e­
nor brecha entre el estilo de su vida y el de su arte.
T iem p o habrá para juzgarlo, tan inexorablem ente como sólo exi­
gen los grandes creadores. H oy es día de gloria p o rq u e la m u erte
perm ite reconquistarlo en toda su pureza: T orres-G arcía hom bre
cede su puesto a T orres-G arcía espíritu, sím bolo del arte am eri­
cano.
Agosto 10 de 1949.

�EL INSTITUTO DE
ARTE MODERNO

Anunciamos la creación y la inauguración del Instituto de Arte Moderno
con el mayor de los regocijos. Tal vez nos fáseme particularmente el
nombre, por todo lo que anuncia: investigación seria y amplia, divulgación
de sanos principios, organización de los conocimientos y creación de los
ficheros nacionales, sobre todo pasión medida, el ideal equilibrio entre el
amor y el entusiasmo que rompen vallas (y es útil que lo hagan) y el es­
píritu que contempla, mide, pondera, calcula (lo que también es útil y
necesario). Y que tales esfuerzos se e?npleen generosamente, por obra de
un hombre generoso, para provocar la comprensión del arte moderno, lo
que significa en verdad, ayudar a que cada uno practique el Conócete a
ti mismo, ya que no será la historia la que permitirá a un hombre del
presente conocerse y comprenderse, sino las formas que otros hombres,
tal vez más vivos que los demás, están creando para nuestra edificación
espiritual. Confiamos, empero, en que por ser un Instituto y no una
asociación, lo moderno será cuidadosamente vinculado con lo pasado, pues
tal es la única actitud cultural legítima. Es menester pasión —estamos de
acuerdo— y hasta arbitrariedad para imponer ciertas formas del arte con­
temporáneo a los miopes o los reaccionarios, pero también es menester
sensatez para que nadie llegue a pensar que ellas implican una ruptura
en el desenvolvimiento de la actividad creadora del hombre.
No sabemos aún cómo estará constituido el Instituto. Las noticias publi­
cadas son vagas, pero sabemos que se hacen esfuerzos para que nazca viable
y fuerte. Por lo pronto, dispone de un buen local, arreglado con el gusto
sobrio que corresponde, sin lujos excesivos. Y se acaba de realizar una ex­
celente exposición, anunciándose otras no menos importantes; después de
la del pintor ruso P a v e l T c h e l ic h e w , patriarca de la pintura en los Esta­
dos Unidos, la del escultor italiano G ia c o m o M a n z ú y la del pintor español
B orés y una dedicada a los jóvenes pintores argentinos de vanguardia, para
quienes se ha instituido el Premio De Ridder.

5

�y E s t im a r no sólo se regocija, también se promete apoyar con su
vigilancia simpática a la flamante institución. Tan sólo espera que la
iniciativa de creación como Instituto y las exposiciones que se sucedan, así
como las conferencias que se pronuncien, después del feliz comienzo con
las del ilustre crítico belga L é o n D ég a n d , a quien aprovechamos para
saludar desde estas páginas con motivo de su partida, justifiquen las es­
peranzas que en ella cifra.

V er

TRES EXPO SICIO N ES
DE ARTE EXTRANJERO
En el Museo Nacional de Bellas Artes acaba de realizarse una exposición
de pintura francesa, De Manet a nuestros días, organizada bajo los auspi­
cios de un comité de honor argentino y otro francés. A l mismo tiempo,
sin alcanzar el tamaño de la otra, en el Instituto de Arte Moderno, a cuya
creación acabamos de referirnos, se expusieron obras de arte abstracto,
seleccionadas y presentadas por L é o n D éga n d , hasta hace poco tiempo
director del Museo de Arte Moderno de San Pablo, Brasil.
De tal modo, los aficionados porteños, luego los de Rosario, tuvieron la
oportunidad verdaderamente extraordinaria de seguir paso a paso las múl­
tiples evoluciones del arte francés, desde las postrimerías del naturalismo
hasta las tendencias más nuevas. Y quien dice francés, en nuestro siglo,
puede estar seguro de que se refiere a lo más importante del arte universal.
Todos hemos estado de parabienes. El público ha correspondido a los
esfuerzos. Millares de espectadores de toda condición social y cultural han
desfilado por las salas del piso alto del Museo Nacional, atraídos muchos
sólo por el prestigio de Francia, y centenares de visitantes, atónitos la'
mayoría, han sentido también la atracción del mismo prestigio, acaso con
signo diferente, en las salas del Instituto. En cuanto al grupo de V e r y
E s t im a r no ha desperdiciado la ocasión excepcional y se ha dedicado a

6

�estudiar cuidadosamente las obras, con el objeto de extraer la lección de
sabiduría y de orientación estética que de ellas se desprende. El resultado,
en síntesis, se presentará al lector en números sucesivos.
La importancia de ambas exposiciones y la cálida acogida obligan a en­
juiciarlas también desde el punto de vista de la organización, teniendo en
cuenta especialmente su eficacia y sin dejar de considerar las inmensas
dificultades que sabemos aparecen cuando se las prepara.
La exposición del Museo abarcó un lapso en extremo dilatado, desde
M a n e t , que murió en 1883, hasta B u f f e t , que nació en 1928, y a causa
de ello los organizadores se vieron obligados a incluir obras de todos los
movimientos ocurridos durante más de sesenta años. Y es mucho tiempo
para que ella pudiera ser completa. Así faltaron obras de G a u g u in , de los
superrealistas, de la mayoría de los abstractos, y algunos de los represen­
tados figuraron con telas manifiestamente inferiores —R e n o ir con Pari­
sienses disfrazadas de argelinas, que pertenece a un período de notoria in­
fluencia de D e l a c r o ix , o P icasso , a quien de ninguna manera puede
presentarse con unas pocas obras de diferentes épocas y de variada calidad—
o envejecidas, como es el caso de T a l C o a t , que en este momento tra­
baja de modo diferente, o de B e a u d in , quien difícilmente pudo ser esti­
mado, como se merece.
En el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires hay excelentes piezas de pin­
tores impresionistas y de algunos postimpresionistas —D egas , T o u l o u se L a u t r e c , V a n G o g h , G a u g u in — y no faltan tampoco en colecciones par­
ticulares —recuérdese la excelente exposición R e n o ir que se realizó el año
pasado en la Galería Wildenstein—; entonces, ¿para qué sobrecargar una
exposición, pretendiendo traer obras de los artistas más difíciles, cuando
era posible, en cambio, hacerla mucho más completa presentando las de
los artistas vivos, los cuales son además los más desconocidos? Lo que Bue­
nos Aires necesita, asi como las demás ciudades de América, es ver cuadros
de M a tisse , de P icasso , de R o u a u l t , etc., y todavía más de los jóvenes, a
los que muy difícilmente puede conocer, ya que ni siquiera las revistas
se ocupan de ellos.
Los organizadores de tales exposiciones deberían comprender que el valor
de ellas no se aprecia por la suma de los valores individuales de cada obra

7

�(no es una operación aritmética) sino por la forma que ellas tengan, vale
decir, por el orden que se les imprima, partiendo claro está de algunas
ideas claras. También deberían comprender que ese carácter unitario de
toda exposición útil es más necesario todavía cuando va dirigida a pueblos
de escasa formación artística. Es mucho más provechosa una exposición
de pocas piezas bien ordenadas que una extremadamente numerosa y sin
una idea que la construya. En la primera el espectador inquieto pero no
formado artísticamente descubre por si mismo, a poco que aguce la obser­
vación, la línea que va uniendo a las obras, sus semejanzas y sus diferencias,
y ese mismo descubrimiento le guía en su capacidad de emocionarse, pudiendo en consecuencia emitir juicios más seguros; en la segunda, en
cambio, los saltos son terribles, las desemejanzas abundantes y las posibles
similitudes quedan ahogadas ante él, limitándose a emitir meras opiniones
a tenor de sus impromptus sentimentales.
Ambas posibilidades pudieron ser apreciadas con motivo de las dos expo­
siciones que comentamos. En la del arte abstracto, aun no siendo perfecta,
pues faltaban algunos nombres importantes y otros artistas estuvieron mal
representados, el público se desconcertó, es cierto, pero gracias a las con­
ferencias de L éo n D égand y de todos los que se creyeron autorizados para
emitir pública opinión, fué fácil hacerle notar qué es lo que buscan tales
artistas y cuáles son los medios que emplean para el logro de sus propósitos.
Aun los más refractarios no dejaron de advertir una cierta unidad de
emoción y muchos, sin entender cabalmente, se dejaron arrastrar por ella.
En la del Museo, en cambio, todo fué confusión, como si exprofeso se la
hubiese preparado para exaltar a los grandes maestros, sobre todo los del
Impresionismo y Postimpresionismo, y a rebajar a los jóvenes. Lo que de *
ningún modo pensamos que haya sido intencional.
Queremos a Francia y a su arte por encima de todo y de todos. Ningún
hombre de cultura en América, especialmente en el Río de la Plata, deja
de alimentar hasta lo que podría denominarse una fanática admiración
por la cultura francesa. Precisamente por eso, nos parece oportuno for­
mular a las autoridades encargadas de la propaganda en el exterior del
gran país rector estas observaciones sobre el modo como organizan las
exposiciones. Lo que necesitamos y queremos por tanto es vibrar al uní­
sono con los espíritus nuevos, con los que abren caminos, aunque esta

8

�aspiración no significa que neguemos a los maestros del pasado. Somos
pueblos nuevos y como tal nos hacen falta raíces, bien es cierto, pero
también pretendemos que se nos ayude a brotar. No todo es semilla. Es
menester que se riegue la tierra y que veamos cómo son las flores y los
frutos en los países más adelantados que nos sirven de ejemplo.
Observaciones afines nos sugiere otra exposición realizada últimamente:
la de 29 pintores uruguayos, en el Salón de Amigos del Libro (Librería
Kraft), pues a pesar de la buena voluntad del Servicio de Arte y Cultura
Popular del Ministerio de Instrucción Pública del país vecino que la
organizó, y del celo del Jurado seleccionador, el resultado desde el punto
de vista de la propaganda no fué tan halagüeño como hubiera sido deseable
y como lo merecen los pintores uruguayos.
Ante todo, porque no se puede juzgar la obra de un artista, ni siquiera
cuando se trata de un maestro, a través de un solo envío. Se necesitan por
lo menos tres obras, e inteligentemente seleccionadas. En este caso, ¿como
estimar los valores de artistas de sólido prestigio como C a r m e l o d e A rza d u m , J o sé C ú n e o y E dua rd o A m éza g a después de ver una tela de cada
uno, máxime cuando ella no es de las mejores? Más difícil todavía de
artistas como W á sh in g t o n B a r c a la , M ig u e l C a r v a ja l V ic t o r ic a , M a n u e l
E s p in ó l a G ó m e z , O scar G a r c ía R e in o , M ig u e l P a r e j a P iñ e ir o , L in c o l n
P r esn o , para citar a los mejores, quienes por ser jóvenes no pueden con­

densar aún en una tela todas sus posibilidades, ni mostrar la rica proble­
mática que seguramente los impulsa; o de otros más evolucionados pero
en crisis como N o r b e r t o B er d ía y H é c t o r Sg a rbi , a los que sólo fué
posible adivinar. Dos casos son aleccionadores a este respecto: primero el
de G a r c ía R e in o , que pudo ser comprendido porque al mismo tiempo
hizo una exposición particlular en Antú, revelando allí condiciones que
fueron de difícil apreciación en La carta; segundo el de Juno V e r d ié ,
quien se destacó en un certamen realizado hace pocos meses en Montevi­
deo como uno de los espíritus más inquietos, pero fué imposible recono­
cerlo en la Naturaleza muerta que se expuso en Amigos del Libro.
La segunda razón, a nuestro juicio, se vincula con el modo de elección
de las piezas. A quí cada artista eligió su tela y se sabe que no es el proce­
dimiento más adecuado, no sólo porque a menudo elige mal, sino porque
de ese modo es imposible imprimir a la exposición un sentido, una forma

9

�como se ha dicho más arriba, transformándose en consecuencia en un
conjunto de obras dispares. Piénsese, en apoyo de lo que decimos, en la
satisfacción estética que produce siempre la visita a una buena colección
privada de obras de arte: ella deriva de la presencia de una idea —sensibi­
lidad e inteligencia— que las va uniendo y construyendo según un esquema
que no puede ser sino de su dueño.
Finalmente, porque la representación fué incompleta, faltando entre otros
los discípulos de T o rres G a r c ía , quienes sabemos que fueron invitados
sin embargo.
Aunque el titulo de la exposición no autorizaba a pensar en que estuvie­
ran todos los pintores del país hermano, nos parece oportuno advertir a
los lectores que la pintura uruguaya es mucho más valiosa e importante
de lo que pudo parecer, por obra y esfuerzo de los mismos que figuraron,
sin duda, pero también de los que desgraciadamente estuvieron ausentes.

J O A N MERLI Y LA
EDITORIAL POSEIDÓN
vino al país no hace muchos años, en busca de esa paz que
le negaba su patria convulsionada, trayendo algo que ahora vemos hasta
qué punto era apreciable: sus conocimientos y su sensibilidad de crítico
de arte, su experiencia de editor y de marchand en Barcelona, su fe en el
espíritu. Por eso, en lugar de recibir nada más, se puso a dar, como hacen
los buenos extranjeros, con el ánimo de llenar una laguna de nuestra
cultura, la de ediciones de libros de arte, y con tal intención fundó la
Editorial Poseidón.
J oan M erli

Pocos lo alentaron. Se esgrimían los argumentos fáciles de prever: que
no hay en América público que se interese por el arte, que la compe­
tencia con las ediciones extranjeras iba a ser ruinosa, que faltaban los
hombres que escribieran libros de calidad, etc. Merli no vaciló y en pocos

10

�años demostró la falacia de tales argumentos, dignificando la industria
editorial en esa rama hasta un punto que nadie hubiera podido soñar,
imponiendo artistas nacionales con sus libros, traduciendo obras de valor
fundamental, permitiendo que publicaran los críticos e historiadores
argentinos.
Muchas obras de alto valor editorial ha publicado en menos de una década,
entre ellas 22 pintores de J u l io E. P a y r ó , Museo Pictórico de A n t o n io
P a l o m in o , Rodin, de R a y n e r M a r ía R il k e y muchos otros, amén de
la excelente Biblioteca Argentina de Arte y de la colección de grandes
monografías.
Ninguna obra iguala desde el punto de vista editorial a la que acaba de
publicar: Picasso, grueso volumen de más de seiscientas páginas, con una
excelente monografía de la que es autor el propio Merli, setecientas cuatro
ilustraciones en negro, treinta y siete láminas en color, además de los
grabados y dibujos intercalados en el texto, a la cual acaba de premiar la
Cámara Argentina del Libro con toda justicia.
Los amigos de Merli se reunieron hace algunas semanas para testimoniarle
amistad y respeto. V e r y E s t im a r se hace presente en ese homenaje,
merecido no sólo por la calidad intelectual del festejado, sino también
por su integridad moral y su ejemplar modestia.
D ir e c c ió n

11

�EL M I E CONTEIPOIÁIIEO V LA
EVOLIÍCIÓN DE DIIIESTRO IIEIIPO
Para V e r

y

E s t im a r

R e n e H u y g h e , e l ilu s tr e conservador e n je fe d e p in tu r a del M useo
del L o u v re, a u to r de a lg unos libros que na d ie olvida, Lea C o n te m p o r a i n s e n tre ellos, es a lta m e n te e stim a d o en el R ío de la P la ta .
T a l es su fe rv o r , su seriedad y ¿ p o r qué no decirlo? su s im p a tía ,
que se h a tra n sfo r m a d o en la fig u r a m á s r e p r e s e n ta tiv a de la
F r a n c ia n u e v a en lo que se r e fie r e a las a r te s plá stica s. S e añ o ra n
su s c o n fe re n c ia s m a g istra le s, su s consejos, la claridad de su e sp ír itu
rec to r. P o r eso nos co m placem os en p u b lic a r este ensayo, que él nos
ha dedicado con e sp ecia l ca riñ o , po rq u e aprecia g en ero sa m e n te
n u e str a labor, com o tu v o oca sió n de exp resa rlo el año pasado,
después de a s istir a u n a de las clases que d ic ta n u e stro d irec to r.
V a y a ta m b ié n n u e stro a g r a d e c im ie n to p o r él apoyo que sig n ific a
c o n ta rlo com o colaborador.

La historia no podrá ignorar el arte moderno. El signo más inequívoco
es la violencia de los juicios provocados. Un arte al que adherimos con
entusiasmo, al que no nos oponemos sino con pasión, un arte que pro­
mueve universalmente tanto la atención como la discusión, no puede
dejar de ser uno de los aspectos esenciales reveladores de nuestro tiempo.
Que el porvenir le reconozca más calidades que las que le acuerdan sus
detractores, es cosa segura; que el porvenir aporte más reservas y más
selección en la admiración que la que le atribuyen sus partidarios, que no
conceda a ciertos movimientos más que un interés documental o experi­
mental, es cosa probable. Pero de todos modos, el arte habrá tenido en

72

�las preocupaciones de esta primera mitad del siglo XX un lugar de con­
sideración, habrá suscitado una de las búsquedas más avanzadas que el
hombre haya jamás emprendido para conocer la naturaleza y el fin, y
para siempre quedará unido a sus manifestaciones un interés en gran
parte estético y, en mayor parte aun, psicológico. Frente al arte moderno
la admiración debe ser dirigida y elegir; el interés y la curiosidad no
pueden rehusar ni aun titubear. En el arte moderno todo ha sido volun­
tariamente querido, todo ha sido tentado, conseguido o fracasado; rara
vez la creación ha mostrado tanta generosidad, tanta audacia, tanta
temeridad.
Es posible que sea demasiado pronto para juzgarlo; tratemos al menos de
atribuirle una explicación.
¿Señala el principio de una nueva era o bien no hace sino traducir la
última sobreexcitación de una cultura que se acaba? Quisiéramos poderlo
saber. “Yo soy un principio o un fin”, ha dicho Kafka. Tal audacia,
que a nuestros miopes ojos de contemporáneos toma forma de trastorno,
de revolución, ¿no se reducirá a la larga, cuando el tiempo haya pasado
y tengamos la perspectiva necesaria, a un papel meramente accidental?
Todo movimiento vivo contiene una parte de pasado y una parte de
porvenir, prolonga y cierra una evolución al mismo tiempo que abre otra.
Pero, ¿de cuál es más solidaria? Sólo el porvenir lo sabrá. Así ocurre sin
duda con el arte contemporáneo, pero ubicados —tal como estamos— en
el interior de una civilización como la nuestra, sentimos la tentación de
ver en este arte, sobre todo, lo que modifica, lo que suprime, lo que
reemplaza en el estado de cosas del que ha surgido; en la tradición. En
este sentido, está fuera de duda que concluye con una era, la era del
humanismo.
Antes, una obra comprometía la totalidad de la vida interior, tanto por
parte del artista creador como en la excitación del espectador que la
contemplaba. El hombre es puesto en juego, con sus conocimientos, su
cultura, sus reflexiones y sensaciones habituales, con la sensibilidad que
su tiempo le presta o también con la que expresa el fondo eterno del
hombre. El arte expresa al hombre entero, por eso podemos hablar de
humanismo. Y este humanismo es doble en cierto modo: interno y
externo. Interno, porque el artista obra con todas sus riquezas, sin

13

�distinguir entre ellas y sin prohibirse ninguna. Externo, porque hay
entre él y el público entendimiento y acuerdo espontáneos en la m ulti­
plicidad de vías de acceso que se le ofrecen. ¿Qué es un cuadro de antes,
una pintura de T ic ia n o , de R u b en s o de P o u ssin ? Una sinfonía donde
los recursos humanos tienen cada uno su parte y se subordinan al equi­
libro del conjunto. Se pretende que el ojo reconozca de inmediato las
imágenes de la naturaleza; el espectador está dispuesto entonces a recibir
sin desconfianza lo que el artista quiere hacer expresar a sus obras para
delectación del que las goza; los temas religiosos, mi­
E L F IN D E L tológicos o realistas ubican el espíritu frente a escenas
H U M A N IS M O que súbitamente evocan un mundo acostumbrado de
ideas y sentimientos. Así captado y predispuesto a
ciertas inclinaciones, encuentra en la composición, la cadencia y las infle­
xiones de las líneas, la aproximación de tonos y sus combinaciones de
color, tanto motivo de emoción como de placer en la contemplación de
lo inventado y lo perfecto.
De esta era del humanismo hemos pasado a la era de la técnica. Allí,
donde amábamos la serena plenitud, donde todas las facultades, asociadas
a los placeres armoniosos, encontraban oportunidad de satisfacerse y ha­
cerse reconocer, nos asignamos ahora con severa disciplina un objetivo
limitado y preciso, pero pretendemos perseguirlo hasta el límite posible,
aunque para ello tengamos que romper con las costumbres más consa­
gradas y pasar por sobre el cuerpo de un público reacio. Entre el arte
antiguo y el moderno hay la misma distancia que entre la guerra de
antes y la de ahora; en lugar de maniobras sabias y tradicionales como
figuras de ballet, en lugar del frente continuo que se desplaza progresiva­
mente en un solo bloque, hemos conocido esas puntas de lanza fulgurantes
que las fuerzas blindadas perforan en una dirección única y hasta el
agotamiento de su fuerza de penetración, desentendiéndose de lo que dejan
a los flancos de su eje de marcha, reservando a la infantería el trabajo
sin gloria de reducir los islotes de resistencia, de ocupar el resto del país
simplemente traspasado por una flecha aguda. El arte moderno tiene algo
de esta imagen. Impaciente por llegar, de un sólo golpe, hasta el extremo
de su potencia de exploración, que reside por entero en su fuerza de
perforación, no se preocupa más de responder a esa satisfacción mesurada

14

�y completa que el hombre de antes reclamaba de las obras que le pro­
ducían admiración.
Además de las razones internas que agitaban profundamente el espíritu
del artista precipitando su evolución, como veremos en seguida, el con­
trapeso, el freno que comporta el respeto del público y sus exigencias,
había desaparecido en el curso del siglo XIX. En algunos años, el acuerdo
inmemorial entre el artista y la sociedad se rompió, concluyendo así lo
que hemos llamado el humanismo exterior. La Revolución fué, al final
del siglo XVIII, la explosión del rayó en que estalla la electricidad larga­
mente acumulada; fué la ruptura irremediable entre dos mundos. En
adelante y por más de un siglo, comienza el reinado de la burguesía y
de la burguesía sola, pues la aristocracia queda excluida o es dócilmente
absorbida. Apenas restablecida la monarquía, trata de levantarse: se la
suprime. Viene entonces el rey burgués, Luis Felipe; después, más conso­
lidado, más industrial, el Segundo Imperio. ¿El pueblo? Ha constituido
la masa actuante, combatiente; entra a tomar posición. Primero será junio
del 48; después la Comuna. La burguesía reina.
Nunca se vió potencia más exclusiva; la monarquía misma, salvo en el
momento de su perdición, contaba mucho más con el pueblo. También
el artista tenía un auditorio más vasto y más variado; desde la Edad
Media su público era aristocrático, pero no por ello perdía el artista su
contacto con lo popular. ¿Quién miraba los cuadros de los altares, los
Mais de Notre Dame, y los juzgaba sino la multitud? Más libre era el
acceso para la plebe al Versalles de Luis XIV que a las Tullerías de
Napoleón III. ¿Y el Salón de la Jeunesse en el Pont-Neuf y la Feria de
Saint-Germain, no estaban abiertos a todos, al que pasaba? En el siglo
XIX no hay más público que el burgués.
¿Qué quiere decir burgués? La nueva clase dirigente había desempeñado
durante siglos el ingrato papel de intermediaria: por debajo de ella el
pueblo que produce, por encima de ella la aristocracia que dirige, que
asume los riesgos y goza del lujo; para ella quedan el negocio que exige
el sentido de lo real y la probidad, la observancia de las reglas sin las
cuales todo cambio quedaría comprometido. Que consiga apartarse un
ápice, que se eleve y ya la tenemos nobleza de toga: entonces ejerce el
derecho; es decir, que todavía le corresponde pesar los hechos y someterlos

15

�a la estricta observancia de la ley común. Todo le enseña la regularidad,
la disciplina, el respeto ciego de los usos y costumbres.
Y, bruscamente, es promovida al hecho social. Naturalmente, no puede
cambiar de golpe. La aristocracia sabía el precio del ser de excepción,
su papel precioso de fermento de la sociedad; era indulgente con las
extravagancias.
Para el burgués la regla es la regla y debe ser respetada. ¿Por qué el
artista tendría que ser exceptuado? Que observe también la regla, la suya,
la que la tradición ha hecho y el Instituto interpreta y promulga en
forma de edictos; y, sobre todo, que tenga el sentido de la realidad. Si no
sirve para otra cosa que para trastornar la sociedad, perturbar las ideas
establecidas, en una palabra, si no es más que un factor de anarquía, es
una amenaza para el orden. He aquí el drama, el germen del motín de
Hernani, donde se enfrentan a grandes voces las viejas rodillas y los
llameantes chalecos rojos (¡y a quién se le ocurre llevar un chaleco rojo!)
¡Mr. Prud’homme cara a cara con los Boussingault!
El artista, cuya función es la de innovar, la de mantener la visión en
una perpetua renovación de la sensibilidad, del pensamiento que opone
sin tregua la creación a la rutina, no es sólo negado sino vilipendiado,
proscrito en la medida exacta de su valer. No es el artista quien ha roto
con el público, en origen es el público el que ha roto con el artista: un
M il l e t , un R o u sse a u , que están alimentados de probidad realista y que
nuestra época acusaría más bien de conformismo, pasan entonces por
subversivos y ven cerrarse ante ellos las puertas del Salón, y así se les
prohíbe el contacto con el público que de este modo los castiga!
La ley de equilibrio ha sido rota; el público cesa de aportar su contra­
peso natural al impulso innovador, pero es él quien rompe el contrato al
proscribir la parte necesaria dentro de la creación. Sin ese lastre, el
artista se hunde de un salto en su independencia. Inmediatamente deja
de preocuparse del público y sus trabas. Después llega un día en que lo
provoca con rencor, se goza en acentuar lo que sabe que choca en lugar
de atenuarlo como antes.
Expulsado de su propio círculo, se encierra en él mismo con orgullo;
en adelante no trabaja más que para él y sus pares. El espectador debe

16

�hacer el esfuerzo de alcanzarlo. Su pintura no le sirve más que para
representar su yo o su arte, según que su temperamento, más sensible o
más intelectual, le predisponga a una u otra solución. La pintura se le
propondrá en términos de más en más individuales o en términos cada
vez más especializados y estéticos: en el primer caso, es la manera propia
de ver y de sentir del artista que se exalta, que se afirma con intransigencia
y con pasión aunque deba contradecir a los demás; en el segundo caso,
es una concepción y una teoría del arte que se demuestra en más altas
búsquedas técnicas que desconciertan al pueblo vano; el cuadro no entrega
su secreto más que al iniciado.
Mientras que las circunstancias históricas predisponen a este destino del
arte, la evolución interior de los espíritus lo precipita, hasta tal punto
es cierto que todo en una época converge hacia un fin ineluctable. En
el momento en que falta el humanismo exterior, el humanismo interno se
disuelve. En el momento en que el público limitado, inferior a su deber,
retira al artista el oportuno contrapeso de sus inclinaciones particulares,
el individualismo exacerbado lo entrega a todas las complacencias y todos
los vértigos del Yo y la especialización predicada por la era científica lo
incita a encerrarse en sus problemas particulares. Desde el fin del Me­
dioevo, en efecto, el hombre ve desplazarse su centro de gravedad, lenta­
mente desde lo colectivo hacia lo individual, su personalidad toma con­
ciencia cada vez más de sí misma, de sus derechos frente a lo social; se des­
arrolla, se alza por encima de su empresa, se le opone. Ve además su
autonomía y sus poderes consagrados por la Revolución, por esa Declara­
ción de los Derechos del Hombre, de la cual ha podido B arres decir con
justicia que constituían “la Carta del individualismo”; el siglo XIX hará
más, consagrando su triunfo y su culto.
Cara a cara con su arte, el artista, persiguiendo la verdad, encuentra sola­
mente la suya, y acentúa todavía más el carácter intransigente, rebelde a la
comunicación de su creación. Desdeñando toda concesión, toda base de
entendimiento, se limita —arisco— a sí mismo, a la expresión y a la pro­
yección de su yo. A veces no se preocupa ni de elaborar su obra, la
entrega en estado bruto, la reduce a temperamento que no conoce aún la
cultura. Al menos éste es uno de los aspectos del renunciamiento al
humanismo, en particular el que ha afirmado el fauvisme.

17

�Mas, cuando el artista trata de sobrepasarse, de abrirse al soplo de su
época, ¿qué lección aprende de ella? En todas partes encuentra una fuerza
nueva, una fuerza que crece sin tregua desde el siglo XVIII y que llega
a ser la divinidad de los nuevos tiempos: la ciencia. El individualismo
sugería al hombre encerrarse en sí mismo, separarse de la comunidad
humana y de sus convenciones; la ciencia le propone una disciplina
colectiva, ¿pero cuál? La especialización. También le enseña a reducir su
dominio y a ahondarlo sin límite. ¿Que otra cosa hace ella y en todos los
campos? Antes se abarcaban las cosas desde su cumbre, se partía de Dios
y de él todo se hacía proceder. De entonces en adelante, se busca en
la base, se circunscribe todo, se acumulan los pequeños hechos, pero de un
modo preciso, exacto. Y pacientemente, uniéndolos todos, se reconstruye
el Universo entero. Nadie tiene ya esos vastos pensamientos sobre la
“tenebrosa y profunda unidad” 1 sino una observación minuciosa, un
conocimiento avanzado y controlado que permite no dejarse engañar por
las apariencias; cuanto más limita el observador su campo de experiencias
y lo localiza, mejor ahonda su técnica y llega a dominarla. La especiali­
zación llega a ser la disciplina fundamental del sabio y, a la larga, de
toda la época.
El artista se pliega a la nueva regla, en él también la técnica suplanta al
humanismo. Cerca y define su objeto, lo aísla de toda mezcla, de toda
obediencia exterior, lleva el arte a sí mismo y lo constriñe a encontrar
su centro de gravedad. C é z a n n e lo afirma: “La pintura no tiene otro
objeto que sí misma”.
Antiguamente el arte estaba puesto al servicio de una creencia, de una
religión o simplemente del modo de vida de una sociedad; era apologético,
demostrativo o decorativo; pero siempre su razón de ser residía fuera de sí
mismo, lo mismo qu su destino o sus temas. Era un lenguaje, una forma
de elocuencia. Así lo concibieron la Edad Media y el siglo de Luis XIV.
El siglo XX se abrió con la fe en “el arte por el arte”; con una claridad
completamente nueva, concibió la idea de una “verdad artística” y quiso
definirla a la vez en sus caracteres permanentes y en aquellos que le
vienen de las condiciones propias de cada época; quiso encontrar el arte
1 C it a d e C orreapondences, u n p o e m a d e B a u d e l a ir e .

18

N . del T .

�y el arte moderno. Aburrido del arte del siglo XIX, arte oficial de imi­
tación y de la peor especie, que se fabricaba recogiendo los desechos de
los siglos que le habían precedido, tuvo según la expresión de H enri
F o c il l o n , la voluntad de un estilo: lo individual; en conjunto, la vo­
luntad de un estilo actual.
El artista asume entonces la responsabilidad de su arte, a partir de sus
principios. Le es necesario proponer y proponerse una definición rigu­
rosa y exacta de su objeto y de sus métodos. Cada tendencia, cada escuela,
cada grupo provee una que cree más estricta: restituir sobre la tela la
sensación misma que el ojo experimenta frente al universo; es el impre­
sionismo. Pero, ¿no es todavía darle demasiada importancia a la natu­
raleza que sirve de modelo en detrimento del artista que la transcribe?
Hay que traducir sus reacciones propias frente al espectáculo del mundo,
fijar la visión exclusivamente personal que él tiene: y entonces es el
fauvisme. Pero, ¿no es esto mezclar al arte una sensibilidad que le es
exterior? Hay que reducirse pues al modo de expresión de sí mismo,
hacer la combinación pura de líneas y de colores y despertar todos los
recursos que hay en ellos: y entonces es el cubismo. ¿Quién podrá decir
la parte de convención, de impureza que envenena nuestros sentimientos
y nuestras ideas? Reduzcámonos, pues, a volver a la conciencia esta parte
íntegra de nosotros mismos que se perfila sordamente en las tinieblas del
instinto: y finalmente es el superrealismo. ¡Vertiginosa exigencia!
Como el ingeniero que sobre el diseño de su máquina calcula la economía
para que todo contribuya únicamente a la función, el pintor quiere ignorar
todo lo que no es el blanco a que apunta, y aplica para ello todos sus
medios. La preocupación de hacerse escuchar por el público ha quedado
disipada, puede dedicarse por entero, recogerse, condensarse para entrar
en la vía estrecha que ha elegido y en adelante nada lo detendrá más
que el agotamiento de lo posible.
Obsesionado por encontrar en sí mismo su objeto y de definirse por la
conciencia exclusiva de sus medios, separado del público cuyas preocu­
paciones sólo exteriores no podían más que frenarlo en este ascetismo
fanático de un arte puro, ¿encontrará el artista en la tradición de la cual

19

�es el resultado algún temperamento con vocación similar? Esta amarra
también la ciencia la ha cortado. Sabe que todo debe ser verificado en
la base, no admitir nada como cierto si no se lo puede reconocer eviden­
temente como tal, en una palabra: hacer tabla rasa. Ella da el más
prodigioso y el más exaltante ejemplo de una revisión total de los
valores establecidos. Los mismos que fingen ignorarla acometen la em­
presa. Así este último aspecto del humanismo, la continuidad con las
generaciones pasadas, se encuentra a su vez recusado. Hay que reconsi­
derarlo todo, fundar todo sobre un suelo nuevo.
Todavía el siglo XIX moderaba esta convicción de su fe ingenua en un
progreso indefinido. Al capital inalienable de la civilización, cada año,
cada siglo, estaban obligados a aportar incansablemente el monto de sus
intereses. “La humanidad se levanta —proclamaba H u g o M a g e — y la
frente bañada de sombras, va hacia la aurora.” La catástrofe de 1870, el
cataclismo de 1914, debían desmentir cruelmente estas esperanzas. La
esperada aurora se transformaba en un amanecer pálido. Este último y
feroz hundimiento de las verdades admitidas había golpeado todos los
principios.
“La guerra, proclamaba V l a m in c k , ha sido para mí una gran lección,
me ha confirmado en lo que pensaba. ¡Toda mi confianza en la civili­
zación, la ciencia, el progreso, el socialismo, se desmoronaron...! No creo
más en nada y no tengo confianza más que en mí mismo.” Esta vez la
negación iba a ser llevada como un hierro al rojo purificador hasta de
las bases más inmutables y consagradas tanto del arte como del pensa­
miento. Los fundamentos mismos de la cultura occidental iban a ser
reconsiderados. El siglo XX no quería construir sino sobre bases íntegras
y feroces, costara lo que costara.
El voto de autenticidad es pronunciado con fervor. El artista no retro­
cederá ante ninguna consecuencia de su investigación, por inesperada y
perturbadora que pueda ser. Allí donde el público ha proclamado m ixti­
ficación, fumistería, no ha sido sino consecuente en exceso. Y es entre
este deseo de no ser engañado más por ninguna convención y el de aceptar
la verdad nueva, por anormal y agresiva que pueda parecer, que se ha
jugado el destino del arte contemporáneo. El siglo XX conmovía las

20

�columnas del templo; aceptaba y consagraba el hundim iento de las no­
ciones que servían de base a la civilización europea: la noción de lo real
y la noción de la razón. Con ellas iban a desaparecer las evidencias
generales donde se encontraban y se afirmaban los hombres, por distintos
que puedan ser; al renunciar a ellas, la obra de arte largaba las últimas
amarras que la retenían a la ribera común y se dejaba llevar por la
soledad y el hermetismo.
En el siglo XX se cumple en efecto esta evidencia, esta omnipotencia de
la realidad material y visible que el Occidente había establecido con
fervor hasta hacerlas sinónimas de su civilización misma. Confiados en
nuestros hábitos, no reflexionamos bastante que esta fe en el constante
progreso material de los sentidos, identificado como la única verdad, no
pertenece sino a ese corto espacio de siglos —cuatro o cinco— que Europa
acaba de vivir y que la caracteriza. La realidad positiva, concreta no ha
sido para las otras artes, para las otras civilizaciones, más que una
apariencia y a menudo un espejismo. Lo que se 11aLA Q U IE B R A maba la realidad no era como en nuestro occidente
DE L O R E A L moderno, el aspecto visible y controlable de las cosas,
sino al contrario, lo que está más allá de él, lo que
lo cubre y lo esconde. Para el primitivo, para el salvaje, la realidad es
mágica, un velo trivial que se agita, que descubre a veces el secreto del
mundo. En la antigüedad clásica lo real no era más que una máscara
sobre el verdadero rostro invisible pero concebible sobre la esencia más
oculta y más pura, la de la Idea para P l a t ó n , la del Número para P it á g oras . La India lo retoma bajo las formas de Maya y no quiere reconocer
más que ilusión y engaño “porque el retorno de lo absoluto que reside
en el corazón está allá y en ninguna otra parte”. La Edad Media en sus
primeros siglos, la Edad Media agustiniana, busca la verdad más allá
del mundo visible que es solamente su apariencia simbólica y no lo
encuentra sino en las esencias, en el Verbo, en Dios.
Es necesario el siglo X III y la llegada del pensamiento tomista para que
la materia, la realidad objetiva, fuesen dotadas de una existencia concreta
y universal. Desde ese día se extiende el gran espíritu que va a llegar a

21

�Occidente, siempre avanzando en el culto obsesionante, exclusivo, hasta
convertirse, con el cientificismo del siglo XIX en intolerante, de lo real
experimental. Entonces, real se transforma en sinónimo de evidencia. El
hombre no se quiere, no se concibe más que positivo; socialmente, con la
máquina y la industria; intelectualmente, con las disciplinas de la ciencia
y su subordinación al hecho controlable; estéticamente, con el realismo
y su superlativo el naturalismo. No se cree más que en la percepción de
los sentidos vigilados y dirigidos por la razón. “¿El alma? —dice ese gran
cirujano— yo no sé qué es porque jamás la he encontrado bajo mi escal­
pelo.” Y C o u r b e t proclama en un eco jovial: “No he pintado nunca
ángeles porque jamás los he visto.”
Envalentonado por la aspiración máxima de la burguesía, el arte no se
atreve a sobrepasar la imitación de lo real, es decir, la visión común a
todos. Es en ella que funda su unidad, desde la hoja de fresa que se dobla
sobre el capitel gótico hasta el m atk del reflejo que advierte sutilmente
el impresionismo. Porque el mismo impresionismo que en el siglo XIX
pasará en tal forma como subversivo, no excede en nada los límites del
realismo, no hace más que profundizarlos y no revoluciona sino en la
medida en que se atreve a renovar la veracidad óptica. Pero, ¡qué segu­
ridad de lo real, qué base de entendimiento y de comparación! Después
de cinco o seis siglos, el arte europeo adhiere siempre más estrechamente,
más hábilmente y absorbe su principio de cohesión.
Y he aquí que en el momento en que esta concepción triunfa, en que se
refuerza con toda la nueva autoridad que le confiere la ciencia, es ame­
nazada profunda y repentinamente en el seno de esa misma ciencia que
parece aportarle la confirmación suprema. Esa materia sólida, esa sus­
tancia positiva que se ha identificado con lo real, no existe más. La física
moderna, en algunos años, la reduce, la restituye al estado de espejismo;
nos muestra que las partículas de esa materia real, que se creía compacta,
están como perdidas en un vacío inmenso, tan diseminadas como los astros
en el infinito; nos muestra que estas últimas concentraciones tampoco
son sólidas; no son más que concentraciones de energía, de esta energía
que se le oponía antiguamente, y que se calificaba de inmaterial; en
seguida, y es el último golpe, esos granos de materia que no son tampoco

22

�de materia en el verdadero sentido de la palabra, cesan de ocupar lugar
en alguna parte, de ser situables a la vez en el tiempo y en el espacio.
Así se desvanece, derrotada por los golpes de esa ciencia que la había
cieado, esa concepción de la materia sobre la cual reposaba la civilización
positiva y burguesa, de la cual se creía que el siglo XX sería el corona­
miento.
Ahora, ciencia, arte, filosofía, no son más que diversos aspectos, encarna­
ciones simultáneas de una sola base que es el alma de la época. Existe
también entre ellos una oscura y profunda solidaridad. Es fácil seguir sus
huellas en la pintura; el impresionismo volatiliza la realidad material y la
trasmuta en impresiones luminosas hasta el momento en que la física
va a disolver todo en el análisis atómico; el arte abstracto la sustituye con
las construcciones mentales en el momento en que un E d d in g t o n , por
ejemplo, anuncia que en definitiva la única estructura del universo es
matemática y que la única realidad son los números y sus relaciones.
Así el arte moderno, ya bastante propenso a sacudir toda tradición, toda
obligación o convención, ve desaparecer bajo sus propios ojos la fe funda­
mental de nuestra civilización, la fe en la realidad visible. ¿Quién se
imaginará todavía que las libertades crecientes que le veremos tomarse a
su turno, el desdén y la hostilidad que lo señalará, son el fruto de una
fantasía coherente o ilícita? Es el pensamiento profundo de nuestro tiempo
que lo empuja a esta contradicción, que casi lo niega, sin que el artista
sospeche el origen de este empujón inconsciente que sufre y traduce. No
hace más que obedecer a los fatalismos de su época, ahora que algunos
lo acusan de extraviarse en innovaciones arbitrarias e injustificadas.
Pero, ¿si lo real se disipa y retorna a la inconsistencia de los mitos, la
Razón, ese segundo pilar del Occidente, sobrevivirá? ¿Esta razón que Richelieu y su siglo reclamaban del hombre que la hizo “soberanamente reinar”?
Un cataclismo análogo la devora e impulsa el arte a ese nuevo renegar, a
ese otro abandonar de posiciones consagradas por la tradición. Las dos
columnas sobre las cuales se apoyaban desde siglos las seguridades del
hombre occidental: la materia y la lógica, lo real y la razón, se han con­
vertido al mismo tiempo en engañosos espejismos. Este universo que
descubre la ciencia contemporánea, no tiene nada de común con lo acos­

23

�tumbrado por el pensamiento humano, es en su estructura tan irrepresentable en imágenes como en ideas y sólo la matemática puede po­
seerlo. Lo sólido y lo racional se disuelven bajo los ácidos repetidos a
los cuales son sometidos para el análisis: lo absoluto, ese refugio, deja
su lugar a lo relativo, ese abismo. La inteligencia desbordada por lo
que entrevé se une con lo irracional y lo absurdo y se extiende hasta
el límite de sus posibilidades. En este universo, donde todavía ayer
creía no tener que escuchar más que las propias leyes de su pensamiento,
donde creía aclarar todo progresivamente a la luz de sus propias reglas,
no entrevé más que vértigos y se dirige empíricamente, bajo el control
de la experiencia que le impone las nociones que antes se reputaban
las más impensables. Puede continuar horadando en todos los senti­
dos; no espera ya llegar a la evidencia universal, explora la noche, una
noche desconocida y sin relación con su propia naturaleza. Llevada
vertiginosamente sobre la trayectoria de la matemática, desemboca
siempre en lo irracional, en lo infinitamente grande o en lo infinita­
mente pequeño. La relatividad einsteniana sin espacio que todavía
ayer erizaba la comprensión, es de ahora en adelante verificada por los
hechos y necesaria a su explicación: ahora se apoya sobre principios que el
filósofo L e R oy debe calificar de “escandalosos para la razón de antaño”.
¿Cómo figurarse la curvatura del espacio-tiempo? ¿Cómo concebir las cua­
tro, cinco, n dimensiones que constituyen la geometría no-euclidiana?
¿Cómo superponer al infinito, ya fuera de nuestro alcance, el “más que el
infinito”? ¿Nos introduciremos en la estructura íntima de la materia? ¡Qué
lejos está el tiempo en que se podía creer que lo único que hacía falta para
satisfacer nuestra curiosidad de observar eran microscopios bastante po­
derosos!
A medida que descendemos en las estructuras íntimas de la materia, anun­
cia Louis d e B r o g l ie , más comprendemos que los conceptos forjados por
nuestro espíritu en el curso de la experiencia cotidiana, y muy particular­
mente aquéllos del espacio y del tiempo, se vuelven impotentes para des­
cribir los mundos nuevos donde penetra.
La inteligencia golpea el límite de sus posibilidades; no se mueve en las
nuevas zonas sino por medio de la matemática. ¿La razón, a la manera

24

t

�de la atmósfera terrestre, no rodeará al hombre con
una delgada capa respirable, fuera de la cual se asfixie
en seguida en lo ininteligible? Sin duda. ¿Encontrará
entonces refugio en sí? ¡Qué abismol Todavía la razón
se revela al examen contemporáneo tan delgada como la envoltura del
globo: de repente aparece, en cuanto nos hundimos en nosotros mismos,
el fuego interior del inconsciente, violento, imprevisible, donde se consume
y se vitaliza. El psicoanálisis, siguiendo a F r eu d , cava terribles pozos hacia
sus fuegos ardientes, donde fuerzas extrañas, imponderables, disponen en
bloque de nuestros pensamientos y de nuestros actos. El imperio de la
Razón que el hombre de antes extendía sobre toda su vida interior, es
arrancado, perseguido del centro de nosotros mismos; pero otra ofensiva
lo asedia desde el exterior: el materialismo dialéctico, equilibrando nuestro
libre albedrío, nos reduce a no ser más —aun en las más nobles manifesta­
ciones, las más desinteresadas de nuestro espíritu y de nuestra sensibilidad—
que el juego de leyes profundas que rigen el medio social, económico, del
que nosotros somos, de buen o mal grado, siempre parcela constituyente.
En ese vértigo donde todo vacila, donde no hay más punto fijo, en él o
fuera de él, donde apoyar sus creencias, mantener su puesto, ¿va el hombre
a oponer su voluntad, su poder de ser, de hacerse tal como se concibe? Es el
extranjero Ulises, que se destapa los oídos para escuchar mejor el canto de
las sirenas y que corta las lianas protectoras para deslizarse al abismo que
lo traga. Obedece a sus fatalidades, pacta con lo absurdo, ese satanismo de
la lógica, con lo irracional. El siglo xix ya estaba cargado de advertencias
de esta caída. Aun antes de que estallara, la Critica de la Razón Pura de
K a n t se inquietaba de que esta razón no correspondiera a la naturaleza
del mundo, que no ofreciera más que categorías y formas que permitían
representarlas, pero sin llegar a su principio inalcanzable. En el curso del
siglo, la latinidad clásica estremecida ve las raíces germánicas, anglosajo­
nas, después escandinavas, efectuar con sus artes y sus literaturas el levanta­
miento en masa de fuerzas oscuras, la toma por asalto de la Razón. El
romanticismo, debido a su influencia, hace salir del alma ese “mundo
ignorado que nace y muere en silencio”, evocado por M usset . El simbo­
lismo percibe ese mismo misterio, ese mismo incognoscible en el alma
de lo real y B a u d e l a ir e advierte su presencia universal:
LA Q U IE B R A
DE LA RAZÓN

25

�“La Naturaleza es un templo donde pilares vivientes
“dejan a veces escapar ciertas palabras confusas..
En e l u m b r a l d e l sig lo x x B ergson e je r c ita la in te lig e n c ia e n lib e r a r s e d e
l a d i c t a d u r a r a c io n a lis ta p a r a e x p lo r a r c ie r ta r e a lid a d v iv ie n te e in a lc a n ­
z a b le q u e , f lú id a , b r o ta a tra v é s d e sus re g la s y s o b r e p a s a su s lím ite s ; la
o b lig a a a b d ic a r d e u n a p a r te d e su s p o d e re s c o n s a g ra d o s e n t r e las m a n o s
d e la in tu ic ió n .
Nuestra época confiesa entonces un gusto revelador para los seres que no
acceden todavía a la Razón o para aquéllos que la han perdido: los niños,
los primitivos por una parte, los locos por la otra, llaman violentamente
la atención, y sus creaciones artísticas son apasionadamente observadas,
vorazmente imitadas. El dadaísmo proclama el reino de lo absurdo, el
superrealismo se aplica a codificarlo y organizarlo: siguiendo a R im b a u d
y L a u t r é a m o n t , celebra las misas negras de la razón y profana con exal­
tación todo lo que ella ha consagrado. “Yo fortificaré mi delirio”, dirá el
hombre moderno por boca del poeta P a u l E lu a r d .
Entretanto, alrededor de nosotros, de nuestras angustias y de nuestras
creaciones, el mundo desencadena en tempestades sus ecos; por dos veces
la humanidad se precipita en los horrores de la guerra, en destrucciones
y atrocidades sin precedente, con el pretexto de hacer reinar la ley de su
felicidad; las sociedades, incoherentes, pierden el control de su marcha,
queman en el fuego locomotoras o arrojan al mar materias cuya carencia
provoca el hambre, y en 1944, ciento cincuenta mil seres humanos son
volatilizados por una sola bomba a fin de asegurar la paz de los pueblos:
y esa paz no encuentra una tregua momentánea y relativa más que gracias
al debilitamiento de la guerra jadeante, tratando de recuperar sus fuer­
zas. De lo irracional, el hombre moderno ha pasado a lo absurdo “porque
el absurdo nace de la confrontación entre el llamado humano y el silencio
desconcertante del mundo”. ¿Quién lo dice?, C a m u s , uno de los espíritus
más representativos de esta filosofía existencialista que, después de un
lento desenvolvimiento desde K ie r k eg a a r d , hace estallar en nuestros días
la debilidad del racionalismo ayer todavía, a las horas del orgullo y de la
esperanza de Occidente, convencido de poder elucidar el misterio del

26

�mundo y ahora vencido por las fuerzas mismas que trataba de someter;
vencido y aniquilado.
Así, las bases de lo que constituía para la cultura europea la verdad y la
seguridad del espíritu son minadas: minada la confianza total que había
puesto en un universo que revela la observación de los sentidos, sometida
a las reglas racionales del pensamiento; minada la doble evidencia de la
materia y de la lógica, donde se apoyaba su buen sentido. ¿Falla y debi­
lidad de una tradición, o valiente ampliación de los límites que sus des­
cubrimientos hacían demasiado estrechos? No se puede todavía decidir.
No es por otra parte nuestro objeto.
Lo que queremos es simplemente mostrar que el arte moderno obedece a
a leyes ineluctables que registran la evolución de nuestro tiempo; se está
de tal manera predispuesto contra él, que porque ha puesto de mani­
fiesto a las miradas un sordo trabajo que escapa todavía a muchos espí­
ritus, se resienten los efectos de su evidencia.
Así se disloca el sostén secular de la civilización occidental mientras su
imperio sobre el resto del mundo acusa una regresión sistémática. De sus
restos que se acumulan se eleva una enorme hoguera. Faltaba una llama
para hacer un prodigioso brasero; esta llama también la aportaba la vida
moderna, era la intensidad, la fiebre de intensidd que es la característica
más inmediata.
La vida, desde hace alrededor de dos siglos, parece ser llevada por una
aceleración continua; con el Renacimiento se levantaba un sueño de per­
fección definitiva de estabilidad que el siglo x v i i llevó a su apogeo. Su
cumplimiento mismo precipita su perdición y después la vida es llevada
en un ritmo de imitaciones, siempre más jadeante, donde se quema. Para
tomar conciencia de la fuerza revolucionaria que se
LA
introduce así en el mundo, es suficiente pensar que
IN T E N S ID A D desde la prehistoria hasta la mitad del siglo x v i i i , la
humanidad no ha conocido otra base que la velocidad
de su marcha: las aceleraciones de la carrera, de la equitación, se elevan
difícilmente a unos treinta kilómetros por hora. En dos siglos, bruscamente,
esta velocidad mantenida en los límites normales, es llevada a sesenta kiló-

27

�metros con los ferrocarriles y la locomotora de St e p h e n s o n hacia 1830, a
cien kilómetros con el automóvil hacia 1900, hoy con el avión y los motores
a retroimpulsión acaba de alcanzar la velocidad de la propagación del
sonido: mil doscientos kilómetros por hora. Todavía es la obra de la cien­
cia y de su instrumento: la máquina. El poder del hombre cumple otros
saltos paralelos: el vapor, la electricidad, en último lugar la desintegración
de la energía atómica libera entre sus manos fuerzas que sobrepasan sus
sueños más desmesurados.
Así se cumple la ambición de Occidente de acrecentar los poderes del hom­
bre, es decir, la eficacia de su acción sobre el mundo exterior, a cuya
conquista se ha lanzado. Se le ofrecen dos posibilidades: la potencia que
aumenta el rendimiento en igual tiempo, o la velocidad que obtiene un
mismo rendimiento en un tiempo más corto. Como la duración de la vida
humana sigue siendo evidentemente la misma, hacía falta a todo precio
concentrar en una ejecución rápida lo que se estiraba en la duración, con­
densar la vida, intensificarla. El hombre debía responder al crecimiento
de sus medios exteriores por una adaptación de su ritmo interior, a fin de
quedar dueño de la materia que había espoleado y que lo arrastraba. La
ley del rendimiento era necesario aplicarla tanto a él mismo como a las
búsquedas del universo. Un llamado tal bastaría para explicar el eclipse
de la razón, instrumento de organización de lo definitivo en la exaltación
de la vida, fuente de la energía y del dinamismo, esa nueva palabra. Ya el
hombre del siglo xvm se interesa en sus nervios, los excita, los aguza, les
pide el secreto de un pensamiento más rápido, de un estilo más sincopado
y de sensaciones más vivas. En la construcción de la frase como en la eje­
cución de un cuadro se comienzan a separar los valores de choque en detri­
mento de las bases de estabilidad. La lengua se encoge, chispea, se enrosca;
el pincel se precipita, salpica.
El a r te d e l sig lo xix m u lt ip lic a lo s sig n o s re v e la d o r e s d e ese a r d o r s in cesar
m ás y m á s e x ig e n te : la im a g in a c ió n se v u e lv e h a c ia e l c a b a llo d e ra z a ,
veloz, q u e , d e G ros a D egas , p a s a n d o p o r D e l a c r o ix a tra v ie s a el sig lo
to m o u n a fle c h a , h a c ia la b e s tia te m b lo r o s a p o r la n z a rse ; la v io le n c ia , o
p a te tis m o , el te r r o r , e l d r a m a , a c u m u la n sus v e h e m e n c ia s: la e je c u c ió n
d e s e n c a d e n a sus fu lg o re s y sus te m p e s ta d e s ; el c r o q u is y e l b o c e to h a s ta
e n to n c e s d e s p re c ia d o s to m a n lu g a r p r e e m in e n te ; la r a p id e z d e im p r e s ió n

28

�de rendimiento desempeñan un papel primordial: D e l a c r o ix reclama
que se dibuje un hombre en el tiempo que pone en caer desde un techo.
En el paroxismo de la sensibilidad, en la exaltación de lo imaginario lle­
vada hasta la locura, en la llamarada del color, predominando el dibujo
donde se inmovilizará la forma, el romanticismo persigue la intensifica­
ción de la vida. Por opuesto que sea en apariencia, ¿se separará el impre­
sionismo de esta nueva fatalidad cuando trate de extraer de la sensación
toda su agudeza y su rapidez instantánea? Estas manifestaciones externas
no son más que remolinos y contragolpes de la potencia nueva que, con
todas sus compuertas abiertas, desencadena su torrente a través de las pro­
fundidades del siglo: estraga, arremete con todos los cuadros, todos los
obstáculos establecidos por el pasado y tiene un nombre: la energía.
y

Desde que Napoleón ha alzado su gigantesco espejismo, el siglo no sueña
más que en ella. Al lado de la “necesidad de tener la fiebre” que proclama
D e l a c r o ix , la obsesión de hacer dar al hombre el máximo de su potencia,
de amplificar su acción hasta lo desmesurado, embriaga la época. Desde
B a lza c , St e n d h a l hasta N ie t z s c h e , se desenvuelve la apología dél super­
hombre apoyado sobre la ambición impaciente de su alma.
Era fatal que una moral de la intensidad sustituyera poco a poco a una
moral de la regla. El gusto de usar de la vida para todas las sensaciones
que ella ofrece, multiplicadas por la avidez de ser que experimenta, corre
a través de nuestro tiempo como la sangre de sus arterias. I bsen lo anticipa
con sus seres impacientes de “vivir su vida” y que revolucionan a sus con­
temporáneos. B arres aporta el esfuerzo de su egotismo demasiado unido
al pasado para olvidar las cosas del alma y sus prestigios, les pide sobre
todo sensaciones fuertes y de sus propios pensamientos reclama “ideologías
apasionadas”. G id e , después de él, enseña en sus Nourritures Terrestres la
gloria individual de la vida, fuera de toda regla, y la alegría del instante,
que el miedo de su prolongación no traba a su nacimiento. Y, siguiéndolo,
aspira a hacer nacer de aquí la moral de la vida: “Yo no quiero enseñarte,
dice G id e , otra sabiduría que la vida”. He aquí la filosofía de la vida con
B e r g so n , quien desprende de los límites librados del racionalismo el espí­
ritu vital. Proyectemos esa fuerza en los cuadros que acabamos de definir:
el individualismo y la especialización; les da todo su alcance, arroja toda
su virulencia, su complicidad es fatal.

29

�No se aprehende con seguridad la vida, sino a través de la única experien­
cia que uno tiene en sí mismo. El arte retorna, predica el deber de sentir
y de sentir violentamente por sus propios medios, en lugar de confiarse a
la ilusión de alguna consecución. La vida se exalta a través del yo y el yo
llamea en la vida. Se vuelve a colocar en primer rango a los autónomos de
antes, los independientes enloquecidos: e l G r e c o , G o y a . . . El artista
cambia hasta sus apariencias externas; al carácter mimado por los tiempos
donde florecían las ideas generales se prefiere el temperamento y su culto
de la sensación exclusivo y poderoso; al pintor melenudo y pálido, distin­
guido como V a n D y ck y V e l á z q u e z , sucede la generación de los D e r a in ,
de los V l a m in c k , los colosos que fuman la pipa con vigor y que conducen
cuando es necesario un automóvil de carrera.
Estos aspectos diversos de una única realidad cuya forma y posición trata­
mos de determinar, puede ser que encuentren su clave última en la trans­
formación que ha sufrido el hombre occidental desde hace algunos siglos:
una evolución incesante, acelerada por la obligación de dar en su vida
mental una importante preponderancia a las sensaciones. Constatarlos es
al mismo tiempo tomar la ley del declinar ineluctable del humanismo,
minado más y más después del fin de la Edad Media por la cultura expe­
rimental que, suplantándolo, edifica la ciencia y toma su alimento y su
base en las sensaciones recibidas del mundo exterior y controladas por la
razón.
Al principio, durante algunos siglos, la religión y la fe medieval, a pesar
de los asaltos que les eran librados, oponían una potente resistencia; hasta
el umbral del siglo xvm B e r k e l e y podía aún construir una filosofía que
ponía en duda el valor íntegro del mundo exterior y
LAS
su existencia, a pesar de los testimonios que nos dan
SENSACIONES nuestros sentidos. Pero él estaba paradojalmente lle­
vado por el papel excesivo y demasiado exclusivo que
daba a las sensaciones; condimento desde H obbes y L o c k e de toda la filo­
sofía del siglo, son en adelante consideradas como el origen de todo cono­
cimiento. “N ihil est in intellectu quod non prius querit in sensu”. No hay
nada en el intelecto que no haya pasado primero por los sentidos h C o n 1 Condillae es igualm ente afirm ativ o : “ Todos nuestros conocimientos y todas nuestras facultades
vienen de los sentidos, o, hablando m ás exactam ente, de las sensaciones.”

30

�d il l a c y su Tratado de las sensaciones, H e l v e t iu s , los Enciclopedistas,
reinstalarán en la sociedad ese sensorialismo filosófico, que irá hasta rela­
cionar la moral con los mecanismos del placer y del dolor y que encuentra
su réplica en el sensualismo de las costumbres, ávidas de los refinamientos
y de los goces provenientes de las sensaciones. El racionalismo sensorial
arrastra todo en su triunfo y en ese sobresalto definitivo todas las supervi­
vencias del alma religiosa legadas por la Edad Media parecen disiparse.

Con vehemencia el siglo x i x y el Romanticismo, devolviendo significativa­
mente su puesto de honor a la Edad Media, pudieron tratar de escapar a
esta empresa disecante que se estrecha: parece que una caída ineluctable
lleva a la sociedad occidental hacia el abandono progresivo de los valores
o de las búsquedas espirituales y sensibles: va a reducirse al telón estrecho
y sin lazos de las sensaciones, del constante de los sentidos que sobrenada
solo sobre el misterio del mundo: cientificismo, materialismo, realismo,
naturalismo, lo llevan bien pronto. Ella no sabrá hacer de otra manera
pese a sus sobresaltos; es la ley misma de su evolución; la obligación inexo­
rable de la velocidad, bajo su presión que crece, pone en situación al
hombre moderno de tirar como un lastre, de sacrificar todas las zonas de
la vida interior que requieren lentitud y decantación; la meditación, la
madurez progresiva de las riquezas sensibles, nacidas de sí y desarrolladas
en sí, al nivel de la existencia profunda, todo eso es arrojado por las exi­
gencias de la civilización.
Pronto ha debido preferir las búsquedas abstractas que, fácilmente adqui­
ridas y trasmitidas, dispensan largas germinaciones personales: entre los
individuos de sensibilidades completamente diversas, esto permite el cam­
bio del mínimo común denominador, es cierto, pero a un ritmo que con­
viene mejor al acosamiento de la sociedad. De allá ha nacido, al fin del
Renacimiento y de la invención de la imprenta, esta civilización del libro,
que algunos a veces han llamado libresca, donde la idea y su vehículo la
palabra dispensan vías más inciertas y menos prematuras de la sensibilidad
auténtica.
Pero en el siglo xvm había aparecido el maquinismo que iba a comunicar
a la existencia una aceleración prodigiosa, desconocida aún por los hom­
bres. Es necesario ir más ligero, siempre más ligero. El pensamiento dis­
cursivo metódico es arrojado a su vez. La preponderancia de la sensación

31

�y sobre todo de la sensación visual, es entonces ineluctable; ella sola per­
mite tomar de golpe el conjunto de un fenómeno sin analizarlo y pasar de
la reflexión, demasiado metódica, al reflejo, casi instantáneo. El mundo
moderno encuentra el instrumento de su vida mental adaptado a sus exi­
gencias. Entonces se ve poco a poco la frase ceder al paso del slogan, la
palabra a la inicial y a la abreviatura, el texto a la imagen que persigue
a nuestros contemporáneos con la obsesión desencadenada del cuartel, la
iluminación, los letreros luminosos, el cine . . . El mismo museo por contra­
golpe se actualiza y entra en competencia en adelante con la biblioteca y
la cátedra como medio de enseñanza. Hace largo tiempo que el sabio por
su lado ha descubierto cómo el cumplimiento de una función es preferible
al desarrollo confuso de un texto. Y el hombre, perseguido por sus máqui­
nas se habitúa dócilmente a educar sus automatismos, relajados por señales
visuales o auditivas, dibujos esquematizados, ruidos, falsos amortiguamien­
tos, sirenas. . . ¡Qué lejos está el tiempo en que podía meditar y soñarl He
aquí que pasa el tiempo de reflexionar; es necesario educarse para reaccio­
nar infalible, instantáneamente, al estímulo de sensaciones que relajan los
actos humanos.
No todo se ha perdido, todo es necesario para el arte: éste se ha beneficiado
con esta mutación que incita al hombre a usar más y más exclusivamente
de sus sentidos y al primer golpe de vista. De allí, en su mayor parte, ha
venido la boga prodigiosa de la pintura, que hoy llega a competir con el
libro en el interés del público menos advertido. Pero ha sufrido el contra­
golpe: se ha retirado también del mundo de los ensueños, de la imagina­
ción, del pensamiento nutrido por referencias históricas o literarias, de la
cultura sensible e intelectual, para referirse a su don fundamental: la
sensación visual.
El Impresionismo ha sido el primero en resolverse a cortar las amarras que
aproximan la pintura a los otros dominios de la vida espiritual, para hacer,
con exclusión de toda noción, un registro puro y una elaboración pura de
percepciones ópticas. Naturalmente, el arte moderno ha comprendido
pronto lo que había de exclusivo y de restringido en una política tan ra­
dical. Ha tratado, entonces, de restablecer los contactos generales con la
vida sensible y la vida intelectual: de ahí su perpetua obsesión del expre­
sionismo y de las teorías plásticas, entre las que lo veremos alternar. Pero,

32

�¿quién no constata que, haciendo esto, respeta el postulado inicial, que se
resuelve a limitarse a abandonar los dones sensoriales, líneas y colores, y a
las sensaciones que ellos provocan y que él quiere tan íntegros como sea
posible, sin recurrir a las asociaciones de la memoria, del pensamiento, de
los sentimientos elaborados, de la cultura, en una palabra? De estas líneas
y estos colores, de su disposición sobre la tela, de su fuerza de acción, trata
solamente de retirar toda la repercusión emocional o estética.
Así toda la pintura moderna reposa sobre esta punta aguda, exclusiva: la
sensación, pero ensaya, partiendo de ella, de alargar las ramas del compás
que la toma por centro. También, encarnizadamente, trata de descubrir
todas las salidas posibles, desdobla audazmente el problema con el super­
realismo; trata de usar la sensación como modo de registro y de exploración
de la vida, ya no exterior sino interna, de nuestra más desconocida vida: la
del inconsciente recoge las imágenes, las sensaciones visuales que brotan
de él y trata de hacer la nueva materia del arte. El arte moderno permanece
fiel a su negación del humanismo, cultura total de las conquistas y de los
recursos del espíritu; él lo sustituye oponiéndole una definición lúcida, exi­
gente y un poco intransigente de un arte reducido a sus materiales senso­
riales, pero ensaya por ellos y sólo por ellos, por su choque emotivo o su
combinación reflexiva, de reconquistar las prolongaciones en la vida del
espíritu, sensible o intelectual; ya que ellos no tienen más lugar en nuestra
civilización, reducida por el culto invasor de un peligroso materialismo.
Ávido, a veces brutal, liberado de la sujeción a todo vano respeto, hosti­
gado por el derrumbamiento del pasado y por la borrachera de la inten­
sidad, jugando la partida de sus solas fuerzas, radical y entero, el pintor
siente la potencia y el deber de reconstruir el arte a
P A P E L DE
partir del arte, de hacer proceder sus finalidades y sus
LA T E O R I A
medios de sus modos de expresión. Pero, ¿cómo tomar
conciencia así de su objeto? La larga y dudosa y pasiva
experiencia no está más en la escala de estos tiempos rápidos y concentra­
dos: se prefiere la definición, ver la fórmula que permite aprehenderlo
todo y relacionarlo en una idea. ¡Una teoría que sea más fácil para ma­
nejar en las soluciones inmediatas y zanjadas! Su condensación, su radica­
lismo, tienen un carácter inmediato que resuelve los problemas a la manera

33

�de una fórmula matemática, y que suplanta a la acumulación del lento y
confuso trabajo de las generaciones.
También el arte moderno ha sufrido a menudo la tentación; al mismo
tiempo que quiere llevar a su punto extremo la fuerza de la vida sensible,
acepta para mejor dominarla de encerrarla en formas abstractas, con aristas
vivas. El culto de la vida intensa irá por lo tanto paralelo a un intelectualismo dogmático, que podrá parecer la negación no reconocida en él, una
nueva encarnación de la voluntad de choque y de eficacia.
Formulándose todo en adelante de manera más marcada, se trate tanto de
las personalidades como de las teorías, la rapidez de consumación se acrece.
La sensación, la idea, son tomadas desarrolladas, explotadas en cuanto
bosquejadas: la suposición se convierte en doctrina, hace escuela y se
encuentra en un instante vacía de sus últimas consecuencias, como un ca­
racol refugiado en su rincón. La doctrina, por el solo hecho que evoca su
contraria, le provoca a su vez doctrina, revestida de discípulos.
Esta embriaguez de ser, de afirmar su existencia, de apresurarla, excita a
cada uno a ir hasta el fin de sí mismo y a librar al público sus menores
parcelas: la más débil veleidad creadora se transforma en acto; un extraor­
dinario espíritu de aventura y de juventud ofrece cada sugestión como un
tobogán donde se precipita hasta el extremo.
Por una parte tanto de novedad, tanto de generosidad, tanto de entusiasmo
y audacia; por otra parte, tanto de voluntad de dirigirse, tanto de concien­
cia de sus fines, tanto de intransigencia; en total, un arte que tiene una
grandeza y defectos ciertos. ¿Sus defectos, sus lagunas, a qué conduciría
negarlos, ahora que hemos comprendido su necesidad? Por querer hacerse
radical, por no admitir nada que no parezca justificado, al arte moderno
le ha faltado sabiduría, es decir, un sentimiento matizado y completo de
las cosas: ha sido radical. De tanto especializarse, de tanto reducirse a sus
dones esenciales y demostrados, puede ser que se haya vuelto demasiado
técnico, menos ancha y delicadamente humano que el de sus predecesores.
Quedará alguna cosa de tierno y a veces de exagerado en sus convicciones
y en sus actividades. El heroísmo y el orgullo le pertenecen igualmente.

34

�No fiarse más que al temperamento y a los instintos o
al pensamiento teórico, es reducirse a mecanismos bien
simples. Al elegir demasiado sus elementos para escul­
pir su estatua, por no admitir sino aquéllos en que se
percibe la evidencia o en que se admite la razón, se arriesga a mostrar sólo
un autómata. ¿Es mejor aceptar todos sus azares interiores, saber crear un
equilibrio, dirigirlos según nuestra vocación?

B O C E T O DE
UN J U I C I O

Las obras de arte moderno van derecho a su finalidad por los medios más
francos, más evidentes, aportan una alegría viva, determinada, más depu­
rada y más intensa que muchas de las de antes, pero les falta a menudo
esta riqueza multiplicada, ese calor ilimitado de las más hermosas de entre
ellas. ¿No nos perdemos en ellas como en un bosque?
El reproche que se dirigirá a nuestro tiempo, posiblemente, es el de haber
puesto un rigor excesivo para rehacer o descartar lo que no se juzgaba
eficaz. La cultura, la humanidad, en su más amplio sentido, enseñan que
es peligroso negar todo aquello en que la razón y la oportunidad nos esca­
pan y que muchas cosas que juzgamos ficticias o inútiles tienen su secreta
razón de ser. Es a la vez atrevido y peligroso rechazar las posibilidades
imprevisibles, las riquezas involuntarias.
Arte sistemático, arte arbitrario, arte exclusivo, pues, todo esto es verda­
dero. Pero, ¿se podría de otra manera aportar tantas nuevas conquistas,
tantas inesperadas revelaciones, multiplicar así las dimensiones del uni­
verso pictórico? ¿Qué se hace, pues, en las ciencias contemporáneas, dán­
donos ellas también un mundo imprevisto, insospechado, al fin del tubo
estrecho de los microscopios o de los telescopios, ciego al resto, pero tras­
pasando los límites de lo conocido? ¿Rompen menos sus descubrimientos
con las nociones admitidas, con las concepciones milenarias o familiares?
¿No abren las mismas brechas vertiginosas en la muralla cerrada y apretada
sobre nosotros de lo acostumbrado? ¿Por qué negar al artista el derecho
de tentar, en la vida sensible, esas exploraciones reveladoras de novedad
que se admiten en el saber, en el universo físico? Las suyas, se dirá, son
verificables por los hechos; pero en las artes como en todo dominio sub­
jetivo e individual, es también una evidencia que toma lugar de prueba,
es la sinceridad. Es preciso solamente reconocerla. Y allá las fórmulas no
son más nada.

35

�No oponemos estérilmente el arte antiguo y el arte moderno. Cada uno ha
venido a su lugar y en su momento, cada uno responde a las condiciones
de su lugar y de su momento. Uno no sabría excluir el otro; se justifican
con la misma razón que el arte egipcio a las orillas del Nilo y el bizantino
en la ciudad de Constantinopla.
No buscamos y no discutimos sino la calidad, no las teorías o los métodos.
Sabemos bastante abstraemos de nuestros hábitos y de nuestras preferen­
cias para gustar el aporte nuevo y auténtico allí donde existe y no olvidar
ninguno de los enriquecimientos inesperados donde el hombre sabrá co­
rregir su limitación y su indigencia frente al campo infinito de lo posible.
No oponemos jamás a la creación una obligación de principios: somos
bastante generosos para juzgar con justicia su probidad, bastante sensibles
para percibir lo que en ella puede renovarnos, bastante vivos para recono­
cer la vida ahí donde surge imprevisible y fecunda.
Cierto es que el arte moderno ha tenido sus excesos; ha tenido sus lagunas.
Pero dejará seis o siete artistas verdaderamente grandes, el recuerdo de una
riqueza extrema de deseos, de tentativas, de innovaciones, y su parte es
hermosa porque ha merecido ser llamado el arte viviente.
trad. de m . t . y d . c . b .

R ene H

36

uy g u e

�C a l l o t . La tentación de San Antonio.

CAMINO

DE

LA

GRABADOS A N TIG U O S Y MODERNOS
La serie de grabados de Les miséres de
la guerre de C a l l o t , nos ilustran sobre el
sistema de im poner la voluntad p or la
la fuerza que im peró bajo el reinado
de L uis x i i i , y si por u n lado representa
a soldados y nobles engalanados y p lu m í­
feros dibujados con extrao rd in aria delec­

OBSERVACIÓN
tación en el detalle, utilizando las v en ta­
jas de las etapas sucesivas del grabado en
cobre en finas y precisas líneas, vamos
viendo aparecer la otra faz de la historia,
el hereje o el enem igo m artirizado y b e n ­
decido en últim a instancia. M uchos g ra ­
bados de esta serie representan a París
de día, con perspectivas del Sena de te­
nues horizontes que denotan una gran

�habilidad y sensibilidad p ara m anejar el
buril. Pero Callot tampoco desprecia la
luz interior, la violenta clramaticidad de
la llam arada, con fuertes contrastes en
blanco y negro, como en El pillaje de una
granja, casi un decorado p ara una obra
de Moliere, donde se despachan al cha­
carero, y su m ujer es violada por la sol­
dadesca, pero esta violencia tem ática es
contrarrestada p or las actitudes de baile
de los personajes. La forma escenográfica
de com poner se repite en casi todos sus
grabados: El mercado de esclavos cou una
grandiosa perspectiva espacial; La torre de
Nestle y el Louvre de composición coreo­
gráfica. Algunas veces el dccorativismo se
acentúa como en La marande. La tenta­
ción de Sati A ntonio es un grabado supcrrealista del siglo x v ii . El conjunto de p e r­
sonajes maléficos y pornográficos no for­
ma, con toda esa acum ulación de seres,
una composición con un determ inado sen­
tido. Callot se ha dejado llevar por lo
anecdótico y fantástico del tema, p refi­
riendo una actitud narrativa a una bús­
queda de elem entos plásticos.
La tendencia del dibujo es sem iabicrta, lo
(¡lie incorpora los personajes al medio am ­

Callot. El saqueo de un a g ran ja .

biente; el negro lo usa como enm arcando
las luces. Los sombreados en general son
hechos sin seguir las formas como con
una superposición de los diferentes en re­
jados propios del grabado a b uril, y a u n ­
que gana en riqueza de grises, le conserva
cierta dureza; en cambio, cuando se deja
llevar p o r el mismo dibujo adquiere el
grabado un trazo vibrante y dinám ico.

D f.i .a c r o ix : T odo un sistema de grabado
al servicio del tema. La rudeza del d ib u ­
jo, la distribución de la luz y la sombra
no hacen sino subrayar el espíritu d ra ­
mático rom ántico de la época. El proce­
dim iento del ag uatinta, tan usado en la
ilustración de libros en la prim era m itad
del siglo xix, por su apariencia realista al
desaparecer el trazado de rayas de las
otras formas de grabados, es em pleado por
Delacroix para representar a un personaje
que lejos de ser real responde a u n a idea
literaria: el ceño fruncido, la “camisa en ­
treabierta y la misma actitud teatral del
h errero ’’.
El aguatinta se presta p ara fu n d ir las
sombras y obtener una gama muy rica de

�grises; las formas se pierden en la p en u m ­
bra, cargando de sentim iento al conjunto;
el dibujo queda así reducido a los efectos
luminosos, sólo algunas pequeñas curvas
de trazo vibrante conmueven la figura de
por sí dinám ica en función del tema.

R enoir : El modo de grabado a la p u n ta
seca, tan severo y alejado de lo emotivo,
en manos de R enoir se transform a en un
m edio de expresión deliberadam ente sen­
sual. El arabesco acondiciona las figuras,
estas pierden su determ inación ante el
deleite con que estgn trazadas las líneas
curvas que se persiguen y ensam blan in ­
dicando el volum en con trazos significa­
tivos de la form a, y p or sombreados en las
partes más estáticas de las figuras. El d i­
bujo es abierto, no existe una línea lím ite,
por lo que las formas se estremecen lige­
ram ente al unirse con el fondo. Es in te ­
resante observar cómo se diferencian los
trazos entre sí, con la misma calidad de
la pincelada separada que usa R enoir en
sus cuadros de la últim a época.

Sisi .e y : Estam pa japonesa en blanco y n e­
gro, la litografía de Sisley proclam a la
enorme influencia de este arte oriental
en la apreciación de la naturaleza, en la
representación de la form a por signos y
en la misma im presión tenue y fugitiva
de la tinta. El dibujo se m antiene plano
a pesar de la indicación de perspectiva.

�Sis l e y . Paisaje.

No existen líneas continuas pero la com ­
posición se estabiliza gracias a un esque­
m a abstracto, interior, de puntos, líneas
verticales y horizontales, paralelas, que fo r­
ma una estructura lo suficientem ente fir­
me como p a ra no ser destruida por el
anhelo im presionista de conseguir atm ós­
fera ilum inada.

O dii .on R i ü o n : L ’ o t i c c u / a i r e .

En esta
litografía se acusa la tendencia mística
im aginativa de R edon. El rostro hindú
inscrito en la circunferencia, como un
signo cabalístico, ha sido trazado con un
núm ero considerable de pequeñas rayas
entrecruzadas que van m odelando el re ­
lieve en camafeo de la figura. La pastocidad del lápiz le perm ite el pasaje de lo
d ibujado a lo sugerido, ganando en sen­
tim iento y emoción psicológica.
La luz está usada como propia irradiación
in terio r del objeto y junto con la inven­
ción de formas y su com binación con
formas reales, añade lo misterioso a lo
expectral. Del potente blanco de la m e­
jilla la atención es atraíd a hacia la cla­
ridad de la parte superior del dibujo para
descansar finalm ente sobre el severo perfil
de la figura. (L ibrería Viau) .
S a m u e l L. O i .iver

O d ii .on R f.d o n . L'oricoulaire.

�CRÍTICA
W A LTER DE NAVAZIO, V ALENTIN
J HIBON DE LIBIAN Y V IC TO R
1TSARRO

U na vez más debemos agradecer a Luis
Eai.c im , inteligenle direclor de la Sala de
exposición de la Sociedad H ebraica Argénlina, las exposiciones ijue brinda, no sólo
porque ellas son de la más alta calidad que
es posible obtener en nuestro medio, sino
porque perm ite a m enudo la revaloración
de artistas olvidados y los hace conocer a
las generaciones jóvenes. En dos de esas
exposiciones retrospectivas pudieron con­
tem plarse de nuevo telas de W alter de
N avazio (1887-1921), Valentín T iiibon de.
L idian (1889-1931) y Víctor P isarro (1891 1937).
A pesar de que parecen de la misma gene­
ración. por las fechas de nacim iento, m u ­
cho difirieron entre sí, tanto como para
señalar tres etapas. Más im portante resul­
ta, pues, para ubicarlos la fecha de la
m uerte. Los diez años que m edian entre
el fallecim iento de Navazio y el de T h ib o n
son fundam entales en cuanto significaron
la introducción y triunfo en cierto modo de

N avazio. Paisaje de San Alberto.

las tendencias postim presionistas —por obra
de ¡Víaiharro prim ero, de Viau y Silva
después— y los siete que transcurren entre
la m uerte del segundo y la de Pisarro ta m ­
bién lo son, pues p o r entonces, en buena
p arte debido a los esfuerzos de G uttero,
triunfaron los principios de la estética p a ­
risiense, diversos sin duda pero con una
iónica esencial de fauvism e. Y no deja de
resultar curioso, en consecuencia, cómo se
quem aron las etapas después del C entena­
rio para actualizar la p in tu ra argentina,
gracias al esfuerzo de hom bres cpie casi
tenían la misma edad.
W alter Df. N avazio era un rom ántico pero
de una especie absolutam ente personal en
el Plata. N i natu ralista, ni folklorista, ni
patético, p orque en el fondo no practicaba
esa especie de religión que es todo p an teís­
mo; era u n lírico y p or tanto u n hom bre
en q uien la naturaleza resonaba con sub­
jetivos acentos p ara transform arse en una
m elodía de ricas tonalidades. (Digo m elo­
día, lo que significa secuencia de sonidos,
pues a diferencia de los impresionistas y a
semejanza de sus mayores en el ro m an ti­
cismo, siempre cultivó el lenguaje plástico
de las formas que se unen.) A veces se
dejaba llevar p or la desesperación, forzaba
los contrastes en claroscuro y en tibiaba la
emoción. Son las veces en que a m i juicio

N a v a zio . Paisaje.

�N a vazio . Retrato al carbón.

no p intaba bien. Pero otras, acaso no m u ­
chas porque la enferm edad lo m inó desde
tem prano, sabía tener arranques de euforia
cu el color, que se hacía cada vez más puro
sin llegar a dividirse, dando las notas más
felices de nuestro paisaje. Entonces no era
la sensible, serena y desvitalizada fluencia
de su alm a la que se expresaba, sino el
vigoroso, atorm entado y al mismo tiem po
contenido grito de su espíritu, cuando to­
davía luchaba y, claro está, vencía. A de­
más, como era un dibu jan te, no confundía
la nota de fina vibración del trazo y los
valores con la ausencia de construcción de
la forma. Y por todo esto, sin h aber rayado
a gran altura, ocupa un puesto que no
hará sino consolidarse con el tiempo.
P isarro tam bién era un rom ántico, a pesar
de su terror por todos los sentim entalism os
y hasta una cierta dureza que perm itía
considerarlo como un introvertido, firm e y
severo. Era un rom ántico controlado por
la razón, inteligente como pocos, amigo
de la cultura y lector tam bién como pocos,
austero pero con u n insobornable fondo
de ternura y de sensualidad. Además era
músico. Fué sobre todo el paisaje de F ran ­
cia, más precisam ente el de los alrededores
de París —M oret— con sus cielos m elancó­
licos, enriquecidos hasta lo increíble por la
variabilidad de la luz, el que le perm itió
m adurar en ese rom anticism o de los senti­
dos —vista y tacto m aravillosam ente u n i­
dos— que acusaba cierta formación perso­
nal en el fauvism e. Pero si otros fauves,
aun entre los grandes, pudieron derivar
hacia una concepción más o menos decora­
tiva de la p in tu ra, jam ás lo hizo Pisarlo,

quien siguió viendo, hasta los días tristes
de su m uerte prem atu ra, en el arte del co­
lor el modo de exteriorizar una música
rugosa, interior, casi sin enlaces, una espe­
cie de arm onía b árbara —valga la p arad o ­
ja — como sólo pueden concebirla los, espí­
ritu s más finos de nuestro tiempo. Frente
a los paisajes de Navazio, los de Pisarlo
son más vigorosos, más encerrados, menos
hechos, más melancólicos en cuanto la sus­
tancia misma es más triste y hasta acongo­
jada, pero tam bién p o r ello de una ternura
más infinita. Dió su nota, fina y p u ra, en
el sentido im puesto p or la tradición, sin el
brillo de u n a estrella de prim era m agnitud,
más bien como un astro que se apaga. Pero
eso fué mucho.
T iiibon de L iman fué menos paisajista que
figurista; sobre todo u n compositor de g ru ­
pos en interiores. Mezcla curiosa, bien
am ericana, de elem entos positivos y n eg ati­
vos, con la terrible in q u ietu d de un ro ­
m ántico tam bién, pero sin ese espíritu sis-

T

h ib o n .

El salón.

�T hibon . Circo de campaña.

lemálico que en todo tiem po lia podido
salvar a los rom ánticos de la disgregación.
Ni D egas, ni T oulouse-L autrec influyeron,
a pesar de que se hayan repetido esos nom ­
ines a propósito de su p in tu ra. Le faltaba
la precisión de la línea, la capacidad su­
prem a de la síntesis y la virtud para conte­
ner la emoción del prim ero, así como la
soltura elegante y el sentido de la defor­
mación sensible del segundo, lo mismo en
el trazo coloreado cpie en los empastes
gruesos. Él era un natu ralista como germ i­
naban en estas tierras p or entonces, que
reaccionó contra su propio am aneram iento
sentim ental de la p rim era hora y contra
ese otro am aneram iento que hizo presa de
muchos epígonos del im presionismo. Y a
base de p u ra intuición, sin pensarlo mucho,
dejándose llevar más bien por las acom eti­
das de su espíritu versátil, librando en cada
instante la tuerza ciega de su colorismo no
siempre feliz, un buen dia se vió represen­
tante del postim presionism o francés. C u an ­
do se escarba, em pero, tras la superficie de
color brillante, unido y homogéneo, tras
el dinam ism o de la composición delib era­
dam ente desm añada, tras la pobreza de su
dibujo, lo que se halla es siempre al n a tu ­
ralista pintoresco, enam orado de la vida
en sus aspectos pasajeros, pero con una tan
extraña como inm adura potencia de expre­
sión. Frente a los otros, la figura de T h ib o n
se achica, tal vez porque prom etió más y
cum plió menos.
N inguno de los tres pintores fallecidos
iguala la m aestría de otros que fueron sus
contem poráneos, pero cada uno filé au té n ­
tico en su tiem po y cada uno supo decir
su palabra feliz. El m om ento de auge de
las tendencias que siguieron ha pasado, sin
duda. Ya no se trata de ser un buen p in to r
rom ántico, postim presionista o jauve, pues
las circunstancias que dieron nacim iento a
tales direcciones m ucho h an cam biado en
los últim os veinte años. Pero la lección
que los jóvenes pueden aprovechar es bien
clara: a pesar de cpie fueron casi contem ­
poráneos y de que sus modos de creación

P isarro. E l jardín.

variaron enorm em ente, como se ha dicho,
tanto Navazio y T h ib o n como Pisarro su­
pieron sobrepasar el bajo nivel de lo que
es siem pre apetencia tem poraria —sin re­
h u irla tam poco— porque en n ingún m o­
m ento traicionaron el m andato de sus
conciencias.
J orge R omero Brest

�Seii .imiíERC.o . Figura.

PIN T O R E S A RG EN TIN O S
C O N T EM PO R 4NEOS

Para borrar el recuerdo del últim o Salón
de O toño que fuera tan pobre y m onótono
como m uestra de conjunto, fuimos al Sa­
lón K raft a ver las obras de trein ta artistas
argentinos; según el catálogo se trataba de
pintores contem poráneos, pero pocos p a re ­
cían serlo, tan anacrónicas resultaban sus
pinturas. Acaso los únicos que escapan son
H oracio B uti.er y J uan d il P rete.
El prim ero, con su tendencia a la rep re­
sentación planista del espacio, se acerca a
las corrientes nuevas de la p in tu ra , aunque
no llega a ser abstracto ni en la elección
del tem a ni en su ejecución. B utler que
compone su Playa com binando tonos p re ­
dom inantem ente fríos, m uestra su pasta de
hábil p in to r en la form a en que trae hacia
adelante las m ontañas del fondo, pero sin
chocar con los motivos del p rim er plano,
de colores algo más cálidos. Por su parte
Del Prete, alejándose de su pasado de
fauve emotivo y violentam ente sensual, se
lanza a descubrir los caminos del llam ado
arte abstracto. En la Composición que p re ­
senta quiere m ostrarse frío e intelectual,
pero su sensibilidad de colorista lo traicio­
na, haciéndole insertar, como una p u n ta
de lanza, un blanco cálido sobre un fondo
homogéneo tam bién blanco pero frío, con­
traste éste que, además ayudado por unas
m anchas de colores puros, dinam iza un
cuadro de apariencia tan estático.

Casas Boqueases de E ugenio D ani.ri descu­
bre, tanto como las figuras de ancianas que
él gusta p in ta r, su intelcctualism o ro m án ­
tico que brota a través de sus pinceladas.
Gomo confirm ando esta observación n o ta ­
mos ciertos loques cálidos de colores satu ­
rados, p u ra emoción, con que D aneri fo r­
talece los grises y ocres más fríos que suele
usar como color local. A rtista de gran sen­
sibilidad, R aúl Soldi construye su N a tu ra ­
leza M uerta con pinceladas cortas y ricas,
de ritm os paralelos que altern an con otras
alargadas, menos densas y de giros casi
concéntricos; los choques que se producen
acentúan la fuerza con que el motivo cen­
tral —trabajado en grises coloreados, rojos
y negros— se levanta de un fondo claro,
dinám ico y sensualm ente term inado. Más
rom ántico aun es E nrique Po i .icastro,
c u to paisaje Campo aparece como a b la n ­
dado p o r un rayo lum inoso que quiere
incorporarnos a esa atm ósfera tan senti­
m ental que lía invadido sus últim os Iraba-

Soun. N aturaleza muerta.

�jos, quitándoles algo de la fuerza instintiva
que era su m otor, y al mismo tiem po el
dique que lo contenía p a ra no caer en la
m onotonía que dom ina hoy su composición.
O tro p in to r que se supera en cada envío
es M arcos 1 io lio quien expone, ya sea
en sus naturalezas m uertas, paisajes u rb a ­
nos o en esta M arina, su tendencia a ale­
jarse de los objetos p ara llegar a la ex p re­
sión plástica p o r m edio de alusiones, siem­
pre m anteniéndose, p or su técnica, en un
plano de sensualidad m aterial. Sus cua­
dros no están nunca m inuciosam ente te r­
m inados porque el m undo que él crea no
emerge de los detalles: se presiente en to ­
das sus pinceladas que viven y, cargadas
de rom anticism o, se funden en arabescos
dinámicos. V ibra la Sandia de M ig u el
D io m e d e tanto por su naturalism o como
por el feliz m anejo de la substancia cro­
m ática q ue se espesa p or superposición en
el centro de la tela, en brillantes rojos y
am arillos y se hace cada vez más diáfana
al transform arse en espacio.
R am ón G ó m ez C o r n e t presenta N iña cuyo
tem a y colorido nos resultan fam iliares, no
así la expresión sentim ental m ucho menos
desgarradora que en otros cuadros suyos.
En la superficie u n id a de esta obra las
pinceladas no vibran con independencia, se
ju n ta n p ara entonar un acorde profundo
en tonos bajos. T am bién
hay dulzura aunqu e no
tanta fuerza subjetiva en
la Cabeza de N iña de A n ­
t o n io B e r n i , trabajo algo
blando y superficial re a ­
lizado en tonos vivos y
puros. L a concepción de
la figura en M ig u e l C.
V ic to r ic a es o tr a : e n el
R etrato de lilas M olina la
te r c e r a d im e n s ió n e s tá l o ­
g r a d a e n d o s fo rm a s ; e n
la f ig u r a la s u g ie re p o r la
y u x ta p o s ic ió n d e n u m e r o ­
sos p la n o s d e c o lo re s, e n
e l r e s to d e l c u a d r o la h a ­
ce s u r g ir d e u n f o n d o de

B u t i .e r . La playa.

suaves variaciones tonales en el que se des­
vanece en redondo la figura central, que
aislada parecería casi plana. N o hay d uda
de que la técnica usada, el pastel, no ofrece
dificultades a este h ábil p in to r, pero es en
los óleos donde más se destaca, porque de
los pomos, p o r su brillo y m aterialidad
obtiene m ucho más vigor y al mismo tiem ­
po más adhesión a las cosas, que él define
m ediante la deform ación. N inguno de es­
tos diez pintores ha necesitado temas re ­
buscados o grandes policrom ías p ara tras­
m itir su emoción; en cambio, cuántos ele­
m entos acum ula R a q u e l F o r ner p a ra dar
su mensaje en el cuadro Vanidad, que
m uestra a pesar de ese am ontonam iento
literario el oficio y talento suyos, no muy
aprovechados en esta o portunidad.
Es encom iable en el cuadro de J uan C ar ­
los C astag n ino la tendencia a lim p iar la
paleta que se observa en la figura, aunque
todavía no en los fondos. T am b ién están
representados L in o S p il im b e r c o con su fi­
gura de dureza de estatua y ojos de m irar
hum ano, trab ajad a más que con colores,
con u n juego de valores sabiam ente tra ta ­
dos dentro de una gama algo fría, y J uan
B á te le 1’lanas quien no logra, a nuestro
modo de ver, la expresión u ltraterren al que
parece buscar.
B ea t r iz H

uberm an

�M ARIO C.ARREÑO
A M ario G arrí - ñ o , tan ilustre como joven
p in to r cubano, profesor de la N ew School
de Nueva York, que acaba de exponer en
la G alería Sainos, se lo presenta como un
artista de m eteórica carrera, a través de
una obra sin vacilaciones y con una m ad u ­
rez ya conquistada. Viene precedido por el
juicio altam ente elogioso de m uchos c ríti­
cos del continente, quienes no vacilan en
em plear adjetivos de valoración su p erlati­
va y en señalar conquistas sustantivas como
p in to r universal y al mismo tiem po am e­
ricano.
Advierto estos antecedentes al lector que
no conoce, por ejem plo, las magníficas m o­
nografías de José G ómez Sicre (Cuadernos
de Plástica Cubana, n? 1, La H abana,
1943) y de A ntonio R omera (A ntillanas,
Santiago de Chile, 1949) , p o rq u e mi juicio
difiere del de ellos y no quiero inducirlo
falsam ente a que lo adm ita y hasta lo
adopte sin exam en. P ara mí C arreño es
un p in to r h áb il y b rillante, de fina sensi­
bilidad y de rica fantasía. Por ahora, nada
más.
Decimos de un hom bre que es hábil c u a n ­

do dom ina los secretos de la fabricación de
algo con perfección, lo mismo si se trata
de un objeto concreto o de la exposición de
una idea o de la creación de un cuento.
La h ab ilid ad im plica ante todo conocim ien­
to, luego destieza y finalm ente sensatez.
IJn p in to r h áb il conoce los recursos del
oficio, los m aneja con destreza p ara crear
la form a que desea y es siem pre lo sufi­
cientem ente sensato como p ara no p e rm i­
tirse nada que esté más allá de las posibi­
lidades que perm iten su conocim iento y
su destreza.
Un h om bre es brillante cuando logra en
el p lano del hacer o del pensar o del d e d i­
que las form as de expresión tengan fuerza
expansiva y se im pongan m erced a un
ritm o que arrebata, a u n q u e ellas no siem ­
p re sean portadoras de ideas o sen tim ien ­
tos, o simples adivinaciones, de verdadera
calidad. Y como en tal faena hay siem pre
algo de chisporroteo, de reflejo lum inoso,
el em pleo m etafórico de la paja lira b rilla n ­
te se justifica. Un p in to r es b rillan te c u a n ­
do sus formas tienen tales caracteres, em a­
nando de ellas el chisporroteo del color y
de la línea, de los planos y los volúm enes,
hasta, encandilar los ojos. C ierto es que
hay u n brillo que es exteriorizacióu de una
fuerza interior, pero entonces ya n o es
brillo sino luz.
Un h om bre es sensible cuando denuncia en
sus gestos y palabras, modos de ser y de
convivir, u n sistema de preferencias basado
en la rica variabilidad de las situaciones
y de las respuestas a ellas, como si su vista y
su oído, su olfato, su tacto y su gusto
jam ás se rep itieran y supieran h allar, en
cada caso, u n acento diferencial, un nuevo
m atiz. Así, u n p in to r de sensibilidad se e n ­
riquece con la variedad, tan to en el juego
de las líneas y planos con los que orga­
niza el ritm o de la comjiosición, como en
el juego del color, sean acordes de tonos o
contrastes de tintas.
Un h om bre dem uestra tener rica fantasía
cuando en fije diálogo que constituye su
p erp etu o devenir, no sólo registra con sen­
sibilidad superaguda la v ariabilidad a lu d i­

�da, sino tam bién inventa nuevas situado
nes, las cuales exigen a su vez inéditas
respuestas. Es un hom bre que sorprende
y a m enudo desconcierta, pues sus respues­
tas no son las habituales y todo cuanto
sugieren invita a penetrar en un mundo
de trascendencia emocional. Así, un p in ­
tor fantástico elige temas no previstos, los
trata m ediante formas no previstas y crea
un tipo de emoción no previsLo; por enci­
m a de cualquier otra posibilidad expresi­
va, sorprende y desconcierta, arrastra con
la fuerza de un mito o de un cuento, y
tan solo se detiene cuando el espectador ha
adm itido ya la validez del m undo nuevo
que presenta.
Y bien, tales son las notas positivas que
encuentro en la p in tu ra de Garreño. Para
muchos bastará. No para quien busca en
el arte otra cosa que no es el chisporroteo
de la brillantez, la melodía variable de las
reacciones sensibles o el arrastre hacia zo­
nas de invención fantástica, menos todavía
el simple m anejo h ábil de los elementos,
sino la respuesta a una sola pregunta, que
implica la existencia de una m editada acti­
tud estética del artista frente al m undo, es
decir, frente a la vida, en su dimensión
de pasado y en su dim ensión de futuro,

detenida en el fugaz m om ento que es todo
presen te.
Esas notas positivas lo serían realm ente en
la p in tu ra de Garreño si le sirvieran para
crear un m undo de raíces hondas en el
que apareciese construida la realidad con
acentos de existencia y fijeza de ideal. Pero
tal no ocurre en las obras expuestas. Por
el contrario, se ve que el p intor se ha
preocupado mucho por el perfeccionam ien­
to de su hacer y poco p or el enriqueci­
m iento de su mensaje espiritual. Por eso
denuncia una rara facultad de asimilación
y al mismo tiem po im potencia para tom ar
p artido v m adurarse en el estilo. No es un
rom ántico ni un folklorista, pero no des­
deña ninguno de los recursos que proceden
de tales actitudes estéticas; no es un cu­
bista o un constructivista o un purista,
menos todavía un cultor de formas abs­
tractas, pero se advierte que no ha sido
ajeno a tales experim entos; no es un pin
tor de cuadros de caballete, ya que re n u n ­
cia voluntariam ente sin duda a la confesión
emocional de la individualidad integrada
en los objetos que constituyen el m undo
de la tela, pero tampoco es un muralista
o un ilustrador pleno, no obstante que p a ­
rece tener especiales condiciones para serlo.

�C a r r e ñ o : Serenata.

Y en definitiva, es más bien un estilizador
y un rim ador de formas naturales, a las
que destruye es cierto, aplastándolas o d e­
form ándolas, pero a las que no otorga un
nuevo contenido de emoción. C uando lo
logra y en parte, se im pone algún recuerdo
de modo demasiado evidente, p or ejem plo
de P icasso .
Pero es tan hábil y es tan ta la energía que
em ana de su destreza, y es tan ponderado
y sutil, que cabe preguntarse si este joven
p in to r de apenas trein ta y seis años no está
necesitando tan sólo de una fuerte conm o­
ción interior para situarse de pleno d ere­

cho dentro del arte
que c u l t i v a ; para
descubrir que la p in ­
tu ra es u n magnífico
lenguaje con el cual
construyen a l g u n o s
h o m b r e s , especial­
m ente d o t a d o s , la
misma realidad m ó­
vil que i n c e s a n t e
m ente se d e s t r u y e
pero o t o r g á n d o l e
una n ota de esencialidad, de eternidad.
Y m e respondo a mí
mismo que tal hecho
puede o cu rrir cu an ­
do c o n t e m p l o sus
obras a n t e r i o r e s ,
cierto cpie a través
de re p r o d u c c io n e s ,
pues se im pone su
labor de depuración
y u n a v oluntad fra n ­
ca de h u ir de u n a
retórica form alística
y n a t u r a l í s t i c a al
mismo tiem po que
lo dom inó d u ran te
m uchos años.
T e n t a d o estoy de
afirm ar, en presen­
cia de su obra no
m ad u ra pero llena
de valores en agraz,
que C arreño podría ser u n extraordinario
creador de formas abstractas, si lograra
in fu n d ir a las que p in ta de la potencia
instintiva que es m enester en u n a direc­
ción o del rigor racional en otra, y si
com prendiera sobre todo que ellas deben
constituir u n todo con la arq u itectu ra de
nuestro tiem po, liberadora del espíritu en
cuanto moviliza el espacio, pero capaz de
sujetarlo en seguida en cuanto p erm ite
vislum brar una nueva arm onía de ritm os
esenciales.
J orge R o m e r o

B r i .st

�MARCOS T IG L IO
A través de las naturalezas m uertas y de
los paisajes de T iglio hemos descubierto
un tem peram ento poético y u n talento pic­
tórico. T iglio. poeta, recrea u n m undo que
nos gusta y vale p o r la potencia emotiva
con que restituye su apariencia exterior;
de las cosas no quedan las cualidades de
su m aterialidad —ni la b landura de la p u l­
pa, ni la dureza del objeto— y, sin em ­
bargo. ellas están allí, no con el sentido de
una simple evocación, sino como estru ctu ­
ras reconocibles; esto ocurre porque el
artista sabe darnos esa figuración por la
m ateria coloreada plena de sensibilidad.
Sus obras escapan al m ero naturalism o ya
que aun cuando traduce u n a fru ta con la
forma más aproxim ada de la realidad, d en ­
tro está el color dándole una vida nueva
en el m ovim iento de los trazos; es como si
prim ero entrara en el m undo de las formas
p ara deshacerlas y luego las recom pusiera
merced a un solo medio de expresión: la
dinam ización de la pincelada. Por esta dinamización naturalezas m uertas y paisajes
urbanos aparecen aunados en u n a misma
intención creadora; de nada sirve que te­
teras, jarrones, botellas se aproxim en hasta
comprim irse a veces dentro de una circu n ­
ferencia im aginaria; lo que im porta en la
contem plación, es ese m undo que se ex­
pande más allá de los lím ites de su con­
creción y constituye con el aire que lo
envuelve un todo unido y arm ónico.
En los paisajes urbanos es donde d efin iti­
vam ente aparece T iglio como el p in to r de
la atm ósfera hecha color. Recordemos cómo
los arm a, siem pre como u n conglom erado
de masas nunca demasiado determ inadas o
apenas lim itadas por trazos oscuros que
hallan sentido por la entonación general y
el loque sensible de algún color puro; sin
recurrir con frecuencia a las diagonales
para dar la profund id ad porque los dis­
tintos planos son dados p or la distribución
de las tintas y tratando siempre de recrear
ton pincel vivo y delicado cielo y aire, en
m últiples toques de color.

Sobre la tela se deslizan los colores en
trazos diversos creando su verdadero modo
personal, el cual se define más que p o r el
em pleo de arm onías determ inadas de g ri­
ses, azules pizarra, verdes, p o r la m anera
de hacer v ibrar las pinceladas. Ésta es la
fuerza de T iglio, la que se desprende de
una escritura que le p erm ite transcribir lo
que su tem peram ento siente frente a un
paisaje o a una naturaleza m uerta. Pero
esa escritura puede convertirse en un p e li­
gro si al explorar el m undo de las formas
no encuentra en cada caso las arm onías
necesarias que renueven su paleta prom isora. (Salón Peuser.)
B lan c a Sta b il e

M arcos 'l ici to. L u jin .

�A

P

O

S

T

I

L

L

A

S

D el P rete y a no es m á s el fa u v e de o tro s tie m ­
pos, n i el creador de fig u r a s p la n a s co n fu e r te s
c o n tra ste s cro m á tico s, u n poco a lo M a t is s e ,
que fu é d esp u és, o de aquella c u rio sa c a lig r a fía
d in á m ic a de tr a zo s in te n s o s de color que c u ltiv a ra
h a sta hace pocos a ños. S e halla enrolado e n el
g ru p o de los p in to r e s a b stra c to s m á s p u ro s, de
q u ien es red u c e n la crea ció n p ic tó r ic a a u n ju eg o
de ele m e n to s g eo m étrico s, s in e x c lu ir el color s in
e m b a rg o , sobre u n fo n d o blanco, p a r a lograr
u n a e x p r e s ió n e sc a sa m e n te em o cio n a l — e n el
o rd en de los s e n tim ie n to s — p ero rica de sen tid o
com o d in a m iz a c ió n del espacio. E s u n in q u ie to
y esto sólo lo hace acreedor a n u e str o resp e to .
P ero no b a sta s e r in q u ie to . T a n to e n las p in tu ­
ra s com o en la s co n stru c cio n es que acaba de

exp o n e r en la G alería C a va ü o tti, n o o b s ta n te el
v a lo r de a lg u n a s com o e x p r e s ió n de sensibilidad
y de ju e g o im a g in a tiv o , a d v ie rto u n a in s u fi­
cie n te fu n d a m e n ta c io n te ó rica . L a p o te n te f a n ­
t a s í a del p in to r sig u e d o m in a n d o , com o o trora
señ a lé a p r o p ó sito de o tro s cuadros, y la f a c i l i ­
d a d con que tr a b a ja le im p id e d e sc u b rir el
sec reto de la e x p r e s i ó n r i g u r o s a que es pa la b ra
de o rden e n tr e los que fo r m a n p a r te de la
escuela a que quiere p e rte n e c e r. — J . R . B.

X u l X olar en la G alería S a m o s: te m a s de im a ­
g in a c ió n lite r a ria realizados con e le m e n to s p lá s­
tico s que c o n se rva n u n a v a g a re la c ió n con fo r ­
m a s g e o m étric a s. L a e m p re sa de crea r esa “m is tic a de la p in tu r a de los que n o v e n con los
ojo s fís ic o s e n el á m b ito sa grado” — com o bella­
m e n te a p u n ta J orge L u is B orges en el catá lo ­

�go — es ardua y h a sta m e a tr e v e ría a decir
im p o sib le, e n tre o tra s ra zo n es p o rq u e la p in tu r a
no p ro ve e de e le m e n to s (pie fa c ilite n la em o tiva
tr a n su s ta n c ia c ió n a l m u n d o m e ta fís ic o im a g i n a ­
do. O tra cosa s e r ía el m u n d o m e ta fís ic o in v e n ­
ta d o r a c i o n a lm e n te y p o ten cia d o em o cio n a lm en ­
te. B a s ta r ía p e n sa r en el fra ca so de u n W illiam
B l a k b p a ra co m p ren d erlo . A s í X u l X o la r, e sp í­
r itu fin o y o rig in a l, em p eq u eñ ecid o en su m u n d o
a fu e r z a de q u erer am p lia rlo h a sta los lím ite s
del in fin ito , no s e n v ía u n m e n sa je s in a lie n to ,
com o s i el c o n ju n to de p eq u eñ a s acuarelas y
dib u jo s e stu v ie ra il u s t r a n d o u n p in to resco cuento
in fa n til, con in g e n u id a d de p elícu la e xp re sio n is­
ta s de p re g u e rra y algo de aurora boreal p o r la
ilu m in a c ió n . E x c u sa d o decir que s iem p re hay
calidad, p ero la p in tu r a fu e r te de n u e stro tie m ­
po, a m i m odo de ver, se o rien ta de o tro m o d o .—
J . R . B.

R a ú l R u s s o sabe m o d u la r las p a sta s cargándolas
de lu z o so m b ra p a ra d isp o n er u n p a isa je en
gra n d es m a sa s ; sabe endurecer las fig u r a s p a r a
que s e a n s in té tic a s e n la e x p r e sió n de su s fo r ­
m a s ; sabe ju g a r con la lín e a p a r a que ella
cobre en los lím ite s de u n a fig u r a o de u n a s
flo re s, la g ra cia u n poco blanda de a lgunos
r e p r e se n ta n te s de la E s c u e la d e P a r í s ; y , a
veces, h a sta sabe tra d u cir la calidad sen su a l de

la m a te ria m ism a . E s ta m o s a fir m a n d o dotes, s in
e n tr a r en el a n á lisis severo con el solo f i n de
c o n clu ir que a u n n o se p e r fila u n a exp re sió n
d e fin itiv a a tr a v é s de los m ed io s plá stico s e m ­
pleados.
S in em bargo, en las n a tu ra le za s m u e r ta s es do n ­
de la sensib ilid a d del a r tis ta n o s h a hablado m ás
d ir e c ta y sin c e ra m e n te . H a y e n ellas m á s que
co m p o sició n , g u sto por la d is trib u c ió n . L o s fo n ­
dos se m u e v e n , e n u n ju e g o de cálidos y fr ío s,
e vita n d o la m o n o to n ía . L a s cosas no e stá n abso­
lu ta m e n te recreadas pero tie n e n fu e r z a en la
e x p r e sió n de su m ateria lid a d . L a p a s ta se a m a l­
g a m a bien p a ra dar la concreción de las botellas,
o se p arcela en am arillos, rojos, v ioletas y u x ta ­
p u e sto s de los lim ones. L á s tim a que ob jeto s y
fr u ta s no te n g a n el m ism o v alor d e n tro de la
espacialidad, y a que se e x p a n d e n e n la búsqueda
de v o lu m en (choclos, g u in d a s, u v a s) o se encie­
r r a n en los tra zo s de los c o n to rn o s acen tu a n d o el
p la n ism o . (S a ló n P eu ser) — B. S.

C e r n o b o r i es u n p in to r que u n e a su s en sib ili­
dad sa b id u ría e n el o fic io : que conoce las rela­
ciones de los tonos, de los v erd es tie rn o s y los
ocres ásperos y que sabe d a r con ellos a sus
p a isa je s u n c a rá c te r ro m á n tico . S u calidad de
p in to r se v e sobre todo e n el m a n e jo de esos
verd es s u tilm e n te conjugados p a r a crea r u n a

�e sp e s u ra ; y su r o m a n tic ism o e n ese a d e n tra rse
en la n a tu r a le za p a r a tr a d u c irla en la m in u c ia
de los to n o s s in in s is tir n u n c a en la red u c c ió n
in te n c io n a d a de los planos. C ern o b c ri es el p a i­
sa je r o m á n tico . P ero el c o n sta ta r que s en sib ili­
dad y ofic io se a ú n a n con ju s te z a en la creación
de los cuadros n o n o s im p id e d ecir que fr e n te a
su e x p o s ic ió n n o s se n tim o s u n poco com o lle­
gan d o a los u m b ra les de u n m useo, con todo lo
que esta a fir m a c ió n in v o lu c ra e n fa v o r y en
c o n tra de u n a va lo ra ció n . S u a rte lo se n tim o s
y a s in p o sibilidades y con c ie rto aire de tie m p o
a n tig u o . (S a ló n P e u ser) — B . S .

J osé G ur .n o b o r i ,

Retrato.

G e r t r u d is C h a l e acaba de e x p o n e r en V ia u
una serie de p a is a je s, alg u n o s con fig u r a s , con
te m a s del a ltip la n o . S o r te a e n ellos el peligro
de la e x p r e s ió n fo lk ló r ic a y busca a fa n o sa ­
m e n te la e x p r e s ió n m o n u m e n ta l — g r a n d es p la ­
n o s de a r ista s a fila d a s e n el p a isa je , s ín te s is
a p r e ta d a del color h a s ta en los tr a je s — pero
n o a c ie rta ig u a lm e n te e n c u a n to al to n o e m o ­
tivo . E s tá presa , com o ta n to s o tro s p in to r e s,
de u n a in d e c isió n , ta l v e z no
c onsciente, que la p e rju d ic a . O sci­
la e n tre u n a te n d e n cia h a cia las
fo r m a s a b s tra c ta s y o tr a que la
a m a rra al pasado ro m á n tico .
T a m b ié n C a r y b é exp u so te la s con
te m a s parecidos. P ero su p ro b lem a
es d is tin to , p u e s él se halla preso
to d a v ía del d e slu m b ra m ie n to cos­
tu m b r is ta . S e a ñ o ra n aquellos di­
bujo s rá p id o s, esp o n tá n eo s, c e rte ­
ros, que p u b lic a b a en L a V a n g u a r ­
d ia y en A r g e n tin a L ib r e hace al­
g u n o s años. — J . R . B.

R aúl

R i/s s o .

Flores y figuro.

�hojas de estudio
DE

M A N E T

A

N U E S T R O S

IM PRESIONISTAS Y
PO STIM PRESION ISTAS

D I A S

turaleza, las hojas de u n árb o l no son
azules como las p in ta M onet p a ra ale­
jarlas de las ram as verdes. Él no cons­
truye volúm enes n i d ib u ja sus form as con
rigor, pero el dinam ism o de su p in tu ra
in q u ieta al espectador y le hace colabo­
rar, form ando él mism o las im ágenes que
le da disgregadas en m edio de su espacio
tan vibrante. A unque po d ría aparecer co­
mo aprisionado p o r sus experim entos no
se debe pensar que sus telas obedecían
sólo a u n deseo de satisfacer las teorías;
únicam ente los m alos pintores aplicaron
las leyes al pie de la letra, no M onet
cuyo espíritu sincero le hacía re c u rrir a
la variación tonal y a ab an d o n ar los co­
lores p uros cuando su sensibilidad se lo
exigía. Esto es evidente en el p rim er plano
de Las Parvas en Giverny donde el cés­
ped, p in tad o en variados verdes, y las p a r­
vas, en diferentes am arillos y ocres, su­
gieren u n volum en q u e no se percibe en
el p lan o superior, casi sin relieve. No hay
en estos cuadros perspectiva geométrica co­
mo usaron los italianos del R enacim iento,
las form as p alp ita n dentro de u n espa­
cio m uy dinám ico pero se m an tien en en
el mismo plano. Esto se observa tam bién

A unque no es M o n e t el más im p o rtan te de
los pintores representados en la p rim era
sala de la exposición D e M a n e t a n u e s ­
tros d ías , se inician estas hojas de estu­
dio con el análisis de sus cuadros ya que
fue él q uien dió form a y carácter de teo­
ría a las ideas acerca de la luz y el aire
lib re que unieron a los pintores de su
grupo. M adurando hallazgos anteriores
aparecen en los cuadros de M onet pequeños
toques coloreados que se ubican uno ju n ­
to al otro sin fundirse, en busca de la
atm ósfera del m om ento, p ara m ostrar los
cambios que la luz produce en los o b ­
jetos. P or eso encontram os en sus cua­
dros formas y colores que la experiencia
no siem pre denuncia: en Las P a n a s en
Giverny las sombras no se producen p o r
el efecto de negros y grises, como en la
p in tu ra tradicional, sino que coincidiendo
con leyes descubiertas p o r los físicos de su
tiem po acerca de los colores com plem en­
tarios, ju n to a u n verde M onet coloca un
rojo, o bien som brea u n tono cálido con
uno frío. Pero esto no ocurre en la n a ­

53

�en Vista de San Giorgio Maggiore (Venec ia ), p in tad a en 1908, que m uestra a d ó n ­
de quería llegar M onet cuando salió al
plein air en busca de la luz. En esta obra
las form as se adivinan como a través de
una gasa más translúcida que tran sp aren ­
te; es una atm ósfera tan densa que el
ojo apenas alcanza a p en etrarla. Ese es­
pesor que no q u ita dinam ism o a la com­
posición, la h aría m onótona si no fuera
p o r la vibración de u n a zona en sombras
violáceas que al irse hacia atrás rom pe la
u nidad del espacio.
En el cuadro En B arque, producido en
1887, ya aparecen m uchas de las carac­
terísticas que dieran la tónica a la p in tu ra
de fin de siglo; achicam iento e indivi­
dualización de las pinceladas; temas sim ­
ples, sin rebuscam ientos; colores puros,
claros, som breados generalm ente p o r la
proxim idad de los com plem entarios, a u n ­
que en este cuadro se ven todavía algunas
som bras obscuras en el bote y el agua
cercana a él; pérd id a del volum en —total
en las figuras, parcial en la representa­
ción del bote— en beneficio del dinam ism o
de la composición. En esta tela hay alg u ­
nas notas que dem uestran que es an terio r
al paisaje veneciano, cuyas formas están
destruidas, m ientras que acá el dib u jo
conserva su im portancia, lim itan d o las fi­
guras que no se funden n i en tre sí ni
con el espacio que las rodea. De todos
estos caracteres, posiblem ente el que más
diferencia a estos cuadros de la p in tu ra de
principios del siglo x ix y aun más de la
anterior es ese aclaram iento de tintas que

M onet recibe de otro g ran p in to r con­
tem poráneo suyo, E douard M a n e t , quien
a su vez incorpora a sus p in tu ras algunos
elem entos de la corriente im presionista.
En La servidora de cerveza notam os la cla­
rid ad que asoma tan to de las figuras co­
mo del fondo, pero no todo se debe a
la influencia del im presionism o. E n las
figuras la luz h a sido am asada con los co­
lores, p or eso la vemos surgir au n de los
planos de tonos puros, casi sin la variación
tonal con q u e construye sus formas. El
volum en está sugerido p o r los choques de
esos planos y sobre todo p o r las líneas
m uy plásticas de su dibujo. L a p in tu ra
no es m uy hom ogénea, p ero sus pincela­
das no se individualizan tan to como I2 S
de Monet. E n el fondo hay yuxtaposición
de tonos y tintas que se contrastan a u n ­
que no m uy violentam ente; esto hace que
ese fondo se adelante, ayudado p o r algunos
giros caligráficos que recuerdan a Matisse.
Este cuadro m uestra u n a alegría de colo­
res puros que apelan directam ente a los
sentidos; en el R etrato de Isabel L em onnier, casi totalm ente conjugado en neutros,
sólo hay u n toque más p u ro en los ojos,
que form an el centro de la composición.
A unque juega con los colores neutros, no
se lanza M onet a la búsqueda del volu­
m en p or la variación tonal, sino que acá
tam bién su figura está construida p o r lí- .
neas m uy plásticas, lím ite de grandes p la ­
nos de color, que sin ser absolutam ente
homogéneos, tam poco están finam ente de­
gradados. Se nota como u n a alusión a otro
m undo que no está encerrado en la tela

54

�sino que se eleva desde ella, resabios del
naturalism o rom ántico que M anet n o creía
tener.
Ésta es tam bién la concepción que dom ina
en su R etrato del A b a te H u rel; la p arte
más expresiva es el rostro, m ientras que
el resto de la figura, si b ien está construi­
do, está menos term inado y, a u n q u e no
se funde con el fondo, no hay m arcado
contraste con él. A penas esbozadas las m a­
nos liberan la fuerza que llevan, incorpo­
rada m ás a la m ateria q u e a las formas,
preanunciando el fauvism e, m ientras que
los detalles q u e afirm an la profesión del
personaje —som brero y cuello— están fir­
m em ente definidos.
U no de los artistas que más fielm ente a p li­
có las teorías fué P issarro, el m ás divisionista de todos, ya que hasta en M onet las
pinceladas se confunden a veces. En su
Campesina con cabra se aú n an diversas
tendencias: la división de pinceladas, y
uso de colores puros con sus com plem en­
tarios, típico de M onet, y al mismo tiem ­
po un suave cielo rom ántico como los de
Sisley. Pero el espesor de su m ateria q u ita
dinam ism o a su espacio, y le hace p erd er
tam bién ese carácter de lum inosidad aé­
rea, m eta de la p in tu ra im presionista.
Sin ser tan divisionista, y tal vez p or
esto con m ayor fuerza expresiva, p in tó
Sisley su tela La inundación. E n tre u n
cielo de expansión rom ántica, en suaves li­
las y rosados, y aguas moviéndose al com ­
pás de un ritm o im presionista que las hace
brillar, Sisley construye las form as de las
casas con dibujo cerrado, de firm e sínte­

55

sis, logrando, a u n q u e no m ucho, crear la
ilusión de volum en. Pero, debido a q u e
las form as están oscilando entre valores
m uy sem ejantes, la perspectiva disminuye
y todo tiende a extenderse en el mismo
plano. E n E l cam ino de Saint G erm ain,
p in tad o en 1872, el cam ino en fuga y la
curva q u e señala el b o rd e de los árboles
acrecientan la sensación de espacio. Pero
lo curioso es que en los paisajes ro m á n ­
ticos esa p a rte m ás alejada suele estar
sum ergida en u n a b ru m a envolvente, m ien ­
tras que en esta tela a u n las p artes más
distantes del p rim e r p lan o siguen conser­
vándose íntegras d en tro de u n a masa de
aire que deja p e n e tra r la luz p a ra in d i­
vidualizarlas.
E n La m u jer del som brero de R enoir a p a ­
recen los signos que d elatan la reacción
de este p in to r contra el im presionism o. Él
no m uestra form as disgregadas sino que
p in ta la carne con toda su vibración, con
todos sus reflejos, apelando no sólo a la
vista, sino tam bién al sentido táctil. Pese
a estar casi en el lím ite de lo dem asiado
dulce p o r su sensualidad, la m ateria m a n ­
tiene su solidez, ya que R en o ir opone a
los tonos m uy cálidos veladuras grises que
los enfrían, sin apagarlos del todo. No es
ésta u n a composición en el plano, ni tam ­
poco m uy volum étrico; la invención de
form as del som brero m uestra u n juego
m uy rico en movim ientos, p o rq u e de
acuerdo a las líneas tan plásticas q u e lo
com ponen, la ilusión de volum en sería lo
suficientem ente fuerte como p a ra q u e ese
som brero se viniera hacia adelante y q u e ­

�brara el equilibrio del conjunto; R enoir
rom pe ese volum en levantando con grises
cálidos los espacios q u e lógicam ente ten­
d ría n qu e verse más atrás. Al mismo tiem ­
po el fondo —trab ajad o en pliegues v erti­
cales sin dem asiada variación tonal y m a­
teria no m uy rica— p o r el valor de sus
tintas, se adelan ta y, en vez de fundirse
con la figura o con trastar con ella, le
sirve blandam en te de apoyo. Muy d iferen­
te es la concepción de su cuadro E n el
taller; en vez de la dulzura superficial,
afirm a con vigor profundo, en vez de trazos
qu e acarician, crea arabescos plenos de
energía qu e construyen. No es éste u n
cuadro típicam ente im presionista, a p e ­
sar de q ue hay todavía notas de apego
a esa tendencia: las pinceladas se in d iv i­
dualizan, pero se m an tien e el color local,
que p ara los verdaderos im presionistas
era algo sin existencia real; a u n q u e la
zona ilum inada está hecha en base a yux­
taposición de tonos puros, hay arabescos
de som bras que son verdaderos valores y
no ilusión debida a los colores com ple­
m entarios. Es u n a composición en tonos
menos vibrantes que la anterio r, pero
igualm ente m uestra la em oción sensual
del artista que se va deslizando ju n to con
los giros casi en espiral del arabesco en
som bra. Éste u ne form as y subform as, m a ­
terializando así la am istad que parece u n ir
a todos los personajes de esta tela. A unque
no es un cuadro m uy analítico, se ve cier­
to deseo de caracterizar a los modelos,
pues destaca en cada u n o algún detalle que
lo describe. I.a mism a emoción que está

concentrada en el p rim e r p lan o aparece
tam bién en el fondo, donde los trazos,
en vez de term in ar, se arrastran hasta
to m ar contacto —pero sin fundirse— con
los vecinos. Pocos de estos caracteres a p a ­
recen en el cuadro Parisienses disfrazadas
de argelinas, composición de tendencia
bastante n atu ralista en cuyos fondos n o ta ­
mos, más que en el p rim e r plano, la gran
sensibilidad p a ra el color de R enoir.
O tro tip o de im presionism o m uestra T oue o u s e -L a u t r e c , q u ien es p o r encim a de
todo, u n g ran d ib u jan te, y a u n q u e p in te,
tra ta el color como líneas que com ponen
su d ibujo; individualiza las pinceladas, p e­
ro no las achica, sino q u e las afina, esti­
rándolas y así usa de ellas como de una
escritura. Pocos p intores em plean el violeta
con tan extrem ada personalidad, pues
T oulouse-L autrec logra, con u n color que
generalm ente es frío, incitaciones sentim en­
tales cercanas al patetism o. En vez de es­
to, con su Berta la sorda en el jardín b u s­
ca expresar placidez. Esta figura de m ujer,
casi en el lím ite de lo grotesco, está mos­
tran d o su aislam iento ya q u e su in v ali­
dez no la deja fundirse con el cosmos; por
eso tan sólo contem pla, resignada, pero
p o r interm edio de ella T oulouse-L autrec
grita la q u eja de su p ro p ia carga al d e­
form ar los brazos del sillón, pintándolos
parecidos a dos m uletas. No hay m isterios
insinuados acá, n i claroscuros n i fuertes
contrastes. Sus pinceladas se m an tien en
d en tro de u n a gam a clara, sin m u ch a r i ­
queza de matices, pero le alcanzan p ara
expresar su m ensaje, que es casi b ru ta l.

56

�a pesar de ser un tem a tan estático. O tra
concepción im plica su cuadro La am azo­
na, en el qu e lo m ás im p o rtan te es el
ritm o de las pinceladas y el contraste de
colores, esta vez aplicando m ás las leyes
del im presionism o acerca del uso de los
com plem entarios. El centro de esta com ­
posición está dado p o r el arabesco que
construye las form as del cuello del caba­
llo y las u n e con las de la cabeza, ojo,
p ata y casco en u n solo trazo am arillo, m uy
vibrante, acom pañado en toda su longi­
tud p o r el contraste con diversos tonos de
su com plem entario, el azul, q u e va cam ­
biando desde el gris hasta el tono saturado
y, au nque se extiende p o r toda la super­
ficie del anim al con distintos valores, no
alcanza a adelantarse a ese borde am arillo
tan b rillan te q ue le da vida. El conjunto
está dinam izado no solam ente p o r la sín­
tesis con que están tratados el fondo y
los pocos personajes que describe, sino
tam bién p o r los continuos choques de ejes,
de cálidos y fríos, y p o r esa m ancha verde
que indica la luz del exterior y que está
enardecida p o r los rojos que la lim itan.
F o r a in está representado p o r tres cuadros
que m uestran su elasticidad. En dos de
ellos, Escena de trib u n a l y E l veredicto
su fuerza expresiva salta de la tela, m ien ­
tras que su A utorretrato señala su te n d e n ­
cia n atu ralista bastante cercana a la de
M anet. E n los prim eros se n o ta u n fu erte
contraste de zonas ilum inadas con otras
que se confunden en u n cálido claroscuro.
Las partes claras están enfáticam ente sub­
rayadas p o r trazos casi blancos de u n a

57

calidad aterciopelada, que traen hacia ade­
lan te las p artes q u e el tem a exige seña­
lar: las m anos desgarradoras del preso, su
cara, y las m anos im potentes del defensor,
m ientras confunde al público en una
masa de ritm os dinám icos. Además Forain
g rad ú a el valor no sólo p o r la precisión
del tono, sino tam bién p o r el espesor de
la m ateria, q u e concentra, en las partes
m ás ricas, el sentim iento de angustia que
q u iere expresar. E ncu en tro en estas telas
algo que m e recuerda a D aum ier, no sólo
en cuanto a la fuerza expresiva, sino tam ­
b ién p o r la form a de co n stru ir su com po­
sición m ediante el juego m isterioso de
grandes arabescos de claroscuros. Así, en
el A utorretrato, con u n gran sentido in ­
ventivo presenta u n arabesco que construye
todo el cuerpo y los brazos, los q u e sólo
se reconocen p o r el m anchón claro que,
al m ostrar los puños de la camisa, sugiere
su form a y volum en. L a cara —tra ta d a con
toques cortos— p o r la acum ulación del
^empaste y su búsqueda del parecido re ­
sulta algo estática en m edio de u n a com ­
posición q u e ta n to p o r el fondo —en va­
riados n eutros— como p o r las form as re ­
sulta bastante dinám ica.
El Paisaje de Auvers-sur-Oise de V a n G o c h
es el pro d u cto de su choque apasionado
con el am biente. Ese encuentro tan vio­
lento no solam ente dinam iza la escena,
sino tam bién la atm ósfera q u e la rodea,
apagando algo las tintas que no son acá
tan intensas como en otras telas suyas.
L a composición sigue el ritm o d e dos
corrientes oblicuas —no po d ría h a b la r acá

�de ejes— u na dada p o r los am arillos casi
puros que d ib u ja n las form as de una
parva y dos árboles, la o tra p o r el cam ­
po, construido con pinceladas alargadas
bien individualizadas, paralelas dentro de
su dirección oblicua, que vibran m ás p o r
la riqueza de la m ateria que p o r la v aria­
ción de los colores, ya que todo oscila
entre grises y ocres que están reflejando
el azul del cielo, el am arillo de la parva
y el rosado de las nubes teñidas p o r el
atardecer. Más violentos son los contras­
tes de tintas en su Efecto de N ieve en
Arles p ara destacar la blancura de ese
cam po que se extiende desde u n p rim er
p lano señalado p o r u n a carretilla —cons­
tru id a p o r pinceladas afiladas de tonos
puros— hasta detenerse en u n a horizontal
sugerida p o r pequeños elem entos —casitas
y árboles— que e q u ilib ran la composición.
Son tan vibrantes los colores de ese p ri­
m er plano, que parece q u e la carretilla
quisiera salir de la tela, pero esto Van
Gogh lo compensa dando a la nieve u n
tono cálido, con variación en la riqueza
de la sustancia, lo que da m ovim iento a
esa gran superficie blanca, y sobre todo
p o r los tonos saturados que adelantan el
fondo, obteniendo así u n conjunto su­
m am ente dinám ico. El cielo, p o r el con­
trario, en suave variación tonal y m ate­
ria poco densa, se ap lan a y cum ple con
su misión de fondo estático.
D egas está representado p o r el R etrato de
Pagan y A ugusto Degas que m uestra qué
sentim iento tan p ro fundo puede em anar
au n de u n cuadro que sólo preten d e ser

58

natu ralista. Sin ser p in tu ra de claroscuro,
la gam a es baja, lográndose el volum en
p o r la variación tonal en u n a valoración
de neutros, con pocos tonos puros. El em ­
paste no es grueso, la p in tu ra es bastante
hom ogénea, pero hay zonas donde el m a ­
yor b rillo de la m ateria anim a las formas
dándoles u n dinam ism o q u e el d ib u jo ce­
rrad o tra ta de contener.
En vez de la alegría crom ática que lo
caracterizó en otras obras, la N aturaleza
M uerta de G u il l a u m in denota la in flu e n ­
cia que tuvo en él la gam a de Cézanne,
aun q u e su m anera de construir es menos
rigurosa. Este p in to r divide los tonos, pero
tiende al acorde y no a los choques de
tintas, obteniendo así u n co n trap u n to de
colores casi neutros, con poca diferencia
en el valor. B e r t h e M o r iso t m uestra una
p aleta com pletam ente clara; a u n q u e su
concepción es más n atu ralista que im p re ­
sionista m antiene, em pero, la in d iv id u ali­
zación de pinceladas. Sus form as están
construidas con líneas m uy sensuales que
altern an con algunos elem entos gráficos —
finos toques en colores puros— q u e b u s­
cando afirm ar el parecido, tienden a insi­
n u a r u n m om ento de ensoñación. Esto se
nota tam bién en el brazo, en escorzo m uy
blando, sin apoyo, como si flotara en una
atm ósfera envolvente, creada p o r trazos
curvos que se prolongan, acariciando. No
hay en N iña de Blanco u n a gam a muy
rica, todo se conjuga con distintos valores
de rosados y azules, oscilando en tre cá­
lidos y fríos, levantados p o r algunos am a­

�rillos que deja entrever el ocre pálido del
cabello.
R a f f a é l l i esta en la línea de Sisley con
este Paisaje de Saint-C loud que m uestra
aguas ilum inadas p o r la división tonal y
de trazos; el cielo, de tendencia ro m án ­
tica se extiende uniform em ente, pero por
su calor, que lo hace adelantarse con tri­
buye a la im presión de planism o que da
el conjunto. H ay cierto dinam ism o lo ­
grado p o r la oposición de trazos, dentro
de una gam a de neutros, que está conte­
nido p o r un predom inio de horizontales
sugeridas p o r los árboles y casas que se
extienden en planos paralelos al agua, con
una sola vertical, la aguja de la iglesia.
C éz a n n e com pone intelectualm ente, pero
no niega ni se sale totalm ente del objeto
que representa. E n su A utorretrato y en
su Peras y tarro de tabaco q uiere que las
formas se levanten del fondo, dando la
ilusión de su volum en. Esto lo logra Cé­
zanne p o r dos diferentes caminos, p o r su
m anera de tra ta r la luz y p o r sus pincela­
das convertidas en pequeños planos de
color, bien individualizados. La luz, que
tiene gran im portancia en estas dos telas,
no resbala sobre las cosas ni p en etra en
ellas como se nota en algunos cuadros de
C h a r d in , sino que parece que directam en ­
te se originara adentro, y la calidad trans­
parente de la m ateria —que se acum ula
en capas m uy tenues— perm ite v islum brar­
la. Así, la sensación de que la luz vibra
en el interior de las formas, crea la tercera
dim ensión, ayudada p o r la idea de relieve
—no en redondo— producida p o r la y uxta­

59

posición de pequeñas pinceladas a p la n a ­
das que se van superponiendo unas a
otras, a p a rtir del centro lum inoso interior.
T am b ién en el arte de Cézanne encon­
tram os algunos trucos que au m en tan la
sensación de volum en, p o r ejem plo, el
vigoroso trazo que d ib u ja la nariz y la
separa de u n fondo más claro; lo mismo
las líneas plásticas que contornean la o re­
ja, y, en la naturaleza m u erta algunos to­
ques de colores puros estratégicam ente
colocados p a ra g u iar el ojo del espectador
hacia las partes que más pueden sugerir
el m odelado, como ser, el borde rojo del
tarro de tabaco. La composición en esta
tela es m uy dinám ica; las peras están si­
guiendo la dirección de una horizontal
que choca con la oblicua que originan el
tarro de tabaco y su som bra. Esto hace
em anar de la tela tal fuerza expansiva que
sus lím ites apenas alcanzan a detenerla.
El Paisaje de Cannet de B o n n a r d m uestra
toda su espontaneidad, su asom bro o p ti­
m ista, su adm iración ante el m aravilloso
espectáculo de la naturaleza. Al p in ta r, él
deja h a b la r a su juvenil im aginación, sin
cálculos inteligentes o grandes alardes de
técnica; liberando sus instintos, p erm ite
que su refinada sensibilidad goce con los
estím ulos que se le brin d an . H ay un con­
traste en tre los tonos cálidos que juegan
en el p rim er p lan o y los fríos del fondo;
p ero no es solam ente espacio lo que Bonn a rd q u iere indicar, sino que la frescura
del p rim er p lano habla de su apego a la
tierra, lo que lo m antiene a salvo de un
lirism o demasiado rom ántico. En este cua-

�dro se p u eden observar diferentes ten d en ­
cias: las horizontales del fondo y del cielo
V' algunos de los colores de ese últim o p la ­
no lo acercan a G auguin, pero la luz que
aclara el prim er p lan o procede de los im ­
presionistas. B onnard usa todos esos ele­
m entos y con ellos en to n a u n canto de
ensueño, de paz y de alegría q u e corporiza en el hom bre q u e descansa a la d e­
recha de la tela. L a riqueza crom ática de
B onnard hace que no use dos matices
iguales, o si lo son, les da diferente valor. ,
P or eso la composición se va levantando
hasta q ue con u n feliz hallazgo de color
la detiene en la horizontal de arriba, esa
nube tan cálida. Si bien su dinam ism o
sugiere el espacio, el volum en está atacado
en toda form a, p ara destruirlo. Por eso, el
hom bre y el anim alito de los extremos
están m ás adelantados que los árboles o
las m ontañas, pero cada u n a de estas sub­
form as está tratan d o de no m ostrar su re ­
lieve. A pesar de que parece u n a compoposición algo desordenada no lo es, p o r­
que los colores tan vivos del p rim er p lano
están equilibrados p o r tonos de m enos va­
lor que se repiten siguiendo la sugestión
de dos diagonales que se cruzan en el
centro de la tela en u n árbol de color
verde azulado, y luego se aplacan casi to­
talm ente en la horizontal del fondo. Más
dinám ica que la de T oulouse-Lautrec, la
Escena de Circo de B onnafd se caracteriza
por ser más descriptiva en cuanto a d e ta ­
lles que la identifiquen como circo, pero
m ucho menos analítica al tra ta r cada una
de las formas. En T oulouse-L autrec las

figuras h an sido tom adas en u n m om ento
del m ovim iento, acá se las enfoca al pasar;
es el m ovim iento en acción, q u e apenas
deja entrever las formas, construidas p o r
pinceladas que siguen u n ritm o m uy d in á ­
mico; éste se acentúa p or toques rojo vivo
que se rep iten en el fondo, m oviéndolo
aun más. En su naturaleza m u erta titu lad a
Fruías, al enfocar la mesa, m uestra B on­
n ard cierto desdén p o r la perspectiva geo­
m étrica, pero en la presentación de las
frutas hay u n n aturalism o que está más
cerca del equilib rio clásico q u e de la ex­
pansión rom ántica. L a luz que b rilla en
ellas se reduce a u n a acum ulación de tin ­
tas cada vez más claras, en planos q u e se
van em pequeñeciendo, sin ta p a r los bordes
del p lan o anterio r, y term ina en u n a m a n ­
cha casi blanca donde se concentra la luz.
El dib u jo no encierra to talm ente las fo r­
mas, pero los objetos no se encuentran
abandonados en la atm ósfera sino que es­
tán sostenidos p o r u n dinam ism o in terio r
de la composición. En estas tres obras de
B onnard no hay espacios de relleno, todo
está sentido, todo es im p o rtan te, todo está
p in tad o con igual frescura, con igual ins­
piración.
Esto mismo se n ota tam bién en V u il l a r d ,
p in to r sum am ente sensible cuyos sentidos
se solazan no en la natu raleza como B on­
nard, sino en la in tim id ad de jardines o
interiores. Así, en Bajo los árboles en el
pabellón rojo no se contenta con m ostrar
las personas y objetos que están allí sino
que tra ta de d a r la sensación de com odi­
dad, de reposo, y hasta parece in v itar a

60

�com partir su paz y su silencio. Lo p rin ­
cipal de esta composición está dado p o r
un arabesco violeta —un chal que envuelve
a la figura central— q u e se continúa hacia
adelante p o r o tro arabesco de rojos y
amarillos que sale de la silla, y hacia atrás
por un tercer arabesco de tonos neutros en
el que se confunden la som bra y la silla.
A unque se ve u na herencia im presionista,
la tendencia general es a concretar las fo r­
mas, con lo cual pierden dinam ism o. El
espacio, más tem ático que real, está en
lucha con el juego de valores que trae
hacia adelante, p o r su lum inosidad, a los
objetos que m aterialm ente están m ás ale­
jados; p o r eso es m enos n atu ralista que el
R etrato de M aillol, donde es clara su vo­
lu n tad de m ostrar; V uillard q uiere decir,
con su p in tu ra, cómo era M aillol, cómo era
el estudio donde trabajaba, d ando m ás im ­
portancia a la descripción del taller que a
los detalles que pued en identificar a su
dueño; lo mismo se nota en el R etrato de
B onnard, quien a pesar de estar ubicado
en el centro de la composición como una
vertical que la divide en dos zonas casi
iguales, no está ni dem asiado ilum inado,
ni cargado de detalles que lo destaquen.
En cambio, resalta p o r sus colores satu ra ­
dos el cuadro que B onnard contem pla,
m anchón de colores m uy vibrantes que se
equilibra, en el otro lado de la composi­
ción con los mismos colores, algo más ap a­
gados, que asom an de la caja de pin tu ras,
y los mismos tonos, todavía m ás débiles
que se reflejan en el m arco del espejo en
el fondo. E l R etrato de R o m á n Coolus,

den tro de la mism a concepción, tam bién
destaca más el am biente que el personaje
que da títu lo al cuadro. V uillard subraya
sobre todo los detalles que afirm an el con­
fo rt de ese in terio r tan cálido, y aunque
ilu m in a m uy bien u n a p arte de la tela,
parece in d icar que lo verdaderam ente aco­
gedor, lo más íntim o está en la zona en
sombras. Esta tela p in ta d a al óleo está
construida con pinceladas cortas, bien car­
gadas de m ateria, m ientras q u e Bajo los
árboles en el pabellón rojo está p in tad o en
form a m uy original: al parecer la base
del cuadro de factura bastante homogénea
está al gouache, y los detalles que levan­
tan el tono o identifican están form ados
p o r trazos de pastel que dinam izan la su­
perficie.
U na concepción m uy diferente de la p in ­
tu ra m uestra el cuadro de Ser u sie r , quien
sigue las líneas de G auguin hasta en los
m enores detalles. Im itándolo, tam bién él
d ib u ja con m ucha síntesis, pero tan to las
figuras como el paisaje carecen en absoluto
de la fuerza in terio r q u e hacía que, a p e ­
sar de su sim plicidad, el m aestro cargara
a su mensaje con u n a gran fuerza expresi­
va q u e no aparece en la tela del discípulo.

61

B ea t r iz H

uberm a n

�ESCUELA DE PARIS
Y EPIGONOS

La Escuela de París com prende dos g ra n ­
des movim ientos: el fauvism e y el cubismo.
M atisse se coloca en la iniciación del
prim ero. P ara su apreciación n¿s deten e­
mos intencionadam ente en su tela: N a tu ­
raleza m uerta con conchilla, p o r estar más
cerca de las expresiones del comienzo, a
pesar de ser posterior a la segunda que
hem os de analizar. En ella aparece como
u n verdadero m aestro en la composición;
la distribución de los objetos en dos líneas
paralelas, que p ara la com prensión h a b i­
tu a l significarían u n más atrás y más ade­
lante, no crean en este caso p a rtic u la r la
espacialidad debido a que el espectador las
está observando desde u n a m ism a distancia.
Lo im portante es el juego que se establece
en tre las cosas; tres m anzanas indican tres
vértices de un triángulo; cafetera, tetera y
taza los de otro; pero no están aislados sino
enlazados como en u n a prolongación, p o r
un a fantástica y esquem ática hoja. El planismo que existe en la distribución no
halla su equivalente en la construcción de
las formas. Los trazos negros que las ciñen
son usados p o r el artista con d istinto p ro ­
pósito, ya p ara acen tu ar u n arabesco —ca ­
fetera ro ja—, ya p ara aislar más u n a su p e r­
ficie coloreada acrecentando p or contraste
la sensación —peras—; otras, en cambio,
m arcan ciertas partes en som bra —bordes
de la ja rra —, y, p or ende, u n volum en en
el espacio. Pero, además, la calidad misma

62

de la pasta se transform a en sustancia e
intensidad cuando corresponde asegurar
u n a saliencia hacia la luz. En Matisse no
encontram os u n a u n id a d en cuanto al planism o se refiere; lo q u e busca ante todo
es trad u cir p o r colores la sensación q u e las
form as aisladam ente o en sus relaciones
producen en su retin a. E n su o tra tela:
Odalisca de pantalón rojo, encontram os
otro de sus medios expresivos fu n d am en ­
tales: la deform ación. L a figura de odalisca
reposa en u n diván colocado en la tela en
diagonal, pero esto no h u b ie ra sido sufi­
ciente p a ra asegurar la visión en p ro fu n ­
d id ad si n o h u b ie ra apelado a la d efo r­
m ación de las extrem idades inferiores en
el p rim er plano. Las bom bachas sensible­
m ente abultadas, acentuadas en su e x u ­
berancia p o r esos rayos ocres que en a b a ­
nico disparan de u n p u n to central hacia
los bordes superiores de las piernas flexionadas, em pequeñecen p o r contraste el torso
p rietam en te conform ado en u n m odelado
sutil; la oposición de los dos planos es la
q u e proyecta la figura en escorzo y da
sentido to tal a la composición. El otro
elem ento característico de la p in tu ra de
Matisse q u e observamos en este cuadro es
la incorporación de los trazos cursivos de
los tapices orientales como relleno decora­
tivo. No encontram os en él n ad a de la
furia, de la transposición violenta p o r los
colores q u e dió origen a la denom inación
de su escuela. T enem os que d irig ir la m i­
rad a a la o b ra de D e r a in , E l arroyo, y a
dos de L h o t e , L os pinos y Paisaje en Pro­
venza, p ara en co n trar la b ru ta lid a d del co­

�lor propio del fauvism e, a u n cuando en
ambos no se d an como elem entos definitorios únicos, ya q ue en el p rim ero debemos
reconocer su raigam bre gaugueniana y en
el segundo el ap o rte de la construcción
cubista.
D erain distribuye el paisaje en zonas su p er­
puestas de coloraciones bastante planas —en
esto sigue a G auguin— pero al mismo
tiem po le da p ro fu n d id ad al superponerle
un enrejado colorístico de ram as, verdade­
ram ente expresivo. Es aq u í donde la tras­
posición fauve se vuelca en azules, rojos y
verdes puros. ¿Por q u é se ve el paisaje
en profundidad, cuando la luz es uniform e
en todo el cuadro, cuando la disposición
de los planos apenas si indica u n a pequeña
inclinación en diagonal? P or la jerarq u ización lograda de los distintos elem entos
que la com ponen; p o rq u e los árboles re ­
creados más atrevidam ente en los trazos y
en los colores están puestos en ese p rim er
plano, con ta n ta fuerza, como p a ra q u e la
vista se detenga en ellos y el resto quede
alejado en la contem plación. ¿Q uién a fir­
m aría q ue la paleta que creó tal paroxis­
mo de colores es la m ism a q u e amasó la
m ateria en u n m odelado firm e y logró el
volum en de las form as de Figura de m u ­
jer?
T am b ién la transposición colorística del
fauve obliga a L hote a im ag in ar los pinos
de sus cuadros con troncos rojos o violados
y copas am arillas; pero donde se afirm a su
m anera es en la búsqueda de arabescos;
hay un ritm o en el desplazam iento circu­
lar de los colores, desde los ángulos in fe­

63

riores hacia la p a rte superior del cuadro
Paisaje de Provenza. ¿Por qué tan to L hote
como D erain usan colores tan absurdos en
sus árboles? ¿Q ué significan ellos d en tro
de u n a concepción general? Q ue la sensa­
ción recibida p o r el artista frente a esos
pinos bañados p o r el sol h a sido tan p o ­
derosa q u e p a ra recrear las form as y p ara
q u e ellas produzcan en el espectador u n
choque sem ejante al experim entado p o r sí
m ism o h a necesitado cargarlas con u n
color absolutam ente vivo y arb itra rio .
A l fauvism e en su prim igenia expresión
—transposición violenta del color, culto de
las tin tas p u ras en el paisaje, vibración
de las m ism as en las superficies planas, d e­
form aciones expresivas— no lo encontram os
en n in g ú n o tro de los representantes de la
Escuela de París. O t h o n F rif.z , el q u e más
próxim o estaría a serlo, es parco en las
transposiciones. E n los dos paisajes, M a­
rina y H o n fle u r y L a Fábrica en H o n fleu r,
los cielos son dem asiado azules, las nubes
ocres, los cam pos lejanos verdes, los techos
rojos; solam ente usa la transposición en
algunos elem entos, como ser, las velas rojas
de los barcos, y lib era la inspiración en la
acentuación de algún reflejo, tal el cielo
verde en u n ángulo de la tela. En el fondo
el artista está dem asiado apegado a las
cosas. Sus dos naturalezas m u ertas im p re ­
sionan p o r el volum en que cobran los o b je ­
tos bajo los efectos de la luz; p o r la pasta
densa y jugosa. Pero su lirism o no tiene
el em puje suficiente p a ra recrear las co­
sas; de aq u í q u e prive la corrección del

�oficio ya que es innegable la justeza con
que m aneja los tonos.
La otra gran corriente estética que invo­
lucra la Escuela de París, el cubismo, la
hallam os m agníficam ente ejem plificada en
la Naturaleza m uerta ovalada de B r a q u e .
El tem a característico del cubismo, el ins­
trum ento de música con el cual se p re te n ­
día volver a las formas y trab ajarlas m en­
talm ente olvidando las simples sensaciones
que podían despertar, es abordado p or su
autor. El objeto p enetrado p o r la luz se
disocia en planos; a través de la sucesión
sincopada de los mismos son reconocibles
las formas de un a g u ita rra y de u n a mesa;
pero la emoción plástica no está provocada
p o r esas determ inaciones naturalistas de
las formas, sino p o r la sucesión de los p la ­
nos geométricos llenos de ocres y grises,
más oscuros o más claros según los efectos
de la luz y de la sombra. Esa serie im agi­
nada de planos es la que unifica in stru ­
m ento y espacio en la superficie del cua­
dro. Al tra ta r a ambos de la mism a m a­
nera, el espacio adquiere p a ra la contem ­
plación la mism a categoría plástica del
objeto y al mismo tiem po aparece no como
representado en función de las cosas que
lo llenan, sino creado con independencia
de ellas.
R esulta interesante en este p u n to recordar
dos cuadros: el de G o n d o u in , A rm onía en
gris y azul y el de J a cques V i l i .o n , R etrato
de joven. El prim ero, casi llegando a lo
abstracto, expresa el dinam ism o p o r la su­
cesión y alternancia de los colores, p or el
juego superpuesto de las form as geomé­

tricas, p o r la diferente tex tu ra de la pasta.
En el segundo, los planos existen en la con­
form ación de la figura y el espacio, pero
el valor expresivo está dado p or las líneas
que los lim itan e individualizan. Volviendo
a B raque, en las naturalezas m uertas de la
colección H elft aparece abandonando la
concepción cubista y ligándose a Cézanne.
Como éste descompone y reconstruye las
form as en pequeños planos que no son
m ás que toques de color que conform an
los volúmenes. En tan to que ciertos ele­
m entos nos llevarían a clasificarlo como
u n fauve —fondo de u n a naturaleza m u er­
ta, arabescos, cierto planism o— no lo es
p o r las tonalidades elegidas, nunca violen­
tas sino graves, y p o rq u e preside la com­
posición el sentido del equilibrio. B raque
sabe salirse del planism o, tan to en la con­
cepción del volum en como en la del espa­
cio; n in g u n a de esas naturalezas m uertas
son en su concepción planas, ni sus ele­
m entos planistas; siem pre hay como un
juego buscado con lo volum étrico; p orque
en realidad, dando u n salto sobre el m o­
vim iento fauve, em plea como Cézanne la
vibración de las m anchas superpuestas,
a u n q u e sin su transparencia y sin la vo­
lu n ta d de reducir geom étricam ente las for­
mas que caracterizaron a éste. T am bién
está bien lejos esta in terpretación de la
realidad de la abstracción cubista, p o rq u e
predom ina en él la intuición sensible.
En la naturaleza m u erta de la época cu­
bista las gamas de ocres y grises tan in d i­
vidualizadas en cada p lano crean u n a a r­
m onía que lejos de parecer cerebralm ente

64

�trab ajad a infunde u n tono lírico al c o n ju n ­
to. Esta apreciación nos lleva a establecer
una diferenciación fu n d am en tal con el otro
m aestro de la escuela: Picasso, q u ien no
se vuelca en la pasta aprovechando las
posibilidades de expresión de la m ateria
misma, a diferencia de B raque, volcado
íntegram ente en cada p incelada q u e pone,
en cada vibración qu e produce la y u x tap o ­
sición de las tintas.
P icasso no está satisfaciendo n u estra nece­
sidad de él. A penas cu atro telas rep resen ­
tan algunos de sus lenguajes plásticos y de
ellos está ausente su verdadero cubismo;
p o rq u e no podem os acep tar como tal Torso
de joven de 1909 donde el juego escueto
de planos y de aristas crea la estru ctu ra
geom étrica del torso. Como ú ltim a etap a
de su expresión se nos ofrece u n a tela de
1942, M u jer sentada. En ella, si bien vuelve
a los conocidos acordes en grises y ocres
del cubism o, solam ente le q ueda como ele­
m ento esencial de la escuela lá sim u ltan ei­
d ad de los p u n to s de vista. Los detalles
observados en el tem a propuesto son dis­
puestos p o r su au to r, p rim ero en u n trozo
claro de m ejilla donde inscribe el rasgo
seco de u na m edia boca; segundo en u n
cu ad rilátero alargado q u e incluye dos ojos,
sintéticos al m áxim o, y que acepta la p e ­
g adura de un a p erd id a oreja; y p o r ú ltim o
en u n a espiral que en la p a rte superior
recuerda la petulancia de u n ru lo . El sen­
tido irónico y hasta caricaturesco con q u e
el a u to r agrupa los elem entos antedichos
alrededor de u na idea cen tral se desprende
del juego de los mismos. L a línea que

65

usa es segura en el trazo y la pasta se
aligera o se carga de acuerdo a la in te n ­
ción. En esta tela hay desintegración en
planos, pero lo q u e n o hay es in te rp e ­
netración de los mismos p a ra crear es­
pacio y volum en; en cam bio, las tres d i­
m ensiones se logran p o r la incorporación
de los tres elem entos anotados, tal cual
los vió el p in to r casi en u n a sim u ltan ei­
d ad de su visión.
E l c a rá c te r m o n u m en tal del período
neoclásico de Picasso lo observamos en la
tela de 1920 La lectora. Sobre u n fondo
hom ogéneo se desprende la figura sentada,
cuyo m odelado, reducido a lo esencial,
está fu ertem en te acusado. Hay u n a d e ­
form ación buscada q u e im p o rta destacar
p o rq u e con ella se m agnifica intenciona­
dam en te la a c titu d serena, contem plativa
y am an erad a de la figura. El pequeño
óleo, Un cuarto de B rie de la colección
H elft es u n a curiosa com posición donde se
incluyen dos concepciones bien distintas.
M ientras a la derecha de la tela las cosas
aparecen con sus form as propias, no p la ­
nas, a la izquierda sorprende la absoluta
recom posición de u n vaso p o r el arabesco
de las líneas blanca y negra y de los p la ­
nos gris, verde, negro y rojo. En el cua­
d ro de la m ism a época Jarrón blanco e n ­
contram os el uso de u n elem ento ajeno
a la p in tu ra ; las form as están aprisiona­
das p o r el arabesco q u eb rad o de u n a es­
pecie de p a p e l de lija: así introduce P i­
casso u n cierto pintoresquism o, al mism o
tiem po que enriquece la expresión.
D en tro de la Escuela de París, pero no

�absolutam ente en las corrientes analiza­
das, q uedan p a ra la contem plación fi­
guras estelares de la plástica m oderna.
U na de ellas es D u f y . U n cuadro de Dufy
es siem pre u n a fuente de optim ism o, con
sus fiestas m ulticolores, las carreras de ca­
ballos, las banderas y los barcos. No d i­
b u ja nunca u n a form a com pleta, m ás bien
se apoya en ella p a ra transcribirla con
la significación de u n trazo. Dufy es la
gracia del trazo. En Regatas en D eauville
se conjugan varios motivos: en la p arte
inferior se desarrolla rítm icam en te un des­
file; en la central ju n ta diversos motivos
del m ar. Si no creyéramos que la fuerza
de D ufy está en esos trazos llenos de g ra­
cia, no com prenderíam os su Venus. Posi­
blem ente lo que lo h a llevado a rehacer
la figura de B otticelli h a sido la suges­
tión del arabesco. E n la gracia fresca del
m ovim iento de la figura y en la tran s­
cripción de los cabellos en signos g ráfi­
cos radica la im portancia de la com posi­
ción; p o rq u e en cuanto a las form as resu l­
tan pobres p ara el análisis, que in te r­
p reta las deformacitines del dib u jo —pies y
m anos— no como elem entos buscados p ara
un a expresión sino como deficiencias de
estructuras no superadas.
Las seis piezas de R o u a u l t , cuatro de ellas
óleos, nos perm iten apreciar los elem en­
tos de su p in tu ra . Se tra te de decir la
piedad, el dolor, la dulzura, la ira, los
medios em pleados son los mismos. P ri­
m ero, el am plio contorno, negro u oscuro,
que aprisionando las figuras las inm ovi­
liza en u n instan te de su expresión; en

otros casos, el cerco lim ita los senos, el
abdom en, los muslos, las rodillas. Segun­
do, los relieves ásperos, gracias a pastas
duras, espesas, y de tonalidades cálidas;
p o r ellos la tela cobra el aspecto de u n a
m adera rugosa, apenas desbastada y sin
p u lir. P o r últim o , el juego de las luces
y de las som bras q u e contribuye a e x a lta r
la expresión p atética. A l ap ela r a los m is­
mos elem entos, p a ra lo g rar las distintas
expresiones, éstas p ierd en en h o n d u ra p si­
cológica.
de Seg o n za c está b ien rep resen ­
tado con u n a sola pieza, Baco. N o hay vo­
lu p tu o sid ad en el desnudo estirado h o ri­
zontalm ente, sólo expresión de la p a sta ,
de los arabescos y de los planos. El a ra ­
besco no lineal, sino de la sustancia

D unoyer

m ism a de los brazos y las piern as es tan
im p o rtan te que p o r él se divide la tela
en dos partes perfectas, la superior, recoge
los fríos —azul del agua—, la in ferior al­
berga los cálidos. L a luz tam bién se des­
plaza en arabescos sobre el cuerpo fo r­
m ando contrastes sugestivos.
U t r il l o , con m ira r poético, h a llegado a
recrear las cosas triviales. En Iglesia d e
Groslay y Calle Cortot en M o n tm a rtre son
exaltados los m otivos com unes de las ca­
llejas puebleras; su pasta, a pesar de e sta r
am asada con insistencia p a ra lograr su p er­
ficies unidas, se m an tien e p lan a y sorda.
D onde la sensibilidad se libera es en el
juego de las pinceladas sueltas; pero la
gracia de U trillo se h a agotado en la
repetición de los modelos. P o r eso, hoy su

66

�oficio parece cuajado en u n m olde que cu­
briera la inspiración.
M o d ig l ia n i es ante todo u n d ib u jan te que
con trazo seguro lleva la form a a una
síntesis expresiva. E n R etrato de Kisling,
ju n to a la geometrización de ojos, nariz,
cuello, se destaca el color azul de la b lu ­
sa de un m odulado apenas m arcado pero
m uy sensible.
En las generaciones jóvenes, y d en tro de
ellas, en la tendencia llam ada figurativa,
es posible distin g u ir en unos, u n a eviden­
te vuelta al naturalism o; en otros, p ro fu n ­
das influencias del fauvism e y del cubismo.
La diversidad de tem peram entos aparecen
relacionados cuando se descubren las fu e r­
zas com unes em anadas de aquellas escue­
las plásticas.
Para el exam en de los prim eros nos basta
centrar nuestra atención en D e s n o y e r . D e
él se h a dicho que resum iendo las dos te n ­
dencias fundam entales de nuestro siglo,
h a sabido extraer la fuerza expresiva de
sus elem entos. Sin em bargo, veremos que
ellos se dan excesivamente medidos. Si to ­
mam os como objeto de análisis la tela
mayor: La terraza: A rgel visto desde el
taller de M arquet, verem os que la frag­
m entación en planos es apenas visible
en la p arte central; todas las form as no
son som etidas al m ism o tratam ien to y h as­
ta se aceptan las naturales. En cuanto a
la fuerza de la transposición fauve ta m ­
bién es m edida; en este sentido, hay más
u na tendencia a acentuar la vivacidad de'
los colores posibles de las cosas: los á r­
boles son verdes, las carnes b ru ñ id as son

67

ocres bajos, los vestidos blancos, verdes y
azules. ¿Qué hay entonces en Desnoyer?
U na vuelta a las form as n aturales no p ara
tratarlas n atu ralísticam ente, ya que hay
síntesis en el color que crea con simples
m anchas sin incidir en m odelados n i en
detalles; lo que no hay es la recreación
lib re de u n fauve n i la búsqueda de fo r­
m as estricta de u n cubista. Con Desnoyer
el arte vuelve a h in car sus posibilidades
expresivas en las form as naturales.
Los pintores figurativos que, a diferencia
de D esnoyer no buscan expresar la n a tu ­
raleza en sus apariencias más próxim as,
tra ta n de transfigurarla, pero el m undo
plástico q u e de esto surge está p ro fu n d a ­
m ente relacionado con las experiencias
cubistas o fauves.
En esta vía se en cu en tra G r o m a ir e cuya
obra: Personaje en u n interior tiene r e ­
miniscencias cubistas en la estilización d e­
corativa de las formas. V en a r d q u e en
Paisaje de suburbio juega con los planos
verdes p a ra crear la p ro fu n d id ad . A l ix
cuyas formas geom étricas ad q u ieren en Pes­
cadores bretones la rigidez de los esque­
m as y el mismo A u j a m e som etiéndose en
El p u e n te de Saurier a la yuxtaposición
p ara crear formas con volum en. En q u ie ­
nes hemos encontrado u n a verdadera tra n s­
form ación de la realidad al influjo de
los colores y las líneas al p u n to de a l­
canzar la obra u n contenido y u n ritm o
propios, es en Buffet, en C alm ette y en
T ailleu x . B u f f e t rasga la tela R aya tan
sensiblem ente con líneas de color que aire
y cosas aparecen unificadas en la visión.

�C a l m e t t e s incide en el uso de la d efo r­
m ación como elem ento fu n d am en tal de la
expresión. H ay en su N aturaleza m uerta
hecha con gamas distin tas de ocres y
grises u n a exaltación de las cosas p or
obra de la deform ación. T a il l e u x , en cam ­
bio, se m antien e d en tro de u n decorativismo superficial. E n Mesa de Cocina, so­

bre u n fondo cuadrillado en azules la lí­
n ea central se deform a en busca de u n a
cierta perspectiva. D ebajo u n a serie de b o ­
tellas d ib u jad as en los contornos term inan
p o r acusar la gracia de q u e casi siem pre
hace alarde su autor.
B la n c a St a b il e

68

�M a net.

La servidora de cerveza

DE MANET A NUESTROS DIAS

��tTt r i l l o . Nuestra Señora de París,
A rriba izquierda: M ontt : Las parvas de Civerny.
A bajo izquierda: R enoir : En el taller.
A bajo izquierda: R tínoir: La m u jer del sombrero.

�T olouse-L autrec
Berta la sorda

F orain
Escena de tribunal

�Bjerthe M orisot
N iña de blanco

�B onnard: Paisaje del Cannet

S u za nn e V a i .a d o n : E l estuche del violín

�M atis .s k : Jm odalisca

�D e r a i n : El (irroyo.

Derecha arriba:
Derecha abajo:

Braquf.: N aturaleza m uerta ovalada.
Braque: Naturaleza m uerta.

��R o u a u i .t .

La pasión

�P icasso.
Un cuarto de brie

P icasso: M ujer sentada

�G oerg .

Los novios

�el artista frente a l mundo

O P I N A

V A N T O N G E R L O O

Por el hecho de haber nacido, el hombre se encuentra frente al problema
de su existencia. Es difícil, si no imposible, dar una definición de la
existencia. Los hechos son variables y dependientes de un momento
preciso que está compuesto en sí mismo de una infinidad de factores.
¿Cómo entonces dar una solución al problema (existencia) que debemos
resolver constantemente?
En cada caso (existencia) el individuo forma parte él mismo del problema
y la solución que le interesa no puede ser dada sino en relación consigo
mismo. La solución de otro individuo no será pues la misma, pues él se
encuentra en otro ángulo del polígono. Pero el ser humano se halla en
la obligación de encontrar SU solución, de la que dependerá su manera
de vivir.
Toda nuestra vida es así una sucesión de numerosas soluciones que el
individuo ha dado al problema de la existencia. No confundamos aquí
la palabra existencia con existencialismo, pues la probabilidad entra aquí
en la solución y, en el momento en que se considera la existencia, sufre
ya variaciones. La existencia está en un eterno devenir.
Las soluciones que un mismo individuo da a su problema serán siempre
variables en consecuencia. Pero tendrá sin embargo una línea de conducta
en la cual los errores son posibles pero él no es loco. Juzgamos a un
individuo según su manera de vivir. La manera que tiene de encarar la
vida. Estas soluciones van a ser encontradas en dos terrenos diferentes y
distintos, pero que es necesario conjugar alguna vez. Una elección ele­
gante (a tomar o a dejar) será pues necesaria en la solución y en la

81

�conjugación. Oigo decir: el individuo y la sociedad. La dificultad reside
precisamente en no confundir estas dos cosas y también conjugarlas.
Las diferentes soluciones dadas por el individuo y los individuos hacen
complicada a la sociedad. El resultado es lamentable. Tomemos por
ejemplo lo que se llama la carrera artística: está el arrivista, el ambicioso
el comerciante, el modesto, el pedante, el continuador, el picaro, el
ignorante, etc.
El artista arrivista está en medio de la sociedad. Tiene lo que se llama
el máximo de probabilidades, hasta el día en que se transforma en un
convencido.
El ambicioso no encuentra más que soluciones imaginarias y en relación
con su vicio. Se encuentra también en la sociedad, crea partidarios, pero
su éxito es limitado.
El comerciante ve una solución en la venta. Pone su talento en el mer­
cado. Es la mujer pública que vende su belleza. El modesto no encuentra
una solución en la sociedad. El arrivista, el comerciante, el picaro, el
pedante, el continuador, el ignorante, todos ponen al modesto a su
servicio. No hay más que un medio de salvación para él: dejar que se
derrumbe toda la banda. Así, todos los problemas se presentarán más
directamente en relación con su individuo y tendrá el máximo de proba­
bilidad de vivir su vida.
El picaro está en la sociedad pero él trampea.
El pedante, también en la sociedad, se equivoca. Es un ciego. El conti­
nuador es muy bien recibido por la sociedad y pasa entre los ignorantes
por ser un innovador. Esto dura el tiempo que dure aquello.
El ignorante, porque también hay ignorantes en arte, se presenta como
un convencido. Desempeña consigo mismo una pequeña comedia. Es
menester que él esconda su ignorancia. Es un pobre tipo que se encuentra
también en la sociedad. Ustedes ven con qué especie de semejantes hay
que tratar cuando se quiere solucionar el problema por la vía de la
sociedad. Pura pérdida. A menos de querer la misma moneda que la
sociedad, y allí encontrarán su cuenta.
Entre los artistas, ninguna solución es posible. Cada uno está muy alejado
del otro. Ustedes ven lo que ocurre cuando tratan de reunirse, sea para
formar una sociedad de arte, sea para una exposición. Noten que están
todos intoxicados, contaminados por la sociedad.

82

�La única solución es el aislamiento. Así se tiene el máximo de probabili­
dad de vivir la propia vida y de expresarse sin ser manchado. Los pro­
blemas se presentarán desde otro punto de vista y se verá que se encuentra
más fácilmente la solución satisfactoria, aun financieramente. Las difi­
cultades de la vida desaparecerán. Todo se simplifica. La vista sobre las
cosas será más exacta. Se tendrá el máximo de rendimiento en todo.
Pero, no olvidarse de seguir siendo sociable, honesto, simple, modesto,
justo, generoso, pues esas condiciones son necesarias para conservar una
buena vista, un buen juicio e, iba a olvidarlo, ser sobrio. Quiero decir:
no aumentar las necesidades. En cuanto al resto, vivir como a uno le
parece. Vuestro trabajo se resentirá de acuerdo a ellas. No hay que tener
principios. Por otra parte, si uno es simple, los principios lo abandonarán.
Otra dificultad es la edad. Un hombre de 30 años no puede actuar como
el de 50 ó 60 años. Es porque la hermosa organización social se ocupa
de él. Está demasiado metido en la danza. Sin embargo, le es posible
solucionar el problema. Todo depende de él, de su manera de obrar.
Propongo también no querer parecer hombre de otra edad. Todos tienen
sus alegrías y sus dificultades. Se agrava la situación queriendo parecer
lo que no se es. Esto no sería por otra parte ser simple.
Es necesario no olvidar la conservación del alma. Entiendo por alma una
sensibilidad, no una sensiblería.
Un modesto tiene más posibilidad de ser sensible. No veo grandeza de
alma en un artista arrivista, un comerciante, un ambicioso, un pedante,
un continuador, un picaro, un ignorante, etc. Ellos tienen una sensibi­
lidad egoísta. Es la sensiblería.
París, 1949.

83

�correspondencia

ES CRIBE

DESDE

L ISB O A

DIOGO

DE

MACEDO

toria del A rte tienen u n lím ite de tiem po
en la m odernidad de los tem as aceptados
p ara las comunicaciones, y u n a ilim itada
lib ertad retrospectiva p a ra los ensayos, que
pued en retroceder hasta la p reh isto ria y
confundirse con la arqueología. El últim o
de estos Congresos se efectuó en el mes de
ab ril pasado, en las ciudades de Lisboa y
O porto, en P ortugal. In au g u rad o p o r los
presidentes del Com ité intern acio n al y de
la Comisión organizadora, los profesores
M arcel A ubert, del In stitu to de Francia,
y R eynaldo Dos Santos, de la Academia
de P ortugal, sus trabajos se dividieron en
relaciones, comunicaciones, exposiciones y
excursiones, de acuerdo al previo p ro g ra­
m a oficial.
Los prim eros, de o rd en científico, a dis­
c u tir en cu atro sesiones plenarias, versaron
sobre arte prerrom ánico, con C amón Aznar
y M anuel M onteiro como relatores; sobre
los pintores prim itivo s portugueses, discu­
tidos p o r L eo van P uyvelde y R ene
H uyghe, p o r h a b e r faltado L afuente F e ­
rrari; sobre arte m anuelino, con el M ar­
qués de L ozoya y E lie L ambert q u e los
presentaron y defendieron; y sobre arte

P o r u na convencional resolución in te rn a ­
cional, la H istoria del arte parece no reco­
nocer categoría a los hechos y m éritos que
tengan m enos de u n siglo de edad. Y p or
lo mismo está establecido el p rincipio de
q ue el arte m oderno no puede tener his­
toria; no tiene los cabellos blancos que
d an respetabilidad a los hom bres y a los
m ensajes del arte. L a historia de éste se
ocupa, en consecuencia, sólo del a rte a n ti­
guo, el que es clasificado como histórico.
A los críticos sensibles les com pete el deber
de crear u na h istoria nueva, registrando
ideas y archivando docum entos de arte
m oderno, que serán m añ an a las credencia­
les de las verdades vividas p o r sus con­
tem poráneos, p a ra p e n e tra r en la crip ta
solemne del p an teó n de la gloria, o sea
en aquella otra H istoria del arte, precon­
cebidam ente definitiva a u n cuando sea
m aterial discutible p a ra alim ento de las
especulaciones intelectuales de los e ru d i­
tos e historiadores. ¿No serán las revistas
de arte m oderno, como Ver y E stimar,
excelentes archivos de inform ación y c rí­
tica, auxiliares de esa fu tu ra historia?
Así los Congresos Internacionales de H is­

84

�barroco en Portugal y Brasil, estim ado p o r
Germain B azin, E milio L avagnino y Robert Sm ith . Estas sesiones que revistieron
gran m agnitud, fueron precedidas p o r ex­
cursiones a lugares con m onum entos en
algunas ciudades portuguesas y p o r expo­
siciones de arte en museos, como la de
Restauraciones de pinturas, de Escultura
medieval, de Fotografías de m onum entos
y de A rtes decorativas, en la cual la sec­
ción de Orfebrería portuguesa, form ada
p o r piezas procedentes de Lisboa, Coimb ra y O porto, provocó p articu lar interés
de p arte de los congresales.
Las comunicaciones fueron num erosas y
variadísimas. Profesores y críticos de arte
de todo el m undo trajero n o enviaron sus
estudios, descubrim ientos, sugestiones y n o ­
vedades, cuyos resúm enes fueron d istrib u i­
dos anteriorm ente en provechoso volum en.
En estas sesiones de trabajo las in fo rm a­
ciones versaron sobre complejos e inespe­
rados temas, cerrándose el Congreso, que
d u ró diez días, con u n viaje a Santiago de
Compostela, en España, donde se reu n ie­
ron cerca de 400 congresales p ara despe­
dirse unos de otros.
T a l es el sum ario relato del X V I Congreso
Internacional de H istoria del A rte, que
transcurrió en perfecto orden y algún n e r­
vosismo de p arte de los más jóvenes adherentes, qu e lo consideraron concilio de
dioses.
El tem a A rquitectura prerromdnica en Por­
tugal fué presentado calurosam ente, exa­
m inándose y com parándose los misterios
de algunos m onum entos peninsulares con

85

copiosas afirmaciones y dudas en derredor
de los orígenes visigóticos, bizantinos y
mozárabes, llegando en p arte a esclarecer
la verdad sobre las construcciones de los
tem plos que dieron motivo a tan p ro fu n ­
das divagaciones. El secreto de los dioses
no fué develado.
En cuanto a la Pintura de los prim itivos
portugueses, se buscaron las influencias
italianas, catalanas y, sobre todo, flam en­
cas, pero no se llegó a ninguna conclusión,
especialm ente en lo que se refiere al célb re Poliptico de Ñ uño Gon^alves, obra
de un genio excepcional y original im po­
sible de in teg rar dentro de escuelas e x tran ­
jeras y a quien, aun dentro de Portugal,
se le desconocen los antecedentes y no tuvo
continuadores.
El genio es tantas veces u n caso aislado,
anorm al e intem pestivo de personalidad,
que, como m ilagro entre realidades, es una
especie de aceite en u n a tem pestad de ra ­
zón, inexplicable de inconform ism o en el
tiem po, en el espacio y en el ideal colec­
tivo. El genio es u n a aberración de p rivi­
legio que deslum bra y aplasta a los más
sabios investigadores, racionalistas incorre­
gibles, que no conciben el hecho en sí sin
conocim iento de las causas de esa bomba
atóm ica. El p in to r del cuatrocientos Ñ uño
G onqai.ves, de cuya obra portentosam ente
realista y sintética en las formas apenas
h a conservado el tiem po el poliptico A do­
ración de San Vicente (en Lisboa los te­
rrem otos de los siglos pasados destruyeron
palacios y tem plos llenos de obras de a rte ),
fué uno de esos casos aislados, sin afini­

�dades o proyecciones denunciadas p o r com­
paraciones de estudio y decretos en la his­
toria del arte. P o r eso, en este Congreso
q uedó intactam ente misterioso y p o rtu ­
gués, como hasta el m om ento de esos ú l­
tim os análisis. ¿Para q u é q u erer explicar
la aparición del genio?
De los restantes prim itivos poco se dijo,
fuera de elogios p o r el descubrim iento de
u n núm ero extrao rd in ario d e esas tablas
religiosas, enviando H uyche, desde lejos,
su mensaje literario, que L ozoya leyó, y
contentándose P uyvelde con evocar la p in ­
tu ra flam enca de incontestable parentesco
Con aquélla, sin tocar sin em bargo d eter­
m inados caracteres de emancipación que
im prim ieron independencia en algunos
m aestros portugueses del siglo XVI. Lo
q u e e ra flamenco, flamenco quedó; en
cuanto a lo portugués, se resolverá fuera
de los congresos, sensata y conscientemente.
Sobre el arte m anuelino, que en Europa
sólo P ortugal posee p o r lógica causa de im ­
portación, evocación y com binación esté­
tica en u na híb rid a aglom eración de m o ti­
vos decorativos, que E ugenio D ’O rs procla­
m a como profesía de Barroco peninsular,
ios cultos historiadores lo calificaron de
estilo portugués, localizado, sin expansión
más allá de las fronteras, diferente del es­
tilo Isabelino, de más contenida ex u b eran ­
cia, inventado en España casi al mismo
tiem po. Es incontestable que los estilos o
exóticas floraciones estilísticas de p redom i­
n an te concepción escultórica q u e se sobre­
ponen a las arquitecturas propias, góticas
o clásicas, se deben a las conquistas y

descubrim ientos allende los m ares de estos
dos pueblos, que fueron guerreros y nave­
gantes, sin que falte q u ien considere m e­
diterráneo al plateresco y atlántico al m a­
nuelino.
El arte barroco en Portugal, sobre todo en
el norte del país, tuvo causas de recipro­
cidad em parentadas con las del orientalizado m anuelino, a pesar de que obedeció
originalm ente a o tra inspiración. El b a ­
rroco italiano, jesuítico, fué natu ralm en te
y como consecuencia estím ulo de los flam í­
geros barrocos de la península ibérica, d i­
ferentes en España y en P ortugal, q u e se
proyectaron en fértilísim as recreaciones
plásticas en los nuevos países de la Amé­
rica del Sur, desde México hasta Brasil.
El barroco portugués, tallado en m ajes­
tuoso granito y esculpido y dorado con
policrom ías de tonos lujuriosos en las m a­
deras de los altares, podrá ser considerado
bajo la influencia franciscana, occidental,
que en Brasil tuvo reflejos de gloria, au n
en el popularism o de la arq u itectu ra y de
la im aginería, con gustosa fantasía en el
culto de la fe q u e sirvió.
Fué este problem a uno .de los m ejo r estu­
diados p o r los activos congresistas, q u e vol­
vieron fervientem ente docum entados des­
pués de las peregrinaciones p o r los lugares
donde frutificó ese barroquism o, y encan­
tados p o r la lib ertad de sus expresiones
formales.
Después del entusiasm o con que fueron
adm irados los m onasterios e iglesias de Alcobaga, B atalha, Evora, T h o m ar, C oim bra
y Lisboa, fué el a rte barroco de O porto,

�Braga, Aveiro y V iana el que más exaltó
a los sabios q ue concurrieron a este C on­
greso p ara comunicaciones de revelación.
P or su parte, nuestra orfebrería gótica,
m anuelina y barroca despertó sem ejante
entusiasm o en los historiadores del arte,
quienes tal vez poco la conocían. A unque
más no sea p o r este conocim iento y por
cuanto pueda servir a los estudiosos, debe­
mos estar agradecidos al XVI Congreso I n ­

DESDE

PARIS

ternacional de H istoria del Arte.
Éste es el relato extraoficial de aquel C on­
greso, que al term inar, tomó la resolución
de que se realizase el inm ediato en 1952
en A msterdam, y de que las actividades
respectivas sean integradas con las de la
U.N.E.S.C.O.
Lisboa, ju n io de 1949.
DlOCO DE ¡VÍACEDO

ESCRIB EN

DAM IÁN

MARERA

TRABA

Y

CA R L O S B A Y Ó N

P arís tiene en este m om ento dos exposi­
ciones de los dos más grandes pintores con­
tem poráneos: M atisse en el Museo de Arte
M oderno y P icasso en la Maison de la
Pensée. Cientos de personas desfilan d ia ­
riam ente y discuten con pasión la total
diferencia de am bas concepciones estéticas,
sin que se llegue al acuerdo. Pero la con­
troversia es apasionante y tal vez su p la n ­
teo renovado sea m ás vivo q u e toda so­
lución.
Matisse p in ta u n m u n d o feliz. E ntrando a
estas tres grandes salas del Museo de A rte
M oderno se com prende como nunca su
alegría p u ra de form a, su color regocijado,
su idea estética alim entada p o r u n a raíz
ín tim a y profunda de la m ás sim ple fe
en la belleza de cada cosa, y au n de cada
situación y de cada instante. ¿Esto es su­

87

perficialidad? El público de París se h a
dividido definitivam ente en dos bandos.
Uno, m ayoritario, que sostiene q u e la g u e ­
rra y la p en u ria m oral del ho m b re e u ro ­
peo tiene que d ejar en su obra artística
una huella de dolor q u e se traduzca de
algún modo en la p in tu ra , g ru p o q u e
acepta con entusiasm o la p in tu ra cruel,
desgarrada y deform ada que va desde las
form a angustiadas de Picasso hasta los
grises trágicos de B u f f e t , pasando p o r
centenares de paletas frías, form as dislo­
cadas y alusiones más o m enos felices a
la anécdota de la desesperación y la m i­
seria. El otro grupo, m in o ritario , acepta
la doble posibilidad de la p in tu ra trágica
y la p in tu ra feliz, sin calificar a esta ú l­
tim a de superficial sólo p o rq u e no tiene
u n determ inado (o evidente) propósito de

�reivindicaciones. Puesto que hay que em ­
banderarse, yo elijo decididam ente esta
liltim a actitud y frente a estas tres tres
salas excesivas de color p o r el color m is­
mo, sostengo q ue la p in tu ra de Matisse no
es superficial sino profunda. Los términos
superficial y profundo que parecen ser
hoy los adjetivos m adres p ara calificar la
obra de arte, se h an reducido al concepto
más simplista, al ser profundo sinónim o
de dram ático-anecdótico y, superficial, de
alegría p o r la sola belleza.
Es curioso que esta antinom ia se plantee
con tal rigidez en p in tu ra y no en lite ra ­
tura, por ejem plo. La mism a gente que
acepta a Valéry o a E luard, la poesía p u ra
y la belleza rítm ica, anatem atiza la supuesta
superficialidad de Matisse. No es justo,
Matisse no es superficial. H a construido
un m undo form al propio p o r encim a de
lo contingente. El hecho de que ese m u n ­
do se perfecciones, se com plete y se re ­
dondee a través de ochenta años ya
tendría que hacer pensar antes de con­
denarlo. Matisse cree en el color como
fuerza conductora y cree en la v irtud de
la forma, cuya fidelidad esencial respeta
por encima de todas las síntesis. N o es un
deform ador, es u n constructor que tiende
a la arm onía. N o es u n escéptico, es un
devoto feligrés de la vida. No es un des­
garrado, es un m eridional de la idea, un
hom bre cálido que sostiene en u n a obra
inmensa y perfectam ente arm ónica que
la vida —pese a todo— merece p lenam en­
te ser vivida. Ese pese a todo está en su
pin tu ra y es lo que contrabalancea la ale­

gría. ¿Dónde? Es m uy difícil p o n d erar o
señalar exactam ente los elem entos que d en ­
sifican y dan raíz a u n a p in tu ra . Pero ese
pese a todo, esa clara conciencia de que
la angustia existe, ese h ab erla pulsado y
superado, es tal vez el im ponderable que
hace que Matisse sea Matisse, diferente de
cientos de epígonos, y que sus telas sean
algo más que audaces combinaciones de
colores. P or otra p arte, detrás de sus d i­
bujos lineales, detrás de sus figuras p la ­
nas y de sus perspectivas caídas hacia
adelante, detrás de sus paneles decorativos
de algas y pescados, ¡qué sólida estructu­
ra de conocimientos se delata! U na an ato ­
m ía perfecta y u n dom inio absoluto de
todos los misterios de la form a sostienen
el hallazgo de cada línea aparentem ente
simple. D etrás de u n a h o ja y de u n d u ­
razno hay u n cam ino arduo, de toda una
vida, hacia la síntesis. Y el resultado es
perfecto.
La prim era sala es la p iedra de escándalo
de los profundos. G randes paneles de re ­
corte de colores, algas, peces, estrellas y
flores, y las maravillosas ilustraciones para
Jazz ilu m in an las paredes. Matisse, n a tu ­
ralm ente, no sobreestima estos e n tre te n i­
mientos. L a segunda sala presenta sólo
dibujos a tin ta china y agua, naturalezas
m uertas en su m ayoría, cuya técnica y re ­
sultados son verdaderam ente ex trao rd in a­
rios. L a frialdad del blanco y negro des­
aparece, y la m ateria se hace a tal p u n to
cálida que la riqueza de los grises se trans­
form a en color y en volúm enes com placi­
dos en la curva. L a tercera sala es de

88

-

�óleos, todos nuevos, donde aquel conoci­
m iento de form a, planos y perspectivas se
com bina con u n em paste tan prodigiosa­
m ente rico de colores q u e sólo puede con­
cebirse en este hom bre p u jan te. Violetas,
am arillos, verdes, azules y rojos violentos
escapan de toda ley de com plem entarios
y m odelan con complacido sensualismo la
form a. Es u na fiesta ardiente, v o lu n taria­
m ente desorganizada. Es M atisse.
E n las vitrinas de la exposición Matisse
expone tam bién las ilustraciones de los
libros realizados últim am ente, y éstas sola­
m ente exigirían páginas de análisis e n tu ­
siasta. Pocas veces p uede verse algo más
perfecto que el enorm e lib ro de poemas
de R onsard ilum inado —ya no cabe ilus­
trado— con dibujos maravillosos que se
integran con el texto, naciendo de las le­
tras y form ando con sus tipos de la im ­
p ren ta un todo unido y magnífico.
M artha T raba

Es muy ú til desde el p u n to de vista p e ­
dagógico histo riar un género o u n proce­
dim iento en un exposición. Ésta del Pas­
tel Francés viene a dem ostrar su evolución
—con un principio tím ido— y u n a eclo­
sión final en u n gran hom bre que desde
ya podemos anticipar: D egas. Empieza la
m uestra p o r dibujos de principios del si­
glo X VII. La concepción es la antigua,
más atrás se podría h a b er ido, hasta los
Clouet , hasta los F ouquet. El lápiz graso

(lo que hoy llam aríam os Conté) sobre el
papel rugoso va perfilando retratos. ¿El
color . . . ? Muy tím ido en su origen, sólo
se atreve, como en H olbein , a realzar u n
poco los labios y a d elatar el color de
unos ojos. D u M onstier, N anteuil son los
nombres.
C uatro grandes retratos de V ivien nos
parecen lam idos y sin vida, en cambio e n ­
tusiasm an dos excelentes L e B run, rápidos,
nerviosos, como sin term inar (¡qué p a r­
cialidad la nuestra, m odernos al fin, con
todo lo que parece fresco, espontáneo, no
reto cad o l). Y hacen pensar en R ubens
dibujante dos cabecitas de niño de A n toine C oypel , u n R ubens m enor, u n poco
lánguido y cortesano. Pero esta p rim era
p arte antigua triu n fa en el retrato, m ejor
dicho en el autorretrato. Acostum brados a
m ejorar el m odelo p o r im posición o r u ­
tina, los artistas que parecen mediocres o
am anerados se revelan psicólogos p ro fu n ­
dos cuando se m iran a u n espejo. Ya es­
tam os en el siglo xvm , el pastel se ha
hecho m ayor de edad, librado del lápiz
negro, en pleno dom inio del color, se
aplasta (demasiado fum ino, dem asiado d e­
do p ara nuestro gusto) tratan d o de copiar
tersuras de m ejillas y telas. D em uestran
lo que decimos J oseph Boze con su re tra ­
to tan superior a sus estudios de damas
cortesanas, huecos y posados, y J. B. P erroneau que no encuentra en el pastel más
p rofundidad que en sus óleos y tiene siem­
p re lo que le reprocham os (en el siglo
del b uen g u sto ), u n a incapacidad in n ata
p ara arm onizar colores. De él se p u ed e

�decir lo q ue de los otros d e su época,
ataca enorm es tem as de dim ensiones co­
losales y los tra ta al pastel, pero de un
m odo cuidado, frío, inexpresivo. A dos
m etros no se descubre el procedim iento,
parece u n óleo pálido, u n tem ple gigan­
tesco. La calidad v ibrante del procedim ien­
to se ha perdido. Claro que Chardin no
se equivoca, ésa es la característica de los
genios, sus obras cam pean p o r la sala su
indiscutible superioridad. Su re tra to con
visera verde, su o tro a u to rretrato , son p u ­
ras m aravillas del saber d ib u ja r y de p ro ­
fundidad psicológica. T am b ién se salva
Q uentin L atour que si bien en sus re tra ­
tos de Corte es de u n ab u rrim ien to y
una frivolidad insoportable, llega a ser
un gran artista cuando le posan u n p ar
de ojos inteligentes como los de D ’Alemb ert o los suyos propios reflejados en u n
espejo. N attier, B oucher, sin pena ni glo­
ria com ponen sus pasteles m uy al gusto de
la época; siem pre m ejor, p o r u n algo más
difícil de definir: M m e . V ig íe L ebrun .
Con alivio se pasa de sala y de siglo,
lo am able es lo q u e más p ro n to se hace
intolerable, se le llegan a p re fe rir la vio­
lencia y hasta la fealdad. En el xix, D e la croix nos deleita con sus apuntes —¡tan
rom ánticos!— de crepúsculos m ulticolores
con esa espontaneidad q u e no necesita ser
explicada, q ue se siente fren te a ciertas
obras. M uchos m ás de estos pequeños d i­
bujos en color hem os visto en la Exposi­
ción que se realiza en el que fué su
atelier, y confirm am os que a ú n como
apuntes son extraordinarios docum entos

90

q u e nos explican m uchos de los atrev i­
m ientos posteriores del im presionism o.
D elacroix m aneja la b a rra de pastel con
en tera lib ertad , la aplasta, la m odula, la
libera según su necesidad. A veces son
culebras o zig zags de u n herm oso color
sobre la h oja oscura, en u n a p alab ra como
todo verdadero artista: crea. A su lado
todo parece u n poco soso, a ú n u n hermoso
retrato firm ado p o r I sabey, de la m a rq u e ­
sa d ’O smond, q u e en la actitu d y la fac­
tu ra parece del siglo xvm inglés. D upré
tiene herm osas obras, con las calidades de
u n g ran cuadro y sin a b ju ra r p o r eso el
procedim iento que elige. M illet como
siem pre desconcierta. A l lado de aciertos
geniales, unas ch atu ras incom prensibles,
tristes de com probar. N i B oudin, ni Puvis
de C havannes n i F antin L atour agregan
nada a su fam a, al con trario hasta p odrían
rebajarla, en cam bio —no se acaban nunca
las sorpresas— P rud’hon , siem pre a u n
paso de la cursilería, flojo de color, se
revela u n excelente pastelista, creando so­
bre u n a superficie rugosa u n a m ateria es­
ponjosa, en treab ierta, viva y acierta en el
color, discreto y no pretencioso como en
sus óleos.
P o r no d eja r de p o n er u n gran n o m ­
bre, los organizadores h a n hecho pasar
gato p o r liebre con cuatro M anet, tres de
los cuales son evidentes óleos (muy p e ­
gados a la tela q u e es u n o de los modos
del maestro) apenas realzados de pastel,
el cu arto sí lo es plenam ente y m uy in te ­
resante. U n Sagrado Corazón del m isterio­
so O dilon R edon luce sus colores como

�una m ariposa de otro m undo y u n retrato
de T héodore de Banville p o r R enoir atrae
p o r la conjunción de sus dos nombres.
Pero este Banville se parece a su W agner
y a todas las m ujeres que pintó, el maes­
tro R enoir tiene u n tipo in m ente y lo
rep ite delante de cualquier rostro: con­
torno oval, boca carnosa con sonrisa a r­
caica. F altan aquí algunos maravillosos
pasteles de R enoir, es lam entable, no hay
q uien se oponga a la fuerza aplastante de
D ecas, muy bien representado. M irar sus
pasteles reunidos es estar de fiesta con los
ojos. Degas, al cabo de varios siglos de
pastel francés, es el único que encontró
un alma para ese procedim iento, u n alma
q ue lo justificara y lo hiciera am ar. El
grabado tuvo m uy pro n to su D urero y
después su R embrandt, el óleo empezó por
el revés: su más sublim e artista fué su
inventor: J an Van E yck (y que nos p er
done H u b e rto ), pero el pastel ha fluc­
tuado, titubeado en todas las manos m e­
diocres o sublimes, hasta que cayó en las
de Degas. ¡Q ué adm irables sus eternas
bailarinas, sus m ujeres desnudas, atareadas
en retorcer u na gran m ata de pelo rubio
veneciano o rojizo oscuro casi violetal Un
dibujo im pecable (no académico n i an a­
tóm icam ente hablando) las sustenta y so­
bre ellas el artista vuelca su color irisado,
tem bloroso, en una lluvia compacta que
puede ser cerrada o abierta, dejando ver
el cuerpo del papel ocre o siguiendo lu ­
ces y sombras en su arabesco que no cesa.
¡Cómo Degas sabe detenerse, no insistir
cuando lo que dice está ya entendido!

91

¿Qué más q u e d a . ..? Sería injusto no
hablar de varios Bonnard y V uillard de
u n a calidad extrao rd in aria (bien a p re n ­
dida la lección Degas de d ejar m ucho
papel y hacer vibrar su fo n d o ). M atisse
en cambio no está aquí en su juego, añ o ­
ramos sus óleos, sus dibujos a la plum a,
esta m ateria íe es extraña y reacia.
T am bién hemos visto u n excelente M ary
Cassat, u n Berthe Morissot, u n C hagall
y un P issarro y cuatro desconcertantes
Cottet al borde siempre del m al gusto,
del infantilism o, de la locura y sin em ­
bargo grandes p or su color de sueño, su
atm ósfera irrespirable, irreal, su p erp etu a
lejanía.

En el Cercle Volney se inauguró hace ya
u n tiem po u n a exposición dedicada a
D espiau y a sus amigos. P or las paredes,
dibujos del maestro, ilustraciones ad m ira­
bles p ara algunos libros; en la sala, curiosa­
m ente dispuestos en círculo, una herm osa
colección de retratos, especialm ente de m u ­
jer. T odo aquí habla de espiritualidad,
de afán de llegar más lejos en la ex p re­
sión de un m undo individual. Es curioso
observar la deformación de D espiau. Siem­
p re busca el volum en en redondo, la fo r­
ma que tiene en la m ente es siem pre la
de la esfera; en las cabezas, la del ovoide,
que es su pariente más cercano. Pero en
los cuerpos no une denodadam ente esferas
entre sí (como hace L éger en la p in tu r a ) ;
su invención es m uy fina y tiene m uchos
recursos p ara fu n d ir u n m odelado con el

�inm ediato, p ara soldar en u n a visión total
lo que en él se d a como pensam iento p re ­
vio. En las cabezas, todo lo q u e lo ap arte
del ovoide prim ario le m olesta y sin elu ­
dirlo (como hace P ompón en sus anim a­
les, uno de los cuales luce sus brillos en
la mism a sala) lo traduce en esquem a. Así
al cabello, que pu ed e crear u n a supestructu ra sobre el andam iaje del hueso, Despiau
no titubea en aplastarlo y sólo alude a él
cam biando la calidad del m odelado, e n ­
crespando la m ateria que sin em bargo no
osa hacerse libre n i independiente. Lo
mism o con los ojos. Esos agujeros de m is­
terio que son siem pre las cuencas de los
ojos (que lo diga si n o C arriére) son un
estorbo para la linea de D espiau. Los hace
aflorar sobre el póm ulo y como los quiere
expresivos, los agranda, los aplasta dulce­
m ente sobre las sienes con u n alm endrado
oriental, arcaico, que hace pensar en la
sonrisa de ojos y bocas de los kuros a n ti­
guos. ¿Parecidos formales con los modelos?
Sí, pero a través de u n a concepción previa.
Las cabezas de la gente de todos los días
se hacen testas m onum entales, indescifra­
bles, con u n poco de ironía y de m elan­
colía. El bronce es su vehículo predilecto
y a veces lo dora y otras lo oscurece, nunca
lo hace verde ni to talm ente liso. Su m ateria

tiene algo de esponjoso en q u e la espá­
tu la h a dejado espacios aplastados, tan
expresivos en su rugosidad. O tras veces, en
pruebas de artista, tiene unos vaciados en
estaño de u n color y de u n b rillo ap en as
insinuado, m ate, m uy rico, q u e segain
nuestra o pinión es el m edio perfecto p a ra
u n escultor de la expresión recogida. Los
pequeños estudios, las placas que hay en
las vitrinas, son otro m otivo de felicidad.
A llí en cera, dim in u to , de veinte centí­
m etros, está el esbozo de la adm irable es­
ta tu a de p ied ra blanca de los jardines de
nuestro Museo, esa joven replegada en sí
mism a que apenas se insinúa del bloque
cuadrado, en su p le n itu d compacta. H e r­
m ano de ella, u n A polo de dos palm os de
alto, en el q u e el M aestro trab ajó v ein ti­
siete años, nos asom bra con su hieratism o:
es u n dios que condesciende; tiene los b ra ­
zos abiertos, las palm as hacia el espectador
y sonríe enigm áticam ente. Es u n a obra
plena y llena al mismo tiem po de levedad,
como ocurre siem pre con D espiau. A los
años de m u erto el M aestro, esta exposición
de conjunto no hace más que subirlo en
ese m undo postrodiniano en q u e todos los
caminos de la escultura francesa parecían
agotados.
D amián C arlos Bayón

92

�miscelánea

• En un reciente artículo publicado en Studio, M a rg a r et W h in n e y da
cuenta sobre el carácter y el funcionamiento del Instituto de Arte Courtauld, fundado en Londres en 1932, “para el estudio seVio y la apreciación
de las obras de arte”, gracias a la energía y entusiasmo del finado Lord
I .ff . d e F a r e h a m y a la generosidad de S a m u e l C o u r t a u l d . E s un colegio
de la Universidad de Londres, dirigido por el Prof. A n t h o n y B l u n t , en el
que los estudiantes, después de tres años de estudio, pueden obtener títulos
en historia del arte. Además, el Instituto tiene una seccción especial de
Tecnología, en la que se estudian los múltiples problemas de análisis téc­
nico, conservación y limpieza de obras; una biblioteca de 28.000 volúmenes
a disposición de los estudiantes; la biblioteca Convey de reproducciones
(287.000 piezas) y la W itt de reproducciones de pinturas, amén de una
colección de más de 50.000 diapositivos para máquina de proyecciones lu­
minosas.
La autora justifica la creación con interesantes observaciones acerca del
juicio estético. Después de consignar los peligros del punto de vista com­
pletamente subjetivo (“debe ser embrutecedor, porque es estrecho y peli­
grosamente abierto al prejuicio”) escribe: “Si la fresca respuesta emocional
a una obra individual puede ser combinada con un análisis lógico de esa
obra como parte de una unidad mayor, entonces se puede formar un juicio
más seguro y más permanente. Un juicio de tal naturaleza puede estar
basado sólo en la comprensión de los propósitos del artista mismo, en un
esfuerzo por descubrir qué es lo que quiso expresar, cómo lo expresó y por
qué.” De tal modo, agrega, se puede “experimentar el profundo, complejo
y permanente goce de la comprensión de la mente de otro hombre (quizás
uno de los placeres intelectuales que más satisfacen) combinado con el
estímulo emocional producido por su método de expresión.”
Además, sostiene la necesidad de vincular las obras de arte con la sociedad,

93

�ya que los artistas, les guste o no, son miembros de ella. “El primer paso
para la completa comprensión de una obra de arte puede muy bien ser,
por lo tanto, el descubrir por qué y para quién fué creada, con qué pro­
pósito exacto, público o privado. Pero esto es sólo el primer paso. Para
llegar a una completa comprensión es necesario descubrir precisamente
cómo el artista, a través del uso de la forma, o la línea, o el color, refleja
las ideas del mundo del cual forma parte. Una comparación amplia y
simple es muy fácil. M ig u e l á n g e l , criado en la atmósfera intelectual de
Florencia, con su profundo interés por la filosofía neoplatónica, encontró
en el arte disciplinado de la escultura su vehículo elegido de expresión, y
al pintar sus contornos firmes, proclamó la calidad intelectual de su visión
en sus combinaciones de línea y masa. T ic ia n o , por el contrario, viviendo
en el lujo opulento de Venecia, donde los intelectuales discutieron más
bien literatura arcádica en vez de platónica, vió el mundo como una serie
de formas de brillantes colores, vibrantes de ambiente, desencadenadas de
sus contornos limitadores. Pero esto no basta. ¿Tenía Ticiano la misma
visión al pintar bacanales para el extravagante príncipe renacentista
Alfonso d’Este que cuando pintó más tarde casi el mismo tema para el
austero rey Felipe II, en un mundo donde ya maduraba la persecución
religiosa? ¿Nos sugiere el Juicio final de Miguel Ángel simplemente una
mano errante, o es la expresión consciente de alguna intranquilidad del
espíritu causado por acontecimientos del mundo de aquel momento? Por
cierto no basta decir que los hombres cambian al envejecer. Hay que des­
cubrir por qué cambian, si el mundo cambió con ellos. . . y si son artistas
qué medios usaron para expresar este cambio. ¿Desarrolló el artista una
nueva técnica para expresar sus ideas cambiadas o una nueva escala de
colores? ¿O se concentró sobre nuevos medios? ¿Sus patrones le pidieron
diferentes temas y por qué? O si no, ¿trató los mismos temas de una
manera nueva, subrayando diferentes aspectos de los mismos? ¿Qué aspectos
y otra vez por qué?” Para contestar tales preguntas —dice la autora— se
precisa tanto saber técnico como histórico, conocimiento de los medios, de
los materiales y de las maneras como han sido usados. Todo esto, que se
estudia en el Instituto Courtauld, no es por cierto para ser nada más que
un aficionado, sino para el mejor entendimiento del artista. ¿Se compren­
derá alguna vez aquí la necesidad de un centro de estudios como el Insti­
tuto de Arte Courtauld?

94

�• Clavé y B uffet exponen juntos, tal vez para dem ostrar p o r el absurdo hasta dónde
va la diferencia de sus concepciones y sus paletas. Las telas picassianas de Clavé, deco­
rativas, ricas de color, dinámicas, se neutralizan asi con las figuras cada vez más esque­
léticas de Buffet, dramáticas en su gris raspado, inm óviles y como detenidas d efinitiva­
m en te en un ham bre angustiada. Pero la coincidencia está en que am bos p in ta n y en
que sus calidades son positivas y de peso.

• Otra noticia sobre París, que se apresuró a dar finales espectaculares
a la saison antes de despoblarse. Las calles acaban de rivalizar en esta
fiebre artística. Estimuladas por el ejemplo de la rué Faubourg SaintHonoré, que compuso todas las vidrieras con motivos de fábulas de La
Fontaine, la rué Victor Hugo sugirió a sus negocios que hicieran sus vi­
drieras con algún cuadro famoso que tuviera relación con los artículos de
la casa: así salieron a relucir R e m b r a n d t , R e n o ir , T o l o u s e -L a u t r e c y
otros de colecciones particulares para gozo de los parisienses y admiración
de los extranjeros.
• También la idea se imitó aquí. La casa Harrod’s obtuvo del Instituto
de Arte Moderno el préstamo de algunos cuadros excelentes de pintores
abstractos, desde K a n d in sk y y L ég e r hasta M a g n e l l i y S c h n e id e r , entre
otros, que fueron exhibidos entre maniquíes que lucían las últimas modas.
Y no faltaron los puristas que se irritaron: se habló de falta de respeto por
el arte, de manoseo de las obras, de irreverencia y vaya a saber cuántas cosas
más se habrán dicho. La idea era excelente: ni el cuadro es una joya, ni el
pintor es un ser intocable; por el contrario, uno y otro ganan en el contacto
con las gentes, aunque éstas no siempre los respeten. Lo que si es criticable
es el modo como los emplearon y la falta de imaginación para componer
las vidrieras. Muchos cuadros en el fondo o entre dos vidrieras no pudie­
ron ser vistos y no faltó un torpe maniquí que tapara una creación genial. „
• Largas colas dobles de gente esperan pacientemente frente a L ’Orangerie, donde se
lleva a cabo la exposición Gauguin en París. Entretanto los vendedores de diarios vo­
cean A rts, el número dedicado al pintor, y la gente lee en voz alta y comenta episodios
de su vida, análisis críticos de sus obras o del sentido de su pintura. Las más diversas
gentes forman estas maravillosas colas, porque el arte alli forma parte de la vida
cotidiana y es una necesidad inmediata del hombre.

95

�• U n caso curioso acaba de o cu rrir en Rom a, con motivo de la exposición realizada
p o r el pin to r Corrado Cagli en la G allería del Secolo, de u n a serie de p in tu ra s y d ib u ­
jos a las q ue califica de cuadrim ensionales. El crítico de La fiera letteraria la comenta,
confesando que "es virgen en lo q u e se refiere a esta clase de problem as”, a pesar de
lo cual —he aq u í el hecho extraño— tra ta al p in to r con respeto y term ina con estas
palabras: “De cualquier modo Cagli, p o r la nitidez del dibujo, el b rillo y el gusto
p articu lar de la m ateria, p o r el intelecto espantadizo y el predom inio im aginativo, está
autorizado p ara absolver esta función, de la cual nosotros, m al habituados como esta­
mos a un arte opinable, n o podríam os exactam ente registrar los im pulsos n i reconocer
sus confínes”.

• El grabador argentino P o m p e y o A u d iv e r t , de cuyas andanzas dimos
cuenta en el número anterior, acaba de inaugurar una exposición en El
Mirador, Place Vendóme, París. Presenta trabajos de muy distinta técnica.
Una serie de la amistad, en linóleo, trabajado para obtener efectos de blan­
cos y negros; varios buriles y grabados en la forma de El beso (del Museo
Nacional) y con temas semejantes, ricos de composición y de evidente
inspiración superrealista; y otras planchas de muy diversa técnica. En
todos se advierte y evidencia la maestría y el conocimiento exhaustivo de
la técnica. Este artista está haciendo las últimas correcciones a un amplio
libro sobre la técnica del grabado, el primero de tal magnitud que se
publica en su género.
• L e Corbusier proyecta p ara París u n a inm ensa ciudad de artistas. El proyecto cuya
prim era noticia apareció en el Figaro, se llevará a cabo en la isla de la C ité, en pleno
corazón de París, flanqueado el edificio p o r el Sena y respaldado p o r N otre-Dam e. No
sólo se resolverá así el pavoroso problem a de los miles de artistas que viven en condi­
ciones precarias, sino q u e se h ará de París definitivam ente el centro del arte.

• La noticia es escueta: en una villa cerca de Soffiano, Italia, la Super­
intendencia de Bellas Artes de Florencia acaba de descubrir unos frescos
de A n d r e a d e l C a s t a g n o : dos figuras de Adán y Eva, de casi dos metros
de alto, y las figuras de la Virgen, el niño Jesús y ángeles en un pabellón,
todo en perfecto estado de conservación. ¿Modificarán estos frescos las
ideas bastante firmes que se tienen sobre el genial pintor del Cenacolo di
San Apollonia?

96

�VER Y ESTIMAR
C U A D E R N O S DE C R Í T I C A
ARTÍSTICA

Ocho números en el año
de abril a noviembre
64 a 80 páginas de texto
16 con ilustraciones
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�IGLESIAS

Y

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LAVALLE 1853 - BUENOS AIRES

�</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 34 (volúmenes 1 a 9) de la serie 1 y ejemplares 1 a 10 de la serie 2 de la revista Ver y Estimar, publicados entre 1948 y 1955.</text>
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                <text>Huygue, René&#13;
Oliver, Samuel F.&#13;
Romero Brest, Jorge&#13;
Huberman, Beatriz&#13;
Stábile, Blanca&#13;
Macego, Diogo de&#13;
Traba, Martha&#13;
Bayón, Damián C.</text>
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                    <text>■m

arte nuevo
boletín de la asociación arte nuevo
buenos aires / argentina

1957

La m á s lim ita d a e s la lín e a , d e te rm in a d a p o r la m e d id a so la m e n te . S e tr a ta
e n su s e v o lu c io n es d e se c c io n e s v a ria b le s e n su e x te n sió n , d e á n g u lo s o b tu so s
o a g u d o s, del la rg o d e l ra d io , d e la d is ta n c ia a l cen tro . S ie m p re d e c o sa s
m e n s u ra b le s . La m e d id a e s el sig n o m ism o d e e ste e le m en to , y a llí d o n d e e ste
c a rá c te r d e v ie n e p ro b le m á tic o , no h a h a b id o e m p le o a b s o lu ta m e n te p u ro d e
la lín e a .
De u n a n a tu r a le z a u n poco d ife re n te so n los v a lo re s d e to n o s o, dich o d e o tra
m a n e ra , la s re la c io n e s d e c la ro y d e o b sc u ro , lá s n u m e ro s a s g ra d a c io n e s y e n d o
d e l b la n c o a l n eg ro . E n e ste se g u n d o e le m e n to s e t r a t a d e u n a c u e s tió n d e
d e n s id a d . T al g ra d o p o se e , c o n c e n tra d o o difuso, u n a e n e r g ía b la n c a , a q u e l
otro s e r á m á s o m en o s c a rg a d o d e n e g ro . E n tre los g ra d o s u n o p u e d e e s ta b le ­
c e r u n a re la c ió n d e d e n s id a d . A d e m á s los g ra d o s n e g ro s tie n e n u n a re la c ió n
con u n a n o rm a b la n c a (el fondo b la n c o ), los b la n c o s c o n u n a n o rm a n e g r a (la
p iz a rra ) o los dos ju n to s con u n a n o rm a in te rm e d ia ria gris.
En fin h a y los colores, q u e p re s e n ta n n a tu ra lm e n te o tra s c a ra c te rís tic a s . P u e s
u n o no se los d e fin e c o m p le ta m e n te ni p o r la n o c ió n d e m e d id a , n i d e d e n ­
sid a d .
C u a n d o y a no se p u e d e e s ta b le c e r d ife re n c ia s p o r la s n o c io n e s d e m e d id a o d e
d e n s id a d , p o r eje m p lo e n u n a su p e rfic ie p u ra m e n te a m a rilla q u e e s n e c e s a rio
d istin g u ir d e u n a su p e rfic ie p u ra m e n te ro ja, r e s ta e s a d ife re n c ia e s e n c ia l q u e
d e s ig n a m o s p o r los n o m b re s a m a rillo y rojo.
E x a c ta m e n te com o se p u e d e c o m p a ra r la s a l y el a z ú c a r, e x c e p c ió n h e c h a d e
su s p ro p ie d a d e s s a l a d a s o d u lce s.
E m p le a ré p o r c o n sig u ie n te el térm in o " c a lid a d e s " p a r a d e s ig n a r los colores.
T en em o s d e e s ta m a n e r a los m ed io s p lá s tic o s — m e d id a , d e n s id a d , c a lid a d — ,
q u e , a p e s a r d e d ife re n c ia s fu n d a m e n ta le s , m a n tie n e n e n tre ellos c ie rto s a c u e r ­
dos. La n a tu ra le z a d e e s ta co n ex ió n s e re v e la e n el b re v e e x a m e n sig u :e n te :
El color es a n te todo c a lid a d . L uego d e n s id a d y a q u e é l no p o se e s o la m e n te
el v a lo r d e su color, sin o ta m b ié n el d e su tono. En fin, e s ta m b ié n m e d id a , y a
q u e tie n e ig u a lm e n te su s lím ites, su c irc u n fe re n c ia , su e x te n sió n , su s e le m e n ­
tos m e n s u ra b le s .
Prim ero d e n s id a d , el v a lo r e s en se g u n d o lu g a r m e d id a p o r su e x te n sió n , e s
d e cir p o r su s lím ites.
L a lín e a e s ú n ic a m e n te m ed id a .
N uestro ra z o n a m ie n to se b a s a p o r c o n sig u ie n te so b re tre s id e a s d ire c tric e s, q u e
s e e n c u e n tra n to d a s e n el d om inio d e l color pu ro , d o s d e e n tre e lla s s o la m e n te
e n el d e la d e n s id a d , m ie n tra s q u e u n a s o la le c o n c ie rn e a la lin e a .
C a d a u n a s e g ú n su rol, e s ta s tre s n o c io n e s d e s ig n a n por a s í d e c ir e n c a jo n a d o s.
El m á s g ra n d e c o n tie n e tres, el m e d ia n o d o s y el m á s chico u n o solo.
(E sto e x p lic a m á s c la ra m e n te la e x p re sió n d e L ie b e rm a n n : "e l d ib u jo e s el a rte
d s suprim ir").

ensayo de paúl klee
traducción m anuel álvarez
contin.

�U no c o n s ta tó a llí la fijació n m u y p a rtic u la r, y c ó ñ é s é é sp íritü , é s lógico c o n ­
s e rv a r e s ta m ism a p u re z a e n el m a n e jo d e los e le m e n to s p lá stic o s. H a y p a r a
c o m b in a rlo s su fic ie n te s re cu rso s.
D e so rd e n arlo s, e n c o n tra , no se ju stific a sin o p o r u n a n e c e s id a d in te rio r e x ­
c e p c io n a l. E sto e x p lic a rá el u so d e lín e a s c o lo re a d a s o m u y p á lid a s , de. la
m ism a m a n e r a q u e o tra s v a ria c io n e s, ta le s com o g ra d a c io n e s su tile s d e g ris
iris a n d o e n tre el a m a rillo y el azul.
L a e s e n c ia d e la lín e a p u r a se sim b o liz a p o r la r e g la g r a d u a d a con su s d iv e rs o s
larg o s.
El sím bolo d e la e s e n c ia d e l v a lo r p u ro e s u n a e s c a la d e d e n s id a d e s c o n s u s
d iv e rs a s g r a d u a c io n e s e n tre el b la n c o y el n e g ro ,
P ero a q u é o rd e n p e rte n e c e l a e s e n c ia d e l color puro?
E n q u é o rd e n s e m a n ifie s ta m ejor?
La form a m á s ap .ta p a r a re v e la r la s re la c io n e s m u tu a s d e los c o lo re s e s la su ­
p erficie d e u n círcu lo o rg a n iz a d o .
Su c en tro claro , su c irc u n fe re n c ia q u e p u e d e e s ta r d iv id id a p o r se is la rg o s d e
ra d io , la im a g e n d e tre s d iá m e tro s c o rtá n d o se p o r se is p u n to s d e in te rse cc ió n ,
h e a q u í lo q u e d a los p u n to s p rin c ip a le s d e la s re la c io n e s e n tre los colores.
Prim ero e s ta s re la c io n e s so n d ia m e tra le s , y com o h a y tre s d iám e tro s, e s n e c e ­
sa rio m e n c io n a r so b re todo a l re s p e c to tre s d e e n tre ellos q u e s e lla m a n : rojov e rd e, a m a rillo -v io le ta , a z u l-a n a ra n ja d o (o la s m á s im p o rta n te s p a r e ja s d e d o s
colores c o m p le m e n ta rio s).
A lo la rg o d e la c irc u n fe re n c ia a lte rn a u n color p rin c ip a l o p rim a rio c o n u n o
d e los m á s im p o rta n te s co lo res c o m p u e sto s o se c u n d a rio s. E stos e n n o m b re d e
tres, se u b ic a n e n tre los c o lo re s p rin c ip a le s q u e los h a n p ro d u c id o : el v e rd e ,
e n tre el a m a rillo y el azul, el v io le ta e n tre el rojo v el azul, y el a n a r a n ja d o
e n tre el a m a rillo y el rojo.
E stos d o s g ru p o s d e dos c o lo re s c o m p le m e n ta rio s, ju n to s p o r los d iá m e tro s, se
d e s tru y e n m u tu a m e n te c u a n d o su fu sió n e n e l se n tid o d e l d iá m e tro te rm in a e n
u n gris. Q u e esto s e a v á lid o p a r a los tre s g ru p o s p r u e b a el p u n to d e in te rse c ­
c ió n y d e p a rtic ió n co m ú n a los fres d iá m e tro s, el c e n tro g ris d e l círcu lo d e
los colores.
Se p u e d e e n to n c e s c o lo c ar u n triá n g u lo p a s a n d o p o r los p u n to s d o n d e s e e n ­
c u e n tra n los fres co lo res p rin c ip a le s , a m a rillo , rojo y a zu l, c u y a s p u n ta s so n
e so s co lo res ellos m ism os y c u y o s c o sta d o s re p re s e n ta n la fusión d e d o s co lo ­
re s p rin c ip a le s los c u a le s a lc a n z a n la s p u n ta s .
Así, so b re e s te triá n g u lo , el c o sta d o v e rd e h a c e fren te a l p u n to rojo, el v io le ta
a l a m a rillo , el a n a r a n ja d o a l a zu l. E x isten e n to n c e s tre s c o lo re s p rin c ip a le s y
fres co lo res s e c u n d a rio s e se n c ia le s , o se is c o lo re s v e c in o s o tre s v e c e s d o s
c o lo re s e m p a re n ta d o s (o p a r e ja s d e co lo res).
D e ja n d o e s te d om inio e le m e n ta l, y o a rrib o a la s p rim e ra s c o n stru c c io n e s b a s a ­
d a s so b re los e le m e n to s d e tre s c a te g o ría s e n u n c ia d o s a n te rio rm e n te .
A q u í se e n c u e n tra el c en tro d e g ra v e d a d d e n u e s tra c re a c ió n c o n sc ie n te .
A quí se c o n d e n s a n u e stro tr a b a jo p ro fesio n al.
A quí el m o m e n to critico.
T an to m á s s e a u n o d u e ñ o d e su s m ed io s p lá stic o s, p u e d e e s ta r d e s d e a h o ra
se g u ro d e co n ferir a la s c o s a s u n a solid ez tal, q u e e lla s p u e d e n a lc a n z a r d i­
m e n s io n e s n u e v a s , m á s a le ja d a s d e la a p re h e n s ió n c o n sc ie n te .
E ste e s ta d o crítico d e la c re a c ió n re v is te u n a im p o rta n c ia ig u a l e n u n se n tid o 1
n e g a tiv o : p u e d e se r q u e el a rtis ta no a lc a n c e m á s q u e lo q u e h a y d e m á s
g ra n d e y d e m á s g ra v e e n l a o b ra , su c o n te n id o , y é l f r a c a s a r á a p e s a r d e s u s
b e lla s d isp o sic io n e s d e a lm a a l re sp e c to . E sto e s q u e é l no se r e e n c u e n tr a
so b re el p la n o p lá stic o .
Si yo creo e n m i e x p e rie n c ia ,yo d iré q u e esto e s u n a d isp o sic ió n o c a s io n a l
d el c re a d o r q u e p e rm itirá a c ie rto s e le m e n to s tra n s c e n d e r su o rd e n g e n e ra l, su
p o sic ió n b ie n e s ta b le c id a , p a r a le v a n ta rs e ju n to s h a c ia u n n u e v o o rd e n y com ­
p o n e r u n a form a q u e se h a c o n v e n id o e n lla m a r fig u ra o sujeto.
E sta e le c c ió n r e a liz a d a e n tre los e le m e n to s p lá s tic o s y la n a tu r a le z a d e s u s
vín cu lo s re c íp ro c o s p re s e n ta n , h a s t a u n cierto p u n to a n a lo g ía s con la s id e a s
de m otivo y d e te m a e n m ú sica .

�Í

FUNDACION ESPIGAS
Busnos Aires - Argentina

M ie n tra s q u e n u e s tra o b r a s e e n s a n c h a p o c o a p o co d e la n te d e n u e stro s ojos,
u n a a s o c ia c ió n d e id e a s p u e d e su rg ir e in te rp re ta r el p a p e l d e l T en ta d o r: c e ­
d e r a l a in te rp re ta c ió n fig u ra tiv a . L a q u e c a d a form a c o m p le ja s e p re s ta , si
u n o le a g r e g a la fa n ta s ía , a u n a c e rc a m ie n to con la s form as c o n o c id a s d e la
n a tu ra le z a . Y a q u e u n o d a u n a in te rp re ta c ió n y u n n o m b re a o b r a s e m e ja n te ,
e lla n o o b e d e c e m á s e n te ra m e n te a la v o lu n ta d d ire c ta d e l a rtis ta (por lo m e ­
n o s e n lo q u e e lla tie n e d e m á s in te n so ): e s ta s so n la s a s o c ia c io n e s q u e él
p u e d e s u g e rir q u e so n la fu e n te d e m a le n te n d id o s a p a s io n a d o s e n tre el a r ­
tis ta y el pro fan o .
M ie n tra s q u e el a r tis ta se c o n c e n tra to d a v ía p a r a a g r u p a r los e le m e n to s p lá s ­
ticos d e u n a m a n e r a lo m á s p u r a y ló g ic a p o s ib le y v o lv er c a d a u n o in d is p e n ­
s a b le e n su lu g a r s in in c o m o d a r a u n otro e le m en to , a lg ú n p ro fa n o p ro n u n c ia
y a p o r so b re su e s p a ld a la s p a la b r a s fa ta le s: “P ero el tío no se le p a re c e
nada".
El pintor, si e s d u e ñ o d e su s nerv io s, p ie n s a : “T ío p o r a q u í, tío p o r a llá , yo
d e b o c o n tin u a r a e d if i c a r ... E sta n u e v a p ie d ra , p ie n s a él, e s d e c id id a m e n te
u n poco p e s a d a y m e tira la c o s a d e m a s ia d o a la iz q u ie rd a . M e s e r á n e c e ­
sa rio c o lo c a r u n serio c o n tra p e s o p a r a re s ta b le c e r e l e q u ilib rio ".
Y a lte rn a tiv a m e n te él a g r e g a a c a d a c o sta d o h a s t a q u e l a b a la n z a se e s ta ­
b iliz a.
Y él se s ie n te c o lm a d o c u a n d o , h a b ie n d o d e b u ta d o con a lg u n o s b u e n o s e le ­
m en to s, él n o d e b e m o d ific ar su c o n stru c c ió n p rim itiv a , si n o e s p a r a in cluir
la s c o n tra d ic c io n e s v le s c o n tra s te s p ro p io s a to d a form a viv ien te.
Pero, ta rd e o te m p ra n o , lo m ism o sin la in te rv e n c ió n d e u n p ro fan o , e s ta a s o ­
c ia c ió n d e id e a s p u e d e b ro ta r e n é l y y a n a d a im p e d irá a l a rtis ta d e a c e p ta r ­
la e n el m om ento q u e e lla se p r e s e n ta b a jo u n a d e n o m in a c ió n p e rtin e n te .
E n to n c e s e ste c o n se n tim ie n to p u e d e a g r e g a r to d a v ía u n c ie rto e s tim u la n te a
u n o u otro a g r e g a d o q u e se e n c u e n tra e n re la c ió n d ire c ta con el su je to
form ulado. E stos a trib u to s fig u rativ o s, si e l a r tis ta tie n e l a c h a n c e , e n c o n tra ­
r á n su sitio p re c is a m e n te e n u n lu g a r m á s b ie n p o b re d e s d e el p u n to d e v is ta
p lá stic o , com o si e llo s e s tu v ie s e n p a r a a llí d e s tin a d o s d e s d e siem p re.
L a c o n tro v e rsia lle v a d e s d e e n to n c e s m e n o s so b re la c u e s tió n d e la e x is te n c ia
d e l su je to q u e d e su a p a r ie n c ia a c c id e n ta l, d e su n a tu ra le z a .
Yo e sp e ro q u e el p ro fan o , q u e h a c e l a c a z a e n los c u a d ro s c o n m otivos favo­
rito s d e s a p a r e c e r á poco a p o co d e m i a lre d e d o r y n o m e v o lv e rá a e n c o n tra r
d e a q u í e n a d e la n te q u e com o u n e sp e c tro irre s p o n s a b le . P o rq u e a d e c ir v e r­
d a d c a d a u n o co n o ce s o la m e n te los m otivos d e su s p ro p ia s p a s io n e s . Y yo
d e se o a d m itir b ie n q u e , a v e ce s, n o so tro s nos re g o c ija m o s m u ch o c u a n d o su rg e
com o p o r e n c a n ta m ie n to e n la o b r a a lg ú n ro stro fam iliar.
Los c u a d ro s d e m otivo n o s m ira n , a le g r e s o se v e ro s, m á s o m e n o s tira n te s ,
c o n so la n te s o tre m e n d o s , d o lo ro so s o so n rie n te s.
E llos n o s m ira n c o n te d a s la s c o n tra d ic c io n e s d e la d im e n sió n psico-fison ó m ic a , q u e p u e d e n e x te n d e rs e h a s t a lo trá g ic o o a lo cóm ico.
¡Pero n o so tro s e sta m o s to d a v ía lejo s d e l fin!
L as fig u ras, a sí com o y o h e d ib u ja d o v a ria s v e c e s e s ta s form as fig u ra tiv a s,
tie n e n to d a v ía su a c titu d p ro p ia q u e re s u lta d e la p u e s ta en m ovim iento d e
los g ru p o s d e e le m e n to s e le g id o s.
U n a a c titu d c a im a , c e r r a d a e n sí m ism a , h a sid o a lc a n z a d a c u a n d o la c o n s­
tru c c ió n la h a re fre n d a d o , s e a u n a fo rm ació n d e a n c h a s c a p a s h o riz o n ta le s d e s ­
d e ñ a n d o to d a e le v a c ió n , s e a p o r u n a e d ific a c ió n e n a ltu ra , u n e m p le o v isib le
y g e n e ra liz a d o d e v e rtic a le s.
E s ta a c titu d c e r r a d a p e rm a n e c ie n d o calm o , p u e d e m o stra rs e u n p o co m á s aflo­
ja d a . L a a c c ió n e n te ra p u e d e s e r tr a n s p o r ta d a en u n m u n d o in te rm e d ia rio ,
com o el a g u a o la a tm ó sfe ra , d o n d e la v e rtic a l no p re d o m in a m á s (com o c u a n d o
u n o n a d a o p la n e a ).
M undo in te rm e d ia rio , d ig o yo, p o r o p o sic ió n c o n la p rim e ra a c titu d c o m p le ta ­
m e n te te rre stre .
E n la e ta p a s ig u ie n te n a c e u n a n u e v a a c titu d c u y o s g e sto s so n e x tre m a d a m e n ­
te a n im a d o s, fo rz á n d o la a d e s p re n d e rs e d e e lla m ism a.
3

�¿Por q u é no?
H e a d m itid o la le g itim id a d d e la no ció n fig u ra tiv a eii la o b ra , y h e o b te n id o
a s í u n a n u e v a dim en sió n .
He d e te rm in a d o los e le m e n to s p lá s tic o s in d iv id u a lm e n te y e n su c u rio s a c o n e ­
xión. H e e n s a y a d o d e h a c e r c la r a la m a n e r a com o ellos se d e s p re n d e n d e e s te
e sta d o . H e te n ta d o d e e x p lic a r su e n tr a d a e n esC eila com o g ru p o s y, p rim e ra ­
m e n te lim ita d a , lu e g o u n poco e n s a n c h a d a , su a c c ió n co m ú n p a r a c re a r form as.
A b s tra c ta m e n te , u n o p o d ría lla m a r a e s ta s form as c o n stru cc io n e s; c o n c re ta ­
m en te, s e g ú n la te n d e n c ia d e la a s o c ia c ió n d e id e a s p ro v o c a d a p o r la v ía d e
la c o m p a ra c ió n , e lla s to m a ría n n o m b re s ta le s com e e stre lla , florero, p la n ta ,
a n im a l, c a b e z a d e hom bre.
Esto c o rre sp o n d ió p rim e ra m e n te a la s d im e n sio n e s d e los m ed io s p lá s tic o s e le ­
m e n ta le s, ta le s com o la lín e a , v a lo r y color. Y d e s p u é s a la p rim e ra c o la b o ra ­
ció n c o n stru c tiv a d e e sto s m ed io s con la d im e n sió n d e la fig u ra, o si u n o q u ie ­
re d e l sujeto. A e s ta s d im e n sio n e s h a y q u e a g r e g a r to d a v ía u n a : a q u e l l a d o n ­
d e se a g ita n los p ro b le m a s d e l contenido.
C ie rta s p ro p o rc io n e s d e lín e a s, la c o m b in a c ió n d e cierto s to n o s d e la g a m a
d el claro -o scu ro , c ie rta s a rm o n ía s d e c o lo re s c o n d ic io n a n m odos d e e x p re sió n
b ie n d e fin id o s y m u y p a rtic u la re s .
L as p ro p o rc io n e s e n el dom in io lin e a r p u e d e n , p o r e je m p lo , c o rre s p o n d e rs e
con el á n g u lo : los m o v im ien to s e n z íg -z a g a á n g u lo s a g u d o s e n c o n tra s te c o n
u n d e se n v o lv im ie n to m á s h o rizo n tal d e lín e a s p ro v o c a n r e s o n a n c ia s d e e x p re ­
sió n o p u e sta s .
Todo ta m b ié n v a ria d o e n c u a n to a l c o n te n id o so n los e fec to s p ro d u c id o s por
d o s fo rm ac io n e s iin e a re s d o n d e se p e rc ib e n d e u n a p a rte u n a c o h e re n c ia c e ­
rra d a , d e la o tra u n e sp a rc im ie n to ligero.
L as o p o sic io n e s d e e x p re sió n e n el d om inio d e l v a lo r d e los fonos son:
el e m p le o a m p lia m e n te e x te n d id o d e to d o s los to n o s d e l n e g ro a l b la n c o , ín d ic e
d e fu e rz a com o d e in sp ira c ió n y d e e x p ira c ió n p le n a ;
o el e m p le o lim ita d o d e la m ita d s u p e rio r d e la g a m a d e los fonos c la ro s o d e
la m ita d in ferio r d e los to n o s oscuros;
o la p a rte c e n tra l d e e s ta g a m a a lre d e d o r d e l gris, lo q u e e s ín d ic e d e d e b ili­
d a d p o r e x a g e ra c ió n o p o r fa lta d e luz;
0 el c re p ú sc u lo incierto a lre d e d o r d e l centro.
H e a q u í n u e v a m e n te g ra n d e s c o n tra s te s d el co n ten id o .
1 Y c u á n ta s p o sib ilid a d e s d e v a ria c ió n d e l c o n te n id o n o s o frec e n e n to n c e s la s
c o m b in a c io n e s d e colores!
El color com o v alor, p o r e je m p lo : rojo so b re rojo, e s d e c ir la g a m a d e l rojo
e x te n d ié n d o s e d e la e s c a s e z a l a s u p e r a b u n d a n c ia , o e s ta g a m a c o n a lg u n o s
lím ites; lu e g o re c u rso id é n tic o e n a m a rillo (to d a u n a o tra c o sa ),
y to d a v ía e n a zu l, ¡q u é c o n tra ste s !
(? sin o los co lo res s e g ú n los d iá m e tro s, y e n d o d e l rojo a! v e rd e , d e l a m a rillo a l
v io le ta, d e l a z u l a l a n a ra n ja d o :
m u n d o s p a rc e la d o s d e l contenido.
O si no: c o rrie n te s d e co lo res e n la d ire c c 'ó n d e los s e g m e n to s d e l círculo, sin
p a s a r por el c en tro gris, p e ro e n c o n trá n d o s e e n u n g ris m á s o m en o s c á lid o
o frío;
c u a n to s finos m a tic e s se a g r e g a n a los c o n tra s te s p re c e d e n te s .
O si no: c o rrie n te s d e c o lo re s e n la d ire c c ió n d e la p e rife ria d e l círculo, d e í
a m a rillo p o r el a n a r a n ja d o a l rojo, d e l rojo p o r el v io le ta a l azul, o b ie n a m ­
p lia m e n te e x te n d id o s o b re to d a l a c irc u n fe re n c ia .
iQ u é g ra d a c ió n d e s d e el e n s a y o m á s m ínim o h a s ia el d e sa rro llo d e la s in fo n ía
d e los colores! ¡Q u é p e rs p e c tiv a s h a c ia la d im e n sió n d e l co n ten id o !
O e n fin la s p ro g re s io n e s a tra v é s d e la to ta lid a d d e l o rd e n d e los c o lo re s,
c o m p re n d id o el d iá m e tro gris, u n ié n d o s e fin a lm e n te a la g a m a d e l n e g ro a l
b lan c o .
S o b re p a s a r e s ta s ú ltim a s p o s ib ilid a d e s im p lic a u n a n u e v a d im e n sió n y a h o ra
c o n v ie n e e x a m in a r el lu g a r q u e d e b e n o c u p a r la s p a le ta s d e te rm in a d a s
d e tonos, c a d a u n a o frec ien d o su s p o s ib ilid a d e s d e c o m b in a c io n e s.

�C a d a form ación, c a d a c o m b in a c ió n te n d r á su e x p re sió n p ro p ia y c o n stru ctiv a,
c a d a fig u ra su rostro, su fisonom ía.
T al g e sto a rd ie n te in d ic a con p re c isió n la d im e n sió n d e l estilo. El ro m an ticism o
to c a a q u í a su fa se e se n c ia lm e n te p a té tic a . E ste g e sto q u ie re ro m p e r con la
tie rra, el sig u ie n te la s o b r e p a s a e n re a lid a d . El se e le v a so b re la tie rra b a jo
el im p e rativ o d e fu e rz a s c e n trífu g a s, q u e triu n fa n d e la g ra v e d a d .
Si yo d e jo e n fin e s ta s fu e rz a s e n e m ig a s d e la tie rra b a la n c e a r s e m u y lejos
h a s ta la g ra n ó rb ita e n to n c e s s o b r e p a s a r é el estilo a rd ie n te y p a té tic o p a r a
a lc a n z a r e s e ro m an ticism o q u e s e fu n d e e n el u n iv erso .
E n to n ces la s p a rte s e s tá tic a s y d in á m ic a s d e l m e c a n ism o c re a d o r no c o in c i­
d e n m a l con la o p o sic ió n c lá sic o -rc m á n tic a .
N u e stra o b ra h a reco rrid o , d e l a m a n e r a q u e yo h e in d ic a d o , ta n ta s d im e n sio n e s
im p o rta n te s q u e e s t a r á fu e ra d e lu g a r lla m a rla a ú n co n stru cció n .
N osotros le a c o rd a re m o s d e a h o ra e n a d e la rd e el n o m b re so n o ro d e co m p o ­
sición. E n c u a n to a la s d im e n sio n e s, c o n te n té m o n o s d e e s ta riq u e z a d e p e r s ­
p e ctiv a.
Yo d e s e o a h o ra c o n s id e ra r la d im e n sió n d e l su je to e n u n se n tid o n u e v o ,
a is la d a m e n te , y e n s a y a r d e m o stra r p o r a h í com o el a rtis ta lle g a a m e n u d o o
u n a d e fo rm a ció n " a p rim e ra v is ta a r b itr a r ia d e la s form as n a tu r a le s d e la s
a p a rie n c ia s .
A ntes q u e n a d a , el a rtis ta no a c u e r d a a e s a s fo rm as n a tu - a le s d e la s a p a ­
rie n c ia s la sig n ific a c ió n q u e se im p o n e n a los r e a lis ta s e je rc ie n d o la crítica.
El no se sie n te to ta lm e n te lig a d o a e s a s re a lid a d e s , y a q u e él no v e e n la
c o n c lu sió n d e la s form as l a e s e n c ia d e l p ro c e so n a tu r a l d e la c re a c ió n . El p r e ­
fiere la s fu e rz a s q u e la s h a n c rea d o .
Q u iz á e s él filósofo sin q u e re rlo . Y si é l no c o n s id e ra e ste m u n d o , com o los
o p tim istas, p o r el m ejo r d e los m u n d o s p o sib le s, ni q u ie re a firm a r ta m p o c o q u e
el m u n d o q u e n o s ro d e a e s d e m a s ia d o m a lo p a r a q u e u n o p u e d a to m a rlo
com o m odelo, é l se d ice to d a s la s v e c e s: b a jo su a s p e c to a c tu a l, él no e s el
ú n ico m u n d o q u e h a y .
El c o n s id e ra p o r c o n s e c u e n c ia d e u n a m ira d a p e n e tra n te la s c o sa s q u e l a n a ­
tu ra le z a le c o lo c a fo rm a d a s b a jo ios ojos.
M ás p ro fu n d iza , m á s u n e c ó m o d a m e n te lo s p u n to s d e v is ta d e hoy c o n a q u e ­
llos d e a y e r. Y m á s s e im prim e e n él, e n lu g a r d e la im a g e n a c a b a d a d e la
n a tu ra le z a , a q u e lla , s o la e se n c ia l, d e la c re a c ió n com o g é n e s is .
El s e p e rm ite ta m b ié n p e n s a r q u e la c re a c ió n no p u e d e , c a s i se r te rm in a d a
hoy, y él e x tie n d e a s í d e l p a s a d o h a c ia el p o rv e n ir e s ta a c c ió n q u e c re a el
m undo. El c o n fie re a l a g e s ta c ió n u n a d u ra c ió n .
El p ie n s a q u e d á n d o s e so b re l a tie rra : el a s p e c to d e e ste m u n d o fué d ife re n te
y s e r á d ifere n te .
P ero te n d ie n d o a llá , p ie n s a : so b re otros a stro s u n o e n c o n tra rá p u e d e se r form as
c o m p le ta m e n te d ife re n te s.
U n a m o v ilid a d s e m e ja n te e n la s v ía s n a tu r a le s d e la c re a c ió n e s u n a b u e n a
e s c u e la fo rm ad o ra.
E lla e s s u s c e p tib le d e e x c ita r p ro fu n d a m e n te el c re a d o r q u ie n , sie n d o el m ism o
m óvil, v ig ila rá e n to n c e s la lib e rta d d e la e v o lu c ió n e n su s v ía s c re a d o ra s p e r­
so n a le s .
P a rtie n d o d e e ste p u n to d e v ista , s e r á n e c e s a rio a g r a d e c e r le d e r e v e la r q u e el
e s ta d o a c tu a l d e l m u n d o d e la s a p a r ie n c ia s q u e s e le ofrece e s tá ro d e a d o por
el a z a r, p o r el tie m p o y por el e s p a c io y q u e él e s tá d e m a s ia d o lim ita d o e n
re la c ió n a su s vis:'ones p ro fu n d a s y a su s s e n s a c io n e s e x c ita d a s.
¿Y a c a s o n o e s c ie rto q u e e s su fic ie n te e c h a r u n a m ira d a a tra v é s d e u n m i­
c ro sco p io p a r a d e s c u b rir la s im á g e n e s q u e to d o s n o so tro s d e c la ra ría m o s r a r a s
y fa n tá s tic a s si, sin c o m p re n d e r el c o m p u e sto q u ím ico , n o so tro s lo v ié se m o s
a p a r e c e r p o r a z a r?
P e ro el se ñ o r X, c a y e n d o so b re s e m e ja n te im a g e n e n a lg u n a re v is ta se n sa c io n a lis ta , g r ita r á in d ig n a d o : “¿esto, fo rm as n a tu ra le s ? si no e s m á s q u e u n m al
a rte d e co ra tiv o ".
¿El a rtis ta s e o c u p a p o r c o n sig u ie n te d e m ic ro sc o p ía, d e h isto ria d e p a le o n to ­
lo g ía ?
S o la m e n te a m a n e r a d e c o m p a ra c ió n , d e s d e el p u n to d e v is ta d e l a m o v ilid ad ,
y no com o el o b je tiv o d e u n control científico d e fid e lid a d a la n a tu ra le z a .

5

�S o la m e n te d e s d e el p u n to d e v is ta d e l a lib e rta d , d e u n a lib e rta d q u e no
lle v a a ta le s m o m e n to s d e te rm in a d o s d e la ev o lu ció n , id é n tic o s a lo q u e fu ero n
o s e r á n e n la n a tu r a le z a o p o d ría n se r so b re otros a s tro s (se h a r á p u e d e se r
la p ru e b a ), p e ro d e u n a lib e rta d q u e r e c la m a ú n ic a m e n te su d e re c h o d e ser
ta n c a m b ia n te com o lo e s la g r a n n a tu ra le z a .
¡R e m ó n ta se d e l m o d elo a l o rig e n prim ero!
El a rtis ta no q u e r rá e s ta b le c e rs e a ll á d o n d e el c en tro o rg á n ic o d e todo m ovi­
m ien to e n el tie m p o y e n el e sp tc io — q u e s e lla m a c e re b ro o c o raz ó n d e la
c re a c ió n — d e te rm in a to d a s la s funciones.
¿En el se n o d e la n a tu ra le z a , e n el b a jo fondo d e la c re a c ió n , d o n d e d u e rm e ,
b ie n g u a r d a d a , la lla v e s e c re ta d e l u n iv erso ?
¡Pero to a o s n o d e b e n a s p ir a r a ello! Q u e c a d a u n o se d irija s e g ú n el latid o
d e su corazón.
E llos te n ía n p o r c o n sig u ie n te ra z ó n e n su tie m p o los Im p re sio n ista s, n u e stro s
a n típ o d a s d e a y e r, d e e n c e rra rs e c e rc a d e los c rec im ie n to s d e la s ra íc e s , d e
la s p la n ta s e s p in o s a s a r a s d e l su e lo d e la s a p a r ie n c ia s c c t:d ia n a s .
P ero n u e stro c o raz ó n la tie n d o n o s e m p u ja h a c ia la s p ro fu n d id a d e s, c a d a vez
m á s a d e la n te h a c ia el o rig en .
El re su lta d o d e e ste em p u je , q u e se lla m a su e ñ o , id e a , fa n ta s ía , no te n d rá v a lo r
definitivo q u e c o m b in á n d o s e p e rfe c ta m e n te con los m ed io s p lá s tic o s a p ro p ia d o s
p a r a form ar la o b ra .
E n to n c es to d a s la s r a re z a s se v o lv e rá n r e a lid a d e s d e l a rte q u e h a c e n ¡a v id a,
u n poco m á s v a s ta d e lo q u e e lla p a r e c e a l c o m ú n d e la g e n te .
P u e s e lla s no tra d u c e n con m á s o m en o s v iv a c ;d a d lo q u e e s v isib le , p e ro re v e ­
la n la s v isio n e s se c re ta s .
"C on los m ed io s p lá s tic o s a p ro p ia d o s " , d e c ía yo.
A q u í e n efecto se v a a d ecid ir: ¿ v e n d rá n a l m u n d o c u a d ro s u o tra co sa ? A quí
se d e c id e ta m b ié n la n a tu r a le z a d e los c u a d ro s.
C ierto, n u e s tra é p o c a h a a rro ja d o la co n fu sió n e n form a c o n s id e ra b le (tan to
q u e n o so tro s p o d a m o s p ro n u n c ia rn o s sin e rro r ta n c e rc a d e los a c o n te c im ie n to s).
P ero e n tre los a rtista s; e n tre los m á s jó v e n e s ta m b ié n , u n a te n d e n c ia s e d ib u ja
poco a poco: la c u ltu ra d e los m ed io s p lá s tic o s, su se le c c ió n p u r a y su e m ­
p leo puro.
La fá b u la d e l infan tilism o d e mi d ib u jo d e b e h a b e r te n id o su o rig e n e n la s
form as lin e a re s d o n d e yo e n s a y a b a d e u n ir u n a re p re s e n ta c ió n fig u ra tiv a , d i­
g a m o s u n h o m b re, a la p re s e n ta c ió n p u r a d e e le m e n to s l'n e a re s .
Si h u b ie s e q u e rid o m o stra r el h o m b re ta l com o es, h a b r ía te n id o n e c e s id a d p a r a
e sto d e u n d e s o rd e n d e lín e a s. No p u d o se r m á s c u e s tió n d e u n a p re s e n ta c ió n
d e e le m e n to s p u ro s, sin o d e u n a c o n fu sió n d e v o lv erlo s irrec o n o cib les.
Y m ás, no d e s e o lib ra r a l h o m b re ta l com o es, sin o s o la m e n te com o lo m ejor
p o sib le q u e p o d ría ser.
Y a s í y o p u e d o re a liz a r u n a a lia n z a e n tre la c o n te m p la c ió n d e l m u n d o y el
e je rc ;cio p u ro d e l a rte .
P rin cip io s id é n tic o s e n e l dom inio e n te ro d e l e m p le o d e los m ed io s p lá stic o s,
e n to d a s p a rte s , m ism o p a r a los colores: e v ita r d e d e s o rd e n a r todo.
Esto e s lla m ém o slo u so irre a l d e l color e n el a rte m o d ern o
C om o les d ice e s te e je m p lo "in fan til", yo m e o c u p o d e o p e ra c io n e s p a rc ia le s :
y o soy ta m b ié n d ib u ja n te .
H e e n s a y a d o el d/’b u jo puro, la p in tu ra p u r a d e l c la ro -o sc u ro y con los colores,
to d a s la s o p e ra c io n e s p a rc ia le s a la s c u a le s m e in v ita b a la o rie n ta c ió n so b re
el círculo d e los colores.
He p o d id o ta m b ié n e x p e rim e n ta r los g é n e ro d e lo: p in tu ra d e los v a lo re s c a r­
g a d o s d e colores, la p in tu ra d e los c o lo re s c o m p le m e n ta rio s, la p in tu ra d e los
co lo res a b ig a r r a d o s y a q u e lla d e la g a m a to ta l d e los colores.
C a d a vez lig a d o a la s d im e n sio n e s m á s su b c o n s c ie n te s d e l c u ad ro .
E n s e g u id a h e e x p e rim e n ta d o to d a s la s sín te s is p o sib le s d e d o s g é n e ro s, com ­
b in a d o y c o m b in a n d o m á s, sie m p re c o n la in q u ie tu d d e s a lv a g u a r d a r la c u l­
tu r a d e l e le m e n to puro.
A v e c e s su e ñ o u n a o b r a d e e x tra o rd in a ria e n v e rg a d u ra , e n g lo b a n d o el d o m i­
nio co m p leto d e los e le m en to s, d e l su jeto , d e l c o n te n id o y d e l estilo.
E sto q u e d a r á c ie rta m e n te com o u n su e ñ o , p e ro e s b u e n o d e im a g in a rs e a v e c e s
e s ta p o sib ilid a d to d a v ía v a g a h o y e n d ía.
N a d a p u e d e se r preci’p ita d o . La o b ra d e b e c rec er, sie m p re m á s alto, y c u a n d o

�su tiem p o s e r á v e nido, ta n to m ejor.
N osotros d e b e m o s to a a v ía b u sc a rla .
H em os e n c o n tra d o a lg u n a s p a rte s , no to d a v ía el conjunto.
N osotros no te n e m o s to d a v ía e s ta ú ltim a fu erza, y a q u e “ el p u e b lo n o e s tá
c o n nosotros".
P ero no so tro s b u sc a m o s u n p u e b lo , h e m o s c o m e n z a d o a ll á e n la "B a u h a u s "
con u n a c o m u n id a d a la c u a l c o n s a g ra m o s todo lo q u e n o so tro s ten em o s.
N osotros n o p o d e m o s m ás.

p in to re s, e sc u lto re s y fotógrafos n o -fig u rativ o s
e x p o sito re s d e l 2° s a ló n d e “a r te n u e v o "

galería van riel flo rid a 6 5 9

10 al 2 2 diciem bre 195Ó

ab a l e u g e n io
a e b i h an s
álvarez m anual
bernial m en eca
berú m auricio
boto martha
blaszko martín
burghardt Úrsula
carlislcy m ina
c e se lli josé
corral néstor
de la torre dora
di se g n i franco
di stéfan o dom ingo
frank m a g d a
g a e ta g ia n n juan
gero julio
g erstein noem í
goijm an nahun
io n esco g in a
klein alex
larrain h em a n
m ac intire
m accio rómulo
m akarius sam eer
m aranca francisco
m artínez rivera d elia
marx m ich elle
m ele juan
osterm ann rodolfo
p a p a rella aldo
peluffo martha
rubli lid ia m ab el
sacerd ote an a
sak ai kazu ya
san só
silva Carlos
solari parravicini b.
stimm Osvaldo
taradach abraham
tom asello luis
to w as
v a r d á n e g a gregcrio
vfdal m igu el
v illa lb a Virgilio

�r

�El len g u a je común, la com unicación con ven cion al entre los
hom bres, e sta b le c e u n a barrera de aislam iento q u e sólo el arte
—en su m ás am plio sentido— intenta superar.
La pintura y la escultura tien en la virtud de atravesar e sa
frontera de silen cio en m ed id a m ayor qu e la s otras artes, por
lo qu e tien en de m an u alid ad directa: en e lla s e s el artista mismo, sin interm ediarios, el qu e inscrib e su len g u a je.
Las artes p lá stic a s ofrecen a d em á s la ventaja, sobre la p o e ­
s ía y la m ú sica de su sim ultaneidad . En efecto, e lla s con d en ­
sa n el proceso de la creación (proceso en el tiem po) en un todo
in stan tán eo, en un presente sin término.
No quiero esta b le ce r u n a jerarquía entre la s artes. Es ind u­
d ab le que a c a d a una le corresponde u n a zona autón om a en
la lu ch a por la com unicación (y q u izá s a la p o e sía le toque
la ardua tarea de m anejar el m aterial m á s hondo), pero la s
artes p lá stica s p o see n la ven taja de un cam ino m á s directo que
justifica su facilid ad de exp an sión , su in m ed iata un iversalid ad.
El arte crea un len g u a je no con ven cion al qu e e sta b le c e una
com unicación sin trabas d e sd e el interior de un hom bre h a sta el
interior de otros hom bres.
En este len g u a je el artista tam b ién e m p lea sign os, pero estos
sig n o s no son fijos; cam b ian de acuerd o con la s n e c esid a d e s,
de acuerdo con lo quo d eb en expresar. M ed ian te e sto s sig n o s
de m áxim a fluidez se ob tien e lo q u e tan lú cid am en te K andinsky
den om in ab a objetivación de lo espiritual.
S e a qu e utilice formas geom étricas u org á n ica s o Sim plem ente
m anchas, o que recurra a los m ás su tiles m eca n ism o s qu e ofre­
ce el color o la m ateria, el artista p lástico lo s convierte a todos
en sig n o s para e s a com unicación sin fronteras. Son sig n o s q u e
no tien en sign ificad o pero son ricos de sen iid o y b u sca n la
com prensión no de la in te lig e n c ia sin o de la sen sib ilid ad .
La obra de arte c a n a liz a la corriente se n sib le qu e v a del crea ­
dor a l esp ectad or y determ ina, en co n se c u e n c ia , u n a com uni­
ca ció n de carácter hon dam ente afectivo. Q u iérase o no, toda
com unicación de ín d ole estética arrastra una profunda corriente
afectiva. No existe, por esta razón, un arte auténtico qu e se a
frío o desh um an izado.
Q ue la s artes p lá stic a s recurran a lo puram ente formal o in­
versam en te a lo puram ente expresivo, el resultado e s siem pre el
m ismo: un len g u a je de sig n o s no co n v e n c io n a le s q u e h ab lan
en forma in éd ita d e sd e el interior de un hom bre a l interior de
otros hom bres, m ovilizando un fondo com ún a todos ellos. A sí el
arte cum ple u n a función de verd ad era solidarid ad entre los
hom bres, m ás a llá de la s prom esas m orales y de los p ostu la­
dos teóricos. Para cumplir e sta función el arte e x ig e sólo lib er­
tad do realización . La libertad e s la ú n ica c o n sig n a del arte,
e s el oxíg en o qu e respira.
La m od alid ad no figurativa en la s artes p lá stic a s se ñ a la
la m áxim a lib ertad de exp resión espiritual a lca n za d a por ol
hom bre en el p resente. No d e b e ser con sid erad a com o un ejer­
cicio de ociosos, como un a fu ga de ¡a realidad, sin o qu e d eb e
situ ársela como ejem plo del grado m á s av a n za d o a q u e han
lle g a d o los m edios de com unicación visu al. En el p resente m o­
mento en q u e todo tien d e a convertir a los hom bres en e n e ­
m igos e s el refugio en qu e la solidarid ad hu m an a h ab la su
len g u a je m ás hon dam ente afectivo; un len g u a je q u e parte de
un individuo aislad o y e sta b le c e m ed ian te sig n o s de v alid ez
un iversal u n a com unicación m ás a llá de la s diferen cias de raza,
de n acion alid ad , de con cep ción política o religiosa. Es un le n ­
g u aje q u e transm ite lo e se n c ia l del hom bre y lo h a c e a c c e sib le
a los otros hom bres por el cam ino m á s puram ente hum ano: el
de la sen sib ilid ad .

prefacio
p o r a ld o p e lle g rin i

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36

��la actividad
espacializante
ra ú l s c ia rre ta

H a g a m o s m en c ió n d e l e sp a c io . D ecim os: a rrib a , a b a jo , a d e n tro , ju n to a mí
m ano, e n mi bolsillo, a mi e s p a ld a , d o n d e a c a b a el cam in o , e sto y s e n ta d o e n
m i silla, d e n tro d e m i c u e rp o , m á s a ll á d e m is a lc a n c e s , m u y c e rc a d e mí
m ism o, e n la le ja n ía , e n tre d o s lín e a s, e n la p ro fu n d id a d d e la tie rra.
El e s p a c io se n o s p r e s e n ta e n n u e stro a n d a r c o tid ia n o com o u n fen ó m en o q u e
no n e c e s ita a c la ra c ió n a lg u n a : " s e s a b e lo q u e e s ” , "todo el m u n d o lo s a b e " .
P a re c e e v id e n te q u e h a y e s p a c io y d e n tro d e é l c o sa s. L as c o sa s e s tá n e n el
e s p a c io y el e s p a c io e n la s c o sa s. N u e stra in s ta la c ió n e n el m u n d o e s u n a
a co m o d a c ió n , u n m a n e jo d e c o s a s q u e se n o s p o n e n a l a lc a n c e o s e nos e v a ­
den. N osotros m ism os n o s co lo cam o s, n o s situ am o s, nos tra s la d a m o s , h a c e m o s
ro d e o s y nos se n tim o s ro d e a d o s , p e n e tra m o s la s e lv a in m e n s a d e l m u n d o y s e n ­
tim os la h e rid a p u n z a n te d e lo q u e n o s a fe c ta y c o n m u e v e. Y a s í v a m o s d e s c u ­
b rie n d o el e s p a c io a p a rtir d e n u e s tr a a c tiv id a d , d e n u e stro in c a n s a b le h a c e r,
p ro y e c ta r, rem o v er, m o d e la r, c a lc u la r.
La in tim id a d nos d e s c u b re la s c o s a s q u e a lc a n z a m o s y n o s a lc a n z a n v in ie n d o
d e s d e la le ja n ía . In tim a m e n te q u e d a m o s a fe c ta d o s p o r lo q u e nos e n c u e n tra
sa lié n d o n o s a l p a so . Lo q u e d e sc u b rim o s nos lo a p ro p ia m o s , e n cierto m odo nos
c o n stitu y e . A c a d a in s ta n te p o r o b ra d e lo in e s p e ra d o , p o r el silen cio , p o r lo
in d e te rm in a d o , n u e s tra e x p e rie n c ia se e n c u e n tra d e s b o r d a d a d e sí y a r r e b a ­
t a d a p o r lo q u e v ie n e a d e la n tá n d o s e y d e s c u b rié n d o s e . N u e stra a c tiv id a d es
e s p a c ia liz a c ió n , d e s p lie g u e e n el tiem po. L le v ar a d e la n te e s e c o m p re n d e r lo
e s p a c ia l d e s d e n u e s tra c o n d u c ta d e s c u b rid o ra d e e sp a c io , e s u n a p o sib ilid a d
c re a d o ra d e se n tid o a la q u e a rrib a m o s p o r la d e stru c c ió n d e n u e s tra d ia r ia y
p re ju ic io s a in te rp re ta c ió n d e l e sp a c io : H a y e s p a c io y e n é l h a y co sa s.
Por ta n to e n n u e s tra e x p e rie n c ia o rig in a l n o s m a n e ja m o s con la s c o sa s y a ú n
no h e m o s e la b o ra d o m o ld e s ríg id o s q u e c o n fu n d a n lo e s p a c ia l con la s c o s a s
o c o n u n s is te m a d e re la c io n e s, c o n u n a m o rfo lo g ía d e la s fig u ra s e s p a c ia le s ,
o la con fu sió n m a y o r q u e id e n tific a el e s p a c io y la m e d id a d e l e sp a cio .
El niño, por ejem p lo , a lc a n z a p ro g re s iv a m e n te la in te g ra c ió n d e su visión e s p a ­
c ia l a c o m o d a n d o su a c c ió n y ju e g o c o n c re to a l e s p a c io c irc u n d a n te . El "o c u ­
p a r lu g a re s e n el e s p a c io " p a r a el n iñ o tie n e u n se n tid o p a ra d o ja l: d o s c o sa s
d is tin ta s p u e d e n o c u p a r el m ism o lu g a r e n el e s p a c io y u n a m is m a c o sa p u e d e
te n e r sim u ltá n e a m e n te d o b le u b ic a c ió n . El n iño c o n c ib e el e s p a c io fra g m e n ta ­
ria m e n te , q u e b r a d o e n m ú ltip le s a rtic u la c io n e s sie m p re lig a d a s a s itu a c io n e s
c o n c re ta s. El n iñ o si b ie n re c o n o c e la s form as no a lc a n z a a p la s m a r e n la u n i­
d a d d e l e s p a c io la to ta lid a d in d e s c o m p o n ib le d e su re la c ió n con el m undo.
La c o n fu sió n d e l e s p a c io y su ríg id a a d h e s ió n a la s c o s a s e s p re s u p u e s ta d e
m odos m u y v a ria d o s e n n u e stro q u e h a c e r diario . P ero d o n d e el e s p a c io q u e d a
fosilizado e s e n la fijació n d e o b je to s p e rs e g u 'd o re s e n a lg u n o s en ferm o s m e n ­
ta le s. El o b je to fijado q u e n o c e s a d e a b a n d o n a r a l p e rs e g u id o , sie m p re m u y
c e rc a , d e m a s ia d o c e rc a , a c a b a p o r o b se sio n a r. S irv a e s ta re fe re n c ia com o
m e ra in d ic a ció n .
P a r a lle v a r a d e la n te la c o m p re n sió n d e l e s p a c io r e s u lta p o r ta n to e se n c ia l, re ­
to m a r n u e s tra s situ a c io n e s v iv id a s, com o c u a n d o in s ta la d o s e n el p rim e r coche
d e u n tre n s u b te rrá n e o y a s o m a d o s a la so m b ra , d e ja m o s q u e la s form as a lu ­
c in a d a s d e s d e el fondo d e l tú n el, se re c o rte n h a s t a m o stra rs e a lc a n z á n d o n o s
com o si n o s p e n e tra ra n . O com o c u a n d o re v iv im o s e l d e sc u b rim ie n to d e l e s p a ­
cio in te rio r q u e el e sc u lto r m o d ern o in je rta e n la s m a s a s v a c ia d a s e ilu m in a d a s
p o r u n se n tid o d e e sp a c ia liz a c ió n . P ero n u e stro d e sc u b r: m ie n to d e l e s p a c io ,
d ig a m o s u n a vez m ás, si b ie n su p o n e y a el e s p a c io no se re fie re ni a u n
e s p a c io puro, ni a u n e s p a c io m ed id o , q u e so n te m a tiz c c io n e s v á lid a s p e ro
d e riv a d a s .
N u e stra p r a x ’s, e s d e c ir n u e stro h a c e r y a n d a r e n el m u n d o , se h a c e fe c u n d a
y v a lio s a c u a n d o to m a m o s c o n c ie n c ia d e n u e s tr a p e c u lia r e s p e c ia lid a d y e n
ta n to el m u n d o e s la p e rs p e c tiv a c a m b ia n te , c e n tr a d a e n n u e stro c u erp o , d o n d e
se c u m p le el d ra m a a p a s io n a d o d e n u e stro d e sc u b rim ie n to d e l e sp a c io .
No tie n e c a b id a e n e s te tosco e sb o z o u n a c a ra c te riz a c ió n e s e n c ia l d e l e sp a c io ,
te m a d e c o m p ro m etid o e x a m e n , ni tam p o c o d e s e a m o s b u s c a r u n a fó rm u la o d e ­
finición e n el se n tid o in te le c tu a lis ta tra d ic io n a l q u e s a tis f a g a a p o c o s y n o s e n ­
g a ñ e a m uchos, sin o m á s b ie n u n a d e c id id a o rie n ta c ió n b a jo la no d is 'm u la d a
p a te r n id a d d e M artín H e id e g g e r q u e p o n g a n u e s tr a m ira d a e n l a o rig in a rie d a d
d e l e s p a c io y d e je d e la d o la s re d u c c io n e s fá c ile s e in fe c u n d a s .
"El e s p a c io ú n ;c a m e n te p u e d e c o n c e b irs e re tro c e d ie n d o al m u n d o ". ''D e s a le ja r
q u ie re d e c ir h a c e r d e s a p a r e c e r la le ja n ía d e a lg o , os decir, a c e rc a m ie n to ."
38

�las artes al día
p o r Córdova IturburU
(d e l d ia r io C L A R IN ' d e
23 d e d ic ie m b r e 1956)

Arte N uevo
No h a y m otivo a lg u n o p a r a q u é no re ite re m o s ctlgó q u é e s e v id e n te a n u e s ­
tros lecto res: n u e s tra s im p a tía y n u e stro in te ré s jpOr la s n u e v a s e x p re sio n e s
d e l a rte , p o r la s b ú s q u e d a s , la s in d a g a c io n e s y la s e x p e rie n c ia s d e la s c o ­
m e n te s q u e a s p ir a n a se r la m a te ria liz a c ió n a rtís tic a d e l e sp íritu d e n u e stro
tiem po. E sta s im p a tía y e s te in te ré s s e h a n g e n e ra liz a d o e n n u e stro p a ís , lo
m ism o q u e e n oíros — e s s a b id o — e n tre la s g e n te s jó v e n e s. U n a p ro p o rció n
c re c id a d e n u e s tra ju v e n tu d a rtís tic a c o n s a g ra s u s a fa n e s a l cultivo d e la s
c o rrie n te s m á s a v a n z a d a s d e la s a rte s v is u a le s y se o rie n ta h a c ia su s te n ­
d e n c ia s m á s re p re s e n ta tiv a s . S o n m u c h a s, a lo la rg o d e l a ñ o , la s m u e s tra s d e
a rte a b stra c tiz a n te , a b s tra c to y n o fig u rativ o q u e se re a liz a n e n n u e s tra d u ­
d a d . En los c e rtá m e n e s d e m a y o r im p o rta n c ia , a d e m á s — el P a la n z a , el S a ló n
d e A c u a re lis ta s, el re c ie n te c o n cu rso H e le n a R u b in stein , el S a ló n N a c io n a l—
los ju ra d o s , p ro c e d ie n d o , d e s d e lu eg o , con u n c riterio d e lo a b le d u c tilid a d ,
h a n d a d o a n c h a c a b id a a o b ra s s itu a d a s d e n tro d e los p rin c ip io s d e la m á s
a ris c a e irre d u c tib le v a n g u a rd ia . En los tre s p rim e ro s s a lo n e s d e la G a le ría
V an Riel se lle v a a c a b o a h o ra u n a a m p lia e x p o sic ió n e n p in tu ra s, e s c u ltu ­
ra s y g ra b a d o s no fig u rativ o s b a jo el títu lo g e n e ra l d e A rte N uevo. L a hem os
v isita d o y c o n sid e ra d o con d e te n :m iento. H em os ido a v e rla , a d e m á s , a n im a d o s
por el e sp íritu d e s im p a tía y d e In te ré s p o r el a rte a c tu a l d e q u e y a h em o s
d a d o c u e n ta a l com ienzo d e e s ta n o ta. P ero e s te e sp íritu — a p re s u ré m o n o s a
d e cirlo — n o h a lo g ra d o a te n u a r la s d e s a le n ta d o r a s im p re sio n e s q u e h e m o s
re co g id o . No p u e d e c o n s id e ra rs e e ste sa ló n , e n m odo a lg u n o , v e rd a d e ra m e n te
re p re s e n ta tiv o d e l a rte d e n u e stro tiém po. Ni s iq u ie ra e n n u e stro p a ís . L a im ­
p ro v isa c ió n im p e ra e n e ste conjunto. La im p ro v isa c ió n , la lig e re z a y los fríos
c o n v e n c io n a lism o s d e u n a n u e v a re tó rica . C u a n d o se d e s p o ja a l a o b r a d e
a rte d e in te lig ib le s a lu s io n e s a la n a tu ra le z a , c u a n d o se la s itú a d e n tro d e
los c a rrile s se v e ro s d e la p u r a in v en c ió n , e s n e c e s a rio — lo h e m o s dicho e n
m á s d e u n a o p o rtu n id a d — q u e los v a lo re s e s tric ta m e n te p lá s tic o s a q u e q u e ­
d a re d u c id a la o b ra , e n d e fin itiv a , s e a n e n r e a lid a d in c u e s tio n a b le s v a lo re s.
No se h a c e a rte n u e v o v a le d e ro sin o so b re b a s e s e s té tic a s , té c n ic a s y a r te ­
s a n a le s , in clu so , d e rig u ro s a c a lid a d . Y esto, c a lid a d , e s lo q u e r e s p la n d e c e
p o r su a u s e n c ia e n e s te s a ló n q u e no c o n stitu y e , p o r cierto, u n testim o n io a c e p ­
ta b le , insistim os, d e la s p o s ib ilid a d e s d e u n a rte a c tu a l, d e n u e stro tiem po.
E n tre la s p o c a s e x c e p c io n e s c a lific a d a s q u e se d e s ta c a n sin d ific u lta d e s
e n el p o b re co n ju n to , m e re c e n re c o rd a rs e los e n v ía s d e E u g e n io A b al, M artín
B laszko, N é sto r C o rral, M in a C arlisk i, M a g d a F ran k , N a u n G o ijm a n , Ju a n G a e ta
G ia n , N oem í G e rste in , O sv a ld o Stim; H e rn á n L arra in , M ichele M arx, M a rta Peluffo, L id ia M abe'l Rubli,, G re g o rio V a r d á n e g a y K a s u y a S a k a i.

El arte es, la naturaleza se parece
R aiaer M aría Rilke

39

�sum ario
e n sa y o de paú l k lee
tra d u c c ió n m. á lv a re z (cont.)

pág.

i

n ó m in a d e los a rtis ta s e x p o sito re s d el
2do. s a ló n " a rte n u e v o "

pág.

7

prefacio
a ld o p e lle g rin i

pág.

9

re p ro d u c c io n e s d e o b ra s e x p u e s ta s

p á g . 11

la a c tiv id a d e s p a c ia liz a n te
ra ú l s c ia rre ta

p á g . 38

com isión: m. á lv a re z , c. a rd e n q u in , m. b laz sk o ,
a n a sa c e rd o te , 1. to m a se llo , to w a s, g. v a rd a n e g a , v. v illa lb a . la p r id a 1598 - 1? izq. - bs. as.

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                <text>Klee, Paul&#13;
Álvarez, Manuel&#13;
Pellegrini, Aldo&#13;
Sciarretta, Raúl&#13;
Córdova Iturburu, Cayetano</text>
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                    <text>nuevo
boletín de la asociación arte nuevo
buenos aires / argentina
1956

un ensayo de paúl klee
tra d u cció n d e M an u el A lvarez
E ste e n sa y o , q u e se e n c o n tr a b a en tre los p a p e le s d e ja d o s por P au l K lee,
e s el fruto de 4 a ñ o s d e e n s e ñ a n z a en el B a u h a u s d e W eim ar. E l co n stitu y e la
b a s e de l a a lo cu ció n p ro n u n cia d a por el a rtista en p r e s e n c ia d e su s o b ra s en
o c a sió n d e la in a u g u ra ció n d e u n a e x p o sició n de A rte M oderno en el M useo
d e le n a en 1924, d ado su e x ten sió n , se p u b lic a rá en n ú m eros su cesiv o s.
No e s sin u n a c ie rta a p re h e n sió n q u e tom o h o y la p a la b r a en p re s e n c ia
d e m is o b ra s, q u e d e b e ría n e n re a lid a d h a b la r so la s. ¿T en g o v e rd a d e ra m e n te
ra z o n e s su ficie n te s p a r a h a c e rlo y s a b r é e x p re sa rm e com o co n v ien e?
Por cierto, com o pintor, m e sien to en p o se sió n d e m is m ed ios p a r a a r r a s ­
trar a los otros en la s v ía s q u e m e a tra e n ; y o dudo q u e ello m e s e a a co rd a d o
d e in d ica rlo s ta n se g u ra m e n te por la p a la b ra .
M e tran q u ilizo no o b sta n te so ñ an d o q u e mi m e n s a je no s e d irig e a u s­
te d e s a isla d a m e n te , m á s q u e é l d e b e co n ferir a la s im p resio n es ex p e rim en ­
ta d a s d e la n te d e m is o b ra s un cierto re lie v e q u e sin ello h a b ría podido fal­
ta rles.
S i a lc a n z o m á s o m eno s lo q u e m e ' h a b ía pro p u esto, e s ta ré
mi e m p re s a d e d irigirm e a u ste d e s h a b r á tenid o un sen tid o.

co n ten to, y

A fin d e d isim u lar lo od ioso de la fórm ula " c r e a , a rtista , y no h a b le s " ,
co n sid e ra ré e se n c ia lm e n te l a p a rte del p ro ce so cre a d o r q u e s e cu m p le en el
s u b c o n s c ie n te d u ran te la g e s ta c ió n de u n a o b ra : se g ú n m i op in ión, h e a q u í
la so la ju s tifica c ió n d e un a rtista p a ra u s a r de la p a la b r a : d e sp la z a r el cen tro
de g ra v e d a d d el p ro b le m a ex a m in á n d o le por n u ev o s m edios; a lig e r a d o un
p o co por e ste n u ev o á n g u lo de visión el a s p e c to p lá stic o a s a b ie n d a s so b re ­
c a rg a d o ; y c o lo c a r el a c e n to so b re el co n ten id o d e la o b ra.
T a l com prom iso m e estim u la ría y m e p erm itiría a c e r c a rm e c o n s id e ra b le ­
m en te a u n a d efin ició n v e rb al.
C la ro q u e p e n s a ría d e m a s 'a d o en m í, o lvid and o q u e p re cis a m e n te el co n ­
tenid o de la o b ra e s g e n e ra lm e n te p a r a u ste d e s m á s fa m ilia r q u e su lad o
p lá stico .
Yo no pod ré por c o n sig u ie n te om itir d e d e cirle s ig u a lm e n te a lg u n a s c o s a s
d e e s a s n o cio n es p lá stic a s. .
P ero si yo los in tro d u jese en el ta lle r de un pintor n o so tros lle g a ría m o s a
en ten d ern o s. P o sib lem en te e x iste un terren o com ú n a l p ro fan o y a l a r ­
tis ta d ond e un a c e r c a m ie n to m utuo e s p o s 'b le , y d ond e y a el a rtista n c le s
p a r e c e r á un fenó m en o ex trañ o , sin o un ser, q u e sin h a b e rlo p ed id o, h a sido

1

�p ro y ectad o com o u sted es en un m undo co m p lejo y en é l se d e b e o rie n ta r tan to
b ie n co m o m al.
El d ifiere so la m en te de u ste d e s por los m ed ios p a rtic u la re s d e q u e é l d is­
pone p a ra sa lir del apu ro, m á s feliz q u iz á s q u e el n o -cread o r in c a p a z de
en co n trar la sa lv a c ió n e n u n a o b ra.
A cordem os e s ta v e n ta ja re la tiv a a l a rtista , lu ch an d o por o tra p a rte con
m u ch as d ificu ltad es.
Perm itidm e u n a im a g e n , l a im a g e n d el á rb o l. El a rtista s e p re o cu p a de
e ste m undo co m p lejo y su p o n g á m o slo q u e e n él s e h a o rie n tad o m á s o. m e­
nos, m uy sim p lem en te. El le h a c e ta m b ié n p o sib le d e o rd en a r la su ce sió n de
la s a p a r ie n c ia s y d e la s e x p e rie n c ia s. E ste ord en d iv erso y ram ificad o , e ste
co n ocim ien to de la s c o s a s de la n a tu ra le z a y d e la v id a, y o d e s e a r ía com ­
p a ra r la s a la s r a íc e s d el á rb o l.
E s d e a h í q u e a flu y e h a c ia el a rtista la s a v ia , p a ra a tra v e s a r lo a él y a
sus ojos.
Y h elo a q u í e n la situ a ció n d el tronco.
A com etido, em o cio n ad o por la p o te n c ia d e e s ta co rrien te de s a v ia , m ás
a d e la n te en l a o b ra él d irig e su visión.
Com o uno ve el r a m a je d e los á rb o le s a b r ir s e d e tod os los co stad o s, e n
el tiem po y en el e sp a cio , lo m ism o e s p a r a la ob ra.
N ad ie s o ñ a r á a e x ig ir d el á rb o l q u e él form e su s ra m a s se g ú n el m od elo
d e su s ra íc e s . C a d a uno co m p ren d erá q u e no p u ed e h a b e r e x a c ta co rresp o n ­
d e n c ia en tre la b a s e y l a co p a. F u n cio n es d eferentes, e je rc ié n d o s e en dom i­
nios e le m e n ta le s d istintos, d e b e n p ro v ocar ev id en tem en te s e p a r a c io n e s m ar­
c a d a s.
P ero se q u ie re ju s ta m e n te d e n e g a r a l a rtista e ste d erech o d e s e p a r a r s e d el
m odelo, in d is p e n s a b le sin e m b a rg o a la c re a c ió n . T a m b ié n s e h a p u esto
tanto ard or q u e s e le a c u s ó d e im p o ten cia y d e fa ls ific a c ió n d e s e a d a .
E s a s í q u e, e n su' rol d e tron co, le co rresp o n d e so la m e n te reu n ir lo q u e
v ie n e de la s pro fu n d id ad es y d istrib u irlo m á s le jo s. El no e s tá a h í ni p a ra
servir ni p a ra rein ar, so la m e n te p a ra transm itir.
El ad o p ta por c o n sig u ie n te un lu g a r ex tre m a d a m e n te m odesto. El no re i­
v in d ica la b e lle z a del ra m a je , q u e so la m e n te h a p a sa d o a tra v és d e él.
A ntes d e a b o rd a r el e x a m e n d e los d om inios q u e co m p aro a l r a m a je y
a la s ra íc e s , d e b o de n u ev o a n u n c ia r le s cie rto s escrú p u lo s.
No e s sim p le o r ie n ta rse en un co n ju n to , cu an d o él s e co m p o n e d e e le ­
m entos p e r te n e c ie n te s a d im en sio n es d iferen te s; la n a tu ra le z a e s un co n ju n to
de e s te g én ero , lo m 'sm o q u e su im a g e n tran sfo rm ad a, el arte.
E s difícil e n g lo b a rlo , y a s e a n a tu ra le z a o a rte, en u n a visto: g e n e r a l, y es
m á s incóm odo a ú n d e co m u n ica r esto a los otros.
En efecto, p a ra tra ta r u n a form a en el e s p a c io co n el fin q u e a p a re z c a
u n a re p re se n ta c ió n p lá stic a m e n te c la ra , nosotros d isp on em o s solo d e m étodos
q u e se d e sa rro lla n en el tiem po. E so v ie n e de la s in s u fic ie n c ia s tem p o rales
d el d iscurso.
Nos fa lta n a q u í lo s m ed ios de d iscu tir s in té tica m e n te u n a sim u ltan eid ad
a v a ria s d im en sio n es.
A p e s a r d e esto, d eb e m o s o c u p a rn o s se ria m e n te de e s ta s p artes.
C a d a u n a d e e lla s o frec e y a m uch os su je to s d e reflexió n . G u a rd em o s en
su estu d io la c o n s c ie n c ia de q u e s e tra ta siem p re d e u n a a c c ió n e je rc ié n d o s e
p a rc ia lm e n te , p a r a no em o cio n a rn o s cu a n d o n u e v a s b ú s q u e d a s ig u a lm en te
p a rc ia le s , n os lle v a n en u n a o tra d irecció n , en o tras d im en sio n es, en u n a v ía
s e p a ra d a , co n e l p elig ro de v er p a lid e c e r el recu erd o d e la s d im en sio n es p re­
ce d e n te m e n te co n sid e ra d a s.
A c a d a d im en sió n q u e s e p ierd e tem p o ra ria m en te, n o so tros d eb e m o s d ecir:
" e s t á s v o lv ién d o te p a sa d o , p ero p u ed e s e r q u e arrib em o s en s e g u id a a un
punto crítico y q u iz á s feliz de la n u e v a d im en sió n q u e te v o lv erá d e nu evo
p re se n te ".
Q u é p a c ie n c ia n o s s e r á n e c e s a r ia cu a n d o u n n ú m ero siem p re c re c ie n te
d e d im en sio n es nos h a g a c a d a vez m á s d ifícil la re p re se n ta c ió n sim u ltá n e a
de d iv e rsa s p a rte s d e e s ta estru ctu ra.
_
E ste fen ó m en o d e la sim u lta n eid a d a v a ria s d im en sio n es, a lc a n z a d o d esd e
h a c e tiem p o en e so q u e s e lla m a la s a rte s p lá s tic a s , q u e la m ú sic a ig u a l­
m en te, a rte d e tran scu rrir, cre ó por l a p re cisió n so n o ra e n l a p o lifo n ía, y q u e

2

�| FU N D A C IO N E S P IG A S
[■ Bísanos Aires - Argentina

lle v a el d ra m a a su punto cu lm in an te, no nos e s co n ocid o, a y , en el dom inio
d e l a e n s e ñ a n z a d id á ctica .
E l co n ta cto en tre la s d iv e rsa s d im en sio n es d e b e r e a liz a rs e a q u í por lo
e x terio r d e m a sia d o tard e.
Q u iz á s p o d ría h a c e rm e co m p ren d er su ficien tem en te p a r a q u e ex p e rim e n ­
te n m e jo r y m á s rá p id a m e n te d e la n te d e u n a u o tra de m is o b ra s lo q u e e n ­
tien d o por e s e co n ta cto p lu rid im en sion al.
In term ed iario m od esto, q u e no s e co n fu n d e co n el r a m a je , pod ré p u es
h a c e rle s e n trev er u n a luz r ic a e irra d ia n te.
Y a h o ra a l h ech o : la s d im en sio n es d el cu adro.
He h a b la d o h a c e un rato de los a c u e rd o s en tre el r a m a je y la s ra íc e s ,
e n tre la o b ra y la n a tu ra le z a , y e x p liq u é su d ife re n c ia por lo s dos d om inios
d e la tie rra y del aire , y por l a s fu n cio n es d e profund idad y d e altu ra.
En la o b ra d e arte, co m p a ra d a a l ra m a je , se tra ta de la n e c e s id a d d e u n a
d efo rm ació n por la e n tra d a en la s d im en sio n es p ro p ias a la cre a ció n , p u es
e s a ello q u e tien d e el ren a cim ie n to d e la n a tu ra le z a .
¿ C u á le s son e s a s d im en s; o n es?
E n prim er lu g a r la lín e a , el v a lo r y el color, to d a s n o cio n e s p lá s tic a s m ás
o m eno s lim itad as.
C ontinu ará.

quién e s Culpable?

3

�s. c. 1 c o n j u n t o s a l sip u e d e s,
córdoba.

urbanización de las sierras de córdoba
Plano de H ans Fisch er

El proyecto adjunto representa un estudio para la construcción
de un barrio de turismo en Salsipuedes, Sierras de Córdoba. El
plano prevee en su primera etapa la urbanización de la parte del
terreno más cerca a la Ruta que comunica esta zona con la Ciudad
de Córdoba, El estudio se realizó no solamente teniendo en cuenta
las exigencias y necesidades de una obra de tal importancia, sino
también se trató de llegar a una solución verdaderamente satis­
factoria en el concepto arquitectónico considerando la •integración
del conjunto con el paisaje, dando así ejemplo de un trabajo rea­
lizado aprovechando las posibilidades que brinda el arte y la téc­
nica contemporáneas. Si hablamos de obras de un valor propio y
real, hablamos de una arquitectura hecha sin convenciones y sin
dejar serla un instrumento o artículo comercial. Formas y estilos de
los tiempos pasados apocados chora ya no tienen más sentido y
' serían no solamente falsificaáones, sino también ridículos. Como
siempre la arquitectura fué uno de los factores más importantes
para expresar el espíritu de una época, el progreso técnico de. nues­
tro tiempo implica ya por sí mismo una completa reorganización de
la construcción.
El planeamiento de este barrio nuevo parcialmente no resultó
tan fácil, porque teniendo un terreno con una superficie total de 187

�hectáreas ya loteado, la distribución de las calles se opuso a una
solución clara y ordenada. Así resultaron los dos planos S. C. 3 y
3A el último más favorable y según el concepto arquitectónico que
rige el plano general.
Tres edificios principales forman el "corazón" del barrio: un
Hotel, el Club y la Capilla. El Hotel con 4 pisos tendrá todas las
comodidades necesarias y un jardín de infantes con pileta de nata­
ción. Por su ubicación favorable está asegurado el asoleamiento de
todas las habitaciones y una amplia vista sobre el paisaje. Apro­
vechando la extensión de uno de los valles cerca del Hotel está
prevista la construcción del Club, que ofrece todas las posibilida­
des para las actividades deportivas y sociales más preferidas, como
por ejemplo presentaciones teatrales y cinematográficas. Por la for­
ma de la planta los ambientes no solamente se destacan en su fun­
ción, sino también se integran con la variedad que presenta la na­
turaleza. La capilla está ubicada en tal forma que sea fácilmente
acces’ble para los habitantes del barrio y para los viaieros en el
camino hacia y desde Córdoba. El Club y la Canilla están proyec­
tados aplicando el MODULOR de LE CORBUSIER. 50 casas indivi­
duales (primer grupo) para familias de 2 hasta 10 personas forman

5

�parte del conjunto. Como Servi­
cios Generales para todo el ba­
rrio se ha previsto un Consulto­
rio Médico en el 2? piso del Hotel.
Una Estación de Servicio con un
Taller Mecánico será construida
sobre la entrada al campo. El
estacionamiento de coches se
realizará por medio de una pla­
ya cubierta y conectada con el
Hotel que da lugar a 100 auto­
móviles. En el curso de la am­
pliación del conjunto serán cons­
truidas otras playas del mismo
sistema en los puntos más con­
venientes para descentralizar el
tráfico y llevarlo por calles sepa­
radas de las viviendas.
Murales y esculturas forman
parte del proyecto.
Es interesante agregar que el
plano se realizará por inversión
de Capitales del Exterior; a nues­
tro parecer es lamentable que
en el país no se encuentre quien
reconozca los valores y la im­
portancia de una planificación
seria y ordenada. Ya han sido
realizados algunos barrios en el
país pero hasta ahora no existe
ninguno que por su planeamiento
exprese el concepto de una ar­
monía —de orden y progreso—,
los dos fundamentos que aseauran una vida agradable al hom­
bre y hacen propicio el desarro­
llo cultural.

�el

ángul o

por M artin Blaszko
Su a p lica ció n y control en la o b ra p lá stica
Y a m uch os a rtista s m od ernos e s tá n sin tien d o la n e c e s id a d im p e rio sa de
co n ta r p a ra la c o n ce p c ió n y re a liz a c ió n d e su s c re a c io n e s form ales, co n u n a
h e rra m ie n ta a n á lo g a a los c á n o n e s u sa d o s por los g rieg o s y los m a estro s de
o b r a del m edioevo. S i se o b se rv a n d e te n id a m e n te los tr a b a jo s d e alg u n o s
p in to re s y e scu lto res de hoy, d e s c o n c ie rta m u ch as v e c e s y eso d e u n a m a n e ra
co n sid e ra b le , l a fa lta d e co h esió n en los ritm os, la a rb itra rie d a d de l a com po­
sic ió n y c a s i siem p re, la a u s e n c ia de u n ''leitm o tiv " p lá s tic o p red o m in an te.
E l co n o cim ien to y la a p lic a c ió n d e r e g la s y le y e s u n iv e rsa le s d e la n a tu ra ­
le z a , unidos a u n a p a sió n c re a d o ra in te n s a p erm iten re a liz a r o b ra s e n la s
c u a le s los v icio s a rr ib a m en cio n a d o s p u e d e n se r red u cid o s d e u n a m a n e ra
e fe ctiv a . El control de los á n g u lo s en la co m p o sició n e s u n a de e s ta s re g la s.
E l prim er y a i p a re c e r ú n ico de los p in to res m od ernos en co n tro lar el á n g u lo
a tra v é s d e tod a u n a o b ra h a sido P iet M ond rian. L a so lu ció n p ro p u esto por
M o n d rian co n stitu y e la a p lic a c ió n co n sta n te d el á n g u lo de 90 g rad o s. E n u n a
d e su s últim as o b ra s sin e m b a rg o (V ictory B o o g ie-B o o g ie) h a c e un esfuerzo
por s a lir de la m on oton ía d e e s te tipo d e co m p o sición y lim ita l a o b ra con
re c ta s de 45 g rad os en re la c ió n a la co m p o sición o rto g on al. A q u ello s a rtista s
q u e q u e ría n ev itar a rb itra rie d a d e s en l a in clin a ció n d e la s lín e a s d el e s q u e ­
leto estru ctu ral no v iero n o tra s a lid a q u e se g u ir el cam in o trazad o por Piet
M ond rian. S e p la n te a a h o ra el p ro b le m a d e s a lir d e la m on o to n ía d el á n g u lo
d e 90 g ra d o s sin a b a n d o n a r el control té cn ico , a m p lian d o el d esa rro llo d e la
rítm ica lin e a r, m a n ten ien d o la co h esió n en tre los ele m e n to s e stru ctu ra le s y
re d u cie n d o a un m ínim o la s re la c io n e s ca p ric h o s a s y a n fio r g á n ic a s . E s ta s id e a s
h a n sido d e sa rro lla d a s en la o b ra "H arm o n ía P la n ta ru m ", de H ans K a y se r f1),
q u ie n sig u ió la s o p e ra cio n e s h e c h a s por K ep ler en su "H arm o n ice M u nd i". Es
m uy v a lio sa la a y u d a q u e p u ed en b rin d a r a los a rtista s a n s io so s d e d e sc i­
frar la s le y e s de m ovim ien tos y estru ctu ra ció n d e l a n a tu ra le z a . El sistem a
d e l control d el á n g u lo a so m b ra por su se n cille z y fá cil m a n e jo . C o n sid erem o s
u n a re c ta q u e g ira a lred ed o r d e uno d e su s pu ntos fijos (Fig. N? 1). F o rm ará
á n g u lo s d istintos. E l giro com p leto form a el á n g u lo d e 360 g rad o s, un círcu lo.
S e p u ed e m a n ten er 2 form as de control en los tra b a jo s : 1) el control d el á n ­
g u lo co n sta n te, 2) el control d el á n g u lo d esarro llad o . El prim ero h a sido a p li­
ca d o por P iet M o nd rian com o se d ijo an te s; y so la m e n te en la p o sició n d e
90 g ra d o s (Fig . N9 2 a ). El á n g u lo co n sta n te p erm ite ta m b ié n o tras v a ria n ­
tes (F:g . N? 2 b ). E stu d iarem o s a h o ra el control del á n g u lo d esa rro lla d o , tierra

2a) c o m p o s ic ió n b a ­
sada
en
el
á n g u lo
c o n s t a n t e d e 90 g r a ­
dos.

2b) c o m p o s ic ió n b a ­
s a d a en á n g u lo s de
78 g r a d o s y 102 g r a ­
dos r e s p e c tiv a m e n te .

1) á n g u l o s d e d i f e ­
rentes
aberturas

�3)
c o lo c a c ió n
del
á n g u l o d e 60 g r a d o s
a lre d e d o r
de
una
v e rtic a l
según
su
orden
de
a p a ric ió n
c íc lic a .

4) e l á n g u l o d e 180
g ra d o s ha sid o d i v i ­
d id o
en
6 á n g u lo s
ig u a le s .
En
cada
e t a p a de su a s c e n ­
sió n h a sid o d i s m i ­
n u id o en un se x to .
L a s d ista n c ia s entre
los á n g u l o s t a m b i é n
están
re du cida s
en
la
m ism a
propor­
ción.

5)
desarroM o
desde
la
h o riz o n ta l
de
4
á n a u 'o s
r ig u r o s a ­
m e n te c o n tro la d o s .

6) e s a u e m a d e 2 á n ­
g u lo s ig u a le s a p lic a ­
d o s a la e s c u l t u r a .

y

V

v irg en p a r a m uch os p lá stico s de hoy,
a u n q u e los co n stru cto res d e la s ca te d r a ­
les g ó tic a s lo co n sid e ra ro n y a e n to n ces
u n a h e rra m ie n ta in d is p e n sa b le p a r a el
d iseñ o de su s o b ra s. E l o b serv a d o r a te n ­
to p e r c ib e en el trazad o d e la a rq u ite c ­
tu ra m ed io ev a l el p ro ced im ien to q u e e s­
tam o s refirien d o.
U n a re c ta form a 6 á n g u lo s ig u a le s en
su recorrid o p a ra co m p letar un círcu lo
(Fig . N? 3). U b icam o s esto s á n g u lo s (Fig.
N° 4) se g ú n su orden d e a p a rició n en
lín e a re c ta d e a b a jo h a c ia a rrib a . El e fe c ­
to lib e ra d o r de u n a o b ra es tan to m ás
co m p leto en cu a n to la m ism a p erm ite a l
e sp e c ta d o r a tra v é s d e la co n tem p lació n
reco rrer e l c iclo en tero d e u n a ten sió n
d esd e su bro te h a s ta su d ecliv e; la e s ­
p iral e s tá re a liz a d a a h o ra co n el total de
la s d iferen te s p o sicio n e s d el á n g u lo en
u n a su ce sió n v ertical. A p ro v ech em o s n u e s­
tros co n o cim ien to s d e p e rsp e ctiv a , d ism i­
n u y en d o el esp e so r d e la s re c ta s ta m b ié n
d e a b a jo h a c ia a rrib a . L a s d is ta n c ia s e n ­
tre la s r e c ta s ta m b ié n se p u ed e propor­
cio n a r rig u ro sa m e n te (F ig . N? 4).
C o n sid erem o s a h o ra a n te s d e seg u ir con
la a p lic a c ió n d el á n g u lo co n tro lad o a u n a
esc u ltu ra el p ro b lem a d el ojo. S a b e m o s
q u e el ojo p e rc ib e todo en p e rsp e c tiv a in ­
clu so 2 form as p la n a s d e un p lano. La
p erce p ció n a c tú a d e m ay o r a m enor. El
teó rico (3) q u e a firm a q u e n u e stra visión
a c tu a l es a p e rsp e c tiv a , s e olvidó d e com o
fu n g o n a el ojo. El o jo e n fo c a en p e r sp e c ­
tiv a com o el co razó n h a c e 70 co n tra c c io ­
n e s por m inuto. No s e p u ed e s e p a ra r la
p e rsp e ctiv a d el a cto visu al. El a rtista c re a
un co lo q u io en tre la s form as q u e co n cib e
v su ojo. Los elem e n to s p lá stico s tien en
q u e se r por lo tan to o rd en ad o s en p e rs­
p e c tiv a p a r a co n form ar a n u e stra n a tu ra ­
le z a o s e a a la m a n e ra de e n fo ca r del
ojo. P artim os a h o ra d e u n a horizon tal: la
le v a n ta m o s d e 0 g ra d o s a 45 g rad o s (Fig.
N? 5). No tom am o s en c u e n ta a h o ra la s
m ed id as de e s ta s re c ta s y tam p o co la s
d is ta n c ia s en tre e lla s. A p liq u em os so la ­
m en te la le v d el m o v in ren to "D erech o ,
Iz q u ie rd a ". H em os lle g a d o a un e sq u e m a
p jersp ectiv o . El c re sce n d o y d e cre sc e n d o
e s otro a s p e c to d e la p e rsp e ctiv a . S e p u e­
d e ju g a r co n esto s e lem e n to s aco rta n d o y
en sa n c h a n d o la s re c ta s . L a s c o m b in a c io ­
n e s son in fin itas d entro d e un siste m a de
control riguroso. En Ja e sc u ltu ra d el autor
(Fig. Ni1 6) se a p licó dos á n g u lo s c o sta n ­
tes y la r e g la "D erech o , Izq u ierd a ".
(1) ‘ H a rm o n ía P la n ta r u m ” de H a n s K a y s e r,
O c c id e n tv e rla g Z ü rieh . E n e s t a o b ra h an
sido a n a liz a d a s tod os los a sp e c to s de la
sido a n a liz a d o s todos los a sp e c to s de la
fo rm a y de la fu n ció n de la s p lan tas
d esde el pu nto de v is ta de la a rm o n ía .
(2) E n la in tro d u cció n del lib ro ‘‘A r tis ta s
a b s tr a c t o s A rg e n tin o s ", B u en o s A ires,
1955, Aldo Pfcllegrini h a c e su y a la id ea
de “la a p e r s p e c tiv a ’’ de G eb ser.

�júbilo 1956
M artín B la sz k e

9

�a propósito
de las figuras
ambiguas
por P.aúl S cía rre tta

L a c ie n c ia y el arte im p rov isad os d e se m b o c a n e n la esterilid ad .
L a c re a c ió n su p o n e u n a g a m a v a ria d a de e la b o ra c io n e s . E sto lo s a b e
b ie n el a rtista q u e a su m e p le n a m e n te su s e x p e rie n c ia s v ita le s y lle g a a s í fe­
cu n d ad o a l cu m plim ien to d e su s a u té n tic a s p o sib ilid a d e s. No re su lta p u es
extrañ o q u e la s b ú s q u e d a s d el a rte a c tu a l se m u ev a n co n ta n am p lia lib erta d
y co n la p le n a c o n c ie n c ia de l a b ú sq u e d a .
El a m b ie n te filosófico y cien tífico d e n u estro tiem po, co n d ice y refu erza
e s ta in q u ietu d . V em os a d iario q u e lo s dom in ios ce rra d o s v a n p o co a p oco
p a sa n d o a se r recu erd o s ca d u co s. E n form a in siste n te se h a c a ra c te riz a d o e sta
crisis q u e re n u e v a tod as la s p e rsp e ctiv a s y liq u id a los m á s v ie jo s su puestos.
Por eso p en sa m o s, q u e no e n v an o m uchos a rtista s se p ro b iem a tiz a n hoy
co n la c ie n c ia , d e ig u a l m odo q u e los cien tífico s co n o c e n los d e s a s o s ie g o s
d e la in co m p ren sió n e s té tic a . C a b e s e ñ a la r u n a vez m ás, el ap o rte n o v ed o so
d e la s ú ltim as in v e s tig a c io n e s d e los p sicó lo g o s a l te m a d e la p ercep ció n ,
d el e sp a cio , d e la e x p e rie n c ia co rp oral, com o ta m b ié n el cap ítu lo a ú n jo v en
d e la e s té tic a exp erim en tal.
N uestros co n o cim ien to s h a n in co rp o rad o los co n cep to s d e la m uy co n o­
c id a te o ría d e la " g e s ta lt" , h a b la m o s d e estru ctu ra s, de le y e s d e in te g ra ció n
y d e sin te g ra ció n estru ctu ral, d e re la c io n e s d e fondo y form a. A qu í e s n u estro
propósito m ostrar el am p lio p a n o ra m a q u e a b r e n la s lla m a d a s fig u ras a m ­
b ig u a s .
P a ra ello co n v en g a m o s p rim eram en te co n P ieron , q u e la s re a c c io n e s p er­
ce p tiv a s e s tá n re g id a s d entro de u n a a ctitu d m ucho m á s g e n e r a l q u e e s e s b o ­
zo d e u n a co n d u cía . Por tan to cu an d o c a m b ia u n a a ctitu d c a m b ia ig u a lm en te
la p e rce p ció n
Esto s ig n ific a en térm in os sim p les q u e la d isp o sició n e s un p relim in ar
in d is p e n sa b le de la p ercep ció n . V er azu l no es sim p lem en te re c ib ir p a s iv a ­
m en te u n a im p resión se n so ria l, sin o q u e e s u n a p a rticip a ció n p o sitiv a; se
d e scu b re por a s í d ecir, el azul, en un a p ro p iad o tono p o stu ral. En la e x p e ­
rie n c ia la s p e rce p cio n e s se reú n en , s e in te g ra n , s e tran sfo rm an en un m ovi­
m iento contin u o d e form es y co n tra ste s q u e m an tie n e n p e rm a n e n te re fe re n c ia
a u n a co n d u cta. S im u ltá n e a s y su c e s iv a s p e rce p cio n e s tien en un co n ten id o
qu e sirve de función u n ifica d o ra y es su sen tid o. Un co n ju n to d e pu ntos se
u n en en la p e rce p ció n p a r a se r a lg o m á s q u e m era su m a, e s d e cir a d q u ie re n
el sen tid o de figu ra. L as fig u ras a m b ig u a s, a c u y a e x p e rie n c ia v isu a l propo­
n em o s los e jem p lo s 1 y 2, tie n e n el cu rio so c a r á c te r de m ostrar d istin to s s e n ­
tidos se g ú n la actitu d d el esp e cta d o r.
En p a rticu la r la fig u ra 1, q u e h a sido lla m a d a e s c a le r a de S ch ro ed er, p e r­
m ite ver los e s c a lo n e s y a co n b a s e inferior y a com o lin a e s c a le r a in v ertid a;
e s ta p ro p ied ad q u e tan to lla m a la a te n ció n a p a r e c e m á s sim p lem en te en los
died ros a isla d o s, q u e s e m u estran y a có n c a v o s y a co n v exo s. E ste c a r á c te r tan
p e c u lia r d e la s fig u ras a m b ig u a s d e un m odo m uy p a te n te a n u estro p a re c e r
e s tá se ñ a la n d o no sólo u n a p e rsp e c tiv a e s p a c ia l, sin o m ás o rig in a lm e n te un
a b rir p ercep tiv o d el e s p a c io p lá stico . E s d ecir q u e si ten em o s en cu e n ta de
modo ex p reso e s ta p o sib ilid ad , re su lta n c o in cid e n te s la s e x p e r ie n c ia s d e la s
a rte s p lá s tic a s y a q u e lla s d e la n u e v a p s ic o lo g ía fe n o m e n o ló g ica , e n u n a re ­
su lta n te q u e p o d ríam os lla m a r in terp reta ció n d in á m ic a del esp a cio .
E n ten d ien d o q u e el ho m bre e s el “re v e la d o r" a ctiv o d el e s p a c io en tanto
es él m ism o e sp a c ia liz a n te .
A m odo d e co n clu sió n d e esto s a tis b o s p a r e c e d esp ren d er q u e el arte
a c tu a l no só lo sig n ific a lib e rta d d e b ú sq u e d a ; com o d e cía m o s a l co m en zar;
lib e rta d d e ex p resió n , sin o ta m b ié n u n a m ay o r lib ertad co m u n ica tiv a d e la
o b ra e sté tic a . E n o tra s p a la b r a s el a rtis ta p erm ite a l esp e cta d o r, in terp reta r
de modo d ecid id o el a c o n te c e r artístico de la s o b ra s p a rticip a n d o en ella s.
Todo lo dich o v a lg a co n tra el g a sta d o “s lo g a n " de un a rte com p rom et:do,
en tan to se lo en tie n d e d esd e v ie jo s p re ju ic io s ra c io n a lis ta s y s e o lv id a a s í
q u e el acto cre a d o r tra n scu rre p le n a m e n te en lo cre ad o . El arte a u té n tico no
se co n fu n d e co n el a rtificio ni co n la sim u lació n , e s siem p re nu evo, a u n q u e
su p o n g a un p a sa d o : e s a rte sin m á s c a ra s , p o rq u e c re a r y p e n sa r v ie n e n d esd e
lo hondo, a s í lo d ice el p o eta:
“ Q u ien lo m á s profundo h a p en sa d o , a m a lo m á s vivaz:
“ E n tien d e la a u g u s ta ju v en tu d q u 'e n h a e sp a rcid o su m ira d a por el m undo:
“ Y a m enu do los s a b io s term in an por in clin a rse a n te lo b e llo ."

10

�11

�exposiciones

m als¿a

: ...
grupo anfa en galatea

12

�rómulo macdo
p in tu ra 1956

hebe grondona
p in tu ra 1956

martha boto
p in tu ra 1956

13

�actualidad argentina
• El m u seo n a c io n a l de B e lla s A rtes m ostró én la e x p o sició n
re a liz a d a d u ran te los m e se s ju n io y ju lio, o b ra s d el escu lto r
tullo. E ste h a sido el prim er co n ta cto d el p ú b lico d e n u e stra
o b ra d el artista , fa lle cid o en 1953 e n P arís. L a ú n ic a n o tic ia
c ia y del tr a b a jo d e V itullo n os l a dió h a c e a lg u n o s a ñ o s el
B. R odríguez en u n a cró n ica p u b lic a d a en u n a re v is ta d e
ca p ita l.

d e escu ltu ra,
a rg e n tin o Viciu d a d co n la
d e la e x iste n ­
crítico E rnesto
a rte, d e e sta

• Ju liá n A lth ab e, el re a liz a d o r d e fin a s estru ctu ra s e s p a c ia le s , h a sid o nom ­
b ra d o in terv en tor d e la E s c u e la d e B e lla s A rtes d e p e n d ie n te d e la U ni­
versid ad de C ó rd oba.
• E n la g a le r ía G a la te a exp u so en ju lio la p in to ra G ro n d o n a. E s ta e ra la
p rim era m u estra ind iv id u al de e s ta artista.
• C o n fin es d id á ctico s h a n sido h a b ilita d a s s a la s d e d ic a d a s a l re a lism o y
n atu ralism o en n u estro m u seo d e B e lla s A rtes. S o la m e n te la co n fro n tació n
to lera n te de d istin tas te n d e n c ia s p erm ite e d u ca r, d e sa rro lla r y d esp erta r
en tu siasm o en el p ú blico. N in gu n a te n d e n c ia s e im p o ne por d ecreto. S a ­
lud am os e s ta m ed id a op ortu n a.
•

Aldo P elleg rin i d isertó so b re el g ra b a d o r in g lé s H ay ter en el ciclo d e co n ­
fe re n cia s o rg an izad o por el M useo.

•

A p areció "N o a ", re v is ta m en su a l d e d ic a d a a la d ifu sión y p o lé m ica de los
p ro b lem a s del arte d e v a n g u a rd ia . L a d irig e F ra n co Di S e g n i.

• El pintor T om ás M ald on ad o h a b ló en la fa cu lta d de a rq u ite ctu ra so b re el
tem a "E d u c a c ió n ”.
• En la s s a la s d e e x p o sició n d ep e n d ie n te s d e la s e c r e ta r ía de C u ltu ra de la
M u n icip alid ad d e B u en o s A ires se r e a liz a un ciclo d e p ro y e ccio n e s de p e ­
líc u la s de arte. L a d irecció n de e s ta s s a la s co n sid e ra la ex ten sió n d el ho­
ra d o de v isita s com o ta m b ié n el a c c e s o d u ran te los d ía s s á b a d o s y d om in­
gos. M uy a c e r ta d a la in icia tiv a .
• L a a s o c ia c ió n "E stím u lo d e B e lla s A rtes” o rg an izó u n a m u estra d e la a ctu a l
e sc u ltu ra a rg e n tin a . C on p o c a s e x c e p c io n e s e s ta b a n r e p re se n ta d a s to d as la s
te n d e n cia s. N aum C o ljm a n e s ta b a a ca rg o d e la exp o sició n .
•

" L a p in tu ra fra n c e s a d el sig lo 20" e s
q u e E duardo Jo n q u iere s p ro n u n cia en
b rad o profesor ad ju n to de h isto ria d el
de la U n iv ersid ad de L a P la ta . Profesor

el título de la se rie d e c o n fe re n c ia s
la A lia n z a F ra n c e s a . H a sido nom ­
a rte en l a fa cu lta d d e h u m an id ad es
ttiu lar e s Julio E. P ayró.

• L a a s o c ia c ió n A rte N uevo org an izó u n a m u e stra d e o b ra s d e su s socios.
L a m ism a tuvo lu g a r en la s s a la s d e la s e c r e ta r ía d e cu ltu ra d e l a M u­
n icip alid ad .
•

M arta Boto ex h ib ió en la g a le r ía G a la te a un co n ju n to de p in tu ras.
E xposición In tern acio n al de E scu ltu ra - B uenos A ires 1957

El S e c re ta rio d e C u ltu ra d e la M u n icip alid ad , d octor O s c a r R. P u ig grós,
a n u n ció d ía s p a sa d o s a la p re n sa q u e se e s tá o rg a n iz a n d o la " I r a . E X P O S I­
CION INTERNACIONAL DE ESCU LTU RA AL AIRE LIBRE”, co n la p a rtic ip a ­
ción de 32 p a íse s , la q u e s e r á in a u g u ra d a el 11 d e n o v iem b re d el próxim o
a ñ o en el Jard ín B o tán ico d e la C iu d ad d e B u en o s A ires.
Al ap la u d ir tan in te re s a n te in icia tiv a , n o so tros d e se a m o s ver un ja ló n
p la n te a d o p a ra u n a p ró xim a e x p o sició n in te rn a c io n a l en la c u a l d e b e r á en ­
g lo b a r no so la m e n te la e sc u ltu ra sin o to d a s la s a rte s v isu a le s.

14

�actualidad extranjera
•

E n l a sé p tim a c u a d rie n a l de A rte d e R om a, el ju ra d o p resid id o por Ja q u e s
V illon ad ju d icó e l p rem io "P rix d e P a rís " a l v a n g u a rd is ta p lá stico y lite­
ra rio d el futurism o y del arte a b s tr a c to E n rico P ram p olini. E l prem io p a r a
e sc u ltu ra co rresp on d ió a l h a s ta ho y d esco n o cid o T riestin o G iu se p p e Negrisin.

•

Los prem ios d e A rte d e la R e p ú b lic a A u s tría c a d estin a d o s a d e s ta c a r la
total o b ra re a liz a d a por un a rtista a tra v é s d e su v id a h a n sido co n ced id o s
a l p o e ta Franz T eod or C sokor, a l pintor O sk ar K ok osch k a y a l escu lto r Fritz
W otru ba.

•

A la e d a d de 88 a ñ o s fa lle ció en S e b iill (A lem a n ia ) Em il Nolde, el d e c a ­
no de los e x p re sio n ista s a le m a n e s. S u o b ra e s a c tu a lm e n te e x h ib id a en la
B ie n a l d e V e n e cia .

•

L a g ra n E x p o sició n de A rte d e M unich (A le m a n ia ) a lb e r g a r á e ste a ñ o tam ­
b ié n o b ra s de a rtista s fra n c e se s. Un co n ju n to de 120 tr a b a jo s h a sido e n ­
v iad o por interm ed io d e la G a le r ía C h a rp en tier de P arís. E s in ten ció n de
in v itar a e s t a e x p o sició n tod os los a ñ o s a un p a ís distinto.

•

L a c a s a d e A rte de Zurich m ostró e n el m es d e ju n io o b ra s d e Josep h
A lb ers, Fritz G la rn e r y F ried rich V o rd em b e rg e-G ild ew art.
U n a g ra n ex p o sició n re tro sp e ctiv a s e re a liz a a ctu a lm e n te en la B ie n a l de
V e n e c ia , d e Ju a n G ris. L a o rg a n iz a ció n de e ste co n ju n to e s t a b a e n m an o s de
D a n ie l H enri K ah n w eiler.
E l M u seo N acio n al d e V a rso v ia a b rió u n a m u e stra co n m em o rativ a e n o c a ­
sió n d el 350 a n iv e rsa rio d e la m u erte d e R em b ran d t.
En el F e stiv a l d e E d im b u rgo s e o rg a n iz ó e s te a ñ o l a m á s g ra n d e e x p o si­
ció n de G e o rg e B raq u e r e a liz a d a h a s ta hoy. E s ta e x p o sició n duró d el 18
de a g o sto h a s ta el 15 d e setiem b re. H a sta el 11 d e n o v iem b re la m ism a
ten d rá por a sie n to la T a te G a lle r y (L ond res).
L a G a le r ía K lee m an n d e N u eva York ex p u so un co n ju n to d e 20 p intu ras
de W illi B au m eister. Fueron ven d id o s alre d e d o r de 15. En los a n a le s del
co m ercio d e a rte e n los E sta d o s U nid os é ste h a sido uno d e los éx ito s m ás
extrao rd in ario s.
Un co n g re so in te rn a cio n a l d el d iseñ o o r g a n iz a rá el "C o n s e jo d e cre a ció n
p lá s tic a " (R at zur F o rm g eb u n g ) en D arm stad t, A lem an ia.
U n a C o le cció n r e la c io n a d a co n la h isto ria d el S u rrea lism o h a sid o rem a ­
ta d a en el Hotel Drouot de P arís. L a m ism a e r a p ro p ied ad d el b e lg a R en é
G a ffé q u ie n la form ó e n los co m ienzo s d el m ovim ien to su rre a lista d u ran te
su s co n ta cto s p e rso n a le s con A nd ré B retón y A rag ón .
L a U nión S o v ié tic a p a rticip a por p rim era vez en la B ie n a l d e V e n e c ia . E x­
p o n d rá 100 o b ra s en tre p in tu ras, e sc u ltu ra s y d ib u jos.
C oncurso In tern acio n al p a ra el m onum ento a Buddha
El prim er prem io d e e s te co n cu rso h a sido a d ju d ica d o a l a rtista hindú B.
D. K sh irsa g ar, $ 105.000.— .
El seg u n d o prem io a la o b ra co n ju n ta del Ing. A ndruszko y escu lto r Muldn er-N iechk ow ski (P o lo n ia), $ 35.000.— m /n.
El tercero, q u e a s c ie n d e a la su m a d e $ 10.000.— , a los a rq u ite cto s Ulrik
P le sn e r y Erik Jo rg e n se n (D in a m a rca ). H an sido d e c la r a d a s o b ra s de m é­
rito e n e ste ord en : L as de Isam u N oguchi y Tsutom u Hiroi; y d e lo s a r ­
q u ite cto s: K atsum M om uru, Yozo S h ib a ta , Jiro K od era. 2) D u ran d h ar y
K othare. 3) G e o rg F. C o n ley . 4) M. B. A ch w al a n d S. D. S a th e.
E l g o b ie rn o d e la In d ia d ecid ió sin e m b a rg o no e je c u ta r la o b ra p re m ia ­
da. R e a liz a rá el m onum ento de a cu e rd o a su propio p lan.
L a fa cu lta d d e filo sofía del S a rre o rg an izó u n a m e s a red o n d a so b re el
tem a : "Lo in co n clu so com o form a a rtís tic a ". El lu g a r d e reu n ió n e ra el
g ra n Auditorium de l a fa cu lta l. E n la s d iscu sio n e s p a rticip a ro n e stu d ia n te s
y p rofesores.
C o n sta n tin B ran cu si, el pintor d e l a p lá s tic a m od erna, cu m plió h a c e p oco
80 añ o s.
W a ite r G rop iu s re c ib ió de la re in a d e In g la te rr a la R e a l M e d a lla p a ra
A rq u ite ctu ra del añ o 1956. El Prof. G ro p iu s, ^que tie n e a ctu a lm e n te 70 añ o s,
e s m iem bro h o n o rario d el Instituto R e a l d e A rq u itecto s B ritán ico s.

•
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15

�sumario
un en say o de paúl klee
tra d u cció n d e m a n u el á lv a re z

p ág .

1

u rb an izació n en las sierras de có rd o b a
p la n o de h a n s fisch er
pág.

4

el án gu lo
por m artín b lazsk o

pág.

7

a propósito de las figu ras am b ig u as
por ra ú l s c ia r re tta

p á g . 10

exp osicion es

p á g . 12

actu alid ad arg en tin a

p á g . 14

a ctu alid ad ex tra n je ra

p ág . 15

com isión: m. á lv a re z , c. a rd en q u in , m. blazsk o ,
a n a sa ce rd o te , 1. to m a sello , to w as, g. v a rd a n e g a , v. v illa lb a . la p rid a 1598 — I o izq. - b s. a s.

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                  <text>Ejemplares 1 a 6 del Boletín de la Asociación Arte Nuevo, publicados entre 1956 y 1958.</text>
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Sciarretta, Raúl</text>
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                    <text>ANO I * N ° 3 * QUINCENARIO POPULAR ★ ESPECTACULOS, LITERATURA, NOTICIAS, CIENCIAS, ARTES * BUENOS AIRES, 1 NOVIEMBRE 1946 * S 0 ,4 0 -/.,,.

FRENTE A IVAN EL TERRIBLE
Por L E O N K L I M O V S K Y

ESPANTO Y ESPERANZA DE NUESTRO
TIEMPO Por J U L E S R O M A Í N S de la Academia Francesa

(Especial para C a b a l g a t a )

(Especial para C a b a l g a t a )

nueva creación cinematográfica del director ruso Sergio Eisenstein.

Bastaba ese anuncio

de todas las edades que encuentro en diversos lugares del mundo, o que me escriben, me
dicen: "Sufrimos de ansiedad y de descorazonamiento. El porvenir nos espanta. Después de
los horribles años que acabamos de pasar, que exigieron de nosotros — sean cuales fueren nuestro
las ha señalado un importantísimo jalón en la historia del cine; único realizador, probablemente,
país y nuestra condición— tantos sacrificios, esperábamos, claro está, enormes dificultades pero no
que ha limitado su obra de creación a siete films en más de veinte años, todos distintos, todos igual­
un horizonte aún más negro, no esta dimisión de la esperanza.”
mente grandes: desde "La Huelga” , y "Acorazado Potemkin” hasta "Alejandro Nevsky” . . .
Nunca fui mercader de mentiras. No sé darle a otro, los consuelos especiosos en que no creo yo
Y ahora, en este año, da a conocer en la U .R .S .S .; en Estados Unidos, en Francia e Inglaterra
mismo. No trataré, pues, de negar que la situación es pobre en motivos de esperanza y de exaltación.
un fresco inmenso que titula "Iván el
No puedo evitar el recuerdo de que los
Terrible”, y cuya primera parte — no
días siguientes a la otra guerra, pese
sabemos si algún día conoceremos la
a las decepciones que no tardaron en
Col
aboran
segunda, momentáneamente prohibida
traernos, nos parecieron, al principio,
en este número:
en su patria— abarca más de dos ho­
el punto de partida, vacilante, pero
ras de duración. Ese es el film a cuya
caracterizado, hacia un mundo mejor.
JULES ROMAINS
proyección privada pude asistir en
LEON K LIM OVSKY
Las almas jóvenes de 1919 podían tener
■/ili
Montevideo.
G. K. CHESTERTON
inquietudes, desconfianzas. Pero no te­
ANTONIO ESPINA
Conocimos ya en las postrimerías del
nían necesidad de ingenuidad alguna
LORENZO LUZURIAGA
cine mudo — en 1928— otra versión
para admitir que el gran esfuerzo rea­
MARIA
TERESA
LEON
cinematográfica rusa sobre el mismo
lizado, ante sus ojos, en favor de una
ADOLFO SALAZAR
personaje: la del director Tury Taorganización duradera de la paz y de
GONZALEZ CARBALHO
ricli con Yladimir M akaroff en el rol
la común prosperidad, iba a producir,
W ERNER BOCK
de Iván IY de Rusia. Cuadro aluci­
a pesar de todo, con los desechos inevi­
ROM UALDO BRUGHETTI
nante de una época obscura y sinies­
tables, resultados positivos. En espe­
ALBERTO G IRRI
tra, enmarcada en la superstición y la
cial, parecía cierto que la humanidad
LEON MIRLAS
crueldad de la Edad Media, pintaba
MARCEL TH IBAU T
estaba curada, para mucho tiempo, de
con rasgos dignos de Daumier o Doré,
MANUEL VILLEGAS LOPEZ
la locura guerrera. ¿N o era esto, de
FELIPE ARCOS RUIZ
una corte siniestra, decadente y sin
por sí, una compensación por los su­
ESTELA CANTO
piedad que se movía bajo el signo de
frimientos y una razón suficiente para
EDUARD HELSEN
la voluntad arbitraria, de un monarca
alentar el entusiasmo?
CLAIRE VENDÓME
enjuto e* irónico, inteligente e inescru­
Hoy las dificultades propiamente p o­
SERGIO
LENNARD
puloso, que después de estrangular a
líticas y diplomáticas son aun más gra­
JULIO C. FIGUEROA
su esposa, se asomaba imponente a la
ves que en aquel tiempo. Los princi­
Una página de ciencia, por
corte aterrorizada, para anunciar con
Escena del film ruso
Slrateinsky.
pales partícipes del debate están, sin
JOSÉ O TERO ESPASANDIN
voz dolorida y digna: "Nuestra Zarina,
"Iván el Terrible” .
(Véase artículo página 17 .)
comparación, más profundamente divi­
ha muerto . .
Una página de m odas, por
didos. Pero, a mi entender, hay algo
FRANCISCO JAUMANDREU
Totalmente opuesta a aquélla en su forma de interpretar la historia, la
peor. Es el estado de espíritu, en el sentido general y mundial de la expresión.
Ajedrez, por el profesor
obra de Eisenstein nos enfrenta al Iván voluntarioso y fuerte, que logró
El estado de espíritu, en el período inmediatamente posterior a la otra guerra,
FRANCISCO BENKÓ
unificar su país, contra el grupo feudal de los boyardos, separados entre sí;
contenía, sin duda, un elemento confuso y dudoso; escondía, incluso, gérmenes
Reportajes gráficos. Crítica de
que supo conquistar a las tribus y pueblos vecinos, que entrevio la inmensi­
peligrosos que iban a desarrollarse rápidamente, para desgracia del mundo. El
libros. Crítica de cine. H um or;
dad del actual territorio euro-asiático, y que tuvo la dignidad de exilarse vo­
gusto de la violencia y de la aventura apuntaba demasiado claramente. Pero,
luntariamente en determinado momento, hasta lograr que el pueblo, unifi­
en conjunto, aun tendían a dominar cierta generosidad, cierta confianza en el
cado también en su deseo de una pa­
hombre y en su destino, cierta fe en
tria única, viniera en su busca para
la eficacia de las ideas morales.
darle el poder necesario para construir
El estado de espíritu actual es para
su obra. Un Iván altivo, que irradia
causar espanto. La atmósfera moral
dignidad y sugestión maravillosas, en
que respiramos es la más tóxica que
la figura inmensa y hermosa de ese
la humanidad haya conocido desde hace
actor también inmenso que es Chersiglos. Sería larga tarea hacer el aná­
kasov, aquel in o lv id a b le Alejandro
lisis. Nos bastará con citar algunos
Nevsky de su obra anterior . . .
ingredientes.
Ciertos apresurados críticos europeos
No han sido eliminados, en verdad,
que expresaron desconcierto o descon­
los principios mortales que habían enve­
tento ante ese magistral film, no to­
nenado, poco a poco, a nuestra civili­
maron en cuenta la absoluta diferencia
zación entre las dos guerras. Subsiste
que media entre el mismo y la gene­
su estructura; únicamente se han p ro­
ralidad de los films que constituyen el
ducido cambios superficiales y de en­
espectáculo cinematográfico. "Iván el
voltura. (Pero la envoltura no repre­
Terrible” no puede juzgarse con la me­
senta gran cosa. Lo que importa es el
dida de una película común y mucho
tenor psicológico íntimo.) ¿Cuáles son
menos ante una primera exhibición,
las subsistencias venenosas? El fana­
que apenas si deja entrever el tesoro
tismo, ante todo. La intolerancia, con­
de magnificencia plástica, que encierra
siderada a la vez como virtud y como
en sus seiscientas y pico de imágenes.
excitación agradable. El sectarismo tro­
Iván el Terrible* es, desde ese punto
cado en deber. La condena del p r ó ji­
de vista, desmesurado, enorme en su
mo sin reservas ni matices, en nombre
tamaño, granítico en su consistencia.
de la ideología (como en los peores
• Creo que la postura del espectador
tiempos
de las guerras de religión del
frente al film, debiera ser similar a la
siglo deciséis); el pretexto ideológico
que exigía aquella otra obra inmensa
que disimula, a menudo, lo mismo que
que se tituló "El martirio de Juana de
entonces, el odio brutal, la codicia ma­
Arco ’, de Cari Dreyer, que por cierto
terial, el deseo de poder y de goce.
provocó en esos mismos críticos idén­
Se denuncia la herejía del otro, con
tico descontento, igual desconcierto e
objeto de despojarlo de sus bienes, de
incomprensión. Como allí, nos enfren­
su posición y, si es necesario, de su
tamos en "Iván el Terrible”, con ,1a
vida.
cieación plástica que obliga a la con­
Pues a esas sombrías pasiones se
templación cuidada y repetida de imá­
añade el desprecio total de la vida del
genes que pasan fugazmente, agrupa­
prójim o, por poco que nos moleste.
das en un enorme bloque que escapa
Tres siglos de progresiva suavización
al criterio y a la resistencia habituales.
de las costumbres, desembocan, de p ron ­
Y en ello reside, precisamente, parte
de su grandeza.
to, en el gusto y el respeto de la vio­
lencia. La crueldad no es ya más que
La coronación: grandes planos de
un peeadillo, cuando no se la considera
monedas de oro que bañan al adoles­
cente ungido, enormes rostros de po­
como una virtud viril. Con tanto m ayor
pes que cantan la consagración, co­
motivo, los abusos de poder, el arbi­
lumnas anchas V pesadas que certifi­
trio del príncipe, el acto despótico, la
can la solidez del cargo, oro y carmesí,
violación de las reglas y de las fo r ­
paredes claras sobre las que se recorta
mas, el atropello perpetrado por la
el rostro inspirado del joven monarca,
policía, hasta el crimen judicial, hallan,
envuelto en un manto hermoso. Y de
una tolerante indiferencia. Todo el p ro ­
pronto la mística, la afloración de una
blema, para las almas menos endure­
angustia, de una misión enorme y fir­
cidas, es eludir uno mismo estos males.
me, que brota en un himno musical y
Para los más feroces, se trata de ha­
visual.
berlo caer sobre su adversario, o sobre
La Conquista: Duelp entre Iván y
su vecino. .
los boyardos, ricos, gordos y pusiláni­
; Qué otros venenos de nuestra atm ós­
mes, ambiciosos pero pequeños. Y lue­
fera mundial cabe aún nom brar? E l
go la. guerra primitiva, en amplios
gusto de la mentira, en los u n o s: la
frescos abundantes en arietes, torres y
com placencia y la cobardía, en los
cañones, que renuevan la riqueza de
otros. No podemos suponer que nues­
las imágenes de la batalla en Alejandro
tros contemporáneos se hayan conver­
Nevsky.
tido bruscamente en unos estúpidos.
La Angustia: Lucha contra los
Sin embargo, profieren o dejan p r o fe ­
visibles enemigos que intrigan en .
rir, en torno suyo, las afirm aciones más
propia alcoba, que logran la muerte
insolentemente contrarias a la verdad. La
de su joven y amada esposa, que lo
Bailarina ante el espejo (F o to de Da ve C icero.)
mentira parece normal si es útil, si tiena

U para interesar a todos los fervorosos admiradores de una obra capital en la evolución del
arte cinematográfico. Eisenstein, director y teorizador extraordinario, cada una de cuyas pelícu­

( Continúa página 2.)

P

erso n as

(Véase BALLET, páginas 12 y 1 3 .)

(Con tin úa

página

2 .)

�LETRAS

cabalgataQ

ESPANTO Y ESPERANZA
DE NUESTRO TIEMPO
(Viene de pdginm 1.)
ne éxito. Se explica. El fanatismo tiene
su mejor aliado en el escepticismo fun­
damental, es decir, en la pérdida del sen­
tido de la verdad. Escepticismo no ya
sonriente y generador de tolerancia, sino
cínico y asesino de escrúpulos. Escepti­
cismo de carcelero y de verdugo. (Como
se ve, el nazi fascismo está militarmente
vencido pero sus toxinas continúan vivas
y circulan en la sangre del vencedor.)
ttju é m ásf En el inmenso rebaño de los
débiles, un servilismo de camaleón. (Quie­
re decir que, en muchos países, luego de
haberse inclinado servilmente ante la ti­
ranía de ayer, o ante los regímenes im­
puestos por el enemigo, millones de hom­
bres, incluso pertenecientes a los gru­
jios de selección, buscan otro amo de
hoy o de mañnna, para adularlo, para
hacérselo propicio por adelantado, para
desarmarlo a fuerza de sumisión. Lo que
está menos de moda es la libertad intelec­
tual. Más exactamente: está desterrada.
Los hombres independientes e íntegros
que ‘ tienen la audacia de resistir al fa ­
natismo, que aspiran a discernir por sí
mismos la verdad, para ajustar a ella su
pensamiento, desafiando las pasiones par­
tidistas y las consignas, se ven asaltados
por el odio de todas las bandas y de todas
las sectas. El fanático, en caso de tener
que optar, prefiere el fanático enemigo
al hombre libre. Y , desde, su punto de
vista, quizás tenga razón.
Todas estas décimas y estos bemoles

forman, para la humanidad, la armadura
de una marcha fúnebre; o de una marcha
al suplicio. Todo esto, para el que quie­
ra reflexionar seriamente, nos precipita
hacia nuevas catástrofes o series de catást rofes.
Y sin embargo, se encuentran hombres
y mujeres que, en cuanto han visto o
presentido en vosotros a un hombre libre,
se alivian de sus ascos y de sus indigna­
ciones reprimidas. Lo que acabamos de
decir lo dicen ellos, a veces con más có­
lera. Vomitan con horror todas las toxi­
nas de la época. Detestan la intolerancia,
el fanatismo, el sectarismo, la crueldad,
la mentira, la servidumbre bajo todos sus
disfraces. Aspiran a un mundo regido,
de nuevo, por el signo de la benevolencia.
Estos hombres y estas mujeres, cuando
se encuentran y se abren mutuamente sus
corazones, se maravillan de pensar de la
misma manera. Se habían dicho: "jSeré
yo, acaso, el único que piensa aún en la
benevolencia, en la dulzura, en la indul­
gencia mutua, en las diversas carida­
des del alma y del entendimientof” Se
dan cuenta, con estupor, de que no están
solos.
En realidad son innumerables, en to­
dos los pa'ses v en todas las clases de la
sociedad de cada país. Adivino que los
habrá por millares entre los que lean es­
tas líneas. Pero se callan, se aíslan. Se
figuran que la rueda del destino ha dado
la vuelta irrevocablemente, que la buena
causa está perdida, que no tienen otra

Romaiñs pronunciará en noviem­
bre un discurso de recepción en la
Academia Francesa.
El autor de "Hommes de bonne volonté” no hará alusión, como se estila, a su
predecesor, Abel Bonnard, destituido por
colaboración con el enemigo.
"S e las arreglará hablando de una gran
dama” , dice con humor Georges Lecomte.
Y esta gran dama es la Literatura.
Si bien el calendario académico está
ya muy cargado con las recepciones de
los nuevos elegidos: Marcel Pagnol, .Tu­
les Romains. Maurice Garqon, René Grousset, etc., hay en la CoujKÓe un misterio.
Y este misterio es el de Paul Glaudel.
No se tiene ninguna noticia del autor
de “ L ’O tage” , el cual no ha dado señales
de vida. * '
Es de jireguntarse, dicen con acritud en
el secretariado, si Paul Claudel sabe que
ha sido elegido.

se atreva a levantar la voz. Creo que
aun será capaz de cambiar este cátodo
de espíritu, de modificar la tónica espan­
tosa de la época.
Y aunque fracasara, habría salvado, al
menos, el honor del género humano. Ha­

Jules R om aim .

(V in e de página 1. )
enfrentan a la división del país y a la
incomprensión del pueblo: y el ojo in­
menso, de una pintura mural, sobre cuya
pujóla atormentada se recorta la figura
también atormentada, de ese Iván que
decide jiariir al exilio.
Y el Retorno: Esa infinita línea negra
de camjiesinos que se recorta sobre la
llanura blanca de nieve y que sirve de
marco al enorme y conmovido rostro de
Iván, llamado por su pueblo. Final enor­
me y patético, de pulsación lenta y ma­
jestuosa, que irrumpe en las bancas
imágenes finales de Iván, envuelto en
armiño, contra un muro blanco también,
y que se dispone al regreso, con lágri­
mas de gratitud y emoción . . .
Eisenstein, que en estudios exhaustivos
analizó el montaje, señaló repetidamente
la diferencia entre ritmo visual y velo­
cidad visual. Conviene recordarlo ante
esa creación. Su montaje no es veloz; su
ritmo es jiausado, pero inexorable. Como
corresponde a esas imágenes nuevas y
poderosas, en que alternan enormes con­
juntos con escorzo» audaces creados a
base de luces y sombras, en un conflicto
de formas jiarejo al del tema. Dudamos
que alguna vez el cine nos haya dado
tal tamaño de creación plástica. Su equi­

ules

mientos nuevos informes sobre las creen­
cias de las sectas místicas jiaganas del
siglo III. El misticismo africano tiene
su origen en los ritos jiracticados en los
templos fenicios. Transformado j&gt;or la
filosofía griega, adopta, al final de su
historia, doctrinas muy próximas a las
del cristianismo, cuyo triunfo jireparó in­
directamente.
A librería Stock publicará próximamen_j te la “ Correspondencia de Sainte Beuve” , reunida y anotada por el Sr. Bonnerot, conocido especialista de las obras del
famoso crítico.

I

bría procurado además, a cada uno de
sus miembros, el calor que presta
tiempos de prueba, el sentirse miembro
de una comunión espiritual, que dibuia
en las tinieblas, pese a todo, una cadena
da

o l a r i,!u ili&gt; u

FRENTE A IVAN EL TERRIBLE

CORRESPONDENCIA

F RA N CIA

J

cosa que hacer sino esperar los días del
apocalipsis.
Es hora de que so reconozcan unos a
otros y de que se unan para hacer surgir,
por encima de las fronteras, una frater­
nidad, una cofradía de corazones bonda­
dosos, justos y puros, y que esta cofradía

sal, un amor tan cruelmente insatisfecho
que terminó por rebasar los límites de
la razón. Fué rebelde a las enseñanzas
dogmáticas, pero ajiasionadamente poseído
por la comjiasión.” Después de evocar
"al joven locamente enamorado del color” ,
que ve en él un milagro perpetuo y divi­
no, el Sr. Jaujard evoco la muerte de
Théo Van Gogh, enterrado poco después
que Vincent en el mismo cementerio.

de jiublicarse nuevamente, des­
pués de siete años de suspención, el
"Boletín de los Museos de Francia” , en
formato nuevo. (37 quai du Louvre, Pa­
rís 1er)
Los diez fascículos de 32 páginas pro­
fusamente ilustradas que ajmrecen anual­
mente, darán cuenta detallada de la acti­
vidad de los museos franceses de París y
de las Provincias.

A

taba

"E l Arte Romano” de Edmond Rey
primer gran premio de Roma de
(Ediciones Edouard Privat, Toulose, 140
música se otorgó este año al Sr.
ilustraciones y 140 planchas fuera de
Pierre Petit, alumno del Sr. Henry Bustexto) expone los conocimientos actuales
ser. El tema de la tradicional cantata se
sobre el arte romano y los lazos exis­
inspira en el “ Jeu de l’ Amour et du Hatentes entre su evolución y la de la socie­
sard”
(Juego
del
Amor
y
del
A
zar),
en
l Sr. León Biiiet, Miembro del Ins­
dad.
una
adaptación
del
Sr.
Charles
Olere.
De
tituto de Francia, Profesor de fisio­
"El pastel en Francia en el siglo
los otros cinco candidatos que tomaron
logía. fué nombrado decano de la Facul­
x v iii”
(Ediciones Baudiniére), de Paul
parte, en el concurso, los Sres. Robert Lantad de Medicina de la Universidad de
Ratouis de Lirnay, estudio completo acom­
noy y P. Dautel obtuvieron los segundos
París.
pañado de un diccionario biográfico de
grandes premios. Sobresalieron también
varios pastelistas. 100 reproducciones fue­
n a joven dama indiscreta preguntaba
las cantatas de la Srta. Jeanine Rueff
El
"Comité
Nacional
de
la
Infancia”
ra de texto.
a Curmonskv por qué había elegi­
y del Sr. J. M. Damase.
jtrepara
para
fines
de
1946
y
principios
do tan extravagante seudónimo; sabemos
Maurice De Kobra, el célebre novelis­
de 1947, una serie de conferencias de in­
ta, se espera en Hollywood. Publicará
que el buen C'urmonskv se llama Maurice
La Sociedad de Conciertos presentó, en
formación que versarán sobre la legisla­
primera audición, el interesante "Concier­ en breve su última obra "Siete años en­
Baillaut.
ción social de la infancia. Presidirá es­
tre los hombres libres” , que ya ha sido
— Porque — contestó Curmonskv con una
to Lírico” de Jean Martinon para cuarte­
tas conferencias el Dr. Lesné, miembro
publicada en Alemania.
sonrisa— el ajiellido ¡saillant me parecía
to de cuerdas y orquesta, nueva obra de
de la Academia de Medicina.
valor del discípulo de Roussel, escrita
demasiado fatuo.
La edición francesa se queja, con le­
en 1944, después del "Himno a la Vida”
La Facultad de Ciencias de la Univer­
gítim o derecho, de la falta de_ papel.
sidad de París está autorizada para en­
Con motivo del Congreso de la Liga
Georges Lecomte expresaba su angustia
tregar certificados de estudios superiores
INGLATERRA Y
para la Nueva Educación, se realizó en
en días pasados:
de genética.
la
Sorbona
un
concierto
de
música
espa­
— Nada muestra m ejor lo que hemos
ESTADOS UNIDOS
ñola.
En el Instituto Henri-Poincaré de Pa­
su frido durante estos cinco años que la
rís existe un laboratorio de cálculo y un
falta de |&gt;aj&gt;ol. ; N o se decía, antes de la
El Sr. José Ballester-Gonzalvo, profe­
' " A pocos meses de la muerte de Gerlaboratorio de estadística que está a dis­
guerra, que nuestra civilización jiodría lla­
sor de filosofía en la Escuela Normal de
trude Stein, "Ramdom llouse” , de Nueva
posición de las instituciones científicas
marse la era del j&gt;aj&gt;elf
Madrid y delegado de la República es­
York, acaba de publicar un volumen con­
o industriales que puedan tener necesidad
lía ñola al Congreso explicó el significado
teniendo una selección de las obras de la
-de su concurso.
de este concierto, en el que se ejecutó
l Sr. Gilbert Picard. director del
famosa escritora franco-norteamericana.
servicio de antigüedades do Túnez,
A fines de diciembre de 1946, la So­ música de Manuel de’ Falla, Turina, J.
'" R o b e r t Graves, recordado autor de un
Nin, Albéniz, Bacarisse, Jean Pruliére
in form ó a la Academia de InsorijK-iones
ciedad Matemática de Francia organizará
espléndido libro sobre Lawrence (T . E .),
(página
cantada
por
su
esposa,
Amparito
y Bellas Letras que este año se han des­
una jornada de estudios sobre la enseñan­
Péris). El pianista Machado tuvo desta­ escribió una biografía de Pristo, de cuyo
cubierto tres nuevos monumentos en Tú­
za superior de las ciencias matemáticas
paso por la tierra se dice que ofrece
cada
actuación y Nina de Herrera bailó
nez: un sarcófago, una estatua y un epi­
en Francia.
Graves una nueva teoría.
aconijiañada por Ida Perrin.
ta fio en verso. Extrae de estos descubri­
■ "Ita lo Svevo es uno de los escritores
En la primavera de 1947 se realizara
Con motivo del 10* aniversario de la
contemjíoráneos de Italia, más originales.
en París una Exposición Internacional
muerte de La Argentina, se organizó en
Murió, poco dmenos que desconocido, hace
de Urbanismo y Habitación.
el Palacio Chaillot un espectáculo de dan­ unos veinte años y ahora se traduce por
za, con música de Albéniz, acto coreográ­
Se realizará en París, el 18 y 19 de
jírimera vez su novela más imjíortante:
fico en el cual José Torres personificó a
octubre pzóximo, el 23 Congreso de Medi­
"La coscienza di Zeno” , en la llamndn
E n TORNO a LA SUPUESTA GENE­
Don Juan.
cina legal.
"Modern Reader Series". El título en
RACIÓN ESPAÑOLA de 1936, jior José
inglés será: "The confessions o f Zeno” .
Petere. E l x x x v i S a l ó n N ac io n a l
Otro espectáculo en el Palacio Chaillot,
de
A rtes
P l á s t ic a s , j&gt;or Jorge
reunió alrededor del abate Maillet a mil
■ "..."p o d e m o s señalar a Wells como el
L Sr. Albert Grenier, director de la
Romero Brcst. ¡ I g n o r a n c ia , ig n o ­
pequeñog cantores de la “ Cruz de Made­ exponente por excelencia del agitado
Escuela de Roma, y sus compañeros,
r a n c ia , io n o r a x c ia en todas p a r ­
ra” , interviniendo corales francesas y ex­ intelectual, crítico y sin embargo cons­
expresaron su pesar por la suspensión de
t e s !,
por George Bernard Shaw.
tructivo, jíost-viatoriano” (J\ilian Huxtranjeras.
los intercambios internacionales de las pu­
P r im e r o s p a s o s h a c ia la soledad
ley en “ The Sjiectator” ).
blicaciones científicas que recae en per­
(fin a l), cuento j&gt;or Ezequiel Mar­
juicio de todos los estudiosos. El asunto
***En Buenos Aires conocimos una pelí­
eina actualmente gran actividad en
tínez Estrada. P o e m a s , jior Juan
ha sido examinado por el secretario jht cula llamada "La bribona de armiño” ,
la
Comedia
Francesa.
Los
ensayos
Ramón Jiménez. E n t r e v is t a con
petuo de la Academia de Inscripciones y
basada en una novela de Rosamond Marsse realizan en todos los rincones, en el
Tl y a E h e r e m b c r o , |&gt;or Arturo SeBellas Letras, Sr. René Dussaud, quien
hall: ' ’K itty” . Próx'mamente se verá la
Hogar de los Artistas, en la sala Mounetrrnno Pinja. E vo cació n de R oherto
expresó que se le ha asegurado que se
versión cinematográfica de "Por siempre
Sully, en los salones y, naturalmente, en
A r l t (fin a l), Jior Córdova Iturburu.
restablecerían estos intercambios. Confir­
ámbar” , y, entre tanto, para seguir con
A r t is t a s be lg as en B u eno s A ires ,
el escenario. Musset, Moliére, Labiehe,
ma lo expresado el Sr. Alln-rt Grenier
Courteline, Beaumarchais expresan por bo­ la racha de jielículas de ambientes his­
por Romualdo Brughetti. L as fugas
dando a conocer que próximamente jiartitóricos y "audaces temas” , se filma una
ca de sus intérpretes sus textos mágicos.
del
p r in c ip e , cuento
jx&gt;r G. K.
rá un envío de París con destino a Italia.
sobre la vida de Paulina Bonaparte.
"Le lever du soleil” de Simone, "Le maChesterton. L os U p a n is h a d s , por
riage de Fígaro” , "On ne badine pns
Ana M. Berry. P a r ís , por Felij&gt;e
t**Ha sido traducida al inglés, por Ri­
avec l’Amour” , donde Micheline Boudet
A rcos Ruiz. V isita a C ándido P or E rindió homenaje a la memoria de
chard O’Connel y James Grahain, "La
interpreta el papel de Rossete, "Le misanVan Gogh, en Auvers-sur Oise, donde
t i n a r i , por
Francis Brague. E lo ­
casa de Bernarda Alba” .
throjie” , “ LTmpromptu” de Versailles,
Vincent Van Gogh se suicidó, a la edad
g io de l a b u t a c a OCUPADA, j&gt;or D a­
* "E n un artículo reciente, publicado en
"Les Fiancés du Havre” , de Salacrou,
niel D evoto. D a n z a m o d ern a en
de 37 años, el 27 de julio de 1890. Este
"The modern writer in the actual World” ,
"Les mal aimés” de Fran$ois Maurice,
N o r t e a m é r ic a , M a r ta G r a ii a m , por
acto fué organizado por el Sr. Béthenel famoso jíoeta inglés Stephen Spender
"Les Barbier de Séville” , "Un caprice” ,
Cecilia Ingenieros. C r It ic a l it e r a ­
court bajo la jiresidencia de honor del
dice, refiriéndose a ciertos estetas como
donde debutará Franíoise Engel en el pa­
Sr. Nnegelen, Ministro de Educación Na­
r ia , por González Carbalho. D ec a ­
D’Anunzjo, Ezra Pound y W. B. Yeats:
pel de Matilde, "Les fourberies de Scad e n c ia
del
c in e
n o r t e a m e r ic a n o
cional, y con la asistencia del Sr. C. M.
"...m an ifestaron cierto entusiasmo j&gt;or
pin” , donde se verá a Denise Pezzani,
Voorbevtel, agregado de la Embajada de
(fin a l), por Manuel Villegas López.
el fascismo porque vieron en él una vio­
"Les Boulingrins” , "Un ami de Jeunesse” ,
U n a PÁGINA de m o d a s , por Fran­
los Países Bajos.
lenta afirmación del principio aristocrá­
en el cual actuará por primera vez V¡El Sr. Robert Bichet, secretario de
cisco Jaumandreu. U na p á g in a de
tico, un principio que, si bien en deca­
tray. Doce obras de teatro ensayadas al
c ie n c ia s , por José Otero EspasanEstado de la Información, expresó;
dencia, los mantuvo a ellos en su actitud
mismo tiemjK» en el mismo teatro por una
"Gran pintor holandés, que permaneció
dín. A j e d r e z , por el profesor Fran­
de aislamiento de la sociedad.”
misma com pañía.. . La Comedia Francesa
hasta los últimos momentos como un gran
cisco Benkó. N o t a s sobre a r q u ite c ­
se ha convertido en la colmena de Mo­
t u r a , e x p o s ic io n e s de a r t e , m ú s ic a .
pintor francés.
*"U n o de los primeros libros que se
C r ít ic a de c in e y u n co m en tario
liére.
” En sus comienzos en Holanda su color
jiublicarán sobre el jíroceso de Nuremsobre R a im u y C a n t in e l a s . C orres ­
Evidentemente no se puede pensar en
es apagado. Nwesitaba el cielo de Fran­
berg será el del jieriodista Robert Cooper,
p o n d e n c ia de F r a n c ia . H u m o r . C a ­
dar estrenos oficiales a todos los nuevos
cia y más particularmente el de Provenza.
a editarse bajo el signo de “ Penguin
r ic a t u r a . R e p o r t a je
orático con
Books” .
En contacto con este cielo y con los im­ pensionistas. Sólo tendrán este honor, se­
gún es tradición, los laureados en los úl­
BELLEZAS DE HOLLYWOOD.
presionistas franceses, Van Gogh reveló
* "E n el mes de septiembre cumjdióse el
timos concursos del Conservatorio: Marie
sus dotes.”
Este número incluye impresa apar­
jírimer centenario del matrimonio entre
Sabouret,
Denise
Gencc
y
André
Falcon,
El Sr. Jaujard, director general de
te la L á m in a n * 2 a 6 coi-ores re­
Robert Browning y Elisabeth Barrct.
y
Pierre
Blanchar
cuya
actuación
estaba
Artes y Letras, recordó en su discurso la
produciendo el cuadro de P aul Cé •"Cuando
apareció en los Estados Uni­
decidida
desde
hace
tiempo.
Los
demás
se
naturaleza generosa de la locura de V an
z a n n e : ” Castaños en Jas de Boufdos, "América” , de Kafka, ajx'nas se
iniciarán sin ruido a medida que se dis­
G ogh: “ Una intensa facultad de amor,
fan” .
vendieron algunos cientos de ejemplares.
tribuyan los palíeles.
en el sentido más elevado y más univer­

E

l

E

U

E

SUMARIO DEL NUMERO 2

E

R

valente más cercano en la pintura serla
la obra de Durero, de Breughel dél fir.
co. Pero Eisenstein no es piátor sino
realizador cinematográfico; por f „ 0
vacuamos en as.nular su creación j.lásticn
y dinámica a la de eso, maestro, c‘n
quienes se ha inspirado, para lograr »»
obra con los elementos modernos de la
fotografía en movimiento.
Esta no es todavía la crítica ni la cró­
nica de esa estujienda obra: es apenas
la fijación de las jirimeras impresiones
que surgen de una primera visión. “ Iván
el Terrible" exige y merece una exhibí’
ción repetida y detallada; su riqueza de
medios d&gt; expresión es enorme y
fijada como obra fundamental del cine
de nuestros tiempos. Su trabajo y el de
su fidelísimo cquijio encabezado jior Ti,,
sé, fotógrafo, y Alexandrov, colaborador
serán conocidos próximamente — asi espe.’
ramos— por el Jiúblico de América La
tina. Ese día, habrá que volver a una
revisión cuidada y sincera de nuestro»
caros jtrincipios del esjiectáculo cinema­
tográfico. Porque Eisenstein, como en la
época de “ Acorazado Pofemkin” o de
“ Viva M éjico” , acaba de señalar la tónica
|&gt;nrn una dignidad del cinematógrafo tan
majestuosa como la figura que Jirotagoniza “ Iván el Terrible” .

queda

Una nueva edición de 6.000 ejemplares
recientemente hecha j&gt;or "New Dircetions"
se agotó en dos semanas.
■"Durante el año 1945, Stejihen Spender
viajó Jior Alemania con el jiropósito de
descubrir los talentos sobrevivientes de la
literatura de ese país.
* " S e estrenó en Londres "The Sea rehing Wind” , una película cuyo argumento
está basado en una obra de Lilliam Reli­
man, de la cual recordamos jielículas
como “ La Loba” y "Alerta en el Rin”,
•"Cuando se estrenó en Londres la dis­
cutida e interesante "Los visitantes de
la noche” , el crítico Basil Wright elogió
el encanto de la jírimera jmrte de la obra
— recuerda "E l estudiante de Praga” de
C. Veidt— y acusó al Mefistófeles de
Jules Berry de destrozar la segunda par­
te, donde todo, aun las torturas -Irl pro­
tagonista, es inconvincente.
**•“ Residencia en la tierra” ha sido tra­
ducida en los Estados Unidos con el título
"Residence on Earth” .
•••Apareció un nuevo libro del conocido
hispanista inglés E. Allisson Peers titu­
lado ” 8t. John o f the Cross and other
Lectures” . Además del místico poett,
Peers se ocupa de Vives y de Ra
món Llul.

A viso para los le c to r e s y colaboradores
d e CA BA LG AT A * en La Habana.
Leemos en el prestigioso diario “ Información”
de I«a Habana, correspondiente a la edición del
domingo primero de septiembre último, que C a­
balg ata.
por decisión de una persona diri­
gente. habría designado al señor Francisco Pa­
res su representante en aquella capital, el cual
estaría encartado ‘ ‘ de organizar un cuerpo de
redacción, recabar trabajos de critica de las
firmas más destacadas, etc., y quien a su vez
distribuye la revista cuyo núntero cero acaba
de recibir” .
C a b a l g a t a se ve en la nada grata necesi­
dad de poner en conocimiento de sus lectores
y particularmente de los escritores, artistas y
anunciantes de Cuba, qu e el señor Francisco
Pares, desde la fecha a que se remonta la c tada nota ha sabido ponerse por debajo del con­
cepto en que fué tenido en esta casa y ha de­
jado de ser persona grata.
El señor Francisco
Pares, por lo que queda expresado, no está
autorizado en ninguna forma para hacer ges­
tión algún**., ni para concertar acuerdos o cola­
boraciones. ni para percibir dinero en nombre
de C a b a l g a t a .

cabalgata
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Redacción. Dirección. Administración. Publicidad.
IN D E P E N D E N C IA *60. B U E N O S A IRE S
R E P Ú B L IC A A R G E N T IN A
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Precio del ejemplar: $ 0.40 m./arg.
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A rgentina: Un a ñ o ....................... $ 8 . 2 0 m./arf.
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Seis meses . .
$ 4.50 m./arf.
E xtranjero: Un año . .
Dólares U .S .A . 3.50
D I S T R I B U I D O R E S
C apital: S i l v a n o M a c h i . Independencia 2837
Interior y e x t e r i o r : D i s t r i b i m d o r a T k i u n f o S.R-L.
R oaano 201

S

BOLETIN DE SUSCRIPCION

E l señor
Dirección

(«N

L E T R A D E IM P R E N T A )

.................

se suscribe a C A B A L G A T A per el
período de un año* seis meses y al
acompaña el importe de $ 8,20, $ 4,30,
Dólares 3,50 U. S. A. en cheque, bono
postal a su orden.
• Tachar la condición que no se utilice.

JO
IM P R E S O E N A R G E N T IN A

!QM(N IA AMOttOttM

�LETRAS
\SI, PARIS

\MARILLECES DE LOS PRADOS
por A n to n io Espina
el mundo no está para bromas,
apenas se ha parado la atención en
un aniversario que merecía la parada.

C

omo

No en balde fué también el suceso
una broma del arte. Que resultó per­
fectamente seria. El caso es que hace
treinta jm os nació Dadá.
Cómo nació eáta palabra origen de
un movimiento y no al revés? Muy
sen cillo: abriendo un diccionario por
cualquier parte. Con esto ya daba se­
ñales de originalidad la nueva doctri­
na, pues hacía nacer su palabra sesámiea (su verbo) allí donde, según cos­
tumbre, todas van a m orir: el diccio­
nario.
Convertir la fosa común del diccio­
nario en la cuna de un juguete fué la
primera broma del movimiento Dadá.
En el París de hoy no importa en
absoluto el nombre de Tristán Tzara,
el poeta rumano. Que era rumano no
lo duda ya nadie. Que fuese poeta lo
discuten muchos en esta actualidad in­
quietante de la literatura a cero. "II
faut repartir á zéro” , afirma André
Bretón.
¿R um ano? ¿P oeta? No es invero­
símil que la verdad esté alguna vez en
el justo medio. Posiblemente Tristán
Tzara parecía hace treinta años más
poeta que rumano. H oy el iusto medio

medio de las decepciones y des­
engaños que el final de la guerra
ha producido, por la incomprensión y
la voluntad de poderío de los vencedo­
res en ella, surge de vez en cuando
una chispa de aliento y esperanza para
el porvenir de Europa. En este senti­
do, aparece entre las más prometedo­
ras, el acuerdo de la Conferencia de
San Francisco, primero, y la ratifi­
cación en la Asamblea de Londres, des­
pués, de introducir en los fines de las
Naciones Unidas las funciones de la
educación y la cultura.
Como es sabido, los representantes
de aquéllas acordaron constituir una
"Organización educativa, científica y
cultural de las naciones unidas” , llama­
da abreviadamente la UNESCO, cuyos
fines son, entre otros, promover el me­
jo r conocimiento y la comprensión mu­
tua de las naciones, prestando su cola­
boración a los órganos de información
de las masas; dar nuevo impulso a la
educación popular y a la difusión de la
cultura, y contribuir a la conservación,
al progreso y a la difusión del saber.
Estos fines fueron fundamentados y
articulados en la Asamblea celebrada
en Londres en noviembre de 1945 por
representantes de cuarenta y cuatro
países, entre los que se contaban desta­
cados hombres de letras, científicos y
artistas. Entonces también se aprobó
la organización de Comités técnicos de
la Comisión preparatoria de la primera
Asamblea general que se celebrará en
París a fines de este año. Ahora han
comenzado a reunirse aquéllos, y a dar
cuenta de sus deliberaciones se dirigen
estas líneas.
El Comité técnico de Educación se
reunió el 24 de mayo último y fué
presidido por el conocido educador bri­
tánico Sir Frederik Clarke y por el
famoso psicólogo francés M. Henrv
Wallon. El asunto que más ocupó la
atención del Comité fué el de la eleva­
ción cultural de los pueblos menos ade­
lantados y especialmente el del analfa­
betismo, que, según el delegado de Chi­
na, abarca a más de la mitad de la
población del mundo. Además de este

E

n

(E sp ecia l para C a b a l g a t a )

— mitad de cada— es un punto de
coincidencia. Aquel en que convergen
las miradas nostálgicas que contemplan
el pasado y la pequeña gloria del autor
de "La premiére aventure céleste de
Mr. Antypírine” .
Libro ya arqueológico. De 1916. H ay
que reconocer honradamente que los
críticos franceses no reclaman para la
historia de sus letras la primacía que
significó Dadá.
H ay que reconocerlo y lo reconocen.
En efecto: la cuna-polvorín, el diccio­
nario famoso, no se hallaba aquella no­
che del 5 de septiembre de 1916 sobre
la mesa dg ningún café de M ontparnasse, sino sobre una maleta y en el
cuarto de un hotel de Zurich.
Alrededor de la maleta no había nin­
gún francés. Al menos entero. Había
un francés quebrado (alsaciano) : Hans
A r p ; un rumano: Tristán Tzara, y un
austríaco: Huelsenbeck.
El mundo vivía en plena guerra.
La paz en la guerra que incubaba otra
guerra futura, la vivían unos cuantos
hombres interesantes...
Zurich era entonces el lugar de re­
poso de numerosos refugiados de la
guerra misma y de la política. A llí se
entregaba a sus devociones Lenin.
Allí, tendido en el solarium del p ro ­

E

fesor Shali, se curaba su colitis Basil
Zaharoff, uno de los 'éftipresarios de
guerras y paces más ingeniosos que ha
tenido Europa. A llí Marinetti conoció
a Pierre Albert Birot.
Un paso más y los ismos tras su
prístina excomunión quedarían (p or lo
tanto), consagrados en la buena socie­
dad europea.
Cuando salieron los tres manifiestos
consecutivos Dadá I, Dadá I I y Da­
dá I II, era ya moda en las clases dé
etiqueta divertirse con las excomunio­
nes académicas.
Es fama que los tres aldabonazos
dadaístas fueron oídos en París incluso
antes de sonar en Zurich. Detalle cu­
rioso. Detalle que acreditó de golpe,
de tres golpes, la perspicacia de un
cenáculo parisiense — así, París— cuyos
altos nombres eran : Apollinaire, Reverdy, Bretón, Soupault, RibemontDessaignes, A ragón . . .
Si fueron antes unos ismos que otros;
si el capullo brotó en el tiesto montparno antes que en la pradera zuriquesa; si Pegaso pació o no su verde
alfalfa antes de la fecha fichada y en
tal o cual campo, es ya cuestión de
historia. Mera historia.
H oy ya es igual. H oy todas aquellas
verduras no son más que "amarilleces
de los prados” que d ijo el clásico. Que­
da, sí — si queda— , un surrealismo he­
redero de ocultos jugos, promesa de
floración a estas alturas.
. .. Perfectamente. No hay nada que
oponer al buen presagio. Pero, tam­
poco es lícito negarlo: al contemplar
desde e s tí hora ^aquel renaloto ayer,
quien da — dadá— 'en el clavo es Jorge
Manrique, no Guillaume Apollinaire.

Tristón Tzara. Santa Cecilia. (El piano invisible.) 1 923 .

LA CULTURA Y LAS NACIONES UNIDAS
Por LORENZO LUZURIAGA
punto se trataron otros de gran inte­
rés, como el de realizar un estudio de
los libros de texto, particularmente de
los de historia, geografía y educación
cív ica ; la necesidad de reeducar a las
naciones ex enemigas (y podría haber­
se añadido también a algunas de las
ex amigas; la convocatoria de una
conferencia mundial de representantes
de las universidades y de los institu­
tos de formación del magisterio a fin
de adoptar programas prácticos para
la educación de "los ciudadanos V de los
directores en cuanto a las relaciones
internacionales; la organización de cur­
sos de vacaciones a celebrarse en París
en 1947 y la publicación de una R e­
vista y un Anuario pedagógicos inter­
nacionales.
Otro Comité importante que se ha
reunido ha sido el de Ciencias, que tra­
tó particularmente el problema de la
energía nuclear y en el que participa­
ron eminentes hombres de ciencia, en­
tre ellos M. Pierre Auger, de la Sorbona, y Mr. Albert Noyes, presidente
de la Sociedad de Química Norteameri­
cana. Aparte de este tema se trataron
otros también de gran interés como el
de las facilidades para el trabajo de
las organizaciones científicas interna­
cionales existentes; la restauración de
la investigación científica en los países
liberados; la creación de becas de es­
tudio en el extranjero para estudian­
tes y profesores; la circulación de las
obras científicas, aparatos, manuscri­
tos, etc., fuera de los límites naciona­
les; la creación de un Instituto inter­
nacional para el estudio v desarrollo
de las riquezas naturales en los terri­
torios no explotados de la América del
Sur, que comprenden unos siete millo­
nes de kilómetros cuadrados, etc.
En el dominio de las bibliotecas y
museos, el Comité técnico correspon­
diente se ocupó especialmente del in­

Tristón Tzara. Edipo Rey. 1921.

cabalga 1

(Especial para C abalgata ..)

tercambio y libre circulación de los
libros entre los diversos países, espe­
cialmente los de significación cultural
o científica, que actualmente sufren
muchas restricciones. También trató la
creación de bibliotecas populares y pú ­
blicas con cambio internacional y per­
sonal debidamente preparado; de la
convocatoria de una asamblea interna­
cional sobre derechos de autor y de la
coordinación de las bibliotecas nacio­
nales centrales de todos los países para
un servicio internacional de préstamos.
La creación de un Instituto de pla­
nificación social fué el objeto principal
de estudio del Comité de ciencias so­
ciales. Dicho Instituto sería un centro
de estudio y de cambio de inform acio­
nes sobre lo que se hace en este terreno
y al mismo tiempo podría realizar ex­
perimentos en gran escala en dos o
tres grandes regiones del globo sobre
planificación social. También se estu­

dió la posibilidad de publicar una B i­
blioteca mundial de grandes obras, con
ediciones uniformes en los principales
lenguajes; de realizar un estudio sobre
la contribución de los diferentes gru­
pos humanos a la obra común de la
civilización y un inventario de los re­
cursos mundiales para la investigación
y estudio de las ciencias sociales en el
nivel universitario.
En el campo de las artes, el Comité
respectivo acordó realizar una inves­
tigación sobre los derechos de autor de
los artistas y otra sobre el problema
de' la reconstrucción que tanto afecta
a muchos países, facilitándose el inter­
cambio de materiales, arquitectos, pla­
nificadores, etc. También se ocupó de
la protección a los artistas de los p aí­
ses devastados, de la conservación de
los monumentos artísticos, del fomento
de las bellas artes en todos los países,
de la publicación de obras artísticas,

de las composiciones musicales y la
radiodifusión, etc.
Finalmente, la Comisión de Comuni­
cación de las masas abordó el estudio
de estas tres esferas de acción princi­
pales: la radio, el cine y la prensa,
abordándose temas tan interesantes co­
mo la protección de los derechos de
autor de aquéllos, el servicio de traduc­
ciones, la censura, el empleo de la ra­
dio y el cine con fines educativos, el
intercambio de discos y films entre to­
dos los países, etc.
Tales son algunos de los temas tra­
tados por los diversos Comités técni­
cos preparatorios de la primera Asam­
blea general de UNESCO. Como se ve
abordan problemas vitales para la cul­
tura nacional e internacional de los
diversos pueblos. La suerte que éstos
y otros temas puedan correr dependerá
principalmente de los acuerdos políti­
cos que adopten los delegados de la
UN en su próxima Asamblea y que
quizá no sean muy lisonjeros. Pero
cualesquiera que éstos sean, siempre
quedará sobre todas las divergencias
políticas, la función humanizadora de
la cultura y la educación.

ESTE C AN TO DE AMOR
Por
GONZALEZ
^ í a c e de mi silencio. Asciende al aire.
Despiertan a su música, humilladas
por su límpido hechizo, aves nocturnas
que en su silencio, oyéndolo, padecen.
Allá, el hielo las fuentes apresuran
para tornarse mudas e impasibles.
Vedme de pie, en mi orilla, enajenado
por el milagro de este ardiente canto
que soy. Llego a sentirme airado río
desatando rumores luminosos.
Canto en el que amanezco. Se origina
en la desolación y la tristeza.
Canto de amor nacido en un destierro
de inmensos años de esperar. Oh, crueles
días con una flecha temblorosa.
H oy es la sangre, viva, inagotable,
del hontanar antiguo de mis gentes
rodando por mis manos a la tierra.
Esta corriente siembro, mi semilla.
Oh, flor futura, antigüedad del hombre.
Ella eleva mi verso en el amor
sobre un cúmulo fértil de cenizas:
árbol crecido en llamas a la altura.
¿ Quién transformó mi voz y mi palabra ?
¿Quién en mi lengua derramó esta sal
tornando dulce y áspero mi verso?
¿Quién diluyó este llanto en mi saliva?
Y en el común vocablo, ¿quién dispuso
la medida del tiempo y el rocío
de un alba entre .las hierbas olvidada ?
Oh, enigma que conocen mis canciones,
estrofas que desvelan el estruendo
del manantial en la penumbra alerta.
Atisbaba la estrella entre las ramas;
buscaba en nuevas y fugaces formas
mi voz perenne, la que se nutría

CARBALHO
del manantial secreto de mi muerte.
Antes, cuando era el miedo de la tierra
y quise me enterraran en el aire.
Yo la esperé en la lluvia y en la mano
del huracán golpeándome la frente.
Y estaba aquí, en mi b o ca ; le faltaba
para su realidad la boca tuya.
Oh, qué sencillo, para tanto tiempo
de torturante espera y sed porfiada,
para saber que ahora ausculto el mundo
en la espiral profunda de tu vientre.
^ o era mi porvenir y no sabía
mi propia oscura condición de fr u to ;
no sabía que el llanto era la lluvia
de estos jardines frescos, rumorosos;
nadie me dijo de esta desatada
fertilidad, en la que soy apenas
una rama rodando en su tormenta.
Estoy de pie en Ja sombra, todavía,
remoto y tierno como la mañana,
salvándome en mi canto, apresurándome
a d e rrota rlo efímero en mi voz.
ú no soy más que un hombre, la minúscula
hierba que se doblega a un leve viento,
sólo el vapor, nostalgia de la tierra,
túnica que habrá en el día de esfumarse
cuando arda el sol y hiera su tejido.
Pero digo tu nombre y de mis labios
torreneialmente la abundancia nace,
crecen los ríos, nútrense las selvas
de savia. Y reconozco que basta el tiempo,
despiadado precepto en nuestro oprobio,
copia la inmensidad en el transcurro
de este canto de amor. Y se doblega
triste de ancianidad, menesteroso.

�LETRAS

cabalgata®
una tarea casi insuperable
entregar a la comprensión de los
lectores de habla y cultura españolas el
ser íntimo de un poeta cuyas poesías
son quizás intraducibies o cuya traduc­
ción, en caso de
realizarse, resul­
taría extrema­
damente imper­
fecta. Si esta
t a r e a se em ­
prende a pesar
de sus dificul­
tades, se debe a
que el p o e ta
Stefan George.
juntamente con
Rilke, fué posi­
blemente el más grande de los líricos
alemanes desde los tiempos de Goethe,
y su valor, trascendiendo los límites
de su patria, alcanzó una significa­
ción europea y universal. Críticos es­
trechos han intentado atribuirle ideas
totalitarias, a el, declarado enemigo de
las masas

P

arece

"las cuales sólo escuchan las voces de­
to n a n tes”,

EL POETA STEFAN GEORGE
Vate, apóstoly juez de su época
Por W E R N E R B O C K

Prim er
m anuscrito
de un poem a.

que siempre desdeñó los planes políticosociales p a r a
m ejorar el mun­
G | óetge d e s c o g e s sin d weir...
do y establecer la
felicidad del pue­
R tiS J t d e i u c r o o r r c n e coald
blo y predicó in­
Urtsin u trg ts stn So b a ld ?
fatigablemente el
H in r c r d o n n c id x r ig e n t a u n
reino del espíritu
F qssx n r »s d e s b o n n e s g e m u n
y del amor. Siem­
U ns rtem versmxert gecoeibr.
pre q u e George
Bciunic ru (cu cb rtn d cm ror
habla de la ju ­
R ogen cvls le tro n e m p o r
ventud y del rei­
ItOíKen vn p ia d lo sen cjah n no se refiere a
Treiben in scritmmcinde baHn.
una juventud ba­
UXinnr den u in s d ilu n g n c n d o grundi
jo su dirección y
a un reino fu n ­
dado por él. Stefan George, muerto el papa anciano, en una imagen de belle­
4 de diciembre de 1934 en su destierro
za arrebatadora:
de Suiza, a través de cada línea de
sus 18 volúmenes de obras poéticas, se "H oy que los cortesanos se engallan en
[ios tronos,
eleva y se libra de cualquier sospecha
cuya
mísera
estampa
de
mercaderes
de adhesión a una ideología de que
[lleva
abominó hasta el último aliento de su
vida, como adversario nato de toda ti­ las armas arrastrando con un sonar
[mezquino,
ranía. Mucho tiempo antes de que su
pueblo cayera en desgracia había ex­ nuestro espíritu ansioso de admiración
[sincera
presado con insistencia incansable la
necesidad de una transformación in te­ y estremecido ante una majestad sobe­
ra n a
rior. Como profeta presintió lo inevi­
se vuelve a las facciones paternales y
table para una nación que no quería
[serias
aprender que "grandes revoluciones y
del que ha sido tres veces coronado y
explosiones deben producirse de modo
[ungido
distinto al de las escaramuzas políticas
y económicas que hoy llenan los espí­ legalmente. A l anciano de cien años
ritus”. Contra el afán de poder ilimi­
[que otea
tado de sus compatriotas resuena su desde el castillo eterno, cual sombra de
voz de alerta :
[«n o vida
cumplida hermosamente, para elevar la
" Queréis construir transgrediendo las le[nuestra.
[yes del límite y tamaño
y aventuráis que lo que es alto, aun más
Y cuando él, revestido con todo el or­
[ alto puede ser . . .
nam ento
Mas ya ni hallazgos, ni enmiendas, ni
de su misión sagrada, llevado bajo el
[palio
[puntales
serán capaces a sostener
— modelo de grandeza y de un orden
[divino— ,
el edificio que tiembla vacilante.”
envuelto en el incienso y de luces ro­
El destino se acerca. Lo que sucede
d ea d o,
alrededor del poeta anuncia la p roxi­ bendice al orbe entero, nosotros, los
midad del A pocalipsis:
[creyentes,
nos postramos de hinojos en el suelo,
" Vosotros, criminales,
[arrobados,
que en anular a Dios sois los primeros,
creando un ídolo que no es Su imagen,
y sin pensar en que es horrible cual
■
[ ninguno,
con reverente amor lo nombráis,
mientras arrojáis a sus fauces
todo aquello que de m ejor tenéis.
Y .es a tal quehacer a lo que llamáis
[vuestro sendero,
que os aprestáis a recorrer sin pausa,
siem pre lanzados a esa seca embriaguez,
hasta cuando en nosotros, engendros
p or igual rastreros y cobardes,
hasta cuando en nuestras venas
en lugar de la sangre pura y roja de
[Dios
el pus de nuestro ídolo circula . . . ”
Las falsas divisas que brotan de todos
los labios no llevan la salvación a na­
d ie: "E s engañoso lo que puede ense­
ñarse a todos por igual.” Como Píndaro, como Holderlin, como Goethe,
Stefan George está compenetrado de
que la pura verdad no debe revelar
siempre su rostro y que lo santo puede
permanecer inefable, para que en la
secreta comunión de naturalezas supe­
riores se desarrolle tranquilamente lo
que pueda atraer a los inferiores. Lo
que la multitud alaba, no tiene por
qué ser siempre lo auténtico y válido
para todos los tiempos.
. " Porque quién de vosotros, mis herma­
n os,
no duda, no se asusta del aviso
que os d ice: "aquello que ponéis más
[alto
y lo que más valioso habéis creído
es sólo, las más veces,
en el viento otoñal heno podrido:
el im perio del fin y de la muerte."
Stefan George no reniega nunca del am­
biente católico que lo rodeó en su cuna.
En el maravilloso poema de homenaje a
la venerable figura de León X I I I acuña
el verso inmortal:
"L a nveva salvación, sólo de un nuevo
[amor vendrá",
y describe la impresión que recibe del

rice Maeterlincjc, Swinburne y 0t
escritores y poetas de nombres‘ ilusA*
lanzan un llamado para erigir un **
numento a Baudelaire, Stefan g JÜ!'
fué el único poeta alemán, en a o u T
época absolutamente desconocido
&amp;
se adhirió a la iniciativa- "p ftra’ qUe
otros”
dijo Stefan George en aqT e¡
entonces a sus amigos franceses- "
peligro es que el arte se transforme .
amaneramiento. Tenéis razón de „ “
batir al Parnaso. Pero para nosobl'
es menester fundarlo en Alemania F
es el principio necesario. Tenemosl o
cultivar la plástica del lenguaje
meramente crear nuestro instrumenté
de trabajo y luego enseñar a los rJ
tas su oficio.”
°S ***Una obra, aunque tenga un profund
contenido de sabiduría y erudición °°
llega a ser una verdadera obra de art°
sino por la perfección de la forma U
necesidad de crear para la poesía al
mana no sólo al nuevo poeta, sino 1~
nueva forma y el nuevo lenguaje, ] w
a Stefan George, en el año 1892, a 1°
fundación de las "Páginas de arte"
(Blatter fü r die Kunst), revista que**
Manuscrito
pesar de no haber aparecido nunca en
del poem a
tiraje numeroso logró una influencia
"N acht” .
honda e imborrable sobre la poesía ale
mana. La queja de Ste­
fan George sobre el
ist*—
HJU,Uvu*0
**&amp;h*+*t desconocimiento de lo
que es poesía autén­
Í\t/ví iu*.
jvw-r»
tica vale en realidad
para todos los pueblos
dominados por la civi­
lización y por lo mismo
alejados
de la cultura;
l*)^3YUvv, tw..... .. 1—3
La idea de lo que es
D*&lt; ¡fW ú, A»
Dh «Sm, üjrrrz.
el poeta parece perdida
fáo** g^ikaA
del todo para los ale­
manes. Ahora hay sola­
mente sabios, empleados, ciudadanos, y )0
España como si volviera a una patria
que es peor, literatos que hacen poe­
mas.”
íntimamente conocida desde mucho
La lucha de George y sus discípu­
tiempo atrás y se siente prodigiosamen­
los se dirige durante décadas, con
te fortalecido y afirmado en su perso­
pasión siempre igual, contra la poesía
nalidad y en las exigencias de su ser.
como producto casual, tras el que no
En cambio el oriente permanece siem­
alientan el impulso interior de la fuerza
pre extraño a Stefan George. Rusia
creadora ni la vocación. "Sólo aquel a
le parece heterogénea, peligrosa y hasta
quien Dios otorga el poder declarar su
temible. Cuando Rilke, el otro gran
sufrimiento” — para citar las palabras
poeta alemán, escribe desde R om a: "La
de Goethe en la trilogía de la pa­
convicción de que Rusia es mi patria
sión— "tiene dereebo a ser poeta”.
es uno de los fundamentos seguros y
Quien profana el elevado lenguaje de
secretos en los cuales se apoya mi vi­
la poesía para cualquier canción vul­
da”, se descubre la profunda divergen­
gar, el que "canta como el pájaro que
cia de ambas individualidades.
vive en las ramas” , no será nunca más
Stefan George está impregnado de
que un "trovador”, tal cual lo describe
espiritualidad occidental. El, cuyos an­
Goethe en una balada, por más inspi­
tepasados fueron de Lorena a estable­
rado y célebre que sea. El poeta, se­
cerse a orillas del Rin, donde nació el
gún George, despersonaliza su destino
12 de julio de 1868, en Büdesheim,
mediante selección, ritmo y sonido, en
cerca de Bingen, vislumbra ya en la
una obra de arte universalmente válida
infancia los vestigios de la cultura an­
que ennoblece el dolor transformándolo
tigua de su paisaje natal, que fué par­
en alegría ("sufro pero alabo lo suce­
te del Imperio Romano. El adolescente
dido” ) y aquilata lo genuino de la fe­
poetizó durante algún tiempo en una
licidad ("sólo mientras vibro sé cuánto
lengua ideada especialmente por él mis­
amo” ). He aquí por qué George exige
mo y para su uso, compuesta de raíces
del poeta un fervor infinito durante
latinas; el joven de 21 años busca en
su vida y plena entrega del yo a la
París el círculo afín de los simbolistas,
vivencia creadora para que el mundo
conoce a Mallarmé, Verlaine, Villiers
sea ordenado de nuevo por sus labios.
y Regnier, y se deja influir por los
"Seriedad y santidad del arte”, y "El
versos de Baudelaire y Rimbaud, las
arte nunca sirve al goce y es libre de
esculturas de Rodin, los cuadros de
cualquier servidumbre: por encima de
Cézanne y Gauguin. Cuando Franla vida, después de haber penetrado a
&lt;¡ois Coppée, Anatole France, Mautravés de la vida” , "N o la confesión,
sino la transformación de la vida es el
objeto del arte” : todos estos lemas
vuelven a surgir sin cesar en las "Pá­
ginas de arte” . Así, la exigencia de
George es ética, en su más eleva.T
acepción; para satisfacerla se necesita
la fuerza íntegra de la vida humana.
El poeta no es forjador de versos, sino
forjad or de hombres; él custodia "el
fuego sagrado que se transmite”. ¡Ay
del pueblo cuyas almas están agotadas
por el materialismo y mecanicismo va­
cíos, de suerte que no puede compren­
der y venerar al poeta en su dignidad
sacerdotal!

Stefan G eorge.

fundidos en aquella multitud de cabezas
a la que, conmovida, embellece el mi­
la g ro .”
A pesar de que el fondo de la poesía
de George es el lem a:
"Am or engendró al mundo, de nuevo
[amor lo engendra”,
en toda su amplitud, él, como maestro,
parece restringir ese amor a un círculo
de elegidos a quienes, como en los miste­
rios de Eleusis, inicia en el conocimiento
de las últimas verdades. Es también el
espíritu de la antigüedad el que se ma­
nifiesta en la defensa de sí mismo,
arrostrando los embates del destino:
"¡Atrácm e hacia tu borde,
abismo, ma’s no me turbes!”
La firmeza para no ceder ante ningún
peligro y no cambiar ni ser cambiado,
se afirma a través de toda la obra de
Stefan George y le presta de vez en
cuando un carácter voluntarioso, rígido,
lo que, en lengua alemana, se suele ca­
lificar de "golijla española”. En efecto,
hay en' el temperamento de Stefan
George un rasgo español, por cierto en
el mejor sentido. El paisaje y arqui­
tectura españoles tienen un aspecto se­
vero y señorial que le impresionan agra­
dablemente como algo que le resulta
profundamente afín, al recorrer la pe­
nínsula en su viaje de 1889. Entra en

DE

LA

CORRESPONDENCIA
ENTRE

V O LTA IR E

Y ROUSSEAU

15 de diciembre de 1745.

pronto la princesa granadina de una pri­
sión a un jardín o a un palacio. Como
no es un mágico, el que da las fiestas
en su honor, sino un señor español, paréceme que no debe hacerse nada por
arte de encantamiento. Os ruego, señor,
que tengáis a bien revisar dicho pa­
saje, de que sólo conservo idea confusa.
Ved si es necesario que se abra la pri­
sión y que se haga pasar a nuestra prin­
cesa desde dicha prisión a un hermoso
palacio preparado para ella. Sé muy
bien que todo esto es pequeño y que no
es propio de un ser inteligente conver­
tir en asunto serio estas bagatelas; pero,
er. fin, puesto que se trata de desagra­
dar lo menos posible hay que poner la
mayor cantidad de sensatez que se. pue­
da, aunque se trate de un simple diver­
timiento de ópera.

Reunís, señor, dos géneros de talento
que hasta hoy día han estado siempre
separados. Son éstas dos excelentes ra­
zones para que os estime y trate de co­
braros afecto. Siento en el alma que
empleéis vuestros dones en una obra in­
digna de ellos. Hace algunos meses que
el señor duque de Richelieu me ordenó
en absoluto que hiciese en un abrir y
cerrar de ojos un bosquejo ligero y malo
de algunas escenas insípidas y trancadas
que debían adaptarse a un baile que no
se había hecho para ellas. Obedecí con
la mayor exactitud; hice lo que se me
pedía muy pronto y mal. Envié este

Esta caria de Voltaire es respuesta a
la siguiente de Rousseau, entonces desco­
nocido:

miserable croquis al señor duque de R i­
chelieu, contando con que no serviría
para nada, o con que lo tendría que
corregir. Felizmente se halla en vuestras
manos y sois dueño absoluto de él. No
dudo que rectificaréis todas las faltas
que han debido necesariamente escapár­
seme en una composición tan rápida, y
que habréis llenado los vacíos y suplido
cuanto faltaba.
Recuerdo, entre otras cosas, que no se
dice en dichas escenas cómo pasa de

París, 11 de diciembre de 1745.
Señor:
Hace quince años que trabajo para
hacerme digno de vuestras miradas y de
la atención con que favorecéis a los poe­
tas jóvenes en quienes descubrís algún
talento. Pero, por haber hecho la música
en una ópera, me hallo, sin saber cómó,
metamorfoseado en músico. A título de
tal me ha encargado el señor duque de
Richelieu las escenas que habéis escrito
para el juguete "L a Princesa de Na­

V oltaire.

"Muere un pueblo cuando sus dioses
[mueren.”

varra” . Hasta ha exigido que hiciese en
la trama los cambios necesarios para po­
nerla de acuerdo con vuestro nuevo asun­
to. He hecho respetuosas observaciones
pero el señor duque ha insistido y yo he
obedecido. Era el único partido que mi
situación me permitía adoptar. M. Ballot se halla encargado de comunicaros
dichos cambios. He procurado hacerlo
en las menos palabras posibles. Este
creo que es su único mérito. Os suplico,
señor, que tengáis a bien examinarlos,
o mejor dicho, reemplazarlos con otros
más dignos.
En cuanto al recitado, espero también,
caballero, que os dignaréis juzgarlo an­
tes de la representación, e. indicarme los
pasajes en que me haya separado de lo
verdadero y de lo bello, es decir, de
vuestro pensamiento. Cualquiera que
sea, por mi parte, para mí, el éxito de
estos débiles ensayos, me servirán siem­
pre de gloria si ‘me procuran el honor
de que me conozcáis y de haceros ver la
admiración y el profundo respeto con que
tengo el honor de ser vuestro humil­
de, etc.

J. J. Rousseau.

Resucita en George la intuición orgullosamente humilde de Holderlin, de
que el poeta recibe, con la cabeza des­
cubierta, el rayo celeste de manos de
Dios, para entregarlo, envuelto en su
canto, al pu eblo:
"S oy sólo una chispa del fuego sagrado,
sólo soy un trueno de la voz sagrada.
El que tiene un concepto tan elevado
de la misión del poeta no solamente lo
demuestra en cada verso de su propis
grandiosa obra lírica, sino que va a
buscar en todo el amplio círculo de la
cultura europea, la poesía "sobreper­
sonal” , para verterla, con incomparable
comprensión, al idioma materno. Los
tercetos de Dante, a quien G e o r g e se
asemeja misteriosamente en su per*1 &lt;
son traducidos por él con la misma maes­
tría que los sonetos de Shakespeare, jos
poemas de Baudelaire, Verlaine, Swwburne, D ’Annunzio, Jacobsen, Verhaeren, Verwey. De esta manera el reino
de Stefan George, vinculando los pue
blos y abarcando la tierra, tiende al to o
de la humanidad según su principio ®
eterna vigencia:
"No es trascendental lo que divide y
descompone, sino lo que reúne hom re
y universo y restablece rítmicamente
armonía del mundo.”

�cabalgata
NOTICIAS
DE LAS

Exposiciones L ocales
*‘ *Un grupo de pintores jóvenes exhibió
dibujos en la Sociedad Argentina de Artis­
tas Plásticos. De sensible y torturada pre­
sencia los de Luis Barragán; de fuertes
efectos de blanco y negro, Bruno Venier;
estudios de color de B. F orte; apuntes
a la tinta de Presas; sepia, I. Sánchez.
Otros: J. Gnecco, A. Lipietz, A. Altalef,
L. Lusnich, J. Moraña, E. Pons, A.
D’Amato, E. Sieyro. En más de uno se
ve el influjo decidido del maestro Lino
Spilimbergo.
" ‘ Búsquedas diferentes, desde lo abstrac­
to a lo real, son los dibujos y las acua­
relas de Horacio Martínez Ferrer, en la
Asociación Estímulo de Bellas Artes.

E n riqu e P olicastro.

‘ "E xposición homenaje, la de Carlos M.
Oignoli, prematuramente fallecido, en la
Galería Rose Marie. El pintor está pre­
sente en unas breves notas de color y
algún croquis.

Entierro.

N ueve P intores A rgentinos
n pintura argentina moderna reñ­
íanme caracteres y calidades que la
presentan afinada y com pleja dentro
de la problemática plástica de nuestro
tiempo. Las vanguardias que hacia
1921 y 1930 se afirman en dos gene­
raciones de artistas han ganado la
batalla local del arte contemporáneo,
pero ¿hasta cuándo se ha de reducir
el valor de una obra a puros conceptos
form ales? ¿Hasta cuándo una obra de
arte debe responder únicamente a pla­
nos, volúmenes, tonos, colores y demás
elementos que componen un cuadro, y
no por su jerarquía estética primordial,
acento de vida o de tragedia, a la par
documento y expresión consciente de
una hora de nuestra historia colectiva?
La generación de 1921 sostuvo los
ideales del arte viviente en el cual le
c-upo dimensión y aporte. Sin embargo,
¿cóm o seguir un camino de simple
aprendizaje y no soñar con una intuida
madurez? Cuando pintores argentinos
— un Gómez Cornet, un Spilimbergo,
un Castagnino— piensan y trabajan
para alcanzar una expresión en que
la tierra del país vea articulada su voz,,
ya superan el puro juego pictórico, ya
alcanzan una medida real y superreal
en donde la Argentina existe con su
tono individualizado y diferencial. He
aquí la nueva marcha de nuestra pin ­
tura y su creciente posibilidad,
Me atengo al núcleo de pintores de
la IV t Exposición del "Centro de P ro ­
fesores Diplomados de Enseñanza Se­
cundaria” : Horacio Mareh y Enrique
Policastro. de la generación de 1921,
y Luis Barragán, Armando Chiesa,
Mareos Tiglio, César López Claro, E n ­
rique Fernández Chelo, Raúl Russo y
Andrés Calabrese, de la generación de
1930. En unos y otros, el puro ju ego
plástico y colorístico y el acento de
autenticidad que exige nuestra tierra

en su evolución cultural. En este as­
pecto, Mareh ocupa un lugar prom i­
nente. En sus paisajes una típica calle
que va a dar al río, de arquitecturas
tocadas poéticamente, o una cañada
cordobesa, fija n un acentuado estatismo
y silencios que participan de un clima
"m etafísico” expectante. Policastro es­
grime un color dramático, un expresio­
nismo de buena ley. En "Com posición” ,
hace invariable pintura de grises inten­
sos, con dos figuras en rojo y negro
y unos toqués de blanco que pueblan
el paisaje de raíces trágicas de pobres
suburbios porteños.
Otra medida sitúa a Barragán. Su
relato pictórico, inscripto como una ta­
bla primitiva, ostenta deliciosos tonos
verdes y azules. En Chiesa, los planos
de color atienden a una atmósfera den­
samente pictórica compuesta con agu­
deza plástica. Fin "Anunciación” y
"Sueño del modelo” , su inteligencia de
in flu jo cubista ha coordinado bellas
superficies planas coloreadas, pero se
aparta del abstractismo para hallar
insinuados valores representativos y
líneas que ciñen sus composiciones.
Tiglio, pinta "F lores” con libertad
expresiva, y la tela respira una ema­
nación emocional que estructura las
form as y a la vez las disuelve en un
color de fluyente calidad. F. Chelo ha
sabido ver en su monocopia un lírico
paisaje con figuras en un nocturno
de los alrededores de Buenos A ires:
fuertes trazos funcionales particulari­
zan su trabajo. Sintéticas form as y
anotaciones del color, son propias de
Raúl Russo. López Claro, se atiene
a los grises y negros de sus monocopias. Tonos bajos cultiva Calabrese.
La pintura joven del país alienta
en estos hombres nuevos un resplandor
de esperanza.
R. Brughetti.

EXPOSICIONES

tuvieron lugar en el au’ a magna de la
Facultad de Filosofía y Letras de la U ni­
versidad Nacional de Buenos Aires los
días 22 y 25 de octubre. Dictó la pri­
mera el ilustre crítico de arte señor Julio.
E. Payró, y la segunda, el arquitecto señor
Angel Guido. "Las cuatro estaciones de
Goya” , "España y Europa en el arte de
Goya” (Goya visto por un americano),
se titularon respectivamente las dos inte­
resantes disertaciones.

L

FRANCIA
El " a ffich e” en el cine (desde 1895
a 1946), Organizada por los Dibujantes
y Afiehistas del Cine, con la colabora­
ción de la Biblioteca Nacional y de la
Cineteca Francesa, se efectuó esta Expo­
sición retrospectiva. Existe una búsqueda
de interés estético y otra publicitaria,
ambas valiosas y no descuidadas. En el
Catálogo, " L ’a f fiche de cinéma” con­
tiene el punto de vista del "metteur en
scéne” (L. D aquin), del distribuidor (M .
Gentel) y del director de publicidad (J.
M. M ounier).
COYA
La Institución Cultural Española, que
preside el conocido economista don R a­
fael Vehils ha organizado, en conmemo­
ración del bicentenario del nacimiento de
Francisco de Goya, dos conferencias que

CHILE
Francisco Otta, prestigioso pintor che­
co de larga residencia en Santiago de
Chile, expone en estas fechas en los sa­
lones del Banco de Chile, ba jo los auspi­
cios del "Comité coordinador ínter-eslavo” .
Los aficionados al arte de Buenos Aires
recuerdan aún una brillante exposición
realizada por ese artista en los salones
W itcom b hace cosa de ‘ cuatro años, en
cuya ocasión la* erítica de nuestros gran­
des rotativos le dedicó efusivos elogios.

‘ "T r a b a jo s ejecutados por alumnos de
la Academia de Bellas Artes de Cuyo,
vimos en la "Casa de Mendoza” . Artistas
insignes: el pintor Ramón Gómez Cornet,
el escultor Lorenzo Domínguez, los graba­
dores Víctor Delhez y Sergio Sergi, son
los principales animadores de ese conjunto
de jóvenes que hacen sus primeras armas.

Luis Goicland M oren o.

Luis

Goicland

M oren o.

El mucamito.

Composición.

‘ “ Destacamos: "Estudios de madera” ,
fotografías de Lux Elsner, en Salones
V ia u ; y otras de George Friedman, en
el Instituto Francés de Estudios Supe­
riores. Excelentes sus fotos de temas de
la tierra argentina.
“ ‘ Treinta óleos expone en "M ü.ler” el
pintor Luis Gowland Moreno. Hemos gus­
tado sus típicos rincones porteños vertidos
con honda pasión de alma y denso pin­
celar en el predominio de ricos grises.
“ ‘ Reproducciones de obras famosas, clá­
sicas y modernas, pueden admirarse en
"Peuser” . Han sido presentadas por Car­
los Hirsch. Tam bién: Pintores antiguos
y modernos, dentro de la tradición fran­
cesa, expuestos por el decorador parisiense
André Mauny.
‘ “ Reza en el catálogo de los trabajos de
los estudiantes mendocinos: "Consciente
de cuál es el problema del Arte en esta
hora, se impuso como lema que toda ex­
presión artística para ser personal y libre
debe venir precedida del dominio de los
elementos plásticos, sin lo cual la apa­
rente realización espontánea se trueca en
rutina e impotencia.”

H oracio M areh.

Calle de Colonia, Uruguay.

A rte Contemporáneo I taliano
manifiesto futurista pasa por ser
el punto de partida. Es casi exacto,
pero antes de hacer escuchar su p ro­
pia voz, esos jóvenes debieron acallar
la del llamado período umbertino, p ro­
vinciano y pequeño burgués. La ge­
neración que comienza a actuar en el
1900, no se limita al acostumbrado pa­
pel de negadora y reemplazante de la
generación anterior, y como el arte se
salva siempre, los recién llegados son
los que, en el momento oportuno, dan
a la literatura, la pintura y la poesía
de Italia, la fisonomía de universalidad
y modernidad que venían necesitando.
El último ochocientos era falso y re­
tórico, y era falsa y retórica la tra­
dición en la cual se apoyaba; por eso,
había que liquidarlo conquistando las
tradiciones legítimas, las que implican
un verdadero sentido histórico, es decir
— T. S. Eliot— , el pasado como pre­
sencia. El ímpetu renovador fué total.
Las revistas del tipo de la "Nuova A n­
tología” o la "Rivista d’Italia” , fueron
reemplazadas por "La V oce” o "Leonar­
do” , firmes y ardientes. Empiezan para
el perfumado D ’Annunzio, los años de
agotadora supervivencia, fatigosa ca­
rrera que terminaría ya sabemos cómo.
A Carducci se lo respeta, pero este g i­
gante a destiempo no es guía adecuado
para los nuevos caminos. Con im per­
ceptible ironía, la poesía se toma su
revancha mediante el alma "casalingha”
de los poetas crepusculares, de tonos
suaves, hondos, y bastante tisis funam­
bulesca. Y la pintura toma también su
revancha. Durante el período umberti­
no (¿quién no lo recuerda en las admi­
rables páginas de las "Stam pe dell’
800” , de Aldo Palazeschi?), la pintura
se mueve en un provincialigpro sin in­
quietudes ni psicología, y se mueve en
el helenismo y prerrafaelismo dannunziano de fines de siglo, ilustrado por los
cuadras de Sartorio y De Carolis. Lo
superficial y lo 'agradable, Dianas y
Gorgonas, retratos de satisfechos y de
héroes griegos. Pero entretanto, junto
a los poemas crepusculares de Gozzano
o de Sergio Corazzini, hay otros pinto­
res que nada tienen que ver con Sar­
torio o De C arolis: los pintores líricos.
H ay en ellos una voluntad puesta al
servicio de un neorromanticismo triste,
literario, lleno de penumbras. El futu­
rismo estaba próximo a estallar, y de
los líricos nos quedan los hermosos
cuadros de Beccarini, con sus bohemios
pálidos, inmateriales, tan alejados como
Beccarini mismo, de la vitalidad meri­
dional y futurista de Umberto Boccioni.

E

l

* * *
Misterio y silencio son las sugerencias
de la pintura metafísica. En este ro ­

manticismo de lo. misterioso, como ha
sido llamado, los objetos son seleccio­
nados con ardor intelectual y poético,
y de ese caos aparente de guantes de ci­
rugía, yelmos viejos, plazas frías, es­
cuadras y maniquíes, emana una simbología extraña y apasionada. Cualquier
objeto tratado por la pintura m etafí­
sica pierde su sentido y su valor indi­
vidual, para ponerse al servicio de una
fábula que se desarrolla en el plano
ideal. La nueva tendencia con De Chi­
neo V Carra como grandes animadores,
tuvo su centro polémico y teórico en
una revista fundada por el escritor
Mario Broglio, llamada "Y alori Plastici” .
Cuando De Chirieo pintaba su "H éc­
tor y Andrómaca” , en una portentosa
combinación de maniquíes imitadores
del hombre (el mundo de lo mecánico
es aporte típicamente futurista), con la
fábula pagana, terminaba la primera
guerra mundial. Ahora la voz de orden
es otra : la forma.- La perfección de la
estatuaria grec-olatina y, naturalmente,
Ingres. "La diferencia entre los pinto­
res metafísieos y los neoclásicos, dice el
crítico V. Costantini, está en el hecho
de (pie unos crean más bien una ficción
escénica, un ambiente, una composición
fabulosa; los otros, en cambio, ofrecen
una interpretación exquisitamente plás­
tica.” Así son, en efecto, los desnudos
femeninos de F. C'asorati, de Sbisa o
de Antonio Donghi. Pero el contacto
con la pintura metafísica, no se ha per­
dido del todo. Las figuras, graciosas y
armónicas, están compuestas con una
simplicidad esencial. Perfectas y frías,
adolecen de ese estatismo característico
de la pintura metafísica.
* * *
Después, llegaron los años de euforia
fascista. Exacerbada la idea de un arte
nacional italiano, despojado (la retó­
rica al uso lo pedía a gritos) de toda
clase de ismos extranjeros, se buscó un
eclecticismo sin mayor preocupación de
escuela. El grupo inicial, siete pintores
entre los que se cuentan^ Bucci, Malerba y Mario Sironi, exhibe en la E xposi­
ción Bianual de Yenecia del año 1924,
con la dirección espiritual de Margarita
Sarfatti. Nace así el Novecientos, nom­
bre que se le da al grupo, y que rá­
pidamente se difunde. Todos los artistas
italianos estuvieron presentes en las su­
cesivas muestras del Novecientos,- reali­
zadas en Italia y en el extranjero, pero
el telón de fondo, constantemente re­
novado, sigue siendo hasta hoy la labor
infatigable y de permanente enseñanza
de De Chirieo, Carra, Severini y M o­
ran di.
Alberto Girri.

***De la Colección Vicente Leveratto
(V an Riel) se pueden ver pinturas del
siglo x ix . Se exhiben obras de Ménard,
Anglada, D. Morelli, H. Martin, Sivori, etc.
“ ‘ Cesáreo Bernaldo de Quirós ocupa las
salas de "W itcom b” con sus 64 óleos que
comprenden dilatadas composiciones, fig u ­
ras, naturalezas muertas y paisajes.
“ ‘ Horacio Butler ha llevado una Exposi­
ción Retrospectiva de sus obras a "Im ­
pulso” . Documenta afirmativos avances
del artista.
‘ “ Eugenia Crenovioh (Y ente) expone
"Pinturas en relieve” en "Müller” , de al­
cance constructivo.
,

L u cio L ó p ez R ey.

Carnaval en España. (Segundo premio de la Exposición
Anual de Nueva York.)

‘ ‘ ‘ El grupo "A rte Concreto. Invención” ,
realiza una nueva presentación en la So­
ciedad Argentina de Artistas Plásticos.
El grupo "M adi” lo hace en "Altanlira” .
Se trata de testimonios que perfilan una
etapa del arte abstracto en la Argentina.

Cario Carrh.

Naturaleza muerta.

�cabalgata
NOTICIAS
DE LAS

Exposiciones L ocales
***Un grupo de pintores jóvenes exhibió
dibujos en la Sociedad Argentina de Artis­
tas Plásticos. De sensible y torturada pre­
sencia los de Luis Barragán; de fuertes
efectos de blanco y negro, Bruno Venier;
estudios de color de B. F orte; apuntes
a la tinta de Presas; sepia, I. Sánchez.
Otros: J. Gnecco, A. Lipietz, A. Altalef,
L. Lusnich, J. Moraña, E. Pons, A.
D’Amato, E. Sieyro. En más de uno se
ve el influjo decidido del maestro Lino
Spilimbergo.
'"B úsquedas diferentes, desde lo abstrac­
to a lo real, son los dibujos y las acua­
relas de Horacio Martínez Ferrer, en la
Asociación Estímulo de Bellas Artes.

Enrique Policastro,

'"E x p osición homenaje, la do Carlos M.
Cignoli, prematuramente fallecido, en la
Galería Rose Marie. El pintor está pre­
sente en unas breves notas de color y
algún croquis.

Entierro.

Nueve P intores A rgentinos
pintura argentina moderna rea’ sume caracteres y calidades que la
presentan afinada y compleja dentro
de la problemática plástica de nuestro
tiempo. Las vanguardias que hacia
1921 y 1930 se afirman en dos gene­
raciones de artistas han gallado la
batalla local del arte contemporáneo,
pero ¿hasta cuándo se ha de reducir
el valor de una obra a puros conceptos
formales? ¿Hasta cuándo una obra de
arte debe responder únicamente a pla­
nos, volúmenes, tonos, colores y demás
elementos que componen un cuadro, y
no por su jerarquía estética primordial,
acento de vida o de tragedia, a la par
documento y expresión consciente de
una hora de nuestra historia colectiva?
La generación de 1921 sostuvo los
ideales del arte viviente en el cual le
cupo dimensión y aporte. Sin embargo,
¿cómo seguir un camino de simple
aprendizaje y no soñar con una intuida
madurez? Cuando pintores argentinos
— un Gómez Cornet, un Spilimbergo,
un Castagnino— piensan y trabajan
para alcanzar una expresión en que
la tierra del país vea articulada su voz,,
ya superan el puro juego pictórico, ya
alcanzan una medida real y superreal
en donde la Argentina existe con su
tono individualizado y diferencial. He
aquí la nueva marcha de nuestra pin­
tura y su creciente posibilidad.
Me atengo al núcleo de pintores de
la IV !) Exposición del "Centro de P ro­
fesores Diplomados de Enseñanza Se­
cundaria” : Horacio March y Enrique
Policastro. de la generación de 1921,
y Luis Barragán, Armando Chiesa,
Marcos Tiglio, César López Claro, En­
rique Fernández Chelo. Raúl Russo y
Andrés Calabrese, de la generación de
1930. En unos y otros, el puro juego
plástico y eolorístico y el acento de
autenticidad que exige nuestra tierra

en su evolución cultural. En este as­
pecto, March ocupa un lugar promi­
nente. En sus paisajes una típica calle
que va a dar al río, de arquitecturas
tocadas poéticamente, o una cañada
cordobesa, fija n un acentuado estatismo
y silencios que participan de un clima
"metafísico” expectante. Policastro es­
grime un color dramático, un expresio­
nismo de buena ley. En "Composición” ,
hace invariable pintura de grises inten­
sos, con dos figuras en rojo y negro
y unos toqués de blanco que pueblan
el paisaje de raíces trágicas de pobres
suburbios porteños.
Otra medida sitúa a Barragán. Su
relato pictórico, inscripto como una ta­
bla primitiva, ostenta deliciosos tonos
verdes y azules. En Chiesa, los planos
de color atienden a una atmósfera den­
samente pictórica compuesta con agu­
deza plástica. En "Anunciación” y
"Sueño del modelo” , su inteligencia de
influjo eubista ha coordinado bellas
superficies planas coloreadas, pero se
aparta del abstractismo para hallar
insinuados valores representativos y
líneas que ciñen sus composiciones.
Tiglio, pinta "Flores” con libertad
expresiva, y la tela respira una ema­
nación emocional que estructura las
formas y a la vez las disuelve en un
color de fluyente calidad. F. Chelo ha
sabido ver en su monocopia un lírico
paisaje con figuras en un nocturno
de los alrededores de Buenos A ires:
fuertes trazos funcionales particulari­
zan su trabajo. Sintéticas formas y
anotaciones del color, son propias de
Raúl Russo. López Claro, se atiene
a los grises y negros de sus monocopias. Tonos bajos cultiva Calabrese.
La pintura joven del país alienta
en estos hombres nuevos un resplandor
de esperanza.
R. Brughetti.

EXPOSICIONES

tuvieron lugar en el au’ a magna de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Uni­
versidad Nacional de Buenos Aires los
días 22 y 25 de octubre. Dictó la pri­
mera el ilustre crítico de arte señor Julio.
E. Payró, y la segunda, el arquitecto señor
Angel Guido. "Las cuatro estaciones de
Goya” , "España y Europa en el arte de
Goya” (Goya visto por un americano),
se titularon respectivamente las dos inte­
resantes disertaciones.

i

L

FRANCIA
El " affiche” en el cine (desde 1895
a 1946), Organizada por los Dibujantes
y Afichistas del Cine, con la colabora­
ción de la Biblioteca Nacional y de la
Cineteca Francesa, se efeetuó esta Expo­
sición retrospectiva. Existe una búsqueda
de interés estético y otra publicitaria,
ambas valiosas y no descuidadas. En el
Catálogo, "L ’affiche de einéma” con­
tiene el punto de vista del "metteur en
scéne” (L. Daquin), del distribuidor (M.
Gentel) y del director de publicidad (J.
M. Mounier).

COYA
La Institución Cultural Española, que
preside el conocido economista don Ra­
fael Vehils ha organizado, en conmemo­
ración del bieentenario del nacimiento de
Francisco de Goya, dos conferencias que

CHILE
Francisco Otta, prestigioso pintor che­
co de larga residencia en Santiago de
Chile, expone en estas fechas en los sa­
lones del Banco de Chile, bajo los auspi­
cios del "Comité coordinador ínter-eslavo” .
Los aficionados al arte de Buenos Aires
recuerdan aún una brillante exposición
realizada por ese artista en los salones
Witeomb hace cosa de 'cuatro años, en
cuya ocasión la* crítica de nuestros gran­
des rotativos le dedicó efusivos elogios.

'"T r a b a jo s ejecutados por alumnos de
la Academia de Bellas Artes de Cuyo,
vimos en la "Casa de Mendoza” . Artistas
insignes: el pintor Ramón Gómez Cornet,
el escultor Lorenzo Domínguez, los graba­
dores Víctor Delhez y Sergio Sergi, son
los principales animadores ¡le ese conjunto
de jóvenes que hacen sus primeras armas.

Luis

Gouiland

M oren o.

Composición.

"'D esta ca m os: "Estudios de madera” ,
fotografías de Lux Elsner, en Salones
V iau ; y otras de George Friedman, en
el Instituto Francés de Estudios Supe­
riores. Excelentes sus fotos de temas de
la tierra argentina.
'"T r e in ta óleos expone en "Mü'.ler” el
pintor Luis Gowland Moreno. Hemos gus­
tado sus típicos rincones porteños vertidos
con honda pasión de alma y denso pin­
celar en el predominio de ricos grises.
'"R eproducciones de obras famosas, clá­
sicas y modernas, pueden admirarse en
"Peuser” . Han sido presentadas por Car­
los Hirseh. También: Pintores antiguos
y modernos, dentro de la tradición fran­
cesa, expuestos por el decorador parisiense
Andró Mauny.
'" R e z a en el catálogo de los trabajos de
los estudiantes mendocinos: "Consciente
de cuál es el problema del Arte en esta
hora, se impuso como lema que toda ex­
presión artística para ser personal y libre
debe venir precedida del dominio de los
elementos plásticos, sin lo cual la apa­
rente realización espontánea se trueca en
rutina e impotencia.”

H oracio March.

Calle de Colonia, Uruguay.

A rte Contemporáneo I taliano
manifiesto futurista pasa por ser
el punto de partida. Es casi exacto,
pero antes de hacer escuchar su pro­
pia voz, esos jóvenes debieron acallar
la del llamado período umbertino, p ro­
vinciano y pequeño burgués. La ge­
neración que comienza a actuar en el
1900, no se limita al acostumbrado pa­
pel de negadora y reemplazante de la
generación anterior, y como el arte se
salva siempre, los recién llegados son
los que, en el momento oportuno, dan
a la literatura, la pintura y la poesía
de Italia, la fisonomía de universalidad
y modernidad que venían necesitando.
El último ochocientos era falso y re­
tórico, y era falsa y retórica la tra­
dición en la cual se apoyaba; por eso,
había que liquidarlo conquistando las
tradiciones legítimas, las que implican
un verdadero sentido histórico, es decir
— T. S. Eliot— , el pasado como pre­
sencia. El ímpetu renovador fué total.
Las revistas del tipo de la "Nuova An­
tología” o la "Rivista d’Italia” , fueron
reemplazadas por "La Voee” o "Leonar­
do” , firmes y ardientes. Empiezan para
el perfumado D ’Annunzio, los años de
agotadora supervivencia, fatigosa ca­
rrera que terminaría ya sabemos cómo.
A Carducci se lo respeta, pero este gi­
gante a destiempo no es guía adecuado
para los nuevos caminos. Con imper­
ceptible ironía, la poesía se toma su
revancha mediante el alma "casalingha”
de los poetas crepusculares, de tonos
suaves, hondos, y bastante tisis funam­
bulesca. Y la pintura toma también su
revancha. Durante el período umberti­
no (¿quién no lo recuerda en las admi­
rables páginas de las "Stampe delT
800” , de Aldo Palazeschif), la pintura
se mueve en un provincialigmd sin in­
quietudes ni psicología, y se mueve en
el helenismo y prerrafaelismo dannunziano de fines de siglo, ilustrado por los
cuadras de Sartorio y De Carolis. Lo
superficial y lo 'agradable, Dianas y
Gorgonas, retratos de satisfechos y de
héroes griegos. Pero entretanto, junto
a los poemas crepusculares de Gozzano
o de Sergio Corazzini, hay otros pinto­
res que nada tienen que ver con Sar­
torio o De Carolis: los pintores líricos.
Hay en ellos una voluntad puesta al
servicio de un neorromanticismo triste,
literario, lleno de penumbras. El futu­
rismo estaba próximo a estallar, y de
los líricos nos quedan los hermosos
cuadros de Beccarini, con sus bohemios
pálidos, inmateriales, tan alejados como
Beccarini mismo, de la vitalidad meri­
dional y futurista de Umberto Boccioni.

E

l

* * *
Misterio y silencio son las sugerencias
de la pintura metafísica. En este ro­

manticismo de lo. misterioso, como ha
sido llamado, los objetos son seleccio­
nados con ardor intelectual y poético,
y de ese caos aparente de guantes de ci­
rugía, yelmos viejos, plazas frías, es­
cuadras y maniquíes, emana una simbología extraña y apasionada. Cualquier
objeto tratado por la pintura metafí­
sica pierde su sentido y su valor indi­
vidual, para ponerse al servicio de una
fábula que se desarrolla en el plano
ideal. La nueva tendencia con De Chirico y Carra como grandes animadores,
tuvo su centro polémico y teórico en
una revista fundada por el escritor
Mario Broglio, llamada "Valori Plastici”.
Cuando De Chirieo pintaba su "H éc­
tor y Andrómaca”, en una portentosa
combinación de maniquíes imitadores
del hombre (el mundo de lo mecánico
es aporte típicamente futurista), con la
fábula pagana, terminaba la primera
guerra mundial. Ahora la voz de orden
es otra: la forma.- La perfección de la
estatuaria grecolatina y, naturalmente,
Ingres. "La diferencia entre los pinto­
res metafísicos y los neoclásicos, dice el
crítico V. Costantini, está en el hecho
de que unos crean más bien una ficción
escénica, un ambiente, una composición
fabulosa; los otros, en cambio, ofrecen
una interpretación exquisitamente plás­
tica.” Así son, en efecto, los desnudos
femeninos de F. C'asorati, de Sbisa o
de Antonio Donghi. Pero el contacto
con la pintura metafísica, no se ha per­
dido del todo. Las figuras, graciosas y
armónicas, están compuestas con una
simplicidad esencial. Perfectas y frías,
adolecen de ese estatismo característico
de la pintura metafísica.
# * #
Después, llegaron los años de euforia
fascista. Exacerbada la idea de un arte
nacional italiano, despojado (la retó­
rica al uso lo pedía a gritos) de toda
clase de ismos extranjeros, se buscó un
eclecticismo sin mayor preocupación de
escuela. El grupo inicial, siete pintores
entre los que se cuentan Bucci, Malerba y Mario Sironi, exhibe en la Exposi­
ción Bianual de Veneeia del año 1924,
con la dirección espiritual de Margarita
Sarfatti. Nace así el Novecientos, nom­
bre que se le da al grupo, y que rá­
pidamente se difunde. Todos los artistas
italianos estuvieron presentes en las su­
cesivas muestras del Novecientos,- reali­
zadas en Italia y en el extranjero, pero
el telón de fondo, constantemente re­
novado, sigue siendo hasta hoy la labor
infatigable y de permanente enseñanza
de De Chirieo, Carra, Severini y Morandi.
Alberto Girri.

'" D e la Colección Vicente Leveratto
(Van Riel) se pueden ver pinturas del
siglo xix. Se exhiben obras de Ménard,
Anglada, D. Morelli, H. Martin, Sivori, etc.
'"C esá reo Bernaldo de Quirós ocupa las
salas de "Witeomb” con sus 64 óleos que
comprenden dilatadas composiciones, figu­
ras, naturalezas muertas y paisajes.
"'H o r a c io Butler ha llevado una Exposi­
ción Retrospectiva de sus obras a "Im ­
pulso” . Documenta afirmativos avances
del artista.
"'E u g e n ia Crenovioh (Yente) expone
"Pinturas en relieve” en "Müller” , de al­
cance constructivo.
" ‘ El grupo "Arte Concreto. Invención” ,
realiza una nueva presentación en la So­
ciedad Argentina de Artistas Plásticos.
El grupo "M adi” lo hace en "Altamira” .
Se trata de testimonios que perfilan una
etapa del arte abstracto en la Argentina.

Cario Carrh. Naturaleza muerta.

�E cabalgata
que en este desnudo está ya actuando,
con sus más finas exigencias, aquel “ élan”
vital, aquel reconocimiento de la natura­
leza, con su belleza y su crueldad — la
naturaleza incluso en la ciudad— que un
gran crítico del arte romántico definió
como la característica d© lo moderno. '
Pero Ingres, y aun Delacroix, no lle­
garon a desatar los vientos que ese reco­
nocimiento de la naturaleza, de su pode­
río transformador, acabaría por imponer
más tarde. Le estaba reservada a Cézzane
la iniciación en el cumplimiento de tan
tremendo mandato. Y el gran maestro
pudo inaugurar la batalla de los nuevos
tiempos. La destrucción de las forma's,
gritaron los ensayistas, los críticos, el pú­
blico. Invención de nuevas formas, res­
pondieron los artistas* los poetas, los a fi­
cionados más inteligentes. Y al pasar los
años, quizá ninguna de las partes tiene
razón. Al contemplar hoy estas cinco ba­
ñistas de Cézanne, no podríamos hablar
seriamente de destrucción ni de invención.
Hay en ellas tal frescor de descubri­
miento, tal fuerza real y poética, está
tan sentida la materia, su forma, su vida,
su color, que más bien se nos ocurre pre­
guntarnos si la nueva escuela, llamémosle
así, no se habrá planteado por primera
vez con todas sus consecuencias, el apoderamiento, la posesión de las formas,
plenamente, violando las tinieblas con­
vencionales, los engaños de la anatomía
inerte, del color heredado, de la actitud
que aconseja el canon.
G rom aire. Desnudo sentado en un sillón Luis XIII.

No, no es esto la deshumanización del
arte. Es, más bien, lo contrario, el gran
intento de hallar, de conquistar la huma­
nidad de los grandes días, el torso heroi­
co, el cansancio supremo de unos muslos
que antes sólo hubieran sido pintados por
su significación de belleza admitida, la
violencia de una cabellera que cae sobre
la espalda como un manojo de agrestes
y pardos matorrales.
Modigliani nos parece otra cosa: la
pintura e cosa mentale. ¿No extrema M q.-

Ingres.

La fuente.

Museo del Louvre.

1

A plena conquista del desnudo es algo que deberemos siempre al renaj cimiento. Anteriormente se habían hecho incursiones, heroicas aven­
turas casi clandestinas. En el renacimiento el desnudo se impone como
uno de los mundos más legítimos de la pintura y ejerce desde entonces
su imperio sobre pintores y aficionados.
A través de su evolución, se ve mejor quizá que en cualquier otra
expresión pictórica, el desarrollo de las tendencias artísticas de los dos
últimos siglos. En esta página, verá el lector cinco obras maestras del
género. Presidiéndolas a todas, el ya famoso cuadro de Ingres, “ La
Souree” . Imagen entera, retrato clásico, estricta pureza lineal, como en
un claro espejo fiel al modelo que recoge en su azogue. Ahora que la
gran batalla Ingres-Delacroix nos parece más que batalla un diálogo fra ­
ternal, cuando vemos hasta qué punto estaban ambos enmarcando, cada
uno a su modo, el campo inagotable del romanticismo, no podemos dejar
de ver cuánto sentimiento hay en esta figura de tan fría apariencia,
cuánta ordenada libertad en ese dibujo que pudo parecer nada más que
cálculo. Y, si se piensa en los desnudos clásicos de la línea no román­
tica, es decir, si se excluye a Tiziano, a Tintoretto, a Eubens, veréis

M odigliani.

Desnudo.

digliani la helada y ardiente inteligencia
de Ingres? ¿No busca otras conquistas?
Acaso sea el pintor contemporáneo que
más ha buscado lo ideal, como si se sin­
tiera el guardián de la gran tradición:
emplea, seleccionándolos, todos los medios
de la pintura moderna, para salvar el
tesoro de Leonardo. Y, más allá, la lumi­
nosa y delgada, ideal expresión prerrenacentista. Aunque una característica pre­
cisión, cruel, intensa, lúcida, le preste un
paradójico fulgor romántico.

CINCO DESNUDOS
Por JULIO C. FIGUEROA

El desnudo de Matisse, “ Femme nue
sur un fauteil rouge” , condensa los lu jo­
sos valores de su pintura. En .un estudio
reciente dec'a Louis Aragón que es Ma­
tisse el pintor del lujo, del lujo mere­
cido, con el que sueña el hombre de nues­
tro tiempo, de todos los tiempos. Y el
ocio delicado, el bueno, parece regir la
forma de este desnudo, y una elegancia
lejos de toda posible muñequería -—lejos
del consabido hipódromo, de la soirée, del
salón de belleza— envuelve todo el cuadro.
No se sabe qué misteriosa castidad, qué
salud insospechada, qué virtud natural,
hace de este desnudo algo que contrasta
profundamente con su primer aspecto
decorativo, con el extraordinario lujo que
en él vemos.
Gromaire tiene más novelería. Su des­
nudo, “ Nu au fauteil Louis N III” , recu­
pera los derechos literarios de la pintura,
imponiéndolos CQn pasión y arte eézanneseos. Trata la forma como un problema
de geometría para resolverlo luego con
apetito de libertad, para desencadenar
luego, dentro de una elipsis, toda la am­
plia violencia de una recta, una recta
sensual, viva, tan sinuosa y llena de tem­
blor como una curva despeñada.

Henri Matisse.

Mujer sentada en un sillón rojo.

Cinco desnudos. Cinco nombres repre­
sentativos en la historia de la pintura
moderna, desde el romanticismo hasta
nuestros días. Indudablemente, faltan
grandes maestros y escuelas enteras en
esta página. Pero Ingres, Cézanne, Matis­
se, Modigliani, y Gromaire, pueden, por
sí solos, hacernos recordar con todos los
derechos, uno de los más apasionantes
géneros de lá pintura: el desnudo.

Cézanne.

Cinco bañistas.

Colección Bames Foundation.

�CUENTO POLICIAL

cabalgata©
(V ien e

del

número

anterior.)

de nosotros a la puerta, y los
demás a cada ventana. Macbride
tiene aquí una escalera para trepar a la
ventana alta.
Mr. H om e Fisher, el lánguido secreta­
rio, se volvió a su distinguido pariente
y habló por primera vez en la noche.
— Creo que voy a convertirme a la es­
cuela cockney de psicología — susurró
con voz apenas audible.
Los otros parecían reaccionar igualmen­
te a la influencia de Wilson, cada uno
a su manera, pues el grupo comenzó a di­
solverse en la forma indicada. Morton
se encaminó a la ventana inmediata a él,
donde el oculto fugitivo acababa aparen­
temente de apagar su vela. Nolan, algo
más hacia el oeste, acudía a la siguiente
abertura, mientras Wilson, seguido por
Macbride, que llevaba la escalera, rodea­
ba la torre para alcanzar las dos venta­
nas traseras. Seguido por su secretario,
sir Walter Carey echó a caminar circu­
larmente en demanda de la única puer-

U

no

i : 'te
éa #

::.

-

LAS FUGAS DEL PRINCIPE
P o r G. K. C H E S T E R T O N
y el ruido de una silla al caer, indicaron
que el intrépido londinense había conse­
guido finalmente introducirse en la ha­
bitación. Siguió entonces un raro silencio,
y sir Walter, acercándose a la ventana
entre el humo ya menos espeso, miró hacia
el interior del hueco cascarón de la an­
tigua torre. Aparte de Wilson, que mira­
ba en torno suyo con asombro, no había
nadie allí.
El interior d© la torre era un sencillo
cuarto vacío, cuyo moblaje constaba de
una rústica silla de madera y una mesa
donde se veían plumas, tinta, papel y el
candelero. En la mitad de la pared, en lo

í
'vSÍ-'

ta, queriendo solicitar admisión de una
manera más regular.
-—|Estará armado, n a tu r a lm e n t e ?
— preguntó con aire casual.
— Por lo que sé — repuso Home Fisl}¿.er— , nuestro hombre puede emplear un
candelero con más éxito que otros una
pistola. Pero seguramente también lleva­
rá la pistola.
Aun estaba hablando cuando la pre­
gunta fué contestada con lengua de true­
no. Morton terminaba de situarse frente
a la ventana más próxima, sus anchas
espaldas bloqueando la abertura. Por un
instante se le vió iluminado desde el
interior con un fuego rojo, seguido de
una aterradora sucesión de ecos. Las
cuadradas espaldas parecieron cambiar
de forma, y la pesada figura cayó entre
los altos y ásperos pastos al pie de la
torre. Una humareda flotaba desde la.
ventana, como una nubecilla. Los dos
hombres corrieron para levantarlo; pero
estaba ya muerto.
Sir Walter se enderezó, gritando algo
que no fué escuchado entre el estampido
de la segunda descarga; tal vez la policía
vengaba a su camarada desde el otro
lado de la torre. Fisher corrió hacia la
siguiente ventana, y su grito de asombro
atrajo sin tardanza a su pariente. Nolan,
el policía irlandés, estaba caído cuan
largo era sobre el pasto, rojo de sangre.
Aun vivía cuando se inclinaron a su
lado, pero la muerte asomaba a su ros­
tro y apenas alcanzó a hacer un gesto
final para indicarles que todo era inútil,
murmurando una palabra inconclusa y es­
forzándose heroicamente en señalar el si­
tio donde, sus restantes compañeros sitia­
ban la parte posterior de la torre.
Estupefactos por esas rápidas y repe­
tidas escenas, los dos hombres sólo pu­
dieron obedecer vagamente el gesto y en­
caminarse hacia las ventanas traseras.
Allí los esperaba un espectáculo igual­
mente violento, aunque menos trágico y
definitivo. Los dos restantes oficiales
no estaban muertos o malheridos, pero
Macbride yacía con una pierna rota y la
escalera caída sobre él, lo que probaba
que lo habían rechazado desde la ventana
alta de la torre. Wilson aparecía de
bruces, muy quieto y como insensible, el
rojo cabello entre los pastos grises y pla­
teados. Su desmayo, con todo, era mo­
mentáneo, pues cuando los otros se le
acercaron empezó a moverse y a tratar
de pararse.
— ¡P or Dios, esto ha sido como una
explosión! -—gritó sir Walter.
No hallaba otra palabra para explicar
esa energía extraterrena por la cual un
solo hombre acababa de lanzar en el mis­
mo instante la muerte y la destrucción
sobre los tres lados del pequeño triángulo
de las ventanas.
Wilson había conseguido ponerse de
pie, y con espléndida energía se lanzó
nuevamente a la ventana, revólver en
mano. Tiró dos veces contra la abertura
y lo vieron perderse dentro, envuelto en
su propio humo. El golpe de los zapatos

alto, divisábase una tosca plataforma de
madera situada debajo de la ventana su­
perior; no era más que un hueco o, mejor
aún, un ancho anaquel. Sólo se lo alcan­
zaba mediante una escalera, y parecía
tan vacío como las vacías paredes.
Wilson completó su inspección del lu­
gar, y se detuvo a contemplar las cosas
sobre la mesa. Silenciosamente apuntó con
el dedo la abierta página del gran cua­
derno. En la mitad de una palabra, el es­
critor había cesado bruscamente en la
tarea.
— D ije que era como una explosión
— afirmó por fin sir Walter Carey— .
Realmente parece que hubiera explotado
de pronto. Pero al hacerlo ha conseguido
desvanecerse sin siquiera tocar la torre.
Estalló como una burbuja, y no como una
bomba.
— Alcanzó a tocar cosas mucho más
valiosas que la torre — dijo amargamente
Wilson.
_
Hubo un largo silencio, que sir Walter
interrumpió por fin con voz preocupada.
— En fin, Mr. Wilson, yo no soy un de­
tective, y este desdichado suceso lo deja
a usted al frente de la tarea. Lamenta­
mos, claro está, la causa de tan brusca
promoción; pero me complazco en decirle
que personalmente tengo amplia confian­
za en su capacidad para llevar adelante
la tarea, i Qué cree que debemos hacer?
Wilson pareció arrancarse a su depre­
sión, y agradeció las palabras de sir W al­
ter con una cordialidad mayor de la que
hasta entonces mostrara a nadie. Llamó
a unos pocos policías para que lo ayuda­
ran a seguir la requisa en el interior de
la torre, mientras el resto se lanzaba a
una expedición de reconocimiento en los
páramos.
— Me parece — dijo— que lo primero es
asegurarnos bien de lo que hay aquí aden­
tro, y averiguar si pudo escapársenos f í ­
sicamente de alguna manera. Sin duda
el pobre Nolan hubiera hablado otra vez
de su fantasma, y sostenido que la cosa
era p o s ib le ... sobrenaturalmcnte. Pero
los espíritus inmateriales me tienen sin
cuidado cuando enfrento hechos concretos.
Estos hechos son para mí una torre vacía
donde hay una escalera, una silla y una
mesa.
— Los espiritistas — observó sir Wal­
ter— sostendrían que los espíritus pueden
utilizar una mesa de variadas maneras.
— Tal vez sí, pero-sólo si los espíritus
estuvieran sobre la m esa ... y encerrados
en una botella — repuso Wilson con una
mueca de sus pálidos labios— . Cuando
las gentes de los alrededores están satu­
radas de whisky irlandés, son capaces de
creer cosas semejantes. Me parece que
haría falta un poco más de educación en
este país.
Las espesas pestañas de Horne Fisher
se agitaron en una débil tentativa por
levantarse del todo, tal como si se sintie­
ra tentado de protestar perezosamente
contra el tono despectivo del investigador.
— Los irlandeses creen demasiado en
los espíritus para aceptar el espiritismo

alejándose un poco para mirar por la
— murmuró— . Saben demasiado acerca
de ellos. Si quiere usted simples y pue­ ventana.
Siguió otro silencio, roto al fin por la
riles creencias sobre fantasmas que se
serena voz de sir Walter.
aparecen, las encontrará en su amado
__ 4Qué se te ha metido en la cabeza,
Londres.
Fisher? 4Tienes una nueva teoría de cómo
— No me interesan en ninguna parte
el individuo consiguió escapar del cerco
— repuso secamente Wilson— . Digo que
estoy enfrentando cosas más simples que que le tendimos!
__No se escapó del cerco — repuso el
eso que usted llama "simples creencias” :
enfrento una mesa, una silla y una esca­ hombre asomado a la ventana, sin darse
vuelta— . No se escapó del cerco simple­
lera. Y sobre ellas digo lo siguiente: han
mente porque nunca estuvo dentro. Ni
sido fabricadas toscamente y con madera
siquiera se hallaba en la torre, por lo
común, pero la mesa y la silla son nuevas
y están comparativamente limpias. La es­ menos en el momento que la rodeamos.
calera, en cambio, se ve cubierta de polvo
Giró, apoyando la espalda en la venta­
y hay una telaraña en el escalón superior.
na pero a pesar de su manera descuidada
Eso significa que nuestro hombre se pro­ de siempre, a ambos les pareció que el
curó las dos primeras en alguna cabaña,
rostro en sombras había palidecido un
tal como lo suponíamos, mientras que la
poco.
escalera ha estado largo tiempo en este
— Empecé a imaginarme algo por el es­
sucio rincón polvoriento. Probablemente
tilo cuando aun estábamos lejos de la to­
se contaba entre el moblaje original; es rre — dijo— . 4No se fijaron en esa osci­
parte de la herencia en este magnífico
lación de la vela antes de apagarse? Tuve
palacio de los reyes irlandeses.
la seguridad casi absoluta de que era el
Otra vez lo miró Fisher pojventre las
último chisporroteo que hace la mecha
pestañas semicerradas, pero pareció de­ antes de apagarse sola por falta de com­
masiado soñoliento para hablar, y Wilson
bustible. Y luego entramos aquí y vi esto.
continuó con sus teorfas.
Apuntó a la mesa, y sir Walter contuvo
— Resulta harto evidente que algo muy
el aliento como en una especie de apagada
extraño ha ocurrido hace un momento en
maldición contra su propia ceguera. Por­
este sitio. Mi parecer es que existen diez
que la vela del candelero estaba totalmente
probabilidades contra una de que haya
consumida y había terminado por apagar­
aquí algo que no conocemos. Es posible
se dejándolo, al menos mentalmente, en la
que nuestro hombre viniera a la torre
más absoluta oscuridad.
porque sólo en ella podía llevar a cabo
— Además hay una especie de problema
algo semejante. Aparte de esa ventaja,
no me parece un lugar muy hospitalario. matemático — agregó Fisher, retrocedien­
Pero él la conocía desde hace mucho, pues do con su blanda manera de siempre y
dicen que perteneció a su familia. Obser­ mirando las desnudas paredes como si
trazara en ellas imaginarios diagramas— .
ven que, reuniendo todos los elementos,
No es tan fácil, para un hombre situado
los vemos apuntar hacia algún detalle de
en el centro de un triángulo, encarar a la
la construcción en sí.
vez sus tres lados; en cambio, para un
— Me parece un excelente razonamiento
— observó sir Walter, que había escucha­ hombre colocado en el tercer ángulo, es
do con mucha atención— . Pero 4cuál será muy fácil encarar a los dos restantes al
mismo tiempo, especialmente si se en­
ese detalle?
cuentran en la base de un triángulo isós­
— Ahora comprenderán mi alusión a la
celes. Pido perdón si esto suena como una
escalera — prosiguió el detective— . Es la
clase de geometría pero. . .
única pieza realmente antigua del moblaje,
— Me temo que no tengamos tiempo
y lo primero que atrajo estos ojos tan
para aprenderla — dijo fríamente Wilcockney que tengo. Pero hay algo más:
— Si realmente ese hombre vuelve a
el hueco de arriba. A primera vista pare
la torre, debo dar mis ’
s sin perder
ce un desván para guardar trastos, sólo
que no hay allí ningún trasto ahora. Has­ un momento.
— Con todo, creo que seguiré üiclanu.'
ta donde alcanzo a verlo, está tan vacío
clase — dijo Fisher mirando al techo con
como el resto del aposento, y por eso no
me explico de que haya una escalera apo­ insolente serenidad.
— Pues yo debo pedirle que me deje
yada contra él. Ya que nada de raro hay
aquí abajo, opino que puede ser bueno llevar adelante la investigación de acuer­
do con mis métodos — dijo firmemente
echarle una ojeada.
Wilson— . Ahora soy el oficial a cargo de
Abandonó vivamente la mesa sobre la
cual se sentaba (porque la única silla esto.
había sido concedida a sir Walter) y
corrió con rapidez a la escalera que lle­
vaba a la plataforma superior. Los otros
lo siguieron al punto, aunque Mr. Fisher
se quedó último, mostrando un aire de
considerable negligencia.
Una nueva desilusión los esperaba en
lo alto. Wilson exploró cada rincón como
un "terrier” y examinó el techo adoptan­
do posturas de mosca; media hora más
tarde hubieron de confesarse que aun ca­
recían de una huella. El secretario priva­
do de sir Walter mostraba más y más
las señales de una desconsiderada somno­
lencia; y habiendo subido último la es­
calera, ahora parecía faltarle energía para
retornar al piso bajo.
— Vamos, Fisher — llamó sir WTalter
cuando estuvieron otra vez en el aposen­
to— . Tenemos que decidir si hacemos
pedazos esta torre para descubrir de qué
y cómo está hecha. /
— Ya bajo — respondió la voz por sobre
sus cabezas, una voz en la que asomaba
la sugestión de un inarticulado bostezo.
— fPero qué estás esperando? — pregun­
tó sir Walter con impaciencia— . ¿Es
que has visto algo ahí arriba?
— Bueno. . . Sí, en cierto modo — repu­
so vagamente la voz— . La verdad es que
ahora lo veo con perfecta claridad.
— i Qué cosa ve con claridad? — pregun­
tó ásperamente Wilson, desde la mesa
donde había vuelto a sentarse y agitaba
sin descanso las piernas.
— Veo un hombre — dijo Horne Fisher.
Wilson saltó de la mesa como si le hu­
bieran dado un puntapié.
— JQué quiere decir? — gritó— . 4Cómo
puede ver a un hombre allí?
— Lo veo por la ventana — repuso blan­
damente el secretario— . Lo veo que esta
cruzando los páramos. Viene en línea rec­
ta en dirección a la torre, y es evidente
que se dispone a visitarnos. Pero a juz­
gar por la persona que parece ser, creo
que la buena educación nos impone que
lo recibamos en la puerta.
Y el secretario descendió de lo alto
con su habitual tranquilidad.
— 4La persona que parece ser ? — repitió
Wilson estupefacto.
— Si — observó Horne Fisher suavemen­
__ Sí, creo que es el hombre que ustedes
llaman Príncipe Michael — observó livia­ te, con un acento que heló a los que lo
namente Mr. Fisher— . Para decir la ver­ oían— . Sí, p e r o ... 4por qué?
Sir Walter estaba asombrado; jamás
dad, estoy seguro. He visto los retratos
había visto a su joven y lánguido amigo
en poder de la policía.
Hubo un silencio de muerte, y la mente en una actitud semejante. Fisher miraba
habitualmente serena de sir Walter pare­ a Wilson, y bajo sus levantadas cejas se
veían sus ojos velados por una especie de
ció convertirse en un remolino de viento.
— ¡P e r o .. . maldito sea todo esto! — ru­ película como la que asoma a los ojos del
gió al fin— . Aun suponiendo que su águila.
propia explosión lo hubiera proyectado
—4Por qué es el oficial a cargo de
a media milla de aquí sin pasar a través esto? — repitió— . 4Por qué puede ahora
de las ventanas; aun suponiendo que hu­ llevar adelante la investigación a gusto
biera quedado lo bastante ileso para dar
suyo? i Qué ocurrió, me pregunto, para
un paseo. . . 4por qué demonios tendría
que los oficiales superiores no estén ya
que volver aquí ahora? Que yo sepa, el aquí para oponerse a lo que usted haga?
asesino no se apresura tanto por retornar
Nadie habló. Y es imposible decir en
qué momento uno de ellos hubiera reco­
a la escena de su crimen.
brado la suficiente serenidad para res­
— Es que todavía no sabe que ésta es
ponder, cuando un ruido vino de afuera.
la escena de su crimen — respondió la voz
Era el pesado y hueco resonar de un
de Horne Fisher.
— 4Qué diablos quieres decir? 4Lo su­ golpe contra la puerta de la torre, y para
sus agitados espíritus resonó extrañamente
pones tan desmemoriado!
-—No, sino que en realidad ésta no es parecido al martillar del destino.
El maderamen de la puerta se sacudió
la escena de su crimen — repuso Fisher

en sus oxidados goznes, bajo la mano que
lo golpeaba, y el Príncipe Michael hizo su
entrada en el aposento. Nadie sintió la
menor duda acerca de su identidad. 8u
liviano traje, aunque maltratado por sus
aventuras, era de un corte fino y hasta
afectado. Usaba una barbilla en punta,
tal vez como una lejana reminiscencia de
Luis Napoleón, pero su figura era mucho
más alta y esbelta que la de su prototipo.
Antes de que nadie pudiera hablar, si­
lenció a todo el mundo con un simple pero
espléndido gesto de hospitalidad.
— Caballeros — dijo— , ésta es ahora una
morada muy pobre, pero ustedes son bien­
venidos a ella.
Wilson fué el primero en recobrarse, c
hizo un movimiento hacia el recién llegado.
— Michael O’Neill, lo arresto en -nombre
del rey por el asesinato de Francia Mor­
ton y James Nolan. Es mi deber adver­
tirle. . .
— ¡No, no, Mr. Wilson! — gritó súbita­
mente Fisher— . ¡Usted no cometerá un
tercer crimen!
Sir Walter Carey se enderezó tan brus­
camente que su silla cayó hacia atrás con
estrépito.
— ¡ Qué significa esto? — gritó cbn voz
autoritaria.
— Significa — repuso Fisher— que este
hombre, Hooker Wilson, tan pronto hubo
asomado la cabeza por esa ventana mató
a sus dos camaradas que estaban haciendo
lo mismo en las restantes, disparándoles
a través de la habitación vacía. Eso es lo
que significa. Y si quieres la prueba,
cuenta las veces que aparentemente des­
cargó el revólver. . . y fíjate luego en las
balas que le quedan en el cargador.
Apoyado aun en la mesa, Wilson alar­
gó rápidamente la mano hacia el arma
que yacía a su lado. Pero el siguiente
movimiento fué el más inesperado de to­
dos, pues el Príncipe, de pie en la entra­
da, pasó bruscamente de la dignidad de
una estatua a la rapidez de un acróbata
v arrebató el revólver de la mano del
detective.
__¡P e r r o !... — gritó— . ¡Así que eres
tú el prototipo de la verdad inglesa, como
yo lo soy de la tragedia de Irlanda!
¡ T ú . .. que viniste a matarme por entre
la sangre de tus hermanos! Si hubieran
sucumbido en una pelea en las colinas
lo habrían llamado asesinato, y sin em­
bargo perdonarían tu pecado. Pero a mí,
a mí que soy inocente, me matarían con
toda ceremonia. Sí, con largos discursos
y pacientes jueces escuchando mi inútil
clamor de inocencia, anotando en sus li­
bros mi desesperación y negándose a ha­
cerle caso. ; Sí, es eso lo que yo llamo
asesinato! ¡I'- ro matar pudtle no ser ase
sinato! ¡En este revólver queda una bU K
y yo sé para quién está destinada!
Wilson giró rápidamente sobre la mesa,
pero mientras lo hacía su rostro se con­
trajo de dolor, porque Michael lo baleó en
el mismo instante; su cuerpo cayó fuera
de la mesa como un saco.
Los policías corrieron a levantarlo. Sir

Walter permanecía sin habla. Entonces,
con un extraño y cansado gesto, Horne
Fisher murmuró:
— Realmente es usted el tipo de 13 tra­
gedia irlandesa. Tiene todo el derecho &gt;'
la razón, y sin embargo acaba de malo­
grarlos en un segundo.
La cara del Príncipe pareció de mar­
mol por un momento; después asomo a
sus ojos una luz semejante a la desespe­
ración. Riendo con brusquedad, tiró a
suelo la humeante pistola.
— Sí, acabo de malograrlo todo —di­
jo— . He cometido un crimen que puede
acarrear una maldición sobre mí y so re
mis hijos.
Home Fisher no parecía enteramente
satisfecho con su súbito arropentimien o.
Mantuvo los ojos fijos en el hombre, y
preguntó en voz baja:
— ¿A qué crimen se refiere!
— El de ayudar a la justicia inglesa
— repuso el Príncipe Michael—• He ven^
gado a los oficiales de su rey; he eum
(Continúa página 19.)

�se inaugurará en Lausana, en
el Palacio Rumine y bajo los aus­
picios de la Asociación Francesa de
Acción Artística y de la Sociedad de
Intereses de Lausana, la exposición de
gobelinos franceses, fechados algunos
en los comienzos de la famosa fábrica.
ronto

P

M. Georges Fontaine, director en Pa­
rís del Mobiliario Nacional, principal
organizador de la exposición, ha queri­
do hablarnos del tem a:
— Es, de cierto modo, una exposición
retrospectiva de gobelinos, desde su
creación, que se inició en 1662. Cada
sala ilustrará un período de la historia
de la fábrica y las dos primeras son
dedicadas a Le Brun, quien fuera el
fundador. Primeramente exhibiremos
su obra "Las musas” y luego sus "E s­
taciones” y después una serie de tapi­
ces que consagran su triu n fo: "La re­
novación del Tratado de Alianza de los
suizos con el rey” , que pertenece a
una serie de tres piezas, referentes a
Luis X IV . Figurarán al lado de ellas

se exhiben las piezas de motivos orien­
tales, entre las cuales "E l elefante”, se­
gún dibujo de Desportes, hechas de
acuerdo con los cartones entregados a
Luis X I V por Mauricio de Nassau; y
además dos piezas en las cuales el mo­
tivo principal no ocupa más que un pe­
queño espacio central, como en las obras
de Boucher "Verturune et Pomone” o
en la "Historia del Quijote” , de Coypel.
En fin, antes de abordar a los con­
temporáneos, se expondrá una serie de
grandes cortinados de Trecy, de Louonet, de Van Loo y de Natoire.
&gt;

Preguntamos si el siglo xix no figu ­
raría entre las obras expuestas, y nos
dicen que no, dados los límites impues­
tos y además por ser el siglo xix el
menos brillante en el dominio del tapiz.
M. Fontaine nos informa que ha
tratado de dar una idea general de los
modernos autores. Se ha expuesto un
tapiz de Lurgat, que exhibe otra obra
en la exposición de pintura francesa
en B erna: "La Ruta de Indias”, de Cé-

AtMj

r

^

*

1

\
"v

í

El elefante.

LOS GOBELINOS FRANCESES
EN LAUSANA

La Bretaña.

tres obras más, muy notables, de Le
Brun, que describen la historia de Ale­
jandro Magno, y dos obras de Poussin,
que describen la historia de Moisés.
La muerte de Colbert, acaecida en
1683, contribuyó a la caída en desgra­
cia de Le Brun, que había sido su pro­
tegido. Le Brun permaneció, a pesar
de todo, de director de la fábrica de
gobelinos hasta su muerte, es decir, has­
ta 1690, pero ya no se tejían sus obras,
sino las de los italianos, como Rafael,
y las de los flamencos. Muchos tapices
de dichos autores, como también uno
de Mignard, que fuera sucesor de Le
Brun, figurarán en la tercera sala, que
representa la Galería de Saint-Cloud.
La cuarta sala es la del siglo xvm . En
ella los tapices son menos importantes
y destinados más bien a departamentos
que a palacios; los personajes son di­
bujados en más pequeña escala, como
ser los cortinados de "Los dioses” de
Audran. En otras dos pequeñas salas

"OPEN

ria, "E l Asia” de Dubreuil, "La Savana” de Valde Barbey y, en la gran
escalera de honor, dos obras terminadas
una en 1945 y otra en 1946: "Las Ven­
dimias” de Savin y "Bretaña”, de Jeau
Bouchaud, que revelan la nueva técni­
ca y el empleo de tinturas vegetales.

— ¿Existen nuevas tendencias en el
arte del tapiz moderno?
— Nos vamos alejando del arte pic­
tórico propiamente dicho y los artistas
trabajan sobre planos más bien conce­
bidos para decoración mural.
Sin embargo, para dar una idea de

PLAN ”

Fachada y jardín.
aquí un excelente ejemplo de la moderna tendencia arquitectónica, general­
mente llamada “ Open Plan” (plano abierto). Entre las principales caracterís­
ticas de la misma está el uso del vidrio. Grandes ventanas que son prácticamente
paredes de cristal. Espacio que puede ser dividido por paredes corredizas o mante­
nerse libre formando entre varias habitaciones un solo ambiente. De este modo

H

e

l

— Los resultados, ¿son más satisfac­
torios? — preguntamos.
—-Tal vez los colores se desvanezcan
un poco más pronto, pero de manera
uniforme, mientras que con los colores
sintéticos se producen pérdidas de to­
nalidades que falsean completamente
las relaciones de los matices y sus va­
lores.

■

h v r

J

Franceses y suizos renuevan su alianza.

las tendencias actuales, expondremos
maquettes de tapices actualmente en
fabricación, de Paulina Pougnier, Sa­
vin, K asakoff, Brianchon, etc., que ha­
rán poner en relieve, aun más, los con­
ceptos modernos.

pueden estar sin división el living y el co­
medor, al mismo tiempo que la biblioteca
y la sala de música están abiertas hacia
el hall: este aprovechamiento del espacio
en todas sus posibilidades es lo que consti­
tuye la base del “ open plan” .
Las grandes ventanas o paredes de cris­
tal permiten apreciar una gran extensión
del paisaje y al mismo tiempo la casa re­
cibe plenamente los beneficios solares.
En este caso, la casa está orientada
frente al sur para aprovechar la luz, pero
protegiéndose del resplandor del verano
por medio de un alero. En invierno, por
estar más bajo el sol, puede penetrar, sin
que el alero le estorbe, a las habitaciones.
Los ventanales, en este tipo de construc­
ción moderna, no pueden ser causa de
pérdida de calor en las habitaciones, pues
los vidrios son de fabricación especial y
dobles, de modo que tienen espacio para
aire y de este modo aíslan la temperatura
exterior de la interior.
Se trata do una casa más bien lujosa.
Tiene cuatro habitaciones principales con
cuatro baños, y un ala para el servicio
con tres habitaciones y un baño. Grandes
ventanas frente al sur dan a una ancha
terraza en el primer piso y en el segundo
a una azotea.

La exhibición, que durará todo el
mes de abril, coincide en parte con la
exposición de pintura francesa, inaugu­
rada en la Kunsthalle de Berna. Ambas
constituyen las más importantes mani­
festaciones de arte extranjero realiza­

das en Suiza después de la guerra. Una
y otra contribuirán a unir más estre­
chamente que nunca las relaciones cul­
turales entre Francia y Suiza.
E xclusivo A . F . P.

Interior "espacial’ '.
La fotografía del interior muestra a la izquierda el salón de juego y el respaldo
del sofá del living. Obsérvese, además, la divisoria de las paredes corredizas o ple­
gables. Las alfombras son del mismo color en las tres piezas. Cuando se construyó
el piso de la habitación principal se reservó espacio para la planta que se observa
en la foto, y que crece dentro del mismo, sobre tierra dispuesta al efecto.
A rquitecto: Sam uel A .

M a rx . —

Foto grafías: H edrich-B lcssina.

�CUENTO

abalgata©

NOVA

Editorial

PRESENTA:
HISTORIA DE LA FISICA
Por Paul F. Schurmann.................. 8 4 8 .25 siglos de la evolución de la Física, con sus conceptos, doctrinas, hipó­
tesis, teorías, descubrimientos e inventos.
1500 sabios, con su biografía y
Ja critica de su obra, con sus luchas, aciertos y errores, decepciones y triunfos.
f ís ic a

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L A M IN A S

to m o s

FUERA

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CUBÍrERTAU¿N SCOLORESDERNACION EN L° NETA Y S° BRE

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Pueblo como el viento al trigo.
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grandes poemas inmortales — la Iliada y la Odisea— hasta nuestros días
de epopeya y alta poesía. Ene. en tela.

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PIES A L

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— ¡Salta, salta! ¡N o te mojes los
pies!
Teresa saltó muy arrebolada, muy
sorprendida de aquel grito del profe­
sor.
("Y a salté, ya salté. ¿V es? Ya salté
como cualquier ser humano, algo más
torpemente, si quieres, algo menos ar­
moniosamente que una bailarina . . .
Pero crucé el regatilo sin- salpicarte
los pantalones.” )
Teresa no le dijo esto ni nada, pero
siguió oyéndole.
— Me duele verte torpona, mujer.
("Sí, torpona. ¿ Y tú? ¡T ú con ese
cuello vaciado en yeso para andar por
el cam po! ¡ Tú con ese sombrero ri­
dículo de procesión del Corpus! ¡ Yaya 1
Lo que es conocerte, amiguito.” )
Se dieron el brazo. Teresa, recia­
mente apoyada en la encina marital,
para no caer; la encina, extendiendo
sus ramas, cumpliendo, como si en ellas
se hubiese posado un pájaro demasia­
do grande.
— Estoy orgullosa de ti. Sabes andar
por el campo.
La encina marital agitó sus duras
hojitas, sonriendo.
— Sabes andar, sí. Conoces las pie­
dras donde pones el p ie: aquí un cuar­
zo, más allá g ra n ito ... Me ha ro­
zado una pizarra . . . Y o sólo sé que
aquí hay fango y más allá piedras.
La encina marital relucía.
— Y no hay pájaro que se te ponga
por delante que tú no sepas si es una
garza, o un ruiseñor, o una abubilla,
o una alondra. ¡A y , cristiano! ¡Y o
sólo conozco las perdices, y eso que
a veces las confundo con los tordos!

Eso sí que no. ¡A mí no me engañas
tú! Bueno, si esto es el matrimonio,
yo soy feliz. Pero i es esto el matrimo­
nio? ¡Qué de atenciones! Estamos en
perpetuo baile. — Teresa, primero, la
esposa. — Pero hombre. Pasa sin re­
milgos; pasa, que se me cae la fuen­
te. — Jamás. Primero, tú. Y se nos
caía la fuente, manchábamos la al­
fombra, y yo tenía que arrodilarme,
frotándola cubierta de lágrimas. Pero
era amor. Dicen eso, por lo menos. El
desmedido amor profesoral y dorado
del hombre de las gafas de oro. ¿No
lo quise yo así? Seguramente, ésas
fueron las apariencias. ¡Qué dolor! Me
engañaron entre todos. No, si fui yo
la tonta que se empeñó en cazarlo.
Venía a casa de los padrinos, cuando
yo era una desconsolada huérfana,
acompañado de Mosén Ciutat. Al poco
tiempo del visiteo, me dijo la madrina:
— ¿L o quieres? ¿No es verdad que si?
— Pero ¿a quién de los dos? — ¡Tonta!
Al Mosén. Ve y que te aconseje. El
Mosén me aconsejó según su concien­
cia. ¡Pobre señor! Me enumeró una
sarta de las virtudes de su acompañan­
te, secas como pajaritos enfilados por
el agujero de la nariz. Pero yo las es­
cuchaba reviviéndolas,) calentándolas,
creyéndolas.. . Y un día, al casarme, se
me volaron de las manos. . . ¿ Qué mar­
ca toca hoy? La trece. Trece años sa­
ludándonos todas las mañanas y des­
pidiéndonos todas las noches: — Adiós,
Teresa. — Adiós, Serafín.” )
-Te encuentro mala cara.
-Debe ser esta luz amarilla que lía-

gustaba a través del cristal de los balcones que se interponía siempre, D»!
:nián, el lobero. Damián era el cazador
que mataba más lobos cuando la ne­
visca cruda nos envolvía con insisten­
cia. Damián, cuando yo era demasiado
chica para acordarme, mató un oso
Trajeron al oso nmarrado por las pa]
tas, colgando de un palo. El palo ¡ñ
llevaban dos espoliques del médico
Detrás, media serranía, como es cos­
tumbre en los acontecimientos sensa
cionales; y entre las zamarras de'pana
color castaña madura, Damián, el lo
bero. Dicen que yo pregunté: _¿y
por qué el oso no se comió al lobero?
¡P obre! ¿Se le han caído ya los dientes? Y mis padrinos recordaban ]a
gracia sandia de la niña ante el oso
para contarla de sobremesa, cuando
me llamaban para que saludase a las
visitas. No, si siempre fui tonta. Da­
mián se casó con una mujer brava del
monte y tuvieron hijos. Hijos y rehijos debe de tener aquel militar de la
barba a quien yo en mis sueños le
echaba arenilla en los ojos para que
no se olvidase de mirarme. Y los han
tenido Rita, Salomé, Encarna, la del
sastre, Dulce María, la del confitero...
Hijos, h ijo s ... Nadie se quedó sin
echar su vientre a parir. ¿Y el mío?
Miren. Aquí lo tienen como un barrilito hueco. Doy risa con este pelo blan­
co y esta doncellez en la cintura y es­
tos senos enjutos sin sabor a leche...
y estos brazos sin ocupación. . . Doy
risa, pena, asco.” )
*

•

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•

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Ediciones DEL MIRADOR
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“ U na contribución nueva y útil al conocimiento corriente del pasado y
del presente de la U .R .S .S .
Esta obra es un resumen histórico y una
interpretación de la política revolucionaria.
Quienes lean este libro apren­
derán mucho de la tierra de los soviets.” (N e w York Tim es.)

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cen las pantallitas.
— ¡M ujer, con los tordos!
— No, ardes.
— Lo dicho, dicho. Con los tordos.
— ¿ Ardo ?
Esos pájaros de pico largo, gordos en
— Ardes con un fuego sin rescoldo.
octubre. Tan sabrosos en salsilla de
— Quiere decir que tengo fiebre.
chocolate.
— ¿Fiebre? ¡Entonces hay que lla­
— Mujer, querrás decir la becada o
becasín, o chocha perdiz, como dicen mar al médico!
— Un médico, jamás.
por estos andurriales.
— Creo que tienes razón. Acuéstate.
— Eso es, hombre. Así lo decía y o :
— Me desmayan las piernas.
becada, becasín o chocha perdiz, como
— Y o te llevaré hasta la cama.
dicen en mi pueblo.
—-Sí, llévame como si fuese una niñi— Pero tú dijiste tordo.
ta enferma.
— ¡ Bah, tord o! Por hacerte hablar.
— No hables de esas cosas.
El marido contempló a Teresa; Tere­
— ¿ Y si me pongo mala de esas co­
sa al marido. Les bañaba el poniente
sas?
de directos rayos, dedicados todos a
— ¡M u jer!
cubrirlos fríamente de hermosura. Te­
— ¿D e esas cosas que llevan la' san­
resa sonrió: "¡D ios mío, qué viejo
gre hasta la tierra?
está!” El marido le tomó una mano.
— Deliras.
— Teresa, resplandeces.
— ¿D e esas cosas que saltan en mi
— Es el sol de la tarde.
cama sin dormirse jamás?
— Eso es . . . y algo más.
— ¡ Cálmate!
— Me hace arrugar los ojos.
— ¿De esas cosas duras, fuertes, vi­
— Ni las garzas, que tú no distin­
vas como el aAe, expresivas como la
gues de los gorriones, los tienen más
esperanza?
bellos.
— Duerme.
— ¡Tus palabritas preciosas!
— ¡ Siempre, duerme! Bueno, arró­
— ¿ Siempre te siguen pareciendo
pame bien. Así. Tengo fiebre y voy
preciosas?
a soñar.
— Siempre.
— ¿T ilo?
— ¿ Y recuerdas muchas?
— ¡Retonto!
— Todas.
— ¿Manzanilla?
— ¿ Y te las repites a menudo?
— Apágame esa luz.
— No. Algunas veces rezo.
— Si necesitas algo me llamas, espo­
— ¿P or mí?
sa mía. Oigo muy bien tu voz desde
— No. Por los caminantes, por las
mi alcoba. Dejaré la puerta entre­
ánimas, por los niños que andan soli­
abierta.
tos por los bosques, por los pájaros,
— Bueno . . . Un día más. ¡ Trece años
que lo necesitan si se amontona la nie­
y
un d ía !
ve...
— ¿ Hablabas?
— Simple.
— Soñaba, como cuando no te cono­
Y no hablaron más. El profesor Do­
cía a ú n .. .
rado, Serafín Dorado, se creyó en la
— Pero ahora me conoces. Duerme.
obligación de volver a su casa, antes
Ya eres grande.
de que se enfriase la tierra, después
("¡G rande! Vieja, habrás querido
de no haber visto el rayo verde.
decir. Angustiada, infeliz, inocente,
(" ¿ Y qué hago yo aquí? A esto no
virgen. Y él, tan fresco. ¡Trece años!
le falta más que las rejas. Vaya, ha­
Durante estos trece años, Sólita ha te­
gamos otra muesca en la madera de la
nido seis niños. Seis hermosas fieras,
ventana, como hacen los reclusos. ¡P o ­
bre ventana; pronto tendrá una orla! difíciles de amaestrar como leopardos.
¡Qué granujas! A mí me gustaba su
¿ Y si un día me pregunta qué es esta
padre. Era un hombre picado de virue­
cenefa ? Besos. Pues claro que sí, be­
las, cacarrañado, como decíamos las
sos. Sus besos. Besos marcad*» con
muchachas. Para mí, en todo el extenpiedra azul. Puedo pintar la marca
so'mundo no había rostro más atrayen­
con tizas de colores. Le diré que cada
te que aquella coladera de hermosura.
beso fu é de un color. ¡ Mentira I ¡ Qué
Lleno de hoyitos donde apagar la sed
desasosiego! Las perras que olisquean
de darle besos. ¡L oca! También me
son más felices. ¡P ero si yo soy feliz!

— Ya lo creo. Nunca me sentí tan
bien. Tengo el cuarto lleno de jardines.
— Sí, sí.
— De ásboles, que yo no sé, pero tú
sí sabrás cómo se llaman. Trepan ar­
dillas azules, se bambolean monos de
cara pedregosa y nalgas prietas.
— Pero eso es imposible, hija: ardi­
llas y monos juntos.
— Pues no lo es, porque yo los veo.
Unas veces me dejan mirarles la cola
y otras la cara; unas veces ríen y otras
lloran. Entre las ramitas vuelan azu­
cenas.
— Querrás decir pájaros.
— Azucenas, Serafín, azucenas. Los
grillos se han puesto delante y no veo
bien, pero todo cuanto cae es purpu­
reo. ¿Será sangre? Sangre asombrada
de su peso.
— Todo cae en la naturaleza. Es una
ley.
— Déjame de tu sabiduría. La san­
gre que cae es porque primero se le­
vantó espumosa hasta el cielo y luego
se precipita sobre la selva oscura por
donde yo ando.
— ¿T e sube la fiebre?
— ¿Fiebre? Estoy, ya te lo dije, so­
segada, quieta en mi barco. No te apo­
yes en el borde, puede zozobrar y y°
perderme el olor a camisita de nino
bien orinadita que lleva el agua. Trae
jabón para que lave el agua. Compren­
do que todo un profesor no está bien
que descienda a lavar los olorcillos
su hijo, p e r o ...
— Despierta, Teresa. ¿Qué me es
insinuando?
,,
— Un chiquillo hecho de sangre y
grimas. ¡B ah! Prefiero aquel pato
no aquella pata, porque luego Ten
el problema de casarla bien y aP
cerá Mosén Ciutat con un protesor.
— Teresa, ¿no has sido felizT
— ¿Qúé es eso?
.
•.
— Teresa, ¿no cuidé tu &gt;n°c
hasta el sacrificio? Teresa,
prendes que tuve miedo a .
,
verte aborrecer las sábanas inocentes

ín . , y

de nuestra boda?
.
..
p a.
— Anchas sábanas. Crujen
• ^
recen campos. Campos c o n , °
¡m8.
campanillas azules. Campos d P
vera y de batalla. Cabe un ejército e
la cama de la boda. ¿Que importa q ^
haya heridos?
ino‘
— Teresa, dulce y buena Teresa,
puedes escucharme? (Continúo

�TEATRO
ROBERT SHERWOOD

EL TEATRO
EN PARIS

UN

Por MARCEL THIBAUT

DRAMATURGO
por L E O N M IRLAS

el panorama del teatro norteameri­
cano, donde Maxwell Anderson sub­
raya su voluntad de crear grandes frisos
trágicos a la manera clásica en "Wintersct” y "Maria Estuardo” , Clifford Odets
sorprende con acuidad la sorda queja de
las muchedumbres y la triste esterilidad
de las vidas fracasadas, Sidney Kingsley
y Elmer Rice fijan en poderosos agua­
fuertes la miseria moral de los humildes
y Eugene O’Neill, destacando su talla des­
comunal que sigue proyectándose más
allá de su generación, insufla a sus entes
escénicos un poderoso soplo de fatalidad
y hace brotar belleza hasta de los seres
más deformes, Robert Sherwood acusa
una linea muy definida, trabaja dentro
de una tónica muy personal.

E

n

Lo que le interesa a Sherwood, más
que la anécdota fugitiva, más que la
apretada vivencia urbana o el incidente
patético o el fluir de unas vidas en fla ­
grante contradicción con el medio, es la
condición humana, la situación del indi­
viduo frente a las múltiples coacciones
que ejerce sobre él la sociedad moderna,
el nivel de decoro íntimo que aspira a
salvar el hombre en este "tiempo del des­
precio” .
Esta preocupación de Sherwood, obse­
sionante como un leitmotiv más o menos
visible a través de muchos de sus dra­
mas, deriva sin duda de un áspero y
fuerte sentido de la libertad, de su indi­
vidualismo d outranse, típicamente norte­
americano. Sabe que esa libertad está
condicionada, que, como dice Chesterton,
"el tigre puede liberarse de su jaula,
p e r o ... ¿quién podría liberarlo de su
piel manchada?” , y que "apenas se entra
en el mundo de los hechos, se entra en
el mundo de los límites” , pero, de todos
modos, le alarma la menor invasión de
sus fueros, consciente de que la libertad
no admite mermas ni restricciones fuera
de las mínimas impuestas por la convi­
vencia social y que consentir una sola es
el principio del fin.
Ese amor a la libertad, que resuena
como una clarinada en "Abraham Lincoln
en Illinois” y en "N o habrá noche” , sue­
le tomar por un atajo sardónico, como
en "Placer de tontos” , donde se glosa la
inútil libertad de refugiarse en una cima
inaccesible, "au dessus de la melée” ,
cuando están en juego todas las conquis­
tas de la cultura.
Se trata, pues, de reclamar respeto
para el hombre, para las posibilidades de
realización implícitas en él, para la con­
dición humana vejada y humillada: y de
ese respeto y amor por el hombre nace,
aliada a una melancólica piedad, algo así
como una repulsa frente al intelectual
puro, al hombre que no está enraizado
firmemente en la tierra. La repulsa que
le hace decir melancólicamente al Alan
Squier de "E l bosque petrificado” , el úl­
timo intelectual, que quizá ese bosque de
Arizona sea el osario ideal para que re­
posen sus huesos y para que sean mañana
objeto de estudio y curiosidad, como un
fósil que se ha sobrevivido a sí mismo
demasiado tiempo. El ultrarrefinado Alan
Squier es la antípoda del Yank de "E l
mono velludo” de O’ Neill: Yank busca
inútilmente su lugar en la sociedad entre­
gándose al vértigo del pensamiento, hasta
que se despeña, y Alan trata sin éxito
de volver a la naturaleza. Ambos se cru­
zan a mitad de camino y posiblemente es
el rostro del intelectual el que luce una

DE

SU T I E M P O

(E special para C a b a l g a t a )
descolorida sonrisa de envidia ante Yank,
bestial masa de instintos.
De lo expuesto, se advierte fácilmente
que el teatro de Sherwood tiende en gran
parte a la generalización y que, por lo
tanto, sus personajes trascienden a menu­
do su corporeidad humana para conver­
tirse en símbolos. Lo son, no sólo Alan
Squier, sino también el Kaarlo Valkonen
de "N o habrá noche” y aun su Lincoln,
pero sin mengua de su humanidad, lo cual
certifica la maestría del dramaturgo al
fundir el arquetipo con el ser vivo, la
imagen universal con el drama personalísimo e intransferible.
Por las escenas de Sherwood desfilan,
en prieta y vigorosa síntesis, financistas
de turbias fuentes de ingresos, sabios
angustiados por el inminente colapso de
la humanidad, blondas bailarinas que so­
brenadan milagrosamente en el remolino
de la guerra, gangsters, intelectuales que
razonan su propio epitafio. Nada escapa
a su pluma ágil y mordaz, que sabe al­
ternar el exabrupto indignado con el ras­
go jovial. El humor de Sherwood es recio
y carece de medias tintas, norteameri­
cano cien por ciento. Difiere ostensible­
mente del de su brillante y mundano co­
lega S. H. Behrman, un Molnar made in
U.S.A., todo sutilezas y matices. La iro­
nía de Sherwood es hiriente y cáustica,
propia de un hombre que ha hecho la
guerra en 1914 y ha visto las cosas en
plena desnudez y sin retórica. El drama
de nuestro tiempo, el drama del hombre
que se convierte en esclavo de su técnica
en vez de ser su señor, halla múltiples
resonancias en su voz, y la desbocada
carrera de la humanidad hacia su propio
aniquilamiento suele suscitar en él acen­
tos proféticos.
Como constructor, Sherwood es un clá­
sico. Nada de audacias técnicas, nada de
experimentos, como O’Neill. Estructura
sólidamente, en estampas macizas y níti­
das, sin buscar nuevos medios de expre­
sión, sin correr riesgos. Todo lo subor:
dina a la fuerza del pensamiento, todo
lo deja librado al poder expansivo de la
idea. Y no le falta razón, ya que — re­
cordemos nuevamente a Chesterton— "T o ­
do artista es un anarquista, toda idea es
una bomba” .
A pesar de ser dramaturgo por tem­
peramento, Sherwood sabe escribir deli­
ciosas comedias como "E l camino a Ro­
ma” y "Reunión en Viena” . Pero esto
ya no lo seduce. La misión que se ha
impuesto ahora, es trabajar por la li­
bertad, como Paine, con la magia de la
palabra. Iniciado ya ese periplo de su
vida, la fascinación de su labor lo do­
mina. "Placer de tontos” , "Abraham
Lincoln en Illinois” , "N o habrá noche” ,
sólo son etapas. Al realizar el drama del
hombre que defiende la dignidad de su
alma, Sherwood se realiza a sí mismo,
refleja con poderoso aliento poético los
problemas y urgencias candentes de la
época, es actual sin buscar una actualidad
efímera y perecedera en el arte.
Por eso, bien merece el calificativo de
dramaturgo de nuestro tiempo. Trabaja
al margen de sus extraordinarios éxitos
de público, que no lo marean, ateniéndose
a la línea firmemente trazada. De todos
los autores significativos de su genera­
ción, quizá sea el único que ha escapado
a la influencia de O’ Neill. Ello revela
ya de por sí su fuerte personalidad, im­
par y distinta en el panorama del teatro
norteamericano.

E N R I O L E IV

Lntvrence Olivier en el papel de Justicia.

(Especial para Cabalgata, de A. F. P.)
algunos años un fabricante de
pastas dentífricas empapeló los
muros de París con unos carteles que
contenían la siguiente leyenda: "Como
la casa X . . . no puede perfeccionar su
pasta, perfeccionó el envase”. Cuando
uno frecuenta asiduamente los teatros
parisienses de hoy, no puede menos de
recordar aquel cartel. En efecto, los
esfuerzos de muchos dramaturgos -de
hoy tienden menos a profundizar la
psicología de los personajes que a re­
novar ciertos aspectos accesorios del
teatro: presentación, montaje, etc. Los
autores parecen partir del criterio,
según nosotros falso, de que ya se ha
dicho todo sobre $1 espíritu y el cora­
zón del hombre, pero que todavía pue­
de sorprenderse y aprender si se sitúa
la cámara en posiciones inéditas frente
a la realidad. Esta comparación con
el cine no es obra de mero azar, sino
que probablemente en el cine se halla
el origen de esta lamentable tendencia.
Es el caso que la nueva pieza de
Marcel Achard, Aupres de mu blonde
presenta la singularidad de remontar
el curso del tiempo. El primer acto
transcurre en 1939, el último, en 1889.
En el primer acto celébranse las bodas
de oro del viejo Toussaint Lesparre y
de su mujer Em ilie: en el último acto
vemos al mismo Toussaint raptar a su
familia a la adorable Emilio. No p o­
dría negarse que esta manera imprevis­
ta de jugar con la cronología aguza la
curiosidad. Pero como todo lo que
ocurre en el terreno del truco, éste no
podría divertir varias veces. Nos pa­
recería fastidiosa una nueva pieza com­
puesta sobre el mismo modelo. A uno
sólo le divierte la primera vez el truco
de un prestidigitador. P or suerte, Mar­
cel Achard es algo más que un presti­
digitador y no faltan las razones real­
mente valederas para apreciar Aupres
de mu Idonde. Ante todo, Achard es
esencialmente un hombre de teatro y
posee el arte de dosificar sorpresas
psicológicamente aceptables. Su diá­
logo, salpicado de agudezas y de obser­
vaciones profundas, es de rara calidad.
Hay en Achard una levedad poética y
un optimismo sano que confieren a to­
das sus obras una gracia auténtica. Es,
finalmente, un observador sagaz de las
costumbres de nuestro tiempo. Desde
este punto de vista, Aupres de mu blon­
de es una obra particularmente suges­
tiva. Habiéndose propuesto mostrarnos
cómo es posible asegurar cincuenta años
de dicha conyugal merced a muchos
sacrificios y a través de tamañas lu­
chas, Achard supo relacionar las aven­
turas de Toussaint y de Emilie con la
historia de nuestra época. Historia de
costumbres, de modas, e historia a se­
cas. Y así vemos en 1939 a los hijos
tratar con rudeza a sus padres: en 1889
los padres tiranizaban a sus hijos. Uno
de los cuadros nos transporta a 1918:
las angustias que entonces oprimen a
todos los franceses dan un color inespe­
rado a la vida de Toussaint y de Emi­
lie. (En este sentido, A u p res de mu
blonde está emparentada con Cavalende.) Finalmente, la pieza nos divierte
con cien rasgos ingeniosos que evocan
la transformación del comercio humano,
la transformación de los gustos y tam­
bién la de las costumbres. Y para no
dejarnos nada en el destino, las modas
de 1889. exhibidas en está crónica re­
trospectiva, fueron las que más seduje­
ron. . . A cada nuevo vestido, las es­
pectadoras lanzaban un ¡ah ! asombra­
do, encantado o escandalizado, según
la e d a d . . . "Sí, acuérdese usted qué
raro parece hoy todo aquello de las
faldas cortas, los tejidos "lamés”, los
cabellos cortos o los turbantes” .
Esta comedia, muy rica y extrema­
damente divertida (mérito que no es
de desdeñar), está interpretada con ra­
ro talento por Pierre Fresnay; notable
en su naturalidad y verdad tanto cuando
aparece como un septuagenario casca­
do como cuando se nos aparece como
un lechuguino de 1890, y por Yvonne
Printemps, que posee un arte de mati­
ces y un encanto musical inigualables.
Cuando un autor se basa únicamente
en el truco y no nos ofrece, como supo
hacerlo Achard, un tema realmente hu­
mano, se comprueba que los artificios
de presentación por sí mismos no apor­
tan nada al teatro. Tal es lo ocurrido
con La Sainte Famille, de André Roussin, presentada en el teatro Saint
(Jeorges. Toda la pieza es un sueño.
Merced al sueño, los personajes atra­
viesan por las situaciones más extra­
vagantes y exponen los más caprichosos
razonamientos. He aquí que por cuarta
vez desde el comienzo de la temporada
ciertos autores llevan al teatro aventu­
ras soñadas y nos muestran retratos que
bajan de los cuadros y personajes que
atraviesan las paredes. Peligroso ejer­
cicio que sólo podría justificarse — y
aun en este caso sería discutible— si
alcanzase al disparate delirante. Pero
hasta ahora no hemos conocido este
género de éxitos y nuestros dramaturgos
no sacaron de semejante artificio más
que escenas chatas y efectos fríos.

H

ace

cabalgata
a

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las, A. J. Cronin narra en esta obra una atrayente historia que deja
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dos los capítulos con insistencia turbadora, proporciona al relato un
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Editorial Sudamericana -Álsina 500-B s. As.

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Sección traducciones: LIBRO DEL MES:
Bertrand R u ssell: Nuestro conocimiento del mundo externo

.

.

8

7.—

Otra obra genial del pensador contemporáneo Bertrand Russell, en cuidada
versión española, con una introducción del profesor Florencio D. Jaime.
Libro recom en d a d o:
Arthur Sch nilzler: La señorita Elsa. Huida a las tinieblas

.

.

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6 .—

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1). J. Vogclmann. Prólogo de Guillermo de Torre. Ilustraciones de S. Ontañón. Un volumen encuadernado.
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DE RECIENTE PUBLICACIÓN
Karl Vossler: La poesía de la soledad en España

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Un examen al dia de los problemas filosóficos de la Historia. El
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j
Julio Navarro M on zó: El destino de América . . . .
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Los mejores y más representativos ensayos de Julio Navarro Monzó,
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Juan Probst: Juan Baltazar Maziel (El maestro de la generación de
M a y o ) ............................................................................................... 8 12.—
Una interesante publicación del Instituto de Didáctica de la Univer­
sidad de Buenos Aires.
Revista de la Universidad de Buenos Aires, Año IV, N9 2

8

3.—

ED ITO RIA L LO SADA S. A.
A lsin a 1131, B u e n o s A ire s
C o lo n ia 1 0 6 0

M O N TE V ID E O

Av.

O 'H I g g lm

253

S A N T IA G O DE C H ILE

ca vellca

LIM A

288

�BAL

cabalgata©
muchedumbres, a la frenética corte impe­
rial de los zares.
Pero nada puede restarle su origen im­
perial. Podrá ser mañana una fiesta para
las multitudes, pero su secreto encanto, su
hechizo aéreo, su dibujo en vuelo, sólo po­
día haber crecido en el lujo espiritual de
un medio culto, demasiado culto, en el'que
a costa de la pérdida de tantas cosas, se
salvaban algunas como el ballet.
Siendo una representación sin palabras,
el ballet puede decir, puede contar, puede
hablarnos 'como el teatro, del que en reali­
dad está prendido por lazos que aun los
más puristas no pueden negar. Aquel es­
corzo delicado, aquella sutil presencia que
de pronto, levemente, invade el escenario,
tímida o decidida, vertiginosa o estática,
queda registrada en el espectador como un
diálogo, una invocación, un parlamento
alegre o doloroso. Y siempre, siempre, un
aire de canción, que no es la música que
en ese momento acompaña los pasos jf los
movimientos del conjunto, envuelve la
sala. Una canción en cada gesto, que nace
en el baile mismo, aparte de la música de
la orquesta.
Transcurre ante nosotros como un cuen­
to de hadas, con un peso que desaparece,
que se esfuma, que se sostiene misteriosa­
mente en el aire, con actitudes de nube, de
pájaro, de cometa.
Y cuánta inteligencia, qué sensible sen-'
tido de las formas, cuánta maestría esté­
tica hacen falta para desarrollar una sola
representación. Es una fiesta en la que
todo está medido anticipadamente, y el
impulso aparentemente más alado, más
lleno de espontánea fuerza, o de gracia
más pasajera y natural, es el fruto de un
cálculo paciente, tanto en la invención de
la forma como en su ejecución.
Todo está encomendado al cuerpo: la
poesía, la música, la pintura, las emocio­
nes, todo, depende de un esguince, del ce­
remonioso movimiento de una mano, de la
apenas perceptible inclinación de un hom­
bro, de la malicia contenida de un con­
torno exacto. La disciplina del cuerpo ha
de ser tanta, que sus movimientos han de
expresarse claramente, luminosamente, en
un instante, lo que en un libro llevaría
páginas de difícil lectura.
La farsa teatral, el guignol, la comedia
musical, la imagen poética, la historia trá­
gica, todo puede ser contado por el ballet,
con un transparente murmullo de imáge­
nes en danza, fugadas, vaporosas, lejanas.
Tiene su netórica, su gramática, su pre­
ceptiva, pero no se las ve; actúa como un
soplo, dominando el cuerpo danzante con

afortunada comunión de la música,
la danza y la plástica, ha dado exis­
tencia a uno de los espectáculos más poé­
ticos: el ballet. La música moderna tuvo
en cuenta sus posibilidades y le dedicó una
parte, y no la menos importante a veces,
de su creación. Pintores extraordinarios
supieron ver en él un medio expresivo de
gran belleza y diseñaron decorados y tra­
jes que contribuyen a la gran calidad de
la mayor parte de sus representaciones.

U

na

En su marco se desarrollaron también
los principios de las demás artes, y cual­
quiera de las experiencias generales lleva­
das a cabo en el seno de las mismas es
susceptible de servirnos para recorrer el
terreno propio de este espectáculo, en el
que aparentemente nada tiene que hacer
el lenguaje de las artes tradicionales.
Poco a poco ha ido perdiendo su con­
dición de divertimiento cortesano, casi in­
faliblemente unido, en la mente de las

LAS Gil
DEL i
P o r

F E L I P E

\

�LET

©cabalgata
el callado poderío de lo que ya es inevi­
tablemente así, porque está incorporado a
una costumbre inmutable. Este rigor, este
mecanismo que sólo el técnico descubre de­
trás de sus representaciones, es como el
precioso tributo que pide la gracia para
concederse a sus siervos en cualquier arte;
mas en éste, el sacrificio del artista, por
ser, además de todo, corporal, adquiere un
prestigio de raro sacerdocio. Y de la duc­
tilidad del cuerpo, que en el ballet al­
canza su máxima belleza •expresiva, surge
esa presencia de figuras con aire mági­
co, que son maravilla y asombro de nues­
tros ojos.
Nadie supo ver ese aire floral del ballet,
su frescor, su poesía directa y recta a
la vez como Degas. Su frágil encanto, su
sonrisa dirigida, pero que guarda el mismo
misterio de naturalidad que tenía el mu­
ñeco en brazos de los niños, su afán por
transmitirnos algo indecible.
Veis un hombre, cu.yas formas enfunda­
das os parecen ridiculas en el primer mo­
mento, y cuyo aspecto no toleraríais en
otras circunstancias. Se destacan todas
sus líneas de un modo agresivo, ostentoso,
hasta poco viril. Mas de repente, con im­
pulso increíble, está en el aire ejecutando
una "cabriole battu” , juntas las piernas,
apenas inclinado el torso, abiertos en arco
los brazos, llena de tensión toda la línea
izquierda de su figura, recortado el perfil
de la cabeza hacia el público. Y aquella
figura, que estaba al borde de desagrada­
ros, repentinamente tiene un misterioso
sentido, lleno de humor o de tristeza, de
fuerza imprevista y desatada, o de des­
mayo recogido. Recordad a Nijinski.
Y ahora una figurilla apenas cubierta de
un faldín que nos recuerda una de esas
grandes y delicadas flores orientales que
flotan sobre los lagos; sale del foro, me­
nuda y como embebida, ensimismada, en
otro mundo. Inicia un "pas de bourrée” ,
con los brazos sujetos al cuerpo, tan suje­
tos que parecía no tenerlos. Poco a poco
los va alzando, bellos, poderosos, de armó­
nico y grave movimiento, hasta que ya
alzados parecen terminar ante nosotros el
último ademán de úna ofrenda sagrada.
Xo tenéis más tiempo para retener todo su
encanto: la belleza de aquella forma alada
se os esfuma, cortada por la entrada sú­
bita de un danzante que cruza en dos sal­
tos el más ancho escenario, dominando su
espacio sin esfuerzo, con su prodigioso
salto, en "grand jeté” .
Quienes vieron a la Paulova o la sona­
ron, saben del hechizo inolvidable de una
"pirouette” . la magia inenarrable de una

"attitude renversée” , la sencilla poesía de
marioneta que encierra un paso de "temps
levé” , la rara gracia de un "arabesque”
perfecto.

del baile como en sueños y puede encerrar
en sus formas voladoras, en sus rigurosos
movimientos, la clave del alma de una
época.

Su sola delicadeza ha ganado todas las
batallas. Iloy es algo que está incorpo­
rado a nuestra cultura, a nuestra sensibi­
lidad, y cada vez nos parece más cla­
ramente imperecedero. De la corte de los
zares a los grandes teatros abiertos a las
multitudes, el ballet nos enseña las gracias

Strawinskv y Picasso se sintieron toca­
dos por sus graciosas alas: es como si el
genio de este siglo las consagrara. A nos­
otros ya sólo nos cabe reverenciarlo, salu­
dar en él las inmortales "gracias del baile” .
(Fotografías (Ir Dave Cicero.)

�TEATRO

cabalgata©

mera temporada cuando vino a Buenos
Aires en 1931. Desde entonces lo he se­
guido hasta su actual temporada en
todas sus memorables e inconfundibles
representaciones.
Ben Ami es un actor que gradúa
con minuciosa precisión los ritmos es­
cénicos no dejando al azar movimiento,
actitud o gesto alguno. Es un hondo
actor que traza las perspectivas dra­
m á tic a s desechando premeditadamente
todo ornamento hasta obtener así la
exacta modalidad, la verdadera dimen­
sión plástica y espiritual de aquellas
criaturas que encarna. Su máscara va
desde su cabeza, totalmente maquinada,
hasta su manto, su voz, sua manos que
se mueven constantemente con adema­
nes significativos; »o máscara logra
abarcar todo su cuerpo que se desplaza
pleno de armonías dentro del juego
escénico. Se puede decir que cuando
Jacobo Ben Ami ha esculpido sobre
su propia carne los rasgos dramáticos,
cuando se ha transfigurado, cuando
el gran actor que hay en él logra .res­
pirar ' la atmósfera de ficción teatral
que realiza, cuando se ha tornado en
el personaje mismo y lo trasmite en
toda su veracidad artística, acontece la
preceptiva wildeana: "Dad al hombre
una máscara y dirá la verdad.” En las
interpretaciones de Ben Ami el per­
sonaje crece hasta tomar el sereno ta­
maño de un símbolo sorprendente.
Una actriz de nuestro teatro le ha
preguntado por qué razón no escribía
un libro con su experiencia y con "sus
secretos” . El sonrió, bajó su cabeza y
con voz tenue de extraña modestia con­
testó: "Stanislavsky ya lo ha dicho
todo.”
El arte de Jacobo Ben Ami, que es el
arte del actor, un arte transitorio, mo­
mentáneo, adquiere contornos de per­
manencia.

ENCICLOPEDICO
ILUSTRADO
IMAGEN DE JACOBO BEN AMI

TRABAJA PARA
PERFECCIONAR
SU INTELIGENCIA

Por SERGIO LENNARD

S

u andar espacioso y lento, su mira­
da penetrante y lúcida, la enérgica
placidez de su sonrisa y sobre todo su
extraña y maravillosa sencillez hacen
de Jacobo Ben Ami una figura humana
de excepcional simpatía.
La última vez que lo entrevisté me
acompañaba un artista pintor que, al
verlo, me espetó sin poder contener su
genio plástico y su particular visión
de los colores: — "¡E s azul!” — Y se re­
fería a la cara de Jacobo Ben A m i . . .
Al interrogarlo respecto a los teatros
libres me d ijo : — "E l teatro no es sólo
un repertorio. Se trata de representar,
y sobre todo de interpretar las oblas.
El repertorio de los teatros libres pue­
de ser m agnífico; las interpretaciones
dejan mucho que desear. Conste que
no hago aquí la defensa del teatro in­
dustrial, pero me atrevo a decir que los
teatros libres no han terminado, no han
aniquilado los vicios del teatro indus­
trial. Actúan con gran énfasis, hacen
una interpretación exterior del perso­
naje. . .

— Hay excepciones.
— También las hay en el teatro que
no se titula libre.
— Entonces usted. . .
— No. No discutamos. Pienso como
usted, como un hombre joven. Pero es
necesario entender que en aras del arte
hay que abandonarlo todo. Todo, con
mayúscula. El arte es en verdad una
aventura maravillosa: pero, o te entre­
gas a ella con alma y vida, o pierdes el
tiempo. El actor debe además tener una
cultura integral. Eso ayuda mucho a
entender bien, con la mayor exactitud
posible, el sentido que imprime un poe­
ta o un dramaturgo al drama. Dominar
un personaje, meterlo en uno, no es por
cierto un juego de niños. El actor debe
ser severo consigo mismo, luchar sin
descanso, denodadamente, hasta conse­
guir una verdad teatral, una verdad ar­
tística. En todo arte se pueden hacer
trampas y efectos que momentánea­
mente queden bien y hasta conformen
al público. Pero el arte no es eso.
H e visto a Ben Ami desde su pri-

En su N U E V A ED ICIO N 194fi
ofrece la información más moderna
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PEDI DO
Fecha

■

H elen a F igner.

Nicanor Zabaleta.

El doce del corriente, presentada por la
Wagneriana, ofrecerá un concierto .a
mezzo-soprano brasileña Helena Figner,
de gran prestigio en los medios musica­
les del Brasil V a la que ya conoce nues­
tro público por su recordada actuación en
Buenos Aires, tam bién-bajo los auspicios
de la Wagneriana, en 1940.
La renombrada artista, además de las
páginas del gran repertorio clásico, nos
dará a conocer nuevas obras de los más
brillantes músicos jóvenes brasileños.

Terminado su cielo de conciertos en
Buenos Aires, el gran arpista español N i­
canor Zabaleta se dispone a emprender
una gira por diversos países de América.
El extraordinario instrumentista deja
en el público de Buenos Aires un imbo­
rrable recuerdo. Su sonoridad, lo depu­
rado de su técnica, que lo sitúa entre
grandes solistas como Casals, Heifetz,
etc., la dignidad insobornable con que se­
lecciona las obras de sus conciertos, hacen
de Zabaleta uno de los más altos ejecu­
tantes de la música de todos los tiempos.

1
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me com prom eto a pagar la prlmera mensualidad al recibo de
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pndiendo disponer de ellos antea
de com pletar el pago total de su
importe. Declaro que soy mayor
de edad y me hallo en pleno go­
ce de todos loa derechos eiellos.

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a s

.

�CRONICAS
gran cantante del folklore ne­
gro. Con un afán misterioso, de
aguda garra, que le cruza la voz, la
cara, la mirada. Se encoge y se dispara,
en tensión, siempre, retadora, vivaz,' in­
teligente. Pocas veces se puede decir de
una persona, aunque se dice muchas, que
conoce mucho mundo. Blaekie lo conoce,
aunque no tenga ese desdeñoso tono de
voz, ese gesto displicente del viajero co­
rrido, de vuelta. En ella vemos capa­
cidad de asombro, amor a la vida, de­
sencadenamiento de todas las trabas, sin
cartel ni escándalo, sin voluntad de epa­
tar. Es sencillamente vital, en un me­
dio en que ser vital es tantas veces sola­
mente un modo de encubrir fallas pro­
fundas, debilidad, poquedad, con un es­
tentóreo clamor de cohetes.
Inicia su carrera en 1935, en un con­
curso de radio. Alguna vez dijo que la
había descubierto León Klimovski. Los
escuchas la bautizan, con fino instinto:
Blaekie. Desde ese momento, radio, tea­
tro, cine, infatigable acción divulgadora,
hasta consagrarse como intérprete del
m ejor folklore negro, dándonos, al fin,
entre tanto blue prefabricado, una voz
ancha y honda, fiel a las resonancias
primitivas, correspondiente a los valo­
res emocionales que el hombre culto oc­
cidental fué a buscar en las razas ol­
vidadas.
— Tengo afición por la música negra
desde niña — nos dice— ; tres folklores
me interesan por encima de todos los
demás: español, ruso y negro.
— ¿ Y en la música clásica?
— En primerísimo término, Bach. Lue­
go Beethoven, Havdin, Haendel, Scarlatti, Mozart, Chopin. Y todo lo moder­
no. Toco el piano desde niña. Me ha
servido para armonizar mis canciones.
Entre la radio y el teatro Maipo, lle­
na sus actividades hasta el año treinta
y ocho. Emprende entonces un viaje a
Estados Unidos para visitar a un her­
mano. Fué al lejano norte con la in­
tención de estar seis meses. No regresó
hasta cuatro años más tarde. Siguió
allí los cursos de música primitiva que
están a cargo del profesor Hertzog.
Continúa aquí estudiando con Carlos

U

©cabalgata
Cega. Contratos de teatro, radio, gra­

na

LU Z

EN

LA

SOMBRA

BLACKIE

bación de discos.
— ¿En qué hubo de batallar más?
— Procurando demostrar que el fo l­
klore negro es un folklore apto para
ser cantado en un escenario en forma
de concierto. Maduro este plan lenta­
mente y mientras tanto debuté en co­
media musical al lado de Gloria Guzmán y Enrique Serrano.
— Tenemos entendido que alguna vez
escribió sobre sus viajes.
•• — Sí. Hice artículos periodísticos con­
tando mi amistad con Franchot Tone,
Bita Hav-w-ort, Paul Henreid, George
Sanders, W alter Pidgeon.
Tenemos ganas de hablar con ella de
otras muchas cosas, menos ordenadas
que las que corresponden a una entre­
vista. Blaekie lo advierte y apura la
información bondadosamente, para co­
menzar a preguntar ella misma, y a
contar lo que no se va a decir en la cró­
nica.
— El último concierto lo di en el
Odeón, como saben. Ustedes dirán, pe­
ro a mí me parece que me fué muy bien.
(Desde luego, fué uno de los recitales
•más hermosos que hemos oído.) De­
buté en el cine con "Cristina” . El 4
de noviembre doy otro concierto so­
bre música negra. El 12 del mismo
mes me voy a Estados Unidos, pero esta
vez tan sólo p or quince días. A la
vuelta haré una película, y en febrero
debo estar en México para hacer cine
y radio. Estoy contenta de haber lu­
chado denodadamente por el folklore
negro durante tantos años. Le asegu­
ro que vale la pena. Tengo gran amis­
tad con Cab Callonay, Duke Ellington
y Ethel Naters.
— Por último — nos sigue diciendo
Blaekie, con su voz desgarrada y una
mirada de pájaro fuerte— , creo en todo
lo que sea hermoso, libre y bueno.
Y dejamos a la gran cantante en li­
bertad de hablar, hermosa y buena­
mente sobre todo: América, la situación
mundial, los poetas mexicanos, los pin­
tores argentinos. . . ¿ Sabían ustedes
que se llama Paloma y que no lo cree,
que le parece seudónimo? — Ele Ve.

MUNDO EDITORIAL
E N T R E V IST A
CON
LO PEZ LLA U SA S
IJO y nieto de libreros, supo alcan­
zar esa difícil conquista de la he­
rencia, ese merecimiento de la misma que
pocos logran a lo largo de la vida. Clara
muestra, evidente y brillante, es el nutri­
do catálogo de la Editorial Sudamerica­
na, que López Llausás dirige junto a su
compañero Julián Urgoiti.
H ijo y nieto de libreros a la buena
usanza antigua, esto es, de libreros que
eran a la vez editores: don Inocencio
López Bernagosi y don Antonio López.
El primero, fundador, además del perió­
dico "L a Campana de Gracia” y del se­
manario "L ’ Esquella de la Torratxa” . Pu­
blicaciones finiseculares ambas, la última
vivió hasta el mismo día en que el Go­
bierno de la República española abando­
nó Barcelona. En torno a ellos, en los días
iniciales, se vió a hombres de la talla de
Santiago Rusiñol, Angel Guimerá, Igna­
cio Iglesias y otros.
En 1925, nuestro entrevistado, Antonio
López Llausás, cuyo apellido es símbolo
de una tercera generación de hombres de
libros, pone en la plaza de Cataluña, co­
razón de Barcelona, su primera librería
propia, al margen ya de cuidado paterno:
"Librería Catalonia” . Hasta 1936, salieron
con ese sello muchos de los más famosos
libros de la literatura catalana. Al ser
prohibido el idioma de Maragall, cesó en
sus funciones la "Librería Catalonia” . En
1939 es llamado para constituir la direc­
ción de la Editorial Sudamericana. Allí
sigue hoy. Gran experiencia, ganada en
largos años de activa campaña editorial.
Método, tacto, dedicación, sentido agu
dísimo de las necesidades y característi­
cas del público. Y organización, organi­
zación, organización.
— ¿Cuántos títulos ha editado la Sud­
americana, señor López Llausas?
— Trescientos.
— ¿Opina usted que podrá sostenerse el
ritmo de ediciones de los últimos años, a
pesar del rudo golpe que ha sufrido últi­
mamente el libro argentino?
— Algunas de las causas de ese descen­
so ya están solucionadas satisfactoria­
mente por el gobierno nacional. Tal la
facilitación de embarques de libros que
ha permitido resolver el gravísimo pro­
blema de la escasez de bodegas en menos
de tres meses.
— He habla mucho del excesivo precio
de venta de los libros en los últimos

H

tiempos, y los libreros oyen muchas que;
jas.
— Es un problema de difícil solución.
Solamente la mano de obra, sin papel,
ni cartulina, auiqentó en 7 años exacta­
mente el doble. En cuanto al tipo de
papel que generalmente usamos nosotros,
subió de $ 0,37 el kilo a $ 1,30.
— ¿ Aconsejaría usted la formación de
nuevas editoriales?
— A cuantos vienen en busca de mi
consejo leal, procuro disuadirlos. Aunque
de antiguo sé que es en vano. Pues nin­
gún otro negocio atrae tanto a las gentes
aficionadas al libro. El ambiente en que
se mueve el editor, la obra de cultura
que realiza, la jerarquía, por decir así,
del oficio, atraen inevitablemente a mu­
chas personas. Ningún negocio, sin em­
bargo, me parece de tan difícil desarx-o11o, y me temo que sólo las grandes casas
podrán resistir el embate del tiempo.

— ¿Cuáles son los títulos de la Sudame­
ricana que más se han vendido?
— Vea usted mismo las cifras y el pro­
ceso do cada libro, desde su costo hasta
el agotamiento de la edición o ediciones.
López Llausás me alcanza un enorme
libraco, "el libro de las verdades” , en
el que se registra minuciosamente la his­
toria comercial de cada título. Y él mismo
lee algunas cifras.
— "Cómo ganar amigos” : 70.000 ejem­
plares. "La importancia de vivir” : 60.000
"Cómo
adelgazar
comiendo” : 55.000.
"Cuán verde era mi valle” : más de 40.000.

— ¿Cuáles son los libros de autores ar­
gentinos más vendidos?
— "La bahía del silencio” de Eduardo
Mallea, cuya primera edición está ago­
tada, y "Uno y el Universo” , de Ernesto
Sábato.
Al filo de la despedida llega el hijo
del editor. Parece que, inevitablemente,,
será editor. Una cuarta generación, que
aún nos reserva futuras empresas.

LAS RUTAS
DEL
LIBRO ARGENTINO
^com ienzos de 1943, cuando las conseXXcuencias indirectas de la guerra se
manifestaban inequívocamente hasta en
los países más alejados de su escenario,
la industria ^editorial argentina se vió
amenazada por la falta de bodegas dis­
ponibles para el envío de libros de edi­
ción nacional a los puei-tos de países
compradores en Latinoamérica y España.
Es sabido que el libro sólo puede ser
remitido en paquetes postales, ya que la
organización internacional de Correos per­
mite distribuirlos hasta en las poblaciones
más alejadas de los grandes centros. El
correo, vehículo natural de nuestros li­
bros, se vió reducido de pronto en su
capacidad de envíos al exterior, y los
paquetes postales principiaron a acumu­
larse en los depósitos de la institución.
En un comienzo se trataba tan sólo de
algunos miles de sacas, en espera de que
los barcos de la Flota Mercante del Es­
tado les hicieran lugar en sus bodegas.
Pero a lo largo de 1944 y 1945, los edi­
tores sufrieron agudamente los efectos
de la demora en la expedición, y en los
primeros meses de 1946 la situación hizo
crisis, amenazando abiertamente una in­
dustria que es legítimo orgullo para la
Argentina y que, imposibilitada de distri­
buir sus productos a los mercados com­
pradores, se hallaba al borde de una pa­
ralización total.
He aquí cifras que dan cabal idea de
la situación. En septiembre de 1945 ha­
bía en depósito 140.000 paquetes de li­
bros consignados a Latinoamérica y Es­
paña. A 5 libros por paquete, suponía
un estancamiento de unos 700.000 volú­
menes.
En junio de 1946 — el mes crítico— la
cantidad alcanzó a 310.000 paquetes, o
sea más de un millón y medio de volú­
menes. Los galpones de Correos y Tele­
comunicaciones en el dique IV estaban

colmados hasta los techos, y apenas había
lugar para moverse durante las infre­
cuentes operaciones de carga. No se acep­
taban ya nuevas remesas de las editoria­
les, en cuyos depósitos privados se acu­
mulaban igualmente grandes cantidades
de paquetes. La situación parecía poco
menos que insoluble. Llovían los recla­
mos de los libreros de todo el continente.
Diez millones de pesos se congelaban — y
el término es válido— sin posibilidad de
movimiento alguno.
Mientras la Cámara Argentina del L i­
bro, que constituyera una comisión per­
manente con integrantes de la SADE,
SIGA, Sección Gráfica de la U.I.A. y
Federación Gráfica Bonaerense, suscitaba
un vasto movimiento de opinión por me­
dio de la prensa, y reiteraba sus ges­
tiones ante los poderes públicos pidiendo
la adopción de medidas extraordinarias,
el nuevo Administrador General de Co­
rreos y Telecomunicaciones, señor Oscar
E. M. Nicolini, anunciaba su firme inten­
ción de abocarse al problema y agotar los
recursos en procura de bodegas. Sus pa­
labras fueron seguidas por una intensa
labor desplegada por el personal a las
órdenes del Director de Correos, señor
Ramón Blanco, cuyos resultados no tar­
daron en manifestarse. Asombra en ver­
dad que una acumulación iniciada en
1943 pudiera descongestionarse con rapi­
dez tan extraordinaria, lo que habla con
elocuencia de la actividad cumplida por
Correos y Telecomunicaciones bajo su
nueva administración. A mediados del
mismo mes de junio, los editores recibían
la gratísima nueva del embarque do 6.000
sacas en el "Río Paraná” ; la operación
tuvo mucho de ceremonia simbólica, y la
presenciaron, junto con los señores Borlcnghi y Nicolini, delegados de la Cámara
Argentina del Libro. La Flota Mercante
del Estado prometía y otorgaba más bo­
degas. Barcos de la compañía estadouni­
dense Moore MacCormack comenzaban a
cargar promedios de 10.000 sacas por vez
(60.000 paquetes, 300.000 volúmenes). A
lo largo del mes de julio las salidas fue­
ron continuadas. Los visitantes de loa
depósitos de Correos circulaban, asombra­
dos; por donde dos meses antes sólo podía
andarse de p e r fil...
Agosto, septiembre. Hace una semana
se ha sabido que los despachos están al
día. La escueta, simple noticia, encierra
un significado más hondo: la recupera­
ción de una industria que implica el pres­
tigio espiritual y cultural de los argen­
tinos en los restantes países de habla
española. Alguna pequeña librería del
interior de Colombia o de México recibe
en este instante un paquete conteniendo
libros argentinos.; Y el símbolo mismo de
nuestro esfuerzo editorial surge, claro y
satisfactorio, de tan simple suceso.

Acaban
de aparecer
BIOGRAFIAS

DE

AYER

Y DE HOY

WALT WHITMAN
por

HENRY SEIDEL CANBY
Dentro del proceso fervoroso
de revisión despertado en los úl­
timos años en torno de la figura
procer de Walt Whitman, este li­
bro de Seidel Canby es definiti­
vo. Es mucho más que una bio­
grafía. Profundiza en las raíces
humanas y sociales de la vigoro­
sa creación del Poeta de la De­
mocracia y nos da un cuadro in­
teresantísimo de la evolución del
pueblo norteamericano en los días
de Whitman.
480 páginas. Encuadernado en
tela.......................
g 1 5 ___

COLECCION LOS RAROS
HERODIAS,
por Gustare Flaubert.
He aquí una obra de Flaubei-t
presimbolista, precursor de lo mo­
derno, en oposición al Flaubert
divulgado como uno de los após­
toles de la novela realista. La
sensibilidad personalísima del au­
tor vibró de un modo singular ni
aspirar el exótico perfume de la
historia de Herodías, tan alejada
al parecer de las preocupaciones
de un espíritu moderno, y acertó
con una "disonancia” que no deja
de ser una pequeña obra maestra.
168 págs. En rúst. . g
3 ,5 0

EL DIARIO
DE RASKOLNIKOV,
por Fedor Dostoierski.
Esta obra, que permaneció iné­
dita hasta después de la muerte
de su autor, es la forma primiti­
va que Dostoievski había dado a
su famosa novela Crimen y Cas­
tigo. De inestimable valor para
ahondar en la psicología de su
personaje central, señala un pre­
cedente de la literatura surrealis­
ta y descubre nuevas facetas del
pensamiento del original escritor
ruso acerca del problema del hom­
bre ante su conciencia'.
188 págs. En rúst. . $ 3,50

COLECCION PERSEO
GRADIVA,
por inihelm Jensen.
"Fantasía pompeyana” llamó su
autor, el famoso escritor alemán,
a esta novela en que se confunden
las fronteras de la realidad y de
la fantasía. Sigmund Freud des­
cubrió en ella uno de los com­
plejos más interesantes del espí­
ritu humano y le dedicó su es­
tudio de psicoanálisis "Delirio y
ensueños en la Gradiva de Jensen” . Es un viaje maravilloso al
pasado arqueológico y al mundo
incorpóreo pero palpitante de las
almas.
208 páginas. Encuadernado en
cartoné. . . .
$ 6 .—

BIBLIOTECA
ARGENTINA

DE

ARTE

OSKAR KOKOSCHKA,
por Hans Platschek.
El arte de este extraordinario
pintor contemporáneo "de máxi­
ma consecuencia subjetiva” , apa­
rece en el conceptuoso estudio de
Platschek como siguiendo la ruta,
en sus mejores cuadros alegóri­
cos, de los grandes maestros de
la pintura nórdica, que siempre
revelan un fondo de sentida hu­
manidad. Es, pues, una obra de
oportuna divulgación dentro de
las características sintéticas de
esta Biblioteca.
Con grabados en negro y 4 en co­
lores. Encuadernado en carto­
n é.............................
g 10 .—

EDITORIAL
P0SEID0N
PÍRU 973 Dir. Tel. Edipo BUENOS AIRES

�MODAS

cabalgata©

Margucrite
Chapman
de la
“ Columbia”
en
“ I,a voz de
la tumba” .

N e g ro y a r e n a en un m o d e lo d e c h a ­
q u e ta m u y e o rla y a ju s t a d a , c u y a d e ­
la n te r a e s d e g ro s c u e l ú ltim o d e lo s
c o lo re s n o m b r a d o s . E l s o m b r e r o , en
p a ja n e g r a , se d e ta lla eo n u n Ih h ií I o
b r o c h e e n p ie d r a s y o r o , y tu l m u y
te n u e q u e se u sa s o b re e l ro s tr o .

SOIRÉES CON MANGAS
• 1 V /T AÍCGAS largas para la n och e?...
Contraste extraordinario con los
grandes escotes y la tendencia muy
marcada en las colecciones de media
estación. He aquí que los modistos de
París han descubierto ahora que las
mangas largas hacen más encantadores
los modelos de comida, a la vez que
resultan así mucho más prácticos.

¿IVA

Con este espíritu, B ruykre propone
una blusa de lame o de fino tissu de
plata, de cuello alto y enormes mangas
"bullonées” , que se
usa con falda rec­
ta en terciopelo ne­
gro. M ago y R oOff,
un taillcur en erepe rayonné blan­
co, cuya chaqueta,
de cuello smoking,
se cierra con boni­
tos botones de per-

Conjunto de bolero y falda en gruesa
viyella jaspeada, en colores gris y ne­
gro. Blusa chaleco en crepe color co­
ral. Sobre la cintura, una flor en este
mismo tono. El sombrero y los zapa­
tos son negros.

Conjunto de falda y bolero en gabar­
dina "beige tostado" que se luce con
blusa de rosalba blanco y un pañuelo
en beige, verde y rojo, anudado sobre
la cintura. El sombrero, de linea no­
vísima, es del color del conjunto.

L A SILU ETA NOCTURNA
os siluetas fundamentales se dispu­
tan la moda de noche. De una
parte los vestidos de faldas amplias,
cuya amplitud semeja una corola in­
vertida; de otra parte, los soirées rec­
tos, de línea, adaptándose al cuerpo,
cayendo verticales pero sin llegar a la
línea estrecha de la "robe siréne” , que
alcanzara enorme popularidad hace
unos años.

D

Sería sim plificar demasiado este tema
el imaginar que todos los modelos se­
rán de un mismo corte, según que ellos
procedan de un tipo o del otro. Cada
una de estas líneas se ramifica en mil
variaciones distintas. Cada couturier
interpreta libremente la idea elegida,
manifiesta su personalidad, como un
poeta que no se ajusta nunca, a la
métrica.

hay de fresco, de delicado y de "charmante” .
El soirée de pollera amplia, tiende
siempre a marcar bien el busto y la
cintura mediante "corsages” ceñidos;
escotes grandes, sean redondos dejando
casi al descubierto los hombros, o en
pico pronunciado, desnudando siempre
lo alto del "corsage” . Nunca la moda
permitió e impuso tal variedad de es­
cotes y de adornos en los mismos: flo ­
res, moños, voladones de tul o encaje,
que, en atrayente picardía, pretenden
cubrir desnudeces.

Jaumandreu. No­
vísima línea en un
tailleur de grueso
crepe negro, con
originales solapas
rodeando el am­
plio escole, bor­
deadas con vola­
dos de organza de
seda natural rosa.

•

Sin embargo un espíritu común, ese
algo imponderable que hace la moda
de una temporada, aparece en todas las
colecciones. El encanto de la feminei­
dad, aparece en medio de las líneas,
de los drapeados, de los pliegues y
"plissés” , de la abundancia de géneros
livianos y voladores: muselinas, organzas, tules, tusores; de adornos adora­
bles: flores, pétalos, puntillas, blondas,
ficliús de encaje, de todo aquello que

VARIACIONES
DEL TRAJE
DE FIESTA

L A MODA DE PA RIS
Elegancia en los hipódromos

UNA PAGINA
DE
Jau m an d r eu

p o r ( luiré V en d óm e
la hora de la "Season” las exhibi­
ciones han pasado como episodios de
un film cuyo interés aumenta para con­
cluir en gloriosa apoteosis. Es un fenó­
meno del tiempo. Gris y casi amenazador
durante las pruebas de Chantilly y del
Prix de Diane, ambos corridos en el hi­
pódromo de Longchamps, el cielo aclaró
V el sol brilló en el día de los Drags,
para resplandecer en pleno el domingo
del Gran Premio. Las toilettes, pues, si­
guieron los caprichos del tiempo.
M ilagro fu é que no lloviera en el día
de las jornadas dichas de C h an tilly.. .
Pero los trajes impresos, de rigor para
el día nombrado, no lucieron ninguna de
sus alegrías: fueron trajes negros, flex i­
bles, drapeados en el delantero o en los
costados, las redingotes oscuras, los tailleurs, cuyas chaquetas eran a veces de
colores chillones, sobre falda negra.
Las propietarias de los caballos de ca­
rrera, lucieron elegancias especiales. En­
tre ellas, Mmc. Lieux, llevaba un manteux de sport, de terciopelo cótelé negro,
a martingala y doble abrochadura con
botones dorados, modelo de Paquin. I n
gran som brero de paja blanca, adornado
de gardenias, complementaba el atavío.
Los sombreros, por cierto, desafiaron la
incertidum bre del tiem po; su aspecto pri­
maveral se lució en las diademas floridas,
todas de tonos claros, con rosas, claveles,
lilas, jacintos, v io le ta s ... o todas de cin ­
tas entrelazadas o plumas de avestruz,
caídas al costado, para esconder un lado
del perfil.
Canotiers muy grandes, echados com ­
pletam ente hacia atrás, con bordes redon­
dos y cintas caídas en la nuca, hechos
de grueso paillasson, todos negros, todos
blancos o todos beige, adornados con ter­
ciopelo negro fueron los más numerosos.
Tam bién había sombreros de hombre, al
gusto del d í a . . . , galeritas, chambergos

E

n

las colocados muy juntos. P aquin , otro
tipo de "tailleur-soirée” en moiré o
fava. W orth, un vestido simple, de es­
cote en pico, mangas enguantadas, so­
bre el cual una capa recta, impone una
preciosa variación al ser totalmente
forrada de encaje chantilly negro.

SOIRÉES BLANCOS
OS trajes de noche apelan a la fres■J cura delicada del blanco.
Atributo
natural de la temporada estival, el
blanco este verano invade todas las ca­
tegorías de la moda. Para el día y la
noche, en todas las colecciones, su su­
premacía es perfecta.

I
Jaum andreu. Borde de piedras oscuras
en un escote que deja al descubierto
los hombros, detallando un soirée de
falda plegada desde la cadera, reali­
zado en jersey de seda celeste pastel.

El talle natural es siempre disminui­
do, y para lograrlo se recurre a corse­
letes o cinturones de gros o géneros
elásticos que se ajustan a la cintura
p or debajo de los m odelos; se ponen en
juego todos los artificios, además, para
desplazar el centro de gravedad de la
silueta atendiendo siempre a alargar el
talle. Los subterfugios más ingeniosos:

dobles y triples cinturones, incrustacio­
nes de colores contrastantes, drapeados
bajos, bordados rebuscados; en fin, que
dentro de las enormes variaciones que
la elegancia francesa nos muestra para
la noche, los creadores, optando por
una línea o por otra, o bien yendo de
la una a la otra, nos dejan decidir entre
innumerables sugestiones.

F rancerramant, el gran "couturier”
parisiense, ha realizado una robe de no­
che, de falda en campana, mangas cor­
tas y gran escote redondo en encaje
blanco sobre "dessus” de raso. R obert
P iguet remarca, con género negro y
flores rojas, el escote enorme de un
modelo de piqué de amplia falda. C a llot, en cambio, elige el crepe "piel de
tiburón” , para un conjunto de vestido
y bolero, bordado totalmente este últi-

Blusa realizada en tricot de lana negra
acompañando una falda de raso color
oro; es una creación americana. El
cinturón, que cae en lazo a un costado,
está bordado en celeste, rosa y negro.

mo en blanco y plata. Por su parte,
L axvin coloca sobre la cadera, en un
vestido de noche, que se drapea for­
mando godets adelante, dos enormes
moños de ciré violeta.

y ranchos. . . pero eon ramilletes de flo­
res que aclaraban el punto.
Los colores dominantes fueron el verde
billar, atenuado a ratos, como el musgo
otoñal: fué notable la nueva juventud del
azul marino y del blanco, combinados en
sombreros, trajeeitos, earteras, guantes v
zapatos. Mme. de Bovrivon, afortunada
dueña del caballo "Prince Chevalier” , fué
la "vedette” de todas las reuniones, por
su elegancia y su gracia. Vestía en la
oportunidad un modelo de Mareelle Dormov, de bata ajustada, a rayas horizon­
tales, con una túnica azul unida, sobre
una falda plegada en el delantero.
A cada reunión nos vimos en la obli­
gación de hacer notar la eterna elegancia
del blanco y negro, y citaremos, como
ejemplo, la hermosa toilette de Mme. de
Bellcville: traje de crépe flexible, ligera­
mente drnpeado a los costados del busto
y sobre las caderas: largo collar de per
las, caído sobre el "déoolleté” en V, en
armonía con el canotier de paja blanco,
v con el bolso, guantes y calzado de ga
muza blanca.
¡
La temperatura poco amistosa perm
tió la exhibición de los abrigos de vison,
de los boleros y eapitas de zorros P®
toados, v de dos grandes zorros et
al hombro, sobre los trajes de cri sl’
pero acompañados de toquitas *°*|or ’ ‘
mente floridas. Mme. Belkiss
l"
Pacha, la única dama que vistiera to ­
ramente de claro, fué muy agasajada i
su elegancia y por su hermosura &lt;‘
^
bia exótica. Llevaba un traje ' 1
'v
pekinada, a rayas angostas, blntic.
.
violetas, y a cada lado del deseo
cuadro un clip de oro cincelado, en
con un collar. El drnpeado del traje. un costado de las caderas, iba sostu
por un ramillete de violetas e
,
La elegante toilette se
con un ramo de lilas púrpura d.spues
en diadema algo caída sobre 1
Sobre los hombros dos l ° rros
tQg ,v, como accesorios, guantes, z-»l ■
bolso de gamuza blanca.
( Especial pora Cabalga .
Franee Preste)

�MUSICA
L A S U LTIM A S OBRAS DE

FLORES
LIBROS
DE

CALIDAD
PARA

REGALOS

DISTINGUIDOS

©cabalgata

IGOR

STRAWINSKY

Por A D O L F O S A L A Z A R
cinco años que Igor Stra­
winsky no había vuelto por México.
La visita que acaba de hacernos es la
tercera, invitado a todas tres por la
Orquesta Sinfónica de México. He ha­
blado en un ar­
t í c u l o anterior
de la hospita­
l i d a d q u e el
maestro Carlos
Chávez y su or­
questa han dis­
pensado en esta
temporada a
músicos tan sig­
nificados en el
arte europeo de
más avanzadas
tendencias: el alemán Paul Hindemith y el francés Darius Milhaud.
Strawinsky ocupa ahora el sitial del
director con un programa repetido el
viernes y domingo finales del mes de
acía

H

Ultimos Grandes

COLECCION ORO

(E s p e cia l para C a b a l g a t a )

que el otro, más rítmico. El postulado
de la sinfonía clásica consiste en que
la obra entera, y categóricamente su
primer tiempo, deben construirse sobre
el desarrollo de esos motivos, su trata­
miento temático, rítmico, modulatorio:
esencialmente, una arquitectura tonal.
Un poco más tarde, al día siguiente del
sinfonismo beethoveniano los composi­
tores románticos, muy interesados en
mostrar el carácter del motivo, su ca­
pacidad expresiva, la amplia capacidad
de juego con que seguían más o menos
de cerca una peripecia, dejaron hasta
cierto punto a un lado el postulado sin­
fónico para construir sus obras merced
a la yuxtaposición o enlace de los pe­
queños fragmentos que derivaban del
carácter, a veces plástico, podría de­
cirse, de sus motivos: tal, el caso de
Sehumann. Pero es lo cierto que el
sistema servía bien sólo en las compo­
siciones de dimensiones breves. Cuando

Exitos de la

neau” les trazos caligráficos de su arte
más troquelado de una manera que creo
lícito comparar con lo que Picasso rea­
lizó en "Guernica” , desde este punto
de vista. La comparación puede pare­
cer fácil, o arbitraria: para mí la tengo
por justa y creo que el lector que se
da cuenta de lo que "Guernica” es como
pintura, me entenderá sin mayor insis­
tencia al extender la comparación a la
Sinfonía en tres movimientos.
Que sea la esencia genial lo que con­
sigue mantener en ella la unidad es
fácil de decir; menos fácil de demos­
trar analíticamente. Sin embargo, hay
en esa sinfonía algo que es como su
sistema vertebral, y es la presencia de
pasajes poderosamente rítmicos que no
tienen un valor de motivo, pero sí el
de grapas o eslabones que se enlazan
entre sí como una cadena, como vér­
tebras, para seguir el símil. Sobre su
potente pulsación se asienta la vida

ATLANTIDA
★
H IS T O R IA DE L A C IE N C IA
p o r S a n tia g o B ertrá n
El curioso lector pu ede seguir a través de
las amenas páginas d e este libro, sin que
en ellas sea omitido ningún acontecim ien­
to fundam ental, el proceso histérico de
la ciencia, desde sus primeros pasos has­
ta el grado actual d e su extraordinario
desarrollo.

P r e c io d e l e je m p la r : $

5 .-

★

D IC C IO N A R IO
DE H IS T O R IA U N IV E R SA L
p o r J o sé L u is R o m e r o
Una sucinta y clara explicación d e los
h e ch os, las cosas y los hombres de más
relevante significación dentro del cuadro
general de la historia humana. Im posible
con cebir una obra que enseñe más en
menor espacio.

P r e c io d e l e je m p la r : $

5 .-

★

Obras del profesor
J. OTERO E S P A S A N D IN
LA CIVILIZACION DEL N IL O ........ $ 2 .SO
LA GRECIA H E R O IC A ............................ 2 .5 0
LA GRECIA C L A S IC A ....................... „ 2 .5 0
ROMA: LA REPUBLICA.....................
2 .5 0
ROMA: EL IM P E R IO ......................... , 2 .5 0
LA C IV IL IZ A C IO N M E S O P O T A M I C A ........................................................... 4 . —
MARAVILLAS DE LAS REGIONES
P O L A R E S .......................................................2 .5 0
POBLADORES DEL M A R .......................... 2 .5 0
PRODIGIOS DE LAS A V E S .................... 2 .5 0
LOS SERES M IC RO SC O P IC O S.............. 2 .5 0
GIGANTES M A R IN O S ....................... ,, 2 .50
EL CORTEJO S O L A R ......................... ,, 2 .5 0
UN PASEO POR EL C I E L O ............. ,, 2 .5 0
SOCIEDADES DE INSECTOS.................. 2 .5 0
PRODIGIOS DE LAS PLANTAS..............2 .Í 0
NUESTRO PLANETA.................................. 2.E0
LOS A T O M O S......................
4 —
ANIMALES VIAJEROS ....................... , , 2 . 5 0
EL MUNDO DE LOS REPTILES..............2 .5 0
NARRACIONES M IT O L O G IC A S ..........2.E0

★
DE V E N T A EN LAS PRINCIPALES
LIBRERIAS Y EN

L

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Florida 6 4 3

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Buenos A ires

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LA ALIANZA
DEL LIBRO
Y LA FLOR
Variedades en
CESTAS, BOLS,
FLOREROS,
PLATOS Y OBJETOS
DE ARTE
con

PLANTAS Y FLORES
FINAS

FLORES

CADA EJEMPL AR
Mano de Slratcinsky.

julio. En cada visita, el gran maestro
ruso fué dando a conocer sus obras
más recientes, apenas escuchadas antes
que por los mexicanos por los audito­
res norteamericanos, Nueva York, Bos­
ton o San Francisco.
La novedad más importante hace
cinco años fué la que presentaba la
Sinfonía en Do. La de ahora, es tam­
bién una sinfonía. Lleva por título
simplemente Sinfonía en tres movi­
mientos ("ohne menuet” , como habría
podido decirlo Mozart). Si se toma en
cuenta la Sinfonía de los Salmos, esta
nueva será la cuarta obra de dicha
clase. Si sólo atendemos a sinfonías
puramente instrumentales, será la ter­
cera. Entre ella y la primera sinfonía
(Mi bemol, de 1905-7) se desarrolla
toda la carrera musical de uno de los
más penetrantes agitadores del mundo
musical contemporáneo; una de sus
genialidades más acusadas y de una
autenticidad tan señalada como su ori­
ginalidad poderosa. Cuarenta años de
labor en la cual se encuentran obras
que son las obras maestras de nuestro
siglo, junto a otras cuya brevedad se
empareja con la intensidad de su con­
cepto; aquéllas, escuchadas cada día en
su mayor parte; estas otras, práctica­
mente olvidadas o desconocidas. Salvo
por los compositores, desde luego, por­
que en su brevedad está concentrado un
espíritu ardiente que toma las formas
más insólitas, los medios más originales
para expresarse.
Un curso entero podría desarrollarse,
en efecto, que versaría sobre "las obras
pequeñas” de Igor Strawinsky: un
curso para músicos casi más que para
auditores, salvo los muy refinados en
su inteligencia y su curiosidad. ¿Cuán­
do y dónde pueden escucharse el Con­
certino y las tres Piezas para cuarteto,
las Piezas para clarinete solista, las
Suites para pequeña orquesta, las Berceuses du Chat, las Pribautki, las Can­
ciones sobre poemas, japoneses, la Pas­
toral, el Dúo Concertante, las Piezas
fáciles para piano?
*

ROSE M A R I E
S A N T A FE 1 4 4 8 - 5 2
U. T . 41 - 9 8 3 5

*

*

Entre la Sinfonía en Do y la Sin­
fonía en tres movimientos hay una
esencial diferencia de principios. La
Sinfonía en Do deriva toda su estruc­
tura de dos motivos muy breves, ape­
nas de tres notas, uno de los cuales es
de carácter más señaladamente melódico

se quería apoyar sobre él una arqui­
tectura más importante el procedi­
miento resultaba precario. El edificio
se venía abajo. Menos porque los mo­
tivos no se prestasen a ser tratados "in
extenso” que porque la médula del sis­
tema, que está en las relaciones tonales,
no encontraba su ritmo suficiente am­
plio en esa marquetería de m otivos: el
organismo no respiraba con holgura, la
sangre no circulaba en libertad por é l:
su fisiología empobrecía sus funciones.
El sistema de construcción por frag­
mentos breves yuxtapuestos es peculiar
de Strawinsky. Cada fragmento se co­
lorea fuertemente por su carácter motívico, rico en su plasticidad; por su
fuerza rítmica concentrada y por su
valor armónico. Una tonalidad deter­
minada predomina con la exclusividad
de su función tónica en cada uno de
esos pasajes, sin que pueda decirse en
muchos casos que se trata de un con­
junto de armonías enlazadas, o lo que
se dice ser la conducción armónica. Sin
duda, el procedimiento es más simple,
pero para que sea válido exige la pre­
sencia del genio. Con muy poco esfuer­
zo, cualquier compositor puede seguir
la receta y aparentar cierto moder­
nismo exterior en sus composiciones
así redactadas; el resultado, sin em­
bargo, será nulo, a menos (pie una
fuerza genial ilumine el conjunto.
Resulta ya tópico mencionar a Picasso
cuando se habla de Strawinsky; pero
corno se consigue con ello hacerse en­
tender más fácilmente por quienes sa­
ben lo que significa el arte actual de
la pintura y, dentro de él, el del gran
malagueño, no evitaré hacerlo. Las
composiciones de gran formato de P i­
casso utilizan en una vasta armonía
total gran parte de los elementos de
estilo creados por Picasso para su uso
particular, tratándolos con una cohe­
rencia cuya lógica descubre él dentro
de sí mismo, intuitivamente, creo, me­
jo r que no discursivamente. S t r a ­
winsky que puede' dar cursos de filo ­
sofía, es decir, que puede razonar
acerca de sus procedimientos, no creo
que proceda en su labor de creación de
un modo discursivo, sino intuitivo tam­
bién. Por razones que no nos incum­
ben, había dejado aparte todos los ele­
mentos estilísticos más característicos
de su arte al componer la Sinfonía en
Do. Ahora, hace lo contrario. Su nue­
va sinfonía reúne en un vasto "pan-

dinámica de la sinfonía, dejando redu­
cido a un mínimo cuanto es cuestión
de melodismo, de valores armónicos, de
color orquestal. Una homogeneidad pe­
culiar envuelve todo y en parte deriva
del sistema de escritura que es prefe­
rentemente horizontal, es decir, que el
contrapunto y sus consecuencias hacen
casi todo el gasto.
Con todo, la Sinfonía no es compleja
en su escritura. Desde los tiempos he­
roicos del Sacre du Printemps, Stra­
winsky no ha hecho sino eliminar
cuanto le pareció accesorio, hasta llegar
al esquematismo de la Sinfonía en Do
La obra nueva no es, con todo, tan
seca o formularia, aunque puede decirse
que no hay en ella redundancia. Las
obras pequeñas a que antes me refería
son ejemplos de lo que Strawinsky es
capaz de hacer con el menor número
posible de elementos; pero la busca di'
la simplicidad, el afán eliminatorio le
lleva a rehacer obras antiguas, por lo
menos en determinado aspecto como es
el de la orquestación. La segunda ver­
sión de "El Pájaro de Fuego” fué un
ejemplo, hace algunos años. Ahora
vuelve a darlo reorquestando la parte
de "Pctruehka” conocida con el nom­
bre de la Feria o el Carnaval. La reorquestación consiste en emplear sola­
mente los materiales orquestales que se
encuentran en los músicos del siglo xix
sin acudir a las duplicaciones o el em­
pleo de "extras” . En vez de la orquesta
donde los instrumentos de aliento cuen­
tan por cuatro, Strawinsky se contenta
ahora con la agrupación "a tres” . El
color general no cambia nada; la sen­
sación de masa sí, porque el grueso
color ha desaparecido: ahora bien, el
grueso color es de por sí un valor
también, sólo que es antieconómico.
¿Podrá Strawinsky reorquestar dentro
de estos términos una obra como "Le
Sacre ? Lo dudo. En todo caso, ya
veremos.
*

*

*

Una obra cuya contextura contras­
taba ya vivamente con las de los pri­
meros ballets de Strawinsky fué el
"Apolloit Musageto” . Su diferencia ve­
nía por el lado de la orquestación tan­
to como por el de la formación temá­
tica y su tratamiento en una manera
de escritura lineal, ricamente trabada.
La plasticidad anterior del motivo se
. (Continúa página 18.)

DE

cabalgata
I N C L U Y E EN F ORMA
SUPLEMENTARIA
A GRAN F O R M A T O

UNA

LAMINA

I MPRESA A SEI S COLORES
REPRODUCIENDO UN CUADRO
DE UN A R T I S T A CÉ L E B RE
A N T I G U O O MODERNO

DOS REBELDES
ESPAÑOLES
EN EL P E R U
Las vidas de Gonzalo Pizarro ("E l
Gran Rebelde'') v Lope de Agua re
("E l Cruel Tirano” )— protagonis­
tas de las dos rebeliones españolas
más trascendentales contra la Co­
rona de España registradas en la
América del siglo xvt— son rela­
tadas en este libro con un estilo
ameno y lleno de gracia.
Un volumen encuadernado en tela,
de la Colección lliografías, de ItO
páginas.................................$ 10 .-

E D IT O R IA L

SUDAMERICANA
A U S I N A .1 (1 0

U S . A llt K S

Ditíribuitloret exclutirot para México:

EDITORIAL IIERMES
I g n u c i o M a r in e a ! II - M E X I C O D . F .

�MUSICA-AJEDREZ

cabalgata©

LAS ULTIMAS OBRAS DE IGOR STRAWINSKY

NOTICIAS MUSICALES
*** En memoria de Encarnación L ó­
pez, la Argentinita, y en el primer ani­
versario de su muerte, se ofició el 25 de
septiembre un funeral, en los franciscanos
de Madrid.
*** Por la Asociación Argentina de
Música de Cámara, Libo rio .Rosa, acom­
pañado por Enrique Sivieri, realizó un ci­
clo de cinco conciertos consagrados a la
sonata para violoncelo y piano.
*** Gabriel Bouil’.on y Albert W o lff
se despidieron del público porteño con un
concierto de beneficencia. En el progra­
ma, los conciertos de Mendelssohn y
Br.ahms, el Carnaval romano de Berlioz,
los Preludios de Liszt y E l a p r e n d í dr
brujo, de Dukas.
*** El Cuarteto Haydn, integrado por
Eduardo Acedo y Carlos Sampedro, violines, Liberto Guidi, viola, y Washington
Castro, violoncelo, viene realizando un
historial del cuarteto de arcos.
*** William Kapell se despidió en el
Colón el 26 de septiembre pasado, con
un recital Chopin.
*** La coreógrafa Margarita Wnllmann
se ha reintegrado a su puesto de direc­
tora del cuerpo de baile del Teatro Colón,
de regreso de Italia. Margarita Wallmann desempeñó la misma tarea en el
Real de Roma.
*** Los Centros de Estudiantes de In­
geniería y Filosofía y Letras han orga­
nizado un ciclo de cuatro conciertos noc­
turnos en el Teatro Pte. Alvear, con las
siguientes fechas e intérpretes: el Con­

junto de Cámara Mozart (14 de octubre),
Antonio de Raco (21 de octubre), Con­
cepción Bad a (28 de octubre) y Ljerko
Spiller (4 de noviembre).
*** La pianista argentina María Inés
Gómez Carrillo estrena, el 11 de octubre,
en el Carnegie Hall de Nueva York, el
Escarceo criollo de Isidro Maiztegui, ex­
tensa página folklórica de brillante téc
nica instrumental. Del mismo compositor
se transmitió por Radio del Estado, en
el mes de agosto pasado, el Salmo plu­
vial, sobre poemas de Leopoldo Lugones, para voz e.instrumentos, interpreta­
do por miembros del Conjunto de, Cáma
ra M ozart; solista: Dora Berdichcvsky.
*** En el Instituto Francés de Estu­
dios Superiores, Paul Benichou dictará
un curso sobre La Chansou Populaire
Franja se. Cada clase será ilustrada por
ex alumnos del Curso de Interpretación
de Jane Bathori.
*** Apareció el segundo número del pe­
riódico “ Arte Musical” .
*** Finalizó el ciclo de tres conciertos
sinfónicos de Erich Kleiber en la Asocia­
ción Wagneriana.
*** El Círculo Femenino Musical San­
ta Cecilia ofreció un concierto en honor
de Miss Vannett Lawler, miembro de la
Music División de la Unión Panameri­
cana. El ameno programa incluía obras
de Magda García Rohson, Enrique Cnsella, Irma Williams, F. Bach, Rebeca
Clarke, Cyril Scott, Foster, Aguirre y
Pugnani-Kreisler.

(V ie n e de página

ha convertido en rasgos de estilo. Lo
que en los primeros ballets era nece­
sidad de sujetarse a la peripecia dan­
zada en la escena tiende, a su vez, a
estilizarse, y de esa manera la danza
propende asimismo hacia una abstrac­
ción creciente. Se crea así la última
etapa en el arte del ballet, del cual el
lector ha de recordar ejemplos recien­
tes, aunque quiero señalarle como típico
el que, titulándolo "Balaustrade” , orga­
nizó Balanchine sobre el Concertó, para
violín y orquesta, de Strawinskv.
El gran músico ruso vuelve, de vez
en cuando, su recuerdo hacia el arte
del ballet, en cuya área nació y creció
su genio; pero cuando lo hace ahora,
el modo de sus ideas cae dentro de la
severidad en los rasgos estilísticos que
la abstracción creciente de su arte fue
dibujando para sus motivos. Su des­
arrollo no va ahora sujeto al de la peri­
pecia danzable, sino al revés: la danza
está dictada por el juego de las ideas,
lo cual es propio de lo que viene a de­
nominarse como una "danza pura” ;
esto es, una manera de ballet abstracto.
Las "Escenas de Ballet” , de 1944, están

CALENDARIO RETROSPECTIVO
OCTUBRE

A

J

E

D

R

E

16

Z

Por FRANCISCO BENKÓ
Las Blancas están desesperadas. A R 4H
R 4C seguiría T lT L ), etc.
^ ^

A LA M EM O RIA
D E K A R E L TR E Y B A L
E l torneo magistral que se estaba jugando
recientemente en
Praga,
fue dedicado a la
memoria de Karcl Treybal. el gran maestro
checoslovaco, que íué una de las tantas vícti­
mas inocentes del furor nazi durante los años
pasados.
A
la
edad de 56 años,
i*r cy bal
fue ejecutado por la Gestapo en el año 1941,
sin previo proceso.
Reproducimos a continuación su gran victo­
ria sobre Alekhine en el torneo de Karlsbad.
1923.
Las notas corresponden al
australiano C. J. S. Purdy.

conocido

34. P x A
35. A x P
La

A.

V a ry

K.

1 . P4D

1923
P4r&gt;
PdR
P3AD
P4AK

2. P 4 A D
3. C 3 A R
4. P3R

5. C 3A

6 . C 5R
7. 1’ 4 A

En seguida 7 . . . C 5R seria contestado por 8 .
D 5 T j . P 3 C R 9.

CxP.

C5R
P A xP

8. P A xC
9. C xC

L a posición no es del todo simétrica, ya que
las Blancas tienen la iniciativa en el flanco
Dama.
I)4C
A2K
T IA

10. A 2 D
1 1 . D 2R

12. 0 -0 - 0

Con la decisión de enrocar largo por su parte,
porque las Blancas podrían avanzar rápida­
mente los Peones del flanco Rey.
13.
14.
15.
16.
Si

PxPT

A2D

P 4C R
R :C
A2C
P3TR

0 -0 - 0
P 4T R I

R 3H
TxP A
PxP
T 4R
P4C:
A2D
R xP

N otas de C. J. S. P u rdy

¡\uestro concurso de soluciones
(B a ses: V er X ?

1 de C abalgata)

Con los finales Nos. 1 y 2, que hoy publica­
mos, proseguimos nuestro concurso de solucio­
nes. Las soluciones de estos 2 finales tienen
que ser mandadas hasta el 15 de diciembre
de 1946 a la redacción de C abalgata , Inde­
pendencia 360, Buenos Aires.
Agradecemos al señor Eucken su amabilidad
al contribuir con su arte a esta sección de
ajedrez.
Encontrando las mejores jugadas de
las Negras (y de las Blancas también, ¡claro
e s t á !) , ei que lo solucione se hallará al final
con una verdadera posición de problema.
K . A . L. Kubbel no precisa ninguna intro­
ducción.
Sus miles de problemas y finales
tienen siempre ci sello inconfundible de este
gran artista, cuya prematura desaparición (ju n ­
to con sus hermanos Eugen y A rvid Kubbel.
grandes problemistas a su vez), durante los días
aciagos de Leningrado. lamentamos profunda­
mente. Para el ajedrez artístico es una pérdida
irreparable, y para mayor difusión de sus obras
inmortales nos proponemos publicar la mayor
cantidad posible de trabajos de este gran autor.

PxPC
T lT
TxT
K lC
R lT
D 3C
d :ri

K urt

Eucken,

Buenos Aires, Original

Blancas: R 7 T R , A 8 T R , C 2D (3 )
N eg ra s: R 4C R , B SD , P7R (3 )

Esta
jugada en apariencia
puramente de­
fensiva, contiene mucho veneno.
La mejor ju ­
gada de las Blancas en este momento era 23.
P 3 T , manteniendo todavía la iniciativa.
23. P 4 C D ?
Ahora amenazan
24.
25.
26.
27.
28.

PxP
D 6T
D x l)
P3T
R 2C

al

1802. Muere en París la deliciosa
Madeleine-Sophie Arnould, primera
Iphi()én¡( de Gluck. Interrogada du
rantc el Terror sobre sus opiniones
políticas, declaró “ que era amplia­
mente conocido su_cntusiasmo por el
derecho del hombre” .

19

Final N9 1

PxPC
TxT
A '.R
A3C
T iA D
P5A

18

pa-

en The Australasian Chess R eview ..

A IR .

17.
18.
19.
20.
21.
22.

1849. Muerte de Federico Chopin.
“ Ha pasado entre, nosotros como un
fantasma.” (Liszt.)

La jugada 23 de Alekhine. un poco prema­
tura. muestra cómo en ajedrez el precio del
éxito es vigilancia eterna.

Nunca es fácil jugar contra esta defensa.
Aquí las Blancas siguen el lema: contestar un
Stonewall con un Stonewab!
C 3A
CD 2D
C xC

un Peón
T 6 T j.
P xA
T 6A R !

38. P 5A
39. PxP
40. P 6 R
41. P7R
42. T 4 C x R
43. P4T
44. T 4C
Abandonan

maestro

T xeybai .

consigue

IV

iguiendo la regla exacta con j uegos ganadestruir ias contra chances. Si 37 . . .T xF
P 5A .

.

(K arlsbad)

así

36. R2I&gt;
37. T x P

Negras

AJ.EK1IINE

K arlovy

única chance;

1912. Estreno del P im o t lunaire de
Schoenberg, en Berlín. “ Si ésta es
la música del futuro, ruego al Crea­
dor que no me permita vivir lo su
ficiente como para oírla de nuevo.”
(Otto Taubmann, en el l i o f r s e n
Courier de Berlín.)

20

“ Don Alfonso IV, por la gracia de
Dios Rey de Aragón, de Valencia, de
Cerdenya, de Córcega, et conde de
Barcelona. A vos Don Jussef &lt;L- E l i­
ja, alm oxariff mayor del muy noble
Rey de Castiella [Alfonso X I, el
Justiciero], salut como aquel que
queremos bien et de quien mucho
fiamos, facemos vos saber que agora
destos días nos vina un accident de
enfermedat, mas loado sea Dios so­
mos guarido bien. Et enbiamos vos
lo decir porque sabemos que vos
pla?e de nostra salut et buen estado.
Et porque queríamos tomar algún
plaqer con aquellos joglares del rey
. de Castiella que eran en Taraqona,
el uno que tocaba la xabeba et el
otro el meo canon. Vos rogamos que
quisedes quel dito Rey nos enbíe los
ditos joglares et gradeqar vos lo
hemos mucho et vos que non ende
faredes servicio. Dada en \ alencia
X I X días andados del mes de Octu­
bre en el año de nostro Senyor de
Mil CCC X X I X .”
“ Sant’ Agata, 20 de octubre de 1883.
— Distinguido señor: Le ruego
me excuse si no le he agradecido
todavía el libro que me ha enviado
tan gentilmente. Excúseme además si
no puedo corresponder a su deseo
dando mi opinión sobre él. En mate­
ria de música, y de trabajos sobre
música, no creo en mi juicio ni tam
poco en el de otros. Recuerde usted
las opiniones de Weber, Schumann,
Mendelssohn, sobre Rossini, Meyerbeer y otros, y dígame si es posible
creer en las opiniones de un compo­
sitor. Saludo, etc. Giuseppe Verdi

paso

22

Primera audición absoluta de la So­
nata para piano do Aaron Copland,
ejecutada por el autor en los Con­
ciertos de la Nueva Música, Buenos
Aires.
Nace en Raiding, Hungría, Franz
Liszt. “ Servir, el santo y seña de
esto destino.” (Guy de Pourtalés,
Vranz Liszt.)

23

1890. Estreno de El príncipe Igor.
de Borodín, en San Petersburgo. “ El
príncipe Igor fué compuesto durante
diez y ocho años, y quedo incon­
cluso.” (R. Ilofmann,-- Vn leiécle
d’Opera Ktisse.)

21

1725. Muere en Ñapóles Alessandro
Rea ría t ti. Dejó más de cien óperas,
innumerables cantatas, piezas instru­
mentales, obras religiosas, y diez
hijos.
1875. Estreno del Concierto N'“ 1.
op. 23, de Tchaikovsky, en Boston.
Ahora lo pagamos.
1930. Estreno de La edad d, oro.
de Shostakovich, en Leningrado.

25

26
27

1782, Nace en Genova Niccoló Paga­
nini. Un ángel prometió en sueños
a su madre que el niño sería el vio­
linista más grande del mundo.

28

1879. Nace el compositor
Conrado del Campo.

29

1787. Estreno de Don ’G iovanni. ossia II dissol uto punitó, de Mozart,
en el National Theatre de Praga.
“ Que la ópera fuera, de todos los
géneros de espectáculo, el más enve­
jecido, destinado a desaparecer, de
hecho ya desaparecido, era para nos­
otros verdad indiscutida, hasta estas
representaciones de Salzburgo. Pero
ese Don Giovanni tan ágil, donde
cada nota expresa un sentimiento,
una pasión, ese Dramma Giucoso que
el dolor invade desde los primeros
compases, y luego ei temor, y la an­
gustia de lo sobrenatural, hasta que
al fin Dios se manifiesta, con una
evidencia sobrecogedora, nos toca por
tantos lados que basta él solo para
vivificar y rehabilitar un género des­
acreditado.” ( F r a n f o i s Maúriac,
Journal, II.)

30

173.3. En el cumpleaños del rey Jor­
ge I I de Inglaterra, se estrena la
Arianna de Haendel.

31

1906. Se estrena en Par’ s Ja Ariane
de Masscnet (libro de Mendés), sin
ninguna excusa.

español

LAS FUGAS DEL PRINCIPE
(V ie n e

P4CD !
las N egras

21

).

Partida IV" 3
Planeas

o

R xP

pensadas, dentro de su carácter de
"pas de deux” , "variation” , "arabesque”. etcétera, según un proceso com­
parable con el que un músico del
tiempo barroco pensaba su "suite” ins­
trumental, cuyos distintos movimientos
basaba en el carácter de la pavana, la
gallarda, la giga. Esas escenas vienen,
pues, a ser esta vez una "danza sin
danza” , como en aquellos viejos tiem­
pos lo fué la "suite” : solamente que
el camino mental ha sido a la viceversa
del precedente. Once fragmentos inte­
gran esta obra de Strawinskv; cada
cual con su título alusivo a un ballet
"ideal” sobre el cual un coreógrafo
puede urdir la sinfonía plástica que
mejor crea convenirle a la música ; con­
veniencia que ha de resultar de la esti­
lización de los gestos plásticos, siguien­
do el proceso parejo al del músico.
La orquestación de esta obra está a
medio camino de la sobriedad del
"A pollon” y de la policromía anterior.
Su escritura, también. El resultado
quizá tiene los inconvenientes de las
obras de paso, o transición. Lo que la

P 4 T , atacando a
D :C D
D xP C
P xD
R 2C
A4C

de

página

5.)

plido el trabajo de su verdugo. Y por
eso, en verdad, merezco ser colgado.
Luego se volvió hacia los policías con
un gesto que no era tanto de rendición
como de orden para que lo arrestaran.
Tal fué el relato que Hom e Fisher hizo
a Harold March, el periodista, muchos

llevado a estudiar problemas análogos al
del Príncipe Michael. H om e Fisher era
ya quince años más v iejo; su fino cabello
cedía lugar a la calvicie, y sus delgadas
manos se movían con menos afectación y
con más fatiga. Contó la historia de la
aventura irlandesa de su juventud porque

años más tarde, en un pequeño restau­
rante de lujo cerca de Piccadilly. Habla
invitado a cenar a March poco después
del caso que él llamaba "L a Cara en el
Blanco” , y la charla versó naturalmente
sobre dicho misterio, derivando luego a
recuerdos más lejanos de la vida de Fisher,
así como a las circunstancias que lo habían

había sido su primer contacto con el cri
men, y porque allí descubrió cuán sombría
y terriblemente mezclado con la ley, pue
de aparecer el crimen.
— Hooker Wilson fué el primer crina
nal que c o n o c í... y era un policía — dijo
haciendo girar su vaso de vino— . Desde
entonces, toda mi vida ha sido un con­

Con una fuerte iniciativa, porque las Blan­
cas no pueden contestar A 4 A sin seria des­
ventaja de posición.
Ver diagrama

Final m 2
K.

A.

L.

Kubbel,

Schachmatny

B lancas: R 3 A , D 4K , P 2 A ,
N eg ra s: R 8 T D , D 3 T I), P 4 T D ,
P 2 A R (6 )

Listok

Posición después de la jugada 28
de las Negras
29.
30.
31.
32.
33.

T lR
PCxP
P xP
R 3A
A4A

P 4¿y
P xP
A4C!
R 3A

1931

P 6 A (4 )
P 2 A D , P3R ,

Juegan las Blancas y ganan.

17.)

distingue de las demás obras de Strawinsky es, podría decirse, cierta finura
o delgadez en las ideas y aun en los
efectos; una delicadeza especial, como
si las cosas estuviesen vistas a través
de cendales, no de ironía esta vez, sino
de ternura.
En cambio, el humor, grueso humor
estalla en páginas episódicas como la
"Polka de Circo” o el "Scherzo a la
rusa” . "The frolic and the gentle” , se
dijo de cierto escritor inglés; así en el
Strawinskv de estas páginas y de aque­
llas escenas. El entronque de éstas se
halla cu pasajes que nadie habrá olvi­
dado, de "Lo Baiser de la Fée”, con
su empleo de los metales graves y de
la percusión opaca en un matiz pianísimo. De repente, los contrastes pode­
rosos. La "Polka” está escrita de tal
manera que su análisis es una lección
para el músico inteligente. La orques­
tación del "Scherzo” no lo es menos.
Strawinskv e s , hoy todavía, uno de los
músicos i&gt;ara músicos; maestro para
maestros.
Mélico, octubre de

tinuo mezclarme en asuntos de esa misma
especie. Era un hombre de verdadero ta­
lento y tal vez hasta genio, y merecía ser
estudiado como detective tanto como cri­
minal. Su blanco rostro y sus cabellos ro­
jos eran típicos y significativos en él,
pues era de esos seres, a la vez frios y ar­
dientes de ambición. Sabia controlar la
cólera pero no la ambición. Devoró las fra­
ses irónicas de sus superiores en aquel
diálogo de la comisaría, pero cuando vió
súbitamente las dos cabezas recortándose
negras contra el amanecer, en el marco
de las ventanas, no pudo resistir al deseo
de aprovechar la oportunidad de vengarse
y remover a la vez los obstáculos que se
oponían a su promoción. Era un magní­
fico tirador y estaba seguro de silenciar
a ambos, aunque las pruebas contra él ha­
brían sido abrumadoras en todos los casos.
Y sin embargo estuvo a punto de fracasar
la primera vez, porque Nolan vivió ló
bastante para decir: "W ilson” , y señalar
la ventana. Pensamos que requería ayuda
para su camarada, pero en realidad estaba
denunciando a su asesino. Después de eso,
le resultó muy simple tirar abajo la esca­
lera que ten'a a su lado, pues un hombre
encaramado en una escalera no puede ver
fácilmente lo que pasa debajo y detrás
de é l; y luego se arrojó a su vez al suelo,
fingiendo ser otra de las víctimas de la
catástrofe.
Pero con todo, mezclada a su criminal
ambición, había en él una sincera creen
cia en su propio talento y, sobre todo,
en su teoria. Creía en eso que llamaba
"un ojo nuevo” , y deseaba la oportunidad
de elevarse para practicar sus métodos.
Había algo de cierto en sus principios,
pero fracasó allí donde tales principios
fracasan habitualmente, ya que los ojos
nuevos no son capaces de ver lo invisible.
La teoría vale para la escalera y para el
espantapájaros, pero no para la vida y el
alm a: Wilson cometió un fatal -error al
juzgar lo que haría un hombre como Mi­
chael cuando escuchara gritar a una mu­
jer. Toda la vanidad y la vanagloria de
Michael lo obligaron a correr hacia ella al
instante; hubiera sido capaz de meterse
en el mismísimo Castillo de Dublin por
el guante de una dama. Llámelo pose o
lo que usted quiera, pero sé que lo hu­
biera hecho. Lo que ocurrió cuando estu­
vo junto a la muchacha es otra historia,
y uno no puede nunca estar seguro; pero
por noticias que tuve más tarde, ambos
se reconciliaron aquella noche. M ilson se
equivocó ahí, aunque insisto en que había
algo de cierto en su noción de que el re­
cién llegado ve mejor las cosas, y que el
hombre del lugar las conoce demasiado
para darse cuenta de nada. Tenía mucha
razón en algunas cosas. Tenía razón acer­
ca de mí, por ejemplo.
— ¡A cerca de usted? — preguntó March.
— Soy el hombre que sabe demasiado
para saber algo, o, en última instancia,
para hacer algo — d ijo Home Fisher .
No me refiero en especial a lo que sé de
Irlanda. Aludo a Inglaterra. Aludo a la
forma en que estamos gobernados y al
hecho de que tal vez no podamos ser go­
bernados de otra manera. Usted me pre­
guntó recién qué fué de los sobrevivientes
de la tragedia. Pues bien: Wilson salvó la
vida y conseguimos persuadirlo de que
pidiera e! retiro; pero tuvimos que Pa8ar
a ese maldito asesino con más magnifi
cencía que a cualquier héroe que haya
luchado por Inglaterra. Me las arregle
para salvar a Michael de lo peor, póro
tuvimos que enviar a ese hombre — rer
tamente inocente como era— a cunipir
una condena por un crimen que jamas
cometió. Sólo algo más tarde consegu]
mos, de manera bastante tortuosa, facili­
tarle la fuga. Sil- Walter Carey es primer
ministro del país, lo que probablemente
jamás habría sucedido si llega a difundir
se la verdad sobre el horrible escándalo
ocurrido en su departamento. Mos hubiera
arruinado a todos en Irlanda: y para
la tuina hubiera sido total. Es el mojo
amigo de mi padre, y casi me lia l
0
toda la vida con su amabilidad. Estoy
demasiado metido en toda esta maraña,
como usted bien lo ve, y no nací &lt;ur a
mente para desenredarla. ■ I sted me
.
mirando con desconcierto, por no *
desagrado, v no me ofendo en absolut
por ello. Pero cambiaremos el tema si
J e disgusta. ¡Qué piensa de este borgoña? Es un descubrimiento mío, lo mism
que el restaurante.
.
Y se lanzó a una disertación tan sabia
como prolija sobre todos los v' nos ,
mundo; algún moralista hubiera podiOo
objetar que también acerca de eso sabia
demasiado.

�HUMOR
Cada uno de los nombres o sustantivos citados a continuación, forma, unido
a otros dos de la lista, una trinidad famosa en la historia, la literatura las
ciencias, la mitología, etc. Agrúpelos formando el trío que crea indicado en cada
ocasión y envíenos la solución antes del 15 de noviembre. Si a continuación de
cada trio escribe la denominación apropiada como si por ejemplo, de estar in­
cluidos en esta lista los términos, Padre, H ijo y Espíritu Santo, pusiera junto
a ellos, una vez reunidos: L A T R IN ID A D ... Como se ve, no es demasiado
d ifíc il.. .
¿C om prendido?.. .

¡Manos a la o b r a !. . .

La primera respuesta que nos llegue, en la que aparezcan las soluciones com­
pletas, será premiada con $ 20 % . Las seis soluciones primeras, más aproxima­
das, serán premiadas con una suscripción semestral a C a b a l g a t a .
Sem. Beatriz. Celestina — Jorge Duval, Fraternidad, Tierra — Octavio, Sieyes, Pierrot —
M icen no, Lra A lto — Arquitectura. Atropos, Lépido — A rge. Can, Virgilio — Calixto, Margar¿ U ’ Fe
Colombina. Sólido. Talía — Y o , Salomé. Atenea — Bajo, Gramática. Esquilo —
Limonita. Carpo, Arlequín — Jafet. Don Quijote, Diké — Baltasar. Otelo. Sófocles Nudo,
Infierno, \ iolín — W erther, Roosevelt, M enfis — Malo, Dante, Padilla — Mnemósine, Escamillo,
Mulato — Selene, Falangeta, Leandro
Melchor. Maidonado, Tesífone
Caridad. Metistófeles,
^ ago — Liquido. Bravo. Afrodita — Retórica. I&gt;ulcinea, Ouasimodo — Por'hos. Niña, Berlín —
Pintura, Libertad, Esmeralda — Elios, Armando Duval, Eurípides — Desdémona, Gaspar, Exposicióh — T u . Juno, Falanfina — Carmen. Claudio Froilo, C río — Sancho, Esperanza. Churchill —
Pompevo, Blanca, Dedos — Melibea. Don José. Brígida
Fausto, El, Tem is — Alberto. Titm po,
Don Juan — Dialéctica. Falange. Mediano — Gaseoso. Crispín. Margarita Gautier —- Carlota. Doña
Inés, M ar — Desenlace, Aleto. Metacarpo — Stalin. Lugar, Athos — César, Bonaparte, Mundo —
K efren, Piano, Cielo — Lákesis, Estérope. H erodias — Cristo, Roma. Negra — Aglaia, Aram is,
Antonio — Iokanaa.i, Eos. Violoncelo — Igualdad. Cloto. Craso — Silvia. Venus, Gloria — Regu­
lar. Eirene. Keops — Bronte. Roger Ducos, Sais — Santa M aría. Eufrosine, Gestas — Bueno,
Pinta, Tebas — Dimas, Escultura, Megera — Minerva, Acción, Tokio.

Don Eugenio d’Ors, el olímpico, tam­
bién tiene sus cositas. Recientemente, co­
mentando el ülises de Joyce, les confesó
a unos sumisos audientes:
— Ese es un libio que jamás he podido
term inar.. . Lo he empezado a leer en va­
rios idiomas y jamás pude -pasar de la
m itad. . . Con él me pasó siempre como a
aquel viejo campesino castellano que entró
por primera vez en un parque de atraccio­
nes. El buen hombre subió a la montaña
rusa, a la plataforma giratoria, al tubo
de la risa, y cuando finalmente tras de
probarlo todo, se encontró de nuevo á la
puerta del llamado parque, le confesó a un
compañero: “ Estoy cansado, mareado y
con dos reales m enos..
Fíjense qué suerte — carraspeó una de
aquellas viriloides feministas o por el es­
tilo, recientemente llegadas en el último
buque como propagandistas de no sé qué—
. . . cuando fuimos a tomar el avión no
había plaza. Como ya sabrán, el avión se
incendió y perecieron todos sus ocupan­
tes. .. ¿No es suerte eso?
— No tenían por qué preocuparse —
murmuró el mordaz catalán— . Hubieran
seguido viaje en dos escobas. . .

2 3

4

5

6

7

8

9

¿COMO ANDA USTED DE VERSOS?

Los triunfadores son:
Prinier premio, í 20 m /n .: María Celia Degese. Coronel Díaz 1818, 'Capital.
Seis segundos premios, suscripción por seis meses a Cabalgata : "A V E ” : Arre­
dondo 2662, Capital. — Eva F ía : Alem 1338, Capital. — Martín Rodríguez: Treinta
y Tres 738, Capital. — Paulino Ares Somoza: Montes de Oca 868, Capital. — Héctor
Zimmerman: Pasteur 158, Capital. — María Inda: calle 5 n5 681, La Plata.

V E R T IC A L E S .
L Satanás. - Alevoso.
2. Anillos de hierro. - Palito en que se señala
una cuenta.
3. Penate. - Retroceso del agua corriente ante
un impedimento. - Prefijo de simultaneidad.
4. Provecho. - Composición poética.
5. Licor espiritoso.
. Mayoral. - Planta umbelífera.
7. N óm ina. - Canal para conducir el agua de
los ríos. - Fluido para el alumbrado.
. V ilia de Cataluña. - Compuesto de partes
integrantes.
9. Asturiano. - Pueblo de Vasconia, cuna del
boxeador Uzcudun.

6

8

BURLADERO
S O L U C IO N
DEL
PROBLEM A
DE No. 2 DE

por el Hondero Irónico
— Es un curioso lugar donde un hom­
bre se levanta y habla de algo que no
entiende a otros hombres que no le escu­
chan y que luego votan siempre en con­
tra . . .

CABALGATA

SU

PINACOTECA,

Molnar, el famoso dramaturgo húngaro,
apenas llegado a tierra neutral de Suiza,
recibió la visita de un joven y vigoroso
escritor húngaro, refugiado también.
Como Molnar suspirara, el otro no hacia
sino animarle:
— M aestro... ¡Puede usted contarse
en tr: los afortunados que verán el fin del
nazi imo y la victoria final. . . !
— Estoy muy viejo — suspiró Molnar—
y creo que me será trabajoso el gozar de
ese mundo que se promete usted tan fe ­
liz. . .
— ¡Cómo dice eso, maestro! . . . Usted a
los sesenta es más joven que muchos jó ­
venes de veinte. . . Su complexión y salud
le prometen lo menos treinta años más
de v id a ... Usted, se diría que se rejuve­
nece en vez de envejecer. . .
— Ya ve u ste d ... Eso es muchísimo
p e o r ... ¿No ha Oído usted hablar acaso
de la mortalidad in fa n til?...

En relación con Bernard Shaw, se
ha señalado también una anécdota que
tuvo por intérprete a Rodin.
En cierta ocasión, Bernard Shaw,
vegetariano impenitente, invitó a co­
mer al gran escultor. Rodin, cansado
del menú, se levantó, tiró la servilleta
encima de la mesa y pronunció las úni­
cas palabras inglesas que sabía:
— Good bye — dijo,
Y se trasladó a un célebre restau­
rante de Londres, donde pidió dos
grandes rosbifs.
Por la tarde, en casa del duque de
Westminster, donde Rodin celebraba
su Exposición, el gran escultor volvió
a encontrar al autor dramático.
— ¿Y qué representa esto? — pre­
guntó ante una pareja en éxtasis.
Rodin respondió únicamente:
— V a ca .
Después, designando un cuerpo lán­
guido, moribundo, deprimido, respon­
dió :
— Legumbres.

«

El novio: — ¿Nos casamos o no?
La novia: — Casémonos, o n o. . .

T O D O ES
SEGUN
EL COLOR...
EL CORAZON DE ELLAS
JUZGADO POR
LA RAZON DE ELLOS

Cuando creen en ellas...
El corazón de la mujer está hecho de
forma que por árido que se haya que­
dado al soplo de los prejuicios y las exi­
gencias de la etiqueta, siempre conservará
un rincón fértil y riente: el que Dios ha
destinado al amor maternal.
(Alejandro Dumas)

— Estupenda cosecha — exclamó el ma­
ravillado forastero con deseo de lisonjear
al dueño de la chacra— .¡L o que es ahora
no tiene usted por qué preocuparse! . . .
— No c r e a ... — murmuró el labrador
con cierto gesto de preocupación— Es­
tas cosechas tan abundantes fatigan la
tierra. . .

TRES ANECDOTAS
DE G. B. S.
En una fiesta mundana, Bernard
Shaw mostraba mucho interés por una
dama que no se distinguía precisamente
por sus cualidades físicas.
— A o le creía a usted más sensible
que eso a la belleza —- le dijo un amigo.
— Hay tantas bellezas bajo cierta
fealdad, tantas fealdades bajo cierta
belleza — contestó simplemente.
Su más célebre frase la pronunció
en una fiesta de beneficencia que se
celebraba en Londres.
Una señora, con la que él bailaba,
le d ijo :
— Es usted muy amable al bailar
con una mujer desconocida como yo.
por

O SK I

El corazón de la mujer es un santuario
que el hombre de bien siempre respetará;
la triple llamada de la fe, la esperanza y
el amor arden en él sin cesar.
(A lexis M ayer)

La mujer es la última palabra del Crea­
dor. El Maestro había primero modelado
los mundos, luego el mastodonte, después
el águila, después el león, después el hom­
bre; concluyó con la mujer. Fué entonces
cuando descansó para contemplarse en su
obra.
(Arsenio Houssaye)

La mujer ha sido creada para el hom­
bre y, a este respecto, es la criatura más
armónica y mejor combinada que haya
salido de las manos de Dios,
(Esteban de N eufville).

Dios intentó escribir: su prosa es el
hombre; su po.esía, la mujer.
(Napoleón)

Dios, que se arrepintió de haber creado
el hombre, jamás se arrepintió de haber
creado la mujer.
(Malherbe)

Dios ha creado las mujeres para orna­
mento de la especie humana, para aliviar
la humanidad, para endulzar las miserias
de la vida, para contento de los hombres
y para ayudar a poblar el Paraiso.
(Jacques Olivier)

Una mujer de corazón puede servir pa­
ra todo. Una mujer que no tiene más que
inteligencia no puede ser buena para gran
cosa. Y hasta diría que hay mujeres que
tienen tanto corazón que nadie ha podido
darse cuenta de que carecen de talento.
(P . J. Sthal)

Cuando no creen en ellas...
Toda mujer tiene el corazón libertino.
(P op e)

El corazón de las mujeres está a mer­
ced de sus ojos y de sus oídos.
(José

de

Maistre)

El corazón de las mujeres es un abismo.
(Alfredo de M usset)

El corazón de la mujer es una veleta
que el capricho hace girar.
(Julián

I.emer)

Cierta mujer a quien uno de sus ami­
gos decía que si seguía portándose como
hasta el momento, perdería su reputación,
le respondió:
— “ Qué qu ieres... Mi corazón puede
más que mi c a b e z a ...”

La policía francesa y en general toda
“ aquella Francia que se fué” no se dis­
tinguía por su interés hacia las cosas de
fuera. Allí fué donde el gendarme^ al en­
terarse de que alguien iba a Chile, excla­
mo: “ ¿Chili? ¡D róle de p a ya !..
Bueno, pues allí — estas cosas a veces
tienen gracia— , cierto uruguayo se las
veía y se las deseaba para explicar en una
reunión, y no precisamente de gendarmes,
cuál era su país, cuna por otra parte de
Lantréamont y de Supervielle, hasta que
finalmente tomó un mapa y mostró el
color, bastante breve por cierto, que in­
dicaba su patria. Y entonces uno de los
contertulios, asombrado de lo pequeño del
territorio, exclamó:
— Pues, señor, vuélvase pronto, porque
le deben estar echando de m en os..,
Will Rogers , el famoso vaquero-poeta
estadounidense, definió asi el congreso de
su nación:

“ Esta es — decía Aldington— la mejor
crítica que jamás haya escrito ... Des­
graciadamente el “ The Times” se negó a
publicarla. . . ”

H O R IZ O N T A L E S .
I. Donaire. - Igualdad de las cosas en su superficie. - Roda.
I I . Yalie de España. - Licor famoso.
I I I . Dios de la guerra. - Hierro del trompo. Departamento de Francia.
I V . Persona destacada en alguna actividad. Espacio de la escalera comprendido entre cada
dos rellanos. - Apócope de tuyos.
V . Uno de los cuatro palos de la baraja.
V I . Gorro militar. - Armonía.
V I I . O rujo de uva.
V I I I . Nota musical. - 1 metro 949 milímetros. Caneliácea.
I X . Regalas. - Medida menor de una vara o
mayor de un metro según los países.
Gigante.
X . Composición musical para una sola voz. Juez turco.
X I . Santo. - División del año. - Moneda pe­
ruana.

P A R A

B C D E F
H I J K L
N O P Q R
T TJ V W X
Y Z

El hombre, tiritando, a la joven vestida
a la moda:
— Perdóneme señorita, pero no veo qué
es lo que hace que las mujeres no se mue­
ran de frío.
— Ni falta que hace que lo vea. . .

S olución :

“ Lo que más me choca de todo esto
— expresó a un reportero el todavía sor­
prendido padre de ciertas famosas quintillizas— , es que tanta gente talva se
pueda encontrar tan pronto.”

A
G
M
S

Cuentan por ahí, que cierto famoso eco­
nomista estadounidense a quien le pregun­
taron sus alumnos si creía aceptable la
inflación, siempre que se mantuviese den­
tro de un cierto límite, les contestó:
“ — Señores.. . Una pequeña inflación es
lo mismo que un pequeño embarazo. . .
Una vez empezado ya no hay nada que
lo contenga. . . ”

Después de agradecer al gran número de amantes — y conocedores— de nuestra
poesía, su copiosa correspondencia y su alto porcentaje de exactitud, tanto en el
puntaje como en la corrección de errores, malignamente dispuestos y casi siempre ad­
vertidos, damos a continuación la nómina de triunfadores, y la solución exacta:

“Religión — expresó Mae Haupt— es un
seguro hecho en este mundo contra incen­
dio en el otro.”

Richard Aldington, famoso crítico lite­
rario del “ The Times” , recibió en ios pri­
meros tiempos del Dadaísmo un tomito de
poesías para que le hiciera la critica. El
libro eontenia el siguiente poema:

Bernard Shaw respondió:
— Usted olvida, señora, que estamos
en una fiesta de caridad.

1 2 3 4 5
6 7 8 9 10.

Solución del concurso correspondiente al N °. 1 de C A B A L G A T A

Dibujo por Cibel.

Dillingham y Ziegfield, los dos conocidos
empresarios de fines del siglo pasado, ín­
timos amigos ambos del famoso prestidi­
gitador Iloudini, rindieron su último tri­
buto al famoso “ rey de la evasión” , lle­
vando su ataúd a hombros hasta el ce­
menterio. Cuando el pesado y hermoso
ataúd estaba sobre sus espaldas, Dillin­
gham le susurró a Ziegfield:
— Supongo que ya no estará aqui den­
tro . . .

PALABRAS CRUZADAS
&gt;

— ¡U sted me habrá comido el r e y ! . . . ¡T ero yo le nombro a este dictador!. . .

Examen:
— Veamos niño. . . ¿Cuáles son las cinco
partes del "mundo?
— .. .A s ia ...
— Muy bien. .. adelante. . .
— ¡Esia, Isia, Osia y U s ia !...

El crítico comentó:

Las soluciones podrá usted verlas en el N? 5 de Cabalgata, correspondiente
al l 9 de diciembre.

1-20-3, 2-18-2, 3-17-10, 4-16-20, 5-19-5, 6-12-18, 7-14-12, 8-1-6, 9-3-7, 10-4-15, 11-11-14,
12-9-9, 13-13-13, 14-2-4, 15-5-8, 16-7-19, 17-6-16, 18-15-11, 19-8-17, 20-10-1.

©cabalgata

(Lord Byron)

El corazón de las mujeres, como las
roscas de Reyes, es el dulce encierro de
enigmas donde solemos rompernos los
dientes. . .
(Petit-Sen)

Se llega al corazón de las mujeres gra­
cias precisamente a todo aquello que es el
auténtico enemigo del am or: la galantería,
las promesas, los regalos, la alegría fin ­
gida, etc.
(Iíouffeart)

No hay corazón de muchacha por vio­
lento, por grande que sea su amor, al que
la ambición o el interés no agregue algo.
(L a Rruycre)

G oyo. La maja desnuda.

El corazón do las mujeres es el instru
monto más activo y poderoso tanto para el
bien como para el mal.
(José de Maistre)

■

�LETRAS

cabalgata©

EL ATENEO PRESENTA

CRITICA

por

G O N ZA LEZ

su Colección

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úiadaptación escolar.
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Schultz de M antovani,
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F . — El

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de conducta

mundo poético infantil.

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mental

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González Carbalho. — La ventana entreabierta.

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Sainte-Beauve. Prólogo de Raúl Rubianes. Profusamente ilustradas. Ene.
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C L A U D IO . — La

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Musulmana.

L a historia de la España musulmana desempeña papel decisivo en el nacer
de la modernidad española. Conocerla une, por tanto, al interés hirviente que
suscita todo conocer histórico, el de ofrecernos las raíces de un mundo y de
una civilización de cuyas esencias vivimos aún.
D os grandes tomos de más de 500 páginas cada uno. profusamente ilustra­
dos con grabados, planos y mapas, muchos de ellos fuera de texto.
Encuadernado $ 55.—
RESTEN,

H E R M A N N . — Fem ando

e Isabel.

Traducida del alemán por D iego A . de Santillán.
N ovela histórica tejida en torno a la personalidad y la obra de los Reyes
Católicos, en la que se muestra un cuadro magistral de la España del si­
glo xv.
M uy ilustrada.
Encuadernada $ 18.— . Rústica $ 15.—

"EL ATENEO"

URRERIA
Florida 340-344

CAR BA LH O

E l libro de la NOCHE, por Arturo Capdevila. Colección Contem poránea, E d ito­
rial Losada, S. A ., Buenos A ires, 117 páginas.

C U L T U R A U N IVER SA L

Forgione, J. D .
L a lectura y la escritura por
mente ilustrado. R .....................................

LITERARIA

EDITORIAL
- Buenos Aires - Oordoba *200?)

Bajo la advocación de Urania, apareció este Libro de la Noche de ( apde\ila,
allá por 1917. Duraba aún el eco de "Melpómene , contra el embate de las re­
citadoras que anunciaban con voz cavernosa y agobiante insistencia, el adveni­
miento de la trágica musa. La difusión y el éxito perjudicaron al poeta cordobés
en el juicio de generaciones que le siguieron. Nada más negativo, m disminuyente,
para la apreciación artística, que el auge de un poeta en las veladas literarias.
Razones especiales, salvaguardando el buen gusto, arrollan incluso a quien es
víctima de esas manifestaciones propicias al psicoanálisis. Volviendo ahora, en
esta oportuna reedición, al libro del cielo, conviene destacar de inmediato su actua­
lidad poética, su persistencia en la zona estimativa de los altos libros. Suble­
vados contra una poesía de impasibilidad marmórea a que nos tienen habituados
poetas de inspiración prolija — nada más que prolija
estos cantos aullantes,
despreocupados de fórmulas, erguidos en su propio ardor, parecen desesperados
"aldabonazos en la puerta misma del misterio” . La voz de Capdevila no tiene
aquí la estereotipación literaria de sus romanceros recientes. Ardiente y viva, aun
en su amargura y pesimismo, asciende impremeditadamente a la inmensidad del
Cosmos. Acaso sea inocente presunción pretender sondear en el enigma o suponer,
siquiera, que algo de la verdad se nos revela mirando hacia el abismo por el
lente de un telescopio; pero de la misma confusión germinada en el espíritu ante
revelación semejante, nace la lúcida pregunta, se enarbola, cantado, trajinado
de dudas y augurios, alucinado de intuiciones, el grito herido del solitario.
Aparecido durante una guerra y reeditado después de otra, El Libro de la
Noche” mantiene su condición candente, reflejando el drama invariable del es­
píritu humano en la desolación de su ceguera. Su técnica es simple, elemental
agregaríamos, y por momentos desvaída la forma, pero arrastra su emoción hacia
logrados ámbitos de deslumbramiento y penumbra. Y si permanece intacto y nos
transporta todavía en su alucinado vuelo, no es sólo por su función de mensaje
poético, sino también por su encendimiento de sinceros fervores y su palabra
transida en inextinguibles sobresaltos.

sión que la de los teóricos del socialismo,
a quienes él mismo agradece por haber
desbrozado el camino— determinar qué
forma y grado de control social es pre­
ciso establecer |Kira remediar la inesta­
bilidad económica del sistema actual. En
otras palabras, fundamentar teóricamente
una política anticíclica y dar los ele­
mentos para que ésta pueda realizarse
con éxito. Y el éxito, hoy día, en esta
materia, parece no ser otro que la obten­
ción de la seguridad económica. — E.
Cusm.

L as tres ratas , por A. Pareja Diez-Canseco. Biblioteca Contem poránea, E d ito­
rial Losada, S. A ., Buenos A ires, 225 páginas.

A menudo, una sola página, la simple y vigorosa descripción de un episodio
aislado, nos permite abarcar el volumen, medir la dimensión de un novelista. La
muerte de don Antonio, en su hacienda, picado por una víbora, queriendo aferrarse,
como salvación, a los herbajos casuales de su tierra caliente, define al narrador
y muestra su intensidad, su fuerza. P or ese párrafo magistral, hemos recordado
el pulso humano de "El muelle” . En "Las tres ratas”, Diez-Canseco nos presenta
la historia dura y vulgar de unas muchachas provincianas, solas y sin dinero,
que deciden vivir en Guayaquil. Sus retratos, emergiendo de lo íntimo, dejan
de ser retratos, transfigurados en criaturas vivientes, seres en su amargura, en su
pequeño y trágico derrumbe cotidiano. Si no conociéramos ninguna otra novela
de Diez-Canseco, descubriríamos, asimismo, en ésta, su experiencia de novelista.
Sólo su construcción, denuncia ya la visión total, el cabal conocimiento de un
oficio. Quizás "El muelle” conquistara mayormente por su fluidez y pujanza
de corriente un tanto tumultuosa. En "Las tres ratas” advertimos el peligroso
orden estudiado, las piezas hábilmente colocadas y la falta de sangre de determi­
nados personajes en esbozo, pese a su importancia en el desarrollo de la anécdota.
Sin duda, el tránsito de estas tres hermanas, rotundas en su meridiana fijación
de caracteres, apasiona p or el desenvolvimiento melodramático de su declive.
Son las heroínas de la fatalidad, clásicas en la literatura. Pero es necesario re­
conocer la absoluta realidad climática que las circunda, ese hálito de recoleto
patio, de meditativa labor de aguja, que permanece intoeado en el subfondo de
sus vicisitudes cuidadanas. El lenguaje geográfico, que en Icaza llega a, oscurida­
des de difícil penetración, en Diez-Canseco nos acarrea también reiteradas tribu­
laciones. Pero en ningún momento queremos encararlas desde el punto de vista
de la preceptiva, sino bajo razones de lugar y de modos distintos al nuestro.
Esas páginas dudosas para nuestro entender son las iniciales; luego se sobrepone
la fuerza de la expresión, su exacta función impresionista, el aliento y la pulsa­
ción poética en que la prosa de este notable novelista es frecuente.
La

de las siete golinas , por Gaspar L. Benavento. Poem as.
Editorial A ca n to, B uenos A ires, 72 páginas.

E conomía m onetaria in ter nacio nal , por

Michael A. Ilcilpcrin. Biblioteca tle
Orienta ción Económica de la Editorial
Sudamericana.
En la doctrina económica general, la
teoría monetaria presenta sólo una fase
de los intrincados problemas modernos
— desocupación, escasez, superproducción
etc.— , pero es el auxiliar indispensable
que ayuda a interpretar las complicacio­
nes del inundo económico actual.
La economía capitalista — cuya guía
os el precio de mercado (y el precio
de mercado es el valor de cambio expre­
sado en moneda)— ha hecho uso, en los
últimos tiempos, de una cantidad de arti­
ficios monetarios — tanto en el orden na­
cional como en el internacional— para
influir sobre los precios con determina­
dos propósitos “ nacionalistas” .
Del orden monetario internacional, es­
pecialmente, trata el libro de Hcilpcrin
encuadrando perfectamente todos los as­
pectos teóricos de la obra dentro de las
escuelas económicas modernas. Las expli­
caciones técnicas ayudan a comprender
las relaciones de la moneda con el oro
y los precios, las complicaciones en la
balanza de pagos, las paridades moneta­
rias, la teoría del cambio exterior, etc.
Claro está que, para muchos economistas,
lo importante está detrás del “ velo mo­
netario” , en la economía de los bienes
reales, de las cosas, que, en fin de cuen­
tas, son las que directamente proveen
las necesidades de los individuos.
N o rteam érica il im it a d a , por Eric John-

ston. Biblioteca de Orientación Económica
de la Editorial Sudamericana.
El autor trata de traducir las impre­
siones que dejan sobre su espíritu los pro­
blemas económicos y sociales del mundo
frente a los Estados Unidos, “ país de ili­
mitadas posibilidades” . — J?. C.
D iálogo de doctrina cristiana , por
Juan de Valdés. Editorial La Aurora,
Buenos Aires. 205 páginas. Precio: $ S.

C olección Laurel,

El sentimentalismo literario, el apego a una expresión de fácil espontaneidad,
que predomina en estos poemas, les resta jerarquía que alcanzarían indudable­
mente por la autenticidad de elementos que contienen. La poesía de Gaspar Be­
navento, levantada de amor a la naturaleza, renueva cierto tradicionalismo de
cantor cuya soledad fraterniza con el árbol y el pájaro. El tiene, también, una
voluntad enraizada a la tierra y un anhelo incontenible de decir suelta y apasio­
nadamente. Sorprende, en la honrada fluidez de sus versos, hallar entremezclados
algunos de metal dudoso. A no ser así, le veríamos erguirse con serena y decidida
prestancia vegetal. Recoge la simbología sentimental del hombre de la tierra y
monologa, en actitud varonil y abierta, sobre las cosas del solar, entremezclando a
las efusiones de su alma la elemental filosofía que no busca profundizar, sino
comentar simplemente y sostener el mundo de su afección. De entre sus poemas,
citaríamos "E l río”, quizás el más logrado del conjunto, por su uniformidad de
tono inspirado, entremezclando realidad de paisaje y realidad de recuerdo. Hay
en él estrofas de construcción impecable, ejem plo de una poesía natural, desusada
actualmente. Falta al poeta entrerriano cernir su verso, despojarlo de verbalismos
inútiles, para que resalte, límpida, su vena fresca y rumorosa.
C a nto de amor , p or Carlos Rodríguez-Pintos.
22 páginas.

E d ición del autor, M on tevid eo,

Son veinte octavas reales escritas en homenaje — como dice el autor— "a la
criatura más clara y de más altas transparencias que le ha sido dado hallar sobre
la tierra” . De la actitud rendida, entre apasionada y gentil, se origina este poema
en que se elige la geométrica form a de las octavas. Y hace bien al ánimo la paz
de su línea estudiada, pulcra, cuando estamos rehaciéndonos, en la dura vigilia
del mundo, de los años amargos, con amaneceres de escombros. Nos parece, desde
su hermetismo, desde su rigor aéreo, estar mirando el cielo y la tierra p or el
cuadrado de una ventana, a la que llegan el aliento verde, el rumor de la corriente
pensativa. Carlos Rodríguez-Pintos escribe este sereno canto de amor sin arreba­
tos ni terrores, mirando siempre a través del aire estelar de sus éxtasis. Palabra
acompasada, que puede, ya amansados los arrebatos, referirse, clara; a lo perma­
nente; dibujar la imagen con el trazo fino y fúlgido de la emoción sin apremios.
Presentes los altos ejemplos del género, parecería más bien audaz ejercicio de
artista afrontar sus dificultades. \ lo hace con la discreción experimentada de
quien busca el homenaje más puro, a la poesía y a la mujer, manejando ya crista­
les, voces que resuenan recónditamente como cuerdas que, apenas rozadas, dejan
escapar su nota menuda, prolongándose en la sensibilidad del lector, por la honda
y acariciada intención que la despierta.

NOTAS
T eoría de la planificación económica ,
por Cari Landauer. Editorial Fondo de
Cultura Económica dt Méjico.
Tal vez no se ha publicado todavía en
castellano, otro libro de “ teoría” de la
planificación económica que contenga más
soluciones prácticas que este libro de
Cari Landauer. Hay autores que especí­
ficamente han tratado el tema de la pla­
nificación agotando distintos y variados
aspectos del problema 1— como Karl Manheim en “ Libertad y Planificación”— o

quien se ha enfrentado a algún econo­
mista de cerrada ortodoxia liberal — como
Bárbara W ootton on “ Libertad con pla­
nificación” , para no citar sino los dos
libros más importantes que, sobre el te­
ma, ya se habían traducido al castellano.
Es posible que el carácter pragm ático
de esta obra sea consecuencia de haberse
agotado en la investigación todos los
aspectos teóricos que han de servir de
base a la labor de los realizadores de la
planificación. El objetivo de su autor
ha sido — mucho más modesta su preten­

Un elemental deber de comentadores de
libros nos obliga hoy a advertir a los
amantes de la cultura hispánica —tal
cual ella es y no tal cual los pacatos y
los avisados en exceso quisieran que fue­
se— de la aparición de esta obra del
autor de Diálogo de la Lengua, descono­
cida durante siglos — de 1529 a 1929—,
hasta que hace unos años el eminente his­
panista Mareel Bataillon, como resultado
de laboriosas investigaciones y pesquisas,
dió con un ejemplar en la Biblioteca de
la Universidad de Coimbra e hizo sobre
el mismo una edición facsímile con una
erudita introducción y anotada por él.
Como es notorio, Juan de Valdés fué per­
seguido por la Inquisición por erasmista y
luterano. Gracias a sus muchas amistades
— su hermano gemelo Alfonso era a la sa­
zón secretario de Carlos V , y asistió en
calidad de tal a la Dieta de IVorms—
pudo librarse de sus perseguidores hu­
yendo a Italia en su juventud, donde
pasó el resto de su vida. Esto explica el
hecho de que la obra descubierta por Ba­
taillon esté firmada por “ un religioso”
y no por Valdés mismo. Su identidad ha
sido establecida sin lugar a dudas me­
diante el cotejo de varios textos debidos
a la pluma de Valdés y, más aún, su
hallazgo se hizo porque su existencia es­
taba prácticamente probada con anterio­
ridad.
La edición de “ La Aurora” débese in­
directamente al bibliófilo don José López,
quien proporcionó el ejemplar — tal vez
único en Buenos Aires— de la edición
facsímile de Bataillon.' Lleva una intro­
ducción biográfica y notas del hispanista
Dr. B. Foster Stockwell, quien conserva
muchas de las anotaciones de Bataillon,
por ser éste uno de los eruditos de más
autoridad en cuanto concierne al movi­
miento erasmista y reformista de la Es­
paña de fines deí siglo xv y del siglo
xvi. Es de desear que nuestros editores
nos ofrezcan pronto, vertida al español,
la obra de este investigador, Erasmo en
España, aparecida hace años y elogiada
por la crítica de todo el mundo como una
obra magistral. — .1/. Salinas Alvares.
A l b e r d i , por.E nrique Popolizio. Editorial

Losada, Buenos Aires, 1946.
A lgo más que casualidad encuentro en­
tre el retrato de la sobretapa de este
Alberdi y su contenido. Una especie de
segundo caso de la clasificación de los
seres — aristotélica o no— , que adyacen­
tes discípulos fijaron en la preteoría del
Organo» del maestro: dos seres distintos
tienen una misma esencia. La esencia
que hay en este rostro de Alberdi, con el
pelo negro aunque bastante perdido, con
los labios entreabiertos y enérgicos, es la
misma del libro. Pero mientras avanza la
vida y se consumen las páginas, la obra
se entristece, se va maniatando. Esas
circunstancias que urden la penumbra fi­
nal del viejo, ya inseguro, ya cegato, sólo
parecen redimirse en el momento en que
su protegida abre la puerta de la clínica
de París y encuentra al doctor Alberdi
amortajado. Cuando hacía rato que estaba
muerto.
Entonces el libro (la vida) vuelve *
imponer sus principios y, más aún, sus
plenitudes. Apartándonos de las huellas
siempre visibles, que la persona retratad.!
dejó como persona para aquellos que fue^
rail derechos, esta biografía expone un.
(Continúa pápina 21-

�r

LETRAS _______
(V ie n e de página 20.)

----- ---^ración de paisajes, de color, de aln los cuales aparece de manera
,
va el creciente autor de las Bases:
el can. flneucho; su llegada a Buenos
Aires en el tiempo en que Rivadavia se
empolvaba; el imaginable momento en
que pone en el suelo del internado, a
horario y junto con los compañeros de
habitación, su orinal de loza. Después
llega el tiempito de estar tras el mos­
trador de una tienda, experiencia por la
que, tal vez, aprendió el inmenso valor
de la medida. Y en seguida la época en
que los apellidos cordiales influyen en el
rumbo de la adolescencia., y éstos son los
Aráoz, los Sosa, los H erejía, verdaderas
conmemoraciones provinciales.
Hasta entonces no existen turbulencias
propias; lo único que pasa es él, para
asomarse al borde de todas las curiosi­
dades y verse, de pronto, en el fondo de
algunas. Entretanto, la “ Revista de París”
y la “ Revista Británica” son lo predilecto
de Buenos Aires; la literatura joven es
una resonancia de lo que llega de la
Francia, que con ese la se determina más
y se la cree más única. Alberdi publica
por ose entonces dos folletos: “ El espí­
ritu de la música a la capacidad de todo
el mundo” y el “ Ensayo sobre un mé­
todo nuevo para aprender a tocar el
piano con la mayor facilidad” , y ambos
dan la nota de que lo único que pasa
es él. No mucho después, empero, sobre­
vendrán otras clases de preocupaciones.
En “ La Moda” se identifica con el seu­
dónimo de Figarülo, que es un modo de
preocuparse, y se disminuye ante el de
Fígaro “ porque este nombre no debe ser
ya tocado por nadie desde que ha servido
para designar al genio inimitable cuya
temprana, infausta muerte, Koran hoy las
musas y el siglo” . Desde aquí sólo hay
un paso hasta el amargo pan del destie­
rro que, en Montevideo, empieza a com­
partir en la mesa de los Vareta, presi­
dida por doña Justita. Desde aquí será
un observador a toda costa. Tanto de las
costas de sus viajes como de las que le
ofrecen quietudes absolutas. Comienza a
manifestarse, y a reclamar su voz, el
hombre adentrado en sí mismo, el civi­
lista.
Desde luego, el libro (la vida) pierde
ímpetus, incertidumbre, juventud. Pero
adquiere otras cosas y, singularmente, la
fijación de un destino nunca reintegrado
que el autor revela en la forma más hu­
mana de su protagonista: a través de un
paso arraigado y ansioso. — Pedro Larralde.
E l m e s t iz o , por Lidia Besouchet. Edito­
rial Emecé, Colección El Navio, Buenos
Aires, 1946. 298 páginas. Precio: $ 6.
Esta novela de Lidia Besouchet, que
empieza en tierra y termina en polvo,
va dándonos paso a paso la frecuencia
dramática, honda y fugaz, de la vida.
Con este libro nos sucede algo frecuente
en realidad: hay en él, como en nos­
otros, personas que vemos una vez y no
volvemos a encontrarlas; las desapareci­
das, las que nos traen un miedo incierto
la noche que soñamos con ellas. El pro­
tagonista principal de "E l Mestizo” , im­
plica en si una verdad dudosa, latente:
¿se supera o se aniquila, postergando su
destino, rehuyéndolo por el mismo camino
en que se perdió!

TRES

Estos son, acaso, los vínculos más du­
rables con que uno queda ligado a la
novela de Lidia Besouchet, más allá de
un plano estrictamente novelístico, cuya
dimensión está presente en la contención
narrativa, en su palabra sobria y en el
persistente doble fondo de lo que ella
quiere decir. Hay una cierta ley, una‘
cierta penumbra en la actitud y en las
pasiones de esos seres que representan
la tierra lisa, o la ciudad, o la nostalgia
intermedia entre ambas y que viven un
poco de la sanción del aire que respiran.
Por eso conmueven los Ojos con que se
ve la minúscula procesión de El Divino
tanto como la cama ahuecada, pugnante,
del profesor Máximo Paulovich. El libro
de Lidia Besouchet importa una verdad
llana pero con profundas raíces desde
abajo, y un angustioso anhelo de liber­
tad. Ahí está el dramático nudo funda­
mental. Lo demás es su diversificaeión:
rostros, esperanzas, muerte y horas, ex­
presos en un lenguaje claro, sin asombro,
con fatalidad. Como en los buenos tiem­
pos de la novela. — Pedro Larralde.
EDICIONES CODEX.
La aparición de las ediciones Codex
vino a llenar un gran vacío en el movi­
miento editorial argentino. Hace un año
la literatura infantil no alcanzaba el
desarrollo de los otros géneros literarios.
No solamente la presentación gráfica era
descuidada, sino que la misma selección
de textos no era de las mejores. Final­
mente, Codex vino a llenar esta laguna
a que arriba hacemos referencia. Ini­
ciando sus publicaciones con Peter Pan,
Heide, etc., profusamente ilustrados, y
con dispositivos móviles, la colección Mo­
vimiento (editada en portugués y espa­
ñol), que ya consta de varios tomos, ha
conquistado rápidamente al público la­
tinoamericano. Otra colección de interés
es la de cuentos populares del mundo en­
tero, sobresaliendo las referentes a países
americanos. Hay, además de las coleccio­
nes citadas, varias otras que se destacan
por su presentación. Esta nota, que no
pretende ser completa, trata tan sólo de
dar al público una idea de la labor que
Codex está realizando en Buenos Aires,
y que viene a colocar al libro infantil
a la altura de los que se publican en los
países más avanzados en el género. —
N. F.

Los libros que más se leen
actualmente en el Japón
El mariscal de campo MacArthur: bio­
grafía de 64 páginas, por I ppo Y ama SAKI.

(V ie n e de pagina

10.)

COMENTADOS EN LOS ESTADOS UNIDOS
Por N. Everett
amplias de los editores norteamericanos
los años de la guerra y a
fueron jalonadas por la formación, en
fin de desarrollar una más estrecha
enero del año pasado, de la Asociación
comprensión entre los pueblos de las na­
del Libro Internacional de los Estados
ciones aliadas, el intercambio de libros
Unidos. Fundada por un grupo de edi­
recibió un fuerte impulso de parte del
tores comerciales, dicha entidad tiene al­
gobierno estadounidense. Debido a que
rededor de 50 miembros y agencias en
muchos editores europeos se hallaban se­
París, Estocolmo y México. Todavía con­
parados de sus negocios u operaban sobre
tinúa algún intercambio de libros bajo
bases muy restringidas, gran parte de
los auspicios del gobierno,-especialmente
este intercambio tenía que concentrarse en
en materia científica, y el interés mun­
el continente americano. Al principio,
dial en los libros estadounidenses está
mediante la Oficina de Asuntos Intersiendo estimulado por el Departamento
americanos, y luego, a través del Depar­
de Estado por medio de las bibliotecas
tamento de Estado, el gobierno actuó
que se han establecido en todo el globo.
como un agente catalítico viendo qué li­
Entre los innumerables frutos de este
bros de autores de las otras repúblicas
americanas habían sido publicados en in­ intercambio de libros figuran dos obras
editadas por Maemillan: The Rest is
glés en los Estados Unidos, y qué autores
Silence, del novelista brasileño Erico
norteamericanos habían sido traducidos
Verissimo, y Secret Country, poemas
en otras partes del continente.
del ecuatoriano Jorge Carrera Andrade.
Esa acción catal'tica todavía se está
La obra Crossroads, de Verissimo, que
cumpliendo. El público lector de los Es­
fué publicada con ayuda de la Oficina
tados Unidos, que siempre fué muy re­
de Asuntos Interamericanos, encontró tan
ceptivo para los autores europeos, añadió
buena acogida, que Maemillan se dirigió
a su lista de favoritos muchos autores
a su autor pidiéndole otra novela.
del sur del Nuevo Mundo. Los editores,
William du Bois, escribiendo en el
que se habían lanzado a este plan de
"New York Times” , había dicho de este
inspiración gubernamental como una con­
primer libro: "Sin un solo clima falso,
tribución al esfuerzo bélico, hallaron que
sin ir más allá de un sencillo estilo na­
esos títulos se vendían bien y se han di­
rrativo, Verissimo puede atraer desde el
rigido a sus autores en demanda de nue­
principio el interés de uno, aumentándolo
vos libros.
a medida que maneja sus ricos personajes
Estas perspectivas internacionales más
dramáticos.”
Este juicio podría aplicarse igualmente
a The Rest is Silence. Otra vez Verissimo emplea lo que se há llamado la téc­
nica de "Grand Hotel” , es decir la do
Higiene mental del niño
reflejar la impresión que un aconteci­
miento determinado produce en un grupo
Acaba de aparecer en los Estados Uni­
de personas. En The Rest is Silence el
dos el libro N ? 22 del doctor A rnold
acontecimiento es el suicidio de una os­
Gesell titulado The child from five to
cura muchacha, y Verissimo refiere los
ten (Los niños entre cinco y diez años)
efectos de su salto a la calle desde una
donde expone las "biografías” de cin­
alta ventana sobre las vidas de los habi­
cuenta chicos de esas edades. Su libro
tantes de una ciudad provinciana. El am­
Infant and child in the culture o f to-day
biente es el brasileño, pero, excepto en
(E l bebé y el niño en la cultura de
algunos detalles, podría ser- el de cual­
nuestro tiempo) es el manual preferido
quier pequeña ciudad del mundo.
de los padres americanos pues les sirve
como guía física y mental del desarrollo
Quizá entre lo más brillantemente es­
de sus hijos.
crito del libro se halla la parte en que
el autor pinta las reacciones de diversos
En Buenos Aires acaba de exhibirse el
personajes ante un concierto sinfónico.
film documental de la cí nica de Yale,
Mientras escucha la Quinta Sinfonía de
dirigida por el doctor Gesell, L ife with
Beethoven, un novelista rememora lo que
baby, y se está traduciendo Infant and
era el Brasil cuando la música estaba
child in the culture o f to-day.

D

u ran te

siendo escrita. Sus pensamientos, dados
en fortpa condensada, evocan el desarrollo
de una amplia región del hemisferio occi­
dental :
"A l principio había colinas y llanuras
desiertas, la árida inmensidad en que los
indios vagaban, luchaban, trabajaban y
morían. Luego vinieron los primeros mi­
sioneros; más tarde, los bandeirant.es, y
mucho más tarde los azorenses. Bajo el
sol ardiente, la mezcla de razas continuó.
Ellos libraban guerras. Ellos fundaban
estancias y pueblos, erigían iglesias. Apa­
recieron los primeros mártires, los prime­
ros héroes, los primeros santos. . . El pen­
saba en los combates de los hombres
contra los elementos y las plagas. Y por
sobre todo esto, eternamente, siempre el
viento y la soledad, el horizonte y el
tiempo sin fin. A cada paso el peligro
de invasión, el clamor de la revolución y
de las guerras civiles. Y aun las mujeres
esperaban pacientemente, vigilando, mien­
tras el tiempo pasaba con el viento.. .
Las ciudades y los cementerios se multi­
plicaban. . . , las primeras vías férreas fue­
ron establecidas..., los primeros postes
del te lé g ra fo ...
” La g u e rra ... había finalmente sacu­
dido de tal modo al mundo que en aquel
lugar aparecieron refugiados polacos, ju ­
díos, alemanes, checoslovacos y austría­
cos, hombro contra hombro con los des­
cendientes de los héroes, capitanes, indios
salvajes, contrabandistas, arrieros, peones,
soldados.”
De los poemas de Secret Country, dice
el "Washington Post” : "...tie n e n la vi­
vacidad de una hoja fresca brillando en
el sol y en la sombra” .
Refiriéndose al poder de imaginación
de Carrera Andrade, el poeta norteame­
ricano, ya fallecido, John Peale Bishop
decía hace poco: "En los graneros del
Ecuador, el trigo euelga de los cabrios
como ocurre aquí; las chalas tienen el
mismo color amarillo pálido, el mismo
matiz. Pero ¿quién había pensado antes
en decirnos que el maíz cuelga de alas
de canario?”
En su edición norteamericana, el libro
presenta el original español de los poe­
mas en una página, y en la de enfrente
la traducción inglesa hecha por Muña
Lee. El poeta escribe de la "isla de so­
ledad y campanas” que es el domingo;
de la lluvia en la noche; de la soledad
de las ciudades; de la colina que "agaza­
pada en el campo estaba envuelta en un
poncho a cuadros” ; y en eu "Inventario
de mi única riqueza” , enumera "la vida
privada de la verde langosta”
y ese maíz innumerable de los astros
que los gallos del alba picotean
hasta el último grano.

Veinte años de tormenta: revista de
las actividades militares japonesas.
Los esfuerzos por la paz: los intentos
del príncipe Konoye para evitar el ata­
que de Pearl Harbour, basado sobre su
diario.
B ot uto K id en : novela de la vida noc­
turna y de prostitución en el Tokio de
preguerra.
Qué es Estados Unidos, por A ndré
jSlEGERIED.

El destino de China, por C hiang -K aiS hek .
$ El Estado y la Revolución, por L enin .
El Manifiesto Comunista.
Los datos fueron dados por la Asocia­
ción de Editores Japoneses.

PI ES AL

— Batallas sin cobardías.
— Teresa, ¿p or qué hablamos de eso?
Estás sobresaltada.
— ¡. Sobresaltada ? Saltada, aupada,
levantada, incorporada en mi ser. V i­
va, ardiente, pulcra, sin mancha, como
tú me quisiste. ¿Te da miedo mirarme,
o te da risa ? Sí, échale ahora tres pies
al galgo. ¡Qué lástima! ¡Ja, ja ! Aho­
ra lo mismo da que rías, que llores,
que brinques, que te desabroches la ca­
misa. Ahora que quedaste sin domin­
guillo, bribón. Eres viejo, te blanquea
hasta el vello de las piernas. ¿Creías
que sobraba con los arrumacos? Oye,
yo no sé lo que hay que hacer para
que levante vaharadas la sangre. Pue­
de que no se tenga que ser profesor,
liabra seguramente que ignorar algún
nombre de pájaro y de esta ignoran­
cia sacar un niño vivo, levantarlo des­
nudo con el dulce repulgo de su ombliguillo, con la retorcida inocencia de
su perpetuidad. ¿ Y tú qué has hecho?
Cuando me iluminabas con tu linterna
de profesor todas las cuestas que en­
contrábamos, jamás me nombraste el
que nos había de seguir.
— ¡ Teresa, no puedo oírte! ¡ Te re­
belas contra tu protector!
— ¡Y es ahora en la cama de la
muerte cuando hablo! Tengo la enfer­
medad de las solteronas, lo sé. La do­
lencia de las monjitas que se dejan
morir primero que nadie compruebe
su perfección. Camino de perfección
donde las abejas no quieren estar, ni
los alacranes, ni las ratas, ni siquiera
las moscas. ¡ Todo lo que por ti vi re­
sulta tan to n to .. . ! Y venga a pasear­
nos entre los amantes de pelo y de
pluma, agarraditos de la mano como
dos sandios. ¡A y , profesor tenías que
ser!
— Yo no puedo explicarte.
— No, eso no. Si hay que explicar,
no quiero nada. Ahora me muero ha­
blando por lo mucho que he callado.
Ahora me has de oír hasta que cierre

LIBROS SUDAMERICANOS

@ cabalgata

GALGO

el ojo. Escucha: no quiero marchar­
me de este mundo intacta. Me van a
rechazar allá arriba por lela. Es ri­
dículo que yo, casada con un hombre
que ha usado bigote hasta cuando no
estaba de moda, llegue allá como una
mendiga. Te he dicho de broma lo del
dominguillo. Bobo. ¡ Si no sé de lo que
se trata! ¡A n da! ¿De qué se trata, Se­
rafín? Dímelo suavemente, para que
no me desmaye de gusto. ¿Importará
que yo esté muerta? Soy una más de
las pobres Teresas que hubo p or el
mundo. Una Teresa ignorante. Todas
tuvieron hijos, apagaron luces, subie­
ron y bajaron escaleras, sonrieron a
sus amantes. Anda, tú eres mi aman­
te, Serafín Dorado. Dime. Está mi
selva vacía, se han ido las ardillas, los
monos y las azucenas, los grillos y los
patos. Teresa escucha. Antes, pobre
Serafín, no te escuchaba nunca. . .
¡ Anda, hombre!
El hombre sacudió sus lentes de oro.
Toda la timidez se le derramó en es­
puma aterrada sobre el pecho. ¡ Oh,
los desatinos a que puede llegar un
profesor cuando le hacen explicar un
sacrificio! Y por primera vez en su
vida, calló.
— ¡Práctica, Serafinito, práctica!
La cara se le puso terrosa y le livi­
decieron los lentes de oro. ¿Práctica?
— Práctica, Serafinito, práctica. ¡A y ,
hijo, cuántas palabras para nada!
Para contarlo, lo hubiera yo contado
mejor.
Y Teresa se volvió de cara a la pa­
red para morir:
— Claro, ahora échale tres p ie s ...
« • *

Las vecinas vinieron a amortajarla,
como es costumbre, y padecieron la so­
focación de un lugar insólito. A l olor
infable, se sumó el vuelo de un p i­
chón vengativo que levantándole del
pecho de Teresa castigó la calva del
profesor Dorado con una mancha ex­
crementicia.

IC a O N A RIO
ENCICLOPEDICO
*

SALVAT
C&amp;4Hftt&gt;£Í&amp; con sus doce tomos, espléndidamente eoeuader.»
oados, con planchetas de oro y lomo de piel, en los cuales están
contenidos todos los datos sobre actividades y conocimientos bu*
manos indispensables a la cultura integral del hombre moderno.

có*Kp¿eUiMHÍe ai día con

datos posteriores a la última Gran
Guerra, con biografías de los hombres de más figuración en loa
últimos años, descripciones de los más modernos descubrimientos
científicos, actualización de los conocimientos sobre todas las ra*
mas del saber, mapas y cartas marinas, etc

«J

2

o
z

^ cok un ugia tnueiie

desarmable, de Tin* madera lustrada, dise­
ñado para armonizar con cualquier ambiente hogareño o de oficinas
y el cual constituye un adorno de gran categoría y distinción.

Si Vd. desea recibir un folleto explicativo, envíenos el cupón ad­
junto,que gustosamente se lo remitiremos libre de todo gasto.

�____ C IN E _______

cabalgata©

EL DUELO DE LOS DOS HAMLET0
Por Eduard Helsey
como Marcel Schwob, que han ofrecido una bella traduc­
ción del "Hamlet” interpretan aquella réplica así: "Está
acalorado, le falta aliento.”

viernes 1* de enero de 1677, Marie Desmares, más
conocida con el nombre famoso de Champmeslé, ponía
en escena, con sus compañeros del Hotel Borgogne, la "F edra” de Racine. Dos días después, Mademoiselle Dupin, hija
del obeso trágico Montfleury — ridiculizado por Cyrano de
Bergerac— , representaba en el teatro de los "Comédiens du
R oí” — los de Moliére, muerto cuatro años antes— la "Fedra”
de Pradon.
Son conocidas las épicas peripecias de esa rivalidad, cuyo
lugar en la historia del teatro ocupa tanto espacio como la
guerra de las Dos Rosas en la historia de Inglaterra.
Ahora bien, este invierno se asistirá a un torneo que no
ha de tomar, sin duda, un carácter tan enojosamente heroico-

E

l

Sea como fuere, la confrontación de los dos Hamlet ha
de hacer correr mucha tinta y gastar mucha saliva.
Como otrora, cuando la compañía de Moliére y la del Ho­
tel de Borgogne se disputaban la supremacía, o cuando dos
fracciones enemigas de "sociétaires” se desafiaban de un
teatro a otro — los tradicionalistas, agrupados en torno a
Louise Contat, y los innovadores alrededor de Taima— , Madeleine Renaud y Jean-Louis Barrault aspiran a probar que
son los auténticos servidores de la verdadera fe, que llevaron
consigo el famoso "esprit de la maison” y que reanudan
fielmente la misión que, a su juicio, no podrían cumplir los

cómico, pero que no dejará de recordar, en cierto modo,
aquel ilustre precedente. En tanto que Pierre Blanchar in­
terpretará en el Théátre Franjáis el "Hamlet” , traducido
por Marcel Pagnol, en el teatro Marigny, Jean Louis Barrault interpretará el "Hamlet”, traducido por André Gide.
Parece que Gide se ha preocupado, sobre todo, de dar, en
toda su intensidad, la poesía del texto inglés, y en destacar
los más escondidos pliegues psicológicos de esa obra maestra,
grávida de infinitas resonancias. En cuanto a Marcel Pag­
nol, parecería haberse preocupado particularmente en ex­
presar con vigor toda la energía dramática del Hamlet

de la "rué Richelieu” .
Como de costumbre, la compañía Renaud-Barrault dará
espectáculos alternados. Ademas de "Hamlet” , que empezará
a representarse en octubre, han incluido en su repertorio "Les
Fausses eonfidenees” de Marivaux. También presentarán
una obra inédita de Salacrou y la adaptación de una obra de
Kafka, sin contar algunas escenas de mimo en las que so­
bresale Barrault.
Cuentan en su compañía con André Brunot, todavía ayer
decano de la "Casa de Moliére” y otros artistas de primer
orden, como Pierre Renoir, el joven actor Jean Deseailly y
Marthe Regnier, actriz que durante años fué una estrella
de primera magnitud. En una palabra es una especie de
Comédie-frangaise disidente, la que tratan de erigir, frente

shakespeariano.
En su juventud, el autor de "Topaze” fué profesor de
inglés, y asegura haber encontrado, en los mejores traducto­
res, un determinado número de contrasentidos que él ha
tratado de corregir. Por ejem plo: en la escena II del quin­
to acto, cuando la Reina quiere detener el duelo entre Ham­
let y Laertes, g rita : "H e’s fat and scant of breath”, se
ha entendido generalmente que decía: "Está gordo y carece
de aliento”.
"Nada de eso — dice Pagnol— . "F at” es aquí un término
deportivo que quiere decir "falto de entrenamiento” , como
se dice de un caballo de carreras que está "todavía gordo.”
Cabe señalar, por otra parte, que tanto Eugéne Morand

a la otra, los que la abandonaron.
No nos lamentemos demasiado por esas divergencias. Para
empezar, les deberemos dos "Hamlets” de alta calidad. Por
lo demás, la lucha es la vida. Y en arte, sobre todo, nada
más fecundo que una ardiente emulación. Esta rivalidad
prueba, al menos, que la Francia convaleciente no está en
trance de adormecerse. A pesar de dificultades que podrían
parecer deprimentes, Francia sigue siendo capaz de infla­
Jean-Louis Barrault en una de sus caracterizaciones de "Les enfants du paradis!

FESTIVAL DE CANNES

CORREO CINEMATOGRAFICO
(Exclusivo para Cabalgata, de A. F. P.)

(Exclusivo para Cabalgata, de A. F. P.)
noticias parciales que se tienen acerca_ del
desarrollo del Festival Internacional de Cine
realizado en Cannes, ofrecen un aspecto hala­
güeño para el cine francés. En efecto, Francia
■.se ha adjudicado un Gran Premio Internacional
correspondiente a la mejor película; el "Gran
Premio Internacional” destinado a recompensar
la labor del mejor director; el "Gran Premio
Internacional de la interpretación femenina” ; y
el Premio de la Sociedad de Autores, Composito­
res y Editores de Música. Además, en la cate­
goría de los films que reúnen mayores calidades
cinematográficas, el film francés "Farrebiqut
obtuvo el Gran Premio Internacional Artístico
correspondiente a las obras presentadas al mar­

L

as

gen del Festival.
L a bataille du rail , el film francés que obtuvo

el Gran Premio Internacional para la mejor rea­
lización, y valió a. su realizador, René Clément,
la distinción máxima destinada al mejor director,
comenzó por ser un corto documental destinado
a narrar la lucha de los ferroviarios franceses
contra los alemanes durante la ocupación, pero
la riqueza de posibilidades que ofrecía el tema
hizo que su director lo convirtiera en una obra
de mayor jerarquía. El estilo de este film se
caracteriza por su fidelidad a lo real y recuerda
una tendencia representada principalmente por el
cine sueco y ruso. René Clément ha resuelto de
manera original problemas dificilísimos de orden
técnico y estético-cinematográfico. Entre muchos
ejemplos, puede citarse el que respecta al fusila­
miento de rehenes por los ocupantes. La emoción
de semejante escena corre el peligro de frustrarse
tanto por el escamoteo como por una represen­
tación directa demasiado brutal. René Clément
colocó a los condenados de cara a la pared y los
hizo fusilar uno tras otro. Durante la opera­
ción, el espectador no ve sino el rehén que ha de
morir en último lugar y que, dominando su emo­
ción, oye las descargas que ponen fin a la vida
de sus compañeros. Mientras, las sirenas de las
locomotoras componen un canto fúnebre de sal­
vaje grandeza.
Otro dé los méritos de L a bataille du bail,
estriba en que casi todos sus intérpretes no son
profesionales, sino auténticos ferroviarios.
"Las cuatro estaciones” , la pelícu­
la que obtuvo el premio correspondiente al me­
jo r film presentado al margen del Festival, ha
revelado a un original director: Georges Rou•quier, un linotipista poseído por la pasión del
F arrebique ,

o

cine que un buen día abandonó el linotipo y se
lanzó a la gran aventura. Recorrió durante va­
rios meses su Languedoc natal trabajando en su
"idea” . El resultado fué "]Ee tonnelier”, un corto
documental que conquistó el primer premio de
documentales y reveló a su autor.

Pero Rouquier no se dió por satisfecho. Pen­
saba en otra cosa de más categoría. En un film
a su manera, bello, humano. El mismo cuenta
que mientras filmaba "Le tonnelier”, un compa­
ñero, Lallier le habló de las cuatro estaciones.
"Era un proyecto de Claude Blanchard, el gran
periodista desaparecido trágicamente en 1945.
La idea me entusiasmó, tanto más cuanto que
desde hacía tiempo pensaba yo en la granja de
Farrebique. Tenía ganas de utilizar en un film
elementos llamados "científicos” pero dándoles un
carácter dramático o espectacular. De diciembre
de 1941 a noviembre de 1944 trabajé en esta
obra. Modifiqué el primitivo proyecto, es decir,
adapté las cuatro estaciones a Farrebique. Ne­
cesitaba una historia que pudiera desarrollarse
durante esas cuatro estaciones, utilizando éstas
como subsecuencias que dividiesen cada parte del
film y sirvieran de calendario. Al comienzo, esas
secuencias, de las estaciones serían sólo de imá­
genes y música.
"Faltaba el elemento humano. Y o quería que
la historia se explicara por sí misma, sin nece­
sidad de una voz que aclarara las situaciones.
Se requerían diálogos. ¿Hablarían mis campe­
sinos de manera natural? Estaba seguro. Así,
pues, me puse a escribir los diálogos de acuerdo
con el temperamento de cada uno de mis persona­
jes y en función del lugar que ocupaba en la fam i­
lia. Las historia no es inventada. Es la verda­
dera historia de esta familia. Apenas si la mo­
difiqué.”
Y nació "Farrebique” o "Las cuatro estaciones” ,
un gran film en que la naturaleza y el hombre
se confunden; un poema cuyos elementos son :
el vuelo de una mariposa, las nubes, el crecimien­
to de las plantas, y los hechos cotidianos de una
familia de campesinos durante un ciclo solar.
M ichele Morgan, de retorno en Francia,
mostró en "Sinfonía Pastoral” que la carrera
que había iniciado a los 17 años con "Gribouille ’
y proseguido a través de "La Tempestad” y "El
muelle de las Brumas” no había terminado en
"Joan o f París” (Juana de París) o en "Two
tikets for London” (Dos boletos para Londres),
filmada en Norteamérica. Por lo menos así lo
ha creído el Jurado del Festival de Cannes al
adjudicarle-el "Gran Premio Internacional de
interpretación femenina” .
Georges Auric, el compositor francés conocido
ya en los medios musicales-por su obra sinfónica,
ha sido distinguido con el "Premio de la Sociedad
de Autores, Compositores y Editores de Música” ,
otorgado por el Jurado del Festival de Cannes
a las mejores composiciones musicales cinemato­
gráficas. Georges Auric escribió las partituras
de "La Sinfonía Pastoral”, y de "La Bella y la
Bestia”, dos producciones francesas que partici­
paron en el certamen.

marse por las ideas.

HOLLYWOOD
éxito internacional del cine inglés inquieta
cada vez más a los productores norteameri­
canos. Para protegerse de un peligro inmediato,
han contratado a Compton Bennet, el director de
"El Séptimo Velo”, quien rodará "Ashenden”,
conforme a la novela de Somerset M aughan. . .
por cuenta de una sociedad americana.
— De todos los actores que trabajaron en el
primer film sonoro "Don Juan” , los hombres han
muerto en su totalidad (John Barrymore, W ar­
ner Oían, Montagu Love), mientras que las mu­
jeres siguen luciendo su encanto (M ary Astor,
Myrna Loy, Estelle Taylor, Ehlen Costello y
Edda Hlopper).
— ¿Recuerdan a John Gilbert? Como su voz
no convenía al micrófono, la sociedad que le te­
nía contratado tuvo que pagarle 250.000 dólares
por no rodar un film previsto en su contrato.
— En el film que ha comenzado a rodar Mar­
lene Dietrich en cuanto ha pisado el suelo californiano representa una zíngara. El film se ti­
tulará "Orejas de Oro” (¿Cmo se titulará en cas­

E

l

tellano?).
— "Ciudad Mágica” (aun sin título en caste­
llano) mostrará cómo Jimmy Stewart eae loca­
mente enamorado de Loreta Young.
— Charles Trowbridge será el padre de Katherin Hepburn en "Mar de Verdura” .
— El invierno pasado vimos "Una mujer de
Montecristo” que ponía los pelos de punta. Pero
ahora se nos anuncia "E l regreso de Montecristo” .
¿Para cuándo, siguiendo la fácil costumbre de
los argumentistas, "La nueva partida de Montecristo”, "E l hijo de Montecristo”, "E l nieto y el
biznieto de Montecristo” ? . . ¡Sería lamentable
que se detuvieran así a medio camino . . . Pero
Louis Hayward que ya ha tenido bastante con
encarnar el Conde, ha jurado dejar el cine en
cuanto haya concluido el "Regreso” . V a a abrir
un restaurante ultraelegante, el "Chanteclair” en
la- parte más snob de Sunset Boulevard en Los
Angeles.
— Miss Margareth Truman, que no piensa más
en hacer una carrera en la Opera, seguirá un cur­
so de "glamourización”.
— En su próximo film, Linda W ill lucirá 42
diferentes vestidos y trajes con un costo total de
90.000 dólares.
— Por primera vez después de la guerra, Melvyn Douglas aparecerá en un film titulado "Mi
corazón está vacío” . Rosalind Russell será la en­
cargada de hacerle sentir el amor . . . Seguida­
mente, para descansar, Rosalind Russell encar­
nará "La Hermana Kenny” , la australiana que
curaba la parálisis infantil.
— El modelista francés, Jean Louis acaba de
volver de París donde fuera en busca de inspira­
ción. Pero ha vuelto decepcionado . . . Parece
ser que la moda parisiense, sobre todo, en cuanto

a sombreros, es deplorable. Sin embargo, ha sido
necesario traer directamente de la Place Vendó­
me los dos mínimos "bibis” que lucirá Rita Havworth en su próximo film "Regreso a la tierra”.
— A dolf M enjou, apenas terminó "E l Amor na­
ce” donde trabajó junto a Fred Astaire y Rita
Hayworth, ha iniciado "M. el Acusador Público” ;
el "procurador” es A dolf . . .
— Irenne Dunne seguirá filmando con Charles
Bover. Ya no le permiten más que representar
papeles maternos. Por lo menos, en sus tres úl­
timos film s: "Me acuerdo de mamá” , "Anna y
el Rey de Siam” y "V ivir con papá” . . . Y a pro­
pósito de esta última película hay que señalar
su enorme costo en electricidad, pues 274 enormes
lámparas de arco consumieron más de cinco mi­
llones de vatios . . .
— El mayor éxito de librería de los últimos
tiempos, "E l Huevo y yo” va a ser llevado a la
pantalla. Claudette Colbert y Fred MacMurray,
a los que no se veía desde hace mucho tiempo,
encarnarán los personajes principales.

F R A N C I A

Pronto empezarán a filmarse los interiores de
"L ’Ogresse” , adaptación de una novela de A n d r e
Rivollet, que bajo la dirección de Yvan Xoe tiene
como principales intérpretes a Line Noro, Blanchette Brunov y J. L. Delbo.
Con "II suffit d’une fois” se tendrá oportu­
nidad de ver juntos a Fernand Gravey, Edwige
Feuillére y H. Guisol.
"La nuit du diable” obra teatral de J. R°bin’
se convertirá en un film que llevará el niism
nombre y cuya principal intérprete será sin du a,
Giséle Pascal.
Será una mujer, Denise Tual, quien dirigirá
filmación de "Le Yoleur d Enfants (Ladrón
niños), adaptación de la obra del mismo t.tm
de Jules Supervielle.
A lfred Adam y Lucienne Laurence jseran, los
intérpretes de "La F oire aux Femmes .
1
Dupe desempeñará las funciones de
irec
adaptador y dialoguista.
Pierre Laroche es el adaptador cinematográ^
co de la célebre novela de Stendhal.
et le Noir” .
1 conocido crítico Georges Charesso se
e ofrecer cada año una especie de P
a producción realizada. El primer 1 r
, „ í h , aparecido con el lítalo - B e » — cinéma frangais” .
.
a aparecido también una "Anthologi
,a”, textos reunidos y presentados po

,

c¡.

�CINE TEATRO

©cabalgata

M APA DE PANTALLAS

M arcelle G éniat y G aby M orlay en "E l
velo azul” , film francés que D IF A pre­
sentó en el cin e L ibertador.

Rosita Díaz y Raúl C ou b o, en una esce­
na de la película m exicana "E l últim o
am or de G oya” .

r .

A nn Thom as y Charles Cantor en un
pasaje de "Carnaval de Estrellas” , film
de la Param ount.

D elm on t y T ino Rossi en "L a isla del
am or” , que presenta la D istribuidora
Franco Argentina de Films.

ESTRENOS
Por Manuel Villegas López
EL

VELO

AZUL

CELOS

TRAGICOS

(L e voile b le u )

( J ea lou sy)

Film francés de Jean Stilli, según Frangoise Campaux, interpretado por Gaby
Morlay, Larquey, Aimé Clariontl, Elvire
Popcsco, Marcelle Genial, Alerme, Charpin, Renée Devillers, Devise Grey, Georgc
Grey, Marcel Valtée. Fecha: 194S.

Film norteamericano, de Gustan Macha
ty, interpretado por John Loder, Nils Asther, Karen Morley, Jane Sandolph.

Un niño es el más fácil y seguro resor­
te para ¡mover el sentimentalismo del
gran público francés. Pero los actores in­
fantiles franceses — en general los la­
tinos— son redichos y trascendentales;
carecen de esa sencillez y naturalidad de
los magníficos niños de la pantalla yan­
qui o rusa. Por ahí fallan siempre las pe­
lículas francesas de este género; ése es el
talento de un Jaque, único que sabe mane­
jarlos. En este film se los ha hundido en
el melodrama: la serie de desgracias sin
fin de un aya, con su simbólico velo azul.
Melodrama, en el cine francés, quiere
decir cine viejo, porque la escuela de
Abel Gance ha muerto hace casi veinte
años, desde la aparición de René Clair.
Así, esta película es arcaísmo por los
cuatro costados. Gaby Morlay y su in­
terpretación, también. Sigue perfecta­
mente la transformaciói J.
'e r ­
en una vieia, con sn«
Vr
radrizaciones y gesto*; pero esto es.pequeño
naturalismo anticuado, sin la menor im­
portancia. Lo que vale en el actor es la
altura poética, la hondura psicológica,
las perspectivas y sugestiones que abre
ante el espectador, más allá de la simple
apariencia del personaje. No el actor
transformista, sino el actor poeta; no el
imitador, sino el creador. Y esto no está
en Gaby Morlay. — M. V. L.

¿A

Machaty, el famoso director checo de
Erotikon, Entre sábado y domingo y E x ­
tasis, aparece en Norteamérica dirigiendo
este modesto film de complemento; se ve
hecho en diez días, según los métodos de
las empresas dedicadas a películas B, con
los proyecting trepidados y primeros pla­
nos hechos en truco, por falta de tiempo
para hacer una toma más en el estudio.
Y esta carencia de instrumento vence al
realizador: destellos aquí y allí, grandes
planos de sus buenos tiempos, lentitud. . .
Pero nada más. Ahí están Nils Asther, el
famoso galán sueco del mudo, y Karen
Morley, la actriz de Nuestro pan cotidia­
no, Scarface, etc., que hace en este film
una excelente interpretación. No hay que
olvidarse de las grandes figuras del cine:
Machaty puede y debe volver a ese primer
puesto de donde injustamente ha salido.
La guerra ha producido muchas víctimas
en todos los órdenes. — M. V. L.

Argentina.
Argentina Sono Filtn contrató a Luis
Sandrini hasta fines de 1948 ¡ en exclu­
sividad, salvo sus compromisos en Méjico.
E F A al director Ernesto Arancibia.
A. A. A . renueva el contrato al argu­
mentista Ulises Petit de Murat, que le
ha dado sus mejores éxitos.
Estudios San Miguel amplía: cuatro
platos, en vez de dos.
Catrano M. Catrani dirige Días de sol,
con Luis Arata.
Manuel Romero termina Adiós, Pampa
mía, con el cantor de tangos Alberto Cas­
tillo.
Combinación argentino-mejicana: Hugo
del Carril filmará tres películas en A r­
gentina, con actores mejicanos y nacio­
nales. Dirigirá Antonio Momplet, que
vuelve de M éjico. Ambos están intere­
sados en la producción.
H ollyw ood.
Según el Instituto Gallup de opinión
pública las estrellas más populares son
lngrid Bergman, Bette Davis, Judy Garland, Grecr Garson, Betty Grable, Gary
Cooper, Bing Crosby, Clark Gable, Van
Johnson, Spencer Tracy.
Walt Disney no hará más películas cor­
tas de dibujos; no son negocio. Sigue con
las de largo metraje.
El mismo Disney ha- contratado a Gracie Fields, C liff Edwards, el cow boy Roy
Rogers y su caballo Trigger.
Curtis (K a rt) Bernhart dirigirá Po­
seída, con Joan Crawford; nueva versión.
Casablanca, obra teatral, fracasó. Como
película fué un gran éxito. Y ahora vuel­
ve triunfante al teatro.
La casa del maltes, de Pierre Chenal,
presentada en Norteamérica como Siroco,
ha sido prohibida: una pareja vive ju n ­
ta sin estar casada.
El código Hays, de moral cinematográ­
fica, comienza a perder vigencia: se auto­
riza a presentar en la pantalla el trá­
fico de estupefacientes, hasta ahora pro­
hibido. Protestan las asociaciones cató­
licas.
París.
Julien Duvivier vuelve a Hollywood.
Marc Allegret va a Londres: un film
con James Masón.
Maurice Cam, realizará El viaje prohi­
bido, en Francia, Alemania y Polonia.
Leonide Moguy abandona Colegio de
señoritas. Proyecta Los niños mimados,
quizás con Michele Morgan.
Ravmond Bernard hará Manón Lescaut,
con Danielle Darrieux y Jean Desailly.
M oscú.
León Arnchtam dirige Glinka, biogra­
fía del músico.
Frederic Ermler: La vuelta decisiva,
sobre la victoria de Stalingrado.
Eisenstein, enfermo.

B etty G rable y Reginald G ardiner en
una escena de la comedia musical "Las
Dolly Sisters” , de la 20th Fox.

Escena de "Prisión sin rejas” , produc­
ción británica de Alexander Korda,
que distribuye la Guaranteed Pictures.

del puerto” , film francés distribuido
por Interamericana.

y Cari F.smond en "Nadie como tú” ,
de la Universal.

ARGENTINO
Por Estela Canto

LAURACHA
El film homónimo estrenado reciente­
mente, nos volvió a enfrentar con la fig u ­
ra de aquella mujer "maligna y maravi­
llosa” de la novela de Otto M. Cione.
Es lástima que, desde comienzos de siglo,
haya existido una literatura destinada ca­
si exclusivamente a narrar tremebundas

Londres.
Charles Frend dirige Eos amores de
Juana Godden, con Googie Withers, Jean
Kent, Derek Bond.
Orson Welles, tras su pelea con la crí­
tica yanqui, irá a Londres, para filmar
La vuelta al mundo en ochenta días.
Hebert W ilcox hace Piccadilly In ci­
dente con Anna Neagle.
B. Know les: The man within, con Michael Redgrave, Jean Kent.
Roma.
Marcel Carné filmaría, en Italia, Cán­
dido, de Voltaire. Protesta del Vaticano
por el asunto: no se hará.

DONDE VAMOS AHORA?
(W h e r e d o ice g o from lie r e ? )

Film norteamericano, de Gregory R atoff,
argumento de Ira Gershwin y Kurt Veill,
interpretado por Fred MacMurray, Joan
Leslie, June Haver, Fecha: 1945.

EL GRAN AMOR DE
GUSTAVO ADOLFO BECQUER

Película de fantasía, con poca fantasía:
las viejas comedias de magia del siglo
pasado hechas cine y bello tecnicolor. De
los tres sketchs que la forman, el primero
pudo ser gracioso en su anacronismo — el
mismo de La Piara de Bcrkeleih de
Llovd— si no fuera insistente hasta el
agotamiento; el segundo, Cristóbal Colón
en ópera caricaturesca, es el mejor, gra­
cioso y absurdo; el tercero banal. Queda
algo: el que lo mágico, lo fantástico, no
tenga ya una justificación realista, como
el socorrido sueño. Me casé con una bru­
ja, de René Clair, ha traído esto al cine
norteamericano; más allá, en los albores,
está Mack Sennet. — M. V. L.

TEATRO
EL
EL

M erle O beron y Alan Marshal en "Lydia” , film de la Guaranteed Pictures que veremos próximamente en el Luxor.

EL D E L A T O R
MEDICO A PALOS
DI A

MAGNIFICO

Con tres obras totalmente distintas, con­
tando tal vez demasiado con la ductili­
dad del público, Néstor Ibarra nos da
un espectáculo interesante, que peca qui­
zás por su deseo de querer abarcar dema­
siado. Entre la angustia y el suspenso de
El delator, en casa de una familia de la
Alemania hitlerista, entre las burlas de
El médico a palos — que sirve para de­
mostrar que el teatro clásico, para que
no resulte burdo y aburrido, sólo puede
representarse en forma totalmente sofisti­
cada, casi como un ballet— , y entre la ex­
traña, abrumadora y angustiante suges­
tión de El día magnifico median abismos
que no siempre lograron salvar eficazmen­
te el público y los actores. Quartucci nos
dió un médico muy "calle Corrientes” y,
equivocando el juego del teatro clásico
que debe desentenderse de todo contacto
inmediato y demasiado directo con el pú­
blico, buscó repetidas veces este contac­
to. El día magnífico, presentado inmedia­
tamente y muy bien interpretado, sufrió
con el contacto. Es una obra en tono me­
nor, sin efectos de melodrama, sencilla
en su forma, misteriosa y angustiante de
contenido, como la simple carta anticipa­
da de agradecimiento que el viejo men­
digo escribe a eu camarada, que lo ha
hospedado por un día. — E. C.

historias de seres dominantes, dueños de
castillos o de casas semiabandonadas, des­
póticos y crueles, fascinantes y misterio­
sos. Lauracha Mornings pertenece a este
tipo de personajes. Como nació en la
Argentina — o más exactamente en el
1 ruguav, de acuerdo con* la novela— no
es dueña de un castiLo sino de una es­
tancia. Pero, para que no nos llamemos
a error respecto a su origen tenemos en el
comedor de la estancia una lady antepa­
sada que nos recuerda la sangre de la
protagonista; su apellido es “ Mornings”
y se hacen alusiones a su sangre nórdica.
Para que todo sea completo, hay un ba­
rranco de donde se despeñan los hombres
que la han amado y que, por rila, han
ido a recoger una extraña flor. Es de
lamentar que este barranco no quede en
las costas escocesas.
Con este tema de lá "m ujer maligna
y maravillosa” se ha logrado un film
interesante, donde las magníficas fo to ­
grafías y los intérpretes luchan deno­
dadamente contra el endeble argumento.
Amelia Bence — con peinados que no la
favorecen— pone su gran sugestión y su
calidad de actriz al servicio de Lauracha,
y logra, pese al mal gusto de los diá lo­
gos, darnos la sensación de un curioso y
subyugante carácter femenino. Es lás­
tima que, por exigen -as arguméntalos, la
arrogante Lauracha
•'vurrir ni sui­
cidio frustrado y al anuncio d*-i
ñor
nacer para conquistar al insignificante
Carlos I.osada, defendido por Gnrcía
Bulir. Es indudable que el melodrama
— recientemente hemos tenido algunos bue­
nos films extranjeros de este tipo— vuel­
ve a imponerse. No objetam os al género;
por el contrario: un buen melodrama es
muy difícil de lograr y es de lamentar
que el final feliz — que, según creemos
recordar, no existe en la novela— nos
robe parte del atractivo de esta película.

Una escena de "Juventud en marcha” , film tecnicolor soviético que presentará próximamente Artkino.

Algunos seres y algunos hechos forman
parte tan entrañable de su leyenda, que
es d ifícil dilucidar lo que pueda haber
en ellos de fantasía pura, y de lo que se
entiende, sin previo análisis, por realidad.
El público ha conocido simpre a Bécquer por sus “ Rimas” ; ha identificado la
vida del poeta con la historia amorosa
narrada sencillamente — casi como en un
diario— que se transparenta en esos ver­
sos. Llegaron a alcanzar infinita popu­
laridad, entre otras cosas, por esto: por
la historia narrada al público como a un
gran confidente. Esta historia amorosa,
se nos había escabullido hasta ahora al
urgar en los datos concretos del poeta.
La realidad no se unía a la leyenda o,
por lo menos, quedaba un vacío, un hue­
co sin llenar. El argumento escrito por
María Teresa León y R afael Alberti,
cumple por fin la función de darnos la
imagen verdadera de Bécquer.
La versión cinem atográfica de El gran
amor de B écquer, ha respetado, en líneas
generales, el tema. Algunas escenas, c o ­
mo aquella en la que Bécquer, habiendo
rechazado una invitación para un sarao,
imagina concurrir a él, mientras la lluvia
cae sobre su cabeza, nos trae en su to ­
talidad el espíritu de las fam osas “ R i­
mas” . El film tiene detalles de época,
de gracia, de ligereza, realzados constan­
temente por la figura de Delia Garcés,
que encarna, con exactitud casi in con ­
cebible, el tipo de m ujer evocado por las
“ Rimas” . T odo parece fan tasía e irrea­
lidad en este film , com o le parecen a la
protagonista los momentos pasados mien­
tras aguarda al fantasm a del ba lcón ; su
breve noviazgo con el poeta, con entrevis­
tas ba jo la lluvia en un cem enterio que
también parece fa ls o ; hasta su m atrim o­
nio impuesto, al que va llevada por c ir ­
cunstancias y m otivos que no entiende
bien. Lns imágenes finales, por p reci­
pitarse dem asiado, no siguen el ritm o de
la historia contada por las “ Rim as” .
Esteban Serrador, pone, a ratos, un
énfasis insospechado en Bécquer, y que,
como todo énfasis, no logra transm itir
emoción. En conjun to, un film personal.
N o hay aquí happy end ni desfigu ración
psíquica de los personajes históricos, ras­
go casi habitual en el cine am ericano.

�CINE

cabalgata®

rlan desa .

Estudia en las universi­

I dades de Londres y Grenoble y en
ellas se gradúa con honores. El azar
— esta vez sin duda— pone a su alcan­
ce, mientras espera dedicarse a la ense­
ñanza, un empleo de publicidad que la
pone en relación con las empresas tea­
trales. Despertar de la vocación. Un
papel de prueba. Exito de crítica.
En los más importantes teatros de
Londres, la universitaria que descubrió
su destino de actriz encarna las criatu­
ras de G. B. S. Poco tarda en formar
pareja con Lawrence Olivier.
Durante una representación de "Oíd
Music” , bajo la dirección . de Noel
Coward, la aborda con un contrato Luis
B. Mayer, y se la lleva a Holly.vo, 1
Y a llí.. . allí nada d
- meses. liada
hasta que cuando, menos io esperaba
le cor'.',
“ ( p. pel femenino de "Adiós
Mr. Chips’ .
Además de esto, sabemos que nació
un 29 de septiembre en el Condado de
Down. ¿ A ñ o ? Con esas cosas no se
juega, lector. Digamos que "está en la
plenitud de su vida”, y que, como es tan
inteligente, seguirá estándolo durante
muchos años. Así sea.
Ser irlandesa universal — y lo es todo
irlandés que desarme a los recelosos
críticos londinenses— sería ya bastante
para comprender su altura, para tener
una idea aproximada de su estatura de
actriz. Y de sus dotes: esa alianza de
la salud y el humor que configura la
personalidad de los hijos de la verde
Erin.
Pero si además es universitaria, si
ha depurado impulsos, aprendido a ma­
tizar, si se ha disciplinado en el estu­
dio clásico, y en él aprendió a dominar
sus recursos espirituales, a ponerlos en
juego sobriamente, ya tenemos un tipo
de actriz capaz de llevar al pasajero
lienzo de la pantalla, esa nota dramá­
tica, que aun en la más frívola de las
comedias consigue el gran actor de
teatro.
-En el Daily Telegraf del 20 de julio
de 1891, aparecía una carta de Oscar
W ilde que pueden, sin daño alguno,
aprender de memoria muchos actores.
En esa carta, penetrante y graciosa,
el maravilloso irlandés y genial conver­
sador, decía: "Es muy cierto que para
mí la escena es con relación a una obra,
exactamente lo mismo que el marco
para un cuadro, y que el valor repre­
sentable de una obra no tiene nada
absolutamente que ver con su valor
como obra de arte.
En este siglo, aquí, en Inglaterra,
para mostrar un ejemplo evidente, no
hemos tenido más que dos grandes
obras: una las Cency, de Shelley; otra
la Atalanta en Calidon, de Swimburne;
v ni la una ni la otra son obras repre­
sentables en ninguna acepción de esta
palabra.
A decir verdad, la sola afirmación
de que la representación escénica sirve
de criterio para valorar una obra de
arte es perfectamente ridicula.
No deben ser juzgadas, señor Direc­
tor, las Musas por los Mimos.
Lo que he dicho, en realidad, es que
el marco, llamado por nosotros escena,
"estaba atestado, bien de actores vivos
o bien de marionetas móviles”, e hice
notar en algunas palabras que la per­
sonalidad del actor es a menudo causa
primordial de peligros para la perfecta
representación de una obra de arte.

Puede deformar el original. Puede
apartarse del camino recto. Puede ser
una nota discordante en el tono o la
sinfonía; porque el primer recién lle­
gado puede representar. Muchas per­
sonas en Inglaterra no hacen más
que eso.
Ser convencional es ser actor.
Sin embargo, representar un papel

determinado, es una cosa muy comple­
ja y difícil.
El fin del actor es, o debiera ser,
transformar su personalidad accidental
en la personalidad real que está lla­
mado a representar, cualquiera que sea
su papel. Llegaría yo a decir quizás
que existen dos escuelas de actores: la
escuela de los que consiguen los efec­
tos por medio de la exageración de su
personalidad y la escuela de los que los
consiguen suprimiéndola.
Sería larguísimo discutir estas dos es­
cuelas o decir cuál de ellas prefiere el
dramaturgo. Indiquemos el peligro de
la personalidad y pasemos a mis poli­
chinelas.
Los polichinelas ofrecen numerosas
ventajas. No discuten nunca.
No tienen opiniones rudimentarias
sobre el arte.
No tienen vida privada.
No nos fastidian jamás con el relato
de sus virtudes; no nos persiguen con
la exposición de sus vicios, y en las
temporadas que median entre sus con­
tratas, no hacen jamás el bien en pú­
blico, no salvan a las gentes que están
a punto de ahogarse y dicen tan sólo
lo que les toca decir.
Se someten a la autoridad intelectual
del autor dramático y no se oye nunca
hablar de que hayan exigido que les
copien sus papeles.
Son admirablemente dóciles y no p o­
seen opinión alguna.”
Algunas dé estas palabras debieran
grabarse en Hollywood. Por ejemplo,
aquellas que afirman que "el valor re­
presentable de una obra no tiene nada
absolutamente que ver con su valor
como obra de arte” .
Si alguna vez nos da la tentación de
repetir que en cine no importa nada
más que el director, es por eso, porque
en cine no importa, salvo casos excep­
cionales, milagrosos en H., nada que no
sea el "valor representable”. Y el actor
o la actriz de cine que no comprenda
eso y que no sepa burlar tal ley, no

V: i

pasará nunca de ser una de las mario­
netas por las que W ilde sentía tan di­
vertida nostalgia.
Greer Garson, sabe, sin embargo, ser
marioneta, dejar que el tonto papel
que le imponen pase por ella sin que
se advierta. Comprende cuándo está
representando un ser inanimado por
muchas aventuras que le cuelguen, o

cuándo está representando a un ser
vivo, con vida privada, con opiniones
que no son las suyas — las de Greer
Garson— nunca, ni siquiera cuando más
se aproximan.
¿L a recordáis en "Rosa de Abolengo”?
¿Recordáis aquella primera escena del
sombrero olvidado? Su intensidad, su
eficacia representativa, su encarnación
de un personaje que sólo con esa escena
estaba ya definido para siempre, nos
dicen qué distante está de la marioneta
que en Hollywood se deja mecer por
los vaivenes del director.
Ella sabe que las Musas no deben ser
juzgadas por los Mimos. Mientras lo*
Mimos que escalan la torre de B i'.i
de Hollywood son en primer lugar |
mas que nada, no ya jueces, sino ver­
dugos, de las Musas.
A la hora de hablar de una actriz
inglesa ya da no sé qué decir que es
fina, que es elegante.
Inmediatamente recordamos un fa­
moso artículo de un humorista español
de cuyo nombre no queremos acordar­
nos. Aquel artículo que se titulaba "Su­
perioridad dramática del té respecto al
chocolate” . En él se decía, aparte de
muchas otras sabrosidades, que la ma­
yoría de las obras inglesas se salvan
ante nosotros porque el público las
considera muy elegantes.
"Cuando el primer actor aparece en
escena y propone una partida de bridge, todo el patio de butacas se con­
mueve.” Y agrega, "y pensar que si
en vez de ju gar al bridge los persona­
jes de la obra en cuestión jugasen al
tute,, y si en vez de tomar té tomasen
chocolate no habría éxito posible”.
Pero, ¡a y !, lo cierto es que el cho­
colate — o el mate— raramente se ven
en escena con actores de talento. Greer
Garson puede jugar al tute o tomar
chocolate, y la platea se'ha de conmo­
ver igual que si jugase al bridge y to­
mase té. La elegancia es en ella, so­
bre todo, cultura. Del mismo modo que
Greta puede ser espíritu, invención,
poesía, cuando logra sus cimas ma­
yores.
Si nuestro público después de «n
acto de té, otro de tennis y otro de
bridge, sale a la calle convencido de
que ha visto una obra espiritualísima,
al fin y a la postre no está haciendo
más que cum plir la ley de la compen­
sación, pues el inglés sale a la calle
creyendo que ha visto una obra de gran
resonancia trágica, en cuanto le den un
acto de toros, otro de tango male&gt;o y
uno final de navajazos. No cometere­
mos, pues, la impertinencia de descu­
brir ante nadie la elegancia, la finura,
el arte social de la gran actriz irlan­
desa que es, sobre todo, una gran dama
l ’ na gran dama en cualquier papel,
porque ella sabe que una gran dama
no es sólo la señora del Lord. En cual­
quier plano social que tenga que desen­
volverse, encuentra siempre el lujo en­
vidiable del buen gu sto: en los trajes,
en la voz, en el gesto, en la expresión.
Se ve. desde luego, que no tiene opi;
niones rudimentarias sobre el arte,
que no le molesta la cultura universi­
taria ni el respeto al autor dramático.
H ay una mínima, imprescindible pa e
de marioneta en toda actriz de verdadella respeta esa ley delicadamente. H*s^
ta cuando le impone un segundo e
bobería inútil o unos metros de vana
sentiinentalidad.
Fotos M. G. M.

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                <text>Klimovsky, León&#13;
Romains, Jules&#13;
Espina, Antonio&#13;
Luzuriaga, Lorenzo&#13;
González Carbalho&#13;
Bock, Werner&#13;
Figueroa, Julio C.&#13;
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                    <text>�para arte madi

RICHARD

P.

LOHSE
A R T E
Registro

M A D I
de

la

U N I V E R S A L

propiedad

intelectual

N«

N? 238 .5 3 5

Publicación de arte
no-figurativo-esencialista
Organo del movimiento
madinemsor
Director: Kosice
En la cubierta
pintura de Rhod Rothfuss
Dirección y correspondencia
Esperanza 41 - 2°
Buenos Aires
Rothfuss - Chuy 3260
Montevideo
55 - Boulevard Lannes París
Prohibida la reproducción
total o parcial sin
mencionar su procedencia
Intercambio
Je demande l'echange
I beg for exchange
i

OCT UB RE

AÑO

DEL

DE
LIBERTADOR

1950

—

GENERAL

A R G E N T I N A
SAN

4

MA R T I N

�de
madi

�INodCY

(en el radio de Loch)

Primera etapa en la simulación de una rula-.
Justo o injusto, interesados o no en la aspiración poco menos que
rezagada de una responsabilidad, ya conocemos la solución a esta
gesta más que imprevista de INodCY.
Detenidos en una sutura de este primer camino, todavía se vacila.
Las raíces que aquilatan en toda su magnitud el silencio de la
tierra de INod, los detiene aún. Parece como si de estos aledaños
casi absurdos, surgieran definiciones que columpian muy a su pesar
un deseo de ir, un deseo de permanecer . . .
El agrietado soplo acosa a los antiguos segmentos que se aprestan
a despedirlos. Un avance y se quiebra e! posesivo acento. Otro,
de incisión tardía y solamente y por fin aquel lejano rumiar de
risas.

Ya esculpen los punitivos pasos de un avance parcial que permite
advertir en los plurales un atisbo de arrepentimiento. Tal vez piensa
INod en los asertos que facilitaron su nivel y posterior evasión
de aquel término, de aquel núcleo ya sin andamiajes. O quizá,
en la posibilidad de caer en el rumor de los equivalentes cuando
penetren en este diagrama recién iniciado. ¿Y qué piensa C Y ?
Sólo se remonta al acecho multitudinario que gobernó sus antiguas
jornadas, a su lucha funcional y a esta actual confabulación pro­
tectora que sin medida la impele hacia el devenir.
Transcurre nominal la circunstancia y ya cavilan
Piensan, mientras se oyen crecer las pretéritas
cardinal que orienta su ruta. Decididos, sólo les
vesar la mampara de puentes hacinados que los
de Loch.

con obstinación.
sinuosidades del
queda por atra­
separa del radio

Extraños a esta nueva conjunción, el avance se hace lentamente.
Coordinando la evolución acrisolada al vaho lochiano es posible
que la jornada promedie sin recelos.
Llega con decimales, el momento inesperado de la pausa. Se de­
tienen en el borde canalizado mientras tratan de insumir la per­
pendicular enhebrada desde mucho antes por la retina. En ese ins­
tante, en escalas de espuma (involucran por lógica la pasividad
de un engranaje), se incorpora a su ambiente un factor descono­
cido. Entonces, las gotas editadas substantivan reflejos tan eviden­
tes que logran intuir en la palma desviada del hueco, una tracción
de miradas. Y asombrosamente, miradas espigadas por su vértice.

austera mansedumbre del perímetro que se presiente, que se palpa
en la inapetencia de las fronteras.
Pero no es momento de vacilaciones. Pronto no serán visibles los
límites de Loch. Es preciso apresurarse a sabiendas. Y sin embargo
permanecen indefinidos con esa semejanza retenida en las cimas,
con ese tallar de bocanadas que con fingida apariencia los ahoga,
los aprieta en su dispersión numérica, que es tan eficaz. Por otra
parte, no es ésta la única manifestación de defensa ante la inva­
sión subdominante de INodCY.
De tanto en tanto se percibe una letanía caduca a veces, calcinando
la intacta relación de un tiempo en receso.
Insomne de pujanzas localizadas en la guía común, el cosmos que
se retiene con justeza en los dominios de Loch, descubre con pre­
vención estos pasos aún sin archivo. No intenta sin embargo pulir
las arcadas que obstruyen el auge del límite, esperando quizá una
inmediata o presentida retirada. En efecto, cuando parpadean las
centurias derramadas en formación será el momento de reiniciar
esta primera etapa en la simulación de una ruta.
Se avanza ahora a grandes latitudes y sin otra preocupación deco­
rosa. Está implícita la simiente de fórmulas monocordes que faci­
litarán en lo sucesivo la continuidad.
Se suceden los intervalos de la ruta. Y ya guiados por el relám­
pago avizor del copo o agostados al dorso de pausas adjetivas,
sólo intentan por último llegar, aunque exhaustos, al final de un
cotejo. Cotejo que se impone al término de sanciones reguladas.
Rechazados a diestra por el ritmo de paisajes en gajos, invierten
muy a su pesar el rumbo indemne del verbo que los conducía a
la meta. Sorpresivamente y por el aliento de distancias sonámbulas
consiguen sobreponerse a esta acumulación de jirones. Más aún,
logran incorporarse al aplomo de las caravanas que se disgregan.
Situados en definitiva en este acervo de horizontes que se ubican
en hileras, se disponen a imitar en su filtración la agreste opacidad
de los números de Loch (su incólume defensa), pero ya no es
necesario.
Reaccionan de inmediato viendo perfilar
al fin los guiones de una nueva y ya
secular etapa. Y otra vez se corporiza en
INodCY su más indudable designio: inaca­
barse hasta donde no sea posible.

De todas maneras, la atención se concentra ahora sobre el vaivén
que esmalta veletas de tiza, recatadas para incoar partículas y sin
advertir a tiempo el disloque de sus sombras. No obstante y a
condición de infligir el equilibrio de su propia entidad, pretenden
asimilar esta marcha no habituada, logrando así afirmar un eslabón
aún en su escueta abreviatura.
Si logran alcanzar las hendiduras y orillar el giro de voces en des­
cubierto, tal vez consigan erguirse en este señuelo de Loch, tal
como el aire en su lucha cayendo por unidades. Sería preciso in­
terceptar los goznes que antes ya se habían insinuado. Quizá en­
tonces las chispas se empañen deprimidas y permitan la conjun­
ción de hojarascas en nudo, imprescindibles a este jalón agotador
que subrayan casi con parsimonia. Quizá entonces sobrepasen la

DIBUJO

ESTEBAN EITLER

�La danza
no - representativa

Surgimiento

Todos los bailes, del popular
Y folklórico hasta el baile ar­
tístico, del ballet hasta la dan­
za moderna, tenían su esencia
en la belleza del cuerpo. Los
medios de expresión eran el
cuerpo y sus movimientos, que
lógicamente poseen una signi­
ficación en la medida en la
cual estilizan, representan o
simbolizan algo.
En mi tratado expongo que la
danza y coreografía pueden
ser y son en esencia radical­
mente distintos. De ahí que
ninguna forma, ningún movi­
miento tengan algún significa­
do en las distintas creaciones.
Como el "do" o el "mi" de la
gama musical, los movimien­
tos en la danza son no-figura­
tivos.

Destino del logos

Evidentemente, la materia pri­
ma es, como se entiende, el
cuerpo humano. Pero en la
invención co reo gráfica este
cuerpo sólo tiene una inten­
ción autónoma y transmisora.
Los movimientos del cuerpo se
integran y se concretan en
una obra de plasticidad y lle­
gan a poseer un contenido
sólo cuando realizan una crea­
ción espacial dinámica.
Es menester liberar la expre­
sión en el baile y la narración
con figuras y gestos. Así el
baile se hace supra-sensual,
antialegórico y abstracto.

Canción nocturna

MASAMI
KUNI
Entre cielo y tierra

�&lt;
cc
e
D
O
w
w

O
D
PQ

Q

cc
O
O
ce
E-

�TREMOLAR

REPENTIZO N“ 7
i

SI HUBIERA SIDO UN IMPACTO
SE AGOLPARIA EN LOS HUMOS
Y EMPASTARIA LA CONMOCION

Premiosas loas d¡ue husmean
'Más allá allá
M ilivares m icroscópicos
O bleas sedientas que me buscan
Para que el oficio se historie por cláusulas
O para m erodear el gesto ya ubérrimo
y retornar a mi propia oquedad
M ítica raíz mítica

PARA REHACER EL RESORTE
INCLINANDOSE HASTA VENCER.
ASI

SUSPENDIDO

ES

ACICATE

SOBRE ESTRIDENTES PIELES
BASTANDO CON FORZAR LA

Breve es mi sinónimo
V otivo saliente
M odulado

SANGRE

HERIDA EN EL ESTUPOR
PARA SOFOCARLE.

'No importa la torpeza ventral en que m e ubicas
Una tregua sin prólogos m e arrebata

QUIZAS FUERAN TORRENTES VOLCADOS

II

SOBRE TODO AQUELLO
IMPREGNADO EN EL DELIRIO

M e refiero
y entonces avanzo en multitud
Entonces mil asteriscos tantean tu custodia
A sabiendas
Acuñando límites caídos
Casi sin utilidad

QUE HOY ALCANZA
Y DE PASO, TUS COMETIDOS
SERAN UN AMARGO SOBRECOGIDO
TOTALMENTE CUBIERTO
FINGIENDO

HUNDIRLO

PROYECTANDO

TODO

SOMBRAS

OTRA

EN UN BRINCO

ALLI

CUANDO TODO CALLE
OTRO TACTO SIMILAR SE

DEBAJO.

ENERVARA

CRUELDAD EN VIOLAR

EN LO QUE

III

AL FIN QUEDE

EL INCENTIVO
DESGARRADO.

O UN ESPASMO INMENSO
QUE AL RETORNAR ALCANZARA CON
LUEGO

SE

FILO

APAGARA

ENTORNANDOSE
EN EL ECO
PASO

SU

MUY

LEJOS

MAGICO

DE

SUS

LATIDOS.

ASI

SE

HACIENDO TRIZAS

V

EXPANDE
LOS

CONTACTOS

POR ACLAMACION SONICA
PARA QUE SU PEQUEÑA SOMBRA
EMERGIERA

DE

LA AMPOLLA

VI

AGITANDO EL TREMOLAR CON ESPANTO.

‘J o d o para esta terquedad casi desierta

LUEGO EL CONTINUO
BAÑANDO EL AZUL

ALETEAR

DENTRO Y FUERA ES

TRANSPARENCIA DEL TUMULTO

VACIO

O TEMOR DE HACER DE LA VERTIENTE UN NUDO ALLI
[RECLINADO
SIN TENTAR SIQUIERA EL CHOQUE TOTALMENTE
Y EXUDAR EL CRISTAL
CONFINADO
VIENDOLE

A

SU

CRISPAR

ENGENDRO
SUS

NERVIOS

VOMITANDO EL ESTAMPIDO
DEL FRIO ESTUPOR.
SERA

EL REGOCIJO

EXPOLEANDO
VALDO

DEL

WELLINGTON

EN

DESENCAJADOS

[VOLEOS DE SOPORES

VERTIGO

LA INVISIBLE

IV

M e permito
A lam bicar diferencias d e orb e
En agrietada rem oción
Mientras m e fustigan las amarras
D e esta nervadura cjue y o hurlo
M ientras paladeo horizontes
y se juntan m enos m enos futuros
A vacilar por duplos
M e habitúo
M e som eto a esta custodia d e actuales
Q ue zafran napas por venir
A tu ejem plo d e área diagram ada
A este llam ado alisio tan creíble
Com o mi paso retenido
En cruza de ponientes

A PASO

UN GRITO

Para la intuición usual
Para interrogar mi esc]uema
R epentizo con simetría
Un material tan evidente cjue tío necesita dimensión
lin a talla temporal
y este perfecto realce halagado

SOLEDAD

DEL

AUGUR.

�Hoy hablemos
ile crear nuevas realidades
Es cierto, el milagro es posible si puedes olvidar que
has estado preso de una falsa verdad.
Asómbrate de saber esto, si has imitado, representado,
copiado o te has hundido en el opio del romanticismo
o el subconsciente ha cercado con su sombra la libertad
esencial de tus ideas, te encuentras en el callejón sin sa­
lida de una sociedad decadente, reaccionaria y falsamen­
te orientada en la contemplación de sus mezquinos in­
tereses.
Lo desconocido, la aventura te ha estado aguardando,
para que con el poder de tu mente le reveles; esta in­
quietud ha vivido en ti desde la niñez e inclusive ha
sido para tu mundo de una profunda sinceridad y de
una gran riqueza.
Toda expresión, todo símbolo actúa inhibiendo la fuer­
za viva de las ideas, para deformarlas y despojarlas de
su pureza. ¿Por qué el veneno hipócrita del sentimen­
talismo o la decadente lamentación han de paralizar la
iniciativa de la inteligencia? ¿N o crees tú que el hombre,
la humanidad está conmovida por algo verdaderamente
humano, como es, nada menos, que el dominio de las
fuerzas naturales, de los recursos, de la conquista del
bien y la estructuración de un mundo justo y feliz?
Piensa en lo ridículo del individualismo, del lamento
frente a las audaces empresas que el hombre ha em­
prendido. ¿Cómo puedes creer honestamente en el bru­
tal atropello que cometen los falsos artistas, agitando
el negro estandarte de la muerte y la tristeza? ¿N o sien­
tes deseos de gritar bien alto ¡Abajo! la mentira reac­
cionaria de los enfermizos y llorones?
Nosotros estamos en contra de la melancolía, de la tris­
teza derrotista, de la exaltación de la muerte; nosotros
queremos una poesía, una literatura, un arte vivo y ju­
biloso que refleje salud física y mental y una voluntad
constructiva y creadora.
Yo te convoco, lejano o cercano camarada artista, en
este mensaje lanzado a tu conciencia; alégrate de saber
que nos hemos encontrado en el avasallante ritmo de
esta época nueva de conquista, de invención en todos
los aspectos del conocimiento y del trabajo. Reúne tus
fuerzas a las nuestras y levanta la consigna de madí:
' invención ordenada dentro de una construcción inte­

lectual”.
Nosotros hablamos desde la vanguardia, donde los hom­
bres audaces se han reunido para irrumpir en la histo­
ria, por sus ideas nuevas en todos los aspectos de la
actividad humana. Nosotros entendemos que no es po­
sible detenerse, porque tal cosa representa una regre­
sión : nosotros consideramos que todo el proceso histórico-social ha sufrido grandes y revolucionarios cambios,
estando el arte ampliamente ligado a estos cambios; por
lo tanto la batalla se libra en todos los frentes. Los ar­
tistas madís combaten por un arte constructivo, vital,
progresista, por el triunfo de la inteligencia y de la
cultura, junto a las inmensas legiones que están luchando
por la consagración de los más nobles ideales humanos.

VALDO

WELLINGTOin

�PINTURA

VISTAS

DELMONTE

PARCIALES

VISTAS PARCIALES DE LA EXPOSICION
REALIZADA

POR

S.

DARIE

NELLY ESQUIVEL

Las Estructuras Pictóricas que presento fue­
ron plasmadas bajo una hipótesis de trabajo
e ilustran mis ¡deas, dominadas por las si­
guientes características:
Iniciar la división del rectángulo por medio
de la diagonal, obteniendo la forma-cuadro
elemental del triángulo.
La variación de los triángulos como formacuadro en un espacio continuo, de aspecto

dramático-sorprendente.
El aspecto estructural espacial organizado
bajo un ritmo ortogonal con elementos agre­
gados (coordinadas rectilíneas planas) que
componen y sugieren la prolongación de!
plano allá donde no es posible imaginar el
fin . . . al infinito.
La visión de estas estructuras, evoca una
belleza de ritmo arquitectónico, correspon­
diendo a la voluntad formal de la época,
imponiendo la armonía directa de la poesía
Dura, como manifestación espiritual y cons­
tructiva.
Es sabido que la linea horizontal es una
linea de tensión, y la vertical una línea de
sereno equilibrio.
La emoción intuitiva de la proporción de
estas estructuras está expresada por perpen­
diculares en variadísimas formas.
He trabajado sobre la descomposición arm ó­
nica del rectángulo de la sección dorada,
organizando el
espacio - super­
ficie frontal y
lateral, respe­
tando la bidintensionalidad
y obten ien d o
la modulación
del volumen.

�Lo que demarca el concepto de una continuación locomotiva sin
fin, es el intento físico de derivar la imaginación a un diagra­
ma mental.

Hay más saturación de horizonte en lo que cabe de infinito
que asidero o conciencia de lo lógico.

Frente a la actual situación de la grafía o la imagen, su dicción
total, sentimental o cogitacional, cabe preguntarnos si la propen­
sión tenaz del ser hacia la aventura absoluta no alterará inclu­
sive la composición de los elementos.

Cuando nuestra conciencia toma contacto con la cosa, ya es fe­
nómeno volitivo: sólo mi sentido de su presencia lo inmuniza
contra el acto interferido.

El transcurso primigenio de la invención es un caos espontáneo
y definido.

Toda sustracción de infinito es eternizarse, pero sintéticam ente...

No tenemos la imagen figurativa del espacio-tiempo. Su natura­
leza es consubstancial a nosotros; no es reveladora; es.

M

A D I G R A F I A S

Hay más testimonio de unanimidad en el consentimiento que se
da al restituir el objeto al lugar más impreciso, que el de creer

. . . em pecem os desde cero, pero el cero,

siem pre lo supimos, es un resorte.

que hay un lugar que se puede blandir como necesaria ade­
cuación.

Seamos claros, es un rumor que cunde por toda la tierra. De­
¿Descripción? ¿Inscripción? ¿Valor de conocimiento que se exalta
o desenlace elemental de la realidad? Toda realidad empieza

jemos márgenes olvidados, sino ¿qué reservaremos para el co­
nocimiento?

por una afirmación posexistente.
r

Después de todo, entre el sujeto y el ser ha primado más instancia
vivencial que la objeción a la nada.

La posteridad es un reactivo que es innecesario para quienes
maquinan nuevos mitos, no el propio. Por otra parte, toda po­
sición direccional hacia la posteridad es falsa. Es la cáscara des­
niveladora que ilustra un vacío.

Lo maravilloso es lo que se nos desvía de nuestros planes y
entra a formar parte de lo cotidiano.

El esencialismo de madinemsor
deja constancia de sus aportes,

En un sentido, la "sensibilidad" de una máquina tiene aliento de

mediatamente construye vías pa­

vida. Aproximemos, por ejemplo, un ventilador frente a un radar.

ra su desaparición que a su vez

Hay conjunción de demasiada proximidad, i“Nacen" anécdotas

promueven otras

de aire!

inmediata.

de aparición

�(LEYENDA DEL PERIODO)

Con anterioridad a la recolección de continentes y al alcance de su labor, atraviesa Silhanto, la raza inédita.
Para lograr establecer contacto con su normal aparición, tengo que rechazar la prolongación y el séquito de
formas que nos atan al recuerdo. Esta afirmación no impide todo un sistema de pruebas finales que van a
dar en Rubilaci y su empecinada búsqueda.
Al sud, en un estado próximo al suelo, ajenos a toda actitud, torrentes de burbujas cubren la retirada del eclipse.
A! norte, el área detenida por su propia sensibilidad consigue su objetivo. Del este no se sabe nada. Sólo la
célebre inclinación lucha por su ola.
Al oeste, Reenah alude a la estrategia de la atmósfera, alude a los alicientes algodonosos, a las intenciones
veniales o líquidas, los flancos defensivos y a la protección habitual de la materia.
El sudoeste es sólo sud. En este período descriptivo, sobre la lucha por la posesión de los vestigios natura­
les de flotación, Dipgio agrega su ordenada planicie interior. Dipgio vigila que no invada la forma real,
la hazaña de Silhanto que después de utilizar el vehículo geométrico — ondas de flexibilidad casi circu­
lares —, dispuso armonizar condistantemente su esencia. Lo que sigue de este alto en la imagen, Y Qá lo
acciona cercenando todo material que prive de su unisonidad al contrasentido.
Este material puede ser un diálogo y también el detector para Silhanto. Para birlar este instrumento a prueba
de ideas, de sentido, sean matemáticas o geométricas, ocultas por la confabulación de Rubilaci y Dipgio en
un arranque de entusiasmo, se necesita otra encuesta espacial, otra desaparecida herrumbre.
Pero no hace falta que Silhanto comience a surtir de objetos su período. Todo está para que así ocurra, libre
de bases. Para Silhanto que viva a Y Qá en los momentos menos apremiantes, no se arremolinan los contornos.
Pero no se engañe Silhanto al imaginar. Su mutabilidad desciende a efectos más profundos para la masa
de volumen. Ésta no lo oculta, más bien coadjetiva su periferia con esa ligereza que sólo a nosotros se
nos representa.
¿Debo aplicar la catarsis a sus deseos? ¿No es preferible redondear su opción por el tiempo y no por el ser?
Silhanto se detiene a sistematizar la vigilancia que ejerzo , sobre él y también este turno:
"Esta vez — con las rutas arrasadas —, con el rodeo de que está impregnado, asciende Y Qá a una sola
dimensión para poder desembarazarse de todo mito. Esto no conviene a Rubilaci. En primer término, porque
se distrae de su historia y este ruido beneficia las flaquezas métricas y la imposibilidad casi ambiental para
su corriente. Éstas, sus iras de Rubilaci, fueron desplegadas orgullosamente, ante el mineral. Y Qá no se
rindió sobre el término de vehículos tripulados a tanta profecía.
No se rindió porque no obtuvo el filo de adyacencia necesario para compartirlo con algo. Y en caso que
Silhanto hubiese intervenido en su favor, faltaba la ingente opinión de Reenah y Dipgio. Si ocurriera que
la pregunta absurda de aclarar la enigmática rendición se verificase, Y Qá estaría perdido. No podía imaginar
que Silhanto necesite de contrapesos. Estamos agrediendo al espectro solar. Y acto seguido dió con la clave,
al obtener incondicionalmente la reapertura de los turnos de Y Qá. La inscripción sobre su tregua alarga
aún más la contradicción sobre la presunta negativa de Dipgio.
La circunstancia estaba echada. Tanto Dipgio como Rubilaci detendrían la misteriosa reaparición. La reapa­
rición de Silhanto no era de hecho. La presencia de estas grandes fracciones de tiempo sin entrenar se
explica así: Y Qá no entrega sus turnos a pesar que Rubilaci ostenta la verdad de las aleaciones.
Dipgio, que secunda el período para la formulación-leyenda, cree que se adopta una actitud justamente
para bien de él. Reenah (advierte el peligro) duda en comunicar a Silhanto sus temores. Y casi aprovecha
esta empalizada para ocultar la gestación del período consecutivo de Silhanto y dar para su triunfo el
estar por fracciones.

�A

p r o p ó

El cubismo, al abolir la representación naturalista en
sus tem as, planteó la revisión del concepto que im­
pulsó a

los pintores de todas las épocas

a

ence­

rrar el cuadro dentro de un m arco regular, la "ven­
ta n a " desde la cual, aparentem ente, se ve el mundo.
En el año

1941, intenté la solución de este proble­

m a, que el cubismo no había resuelto (a pesar de
las

experiencias

de

Marcoussis).

Los

dos

aspectos

que se planteaban en este caso eran: si debía de
haber

una

tem ática
debía
PINTURA

relación

y

el

de

inmediata

contorno, o

continuar

con

entre

si por
la

la

el

relación

estructura

contrario,

se

m ediata

del

tem a con el contorno a través de “fondos", porque
si bien el fondo, en la pintura

prescindible p ara

crear la ilusión de espacio, siempre

una

continuidad, es decir, que da un fragmento del tema, nunca la totalidad de él; de

solución de

esto surgía
debía

que la

pintura,

de ser resuelta

recortar

el

m arco,

al dejar

como una

que

de

un

ser representativa,

unidad

p arecía

es

total, y

satisfacer

de

plenam ente

elemento

p ara

ninguna
este

que

naturalista es im­

encarar

m anera

concepto,

crea

la

en

la

creación

de

fragm entarla.

La

porque

una

crea

composición

entidades,

solución

fué

composición

discontinua.
Estas

primeras

experiencias

las

expuse

en

el Ateneo de Montevideo, en el año

te estas búsquedas fueron docum entadas en el N? 1 del año
AI formarse

el grupo

"ARTE

CONCRETO

1943, y teóricam en­

1944 de la revista "ARTURO".

INVENCION", estas experiencias pasan

a formar el cuerpo

de doctrina del mismo. Más tarde, el grupo se divide por la exclusión de algunos de sus integran­
tes, que han de perm anecer utilizando la misma
tral

del movimiento

toma

el nombre

de

denominación, y en lo que respecta al núcleo cen­

"MADI".

Desde Madí, este proceso evolutivo sigue su curso, y se analizan y fundamentan dos tipos de pintu­
ras en razón de su construcción, y se caracterizan por su m arco; ellas son: de m arco recortado y de
m arco

estructurado;

en el sentido

traversión, es decir se
¡

ha

de

que

en

el m arco recortado se ha seguido un proceso de in­

tomado un polilátero y se lo ha dividido (forma fraccionada) o simplemente

�d el

s i t o

m a r e o

se lo ha recortado sobre la base de un polilátero regular fraccionado; en este caso, la forma resul­
tante siempre gu arda memoria de la forma en que se

generó,

porque

continuando

las

líneas

funda­

mentales de aquella, se puede reconstruir el polilátero regular en que fué concebido. En el caso del
m arco estructurado, el procedimiento es inverso, o sea de extraversión, se han compuesto los poliláteros partiendo de un centro o varios (formas com puestas).
De esto se desprende que en la pintura de m arco recortado, al ser éste, en la casi totalidad de los
casos, la única forma cread a conscientemente adquiere una importancia fundamental,
.i( " i

en

detrimento

de

la composición de la pintura, que se reduce a una
serie de casilleros, logrados por el trazado de líneas
entre puntos del perímetro, y por lo tanto sin tema
plástico, o bien, cuando lo tiene, entonces es n ece­
sario recurrir a formas de relleno (fondos) p ara cu­
brir los espacios que median entre el tema propia­
mente dicho y el m arco, mientras que en la pintura
de marco estructurado, este es el resultado final de
un proceso de desarrollo y composición de un tem a
plástico estricto, no necesitando en ningún caso de
elementos ajenos a sí, p ara su normal estructuración.

He aquí las razones que dieron origen al surgimien­
to de lqs nuevos conceptos, que sostienen, apoyados
por

razones

dialécticas

y

científicas,

estas

teorías,

contra los viejos métodos, dando lugar al surgimiento
de infinitas perspectivas p ara el futuro de la pintura.

PINTURA

�genio, para con el

U REVELAC10S

za

viva

misterio de su fuer­

confundir irremediablemente la

realidad, pero, era Suarí, el fulgor y el
auge de un fin en la breve sustentación
de Sáldor y él quedó a merced, para hun­
dirse

definitivamente

en

la

aclamación

del endeble juego que le sustentaba, en

cuento

tanto que Aluar, en un absurdo intento,
pretendía vanamente violentar la unidad
del espectro.
Volvía en sí con la luz, y apenas el golpe

totalidad encendida. El eco de la voz per­

alcanzaba a tomarle entre el resplandor y

petua hacía vibrar los tonos descompo­

el auge cuando ya Aluar se encumbraba

niendo la inmensa sombra, cuando ya la

en aquella suprema intensidad de la vio­

tentación de descender con la propia vida

lencia. En cada una de las fases resurgía

para despojarle a cambio del latido provo­

o se ocultaba en el fragor de la impunidad

caba el derrumbe de las moles preciosas

haciéndose traslúcido, y de ello sus com­

en la apertura del

ponentes para el choque de múltiples reali­

haz.

dades en una eternidad que le aclamaba
victorioso.

Aluar i n t e n t ó er­
guirse

una y

vez
Así habían marchado perdidos, casi derri­
bados, hasta que las chispas se abatieron
en el espeso oleaje y la intimidad quedó
estupefacta.

contra

otra
todo

aquello, penosamen­
te en lo raro del ai­
re, hasta que el in­
finito centro de gra­
vitación se desplo­

Entretanto, hay un Suarí perdido irreme­
diablemente por aquella trascendencia fatal

mó,

arrojando

to­

rrentes de despren­

de trastornar la magia del espacio, penetrar­

dimientos que viaja­

le, aun estando pendiente la risueña burla

ron liberados, inva­

de Aluar, jugando en el destino simultá­

diendo

neo que acontece, evocando todo lo pe­

fosforecente.

queño, lo acurrucado, todo lo que él mis­

es t e

mo aplastó definitivamente en los huecos

asombroso se rego­

insostenibles, descubriendo el esplendor del

cijaba Suarí some­

triunfo impenetrable, teóricamente invisi­

tiendo

ble de poder y de belleza. Aluar intentó

juego el caos a su

ocultar el milagro de aquella realidad, pero

relatividad, así fué

Suarí era niño en la evolución del signo;

como quedó visible

alentó su apenas perceptible irrupción con

para Aluar, a tra­

infantil capricho hasta que una conflagra­

vés de las cortinas

ción de energía, surgiendo de pronto del

de gas brillante, el

esplendor del color y el sonido, hizo con­

gran

tacto en la luz de las gigantescas agujas,

ser forjado en el ín­

desde donde actuaba Saldor contra toda

timo deseo de aislar

dimensión, contra todo tiempo o ley, su

el portentoso ínfimo,

constantemente creciente resplandor inva­

evadirle de la pro­

diendo la zona, Alea era penumbra en la

porción y liberar su

el

líquido
Con

e s pe c t á c ul o

por

me r o

Saldor, aquel

VALDO
WELLINGTON

�CARTA ABIERTA
de H. J. K O E L L R E U T T E R
Estimado Kosice:
Durante mucho tiempo siguieron resonando en mí las discusio­
nes que tuvimos en Buenos Aires y, principalmente, su crítica
severa e implacable a nuestra música, la dodecatónica, la cual
desearía liberada de cualquier forma de concepción y composi­
ción antiguas, reintegrada en su íunción de arte autónomo y humanizador, ya que la invención es la más importante calidad
inherente al hombre. Lo que su audaz y heroico grupo idealiza
y procura realizar en sus trabajos, la INVENCION INTEGRAL de
la'obra artística, he ahí lo que también me parece el fundamento
para una nueva realidad en el arte.
Desde que una mayoría de compositores dodecatonistas, so pre­
texto de "consolidación" y "tradición", trata de reconducir la mú­
sica hacia fórmulas y normas que caracterizaban el arte del pa­
sado, asumiendo así una actitud de reacción negativa frente a
la revolución schoenberguiana, me preocupé seriamente con ese
problema. Es que esos compositores olvidan que "consolidación"
y "tradición" implican un proceso de creación, el cual, por su
lado, obedece a una necesidad humana y no resulta de una ac­
titud, y encierra aquí un sentido de asimilación científica y de
continuidad inventiva. Y crear no es otra cosa que inventar.
Fueron Schoenberg y, principalmente, su gran discípulo Antón
Webern, quienes abrieron los horizontes, derribaron prejuicios y
crearon, en música, las condiciones que permiten la realización
de aquello que Ud., estimado Kosice, preconiza y yo tanto deseo
para el arte: UN ESTADO PRIMARIO DE ESENCIA, que posibili­
te la creación de un arte nuevo, profundamente enraizado en el
pensar y sentir del hombre contemporáneo, la verdadera expre­
sión de nuestra época.
Con gran interés le oí hablar de los principios que orientan el
trabajo del grupo: color y bidimensionalidad, "marco" recor­
tado e irregular, planos articulados con movimiento lineal, rota­
tivo y de traslación, en la pintura; tridimensionalidad con mo­
vimientos convertibles de articulación y rotación, en la escultura;
ambiente y formas movibles, desplazables, en la arquitectura;
proposición inventada, conceptos e imágenes no traducibles por
otro medio a no ser el lenguaje, en la poesía; personaje y acción
en lugar y tiempo totalmente inventados, en la novela y en los
cuentos; cuerpo y movimiento circunscripto a un ambiente me­
dido, sin música, en la danza; y finalmente: escenografía movi­
ble, diálogo inventado, en el teatro. No olvidé sus palabras res­
pecto a un arte cinético, móvil y dinámico, resultado de un pro­
ceso imaginativo, cerebral, una organización científica, realista, y
una presencia estética sin demostraciones. Y todo eso se resumió
en sus palabras, tan ingenuas y tan grandes, al mismo tiempo:
No buscamos el parecido con nada".

¡Qué mundo bello, rico de posibilidades! Esas, sus palabras,
tienen el sentido de un manifiesto: son las palabras de un hom­
bre que participa en la construcción de un mundo nuevo y que
defiende la vida contra los que planean la muerte.
No dudo de que ningún arte sería tan capaz de realizar las
ideas expuestas por Ud. como la música, arte científico, cinético
y abstracto por esencia. Música sin contrapunto, sin armonía,
sin tema e imitación, sin tonalidad y cadencia. Música viva, mú­
sica auténtica, música Madí.
Es verdad. Con el advenimiento del atonalismo y del dodecatonismo, nos aproximamos mucho a la realización de esos pro­
pósitos, sin alcanzarlos, sin embargo. La ausencia de un elemento
que, por un lado, realizase, EN SU TOTALIDAD, la fórmula:

�Solamente el empleo de estas series, altamente cualificadas, per­
mite la realización total de la fórmula:
1 2 _______12

1 : V 2 :

V 22' . . .

o sea el principio cromático-atonal, abriendo así el camino para
la creación de un estilo que corresponde en música a los prin­
cipios estéticos preconizados por ustedes, en otras artes.
Siempre comprendí perfectamente el alto valor de esas series. No
recurrí, sin embargo, en mis trabajos, a su empleo sistemático,
porque, a pesar de las pesquisas de varios matemáticos, se des­
conocía aún un procedimiento para calcularlas. Las series cono­
cidas encontradas por Schoenberg, Krenek, Klein o por mí, fue­
ron casuales o el resultado de continuos experimentos.
Preocupado por ese problema, hablé al respecto con el mate­
mático Omar Catunda, profesor catedrático de la Facultad Na­
cional de Filosofía en Sao Paulo, el cual, finalmente, después
de innumerables estudios, consiguió encontrar el procedimiento
buscado por mí.
El problema fué planteado de la siguiente manera: los 11 posi­
bles intervalos deberían ser colocados en línea de modo a ob­
tener una escala sin notas repetidas, esto es, que diferían de
una o más octavas. Tomando el medio tono como unidad, de­
bería hallarse una permuta o disposición en línea de los núme­
ros 1 al 11, de tal manera que ninguna suma de números colo­
cados consecutivamente fuese 12 o un múltiplo de 12.
El procedimiento más fácil de calcular tal serie de intervalos es
el de sumar los números desde el principio y sacar los 12, como
se hace en la operación elemental de "fuera-nueve'', que se
emplea en la prueba de los nueve. Las sumas, con "fuera-doce",
se ponen debajo de cada número. La permuta es admisible, si
todos esos números fueran diferentes; pues, son esos números
que corresponden a las 12 notas de la escala.
Importante me parece el hecho de que el trítono (intervalo de
seis semitonos) ocupe un lugar especialísimo en la serie; pues
ese intervalo — esencialmente amorfo y móvil, por lo demás —
no aparece apenas como uno de los 11 consecutivos, sino que
también surge entre el l9 y el 12? sonido de cualquiera de las
series panintervalares.

Y ahora, estimado Kosice, en base a esas nuevas relaciones
entre los sonidos, orden garantizado por la serie panintervalár,
me parece posible la creación de un ESTILO MADI en Música.
La música compuesta con una de esas series demuestra, a pesar
de toda la perfección estructural, algo de inestable y fragmen­
tario. Además, los principios de inversión y de recurrencia de
la serie parecen anular el tiempo. ¿No recuerda eso la Teoría
de la Relatividad? Es en la aparente anulación del tiempo que
consiste una de las características más importantes de ese estilo,
que es esencialmente dialéctico y aparece como el resultado de
la lucha solitaria del individuo contra el implacable desaparecer
en la nada de la marcha del tiempo. En eso, así como en el
carácter fragmentario — que se presenta en el hábito de todos
los detalles y en su consecuencia constructiva— en la inestabi­
lidad y en el carácter cinético de la obra consiste la propia
expresión y el alto grado de veracidad de ese estilo.
MADI COMO ESTILO ESENCIAL DE LA NUEVA
MUSICA: RENUNCIA AL CONTRAPUNTO ARMONICO
lo que, en pintura, corresponde a la bidemensionalidad, al abandono de la perspectiva y al movimiento
lineal; ORGANIZACION CIENTIFICA REPRESENTADA
POR LA FORMULA:
12 ______ 12

1 : V 2 ':

_ ______

V 22 . . .

PRINCIPIO DE VARIACION PERMANENTE como base
de la nueva forma, substituyendo la antigua preesta­
blecida y sus elementos intrínsecos;
lo que equivale, en pintura, a los conceptos de "marco''
recortado e irregular, de los planos móviles de articu­
lación y traslación;
en fin:
ESTILO DE RECOMIENZO,
CONCEPTO DE INVENCION Y CREACION DE ACTOS
Y ELEMENTOS ESENCIALES.
Estimado Kosice: he aquí lo que quería escribirle. Me detengo.
Sean estas líneas el comienzo de una colaboración estrecha y
eficiente en el sentido de crear un arte libre e independiente
como expresión del orden y de la ley.

Teresópolis, agosto 1950 Brasil

Traducción de ANA RIVAS

�COMPOSICION

PLANOS

PINTURA

BRESLER

ARTICULADOS

DIBUJO

HAYAS

�A U T O R E S

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L I B R OS

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mrn
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�tion before the other beauty expressions, spurious elements become- allied. So, included in the non-figuration, the intermediary
action of automatism, intuitionism, ingenous non-figuration, etc.,
is observed.
So, to delineóte the artist in the simple filliation of non-figurative
art does not presupposes his subsequent transcendency although
it affords isolately valúes of reference (Mondrian, Kandinsky, Gropius, Pevsner, etc.).
Heretofore the stages prior to Madí, synthetically, hereafter Madí.
We, Madists, do not look for the resemblance with anything.
We augúrate the invention of a new kinetic geometry. The kinetic architecture, sculpture and painting. A saggital composition,
an structure without connection prevailing as a total autonomy.
A poem is not a succession of images transformable in news.
Several valúes of the invented proposition and the puré image
in the poem, articulation, rotation, directed displacement of the
dwelling and the object, irregular plans and movable plans in
painting.
An imaginative, cerebral procesa
a scientific realistic ordaining,
i

an aesthetic presence without demonstrations.
Madí proves the prolongation of his trajectory to other continuous
of geographical slinging (efficient entities that aim to the sidereal world!).
Madí proclaims his recommencement style, his concept of inven­
tion and creation of acts and essential objects.
Only a dialectical interpretation of the history oí art affords the
indispensable prolegomena to sitúate and understand the divers
artistic manifestations. Passing ihrough the first stages of the
cultural development up to our davs aesthetic manufacture has
depended upon the conditions set in by each time.
On enfranchising alrectdy a whole cycle wi'th the decomposition
of impressionism, the phenomenon of expressionism (source of
the modern art) appears simultaneously with the "fauves".
P

The expressionism as well as the cubism is a deformation of the
reality, but the cubism — gecmetry making, law of frontality —
is already supported by elements contributed by the industrial
civilization.
The dadaism is the outlet of the first experiences. It tergiversates
and confounds the aesthetic positions that the cubism and futurism added to the spiritual excitement of the present moment,
favour.
Surrealism with its hybrid base, metaphysic and idealist applies
to the subconscious to the literary and astonishment purification
to settle an aesthetics that attemped to dim man's conscience.

With the concrete art and by extensión to every form of abstractionism, constructivism, suprematism, neoplasticism — the great
period of the non-figuration is begun.
But the concrete art remains still blocked up by the constant
stratification that comes from clauses and rules of the ancient art.
Along with the insurgency of the forces that free the non-figura­

Mqdí is the art of our time.

�The irregular frame, the articúlate painting, the liberal
shape and colour: sculpture with articúlate, lineal,
displaced and directed movement are inventions oí
madinemsor.

The physical space may be quite diíferent írom the
representation we have of it by means of our direct
visual and muscular experiences.
We say:
Space is measured in depth.
None of the prior to madi schools has stopped before
the following axiom that this threefold are endoses.
Distance - Speed - Movement.
The area and the spacial depth can be measured.
Mystery does not exist.
Up to the present the wall, intermediary of painting.
From madí, colour and anecdote in kinetic, aerial plans.
Sculpture of remóte control.
Invented poétical images that go beyond all configuration.
Against the staticsm of the abstract — concrete art.
Against the discursive literature.
Invention and style of recommencement madí.

Painting: Outlined and irregular frame, liberal plans

and colour, articulation, translation.
Poetry: Invented concept, image and proposition, puré

happening, graphically untranslatable or by extralinguistic means.
Music: Strict relations with the panintervalar series.
Organizations of sounds by the formula:
12_____ 12________
1 : V 2 : V 22 . . .

Principie of permanent variation.
No harmonio counterpoint.
Sculpture: Whole solids with a rotation movement,
displaced or directed, functional boundary line,
spacial objeets.
Architecture: Movable dwelling.
Kinetic form and atmosphere.
Novel and Story: Character, action and dialogue in
place and time quite invented.
ESCULTURA

GYUL A
KOSICE

�A Q U E L A R _____________________
Aquelar defen dido com o una com paración
dentro y fuera
pero más fuera de la saña
más cristal desdibujado en el rom piente
acaso destello del suelo
y simple oficio d e ser
D esde su arranque en la ternura misma
desde don de brota acjuelar
es paréntesis d e arom a
para mí es cantidad de sorpresa inminente
desban dada d e precisas velas
duro ángulo m om ento en cjue la luz no es un bello fruto
acjuelar es asom arse
ponerse en peligrosa vecindad con cosas muy conocidas
con la salvedad de cjue sean propicias
cjue estén engolfados en un resplandor más
com o consecuencia de su visión explicable
D esencadenarse en acjuelar o estar en él
— para ese entonces en su leve conjunto —
es desm enuzar su albor
com parar una escapatoria sin som bra
con el más portentoso despliegue d e mirajes
maquinar su nave sin festejos
blandir entre tanto algo que pudiera arraigar
en fértil exhibición
que entrechocan con un signo reconstruido
sobre el que .se aferra el núcleo de su humedad
a piel de apresurado gorjeo
Conciliar su m em orable acom etida
contra toda resistencia alucinante
aquelar está enm arcando a cántaros su elevación inexpresable
aunque estem os por palpar su contorno de bólido torrencial
que m ilagrosamente y sin esperarlo cae a plom o
KOSICE

VISION!

30 5 50
|

|

._____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

pero es preciso asomarse a esta imagen retenida
animado de esta luminosa diferencia
que de tan visible pasa desapercibida
en el exterior
como una condición de mucha plaza
no se inauguran tantas nubes figuradas
no se escapan del medio a que pertenecen para cubrirse
ni precaven al día de su inminencia
es preciso contemplar el tanteo del cielo y saberlo de memoria
envolviendo la ráfaga con otra más funcional
más irregular menos transparente
pues de esta protección más acorde con las cosas rodeadas
no se animan a demostrar su forma los objetos promovidos
ni otros de índole improvisada
que tienen su sentido en su humeante inestabilidad
¿qué importará entonces la incongruencia
si todo comienzo es entre nosotros otro renglón?
R. RASAS PET
r-

�Avec cette section qui inclue des collaborations spéciales pour Art Aludí”,
nous inaugurons un espace qui se pro­
pose refléter la vitalité des plastiques
non-figuratifs de notre époque. Collégues d’Anglaterre, Argentine, Etats-Unis,
France, Hollande, Hongrie, Italie, Roumaine, Suéde, Suisse, Tchecoeslovaquie,
Uruguay et autres pays, se sont fait
écho de notre intention d’illustrer et
faire connaitre leurs oeuvres. Nul collaborateur est intégrant du movement
madinemsor. En des numéros succesifs
nous maintendrons cette section, pour
iaquelle nous acceptons les travaux, séléction preálable, des plastiques qui désirent prende part.

HILLA REBAY

La correspondance doit-étre adressée au
nom d ’Art Aludí, Esperanza 41, T ,
Buenos Aires.

ANDRE BLOC

ROLPH SCARLETT

RUDOLF BAUER

HENRY VALENSI

WALTER BODMER

JEANNE KOSNIK KLOSS

CESAR DOMELA

��p a r a a rte m adí

�A

Q

U

que recibimos viene precedido de un texto del
crítico W estherdal.

I
M

A

D

I

• Ha estado entre nosotros H. J. Koellreutter.
co/npositor e investigador de extraordinario re­
lieve en la música contemporánea de vanguar­
dia. Nos dejó a su paso por Buenos Aires una
visión amplia, esclarecedora diríamos, del por­
venir de la música dodecatónica.
Tres conferencias del musicólogo brasileño, la
primera en el Teatro del Pueblo, la segunda en
el auditorium del arquitecto Birabén y la última
en el Instituto de Arte Moderno, evidenciaron
un total dominio no sólo de la temática musical,
su función social, estética, etc., sino y también
una predisposición inventiva, escrutadora para
lograr nuevas conquistas en la audición de
sonidos.
Es así que después de debatir con algunos in­
tegrantes de madí sobre la posibilidad de crear
según nuestros lineamientos teóricos una música
esencial, el maestro H. J. Koellreutter ha logrado
descubrir leyes descomposición que se corres­
ponden con los postulados modistas. En la carta
abierta que se incluye en este número, detalla
de manera irrefutable sus investigaciones.
Va desde esta columna nuestro apoyo y mejor
estímulo al colega, que abre nuevas perspecti­
vas con su inestimable aporte.
• De Sao-Paulo (Brasil), Nininha Gregori nos
envía tres piezas musicales: Sacy Pereré, Cantffii y Allegro da Suit 1949, para flauta, violín
y viola. Reproducimos en estas páginas las dos
Piezas Madí para piano, 1950. Comprobar que
la música no se ha estancado, que ha roto con
todo preconcepto tradicional para liberarse y
fijar un nuevo decurso, un nuevo suceder musi­
cal madí, nos permite valorar en toda su mag­
nitud el trabajo de N. Gregori.
• En Esperanza 41 (2°), está habilitada, los
días sábados de 15 a 19 horas, una muestra
permanente madí.
• Gran actividad se registra en Toulon Serge
Vauraud junto con Tamari-Olive, J. Millet, Meiffert y otros artistas no-figurativos, forman un
grupo dinámico que desarrolla una intensa ac­
tividad. Prueba de ello fué la muestrA de obras
de los más importantes plásticos que integran
el último salón de "Réalités Nouvelles", y que
en esta oportunidad figuraron en la exposición
realizada en el atelier de S. Varaud, ^n Toulon.
• El movimiento madinemsor expuso sus obras
en París en la última exposición internacional
de 'Réalités Nouvelles". En su oportunidad fué
comentada en "Arts" por Pierre D escargues.
•

Recibimos el extraordinario libro dé A. Herbin, ''Art non-figuratif, non-objectif". En forma
exhaustiva desarrolla su teoría o estructura al­
fabética, donde cada plano coloreado represen­
ta una letra, en un planismo total, geométrico.
Adaran los conceptos expuestos la impresión
en colores de las distintas obras de Herbin.
• Tenemos la adhesión a nuestro movimiento
de Nikol Kasak, pintor que reside en Italia. Se
orienta en su última producción a realizaciones
pictóricas con marco irregular de gran calidad.
• José Julio, pintor español, expuso una serie
de trabajos en las islas Canarias. El catálogo

• Diyi Laañ se apresta a publicar un libro con
los cuentos de Inod, Cy, Loch, etc., algunos, de
los cuales ya han aparecido en sucesivos nú­
meros de ARTE MADI.
• Masami Kuni, coreógrafo, publicista y pintor
japonés que se ha adherido al movimiento madí
como miembro integrante, representa al grupo
en Tokio. En las páginas de este número van
trabajos de coreografía. En la próxima entrega
de la revista publicaremos sus obras pictóricas
y el esquema total y detallado de una de sus
coreografías.
• Recibimos de Zürich folletos de la exposición
conjunta de Pevsner, Vantongerloo y Max Bill,
con ilustraciones y textos de cada uno de ellos.
•

Nélida Fedullo expuso en Van Riel.

• Wilma Dustin realizó la exposición de sus
obras en la galería Müller. El catálogo va con
una presentación dé Enrique de Ezcurra.
•

a El periódico de información de la Asociación
Artística Internaciondl Independiente "Art Club”,
reseña en su última entrega toda la actividad
plástica e intelectual que realiza con colabora­
ciones de escritores, pintores y críticos de Italia
y otro spaíses. El comité directivo de Roma se
compone de: presidente, J. Jarem a; vicepresiden­
te, V. Guzzi y E. Prampolini, y consejeros, G.
Capogrossi, P. Fazzini, S. Hammar, L. Montanarini, M. Mafai y F. Pirandello.

• En la librería Age D'Or, en Roma, se expu­
sieron pinturas y collages de un grupo de plás­
ticos de Checoeslovaquia: J. Istlwr, J. Smetana,
Fr. Hudececk, K. Lhoták y K. Teiye. Simultánea­
mente a la muestra se presentó un libro de
A. M. Kipellino, "Historia de la poesía checa
contemporánea". En la misma librería se expuso
una serie de litografías originales de Prampolini,
Archipenko, Boccioni, Severini, Kandinsky, Chagall, etc.

Otano expuso igualmente en Müller.

c En la galería "Quai Voltaire", en París, han
expuesto jóvenes pintores italianos: Dal Monte,
Cagli, Afro, Vedova, Pizinato. etc.
• Para mediados de junio entrante se realiza­
rá en Montevideo una exposición internacional
madí que abarcará todas las disciplinas de la
escuela. Intervendrán, además del grupo fun­
dador .otros elementos que últimamente se han
adherido al movimiento.
• Próximamente saldrá a la circulación la re­
vista “Arte Madí" del Uruguay, dirigida por
Rothfuss, Wellington y Uricchio, con colabora­
ciones especiales.
• Ch. Portin, corresponsal madí en los países
nórdicos, nos informa de nuevas adhesiones al
Primer Congreso Internacional de arte no-figurativo, auspiciado por madinemsor. Inconvenientes
económicos y de táctica obstruccionista y más
aún dificultades de traslación de los delegados,
han obligado a postergar su realización.
• Sandú Darié, orientado hacia la geometrización y continuidad del marco, revela en sus
últimos trabajos que esa búsqueda por definirse
ha dejado un saldo muy interesante, no sólo
por la originalidad que traen consigo sino por
la clara manifestación de la personalidad de
este pintor, que reside en La Habana (Cuba).
• Está en circulación el N! 4 de "Contemporá­
nea". No queremos silenciar un poema de A.
Molemberg, de gran calidad, "Canto del medio
siglo"; van colaboraciones de Svanascini, Del
Prete, U ndurraga, Eitler, Bajarlia.

é

• De Milán nos llega catálogo de la exposi­
ción conjunta de A ccardi, Attardi y Sanfilippo,
realizada en la "Galería Bergamini". Viene pre­
cedido de un prólogo de Enrico Prampolini.

____

• En la galería de Arte Moderno de Bale ex­
puso sus obras J. Spiller.
• Kasak, desde Italia, nos informa en una nota
sobre el arte no figurativo en Milán. Dado el
espacio, sólo mencionaremos los nombres de
Munari. Monnet, Soldati, Rho, Reggiam i. Radice,
Dorfles, Veronesi, etc. La librería Salto, de Milán,

es el centro de actividad de este numeroso
grupo de .artistas y ya se han editado obras
de muchos de ellos.
• Valdo Wellington desarrolla intensa activi­
dad en Montevideo. Está en contacto con jóve­
nes escritores como J. L. Medeiros, M. Sánchez
y otros que esperamos intervengan en las pró­
ximas manifestaciones del movimiento madi­
nemsor.

• En la galería Colette Allendy se expusieron
obras, pinturas, monotipos y dibujos de Folmer.
A su vez, en la galería Du Siécle expuso sus
últimos trabajos la pintora Vezelay.
• "Zen 49" se denomina un grupo de artistas
formado en Alemania y que exponen en la ga­
lería Egon Gunter. Ha sido integrado por Baumeister, Winter, C avael, Fitz, G ergerg, Hempel

y Denninghoff.
• Nos llega de Estados Unidos, del museo noobjetivista y por intermedio de Hilla Rebay,
una serie de placas de celuloide en colores,
reproducción directa de obras de Xceron, Kan­
dinsky, Bauer, Rebay, Mondrian, Scarlet y Wolf.
Suman cincuenta y tres "Colour slides”. Este
material será oportunamente proyectado con
una disertación explicativa de Kosice.
• De Hilla Rebay nos llega también una muy
completa reproducción fotográfica de collages,
trabajos a los que se ha dedicado con in­
tensidad.
• En la galería Denise René, en París, se ex­
pusieron obras de Sophie Taeuber-Arp y Jean
Arp.

• El pintor V asarely expuso con gran suceso
sus obras en Copenhague.
o La revista "Art d'aujourd'hui" lleva adelante
sus propósitos iniciales de difundir las principa­
les manifestaciones de la no-figuración en todos
los órdenes, ampliando los medios de divulga­
ción en una labor de gran envergadura y
trascendencia.

• El pintor Bérard, que nos visitara hace poco,
expuso en Montevideo y posteriormente en el
Instituto de Arte Moderno, en Buenos Aires.
e La agrupación Nueva Música dedicó su
70- audición a la música dodecafónica, inclu­
yendo composiciones de Juan Carlos Paz, Schonberg, Miguel Gielen, entre otros.
• Grete Stern expuso fotografías en Amigos
del Libro, salón Kraft.

• De Amsterdam, Holanda, nos envía Vordemberge-G ildew art un folleto suyo aparecido re­
cientemente con texto de Will Grohmann, in­
cluso un reportaje.

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G R A B A D O

C O N S T R U C T I V O

J U A N

N.o 8

O C T . - NOV. 1949

ORGANO

REDACTADO

Y

P A R D O

EDITADO

0.05

E X C L U S I V A M E N T E POR IN T E G R A N T E S DEL

TALLER TORRES - GARCIA

EL

EJEMPLAR

�DECORO DE U P I D 1 U I 1
poi

J U A N
*

Que América sea tierra abocada al más alto
porvenir artístico es cosa ya de común consenso
entre sus moradores. Lo es de modo irreflexivo
para quienes se dejan pensar por sus querencias
íntimas; reflexivamente para quienes saben
que el arte, como actividad del espíritu, es, aún
más que fruto, agente de libertad. Y tierra de
libertad es América, hoy por hoy la más carac­
terizada y casi única tierra de verdadera liber­
tad en el mundo.
Que el cataclismo de nuestros días entraña
fundamentales transformaciones del mapa cul­
tural es cosa que ni a los ciegos, ni en los infi­
nitos ciegos del mundo, puede ocultarse. Si la
toma de Constantinopla por los turcos, con las
emigraciones que ocasionó en las vísperas de la
imprenta, fue fecha decisiva en la historia hu­
mana, cómo no lo serán la toma de Berlín por
los rusos, la conquista de Roma por América,
con las dispersiones de técnicos e intelectuales
que se avecinan, cuando la televisión empieza a
despertarnos los ojos y se ha consumado la de­
vastación del solar de nuestra cultura?
Cerebro tan alambicado como el de Paul Valéry se atrevía a manifestar antes de la guerra:
«Cada vez que mi pensamiento se ennegrece y
que dejo de esperar en Europa, sólo recobro
alguna esperanza al pensar en el Nuevo Con­
tin en te... Si Europa ha de ver perecer o de­
caer su cultura; si nuestras ciudades, nuestros
museos, nuestros monumentos y nuestras uni­
versidades han de ser destruidos por el furor
de la guerra conducida científicamente; si la
existencia de los hombres de pensamiento y de
los creadores se vuelve imposible o atroz por
circunstancias brutales políticas o económicas,
cierto consuelo, cierta esperanza caben en la
idea de que nuestras obras, el recuerdo de nues­
tros trabajos y los nombres de nuestros más
grandes hombres no habrán existido en vano,
y que subsistirán, dispersos en el Nuevo Mundo,
espíritus en los que vivirán una vida nueva, al­
gunas de las maravillosas creaciones de los des­
dichados europeos». Y también decía: «No me
sorprendería, por ejemplo, que pudieran resul­
tar afortunadas combinaciones de la acción de
nuestras ideas estéticas insertas en la potente
naturaleza del arte autóctono mexicano» (1).
Palabras de espantosa angustia lúcida en vís­
peras de la catástrofe. Mas he aquí que después
de esa catástrofe y conocidas ya sus limitacio­
nes, en el mensaje que el mismo Valérv ha di­
rigido a los intelectuales de América Latina a
través de la Misión Cultural Francesa y que en
México fué leído el 18 de Abril último, ha vuel­
to testamentariamente (2) a la carga: «Pensad
en nosotros que en la Europa en ruinas, entre­
gada al fuego, a la miseria, a la devastación,
tratamos de preservar algunos restos de los bie­
nes más preciosos, una parte pequeña de nues­
tro tesoro intelectual de pensamientos y de
energía creadora. Tened presente que vemos en
vosotros los testimonios de lo que fuimos y los
depositarios de nuestras tradiciones de arte, de
poesía, de cultura superior y noble. Vosotros
sois nuestra esperanza, amigos de América la­
tina». En el supuesto de que el cerebro de Paul
\ aléry represente algo vivo en el com plejo oc­
cidental, tan graves palabras equivalen, inequí­
vocamente, a una investidura.
El caso es que, como respondiendo a ese lla­
mamiento, se registra por doquier en América
el desperezo de las savias creadoras. En lo que
atañe a la pintura, materia que aquí se enfoca
particularmente, los síntomas son muchos y
persuasivos. El movimiento que tr^jo consigo
la revolución mexicana ha entrado en vías de
proliferación y diseminado su virtud en un am­
plio vivero de jóvenes artistas. En Colombia y
Cuba, en Uruguay, Chile, Brasil. . . cunde la
agitación en que se traduce la plétora de aqueí l ) PAUL VA LERY: América, proyección óel espi­
rito europeo, en «Síntesis», vol. XIV. N.° 81. México,
mayo 1938.

(2) La muerte del ilustre escritor francés, ocurrida
mes y medio después de redactada la presente nota, ha
reñido a subrayar el alcance de esta palabra: testamen­
tariamente.

2

L A R R E A

líos ambientes. Aquí y allá circulan manifiestos,
se entablan discusiones. Muralistas y caballetistas, indigenistas y europeizantes se acaloran en
defensa de sus particulares símbolos, creando
ese clima emocional necesario para el fraguado
de las sustancias estéticas. Los europeos esta­
blecidos en estos países no dejan, llegado el
caso de atizar con su leña el fuego. El fenómeno
merecería por su complejidad y significación
un examen más detenido que el que tiene aquí
cabida.
Reina al mismo tiempo, preciso es confesarlo,
la más caótica confusión en lo que respecta a
los ideales, motivaciones y propósitos artísticos,
una especie de río revoltísimo favorable a los
verdaderos temperamentos creadores pues que

REM O VED O R
R ED A C T O R R E S P O N S A B L E

Año I

N.o 8
GU IDO C A S T IL L O

"Removedor", se honra transcribiendo
de la Revista "Cuadernos Americanos" (N.
5 Setiembre - Octubre 1945) el presente
articulo de Juan Larrea.
Este poeta bilbaíno, nacido en 1895, es­
tudió Filosofía y Letras en la Universidad de
Deusto, en su ciudad natal y se licenció en
Letras en Salamanca. Viajó por Francia, Pe­
rú, Italia y México y actualmente reside en
ese país, donde actúa como secretario de la
Revista arriba citada.
Su obra inicial de poesía, se vinculaba
con el creacionismo que impulsaban en Es­
paña Gerardo Diego, Vicente Huidobro y
otros.
Posteriormente en su natural evolución
se apartó de los creacionistas, ejercitando
una poesía personal y más vinculada con los
románticos aunque con marcado acento mo­
derno.
Ha colaborado intensamente en las Re­
vistas GRECIA, CARMEN y dirigió con César
Vallejo, FAVORABLE PARIS POEMA.
Ultimamente publicó, RENDICION DE
ESPIRITU y EL SURREALISMO ENTRE EL
NUEVO Y VIEJO MUNDO.
EditoricN Séneca tiene ofrecido su libro
de poemas, ORBE.
_____
implicita una claridad y un orden nuevos. Se
barajan conceptos variados, muchos de ellos de
escasa validez directa; se desechan en cambio,
sin saber demasiado por qué, aquellos que lian:
dado tan generoso vuelo a los movimientos ar­
tístico de un siglo a esta parte. Se habla de pre­
ferencia en términos sociales, raciales, locales
si no lugareños, u otros que poco tienen que ver
con los contenidos estrictamente pictóricos. Lo
que se pretende, en realidad, es reenfocar la
cuestión desde un nuevo ángulo y lo que se
busca es ese ángulo. No deja de admirar la grá­
vida confianza que. en tan precarias condicio­
nes, depositan los jóvenes creadores en sí mis­
mos V en los destinos continentales, seguridad
que escandaliza a los timoratos y a cierto tipo
de intelectual europeo aposentado furtivamen­
te en estas tierras, para quien lo ya heeho es
por lo visto más importante que lo que queda
por hacer. Como si la juventud no necesitara,
ante todo, creer en sí misma, en su potenciali­
dad que es vida, y negar de alguna manera,
aunque sea haciendo los más rotundos novillos,
a las escuelas progeni toras. ¿O acaso cabe cosa
más natural que. si ha de superarse la última
etapa del arte europeo, como éste mismo lo
pretende. América niegue a Europa embarcán­
dose alegremente en su propio destino, para
continuar así el desarrollo humano que al Oc­
cidente le cupo en suerte realizar durante siglos

numerosos? Y si América, como se proclama y
por mi parte tengo proclamado, fuera clave de
universalidad ¿no habría de diferenciarse en
sus realizaciones del occidentalismo que, como
es obvio, no pasa de .-er lugarteniente tempo­
rero de dicha universalidad anunciada pero aún
no producida?
Conforme a estas vehemencias, ha crecido
aquí a ojos vistas la producción libresca en
materia pictórica. Buenos Aires y México están
inundando el mercado continental con traduc­
ciones mejor o peor escogidas y con no pocas
obras originales dedicada- al estudio de los pin­
tores clásicos y modernos y a los artistas sobre­
salientes de América. Pero en esa producción
no faltan tampoco los trabajos de creación que
recogen las inquietudes generales y pretenden
perforar horizontes, señalar derroteros, cuando
no rejuvenecer situaciones logradas. Los hay de
toda índole, mejor o peor orientados, más o me­
nos valiosos. Descuellan unos por su sinceridad,
conteniendo afirmaciones que ayudarán positi­
vamente a resolver los problemas cruciales que
hoy plantea el arte de la pintura, se distinguen
otros por su demagogia, llamados a hacer reac­
cionar contra tesis parciales, erróneas a todas
luces o insuficientes. Los actuales rumbos de la
política ejercen su natural influencia sobre al­
gunas actividades no tan desinteresadas como
el libre ejercicio artístico exigiría. Y queda el
afán de notoriedad a ultranza. En México, Alfaro Siqueiros (3) sigue arremetiendo — sin
comprenderla en lo que tiene de profundamen­
te revolucionario— contra la pintura europea
de caballete con argumentos e invectivas de in­
genuidad conmovedora, mientras reclama para
su maestría una buena gruesa de paredes que
le permitan inocular sus declamatorias com po­
siciones, ya que la masa es lo que cuenta, a la
mayor cantidad posible de resistentes patriotas.
Se diría que en balde. Porque si el muralismo
conoció en México auténticos días de esplen­
dor — cuando la pintura acompañaba a la revo­
lución cojno una soldadera, sin saber demasia­
do, ni importarle, a dónde iba, pero estando
ahí, en acto de presencia, calificando a esa re­
volución, ganándola para su entraña creadora — ,
hoy la joven pintura mexieana discurre dialéc­
ticamente por otras vías. Fenómeno compara­
ble. por cierto, al ocurrido después de la revo­
lución francesa.
Entre estos libros, hay dos que por su tipismo
nos requieren de modo particular en estos mo­
mentos en que parece sumamente apetecible
poner el dedo en la llaga de la pintura (4).
Todo desinterés y sacro frenesí, poseído por
el destino artístico de América y entregado as­
céticamente a su apostolado, el pintor uruguayo
Torres-García recoge en las mil páginas de su
Lniversalismo Constructivo (5 ' las campañas
por él realizadas en pro de lo que constituye la
razón esencial de su vida. Luego de renunciar
a todo linaje de vanas pompas pictóricas y en
su afán de diferenciación, sostiene Torres-Gar­
cía la necesidad de crear un arcaísmo o estado
de rigurosa incipiencia que, partiendo de la
desintegración fundamental llevada a cabo por
la pintura europea de este siglo, vaya dando
pasos geométricos hacia la construcción de un
arte distinto, de «algo nuevo que no ha sido
aún« y que ayude a realizar el «hombre uni­
versal» propio de este Nuevo Mundo. Su posi­
ción, bien se ve. es íntegramente humanista,
porque «lo ideal es el hombre» «bajo ese aspec­
to universal». En algún pasaje de su voluminosa
obra recomienda Torres-García a los artistas

D W TD ALF \RO SrQrEIROS: No hay m is ruta
que la nuestra. México. 1915.
(4) A pe«ar de su carácter entrecortado y de su»
graves omisiones no es posible dejar de mencionar la
obra monumental de Angel Guido: Redescubrimiento
de América en el Arte. Buenos Aires, El Ateneo, 1944.
Entre lo» artistas extranjeros ninguno lia planteado
en un plano tan elevado de discusión los problemas pfc*
tonco*, aunque »in referirlos a América, como Wolfgang
Paalen en su revista Dyn publicada en México.
Í5) Torres-García: lniversalismo constructivo. Con­
tribución a la unificación del arte y de la cultura de
América. Buenos Aires, Edit. Poseidón. 1944.

�FUNDACION ESPIGAS |
Jiueno^Aireí^Afgentinai

N U E S T R A

LU C H A
PO R
LA
por J. TORRES - GARCIA

Quién actúa en público, tiene que resignarse
a sufrir todo género de críticas. Por esto, en
estos once años largos que llevo de actuar en
diferentes formas frente a la opinión, éstas lian
llovido sobre mí, copiosamente, sin darme tre­
gua. Y como era lógico esperar, mis, discípulos
no han podido librarse de ellas. No voy a ocu­
parme ahora, de los muchos que nos defienden
y nos sostienen, pues no hace al caso para decir
lo que voy a decir.
Como consecuencia de tales críticas, tenía (pie
venir, por parte nuestra, una reacción. En pri­
mer término para defendernos, y después por­
que estábamos en lucha por un ideal de arte.
Y hien, a esto quería llegar: a que por parte
nuestra, no intervenía ni interviene otro factor.
Lucha pura por el ideal de la pintura.
No voy a hacer historia para probar esto que,
si se quiere ser justo, se tendrá que recono­
cer que es cierto. Conferencias de arte, enseñan­
za, exposiciones, trabajos de decoración mural,
publicaciones, todo esto se ha hecho sin que
para nada entrase en juego el í(iuero. Por tal
causa, vivimos a precario en todos sentidos.
Poro, comprendiendo que así debe de ser, no
nos quejamos. No es posible tenerlo todo.
Sí; luchamos por el ideal de la pintura. Otros
pintores quizás se crean con derecho a decir
otro tanto, pero que reflexionen y verán que
no están en lo justo. Porque, si luchamos ¿de
qué viene tal lucha?
Eliminando el interés y también la vanaglo­
ria, la ludia viene de que, teniendo un criterio
diamctralmente opuesto, con respecto al arte,
al de la generalidad, (y tanto con referencia a
los pintores como al público i tal criterio, al pre­
tender imponerse, no sólo levanta resistencias,
sino además ataques, crítica, censura, y de ahí
la lucha.
Y ahora, aquí, no vamos a decir tampoco, en
qué nos diferenciamos. Ni en cuanto al arte ni
en otras muchas cosas. Es algo que es demasia­
do sabido de todos y sería ocioso repetirlo.
Esa diferencia que acabamos de señalar, que
determina la lucha, no existiendo para los de­
más pintores, hace que, al menos por este lado,
estén en paz. Podrán tener sus guerras por otras
cosas, pero no ñor la pintura. En tal terreno
no puede haberla entre ellos.
Se nos mira, aquí, como a unos advenedizos,
que vienen a turbar un orden establecido en el
campo del arte, en el que todo era buen enten­
dimiento y armonía. Y entonces, es posible que
se pregunten: ¿con qué derecho vienen aquí
esos intrusos a provocar un cisma? ¿N o estába­
mos aquí todos en paz? ¡Hay que cerrarles el
paso!
Y por razón de esa maravillosa paz. ni la
crítica existía. Todo eran loas y entusiasmos.
Pero ahora tiene que haber crítica. Y la hay.
En eso estamos y de ello tenemos que habí.ir
luego. Porque conviene poner las cosas en claro.
Por causa de la pintura pura (diría plástica
absoluta) y del arte constructivo (que he lla­
mado universal, pues a eso ha de tender ! se ha

establecido el antagonismo de que acabamos de
hablar y, consecuencia de ello, la lucha: la agre­
sión y la defensa, por ambos lados, que ha en­
gendrado, para hien de todos, la crítica.
Justa o injusta, según los casos, interesada o
no, ya existe. Pero ¿quién está con independen­
cia en tal terreno?
Aquí nos sale al paso una cuestión en extre­
mo difícil de aclarar: eso que se suele llamar
incomprensión. Pues en efecto ¿como deslin­
dar la real incomprensión del que critica por
incapacidad, de la crítica tendenciosa, que no
quiere comprender y que es fingida? Por esto,
en ciertos casos, el que criticar es un incapaz o
im vivo. Pero creo que no hay que averiguar
eso, pues sea en cualquiera de esos dos casos,
es nuestro enemigo y debemos arremeter contra
él. ¿N o trabajábamos por la causa de la pin­
tura?
En cualquier momento y lugar, el choque se
produce. Entonces, cualquiera que sea de los
nuestros, debe comportarse según él crea. Por
esto, la crítica escrita, debe ser también libre,
y el que la suscribe ser el solo responsable.
Así entendimos las cosas al fundar «Rem o­
vedor», y con el mismo espíritu autonómo, se
fundó el «Taller» que lleva mi nombre. Por
esto, en cuanto a la revista, yo no soy más que
un colaborador, y en cuanto al Taller, un sim­
ple profesor que corrige y orienta los trabajos.
Y digo esto, por ciertas suposiciones que se han
hecho.
Y aunque sea redundancia, permítasenos re­
petir, que, de una vez por todas, quisiéramos
que quedase bien sentado que no nos mueve
otro interés que la pintura (la pintura y el arte
tal cual lo entendemos) y que cuanto digamos
y hagamos, es sólo para su defensa. En conse­
cuencia, que somos enemigos declarados de la
que juzgamos mala pintura.
La gloria de la pintura la proclaman las ad­
mirables obras de los maestros: una sinfonía,
una música. T esto es lo que se ve al primer
momento. Después, poco a poco, van aparecien­
do loé detalles de tal maravilla: los tonos, los
contrastes, la luz que se distribuye en el cuadro,
los pasajes, las calidades, la pincelada segura,
la mancha justa. Y todo en armonía: una sín­
tesis. \ luego, aun . . . algo que ya no se puede
nombrar, ni se sabe que es, ni donde está: una
visión sobrenatural. Y todavía, junto a todo eso,
algo que tampoco se comprende, que hermana a
todas las grandes obras: la mano de un maes­
tro, que lo es, puede bien decirse, por la más
misteriosa de todas las causas.
Y bien: todo esto ¡de qué manera vulgar ha
sido y es tratado por tantos mediocres, pintores
V no pintores! Y ven lo que no está allí, y eso
no ven. O ven, simplemente, sólo lo represen­
tado.
En el mal cuadro imitativo, la naturaleza
está ausente; hay sólo una apariencia. En el
buen cuadro, la pintura está siempre en primer
término. Pero, por esta razón, la naturaleza re­
presentada está también, de otra manera, y por

D EC O R O DE LA PINTURA

combina en actos mágicos de los que parece
esperar a la postre, revelaciones concluyentes,
no hay duda que lo hace, prolongando la tra­
yectoria del arte europeo pero con una volun­
tad mucho más explícita, bajo el ansia de fun­
dar un lenguaje para dialogar con el contenido
psíquico de ese Hombre. Ignoramos hasta qué
punto no lo ha conseguido aún. Pero sí sabemos
que dentro de la serie de funciones complejas
y de variado orden que puede desempeñar el
arte de la pintura, Torres-García ha especiali­
zado su vida en las más ambiciosas y trascen­
dentes, esto es, en aquellas que derivan de su
esencia creadora, y le hacen apto para estable­
cer. por fin. más allá del monopolio religioso
y del absolutismo social, un contacto íntimo en­
tre el subconsciente universal o contenido psí­
quico del cosmos y nuestra conciencia de seres
vivos. Es decir, se ha instalado en el centro
mismo del problema.

esquemática e irreal que sea la pintura. Pues,
cuando ésta vive, vive lo otro, la naturaleza.
Por esto: si nosotros esto Vemos y compren­
demos, y por ello no podemos estar de acuerdo
con otra pintura ¿porqué no liemos de poder
decirlo?
Si miramos en derredor nuestro, estemos don­
de se quiera, veremos que todo está dentro de
una tonalidad, salvo excepciones. Es decir, que
no hay estridencias, pues el aire y la luz todo
lo armonizan. Si vemos, pues, una pintura de
colores afectados, chillones, falsos, ¿cóm o va­
mos a decir que es buena? ¿Y porqué no hemos
de decir que es mala? ¿Y por que razón ten­
dríamos que callar?
Sí; desgraciadamente tenemos que estar en
pugna, porque, de esa pintura que d ecim os...
¡hay tanta! Y si escribimos ¿es que tenemos que
falsearnos? Creo que a quien nos lea, le debe­
mos nuestra opinión sincera.
Además: que tal pintura nos ofende, porque
estamos en una verdad que no permite transac­
ción alguna. Pues nada tiene que causar más
irritación, que ver la verdad (la verdad de la
pintura y de la naturaleza) calumniada. Y, en­
tonces ¿tendrá que causar extrañeza, que tal
irritación se manifieste? Pero adviértase, que
el pleito, es-siempre por la pintura y por nada
personal. Por tal razón, cuando la crítica es así
desinteresada, no debiera ofender a nadie. Y
'aunque, naturalmente, no sea nada que agrade.
La crítica, situada así en un plano noble, debe
aceptarse.
Ahora, lo que hay de malo, es esto otro: que
el adversario, para hundir a este buen crítico,
se sitúe en el mal terreno de la ofensa personal,
del insulto, de la baja fraseología vulgar. En
tal caso, el buen crítico debe abandonar el te­
rreno.
Hay quien se lia quejado de que «Remove­
dor», en ciertas ocasiones, había sido injusto
o demasiado severo. Los que dicen esto, si tal
dicen, es porque no han conocido jamás lo que
es la verdadera pintura. Y ante esto ¿qué puede
hacerse? Si hay algo invencible en ellos, que les
veda poder tener la fortuna de llegar a tal co­
nocimiento, y por añadidura, van tras de un
concepto descarriado ¿es que puede hacerse
nada para hacerles ver y comprender, lo que
ya no por malevolencia, sino por incapacid; i.
no les estará nunca permitido conocer? Son, sin
duda, ciegos a nativitate. Y si se enojan ante
lo que no comprenden, y más ante la crítica de
quien comprende, será cosa lamentable, pero no
tiene remedio.
Otra cosa es la crítica malévola. Que en reali­
dad, quien la ejerce, seguro que comprende a
medias. Pero, sea como sea, es indigna. Y en­
tonces, frente a tales críticos ¿cabe otra cosa
que arremeter sin piedad? Por esto, si algunos
han encontrado demasiado fuerte las críticas de
«Removedor», y hasta injustas, otros, en cam­
bio, las hubieran querido más contundentes.
J. Torres-García.
Octubre de 1945.
■

viene de la pág. 2
que se desentiendan de los hechos sociales para
engolfarse en las categorías estéticas. ¿Torre de
marfil? No es ese su sentido. Torres-García es
un verdadera místico que después de muchos
años de ardorosa y difícil experiencia por los
vcricuentos del arte, alcanzó la identificación
con su sustancia universal, volviéndose más tar­
de, como buen místico, hacia el mundo con ob­
jeto de ganarlo para esc Hombre de ,us desve­
los, cuya casa debe a su juicio y por lo pronto
construirse en América. El arte no ha sido para
él oficio lucrativo con que subvenir a sus nece­
sidades corpóreas o familiares, ni medio para
ganar puestos en el graderío o en la estimación
social, sino una vivencia íntima, un camino para
adentrarse por la renunciación, la geometría v
la cromática en la constitución orgánica del
cosmos. De allí ha nacido su «realismo ah-oluto», su «reintegración a lo estético» y su afán
obsesivo de construcción. Si su- propios cuadrorepresentan una especie de juego solitario de
naipes en el que su repertorio de símbolos se

Conviene advertir, si se ha de comprender
cabalmente el sentido y alcance de su posición
distinguiéndola de la de otros artistas que aho­
gan también por un arte propio de este hemis-

P IN T U R A

. .

■

-

ferio, que el americanismo en cualquiera de sus
actividades permite hoy día dos actitudes dife­
renciadas: una pretende realizarse sustituyendo,
americanizando las representaciones y demás
elementos accesorios, pero conservándose, por
lo que atañe a las substancias, en el nivel acos­
tumbrado. La originalidad representada por esta
tendencia se define como exclusivamente do
matiz. Representa una prolongación horizontal
o analítica del arte conocido y sigue siendo una
estribación de la mente occidental aplicada a
otros territorios donde cultiva, con su color lo­
cal, un colonialismo pintoresco. La asumida por
Torres-García es, en cambio, una posición radi­
cal que pretende no sustituir los efectos sino in­
corporarse las causas creadoras para realizar
aquí, superando el fenómeno artístico de Occi­
dente. aquella exaltación que bien quisiera pero
que hoy por hoy no es capaz de realizar el Viejo
Mundo: la universalidad a cuyas playas nos
arroja. En esta posibilidad de mutación sinté­
tica radica el porqué de su Universalismo Cons-

continua en la pág. 4

3

�DECORO

DE LA P I N T U R A
viene de la pág. 3

tructivo claramente orientado hacia un tiempo
futuro, mientras que la otra actitud alarga una
duración centrada en el pretérito. \ he aquí
por qué toma Torres-García el problema de la
pintura en aquel punto extremo de la destruc­
ción que permite, partiendo de la nada, un im­
pulso creador hacia un nuevo ámbito.
Podrían tener apariencia de razón contra al­
gunas de las tesis de su tremendo alegato quie­
nes se negaron a admitirlas afirmando que la
conciencia universal no pasará de ser un sueño
mientras no se labore al par por el estableci­
miento de la entidad o cuerpo social que la
baga materialmente posible. Mas podría argüir
Torres-García que él en modo alguno se opone
al establecimiento de dicha entidad, sino que,
al contrario, su Universalismo Constructivo, co­
mo Contribución a la Unificación del Arte y de
la Cultura de América, la reclama. Lo que re­
cusa es esa subversión de valores predicada por
cierto totalitarismo sociológico que pretende su­
peditar a sus necesidades visiblemente no-uni­
versales las categorías estéticas y cuyo preten­
dido realismo de medio pelo dista de ser ese
«realismo absoluto» necesario para que el ser
humano alcance la plenitud por la que TorresGarcía pugna. Pues ¿cóm o podría realizarse
ese ser humano si se suprimen las potencias que
lo sustantivan, tan necesarias para el psiquismo
de la especie como pueden serlo para el cuerpo
sus visceras capitales? Nadie negará que el ar­
tista en cuanto ser consciente ha de contar con
la realidad social y laborar por su perfección
con sus propios medios, pues de lo contrario
dejaría de ser consciente. Mejor que los demás,
sabe que su personalidad rebasa la supuesta del
individuo, siendo en cierta manera — ¿no se
mueve acaso en los terrenos del ser?— , una en­
carnación específica. Mas precisamente a causa
de esta conciencia, lejos de plegarse a dictados
ajenos, debe operar con enteras libertad y res­
ponsabilidad en la estimación de lo que su pro­
pia experiencia y juicio le inspiran como nece­
sario en su campo, para el óptimo común de
hoy y de mañana, cosa que depende de las di­
versas situaciones. En su cerebro y en su sensi­
bilidad radican las branquias espirituales de la
especie, merced a las cuales, así como el místi­
co dentro de las teocracias vivificaba el cuerpo
de dogmas, las experiencias poéticas del arte
han de vivificar dentro de un orden universal
la conciencia genérica. Siempre será el artista
un factor dinámico, un renovador, basta cierto
punto subversivo. Ateniéndose a estos determi­
nantes se produjo en su día el muralismo mexi­
cano, grávido de significación pero cuyas for­
mas pertenecen ya al pretérito. El arte es, más
que ningún otro, un fenómeno biocéntrico, y en
ello estriban su dignidad y su potencialidad
extremas, infinitamente superiores a lo que la
casi totalidad de los artistas, acostumbrados a
estimar las posibilidades del presente en fun­
ción del pasado, se imagina.

Libro de polo opuesto es el titulado La Re­
belión de los Pintores, de F. Cossío del Po­
mar (6), aunque una vez abierto no se acabe
de ver en quq consiste dicha rebeldía. Gracias
en cambio a su manera socioeéntrica de enfocar
estos asuntos candentes, parece existir en él una
sumisión a ciertos lugares boy comunes deriva­
dos de una concepción romamente materialista
de la vida, en cuyo sistema el arte, domesti­
cado, incomprendido, tiene asignado oficio de
Cenicienta. Es innegable el valor social del fe­
nómeno artístico asociado desde sus orígenes
mágicos a &gt;ia existencia colectiva. Mas ¿en qué
consiste su función dentro de las sociedades?
¿Es lenguaje, más o menos rudimentario, me­
diante el cual, desde la noche de las cavernas
basta el presente, se lia establecido o tratado
de establecer contacto imaginario, no de los
hombres para sí, para lo que disponen de otros
sistemas más adecuados, sino del grupo humano
con ciertas realidades psíquicas del universo &gt;
dar respuesta concreta a las ansiedades de su
conciencia metafísica, o es una pura facultad
representativa sin mayor utilidad que servir anQlarmente en forma de pasquín a la transfor(6) FELIPE COSSIO DEL POMAR: La Rebelión de
los Pintores. Ensayo para una sociología del arte. Mé­
xico, Edit. Leyenda. 19-45.

4

mación económica del mundo? Una discusión
sobre estos temas llevaría a revisar los funda­
mentos mismos de la sociología y, sin duda, a
concluir que frente al fenómeno social caben
diversas posiciones, como son: la positivista o
materialista que vino a sustituir a la meramen­
te espiritual, y una tercera derivada de una
concepción del mundo menos parcial e inme­
diatamente interesada que no es transacción
sino síntesis de las anteriores, o sea la sociocéntrica, la teocéntrica y la biocéntrica. Porque si
bien es evidente que cierto concreto esplritua­
lismo ha perdido ya su vigencia, dista ello de de­
mostrar que sólo lo material, comprendido a la
manera como boy se comprende, posee realidad
efectiva. Es más, la realidad así castrada de su
intrínseca potencia creadora, no pasará nunca
de ser una sub-realidad. Preguntémonos: la fuer­
za de convicción con que boy lo material soli­
cita la mente humana ¿no provendrá de que nos
encontramos en un período agudo de transfor­
mación de los valores-espirituales, de tránsito
de algo que ha dejado de ser a algo que no es
efectivamente todavía, y no será la misión del
arte, una vez dominada la atracción deforma­
dora ejercida sobre la mente por lo económicosocial, inventar los nuevos valores que vengan
a colmar el vacío dejado por la prescripción de
los antiguos? Desde luego no es ésta la opinión
de Cossío, cuyo estudio confuso y no exento de
graves contradicciones, hace hincapié en las te­
sis materialistas sin reconocer ningún valor de
orden psíquico. Lo grave de esa posición es que
no se afirma como una de las circunstancial­
mente posibles, sino como la única legítima, to­
talitaria. En consecuencia, el arte profunda­
mente rebelde, aquel que abre ventanas a la
imaginación creadora y cuya corriente transmu­
tativa vino en nuestra época a desembocar en
el cubismo y el surrealismo, es tachado por Cos­
sío, con todas sus letras, de arte reaccionario.
¿Y por qué serían reaccionarios el cubismo y el
surrealismo? Porque según las tesis de super­
ficie, tan en boga en ciertos sectores racionalis­
tas, son movimientos que traducen la descom­
posición de una sociedad y, aún mejor, de una
clase, la burguesía.
Ahora bien, discurriré por mi cuenta, ¿y por
qué sería menos cierto lo contrario? ¿No nos
asisten idénticas razones lógicas para sostener
el absurdo de que la decadencia de la burguesía
no es sino un reflejo de la desintegración de la
pintura, según la célebre paradoja de Oscar Wilde, de que la naturaleza imita al arte? Porque
resulta que la descomposición pictórica es an­
terior en el tiempo a la social, al grado de que
en pleno «mundo de la seguridad», años antes
de la guerra del 14, se lanzaron los pintores al
fauvismo y al cubismo. Claro es que para llegar
a las llamadas conclusiones «sociológicas» es
preciso pasar por alto que la moderna pintura
occidental a partir de David y sobre todo de Géricault, es cuando realmente merece el nombre
de arte, actividad heroica en pro de la libera­
ción material y- sobre todo espiritual del ser hu­
mano, agente de libertad. Lo que no quita para
que los pintores mediocres, los que toman .su
oficio como un modus prosperandi, se amolden,
éstos sí materialmente, a los gustos de sus financiadores. Pero, ¿y los otros, los verdaderos ar­
tistas, aquéllos para quienes el arte es una vi­
vencia creadora por la que desdeñan cuantas
ventajas tales ofrece la sociedad para no admi­
tir sino las que libremente ellos mismos se con­
quistan? Los llamados «pintores malditos» ¿lo
eran así porque la burguesía los subvencionaba
para que lo fuesen o por su insumisión a los gus­
tos y a la estructura misma de la sociedad bur­
guesa, al extremo de renunciar, como Gauguin,
a toda sombra de occidentalismo? Y si Goya es
un pintor revolucionario por haber pintado a
la munificente familia real española con descar­
nados pinceles ¿quién más descarnadamente
que Picasso? El Picasso anterior y posterior al
Guernica, ha radiografiado desde 1907 el horror
de los tiempos modernos, quien ha denunciado
más brutalmente sus monstruosidades y ese es­
tado latente de contradicción y guerra civil, a
caballo entre dos mundos, característico del al­
ma contemporánea, que se revela en el feroz
desdoblamiento de sus personajes? ¿No es él
quien, entre otras muchas cosas, ha conquistado
para la pintura la plena libertad de que hoy
disfruta, requisito previo para todas las ulterio­
res creaciones? ¿O será tal vez reaccionaria la
conquista de la libertad, según el desdichado

aforismo: «la libertad es un prejuicio burgués»?
(Lenín). Posiblemente he pronunciado la pala­
bra clave: alma, contenido psíquico, no indivi­
dual sino universal. De eso es lo que en la actua­
lidad, bajo el peso de supersticiones anacróni­
cas, poco o nada se entiende y por ello poco en
verdad entendemos todavía en pintura, arte co­
nectado por sus vías intuitivas con el psiquismo
funcional del mundo.
Por otra parte, ¿habrá que admitir que la
transformación experimentada en nuestro siglo
por la ciencia físico-matemática 6e debe a la
descomposición de la clase o sociedad que sos­
tiene a los sabios investigadores? Porque sucede
que esas transformaciones revelan, cuando se
baja al fondo de las cosas, un estrecho parale­
lismo, que desgraciadamente no cabe explayar
aquí, con las sufridas por la pintura, así como
con las que acusan todos los otros campos de
actividad y conocimiento humanos. ¿Quiénes
dependen o imitan a quienes? La verdad es que
si algún derrumbe traduce simbólicamente la
pintura moderna, no es éste el de una clase, ni
el de una etapa social, sino, afortunadamente,
el de algo mucho más hondo y sustancioso. Hayuna imagen del hombre, una concepción del
mundo, un sistema de relaciones aparenciales
entre la conciencia humana y la esencia del
cosmos, y una entidad social — esa imagen, esa
concepción del mundo, ese sistema de relacio­
nes y esa entidad social que reflejaban y refle­
jan las pinturas realistas— que dicen adiós a
la historia. En las representaciones de la pin­
tura occidental puede verse cómo esas «realida­
des» van desapareciendo poco a poco bajo el
disolvente de la luz, hasta dejar el sitio a las
esencias, preparando así el camino para el ad­
venimiento de ese universalismo que reclama
una transformación general del mundo y del
ente humano que lo encarna. Al grado que la
pintura que pudiera llamarse «antirracista», de
1906 en adelante, puesto que asimila el arte de
las gentes de color, negros oceánicos y amerin­
dios, anuncia en cierto modo la disolución del
mundo contemporáneo en la universalidad. Es­
tas son cosas que evidentemente repugnan a esa
concepción del mundo estrechamente sociológico-inaterialista, para quien ya no va existien­
do más verdad que el pragmatismo de la propa­
ganda, gracias a lo cual nada, por cierto, tiene
que echar en cara a la más atrevida y descom­
puesta pintura moderna puesto que como ella,
— ¿reflejando tal vez la descomposición de la
burguesía?— , ha descompuesto todos los valo­
res, hasta llegar al absoluto tflatus toéis», a la
nada. Al caos de semejante propaganda se ha
pretendido, embruteciéndolo, uncir el arteMás fuerza es reconocer que el pintor realista
o verista, a remolque de los sucesos, que hoy
puede complacerse pintando la bárbara inhu­
manidad de los campos de concentración y las
llamadas fábricas de muerte, así como las rui­
nas de que se encuentra plagada Europa y que
constituyen magníficos temas para la cámara os­
cura, lleva un retraso de varias décadas tras el
artista creador y abstracto, quien, por haberse
adentrado en los problemas orgánicos del arte
de la luz, pudo entre otras cosas prever — si se
quiere hablar así— , prever y pintar las actua­
les antropoclastias. e incluso su significado pro­
fundo y otras muchas cosas al pintar sus equi­
valencias en el proceso transformativo de las
estructuras en que radica la conciencia del hom­
bre. Porque ¿qué sentido no arroja hoy la tan
decantada «deshumanización del arte» cuando
se la coteja con la espantosa deshumanización,
con la exterminación apocalíptica a que se' ha
llegado en amplias zonas europeas? ¿Era o no
realista la pintura desintegrada y abstracta, re­
flejaba o no el «absoluto de su época», según
la expresión de Mariátegui, compatriota de Cos­
sío? Y una vez más ¿quién había previsto,
quién imita a quién? ¿O no será, cortando por
lo sano, que la crisis transformativa agudizada
en nuestros siglos XIX y X X alcanza al hombre
en su integridad orgánica, lo mismo a su mente
científica que a la artística, así como a sus es­
tructuras colectivas exteriores e interiores, físi­
cas y metafísicas o psíquicas, e incluso a su ser
histórico? No será, como por mi parte he creído
comprender por varios otros caminos, que nos
encontramos en el vórtice de una crisis mutacional del ente humano, que, por su carácter
universal, lleva aparejada no sólo el derrumbe,
la «deshumanización» de la entidad antigua, si­
no también el desplazamiento del foco creador
hacia el nuevo continente, según parece estar

�FIGAR1 como inspirador de la Literatura nacional
por H E C T O R R A G N I
Creemos que la Comisión Nacional lie Bellas
Artes, para cumplir del todo con su cometido,
editará en un volumen —o en varios— todas
las conferencias que en ocasión a la exposición
Figari se lian dado en homenaje y enalteci­
miento de dicho pintor; con las cuales, si los
valores del pintor no lian aumentado como tal,
no se podrá poner en duda — con los escritos a
la lista— que su ohra lia quedado consagrada
cómo exuberante manantial de inspiración lite­
raria.
Literatos, literatas, arquitectos nacionales
unos, e importados otros y lia.-ta algún escultor,
todos, lian mojado su pluma en los negros de
Figari, hasta desteñirlos easi. ¡Cuánta literatu­
ra! Recorremos in mente todo lo oído y queda­
mos abrumados. Cada uno lia buscado el con­
sonante que más cuadraba a su soneto, como
quien tira de la punta de una manta para su
1

-------------- ------------------ - r

viene de la pág. 4
dispuesto a aceptarlo, testigo de excepción, Paul
Vaíéry? Ojalá que, en el peor de los casos, el
arte americano «le la pintura, heredando el es­
píritu creador del más avanzado arte occidental
e identificándose, según propone Torres-García,
con su verdadera y constructiva esencia, llegue
a prefigurar el mundo y el hombre nuevos con
. tanta fidelidad como, entre otras muchas cosas,
el arte dislocado «le Europa lia reflejado una
' situación «le fin de mundo que explica con preí cisión la involuntaria semejanza que existe, y
que Cossío ,ha descubierto — valor por cierto no
material sino espiritual—, entre el Guernica de
. Picasso y los Apocalipsis medievales. Nada en
efecto define mejor el exacto sentido de nues­
tros días.
Los prejuicios de que arranca, han llevado a
Cossío a concebir su obra con criterio, más que
de pintor, de político que estima necesario fun­
damentar un totalitarismo de Estado, cortando
todos los posibles escapes. Tal vez por ello ha
dedicado la parte final de su libro a la más mo­
desta pintura rusa que, si existió en tiempos,
hoy brilla, como él mismo reconoce, por su
eclipse. Más, los que hubieran sido sus más emi­
nentes valores, Chagall, Kandinsky, Soutine,
B u rliok ... así como los escultores Lipchitz, Archipenko, etc., salieron para siempre de aquel
territorio. Lna sociología no exclusivamente ma­
terialista se vería obligada a parar mientes a
este propósito en la «casualidad» de que las re­
voluciones francesas y mexicana — americana—
se hayan calificado por la presencia y prospe­
ridad del arte de la luz, mientras «pie la sovié­
tica, pese a la protección oficial otorgada a los
pintores, se caracteriza por el fenómeno con­
trario. ¿No se deberá acaso a que esta última
revolución, en situación de antítesis, carece de
la dimensión imaginaria, universal, significada
por el lenguaje de ese arte que, cosa archisabida, no admite direcciones sino que es galar­
dón — y agente— de la libertad? ¿No 6erá por­
que en la transformación compleja del mundo
le lia tocado a la U .R .S .S . realizar ciertas ta­
rcas, importantísimas sí, pero exclusivamente
materiales, parciales por tanto y limitadas, que
excluyen las floraciones del espíritu? Si se tra­
ta de hacer distingos adviértase que únicamente
prosperan hoy en Rusia las artes de representa­
ción. Ni supliera el drama sino su escenografía.
En resumen, de lo expuesto se infiere una vez
más, a mi juicio, «pie sobre la realidad estrecha­
mente social, no negándola sino envolviéndola
complejamente, transfigurándola, se expande la
Realidad cósmica propia de la era a cuya puer­
ta nos encontramos, siendo el arte «le la pintura
uno de los conductos intuitivos por los que la
conciencia humana ha de tener acceso a la ar­
monía orgánica de su propia Naturaleza. En lo
cual el arte americano, recogiendo las enseñan­
zas últimas, ha de distinguirse, por su trascen, dencia, en provecho del hombre universal y de
su sociedad aun no creada, de las artes predecesoras.
JUAN LARREA

lado, pero como eran tantos a tirar, al final ter­
minaron por dejar el muerto al descubierto. La
cuestión estribaba, por lo visto, en demostrar
que la pintura de Figari — más exactamente—
lo representado en los cuadros de Figari, les
había inspirado largos párrafos literarios, lle­
nos de figuras retóricas y citas a los negros, a
los pericones, a los cielos con luna o sin ella, a
los ombúes secos o con hojas, a los caballos o
a los perros. Así todos y cada uno de los confe­
renciante;?, dentro de su mentalidad y 6u tenden­
cia, desde el arquitecto que no construye hasta
el que más valía que nunca hubiera construido,
v de éste al escultor charlatán, con sus inaudi­
tas comparaciones y parentescos de Figari con
ciertos pintores extranjeros; pasando por el poe­
ta gaucho — de tablado— autor (creemos) de
todos los versitos para reclame de yerba mate;
y la escritora ecléctica en demasía.
Hay quien lee libros yr libros y no aprovecha
nada. Pero hay otros, que apenas les cae en las
manos algo bueno, con qué facilidad lo utili­
zan, y qué bien se lo hacen venir en verso!
Versos que al oído parece que suenan bien, pe­
ro si los analizamos en su íntimo sentido— ve­
mos que eso no se aguanta— , pues si es puro
localismo y anécdota la esencia de la obra de
Figari, mal le cuadra lo de universal, por esto
o por aquellos, y a pesar de que el vocablo se
les haya pegado al oído con las últimas lecturas.
¡Lo qué es la literatura! Nunca podremos ter­
minar de comprenderla. Por ella, es dado ha­
blar hoy de los negros de Figari, como fué po­
sible ayer hablar de las lunas de Cúneo y a lo
mejor otro día se podrá hablar de la pintura
verdadera de algún verdadero pintor; por eso
no terminaremos nunca de comprender la lite­
ratura.
De todo se ha llegado a decir en el afán de
hacerlo venir en verso. Véase si no lo que dijo
uno de los conferenciantes: «Figari nunca hubie­
ra sido un pintor de naturalezas muertas, por­
que era un pintor de naturalezas vivas». ¿Sabe
este señor lo que dijo? ¿No lo sabe? 0 sabién­
dolo. no titubeó en decirlo, sólo por hacer la
frase —LA FRASE—- a la que cada uno supe­
ditó todo lo que dijo. Demás está destacar el
inconveniente de proceder en esa forma, pues
con ello se resienten las bases mismas de los que
se desea levantar. En sólo diez segundos se dió
por tierra con todas las alabanzas posibles, al
negarle a Figari toda capacidad para hacer una
naturaleza muerta.
Nosotros — REMOVEDOR— hablamos sólo

de pintura, no hacemos frases. Por eso, aunque
no nos comprendan los literatos — o nos lapi­
den— no nos interesa. Hablamos y escuchamos
sólo el lenguaje de pintor. Los conceptos plás­
ticos nunca podrán ser vaguedades literarias,
pues dejarían de ser tales. Cuando se habla de
una naturaleza muerta, todos los pintores sabe­
mos de que se trata. Pero 6¡ se nos habla de
una naturaleza viva, estamos seguros de que no
se nos habla de pintura. Una sola naturaleza
muerta puede consagrar un pintor. Decir que
Figari nunca la hubiera pintado, es negarle el
título de pintor, PINTOR, sin literatura.
Y . . . ya que hablamos de pintores, ¿dónde
estaban las figuras representativas de la pintura
nacional — léase oficial— en el homenaje a Fi­
gari? ¿Son todos mudos o analfabetos? ¿O es
que sólo encuentran quien les escriba algo, que
hacen pasar como escrito por ellos, para arre­
meter contra Torres-García? ¿O es sencilla­
mente que no están de acuerdo con el homenaje
o no se tenían fe en salir airosos? Ahora habrán
visto que fácil era: Los negros, los gauchos, los
cielos, el perro, etc., etc., etc. S í . .. p e r o .. . ¿y
la pintura? ¡La pintura que la parta un rayo!
¿Es que los conferenciantes hubieran sido tan­
tos si había que hablar de pintura? Uno que
intentó hacerlo comparó a Figari con Anglada
Camarasa! Nosotros discrepamos tanto de una
como de la otra pintura; sólo deseamos aquí
ser objetivos y poner las cosas en su lugar.
Anglada fué un pintor exuberante de mate­
ria, cuidadoso de la entonación en el conjunto
del cuadro, así como de la composición del mis­
mo, dentro de su tendencia. En cambio Figari,
ya lo ven Uds., ahí está colgado en el Salón Na­
cional y se puede ver si alguna de las condicio­
nes de Anglada Camarasa se hallan en las obras
expuestas, es decir, en la obra total de Figari,
pues allí está todo, tod o!! Desde lo que verda­
deramente lo representa, hasta lo que lo deja
realmente mal parado.
Ese criterio de mostrarlo ',odo, o la falta de
él, es lo que llevó a la misma Comisión Nacio­
nal de Bellas Artes a exponer hasta la última
miseria de J. M. Blancs, lo cual parecería más
aviesa intención que verdadero deseo de home­
naje. Pero, esto ya nos llevarla fuera de lo que
nos hemos propuesto, o sea agradecer en nom­
bre de Pedro Figari — ya que él no puede ha­
cerlo— toda la literatura que han hecho sobre
sus cuadros.
HECTOR RAGNI.

26 § EXPOSICION
DEL

‘TALLER Torres - BARCIA"
EN SU SALON PERMANENTE
Sub - Suelo de la
LIBRERIA SALAMANCA
Bartolomé Mitre y Policía Vieja
I NAUGURACI ON:
Martes, 6 de Noviembre a las 18 horas
S

�PRESENCIA DEL ESPIRITU
%

La Exposición de “Dioses, Hombres y Monstruos"
del Maestro J O A Q U IN T O R R E S - G A R C IA
La frase de Ben#detto Croce: «el arte es in­
tuición» puede enmendarse, o perfeccionarse,
mejor, con el agregado, de «sometida en parte
a un proceso consciente de elaboración y des­
carte. Porque si la materia prima del Arte es
ese golpe de espíritu sobre los objetos, esa pro­
yección súbita de las asociaciones, ese matiz no
visto hasta entonces, esa intuición, no menos
cierto es que, el freno y el saber lo que se busca,
determinan también el fenómeno Arte.
Y es curioso —y cierto— determinar que si
bien la crítica del arte puede encaminarse —
así como todo aprendizaje— al estudio y dis­
criminación de los valores absolutamente for­
males, el análisis final no puede ser sino la ca­
rrera en busca de la presencia del Espíritu.
Porque cuando el plano en que el artista des­
envuelve su actividad es — su nivel— de cota
más o menos normal, el espectador busca la faz
meramente técnica o analítica del objeto artís­
tico, mientras que cuando las elementales de­
terminaciones han sido superadas, solamente
cuenta el espíritu y su emanación, quedando lo
formal como un paso final o el regusto de "un
fuerte gusto que le antecede.
Pero lo envuelto y difícil del misterio del
arte, hace que justamente este espíritu por el
que brega el espectador, y que quiere buscar
como meta en su actitud entre pasiva y activa,
aparece como una resultancia del ajuste y per­
fección de lo formal.
De manera que en ese equilibrio e interde­
pendencia radica el quid de la presencia absor­
bente de la obra, y su calidad y condición de
duración.
Allí es donde yo encaminaba precisamente mi
intención: a la concreción y puesta en rigor del
aserto de Croce — indudablemente visto con la
justeza de quien está muy próximo del fenó­
meno del arte— pero incompleto en cuanto no
considera el acto mismo de la creación, el trán­
sito de la intuición a la forma misma. Croce
queda en la visión previa al objeto artístico
y no pretende explicar o circunscribir el acto de
la formulación y ordenamiento de la intuición,
pero de cualquier manera abriendo la puerta
de visión a ese 6util material primario del arte.
Las exposiciones sucesivas de Torres-García,
en el salón permanente del Taller, habían pues­
to al público en la posibilidad de verificar di­
rectamente la pintura.
Tanto sus exposiciones constructivas, como
las de paisajes, o simplemente de abstractos,
habían determinado, para los olvidadizos, la tó­
nica misteriosa y clásica del arte de Torres; y
el nexo que informaba a todas las exposicio­
nes anteriores, cordón umbilical o vena de trán­
sito entre todas las obras — su calidad particu­
lar— tuvo en la actual exposición de TorresGarcía, una culminación.
Porque en estos cincuenta y tantos retratos,
Torres-García evidencia, antes que nada su espí­
ritu, el espíritu universal del arte y de su arte,
y por el equilibrio de intuición y formalidad
que señalábamos, en el comienzo, manifiesta su
verdadero sentido clásico. Por esto nunca mejor
que ahora esta exposición de Tdrres-García,
cuando lo clásico, hecho lugar común de la
equivocación, se ve defenestrado por quienes,
atenidos a cánones, o menor diclió a las apa­
riencias más externas del arte clásico, pretenden
dar por eso simplemente exterior un espíritu,
del que se hallan absolutamente lejos.
\ quien hace una academia, copia un des­
nudo en barro con penoso servilismo, o pincha
a Viñola entre punto y punto para reproducir
los torcidos acantos, y cree estar en lo clásico,
no comprende que solamente podrá estarlo,
cuando logre concitar aquel equilibrio que tan
misteriosamente Torres-García concita en cada
cuadro, colocando al espectador abstraído, por

obra de esa circunstancia, de frente con lo uni­
versal.
Porque tan universal, por este hecho resulta
uno de esos retratos como una obra construc­
tiva, aunque si bien aquellas además de conte­
ner a Torres-García determinan un sentido, una
dirección en el arte americano, circunstancia
que apunta Juan Larrea en su artículo «Decoro
de la Pintura».
Y aún siendo obra cerrada en sí mismos,
estos retratos, que a mi modo de ver y de sentir,
son trasmutación a lo plástico del personaje y
las circunstancias adyacentes al mismo, hasta el
lenguaje de la pintura, por tocar la armonía,
tocan directamente a lo universal.
A esta altura, contesto para quienes pudie­
ran encontrar literaria o demasiado libre mi
posición, subjetiva en extremo, frente a un
hecho que — como se ha dicho de la pintura—
debe considerarse solamente en cuanto a pin­
tura, contesto digo, que la gustación del objeto

artístico, una vez que este «s ha dado como una
presencia, sencillamente, no tiene más límite
que el espíritu que de este emana, el cual, re­
sulta obvio decirlo, no admite acotación dle
ninguna naturaleza.
Entendiendo entonces claramente que a toda %
mi — diré— ensoñación contemplativa, precede
la alegría que produce la presencia del arte,
manifestándose e imponiéndose subyugantemente, de consuno.
De manera que si algo puede dar la tónica
de esta exposición de «Dioses, hombres y mons­
truos» de Torres-García es su control clásico,
su sentido apolíneo, su milenaria raíz universal.
^ paralelamente, si algo puede resumir mi
actitud personal, o mejor dicho, si algo puede
enunciar mi experiencia frente a la exposición
de Torres-García, es mi certeza de haber estado
en presencia del espíritu.
Sarandy Cabrera.

Integrantes Del
TALLER "TORRES-BARCIA”
Rechazados
Total o parcialmente del

IX Sal ón Nacional
EXPONEN
SUS OBRAS AL

JUICIO DEL PUBLICO
EN LA ASOCIACION OE EMPLEADOS
BE COBREOS Y TELEGRAFOS

JUNCAL 1315.1er. piso
Abierto desde NOV. 5
de las 18 a 20 y 30 horas

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                  <text>Ejemplares 1 a 9 de los años 1 a 6 de la revista Removedor, publicados entre 1945 y 1953.</text>
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        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Removedor</text>
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                <text>Año 1, no. 8</text>
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                <text>Montevideo, octubre - noviembre 1945</text>
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                <text>Larrea, Juan&#13;
Castillo, Guido&#13;
Torres García, Joaquín&#13;
Ragni, Héctor&#13;
Cabrera, Sarandy</text>
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                    <text>—

mí

buenos aires/argentina

1955

revista de

cultura visual

nueva visión

artes/arquitectura/diseño industrial/tipografía

dirigida por Tomás Maldonado

Casa Curutchet
Le C o rb u sie r

Las relaciones entre la ciencia y el arte
M a rio Pedrosa

Verena Loewensberg
Situación del arte concreto
A lfre d o H lito

Información:
La Feria de América
El diseñador industrial en Japón
Exposición de diseños japoneses en Canadá
Diseños recientes de muebles: Nelson y Tapiovaara
Notas y comentarios
Bibliografía

*

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s. r. I. cap. $ 5 0 .0 0 0 c e rrito 1371 / 1 e r . piso / t. e. 4 4 -2 3 5 7 44-1 340

e s c rito rio de p e tir ib í, ta b le ro con c u e ro ocre,
e s tru c tu ra de a n tic o lo d a l. dise ñ o h. b a lie ro

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buen gust o en la c o c i n a con C O C I N E R ©

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�BRUNO ZEVI
HISTORIA
DE LA
ARQUITECTURA MODERNA
Este lib r o c o n s titu y e un a p o r te f u n d a m e n ta l a la h is to ria d e la
a r q u ite c tu r a . El p r o fe s o r B ru n o Z e v i, q u e en 1951 d ic tó e n tre
n o s o tro s u n b r illa n t e c ic lo d e c o n fe re n c ia s , h a c o lm a d o con e sta
o b r a un v a c ío s e n s ib le . C o m o él m is m o lo e x p re s a , el ú ltim o
s ig lo tie n e u n a im p o r ta n c ia s u s ta n c ia l p a r a la a r q u ite c tu r a .
" M ie n t r a s se c o n s id e ró q u e la h is to ria d e la a r q u ite c tu r a c o n c lu ía
en el n e o c la s ic is m o — d ic e — , n o h a b ía e n s a m b la d u r a p o s ib le e n tre
la a r q u ite c tu r a a n tig u a y la m o d e r n a , n i e n te n d im ie n to e n tre
h is to r ia d o r e s d e la a r q u ite c tu r a y a r q u ite c to s . El p u e n te n o p u e d e
ser d a d o m á s q u e p o r la h is to ria d e la a r q u ite c tu r a m o d e r n a ,
q u e a m p lía los h o riz o n te s d e los c u lto re s d e l a r te c o n te m p o r á n e o
y a c tu a liz a los d e los c u lto re s d e l a r te a n t ig u o " .
Este e n fo q u e , q u e tr a d u c e la in te n c ió n u n iv e r s a lis ta d e l a u to r ,
c o n fie r e p re c is a m e n te a su o b r a , v e n ta ja y o r ig in a lid a d con
re s p e c to a las d e P e v s n e r, B e h re n s y G ie d io n , q u e s ó lo e n c a ra n
p e río d o s p a rc ia le s o fa c e ta s a is la d a s d e l m o v im ie n to r e n o v a d o r .
N o s h a lla m o s p u e s , a n te la p r im e r a h is to riz a c ió n d e la a r q u ite c ­
tu r a m o d e rn a , c o n s id e ra d a d e s d e sus o ríg e n e s re m o to s h a s ta
n u e s tro s d ía s . Y el a u to r la re a liz a a b a r c a n d o un p a n o r a m a
c o m p le to d e los p la n o s s o c ia l, p s ic o ló g ic o y líric o . A tra v é s d e
u n r e la to v iv id o y rig u ro s o , el le c to r h a lla r á el c u a d r o d e la s
lu c h a s d e l ra c io n a lis m o y el d e s e n v o lv im ie n to d e l u rb a n is m o
d e s d e e l n a c im ie n to d e la e ra in d u s tr ia l h a s ta la fe c h a . Las g r a n ­
d e s f ig u r a s d e Loos, Le C o rb u s ie r, v a n d e r R ohe y L lo y d W r ig h t
son o b je to d e u n a n á lis is ta n a g u d o c o m o e x h a u s tiv o , y la p a r te
d e d ic a d a a la a r q u ite c tu r a m o d e rn a y su flo r a c ió n en Ita lia c o n s ­
t it u y e u n e s tu d io b r illa n t e d e l s u r g im ie n to d e l n u e v o e s tilo en
la p e n ín s u la .

U n v o lu m e n d e 8 0 4 p á g in a s , e n c u a d e r n a d o , ilu s tr a d o con 6 7 0
f o t o g r a f ía s y 141 g r a b a d o s , $ 2 4 0 .— .

EMECE EDITORES, S. A.

4

San M a r tín

4 2 7 - 3 2 -3 0 8 3

- Bs. A s.

�domus presenta
su nueva revista

a los

arquitectos
industriales
técnicos
dibujantes
artistas gráficos
y publicitarios
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Agencia Domus-Sta. Fé 1552-44-0682

INDUSTRIA
INSTITUTO
DE ALTOS
ESTUDIOS
DE SANKT
GALLEN

&lt;1)

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3
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alsina 500 ~

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bs. as.

Jean G ebser: N ecesidad
y p o s ib ilid a d de una
nueva visión del m undo..
A rth u r M arch: La nueva o rie n ta ció n
de la fís ic a . C ari Friedrich von
W e iz s a k e r: La nueva im agen del universo
A . P ortm ann: Los cam bios en el
pensam iento b io ló g ic o . A le x a n d e r M itsche rlich :
El problem a de la relación cuerpo
y alm a en la m oderna m edicina. M a x Bense:
La filo s o fía en la época de la técnica.
W a lth e r Tritsch: Los cam bios en las relaciones
hum anas. G. F. H a rtla b u : A bstracción e
inve n ció n. M a x B rod: Sobre la búsqueda
de un nuevo sentid o de la existencia.
Jean G ebser: La cuarta dim esión
como signo de la nueva
v isión del m undo. Un vo l.
de 3 6 4 págs. $ 2 8 .-

en todas
las
librerías

LU

5

�nv
nueva visión

max bilí

revista de cultura visual. Artes,
arquitectura, diseño industrial,
tipografía.

tom ás m a ld o n a d o

el p rim e r lib ro sobre la p e rs o n a lid a d y la o b ra
de m a x b ilí, sus p rin c ip a le s tra b a jo s en p in tu ra ,
escultu ra , a rq u ite c tu ra , a rte s g rá fic a s y diseño
in d u s tria l, d ocu m e n ta do s en 90 re producciones
en b la n co y n eg ro y una a cu a tro colores, in ­
tro d u c c ió n de to m á s m a ld o n a d o y c u a tro te xto s
teóricos de m a x b ilí, e dició n de lu ¡o , e n cu a d e r­
n a d a en te la e im p re sa en p a p e l ilu s tra c ió n , f o r ­
m a to : 22 x 21 cm. en ca ste lla n o , in g lé s, fra n cé s
y a le m á n .

A p a re ce cada tres meses
D irig id a p o r Tom ás M aldonado
Secretarios de d ire c c ió n : A rq . Juan
M a n u e l B o rth a g a ra y , Jorge G risetti,
A lfre d o H lito.
C o m ité de red a cció n : A rq . Horacio
B aliero, A rq . F rancisco Bullrich,
Jorge Goldemberg.

tres libros de la editorial nueva visión
la e d ito ria l " n u e v a v is ió n " a c o rd a rá a los suscriptores de la re v is ta " n v " un descuento del 20 %
sobre el p recio de ta p a de sus lib ro s, los tres p rim e ro s títu lo s a q u í a n u n c ia d o s a p a re c e rá n en
fe ch a p ró x im a , los suscriptores pue d e n, desde y a , d irig irs e a la a d m in is tra c ió n de esta re v is ta ,
c e rrito 1371, t. e. 4 2 -1 3 4 7, re se rva n d o los títu lo s que les in te re sa n y que les serán re m itid o s a su
d o m ic ilio con p r io r id a d a su d is trib u c ió n .

S e creta rio

de

red acció n:

Edgar
Bailey

A d m in is tra c ió n y redacción: C errito
N 9 1371, Buenos A ¡res, A rg en tina .
T e lé fo n o : 4 2 - 1347
La D ire c c ió n no se responsabiliza
de los a rtíc u lo s firm a d o s ni devuel­
ve las cola bo racion e s espontáneas.
La revista nv, nueva visión, es pro­
p iedad de E d ito ria l N ueva Visión
S. R. L., cap. $ 50.000
R egistro N a c io n a l de la Propiedad
In te le c tu a l n9 465.523

introducción
a la música de nuestro tiempo
¡uan carlos paz

el lib ro m ás co m p le to y m e jo r d o c u m e n ta d o so­
bre la m úsica co n te m p o rá n e a , h is to ria y m in u ­
cioso a n á lisis de to d a s las te n d en cia s a p a r tir
de d ebussy: a to n a lis m o , p o lito n a lis m o , dod e ca fo n ism o , m ic ro to n a lis m o , m úsica co ncre ta, etc.
fo rm a to : 21 x 14,8 cm.

problemática del arte contemporáneo
g u ille rm o w o rrin g e r

el a u to r, a q u ie n debem os los p un tos de vista
más re n o va d o re s en la e stim a ción de las fo rm a s
a rtís tic a s del p a sa d o , e nca ra en este lib ro , p o r
p rim e ra vez, el a n á lisis del a rte de n u e stro tie m ­
po y los p ro b le m a s que éste p ’ a n te a al a rtis ta
y a l p ro fa n o , fo rm a to : 21 x 14,8 cm.

6

sumario:
Casa C u ru c h e t: Le C orbusier (p. 7)C
Las r e la jo n e s e n tre la ciencia y el
a rte : M a r io Pedrosa (p. 14)
V e ren a Loewensberg (p. 18)
S itu a ció n del a rte co n cre to : A lfredo
H lito (p 25) ~
I n fo rm a c ió n :
La Feria de A m é ric a (p. 30)
El d ise ña do r in d u s tria l en Japón:
K asuya Sakai (p. 35)
Exposición ce diseños japoneses en
C anadá (p. 37)
Diseños recientes de m uebles: Nelson y T a p io v a a ra (p. 39)
N otas y c o m e n ta rio s (p. 43)
B ib lio g ra fía (p. 44)

Se desea el ca n je con las p u b lic a ­
ciones s im ila re s : se h a rá n análisis
y resúmenes de los libros y revistas
enviados a nue stra redacción.

representantes:
B o liv ia : L ib re ría "L o s A m igo s del
L ib ro " , Perú esq. España, Cochabamba.
B ra s il: José M á rq u e s Godoy, Avda.
Ip ira n g a 8 7 9 , Sao Paulo.
U ru g u a y : N uevo D iseño, Juan Be­
n ito B lanco 1 1 2 2 /2 6 , M ontevideo

�Frente sobre el parque

C asa Curutchet
Eva Perón, 1954.
Le C orbusier

En el q u in to torr.o ce las obras de Le C o rb u sie r p u b lic a d o por Boesiger,
un p á rra fo s u m a rio está dedicado a la d escrip ción de la Casa C u ru tc h e t:
"O c u p a r un te rre n o de loteo tra d ic io n a l, a b ie rto sobre una a ve n id a , ro ­
deado p o r dos m ed ia n eras la te ra le s y una de fo n d o . A l fre n te , un
herm oso b ou le va rd se e x tie n d e en el verde de un bosque. El p a rtid o obe­
dece, en p rim e r lu g a r, al deseo de g a n a r para el h a b ita t la v is ta al p a rqu e;
p o r eso se ha creado una te rra z a que fo rm a un ja rd ín suspendido que
p e rm ite lle v a r las a le g ría s del cielo , la luz, el sol y las som bras, al fre n te
de la casa y a los espacios ú tile s. Por m edio de los pilo tes, se ha le v a n ­
ta d o el vo lu m e n de la casa, g a n a n d o un espacio lib re al nivel del te rre no ,
que p e rm ite , a su vez, e stablecer una re la ció n fa v o ra b le e n tre el c o n s u lto rio
m édico y la casa p ro p ia m e n te dicha. N a tu ra lm e n te , el h o rm ig ó n a rm a d o
daba la o p o rtu n id a d de v id r ia r to d o el fre n te de la casa, que fu é p ro vista
de un "b r is e -s o le il" p ro yecta d o de acuerdo con la in c id e n c ia del sol en
esa la titu d y o rie n ta c ió n . P lantas y cortes han o fre c id o la p o s ib ilid a d

7

�de una ve rd ad era "p ro m e n a d e a rc h ite c tu ra le " . Se asciende p a rtic ip a n d o
de un juego in te re sa n te de puntos de v ista fa v o ra b le s sobre d is tin ta s p ers­
pectivas. La p la n ta lib re , a d o pta d a en todos los pisos y e spe cia lm e nte en
el de los d o rm ito rio s , da lu g a r a soluciones in te re s a n te s ".
A le g ría s esenciales, jue go sabio, c o rre cto y m a g n ífic o de los volúm enes
bajo el sol, " p ilo t is " , "p a n de v e rre ", "b ris e - solé i I" , "p ro m e n a d e a rc h ite c fu r a le " , p la n ta l i b r e . . . La escueta m em o ria se com pone casi e x c lu s iv a ­
m ente de la a g re g a ció n de los "s lo g a n s " del m aestro en a p re ta d a sucesión.
Todos los elem entos ce su le n gu aje a rq u ite c tó n ic o están presentes, y, una
vez más, Le C o rb u s ie r a rtic u la poesía con ellos.
La m em o ria da, asim ism o, la im presión de una c o n c a te n a ció n lógica e
in m e d ia ta . T e n ie n d o en cu en ta el te rre n o y el p ro g ra m a fo rm u la d o , nada
más adecuado que separar los elem entos de la casa en dos g ru po s: c o n ­
s u lto rio y h a b ita c ió n . C olo car el c o n s u lto rio al fre n te . Com o el te rre n o es
estrecho, to m a r to do el ancho del m ism o, de m an era que, ta n to el c o n s u l­
to rio com o la sala de espera, puedan a brirse a la v ista y al sol. Por d ebajo
c'e este cuerpo, la e n tra d a y el garage.
Escultura de Enio lo m m i en p la n ta bajo

8

�1
2
3
4
5
6
7
8

Entrada
Puerta del garage
Garage
Calderas
Lavadero
Palier interm edio
Entrada del consultorio
Sala de espera

9
10
11
12
13
16
17
18

C onsultorio
Pieza de Servicio
Entrada del dep a rta m e nto
P alier de entrada
14, 15 Sala de estar, com edor
Cocina
Despensa
Terraza
C orte lo n g itu d in a l por las ram pas

9

�H echo esto, u b ic a r la casa. Pero, ta n to la p la n ta b a ja (e n tra d a ) com o el
p rim e r piso (b lo ck c o n su lto rio ) o bstruye n la vista al parque. La casa, en
consecuencia, se co nstruye en el segundo piso; así puede aprovecharse el
te cho del b lo ck c o n su lto rio com o te rra z a ja rd ín que pueda s e rv ir de proCl
.
lon ga ción e x te rio r del liv in g .
t i cubo to ta l de la casa, en dos pisos, el in fe rio r, liv in g -c o m e d o r-c o c in a
el superior, d o rm ito rio s-b a ñ o s, es de típ ic o p la n te o co rb usie ra no . Es eí
estadio 1948 de un d esa rrollo que co m ien za en 1920 con la M a is o n "C itro h a n
v presenta jalones ta n gloriosos com o el p a b e lló n de "L 'E s p rit
N o u v e a u " ( 1 9 2 5 ), los d e p a rta m e n to s de " L a v ille ra d ie u s e " ( 1 9 3 4 ), los
de la " U n ité d 'h a b ita tio n de g ra n d e u r c o n fo rm e " (1 9 4 6 ).
Luego, los elem entos u n ific a d o re s que e n la za n los dos cuerpos. El brisescle il colocado d e la n te de los co n su lto rio s es se m eiante a l que se e ncu e n tra
fre n te al pan de v e rre " de la zona ce h a b ita c ió n . El p rim e ro , lím ite de
la casa, m em bran a que separa dos espacios, p a rtic ip a de am bos y siaue
la línea o b lic u a del fre n te . El segundo es o rto g o n a l con respecto a las
m edianeras, de a cue rd o con un jue go p lá s tic o interno . Com o am bos casetonados a b a rca n dos pisos, el p rim e ro , los dos de h a b ita c ió n , el segundo,
el c o n s u lto rio -te rra z a , se d esplazan m u tu a m e n te en la a ltu ra de un piso*
es decir, que el lim ite su p e rio r del fro n ta l p ro lo n g a el p la n o h o riz o n ta l

19, 20, 21 D orm itorios
22 Baños
23 Techo de la te rra z a

Un aspecto de la e ntra da

C o rte transversal p o r la sala

10

�C orte tra n s v e rs a l por el ja rd ín

in te rio r

E ntra d a del co n s u lto rio

C o rte lo n g itu d in a l por el g a ra g e

11

�In te rio r de uno de los d o rm ito rio s

del te cho del livln g -co m e d o r. Y con esto se cu m p le a la p e rfe c c ió n uno
de los propósitos más am biciosos del a rq u ite c to : e n m a rc a r la visión
desde el liv in g y d a r a la te rra z a un c a rá c te r ín tim o sin que p ie rd a nada
de su proyección hacia el e x te rio r; in te g ra r el b rise -so le il con la te rra z a
por m edio de la ancha d ivisió n h o riz o n ta l, que in v ita a acodarse o a sen­
tarse en e lla m ira n d o h a cia a de ntro .
El te cho sobre la te rra z a tie n e doble a ltu ra y p ro lo n g a el p la n o del te cho
de los d o rm ito rio s. Sugiere, aunque no e n cie rra , un espacio v irtu a l igual
al del cubo de h a b ita c ió n , ch a n fle a d o , sin em bargo, por la líne a m u n i­
c ip a l, y te rm in a de u n ir la te rra z a al resto de la casa.
Pero la más intensa de las sensaciones espaciales es la "p ro m e n a d e a rc h ite c tu ra le " que se d e sa rro lla en el ascenso. P enetrando a través de la
ca ja de h o rm ig ó n que e nm arca la p u e rta de e n tra d a , el espe ctad o r se e n ­
c u e n tra de lleno en m edio de un cosmos de e x tra ñ a riq u e za . A su d e re ­
cha, la pared del garage que te rm in a su fu g a curvándose y d e ja n d o ver
la e sc u ltu ra de Enio lo m m i; en el ce ntro, los p ilo te s de un piso de a ltu ra
b a jo el c o n s u lto rio ; más a llá , un hueco por el que cae la luz, m o d u la n d o
suavem ente los p ilo te s de dos pisos de a ltu ra que sostienen el v o lu m e n
de la casa. Por d ebajo de ésta, un cubo, v id ria d o a p a r tir de un nivel
su p e rio r, del que a rra n ca la escalera. Llevándonos a ese n iv e l, la p ers­
p e ctiva suavem ente ascendente de la ram pa de dos tram o s, que p e rm ite
la visión de un espacio a b ie rto hasta el fo n d o m ism o del te rre n o . A s c e n ­
d iendo por el p rim e r tra m o , se van te n ie n d o puntos de v is ta más fa v o ra ­
bles de la e scu ltu ra y otros más d in á m ico s del resto de la p la n ta b a ja ,
hasta lle g a r al té rm in o . A llí, la e n c ru c ija d a : el a rra n q u e del o tro tra m o ,
que nos reconduce al fre n te , en el nivel del co n s u lto rio , o la e n tra d a a la
casa. En co n tra ste con la ram pa que, en un suave ascenso lo ha llevado
casi hasta el fo n d o del te rre n o , en la escalera, de tra m o s cortos, el p u n to
de v ista del espectador se desplaza v e rtic a lm e n te hasta que la visua l
rasa el borde in fe rio r del piso del liv in g . En este p u n to , la v isió n , in te ­
rru m p id a hasta ahora por el b lo c k g a ra g e -d e p a rta m e n to de se rvicio, y
e n te ra m e n te c irc u n s c rip ta a un jue go p lá stico in te rn o , resbala p o r el piso
del liv in g , se enm arca en el b rise-so le il al o tro e x tre m o del m ism o, sa lta
casi s im u ltá n e a m e n te a lo la rg o del piso de la te rra z a hasta el o tro brisesoleil del fre n te , y de a llí a los árboles def parque. Desde ese p u n to , pe­
gado a la m ed ia n era del fo nd o, el paisaje e x te rio r se ha in te g ra d o con la
casa m e d ia n te un estupendo jue go a rq u ite c tó n ic o .

12

E ntrada de un baño en el segundo piso

�Sala de estar

Esta obra fu é d irig id a en su prim era p a rte por el
arq. A m a n d o W illia m s, hasta la fin a liz a c ió n de
la estructura de horm ig ón . A co n tin u a ció n , el
arq. Simón U ngar to m ó a su cargo la dirección
de la misma. Los planos a q u í presentados fu e ­
ron elaborados en base a los que se co n fe ccio n a ­
ron en el ta lle r del arq. W illia m s, que p o ste rio r­
mente en la obra, su frie ro n algunas m o d ific a ­
ciones.
Fotos 1, 3, 5, 6, 7, y 8 : Georges Friedm an.
Fotos 2 y 4 : J. M. B o rth a ga ra y.

C o n tin u a n d o el ascenso, se llega al piso su pe rio r, donde los c ilin d ro s de
los baños fla n q u e a n un paso de su pe rfic ie s curvas, e x tra ñ a m e n te m o d u ­
ladas por la luz que reciben del e x te rio r. La co lo cació n c e n tra l de estos
baños o rig in a una serie su m a m e nte rica de situ acion es, ca ra c te rís tic a s
de la p la n ta libre. Dos de los d o rm ito rio s se a bren sobre el va cío de
doble a ltu ra .
La a rq u ite c tu ra a rg e n tin a se ha e n riq u e c id o con este m a g n ífic o aporte.
A sí d ebieron co m p re n d e rlo quienes la d e c la ra ro n "o b ra de interés n a c io ­
n a l". M u ch o s de los ta m a ño s y m edidas eran in fe rio re s a los m ín im o s
o b lig a to rio s . Pero en esta casa podem os a s is tir a la c a tá s tro fe de las
m edidas y ta m a ño s convencionales. La cre a ció n de un espacio de nuevo
tip o d eriva en una in c re íb le sensación de a m p litu d p e rce p tib le en to da la
casa. El "ju e g o sabio, c o rre cto y m a g n ífic o de los volúm enes b a jo la lu z "
e n cu e n tra una espléndida co n creció n en esta casa, que la visión del
Dr. C u ru tc h e t ha p e rm itid o le v a n ta r en nuestro país.
J. M . B.

13

�Las relaciones entre la ciencia y el arte
M a rio Pedrosa

C uando se aborda este p ro ble m a , es preciso señalar, en p rim e r té rm in o ,
el g ra do de a u to n o m ía que am bas d iscip lin a s han a lc a n z a d o en nuestros
días, d en tro , n a tu ra lm e n te , de los lím ite s establecidos por el c o n d ic io n a ­
m ie n to s o cio -e co n ó m ico -p o lítico . Esa a u to n o m ía es el rasgo más d e sta ­
cado y o rig in a l de la posición de am bas d e n tro del c o n ju n to de las a c tiv i­
dades sociales. Si, para la cie n cia , la a u to n o m ía aparece tra s un proceso
que viene de m uy lejos, para el a rte es una co n q u ista reciente, que p o ­
demos c a ta r, grosso m odo, en la revo lu ción im p resion ista.
En el d o m in io c .e n tífic o , ha p e rm itid o el progreso pro dig io so de las d i­
versas d iscip lin a s del m undo fís ic o , del m undo b io ló g ic o y hasta de la
psicología, sin e x c lu ir las cien cias llam ad as sociales. La m a te m á tic a se
ha co n ve rtid o en una crea ció n d e slu m b ra n te , s ú b ita m e n te d ese m b ara ­
zada de las a ta d u ra s físicas y e m p írica s, m ovida casi e xc lu s iv a m e n te por
las leyes de su p ro pio jue ga y desarrollo. Se ha a le ja d o de la " r e a lid a d " ,
de las preocupaciones p rá ctica s co tid ia n a s, para c o n ve rtirse en una espe­
cie de pura especulación del e sp íritu . Y sin e m b argo — a q u í está su
p ara d o ja e sp e cífica m e n te m oderna—
el p en sam ien to m a te m á tic o más
libre no queda en el vacío, ya que te rm in a por e n c o n tra r a plica cio n e s
p rá c tica s inesperadas en el m undo de la fís ic a , de la q u ím ic a y hasta de
la b io log ía .
Las especulaciones m a te m á tica s rea liza da s en el g a b in e te de los sabios,
sin n in g u n a pre ocu pa ción de orden p rá c tic o , desem bocan en lo real. La
fís ic a no estaría donde se h a lla a c tu a lm e n te , de no m e d ia r las más
abstractas te orías de los m ate m ático s. T od o o c u rre com o si esas c re a c io ­
nes puras, pro du cida s en el cerebro de los m a te m á tic o s , no fuesen en el
fo n d o sino v irtu a lid a d e s de lo real, que esperasen el m om en to de ser
llam ad as para rea liza rse en el m undo físico .
Las ciencias de la n a tu ra le z a han hecho ta m b ié n su c a m in o , en el sen­
tid o de su ind ep en d en cia con respecto a la percepción sensorial d ire c ta .
H oy sólo se considera b ie n fu n d a d o el co n o c im ie n to c ie n tífic o , cuya f o r ­
m u la ció n es ta l que no pie rd e nada de su rig o r, al no tenerse en c u e n ta el
c o m p o rta m ie n to de todos los observadores posibles, colocados no im p e rta
dónde, desplazándose en no im p o rta qué d ire c c ió n y a no im p o rta qué
velo cida d. La rea lid ad de la fís ic a n u cle a r, de la m ic ro fís ic a , escapa
d e fin itiv a m e n te al e m p irism o de los sentidos. "L o s átom os, los e le c tro ­
nes, los núcleos atóm icos, las ondas e le ctró n ica s, etc., se h a lla n ta n lejos
de ser objetos de la p ercepción sensorial d ire c ta com o to do lo que pueda
ser im a g in a d o por el más fa n ta s is ta de los a rtis ta s ". (M a rtín Johnson) .
A s! com o la cie n cia ha ta rd a d o largo tie m p o en desprenderse de desig ­
nios e xtra ño s a su n a tu ra le z a , d e sa rro lla n d o sólo en tie m p o s recientes
su m étodo p ro pio hasta su especificidad, a c tu a l, con la te o ría de la re la ­
tiv id a d , de igual m odo, sólo en n uestra época el fe nó m e n o a rtís tic o ha
sido p o r así d e cir a isla do y a n a liz a d o com o ta l. C ézanne ha p re s e n tid o en
qué residía la re a lid a d a rtís tic a , y ha reclam a do para el a rtis ta el d e re ­
cho a d e scu b rir en las cosas su "p e q u e ñ a se n sa ció n ". El cu bism o ha
dado a la obra re a liza d a una d ig n id a d nueva, de ta l m odo que la te la
c u b ista co nsitu ye un universo en sí m ism a, con sus leyes y sus hechos
propios. El a rte a b stra cto corona este la rg o proceso h a cia la a u to n o m ía
del fe nó m e n o a rtís tic o , p re scin d ie nd o ¿el o b je to o u tiliz a n d o solam ente
sus proyecciones en el espacio.
El a rte se ha lib e ra d o de sus servidum bres seculares (a lg u n a s de ellas,
sin em bargo, m uy fe cun da s para su d e s a rro llo ) para presentarse, por pr i -

14

�m era vez, com o un fin en sí, es d e c ir nada m ás que com o fe nóm eno
estético. Y a no se c o n fu n d e más ni con la m a g ia , ni con la re lig ió n ,
ni con la p o lític a , ni con la m oda, y se lo ju z g a de acuerdo con sus propias
leyes y exigencias.
En esta e volució n, resulta o b lig a d o d esta car el p a ra le lis m o e n tre la a lte ­
ración de nuestras nociones más sólidas, las nociones de espacio, de
tie m p o y de m a te ria , llevada a cabo por la m a te m á tic a y la fís ic a m o d e r­
nas, y el a d v e n im ie n to del a rte lla m a d o a b s tra c to . En su ind ep en d en cia
con respecto a la n a tu ra le z a e x te rio r, el a rte m oderno tie n d e ta m b ié n ,
com o la cie n c ia , a libe ra rse del com p ro m iso de la p ercepción y aun de la
e xp e rie n cia sensible. El a rtis ta te n d e ría entonces a c re a r com o los g eó m e ­
tras, quienes re a liz a n en el espacio, m e d ia n te líneas, ecuaciones a lg e b ra i­
cas, dando n a c im ie n to a verdaderos seres m a te m á tico s. U no de esos
m a te m á tic o s ha p odido e s c rib ir: " L a ¡dea, la p o s ib ilid a d de expresar
una línea, una cu rva , m e d ia n te té rm in o s alg eb raicos, por una ecuación,
me parece ta n b ella com o la llía d a " L

p ) Completo la cita tomada de L. Lyonnais:
"Cuando vi esa ecuación funcionar y resolverse,
por así decir, por sí misma, entre mis manos, y es­
tallar en una infinidad de verdades, toaas ig u a l­
mente indudables, igualmente eternas, ig u a lm e n ­
te resplandecientes, creí tener en m i poder el
talismán que me abría la puerta de todos los
misterios" (Edgard Q uinet).

¿Es que el a rte y la c ie n cia van a c o n fu n d irs e y a tro c a r sus m étodos
sin d is c rim in a c ió n ? Sería rid íc u lo pensarlo.
De c u a lq u ie r m odo, lo c ie rto es que el a rte , después de h a b e r v u e lto la
espalda a la n a tu ra le z a y rechazado los cánones del R en a cim ie n to , n e ­
gándose a c o n tin u a r al se rvicio de la rep re sen ta ció n e x te rio r, h a b ía v u e lto
ta m b ié n la espalda a la c ie n cia a n tig u a , a las vie ja s concepciones del
espacio e u c lid ia n o .
El academ ism o y el n a tu ra lis m o ce fin e s del sig lo pasado, y a un del
co m ien zo de éste, ya no eran a rte . El a rte se h a b ía c o n v e rtid o en una
té cn ica c o n c lu id a y m u e rta , fu n d a d a en p re ju ic io s in te le c tu a lis ta s y ra c io ­
n a lista s a nquilosados. Se h ab ía c o n v e rtid o en una a c tiv id a d p u ra m e n te
d e d u c tiv is ta y c o n ce p tu a l.
La p rim e ra fase del m o v im ie n to lla m a d o m oderno no fu é sino el des­
p re n d im ie n to s is te m á tic o p o r el a rte del v ie jo com p ro m iso c o n c e p tu a l,
y la reco lo ca ció n del a rtis ta fre n te a la cosa sensible, para que pudiese
de nuevo m a n te n e r con e lla un d iá lo g o que h a b ía desaparecido, sin p a la ­
bras, sin in te rm e d ia rio s verbales, sin asociaciones conceptuales extra ña s.
El a rte re e n cu e n tra entonces sus vie ja s bases in tu itiv a s , y el a rtis ta m o ­
derno descubre sus a fin id a d e s con el a rte de las c u ltu ra s a n tig u a s p re ­
griegas y de las c u ltu ra s p rim itiv a s pasadas o co ntem poráneas. Desde
el p u n to de vista filo s ó fic o , se estaba entonces en plena crisis de la
in tu ic ió n , debido a la d o m in a c ió n excesiva del n e o k a n tis m o y del p o s iti­
vism o. En el p la n o de la p sico log ía , el a so ciacio nism o hacía im ita c io n e s
p ue riles de los m étodos de la b o ra to rio del siglo 19. Las psicologías de
p ro fu n d id a d y las psicologías de e s tru c tu ra h ic ie ro n su e n tra d a en la
ciu d a d e la c ie n tífic a , en el m ism o m o m e n to y con el m ism o se ntid o h is tó ­
rico, que el p ostim presio nism o, el fa u v is m o y el expresionism o.
La ú ltim a e tapa del a rte lla m a d o m od erno se in ic ia después de la recu pe ­
ración in tu ic io n is ta de los m o v im ie n to s precedentes. El a rte se coloca
ahora en una posición d ife re n te de la v ie ja concepción de la n a tu ra le z a
y de la re a lid a d , a u n qu e s im é tric a con respecto a la de la cien cia.
El m undo real se ha tra n s fo rm a d o . La fís ic a d eja de lado las vie ja s p ro ­
piedades de la m a te ria , y retom a la a n tig u a concepción de D e m ó c rito
sobre los átom os y las p a rtíc u la s , que o c u p a ría n los espacios vacíos. Pero
la id e n tid a d m ism a de esas p a rtíc u la s , su a is la m ie n to , su p e rm a n e n cia
com o m a te ria ya no tie n e n se ntid o para el fís ic o de nuestros días. La
noción de id e n tid a d del c o n te n id o de las e x pe rie ncias no se apoya hoy,
en el m un do de las ciencias, m ás que sobre la n oción de 'fo r m a ', de
G e sta lt (a le m á n ). El p ro fe so r S chroedinger, e n tre o tros sabios e m in e n ­
tes, escribe : "S e g ú n la nueva idea, lo' que es p e rm a n e n te en esas p a r tí­
culas ú ltim a s o en esos pequeños agregados es su fo rm a y su o rg a n iz a ­
c ió n ". Pero no es necesario que la ru tin a lin g ü ís tic a nos haga cre e r que
se tra ta de fo rm a s de a lg u n a cosa, o "q u e un s u b s tra tu m m a te ria l sea
necesario para to m a r una fo rm a " . La fís ic a m oderna ha a b o lid o la d is tin ­
ción a ris to té lic a e n tre 'causa m a te ria lis ' y 'causa fo rm a lis '. Las p a rtíc u la s
fin a le s no son cosas, no deben ser pensadas com o hechas de un m a te ria l
c u a lq u ie ra . Son, en la expresión de S chroedinger, "fo r m a s p u ra s " (pu ré
s h a p e ), y nada más que esto.
H e rb e rt Read, en una de sus ú ltim a s obras, hacía una c ita de o tro fís ic o
m oderno que acaba de c o m p le ta r el p en sam ien to de S ch roe ding e r: "L o s
núm eros y las c ifra s , así com o las fo rm a s de p en sam ien to más p rim a ria s
y vacías, son los vasos más sim ples, y ta l vez m ás puros, en que puedan
ve rtirse las e x pe rie ncias in e xpre sab le s. . . Y el secreto m ism o del a rte
reside en que la ley más e s tric ta de la fo rm a , que p arecía no g u a rd a r
ninguna relació n con el co n te n id o , le p e rm ite expresar las cosas que esca­
pan al h a b la r irr e s tric to " (V o n W e iz s a c k e r).

15

�Para el físico, la noción de fo rm a es todo lo que queda de la v ie ja noción
de la m a te ria ; la estética no ha a rrib a d o a una conclusión m uy d ife re n te
en su d om inio. La fo rm a es s ig n ific a tiv a en sí m ism a, y su co n te n id o no
es o tra cosa que ella m ism a en sus elem entos c o n s titu tiv o s , je ra rq u iz a ­
dos en un todo coherente y cá lid o com o un organism o vivien te.
En esta ú ltim a etapa, el a rte , que se ha a pro xim a d o a la cien cia, re iv in ­
dica para sí m ism o el derecho de ser ta m b ié n un m edio de cono cim ien to .
Ya no quiere p erm anecer lim ita d o a sus funciones expresivas, como un
sim ple ve hículo de la su b je tivid a d co m p rim id a . Q uiere a rrib a r a un
pensam iento a rtic u la d o de las esencias, de los fu n d a m e n to s de lo real que
la ciencia aprende, a n a liz a y somete a su c rític a precisa. Si, en su
ú ltim o d esarrollo, suprim e el o bjeto, y de ese modo sobrepasa el p un to de
p a rtid a de la percepción d irecta in m e d ia ta , el a rte in te n ta apo rta rno s n ue ­
vas concepciones de objetos ideales, que p erm a ne cerían en un p la n o de
a n a lo gía con las unidades fo rm a le s de s ig n ific a c ió n propia, com o los
Gestalts en el m undo p sicofísico y en las e stru ctu ra s fis ico m a te m á tica s.
M e d ia n te el proceso de abstracción, el vie jo concepto c ris ta liz a d o del
o b je to es desterrado de la a c tivid a d a rtís tic a , pero en su lu g a r se crea, por
especulación, un nuevo objeto. Se hace posible entonces una nueva conceptu ació n general de la realidad. El a rtis ta , sin em bargo, no abandona
el cam po p rim e ro de la in tu ic ió n , donde objetos ideales, esencias, se
m ueven a la espera del d escu brim ien to , a la espera de deve nir “ reales".
El a rte grieg o de los siglos clásicos se h a lla b a ta m b ié n en relación estre­
cha con la ciencia grieg a clásica, de la cual e x tra jo sus concepciones de
la re a lid a d e xte rio r. El a rte se a p ro xim a entonces peligrosa m e n te a la
n a tu ra le za , siguiendo la m archa hacia a d e la n te del pensam iento racional
y del e sp íritu c ie n tífic o en plena expansión. En toda esta época, "e l
genio griego opone la dem ostración a las asunciones in tu itiv a s " (A b el
Rey) . El a rtis ta griego tiende asim ism o a re e m p la za r en su d o m in io , el
d o m in io de la creación in tu itiv a , la vo lu n ta d de a rte por la "v o lu n ta d de
d e m o stra ció n ", a trib u to del c ie n tista . Los epígonos de los siglos clásicos
de todo tie m p o han hecho del a rte una m áq uin a de d escrib ir, un derivado
bastardo del pensam iento deductivo ra cio n a lista . ¿ H a bría un p e lig ro sem e­
ja n te para el a rte de nuestra época?
La n a tu ra le za según la ciencia g riega era una n a tu ra le z a sólida, p a lp a ­
ble, fu n d a d a sobre una g eo m e tría cla ra , a la escala h um ana y universal.
El a rte podía e xp lo ra r ese universo razo na ble de tres dim ensiones con la
seguridad de que no escaparía al co n tro l de lo sensible. Pero la n a tu ra ­
leza de la ciencia m oderna es a b ie rta por todas partes, sus espacios son
m ú ltip le s y sólo tie n e n una existencia fu n c io n a l; no ofrece asidero a los
sentidos del hom bre.
En este universo d in ám ico, inestable, p a ra d o ja l, en el que las vieia s n o ­
ciones geom étricas son destruidas, el a rtis ta no tie n e ya puntos de re fe ­
rencia para o rientarse ni instrum entos de prospección fá cile s y cómodos
como, por ejem plo, en los tiem pos clásicos, la perspectiva y el escorzo.
En consecuencia, no puede ya dejarse ir por el ca m in o b ien pavim e n tad o
de la ciencia d ed uctiva y de los espacios euclidianos. La in tu ic ió n m ism a
no se e ncuentra ya c o n fin a d a a lo sensible inm ed iato. Com o el geóm etra
m oderno, cada a rtis ta se ve entonces o b lig a d o a e d ific a r su pro pia geo­
m e tría , y es de a llí, de esta concepción in d iv id u a l, pero universal, que
p arte, y no del concepto anquilosado.

En sus representantes más audaces, este a rte nuevo se coloca a c tu a l­
m ente fre n te a la ciencia com o una especie de riv a l, bien que sin espí­
ritu de com petencia. Esta riva lid a d se traduce, precisam ente a p a rtir del
cubism o, por su vo lu n ta d de presentarse com o un m odo de c o n o cim ie n to
autónom o. M uchos lo niegan, pero otros sostienen esta presunción. Y
e ntre ellos un gran n úm ero de cien tista s.
El desarrollo reciente de las ciencias filo só fica s , como la lógica, la sem án­
tic a y las adquisiciones de la lin g ü ís tic a y de las te orías de la G e sta lt y
de la psicología genética, nos p e rm ite n e x a m in a r hoy esta cuestión con
más precisión que antes.
T oda una escuela de lógicos, sem ánticos y filó so fo s están prontos a dar
a las m an ifesta cion es del a rte la d ig n id a d de un p ensam iento a rtic u la d o
in te le c tu a l. El pensam iento, para* S. Langer, no es un p riv ile g io del le n ­
gua je discursivo. Las fa cu lta d e s cognoscitivas del hom bre no estarían
lim ita d a s a las posibilidades de ese lenguaje. La sem ántica reconocería
así o tro sim b olism o d ife re n te del que ofrece el lenguaje ve rb al. ¿En qué
se d is tin g u iría él del modo de los sím bolos del lenguaje discursivo? Los
elem entos del sim bolism o no verbal son irre d u c tib le s a otros elem entos
equivalentes, como ocurre con los sím bolos discursivos. Estos viven sólo
de lo general, y son por n a tu ra le za intercam bia ble s. El nuevo modo de
pensar sim bólico, por el c o n tra rio , se h a lla dotado de una verdadera poten-

16

�cid generalizadora, para a ctua r sobre todo como to ta liza do r. Aunque
único e intra du cibie, es universal. Sus partes no se descomponen en u n i­
dades sim bólicas menores, pero significantes. El sím bolo verbal puede
prescindir, para ser com prendido, de la experiencia sensible; su émulo,
nunca. Este se m an ifie sta siempre por una acción ce presencia directa.
No se puede seguir, para com prenderlo, las cadenas del razonam iento
a n a lítico ; no se encontrará nunca el apoyo co nfortable de una sucesión
de soportes explicativos hasta el coronam iento de su conclusión fin a l. En
este modo, el conocim iento llega m ediante descubrim ientos; se debe des­
cu b rir, en efecto, entre sus partes constituyentes, entre sus estructuras
parciales, vínculos, aproxim aciones repentinas, inesperadas o imposibles
de alca nza r por el desarrollo lógico, pero que nos dan, solas y de una
vez, la sign ificación del pensam iento global presente. Este pensam iento
— esta idea— no es dem ostrativo y no aporta ninguna solución transferible, no siendo además desm ontable en sus partes. Pero es una verdad,
la Verdad del nacim iento de un nuevo ser. El aporte de este conocim iento
nuevo no es nunca una ley, y ciertam ente tam poco un concepto puro;
pero, más que una imagen, es un hecho. A sí, por m edio de este otro
modo de pensam iento sim bólico, el campo de lo cognoscible se ha e xte n ­
dido, y nos aproxim am os un poco más a la naturaleza de las cosas o,
más bien, al misterioso tra b a jo de elaboración form adora de la naturaleza.
Langer nos propone el cuadro como el ejem plo de sím bolo no discursivo
más fa m ilia r. Sus elementos componentes no tienen siquiera designación
propia, y sólo nos transm iten una to ta lid a d , puesto que en sí mismos
no tienen nunca sign ificación independiente. No hay uno solo c'e estos
elementos parciales que sea portador de símbolo, aun cuando se lo v u e l­
va a encontrar en otra to ta lid ad .
El sím bolo no discursivo nos habla siempre en "u n a presentación integral
y sim u ltá n e a ". Es lo que Langer llam a "e l sim bolism o p re sen ta tivo".
"V e h íc u lo norm al y válido de s e n tid o ", vendría a "ensanchar nuestra con­
cepción de la realidad mucho más lejos de los lím ites tra d ic io n a le s ". Se
apelaría al sim bolism o no discursivo precisam ente a llí donde se tra ta ra
de expresar ¡deas, que resultaran demasiado sutiles o com plejas para ser
expresadas en el encadenam iento del lenguaje discursivo. Según Langer
su fu nció n principal sería "co n ce p tu a r el flu jo de las sensaciones". Como
sus productos sen siem pre cosas concretas, sería imposible su bs titu irlo por
" u n pensam iento nacido del len gu aje ".
Basándose en las concepciones intuicion istas de los gestaltistas, la teórica
del sim bolism o presentativo nos hace notar que la racionalidad desciende
hasta el plano rud im e nta rio de la organización psicofísica de la percep­
ción. Es a llí — ya en ese nivel elem ental— que aparecen las prim eras
m anifestaciones de la inteligencia. Las estructuras form ales o rg a n iz a ­
das por nuestros sentidos resultan la prim era etapa del proceso de abs­
tracció n m ental, pues probablem ente ya llevan en sí una cierta dosis de
m aterial sim bólico. "L os ojos y el oído fa b rica n sus propias abstracciones,
y pueden en consecuencia d ic ta r sus form as particulares de concepción.
Sin embargo, estas form as se derivan exactam ente del mismo m undo que
aquellas, com pletam ente diferentes, conocidas por la fís ic a ".
La obra de arte no tiene un sentido literal constante que se pueda tra n s ­
fe rir a las palabras. La comprensión de su naturaleza o de su mensaje
llega de golpe, como un 'fla s h ' de luz. En vez de acum ula r para nosotros
proposiciones, nos da visiones repentinas de las cosas y m u ltip lic a el espa­
cio de nuestras concepciones.
En los lím ites precisos definidos p o r varias ramas de la ciencia moderna,
como la m atem ática, la sem ántica y la psicología, el arte moderno puede
al fin establecer con aquélla relaciones de una extrem a fecundidad. Ellas
vendrán a a m p lia r de nuevo los horizontes del pensam iento hum ano, p e li­
grosam ente reducido por la hegem onía u n ila te ra l del pensam iento con­
ceptual ¡ntelectualista. Pero lo que la ciencia, y sobre todo el a dve ni­
m iento del arte moderno, nos m uestran, es que la era del racionalism o
sistem ático ha pasado. La ciencia moderna, no obstante sus audacias
fu lgu ra ntes y sus descubrim ientos, es sin embargo incapaz de darnos una
síntesis de sus propias m iras, o una nueva concepción del m undo o una
m itología. Sólo el arte puede asignarse esta tarea. Pero esto presupone
una revisión de nuestros hábitos m entales, racionalizados en exceso. El
arte deberá aquí resistir los métodos mismos de la ciencia, y ganar los
espíritus a un nuevo modo sim bólico del pensam iento, su modo específico.
El filó so fo am ericano Dewey ha e m itid o al respecto la opinión siguiente,
que es tam bién un v a tic in io y un deseo: "P robablem ente llegará un día
en que se reconocerá universalm ente que las diferencias entre los esque­
mas lógicos coherentes y las estructuras a rtística s en la poesía, la música
y las artes plásticas son de orden técnico y especializado más que substan­
c ia l". Sólo entonces las relaciones entre el arte y la ciencia podrán ser
planteadas con toda claridad.

17

�foto Groebli (Z ü ric h )

Verena Loewensberg

18

D e fin ir la o rie n ta c ió n p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg com o "c o n c re ta "
es una s im p lific a c ió n cóm oda pero que el a rtis ta no merece.
Q u ed aría por a v e rig u a r si la d e n o m in a c ió n de a rte co ncreto , al ser a p li­
cada a e xpe rie ncias estéticas que d ifie re n n e ce sariam en te de un a rtis ta
a o tro , p o r la n a tu ra le z a de la in s p ira c ió n o por el é nfasis, conserva to d a ­
vía a lg o de la s u b s ta n tiv id a d c o n c e p tu a l que le hemos a trib u id o . Pero
no es sólo esto. En el a rte c o ncreto es posible a d v e rtir la existen cia de
o rie n ta cio n e s que c o m ie n z a n a d ife r ir , p a rtie n d o de un p u n to situado
en el n eo plasticism o. Sería in ú til, desde luego, in te n ta r d e d u c ir esas
o rie n ta cio n e s de un p rin c ip io a x io ló g ic o c o m ú n ; ellas no pueden ser sino
el resu ltad o de una a c tiv id a d espontánea del a rtista .
De c u a lq u ie r m odo, la in flu e n c ia del n e o p la s tic is m o en el d esa rrollo del
a rte co n cre to no necesita ser subrayada. N o es la ú nica, por cie rto , a u n ­
que sí la m ás pon de ra ble . Las o tra s in flu e n c ia s , más laten tes que m a n i­
fie stas, h a b ría que buscarlas en el su p re m a tis m o de M a le w itc h y en el
c o n s tru c tiv is m o de Gabo y Pevsner.
A h o ra b ien, de todas las in flu e n c ia s a p u n ta d a s es la n e o p la sticista la
que a ctú a en m a y o r m ed id a sobre la obra de V e re n a Loewensberg. Cabe
sin em bargo, una a c la ra c ió n : se ha in s is tid o siem pre en lo más aparente

�pintura nP 102

y secundario de la in flu e n c ia neoplasticista — el neoplasticism o ha co n ­
fo rm a do algo así como un estilo—
m ientras que su p ro ble m á tica ha
quedado lige ra m e nte obscurecida.
Una parte esencial de esa p ro ble m á tica ha estado centrada en el tem a
del planism o y en la a bo lición de la anécdota plástica como suceso que
se localiza aisladam ente en la tela. Según V a n Doesburg, el p in to r debía
abandonar el eje del cuadro, m om ento p riv ile g ia d o de la com posición
clásica, para e x a lta r los bordes, persiguiendo con esto una doble fin a li­
dad: la de preservar el plano y la de su ge rir la c o n tin u a ció n del cuadro,
más a llá de los lím ite s de la tela.
Estas premisas del neoplasticism o dieron origen a uno de los temas más
fu e rte m e n te d iferenciados del a rte concreto, tem a que se anuncia ya en
el M o n d ria n de la ú ltim a época y en los "in te rv a lo s " de V a n to n g e rlo o :
el tem a de las series. Ha podido hablarse a propósito de esto, de una
estética de los grupos, por oposición a una estética de lo sing ula r, p o r­
que, en efecto, las series im p lica b an una o rg an ización del cuadro co m p le ­
ta m e nte d is tin ta de la conocida hasta entonces. í 1)
( ! ) V . A n d re a s S peiser: " L a n o tio n de groupe e t les a r ts " . Les g rands co u ra n ts de la
pensée m a th é m a tiq u e , C ahiers du Sud, 1 9 4 8 .

19

�p in tu ra

nP 139

Este te m a es el que ha p reocupado más a V e re n a Loewensberg. A quí
nos lim ita re m o s a una d escrip ción su m a ria del mismo.
El p in to r co m ien za por co n sid e ra r el p la n o com o una m a g n itu d de valor
co nsta nte que él debe conservar. Los elem entos fo rm a le s que emplea
no tie n e n v a lo r por sí m ism os, sino por la s itu a c ió n que ocupan en la
serie y ésta es un c o n tin u o que los absorbe a todos, de ta l m anera que
la percepción no es a tra íd a por n in g u n o de ellos en p a rtic u la r. Las series
p in tu ra nP 111

20

�21

�pueden ser o rg a n iz a d a s por una re la c ió n de tip o g e o m é tric o o de tip o
n u m é rico , en la que el p in to r in tro d u c e una v a ria c ió n , co h e re n te con la
co nve nción que ha a do pta d o, d estin ad a a in c o rp o ra r un e le m e n to de s i­
m e tría o de d is c o n tin u id a d . De este m odo el c u ad ro deja de ser una
to ta lid a d con je ra rq u ía s in te rio re s e in d ic a una c o n tin u a c ió n v irtu a l de
la serie fu e ra de sus propios lím ites.
Pero no to da la p ro d u c c ió n p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg está o rie n ta d a
en esta d ire c c ió n . En a lg un os de los cuadros a q u í reproducidos se advierte
su interés por otros problem as, en especial los que re su lta n de un tr a ta ­
m ie n to del p la n o d is tin to del ante rio r.
En estos cuadros la u n ifo rm e sucesión rítm ic a que c o n s titu y e la serie, es
s u b s titu id a por la a g ru p a c ió n en zonas aisladas de elem entos plásticos, lo
que im p lic a una búsqueda de situ acion es espaciales.
En e fe cto , en el p rim e r caso, estas situ a cio n e s se p resentan sum am ente
d e b ilita d a s d ebido a que el p la n o es co nside rad o en el se ntid o neoplasticista , com o una in v a ria n te con respecto al sistem a representado por las
series.

22

�Estas tra n s c u rre n , por d e cirlo así, en el p la n o sin in c o rp o ra rle d im e n s io ­
nes nuevas. En el segundo caso, en ca m b io , el p la no está en c ie rto m odo
co n fo rm a d o por la s itu a c ió n plá stica.
En d e fin itiv a , lo que hemos co nve nido en lla m a r espacio en una p in tu ra
concreta, no es o tra cosa que el re d e scu b rim ie n to de la fu n c ió n v a ria b le
del plano, fu n c ió n que ha hecho posible la p in tu ra , en una p a la b ra , y de la
que a q u e lla noción es sólo una a p ro x im a c ió n in tu itiv a .
Nos hemos lim ita d o a una c a ra c te riz a c ió n su m a ria de la p ro b le m á tic a
p ic tó ric a de V e re n a Loewensberg, es d e cir, de a q u e lla p a rte de su lab or
creadora que es susceptible de g e n e ra liza cio n e s verbales. Es innecesario
a g re g a r que éste es uno de los m ú tip le s aspectos que o fre ce la obra de un
a rtis ta y no nece sariam en te el más im p o rta n te .
A . H.
fo to M ich a e l W olg e n sin ge r (Z ü ric h )

p in tu ra nP 84

23

�p in tu ra n&lt;? 126

Verena Lowensberg
N a d ó d 23 de M ayo de 1912 en Z ü ric h . Cursó
cs.uaios en la "G sw erb e sch ule" de Basilea y en
la "A c a d e m ie M o d e rn e " de París. Es m iem bro
del grup o " A llia n z " . E'xpone desde 1936 en Z ü ric h ,
Basilea, S a n kt-G a llen , París. V ive en Z ü ric h .

24

�Situación del arte concreto
A lfr e d o H lito

Los m o v im ie n to s m o d e rn o s p o ste rio re s al c u b is m o se p re s e n ta ro n in v e s ­
tid o s con un c a rá c te r de n e c e s id a d : e ra n el p ro d u c to n e c e s a rio de una
e v o lu c ió n n e c e s a ria ; a l m is m o tie m p o que p re s c rib ie ro n el m od o de h a c e r
el a rte , e s ta b le c ie ro n u n a le g a lid a d y u n a ¡le g a lid a d . T o d a v ía los c u b is ta s
h a b ía n to le ra d o a R ousseau y a la a n g e lic a l M a r ie L a u re n c in ; después,
esto ya no ilpa a ser p o sib le . Sólo el d a d a ís m o se p ro p u s o ser a s is te m á tic o
y h e te ro d o x o .
T o d o p a re ce in d ic a r que la p re te n s ió n de fu n d a r el a rte sobre p o s tu la d o s
y a x io m a s c o rre sp o n d e a las nece sid ad e s de u n a a c titu d e s p iritu a l que
ya no es la n u e s tra .
En e fe c to , hoy, la ta re a p a re ce ser o tra . Por de p ro n to , u na m a y o r f a m i ­
lia rid a d con las n uevas fo rm a s p a re ce no e x ig ir de n oso tro s esa v ig ila n c ia
severa q ue c a ra c te riz ó a los p rim e ro s c o lo n iz a d o re s del n u e vo m u n d o
v is u a l. La n a tu ra lid a d y la e s p o n ta n e id a d e stá n lla m a d a s a re e m p la z a r
la p ro lo n g a d a ascesis re p re s e n ta d a p o r el n e o p la s tic is m o y el c o n s tr u c tiv is ­
m o. Esta m is m a n o c ió n de un a rte c o n s tru c tiv o tie n d e a id e n tific a rs e ,
ca da ve z m ás, con el p e río d o c'e c o n s titu c ió n de las fo rm a s q ue h o y e m p le a
el a rte a b s tra c to . En u n a p a la b ra , es u n a n o c ió n a rc a iz a n te .
Sin e m b a rg o , m e p a re ce que n u e s tra s itu a c ió n no está b ie n , re fle ja d a
en este e squem a. En m i o p in ió n es b a s ta n te m ás c o m p le ja . Por o tra
p a rte , no cre o que nos lib re m o s de la re s p o n s a b ilid a d de a n a liz a r la a
fo n d o y de a d o p ta r, en co n s e c u e n c ia , u na a c titu d fr e n te a las o p cio n e s
q ue se nos o fre c e n , re fu g iá n d o n o s en u n p re te n d id o a u to m a tis m o de las
fo rm a s , co m o si éstas se m o v ie ra n im p u ls a d a s p o r u n a d ia lé c tic a in te r io r
in e v ita b le . U na s u p o sició n s e m e ja n te o c u lta m a l el h e c h o de q ue esas
fo rm a s son el re s u lta d o de n u e s tra e le c c ió n y el te s tim o n io v is ib le , in c o r ­
p o ra d o in c lu s o a las fo rm a s m ás p re cisa s y d e p u ra d a s , de las v ic is itu d e s
y o p cio n e s del a rte que hem os e scogido.
Si h o y p od em os h a b la r de u n a m a y o r fa m ilia r id a d con las n ue vas f o r ­
m as, es a c o n d ic ió n de no c re e r q ue e sta m o s en s itu a c ió n de s e rv irn o s
de e lla s con in g e n u id a d e in o c e n c ia , ig n o ra n d o o p re te n d ie n d o ig n o ra r
las c o n d ic io n e s de te m p e ra tu ra e s p iritu a l en que fu e ro n o b te n id a s .
De n u e s tro p a sa d o a rtís tic o re c ib im o s fre c u e n te m e n te los te m a s y los
p ro c e d im ie n to s p ero ta m b ié n , c o n v ie n e no o lv id a r lo , u n c ie rto c o n fo rt
in te rio r. Es lo q ue nos p e rm ite p in ta r u na ca b e z a de to ro s a n g ra n te en
el b o u d o ir de u na n iñ a y tre s o c u a tro lín e a s sobre u n a s u p e rfic ie b la n c o ,
a m a r illa o ro ja , sin e x p e rim e n ta r n in g ú n v é rtig o p o r e llo .
T o d o sucede co m o si h u b ié se m o s d e ja d o de c o n s id e ra r esos h echos co m o
s itu a c io n e s lím ite s de la e x p e rie n c ia y se h u b ie ra n o b je tiv a d o , p o r d e c irlo
así, p a ra noso tro s. C o n v e rtid o s en te m a s, en p ro b le m a s , en s itu a c io n e s
co n g e la d a s , ca be e x tra e r ce e llo s c o n c lu s io n e s y e nse ña nza s.
Pero no sólo esto. Están ta m b ié n las c o n d ic io n e s de d ifu s ió n del a rte
m o d e rn o , es d e c ir, el m o d o en q ue fin a lm e n te ha sid o a c e o ta d o e in flu y e
en la v id a c o tid ia n a . A q u í se ha o p e ra d o un p roceso de d e s tila c ió n d o n ­
de el a rte m o d e rn o ha d e ja d o casi to d a su s u b s ta n c ia s ig n if¡c a tiv a .
H a b ría que m e n c io n a r la ra p id e z con q ue los g ra n d e s te m a s h a n sido
a p rove cha do s, p a ra p e rp e tu a r el deso rd en v is u a l de n u e s tra época. A lg u ­
nos c o n v e n d rá n en q ue esta d ifu s ió n es un tr iu n fo . O tro s , en q ue es
o p o rtu n is m o . M ie n tra s ta n to no p od em os e v ita r q ue a q u e lla s fo rm a s se
h a y a n v a c ia d o de to c o s ig n ific a d o D ) .
H a b itu a d o s , a de m á s, a c o n s id e ra r la h is to ria del a rte m o d e rn o en
el aspecto de u n a tr a n s fo rm a c ió n p ro g re s iv a de los m e d io s e xp re sivo s,
esa h is to ria ha q u e d a d o re d u c id a poco m en os q ue a la n a rra c ió n de
los a c o n te c im ie n to s p u ra m e n te fo rm a le s a c a e c id o s en el a rte de los ú l­
tim o s c u a re n ta años. La co n s e c u e n c ia es u n a a lte r n a tiv a que p a ra a lg u ­
nos c o n s titu y e la e n c ru c ija d a del p re s e n te : la c o m p u ls ió n h a c ia nuevas
fo rm a s y m e d io s de e x p re s ió n o el e s ta n c a m ie n to .
¿Es le g ítim a esta a lte rn a tiv a ? M e in c lin o a c re e r q ue no. A c e p ta r la
e q u iv a ld ría a re co n o ce r la a u te n tic id a d de u n a a c titu d e x p e rim e n ta lis ta
y p u ra m e n te e m p íric a , sin ideas d ire c tric e s fe c u n d a s y, en el fo n d o , sin
m ayores riesgos; la resp o n sa b le , en u n a p a la b ra , de lo q ue h o y c o n o c e ­
m os co m o b u e n o m a l g u s to m o d e rn o .
Esto no q u ie re d e c ir que d eb am os a d o p ta r u n a a c titu d de c o n s e rv a c ió n ,
ni s u ste n ta r la c re e n c ia a b s u rd a de q ue c ie rta s fo rm a s h a n a lc a n z a d o
una e s ta b ilid a d c lá sica y d e fin itiv a . Pero m e p a re ce ig u a lm e n te a b s u rd a
la p re ten sión de a d o p ta r, fr e n te a n u e s tro p asado a rtís tic o , la m is m a
a c titu d que en 1 91 0 se a d o p tó fr e n te a la tr a d ic ió n a c a d é m ic a del s ig lo

Este e je m p lo es un caso e x tre m o , pero fre c u e n te ,
de a d a p ta c ió n de los te m a s del a rte m o d e rn o a
s itu a c io n e s que d e s v irtú a n y e x tr a v ía n sus s ig n i­
fic a d o s . (T h e A m b a s s a d o r)

í 1) Estas c o m p ro b a c io n e s está n to ta lm e n te e x e n ­
ta s de m a l h u m o r y de pesim ism o. N o es m i
p ro p ó s ito m o r a liz a r sobre las c o n d ic io n e s de d i­
fu s ió n del a rte m o d e rn o , en n u e s tra época en
g e n e ra l, ni e n tre n oso tros en p a rtic u la r. Lo m a lo
de a q u í no m e a flig e m ás que lo m a lo de a llá .
La a c titu d de re c h a z o a d o p ta d a fre n te a los re ­
s u lta d o s de esa d ifu s ió n en n o m b re de la c a li­
d a d , no m e pare ce que d ifie r a s u b s ta n c ia lm e n tc
de la a c titu d re p re s e n ta d a por un cóm odo a sen ­
tim ie n to . A m b a s , a m i ju ic io , e n tra n en la c a ­
te g o r ía de lo que V e b le n ha lla m a d o " e l c o n ­
su m o v ic a r io " .
Pero m i p ro p ó s ito es o tro .
Al
m e n c io n a r esas co n d ic io n e s he q u e rid o te n e r ­
las en c u e n ta com o d a to s de una s itu a c ió n , es
d e c ir, com o v e rific a c io n e s ; en s e n tid o p o s itiv o
m ás b ie n que en s e n tid o n e g a tiv o . Es s u fic ie n te
que se saque de esto, a l m enos, la co n clu sió n
de q u e no e sta m o s tra b a ja n d o en co n d ic io n e s do
la b o ra to rio y de que h a b ría que d e ja r de re n d ir
un tr ib u to p u ra m e n te re tó ric o a la c u ltu r a m o ­
d e rn a .

25

�Formas espontáneas de d ifu sió n o btenidas sobre
una base húm eda. (Fernández M u ro)

(2) " A s í tenem os a nte nosotros una situ a ció n
que es al m ism o tie m p o c o n tra d ic to ria y u n ita ­
ria : esto es, m ie n tra s la filo s o fía de los ú ltim o s
die z años se dedicaba a l existe n cia lism o, el a rte
se d irig ía hacia el esencialism o y el in m a n e n tísm o " J. P. H odin, A rti visive, n9 1.

(3) La m ayor p a rte de las "h is to ria s " del a rte
m oderno están confeccionadas según un p atró n
teo ló g ico . En el p rin c ip io fu é Cézanne. De Cézanne nació el cubism o y de éste el a rte a bs­
tra c to . Este m étodo de d e sin fo rm ación es a p a ­
re nte m e n te ino fe n sivo pero su acció n prolongada
puede re su lta r dele té rea ; es el caso de quienes
se detienen . a p re g u n ta r: ¿qué seguirá ahora?
H ab ría que decir, en to d o caso: fu e ro n los neopla sticista s, los co n stru ctivista s, los supre m a tistas, etc. los que sacaron sus propias conclusiones
del cubism o, conclusiones que im p lica ba n una v o ­
lu n ta d d is tin ta de la de los cubistas. El desarrollo
del a rte hasta nuestros d ía s no parece ju s tific a r
un m onismo. A h o ra bien, a lg o de esta concep­
ció n m onista está presente en las distinciones
que se hacen entre a rte a b stra cto y concreto, y
según las cuales el a rte concreto sería una fo rm a
"m á s consecuente" del abstraccionism o.
No hago un problem a de las denom inaciones.
Es conocida la im precisión in h e ren te a todas
ellas. Su em pleo está sujeto, en cada paso, a
cautelas y lim ita cio n e s perm anentes. No creo que,
ta l como existen, n in g ú n rig o r conceptual pueda
a ñadirles precisión. Esta im p o sib ilid a d prueba so­
la m e n te que un cam bio de o rie n ta ció n en el
enfoque de los problem as que p la n te a el a rte
contem poráneo es, adem ás de necesario, deseable.

26

X IX . Un exam en s u p e rfic ia l re v e la ría lo in fu n d a d o de esta pretensión
Con todo, una so lu ción n o rm a tiv a y a p rio rís tic a , com o la s u sten ta ro n las
te nd en cias c o n s tru c tiv is ta s , no co rresp on de ría ta m p o co a nuestras nece­
sidades presentes. N o sólo debido a ese proceso de d e sa rro llo y m a d u ra ­
ción que ya señalam os; por otros m otivos ta m b ié n . En la a spira ción
a la n o rm a tiv id a d e n tra b a un in g re d ie n te a p o c a líp tic o que fu é , p o r o tra
p a rte , com ú n a todos los m o v im ie n to s que sucedieron al c u b ism o : la
in m in e n te absorción del a rte en fo rm a s de vid a m ás a lta s y m ás intensas.
Era el m om en to en que p a re c ía n c o in c id ir los cam bios rad ica les del a rte
— la nueva p lá stica , d e spo ja d a de lu d a v ib ra c ió n in d iv id u a l----- y los
cam bios rad ica les que en lo económ ico y en lo social te n d ía n hacia el
co le ctivism o .
Porque, después de todo, es im p osib le co m p re n d e r esos m o v im ie n to s sin
te n e r en c u e n ta la idea del a rte que han propuesto. C onsiderados en
este aspecto, a p a rte las obras que p ro d u je ro n , esos m o v im ie n to s c o n te ­
n ía n un p ro gram a . N o a s p ira ro n a a lg u n a especie de c u lm in a c ió n o de
clasicism o, pero, en c a m b io , te n ía n la c e rtid u m b re de h a b e r colocado el
a rte a n te su ve rd ad ero d e s tin o : el que el h om bre m erecía. Los p rin c ip io s
a rtís tic o s que fo rm u la ro n , aislados de estos co nte xto s, se reducen a unas
cu an tas fó rm u la s secas e inexpresivas recogidas p o r los m anuales de d i­
v u lg a c ió n , en donde resulta ya im p osib le sospechar to d o lo que h a b ía de
a u d a z y de h ip o té tic o en la p re sun ción n o rm a tiv a que los a n im a b a .
Pero esos p ro gram a s c o n s titu y e n , en g ra n p a rte , el p ro g ra m a del e s p íritu
m oderno. Sin dud a, no los podem os a c e p ta r ta l com o están. H a y cosas
en las que ya no creem os o en las que creem os de o tro modo.
El in te n to , com ú n a las te nd en cias c o n s tru c tiv is ta s de id e n tific a r las
leyes del a rte con las leyes del universo es ing en uo pero ta m b ié n in e x a c ­
to. H a sido una consecuencia de la a m b ic ió n , le g ítim a p o r lo dem ás, de
fu n d a r el a rte en té rm in o s de necesidad y de u n iv e rs a lid a d . Por o tra p a r­
te, ese in te n to resu ltab a a p a re n te m e n te co rro b o ra d o p o r las m ism as f o r ­
mas g e o m é trica s a las que se a c u d ía en re e m p la zo de las o tra s, ya que
p a re cía n in c o rp o ra r al a rte el c a rá c te r in ta n g ib le de las proposiciones
a x io m á tic a s . (2)
Pero esta suposición ha dem ostra do ca re cer de fu n d a m e n to s reales La
perspe ctiva c u ltu ra l ha ree m p laza do en nosotros a la p erspectiva cósm ica.
Desde el p u n to de v is ta que nos p ro p o rcio n a este nuevo e nfo q u e c o m p ro ­
bam os que a q u e lla s fo rm a s han re su lta d o no ser in ta n g ib le s . A l pasar
al a rte e x p e rim e n ta ro n una p e rtu rb a c ió n im p re v is ta . Se v o lv ie ro n , de
p ro n to , s ig n ific a tiv a s . A l d e ja r de e star re fe rid a s a las operaciones in s­
tru m e n ta le s del p en sam ien to, p e rd ie ro n a lg o de su e squ em atism o a b s tra c to
in ic ia l; han quedado in co rp o ra da s a los procesos h a b itu a le s de la
e xp e rie n cia .
T ra slad ad as al a rte ta m p o co te n ía n , com o se h ab ía pensado, un d estin o a
la rg o pla zo. N o estaban d estinadas a espectadores que no conocem os,
a espectadores ideales en c irc u n s ta n c ia s ideales. Por el c o n tra rio su des­
tin o ha sido in m e d ia to : han e n tra d o en el c ic lo del consum o visu a l de
nue stra época y sus co nte nid os se re a liz a n - — o se d e s re a liz a n , más b ie n —
sin la co op eració n de pau tas c u ltu ra le s fa vorab les.
Esta e ve n tu a lid a d , con todo, es lo que las hace v á lid a s p ara nosotros, y no
por ser las d ep osita ría s de los ritm o s p ro fu n d o s y de las e s tru c tu ra s esen­
ciales del universo, o porque en ellas se c u m p la n las p re m o n icio n e s c o n ­
te n id a s en el Filebo. Nos e nco ntra m o s ta n lejos de estas ú ltim a s com o
de los iconoclastas del siglo IX .
Esta e v e n tu a lid a d es la que nos ha p e rm itid o ta m b ié n a b a n d o n a r d e fi­
n itiv a m e n te esa tediosa a s p ira c ió n a un a rte g eo m é trico .
Sin em bargo, sería un e rro r suponer que la p ropensión a u tiliz a r las fo rm a s
de la g e o m e tría fu é d ic ta d a e x c lu s iv a m e n te por el a fá n de s u b s titu ir una
te m á tic a ya enve je cida . K a n d in s k y dem ostró que eran posibles o tros re­
p e rto rio s fo rm a le s p ro ven ien tes de operaciones m enos e x p líc ita s del e s p í­
ritu , y su co he re ncia no fu é p o r e llo m enor. Las obras p ro du cida s com o
a rte a b s tra c to c o n s titu y e n en su m a y o ría p ro lo n ga cio n es del cubism o, del
fa u v is m o y del su rre a lism o , de las cuales se han hecho desaparecer los
ú ltim o s ve stigios de rep re sen ta ció n . N o p ro vie n en de la g e o m e tría .
En m i o p in ió n , lo que ha d is tin g u id o desde el c o m ie n zo a las te nd en cias
c o n s tru c tiv is ta s ha sido una v o lu n ta d de a rte d is tin ta . (3) Para d e c irlo
brevem ente, una v o lu n ta d d irig id a a hace r del o b je to e stético un p ro d u c to
c a lc u la d o y consciente, susceptible de ser re m itid o a un orden v e rific o b le
de leyes. U na v o lu n ta d de co n fe c c ió n , se d iría , más que una v o lu n ta d de
expresión.
La noción de le g a lid a d , re fe rid a a las e s tru c tu ra s estéticas, ha sido o b ié to
de un la rg o debate. En este d ebate se han e n fre n ta d o las d ic o to m ía s t r a ­
d icio n a le s : ra z ó n -in s tin to ; frío -c a lie n te ; a p o lín e o -d io n is ía c o . Pero estas
d istin cio n e s que en to d o tie m p o se a p lic a ro n a los pro du cto s del a rte ,
nece sariam en te diversos, co b ra ro n un d ra m a tis m o especial. En lu g a r de

�ser empleadas com o nociones accesorias, p u ra m e n te descriptivas,, fu e ro n
empleadas en sentido e le ático . El p ro ble m a de los m étodos se tra n s fo rm ó
en un problem a o n to ló g ico . La p re ocu pa ción por el hacer, pre ocu pa ción
de raíces renacentistas que h a b ía d ic ta d o los tra ta d o s a lb e rtia n o s , fué
reem plazada p o r el te m a filo s ó fic o , heredado del ro m a n tic is m o , de la
precedencia o n to ló g ic a de la im agen estética.
Desde que sabemos que cabe o b te n e r im ágenes ig u a lm e n te 'in u s ita d a s ',
sin interven ción de fa c u lta d e s creadoras especiales — lo que la cá m a ra
fo to g rá fic a probó para el a rte tra d ic io n a l, la fo to g ra fía sin c á m a ra lo ha
probado para el a rte concreto— - ese p ro ble m a ha p e rd id o toda d ra m a ficida d para nosotros.
Para quienes hemos escogido un a rte de v o lu n ta d 'c o n s tru c tiv a ' (4) el p ro ­
blema consiste en saber si esta cu a lid a d es p a trim o n io e xclu sivo de cie rta s
fo rm a s o de cierto s p ro ce d im ie n to s. (5)
A q u í cabe hacer u no a c la ra ció n . C uando se dice a rte q e o m é trico , nunca
se sabe si se está h a b la n d o de 'fo rm a s ' o de 'procesos'. La d is tin c ió n es
im portante. La u tiliz a c ió n de fo rm a s g eom étricas, p o r sí sola, no g a ra n ­
tiz a la lim p id e z de los procesos e stru c tu ra le s que se persigue al e m ­
plearlas. En ca m b io , el em pleo crea do r de p ro ce d im ie n to s g eom étricos
puede co n d u c ir y conduce con fre c u e n c ia al log ro de situ acion es e s té ti­
cas, en donde el c a rá c te r in s tru m e n ta l de aquellos p ro ce d im ie n to s puede
re s u lta r casi irre con ocible .
Pero, en todo caso, serán estas 'situ a cio n e s e s té tica s' las que fin a lm e n te
c o n fe rirá n a las fo rm a s su ve rd ad ero se ntid o, y no el lu g a r del e s p íritu ,
si me puedo expresar así, del que provienen. En e fe c to , hasta ahora
hemos h ablado sólo de fo rm a s, no de la p in tu ra y de la e s c u ltu ra com o
to ta lid a d e s .
Los m anuales de g e o m e tría nos h a b ía n h a b itu a d o , m uch o antes que el
arte concreto, a conocer las fo rm a s com o operaciones puras del e s p íritu ,
pero es al ser trasla da da s a las situ acion es típ ic a s de la p in tu ra y de la
e scu ltu ra cu an do e m p ie za n a te n e r s ig n ific a d o para nosotros.
A hora bien, la a c titu d c o n s tru c tiv is ta ha co nsistido hasta hoy, en la
estim ación de que cierta s situ acion es p lá stica s son ó p tim a s con relació n
a otras. H a e xistid o una selección d e lib e ra d a de los tem as.
Esta a c titu d ha sido, p o r lo dem ás, com ú n a todos los m o v im ie n to s m o ­
dernos. Se ha observado que cie rta s p in tu ra s son im p resion istas, cu bista s
o neoplasticistas porque in vo lu cra n , adem ás de una s im ilitu d fo rm a l y
de propósitos, una sum a más o m enos v a ria b le y a rb itra ria de res­
triccio ne s.
Es que una te o ría e stética supone, adem ás de un c o n ju n to de ideas sobre
el arte, la creación de condiciones e xp e rim e n ta le s p ro picias, e n tre otras,
la reducción de los tem as probables del a rte , a los que son susceptibles
de ser v e rifica d o s en condiciones de la b o ra to rio . Pero al m ism o tie m p o
estas condiciones no pueden ser prolo n ga da s in d e fin id a m e n te . De a q u í
que no hayan podido ser m a n te n id a s más a llá de cie rto s lím ite s , y no
sólo por razones de discrep a ncias sino porque, a la la rg a , im p lic a b a n un
em pob re cim ie nto de las v irtu a lid a d e s expresivas, al re d u c irla s a una sola
de sus posibilidades, con la co n sig u ie n te e lim in a c ió n del riesgo y de la
a v e n tu ra .
En condiciones de la b o ra to rio la s itu a c ió n p lá s tic a que sel busca expresar
está d ete rm ina da , fre cu e n te m e n te , por una conve nción e s tilís tic a o por
el va lo r a x io m á tic o concedido a situ acion es que se ju z g a n ó ptim as.
El objeto, p in tu ra o e scu ltu ra , m ue stra la im p ro n ta de u n o ley que desen­
cadena el proceso cre a d o r pero que éste no produce.
Todo parece in d ic a r que nos e n co ntra m o s hoy a n te una s itu a c ió n que el
a rtista m oderno sólo conoció de un m odo esporádico y com o reacción a la
ortodoxia de las escuelas: la p o s ib ilid a d de c o n c e b ir una m u ltip lic id a d
de situaciones p lá stica s d e n tro de un m ism o universo de sentido.
Pero una m u ltip lic id a d de situ acion es p lá stica s supone una m u ltip lic id a d
de soluciones o, al m enos, requiere una fle x ib ilid a d de los rep erto rio s
form ales que les p e rm ita h ace r fre n te a las s o lic ita c io n e s de una e xpe ­
rie n cia que se a c re c ie n ta y se d iv e rs ific a .
La idea de una le g a lid a d e x te rio r al o b je to parece esfum arse a q u í del
todo. Sin duda. Pero será necesario entonces e n c o n tra r p ara cada s itu a ­
ción la ley que le corresponda 'p a rtie n d o de sus propios supuestos', y no de
la consideración de que la p in tu ra , por e je m p lo , debe c o n s is tir en tres
colores más bien que en c u a tro o en cinco. (6)
A q uí, me interesa su b ra ya rlo , volvem os a e n co n tra rn o s con todos los
v
riesgos.
T ra to de colocarm e en el m o m e n to en que el a rtis ta co ncibe v a g a ­
mente lo que q uiere expresar, y no en la p erspe ctiva de la o rie n ta c ió n
a la que fin a lm e n te quedará a d ju d ic a d a su obra. El m om en to de la
interioridad de la crea ció n que el a rtis ta no puede v ic a ria r en c rite rio s
form ales sancionados, a m enos de s a c rific a r una p a rte c o nside rab le de
sí m ism o.

( 4) Con este té rm in o quiero in d ic a r solam ente
una a c titu d posible fre n te a l hacer a rtís tic o , d e ­
jan d o de la d o las connotaciones em ocionales que
v a n unidas a él.
(5) Según D orfles los verdaderos "p ro ta g o n is ta s "
del a rte concreto serían las fo rm a s "s ie m p re re­
currentes de to d a expresión g r á fic a " ; e n tre o tra s :
el .cuadrado, el rom bo, la espira l, etc. G illo D or­
fles, "D iscorso Técnico delle A r t i " , N is tri-L is c h i,
Pisa 1952.
(G) Esto tie n e sentido solam ente desde el p un to
de v is ta que sustento a q u í. Es c la ro que re sulta rá
c o m p le ta m e n te obvio para quien nunca se ha in ­
teresado en estos problem as. Las producciones dsl
e s p íritu se m ueven sobre la base de in fid e lid c d s s
y la in fid e lid a d , en este orden, in d ica un grad o
superior de la cdÜerenda y de la adhesión.

27

�(7) A ra íz de esto se ha pensado que las p in ­
tu ra s debían ser absorbidas en una empresa que
lo in te g ra ra todo. En esta idea hay que recono­
cer dos m otivos de procedencia d is tin ta : el del
m uralism o y el del fu n cio n alism o . A m bos parten
de la consideración de que el cuadro com o u n i­
dad independiente está en crisis, pero por razones
opuestas. Los prim eros porque aspiran a aum e n ­
ta r c u a n tita tiv a m e n te el poder de tra s m itir sig n i­
ficados por m edio de un a rte de masas; los se­
gundos, porque a d m ite n , e x p líc ita m e n te o no,
que el a rte ha cesado en su fu n c ió n de tra n s m itir
significa do s. E's interesante com probar que las
tendencias al a rte -s ig n o y al a rte -o b je to , opues­
ta s e n tre si coinciden en un p u n to ; la in stru m e n ­
ta c ió n to ta l del arte.
No sostengo la perm anencia de los géneros a r­
tís tic o s . Si el cuadro debe ser superado lo será,
sin duda, pero no a costa de la pérdida de una
fo rm a expresiva to d a v ía im p o rta n te , sino en v ir ­
tu d de un desarrollo " d ia lé c tic o " , por o jom plo, &lt;sl
cam ino señalado por M oholy.

28

M e rla u -P o n ty lo ha expresado con e x a c titu d : la concepción no puede
preceder a la eje cució n. En o tra s p alabras, el a rtis ta no tie ne la con­
cie n cia de estar tra d u c ie n d o su 'm e n s a je ' de un m undo de significaciones,
ya elaboradas, a un m u n d o de efectos y de consecuencias previsibles. De
a q u í que el a rte no sea para él un lenguaje.
La a c titu d c o n s tru c tiv is ta se p ro p o n ía e lim in a r los riesgos que el artista
a fro n ta desde el in s ta n te en que se pone a expresar. R eceptáculo de una
ley g en eral, el o b je to p a rece ría escapar así a toda sospecha de gratuidad.
R e fle jo de un m un do de leyes y de fo rm a s inm utab les, aspiraba a que el
m un do se re fle ja ra en él. M en o sp re cia n d o el énfasis ro m á n fic o puesto en
la gestación e qu ip a ró los p roductos del a rte a los productos de la técnica,
lo que fu é , asim ism o, una exageración rom ántica.
Porque el a rtis ta no co nstruye objetos, se 'e xp re sa'. Pero com o su expre­
sión no puede ser seccionada, com o el len g u a je , en un conte nid o y en
una fo rm a , en re a lid a d 1 no tra n s m ite s ig n ifica d o s, los crea.
Después de todo, conviene te n e r presente que una p in tu ra no está desti­
nada, com o las in stan tán e as, a re g is tra r y co nse rva r en el á lb u m de la
fa m ilia el m om en to fe liz en que un a rtis ta ha logrado d a r expresión a
una idea. Estamos dem asiado h a b itu a d o s a c o nside rar las d ificu lta d e s
que el a rtis ta debe nece sariam en te vencer para expresarse, como el m o­
m e n to más s ig n ific a tiv o del a rte . U na vez c o n c lu id a , su obra com ienza
a fu n c io n a r hacia 'a fu e ra '. N o perm anece encerrada d en tro de sus
propios lím ite s com o o curre con los objetos; por el c o n tra rio , su ubicuidad
m a te ria l es sólo a pa re nte. De a h í que, co m p arad a con los demás objetos,
su re a lid a d parece d e fic ie n te ; se a ju s ta m al, no tie n e ju s tific a c ió n . (7)
En esta em presa de c re a r una to ta lid a d de sentido, el a rtis ta no cuenta
con n in g u n a g a ra n tía que le a n tic ip e el é xito. Los in stru m e n to s que em ­
plea, los cálculos, las previsiones, no son norm as a las que él se rem ite
para v e rific a r su posición con respecto a una m eta ya conocida. Sus
v e rific a c io n e s no proceden de a llí. Proceden de la to ta lid a d que busca
expresar, que es más una c o n vicció n y una te n a c id a d que un cálculo.
Desde luego, el a rtis ta puede a d o p ta r una co nve nción , pero cuando es
él m ism o q u ie n la in tro d u c e — es el ú nico, por lo dem ás, que conoce
e xa cta m e n te su v a lo r— por co m o did ad , por co nve nien cia, com o hipótesis
de tra b a jo . Pero a la inversa de lo que o curre en el inve stiga do r c ie n tí­
fic o , la h ipótesis de tra b a jo , en el a rtis ta , no puede ser separada del
proceso crea do r para co n ve rtirse en m edida de c o m p ro ba ción . Lo que
en cie n c ia p ro p o rcio n a c e rtid u m b re , en a rte conduce al fo rm a lis m o y a
la retórica.
Se d irá que esto e qu iva le a re n u n c ia r a la p o s ib ilid a d de un lenguaje
artísJ-.icua.’
w i 'C'WT'íVOTrbrwrftís 'u rv .'v w s íú ftrs , tódi m © te bra Vredrro
p re s e n tir la a p a ric ió n de una te m á tic a abstracta.
H a b ría que e m p le a r c u id ad osa m en te la p a la b ra le n g u a je cuando nos refe ­
rim os al a rte. Señalé antes que, desde el p u n to de vista de la in te rio rid a d
del proceso creador, el a rte no es un le n g u a je para el a rtis ta . ¿La será
entonces, si lo consideram os en su e x te rio rid a d ? En la m edida en que
necesita de la e x p e rie n cia de otros para re a liza rse no es to d a v ía len ­
g ua je . C om ien za a fu n c io n a r com o ta l cu an do ind ica o rem ite a algo que
no es él m ism o o que no está to ta lm e n te co m p re n d id o en él.
Sabemos que en épocas de p ro fu n d a in te g ra c ió n c u ltu ra l, el a rte se ha
co m p o rta d o ' e fe c tiv a m e n te com o le n g u a je y en c ie rto m odo aspiram os
a que vu elva a hacerlo, aun qu e no podem os c o n je tu ra r cóm o lo hará.
Pero lo c ie rto es que nunca ha sido to ta lm e n te len gu aje , salvo en los
casos de una c o n v e n c io n a liz a c ió n a bso lu ta de los m edios expresivos, es
d e cir, por un a n iq u ila m ie n to de la fa c u lta d creadora. Los inten tos re a li­
zados hasta hoy, para c o n v e rtirlo en len gu aje , no han logrado m eiores
resultados y no me re fie ro so lam ente al lla m a d o rea lism o socialista.
Pienso ta m b ié n en esos inten tos de e x p lic ita r los co nte nid os v irtu a le s del
a rte co n cre to en la deco ra ción o en la e s tiliz a c ió n m odernas. Se ha espe­
rado, a veces, que de la p ro x im id a d e spacial, en a m b ie n tes apropiados,
de p in tu ra s y e scultu ra s con o bjetos que revelan un c ie rto d e n o m in a d o r
com ún de fo rm a o de estilo, casi siem pre provisorios, se desprenda una
ve rd ad era c o n tin u id a d de sentido.
M e parece que esta a c titu d , p re m a tu ra m e n te a rq u e o ló g ica , adoptada
fre n te a los p roductos de una c u ltu ra to d a v ía in c ip ie n te , puede ser ú til,
a lo sumo, para e v id e n c ia r la o rie n ta c ió n de lo que serán, en to do caso,
los aspectos m a te ria le s y no orgánicos de una c u ltu ra .
Nos e nco ntra m o s to d a v ía en el p eríodo del a rte m edio de expresión y,
q u iz á , en las ú ltim a s p ro lo n ga cio n es de las p o sibilida de s a b ie rta s por el
R en acim ien to. En e fe cto , h a b ría que hacer co m e n z a r en ese p eríodo h is tó ­
rico con la in tro d u c c ió n de la perspectiva, el d o g m a tism o de las p ro p o r­
ciones y los d is tin to s d ispositivos destinados a fra g m e n ta r y c u a n tific a r la
im agen v isu a l, la b ifu rc a c ió n e n tre a rte le n g u a je y a rte fu e n te de asom ­
bro y sorpresa; e n tre a rte signo y a rte objeto.

�Baudelaire y más ta rd e A p o llin a ire , h a b ía n v is to en la sorpresa el fa c to r
decisivo de la em oción e stética im p o n ie n d o así una d ire c c ió n que iba a
ser p re d o m in a n te en el d e sa rro llo del a rte m oderno.
A hora bien, lo sorprendente es to do lo c o n tra rio de una conve nción y lo
convencional es una co n d ició n necesaria de to do lenguaje.
Pero ya hemos visto cóm o los tem as que p a re cía n más inu sitad os se han
convertido fá c ilm e n te en convenciones fó rm e le s o e s tilís tic a s , sin lle g a r
a c o n s titu ir, por ello, un universo de sentido.
En mi opinión, el ca m in o de in te n s ific a r la búsqueda de situ acion es sor­
prendentes ha p erdido m ucho de su s ig n ific a c ió n in ic ia l, para c o n ve rtirse en
algo com p le ta m e nte d is tin to . Creo que, en el fo nd o, la o rig in a lid a d del
arte que hacemos reside m enos en la novedad de sus situ acion es visuales,
que en el hecho de haber a u m e n ta d o y e n riq u e c id o la zona de lo e xpresable, de lo que tie n e o está lla m a d o a te n e r un se n tid o para la e x p e rie n ­
cia. (8) Creo ta m b ié n que es a q u í donde residen sus p osibilida de s más
auténticas, las posibilidades que corren el riesgo m a y o r de no ser c u m ­
plidas, las únicas, a mi ju ic io , que m erecen ser inten tad a s.
Esta a firm a c ió n e x tra ñ a rá sin duda, a quienes crean que estam os h a b la n ­
do de posibilidades técnicas o fo rm a le s. La e xpe rie n c ia de M o h o ly está
a llí para dem ostrar que el c u m p lim ie n to de esas posibilida de s bien puede
ser cuestión de o p o rtu n id a d social o económ ica.
Algunos a lim e n ta n la ilusión de que se puede se gu ir h acien do 'a r te ' a
títu lo provisorio, com o Descartes h ab ía ado pta d o una m oral p ro viso ria .
Entiendo que se pueda re n u n c ia r al a rte y que este gesto a d q u ie ra v a li­
dez en la perspectiva de un destino in d iv id u a l. Existen ejem plos ¡lu s­
tres y todos los conocemos. Lo que no e n tie n d o es que se pueda c o n tin u a r
pin ta nd o cuadros o h aciendo escultu ra s con la sensación de una im p o ­
te n c ia in te rio r.
Hemos te rm in a d o por darnos cu en ta que estam os tra b a ja n d o 'desde' el
arte y con los m edios que nos p ro po rcio na el a rte que hem os escogido.
No se tra ta , creo yo, de saber si m erecem os o no esos m edios (9) ; la
cuestión es otra. Lo que debem os d e c id ir es si vam os a c o n tin u a r c o n ­
siderando al a rtis ta com o si se tra ta ra de un 'p ro m o to r' de fo rm a s o lv i­
dando que, ante todo, el a rtis ta tra b a ja sin co ncien cia de que e xista una
b ifu rca ció n e ntre lo que hace y lo que aspira a s ig n ific a r con ello.
Por otra parte, la o bte nció n de nuevas fo rm a s ha d em ostrado no ser
p a trim o n io exclusivo del a rtis ta . Estaría te n ta d o de d e c ir: ta m p o co es
su m isión.
Los medios para o btener fo rm a s son hoy p rá c tic a m e n te ilim ita d o s . Cada
disciplina tecnológica es susceptible de co n ve rtirse en causa de s itu a c io ­
nes visuales desconocidas e inéditas, sin el concurso de una im a g in a c ió n
crea do ra a ctiva .
M ie ntra s el m undo de las fo rm a s se ha e n riq u e c id o y m u ltip lic a d o , el
m undo de los sig n ifica d o s se ha red ucid o y e m p ob re cido casi en p ro p o r­
ción inversa. A lg o de lo que ha o c u rrid o puede ser ilu s tra d o por el e je m ­
plo que proporcionan esas fo rm a s azarosas em pleadas p o r los a n a lista s.
Formas de sig n ific a d o a m b ig u o o, m e jo r d ich o de s ig n ific a d o puesto por el
observador, según la m ayor o m en or c o m p le jid a d o interés de sus e n c ru ­
c ija d a s psicológicas.
Nos encontram os sum ergidos en situ acion es visuales de s ig n ific a c ió n d u ­
dosa y am bivalente. A lg u n a s de ellas son el p ro d u c to de procesos p u ra ­
mente técnicos y es sólo p o ste rio rm e n te que a d v e rtim o s la sem ejanza,
a veces perturb ad ora, con lo que h abíam os cre íd o el resu ltad o de una
actividad espontánea del e sp íritu . O tras, en ca m b io , son e xpe rie ncias d e ­
liberadas con el in te n to de lo g ra r e q u iva le n te s té cn ico s o a rtesanales de
los tem as del arte.
No digo que estas expe rie ncias sean ¡le g ítim a s o que no deban ser
intentadas; me lim ito a se ña la r que el ju ic io tie n d e a q ue da r desarm ado
frente a ellas. Se ha operado así una inversión del ju ic io estético. Nos
hemos habituado a leer en sentido p ic tó ric o , es d e c ir a in c o rp o ra r una
pauta estética, a hechos que se han p ro d u cid o en c irc u n s ta n c ia s ajenas
a las condiciones del h ace r a rtís tic o . (10)
Ahora bien, mi propósito no es el rescate del a rte . Después de to do no
ha sido extraviado nunca y la p o sib ilid a d de una p é rd id a fu tu ra es apenas
conjeturable. El problem a, a m i ju ic io , no consiste en re c u rrir, para o rie n ­
tarnos, a una cla sifica ció n a cadém ica de esos objetos según género y
especie. Una d e fin ició n del a rte en té rm in o s de los m a te ria le s y p ro c e d i­
mientos que empleamos me parece, a esta a ltu ra , in ú til y grosera. Pero
creo que podemos o rien ta rn os en el se ntid o de saber qué clase de e xpe ­
rie ncia s se consum an en cada caso.

(8) A lo largo de to d o el te x to , he em pleado los
té rm in o s " s ig n ific a d o " y " s e n tid o " otorgándoles
ttna

m is m a

s ig n ific a c ió n

s e m á n tic a

aún

cuando

no la te n g a n . Lo he hecho así para co m p le ta r lo
que cada uno separadam ente no a lca n za a e x ­
presar. M i prop ó sito ha sido el de lla m a r la
a te n c ió n sobre lo que considero el aspecto más
fu n d a m e n ta l y descuidado de la p ro b lem á tica
suscitada por el a rte concreto e in d ic a r que e xis­
te alg o , a llí donde antes se c re ía que no debía
e x is tir nada. He in te n ta d o antes una a p ro x im a ­
ción. ig u a lm e n te proviso ria , a este problem a,
" n v " 2 /3 . "S ig n ific a d o y a rte c o n c re to ".

(°) El a rtis ta es libre, desde luego, de re in v e n ta r
sus medios expresivos. Si lo logra e fic a z m e n te no
será, como se ha creído, con la fin a lid a d de d ilaD idar una tra d ic ió n . El creador está ju s ta m e n ­
te en el polo opuesto del " n a ív e " . Este tra b a ja
com o si nunca se hub iera hecho nada antes de
él, como si los medios expresivos no tu v ie ra n
h is to ria y com o si esa h isto ria no hub iera dejado
n in g ú n sedim ento en ellos. Es el único, por lo
dem ás, que puede prete nd e r u tiliz a r el a rte co­
m o un lenguaje. En e fe c to , com o ocurre con el
lenguaje, los medios expresivos los encu e n tra a h í,
no necesita cuestionarlos, porque el lenguaje no
se confu nd e o no deb e ría c o nfu nd irse jam ás con
la cosa que tra n s m ite .

"F o n ta n a ", M . Ducham p, 1917

(10) No ignoro que, en parte , esta s itua ción es
consecuencia de una de las premisas más im p o r­
ta n te s de los m ovim ientos m odernos: el p rop ó ­
sito, no sólo de disolver y a n u la r las d iferencias
entre los géneros a rtís tic o s , sino las d ife re n cia s
de género entre el a rte y las demás fo rm a s de
la a c tiv id a d plasm adora. Por lo demás, un desar­
me sem ejante del ju ic io ha sido llevado a cabo
con una coherencia extrem a por el dadaísm o.

29

�Información
La Feria de América

T o rre de e ntra da a la Feria

L a F e ria de A m é r ic a , q u e se lle v ó a c a ­
b o en M e n d o z a en los p rim e ro s m eses d e l
a ñ o p a s a d o , co n la p a r tic ip a c ió n de d iv e r ­
sos países a m e ric a n o s y de ca si to d a s las
p r o v in c ia s a r g e n tin a s , c o m e n z ó a o r g a n i­
z a rs e a fin e s de 1 9 5 2 . En m a rz o d e l a ñ o
s ig u ie n te se d e te rm in ó la m a g n itu d , y el c a ­
rá c te r in d u s tr ia l de la m u e s tra , in te g r á n d o ­
se el C o m ité E je c u tiv o c o n re p re s e n ta n te s
de los p o d e re s p ú b lic o s n a c io n a le s y p r o ­
v in c ia le s , de la in d u s tria y el c o m e rc io . El
D r. Iv á n B a c z in s k y , u n o de los m ie m b ro s d e l
c o m ité , fu é e le g id o D ire c to r d e la F e ria .
B a jo la d ire c c ió n té c n ic a d e l a r q u ite c to
C é s a r J a n n e llo y de G e ra rd o C lu s e lla s , se­
c u n d a d o s p o r los señ ores W a lt e r F ra n k e ,
R ené B a rb u y y , d u ra n te u n p e río d o p o r el
a r q u ite c to F é lix P in e d a , se in ic ia r o n de i n ­
m e d ia to los tr a b a jo s de p la n ific a c ió n de la
F e ria .
L a F e ria fu é c o n c e b id a c o m o u n g ra n
e s p e c tá c u lo , d o n d e el p ro d u c to in d u s tria l
a r g e n tin o y a m e ric a n o d e s e m p e ñ a ría el p a ­
pe l p r o ta g ó n ic o . Esto im p lic a b a m o s tra r los
p ro d u c to s al v is ita n te , te n ie n d o e n c u e n to
fin e s p u b lic ita r io s , c o m e rc ia le s , c u ltu r a le s y
d id á c tic o s , y a q u e se p o n d ría de m a n ifie s to
el p roceso de fa b r ic a c ió n y las c o n s e c u e n c ia s
u lte r io re s d e riv a d a s de la u tiliz a c ió n d e l p r o ­
d u c to . L a p la n ific a c ió n se a ju s tó a s í a l p r o ­
p ó s ito de e s ta b le c e r la re la c ió n e n tre el v is i­

30

ta n te y el p r o d u c to e x p u e sto , de m anera
q u e el in te ré s y la a te n c ió n p u d ie ra n m a n ­
te n e rs e en to d a la m u e s tra . A d e m á s, se p ro ­
c u ró e lim in a r c u a lq u ie r d e co ra ció n in ú til,
a u n q u e tr a ta n d o de re a lz a r el v a lo r esté­
tic o de las p re s e n ta c io n e s . En v irtu d del
n ú m e ro y de la d iv e rs id a d de las piezas que
ib a n a e xp o n e rs e , la a rq u ite c tu ra de los
p a b e llo n e s se e n c u a d ró d e n tro de la m á xim a
s e re n id a d , en c o n tra p o s ic ió n con las c a ra c­
te r ís tic a s n a tu ra le s de l p a rq u e que albergó
la e x p o s ic ió n . N o se c re a ro n grande s pers­
p e c tiv a s , p o r e n te n d e rs e q u e es p re fe rib le
d e s p e rta r la c u rio s id a d de l v is ita n te m e­
d ia n te suce sivo s y d is tin to s á m b ito s . Por
o tr a p a rte , se p r o y e c ta ro n c irc u ito s de re­
c o rrid o s co n el p ro p ó s ito de e n c a u z a r al v is i­
ta n te q u e p o r p r im e ra v e z e n tra ra en la
Feria.
A f i n de p re s e rv a r la u n id a d fo rm a l de
la e x p o s ic ió n , se d ic ta r o n n o rm as para la
e je c u c ió n de p a b e llo n e s , sta n d s e in s ta la ­
c io n e s e lé c tric a s . A d e m á s , se p royecta ron
e le m e n to s tip o y se e n v ia ro n sugestiones a
los e x p o s ito re s sob re siste m a s co n stru ctivo s
a d e c u a d o s a l c lim a , a los m a te ria le s y a las
c a r a c te rís tic a s de la m uestra.
El p ro y e c to de l c o n ju n to de la exposición
fu é c o n c re tá n d o s e en u n p la n o g e n e ra l, que
s ig u ió e n c o n s ta n te c re c im ie n to y tra n s fo r­
m a c ió n a m e d id a q u e a u m e n ta b a el nú m e-

�ro de p a rtic ip a n te s o qu g se h a c ía ne cesario
to m a r en c u e n ta aspectos fo rm a le s , de m a g ­
n itu d , de je ra rq u ía , de a g ru p a m ie n to ló g i­
co de los p ro d u c to s según su n a tu ra le z a ,
de c o m p o sició n de espacios y c irc u ito s y
o tro s v in c u la d o s a los intereses de los e x p o ­
sitore s. A este f in se m a n tu v ie ro n a c tu a li­
za d o s los p la n o s d u ra n te el p e río d o de ges­
ta c ió n y se e je c u ta ro n a n te p ro y e c to s de la
to ta lid a d de los c o n ju n to s y de nu m ero sos
p a b e llo n e s.
A d e m á s se p ro y e c tó y d ir ig ió la c o n s tru c ­
c ió n de u n te a tro a l a íre lib re , u n p a ­
b e lló n p a ra las in d u s tria s re g io n a le s, u n b a r
y c a s in o , u n ja r d ín de in fa n te s , d is tin to s t i ­
pos de p a b e llo n e s p a ra s e rv ic io s fu n c io n a le s ,
y los c o rre s p o n d ie n te s a la p ro v in c ia de M e n ­
d o z a y las re p ú b lic a s de B ra s il, E cuador,
P a ra g u a y y de C e n tro a m é ric a . La ilu m in a ­
c ió n de p rados, g ru p o s de á rb o le s, fu e n te s ,
e tc ., fu é d ir ig id a p o r el D ire c to r de la F e ria,
se c u n d a d o p o r el e q u ip o de a r q u ite c tu ra .
T a m b ié n se d ia g ra m ó m a te ria l g r á fic o y p u ­
b lic ita r io y se d is e ñ a ro n e m b le m a s, d is t in t i­
vos y g a lla rd e te s .
T o d a s las ra m a s de la in d u s tria d e l p a ís
-— ta n to p riv a d a com o o fic ia l—
e s tu v ie ro n
re p re s e n ta d a s en la F e ria. El p a b e lló n m ás
im p o rta n te de la re p re s e n ta c ió n e x tra n je ra
fu é el de C h ile , co m p u e sto p o r dos cue rpos
de c o n s tru c c ió n . In c lu y ó m u e s tra s de g ra n
c a n tid a d de p ro d u c to s in d u s tria le s y u n res-

ta u r a n t típ ic o . Se d e s ta c a ro n , a sim ism o , por
su im p o rta n c ia , los p a b e llo n e s de B ra sil, P a­
ra g u a y y E cuad or. T a m b ié n e s tu v ie ro n p re ­
sentes M é x ic o , C u b a , C o lo m b ia , El S alvado r,
B o liv ia , C osta R ica, R e p ú b lic a D o m in ic a n a ,
H a ití, H o n d u ra s y G u a te m a la . C o n c u rrie ro n
casi to d a s las p ro v in c ia s a rg e n tin a s .
La s u p e rfic ie c u b ie rta to ta l sobrepasó los
3 0 .0 0 0 m e tro s y el áre.a o c u p a d a to ta l fu é
de 3 0 h e c tá re a s , s u p e rfic ie d e m a sia d o e x te n ­
d id a , qu e o rig in ó u n a fa lta de d e n s id a d en el
a g ru p a m ie n to de los p a b e llo n e s y la c re a c ió n
de zo n a s de in te ré s d é b il. La c a n tid a d to ta l
de v is ita n te s se e s tim a en 1 5 0 .0 0 0 p e r­
sonas.
Log re su lta d o s de la F e ria de A m é r ic a fu e ­
ron m u y h a la g a d o re s desde to d o p u n to de
v is ta , y a qu e no sólo se c o n tó con u n a g ra n
c o n c u rre n c ia de firm a s e x p o s ito ra s n a c io n a ­
les, sino ta m b ié n co n u n g ra n é x ito de p ú ­
b lic o . En la c o n s tru c c ió n y d e c o ra c ió n de los
p a b e llo n e s y sta n d s, se o b tu v o u n a p o n d e ra ble u n id a d , co n sig u ié n d o se , a s im is m o , en
m u ch o s casos, v a lo re s q u e m u e s tra n u n p ro ­
greso en la té c n ic a de las c o n s tru c c io n e s l i ­
v ia n a s de h ie rro y m a d e ra . En su m a , puede
a firm a rs e q u e , d e s c o n ta n d o a lg u n a s d e fic ie n ­
cias, su b sa n a b le s en m u e stra s fu tu ra s , la Fe­
ria d e A m é ric a m a rc a , e n la A r g e n tin a , un
p ro m is o rio a c o n te c im ie n to en m a te ria de
a rq u ite c tu ra de e xp osicion es.

Planta general

V ista n octu rna de la Feria

Foto M a ka rlu s

31

�Pabellón Brccil en construcción

Pabellón

El p a b e lló n de B ra sil fu é p ro y e c ta d o t e ­
n ie n d o en c u e n ta la necesidad de p re s e n ta r
los o b je to s a exp onerse, d e n tro de un m a rc o
n e u tro que no in flu y e ra sobre el e sp ectad or.
Se co n s tru y ó , en con s e c u e n c ia , u n a e n v o l­
tu r a e x te rio r e in te r io r co m p u e s ta p o r piso,
paredes la te ra le s y te c h o , que re a liz a ra esa
fu n c ió n e s p e c ia lm e n te .
Los des pa neles de los fre n te s c o n tin ú a n el
s e n tid o de la e n v o lv e n te , que sólo es c o r­
ta d o p o r el siste m a de v ig a s y c o lu m n a s y
el de spiezo h o riz o n ta l de la m a d e ra . A l
p e rm itir, ad em ás, u n a v is ió n p a rc ia l del
in te r io r del p a b e lló n , cre an u n a nu eva
a tra c c ió n en el e sp e c ta d o r que c irc u la po r
a fu e ra .
Dados los g ra n d e s de snivele s e x is te n te s en
el te rre n o , y c o n s id e ra n d o p re fe rib le c o n ­
s e rv a r las cap as de tie rra ú til del p a rq u e ,
la c o ta del p a b e lló n se le v a n tó sobre el n iv e l
del m ism o.
El sistem a c o n s tru c tiv o está c o m p u e s to p o r
co lu m n a s do bles de h ie rro y v ig a s P ra tt
sobre las qu e se c o lo c a ro n v ig u e ta s de m a ­
de ra, que se c o n tin ú a n a tra v é s de las p a re ­

32

Brasil.

A rq .

César

Jannello

y

Gerardo
Clusellas

des la te ra le s y se ju n ta n n u e v a m e n te con
las del piso; to d o este siste m a fu é re c u ­
b ie rto con ta b la s m a c h ih e m b ra d a s p o r los
dos costados.
Los pa n e le s del fre n te se s u je ta ro n a las
c o lu m n a s y los v id rio s qu e los ro d e a n fu e ­
ron colo ca d o s al to p e , fijo s p o r la p a rte su ­
p e rio r e in fe r io r con pe queñ os ta p a ju n ta s .
Las ra m p a s de e n tra d a , a c tu a n d o com o
p u e rta s le v a d iz a s , se rvía n a la ve z de c e ­
rra m ie n to al local.
La ilu m in a c ió n g e n e ra l se e m p o tró e n tre las
v ig u e ta s del te c h o , en e le m e n to s d is tr ib u i­
dos d e s ig u a lm e n te ; la lu z p a r tic u la r de cad a
s ta n d o v itr in a se lle vó p o r el piso.
El desagüe del te ch o se e fe c tú a p o r m e d io
de c a n a le ta s que d e sa g o ta n en cañ os in te r ­
nos de las paredes la te ra le s . En tre s zonas
se d e ja ro n sin re c u b rir las v ig u e ta s del te ­
c h o y del piso, cre ándo se así lu g a re s al
a ire lib re , que fu e ro n a p ro ve ch a d o s com o
ja rd in e s .
T o d o el p a b e lló n fu é m o n ta d o con bu lo n e s
y al te r m in a r la e x p o s ic ió n , se d e sa rm ó y
a rm ó en o tro lu g a r.

�El p a b e lló n de M e n d o z a se re a liz ó co n el
ú n ic o fin de e x p o n e r u n a m a q u e ta q u e re ­
p re s e n ta ra dive rso s sistem a s de em b a lse e
Irrig a c ió n de un río m e n d o c ln o . A ta l fin ,
se a d o p tó u n a p la n ta c u a d ra d a q u e p e rm i­
tía u n a ó p tim a v ls u a llz a c ió n de la m a q u e ­
ta en to d a s sus d ire c c io n e s . Los lado s de l
c u a d ra d o se u tiliz a r o n co m o e le m e n to s de
e x p o s ic ió n se cu n d a rlo s.
L a e n tra d a y la
s a lid a fu e ro n u n ific a d a s , pues el v is ita n te
n o n e c e s ita ría u n c ir c u ito de re c o rrid o , t e ­
n ie n d o en c u e n ta qu e Ib a n a re a liz a rs e co n s­
ta n te m e n te d is e rta c io n e s d e n tro de l p a ­
b e lló n .
El siste m a c o n s tru c tiv o fu é p la n e a d o con
c o lu m n a s de h ie rro , p e ro re a liz a d o en m a ­
d e ra p o r ra zones e co n ó m ica s. Se re fo rz ó
to d o el s iste m a d e s a rm a b le con ten sore s
e x te rn o s c ru z a d o s de c o lu m n a a c o lu m n a .
A d e m á s , se a p ro v e c h ó el d e sn ive l d e l te r r e ­
no p a ra c o n s tru ir u n a ra m p a que p e rm itie ­
ra la e n tra d a p o r el piso de l lo ca l.

Pabellón M endoza. A rq . César Jann e llo y G erardo

Clusellas.

33

�El Museo de Arte Moderna de
Río de Janeiro

M a q u e ta del proyecto

H a c o m e n z a d o ya en R ío de J a n e iro la
c o n s tru c c ió n d e fin itiv a de l M u s e o de A r te
M o d e rn a , el p rim e ro en su g é n e ro a le v a n ­
ta rs e en Sud A m é ric a .
Los o rg a n iz a d o re s no h a n q u e rid o lim ita r
lo a c c ió n c u ltu r a l de l m useo a la e x p o s i­

34

ció n de sus o b ra s de a rte , o al p a tro c in io
de los cursos o c o n fe re n c ia s qu e en él se
d ic ta n .
H a n bu sca d o la c re a c ió n de un
a m b ie n te in te g ra l, c o n s tru id o de acu erdo
con el e s p íritu qu e a n im a al M u seo, donde
los a rtis ta s p u e d a n e n c o n tra r u n a p o yo para
sus con ce p cio n e s y sus tra b a jo s , y do nde el
p ú b lic o p u e d a re s p ira r la a tm ó s fe ra pro p ia
de la c u ltu r a a r tís tic a q u e re cla m a el esp í­
r itu m o d e rn o . E ntre el m useo de a rte y el
m useo de a rte m o d e rn o e x is te esta d ife r e n ­
c ia fu n d a m e n ta l.
El p rim e ro re úne obras
c o n sa g ra d a s, te s tim o n io s de v a ria s épocas,
p o r las q u e el p ú b lic o se in te re sa con el
p ro p ó s ito de co n o ce r, c la s ific a r y p e n e tra r
en o tra s d im e n s io n e s del e s p íritu hu m ano ,
p resentes o pasadas. El m useo de a rte m o ­
d e rn o re úne e le m e n to s de un a e x p e rie n c ia
en curso, de u n proceso c re a d o r en a c tiv id a d
y a b re u n c a m in o h a c ia lo fu tu ro , e x a m i­
n a n d o y c ritic a n d o sus p ro p io s resultados.
El e d ific io , qu e se le v a n ta rá fre n te a la
a v e n id a co s ta n e ra , p ró x im o al c e n tro de la
c iu d a d y te n ie n d o co m o m a rc o la b a h ía de
R ío de J a n e iro , ha sid o p ro y e c ta d o p o r A l ­
fo n so E dua rdo Reidy.

�El diseñador industrial en Japón
Kasuya S akai.

H a ce m ás de c in c u e n ta años, en u n te x to
in g lé s de la F a c u lta d de In g e n ie ría de T o k y o ,
se h a c ía re fe re n c ia p o r p rim e ra ve z en J a ­
pón al " in d u s tr ia l d e s ig n ".
C on a n te rio r id a d , en 1 8 9 8 , se h a b ía n ya
g ra d u a d o los p rim e ro s a lu m n o s de la Es­
c u e la S u p e rio r de B ella s A rte s del "c u r s o
de D is e ñ o " y tre s años después, la F a c u lta d
de In g e n ie ría m e n c io n a d a in a u g u ra b a el
c u rso de "D is e ñ o In d u s tr ia l" . C abe a d v e r­
t ir , sin e m b a rg o , q u e el dise ñ o ja p o n é s de
esa época, a pe sar de los nu evos cursos es­
p e c ia liz a d o s , e ra s u m a m e n te p o bre y se l i ­
m ita b a a diseñ os c o m e rc ia le s de poca c a te ­
g o ría . Los diseños p a ra la in d u s tria te x t il
e ra n e je c u ta d o s , en g e n e ra l, p o r p in to re s
qu e e n c a ra b a n esta ta re a de u n m o d o su b ­
s id ia rio . P or su p a rte , lo j diseños de m ué
bies, m á q u in a s y o tro s a r tíc u lo s de uso d o ­
m é s tic o e ra n s im p le m e n te im ita c io n e s de los
diseños o c c id e n ta le s .
El m o v im ie n to e u ro p e o te n d ie n te a v in c u la r
el a rte a la in d u s tria , in ic ia d o en A le m a n ia ,
A u s tria y F ra n c ia , ha ce s e n tir su in flu e n c ia
y fa v o re c e a llí el a d v e n im ie n to de u n a c o n ­
c ie n c ia m ás d e p u ra d a del dise ñ o m o d e rn o .
Desde ese m o m e n to se tr a ta de a m p lia r los
lím ite s del diseñ o a rte s a n a l ja p o n é s, en cu ya
la rg a h is to ria es p o sib le e n c o n tra r e stilo s
de ta n c a u tiv a n te b e lle z a co m o el " J o m o n "
o el " Y a y o i " . El p r in c ip a l o b je tiv o de este
m o v im ie n to será in tr o d u c ir en la v id a c o ti­
d ia n a d e l p u e b lo los p ro d u c to s á re a d o s de
a c u e rd o con un n u e vo " e s t ilo de d is e ñ o ". El
d is e ñ a d o r T e jim a , p ro fe s o r de la F a c u lta d
de In g e n ie ría de T o k y o , d irig e esta t e n t a t i­
va q u e a lc a n z a un é x ito re la tiv o d e b id o a
las c irc u n s ta n c ia s im p e ra n te s en el pa ís, que
in ic ia b a p o r e n to n ce s sus p rim e ro s c o n ta c to s
con la c iv iliz a c ió n o c c id e n ta l. A l f in a liz a r
la c o n tie n d a ru s o -ja p o n e s a , la c re a c ió n del
curso de dise ñ o en la fa m o sa "E s c u e la de
A r te In d u s tr ia l" de K y o to y el a p o yo o fr e ­
c id o p o r el g o b ie rn o a los d ise ñ a d o re s, se­
ñ a la n el c o m ie n z o de la a p lic a c ió n de un
n u e vo dise ñ o a los p ro d u c to s in d u s tria le s ,
q u e e m p ie z a n desde e n to n ce s a fa b ric a rs e
en g ra n escala.
Sin e m b a rg o , la c ris is que a m e n a z a la e co ­
n o m ía ja p o n e sa a p rin c ip io s de la p rim e ra
g u e rra m u n d ia l, a u m e n ta a ú n m ás las d i f i ­
c u lta d e s q u e e n c u e n tra n los d ise ñ a d o re s en
sus ta re a s y d e te rm in a la c la u s u ra de las
p rin c ip a le s escuelas de diseñ o.
En 1 9 1 6 , se in a u g u ra en el J a p ó n la " E x ­
p o s ic ió n de D iseño y A r tíc u lo s de A r te In ­
d u s tr ia l" a u s p ic ia d a p o r el M in is te r io de
In d u s tria y A g r ic u ltu r a . Esta m u e s tra , que

c o n tin ú a a n u a lm e n te h a sta 1 9 3 9 , y la " E x ­
p o sició n de C o m e rcio e In d u s tr ia " que fu n ­
c io n a in in te rru m p id a m e n te desde 1 9 2 5 , des­
e m p e ñ a n u n pa p e l im p o rta n te en el des­
a r ro llo
del
a rte
in d u s tria l
jap o n é s.
En
1 9 2 9 , el C urso de D iseño de la F a c u lta d de
In g e n ie ría de T o k y o , re a b re sus a u la s , esta
ve z com o fa c u lta d in d e p e n d ie n te , e s ta b le ­
c ie n d o los s ig u ie n te s cu rso s: D iseño In d u s ­
t r ia l, E s c u ltu ra In d u s tria l, A r te In d u s tria l
de la M a d e ra , A r te In d u s tria l de l M e ta l,
Im p re s ió n A r tís tic a , M e c á n ic a E x a c ta . P a­
ra esta fe c h a se d ic ta n cursos de D iseño
In d u s tria l en c in c o fa c u lta d e s y n u e ve es­
cue la s de A r te In d u s tria l, sobre u n to ta l de
c u a re n ta y nu eve.
La in flu e n c ia del a rte e u ro p e o c o m ie n z a a
hacerse s e n tir : " l ' a r t n o u v e a u ", el e x p re ­
sio n ism o a le m á n , el c o n s tru c tiv is m o ruso,
son los p rim e ro s m o v im ie n to s a rtís tic o s que
im p rim e n su sello en la p ro d u c c ió n ja p o ­
nesa, desde las v iv ie n d a s y e d ific io s c o m e r­
c ia le s h a sta los a rtíc u lo s de v e s tir. La In ­
d u s tria , c o m p le ta m e n te m e c a n iz a d a a la
m a n e ra o c c id e n ta l, c o m ie n z a u n q era de s u ­
p e rp ro d u c c ió n , c o lo c a n d o al Ja p ó n e n tre
los p rin c ip a le s países e x p o rta d o re s de l m u n ­
do, c irc u n s ta n c ia que p e rm ite al a rte in ­
d u s tria l a lc a n z a r u n a p o sició n p riv ile g ia d a
a u n q u e de a lc a n c e a ú n lim ita d o .
El M in is te r io de In d u s tria y C o m e rc io cre a ,
en 1 9 2 8 , el In s titu to de A r te e In d u s tria ,
cuyos m ie m b ro s , c u a re n ta y o ch o en la f e ­
ch a de su fu n d a c ió n , su m a n ho y d o s c ie n ­
to s c u a re n ta . En este In s titu to se fo rm a ro n
los m e jo re s d ise ñ a d o re s ja p o n e se s: T . K a n e ko , J. K o su g i, I. K o ik e y otro s. Sus es­
fu e rz o s se c o n c e n tra n en la c re a c ió n de un
e s tilo m o d e rn o con las p a rtic u la rid a d e s del
tra d ic io n a l a rte in d u s tria l jap o n é s, en la
e d u c a c ió n y fo rm a c ió n de jóven es d is e ñ a ­
dores y en la d e fe n sa d e l dise ñ o co m o p ro ­
fe sió n . El m o v im ie n to B a u h a u s, in ic ia d o en
1 9 1 9 , in flu y e p o s te rio rm e n te en el ca m p o
in d u s tria l jaoo nés.
C o n se cu e n cia de e llo es la c re a c ió n del
In s titu to Im p e ria l de A r te In d u s tria l p o r
u n g ru p o de d ise ñ a d o re s en el a ñ o 1 9 2 7 ,
q u e e d ita n u n a re v is ta con el n o m b re del
In s titu to , re a c c io n a n d o fu e rte m e n te c o n tra
la p ro d u c c ió n de a rtíc u lo s de m a la c a li­
d a d que in u n d a n el m e rca d o . En 1 9 3 9 , u n
s e cto r de dise ñ a d o re s y a rq u ite c to s p ro ­
p u g n a la u n ific a c ió n del a r te in d u s tria l
y la a rq u ite c tu ra , y se d e d ic a a la fa b r ic a ­
c ió n de m u e b le s y o tro s a r tíc u lo s re la c io ­
nados co n lá v iv ie n d a ; el po co a p o yo que
e n c u e n tra en las fu e rz a s In d u s tria le s del

M á qu ina de coser Juki

35

�país, hace fra c a s a r u n a v e z m ás este in ­
te n to de e le v a r el diseñ o in d u s tria l a su
v e rd a d e ra je ra rq u ía . La causa de este f r a ­
caso no debe buscarse en la fa lta de ba set
id e o ló g ic a s, e s té tic a s o té c n ic a s en las p e r­
sonas que d irig e n el m o v im ie n to , sino en la
to ta l d e sp re o cu p a ció n de la in d u s tria con
re specto a to d a s las a c tiv id a d e s re la c io n a ­
das con el diseñ o. A pesar de to d o , este
g ru p o d e n o m in a d o " K i - n o - m e " p u b lic ó re
v is ta s , re a liz ó exp o sicio n e s, cursos y c o n fe '
re n c ia s de a rte in d u s tria l, y fu é u n o de los
p rim e ro s en p la n te a r s e ria m e n te el p ro b le ­
m a de la d e c o ra c ió n in te r io r en la a r q u ite c ­
tu r a ja p o n e sa , q u e to d a v ía seg u ía v a c ila n ­
d o e n tre los e s tilo s o rie n ta l y o c c id e n ta lEn 1 9 3 8 , se in a u g u ra la E xp o sició n de A rta
In d u s tria l p r o -fo m e n to de la e x p o rta c ió n ,
esta b le c ié n d o se u n p re m io de 2 .0 0 0 yens al
m e jo r d is e ñ a d o r, sum a m u y co n s id e ra b le
p a ra ese en tonce s. El é x ito que o b tu v o la
e x p o s ic ió n fu é de g ra n tra s c e n d e n c ia en la
h is to ria del d ise ñ o in d u s tria l japo nés. N o
s o la m e n te a b rió n u e va s p e rs p e c tiv a s p a ra
los a b a tid o s d ise ñ a d o re s, q u e tu v ie ro n la
p o s ib ilid a d de d e s a rro lla r sus a c tiv id a d e s en
los a rtíc u lo s d e s tin a d o s d ire c ta m e n te a la

e x p o rta c ió n , sino qu e de m ostró a los in ­
d u s tria le s el im p o rta n te pa pel que desem­
p e ñ a b a el dise ñ o en la fa b ric a c ió n de sus
productos.
D e s g ra c ia d a m e n te , to d a s estas empresas se
d is u e lv e n con el e s ta llid o de la gu erra del
P a c ífic o . Su a c c ió n se lim ita a la d iv u lg a ­
c ió n de un a rte in d u s tria l con ca rá c te r ne­
ta m e n te fo lk ló ric o , ta l com o lo e n tend ía el
ré g im e n im p e ra n te , cre ándo se de esta fo r­
m a a r tíc u lo s in d u s tria le s de m u y ba ja c a li­
d a d , a je n o s c o m p le ta m e n te a la vida mo­
derna.
El cese de la c o n tie n d a m a rca la re in icia ­
ció n de las a c tiv id a d e s . En septiem bre de
1 9 4 5 , se fo rm a el “ In d u s tria l A r t In s titu te "
y lu e g o el “ Ja p a n A r t a n d In d u s tria l A rt
S o c ie ty ". Poco m ás ta rd e , en noviem bre, y
con el p ro p ó s ito de in tro d u c ir el a rte mo­
d e rn o en la in d u s tria ta n re p rim id a y con­
tro la d a d u ra n te la g u e rra , se fu n d a el " J a p a n A r t S o c ie ty ". L u ego el " M in is te r io de
C o m e rc io E x te rio r e In d u s tr ia " crea el "S ang yo K oge i S h ik e n jo " ( " I n s t it u t o T e cn o ló g i­
co E x p e rim e n ta l de A r te I n d u s tr ia l" ) , que
sig u e s ie n d o h a sta estos días el in s titu to
m ás im p o rta n te del país. Se de dica espe-

V e n tilad o r

V a lija de cuero

c ia lm e n te a la c re a c ió n , m o d ific a c ió n y
sele c c ió n de los diseños de a rtíc u lo s in d u s ­
tria le s , y a la d ifu s ió n de éstos m e d ia n te
e x p o s ic io n e s y m u e s tra s ; a d em ás a m p lía
c o n s id e ra b le m e n te el ca m p o de a c c ió n de
los d ise ñ a d o re s re la c io n á n d o lo s d ire c ta m e n ­
te c o n las g ra n d e s em presa s d e d ic a d a s a la
e x p o rta c ió n . S im u ltá n e a m e n te se re a b re n
v a rio s cursos de a rte y d ise ñ o in d u s tria l en
las u n iv e rs id a d e s y en o tro s c e n tro s de es­
tu d io s té cn ico s.
La lle g a d a al p a ís de R a ym o n d Lo w e y da
a los d is e ñ a d o re s japo neses la o ca sió n de
re fle x io n a r a ce rca de su s itu a c ió n e c o n ó ­
m ic a y s o c ia l. Estos se d e c id e n a p ro te g e r
sus intereses y a fo m e n ta r el d e s a rro llo de
la e n s e ñ a n za de l dise ñ o , p a ra que su a p li­
c a c ió n a la in d u s tria se re a lic e de u n m o ­
d o m ás ra c io n a l y e fic a z . En re a lid a d , y a
pesar de la e x is te n c ia de las in s titu c io n e s
m e n c io n a d a s a n te rio rm e n te , no h a b ía to d a ­
v ía en Ja p ó n n in g u n a e n tid a d que p ro te g ie ­
ra al d is e ñ a d o r com o p ro fe s io n a l. El p re m io
p a ra el o b je to m e jo r d ise ñ a d o , de la E x­
p o s ic ió n de D iseños In d u s tria le s , e ra o to r ­
g a d o p o r u n ju ra d o co m p u e sto e x c lu s iv a ­
m e n te p o r a rq u ite c to s y a rtis ta s plásticos.
Es d e c ir, que el d is e ñ a d o r no h a b ía c o n ­

36

se g u id o c o n q u is ta r a ú n u n a p o sición a n á ­
lo g a a la del p in to r o a rq u ite c to , y su p ro ­
fe s ió n e ra c o n s id e ra d a com o accesoria a la
de aquéllos.
N a ce así, en 1 9 5 2 , el " J a p a n In d u s tria l
D e sig n e r A s s o c ia tio n " ( J I D A ) con el p ro ­
p ó s ito de d e fe n d e r los intereses p ro fe sio n a ­
les de l d is e ñ a d o r. Se fu n d a lueg o el "C lu b
de D ire c to re s de A r t e " de T o k y o , que e stu ­
d ia las re la c io n e s e n tre el a rte in d u s tria l y
el c o m e rc io , tr a ta n d o de co n s e g u ir un a co ­
o rd in a c ió n to ta l e n tre am bos, que se tra s ­
lu z c a en u n m e jo ra m ie n to del n iv e l general
de los p ro d u c to s c o m e rcia liza b le s.
E xiste n a ú n en Ja p ó n o tra s e n tid a d e s de
m e n o r im p o rta n c ia que tra b a ja n con estos
m ism o s p ro p ó sito s. Su a c c ió n , coo rdinad a
con la de los in s titu to s p rin c ip a le s , p e rm i­
t ir á a éstos a lc a n z a r los o b je tiv o s que se
p ro p u s ie ro n en el m o m e n to de su fu n d a ­
c ió n ; o b je tiv o s qu e p u eden resum irse con
estas p a la b ra s p ro n u n c ia d a s p o r el Presi­
d e n te de la J ID A , Sr. K u ro K ano, el d ía de
su c re a c ió n : " e l tr a b a jo del dise ñ a d o r in ­
d u s tria l es u n c o n s ta n te e s fu e rz o po r la
h u m a n iz a c ió n de la in d u s tria . La m isión de
c a d a a r tis ta en la socied ad es la de in te r­
p r e ta r a q u e llo q u e el p u e b lo re cla m a ".

�1
2
3

Opinión p úb lica
M undo c ie n tífic o
In s titu to Técnico

4

Corso de diseño de ’ia Facultad de Chiba

5

Curso de a rte

6
7
8
9
10
11
12
13
14

15
E xperim ental de A rte In d u stria l

in d u stria l de lá U niversidad
de Bellas A rte s de T o kyo
Facultad de In d u stria T e x til de K yo to
Curso de Diseño de la Fa cu lta d de In g e n ie ría
In stitu to s Técnicos Experim entales
T. D. C.
M undo Periodístico
In d u stria l A r t News (re vista m ensual)
Obras com pletas de diseño com ercial
(a n u a rio )
Revista e specializada en diseño
A n u a rio de diseño

16

17
19
20
21
22
23
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25
26
27
28

R evista

de a ra u ite c tu ra (S h in k e n tik u -K o k u s a ik e n tik u , K e n tik u -Z a s s h i, etc.
Revistas de a rte (M iz u e , A te lie r, M useum ,
Sansai, G eijutsu shincho, C uaderno de a rte ,
C ritic a dé a rté )
Revistas fem eninas y para el hogar
Cuerpo co n s u ltiv o sobre problem as del diseño
A sociación de A rte P u b lic ita rio del Japón
JI DA
C lub D irectores de A rte
A sociación de A rte C om ercial de T o kyo
In d u s tria l A r t Society
In s titu to de Diseño de la In d u s tria te x til
A so cia ció n de A rte In d u stria l
Asociaciones de a rq u ite c tu ra
Museo de diseño

29
30

B ib lio te ca de diseño
O rg a n iza ció n para los D r ib le m o s de la en­
señanza de diseño in d u s tria l
31
Cuerpo c o nsu ltivo de d.seño in d u s tria l
32 C éñ tró dé diseñó pQrS cada íñ d ü s tn a
33
M undo in d u s tria l
34
E xportación
35 M u nd o p o lític o
36 G obierno y Congreso
37 M in is te rio de Educación
38
K og iin ( In s titu to Técnico de A rte In d u s tria l)
39 M in is te rio de C om ercio E xte rio r e In d u s tria
Los nom bres representados en el d ia g ra m a por
líneas llenas son aquellos que ya e x is te n ; los
que aparecen enm arcados con líneas de puntos,
son los que se proye cta fo rm a r.

Exposición de diseños japoneses en Canadá
Por in v ita c ió n d e l g o b ie rn o de C a n a d á , se
re a liz ó en este p a ís u n a e x p o s ic ió n de o b ­
je to s dise ñ a d o s en el Ja p ó n q u e fu e ro n se­
le c c io n a d o s p o r el In s titu to de A r te In d u s ­
tr ia l Japonés.
La e x p o s ic ió n , d e s a rro lla d a en v e in te sta n d s,
e s tu v o d e d ic a d a ín te g ra m e n te a p ro d u c to s
típ ic o s d e l Ja p ó n , q u e no se p ro d u ce n en
los países o c c id e n ta le s . E n tre e llo s pu eden
in c lu irs e los re c ip ie n te s p a ra g o lo sin a s qu e
a q u í re p ro d u cim o s. A pe sar de l d e s c u b ri­
m ie n to de nuevos m a te ria le s , p lá s tic o , v in ilo , e tc ., qu e h a n s u s titu id o con e fic a c ia
al p a q u e te de p a p e l, en la m a n u fa c tu ra de

estos re c ip ie n te s se ha p re fe rid o u t iliz a r
m a te ria le s y a tra d ic io n a le s en el J p p ó n , c o ­
m o el b a m b ú y la m a d e ra , co n sig u ié n d o se
c re a r o b je to s de g ra n c a lid a d y te r m in a ­
c ió n .
Se e x h ib ie ro n , a d em ás, u n a serie de m u e ­
bles c o m b in a b le s , a b a n ico s, a lfo m b ra s , p a ­
neles, e le g id o s sie m p re con el c r ite r io ya
m e n c io n a d o .
£1 p ro y e c to del h a ll de e x p o s ic ió n fu é re a ­
liz a d o p o r el m ism o In s titu to y c o n s tru id o
p o r la c o m p a ñ ía Sanyo b a jo la d ire c c ió n
de a q u é l.

Vista p a rcia l de la exposición. A l fo n d o , un a p a ­
rador (" jib u k u ro " ) con puertas corredizas fo ­
rradas en papel celeste. E'l piso ( " y u k a " ) está
recubierto con caña de la In d ia p a rtid a y aplas­
ta d a . El panel adosado a la pared ( " g a k u " ) está
fo rm a do por a n tig u o s caracteres chinos m o n ta ­
dos sobre papel japonés. La ilu m in a c ió n se re a li­
za in d ire cta m e n te por lám paras fluorescentes f i ­
jadas e ntre el a rm a rio y la pared, y en fo rm a
dire cta por la lin te rn a de papel que cuelga del
techo.

37

�R ecipiente para "m a n o k a " (c o n fitu ra jap o ne sa ).
De cedro y va rilla s de bam b ú , con ta p a desa rm able.

En p rim e r pla n o, una mesa de té ("c h a ta k u s h i")
de m adera la m in a d a con te rm in a c ió n de laca
japonesa y patas de m adera torn e ad a con lustre
claro.
A l fo n d o, banco cu bie rto con este rilla sobre la
cual se ha colocado un acolchado de te j:dos
de toalla.

R ecipiente de "ts u k u d a n i*' (a lim e n to conservado)
en m adera de ciprés japonés con bandas o f ilie s
de cobre-

38

R ecipiente

para " m a n ju " (c o n fitu ra iaDonesa).
De cedro liso.

�Diseños recientes de muebles
Nelson y Tapiovaara

G eorge N e lso n e llm a r i T a p io v a a ra , cuya s
ú ltim a s p ro d u c c io n e s ilu s tra m o s a q u í, re ­
p re s e n ta n dos te n d e n c ia s en el dise ñ o del
m u e b le c o n te m p o rá n e o , q u e , en g e n e ra l,
p u eden d e fin irs e co m o c a ra c te rís tic a s de los
países en d o n d e estos cre a d o re s d e s a rro lla n
sus a c tiv id a d e s : E E.U U . y F in la n d ia .
G eorge N e lso n es u n a rq u ite c to fo rm a d o en
Y o le y la C a th o lic U n iv e rs ity . P u b lic ó , de s­
pués de la g u e rra , el lib ro " L a V iv ie n d a
del M a ñ a n a " en c o la b o ra c ió n con H e n ry
W r ía h t. M á s a d e la n te , In ic ia d o en el d ise ­
ño de m u e b le s, p ro y e c tó su co n o c id a " s t o r a a e w a ll" y pasó a c o la b o ra r con H e rm á n
M ille r , p a ra q u ie n d ise ñ ó u n a lín e a c o m ­
p le ta de m u e b le s d u ra n te 1 9 4 5 y 1 9 4 6 .
En 1 9 4 7 c o m ie n z a sus a c tiv id a d e s com o
d is e ñ a d o r in d u s tria l. En la a c tu a lid a d re a ­
liz a in v e s tig a c io n e s sobre e s tru c tu ra s des­
m o n ta b le s lig e ra s.
N e ls o n p u ede u b ic a rs e d e n tro de la lín e a
de a rtis ta s q u e e m p ie z a a tr a b a ja r lu e g o de
la c ris is del 2 9 , c u a n d o el proceso de in ­
d u s tria liz a c ió n o p e ra d o en los E E.UU . o r ig i­
na la d e s a p a ric ió n casi c o m p le ta d e l t r a ­
b a jo a rte s a n a l. En esta fe c h a a p a re ce n los
p rim e ro s " s t y lls t s " . T a n to éstos co m o los
"d e s ig n e r s " que los s ig u ie ro n , e ra n , p o r lo
g e n e ra l, personas pro ce d e n te s de cam pos
a je n o s a! a rte s a n a d o o la in d u s tria p r o p ia ­
m e n te dicho s. P ro v e n ía n de a q u e llo s s e cto ­
res de la c re a c ió n fo r m a l d o n d e el o fic io
h a b ía c o n se rva d o su p re s tig io ; e ra n escenó­
g ra fo s , d ib u ja n te s de m o das, a rq u ite c to s ,
in g e n ie ro s , e tc.
N e ls o n p a rte de e x p e rie n c ia s re a liz a d a s ya
p o r a rq u ite c to s eu rope os, G ro p iu s, Le C o rb u s ie r, M ie s v a n d e r Rohe, p ro p o n ié n d o se
lo g ra r " u n a e x p re s ió n d ire c ta y sim p le de
la c o n s tru c c ió n u tiliz a n d o té c n ic a s e x is te n ­
te s " . De a h í q u e sus m u e b le s, e n re a lid a d ,
no a p o rte n e le m e n to s nuevos en el ca m p o
p u ra m e n te fo r m a l. C o n s titu y e n , m as b ie n ,
u n a in te g ra c ió n de ¡deas, fo rm a s y p ro p o r­
c ione s e s tu d ia d a s a n te rio rm e n te , a p lic a d a s
a m a te ria le s y m é to d o s d is tin to s . Sus m u e ­
bles se m a n tie n e n d e n tro de ríg id a s c a ra c ­
te rís tic a s g e o m é tric a s y h a n sido p ro y e c ta ­
dos te n ie n d o en c u e n ta las leyes de la p ro ­
d u c c ió n in d u s tria l en g ra n esca la . Las es­
tru c tu ra s de los m ism o s e stá n fo rm a d a s
por
p ie z a s
c o n s tru c tiv a s
e le m e n ta le s
y
co m u n e s en el m e rc a d o (p e rfile s de h e rre ­
ría , e s c u a d ría s de m a d e ra , c h a p a s de t e r ­
c ia d o ) , que no h a n sido tra b a ja d a s p r e v ia ­
m e n te , pe ro qu e, al s in te tiz a rs e en un m u e ­
b le , p ie rd e n su c a rá c te r de ta le s . Son los
ju e g o s de re la c ió n , ta m a ñ o y d ire c c ió n , in ­
te rn o s al m u e b le , los que tra b a n e n tre si
estos d ife re n te s e le m e n to s y los h a ce n p r á c ­
tic a m e n te irre c o n o c ib le s , a u n q u e su esencia
in d iv id u a l no h a ya c a m b ia d o . Esto re su lta
e v id e n te en la serie de diseños de N e lso n
cu ya s ilu s tra c io n e s a c o m p a ñ a n al te x to . Se
tr a ta de u n a lín e a de pe queñ os m u e b le s
re a liz a d o s con p e rfile s á n g u lo de h ie rro t r a ­
fila d o , con e s m a lte m a te b la n c o y ne g ro ,
c ris ta l y ch a p a s de d is tin to s colores, que
p u eden u tiliz a rs e en d is tin ta s c o m b in a c io ­
nes. Las e s tru c tu ra s son m o d u la re s , s ig u ie n ­
do la te n d e n c ia de N e ls o n de d e ja r en sus
m u e b le s v a le n c ia s lib re s p a ra c o n e cta rse ,
m u c h a s veces p o r y u x ta p o s ic ió n , co n o tra s
u n id a d e s , o, en el caso de la " s to r a g e w a ll"
co n la a rq u ite c tu ra m ism a ,
llm a r i T a p io v a a ra se g ra d u ó en la Escuela
de A rte s y O fic io s de H e ls in k y . V in c u la d o
desde jo v e n a la in d u s tria fo re s ta l, pasó un
la rg o p e río d o tra b a ja n d o en p la n ta s de in ­
d u s tria liz a c ió n de la m a d e ra , h a sta co n se ­
g u ir un a m p lio d o m in io de esta té c n ic a .
D espués de la g u e rra p ro sig u e sus a c tiv id a ­
des co m o je fe de p ro d u c c ió n de u n a im p o r­
ta n te fá b ric a de te rc ia d o s de a lta c a lid a d .
Su p r im e r tra b a jo , en o rd e n a la p ro d u c ­
c ió n de m u e b le s en serie, surge a ra íz de
u n p e d id o de la C o o p e ra tiv a de E s tu d ia n te s
de la U n iv e rs id a d de H e ls in k y . Sus m u ebles
fu e ro n sele ccio n a d o s p a ra el "G o o d D esign
S h o w " del M u se o de A r te M o d e rn o de N u e ­
va Y o rk . D esem peña la c o -d ire c c ió n de la
E scuela de A rte s y O fic io s de H e ls in k y .

llm a ri T a p io v a a ra : b an q u e ta de m adera a p ila b le

George N elso n: mesa de luz
b is u n ta s com binaciones de colores:
1. E s tru c tu ra : b lanco. C u b ie rta s u p e rio r: v i­
d rio . E stante: plá stico negro. C ostados: gris. Fren­
te del c a jó n : a z u l
2. E s tru c tu ra : negro. C ub ierta su p e rio r: p lá stico
b lanco. C ostados: m a rró n . E stante: a n a ra n ja d o .
Frente del c a jó n : a m a rillo .
Dimensiones, h : 618 m m . a : 431 m m . p. 4 3 2 m m .

!§

39

�En F in la n d ia , el proceso de in d u s tria liz a c ió n
n o se p r o d u jo de u n a m a n e ra ta n b ru sca
c o m o en los E E .U U . L a clase a rte s a n a l c o n ­
tin u ó d e se m p e ñ a n d o u n im p o rta n te p a p e l
d e n tro de la p ro d u c c ió n fin la n d e s a , y la
r a c io n a liz a c ió n p a u la tin a de la g ra n in d u s ­
t r ia de la m a d e ra fu é a c o m p a ñ a d a p o r u n a
e v o lu c ió n p a ra le la en el a rte s a n a d o . Es p o r
e sto q u e , en los m u e b le s de T a p io v a a ra , a
d ife r e n c ia de los de N e ls o n , p u e d e a d v e r tir ­
se la fu e r te in flu e n c ia d e l tr a b a jo a rte s a n a l
de la m a d e ra , fu n d id a co n g ra n s o ltu ra en
el m a n e jo d e l id io m a fo r m a l c o n te m p o rá ­
neo. T a p io v a a ra t r a b a ja p r in c ip a lm e n te con
m a d e ra s de c a ra c te r ís tic a s y lu s tre s se m e ­
ja n te s . L o g ra la u n id a d in te r n a de sus m u e ­
bles e s ta b le c ie n d o c o n tin u id a d e s de lín e a s
y p e rfile s e n tre d is tin ta s p ie z a s , c u rv a n d o
las a ris ta s y las u n io n e s . Estas c a r a c te r ís ­
tic a s p u e d e n a p re c ia rs e en los d e ta lle s de
la s illa d e s m o n ta b le q u e re p ro d u c im o s , y
en la re s o lu c ió n d e l e m p a lm e de los tr a v e saños fr o n ta l y tra s e ro co n los m a rc o s la ­
te ra le s .
Los m u e b le s d e T a p io v a a ra son de u n a
g ra n s o lid e z , q u e se re su e lve , sin e m b a rg o ,
sin d e trim e n to de la g r a c ia fo r m a l. La re ­
la c ió n e n tre d is tin to s m u e b le s de u n a m is -

llm a ri T a p io v a a ra : s illa de m a de ra y cuero. A r ­
m ado de una silla

llm a ri T a p io v a a ra : s illa de m adera y cuero desa rm a b le . Elem entos de una s illa

m a serie , se lo g ra m e d ia n te los recursos
tra d ic io n a le s de u n id a d de te r m in a c ió n y
p o r la re p e tic ió n de e le m e n to s c a r a c te r ís ti­
cos. En el caso d e l s illó n , T a p io v a a ra u t i l i ­
z a los m ism o s tra v e s a ñ o s de la s illa , q u e
se e n la z a n co n los tra v e s a ñ o s s u a v e m e n te
c u rv a d o s de l b a s tid o r de l a s ie n to de c u e ­
ro. Esta fo r m a c u rv a a c o m p a ñ a la d e fo r ­
m a c ió n d e l c u e ro p ro d u c id a p o r el peso de
la p e rs o n a se n ta d a .

40

�George N elsor.: cómoda de hierro, vid rio y plás­
tico
D istintas combiciones de colores:
1. Estructura: negro. Cubierta
superior: plás­
tico blanco. Costados: marrón. Estante: anaran­
jado. Frente del ca jó n : am arillo.
2. Estructura: negro. C ubierta superior: vidrio.
Costados: azul. Estante: plástico blanco. Frente
de los cajones: negro.
3.
Estructura: blanco. Cubierta superior: vidrio.
Costados: gris. Estante: plástico negro. Frente de
los cajones, azul.
4. Estructura: blanco. Cubierta superior: vidrio.
Costados: m arrón. Estante: plástico blanco. Fren­
te de los cajones anaranjado.

41

�Krayd
galería de arte

18 litografías de artistas argentinos
bad i i
fe rn á n d e z m uro
sarah g rilo
h lito
ocam po
presas
ideal sánchez
to rre s agüero
9 en c o lo r y 9 en b la n c o y n e gro, de 3 5
en

c a rp e ta

n u m e ra d a s

del

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48

cms.

1 al 500.

p re c io de u n a c a rp e ta : 4 0 0 pesos.

e d ic ió n g a le ría K ra y d . tu c u m á n 5 5 3 . t. e. 31 - 5 7 5 8

42

ludgate
gotero automático

�Escuela Superior de Diseño de U!m
La Escuela S u p e rio r d e D iseño de U lm
(H o c h s c h u le f ü r G e s ta ltu n g ) , ha in c o r p o ra ­
do a la n ó m in a de sus p ro fe s o re s a l d ire c to r
de " n u e v a v is ió n " , T o m á s M a ld o n a d o , q u ie n
se e n c u e n tra a c tu a lm e n te al fre n te de l " C u r ­
so F u n d a m e n ta l" y co m o p ro fe s o r de " C o ­
m u n ic a c ió n v is u a l" en el d e p a rta m e n to de
" C re a c ió n V is u a l"
(V is u e lle G e s ta ltu n g ) .
En el p ró x im o n ú m e ro de n v , p re s e n ta re m o s
m a te ria l in fo r m a tiv o re sp e cto a la Escuela
y a los cursos q u e a llí se d ic ta n .

Exposición Calder. Galería Rudolf
Hoffmann, Hamburgo, 1954.
En ju n io de l a ñ o pa sa d o se re a liz ó en la
G a le ría R u d o lf H o ffm a n n , de H a m b u rg o ,
u n a a m p lia e x p o s ic ió n de las o b ra s de l es­
c u lto r y p in to r A le x a n d e r C a ld e r, c o m o c u l­
m in a c ió n de las m u e s tra s re a liz a d a s en
A le m a n ia desde el a ñ o 1 9 5 2 , en q u e o b ­
tu v o el p re m io de e s c u ltu ra de la B ie n a l de
V e n e c ia .
La s o b ra s e x p u e s ta s e ra n en su m a y o ría
" m ó v ile s " , q u e fig u r a b a n ju n to a " e s t á t i ­
c o s " , " c o n s te la c io n e s " , d ib u jo s y p in tu ra s .

Exposición de pintura, escultura, ar­
quitectura y urbanismo de nuestro
tiempo. Galería Müller, Bs. As., 1954.
H a c ía f a lt a en n u e s tro p a ís u n a e x p o s ic ió n
de p in tu r a , e s c u ltu ra , a r q u ite c tu r a , u r b a ­
n is m o y a m u e b la m ie n to c o n te m p o rá n e o s ,
c o m o la q u e o r g a n iz ó y lle v ó a c a b o P a b lo
C u ra te lla M a n e s en los salon es de la G a ­
le ría M ü lle r .
Las m u e s tra s de esta clase a p ro x im a n m a ­
n ife s ta c io n e s v is u a le s de d iv e rs o c a rá c te r
y, c o m o c o n s e c u e n c ia , p e rm ite n a p re c ia r,
no só lo los v a lo re s in d iv id u a le s o b te n id o s
en ca d a u n a de las a rte s v is u a le s , s in o ta m ­
b ié n la e x is te n c ia de u n e s p íritu q u e tr a s ­
c ie n d e las m e ra s in te n c io n e s o p ro g ra m a s
de los e x p o s ito re s . T a l s itu a c ió n se e x ’H H a
en v ir tu d de q u e las d is tin ta s m o d a lid a d e s
o g é n e ro s e s té tic o s a q u e c o rre s p o n d e n las
e x p re s io n e s c re a d o ra s de n u e s tra ép oca — y
e llo no c o n s titu y e u n fe n ó m e n o p r iv a tiv o
de l a rte c o n te m p o rá n e o — , se v in c u la n í n t i ­
m a m e n te e n tre sí, pues se o r ig in a n en a c ­
titu d e s m e n ta le s de m u y p a re ja s c a r a c te ­
rís tic a s y s ig n ific a d o . D esde este p u n to de
v is ta , la in ic ia tiv a de l e s c u lto r C u ra te lla
M a n e s re s u lta b a d ig n a de to d o e n c o m io .
Sin e m b a rg o , dos fa lla s e v id e n te s h a n l i ­
m ita d o el a lc a n c e q u e d e b ió c o b ra r esta
e x p o s ic ió n .
L a p rim e ra g u a rd a
re la c ió n
con las seccion es de p in tu r a y e s c u ltu ra ,
d o n d e g ra n p a rte de las n u m e ro s a s o b ra s
e x p u e s ta s
re v e la b a n u n c r ite r io
s e le c tiv o
m u y po co rig u ro s o , en c u a n to se re fie re

a c a lid a d y v a lo r re p re s e n ta tiv o de n u e s ­
tr a p lá s tic a a c tu a l. F re n te a la p o ca a s i­
d u id a d de u n p ú b lic o q u e se h a m o s tra d o ,
s in e m b a rg o , m u c h a s veces c u rio s o p o r las
n u e v a s te n d e n c ia s , no cre e m o s o p e ra n te p re ­
s e n ta rle , en c a ó tic a a m a lg a m a , a lg u n a s
o b ra s e x c e le n te s , p ro d u q to de u n a c o n ­
c ie n c ia y u n a s e n s ib ilid a d h o n d a m e n te m a ­
d u ra d a s , ju n to a o tra s , q u e re sp o n d e n sólo

a u n v a g o d e c o ra tiv is m o " a b s t r a c t o " , " n o o b je t iv o " , e tc ., y c a re n te s p o r lo ta n to , de
to d a e x ig e n c ia e s té tic a o p r o b le m á tic a le ­
g ítim a .
L a se g u n d a fa lla se re fie re a la in s u fi­
c ie n te re p re s e n ta c ió n de las o tra s a rte s ,
ta n to p o r la a u s e n c ia de v a ria s fig u r a s c o ­
n o c id a s , co m o p o r las po cas o b ra s n u e va s
q u e se p re s e n ta ro n , p e ro fu n d a m e n ta lm e n -

43

�te , p o r la c a re n c ia de nu evos va lo re s. J u s to
es a d m itir , no o b s ta n te qu e la s u p e ra c ió n
de esta fa lla im p lic a p ro b le m a s serios. En
a rq u ite c tu ra , p o r e je m p lo , no es m u c h a la
g e n te de m e n ta lid a d jo v e n qu e ha p o d id o
c o n s tru ir y d a r fo rm a a sus ¡deas. C asi su
ú n ic a c o n trib u c ió n la c o n s titu y e n v iv ie n d a s
d is e m in a d a s p o r los s u b u rb io s , a p a rte de
los in n u m e ra b le s p ro y e c to s p re s e n ta d o s en
concursos. A pe sa r de to d o , h u b ie ra re ­
s u lta d o de in te ré s re u n ir en la e x p o s ic ió n
g ra n p a rte de esos p ro y e c to s y re a liz a c io ­
nes. E llo h u b ie ra p e rm itid o c o n fe rirle s el
s e n tid o qu e no se les a d ju d ic a g e n e ra l­
m e n te y d a r u n a v is ió n g e n e ra l de te n ­
d e n c ia s y re a lid a d e s .
De c u a lq u ie r m o do, estas o b je c io n e s no in ­
v a lid a n la im p o rta n c ia de la e x p o s ic ió n
m e n c io n a d a y de l e s fu e rz o qu e la h iz o
p o sib le , a fin de p ro p o rc io n a r u n p a n o ra m a
del m o v im ie n to de l e s p íritu m o d e rn o , en
la A rg e n tin a , a tra v é s de la casi to ta lid a d
de sus m a n ife s ta c io n e s vis u a le s . H . B.

Exposición Miguel Ocampo.
Krayd, Bs. As., 1954.
En el mes de
en la G a le ría
ú ltim a s o b ra s
e n tre las qu e
R ío de J a n e iro

Galería

o c tu b re de 1 9 5 4 , se re a liz ó
K ra y d , u n a e x p o s ic ió n de las
del p in to r M ig u e l O ca m p o ,
fig u r a ro n o b ra s e xp uesta s en
y A m s te rd a m , qu e el p ú b lic o
de Buenos A ire s no c o n o c ía .

Exposición Vordemberge-Gildewart,
Galería Ferdinand Móller, Kóln, 1954.
O bras de V o rd e m b e rg e - G ild e w a rt, re a liz a ­
das desde el añ o 1 9 2 3 ha sta 1 9 5 4 , c o m ­
p re n d ía la e x p o s ic ió n qu e tu v o lu g a r en la
G a le ría F e rd in a n d M o lle r, de K ó ln . E ntre
las p rim e ra s ob ra s de l a r tis ta fig u r a b a n
a lg u n o s " c o lla g e s " y " r e lie v e s " , c o n s tru c ­
cione s en v id rio y m e ta l. T u v o esp ecial s ig ­
n ific a c ió n el he cho de ser ésta la p rim e ra
e x p o s ic ió n
re a liz a d a
por
V o rd e m b e rg e G ild e w a rt en A le m a n ia
después
de
la
g u e rra .

Colección

44

Ig n a cio P irovano.

Bibliografía
Giulia Veronese: "Difficolta politiche
dell'architettura ¡n Italia 1920-1940".
Librería Editrice Politécnica Tamburin¡, Milano, 1953.
En la IX T r ie n n a le de M ilá n , u n a p e q u e ñ a
sa la evo ca b a a los c u a tro cre a d o re s a q u ie ­
nes debe su fis o n o m ía la m e jo r a rq u ite c tu ra
ita lia n a de este s ig lo : R a fa e llo G io lli, c r í t i ­
co, G iusep pe P aga no, a r q u ite c to y p o le m is ­
ta , G iusep pe T e rra g n i, a r q u ite c to , E doardo
P érsico, c rític o y a rq u ite c to . A ll í n a c ió la
¡dea de esta p u b lic a c ió n , " p a r a a y u d a r a los
jó ve n e s a da rse c u e n ta de la a c c ió n de
a q u e llo s h o m b re s qu e no co n o c ie ro n , p a ro
qu e c o m p re n d ie ra n m e jo r las ra zo n e s v i t a ­
les de u n esq uem a fig u r a tiv o cu y a p a rá b o la
ya está c e rra d a , p e ro de l cu a l la n u e va
a r q u ite c tu ra se n u tre , a u n q u e sea p a ra o p o ­
nerse a é l" .
G iu lia V ero n e se , a q u ie n se c o n fió esta t a ­
rea, d e s a rro lla su tesis en to rn o a las " d i ­
fic u lta d e s p o lític a s de la a r q u ite c tu ra it a l ia ­
na 1 9 2 0 - 4 0 " , o m e jo r d ic h o , co m o a c la ra
en el p ró lo g o , en to rn o a las d ific u lta d e s
m o ra le s de los a rq u ite c to s , de las cu a le s d e ­
p e nden las d ific u lta d e s p o lític a s de la a r ­
q u ite c tu ra .
El tra b a jo está d iv id id o en u n p ró lo g o y
c u a tro c a p ítu lo s , a n e c d ó tic o s en su casi
to ta lid a d , d e d ica d o s a c a d a u n a de las f i ­
g u ra s m e n c io n a d a s , c r ite r io qu e la a u to ra
ju s tific a
re c o rd a n d o la e x c e le n te reseña
qu e B ru n o Z e v i ha ce de la a r q u ite c tu ra
" r a c io n a lis t a " ita lia n a en su " S to r ia d e ll'A r c h it e ttu r a M o d e r n a " .
Fotos y d o c u ­
m e n to s c o m p le m e n ta n el te x to .
R e s u lta in te re s a n te la c o n fro n ta c ió n de las
o b ra s de los c u a tro a rq u ite c to s c o n o tra s ,
m enos e d ific a n te s , de P ia c e n tin i, L a p a d u la y
o tro s re a c c io n a rio s , y la de sus e s c rito s con
la v e rg o n zo sa p ro p u e s ta de P. M . B a rd i de
p o n e r los d e stin o s del a rte ita lia n o en m a nos
de M u s s o lin i.
T a m b ié n re v is te in te ré s la
tra n s c rip c ió n del d e b a te sobre los p ro ye cto s
de la m o d e rn a e s ta c ió n fe r r o v ia r ia de F lo ­
re n c ia y de l b a rrio de S a b a n d ia en R om a,
qu e tu v ie r a lu g a r en el S enado ro m a n o y
qu e fu e ra re su e lto en fa v o r de los a r q u ite c ­
to s m o d e rn o s p o r el p ro p io M u s s o lin i.
De las s e m b la n z a s pe rsona le s, su rg e v ig o r o ­
s a m e n te p e rfila d a la ta lla m o ra l de c u a tro
h o m b re s e x c e p c io n a le s , a los qu e la a u to ­
ra c o n o c ió b ie n de ce rca en ho ra s d r a m á ­
tic a s . G iu lia V ero nese nos m u e s tra a P ér­
sico y G io lli a n tifa c is ta s , a P a g a n o y T e ­
rra g n i, fa s cista s, id e a lis ta s h a sta u n p u n to
en qu e los m ism o s p o n tífic e s de l a rte o fic ia l
de ben c o n d e n a rlo s . Y ha ce c o n s ta r a m a r­
g a m e n te en el lib r o : " s e ha d ic h o q u e to d o s
los h o m b re s de c u ltu r a en Ita lia se e n c o n ­
tra b a n c o n tin u a m e n te en el d e b e r de e m ­
p e ñ a r la c o n c ie n c ia en la lu c h a , n e g a n d o
u n a p a rte v iv a de l p ro p io p e n s a m ie n to p a ra
p o d e r a fir m a r la o tr a . . . Era u n a o p o sició n
d ia lé c tic a qu e el p e n s a m ie n to ita lia n o , in c a ­
p a z de re so lve r, cre a b a en la c o n c ie n c ia de
los in te le c tu a le s , e m p e ñ á n d o lo s en u n d r a ­
m a sin d e senlace p o sib le , sa lvo la m u e rte .
Ja m á s se p o d rá a c u s a r b a s ta n te un m o ­
m e n to h is tó ric o qu e o b lig ó a los m e jo re s a
e le g ir la m u e r te " .
Los c o m ie n z o s no fu e ro n ta n trá g ic o s . Pero
lo qu e hace m ás d r a m á tic a la s itu a c ió n de
estos a rtis ta s fu é el c a rá c te r b ifr o n te del
e n e m ig o qu e d e b ía n c o m b a tir. T a n p ro n to
se los lla m a b a p a ra q u e tr a z a r a n p la n e s de
g ra n e n v e rg a d u ra , en los q u e se les d e ja b a
en c o m p le ta lib e rta d de r e a liz a r sus idea les
sociales o e sté tico s, co m o se les e n fre n ta b a
con te rrib le s d e silu cio n e s. N o fu e ro n v íc ­
tim a s de u n d e s c u a ja m ie n to a b ru p to , sino
de u n a a s fix ia p ro g re s iv a .
F re n te a las d e m a n d a s c a d a v e z m ás a p re ­
m ia n te s de " r o m a n it á " y g r a n d ilo c u e n c ia
q u e p a rtía n de los du e ñ o s del a rte o fic ia l,
los c u a tro a r tis ta s re a c c io n a ro n , d e fe n d ie n ­

do a to d o tra n c e la lib e rta d de l a r tis ta .
P érsico, con su c o n o c im ie n to de las e n c ru c i­
ja d a s c u ltu ra le s , G io lli, con e n o rm e b u e n a
fe . T e rra g n i y P ag a n o , los dos fa s c is ta s , h a ­
b la ro n de la m o ra l de la re n u n c ia , re n u n c ia
a la g ra n d ilo c u e n c ia y a la h e ro ic id a d . T e ­
rra g n i p e d ía qu e se d e ja ra tie m p o p a ra qu e
la c o n c ie n c ia y la e x p e rie n c ia de los jóven es
a rq u ite c to s se c o n s o lid a ra y se ro b u s te c ie ra .
P ag a n o , q u e d e ja ra n tra n q u ilo s a los qu e
no tra b a ja b a n p a ra e s tre c h a r las m a n o s de
c u a tro e xce le n cia s.
C a s a b e lla , la re v is ta
d ir ig id a p o r P a g a n o y P érsico, e ra el p o r­
ta v o z de estas o p in io n e s , y la ú n ic a que
d e fe n d ía la a r q u ite c tu ra m o d e rn a ita lia n a
fre n te a l to r re n te de c rític a s s e u d o -h is to ric is ta s qu e se le o p o n ía n .
E le m en tos de ju ic io poco c o n o cid o s sobre t o ­
da esta época a b u n d a n en el lib ro , sa lvo en
el caso de P a g a n o , d o n d e las a n é c d o ta s y
tra n s c rip c io n e s de l d ia r io ín tim o h a n sido
e x tra íd a s del lib ro de A lb in i, P a la n ti y C a ste lli. De P érsico, nos n a rra los d e ta lle s m ás
s a lie n te s de su v id a . D ip lo m á tic o de b r i­
lla n te p o rv e n ir, p re s e n ta u n a tesis, re c h a z a ­
d a , sobre la lib e rta d de e x p re s ió n . V u e lto
a Ita lia , en un ge sto de re n u n c ia , tr a b a ja
com o o b re ro de la F ia t de M ilá n . V iv e p o ­
b re m e n te , h a sta el e x tre m o de m in a r su
sa lu d y m o rir en u n a e d a d te m p ra n a . D ejó,
sin e m b a rg o , te s tim o n io s de su lu c id e z , en
p a r tic u la r en los a r tíc u lo s : " P r o fe z ia d e ll'A r c h it e t t u r a " y " P u n t o e da c a p p o d e ll'A r c h it e t t u r a " . Su e u ro p e ísm o , su p r o fu n ­
da c u ltu r a , le p e rm itie ro n v e r c la ro m u ch a s
cosas, sobre to d o en el p ro b le m a de la " m e d ite r r a n e id a d " . E stuvo p re se n te en to d a s
las e n c ru c ija d a s m o ra le s p o r d o n d e pasó el
m o v im ie n to m o d e rn o . P a g a n o no era ta n
sereno y lú c id o co m o P érsico, q u e n u n c a
c a yó en el e q u ív o c o de l fa s c is m o . Pero v i ­
v ió tra ta n d o de c o n s e rv a r d e s e s p e ra d a m e n ­
te la a u to rid a d m o ra l. Era e x tr o v e r tid o , y
en su a fá n de c o m p a rtir lo to d o , p r o fu n d a ­
m e n te p e d a g ó g ic o . Pasa d e l fa s c is m o a u n a
a c tiv a m ilit a n d o o p o s ito ra . T o m a d o p r i­
s io n e ro , p la n e a y re a liz a u n a fu g a con d o s­
c ie n to s sesenta y c u a tro c o m p a ñ e ro s. A p r e ­
sado de v u e lta , es e n v ia d o a l c a m p o de
c o n c e n tra c ió n de M a n th a u s e n . A llí, ju n to
con G io lli, p ro y e c ta u n a u n iv e rs id a d p a ra
los jó ve n e s de l p u e b lo q u e fu n d a r ía n ju n to s
a l a c a b a r la g u e rra . Poco después m u e re n
los dos en M a n th a u s e n . " Y así m u rie ro n dos
h o m b re s — d ice G. V e ro n e se —
qu e c re y e ­
ro n en la c u ltu r a , a u n q u e n o p a ra ellos
so la m e n te , y en la v id a , a u n q u e n o p a ra
sí m is m o s ". La a u to ra c a r a c te riz a a T e ­
rra g n i co m o a l p o e ta . De to d o s los a r q u i­
te c to s ita lia n o s , fu é el de m ás v u e lo . Y
" a u n q u e e s tu v o m ás ce rca de d a r a l fa s ­
cism o u n le n g u a je e s té tic a m e n te v á lid o " ,
n u n c a c a yó en el e q u ív o c o de la m e d ite rra n e id a d , a firm a n d o qu e los ra c io n a lis ta s
e ra n e x p o n e n te s de u n a te n d e n c ia q u e lu ­
c h a b a en to d o el m u n d o p a ra d a r u n a f i ­
s o n o m ía a r tís tic a a su p ro p ia g e n e ra c ió n .
G io lli tu v o u n d e s tin o m ás m o d e sto , pe ro
fu é u n c r ític o s a g a z de a lg u n o s asp ectos
de l a r te m o d e rn o ita lia n o .
T o d o el lib ro de G iu lia V e ro n e se es un
a p o rte al b a la n c e m o ra l de l v e in te n io . Pero
no es u n lib ro de c e rte z a s , sin o de du das.
F re n te a las a lte r n a tiv a s a q u e se v ie ro n
ab o ca d o s estos ho m b re s, h a b la de u n " p r o ­
b le m a in s o lu b le " . P ro b le m a ¡n s o lu b le que,
en el fo n d o , no ha d e s a p a re c id o con la c a í­
da de M u s s o lin i, n i se c irc u n s c rib e a I t a ­
lia . Pues, a u n q u e " la s d ific u lta d e s e ra n e n ­
to n ce s m á s e v id e n te s q u e las a c tu a le s , el
fo n d o h u m a n o del p ro b le m a sig u e s ie n d o el
m is m o : d e m a n d a s m ás u rg e n te s , p e ro no
m ás g ra ve s, p la n te a b a e n to n ce s la h is to ria
ae la c o n c ie n c ia " .
El lib ro , sin e m b a rg o , de sp e ja a lg u n o s e q u í­
vocos, co m o los de u n a p re te n d id a a r q u i­
te c tu ra fa s c is ta . " L o s e x tra n je ro s a c o s tu m ­
b ra n a c o n s id e ra r la a r q u ite c tu ra ra c io n a ­
lis ta ita lia n a , d ice G iu lia V e ro n e se , en el
a c tiv o del ré g im e n fa s c is ta . C o n s id e ra n , en
e fe c to , las trie n a le s q u e las d iv u lg a r o n y
d e fe n d ie ro n , co m o m a n ife s ta c io n e s fa s c is ­
ta s, ig n o ra n d o qu e, p o r el c o n tra rio , te n ía n

�VILA
Propiedad horizontal
Administración de propiedades
Construcciones

Córdoba 943

T. E. 32-9497

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a r í s t i d e s

q u i l l e t

co rrie n te s 1132 - t e 3 5 -5 1 7 2
b u e n o s
a i r e s

45

�lu g a r a pe sar y en c o n tra de ese ré g im e n
y de su o b s tin a d a h o s tilid a d " . Es d e c ir, los
presupu esto s ra c io n a lis ta s au e p ro p u g n a b a n
los a rq u ite c to s ita lia n o s , d e b ía n e s ta r fo r so z a m e n te en c o n tra d ic c ió n con las e x ig e n ­
cias irra c io n a lis ta s y m is tific a d o ra s de l fa s ­
cism o , com o se h iz o e v id e n te m ás ta rd e .
P orque a q u e llo s a rq u ite c to s , en el fo n d o , no
se h a b ía n p ro p u e s to m ás qu e p e rm a n e c e r
fie le s a los p ro p ó s ito s de su g e n e ra c ió n ,
co m o lo h a b ía re c o n o c id o el p ro p io T e rra g n i. Y esos p ro p ó s ito s e ra n los de G ro p 'u s ,
v a n d e r Rohe, M e n d e ls s o h n , los m ism o s a
q u ie n e s los a le m a n e s h a b 'a n c a lific a d o de
" h e b re o -b o lc h e v iq u e -d e c a d e n te s ".
Es d e lic a d o , sin d u d a , co m o lo reconoce la
m ism a G. V ero nese, ju z g a r la a c titu d de
estos a rq u ite c to s qu e c re y e ro n e n c o n tra r en
el fa s c is m o de la p rim e ra época la c o y u n ­
tu r a p a ra re a liz a r sus plan es. D elico d o ,
p o ra u e a h o ra se conoce el re s u lta d o de esa
a v e n tu ra . D e lic a d o , p o rq u e su e rro r, e n to n ­
ces, c o n ta b a con a te n u a n te s .
El a b a n d o n o de la to rre de m a r fil ha es­
ta d o en la ra íz m ism a de la a ra u ite c tu ra
m o d e rn a . U n d e fin id o s e n tid o p a c ifis ta (des
can ons, des m u n itio n s ? M e rc i, des loqis,
s .v .p ., Le C o r b u s ie r ) , y u n a fe casi m ís tic a
en la e fe c tiv id a d de la n u e v a a ra u ite c tu ra
p a ra p la n te a r u n n u e v o m u n d o , ha sido el
d e n o m in a d o r c o m ú n de los g ra n d e s c re a d o ­
res de la a ra u ite c tu ra m o d e rn a , iP ara c u á n ­
do la p la n ific a c ió n de l m u n d o ? , p r e a u n ta ba P aaa no, e x a lta d o a n te el e x c e le n te b a ­
rrio de S a b a u d ia . Y este d e n o m in a d o r c o ­
m ú n s o c ia l, en las d is tin ta s e xp resione s de
los m a estro s c o n te m p o rá n e o s , ha sido lo
qu e ha p e rm itid o re a liz a r, en el p la n o es­
té tic o , la ú n ic a d ife re n c ia c ió n fo r m a l, c u l­
tu r a l, h is tó ric a y p o lític a , le g ítim a .
Es el a n h e lo de p o n e r estas fo rm a s y e s p a ­
cios en c o n ta c to con los h o m bre s, lo que
lle v ó a las m ás a ra n d e s fia u ra s al seno de
la s itu a c ió n p o lític a im p e ra n te ; recuérdese
la a c titu d de Le C o rb u s ie r p ro p o n ie n d o a
la b u rg u e s ía " L a V iIle R a d ie u s e " com o e x ­
ce le n te o p e ra c ió n in m o b iP o ria . la de G rc p iu s ,
o fre c ie n d o le v a n ta r la c a lid a d de la in d u s ­
tr ia a le m a n a p a ra re c u p e ra r los m e rcado s
p e rd id o s ; recuérdese to d a la v id a generosa
de P aga no. Esta a c titu d no fu é n u n c a o p o r­
tu n is m o , fu é la fo rm a m ás le n ítim a que
e n c o n tra ro n p a ra s a lv a r la s ocied ad en qu e
v iv ía n . Q ueda p o r sa b e r si el p ro g ra m a que
p ro o o n ’a n no la h u biese s a lv a d o . En el c a ­
so de los ita lia n o s , su o b ra s irv ió p a ra que
el v e in te n io fa s c is ta no fu e ra s o la m e n te
u n a c ró n ic a de esclavos. Q u e d a ro n ob ras
cu y a je ra ra u ía a r tís tic a tra s c ie n d e su in ­
serció n en la p o lé m ic a , a u e d a ro n los e s tu ­
pendos n ú m e ro s de C a s a b e lla y el p e n s a ­
m ie n to e s c rito de sus a n im a d o re s . J. M . B.

nueva visión

Se c a n je a n e je m p lares atrasados de nueva visión , nos. 1 y 2 / 3 , por
su im p o rte en otros núm eros de nv, en libros de la e d ito ria l o en
suscripciones.

spirale
revista trim e s tra l. C o n tie n e grabados o rig in a le s , de a rq u ite c tu ra ,
p in tu ra , e s c u ltu ra , p ro du cto s in d u s tria le s , fo to , e xp e rim e n to s v is u a ­
les, poesía, fo rm a s de expresión que correspondan a las e xig en cias
m odernas y universa le s de la vida.
Precio de ve n ta m $n 80. — S uscripción m $n 3 0 0 .—

R ep re se nta nte:

N ueva V is ió n S. R. L., C e rrito 1371

"Idea 54". George Wittenborn, New
York, 1954.
Idea 5 4 es el s eg undo a n u a rio in te r n a c io ­
n a l de diseñ o qu e se p u b lic a con m a te ria l
s e le c c io n a d o en to d o s los países p o r las
a u to rid a d e s m ás c o m p e te n te s , con u n a a m ­
p lia
in fo rm a c ió n
sobre
los diseñ adores,
p ro d u c to re s y d is trib u id o re s de los o b je to s
prese n ta d o s.
U n a se le cta b io g ra fía re fe ­
re n te a los diseños qu e se p u b lic a n p e r­
m ite u n a m p lio e s tu d io sobre el p rogre so
del dise ñ o en el c a m p o de la c o n s tru c c ió n
de la in d u s tria , de la v iv ie n d a , e tc . La
e d ic ió n a m e ric a n a pre se n ta ad e m á s un a
sección esp ecial d irig id a p o r A lv in L u s tig
sobre el d e s a rro llo de la Escuela de D iseño
de la Y a le U n iv e rs ity re c ie n te m e n te re o r­
g a n iz a d a .

LI TE RAT U RA
ARTE
BIBLIOFILIA

"N ew Furniture", Vol. 2. George
Wittenborn, New York, 1954.
C om o en Idea 5 4 , los e d ito re s de N e w
F u rn itu re se h a n p ro p u e s to p re s e n ta r a los
le cto re s u n p a n o ra m a in te g ra l del diseñ o
c o n te m p o rá n e o de m u ebles. En 3 7 0 ilu s ­
tra c io n e s , p u e d e n a p re c ia rs e las p ro d u c ­
cione s m ás re c ie n te s re a liz a d a s en 14 p a í­
ses, a d em ás de los tra b a jo s de e s tu d ia n te s
de la U n iv e rs id a d de Y a le re u n id o s en un
c a p ítu lo a p a rte .

46

Qa Satea
V ia m o n te 5 6 4

Buenos A ire s

�ag ru p ació n

nueva

m ú sic a

conciertos de música contemporánea

el 1er. jueves de cada mes

anm
instituto de arte moderno
f l o r id a 6 5 9

b d
buen diseño para la industria

moreno 1140 2

°

p.

t. e. 37-6774

47

�dobila
iluminaciones-letreros luminosos-publicidad
ce rrito 1371 / t. e. 41-1891

48

�-muro

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                <text>Le Corbusier&#13;
Pedrosa, Mario&#13;
Hilto, Alfredo&#13;
Bill, Max</text>
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                    <text>INDOAMERICA &#13;
REVISTA &#13;
MENSUAL &#13;
ILUSTRADA&#13;
&#13;
AÑO I NUMERO 1     &#13;
ARTE, HISTORIA&#13;
Y&#13;
LITERATURA&#13;
HISPANOAMERICANA&#13;
&#13;
JUNIO 1935&#13;
&#13;
INDIA, OLEO DEL GRAN PINTOR BOLIVIANO DE. CECILIO GUZMAN&#13;
DE ROJAS&#13;
&#13;
. REDACCION: RIVADAVIA 958 - BUENOS AIRES.&#13;
&#13;
JUNTA DE HISTORIA Y NUMISMÁTICA &#13;
BIBLIOTECA DE HISTORIA ARGENTINA Y AMERICANA &#13;
Director: RICARDO LEVENE&#13;
★ ★&#13;
C O L A B O R A N en esta Biblioteca los miembros &#13;
de la citada Institución, todos ellos autores que &#13;
tienen crédito intelectual y que han dado amplias &#13;
muestras de amor y de su fe en la cultura su­-&#13;
perior que es por esencia desinteresada y for-&#13;
madora el alma nacional.&#13;
&#13;
El público ilustrado y los profesores encontrarán &#13;
en los volúmenes que componen esta Biblioteca, &#13;
incentivos para el estudio y la meditación, como &#13;
que han sido escrito por los más eminentes pu­-&#13;
blicistas cuyo detalles insertamos abajo.&#13;
&#13;
Deseosos de colaborar en esta empresa de cul­-&#13;
tura pública, hemos aportado nuestra experiencia &#13;
con decisión y entusiasmo. &#13;
&#13;
Antonio Dellepiane: Estudios de Historia y Arte Argentinos.- Juan Alvarez: Temas de Historia Eco-&#13;
­nómica Argentina.- Carlos Correa Luna: Rivadavia y la Simulación Monárquica de 1815.- Ramón &#13;
J . Cárcano: Primeras luchas entre la Iglesia y el Estado en la Gobernación de Tucumán (Siglo&#13;
XVI).- Mariano de Vedia y Mitre: De Rivadavia a Rosas.- Clemente L. Fregeiro: Estudios Histó-&#13;
­ricos sobre la Revolución de Mayo (2 tomos).- Enrique Ruiz Guiñazú: La Tradición de América.&#13;
Su valoración subjetiva.- Pablo Cabrera, Pbro.: Ensayos sobre Etnología Argentina.- Arturo Capdevila: Rivadavia y el Españolismo Liberal de la Revolución Argentina. - Joaquín V . González: Mitre.- Ricardo Levene: La Anarquía de 1820 en Buenos Aires. &#13;
&#13;
T A M A Ñ O 15 x 20 1/2 cms., REGIAMENTE ENCUADERNADOS &#13;
EN TELA. CONTENIENDO C/U. &#13;
DE 200 A 350 PAGINAS. &#13;
&#13;
PRECIOS &#13;
 RUSTICA................$ 4.— el tomo&#13;
-ENCUADERNADO ¨¨6 .— ¨¨        &#13;
EN OCHO MENSUALIDADES:&#13;
 12 Tomos encuadernados $ 80.—&#13;
★ ★LIBRERÍA Y EDITORIAL "EL ATENEO"&#13;
DE PEDRO GARCÍA &#13;
FLORIDA 371 BUENOS AIRES &#13;
Telef. 31 (Retiro) 2801 y 2986 &#13;
SUCURSALES: CORDOBA 2099 - BUENOS AIRES &#13;
                          9 DE JULIO 72 - CORDOBA&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA REVISTA MENSUAL ILUSTRADA &#13;
AÑO I ★ BUENOS AIRES, JUNIO DE 1935 ★ N°.  1 &#13;
&#13;
INDO-AMÉRICA, se incorpora al periodismo nacional con la &#13;
aspiración de propender a la confraternidad espiritual de los &#13;
pueblos hermanos, hermanos en la gran tradición que nace &#13;
en el Altiplano de Bolivia, con la civilización milenaria de&#13;
Tiahuanacu, que continúa con la gran cultura incaica que floreció a&#13;
orillas del Lago Sagrado, el Titicaca, boliviano-peruano, con la fusión&#13;
hispano-indígena que atestigua su rebeldía en los templos y las casonas &#13;
de Potosí, Chacabamba, Sucre, La Paz y Cuzco y que hoy, ante la &#13;
aspiración por crear en nuestra América una cultura propia, injerto de&#13;
la modernidad sobre las viejas raíces aborígenes y criollas, se reafirma&#13;
con lazos más fuertes, mediante las fecundadoras corrientes espirituales &#13;
que bajan del Altiplanicio a la Argentina y demás países limítrofes, &#13;
probando así que ayer, como hoy y como mañana la América Hispánica&#13;
es una e indivisible.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
2  INDOAMÉRICA &#13;
&#13;
¡PAZ!&#13;
&#13;
HORAS antes de entrar en prensa Indo-&#13;
américa, una solicitación telefónica &#13;
de mi buen amigo Talamón, me im-&#13;
­pone la tarea de improvisar estas lí-&#13;
­neas sobre la paz. ¡Qué sencilla y &#13;
qué enorme palabra! ¡Paz! Para defi-&#13;
­nirla en toda su magnitud conceptual, &#13;
me bastaría decir a los hombres: “Volved los ojos &#13;
hacia el dulce Maestro de Galilea”.&#13;
 Cuando murió mi madre, mi imaginación vagó &#13;
durante muchos meses para traducir, en humilde &#13;
flor, la gran angustia que me dejó su ausencia. Y &#13;
todavía no estoy conforme con la síntesis que tomé &#13;
a los clásicos — síntesis, tibia como una lágrima— &#13;
para depositar en el mármol de su huesa: “Non &#13;
obiit; abiit”. No ha muerto; partió…&#13;
 Hoy, es tan grande mi júbilo; está mi corazón &#13;
tan saturado de alegría; es tan impresionante la &#13;
emoción que siento en presencia de este enorme &#13;
acontecimiento de la historia de América que clau­-&#13;
sura por siempre las luchas fratricidas, para impo­-&#13;
ner como supremo veredicto, la fuerza inapelable &#13;
de la Justicia y el Derecho, que, a la inversa de &#13;
aquel doloroso acontecimiento de mi vida, no en­-&#13;
cuentro las palabras apropiadas para definir la gran-&#13;
­deza del episodio; ni me atrevo a ensayar, frente a &#13;
esta nueva aurora de la confraternidad continental, &#13;
la ferviente aleluya reclamada por la paz que aca-&#13;
­ban de concertar los dos pueblos hermanos. Prefie­-&#13;
ro, entonces, que hablen por mi estado de ánimo, las &#13;
palabras del poeta francés que expresó en el lírico &#13;
apotegma — “les plus beux vers ce sont seux qu’on &#13;
n’écrit jammais”— la imposibilidad de traducir los &#13;
sentimientos que no tienen definición.&#13;
 Y así es nomás. Da paz del Chaco es el himno &#13;
nuevo de las Américas. Una especie de hostia que &#13;
si se amasó en el infortunio con levaduras de san­-&#13;
gre, va a purificarse en el crisol de la Justicia y el &#13;
Derecho para la comunión espiritual de nuestras &#13;
jóvenes Repúblicas.&#13;
 La Historia dirá lo demás. La musa. Clío acaba &#13;
de tomar el lápiz de acero para entregar a los tiem-&#13;
­pos los materiales del episodio. Por Ella sabrán las &#13;
generaciones futuras todo cuanto de grande y pa-&#13;
­triótico tuvo esta epopeya. Sabrán del incruento sa­-&#13;
crificio de un pueblo trabajador y pacífico, que su-&#13;
­po improvisarse en pueblo-soldado, para acudir a las &#13;
selvas inhóspites a derramar su sangre por el honor &#13;
nacional y en defensa del patrimonio de sus mayores. &#13;
Sabrán de la serenidad y del dolor. Y sabrán también, &#13;
con claridad meridiana, todo el proceso de la tra-&#13;
­gedia bajo sus aspectos militar y político; con sus &#13;
triunfos y sus vicisitudes; con el fervor patricio de &#13;
sus ciudadanos y las alternativas de una diplomacia &#13;
internacional que tuvo sus apóstoles y sus fariseos... &#13;
Y sabrán también, que un día de junio de 1935, al &#13;
despuntar de una estrella que despejó los horizontes &#13;
para que vibraran con más hondura los claros clari­-&#13;
nes de la Victoria definitiva, apareció como una som-&#13;
­bra blanca sobre la heredad llena de sangre, el An-&#13;
­gel de la Paz, reclamado por los pueblos hermanos de &#13;
América y como un heraldo desprendido desde el tro­-&#13;
no de Dios.&#13;
 ¡Bienvenida sea la paz! ¡Y bienvenida así, sin ven­-&#13;
cedores ni vencidos! ¡La paz, amplia, generosa, sin &#13;
rencores por el pasado y sin recelos para lo por ve­n-&#13;
ir!¡Bienvenida por todos! Por el recuerdo piadoso &#13;
y cariñoso de los que quedaron, y la vida de los que &#13;
volvieron; por el dolor de todas las madres; por el &#13;
dolor de las estoicas madres bolivianas, que supieron &#13;
reproducir en la hora trágica, con serena altivez y &#13;
noble orgullo, el piadoso heroísmo de sus abuelas; &#13;
por la gloria civil de los dos pueblos que enfrentaron &#13;
sus armas; por Bolivia, la ínclita Bolivia, que mien-&#13;
­tras pone en orden las páginas de su historia colonial &#13;
para definir su triunfo jurídico en las lides del Dere­-&#13;
cho, retoma las herramientos del trabajo, mientras el &#13;
sol de la alegría cabrillea sobre la nieve de sus mon­-&#13;
tañas y vuelve a sentirse en los oteros el salmo a la &#13;
vida ondulando en la flauta pastoril. &#13;
 “Padre Nuestro que estás en los cielos. . . ”&#13;
Jaime Molins.&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMÉRICA 3&#13;
&#13;
Apuntaciones sobre los Aimaras de la Paz&#13;
La fiesta de la&#13;
invención de la Santa Cruz&#13;
POR&#13;
NELLY MERINO CARVALLO&#13;
(Para "INDOAMERICA” )&#13;
&#13;
LA fiesta de la Invención de la Santa &#13;
Cruz, en La Paz, en una de las fies-&#13;
­tas más famosas de los indios y de &#13;
las más ruidosamente celebradas.&#13;
 Durante tres días y en la noche &#13;
del tres de mayo es grande el entu­-&#13;
siasmo y desenfreno de la muchedumbre. Todo el &#13;
pueblo se reúne en la región llamada “Plaza Rio-&#13;
siñho” y en el cerro del Calvario, que ostenta una &#13;
enorme cruz y donde se levanta una capillita para&#13;
la devoción de los creyentes. Desfilan pandillas dis­-&#13;
frazadas, bailando al son de las orquestas indígenas,&#13;
seguidas de un gentío contagiado también del en-&#13;
­tusiasmo popular.&#13;
 En todas las celebraciones de las fiestas, en las &#13;
que toma parte el pueblo,— que es fanático y con-&#13;
­servador de sus ideas religiosas— se designa un &#13;
“preste”, (llámase así a la persona que ha manifes­-&#13;
tado voluntad para celebrar en su casa la fiesta, indi­-&#13;
cada) generalmente es una “chola” (1) y tiempo &#13;
antes de la fiesta envía tarjetas a las personas que &#13;
pueden ayudarla pecuniariamente para dar realce a &#13;
la ceremonia.&#13;
 Unas pagan los focos de luz de la iglesia alrededor &#13;
del santo que celebran; otras tienen a su cargo la &#13;
música de la misa, o el precio del sermón que se dirá&#13;
ese día. Envían de visita a la “preste” designada, la&#13;
efigie del Niño Dios, ricamente ataviado con zapa-&#13;
­tillas de plata y traje de bordados y alamares relu­-&#13;
cientes; después de tres días, es recogido y la “chola”&#13;
contrae compromiso serio de ser “preste”.&#13;
 Reparte invitaciones entre sus relaciones para la &#13;
misa solemne que ha de celebrarse y ese día lleva&#13;
cargado en sus brazos, sobre un paño blanco bordado&#13;
al tambor, la estatua del Niño Dios y la acompañan &#13;
un grupo considerable de mujeres,— las de mejor &#13;
reputación— todas con un zahumador de plata con&#13;
carbones encendidos con mirra e incienso, perfuman-&#13;
­do así, a la Santa Imagen en su trayecto de la casa&#13;
al templo, y en su regreso.&#13;
 Durante la misa te entregan a la “preste” un cirio&#13;
encendido, que recibe satisfecha, porque sabe que&#13;
todas las atenciones serán para ella, por el honroso&#13;
cargo que representa. Estas procesiones de cholas, &#13;
todas muy bien vestidas, con faldas cortas inmensa-&#13;
­mente repolludas, que dejan ver un poco la  pierna&#13;
prisionera en medias de seda y altas botas de cabri­-&#13;
tilla, sus suntuosos mantones, de seda y flores bor­-&#13;
dadas, prendidos con “topos” (2) de oro y perla o&#13;
de plata, los sombreros de pila, duros y de altas copas&#13;
y los grandes aretes de perlas, son frecuentes en las&#13;
calles cada vez que tiene lugar alguna fiesta de re-&#13;
­nombre y es muy pintoresco verlas caminar airosas,&#13;
en medio del humo aromático que desprenden los&#13;
pebeteros.&#13;
 Al llegar a la casa de la “preste” empieza la fiesta&#13;
y sirven a los convidados repetidas cofas de alcohol,&#13;
— que es menester aceptar siempre— . Después pasan&#13;
al lunch, alrededor de una larga mesa enmantelada &#13;
con finos encajes y donde se han dado cita los fiam-&#13;
­bres y carnes diferentes, tortas, panes, galletas, dul­-&#13;
ces y bombones finos, vinos, cerveza y chicha en &#13;
abundancia; y en medio de la alegría de Baco, desig­-&#13;
nan a la nueva “preste”, para el próximo año en igual&#13;
fiesta.&#13;
 Sigue el baile sin parar; sólo se interrumpe éste&#13;
para volver a comer o beber y así se suceden las&#13;
danzas hasta horas avanzadas de la noche. Esta alga­-&#13;
rabía dura dos o tres días y al final acompañan a la&#13;
“preste” recién nombrada hasta su casa, llevando de&#13;
nuevo la Imagen bendita, porque esperan ser recom-&#13;
&#13;
(1) Chola mestiza del pueblo, viste traje característico.&#13;
(2) Topos, grandes alfileres de formas caprichosas y &#13;
variadas, usados por los indios y cholas para prender sus &#13;
mantones.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
4 INDOAMERICA&#13;
&#13;
pensados por ella, y se reproduce otra vez en la casa &#13;
el consumo de licores!. . .&#13;
 Entre los campesinos aymaras hay estas mismas &#13;
costumbres, sólo que éstos son menos rangosos que &#13;
los "cholos”.&#13;
 El Parque Riosiñho lucía sus mejores galas en los &#13;
días y noches que conmemoraban la fiesta de la In­ven-&#13;
ción de la Santa Cruz. De los árboles colgaban &#13;
los focos eléctricos de variados colores y brillaban el &#13;
verde de las hojas que parecían esmaltadas; guirnal-&#13;
­das de banderas y flores se confundían con los hilos &#13;
de luz de los faroles chinescos, que daban un aspecto &#13;
fantástico y deslumbrante, grupos de repolludas cho-&#13;
litas, hacían crugir el almidón de sus enaguas, osten-&#13;
­tando sus mejores trajes y joyas.&#13;
 Los indios, con sus gorros tejidos y sus ponchos &#13;
de colores vistosos, caminaban en todas direcciones,&#13;
mientras los bailarines “ Cullaguas” (3) “Sicuris”,&#13;
‘‘Morenos”, bailaban desenfrenadamente al son de &#13;
las Zampoñas, las “Kenas” (4) los bombos y tam-&#13;
­bores. ..&#13;
 ¡Qué aspecto tan netamente español presentaban &#13;
las calles irregulares y angostas de esos sitios aparta-&#13;
­dos; engalanadas las casas con banderas tricolores y &#13;
profusión de flores; en los balcones de fierro, cala­-&#13;
dos y salientes, misteriosos e incitantes a una cita,&#13;
piños de mujeres envueltas en mantones de Manila,&#13;
aparecían como en acecho de algún caballero de capa &#13;
y espada que debiera venir a tocar la serenata del &#13;
Amor y la Vida!&#13;
 Quisimos contagiarnos con la alegría sana de este &#13;
pueblo que nos ofrecía un vivo cuadro de costumbres &#13;
nacionales y fuimos espectadores, no desde afuera, &#13;
sino que, íntimamente mezclados entre las masas, sin&#13;
distinción de clases sociales. ¡Y, cuánto hay que ce-&#13;
­lebrar aquí la cultura y el orden admirables que &#13;
mantienen los obreros y los indios en sus fiestas! No &#13;
se ven ebrios ni revoltosos, ni se oyen gritos destem­-&#13;
plados; todos se divierten con mesura, sin degenerar &#13;
en el desenfreno!. . .&#13;
 Y, sin embargo, el ponche de aguardiente se toma­-&#13;
ba en cantidades. .. y la muchedumbre hervía por &#13;
todas partes en son de fiesta y los “yockallas” (5) &#13;
saltaban también entregándose al delirio de las dan-&#13;
­zas, entre carcajadas y chistes graciosos. . .&#13;
 Seguimos andando sugestionados por el aire de la &#13;
música incásica que tocaban las kenas lejanas.&#13;
 El indio es triste, sus instrumentos de música en­-&#13;
tonan melancólicos, evocadores de ensueños y armo­-&#13;
nías dormidas en el fondo del alma; en confuso &#13;
montón de notas vagas, escuchamos en esta noche,&#13;
todos los ayes lastimeros que esta raza sumisa y &#13;
trabajadora, que tiene un concepto alto de la vida y &#13;
de sus deberes.&#13;
 ¡Las multitudes abigarradas de gentes seguían des­-&#13;
filando en opuestas direcciones; parejas enamoradas &#13;
buscándose en las sombras para decirse sabe Dios &#13;
qué!...; las numerosas tiendecitas de comestibles &#13;
expendían sus dulces, fruta y maní tostado, y los &#13;
indios alejábanse más y más hacia el pie del Calvario,&#13;
entonando sus tristes melodías que repercutían en &#13;
lontananza! &#13;
 Arriba, en al cumbre del cerro, ardían las luces &#13;
que rodeaban a la Cruz, símbolo del dolor, ese ma­-&#13;
dero que todos cargamos en la vida, unos con la santa &#13;
resignación, otros con la rebeldía que sugieren las &#13;
desigualdades humanas!. ..&#13;
 Y el eco de la “Kena” incaica parecía entonar en &#13;
el alma del indio el himno de la esperanza; la espe-&#13;
­ranza que resurja esta raza fuerte y buena, que pue-&#13;
­bla las llanuras y serranías andinas. . .&#13;
&#13;
(3) Cullaguas, Sicuris y Morenos, nombres con que se &#13;
designan los diferentes grupos de bailarines en trajes de&#13;
 carácter.&#13;
(4) Kenas, flautas indígenas de caña.&#13;
(5) Yockallas, granujas, en quechua&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 5&#13;
&#13;
ARTE BOLIVIANO &#13;
Potosí, cuna de la independencia artística y espiritual &#13;
de América &#13;
&#13;
Potosí, cual lo prueba el eminente americanista &#13;
arquitecto Angel Guido, en un enjundioso tra­-&#13;
bajo publicado en La Prensa y del que transcribi-&#13;
­mos los párrafos más significativos, fue la &#13;
cuna de la liberación espiritual de nuestra &#13;
América, por obra &#13;
del gran artista ques- &#13;
chua José Kondori, &#13;
autor de la admi-&#13;
ra­ble portada del tem­-&#13;
plo San Lorenzo de &#13;
la Ciudad Imperial.&#13;
 Así Bolivia, que &#13;
en Chuquisaca había &#13;
engendrado la eman­-&#13;
cipación política de &#13;
Sud América, tiene &#13;
la honra de haber si­-&#13;
do portaestandarte de &#13;
la liberación artística, &#13;
afirmada con docu-&#13;
­mentos irrefutables &#13;
por Angel Guido en &#13;
los párrafos que si­-&#13;
guen:&#13;
 “Quizá por prime-&#13;
­ra vez en los estu-&#13;
­dios de la historia &#13;
americana se -hable &#13;
de un artista plásti­-&#13;
co que muchos años &#13;
antes de la Revolu-&#13;
­ción de Mayo, traba­-&#13;
jaba un arte rebelde, &#13;
un arte que quería a &#13;
brazo partido liber-&#13;
­tarse de la dictadura &#13;
estética impuesta por &#13;
la autoridad inmar-&#13;
­cesible del virrey; un&#13;
arte insolente para el &#13;
español civil, un ar­-&#13;
te hereje para el español católico. Y el hispano, irres­-&#13;
petuoso de lo autóctono, que explotaba al indio en &#13;
la encomienda, que sojuzgaba al queschua y el ay- &#13;
mara en la mita pavorosa y cruel, que despreciaba &#13;
soezmente, brutalmente, el culto solar que llevaba el&#13;
indio en el corazón, estaba, sin embargo, retado vio-&#13;
­lentamente, en su insolencia habitual, por los silen­-&#13;
ciosos artistas que trabajaban en la arquitectura y &#13;
en la música criollas”.&#13;
&#13;
 “De José Kondori, el autor de la famosa portada &#13;
de San Lorenzo de Potosí, no tenemos noticias tan &#13;
exactamente registradas como respecto a Aleijadin-&#13;
ho, pese a nuestra obstinada búsqueda en los Ar-&#13;
chivos de Potosí. Las efemérides mineras están su-&#13;
­ficientemente documentadas respecto a las obras de &#13;
arte. Las potosinas, muy pobremente. Baste solo re­-&#13;
cordar que las nume-&#13;
­rosas construcciones &#13;
de iglesias;ejecutadas &#13;
en el siglo X V III no &#13;
han sido en su ma-&#13;
­yoría registradas.&#13;
 “Pudimos recoger, &#13;
sin embargo, que Jo­-&#13;
sé Kondori — indio &#13;
queschua — nació en &#13;
un pueblo- próximo a &#13;
Potosí durante el úl­-&#13;
timo lustro del siglo &#13;
XVII.&#13;
 “La labor del gran artista &#13;
indio Kondo-&#13;
­ri fué prominente en &#13;
Potosí. No es posi­-&#13;
ble negar que alre­-&#13;
dedor de Kondori se &#13;
haya realizado una &#13;
verdadera escuela de &#13;
arte criollo ya eman-&#13;
­cipado del español.&#13;
 “Su obra máxima &#13;
es, sin duda, la por­-&#13;
tada de San Lorenzo &#13;
de Potosí, ejecutada &#13;
durante los dieciséis &#13;
años que corren des­-&#13;
de 1728 a 1744.&#13;
 “Esta obra, tra-&#13;
ba­jada como una joya &#13;
de orfebrería, ejecu-&#13;
­tada en piedra, fué &#13;
esculpida personal­-&#13;
mente, es decir, ha­-&#13;
ciendo uso exclusivo &#13;
de peones.&#13;
 “Es una obra, &#13;
pues, casi en totali­-&#13;
dad americana. Las estructuras que constituyen el &#13;
esqueleto arquitectónico están dispuestas dictatorial-&#13;
­mente por los sacerdotes de la orden. Procedían del &#13;
barroco español, pues en aquel momento, como es &#13;
conocimiento de todos, el churriguerismo estaba en &#13;
auge en la península, ya que era la época de Churri- &#13;
guera, de Rivera, de Tomé. Pero ¡cuánta distancia &#13;
entre el ultra-barroco español y este arte criollo es­-&#13;
culpido por el queschua Kondori!&#13;
 &#13;
“Volviendo a nuestro ejemplar, se intuye, induda-&#13;
­blemente, a través de esa labor magnífica de un solo &#13;
artista, la contextura recta y vigorosa de Kondori,&#13;
(Sigue en la pág. 28).&#13;
&#13;
Portada del Templo de San Lorenzo de Potosí, obra del artista chescua José &#13;
Condori, en la que se inicia la emancipación espiritual de nuestra raza hispano-&#13;
americana.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
6 INDOAMERICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del general &#13;
don Alfonso Baldrich &#13;
&#13;
LA lucha contra la ne­-&#13;
fasta influencia de &#13;
la Standard Oil, el &#13;
gran pulpo yankee &#13;
que, con brutalidad, &#13;
se extiende hoy so-&#13;
­bre el mundo, tiene &#13;
un apóstol en la per­-&#13;
sona del general don &#13;
Alonso Baldrich, militar pundonoroso y &#13;
hombre de acción y de pensamiento.&#13;
 En nuestro país, este general de la &#13;
Nación es el símbolo de la reacción na-&#13;
­cionalista contra una de las innumerables &#13;
empresas extranjeras — una de las me­-&#13;
nos poderosas hasta hoy— que se han &#13;
adueñado de más del sesenta por ciento &#13;
de nuestra riqueza y nos han colocado, &#13;
siendo la Argentina uno de los países &#13;
más favorecidos por la naturaleza, en la &#13;
angustiosa situación de uno de los pue-&#13;
­blos más pobres de la tierra.&#13;
 Con elevado y comprensivo argenti­-&#13;
nismo, el general Baldrich encara el &#13;
problema de petróleo, no creyendo, como &#13;
tantos políticos que militan de naciona-&#13;
­listas, que se puede ser tal y abogado de &#13;
empresas extranjeras que nos esquilman, &#13;
o sea defender a quienes conspiran con­-&#13;
tra los intereses de la patria y procla-&#13;
­marse patriota…&#13;
 Rendido este justo homenaje a la no-&#13;
­ble y enaltecedora figura del militar &#13;
argentino, cabe agregar que los malos &#13;
manejos de la Standard Oil, le llevan, &#13;
con entera buena fe y como es habitual &#13;
entre los apóstoles, a ver en todas partes &#13;
la siniestra mano del gran trust yankee, &#13;
verbi gracia en la guerra del Chaco, &#13;
fruto esta de una simple especulación &#13;
petrolifera, según él.&#13;
 En una conferencia dada en el salón &#13;
de actos de La Razón, nuestro general &#13;
desarrolló esa tesis, infiriendo al pueblo &#13;
boliviano, el más intimamente ligado a &#13;
nosotros por lazos espirituales e histó­-&#13;
ricos, nuestro amigo tradicional por más &#13;
de un siglo, el único que nos tendió &#13;
fraternalmente la mano en momentos de &#13;
peligro, cuando la guerra con Chile pa-&#13;
­recía inminente (Paraguay, en cambio, &#13;
en esos instantes de angustia, enviaba &#13;
veinte jóvenes a estudiar en la Escuela &#13;
Militar de Santiago y contrataba, para &#13;
organizar su ejército, una misión militar &#13;
chilena) una ofensa grave y gratuita, &#13;
que es de lamentar haya salido de labios &#13;
de una personalidad de tanto prestigio.&#13;
 De acuerdo con las palabras del gene-&#13;
­ral Alfonso Baldrich, la cuestión del &#13;
Chaco boreal sería poco menos que una &#13;
creación de la Standard Oil, para en­-&#13;
gendrar la guerra entre ambos pueblos &#13;
hermanos.&#13;
 Está visto que el conferenciante co-&#13;
­noce mejor el problema del petróleo &#13;
que el asunto del Chaco, existente, este, &#13;
desde los albores de la independencia, &#13;
pues Bolivia no reconoció nunca la so­-&#13;
beranía paraguaya sobre el vasto terri-&#13;
­torio que se extiende a la orilla derecha &#13;
del Río Paraguay; sin que sea razona- &#13;
blemente posible responsabilizar a la &#13;
Standard Oil de esa defensa secular, &#13;
por parte de Bolivia, de sus derechos &#13;
históricos, patentes en su uti possidetis&#13;
juris de 1810, sobre la región hoy tea­-&#13;
tro de la guerra.&#13;
 Por lo visto el prestigioso general &#13;
olvida que en 1879, es decir, hace más &#13;
de medio siglo, Bolivia y Paraguay fir­-&#13;
maron el tratado Quijarro-Decoud, por &#13;
el cual la primera cedía a la segunda, &#13;
“prescindiendo de sus derechos históri-&#13;
­cos” según reza en el documento y ac­-&#13;
cediendo generosamente al pedido del &#13;
entonces presidente paraguayo Cándido &#13;
Barreiro, que invocaba “la vastedad de &#13;
los dominios bolivianos y las pérdidas &#13;
territoriales sufridas por su patria a raíz &#13;
de la guerra de la Triple Alianza”, la &#13;
zona comprendida entre los ríos Para­-&#13;
guay y Pilcomayo y el paralelo 22; tra-&#13;
­tado que el Parlamento de Bolivia rati­-&#13;
ficó, encarpetándolo, en cambio, el pa-&#13;
­raguayo, en tanto que el gobierno de &#13;
Asunción, violando su firma, ponía en &#13;
subasta las tierras en litigio... Que en &#13;
1887, en otro tratado, Bolivia volvía a &#13;
ceder al Paraguay, la misma extensión &#13;
y establecía el arbitraje del Rey de Bél-&#13;
­gica sobre la zona delimitada por el Río &#13;
Paraguay, los paralelos 22 y 21 y el &#13;
meridiano 63. Este tratado, el Tamayo- &#13;
Acebal, también fué ratificado por el &#13;
Parlamento boliviano y encarpetado &#13;
por el paraguayo, repitiéndose nuevamente &#13;
la violación de la firma estampada al &#13;
pie de esa tira de papel, por parte de &#13;
Asunción que se adueñó militarmente de&#13;
Puerto Pacheco, situado fuera de la &#13;
zona a someterse al arbitraje... Que en &#13;
1894, por el Tratado Ichazo-Benítez, pa­-&#13;
saba al dominio paraguayo la región &#13;
delimitada por los ríos Paraguay y Pil­-&#13;
comayo y una línea divisoria, que arran­-&#13;
cando de Fuerte Olimpo (paralelo 21), &#13;
finalizaba en la intersección del Río &#13;
Pilcomayo con el meridiano 61° 28.&#13;
&#13;
La influencia de la Standard Oil.&#13;
 ¿Fué, acaso, la Standard Oil que im­-&#13;
pulsó a Bolivia a firmar y ratificar &#13;
esos tratados y al Paraguay a encarpe-&#13;
­tarlos y violarlos? ¿A eso llama el ge­-&#13;
neral Baldrich hacer “todas las conce­-&#13;
siones compatibles en la dignidad y la &#13;
seguridad nacional”, por parte de los pa-&#13;
­raguayos? Es patriótico y fecundo des­-&#13;
confiar de la Standard Oil, pero resulta &#13;
poco recomendable ver su garra en to­-&#13;
das partes, hacerse eco de las interesadas &#13;
acusaciones paraguayófilas, en torno a &#13;
las cuales se mueven muchos intereses &#13;
bastardos, y aún de los díceres del sena­-&#13;
dor Huey Long, víctima, también, por &#13;
lo visto, de la misma ofuscación de que &#13;
padece, en lo que se refiera a la guerra &#13;
del Chaco, el general Baldrich.&#13;
 Admitimos, por un momento, que la &#13;
empresa yankee haya sobornado a una, &#13;
dos, tres o más personalidades bolivia-&#13;
­nas transformadas así en paladines de &#13;
la guerra con el Paraguay ¿ello auto-&#13;
­rizaría, acaso, para creer que toda Bo­-&#13;
livia: sus militares, tan pundonorosos y &#13;
tan patriotas como pueden serlos los de &#13;
otros países, los del nuestro entre ellos, &#13;
sus estadistas, sus intelectuales, sus &#13;
hombres de negocio, tolerarían esa gue­-&#13;
rra en defensa de los intereses de una &#13;
empresa extranjera, se harían matar en &#13;
el infierno del Chaco y llevarían su &#13;
pueblo a la muerte y su patria a la &#13;
ruina?... No, mi distinguido general; &#13;
que un senador yankee, a fuer de tal &#13;
convencido de la inferioridad de South-&#13;
América, de la incapacidad intelectual, &#13;
de la inmoralidad y del salvajismo de &#13;
los hispano-americanos, lance esa acu­-&#13;
sación infamante, nos parece lógico, &#13;
pues Yankelandia desprecia nuestra ra-&#13;
­za; pero que un hispano-americano haga &#13;
suya esa acusación y las lance contra un &#13;
miembro de la gran familia a la que &#13;
pertenecemos y que tenemos el deber de &#13;
conocer algo menor que un norteame-&#13;
­ricano, nos parece lamentable y desdo-&#13;
­roso para todos los que nos enorgulle­ce-&#13;
mos de haber nacido en Hispano-Amé- &#13;
rica y tenemos fe inquebrantable en las &#13;
nobles y bellas prendas morales e in-&#13;
(Sigue en la pág . 8)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 7&#13;
&#13;
ARTISTA BOLIVIANOS&#13;
&#13;
CECILIO GUZMAN DE ROJAS&#13;
&#13;
CECILIO GUZMÁN DE ROJAS, pintor boliviano nacido en la &#13;
Ciudad Imperial de Potosí, &#13;
que tantos grandes artistas ha &#13;
dado a Bolivia, es uno de los &#13;
grandes valores' del arte his- &#13;
pano-americano. Hizo sus es-&#13;
­tudios en Madrid y es el más &#13;
joven miembro de la Academia de San Fer­-&#13;
nando de Madrid.&#13;
 Actualmente Guzmán de Rojas es nuestro &#13;
huésped y ofrecerá a nuestro público una se­-&#13;
rie de óleos y acuarelas en las cuales revela &#13;
con originalidad y vigor los horrores de la &#13;
guerra del Chaco y el intenso y desgarrador &#13;
dolor humano de la contienda.&#13;
 La exposición, que sin duda será un ver-&#13;
­dadero acontecimiento artístico, será abierta &#13;
el 1° de Julio próximo en el salón Gutiérrez, &#13;
de la calle Florida 958.&#13;
&#13;
Entierro Indio&#13;
Fruta Paceña&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
8 INDOAMÉRICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del &#13;
general don Alfonso Báldrich&#13;
&#13;
(Viene de pág. 6) &#13;
telectuales que nos colocan, en el plano &#13;
superior del espíritu, a mayor altura &#13;
que sus acusadores del Norte…&#13;
 Esa calumnia hacia Bolivia hay &#13;
quienes la dirigen, con idéntico dere­-&#13;
cho e igual injusticia, así hay que creer-&#13;
­lo, al Paraguay, al presentar este país &#13;
como simple juguete de los capitalistas &#13;
argentinos y brasileños radicados en el &#13;
Chaco Boreal, negreros que Rafael Ba- &#13;
rret estigmatizó para siempre en su ho-&#13;
­rroroso libro “'El dolor paraguayo”.&#13;
 Por otra parte, cabría preguntar: &#13;
¿Qué interés tiene la Standard Oil en&#13;
 la guerra del Chaco, en el empeño en &#13;
que esa región pase a dominios de Bo­-&#13;
livia? En ella no hay zona petrolífera &#13;
alguna, desde que harto sabido es que los &#13;
yacimientos se hallan a lo largo de la &#13;
cordillera tarijeña y cruceña, o sea fue-&#13;
­ra del territorio en litigio. ¿La cons-&#13;
­trucción de un oleoducto? No creemos &#13;
que Paraguay se negara a la realización &#13;
de una obra que intensificaría el tráfico &#13;
marítimo en sus ríos y lo beneficiaría; &#13;
siempre que no fueran ciertos los ru­-&#13;
mores que presentan al Paraguay como &#13;
influenciado por una empresa británi­-&#13;
ca, rival a muerte de la Standard Oil, &#13;
e interesada en hacer fracasar la explo-&#13;
­tación petrolífera de su competidora!&#13;
 Además, la entrega casi total del Cha-&#13;
­co a empresas extranjeras, por parte del &#13;
gobierno de Asunción, prueba que la &#13;
Standard Oil, si así lo deseara, conse­-&#13;
guiría también concesiones petrolíferas, &#13;
ello tanto más lógico, cuanto Paraguay &#13;
carece de potencialidad financiera para &#13;
explotar sus yacimientos, si los tuviera, &#13;
y cuanto el gobierno salteño, no obs­-&#13;
tante el repudio de la conciencia nacio-&#13;
­nal argentina, ha entregado sus napas &#13;
petrolíferas al mencionado trust yankee.&#13;
 Siempre que no asentemos la premi­-&#13;
sa, que únicamente podría ser formulada &#13;
por un cretino, que en Hispano-Améri- &#13;
ca los bolivianos monopolizan los de-&#13;
­fectos de la raza y los paraguayos las &#13;
virtudes, hay que reconocer que, en tren &#13;
de difundir chismes, tiene más visos de &#13;
realidad, que una Bolivia manejada por &#13;
la Standard Oil, un Paraguay pelele de &#13;
los capitalistas argentinos y brasileños, &#13;
cuya influencia en Buenos Aires fué se­-&#13;
ñalada en Paris-Soir, por un periodista &#13;
francés que estuvo en Asunción, alar-&#13;
­mados aquellos por un posible reinte­-&#13;
gro del Chaco Boreal a la heredad bo­li-&#13;
viana (que en su discurso al Partido &#13;
Liberal, el presidente Ayala dió como &#13;
posible al afirmar que ningún gobier-&#13;
­no paraguayo se atrevería a entregar-&#13;
la zona del Fallo Hayes a Bolivia, si &#13;
el arbitraje así lo estableciera) y la &#13;
consiguiente anulación de las ventas y&#13;
concesiones de tierras realizadas en do-&#13;
­minios ajenos por los gobiernos de Asun-&#13;
­ción.&#13;
 En efecto, el Paraguay, país muy rico &#13;
pero de limitada producción, puede ex­-&#13;
portar: yerba mate, maderas, naranjas, &#13;
extractos de tanino y de carne — presen-&#13;
­tándose así, sea dicho de paso para ilu-&#13;
­minación de los nacionalistas al uso crio-&#13;
llo, como competidor nuestro— , en tan­-&#13;
to que Bolivia, que para quienes la co­-&#13;
nocen, es uno de los países más ricos &#13;
de Hispano-América, no puede conside-&#13;
­rar el asunto del petróleo como primor­-&#13;
dial para su vida económica. Dueña mun­-&#13;
dial de la producción de estaño, de su &#13;
subsuelo se extraen en gran cantidad: &#13;
plomo, cobre casi en estado nativo, wol- &#13;
fran, oro, plata y otros minerales, entre &#13;
ellos el hierro, no explotado aún; la &#13;
fertilidad de sus extensos valles andinos, &#13;
y de las vastas zonas de Santa Cruz de &#13;
la Sierra y el Beni, es proverbial: el &#13;
café, el mejor del mundo, el de Yungas, &#13;
el cacao, el maíz, las frutas tropicales, &#13;
crecen próvidamente y lo propio aconte­-&#13;
ce con los productos de climas templados &#13;
y fríos, a medida que se asciende hacia &#13;
el Alti-Plano, donde el trigo, la papa, la &#13;
cebada y el ganado lanar son más que &#13;
una promesa para el futuro. Bolivia po­-&#13;
see todos los climas y su suelo es apto &#13;
para todos los cultivos y para todas las &#13;
crías ganaderas, y — ello es lo que a un &#13;
nacionalismo constructivo y previsor in-&#13;
­teresaría entre nosotros— nos puede ofre-&#13;
­cer minerales para iniciar y cimentar en &#13;
la Argentina la industria pesada, sin la &#13;
cual no hay país rico ni militarmente &#13;
seguro, comprándonos, en cambio, gran &#13;
cantidad de artículos manufacturados, lo &#13;
que ampliaría el horizonte de nuestra in­-&#13;
dustria liviana y, además: harinas, trigo, &#13;
vinos y otros productos, cuyo intercam­-&#13;
bio resultaría mucho más beneficioso pa-&#13;
­ra la economía nacional, para el progreso &#13;
industrial del país y para nuestras con­-&#13;
veniencias internacionales, que los bas- &#13;
tardos intereses de los negreros del Cha-&#13;
­co, cuya producción se está desarrollan-&#13;
­do, como queda dicho más arriba, en &#13;
competencia con la de los capitales radi­-&#13;
cados entre nosotros; de modo que aque-&#13;
­llos se nos presentan por más de doscien-&#13;
­tos setenta millones de pesos como deser-&#13;
­tores de nuestra economía, minada por el &#13;
ya mencionado hecho de que empresas &#13;
extranjeras poseen el sesenta y dos por &#13;
ciento de nuestra riqueza (cerca de trein­-&#13;
ta y un mil millones de pesos, sobre un &#13;
total, calculado con no escaso optimis­-&#13;
mo, en cincuenta mil millones), como &#13;
traidores a casi lo único que en tiempo &#13;
de paz puede traicionar un ciudadano &#13;
civil: la vida económica de la nación; y &#13;
como propulsores de industrias radicadas &#13;
en tierra extranjera que, acaso el tiempo &#13;
mediante, competirán con las nuestras en &#13;
el mercado mundial.&#13;
&#13;
Los derechos de Bolivia y Paraguay.&#13;
&#13;
 En cuanto a afirmar que el derecho &#13;
está de parte de los paraguayos, en el &#13;
asunto del Chaco, llevaría a conclusio-&#13;
­nes en extremo perjudiciales para la &#13;
Argentina.&#13;
’No hay tu tia: los postulados del &#13;
derecho internacional son idénticos pa-&#13;
­ra todos, pues resultaría grotesco crear-&#13;
­los para uso exclusivo de un país dado, &#13;
para el caso, el Paraguay.&#13;
 Este invoca, para justificar sus pre-&#13;
­tensiones sobre el Chaco Boreal : &#13;
que esa zona primeramente explorada por &#13;
españoles salidos de Asunción; que ella &#13;
fué poblada e industrializada por capi­-&#13;
talistas cuyos títulos de posesión ema-&#13;
­nan del gobierno paraguayo, lo que es­-&#13;
tableció una dominación de hecho; que &#13;
en Santa Cruz de la Sierra, existe al­-&#13;
guna población de origen guaraní.&#13;
 El derecho de exploración no es re­-&#13;
conocido por Hispano-América, que le &#13;
ha opuesto su genial y genuina crea-&#13;
­ción: el uti possidetis juris de 1810, &#13;
que para gloria de nuestra raza intro­-&#13;
duce en el Derecho Internacional una &#13;
norma nueva y fecunda, destinada a ale-&#13;
­jar los conflictos armados para zanjar &#13;
entredichos de fronteras.&#13;
 Pero en el supuesto que la explora­-&#13;
ción diera derechos, habría que recono-&#13;
­cer, en un plano de verdadera imparcia-&#13;
­lidad, qué razón tendrían entonces los &#13;
escasos ultra-nacionalistas chilenos que &#13;
pretenden que San Luis, Mendoza y San &#13;
Juan, fundadas, colonizadas y domina­-&#13;
das por más de dos siglos, hasta el &#13;
año 1776, fecha de creación del Virrei-&#13;
­nato del Río de la Plata, por los es­-&#13;
pañoles de la Capitanía General de &#13;
Chile, deben, por eso, reintegrarse a la &#13;
dominación chilena; los bolivianos, a &#13;
su vez, invocando la teoría paraguaya &#13;
que hoy defienden tantos argentinos, &#13;
malos argentinos, podrían pretender, &#13;
por la misma causa: Córdoba, Tucu-&#13;
mán, Santiago del Estero, La Rioja, &#13;
Catamarca, Salta y Jujuy, también fun­-&#13;
dadas y pobladas por españoles del Al­-&#13;
to Perú; y los paraguayos, renovando &#13;
las aspiraciones de sus dictadores Fran-&#13;
cia y Carlos Antonio López, estarian &#13;
en su derecho al exigir para si, nues-&#13;
­tro litoral fluvial, basados en que Juan &#13;
de Garay, español enviado, al efecto,&#13;
(Sigue en la pág. 20)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 9&#13;
&#13;
Chuquisaca cuna de la Emancipación&#13;
Hispano - Americana&#13;
1809 - 25 de Mayo - 1810&#13;
&#13;
QUIENES estudian en &#13;
sus causas y en sus &#13;
más remotos oríge-&#13;
­nes, el vasto movi­-&#13;
miento emancipa-&#13;
­dor que abarcó to­-&#13;
da la América con­-&#13;
tinental española y &#13;
que dio nacimiento &#13;
a quince nuevas nacionalidades, comprueban que le-&#13;
­jos de tratarse de un cuartelazo, de una asonada mi-&#13;
­litar que puso sobre la balanza el peso, siempre efí­-&#13;
mero y deleznable, de la fuerza bruta, esa emanci-&#13;
­pación fué obra de intelectuales y del pueblo, uni­-&#13;
dos ambos por las más nobles y las más generosas &#13;
aspiraciones, y que sólo cuando los caudillejos eri-&#13;
­gidos en generales de opereta participaron directa-&#13;
­mente en la vida continental, nuestra América cayó &#13;
en el caos y en la barbarie, en los cuales se ha de-&#13;
­batido por cerca de un siglo.&#13;
 Ese origen intelectual y espiritual de nuestra re-&#13;
­volución libertadora, se debe a que fueron sus cunas &#13;
dos ilustres instituciones de cultura: la Universidad &#13;
Mayor de San Francisco Xavier y la Academia Ca-&#13;
­rolina de Chuquisaca, la gloriosa ciudada de los cua-&#13;
­tro nombres: Chuquisaca, La Plata, Charcas y Su­-&#13;
cre, en las cuales se fueron plasmando y desarro-&#13;
­llando varios siglos de inquietudes y de rebeldías, cu-&#13;
­yo origen remonta a los primeros años de la Con­-&#13;
quista, pues la civilización quéschua no se doblegó &#13;
jamás ante, la fuerza de los españoles y sostuvo &#13;
constantemente en el Alto Perú un sedimento revo-&#13;
­lucionario que estalló múltiples veces, cuando las cir­-&#13;
cunstancias así lo permitían o lo exigían. &#13;
 Por ello el vasto territorio que hoy es Bolivia, &#13;
fué el centro inicial de nuestra emancipación, cen-&#13;
­tro de hondas raigambres espiritual y social, que&#13;
acaso, se hallen también, pero menos fuertes y me-&#13;
­nos duraderos en otros sitios poblados por razas que&#13;
habían alcanzado, antes de la Conquista, relativa ci-&#13;
­vilización, como en el Noroeste Argentino, ensan­-&#13;
grentado por la heroica sublevación diaguito-calcha- &#13;
quí de Don Juan de Calchaquí, muy emparentada, &#13;
cierto es, al Alto Perú, por razones espirituales — la &#13;
civilización de estas razas tuvo por origen el injerto &#13;
de la cultura quéschua sobre las de las viejas raíces&#13;
calchaquí y diaguita— y como en el Sud de Chile, &#13;
donde Lautaro, Caupolicán y Lienfúr mantuvieron &#13;
en jaque el poderío español, merced a la conciencia &#13;
racial de los araucanos; no pudiéndose confundir &#13;
esas explosiones libertadoras de entidades étnicas de&#13;
 relativo desarrollo espiritual, con los malones que &#13;
tantas veces asolaron las provincias de Buenos Ai-&#13;
­res, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza y la &#13;
Pampa, simples actos de pillaje por parte de indios &#13;
que solo se proponían robar haciendas y llevarse &#13;
cautivas; despreciables reacciones de la barbarie con-&#13;
­tra la civilización.&#13;
 Como se comprenderá, los descendientes de los &#13;
súbditos de la teocracia comunista de los Incas, que &#13;
había alcanzado en Sud América el máximo de cul-&#13;
­tura, patente ésta en sus grandiosas concepciones ar­-&#13;
quitectónicas, en la pura belleza de su música y en &#13;
la suprema elegancia de su alfarería, de sus tejidos &#13;
y de sus artes menores, fueron los más rebeldes, &#13;
tanto por su bien arraigada tradición mística, social &#13;
y cultural, cuanto por el hecho de que la nueva si­-&#13;
tuación social imperante en tiempo de los españoles, &#13;
con sus mitas y sus encomiendas, resultaba horro­-&#13;
rosa en relación a la que habían establecido las sabias &#13;
y suaves leyes del Inca.&#13;
 Así en 1610 Ibáñez se subleva en Potosí y en 1623, &#13;
hacen lo propio Songo y Collana; en 1661, La Paz &#13;
es teatro de la sublevación popular que encabeza &#13;
Gallardo, y en 1730, en Cochabamba, otro humilde &#13;
caudillo: Alejo Calatayud, también trata de sacudir &#13;
“el suave yugo del muy amado monarca español”, &#13;
según reza en los documentos oficiales de la época. &#13;
Como bien se comprenderá, esas asonadas fueron &#13;
ahogadas en sangre y sus caudillos llevados al patí­-&#13;
bulo, pero en ellas vemos claramente que en la actual &#13;
Bolivia el espíritu libertador no se apagó nunca; abar-&#13;
­cando además, hecho único en nuestra América, la &#13;
liberación artística, cual aconteció con la portada del &#13;
Templo San Lorenzo de Potosí, en la que el genial &#13;
artista quéschua José Condorí, levantó el estandarte &#13;
de la rebelión.&#13;
 Más trascendente resultó la revuelta del último &#13;
Inca: Tupac Amarú y de los Catari, en 1780, que &#13;
tan honda repercusión tuvo entre los pueblos de &#13;
origen aymaro-queschua y que puede considerarse &#13;
como el punto inicial de la emancipación hispano-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
10 INDOAMERICA&#13;
&#13;
americana, cuyo corolario fue, cinco años más tar­-&#13;
de, en 1785, la sublevación de los cholos contra los &#13;
chapetones — españoles— en Cochabamba, al grito &#13;
de guerra queremos, guerra, aguardemos la ocasión;&#13;
ambas sangrientamente reprimidas, pero que deja-&#13;
­ron una semilla que germinó esplendorosamente en &#13;
la noble y generosa tierra boliviana.&#13;
 Esas inquietudes libertadoras, surgidas en la re-&#13;
­beldía popular, se fueron extendiendo a los domi-&#13;
­nios del espíritu. Los doctores chuquisaqueños, tam-&#13;
­bién sentían ansias de liberación, y afirmaban que &#13;
imprescindible era rehabilitar a los nativos, injusta­-&#13;
mente tenidos a menos por los conquistadores.&#13;
 Mariano Alejo Alvarez, graduado en Chuquisa-&#13;
­ca, provocó mayúsculo escándalo en Lima, a prin­-&#13;
cipios del siglo pasado, con su sonada tesis sobre&#13;
“La necesidad de dar preferencia a los americanos&#13;
en los empleos de América” ; aspiración que años &#13;
antes, en 1778, se concretó con la elección del perua­-&#13;
no Juan José Segovia, para el cargo de Rector de &#13;
la Universidad Mayor de San Francisco Xavier, &#13;
desconocida por los españoles y considerada como &#13;
un acto de rebeldía, al punto que el electo fue lleva-&#13;
­do a Buenos Aires, Capital del virreinato, y sumido, &#13;
por largos años, en inmunda mazmorra.&#13;
 Las ideas liberales de Agustín Risco, cuñado de &#13;
Segovia, también nos prueban cual era el estado de &#13;
alma de Chuquisaca a fines del siglo XVIII, pues &#13;
este doctor de la culta ciudad alto-peruana asentó &#13;
"que las leyes para que obliguen necesitan de pro­-&#13;
mulgación, y, según los casos, de aceptación”, prin­-&#13;
cipio que atacaba en su fondo la dominación hispá-&#13;
­nica en América, al reconocer a los nativos el dere­-&#13;
cho de aceptar o no las leyes dictadas por la Metró­-&#13;
poli.&#13;
 El cura Miguel Salinas y Quiñones, rector de la &#13;
Universidad de La Plata, en un enjundioso discurso &#13;
al nuevo obispo y carcelario de la misma: Benito &#13;
María de Moxó y Francoli, denunció en 1806, “el &#13;
escolastismo imperante en la Universidad, como ene­-&#13;
migo del progreso científico” y en nombre del claus-&#13;
­tro insinuó la necesidad de que “se echasen por tie-&#13;
­rra en Chuquisaca, las instituciones de la Universi-&#13;
­dad Mayor de San Marcos de Lima, que no hacían &#13;
sino arraigar más en la escuela el peripato ergotis-&#13;
ta”, deslizando al final de su discurso, la esperanza &#13;
de que “inspirándose el entrante cancelario en su &#13;
amor a la juventud estudiosa, arbitrase métodos más &#13;
adecuados para fomentar la enseñanza y ensanchar &#13;
la esfera de los conocimientos”, todo lo que, bien &#13;
a las claras, acredita el liberalismo imperante enton­-&#13;
ces en la ciudad de los Charcas.&#13;
 En la introducción del doctor Horacio Ramos Me-&#13;
xía al libro de Vicente G. Quesada La vida inte­-&#13;
lectual en la América española, dice el primero al &#13;
hablar del ambiente de Chuquisaca: “Alguna vez&#13;
surge un espíritu liberal y un anhelo de renovación&#13;
proyecta establecer un teatro consagrado a la Liber-&#13;
­tad, la Razón, la Filosofía, al divino Platón y a &#13;
Franklin, don Antonio Mariño hizo, sin embargo, &#13;
cosa mayor: publicó clandestinamente Los derechos&#13;
del hombre, lo que le valió ser perseguido y deste­-&#13;
rrado”. &#13;
 Por fin, el sumario que, por orden del Virrey de&#13;
 Buenos Aires don Baltazar Hidalgo de Cisneros, &#13;
fué levantado a raiz de la sublevación emancipado-&#13;
­ra del 25 de Mayo de 1809 de Chuquisaca, trae &#13;
nuevas luces sobre el particular.&#13;
 En efecto: en los cargos quinto, undécimo y se-&#13;
­senta se formulan las siguientes preguntas:&#13;
5° ¿Porqué no contuvieron al cabildo secular que&#13;
desde 1798 empezó a celebrar acuerdo escandalosos,&#13;
en horas y días extraordinarios, contra la conducta &#13;
del señor Presidente y prelado; no averiguaron los &#13;
autores de pasquines que, desde aquel tiempo se pu-&#13;
­sieron con frecuencia, y de las juntas de libertad e&#13;
independencia, que se proyectaban y hacían por al­-&#13;
gunos del pueblo?&#13;
 10° ¿Porqué desde entonces se hacían acuerdos &#13;
clandestinos y nocturnos en casa del señor Decano &#13;
Don José de la Iglesia a que concurrieron algunos&#13;
regidores y vecinos particulares? Digan quienes, lo &#13;
que trataban y con qué fin y objeto se juntaban?&#13;
 60° Si saben que estando quieto el Perú y sin&#13;
que se atreviese pueblo alguno, ni grande ni peque-&#13;
­ño, a sacudir el suave yugo de nuestro señor Don &#13;
Fernando V II y de la Suprema Junta Central que &#13;
en su nombre nos gobierna, luego que se difundió &#13;
el mal ejemplo de esa ciudad, la primera en su revo-&#13;
­lución, se siguieron las de La Paz, Santa Cruz y &#13;
Quito, organizadas bajo el mismo plan de gobierno&#13;
revolucionario?&#13;
 Como se ve el ambiente de Chuquisaca estaba mi­-&#13;
nado por el liberalismo, de suerte que el primer &#13;
grito de independencia que estalló en Hispano-Amé- &#13;
rica, el 25 de Mayo de 1809 y que arrancó al gene­-&#13;
ral Ramón García Pizarro, gobernador de Charcas, &#13;
cuando el pueblo le llevaba a la cárcel, después de &#13;
deponerle, estas proféticas palabras: Con un Pizarro&#13;
se inició la dominación española en América y con&#13;
un Pizarro se inicia su derrumbe; no fué, ni mucho &#13;
menos, un hecho esporádico, sino consecuencia de &#13;
varios lustros, casi diríamos varias centurias, de ger­-&#13;
minación de ideas emancipadoras.&#13;
 Es pués en ese ambiente revolucionario que se for­-&#13;
maron los que se graduaron en la Universidad Ma-&#13;
­yor de San Francisco Xavier y fueron miembros &#13;
de la Academia Carolina, siendo lógico que la se-&#13;
­ñalada por Baltázar Hidalgo de Cisneros, unidad de&#13;
(Sigue en la pág. 12)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 11&#13;
&#13;
LA BELLA CIUDAD DEL ILLIMANI&#13;
&#13;
He aquí diversos &#13;
aspectos de la ciu­-&#13;
dad de La Paz, ca­-&#13;
pital de Bolivia: &#13;
Arriba, una vista &#13;
panorámica, perfi-&#13;
­lándose en el fondo &#13;
el gigantesco Illi- &#13;
mani; abajo la ave-&#13;
­nida del Prado, &#13;
con su moderna &#13;
edificación y la pla-&#13;
­za Murillo.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
12 INDOAMERICA&#13;
&#13;
Chuquisaca cuna de la Emancipación Hispano - Americana&#13;
(Viene de la pág. 10)&#13;
&#13;
organización del plan revolucionario y republicano, &#13;
tuviera por único origen la prédica de los doctores &#13;
de las beneméritas instituciones chuquisaqueñas, que&#13;
al retornar a sus respectivos países, después de gra-&#13;
­duarse, llevaban el germen de las ideas liberales, &#13;
izquierdistas como se diría hoy.&#13;
 La chispa encendida en la ciudad de los Charcas, &#13;
el 25 de Mayo de 1809, corrió como reguero de &#13;
pólvora: el 16 de Julio, en La Paz, Domingo Muri-&#13;
llo sacude el yugo español; y al subir al cadalso dijo &#13;
proféticamente: “No se apagará nunca jamás la lla-&#13;
­ma que dejamos encendida” ; a los pocos días Santa &#13;
Cruz hace lo propio; el 10 de Agosto la lejana, pe-&#13;
­ro influenciada por los doctores de La Plata, Quito, &#13;
depone las autoridades hispánicas; el 14 de Septiem-&#13;
­bre Arze, del Rivero y Guzmán, se sublevan en &#13;
Cochabamba, y un año justo después de Chuquisaca, &#13;
el 25 de Mayo de 1810, Buenos Aires se levanta en &#13;
armas, invocando, como las cinco otras ciudades an-&#13;
­teriores, su fidalidad al muy amado monarca Don &#13;
Fernando VII, pretexto que debió insinuar José &#13;
Bernardo de Monteagudo, partícipe de la revolución &#13;
platense del año anterior, no siendo imposible que &#13;
el gran tribuno, en recuerdo de la fecha histórica, &#13;
propusiera que nuestro grito de Mayo estallara tam-&#13;
­bién el 25 de Mayo.&#13;
 La influencia que sobre nuestra emancipación ejer­-&#13;
cieron las ideas liberales de la Academia Carolina &#13;
de Chuquisaca, por obra de los doctores, es innega-&#13;
­ble, cuando se comprueba que la mayoría de las más &#13;
destacadas personalidades que intervinieron en nues­-&#13;
tro grito del 25 de Mayo y en los acontecimientos pos-&#13;
­teriores, se graduó en la ciudad de los Charcas.&#13;
 En efecto: tres de los nueve miembros de la Pri­-&#13;
mera Junta, cuya presidencia ejerció un alto-peruano: &#13;
el General Don Cornelio Saavedra, nacido en Poto-&#13;
­sí, eran doctores chuquisaqueños: Mariano Moreno, &#13;
el más genial propulsor de nuestra independencia, &#13;
cuyo espíritu se había modelado en la bien nutrida &#13;
biblioteca del canónigo Matías Terrazas, su protector &#13;
en La Plata; Juan José Castelli, enviado más tarde &#13;
al frente del segundo Ejército Auxiliar del Alto- &#13;
Perú; y Juan José Paso, cabiendo recordar las pala-&#13;
­bras del potosino Saavedra, en la sesión del Cabildo &#13;
abierto del 22 de Mayo: “No queda duda de que el &#13;
pueblo es quien confiere la autoridad o mando”.&#13;
 Sostenedores de esa junta y propulsores de las ideas &#13;
emancipadoras, los hallamos también entre condiscí-&#13;
­pulos de aquellos tres próceres: el ya nombrado Mon-&#13;
­teagudo, gran tribuno de la Revolución; Vicente Ló-&#13;
­pez y Planes, autor del Himno Nacional y cantor en&#13;
él de la Libertad y de la Igualdad, palabras pros-&#13;
­criptas del léxico de la Conquista y que López de­-&#13;
bió escuchar de labios entusiastas en las sesiones &#13;
escandalosas, que dijera el Virrey Cisneros, de la &#13;
Academia Carolina; Juan Martín de Pueyrredón, &#13;
que más tarde fué Director Supremo de las Pro-&#13;
­vincias Unidas; Martín Rodríguez, al que el mé­-&#13;
rito le llevó a Gobernador de Buenos Aires, en rea­-&#13;
lidad, presidente de la Confederación Argentina; Jo­-&#13;
sé Valentín Gómez y Francisco Díaz Vélez, eminen-&#13;
­tes jurisconsultos; Manuel Moreno, hermano de Ma­-&#13;
riano, primer acreditado diplomático argentino ante &#13;
el gobierno británico; Pedro José Agrelo, Manuel &#13;
Antonio Castro y González; más de la mitad de los &#13;
miembros del glorioso Congreso que en Tucumán &#13;
proclamó el 9 de Julio de 1816 la Independencia de &#13;
las Provincias Unidas de Sud-América: cuatro de &#13;
sus presidentes, pues las autoridades se renovaban &#13;
mensualmente: Pedro Medrano, Teodoro Sánchez &#13;
de Bustamante, Antonio Sáenz y Mariano Boedo; &#13;
seis de sus vice- presidentes: Pedro Ignacio Rivera, &#13;
José Agustín Gazcón, alto-peruano nacido en Oru- &#13;
ro, Jerónimo Salguero y Cabrera, Mariano Boedo, &#13;
José Severo Malabia y Andrés Pacheco de Meló; &#13;
sus dos secretarios permanentes: José María Serra-&#13;
­no y Juan José Paso; y los diputados José Ignacio &#13;
Gorriti, Tomás Manuel de Anchorena, José de Da- &#13;
rragueira y José Eusebio Colombres.&#13;
 La gloriosa ciudad de Chuquisaca, cuna, como &#13;
hemos visto, de la emancipación hispano-americana,&#13;
envió tres diputados al Congreso de Tucumán: José &#13;
María Serrano, Mariano Sánchez de Loria y José &#13;
Severo Malabia; participando también de la Asam-&#13;
­blea dos otros alto-peruanos: José Andrés Pacheco &#13;
de Meló, diputado por Chichas y Pedro Ignacio Ri­-&#13;
vera, por Mizque; de suerte que de los países dis­-&#13;
gregados del Virreinato del Río de la Plata, sólo el &#13;
Alto-Perú o Bolivia, tuvo representación en Tucu-&#13;
­mán, pues ni Uruguay ni Paraguay participaron de &#13;
las deliberaciones que vinieron a culminar con la &#13;
proclamación de la Independencia sud- americana. El &#13;
Uruguay, debido a las guerras civiles que ya le mi­-&#13;
naban; Paraguay, porque al decir del historiador &#13;
doctor Angel Acuña:&#13;
 “Negó toda cooperación a la lucha por la indepen-&#13;
­dencia ; se encerró en un aislamiento hosco y regresi­-&#13;
vo, apenas interrumpido por contactos de agresión. &#13;
Dominado por un egoísmo estrecho, contempló indi­-&#13;
ferente la sangrienta contienda que desgarraba a sus &#13;
hermanas de América”.&#13;
 “Jamás llevó la palabra de estímulo, jamás una pa­-&#13;
labra de aliento. Aprovechó el sacrificio de los otros, &#13;
del triunfo que consagró la independencia de los paí­-&#13;
ses libertados del poder de España, pero miró con &#13;
(Sigue en la pág . 32)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
NOTAS Y COMENTARIOS&#13;
&#13;
UN HECHO AUSPICIOSO. &#13;
Recibimiento de la delegación boli­-&#13;
viana en Tucumán&#13;
&#13;
EL recibimiento den &#13;
la delegación boli-&#13;
viana a la conferen-&#13;
cia de la paz, que se &#13;
realiza en Buenos&#13;
Aires, y que encabe-&#13;
­za el eminente esta­-&#13;
dista y Ministro de Relaciones Exterio­-&#13;
res de Bolivia, doctor Don Tomás Ma­-&#13;
nuel Elio, ha sido caluroso por parte de&#13;
las autoridades y el pueblo de Tucumán.&#13;
 El hecho merece un comentario. El &#13;
Gobernador de la Provincia, ungido a ese &#13;
elevado cargo por un partido netamente &#13;
popular que ninguna afinidad tiene con &#13;
los capitalistas radicados en el Chaco, ha &#13;
exteriorizado el sentimiento del verdade-&#13;
­ro pueblo argentino hacia el pueblo bo­-&#13;
liviano, su hermano dilecto por el pasa-&#13;
­do y por el presente; el sentimiento del &#13;
pueblo argentino, del que no responde &#13;
a los bastardos intereses de los industria-&#13;
­les que, voluntariamente, se han expa-&#13;
­triado y han preferido, en contra de los &#13;
más elementales deberes del patriotismo, &#13;
contribuir a la prosperidad de un país &#13;
extranjero a trabajar por la grandeza &#13;
material de su patria; del pueblo que &#13;
venera y conoce la Historia Argentina&#13;
— no en vano los tucumanos saben que &#13;
en la Casa Histórica, durante el glo-&#13;
­rioso Congreso de 1816, actuaron con &#13;
singular brillo cinco representantes del &#13;
Alto Perú— ; que presiente con clara &#13;
intuición dónde están los intereses de &#13;
la patria, que nada de común tienen con &#13;
los de los capitalistas que, al emigrar, &#13;
se desnacionalizaron y desertaron la &#13;
economía nacional; que sabe que Boli-&#13;
­via es el país más íntimamente ligado &#13;
a la Argentina por lazos históricos y&#13;
espirituales y que no se deja embaucar &#13;
por la propaganda paraguaya que, con &#13;
tanto descaro, está comprometiendo &#13;
nuestra neutralidad en el actual conflic­-&#13;
to del Chaco, al dar a creer, con su &#13;
bullanguera insolencia, que, como lo es­-&#13;
cribe el doctor Juan Steffanich, con&#13;
una candidez enternecedora, Argentina &#13;
y Paraguay son los dos astros de Sud &#13;
América.&#13;
El recibimiento entusiasta y frater­-&#13;
nal del que fué objeto en Tucumán, &#13;
por parte del pueblo y de sus genui-&#13;
nos representantes, la Delegación Boli­-&#13;
viana, es un hecho auspicioso que vale &#13;
mucho más que los cacareos paraguayó- &#13;
filos de escribas venales. Es la reac­-&#13;
ción del verdadero pueblo argentino y &#13;
la reanudación, tras breve eclipse, de &#13;
la tradicional confraternidad bolivia-&#13;
­no-argentina.&#13;
 Tucumán, una vez más, por obra de &#13;
su pueblo y de sus hombres dirigentes, &#13;
ha dado el grito de independencia de &#13;
juicio que, en letra de molde, había des-&#13;
­aparecido por obra de la propaganda &#13;
de un país extranjero.&#13;
&#13;
LA GUERRA EXALTA  EL &#13;
VIGOR DE LOS ARTISTAS &#13;
BOLIVIANOS&#13;
&#13;
 Las reproducciones que ofrecemos hoy &#13;
de dos obras del eminente pintor bolivia­-&#13;
no Cecilio Guzmán de Rojas, actualmen­-&#13;
te nuestro huésped, uno de los valores &#13;
más positivos de la pintura hispano-ame- &#13;
ricana, así como los que ofreceremos de &#13;
otros autores, en ediciones sucesivas, pro-&#13;
­barán que Bolivia sigue siendo el país &#13;
del arte de la tradición varias veces mile­-&#13;
naria; pero más aún lo prueba la activi­-&#13;
dad pictórica que se sigue desarrollando &#13;
actualmente con intensidad en el país her­-&#13;
mano, no obstante las angustias de la gue-&#13;
rra, o, quizá debido a ella, pues en esos &#13;
momentos de dolor nacional y de exalta-&#13;
­ción de las virtudes raciales y cívicas, &#13;
es cuando el artista cumple más noble y &#13;
fecundamente con su elevada misión es-&#13;
­piritual y de cohesión nacional.&#13;
 En efecto: ¿no fué, acaso, hace unos &#13;
veinte siglos que, durante los más de&#13;
tres lustros de duración de la guerra del &#13;
Peloponeso, que casi llevó a Atenas al &#13;
completo aniquilamiento, que Sófocles &#13;
produjo cada dos años y hasta su muer­-&#13;
te, una trilogía, entre ellas “Edipo Fey” &#13;
y un drama satírico; que Eurípides, des-&#13;
­cartadas “Alcestes” y “Medea”, escri­-&#13;
bió toda su obra trágica y que Aristó­-&#13;
fanes realizó los dos tercios de su labor &#13;
satírica?&#13;
 La Grecia de la tradición espiritual &#13;
de nuestra América, hemos nombrado &#13;
a Bolivia, no podía ser menos…&#13;
 Así hace meses, en el campo atrin­-&#13;
cherado de Villa Montes, bajo la ame­-&#13;
naza de los asaltos y de los aeropla­-&#13;
nos paraguayos, se realizó una exposi­-&#13;
ción colectiva de arte con obras de pin-&#13;
­tores y dibujantes, que, émulos de Ar­-&#13;
turo Reque Meruvia, que nos visitó &#13;
hace dos años y cuyos cuadros de la &#13;
guerra del Chaco han merecido el en­-&#13;
tusiasta elogio de la crítica española y &#13;
londinense, trocaron el fusil o la ame-&#13;
­tralladora por el pincel o el lápiz, para &#13;
fijar un paisaje chaqueño, una doloro-&#13;
sa escena de la contienda, una silueta o&#13;
una caricatura: [así en] estos últimos me-&#13;
­ses, se han realizado en La Paz sendas &#13;
exposiciones individuales de los artis­-&#13;
tas bolivianos: Genaro Ibáñez, Crespo &#13;
Gastellú, Gil Coimbra y Raúl Prada.&#13;
 Genaro Ibáñez, artista potosino, cono-&#13;
­cido en Buenos Aires, de regreso de Es-&#13;
­paña donde la crítica elogió su bellas &#13;
dotes de aguafuertista y dibujante, ex-&#13;
­puso una serie de obras de motivos del&#13;
 terruño: los maravillosos paisajes de &#13;
Tithuanacu, en los que se alzan los ves-&#13;
­tigios de la civilización madre de nues­-&#13;
tra América; los [templos] las casonas y &#13;
las callejuelas evocadoras de “Potosí,&#13;
Cochabamba y La Paz”, cuyo heroísmo &#13;
exalta el Himno Nacional Argentino…&#13;
 Divid Crespo Gastellú, paceño, que &#13;
tanto recuerda con su ingenuo primiti­-&#13;
vismo a nuestro Gramajo Gutiérrez, ex­-&#13;
puso cuadros y dibujos de ambiente po-&#13;
­pular : fiestas religiosas y cívicas de al­-&#13;
deas, recuas de llamas que se perfilan &#13;
en el Altiplano y en los valles andinos,&#13;
(Sigue en la pág. 18)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
16 INDOAMERICA&#13;
&#13;
Principios de derecho americano en la Guerra del Chaco&#13;
&#13;
LIBERADOS los pueblos de Hispano&#13;
América de la autoridad peninsu- &#13;
lar organizaron sus nacionalida- &#13;
des tomando como fuente de dere-&#13;
cho territorial, el uti possidetis ju-&#13;
ris de 1810, o sea, la posesión ju-&#13;
rídi­ca de cada circunscripción poli-&#13;
tica administrativa en esa fecha.&#13;
 Ninguna modificación posterior, &#13;
que no se fundara en convenios recíprocos podría &#13;
fundar derecho alguno posesorio, no reconociéndo­-&#13;
se res nullius sobre territorios incorporados a la ju­-&#13;
risdicción administrativa o de otro orden de las &#13;
nuevas nacionalidades. Ninguna ocupación, lógica-&#13;
­mente, podría prevalecer como fuente de derecho, &#13;
desde el momento que se consideraba que las tie-&#13;
­rras incorporadas dentro del patrimonio nacional &#13;
ploradas y gran parte, despobladas.&#13;
 Con el Chaco Boreal, motivo y origen de la con-&#13;
­tienda boliviano-paraguaya ocurre eso. Bolivia, here­-&#13;
dera inmediata e incontestable de la Audiencia de &#13;
Charcas que tenía jurisdicción territorial, adminis-&#13;
­trativa, política, jurídica y militar sobre los pueblos &#13;
que hoy constituyen la nación boliviana, poseía el &#13;
Chaco, aunque por razones de distancia, falta de po-&#13;
­blación y otros factores internos no llegara a ejer­-&#13;
cer una efectiva labor colonizadora. Este hecho ma­-&#13;
terial de abandono obligado por las circunstancias, &#13;
en que se tenía el Chaco, como hoy mismo muchas &#13;
y riquísimas zonas del territorio boliviano, y la pro-&#13;
­ximidad de encontrarse al alcance de la codicia del &#13;
núcleo más poblado, como era el Paraguay, que vi­-&#13;
vía secularmente sólo hacia el lado oriental del río &#13;
Paraguay, suscitó la presencia paulatina de este pue-&#13;
­blo y la ocupación efectiva de las tierras occidenta-&#13;
­les del río. Este hecho, en ningún momento ni en &#13;
forma alguna ha podido invalidar por sí mismo el &#13;
derecho posesorio de Bolivia sobre el Chaco, ampa-&#13;
­rado en el cedulario real de la corona española, fuen­-&#13;
te del derecho americano.* * * &#13;
 Como lejana resonancia y consagración del sentido jurí­-&#13;
dico del principio del uti-possidetis juris de 1810 que se reco-&#13;
­noce como base de todo derecho posesorio internacional en &#13;
este continente, apareció en 1932, a raíz de la contienda del &#13;
Chaco, la que se conoce como Declaración de 3 de Agosto de &#13;
ese año.&#13;
 Noble doctrina, de inspiración puramente americana con­-&#13;
solida el espíritu y la devoción por las soluciones jurídicas &#13;
de las contiendas territoriales o de otro orden que surgieran &#13;
entre estas naciones. La conquista territorial, — dice— , no &#13;
da derecho alguno de posesión, y se considerará ilegítima la &#13;
ocupación de hecho que no esté amparada en un título jurí­-&#13;
dico. Tácitamente la guerra, como factor resolutivo de con­-&#13;
tiendas internacionales en América, era repudiada, y apelar &#13;
a ella se consideraría como caso de extra-legalidad interna-&#13;
­cional en que se colocaban las naciones que la provocaban&#13;
o las que rechazaban el avenimiento pacífico. La guerra no &#13;
produciría más hechos políticos que sustituyan un derecho &#13;
legítimo por otro a título de victoria de un contendor sobre &#13;
el otro. Esta evolución del pensamiento internacional, del &#13;
concepto mismo de la guerra, arranca indudablemente en la &#13;
verificación cruel de que las guerras modernas por la comple­-&#13;
jidad de su acción destructora, abaten por igual a los com-&#13;
­batientes, y acaso si en la guerra futura serán los no-comba-&#13;
­tientes aquellos sobre quienes pese con más dureza, el sacri-&#13;
­ficio estéril de la lucha armada. Entonces, era pues, preciso, &#13;
desacreditar la guerra como hecho generador de títulos pose­-&#13;
sorios ; la ocupación y la conquista militar equiparados en su &#13;
efecto anti-jurídico serían repudiadas y desconocidas por las &#13;
naciones americanas.&#13;
Bolivia adhirió a la Declaración de 3 de Agosto de 1932, &#13;
y ahora mismo, en plenas negociaciones de paz, presta su &#13;
adhesión al principio acreditado por la suscripción de dieci­-&#13;
nueve naciones americanas.&#13;
&#13;
 Bolivia adhirió a la Declaración de 3 de Agosto &#13;
de 1932, y ahora mismo, en plenas negociaciones de &#13;
paz, presta su adhesión al principio acreditado por &#13;
la suscripción de diecinueve naciones americanas.* * *&#13;
 Si la Declaración de 3 de Agosto de 1932, niega &#13;
todo valor al hecho material de la guerra y a sus &#13;
consecuencias, el principio del Arbitraje abre el ca­-&#13;
mino de las soluciones definitivas dentro del cual &#13;
solo puede y debe prevalecer el mejor derecho de los &#13;
contendientes. El arbitraje, institución jurídica in­-&#13;
corporada al derecho internacional público como la &#13;
solución mejor de los conflictos, ha merecido en &#13;
América una realización aleccionadora. La Repú-&#13;
­blica Argentina constituida por tradición y convic­-&#13;
ción en paladín y sostenedora del principio arbitral &#13;
ha ofrecido su hospitalidad generosa para que en su &#13;
casa y presidida por una larga tradición jurídica &#13;
lleguen los beligerantes en el Chaco Boreal a defi­-&#13;
nir su derecho y consolidarlo después sobre bases &#13;
legítimas; únicas que pueden subsistir eternamente &#13;
alejando del futuro próximo o lejano la semilla de &#13;
discordias, y la raíz misma del conflicto. No es po-&#13;
­sible concebir que las cosas queden como antes de &#13;
la guerra, con la circunstancia de que nuevos ele­-&#13;
mentos de perturbación harían más grave y más in­-&#13;
minente la posibilidad de una nueva guerra si no &#13;
se da plena satisfacción al derecho, a la verdad y a &#13;
la justicia.&#13;
 Bolivia, funda, pues, sus reivindicaciones, en el &#13;
derecho mismo y en la justicia. Su mejor arma son &#13;
las doctrinas americanas anteriormente mencionadas &#13;
y su seguridad en el éxito de la causa por la que con &#13;
tanto heroísmo y brillo han luchado sus hijos en &#13;
los campos dantescos del Chaco Boreal, es cada vez &#13;
mayor por que la justicia, el derecho y la verdad, &#13;
se abren campo a través de las tinieblas más densas.&#13;
J. RODAS EGUINO,&#13;
Primer  Secretario de la Legación de Bolivia.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 17&#13;
&#13;
EL MARAVILLOSO PAISAJE DE BOLIVIA&#13;
&#13;
En la presente nota pueden observarse &#13;
diversos aspectos del artístico panora­-&#13;
ma de Bolivia: Un cactus gigante, plan-&#13;
­taciones de café en plena serranía, un &#13;
tramo del ferrocarril de Atocha a Vi- &#13;
llazón y otros paisajes notables por su &#13;
belleza&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
18 INDOAMERICA&#13;
&#13;
NOTAS Y COMENTARIOS&#13;
(Viene de la pág. 15)&#13;
arrieros, coyas y cholas, con la policro-&#13;
­mía de sus vestimentas, que con tan vis­-&#13;
tosa personalidad evoca.&#13;
 Gil Coimbra, en treinta y tres obras, &#13;
ofrece sus interpretaciones del campo &#13;
de batalla chaqueño: escenas de la gue-&#13;
­rra y también, de acuerdo con el alma &#13;
secular boliviana siempre atenta a la &#13;
belleza, aun en los momentos de an-&#13;
­gustia, visiones de la naturaleza del Cha-&#13;
­co, y un “Alma de la cueca” que es &#13;
una estilización magistral de ese baile &#13;
del pueblo, que se interpreta bajo la &#13;
metralla y entre uno y otro asalto.&#13;
 Por fin Raúl Prada, cochabambino, &#13;
en el Círculo Militar, expuso una serie &#13;
de cuadros, no ya de la guerra como &#13;
paracería imponerlo el ambiente que le &#13;
brindó hospitalidad, sino de la natu­ra-&#13;
leza americana, que siente como po­-&#13;
cos, particularizándose en los árboles &#13;
chaqueños y yungueños, de esa vegeta­-&#13;
ción atormentada o exhuberante, tan ge- &#13;
nuinamente continental.&#13;
 Los demás artistas bolivianos: Cecilio &#13;
Guzmán de Rojas, Jorge de la Reza, &#13;
Víctor Pavón, Ramón Katari, Alfredo &#13;
Araujo Quesada, Alejandro Mario Illa-&#13;
nes, Fausto Asis, Ricardo Bohorquez, &#13;
Teófilo Loaiza, Rene Meriles y otros, &#13;
siguen consagrándose a la exaltación de &#13;
la belleza nativa y de la vida bolivia-&#13;
­na, por medio de un arte vigoroso, ca-&#13;
­racterístico, original, subjetivamente &#13;
americano, ante el cual las enternece- &#13;
doramente ingenuas [oleografias] de sus &#13;
colegas paraguayos, expuestas dos años &#13;
ha en Buenos Aires y que los críticos &#13;
argentinos no comentaron para no des-&#13;
­truirlas cruelmente, resulta de la misma &#13;
superioridad que podría señalarse entre &#13;
la obra de un gran pintor y la ñoña &#13;
elucubración de una niña cursi de Ca- &#13;
lamuchita…&#13;
&#13;
EL BUEN H U M O R DEL&#13;
Dr. JUAN STEFANICH &#13;
&#13;
a) Los herederos de la gran cultura &#13;
humana occidental.&#13;
El patriotismo es un sentimiento no­-&#13;
ble y generoso digno de todo respeto &#13;
y la defensa de la patria, en tiempo de &#13;
guerra, es deber sagrado de todo ciu­-&#13;
dadano. Pero ese sentimiento no debe &#13;
llevar a quienes lo exteriorizan con la&#13;
pluma a esgrimir la mentira y a ofen-&#13;
­der a otros países que nada tienen que &#13;
ver en la contienda.&#13;
 En la “Revista Paraguaya”, que se &#13;
edita en nuestra Capital, escribe con &#13;
asombrosa inconsciencia al doctor Juan &#13;
Stefanich: “Honor y decoro de Amé­-&#13;
rica, herederos dignos la gran cultura&#13;
humana occidental (sic), estos dos paí­-&#13;
ses son el Paraguay y la República Ar­-&#13;
gentina . . . ”&#13;
 Ya sabíamos que los guaraníes consi­-&#13;
deran que su patria es un faro en Sud- &#13;
América, lo que si puede resultar ridi­-&#13;
culo frente a la verdad histórica y a &#13;
las realidades continental y paraguaya, &#13;
es tolerable cuando de ese concepto del &#13;
propio valer no se hace cómplice a otros &#13;
pueblos, como en el caso que nos ocu-&#13;
­pa, en el que la Argentina se ve acolla-&#13;
­rada al Paraguay, sin culpa alguna, co­-&#13;
mo corresponde de la cultura de Occi­-&#13;
dente en nuestra América.&#13;
 El pueblo paraguayo es sufrido y he­-&#13;
roico, nadie lo niega; tiene, sobre todo &#13;
en las mujeres, que son admirables de &#13;
abnegación, grandes aptitudes para el &#13;
trabajo material, todos lo reconocen; &#13;
pero de ahi a elevarlo a la misma ca­-&#13;
tegoría espiritual y mental, si damos &#13;
a estos vocablos su verdadero signifi­-&#13;
cado, que el pueblo argentino, media &#13;
una distancia que únicamente le cegue­-&#13;
ra de un patriotero puede franquear &#13;
sin rubor.&#13;
 No dudamos, desde luego, que el doc­-&#13;
tor Stefanich se imaginó honrarnos al &#13;
compararnos a los paraguayos, pero &#13;
ese honor que mucho tememos que &#13;
no sea apreciado por el argentino pa­-&#13;
triota que tenga consciencia de la la-&#13;
­bor cultural realizada por la Nación &#13;
Argentina en sus años de vida inde-&#13;
­pendiente.&#13;
 Los caminos por los cuales, desde &#13;
1810, han andado Paraguay y la Argen-&#13;
­tina, son tan distintos y tan antagóni-&#13;
­cos que, francamente, no vemos de &#13;
dónde pudo surgir esa paridad entre &#13;
ambos pueblos, señalada sin concretar-&#13;
­la et pour cause, por el doctor Ste­-&#13;
fanich.&#13;
 En efecto, durante la epopeya eman­-&#13;
cipadora que dió nacimiento a quince &#13;
nuevas nacionalidades, el Paraguay, sin &#13;
duda preocupado por la custodia (?) de &#13;
la gran cultura humana continental, no &#13;
dió señales de vida, no contribuyó ofi-&#13;
cialmete ni con un fusil ni con un sol­-&#13;
dado que llevara el uniforme de su &#13;
ejército a la independencia de nuestra &#13;
América... Nuestro país, sin embargo, &#13;
cuyas tropas libertadoras rechazaron los &#13;
paraguayos, expulsó a los españoles de &#13;
la Banda Oriental; envió cinco: ejér-&#13;
citos auxiliares al Alto Perú, donde con­-&#13;
taron con la heroica colaboración de los &#13;
bolivianos, cual lo prueban, entre mil, &#13;
el hecho de que la matrona chuquisa- &#13;
queña doña Juana Azurduy de Padilla, &#13;
la Heroína de América, fuera nombra-&#13;
­da coronela del Ejército Argentino y &#13;
que el general Belgrano donara a la &#13;
ciudad de Tupiza, un escudo en pre­-&#13;
mio al heroísmo de los granaderos chi- &#13;
chenses; hizo transpasar los Andes por&#13;
otro ejército que libertó a Chile y al &#13;
Perú, colaboró en la independencia de &#13;
Colombia en Río Bamba y Pichincha y &#13;
selló definitivamente con las tropas de &#13;
Bolívar y de Sucre la libertad de Amé-&#13;
­rica en Junín y Ayacucho…&#13;
 Quiero hacer constar desde esta tri-&#13;
­buna, escribe el publicista paraguayo, &#13;
que hay en el mundo dos países leal­-&#13;
mente pacifistas y profundamente res-&#13;
­petuosos de las normas jurídicas, que &#13;
nunca (?) arrojaron una brizna de­&#13;
hierba para encender la hoguera de la &#13;
guerra y que no creyeron jamás en la &#13;
posibilidad de una lucha armada entre &#13;
pueblos americanos...” Ya se imagi­-&#13;
nará el lector que esos dos países son&#13;
los hermanos siameses del doctor Juan &#13;
Stefanich : ¡Argentina-Paraguay! &#13;
 Echemos una somera mirada sobre &#13;
las efemérides pacifistas (¡) del Pa­-&#13;
raguay;&#13;
1825: Tropas paraguayas ocupan Misiones, &#13;
Candelaria, Salto y tranquera de Lo- &#13;
reto.&#13;
1832: Ocupación paraguaya del Aguapey y &#13;
del Uruguay, continuas incursiones gua-&#13;
­raníes a territorio argentino, que se &#13;
repiten con intermitencia hasta la &#13;
muerte de Gaspar Rodríguez de Fran-&#13;
­cia en 1840.&#13;
1849: Invasión paraguaya de la isla de Apipé,&#13;
 San Miguel, Loreto hasta acerca de &#13;
Santo Tomé; luego  retira   al mando &#13;
del joven general Francisco Solano &#13;
López, “arrebatando todo lo que en -&#13;
­contró a su paso: hombres, mujeres , &#13;
haciendas, bienes transportables, etc .”. &#13;
1851: Concentración de tropas paraguayas en&#13;
tierra argentina : Loreto y San Miguel. &#13;
1865: Bombardeo de Corrientes sin previa &#13;
declaración de guerra y degüello gene-&#13;
­ral de la tripulación de la nave de &#13;
guerras surtas en ese puerto; “25 de &#13;
Mayo ” y “ Gualeguay ” . . . Este noble &#13;
acto del pacifismo guaraní engendró &#13;
la guerra de la Triple Alianza de &#13;
ese acto de barbarie y lesa humanidad &#13;
se solidarizó, en magnífica epopeya, el &#13;
pueblo paraguayo todo y se sigue so ­-&#13;
lidarizando hoy, puesto que un regi ­-&#13;
miento paraguayo actualmente lu -&#13;
­cha en el Chaco se llama Mariscal &#13;
Lopez .&#13;
1879: Tratado Quijarro - Decoud, ratificado &#13;
por el parlamento boliviano encar -&#13;
­petado por el paraguayo venta, por &#13;
parte del gobierno de Asunción, de las &#13;
tierras en litigio .&#13;
(Sigue en la pág. 30)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 19&#13;
&#13;
POETA/ BOLIVIANO&#13;
LAS CHARCAS&#13;
&#13;
EL golpe centelleante del castellano acero&#13;
extinguió en la cruz blanca su resplandor mortal,&#13;
y como nido de águilas alzó el aventurero&#13;
la ciudad del reposo, hidalga y conventual.&#13;
&#13;
La vió desde las cumbres el indio torvo y fiero,&#13;
vió su altar y su toga, su espada y su puñal,&#13;
y acaso entre las sombras, el fulgurar postrero&#13;
del astro que alumbraba la fortuna imperial.&#13;
&#13;
No dió la raza mártir su cuello a la cuchilla;&#13;
mil veces escucharon las huestes de Castilla&#13;
el silbar de sus flechas y el rugir de su voz,&#13;
&#13;
y turbaron sus sueños en las noches de plata&#13;
el semblante de bronce, la diadema escarlata,&#13;
la mirada terrible y el ademán feroz.&#13;
&#13;
Ricardo Jaimes Freyre.&#13;
&#13;
AURORA&#13;
Tras la indecisa luz anunciadora&#13;
del alba que claudica dulcemente,&#13;
con áurea majestad muestra el oriente&#13;
una imperial decoración de aurora.&#13;
&#13;
Con reflejos de lumbre cegadora,&#13;
sobre las cumbres del esplendor creciente,&#13;
el Inti surge, majestuosamente &#13;
sobre el silencio emocional de la hora.&#13;
&#13;
Un gallo fanfarrón canta escondido,&#13;
se oculta una vizcacha, y un ladrido&#13;
rebota en ecos tras el son de un báculo.&#13;
&#13;
Y solo libre, huido al cautiverio,&#13;
el cóndor, ante el mágico espectáculo,&#13;
pasa como el recuerdo de un imperio.&#13;
&#13;
Humberto Viscarra M.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
20 INDOAMERICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del &#13;
general don Alfonso Baldrich &#13;
(Viene de la pág. 8) &#13;
por el gobierno de Asunción, fundó las &#13;
ciudades de Santa Fe y de Buenos Ai-&#13;
­res; siempre que nosotros, recordando &#13;
que Ayolas, conquistador del Paraguay, &#13;
lugarteniente de Pedro de Mendoza, &#13;
que colocó los cimientos de la primera &#13;
Buenos Aires, no formuláramos la as­-&#13;
piración de hacer del Paraguay una &#13;
provincia argentina…&#13;
 Los mismos escasos ultra-nacionalis-&#13;
­tas chilenos, por el hecho de que nues-&#13;
­tros territorios patagónicos están casi &#13;
en manos de chilenos: armadores, co-&#13;
­merciantes, estancieros y peonadas, ba-&#13;
­sados en la teoría paraguaya, pretenden &#13;
que toda la Patagonia pase a dominios &#13;
de Chile. En cuanto a nuestra secular &#13;
protesta por la ocupación británica de &#13;
las Malvinas, resultaría una goyería si &#13;
verdaderamente la conquista y coloni­-&#13;
zación de tierras ajenas diera derechos &#13;
de posesión.&#13;
 Por fin, la similitud racial y de idio­-&#13;
mas, podrían ser invocadas: la primera &#13;
para justificar aspiraciones trasandinas &#13;
sobre el Neuquén; paraguayas sobre Co-&#13;
­rrientes, Misiones, Este del Chaco y &#13;
de Formosa y los estados brasileños de &#13;
Matto Grosso, Paraná, Minas Geraes,&#13;
parte de San Pablo y otros, donde se &#13;
habla guaraní y esta raza está en ma­-&#13;
yoría; y bolivianas sobre Santiago del &#13;
Estero, donde el quéchua es el idioma &#13;
popular, sobre Jujuy, la más boliviani- &#13;
zada de nuestras provincias, y sobre to-&#13;
­da la zona calchaquí, antigua posesión &#13;
incaica, de cuyo vasto imperio Bolivia, &#13;
es, con Perú, la directa heredera.&#13;
 La insensatez de semejantes aspiracio­-&#13;
nes, supuestas las más, reales las me­-&#13;
nos, prueba, ante un criterio imparcial, &#13;
que igual adjetivo merecen las que sus-&#13;
­tenta el Paraguay sobre el Chaco Bo­-&#13;
real y, por influencia del despertar im-&#13;
perialista de los paraguayos, señalado &#13;
éste por los historiadores desde la ini-&#13;
­ciación de la vida independiente de la &#13;
provincia de la Guayra, sobre Santa &#13;
Cruz de la Sierra; y que de imponerse, &#13;
originaría en el futuro — seamos previ­-&#13;
sores— discordias, guerras, atropellos, &#13;
inquietudes y ruinas, alejadas para &#13;
siempre por la adopción del uti possi-&#13;
detis juris de 1810, base de la paz, la &#13;
concordia, la justicia y la confraterni­-&#13;
dad hispano-americanas.&#13;
 Ahora bien: el uti possidetis juris de &#13;
1810 es favorable a Bolivia, no por in-&#13;
­fluencia desmoralizadora de la Standard &#13;
Oil, sino por mandato mor alisador del &#13;
Derecho Internacional Hispano-Ameri- &#13;
cano que, desechando por espúrea toda&#13;
aspiración territorial basada en la ex­-&#13;
ploración o descubrimiento (caso del &#13;
Chaco por parte del Paraguay), coloni-&#13;
­zación, desarrollada al margen del de­-&#13;
recho y de la posesión jurídica (casos &#13;
de las Malvinas y del Chaco) y la si­-&#13;
militud racial, asienta que las fronte­-&#13;
ras entre los pueblos hermanos del con­-&#13;
tinente, deben ser las mismas que exis-&#13;
­tían en la subdivisión territorial colo-&#13;
­nial en 1810, fecha de la iniciación de &#13;
la emancipación hispano-americana.&#13;
&#13;
Paraguay frente a Sud América.&#13;
En su conferencia, el General don &#13;
Alfonso Baldrich, a fuer de militar, &#13;
hace gala de gran erudición histórica, &#13;
tributa al ejército paraguayo los más &#13;
hiperbólicos elogios y lo compara con &#13;
las falanges más heroicas registradas &#13;
por los anales de la guerra... Esa eru­-&#13;
dición, por desgracia, no parece abarcar &#13;
la historia de nuestra América y las re­-&#13;
laciones internacionales entre Paraguay &#13;
y nuestro país; de lo contrario, le ha­-&#13;
cemos el honor de creerlo así, su entu-&#13;
­siasmo paraguayófilo sería menos vehe­-&#13;
mente, pues sabría que el Paraguay &#13;
odió a la Argentina desde el día de &#13;
su independencia; sus grandes caudillos &#13;
Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos &#13;
Antonio López, que se sostuvieron en &#13;
el poder porque reflejaban el sentir y &#13;
el pensar de su raza (no hay en la his-&#13;
­toria caso de un dictador o tirano que &#13;
no sea fruto del medio étnico), según &#13;
el historiador Dr. Angel Acuña, odia-&#13;
­ban a la Argentina y cultivaban con &#13;
amor la amistad del Brasil; que Fran­-&#13;
cisco Solano López no era tampoco ar- &#13;
gentinófilo y que sus sucesores, excep­-&#13;
to el General Benigno Ferreyra, derro­-&#13;
cado por ser argentinista, fueron ene­-&#13;
migos solapados de nuestro país, al pun­-&#13;
to que, como ya queda dicho, en tiem-&#13;
­pos del conflicto de fronteras argenti­-&#13;
no-chileno, en el Paraguay sólo se ha-&#13;
­blaba de la hermandad secular de las &#13;
repúblicas araucana y guaraní.&#13;
 Si, abandonando por unos momentos &#13;
el problema del petróleo, el general Bal­-&#13;
drich meditara un poco sobre historia &#13;
Hispano-Americana, llegaría a la con­-&#13;
clusión de que el Paraguay no puede &#13;
ser nunca nuestro amigo.&#13;
 En efecto: el pueblo paraguayo es ad­-&#13;
mirablemente patriota y posee un amor &#13;
propio nacional difícilmente superable; &#13;
es, con Chile, el único pueblo imperia­-&#13;
lista del continente, y no se conformó &#13;
jamás con la situación de país débil, &#13;
pobre y económicamente supeditado a la &#13;
Argentina, a la que le condenaron sus re­-&#13;
veses militares en la guerra de la Tri­-&#13;
ple Alianza.&#13;
 Como se comprenderá — y ello re­-&#13;
dunda en honor de ese pueblo desgra-&#13;
­ciado y orgulloso— los paraguayos con­-&#13;
sideran un baldón su sometimiento eco­-&#13;
nómico a la Argentina. Con la clara &#13;
intuición inherente a los pueblos fuer­-&#13;
tes, nuestro vecino del Noreste com-&#13;
­prende que su país resulta un contra-&#13;
­sentido, no tiene razón de ser como na­-&#13;
cionalidad independiente ni puede aspi­-&#13;
rar a prosperidad económica alguna si &#13;
se desliga de la Argentina, a cuya cos­-&#13;
ta se ve condenado a vivir, como sim-&#13;
­ple parásito... Ese estado de inferio-&#13;
­ridad, único en nuestra América, pro­-&#13;
voca en los paraguayos un noble y jus-&#13;
­to sentimiento de rebeldía, latente y &#13;
oculto, que únicamente espera el mo-&#13;
­mento propicio para estallar en contra &#13;
nuestra y conquistar así la libertad eco-&#13;
­nómica que asegure el porvenir de la &#13;
nación.&#13;
 Esa prosperidad y esa liberación eco-&#13;
­nómica no las logrará nunca el pueblo &#13;
paraguayo a expensas de Bolivia, aún &#13;
en el supuesto de que sus exóticas y &#13;
reideras aspiraciones imperialistas le lle-&#13;
­varan a adueñarse del Chaco Boreal y &#13;
de Santa Cruz de la Sierra, pues esas &#13;
próvidas regiones no lo arrancarían de &#13;
la triste condición de país mediterrá­-&#13;
neo, sin puertos de aguas hondas, tropi-&#13;
­cal y sub-tropical, cuya producción es-&#13;
­tá desvalorizada por la sencilla razón &#13;
de que entre ambos trópicos se extien-&#13;
­den las más ricas regiones productoras &#13;
del mundo, que están además en manos &#13;
de la mayoría de los países europeos, &#13;
los únicos que pueden ofrecerles merca-&#13;
­dos ... La ruina de la producción go-&#13;
­mera de Brasil, a raíz de las plantacio­-&#13;
nes hechas en colonias británicas y ho­-&#13;
landesas, prueba, sin lugar a dudas, cuán &#13;
efímera es la riqueza de los países tro-&#13;
­picales independientes. Por las mismas &#13;
razones Paraguay no conquistará jamás &#13;
prosperidad y liberación, a expensas de &#13;
Brasil, país de pleno trópico... En &#13;
cambio esa liberación y prosperidad, se &#13;
las brindaría nuestro país si los para­-&#13;
guayos pudieran realizar sus viejas as­-&#13;
piraciones sobre nuestra Mesopotamia. &#13;
que la dotarla de puertos de aguas hon­-&#13;
das y diversidad de productos.&#13;
 Claro está, la conquista de Corrien-&#13;
­tes y Entre Ríos es un imposible para &#13;
los paraguayos, o, mejor dicho, solo se­-&#13;
ría posible si el Paraguay se aliara a &#13;
un enemigo nuestro victorioso, y consi-&#13;
­guiera, merced a la ayuda militar pres­-&#13;
tada en conta la Argentina, adueñarse &#13;
de la Mesopotamia... Por ello el Pa­ra-&#13;
guay era brasileñista durante el con­-&#13;
flicto de Misiones e hizo arrumacos a&#13;
(Sigue en Iar pág . 26&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 21&#13;
&#13;
EL LAGO&#13;
SAGRADO&#13;
DE&#13;
LOS&#13;
INCAS&#13;
&#13;
ESTAMOS en Chua. La vieja residencia &#13;
patriarcal domina, desde la falda de &#13;
una lomada, la gran masa de aguas &#13;
que suavemente llegan a sus pies. Es &#13;
de noche y parece que la luna y to­-&#13;
das las estrellas del cielo hubiesen ba­-&#13;
jado al lago, donde rielan o cabrillean, &#13;
más temblorosas, más brillantes — si cabe— que en&#13;
el firmamento tropical.&#13;
 La claridad lunar lo ilumina todo y el lago es &#13;
blanco, móvil, reluciente, como si todo el estaño de &#13;
Bolivia se hubiese licuado allí para evidenciar el &#13;
enorme acervo de belleza que encierra también esta &#13;
tierra prodigiosa. Las colinas distantes se esfuman &#13;
en la noche y sólo la radiosa cordillera nevada se &#13;
yergue, nítida y clara, como una fila de inmóviles &#13;
y blancos espectros.&#13;
 La colina de Chua baja al Lago en una suave &#13;
pendiente, con árboles y gramíneas. Por entre el &#13;
follaje lustroso de las “kisuaras”, que semejan oli-&#13;
vos silvestres en las áridas lomadas, se abre un &#13;
claro en la playa ripiosa. Se me ocurre pedir al pro-&#13;
­pietario que los indios bajen al césped a tocar sus &#13;
quenas y sicos primitivos. Se organiza inmediata­-&#13;
mente una orquesta, que vuelca sus notas dolientes &#13;
en el Lago de los misterios incásicos.&#13;
 Los indios con sus gorros peculiares, sus pon-&#13;
­chos y sus arreos centenarios forman la ronda que &#13;
surge a la luz o se pierde, por intervalos, en la &#13;
sombra del follaje. Los “sicos” son zampoñas, y la &#13;
quena es la flauta de Pan. En el fondo de aquella&#13;
umbría ¿no chispearían los ojos del dios, como, lo &#13;
veía Darío, cuando el cisne de nieve violaba en las &#13;
lindas a Leda, “buscando su pico los labios en &#13;
flor” ? …&#13;
 La música de la ronda es suave, es ingenua, es &#13;
simple, es doliente, y como un alma vagabunda, co­-&#13;
mo un espectro de Lohengrin, atrae de las sombras &#13;
un junco silencioso, que viene de las lejanías del &#13;
Lago. Es la piragua de los Incas, es la balsa pri­-&#13;
mitiva, hecha toda de “totora”, desde los rústicos &#13;
flotadores hasta la estera, que simula el velamen &#13;
latino. La barca viene, como un pájaro lacustre &#13;
atraído por la sinfonía maravillosa que allí cantan &#13;
la noche, la diosa astral, el Lago, las quenas geme­-&#13;
bundas, los sicos silbantes, en aquel paraje de en­-&#13;
sueño, donde el planeta de los crepúsculos deslíe su &#13;
enorme lágrima brillantísima.&#13;
 Ante la inmensidad del espectáculo, ante la gran-&#13;
­diosa excelsitud del paisaje, ante la música turba­-&#13;
dora, ante el misterio evocador de ese Lago, a la &#13;
vez inquieto y sereno, que guarda — como el mar &#13;
de la historia de los hombres— el secreto casi im­-&#13;
penetrable de una civilización propiamente ameri­-&#13;
cana, llena de grandes y truncos monumentos, el &#13;
pecho se oprime y una pesadumbre inmensa achata &#13;
el espíritu.&#13;
 Y los sicos y las quenas siguen vibrando en la &#13;
noche con notas supremamente tristes, con lamen­-&#13;
tos que parecen venir de los senos profundos de &#13;
esas aguas sagradas, como si aún fueran los ecos &#13;
supervvientes de la tragedia colosal, del colosal Ta-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
22 INDOAMERICA&#13;
&#13;
huantinsuyu. Y ante este extraño sollozo de los hom-&#13;
­bres y de la noche, parece que del cielo caen, como &#13;
en llanto, las lágrimas estelares que riegan la epi­-&#13;
dermis rugosa del Lago.&#13;
 Indico al intérprete preguntar a los indios el nom-&#13;
­bre de la rara música que tocan, y responden en &#13;
el sonoro aymará:&#13;
— “Kamachitus a ka chugma”.&#13;
 Que traducido dice: ¿qué tiene este corazón? Y &#13;
realmente, en ese escenario soberbio, tan lleno de &#13;
sugestiones, uno se pregunta, preso de infinita, con­-&#13;
goja:&#13;
— ¿Qué tiene este corazón?. . .&#13;
&#13;
 Habíamos resuelto llegar a media noche a Copa- &#13;
cabana, el santuario boliviano de las grandes atrac­-&#13;
ciones piadosas que se alza sobre los templos y los &#13;
monumentos gentiles de los Incas. La poderosa lan-&#13;
­cha automóvil ha embarcado ya nuestras camas y &#13;
nuestras vituallas, y enfilamos desde Chua, el es­-&#13;
trecho de Tiquina, conmoviendo las aguas silencio­-&#13;
sas con el jadeo del motor.&#13;
 De rato en rato unas curiosas aves zambullido­-&#13;
ras se alejan medrosas de la lancha; y, más que na-&#13;
­dar, más que volar rozando la superficie, parece que &#13;
corren sobre el espejo esmaltado por la luna, de­-&#13;
jando una raya larga y honda de plata hirviente &#13;
en la tersura de las aguas. Es el único rastro de &#13;
vida, durante la noche, en aquel alto y lustroso mar &#13;
montañés.&#13;
 Como el dorso de un largo cetáceo, allá Jejos apa-&#13;
­rece la isla de la Luna, de la Pajsi-mama, la isla de &#13;
las ñustás, las vírgenes del Inca. Más lejos emerge, &#13;
grande, imponente, la isla del Sol, donde la ima-&#13;
­ginación me hace ver el áureo templo, la casa del &#13;
Inca, los planchones brillantes, que enchapaban los &#13;
peñascos, donde la luz del dios se quebraba en cen-&#13;
­tellas bermejas, para imponer la soberanía de su &#13;
imperio a las ignaras muchedumbres.&#13;
 Nuestra lancha navega pronto por medio de las &#13;
islas, y las olas del Lago, en esa zona agitado, sa-&#13;
­cuden con violencia la embarcación, que profana &#13;
con sus rezongos el silencio augusto de aquellas tum-&#13;
­bas de la regia grandeza pretérita.&#13;
 Y mientras las brisas gimen en las jarcias de &#13;
nuestra embarcación, que deplesgará su velamen en &#13;
cuanto el viento se torne favorable y traen el suave &#13;
perfume de las plantas aromáticas que pueblan la &#13;
isla de las Vírgenes, yo evoco, frente a ese suelo &#13;
sagrado — que según la vieja leyenda aborigen, fué &#13;
la primera tierra besada por el sol, en la mañana &#13;
del mundo y donde el dios rutilante engendrara la &#13;
raza incaica— evoco, decía, la silueta de un Inca, &#13;
de Guaina Capac, recio y adusto, y me parece ver­-&#13;
lo, después del noveno día de la fiesta solar de &#13;
Raymi, en una noche como ésta, surgir misterio­-&#13;
samente del gran islote, con su flotilla de balsas, &#13;
rumbo a la otra isla, donde los esperan las ñustas &#13;
estremecidas de amor.&#13;
 Ahí está de pie en su junco, alto y musculoso, &#13;
con el cabello recortado por su dura navaja de pe­-&#13;
dernal ; rodea su testa real el llautu multicolor, bri­-&#13;
llando en la frente la plaqueta de oro y cayendo so­-&#13;
bre las sienes la simbólica borla escarlata. Cubre &#13;
su cuerpo el uncu oscuro y flexible, la rara camise­-&#13;
ta que le llega hasta las rodillas, tejida primorosa-&#13;
­mente por las manos de las más bellas guayrurus.&#13;
De sus hombros cuelga la yacolla abrigada, que agi-&#13;
­ta como un manto imperial las gélidas brisas del &#13;
Lago. Bajo el brazo derecho pende la chuspa llena &#13;
de coca, sostenida por un tahalí de lana de vicuña, &#13;
y se apoya en el sumptur paucar, el cetro del Inca- &#13;
rio, rematado por el áureo hachón, el champí relu­-&#13;
ciente.&#13;
 Sus ojos brillan como ascuas, escrutando la casa &#13;
de las Vírgenes donde él, con sus propias manos, &#13;
colocara el gran ídolo de oro, enfrentado hacia el &#13;
nacimiento del sol. Ha apurado ya todos los vasos &#13;
relucientes, brindados por sus curacas y capitane­-&#13;
jos y viene ahora en busca de odres rojos como la &#13;
kantuta, la flor sograda del Imperio, que bien pu­-&#13;
diera ser un emblema de América, odres rojos y &#13;
húmedos en que saciará sus vendimias de amor.&#13;
 Seguramente está musitando la vieja cantinela &#13;
de sus abuelos, el verso corto y sonoro de la inge-&#13;
­nua poesía de su raza:&#13;
Caylla yapi&#13;
Puñunqui&#13;
Chaupituta&#13;
Samufac.&#13;
 “Al cántico dormirás, media noche yo vendré". . .&#13;
 En su torno navegan algunos de los capitanes &#13;
de sus mesnadas. Ahí están los fieros guerreros de &#13;
Mayu y Cancu; ahí los de Poques: ahí los de Mui- &#13;
na y otros. Se reconocen en las “orejeras” que los &#13;
distingue por merced real; aquellos tienen en el ló&#13;
­bulo agujereado un palillo grueso; los otros una ve­-&#13;
dija de lana blanca; estos últimos una rodaja de &#13;
médula de chuchau. Son los guerreros predilectos &#13;
del Inca, los que más se han distinguido en la últi-&#13;
­ma campaña, y como un alto y envidiado galardón &#13;
de príncipes, como la más estimada y ambicionada &#13;
distinción, como una roja condecoración de guerra, &#13;
recibirán su premio, en esta noche de amor, bajo el &#13;
rutilante parpadeo de Venus. . .&#13;
 Guaina Capac ha madurado ya sus nuevas con­-&#13;
quistas de tierras lejanas y va a la Isla de la Luna &#13;
en busca de la Escogida, que lo acompañará en la &#13;
cruzada, después de haber hecho, en la fiesta de &#13;
Raymi, los sacrificios del ritual, él tan hosco y su­-&#13;
persticioso.&#13;
 La Mama-cuna, que guarda el convento de la Is­-&#13;
la, está ya apercibida para la regia llegada y ha &#13;
dado la voz a las ñustas, que esperan ansiosas a la &#13;
imperial comitiva, haciendo sus ofrendas a todos los &#13;
dioses siderales, dando los últimos toques a sus &#13;
rostros con el rojo colorante del ñuñu-inayu y mi­-&#13;
rando de soslayo el observatorio real colorado, co­-&#13;
mo aún puede verse, en el centro del muro principal&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 23&#13;
&#13;
del  gran patio, decorado con las líneas severas del &#13;
estilo incaico.&#13;
 El Iñacuyu, el Palacio que podría llamarse de la &#13;
Espera y del Amor se yergue ahí, en el admirable &#13;
anfiteatro de la Isla, en una geométrica e ideal hon-&#13;
­donada, donde se abriga de los vientos, se baña de &#13;
sol, lo besa la luna, le envuelven los aromas de las &#13;
hierbas más raras del imperio, lo arrullan las fuen-&#13;
­tes, mientras el oro, la plata y las pedrerías le dan &#13;
[relumbres] de maravilla, y guarda el tesoro invio-&#13;
­lable de aquellas carnes morenas y jóvenes, palpi-&#13;
­tantes ahora con el ansia de ser presas del águila &#13;
voraz que llega…&#13;
 Mientras el Lago &#13;
hincha y &#13;
baja sincrónica-&#13;
­mente su dorso &#13;
espumante, c o- &#13;
mo si un titán &#13;
respirase en sus &#13;
entrañas, en la &#13;
noche callada re­-&#13;
suenan los bra­-&#13;
midos entrecor­-&#13;
tados de los “ti- &#13;
tis”, los pumas, &#13;
lebreles de la &#13;
Paj si-mama, en &#13;
sus cubiles de &#13;
piedra del Iña- &#13;
cuyu. Y el Inca, &#13;
al oírlos, con la &#13;
nariz dilatada y &#13;
el befo contraí­-&#13;
do, dice fuerte-&#13;
­mente a sus ca­-&#13;
pitanejos anhe-&#13;
­lantes :&#13;
 —“¡Pum ak -&#13;
jolltu! ¡pumak-&#13;
jotttu!”&#13;
 Voz cuya tra­du-&#13;
cción literal podría ser una inconveniencia, pero &#13;
de un sentido ideológico interesante: es como el ru-&#13;
­gir del puma en el cuerpo de la mujer. . . y dentro &#13;
del Inca galopan sueltos los potros del deseo y su &#13;
sangre bulle en las arterias como la chicha en &#13;
los canales de plata del Palacio.&#13;
 Las balsas embican en la playa clara y suave, de &#13;
piedrecitas blancas y redondeadas, de juncos ergui­-&#13;
dos y aguas transparentes. ¿Cuál será la ñusta pre­-&#13;
ferida? ¿A cuál el Inca tocará en la frente con su &#13;
fuerte mentón dominador, en el beso ambicionado &#13;
y supremo con que la doncella, venida de lejanas &#13;
tierras, con la sola credencial de su belleza o de su &#13;
sangre, se convertirá en la “ Palla” respetada y ve-&#13;
­nerada, beso de mentón que erigirá en ídolo de &#13;
las multitudes a la recia virginidad serrana? ¿A &#13;
cuál calzará con sus propias y reales manos la “ojo-&#13;
­ta” enchapada en oro, sandalia simbólica de su de-&#13;
­cisión y signo visible de la nueva preferida?. . .&#13;
 Y allá en las plataformas de la Gran Isla veo aún &#13;
el final de la fiesta solar; veo la ronda de enmasca-&#13;
­rados y de ascetas, peregrinos de las rudas aride­-&#13;
ces circunvecinas, con sus trajes caprichosos; corre&#13;
el acka de los cantaros, labrados en metales riquí-&#13;
­simos; los panes de zancu se distribuyen aún, con &#13;
las ocas y la quinua; las quenas y los tamboriles si­-&#13;
guen sonando en la noche, y la sangre de las vícti-&#13;
­mas sacrificadas enrojece las piedras propiciato- &#13;
torias. . .&#13;
 Entretanto la lancha ya se balancea suavemente &#13;
en las aguas tranquilas de Copacabana y los turis-&#13;
­tas nos dormimos soñando aún con esa grandeza&#13;
pasada, con ese imperio colosal, con esa enorme &#13;
fuente de sugestiones americanas, ahí, en el propio &#13;
y admirable escenario de su vida misteriosa, en el &#13;
propio Lago que la tradición indica como el guar­-&#13;
dián, en sus profundos abismos, de la riqueza ma-&#13;
­terial acumulada por el poderío incásico, arrojada &#13;
a montones, cuando los “hombres blancos” se acer-&#13;
­caron al Cuzco inmediato.&#13;
&#13;
 El amanecer en aquel mágico rincón, es un cua-&#13;
­dro de grandeza y de quimera, que es imposible &#13;
describir.&#13;
 Fulge el Lago de grana, de amarillo, de esme­-&#13;
ralda, de celeste, de azul, de cobalto, rizado por &#13;
las brisas juguetonas, mientras las cordilleras le­-&#13;
vantan sus testas de blancuras inmaculadas, mien-&#13;
­tras las islas de la veneración incásica ponen sus &#13;
sayas parduzcas — raída veste de ermitaño— sobre &#13;
la gloria resplandeciente de las guas, mientras las &#13;
lomadas morenas, de curvas suaves, se tienden en &#13;
las orillas como ñustas desnudas a la caricia del sol. &#13;
Y ese sol, qué firme, qué fuerte, qué deslumbrante, &#13;
qué abrasador, qué inmenso es en aquel su Templo &#13;
de adoración!&#13;
 Sus saetas radiantes irritan, queman, punzan, pe­-&#13;
netran como alfileretazos y ponen fuego en la piel &#13;
y un loco ardor en el alma. La luz lo inunda todo, &#13;
lo avasalla todo y el humilde mortal tiene que ren-&#13;
­dirse, como los hombres primeros y adorar. Adorar &#13;
aquella pradera azulina, con rizos de doncella en &#13;
la cresta espumosa de cada ola y regazos de mujer &#13;
en cada golfo redondo: adorar aquella luz incon­-&#13;
mensurable, llena de quién sabe qué radiaciones tur­-&#13;
badoras, que parece la misma mirada de Dios; ado-&#13;
­rar aquella Madre-Tierra, ocre y reseca, como si la &#13;
muerte del Gran Imperio la hubiera dejado aniqui-&#13;
­lada de tanto llorar; adorar aquel sol, cuya feérica &#13;
excelsitud debió imponer su rito como una necesi­-&#13;
dad suprema en las almas simples de los primeros &#13;
“antis”. Adorar aquella soberbia claridad, adorar &#13;
el día, adorar aquellas aguas incomparablemente &#13;
límpidas, adorar aquel silencio preñado de rumores &#13;
eternos, adorar, en fin, la vida, que allí parece dis-&#13;
­tenderse como una vela sedeña a los vientos más &#13;
puros del planeta. . .&#13;
&#13;
&#13;
Copacabana, piedra que se ve de lejos, piedra ra­-&#13;
diante, indica la ubicación de un ídolo incásico. Y &#13;
sobre esa piedra, como en la expresión evangélica, se &#13;
edificó la iglesia.&#13;
 Así, en aquel rincón ceñudo, entre aquellas ro­-&#13;
cas agrestes, donde el Inca tenía su Tribunal, su &#13;
horca, su dios de piedra azul, sus almacenes de &#13;
provisión para los peregrinos de la Isla Templo,&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
24 INDOAMERICA&#13;
&#13;
los “hombres blancos” erigieron el Santuario, en el &#13;
que se venera la imagen hecha por un descendiente &#13;
real, por el Inca Tito Yupamqui, tras larga y afa-&#13;
­nosa gestación.&#13;
 La imagen hecha en Potosí, retocada en La Paz &#13;
peregrinó por los llanos, por las serranías, se de-&#13;
­tuvo en un rincón de luz y de maravilla sobre las &#13;
alturas que dan a Tiquina y llegó al fin a Copa- &#13;
cabana, donde los indios la recibieron deshojando &#13;
kantutas y plañiendo quenas.&#13;
 Y desde entonces, como María Stella, resplandece &#13;
ahí, sobre el Lago, en una sonrisa perenne de ben-&#13;
­dición y de esperanza.&#13;
 Qué inmensa transformación sufrirían los espí­-&#13;
ritus allí mismo cuando pudieron discernir que por &#13;
sobre la Pacha-mama, por sobre el Lago, por so-&#13;
­bre los collados relumbrantes de oro y plata, por &#13;
sobre el Rayo, el Trueno, y el Arco Luminoso &#13;
— que para ellos sería como el Ilantu del dios— por &#13;
sobre los vuelos del Quntur, por sobre el manto res-&#13;
­plandeciente del cielo, por sobre el Sol inmenso y &#13;
triunfal— había esa Señora de perdón, de suavi-&#13;
­dad, de clemencia, de virginidad sublime, de paz y &#13;
de refugio definitivo!&#13;
 Se vino abajo, con ello, toda esa legendaria cons-&#13;
­trucción de mitos, de supercherías, de tradiciones, &#13;
de boato y esplendor, porque una etapa nueva abria &#13;
amplios e incalculables horizontes. Y la obra fantás­-&#13;
tica del Incario cedió paso a la obra férrea y audaz &#13;
de los conquistadores como los conquistadores ce­-&#13;
dieron ante las ideas revolucionarias y la revolu-&#13;
­ción envendró las nuevas democracias, fuentes fe-&#13;
­cundas del porvenir que viene.&#13;
 El turista que recorre estas regiones madres de &#13;
la civilización prehistórica de América; que ve, que &#13;
palpa la formidable labor de Tihuanacu, en sus tres &#13;
épocas milenarias; que recorre las Islas de los tem-&#13;
­plos; que siente la grandeza de la propia capital del&#13;
Imperio, del Cuzco imponente y misterioso; que, en &#13;
fin, ora su plegaria de evocación y de ensueño ante &#13;
las chullpas dispersas, siente y discierne el efecto &#13;
(de una gran cultura, de un arte, de una estética &#13;
única, propia, nuestra porque es americana y ve &#13;
en las piedras esculpidas, en los arcos de triunfo, &#13;
en las murallas derruidas, en los vasos espléndidos, &#13;
en las telas admirables, en las tumbas dolientes, mo­-&#13;
tivos para arrancar y hacer revivir un estilo espe­-&#13;
cial y rotundo, de una sobriedad y armonía impo-&#13;
­nentes.&#13;
 Dentro de nuestra argentinidad naciente, hemos &#13;
experimentado una especie de reviviscencia, que nos &#13;
podría mostrar el camino para esta obra de lo in­-&#13;
caico. Buenos Aires ha sido el señuelo del cosmo­-&#13;
politismo transformador, que ha hecho de la nación &#13;
el campo experimental de todas las razas, y será el &#13;
ánfora de cultura de todos los pueblos del globo.&#13;
 De Buenos Aires penetró al interior la racha in­-&#13;
novadora que barrió costumbres, tradiciones, mitos, &#13;
leyendas y supersticiones en un amplio esfuerzo ci-&#13;
­vilizador. Pero de Buenos Aires también ha sopla-&#13;
­do al interior el ideal necesario para conservar y &#13;
retener, entre la trama del progreso nuevo, el arte &#13;
viejo de la Colonia, con el perfume señorial de los &#13;
tiempos idos. Y Buenos Aires fue la primera en &#13;
poner de moda todo lo colonial y su estilo es hoy &#13;
usado y difundido, evidenciando con ello un arraigo &#13;
mayor para la tradición nacional.&#13;
 ¿No sería posible, entonces, que esa exterioriza- &#13;
ción del sentir de nuestros abuelos, que cobijó la &#13;
estética de nuestros padres y que viene ahora a ex-&#13;
­pandir los sentimientos raciales de los hijos, se mez­-&#13;
cle, se una, se funda con la otra estética aborigen, &#13;
con ésta que es más americana, más sui-géneris y &#13;
hasta si se quiere más antigua, ya que tiene aquí &#13;
(Sigue en la pág. 31)&#13;
&#13;
Un “Junco” de totoras tal como lo usaron los Incas&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 25&#13;
&#13;
POETAS BOLIVIANOS&#13;
QUENA&#13;
&#13;
TODA canción florece en una herida,&#13;
como en todo morir canta la vida;&#13;
así en mi raza floreció la quena,&#13;
cuanto más honda más estremecida.&#13;
&#13;
Enjuta caña que la angustia engríes&#13;
y una ancestral humillación deslíes;&#13;
desángrase la raza en tu quejumbre&#13;
como una herida en cálidos rubíes.&#13;
&#13;
¡Otro mar! ¡Otras tierras! ¡Otro cielo!...&#13;
Se embriaga toda voz del mismo anhelo…&#13;
Solo tu boca se apegó a la tierra &#13;
en un infinito desconsuelo.&#13;
&#13;
Canuto amargo, sollozante quena,&#13;
un día por tu magia dolorosa,&#13;
al fin ha de quebrarse la cadena.&#13;
&#13;
José Cañedo Reyes.&#13;
&#13;
LA AUSENTE &#13;
&#13;
XIII&#13;
&#13;
ENTRA un rumor por la ventana. . .&#13;
Mi corazón se ha detenido &#13;
como si fueran sus pisadas.&#13;
&#13;
Llega una música lejana. . .&#13;
Mi corazón se ha estremecido&#13;
como su fueran sus palabras.&#13;
&#13;
Llega una música lejana. ..&#13;
Mi corazón se ha estremecido&#13;
como si fueran sus miradas.&#13;
&#13;
VI &#13;
&#13;
He apagado mis lámparas en vano.&#13;
Hay siempre luz para apagar mis párpados.&#13;
¡Qué estrellada la noche del pasado!&#13;
&#13;
En vano he demolido mis altares.&#13;
Sobre las mudas ruinas sepulcrales&#13;
hallo siempre la gloria de tu imagen.&#13;
&#13;
De qué sirve que he roto los salterios&#13;
en la sima hiemal de mi silencio&#13;
tu acento es siempre ritmo y sortilegio.&#13;
&#13;
¡Ay, de qué vale si mi senda es otra,&#13;
si te llevo en la mano como rosa,&#13;
si en mi cielo floreces como auroa!&#13;
&#13;
JESÚS LARA..&#13;
&#13;
&#13;
26 INDOAMERICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del&#13;
general don Alfonso Baldrich&#13;
(Viene de la pág. 20)&#13;
&#13;
Chile cuando la guerra con la Argenti-&#13;
­na parecía inminente; envió a muchos &#13;
jóvenes a estudiar en la Academia Mi-&#13;
­litar de Santiago (el generalísimo pa­-&#13;
raguayo D. José Félix Estigarribia y &#13;
la mayoría de los altos jefes guaraníes &#13;
fueron alumnos de ese instituto, en tan-&#13;
­to que, no debía haberlo olvidado el Ge-&#13;
­neral Baldrich, muchos militares boli­-&#13;
vianos, entre ellos los generales Blanco &#13;
Gallino, Sanjinés, Mariaca Pando, Lan­-&#13;
za y Quintanilla, se formaron en nues-&#13;
­tra Escuela Militar y en nuestra Es­-&#13;
cuela Superior de Guerra) y solicitó &#13;
dos misiones militares chilenas para &#13;
reorganizar su ejército, exteriorización &#13;
de simpatía (?) hacia nuestro país que &#13;
la ignorancia o la carencia de visión de &#13;
muchos argentinos, están retribuyendo &#13;
actualmente con su paraguayofilia.&#13;
 El patriotismo guaraní se halla, pues, &#13;
frente al siguiente dilema: tratar de&#13;
conquistar su libertad económica, puer-&#13;
­tos de aguas hondas y diversidad de &#13;
producción, con aspiración remotísima, &#13;
imposible, si se quiere, o bien con­-&#13;
tinuar como país poco menos que es-&#13;
­clavizado económicamente a la Argen-&#13;
­tina; estado que es fácil predecir se &#13;
agravará el día en que nuestros go­-&#13;
biernos no antepongan a los intereses &#13;
desnacionalizados de los capitalistas ar­-&#13;
gentinos del Paraguay, los de los ca-&#13;
­pitalistas y del pueblo de Misiones, &#13;
Corrientes, Norte de Santa Fe, Tucu- &#13;
mán, Chaco, Formosa y Este de Jujuy &#13;
y de Salta, en cuyo caso, leyes protec­-&#13;
toras a la verdadera producción ar-&#13;
­gentina de yerba mate, naranjas y de­-&#13;
más frutas tropicales o sub-tropicales, &#13;
maderas, extracto de tanino, etc., ven­-&#13;
drán a quitar a la producción similar &#13;
paraguaya su único mercado en el con-&#13;
­tinente.&#13;
 Preguntaremos al General D. Alfon-&#13;
­so Baldrich si, de ser patriota paragua-&#13;
­yo, ¿cuál de los dos caminos elegiría &#13;
para su patria: la esclavitud económi­-&#13;
ca, deprimente y anuladora de toda as­-&#13;
piración nacionalista o la liberación, la &#13;
prosperidad y el engrandecimiento?... &#13;
La respuesta nos la da el distinguido &#13;
militar cuando, con un tanto de impru­-&#13;
dencia, afirma en su disertación:&#13;
 “Es de gran importancia a las nacio­-&#13;
nes de Sud América, el evitar caer ba­-&#13;
jo la dominación de la finanza cosmo-&#13;
­polita que constituye un peligro de ser­-&#13;
vidumbre (el ya señalado caso del Pa-&#13;
­raguay, por la preponderancia de capi­-&#13;
tales argentinos y brasileños, y de la &#13;
Argentina por la de los europeos y yan-&#13;
kees), peligro que adquiere una grave­-&#13;
dad singular cuando se trata del des­-&#13;
arrollo de industrias vitales para la se-&#13;
­guridad nacional (verbigracia el caso &#13;
de la Argentina, sin marina mercante &#13;
de ultramar; con sus medios de trans­-&#13;
portes terrestres y fluviales, en manos &#13;
de empresas extranjeras; su producción &#13;
agrícola, bajo la férula de judíos inter­na-&#13;
cionales; su ganadería, a merced de &#13;
los frigoríficos europeos y norte-ame-&#13;
­ricanos ; sus comunicaciones telefónicas, &#13;
sus empresas de luz y fuerza, su explota­-&#13;
ción minera y la mayoría de sus indus­-&#13;
trias en manos de capitalistas extraños. &#13;
¿Que en caso de guerra todo eso queda-&#13;
­ría bajo el control del Estado? De acuer-&#13;
­do, pero otro tanto acontecería con la &#13;
explotación petrolífera, de suerte que no &#13;
es para la guerra sino para la paz que de-&#13;
­be resolverse el problema). Una nación&#13;
celosa de su independencia política, agre-&#13;
­ga el general, que no consiste sólo en la&#13;
exteriorización de patriotismo al celebrar&#13;
efemérides gloriosas y saludar reverente&#13;
el pabellón, debe cuidar de asegurar su&#13;
independencia económica, y, por lo tan­-&#13;
to, para el desarrollo de sus industrias&#13;
vitales no le conviene acudir a los gru­-&#13;
pos financieros extranjeros sino en pro­-&#13;
porción mínima”.&#13;
 Esa es la conducta que al Paraguay &#13;
traza su angustiosa situación económi­-&#13;
ca, frente a los capitales argentinos y &#13;
brasileños establecidos en su territo­-&#13;
rio... Ya sabemos, pues, lo que haría &#13;
el General Baldrich de ser patriota pa-&#13;
­raguayo, no existiendo razón alguna pa-&#13;
­ra imaginar que los patriotas guaraníes &#13;
obren de modo distinto y no traten, por &#13;
ende, de libertarse de su actual servi­-&#13;
dumbre económica.&#13;
&#13;
Argentinismo espiritual, &#13;
 Al iniciar esta refutación, dijimos &#13;
que el pundonoroso militar argentino &#13;
estaba inspirado en elevado y compren-&#13;
­sivo argentinismo, juicio que ratifica-&#13;
­mos, bien que lamentemos que entre los &#13;
problemas vitales de la Argentinidad, no &#13;
mencione los del espíritu, tan o más im­-&#13;
portantes como los económicos, desde que&#13;
 para formar una gran nacionalidad, en &#13;
la más amplia, subjetiva y duradera acep­-&#13;
ción del vocablo, no bastan ni mucho me­-&#13;
nos, la independencia política y la inde­-&#13;
pendencia económica, dos factores despre­-&#13;
ciables ante la posteridad, cuando la in­-&#13;
dependencia espiritual no existe.&#13;
 Al respecto, si el General don Alfon­-&#13;
so Baldrich, conociera los magníficos &#13;
esfuerzos realizados entre nosotros pa-&#13;
­ra conquistar esa independencia, median-&#13;
­te un proceso en todo similar al que per-&#13;
­mitió a la Edad Media zafarse de la &#13;
servidumbre pagana para crear la civili-&#13;
­zación espiritual gótica o al Renacimien-&#13;
­to inspirarse en la espiritualidad helé­-&#13;
nica para renovar sus concepciones ar­-&#13;
tísticas, sabría la trascendente influen-&#13;
­cia ejercida por el Altiplano, con los &#13;
vestigios de las grandes culturas autócto-&#13;
­nas de Tiahuanaco y Queschua o crio-&#13;
­lla Colonial, sobre esa lucha por hallar &#13;
una expresión nueva y original que, &#13;
dentro de la gran civilización hispano­-&#13;
americana, tenga modalidades argen­-&#13;
tinas.&#13;
 Un estudio de ese problema le hu-&#13;
­biera enseñado al General Baldrich, que &#13;
las tres tentativas por crear, entre nos­-&#13;
otros, una arquitectura nacional, esa &#13;
expresión superior de arte que todos los &#13;
pueblos dignos de ese nombre legaron a &#13;
La Posteridad, se inspiraron en otras &#13;
tantas culturas que florecieron en tierra &#13;
boliviana y peruana, en Tiahuanacu, El &#13;
Cuzco y Potosí; que más del sesenta &#13;
por ciento de la producción musical ar­-&#13;
gentina bebe en las fuentes aymaro- &#13;
queschuas que, fecundantes y originales, &#13;
penetraron desde el altiplano a nuestro &#13;
territorio por las históricas quebradas &#13;
de Humahuaca y del Toro; que idénti-&#13;
­ca raigambre aymaro-queschua-colonial &#13;
tienen las realizadas argentinas en ar­-&#13;
tes decorativas o menores; que en sus &#13;
modelos más representativos, más ori-&#13;
­ginales y más alejados de los moldes eu-&#13;
­ropeos, por tanto tiempo copiados ser­-&#13;
vilmente por los metecos criollos, poe­-&#13;
sía, novela, cuentos y ensayos, derivan &#13;
también de la influencia de las grandes &#13;
civilizaciones autóctonas o colonial de &#13;
nuestra América; que, en cambio, la raza &#13;
guaraní, guerrera y agrícola, pe­-&#13;
ro no artista, para nada ha podido in-&#13;
­fluir en ese movimiento espiritual, que, &#13;
Dios y el talento de los artistas me­-&#13;
diante, cimentará la independencia es-&#13;
­piritual argentina, ante la que, lo repe-&#13;
­timos, la independencia política o eco­-&#13;
nómica, sobre todo esta última, pierde &#13;
gran parte de su importancia.&#13;
 Frente a esa estrecha y fecunda co­-&#13;
munión espiritual entre Bolivia y la &#13;
Argentina y la defensa de los intereses &#13;
de los capitalistas desertores de nues-&#13;
­tra angustiosa situación económica es-&#13;
­tablecidos en el Chaco Boreal, ningún &#13;
ciudadano que aspire a que la argenti­-&#13;
nidad, cantada por Ricardo Rojas, sea &#13;
una realidad que nos dé la personali­-&#13;
dad espiritual de pueblo digno de pasar &#13;
a la historia, puede titubear un sólo &#13;
instante. Entre el espíritu y la materia, &#13;
la cultura y la civilización imponen &#13;
optar por la primera, que representa lo &#13;
(Sigue en la pág. 30)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 27&#13;
&#13;
De José Salmón Baliivian&#13;
BOLIVIA MARAVILLOSA&#13;
QUIEN conozca los departamentos de &#13;
Bolivia, llegará al convencimiento &#13;
de que esta república no sólo es &#13;
admirable por su variedad de cli-&#13;
­mas y de productos, por su fauna y &#13;
flora, sino también por la diversidad &#13;
que reina en su conjunto, por la complejidad de materias &#13;
primas, de razas, de alimentos, de costumbres y de perspec-&#13;
­tivas industriales.&#13;
 Hay pocos departamentos afines, caracterizándose más &#13;
bien por la contraposición. Para ello no es menester bus­-&#13;
car la diferencia entre el tropical Beni que es la región &#13;
de los grandiosos bosques y de los majestuosos ríos nave-&#13;
­gables y Potosí, único en el mundo por su riqueza mineral &#13;
situada entre la nieve perpetua, o la que existe entre Santa &#13;
Cruz que es océano de verdura de floración esplendorosa &#13;
y los inmensos planos estériles de Oruro, pero saturados &#13;
también de riquezas inorgánicas. Basta citar la diversidad &#13;
que existe dentro de un mismo departamento; Tarija, por &#13;
ejemplo que cuenta con altiplano frío propio para cebada y&#13;
papas y de llamas y alpacas, descendiendo el cual se abre &#13;
un grandioso valle edénico de magnífico clima apropiado &#13;
para la uva y el olivo. Siguiendo el valle, como en gigan­-&#13;
tesco muestrario se podrá apreciar zonas tropicales, en las &#13;
que crecen la caña, plátano, piña y maderas riquísimas agru­-&#13;
padas en espesos bosques de Villa Montes, Yacuiba o las &#13;
Juntas de San Antonio que contienen también fuentes in-&#13;
­agotables del codiciado petróleo. Dentro de cada uno de &#13;
nuestros departamentos existen diferencias tan grandes, que &#13;
en otras partes sólo caben entre distintos estados. Fundada-&#13;
­mente calificamos a la república de Bolivia de “maravillosa” &#13;
pues para apreciar tales diferencias, en Europa por ejemplo, es &#13;
preciso recorrer enormes distancias y a veces ir a otro con-&#13;
­tinente. Esto acontecerá con los franceses que deseando &#13;
conocer las zonas productoras del plátano y del café, sólo &#13;
podrán hacerlo trasladándose al Africa o al Brasil, así co­-&#13;
mo tendrán que viajar hasta el Asia para contemplar los &#13;
altiplanos del Tibet que adormecidos por el frío extienden &#13;
sus tierras a los pies del Himalaya.&#13;
 En Cochabamba se repite un cuadro parecido; altiplano &#13;
frío, valle risueño y hermoso, región yungueña semi tro-&#13;
­pical y en el Chapare bosques más espesos y ricos que los &#13;
de la Selva Negra.&#13;
 En La Paz el contraste es mayor: un lago [Titicaca] más &#13;
regio que el de los Cuatro Cantones, altiplano, valles como &#13;
los de Damasco, región montañosa y de bulliciosos torren-&#13;
­tes como en Alaska, bosques en los que crece la goma elás-&#13;
­tica como en la India, montañas con metales preciosos co-&#13;
­mo los Urales y visiones fantásticas, superiores a las que &#13;
ofrece el Mont Blanc con el estupendo Illimani o el Illam- &#13;
pu y el Mururata, que son también depósitos inagotables &#13;
para el futura regadío de las planicies que se extienden a &#13;
sus pies y reservas de muchos millones de energía eléctrica. &#13;
De estas cumbres andinas se desprenden hoy hermosas ca-&#13;
­taratas que caen desplegando plateada cabellera al son de &#13;
paradisíaca sinfonía y que sirven solamente para regalo de &#13;
poetas y soñadores. Pero el murmullo de las cataratas y el &#13;
bullicio de los torrentes se nos antojan más bien rugidos &#13;
de protesta contra la inacción o la escasa capacidad de &#13;
los hombres de esta generación…&#13;
 Bolivia es un microcosmos que sintetiza todos los cli­-&#13;
mas, todas las riquezas, todas las perspectivas del globo; &#13;
tiene la reproducción de la tierra andaluza, también con su &#13;
Guadalquivir en Tarija; y en Santa Cruz vive y palpita la &#13;
mujer española que a manera de castañuelas cascabelea &#13;
una eterna y alegre carcajada; tienen en el Beni el Volga, &#13;
el Danubio azul, el Nilo; tiene la estepa de Siberia ape­-&#13;
gada a la impenetrable selva de la India; tiene los paisajes &#13;
maravillosos de los Cárpatos, con sus yacimientos de co-&#13;
­bre, hierro y otros minerales; tiene en el Chorolque el Fuji &#13;
Yama al que Kipling llamó la “nota tónica” del Japón; tie­-&#13;
ne en Santa Cruz los esplendores vegetales de la isla de &#13;
Coba de la que se sabe que sus tierras son diez y seis &#13;
veces más fértiles que la mejor de Europa. Si en Cuba sor­-&#13;
prenden sus numerosas especies de palmeras, la abundante &#13;
producción del plátano, de yucas y de piñas, de Santa Cruz &#13;
puede decirse que nunca podrá ser igualado por nación &#13;
alguna en fertilidad y belleza; tiene en Guayaramerin una &#13;
Venecia, en la que a la manera del Lido no es menos her-&#13;
­mosa la Isla Suárez; tiene pueblos tiroleses como Sorata, &#13;
mesetas como el Pamir llamado “el techo del mundo”, po-&#13;
­blaciones como Lhasa y ríos como el Tarim que al igual &#13;
que el Desaguadero, no llega al mar sino que se pierde &#13;
en distintos lagos; tiene en los yungas paceños, cochabam- &#13;
binos y en el Ychilo bulliciosos y auríferos torrentes como &#13;
en el Canadá, que corren también por en medio de bosques &#13;
de maderas preciosas; tiene de Francia llamada el jardín de &#13;
Europa, un jardín mayor cual es Tarija; cuenta por &#13;
doquier Alpes, Pirineos y Cárpatos; y en Sucre tiene una &#13;
Niza que si bien carece de costa azul, en cambio aquella &#13;
blanca ciudad señorial posee la aristocracia y la elegancia &#13;
de Niza, con magnífico clima, bellísimo e inimitable cielo &#13;
azul y hermosos claveles rojos; tiene de Egipto la tierra de&#13;
los faraones un Tiahuanacu mil veces más antiguo y mis­-&#13;
terioso que aquél, pues los orígenes de Tiahuanacu lindan &#13;
con la eternidad!&#13;
 Bolivia tiene además, algo suyo propio, como fueron su­-&#13;
yas y propias también las papas, la cascarilla y la coca; le &#13;
queda aún para hacer un don precioso al mundo ofreciendo &#13;
su quinua. su cañagua, sus ocas y Dios sabe qué otras &#13;
cosas más!&#13;
 En verdad, gracias al avión y principalmente al automó-&#13;
­vil que contra la oposición de las autoridades va abriéndose &#13;
camino con sus propias ruedas, comenzamos los bolivianos &#13;
a conocer y amar nuestros territorio. Fijémonos en que es &#13;
casi un dislate clamar sobre la necesidad de traer inmigra-&#13;
­ción y turismo sin que antes se hayan preparado conve­-&#13;
nientemente los campos para la inmigración, así como los &#13;
elementos precisos para el turista, que necesita confort y &#13;
buenos hoteles. Al llamar al extranjero, obliguémonos antes &#13;
los bolivianos o conocernos mútuamente y a conocer nues­-&#13;
tra patria. Esta obligación debe ser más imperativa para &#13;
los legisladores y gobernadores. &#13;
 No podemos dejar de exteriorizar nuestra alarma por &#13;
el grave daño que resulta de la despoblación que sufren&#13;
(Sigue en la pág. 31)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
28 INDOAMÉRICA&#13;
&#13;
Potosí, cuna de la independencia&#13;
artística y espiritual de América&#13;
(Viene de la pág. 5)&#13;
&#13;
capaz de realizar, por si solo, una obra tal. Se in-&#13;
­tuye, también, su temperamento de artífice, de orfe-&#13;
­bre, por este filigranado frontispicio, espíritu deco-&#13;
­rativo, por otro lado, típicamente indio potosino.&#13;
 “El espíritu de rebelión de este artista queschua &#13;
no fué violento y apasionado como el de Aleijadinho. &#13;
Dícelo su arte que traduce paciencia. Dícelo su es­-&#13;
fuerzo que traduce tesón. Pero no por ello careció &#13;
de pujanza su rebeldía. Vive, ésta, subterránea, in-&#13;
­terior, clamorosamente interior.&#13;
 “Su insurrección contra el espíritu de la metrópo-&#13;
­li no se expresó en su vida exterior, reposada, callada, &#13;
habitual en todo indio quéschua y aymara después &#13;
de la Conquista. Su insurrección la esculpió en pie­-&#13;
dra, la grabó para imprimirle gesto de eternidad, &#13;
para constancia de los hombres futuros que se aso-&#13;
­ciaran a su belleza y descubrieran su honda sed de &#13;
libertad, su angustia ante la opresión hispana!&#13;
 “En efecto: cada palmo de piedra esculpida está &#13;
hecho con la obstinado empeño de no imitar lo es­-&#13;
pañol, con intención rebelde e independiente hacia &#13;
la fórmula impuesta desde la metrópoli y exótica &#13;
para él. Con insolencia criolla, cuando echa al dia­-&#13;
blo toda proporción clásica. Con herejía criolla cuan-&#13;
­do reemplaza la cruz católica por el sol incaico. Con &#13;
amargura criolla cuando reemplaza la cariátide eu-&#13;
­ropea por la indiátide americana, como un símbolo &#13;
doloroso de la esclavitud del mitayo.&#13;
 “Pero no debemos extrañarnos de esta violenta in­-&#13;
surrección subterránea y disimulada en el exterior &#13;
sereno y silencioso del indio americano. Tupac Ama-&#13;
­rú, el gran indio rebelde, demostró en forma mag­-&#13;
nífica que debajo de aquella mansedumbre, el odio &#13;
a virreyes, alcaldes y corregidores era inmenso: des-&#13;
­de el Ecuador hasta el sur de Tucumán, el indio se &#13;
conmovió en una sola angustia de rebelión. Todo el &#13;
sojuzgamiento mantenido por la fuerza del conquis-&#13;
­tador explotó, violento y trágico, a la sola insinua­-&#13;
ción de un solo indio: Tupac Amarú. El destino &#13;
quiso que aún no se cumpliera el momento de la &#13;
emancipación; pero ya lo dijo ese gran romántico &#13;
americano, Raúl Haya de la Torre: Tupac Amarú &#13;
fué uno de los grandes precursores de la libertad &#13;
americana.&#13;
 “Pues bien: ese mismo espíritu de rebelión, sofo­-&#13;
cado ante el trono de virreyes — irrespetuosos para &#13;
todo lo autóctono— latía con violencia inusitada en &#13;
el alma de nuestro gran artista quéschua, llevándole &#13;
a esculpir en piedra viva su rebelión, para que las &#13;
generaciones futuras comprendieran hasta qué punto &#13;
el alma del indio no se dejó esclavizar jamás, ante &#13;
la doble dictadura de la espada y de la cruz.&#13;
&#13;
&#13;
 “El sol, imagen tutelar incaica, fué uno de los ele­-&#13;
mentos de insurrección espiritual con que el indio &#13;
Kondori escandalizó la católica iconografía de las &#13;
iglesias y profanó las imágenes protectoras de los so-&#13;
­lares privados.&#13;
 “El Potosí del siglo XVIII podría llamarse la ciu­-&#13;
dad del sol y de la luna. En efecto: el halo radiado &#13;
y la luna en cuarto, fueron grabados por doquier. &#13;
Difícil habría sido andar cien pasos en el Potosí en &#13;
las postrimerías del siglo XVIII sin encontrar el sol &#13;
y la luna esculpidos en los frontispicios religiosos o &#13;
en los frisos de los adintelados pórticos de solares. &#13;
Hoy, pese a las innumeraciones reparaciones de igle-&#13;
­sias y de casonas, llevamos registrados varias decenas &#13;
de ejemplares admirables.&#13;
&#13;
&#13;
 “¿Cuáles son los elementos que provocaron esta &#13;
anímica insurrecta en el pathos indiano de este her­-&#13;
moso ejemplar de arte americano?&#13;
 “Por supuesto, varios son los elementos de esta &#13;
disparidad, ya que solamente la estructura ortopédico- &#13;
arquitectónica — si cabe el término— , es apenas es-&#13;
­pañola e impuesta por la orden religiosa que encargó &#13;
a Kondori la ejecución del trabajo. Lo restante fué indio,&#13;
comenzando por la técnica original y termi­-&#13;
nando por los motivos expresados: indiátides, sol, &#13;
luna, estrellas, indias-sirenas, charangos, flores de &#13;
kantutas, flores de cardones, etc.&#13;
 “Pero el elemento primordial, el elemento bandera &#13;
de esta rebelión estética y espiritual — inquietante y &#13;
sorprendente— fué el sol.&#13;
&#13;
La plaza mayor de la villa imperial con sus&#13;
típicas arcadas&#13;
&#13;
 “Efectivamente, el queschua Kondori esculpió el &#13;
sol en el frontis con una unción sin duda ritual. En­-&#13;
caramado en rústico andamiaje, bajo el dosel de pie-&#13;
­dra bistegris de Potosí, hubo de cincelar la imagen &#13;
del sol, con su radiado halo, a la manera con que el&#13;
beato Angélico pintaba, arrodillado, sus santos y sus &#13;
vírgenes espiritualizadas. Y a buen seguro que los &#13;
manes incaicos inspirarían su cincel cuando para bien &#13;
armar su numen solar — atávicamente prendido a &#13;
su corazón— rodeólo de estrellas, y a su derecha, &#13;
para completar el firmamento de la astrología in­-&#13;
caica, cinceló la luna.&#13;
 “Y finalmente, para imprimirle al retablo de &#13;
piedra carácter de ensueño, sendas indias-sirenas ta-&#13;
­ñen el charango para saturar aún más la emoción &#13;
india del conjunto”.&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMÉRICA 29&#13;
&#13;
LA POTENCIALIDAD ECONOMICA DE BOLIVIA&#13;
Por ALBERTO PALACIOS&#13;
&#13;
EL eminente financista boliviano Don &#13;
Alberto Palacios, Gerente general del &#13;
Banco Central de Bolivia, ha dado &#13;
por Radio Lllimani de La Paz, la si­-&#13;
guiente conferencia sobre la potencia-&#13;
­lidad y la actual prosperidad econó­-&#13;
micas de su país:&#13;
 El menos avisado advierte que Bolivia se halla en un &#13;
grado de actividad y de intensa producción. Así, por ejem-&#13;
­plo, su principal ítem de exportación, el estaño, sobre-&#13;
­pasa los límites de lo ordinario, y las transacciones deri­-&#13;
vadas de este capítulo revisten inusitada importancia. Es &#13;
interesante comprobar que si al comenzar la guerra del &#13;
sudeste, el estaño era casi el único producto exportable &#13;
que Bolivia enviaba a los mercados mundiales, paulati-&#13;
­namente se ha venido desenvolviendo la exportación de &#13;
otros minerales, lo que ha engrosado en forma sonsiderable &#13;
nuestras exportaciones. Actualmente ha tomado un marcado &#13;
desarrollo la minería de wolfram, y gran parte de las minas &#13;
que se encontraban clausuradas, han reabierto sus trabajos, &#13;
ofreciendo a los empresarios particulares y al fisco, nuevos &#13;
y efectivos recursos.&#13;
 Quien recorra las diversas regiones de la república, en­-&#13;
contrará por doquier diseminados pequeños trabajos de bús­-&#13;
queda de oro, los sumados a los lavaderos de mayor impor­-&#13;
tancia, aportan a la economía nacional otra fuente apreciable &#13;
de ingresos. Es verdad que mucho de ese ori no se ha con­-&#13;
centrado en el Banco Central de Bolivia, tal como lo esta­-&#13;
blece la ley, pero un nuevo decreto hoy en estudio, que &#13;
aparecerá en breve, y por el que se remunerará con mayor &#13;
liberalidad las compras de oro, reglamentará beneficiosa-&#13;
­mente esta importante actividad.&#13;
 A lo anterior, pueden agregarse otros valiosos minerales &#13;
que salen al exterior, como son: minerales y concentrados &#13;
de plata, sulfuros de plata, antimonio, bismuto, plomo y zinc, &#13;
cobre, etc. &#13;
 Los productos vegetales siguen también este curso natu­-&#13;
ral de expansión, y así vemos que ha aumentado grande-&#13;
­mente la exportación de quina, coca, goma elástica, caucho, &#13;
castaña brasileña, café y varias otras cáscaras y plantas &#13;
medicinales. La explotación de todos estos productos, repre-&#13;
­senta utilización de miles de brazos, administración y todo &#13;
un mecanismo económico en pleno funcionamieto, a pesar de &#13;
que las necesidades bélicas han dado lugar a que se movi-&#13;
­licen respetables cotingentes. He aquí una demostración con­-&#13;
cluyente de la potencialidad financiera del país, con la cir- &#13;
cunstancia de que si el enemigo nos obliga a proseguir esta &#13;
cruenta lucha, la nación contará con recursos aun mayores &#13;
que podrá extraer de su propio suelo.&#13;
 Otro ejemplo indiscutible de este fuerzo de trabajo y &#13;
de disciplina que realiza la nación, se comprueba también &#13;
al observar la importante política caminera desenvuelta en &#13;
plena guerra y en todas las zonas del territorio patrio. Nada &#13;
demuestra mejor esta dramática época de la existencia na-&#13;
­cional, como el titánico proceso de la multiplicación de los &#13;
caminos.&#13;
 Roturando sus montañas, perforando quebradas, cubrien-&#13;
­do las llanuras que se alongan por la tierra, Bolivia busca &#13;
la unidad política y geográfica de sus inmensas y feraces &#13;
regiones, comprendiendo que los caminos son índice de la&#13;
grandeza de los pueblos y de su constante progreso material &#13;
a la vez que nervio de su propia defensa y de su entendi­-&#13;
miento moral.&#13;
 Por medio de la vialidad se busca la unión del altiplano &#13;
con las regiones del noroeste, del oriente y del sudeste de &#13;
la república. Cuando se complete esa unión, mediante gran-&#13;
­des vías troncales que representan formidables esfuerzos &#13;
vencidos, la nación habrá encontrado su verdadera consis-&#13;
­tencia estructural y, como inmediato fruto, verá desarro­-&#13;
llarse intensivamente el intercambio comercial y económico &#13;
entre sus departamentos y provincias; los productos nacio-&#13;
­nales cruzarán el territorio patrio en todas direcciones, y &#13;
esos caminos presurosos serán como las venas de un admi­-&#13;
rable organismo por donde circual la sangre febril de la &#13;
bolivianidad, ansiosa de unión y progeso.&#13;
 Con el fuerte impulso que han tomado las actividades &#13;
industriales en los últimos años, se inicia también en el país &#13;
una nueva y moderna era de trabajo.&#13;
 No percibimos todavía con claridad el fenómeno; pero &#13;
lo cierto es que a la vez la nación acude sin vacilaciones a &#13;
defender sus fronteras, en una empresa que no tiene para-&#13;
­lelo en la historia del continente, nuevas fuerzas descono-&#13;
­cidas brotan del suelo patrio, y mientras los bravos comba-&#13;
­tientes caen en defensa del patrimonio boliviano, otros bra-&#13;
­zos y otras cabezas trabajan febrilmente en un maravilloso &#13;
proceso de reconstitución que demuestra nuestra capacidad. &#13;
Aumentan las fábricas, dentro de un plan lógico, coordi­-&#13;
nando, y así podemos ver que hoy ellas visten y alimentan &#13;
al soldado, cubriendo también las necesidades del pueblo, &#13;
desplazando la excesiva importación del extranjero, rom-&#13;
­piendo la mediterraneidad económica del país, que comienza &#13;
a nutrirse con sus propios recursos y ensanchar poderosa-&#13;
­mente sus límites de acción.&#13;
 Podría creerse, por todo lo anterior, que Bolivia está &#13;
en una situación privilegiada, floreciente, de dichosa abun­-&#13;
dancia. Ello ocurre, ciertamente, en tiempos de paz; pero &#13;
ahora es lógico pensar que, pese a la potencialidad de sus &#13;
recursos naturales, la guerra demanda a la nación un esfuer­-&#13;
zo titánico, y trae aparejados múltiples problemas, que sólo &#13;
mediante un gran espíritu de abnegación y un lúcido patrio-&#13;
­tismo, se puede afrontarlos y resolverlos. Bolivia concentra &#13;
hoy toda su potencia para defender su patrimonio amena-&#13;
­zado, pudiendo comprobarse la intensidad de su esfuerzo, &#13;
en detalles sintomáticos que revelan el sacrificio actual.&#13;
 Vuelvo a repetir: Bolivia está muy lejos del agotamiento. &#13;
Por el contrario, conforme pasa el tiempo se prolonga la &#13;
campaña y exige nuevos esfuerzos la defensa nacional, sur­-&#13;
gen nuevas energías y fortifican nuestra potencialidad eco-&#13;
nómica”.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
30 INDOAMERICA&#13;
&#13;
NOTAS Y COMENTARIOS (Viene de la pág. 18)&#13;
&#13;
1887: Tratado Tamayo- Acebal, también rati-&#13;
­ficado por las cámaras bolivianas y en- ­&#13;
carpetado por las paraguayas y toma &#13;
de Puerto Pacheco, situado fuera de la &#13;
zona someterse al arbitraje.&#13;
&#13;
1894: Tratado Ichazo - Benites, que también &#13;
caducó debido a la intransigencia im-&#13;
perialista paraguaya.&#13;
&#13;
1928: Toma , sin declaración de guerra, de &#13;
Fortín Vanguardia. La delegación pa-&#13;
raguaya se retira de la Conferencia de &#13;
neutrales de Washington; el delegado &#13;
británico, miembro de la comisión en-&#13;
viada al Chaco por la Liga de las Na-&#13;
ciones, declara al “ The Standard” que &#13;
los paraguayos tienen delirio de las &#13;
grandezas; Paraguay se alza contra la &#13;
Liga de las Naciones y renuncia a ser &#13;
miembro de la misma, con el reidero &#13;
pretexto de todos los países del mundo &#13;
están confabulados contra la república &#13;
guaraní, países cuyos representantes &#13;
ignoran, con toda seguridad, dónde se &#13;
halla la insignificante tierra del ñan- &#13;
duty . . .&#13;
&#13;
Como se vé, en cuanto a pacifis-&#13;
­mo, el Paraguay está tan lejano de la &#13;
Argentina, como lo estuvo durante la &#13;
epopeya emancipadora…&#13;
 En cuanto a la obra de progreso ma-&#13;
­terial y de cultura espiritual de los pa-&#13;
­raguayos y argentinos, compararlas re-&#13;
­sulta grotesco. Asunción es, de todas &#13;
las capitales hispano-americanas, la más &#13;
atrasada en urbanismo, edificación y &#13;
progresos generales (a un periodista ar­-&#13;
gentino, enviado al Paraguay al ini­-&#13;
ciarse la guerra, le enseñamos vistas fo­-&#13;
tográficas de La Paz: la plaza Muri-&#13;
llo y el Parlamento, la avenida Tarapa- &#13;
cá, la Municipalidad, la avenida del &#13;
Prado, que tanto recuerda ciertos ba-&#13;
­rrios de Belgrano, el Museo Tiahuana- &#13;
cu, etc., y frente a esa visión de la ca­-&#13;
pital boliviana, nuestro compatriota só-&#13;
­lo pudo exclamar: “se vé que este es &#13;
otro pueblo”). De la obra industrial &#13;
en el Chaco, muy importante, son au­-&#13;
tores los capitalistas e ingenieros ar­-&#13;
gentinos, brasileños y de otros países, &#13;
pues el Paraguay , sólo contribuyó a &#13;
ella con el dolor de los mensús y la &#13;
percepción de impuestos...!&#13;
 Del punto de vista cultural: artes, le-&#13;
­tras, teatro, música, ciencias, etc., quien&#13;
estudie lo hecho por los paraguayos y &#13;
los argentinos, llegará a la conclusión &#13;
de que la gran cultura de marras no &#13;
puede estar en manos de ambos pue­-&#13;
blos, dada la disparidad y el fenomenal &#13;
desnivel existente entre ellos…&#13;
 Retribuyendo la galantería del doc-&#13;
­tor Juan Stefanich, cedemos, gustosos, &#13;
a su heroico pueblo la herencia de la &#13;
gran cultura humana occidental, pues &#13;
preferimos quedar ajenos a ella y per-&#13;
­manecer aferrados a la barbarie orien­-&#13;
tal a compartirla de igual a igual con &#13;
los guaraníes. &#13;
&#13;
b) Destino de Bolivia.&#13;
 En la misma publicación y con el tí­-&#13;
tulo del epígrafe, el doctor. Juan Ste­-&#13;
fanich niega, con simulada ignorancia, &#13;
que Bolivia pertenezca a la cuenca del &#13;
Atlántico o al sistema del Río de la Pla­-&#13;
ta y dice: “El enfermizo afán bolivia­-&#13;
no de salir al Río de la Plata, es geográ-&#13;
­ficamente absurdo, económicamente im­-&#13;
posible y políticamente peligroso (¿pa-&#13;
­ra quién?)”, porque entre La Paz y el &#13;
río Paraguay media la distancia de 1500 &#13;
kilómetros.&#13;
 Lamentamos que el escritor paragua-&#13;
­yo cometa o simule cometer errores tan &#13;
garrafales como el de creer que los pro­-&#13;
ductos del norte del Altiplano, donde es-&#13;
­tá situada La Paz y cuyos puertos na-&#13;
­turales son Arica y Mollendo, aspiren &#13;
a tener salida por el sistema palten-&#13;
­se, caundo harto sabido es que dicha sa-&#13;
­lida la exigen para su progreso los ri­-&#13;
quísimos departamentos de Santa Cruz &#13;
y de Tarija y el Chaco boliviano, desde &#13;
que resultaría inconmensurablemente &#13;
más absurdo, geográfica y económica­-&#13;
mente, suponer que puedan ser envia­-&#13;
dos sus productos a una distancia mu­-&#13;
cho mayor de los 1500 kilómetros del &#13;
doctor Stefanich y salvando enormes y &#13;
casi infranqueables obstáculos naturales &#13;
como las cordilleras Real y Occidental, &#13;
a los puertos de Arica, Mollendo y An- &#13;
tofagasta.&#13;
 Decir que el sistema hidrográfico bo-&#13;
­liviano “lo señala como tributario del &#13;
Pacífico, no del sistema paraguayo, &#13;
uruguayo, argentino y brasileño” es fal-&#13;
­tar a la verdad con descaro, desde que &#13;
en el mismo artículo el autor confiesa &#13;
que los ríos Bermejo y Pilcomayo y &#13;
los afluentes chaqueños del río Para-&#13;
­guay, pertenecen al sistema del Río de &#13;
la Plata y que el Mamoré, el Beni y &#13;
otros ríos del Norte de Bolivia, per­-&#13;
tenecen al sistema del Amazonas.&#13;
 Para justificar su impostura el pu-&#13;
­blicista paraguayo agrega que esos ríos &#13;
no “han visto en sus riberas una pobla-&#13;
­ción boliviana ni actividad alguna civi­-&#13;
lizadora de Bolivia...” ¡Caramba! Y &#13;
nosotros que creíamos que La Paz y &#13;
Cochabamba se alzaban sobre afluen-&#13;
­tes del Amazonas; que Sucre (cuna es­-&#13;
piritual de la independencia sudameri-&#13;
­cana) veía nacer afluentes del Río de la &#13;
Plata y del Amazonas; que Potosí, la &#13;
admirable Ciudad Imperial, Tupiza y Ta-&#13;
­rija, estaban situadas en la cuenca im-&#13;
­brífera del Pilcomayo y que Santa Cruz&#13;
de la Sierra bebía la misma agua que &#13;
contribuye al caudal del río Paraguay!&#13;
 Pero aunque no mintiera el doctor Ste­-&#13;
fanich, su teoría carecería de consisten-&#13;
­cia, desde que nuestra América se halla &#13;
en plena evolución progresista y lo que &#13;
no ha hecho hasta ahora, lo hará maña­-&#13;
na. En Sud América, existen más posi­-&#13;
bilidades que realidades, por carencia de &#13;
población, de dinero y de medios de co-&#13;
­municación, de suerte que las regiones &#13;
más cercanas al mar y a los grandes &#13;
ríos son las que más han progresado, &#13;
lo que no quiere decir que las más medi-&#13;
­terráneas, hoy atrasadas económicamen-&#13;
­te, no progresen en cuanto las comunica-&#13;
­ciones se faciliten, y al respecto, para &#13;
Santa Cruz, Tarija y el Chaco boliviano &#13;
es geográfica, económica y políticamen-&#13;
te imprescindible pertenecer al sistema &#13;
del Río de la Plata.&#13;
★ &#13;
En torno a una conferencia del &#13;
general don Alfonso Baldrich &#13;
(Viene de la pág. 26)&#13;
&#13;
más noble, y lo más duradero de un &#13;
pueblo.&#13;
 En resumen la paraguayofilia del Ge-&#13;
­neral Don Alonso Baldrich se desarro-&#13;
­lla al margen de la justicia internacio­-&#13;
nal Hispano-Americana, contra las con-&#13;
­veniencias más elementales de nuestro &#13;
país (para nuestra seguridad militar el &#13;
bloque Argentina-Bolivia-Perú, que co-&#13;
­locaría a disposición nuestra el puerto &#13;
de Mollendo, ligado a La Quiaca por la &#13;
línea Mollendo-Puno, el lago Titicaca &#13;
y la línea Guaqui-Villazón-La Quiaca, &#13;
inapreciable para el caso, que siempre &#13;
debe preverse, pues la historia nos dice &#13;
que no existe pueblo invencible o no su- &#13;
sujeto a algún revés, de la destrucción &#13;
o el embotellamiento de nuestra flota, &#13;
resulta mucho más eficaz que el bloque &#13;
Chile-Bolivia-Perú, cuya integración es &#13;
obra exclusiva de nuestra actitud fren­-&#13;
te a la contienda del Chaco o del im­-&#13;
posible, por las razones anteriormente &#13;
expuestas, bloque Argentina-Paraguay, &#13;
que en caso de un percance marítimo &#13;
nos ofrecería, para neutralizar los efec-&#13;
­tos de un bloqueo, naranjas, yerba ma­-&#13;
te, extracto de tanino, maderas y ñan- &#13;
dutís. .. ) contra sus conveniencias es­-&#13;
pirituales y contra la paz sud-america- &#13;
na, lo que nos parece mucho para ven-&#13;
­gar la cesión, a la Standard Oil, que &#13;
al fin y al cabo no nos importa, pues-&#13;
­to que cada cual tiene derecho de hacer &#13;
lo que le place en su propia casa, de &#13;
los yacimientos tarijeños y cruceños.&#13;
Carlos de la Roca.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 31&#13;
&#13;
EL LAGO SAGRADO DE LOS &#13;
INCAS&#13;
(Viene de la pag. 24)&#13;
una vida inmemorial y profundas conexiones con las &#13;
más remotas culturas del Asia y Egipto? No ten-&#13;
­dríamos, en esta forma, en la unión del arte colo-&#13;
­nial con el aborigen, la estética típica y fundamen-&#13;
­tal de la raza que nace?&#13;
 ¿Por qué no difundir, entonces, en estas nacio-&#13;
­nes sudamericanas el estilo incásico? ¿Por qué nues-&#13;
­tros arquitectos, nuestros decoradores, nuestros pin­-&#13;
tores no han de buscar una fuente de inspiración, &#13;
de arte en esta grande y vieja cultura obirgen? Y &#13;
no digo nuestros músicos y nuestros poetas, porque &#13;
en la música y en la poesía algo se ha hecho y se &#13;
hace ya por este arte peculiarmente americano.&#13;
 Y ese “nuestro” que se repite tanto, tiene una &#13;
aplicación directa y propia. La cultura incásica no &#13;
es sólo de Bolivia o del Perú: es de toda la Amé-&#13;
ri­ca del Sur. Los lindes geográficos actuales no pue-&#13;
den separar la influencia evidente de esa cultura &#13;
que irradió tanto, cuando hoy mismo, por ejemplo, &#13;
oímos el quechua en Santiago del Estero, la quena &#13;
en Jujuy y presenciamos los ritos de la Pacha-mama &#13;
en todo el norte, influenciando Chile y abarcando &#13;
una buena parte del Ecuador porque en todas esas &#13;
zonas el Gran Imperio dejó rastros y almas incon­-&#13;
fundibles.&#13;
 Quizá esas almas vagabundas, ese espíritu jamás &#13;
borrado, ese sello único de la, gran raza sea tam­-&#13;
bién, andando el tiempo, el señuelo necesario para &#13;
que se reúnan los elementos dispersos del arte in-&#13;
­cásico.&#13;
 Y no se debe olvidar que aquí, en las riberas del &#13;
Titicaca, en el Cuzco, en Tihuanacu, en las Islas &#13;
Sagradas del Lago, resplandeciente de mirajes ame­-&#13;
ricanistas, hay una raigambre de arte fabulosamente &#13;
bella, que hoy se oculta o esteriliza medrosa y aban­-&#13;
donada, y que puede ser el núcleo vital de una re-&#13;
­viviscencia necesaria y grandiosa para el desarrollo &#13;
espiritual de estas naciones, y para los fundamentos&#13;
morales de la raza en formación.&#13;
&#13;
HORACIO CARRILLO.&#13;
&#13;
★ ★★ ★&#13;
BOLIVIA MARAVILLOSA&#13;
(Viene de la pág. 27)&#13;
&#13;
algunos departamentos a causa de la concentración en una &#13;
sola ciudad en busca de empleo gubernativo, o bien por la &#13;
emigración de trabajadores, los que aunque disponen de &#13;
tierras fértiles para el cultivo, prefieren, alucinados, ir a &#13;
las naciones vecinas en busca de trabajo a jornal. En la &#13;
Argentina hay miles de tarijeños y crúcenos, y en las sa­-&#13;
litreras de Chile se han perdido o agotado miles de cocha- &#13;
bambinos ; siendo así que esos brazos son elementos precio-&#13;
­sos para impulsar el progreso de sus localidades cuya na­-&#13;
turaleza es rica y pródiga.&#13;
 La extensión de Bolivia y la multiplicidad que tiene &#13;
de aspectos origina falsos juicios o. por lo menos incomple-&#13;
­tos. Para unos, es un páramo rico en minerales ubicados &#13;
en montañas inaccesibles, y para otros no es más que un &#13;
enorme bosque por el que discurren caudalosos ríos y ani­-&#13;
males feroces. Una anécdota pinta muy bien lo antes di­-&#13;
cho. Un audaz turista inglés había ingresado a Bolivia por &#13;
Puerto Suárez ascendiendo el río Paraguay y pasando &#13;
después a la ciudad de Santa Cruz, recorrió algunas pro­-&#13;
vincias. Por Cuatro Ojos entró al Beni y después al Acre. &#13;
En una Chata descendía por el Purús para tomar el Ama­-&#13;
zonas acompañándose con un boliviano, el que fervoroso &#13;
amante de su patria llevaba un escudo de Bolivia. El inglés &#13;
que conocía una gran parte del territorio, no entendía el &#13;
significado del escudo, y extrañado, formulaba las obser­-&#13;
vaciones siguientes: ¿Este es el cerro de Potosí?, pues yo&#13;
no he visto ni una pequeña colina. Este animal ¿es una &#13;
llama?, no he visto ni cosa parecida. Me dice usted que&#13;
esto es un haz de trigo?, sólo he visto arroz, yucas y caña. &#13;
El boliviano, intrigado, díjole entonces: ¿Cómo habría&#13;
dibujado el escudo de Bolivia? El turista inglés repuso: &#13;
Habría pintado un bosque por el que atraviesa un río na­-&#13;
vegable lleno de caimanes y habría puesto también, col-&#13;
­gada de dos palmeras una hamaca, con el boliviano dur­-&#13;
miendo dentro de ella.&#13;
 Ciertamente que es grave pecado de lesa civilización que &#13;
la naturaleza nos haya entregado tan grandes tesoros, para &#13;
hacer lo que aquel del pasaje bíblico, que se limitó a &#13;
conservar los '‘talentos” guardándolos dentro de la tierra…&#13;
En cambio Chile país relativamente pobre, rocoso, sin ma-&#13;
­terias primas después de una política de veinticinco años &#13;
se ha convertido en manufacturero en forma que hoy pa­-&#13;
dece una crisis de superproducción.&#13;
 Al observar los afanes y las preocupaciones de la mayor &#13;
parte de los hombres de la actual generación que viven al &#13;
día y para el día, y que no piensan o no se atreven a fun­-&#13;
damentar el progreso de mañana y se limitan a lamentarse &#13;
femeninamente por la crisis minera, tendríamos derecho a &#13;
que nos invada la desesperanza. Por suerte, la nueva gene-&#13;
­ración, valiente ,vigorosa, consciente, hará pronto una gran­-&#13;
de patria nueva reduciendo a escombros las taras y los vi­-&#13;
cios que son los únicos que ahora alientan la vida política &#13;
y administrativa del país. Por otra parte, la crisis minera &#13;
traducida en pobreza creciente, nos fustigará incansablemen­-&#13;
te con dolorosos latigazos hasta obligarnos a producir nuestro &#13;
propio pan, arroz y azúcar…&#13;
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&#13;
32 INDOAMÉRICA&#13;
&#13;
Influencia boliviana en el arte argentino&#13;
&#13;
Proyecto de Monumento a la Independencia en la Quebrada de Humahuaca, &#13;
obra del arquitecto Héctor Greslebin y del escultor Luis Perlotti, cuyo estilo &#13;
inspirado en el arte tiahuanacota, revela la fecundante influencia de la espiri-&#13;
tualidad de Bolivia precolombina.&#13;
&#13;
Chuquisaca cuna de la Emancipación&#13;
Hispano- Americana&#13;
(Viene de la pág. 12)&#13;
taimado recelo la prosperidad de sus vecinas. Ali­-&#13;
mentó así un egoísmo nacionalista solitario y &#13;
huraño, febril e irritado. Ajeno a toda cordialidad, &#13;
a toda noble expansión, cerró sus puertos al in­-&#13;
tercambio y la comunión amistosa”.&#13;
 Esa estrecha comunión espiritual entre el grito &#13;
de Mayo y la gran tradición incaica, se afirma en &#13;
el sol de nuestra bandera, símbolo del Inca, y en &#13;
las estrofas del Himno Nacional, cuyo autor nos &#13;
dice que: &#13;
&#13;
Se conmueven del Inca las tumbas &#13;
y en sus huesos revive el ardor, &#13;
lo que ve renovando en sus hijos &#13;
de la Patria el antiguo esplendor.&#13;
&#13;
comunión espiritual, ésta, que sólo pudo estable­-&#13;
cerse por influencia directa del Alto Perú, parte &#13;
integrante del vasto Imperio de los Incas y cen-&#13;
­tro irradiador de las ideas emancipadoras.&#13;
 De la gratitud de los pueblos hispano-america- &#13;
nos esperan aún la Universidad Mayor de San &#13;
Francisco Xavier y la Academia Carolina de &#13;
Chuquisaca, el monumento que inmortalice, en el &#13;
mármol o el bronce, la trascendente influencia &#13;
ejercida por ellas sobre la independencia sud­-&#13;
americana.&#13;
 Chuquisaca y Ayacucho son los dos polos de &#13;
nuestra epopeya máxima continental: Chuquisaca, &#13;
de cuyos doctores partió la idea de libertad, Aya- &#13;
cucho, donde esa idea vigorizó el brazo del vence-&#13;
­dor para sellar la obra; resultando justo recor­-&#13;
dar, ahora que tantos lo olvidan, que en esos dos &#13;
polos y en los acontecimientos que se desarrollaron &#13;
entre ellos, desde México hasta el Río de la Pla­-&#13;
ta y desde Misiones hasta el océano Pacífico, el &#13;
pueblo paraguayo, como nacionalidad hermana de &#13;
las demás, fué el único que permaneció egoísta­-&#13;
mente ajena a ellos.&#13;
&#13;
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                <text>Levene, Ricardo&#13;
Molins, Jaime&#13;
Merino Carvallo, Nelly&#13;
Rodas Eguino, J.&#13;
Jaimes Fereyre, Ricardo&#13;
Viscarra M., Humberto&#13;
Canedo Reyes, José&#13;
Lara, Jesús&#13;
Salmon Ballivian, José&#13;
Palacios, Alberto&#13;
De La Roca, Carlos&#13;
Carrillo, Horacio&#13;
Talamón, Gastón O.</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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                    <text>�Publicación trimestral

Cuadernos internacionales de documentación sobre la poesía y el arte de vanguardia
N 9 1, Buenos A ire s, mayo de 1958.
D irecto r: J U L IO L U N A S
Redacción y A d m in istració n : Cuba 3109 - Buenos A ires - A rgentina

CORRESPONSALES:

Alemania: K. O. Gotz. - Bélgica: J. Lacomblez. - Canadá: R. Giguére. Egipto: G. Henein. - Francia: E. Jaguer. - Italia: E. Baj. - México: M.
Goeritz. - Suecia: I. Gustafson.

REPRODUCCIONES: EN COLOR
TEXTOS
1 . Ju lio L lin ó s:

La Bolsa y la Vida
Solución H

5.

Jean -P ierre D uprey:

8.

Francisco M a d a ria g a : Arte Natal

Voces

1 1 . Antonio Po rch ia:

Poemas

14.

Rodolfo Alonso :

18.

Ju lie n Torm a

23.

M ario T re jo :

26.

Francisco Urondo:

29.

Edouard Ja g u e r:

Euforismos
Poemas

Polo Clandestino

El Reloj

31 . Edgar B a yle y:
3 2 . Ju lio L lin ó s:

Poemas

Poemas

35.

Lu is E. M a ssa :

36.

Ghérasim L ú e a :

Bajíos Lisos
Mi sinrazón de ser

Las traducciones de los textos de
Jean-Pierre Duprey, Julien Torma,
Edouard Jaguer y Ghérasim Lúea,
son de Julio Llinás.

Portada
3
9
15
21
27
33

-.
-

K a zu ya Sakai
M arth a Peluffo
V íc to r Chab
Rómulo M acció
Osvaldo Borda
Jo sefin a M iguens
Clorindo Testa

EN BLANCO Y NEGRO
6
7
12
13
17
20
24
25
29
30
31
35
36

-

-

Testa
S akai
Chab
M acció - Chab
Borda
Testa
- Sakai
- Chab
M acció
Peluffo- M iguens
M iguens
Borda
M iguens
Borda - Testa
M acció - Sakai.
Peluffo
Peluffo

Diagramación: Rómulo Macció

�La

Bolsa

y

la

Vida

Nunca como hoy, ha sido tan precario el concepto humano de la realidad.
Las experiencias deslumbrantes de la física actual nos demuestran clara­
mente la arbitrariedad de nuestra concepción del universo y la caducidad
de buena parte de las premisas consideradas, hasta ayer, como conquistas
en el terreno del conocimiento.
En efecto, todo indica la existencia de una realidad u lterior, profunda­
mente oculta, cuya vigencia logrará tal vez un día, el fin extremo de
todo auténtico creador: cam b iar la vida.
El recurso del mito universal (generalmente referido a esquemas éticosociales) parece ser el medio más eficaz de dar la espalda a la comple­
jidad creciente del problema.
El artista es, en tanto que hombre, un generador de mitos en estado puro,
pero no admite el traslado de los mismos a ningún tipo de sistema, ideal
o ente arbitrario.
Los planteos económicos, políticos o sociales, acompañados por todo tipo
de programas de acción, acaparan casi por entero la atención y el esfuer­
zo de la humanidad, que deposita en ellos toda la ingenua esperanza
de una supuesta "salvación".
La pintura, como la poesía, rechaza la unificación del plano del conoci­
miento con las condiciones materiales de la existencia y se lanza a las
aventuras prohibidas, arrasando con todo, desentrañando los signos de
una nueva vida, en un terreno en el que toda materialización es mcgia.
En un momento en el que la vorágine político-social, a través de sus infi­
nitas mascaradas, cretiniza ejemplarmente los espíritus aterrados, el arte
se halla frente a un problema sumamente más dramático que la incom­
prensión del público, el problema de su propia conducta, de su responsa­
bilidad frente a los progresos de la ciencia, de su validez definitiva o de
su definitivo fracaso.
En 1958, después de las experiencias cubistas, dadaístas, surrealistas, des­
pués de Kandinsky y de Mondrian, como de Hartung o Mathieu, no habrá
pintura en el sentido extremo de la palabra, mientras no haya una incur­
sión en lo imprevisible, un apasionado deseo de revelación inaudita. Y
esa revelación sólo será posible por medio de imágenes capaces de infla­
marse al menor contacto con la vida e iluminar con su resplandor apa­
sionado los tenebrosos fantasmas dé la conciencia humana.

�Frente a la degradación que implica la obra de una gran parte de los
llamados "pintores del momento", ese deseo de revelación poética, esa
profunda desesperación en un espacio incesantemente amenazante en
cuyos puntos se encontrarán las coordenadas del deseo absoluto, consti­
tuyen un vivido testimonio de la voluntad de transgredir los límites de una
supuesta "condición humana".
La reputación indiscriminada de que goza la pintura "no figurativa" o
"abstracta" bajo todas sus formas, se basa en el desconocimiento del hecho
innegable de que una gran parte del abstractivismo actual, sólo es un signo
de capitulación ante la realidad, del mismo modo — aunque bajo otra for­
ma— que el realismo socialista.
Frente a tal mutilación y por encima de las manifestaciones puramente
decorativas que ni plantean ni resuelven problema alguno, un nuevo uni­
verso pictórico y poético extiende su zarpa sobre la conciencia de los crea­
dores más auténticos del momento.
La existencia en los lugares más distantes de la tierra de pintores como
Alechinsky, Arnal, Boj, Gótz, Herold, Jorn, Langlois, Matta, Georges, Viseux, Zañartu, etc., posibilita la concreción del centro neurálgico de una
actitud com ún, cuyos alcances son imprevisibles (1).
Cualquiera que sea la forma bajo la cual aparezcan los signos de esa acti­
tud, el elemento motriz es el mismo: una entrega total, una participación
desenfrenada en los tormentos de otra realidad, cuya existencia indiscu­
tible quedará para siempre testimoniada sobre ese puñado de telas — cada
vez mayor— que constituye el documento más lacerante y más vivido de
nuestra época.

Julio Llinás

(1) No todos los pintores cuyas obras son reproducidos en este primer número de 'COA
se identifican por entero con la actitud que exaltamos, pero en todos ellos parece haberse
encendido la llama de propulsión hacia ese e stad o que, en términos estrictamente actuales,
consideramos el más válido.

���Jean - Picrre Duprey
SOLUCION H
o del segundo viaje imaginario
del Señor H
Trazada con tiza, sobre un cubo de aire solidificado al contacto de los ojos, la
siguiente inscripción:
“AQUI YACE, junto a un hueso transformado en badajo, el cuerpo —del señor
H— indefinidamente enrollado alrededor de sí mismo como un torbellino que
sólo verá su fin cuando se sepa transformado en la masa poderosa, aunque in­
divisible, de una esfera llena en el interior y vacía en los contornos: y esto sólo
es una suposición”.
. . . Y, detrás del vidrio de las apariencias-suposiciones, el hilo (representante
del espíritu del Señor H) estaba tendido de arriba hacia abajo, con un peso en
el extremo, a través del espacio comprendido entre el vacío y su apariencia hue­
ca. Y el murciélago, cubierto con la piel del gato, trataba de posarse. . .
Visto de espaldas, se asemejaba bastante a siete metros de brazos de hombrespulpos, cosidos en conjunto, pues a causa de su sombra, parecía relativamente
largo. En alguna parte había una estrella que no era otra cosa que la ausencia
de estrellas, y fué allí, allí precisamente, donde las cosas ocurrieron. . .
. . . El Señor H, bajo la piel sin luz del Personaje-de-la-noche, seguía la pen­
diente uniformemente empinada de un zambullidero inclinado a un costado. Y
debajo, ondulaba mi cráneo, lo suficientemente chato como para semejar un mar
extrañamente peinado. El Otro Mar estaba en alguna parte, pero ignorábamos
dónde; razón por la cual llegamos a la conclusión de que no existía. . . En ese
momento, el Señor H, cuervo-sobre-un-árbol-posado, pronunció aproximadamen­
te este discurso:
“Señores del viaje:
No hay 36 noches; a pesar de ello, yo conozco un centenar y es precisamente
en la centésima, llamada entonces materia-noche, en la que desaparecí: era la
indicada. . .
. . . EL CRANEO-DE-NOCHE era un vaso abierto sobre un fondo sombrío pe­
ro herméticamente cerrado en cuanto a los ojos. Diversos órganos (como un ce­
rebro recompuesto al revés) formaban un pasillo; nos aventuramos en ese pai­
saje del cual los gatos no vuelven, mientras que el corazón-de-las-sienes latía
como los aplausos de la muerte —es todo lo que SUPE. . .
Hubo un momento de consternación general, es decir: el negro era más bien ne­
gro, como se ha comprobado corrientemente y, bajo mis vestidos nocturnos, pen­
sé por un instante que yo era la noche. . .
Buscaba en el espesor de mi cráneo terrestre los ojos de los buhos que habrían
servido de láminas frías para relámpagos. Descubrí un hueso con el que hice
mi bastón. . . Luego, avancé sin ruido en mi interior durante un tiempo que
debía corresponder a varios días numerados al azar y cuyo número no era fijo.
Pasé allí una eternidad calculada con un reloj que marchaba mal; luego llegué
a mí. Pero mi aspecto me era desconocido. . .
Entonces, abrí las manos para comprobar que estaban vacías. . .
Y allí adelante, me dije:
Que ese cráneo, visto de cerca, era sin duda el de J. P. Duprey. . .
Que de él vería salir en la sombra, tres cadáveres, que vendrían a besarme. . .

�Que los diamantes no apagarán mi sed de aire y de agua. . .
Que mi vida partía en mí para dejarme aquí, frente a mí mismo, sin poder re­
cobrarme. . .
Que mis venas habían trazado alrededor de mí el cinturón, definitivamente abro­
chado, de una Mujer que pasa por cada vida con un ruido de vestido arran­
cado . . .
Que el Rubí-piedra-de-sangre, no se había fundido en mí. . .
Y oí:
. . . “No hay más cielo, más sol, más noche, decía una voz, ya no hay más luz
y las ventanas se asemejan a bocas cosidas, negras pero sin dientes; no hay más
amigos y quienes te aman pensarán que los abandonas; no habrá más cuerpo
para tu alma —tu alma es una suposición— no hay más cielo que beber, ni más
suelo bajo tus pies y el techo de tu casa se abrirá como una mano vacía o una
bolsa sin cerradura que pierde en el aire sus riquezas sin existencia”.
Luego la voz se convirtió en murmullo y mi boca se partió en cuatro labios
blancos para pronunciar las palabras:
“En la luz absoluta, he reconocido la oscuridad absoluta y el silencio más pro­
fundo era el del corazón que llora con el ruido de una ducha caliente cayendo
sobre el mar. He buscado un vaso donde encerrar ese corazón, y el vaso fué
una llama hueca. . .
“El agua-del-viento se pondrá blanca como el pestañeo de los ojos visitados
por un sueño de nieve. . .
“La Flor Púrpura amueblará su propio fuego.
“Las lágrimas deshelarán el rostro de cristal. . .
“ . . .Entonces, frente a eso, yo cerraré mi boca con un pañuelo de bolsillo”.
. . .Y es en un mismo orden que las cosas ocurrieron, luego de haber sido
ahogado el mar y enterrada la tierra y, después de haberse quemado el fuego,
el aire desapareció en el humo del nuevo fuego reengendrado de todo aquello.
. . .Entonces el día entró en tierra como en una estación; las estaciones-del-Día
y las estaciones-de-la-Noche se confundieron en los fragmentos sonoros de un
tren en marcha y la marcha de los trenes imitó en sus ruedas el acento incohe­
rente de una frase repetida cien veces por las sacudidas del viento y puesta a
la luz en las lencerías del fuego, frase de la que sólo retuvimos una palabra (re­
conocida como la más sólida): ETERNIDAD.

Testa

óleo

1953

��Francisco Madariaga

Arte natal
I
Valientero para el sol, ¿Eh?
Ahora rime y recueste el agua sobre el agua,
doble el pecho y anídelo,
resuelle con su injerto de rayos en la trompa,
vea clarito sus ánimas
que corren con serpientes quemándole los pelos.
Recoja del alba todo lo cuajado-violeta en su memoria y acuéstese, como si
oliera al tigre que ha de cederle su agua, su floresta de invierno, su cazadora
extraña.
Por fin, sentirá que el Fin tiene la boca blanca.
II

Ni bien la nieve aparece
me rompe la memoria.
¡El acuerdo! ¿De quién? ¿Con qué?
¿Y cuántos?
¿No son ramas? ¿Ratas de polvo?
¿Comidas matutinas de celo?
Y abajo
el cuerpo crece y lame los islotes.
¿Dónde caen los trenes?
Y más abajo
un pie descalzo hunde su nostalgia en
el orden.
Acordeón de ranas, del nivel del dolor,
aquí suena el oro en el agua:
creando el amarillo de los niños,
la exuberencia de los dedos,
la saliva del sexo.
¡No es nada!
Compañeros, pegad un grito:
¡suerte para la sal,
putrefactos del vino,
masticadores para el pan!
Ahora se oye a la tierra que se abre, que se cuaja, que se lame,
sube un ascensor de piratas-manantiales:
sin el olor de las ciudades,
sin el calor de las preñadas,
con unos ojos terminales.
Pronto, EH, Vrracones de las tripas,
compadres de los desdenes,
SALVACION ADME.

���Antonio Porchia

Voces
Hacías un mundo. ¿Es haciendo un mundo como no se hace nada?
Cuando me digo: "nada", nada y yo somos una sola vez. Y me he dicho
millones de veces "nada". He sido millones de yo.
Las cosas están, pero no son nunca las cosas que estaban. ¿Dónde están
las cosas que estaban? ¿Dónde estaban las cosas que están?
No quiero nada de lo que tiene dueño, porque no es bueno lo que tiene
dueño.
Quisieras ir donde no estás. ¿Y dónde no estás?
Si te salvas de todo, te pierdes en nada. Si no te salvas de nada, te pierdes
en todo. Porque de todos modos debes perderte. Y si de todos modos debes
perderte, piérdete en todo.
El momento es un momento cuando vive. Cuando muere es cien años.
Quieren que me haga diferente y sin ellos hacerse diferentes y sin nada
hacerse diferente. ¿Y de qué me haría diferente?
Lo que no es posible en este mundo, ¿por qué está en este mundo?
Si no vieran solamente lo visible de lo que ven, verían que lo que yo hago
de las cosas es lo que hacen las cosas de mí.
El hombre, como está hecho, ¿puede ser el gran hombre? No. Y el gran
hombre, si existe, no debiera llamarse hombre.
Nadie y yo. Y no me siento estar solo. Nadie es alguien y es alguien que
no me deja estar solo.
Sí, he hecho algunas cosas que cuando puedo no decírmelas no me las
digo, para no ofenderme. Porque no quisiera ofender a nadie.
El hombre se mueve, se mueve para creer que vive. Porque el hombre ne­
cesita creer que vive.
La estrella y el insecto, solos. Para la estrella, el insecto y para el insecto,
la estrella. Y nadie quiere ser el insecto. ¡Qué extraordinario!
He vencido a mi grande dolor, pero con otro más grande dolor. Y lo he
vencido siempre. Porque no me ha faltado nunca otro más grande dolor.
Cuanto está no es todo, porque yo podría no estar. Y quién sabe cuánto
podría no estar. Tal vez todo.
El hacer hace. Lo hecho es obra del hacer. El hacer no hace nada. Se burla.
1958

���Rodolfo Alonso

Simún
Canta, aliento irreparable.
Tu mano pule las curvas ávidas del mundo, gasta el aire, nada en su propio
abismo sobre los desiertos más recientes y espera dominar aún desde el pasado
con una tierna oscilación.

Amore
la mano rápida y feliz
abrió un aire demente
la mano lenta canta en la boca del mundo
clima suntuoso y fértil
donde las bellas nadadoras
beben
al borde del silencio

En el aire
algo anda
en el aire
poca luz
pocos años
veo tus manos
allí

El corazón dividido

en tu mano hay distancias
claras fuerzas
venenos

gira el asombro
sobre las islas del verano

algo vuela
temblando

el aire mueve
la dulce maravilla
el sol de pájaros

viejo amor
viejo aliento
mnos

oh ávida voz
gracia cansada

noches valientes

cadenas de tu rostro

�Macció

��Julien Torma, una de las figuras más inquietantes del siglo, emerge poco a po­
co del olvido que amenazó con borrar su recuerdo.
Las referencias más importantes a su corta e inestable existencia, se deben a su
amigo entrañable, Jean Montmort, a quien conoció de niño en ¡a escuela de
Batignolles.
Nació en Cambrai, el 6 de abril de 1902. No tenía aún seis años cuando murió
su padre. Su madre, vuelta a casar, falleció poco tiempo después, quedando Ju­
lien al cuidado de su padrastro y de la segunda mujer de éste.
Durante su primera juventud, leía mucho — testimonia Montmort— pero espasmódica y desordenadamente, devorando algunas páginas e “inventando el resto”,
según sus propias palabras.
A los catorce años comienza a escribir. Sus primeros poemas (publicados re­
cientemente bajo el título de Premiers Ecrits), llevan el sello de sus lecturas
de entonces.
En 1919 Torma conoce a Max Jacob y es bajo su influencia y su impulso que
escribe y publica La lámpara oscura, poemas místicos.
En 1922 se instala en París, donde se relaciona con René Crevel, a quien de­
dica sus Euforismos, y con Robert Desnos, que lo sigue con interés. En 1925
aparece una selección de sus ejercicios poéticos bajo el título de Le Grand
Troche, gracias al apoyo de su fiel amigo Montmort.
Le Bétrou parece ser una de sus primeras obras, aunque esto sólo es una hi­
pótesis. Esta obra extraordinaria (que permaneció inédita hasta el año 1956, en
que fué publicada por el Colegio de Patafísica), es un drama del lenguaje y del
poder, que recuerda indefectiblemente al “Fausto” de Goethe. El personaje del
“Bétrou”, feroz y todopoderoso, expande en su derredor “la parálisis que es el
drama y, al mismo tiempo, la negación del drama”.
En noviembre de 1932, por razones de salud, Torma debe partir para el Tirol,
instalándose en un pequeño pueblo de 80 habitantes al pie del Wildspitze. En
marzo de 1933, Montmort recibe una carta del propietario del hotel, anuncian­
do que su cliente Julien Torma, no había vuelto de una excursión solitaria que
emprendiera el 17 de febrero.
Ninguna de las encuestas realizadas posteriormente, logró esclarecer las circuns­
tancias de esa misteriosa desaparición.

�Julien Torma

Euforismos
• El pensam iento comporta una parte de charlatanism o.
Pensar no es natural: es preciso hacer una verdadera te a tra liza ció n de
sí mismo y de las cosas, sin contar el a rtific io inevitable del razona*
m iento. . . Sin esas ficciones, el pensam iento es sólo ingenuidad (a rro ­
llar puertas abiertas) y en el fondo, to n te ría : la inteligencia im plica el
engaño, del mismo modo que la palabra im plica la m entira.
Es preferible a d m itir fran cam en te esa regla de juego y hacer a sab ien ­
das lo que todos hacen sin sospechar. Poner deliberadam ente lo que el
pensam iento necesita de ch a rlata n ería para ser ta l, antes que ser uno
mismo su víctim a. A sí es posible do sificar a gusto. Cagliostro era un
pensador; la debilidad de N ietzsche consistió probablemente (?) en ig­
norar el Cagliostro que había en él.
• Extraño apren d izaje del lenguaje.
Los primeros gritos sólo son efectos m ecánicos producidos por el fu n cio ­
nam iento del cuerpo. Ni siquiera los primeros balbuceos son palabras. El
niño descubre la realidad autónom a por medio de la m entira. Entonces
la palabra es u tiliza d a para é l: se transform a en significado . Juego o
a za r, poco im porta: el niño dice " t a t a " . De inm ediato (y aunque no
haya sentido ningún dolor) se pone en m archa m ágicam ente toda la
secuela de mimos y azucarados consuelos. Es concebible que después
de ese descubrim iento, el niño recomience la experiencia para aseg u rar­
se bien de la m aravillosa e fica cia de la P alabra. Y si le gusta tanto
m entir (esa alegría en los ojos) es porque saborea la felicid ad del po­
der y de la inteligencia ca b a lístico s: el verbo es creador.
Es por esa tortuosa vía que se expresa lo "verd ad ero ".
• C reer en el espíritu, i Cómo si fuera necesario!
Siempre se cree dem asiado en é l: sobre todo los "m a te ria lis ta s " (que h a ­
cen la cie n cia , vale decir, que exaltan ciegam ente el poder del espíritu) .
Lo que hace fa lta es creer en el cuerpo, enérgica, ten a z, perdidamente,
con esa fe que mueve las montañas.
• N uestras ideas sobre la muerte son cándidas. Unos creen que no se m ue­
re. Esto es — evidentem ente— demasiado ingenuo. Otros creen que mo­
rir no es nada, en vista de que antes se vive y de que después no se
piensa más en ello. Esto está — no menos evidentem ente— demasiado
bien razonado. Si juzgam os con fria ld a d , parecería que los últim os tienen
razón, puesto que expresan m ejor los hechos. Pero es una ilusión: en
este caso, los hechos no enseñan nada, si es que alguna vez enseñan
algo. La muerte es irónica.
• El hombre es una cebolla, la más noble de la n a tu ra le za , pero una ce ­
bolla pelable — como las otras.
¿Una piel? No sabe V d . qué bien lo ha dicho.
Pero si la quita V d ., encontrará otra y o tra . . . hasta el vacío central
(no muy grande, por otra parte) .
Llorem os, lloremos.
Cocodrilos, mis hermanos.

�El objeto es aquello que me es objetado.
Sí señor, soy un esquizoide y q u izás un esquizofrénico. Por otra parte,
si bien no tengo precisam ente el complejo de Edipo, tengo ciertam ente
un complejo de superioridad (sobre todo, fren te a vuestros sem ejantes) .
Una pizca de dem encia, con tendencia disgregativa y agorafobia, f ija ­
ción a n a l, etc. ¿ Y con eso qué? ¿Es eso todo?
En lo que respecta a V d. que — evidentem ente— no es nada de todo
eso, médico de sanos cuidados, V d . es — no menos evidentem ente— un
cretino.
Saber, es siem pre fin g ir más o menos que se sabe. En ese sentido, puede
ser interesante observar a los sabios, esa especie van a.
Después de haber sido la m áquina infernal de la rebelión y de la duda,
la cien cia se convertirá (yo lo es) en un im placable instrum ento policial.
Esto se ve en el tono de todos esos cien tfco la s: serán peores que los
inquisidores y el oscurantism o religioso sería un edén al lado del oscu­
rantism o cien tífico .
El viejo ciencism o ingenuo y optim ista, poco peligroso a causa de su es­
tupidez, no se parecía en nada a este nuevo dogm atismo que se cree
llamado' a legislar sobre todas las cosas, sociedad, costum bres, a rte , pen­
sam iento (cuando uno se im agina poseer la v e r d a d . . . ) , que censura
con el Index de sus desprecios y que pronto u tiliz a rá el brazo secular,
después de haberlo provisto de medios eficaces.
Lo que hace que la cien cia convierta en im béciles a ciertos espíritus a
menudo finos y libres, es que, a pesar de todo, en parte es verdadera.
La im portancia no tiene im portancia.
Encerrar la poesía en el poema es im pedirle penetrar en la vida. No es­
cribam os más. El poeta de m añana ignorará hasta el nombre de le
poesía.
Todas las grandes te n tativas — o lo que es lo mismo, todas las te n ta ti­
vas poéticas— , han sido dirigidas contra el lenguaje y el pensamiento.
Se vuelven locos, pero siguen siendo idiotas.
M ata r para robar es banal. M a ta r por m a tar, es dar prueba de una se­
ria propensión al aburrim iento. M a ta r por distracción , por ru tin a, por
deseo de respetabilidad, es una cuestión de moda. M a ta r para reír, es el
privilegio del genio. Pero no m a ta r: he ahí donde com ienza el dram a.
El inferior acepta ser inferio r porque se cree superior o lo es e fe c tiv a ­
mente con relación a otros. Cuando se lo trata de igual a igual, se com ­
place, porque piensa que el superior Se rebaja o que es cándido y por
consiguiente, inferior.
La m ayoría am a la inferioridad en sí, por efecto de ese gusto profundo
de la esclavitu d , que es uno de los sentim ientos fuertes de la h u m an i­
dad y que la educación se empeña en desarro llar desm esuradam ente.
Ser igual es' lo más d ifíc il.
No hay que ser completo.

�Macció - óleo - 1957

���Mario Trejo
Los recuerdos se hacen
de mujeres perdidas
O F E L IA

Ofelia avanza serenamente sobre los escombros del día. Sin embargo, en al­
guna parte de su instinto resplandece la cólera del horizonte. Es que tal vez
en sus ojos perduran las comarcas rebeldes, los minutos que para ella fueron
últimos.
Persistencia de los primeros encuentros, de los primeros alaridos de las cosas:
¿a quién reclamar por lo que hemos perdido? ¿Quién ha de responder si es
que responde, entre los pliegues de la eternidad?
El río no se detiene; existir, para él, es un designio más alto.
Ella ha dado un paso sobre las aguas locas.
Ofelia es presa de su voluntad.
A R IA D N A Y EL M IN O T A U R O

He viajado hasta los límites de tu enigma. Espiral sagrada para mí, busco en
ella las bestias del amor absoluto. Relámpago perfecto, vislumbro tu profana­
ción, asisto a tus ojeras, al suave espanto que se abre ante ti.
¿Denunciaré tu furia o tu sonrisa?
Adivina, minotoreador.
H E L E N A DE T R O Y A

Mira el cielo, apaga el sol con su mirada y luego sonríe al mar. Su interés es
olímpico y descansa en las leyes delirantes del universo. Incómoda real, serían
necesarias otras dimensiones hasta dar contigo.
Esta noche dormiré sin ti y luego acataré los ritos de lo inexplicable.
L A D O BLE L U C R E C IA

Ni heroica ni adorable, apenas bella. Vives de distraída que eres. Morirás de
sed, de rabia y olvido, de edad, de tiempo bajo y sin escrúpulos.
Primero violada, luego asesina. Contigo el amor es una falsa complicidad.
Doble traición, doble violencia. Quédate con el cambio.
B E A T R IC E C E N C I

Honrarás a tu padre y a tu madre.
El otro perfil de las leyes es el tuyo.
Adiós jovencita, inocencia responsable .
L A D Y G O D IV A

Hasta los ciegos lloraron por su belleza.
i

L A R U B IA M I R E Y A

De afuera llega la verdadera noche. Ella brilla entre las mantas del verano y
el resplandor de su risa se detiene en la mirada del solitario. De afuera llega la
verdadera historia. Ella se pega a él como a la vida. Persiste, se adhiere a sus
recuerdos, va dejando de ser, desaparece. Ella es su nombre.
M ISS B L A N D IS H

Los coches negros partieron velozmente. Agua dijo ella. Nieve sucia. Esta es
tu empresa, tu incendio de vidrios. Tú sola, al fin, como mis cabelleras, mis
castigadas, mis desaparecidas.
ZELD A

Amor convocado al alba, dinero dichoso, poder que no puede dormir, dolor
hablado incansablemente, muerte. Las agujas de la lucidez mordidas por la
oportunidad y un concepto del orden.
E L L A , U N R EQ U IEM

Fuiste tú y, por momentos, nosotros mismos.
Por hoy eres ella, pero, para siempre, sólo yo.

�Miguens - dibujo

�Miguens - óleo - 1956

Borda - óleo - 1958

�Francisco Urondo

Hija
Ella se salva y crece sobre mis fisuras, sobre la piel que se ha secado, sobre el
tambor que suena lejos.
Ella también será el primer amor para alguien.

Leña y fuego
Tus labios palpitan en la roja y fluctuante llama. Tus labios y esa dura leña
que gira fraternalmente en el espacio con los astros inclementes de la niñez. To­
do es manso y soberbio: el terso amanecer, el suave seno.
Alguien se salva masticando su culpa y tirando las ilusiones a los perros.
Tus labios se mueven; bailan al ritmo de las caprichosas idas y venidas del fuego
del mundo.
Amo el viento y el ardor del verano.
Trópico caliente.

En el diluvio
Los saltos que imitan y entretienen dolorosamente al mundo, no cobijan la gra­
cia, no esconden la esperanza.
Venías a escuchar, pero has confundido los brincos de la maravilla, el cuero
del desastre.
Sin mirar casi, te has topado con los errores y la bondad: has visto algo.
Oye.
Oye, ahora: con ese galope la música ordena sus ruidos.

���Polo clandestino
Míguens - óleo - 1956
Suprema belleza del rostro y de las manos
Esplendor del escote y de los brazos
A orillas de la llanura jurásica
Cabalgan los amantes provistos de electrodos
Las grandes pieles continentales resoplan en las incubadoras
Apoyadas sobre algo más líquido y más fluido que la lluvia o la nube
Sin embargo es solamente un precario observatorio
Ese rostro a filo de cascada por donde se desliza el reflejo de una piragua de
fsangre
Mientras desde el fondo de las praderas acuden los coyotes
Otros cuerpos de ejército se ponen en marcha
Brillando en el arrebato de sus símbolos químicos
H
Y los cañones de la poesía tradicional bombardean con su metralla social
La erosión profunda y azulada donde yacen posiblemente para siempre
Las imágenes de rosas de azules soles ponientes esmeraldas nieves eternas
Y otros artículos envejecidos
Así marchamos hacia la extinción de toda especie de carcajada de pluma
Y en cuanto a las risas no hay una sola seducida por una zambullida en el Mar
[Muerto
Pero a orillas del cañón jurásico
Siguen cabalgando
Solos
Los amantes provistos de electrodos
Con el yelmo bajo

Eduard Jaguer

�Borda - óleo -

�Macció - óleo - 1957

Edgar Bayley

El reloj
Cuando el reloj era nuevo marcaba las horas
atento sólo a sí mismo, o a su interior movien­
te. El tiempo (la forma del tiempo) sólo era
para él su propio andar, su propio ruido, una
marcha. Pero ha ido completando la forma del
tiempo. La forma de ciertos jardines a orillas
del mar.
A fuerza de ser interrogado, de ser mirado, de
ser contado como algo que estaba allí, no mera­
mente para contestar o dar la hora, sino para
intervenir en el curso de cada cual; a fuerza de
conversar con todos, de mirarlos, de conocerlos
—y ha ido conociendo, no porque haya dejado de
ser un reloj, una cosa, sino precisamente por ser
eso mismo, porque es vidrio, porque es metal,
y, además, porque está en el mundo, como todos
nosotros, en una relación— ; a fuerza de todo
ello ha ido agregando, levantando las horas, tiñéndolas con la esperanza y el temblor de cada
uno. . .
Por eso el reloj, sin salir de sí mismo, tiene esa
fuerza participante, tiene esa palabra que exige
la nuestra, y tiene ese mar que golpea las ribe­
ras del lecho, y fusiona y divorcia el pasado del
porvenir. El mar nocturno que toma y aumenta
el acento de nuestra marcha. Y el reloj, en su
mundo de siempre, el que todos le reconocen, se
hace cada día a nuestro lado —igual que nos­
otros mismos, al mismo tiempo— un modo de
vivir, una palabra.

Sakai - óleo - 1957

�Julio Llinás

La prisión
Mi tierra es un espejo ebrio
un profeta giboso enemigo del instinto
una mujer cebada en los riñones de los mares
Mi vida es un camello demasiado dulce que juega con los niños
cortándoles las manos

En el mayor secreto
Mis pecados
seréis perdonados por la cebra inocente de la naturaleza
mis pecados mis días
seréis lamidos como estrellas por las ciudades famélicas
os he amasado con mi sangre con mi sudor con mi saliva
lleváis el nombre de los dioses más tristes de la tierra

El látigo
Aduladores de dios:
el rayo ha muerto en las aldeas del astro
En cada labio la palabra es un gusano firme
La noche es una alarma que ensordece
Aduladores del polvo de dios:
he aquí un invierno para pocos
¿Quién morderá su sal?
Su alma-serpiente se ennegrece con la nieve
levanta el fuego de la idolatría
y duerme
Criaturas
no cometáis perjurio contra el sol
no respiréis del tigre más que la mirada
después ladrad
ladrad sobre las olas
Lo que compone el alba es un esperma suave
y una razón del mundo tan fuerte como mi alma.

�(

��Peluffo - óleo - 1958

Luis E. Massa

Bajíos lisos
Los pequeños hombres blandos del bosque
llegan cuando el sol
se decide
La verdadera historia comienza
cuando se asoman entre las cañas
con la virginidad expuesta
Pequeños buitres recién nacidos.

�Ghérasim Lúea

Mi sinrazón de ser
la desesperación tiene tres pares de piernas
la desesperación tiene cuatro pares de piernas
cuatro pares de piernas aéreas volcánicas absorbentes- simétricas
hay cinco pares de piernas cinco pares simétricos
o seis pares de piernas aéreas volcánicas
siete pares de piernas volcánicas
la desesperación tiene siete y ocho pares de piernas volcánicas
ocho pares de piernas ocho pares de medias
ocho tenedores aéreos absorbidos por las piernas
tiene nueve tenedores simétricos en sus nueve pares de piernas
diez pares de piernas absorbidos por sus piernas
es decir once pares de piernas absorbentes volcánicas
la desesperación tiene doce pares de piernas doce pares de piernas
tiene trece pares de piernas
la desesperación tiene catorce pares de piernas aéreas volcánicas
quince quince pares de piernas
la desesperación tiene diez y seis pares de piernas diez y seis pares de piernas
la desesperación tiene diez y siete pares de piernas absorbidos por las piernas
diez y ocho pares de piernas y diez y ocho pares de medias
hay diez y ocho pares de medias en los tenedores de sus piernas
es decir diez y nueve pares de piernas
la desesperación tiene veinte pares de piernas
la desesperación tiene treinta pares de piernas
la desesperación no tiene pares de piernas
pero absolutamente ningún par de piernas
absolutamente ninguna absolutamente ninguna pierna
pero absolutamente ninguna pierna
absolutamente tres piernas

�"B O A

O R G A N IZ A ”

EXPOSICION "PHASES”
G A L E R IA

VAN

Florida 659

RIEL
Buenos Aires

EN JUN IO DE 1958
Obras de: A le ch in sky, A ndré-Poujet, A rn a l, B a j, B ertin i, Borda, Bryen,
Buchheister, Chab, C h ild s, Dangelo, Freddie, G iguére, H erold, Gotz,
Kalin o w sky, Lacom blez, Lam , Langlois, Lebel, M íguens, Peluffo , Reutersw ard, S a k a i, Scanavino, Sch u ltze, Serpan, T a b u ch i, T e sta , V iseu x,
Z a ñ a rtu .

BOA

2

Con motivo de la exposición PHASES, BOA editará su segundo número
— dedicado a dicha m uestra— en el mes de Ju n io próxim o, adelantándose
en dos meses a la fecha prevista.
Texto s de: And ré-Po ujet, Roland Giguére, Georges H enein, Edouard Jag u er,
Jacques Lacom blez, Jean -Jacq u es Lebel, Ghérasim Lúea, C a rl-F ré d é rik Reutersward, Boris Rybak.
Reproducciones de: A le ch in sky, André-Poujet, B a j, Buchheister, Childs,
Dangelo, Freddie, Giguére, G o tz, Lacom blez, Lam , Langlois, Lebel, Reutersward, Scanavino, Sch u ltze, Serpan, V ise u x, Z a ñ a rtu , etc.

�30 pesos
CESA

'I n j i e r e s G r á f i c o s S .K .1 -., R i r a d a v i a

1159. B s . A s.

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                <text>Llinás, Julio&#13;
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                    <text>�C uadernos in tern a cio n a les de d o c u m e n ta c ió n sobre la poesía y el arle de vangua?dia

N ° 3, B u en o s A ires, ju lio d e 1960
D ire c to r: JU L IO L L IN Á S

R edacción y A d m in is tra c ió n : C uba 3109 - B uenos A ires - A rg e n tin a

CORRESPONSALES:
A le m a n ia : K . O. G ó tz ; B élg ica : J. L ac o m b le z; C unada: R. Gig u é re ; D inam arca: S. C o ld in g ; E g ip to : G. H e n e in ; F rancia: E.
J a g u e r; Ita lia : E. B a j; M é jic o : M. G o e ritz ; P o lo n ia : J. B ogucky;
P ortugal: J. A. F ra n g a ; Suecia: I. G ustafson.

TEXTO S

REPRODUCCIONES

1.
6.
12.
17.
18.

P o rta d a : K a rl - O tto G ótz (A le m a n ia ), “ JY L ” , 1958
3. G ia n n i B e rtin i
4. C o rn e ille
5. Y asse T ab u c h i
O svaldo B orda
7. Ja c q u es L acom blez
9. J u a n L anglois
10. G ia n n i D ova
11. C ésar B aldaccini
13. E m il S chum acher
14. C h ristia n D ’O rgeix
15. L ucio D el Pezzo
16. Je rzy T chórzew ski
17. F re d T h ie le r
19. M a rian B ogusz
T y tu s D zieduszycki
22. R ó m u lo M acció
E n ric o Baj
23. K azuya Sakai
M artha Le u l ío
26. H an s P la tsch e k
27. H ans-M eyer P e te rs e n
28. A ldo P a p a re lla
29. C lo rin d o T esta
30. G uido B iasi
32. A ldo P a p a re lla
J u a n C arlos B adaraceo
33. V íc to r C hab
C o n tra ta p a : Ju a n L anglois, D ib u jo , 1960

20.
24.
27.
28.
29.
30.
31.

Ju lio L lin á s: La G ran M entira
E d o u a rd J a g u e r: La Faz D esconocida de la T ierra
José P ie rre : E l Ú ltim o C uadrado
O liv erio G irc n d o : P o rq u e m e cree su perro
G eorges Ile n e in : H e rm in ia
Y o le hablo
La b e n d ic ió n d e u n o vale tanto co m o la autopsia d e l otro
G h é rasim L ú ea : La L lave
Ja c q u es L acoir.blez: A W ifr e d o L a m
Je an -C laren ce L a m b e rt: S o lstic io d e V erano
R a ú l G. A g u irre : R e h é n
A lb e rto V an asco : E l in h a b ita n te verdadero
E d g ar B ayley: O tros verán e l m ar
M ilto n de L im a S ousa: E n procura d e rastro

R o d o lfo A lo n so : La calle es de todos
32. C arlos L a to rre : La in co n q u ista b le
33. A ldo P e lle g rin i: W o lfg a n g P aulen

Las versio n es al español de los tex to s d e E d o u a rd Jaguer, José
P ierre, G eorges H e n ein , G hérasim Lúea, Jacques L a c o m b le z, así
co m o la d e l texto titu la d o “L a b e n d ic ió n d e u n o vale tanto com o
la autopsia d e l o tro ”, son de J u lio L linás.
La d e l texto d e Jean C larence L a m b ert. es de H elen a G arro.
La d e l texto de M ilto n de L im a Sousa, d e R o d o lfo A lo n so .

_______________ ___
™

ESTA PUBLICARON HA SIDO

s fó

GENTILMENTE DONADA
Pnq
tfe jT V . Lu.

�FUN D ACIO N ES P IG A S
Buenos Aires - Argentina

LA

GRAN

JU LIO

LU N A S

MENTIRA

Q u e e l Sr. M alraux, en su re cien te jir a o fic ia l por S u d a m érica , h a y a “ d esc u b ier­
to ” la p in tu ra argen tin a y q u e ese h ech o h a y a sid o m o tiv o de r e g o c ijo en tre lo s
p an eg irista s in co n d icio n a les d e la n a c io n a lid a d p ictó rica , no p u ed e m en o s
q u e reiterar a n uestros o jo s, esa esp e c ie d e “in fa n tilism o s e n il” q u e c o n trib u y e
n o ta b lem en te a d eform ar la ó p tic a de a lg u n o s de n u estro s “o b serv a d o res”.
P arece ser en ton ces que, m erced al esp a ld a ra zo d e l “ ilu stre fra n cés”, “esa

p in tu r a q u e está a la va nguardia d e la plá stica su d am ericana, tie n e q u e aso­
m arse a l m u n d o , tie n e q u e ser m ostrada para q u e salga a d esafiar a la gran
crítica ” . . . ( 1)
D e ahora en a d ela n te, p u es, n u estro o b je tiv o p r in c ip a l re sid ir ía e n la co n ­
q u ista de esa vaca sagrada y p ro d ig io sa q ue (p ara en ten d ern o s o n o ) , lla m a ­
rem os “la gran cr ítica ” .
(P e ro ¿ con oce re a lm en te e l Sr. M alrau x “la p in tu ra a rg e n tin a ” ? ¿O será m ás
b ie n que, fren te a ciertas telas d eso rd en a d a m en te p erc ib id a s, lo q u e p ro d u jo
su sorpresa fu e sim p le m e n te e l n iv e l ap a ren te o re a l de las ten ta tiv a s? A u n ­
q ue, segu ram en te, nos eq u iv o ca m o s. F u e n ecesa rio q ue u n “ ilu stre fra n cés”
nos descub riera, a sí com o u n “ilu str e e sp a ñ o l” d escu b rió n u estro estu a rio y
com o varias “ilu stre s” em p resas n ortea m erica n a s “ d escu b ren ” d ia ria m e n te n u e s­
tro p e tr ó le o ).
U na vez m ás, n u estros an im osos p ro p u lso res a rtístico s c o n tr ib u y e n a fo m en ta r
esa p sico lo g ía d e n iñ a b o n ita , lig e r a m e n te m en o sca b a d a , in ju sta m e n te r e le ­
gada, p ero sie m p re d isp u esta a ser “ d escu b ierta ” p or a lg u n o d e esos p r ín c ip e s
leja n o s q ue son lo s a rtífic es de tod o fu lg o r en este m u n d o .
P ero a ten ció n señ ores, la “p in tu r a arg en tin a ” p u e d e lleg a r a ser d em a sia d o
seria com o para p erm itir se esos co q u eteo s p ro v in cia n o s, esas d esh o n ro sa s m a ­
n ife sta cio n es m asivas cu y o co lo r este ticista y c o lo n ia l c o n trib u y e a d ib u ja r la
d esolad ora v ersió n q u e d e n u estro p a isa je a rtístico se tie n e e n e l “e x tr a n je r o ” .
P o rq u e es p reciso d iv id ir la cu estió n en dos ca m p o s n ítid a m e n te sep arad os
en tre sí: e l d el va lo r p u ra m en te revela d o r de la ob ra de crea ció n , y e l d el
va lo r p u ram en te co m e rcia l de una p in tu r a co n “r e p u ta c ió n ”, p ro v en g a ésta de
la trayectoria m ás o m en os esforzad a o b rilla n te d e su au tor, o d e su filia c ió n
fo rm a l (o in fo r m a l) con la esté tica d e m oda.
Las crecien tes p o sib ilid a d e s co m e rcia les de n uestra p in tu r a de “v a n g u a rd ia ”
son la con secu en cia d e u n d esp ertar q ue tie n d e a g en era liza rse en tre cierto s
sectores “e v o lu c io n a d o s” de la alta b u rg u esía , p ero de u n d esp erta r esteticista
a u n n u evo co n ce p to d e lo d eco ra tivo . Y , p reciso es a d m itir lo , es éste u n
m érito b ien p obre.
S in p oner en tela de ju ic io e l “in te ré s” q ue d em u estra en n u estro m e d io cierto
p ú b lic o “ c u lto ” fren te a las d istin tas form as d e l “arte m o d e r n o ”, n i su p r o ­
p en sió n a frecu en tar lo s d iversos “se m in a rio s” o a sistir a “cu rso s” (q u e en
la m ayoría de los casos sólo p resen ta n b ru m o so s p a n o ra m a s d e l c o m p le jo p r o ­
b lem a d el arte a ctu al I, es im p e rio so señ alar q ue ta les m a n ifesta c io n e s co rres­
p o n d en ex c lu siv a m en te a l p la n o de la d iv u lg a ció n y q u e son a b u siv a m en te
acom p añad as p or d ud osas le y e s estética s d e p e r im id a v ig e n c ia , cu ya p r in c ip a l
virtu d con siste en gen erar e l esp e jism o d e la p o sib ilid a d d e l ju ic io . C uan do
(! )

ln diario “C larín”, 3-4-60.

1

�en re a lid a d , n in g ú n sistem a a n a lítico d el fen ó m e n o esté tico ha p erm itid o ja m á s
p en etra r m ás a llá de la ep id er m is d el cu ad ro, v a le decir, de sus a trib u to s
d ecorativos (co m p o sició n , co lor, e t c .) . P ero lo fu n d a m en ta l, la brasa la te n te
en lo m ás p ro fu n d o d e toda obra v erd ad era, su tran sfiguración p o é tic a y
m ítica , su esen cia o su “m en sa je”, sólo p u e d e ser p ercib id o m ed ia n te u n a
ero sió n co n sta n te d el esp ír itu , u na su p era ció n descarn ada, una ilu m in a c ió n
p rogresiva.
E stam os h a b itu a d o s a la frecu en cia cr ecien te con q u e un cú m u lo cu a n tio so
d e “p ro feso r es” fo m e n ta e l en g a ñ o d e ese p ró jim o b ien in ten cio n a d o que a c u d e
a sus p alab ras com o a una fu e n te, m ed ia n te la im p ro v isa ció n de sistem as d id á c ­
tico s q u e, en la m a yoría de lo s casos, no logran o cu lta r n i su p ro p ia in c u ltu r a
n i su p ro p ia in co m p r en sió n . N o se trata a q u í de fla g ela r la activid ad d e lo s
d iv u lg a d o res (q u e en cierto se n tid o p u e d e arrojar saldos p o sitiv o s) sin o d e
u n lla m a d o de alerta a su p ú b lic o in ca u to y a su p ro p ia in o cen cia .
C o tid ia n a m en te , a sistim o s a u n a carrera m er ca n tilista por p arte de n u e str o s
p in to re s, a u n a in co n d u cta d esen fren a d a q u e lo s lle v a a generar d iversos m é ­
tod os d e p rop a g a n d a , o a la a d o ra ció n in c o n d ic io n a l de u n “m arch a n d ”
ex ito so . D e ah í, a la m a n u fa ctu ra d e ob ras p u ra m en te retóricas, d estin ad as
a la sa tisfa cc ió n d e “cierta s e x ig e n c ia s” , ya sean éstas “lo q ue to d a v ía no se
h a h e c h o a q u í” o las q u e cifra n su p o d e r e n la re p u ta ció n m en os ru id o sa ,
p ero p ro b a b le m e n te m ás só lid a d e u n c o n ce p to g eo m e tr iza n te o parageom etriz a n te d el cu ad ro, no h a y m ás q ue u n p a so . D e a h í al so m etim ien to , n o
h a y m ás q u e u n paso.
(E s n ecesa rio — varios sín to m a s lo h a cen ev id e n te — fo rm u la r cierta s acla ra ­
cio n e s rela cio n a d a s co n n u estra p o sic ió n fr e n te a la p in tu r a “ g eo m é tr ica ” .
A lg u n a s in te rp re ta c io n es ap resuradas o ten d e n c io sa s d e esa p o sició n ( 2) — en
la m ay o ría d e lo s casos a n im a d a s p o r u n d eseo c o n fu sio n ista — p reten d en
ad ju d ica rn o s fren te a e lla u n a a b erran te e in d iscr im in a d a co m b a tiv id a d , cu an ­
d o en re a lid a d , n u estra a ctitu d es p e r fe c ta m e n te d iscrim in a to ria y se basa
sob re e l m ism o re ch a zo q ue nos lle v a , p o r e je m p lo , a d en u n cia r e l lib e r tin a je
“in fo r m a l”, o tod a su b stitu c ió n d e la aven tura cread ora p or la m era rep o stería ,

( 2) E n lo q u e a in te rp re ta c io n e s se re fie re , en u n texto b ilin g ü e que sirv iera de p ró lo g o a l
docu m en to titu la d o : “P IN T U R A A R G E N T IN A ”, el D ire c to r d el M useo de A rte M o d e rn o
de B uenos A ires, D r. R afael S q u irru , m en cio n a al “gru p o P hases”, que capitanea el crítico
L lin á s, con los o jo s p u e sto s en una E uro p a re fin a d a ”.
A l respecto, y sin c u estio n ar la b u e n a v o lu n ta d d el p refacista, consideram os n ecesario fo r­
m u la r c iertas p re c isio n e s:
19) S ería d ifíc il a sim ila r n u e stra activ id a d a n in g ú n tip o de “ crítica de arte ” , salvo q u e se
d isim u le n m e d ia n te u n n o ta b le p a n ta lla z o de d istrac ció n tan to n u estras c o n sid eracio n es so b re
la a rb itra rie d a d d el ju ic io com o n u e stras severas o b jecio n es fren te a la activ id ad c o n sid e ­
ra b le m e n te n u la de los “ c rítico s”.
29) E l D r. S q u irru p a rec e h a b e r c o n sid era d o o p o rtu n o in c o rp o ra r la term in o lo g ía c a s tre n se
a su m e d u la r d e fin ic ió n d el M o v im ie n to P hases. P re sc in d ie n d o de ese recurso a u n o rd e n d e
cosas d ifíc ilm e n te c o n cilia b le con el tem a tra ta d o , es im p e rio so señ alar que P H A SE S es u n
m o v im ien to intern a cio n a l, cuyas a ctiv id a d es se c en traliza n en la ciudad de P a rís ; q u e esas
a ctiv id a d es son d irig id a s p o r el p o e ta E d o u a rd Ja g u e r, y que las p u b lic a cio n es q u e c o n é l
se id e n tific a n so n : “ P h a se s” ( P a r í s ) ; “ E d d a ” (B ru s e la s ); “ II G esto” (M ilán ) y “ B o a”
(B u e n o s A ire s).
39) E n lo que se re fie re a la d e fin ició n p ro p ia m e n te dicha de las actividades de “ B o a” , n o
se nos hace aco n sejab le n in g ú n tip o de transigencia.
¿E so s “ ojos p u esto s e n u n a E u ro p a re fin a d a ” son los n u e stro s o los de q u ie n c o n fu n d e la
a v e n tu ra , el riesgo y la d ig n id a d con u n a m eliflu a gam a de “exquisitas se n sib ilid a d e s” c o n ­
v e rtid a s en panacea de salón o en p o d e ro sas piezas com erciales?
E s b ie n e v id e n te que sólo u n a m ira d a su p e rficial sobre n u e stras actividades p u e d e d a r p o r
re su lta d o esa fó rm u la irris o ria , afincada en una p ro fu n d a in co m p ren sió n . E l p a re n te sc o d e l
“ re fin a m ie n to ” in c rim in a d o , con la re tó ric a que “ B oa” h a denu n ciad o desde el p rim e r m o ­
m en to , es flag ra n te . Y p re te n d e r d e fin ir la a d m irab le y peligrosa activ id ad in v e s tig a d o ra
de los p in to re s de “ P h ases” m e d ia n te una g enérica y a p resu ra d a alusión al m ito b u rg u é s d e l
“re fin a m ie n to e u ro p e o ”, re su lta in g en u o y sintom ático. N uestros ojos están p u e sto s e n el
m u n d o , en u n m u n d o sin fro n te ra s cuyo destin o es el n u e stro . U n m u n d o en ferm o d e c in is­
m o y de dem encia, q u e nos pasea p o r las diversas “ grutas de la m u erte ” de la g u e rra fría
y de la d e stru cc ió n . N uestros ojos están puestos en las p o sib ilid a d es de rechazo y de d e n u n c ia
q u e sólo vem os en carn ad as en la P oesía.
N u estro s ojo s están puestos en la L ib e rtad .

�G ianni Bertini (Ita lia ), Pintura, 1955 (Colección Schettini-M ilán)

p ro v en g a ésta d el com p ás o d e la cu ch ara de argam asa. E s im p e rio so situ a r
e l p rob lem a en dos esta d io s d ife re n tes: el d e n u estra d isen sió n con resp ecto
a u n co n ce p to “co n stru ctiv ista ” d el cu ad ro, a d m itie n d o e l gran in terés q ue
o frece la obra d e verd ad eros cread ores com o F ern á n d ez M uro, O cain p o y H lito ,
y e l de n uestro re ch azo fre n te al d eco ra tiv ism o re la m id o y gra tu ito de la retó ­
rica geom étrica. E n co n secu en cia , la p resen te m en ció n , de n in g u n a m anera
atañe a esos tres p in to re s n i a a q u e llo s otros p o co s, cu y o tra b a jo es e l fru to
de una co n fro n ta ció n con stan te en tre su u n iv erso p síq u ic o y em o tiv o y las
p o sib ilid a d e s exp resiv a s de u na g eo m e tr iza c ió n q u e h o n r a n ).
Es hora ya de a d m itir q ue, a esas grandes co n q u ista s q ue ja lo n a n la tra y ecto ria
d el arte d esd e p r in c ip io s de siglo b asta la fec h a , la “p in tu r a a rg en tin a ” no lia
co n trib u id o en lo m ás m ín im o . E l a n á lisis de las causas a las cu a les p o d ría
ob ed ecer este h ech o , es d el d o m in io de so c ió lo g o s y p sicó lo g o s. P ero el h ech o
en sí, es in n e g a b le. T an in n e g a b le com o lo es, p o r e je m p lo , e l p a p e l d esc o ­
lla n te q ue h a d esem p eñ a d o en esas m ism a s co n q u ista s (so b re to d o en los ú l­
tim o s añ os) la p in tu ra n orteam erican a .
La p reten sió n de re iv in d ica r u n iv e rsa lm e n te lo s su p u esto s v a lo res d e n uestra
p in tu ra, ¿no sería m ás b ien un sín to m a de cla u d ic a c ió n fren te a la gran
e m p r e s a ? ¿O es q u e en n u estro e n fo q u e d el arte, p u ra m en te e ste tic ista y

�CorneiIle (Holanda), Oleo, 1957

artesanal, tratarem os d e u b ica rn o s e n a lg ú n p u esto d esco lla n te d en tro d e lo
su b a ltern o , con la buena aplicación p o r estandarte? ¿ N o p reten d erem o s acaso
el m o n o p o lio d el b u en g u sto ?
F ren te a lo s la cera n tes p ro b lem a s q u e se p la n tea n al arte en n u estro s d ía s,
¿ q u é sig n ifica d o p o d ría ten er ese en fre n ta m ien to m asivo con “la gran c r ític a ” ?
E n d e fin itiv a , ¿n o será acaso m ás im p o r ta n te abocarse a u n a elevación d e l n iv e l,
a u n a co m p re n sió n p ro fu n d a y tra scen d en te de lo que, en p len o añ o 1960,
d eb e sig n ifica r la a ctiv id a d de u n p in to r o de u n p oeta ?
M ás im p o rta n te q ue e l a n á lisis d estin a d o a d iscrim in ar si e x iste o n o u n a
p resu n ta “p in tu r a r io p la te n se ” m ed ia n te la co n fro n ta ció n de gam as de c o lo r
y su r e la c ió n con la lu z de este sector d el co n tin e n te, sería, a n u estro s o jo s,
la p u esta en m arch a de u n se n tim ie n to p ro fu n d o d el m o m en to a ctu a l y d e
u n m eca n ism o crea d o r q ue lo exp resara sin tra icio n es, in d e p e n d ie n te m e n te
d e la s m íseras co n q u ista s q ue co n d icio n a n e im p la n ta n u n a “ q u im era d e l
é x ito ” . U n a p a r tic ip a c ió n activa en la co rrien te central d el arte a ctu a l, d eb e
estar avalad a no p or la b r illa n te a sim ila c ió n de lo que se h a h ech o ayer, sin o
p o r u n a entrega apasionada a esa p ro d ig io sa aventura d el p siq u ism o crea d o r,
m e d ia n te u n le n g u a je sin fro n tera s q ue co n v u lsio n e y trastru eq u e lo s v a lo r e s
le ta le s de este p la n e ta q u e lla m a m o s T ierra.
4

�Yasse T a b u c h i (Japón),
Pintura, 1 9 5 9, Foto Yves
Hervochon.

Osvaldo Borda (A rg en ti­
n a). Oleo, 1959.

5

�LA FAZ DESCONOCIDA DE LA TIERRA
EDOUARD

JAGUER

“H ablad

del

cielo

el

cielo

se

vacía”

P aul E luarb

T o d o c o rría h acia el d e so rd en y hacia la p ro v o c ac ió n , d u ­
ra n te el tie m p o en que d u ró el e sc án d a lo : la N a tu ralez a
—d e q u ie n se dice sin em bargo, q u e tie n e h o r r o r del va­
cío— se o b stin ab a en cercar este v a lle d e lág rim a s con
u n a fran ja de a p arien c ias d iversas según las estaciones,
p e ro en todo caso, m ás ap ta q u e c u a lq u ie r o tro elem ento
p a ra d a r la im p re sió n de ese vacío q u e e l h o m b re b ie n
n acido detesta con m ás fu erza to d av ía que la N a tu ralez a ,
su m ad ra stra . D e tie m p o en tie m p o , alg ú n fu lg o r m ezq u in o
y p a rp a d e a n te , señ alab a esa ineficaz y d e te stab le vastedad,
p e ro el p o d e r le n ific a n te d e los p á b ilo s, rá p id a y con­
g ru e n te m e n te a d v ertid o s, n o m b ra d o s e invocados, se h a­
b ía d e b ilita d o v elo zm en te a n te los o jo s e n ro je c id o s de
los h o m b res de o b se rv ato rio . Y com o p o r o tra p a rte , todo
p a re c ía a n d a r m uy b ie n en este m e jo r de los m u n d o s en
el que los sabios, p a ra c o n v e rtirse en leg ió n , sólo d e b ía n
a d m itir que para ellos, n a d a q u e d ab a p o r d e sc u b rir, h a b ía
llegado la h o ra de c o ro n a r la o b ra e m p re n d id a p o r m edio
d el gran salto, colm ando así la in m en sa lag u n a y dando
al ser h u m a n o el p len o d o m in io de ese in te rm in a b le m a r­
gen de n a d a, de ese ú ltim o feu d o de u n in fin ito in so p o r­
ta b le . ..
H u b o m ú ltip le s ensayos, o tro s tan to s a b o rto s y una m ala
v o lu n ta d e v id e n te p o r p a rte d e a lgunos re ta rd a d o s p e n sa ­
tivos q u e p re te n d ía n “quedarse en la tierra, q u e es tan
lin d a ”, en salzan d o con u n a in sisten c ia de m al gusto sus
“m iste rio s d e P arís” y o tro s lu g ares. P e ro fin alm en te, los
c réd ito s in d isp en sab le s fu e ro n aco rd ad o s sim u ltá n ea m e n te
u n poco en to d as p a rte s : b asta se llegó a a n u n c ia r que
“G hana la n z a ría u n sa télite a rtific ia l en 1970” y todo volvió
al o rd e n — o m ás b ien , fué el vacío q u ie n hizo su e n trad a
solem ne en esa c a p ita l d e l o rd e n : la C iencia— e n el
preciso in sta n te en que u n co m p lejo p ro y e c til, p u e sto en
m ov im ien to p o r el genio in v en tiv o d e l hom o sapiens,
a b an d o n a b a la ó rb ita te rre s tre p a ra e n tra r en la zona de
atra cc ió n de su p rim e ra etap a — Selene— e n esa c arre ra
g ran d io sa a trav é s del vacío. D e la b a rq u illa de la as­
tro n av e , com o u n signo d e ap ac ig u a m ie n to y una prom esa
a los testigos e v en tu ales, se d e sp ren d ió u n trap o e sc a rla ta ;
según se a n u n ció , ese em blem a h a b ía sido som etido a un
tratam ien to especial q u e le p e rm itiría re sistir el in sid io so
tra b a jo de los siglos y, en consecuencia, p e rm a n e c e r in tacto
h asta la llegada d e l p rim e r e x p lo ra d o r lu n a r. E n re a lid a d ,
ese m ism o e sta n d a rte h a b ía su frid o ya d iversas trib u la c io ­
nes y d e te rio ro s : esp e cialm en te en 1956, en B u d a p est, rodan to so b re la san gre y el p o l v o .. . E n 1959, su n u e v a caí­
da — esta vez so b re la L u n a — sellaba la tra ic ió n d e fin itiv a
d el id ea l socialista p o r p a rte de a q u ello s m ism os que
p re te n d ía n re te n e r su m o n o p o lio . E n sus so b e rb io s la b o ­
ra to rio s, los sabios am erican o s p o d ía n fro ta rse las m an o s:
u n a vez m ás, los b o lch e v iq u es no h a b ía n c o m p re n d id o .
P e ro los sabios am e ric a n o s estab an c o n stern a d o s, p o rq u e
ellos tam poco h a b ía n co m p re n d id o .

6

E n cuanto a n o so tro s, ¿ q u é m ás p e d ir? ¿ N o estam os acaso
ta n a d e la n ta d o s? D esde hace a lgunos m eses, to d o s p o d em o s
p e rm itirn o s el lu jo de a g reg a r u n a n u e v a v iñ eta a n u e stro
á lb u m d e im ág en es m e n ta le s; d e a h o ra en a d elan te , sa b re ­
m os a q u é a te n e rn o s con el espacio, p oseem os la ficha
a n tro p o m é tric a — valga la e x p resió n — de la faz desco n o ­
cida de n u e stro satélite. ¿ Q u ié n c an tará la lu m in o sa fa n ­
tasía, la sed in sa ciab le de nu ev o s h o riz o n te s q u e a n im a a
n u e stro s sa b io s? ¡Y con qué n eg ra in g ra titu d n o s a tre v e ­
m os a p a g ar a esos in tré p id o s d e v o rad o re s d e l espacio p o r
in te rp ó sito s m o n o s! ¿Q u é se p u e d e d e c ir? ¡H e a q u í que
esos p re te n d id o s re v o lu c io n a rio s, esos p o etas lib e rta rio s,
se m u e stra n re ac io s a la in c o rp o ra c ió n de u n a n u e v a c u e r­
da a su lira ! (y e n v e rd a d , el g ran c írc u lo de la fam ilia
h u m an a n o p a rec e a p re su ra rse m u ch o a a p la u d ir las p ro e ­
zas del cohete p ro d ig io so y de su escolta d e calabazas m o­
v e d iz a s ...) M ás im p e rtin e n te s to d av ía , lo s p in to re s se
b u rla n de ese in e stim a b le p ro g re s o ; ay er a ú n , en p len o si­
glo d el au to m ó v il y d el av ió n a reacció n , la m ás b e lla
c o n q u ista d e l h o m b re seguía siendo el cab allo . D e ahora
en adelante, será el V acío.
V olvam os a la T ie rra . N o es q u e c o n sid ere m o s e l d o m in io
de la c rea ció n a rtístic a com o esp e cialm en te p iv ile g ia d o .
P o r el c o n tra rio , h o y m ás q u e n u n ca, lo q u e d e b e a to rm e n ­
ta r al p o e ta y al p in to r, es la p re o c u p a c ió n d e e x p e rim e n ­
tar e n div erso s e stad io s la re a c c ió n de lo im a g in a rio q u e
d e sc u b re , so b re la p en o sa re a lid a d , q u e fue sú b itam e n te
e nsanchada a las p ro p o rc io n e s de u n cosm os de b a za r. Lo
q u e vale a n u e stro s ojo s n o es ta n sólo la v ib ra c ió n de
tal o cual c o lo r en el cam po d e l c u ad ro , n i su p o d e r de
rev elac ió n p ro p ia (p u e sto q u e c ie rto s co lo res de M iró o
de M atta tu v ie ro n esa c ara cte rística ) n i tam p o co la m a­
n e ra b a rro c a e n q u e se p ro p a g a u n a “ e m u lsió n ” a través
de ese espacio (n o hace m u ch o q u e C lau d e G eorges, D ova,
V iseux, h ic ie ro n m a ra v illa s e n ese s e n tid o ). Lo q u e cuenta
p a ra n o so tro s de ah o ra e n a d elan te , es el p o d e r d e corro­
sió n q u e el fan tasm a d iso lv en te d e la im ag en , opo nga al
m u ro opaco de u n a re a lid a d u n ifo rm e . P o rq u e la m eta
so b e ran a , la m is ió n ese n cial de la e x p erien c ia p ictó rica ,
ha v a ria d o c o n sid e ra b le m e n te y h asta ha cam biado de
signo desd e la in su rre c c ió n ro m án tica (p e ro , ¿ q u é h a b ría
p e n sa d o L ic h te n b e rg de esos e n ja m b re s de p ro y e ctile s a
los cu ales n o les falta n ad a m ás que la ra zó n de s e r ? ) .
T an to los esp e ctad o re s com o los creadores, estim an a m e ­
n u d o p re fe rib le ig n o ra r ese vuelco decisivo de las re la c io ­
nes e n tre la fu n c ió n (social, decorativa, e tc .), q u e p o r
ru tin a se asigna todavía a la o b ra de arte y su c rític a
situ ac ió n re a l, en u n e q u ilib rio p re ca rio e n tre el espacio
fo rm al tra d ic io n a l y u n espacio re v o lu c io n a rio de filia c ió n
o n íric a en el cu al la re cre ac ió n de la re a lid a d p ro c e d e de
u n m o v im ien to d ialéctico , en el que c o n te m p la c ió n y
acción ( “ co n te m p la cc ió n ” d iría M atta) fo rm an la cresta de
una m ism a ola, ya q u e el e sp ectad o r p u e d e a su vez con-

�Jacques Lacomblez (Bélgica),
cosecha", Oleo, 1958

La gran

v e rtirse en c rea d o r, m e d ia n te la in fin id a d de in te rp re ta ­
ciones q u e lo so lic ita n — a ú n cu an d o , id ea lm e n te , esas
in te rp re ta c io n e s n o lo a rra s tre n a l su ntuoso n a u fra g io de
las n o cio n es o rd in a ria s.
A sí p u es, p a ra el p in to r, no se tra ta ya de c o m p lacer el
ojo m e d ia n te u n “ sa b e r h a c e r” fu e ra d e te m p o ra d a y m e­
nos a ú n de c o m e n ta r se rv ilm e n te u n aco n tec im ie n to o u n a
situación d a d a d e la re a lid a d e x te rio r. Id e n tific á n d o se í n ­
teg ra m e n te c o n el p o e ta , será e n lo sucesivo ta m b ié n él,
“ a q u el q u e in sp ira ” . Es fá cilm e n te c o n ce b ib le qué sensible
in stru m e n to p o d ía y p u e d e a p o rta r to d av ía a la in s ta u ra ­
ció n d e esa poesía recíproca la e x p lo ra ció n de los nuev o s
“ espacios a b strac to s”, d e B ry e n a B e rtin i, de P a a le n a K .
0 . G otz, de H u ltb e rg a R e u te rsw á rd y a D u p re y ; ese
in stru m e n to es el ú n ic o q u e p o d e m o s re te n e r to d av ía con
toda lib erta d , m ie n tra s q u e p o r encim a de n o so tro s, consu­
m an d o ju n to s u n a tra ic ió n in ic ia d a se p a ra d a m e n te, p o líti­
cos y físicos se a p re su ra n a d e sm an tela r lo que a ú n q u e ­

daba en p ie de la R e v o lu c ió n y de la ciencia. D u ra n te la
ocu p ació n , u n o de m is v iejo s am igos a co stu m b rab a a h a c e r
esta p re g u n ta : ¿ e x iste n to d av ía cruces q u e n o sean gam ad a s?
A c tu alm en te, te n d ría m o s d erech o a p re g u n ta r:
¿ e x iste n to d av ía b a n d e ra s q u e sean ro ja s ? E l h o m b re ,
ta l cual lo con ceb im o s e n n u e stro s días, n o tie n e p o r
c ie rto g ra n p o sib ilid a d d e sa lir in d e m n e d e se m e ja n te
ju eg o de in g e n u o s ; p e ro e sforcém onos p o r lo m en o s p o r
c o n se rv a r in ta c ta esa p o sib ilid a d , sim u ltá n e a m e n te e n ca r­
n a d a e n a lgunos p o em as, e n a lgunos c u ad ro s, re aliz a d o s e n
d ife re n te s p u n to s d e ese globo q u e se nos q u ie re h a ce r
v e r com o a n tic u a d o : in m a te ria l, p e ro lig a d a e stre c h a m e n te
a la m a te ria lid a d d e l m u n d o en q u e v iv im o s; irre d u c tib le ,
p e ro re d u c ie n d o a la frá g il v e rd a d d e l e nigm a las con­
tra d ic c io n e s m e jo r e s ta b le c id a s ... E l p o e m a , hoy m ás q u e
n u n ca, exige ser “escrito sobre una bandera en llam as” ( x) .

(! )

T ítu lo d e u n lib ro d e p o em a s d e A c h ille C havée.

7

�C uando son los “ a rtista s” q u ien es g rita n “ ¡al lo c o !” , no
tie n e n n in g u n a p o sib ilid a d d e ser escuchados. Y sin em ­
b a r g o .. . ¿D e qué lad o están situadas la v o lu n ta d , la lu c i­
dez, la au d acia, a lo larg o de estos ú ltim o s tre in ta añ o s:
d e l lad o de R en e M ag ritte que, h acia 1930, p in tó “ casca­
b eles ro sa d o s” a p are n te m en te ab su rd o s sobre u n cielo
p ro fética m en te “ e n jiro n e s ”, d ando así a los astutos la
o p o rtu n id a d de em belesarse, o d e l lad o d el P ro fe so r
K h lo v sk i, astró n o m o soviético, con cuyo re c ie n te descu­
b rim ie n to , u n siglo de m a te ria lism o re v o lu c io n a rio d e­
sem boca e n esta e n o rm e n e g ac ió n : P h o b o s y Dei'm os, las
dos lu n as de M arte, e l p lan e ta ro jo ( ! ) , n o se rían m ás
q u e satélites a rtificiale s —p e rfe c ta m en te huecos— la n z a ­
dos, según se afirm a, hace m illo n es de años, p o r sabios
m arcian o s d otados de pro d ig io so s cono cim ien to s b alístico s?
L acerado p o r los conos de los p ro y e ctile s, el cielo de los
h o m b res q u e se asem eja a la tie rra de los h o m b res com o
dos gotas de a g u a rd ie n te , se venga in flig ien d o a lo s fu tu ro s
sim posios a stronóm icos el enigm a grotesco de los dos
cascabeles m etálicos p e rd id o s en la n o ch e de los tiem pos,
no h a b ie n d o h a lla d o a q u í m ás q u e u n a im agen y u n eco:
u n a im agen q u e guarda intacto s, al cabo de tre in ta años,
su p o te n c ia l de sorpresa y su v a lo r e m o c io n al; u n eco
m isera b le de lo que fue c ie rta esperanza en la q u e las
n o cio n es d e ciencia, de p oesía y de re v o lu c ió n , estaban
asociadas todavía en una p e rsp ec tiv a ú n i c a .. .

C uando los so ñ ad o res hom ologados, vale d e cir, los poetas,
los p in to re s, g rita n “ ¡a l lo c o !”, no tie n e n n in g u n a p o si­
b ilid a d de ser creídos. Y sin em bargo, ¿ se d eb e acaso a
su m alsan a in te rv en c ió n , el q u e la ciencia haya d e ja d o de
lad o sus o b jetiv o s in m e d iato s (q u e c o n sisten e n aseg u rar
u n a vida m en o s p re c a ria p a ra la especie h u m an a , m enos
p re c a ria y n o falsam ente acolchada de p a n ta lla s de te le ­
v is ió n ), p a ra cabalgar p o r esas exten sio n es galácticas
desd e hace tan to tie m p o d e se rta d as p o r la gracia m ito ló ­
gica? ¿ E s p o sib le a ú n u sa r sin irris ió n la p a la b ra “p ro ­
greso” p a ra c alific ar u n m o v im ien to q u e se niega a sí
m ism o, re tra sa n d o in d e fin id a m e n te las c o nquistas p o sib les
e n p ro v e ch o de in ú tile s y d isp en d io so s extravíos, fu en tes
d e u n a p u ja e n la cual lo s ad v ersa rio s de ayer, en el
m arco de u n a así lla m ad a “ coexistencia p acífica” agotarán
sus fuerzas, com o lo h ic ie ro n en la “b e lla época” de la
c arre ra h acia el átom o y d e la “ g u e rra fría ” ? ¿O , p o r el
c o n tra rio , es n ecesario estig m atizar, d e n u n c ia r d e sp iad a­
dam ente ese p re te n d id o p ro g reso com o la p e o r tra ic ió n
q u e la h isto ria h u m an a haya re g istra d o ?

N o veo q u ié n sino los po e ta s y los p in to re s p o d ría n con­
v e rtirse e n los a rtífice s d e esa d e n u n cia, p u e s si b ie n la
cu estió n se im p o n e a todo h o m b re , golpea con m ayor
agudeza a aq u ello s que, p a ra d e sc u b rir y de sc ifra r, sólo
c u en tan con u n a h e rra m ie n ta e sp iritu a l. ¿ D e qué lado
d e b en a lin e a rse ? N u e stra elecció n es ya conocida y es a
p a r tir de ella q u e hay q u e b u sc a r la s in cid e n cias precisas
q u e esa nueva situ ació n p u e d e y d e b e te n e r so b re la crea­
ción artística.

T o d o p arece in d ic a r q u e la tare a m ás u rg e n te co n siste en
a ctiv ar la a p a ric ió n de u n contra-delirio (e n el sentido
e n q u e se lev a n ta u n contra-fuego p a ra salvar el bosq u e
d e l in ce n d io q u e se e x tie n d e ). P e ro es p re ciso e n te n d e rs e :
h a y q u ien es sim u la n el d e lirio en p ro v ech o de los m ás
d udosos im p e rativ o s com erciales, cuando n o p o n e n sus
rú b ric a s coléricas o sus m o n to n e s co p ro m ó rfico s al servicio
d e la p e o r re ac ció n p o lítica . Los años tra n sc u rrid o s e n tre
1945 y 1960 fu e ro n , p a ra la vida in te le c tu a l e n g e n era l y
p a ra el a rte d e v a n g u ard ia e n especial, años de crisis.
P e ro de n in g u n a m an e ra a esa crisis c o rre sp o n d ió u n
d e te n im ie n to e n las técnicas d e l d e sc u b rim ien to artístico.
P o r e l c o n tra rio : en sus com ienzos, esa crisis pro v o ca y
fav o rece la irru p c ió n de nuevas fó rm u la s de creación, fór­

8

m u las que en fu n ció n de su n o v ed ad , de su aspecto in é d ito
q u e tra sto rn a todas las convenciones ó pticas p re v ia m e n te
ad m itid as, se m u estra n g e n era lm e n te capaces de b a starse a
sí m ism as, m ás allá de toda p re o cu p a ció n estética o m o ra l.
Lo m ism o sucedió a p rin c ip io s de siglo con el fauvism o, en
el cual la exaltació n d el co lo r a trav és de lo que e n to n ­
ces p a rec ía u n paro x ism o , hacía o lv id a r o p e rd o n a r la
to ta l carencia im a g in ativ a que c aracterizab a a esa escuela.
N o o b stan te, toda re b e lió n e n el p lan o de los m edios que
carezca de p o d e r im a g in ativ o , re su lta incapaz de tra n s­
fo rm arse en re v o lu c ió n v e rd a d e ra y d eg en era rá p id a m e n te
en sistem a. A cabam os de asistir a u n fenóm eno sem ejante
con la eclosión, el c rec im ien to , la in fla ció n y, fin alm en te,
la h ip e rtro fia y el disecam ien to en u n nuevo form alism o
de las investigaciones cuya am algam a fué calificada con
diversos n o m b re s: “ a rte o tro ”, “in fo rm a lism o ” o “ tachism o” . A la distan cia, esas ten ta tiv a s a p arecen ta n in d ig e n tes
com o el fauvism o con re la c ió n a las facu ltad es de e x alta ­
ción po é tic a d e l p e n sa m ien to y de la in v estig ació n de
te rrito rio s p síq u ico s to d av ía nuevos. P u e d e n establecerse
aun otras co m p a rac io n es: e n lo s fauves, se tra ta b a al p rin ­
cipio de una reacció n c o n tra las ten d e n cia s lla m ad a s “l i ­
te ra ria s” o “ m ísticas” d e l sim b o lism o y d el g ru p o de PontA ven (no digo q u e esa re la ció n fuese fo rzo sam e n te cons­
cien te) . E n los in fo rm a les, de u n a reacció n c o n tra el ca­
rá c te r “lite ra rio ” de la im a g e n su rre alista, o “fo rm a lista ”
de la a b stracció n c o n stru ctiv ista. (E ste ú ltim o re p ro c h e ,
es necesario p re c isa rlo , p a rec e m e jo r fu n d a d o , y n u e stro
am igo José P ie rre expresa p o r o tra p a rte la desconfianza
q u e se p u e d e lle g a r a e x p e rim e n ta r fre n te a c ie rto re to rn o
ofensivo de lo q u e se ha convenido en lla m a r “ la a bstracción
fría ” ) . Sin em bargo, los fauves no h ic ie ro n m ás q u e re to ­
m a r y ex acerb ar las c o nquistas fo rm ales d e l im p re sio n ism o ,
y los “ tach istas” (p o r lo m en o s los de la segunda o la ),
sólo to m a ro n , a p artán d o la s d e su m eta de re v elac ió n p sí­
quica y poética las co n q u istas d el a u to m atism o explo tad o
p o r el su rrealism o y ciertos crea d o res d e la a b stracció n
líric a (H a rtu n g , W ols, B ryen, S ch n eid er, Soulages, Jo rn ,
C o rn e ille y los p in to re s de “ C o b ra” en E u ro p a ; G orky,
P o llo ck , S till, R io p elle, de K o o n in g , en A m é ric a ). T a m ­
b ié n a h í la d esviación es fla g ra n te : u n m ed io re v o lu c io n a ­
rio p o r excelencia e n tan to q u e ta l, el a u to m a tism o , se ve
desviado p o r su u tiliz a c ió n com o fin en sí, sistem a fo rm al
c erra d o a toda v e le id ad de in te rp re ta c ió n p o é tic a, d e in ­
terc am b io con el e sp ectad o r, p o rq u e esas m anchas, esos
charcos o esas ráfagas de c o lo r no e stán en n in g ú n m o m en ­
to puestas e n situ a ció n y n o d eb en su b rillo e v en tu al n i a
u n a fru ctu o sa in te rio riz a c ió n (com o con W ols, G orky,
B ry e n o D ax) n i a la e x p resió n de u n a a u té n tic a “fu ria
d e v iv ir” (P o llo c k , c iertas telas de H ans H o ffm an n , las
p rim e ra s de R io p e lle ) .

P e lig ro sa m e n te z am arread o e n tre los fastos apacig u an tes
del re c u e rd o y los señuelos de la a n tic ip a ció n , el h o m b re
actu al escapa a esa evidencia (¿ p e ro la ev id en cia es acaso
o tra cosa que u n disfraz m ás engañoso que los o tro s en
el b a ile d e lo in co g n o scib le? ) : lo im a g in ario es la re a ­
lid a d q u e p erm a n ece fre n te a n o so tro s y sobrepasa am ­
p lia m e n te toda m o ra le ja novelesca resp ecto a los vehículos
cinco, diez o x . . . veces m ás rá p id o s q u e el sonido o que
la luz. E l p o e ta , escrib a o p in te , es actu alm en te a q u el
q u e no le bu sca cinco p ies al gato, a q u el q u e c rista liz a
el tie m p o y el espacio en im ágenes cuyo abso lu to sólo
p u e d e ser valuado al m arg e n de toda m ed id a ra cio n al, a la
lu z de u n a se n sib ilid a d q u e d e b erá som eter, ta rd e o te m ­
p ra n o , e l d o m in io im p a rtid o a la solem ne “ra z ó n ” , salvo
q u e zo zo b re n tan to la u n a com o la o tra y q u e to d as las
co n stru ccio n es a rtific ia le s concebidas p a ra p ro p u ls a r al
h o m b re fu e ra de sí m ism o, se desplom en al u n iso n o en u n
ú ltim o grito.

E stá m uy b ie n v a tic in a r, se nos d irá, ¿ p e ro d ó n d e estáis
vosotros m ism os? C iertam en te. P o r e je m p lo , será fácil

�Ju a n Langlols (A rgen tin a), "A fin id a d es espec­
tra le s ", Oleo, 1958

a d m itir con Lasse S ó d e rb e rg ( 2) q u e “la nueva p in tu ra en
E spaña no es una a ventura p u ra m e n te estética” ( s i n o ) . . .
“la e xp resió n m ism a de las fo rm a s creadoras re p rim id a s en
e l h o m b re d u ra n te dem a sia d o tie m p o . . . una p in tu ra de
resisten cia ”, a u n q u e en la B ien a l d e Y en ecia de 1958 “un
patronazgo o fic ia l /y n o so licita d o ” le fu e aco rd a d o p o r
p a rte de los o rg an ism o s a d m in istra tiv o s de ese p aís. P e ro ,
¿ q u é p e n sa r si el e quívoco d e ese sostén no so licitad o ,
d e ja de ser o casio n al y si e n P a rís, e n tre o tra s ciu d ad es,
u n c o n ju n to d e o b ra s de jó v en e s p in to re s españoles, es
p re se n ta d o p o r u n em isa rio o ficial d el g o b iern o falan g ista
com o u n a p ru e b a de lib e ra lism o p o lític o ? E n ese te rre n o ,
re su lta im p o s ib le to le ra r n in g u n a c o q u e te ría con el “ siglo”
y es p re ciso a p la u d ir el hecho d e q u e p o r lo m enos dos
de los p a rtic ip a n te s h a b itu a le s en las exp o sicio n es espa­
ñolas en el e x tra n je ro , h ay an to m ad o la v a lie n te in ic ia tiv a
de d esinteresarse de la su e rte de tale s m an ifestac io n e s. La
a d hesión a las ú ltim a s y p re c a ria s p o sib ilid a d e s d e la li­
b e rta d , im p lic a p o r p a rte de a q u ello s q u e c o n sie n te n en
su ace p ta c ió n c o n co rd a n te , la necesid ad in e lu d ib le de
ciertos re ch a zo s: es p o r esa ra z ó n que, u n a vez pasad o
cierto p e río d o d e a c o stu m b ra m ie n to , sería im p o s ib le sus-

(2) “E n B arcelona y en M a d r id : p in tu r a y v erd a d ”, in
“C ahiers d u M usée d e P o ch e”, A 9 2, ju n io d e 1959.

c rib ir la tesis según la cual, e n esos p a íses q u e son h o y
E sp a ñ a o P o lo n ia (a y e r e ra A le m a n ia, m añ a n a C hecoslo­
v a q u ia o E g ip to ), la defensa de la v a n g u a rd ia d e b a ser
c o n sid e ra d a com o u n to d o — p u d ie n d o así ser c o n v e rtid a
en c o artad a p o r a q u e llo s m ism os h a cia q u ie n e s ib a n d iri­
gidas su re p ro b a c ió n y su d e n u n c ia ! Y o le e sc rib ía r e ­
c ie n te m e n te a u n am igo e sp a ñ o l q u e , al rev és de lo q u e
sucede en n u e stra q u in ta R e p ú b lic a (y a su re sp ec to n o
sabem os q u é nos re serv a e n ese te rre n o , d esp u és de las
d e c lara c io n e s e d ifica n tes m e d ia n te las cuales el Sr. M a lrau x
p re p a ró la j ir a p o r S u d a m érica d e l Sr. M a th ie u ), lo q u e
se lla m a c o rrie n te m e n te “ a rte o tro ” , p u e d e c o n s titu ir to ­
davía u n v a lo r re v o lu c io n a rio y u n m ed io d e e m a n cip a ció n
d e l c o n fo rm ism o a m b ie n te , e n a q u e llo s p a íses q u e p e r­
m a n e c ie ro n d u ra n te m u ch o tie m p o se p a ra d o s in te le c tu a l­
m en te d e l resto d e l m u n d o . E l fam oso ad ag io q u e dice
“ lo q u e es m e n tira de este lad o de los P irin e o s , d e l o tro
lad o es v e rd a d ” , p o d ría e n c o n tra r en este caso u n a a p lic a ­
c ió n ju stific a d a . P e ro esa d istin c ió n tie n d e d ia a d ía a
p e rd e r su ra z ó n de ser e n la p re cisa m e d id a en q u e el
a isla m ie n to de esos países se a te n ú a, e n q u e b a jo la p re ­
sió n d e im p e ra tiv o s económ icos se in s ta u ra n e n ellos
c o n d ic io n es de vida m ás lib e ra le s y en que, p o r ta l ra zó n ,
las o b ra s h a sta en to n ces ap en as to le ra d a s, p u e d e n ser re ­
v e la d as al p ú b lic o e x tra n je ro y lle g a r a c o n v e rtirs e e n u n a
especie de m o n e d a d e ca m b io .

9

�Gianni Dova (Ita lia ), “ La a cech a n za ",
Oleo, 1956

N o creem os en la p o sib ilid a d de ahogo de una form a
p ic tó ric a m e d ia n te la ex ten sió n p ro g resiv a de u n a toxina
q u e le sea p ro p ia . P e ro no p u e d e ser v a le d era m en te ex­
c lu id a la p o sib ilid a d de que, u b icad a b a jo una luz e q u í­
voca, u n a form a p ictó rica se m a rc h ite y se co rro m p a , del
m ism o m o d o en que se p u d re u n trozo de carn e en una
atm ó sfera viciada. A sí, a p a rtir d el m o m en to en que tal
o cual o b ra de ap arien c ia “ in fo rm a l” ( 3) , que es aún,
“ de trá s de los m o n te s” , la e x p resió n in n eg a b le de cierta
re b e lió n d e in co n te stab le v a len tía, es expuesta en P a rís,
se c o n v ie rte in só lita m e n te e n p u n to de apoyo d e las in ­
vestigaciones fo rm alm en te su p e rad a s de aq u ello s q u e son
a q u í los aliad o s p o lítico s (M ath ieu , H a n ta i ) de todo a q u e ­
llo a lo cu al se op o n ía —y se o p o n e aún o b jetiv am en te —
la acción de el gru p o “ E l P a so ” . E n el extrem o opuesto
d e lo q u e se ha dado en lla m a r el ta b le ro p o lítico , no sería
d ifíc il que m añana se tra te de u tiliz a r con fines d iv ersa ­
m en te o p o rtu n ista s la activ id a d a d m ira b le de cierto s p in ­
to re s polacos. C uando en re a lid a d , lo que esperábam os,
lo que esperam os sie m p re de u n T ad eu sz K a n to r, de u n
A n to n i T ap ies, de u n M odest C u ix art, de u n Ja n L ebensztein , com o de to d o s los o tro s crea d o res c u alq u iera que sea
su tie rra de o rigen, es la im p la n ta c ió n de una poética
org án ica q u e re co n c ilie y tra s tru e q u e las exigencias de la
creació n y de la m ed itac ió n , el m o v im ien to d el m u n d o y
la conciencia de su in m e n sid a d .
Lo esencial re sid e en la frecuencia de aux ilio de una obra,
en el cem ento q u e a p o rte al m u ro de la se n sib ilid a d ; lo
esencial consiste en q u e u n a o b ra nos o b lig u e a p a rtic ip a r
en los espasm os q u e m o d ela n su a rq u ite c tu ra subyacente.
Lo dem ás es sólo cu estió n de m oda, q u e nos co n ciern e
solam en te en la m ed id a en q u e debem os d e fen d e rn o s de
ella1: los m ism os que hace poco “ in fo rm a liz a b a n ” la b o rio ­
sam ente sus abstraccio n es frías d esm onetizadas, son m uy (*)

(*) S o n bien conocidas las graves reservas q u e expresé so­
bre esa palabra y la de “ta ch ism o ”, desd e el m o m e n to m is­
m o d e su aparición.

10

capaces de “ s u rre a liz a r” m añana sus tostadas excrem enciales, si se v ie ra n e n la n e ce sid ad táctica de h a c e rlo . ¿ P e ­
ro esa am enaza de u n a su rre a liz a c ió n to ta lm e n te a rb itra ria ,
p u e d e acaso afectar al su rre alism o au té n tic o en o tra p ro ­
p o rc ió n q u e no sea a q u ella ta n b a n a l de la c o n fu sió n con
sus su b p ro d u c to s m ás o m enos a n ecd ó tico s? P a ra co n v en ­
cerse de ello h a b ría q u e su sc rib ir la p av o ro sa n o c ió n de
u n su rre alism o re d u c tib le, lo que e q u iv a le a n e g a r la evi­
d e n c ia : en efecto, to d a la h isto ria d e l su rre alism o , p ru e b a
q u e ese m ov im ien to no es re d u c tib le , n i a las d im en sio n es
de u n a agenda h istó ric a p o r m ás lu jo sa m e n te ilu stra d a
q u e se la p re sen te , ni a ese “ ju eg o de e n tra d as y salidas
in d iv id u a le s” que A n d ré B re tó n evocaba re c ie n te m e n te (4 )
con la d e se n v o ltu ra q u e lo c a ra c te riz a ; n i a ú n al v alo r
p u ra m e n te in d ic a tiv o de u n tem a de exposición.
Lo esencial re sid e en la p o ten c ia de e x p lo ra b ilid a d de una
o b ra, in d e p e n d ie n te m e n te de los o rn a m e n to s que a d o rn en
la p u e rta q u e ella nos a b r a : y en ese sen tid o , p a ra m í, no
lia sido a lte ra d a en lo m ás m ín im o la p rim e ra y p u n z an te
em o ció n e x p erim e n tad a fre n te a c iertas o b ra s ab stractas
(de K u p k a y de F re u n d lic li) y, al m ism o tie m p o , fren te
a u n a re p ro d u c c ió n de “ La D u rm ie n te ” de T oyen. D esde
entonces, la o lead a de m ara v illa n o ha hech o m ás que
e x te n d erse lle v á n d o m e c onsigo: d e M atta y B ra u n e r a
C o rn e ille y A lechinsky, de H é ro ld y F re d d ie a Baj y
L acom blez.
P o r nuevas y “ ab strac ta s” que sean las form as en las
cuales p a re c e n q u e re r e n ca rn arse a h o ra, los p rin c ip io s de
acción d e fin id o s p o r el su rre alism o desde 1924, siguen
siendo hoy com o ayer, los q u e m ás nos ofrecen una p o ­
sib ilid a d de rech azo , fren te al “viento de c re tin iz a c ió n ”
que sopla al u n íso n o , u n poco de to d as p a rte s. A la espera
— c o n tra to d a p ro b a b ilid a d — de que de la ex trem a izq u ie r-

( 4 1 “A los expositores, a los v isita n tes”, in “E x p o sitio n
In tern a tio n a le d u S u rréa lism e 1959-1960”.

�da p o lític a se eleven n u eva s voces ¿ e l a rte d e b e c ap itu la r,
fu n d irse e n la m u ra lla co lo r d e fango y de ted io q u e los
in d u strio so s excavadores de g u ard ap o lv o b lan c o p re te n d e n
elev ar a las e strellas — o, p o r el c o n tra rio , d ebe e x tra e r
d e ese rechazo de lo in m e d iato la m agia e ru p tiv a que
h a rá su rg ir nuevas e strellas de la n a d a de la v isió n o rd i­
n a ria ? E n ese d o m in io to d o es p o sib le, m ie n tra s q u e n in ­
gún m atem ático lo g ra rá jam ás e n u m e ra r las caras d e l dado
d e l co n o cim ien to — salvo q u e em p le e esos dados cargados
que vem os ro d a r con c o n stern a n te m o n o to n ía de un
“ v e n cim ie n to ” al o tro en los garito s de las conferencias
de to d o tip o .
C ierta m e n te , el a rte ta m b ié n tie n e sus tram p o so s, y re su lta
e d ifica n te c o m p ro b a r qué estrech a c o m p licid ad lig a en ese
te rre n o fó rm u la s c o m e rcia lm e n te d ifere n te s com o los co­
m edones a nam órficos de S alvador D a lí y las rú b ric a s es­
tere o tip a d as de u n M ath ieu . P e ro q u e u n p in to r o u n
p o e ta se n ie g u e n a a b d ic a r y todo u n aspecto d el m u n d o
q u e d ará co m p ro m etid o p a ra siem pre. A sí, B e n ja m ín Pére t nos lia d ejado. P e ro aq u ellas p a la b ra s que él h a lib e ­
ra d o de sus tab ú e s, n o v o lv erá n jam á s a la m isera b le p o ­
cilga e n la cual el “ sen tid o co m ú n ” las ten ía a p risio n a d as.
Sin él, com o e sc rib ía re c ie n te m e n te A la in Jo u ffro y , “n u e s­
tras relaciones con lo im p o sib le , serían m á s d ifíc ile s
L lam an d o “tabaco a lo q u e es o reja ”, n o m b ra n d o com o p o r
p rim e ra vez el d istrib u id o r a u to m á tico o la la ta de sa rd i­
n as, c o n fiá n d o n o s el secreto de ese in m e n so alm acén de
farsas y de tram p as q u e es el m u n d o d el o b jeto , P é re t lia
desenm ascarado, a los ojos de n u m ero so s h o m b res nacidos
e n tre 1895 y 1940, la im p o s tu ra m ay o r de la lla m ad a re a ­
lid a d , a b rie n d o u n a v ía p a ra la m ás co n scien te de las re ­
b elio n e s c o n tra u n a “ re a lid a d ” que nos rechaza con sem e­
ja n te carcajadas.

conocida, se abre en el h o m b re , ese insaciable conq u ista d o r
de espacio y d e tie m p o , un m u n d o m o v ie n te y sin lím ite s,
cuya e xp lo ra ció n apenas c o m ien za y p ro b a b le m e n te , para
su gran alegría, rec o m ien c e cada día”.
A firm ada en las m ag istra le s co n q u ista s re aliz a d as e n tre los
años 1900 y 1950, la p in tu ra de alg u n o s, la p oesía de otros,
tie n e n c ie rta te n d e n c ia a d o rm irse e n los la u re le s, a la
m anera d e u n a m arm o ta que h u b ie ra o ído h a b la r de h ib e r­
n ació n y q u isie ra p ro b a r que ella p u e d e h a ce rlo m e jo r. Los
v a lo re s re v o lu c io n a rio s en p o lític a p a re c e n congelados, ¿no
es v e rd a d ? E n to n ces, ¿ p o r qué no h a ce r lo m ism o?
P ues b ie n señores, ¡a d e la n te ! Sin el m e n o r re m o rd im ie n to ,
os d e ja rem o s en v u e stras b u llic io sas cárceles de v id rio y
p ro se g u irem o s el e x altan te d e sc u b rim ien to de esa faz des­
c o n o cid a de la tie rra , d o n d e n u n c a n a d a se re p ite , p o rq u e en
ella re in a la so rp re sa a cada in stan te . R e sig n áo s: la fiesta
c o n tin ú a y vosotros n o sabéis nada.

César Baldaccini (Fran cia), " L a T o rtu g a ", Hierro, 1957
De una p u lsa ció n se m ejan te , am alg am an d o todos los o b je ­
tos en su gran re sp ira c ió n , m anchas, triá n g u lo s y em blem as
salvados d el fuego c e n tra l de o tra s épocas y otras c iv ili­
zaciones (L am , B ra u n e r, B a u m e is te r), d ebe p ro c e d e r el
gesto p ictó rico — ya sea éste fu lg u ra n te o larg a m e n te con­
certad o , p u e s a q u í volvem os a caer en las cuestio n es fo rm a ­
les y la de la ra p id e z de e je cu c ió n d el poem a o d el c u ad ro ,
m e p a rec e ociosa e n tre todas. Los ju eg o s o los d u elo s de
to d as las fo rm as cuya v ista tie n e u n grueso in te rio r desde
la edad de las cavernas, c o m p arad o s con ese rechazo
de a b d ic ar, te rm in a rá n p o r h a ce r in to le ra b le s las su p e r­
ch erías de todo tip o , no p o r su cínica tran sp a re n c ia m enos
n o c iv a s: a fu erza d e v iv ir en u n a cárcel de v id rio , el ser lle ­
gó a te n e r la certeza de q u e e ra lib re . P e ro sólo p o d rá serlo
v e rd a d e ra m e n te , cuan d o v uelva a la tie rra , una d e cuyas
faces, c o n sta n te m e n te cam b ia n te, q u e d a aún p o r descubrir,
y e n la q u e los m o n tes y las m ara v illas n o e stán fijo s e n u n
tra n q u iliz a d o r e m b o ta m ien to , sino que p a sa n de u n estado
al o tro con u n fren e sí q u e es la m e jo r ju stific a c ió n de la
e sc ritu ra a u to m á tica — si a d m itim o s q u e “ la tie rra es un
h o m b re ” y q u e en la b ú sq u e d a de esa id e n tific a c ió n el a r­
tista n o h a rá jam á s o tra cosa que re e n c o n tra rse a sí m ism o.
N o m b ra n d o la e sp ira l loca, la e stru c tu ra o rto g o n al, o la
e xplosión dem oníaca en la q u e n in g u n a fig u ra h a e n c o n tra ­
do a ú n su sem ejanza, o esa ro d a ja lív id a a rra n c a d a de la
Y de T an g u y , o esa h a rm ó n ica lu m in o sa en la que se toca
“ La ciu d a d e n te ra ” de M ax E rn st, el a rtista , irre m isib le m e n ­
te y sin fio ritu ra s m isticas, in ic ia la c o n q u ista m a te ria l y
to ta l d e esa fa z desconocida d e la tierra, q u e es el único
lu g ar en d o n d e podem os p e n sa r que re sid e la salvación.
H ace ya v a rio s años, M au rice H e in e — u n o de los o rg a n iz a ­
d o res en 1920 d e l C ongreso de T o u rs que asistió a la fu n ­
d ación de la S. F. I. C., fu tu ro P . C. F., p e ro so b re to d o , el
d e sc u b rid o r y ^ex altad o r de Sade— e sc rib ía : “ V erd a d era m en ­
te , si sólo queda sobre la tierra una e xten sió n lim ita d a des-

�EL

JOSE

ULTIMO

CUADRADO

PIERRE

T o d o arte se v u e lv e decorativo, cuando le falta
la p ro fu n d id a d d e expresión.
P iet M ondrian

D u ra n te estos ú ltim o s años, creíam os h a b ern o s d esem ba­
razado d em asiado fácilm en te de esas re la m id a s figuras
geom étricas q u e cierto s lite ra to s m asoquistas p re te n d ía n
(no sabem os b ie n p o r qué) c o n v ertir en la cúspide de la
p in tu ra m o d ern a. ¡ Qué e n ce g u ec im ien to !: no se tra ta b a
m ás que de una o cultación, q u e hoy, a favor de las circu n s­
tancias, e n cu e n tra su salida. E n efecto, a fines de 1959,
la b e lla e in ofensiva revista “ L’ O eil” , se co n v ierte en el
cam p eó n d el R e n acim ien to (d e l c u a d ra d o ).
N o se tra ta de u n a ccid en te: los tres n ú m ero s aparecidos
e n tre los m eses de se p tie m b re y n o v iem b re de ese año,
d e sa rro llan co n scientem ente una cam paña sistem ática y de
larg o a lie n to que se p ro lo n g ará — con toda se g u rid ad —
en 1960. El señ or G uy H a b asq u e desem peña en ella el
p a p el de b a tid o r y el señor M ichel S eu p h o r, el de p rim e r
fu silero . Sus reg istro s y sus in te n c io n e s d ifie re n h á b il­
m e n te : el p rim e ro invoca el eclecticism o y la im p a rcia lid a d ,
m ie n tra s que el segundo, ju eg a al p ro feta in sp ira d o e in e ­
x o rab le (1 ). P e ro en todo caso, su o b jetiv o no es otro
que el de p ro m o v e r el re su rg im ien to de la p itu ra “ cons­
tru c tiv a ”. R esu lta in te re s a n te an aliza r so b re qué bases
se fu n d a ese re su rg im ien to y sopesar sus p o sib ilid a d es
d e éxito, diez o doce años después de la p rim e ra gran
ofensiva de los “c o n stru cto res” .
La tesis q u e se nos p ro p o n e , tie n e la v e n ta ja de encadenar,
con g ran sen tid o lógico, dos p ro p o sic io n e s q u e se nos q u ie ­
re h acer p a sa r p o r c o ro la rio s: en p rim e r lu g ar, la ab strac­
ción no geom étrica, está “ fin ita ” ; en segundo térm in o , la
a b stracció n geom étrica debe re to m a r su p u esto de “ ve­
d ette” . Es c o n v en ien te ex am in ar el v a lo r de estas a fir­
m aciones, antes de su scrib ir (o n o ) la “ re-con strucción”
d e n u estro p a trim o n io p ictó rico .
R esulta so rp re n d en te esa a d h esió n in g en u a a las leyes
de u n a fa ta lid a d h istó ric a con ceb id a m ecánicam ente, m e­
d ian te la cual u n m o m en to de co n ce n tra c ió n sería re g u ­
larm en te sucedido p o r u n m om ento de efusión. D esde
el p u n to de vista de S irius, esto p o d ría te n e r cierta v e ro ­
sim ilitu d , p e ro es p re ciso re c o rd a r, p o r e jem p lo , que la
p in tu ra su rre alista y la p in tu ra a b stracta se d e sa ro llaro n
sim u ltán eam en te y a p a rtir de estím u lo s c o n tem poráneos
y a veces com unes (D u c h am p , P ic a b ia ). 1947 ha sido
el año de la v icto ria de los ab strac to s g eom étricos y del
re a g ru p a m ie n to de las fuerzas su rre alistas, p e ro es tam b ién
el de la cristalizació n de la a b stracció n líric a en la en-

(4) G uy H abasque “C o n fro n ta ció n intern a cio n a l”, sep­
tie m b re 1959.
M ich el S eu p h o r: “P inturas construidas”, o ctu b re 1959.
G uy H abasque: “M ás allá d e lo in fo rm a l”, n o v ie m b re 1959.

12

cru cija d a de esos dos m o v im ien to s p re ce d en te s. Los h e ­
chos son m enos sim ples q u e los teo riz a d o re s ap resu ra d o s.
A G uy H ab asq u e, esto n ada le im p o rta . Su o p in ió n es
co n clu y en te : “ La etap a P ollo ck -au to m atism o está co n clu i­
d a ”. E n cuanto a M ichel S eu p h o r, sólo se expresa a l re s­
pecto m ed ia n te u n lu jo de despectivas alu sio n e s a la
“ fa cilid a d ” al “b lu ff” , a la “re la ja c ió n ”, a los “ d e só rd e ­
nes” , a las “náuseas”, a los “ grito s u n ifo rm e s de los i n ­
cen d iario s” y otras re fle x io n e s ig u alm en te c aracterizad as
p o r su sana o b je tiv id a d critica. Es asi com o h a b la de “ la
danza de p iele s ro ja s (s ic ), de aq u ello s q u e se e n c o n tra ro n
solos b a jo la luz de los p ro y ecto res, de a q u ello s fav o re­
cidos p o r una im p ú d ic a p u b lic id a d ”, p a ra c o n c lu ir en
q u e : “Jam ás h u b o n a d a e n co m ú n e n tre a q u ello s que
b u scaro n p o r todos los m ed io s el éxito in m e d ia to y los q u e
sólo son m ovidos p o r el am or a la o b ra ” . P o d ría m o s lle g a r
a e m ocionarnos fren te a ese v irtu o so len g u a je de ecle­
siástico si no fu era p o rq u e su ú n ico o b jetiv o consiste en
lle v a r a la m u ltitu d —p o r fin c o n v ertid a — de los colec­
cionistas hacia el a lta r en que se c eleb ra la m isa cons­
tru ctiv a. Lo m ism o sucede cuando lee m o s: “ La a n arq u ía
vuelve todas las cosas id én tica s a su p ro p io d e so rd en , a
su p ro p ia v io le n c ia ; la v o lu n tad de c o n stru ir d ifere n cia
las cosas, elevando ed ificio s com o poem as, según el genio
de cada a rq u ite c to ”, en cuyo caso es m e jo r no re c o rd a r los
“ Salones de N uevas R e alid ad e s” de hace a lgunos años,
in v ad id o s p o r las trib u s de h e rb in íco la s, de m ag n e llistas
y de dew asnadores, m area de espantosa m o n o to n ía , q u e
estuvo a p u n to de su m e rg ir a la p in tu ra m o d ern a .
P ien so que no será d ifíc il p e rc ib ir q u e es ésta — e n n om ­
b re d e l o rd e n y de la c la rid a d — u n a ten ta tiv a p e rfe c ta ­
m en te reac cio n a ria , id én tica a to d as aq u ellas q u e h a n
d e b id o a fro n ta r las c o rrie n te s ro m án tica s e in n o v ad o ra s. Esa
m an era d e m ezclar las cartas en lo que se re fie re a la
a b stracció n líric a , p o n e en tela de ju ic io su re so rte esen­
cial, vale decir, el a u to m a tism o . Seria d em asiado largo
ex p licar (h a sta ta l p u n to sem ejantes in te rlo c u to re s nos
llevan al n iv el d el a n alfab e tism o ) p o r qué el a u to m atism o ,
tal cual lo defin ió en 1924 el p rim e r “M anifiesto su rre a lis­
ta” , no p o d ría b a jo n in g ú n concepto ser asim ilado n i a
u n “ re la ja m ie n to ” n i a u n “ p ro c e d im ie n to fá cil” n i a n in ­
gún tip o de “catarsis”. D igam os sim p lem en te q u e se tra ta ,
m ed ia n te el re cu rso sincero d e l auto m atism o y al m arg e n
d e todo cálculo, lim ita c ió n o ley estética p re ex isten te , d e
lo g rar u n a co nvergencia com pleta del gesto, d el ojo y del
p en sam ien to .

Es a q u í, en efecto,
E l p rim e ro d e ellos
con el m am a rra c h o ,
cias, se h a q u e d ad o
o ído yo d e cir a u n

d o n d e com ienzan los m ale n te n d id o s.
consiste en c o n fu n d ir el a u to m atism o
etapa en la cual, según las a p a rie n ­
el señor S eu p h o r. ¿A caso n o le h e
“ abstracto -lírico ” q u e é l, p a ra h a ce r

�a utom atism o, c e rra b a los o jo s? O tra de las fu en tes de
con fu sió n consiste en to m a r lo s p ro c e d im ie n to s de “ a d i­
v in ació n ” , tales com o el “fro tta g e ” , la “ calco m an ía”, etc.,
sim ples a u x ilia re s d e l auto m atism o , p o r el auto m atism o
m ism o. S in em bargo, to m a n d o el m edio com o fin , u n
P o llo ck , p o r e je m p lo , lia e n co n trad o su c am in o ; con él,
llegam os al extrem o lím ite d el a u to m a tism o , si b ie n la
“actio n -p a in tin g ” d e n in g ú n m odo excluye c ie rta p re m e ­
d ita c ió n estética.
E l eje m p lo d e H a n tai b a sta ría p a ra d e m o stra r lo des­
tru ctiv o que p u e d e lle g a r a ser el a u to m atism o cuando se
lo lim ita a un sim ple gesto. D espués de h a b e r ex tra íd o de
él los acentos m ás v e rtig in o so s y m ás ricos, trad u c ie n d o
un u n iv erso p e rso n a l de co n m o v ed o ra p re sen c ia, H antai'.
siguiendo el eje m p lo d e M a th ie u , re d u c e su tra y e c to ria a
un lib e rtin a je d e p restig io sas e sp irales q u e h a b ría n de
co n v ertirse, poco tie m p o después, en flacas com as a u to ­
rita ria s. D e u n a rev elac ió n de p rim e r o rd e n a la o bra
“ in fo rm a l” p e rd id a e n tre tan ta s o tras, e l e m p o b re cim ie n to
expresivo c o rrió p a ra le lo al e m p o b re cim ie n to m o ra l: p u e s­
to q u e su “ gesto” no ex p resab a m ás q u e u n a vaga a fir­
m ación de p o d e r y no ya su m u n d o in te rio r, H antai' buscó
ciertas com pensaciones en ese vacío q u e crecía en él. Y
e n c o n t r ó ... la Ig lesia católica y ro m an a , el m ito fascista de
la a u to rid a d y el culto de los v a lo re s m ás re tró g ra d o s.
T a n sólo una estim ación p re cisa d el a u to m atism o p e rm ite
sopesar el ju ic io de los c rítico s de L’O eil re sp ec to al
p o rv e n ir de la ab stracció n líric a. Lo q u e h a m u erto o,
p o r lo m enos, lo que ha llegado a u n a sa tu rac ió n to ta l
de sus p o sib ilid a d e s expresivas, es lo “in fo rm a l” , p a ra
re m itirn o s al p egajoso v o c ab u lario de M ichel T ap ié. Lo
in fo rm al, vale decir, u n secto r tan sólo, el m ás excesivo,
el m ás a d u lte ra d o de la ab strac ció n líric a : h ip e rtro fia
p u b lic ita ria , a lb o ro to d e fe b rilid a d su p e rficial, c arica tu ra
del v e rd ad e ro auto m atism o , el cual, ig u al que la poesía,

se v a lo ra p o r el sa b o r d el fru to . L a p u ja p e d an te, a p u n ­
tala d a p o r arg u m e n to s c ientíficos, m atem ático s, filosóficos
y aun p o lítico s, m e d ia n te la cual T ap ié p re te n d ía im p o n e r
el “ a rte o tro ”, se ha ahogado en sus p ro p ia s aguas. N o
so la m e n te n o a p o rtó esas “nuevas e stru c tu ra s” tan p ro m e ­
tidas sino que, no p u d ie n d o ap o y arse en una re la c ió n
v á lid a e n tre el a rtista y su m éto d o c rea d o r, m uy p ro n to
se h a lló fre n te a la evidencia de no p o d e r alc an z a r u n a
a u té n tic a e stru ctu rac ió n . A p a rtad o de su n e ce sid ad p r o ­
fu n d a, v a le d e cir el e n cu e n tro e n tre el ser in te rio r y el
gesto expresivo, el a u to m atism o se v olvió c o n tra el p in ­
to r, c astigándolo con la e ste rilid a d . C oncebido p rim e ro
p o r M a th ie u y luego p o r H a n ta i y otro s, com o el agente
de u n a m eg a lo m a n ía esp ectacu lar, se c o n v irtió e n una
h e rra m ie n ta stak h an o v ista, castrado de to d a p o sib ilid a d de
so rp resa y re n o v a c ió n ; u tiliza d o com o a u x ilia r d ecorativo
p o r R io p e lle , A rn a l o Sam F ra n c is, co n d u jo a estos ú l­
tim os, después d e suntuosos ju eg o s de a rtificio , al extrem o
de p la g ia rse o re n u n c ia r.
La m u e rte de P o llo c k , sig n ific a tiv am e n te , m arcó el K am tchatka d e esa e m p re sa : m ás allá sólo h a b ía la n ad a. Al
m ism o tie m p o , el a u to m a tism o , que P o llo c k h a b ía llevado
a la m ás ex trem a e x te rio riz ac ió n , in ic ió a p a r tir d e e n ­
tonces, u n m o v im ien to de re flu jo . P e ro ello significó
todo lo c o n tra rio a u n a d e r ro ta : el re to rn o d ialé ctic o a
una e x p lo ra ció n p ro fu n d a , in te rio r, de los recu rso s a u to ­
m áticos, con m en o r b río a lgunas veces p e ro , en revancha,
con m ay o r sin c erid ad . N u ev am en te, se tra tó de in te rro g a r
el espejo m ágico d el subco n scien te y d e l azar, sin de ja rse
d e slu m b ra r p o r falsas a p arien c ias. E llo no significó la
“ ra cio n a liz a c ió n ” de la ab strac ció n líric a , sino su in te ­
rio riz a c ió n . La m ay o ría de los jó v en es p in to re s a p a re ­
cidos h acia 1954-55 (C lau d e G eorges, Y iseux, S o n d e rb o rg ,
R e u te rsw á rd , C u ix art, y o tro s ya conocidos com o D ova
o B e rtin i) p o d ía n p ro p o n e r “ nuevas e stru c tu ra s” , puesto

13

�q u e las e x tra ía n de sí m ism os, a id én tica d istan cia e n tre
las consignas p a ra g eóm etras y los d e sb o rd am ien to s fan­
gosos.
La abstracció n líric a no se ve m enoscabada p o r ese en­
fren ta m ie n to de lo in fo rm a l con el suicidio. N i tam poco
sufre m enoscabo alguno el su rre alism o , al que tan a m e­
n u d o se q u e rría ver a b d ic ar en favor de uno u otro de
sus sobrinos. P ro b a b le m e n te algún día tenga ocasión de
ex p o n er p o r qué razón, según m i c rite rio , el su rrealism o ,
fu n d ad o sobre la base d e l auto m atism o , es tam b ién a ve­
ces lo q u e “ com pone” ju n to con el auto m atism o . Y p o r
qué, e n consecuencia, a riesgo de p a re c e r c o n fusionista
fren te a ciertos e sp íritu s p len o s de lógica, se in te resa ta n ­
to p o r la im a g in ería escabrosa de C lovis T ro u ille com o
p o r el erotism o cósm ico de M atta.
P e ro volvam os a n u e stro s c uadrados.
d el “in fo rm a lism o ” causa su ficien te

¿ E s el h u n d im ie n to
com o p a ra suscitar

u n a re a p a ric ió n de la p in tu ra “ c o n stru id a ” ? N os p e r­
m itim o s d u d a rlo , a u n a d m itie n d o la a lte rn a n c ia en el desa­
rro llo a rtístico de lo “ c alien te ” con lo “ frío ” . . . “ D espués
de tan ta re la ja c ió n , la gran frescu ra será re g la ”, afirm a
M icbel S eu p h o r. A su sem ejanza, a u n q u e con m e n o r de­
sazón, yo h e ex p erim e n tad o fren te a las to n ela d as de pasta
p e n d ie n te s de los m u ro s de la G alería S tad ler, la sufi­
c ie n te fatiga com o p a ra a d m itir el deseo g e n eralizad o de
u n re e n c u e n tro con la p u re za . ¿ P e ro es acaso Y asarély
q u ie n nos d a rá esa p u re z a ? ¿ Q u é v e n ta ja h a b ría en dese­
c h ar las p o m ad a s d e u n o s p a ra v o lv er a los azu lejo s de
los o tro s? S eg u iríam o s estando en el c u arto de b año.
E l Sr. H ab asq u e, q u e no cree q u e la ab strac ció n geom é­
tric a p u e d a su b sistir, c o n sid era sin em bargo q u e S chóffer
y V asarély nos a p o rta n la so lu ció n . A sus ojos, el o b je ­
tivo consiste en “ c rea r u n len g u a je p o sitiv o y c o h ere n te ,
u n a rte q u e no sea u n re fu g io o u n a co n fesió n ro m á n tic a ,
sino u n a a ctiv id ad fran c a m e n te in sta u ra d a , d e a cu erd o ,
p o r fin, con n u e stra e x p erien c ia d e l m u n d o .”

r»

C hristian D'Orgeix (Fran ­
cia ), "Em pédocles", Oleo,
1954, Foto Yves Hervochon

�Lucio Del Pezzo (Ita lia ), " P e r­
so naje", Técnica M ix ta , 1958

A p e sa r de m o strarse m ás to le ra n te q u e el Sr. S eu p h o r,
el Sr. H a b a sq u e n o s a d e la n ta el arg u m e n to q u e am bos
te n ía n re serv a d o . E l a rte d ebe ser — o v o lv er a ser—
c o n stru ctiv o , p o rq u e esa es su ú n ica p o sib ilid a d de estar
de acu e rd o con el e sp íritu de la época. E l Sr. H a b asq u e
p a rec e e star co nvencido de q u e el n u e stro es u n “ siglo
de c o n stru cto res” : “V ivim os en u n a época a p asio n a n te
( . . . ) ¿ n o es acaso m ás gran d io so y en d e fin itiv a , m ás
p rovechoso, el d o m in a r u n m u n d o en p le n a evolución,
q u e el a d o p ta r u n a p o sic ió n de h o stilid a d p u ra m e n te n e ­
gativa o el re fu g ia rse e n u n ro m an ticism o m ó rb id o ? ” ¡V i­
van, p u es, la e le ctró n ica , los satélites a rtificiale s, la soda
y los m a te ria le s p lástic o s! “ U n a u to m ó v il de c a rre ra es
m ás b e llo que la V ic to ria de S am o traeia” . Es lástim a que
se m ejan te fó rm u la haya sido d e sp e rd ic ia d a hace c u are n ta
y cinco años. E n a q u e lla época e ra fu tu ris ta ; hoy, re su l­
ta u n poco a trasad a. Si n u e stro am igo B aj re c u rre a ad­
jetiv o s tales com o “ n u c le a r” o “ in te rp la n e ta rio ” , lo hace
—p o r lo m en o s m e p a re c e — con to d o el h u m o r q u e lo
caracteriza. Sólo u n a cabeza sin c e re b ro p o d ría in c lin a rse
an te el tecnicism o m an íaco de n u e stro tiem p o . Sabem os
p erfe c ta m en te h asta q u é p u n to la p in tu ra de los ab stracto s
c o n stru cto res estaba lig a d a a lo que D a lí llam ó la “ a rq u i­
tec tu ra de auto-castigo” , h ech o q u e c o n d u jo p o r eje m p lo a
u n p in to r com o D ew asne, que se dice m arx ista , a co n v er­
tirse e n cóm plice de la ex p lo ta ció n c ap italista d el tra b a ja ­
do r, d eco ran d o los m u ro s in te rio re s d e las fá b ric as con
frescos g eom étricos. ¿ U n a rte e n a rm o n ía con n u e stra “ ci­
vilizació n tec n ic ista ”, c o n sistiría pues en a ce n tu a r o en su­
b ra y a r el peso in h u m a n o de las v io len cias de todo tip o
que nos im p o n e n u e stro tie m p o ? M e doy cu en ta p e rfe c ta ­
m ente de q u e se traslu c e en m í u n a g ra n dosis de “ro m a n ­
ticism o m ó rb id o ”, p e ro tie m b lo al p e n sa r q u e u n g o b iern o
a u to rita rio p o d ría e n ca rg ar a los am igos de lo s Sres. Seu­

p h o r y H ab asq u e, la d e co ra ció n de escuelas, c u artele s y
cárceles, lu g a re s to d o s ellos en los cuales se o rg a n iz a la
“ a d a p ta c ió n ” a n u e stra “ civ ilizació n tec n icista ”.
E n las d e clara c io n e s lle n a s de n o b leza d el Sr. S e u p h o r, p o ­
dem os d e sc u b rir sin em bargo el fru to d e sus re fle x io n e s
filosóficas so b re la c o m p le jid ad d el m u n d o m o d ern o , el
m iste rio d e la creació n a rtística y la a m b ig ü e d ad d e l p o r ­
v e n ir: “ Se v o lv erá a d e sc u b rir la p o esía en la re g la , la
salud en la m ed id a , todo u n nuevo h u m an ism o e n el m é ­
to d o . U n m éto d o sin discurso, sin sistem a, q u e será la
sim p le a d ap tac ió n d e l a rte a los ritm o s n a tu ra le s d e l h o m ­
b re — el h o m b re de siem p re— en u n m ed io tra n sfo rm a d o ,
d isp o n ien d o d e los nuevos m ed io s de p ro d u c c ió n y con los
m ed io s in te le c tu a le s in fin ita m e n te ex te n d id o s, m en o s te n ­
sos, lib e ra d o s de los a n tig u o s h e rro jo s y de las m o d e rn a s
sim u lacio n es” . Sospecham os que, desde P la tó n — a q u ie n
cita— el Sr. S eu p h o r no tie n e o tra fu e n te de in fo rm a c ió n
so b re la v id a c o n te m p o rá n e a q u e la le c tu ra de T in tín . H a s­
ta los d iscu rso s de com icios ag ríco las o de d istrib u c ió n d e
p re m io s, m an ifiesta n u n a c o m p re n sió n m ás se ria d e l m u n d o
m o d ern o .
La re la c ió n org á n ic a e n tre el a rte “ c o n stru c to r” y esa a r­
q u ite c tu ra q u e m en cio n é m ás a rrib a , p o d ría n ser o b je to de
u n a re v isió n . E n efecto, la a rq u ite c tu ra actu al, sin re n u n c ia r
en p rin c ip io al fu n c io n a lism o , al re sp eto d e l m a te ria l n i
a la ra cio n aliza ció n , se e n cu e n tra en u n a etap a d e b a rro ­
q uism o ex acerb ad o (cosa q u e se h izo e v id e n te en la expo­
sició n de B ru se las de 1958) q u e la a p ro x im a p o r su a n d ac ia
m u ch o m ás a las in tu ic io n e s geniales de G a u d í q u e a la
rig u ro sid a d m ez q u in a de A uguste P e rre t. N u e stro s p in to re s
“c o n stru c to re s” c o rre n grave riesgo de p a lid e c e r e n c o n ju n to s
de tan acabada lib e rta d fo rm al. A dem ás, la b ú sq u e d a de

15

�una solución cinética p o r p a rte de V asarély y Schoffer, no
c onstituye n in g u n a innovación. E l “ M anifiesto re a lista ” p u ­
blicado en 1920 en Moscú p o r P ev sn er y G abo, a firm ab a :
“ P a ra ex p resar la n a tu ra le z a re al del tiem p o , d eb en ser
em pleados elem entos cinéticos y d in ám ico s; los ritm o s es­
táticos no b a stan ” . De B occioni a C alder, de D ucham p a
T in g u ely , se trata de u n a constante del a rte d el siglo XX.
P o r o tra p a rte , el in te rés que un P a a le n o un M atta lian
ex p erim e n tad o siem p re fren te a los d escu b rim ien to s cien ­
tíficos m ás espectaculares, convierte la p re te n sió n de los
abstractos constructivos de asu m ir el e sp íritu de nuestro
tiem po, en algo m uy aven tu rad o .
A dem ás de su in cap acid ad de ofrecernos esperanzas válidas
e n cuanto a la renovación que desea, el Sr. S eu p h o r com ete

res” que boy nos p ro p o n e el Sr. S eu p b o r, no son m ás que
los re to ñ o s d egenerados de esa am biciosa em presa (2 ) .
P o r el c o n tra rio , aqu ello s que no lian re n u n ciad o al au to ­
m atism o, saben q u e tie n e n en él u n arm a cuyo p o d e r d e to ­
n a n te no le faltó al K a n d in sk y de 1911, al H a rtu n g de 1922,
al M atta de 1 9 3 8 ... y que no les fa ltará a aq u ello s p a ra
quienes el “ lirism o ” no es re d u c tib le a la elegancia de una
rú b ric a o a las b ellezas de una salp icad u ra. ¿Q u é p in to r
que p re sen te alg ú n in te ré s ig n o ra todavía ese tesoro escon­
did o , a u n q u e no se atreva a servirse d e él a b ie rta m e n te ?
T a n sólo los ob serv ad o res superficiales, engañados p o r la
m archa oculta de la in sp irac ió n , no c o m p re n d en q u e una
m ism a fuente pueda a lim e n ta r el p e río d o “ d ra m á tic o ” de
K a n d in sk y y las “ju n g la s” de Max E rn st, las alegres tem-

Jerzy T chórzew ski (Polonia), Oleo, 1957

una serie de abusos de confianza al p re sen ta rse com o defen ­
so r d el a rte abstracto desde sus orígenes. ¿Q ué p u e d en ten e r
e n com ún la “ regla, el m éto d o y la m e d id a ” con la audaz
decisió n q u e lanzó a K an d in sk y , a M alévitcli y a M on d rian
h acia lo desconocido? N o se tra ta d e regla sino de aventura,
no de m éto d o sino de co raje, no de m edida sino de pasión.
“ E l que construye sabe ado n d e va, hasta d ó n d e v a ; organiza,
m ide, c om pone”. A firm o que esto no concierne ni al a n i­
m ad o r d el “ B laue-R eiter” n i al fu n d a d o r d el S uprem atism o
n i al in v e n to r del neoplasticism o. Salvo p ro b a b le m e n te m ás
tard e , cuando fue necesario c o d ificar la invención, o rd e n a r
la tem pestad, teo riz a r el d e lirio . B o ileau de la abstracción,
e l Sr. S eu p h o r c onfirm a su in co m p ren sió n to ta l d e ciertas
m otivaciones d e te rm in a n te s d el a rte m o d ern o . E l a rte abs­
tra c to fue un desafío lanzado al ro stro d el m undo y del
a r te tra d ic io n a l; en ello re sid e su gloria. Los “ constructopestades de M iró y los relám pagos de calor de H a rtu n g . Yo

16

declaro q u e a casi todos a q u ello s q u e cuentan — o que po­
d ría n c o n ta r— en la “p in tu ra actu al” — ¿ n o es cierto Sr.
M ichel R a g o n ? — de A tlan a B azaine, de P o lia k o ff a de
K o o n in g , de T ap ies a K oenig, de S ch n eid er a B e rtin i, les
co n ciern e a hora la a d v erten cia q u e B retón, en 1941, d irig ía
a los su rre a lista s: “Si el auto m atism o cesa de m arc h ar p o r
lo m enos su b te rrán e am e n te , se c o rre el grave riesgo d e salir
d el su rre alism o ” . ¿C o n qué térm in o c o n v en d ría su b stitu ir
la p a la b ra “ su rre alism o ” ? D ejo a cada u n o la lib e rta d de
decid irlo .

(2) E sto no co ncierne d e nin g u n a m anera a los autén tico s
creadores com o V asarély, S c h o ffe r, M arcelle C a h n . . . ( y m u y
pocos m ás) los cuales, sin em bargo, no p u e d e n ser co n si­
derados m ás q u e com o casos aislados.

�Fred Thieler (Alem ania),

. H. 5 8 " , Oleo, 1958

PORQUE ME CREE SU PERRO
OLIVERIO

GIRONDO

Y sacaréme la niebla
el turbio zumo oscuro del traspienso
la pulpa
la soborra de mente
toda su gris resaca me sacaré hasta el meollo
antes de que se asiente
la áspera espera arena que taté teté yo y lamí
y tragué yo en la sed
a trago tardo largo
lo hueco
lo plenamente hueco y que no es más que hueco
pero crece
sin fin ni sino o causa o pausa o pauta me sacaré yo el
lastre que no lastra
por no saber a piedra
por no saber saber
ni saber no saber
los decesos del seso y sus desechos me sacaré yo de pie
junto con tanta sombra sórdida que sobra de cuanto fué y no fué
o fué fué
y no se fué
aunque retorne al árbol del primo primo simio me sacaré yo
sin tino la maraña
demasiadísimo humana
y mil y miles vueltas y revueltas y contras y recontras
y sus colas
y sus entelequitas y emocioncitas nómadas
y más y más
de cuajo me sacaré el obtuso yo zurdo burdo absurdo que aun
busca ser herido aunque sonría
entre otros obvios sordos escombros naturales
y restos casi muertos de algún yo otro propio que todavía ulula
porque me cree su perro
17

�GEORGES

HENEIN

HERMINIA
a Charles Duits

Hay un barco en la rada
con un nombre de planta
y todo anuncia que no dejará nunca
esas aguas alusivas
Tanto peor
para el rostro de Herminia
tanto peor para sus grandes ojos inquietos
desmentidos por la luz
La meseta de la vida está desierta
las vísperas de la erosión
dejan al hombre en el torrente malo
pero las flores del exilio velarán una vez más
sobre el despertar de Herminia
su despertar en alta mar
allí donde se arruinan
las soberanas ultrajadas.

YO TE HABLO

te hablo porque la noche
no cae nunca sola
te hablo porque la noche
es un objeto encontrado
una moneda de estrella
el trapecio que pierde
el acróbata de traje florido
un objeto loco a tus pies razonables
el atavío de esa pasajera que la policía apresa
una boca que nutrir
una boca que atravesar de un grito
el cristal negro donde se sublevan los colores del pintor
¿pero quién es esa pasajera que se llevan presa
y que calma su sed en la desgracia
primer arroyo después de la sequía?
te hablo porque la noche
ha sido creada a fuerza de sueños
y no tan sólo para soñar
te hablo de una cabina sorda a todos los mensajes
el receptor entre la hierba se cubre de rocío
se cubre de una existencia más hermosamente inútil que la palabra
te hablo porque la noche
es a la vez
el cristal negro de las conjuraciones
y el rostro de esa mujer que en vano llevan presa
y esa cabina-fantasma encallada en la selva
y algo más
que el tiempo que se engaña
y el silencio que se vende.
18

�19

�LA BENDICION DE UNO VALE TANTO

(* ) E l 7 d e m arzo d e 1960, el diario “C o m b a t” de París,
en su su p le m e n to m en su a l de arte titu la d o “C om bat A r t”,
publicaba dos largos tex to s p e rten e cie n te s a los dos “gran­
des p o lo s” d e l arte actual: los Sres. B ernard L o r jo u y
G eorges M a th ie u . L o s títu lo s eran: “A bstractos, os b e n ­
digo” y “A u to p sia d e l arte fig u ra tiv o ”, resp ectiva m en te. S e ­
g ú n las edificantes declaraciones d e l Sr. G eorges lsarlo, d i­
rector d e la página, dicha confro n ta ció n obedecía al deseo
d e que “se hiciera la lu z” sobre las disputas entre p in to res
fig u ra tiv o s y p in to res abstractos.
L os conceptos vertid o s p o r am bos “grandes”, originaron
la respuesta q u e transcribim os y q u e fu e publicada en la
sig u ien te e d ic ió n de “C om bat A r t”, e l 4 de a bril de 1960.

Las “en trev istas cum bres” están de m oda y es cosa c o rrien te
el a d m itir que, a sem ejanza de los p arásito s caros a B e n ja ­
m ín P é re t, los “ grandes” de este m u n d o v iaje n , ante la
im p o sib ilid a d de d a r m ejo r ju stific ac ió n a su existencia —y
a su grandeza— que esa actividad d e am b u lato ria . C on esa
perspectiva sería im p o sib le so rp re n d erse de que la re cien te
jira del Sr. M ath ieu a lre d e d o r d el m undo, haya dado com o
re su lta d o esa d o b le p ág in a de “ C O M B A T -A R T ” en la cual
“ e n fre n ta ” a ese o tro “ g ra n d e ” que, p a ra algunos, p arece ser
L o rjo u .
E llo no o b stan te, hay, a n u e stro p a rec er, cierto s p u n to s que
reclam an una verificació n . A ello nos anim a el tono de o b ­
je tiv id a d que COM BA T-A RT p re te n d e conservar en este
d eb ate sobre las tendencias actuales de la p in tu ra , si nos
rem itim o s a las consideraciones p re lim in a re s de la d oble
p á g in a in crim in a d a.
¿N o hay algo de engañoso en esa p re sen ta ció n sim ultánea
de dos artista s conocidos p o r su in clin ac ió n a a p are ce r en
todas p a rte s b a jo una luz y u n a p ara to p u b lic ita rio que re ­
c u erd a n en m ás de u n sentido los juegos de c irco ? C orrem os
el riesgo de fru stra rn o s al c o m p ro b a r que am bos p in to re s
son sim u ltá n ea m e n te calificados de “ h e rm a n o s en la p e rse ­
cución”, cuando las trib u n a s —y las plazas p ú b licas, ya se
tra te de la de los In v á lid o s o de la plaza C e n tra l de B ra ­
silia— no les h a n faltado n u n ca, así com o les h a n faltado
siem p re a ese K lee, a ese M o n d ria n , a ese K a n d in sk y y a
ese H a rtu n g que uno de los “b e lig e ra n tes” v itu p e ra y que
el o tro , el “ v an g u ard ista”, “diseca” fríam ente.
O bservem os de pasada que, en n o m b re de esa fra te rn id a d
ta n nueva, n u e stro s dos polos de atracción de la p in tu ra
m o d ern a , e v ita n c uidadosam ente el arañ a rse con dem asiada
vivacidad. Es así com o M athieu re su lta g e n tilm e n te califi­
cado de “c atara tiz an te ” p o r L o rjo u , m ie n tra s que K lee, K a n ­
dinsky, H a rtu n g , H u n d erw asser, R io p elle, R é q u ic h o t y otros

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tantos, son sum ergidos p o r é l e n u n a o leada de sarcasm os
obscenos. P o r su p a rte M athieu, q u e ataca a u n cierto n ú ­
m ero d e “neo-realistas” o lvida com o p o r azar en su n o m en ­
c la tu ra los n o m b res de B uffet y L o rjo u , q u e no tie n e n — ta n ­
to en lo que respecta a su a rg u m e n ta c ió n , com o en lo q u e
se re fie re al e sp íritu m o d ern o ta l cual se d efin e desde los
alb o res de este siglo— o tra su p e rio rid a d so b re Segonzac y
B o u ssin g au lt que la de su “ sta n d in g ” . E sto nos da que
p e n sa r: ¿ fra te rn id a d de p erseg u id o s o fra tern id a d d e arm as,
d el tip o de la que u n e a los E stados U n id o s con R usia,
In g la te rra y la V$ R e p ú b lic a F ran cesa e n el seno d el “ club
ató m ico ” — no u n o fre n te al o tro , sino ju n to s fre n te “ a los
dem ás” ?
¿E sta e n trev ista c u m b re no irá acaso m ás allá de lo que
im aginam os y b a jo el excedente v isib le de a rm a m e n to , b a jo
el in te rca m b io de golpes p re v ia m e n te a rre g lad o , no se ocul­
ta rá u n a in v isib le Y alta p ictó rica , u n a re p a rtic ió n d e l m u n d o
d e l a rte en zonas de in flu e n c ia ?
La cuestión p o d ría p lan te arse , p e ro estam os p e rsu a d id o s de
q u e n o es ese el o b jetiv o p e rseg u id o en C O M B A T -A R T , que
q u e ría p o r el c o n tra rio , m e d ia n te ese d u elo de extrem os, in ­
d ica r a sus lectores la in m en sa y p u n z an te d iv ersid a d de ese
a rte m o d ern o tan d e sa cre d ita d o . E n esa m ism a p re o c u p a ­
ción, afincam os n o so tro s la razó n m ás v á lid a de nu e stra
in te rv e n c ió n : en ese fantástico despliegue d e l arte c ontem ­
p o rá n eo , cuyas ó rd en es secretas siguen m ara v illan d o tan to
desde los p rim e ro s C hirico f 1) com o desde M ondrian,
desde M iró com o desde H a rtu n g , desde M atta com o desde
W ols, lo esencial — sino to d o — sucede de tal m an e ra, que
n i el n o m b re de L o rjo u n i el de M a th ie u p o d ría n estar
afectados de n in g ú n tip o de re p re se n tativ id a d .
N o es p o sib le ex ten d erse so b re el caso L o rjo u : su ten d e n cia
re cien te m e n te m anifestada a c o n fu n d ir las arm as, corteses
o no, de la ré p lica p o lém ica con la m ovilizació n d el a p a ra ­
to ju d ic ia l y hasta con la fo rm ació n de grupos de asalto,
nos im p id e to m a r a su respecto toda o tra p o sic ió n que no
sea la p u ra m e n te la u d a to ria . P e ro nos q u e d a el d erech o —y
el d e b e r— de p ro c e d e r al rasq u eteo , p o r lo m enos p a rcial,
d el segundo postigo d e l d íp tic o , p e rso n ific ad o p o r el Sr.
M athieu.
Sabem os que no som os los ú nicos en c ree r que, con este ú lti­
m o, asistim os desde hace vario s años, a u n a de las m ás
m iserab les re tra cta cio n es q u e haya su frid o el arte de n u e stro
tie m p o , con el ja q u e larg a m e n te p re p a ra d o a una “ a b strac ­
ción líric a ” c u id ad o sam en te e steriliz ad a y a rb itra ria m e n te
separada de sus fuentes, las cuales, no p o r h a b e r sido a b u n ­
d an te m en te traicio n a d as d u ra n te ese m ism o tiem po, re sid en
m enos en ciertas im p ro v isacio n es del K a n d in sk y de 1910,
com o en el auto m atism o su rre alista, gráfico o m ecánico,

(! ) A nuestros ojos, y m ás allá de todo “p a rtí p ris” m o ­
dernista, la transfiguración de lo real, sigue siendo la única
v o z d e o rd e n a d m isib le. N o vem o s nin g u n a razón valedera
para rechazar a p rio ri una exp resió n “fig u ra tiv a ” d e esos
m iste rio s: el lenguaje d e la revelación, no soporta res­
tricció n alguna.

�. . COMO LA AUTOPSIA DEL OTRO *

al cual u n M iró, u n M ax E rn st, u n M atta, u n P a a le n , un
G o rk y — y a u n u n H a n ta i— d ie ro n sus cartas de n o b le z a ;
una n o b lez a q u e no tie n e e v id e n tem en te nada q u e v e r con
los a p e tito s n o b ilia rio s de M a th ie u (n i de M o n tm o ren cy ni
de V en d ó m e, sino sim p le m en te, de B o u lo g n e -su r-m e r).
Q ue M a th ie u rid ic u lic e con su a c titu d , tan to la id ea m o ­
n á rq u ic a com o aq u ellas q u e en m ay o r o m e n o r grado se le
av ecinan, sería p a ra n o so tro s sim p le m o tiv o de re g o cijo si
no fu e ra p o rq u e c ie rto s ín d ic e s re cien te s nos h ace n p e n sa r
que, e n la c e rtid u m b re de e n c o n tra r sie m p re u n estrado
p a ra re u n ir a sus p a rro q u ia n o s, n u e stro ju g la r co n sid era
llegado el m o m e n to d e cam biar de batería.
De qué otro m odo e x p lic ar — e x p liq ú e se U d. Sr. M a th ie u —
que en el tran scu rso de su v iaje c irc u la r y sem io ficial p o r
A m érica L atin a, “a p e d id o del d ire c to r de la E scuela de
B ellas A rtes, M ath ieu aceptó re a liz a r u n a tela im p o rta n te
en h o m e n a je al h é ro e n a c io n a l: el G e n era l San M artín,
m u erto , com o es sabido, en B o u lo g n e, d o n d e nació M a th ie u ” !
P o rq u e es p re ciso re c o rd a r que, hace m uy poco tie m p o to ­
davía, en co m p añ ía d e su acó lito H a n ta i, n u e stro apóstol
de la “c alig ra fía o c cid en ta l”, o rg a n iz ab a en u n a galería
p a risin a u n a re rie de m an ifestac io n e s de c o rte fascista y
racista ■( d iscreto elogio d e D rie u la R o c h elle, de M au rras,
etc.) u n a de las cuales se p re se n ta b a com o u n “ H o m e n aje
a la E spaña C o lo n iz a d o ra ” , fechas y citas “ in te g rista s” ,
todo ello apoy ado so b re u n fo n d o d e In q u isic ió n .
Y, p a ra q u e n a d ie lo ig n o re, si San M a rtín es co n sid erad o
com o “ h é ro e n a c io n a l” de la R e p ú b lic a A rg e n tin a , es p re ­
cisam ente p o r h a b e r sido el in stru m e n to p rin c ip a l de la
lib e ra c ió n d e ese país, de C h ile y d e l P e rú , de la tu te la
de ese m ism o o c u p an te e sp a ñ o l c o lo n iz ad o r. H ay quienes
e stán d e acu erd o en ver en lo s años de la em ancipación
de A m érica L atin a, e l p rim e r ja ló n en el p ro c eso de “ des­
c o lo n izació n ” cuyos ú ltim o s in stan te s vivim os a ctu alm en te.
¿ C óm o co n cilia M a th ie u ese h o m e n a je al lib e rta d o r San
M a rtín y su p re sen c ia en B ra silia al lad o d el p re sid e n te r a ­
d ical de v ieja e stirp e , K u b itsc h e k , con su in te g rism o de
hace poco?
¿Se tra ta de u n a b u rla o b ie n M ath ieu , a q u ie n p re fe ría ­
m os m ás a rro g a n te , se h a b ría aco m o d ad o ta n b ie n a su
nueva c o n d ic ió n de v ia ja n te de com ercio que, m ed ia n te
u n sim p le cam bio de tra je , sería sam u rai e n T o k io , “ li­
b e rta d o r” e n B uenos A ires, y m añ a n a — ¿ p o r qué n o ? —
stakhanovísta de la a b stracció n en M oscú? E n tre el neo-rea­
lism o de L o rjo u y esa d esvergonzada m ascarad a dictada
ú n icam en te p o r la c irc u n stan c ia, n a d a p u e d e situ arse com o
no sea el equívoco.
P ero en cu an to a lib e rta d e s, M a th ie u sólo conoce aq u ellas
que tom a con la H isto ria , a u n q u e sólo fu e ra p o r om isión.
E n su “ a u to p sia ” d e l a rte fig u rativ o , n u e stro m éd ico legista
de ocasión d e clara p o r e je m p lo q u e “ el c ará cte r d o m in a n te
del p e río d o de e n tre g u e rra s consiste en u n a le ja m ie n to de
las investigaciones re v o lu c io n a ria s de la p in tu ra p u ra ”,
cuando e n re a lid a d , d u ra n te esos años se p ro d u c e n fe n ó ­
m enos ta n esenciales e n ese te rre n o com o la a p arició n , en
una gam a d e co lo res jam á s v ista, de las p rim e ra s tela s de
H ans H a rtu n g que, e n tre 1932 y 1938, e x p lo ra b a u n a re a li­

d a d c o n je tu ra l b asad a e n relám p ag o s de calor, re fle jo s so­
la re s e n el c rista l d el re c u e rd o y v e rtig in o so s a rre b a to s
d el sism ógrafo de la e sc ritu ra au to m á tica .
E n el m o m e n to de su lle g a d a a P a ris, M a th ie u fue el p r i ­
m ero e n p ro c la m a r la im p o rta n c ia de esas fiestas gráficas
q u e re s u rg ie ro n con g ra n ím p e tu u n a vez te rm in a d a la
g u e rra . H oy, p a re c e h a b e r o lv id a d o to d o esto.
Sucede q u e u n o de los firm a n te s de la p re se n te d e clara c ió n ,
fue testigo o c u la r d e l com ienzo tra s ta b illa n te y tím id o de
n u e stro a ctu al m ata siete. M a th ie u fue, e n tre 1946 y 1951,
a u to r d e a lg u n a s tela s in q u ie ta s y es a esa in q u ie tu d , a esa
fe b rilid a d no c o n v e rtid a to d av ía en espectáculo, q u e d ebe
el h a b e r d ese m p e ñ ad o u n p a p e l e n las ten ta tiv as p re lim i­
n ares al “ tac h ism o ” “in fo rm a lis m o ” o “ a rte o tro ” .
A sí p u e s que, en tan to q u e c o n tin u a d o r de e x p erien c ias
p re e x iste n te s y n o com o in ic ia d o r de u n a re v o lu c ió n , h a ­
b ie n d o sido sie m p re co m p arsa, u n poco ru id o so y b a stan te
al m argen de los v e rd a d e ro s p ro b le m a s, M ath ieu , d isecando
el a rte a ctu al e n el cual no h a p o d id o in se rta rse ( de alii
tal vez su d e lirio re a c c io n a rio ) sea u n a farsa sin iestra . ¿A
d ó n d e vam os, si los cadáveres h ace n la au to p sia d e los
vivos?
E n sum a, C O M B A T -A R T , q u e rie n d o h a c e r o b ra o b jetiv a,
p re se n tó a L o rjo u y a M a th ie u fre n te a fren te . E n lo que
re sp ec ta a los su rre a lista s y a sus am igos — p u esto s e n tela
d e ju ic io en v a ria s ocasiones— n u e stro s p le ite a n te s se
e n c u e n tra n el u n o d e espaldas al o tro . P a ra n o so tro s, los
e x travíos v e rb ales y la gesticu lació n a los cuales se e n tre ­
gan estos e x tra ñ o s an tag o n istas, no re p re se n ta n m ás q u e el
irris o rio “ cam o u flag e” de una secreta sem ejanza.
N o se tra ta p u es, a q u í, de d a r resp u esta a los Sres. M athieuL o rjo u , sino d e u n a tom a de p o sic ió n te n d ie n te a u b ica r
las a ctu ales escaram uzas e n tre p in to re s a b strac to s y fig u ra ­
tivos b a jo su v e rd a d e ra luz y en su v e rd a d e ra escala.

F irm a d o :
P ie rre A L E C H IN S K Y ; E n ric o B A J, d ire c to r de la r e ­
v ista “II G esto”, M ilá n ; Je a n -L o u is B E D O U IN ; A ndró
B R E T O N ; C O R N E IL L E ; E d o u a rd JA G U E R , d ire c to r
de la re v ista “P h a se s”, P a r ís ; Ja c q u e s L A C O M B L E Z ,
d ire c to r de la re v ista “ E d d a ”, B ru se la s; Je an -C laren ce
C A LA M BERT, re d a c to r en je fe de los “ C ah iers d u M usée
d e P o c h e ” , P a r ís ; G é ra rd L E G R A N D , d ire c to r de la
re v ista “ B ief” , P a r ís ; J u lio L L IN A S, d ire c to r de la
re v ista “ B oa” , B uenos A ire s; E. L. T . M E S E N S ; José
P IE R R E ; Je a n SC H U S T E R .

21

�Rómulo M acció (A rgentina), Pintura, 1960

��LA LLAVE
GHERASIM LUCA

Con la sed del remedio universal
el desafio inimitable de la bomba
y el mito
— como un poco de sal sobre una mesa—
se vuelca: la sal filosofal
sobre la mesa vacia de esmeraldas

Pero de pronto ese amuleto para el mal
convierte la desgracia en puerta
y en la afrenta de vivir en la frontera
de un bien y de un mal
— al acecho perpetuo de una muerte vil—
un golpe de ala mata al padre funesto
la hiena-cerdo
el ángel ebrio y morboso

Por una vez
y al resplandor de un cuerpo desollado
en una pocilga de águilas
el ladrón de fuego comerá
su propio hígado

Como una ostra lejana
cuya altura llegara a las estrellas
él encierra en sus entrañas
la centella de una carne de incendio
cuyo hogar es el hígado
— y no el querido corazón
como lo piensan los pálidos cráneos—
el hígado astral y estratega
donde el metal en fusión
la confusión de lo mental
y los dos anillos de Saturno
se asientan con astucia y se fusionan
— y por forma y fórmula
un ocho alargado: la ley densa y altiva
que sellaba los mundos hasta entonces
no fue más que un incidente sin consecuencia ni cola

Un tiro
un gesto apenas loco
y peor que sabio
y hénos aquí convertidos en un trompo que
fuera del látigo y más acá de todo
hace girar la rosa sin tallo
en el hueco del espacio:
¿la especie que fuimos? un fuego sin humo
que atrapa el vértigo al pasar y lo respira

24

Y si el fuego fue el secreto sin peso
que el hombre robó a los dioses
jamás el ojo seco del Odioso
el ojo primario y espeso
fijo y como acribillado de gordas pestañas
en la emanación de su triángulo
penetrará
en el misterio del puñado de tierra ígnea
que él modeló

Pero yo anticipo . . .
se trata primero de ponerle precio
de agitar la balsa — ¡que salpique!—
de dejar la piel y
en su principio mismo
el ser
el ser del jaque y el jaque del ser
doble escala
que sólo sirve para izar a un pedestal
un ataúd

Oráculo y duda de extremo a extremo
dejemos danzar con prisa
de la trailla y en fraude
al ser cerrado

La verdadera llave cierra el cierre
mientras que la cerradura
la rodea de un golpe
y sólo sirve para desnudar
la herida

¡No hay cerradudas que se abran!
pero que salten sí
y es así como se anulan

La verdadera llave será desnuda
eunuco y nuclear
o no será

Cebo-presa
trampa-lobo
una centella en el viento del bosque
y huir huir ¿pero hacia dónde
como no sea fuera de sí mismo?

�Estar fuera de la ley
es esa la cuestión
y el único camino de la búsqueda

Tras los barrotes de la materia
innata e inerte
un montón de piedras vivas
se engaña con el sueño y la rebelión

En el infinito
una orgía de energías
se amontona . . .
en una cabeza cortada
de alfiler

Extraño calabozo
esa morada de la fuerza
donde la farsa de la salvación
acecha al presidiario: es la pequeña
adivinanza
llamada puerta de salida

Y llamamos a las puertas
condenadas
mientras la puerta de entrada
queda ignorada y abierta

¿La pérdida? a nadie le interesa
sólo a nadie le interesa
la nada que la tienta desde parte alguna

Y paciencia si de tiempo en tiempo
un agujero en la sien
enturbia la fiesta
no por eso el suicidado está menos presente
asi como esos monjes iniciados
que tan sólo iluminan una isla

Sin embargo
para un ser que vive descuartizado
desde su nacimiento
es de ese duelo individual
de donde baja y emana
la idea-límite de un suicidio colectivo
del cual depende su verdadera vida
la "ausente"

Tentar la carta de la pérdida
descender el fuego a la ceniza
apartarse del sentido del destino
cometer el ebrio delito del rechazo de ser
que la materia liberada ahora experimenta
como el eco intenso de aquello que hemos sido
y que seremos tal vez

Un bombardeo de rápidos átomos de helio
contra el aluminio
— y lo anoto aquí
como quien guía una flexible fecha
ardientemente límpida
en la lucha del hombre
por la libertad—
es una agresión gigantesca
que un monstruo de otra dimensión
ejerce sobre un pueblo
que vive en la frontera de la energía
y de la materia

Partida tener ciclo ser. . .
¿Qué debe hacer el metal
para conjurar ese juego de fuerzas
al que lo expone su falsa entidad?
Uno
sino
y la
sólo

no lucha ni se inquieta
para salvar lo que es
misma idea de la libertad
se enuncia en términos esclavos

En cuanto a la revolución
vale tanto como aquello que su contrario imita:
se truecan tesis por antítesis
los dos polos de una pila
en la que uno electrocuta al otro
no siendo el 3 famoso sino una falsa escala
sobre un asiento
cifra oculta
ahogada en el estanque sin orillas de una cabala
que ningún sueño podrá ya calentar

Y uno se pregunta por qué
ese columpio de uno mismo
arrasa todavía
con las barricadas negras
escarlatas. . .

Explota
transgrede las leyes del "yo"
por el mito del "otro"
y fuera de su viejo esqueleto
allí donde "el cobre se hace clarín"
el aluminio se ilumina
. . .y se hace fósforo

La verdadera libertad será transmutación
y si no sólo agitación
de jaula en jaula

¿Será debilidad de mi parte
el querer insertar el humor
en esta necesidad de herir
cierta inclinación del hombre
por los cantos de amor los cuentos de hadas
los castillos de naipes?

�Sí puesto que el eco litigioso
pincha la piel

Me contentaré pues con afirmar
que el mito poético
político y religioso
de los paraísos celestes y terrestres
cuece sus residuos
en la salsa de un útero lisiado
donde la idea cobarde de sociedad ideal
socialista o no
no hace más que lustrar la cadena del ser
hasta la saciedad

Que el planeta salte que el
planeta salte que el planeta salte. . .
¿Sobre qué tambor
de piel de animal de antes del concepto
habria que atacar
el tam-tam que anima a esas cuatro palabras
en un desierto en el que aquél que debería oírlas
con el tímpano hecho trizas
suda
se mata
se entremata
construyendo pirámides de felicidad?

Sucede que en el centro de los males
que nos desgarran
nada podría ser peor
que el bálsamo mezquino
del cual el obrero es el tierno fetiche
que vela sobre nuestra buena conciencia

Quiérase o no
en el repungnante encuentro entre las altas ciencias
y finanzas
en el corazón y en el sexo del enigma
no es ya la esfinge quien pregunta

Y por ultrajante que sea
a los ojos de los estetas de la historia
el encuentro de los sabios con los generales
en una fiesta cuyo medio
es el horror de ser
— bello como—
es seguro que una rabia gigantesca
contra la suerte
nos conduce
y que sólo se sale del absurdo
por el absurdo mismo

Y la guerra no es absurda
ni lo es la paz que la incita
su lógica demográfica puede nutrir
al ogro del equívoco
pero jamás al demonio de la rabia
y del absurdo

El día en que la risa loca
— la tumba atómica—
estalle en el mundo
eit unas nupcias sin nombre
en las que se rompan los anillos
inocente y de pie y de más
y casi nadie
un personaje anónimo
se equivocará de botón

Hans Platschek (A lem ania),
" L a vida b re ve". Oleo, 1958

26

�A WIFREDO LAM
JÁCQUES LACOM BLEZ

Riberas de olores trenzados en la lenta surrección
de los colores del mar, el gran banco de guano
se despliegua con los sexos al aire.
Una mujer
rando una
men de su
encogidos,

desvestida se modela en él, rememo­
consagración, arrojando el alto vela­
vientre a los cangrejos que meditan,
en el horizonte de su sueño.

Bajo sombrillas de avispas, los sacerdotes em­
plumados se cubren de miel para la comida del
esclavo. Han venido de las iluminaciones del
viento en festiva estima de ios grandes pájaros.
Su verbo es de escotilla y la tormenta profeta
se enmohece bajo el rizo de su axila. De pronto,
la mujer que parecía de ónix, se hace holocausto
en el festín de sangre. Abierta al pico de obsi­
diana, puede ser enganchada por la ojiva más
blanda con el mimbre de punta de dardo.
Puede ser molida viva en los engranajes del sol.
Pero el tiempo se amarra a la espuma de las
anunciaciones, el tiempo bebido como un om­
bligo de pimienta por los príncipes paralíticos.
Los de pestañas blancas, los de jade, saben que
el sueño de cenizas será el pez volcánico, tri­
turador de templos, pero cómplice de los dioses.
27

�SOLSTICIO DE VERANO
.
JEAN -CLAREN CE

LAM BERT

I

¡Rey! Tuye una fuente infinitamente alegre.
Desde el amanacer le acercaba mis labios, mi imagen,
que apresaba su infancia llena de preguntas.
¡Rey! Tuve un jardín de silencio fiel
donde crecían las palabras que reflejan
nuestra noche más íntima.
Vino entonces la noche de la jauría,
su duro trabajo, la cacería arturiana,
larga fatiga de perros y caballos,
asesinando las palabras de mi jardín,
palabras que guardaba para consagrar una aurora,
una esperanza, oh rey de hojas. . .
Escucho, pero hoy sólo mi corazón me responde.
Rey, ¿qué silencio es éste en el que me siento envejecer,
y esta siega temprana bajo el sol?

II

Dejo mi cuerpo, desencantado de su sombra vencida,
andrajos de un amor muerto,
a la gleba olvidadiza,
y avanzo, ahuyentando a los pájaros del surco,
al encuentro del verano:
yo le pediré armas inocentes.
Mi cuerpo nativo, nuevo, de pie ante el dintel de los árboles,
se lanzará al verano,
cantará el himno a la Enemiga
en busca de la imagen donde duerme,
todavía inaccesible y sin nombre,
una fuente muy rubia.
28

Aldo
1959

Paparella

(A rgentina),

Dibujo,

�R E H E N

RAUL

GUSTAVO

Han comenzado ya las tareas de la desaparición,
de la sal en la tierra, de las sombras que vienen
a ocuparse de ti.
AGUIRRE

Vuelve hacia ellas tu rostro de cenizas, nada se
llevarán, intacto está el misterio que se abrió a
tu mirada: abierto queda para siempre.
Rehén: por ti no cesará el derrumbe ni el viento
que nivela los rastros del derrumbe.
No cesarán, entre las pruebas de la vida, las
pruebas de la muerte.
Pero la muerte cambiará.

EL INHABITANTE VERDADERO

A veces lo veo cuando sale de sí mismo y se
pasea por la realidad como un león en su jaula.

ALBERTO

Es ¿I, e| violento desaparecido, el sigiloso habi­
tante del recinto donde acecha en espera del
amanecer y prepara su salto.

VANASCO

3

Lo desesperan el tiempo que no pasa, las cosas
que no fueron, las vidas que no vive y los recuer­
dos que no tuvo.
Y como cada paisaje lo devora y toda semana lo
repite, sabe que solamente una mordaza o un
desafío podrían ayudarlo.
Por eso se pasea los domingos escrutando su
jaula mientras espera de los demás una disculpa,
una mano tendida o una acusación que lo con­
viertan.
Así, delegando en los demás el compromiso de su
existencia, dejándose llevar por esa blanda e in­
flexible palidez que ostentan los desaparecidos,
espera durante años y en vano el momento opor­
tuno.

Clorindo Testa (A rgentina), Oleo, 1959

Pero hay un error en su actitud: rechazó siste­
máticamente los días y las noches y sálo le queda
ese reducto del tiempo donde la eternidad no
existe.
29

�G. Biasi (Ita lia ), " E l niño grafóm ano", Oleo, 1

OTROS VERAN EL MAR
EDGAR

B A YLEY

otros verán el mar
la soledad del sueño
encenderán nuevos nombres
viajes felices al extremo de la mañana
otros tendrán secretos
olvido tolerancia
otra voz otras luces
un juego diferente
¿qué vida retendrás mientras tanto?
¿qué esperanza dirás todavía?
¿en la calle o el bosque renacido
en qué rostro o amor revivirás tu viaje?
30

otros tendrán la isla
conquistarán la inocencia
refundirán la noche la vigilia
el amo y el esclavo
entonces no habrá sido en vano
tanto descenso y tempestad y absurdo
tanto desprecio y lagos de sombra y brujas
tanto perdón y puerta sin llamado
entonces se amarán de nuevo de verdad
un hombre una mujer
al principio al fin del mundo
otros verán sin pausas
sin fronteras
inventarán el fuego y la confianza

¿qué día albergará tu nombre?
¿en qué vena o qué metal
tendrá destino tu silencio?

�EN PROCURA DE RASTRO
MILTON

DE

LIM A

SOUSA

Apenas ia memoria
Simplemente la memoria
Sin cenizas o párpados de recuerdo
Apenas la memoria
Como un campo indefenso
Una herencia impaciente, un beso devuelto
Tumultuosamente, una bofetada deshecha
En áspero alimento; apenas la memoria
Pero ya despedida de todo adorno
Cruda en su incidencia ardiente
Apenas ella — como un brillo natural
Una palabra pronta a estallar en amor
Una cicatriz que sangra todavía
Desprovista de sentimientos asociativos
De emociones arrastradas para el amago de la alegría
De música deshilada en fin de fiesta.
Ultimo reducto de vida; apenas la memoria
Bólido rasgado de un cielo antiquísimo
Un todo sin principio ni fin
Sin paisaje autobiográfico manchando su diseño
Una presencia maciza, repentina, sin delicadezas
Vanas; más allá de lunas y detritus, apenas la memoria
Posada como luz martirizante y gérmenes de redención
Tal vez configuración esquiva sustraída al caos
Como un objeto inconsútil, inverosímil.
En un instante absurdo mal nacido
Del sudor de mis manos.

LA CALLE ES DE TODOS
RODOLFO

ALONSO

Por la desesperada luz, la noche blanca
de los niños enfermos, por el cantor alquilado,
por el silencio y los parientes pobres,
por la lógica del amor y la razón de vida,
por el sueño, por los sobreentendidos
que nos unen y a veces nos separan,
por la muerte legítima,
por la tenaza, el pincel y la tijera,
por el vaso y el mar,
por el hierro pero no por las cadenas,
por la perra del ciego y los ojos que vendrán,
por la mano y la memoria,
por la risa de la lluvia y la tibieza
de algún sol sobre una espalda miserable,
por el vuelo y la pesca,
por todas las palabras que nos faltan,
yo digo ahora tembloroso
no sin cierta desconfianza también una palabra pequeña
PAZ
31

�Aldo Paparella (A rgentina), "Sugerencia N? 2 4 " , A lu ­
minio, 1959

LA INCONQUISTABLE
CARLOS LATO RRE

Solamente piel, sí,
piel de ráfaga y providencia;
pero también piel de serpiente,
de ídolo,
de pájaro funerario.
Sobre ella fundó América su casa sin gobierno,
su fiesta de tigres y desvarios:
pantano para la rueda de la realidad,
escalera para no llegar jamás.

En América vive y clama todo lo que atruena,
desde el grito de vejamen
hasta el grito de extinción,
y en medio,
la lluvia torrencial ahogando las voces
y los chisporroteos de sus sexos de volcán.
Envuelta en su atavío de follaje y adulterio,
ella ofrece su fuego central para el resto
de la tierra,
mientras el alacrán del ocio envenena
su secreta voluntad,
y sobre su indestructible poder se corta
el nudo de la Historia.

32

�WOLFGANG PAALEN
ALDO PELLEGRINI

Wolfgang Poalen se suicidó en Méjico en septiembre de
1959. Una escueta necrología aparecida en alguna revista.
Un impacto conmovedor para todos los que lo conocimos y
estimamos su obra. Esa obra, demasiado poco conocida en el
maremagno de la pintura contemporánea colmada de arri­
bistas, oportunistas, mistificadores y exhibicionistas, apoya­
dos por críticos irresponsables e incapaces y desgraciada­
mente a veces por escritores serios con daltonismo estético
o ceguera plástica, justifica que hoy más que en cualquier
momento de la historia pasen inadvertidos aquellos que como
Paalen no practican la politiquería artística.
La obra de Paalen extraña y secreta exige el silencio y no
la bulla (hay un arte que se vuelve opaco en ambiente de
griterío y resplandece sólo en la luz del silencio); es una
obra en la que buscó su comunión con el mundo por el ca­
mino de la iluminación. En su período europeo, su pintura
es el canto y la revelación de los seres secretos que nos ro­
dean y nos habitan, que están en el mundo y en nosotros.
Es el canto de seres secretos que parecen surgir de la nada,
de seres nocturnos iluminados por dentro. En su primer
período mejicano, trata de expresar el palpitante corazón
arrancado de la esencia de la materia, corazón que es ener­

gía pura a la cual mezcla la vida misma del artista para
obtener el cuadro. Para lograrlo hizo de los medios pictó­
ricos un lenguaje de la más alta calidad visual, un lengua­
je de pintor puro con la materia prima del color y de la luz.
En este viaje hacia una comunicación con las cosas, hacia
la más honda comunicación, aquella que revela los secretos,
Paalen se ha sentido de pronto en la soledad. Y así pare
él la soledad ha sido (y lo es siempre) una sed devoradora
de comunicación. ¿No es la soledad misma el modo esen­
cial de comunicación con el misterio?
¿Supo alguna vez Paalen en qué medida su obra había al­
canzado a comunicarlo con otros solitarios, con otros buceadores en lo desconocido? Demasiada distancia nos separa
a todos (aun estando juntos) para que esa voz que se dirige
a la más extrema lejanía encuentre un eco, una respuesta,
que retorne al artista mismo. La respuesta que provoca la
obra de un verdadero creador es siempre lenta en aparecer
y se dirige a los otros, a los que nada han preguntado. Son
respuestas para crear interrogantes y esa es la fundamenta!
función del artista.
¿Supo alguna vez Paalen cuánto admiramos no sólo su obra
de artista sino su actitud humana? Todo lo que es dema­
siado denso no puede ser confiado a las palabras. Sólo
el gran gesto sin gesto, el gran silencio sin silencio, pueden
recoger ese mensaje. Y ese gran gesto y ese gran silencio
son el desafío al mundo alborotador y hueco que nos rodea.
En ese viaje por la soledad en busca de la comunicación
esencial Paalen debía encontrarse con la muerte. Para un
hombre como él sólo la muerte tiene sentido cuando es li­
bremente elegida, cuando se tiene el definitivo orgullo de
poner límite al propio destino. ¿Y no es acaso la muerte
la exaltación del misterio de la vida, la comunicación final
y completa con el todo?

33

�GALERIA VAN RIEL
Florida 659, Buenos Aires

Arte Argentino
de Vanguardia
Borda
Chab
Langlois
Macció
Paparella
Peluffo

GALERIA VAN RIEL

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En tres continentes y desde hace decenas de
años, los establecimientos Olivetti, intercambian
sus experiencias. En cualquier lugar donde se
escriba o calcule, el nombre Olivetti significa un
conjunto industrial internacional que al volúmen
siem pre en aumento de su producción y venta,
agrega un progreso igualmente creciente en la
calidad y variedad de sus productos.

Olivetti
L e x ik o n

D ivisu m m a

O liv e t t i A r g e n t i n a S . A .
Buenos Aires - S. Martin 550

�es una revista de aparición bimestral concebida y realizada
para directores de industrias. Su finalidad es servir de
medio difusor de conceptos y técnicas vinculados al
quehacer industrial en el nivel empresario, ya sea el tra­
tamiento automático de procesos continuos, la conversión
de instalaciones de combustión o estudios económicos refe­
ridos a determinadas perspectivas nacionales que afectarán
su desenvolvimiento.
El contenido de la revista está compuesto por artículos
originales firmados por profesionales de prestigio y por
varias secciones fijas que tratan temas tan diversos como
la energía atómica, los negocios y tendencias, el panorama
de las realizaciones mundiales o las reseñas bibliográficas.
La presentación gráfica coloca a ENERGIA INDUSTRIAL
al nivel de las mejores revistas especializadas del mundo.
Primero, Tomás Gonda y actualmente Rómulo Macció, han
sobresalido en su función de diagramadores, creando una
línea y un diseño que hacen de la revista un objeto gráfico
de jerarquía internacional. ENERGIA INDUSTRIAL, circula
entre directores de industrias únicamente por suscripción,
enviándose a pedido ejemplares de muestra.

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EN V E N T A EN LAS B U E N A S L IB R E R IA S

aparece el jueves 28 de julio

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                <text>Llinás, Julio&#13;
Jaguer, Edouard&#13;
Pierre, José&#13;
Girondo, Oliverio&#13;
Henein, Georges&#13;
Luca, Ghérasim&#13;
Lacomblez, Jacques&#13;
Lambert, Jean Clarence&#13;
Aguirre, Raúl Gustavo&#13;
Vanasco, Alberto&#13;
Bayley, Edgar&#13;
De Lima Sousa, Milton&#13;
Alonso, Rodolfo&#13;
Latorre, Carlos&#13;
Pellegrini, Aldo</text>
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                    <text>�Cuadernos internacionales de documentación sobre la poesía y el arte de vanguardia
N 9 2 , Buenos A ire s, junio de 1958.
D ire cto r: J U L IO L U N A S
Redacción y A d m in istració n : Cuba 3 109 - Buenos A ire s - A rgentina

CORRESPONSALES:

Alemania: K. O. Gotz. - Bélgica: J. Lacomblez. - Canadá: R. Giguére. Egipto: G. Henein. - Francia: E. Jaguer. - Italia: E. Baj. - México: M.
Goeritz. - Suecia: I. Gustafson.

REPRODUCCIONES: EN COLOR
TEXTOS
1 . Ju lio Llin ó s:

El Cero es Rey

2.

Edouard Ja g u e r:

8.

"P h a se s".

Liminar
EN BLANCO Y NEGRO

10.

Edoardo San g u ineti:

13.

Boris R yb a k :

Erotopaegnia

Es siempre la misma cosa

1 5 . Georges H en ein: Budapest
16.

Jacques Laco m b lez:

Poema

21 . Sergio Dangelo:

La experiencia espacial en Italia

24.

Roland G ig uére:

Pequeño desastre de familia
Un mundo blando

27.

Ghérasim L ú e a :

El telón

30.

Jacques H érold:

Nuevos fragmentos de un
maltrado de pintura

3 3 . C ari F. R eu tersvaerd :

Poemas

3 4 . Jean -Jacq u es L e b e l : Poema
36.

Portad a: Em ilio Scanavino
1 1 - Enrico Baj
25 - W ifred o Lam

Lasse Soderberg:

Vagabundo enfurecido

Las traducciones de los textos de Edouard
Jaguer, Edoardo Sanguineti, Boris Rybak,
Georges Henein, Jacques Lacomblez, Sergio
Dangelo, Roland Giguére, Ghérasim Lúea,
Jacques Hérold, Cari E. Reutersvaerd, JeanJacques Lebel y Lasse Soderberg, son de
Julio Llinás.

3 4 7 9 13 14 16 29 31 32 33 35 36 -

Bernard Childs
C a ri Buchheister
Sergio Dangelo
Claude V ise u x
Karl-O tto Gotz
Ju a n Langlois
Francois A rn al
laro slav Serpan
W ilh e lm Freddie
Jacq u es Lacom blez
G ianni Bertini
Jean -Jacq u es Lebel
Jacques Hérold
André-Poujet
Roland Giguére
C a ri F. Reutersvaerd
Bernard Schultze
Horst-Egon Kalino w ski
Enrique Z a ñ a rtu

�El

Cero

es

Rey

No nos asombremos de despertar un día con las manos cortadas.
La Arbitrariedad, más temible que las emanaciones radioactivas, amenaza
con destruir definitivamente el ya precario esqueleto mental del hombre.
Elemento natural y catalizador por excelencia, se ha erigido en sistema de
juicio, respondiendo dócilmente a las debilidades del Ser, proyectando un
rayo defensivo bajo las diversas formas de la agresión gratuita y cimentando
una super-estructura confusionista, cuyas desastrosas consecuencias confi­
guran e! aspecto tenebroso de la conciencia actual.
Al amparo de la fórmula del "libre-pensamiento" y sirviéndose de ella en
una gama infinita de interpretacicnes, los mayores devaneos están permi­
tidos. El hombre juzga para tranquilizarse y su juicio es arbitrario. Y como
fundamentalmente, arb itrariedad es la negación de ju icio , las consecuen­
cias no se hacen esperar. La confusión se entroniza. El cero es rey. Y el
verdadero Ser, debilitado y disminuido, confinado en el corazón de esa
madeja de lodo, vé cómo sus poderes de comprensión y de conocimiento
se adormecen progresivamente en su seno. El juicio, mata.
La "incomprensión" del público frente a la poesia y al arte actuales, es
fundamentalmente un problema de juicio . Los divulgadores, ensayistas,
exégetas o críticos, aún aquellos mejor intencionados, arbitran ilusoria­
mente esos fragmentos secos que serán inmediatamente esgrimidos como
elementos de inagotable confusión.
Nada es explicable para la voracidad del Ser. Sólo las super-estructuras se
conforman. Pero el hombre, el de adentro, permanece intacto en su ham­
bre, iluminando con la conmovedora pobreza de su corazón, un camino
que lo conduce indefectiblemente hacia sí mismo, hacia su grande y primer
interrogante.
La inoperancia de la poesía frente a la más lúcida conciencia contempo­
ránea, es probablemente, en una gran medida, la consecuencia de su escasa
operancia en si misma, de su propia arbitrariedad y de una cierta categoría
de su desenfreno. Bajo la invocación de la "sacra tarea", se pretende dar
el fulgurante espaldarazo del conocimiento poético a la mera imitación
retórica de un esquema reputado válido. El desenfreno, cuya eficiencia
propulsora es innegable, se ofrece bajo el pelaje rutilante de un poderoso
objeto mitico. El poema es entonces la gota desintegrada en la atmósfera,
la gota que no horada la piedra: un simple malentendido estético.

�La bahía de la "realidad" — ya sea ésta tenida por inmediata, abstracta
o psíquica— ofrece amplio refugio a los agrimensores de su alcance que
delimitan sus tierras con un seguro y delirante trazo, separándolas de las
turbulentas aguas de lo "irreal". Esa sujeción ancestral del espíritu a una
limitación atávica pero transgredible, parece trastabillar más intensamente
en la actualidad, junto con todo el edificio consciente, constantemente
mantenido en jaque por las traiciones sucesivas del espejismo en que se
nutre.
Si el hombre actual no tiene fe en la obra de creación, si nada espera de
ella, salvo — en el mejor de los casos— una emoción estética, no es pre­
cisamente porque "no esté preparado" culturalmente para recibirla, sino
porque se ha convertido en un ser social, arbitrario, juzgante, un asesino
cotidiano de su lucidez y porque la auténtica obra de creación es esencial­
mente anti social, ya que no ofrece solución alguna, sino que señala y de­
vela los peones de una farsa cuyo origen, bíblico o no, bien puede ser in­
terpretado como una maldición.
C a m b ia r la vida es una fórmula, probablemente la más válida que haya

anotado concretamente la poesía en su trayecto hasta el presente, pero es
también el peligroso juguete de la arbitrariedad humana, en su defensa
inagotable de ese triste mendrugo que es su propia miseria.
A pesar de ciertas interpretaciones posibles pero erróneas de esa fórmula,
su esencia no consiste tan sólo en obturar parcial o totalmente los nume­
rosos rumbos de la nave social en cualquiera de sus aspectos ni en la pla­
nificación científica de un nuevo sistema de organización.
Tan sólo devolviendo el Ser al Ser, reintegrándolo a sus poderes, a su in­
genuidad natural — único vehículo de sinceridad constante— , desmontan­
do la máquina arbitraria de defensa y aniquilamiento, desvaneciendo las
patrañas históricas y culturales, será posible desterrar la hiena hambrienta
de la egresión y abrir los ojos a la Vida, que aguarda un paso más allá,
detrás de la muralla, como una madre temporaria, enloquecida y sola.
El ejercicio sano, profundo y sincero de la poesía, si bien no siempre tiene
por consecuencia la obra definitivamente reveladora, posibilita los pasos
sucesivos de transgresión y de conocimiento, de aproximación a una exis­
tencia verdadera y total.
De ahí, c les deambulecs retóricos a los que nos tiene tristemente acostum­
brados la mayor parte de la poética actual, hay un largo paso. La poesía,
cuando es confundida en el término global de lite ratu ra, carece de vigen­
cia. Ejemplos como los de Rimfccud, Lautrécmont y Artaud — para citar
tres fulgurantes nombres de su historia— marcan la línea infranqueable
entre ambos términos.
Es hora de que la actividad del poeta tenga una vigencia absoluto, y de
que esa vigencia sea incesantemente comunicada y transmitida. Cuando
la poesía sea "hecha por todos", cambiará la vida.
JULIO LLINÁS

�Bernard Chiids:

El comienzo - 1957.

Cari Buchheister:

Composición en formas y colores altisonantes -1951.

�Sergio Dongelo: La niebla en la ciudad - 1956.

�Liminar
Del mismo modo que hubo en un tiempo poetas malditos, existe toda­
vía, en 1958, una "realidad maldita", y cada día que pasa nos aporta —
especialmente en los dominios de la física y de la psicología— nuevas
perspectivas que demuestran claramente la constante precariedad de nues­
tra visión del mundo, y hasta qué punto ese mundo que nos rodea es objeto
de perpetuas y contradictorias metamorfosis. Sería pues difícil y sin duda
bastante vano, prohibir al pintor, al poeta, al escultor, el asomarse a ese
irrevelado maldito, incomprensible todavía a pesar de los descubrimientos
realizados, cuando en todos los tiempos el arte fue el refugio de todas las
audacias y el rechazo opuesto a todas las prohibiciones. En los círculos
"bien informados" de la crítica de arte, se niega ya cada vez menos la
importancia y la validez de las investigaciones relacionadas con la historia
del surrealismo y del arte no-figurativo desde hace tres o cuatro décadas,
y se comienza a admitir, por lo menos tácitamente, que la pintura corrien­
temente llamada no-figurativa, es un desafío a la realidad, tan sólo si se
aparta arbitrariamente de ella todo lo que nuestros sentidos inválidos se
muestran incapaces de percibir.
Sin embargo, pintura y escultura corren peligros más serios en 1958
que el de la incomprensión (ahora decreciente) del gran público: peligros
surgidos de la generosidad y de la amplitud de las exploraciones empren­
didas — descubriendo súbitamente extensiones tan vastas que, en el fondo,
resulta natural que el explorador a veces pierda pie.
Es preciso pues constatar que la pintura y la escultura, se hallan ac­
tualmente frente a una nueva crisis del objeto, nacida de la confusión que
sucedió de pronto a la última insurrección contra la transcripción pura­
mente objetiva de la realidad. Es evidente que ese movimiento, de elásti­
cos contornos, que se designa abusivamente bajo los nombres de "tachismo" o de "informal", de ningún modo puede aspirar al título de haber
constituido una superación del surrealismo o del arte abstracto de los tiem­
pos heroicos. A pesar de su turbulencia, no podría rivalizar con ellos desde
el punto de vista de la importancia histórica.
En efecto, los pintores que participaron en él, trataban más o menos
instintivamente de reaccionar contra ciertas formas bastardas de esas dos
corrientes mayores de la aventura plástica contemporánea; de romper ca­
tegóricamente tanto con la simulación pictórica exageradamente minu­
ciosa de ciertos estados poética-oníricos (grata a Dalí y a sus epígonos)
del lado del surrealismo — como del otro lado, con las monótonas coque­
terías funcíonalístas de un arte abstracto a justo título calificado de "frío"
y generalmente exento de toda preocupación metafísica (al revés de las
preocupaciones constantes de un Mondrian o de un Kandinsky). Animados
por un ardor espectacular, por una especie de furia sagrada (Pollock) que
parecía tener que arrasar con todo a su paso, los pintores informales pro­
vocaron una renovación considerable de las fórm ulas pictóricas, introdu­
jeron en la pintura técnicas todavía poco exploradas, aunque, procedentes

�en una gran medida de descubrimientos anteriores, debidos a menudo al
surrealismo, especialmente en lo que respecta al empleo del automatismo
(Riopelle, Dova).
En cierto modo, ese no fué ese "arte otro", del cual tanto se ha ha­
blado, a veces, con cierta felicidad. O más bien, si: lo fu é, pero ese "a rte
otro " en realidad, existía ya desde Dada. Y , sin que se comprenda inme­
diatamente por medio de qué proceso, supo — en el umbral de la esclero­
sis, del desprestigio, y de los peligros evocados más arriba— reaccionar sa­
namente, fabricó sus "anticuerpos". De ahí, esa gran tempestad informal,
cuyos síntomas aparecían ya netamente hace quince años en la obra de
Hartung o Gorky, y en los pintores del movimiento abstracto-surrealista
danés tales como Jorn o Mortensen; de ahí esa crisis de crecim iento de ca­
rácter monstruoso, esa hipertrofia caótica que hizo creer que una muta­
ción irreversible se había producido en la historia del arte contemporáneo.
Pero hoy asistimos, no sin cierto fastidio — comparable al experimen­
tado poco antes frente a esa abstracción fría siempre idéntica a sí misma—
a un libertinaje reiterado de manchas coloreadas cada vez más aleatorias
y al asalto de rasgos también siempre idénticos, que no son más que puras
descargas mecánicas, cuyo valor de choque termina por embotarse en la
medida en que el gesto, perdiendo toda calidad de testimonio emocional
directo, se convierte cada vez más en simple reflejo.
Completamente desprovistos de las conexiones psíquicas que drama­
tizaban la obra de Wols o de De Kooning, esos gráficos y esas manchas no
son desde entonces más que simples tics formales, exteriorización beata
de un nuevo confort intelectual.
Es pues innegable que surgió un nuevo problema: ¿qué respuestas
aportar a esa nueva crisis del objeto, que es en realidad, una crisis del hom­
bre, frente al vacío dejado por la quiebra de esos valores tan queridos?
A ese desmoronamiento correspondió primero el huracán informal, de!
mismo modo que al desmoronamiento de valores todavía más destartalados
había respondido el tifón Dada en 1916-17. Así pues, los creadores se
encuentran en lo sucesivo, como en 1922-24, en busca de una nueva "van­
guardia", dotada de una estructura conceptual sólida a la manera del
Movimiento "De Stijl" y del Movimiento surrealista de antaño: y los es­
fuerzos de los más conscientes tienden a desprenderse desde entonces de
las nuevas fórmulas de abandono, para franquear una nueva etapa en la
gran conquista de lo maravilloso.
Más o menos al margen del surrealismo y de la corriente informal,
aunque confundiéndose tanto con el uno como con la otra, los primeros
signos de ese nuevo clima pictórico se remontan ya a algunos años atrás.
Es preciso recordar al respecto, la acción considerable de "Reflex" y deí
movimiento "Cobra", de 1948 a 1951, y, tiempo más tarde, la actividad
vigorosamente polémica del Movimiento Nuclear de Milán.
Actualmente, la señal de una nueva insurrección parece haber sido
dada, esta vez sin ambigüedad y en todas partes al unísono. Las inves­
tigaciones coherentes se multiplican y gracias a ellas, que "Phases" trata
ante todo de reflejar fielmente, podemos asistir al despliegue de fantásti­
cas imágenes, representaciones asombrosas pero no gratuitas de una nueva
situación de la conciencia; y por esa vía, más allá de un informal actual­
mente desprovisto de la substancia vita! de sus comienzos, podremos en

�fin reencontrar lo im previsto, y el arte retornará a lo que debe ser en primer
término: no solamente imágenes, choque y explosiones de imágenes, sino,
sobre todo, el instrumento inigualable gracias al cual el ser humano puede
asegurar el desciframiento de un imperio mental sin límites ni constreñi­
mientos y la comunicación peligrosa, el intercambio fecundo entre ese
imperio menta! y los suyos, los dramas y los abismos del mundo cotidiano,
del universo social.

Karl-Otto Gotz:

Tela de Febrero 1956.
(Colección de Vries, Holanda).

�"P h ases”
En 1951, aparecían los últimos números de las dos revistas europeas consa­
gradas a la exaltación de las nuevas formas de la expresión libre, nacidas del en­
cuentro del surrealismo y de la abstracción lírica: “Cobra”, fundada en 1948
(Director: Christian Dotremont; redactor francés: Edouard Jaguer), y “Rixes”,
fundada en 1949 (Co-redactores: M. Clarac-Sérou, I. Serpan, E. Jaguer). La
desaparición, con un breve intervalo, de ambas publicaciones, tuvo como conse­
cuencia el debilitamiento de los lazos existentes entre pintores y poetas de diferen­
tes países.
Se hacía, pues, necesario, un reagrupamiento, en la tradición común al
Surrealismo, a “Cobra” y a “Rixes”, según la cual, la edición de un nuevo número
de una revista se acompañaba a menudo con la organización de una exposición
colectiva. Es así que Edouard Jaguer se ve progresivamente impulsado, a partir
de 1952, a encarar, solo, la ejecución de un programa de exposiciones y de
edición, susceptible de reanudar los contactos perdidos entre los diferentes grupos
o movimientos diseminados por todos los países de Europa Occidental, hasta
Egipto o la Argentina. De esa preocupación, nació “Phases”. ■
En febrero de 1953, esta publicación apareció por primera vez a la aten­
ción del público, con motivo de la exposición común del pintor Alechinsky y del
escultor Tajiri, en la Galería Martinet de Amsterdam. Bajo la égida de “Phases”,
se editó un boletín titulado “El árbol y el arma”, conteniendo un texto de Do­
tremont y dibujos de Alechinsky,
Sin embargo, el primer número de “Phases” bajo la forma que se le conoce
actualmente, fué publicado en Enero de 1954, agrupando entre otras, las colabo­
raciones de Georges Henein, Camile Bryen, Pierre Soulages, Louis Scutenaire,
Capogrossi, K. O. Gotz y Willi Baumeister. Figuraban en éi estudios y documentos
inéditos sobre Marcel Duchamp, sobre el poeta dadaista belga Clément Pansaérs,
el futurista ruso Khlebnikhov, los pintores Hartung, Pollock, Mortensen, etc. y
nombres familiares a los lectores de “Rixes” y de “Cobra” : Dotremont, Corneille,
Havrenne, Lam, Matta, Alechinsky. Asimismo, se organizó una exposición en
la Galería Paul Fachetti de París, con el concurso de los pintorees Matta, Jorn,
Bryen, Lam, Hérold, K. O. Gotz, Buchheister, Gillet, Claude Georges, Greis,
Schultze, Hayter, Ailechinsky y otros.
En marzo de 1955 apareció el segundo número. Con una portada de Max
Ernst. llevaba artículos de Alechinsky, sobre la caligrafía japonesa; de Roland
Giguére, sobre la vanguardia en el Canadá; de Sergio Dangelo, sobre los movi­
mientos nuclear y espacialista de Italia; de Ingemar Gustafson, sobre el imagi­
nismo sueco y ensayos o poemas de Henri Pastoureau, Hérold, Bryen, Charpier,
J. P. Duprey y Ghérasim Lúea. Numerosas ilustraciones agrupaban a antiguos su­
rrealistas como Tanguy, Marcel Jean, Lam y Freddie, junto a jóvenes pintores como
Arnal, Viseux, Nieva y Fahlstróm, poco conocidos todavía por el gran público.
Ese segundo cuaderno se inició con un largo estudio de Jaguer sobre las dife­
rentes corrientes abusivamente denominadas “arte otro”.
En esa ocasión, fué organizada en la Galería Creuze, una importante expo­
sición que reunió 182 obras y 80 participantes, en torno a un homenaje a Max
Ernst, con una veintena de obras representativas de las diversas épocas de ese
pintor. Participaron en dicha confrontación, la mayor parte de los pintores citados
precedentemente, a quienes se agregaron los italianos Baj, Dova, Scanavino, Fon­
tana; los suecos Hultén, Ósterlin; los canadienses Bellefleur y Giguére; el espa­
ñol Tapies y los americanos Childs y Jenkins.
Algunas semanas después, el 23 de junio de 1955, el arquitecto y escultor
Mathias Goeritz, en contacto con Jaguer, organizó en Méjico la “Segunda Con­
frontación Internacional de Arte Experimental”; dicha iniciativa se combinó en
ese momento con la de los promotores del Movimiento Nuclear, Baj y Dangelo,
quienes realizaron por su parte en la Galería Schettini de Milán y siempre con
la participación de “Phases”, la importante exposición “II Gesto” (del 18 de
junio a fines de julio de 1955). En ella estuvieron representados los participantes
habituales, a quienes se agregaron Hanta'í, Sónderborg, Saura, Colombo, etc. (En

�esa ocasión fué editado un cuaderno titulado “II Gesto” y un segundo cuaderno,
con una portada de E. L. T. Mesens, apareció a fines de 1957).
Titulada “Exposición 44”, la exposición “II Gesto” se realizó en Génova
bajo los auspicios de Emilio Scanavino, en mayo de 1956, con la participación
de Crippa, Donad, etc.
En noviembre de ese mismo año apareció el tercer cuaderno de “Phases”
(con portada de Raoul Haussmann, uno de los sobrevivientes de la aventura
dada). Nuevos nombres: André-Poujet, Hundertwasser, Reuterward, Vandercam.
Con tal motivo, se organizó una muestra en la Galería Kléber de París.
El 10 de mayo de 1957 fué inaugurada la más importante manifestación or­
ganizada bajo el signo de “Phases” hasta entonces: la exposición “Phasen”, que
agrupó en doce salas del Stedelijk Museum de Amsterdam, 130 obras de 33 pin­
tores y escultores de diferentes países, entre quienes figuraban los promotores
del movimiento experimental holandés de 1948, los pintores Appei, Corneille,
Rooskens y Wolvecamp. La composición del catálogo, realizada por el Sr. William Sandberg, director del Museo y co-organizador de “Phasen”, constituye
el cuarto número de “Phases”.
Aparte de la presente exposición —que BOA se complace en presentar
al público argentino— otras manifestaciones están previstas para el año 1958:
en el Instituto de Arte Contemporáneo de Lima, en junio-julio; en la Galería
Saint-Laurent de Bruselas, en junio-julio; en la Galería Chuo-Koron de Tokio,
en octubre; y, en fin, en noviembre, en Paris, en cuya ocasión será editado el
quinto cuaderno de “Phases”.

�EDOARDO SANGUINETI

Erot opaegni a

i

apresa este mercurio, esta gélida encía, esta miel, esta esfera
de vidrio árido; mide atentamente la cabeza de nuestro
niño y no tuerzas ahora su pie
imperceptible:
en tu pezón convertirás
un prolongado continente de lámparas, el hálito obsesivo de los jardines
críticos, las perezosas ballenas del vientre y las ortigas
y el vino y la náusea y la herrumbre;
porque cada calle
querrá salir a su paso, una hernia umbilical incidir
en su perfil de humo, algún hipopótamo darle
sus dientes de caspa y de fósforo negro:
evita el viento
los lugares abarrotados, los juglares, los insectos;
y a los seis meses él podrá duplicar su peso, mirar el ganso
ajustarse la bata, asistir a la caída de los frutos;
arráncalo pues de su vida de algas y de glóbulos, de los pequeños nudos,
de los indecisos lóbulos:
su gemido conquistará tus líquidas heridas
y sus ojos de oblicua manteca corregirán estos siglos sin nombre!

dormía en ti como un fibroma seco, como una flaca tenia, como un sueño;
ahora pisa los guijarros, sacude su propia sombra; grita,
deglute, orina, habiendo esperado desde siempre el gusto
de la manzanilla, la temperatura de la liebre, el rumor del granizo,
la forma del tejado, el color de la paja;
sin remedio el tiempo
se ha vuelto hacia sus días, la tierra ofrece imágenes confusas;
¿logrará reconocer la rana, el campesino, el cañón?
no esperaba verdaderamente estas tijeras, ni esta fruta,
cuando temblaba en esa bolsa tuya de membranas opacas.

�Enrico Boj:

Bailarina - 1955.

(Colección Palazolli - Milán).

��Francois Arnaí:

Hasta que la muerte nos lleve - 1956.

BORIS RYBAK

Es Siempre la Misma Cosa

El niño naftalina
El escolar mercerizado
La bruma disipada
En los mediodías traspasados por los soles y las lejías monótonas

Aprendiendo a contar sus días
A pelar papas
A hacer sin ton ni son todos los ejercicios de la rueda del pavo
con los ojos escalfados de las recreaciones del
mundo

Y el alba vigilante borra los grafitos
Y mi corazón tiene orejas de asno

�larosiav Serpan:

Gohgoi - 1956.
(Colección Samuel M. Kootz Nueva York).

Wilhelm Freddie:

La luz de un domingo - 1957.

�GEORGES HENEIN

Budapest
Un desconocido enciende la mecha de la risa y la dinamita le responde
La vida ya no está trenzada como un nudo de arrugas
Una emoción matutina desanuda su larga cabellera

Los hombres posan sus manos al azar
Unas veces sobre un seno otras sobre una selva en llamas
Avanzan en la desnudez de un mundo que se cumple
Allí donde todo se hace visible desde lejos
Allí donde se frota uno los ojos
Como las mujeres de los países fríos
Frotan sus vidrios en un día de invierno

Alguien dice:
“Hay fiesta en la aldea”
Otro oculta un viejo fusil
Como quien descuelga su acordeón
Para hacer bailar a las muchachas

— Lansquenetes de la razón violenta
Es sorprendente descubrir la palabra
En el momento en que la conciencia es apuntada

Es sorprendente ser impúdico y sin malicia
Verídico y sin amo
Dispuesto a recoger una rosa a riesgo de la vida
A pintar con una espiga de trigo
A vertir vino en el alma solitaria de los cañones.

Los hombres rompen su tarjeta del pan
Y se miran crecer mientras sonríen
Visibles desde lejos
Discernibles en sueños
Despreocupados de existir

�JACQUES LACOM BLEZ

Poema

tuvo su primer acceso de tos, algunos metros
detrás de mí, una débil tos cuajada de impurezas
cuando estuvo a mi lado, tuvo otro acceso, más débil todavía
como el ladrido de un animal
al pasarme, dos orejas largas y velludas
le asomaban por el sombrero
con semejante tos, eso debía sucederle

Jacques Lacotrbiez:

La muerte de Sigfrido.

�EXPOSICION

“ PHASES"

Confrontación Internacional de Arte Experimental
GALERIA VAN RIEL

FLORIDA 659

BUENOS AIRES

ARNAL, Francois

BORDA, Osvaldo

Nació en 1924 en La Valette (Var) en el mediodía de Fran­
cia. Vive en París de 1947 a 1957. A fines de ese año viaja
por Tahiti, Guatemala, Méjico y los Estados Unidos. Sus
telas se encuentran en numerosas colecciones privadas y en
varios museos, especialmente en el de Santiago de Chile.

Nació en Buenos Aires en 1929. Realizó diversas muestras
individuales: en 1955, en la sociedad “Amigos del Arte” de
Rosario; en 1956, en la Galería “Peuser” de Buenos Aires
y en la Galería “O" de Rosario y en 1958 en la Galería
“Galatea” de Buenos Aires. Es uno de los componentes del
grupo “7 pintores abstractos” que expusiera del 1? al 19 de
octubre de 1957 en la Galería ‘“Pizarro” de Buenos Aires.

53 x 41 cm

g o u a ch e

1 — P á g in a de álb u m
2

—

3 —

1955

53 x 42

„

1956

53 x 41

„

10 —

—

M on ocop ia

11 —

—

Oleo so b re papel

1958
,,

25 x 35 cm
40 x 50

,,

BUCHHEISTER, Cari
BAJ, Enrico
Nació en Milán, ciudad donde reside, en 1924. Junto con
Joe Colombo y Sergio Dangelo, fundó el Movimiento Nu­
clear en 1951. La actividad de dicho movimiento se mani­
fiesta por medio de la edición de numerosos folletos y bole­
tines de información, aisladamente o en colaboración con
otros movimientos de vanguardia. Baj ha organizado con
Asger Jorn, durante el verano europeo de 1954, la exposi­
ción internacional de cerámica de Albisola, en la Riviera,
y, en 1955, la primera exposición “II Gesto”, con Dangelo.
4

— L it o g r a f ía en co lo re s 11/39

5 —

„

„

6 —

„

„

„

54 x 78 cm

35/39

54 x 78

„

31/39

54 x 78

„

BERTINI, Gianni

Nació en Hannover en 1890, ciudad donde reside desde en­
tonces. A partir de 1923, pinta obras no figurativas. Hasta
1933, realiza diversas exposiciones particulares y colectivas:
en 1926, en Nueva York, en el Brooklyn Museum, y en Filadelfia. En 1928, agrupa a los “pintores abstractos de Han­
nover”, junto con Schwitters y Vordemberg-Gildewart. En
1930, realiza la exposición “Círculo y Cuadrado” en París y
una exposición de arte no figurativo en Nueva York. Impedi­
do de actuar durante el régimen nazi, vive aislado hasta esta­
llar la guerra. De 1945 a 1948 trabaja retirado y no expone.
De 1949 a 1953, realiza varias exposiciones en Alemania.
En 1950, expone en la Rose Fried Gallery de Nueva York,
junto con Mondrian, Delaunay, Van Doesburg y Schwitters.
En 1954 participa en la Exposición “Phases” en el estudio
Paul Facchetti y hace una exposición particular en la
Galería Creuze de París. En 1955, participa en la exposi­
ción “Pintura no figurativa en la Alemania de hoy” en el
Círculo Volnay de París. En 1957, integra la exposición
"Phasen" en el Stedelijk Museum de Amsterdam.
12 —

Nació en Pisa en 1922, pero vive en París desde hace siete
años. Antes de consagrarse a la pintura, se interesó en las
matemáticas especializadas. Participó en París en un gran
número de salones y de exposiciones de arte abstracto. Es
considerado a menudo como uno de los promotores de la
pintura “nuclear”, aunque, en realidad, no ha pertenecido a
ese movimiento. Realizó exposiciones particulares en diver­
sos países de Europa: Francia, Holanda, Dinamarca, Bélgi­
ca, Italia y también, en les Estados Unidos. Sus obras figu­
ran en diversas colecciones privadas de Italia, Francia y
Holanda.
7 — E d ip o

Rey

- L it o g r a f ía

en

co lo re s

—-

51 x 66 cm

(p ru e b a de a rtis ta )
8 — E o le
9 —- L a

- L it o g r a f ía en co lo re s

c ie r v a d o ra d a

- G o u a ch e

(31/100)

—
1957

51 x 66
56 x 76

,,
,,

- G o u a ch e

—

50 x 70 cm

13 — C o m p o sició n con fo rm a o r­
g á n ic a sob re d ia g o n a l ro ja

-

,,

1950 29 x 42

„

14 — C o m p o sició n
a zu l

-

„

1949 47 x 63

„

negro

blan co

CHAB, Víctor
Nació en Buenos Aires en 1930. Realizó diversas muestras
individuales: en 1952, en la Galería "Plástica” de Buenos
Aires, en 1953, Galería “Krayd” (Buenos Aires); en 1954,
Galería Galatea (Buenos Aires); en 1956, Galería “Pizarro"
(Buenos Aires); en 1956, Galería “O" (Rosario) y en la Ga­
lería Van Riel (Buenos Aires); en 1957, en la Galería
“Rubbers” (Buenos Aires), en la Galería “Arte Bella” (Mon-

�tevideo) y en 1958, en la Galería Galatea. En 1956 par­
ticipó en la Bienal Internacional de Venecia. Pertenece al
grupo “7 pintores abstractos” que expusiera en la Galería
Pizarro en 1957. Fué invitado a la Exposición Internacional
de Bruselas y a la 1* Bienal de Méjico de Pintura y Gra­
bado de 1958.
15 —
16 —

—
—

T in t a
„

40 x 60 cm
40 x 60 „

GIGUERE, Roiand
Nació en Montreal, Canadá, en 1927. Reside alternativa­
mente en París y en Montreal. Fundador de las “Ediciones
Erta”, Roiand Giguére es poeta, tipógrafo y dibujante. Ha
colaborado en gran número de publicaciones de vanguardia
de ambos continentes y realizó una exposición particular en
la Galería Denise Delrue de Montreal en 1957.
24 — L a is la b a jo
(12/12)

Nació en Nueva York en 1910. En 1951 se traslada a Eu­
ropa, estableciéndose primero en Roma, donde conoce a
Burri, a quien lo ligan desde entonces lazos amistosos. En
1952 viaja a París, ciudad donde reside actualmente. Ber­
nard Childs, pintor y grabador, ha participado en nume­
rosas exposiciones colectivas de arte abstraco y en “Phases”,
de 1955 hasta hoy. Realizó exposiciones particulares en Pa­
rís (Galería Kléber), en Copenhague (Nordisk Kunsthandel),
en Mannheim (Galería Ahlers), en Nueva York (Galería
Rose Fried) etc.
17 —

La

a ra ñ a

y

la

en

c o lo re s

-

(p ru e b a de a r tis ta )

18 — C o n t a c t

-

m o sca

a g u a fu e rte

- a g u a fu e rte
en

c o lo re s

1957 50 X 66 cm
-

(p ru e b a de a r tis ta )
19 — A c a d a uno
a la c e ra

su

v ie n to

-

lit o g ra fía

- 1958 38 x 56 cm

n oche

-

lit o g ra f ía

- 1958 38 x 57

„

26 — Sólo so b re la t ie r r a - lito g ra fía en co - 1955 50 x 70
lo re s (20/20)

„

25 — O b s tá c u lo
(13/15)

CHILDS, Bernard

d ragón

1957 50 x 70

„

1957 38 x 49

„

- p in tu ra

en

el
la

HEROLD, Jacques
Nació en Piatra (Rumania) en 1910, participando en las ac­
tividades rumanas de vanguardia desde 1932. Viaja a París
en 1934, donde se conecta con el grupo surrealista de André Bretón. Colabora en ese movimiento y participa en la
mayor parte de las exposiciones internacionales organiza­
das por Bretón hasta 1951. Sus obras figuran en la mayo­
ría de las grandes colecciones francesas y belgas. Es autor
de un “Maltratado d pintura”.
27 — L a c iu d a d
28 — C o m a rc a
29 — Sol

- M onocopia

30 — Sol

■

- S e r ig r a f ía

(5/65)

- G o u a ch e

—
—

1954

»

tt

40 x 56 cm
50 x 65 „
33 x 48

„

33 x 48 „

DANGELO, Sergio
Nació en Milán en 1931. Es redactor de la revista “II
Gesto” y fundador, con Baj y Colombo, del Movimiento
Nuclear. Pintor y ceramista. Participó en numerosas expo­
siciones colectivas en Francia, Bélgica e Italia.
20 —
21 —

In v a s ió n - óleo so b re papel
E l e sp e c tro del diq ue - óleo y p a ste l

1956 50 x 66 cm
1957 50 x 70 „

22 —

S o b re la t ie r r a

1955 50 x 70

- óleo y lá p iz

„

FREDDIE, Wilhelm
Nació en Copenhague en 1909, ciudad donde reside desde
entonces. A partir de 1930, consagra toda su energía a crear
una actividad surrealista en Dinamarca y países vecinos.
En 1934, participa en la gran exposición “Cubismo y Sur­
realismo” realizada en Copenhague, y en la exposición de
arte sueco y danés de Oslo. En 1936, interviene en la expo­
sición internacional del surrealismo en Londres y en la
muestra “Fantastic art, dada, surrealism”, en el Museo de
Arte Moderno de Nueva York. De 1937 a 1945, Freddie
realiza numerosos viajes por Suecia, Francia, Holanda y
Países Bajos. El carácter subversivo de sus obras le origina
problemas con la autoridades durante ese período. Ha rea­
lizado dos films experimentales de corto metraje y parti­
cipó, desde 1945, en diversas exposiciones surrealistas y ex­
perimentales importantes. Sus obras figuran en el Museo
Nacional de Estocolmo y en los Museos de Arte Moderno
de Madrid y Nueva York.
23

— A ren a

C o m e ta

- lit o g ra fía

(10/25)

1953 26 x 32 cm

KALIN OW SKY, Horst-Egon
Nació en Dusseldorf en 1924. Vive en París desde 1952,
participando en diferentes manifestaciones de grupo, tales
como el Salón de Mayo y el de “Réalités Nouvelles”. Ex­
puso solo o en grupo en las siguientes galerías: Denise René,
Arnaud, Daniel Cordier, de París; Berta Schaefer de Nueva
York; de Unga en Estocolmo, “Der Kreis” en Viena; “Zimmergalerie Franck” en Francfort; “Galería Parnass” en Wuppertal; Galería “Saint-Laurent” en Bruselas, etc.
31 —
32 —

—
—

33 —

—

C o lla g e
„

LACOM BLEZ, Jacques
Nació en Bruselas en 1934. Realiza su primera exposición
personal en la Galería Saint-Laurent en 1952, en la cual
ha expuesto regularmente cada año desde entonces. En 1955
abandona sus estudios universitarios por la pintura. Parti­
cipa en diferentes exposiciones de la Joven Pintura Belga,
en el Premio Lissone y en ia exposición “El aporte Valón
al Surrealismo”, realizada en el Palacio de Bellas Artes de
Lieja en 1955, junto con Magritte, Delvaux, etc.
34 —

—
—

P in t u r a

35 —

so b re papel

36 —

—

M onocopia

tt

tt

tt

1957
1957

27 x 36 cm
27 x 36

„

1958

27 x 36

„

�Nació en Buenos Aires en 1926. Trabajó durante cuatro
años en el taller de Emilio Pettoruti, bajo cuya dirección
estudió dibujo, pintura y composición. A fines de 1951
emprendió viaje a Europa, decidiendo establecerse en París,
donde reside desde entonces. Sus obras han sido expuestas en
los salones “Comparaisons”, “Réalités Nouvelles”, “1er.
Salón International d’Arts Plastiques” y “Salón d’Automne”, donde fué elegido miembro-societario. Ha expuesto
igualmente en muestras individuales y de conjunto, orga­
nizadas por la Galería “Saint Laurent” de Bruselas. Ha rea­
lizado estudios de grabado moderno en el “Atelier 17” bajo
la dirección de Stanley William Hayter. Una exposición de
sus obras se ha realizado recientemente en Buenos Aires,
en la Galería Pizarro.
37 —

E s tu d io - s e c u e n c ia

38 — E s tu d io
39 —
11
40 —
41 —

- T in t a , flo - m a s t e r 1957 49 X 63 cm
y p a ste l
- G o u a ch e
■
“

tt
ti

1958 50 X 65

„

tt

tt

tt

,,

48 X 63
48 X 65

„
„

tt

„

50 X 65

„

LAM, Wifredo
Nació en Saguay la Grande (Cuba) en 1902. Colabora con
los surrealistas a partir de 1937. Durante la última guerra
vive en Cuba y en los Estados Unidos. Vuelve a Francia
en 1952. Las obras de Lam figuran en diversos museos
americanos, especialmente la célebre “Jungla” del Museo
de Arte Moderno de Nueva York, y en numerosas colec­
ciones privadas americanas y europeas.
42 —

P aste l
63

43 —
44 —

x « 7

62 x 48

Nació en Francia en 1936. Pintor y poeta, ha participado
en las actividades del movimiento surrealista desde 1955 has­
ta el presente. Es director de la revista-affiche “Front Unique”, en la que colaboran Matta, Alain Jouffroy, etc. Ha
participado en diversas exposiciones de grupo en Francia y
en el extranjero. En 1957 realizó una exposición particular
en París, en la Galería Iris Clert.
45 —

—
—

47 —

—

G o u a ch e
,,
D ib u jo

1957

50 x 65

&gt;t

50 x 65 ,,

T é m p era

T ém p era
„

1958
„

60 x 80 cm
60 x 80 „

ANDRE-POUJET
Nació en 1919 en París, ciudad donde vive. Participa en los
primeros salones de “Réalités Nouvelles” y, desde 1956,
en todas las exposiciones organizadas por “Phases”, en com­
binación o no con otros movimientos. Sus telas figuran en
diversas colecciones particulares importantes de Francia e
Italia.
52 — S o m b ra
53 —

de

so m b ra

D a r iu s , q u ie re s

54 — G isé le

r e ír

a so m b ra d a

- f lo - m a s t e r
- f lo - m a s t e r

- f lo - m a s t e r

1956

54 x 75 cm

,,

54 x 75 „

,,

52 x 75 „

REUTERSVAERD, Carl-Frédérik
Nació en Estocolmo en 1934. Vive alternativamente en Pa­
rís y en Estocolmo. Poeta, pintor, dibujante humorístico y
autor de films experimentales de corto metraje. En 1957,
realiza exposiciones particulares en el Instituto de Arte Con­
temporáneo de Londres, en la Galería “La Roue” de Pa­
rís y en Estocolmo.
55 —

—

56 —

—

57 —

—

T in t a 1957

„

Nació en Buenos Aires en 1932. Pertenece al grupo “7 pin­
tores abstractos” que expuso en 1957 en la Galería Pizarro.
Muestra individual: 1956, Galería Bonino (Buenos Aires).
Participó en varias exposiciones de conjunto y en la Bie­
nal de Sao Paulo de 1957. Fué invitada a la Bienal de Mé­
jico de pintura y grabado.
—

—
—

50 x 65 cm

„

MIGUENS, Josefina

48 —

50 —
51 —

„

LEBEL, Jean-Jacques

46 —

Nació en Buenos Aires en 1931. Pertenece al grupo “7 pin­
tores abstractos” cuya primera muestra se realizó en la
Galería Pizarro en 1957. Participó en diversas exposiciones
de conjunto en Buenos Aires y otras ciudades argentinas.
Muestras individuales: 1952, Galería Antú; 1954, Centro
de Arquitectos (Córdoba); 1957, Galería Galatea (Buenos
Aires).

1958

35 x 42 cm

SAKAI, Kazuya
Nació en Buenos Aires en 1926. Viajó a Japón volviendo
a la Argentina en 1950, donde dirige la revista “Bunka”.
Es uno de los componentes del grupo “7 pintores abstrac­
tos”. Exposiciones individuales: 1952, Galería La Cueva;
1953, Galería Picasso y Galería Van Riel; 1954, Galería
Krayd; 1956, Galería Galatea; 1957, Galería Pizarro y
1958, Galería Bonino. Fué invitado a la Bienal de Méjico
y a la Exposición Internacional de Bruselas.
D ib u jo

1958

�SCANAVINO, Emilio
Pintor, dibujante y ceramista, nació en Génova en 1922,
ciudad donde reside. Es uno de los fundadores del movi­
miento espacialista, junto con Fontana, Matta, Dova, Serpan, etc. Realizó exposiciones particulares en Génova en
1942 y 1948; en Londres en 1951; en Venecia en 1955; en
Milán en 1955, 56 y 57 y en Bruselas. Las obras de Scanavino figuran en todas las grandes colecciones privadas
italianas y en los Museos de Vicence, Faenza, Pesara y Dus­
seldorf.
60 —
61 —

óleo sob re

papel

62 —

1957

46 x 70 cm

„

50 x 70 „

„

50 x 67 „

Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro y en otra efec­
tuada en el Stedelijk Museum de Amsterdam, con el grupo
“artistas modernos argentinos”. En 1956, exposición argen­
tina en Washington y exposición internacional bienal de Venecia. Fué invitado a la Exposición Internacional de Bru­
selas.
67 —

—

T in t a

1954

60 x 80 cm

68 —

—

„

1958

60 x £0

,,

VISEUX, Claude
SCH ULTZE, Bernard
Nació en 1915 en Schneidemühl (Prusia Oriental). Vive en
Francfort. Exposiciones internacionales: Museo de Cincinnati, 1952 y 1954. Museo de Brooklyn, 1952; “Salón des
Surindépendants” París, 1953. Premio Lissone, 1953, 55
y 57; “Phases” en 1954 y 55; “Couleur Vivante” 1957. Sus
obras figuran en diversas colecciones alemanas y extran­
jeras.
63 —

—

G o u a ch e

1955

48 x 65 cm

64 —

—

T in t a

1954

44 x 55 cm

la v is

Nació en 1927, en Champagne-sur-Oise (Francia). Vive en
Paris. Pintor, arquitecto y escultor. Ha participado en el
salón “Réalités Nouvelles”; en el salón “Comparaisons”; en
la exposición “Couleur Vivante” del Museo de Wiesbaden
en 1957 y en las diferentes exposiciones “Phases” desde
1955. Realizó muestras particulares en las Galerías “Arnaud” y René Drouin” de Paris. Sus telas figuran en las
principales colecciones privadas de Francia y Bélgica.
69 —

— A g u a f u e r t e enco lo re s

70 —

—

71 —

—

,,

,, „

A g u a fu e r t e (1/10)

(1/15)

( p r u e b a ele
a rtis ta )

1952

45 x 52 cm

1953

54 x 72

1953

56 x 70 „

SERPAN, laroslav
Nació en Praga en 1922. Vive en Paris. De 1946 a 1948 ha
participado en las actividades del movimiento surrealista.
Co-fundador de la verista “Rixes” con E. Jaguer y M. Clarac-Sérou. Participó en la Exposición Internacional del Su­
rrealismo de 1947 en Paris y en Praga; en las exposiciones
organizadas por “Rixes” en 1950-51, en Paris, Berlín, Franc­
fort, Lila y Luxemburgo y en diversas manifestaciones de
“Significación de lo Informal” en Paris y Roma. Realizó
exposiciones particulares en el Palacio de Bellas Artes de
Bruselas y en las Galerías Breteau, Facchetti, Stadler (de
Paris) y en las de Naviglio en Milán y del Cavallino en
Venecia. En Roma, en la Galería “Spazio”, etc. Es autor
de numerosos artículos sobre Arnal, Donati y otros. Sus
telas figuran en numerosas colecciones privadas.
65 — A v c h o h k z

- óleo sob re

papel

66 — K r o h v a t t a c t - óleo sob re papel

1954

50 x 65 cm

1955

50 x 65

,,

TESTA, Clorindo
Nació en Ñapóles en 1923. Vive en Buenos Aires desde
1924. Arquitecto y pintor. En 1952 expuso en la Galería
Van Riel de Buenos Aires y en el Museo Municipal de
Córdoba; en 1953, en la Galería Van Riel; en 1954 en la
Galería Krayd; 1956, Galería Antígona (Buenos Aires). Es
uno de los componentes del grupo “7 pintores abstractos”.
En 1953 participó en una muestra colectiva realizada en el

ZAÑARTU, Enrique
De nacionalidad chilena, nació en Paris en 1921. Realizó
sus primeros estudios artísticos en 1943 en el taller de S. W.
Háyter, en Nueva York. En 1946 trabajó en Cuba; en 1948
volvió a Nueva York, en donde residió hasta 1949, fecha en
la que se dirigió a Paris ,donde reside actualmente. Ha rea­
lizado exposiciones individuales en la Galería Creuze, 1950,
y “Galerie du Dragón”, 1955, en Paris; en la Galería Springer de Berlín, 1952; en la Galería Frank de Francfort; Ga­
lería Lutz en Stuttgart y en la Unión Panamericana en Was­
hington, 1956. Su obra ha sido incluida en numerosas ex­
posiciones de grupo en Europa y los Estados Unidos. La
obra de Zañartu está representada en el Museo de Arte
Moderno de Nueva York, en el Stedelijk Museum de Ams­
terdam, en el Museo de Jerusalem, en el Museo de Wuppertal en Alemania, en el Museo de Bellas Artes y en el de
Arte Moderno de Santiago de Chile, en la Biblioteca Na­
cional de Nueva York, en el Museo de Varsovia, en el Insti­
tuto de Arte Contemporáneo de Lima y en numerosas co­
lecciones privadas de Europa, Norte y Sud América.
1956
1954

48 X 66 cm
48 X 63

„

1955

48 X 62

„

„

1956

„

1956

48 X 65 „
47 X 66 „

72 — E s tu d io - G o u a ch e
73 —
74 —

„

75 —
76 —-

-

„

�SERGIO DANGELO

La Experiencia Espacial en Italia
Cuando el sol
descienda sobre la tierra con su bigote
abriremos nuestras valijas
y los hijos de las últimas ratas
olvidarán su lenguaje.
(B. Péret, El Gran Ju ego)

En el vasto panorama ofrecido por el arte actual, desde el tiempo en que la cosa
inventada preocupa e inspira a un número creciente de artistas, Italia ocupa un
lugar muy especial, testimoniando un vigor y una fuerza extraordinarios. No
decimos esto para justificar una posición partidaria ni tampoco por cierto en
el sentido de una crítica pasiva, sino para situar mejor la zona en que, desde el
futurismo hasta las más recientes proposiciones de nuestra “joven pintura”, se
sitúan, perfectamente autónomas, las obras actuales en Italia.
Los futuristas (Baila, Boccioni, sólo cito a los más ilustres) habían iniciado por
su cuenta a principios de siglo, una investigación incomparable con la de los
artistas de otros países durante el mismo período, ya que solamente Duchamp
se interesó en los mismos problemas que ellos habían abordada, en reacción
contra el estatismo ambiente.
Estas obras fueron más allá (en tanto que poder de concepción) de las soluciones
puramente técnicas consideradas en un principio como la expresión solamente
exterior del movimiento; y los “Estados de ánimo” nos imponen, todavía hoy,
una poética hasta tal punto seductora, que parece imposible ir adelante, a partir
de antecedentes análogos.
Es cierto que asistimos actualmente a un desplazamiento del interés y que los
problemas se plantean —y se proponen—- bajo un ángulo diferente; pero ello
no impide que el gesto futurista se prolongue hacia el nuestro hasta la identidad, y
si fuera imprescindible determinar nuestras fuentes, sabríamos muy bien dónde
encontrarlas.
Si insisto sobre la importancia del Fturismo, es porque aún hoy, este movimiento
existe y resiste, físicamente para algunos, y en tanto que garantía de un espíritu
particular, para otros, en la medida en que nosotros no somos pálidos imitadores.
Ya sea en las obras de Fontana, cuyas superficies literalmente “perforadas” es­
candalizaron, en virtud de su seriedad misma; o en las de Scanavino, que por
medio de extremas transparencias nos plantea frente a una íntima y absoluta rea­
lidad, o aún en Baj, que propone —negro sobre negro— soluciones paradójicas
a su pintura: a través de lenguajes perfectamente opuestos (estas menciones son
la prueba), se encuentra un mismo filón, que por sus imágenes nuevas y por sus
atributos realmente “otros”, propics de nuestra época, es testimonio de la heren­
cia de la escritura dinámica. Los elementos geométricos o el desarrollo plástico

�de las masas en el espacio, que subsisten todavía en los abstractos, han sido aban­
donados en procura de una forma cada vez más libre, dando nacimiento a una
nueva belleza, encarnizada en atizar nuestros múltiples deseos.
El “Movimiento Espacial”, inaugurado en 1946 por el “Manifiesto Blanco” de
Lucio Fontana, proponía, por medio de nuevos retoños, la evasión de todas las
tradiciones, aún de la más reciente: la de la época futurista. Ese grupo, que en­
contró luego en Milán el clima más favorable para su actividad y el mayor nú­
mero de adhesiones, presentaba al principio las mismas características del “po­
tencial” futurista.
Lejos de perjudicarlos, esos orígenes mayores permitieron a los partidarios del
“espacialismo” la realización de estragos bastante bellos y, con un espíritu comba­
tivo de gran vigor, esos artistas manifestaron al público la existencia de una
nueva fuerza. Hacia 1947, Gianni Dova participó en el movimiento y al pie de
un manifiesto fechado en 1951, encontramos, entre otras, las firmas de Peverelli,
Crippa, Donati y —tiempo después— la de Matta. Al mismo tiempo, el “Movi­
miento Nuclear”, fundado por Enrico Baj (el primer manifiesto fechado en la
misma época, lleva las firmas de Baj y de Dangelo) que hizo exposiciones en
diversos lugares de Europa en 1951, se manifestaba estrepitosamente e invitaba
al ejercicio de una pintura de “signo”, denunciando la insatisfacción de la abs­
tracción fría. Partiendo de una concepción experimental que reveló al principio
algunos lazos con el arte bruto o con ciertas formas del surrealismo no objetivo
(Joe C. Colombo), tomó pronto contacto con otros grupos semejantes más allá
de sus fronteras, mientras que gran número de artistas italianos se unían a él.
Yo he participado en ese movimiento y no puedo por cierto hacer su apología;
por idénticas razones, no deseo hacer una lista (por otra parte siempre modificable) de los nombres mayores o menores de esa época; pero el violento lirismo
de ese instante, significó, más allá de toda polémica, la necesidad de una reno­
vación por medio de un arte libre y auténtico; y en todos los círculos de pintores
susceptibles de reclamar las mismas razones, esa lucha se realizó y sigue reali­
zándose contra una realidad cerrada, provocando la bella furia de los perezosos.
En cuanto a los abstractos, que después de habernos atacado violentamente, se
decidieron a reconocer que “algo pasaba”, están realizando numerosos esfuerzos
para salir de un lapso de soledad con miras a una aventura más vasta. Las nuevas
materias los tientan y los más dotados buscan y encuentran activamente su in­
serción en un clima que comienzan a encontrar natural; y el “concreto” (o su
fantasma transparente) hace, en lo sucesivo, buenas migas con nosotros. Bruno
Munari, sin duda el más fantástico de los concretistas, futurista “del grupo” en
sus comienzos, fabrica asombrosos objetos, y sus móviles y proyecciones directas
de materias (recientemente presentadas en el Museo de Arte Moderno de Nueva
York), inspiran toda nuestra simpatía.
Las colaboraciones de los artistas del “Movimiento de Arte Concreto” a las rea­
lizaciones de la arquitectura moderna, no presentan ya ese carácter puramente
decorativo debido a añadidos más o menos hábiles, establecidos sobre superficies
o paredes, sino que se insertan en profundidad para la determinación de un nue­
vo espacio.

�En cuanto al realismo (fatalmente llegamos a él), objetivamente y por expe­
riencia directa, conocemos su posición, que impide todo entendimiento. Conten­
tándose con observar, ignorando los cambios, reaccionario y maníaco, toma sus
declaraciones de principios, aún en nuestro país, de los aragonistas locales. No
hace mucho tiempo, fiel a su sistema habitual, ha atacado de manera indigna la
organización de la Trienal, que había sin embargo propuesto y aceptado las
obras y las colaboraciones de “todas las tendencias”. Bien se ve que, en esos tér­
minos y en terreno tan resbaladizo, su capilla elige los ornamentos más aptos
para afearse.
No obstante, en nuestra jungla, que es la de siempre y la de todas partes, quedan
las obras de los mejores, que trabajan aislados y con toda buena fe. . .
fe

Pasada ya la hora del renunciamiento y el juego confuso de una experimentación
que debe ser reinventada, se agitan aún varios solitarios. Expresionismo abstracto,
surrealismo no objetivo, puro e impuro, ¿qué más decir? Nuestra búsqueda actual
presenta, más allá de las definiciones y a pesar de ellas mismas, una pintura de
cien rostros que día a día, pone en tela de juicio todos los dogmas y todos los
problemas. La Exposición Nacional del Arte no objetivo de Florencia, organi­
zada en septiembre de 1954 por “la heroica Fiamma Vigo” en su galería de
Número, y que alineaba una cincuentena de obras, nos ha sorprendido a todos
por su riqueza de testimonios de una actividad múltiple y convergente de todas
partes.
Espacialismo, nuclearismo, todo esto existe todavía; pero, reveladas por los
grupos, las individualidades actúan. Y las obras, de un lirismo dinámico cons­
tante, revelan cada vez más la inminencia de una nueva figuración. De este modo
prosigue, por obra de nuestra mano y de nuestra conciencia, una búsqueda que
ofrece todos los aspectos de una creación por reanimar y que se ajusta a las múl­
tiples experiencias que intentan en todas partes los artistas más actuales.
Con lentitud, a través de las arrugas de los estilos, los símbolos aparecen nue­
vamente y las imágenes toman y dan conciencia de una humana razón.
Para los espíritus innovadores, la preocupación de estar “á la page” (ser mo­
derno, el juicio del público. . .) representa un peligro mortal y nuestros pintores
de hoy lo saben, preocupándose sobre todo de transmitir un mensaje, sin impor­
tarles demasiado de la moda. Es así que algunos han llegado a una simbología
a menudo calificada de ingenua, como Peverelli, que agrandó desmesuradamente
sus “insectos”, explorando un sector que podría juzgarse peligroso, si no fuera
para él tan indispensable.
Surgen nuevos tótems, no ya para la plegaria ciega, sino para que el hombre re­
conozca todavía su rostro y goce del “máximo” de libertad que, desde ahora,
nuestros artistas proclaman.

�ROLAND GIGUERE

Pequeño Desastre de Familia

Encima del espejo, el retrato desgarrado del padre, con una mano posada sobre
los ojos de su hijo. En la ventana, la madre cuenta los días que la separan de las
hojas muertas. En el establo, la sangre corre a través de una gran cesta de mim­
bre, porque el pozo está seco y los recipientes de metal han sido requisados para
la conservación del agua potable. Uno se pregunta dónde hallar el pan, si las
cosas siguen así. El perro silba. Uno mira los senderos que se bifurcan, sabiendo
bien a qué osarios conducen. En la ventana, el vidrio más claro acaba de estallar:
el viento irrumpe en la casa y una nube orina su tinta por doquier. Ahora todo
ha terminado, podemos llorar tranquilos.

Un

Mundo

Blando

Hombres grandes gruesos gordos sangrientos
mujeres flacas finas dulces endebles
un poco hadas pero también muy llamas
hombres ranas
mujeres flojas
niños deshuesados
pirámides de harina
sangre perdida
piel muerta
hombres olas lisas sin espuma
mujeres algas en aguas estancadas
y bajo ese aglutinamiento de seres
un hombre reducido a su más mínima expresión
un hombre esencial
muere lentamente
con el pecho abierto con la boca cosida

���GHERASIM LUCA

El telón

El telón se levanta sobre una puerta-ventana detrás de la cual otro
telón, agitado por un viento ligero, oculta probablemente una pieza habi­
tada. Se diría que los primeros pliegues que se ondulan cobijan un labio,
un tobillo, un dedo que se escapa. Como una silueta o una sombra fu g itiva,
todo un am otinam iento de bosquejos, de bocas y de form as apenas pre­
sentes se lanza en pos de ellos.
Como ya he dicho, el telón da probablemente sobre una pieza habitada
que, en caso de estarlo, contiene un lecho cuya línea de viento agita la
cortina que oculta el lecho de un río en el que nadan hombres y m ujeres,
entre dos abrazos, hacia las fuentes m ism as de su amor.
T a n sólo remontando el curso mismo del am or, los enamorados pueden
m antener la loca esperanza de envenenar un día las fuentes, de ap artar
el lecho nupcial de las corrientes que lo arro jan fa talm en te al m ar y hacer
así desbordar en pleno posible sus aguas m últiples y reverberantes.
Los cuerpos nadan, se deslizan , se a lig eran , probándose como agentes
solubles en un medio ejem plar. Luego m ezclan las ca rta s del yo, aboliendo
de un solo golpe territorios y fronteras.
A isla d a s o agrupadas según las afinidades fugaces del a z a r, las partes
del cuerpo, m úsculos, garras o narices, tratan a su vez de comprometerse.
Es el cuarto de hora de lo que podría ser llam ado, no sin ironía, cultura
m eta física bajo las aguas prim ordiales, un pequeño ejercicio de respiración
a rtific ia l en el vacío; luego, un levantam iento m asivo de pesas como pom­
pas de jabón, prepara una próxim a levitación colectiva. Aunque invisible,
el Am o en Cuestión, es el único operador de ese rito y su sonrisa escondida,
brinda al inmenso esfu erzo que aún debe re a liz a r, la alegría de un niño
que juega invulnerable al borde del abism o. A idéntico título que M undo,
V id a es un axiom a que hay que derribar. El carro y la carne son e lástico s. . .
En cuanto al telón, no hace más que absorber y trasm itirnos como
un espejo de reflejos en relieve las imágenes sucesivas de un vacío fu g i­
tivo que los cuerpos no cesan de llenar.
De lo alto de uno de los surcos que el viento acaba de a b rir sobre la
sup erficie del terciopelo, se desprende ahora — Saturno en conjunción con
Venus— un hombro rodeado por un brazo, lanzado a la búsqueda de un
m uslo, el suyo. Una cadera se les une, una ca ricia los roza, se estrem ecen.
Prim ero en horizontales y en verticales, luego en oblicuas, cuerpos y m iem ­
bros desposan incansablem ente la form a concreta de su porvenir, sub stitu­
yen lo im previsible a los trayectos en potencia y lan zan fren te a nosotros un
proyecto inagotable y ausente; pues bajo el torrente, el agua tam bién se
enciende y sus gotas inflam ables d esliza n , tanto por los ojos de los n ad a­
dores como por los de los ahogados, el mismo pez fosforescente y ardoroso.

�Sigue la representación en tres dimensiones de un gesto "m ate m á tico "
suscitado por el alejam iento y la aproxim ación altern ativo s de las piernas
durante una carrera a pie, la del espacio variab le que se abre entre el b razo
y el busto de un bebedor durante un largo día de verano (una representa­
ción aparte para los zurdos) y la del diagram a que se teje entre los dedos
de una dactilóg rafa que escribe 45 palabras por minuto.
Evidentem ente, cada posición " c lá s ic a " del am or, enco ntrará en el
desvanecim iento de las form as que esa danza fan tasm a tra ta co nstan te­
mente de cap tar, su transposición fig urada sobre el telón..
Este hará ondear sus pabellones de prohibición alrededor de las g a r­
gantas y de las mordeduras que se reabsorben en la eternidad m ágica del
abrazo o que se desprenden bajo la fulgurante presión de un instante pro­
fano, y cada paso en la fuga de los gestos, deja una h uella im borrable sobre
la arena espacial que los cuerpos, en m area a lta , altam en te pasional, a rro ­
jan sobre las riberas cercanas.
La p an talla de terciopelo perm ite que el espacio se instale en ella ,
como para darle una oportunidad de desprenderse del peso temporal que
lo a p la sta ; no es otra cosa pues, que asiento visual y plástico de una m u l­
tiplicid ad de ausencias que, una vez evocadas, se desarrollan. Se pliega,
se estam pa, form a una especie de p untilla que ss mueve alrededor de un
seno, el cu al, al menor contacto, se rompe o se eclipsa detrás de un nuevo
bordado de tentaciones, de instantes y de ca tarata s.
Se retira y a va n za , es el centro de una especie de delirio de locomo­
ción y de aprehensión, todo lo que lo a traviesa ss arm o n iza, da form a a
lo que se precipita y aún a lo que se excluye rigurosam ente y los mil atavíos
de la m etam orfosis, aún negativa, lo e x cita n ; adora ser la tram pa ocasional
de las pequeñas nadas cotidianas del ser, sólo se envuelve de brum as y de
cera fund id a, levanta como un guante la estela de un cuerpo en m archa
entre la puerta y la ven tan a, se pone como un vestido la impresión digital
abandonada sobre las sábanas, sabe ver a través de un sim ple lente m arino
la obscuridad espectral de los colores del espectro; del sueño ha hecho un
caballero y del dormido un cab allo ; g racias a él somos la rueda de ese
nuevo medio de transporte en las selvas de nuestros gestos; hace aparente
la transp arencia de todo cuerpo en estado de sueño, de suspensión, de a s­
fix ia y de tran ce; el rozam iento de una piel, de una presencia, una cam isa
que cae, son acrisolados por él en su percepción m ism a, siempre fiel y a r­
diente, d iá fa n a , y, como siempre ha sido él el primero en saber tom ar del
natural el molde del aire y del vacío que se disputan nuestro aliento, d i­
solver, co ag ular, fija r lo vo lá til y v o la tiliz a r lo insoluble, aunque a prim era
vista tenga todas las ap arien cias de un decorado de teatro, el telón, gran
amo de lo hueco, es el teatro mismo del dram a, y sus m óviles, adm itidos
o no, nc son más que un espejism o aprehensible.

�Gianni Bertini:

El inagotable anfitriolo - 1957.

Jean-Jacques Lebei:

Cóndores - 1957.

�Nuevos fragmento de un
maltratado de pintura

Pintura: estado pasional del pintor ex­
presado.
Retomar contacto con las cosas.
Retorno al universo, cargado con todos los
conocimientos adquiridos y con nuestras
propias antenas.
Interpenetración recíproca pintor-naturaleza.
Tratar de penetrar el mundo por lo medios
sensitivos propios del pintor.
Importancia de esos medios.
•
El cuadro debe ser conducido hacia el re­
torno del pintor a un cierto campo pasional,
cuya fuente está a la vez en él y fuera de él.
•
El cuadro es el hogar entre el espejo ubica­
do en el interior del pintor y el pintor mismo
y juega al mismo tiempo el papel de un es
pejo en las relaciones objeto-pintor.
•

Todo preconcepto del cuadro tiene un ca­
rácter arbitrario, cuadro prefabricado. El
encuentro de Lautréamont, si se pintara,
constituiría una pérdida de espacio sensible.
•
El objeto se impone por su propio movi­
miento estructural.
Los objetos están tendidos hacia adelante
y toda representación de un objeto pertene­
ce al pasado y depende del hábito.
El objeto es sólo “devenir” y para captar
ese “devenir” y precipitarlo en el pasado
—acelerando su movimiento— intervienen
el poeta y el pintor.
Precipitar el “devenir” del objeto en el in­
terior de la solución “duración”.
Duración = ácido en el cual el objeto es

disuelto y, por consiguiente, invisible.
Si fuera posible aislar el instante, el objeto
no existiría.
El objeto es despedazado por su “devenir”.
•
Interdominación de los objetos.
La atracción que ejercen los unos sobre los
otros.
Su derramamiento en la atmósfera.
•

Punto focal de cada objeto.
•

El pintor se ha dejado impresionar por el
objeto que ha de pintar; es hora de dejarse
devorar por la manzana.
La mordedura del objeto.
El objeto no se desea. El pintor tampoco.
Es una copulación, una salpicadura.
He desplegado sobre mis rodillas esa gran
águila que abría con sus alas las grutas de
la montaña, y lentamente, en alta voz, la
he leído. El libro no entrega los objetos.
Leed los objetos; sólo ellos liberan la ima­
ginación, pues los libros son escritos por
otros. Si usted lee en la cama, señorita, lle­
ve siempre consigo un árbol de lectura.
•

El universo blando, inmóvil y chato ha de­
jado de vivir.
El mundo toma su nueva y verdadera con­
sistencia.
Yo opongo a las “estructuras blandas” el
objeto construido con agujas, con vidrio tri­
turado, con hojas cortantes, con cristal.
Una mano cortante, un corta-puñal.

�La cristalización mata al objeto, pero el
pintor vuelve a darle vida, su vida profunda.
Cuando el objeto se cristaliza, sus antenas
se hacen visibles y su yo es irradiado.
Radiolarios.
Rueda.
Cristalización: perfeccionamiento de un ob­
jeto por el tiempo.
Cristalización provocada: el super-perfeccionamiento de un objeto en su tiempo, es de­
cir, en un tiempo más propio a la vida in­
tensa de ese objeto.
Mi pintura es, pues, la contracción minera­
lizada del tiempo y la convulsión momentá­
nea de la materia.
•

El color: resultado de una elección, o más

bien, de un rechazo del objeto.
El color que nos es visible es el que el ob­
jeto rechaza. Su verdadero color es intenso,
síntesis de los colores que absorbe.
El pintor hace sensible ese rechazo del ob­
jeto, frente al color que la vista le adjudica.
•
Sobre la tierra todo crece y estalla a una
velocidad considerable.
La tierra es un fruto que no deja de es­
tallar.
Crecimiento del vegetal.
Crecimiento latente del mineral.
Velocidad vertiginosa y misterio que se des­
prende de esos crecimientos. La expresión
de una gran tormenta, da nacimiento a un
gran tormento en el pintor.
Tormenta física, pues aún aquél que la so­
porta, está en movimiento.
La tierra, tormenta caliente, obliga al tiempo
a producir, para cada objeto, su cristal.

Jacques Hérold: El catalizador - 1958.

�Roiand Giguére:
Obstáculo a la noche

1958.

�C. F. Reutersvaerd:

Hipódromo de arenques ahumados - 1958.

C. F. REUTERSVAERD

P o e ma
El caballo bostezaba sobre la banqueta del cochero
la joven pelirroja hacía sonar su campanilla
y la catedral iba a comprar pan
en una bella mañana del mes de marzo

P o e ma
De pronto la cómoda se echó a reir
y dió un paso hacia adelante
afuera llovía
Una tarde tiempo después
alguien halló en el cajón superior
un recorte amarillento de diario y
un cuello duro.

�Poema
Estamos frente a frente
a lo largo del día
y sin embargo nunca
nos hemos encontrado
Daito

Carbón azul sobre mi territorio en llamas, tú que navegas en mis
bajeles sanguíneos, he soñado que nos abrazábamos.
Tus ojos de alucinada lloraban una nube continua como el hilo de un
reloj de arena, tu vestido de papel de seda caía a tierra hecho trizas,
todo se reabsorbía bajo el vasto párpado de la magia.
Tu sexo murmuraba entre sus dientes.
Nos abrazábamos y el mundo temblaba
de arriba hacia abajo
tú que peinas mis sueños entre tus dedos
tú que inundas mi soledad
tú que succionas mi mirada hasta la médula
hasta el mercurio
hasta la semilla
acércate más
introdúcete en mi intimidad.
Te he perseguido sobre los techos de mi adolescencia
sobre mis acantilados en mis grutas
en Florencia por la mañana Ibiza en los mediodías
en Siracusa he aullado desesperadamente
a la Oreja de Dionisios
Amsterdam Venecia Delfos en lo noche humeante
cuántas ciudades he azotado
cuántos paisajes he arrojado al fuego y a la sangre
cuántos ríos he arruinado invirtiendo su lecho
buscando la menor traza de amor en tus ojos
Encarnación de la luz deshace tus sombras
empuña el Sol y muéstrate
desnuda
sagrada
majestuosa furia
Foro d’Ischia, 1957

�Bernard Schultze:

Dibujo - 1954

Horst-Egon K a lin o w sk i:

Germinación - 1957

�Enrique Zañartu:

Estudio - gouache - 1956.

LASSE SÓDERBERG

Vagabundo enfurecido
a Enrique Zañartu

Se pasea vestido de crustáceo, bajo la uña de una estrella.
¿Qué dice el sueño al vaso de leche paralizado?
Vagabundo enfurecido en el algodón de los pájaros.
¿Qué dice la bruma al torrente del espacio?
El azul de Nueva York,
el azul de las máquinas de escribir, de un ala arrugada, más miserable que un
[nervio,
el azul electrocutado descendiendo del volcán.
¿Qué dice ese azul de uña?
El hombre-insecto, clavado en su ímpetu, murmura sordamente
entre los equinoxios columpiantes a la altura de los fósiles,
entre los climas verdes perforados por el furor de su árbol de coral,
entre el cambio de plumas de las linternas y los grandes bruñidos del día,
hambriento como la paja
y súbitamente puntuado por el horizonte.

�PIZARRO
E s m e r a ld a 8 6 1

B u e n o s A ir e s

BONINO
M a ip ú 9 6 2

B u e n o s A ir e s
•

•

P r ó x im a m e n te :

SAKAI

M a rth a P eluffo
C lo rin d o T e s t a
I n a u g u r a c ió n : l 9 d e J u lio

BOA

3

A P A R E C E R A
EN

O C T U B R E

P R O X I M O

PHASES 5
A P A R E C E R A
EN

N O V I E M B R E

�30 pesos
C E S A T a lle r o s G rá fic o s S .R .L ., R iv a d a v ia 1159, B s. A s.

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                    <text>TEORICO

Y POLEMICO

B u e n o s
A i r e s ,
O c t u b r e
de
1 9 5 0
Año
del
Libertador
General
San
Martín
Correspondencia: C angallo -1219 — $ 1.50 el ejem plar
H ablar en general contra el arte representativo es lugar común para aquellos que
han superado esta etapa prim itiva de la pintura.
Supone, además, cerrar los ojos
a los problemas concretos y pasar por alto dentro del mismo campo del arte ab s­
tracto, la demagogia de muchos imitadores de las escuelas neoplasticistas y constru ctivistas. El academ ism o y la propia representación en la pintura actual no son,
por sus visibles propósitos conservadores, más peligrosos que la actual adaptación
al "buen gusto" de m uchas tendencias concretas de la pintura. Con esto, muchos
pintores, conciente o inconcientemente pero culpables en todos los casos de super­
ficia lid a d , han detenido el desarrollo de la pintura hacia una realidad m aterial, y
han afirm ado un nuevo idealismo y un concepto del arte, sino ya como expresión,
igualm ente como apariencia. Demás está decir que esta obra conquista, sin mayor
esfuerzo, el aplauso unánim e de los pseudos críticos llamados independientes, de
los desertores y de los "sno b s".
N uestra revista nace, entonces, con la doble función de difundir y com batir, de e x ­
poner polém icam ente todos los problemas de la pintura, afrontados con anterioridad
por el perceptismo, y rebatir las soluciones, superficiales pero aparentem ente verd a­
deras, que transform an las nuevas realidades y los problemas de la nuevo visión en
una pura especulación literaria.
Dejemos la controversia sobre las denominaciones y la mayor o menor exactitud en
los conceptos generales, y comprobemos cómo ninguna de las débiles doctrinas que
acom pañan las numerosas tendencias actuales resiste un análisis objetivo y circu n s­
cripto a los problemas reales de la pintura. Las generalidades y las divagaciones
literarias serán igualm ente las normas crítica s de los q u e pretenden difundir la
nueva pintura valorada con el prisma de su mundo subjetivo e individualista. Ellos,
los críticos, enarbolan el estandarte de la "lib ertad de expresión", que no es más
que la puerta de escape para los que temen abandonar el mundo de los "privilegios
esp iritu ales" y afro n tar la nueva realidad.
Perceptismo, como denom inación, solo será un térm ino d iferenciativo m ás; pero en
la doctrina y en la obra, el perceptismo es un acontecim iento nuevo cuyas c a ric te rísticas y razón de ser pueden explicarse histórica y teóricam ente hasta en sus me­
nores detalles. A sí, si las doctrinas del arte del pasado inmediato, orientado hacia
una nueva realidad concreta, han carecido en todos los casos de una base teórica,
sólida y cla ra , es el perceptismo el que ha alcanzado la m áxim a relación entre la teo­
ría objetiva y la práctica, en el campo de las nuevas form as artísticas.
Lo que interesa al espectador, y lo que espanta a los "snobs" del buen gusto' , a
los "observadores privilegiados" y a los críticos buscadores de "v a lo re s" rutinarios,
es precisam ente una teoría clara y objetiva.
Ellos, todos, solo pueden acusarnos de excesos de teorías y de procesos t é c n i c o s .
A sí, nos hacen recordar ciertas palabras leídas en una oportunidad, donde se a c la ­
ra que nuestra época, por la abundancia de m aterial teórico, no está en la senec­
tud sino en la pubertad ( 1). Efectivam ente, el perceptismo no sign ifica una deca­
dencia del arte; sino su total transform ación. Los medios técnicos han impulsado el
desarrollo de las nuevas form as, y uno de los propósitos de la presente publicación
será difundir este "e xce so " de nuevo m aterial teórico acum ulado en la nueva p rá c­
tica creadora.

(1) “La propulsión teorizante de ella (nuestra época) es debida a un rebosamiento de poten­
cialidad, a una abundancia de poderosas fuerzas creacionales” — M. Arconada. “En torno
a Debussy”.

“Yo no tengo libertad sino para elegir los
medios de contribuir a la perfección de esta
grande obra, porque tiempo ha que no me
pertenezco a mí mismo. ..
JOSE DE SAN MARTIN.
(Dado en el Palacio Protectoral de Lima a
19 d eEnero de 1822).

Exposición de pinturas de Raúl Lozza.
La primera muestra
de arte perceptista
realizóse en la galería de arte Van Riel,
en Octubre de 1949
con obras del mismo autor.

�EL ARTE Y EL HOM BRE
Los investigadores de la estética y los teóricos del arte en la actualidad, no Han logrado una e x p lic a ­
ción exautiva y coherente de las diversas m anifestaciones de la plástica de vanguardia, por sustentar
un sistema idealista y unilateral que se inspira en una concepción subjetiva del arte. Esta concepción
ha sido superada por la práctica creadora, y por una nueva apreciación de los fenómenos estéticos
en relación con el medio social. Pero no solamente se hacen pasibles de crítica los idealistas de todos
los m atices, sino que son im putables de errores y lim itaciones los que pregonan una estética cie n tífica
y realista.
Estos arguyen una estética gnoseológica fundada en la percepción del mundo exterior y de la vida social
por medio del arte; pero la pintura representativa jam ás ha constituido una form a de conocimiento de
los objetos que nos rodea, porque plantea una visión ilusoria de los mismos. Nos da imágenes ap aren ­
tes proyectadas en tres dimensiones sobre un fondo de dos dimensiones. No conocemos realidad n in ­
guna sino ficciones de las cosas, habituando al hombre a "p a rtic ip a r" en un mundo mágico y e x tra ­
ñándolo del medio en que actúa m aterialm ente.
Si el realismo m aterialista se ca ra cte riza por una concepción que sostiene como fundam ento primero
y esencial el progreso en todos los órdenes m ateriales y espirituales, el arte que está más afin con estas
prem isas es la pintura perceptista, que sigue y se asim ila a esta ley del progreso, constituyendo la c u l­
m inación y la síntesis de todas las contradicciones que preexistían entre la pintura y el hombre. Exalta
los elementos m ateriales de la percepción visual de la plástica, plano-color, y crea una verdadera re la­
ción del espectador con la pintura en el orden práctico.
El postulado realista y dialéctico del arte solo adm ite, para ju stificarse como principio valedero, esta
ley, que expresa la m archa que se inicia con la etapa prim itiva de la representación "m á g ic a " a la
concepción cie n tífica y realista del arte perceptista.
/
De la abstracción del objeto representado, a la invención de un objeto estético con propiedades reales.
Hegel sostiene que el ser es un llegar a ser, pero este desenvolvimiento tiene que ir determinándose
en la práctica de los fenómenos m ateriales y nutriéndose profundam ente de los mismos para lograr
nuevas experiencias y descubrir nuevas propiedades reales, hasta a b ra za r su esencia a travez del
conocimiento en su totalidad. Pero para el idealista Hegel que no adm itía el m aterialism o en la pin
tu ra, la esencia de ésta la constituía la apariencia sensible. Para los "nuevos re alista s" la pintura s i­
gue siendo una apariencia sensible y no una realidad m aterial. Para los abstractos representativos se­
rá la visión sensible de una idea intelectual, puesta de m anifiesto por una anécdota plástica a travez
de elementos geom étricos-m atem áticas. En la pintura fig u ra tiva , tanto el valo r humano como
el valor plástico quedan anulado por ser inconciliab les con el proceso creador, y es impotente

Raúl Lozza,
pintura perceptista 163.

R. V. D. LOZZA

para establecer un nexo real y práctico entre el objeto pictórico y el medio vital del hombre.
La pintura abstracta representativa y concreta, si bien pone a descubierto la esencia m aterial de los
elementos de la pintura de una m anera vaga y parcial, no logra tampoco resolver el problema cru cial
entre la estructura objetiva del suceso plástico y el espacio físico del muro arq uitectura, en un todo
integral y homogéneo con el am biente.
La pintura no puede perm anecer ajena a los cam bios y trasm utaciones que se operan en la base real
de la sociedad, y que, progresivam ente, va liberando al hombre de los viejos errores y prejuicios del
pasado, aproxim ándose mediante nuevas experiencias cie n tífica s al conocimiento de la verdad. El
hombre entra en el dominio de la realidad exterior e interior y la explica por un proceso de in terac­
ción, adecuándose racionalm ente a las diversas funciones sociales. Por lo tanto no se puede h a ­
blar con el lenguaje conservador e idealista del humanismo clásico, que se fundaba en el individuo
egocéntrico y "d istin g u id o ", menospreciando al resto de los humanos. Un renacim iento del arte y del
hombre no puede fundarse ya en prem isas m etafísicas, que exalten los valores espirituales en d etri­
mento de los valores vitales, y en que unos pocos tengan derecho a d isfru tar de los bienes de la c u l­
tura.
Nosotros queremos un arte vivo, actu al, y que constituya un factor de transform ación para el hombre,
y no que sea una form a de evasión o un acto de desprendimiento en que éste desata los lazos que
lo unen a las necesidades cotidianas.
En el arte ya no tiene razón de ser la mera actitud contem plativa, hoy que el hombre sale de la somnoliencia pasiva para volcarse dinám icam ente en los acontecim ientos del mundo que lo afectan perento­
riam ente, y que está en perpetuo cambio.
El espectador abstraído de la realidad am biente, y cultivando su pequeño mundo individual y estático,
es un anacronism o, un absurdo. La pintura representativa ha desvirtuado los fines de la vida, ha sido
un medio para substituir, en la práctica, los anhelos de superación real y efectiva, por una categoría
estética e ideal del mundo: catarsis, ilusión. En su etapa inicial la pintura se m anifiesta como la e x ­
presión de un estado de cosas en que el hombre no era el árbitro de su destino, dado el escaso desarro­
llo de su m entalidad como consecuencia de una organización precaria. No posee autonomía para in ­
ventar objetos estéticos.
El arte tiene que ser necesariam ente representativo en este grado prim ario de la evolución histórica,
como resultado del sojuzgam iento de la conciencia y de su capacidad creadora a los im perativos de las
fuerzas que lo coaccionan.
Lo que es desconocido en las relaciones prácticas con los objetos (causalid ad, propiedades re a le s), se
re fleja en la conciencia como un poder esp iritu al; desdoblamiento: m agia, fetichism o, religión, m eta­
física arte representativo. Y este desdoblamiento enajena al hombre y lo determ ina a crear y repre­
sentarse realidades que niegan la e fica cia de su acción cognoscitiva en el mundo. La pintura re­
presentativa es una continuación, más com pleja y enriquecida, de esta categoría m ágica.
Se ha pretendido establecer un equilibrio del hombre por intermedio de la emoción estética, pero este
equilibrio es eminentemente provisorio.
El hombre vuelve, de la realidad ilusoria (paraísos a rtific ia le s) a la realidad cotidiana, a enfrentarse
con el drama de su existencia que lo desgarra y angustia. El arte no debe adormecer ni describir los
cuadros de su m iseria. Invocar una concepción falsa y ju stifica rla por una finalid ad social, es restrin­
gir la capacidad de invención y de progreso. Existen otros medios más eficaces, para propagar la
enseñanza y la educación del pueblo: prensa, radio, cinem atógrafo, dibujo aplicado, etc. El arte repre­
sentativo está en crisis y ninguna causa lo puede salvar o ju stific a r; no corresponde a nuestra época.
El arte representativo, figurativo o abstracto, es impotente para resolver radicalm ente los problemas
entre el hombre que cada día conquista el mundo social y se extrovierte, y la pintura que afirm a una
relación fuera de esa estructura social práctica y la escamotea.
El perceptismo tuvo que superar las contradicciones que detenían el avance de la pintura no-figurativa,
para acercar la plástica al hombre y reintegrarla a su verdadera función social, el muro arquitectura,
logrando con esta conquista una síntesis definitiva entre los valores eminentemente pictóricos y la sen­
sibilidad estética del hombre actu al. En este medio concreto, en que convive el hombre, la pintura in­
gresa como una categoría real y colectiva, y deja de ser el resultado de una interpretación individualista
del mundo circundante.
El perceptismo es el proceso dinámico de percibir esta totalidad de un suceso plástico inventado, en
sus relaciones propias y con el medio real y físico del hombre.

�R A U L
LOZZA

EL COLOR EN EL ARTE

Resumen y fragmentos de un libro en prensa (1)
FRA GM EN TO DEL C A P IT U LO I
Resumen del capítulo I
La miopía intelectual de aquellos teóricos que constituyen el conjunto de los e q u ili­
bristas del pensamiento actu al, que flu ctú an entre la trivialid ad del ser y no ser del
modernismo, tratan de extraer y adaptar al presente no la propiedad revolucionaria
de toda la pintura del pasado inmediato, sino solamente sus "aportes técnicos" que
consideran cosa independiente a los valores y a la fin alid ad estética misma.
La técnica m odifica el arte. Y al referirnos al nuevo problema del color, no pode­
mos apartarnos de los problemas generales de la pintura, ya que todos ellos son parte
misma del proceso práctico creador, el mismo que experim entan los elementos m ate­
riales visuales. Unicam ente así superaremos el conflicto en que se debaten los defen­
sores y promotores de una cultura arcaica.
La estética no obedece a ningún fenómeno m etafísico, pues los elementos de la be­
lleza solo son facilitados por la naturaleza objetiva, cualquiera sea el carácter de los
mismos. Pero en la práctica creadora estos han sido desplazados por una finalidad
contradictoria. No puede ya concebirse un arte realista cuya estructura no guarde
homogeneidad con sus elementos m ateriales.
Las modernas estéticas, en su concepción elem ental teórica y práctica — igualmente
las que se orientan hacia los llamados nueos realismos— no han abandonado la ó r­
bita filosófica de las tendencias positivistas, al e xa lta r en el arte esa p ráctica que
transform a su m ateria en meras representaciones.
En su afán por investigar los problemas em ocionales del arte, el positivismo y las
tendencias posteriores no han superado el puro idealismo. Ellos sostienen esa clásica
división entre la forma p u ram ente objetiva y el contenido o la belleza, lo que en
pintura constituye esa dualidad difícilm ente conciliable en una realidad orgánica
concreta, la dualidad entre contenido y forma.
Aún pensando que la form a "no es algo independiente que subsista por sí, y cosa
distinta del contenido", se supone igualmente la existencia de una forma y un conte­
nido como cosa distinta. Y si Croce y otros abordaron el problema tratando de con­
certar de m anera decisiva una identidad de ambos relacionados a un fin emotivo, no
lo han logrado debido a que los fundam entos empleados no han sido otros que los
fundamentos caóticos de las contradicciones idealistas.
Es Croce quien escribe que el fin del arte está dado por un contenido, y, adem ás,
que este es anecdótico. H an slick solo se atreve a negar superficialm ente, con mayor
referencia a la m úsica, que la forma sea algo distinto al contenido. En esos círculos
viciosos se han agotado los esfuerzos de la estética form alista de Zinm erm ann y otros
muchos experim entalistas v cie n tificista s, sin tener en cuenta que para el arte re­
presentativo contenido y forma no es materia y forma. A sí, las últim as tendencias
form alistas de la estética han golpeado m uy débilmente contra el idealismo y el ¡ntuicionism o de Schelling y sus continuadores, permaneciendo en el terreno de las
especulaciones m etafísicas.
El intento de establecer en base a los sentidos cuáles son los elementos de las diver­
sas artes, no ha superado la mera fórm ula. A l margen de las definiciones prácticas
funcionales, no puede transform arse el arte de la m úsica, por e j., si decimos que su
elemento es el sonido, o la pintura si hablamos del color, lisa y llanam ente. Los he­
chos históricos del arte prueban la veracidad de nuestras palabras. Es necesario agre­
gar algo más a esa fórm ula abstracta.
FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO II
El problema del color en su aspecto visual, tratado por la física y la fisiología, con
sus pares de opuestos llam ados m usicalm ente armónicos, encierran una complejidad
contradictoria tanto para la ciencia como para el arte. Acabam os de señalar cómo
cada color del espectro solar es inm utable m ientras no varié el estado o la condición
de la m ateria. Sobre los compuestos y simples en los colores, Boíl y Dourgnon han
dicho con certeza que son "hechos fortuitos originados por la educación y los h áb i­
tos so ciales", debidos a las propiedades de ciertas m aterias colorantes empleadas por
el hombre.
Teniendo ya las bases objetivas del color corno color, indivisible desde el punto de
vista de la visión, éste no constituirá aún más que una sensación abstracta de valo ­
res relativos, ya que es variable hasta en el mismo espectro según la intensidad del
rayo luminoso, del clim a y de la hora en que se produce. Si el espectro de Newton
no pudo ser norm al, tampoco lo son los actuales conceptos que se basan en los sim­
ples y compuestos para llenar convencionalm ente los vacíos que impiden determ inar
científicam ente los grados de sensación y emoción del universo crom ático. Rebasan­
do los lím ites de la física y planteando ya un problema estético, las llam adas armo­
nías de los colores en sus relaciones expuestas, o son relativas o convencionales.
Las llam adas analogías en las leyes visuales del color carecen de fundam ento sólido,
como principio de una doctrina que considera al mundo colorido como sensaciones
aisladas de la form a.
Es una ley extraña al arte perceptista basarse en una cualidad aislada para extraer
una ley general del color; pues en el campo crom ático de la pintura será necesario
actu ar por deducción e inducción. A quella fué la causa por la cual no ha sido posi­
ble librar el color de las normas intuitivas solamente con las bases de una calorim e­
tría sentada en el principio de diferencias entre intensidad del rayo luminoso y cu a ­
lidad de sensación colorida. Solamente con nuestro nuevo concepto de estructura se
ha logrado concertar estrictam ente en una relación práctica esa variabilid ad de
sensaciones crom áticas que el medio otorga a cada color.
Con los cálculos infinitesim ales, Fechner ha pretendido a firm a r esa ley que relaciona
sensación con causa física, y sostuvo que " la sensación luminosa crece en proyección
aritm ética solamente cuando la intensidad luminosa crece en proyección geom étrica".
Pero nosotros vemos que entre sensación luminosa e intensidad luminosa existe un
problema de color.
En cuanto a la luz y al color, en d efinitiva una sola cosa, vemos que éste, lavado de

El desarrollo histórico de la pintura prueba su transformación, de
las apariencias a la realidad objetiva. Sin embargo, en toda su
transformación hasta hoy día, se ha teorizado y practicado el color
como un medio, sustentando una estética donde los valores cro­
máticos están justificados en base a un animismo psicológico, a
la fisiología y hasta a la física, pero jamás a un concepto de es­
tructura para la visión. Una estética objetiva del color no ha
sido elaborada, ya que ésta debió ser necesariamente la supera­
ción del concepto idealista y metafísico en que se manifestó el arte
hasta nuestros días.
La teoría positivista del medio, tan utilizada por los defensores
tardíos de la pintura representativa, también puede justificar
plenamente la existencia del arte abstracto en general, si esta es
aplicada dialécticamente, rechazando su idealismo y su mecanicismo.
Entonces, al mito social del arte habrá que oponer la naturaleza
social del arte.
Para considerar la relación entre la pintura y el medio social, así
como su grado de objetividad, habrá que tener en cuenta tres fac­
tores fundamentales:
1) Que el arte no es un producto de la naturaleza, sino del hom­
bre;
2) Que no puede existir, como ciertas filosofías especulativas, sin
la práctica de elementos materiales, lo que coloca a la estética, pese
a los idealistas, en el mismo plano real que las ciencias, y
3) Que la técnica transforma al arte como transforma a la socie­
dad, y el paulatino dominio de la naturaleza por el hombre pro­
fundiza igualmente las contradicciones en la pintura basada en el
ilusionismo y el expresionismo. La técnica libera al hombre y
amplía sus facultades inventivas.
El color, que es materia en la pintura, ha sido en el período figu­
rativo un factor popular y transformador. El ideal clásico ha des­
preciado su preponderancia por considerarlo agente disolvente y
materialista, y este materialismo del color reside precisamente eri
que destruye las apariencias y tiende siempre a la bidimentonali­
dad. al plano. Pese al simbolismo, al expresionismo y a todos los
medios representativos a que el color fué sometido en el desarrollo
de las formas artísticas, este ha hecho sentir su existencia objetiva.
Resumen del capítulo II

El dualismo entre color y luz, que predominó en la^ filosofía de la
estética y en algunos períodos pasados de la ciencia, es el patri­
monio de la pintura clásica basada en el claroscuro, cuyos resabios
se prolongan hasta mucho después. Hegel como idealista ha sos­
tengo que es una “opinión torcida y falsa la de figurarse la luz
como compuesta de diversos colores”, afirmando así la espirituali­
dad de la luz y la materialidad del color.
Las investigaciones físicas, que han operado en el terreno de la
luz y del color, han tendido a dilucidar el enigma de éstos, y la
pintura, siempre apartada de la plena conciencia sobre sus elemen­
tos materiales, ha tomado literalmente los medios de la ciencia para
superar el claroscuro, ampliar el dominio de su luminosidad y sus
relaciones cromáticas, pero nunca para superarse de la represen­
tación y la expresión, cuyo problema no atañen a esos medios.
El perceptismo entiende la relación entre color-luz dentro de los
límites de una sola cosa, y sostiene que el primero no es la repre­
sentación de la luz, sino la luz misma. Como ésta no es una cua­
lidad de las cosas, puesto que tal pensamiento aristoteliano quitaría
toda materialidad a la misma, es en cambio el color una cualidad
de la materia luminosa, solo visible en la medida de variabilidad
de su dinámica.
Para la pintura o para una estética del color, solo ha de interesar­
nos éste en cuanto a su grado de visibilidad como sensación colo­
rida, superando el concepto clásico representativo de los extremos,
amarillo como luz, y azul como sombra, en la gama de los colores.
Desde los tratados de óptica y color de Alhazen y Witelo, hasta las
recientes investigaciones de Ives Le Grand que sostuvo que “no se
está seguro de que el espacio de los colors sea métrico”, han sido
confeccionadas numerosas colorimetrías, todas ellas científicamente
abstractas, y totalmente nulas para especificar las formas colo­
readas. Por ello, para nuestras sensaciones de color y forma he­
mos rechazado toda medición en base a la onda o energía luminosa,
ya que con ello permaneceremos dentro de la contradicción que
acusa la variedad del espectro cuando en algunas ondas se pro­
duce el fenómeno de más luz, menos color. Sin estas bases cientí­
ficas, el color en la pintura ha quedado librado a la intuición pura,
en un campo variable y abstracto.
Pero la realidad del color dependerá únicamente de, los datos de la
visión. Las llamadas sensaciones puras de los colores planos ais­
lados son problemáticos en cuanto al grado de pureza tanto como
al grado de aislamiento. El color aislado de un medio cotidiano no
puede en cambio ser separado de ese medio que crea el enfoaue
experimental. Nuestro problema ha consistido en no abstraer el color
del hombre, sino condicionarlo mediante una nueva relación a la
forma plana y al medio en que se estructura. Así, el color es ob­
jetivo y verdadero solamente en un determinado medio, y relativo
en cuanto a la variabilidad de forma y medio.
La psicología de la forma, al sostener que “todo objeto sensible
existe solo en relación con un cierto fondo”, olvida igualmente el
dicho fondo en sus deducciones sobre planos coloridos. ¿Cómo es
posible pretender elaborar una medida y una teoría objetiva del
color sin tener en cuenta el carácter de la forma plana y el medio
variable en que ésta se produce? El sistema empleado y creado
por el perceptismo logra que el color, la forma y el medio coincidan
en la conquista del plano real.
ESTA PUBLICACON HA SIDO
GENTILMENTE DONADA ¿l¡%
POR Qa o l . L o é
’ rZb

(Continúa en la pág. 6)

�ABRAHAM
HABER

PINTURA yPERCEPCION
El advenim iento de la no representación sig n ifica para la pintura un acontecim iento ca p i­
ta l, en tanto que abandonado el tema son rechazadas tam bién características de este arte
que centurias de práctica habían consolidado. Pero antes de entrar en el problema haremos
un breve esquema del proceso que desemboca en la abstracción y que nos servirá para en­
focar con más precisión determ inadas cuestiones.
La evolución de la práctica a rtística nos permite seguir un hilo que va del impresionismo h as­
ta nuestros días y en el cual se trenzan la representación de las form as naturales y el he­
cho plástico constituido por la estructuración de form as y colores. A través de una serie de
"¡sm o s" el objeto representado se va deformando, disgregando y pulverizando hasta des­
aparecer. Pero sim ultáneam ente va tomando cada vez más fu e rza el hecho estrictam ente
plástico; m ientras va desapareciendo el objeto representado se va concretando el objeto
pictórico. Las form as del segundo van elim inando las del primero. No pueden convivir ju n ­
tas. En efecto, las form as y colores de la n aturaleza responden a las condiciones del a m ­
biente, de la tem peratura, de la presión y de las funciones que desempeñan.
Las form as
de la n aturaleza no responden al hecho de ser vistas por el hombre, m ientras sí responden a
ésto las form as plásticas. Obedecen, pues, a principios distintos; unas a su desempeño or­
gánico, las otras al hecho de ser vistas. Se establece así una incom patibilidad entre las
form as naturales y las form as pictóricas. La historia de la pintura desde el impresionismo
hasta nuestros días es así la historia de la desaparición progresiva de la representación para
dejar paso a la verdadera m anifestación plástica.

Piet Mondrian, pintura neoplasticista

Es dable observar que dentro de los hitos de este cam ino, junto al cubismo — una vuelta a
los fueros clásicos— se encuentran el expresionismo y el surrealism o, escuelas de corte b a­
rroco cuya preocupación consiste en la expresión de estados interiores. Tanto lo barroco
como lo clásico contribuyen al advenim iento de la no representación. Sin embargo, diremos
que esta meta se escinde en dos puntas, quedando en evidencia que no solam ente la belle­
za construida para la visión hum ana había de e lim in ar la representación, sino tam bién que
las emociones subjetivas exigían para su mejor expresión form as no im itadas de la realidad
n atu ral, tal como ha quedado patente en las pinturas de Vasily Kandinsky y Paul Klee.
A sí como el mero progreso de la estructuración pictórica en un equilibrio de colores y fo r­
mas rechazaba la representación, las nuevas vivencias subjetivas avasallan las form as de la
n atu rale za y con vigor extraordinario las retuercen y las m atan. De esta m anera el arte
abstracto cum plía los mismos fines subjetivos del arte representativo, que vió así d esarro lla­
dos hasta el m áxim o los gérmenes que ocultaba en su seno. Vasily Kandinsky, el exponente
más logrado de los artistas que integran esta línea, decía que “ una vertical asociada a una
horizo ntal, produce un sonido casi dram ático. El contacto del ángulo agudo de un triángulo
con un círculo , no tiene efecto menor que aquél del dedo de Dios hacia el de A dán en M i­
guel A n g e l". En este sentido, el arte abstracto no es algo que se oponga al arte representa­
tivo, sino que es el punto donde culm ina su trayectoria.
A l h ab lar de acontecim ientos capitales nos referíamos a la línea que obedece a una voluntad
de estructuración, cuyo representante más típico es Piet Mondrian y que llam arem os arte
concreto. Según se desprende de lo expuesto, la brecha entre n atu raleza y arte parece de­
fin itiv a , pero en el fonde estos dos térm inos se compenetran más íntim am ente. Y a no se tra ­
ta de im itar la n aturaleza en sus ap ariencias exteriores, sino de seguirla en su proceso de
creación. Esta afirm ació n supone una concepción cie n tífica de la n aturaleza y tam bién del
arte. Las leyes que el pintor debe m an ejar son las leyes del color y de la form a, m aterias
de la visión y que deben concretar el objeto pictórico. Esto, además de rech azar la represen­
tación de la n atu raleza, elim ina los contenidos subjetivos. La organización de form as y co­
lores según sus leyes intrínsecas, impide que la subjetividad del pintor se filtre en la com ­
posición.

Del Marle, volumen - color, 1949

Debemos a c la ra r que estas dos cosas, ciencia y objetividad, m uchas veces fueron menospre­
ciadas por los mismos pintores de la línea concreta, que quizá impulsados por una tradición
de siglos, ponían su creación bajo la sombra de m anifiestos y declaraciones que ocultan ta ­
les caracte rísticas. A sí, Piet Mondrian, creador del Neoplasticismo, en cuya pintura vemos
una organización cie n tífica de los elementos plásticos, afirm ab a que la vertical y la horizon­
tal, fundam entos de su composición, sim bolizaban las fu erzas antagónicas de la vida, cayen ­
do de esta m anera en la representación o alegoría.
Es ¡nterevante observar que Piet Mondrian quedó detenido en su proceso de investigación.
Si bien sus pinturas pueden ser clasificad as dentro de seis o siete etapas diferentes, alg u ­
nas logradas y otras no, la producción de sus últimos quince años está construida únicam en­
te sobre el ángulo recto, cuya insistente repetición lo condujo a una vía m uerta. A nuestro
juicio, esta parálisis se debe a la fa lta de una base conceptual para sus investigaciones.
Escapando de la tela que imponía el rectángulo como facto r previo a la estructura, los
concretos argentinos hicieron figuras geométricas yuxtapuestas, que si bien rompían con la
antiquísim a tradición de la tela rectangular, no respetaban las exigencias de una realidad
plana, porque los colores al convivir en yuxtaposición, creaban sensaciones de relieve y de
profundidad y conservaban la estructuración creada por la pintura fig u rativa para lograr
sus efectos. Luego de varias e inútiles tentativas para n e u tralizra esa impresión, separan
las form as en el espacio, de modo que entre una y otra se ve el muro sobre el cual se
destacan.
Raúl Lozza, consigue posteriormente que los colores, las form as y el espacio que las separa,
se obtengan mediante un proceso evolutivo y dinám ico cuyo detalle no interesa ahora.
Lozza logró, además, un proced miento que le permitió medir la formG como tal. Es decir,
las líneas de una form a tienen distinto valor según sea su relación con las demás (Gestalttheorie: el valor de una línea depende de su posición en la totalidad de la form a) ( 1) .
A claram os que Lozza nunca considera las líneas, sino las formas.
El perceptismo, que así fué llam ada esta nueva pintura, podía ahora enriquecerse con un
enorme número de form as, en contraste con la pobreza de otros pintores concretos o neiplasticistas, para quienes fué una audacia abandonar el rectángulo, que quizá sea la única fo r­
ma cuya estructuración plástica es com patible con la sección áurea, control estético here­
dado de la pintura fig u rativa. La fa lta de un método que dejara m anejar la in fin ita v a rie ­
dad de form as susceptibles de ser creadas, fué uno de los motivos que impulsaron a muchos

Raúl Lozza, mural perceptista 211.

�pintores concretos a dejar la pintura espacial, que sólo podía ser intentada con éxito por
aquel que tuviera una medida perceptiva de la forma. Muchos optaron por refugiarse en una
literatura geométrica, vía de regreso a la representación.
Habiendo logrado también la medida perceptiva del color, Lozza equiparó su valor con e! de
la form a, de modo que en el equilibrio de una forma con otra intervienen los colores que con­
tienen. Es imposible separar un color de su form a sin romper la estructura. Había sido h a ­
llado el color-forma, elemento fundam ental para una nueva plástica y única solución para
una dualidad tradicional.
No hay color sin forma ni hay forma sin color; esta es la voz de la realidad. La voz de
la realidad como belleza pictórica, nos dice: dadas las formas A y B, si el color de A es C,
el color de B sólo puede ser X . Creadas las condiciones, es decir la estructura, una forma
sólo puede llevar un color determinado, en relación con las demás formas-colores. Y esto no
debe entenderse como un mecanismo de creación, sino como un nuevo instrumento técnico.
Trae también el perceptismo una renovación fundam ental en la teoría del arte. Nos refe­
rimos al concepto de insularidad, que también nosotros tratarem os de explicar ahora, a p li­
cando la Gestalttheorie.
Entre una pintura y su espectador se produce el siguiente planteo: por un lado tenemos una
psique situada en un ambiente, dentro de cuya estructura óptica hay ún elemento consti­
tuido por una tela coloreada. Por otro, los colores de esa tela configuran una estructura
que quiere ser impuesta a esos mismos ojos que elaboran la estructura anterior. Se enfren­
tan entonces dos estructuras para las que es imposible convivir, por ser la unidad uno de sus
Gtributos esenciales. Si el individuo no logra identificarse con la pintura, ésta dejará de ser
un objeto estético y pasará a ser como el objeto práctico, un elemento más en la totalidad
óptica que constituye el mundo cotidiano del espectador. Si los elementos pictóricos logran
imponerse como estructura, desaparece el mundo circundante, borrado por fa lta de corres­
pondencia en la psique del espectador. Pero si se da este último caso, el espectador no so­
lamente se desprende del estado psíquico correlacionado con la estructura que desaparece,
sino que tiene que reconstruir un estado psíquico compatible con la estructura que la tela
impone a sus ojos. Las estructuras ópticas sólo tienen sentido dentro de la totalidad psíqui­
ca que las ha originado. Es necesario, entonces, que el espectador configure los elementos
de su psique, de manera que experim ente la emoción del autor que ha dado vida a las fo r­
mas de la tela.

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Alexander Calder

Este sometimiento de nuestros elementos psíquicos a la estructuración impuesta por el a r ­
tista a través de su obra, constituye un estado paralelo al de la hipnosis. Bergson así lo sos­
tenía: "E l objeto del arte consiste en adormecer los poderes activos o más bien resistentes
de nuestra personalidad y colocarla así en un estado de perfecta irresponsabilidad, en la cual
realizam os la idea que nos es sugerida y sim patizam os con el sentimiento que nos es expresa­
do. . . en los procesos del arte encontramos en forma débil, una versión refinada y esp iritu a­
lizada en cierto grado, de los procesos empleados comúnmente para producir el estado de
hipnosis" (Ensayo sobre los datos inmediatos de la co n cie n cia ).
La pintura perceptista rompe con este proceso psicológico, puesto que consta de "fo rm a s"
que se insertan en el "fo n d o " aportado por el ambiente. De esta m anera el campo percep­
tivo está integrado por el mismo mundo circundante, del cual se aislaba el espectador
para penetrar en el mundo de la pintura representativa. El proceso psicológico del goce
estético se hace diferente. Sus efectos son otros.

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Moholy - Nagy

Term inarem os estas palabras refutando uno de los argumentos más comunes usados contra
la no representación. Se dice que es su arte deshum anizado porque suprime la representa­
ción de lo humano. Esto no es más que un sofism a, puesto que pregona lo humano del hom­
bre. Nosotros luchamos por la humanidad del arte.

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(1) Si bien aceptamos el planteo de la teoría de la forma, creemos que sus soluciones son obstractas,
y que han de ser superadas por una nueva psicología concreta.

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Max Bill

Estructura perceptista de Raúl Lozza
Mural Ny 150 del año 1948.

�Resumen del capítulo III

Lo que se ha dada en llamar “el gran ritmo” ha permitido igual­
mente la expansión del color en el sentimentalismo y el expresionis­
mo, aun dentro de las normas geométricas y matemáticas, porque la
materia visual artística en ningún caso ha sido practicada hacia un
fin funcional objetivo.
El color, con ser una propiedad de la materia, pasa en la estética
a ser materia misma para la visión.
Baudelaire ha señalado que “la existencia de un dominante no
tiene legítimamente lugar si no es en detrimento del resto”. Y este
detrimento ha constituido una ley indiscutida en todas las épocas
del arte, tanto para la armonía basada en la distribución de la
luz y los colores, como para* una estructura en base a formas colo­
readas y fondos neutros.
Ls relaciones complementarias, que la física y la fisiología asientan
en la lógica infantil de la determinación de la luz blanca (esta se
logra por varios conductos, como lo han probado las últimas inves­
tigaciones), ha variado considerablemente desde Newton a Maxwel
y la física atómica; pero la pintura, no obstante la deficiencia de
los físicos (caso Chevreul), ha mantenido su estructura colorida.
Para una estética del color, no hemos aceptado entonces ninguna
ley absoluta de los opuestos cromáticos, como no es tampoco abso­
luta la oposición, según la dialéctica, entre luz y sombra.
Hemos comprobado que en la pintura hasta hoy en día el color no ha
sido el objeto, no ha estado identificado con la cosa. Superadas
las normas naturalistas, el invariable cromático ha sido destruido.
Esa transformación ha constituido un hecho revolucionario dentro
de la lenta evolución de las formas. Fué la forma que ha pre­
dominado en el arte primitivo, y es ella que ha predominado más
o menos hasta nuestros días. Por esa causa el color, destructor de
apariencias, ha participado siempre solamente como auxiliar en
la estructura, especialmente en los períodos clásicos y neoclásicos.
En los primitivos, el color adquiere un s'gnificado independiente
y simbólico. En sus decoraciones será utilizado el tono más inme­
diato de aquellos que le expresan un hecho cotidiano, pero nada
deja entrever una relación de este con la forma. Cuando el arte
románico da supremacía al color como valor primordial y espiri­
tual en la pintura, adolece de las m'smas desviaciones, que per­
durarán igualmente en la edad media cuando el color toma po­
sesión como tal solamente para expresar un simbolismo místico
en el nuevo concepto de las formas artísticas. Para los antiguos
y para el medioevo, así como para los modernos ¿en qué medida el
color fué forma? Una forma coloreada de acuerdo a una mayor
o menor condición de ser vista, se presentará como una mayor o
menor dimensión; y la simetría de los opuestos equivalentes, sean
complementarios en luz y sombra, sean complementarios en colorluz, cons’derados todos desde el punto de vista y práctica de la es­
tructura clásica idealista, escapará entonces a toda norma posible
de belleza funcional objetiva.

El Color. . . (Viene de pág. 3)
blanco, tiene más luminosidad y menos pureza, y que un color profundo es más puro
menos luminoso. La saturación de los colores, en su orden, m antienen un resulta­
do opuesto al de luminosidad, y esto ha sembrado la confusión considerándose al
amarillo como luminoso por excelencia. En el terreno de las emociones estéticas han
sido bastantes infructuosos los esfuerzos tendientes a condicionar las sensaciones co­
loridas con las luminosas. Las d iferencias cu a lita tiva s visuales de la luz serían en
cierto aspecto el color; pues la relación entre intensidad y sensación no se produce
íntegram ente debido a que percibimos un fenómeno inverso, a más luz, menos color.
Si la psicología de la form a ha deducido que un objeto se distingue más en su campo
luminoso que colorido, ha sido en base a experiencias realizadas solamente anulando
el color por medio de la intensidad luminosa.

y

La
un
lla
en

sensación de luz y de color se producen sim ultáneam ente; pero la intensidad de
rayo luminoso llega a a n u la r el color de un plano. Sabemos que sobre una panta­
de varios colores la luz uniform e proyectada no actúa con las mism as propiedades
todos los colores.

El perceptismo es una pintura de color y no de luz, pero no separa el color de la luz.
Solo se basa en otro sistem a de medida y estructura, señalando la imposibilidad de
basarse en una medida física de intensidad luminosa para controlar las sensaciones
coloridas.
FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO III
Cuando el Giotto, sin apartarse del simbolismo de la edad m edia, inaugura un nuevo
cam ino a las posibilidades del color, lo hace sobre las bases de una nueva relación
de form as. Sus estructuras crom áticas descansan generalm ente en lo que se ha dado
en llam ar desaciertos o relaciones inarmónicas de color. Pero ellos no dejan por eso
de ser partícipes de un gran arte.
Si el prim itivo ha substituido la fa lta de m ateriales y leyes lógicas para el enlace del
color, con una sim etría de las form as, muchos ejemplos sim ilares pueden ser se ñ ala­
dos en toda la historia de la pintura. Pero si M ondrian reduce nuevam ente sus m e­
dios crom áticos, ninguna relación tendrá por eso con un retorno a lo prim itivo, ya
que presenta una nueva fa z en el desarrollo de las relaciones y la estructura. Hoy
día los pintores no representativos, como conducta, no tienen porqué desoír la voz de
las últim as investigaciones cie n tífic a s, cuando ellos mismos ponen en tela de juicio
las armonías subjetivas y relaciones com plem entarias abstractas.

Resumen del capítulo IV

Cuando el arte del claroscuro pasa a ser, aun superficialmente, el
arte del color, se conmueven todas las leyes y proporciones en la
estructura clásica y en la geometría aplicada a la representación.
El dinamismo cromático del romanticismo trae como consecuencia
el aprovechamiento de las invest’gaciones científicas sobre el color,
permitiendo posteriormente la culminación de éste en un mayor so­
juzgamiento, no ya como representación de objetos, sino de la luz.
Pero el color como representación es igualmente puesto en crisis
por el neoimpresionismo, que agota sus posibilidades representati­
vas. Sin embargo, el problema de la luz ha continuado interesando
hasta en la misma pintura abstracta, especialmente en algunas ex­
periencias del Bauhaus”, cuando Moholy-nagy retoma el desarrollo
de la pintura a partir del neoimpresionismo y practica ya como
elemento sensible el color-luz utilizando proyecciones luminosas.
La liberación del color de las leyes clásicas permitió igualmente
su expansión hacia un nuevo simbolismo y un mundo subjetivo
anímico. Es así como la proyección sentimental de los colores fué
estudiada por la filosofía con el afán de adaptar al molde metafísico las nuevas situaciones planteadas a la estética por el arte
moderno. No costó mucho a la filosofía del arte basada en la be­
lleza clásica adaptarse a la nueva época, aprovechando las lagunas
y las deficiencias de la estética experimental, del positivismo y de
los cientificistas. Los formalistas y los mecanicistas, trataron inútil­
mente, contra la estética mística, de superar los “estados afectivos”
como parte contenida en la pintura, especialmente en el color.
En todos estos casos, el color ha actuado siempre en el arte como
instrumento de representación, sea para expresar sentimientos o
dar mediante una u otra técnica la apariencia luminosa. A esa
necesidad obedecen las más diversas escalas convencionales cromá­
ticas creadas hasta la fecha en base a valores subjetivos o cientí­
ficos abstractos.
Unicamente con la conquista del plano real se logra la llamada
conciliación de los opuestos cromáticos, base que superará los úl­
timos reductos del arte como apariencia y afianzará la realidad
del planismo absoluto. Esto es, en cuanto al color, pasar de su
identidad abstracta y relativa a su identidad concreta.
Entre cantidad de color y cualidad de color existe en el arte un pro­
blema de forma y no de luz.
Resumen del capítulo V

La relación del color y su identificación en la realidad plana ha
encontrado el inconveniente de una concepción abstracta y no ma­
terialista, de un desconocimiento práctico de su propia naturaleza
objetiva de ser visto.
En los primeros expresionistas el color obedece a un nuevo simbo­
lismo, fundamental en muchos casos para el desarrollo de las nuevas
formas artísticas. La llamada técnica de la deformación se puede
generalmente denominar como nuevas reglas de la construcción, y
ese mundo a simple vista subjetivo e ideal transforma la raíz
misma de la pintura. Si Van Gogh trata de expresar mediante el
color el más allá de los objetos, su “irracionalidad” no nos muestra
por fortuna más que una estructura colorida. Su misticismo alcansa una meta revolucionaria en el arte porque exalta en nuevas
formas los elementos visuales fundamentales de la pintura.
La metafísica del positivismo estético ya no pudo comprender la
importancia de este horizonte abierto a la pintura y concretado por
Cézanne, donde comienza a germinar la objetividad del color
plano.
Estas experiencias permitieron a Matisse desarrollar el símbolo de

El contraste luminoso de Chevreul, denominado posteriorm ente c o n t r a s t e simul­
táneo, ha planteado teóricam ente en las leyes del color un fenómeno que los físicos
siem pre, con anterioridad, han tratado de e xp licar y que los pintores han experim en­
tado directam ente desde el siglo X V . Las imágenes accidentales negativas que cons­
tituyen los colores creados por la retina, como color exigido por un color estim ulante,
ha servido para concertar una estética del color exaltando ese aspecto fisiológico, y
erróneam ente físico de la luz. Los fisiólogos han relacionado este fenómeno a las
d iferencias cu a lita tiva s de sensaciones cuya crom atopsia es imposible de f ija r en ese
terreno específico. Y a para Newton, los colores com plem entarios ilusorios solo eran
sensaciones im aginarias de la retina, y Helm holtz habla de falsos juicios sobre estas
imágenes negativas, en la que se ha basado la tan m entada armonía de los colo­
res.
En 1925 W eve ha confeccionado una tabla de los colores estim ulantes y los resulta­
dos de las sensaciones im ag in arias; y en 1937 Robertson y Fry han estudiado a m p lia ­
mente el fenómeno de las secuencias coloreadas, no más que para que el problema
perm anezca en esa negación sostenida por los am ericanos Spencer y Moon, los que,
experim entando sobre planos estáticos y no sobre discos rotativos las leyes de esa
supuesta armonía de los colores, deciden que "dos colores yustapuestos parecen ar­
mónicos cuando entre ellos no e x !ste am bigüedad".
En los colores hay siempre correspondencia cuando estos participan de la estructura.
Y , como lo prueba la historia del arte, es la form a el vehículo de sus relaciones.

FRA GM EN TO DEL C A P IT U LO IV
Si Hegel ha visto el ideal artístico dado en ese desarrollo del período religioso c ris ­
tiano, hacia una perfección lograda por la m áxim a expresión sentim ental, nos será
fá cil continuar y hacer extensivo este ciclo rom ántico y m ístico de la pintura hasta
tanto ella exprese sentim ientos ajenos a los estéticos. Pero ocurre con la d ialéctica
idealista precisam ente un hecho curioso: va especificando y delim itando, con el a fá n
de anu larlo o sojuzgarlo, el elemento m aterial de la pintura. A pesar del concepto
idealista absoluto, de la pintura como ilusión y ap arien cia, no todo en ella tenderá a
la representación y se em ancipará de la m ateria. Para Hegel el color llega a ser un
elemento m aterial por cuanto es e x te n s o — diremos bidim ensional y plano— Esta po­
tencia m aterial no logra ser destruida por el idealism o, como perm anencia planista
y realidad física , ni mediante la luz y la sombra ni la expresión de un mundo in te­
rior. A sí, m ientras la naturaleza es representada, m ientras lo luminoso es igualmente
representado, m ientras el espacio es representado, el color como color perm anecerá
siempre como tal, como realidad plana. En esas condiciones no podrá representarse.
La verdad es que el color en la pintura siempre impone el plano, tiende a destruir
una gran parte de lo representativo volum étrico, y busca su realidad bidim ensional
m anifestándose como un vehículo de transform ación de las leyes clásicas de la pin­
tura.
•
Si el idealismo no hubiera impuesto a la filosofía del arte las normas sentim entales o
m etafísicas, Hegel habría previsto el desarrollo de la pintura de acuerdo a un menor
grado sentim ental, y una afirm ació n de su verdad objetiva en relación a lg pnmgcíg
de su m aterialidad y no al desprecio de ella.

�FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO

V

El problema "d in ám ico " en la pintura futurista no es una cuestión inaudita, pero sí un
planteam iento que conmueve el campo visual del espectador, afirm ando de hecho un
nuevo elemento abstracto a la pintura, como lo será la pura ilusión dinám ica. Y si te ­
nemos en cuenta que esto sólo será logrado mediante los clásicos elementos m ateriales
de colores y form as, cabe preguntarnos qué nueva experim entación objetiva o de lo con­
trario qué metamósfosis han recibido éstos en la práctica creadora. "N uestro creciente
anhelo de verdad no puede satisfacerse con la forma y el color tal como ellos fueron
concebidos hasta h o y", han escrito los pintores futuristas en 1910, al reproducir en el
lienzo, con esas formas y esos colores, la sensación dinám ica. En sum a, colores y formas
desvirtuados en la práctica igualm ente hacia un fin aparente.
Los problemas del color, tema del presente libro, no superan en el futurismo algunas
experiencias anteriores, especialm ente neoimpresionistas. Como éstos, han repetido que
"la s sombras que nosotros pintemos serán más luminosas que las luces de nuestros
antecesores", y que "h oy no puede e xistir pintura sin divisionism o. El divisionism o para
al pintor moderno debe ser un complementarismo innato". Esto se asocia a una cons­
tante crítica de los métodos "p rim itivo s" del color plano, o contra el tono local.
Este com plem entarism o está condicionado por una composición dinám ica muy al margen
de una identificación con las zonas coloridas. Si es verdad que el futurismo, en cuanto
al problema de las form as, conmueve el viejo edificio del naturalism o subjetivo, sería
interesante investigar a fondo — lo hacemos en el libro sobre la estructura— el valor de
las etapas de superación y deform ación de los objetos representados, y su intención en
la historia del arte.
Han escrito los futuristas que "u n caballo corriendo no tiene cuatro patas, sino veinte,
y sus movimientos son trian g u la re s". En realidad, éstas serán cuatro, pero en m ovim ien­
to. Para nuestro punto de vista, si apuramos el caballo, éste no tendrá ninguna pata.
La cám ara fotog ráfica, en casos sim ilares, al registrar el movimiento registra una com ­
pensación, y la visión actúa con las mism as propiedades. A sí, un plano de color, que se
desplace en el espacio real, crea las m ism as condiciones visu ale s: un color en m ovi­
miento no es el mismo color, pero ese desplazam iento no puede representarse me­
diante una m ultiplicación.
La dinám ica no consiste en una m ultiplicidad del objeto, en su transform ación de c u a li­
dad a cantidad, sino a la inversa. Es así como las contradicciones del arte, que pueden
dilucidarse a la luz de una estética objetiva, están igualm ente contenidas en el futu­
rismo.
FRAGM EN TO DEL C A P IT U LO VI
Los propósitos para superar definitivam ente los viejos problemas de la visión, me han
impuesto la necesidad de experim entar directam ente sobre la realidad, para compro­
bar que no es suficiente la abstracción de los objetos volum étricos o representados pa­
ra conquistar una realidad plana. El color m erecía nuestra fundam ental atención en
los problemas de las dim en*iones y del llamado fondo. Igualm ente debía aquel cons­
titu ir un todo con la form a plana y ser en la práctica una m ateria de estructura con­
creta.
En nuestras experiencias para condicionar la nueva visión en la pintura plana, hemos
comprobado que no hay colores de valores visuales análogos en form as invariables o
iguales. El ajusto del plano nos ha puesto al desnudo los resortes de numerosos fenó­
menos ilusorios creados por la superposición y la yuxtaposición. La penetración del
color en el plano creando espacios frontales es uno de los más característico s.
La claridad de los medios y los fines en el arte abstracto, no ha sido, precisam ente, el
resultado de estas búsquedas y prácticas no representativas. Cuando los cubistas em ­
plean diversos m ateriales para sus composiciones, no aportan a la pintura nada e fe c ti­
vam ente concreto, pues sólo introducen con ello un sentim iento asociativo, poético y e x ­
presivo. El mismo inconveniente se presentará luego a los pintores del "B a u h a u s" y con­
tinuadores hoy en día, los que, como veremos más adelante, con sus elementos uni­
versales no han hecho posible el equilibrio plano. Con esto vemos que no es suficiente
plantearse la no representación para lograr ya un arte no expresivo y no representati­
vo, y que una pintura bien puede dejar de ser una representación del mundo objetivo
sin lograr por eso ser ella misma un objeto.
La conquista de la nueva realidad está, en la pintura, circunscripta a la conquista del
plano. Toda sugerencia, toda espiritualidad, toda expresividad m usical, o signo, o ilu ­
sión espacial, será logrado en menoscabo de una sola realidad, de una sola verdad ob­
je tiv a : el plano. Con las m ism as propiedades con que la pintura se introduce en la
m úsica, lo hace en la escu ltu ra; pues, trotándose de la u tilizació n del color en obje­
tos tridim ensionales, éste será tan variable y tan incontrolable como variab le será el ob­
jeto debido a la m ultiplicidad de puntos de vista. El color no es un elemento que pueda
juzgarse m aterial en form as tridim ensionales espaciales. La pintura-escultura a ca b a ­
ría por invadir y degenerar la propia arquitectura y sus medios específicos funcionales.

Presentamos en el diagrama cuatro colores en su valor visual plano. Lo apreciamos pri­
meramente en su cantidad, por la dimensión de la forma, y luego en su cualidad, por el carác­
ter de las formas.

los colores, “las formas que éstos representan”, como dijo Apollinaire. Estas formas que los colores representan, lógicamente no po­
dían obedecer: a una estructura de valores exclusivamente visuales,
sino anímicos. Y este animismo y espiritualismo cromático ha sido
desarrollado por Kandinsky, uno de los primeros pintores abstractos,
en un orden cósmico y musical de expresión plástica, postulando
una escala mística de los valores cromaticos no muy alejada del
símbolo de la edad media. Así, el planteamiento óptico de Kan­
dinsky continúa encerrando una contradicción. El concepto psico­
lógico y asociativo del color inaugura, con este pintor y teórico del
arte abstracto-concreto, una nueva faz, siempre dentro de los lími­
tes de “la forma sobre la tela”.
El aporte más valioso del cubismo al color consistirá en la reinte­
gración del tono local, y en la importancia que para ello significa
su alcance logrado en la estructura racional no representativa
orientada a la conquista del cuadro objeto. Por el contrario, el fu­
turismo significa un problema netamente de formas, que se mani­
fiesta por una dinámica de éstas con las mismas caracterís­
ticas con que el neoimpresionismo desarrolla la dinámica de la luz.
En cuanto al color, el futurismo irracional no logra hacer más que
repetir viejos conceptos.
Así, esta pintura se aparta, como movimiento, intuitivo y subjetivo,
apoyándose en Nielzsche y luego en Bergson, de todo progreso
tendiente a superar el dualismo y unificar forma y color.
Hoy, los retornistas desarrollan la teoría de la profundidad cro­
mática, aérea o plástica, de la profundidad física o espiritual. Pero
en los dominios del color se debió, necesariamente, responder con
un desarrollo al materialismo, dado el grado de superación alcan­
zado por las formas propiamente dichas.
Resumen del capítulo VI

La historia de la pintura no es más que la historia del desarrollo de
nuevas y sucesivas condiciones para la visión. El factor primordial
de este proceso estará dado por la necesidad de superar la contra­
dicción entre la visión real del muro arquitectura, del plano, y el
mundo ficticio de la profundidad tridimensional aparente del arte.
La psicología ha permanecido al margen de esta experiencia plás­
tica objetiva, aunque las desviaciones en los resultados y medios de
la pintura han permitido su intromisión. Solo una nueva orienta­
ción de la estética práctica puede superar los problemas del ángulo
visual y el fondo latente en la pintura representativa, la contra­
dicción entre el ojo inmóvil y el ojo móvil.
La psicología de la forma y la percepción y síntesis en las investi­
gaciones actuales no plantean para el arte ninguna solución, y po­
dremos pensar que solamente el advenimiento de una psicología con­
creta, que involucre ya al hombre y al medio y no detenga sus con­
sideraciones científicas en el solo mecanismo de las sensaciones ais­
ladas, podría condicionar objetivamente la sensación colorida come
materia estructurante.
Si la actitud del espectador transforma las percepciones visuales,
la experiencia del perceptismo en el campo de la nueva visión ha
orientado una relación entre el hombre y el objeto artístico, entre
lo estático bidimen-’ional de la obra y lo dinámico tridimensional
del espectador. No ha interesado al perceptismo como pintura la
“visión interior” y refleja, ni el objeto estético como fruto del ins­
tinto representativo o imaginativo.
La pintura abstracta y concreta no ha logrado aún condicionar una
realidad plana, porque en todos los casos, sin excepción, donde ha
existido color han subsistido los viejos problemas del mismo. Así
vemos el problema latente de las estructuras neoplasticistas de
Mondian, a pesar de sus esfuerzos en superarlos mediante los
planos en color y en no-color; perduran en el sincronismo basado en
los puros colores del espectro y hasta en los finos brazos coloreados
»de Vantogerloo y los trabajos de Max Bill (sus pinturas) que con
su postulado espiritual del arte como incursión a lo infinito da un
nuevo carácter, y no precisamente materialista, al concepto hegeliano de la pintura como “forma sensible de la idea”, como apa­
riencia.
La pintura tiene un límite, el visual. Pese a los idealistas, que
especularon con la abstracción de la belleza, alií termina toda su
realidad, y por eso, toda su belleza, toda su razón de ser. De la
estructura y creación de una realidad coplanaria emana su función
con el hombre y el medio, y no por procesos de otra índole.
El color ha merecido para el perceptismo una investigación en su
existencia plana y bidimen donal. Aquel debió constituir un todo
con el carácter de las formas visibles y ser en la práctica Un
elemento de estructura concreta. Para este fin ha sido desechado
todo concepto platónico y socrático que otorga a ciertas formas geo­
métricas y a ciertos colores belleza en si mismos.
Se comprende que, socialmente, el arte no es un fenómeno sino una
función. No es pasivo sino activo.
Resumen del capítulo V il

Una de las lagunas fundamentales en la crítica subjetiva y las es­
téticas idealistas consiste en el concepto metafísico sobre los ele­
mentos de la pintura. Algunos cientificistas que dan por descon­
tada toda posibilidad de que éstos no sean otros que los colores y
formas, lo desvirtúan en la crítica reconociendo una práctica del
arte extraña a toda materialidad de color y forma.
Preguntemos a los viejos y nuevos idealistas del arte cuál es el
material y cuál el elemento de la pintura, si el lienzo o el muro,
los objetos representados o las formas abstractas, los contenidos
subjetivos o los contrastes anecdóticos, el color o las proyecciones
sentimentales, y sostendrá que “con elementos determinados se
llega a un fin indeterminado”. La materia y los medios visuales
son entonces nada más que un medio determinado cuyo fin práctico
indeterminado obedecerá a la pura intuición. Es así como Worringer sostiene erróneamente que “en lo moderno sólo hay un nuevo
material”, el fin es el mismo. La belleza, la llamada esencia del arte,
está separada entonces del sus elementos materiales.
Muchos fijan elementos de la pintura en los objetos representados:
casas, árboles, hombres, animales (elementos sólidos), nubes, hu­
mo, niebla (elementos menos sólidos). Para los defensores del arte
figurativo actual, los retornistas, el elemento de la pintura y del
arte en general es la vida misma expresada en toda su amplitud
(Kemenov), cosa que Lipp ya había señalado otorgando cualidad
ideal simbólica al elemento vital de la pintura, mientras “el material
implica visiblemente una detei-minada negación estética”. Fechner
ha llegado a especificar para el arte elementos psicológicos.
Severini dice que el elemento del arte es el sujeto. Para muchos
es la línea y para otros el diseño. El “Bauhaus” ha fijado varios
“elementos universales” para las artes visuales, consistentes en for­
mas ya conocidas y algunas primitivas, la circunferencia, la barra,

�Diagrama de los colores, elaborado por Kandinsky.- Con estas ar­
monías, a simple vista comunes y semejantes a las de muchos fí­
sicos, este pintor sostiene un simbolismo místico del color no muy
alejado del concepto de la edad media.

FRA GM EN TO DEL C A P IT U LO

V il

Las leyes de construcción pueden en muchos casos no depender directam ente de su
m aterial propiam ente dicho. Este puede va ria r, podemos prescindir de parte del
mismo y substituirlo, pero no podemos substituir en la pintura un elemento material
visual sin que el todo se m odifique. En la ciencia, este fenómeno es probado por el
hecho físico. En el elemento material está el concepto, la realidad.
El color no ha de v a ria r en su form a aunque las dimensiones varíen en su totalidad,
pero sí lo hará si va ría el carácter de la forma o el color que la circund a, o si este ú l­
timo perm anece inalterable m ientras la totalidad va ría . Tam bién en la física , la de­
form ación de un cuerpo m odifica la distribución de una corriente e lé ctrica ; y la v a ­
riabilidad del color en el plano es perfectam ente controlada y relacionada, en el per­
ceptismo, por el enlace que la nueva estructura otorga a las form as.
Se podría objetar el fenómeno producido por la radiación del color, hacia el exterior
del borde que lim ita el plano; pero esto, en nuestro caso, no solo está perfectam ente
controlado, sino que es parte funcional en las relaciones.
Estas verdaderas aureolas
coloreadas, que se presentan como fenómeno visible y sobre las que tanto se ocupó
Goethe en su Teoría, influyen sensiblem ente en las form as abstractas hasta el extrem o
de a lte ra r sus dimensiones y originar su desplazam iento. Pero será nuestra considera­
ción del medio, superando en la p ráctica las lagunas de la psicología de la forma, la
que logre el plano concreto, absoluto.
Es así como, entre un azul 1 16,3 ya experim entado en su form a, está exp lícita esa a l­
teración del contraste, porque dicha form a no es aislad a, no es ella misma y separada
del medio, y lleva, adem ás, en la composición de su ca rácte r, la demanda precisa de
sus partes com plem entarias.
La psicología de la forma no ha abarcado estos problema en su totalidad al considerar
que una relación de color o de sonido m usical continúa siendo el mismo al ser tra n s­
portado a otro tono. Para nosotros, el todo, en estas condiciones, es una verdad re la ­
tiva. El todo es una percepción de relaciones que varían de acuerdo al medio. Y es
por esta causa que los estudios realizados sobre el color, tanto por los pintores preocu­
pados por su conocim iento físico, como por los investigadores del mismo en el campo
estético, no han alcanzado la debida solidez como para considerarlos positivam ente
objetivos.
Si nosotros queremos hab lar de un plano-color determ inado, lo haremos solamente
sobre la base de la totalidad de la obra como objeto. No podemos considerar las fo r­
mas a priori para exponer un color; de lo cual se deduce que el plano mencionado de
azul 1 16,3 es una parte aislada que para el lector nada dice de la objetividad de fo r­
ma y color. Si el objeto estético no es completo, los ejemplos presentados no dejarán
de ser em píricos para el valor crom ático. Si el color es parte activa y directa en la es­
tru ctura, este solo hecho supera toda ¡dea apriorística sobre sus medios de relaciones.
FRAGM EN TO S DEL C A P IT U LO V III
D elacro ix se ha aventurado a señ alar que "e l genio es el arte de coordinar las re la­
cio n es". Coordinar las relaciones es, verdaderam ente, la piedra ang ular de toda c re a ­
ción a rtística . Esta técnica, siempre renovada, que es la estructura misma y razón
de ser de la pintura, es lo que en todas las épocas ha constituido su factor inventivo,la medida de su belleza funcio nal.
¡
La creación, o la invención, en nuestro concepto, llega a plasm arse en planos colores
como valores no representativos ni expresivos, y dentro de los lím ites de la puram ente
plástico. A sí, llevamos a fe liz térm ino las palabras de Luppol cuando dice que " la s
verdaderas relaciones radican en el objeto mismo.
Las relaciones que se descubren
fuera de las cosas o las que ponemos en ellas no pueden crear b e lle za ".
Una form a, más que un hecho psíquico, es un hecho físico, un organismo. Una form a
es, al mismo tiempo, una parte y un todo compuesto, aunque no absoluto, sin una de
cuyas propiedades d ejaría de e xistir como parte o como entidad en los dominios del
arte. N uestra delim itación entre la im aginación pura y la invención se basa, lógica­
mente, en estos principios. Sí alguien ha dicho que "toda form a de la cual es im posi­
ble e xp licar la razón, no sería b e lla ", el perceptismo basa este racionalism o en el
hecho práctico y no en la especulación m etafísica.
Sabemos que el vuelo de lo im aginativo sólo actúa dentro de los lím ites del reconoci­
miento; sus elementos son netam ente abstractos y poéticamente subjetivos.
La in ­
vención será lograda, por el contrario, sobre el dominio de la técnica m aterial, del
método teórico-práctico para la conquista objetiva de los medios visuales de la pintura.
Es lógico que los defensores del arte como intuición del hombre, que circunscriben
los problemas estéticos al mundo subjetivo y al hum anism o in divid ualista, se
m anifiesten constantem ente enemigos de las técnicas y de las teorías demasiado es­
trictas. Sin embargo, en el perceptismo, la técnica logra su mayor relación con los
valores y los fines mismos del a rte ; y, para nosotros, son los medios técnicos los únicos
capaces de h um an izar la pintura.
M ediante numerosos procesos técnicos en la elaboración de objetos prácticos, supieron
los pueblos prim itivos deducir conceptos sobre la vida y el universo enteram ente opues­
tos al poder divino de la creación. A ctualm ente, lamentándose. Andre M a lra u x ha
expresado en un discurso que " la técnica moderna lleva fatalmente el arte hacia el
pueblo". Lle va r el arte al pueblo, no en su contenido representativo sino en su misma
esencia colectiva y universal, es la función otorgada por el perceptismo a los llamados
"excesos de teo rías" y a la técnica del arte.

(1) “El color en la pintura. Su investigación es tética objetiva".- Por Raúl Lozza. Editorial Diá­
logo (de próxima aparición).

Talleres “Optimus” - Diagrama

el triángulo, la espiral y otros. Max Bill ha escrito que “el elemento
de toda obra plástica es la geometría’’, y Mondrian los ha especi­
ficado en las horizontales y verticales, como signos representativos
de las fuerzas opuestas de la naturaleza. Hemos visto cómo para
Moholy-Nagy fué durante un tiempo la luz física (se apartó de ello
comprendiendo que podrían confundirse los medios con el fin) ; y
Del Marle y Gorin utilizan como elementos los rayos solares y el
espacio.
De todo esto, se deduce erróneamente que no existe un elemento
material, porque este y el fin del arte son cosas distintas; que
sólo existen elementos abstractos que no constituyen una realidad
material en el proceso creador e inventivo, sino un med'o cuyo fin
será su propia abstracción, una expresión.
Pero el perceptismo no selecciona elementos “a priori”, sino que
éstos son conquistados en la práctica misma, teniendo plena con­
ciencia de la finalidad como objeto para ser visto. Por ello, ni
siquiera el color puede ser considerado un elemento material de la
pintura mientras éste no sea experimentado en su correspondiente
forma plana, cuya invención surgirá del nuevo concepto de estruc­
tura. Así, no existen elementos universales para todas las artes, si­
no elementos materiales propios de cada una de ellas.
Las propiedades de los planos, su color y su forma, crean las re­
laciones del perceptismo como objeto independiente y funcional.
Resumen del capítulo V III
La estructura del perceptismo, por primera vez en la historia del
arte, crea relaciones aun para aquellos colores que, comúnmente,
no se relacionan entre sí; porque jamás se plantea aisladamente
un problema de color, de forma o de composición. Si V. le Duc ha
dicho que “toda forma de la cual es imposible explicar la razón,
no sería bella”, el perceptismo sostiene que toda forma que no es
funcional en su color no es concreta.
Carácter de forma y color local solo se conciban mediante una
estructura que no es agena al proceso mismo creador. La simetría
clásica es transformada por la nueva estructura perceptista en
equivalencias no de formas entre sí y colores entre sí, sino en re­
laciones de planos-color.
La acción deformante del color sobre la forma plana ha puesto en
crisis todos los viejos sistemas de estructuras geométricas y mate­
máticas, ya que el orden matemático de la geometría no se adapta
al carácter visual de las formas coloreadas. Con las matemáticas
podremos lograr una estructura abstracta de los grupos o los pla­
nos, de las partes y el todo; jamás una estructura funcional per­
ceptista. El símbolo matemático, del cual abusa hoy día gran parte
de la pintura concreta, deja igualmente fuera de control un su­
puesto contenido que afirma el nuevo dualismo del arte.
El espíritu de abstracción ha impulsado a los antiguos a inventar
la geometría, pero su aplicación al arte no ha evitado que trans­
curran desde entonces seis mil años para que la pintura se libre
de los restos representativos. Es que el arte se transforma sola­
mente con experiencias de un mundo vivido, y no de un mundo pen­
sado.
Antiguamente, antes de la era actual, sólo fué considerado como
gran arte aquello que podía regirse estrictamente por leyes ma­
temáticas. Este concepto platónico sobre el espíritu del arte ha per­
durado igualmente en la edad media, donde las estructuras basadas
en la geometría sirve a una función mística de la belleza. No costó
mucho a los renacentistas aplicar y desarrollar esas leyes geomé­
tricas y matemáticas a la nueva pintura humanista, como igual­
mente fué adaptada al neoimpresionismo 1 llamada “sección de oro”
perfeccionada matemáticamente por Zeising a mediados del siglo
pasado.
La “sección dorada” y otras proporciones son completamente inade­
cuadas y nocivas para la pintura no figurativa; y lo son igualmen­
te las nuevas geometrías noenclideanas cuando se las considera me­
cánicamente como elementos de la nueva pintura. Ellas no pueden
evitar, en el concepto general del arte, la metafísica de lo dscriptivo, como ocurre cuando el universo mental, infinito, pretende plas­
marse en un mundo visual, finito.
Para el perceptismo la geometría propiamente dicha será un
instrumento y no la expresión de imágenes; un instrumento para
condicionar a las leyes de la visión un objeto estético cuyos valores
serán concretamente visuales en sus medios y en sus funciones.
Todas las artes han especulado con el problema del espacio-tiempo;
no obstante, la pintura es un ai’te de espacio y no de tiempo, aun­
que la amplitud y libertad otorgada al espiritu por las nuevas
geometrías y matemáticas hayan entusiasmado a muchos pintores
abstractos que ven en ella, erróneamente, un elemento expresivo
para captar el espacio infinito; la cuarta y quinta dimensión para
la percepción real plana.
En la pintura, el espacio como tal sólo ha sido representado, aunque
el proceso técnico haya experimentado tres transformaciones fun­
damentales: el espacio aparente del Giotto sobre superficies rítmi­
cas, la profundidad lineal y aérea de la perspectiva, y el espacio
artificial de Mondriau, Nicholson y otros.
El perceptismo no representa ni cubre espacios, sino condiciona
espacios reales. Al superarse, con la nueva estructura, esa for­
mación primitiva de la totalidad que ha perdurado hasta hoy, el
color ha debido responder a leyes de valores cualitativos, conquis­
tar su naturaleza extensiva bidimensional indiscutible, su materia­
lidad como visión frontal plana.
Con el perceptismo la pintura no sólo es un objeto independiente,
en cuanto a representación, de los mismos objetos, sino que éste ha
sido transformado de objeto en sí mismo en objeto para el hombre.

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                    <text>TEORICO

Y POLEMICO

Bu e n o s
Aires,
N o v i e m b r e
de
1 9 5 1
R edacción: C a n g a llo 1219, T. E. 3 5 -8 2 7 8 - $ 1.50 el ejem .
A lg o que no pod rá n c o n c e b ir a lgunos lectores interesados será nuestra a c titu d c rític a fre n te
a todas las dem ás te nd en cias p lá stica s, sean fig u ra tiv a s o n o -fig u ra tiv a s . A lg u ie n ha in s i­
nua do que, con el ró tu lo de la libertad de expresió n, debem os a c e p ta r todas las nuevas m a ­
n ife sta cio n e s, c o le ctiva s o in d iv id u a le s , del a rte .
Sin em bargo, ta m b ié n sobre la libertad de creación tenem os nosotros un co nce pto d e fin id o ,
ta n to sobre su v a lo r social en el cam po de la p in tu ra com o sobre su im p o rta n c ia en relació n
al lla m a d o " lib e r a lis m o " . Si no aceptam os nada que se c o n tra d ig a con nuestros postulados
te ó rico s y p rá c tic o s no s ig n ific a que estem os en fra n c a d iv e rg e n c ia con la p in tu ra del pasa­
do, le ja n o o in m e d ia to . S olam ente no a cep tam o s eso que consideram os com o una tra n s fo r­
m a c ió n e p id é rm ic a de los viejos p la n te a m ie n to s estéticos.
N in g u n a concesión otorga m os a las fo rm a s superadas de la p in tu ra , porque p ara el a rte
no existen s u b te rfu g io s , a c titu d e s tá c tic a s ni o po rtu n ism os. La fin a lid a d o b je tiv a (decim os
objetiva y no n o -o b je tiv a ), la c o n q u ista de u n a verdad real y no a p a re n te , es la c o n d ic ió n
im p re s c in d ib le que reclam a m o s de to da c o n c ie n c ia creadora. Y com o a firm a c ió n de esto,
llevarem os hasta sus ú ltim a s consecuencias el co nce pto de que " la libertad no consiste en
el ensueño de una acción independiente de las leyes de la n atu ra leza ".
La libertad de creación es te rg iv e rs a d a p o r m uchos en su ve rd ad ero c o n te n id o . Y a no se
sabrá c la ra m e n te qué re la ció n g u a rd a e lla co n la lib e rta d social ni con el d e s a rro llo o b je ­
tiv o del a rte . ¿Es en la p in tu ra , acaso, el lib e ra rs e de una re a lid a d " e x te r io r " ,y fu e rz a
que coacciona el f lu ir a n ím ic o sobre el a cto gesta tivo? ¿Es, por el c o n tra rio , la im p osició n
En n in g u n o
de una tem ática d e te rm in a d a , de sucesos o soluciones sociales y filo s ó fic a s ?
de estos casos com p ro ba rem os en la p rá c tic a crea do ra una libertad en función hacia un
o b je tiv o co ncreto , una libertad fu e ra del "e n s u e ñ o " que s ig n ific a la m ística del engaño y de
la a p a rie n c ia .
En la edad m edia, la libertad crea do ra ha sido e n te n d id a com o libertad de volición. Pero
esas co nq uista s e s p iritu a le s im pulsadas por la v o lu n ta d co nsistía n en una id e a liz a c ió n y l i ­
b e ració n de la m a te ria , un acercarse a Dios ta n to p o r m ed io de la ic o n o g ra fía com o p o r los
m edios a bstractos de e s tru c tu ra : núm eros, ritm o s , proporciones y relaciones geo m é trica s.
El surrealismo llevó a la m á x im a expresión a rtís tic a el concepto de libertad com o una li­
beración de los deseos. Este a cto, s im ila r al sueño, que p e rm ite fra n q u e a r in d iv id u a lm e n te
todos los "o b s tá c u lo s " n o rm a tiv o s y m eto do lóg icos, no es en sum a m ás que un libe ra rse , no
del yo, sino hacia el yo; una in te ra c c ió n , a lo real c o tid ia n o , de lo a n ím ic o , del m u n d o sub1
‘ c o n d e n te y hasta de la p aran oia .
Ma x Bill
Objeto espacial,
E nte nd ien do en la p in tu ra la libertad de creación com o una co n q u ista de la re a lid a d p lá s ­
año 1948
tic a y no com o una su bstracció n id e a lis ta de su m a te ria lid a d , el perceptismo sostiene que
(V er artículo en
este proceso solo se c u m p lirá p le n a m e n te con una co n cie n cia a rtís tic a no representativa ni
pág. 6 y 7 sobre
im itativa.
tísica y p in tu ra)
Por su p a rte , el a rq u ite c to fu n c io n a lis ta Uoyd W rig h t ha e n te n d id o la libertad en el a rte
2
com o " la elim inación de lo insignificante y lo falso".
Vinei
Y una c rític a de O zen fan t y Jéanneret al " fa u v is m o " dice que " la s libe rta d es casi to ta le s
Virgen de las rocas a pa rta d a s por el " fa u v is m o " no eran en sum a sino lib e rta d e s d e n tro de un código usua l;
(V er artículo sobre
alg un os se p re ocu pa ro n de ver si ese có digo m ism o te n ía razones de ser, e in firie ro n que
nueva estru ctu ra
en pág. 3, 4 y 8) fa lta b a aún una lib e rta d c a p ita l, la de elim in ar el asunto exterior y hacer verdaderam ente
cuadros y no ya figuraciones im ita tiva s". Esta libertad no fu é p ra c tic a d a ta m p oco p o r el
cubismo, n i, ín te g ra m e n te , p o r los m o v im ie n to s n o -fig u ra tiv o s .
El perceptismo p ostu la una co n cie n cia a rtís tic a que se cu m p le , no en el " lib e r a lis m o " que
ju s tifiq u e el e rror, sino en la libertad para u n a fin a lid a d objetiva de la p in tu ra .
Creem os que en el a rte , com o en la c ie n cia , no ha de haber libertad sino para a firm a r una
realidad.

1
3
3
Kandinsky

Improvisación N ‘&gt; 7

año 1910
(V er artículos sobre
abstracción y perceptism o
en pág. 4 y 5)
4
Raúl Lozza

P in tu ra No 184
(Perceptismo,
año 1948)

4

�color de las faginas y del medio (problema Fig. 6). Son éstas
las causas por las cuales este sistem a de relaciones ha po­
dido con toda libertad ser aplicad» arbitrariam ente, tanto a
la pintura de una madona, como a un paisaje o a una obra
no-objetiva. Pintando la Virgen de las rocas (Fig. de la por­
temáticos en su carácter de simples medios condicionales du­ tada), Leonardo dice que “ninguna seguridad existe donde no
rante el desarrollo del arte, de lo representativo a lo abstrac­ se puede aplicar una de las ciencias m atem áticas”. Los cu­
to, lejos de im pulsar a los pintores hacia nuevos métodos de bistas han utilizado el mismo sistem a simétrico (Fig. 7); y
estructura objetiva, ha perm itido que el arle asimile esos Torres - Gagcía, constructivista simbólico (Fig. 8), expresa
nuevos medios geométricos como símbolos o ideas. La con­ que es una “cifra maravillosa, punto de coincidencia en lo
secuencia de esa desviación es palpable en los resultados, infinito, fuera del cual ya no es posible hallar la unidad”.
donde no nos será posible hallar una pintura que haya su­ Retomando para la pintura una estructura geométrica, los
perado el idealismo de la apariencia. Pero, no obstante, si neoimpresionistas recurrieron igualm ente a esa medida (Fig.
algo positivo aporta el arte abstracto para una verdad ob­ 9), utilizada igualm ente para la dinámica barroca (Fig. 19).
jetiva, es el golpe asestado al dualismo de la representación Pero es desde este punto de vista de la unidad, dijimos,
figurativa con ese avance hacia la unidad entre Ies medios donde comprobamos la unilateralidad de estas leyes clási­
m atemáticos de estructura y el concepto de pintura. El error cas de estructura. Es curioso observar que, si bien los expe­
consiste en que dicho concepto es el producto de una prác- rim entos preparados y observados por Fechner sobre diver­
sas form as han arrojado un m argen favorable sobre aque­
llas que acusaban una proporción aproximada de 21/34, es
debido a que dichas experiencias han sido realizadas con for­
mas de un solo color y en un medio invariable.
En la música, cuya estructura no cuenta con medios visuales
espaciales, la proporción armónica 1,618 no es satisfactoria
y da “una sexta neutra, no mayor ni menor (3/5 = 1,6667;
5/8 = 1,6).” (Lalo)
En nuestra pintura perceptista el “control” de las form as
se efectúa por medio de las m atem áticas, pero el número no
engloba determinaciones rítm icas de ninguna especie; es el
producto de una experiencia o de un conocimiento práctico
y esencial del arte.
fig. 12
Comprobamos aquí la diferencia entre la estructura de la forma espa­ De acuerdo a nuestra estructura, si nos propusiéram os medir
cial perceptista y la forma clásica cerrada en si misma.
o verificar “a pnsteriori” la cualidad plana de (esas form as
tica que continúa con el canon del arte como apariencia.
de las Fig. 5 a y 5 b, obtendríamos estos resultados:
Las relaciones abstractas de las m atem áticas y geom etrías
plano B = 194,4
, plano B = 191,0
no involucran como estructura la totalidad de los elementos
a plano C =: 238,4
plano C = 238.9
m ateriales plásticos en un solo proceso creador. Ya hemos di­ Pero debemos agregar que estos resultados de a se ajusta­
cho que los números no afirm an realidades, sino que sólo rán estrictam ente solo a la Fig. 6, porque si B = 194,4 y C =
señalan posibilidades, y que la objetividad de una pintura de­ 238,4, lo serán de acuerdo a A (el medio colorido). Tenemos ya
bió conquistarse en el terreno del conocimiento práctico de
su m ateria visual. Esto es, llevar al arte una concepción
orgánica y no aritm ética de la estructura.
Como en los ritm os relacionados m atem áticam ente cabe cual­
quier representación, ya que el orden numérico es im potente
para superar los contenidos anecdóticos o expresivos, y la
aritm ética se eleva muy fácilm ente a la categoría de ciencia
mística, y como tenemos el ejemplo en el racionalismo pita­
górico, que nada nos dice de objetividad o subjetividad del
fig. 17
arte, hemos tenido que cambiar radicalm ente de método.
color demandando nuestra atención como elemento estructu­
El problema fundam ental que se plantea en la pintura desde elrante.
como si B se relaciona a C de acuerdo a A
el punto de vista de su estructura ya no se refiere a las (punto Esde así
hacia toda objetividad plana espacial), es
proporciones y al ritm o abstracta, sino a la compensación porque en partida
ningún caso mantendremos un concepto abstracto
exigida por el espectador entre ciertas form as y colores en general y absoluto
las relaciones en el arte.
función de un propósito objetivo. En nuestro caso esta ob­ P ara la medida deldeplano
y sus relaciones, el perceptismo
jetividad será el plano mismo, fundam ento del perceptismo. parte igualm ente de la consideración
de sus bordes, pero no
El plano real nunca será una consecuencia de las relaciones se detiene en ellos, ni tampoco en el área
rítm icas. M enospreciar el planismo por el ritm o es camo sos­ penetra en su carácter espacial. (Fig. 12) del plano, sino que
tener en filosofía que la m ateria es consecuencia del espí­ E stá en un error quien cree que solamente hemos logrado con­
ritu, y no a la inversa. '
en la nueva estructura, la pequeña alteración produ­
La pintura jam ás ha conquistado su realidad bidimensional trolar,
por el color en el área de la forma.
Cuando Max Bill considera el concepto de plano en la pin­ cida
El problema más arduo ha1 sido el de reducir al plano el fe­
tura como algo superada, lo hace sin tener en cuenta su nómeno
del “acercam iento” y “alejam iento” de las form as
realidad o su apariencia, f'ero Max Bill, ya como pintor, no causado por
el efecto óptico y asociativo del color.
puede dar solución alguna a esto último, y opta entonces N uestro método,
que se refiere a datos que em anan del ca­
por la apariencia.
de las form as en sus más mínimas variaciones, tiene
El color es una m ateria que ninguno de los sistem a conoci­ rácter
recurso aritm ético la medida y multiplicación de lados
dos de proporción y relaciones ha podido estructurar, pese a ycomo
radianes (Fig. 10 a), de cuya suma total obtendremos la
que la sección de c&lt;ro, por ej., se halla tam bién en el espec­ cifra
forma¡ o su cualidad plana. Así
tro solar. Aunque esta medida determine la relación más
completa, solo lo será m ientras se la aplique solamente a y para la form aA + B X r para el ángulo,
H
form as abstractas no funcionales. Esa es la causa per la
DV+ E + F -f G + H = plano color (Fig. 11)
cual el estilo clásico relega a segundo plano el elemento cro­ E ste método
tan perfecto, que no:/ perm itirá especificar,
mático. Y hasta para San A gustín la belleza, del arte es “la sin repetición,será
mínima variante de una forma.
proporción de las partes”, para cuyo fin será suficiente que Por prim era vezla elmás
carácter de ella es controlado, partiendo
esas partes solo contengan un cierto “color agradable”.
partición del rectángulo hacia las infinitas posi­
La unidad entre form a y color ha sido en el perceptismo el de la simple
inventivas (Fig. 13), acusando todas en su carácter
paso fundam ental en la conquista del plano espacial. P ara bilidades
cifra distinta, aunque el área sea el mismo. Vemos en la
estas nuevas form as, debieron crearse nuevas relaciones. una
Fig. 13 que si el total del área en en todos los casos 2, sus
mitades nunca serán 1 y 1.
\
Agreguemos que la medida de oro, aplicada a los bordes o,
líneas, tendría para la Fig. 10 a el mismo resultado que para
10 b: A es para B como esta para la totalidad, y para a y b
cabría la misma proporción.
0,6180
1
P ara explicar lo contradictorio de las form as abstractas de
relaciones en las estructuras clásicas, basta con recurrir a
1
1,6180
ejemplos de los más sencillos y comunes en la pintura. Si
logrando así fijar el carácter visual que acusen las infi­
tomamos un plano rectangular (Fig. 5 a) dividido en dos par­ no
form as inventadas. La variación más Ínfima de éstas
tes de acuerdo a las proporciones de la sección de oro (1,6180), nitas
una compensación colorida (nuestras gam as cromá­
obtendremos esa relación de partes, perfecta, cuya escala demanda
ascendente parte del 0 y 1/1 (sim etría prim itiva), desarro­ ticas m antienen una relación num érica sim ilar a las form as),
llándose de acuerdo a una progresión constituida por una ci­
fra, suma de las dos anteriores: C = A B (1/2/3/5 /8/13
etc.). E sta serie “armónica” fibonaciana alcanza aproxim a­
damente la proporción m ás usual en el arte, con la relación
21/34, utilizada en pintura como sim etría compleja y rítm i­
ca (A es para B lo que B es para C, planteada ya por Euclides), cuya identidad A /B = B / (A -j- B) es hallada en toda
íig. 18
la naturaleza, con sensibles y lógicas alteraciones.
En la variante planteada con la Fig. 5 b, cuya división no si ésta no es otorgada obtendríamos en el objeto artístico
es rectangular, comprobamos la misma relación m atem ática y apariencias espaciales.
el mismo concepto absoluto de proporciones aplicado a un Ya en los apogeos del Renacimiento dice Paolo Pino que “es
fenómeno Eistinto; la superficie.Este área es idéntico al de raro que un pintor pueda observar las proporciones, puesto
la Fig. 5 a. pero se nos presenta con un csoácter de form a
toda imágen debe ser pintada en movimiento, y el movi­
distinto, el que no logra ser condicionado ni controlado por que
miento
destruye toda proporción abstracta”.
dicho orden aritm ético.
El
“movimiento”
de que nos habla Pino es el dinamismo apa­
E ste método de relaciones encierra para la pintura una doble rente asentado luego
en el barroco; pero la medida y la
contradicción: deja fuera de control las variaciones de las for­ proporción rítm ica aplicada
mas en cuanto a su carácter visual total y no solamente de recen un estudio especial. a objetos en movimiento se me­
bordes, superficie o ángulo, y no aporta dato alguno sobre
(Continúa en la pág. 8)

P E R

fig. 9

Seurat

E l desfile
(Diagram ado por A. Lhote
de acuerdo a la sec. dorada)

En mi trabajo sobre fundamentos del perceptismo (número
anterior), señala que el ejemplo que el pintor debe extraer
de la naturaleza no es la copia de sus proporciones rítm i­
cas ni de sus figuras, sino un concepto de estructura basa­
do en la esencia de su unidad para la función. Sobre esos pro­
blemas no hemos hablado aun con detenimiento, a pesar
de que su solución no ha sido encarada por ninguna de las
tendencias no-objetivas de la' pintura actual, ni por aquellas
circunscriptas a los postulados de la nueva visión. Veremos
cómo todas ellas conservan aún las mismas leyes contradic­
torias de estructura del arte representativo, aplicadas arb itra­
riam ente a las nuevas form as de la pintura.
El perceptismo ha enfrentado la tarea de superar la con­
tradicción que hoy día encierran esos métodos parásitos para
el arte, de composición basada en la proporción rítm ica abs­
tracta o en la apariencia de fuerzas y movimientos. Sin em­
bargo, la nueva pintura no representativa de nuestro país y
de todos los países donde se practica, desconoce las leyes
objetivas y dialécticas que orientan el proceso creador del
perceptismo, porque esta nueva estructura funcional y orgá­
nica no se basa en métodos apriorísticos aplicables arb itra­
riam ente a cualquier tendencia del arte.
La pintura, cuya naturaleza y m aterialidad es el plano de dos

fig. 1
Decoración simétrica con espiral,
(le los primitivos de Nueva Ir­
landa.

fig. 2
Vasija de Sesklo. de la Edad de
Piedra, con ajedresado en blan­
co, negro y amarillo.

dimensiones, jam ás pudo m antener esa verdad luego del pro­
ceso creador representativo.
Si la pintura “abstracta” ha superado la representación de
form as dadas en el mundo que nos rodea, debimos ir aun
mucho más allá para alcanzar el sencillo mundo objetivo
de la plástica y evitar ese proceso creador substractivo de
su m aterialidad.
Ya en nuestras prim eras pinturas perceptistas no es la ley
de sim etría y del ritm o, basadas isiempre en equivalencias
abstractas, el punto de partida para la conquis'.a del “orden”
y de la unidad, pese a que esa ley haya sido extraída de la
naturaleza misma. Esto que Severini llama “centros de sime­
tría ” y “pesos” contienen para la pintura propiedades neta­
mente representativas, aunque estos “centros de sim etría” y
“pesos” hayan sido el eje para historiar, con una progresión
aritm ética cualitativa, el desarrollo de la estructura plástica
en su doble proceso histórico y gestativo, partiendo de la
equivalencia simple de 1 : 1 como principio numérico de
equilibro.
Si en los trazos decorativos de los prehistóricos domina la
sim etría simple de las form as y de los colores (Fig. 1, 2 y
15), podría ser este propósito simétrico el que ha determinado
el espíritu de abstracción en aquella época, ya que las for­
m as que nos parecen estrictam ente “geom étricas” en los pri­
mitivos son, para muchos investigadores, una estilización de
particularidades de la naturaleza llevadas al máxmo de abs­
tracción. Algunos pueblos primitivos tam bién han ordenado el
color de acuerdo a leyes sim étricas y rítm icas simples, como
lo prueban algunos adornos cuyo orden colorido, con algunas
variantes, es de
1234 - 212 - 3 - 212 - 4321
manteniendo generalm ente el negro y el rojo alejados entre sí.
En el desarrollo posterior del arte la sim etría prim itiva se
torna compleja en form as torturadas y contenidos subjetivos,
pero el concepto de estructura ha permanecido invariable

fig. 8
Torres-García

Simbolismo constructivo
basado en la
composición de oro.

tes metafíisicos en que las relaciones proporcionales y rítm i­
cas en el arte no son más que el resultado de la! aplicación
de moldes extraídos de fenómenos extraños al proceso
creador.
La verdad es que desde mucho antes que los griegos (las
pirámides y los templos egipcios), el sistem a más racional
de ordenación y proporción artísticas se ha basado en las
geom etrías y las números. Estos han sido igualm ente un
auxiliar valioso en la conquista actual de los “valores” abs­
tractos y no representativos. P ara Platón, como para muchos
de los pintores de la actualidad, “la medida y la proporción
son identificadas en todas partes como belleza”. Entonces,
las form as en el arte serían las form as geométricas, y en­
tre ellas, será la circunferencia la más perfecta; pero en esa
circunferencia perfecta en si misma se inscribe el pentágono
y el decágono de Platón, que dan la proporción aritm ética del
núm ero de oro.
El hecho de que el número, además de ser cuantitativo encie­
rre posibilidades cualitativas, le ha perm itido constituirse en
muchos casos en modelo de estructura artística y de relacio­
nes absolutas en, la creación de “form as bellas”. P ara las ar­
tes plásticas, la más im portante de estas proporciones ha
vencido el tiempo y se utiliza actualm ente; se trata de la lla­
mada sección de oro (relación 1 -}- 1,6180) que ya hemos men­
cionado y que, aunque tiene sus fuentes en toda la naturaleza
orgánica e inorgánica, con algunas sensibles variantes, constíiuye igualm ente para el arte un método empírico. Aunque
esta medida ha sido utilizada por antiguos y renacentistas,
es en el año 1853 que Zeising la “redescubre” y la estudia
racionalmente, cuando el idealismo form alista pretendía en­
contrar normas estéticas al m argen dd una práctica esencial.
Es en esa época que Fechner la lleva al campo experim ental
psicológico de las formas.
E stas proporciones o medida de oro son, no obstante, tan con­
vencionales para la form a como las arm ónicas para el color
o el sonido, cuyos grupos se presentan constantem ente con
una sensible variedad. En la pintura abstracta, ellas consti­
tuyen igualm ente una copia de la naturaleza, es la copia de
su perfección funcional trasplantada a un medio abstracto
donde no puede cumplir su función. Es solo el esquema de una

estructura objetiva dinámica. Desde el punto de vista de la
belleza, ya Plotino pone en duda su im portancia cuando con­
sidera la sim etría no como belleza, sino como fealdad porque
para él el arte es form a, y las proporciones sim étricas no
son form as. También las nuevas geom etrías y matem áticas
se convierten en el arte no representativo, en una pura abs­
tracción simbólica. El “contenido” cualitativo del número no
es suficiente para que constituya de por si una ley de relacio­
nes en el arte (caso de la m úsica). Es verdad que la arit­
mética tiende, en pintura, a superar la representación del ob­
jeto natural; pero lo hace para erigirse ella misma en otro
objeto igualm ente representado; el arte toma, en este caso,
como punto de partida, sino las form as visibles de la natu­
raleza, un objeto del pensamiento m atem ático sobre el uni­
verso. La m ateria visual o los elementos m ateriales plásticos,
esíán igualm ente relegados a un simple medio de represen­
tación o descripción.
El arte representativo, por ser form a y contenido, mantiene
ese característico dualismo en su estructura. Su contenido
subjeiivo escapa a las norm as de la estructura “form alista”,
y son inútiles los esfuerzos tendientes a suprim ir esa duali­
dad mediante consideraciones y juicios filosóficos “a posteriori”. El propio contenido expresivo del arte representativo
delimita esta estructura “form al”, que solo tiene allí la fun­
ción de acondicionar el mundo ideal y sensible al mundo ob­
jetivo visual,
E sta universalidad numérica en las artes a costa de su
m ateria específica, la comprobamos igualm ente en la m úsi­
ca. La antigua teoría aritm ética pitagórica musical consiste
en una progresión triple (3/2), con la cual pretendían me­
dirse todos los intervalos musicales. La subestimación del so­
nido a tiempo sonoro ha continuado aun con la intromisión
posterior, en¡ la música, de la m atem ática pura. La gama de
ero que las proporciones geométricas introducen en la rela­
ción de los sonidos (fa / / y sol b) y otras progresiones que
concuerdan con los números rítmicos del teorema de Gaus

en sus leyes y en su esencia. Los resabios de estas compo­
siciones rudim entarias subsisten, racional o intuitivam ente
hasta hoy a través de los buscados! equilibrios de la sim etría
rítmica lineal, de la “ley del peso”, o en el ritmo: dinámico y
el gran ritm o clásico (Fig. 3 y 4 )). Y si bien el rítimo es una
ley de la naturaleza, su expresión aritm ético aplicado se torna
hoy paraj el arte, como el mismo Meumann lo ha comprendi­
do, en un fenómeno puram ente intelectual. Nosotros sosten­
dremos que, cualquiera sea su carácter, este constituye una
expresión. Las proporciones espaciales rítm icas no son en
realidad más que divisinoes de tiempo que, trasladadas ma­
tem áticam ente a un arte espacial estático, significa una re­
presentación. En la naturaleza y en el arte ellas obedecen exs
trictam ente a funciones y a sugestiones temporales, más que
a realidades espaciales. El nuevo concepto de espacio-tiempo
fig. 10, b
no justifica que estos ritmos sean empleados en una plás­ sobre la inscripción de polígonos en un círculo (1, 2, 3, 5,
tica de dimensiones objetivas solamente espaciales.
17), han adoptado un camino distinto al de una estructura
Ciertas proporciones (Fi 1.6180 pc,r ej.) que se encuentran musical concreta. Por eso son loables algunas investigacio­
en la naturaleza, obedecen allí a una ley de desarrollo, de nes y esfuerzos de Schónberg y sus continuadores.
crecimiento en el espacio y en el tiem po; son activas, son Funciones sim ilares abstractas fueron (ambién las cumpli­
funcionales. En el arte estático nada realm ente hay que sos­ das por ciertas relaciones aritm éticas elaboradas por el hom­
tener, nada crece ni se desarrolla, nada acontece en el tiem ­ bre y “aplicadas” al mundo exterior y sensible. El número
po como no sea en apariencia, nada pesa. Las proporciones senario llamado “perfecto” en la edad media y utilizado co­
rítm icas serán allí una representación.
mo fundamento para la armonía y la belleza,¡ constituyó por
La cosmología pitagórica, como base para una m atem ática mucho tiempo un concepto “a priori” de la relación y las
de la música, se extiende pronto a todas las artes, constituyen­ leyes del universo.
do por si misma una imitación. Son numerosos los preceden­ La crisis experim entada por los sistemas geométricos y ma-

C E P T I S T A

fig. 4
Alberto Magnelli

P intu ra compuesta
con equivalencias
rítm icas

fig. 22
Raúl Lozza

P intu ra 285 (año 1950
(E structu ra perceptista)

�V. D.
LOZZA

DE

LA

ABSTRACCI

AL

PERCEPTISMO

“ No debemos com batir la ilusión sino las cau­
sas que la provocan”.

(1936)

H . M atisse

Desnudo de los
ojos azules

El proceso de a b s tra c c ió n de los o bjetos reales, c o n d u jo a la p in tu ra a una m a y o r co n cre ció n de los
e lem entos esenciales, pero este sim p le m e ca n ism o e lim in a to rio del e nte n a tu ra lis ta , no fu é s u fi­
c ie n te p ara a b o lir la rep re sen ta ció n en sus ú ltim o s aspectos e le m e n tale s. Los e lem entos plá sticos
liberados, plano-colar, e xig e n una e s tru c tu ra que p e rm ita in v e n ta r fo rm a s nuevas y que s im u ltá ­
n ea m ente los ponga en re la c ió n ó p tic a con el c o lo r en un m edio, el muro.
U na nueva e s tru c tu ra ya no puede concebirse co m o co m p o s ic ió n ; en la p in tu ra fig u r a tiv a lo m is ­
m o que en la a b s tra c ta -c o n c re to , p re d o m in ó el uso de sistem as de relacio ne s a b s tra cta s a je n o a
las fu n c io n e s p lá s tic a s específicas.
Per esta razó n to d a e le cción de un sistem a " a p r í o r i" de co m p osición im p lic a un co n te n id o , pues­
to que son leyes generales e x tra íd a s de procesos o rg á n ico s o físicos, y c ris ta liz a d o s m a te m á ti­
ca m e nte . Sección dorada, series a ritm é tic a s , e spira les lo g a rítm ic a s , s im e tría s e stereo d in ám icas, e q u i­
lib rio s basados en la g ra ved ad , etc.
Estas c o n tra d ic c io n e s no han p o d id o ser superadas p o r la p in tu ra lla m a d a c o n c re ta y es uno de los
p rin c ip a le s fa c to re s que e x tra v ía e im p id e que la p in tu ra de v a n g u a rd ia c o n q u iste d e fin itiv a m e n te el
ve rd a d e ro realismo ednereto.
M a te ria y form a, plano y color, fondo y form a, composición plástica y sistemas reguladores, están
en a b ie rta c o n tra d ic c ió n , c o m p ro m e tie n d o la síntesis y la u n id a d o b je tiv a de los e lem entos para la
visión , base esencial del p e rce p tism o p lá s tic o . Este d u a lis m o que a fe c ta a to d a p in tu ra bien puede
ju s tific a rs e con la conce pción id e a lis ta que Bergson tie n e sobre la c re a c ió n a rtís tic a , sosteniendo que
es u na "a d a p ta c ió n recíproca e n tre m a te ria y fo r m a " y que los "e le m e n to s son a n te rio re s a la in ­
v e n c ió n ", etc. El perceptismo, que es un re a lis m o d ia lé c tic o de la p ercep ción , ha logrado, a través de
su p rá c tic a c rea do ra , su p e ra r estas lag un as id e a lis ta s e lim in a n d o del c a m p o de la p lá s tic a c o n c re ­
ta , los ú ltim o s ve stigios de la re p re sen ta ció n , en v ig e n c ia y em boscados en la m ism a.
Es M a x Bill, te ó ric o m u y escuchado e n tre los p in to re s concretos, q u ie n p o stu la un nuevo c o n te n id o
p ara el a rte n o -fig u ra tiv o , d ic ie n d o que lo que im p o rta no es ya la fo rm a sino qué contenido d a rle
a la p in tu ra . Pero p ara poder a p re c ia r la tra s c e n d e n c ia del a p o rte hecho p o r el perceptismo, es nece­
sa rio h is to ria r los p ro ble m a s que se p la n te a ro n los m o v im ie n to s de la p in tu ra de v a n g u a rd ia a n te rio r
a| m ism o y en qué m ed id a fu e ro n consecuentes con sus propósitos, com o ta m b ié n v a lo ra r sus aportes.
El a n te c e d e n te m ás im p o rta n te en la p in tu ra m oderna nace con el impresionismo que lib e ra al color,
y luego con C ézanne, que in tro d u c e la v isió n p lá s tic a fre n te a la v is ió n fís ic a hered ad a del renaci­
miento. Cézartne h abía d ic h o que " la p in tu ra es una ó p tic a " , y p re d o m in ó en todas sus c o n s tru c c io ­
nes una e vid e n te v o lu n ta d de e x a lta r los vo lú m e n es y el espacio m e d ia n te los planos y el color. Con
el cubismo, m ás ta rd e se opera la p rim e ra re v o lu c ió n p lá s tic a que va a d e lim ita r los valores esen­
c ia lm e n te p ic tó ric o s , fre n te a la re p re sen ta ció n fig u r a tiv a . Pero a pesar de lo g ra r una m a yo r a u to ­
nom ía en la in v e n c ió n , subsiste en el cubismo m u ch o del v ie jo e s p íritu c lá sico en su p ro c e d im ie n to
p ic tó ric o .
A l re c h a z a r el c o lo r a fa v o r del to n o lo ca l, que h a b ía n desechado los im p re sio n ista s, y h a ce rlo p a r­
tic ip a r en el o b je to , evoca un resabio n a tu ra lis ta . T a m b ié n co nside raron el to n o m ás c o m p a tib le con
lo c o n s tru c tiv o . Este co nce pto e s p iritu a l o in te le c tu a lis ta lo e n c o n tra re m o s en m uchos p in to re s abs­
tra cto s.
Existe un dualismo e v id e n te e n tre form a y color, e n c u a n to d e sp la zan el to n o del o b je to por razones
té cnica s, cre a n d o c o m b in a cio n e s c ro m á tic a s ind ep e n d ie n te s de la fo rm a local. El p la n o y el co lo r son
su bo rd ina do s a una fu n c ió n p lá s tic a de superposición y de co ntrastes cre a n d o ritm o s plá sticos, re­
p e ticio n e s, ana lo gías, juegos expresivos.
Pero ya pensaron ellos que e| d estin o de la p in tu ra te n ía que resolverse en la a rq u ite c tu ra , y tu v ie ­
ron una v is ió n o b je tiv a del "c u a d ro com o o b je to p ro p io ". Su sistem a de co m p osición p a rtió g e n e ra l­
m en te del in te rio r h a cia la p e rife ria , p on ie nd o en crisis, p o r inn ece sario, el ra c tá n g u lo . M á s ta rd e
Peri rom pe rá con esta tra d ic ió n secular. Con el collaje y la in c o rp o ra c ió n de nuevos m a te ria le s p lá s ­
tico s, el plano co bra p rim a c ía sobre el espacio. El cubismo te rm in a su c ic lo c re a d o r p ara d a r lu g a r
a nuevas e xpe rie ncias.
M atisse ya buscaba in s tin tiv a m e n te la re la c ió n cu alitativa del color con la form a y en una extensión
espacial d e te rm in a d a , pero esta e x p e rie n c ia la re a liz a b a te n ie n d o en c u e n ta la m a y o r sensación de
lu z y de a rm o n ía c ro m á tic a ; a lo sum o, e stab lecía un e q u ilib rio expresivo.
Charles Heinry h abía observado que " la sensación de c o lo r precede a la fo rm a " . Este d ile m a no será
superado p o r n in g u n a e x p e rie n c ia si no son u n ific a d a s m e d ia n te una m ensura óptica-estética. Los
p in to re s a b s tra cto s-co n cre to s adolecen de un siste m a ra c io n a l que los c o n tro le y s in te tic e para la
percep ción v isu a l s im u ltá n e a . El c o lo r puede a fro n ta r el p la n o sin d e s tru irlo , recién cu an do in te rv ie ­
ne com o v e h íc u lo de e s tru c tu ra con el carácter de la form a y el m ed io c irc u n d a n te com o base c ro ­
m á tic a : c o lo r de m u ro e in te n s id a d de luz a m b ie n te .
Kanditnsky, in ic ia d o r de la p in tu ra a b s tra c ta , a p e s a r de su ra íz e x p re sio n ista , h abía conce bido lo
" c o n c r e to " com o fin de la p in tu ra ; pero ya sabemos cóm o ha quedado d e s v irtu a d a esta fin a lid a d en
sus obras y en la de todos a qu ellos que s ig u ie ro n te o riz a n d o en a rte con este ró tu lo . Si bien es
c ie rto que p ara Kandisky los e lem entos p lá sticos se c o n v ie rte n en signos m usicales y en asociaciones
a ním icas, co m p re n d ió una serie de p ro ble m a s de sum a im p o rta n c ia : la re la c ió n del color y la form a.
Pero, a pesar del e sfu e rzo co n c ie n te p o r s o lu c io n a r esta c o n tra d ic c ió n , llegó a la co nclusió n desalen­
ta d o ra de que era im p o sib le m e d ir el color en una form a "h a s ta en sus ú ltim o s d e ta lle s ". A dem ás,
en Kandinsky, el orden p lá s tic o está fu n d a d o m ás en la in tu ic ió n que en la razón.
Los elem entos racionales en m uchos p in to re s a b s tra cto s-co n cre to s co existe n con ve stigios de orige n
m ís tic o e id e a lista .
Las fo rm a s g e o m é trica s están im p reg na da s de sim b olism os estéticos y c o n s titu ­
yen una g ra m á tic a . Es la concepción de un nuevo "c o s m o s " p ic tó ric o , c o n tra los viejo s m odos de re p re ­
se nta ción . En M alevitch ta m b ié n está la te n te una s e n s ib ilid a d m ística . Lle gó a d e c ir que "lo s c u a d ra ­
dos de los su p re m a tis ta s pueden ser com parados con los signos de los p rim itiv o s " . Pero a pesar de
estas a p recia cio ne s equívocas o de los títu lo s con que ilu s tra b a sus obras, es e vid e n te el deseo de re­
d u c ir al m ín im o los ele m e n tos fo rm a le s g e o m é tric o s : cuadrados, rectá n g u lo s, e tc., fig u ra s geom é­
tric a s con las cuales se pro po nía e x a lta r la suprem acía de la p ercep ción sensible. Llegó a rech aza r
el c o lo r e le m e n ta l, por co n s id e ra rlo a ge nte d e s tru c tiv o del espacio y p in ta r en un período con " b la n ­
co sobre fondos b la n c o s ". La n eg ación d ia lé c tic a del color le puso de m a n ifie s to el v a lo r del plano,
sobre lo cu al él no sacará n in g u n a consecuencia. Su co m p osición basada en ritm o s contrapuestos, e q u i­
lib rio s e n tre lo e s tá tic o y lo d in á m ic o , es una lu ch a e n tre fu e rz a s que se com pensan o rig in a n d o una
te m á tic a expresiva. Nicholson y otros lleg an a m a te ria liz a r el plano s u b stitu ye n d o el color por el re­
lieve, pero este tip o de e je cu ció n p lá s tic a pasa la fro n te ra de la p in tu ra , es relieve e scu ltó rico , es
una so lu ción fa ls a y p ro viso ria . (Los c o n s tru c tiv is ta s cayeron en desviaciones parecidas en c u a n to
q u is ie ro n su pe ra r a la p in tu ra por este c a m in o ) .
Lisinky llega a p in ta rlo s representando la te rc e ra d im en sión . Todos ellos se in s p ira ro n en fo rm a s geo­
m é trica s, c ilin d ro s , espirales, elipses, proyecciones c e n trífu g a s , re p e rto rio nada in v e n tiv o por cierto .

Los nuevos m ate ria le s que in co rp o ra n a la com posición p lá stica no d e te rm in a n una m ayor o b je tiv i­
dad ni son s u fic ie n te s para n e u tra liz a r las in flu e n c ia s psicológicas.
La nueva c a lid a d tie n e que e m a na r de la nueva e s tru ctu ra , te n ie n d o en cu en ta el e le m ento m a te ria l
de la p in tu ra o la e scultu ra (de esta ú ltim a se h a b la rá en un a rtíc u lo p ró x im o ) .
Toda com posición basada en el e q u ilib rio , sea de c a rá c te r in tu itiv o com o ra cio n a l, esconde una sim e ­
tría rota por el m o v im ie n to , es una com posición de grupos equivalentes.
Puede a firm a rs e que toda la cie n cia de las fo rm a s se ha fu n d a d o sobre los ritm o s y los e q u ilib rio s.
El perceptismo ha e lu d id o todo e lem ento lin e a l y de d ire cció n ; la e s tru c tu ra tie n e en cu en ta el plano,
que co nstitu ye un elemento esencial y no co n tin g e n te en el proceso in ve n tivo . M ondrian, que p ro p u g ­
na una p in tu ra p la na en el p la no , seccionando el re ctá n g u lo m ed ia n te direcciones ortogonales, sim ­
b o liz a una ¡dea de e q u ilib rio . Persiste en el m ism o error. Las barras diviso ria s cie rra n espacios f ic ­
ticios.
En el uso del color y no color, de espacio y de llenos, a ctú a un concepto ide alista y no concreto. A l
re d u c ir el color al sistem a de los tres p rim a rio s se cae en un p re ju ic io d o g m á tico y se restring e la
percepción c ro m á tic a . Su deseo de p ureza lo lim ita b a . Su sistem a de com posición es im ita tiv o , por
inspirarse en las leyes co n stru ctiva s de la a rq u ite c tu ra . Por esta razón la de M ondrian es la p in tu ra
que más se a d a p ta a a q u é lla , pero no logra e fe c tu a r una verdadera síntesis in te g ra l. Su creencia ra­
c io n a lis ta descansa en el uso de la sección de oro y los cuadrados inscripto s y circu n scrip to s de pro­
cedencia rom ana.
Una v a ria n te de esta clase de com posición, puede verse en m uchos cuadros puestos sobre sus vértices
y desplazados del in te rio r a la ta n g e n te . Los co n tin u a d o re s Gorin, Loshe, Del M a rle y otros buscan
com o los c o n tru c tiv is ta s soluciones que no pueden d e fin irs e com o p in tu ra ni com o e scultu ra , caresen de las fu ncio ne s respectivas de cada una de estas artes. En un p royecto de Doesburg, puede verse
el esquema de una e s tru c tu ra a rq u ite c tó n ic a , en que los planos espaciales se co n ju g a n en sus fu n c io ­
nes exactas, com penetrándose. Estos p in to re s im ita n estas e stru ctu ra s a rq u ite c tó n ic a s d ejan do el color
al m argen de la e s tru c tu ra p ic tó ric a . Es una suerte de neo-barroquismo ra c io n a liza d o . Del M a rle p ro ­
pone una so lución de la p in tu ra com o co m p le m e n to de la a rq u ite c tu ra , llegando inclu so a sostener
que sería " la verdadera p in tu ra re a lista s o c ia l". T am poco es una novedad la a rq u ite c tu ra p o lic ro m a ­
da, puesto que to da la a n tig ü e d a d se sirvió del color para e x a lta rla , aunque éste tu v o a veces un
c o n te n id o sim b ólico . Doesburg, que p erteneció al neo-plasticismo, rom pió con los cánones dogm áticos
de esta escuela, para buscar una nueva fo rm a de com posición que le p e rm itie ra una m ayo r lib e rta d
rítm ic a expresiva. El tra z a d o en dia go na l posee un s ig n ific a d o de fu g a c id a d , pero el uso que éste h a ­
ce de las barras diviso ria s deja de c u m p lir su fu n c c ió n e s tric ta que te n ía en M ondrian, para tra n s fo r­
m arse en un m o tiv o que se co ntrap o ne con la d ire c c ió n de los planos que se a rtic u la n sobre el fo n ­
do. El plano sigue siendo una a p a rie n cia y no seresuelve el p ro ble m a del fondo.
Con Vantongerlo, el a rte a b s tra cto va a to m a r o tro curso. Y a el plano va d ejan do de te n e r una im ­
p o rta n c ia esencial. La línea que u tiliz a en casi todos sus cuadros sugiere g rá fic a m e n te la secuencia
te m p o ra l. Nos h ab la ta m b ié n de una c u a rta y q u in ta d im e n sió n : el m o v im ie n to y la ve lo cida d. Y a
co m ien za a in tro d u c irs e en la p lá stica , insp ira do en la nueva física re la tiv is ta , el concepto espaciotiempo com o te m á tic a . H ay que reco rd ar que Vantongerlo fu é m a te m á tic o , o rg a n iza n d o sus com po­
siciones con expresiones g e o m é tric o -m a te m á tic a s : sección dorada, series de Fibonachi, cuadrados ins­
crip to s y circu n scrip to s, etc. Pero a pesar de este r ig or lógico, lo p lá stico c o n tin u ó siendo para él
de n a tu ra le z a in tu itiv a sensible. Buscó un c o e fic ie n te que re la cio n a ra el v a lo r del color con la
su­
p e rfic ie de la fo rm a " , operación a rb itra ria e im posible de log ra r, porque el color e sté tico es de esen­
cia ó p tic a , y sólo puede relacionarse con el carácter de la form a. N in g u n a re la ció n e xclu siva m e n te m a ­
te m á tic a puede c o n s u sta n cia rlo a una síntesis p ara la visión. Desde entonces hasta M a x Bill, la p in
tu ra n o -o b je tiv a , pondrá en vig e n cia un nuevo co n te n id o rep re se n ta tivo que negará la crea ció n de la
p in tu ra co ncreta , tra ic io n a n d o sus postulados básicos. Existe una ro ta ció n te m á tic a que se rechaza
y se vuelve a re to m a r con d is tin ta s ca ra cte rística s, d e la ta n d o la im p o te n cia de la p in tu ra de v a n g u a r­
dia por s a lir del c írc u lo vicioso de la representación. Es q u izá s lo que quiso in s in u a r Paul Klée cuando
d ijo que " la p in tu ra m oderno no ha llegado al p u e b lo por no conocer sus elem entos to ta le s . Es fá c il
im p u g n a r estas m is tific a c io n e s estéticas p seu do -c¡en tíficas, sabiendo que no pueden tra d u c irs e a
nuestra e s tru c tu ra re a l-trid im e n c io n a l, la e s tru c tu ra co m p le ja del espacio-tiempo re la tiv is ta . Estas d i­
m ensiones son ¡rrepresentables, y si p udiéram os h a ce rlo te nd ríam os que e star dotados de otros ó rg a ­
nos sensorios. Pero estam os lim ita d o s a p e rc ib ir tres dim ensiones, y poseemos en consecuencia tres
grados de lib e rta d para a c tu a r en el m undo e x te rio r. Esta o rie n ta c ió n c o n tra d ice la re a lid a d b id im e n sional del plano, com o o b je to de la p in tu ra , d e s v irtu a n d o su esencia co ncreta e im p id ie n d o el tr á n ­
s ito d ia lé c tic o h acia la o b je tiv id a d . La cie n cia posee una esfera p ro p ia de acción y de c o n o cim ie n to ,
y si el a rte quiere a d q u irir ca teg oría de cie n cia e sté tica debe a te n d e r sus p ropias leyes. La cie n cia
descubre, com prueba, e x p lic a lo que existe, el a rte in ve n ta lo que no existe. T a n to para K ant, com o
para Sartre, el ente estético, para que posea un v a lo r, no es indispensable que sea real, porque lo
estético vive en una ó rb ita id e a l; com o dice Sartre, es " ir r e a l" por n a tu ra le z a .
Esta concepción a n tic ie n tífic a e id e a lista del a rte podrá hacerse e xtensiva a to da la p in tu ra abstractaconcreto en ta n to no supere esa c o n tra d ic c ió n que aísla a la p in tu ra del m un do real, creando un
m undo a p a rte e ilusorio. M oh o ly-N ag y, in te g ra n te de la "B a u h a u s ", in s titu c ió n que a gru p ó lo más evo­
lucionado de la p in tu ra de v a n g u a rd ia , chocó ta m b ié n con el escollo de la form a y el fondo. C om ­
pre nd ió que el más m ín im o color sobre el plano produce un a h u e ca m ie n to y sugiere la p ro fu n d id a d .
Sortea esta d ific u lta d re c u rrie n d o a las luces proyectadas, pero el m a n e jo de una nueva té cn ica no
m o d ific a el problem a. Cayó en un im presionism o, en que la representación de la lu z fu é su s titu id a
por la luz m ism a. Ensayó ta m b ié n un sistem a de "p a tro n e s ", co n stru cció n de fo rm a s " a p r io r i" , que
a nte po n ía e ntre la luz y una p a n ta lla o fondo. U na nueva te cno log ía no es s u fic ie n te para tra n s fo r­
m a r d ia lé c tic a m e n te el a rte : la inve nció n té cn ica no es la inve nció n p lá stica . Esto co rrob ora lo que
sostiene el perceptismo, que sin una e stru c tu ra p ic tó ric a no se superarán estas lagunas. Lo que hay
que c o m b a tir son las causas que producen la ilusión y la representación, y no sus efectos. H asta aquí
los aportes y soluciones u n ila te ra le s de las te nd en cias más progresistas y racionales de la p in tu ra no
o b je tiv a . O m ito la m ención de otros m o vim ie n to s, porque son el re fle jo de a ctitu d e s personales sub­
je tiv a s o de fin a lid a d e x tra p lá stica .
En la A rg e n tin a se progresó en el sentido de esclarecer a lgunos problem as, pero en la p rá c tic a crea ­
dora fué Raúl Lozza q úien logró d a r so lución a todas estas co n tra d iccio n e s en que se a g o ta ro n las
tendencias no fig u ra tiv a s . La p in tu ra co ncreta se co n vie rte en una re a lid a d con el a d v e n im ie n to del
perceptismo, que logró o rie n ta r la p in tu ra h acia la verdadera fu n c ió n estética en co nexión con la di­
námica social. Todos los problem as que se a fro n ta b a n en fo rm a a isla da , color-form a, e stru c tu ra
p lá stica y a rq u ite c tu ra , se in te g ra n y se s in te tiz a n en un cam po ú n ico para la visión o b je tiva . Lo real
es la síntesis, la unidad; lo o b stra cto se hace co ncreto , y el o b je to e stético vive com o un ente real
en su plena b id im e n s io n a lid a d . La form a, libe ra da en el espacio, reclam aba una e stru c tu ra que le
o to rg a ra su existen cia . El color, a| e stru ctu ra rse con el carácter de la form a, por p rim e ra vez juega
un papel a c tiv o con la m ism a.

1
1
A lbert Gleizes

P in tu ra cubista
(año 1914)
2

N . Lerner

Proyección lum inosa
con patrones.
(Del “B auhaus” )
3
Van Doesburg

Estudio espacial

(Proyecto arquitectónico)
4

M oholy-N agy

G ran p in tu ra
sobre alum inio
(año 1926)

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M A T E M A T I C A Y FISICA

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En estos tiem pos de la p in tu ra a bstra cta las m a te m á tic a s y la física han sido o b je to de m uchos m a n i­
fiestos y declaraciones y hay m uy pocos plásticos m odernos que osen desdeñarla.
Sin em bargo la
m ayoría se d eclara p a rtid a ria del e sp íritu y de los se ntim ie n tos subjetivos que quedan fu e ra de la
m ensura m a te m á tic a .
»
Así Kandinsky p in ta para m a n ife s ta r su fondo a n ím ic o e in fu n d e a sus form as y colores una d e te r­
m in ad a propiedad de p ro d u c ir cierta s resonancias a fectivas. Klee nos h ab la de d a r m ayor fu e rz a a
los fa cto re s de co nte nid o y para Vantongerloo una obra de a rte revela el estado de a lm a del p in to r.
M ondrian apela al fo nd o u niversal del hom bre y M a x Bill nos dice que el a rte necesita al m ism o tie m ­
po del s e n tim ie n to y del pensam iento. Los c rític o s en general encaran su lab or com o si descubrieran el
tra s fo n d o ín tim o del p in to r.
¿Qué papel juega entonces la m a te m á tic a y la fís ic a para los plásticos abstractos? E insistim os en
la p re g u n ta porque se ha apelado a los progresos de estas ciencias para ju s tific a r cada uno su p lá s ­
tic a . La respuesta nos d e fra u d a , dado el énfasis con que se a firm a n las nuevas conquistas del a rte en
el cam po de la cien cia. Se vuelven a re p e tir en el a rte no fig u ra tiv o los m ism os usos que le daba el
a rte representativo. En d e fin itiv a , abstracció n y representación, según las declaraciones de los p in to ­
res y del m anejo que hacen de las m a te m á tic a s no d ifie re n en un solo punto.
El g rito de ¡frío s y
m a te m á tic o s ! que se a p lic a a los a bstractos queda entonces sin razón de ser.
El em pleo más ingenuo de las m a te m á tic a s es el a le g ó rico , recurso usado en el a rte de la edad m edia
y que en nuestros tiem pos va a p reocupar a Kandinsky, quien al u tiliz a r cinco fo rm a s en una obra
pretende representar al m a trim o n io , re su lta n te del 2 fe m e n in o y del 3 m asculino, sim bolism o que nos
re tro tra e al tie m p o de Pitágoras. Por o tra p arte, este a legorism o no in flu y e para nada en la ca lid a d
de la obra.
O tro uso consiste en to m a r las m a te m á tic a s com o un re g ula do r o b je tiv o o c o n tro l de los elem entos
p ictórico s. Las ciencias ta m b ié n tie n d e n a expresar con relaciones m a te m á tica s el c o m p o rta m ie n to del
o b je to que e studian. Así una relació n c ie n tífic a p ara la p lá s tic a sería a q u e lla que expresara el c o m ­
p o rta m ie n to de los colores y fo rm a s para a lc a n z a r un estado de e q u ilib rio visual. D esdichadam ente en
la p in tu ra a bu nd an relaciones y proporciones que nada tie n e n que ve r con las leyes internas del color
y de la fo rm a y que sin em bargo pretenden ser aplicad as para a lc a n z a r la ta n m en tad a belleza.
La sección áurea, cuyo uso q u iz á pueda ser ju s tific a d o por los p intores del re n a c im ie n to , fu é reno­
vada en e| siglo pasado y hoy está en boga para cie rto s p in to re s abstractos. D icha relació n no tie ne
n in g ú n fu n d a m e n to p lá stico puesto que no descansa en las leyes interna s de los elem entos p ictórico s.
Nos ha sido legada por los a ntig uo s que ya la h a b ía n observado en la n a tu ra le z a . Pero las form as
y c o lo r de la n a tu ra le z a responden a una fu n c ió n o rg á n ic a y no al hecho de a lc a n z a r un e q u ilib rio
para la vista del h om bre ( 1 ) . La seccióln áurea es pues un tra s p la n te m ecánico e im ita tiv o de la na­
tu ra le z a , inca pa z por lo ta n to , de " o b lig a r " a una fo rm a a expresar un estado de e q u ilib rio , puesto
que no responde a un proceso interno . El a rte a b s tra c to que considera una obra com o una cosa en sí
debe pues desechar esta fó rm u la , resabio de la p in tu ra rep re sen ta tiva, que lo hace un re fle jo de la
n a tu ra le z a . Por o tro lado, Fechner e ncu en tra m e d ia n te experiencias y tests que la sección áurea sola­
m ente en el re c tá n g u lo podía d a r una sensación de a rm onía, probando que no tie n e n in g ú n asidero
en la visión hum ana.
^

la revista Sur
.. .publica en su núm ero 202 de agosto de 1951 un
cordial cambio de opiniones entre Guillermo de Torre y
Julio E. Payró, quienes, en sendas cartas abiertas, di­
lucidan conceptos sobre la denominación que correspon­
dería al arte no-figurativo.
E n n uestra revista ya hemos señalado hechos sim i­
lares. E n esas oportunidades hemos sostenido en ge­
neral que el problem a no reside en las denominaciones
m ás o menos ju stas, pues no será posible englobar doc­
trin as tan dispares con un térm ino o una palabra que,,
por o tra parte, ha perdido ya su verdadero sentido,
como lo de “abstracto”, “no-objetivo” o “no-representativ o”.
Hoy adoptam os una actitud m ás decidida sobre el p ar­
ticular, ante el hecho de que tam bién el perceptismo
se ve, erróneam ente, involucrado p o r' los mencionados
críticos en el conjunto de las demás tendencias nofigurativas, no-objetivas o abstractas (concretos y mo­
distas están comprendidos en estas tendencias). Nos
ex traña el hecho de que se nos confunda con orien ta­
ciones plásticas de dudosa base teórica, de doctrinas
m etafísicas o que carecen en absoluto de ellas. Por
otra parte, es del dominio público la form a en que
siem pre hemos expuesto, claram ente, la nueva teoría del
perceptismo y su diferencia fundam ental con todo el
a rte anterior.
Es por eso que “ perceptismo” no es una denominación
“confusa”, ni siquiera una denominación más, sino que
implica un suceso nuevo en la p intu ra. Nosotros ja ­
m ás hemos dicho que sonos “ab stractos” o que somos
“no-objetivos” ; por el contrario, proclam am os continua­
m ente nu estra práctica creadora de una objetividad en
el arte. El perceptismo cancela en la p in tu ra las
doctrinas y métodos representativos, subjetivos o “abs-,
tracto s”.
Como podemos probar estos enunciados en cualquier
oportunidad y ante quienes lo dem anden, y como esta­
mos especialm ente interesados en discutir públicam ente
los problem as que teniendo como principio una denomi­
nación de arte han de trascender y poner al alcance de
la opinión pública cuáles son los fundam entos objetivos
del perceptismo y cuáles las doctrinas de las demás
tendencias, nos parece plausible y aceptam os la suge­
rencia de Guillermo de Torre a la revista SUR, para
que ésta organice una encuesta entre los pintores que
practican en A rgentina las tendencias mencionadas.
R. L.

Estas relaciones extrínsecas a la obra de a rte suelen ta m b ié n te n e r o tra fu e n te . M ondrian e s tru c tu ­
raba sus áng ulos rectos con relaciones in tu itiv a s co ne ctad a s con su estado ín tim o , y Vantongerloo
apela a las m a te m á tic a s para que éstas expresen su co nte nid o a n ím ico , y esto está ta n lejos del
c o m p o rta m ie n to o b je tiv o de la m a te ria p lá s tic a com o lo estaba la sección áurea. L lam arem os m etafísico a este uso fa lso de las m ate m ática s.
La fu e n te de las relaciones m a te m á tic a s es m o tiv o de o tra discusión puesto que es necesario escoger
e n tre una m ensura física , una fis io ló g ic a y o tra psicológica.
Psicológica es la c o lo rim e tría de Kandinsky q u ie n nos d ice ; "a n ím ic a m e n te 1-1 es ig u a l a 2, así com o
un p u n to de co lo r, al ensanchar su ta m a ñ o pierde in te n sid a d y por co nsigu ien te v ig o r e x p re s iv o ". Fi­
sioló gica es la te oría de los colores co m p le m e n ta rio s y física es la c o lo rim e tría basada en la lo n g itu d
de onda.
M a x Bill nos o b lig a a c a m b ia r nuestro p u n to de v is ta puesto que ya no se tra ta del uso de las m a te ­
m á tic a s y de la fís ic a sino que nos h a b la de la "n u e v a v is ió n ", las nuevas conquistas, los nuevos
contenidos de las ciencias m odernas, que la p in tu ra debe representar.
" L a m a te m á tic a — dice—
adem ás de ser uno de los reguladores p rin c ip a le s del s e n tim ie n to p rim a rio . . . es al m ism o tie m p o
c ie n c ia de relaciones, de c o m p o rta m ie n to s de cosa a cosa, de g ru po a gru po , de m o v im ie n to a m o vi­
m ie nto. Y ya que e lla co ntie ne estos p rin c ip io s fu n d a m e n ta le s y los relacio na e ntre sí es n a tu ra l que
ta les a c o n te cim ie n to s puedan ser representados, esto es, tra n s fo rm a d o s en re a lid a d v is u a l". Nos está
pro po nie nd o la nueva m a te m á tic a com o tem a. N os hab la de las geom etrías no e u clid ia n a s y de los
conceptos que nos tra e la física de la re la tiv id a d . Nos hab la de " lo in d e cla ra b le del espacio, la leja nía
o cercanía de la in fin itu d , la sorpresa de un espacio que em pieza y te rm in a en d ife re n te fo rm a , la
lim ita c ió n sin lím ite s exactos, la m u ltip lic id a d que a pesar de todo fo rm a una u n id a d , la ig u a ld a d de
fo rm a que va ría con la a p a ric ió n de un solo a ce n to , el cam po de fu e rz a s com puesto de v a ria b le s , las
p arale la s que se c o rta n , y la in fin itu d que vuelve a sí m ism o com o presencia, y al lado, n uevam ente el
cu ad ra do con todos sus fu n d a m e n to s, la recta que n o es tu rb a d a por n in g u n a re la tiv id a d y la cu rva que
en cada uno de sus puntos fo rm a una re c ta " ( 2 ) .
i
N o com prendem os com o M a x Bill nos tra n s fo rm a e sto en re a lid a d visua l. Nos hab la "d e la ¡dea p ri­
m a ria de la e s tru c tu ra del m undo, de c o m p o rta m ie n to de acuerdo a la im agen u niversal que hoy nos
proponem os re a liz a r".
Pero dejem os h a b la r a James Jeans. "T o d o s estos conceptos parecen a m i in te lig e n c ia ser e stru ctu ra s
de p uro pensam iento, incapaces de re a liz a c ió n en n in g ú n sentido, que con p ropiedad p u d ie ra desig­
narse com o m a te ria l (visu al, le agregam os nosotros) . . . Los c rític o s del s ig lo X X que hacen estos co­
m e n ta rio s están to da vía en el estado m e n ta l de los d e n tis ta s del siglo X I X ; dan por aceptado que el
universo debe a d m itir representación m a te ria l. . . El universo no la puede a d m itir y creo que la razón
es que se ha co n v e rtid o en un m ero concepto m e n ta l" ( 3) .
Filósofos y físicos d iscuten la p o s ib ilid a d de la rep re sen ta ció n del universo, pero ya M a x Bill cree
hab erla rea liza do .
j
Por o tro lado nuestra v ie ja m a te m á tic a de Euclides, hoy llam ad a g eo m e tría de lo p ró x im o nos sirve
excelen te m e nte para c a ra c te riz a r o m e d ir las relaciones de una p in tu ra en una te la "a rc h ic e rc a n ís im a "
(la a p lic a c ió n de las nuevas m a te m á tic a s nos d aría el m ism o resultado que la e u c lid ia n a ) .
Casi todos los conceptos que nos tra e la física e in s te n ia n a están e strecham ente ligados a la c u a rta d i­
m en sió n : el tie m p o. M ie n tra s la p in tu ra va hacia la supresión de la te rce ra dim en sión M a x Bill nos
quiere e n d ilg a r la representación de la cu a rta .
j
Las p in tu ra s de M a x Bill, rea liza da s en dos d im ensiones y sus esculturas que abarcan la te rce ra se
quedan en este m undo trid im e n s io n a l y en n in g ú n m om ento hacen sospechar que pueda e x is tir un
universo con los efectos que describe en su a rtíc u lo .
Era necesario in s is tir en este p u n to debido al m anoseo que hacen cierto s plásticos con la nueva física
para a m p a ra r sus p in tu ra s , aún expresivas y representativas.

�EN

LA

N U E V A

PI NTURA

T am b ié n se in te n ta re p ro d u cir la física m icroscópi ca y así se producen pretendidos cuadros abstractos
con la representación del m undo atóm ico.
Pero por encim a de todos estos errores tie n e n estos plásticos "re la tiv is ta s " una enorm e co nfu sión
acerca del apo rte que pueda dar la nueva visión c ie n tífic a .
Perm ítasem e e je m p lific a r:
La nueva física sería un a n te o jo que p e rm ite ver m e jo r la realidad. El a rtis ta debe usarlos para p in ta r
m ejor. Pero d ecir que la física apo rta una nueva te m á tic a s ig n ific a que el p in to r en lu g a r de c o lo c á r­
selos para p in ta r los pone de m odelo y p in ta con la m iopía que esos cristales debían co rre g irle . Se con­
vie rte n así pin to re s y escultores en a rtista s, que con técnicas viejas, de un a rte representativo, ta m b ié n
viejo , quiere n representar lo irrepresentable.
Pero tratem os nosotros de a p lic a r las enseñanzas de la física en el cam po estético. Coloquém osnos los
anteojos. C item os a Ortega y Gasset: " . . .p o rq u e los espíritus han tom ado espontáneam ente d e te rm i­
nada ruta ha podido nacer y tr iu n fa r la te oría de la re la tiv id a d . Las ideas c u an to más sutiles y té c n i­
cas, cu an to más rem otas parezcan de los a fectos hum anos, son síntom as más a u té n tico s de las v a ria ­
ciones p ro fu n d a s que se producen en el a lm a h is tó ric a ". "B a s ta con su braya r un poco las tendencias
generales que han a ctuado en la inve nció n de esta te oría , basta con p ro lo n g a r brevem ente sus líneas
más a llá del recinto de la física , para que a p a re z c a a nuestros ojos el d ib u jo de una sensibilida d nue­
va, a n ta g ó n ica de la reina n te en los ú ltim o s s ig lo s " ( 4) . T ra te m o s pu.ís de a p lic a r al a rte las te n ­
dencias o conceptos que descubre Ortega y Gasset, pero aclarem os p rim e ra m e n te que solo el percep­
tismo ha llevado a la p rá ctica las conclusiones que hemos deriva d o de una aplicación estética de la
te oría de la re la tiv id a d , y que estamos en d isid e n cia con el pensam iento ide alista de Ortega sobre eso.
Absolutismo:
"C o n vie n e ante todo destacar com o una de las fa ccion es más g enuinas de la nueva te oría su te n d e n ­
cia a b so lu tista en e l.o rd e n del c o n o c im ie n to ". El hom bre puede conocer y conoce la realidad ta l co ­
mo es.
A p lic a c ió n e sté tica :
El a rtis ta — decim os nosotros— debe d o m in a r y conocer a bso lu ta m e nte los elem entos plásticos. K an­
dinsky a firm a b a en ca m b io que al p in to r se le escapan en ú ltim a instan cia el c o n tro l m a te m á tic o o
c ie n tífic o del co lo r y de la fo rm a que quedaban Horados a la in tu ic ió n .
Relativismo:
"H a b rá una sola rea lid ad . Esta rea lid ad es la que el observador percibe desde el lu g a r que ocupa, por
lo ta n to una rea lid ad rela tiva . Pero com o esta re a lid a d re la tiv a , en el supuesto que hemos tom ado, es
la única que hay, resu ltará, a la vez que re la tiv a , la re a lid a d verdadera, o lo que es ig u a l, la rea lid ad
a b s o lu ta ".
A p lic a c ió n e sté tica :
La p in tu ra debe ser o rg a n iza d a para " u n p u n to de v is ta " que im p lic a el a m b ie n te y el m uro. Esto se

1
Kupka

“ Discos de N ew ton”
2

Delaunay

“A legría de v iv ir”
3
M oholy-Nagy

“ Espacio nuclear”
4
G. Bolla

“ Líneas progresivas
m ás secuencias dinám icas”
5
Vantogerloo

“Núcleo”
6

V . D. Lozza

p in tu ra perceptista N'.' 29
(1950)

6

opone al m undo absoluto que aislaba e| m arco de la p in tu ra rep re sen ta tiva. Esta te nd en cia concuerda
ta m b ié n con los conceptos de perspectivism o y a n tiu to p is m o , que se desprenden de la teoría de Einstein.
A n ti-m e ta física :
Erróneam ente Ortega la denom ina a n tira c io n a lis m o , aunque sólo es un a taque al racio n a lism o m e ta físico. La teoría de Einstein es de un racio n a lism o co ncreto . "L a d ive rg e ncia e ntre las cosas y las ideas
puras es ta l que no puede evitarse el c o n flic to . Pero el racion a lism o (m e ta fís ic o , agregam os nos­
otros) no duda que le corresponde ceder a lo re a i" .
El vie jo racion a lism o m e ta físico para salvar los p rin c ip io s puros de espacio y tie m p o y los postulados
de la geom etría e u clid ia n a , d efo rm a b a y to rtu ra b a la re a lid ad para e n g lo b a rla d e n tro de ellos. En la
te oría de Einstein ceden fre n te a la realidad.
A p lic a c ió n estética :
Sostenemos que la p in tu ra no puede p e rm itir p rin c ip io s a p rio ri, fu e ra de las leyes interna s de los
elem entos. T a n to la representación en sí, com o sus proced im ien to s (sección áurea y pro ced im ien to s in ­
tu itiv o s , e tc.) provienen de fuentes ajenas a su n a tu ra le z a .
Ya hemos señalado eso al h a b la r de
los usos de las m atem áticas.
Finitismo:
Por todas partes en el sistem a de Einstein se persigue al in fin ito . A sí por ejem plo, queda su p rim id a
la p o sib ilid a d de velocidades in f in ita s " . . . "e l m un do de Einstevn tie ne c u rv a tu ra y por lo ta n to es
cerrado y fin it o " .
A p lic a c ió n estética :
La tercera dim ensión, la perspectiva, a bría la representación h acia lo in fin ito de la p ro fu n d id a d .
S u prim ida por el perceptismo la te rce ra d im ensión y la perspectiva, logrado el plano, la p in tu ra es un
ente fin ito y real.
Discontinuismo:
Estos cuantos elem entales son los pasos in d ivisib le s, m ínim os de la m a g n itu d en c u e s tió n " (Einste in -ln fe ld ).

(1)
(2)
(3)
(4)

V er mi artículo en el N? 1 de Perceptismo.
De “V er y E stim ar” N 9 7, artículo de Max Bill.
James Jeans “E l U niverso M isterioso”.
Ortega y Gasset-. “ El Tem a de N uestro Tiem po”.

�fig .' 21
Raúl Lozza

P in tu ra abstracta N IJ 91
Año 1946.

fig. 20
Georges Braque

P in tu ra 1918

propia esencia o í'azón de, ser. Hemos de tener en cuenta que
los caracteres dom inantes libres de la form a crean el ritm o
dinámico y expresivo (Fig. 17 y 18). E sta exaltación de los
factores asociativos y psicológicos empieza por otorgar al cua­
drado cierta categoría de m asa pasiva, de form a en reposo.
La composición clásica y el ritm o barroco (F ig. 19), dan
ejemplos del valor cualitativo aparente otorgado a las for­
m as de acuerdo a una ley m ecánica de gravedad. El “movi­
m iento” expresivo y la “estabilidad” parten de un concepto
de representación rítm ica. E sto es lo que la psicología de
la form a ha denominado,'como movimiento sin finalidad, cuya
raíz está en la consideración de la vertical como dinám ica
y la horizontal como estática.'E videntem ente, aunque esta psi­
cología lo niegue, esas son ideas asociativas que la invención
debe co ntrarrestar. La ley del destino común, con que se es­
tructuran los grupos desde el punto de vista abstracto, ha
influido igualm ente sobre la relación de los contrarios, que
ha estado sujeta en la pintura a las ritm os o fuerzas p ara­
lelas (Fig. 4 y 15); y la ley de continuidad ha sido el recurso
em pleado en los casos de m ayor simplicidad. Cuando los me­
dios de estructura están en crisis, se recurre igualm ente a ella.
Todas estas pequeñas desviaciones o fenóm enos de las fo r­
mas, cuando no podemos superarlas, constituyen las grietas
por donde se filtra en el arte todo lo subjetivo y lo contradic­
torio. Un autor ha escrito sobre las propiedades objetivas

fig. 19

El Greco

fig. 15 - Ejemplos de decorafig. 14. - Elementos de la “ Bauhaus” .

ción primitiva de la alfarería
de Nazca.

de las cosas, señalando que “la identidad de un ente con­
sigo mismo requiere como complem ento la diferencia con todo
lo dem ás”. E sta diferencia de una cosa con todas las demás,
esta independencia como sim ilitud, expresión o símbolo, es el
fin que hemos perseguido en la práctica de la pintura como
objeto concreto.
&gt;
La verdadera estructura radica entonces, no en las nuevas
referencias. Sino en todo ese proceso que hace de la obra
creada una cosa independiente, y por eso mismo, una unidad.
En la pintura representativa el proceso creador se verifica
m ediante una imposición que anula totalm ente la obra como
objeto, y por esa causa la estructura sim étrica y rítm ica cum­
plen la sim ple función de acondicionar sucesos apriorísticos
(Fig. 19). En los cubistas y algunas tendencias abstractas
estas leyes clásicas han sido solam ente alteradas, en el sen­
tido de que, para lograr una buscada independencia del cua­
dro como objeto, ellos se plantean el problem a de la creación
“de adentro hacia afu era”, en oposición al naturalism o clá­
sico, que parte del objeto exterior como form a.
Ese sistem a de los cubistas, que Gleizes considera igualm ente
como inoperante y que solo acepta m ientras no se “plantee
valientem ente de otro modo”, se refiere a una m ayor inde­
pendencia de lo representativo, a un alejam iento de la n a ­
turaleza exterior como punto de partida para la creación,
para buscar, en cambio, su orden y su esencia propias. Al
penetrar los cubistas en los objetos que aun m antenían como
referencia al mundo circundante, y al no detenerse en las for­
m as exteriores de las cosas, debieron insidir sobre las fo r­
m as exteriores del “cuadro” y conmover en muchos casos su
sistem a rectangular. Al no considerar ellos, como luego los
abctractos, el espacio en profundidad, descriptivo, com proba­
mos cómo en m uchas ocasiones el “sobrante” que resulta de
la “m asa” central no alcanza su fuerza estructurante, y ape­
nas si cumple la función de determ inar el rectángulo (Fig. 20).
E stos han sido los prim eros pasos dados por el pintor para
tran sfo rm ar los espacios aparentes en espacios reales, acti­
tud desarrollada hace /*nos años por el grupo abstracto con­
creto en la A rgentina (F ig. 21).
E s indudable que tan to el arte representativo como el arte
actual no-objetivo no ha logrado rom per el cascarón que lo
m antiene en su “mundo aparte. Perm aneciendo la pintura en
ese “mundo ap arte” no podrá lograr su realidad objetiva, ya
que, como cree Simmel, esa “obra de a rte se coloca fuera del
lugar donde es posible que unas cosas se lim iten con otras” .
Como el perceptism o no pretende objetivar nada extraño a
sus elem entos m ateriales, su estructura, como factor inven­
tivo, condiciona la relación constante entre objeto y media.
(F ig. 22) E lla no es geom étrica ni m atem ática, sino orgánica.
Al lograr una igualdad de realidades entre el mundo que nos
rodea y el objeto estético, abandona este su “mundo ap arte”
para reintegrarse a las realidades del hombre.
(C ontinuará)

El entierro del
Conde de Orgaz

comentarios

Para aquéllos que, despectivamente, concep­
túan como “decorativa” la pintura no repre­
sentativa, transcribimos estas tres opiniones
de crítica general. Dijo Oscar W ilde: “¿Cuál
es la diferencia entre el arte esencialmente
decorativo y la pintura? El arte decorativo
destaca su material, el arte imaginativo lo
anula.. . Un cuadro no tiene otro significado
que su belleza, ni otro mensaje que su ale­
gría. Esto es la verdad primordial en el arte,
verdad que nunca debería perderse de vista.
Un cuadro es una cosa puramente decora­
tiva”.
Este mismo autor agrega que “aun los que
ven en el arte un exponente de la época, sitio
y raza, tienen que aceptar que mientras más
imitativa sea, menos representará el espíritu
de la época”.
Por su parte, Andró M asson escribe: “La
complacencia infinita de la crítica actual con­
funde fácilmente lo “decorativo" con lo or­
namental. Decorativos son los grandes pinto­
res. El mismo R em brandt es decorativo en
comparación con P eter de Hog”.
Y señala también E nrique W olfflin que “es
indudablemente cierto que el arte pudo siem­
pre lo que se propuso y que no retrocedió ja­
más ante ningún, tema por “no poder” con él,
sino que se dejó siempre aparte lo que no
emocionaba sugestivamente como plástico. De
aquí que la historia de la pintura sea tam­
bién, no de manera secundaria, sino fundamentalmente, historia de la decoración”.
Hemos recibido de Martín Blaszko la siguien­

te c a rta :
Mi estim ado R aúl Lozza:
V ayan estas líneas p a ra discutir un poco
su concepto sobre el plano pictórico del nú­
mero anterior. A nte todo noto en su artículo
una sobreestim ación de la im portancia del
plano en detrim ento del ritm o. El plano, se­
gún mi modo de ver, es plano en relación al
control del ritm o. La conquista m áxim a de la
plástica actual según creo yo es la liberación
o separación del ritm o de la presentación del
objeto y no la realización del plano que es
una de sus consecuencias en la pintura. Ahora, hablar tam bién de una separación entre
ritm o plástico y contenido filosófico o psico­
lógico es no in te rp re ta r los diferentes carac­
teres del ritm o y la correspondencia de estos
caracteres a construcciones filosóficas o mo­
vim ientos aním icos. Los estilos habidos hasta
hoy nos enseñan mucho de este contenido. El
problem a que nosotros enfrentam os y que
tenemos que resolver es a ju sta r la rítm ica
al espíritu de nu estra época. E sta solución
tra e rá el estilo del siglo veinte que, por otra
parte, ya tiene en algunos arquitectos an ti­
cipos. Soluciones parciales no caben. H ay que
buscar el denom inador común p ara la pintu ra,
escultura y arq u itectu ra que traduce nues­
tra visión del mundo. E ste denom inador co­
m ún es el ritm o organizado de acuerdo a un
cierto esquema. E n o tra le expondré la ca­
racterística del ritm o que sería p ara m í la
correspondencia a nuestro concepto sobre el
universo.
Lo saluda
M artín Blaszko.

Nos anticipamos a la contestación reco­
mendando al lector algunos párrafos del ar­
tículo de R aúl Lozza sobre La nueva es­
tru ctu ra (pág. 2, 3 y 8). Allí se sostiene
que lo plano minea será una consecuencia
del ritmo, y que menospreciarlo por éste “es
como sostener en .filosofía que la materia es
consecuencia del espíritu, y no a la inversa”.

Talleres “ O ptim us” - D iagram a

(Viene de la pág. 3)
Tam bién las nuevas geom etrías se transform an en contenido
cuando se las transporta a una im ágen plástica. Cuando
Max Bill nos habla de la geom etría como “relación de posi­
ciones sobre el plano y en el espacio”, no hace m ás que pre­
sentar acontecimientos m atem áticos “transform ados en reali­
dad visual”. E sa “realidad visual” deja de ser la m ateria
plástica para ser un contenido conceptual del universo cuya
expresión solam ente es posible m ediante la apariencia. Mu­
chos han aceptado como subjetivos los problem as de la cuar­
ta o quinta dimensión en el arte estático (Le C orbussier),
y el mismo León Degand acaba de escribir que cualquier di­
mensión que supere la de los medios espaciales o tem pora­
les con que se realice en el arte, plantea una apariencia.
Es ya muy general en el arte, como lo hemos visto, a te ­
nerse estrictam ente a leyes m atem áticas y goem étricas en la
estructura y sostener que lo que constituye ¡“valor” artístico
no se puede m edir. E ste dualism o entre medios de estructura y
lo otboi lo acusa tanto el a rte del pasado como la pintura no
figurativa. Hace ya mucho tiempo que Vantogei'.loo ha fijado
para el neoplastieismo) las relaciones plásticas con la igual­
dad m atem ática de S = L 2, V = L 3, sosteniendo él tam ­
bién que td núm ero no es el arte, y que este últim o obedece
a factores que no están al alcance de la determ inación a rit­
m ética. Por su parte, K andinsky plantea deducciones nada
concretas cuando dice que la relación entre coloí’ y form a se
produce por un desarorllo cualitativo como resultado da una
reducción cuantitativa. Pero lo expresivo será la m eta en el
arte de K andinsky, y esto, según su propia opinión, “no se
puede m edir”.
Desde el punto de vista de la realidad, tanto las leyes de
estructura clásica como las inspiradas en el continuo espaciotiem po, y a sean aplicadas al plano o a objetos estéticos es­
paciales tridim ensionales, expresados a la m anera del folio de
Moebius, quedan superados por el perceptism o. E n su estruc­
tu ra m atem ática no impone ley “apriorística” alguna al arte.
Pero tam poco da lugar a un dualism o al aplicársela como
“control” parcial sobre los fenómenos propios de la pintura,
para sostener paralelam ente que el “valor” o lo que consti­
tuye arte “no se sabe qué es” o “no se puede m edir”.
A los paralelism os arbitrarios sucedieron, con el perceptism o,
las equivalencias funcionales. El color no pudo ser condicio­
nado a la visión m ediante proporciones rítm icas abstractas
o antropom étricas. P ara que la m atem ática llegue a ser de
pof: si un medio directo objetivo en la creación de obras de
arte, deberá referirse cualitativam ente a las posibilidades de
relación estructural de todos los elem entos m ateriales y fun­
cionales de la pintura, y poseer la propiedad de superar todo
lo que en ella constituya representación o apariencia............
Por últim o, quiero referirm e al problem a de las form as in­
ventadas. La llam ada composición, en el arte, ha perm itido
ordenar, dentro de una ley rítm ica preestablecida, ciertas fo r­
mas representativas. E sto ha ocurrido en el arte del pasado;
pero tam bién en la pintu ra ab stracta de hoy se relacionan,
de acuerdo a las. dem andas sim étricas y a una imposición
subjetiva, esas m ism as form as. Las form as del perceptism o,
si bien no tienen como punto de partida aquellas conocidas en
la naturaleza, tam poco son el producto de la pura im agina­
ción intuitiva: ellas se delim itan de acuerdo a una ley im ­
puesta por la estructura funcional.
Las form as “a priori”, aun las ab stractas geom étricas, que
luego serán alteradas o desarrolladas de acuerdo a una com­
posición “objetiva” o a un 'tem peram ento anímico, son ya co­
m unes en la vida cotidiana y en la historia del arte. Muchas
de ellas son aconsejadas por la Bauhaus como elem entos plástcos universales (Fig. 14), y podemos hallarlos ya en las
decoraciones de muchos pueblos prim itivos. (Fig. 1)
La .llam ada composición ha podido, al m argen de la verda­
dera estructura, condicionar todas estas form as conocidas, de
acuerdo a una proporción, a un ritm o o a un equilibrio __
leyes del peso, de continuidad o de posición— todo tan ex­
plotado por muchos pintores no representativos (Fig. 16). El
perceptism o señala, frente a estos problem as que e f compor­
tam iento de las form as hacia la función plana es parte de su

^

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Donación Raúl Lozza</text>
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                  <text>Ejemplares 1 a 7 de la revista Perceptismo: teórico y polémico, publicados entre 1950 y 1953.</text>
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                <text>Lozza, Raúl&#13;
Haber, Abraham</text>
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                    <text>TEORICO

Y POLEMICO

4

H a sta p rin cip io s del siglo ve in te , eran so lam en te los filó so fo s los que p re ten d ían de­
te rm in a r teó ricam e n te una esencia del a rte , con el m ism o a fá n con que buscaban c
elaboraban esp e cu lativam e n te una esencia del universo , una esen cia del ser.
H oy, es el propio p into r el que se p la n te a y d ifu n d e d o ctrin a ria m e n te un supuesto
esencialism o de su a rte . Y es que la p in tu ra llam ad a "n o re p re se n tativa , al o rie n ­
tarse h acia una o b jetivid ad propia, tra sc ie n d e los dom inios del in d ivid u alism o , del
“ m undo a p a rte " en que vive el arte tra d ic io n a l, invade los dom inios de la vid a c iu ­
dadana y tiende a co n ectarse con el m undo de la realid ad o b jetiva (E l perceptismo
ya ha logrado una re la ció n entre arte y re a lid a d c o tid ia n a ). Todo esto obliga al p in ­
tor actu al a co n stitu irse tam bién en c rític o y en te ó rico ; a intro d u cirse incluso en el
cam po de la filo so fía .
C o n stan te m e n te , a d ia rio , oím os hablar de esencias del arte o de arte esencial, p ara
a firm a r, en ese solo concepto abstracto y g e n e ra l, una sup uesta "v e rd a d objetiva
en cada te n d e n cia d isp ar del arte llam ado “ no re p re se n ta tiv o ". Pero desde este p u n ­
to de v ista , en que la p alabra “ esencia" se p e rfila so lam ente como un recurso " e s p i­
rit u a l" y sa lva d o r de valo res in d iv id u a le s, recordarem os que tam b ién p ara M atisse,
por ejem plo, su arte es estricta m e n te esencial y nada de e xtrañ o e in ú til hay en él.
Sin em bargo, para nosotros, ese concepto de "esen cia" está basado en algo inútil y
aje n o a una o rien tació n objetiva.
N osotros sabem os que ha sido la h isto ria , so lam ente e lla , la que nos fu é d e lim itand o
en la p in tu ra una esen cia no representativa. Un arte esencial sólo puede c o n q u ista r­
se sobre la base de su m a te ria lid a d , no al m argen de e lla . Toda ap ariencia, cualquie­
ra sea su carácter, atentará contra esta esencialidad objetiva.
El hecho m ism o de que lo esencial guarde un c a rá c te r relativo, y se h a ya c o n s titu i­
do tam b ié n en una tram pa m e ta física em p lead a por la filo so fía e sp e cu lativa , no nos
a u to riz a a d ar por descontada una esen cialid ad a b s tra cta , c o n fu sa , " im p a lp a b le " en
el cam po estético. Debió d e cir Hegel que " e n la esencia todo es re la tiv o " , para que
la nueva filo so fía agregue que lo esencial puede ser, por ejem p lo, dos fu e rz a s opues­
tas que "so lo tie n e n sentido en su re la ció n , y no cad a cual por si m is m a " (F. E ).
Por esa causa tam bién la esencia del m o vim iento " e s la de ser la unidad inmediata
de esp acio y tie m p o " (H eg el). Esta verd ad d ia lé ctic a es desconocida por aq uello s
que, basándose en un concepto re la tivo del m undo que nos rodea, buscan una rea­
lidad esencial en lo ap a re n te o en lo absoluto.
Para el perceptismo, su sín te sis esencial es el plano-color funcional, es la unidad de
sus elem entos m a te ria le s o visu ale s en el espacio.
Nosotros no hem os incu rrid o en el erro r de d e te rm in a r como esencia de la p in tu ra uno,
dos o m ás "e le m e n to s ", sino todo el proceso de unidad creadora de esta m ateria
sensible en fu n ció n de una realidad objetiva. No lo entienden a s í los p into res ab s­
tracto s en general y, en p a rtic u la r, los que dan en llam arse "esen cialistas". Sus doc­
trin a s flu ctú a n en generalid ad es y u tiliz a n un confuso leng u aje y un pensam iento
teosófico cuando inte n tan e xp re sa r sus conceptos sobre esencia de las artes, re la c io ­
nada a los propios y p a rtic u la re s medios de percepción y fu n ció n .
Pero, si la esencia no está en “ la cosa m is m a " , en el m ism o objeto p ictó rico , en su
propia m a te ria visu a l a firm a d a en unidad orgánica funcional con el m edio — a rq u i­
te c tu ra , hom bre, m om ento a c tu a l— , en su propia realidad concreta, entonces ¿cu ál es
la esencia de esa p in tu ra ? ¿A ca so lo esencial sea aún para ellos lo ap a re n te , sino lo
exp resivo o lo anecdótico? (Se continú a pensando que la an écdo ta es el h o m b re ).
En el arte representativo o exp re sivo , sea fig u ra tiv o o " a b s tra c to " (no objetivo), lo
esencial será siempre lo ideal. En el perceptismo (arte objetivo), el acto creado r se
lib era de toda fu e rza co e rcitiva e x tra ñ a a la to talid ad del m ism o proceso inventivo , y
por esa cau sa, tanto la forma como el color, e stru ctu ra y esp acio , están en fun ció n
de una esencia objetiva, que es la relación de su propia m aterialidad con el mundo cir.
cúndante, el medio social y el hombre.

2

1
Cézanne

El tocador
(Ver artículo en
las págs. 2 y 3 sobre
la nueva estructura)

2

Raúl Lo zza

Pintura Np 163 (año 1949)
Estructura plana en función
con la arquitectura.

�LA N U E V A E S T R U C T U R A

DE
(

R

A

U

L

LOZZ A

1
M antegna

La perspectiva descriptiva
ha unificado formas y
espacio en el
mundo de las apariencias
2

A ltam ira

Jabalí corriendo
(Pintura rupestre,
según Cartailhac y Breuil)
3
Kandinsky
Composición
(Transposición del color
en la equivalencia
de las formas)
6

Raúl Lczza

Objeto - pintura 296 (1951)
(Formas creadas para
un fin plástico)

Continuación)

LA

PINTURA

PERCEPTISTA

“Hay que conocer el material
y no inventarlo”.

Nos hemos referido extensamente a los problemas de la
matemática como relación de formas y proporciones artís­
ticas, denunciando lo unilateral del absolutismo aritmético
y geométrico como factor directo de creación o como ele­
mento propio en la pintura. Corresponde ahora expresar
nuestro propio concepto sobre el problema de las formas, o
el proceso que determina su invención.
Si hemos condenado la matemática COMO METODO
CREADOR para la pintura, ha sido porque ella no propor­
ciona ningún DATO CONCRETO para la conquista y per­
cepción de planos reales, y en ningún caso deja de ser un
simple MEDIO AUXILIAR. Afirmando un concepto idea­
lista, escribe Eddington que “la estructura, ABSTRAIDA
DE CUALQUIER COSA QUE LA POSEA, puede ser des­
cripta exactamente por medio de una fórmula matemática”,
y que “el conocimiento estructural PUEDE SER SEPARA­
DO del conocimiento de los entes que forman la estructura”.
¿Acaso esta abstracción, que separa la estructura de los
entes, no puede ser comparada a la estructura de la pintura
representativa o expresiva?
Si el absolutismo mecánico de las proporciones aritméticas
no pudo unificar esos llamados ELEMENTOS DESEME­
JANTES (forma y color), tampoco lo han logrado en arte,
la física experimental y los sistemas fisiológicos y psicoló­
gicos de la percepción. Sin prever siquiera una solución
concreta para el problema de forma y color. Venturi escribe
que el arte clásico “inventó un canon de proporciones de la
forma humana pero no un canon de las armonías de los co­
lores”. Pero cuando esta ley de “armonía de los colores”
llegó a confeccionarse, tampoco ha valido para unificar obje­
tivamente forma y color.
Al hablar del contenido representativo de ciertas estructu­
ras rítmicas, nos hemos ocupado de la similitud entre pro­
porciones extraídas de la geometría y las proporciones an­
tropométricas, conocidas matemáticamente por los griegos y
utilizadas aún mucho antes. Sobre las relaciones entre su­
puestas ‘formas estéticas” existentes en la naturaleza y la
fisiología de la percepción, son numerosos los hombres de
ciencia que han manifestado sus dudas. Helmholtz, investi­
gando los problemas musicales, señalaba que las relaciones
de los sonidos no descansan solo en leyes naturales de los
órganos perceptivos, sino que son parte también del resul­
tado “de principios estéticos que ya han sido cambiados, y
lo serán más aún con el progresivo desarrollo de la huma­
nidad”.
El proceso creador de un arte concreto no puede descansar en
simples fórmulas abstractas o mecánicas. Si la matemática o
la geometría, la fisiología de la percepción o la psicología no
constituyen por sí mismo un método de afirmación objetiva
para las formas pictóricas ¿cuál es la estructura que permita
conquistar esa realidad en el terreno de la creación o inven­
ción artísticas? Aceptando que un fenómeno se sucede den­
tro de otro fenómeno, era necesario un método de ESTRUC­
TURA ORGANICA capaz de relacionar OBJETO y MEDIO,
afirmando ese “desarrollo de la humanidad”, visible también
en toda la historia del arte, no como anécdota descriptiva, sino
como esencia no-representativa.
La belleza en el arte no es un problema individual, pero es la
vida del hombre que la determina de acuerdo a ciertas condi­
ciones.
LA REALIDAD TRANSFORMA EL CONCEPTO DE LO
BELLO. Frente a los elementos materiales que han de cons­
tituir el plano, el PERCEPTISMO ha considerado que el ob­
servador no es un ser pensante aislado, sino que, por el con­
trario, actúa sobre los mismos, igual que sobre los sucesos,
como ser experimentado. Esta debió ser una condición indis­
pensable para alcanzar nuestro objetivo. La esencia material
del arte no podía lograrse con especulativas frases literarias
ni con el cálculo abstracto de geometrías y matemáticas pu­
ras. Tuvimos que CONOCER el material pictórico, no inven­
tarlo ni extraerlo “a priori” del bagaje subjetivo y sentimen­
tal. Por eso hemos comprendido lo esencial COMO UNA UNI­
DAD; no lo hemos comprendido como lo “primero”, sino como
una RELACION; no como lo material aislado en sí, sino como
la FUNCION. UNIDAD, RELACION, FUNCION.
La perfección clásica del naturalismo descriptivo ha alcanzado
en el Renacimiento su carácter científico. “La ciencia de pin­
tar”, el racionalismo idealista, ha dotado al arte de numerosas
reglas, atribuidas erróneamente a una supuesta nueva ma­
nera de VER. En realidad, las nuevas formas de pensar del
siglo XIV se han traducido en el arte, con cierto retraso, en
nuevas formas plásticas, y el impulso inventivo, aún en el
cascarón de las más inmediatas necesidades técnicas, solo ha
servido a los fines de penetración e idealización del mundo
circundante. Con la perspectiva COMO MEDIO DE EXPAN­
SION DE LA VIDA EN LA NATURALEZA VISIBLE, se
cumple lo que el moderno concepto señala como punto visual,
en que el espectador es “el eje latente del fondo, y las dife­
rencias ópticas son interpretadas sobre tal fondo”. (Fig. 1).
Con la perspectiva se produce entonces un fenómeno visual
lógico pero no verdadero, pues con ella un espectador estático
IMPONE a un espectador dinámico su visión instantánea, fijo
y determinado de las cosas. Debemoo agregar, una vez más,
que las psicologías han permanecido al margen de estas expe­
riencias plásticas, para cuya investigación necesitamos de una
ciencia estética materialista. Si bien en las formas de la pintu­
ra representativa existe un problema creado por nuestra “vida
anímica”, en cuanto fluye e invade también nuestra dinámica
de la percepción cotidiana, éste no llega a transformar efecti­
vamente el mundo objetivo. Zervos olvida un factor importan­
te impuesto a las formas pictóricas por ciertas leyes objetivas

de estructura cuando, al hablar de Ozenfant y Jeanneret, dice
que el intelecto “rige sobre la sensación óptica, la enriquece
o la deforma”. También el irracionalismo de Dilthey sostiene
que el COMPLEJO ANIMICO ADQUIRIDO “Modifica y con­
figura las percepciones” ; pero el perceptismo rechaza como
absurda la suposición de que la evolución de las formas plás­
ticas, en su desarrollo histórico, obedezca a un problema sub­
jetivo individual, aunque otorgue a ciertas “deformaciones”
un carácter expresivo o sentimental. El desarrollo de las for­
mas pictóricas hacia lo abstracto o constructivo ha comen-

5— R. Lozza. pintura N? 98
4— R. Lozza. pintura amarilla
(1947)
82 (1946).
Prim er intento de m edir el color de acuerdo a la forma.

zado por “deformar” el objeto representado, y LA CONFIR­
MACION DE LAS FORMAS PLASTICAS' SE REALIZA
COMPLETAMENTE AL MARGEN DEL MOTIVO I)E SU
ORIGEN. En todos los casos, sean por causas de una volun­
tad constructiva (Cézanne. fig. de la portada), o por impul­
sos expresivos (Rouault) esas “deformaciones”, que puede
exaltar la vida individual y ser abolidas por la experiencia
colectiva, son ajenas al mecanismo de la percepción directa.
Los fines concretos del PERCEPTISMO han logrado que el
objeto estético, configurado por un proceso creador de afir­
mación materialista de sus elementos propios, permanezca al
margen de ese “complejo anímico”. Uno de los factores ope­
rantes en el proceso de las formas concretas, como es el co­
lor, cargado por tantos siglos de contenido expresivo y sim­
bólico, mereció nuestra mayor atención.
Las posibilidades estructurantes del calor no han podido ser
valoradas exclusivamente mediante las leyes físicas, ya que,
en pintura, la función de éste es la DE SER VISTO EN UNA
RELACION DE FORMAS PLANAS. En nuestro caso, subes­
timar la importancia de la SENSACION y aislar el color en
OBJETO EN SI, es separarlo del medio y encuadrarlo en el
marco idealista de los “valores absolutos”, contradictorios
desde el punto de vista de la percepción. Aunque las colorimetrías elaboradas sobre la base de potencia luminosa, calor y
onda, sean un factor de conocimiento objetivo en el campo
científico, NUESTRA MAYOR SATISFACCION ES LA DE
HABER LOGRADO UNA RELACION ENTRE NUESTRA
SENSACION CROMATICA Y EL OBJETIVO PLANO.
Así, el color se transforma, de mera sensación variable que es
en nuestro mundo cotidiano, y de elemento expresivo y aní­
mico que fué en el arte, en UNA REALIDAD' CONCRETA,
EN LA FORMA MISMA.
Si hacemos historia sobre la última etapa del desarrollo de
las formas plásticas hacia el PLANO-COLOR del PERCEPTISMO, debemos comenzar par reconocer que mis primeras
experiencias en el arte abstracto se resistían a superar las
formas geométricas y matemáticas como sistema empírico de

�N. Di Salvatore

Del grupo concreto italiano)
La anécdota sobre el “ fondo”
contradicción de la vieja pintura

9

II - Arp

Miró

Los planos separados
son tan expresivos
como los yuxtapuestos

Relieve construcción - 1930
(Forma aním ica en el espacio)

10

R. Lozza

Form as - espacio
(Prim era época
Sin la nueva estructura)

11
R. Lo zza

Pintura abstracta N9 15
con estructura clásica (1945)
estructura. En mis pinturas de los años 1916 y 1947 llamadas
entonces “concretas” (Fig. 11 y 12), y aún en aquellas pri­
meras formas espaciales (Fig. 10), el propósito no represen­
tativo está desvirtuado por la falta de una estructura capaz
de relacionar forma, color y medio espacial en función de una
realidad objetiva. Solo un viejo y arraigado prejuicio me im­
pedía abandonar los métodos clásicos, que son aún hoy día
considerados como infalibles también por los pintores “no-figuralivos”.
A partir de entonces, para superar totalmente la apariencia y
ACTUAR SOBRE LOS FENOMENOS VISUALES, he expe­
rimentado directamente sobre la realidad, frente a formas
movibles bidimen.sionales y tridimensionales de distintos colo­
res y en un medio también variable. Como nosotros sabemos,
el punto central, u objeto de nuestra atención, se altera cons­
tantemente a medida que sus relaciones recíprocas varían,

13— Equilibrio y desequilibrio debido a la posición de forma
y color.

14— Experiencia del perceptismo
anulando la ley mecánica de
gravedad.

porque LA ACTITUD DEL ESPECTADOR TRANSFORMA
LAS PERCEPCIONES VISUALES. Este fenómeno natural,
que no experimenta el espectador frente a la pintura, pero sí
en su vida cotidiana frente al mundo que lo rodea, nos ha
enseñado que el color en el espacio DESTRUYE LA OBJE­
TIVIDAD DE ESTE, creando igualmente un espacio aparen­
te y nos ha orientado hacia una realidad bidimensional, ya que
nuestra pintura debía penetrar necesariamente en el espacio
como un objeto funcional más.
Esas relaciones desiguales dependientes de determinados án
gulos visuales, productos del ojo móvil y del ojo inmóvil, cuya
acción es, según Ilelmholtz, obra de la experiencia, transfor­
maba totalmente las relaciones de los objetos coloridos de
nuestro escenario experimental, pues el fenómeno visual que
se produce frente al mundo que nos rodea es de constante
transformación de los objetos EN LA RETINA, “deformacio­
nes” de objetos que, en realidad, son inalterables. Desde el
punto de vista de la estructura, los psicólogos de la forma
sostienen que sería caótico para nosotros si las formas de
los objetos cambiaran EN REALIDAD como cambian al pro­
yectarse en la retina a cada movimiento de la mirada.
LA ESTRUCTURA DE UNA PINTURA SERIA IGUAL
MENTE CAOTICA SI SE MODIFICARA CONSTANTE­
MENTE AL MEDIRSE CON LA MIRADA DEL OJO MO­
VIBLE.
Crear un objeto artístico real, estático, inmutable desde el
punto de vista de la percepción visual, sin la alteración de
su estructura plana ocasionada por la dinámica del especta­
dor, CUYA OBJETIVIDAD SEA CAPTADA TOTALMEN-

-P in tu ra 161. año 1948 (R. Lozza), cuya structura funcional supera
la ley del “ peso” y de “ posición” .

a reglas físicas. Yo he comprobado que, CUALQUIERA SEA
LA GRADACION DE LOS LLAMADOS “TONOS”, NO
HAY DOS COLORES QUE PUEDAN CORRESPONDER A
DOS FORMAS IDENTICAS.
Las experiencias para condicionar una realidad plana a la
percepción visual ha puesto al desnudo los resortes de nu­
merosos fenómenos espaciales creados por la superposición y
por la yuxtaposición.
Destaquemos que la Bauhaus ha afrontado hechos similares
en las experiencias sobre el color, pero con resultados total­
mente opuestos a los nuestros. Al trasladar el color “al pro­
blema de la forma”, Moholv-Nagy ha exaltado en aquél esa
potencia espacial aislada, “transformado en una fuerza car­
gada con espacio potencial articulado y lleno de cualidades
sensoriales”. Sin embargo, una forma coloreada escapará
al control de toda medida y estructura clásica, si con ella
pretendemos conquistar el plano objetivo (para M. Nagy y
otros pintores las relaciones de DIMENSIONES están cir­
cunscriptas en la SECCION DORADA y otras proporciones,
y la relación de POSICION en la medida de ángulos). Las
relaciones basadas en las leyes clásicas no han logrado con­
dicionar una forma plana, pues el propio carácter de esta, y
especialmente su color, las destruye inevitablemente. Algunos
han dicho que el color “es un elemento destructivo”, llegando
a sojuzgarlo y anularlo, pero el problema ha permanecido
sin solución. Las nuevas geometrías tampoco nos proporcio­
nan dato alguno sobre las formas concretas. Para ello, he­
mos debido recurrir a un nuevo sistema de relaciones, elabo­
rado sobre la misma experiencia plástica, con los datos que
nos suministran los hechos pictóricos inmediatos.
Las tendencias llamadas no-representativas no han logrado
superar el último reducto de representación, debido a la ca­
rencia de ese proceso de estructura funcional. En ellos, el
espacio aparente determina un fondo, sobre el cual se su­
cede un hecho, se expresa una anécdota o se desarrolla una
idea o un concepto (Fig. 7). La masa estructurante y la su­
perficie plana se contradicen aún, existiendo allí una “figura
y fondo”, como existe una “figura y fondo” en el arte figura­
tivo.
i ' l? ’ virj
La proximidad del color entre si y con el espectador, su “pro­
fundidad” y su enlace, solo podrá controlarse de acuerdo a
su extensión y a su medio circundante. Las teorías cromáti­
cas elaboradas hasta hoy, sobre la base del aislamiento del
mundo colorido de los demás fenómenos y del carácter de
la forma, han sido inadecuadas en nuestro afan por conquis­
tar el plano. Hoy, las consideraciones previas donde ha de
germinar el suceso plástico, han excedido con el PERCEPTISMO los límites estrechos del muro como fondo o del clá­
sico lienzo rectangular, y fundan las bases mismas de la
creación EN EL ESPACIO REAL DONDE SE DESARRO­
LLA LA VIDA MISMA DEL HOMBRE. Por eso, al hablar
de estructura pictórica, nuestras primeras consideraciones
serán:
1) La dimensión total del muro arquitectónico;
La distancia media entre éste y el espectador;
El campo visual pictórico o el ángulo de percepción
simultánea;
El color REAL del muro y la intensidad cromática
APARENTE de acuerdo a la luz y al espacio distancial, y
El campo estructural o el espacio circunscripto por los
puntos de referencia.
Tendremos así las bases para desarrollar una estructura
FUNCIONAL, ORGANICA, una UNIDAD entre los medios
plásticos y los propósitos no-representativos.
Desde el punto de vista de la objetividad, ese orden y esa
UNIDAD sólo ha sido alcanzado por el PERCEPTISMO,
pues solamente este ha penetrado victoriosamente en nuestro
mundo cotidiano como un objeto funcional más. Tengamos pre­
sente que, si bien es la expresión y la apariencia la causa
por la cual “cualquier unidad visible puesta sobre un plano
pictórico desarrolla una vida propia” (AISLADA, diremos
nosotros), nada se ha hecho por superar esta contradicción
permaneciendo con el viejo orden plástico, aun recurriendo
al más estricto racionalismo numérico. El resultado de un
cálculo matemático deducido de las leyes clásicas de relacio­
nes será UNILATERAL, aunque estas involucren la totali­
dad de los elementos plásticos; este resultado SOLO SE RE­
FERIRA A LA FORMA, Y DE ESTA SOLAMENTE A SUS
DIMENSIONES Y A SU POSICION.
Hemos dicho que el problema de las formas ha sido encarado
por el PERCEPTISMO desde un punto de vista nuevo y es­
trictamente funcional. Las formas planas de una obra per-

TE POR LA SOLA SENSACION, ha sido nuestro fin perse­
guido. Nosotros sabemos también que e! simple cambio de
color en los objetos crea igualmente ante nuestros ojos una
transformación y un movimiento, no solo de alteración en sus
relaciones y en sus formas, de su estructura frontal de con­
junto, sino también un fenómeno de acercamiento y aleja­
miento de los cuerpos, UNA APARIENCIA DE ESPACIO,
una profundidad cromática. Los diversos colores crean espa­ ¡
cios que en realidad no existe, y esta diferencia espacial se
mantiene a pesar de nuestra simplificación de ios cuerpos ha­ !
cia las formas planas y de nuestro ajuste del color de acuerdo

12
R. Lozza

Pintura N9 27 (1945)
de estructura clásica

�LO OBJETIVO
Y L O ------------------N O - O B J E T I V O EN EL ARTE
1
Objetos de la naturaleza

Fotografía de
A. I. Vallmitjana

2

V lam inck
Paisaje

(Objetos de la naturaleza
y del hombre utilizados
como objeto de expresión) g

1

¿A rte o bjetivo? ¿a rte no ob jetivo? ¿La s p in tu ra s ab stra cta s son objetos? ¿O se evaden de él? ¿ Y
el perceptismo p in ta objetos o sus p in tu ras son objetos? En a lg u n a s de las pocas revistas de arte de
Buenos A ire s se v e n tila una p o lém ica sobre la deno m in ación de las n o vísim a s te n d e n cias de la p intura.
C reem os m uy ne ce sario , antes de te rc ia r en e lla , re visa r el concepto de " o b je to " , ta re a e riz a d a de d i­
fic u lta d e s , e vid e n cia d a s en el hecho que adem ás de ser d iscu tid a sú esencia h a y filo so fía s que niegan
su e x iste n cia .
¿Qué es un objeto? N o pretendem os d e fin irlo pero nos asirem o s de uno de sus a trib u to s : el objeto
e x iste indep end ientem ente de nu estra co n cie n cia. El " h a c e r " del p in to r, como toda p rá c tic a im p lica
el recono cim iento tá c ito de su e x iste n c ia , puesto que si toda la re alid ad está in c lu id a en nuestra
m ente no tiene sentido que el a rtis ta m a te ria lice lo que co n cib a, dado que, re alizad o o no re alizad o
siem p re e x is tiría ú n ica m e n te en su co n cie n cia.
U n a ve z ase n ta d a esta co n fia n z a del a rtista en el m undo o b jetivo, conviene se p a ra r los objetos de la
n a tu ra le z a y los objetos inventados por el hom bre, que son q uienes so lic ita n n u e stra atenció n.
El d e senvo lvim iento de la especie h um an a ha creado necesidad es que ésta ha resuelto creando objetos
que las s a tis fa c e n y que una de las c la s ific a c io n e s m ás acep tad as en las cie n cia s de la c u ltu ra divide
en cin co grupos.
I 9 C re acio n e s (T e o ría s , relig io nes, a r t e ) .
2 ° U tiie s.
'*•
"
7
3 9 Signos (L e n g u a je ).
4 9 Fo rm as so ciale s.
59 Educació n.
Estos son objetos que no e x is tía n an tes del ad ve n im ie n to del hom bre, que no h ab rían e xistid o sin él
y que no e x is tirá n cuand o él se e xtin g a . Una v e z b arrid o él de la su p e rficie de la tie rra , una p alab ra
e sc rita sólo se rá m ancha de tin ta y una e statua de bronce un trozo de m etal.
En estos objetos se distin g u en dos asp ecto s:
l 9 Los objetos o elem entos m a te ria le s de la n a tu ra le z a (sonido, m e ta l, p ie d ra, m a d e ra ) que han p e r­
m itido la o b je tivació n de las creacio n es h u m an as.
2 9 El objeto c u ltu ra l que se concreta en d icha m ateria.
Pero, ¿cóm o se in serta ese objeto cu ltu ra l en el objeto m a te ria l? ¿C u á l es el ve h ícu lo que introduce
el e sp íritu en la m a te ria ?
In d ud ab lem ente ese ve h ícu lo es la fo rm a , com prendida en su .sentido m ás am p lio . L a s illa llega a ser
tal cuand o el hom bre le da d eterm inad a fo rm a a la m adera.
L a e se n cia de los objetos creado s por el hom bre está dada por la invención de la fo rm a .
Estos dos aspectos que hem os a n a liza d o se a p lica n a los cin co grupos de la c la s ific a c ió n a n te rio r pero
debemos h a ce r una sa lve d a d que nos interesa sobre todo en lo que atañe a los objetos artístico s. En
e fe cto , el concepto de objeto podemos a p lic a rlo a una obra de arte en tres planos d ife re n te s (nos re­
fe rim o s e sp ecialm en te a la p in t u r a ).
I 9 El objeto " n a t u r a l" : hilo p a ra la te la y las su sta n cia s colo rantes.
2 9 El objeto ú til o p rá c tic o : la tela p lana re c ta n g u la r, cre ad a por las " fo r m a s " que el hom bre ha in ­
sertado en los objetos an te rio re s y cu ya u tilid a d consiste en se rv ir de m a te ria para que o tra ve z el hom ­
bre inserte en él las fo rm a s p ara c re a r el objeto de arte.
39 El objeto a rtís tic o , que, volvem os a rep etir, está constituid o por las fo rm as ase n ta d as en el objeto
ú til tela form ado a su v e z en un objeto de la n a tu ra le z a .
Pero au n nos olvidam os de a lg o ; adem ás de seda, la n a, lino o m a d e ra , el hom bre tom a de la n a tu ra ­
leza las " fo r m a s " de sus objetos (p a is a je , hom bre, etc.
) que ta m b ié n , siguiendo el proceso descripto, reciben una fo rm a que las concretan com o objeto ú til, p ara re c ib ir a su ve z las fo rm as esté ticas.

�ABRAHAM
H

A

B

E

R

La fo rm a , que las hace objeto ú til es la p ersp ectiva o el reb atim ien to o el eclip se o cu a lq u ie r o tra té c ­
nica de su g e rir el volum en en un plano.
R ecién sobre ésto el pintor ap lica las fo rm as e sté tic a s, propias de su id io sin cra cia , pero que a veces,
tom ando alg u n a s c a ra c te rístic a s com unes, se ag rup an en e scu e las (im p re sio n ism o , realism o , fa u vism o, cubism o , su rre a lism o , fu tu rism o , e tc ., que en d e fin itiv a son " fo rm a s " de ve r las fo rm as de la n a ­
t u r a le z a ).
1
El objeto a rtístic o es entonces las " fo r m a s " , el estilo o m an era de cada pintor.
U na ve z aislad o el objeto estético, cab e interro g arn o s por su sentido o por su com prensión. C o m p re n ­
demos el sentido de un sím bolo o de un signo o de la te o ría de la relativid ad , y sabem os p ara que sirve
un u te n silio . Las c ie n c ia s de la c u ltu ra nos dicen que el sentido de los objetos se puede c a p ta r por
"co m p re n sió n " (u n a te o ría c ie n tífic a , un sím bolo religioso) y por vive n cia o ca p ta ció n p rá ctica (u sa r
un m a rtillo , p ra ctica r una c o stu m b re ).
La p in tu ra llam ad a re p re se n tativa es un objeto cuyo sentido se obtiene por am b as v ía s . "C o m p re n d e "
el arte el sujeto que lo c ritic a , lo va lo ra y lo ubica y " v iv e " el a rte aquel que es llevado por las em o­
ciones que éste le proporciona. Se tra ta de la fam o sa "e m o c ió n " e sté tica que el p into r " h a fo rm a ­
d o " en la tela y que es su e sp íritu , su em oción, su m an era de se n tir, la de su época. N os encontram os
en un terreno id e a lista, la fo rm a, e se n cia del o bjeto, co rp o riza al e sp íritu .
La filo s o fía , cre ació n del hom bre, presenta en su h isto ria una m arcad a p rep on deran cia del id ealism o.
El a rte rep resentativo, tam b ié n su cre ació n , lo lleva im p lícito en su base.
Pero, sigam os a d e lan te investigand o el curso del ssn tid o del a rte .
La em oción su b je tiv a que el p into r proyecta en las form as son cap tad as por el espectador que la recrea
y a su vez las vu elve a p ro ye ctar sobre la n a tu ra le z a y la vid a. Y a d ecía O sc a r W ild e :
" L a s cosas son porque las vem os y lo que vem os y el cómo lo vem os depende las a rte s que sobre nos­
otros hayan eje rcid o in flu e n c ia . . .
El arte presenta de continuo los m oldes vario s en que la exp resió n puede ser lo grad a; la V id a se apo­
dera de ellos y los usa, aun en su propio daño. Jóvenes hubo que se su icid aro n porque R o lla se s u i­
cidó, que m u riero n por su m ano porque por su m ano W e rth e r m u rió . P iensa en lo que debem os a la
im ita ció n de C risto , en lo que debemos a la im ita ció n de C é s a r . .
L a m anera de se n tir se e xtie n d e . El e sp íritu su b je tiv o se to m a e sp íritu o b jetivo por interm edio del
arte . Si nos ap o yáram os en H egel d iríam o s que el a rtis ta es el hom bre rep resen tativo m ed iante e l cu al
La Idea se objetiva en la h isto ria .
T o ca ah o ra, por oposición, re fe rirn o s a l perceptismo.
El perceptismo tom a el objeto n a tu ra l, m ad era o m etal y su sta n cia s co lo ra n te s, y d irectam en te con
ellos construye el o b jeto -crte. L a s fo rm as e sté tic a s se p lasm an sin el in te rm e d iario de otro objeto
" ú t i l" sobre los m a te ria le s de la n a tu ra le z a . La p in tu ra p e rce p tista es re alizad a com o se re a liz a una
s illa , una ca m a o un dique. El concepto de objeto, sólo se da en dos planos.
A h o ra tam bién cabe preg untarno s por su com prensión o sentido.
El perceptismo se preocupa por la " fo r m a " (en su sentido m ás a m p lio ), que ya hab íam os visto e ra la
esencia de los objetos creado s por el hom bre. Todo el pensam iento y la acció n del p into r p e rce p tis­
ta está so licita d a por las fo rm a s, los colo res, el plano, cu ya co n stitu ció n en un objeto, que no re p re ­
sente ni sug iera lo que no es, im p lica una m aravillosa conjunción de verdad con belleza.
Recordem os ah o ra que el p in to r re p re se n tativo , sobre las fo rm as de la n a tu ra le z a in clu ye fo rm as que
introducen su m an era de se n tir. Se o fre ce entonces al esp ectador fo rm as ya " s e n t id a s " , ya "g u s ta d a s "
que vienen h a sta él carg a d as ya con los sen tim ien to s del a rtis ta . Estam os fre n te a algo ya " d ig e rid o " .
N ada m ás y nada m enos que un bolo estético que choca con la persona co n cre ta del esp ectador v lo
obliga a h a ce r ab stra cció n de su re alid ad para " a s im ila r s e " y a co n d icio n arse a la carga e m o tiva. Esta
p in tu ra desconoce al hom bre concreto , con " s u s " pro b lem as, con " s u " dram a. V a d irig id o al H om bre
ab stra cto y con m a yú scu la .
El p into r p erce p tista no p in ta con " in s p ira c ió n " o con ca rg a em otiva. P in ta en frío . C re a un objeto
bello. Y el hom bre concreto , re a l, con su d ra m a y sus pro b lem as reacciona em o tivam ente, con su em o­
ción propia, eng ranad a en, condicio nada por y co n d icio nante de los dem ás aspectos de su psique.
Esto no sig n ific a que la p in tu ra p erce p tista no tenga un v a lo r o b jetivo , siem p re el m ism o, cu a lq u ie ra
sea el objeto que la co ntem ple, sino que la percepción de ese va lo r entra en juego con la in d iv id u a li­
dad de cad a uno.
A tenién don os a esto a firm a m o s que la p in tu ra p erce p tista es o b je tiv a . N o p in ta objetos sino que es
un objeto. Es co n cre ta , tanto por su co n stitu ció n o b je tiva com o por su a lca n ce hum ano. A b stra cta y
su b je tiv a es la p intura rep re se n tativa y sus prolongaciones dentro de la p in tu ra llam ada a b s tra cta .
Es in ú til tender una lín ea separado ra a llí donde te rm in a la reproducción y c o m ie n za la p in tu ra a b s­
tra c ta , que cu e n ta con te n d e n cias donde las c a ra c te rís tic a s de la p in tu ra re p re se n tativa se e x a lta n y
se vig o riza n . D esaparece la reproducción de la n a tu ra le z a pero es re e m p la za d a por la reproducción
de fo rm as puras y sim ples y he a q u í que nos enco ntram o s con un fenóm eno de in versió n . En e fe c ­
to, las fo rm as no repro ducto ras, instrum ento cre ad o r del hom bre, insertad as en una m a teria, en un
objeto n a tu ra l, nos dan un objeto inventad o , un objeto c u ltu ra l. En este caso sucede a la in ve rsa.
El m a te ria l son las fo rm a s p uras, no rep ro d ucto ras, donde se in serta n las " fo r m a s " e sté ticas p ara
c re a r el objeto de arte.
Las fo rm as e stéticas (o las que c re a n un objeto) responden a una ley (carg a em o tiva, p ro ce d im ie n ­
tos co n stru ctivo s) pero estas fo rm as p uras no rep ro d u ctivas donde éstas se in c lu y e n , a que ley re s­
ponden? C u á l es la razó n de su ser? No es una razó n e sté tica puesto que esté ticas sólo son las fo r­
mas que se in sertan sobre e lla s, a quienes sirv e n de base. Q u iz á el cap rich o o la casu a lid a d . Esta sí,
es p in tu ra fo rm a lista . Y sin em bargo c a rg a , q u iz á h a sta la e xa g e ra ció n , la su b je tiv id a d em otiva de
la p in tu ra re p re se n tativa.
No puede o c u rrir esto con el perceptismo, donde las fo rm as cre ad o ras son ap lica d a s d irectam en te so­
bre los elem entos de la n a tu ra le za .
Debem os a c la ra r que dentro de la p in tu ra ab stra cta y aú n dentro de la p in tu ra re p re se n ta tiv a e x is ­
ten d ireccio n es que, por sus procedim ientos co n stru ctivo s, buscan lib e ra rse de los lazos su b jetivo s y
aisla n te s que hem os expuesto.
El perceptismo lo ha logrado.

Toeuber - Arp

Composición vertical
a rectángulo, círculos y barras
M agnelli

Imagen de un deseo (1950)
(Formas abstractas determinadas
por una voluntad expresiva)
V . D. Lo zza

Estructura funcional N" 37

�&lt;
N
N

O
hJ

O

Arp - Magnelli - Taeuber - Arp

Litografía
(Estilos individuales en
una realización colectiva)

Un

libro

“La pintura abstracta”
Juan Eduardo Cirlot
Ediciones Omega. - Barcelona
Ante la escasa existencia de libros que difunden en
castellano la cuantiosa producción de la pintura abs­
tracta, la aparición del libro “La pintura abstracta”,
de Juan E. Cirlot, vino a llenar una necesidad im­
prescindible. Libro accesible al lector común, aunque
con ciertas prevenciones en materia filosófica, trae un
nutrido material documental sobre obras y doctrinas,
como también apreciaciones estético-psicológicas.
Su cronología del desarrollo histórico es didáctica y
útil. En esa síntesis pone de manifiesto el autor al­
gunos factores históricos sociales que coadyuvaron a la
renovación de la pintura frente a la tradición aca­
démica. En el prefacio, que es la parte más breve
pero substanciosa, justifica su trascendencia y sus
valores. Pero, no obstante su decidido apoyo a la mis­
ma, elude el compromiso de pronunciar un juicio acer­
ca del cual sería la meta objetiva en su decurso ul­
terior. Ejemplo de esta limitación es la referencia que
hace de la psicología de la forma (“Una parte en
un todo, es algo distinto a esa misma aislada o en
otro todo”), sin investigar luego si es que en el arte
se ha llegado a cumplir ese postulado, o sea en qué
medida se pasó de lo obstracto a lo concreto.
El perceptismo, sin rechazar el planteo de la psicología
de la forma como apreciación general, cumplió ese
cometido.
También en el apéndice, que ocupa gran parte del
libro, trata el autor los problemas concernientes a la
estructura y a la percepción, descubriendo una ana­
logía entre las formas primitivas y esas de las pin­
turas abstractas. Pero, al basar históricamente las
formas “abstractas” del arte moderno en esas relacio­
nes y principios teosóficos, refirma su concepción idea­
lista en el planteamiento de los problemas del cono­
cimiento de la ciencia del arte.
V . D. Lozza

EL

P E R C E P T I S MO

Hemos visto en el artículo anterior titulado "De la abstracción al perceptismo", cómo la p intura, al
abandonar la exp eriencia fig u rativa — objetos naturales— , crea formas ideales, entes que no pueden
definirse como concretos, porque, para e x istir, absorben contenidos extra-p lástico s, provenientes de
va ria s fuentes. Estos son elementos condicionados, y no condiciones para co nstruir una pintura fun cio ­
n a l, cuya prim er exigencia consiste en aunarse con la arquitectura, sin an ular el espacio-muro.
Estos contenidos son de natu raleza distinta a los signos de la pintura fig u ra tiv a : adquieren para e x ­
presarse una porción de realidad sim bólica.
Sim bolizan leyes o representan ideas y sentim ientos del hombre o del mundo. Sin embargo se teoriza
con frecuencia sobre tem as que aluden a las funciones plásticas y se le dá a estos enunciados un a l­
cance esencial. Creem os necesario poner de m anifiesto que los teorizadores de vanguardia, enrolados
en estas tendencias, incurren como de costum bre en contradicciones, al considerar estos problemas.
En u n ciar que la "fu n c ió n determ ina la fo rm a " es un concepto obstracto y que nada aclara sobre las
particularidades de una función esp ecíficam ente pictórica.
El perceptismo no quiere sentar una tesis m ás de c a rá cte r especulativo, sobre el arte como fun ció n,
tem as m uy en boga y que in citan a frecuentes controversias y debates, con resultados casi siem pre
estériles o académ icos. N uestra concepción es la expresión de una " p r á x is " , en que se conjuga la
teoría y la realizació n en un todo indisociable. Para el perceptismo, lo funcional posee una acepción
distinta a los sím iles u tilizad o s por la m ecánica o la m atem ática; tiene más analogía con el com porta­
m iento orgánico, aunque es indispensable hacerle correcciones a este tipo de acción.
La p lástica,
lleva im plícita una dim ensión histó rica d ia lé ctica , un concepto del mundo objetivo que se eleva por en­
cim a de la actividad elem ental y estim ula la fa cu lta d inventiva.
Para el hecho artístico , el medio posee tam bién una historia y un desarrollo que es el resultado de
la actividad sensible, vo litiva y racional del hombre.- A esta activid ad superior, el idealism o la consi­
dera como un resultado autónomo del espíritu creador del a rtis ta ; no sufre ni está sujeta a determ ina­
ciones m ateriales y técnicas. El perceptismo liga la actividad esp iritual directam ente a la realidad, y
conoce su esencia objetiva. La creación del instrum ental y el éxito p ráctico del mismo al operar en
el medio, prueba suficientem ente la conexión lógica entre el hombre y el mundo exterior, en una re­
lación de dominio y no de subordinación.
Si la relación de un medio a un fin fra ca sa, lo funcional no se cum p le; pero en este caso es la especie
la que pone en peligro su e xiste n cia. Esta relación de conocim iento debe establecerse en el orden del
arte, porque en la pintura perceptista no es la im aginación g ra tu ita la que lleva la parte a ctiva , sino
que es la razón la que rige y gobierna en la gestación y disposición del proceso plástico. Y si estas
funciones no se cum plen entre los elementos esenciales, el destino de esta pintura no tiene razón ya
de ser. Y a no constituye un privilegio para el hombre la creación de obras que no se adecúan a las
nuevas m anifestacio nes de la vida colectiva.
A c tu a r o p intar al margen de lo que el espíritu nece­
sita, es colocarse fu e ra de la m archa de la historia. La pintura tiene que atender esta función social
tam bién con p reem inencia.
¿Cómo se determ ina en la órbita de la pintura la fun ció n, para que el objeto estético, como proceso
de "ad ecuació n de un medio a un f in " , obre como categoría de lo ú til, reaccione contra las leyes esta­
blecidas, y devenga una fin a lid a d social educadora sin re cu rrir a los medios representativos, que es lo
propio de una pintura no-funcional y que actúa de " re fle jo " ?
E! perceptismo se presenta atacando a
fondo los problemas que la p intura de vang uard ia no-figurativa no pudo resolver. Lo funcional no to ­
lera la representación que contiene la ab stracció n en un grado m ás u n ive rsal, ia apariencia, la suge­
rencia de espacio y de form a o todo remedo que provenga de las leyes internas de la n a tu rale za y su
estructura. Elim in arse la representación m ediante una estructura que sea propia, que el color y el
plano esté controlado por una m ensura óptica-estética y no m atem ática, que exista una relación
entre lo interno y lo externo-am biente tridim ensio nal. El orden arquitectónico debe de respetarse; ni
e x a lta r sus m iem bros, ni deform arlos ni ahuecarlo s. Los arquitectos tampoco han sabido defender estas
leyes, y es com ún oirles predicar el retorno de la pintura al muro, sin tener la noción de lo esencial
en m ateria de interdependencia y de lím ites entre las artes. El perceptismo no hizo concepciones en
este terreno; renunció a continuar los métodos tradicionales de la p intura m u ral, no pensó restituir el
cuadro al muro, o sim plem ente decorarlo.
Partió de la p intura libre, pero previam ente la llevó hasta el lím ite crítico de su co n trad icció n : el
problema del fondo y de la forma. A n a liz ó los m ateriale s, especificó sus elementos esenciales: planocolor, y creó una estructura que supera los órdenes preestablecidos de com posición.
Esta concepción nueva operó un cam bio en los modos de percib ir el suceso p lástico en relación a la
arq u ite ctu ra , com plem entándose recíprocam ente con sus propios medios, sin an u lar las funciones de
ser vistas y de convivencia. Estas e xp eriencias no son hechos sim ples, sino que estas formas de ver
son resultados de verdades m ás profundas, de un conocim iento m ás com plejo del mundo, y que está
potencializado por una fu e rza histórica y colectiva. Nosotros interpretam os esa esencia colectiva a
través de la estructura mism a. Si las artes p lásticas se fundan en las facu ltad e s " v is iv a s " , por medio
de la cual se percibe la m ateria propia, ninguna p intura logró hacer co in cid ir la percepción de esas
m aterias sin transformarla en signos representativos.
El perceptismo, dirigiéndose a la emoción estética, respeta la verdad objetiva. A s í, lo funcional lleva
a la verdad, al aju star estrictam ente a las necesidades los medios estéticos en una interacción con
lo social. Por que no se lim ita a satisfacer neces:dades de em ergencia, sino que la activid ad p ráctica
del hombre se am p lia al incorporar lo em ocional a lo am anual. Esta acción com ún de la técnica y de
la p lástica se to ta liza en un trabajo de c a rá cte r social inédito y abre el cam ino h acia la invención de
un arte a la medida del hombre real. Los medios técnicos utilizados p ara la creación del objeto están
en relación m ediata, y no pueden ser aislados en el sentido de que la m ateria a rtís tic a niega a la m a­
teria n atu ral. O m ejor dicho, que la forma sea independiente de la materia, como en la p intura f i ­
gurativa y ab stracta. No existe contradicción entre lo que se quiere y lo que se h a ce ; es un proceso
de ejecución sim ultáneo en com pleta identidad. Se elimina así el drama que se establece entre la
forma y la materia, de que tanto gustan los agonistas de la representación. Hemos superado la an ­
gustia rom ántica de que "todo lo que e xistía ya no ex ste y lo que e xistirá no llegó todavía '. El per­
ceptismo abarca los dos momentos, y el tránsito es una realidad concreta que une el pasado con el
futuro inm ediato.
Cada vez se vé m ás claro en el proceso histórico y artístico , y este progreso hace que se am plíen las
perspectivas. En la antigüedad hubo períodos en que las artes plásticas cum plieron una función ne­
cesaria, aunque con otra fin alid ad filo só fica y estética. Lo que postula el perceptismo lo intentó la
Bauhaus y el grupo Stijl neoplasticista en un ensayo que fracasó. La Bauhaus concibió la necesidad
de au nar las artes indu striales en un plano de igualdad con la p lá stica . Es evidente que un trab ajo de
equipo se impone, dado el desarrollo colectivo de la producción m oderna, pero no tuvo en cuenta el
problema fundam ental de cómo se debe superar el estilo individual en una estructura co lectiva, antes
de fo rm ular una idea de trabajo social. Lo colectivo no se resuelve por el mero hecho de una o rg an iza­
ción de la activid ad colectiva, sino que lo colectivo lo puede practicar uno solo pero con una substan­
cia colectiva.
M ientras exista el facto r subjetivo no se puede hablar de un arte so cial. Un ejem plo de lo que acabo
de se ñ alar lo dá la pintura compuesta por tres pintores y en que se observan las caracte rísticas del
estilo personal de cada pintor. Incongruencias de estas abundan en la pintura ab stracta. L a línea

Y LO F U N C I O N A L
de influencia que dió un tenor estilístico a los objetos útiles provenientes de la plástica demuestra
tam bién que la función de cada una de estas form as no fueron m uy p recisas; lo funcional de un
objeto es intransferible a otro.
La forma del perceptismo no puede ser im itada por otra clase de objetos: sólo puede ser reproducida
por sí m ism a; no puede inspirar las líneas o las fo rm as de ninguna producción in d u strial, m ecánica,
o a ffic h e s com erciales, sin desvirtu ar el sentido de las m ism as. Es la prueba m ás term inante de que
las form as están determ inadas por una estructura o rig in al, y que funciona para ese fin e x ­
clusivo. El avión, por e j., posee una form a y un diseño que le confiere el uso a que está destinado;
¿cómo la pintura puede inspirarse en esa estructura, como ha ocurrido? Y si no se partió de una fo r­
ma m ecánica — M alevitch, constructivismo, futurismo, etc.— , se recurre a menudo a la geom etría o
a la nueva fís ica .
Con esta concepción de la pintura no se puede com prender profundam ente lo que necesita la arq u ite c­
tura. Siem pre es el pintor el que se coloca m irando el mundo desde la obra. La pintura mural funcion alista (el perceptismo), actúa desde el espacio exterior y objetivo, con sus leyes propias inalienables.
La p lástica n o -fig urativa se convierte, en la actualidad, en un pasatism o m ás; no hay que buscarle un
futuro ; se ha cerrado su ciclo en una academ ia, que cuenta con sus pontífices m áxim os y sus adictos
y epígonos.
Charles Estienne, crítico sagaz, pronunció un ju icio m uy acertado que la define cab alm ente; dijo que
"co nstituye una nueva g ra m á tica, donde cada pintor puede proyectar su estilo personal en una v a ­
riedad in fin ita ". El perceptismo nació como fracaso de la pintura no -fig u rativa en su propósito de
lograr la unidad p lástica. Lo hizo sin regresar a form as del pasado y haciéndose intérprete del se n ti­
miento de nuestra época.
Desde el prim er momento la pintura comprendió que su destino estaba vinculado a la arq uitectura,
que es el medio real en que el hombre actúa y cum ple sus funciones de v iv ir. Colaboradora de la a r­
quitectura en los períodos avanzados de la civiliz a c ió n , m antuvo una esencia social y colectiva, hasta
el advenim iento de la sociedad cap italista en el renacimiento. En este hito histórico la pintura pasa
a manos de una clase privada y se desglosa del muro para transform arse en pintura de cab allete. Este
sería el com ienzo de la pintura que pierde gradualmente su función en relación al medio social. Bu s­
có desde entonces una solución aislada de lo tectónico, para volver a la pared como cuadro..
Esta
separación colocó a la pintura en la situació n del espectador que ve el mundo a tra v e z de una ve n ­
ta n a ". El espacio simbólico de la pintura m ural se transform a en la noción de espacio en profundi­
dad; la tridim ensionalidad se instaura con toda su apariencia fís ic a . Las reglas de la perspectiva que se
com ienzan a usar concurren, no como au xilia re s para lograr la visión real, sino que le sirven adem ás
como vehículos de relación entre las form as en el espacio. El punto de vista, dice Vinci, "pertenece al
espectador". La ap ariencia de la verdad llegará a un m áxim o grado de ficción con el procedim iento
ilusionista del barroco. A l orientarse el arte hacia la visión n a tu ra lista , se separó de lo funcional. Lo
prueba tam bién el hecho que durante el renacimiento la arq u itectu ra, arte que según Hegel es el p ri­
mero en reaccionar ante los estím ulos sociales y económicos, puesto que es el arte que está sum ergido
en el medio, no logró su fu n ció n ; sigue el crite rio de la escultura.
La pintura rom ánica de mosaico y ornam ental, adoptó una técnica bidim ensional por interm edio del
color plano e intenso, elim inando los tonos interm edios.
Un tratadista, refiriéndose a esta p intura,
sostiene que "e stá sujeta y se expresa en dos dim ensiones porque le está vedado al hombre p ro fun­
d iza r el espacio que le ro dea". Esta pintura es la expresión m ás elevada de la antigüedad como p in ­
tura m u ral, por el nexo funcional con la pared, los fines sociales y la ejecución de una sensibilidad co­
lectiva y anónim a. Pero a esta p lan im etría espacio! em pírica en que se adosa la fig u ra o el o rna­
mento le fa lta una función estructural con el objeto p lástico ; el color ejerce la m isión de enlace entre
imagen y fondo. El cubismo y la p intura abstracta retom ará este concepto de lo b idim ensio nal; fondo
y forma aparente, en un ordenam iento orgánico. Es en !° único que la pintura no -figurativa ha supera­
do estas contradicciones de la im agen ideal por una form a arb itra ria . No solam ente desde Giotto, que
comenzó a revelar el volum en m ediante las leyes ópf'cas, y Üevó la pintura h a cia la realidad aparente,
sino que toda la p intura, desde la prehistórica en úue el espacio no jugaba como medio plástico, hasta
las m odernas escuelas en que se concibe como c u a c a d pictó rica, el muro y el espacio fué in tercep ta­
do, subestim ado, ahuecado y deform ado, siguiendo la voluntad d ire ctriz de la representación artística.
El perceptismo, a quien no le está vedado co nvivir c ° n e lespacio real cotidiano, y que adem ás conoce
una nueva dim ensión espacial por e xten sió n: la del universo, y que no se evade del mundo exterio r en
su deseo de adaptarlo a nuestros fin es y hacerlo v a 'er concretam ente, concibe el planism o y la pintura
objetiva como liberación de las tendencias que crean e* m't° de las formas ideales, que enajenan el
conocim iento de la verdadera realidad p lá stica .
La exp licació n que da Herbert Read del proceso de abstracción en general aplicado al arte n o -fig ura­
tivo, de que "e s el producto del caos político, como lo fué antig uam ente del sentim iento irracio nal

frente a la natu raleza , no alca n za al perceptismo, que se funda en el espacio exterior y transform a
la p lástica en una realidad ob jetiva.
«
Cézanne y el cubismo, que expresan el paso de una apariencia fenom énica a la ap ariencia de una
realidad conceptual g enérica, intuyen un nuevo orden dentro de una sociedad que buscaba el orden
por un cam ino p ráctico , nada estético por cierto. El "cuadro objeto" ya buscaba una ubicación y una
solución dentro de la arq u ite ctu ra, y así lo entendieron muchos pintores, entre ellos Léger, que no
se cansó de predicar el retorno de la pintura al muro, como su única razón de ser, aunque siguen
aislando el fenómeno plástico dentro del m uro, como un organism o independiente. Ta n to la visión
múltiple como el punto de visto único o sucesivo, la percepción de la ho rizo ntalidad y ve rtica lid a d , d i­
recciones hacia adentro o tangenciales, d esn atu ralizan el orden arquitectónico y crean la dim ensión
de espacio-ficción. Com parem os para ilu stra r este pensam iento una obra de Bo tticelli (fig. 4 ) , una
decoración o riental, una pintura de Doesburg (fig . 3) y una de la actual pintura muralista mejicana

1
Raúl Lozza

Mural perceptista 211
(Formas funcionales
en el espacio arquitectónico)

2

Siqueiros

Decoración de una biblioteca
Pintura “realista”
destruyendo la realidad

3
Van Doesburg
Hall de una universidad.
(Alteración de las formas
cúbicas de la arquitectura
por medios abstractos)
4
Botticelli

Tres milagros de San Zenobrio
(Detalle)
(Prolongación ilusoria de
la dimensión real)

�ceptista no son el producto de la intuición ni de la imagi­
nación pura, sino de una voluntad objetiva, y surgen, como
es ya del conocimiento de los lectores, del proceso mismo de
estructura orgánica total.
En el arte primitivo la expansión de las formas estaba de­
terminada por leyes que emanaban exclusivamente del ob­
jeto o símbolo representado o expresado. El hombre primi­
tivo concentraba toda su atención en el motivo directo y pri­
mordial que determinaba su propósito, de modo que el campo
visual se reducía a los límites de la figura o signo (Fig. 2).
Cuando el hombre amplió el campo visual del arte, el diseño
se desarrolló en un MUNDO DE FORMAS CONTINENTES
Y FORMAS CONTENIDAS mediante los ritmos espaciales y
los espacios representados (Giotto, primer gran constructor
de estas formas). El dominio de la perspectiva lineal y cro­
mática trajo, a partir de los siglos XIV v XV, cierto ACER­
CAMIENTO ESPACIAL entre FIGURA’ Y FONDO; pero
fueron los impresionistas, no obstante, los que intentaron su­
perar la limitación del contorno mediante una nueva técnica
representativa de la luz, a lo cual Cézanne, sobre nuevas ba
ses, da solidez plástica (Fig. de la portada).
En el arte abstracto, el “contorno” vuelve a definirse, ce­
rrando formas geométricas o formas anímicas. Sin embargo,
en estas pinturas de hoy, lo que define las formas no es el
mismo proceso creador; ellas están determinadas por una vo­
luntad expresiva. Cuando Kandinsky decía que las formas a
utilizar estaban dentro de sí y no tenía más que copiarlas,
expresaba una verdad que podremos hacer extensiva al mé­
todo creador de no pocos pintores abstractos y concretos. De­
finir las formas objetivas en el espacio ha reclamado una es­
tructura capaz de relacionar la totalidad de los elementos
materiales o visuales de la pintura.
La PSICOLOGIA DE LA FORMA nos dice que “la subor­
dinación de los elementos al todo es suceptible de grados:
hay formas fuertes y formas débiles” (Guillaume); lo mismo
nos hablo de ciertas direcciones predominantes y privilegia­
das en el espacio. Pero, si hablamos de un CAMPO VISUAL
¿por qué tal o cual posición de formas planas ha de variar
en el arte la potencia del color y la unidad total?
La LEY DEL PESO determina ciertas sensaciones y des­
truye el equilibrio porque, precisamente, el concepto clásico
de ritmo y de unidad está basado en esa ley de gravedad
(Fig. 13), y ella misma es punto de referencia para la re­
representación dinámica. Si bien la vieja psicología sostiene
que el “peso” otorgado a ciertas formas con determinado co­
lor y posición es de efecto asociativo, la psicología de la
forma, en cambio, involucra al acto visual directo todas es­
tas leyes del peso, posición o gravedad. Pero para el PER-

CEPTISMO estas variaciones de posición dan al color y a la
forma un “valor” relativo solamente cuando el conjunto
ADOLECE I)E UNA RELACION FUNCIONAL CON EL
MEDIO. La diagonal confiere al suceso plástico una expre­
sión dinámica porque dicha línea o plano, en su función, está
destinada a ello; no es dinámica en sí misma, sino que lo es­
tablecen sus relaciones.
La ley mecánica de gravedad es superada por la nueva es­
tructura orgánica, que permite a las formas UNA BERMA
NENCIA INMUTABLE Y CORRECTA EN NUESTRA
APRECIACION VISUAL, aunque el conjunto sea colocado,
como unidad, de diversas maneras (Fig. 14 y 15). EL CO­
LOR Y LA FORMA “PESAN” EN CONDICIONES ABS­
TRACTAS, PERO NO EN CONDICIONES CONCRETAS.
Es en el arte llamado “no-representativo” donde el problema
de las EQUIVALENCIAS se ha manifestado acentuadamente.
Cuanto más abstracta es la pintura, con más desnudez se
presentan los “valores” equivalentes asociativos o represen­
tativos, debido a que estas equivalencias aún son, en la ma­
yoría de los casos, subjetivas o expresivas (Fig. 3 y 8). Este
obstáculo tampoco está superado en mis primeras pinturas
de planos yuxtapuestos (Fig. 11 y 12), ni en equellas don­
de está visible el primer intento de unificar forma y color
(Fig. 4) o de separar el plano mediante las estructuras clá­
sicas (Fig. 5). La verdadera equivalencia funcional o for­
mas concretas, solo fué lograda mucho después de la separa­
ción total de los planos en el espacio, y cuando el esfuerzo
por unir en un solo proceso gestativo forma y color se vió
coronado por el éxito (Fig. 6).
El solo hecho de separar las formas en el espacio no encieíra determinaciones no-expresivas ni no-representativas. Son
numerosos las pintores “abstractos” que han creado con for­
mas espaciales (Fig. 8 y 9). Pero el objetivo hacia el plano
real no fué el fin perseguido, y la solución al problema de la
apariencia, en sus múltiples aspectos, es olvidado también
boy por todos los pintores “no-representativos” y concretos.
Nosotros afirmamos con la práctica que la verdadera realioad de la pintura se da en el plano; SU UNICA REALIDAD
OBJETIVA. Toda sugerencia extraña, toda desviación en lo
funcional o elemental, toda intromisión en campos literarios,
musicales o escultóricos, toda expresión, será lograda a ex­
pensas de una sola realidad esencial, de una sola verdad obje­
tiva. Por eso, actualmente, la estructura espacial del PERCEPTISMO significa la práctica de una concepción moderna
y dinámica del espacio. Ella permite a la pintura participar
plenamente del espacio real.
(Continuará)

comentarios

Apareció el N° 27 de “VER Y ESTIMAR”
que dirije JORGE ROMERO BREST. Reco­
mendamos la lectura de la carta abierta con
que este infatigable crítico de arte contesta
a MARGARITA SERFATTI sus conceptas
contra el arte abstracto.
Es plausible en ROMERO BREST el entu­
siasmo y lo enjundioso de la substanciación
filosófico-estética, al defender una vez más
el arte no-figurativo en general. Apoyamos su
actitud combativa, aunque no aceptemos el
sesgo idealista en que fundamenta su juicio.
Los pintores concretos italianos sostienen en
un manifiesto que la tarea primordial de ese
movimiento es la de franquear el límite de la
pintura figurativa y la no-figurativa, y que
han superado a los suizos y americanos en el
terreno de la depuración de los medios plás­
ticos. Pero esa distinción un tanto sutil ¿a
qué conclusiones teóricas y prácticas los lle­
va? La distinción que efectúan entre lo abs­
tracto y lo concreto no habla muy a favor de
una pintura objetiva creada por esos medios,
sino de una mayor subjetividad del proceso
creador.
Lo concreto para ellos es la exteriorización
de un concepto espiritual traducido por las
formas y los colores ¿Qué es lo que se concre­
ta, entonces? ¿Ideas, sensaciones? La puridad
es precisamente la forma abstracta por an­
tonomasia, porque el espíritu puro, en este
caso es el que elabora sus materiales. Se tra­
ta, como vemos de la imposición de lo inte­
rior configurando los elementos materiales ex­
teriores; de un nuevo dualismo, menos gro­
sero, nada más.
El perceptismo entiende lo concreto no como
una depuración de lo abstracto, sino como la
creación de una estructura objetiva, con un
concepto objetivo del proceso estético. Lo que
no entienden los pintores no-figurativos, y
que los hace caer en redundancias (a pesar
de sus distinciones un tanto sofísticas), es
que el arte, para ser concreto, debe neutrali­
zar el lenguaje representativo, sea “abstrac­
to” (percepción de las cosas y abstracción
de las mismas, o deformaciones para un fin
expresivo), o sea como lo llamado errónea­
mente “concreto” (apercepción, en este caso,
de ideas o sentimientos por medio de formas
que carecen de identidad con los objetos y ex­
presan la visión interior del espíritu). Esta
concepción concuerda con la posición esteticista del idealista Croce, que asegura que no
puede existir un arte de la sensación de lo
concreto, que todo arte es expresión pura.
Afirmamos este juicio de similitud aunque
les disgusten a ambos, ya que Croce no fué
adepto al arte no-figurativo.
En la revista A rt D’Aujourd’hui del N9 co­
rrespondiente a Diciembre de 1951, R. V. Gindertael plantea, en un artículo titulado “Evidence de la forme”, el problema del color y de
la forma, en el arte. Este autor, como lo han
hecho numerosos críticos y lo ha establecido
la psicología de la forma, da por reconocida
la “supremacía de la forma en el sistema de
relaciones que se establece por intermedio de
la obra, entre el creador y el espectador”,
agregando como ejemplo el hecho de que “co­
loreado de verde o de azul el esquema más
elemental de un rostro es admitido sin dema­
siada objeción”.
Ante todo, si aceptamos un rostro pintado de
azul, será porque lo consideramos ya como
“forma plástica”, nunca como objeto natu­
ral, el cual, en esas condiciones, nos causa­
ría repulsión. Y en el campo ya de la pintu­
ra, sostener que la forma puede existir por
ella misma en tanto que el color no puede
existir sin ésta, es plantear un problema com­
pletamente abstracto, es trasladar a la pintu­
ra un fenómeno de naturaleza distinta, que se
produce al margen de aquélla. En un artículo
sobre color aparecido en Perceptismo, N9 1,
dejamos establecido que en la naturaleza el
funcionalismo de los colores no obedece a for­
mas visibles. En el terreno plástico, por el
contrario, el color cumple una función en re­
lación a formas visuales; quiere decir que en
la pintura el color tiene una forma; históri­
camente siempre la tuvo. Sostener lo contra­
rio es confundir formas plásticas, con formas
naturales.
Es verdad que el color se da en una exten­
sión, pero, pictóricamente hablando, ésta ex­
tensión jamás será antojadiza o caprichosa, y
tendrá una estrecha relación con el color,
tanto como con el propósito o el objetivo plás­
tico. Todo esto constituye una forma plástica
y, aunque en ellas se exprese una idea o un
sentimiento, sus componentes nada tienen de
común con la naturaleza en cuanto a función
se refiere.
Hoy el perceptismo ha logrado identificar el
color en la forma, logrando una nueva rela­
ción, en el terreno objetivo y concreto, así
como lo fué antes en el terreno expresivo y
abstracto.

J
Talleres Optimus S. R. L. - Diagrama

de Siqueiros en C h illa n (fig . 2 ) . N in g u n a deja ve r la a rq u ite c tu ra , su fo rm a . L a sucesión de im ág e ­
nes desp lazad as desbordan los lím ite s e stru ctu ra le s del m uro en las p in tu ra s de Siq ueiro s y en las de
Doesburg, superponiendo y n e u tra liz a n d o ap arentem ente les re lac ones e se n c ia le s y te ctó n ica s, y c u ­
briendo el espacio in te rio r o b jetivo. ¿Es que le fa ltó , a ca so , espacio al arq uitecto ? L a decoració n que
fu é la fo rm a p ictó rica que m ás se siñó a los m iem bros del m uro co n stitu ye un adorno su p e rflu o , a d e ­
m ás de c re a r una ilu sió n . Si el fu n cio n a lism o no ed m ite el adorno e scu ltó rico , m enos aú n to le ra rá un
ad itam en to pintado.
La p ersp e ctiva de Botticelli (fig . 4 ) da la sensación de fu g a hacia el in fin ito ,
m ás a llá de los lím ites re ale s. El p into r m ás e stricta m e n te ra c io n a l, Mondrion, no resuelve el problem a a
pesar de respetar las d ire ccio n e s m o trices del e d ific io ; las ortogonales trasto ca n una e stru ctu ra fu n c io ­
nal a rq u ite ctó n ica por o tra in n e c e sa ria y a p a re n te , haciendo ju g a r "e s p a c io s " y " lle n o s " sin lograr una
sín te sis in te g ra l. La in teg ració n solo se lo grará entre dos e s tru ctu ra s que, en sus fu n cio n e s, actú e n
dentro del cam po ú n ico , sin a n u la r sus elem ento s .e se n ciale s. L a p in tu ra p la n a b id im ensio nal in v o lu ­
cra el m uro real com o m edio, sin que éste se co n vie rta en fondo.
Le Corbussier elabora una filo so fía m e ta físic a del esp acio p ara ju s tific a r una p in tu ra m u ra l que es
un e cle cticism o p ictó rico , co n trad icién d o se con su purism o n ud ista a rq u ite ctó n ico . N o es necesario de
n u n cia r su aporte nocivo com o p in to r-m u ra lista . D elM arle, el m ás ra d ica l de todos en esta c ru z a d a v in ­
d ica d o ra , co n sid era la unidad e sp acio -co lo r, fo rm a -a rq u 'te c tu ra , color de su p e rfic ie , con c rite rio p si­
coló gico, para o btener un resultado fís ic o ap a re n te . Para él el colo r posee una fu e rz a centrípeta y las
fo rm a s una fu e rz a centrífuga. Esta fu n ció n tra sc ie n d e toda e stru c tu ra p lá s tic a . O torga una c u alid ad
energ é tica a l colo r en cam b io de o b je tiv a rlo dentro de una fo rm a -e s tru c tu ra en su v a lo r cro m ático .
D entro de ese co n tra ste se lle g a ría al e q u ilib rio , la sín te sis, según este pintor.
Giedion, tan confuso com o todos los otros teórico s, ap ela a la u n id ad , a una a p ro x im a c ió n de las a r­
tes p lá stic a s, por interm ed io de un p rin cip io tan su b je tivo com o una nueva em o ción. A lg u n o s ita lia n o s
h an aplicado planos e sp a c ia le s superpuestos a una fo rm a p in tad a sobre el m ism o que le sirv e de g u ía ,
pero produce el e fecto óptico de un plano sa lie n te del fo ndo ; se estab lece una p e rsp e ctiva fa ls a , co n ­
trib u ye n d o a a le ja r m ás el m uro del nivel re a l, ad o leciend o com o todos ellos de una e stru ctu ra pro p ia.
O tros p ro p icia ro n la in g e re n cia del tiem po en la p lá s tic a , in flu e n c ia d o s, com o d ije , en la m e c á n ica
de la ve lo cid ad o en las concepcio nes esp acio -tiem p o de la nueva tís ic a .
M oholy-N agy sostuvo que la fu n ció n del arte se ría la re a liz a c ió n del m o vim iento p ara una época que
se c a ra c te riz a por lo cin é tico . Pero el m o vim iento de ro tación o tra n s la c ió n que rep ite un rep ertorio
fijo , sin una e stru ctu ra que fa c ilite la in ve n ció n de fo rm a s co n tro lad as y la tra n s fo rm a c ió n del color
en un proceso sim u ltá n e o , ya re su lta p u e ril fre n te a las re a liz a c io n e s de la m e c á n ic a . Es la imitación
de formas funcionales sin la función. El perceptismo respondió con un ensayo plástico-dinám ico, para
d e m o strar, siguiendo una ley d ia lé c tic a del m o vim ien to , c u a l se ría su e stru c tu ra v a ria b le .
V o lv ie n d o al concepto de fu n ció n , m ie n tra s los elem ento s no se e stru ctu re n teniéndo se en cu en ta el
esp acio re a l, este esp acio se rá un fondo continente,-un suced án eo del cuadro. La fu n ció n es la p e r­
cepció n de p arte s entre m uro y e stru c tu ra p ic tó ric a aco p lad a al m ism o y a b ie rta al am b ie n te trid im e n ­
sio n a l; toda p in tu ra que no in vo lu cre estos asp ecto s, c o n tin u a rá por un ca m in o p ernicio so e irra cio n a l.
El p ro blem a e se n c ia l que tie n e n que re so lve r p a ra lo grar la sín te sis, es la de e v ita r que tan to el plano
com o el colo r actú e n lib rad o s a una d in á m ica a b s tra c ta , provocando la ilu sió n de p ro fu n d id a d , m o vié n ­
dose h a cia ad e lan te o h a cia a trá s , deform ando el m uro.
R esu m ien d o , lo colectivo se im pone como forma, como estructura y como visión. El ser so cial es la
m edida de todas las co sa s; el hom bre sa le de su aca n to n a m ie n to su b je tiv o p ara c o n q u ista r el espacio
y el tiem po real. El a rte d eviene, p arale la m e n te a este fenó m eno h istó ric o , una fu n ció n c o le c tiv a y
o b je tiva. Hausenstein sostuvo con c la riv id e n c ia que " e l a rte de la sociedad del fu tu ro será c o le ctivo
o no s e r á " . El progreso se da en el m ayo r cau d a l de experiencia y conocim iento, y este progreso ap u nta
hacia la verdad. P a ra el perceptismo, el arte es fu n ció n de la ve rd ad y de la b e lle z a cuando se
sup era el contenido id e a lista y se llega h a sta la base m ism a del e rro r, a co m b atirlo en sus leyes, sus
conceptos y su e stru ctu ra e se n c ia l. L a o rg a n iz a c ió n d eterm ina la fu n ció n y la fo rm a , y éstas in flu y e n
sobre la p rim e ra .
•

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Donación Raúl Lozza</text>
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Haber, Abraham</text>
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                    <text>TEORICO

Y

POLEMICO

Buenos Aires, Julio-Agosto de 1952
Dirección y red a c c ió n : C angallo 1219
T. E. 35-8278 — % 1.50 el ejem .
1
V . D. Lozxa
( Perceptismo )
P in tu ra 39, año 1952
2
Delacroix
Caballo espantado
(V er artícu lo
en p ág in as 2 y 3)
3
Raúl Lozza
Pintara N 204
(V e r artícu lo
en p ág in as 4 y 5)
4
Baumeister
Cósmico
(V er a rtícu lo
en p ág in as 6 y 7)

Los pseudo-estetas que atacan nuestro a rte tild á n d o lo de re a ccionario o lvid a n cubrirse la
re ta g u a rd ia y de e x p lic a r c ie n tífic a m e n te porqué en el a rte representativo tie n e cabida la
posición reaccionaria tanto com o la progresista. D irá n que eso depende del tem a esco.
gido. Abogarem os entonces por nuestro a rte , d icie n d o que no tie n e tem a. Pués, entonces,
nos responderán que no te n e r tema es apoyar a las ideas reaccionarias.
H ay o tra va ria n te . Podrán decir que la " d e fo rm a c ió n " p ic tó ric a de las form as de la re a li­
dad indica la decadencia de la p in tu ra . Sucede, sin em bargo, que en el perceptismo no
hay d e fo rm a ció n puesto que, com o fo rm a inventada, no parte de n in g ú n o rig in a l para
d e fo rm ar.
Es necesario decir que d e ntro de la p in tu ra llam ada abstracto ta m b ié n hay posiciones pro­
gresistas y reaccionarias y que en el tra nscurso de su vida, re la tiva m e n te co rta , se han
repetido casi todas las variaciones que la p in tu ra representativa ha s u frid o en sus siglos de
vida, adem ás de las que corresponden a la índole p ropia del arte no-representativo.
Es necesario volver a re p e tir que la co n dición reaccionaria o progresista del tema es una
cuestión que debe ser resuelta por la h isto ria de la h u m a n id a d y que el progreso y la re­
acción de una p in tu ra está señalado por la h is to ria del arte. R eaccionar es volver para
atrás, y de n in g u n a m anera el a rtis ta no-figurativo caerá en una reacción retrocedente si
p ra c tic a un a rte que no tie n e s im ila r en la h isto ria .
Reacciona el que vuelve a la representación.
Y la representación es reaccionaria por su v u e lta al ayer y por su escamoteo de los valores
estét eos fre n te a las masas. El a rte representativo se esconde en una d u a lid a d d e sorie n ta ­
dora; el tema (no decimos contenido, concepto co m p le ta m e n te d is tin to ) y los valores plás­
ticos.
Si bien el pueblo reconoce su m undo h a b itu a l en el tema que se le ofrece, c o n tin u a rá ign o ­
rando en qué consiste su arte, que solo llegará a la a risto cra cia del saber c o n stitu id a por
los entendidos. Yeso es un pecado com ún que engloba en un a b razo fra te rn a l al realismo
c ritic o o social y al llam ado a rte burgués, que se d ife re n c ia n ú n ica m e n te en lo extra e sté ­
tico.
El perceptismo, e lim in a n d o el tema, ofrece lim p ia m e n te los valores plásticos reclam ando
la a tención del espectador p ro fa n o que antes se perdía en la anécdota representativa. Este
c¡te nuevo es el a rte al desnudo, sin trabas y sin m isticism os, m ostrando su verdad m ate­
rial a los ojos del mundo.
Tc-da la preocupación por el progreso de los pseudos-estetcs incide sobre el tema. Sin e m ­
bargo, no hay todavía un co n ocim ien to to ta l de los hilos conductores del a rte que p e rm ita
decir, si hay co m p at b ilid a d entre los medios expresivos del arte representativo y las ¡deas
progresistas que se quieren dar a conocer. La p in tu ra representativa sólo puede mostrar y
no a rg u m e n ta r y e xp lica r. Y el tema que se m uestra, espacialm ente, sin d e senvolvim ien­
to te m p o ral, puede ser in te rp re ta d o según el p a la d a r de cada uno. A firm a m o s que una de
estas p in tu ra s puede ser in clu id a ta n to en una in te rp re ta rá n reaccionaria como en una
progresista. Si bien hay lite ra tu ra s que sí, pueden ser incluidas y juzgadas p o lítica m e n te y
ética m en te , la p in tu ra es n e utra y no hay un solo caso en la h isto ria de la p in tu ra que
se ofre zca a d ich o ju icio . Temas hubo m uchos v muchos fu e ro n repetidos por un gran n ú ­
m ero de pintores, pero sólo pueden ser juzgados por las form as estéticas con que han sido
revestidos, que son las únicas que nos pueden d e cir si una p in tu ra es reaccionaria o no.
A ú n más. El progreso social de una época no se re fle ja en la p in tu ra a través de un tem a,
sino que se expresa a través de nuevas técnicas. Santos y santas se p in ta b a n ta n to en la
Edad M edia como en el Renacimiento, pero el gran im pulso hum ano y c ie n tífic o del Rena­
cimiento se re fle ja en la p in tu ra a través de la conquista c ie n tífic a de una técnica ra cio ­
n a liz a d a opuesta a los símbolos y convenciones de la Edad M edia. La poderosa renovación
que a nuestra época tra jo la consideración dialéctica de la realidad y de la m ateria sólo
puede re fle ja rse en técnicas y p ro ced im ie n to s que, al inco rp o rar dicho concepto a la con­
sideración m a te ria l de la p in tu ra , tenía fo rzo sa m en te que re p e rcu tir en la e lim in a ció n del
fa c to r enajenante y paralizador del avance de los medios pictóricos, es decir, la reprc sentación.

�1
Raúl Lozza
Pintura N v 296
( E s tr u c tu r a de su
proceso de tra n sfo rm ac ió n
dinámica realizad a
como experiencia
de m ovim iento real
en la p in tu ra bidim ensional)

V. D.
L O Z Z A

ESPACIO Y TIEMPO
"El espacio y el tiempo son propiedades
inherentes de la realidad objetiva"

2

Albers
D irecciones equívocas
ten d ien tes a c re a r
confusión visual.
3

Boccioni
Materia
(M ultiplicidad de
sensaciones p a ra lo g ra r
u n a apariencia dinám ica)

La percepción del espacio y el tiempo ha s u frid o en las experiencias a rtístico -e sté tica s una co n tinu a
tra n s m u ta c ió n . Lo que se presenta visible, ta n g ib le , d e lim ita d o como realidad plástica plana, suscep­
tib le de ser captada com o o b je to y no como im agen de un objeto, una d u p lica ció n o una alusión
sim b ó lica , fué subordinado y transpuesto a un arden ideal. El espacio p lá stico de la p in tu ra repre­
sentativa es un e q uiva le n te de la re a lid ad , y los elementes materiales que co n stitu ye n su esencia se
tru e ca n en signos, sin correspondencia d ire cta con la dim ensión hum ana objetiva. Es la expresión de
una s itu a ció n hum ana en el m undo. Fiedler dice
q u e ela rte com ienza donde te rm in a la percepción,
pues para los idealistas, la realidad m aterial no c u e n ta sino en la m edida en que esta pueda servirle
para fin e s trascendentes y expresivos.
Los elementos espaciales, al ser despojados de su naturaleza objetiva, sufren una tra n sfo rm a ció n p a ­
ra convertirse en fu e n te de emociones e xtra p lá stica s. El vuelco de la realidad concreta a una reali­
dad abstracta, aparente, crea una e stru ctu ra de tip o a fe c tiv a o in te le ctivo . Ya sostuvo Dewey que "e l
goce del espacio no nace de la percepción del m ism o, sino de lo que nos re cu e rd a ". Las categorías
espacio-tiempo reales d e ntro de esta e n vo ltu ra ide a l provocan un c o n flic to perm anente que se h ac^
cada vez más ostensible en la h is to ria de la p in tu ra . El espacio - tiempo s'rvió para lo c a liz a r en la
p in tu ra objetos e im ágenes d e ntro de un área e stip u la d a como m arco continente; y dentro de esa
re a lid ad bid im e nsio n al se representaron toda clase de temas, los más heterogéneos, m ediante una tr a ­
ma forma-color. El p in to r se ha e n fre n ta d o con u n dilem a al cual no podrá substraerse, si p a rte d |
un concepto de e stru ctu ra representativo. El
p in to r representativo parte de un espac ¡o plano,
m u ro o tela, y un espacio real y concreto: el del
m u n d o trid im e n sio n a l. El p in to r se siente entre estas
dos realidades com o una especie de médium, es un in te rm e d ia rio entre la m ateria y la vida: tiene que
plasm ar un organism o p lástico, pero con los a trib u to s que le presta el e sp íritu .
La creación queda
som etida al im pe rio de una a c tiv id a d subjetiva, negando los elementos objetivos de la visión e inven­
ción p lástica. A l tra z a r una línea, o c o n s tru ir una forma d e ntro de esa zona re cta n g u la r, está recu­
rrien d o a un p ro ce d im ie n to ilu sio nista .
El re su ltad o de este juego artificioso redundará en la subs­
titución de un objeto por su imagen o el símbolo de una imagen. "T o d a obra de arte es un c o n tra ­
p u n to entre una e stru ctu ra m ental y una e stru ctu ra técnica, una s u p e r-e s tru c tu ra ", dice Loló.
Paro el perceptismo no existen super-estructuras porque el fa c to r ideal en la p in tu ra está e lim in a d o ;
solo existe una e stru ctu ra que otorga una relación objetiva, y esta e stru ctu ra , de ca rá cte r sincrónico,
une los elem entos espaciales forma-color con el m ecanism o perceptivo, sin salirse del nexo hombremundo real. Para el perceptismo el espacio y el tiem po son propiedades de la realidad objetiva. Los
que indagaron si los sentidos podían d e te rm in a r un arte, tom aron, para e xp lica r la p in tu ra , el ojo como
un m edio, sin interesarle qué es lo que este o jo p o d ía ver.
El perceptismo, si bien es consecuente con ese realism o de los elem entos visuales, entiende, sin em-'
bargo, que no es la pura sensación lo que c o n fig u ra el o b jeto estético. Respeta el m ecanism o visual
con el fin de a ju s ta r v c o n tra rre sta r los c o n flic to ^ que se generan entre los elementos plásticos y la
visión. En la percepción están involucrados en ín tim a u nidad los procesos inte le ctivo s y em ocionales
que es la fa c u lta d p rim o rd ia l de toda creación e inve n ción con los elementos materiales. El m anejo y
el co n ocim ien to de estos medios nos conducen un m ayor d o m in io y lib e rta d de nuestra capacidad
creadora.
El espacio y el tiempo, desem barazado de los contenidos expresivos, devienen un dato fu n d a m e n ta l
para el co n ocim ien to de la realidad plástica. Pero en toda la h isto ria de la p in tu ra que nos ha prece­
dido, el espacio y el tiempo son contenidos de una experiencia y no experienc as inherentes al espacio
y al tiempo real de la p lástica. Solo la ciencia y el hom bre en su acción y en su reacción fre n te al
m undo e x te rio r pueden conocer el espacio objetivo
La p in tu ra sólo ha re fle ja d o estas categorías co­
mo sím bolos ideales; así, podemos re ferirnos, según los períodos históricos, c espacios caracterizados
por una concepción del m undo.
Se pueden d e n o m in a r espacio arcáico, pagano, teológico, místico;
espacio moderno, espacio puro. Todos estos tipos de espacios llevan im p lícito s en su seno los ele­
mentos materiales que el p in to r fué sojuzgando y que co n stituyen su p ro ble m ática .
Pero en este
ca rá c te r c o n tra d ic to rio ' la realidad plástica pugnó por m a n :festársele al p in to r a m edida que éste se
fué a le ja nd o de la representación y aproxim ándose a la verdad esencial.
A ctu a lm e n te , esta verdad
plástica está agud iza da , y entró en una crisis d e fin itiv a , rec biendo d istin ta s soluciones; pero el
espacio y el tiempo, como representación, quedó in a lte ra b le . A ú n juega en la p in tu ra no-figurativa
com o elem ento subordinado, puesto que el d u alism o entre e stru ctu ra y forma-color está en pie, no
ha sido consubstanciado como proceso unívoco, to ta lita rio , objetivo. Esta a lte rn a tiv a , esta lucha fre n te
a una resistencia a vaces prevista pero invencible, que co n stitu ye una tensión d ra m á tica , d ib u ja una
v a ria c 'ó n to p o g rá fica en los tipos de representación espacial, con la que m uchas in te n ta n fu n d a r una
d ia lé c tic a constante del proceso creador.
Esto encuentra su ú ltim a síntesis en la p in tu ra perceptista.
Siempre tenem os que a trib u ir al fa c to r representativo el hecho que la p in tu ra no haya podido a brogar
las leyes extrañas a su esencia estética. Se han establecido paralelos en la m anera de se n tir el m u n ­
do, entre la ciencia, la filo s o fía y el a rte ; pero, m ien tra s la ciencia trabaja para dominarlo, la estética
y el a rte son simples subsidiarios de este esfuerzo cognoscitivo. El hom bre ha necesitado e( ° r te como

�un m edio a u x ilia r en su lucha por la vida. Esta es la fu n c ió n que cum ple en las cu ltu ra s p rim itiv a s ;
hoy creemos que esas funciones se cum plen e fic a z m e n te con otros medios más adecuados a nuestra
época c ie n tífic a y técnica. El espacio, para el p rim itiv o , no tiene una fu n ció n p lá stica ; es un sim ple
m edio físico exento de s ig n ific a d o sim bólico. El espacio está co n centrado en los objetos pintados, y
estos elem entos carecen de coherencia y orden; están som etidos a la "fa n ta s ía sin lím ite s " de la m e n ­
ta lid a d p rim itiv a . Del espacio c u a n tita tiv o al espacio cualitativo del p in to r ya en pleno desarrollo de
la c iv iliz a c ió n existe un lapso que no se ha podido llenar. Pero la o rg a n iza ció n del espacio histó rico
ya se presenta com o un nexo entre fondo y forma con todos los re q uerim ientos de una té cn ica co m ­
pleja.
En las experiencias egipcias el espacio aparece com o representación en sus dos direcciones fu n d a ­
m entales, y la im agen se superpone en disposición fro n ta l para sugerir la d istancia. En esta p in tu ra
la fa n ta sía se restringe por la exigencia que le im pone la o rg a n iza ció n de un espacio lim ita d o , p ro ­
du cto de una p rá c tic a racional del arte. Cuando los griegos aparecen, com ienza a desarrollarse la concepc'ón m im é tic a del objeto, y |a ó p tica de la p ro fu n d 'd a d será su resultado in e vita b le . La Edad M e ­
dia sentirá un espacio que será un espejo del espacio d ivin o , quintaesenciado, a d q u irie n d o éste una
categoría sim bólica. A l negar esta p in tu ra la p e rcep ció n o b je tiva aparente, obedeció a una cons­
tru cció n b id im e nsio n al. M erece considerarse este fenóm eno com o p e c u lia r de una ciencia de lo d i­
vino, aunque no podrem os d e du cir de este hecho una b id im e n s ic n a lid a d com o prepósito o verdad
p lá stica . Lo que nosotros querem os señalar es que existe una realidad bidimensional que se m a n i­
fie sta a pesar de la in d ife re n c ia del p in to r hacia e lla com o o b je tiv o a rtístico . Hoy, la b id im e n s io n a lidad, se considera com o una finalidad plástica esencial en la p in tu ra no-figurativa. En el Giotto, com o
en m uchos otros pintores pre-renacentistas, se vuelve a recuperar la visión del escenario hum ano, y el
espacio se im pregna de un s e n tim ie n to v ita l. Los ritm os plásticos adquieren m ayor lib e rta d expresiva,
pero com o la p in tu ra se somete al rig o r te c tó n ic o de la a rq u ite c tu ra , busca un e q u ilib rio entre lo inter­
no y lo externo. Dice Ritenlen que en el Giotto " la representación de la acción conduce a fo rm a r el
e spacio". En el R e n a cim ie n to se siste m a tiza el espacio ó p tico trid im e n s io n a l con una ciencia y un vig o r
inusitados La a p a rie n cia se convierte en un a .x io m a y se confecciona un código para g a ra n tiz a rla .
Escribe Vinci en su tra ta d o "q u e la p in tu ra tie n e u n lado plano, la p in tu ra esi in ta n g ib le ; hasta lo que
parece redondo y p ro m in e nte no se puede retener en las m a n os".
Los "re a lis ta s " actuales señalan
com o m odelo estas norm as idealistas; consideran que ese es el m o m en to á lg id o de la p in tu ra como
posición de los medios para c o n s tru ir una re a lid a d . El cubo que se co n vie rte , en el R enacim iento,
en un rom bo deformado por la perspectiva lin e a l, no es más le g ítim o que ese m ism o rom bo in ve rtid o
de la perspectiva usada por los chinos; ellos son ta n válidos com o puede p e rm itirlo s la concepción
ilusoria del espacio. N o disputam os por la va lid e z de una ilu sió n sobre o tra sino por la va lid e z de lo
real co n tra lo aparente.
Frente al p u n to de vista ideal, re su ltad o de una perspectiva deduc'da m a te m á tica m e n te , se va desple­
gando una p in tu ra en concordancia con los m ecanism os em píricos de la visión.
Lo que se llam ó
"e sp a cio que se d e s tru y e " es la preponderancia de la visión aérea que c u lm in a con el im presionism o.
En esta nueva óptica la masa de color c o n trib u y e , por degradación c ro m á tica , a sugerir la p ro fu n d i­
dad. Las form as ilusorias se subordinan al p ro ble m a de representar la luz.
Croce in te n tó fu n d a r
una estética del espacio puro basado en la d in á m ic a de este espacio-color. Los elem entos color-forma
se han tom ado com o experiencia separada, obedeciendo a conceptos u n ila te ra le s de la p in tu ra . Pero
Cézanne se p la n te a de nuevo el problem a p ic tó ric o en sus dos té rm inos esenciales: forma-color, a u n ­
que sin log ra r una síntesis concreta. E videntem ente, la obra de estos pintores ju s tific a el concepto^
de A lain, de que " la fo rm a aparente y la p e rsp e ctiva no pertenece al objeto, sino que es una re la ­
ción entre el o b je to y el y o ". A n te el espacio c a ó tic o del im presionism o, Cézanne busca una nueva
relación entre la fo rm a de ver los objetos y un concepto del espacio plástico: el espacio como masa
de color, o aéreo, destruye el plano. En este p in to r, los elem entos form a-color adquieren una im p o r­
ta n c ia co n s tru c tiv a ; se con dicion a n a una ley in te rn a im puesta por las dos direcciones del espacio
plano. Este ú ltim o se levanta ve rtic a lm e n te , cu b riendo sólidam ente la su p erficie , m ie n tra s el volum en
es logrado m ediante los equivalentes crom áticos. En Seurat ta m b ié n se siste m a tiza la fo rm a de repre­
sentar el espacio; pero en este p in to r, la p ro fu n d id a d d e scrip tiva está co n tra rre sta d a por la oposición
de luz y sombra; el color y la forma a ctú a n para e v ita r el a h ue ca m ien to de la perspectiva tra d ic io n a l.
El espacio de Matisse y de los expresionistas, que es esencialm ente rítm ic o y expresivo, adquiere la
e stru ctu ra geom étrica que le im pone la anécdota. En ca m b io el cubism o puro suprim e el volum en por
el pla n o y construye un espacio evocado, superponiendo planos y yu xta p o n endo colores y "to n o s ".
Pero es evidente que cuando se ha rebasada las leyes prescriptas por los clásicos, se ha navegado en
una vaguedad com pleta en m a te ria de com posición
Esto sucede ta n to con las experiencias expresio­
nistas y surrealistas, com o con las tendencias que construyeron objetos espaciales m óviles. En los más
racionalistas, los neo-plasticistas, que basaron sus cuadros en los s:stemas de com posición " a p rio ri" ,
el espacio y el tiempo em ergen de la tra m a color-form a, com o rem iniscencias de un vacío o comofondo continente de una fo rm a . En esta co y u n tu ra del proceso c rític o por superar las lagunas que
una lógica fo rm a l de la com posición p lá stica dejaba en vige n cia, se produce un cam b o en el co n ­
cepto de¡ espacio y del tiempo. El p in to r tom a el p a rtid o que cree más via b le y se lanza a la con.
qu sta del espacio y del movimiento real. Para o btener esto abandona el espacio que le ofrece el rec­
tá n g u lo , por considerarlo re string id o para sus proyectos, lim ita c ió n esta que ya habían e xperim entado
Kandinsky y los fu tu ris ta s . Estos pintores d e sarro lla ro n un suceso en movimientos por m edio de pla­
nos inmóviles, d in á m ica que en re a lid ad sólo se reconstruye por asociación en la psiquis del especta­
dor. La sim u lta n e id a d de sensaciones que provocan, en las p in tu ra s fu tu ris ta s , los planos en sucesión,
re fle ja n la visión dinámica de las cosas. Ellos escriben en un m a n ifie s to que " lo e x te rio r concreto
e n tra ría en relación con lo in te rio r a b s tra c to ", re lación que, en realidad, no e x:ste. Por o tra parte, los
designios de Kandinsky y de Bauer, de pretender id e n tific a r los elem entos plásticos con una relación
de tiempo sonoro, invaden un cam po in co m p a tib le con la p in tu ra . La d in á m ica en la p lá stica ha exis­
tid o com o fenóm eno asociativo representativo; ha plasm ado una dim ensión de tiempo aparente o m e­
cánico.
Desde el barroco, pasando por el ro m anticism o, im presionism o y expresionism o hasta Vantongerloo,
M a x Bill, Pewsner, Mohoby-Nagy y otros, el propósito de lograr el m o vim ie n to tom ó d istin ta s ca ra c­
te rística s; pero ninguna de estas experiencias lograron crear una e stru ctu ra p lá stica del m o vim ie n to
como n e u tra liz a c ió n y superación de la representación de espacio-tiempo. (La secuencia de la im a ­
gen logra su perfección en el cine, com o sensación o representación de espacio y tie m p o ). El percep(Continúa en la pág. 8)

4
Rudolf Bauer
Sinfonía en tres tiempos
(R epresentación p lástic a de
tiem po m usical)

1
M a x Bill
R epresentación del
continuo espacio-tiem po.
(No es m ás que una ab stracció n
de esa rea lid a d física )
2

Calder
Objeto móvil.
(M ovim iento de traslació n .
Imitación del concepto
m ecánico de la
física c lá sica ).
3

V. D. Lozza
P in tu ra N v 12 (1951)
(S uperación de toda
a p a rien c ia e sp ac ial).

�R

A

U

LA N U E V A E S T R U C T U R A

L

LOZZA

D E

Espectro solar
Ubicación sucesiva
de! color en su
■argor de onda.

Perceptismo
N ueva “e scala” crom ática
d eterm in ad a p or una
objetividad visual.
Campo de extensión p la n a .
en su degradación.

Delounay
O rfism o.
C rom atism o luminoso
usando el c o n traste
sim ultáneo.
(R epresentación basada
en el “ valor-luz” ).
4

Raúl Lozza
P erceptism o
(N9 142, añe 1948)
(U nidad de color-forma
como sín tesis c u a lita tiv a
de la p rá c tic a cread o ra)

"C onvertirnos en dueños y
poseedores de la n a tu ra le z a ”

( Continuación)

(Descartes)

El aislam iento e n tre el O BJETIV O E STETIC O y la R E A L I­
DAD es la esencia y razón de ser del a rte re p resen tativ o , a u n ­
que é ste —o por esa m ism a cau sa— m antiene como medios
de expresión los objetos y a conocidos y experim entados. Las
relaciones que su b ste n ta la práctica re p re se n ta tiv a y e x p re ­
siv a de la p in tu ra con el medio social y el hom bre, es p a tr i­
monio de un idealism o absoluto que tiene por principio la des­
m aterialización y d esn atu ralizació n de todo lo que tiene ca­
bida dentro de los m arcos del “mundo a p a rte ” del arte.
Las doctrin as filosóficas sobre la p in tu ra se fundan precisa­
m ente en ese dualism o o en esa contradicción. P a ra Hegel,
todo lo que no es ap arien cia en el a rte será la negación de
la belleza; y es significativ o el hecho de que lo único que en
sí mism o no es ap arien cia, cuando se lo proyecta sobre lo
bidim ensional. es el color, considerado siem pre como "ag en te
d e stru c to r” de las fo rm as (Plinio, el clérigo Teófilo, V itrubio, H egel, W inckelm ann, Severini y o tro s). Un com entario
de H. K uhn asig n a al pensam iento hegeliano que eso “que
la p in tu ra pierde en realidad m aterial, gana, a tra v é s de
la fluidez de su medio, en fu erza de rep resen tació n ”. P or eso
la música es el a rte principal, rom ántico por excelencia; no
se vale de la “ pesada m a te ria ”. P a ra Lipps, las negaciones es­
té tic a s de la p in tu ra están “im p u estas por la realidad m is­
m a” ; ella es el "m edio objetivo” de la negación artístic a ,
negación que “está im plicada tam b ién en la técnica exigida
por el m a te ria l”.
La p in tu ra fig u ra tiv a y la llam ada p in tu ra a b stra c ta no han
conquistado la U N ID AD CONCRETA como esencia y como
función. Sus relaciones e stá n d eterm in ad as en un mundo
id ealista y expresivo, aislado del mundo de la realidad coti­
diana. La p in tu ra n o -fig u rativ a ha heredado del a rte tra d i­
cional todas sus contradicciones e sp íritu -m a te ria . La escuela
de K andinsky, y este mismo pin to r, a su m anera, se a p a rta
de ser dom inado ‘por lo m a te ria l” , y todo en sus obras, de un
expresionism o “a b stra c to ” , es e sp íritu , estad o de alm a re g i­
do por el intelecto y la intuición. La colaboración e n tre el
yo inconsciente y la razón le perm ite, con los tre s elem entos
esenciales “de fo rm as g eom étricas sim ples, E X PR E SA R un
dinam ism o v ital. El ORDEN COSMICO en la e stru c tu ra de
las o bras de K andinsky es n etam en te rep resen tativ o , y los
elem entos geom étricos, como en o tra s tendencias a b stra c ­
tas, adquieren sonoridades exp resiv as p a rtic u la re s, pese a los
que opinan que esas fo rm as — trián g u lo , cu a d rilá te ro y c ir­
cunferencia— no provocan sensación que recuerde suceso a l­
guno. T am bién los p intores actu a les de las tendencias nofig u ra tiv a s nos hablan g en eralm en te de un a rte que es “to ­
do e sp íritu ”, y que su m ateria — p a ra nosotros lo indiscuti­
blem ente visual— es solam ente un medio p a ra ap rehender un
universo espacial y tem poral forjado por la idea, m ediante
cuyo proceso de substracción de lo m aterial, LO IN F IN IT O
es circu n scrip to en LO F IN IT O con los recursos de las nu e­
vas m atem áticas y g eo m etrías noeuclidianas. E sta s e stru c ­
tu ra s, g eom étricas o in tu itiv as, d efrau d an todo propósito ob­
jetivo y concreto, ya que sólo en el mundo de las ap a rie n ­
cias la percepción visual podrá c a p ta r ta le s dim ensiones p ro ­
yectad as en el plano o en el espacio. El mundo “lim itado” de
la bidim ensionalidad ha sido ya puesto en crisis por las nue­
vas psicologías, v sólo una nueva m ística rec u rre al a rg u ­
m ento de LO F IN IT O Q U E ES LLEVADO A UNA R E A L I­
DAD U N IV E R SA L por la terc e ra , c u a rta y n dim ensiones.
La propiedad m ás c a ra c te rístic a del PE R C E PT ISM O está d a ­
da por su e stru c tu ra , EN CUA NTO A FIRM A UNA R E A L I­
DAD O BJETIV A M E D IA N T E LA CON CILIACIO N Y U N I­
FICA CION I)E ELE M E N TO S M A T ER IA L ES EN EL PRO
PIO E SPA C IO FISIC O Y M A TER IA L. P a ra su p e ra r toda
dualism o y toda CON TRADICCION, se ha optado por la ex­
periencia plástica precisam ente allí donde ha fracasado el
pensam iento geom étrico y m atem ático puro. La práctica m is­
ma nos ha dicho en e ste caso que no existen p a ra la p in tu ra
tales opuestos dialécticos, n a tu ra le s y esenciales p ara la
sín tesis creadora, en los desem ejantes FORM A Y CON TE­
NIDO, FORM A Y M A TERIA , FORM A Y COLOR O D IN A ­
MISMO Y E STA TISM O ; que no puede h ab er reconciliación
CU A LITA TIV A e n tre estos elem entos d isp ares m ediante el
hacer rep re se n ta tiv o o expresivo, o sea que estos elem entos
solo adquieren c a rá c te r de “opuestos” D ENTRO DE LOS
LIM ITE S E S P A C IA L E S PR O PIO S DE LA OBRA DE A R ­
T E, ex trañ o s a n u e stra n atu ra le z a y a n u estro mundo coti­
diano. E se es uno de los fa cto res por los cuales las re la ­
ciones y FO RM AS PL A STIC A S del P E R C E PT ISM O no pro­
vienen de una e stru c tu ra basada en PU N TO S DE R E F E ­
R EN C IA S pentagonales ni determ inados por o tra s fig u ras
g eom étricas co n tin en tes; estos se fijan en el espacio de
acuerdo a leyes funcionales orgánicas y concretas. En mis
p in tu ra s, los PU N TO S DE R E F E R E N C IA que determ inan
las fo rm as no son el asiento de L IN E A S DE FU G A ; éstos
condicionan el plano, y no profundidad espacial. En este p ro ­
blem a e stru c tu ra l, toda la p in tu ra an terio r, sin excluir fu tu ­
rism o, cubismo y a b stracto s o n o -figurativos, se ha basado
en el método de las p aralelas y puntos in scrip to s en una
form a ap rio rístic a o determ inada.
La m edida previa que ado p ta la e stru c tu ra tradicional es la de
se p a ra r, aislar, de n u estro ESPA C IO Y TIE M PO REA L,
UN E SPA C IO Y T IE M PO A RBITRARIO donde se d esarro ­
lla la VIDA PR O PIA del a rte . El PE R C E PT ISM O , recha­
zando todo sistem a de e stru c tu ra basado en FORM AS IN S ­
CRIPTA S Y C IR CU N SCR IPTA S, ha superado esta d uali­
dad espacial.
He mencionado algunas contradicciones de la p in tu ra fig u ­
rativ a y n o -fig u rativ a, las que, no siendo patrim onio de la
propia n a tu raleza, tam poco alcanzan la c ate g o ría de opuestos
suceptibles de relacionarse en un proceso creador objetivo
e inventivo. O tros O PU ESTO S hay que, con serlo tam bién
de la n atu raleza visible, no constituyen elem entos m a te ria ­

L A

PINTURA

les p ara el a rte ; me refiero, e n tre otros, al fenóm eno LUZ
Y SOMBRA, del que hablarem os m ás adelante.
En form a general, todos estos problem as están estrech a­
m ente vinculados en tre si; son el resultado de un fenómeno
general co n tradictorio de la p in tu ra : LO A PA R E N T E Y LO
S U B JE T IV O IM PU E ST O COMO REA LID A D O BJETIV A ;
el tra sp la n te de lo m aterial a un espacio ideal.
C onsiderar lo R E P R E SE N T A D O o la A PA R IE N C IA de las
cosas como realidad, no es m ás que UN RESA BIO DE LAS
FORM AS PR IM ITIV A S Y M ISTICA S DE CONOCIM IEN­
TO. P ara el prim itivo, tan to los sueños como las ilusiones
contitiuían H ECHOS R EA L ES, eran continuaciones de las
realidades cotidianas, e n tre las que no hallaba diferencia al­
guna.
La supervivencia de estos hechos fo rtu ito s, acentuados con
la m ística de la Edad Media, im puso sus leyes inauditas a
la estru c tu ra del a rte. La subordinación de ésta a una ex­
presión “dinám ica” o la hom ogeneidad de los medios construc­
tivos en función “e s tá tic a ” , son desviaciones suficientes, en
la p in tu ra ab stra c ta , como p ara q u eb rar la unidad objetiva
con un dualism o de C O N TEN ID O y FORM A.
La doctrina PE R C E P T IS T A no opta por la FORM A PURA
o por el CO N TEN ID O nuevo, no especula sobre la unifi-ación idealista de am bos factores, pues no existen, en este
caso, elem entos m ateriales subordinados. EL PROBLEM A
HA SIDO R ESU E LT O CON UNA S IN T E SIS, pues como
sostiene la nueva filosofía, “ la n atu raleza e n tera es una
prueba ininterrum pida de la identidad o inseparabilidad de
FORMA y C O N T EN ID O ”, y “los fenóm enos morfológicos
y fisiológicos, la FORMA y LA FU N C IO N , se condicionan
m utuam ente en tre sí” (F . E .).
P a ra la superación de los últim os reductos del idealismo ex­
presivo, fué necesaria la elaboración de un sistem a de iden­
tificación e n tre COLOR y FORM A (FO R M A S PLASTICAS,
PLANO, como sín tesis opuesta al dualism o de FORM AS R E ­
PR E SE N T A D A S o FO RM AS
S U B JE T IV A S ). Hemos de
reconocer que si los pintores no hubieran superado, aun por
medio de la intuición, el em pirism o de las teorías del color.

E xperiencia del perceptism o
Color c u an titativ o en el espar

E x ten sió n cu alitativ a (estética)
del color-plano. - P in tu ra 204
de R. Lozza.

entonces la pin tu ra del pasado inm ediato nada significaría
p ara nosotros. T anto en los dominios del COLOR como de la
FORM A, los llam ados “gran d es m aestros” han actuado in­
tuitivam ente, pero obedeciendo tam bién a ciertas leyes im ­
puestas por el elem ento m aterial visual. El poco uso de los
medios racionales y de las teo rías basadas en las ciencias
físicas, que encuentra clara expresión en K andinsky cuando
dice que la salvación de los V ALORES E S P IR IT U A L E S es­
tá en ese m árgen que aún no se deja controlar, se debe
a que, si bien en la historia del a rte jam ás ha existido re ­
lación alguna en tre el conocim ento del color como elem ento
cbjelivo y la práctica creadora, tam poco existían las coniiciones, ni técnicas, ni científicas, ni sociales, que p er­
m itiera ta l invención.
M ediante esos recursos intuitivos, el hom bre ha agotado las
posibilidades expresivas, sim bólicas y sentim entales del co­
lo r; y p ara esta conquista del COLOR SU BJETIV O , en na4a pudieron beneficiarlo los sistem as de medidas de la cien­
cia física, ni como colorim etría plástica ni como determ ina­
ción cu an titativ a para la llam ada “arm o n ía” a b stracta. N ues­
tro ap o rte a la h isto ria del a rte es hoy la conquista del
COLOR O BJETIV O y concreto, eso que podemos llam ar
U NID AD DE COLOR.
El hecho que el espectador perciba con m ás facilidad esas
torm as D IFE R E N C IA D A S POR UNA IN T EN SID A D D IS­
TINTA DE LUZ, que aquellas que acusan UNA D IF E R E N ­
T E PR O PIE D A D COLORIDA, pero con IG UA L PO T E N ­
CIA LUM INO SA, nos pone de m anifiesto la existencia de
cierto desacuerdo e n tre PO TEN C IA lum inosa y SE N SA ­
CION colorida. E s lógico, dadas esas condiciones cu a lita ti­
vas del color, que los pintores fracasen en su empeño por
alcanzar un propósito objetivo planista, evitando las ap a ­
riencias de profundidades espaciales sobre el m uro bidim en­
sional, ya que los medios m ás avanzados y científicos con
que cuentan son solam ente los de la física de los colores.
Con una teoría de la relatividad del color, el PE R C E PT ISMO ha logrado condicionar UNA REA LID AD O BJETIV A
CROMATICA EN UNA FORM A Y E N UN M EDIO IN VA ­
RIABLES.
ín el campo científico, el PE R C E PT ISM O reconoce esa re a ­
ldad c.ae em ana de la relación e n tre COLOR y LUZ, un
*'n v tfcnlco fenóm eno m aterial. Pero ese color “que no se
ve sin luz” , como ya lo decía A ristóteles, crea un fenómeno
p ara la percepción fisiológica que to rn a perniciosa toda me­
dida física de larg o r de onda o energía, cuando con ella se
pretende co ncertar una relación estética del color. Si en una
luz am biente y sobre un “fondo” o pantalla blanca, un
AM ARILLO es menos visible por ser “m ás lum inoso”, y un

1

P resen tació n de los 4 colores en
exte n sió n espacial c u a n tita tiv a
de acuerdo al perceptism o.
a ) Sobre fondo negro
b ) Sobre fondo g ris n e u tro
e) Sobre fondo p ied ra

P E R C E P T I S T A

A ZUL o un RO JO , “m enos lum inoso” será m ás sa tu ra d o y
m ás visible, la c o n sta n te v ariación de esto s fenóm enos vi­
suales no podrá co n tro la rse si nos aten em o s a m edios ab s­
tra c to s y m ecánicos de dom inio de la n a tu ra le z a colorida.
LAS R E L A C IO N E S E N T R E IN T E N S ID A D L U M IN O SA Y
SA TU R A C IO N D E L COLOR V A R IA S E N S IB L E M E N T E
PA R A E L E S P E C T A D O R SI U BICA M O S LA B A N D A E S ­
PE C T R A L SO BR E U N A P A N T A L L A N E G R A L as se n sa ­
ciones lum inosas y las sensaciones coloridas se producen si­
m u ltán eam en te; pero la in ten sid ad de un ra y o lum inoso lo­
g ra a n u la r la sensación de color. En e sta ex p erien cia sobre
N EG RO, como en la p rim era sobre BLA N CO , el fo tó m etro
señ a la rá una m ism a in ten sid ad lu m in o sa; E L OJO, E N
CAM BIO, P E R C IB IR A U N A V A R IA C IO N E N LA S R E L A ­
C IO N E S D E COLOR. C om probam os aáí que p ara la m edida
de relación e n tre sensación e in ten sid ad , e n tre O B JET O LUZ y S U JE T O , C U E N T A E L COLOR COMO FA C T O R
IM PO R T A N T E . E s p recisam en te este fenóm eno el centro
neurálgico de la nueva te o ría P E R C E P T IS T A del color.
La IN T E N S ID A D e x acta e n tre dos colores d is tin to s con­
tro lad a por el fo tó m etro , no dem anda en n u e s tra s e x p e rie n ­
cias p lásticas DOS FO R M A S IG U A L E S ; pues es la C U A ­
LID AD del color, la d iferen cia de tin te y no de in ten sid ad
(L U Z y SO M B RA ) lo que dem anda u na d is tin ta fo rm a p la ­
na. Si bien no se pusde h acer v a ria r la luz sin m o d ificar el
color, el proceso de C A N T ID A D y C U A L ID A D no se p ro ­
duce aislad am en te con un a m ay o r in ten sid ad de luz. E n una
p alab ra, las v ariaciones fisiológicas y las v ariacio n es fís i­
cas de la rg o r de onda no se corresponden. E n el esp ectro
solar, una coincidencia e n tre PO D E R y COLOR sólo se da
en el A M A R IL L O (onda 5 5 5 ); un térm in o m edio de color
y lum inosidad, sólo acep tab le en el cam po de la física, pues
el fa c to r visibilidad v a ría si la s in v estig acio n es esp e c tra le s
dejan de re a liz a rse en el aco stu m b rad o fondo N EG R O . U N
COLOR LAVADO D E BLA N CO T IE N E M AS L U M IN O ­
SID A D PE R O M EN O S PU R E Z A , Y U N COLOR P P R O F U N DO ES MAS SA TU R A D O Y M EN O S L U M IN O SO . La di­
ferencia e n tre in ten sid ad y sensación en las relacio n es en­
tre esp ectad o r y luz se a cen tú a a m edida que el color se
in tensifica. La ley de c au sa y efecto es, por esos m otivos
señalados m enos in ex ac ta en la sensación blanca. N o es ca­
su al en p in tu ra n o -fig u ra tiv a el hecho que los p in to res h a ­
yan considerado el BLA N CO como lo m ás p u ro ; coinciden­
cia sig n ific a tiv a con el concepto que se ñ a la a la circ u n fe ­
rencia como la fo rm a m ás p u ra. P ero, e s tá el inconveniente
que e n tre lo “ p u ro ” BLA N CO y la circu n feren cia como fo r­
ma “p u ra ’ no puede lo g ra rse la unidad.
En la designación de los colores p a ra un orden visual, el
P E R C E PT ISM O ha actu ad o desde un punto de v ista p ro ­
pio, co m p letam en te d is tin to al que señ ala, ta n to el espec­
tro de la luz como las “e sc a la s” p rá c tic a s confeccionadas
p ara el a rte . Los tr e s colores P R IM A R IO S no tienen razón
de ser p ara n u e stro concepto del color. E sto s colores, RO ­
JO, A ZU L y A M A R IL L O (seg ú n M axw el onda 630, onda
475 y onda 528), dejan cien tíficam en te de se r p rim o rd iales
o in su b stitu ib les p a ra la confección de o tro s colores y de
la luz m ism a, c rite rio que tam poco concuerda con el p ro ­
pósito funcional de plano esp acial pictórico. E S U N E R R O R
VER E N E L V E R D E U N A ZU L Y A M A R ILLO . Como sos­
tienen los nuevos físicos, la condición del N A R A N JA como
COLOR C O M PU E ST O es un hecho orig in ad o por los h á ­
bitos sociales y la ex p erien cia im p u esta por el m a te ria l co­
lo ran te. U N RAYO D E LUZ A N A R A N JA D O D E L E S P E C ­
TRO NO P U E D E SE R D IV ID ID O B A JO N IN G U N A C IR ­
C U N ST A N C IA . P o r e s ta s cau sas, el P E R C E P T IS M O h a f i ­
jado la ubicación de los colores de acuerdo a un nuevo o r­
den basado en el que M AS SE VE. N u e stro p rim e r color
no es el ROJO m enos sa tu ra d o del esp ectro , sino el que m ás
se percibe en un m edio o m uro de color d eterm in ad o , y sobre
e sta base se suceden los colores y m atices re s ta n te s . E l o r­
den del esp ectro en los colores re la tiv a m e n te “ p u ro s” es
el que se inicia, del m enor al m ay o r la rg o r de onda, con el
V IO L E T A , y co n tin ú a con el IN D IG O , el A ZU L , el V E R D E ,
el A M A R ILLO , el N A R A N JA , el R O JO y el P U R P U R A
(si bien N ew ton sólo encontró en el esp ectro seis colores y
ag reg ó a rb itra ria m e n te un séptim o im pulsado quién sabe
por qué prejuicio religioso o teológico (la s ac tu a le s te o ría s
acep tan ocho colores como fu n d a m e n ta le s del e sp e c tro so ­
la r ). L a ubicación de los colores de acuerdo a la te o ría “ a r ­
m ónica” de O stw ald e stá b asad a en u na e x altació n del c o n ­
cepto de C O M PU E ST O S y S IM P L E S , con c ie rta d e te rm i­
nación p a rtic u la r de los ocho colores fu n d a m e n ta le s del
esp ectro so la r que m ás se a d a p ta n a las m ezclas de los p ig ­
m entos coloreados u tilizad o s por el p in to r. P o r n u e s tra p a r ­
te, la ubicación de esos ocho colores e s tá indicada con un
orden y una c ifra que g u a rd a relación con la c ifra inicial
de COLOR - M U R O : si e ste es el 635,9 (u n a d eg rad ació n h a ­
cia el G RIS, de un A M A R IL L O - A N A R A N JA D O ), e n to n ­
ces h ay un R O JO 50,1 &gt;un A ZU L 61,3, un V IO L E T A 62,7,
o tro A ZU L 67,1, un V E R D E (in g lé s) 79,5, un A N A R A N JA ­
DO R O JIZO 96,2, „ tro V E R D E 112,9 y un A M A R IL L O
CROMO 325,5. E s ta ordenación cro m ática no obedece, como
el lector com prenderá, a un propósito “ arm ónico” de los
opuestos co m p lem en tario s; ES F U N C IO N A L PA R A LA
FO RM A PL A ST IC A .
El ideal clásico del C LA R O SC U RO ha ten id o sus teóricos y
defensores, los que o to rg a ro n una cualidad v ita l y sim ­
bólica, esp ecialm ente dialéctica en el a rte , a los opuestos
LUZ y SOMBRA de la n a tu ra le z a . N os dice H egel que “la
base m ás sencilla de todo color es el CLA RO y el O SCU R O ” ,
y que “el A ZU L corresponde a la d u lzu ra, a la ex p resió n
llena de sentido y de tra n q u ilid a d del alm a, a la asp iració n
sen tim en tal, en cuanto Q U E T IE N E PO R P R IN C IP IO E L
OSCURO ( ? ) . A ndré L othe, aun sabiendo del “color re d u ­
cido al m ínim o cada vez que el ju eg o de V A L O R E S alcanza
el m áxim o de in te n sid a d ” , no deja de re to rn a r a las n o rm as
trad icio n ales y so sten er que “el g ris es el so p o rte, la ju s ­
tificación de toda arm o n ía cro m á tic a ” .
T odas las exp erien cias de la p in tu ra en su d esarro llo h asta

2

Espacio del color

el a rte a ctu a l n o -fig u rativ o , nos h an enseñado que SOLO
E L COLOR H A C E V A R IA B L E S Y RICOS esos clasicos
o puestos de LU Z y de SO M BRA . Moholey - N ag y , cuando
h a p racticad o un a r te m ed ian te p a n ta lla s y proyecciones lu­
m inosas, ha utilizad o ig u alm en te luces de color. E l d esarro lo de los ciencias físicas, fisio ló g icas y psicológicas ha p e r­
m itido a los p in to res e x p lo ra r un nuevo y v a sto cam po co­
lorido y lum inoso. P o r eso, citando dos e x trem o s en el a rte
re p re se n ta tiv o , si el R enacim iento in v estig ó el fenóm eno óp­
tico m ed ian te las fo rm as, el neoim presionism o lo ha hecho
con el COLOR y la LUZ. P ero la nuev a e s tru c tu r a del I EKC E PT ISM O p erm ite al color m a n ife sta rs e en to d a su p o te n ­
cia c u a lita tiv a , en su p ro p ia fo rm a bidim ensional.
A fin es del siglo p asado es V an Gogh quien e x tre m a la r e ­
lación de los colores con la fo rm a ex p resiv a. Su cro m atism o es
p a rte m ism a del dinam ism o cencéntrico o expansivo de sus
tra z o s en un p ro p ó sito u n ificad o r que se acentuó en su s u l­
tim a s o b ra s (v e r “ E l cam ino de los « p re c e s ” y su u ltim a
p in tu ra “ C am po de trig o de los c u e r v o s , am b as de 1890U
P o r su p a rte , C ézanne in te n ta d a r por te rm in a d a la e ra del
“ v alo r” con u na nueva disposición del color. A p a r tir de
tilo s com ienza en la p in tu ra el período de la co n q u ista de
la s T IN T A S P L A N A S y del COLOR LUZ. Sin em bargo,
ta n to en esto s p in to res como en to d as las te n d en c ias Posterio res, el viejo concepto de “ v alo r” perm anece como fin a li­
d a d ; sólo cam bia la técnica, la “ p a le ta ”, pero no la o b ra.
E l procedim iento óptico lo g ra , por ejem plo, en los neoim p re sio n ista s, los “ v alo res” y los g rise s excluidos de la p a ­
le ta ”. E n las su cesiv as ten d en c ias a b s tra c ta s , son m uchos
los p in to res que co n tin u aro n o rien tan d o la s relacio n es colo­
rid a s de acuerdo a rep re se n ta c io n e s lum inosas, e n tre ellos
D elau n ay , cuva ciencia p ictó rica del color tam poco alcanza
a s u p e ra r los’ “ v alo res” trad icio n ales. E n re a lid a d , podem os
íe d u c ir las “arm o n ía s” óp ticas o in tu itiv a s del color, a p li­
cad as en la p in tu ra del p asad o y de la actu a lid ad , al con­
cepto trad icio n al de los “ v alo res” m edidos con el ^ « " g i ­
ra to rio en base a toda la gam a de g rise s desde e&gt;T
al BLANCO. LUZ y SO M BRA , ‘“ v a lo r” , o SE N SA C IO N
O PT IC A L U M IN O SA , sólo son conceptos del lO L U lt D E S ­
V IR TU A D O O D E S M A T E R IA L IZ A B O . E stre c h a relación
con esto s fenóm enos tien e ig u alm en te el problem a psicoló­
gico que o to rg a a los colores una “cualidad m usical. A quí
el color es, a p e sa r de la opinión de alg u n o s críticos, e x p re ­
sivo por excelencia. La psicología suple, en este caso, con
el color, la fa lta de u n a “ d efo rm ació n ” e x p resiv a del objeto.
E l P E R C E P T IS M O lleg a a s u p e ra r e s ta coincidencia del co­
lo r en base a su “ v alo r” de a p a rie n c ia lum inosa, de LO
CLA RO O LO O BSCU RO . P o r esa cau sa, es la com a m u l­
ticolor, la técnica S E P A R A T IS T A y no el fenóm eno luz, lo
m ás positivo de la o b ra de S ignac y S e u ra t. E s un e rro r
p e n sa r que la tra y e c to ria n o rm al del a rte
"D a­
ta r s e D E LA R E P R E S E N T A C IO N D E LA N A T U R A L E Z A
A LA C O PIA M E C A N IC A D E SU S M E D IO S. P a ra el
P E R C E P T IS M O , el a r te m arch a A LA C O N Q U IST A DE
SU P R O P IA N A T U R A L E Z A , SU PR O P IA E S T R U C T U R A
O R G A N IC A Y F U N C IO N A L . P o r eso la h is to ria de la m e­
cánica del a rte , aun reconociendo su s a p o rte s nuevos al a r­
te n o -re p re se n ta tiv o , se v erific a con el d esarro llo de Jo ‘ d i ­
nám ico” en su doble asp ecto p ictó rico : FO R M A y CO LO l..
E n el d esarro llo p aralelo de e s ta s dos tendencias, podem os
in d icar (en el problem a de la luz) a p in to res com o C orreglo,

D ia g ra m a (d ) :
1 = R ojo (onda 640)
2 = A zul (onda 475)
3 = V erde (onda 510)
4 - —A m arillo (onda 570)

Van Gogh
L a cosecha
(E l color aním ico alcan za
u n a fu sió n exp resiva
con la fo r m a ).

(C o n tin ú a en la pág. 8)

Signac
B o te sobre el M ease
( A p e s a r de la n u ev a técn ica
en p ro c u ra de u n a sensación
lum inosa, nos h a in teresa d o
el sep a ra tism o del color,
a su “v a lo r” ó p tico ).
5
D isco g ira to rio
E spacio c u a n tita tiv o
de los colores
p a ra m e d ir los “ arm ó n ico s ’
de a cu erd o al “ v a lo r”
de un g ris d eterm in ad o .

Kandinsky
C om posición N f 8
(E l color sim bólico
o to rg a un contenido a
las fo rm a s g eo m étricas “ p u r a s ” ) .

�LO MAGICO
Y LA
EXPRESION

Siempre ha sido fu n d a m e n ta l el problem a de la conexión fu n cio n a l de la obra entre el creador y el
público. La obra puede ser cons:derada como un medio de expresión o descarga del a rtista , posición
que o bliga al p ú b lico a seguir y recrear lo expresado. La dirección inversa obliga al creador a estu­
d ia r los medios par c o n s tru ir el o b jeto que procure el goce estético del espectador. Encara la cre a ­
ción para el goce y no el goce por la creación.
El arte como expresión a lcanza su pu nto c u lm in a n te en el surrealismo. Andró Bretón lo d e fin ía d ic ie n ­
do que era " u n a u to m a tism o psíquico puro por el que uno se propone expresar, ya sea ve rb alm e nte o
por escrito, o de c u a lq u ie r otra m anera, el fu n c io n a m ie n to real del p e n sa m ie n to ". ¿Pero, hasta qué
pu nto puede re co nstruir el espectador a través de la p in tu ra a u to m á tica el estado de á n im o que le dió
origen?
Los "sm o ke p ic fu re s " de Paalen, consistían en ech ar un chorro de color sobre un papel y e xtenderlo
sobre la su p erficie haciéndola g ira r como un abanico.
El a u fo r podrá in c lu ir en las m anchas así obtenidas los sentim ientos que proyecte.
Pero en este caso cada persona proyecta los suyos en lug a r de descubrir los del autor.
(Rem arcam os
que parecidos p rin cip io s a n im a n el psicodiagnóstico de Roschard).
Podrá el p in to r surrealista o b je tiv a r sus se n tim ie n to s "re to c a n d o " su " p in tu r a " , destacando las líneas
y planos que su estado em otivo le vaya señalando sobre la m ancha p rim itiv a . Q uizá así podrá el es­
pectador tener n o ticia de lo que pasa d e ntro del a u to r.
La m ism a objeción ponemos fre n te a los " fr o tta g e s " de M ax Ernst y a las calcom anías de Domínguez.
T a m b ié n puede realizarse un d ib u jo surrealista dejando vagar m a q u in a lm e n te la m ano que em puña el
lá p :z. O btener de estas líneas así trazadas el estado in te rn o del a u to r es lo m ism o que d e du cir de
la fo rm a de una n a ra n ja las cara cte rística s de la p la n ta que la produjo. El d ib u jo mecánico no tie n e
n in g ú n va lo r expresivo, y para ju s tific a rlo Bretón a firm a que en el a u to m a tism o g rá fic o se consigne
una unidad rítmica que satisface al ojo y al oído.
Pintura prehistórica
Los ritmos dan una base estética, y así Bretón co n tra d ice su a firm a c ió n que el surrealismo es un " d ic ­
Signos mágicos
para provocar la lluvia.
tado del pensam iento, ajeno a toda fis c a liz a c ió n de la razón, fu e ra de toda preocupación estética o
m o ra l".
El expresionismo, como su nom bre lo indica, ta m b ié n pretende "e x p re s a r", pero construye consciente­
m ente sus medios de expres'ón.
A cla ra m o s que esta escuela no "e x p re s a " el estado in te rn o de su autor, sino que "e x p re s a " el estado
de los personajes del tem a, sean seres vivientes o inanim ados. Así, para Edward Munch el verde e xp re ­
sa los celos de su personaje.
Existe ya todo un lenguaje convencional de los colores y las form as.
M uchas convenciones son ya
LEON DEGAND denomina ingeniosam ente “metáfora
tra
d
icio
n
a
le
s
y
de
propiedad
general,
m
ien
tra
s
que
otras
son
propias
de
cada
p in to r. Así, el rojo sim ­
psicológica” a la ilusión de profundidad que producen
b
o
liza
la
cólera
y
lo
erótico,
el
verde
la
calm
a
y
la
in
d
ife
re
n
cia
,
el
azul
la
devoción
y los sentim ientos
dos ‘tonos de desigual valor” sobre el plano. Este fenó­
meno cromático, anormal para el PERCEPTISMO, es
reí¡g osos, el am arillo el in te le cto y la luz. Para poder a p recia r lo que se quiere expresar, el especta­
una de las tantas lagunas que subsisten en la pintura
dor debe estai enterado p rim e ro de dichas convenciones.
De lo c o n tra rio lo más posible es que el
abstracto-concreta, y que ante la incapacidad de solucio­
p
ú
b
lico
sienta
dichas
form
as
o
colores
según
la
resonancia
que
tengan de acuerdo a sus asociaciones
nar estas contradicciones por carecer de una estructura
personales, o sim plem ente que reciba de una m a n e ra pasiva dichos elementos, sin re co n stru ir la
plástica adecuada, lo justifican como un problema nor­
mal.
in te rp re ta c ió n pre te nd id a por el autor. M uchos autores resisten la evidencia que el simbolismo de los
colores es una convención y a rg u m e n ta n que ve rd aderam ente desp e rtan en el p ú b lico dichos se n ti­
m ientos.
Dice CIRLOT que “el color no es nunca, en MIRO,
elemento subordinado”. Sin embargo afirma que el co
Kandinsky a firm a que "h a b la n d o en general el c o lo r in flu y e d ire cta m e n te sobre el alm a. El co lo r es
lor goza allí de “autonomía expresiva". Esta expresi­ un teclado, los ojos son los m a rtillo s de las teclas, el alm a es el piano con m uchas cuerdas. El a rtis ta
vidad M USICAL, como vivencias subjetivas, interiores, es la m ano que ejecuta, to cando una tecla u o tra in te n cio n a 'm e n te para causar vibraciones en el a l­
¿no significa un sojuzgamiento o una subordinación?
m a ". Es evidente entonces que la armonía del c o lo r debe basarse fu n d a m e n ta lm e n te sobre una re ­
Cuando dice que “el color alcanza su máxima capad
lación d ;rig id a al alm a.
dad expresiva cuando más liberado se halla respecto
de las objetividades”, no hace más que otorgar al co­ De una asociación psicológica que produce en el plano p ictó rico el a le ja m ie n to del azul y el acerca­
lor una capacidad propia, independiente, de expresión, m ie n to del am arillo, saca la conclusión que el am arillo, por su tendencia a agrandarse, es el colorí
lo cual no lo libra de ser un medio de representación.
típ ico de lo m aterial y que el azul, por su tendencia a empequeñecerse y a anularse es el co lo r típ ic o de
lo espiritual.
En un libro sobre la teo ría del color, Pérez-Dolz es­
Kandinsky tiende un puente asociativo entre la aniquilación de la m ateria y la presencia del espíritu.
cribe que el idealism o en los medios crom áticos, que
En la base de estas convenciones se debate una concepción mágica de la realidad, que de una m anera
vemos “ frecuentem ente en la p in tu ra p rim itiv a y aún
inconsciente obra en m uchas etapas de la h isto ria del arte, a lca n za n do su in flu e n c ia hasta la a c tu a ­
en el R enacim iento, es allanado al ad v en ir el n a tu r a ­
lidad.
lism o”. Nos habla entonces, seguidam ente, de Velázq u e z.. .
Debemos ontes ponernos de acuerdo sobre lo que entendem os como pensamiento mágico.
N uestra
¿Cómo es posible? ¿Acaso el naturalismo idealista pue­
fu ente de in fo rm a c ió n será James Frazer, el genial a u to r de la Rama Dorada.
de g e s ta r ese — como él mismo dice— “ concepto reoFrazer c la s ific a b a los ritos mágicos en magia im itativa y magia contaminente. H ay un ejem plo t í ­
lista del color?”
pico m uy conocido de la magia im itativa. Un m uñeco que represente a una dete rm in a d a persona, si
es atravesado por un a lfile r, causará la m uerte de la persona que im ita .
“ La expresión rom pe las b a rre ra s que re p a ra a los
De muchos ejem plos parecidos extrae Frazer la ley general que la im ita c ió n de un hecho provoca la
seres hum anos”, escribe John Dewey. P a ra este au
re a liza ció n de éste. De esta m enera la magia es el in stru m e n to con el cual el hom bre p rim itiv o pre­
to r, el a rte es la extensión del poder de los ritos y
ceremonias. E n la asociación e n tre los hom bres no
tendía dominar a la naturaleza. Los toros p 'n ta d o s en las cavernas tenían entonces la función mágica
influye, p a ra este filósofo id ealista, los facto res eco­ de provocar ¡a presencia de d chos anim ales, y así m ism o las escenas de caza del a rte p rim itiv o ta m ­
nómicos y ¡as necesidades que surgen de la vida de
bién te n d ía n a la re p etició n de ese hecho, que aseguraba la subsistencia de la trib u .
relación práctica.
El tótem tiene ta m b ié n un origen mágico, y el a rte abstracto de los p rim itiv o s proviene de la magia
N osotros, por el co n trario , sostenem os que la causa
que origina la expresión en el arte es la misma que contam inante. Según ésta, dos cosas que hayan estado en contacto, aunque se separen, co rrerá n la
aquélla que provoca la separación entre los hombres.
m ism a suerte.
R itos, religiones, m itos, a rte expresivo y re p re s e n ta ti­ Así los p rim itiv o s o cu lta b a n sus ropas, sus uñas, sus pelos y sus excrem entos, porque su destrucción
vo, nacen de una fuente común.
s ig n ific a ría la destrucción de la persona que h u bie ra sido su poseedor. Para p roteger al tótem , repre­
sentación del a n im a l o vegetal que de a lg u n a m anera estaba ligado a la su b sisten ca del clan, se lo
“El pintor que imita la pintura de los otros hará pintu­
o cu ltab a de las m iradas de supuestos brujos para que no o braran co ntra ellos u tiliz a n d o la magia
ra mediocre”, como “los pintores que suceden a los ro­
im itativa o contaminante.
manos, los que, imitándose siempre los unos a los otros
Los rasgos del a n im a l representado eran estilizados y ocultos en una especie de abstracción. "E n tre
y de edad en edad, hicieron que el arte declinase.” (Leo­
nardo de Vinci).
los p rim itiv o s a u stra lia n os hallam os repeticiones rítm ica s de signos geom étricos que sim b o liza n a los
m urciélagos, lagartos y otros anim ales. Entre los aborígenes del Brasil, dos rombos unidos sim b o liza n
Nos ha llegado (librería “Concentra ” ) un im p o rtan te
un m u rc ié la g o ".
volumen sobre la Bauhaua de los años 1919-1928, e d ita ­
De alguna m anera u otra los conceptos mágicos aparecen en otras épocas de la h isto ria del arte. Re­
da en inglés por Herbert Bayer, TE. Gropius e Ise
cordem os que entre los griegos, las m ujeres em barazadas se rodeaban de objetos bellos para dar a
Gropius. La edición es del corriente año y tra e una
sus hijos belleza por la influencia mágica, diríam os, de esos objetos.
num erosa docum entadación g ráfica .

coment ar i os

�ABRAHAM
HABER

Edad M edia
(A n ó n im o - D etalle)
Sim bolism o m ágico
de fo rm a y de núm ero.
(V éase la repetición del tr e s )

D u ra n te la Edad M edia el a rte e m in e n te m e n te religio so apela a una serie de convenciones y p a tro ­
nes a lta m e n te sim bólicos y alegóricos, cuya presencia induce a pensar en las categorías mágicas en
las cuales se sostienen.
Los em peradores y p ro fe ta s del a rte bizantino eran representados con halos dorados, sím bolo de su
m o rta lid a d , y las fig u ra s d ivin a s o que enca rn ab an hechos sagrados o e s p iritu a le s eran rodeadas por
un halo celeste. El co lo r del c ie lo prestaba a dichas fig u ra s su c a rá c te r c e le stia l. Por in te rm e d io del
co lo r se establecía un contacto contam inante e ntre la representación p ic tó ric a y lo d ivino.
Las a bundantes alegorías numéricas de d ich a época tie ne un orige n parecido.
Pero, ¿este p ro ce d im ie n to mágico era consciente? ¿Cómo es que el p en sam ien to mágico aparece en
épocas en que p re do m in a el p ensam iento científico? In du d a b le m e n te , hay m ucho de inconsciente
que siem pre aparece donde por c u a lq u ie r razón se desprecia la técnica científica.
Las leyes que esboza James Frazer son categorías de p ensam iento mágico. Superadas las diversas f a ­
ses de esta etapa, el h om bre se rige por el p en sam ien to que hoy llam am os científico. H ay m om entos
en que el h om bre lim p ia de su m ente, por e lim in a c ió n consciente o inconsciente, las categorías ra ­
cionales. Fuerza es entonces que de su cerebro se apoderen los ancestrales conceptos mágicos. Si de
una escalera e lim in a m o s el p e ld a ñ o superior fu e rz a es que volvam os al in te rio r. La m e jo r prueba la
e ncontram os en los sueños. El hom bre que duerm e descansa su m ente de todo el m ecanism o cons­
cie n te y racion a l que su a te n ció n reclam a para sus problem as d iarios. Surgen entonces a su cerebro
las categorías mágicas ancestrales que d is fra z a n los problem os de su inconsciencia. T odo el simbo­
lismo de los sueños, e x p lx a d o por la psicoanálisis, se a c la ra si u tiliz a m o s conceptos de ¡a magia im i­
tativa o co n ta m in a n te . El órg an o sexual del h om bre m uchas veces está s im b o liz a d o oor objetos cuya
d im ensión p re d o m in a n te es el largo, com o lin te rn a s , lápices, c u c h illo s , espadas, palos, puñales, v í­
boras, etc., etc.
El largo del fa lo y el largo de dichos objetos c o n s titu y e el concepto por el cual un o b je to im ita a otro,
id e n tificá n d o se entonces y co n stitu ye n d o el sueño la im ita c ió n de un hecho inco nscie nte m en te desea­
do. El h om bre a ctu a l en el sueño, com o el p rim itiv o en la realidad, vuelve a a pe la r a la im ita c ió n
para que un d e te rm in a d o hecho se realice.
T a m b ié n vemos que las personas ignorantes y las enem igas de la c ie n c ia son las que más fá c ilm e n te
caen en las superticiones y ritos mágicos.
V olvem os a re p e tir entonces que donde cesa el pensamiento científico se impone el pensamiento m á­
gico. H ay p in to re s que p re fie re n la té cnica intuitiva a la té cn ica científica. Por lo ta n to se produce
la p rim e ra co n d ició n para la a p a ric ió n de las categcrías mágicas: se e lim in a el ra c io c in io c ie n tífx o .
Y luego nos cabe p re g u n ta r: ¿Cómo procede la intuición? ¿O la emoción? ¿O la inspiración? ¿Cómo
p re fie re n un co lo r a o tro o d irig e n una forma? ¿Acaso la em oción e m ite ju d o s , com o lo es el p re fe ­
r ir un co lo r a otro?
La vida afectiva es incapaz de e m itir ju ic io s ; lo que pasa es que al d o m in a r un estado afectivo se
d e b ilita el p ensam iento c ie n tífic o e inco n scie n te m e n te , com o si fu e ra un p ro c e d im ie n to mecánico, s u r­
gen, com o en el sueño, las categorías mágicas.
De esta m anera nos explicam os, pués, va ria s té cnica s p lá sticas que se d e cla ra n intuitivas y que en el
fo n d o son mágicas.
Veam os a lg u n a s:
Cálido es el rojo por im ita r la lla m a , y frío el azul porque recuerda el m ar. H ay una id e n tific a c ió n
m ágica; por m edio del rojo, co lo r que tie n e c o n ta c to con el fuego, los objetos así p 'n ta d o s e m itirá n
calor com o la llam a. H ay una m ezcla de magia im tativa y contam inante. La d iv is ió n de los colores
en cálidos y fríos de n in g u n a m anera tie ne bases c ie n tífic a s .
Paul Signac a firm a b a que las líneas ascendentes e g re s a b a n la alegría, les descendentes la tristeza
y las h o rizo n ta le s la calm a. ¿Cuál es la id e n tific a c ió n mágica inconsciente? Lo que asciende va al
cielo m ie n tra s lo que desciende se d irig e al infierno. En esto va im p líc ita o tra id e n tific a c ió n mágica
p ro ven ien te de la re lig ió n , por la cual se u bica el paraíso arriba y el in fie rn o abajo.
T a m b ié n dice Signac que los tin te s fríos (ya habíam os visto que era un concepto fa lso ) expresan tris­
teza y los cálidos alegría.
H ay id e n tific a c ió n e ntre el frío y la muerte, y e nt e el calor y la vida. La vida provoca alegría y la
muerte tristeza.
De paso notam os la c o n tra d ic c ió n que existe entre esta té cnica mágica y la base científica de divisionismo que el m ism o Signac u tiliz a b a .
Ejem plos com o este hay muchos.
Incluso en la p in tu ra abstracta, hay quienes basan su composición en planos interpenetrados, p re te n ­
d ie n d o así lo g ra r una u n id a d , insp ira da en la que tie n e el muro c o n stru id o con la d rillo s ta m b ié n
interpenetrados.
Recordemos ta m b ié n la simbología cromática de Kandisky: el am arillo es el cuerpo y el azul el espí-

5

Raúl Lozza
P in tu r a p e rc e p tista 308
L a e s tru c tu r a co n creta
re c h a z a todo sig n ificado,
sim bólico o m ágico.

2

Chirico
P laza pública
(R eto rn o a la
re p re se n ta c ió n p o r sus
v alo res m á g ic o s).
3

M iró
M u je r escuchando m úsica.
(P ro ced im ien to de ocu ltam ien to
s im ila r a la s
técn icas m á g ic a s).

�LA N U E V A E ST R U C T U R A
C aravagio, S e u ra t y M oholy - N ag y (lu z física d ire c ta ),
y en la o tra tenden c ia (fo rm a s ) a T in to re tto , R ubens, Boccione y C alder (m ovim iento m ecánico)
O tra consideración re p re s e n ta tiv a del color es la que em a­
na del fenóm eno asociativo, el cual, sin b ase cien tífic a a l­
g u n a (a u n q u e p a ra C irlo t es cie n c ia ), divide los colores en
C A LID O S y F R IO S . Los azu les, que e s tá n en el secto r
de las ondas m ás c o rta s del e sp ectro so lar, son fa lsa m e n te
considerados com o m enos lum inosos y m ás fr ío s debido a que
esto s se perciben con u n a m enor lu m inosidad am b ien te. Con
u na m ayor luz, los azules p arecen d e te n e r su p ro g re siv a i n ­
tensidad. m ie n tra s los am a rillo s y ro jo s p ro g re sa n aún m u ­
cho m ás (E l fenóm eno de P u rk in je sólo se ju s tific a desde el
p u n to de v ista su b je tiv o ). S abem os que la física h a e x tra íd o
del A ZU L , p recisam e n te , la luz m ás in te n sa , a p e sa r de que
la luz m edia p a ra d is tin g u ir los colores v a ria de p otencia
p a ra cada uno de ellos (C h a rp e n tie r h a e x tra íd o conclusio
nes sobre e s ta s relaciones, c u y a s c ifra s v a ría n e n tre 625
p a ra el A ZU L y 3 p a ra el R O JO ).
L a consideración de C A LID O S y F R IO S a p licad a al color
¿tie n e , acaso, relación con el p ro b lem a de la lu z ? F ís ic a ­
m ente, en absoluto . E lla es el p ro d u cto de u n a p u ra e x p e ­
rien cia que o to rg a c ie rta “ cu a lid a d ” por an a lo g ía con
o tro s fenóm enos de orden d istin to . La ciencia d e sb a ra ta este
le n g u aje asociativo, pues, a sí como h a sido lo g ra d a la luz
con esp ectro s de d is tin ta com posición (ex p e rie n c ia s de Moon
en 1946 sobre te o ría s de G ra ssm a n n ), ta m b ié n se lo ha hecho
con un solo color, por ejem plo, con el A ZU L (tu n g ta to de
calcio) o con el R O JO (b o ra to de calc io ). E s ta te o ría a so c ia ­
tiv a de los C A L ID O S y F R IO S en el color no solo no tie n e
b áse cien tífica, sino que se c o n trad ice con la re a lid a d de la
física, pues la luz A ZU L es la M A S P O T E N T E , y la que
e n cie rra M AS CALOR.
E sto s p roblem as ex p u esto s nos m u e s tra n que no h a y r e la ­
ción a lg u n a e n tre la física de la luz y lo em otivo del color.
N osotros no p reten d em o s in te rv e n ir so b re la s cien cias fís i­
cas y sus m étodos de conocim iento objetivo, pero ¿cóm o es
posible p re te n d e r e la b o ra r una co lo rim e tría sin te n e r en cuen­
ta la FO RM A P L A N A , o el esp acio colorido y el m edio c ir­
c u n d an te ? La unificació n de COLOR - FO R M A no es un
problem a físico ni n a tu r a lis ta ; es un fenóm eno e sté tic o ob­
jetiv o , lo g rad o por el P E R C E P T IS M O . Y a hem os señ alad o
en o tra s o p o rtu n id a d e s que en la n a tu ra le z a , esa unidad de
COLOR y FO R M A , de la que tam b ién nos h a b la B au d elaire,
no es un fenóm eno p u ra m e n te visu al. De allí el concepto de
la p rep o n d eran cia de la s fo rm a s so b re el color (G in d erto el
lleva e rró n e a m e n te e ste fenóm eno al te rre n o p ictó ric o ). S a ­
bem os que no hay un COLOR A RB O L, pero sí u n a FORM A
A R B O L : pero e s ta au sen cia sólo V IS IB L E de id e n tid a d co­
lo rid a y fo rm al, no debe a c tu a r como co n trad icció n en la
p in tu ra , pues nada tien en de com ún el O B JE T O N A T U R A L
en su asp ecto visible con el O B JE T O ' E S T E T IC O . H ay una
d iferen cia esencial, fu n d a m e n ta l, e n tr e la s F O R M A S
NA­
T U R A L E S y las F O R M A S P L A S T IC A S , aun q u e e s ta s ú l­
tim a s sean re p re s e n ta tiv a s o e x p resiv as.
Los fenóm enos del color en la p in tu ra h an hecho decir a
R u sk in que “el color p e rm itirá sie m p re d is tin g u ir la fo rm a ,
m ie n tra s que el e stu d io de fo rm a m ás d etallad o no p e rm i­
ti r á sa b e r del color” . E s ta s son su tile s a p a rie n c ia s que ocui-

Herbin
F o rm a s g eo m étricas
c a ra c te riz a d a s por
su color puro.
T o tal divorcio e n tre
fo r m a y color.

t'smo se abstiene de hacer incursiones y explorar el espacio y el tiempo en otros compos que no sean
les privativos de la pintura. El perceptismo no su giere ni representa espacios, s'no que "condiciona
espacies reales"; pero las tendencias que p a rtie ro n del c o n s tru c tiv is m o y d e sa rro lla ro n una p lá stica
con elem entos móviles, sólo nos dan sím iles m ecánicos.
(Son los llam ados "o b je to s in ú tile s " ) , con­
ce p to ya superado en los d om inios del co n o c im ie n to de la e s tru c tu ra de la m a te ria por la fís c a a ctu a l.
Las constelaciones m óviles de Calder, por e j., son planos b id im e nsio na les estáticos que se tra s la d a n
a u to m á tic a m e n te en el espacio trid im e n s io n a l. En estas e xperiencias, que trascie nd en lo p ic tó ric o , ya
es im posible re la c io n a r el color y la form a y o b te n e r un c o n tro l para la visión. T a m b ié n se d ieron,
para estos problem as, soluciones desventuradas, que m uchos in te n ta ro n ju s tfic a r la s con un concepto
c ie n tífic o -filo s ó fic o e x tra íd o de las teorías de la nueva fís :ca y de las geom etrías n o -e u clid ia n a s, la co o r­
d in ad a c u a trid im e n s io n a l y el tie m p o im a g in a rio . F a ta lm e n te , todo esto, desde el p u n to de vista real,
está co nd en ad o al fracaso, porque los elem entos p lá stico s son trid im e n s io n a le s (e s cu ltu ra u objeto
m onocrom o) y b id im e n sio n a le s (p in tu ra o p lano -co lor), y no pueden inscribirse las dim ensiones a lu d i­
das d e n tro de nuestra re a lid a d sin caer en un sím bo lo lite ra rio .El perceptismo com bate la represen­
ta c ió n hasta en su ú ltim o reducto. Ha creado una nueva e s tru c tu ra fu n c :o na l, cuyo sistem a puede h a ­
cerse e xtensivo a los fenóm enos del espacio y del tiem po plástico objetivo. Com o lo han probado a l­
gunas nuevas e xperiencias, reciente, esta e s tru c tu ra p e rm itirá co nsu stan ciar en un sólo proceso real
las dim ensiones espacio-tiempo inherentes a los elementos esenciales de la p in tu ra .
Si el a rte , en el período fig u ra tiv o , aun con los recursos de la c ie n cia , no nos ha dado un c o n o c im ie n ­
to de lo real, la p in tu ra n o -fig u ra tiv a , por su p a rte , es ig u a lm e n te im p o te n te para lo g ra rlo con los
m edios aportados por la c ie n c ia a c tu a l.
El perceptismo se d irig e al c o n o c im ie n to de lo p lá s tic o com o m a te ria lid a d estética.
En la síntesis
d ia lé c tic a del perceptismo, el espacio-tiempo in m a n e n te del proceso p lá s tic o deviene real y concreto si
p ra c tic a m o s el color-forma e s tá tic o en un m o v im ie n to de tra n s fo rm a c ió n recóproca.
Por eso la tra m a color-form a del perceptismo ya no separa al h om bre del m un do ni lo coloca a n te el
d ile m a c o n tra d ic to rio de optar entre dos realidades: la objetiva y la subjetiva.

LO M A G IC O Y LA EXPRESION
ritu; el negro es la m uerte y el blanco el nacim iento.
A dem ás, cada c o lo r tie n e su sonida propio.
Este sonido in te rn o "e s s im ila r al sonido de una tro m p e ta o de un in s tru m e n to que uno puede im a g i­
narse que oye cu an do la p a la b ra tro m p e ta es p ro n u n c ia d a ". . . "E n m úsica un azul luminoso es co ­
m o una fla u ta , un azul oscuro un ce llo , m ás oscuro a ún , el m a ra v illo s o c o n tra b a jo y el azul más ne­
gro de todos, un ó rg a n o " . . . "E l verde a bso lu to está representado per las plá cida s notas m edias de
un v :olín.
Este es un caso e x tra o rd in a rio de sinestesia. La e s tru c tu ra c ió n del co lo r queda así lib ra d a al sonido
que le corresponde, s u b o rd in a n d o entonces su ve rd a d e ra n a tu ra le z a por una ajena.
La enajenación de la realidad es uno de los resabios que nos ha dejad o el p en sam ien to mágico, c o ­
m o ta m b ié n es un resabio el p en sam ien to por analogía. Kandinsky ta m b ié n agregaba la analogía en­
tre formas y perfumes: " U n triá n g u lo es una e n tid d a d en sí con su p a rtic u la r p e rfu m e e s p iritu a l" . Es­
tas enajenaciones y analogías te rm in a n por e scam ote a r la re a lid a d de las cosas.
Los colores son explicad os por su sonido, y su c o m b in a c ió n por su "a rm o n ía m u s ic a l", y las notas
m usicales se e x p lic a n p o r su color. Se ha lle g a d o a la cre a ció n de una escala de doce colores, s im ila r
a la de doce notas. Los p in to re s h a b la n de colores musicales y los m úsicos del colorido de su com po­
sición. A veces el c írc u lo se a gran da e in te rv ie n e n cualidades del olfato y del tacto.
Esto me hace re co rd ar aquel d ic c io n a rio adonde Ud. va a buscar la p a la b ra hermosa y lo re m ite n a la
p a la b ra benito, de bonito a bello, de bello a lindo y de lindo ru e v a m e n te a hermoso, c e rra n d o el
círculo vicioso. La ve rd ad se hecha a un lado.
T a m b ié n Paul Klee h a b la b a de p o lifo n ía s . La p a la b ra magia tie n e hoy o tro s ig n ific a d o , que co rre s­
ponde al de m undos so b ren aturale s o e xtra te rre n o s.
Ives Tanguy es un c o n s tru c to r de mundos fantásticos, que se suelen p a ra n g o n a r "c o n las p ro fu n d i­
dades del m a r o paisajes de o tro p la n e ta ".
En c a m b io Paul Klee nos h a b la de lo que la n a tu ra le z a podría ser, y de las p osib ilid a d e s que e n cie ­
rra d e n tro de sus fo rm a s actuales.
Lo mágico ta m b ié n subsiste en cie rto s p ro c e d im ie n to s por los cuales el a n im a l to té m ic o era red ucid o
a una abstracción p ara ser o c u lta d o de sus enem igos.
Si bien )oan M iró no tie n e enem igos, por tra n s fo rm a c io n e s sucesivas ha creado representaciones t í ­
picas de m ujeres estrellas, p ája ro s y otros a n im a le s , consistentes en jeroglíficos que en m uy poco re ­
cu erda n a su m odelo.
O tros en c a m b io a d a p ta n com o contenido de sus p in tu ra s símbolos mágicos o religiosos, cuya presen­
cia se e x p lx a en su o rig e n por el papel a c tiv o que desem peñaban en el m un do del h om bre p rim itiv o ,
p ero que hoy c o n s titu y e n una supervivencia hueca y sin sentido, (peces, soles, conos, círculo s, e tc .).
Herbin, en ca m b io , com pone te xto s ocultistas y espiritistas, u tiliz a n d o siem pre el m ism o a lfa b e to
simbólico de signos g eo m é trico s de neta estirp e m ágica.
R esum iendo, direm os que d e n tro de la p in tu ra m od erna hay una plaga de té cnica s y mundos m ági­
cos que o b lig a n al espectador para c a p ta r su m ensaje a colocarse en una s itu a c ió n m e n ta l prim aria
e invelutiva.
Las cateqorías mágicas son las que c o n fu n d e n la m ente de las masas y las que el demagogo usa p a ­
ra in tro d u c irla s en rea lid ad es inexistentes.
C ateqorías mágicas son las que d o m in a n el e s p íritu del supersticioso y del ig n o ra n te . M ie n tra s la
c ie n c ia lucha por a rra n c a r al h om bre de las som bras que lo a ta b a n a un m un do m ise rab le , el a rte ,
que debe ser su salvador, lo sume en su prehistoria, lo a m a rra y lo a costu m b ra a un c lim a de reac­
ción m ental, que c o n s titu y e to d o un lastre para el e sfue rzo que hace la c ie n c ia y la filo s o fía para
sacar al h om bre de su atraso.
Por eso querem os que el a rte sea para el h om bre un e le m e n to que no lo saque de su realidad actual
y que c o n s titu y a para él un te s tim o n io vivo de su real poder in v e n tiv o y tra n s fo rm a d o r, basado en
un c o no cirrven to c ie n tífic o y no un te s tim o n io de su poder ilu so rio basado en procesos m entales ya
superados. Por eso somos perceptistas.
Y ya que hablam os de m agia, una p a la b ra más p a ra el realismo mágico.
" L a p in tu ra había rechazado — dice Franz Roh— en el tran scurso del expresionismo su se ntid o rep re ­
s e n ta tiv o , im ita tiv o , c u a n to le fu é posible. En c a m b io el post-expresionismo p retende re in te g ra r la re a li­
dad en el nexo de la v is ib ilid a d . La a le g ría e le m e n ta l de v o lve r a ver, de reconocer la cosa e n tra
n uevam ente en ju e g o . . . A h o ra bien, es preciso reco n o ce r que sólo después de haberse hecho abs­
tra c to el a rte pudo re flo re c e r el s e n tim ie n to del o b je to " .
Para que co rrerá la h is to ria del arte? ¿Acaso para ser d e te nid a y llevada de las orejas por los realis­
tas mágicos al rincc-ncito donde com enzó su e x is te n c ia ? ¿Por qué ha a van zad o la h is to ria del m undo?
A v a n z a p o r el d e s e n vo lvim ie n to de sus leyes intrín seca s, que a p la s ta n c u a lq u ie r in te n to de d e te ­
n erla , y que desconocerá a los p in to re c illo s que h ic ie ro n realismo mágico, e le m e n to espurio p a ra el
s ig n ific a d o y el d e se n vo lvim ie n to de la h is to ria del a rte y del m un do . AR-FUNDACION e s p ig a s - k a r d e x .p e r c e p t i SMO

T a lle re s O P T IM U S S. R. L. — D ia g ra m a R,

ta n contradicciones mucho m ás p ro fu n d as, y tien en su ra íz
en la consideración del m undo colorido COMO S E N S A C IO ­
N E S A ISL A D A S D E LA FO RM A . Vinci h a e sc rito que la
p in tu ra “divídese en dos p a r te s ; la p rim e ra es la fig u ra de
los cuerp o s y su s p a rte s, y la se g u n d a es el colorida que
es halla d en tro de los ta le s té rm in o s: “ y a sí, es en la p in ­
tu r a clásica donde el color fu é d e g ra d a d o al m áxim o como
medio re p re se n ta tiv o de volum en en el CLA R O SC U RO . E!
llam ad o “ v alo r” tie n e u n a ra íz h istó ric a de so ju z g a m ie n to
del color. E L PR E D O M IN IO D E L A S FO R M A S E N LA
E ST R U C T U R A I)E LA P IN T U R A E S P R O P IO D E LOS
P E R IO D O S C L A S IC O S ; E L COLOR E S D E L P U E B L O . El
color ese “a g e n te de m a 'e ria lism o ” . E N T R A Ñ A U N A B E ­
L LE Z A P O P U L A R Y C O L E C T IV A .
La relació n de los colores en la h is to ria de la p in tu ra h a v a ­
riado, desde lo s c o n tra s te s b asad o s en los “ v a lo re s” del
C LA R O SC U R O , a los enlaces sim bólicos y m ístic o s; desde
los co m p lem en tario s de la físic a y de la fisio lo g ía, a la s
relaciones de “to n o ”, de “ peso” o de “d in am ism o y e s ta tis ­
m o” . H oy, p a ra el P E R C E P T IS M O , SOLO LA FO RM A Y
SU C A R A C T E R E S E L V E H IC U L O D E LA R E L A C IO N
CRO M A TICA.
(C o n tin u a rá )

ESPACIO Y T IE M P O

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                <text>Perceptismo</text>
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                <text>Buenos Aires, julio-agosto 1952</text>
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                <text>Lozza, Raúl&#13;
Haber, Abraham</text>
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                    <text>PERCEPTISMO&#13;
teórico y polémico&#13;
&#13;
D irección y red acció n: CangÓiU? 1 2 1 9 , T .&#13;
Buenos A ire s - A rg e n tin a&#13;
Precio $ 2 .5 0 el ejem p.&#13;
&#13;
Paul Klee&#13;
V e r artícu lo&#13;
en las págs. 6 y 7&#13;
&#13;
2&#13;
&#13;
Raúl Lozza&#13;
P in tu ra 2 3 3&#13;
(V e r a rt. pág. 2 y 3)&#13;
&#13;
U n a concepción racio n al de v iv ie n d a ,&#13;
c u y a s v e n ta ja s es la asp iració n de m uchos&#13;
pueblos del viejo y del nuevo m undo.&#13;
4&#13;
J u a n C . C a sta g n in o&#13;
&#13;
P a isa je con m irasol (año 19 40 )&#13;
&#13;
sociedad y arte&#13;
en este numero&#13;
Lo que su ele d eno m in arse "p in to re sco " es m u ch as veces el efecto de un d eseq uilib rio&#13;
so cia l. T a i es el caso de la v iv ie n d a , ese p recario a lo jam ie n to de que " g o z a n " alg u n o s&#13;
pueblos centro y su d am e rican o s, v íc tim a s de la presión del im p erialism o económ ico. No&#13;
o b stan te, e sta p rim itiva con dició n de vid a e s u tiliz a d a com o b ase d e co rativa por pintores&#13;
y a rtista s p ara a firm a r un n acio n alism o ab stracto y su p e rfic ia l. T a m b ié n es p arte te m á tic a&#13;
p a ra una lite ratu ra y p intura de ca rá c te r so cial m ás profundo y de un sentido m ás&#13;
hu m an o de lo n a cio n a l.&#13;
Pero ese a rte rep resen tativo o ex p re sivo , ¿en qué m edida puede cre a r o im p u lsar la&#13;
co n cie n cia so cial y n acio n al de la s m ás am p lias c a p a s del pueblo? En su esen cia p ro pia­&#13;
m en te d ic h a , este a rte de form as tra d icio n a le s a p e n as si es, en el caso m ás re a lista , un&#13;
reflejo P A S IV O de una e x isten te y a rra ig a d a co n cie n cia so cial A C T I V A ; este a rte su rge&#13;
en ton ces, cu an d o ya los pueblos han m ad urado su posición a n tiim p e ria lista ; ni los des­&#13;
p ierta ni los o rien ta.&#13;
En cu a n to a l problem a de la v iv ie n d a , se su e le p en sar que la arq u ite ctu ra fu n c io n a lista o&#13;
m oderna puede o frecer sus recu rso s p ara ex te rm in a r la s " t a p e ra s " con la s c a s a s co le c tiv as&#13;
y n uevos sistem as ad ap tad o s a l cam p o ; pero, si los p lan es de u rb a n iza ció n a p e n a s se a p lic a n&#13;
en a lg u n a s ciu d ad es im p ortan tes, m ucho m ás reducido y p rivileg iad o es el sector que&#13;
a p ro vech a la s v e n ta ja s de la n ueva a rq u ite ctu ra . N osotros sabem os que la solución so cial&#13;
a l problem a del racio n alism o de la viv ien d a tie n e que se r el resu ltad o de la so lución eco­&#13;
n ó m ica , y que un arq u ite cto enrolado en la s n u e v a s te n d e n cia s e sté tica s ha de m an te n e r&#13;
en los p aíses la tin o am erican o s, u na firm e posición a n tiim p e ria lista .&#13;
Pero el problem a que in teresa tra t a r ah o ra es si esa a ctitu d so cial le im pone a l a r-&#13;
&#13;
(continúa en la pág ina 12)&#13;
&#13;
Sociedad y arte&#13;
r&#13;
&#13;
Forma y contenido&#13;
Nuestra estética&#13;
La nueva estructura&#13;
Nuestra posición crítica y teórica&#13;
Qué dijo y qué no dijo Picasso&#13;
Comentarios&#13;
Carta a Guillermo de Torre&#13;
Cuatro libros&#13;
Qué dicen los pintores&#13;
&#13;
�FORMA Y CONTENIDO&#13;
Ta n to la exp erien cia como la especulación estéticas se han enfrentado con un problem a sin p osibilida­&#13;
des de solución dentro del terreno id ealista, a pesar del esfuerzo tendiente a lograr u.na síntesis objetiva&#13;
entre forma y contenido en el arte. Los propósitos de superar esa ano rm alidad d u alística de los fo r­&#13;
m alism os abstracto s y los contenidos idealistas, orientaron la Dintura a la co nquista, con el "perceptismo", de su esencia objetiva no representativa.&#13;
¿B u sca r la unidad y la síntesis de forma y contenido fu era de los lím ites sensorios propios de cada arte,&#13;
o del arte mismo? La trayecto ria de la pintura h acia la no-representación nos ha fa cilita d o nuevos&#13;
métodos de orientación estética, ya que la separación de categorías en fo rm a listas y de contenidos es&#13;
propia del arte fig u ra tivo y expresivo. La anécdota y la expresión, la introm isión su b jetiva, impiden&#13;
toda síntesis esencial entre forma y contenido, pues ésta síntesis sólo es patrim onio del objeto y su&#13;
propia n atu rale za esp acial. En num erosas oportunidades hemos señalado cómo en la n a tu ra le za orgá­&#13;
nica la formo y el contenido se dan inseparablem ente. La d ialéctica nos m uestra que " la d ife re n cia ­&#13;
ción de la forma determ ina la d iferen ciació n de la su b stan cia, y a su vez la d iferen ciació n de las&#13;
su b stan cias determ ina la d iferen cia de forma".. La pin tu ra debió a lc a n z a r esta m agnitud objetiva en&#13;
el desarrollo histórico para que, tanto la forma como el contenido, signifiquen relación y no co n tra ­&#13;
dicción con el m edio; para que sean ellos una sola y m ism a cosa en el espacio, una realidad objetiva&#13;
por su estru ctu ra fu n cio n al orgánica (o rg án ica en el sentido en que no hay parte o cosa separada del&#13;
medio por conceptos espaciales de distintos c a ra c te re s ).&#13;
Nosotros podemos sostener hoy qua la forma y el contenido en el arte se relacionan entre sí de acuer­&#13;
do al mayor o menor grado de representación o expresión. El cam ino seguido por el perceptismo, ad e­&#13;
m ás del a n á lisis, ha sido el de la síntesis. A un arte individuo hemos preferido el arte h isto ria ; y si&#13;
tenemos en cuenta el concepto d ialéctico de que " la cp a rie n cia y la esencia no fueron puntos fijo s sino&#13;
co ntradiccio nes p ro g re sivas", com prenderem os que la representación, en oposición al medio real — p la ­&#13;
no bidim ensional y espacio objetivo— , solam ente constituye fa cto r d ialéctico en la medida cap az de&#13;
d esarro llar h istóricam ente el arte h acia su sín tesis n o -fig u rativa ; en sí mismo, como valo r estético con­&#13;
siderado erróneam ente inm utable, esas contradicciones serían in ju stifica b le s en el arte del pasado, ta n ­&#13;
to como son inadm isibles en la actu alid a d y lo será en el futuro.&#13;
La investigación y el a n á lisis de las form as p rim itiva s del arte hasta la a ctu alid a d , su historia m ism a&#13;
y su relación al medio social cam b ian te, no nos m uestra, precisam ente, una a firm a ció n de los conteni­&#13;
dos representativos. Es categóricam ente cierto que el perfeccionam iento de la representación — pintu­&#13;
ra fig u ra tiv a , prim ero en form as casi p lanas y luego en volum en y en profundidad esp acial— , creó las&#13;
nuevas condiciones para el arte no-representativo. La d ialéctica nos perm ite a p reciar en todo su alcan ce&#13;
ese desarrollo del arte h acia las formas objetivas no-representativas, h acia la superación progresiva de&#13;
toda apariencia. Sería entonces un error co nsiderar el contenido y ia forma como opuestos esenciales,&#13;
insuperables y m ecánicos, en la p in tu ra. Ellos no son fu e rza s co n tra rias fa ctib le s de equilib rarse con&#13;
un térm ino medio, pues una síntesis de tal n atu rale za solo será posible en el terreno de la realidad&#13;
objetiva.&#13;
N uestro nuevo concepto del arte en trañ a la unidad de contenido y forma, y no, precisam ente, la sim ­&#13;
ple relación de ese contenido y esa forma, como sotuvo el idealism o de Croce. Conquistada la realidad&#13;
y objetividad del plano esen cial, el desarrollo futuro y progresivo del arte no se producirá de acuerdo&#13;
a co ntradicciones antagón icas, sino a un enlace directo con las condiciones so ciales, esto es, de acuer­&#13;
do a la relación entre la cap acidad creadora e inventiva del hombre y el medio fu n cio n a l.&#13;
Los distintos grados de relación entre contenido y forma pueden ser comprobados en la historia m ism a&#13;
de la p in tu ra, en cuanto a su desarrollo de las fo rm as n atu rales — representación, expresión— a las&#13;
fo rm as fu n cio n ales — creació n , invención. Por esa ca u sa, contenido y forma no constituyen dos fenó­&#13;
menos que puedan ser a n alizad o s en sí m ism os, ni separadam ente ni en conjunto, y tam poco la re la ­&#13;
ción de ambos facto res, en esas condiciones, puede co n stitu ir esencia de a rte , lo que sig n ific a ría una&#13;
total abstracción de la propia m ateria a rtística .&#13;
C o n trariam en te a lo que muchos creen, es en la representación por medios m ecánicos, la fo to g rafía&#13;
por ejem plo, donde la división entre forma y contenido se da en grado m enor; pero es tam bién cierto&#13;
que ese pequeño m argen de contradicción escapa a todo proceso de desarrollo y es adem ás, insalvab le.&#13;
La "o b je tiv id a d " de la fo to g rafía nos ha fa cilita d o un arm a d efin itiva para la apreciació n del grado de&#13;
necesidad social de la copia anecdótica por parte dsl pintor. Pero, sólo el pensam iento hum ano, el hom­&#13;
bre so cial, creador de im ágenes representadas, de ap a rien cias y fan tasm as, será ca p az de superar sus&#13;
propias desviaciones y re ch azar tc-do fenómeno ilusorio insidente sobre el conocim iento de la realidad&#13;
objetiva. Es así como, partiendo de una p intura representativa n atu ralista o " r e a lis ta " basada más o&#13;
menos en la copia de las form as del mundo que nos rodea — el "e sp e jo " form al de nuestro mundo— ,&#13;
hacia la deform cción exp resiva o su b jetiva, vemos asentarse o ahondarse ese dualism o de forma y con­&#13;
tenido. Las tendencias p lásticas progresivas, desde el punto de vista histórico, han debido acen tu ar en&#13;
m uchas épocas la contradicción entre a p a rien cia y realidad — form as espaciales ilu so rias, profundida­&#13;
des y dinam ism os representados— para crear las verdaderas condiciones para una posterior interacció n&#13;
de forma y contenido.&#13;
Hemos aprendido que no podremos imponer una ley d ialéctica de la p in tu ra, si esta ley no es e xtra íd a&#13;
de su propio desarrollo histórico. U na doctrina del arte elaborada en el pensam iento abstracto , aún sus­&#13;
tentada por "co n ten id o s" fig u rativo s hum anísticos o sociales, será impotente para o rien tar la pin tu ra&#13;
h acia su m eta funcional y concreta. La orientación del arte al servicio del hombre debe traer apare­&#13;
jada su condición objetiva. Como en la investigación c ie n tífic a , aún puesta al servicio del hombre y de&#13;
la sociedad, la m ateria tiene un com portam iento de acuerdo a leyes que actú an fu era del hombre y&#13;
que constituyen su realidad. En m ateria de conocim iento, no existe contradicción alguna en el hecho&#13;
de considerar al mundo objetivo de acuerdo a sus propias leyes; por el co ntrario, caem os en co n tra­&#13;
dicción si pretendemos imponerle nuestras leyes su b jetivas y nuestras desviaciones. " N o existe, ni pue­&#13;
de e x istir de ningún modo, d iferen cia alguna de principio entre el fenóm eno y la cosa en sí. Sim ple­&#13;
m ente, existe d iferen cia entre lo que es conocido y lo que todavía no es conocido" ( L . ) . Dem ás está&#13;
decir que el arte basado en ap arien cias fo rm ales o contenidos representativos está en relación con las&#13;
filo so fías id ealistas que niegan posibilidad al hombre de conocer la "co sa en s í" , que niega la e x is­&#13;
ten cia de la m ateria y los objetos fu era del hombre. La doctrina perceptista tiende, en la exp eriencia&#13;
estética, a transformar la "cosa en sí" en cosa para el hombre, y no las cosas del hombre, subjetivas,&#13;
en "cosa en sí". Esa es la d iferen cia que nos separa del arte del pasado y de las escuelas ind ivid u a­&#13;
listas.&#13;
P ara el perceptismo, decir objetividad en la exp erien cia estética es como decir negación de aquello&#13;
que de a p arien cia y engaño tuvo el arte a nterio r, y a firm a ció n de lo que éste tuvo de realidad p lás­&#13;
tic a , relación social e invención creadora. Hemos com enzado por considerar y a p re ciar en toda su im ­&#13;
portancia los medios o elementos insustituib les, y nuestra consideración m a te ria lista de esos elem en­&#13;
tos sensorios de las diversas artes es, precisam ente, lo que nos ap arta del idealism o de H erbart y sus&#13;
continuadores fo rm alistas. Si he llam ado al color, por ejem plo, elemento de la p in tu ra, no es p recisa­&#13;
m ente considerándolo como un fenómeno psíquico o aním ico, como dependiente de viven cias interio-&#13;
&#13;
�LOZZA&#13;
&#13;
res y re fle ja s, como ''id e a '' de cosas o símbolo de pasiones, sino como materia, como objeto físico.&#13;
No he considerado como elem ento de la p intura nada de aquello que es sólo ap a rien cia, como las fo r­&#13;
m as representadas, los espacios ilusorios o los dinam ism os aparen tes; ninguna exaltació n de las ilu ­&#13;
siones ópticas, sino una relación ajustada entre percepción óptica y realidad.&#13;
Si la pintura trad icio n al o representativa no ha logrado que la forma y el contenido signifiquen una&#13;
m ism a cosa, es porque siem pre el arte se ha basado en form as ideales cuyos contenidos abstractos se&#13;
han m antenido en evidente contradicción con la p ráctica de los medios m ateriales. En este caso, la&#13;
propia consideración de " e s e n c ia " estaba en contradicción con la síntesis creadora objetiva. Forma contenido no pueden, en la p ráctica rep resentativa, constituirse en síntesis, pues no pueden u n ifica rse&#13;
objetivamente en el mundo de las ap arien cias sensibles.&#13;
El ataq ue, ju stific a b le únicam ente desde nuestro punto de vista , a H erbart y su escuela sólo sirvió en&#13;
num erosas oportunidades para terg iversar y confundir una probable orientación h acia una verdad a r­&#13;
tís tic a . Es mucho m ás cómodo para los conform istas determ inar como m ateria del arte elementos&#13;
a b stracto s y generales, como lo son lo vita l, lo e sp iritu a l, los ritm os, los números y otros muchos (el&#13;
pitagorism o, si bien no niega, tam poco a firm a la realidad objetiva de la p in tu ra ). Sin embargo, co­&#13;
m o prim er paso a lo p a rticu la r y concreto, tenem os, indiscutiblem ente, como categorías d efin id as, el&#13;
grupo de las artes visu ales. Y si continuam os ahondando nuestra investigación relativa a la conexión&#13;
entre dichas artes visu ales, comprobaremos que por el cam ino de la sojuzgación y a nu lació n de la m a­&#13;
te ria sólo existe una unidad su p erficia l y aparente, y una unidad funcional y efe ctiva por el conducto&#13;
de la realidad objetiva. De esta m anera, los extremos de las artes se relacionan y se tocan en la me­&#13;
&#13;
(continúa en fa póg. 10)&#13;
&#13;
El Greco, La resurrección&#13;
&#13;
ha llegado así a dar por descontado un hecho insólito, presentarlo como una verdad: la unidad " a&#13;
p rio ri" de forma y contenido. ¿Por qué sostuvo Croce que forma y contenido se han dado siem pre u n i­&#13;
dos en el a rte ?, porque considera el arte como intuición pura, como cosa exclu siva de la ¡dea, como&#13;
sentim iento figurado cuya síntesis " a p rio ri" se efectúa al m argen de toda form a espacial dinám ica&#13;
im puesta por la realidad o la m aterialid ad de sus propios elementos sensorios. Tam b ién Baudelaire ha&#13;
sostenido que " la idea y la form a son dos seres en uno so lo ", pero la pintura propiam ente dicha no&#13;
había evolucionado m ayorm ente en ese sentido, desde que Winckelmonn afirm a b a el dualism o de un&#13;
contenido como sentim iento, expresado en su envoltura exterio r — form a y color— , como continente.&#13;
Croce ha pretendido a n u la r ese dualism o al sostener que "to ta lid ad y form a a rtístic a no son m ás que&#13;
una sola c o s a "; pero se basa igualm ente en un contenido emocional sentim en tal, y en una forma glo­&#13;
bal a rtística que lo contiene o le da nueva realidad para los sentidos y el entendim iento. Con estos&#13;
conceptos, el problema idealista y contradictorio de contenido y la forma perm anece en pie, con n u e­&#13;
vos recursos ju stifica tivo s pero con m ayor potencia. Para este autor, el arte es un puro sentim iento he­&#13;
ch o im agen " a p rio ri" de las im posiciones de nuestra exp eriencia estética frente a los distintos ele ­&#13;
mentos m a teria les empleados y a la técn ica m ism a, ya sean sonidos, colores, palabras o espacios y&#13;
tiem pos reales. " U n a p intura — dice— es tan distinta de otra pintura como de la p o esía".&#13;
P a ra Lipp el contenido ideal del objeto estético es su objetividad. ¿C u ál es su tram pa " o b je tiv a "? La&#13;
v id a de la obra de arte, como proyección sentim ental, será su realidad. La "o b je tivid a d " y la " r e a li­&#13;
d a d " de la p intura está entonces en su contenido, que "e s insep arable" de las form as, pero que de to&#13;
•das m aneras es contenido. D ice en " L o s fundam entos de la e sté tica " que "contenido de la obra de&#13;
a rte en tal sentido es lo figurado o representado en ella , determ inada, y sólo en cuanto recibe dicha&#13;
fo rm a o co n fig u ra ció n ". Con el a fá n de superar eldualism o entre contenido y forma, los idealistas só­&#13;
lo lograron una conexión acorde con ese método filosófico.&#13;
P a ra los fo rm a listas, la b elleza reside en las form as y no tiene otro sig n ificad o ni exp licació n que sus&#13;
propias y m a n ifiestas cualidades. A l reducir al m ínim o los elementos del arte y pretender superar la&#13;
m e ta físic a , llegaron a acep tar el "objeto en s í" como va lo r indivisible, suprim iendo todo fa cto r d ia­&#13;
léctico y todo concepto m a teria l, cayendo en un nuevo idealism o de ca rá cte r c ie n tificista . Pero desde&#13;
el punto de vista id ealista, tam bién Lessing fija los lím ites de la poesía con los de la pintura o artes&#13;
fig u rativo s.&#13;
E l solo hecho de que una obra de arte ca re zca de una visib le anécdota m oral, p olítica o social fig u ­&#13;
ra tiva , no nos au to riza a h ab lar aisladam ente de una existen cia o una ausencia de contenidos. Pero,&#13;
1a posibilidad de llevar al extrem o del arte abstracto estas m ism as consideraciones, prueban cla ra m e n ­&#13;
te la medida en que los contenidos se han dado en el arte como categorías extra ñ as a la materia. En&#13;
el mundo objetivo no hay forma sin m a teria , porlo tanto, no hay forma sin contenido. Sin embargo,&#13;
todo el idealism o estético ha considerado siem pre los "v a lo re s " artístico s como forma sin materia. El&#13;
m ism o Hegel hace notar, sobre las teorías de Aristóteles, que "e l espíritu rechaza de sí la m ateria y&#13;
se defiende de ella entrando en relación únicamente con la forma". Aristóteles divide igualm ente la&#13;
n a tu ra le z a ; dice que "tie n e dos sentidos, el de forma y el de materia". En cuanto al arte se refiere,&#13;
esta substitución de la materia por medio de la forma, aún subsiste a través de toda representación o&#13;
exp resió n. Sin embargo, tanto el concepto actu al de la percepción como la psicología concreta se basan&#13;
en el hecho de que no hay forma sin materia, ni materia sin forma.&#13;
E l idealism o de Hegel, considerando los contenidos como esencia absoluta, ubica el arte en la esfera&#13;
de lo ideal rom ántico m ediante ap arien cias sensorias cuyas form as son sim ples c a lifica tivo s de be­&#13;
lle z a . El co nflicto entre forma y contenido es afirm ad o por la esencia idealista de su d ialé ctica, sin&#13;
a lc a n z a r su síntesis ob jetiva; im posible, por otra p arte, en los siglos X V I I I y X I X , aunque el a rte, li­&#13;
brándose ya del cuerpo hum ano como modelo de perfección y b elleza suprem a, fué conquistando su&#13;
propia forma espacial. El antagonism o entre forma m aterial y contenido subsiste en los conceptos de&#13;
Hegel sobre el arte en la medida que existen tales contradicciones en la p intura representativa y e x ­&#13;
p resiva. Pero, si bien el Greco, Velázquez o Rembrandt a ctu a liz a n con posterioridad al renacim iento&#13;
lo sentim ental cristiano del a rte, lo hacen apartándose del ideal perfecto de la fig u ra hum ana como&#13;
a p arien cia y planteando un nuevo problema de forma y color h acia una, para ellos ignorada, fu tu ra o&#13;
remota m a terializació n de lo plástico.&#13;
Es una verdad indiscutible que en el arte representativo el contenido perm anece "oculto detrás del ob­&#13;
je to " ; la forma y el contenido se contradicen debido a un obstáculo tra d icio n a l: la expresión o la&#13;
ap a rie n cia. La m ateria a rtístic a , que es igualm ente contenido en tanto que es forma por imposición&#13;
de la exp eriencia estética, ha servido a los fines expresivos. Pero los defensores actu ales del hum anis­&#13;
mo burgués no tienen m ejor argum ento para sostener la pintura fig u ra tiva que a firm a r el hecho de&#13;
que las artes como "e l dram a, la epopeya, la p in tu ra, la escu ltu ra, sólo expresan el mundo interior&#13;
sirviéndose de una im agen, esto es, de una representación del mundo externo" (W aidlé).&#13;
Es fá c il com probar cómo en el desarrollo de la pintura h acia lo no-representativo se cum ple la ley de&#13;
aceleració n de la evolución de los organismos y de la sociedad: "cu an to m ás elevados tanto más rá ­&#13;
pidam ente m a rch a n ". La aceptación de ciertas form as p lásticas del pasado para exp resar con ellas&#13;
&#13;
V a sa re ly , pintura&#13;
&#13;
dida que se delimitan sus elementos materiales hasta alcanzar su relación directa con la dinámica es­&#13;
pacial de nuestro medio.&#13;
El ataque del idealista Croce al idealism o fo rm alista de Herbart no entraña un propósito objetivo; él&#13;
&#13;
�coment ar i os&#13;
En los sa la s del M u seo N a cio n a l de B e lla s A rte s, se re a liza la p rim era exposición de lo&#13;
p intura y la e scu ltu ra a rg e n tin a de este sig lo. L o que m ás c a ra c te riz a esta m uestra es el&#13;
criterio am p lio con que Ha sido o rg a n iz a d a , perm itiendo al espectad or a p re c ia r to d as las&#13;
te n d e n cia s de nuestro a rte , desde la s fo rm a s a ca d é m ic a s a los ú ltim a s exp resion es de&#13;
v a n g u a rd ia . Es a si com o, a l lado del n a tu ra lism o , del u ltraísm o y del tard ío im presionism o&#13;
de las p rim eras d é ca d a s, a p re cia m o s la obra dei lla m a d o "g ru p o de P a r ís " y sus sim ila re s;&#13;
y, p a ra le la m e n te en el tiem p o, la s p in tu ra s m ás sig n ific a tiv a s del nuevo realism o de&#13;
contenido so cial rep resen tativo , y el a rte fig u ra tiv o de las te n d e n cia s cu b ista , se m ifu tu rista&#13;
y o tra s exp resion es ya su p e rad a s.&#13;
En lo que se refiere al a rte " n o -o b je tiv o " , " a b s tr a c to " y " c o n c r e t o " , está p resente con un&#13;
co n ju n to heterogéneo de ob ras, en una so la esp ecia l donde tam b ién se Han filtra d o , ló g ica ­&#13;
m ente, a lg u n a s m a n ife sta cio n es p lá stic a s de te n d e n cia s a n im ica s.&#13;
El perceptism o está p resen te a llí con dos obras d e fin id a s, p articip an d o a sí en esta m uestra&#13;
co lectiv a de p intura a rg e n tin a .&#13;
&#13;
L a d ecad encia a c tu a l del arte de la representación — o la decadencia de la representación&#13;
dentro del arte— es un reflejo tam b ién de su fa lta de do ctrina y de la im p o sibilidad por&#13;
p arte de pintores e investig ado res, de elab o ra r nuevas teo rías sobre v ie ja s bases e xp re sivas&#13;
o su b je tiva s. Sin em bargo, la filo so fía a c tu a l cuenta con el im pulso de una nueva etapa&#13;
de su d e sarrollo , que es el m ate rialism o d ia lé ctico . ¿N o b a sta eso para fu n d a m e n ta r d e fi­&#13;
n itiv a m e n te , y sin lu g ar a dudas, la su p erviven cia del arte fig u ra tiv o ? Parece que no;&#13;
pues, para defender y fu n d a m e n ta r un arte ya superado, es su fic ie n te c u a lq u ie r filo so fía&#13;
id e a lista ; no es necesario re c u rrir al m aterialism o .&#13;
L a verdad es que el arte del pasado está im pregnado de valo res sig n ifica tiv o s, pues h a&#13;
sabido contener todos los m omentos progresistas y renovadores en la h isto ria ; pero el arte&#13;
confo rm ista y conservador de entonces, como el de hoy, nos es desconocido como m an ifes­&#13;
tació n v iv a del espíritu creado r del hom bre. E sa es la cau sa por la cual las d o ctrin a s del&#13;
gran arte del pasado no pueden su ste n ta r ni ju s tific a r un arte representativo fu e ra de su&#13;
tiem po, como el a c tu a l.&#13;
H oy, alg unos pintores " a b s tra c to s " han recurrido al m aterialism o para fu n d a m e n ta r ese&#13;
a rte , llam ado tam b ién "n o -o b je tiv o ", Pero a p lic a n la teo ría d ia lé ctica " a p o sterio ri" del&#13;
proceso creador. ¿ P a ra lle g a r a donde, a qué fin e s, con qué resultad o s, han recurrido a&#13;
e lla ? O lv id a n , evid entem ente, el contenido d in ám ico de esa filo so fía , y que e lla , ap licad a&#13;
a la e xp e rie n cia e stética , no sólo ju s tific a , sino que tra n sfo rm a y crie n ta h acia una realid ad&#13;
o b je tiv a . A s í, en una co n feren cia sobre " E l m aterialism o d ia lé ctico y el a rte a b stra c to ",&#13;
pronun ciad a en P a rís por el p into r J e a n D ew asn e y resum ida para la revista " A r t d 'au jo u rd '&#13;
H u í " , se sostiene que " la obra es el lu g ar de unión entre dos co n trario s, el m a te ria l pleno&#13;
de posibilidades latentes pero p asivo , y el creador a c t iv o " , y tam b ién que el se r co nciente&#13;
" e s hab er ex traíd o los elem entos del mundo e xte rio r p ara ser fin a lm e n te objetos concretos&#13;
de nuestra vid a p s íq u ic a " (lo subrayado es nuestro ). Estas son deducciones y afirm a cio n e s&#13;
netam ente su b jetiva s.&#13;
Si tenem os en cuenta la d iversid ad del arte " a b s tr a c to " , que ab a rc a igualm ente cie rta s&#13;
tenri, n c ia s su rre a lis ta s , com probarem os que la a p lica ció n que se hace del concepto m ate­&#13;
ria lis ta es m uy general y poco c la ra , dándose cabid a dentro de d icha do ctrina a tendencias&#13;
a rtís tic a s que, si b ien hacen ab stracció n de las fo rm as del m undo que nos rodea, son&#13;
b a sta n te dispares y opuestas entre sí.&#13;
Si b ien lo d in á m ic a de la d ia lé ctica no congenia con el arte representativo -exp resivo ,&#13;
tam poco puede esta do ctrina filo só fica relacio narse a una p rá c tic a estética que no rebasa&#13;
los lím ite s de un sim p le m odernism o evo lu cio n ista. Sólo se ju s tific a en el proceso histórico&#13;
h a c ia una sín tesis real o b jetiva.&#13;
&#13;
Qué dijo&#13;
y qué no dijo Picasso&#13;
&#13;
Picasso, Naturaleza muerta.&#13;
&#13;
N o ho ce m ucho tiem p o, la ap arició n de un nuevo libro de G io van n i P a p in i, esta v e z&#13;
con el títu lo de " E l libro n eg ro ", dió m ucho que h ab lar o la prenso del vie jo y del nuevo&#13;
co n tin en te , llen and o de alborozo a co m en taristas rad iales y a los pseudos crítico s de&#13;
arte . El m otivo de la aten ció n p úb lica no ha sido, por su pu esto , el va lo r de este libro&#13;
in trasce n d en te del " r e n e g a d o " P a p in i, sino los conceptos q u e, según éste, le h ab ria&#13;
exp resado P icasso en un rep ortaje, sin cerán d o se sobre su propio arte .&#13;
El&#13;
desm entido , in n e cesario si la critico y el periodism o in tencion ado hubiesen a ctu a d o&#13;
con honestidad y escrú p u lo ,&#13;
no se hizo esp e ra r; pero lo c iz a ñ a recorrió el m undo c iv i­&#13;
lizad o aleg ran d o los co razo n es de todos los enem igos d e clarad o s y ocultos del arte m oder­&#13;
no. Pero lo verdad es que el libro citad o es una n ueva pirueta de P a p in i, y los re­&#13;
p ortajes que lo com ponen son todos, com o lo dice el prólogo, im ag in ario s. En to n ces, la s&#13;
su pu estas d e cla ra cio n e s de P icasso co n tra su propia p intura no son m ás que las&#13;
op iniones p erson ales que el señor P ap in i m an tiene de ese a rte , y que n ad a tienen&#13;
que ver con lo qu e, tanto la c ritica honesta com o el propio P icasso p ien san.&#13;
A&#13;
ra íz de este hecho, León&#13;
D egand escribe en la revista " A r t d 'A u jo u rd -h u i" que « n&#13;
ir&#13;
d irectam en te al libro de P apin i se h ab ria com probado el error, pero como es " ta n&#13;
fá c il e c h a r agua en el m olino de la reacció n p ictó rica , de en co n trar una ju stifica c ió n&#13;
tan cóm oda a la incom prensión del p úblico, que se dejaro n de lodo la s m ás ele m en tales&#13;
p re ca u cio n e s"' T a m b ié n afirm a D egand que ciertos crítico s se han dejado sorprender&#13;
creyend o m ás en " l a c h a n z a de P icasso y en la confesión de esa c h a n z a " que en la&#13;
p intura m ism a, ya que " u n exam en previo de las obras del artista les h ab ría dem ostrado&#13;
su e rro r". " E llo s son m enos sensib les a la sig n ifica ció n de la s obras que a los ch ism e s&#13;
ridículo s con los cu a le s se las ro d e a ".&#13;
Para nosotros, este hecho tien e oún m ayor tra sc e n d e n c ia , debido a que no estab a en&#13;
juego el valo r de la pintura de P icasso , sino su ética y h asta su m oral com o pintor&#13;
y como hom bre, cu a lid a d e s, com o lo hem os com probado, in v u ln e ra b le s ol a taq u e del&#13;
c h a rla ta n ism o in teresado .&#13;
Esto, en cu an to o lo que no dijo Picasso.&#13;
Pero in teresa ohora se ñ a la r qué dijo y dice P icasso, para d ilu cid a r su posición dentro&#13;
del arte m oderno. A ra íz de este hecho, toda la pléyade re a ccio n a ria se ha ch a n ce a d o del&#13;
a rte nuevo en g e n e ral, in vo lu cran do como sim ilo res a la obra de este p intor la s ten d en ­&#13;
c ia s m ás a v a n z a d a s del arte n o-fig u rativo . Si bien Picasso ha sido en un tiem po cread o r&#13;
y sostenedor de un concepto v a n g u ard ista de la p intura (allá por el 19 11 y no m ucho&#13;
desp ués), pronto co m en zó sus in cu rsion es reform istas aleján d o se cad a v e z m ás de los&#13;
m ovim ientos llam ad o s " a b stra c to " o "n o -o b je tiv o " que se d e sarro llab an ya ca si p a ra ­&#13;
le la m e n te a l cu b ism o. P icasso ha desechado siem pre toda búsqueda de una realid ad&#13;
o b je tiv a ; el exp resionism o intuitivo y el predom inio de cie rta s fu e rza s a n im ic a s son el&#13;
resu ltad o que c a ra c te riz a la m ayoría de su ob ra. P ara é l, es el in stin to el fa cto r de­&#13;
cisivo de toda cre a ció n , por eso llega a sostener que lo que vale es " e l dram a del hom ­&#13;
b re, el resto es f a ls o " .&#13;
" Y a sabem os que el arte no es re a lid a d , el arte no es la v e rd a d " , se co m p lace en e x ­&#13;
p re sar, ag reg an d o : " Y o no busco n a d a , yo e n cu e n tro ". Estos co ncep to s, y su propia&#13;
p in tu ra, an te la cu al el au to r "co n te m p la con asom bro los resu ltad o s in esp erado s, im ­&#13;
p re visto s", lo a p artan evidentem ente del a n á lisis y de la sin te sis qu e, p ara nosotros,&#13;
debe ser patrim on io del arte no rep resen tativo . El propósito de P icasso no es el de su p e rar&#13;
a rep resen tación o la a p a rie n c ia , ni siq u ie ra a lc a n z a r la etapa del llam ad o arte " a b stra c to " ,,&#13;
del c u a l ha escrito que era " u n o de los errores m ás g raves en que ha in cu rrid o el arte&#13;
m oderno. Su obra p ertenece al sector del exp resionism o d e fo rm an te, y sería m ás lógico&#13;
relacio n arlo al su rrealism o que a las ten d en cias co n stru ctivistas, no ya del arte " n o o b je tiv o " , sino h asta el cubism o de sus propios contem poráneos.&#13;
&#13;
�CUATRO&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
Témoignage pour l'art abstrait&#13;
Editado por A n d re B lo c, P a rís&#13;
T a m b ié n h an llegado a nuestro p a ís unos ejem p lares del libro " T é m o ig n a g e pour l'a rt&#13;
a b s t r a it " y que h a sido editado en P a rís por A n d re Bloc.&#13;
El libro está integrad o por d e cla ra c io n e s em itid a s por los cread o res del a rte no-represen­&#13;
ta tiv o . B a jo el denom inador com ún de a rte ab stracto d e sfila n perso nalid ad es y obras&#13;
h etero g én eas, ín d ice del inm enso cam po ab arcad o por el nuevo a rte . El libro nos pone&#13;
en co n tacto con la s te o rías que d irig e n la acció n de los pintores a b stra c to s y por&#13;
otro lado nos m uestra la s o b ras re a liz a d a s por interm ed io de num erosas reproducciones&#13;
en negro y en color. Se observa que no h ay una correspond encia entre el pensam iento&#13;
y la re a liz a c ió n . V a el prologu ista a d v ie rte al lector que no se asom bre si no e n cu e n tra&#13;
un p a rale lo entre las in ten cio n es del pinto r y su ob ra. H a y tam b ién una pequeña s u ­&#13;
gestió n que pretende e x p lic a r el caso pero que a nosotros no nos co nvence.&#13;
C re e m o s que esta fa lta de c o in c id e n c ia se debe a alg o que se escapa al control del&#13;
a r tis ta . Y ese alg o puede se r m uy b ie n la fa lta de un conocim iento a fondo de los e le ­&#13;
m ento s p lástico s o la ig n o ra n cia m ism a de alg ú n fa c to r que in terv ie n e en la o rg a n iza ció n&#13;
de la obra y que por lo ta n to escapo a la vo lu n tad del p intor.&#13;
E l m a te ria l de la obra proviene de interro g ato rio s o de búsquedas h ech a s en p u b lica cio n e s&#13;
y m an u scrito s, labor m uy bien re a liz a d a por J u liá n A lv a rd y R . V . G in d e rta e l.&#13;
L a p u b lica ció n tie n e el m érito de p resentarn os junto a los precursores del arte a b stra c to ,&#13;
u n a nueva g eneració n de pintores que m an tie n en con su c a lid a d los posiciones d e la&#13;
n u e v a p in tu ra . L a b a ta lla ha sido g a n a d a , ah o ra es preciso a v a n z a r y e xp lo ra r todos&#13;
Jos terreno s que la v ic to ria ha conquistado.&#13;
&#13;
¿Qué es la literatura?&#13;
(Situations, II)&#13;
De Je a n P au l S a rtre&#13;
E d ito rial L o sa d a , Buenos A ire s&#13;
H a c e dos año s que ap are ció en nuestro m edio este libro de J e a n P a u l S a rtre . A pesar&#13;
&lt;Jel tiem po tra n sc u rrid o consig nam os este hecho en nue stra re vista puesto que S artre&#13;
em ite opinio nes y te o ría s fu n d a m e n ta le s sobre el a rte que m erecen una respuesta e la ­&#13;
borada con los fu n d am en to s teóricos del p ercep tism o.&#13;
S a r tr e dice que la obra de a rte es un lla m a m ie n to a la lib erta d del lecto r o espectad or&#13;
p a ra que co labore a la producción de la o b ra. El a u to r no "p ro d u c e " la o b ra de a rte .&#13;
" E l acto cre ad o r no es m ás que un m om ento incom pleto y ab stracto de la producción de&#13;
u n a o b r a ." El que h ace un " o b je to " de la obra de a rte es el lector. El a u to r se proyecta&#13;
« n la obra pero no la percibe com o objeto ni au n después de te rm in a d a . N o se puede&#13;
despegar de su su b je tivid a d proyectora del m undo del a rte .&#13;
N o o lvidem o s que p ara S a rtre " e l m undo, ta l como lo vem os, nos d evuelve la im agen&#13;
de lo que nosotros so m o s". De esta m an era si el a u to r percibe como objeto la obra de&#13;
a r te que produjo se co n vierte en objeto an te sí m ism o. Se ve a sí m ism o siendo " o t r o " .&#13;
Y esto es im p osible. Según " E l S e r y L a N a d a " somos conducidos in d efin id am en te de&#13;
" o tro o b je to " a " y o s u je to " y v ic e v e rsa , pero n u n ca podremos e s ta r a l m ism o tiem po&#13;
e n los dos.&#13;
S i tran scu rrie n d o el tiem po me hago o tro, puedo ver m i obra como objeto, pero ese objeto&#13;
y a no tie n e co n ta cto con m i persna. " E l a u to r y a ha olvidado lo escrito , no tie n e en e llo&#13;
a rte ni p a rte y no se ría y a ind ud ab lem ente c a p a z de e s crib irlo . T a l es el caso de R ou sseau&#13;
vo lviend o a leer " E l C o n tra to s o c ia l" a l fin a l de su v id a .&#13;
E l a u to r no debe tr a t a r de c o m u n ica r o de a fe c ta r al lecto r con em ociones y posiones.&#13;
El a u to r no debe p ed ir que el lector sie n ta com o é l. Eso s ig n ific a ab sorber y e s c la v iz a r al&#13;
le c to r. El lecto r debe poner su p ersonalidad en la o b ra , debe d a rle su s pasiones, sus&#13;
s im p a tía s, su tem p eram en to s e x u a l. Y esto es lo que da sentido a la o b ra. " N o es la co n ­&#13;
d u c ta de R a sc o ln ic o ff la que p rovoca m i in d ig n ació n o m i estim a sino que son estas las&#13;
q u e p ro curan co n siste n cia y o b je tivid a d a esa c o n d u c ta " . El a u to r es un g u ía . " L a lectu ra&#13;
es cre ació n d ir ig id a " .&#13;
¿Q ué persigue S a rtre con esta te o ría?&#13;
Sjartre q u iere d e ja r sentado que ta n to el a u to r com o el lecto r o espectad or ejercen su&#13;
lib e rta d . El lector " o b je t iv a " la obra de arte con su persona, con su lib erta d y el au to r&#13;
a su v e z e je rc e su lib erta d p a ra g u ia r y co n stru ir el lla m a m ie n to a la lib erta d del lector.&#13;
¿D e acuerdo a esto, cómo debe un a u to r o rg a n iz a r su obra de arte ?&#13;
N o debe " a f e c t a r " a l lecto r con em ociones y pasiones p a ra d e ja rlo en lib e rta d de c re a r&#13;
e l objeto. A s í los p ersonajes deben se r v a c ío s y an im ad o s por el lector.&#13;
Pero S a rtre propone y la e xp e rie n c ia dispone. Le a usted una o b ra de S a rtre o de sus&#13;
d iscíp u lo s. U sted no podrá h a c e r personas a sus perso najes. S artre los entrega " v a c ío s "&#13;
c o n fia d o en que la lib e rta d del lecto r ha de lle n a rlo s. Pero la n a tu ra le z a de la obra de&#13;
a rte es t a l, que se im pone como ha sido te rm in ad a por el a u to r, sin que el lecto r dé nada&#13;
de su p erso nalid ad o de su lib e rta d . L a o b ra dom ina a l lector.&#13;
H e aq u í el te stim o n io de un lecto r:&#13;
" L o s num erosos p ersonajes de sus n o ve las (de S artre) son lo m enos personas p o sib le s. . .&#13;
Su s héroes tienen el c a rá c te r " c h a t o " desesperante de las cosas que no tie n en in te rio r. . .&#13;
V ié n d o lo a g ita rse (ah o ra h a b la de los p ersonajes de Sim one de B ea u vo ir) se tie n e Iq&#13;
m ism a im p resión que en las p ie z a s del te atro g u ig n o l: m a rio n e ta s que v a n y vie n e n ,&#13;
h a b la n y g e stic u la n sin que se llegue a se n tirla s con v id a . . . En el m ism o sentid o, S artre&#13;
p re se n ta de continuo los acto s hum anos como desprovistos de todo sentid o, ab so lutam ente&#13;
v a c ío s de intención r a c io n a l" t1).&#13;
S a r tr e q u iere s a lv a r al a rte . Q uiere re sp e tar la persona del espectad or dándole la " c o n ­&#13;
c e s ió n " de la c re a ció n . " P e ro la e stru c tu ra de la obra de a rte es ta l que n e cesariam e n te&#13;
el espectad o r desem peña un papel p asivo de receptor y a n u la su p ersonalidad para ser&#13;
dom inad o y re co n stitu ir la personalidad del a u to r " (2). Y a lo hem os visto . S a rtre cre a per­&#13;
so n ajes v a c ío s p ara que el lecto r los llen e, pero lo único que logra es im poner esa&#13;
v a c u id a d . H a y que lib e ra r a l espectad or. P a ra lograrlo no se debe in v e n ta r una teoría&#13;
que no te n g a raíce s en la re a lid a d . Lo lógico es tra n sfo rm a r la e stru c tu ra ín tim a del&#13;
a r te y c re a r uno nuevo.&#13;
A tra v é s de las p á g in as de esta revista hem os insistid o m u ch as veces que el perceptism o&#13;
h a tenido en cu e n ta siem pre este aspecto. L a nueva e stru c tu ra p lá stic a del percep tism o&#13;
es la que perm ite resp etar la prsona del espectad or y no c o a rta r su lib erta d .&#13;
V o lv ie n d o a l lib ro de S a rtre , direm os que a p e sar de su e rro r logra d e sp e rtar un interés&#13;
p ro fund o . S a rtre se ha dado c u e n ta del m al que roe las e n tra ñ a s del a rte de estirp e re­&#13;
p re s e n ta tiv a y ha querid o c u b rirlo . Por lo m enos ha visto un problem a que la m ayo ría&#13;
&lt;de los teó rico s desconocen o quieren ign orar.&#13;
&lt;1) Regís Jolivert. Las doctrinas existencialistas.&#13;
¿2) Véose mi artículo en el N? 1 de Perceptismo.&#13;
&#13;
Le Corbussier y P. Jearmeret, 1934-1938&#13;
Edición de la casa G irsb erg e r, Z u ric h&#13;
E d ita d o por la c a sa G IR S B E R G E R de Z u ric h nos lleg a este libro p reparado y prologado&#13;
por M A X B I L L , con ex p lica cio n e s del m ism o L E C O R B U S IE R . L a obra a b a rc a p lan o s y&#13;
fo to s de la la b o r re a liz a d a por este arq u ite cto en el período que v a de 1 9 3 4 a 1 9 3 8 ,&#13;
q u iz á los a ñ o s m á s sig n ifica tiv o s p ara el a rte de la a rq u ite c tu ra , e n riq u e cid a por la&#13;
a p a ric ió n d e la C A R T A D E A T E N A S . A tra v é s de su s h o jas se resp ira la im p o rtan te&#13;
fu n c ió n so cia l que r e a liz a la a rq u ite ctu ra fu n c io n a lis ta . El libro nos h a c e p en sar&#13;
se ria m e n te en el lu g a r p rep o nd eran te que debe o cu p ar el a rte de e d ific a r en toda p o lítica&#13;
q u e pretend e o cu p a rse por el bien de la h u m a n id a d . P e n sa r en la so lución de los m a le s&#13;
d e la h u m a n id a d sin p en sar en u na a rq u ite ctu ra fu n c io n a lis ta e s u n a a b stra c c ió n . Sea&#13;
este el m ejo r elo gio p a ra el libro y p a ra la ob ra d e L E C O R B U S IE R .&#13;
&#13;
J. P. Sortre&#13;
&#13;
L e C o rb u ssie r&#13;
&#13;
Dc c - D°m elo&#13;
&#13;
De M oholy-Nogy (1925)&#13;
&#13;
Bauhaus, 1919-1928&#13;
Ed itado por H . B a y e r, W . G ro p iu s e I. G ro p iu s, Boston&#13;
C irc u la n en Buenos A íre s unos ejem p lares de este lib ro , editado en Boston por H erb e r B a y e r,&#13;
W a lt e r G ro p iu s e Ise G ro p iu s.&#13;
&#13;
L a le ctu ra del m ism o nos pone en c o n ta cto con ese m o vim ien to e xtra o rd in a rio ta n d e­&#13;
c isiv o p a ra la s a rte s de la a c tu a lid a d .&#13;
El lib ro está d ivid ido en dos p a rte s que re fle ja n la s dos e ta p a s que a tra v e só el B a u h a u s,&#13;
en W e im a r y en D e ssa u , de 1 9 1 9 a 1 9 2 5 , y de 1 9 2 5 a 1 9 2 8 resp ectivam en te. F a lt a la&#13;
reseña y el m a te ria l fo to g rá fic o correspo nd iente al período 1 9 2 8 - 1 9 3 2 por razo nes que&#13;
se e x p lic a n en el m ism o vo lu m en .&#13;
L a ed ición c u e n ta con n um ero sas fo to g ra fía s m ostrando los productos y exp erim en to s&#13;
de la escu ela y de su s ta lle re s, y con a rtíc u lo s que e x p lic a n los m étodos y el a lc a n c e&#13;
de la e n se ñ a n za en el B a u h a u s.&#13;
L a in fo rm ació n es co m p le ta, pues a d em á s nos en teram o s del radio de sus a c tiv id a d e s,&#13;
de su o rg a n iza c ió n , de sus pro g ram as de en se ñ a n za y de su sig n ifica ció n dentro del arte&#13;
y de la in d u stria de nuestro tiem p o . To d o esto exp licad o en a rtíc u lo s breves y co nciso s,&#13;
pues la m ayo r p a rte del libro está co n stitu id a por el m a te ria l fo to g rá fico .&#13;
La m e n ta m o s que no e x is ta un tra b a jo s im ila r que dé a conocer a los países de h ab la&#13;
c a s te lla n a la labo r del B a u h a u s, ta n im p o rtante p a ra los estudiosos del arte contem po ráneo.&#13;
El B a u h a u s tuvo la v irtu d de re u n ir en u n a sola a c tiv id a d el tra b a jo del a rtis ta y del&#13;
a rte sa n o , de s in te tiz a r en un solo o bjeto la s fo rm a s e sté tica s y el producto de la fa b r i­&#13;
cació n en se rie , ta n to tiem po d iv o rc ia d a s y c u y a sín te sis es el encuentro de nuestro tie m ­&#13;
po con una de sus exp resio nes c u ltu ra le s m á s s ig n ific a tiv a s .&#13;
El B a u h a u s y su s ta lle re s de c a rp in te ría , e s c u ltu ra , p in tu ra m u ra l, o rfe b re ría , te x til y de&#13;
" v i t r a u x " , sus e n se ñ a n za s de a rq u ite c tu ra y el lu g a r señero que a ésta le corresponde&#13;
com o u n ifico d o ra de tod as e sta s a c tiv id a d e s están m uy bien re fle ja d a s a tra v é s de las&#13;
p á g in as del libro .&#13;
T a m b ié n vem o s re fle ja d a s, a tra v é s del lib ro , e n el B a u h a u s, la sín te sis de co rrien tes&#13;
filo só fic a s y c ie n tífic a s de nuestro tiem p o , ab so rb id as por los m étodos de exp erim en tació n&#13;
o por los id e ales de su e n se ñ a n za .&#13;
Pero sin q u ita rle n ad a d e su im p o rta n c ia observam o s que sus m étodos de e xp e rim e n ta ­&#13;
ció n en el co lo r y en la fo rm a e sta b a n basad os en tra b a jo s re a liza d o s por la escuela&#13;
de p sicolog ía e xp e rim e n ta l de F e c h n e r, m uy fru c tífe ra en el sig lo p asad o , pero in cap a z&#13;
de resu ltad o s p ro du ctivo s en el n uestro . Esto tra jo como co nsecuencia la deso rientació n&#13;
en el cam po de la p in tu ra . Sabem os que el B a u h a u s q u ería red e scu b rir la pared , pero el&#13;
m étodo p a ra h acerlo no está a la a ltu ra de las dem ás m a n ife sta c io n e s de la escu ela.&#13;
L a p in tu ra del B a u h a u s es la p in tu ra de sus m aestro s, de K a d in s k y , de F e in in g e r, de&#13;
M o b o ly N o g y , de J o s e f A lb e r s , de K le e , pero está desco nectada del fu n c io n a lism o de&#13;
los d em ás aspecto s de la in stitu ció n .&#13;
Q u iz á fa lta b a el concepto de lo que es fu n ció n en p in tu ra , re fle ja d o e n el hecho que&#13;
alg uno s e x tre m is ta s p red icab an " l a c a sa sin p in tu ra s " y ta m b ié n un m étodo de in v e sti­&#13;
g ació n que no co n sid erara los co lo res y las fo rm a s en a b stra cto , fu e ra del organism o que&#13;
les daba v id a .&#13;
Pero, repetim os, el B a u h a u s tuvo una im p o rtan cia fu n d a m e n ta l en la c u ltu ra de nuestro&#13;
tiem po y no se puede desconocerlo . Po r eso vo lvem o s a c la m a r por un lib ro que nos&#13;
su m in istre la in fo rm ació n que su m in istró el que com entam os a los países de h a b la in g le sa.&#13;
&#13;
ABRAHAM HABER&#13;
&#13;
CA R TA A&#13;
&#13;
GUILLERMO&#13;
&#13;
DE&#13;
&#13;
TORRE&#13;
&#13;
A usted nos d irig im o s, señor G u ille rm o d e T o rre .&#13;
&#13;
En a rtíc u lo s p u blicado s en " L a N a c ió n " del 31 de agosto y del 21 de setiem b re, usted&#13;
condena el realism o so c ia lista y a t a c a a la p in tu ra no -rep resen tativa. U sted a firm a que&#13;
la n o -fig u ra ció n ab so lu ta es una irre a lid a d e scrita en un len g u aje c ifra d o y casi in tra n s­&#13;
m isib le . U sted qu iere ig n o ra r que el p ercep tism o , a rte que e lim in a por com pleto la&#13;
rep rese n ta ció n , no es un le n g u a je ni tie n e c la v e . Es una p in tu ra que se v e con los&#13;
ojos y que h a elim in ad o la rep rese n ta ció n , precisam ente porque era una in te rm e d ia ria&#13;
entre los valo re s p lástico s y el espectad o r.&#13;
Lo s pintores fig u ra tiv o s encub ren los valo re s p lástico s bajo la a p a rie n c ia del m undo&#13;
n a t u r a l; el p ú b lico , desco ncertad o , ab ando n a la percepción de las c u a lid a d e s p ictó ricas&#13;
y se d e ja a r r a s t ra r por la s co sas que está aco stum b rad o a v e r en su m undo co tid ian o .&#13;
E nto nces, surge c ie rta cla se de c rítico s q u e, victo rio so s y d e sp reciativo s, e x p lic a n lo que&#13;
el p into r ha o cultad o . Se co m p lacen en d e sc ifra r la c rip to g ra fía .&#13;
Pero usted d esp recia ta m b ié n el realism o fo to g rá fico . Q uiere un a rte donde la realid ad&#13;
esté se m irre p resen tad a, d espedazada en los v a lo re s p lástico s que la en v u elven como&#13;
u n a a rg a m a s a . Lo s c rític o s susodichos se fro ta rá n las m anos porque así el pú blico se&#13;
desorienta tratan d o de re co n stru ir el objeto sem irrep resen tad o . In terven d rá n y aso m ­&#13;
b ra rá n con su dom inio de la c la v e . D irá n que " e s tá n e leva n d o el n iv e l c u ltu ra l de&#13;
la s m a s a s " .&#13;
Ese a rte que usted p red ica, señor G u ille rm o de T o rre , es el a rte de las dos p rim e ras&#13;
d é ca d as de nuestro sig lo . En ese tiem po defenderlo era se r v a n g u a rd ista s, pero a h o ra ,&#13;
h acerlo es a fe rra rse a l pasado.&#13;
Por otra p a rte , se ñ o r de T o rre , no h ace fa lta ed u car a las m a sa s p ara que gusten los&#13;
engendros que usted d e fie n d e. L a s m asas, a fo rtu n a d a m e n te , tie n en el esp íritu lim pio&#13;
y sa b rán a p re c ia r aq u ello que se le entrega a sus ojos sin la co nfusió n y la n eb lin a de la&#13;
rep rese n tació n o se m irre p resen tació n . Y si no lo h a ce n , es porque están h u n d id a s en&#13;
sig los de p in tu ra re p re se n ta tiv a . Lo que h ace fa lta es aco stu m b rarla s a no b u scar en la&#13;
p in tu ra n o -rep resen tativa aq uello que no está, y aco stu m b rarla s a no d e sp reciarlo porque&#13;
no tie n e a q u e llo que están h ab itu ad o s a v e r. Lo que hace fa lta no es una ed ucació n de&#13;
las m asas p a ra que penetren en " e l reducto de su b je tiv id a d p u rq " que es el a rte que&#13;
usted p re d ica , sino una sa cu d id a para desprenderse de la la rg a costum bre de la p in tu ra&#13;
re p re se n ta tiv a , que h a em pañado la p u reza de su s ojos.&#13;
P a ra te rm in a r, q u ería m o s a d v e rtirle alg o que usted sabe pero que qu iere ig n o rar.&#13;
N osotros somos p e rce p tista s, somos no -representativo s, pero no somos su b je tiv ista s ni&#13;
irre a lista s. Som os o b je tív ista s y re a liza d o re s.&#13;
A b ra h a m&#13;
&#13;
H ab er.&#13;
&#13;
�Escu ltu ra eg ip cia, IV d in astía (H egel pensó que el&#13;
sim bolism o egipcio tuvo un propósito no alcan zad o )&#13;
&#13;
NUESTRA&#13;
&#13;
ESTETICA&#13;
&#13;
Queremos destacar cu ales son los fundam entos im plícitos en nuestra teoría del perceptismo, porque&#13;
sentimos la necesidad de a c la ra r nuestra posición dentro del arte llam ado abstracto y delim itar las c a ­&#13;
racterísticas que nos d iferen cian de otros movimientos.&#13;
La perspectiva teórica del arte no figurativo se presenta confusa.&#13;
Hemos oído defender una pintura con argum entos com pletam ente opuestos y tam bién sabemos que de&#13;
una m ism a posición teórica resultan obras m arcadam ente distintas.&#13;
A lgo de lo que diremos ya es del dom inio público y ha sido decantado por largas investigaciones teó­&#13;
ricas, pero lo repetimos porque hay quienes pretenden ignorarlo y englobar todo el arte no figurativo&#13;
bajo un denom inador que no le corresponde.&#13;
Las form as del arte actual son un resultado de un proceso histórico, cuya ley de evolución está regida&#13;
por el desarrollo de sus factores intrínsecos y que se desenvuelve im pulsada o no por el intento conciente del a rtista . M uchas conquistas del arte nuevo han sido preparadas m ientras el pintor m anejaba sus&#13;
elementos para re a liz a r otros propósitos. Los futuristas llevaron hasta el extrem o los recursos para re­&#13;
presentar el m ovim iento, pero al disolver las form as de la n atu rale za bajo la oscilación que les daba&#13;
a p arien cia m óvil, se estaba dando un paso más h acia el arte abstracto. T rata n d o de conseguir la inten­&#13;
sidad de la luz n atural los impresionistas llegaron al uso del color puro y prepararon el advenim iento de&#13;
la pintura plana.&#13;
Existen declaraciones de Picasso que apoyan nuestra a firm a ció n : "C u an d o cream os el cubismo no tu ­&#13;
vim os la intención de crearlo, sino que tratam os solam ente de exp resar qué pasaba en nosotros m is­&#13;
m o s". La historia del arte abunda en estos ejem plos, que han sido posibles porque siem pre ha habidoen la pintura algún elem ento fu era de control. En una totalidad como es una p in tu ra, nada que la in­&#13;
tegre puede ser descuidado, ignorado o unido a cosas que le sea incom patible.&#13;
Piense el lector en una síntesis qu ím ica, resultado de los elementos que la componen, donde la intro­&#13;
misión de un cuerpo extraño puede dar c-rigen a un producto com pletam ente distinto.&#13;
El pintor del renacimiento debía preocuparse por la form a, el color, la estru ctu ra, la perspectiva, el&#13;
equilibrio de m asas y la representación. Se supone que todas debían e n ca ja r perfectam ente en una&#13;
unidad. H ablando de una obra de Durero, Wolfflin dice que es un caso típico de coincidencia entre et&#13;
asunto y fenómeno plástico. Nosotros nos preguntamos qué relación puede haber entre las form as de­&#13;
una estructura geom étrica, de la perspectiva y de la representación entre si y de todas ellas con el co­&#13;
lor. Si las hay no han sido investigadas y han quedado fuera de un conocim iento que pudiera p rever&#13;
sus efectos. Si bien existían procedim ientos para m anejar cada uno de estos factores no existía n inguna&#13;
que los sin te tiza ra en una unidad y por el mero hecho de su presencia conjunta en un plano entraban&#13;
en una relación creadora de efectos im previstos o inexplicables. Pero aquello que el autor no preve, el&#13;
espectador lo cap ta. El pintor se convertía entonces en espectador de su propia obra para hacer sobre&#13;
la obra ya reali zada el retoque que su sensibilidad le aconsejaba. Por un lado tenemos construcción&#13;
conciente y m etódica, por el otro un toque intuitivo guiado por factores psíquicos emotivos, mágicos&#13;
o prelógicos, destinado a llenar la grieta dejada por las relaciones incontroladas de los elementos&#13;
constructivos y creador a su vez de otro efecto. Entre casos variados, recordamos al lector la correc­&#13;
ción que el pintor hacía de la sección aurea.&#13;
Un pintor puede hacer luego de una larga experiencia una co dificación de sus intervenciones in tu iti­&#13;
vas, que sus discípulos a p licarán , que han de crear efectos previstos, pero que escapan a la base con­&#13;
ceptual de lo que quiere el pintor que sea su obra y de la que provienen los recursos constructivos. No&#13;
olvidemos que en esta base conceptual yace todo lo que una época es y lo que piensa de si m ism a.&#13;
Llegam os a la conclusión que la obra de arte no ha sido lo que quería la voluntad del a rtista.&#13;
A les motivos ya explicados debe agregarse el hecho que m uchas veces fa lta b a el conocim iento a fondo&#13;
de los elementos que se m anejan en la construccción. La n atu raleza del color ha perm anecido desco­&#13;
nocida durante largo tiempo de la historia de la p lástica.&#13;
&#13;
H en ri M atisse&#13;
&#13;
O dalisca&#13;
&#13;
Term in ad a la obra de arte caen sobre ella literatu ras y crítica s que pretenden exp licarla.&#13;
U na de las ideas más directas de lo que era el renacim iento se obtiene analizan d o la inclusión de ún­&#13;
tenla dentro de una estructura geom étrica, poligonal o c ircu la r, siguiendo secciones determ inadas por&#13;
el número de oro. Existe un tipo de crítica cie n tífica que investiga los recursos constructivos depen­&#13;
dientes de la voluntad del a rtista , que nos acerca a la época y a los procedimientos de la obra peroque no nos entrega la obra en sí porque ésta está envuelta en los efectos incontrolados de los elementos&#13;
cuya organización autónoma escapa a lo previsto. Sobre este hecho incide una crítica literaria que des­&#13;
conoce el resorte íntim o de su producción, como lo desconoció el a rtista , y que se detendrá en una&#13;
m era descripción envuelta en conceptos abstractos, con superabundancia de adjetivos y escasez de sus­&#13;
tantivos, destinada a com unicar reacciones subjetivas e individuales. Leemos en Oscar Wilde: "D e se a ­&#13;
mos saber qué hubiera contestado Leonardo si alguien le hubiera dicho de este cuadro (L a Gioconda)&#13;
que "todos los pensamientos y sabiduría del mundo dibujaron y dieron form a en él a todo lo que podía&#13;
" re fin a r y dar expresión; el anim alism o de G re cia , la sensualidad de Rom a, el ensueño de la Edad Me"d ia con su aspiración espiritual y am ores im aginativos, el retorno del mundo pagano, los pecados de&#13;
"lo s B o rg ias" (Wilde cita a un crítico muy co n o cid o ). Probablemente contestaría que no pensó en&#13;
ninguna de esas cosas sino que se lim itó sim plem ente a ciertas com binaciones de líneas y m asas y a&#13;
nuevas y curiosas arm onías de verde y a z u l" .&#13;
¿Cómo aprehender entonces una pintura? ¿qué es una pintura? Se hizo m ucha p in tu ra, se habla mu­&#13;
cho de p intura, pero no existe un concepto de lo que era la p intura. Con la com binación de colores y&#13;
form as se puede hacer m uchas cosas distintas.&#13;
A sí como la hemos descripto, la pintura registra una contradicción entre sus procedimientos y técn icas&#13;
por un lado y las relaciones de les productos de estas técnicas y procedimientos por otro. En efecto.&#13;
U na técn ica c ie n tífica , volu n taria y conciente producía relaciones fu era de control, en contradicción&#13;
con su origen.&#13;
&#13;
�ABRAHAM HABER&#13;
&#13;
Pero esta contradicción no ha existido siem pre en la historia de la p in tu ra. En cie rta s etap as, como a l­&#13;
gunos momentos de la Edad Media, hay acuerdo entre la técn ica y las relaciones de sus productos. Pero&#13;
en la Edad Media la pin tu ra era una cosa y otra en el Renacimiento. T am b ién ten ía otra técn ica cuyos&#13;
productos se relacionaban casi p erfectam ente en el medio creado por el tem a. H ab ía una técn ica para&#13;
una representación. En el Renacimiento se producen nuevas técn icas, pero se conserva la representa­&#13;
ción en cuyo seno debían relacionarse los productos de la técn ica de la Edad Media. H ab ía que adop­&#13;
ta r un nuevo sistem a de relaciones. Y este es un proceso que llega hasta nuestros días. El germen del&#13;
arte abstracto com ienza en el Renacimiento, etapa cu lm in an te de la representación. Y es en el seno del&#13;
arte abstracto donde com enzó a incubarse nuevas té cn icas y concepciones que dieron origen al per­&#13;
ceptismo, que no es pintura abstracta sino concreta.&#13;
¿Qué queremos los perceptistas? Querem os que una p in tu ra sea enteram ente controlable y dirigida&#13;
por la voluntad del pintor. Y esto no ha sido logrado por el arte abstracto, que en caja bien con las&#13;
técn icas del Renacimiento, pero que ha dado origen a co ntradicciones de otra índole liquidadas por el&#13;
perceptismo y su nueva técn ica.&#13;
T a m b ién la p in tu ra de Mondrian y de Malevitch ha cobrado un sig n ificad o independiente del que han&#13;
querido darle su s autores.&#13;
&#13;
Mondrian representa para nosotros ej deseo de e lim in a r de la pin tu ra todo lo que no sea co ntrolable.&#13;
De esta lim p ieza quedaron unicam e.nte los tres colores prim arios, los fondos grises, negros y blancos y&#13;
las lín eas rectas ve rtica le s y h orizon tales form ando ángulos rectos. A u n así no se pisaba terreno firm e&#13;
puesto que fa lta b a elim in ar la form a rectan g u lar de la tela que corta la vo ’untad del a rtista al ob lig ar­&#13;
lo a cu b rir toda esa su p erficie y que origina problem as que ya hemos discutido en otra oportunidad.&#13;
El perceptismo fué elim inando todas las co ntradiccio nes existentes en el seno del arte abstracto. Por&#13;
eso afirm am o s que es im posible que exista para el perceptismo una c rític a que separe la obra de la téc­&#13;
n ica y de la voluntad del auto r y se ponga a d ivag ar. Las divagaciones no tienen asidero en el percep­&#13;
tismo. El público ve y el crítico tendrá como asidero únicam ente la com prensión del proceso que ha&#13;
engendrado la obra de arte perceptista.&#13;
Hem os escuchado que " u n pintor es genial cuando p in ta, pero cuando habla de su obra dice estupide­&#13;
c e s " . De esta m anera el crític o queda libre para d ivag ar y crear por fu era del autor la p in tu ra que e n ­&#13;
treg a al público.&#13;
Eso era posible antes, pero no ohora cuando la obra de arte es lo que quiere el autor.&#13;
Por otra p arte, nada impide que! el perceptismo, siendo pintura no representativa, refleje su época que&#13;
tam bién quiere co ntro lar y d irig ir las relaciones de producción y am o ld arlas a las exig en cias de la té c ­&#13;
n ica de la época.&#13;
1&#13;
H ab rá observado tam bién el lector que nuestra teoría no es solam ente e x p lic a tiv a sino que, adem ás,&#13;
reform adora. Debido a eso la pintura p erceptista es un trab ajo m ancom unado del pintor y del teórico.&#13;
Y a no es posible que el pintor pinte y después caig an los teóricos con sus exp licacio n es e interp reta­&#13;
ciones.&#13;
Querem os agregar ahora una protesta contra las teo rías d esn atu ralizad o ras&#13;
siglo X X .&#13;
&#13;
del&#13;
&#13;
sentido&#13;
&#13;
del a rte del&#13;
&#13;
En su obra " L o im a g in a rio " Jean Paul Sarte a firm a que " L a obra de arte es un ir r e a l. . . El pintor pue­&#13;
de en efecto p a rtir de una im agen m ental que es como tal in co m u n icab le ". La p in tu ra será entonces&#13;
p ara este autor el objeto que hace el pintor para que su im agen pueda posarse en la realidad y ser co­&#13;
m u n ic a d a ". El cuadro debe ser concebido como una cosa m aterial que es visita d a de vez en cuando&#13;
(cad a vez que el espectador adopta la actitu d im ag in an te) por un irreal que es p recisam ente el ob­&#13;
jeto p in ta d o ". T a m b ién el arte abstracto es para Sartre una im agen producida en la co ncien cia del&#13;
pintor y sugerida en la tela por les recursos plásticos.&#13;
L a historia de la pintura del siglo X X nos está d ic ie id o lo co ntrario. No son los efectos plásticos los que&#13;
sirven a un tem a sino que se han escogido aquellos tem as que concordaran m ejor con los efectos p lá s­&#13;
ticos. Los impresionistas p re fe riría n el aire libre para m a n ife sta r sus juegos de lu z. Los fauvistas pre­&#13;
fe riría n em papelados y cortinados para soportar sus co ntrastes violentos de color. Y a los recursos p lá s­&#13;
ticos del perceptismo no pueden ser encarnados en alguna representación porque existe inco m p atib ili­&#13;
dad entre am bos facto res. Y con esto tam bién contestam os a aquellos que a firm a n que el a rte no&#13;
figurativo es una especie de eje rcicio o de estudio para abo rdar después el a rte representativo con&#13;
m ás im plem entos técnicos.&#13;
&#13;
S ev erin i&#13;
&#13;
A p o lo g ía del paso de Dos&#13;
Raúl&#13;
&#13;
Lo zza&#13;
&#13;
P in tu ra 2 7 8&#13;
(P ercep tism o 1 9 5 0 )&#13;
&#13;
�NUESTRA POSICION CRITICA Y TEORICA&#13;
la finalidad&#13;
histórica&#13;
&#13;
la linea&#13;
y la forma&#13;
&#13;
conocimiento&#13;
y re-presentación&#13;
&#13;
El PERCEPTISMO actúa en el frente del arte abstracto; su misión allí es la de llevar hasta sus úl­&#13;
timas consecuencias la no-representación. Nuestra experiencia estética supera las lagunas expresivas&#13;
e idealistas de las apariencias espaciales del arte abstracto, y transforma su práctica "no-objetiva" ha­&#13;
cia una finalidad objetiva.&#13;
Históricamente, el afianzamiento social de la burguesía tuvo su manifestación artística constructiva en&#13;
el renacimiento, afirmando su contenido humanista con fundamentales referencias al naturalismo&#13;
clásico greco-romano. No olvidemos que en esos períodos sociales, no ha sido el hombre en abstracto&#13;
y universal, sino una clase, la que ha dado origen a esas manifestaciones de superestructura cultural&#13;
y espiritual, y que si el arte, como la ciencia, ha legado a la humanidad sus conquistas históricas y&#13;
perdurables, éstas no son otras que ciertas perticuiaridades inventivas de los contenidos y las técnicas.&#13;
Comprobamos así que el "retornismo", o retorno a las formas clásicas del pasado, carecen de ese po­&#13;
der creador, y que ellas han sido actualizadas en la historia cada vez con más superficialidad y falta&#13;
de vitalidad, siempre que la burguesía experimentó un nuevo soplo de vida (neo-clasicismo en el si­&#13;
glo X V III y naturalismo en algunos países en elsiglo X IX ) . El naturalismo representativo fué nor­&#13;
ma de arte exclusivo de la burguesía en sus períodos de prosperidad, y el expresionismo subjetivo las&#13;
formas plásticas de su decadencia. Las Winckelman •, Walter Pater o Lessing, retroceden en la historia&#13;
del arte no para extraer su esencia, sino para trasplantar mecánicamente sus formas ideales. Los teó­&#13;
ricos del expresionismo, por su parte, exaltan el contenido erróneamente social de ciertas deformacio­&#13;
nes subjetivas e individualistas de los objetos.&#13;
¡&#13;
Cualquiera sea el carácter y los "contenidos" del arte tradicional y expresivo, su proceso creador sig­&#13;
nifica una adaptación intuitiva del objeto de la naturaleza a una idea. En oposición a esto, las formas&#13;
concretas del PERCEPTISMO son un todo verdadero, real y objetivo. Mientras la representación es&#13;
un producto de la IN TU IC IO N , lo objetivo no-representativo de nuestra obra es una EXPERIEN CIA&#13;
estética. Así, la intuición y la imaginación es retrospectiva, no histórica, y su expresión más avan­&#13;
zada es una deformación de lo conocido; mientras las formas del PERCEPTISMO son históricas y no&#13;
retrospectivas, y su razón de ser obedece a una práctica creadora e inventiva y su resultado final&#13;
es el conocimiento de un hecho nuevo.&#13;
Para el PERCEPTISMO, las mismas necesidades históricas que impulsan el desarrollo de la sociedad&#13;
transforman el arte. Por eso nuestra doctrina niega la posibilidad de extraer de la historia una mues­&#13;
tra ejemplar de arte racional y objetivo. Ella se basa en una esencia medular renovadora y orien­&#13;
tada hacia un mayor acercamiento a la realidad objetiva. A lo absoluto y perdurable de las for­&#13;
mas y las técnicas artísticas, anteponemos lo relativo por imperio de la dinámica social y colectiva del&#13;
hombre. Por eso, las actitudes adoptadas por el hombre frente a los problemas sociales, los actos de&#13;
su conciencia, fueron los mismos que hemos adoptado nosotros en el campo de las experiencias es­&#13;
téticas.&#13;
&#13;
Decimos, y mis obras lo justifican en la práctica, que la línea no es, propiamente dicho, un elemento&#13;
plástico. Ella es sólo un medio; sugiere, pero no muestra. Como la geometría y la matemática, en lo&#13;
que a la pintura se refiere, la línea no constituye realidad objetiva ni es cualidad de relaciones y&#13;
unidad no-representativas, pues, aquello que por medio de la línea se invente o se estructure, ha de&#13;
contribuir precisamente a la anulación de la línea como tal, ya que la supervivencia de la misma a&#13;
travez del proceso creador hacia el resultado final se referirá más a la psicología que a la visión con­&#13;
creta, afirmará más un ilusíonismo idealista que una objetividad material. La línea actúa dentro de los&#13;
límites de las apariencias.&#13;
Es significativo el hecho que Worringer haya dicho que la línea es "sentida como algo sustantivo&#13;
independiente de nosotros", como algo que "tiene una expresión propia". Nosotros sostenemos que la&#13;
línea, por simple y abstracta, inadaptable como tal, no se integra jamás al medio; determina formas&#13;
sin dejar de ser línea; crea dualismos apenas se la proyecte en el plano del lienzo o del muro. A través&#13;
de la línea, "el ojo sigue la senda preparada por él para la creación", sostuvo Paul Klee; ¿y qué es&#13;
eso que queda fuera de ese concepto funcional y expresivo de la línea?, aquella que la pintura tiene&#13;
de real objetivo, ya que la línea propiamente dicha,si predomina erróneamente como elemento visual&#13;
plástico, siempre re-presenta y expresa.&#13;
Los pintores ya estaban en lo cierto, intuían una verdad, cuando dijeron que "no existe la línea ni el&#13;
modelado; no hay más que contrastes", y la crítica en boca de Baudelaire, cuando dejó sentado que&#13;
"las líneas no son nunca, como en el arco iris, más que la fusión íntima de dos colores". No obs­&#13;
tante, en las obras de Mondrian aún se evidencia fundamentalmente la línea como un elemento plás­&#13;
tico y expresivo. Los trabajos de Vantongerloo dentro de lo más racional, y los de Paul Klee como for­&#13;
mas intuitivas, expresan bien todo lo que puede lograrse en el mundo de las re-presentaciones y las&#13;
apariencias artísticas mediante lo lineal. Para señalar el valor puramente abstracto de la línea, recor­&#13;
demos que para la física ésta no es más que la proyección de un rayo de luz a travez de un medio&#13;
ISOTROPO homogéneo y sin fuerza gravitatoria. En pintura es sólo un medio; cuando pretende per­&#13;
durar como finalidad elemental, siempre determina expresión o apariencias.&#13;
&#13;
El único proceso de conocimiento objetivo en que se basa la doctrina del PERCEPTISM O es el que&#13;
emana de una relación equilibrada entre objeto exterior y su reflejo en el cerebro del hombre. Pero&#13;
los que han considerado al arte re-presentativo y expresivo como un medio de conocimiento del mun­&#13;
do material y real han hecho extensivo hasta nuestros días un error inicial, como lo es el de consi­&#13;
derar la traducción puramente visual de las interpretaciones artísticas con iguales propiedades que&#13;
las imágenes reflejas de las cosas en nuestro cerebro. Del idealismo de Fiedler a la teoría de la vi­&#13;
sualidad pura de Roger Fry, existe toda una trayectoria de subestimaciones de la objetividad en la&#13;
consideración de las imágenes cognoscitivas del mundo que nos rodea. La percepción visual directa&#13;
como conocimiento del mundo, planteado por los teóricos de la pintura, mediante la "purificación" de&#13;
sus elementos propios, es un formalismo naturalista y metafísico. Para el PERCEPTISMO, toda forma&#13;
que re-presente o exprese algo deja de ser una imagen de conocimiento objetivo; porque toda forma&#13;
expresiva o anecdótica es en cierta medida un símbolo y no una imagen, debido a su aislacionismo&#13;
espacial; son formas semejantes pero irreales. Con el propósito de hacer comprensible mediante la&#13;
sola percepción visual toda la universal trascendencia de las cosas, el pintor intuye esas formas en&#13;
un mundo de espacios y tiempos aparentes.&#13;
&#13;
�RAUL LO ZZA&#13;
&#13;
Para elaborar una doctrina de los procesos de creación artística, los psicólogos y los filósofos han de­&#13;
bido recurrir a un fenómeno antitético al de la dinámica del conocimiento objetivo. El artista, crean­&#13;
do, sería como el demente, cuyo "complejo psíquico" o anímico actuaría sobre las cosas y las su­&#13;
cesos del mundo exterior, deformándolos y proyectándolos como un producto de su vida interior. Esas&#13;
afirmaciones son aceptables, sin embargo, para la pintura re-presentativa o expresiva, pues ellas están&#13;
elaboradas en base a los hechos evidentes e indiscutibles de su proceso substractivo; el error consiste&#13;
en pretender aplicar este sistema psíquico al arte no-representativo y a la dinámica de nuestro cono­&#13;
cimiento del mundo objetivo.&#13;
Ningún sistema filosófico podrá justificar y explicar el proceso que da lugar a la re-presentación en la&#13;
obra de arte sin recurrir al idealismo de los fenómenos dudosos, o a referencias de la vida anímica&#13;
y de los "complejos psicológicos" deformantes. Esta pintura tradicional es hoy el punto neurálgico&#13;
donde hace crisis el dualismo insólito de conocimiento objetivo y "conocimiento subjetivo". El sello&#13;
característico de tales formas artísticas, logradas a través de procesos deformantes o fruto de viven­&#13;
cias antropomorfas, es la substracción de toda dinámica cognoscitiva.&#13;
Para rechazar tales misticismos, no hemos pretendido elaborar con el PERCEPTISMO una nueva filoso­&#13;
fía, sino hacer extensivo a la experiencia estética el método dialéctico que niega, como un hecho de&#13;
carácter anormal, la insidencia de los "complejos psíquicos" individuales sobre el objeto de nuestra&#13;
percepción. Para lograr esa finalidad, no nos hemos limitado a justificar con una nueva doctrina es­&#13;
tética las desviaciones del pasado. Hemos transformado la misma práctica creadora.&#13;
&#13;
La ciencia confirma, cada día, la dialéctica de la naturaleza, especialmente con la comprobación de&#13;
la existencia de relaciones allí donde, durante mucho tiempo, el hombre creyó hallar solamente dua­&#13;
lismos y fuerzas irreconciliables. En este aspecto, el resultado más sobresaliente de la física ha sido&#13;
la teoría electromagnética de Maxwel con la fusión de los fenómenos luz y óptica, y recientemente,&#13;
la conciliación de las teorías ondulatoria y cospuscular de la luz. En lo que se refiere a las artes ¿en&#13;
qué medida los investigadores y los cientificistas han comprobado las contradicciones y los dualismos&#13;
y han llevado a feliz término los propósitos de síntesis?&#13;
La unidad de las artes visuales parece ser lo que demanda mayor esfuerzo y atención a los pintores,&#13;
arquitectos y escultores de vanguardia. Pero, en esta unidad de las diversas artes no está la solución&#13;
del problema, sino que ella sería su resultado lógico. La unidad funcional de cada una de ellas trae­&#13;
rá como consecuencia la unidad entre sí. Nunca podría lograrse una relación profunda y orgánica en­&#13;
tre ellas, sino una relación epidérmica de estilos, mientras cada arte visual mantenga su mundo es­&#13;
pacial y temporal propio. Esto ocurre, por ejem., entre la pintura y la arquitectura, aún en sus mani­&#13;
festaciones actuales más avanzadas ¿qué logramos en materia de síntesis de las artes visuales si so­&#13;
lamente es el diseño formal el que las relacione superficialmente entre sí, mientras en la práctica sus&#13;
espacios se destruyen mutuamente?&#13;
Considerando que la pintura, arte espacial bidimensional, no puede ser considerada al margen de la&#13;
realidad del muro arquitectónico, el PERCEPTISMO ha aportado su conquista más efectiva, al lograr&#13;
una conexión esencial entre espacios arquitectónico y pictórico, confirmando con este hecho prác­&#13;
tico y fundamental toda nuestra doctrina sobre la realidad objetiva del arte no-representativo. Para&#13;
condicionar el plano plástico en el medio arquitectónico y evitar toda ilusión espacial, el color ha&#13;
debido abandonar su "independencia" subjetiva y anímica, pasando a ser parte activa en la estructu­&#13;
ra de la forma plana. Es asi como color y forma, hasta ahora elementos para las más diversas emocio­&#13;
nes o expresiones en el seno de la obra artística, se sintetizan por primera vez en la historia de la&#13;
pintura, para un único fin objetivo y funcional.&#13;
En el dominio de la naturaleza del color, fué preciso comprobar lo inadecuado de todas las teorías&#13;
clásicas de los valores y relaciones, y superar también los viejos sistemas de medición. La conquista&#13;
del color concreto ha sido siempre dificultada por el afán de aplicar un sistema absoluto y abstracto&#13;
a las determinaciones cromáticas. Nada hay más inexacto y metafísico que pretender fijar una rea­&#13;
lidad objetiva con métodos parciales, subestimando con el absolutismo la importancia de lo que des­&#13;
de hace tanto tiempo es lugar común: que el comportamiento de un color de acuerdo a la visión de­&#13;
pende del medio, del campo y de su cualidad extensiva. Esta consideración relativa no niega la ob­&#13;
jetividad de un color, sino que la confirma y es además el instrumento que nos ha permitido determinar&#13;
su realidad concreta.&#13;
Si bien ha sido fácil superar históricamente todo el contenido anímico y simbólico del color, no lo ha&#13;
sido librarlo de ese pretendido carácter científico, imbuido igualmente de contenidos representativos y&#13;
expresivos. Tanto la vieja teoría abstracta de los "valores" complementarios como las "escalos ópticas"&#13;
de la perspectiva cromática, han sido los últimos valuartes representativos del color. Esta última ha&#13;
substituido a la profundidad descriptiva del arte naturalista, y ha sido utilizada por Cézanne en su&#13;
técnica del plano (luego propuesta por Polak como materia de enseñanza en las academias de arte).&#13;
Todas las teorías científicas del color son completamente abstractas, y sirven a los fines expresivos&#13;
y representativos cuando los utiliza el pintor. El PERCEPTISMO ha considerado como inadecuado todo&#13;
sistema que pretende determinar aisladamente una objetividad del color. Dos colores abstractos ca­&#13;
recen de relaciones estructurales, y sólo la forma condiciona su unidad en el plano funcional, o lo que&#13;
es lo mismo, en su medio circundante o campo. Desde el punto de vista de las sensaciones coloridas&#13;
no hay colores equivalentes; dos colores pueden tener el mismo grado de luminosidad, pero para la&#13;
percepción del plano jamás serán equivalentes. Sólo hay formas coloreadas planas equivalentes, y no&#13;
colores abstractos equivalentes.&#13;
j&#13;
&#13;
El concepto espacial de la pintura ha variado sensiblemente en todas las épocas, con un mayor o me­&#13;
nor grado de apariencia, pero partiendo siempre desde una realidad: la objetividad táctil del muro. La&#13;
diferencia de nuestra pintura con las prácticas artísticas del pasado lejano e inmediato, su aporte más&#13;
valioso en el desarrollo técnico y conceptual del arte, es la afirmación realista del espacio, la conexión&#13;
lograda a través del proceso creador entre categorías espaciales estéticas y físicas. Por eso hemos&#13;
dicho que nuestras formas artísticas no crean espacios subjetivos, sino que condicionan espacios reales.&#13;
Las ''realidades" táctiles y las "realidades" visuales han actuado en el arte como fuerzas contradicto­&#13;
rias porque jamás estas últimas han servido paro afirmar las primeras, sino para destruirlas. Nosotros&#13;
sostenemos que no puede haber un concepto objetivo del espacio sin una estrecha relación entre lo&#13;
&#13;
el color y&#13;
el plano&#13;
&#13;
espacio y&#13;
tiempo&#13;
&#13;
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la vanguardia del arte&#13;
&#13;
concreto&#13;
&#13;
teórico y polémico&#13;
D irección&#13;
&#13;
y red acció n :&#13;
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&#13;
n&#13;
&#13;
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Ol&#13;
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los continuadores y los “seguidores”&#13;
&#13;
La p in tu ra, como cu a lq u ie r otra activid ad del hom bre, tien e su evolu ció n: un m ovi­&#13;
m iento que la lleva a in teg rar la verdad de nuestro m undo. Su desarrollo ha sido&#13;
M ° , POr| “ .Creoc,on- Por eso a q u e lla s obras que repiten lo ya cread o sólo tienen&#13;
im p o r ta „ c 1 r Ud e 0|o0creadoU&#13;
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" " ' ' Cam Ín° ÚnÍcom ente com °&#13;
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&#13;
Siem pre hubo " S E G U ID O R E S " y C O N T IN U A D O R E S . C o n tin u ad o r es el que recibe&#13;
a h eren cia de la historia y la desenvuelve e im p u lsa. Seguidor, aq u él que devuelve&#13;
que recib e, m u ch as veces reb ajado y ach a ta d o . Los " S E G U ID O R E S " del R e n a c i­&#13;
m iento d e svitalizaro n los form as a rtística s " p u rific á n d o la s" m ed iante la adap tación&#13;
al gusto de as ca ra cte rística s m ás notables del m om ento, cayend o en un a m a n e ra ­&#13;
m iento su p e rfic ia l. M A N IE R IS T A S " hay en todas los ép ocas, y ésta del arte llam ado&#13;
ab stracto es q u iza la que m ás tien e.&#13;
H ay otros pintores que no son " S E G U ID O R E S " ni C O N T IN U A D O R E S . Son in d ivid u á­&#13;
is os y ap ro vechen las form as de la creación para m an ife starse a sí m ism os. Su arte ,&#13;
m as que o rig in al, es cap richo so, y si bien este individ uolism o dió en el posado obras&#13;
V a n Doesburg.&#13;
&#13;
Contracom posición sim u ltá n ea.&#13;
&#13;
* n n n nST&#13;
IC.aCIOn V ^ °- *“ ,C al'dad ' ho&gt;' es ¡«ad ecu ad o , pues el in d ivid u alism o no&#13;
es propio de esta época racio n alm en te h u m an a y cie n tífica m e n te p rogresista. A d em ás,&#13;
el estado a ctu a l de las form as p lásticos es reacio a ad m itir contenidos&#13;
" in tim is ta s "&#13;
que por su propia n a tu ra le za vuelven a recre ar form as trad icio n ales.&#13;
Posiblem ente d e fp a so ^ o&#13;
&#13;
qUe VU&#13;
&#13;
°&#13;
&#13;
reap° recer en ,a Pintura ab stracta todas las escu elas&#13;
&#13;
-&#13;
&#13;
Ól&#13;
&#13;
'O&#13;
&#13;
f n d iv id u a le s '^ r t e m n 1! . dÍVersÍd.ad de ' ° S tem as p erm itia cierto sim i,itu d ^ '&lt;* estilos&#13;
a Z ir í&#13;
° “ I e l! m e n ,° « “ e ¡" " a d u c ía lo varied ad , asi como lim itab a&#13;
la creac'on y la in ven ció n. La d esap arición del tem a obligó al artista o e n fren tar el&#13;
p oblem a de la creació n p ura, y asi se produjo el fenóm eno de la ace leració n en los&#13;
os y escu elas p lástico s, cu ya duració n fu é p au la tin a m e n te aco rtán d o se en el tiem po&#13;
poro ofrecer el va n a d o espectáculo del siglo X X con su sucesión de " ism o s" . Hoy no&#13;
solo una generación desenvuelve un estilo, sino que se presentan casos como l í de&#13;
V antong erloo.&#13;
&#13;
C u rva s - líneas - intervalos.&#13;
&#13;
ro&#13;
&#13;
IA&#13;
&#13;
M ax&#13;
&#13;
O&#13;
&#13;
Bill&#13;
&#13;
U nidad&#13;
&#13;
0&#13;
*3&#13;
1&#13;
&#13;
trip a rtita .&#13;
&#13;
en este número&#13;
escribim os sobre&#13;
&#13;
N&#13;
&#13;
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k.&#13;
&#13;
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N&#13;
1.&#13;
&lt;U&#13;
&#13;
psicología de la&#13;
&#13;
form a y fenom enología&#13;
&#13;
los co n tin uad ores y los "se g u id o re s"&#13;
&#13;
3&#13;
&#13;
cu atro libros&#13;
&#13;
**-&#13;
&#13;
V)&#13;
&#13;
"5&#13;
&#13;
7I&#13;
0&#13;
&#13;
D era in , retrato de V la m in c k .&#13;
&#13;
£&#13;
&#13;
e l problem a de las form as y del fondo&#13;
el proceso pictórico del "p e rce p tism o "&#13;
la c rítica&#13;
&#13;
d e sfavo rab le&#13;
&#13;
R aú l L o zza pintor&#13;
Co m en tario s&#13;
&#13;
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&#13;
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&amp;&#13;
&#13;
�1&#13;
&#13;
psicología de la forma y fenomenología&#13;
&#13;
D el Piom bo, d e talle de la m uerte de A donis&#13;
(S e m e jan za r ítm ic a en la s dos&#13;
fig u ra s de los extre m o s)&#13;
&#13;
2&#13;
El G reco , L a A g o nía&#13;
&#13;
en el H uerto&#13;
&#13;
crítica a través de un planteo estético&#13;
&#13;
(Ejem p lo de las leyes de se m e jan za&#13;
q ue a c e n tú a n les ritm o s a b stracto s)&#13;
3&#13;
&#13;
D eg as, B a ila rin a&#13;
(L a&#13;
&#13;
poniéndose la blusa&#13;
&#13;
posición de los b razo s a firm a un ritm o&#13;
a b stra cto m ed ian te la ley de p re g n an cia)&#13;
&#13;
" S í los síntom as no nos engañan se está form ando ahora una psicología d istin ta , que atiende&#13;
más a las estru ctu ia s com plejas y co ncretas que a su descomposición en elem entos. U na psi­&#13;
cología que prefiero poner los fenómenos p articu la re s en relación con la totalidad del hombre&#13;
a ordenarlos en serie de exp erien cia. Pocas ram as del saber son tan aptas como el estudio de&#13;
la exp erien cia y la creación a rtística s para se rv ir de piedra de toque a la fe rtilid a d de ese modo&#13;
de investigación ya que pocas exp erien cias se h allan tan arraig ad as en la totalidad de la p si­&#13;
que hum ana como la exp erien cia e sté tica ".&#13;
Esta psicología está ya en plena vig en cia, es la psicología de la forma, pero, en contra de lo que&#13;
a firm a b a Geiger, todavía no dió los resultados esperados por la estética.&#13;
Para la teoría del arte lo más im portante de la nueva orientación psicológica rad icaría en el estudio&#13;
de los sentim ientos en sus reloclones con las form as.&#13;
A ce rca de esto, la nueva psicología a firm a :&#13;
&#13;
Escribe&#13;
&#13;
_________________ab rah am&#13;
esta publicaron ha sido&#13;
haber&#13;
GENTILMENTE DONADA&#13;
POR&#13;
&#13;
fíéW U&#13;
&#13;
�In g r e s , O dalisca y esclava&#13;
(En e sta obra dom ina la com posición&#13;
la ley de la m ejor d irección )&#13;
&#13;
Husserl llegamos a conclusiones opuestas. La interpretación de Kohler sobre experiencias hechas en&#13;
anim ales nos hablar, de que aún antes de tener un sentido para la conciencia perceptiva común cons­&#13;
tituyen objetos “ que em o cio nan", “ que provocan espanto" (ver Guillaume, pág. 2 0 4 ). Recordemos&#13;
que adem ás ciertas com binaciones de colores y form as poseían por sí m ism as un carácter emotivo.&#13;
Se concluye de todo esto que hay una clase de objetos llamados emotivos, que se ofrecen directam ente&#13;
a la conciencia "e m o tiv a ", que resulta así sim ple y no fundada como quiere Husserl. Adem ás ese&#13;
objeto em otivo, que no es el objeto físico com ún, está compuesto por colores y form as.&#13;
¿C u ál es el lugar de estos objetos emotivos? ¿ V a n del brazo con los objetos físicos, con sig n ific a ­&#13;
ción para la conciencia perceptiva? ¿Coincide con ellos?&#13;
La psicología de la forma está m uy desorientada en este sentido, como para a tin a r a dar una solución.&#13;
Sin embargo se han recogido elementos para hacerlo. Vam os a aprovechar sus datos sobre la percep­&#13;
ción. La psicología de la forma ha elaborado supuestas leyes de organización sensorial para la per­&#13;
cepción, que pasamos a enu m erar:&#13;
Ley de proximidad: M ientras más cerca estén situ aad as las partes, mejor se constituirá el objeto o&#13;
totalidad.&#13;
Ley de sem ejanza: La totalidad tiende a organizarse entre elementos sem ejantes.&#13;
Ley de cierre: Favorece a ios contornos cerrados.&#13;
Ley de la mejor dirección: Los elementos tienden a prolongarse sin interrupción y cam bios bruscos.&#13;
Ley de la buena forma: Entre va ria s form as posibles se impone la que satisfaga más a la regularidad,&#13;
sim plicidad, sim etría y concisión.&#13;
A h ora bien; negamos estas leyes y decimos que sirven para la desorganización y r.o para la organi­&#13;
zació n de la percepción de los objetos reales. El mundo o las cosas del mundo se perciben como son (').&#13;
No hay ley sensorial que pueda imponer una condición al mundo para que pueda ser percibido.&#13;
En cam bio afirm am os que esas son las leyes por la s cuales el hombre se ilusiona o es ilusionado,&#13;
construyendo objetos ficticio s y desplazando a los reales. Veo un objeto. Si alguna ilusión óptica me&#13;
lo acu ita y me destaca otra cosa el engaño está apoyado sobre las leyes antedichas. La perdiz se con­&#13;
funde con el fo lla je por la "se m e ja n za del color y de la constitución su p e rficia l. Este objeto que&#13;
a va n za por la carretera y se desprende de un fondo estuvo confundido con él g racias al efecto de&#13;
las leyes de la mejor dirección y de la buena fo rm a . ¿ Y todos los ejemplos que sobre el papel nos&#13;
ofrecen los psicólogos de la form a? Obsérvese que la visión en un plano, tal como figu ra en dichos&#13;
ejem plos es un momento abstracto de la visión y que los objetos que construyen son objetos fic t i­&#13;
cios sin un apoyo, im ag inario tampoco, en la realidad físic a . D ichas leyes construyen objetos ficti­&#13;
cios, pero nunca condicionan la percepción de objetos reales.&#13;
Cuando estamos en disposición afectiva (Husserl hubiera dicho intención a fe c tiv a ), cuando nos des­&#13;
interesam os de la realidad y nuestra experiencia en ella, m ediante las leyes m encionadas recorramos&#13;
objetos "em o tivo s". Pero esta vez el objeto real no desaparece sino que permanece y sirve de fon­&#13;
do. Podríamos intentar el enunciado de una le y: L a s form as o fig u ras de una psique centrada a fe c ­&#13;
tivam ente se destacan sobre un fondo constituido por el campo perceptivo práctico. Es decir, la emo­&#13;
ción seguirá viendo y reconociendo las cosas tal como la exp eriencia las conoce pero sobre esa visión&#13;
cotidiana de fig u ra y fondos se elevaran form as contorneadas por la disposición a fectiva. El campo&#13;
perceptivo práctico constituido por fig u ras y fondos pasa íntegram ente así a la calidad de fondo&#13;
para la percepción afectiva que recorta sobre ellos sus form as. A veces, estas form as están co nstitu i­&#13;
das por los huecos que dejan las cosas de la percepción p ráctica, a veces coinciden con las cosas y&#13;
casi siem pre son fig uras form adas por la com binación de elementos tomados de los huecos y de las&#13;
cosas. N aturalm ente, los colores tam bién form an conjuntos. Las fig u ras de la emoción no desintegran&#13;
las form as de la experiencia p ráctica y es casi inconciente para el sujeto el visión de las prim eras&#13;
y el hecho que se destaquen sobre las segundas. Q uizá esto haya sido entrevisto por N ietzehe cuando&#13;
&#13;
F e in in g e r , Puente, 1 9 1 3&#13;
(D isg reg ación d in á m ica del&#13;
(objeto representado)&#13;
&#13;
�Braq ue,&#13;
(Ju eg o din ám ico de&#13;
&#13;
R a ú l L o z z a , pintura perceptista&#13;
&#13;
pintura&#13;
&#13;
1918&#13;
&#13;
form as débiles)&#13;
&#13;
escrib ió : "observo que todos los paisajes que me agradan de una m anera durable contienen en su&#13;
diversidad una sim pie figu ra de líneas geo m étricas".&#13;
Si estoy en disposición afectiva se form a ese objeto " a fe c tiv o " por efecto de las leyes antedichas,&#13;
pero el conjunto perceptivo práctico que sirve de fondo es el que da los elementos para form arlo, de&#13;
m anera que no vuelco yo una emoción o las form as de una emoción sino que mi disposición afectiva&#13;
destaca sobre los objetos físicos las form as abstracto-em otivas condicionadas por los elementos del fo n­&#13;
do práctico, aquellos elementos que puedan adaptarse a las leyes de organización em otiva. Los ele­&#13;
mentos están pre-dados. ¿Estas form as expresan una emoción por su carácter propio? M uchas veces&#13;
las form as destacadas de esta m anera son pobres en contenido afectivo. A veces nos conmueven pro­&#13;
fundam ente, otras apenas rozan la disposición a fe ctiva que las reveló. Obsérvese que el trabajo de un&#13;
pintor clásico ha sido el de acomodar o sus personajes para que den ocasión de surgir un objeto&#13;
emotivo rico en e xp re sa n . El pintor no " h a c e " las form as de los personajes. Las toma de la n aturale­&#13;
za tal como son. Lo que hace el pintor es ese objeto em otivo-abstracto que se recorta sobre el fondo&#13;
dado por la n atu raleza. Desde este punto de vista el escorzo y la perspectiva se u tiliza n para m anejar&#13;
los personajes y perm itir que sus form as ofrezcan más elementos y condiciones para que su rja el obje­&#13;
to em otivo-abstracto. Llega un momento en la historia de la pintura en que dichas condiciones e x i­&#13;
gen la deform ación del objeto de la n atu raleza, que finalm ente desaparece.&#13;
En estas páginas ilustram os con algunos ejemplos el uso de objetos abstractos construidos de acuerdo&#13;
a las leyes investigadas por la psicología de la forma y destacados sobre el fondo.&#13;
En lo que se refiere directam ente a la fenom enología son m uchas las objeciones que podemos hacer&#13;
a su planteo estét'co.&#13;
Cuando Sartre quiere estudiar con el método fenomenológico la vida im aginaria dice:&#13;
&#13;
167 (año ] 9 4 9 )&#13;
&#13;
(El objeto re a l supera las relacio n e s a s o c ia tiva s)&#13;
&#13;
M ax Bill&#13;
&#13;
Construcción en dos portes.&#13;
&#13;
(1 ) K o eh le r a firm a que h ay una correspondencia estricta entre unidad físic a y percep­&#13;
tiv a . C onstituyen una excepción los objetos físico s absorbidos por el contorno. M erleau&#13;
Ponty dice que prim ero percibim os un conjunto como cosa y luego la actitud a n a lític a&#13;
discierne las leyes de la percepción.&#13;
&#13;
�La&#13;
&#13;
f ig u r e&#13;
&#13;
T h e A m b assad o r Editions. Londres&#13;
Editado por Lo u is C a rré . P arís.&#13;
&#13;
dans l'oeuvre de Fernand Leger&#13;
&#13;
Graham Shuterland&#13;
&#13;
Estética&#13;
&#13;
de F r¡edrich K a in z&#13;
Editado por el Fondo de C u ltu ra Económ ica&#13;
&#13;
CUATRO&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
Como lo dice el au to r en el prólogo, el libro es la versión de un curso&#13;
acad ém ico. R ealizad o con p ro lijid ad , da una in fcrm ació h d e tallad a del&#13;
pensam iento estético. Enfoca el problem a de todos los puntos de vista&#13;
posibles y recorre su histo ria deteniéndose especialm ente en las teorías&#13;
m odernas. H ay acum ulació n de datos, pero el auto r no logra entregarnos&#13;
en conceptos qué es la c ie n cia del arte . Se estudian las accio nes y las&#13;
reacciones, los datos objetivos y los datos subjetivos pero la síntesis de&#13;
todos ellos no integran los fenóm enos del arte . El defecto es g e n e ral; los&#13;
filósofos del arte no han podido tod avía acercarse a su objeto. Planean&#13;
por la psicología, la fisio lo g ía , la m e ta física , la antropología, la histo ria,&#13;
etc. . . . pero no a te rriz a n en el campo del arte . Los cie n cias a u x ilia re s&#13;
no han m adurado to d avía como para d ar resultados sa tisfacto rio s. La&#13;
teoría de la em oción ha sido em pantanada por M ax S ch eler en el campo&#13;
de los valores y la p sicología de la form o no dará su p a la b ra d e fin itiva&#13;
hasta librarse de sus últim os resabios m e tafísicas. La estética sigue siendo&#13;
el terreno para la ave n tu ra del pensam iento.&#13;
K a in z sa lv a con dignidad su com etido de in fo rm ar. Se acerca m ás que&#13;
otros a la ta re a del a rtis ta . L a anotam os como un m érito porque resulta&#13;
evidente que a lo lorgo de la histo ria el pensam iento del filósofo ha&#13;
tenido m uy pocos contactos con la labor del a rtista .&#13;
Queda in clu id a en esta c rític a la llam ad a "e s té tic a desde a b a jo " qué&#13;
p a rtía de datos psicológicos pero que no d iscrim in ab a entre los estím ulos&#13;
cu ales eran a rtístico s y cu ales no. K a in z tra ta de e le va r a una exp licació n&#13;
estética ciertos principios que guían al a rtista en su p rá c tic a . Esta es la&#13;
parte p ositiva. Pero no es m ás que un com ienzo.&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
13&#13;
&#13;
Gabo - Persner&#13;
Edición del M useo de A rte M oderno de N u eva Y o rk&#13;
&#13;
Fotos de los trab ajo s de N au m G abo y A n to in e Pevsner con un trab ajo&#13;
p re lim in a r de H erbert R ead y estudios b io g ráfico s a cargo de Ruth O lson&#13;
yA b rah am C h a n in .&#13;
&#13;
D estacam os la sig uiente afirm ació n de R ead : " L a p a rticu la r visió n de&#13;
la realid a d , común al co nstructivism o de Pevsner y G abo y al neoplasticism o de M o n drián d eriva de la estructura del universo físico revelado&#13;
por la cie n c ia m o d ern a."&#13;
Si el lector observa las fotos es d ifíc il que capte la estru ctu ra m entada.&#13;
Lo que está a la v ista es el dinam ism o y el ritm o. Y nada m ás. Repe­&#13;
tim os que es in ú til tr a ta r de representar o sim b o liza r el universo según&#13;
lo concibe la cien cia m oderna, que u tiliz a conceptos h asta ahora irrepresentables.&#13;
El constructivism o de G ab o, de Pevsner y de T a t lin ha dejado rastros en&#13;
todas las direcciones de la escu ltura m oderna, especialm ente en C a ld e r&#13;
y M ax Bill.&#13;
L a preocupación de G abo y Pevsner co nsistía en estab lecer las bases de&#13;
un arte nuevo sobre el tiem po y el espacio. Si éstos eran los dos ele­&#13;
mentos fu n d am en tales, la m asa, la m a te ria , no era m ás que un medio&#13;
para exp resar el espacio y el tiem po. El princip al problem a consistía en&#13;
h a lla r una estru ctu ra e sp acial, un método de componer en el espacio.&#13;
La evolución ulterio r nos m uestra cu ál ha sido la solución.&#13;
Los conceptos de la cien cia m oderna han sido "tra n sp u e sto s" a la escu l­&#13;
tu ra . H erbert R ead dice que han sido reducidos a un sím bolo plástico.&#13;
El espacio está dado en la obra, el tiempo lo pone el espectador al&#13;
recorrer con la vista el cam ino indicado por el auto r. M a x Bill em plea&#13;
casi siem pre v a ria cio n e s sobre el fo lio de M o eb ius, que consiste en una&#13;
cin ta retorcida cuyos extrem os se han soldado. T ie n e propiedades muy&#13;
e xtra ñ a s. Si se corta long itud inalm ente queda una sola cin ta con dos&#13;
retorcidos. L a s a rista s que constituyen el borde no son dos, como parece&#13;
a prim era v is ta , sino que se co n tin ú an , form ando en re alid ad un solo&#13;
borde. Lo hem os visto en ciertos libros de físic a que lo u tiliz a n para&#13;
ilu stra r en dos dim ensiones lo que sería la c u rv a tu ra del espacio de cuatro&#13;
dim ensiones.&#13;
M ax Bill exp lota estas propiedades para co nstru ir un ritm o continuo. La&#13;
m irad a hace juegos dinám icos. Recorre la escu ltu ra, vuelve al punto de&#13;
p a rtid a, se escinde en tres partes (escultura trip a rtita ) vu e lve a unirse.&#13;
En el punto de unión tiene v a ria s posibilidades para re in ic ia r el cam ino&#13;
y así ind efinidam ente.&#13;
Creen hab er reem plazado la representación de la n a tu ra le za por la repre­&#13;
sentación del universo físico -m atem ático . Pero el arte del a rte represen­&#13;
ta tivo estuvo siem pre en la m anera de representar y nunca en el con­&#13;
tenido.&#13;
En las escu ltu ras de M a x B ill siem pre encontrarem os los eternos principios&#13;
del a rte de todos los tiem pos; "U n id a d en la v a rie d a d " : L a c in ta m etá­&#13;
lica se ra m ific a 1 de m anera que el cam ino no sea confuso pero tampoco&#13;
monótono. Interviene en el efecto estético el ancho de la cin ta y el&#13;
tam año de las ram ificacio n es. Reconocem os sin em bargo que la índole&#13;
del contenido&#13;
que quieren representar ha forzado a ab andonar ciertos&#13;
procedim ientos y té cn icas del arte anterio r.&#13;
Todo esto, que ha sido elevado por M ax Bill a sus ú ltim as co nsecuencias,&#13;
está en plena evolución en los trab ajo s de Pevsner y G ab o, que tam bién&#13;
han tanteado en o tras direccio nes, ensayando en el cam po del m ovi­&#13;
m iento, resuelto aparentem ente por C a ld e r, y en el cam po espacial de&#13;
profundidad investigado por M o ho ly-N agy.&#13;
El libro inform a tam bién de las disputas que tuviero n lu g ar en R u sia ,&#13;
patria1 de Pevsner y de G ab o, en torno a la fu n ció n social del arte.&#13;
&#13;
�el problema&#13;
de las formas y del fondo&#13;
" T o d a s las épocas en tran ce de retroceso y desintegración&#13;
son su b je tiv a s; en cam bio las épocas progresivas&#13;
tienen siem pre una tendencia o b je tiv a "&#13;
(Goethe)&#13;
&#13;
En un trabajo publicado recientem ente ( Perceptismo N ° 6 ) me he referido en general al problema de&#13;
las formas y del contenido en la p intura. Es necesario, a modo de continuación, tra ta r hoy el desarro­&#13;
llo histórico de las formas p lásticas y del fondo. A l a firm a r nuestro concepto sobre una unidad concre­&#13;
ta de los factores disociados en el arte, he tratado de evitar toda definición a b stia cta . La doctrina&#13;
del perceptismo no es una definición m ás, agregada al ya enm arañado campo de las especulaciones&#13;
estéticas; ella es el producto de una exp eriencia creadora, rica en contenidos vitale s y sociales. Es por&#13;
eso que el perceptismo no es un arte " fo rm a lis ta " , denom inación que he rechazado con toda energía&#13;
por anto jad iza y absurda. Sin embargo hemos de a firm a r que la pintura representativa o fig u ra tiva es,&#13;
sí, un arte " fo rm a lis ta ", hecho reconocido incondicionalm ente hasta por sus propios cultores, pues,&#13;
a l decir de Ruskin, lo que se pinta en el arte n atu ralista no es el objeto ni algo parecido a é l, sino su&#13;
propia forma. Evidentem ente, el pintor representativo se vale de las formas del mundo exterio r; sola­&#13;
mente extrae formas del mundo objetivo, cuyos contenidos están librados subjetivam ente a nuestra&#13;
vida a n ím ica que llega a deform ar y a a lte ra r las ap arien cias del mundo sensible que nos rodea.&#13;
El problema de las formas y del fondo, decisivo para determ inar la visión en p intura, tiene igualm en­&#13;
te una estrecha e histórica relación con el grado de desarrollo so cial, cuya técnica no sólo condiciona&#13;
un estilo form al en el arte, sino que a firm a tam bién un contenido. Podremos e xtra e r fácilm en te esas&#13;
conclusiones del propio arte p rim it'vo , donde una forma, por abstracta y geom étrica que nos p arezca,&#13;
no deja de ser un símbolo o un signo. Es así como la supervivencia de los viejos conceptos artísticos&#13;
crea las formas convencionales, pues el contenido mismo es el que se ha desarrollado en toda la&#13;
historia del arte, hasta lograr su propia forma concreta. Si encaram os el problema desde el punto de&#13;
vista del conocim iento, sin m enospreciar los factores visu ales y sociales en el desarrollo de la cu ltu ra,&#13;
comprobaremos que no hay un arte fo rm alista y otro de contenido, sino que hay una m ayor o menor&#13;
relación entre forma y contenido, un m ayor o m enor alcan ce de la forma concreta.&#13;
Expresar cómo vemos o cómo conocemos el mundo que nos rodea ha sido un dilem a en todo el arte&#13;
dei pasado. Y hasta cuando el pintor "s ie n te " un objeto, no escapa éste a su problema de dim en­&#13;
sión espacial, a la imposición de las leyes de la realidad objetiva, exterio r; sin embargo, en ninguno&#13;
de estos casos la pintura ha constituido un medio de conocim iento, sino una pálida y deform ada&#13;
m anifestación de lo "Onocido. En las etapas del a rte representativo, ni el área visu al circunscripto al&#13;
propio objeto, ni el punto de v'sta fijo del objeto en un fondo, ni la visión sim ultánea de m últiples&#13;
facetas de las cosas con su trastocado desplazam iento esp acial, han logrado conquistar la realidad&#13;
concreta del mundo que nos rodea. Pero, no obstante, esta transform ació n en la concepción visual en&#13;
la pintura es la que señala su desarrollo histórico, aunque desde los pueblos prim itivos hasta la p rá c­&#13;
tica artística actual "n o -o b je tiva", incluyendo las nuevas tendencias basadas en las diversas dim en­&#13;
siones espacio-tem porales, la pintura haya perm anecido dentro de los lím ites de le representativo o&#13;
figurativo, ya sea m ediante un realism o verista o un realism o intelectual.&#13;
El problema fundam ental que se presenta en el desai rollo histórico de la p intura, el que dictam ina&#13;
su trascendencia y sus propiedades reales y concretos, el que nos p erm itirá consignar con claridad&#13;
m eridiana la relación de su proceso técnico y conceptual en la totalidad de los hechos sociales, es el&#13;
que se desprende de su fenómeno espacial de forma y de fondo. Basta rem itirnos al arte rupestre&#13;
para comprobar que la concepción visual sim ple, circu n scrip ta a las necesidades más inm ediatas, im ­&#13;
pone a la relación de la forma las leyes necesarias para la integridad del objeto que demanda la aten­&#13;
ción de! autor. En estas prim eras m anifestaciones p lásticas muy rara vez hallam os una proporción&#13;
" ló g ic a " , n atu ral, entre objeto y objeto, y jam ás una relación esp acial, una estru ctu ra, entre ambos.&#13;
Sin embargo, el hecho mismo de proyectarse lo trid im en sion al sobre dos dim ensiones, con la consi-&#13;
&#13;
Giotto, San Ju a n y ios pastores.&#13;
Ed gar P illet, p intura.&#13;
&#13;
guíente imposición de un punto de m ira espacial fijo , pone de m anifiesto, desde ya, el problema la ­&#13;
tente del fondo. El hombre de algunos pueblos p rim itivos, y luego el egipcio con más propiedad, sin ­&#13;
tieron tam bién la necesidad de expresarse de acuerdo a un conocim iento del mundo m ás am plio que&#13;
el simplemente visu a l; pero, para eso, les faltó el dominio expansivo del espacio debido a la fa lta de&#13;
los recursos de las ciencias física s y naturales El advenim iento de una nueva clase, floreciente y pu­&#13;
jan te, orientó en el renacim iento a la conquista de espacios aparentes m ediante un retorno a| natu­&#13;
ralism o idealista. Estos retornos a las form as clá sica s del naturalism o se repiten en la historia cada&#13;
vez que las clases dominantes reciben un soplo de vida, pero sus aportes positivos al progreso de la&#13;
plástica son cada vez menores, pues la in iciativa inventiva ha pasado a ser patrim onio de los sectores&#13;
más disconformes.&#13;
N uestra concepción dialéctica del arte, cuyos fundam entos sociales transform an la estética tra d i­&#13;
cional y especulativa, resolviendo una serie de problem as contradictorios y llevando a fe liz término&#13;
la búsqueda de una esencia funcional y hum ana del arte, se atiene a estos procesos espaciales de las&#13;
fot mas a rtísticas considerándolas como vivas m anifestaciones de la cu ltu ra. No aceptamos la opinión&#13;
&#13;
�que considera m ecánicam ente como determ inante de los estilos artísticos solam ente los desarrollos de&#13;
las form as de producción, sino que en ello intervienen tam bién los com plejos y contradictorios fa cto ­&#13;
res sociales de relación entre producción y consumo. De esta m anera, no nos planteam os el fenó­&#13;
meno aislado, de la adaptación técnica del m aterial al medio, sino la adaptación del material al&#13;
hombre, a su trascendencia social. Esa adaptación, como facto r revolucionario por un lado, y nuestro&#13;
dominio técnico de la n atu raleza por otro, influ yen p articularm ente, en las form as del arte, y en&#13;
las m anifestaciones de la cuitura en general.&#13;
Nos han acostum brado a considerar al renacim iento del siglo X V como la más elevada m anifestación&#13;
•del a rte ; y algunos sostienen que se trata de un período histórico en que se han dado obras inalcansaoles ya por el poder creador del hombre. ¿Es exacto el ju icio que a firm a la existen cia, en el ren aci­&#13;
m iento, de ciertas condiciones sociales propicias para condicionar un arte de valores estables, que&#13;
constituya un ejemplo para el porvenir? En todas las épocas el pintor pudo ser un creador, pero esta&#13;
■facultad solo fué ejercida cuando las condiciones sociales en general propiciaron el planteo de funda­&#13;
m entales problemas espaciales en su arte. Si bien en los siglos X I V y X V se dan estas condiciones&#13;
progresistas, y la pintura entra en el dominio de los espacios aparentes tras los atisbos de Uccelio&#13;
por la ventana del mundo, y tras los sólidos ritmos espaciales en las estructuras del Giotto, la noción&#13;
de espacio en la p intura, de forma y de fondo, no se detiene en ese verism o n atu ralista del cinquecento, sino que adquiere caracteres sobrenaturales en el barroco, y su últim a expresión dinám ica fig u ­&#13;
rativa en el rom anticism o, constituyendo en todas estas etapas la única m anifestación del progreso&#13;
so cial, el más positivo reflejo del grado de su desarrollo.&#13;
-Cuando Cézonne retoma e¡ muro como realidad in ic ia l, e! fondo deja de ser una escenografía encon­&#13;
tra d a en los lím ites de las ap arien cias n atu ralistas. A l reencontrar el plano, intenta plasm ar en él ese&#13;
geom étrico volum en de las cosas tridim ensionales, que sólo pudo lograr en la medida en que el con­&#13;
cepto clásico de la percepción visual fué disgregado, dando paso al nacim iento de lo que llam arem os&#13;
fondo abstracto. Toda la im portancia de Cézanne como precursor se basa directam ente en esa nueva&#13;
concepción visu a l, en esa sabia concesión otorgada a la realidad exterior (plano del muro y espa­&#13;
cios fís ic o s ). El problema de este pintor, como el de los cubistas, no consistía ya en a firm a r una&#13;
forma representativa de las cosas que nos rodean con la perennidad de objeto ideal, sino en relacio­&#13;
n a r estos objetos m ediante un nuevo orden espacial plástico, condicionando forma y fondo a una&#13;
latente realidad bidim ensional impuesta por el muro o la tela. Es así como las formas visuales del&#13;
mundo que nos rodea pudieron desintegrarse en formas afirmativas de un conocim iento menos estre­&#13;
cho del universo, transform ando y am pliando fundam entalm ente el campo de las posibilidades espa­&#13;
ciale s.&#13;
Es un juicio erróneo, producto del pensamiento idealista el que deduce que el arte surge en estilos&#13;
oislados, sin un encadenam iento progresivo. Por el contrario, las artes gozan igualm ente de un des-arrollo constante hacia una m eta, y este proceso experim entado en la experiencia creadora del hom­&#13;
bre deja el saldo de una constante m ayor unidad de las formas y los espacios h acia el objetivo con­&#13;
creto como fin alid ad o etapa superior. Los ritm osunificadores en el arte del Giotto, el dominio d é la s&#13;
estru ctu ras espaciales del renacim iento, el ajuste del plano en Cézanne y en los cubistas, y el propó­&#13;
sito expansivo en la ap arien cia d inám ica de los pintores fu tu ristas, es el reflejo más cabal de ciertas&#13;
condiciones sociales derivadas de sus propias contradicciones y sus progresos. La universalidad del&#13;
a rte , conquistada en el campo de la visu alid ad , es un reflejo de conquistas sim ilares en los órdenes&#13;
de la vida social. En este sentido, lejos de e x a lta r el localism o propio de los pueblos prim itivos, la&#13;
doctrina del perceptismo sostiene que el fenómeno de la u n iversalizació n del arte es sim ila r al expe­&#13;
rimentado por la religión, denominado por el m aterialism o dialéctico como de "proceso n o rm al".&#13;
L a s m ism as in flu en cias del medio que orientaron la pintura h acía sus formas objetivas no-represen­&#13;
ta tiv a s, son las que encausaron el arte por las etapas inevitables de las experiencias abstractas. Y a&#13;
las formas geom étricas y exDresivas de Kandinsky se relacionan sobre un fondo abstracto, introdu­&#13;
ciendo la pintura en la órbita en que ha nacido y se ha desarrollado el arte m usical. Es sig n ificativo&#13;
el hecho de que las prim eras m anifestaciones de la pintura abstracta se hayan basado en formas&#13;
p lá stica s sobre un fondo uniform e, o neutro, pero propicio a la penetración espacial de los planos co­&#13;
loreados (un fondo abstracto, y no co n creto ). La relación de los sonidos m usicales se producen sobre&#13;
un fondo sim ilar. Ejem plos de esta pintura son alg u n as obras de Kandinsky, las compos'ciones suprem atistas de Malevitch, de 1914, "p lano s v e rtic a le s" de Kupka, la "com posición" de 1915 de Arp,&#13;
num erosas pinturas de Mondrian y de Moholy-Nagy de 1915 y 1922 y le casi totalidad de las obras&#13;
ele Magnelli. Ha existido una m arcada d iferen cia en cuanto a| grado de abstracción en que se han&#13;
desarrollado la m úsica y la p intura, y sin embargo am bas han obedecido a las m ism as influ en cias&#13;
sociales. La prim era, por ejem plo, por ser un arte de tiem po, jam ás se ha basado en formas figura­&#13;
tivas naturales, o copia de sonidos de la percepción cotidiana, cualidad que ha permitido poner más&#13;
de m anifiesto y más al alcan ce del oyente e' fa cto r creativo e inventivo. Aunque sus formas se han&#13;
&#13;
M a le v ic h , composición su prem atista.&#13;
&#13;
M o ho ly-N ag y (1 9 3 0 )&#13;
C é z a n n e , B añ ista s.&#13;
&#13;
c&#13;
&#13;
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&#13;
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&#13;
�M o nd rian, pintura neop lasticista.&#13;
&#13;
P in tu ra p rim itiva, cueva de " L a V ie ja " .&#13;
&#13;
Y v e s T a n g u y , pintura su rre alista.&#13;
&#13;
proyectado sobre un fondo, no existió mayor contradicción en eso. El contenido expresivo pasional,&#13;
sentim ental, de toda la m úsica no la relega de su plano abstracto en cuanto a percepción de form as&#13;
natu ralistas.&#13;
Es Mondrian y sus continuadores los que se esfu erzan en superar los obstáculos que dividen in e vita­&#13;
blemente la pintura en formas y fondo. No obstante, ni la tela fraccionada y equilibrada por lo color&#13;
y lo no-color en Mondrian, ni las formas yuxtap uestas en la totalidad del plano, de los más recen tes&#13;
neoplasticistas, logran el fin perseguido. A ctu alm en te algunos creen resolver el problema del fondo&#13;
fraccionando el plano en zonas crom áticas equilibradas, pero no logran sa lvar el cerco de la a b strac­&#13;
ción y de las ap arien cias representativas de espacios, pues carecen de un método objetivo y concreto&#13;
de dominio de| color.&#13;
En el desarrollo de las formas p lásticas representativos y expresivas hacia una realidad concreta, h a ­&#13;
cia los dominios del mundo objetivo en que el hombre a ctú a, los estetas de todos los tiempos no v ie ­&#13;
ron más que lo ideal y lo absoluto, y crearon así un dogma de belleza pura y abstracta. Las propor­&#13;
ciones pre-establecidas y los recursos rítm icos como determ inación de las formes abstractas sa tisfi­&#13;
cieron las exigencias de los más cie n tificista s creadores e investigadores del arte. (A ctualm ente no&#13;
pocos pintores no-figurativos se valen de esos viejos métodos convencionales de e stru ctu ra ). Con la&#13;
crisis de las teorías exp licativas clásicas los psicólogos tam bién penetraron con entusiasm o en los&#13;
fenómenos de la percepción de las formas a rtística s, desde sus respectivos ángulos deductivos o e x ­&#13;
perim entales, creando así un mundo propio de la obra de a rte, el mundo ideal de las form as sensi­&#13;
bles y emotivas. La "psicología de la fo rm a ", que ha tratado especialm ente estos problemas de la&#13;
percepción del mundo que nos rodea, al pretender superar el dualism o de las antiguas teorías del&#13;
conocim iento, creó otro dualism o, como el de la existen cia de formas psicológicas estrictas. Estas for­&#13;
mas, de valores universales abstractos, están proyectadas sobre un fondo, pero el propósito de consi­&#13;
derar dicho fondo, o el medio, como parte activa en ia determ inación de las formas em otivas, no tie ­&#13;
ne el alcan ce necesario como para condicionar la forma concreta. ¿Sobre qué fondo se proyectan las&#13;
formas em otivas, según esta psicología? Sobre el fondo incom patible y variab le de los sucesos p rác­&#13;
ticos; de lo que se deduce que la relación entre forma y fondo está entorpecida por ese dualism o de&#13;
nuevo cuño. (V e r a rtícu lo de Haber en este n ú m e ro '.&#13;
Las doctrinas de los psicólogos idealistas, que nosotros no hemos dejado de a n a liz a r poniendo en&#13;
claro sus errores y sus lagunas, pretenden dar por descontada la existencia de formas estéticas sig n i­&#13;
fic a tiv a s, estructuradas " a p rio ri", al margen de las experiencias p lásticas y sus problemas co tid ia­&#13;
nos. Esas teorías han atraído sensiblem ente a m uchos pintores no-figurativos y crítico s de arte, que&#13;
se basan en esa cómoda afirm ació n de la p reexistencia de formas con propiedades inherentes, bellas&#13;
y agradables, frente a las cuales la p ráctica creadora sólo tiene la misión de acondicionarlas a la&#13;
percepc¡ón visual de acuerdo a un estilo determ inado, o e n ca ja rla s en una determ inada forma repre­&#13;
sentativa o abstracta.&#13;
Las formas p lásticas del perceptismo surgen única y exclusivam ente de una p ráctica creadora a firmnHva de una realidad objetiva. El objeto de y para la sensibilidad está condicionado por un facto r&#13;
real exterio r: el muro plano y el espacio físico. El muro arquitectónico, destruido por un proceso substractivo , recobra así no solo su independencia como ta l, sino que impone sus leyes al objeto esté­&#13;
tico. Esto ha sido posible, no por el cam ino trad icio n al de retrotraer la realidad objetiva del plano&#13;
hacia las ap arien cias del "m undo p lá stico ", sino m ediante una orientación de las formas plásticas&#13;
hacia nuestro mundo de las realidades objetivas; esto es, crear en el espacio y el tiempo físico experim entable cotidianam ente por el propio espectador.&#13;
Un hecho fundam ental cabe se ñ alar como activid ad propulsora de las formas artísticas h acia una&#13;
verdad indiscutible. Si bien los actos del hombre p rim itivo no son prelógicos, como sostuvieron algu­&#13;
nos investigadores, y tam bién en la técnica a rtístic a guardaron una estrecha relación entre produc­&#13;
ción y necesidad, existe evidentem ente un facto r histórico progresista que debemos señalar muy es­&#13;
pecialm ente, y que ha influenciado e| desarrollo posterior de las formas artísticas. Me refiero a 1 pro­&#13;
ceso aceleratiyo en el crecim iento de la fa cu ltad inventiva del hombre frente a la resistencia y a la&#13;
imposición ejercida por la n atu rcle za . Este proceso, cuanto más avanzado más acelerado, es ¡o que&#13;
perm itirá que el hombre del futuro pase, de esclavo a ser dueño de la n atu rale za, y que su actividad,&#13;
circu n scrip ta sólo a sa tisfa ce r necesidades, pase a ser tam bién parte creadora de necesidades nuevas.&#13;
En la p intura, ese proceso se m anifiesta en el hecho comprobado de que los signos, las form as sim ­&#13;
bólicas, idealistas, m ísticas y aním icas de todas las etapas del proceso re-presentativo sean histórica­&#13;
mente reemplazadas por formas concretas y objetivas. Aquellos que encuentran parentesco entre el&#13;
arte no-representativo y el arte ornam ental abstracto y geométrico de algunas tribus de pueblos p ri­&#13;
m itivos, no tienen en cuenta esos factores activos y progresistas del pensam iento y los actos del&#13;
hombre.&#13;
Tan to desde el punto de vista doctrinario como p ráctico, el perceptismo ha afrontodo la terea de diluc dar todos los resortes que condicionan la relación entre la d ialéctica de los procesos técnicos y&#13;
contenidos del arte, y el desarrollo histórico de los hechos sociales. Esto es lo que no lograron deter­&#13;
m inar con clarid ad los investigadores que se han abocado a esa tarea, ya sea por em plear un métoao idealista o por pretender imponer una ley a p rio rística basada en la consideración, como única&#13;
objetividad de la pintura o como medio indiscutib le, el hecho representativo y anecdótico, el reflejo&#13;
formal de las cosas del mundo exterior. Sin em bargo, poniendo en tela de juicio todo concepto que&#13;
a firm a como realidad a rtística social cierta p ráctica representativa o expresiva, podremos compro­&#13;
bar fácilm en te que, en sus form as generales, el retorno a las formas tem áticas y n atu ralista s se pro­&#13;
duce cuando la burguesía se a firm a en el poder y treta de imponer su precaria facu ltad de organi­&#13;
zación y estructura. Cuando la decadencia de las clases dom inantes perm ite tom ar la in iciativa a&#13;
otras fu erza s progresistas, o cuando las prim eras carecen del poder u nificador de todos los fenóm e­&#13;
nos de la actividad social, entonces las m anifestaciones a rtística s, atreídas y condicionadas por ese&#13;
medio de vanguardia, adquieren su verdadero ca rá cte r inventivo y creador. Tengam os en cuenta que&#13;
en el siglo X V la que impuso ese arte, entonces avanzado, ha sido una clase aún progresista; pero la&#13;
burguesía se m uestra cada vez más impotente para crear, y el afian za m ien to de sus instituciones&#13;
trae aparejada en el arte una pálida afirm ació n de las escuelas im itativas, del academ ism o clásico y&#13;
de! retomo al pasado.&#13;
T a le s son para nosotros los factores que condicionan las formas a rtísticas. Ellos han perm itido, m e­&#13;
diante nuestro concepto del "c u a n to " plástico, sup erar las contradicciones entre formas y fondo,&#13;
acentuadas aún más en el arte abstracto. Por otra parte no puede lograrse una relación funcional&#13;
entre las formas creadas, propias del arte, y un fondo natural y va ria b le como podría postu:ar la&#13;
p ráctica de planos coloreados suspendidos en el espacio tridim ensional. La diferencia entre fondo en&#13;
la pintura y fondo en la percepción de las cosas que nos rodean ha de ser la m ism a que la existente&#13;
entre objeto estético concreto y objeto práctico y cotidiano: en los dos casos el mismo grado de rea­&#13;
lidad objetiva.&#13;
El perceptismo ha relacionado sensiblem ente efecto visual y forma compleja. El acto de percibir v¡suGimente ha dejado así de ser estático, y, sin el recurso de una aparien cia d inám ica, pone en juego&#13;
toda nuestra facu ltad cognoscitiva. Esto co nfirm a y a firm a un estado superior de la conciencia&#13;
hum ana.&#13;
N uestra doctrina no es la afirm ació n de un m aterialism o m ecánico o abstracto. Se tra ta , en prim er&#13;
lugar, del encuentro con el hombre social. La fun ción de la pintura perceptista es, entonces, la de&#13;
co ntribu:r a ub icar al hombre en el mundo objetivo y real, y no arran carlo de él M ediante nuestra&#13;
or entación del proceso creador hacia el espacio y el tiempo en que el hombre actú a cotidianam ente,&#13;
de acuerdo al medio, la pintura cum ple esa im portante misión social.&#13;
&#13;
�c oment ar&#13;
N u m ero sas obras exp uestas bajo la dirección de Ju a n Z o cch i en el M useo de&#13;
B e lla s A rtes con el rótulo de "Ex p o sició n de la pintura y la escu ltu ra a rg e n tin as de&#13;
este sig lo " , han sido se le ccio n a d a s y en v ia d a s por el gobierno argentino para ser&#13;
p resen tad as en C h ile . A tra v és de esta expresión del in tercam b io c u ltu ra l, el&#13;
pueblo chileno pudo a p re cia r nuestro a rte en la casi to talid ad de sus ten d en cias,&#13;
esp ecialm en te del a rte a b stracto qu e, dada su im p o rtan cia, co m ien za ya a ser&#13;
in clu ido en las diversas exposiciones p riv a d a s y o ficiale s.&#13;
La exp osición, re a liza d a por in vitación y en h o m en aje de la Sociedad N acio n al de&#13;
B ellas A lt e s de C h ile a los A rtista s A rg en tin o s con motivo de las fie sta s p atrias&#13;
del 2 5 de M a y o , estuvo a carg o del escu lto r argentino Pablo C u ra te lla M an es.&#13;
Este a cto , " d e herm and ad esp iritu al e in tercam bio c u lt u r a l" , como reza el c a t á ­&#13;
logo, fué aco m p añ ad o por num erosas co n fe re n cias y conciertos m u sicales.&#13;
&#13;
En un artícu lo plagado de concep ciones m ísticas, publicado h a ce un tiem po en&#13;
cierto m atu tin o , M a rc C h a g a ll com bate " lo fo rm a l" y " lo cie n tífico " del a rte&#13;
a c tu a l y se co m p lace en d iv ag ar alrededor de una probable p intura ex p resivam en te&#13;
h u m a n a , de un " a r te del c o ra z ó n " . T am b ién él, encerrado en una concepción&#13;
p lástica y filo só fica in d ivid u alista y su b je tiv ista, se da el lu jo de co m b atir el a rte&#13;
n o -represen tativo , afirm an d o que " e l alm a se tran sform ó en una concepción&#13;
lite r a r ia " y recurriendo al argum ento en pro de una pintura popular y p ara las&#13;
m a sa s. Sin em bargo, a p esar de ese esfu erzo de M a rc C h a g a ll por " e s ta r a to n o ",&#13;
los mism os n eo -realistas rep resen tativo s se han m ofado en v a ria s op ortunidades&#13;
de su " a n o rm a lid a d p síq u ica " que le in d u jera a p intar " u n a va ca junto a un&#13;
v io lin " .&#13;
Lo m ás notorio es que posteriorm ente C h a g a ll, que ex p re sa ra que 'term inó el tiem po&#13;
del arte a puertas c e rra d a s " , h aya encontrado su "m u nd o id e a l" perdido, de remota&#13;
e sp iritu alid ad , de m isticism o b íblico, de p rofética e sp e ra n za , en la an tig u a T ie rra&#13;
S a n ta . . . .&#13;
&#13;
�el proceso pictórico del “perceptism o”&#13;
&#13;
a rt d'aujo urd'hui&#13;
n9 2 , serie 4, d irig id a por andré bloc (p arís)&#13;
&#13;
número&#13;
d irig id a por fiam m a vigo y Alberto Sartoris (F iren ze)&#13;
&#13;
(Vanguardia del arte concreto)&#13;
&#13;
pevsner-gabo&#13;
con te xto de herbert read, editad o&#13;
de nueva york.&#13;
&#13;
El hacer concreto presenta el desarrollo de lo verdadera creación.&#13;
El hecho, a d iferen cia del a rte tra d icio n a lista , se va generando sim ultáneam ente en todas&#13;
sus partes de m anera que sus relaciones van creando las leyes que independizan el&#13;
objeto de su creador a m edida que a v a n za la producción.&#13;
L a obra nace de la m ente y de las m anos del hom bre, pero m ientras m adura y evoluciona&#13;
se va liberando y haciendo su propia realid a d , de modo que la m ente y las m anos dejen&#13;
de g u ia r para seguir el dictado del objeto. L a p intura tom a v id a propia, regida por sus&#13;
leyes internas.&#13;
Esto h a sido posible m ediante el h alla zg o de R aú l L o z z a sobre una com posición de proceso&#13;
sim ultáneo.&#13;
Según d e cla ra , su proceso " lle v a al fin m ismo a p a rtir de la prim era recta y del prim er&#13;
cálcu lo m ediante todo un proceso d ia lé c tic o ".&#13;
D ice: " En ese proceso de e xa lta c ió n creadora llego a co ncretar, de dos ab stracciones&#13;
(como son para la estética una form a y un color considerados aisla d am e n te ), un elem ento&#13;
concreto para las relaciones p lá stic a s como lo es lo form a-colo r.&#13;
El todo deja de constituirse m ediante la sum a de partes. Es el m ismo todo, presente desde&#13;
el princip io , en estado am orfo, que se define y tom a cuerpo, m orcando las lín eas y co­&#13;
lores, hasta realizarse y e n tra r en el universo como uno cosa nueva y desconocida.&#13;
L a nebulosa deviene mundo.&#13;
El pintor co m ien za señalando en el plan o tontas p artes (form a-color) como ha de tener la&#13;
p in tu ra y en cad a una de e lla s coloca lo que podríam os lla m a r " u n esbozo de c o lo r". En&#13;
ta n to se cierran y se aju stan la s fo rm as, se constituye la intensidad del color, y el espacio&#13;
se d efine en función de las form as.&#13;
Los prim eros pasos dan c ie rta libertad al autor, pero las ú ltim as líneas y el tono d e fin itivo&#13;
están señalados por el peso fa ta l del desarrollo.&#13;
L a sim ultaneid ad y la correlación de los elem entos se hace tan In tim a que a una form a&#13;
determ inada sólo puede corresponderle determ inada intensidad de color y viceversa.&#13;
Por eso L o zza llam a form a-colo r a esa unidad que no se puede sep arar sin romper la arm o ­&#13;
nía de la estru ctu ra.&#13;
L a m edida del color y de la form a son traspuestas a una c ifra común que perm ite eq uipa­&#13;
rarlo s (y entiénd ase que, cuando hablam os de m edida de color, nos referim os a su c u a ­&#13;
lidad perceptiva y no a su vib ració n fís ic a , que en ciertos caso coinciden y en otros se&#13;
co n trad ice n )......................................................................................................................................................................................................&#13;
&#13;
por el museo de arte moderno&#13;
&#13;
form&#13;
de max bilí, edición en inglés, ilu strad a&#13;
&#13;
graham&#13;
&#13;
shuterland&#13;
libro de g ran fo rm ato , pro fu sam en te ilu strad o , con te x to de robert&#13;
melvHIe. th e ambassador editions (londres)&#13;
&#13;
discurso del gran poder&#13;
poem as, de braulio arenas, edición de g ran fo rm ato , de le grabuge&#13;
(ch ile ).&#13;
&#13;
la gran vida&#13;
poem as, de braul.o arenas, edición le grabuge (ch ile)&#13;
&#13;
X X e . siécle&#13;
n u eva serie, n9 2 especial, d ed icad a a la s nuevas concepciones&#13;
del espacio en el erte. T ra e reproducciones y co labo racion es de los&#13;
m ás renom brados p intores y crítico s.&#13;
&#13;
liep zig er messe&#13;
p u b licació n ilu strad a y en c a ste lla n o de la&#13;
dem ocrática alem ana (lie p zig )&#13;
&#13;
feria&#13;
&#13;
de la&#13;
&#13;
república&#13;
&#13;
estética&#13;
de friedrich kainz, editad o por el fondo de cultura económica&#13;
&#13;
cu aderno s de arte d ram ático&#13;
nos. 4-5, conteniendo&#13;
(buenos aires)&#13;
&#13;
" a n á lis is&#13;
&#13;
e sce n o g rá fic o "&#13;
&#13;
de&#13;
&#13;
gastón&#13;
&#13;
breyer&#13;
&#13;
les cah iers du sud&#13;
&#13;
rev ista fra n c e s a , n9 3 1 6 , d irig id a por jean bollard (m a rse lla )&#13;
&#13;
A s í como la obra co ncreta percep tista surge como objeto p a rtic u la r de un proceso evolu­&#13;
tivo , tam bién co nstituye como ente general la sín tesis d ia lé ctica , superadora de los m o­&#13;
m entos p lástico s que la histo ria de la p in tu ra registra como etapas.&#13;
El desarrollo de la pintura que representa objetos concretos o rig ina la p in tu ra que representa&#13;
objetos abstractos. El paso que elim in a la representación hace que lo ab stracto devengo&#13;
concreto.&#13;
El m ovim iento d ialé ctico es el sig uiente:&#13;
T e s is : representación de objetos concretos.&#13;
A n títe sis: representación de objetos abstractos.&#13;
S ín tesis: concreción de lo ab stracto . P erceptism o............................................................................................&#13;
&#13;
Si bien los pintores ab stracto s h ab rían escapado a la representación de objetos concretos,&#13;
heredaron de la v ie ja p intura un sistem a de estructuració n destinado precisam ente a ese&#13;
fin , de m anera que su em pleo recreaba au to m áticam en te la ilusión de volum en, destacando&#13;
fo rm as sobre un fondo. El problem a era, entonces, e lim in a r el fondo que el m ismo pintor&#13;
hab ía creado.&#13;
M ondrián intentó sin éxito una solución eq uilibrando el fondo con v a lo r de fo rm as y&#13;
colores.&#13;
E| nuevo sistem a de estructuración de L o z z a perm ite a la p in tu ra concreta su p rim ir el&#13;
fondo representado, de modo que las form as quedan en el espacio, sobre un fondo real,&#13;
el muro.&#13;
A n te s , los cuad ros eran objetos dentro del cu al se representaban objetos, o anécdotas. El&#13;
objeto representado estaba colocado sobre un fondo representado, y el objeto re a l, la te la ,&#13;
sobre un fondo re a l, el m uro. Borrado el fondo representado se pretende e lim in a r el fondo&#13;
re a l. Esta es la co nfusión.&#13;
El pintor debe o brar en un plano, pero eso no quiere d e cir que debe su p rim ir todos l,os&#13;
dem ás. C o n cretar un objeto plano no es su p rim ir la realidad vo lu m é trica, sino ub icarlo&#13;
en esa realidad. Hemos dicho que la p intura era la visión de una visió n , la percepción de&#13;
u n a percepción. A h o ra es sim plem ente una percepción, una percepción de un objeto re a l, de&#13;
dos dim ensiones sobre un fodo re a l, el m uro.&#13;
Pretender q u itar el fondo real sería vo lver a representarlo, puesto que eso lleva nuevam ente&#13;
a una estructuración destinada a resolver el supuesto problem a. Precisam en te, como ese&#13;
procedim iento no puede solu cionarlo, puesto que no existe, vuelve a cre arlo , reconstruye lo&#13;
que ya se ha superado. La p in tu ra cam in a h acia atrá s.&#13;
&#13;
A s í, la obra cread a es un suceso sobre el m uro; de lo contrario co n stitu iría una anécdota&#13;
sobre un fondo.&#13;
El muro debe ser nada m ás que el m uro. P a ra log rar que p e rm anezca ajeno a la estru c­&#13;
tu ra , que se atenga a su re alid ad de fondo, L o z z a obtiene colores que se oponen a l color&#13;
del m uro para no romper su neu tralid ad . Si el proceso pictórico lo lleva a m o d ifica r la&#13;
intensidad de un color tomado como bose, de ta l modo que pueda ser obsorbido por el&#13;
m uro y d e seq u ilib rar la arm o n ía, le devuelve esa pérdida m ediante un aum ento de inten­&#13;
sid ad, especificado exa ctam en te en el proceso de la composición.&#13;
(A. Haber, p á rra fo s del libro&#13;
"R aú l Lozza y el perceptismo")&#13;
&#13;
A. Haber y R. Lo"za, foto C h a v re (1 9 48 )&#13;
&#13;
la crítica desfavorable&#13;
Entre las num erosas c rític a s que se han hecho sobre exposiciones de pintura p e rceptista, o&#13;
sobre pu blicaciones que se refieren a e lla , reproducim os aho ra aq u e llas que han sido des­&#13;
favo rab les.&#13;
T o d as coinciden en a firm a r que el perceptism o no es un arte o que no tiene fund am ento s.&#13;
V é a se :&#13;
&#13;
�Raúl Lozza pintor&#13;
&#13;
Abraham Haber&#13;
&#13;
R A U L L O Z Z A nació en A lb e rti, provincia de Buenos A ire s. Desde ch ico respiró p intura.&#13;
Su padre era pintor, y tam bién sus herm anos. La prim era exposición de los tres herm anos&#13;
se realizó en su pueblo n a ta l, cuando R A U L , el m ayor, ten ía d iez y siete años. Luego de&#13;
una gira por las ciu dad es ve cin as se lan zaro n a co n qu istar Buenos A ire s, con el propósito&#13;
ele v is.ta r posteriorm ente Europa y sus m useos, con el apoyo de in stitu cion es y pueblo que&#13;
los vió n acer.&#13;
El estudio, la b ohem ia, la s lu ch as so ciales, las p ersecuciones y hasta el ham bre jalo n an&#13;
etap as de sus prim eros años en la ca p ita l. Luego R A U L se dedica de lleno al dibujo político&#13;
du rante algunos añ o s, h asta que n uevam en te se sien te atraíd o por la inquietud e sté tica .&#13;
P articip a entonces en la fun d ación de v a ria s revistas y periódicos de arte . Sus trab ajo s de&#13;
esa época son de lín eas sin té ticas con m arcad a ap ro xim ación ai su rrealism o. A p en as tomó&#13;
contacto con la pintura de van g u ard ia se plegó a los pocos que p racticab an en el país el&#13;
arte ab stracto , siendo in tegrante de! grupo fund ador de la aso ciació n " A r t e concreto in v e n ció n " . Luego continuó sus propias investig aciones sobre la form a y el color, en co n ­&#13;
tran do la solución objetiva que co nstituye la base de la pintura p ercep tista.&#13;
L O Z Z A tra b a ja lab oriosam ente sus p inturas. Su p roducción, netam ente in v e n tiv a , se&#13;
desarro lla p reviam en te como boceto, donde se plasm an las form as y colores que han de&#13;
co n stituir la futu ra p intura. El traslad o de los planos al muro correspondiente es luego una&#13;
cuestión de p rocedim iento. U ltim am en te ha estado dedicado a esta fa ce ta de la p in tu ra ,&#13;
tratand o de darle a sus colores la u niform idad y o p acid ad n ece sarias a la ob jetivid ad del&#13;
P E R C E P T IS M O . Com o sus p inturas están h ech as para la pared, u na determ inad a pared,&#13;
para h acerlas conocer al público ha debido en m arcar "tro zo s de p are d " con su correspon­&#13;
diente p in tu ra. Ese es el motivo a ccid e n ta l porque sus p inturas parecen lle v a r m arco rectan ­&#13;
g u lar. La que lleva m arco no es su p in tu ra, sino " e l trozo de p a re d ".&#13;
C u an d o term ina una p intura se coloca fren te a ella como un mero espectador. L a obra ya&#13;
ha pasado como creació n por vario s ta m ice s. La té cn ica del P E R C E P T IS M O está b asad a&#13;
sobre p rincipios que la co n d icio n an ; pero las co n dicio nes p ara obtener calid ad no constituyen&#13;
la ca lid a d . L O Z Z A m ira sus obras y las som ete a su ju icio de espectad or ave zad o . En la b ase&#13;
de todos los cálcu lo s , el ojo co n tin ú a siendo, por a h o ra , el medio m ás e fic a z de v e rific a r&#13;
la realid ad del p lano. M u ch as veces ha destruido sus obras an tes de d a rla s a co n o cer;&#13;
otras, m uy p ocas, después de hab erlas expuesto.&#13;
T ie n e una posición filosó fica dete rm in ad a. Sus aportes a la pintura están fun d am en tad os en&#13;
los datos de las c ie n c ia s y de la in vestig ación d ia lé ctica . Siem pre ha rech azad o las ex p li­&#13;
cacio n es que se han pretendido d a r, de su p in tu ra, ap o yad as en co n sid eracio n es ideolistas&#13;
o m etafísicas La tare a de R A U L L O Z Z A en la p lástica ha sido la de co n stru ir una reolidod&#13;
n ueva y ve rd ad e ra, b asada en leyes o b jetivas. Pero no es esto so lam en te. Esa n ueva rea­&#13;
lidad ha sido in sertad a en nuestra realidad de todos los d ía s, crean d o el O R G A N IS M O&#13;
P A R E D - P IN T U R A . H a encontrado la relación d ia lé ctica entre el arte y el am b ien te.&#13;
A u n q u e en estas p ág in as él ha escrito ab un d am entem ente sobre la té cn ica y el sig n ificad o&#13;
del P E R C E P T IS M O , le hacem os cu atro p reguntas con el propósito de h acerle exponer sus&#13;
ideas en form a rápida y glo b al:&#13;
YO. —&#13;
R. Lo zza, p in tu ra 111 (año 1948)&#13;
&#13;
¿Q ué piensa de sus trab ajo s an terio res al P E R C E P T IS M O ?&#13;
&#13;
L O Z Z A . — Considero m¡ obra p asada como una etapa en mi traye cto ria como pintor.&#13;
Pero, au nq ue esta etapa no fué cu m p lid a to talm en te , tam poco fué indisp ensab le com o expe­&#13;
rien cia. Consid ero ig u alm en te su p e rad as, desde el punto de vista de mi vo lu ntad o b jetivisto ,&#13;
m is p inturas a b stra cta s, y h asta he destruido alg u n as obras p ercep tistas que no lograron&#13;
a lc a n z a r el grado de p erfección deseado, como las Nos. 1 1 7 , 1 5 9 , 1 6 8 , 1 7 8 y 1 9 7 del&#13;
año 1 9 4 9 , ya conocidas por el público.&#13;
YO. —&#13;
&#13;
¿ C u á l es su p rin cip al&#13;
&#13;
aporte a la p intura?&#13;
&#13;
L O Z Z A . — M i p rin cip al aporte a la pintura es la conquista del planism o to tal, ab solu to ,&#13;
m ed iante la unidad fu n cio n al de F O R M A y C O L O R . Esta realid ad o b jetiva ha sido lograda&#13;
a través de la co n sideració n del C A M P O E S T R U C T U R A L , eso que V d . mismo ha dado&#13;
en lla m a r C U A N T O P L A S T IC O .&#13;
YO. —&#13;
&#13;
¿ C u á l cre e usted que es el destino de la p intura?&#13;
&#13;
L O Z Z A . — No es posible d ilu cid a r con precisión el porvenir de la p intura en sus form as&#13;
pro piam ente dicho. Pero en su ca rá c te r general sostengo que deberá orien tarse y desarro­&#13;
llarse dentro de la n ueva doctrina de la realid ad p lástica sostenida por el P E R C E P T IS M O . En&#13;
este asp ecto , au nq ue mi obra sea el fruto de mi exp erien cia estética y se ad ap te revolucio­&#13;
n ariam e n te al medio y al m om ento a ctu a l por ser U N A P IN T U R Á D E H O Y y N O D E&#13;
M A Ñ A N A , n uestras in vestig acio n es han abierto en la p ráctica cread ora un am p lio c a ­&#13;
mino para las relacio n e s entre lo plástico y lo so cial para los tiem pos venid eros. N uestra&#13;
d o ctrin a, com o lo sostuve en otra ocasió n , está im pregnada de R E S E R V A S T E O R IC A S&#13;
P A R A EL F U T U R O .&#13;
Y O . — ¿Q ué co n sideracio n es lo llevaron a ado p tar la pintura ab stracta y luego a cre a r el&#13;
P E R C E P T IS M O ?&#13;
L O Z Z A . — ¿Q ué indujo a U C E L L O a in vestig ar fas nuevas posibilidades e sp aciale s y a&#13;
D E L A C R O IX a a firm a r el ro m an ticism o ? Ello no obedece a hecho ca s u a l ni accid e n te algu n o.&#13;
La co m p enetració n de la s a sp iracio n es realistas y c ie n tífica s del hombre en los mom entos&#13;
a ctu a le s y, esp ecialm en te , mi convicción do ctrinaria so cial, me han estim ulado en el&#13;
esfu erzo por revolu cion ar tam bién los viejos métodos intuitivos de creació n a rtístic a , para&#13;
a lc a n z a r , ú n icam en te a tra v é s de un método revolu cion ario, el dom inio de lo real en la s&#13;
form as p lásticas.&#13;
&#13;
Fotos S'igal&#13;
&#13;
�Lo the, Partido de Rugby.&#13;
&#13;
La esen cia de la invención p lástica ha sido puesta al descubierto, y ya no hay a lte rn a ­&#13;
tiva posible para la im itación en cu b ierta por ningún tem a. El artista que pretenda&#13;
" S E G U IR " las ú ltim as so luciones de la p lástica está desam p arad o fren te al público.&#13;
No podrá o cu lta r su " S E G U ID IS M O " . Sólo colocándose an te la p lástica como C O N ­&#13;
T IN U A D O R y no como " S E G U ID O R " tendrá abierto los cam in os de la creació n .&#13;
El P E R C E P T IS M O a firm a la ob jetivid ad de la pintura rech azán d o la como refugio del&#13;
hom bre angustiad o y desorientado, e im pulsa las form as como testim onio de su co n ­&#13;
fia n z a en el poder cread or y tran sfo rm ad o r, operando en la co rriente viva de las&#13;
form as p lá stica s n utridas por el ente so cia l. Este im p u lsar las form as h a cia una f in a ­&#13;
lidad objetiva perm itió al P E R C E P T IS M O situ arse en la van g u ard ia del arte concreto,&#13;
tom ando y tran sform an do como C O N T IN U A D O R las re a liza cio n e s m ás genu in as del&#13;
siglo X X . El " S E G U ID IS M O " por lo co n trario , im p lica un estan cam ien to y un retroceso.&#13;
La s ilu stracio nes que aco m p añ an este texto p ertenecen a los pintores m ás " S E G U ID O S " ,&#13;
directa o in d irectam en te, en nuestro medio.&#13;
Un " S E G U ID IS T A " sólo puede fu n d a m en ta r su obra apoyado en el p ensam iento ajen o.&#13;
Pero todo tra b a jo cread or estuvo siem pre en raizad o en el p ensam iento de su ép oca,&#13;
que se m an ifie sta lozano y vigoroso como concreción de form a p lástica. En la obra&#13;
del " S E G U ID IS T A " aso m a, en cam b io, el m ecanism o de la form a, que no es m ás que un&#13;
espejo de la vag u edad de su doctrina.&#13;
El " S E G U ID O R " circu n scrip to a v a ria r eí tem a de las obras orig in ales, es in ca p a z de&#13;
p la n tea r problem as plásticos e sen cia les, no solam ente dentro de un estilo, sino tam bién&#13;
en ca d a una de sus ob ras; por lo tanto es in ca p a z de h a lla r nuevas soluciones.&#13;
&#13;
T a lle re s "Optim us". D iag ram a&#13;
&#13;
El " S E G U ID IS M O " proliferó en todas las épocas y en todos los países, y si hoy re c a l­&#13;
cam os su existen cia se debe a que ha crecido co n siderab lem en te su g rav itació n como&#13;
plaga que entorpece el verdadero esfuerzo cread or, que desorienta al espectad or y&#13;
co arta el desarrollo vivo de la cu ltu ra .&#13;
&#13;
�</text>
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Homenaje al esfuerzo por la paz</text>
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                <text>Lozza, Raúl&#13;
Haber, Abraham</text>
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                    <text>PANORAMA
R E V I S T A I N T E R A M E R I C A N A DE C U L T U R A
INTER-AMERICAN
REVUE

CULTURAL

INTERAMERICAINE

DE

REVIEW
CULTURE

UNION PANAMERICANA

PAN AMERICAN UNION

UNIÁO PAN-AMERICANA

UNION PANAMERICAINE

WASHINGTON, D. C.

��ADVERTENCIA
P anorama dejará de aparecer a partir del presente número. En sus
tres años y medio de existencia, ha reproducido más de cien ensayos y
artículos, de otros tantos autores, tomándolos de cerca de setenta
diferentes revistas y periódicos de América.
Al despedirnos de nuestros lectores, queremos agradecerles el inte­
rés con que han seguido y alentado esta modesta empresa de cultura
destinada a difundir la obra de los pensadores, escritores y artistas del
Continente.
*

*

*

*

NOTE TO THE READER
Publication of P anorama ceases with this number. In its three and
one half years of existence it has reprinted somewhat more than one
hundred articles, by as many different authors, taken from some seventy
magazines and newspapers of the Americas.
In taking leave of our readers, we wish to express our thanks for the
interest with which they have accompanied and encouraged our effort to
disseminate the work of writers, thinkers, and artists of our Hemisphere.
*
*
*
*
AVISO
P anorama deixará de aparecer a partir do presente número. Em seus
tres anos e meio de existéncia, reproduziu mais de cem ensaios e artigos de autores representativos, extraídos de cérea de setenta revistas
e j ornáis da América.
Ao apresentar as despedidas aos nossos leitores, desejamos agradecerlhes o interésse com que seguiram e estimularam éste modesto empreendimento cultural, destinado a difundir a obra dos pensadores, escritores
e artistas do Continente.
*
*
*
*

AVIS AU LECTEUR
P anorama cessera de paraítre aprés le présent numéro. Au cours de

ses trois années et demie d’existence, il a reproduit plus de cent essais
et articles extraits d’environ soixante-dix revues et périodiques américains. Plus de cent auteurs ont fait l’objet du choix d’essais et d ’articles.
En nous séparant de nos lecteurs, nous tenons á les remercier d’avoir
suivi avec tant d’intérét et encouragé la modeste entreprise qui était
destinée á diffuser l’oeuvre des penseurs, écrivains et artistes du Continent.
1

��' f u n d a c ió n
Sueños Aires *

PANORAMA
Revista trimestral publicada por el Departamento de Asuntos Cultura­
les de la Unión Panamericana ~ Quarterly review published by the
Department of Cultural Affairs of the Pan American Union ~ Revista
trimestral publicada pelo Departamento de Assuntos Culturáis da
Uniáo Pan-Americana ~ Revue trimestrielle publiée par le Département
des Affaires Culturelles de l’Union Panaméricaine.
W ashington, 1955

Yon. IV

N um. 14

ADVERTENCIA---NOTE TO THE READER—AVISO--AVIS AU LECTEUR.........................................................................

1

Archibald MacLeish,

the proper pose of poetry .................

5

EVOLugAO do conto brasileiro .............

14

Edgard Cavalheiro,
Alberto Salas,

náufragos , prisioneros y renegados y la
CONQUISTA DE AMERICA..............................................................

Morton White,

religión ,

politics,

and

the

33

higher

40
arte .. 57

LEARNING.......................................................................................

Guillermo de Torre,
Emilio A. Estiú,

lo puro y lo tendencioso en el

arte y liberación .........................................

Howard Mumford Jones,

72

Research .. . .

82

Fernando Ortiz, la guitarra y los negros ............................
Samuel Martí, música precortesiana .....................................

88
94

Paul Horgan,

the humanities and

pages from a rio grande notebook ...............

100

noticias ........................................................................................

104

�P anorama aspira a presentar un cuadro objetivo de la actividad

intelectual de América, aunque no comparta necesariamente las
opiniones expresadas por los autores. ~ P anorama aims to present
a purely objective view of the intellectual activity of the Americas.
I t does not necessarily share the opinions expressed by the authors.
P anorama visa apresentar um quadro objetivo da atividade inte­
lectual da América, embora nao compartilhe necessáriamente as
opinióes expressas pelos autores. ~ Le but de P anorama est de
présenter une vue purement objective de l’activité intellectuelle
á travers les pays de l’Amérique, La revue ne partage pas nécessairement les opinions émises par les auteurs.

Toda la correspondencia debe dirigirse a
Address all correspondence to
Tóda correspondéncia deve ser enderezada a
Toute correspondence sera adressée &amp;

PANORAMA
Departm ent of Cultural Affairs
Pan American Union
Washington 6, D. C., U.S.A.

�THE PROPER POSE OF POETRY
ARCHIBALD M ACLEISH *

P oetry , according to Mallarmé’s celebrated dictum, is made of words.
Which is another way of saying th a t poetry is not visión but art. This
proposition, however, though easy to speak and easy to listen to, is not
always easily understood. Ordinary speech is also made out of words as
is the sentence I am now writing, The New York Times, and the whole
body of literature described as prose. If a poem is something made of
words, why is not the Times poetry?
One answer might be, and in certain quarters is, th a t the difference
relates to the use to which words are put. Poets use words as the material
of art, the plástic substance of art, as sculptors use stone or as painters
use paint. Other writers use words as words, which is to say, as means
to meaning. B ut this distinction, though it distinguishes, takes in too
much territory to be very useful. Does Hemingway, whose prose is a
model of what prose should be, not use his words on occasion as material
of art? And does Yeats at his greatest, to say nothing of older poets,
not sometimes use words as words—as means to meaning?
The real difference, obviously, lies somewhere else. I t lies not in the
use made of words but in the way in which words are used. Granted
that poetry, like prose, is made of words, what is the difference between
the way words are used in poetry and the way words are used in prose
which makes the difference between the arts? W hat is the language of
poetry?
That question can be best pursued by examining a particular poem:
Let me not to the marriage of true minds
Admit impedimenta. Love is not love
Which alters when it alteration finds
Or bends with the remover to remover
O, no! It is an ever-fixéd mark,
That looks on tempests and is never shaken;
It is the star to every wandering bark,
Whose worth’s unknown, although his height be taken.
Love’s not time’s fool, though rosy lips and cheeks
* Pulitzer and Bollingen prizewinning author of many books of prose and poetry,
former Librarían of Congress and Assistant Secretary of State of the United
States, Mr. MacLeish now teaches at Harvard University. In this article he draws
out the peculiar realms of poetry—what it can and cannot do, where it ought and
ought not to live, what it may and may not say. Originally published in the Saturday Review (New York, March 5, 1955), it is here reproduced by special permission of the editors of that magazine.

5

�Within his bending sickle’s compass come;
Love altera not with his brief hours and weeks,
But bears it out even to the edge of doom:—
If this be error and upon me proved,
I never writ, ñor no man ever loved.

W hat will be immediately evident to anyone reading or hearing this
familiar poem of Shakespeare is th a t the poetry does not inhere in the
individual words. They are words which belong to the ordinary language
and which, with the possible exception of “bark” and “ever-fixéd,”
would be at home in any kind of prose. The poetry inheres not in “re­
mover” or in “wandering” or in “sickle” or in any other single word
but in the relation of all these words to each other. B ut what is th at
relation? The poem, as we all of course know-—though I doubt very much
th a t our ears alone would tell us—is a sonnet. Which means th a t it has
fourteen lines divided into blocks of eight and six with a break in the
middle. And th a t each line has five stresses and ten syllables, more or
less, arranged metrically in what is inadequately known as an iambic pattern. And th at the rhyme scheme, the poet being Shakespeare, is a : b : a : b
in three repetitions followed by a couplet. B ut does all this satisfactorily
define the relationship we feel: the sense of wholeness, of completeness
within themselves, the words give us? I should doubt it. There are
sonnets—thousands of them—which exhibit all these characteristics and
are still not poems.
W hat then gives this sonnet poetry? The content of its words? Shall
we take refuge in the paradox, once so popular in certain contemporary
literary and artistic circles, th at the content is the form? Do we take our
sense of wholeness and completeness from the propositions th a t the “marriage” of true minds is not to be impeded; th a t love which is really love
does not change because it meets with change; th a t true love is the
fixéd mark by which all men are guided; th a t though time may alter the
beloved face, love will not alter with time; th a t if all this is untrue then
no man ever loved?
Not, certainly, if the propositions are divorced in this way from the
poem. Within the poem, and in the words of the poem, their relationship
to each other is undoubtedly part, and an essential part, of the form.
Within the poem, and in the words of the poem, we accept these statements as composing one of the noblest affirmations of the worth of human
love our literature affords. B ut taken out of the poem, taken as them­
selves, they are nothing but assertions: and assertions, moreover, of a
doubtful truth and a questionable beauty. The secret of the poem is not
to be found in them.
6

�Where then does it lie? If the words themselves are not different from
words in prose, if it is the relation of the words to each other th at is differ­
ent, in what does the difference consist? One answer will be suggested
by a reading aloud of the sonnet. The relation to each other of the sounds
of these words, it will be found, is much more complicated, much more
patterned, much more “regulated” as the Chinese say, much stricter,
than the relation of the sounds of words in prose. All words, in all forms
of discourse, are related to each other in time, not space. They arrive
and depart in sequence. They follow each other past the reader’s eye,
the hearer’s ear, as events in time go past. These words of Shakespeare,
however, unlike words in prose, go past in patterns of repeated and
modulated sound. They go past not as the leaves blow by a window, but
as surges go by at sea with their resembling crests, their constant in­
tervals.
What disciplines them, what composes their movement, we see readily enough. There is rhyme imposing its echoes of recurrence on the
stream of sound so th a t the sound returns upon itself at measured distances.There is meter with its regularity of interval and beat. B ut meter
and rhyme are only the most palpable devices. Words as sounds may be
related to each other in an almost infinite variety of ways and can be
made, by those who have the necessary skill, to reveal the subtlest p at­
terns as a wood-duck’s feathers will, tilted this way and th at against the
light. Consider the patterns here:
There is the pattern, in counterpoint against the regular iambic me­
ter, of the meaningful and speaking voice which, in the line
But bears it out even to the edge of doom,

overmasters the iambic beat and turns it back on itself, and which,
throughout the poem, alters its pace from time to time, hastening over
such fines as
Bends with remover to remove

and dragging almost to the breaking point over
Within his bending sickle’s compass come.

There is the pattern made by the sequence of syllables, opening and
closing on themselves: the consonants with their Ms and Ls and Ys and
Fs in honor of the “marriage” and the “love” which are the theme; the
vowels with their subtle married echoes of each other:
Let me not to the marriage of true minds
Admit impedimenta . . .

7

�But a reading of the sound of the poem gives only half the answer because it is impossible, words being what the}'’ are, to read the sound
without reading the sense at the same time. When the sense is read, however, the whole impression alters. Regarded as sounds the relations of
these words may be far stricter, far more orderly, than the relations of
words in ordinary speech, but regarded as sense the unmitigated contrary
is true. These words of Shakespeare, taken in the ordinary way, as words
with meanings, are not only no more orderly than words in common
discourse: they are far less orderly. The ordering factor in any meaningful discourse is that logical structure of words which gives them sense—
the expected association and sequence of ideas—the mind’s custom. But
here the expected association is neglected, not to say violated, time after
time. Consider the sequences of the images these words create—their
carelessness of common assumption, their disregard of logic. Here you
have, in association but in contradiction of each other, not only those
balancing opposites, the remover and the ever-fixéd mark, the calculated
height and the incalculable worth, but those different and irreconcilable
opposites, the rosy cheeks and lips and the murdering sickle’s edge. And
here you have also, in harsh juxtaposition, the sea image against the
star image, and the bold, tragic figure at the edge of doom against the
fumbling figure of the pleader in the courts.
Or take, if you prefer, the emotions and the meanings which these
images and these propositions arouse. Take the rejected doubt at the beginning as to the possibility of that love which is also the marriage of
true minds; the affirmation of love’s steadfastness in every situation and
face to face with every danger of alteration, remove and tempest; the
desperate persistence of that heartbroken line, “Love alters not with
his brief hours and weeks/but bears it out. . .
the irony, noble rather
than bitter, of the end:
If this be error and upon me proved,
I never writ, ñor no man ever loved.

meaning, of course, that if love is not as eternal as lovers, at the height
of their passion, think it is, then no man ever loved—an irony which,
like all true irony, is also true.
Take all this, these propositions in this context, these images in this
relation to each other, and contrast them with the propositions and the
images of ordinary discourse. If the coherence, the logical progression, of
ideas and meanings in ordinary discourse is orderly in the reasonable
sense of the word, order, then the relation of these ideas and meanings is
disorderly or, in any event, beyond order. And yet all this, the altering
emotions, the strangely unrelated images crowding on each other’s heels
8

�—all this is part of the language of the poem: as much a part of it as the
order and regularity of the metric, the counterpoint of the perfectly balanced rhythm and the intricate structure of the verbal sounds.
If the language of Shakespeare’s sonnet, then, may be taken as characteristic of the language of poetry, we can only assume that th at lan­
guage is founded on a very curious paradox: a marriage of strictly regulated sound with illimitably liberated sense—sound more strictly
regulated than it is in any other use of words—sense more largely liber­
ated than by any other verbal means. The language of poetry is a lan­
guage composed of words, yes, but of words arranged in a certain rela­
tionship, and the characteristic of th a t relationship is th at it combines
these contrary elements.
How it combines them is, of course, the secret of the art to be discovered not by analysis and generalization but by the study of examples.
Coleridge, who was more conscious of the contraries than later critics
have been, believed th at the paradox was resolved “by th at synthetic
and magical power to which I would exclusively appropriate the ñame
of Imagination.” “This power,” he went on, “reveáis itself in the balance
or reconcilement of discordant qualities . . . a more than usual state of
emotion with more than usual order.” B ut however the poetic process is
described, whether in Coleridge’s terms or in Dylan Thomas’s com­
parable, “That momentary peace which is a poem,” the essential recognition is the recognition th a t the “discordant qualities” do exist in the
language of poetry itself, and th at the successful use of the language in a
particular poem is the use which Coleridge describes as “reconcilement.”
A recent book (The Structure of Poetry) by the English critic Elizabeth Sewell deais with Coleridge’s problem, though without reference to
Coleridge’s statement of it, in terms which members of our generation
should find interesting. I cannot for myself accept Miss Sewell’s view of
the nature of the poetic purpose or of the limitations on its accomplishment, but her theory of the relationship of order to disorder in the lan­
guage of poetry seems to me illuminating and useful in itself and in its
implications. I t seems to me true, th a t is, to say as Miss Sewell does th at
language is organized otherwise in poetry. I t seems to me true to say
that this organization is dual, affecting both sound and meaning and affecting both differently. I t seems to me true also to say th at the first
organization, the organization of the sound and look of the words, is in
the direction of order, while the second, the organization of meanings, is
in the direction of disorder—or what the mind, which distrusts feeling
and emotion, would cali disorder. I t seems to me true, finally, to say
that poetry, regarded as a language, is uniquely capable of expressing
at one and the same time these discordant opposites. For my own part,
9

�however, I should wish to add th at it is not only by “organization” (Miss
Sewell’s word) th at this is accomplished. A poem is not a static structure
but a movement in time, and Coleridge’s “balance or reconcilement” is
still the perfect phrase for the description of th at work of a rt which
holds the conciliation between order on the one side and disorder on the
other in the only way so precarious a balance can be held: in the continuing motion of a dance.
B ut even so, and no m atter how the language of poetry is defined, it
remains to ask what the consequence of the poetic reconcilement is. For
any language has consequences. I t conveys. And what it conveys, at its
greatest effectiveness, is knowledge. Or, more precisely, what it becomes
a t its most effective is knowledge—for the knowledge embodied in a
work of art may have had no previous existence as knowledge anywhere,
including the consciousness of the artist. Of what knowledge, then, is
poetry a language?
One obvious answer can be given at the outset. If poetry enables the
human mind to manage the discordant opposites of order and disorder,
and if it is this management of opposites which characterizes the knowl­
edge poetry expresses, this containment in balance of “a more than usual
state of emotion ‘with’ more than usual order,” then the knowledge expressed in and by poetry is not what we commonly have in mind when
we use that term. It is not, for example, the knowledge communicated by
the language of Science or by the language of mathematics, for the characteristic of both these languages is their capacity to convey not knowl­
edge of disorder but knowledge of that order into which, as Science and
mathematics believe, all disorder can be translated. Indeed the end and
aim of the languages of Science and mathematics is precisely to destroy
disorder by making order of it.
The point is well made by the familiar story of the rebuke administered to Robert Oppenheimer during his student days in Germany. “I
understand,” said a professor of physics, “you are writing poetry as well
as working at physics. I don’t see how you can do both. In Science one
tries to say something th a t no one knew before in a way th a t everyone
can understand, whereas in poetry . . .” and the sentence was left to
complete itself in the amused silence of the laboratory. Actually, how­
ever, as my friend and colleague Ivor Richards has suggested, the second
half of the sentence is no more comical than the first. Poetry does indeed
say what everyone “knew before” in a way which no one can “under­
stand,” but th at fact is not a reflection on the art of poetry but on the
scientific usage of the two words “understand” and “know.” Every
10

�reader of poetry has known before, in the scientific sense, what poetry
speaks of, because what poetry speaks of is the common human experience. N o reader of poetry can understand, as Science uses that word, the
way in which poetry speaks of the human experience, because poetry
does not address itself to what Science calis the understanding. To those
to whom understanding is a function of the reasoning faculty alone no
poem can be understood. To those to whom knowledge is only knowledge
when expressed in abstract terms anything abstraction has ever categorized is already knoum.
One reason for the learned physicists’s scorn of the language of poetry
as a vehicle of knowledge (there were doubtless others) was his apparent
confusión as to the way in which the knowledge poetry expresses is conveyed. He looked for poetry to “say something” as physics does: to u tter
a proposition. I t is a common and fairly obdurate notion. Thousands of
schoolchildren are educated to believe th a t K eats’s “Ode on a Grecian
Urn” has a “message” and th a t the message is “beauty is tru th , tru th
beauty”—which, it is commonly added, isn’t true. Thus, the knowledge
expressed in and by the sonnet of Shakespeare we have examined becomes the “knowledge” th a t love is not love which alters when it alteration finds . . . th a t love is an ever-fixéd m ark . . . which leaves the ironically tragic line “Love alters not with his brief hours and weeks” to
mean nothing whatever, and voids the whole poem of its profound and
moving insight. The fact is, of course, as we have noticed, th a t the knowl­
edge of which this sonnet is the language is knowledge conveyed not by
any message or proposition, b u t by the organization of the words of the
poem—their relation to each other—and th a t other relation of the ideas
and images to which they refer.
But if the knowledge expressed by poetry is not w hat the scientist
means by knowledge, w hat then is it? W hat is the nature of the im port
which can be conveyed by so complicated and yet so direct a transfusión,
or which, better, can be expressed in such a non-verbal use of words? The
answer to th a t question m ust be looked for not among the philosophers
but among the poets, and, among the poets, not in w hat they say b u t in
what they do—in the poems they write, not in their comments on their
poems. Lacking time or space for such a study, we m ust have recourse
to one of the rare poets who have been able to communicate some sense
of the poetic accomplishment: in our time, and most obviously, Rilke.
There is little theorizing on the a rt of poetry anywhere in Rilke’s work:
he never emerges far enough from the practice of his a rt to see it in
wholly objective terms. B ut there is one paragraph in The Notebooks
of Malte Laurids Brigge which reveáis, a t least by implication, some-

11

�thing of Rilke’s conception of the knowledge of which the art of poetry
is capable. Ostensibly it is a paragraph on the writing of a verse. Actually
it is a consideration of what the writing of a voice expresses. I t is not
enough, says Rilke, merely to feel: one must also see and touch and know.
But it is not enough, either, to see and touch and know: one must have
memories of love and pain and death. But not even memories are enough:
memories must “turn to blood within us, to glance and gesture” so th at
they are no longer distinguishable from ourselves. Only then, and in a
most rare hour, may it happen th at the first word of a verse “arises in
their midst and goes forth from them.”
World turned experience, th at is to say, turned memory, turned life,
may, at the rare and fortúnate moment, speak the language of poetry.
But of what then does the language of poetry speak? Not of the thing
experienced, though everything must be experienced. N ot of the thing
experienced but of the experience itself, the experience become man. Po­
etry is the consequence, as Rilke writes in a letter, “of having gone to
the very end in an experience, to where no man can go farther. The
farther one goes the more one’s own, the more personal, the more unique
an experience becomes. . . . ”
There are two conceptions here, one of which will serve to distinguish
the knowledge expressed by poetry from the knowledge of Science. The
knowledge embodied in and conveyed by Science is knowledge about expe­
rience. The knowledge expressed in poetry is knowledge of experience.
Science abstracts and formulates: its knowledge is a knowledge of laws
applicable to every instance. Poetry presents the instance. Poetry gives
knowledge of the chaos and confusión of the world by imposing an order
upon it which leaves it still the chaos and the confusión which it really
is. The mind, which requires order to see by as the eye requires light,
accepts the formal order of art which the poem imposes and the tru th is
accepted with it, carried, as Coleridge said, “alive into the heart.” In
poetry—in the greatest poetry—experience as it is may be possessed.
The relation of the language of poetry to the experience with which it
deais is not the relation of form to content, of clothes to body. I t is the
relation of balance to movement. With words, but with words organized
according to laws of its own, the poem creates in experience and out of
experience a momentary eternity which is more like experience than ex­
perience itself. The poem is an action, not an urn.
This is one of the two conceptions. The other touches the nature of
the knowledge of poetry. To Rilke the language of poetry speaks not only
of experience but of experience turned man, which is to say, experience
at those ultímate moments when it is capable of conveying a sense of
12

�our own being. The knowledge poetry expresses is thus th a t darkest and
most difficult of all forms of knowledge, the knowledge of ourselves. We
are incapable of knowing ourselves as such. Only in the opaque mirror of
the world we touch and see and feel and hear are we made momentarily
visible and tangible to ourselves in our own senses. These moments of
perception are, as Rilke truly says, rare moments, bu t when they come
it is in poetry they find their speech for only poetry can u tter what they
know. Other languages available to mankind may interpret them, may
generalize upon our experience and ourselves. Poetry is possession of the
life and of the man.

13

�EYOLUCAO DO CONTO BRASILEIRO
EDGARD CAVALHEIRO*

O p o n t o de partida para se chegar a urna conclusao mais ou menos
razoável sobre o que é e o que nao é conto continua sendo o clássico:
se um romance deve ser romanesco, se um poema deve ser poético, se
um tratado de Filosofía deve debater idéias, é justo e lógico que um
“conto” “conte” alguma coisa. Ilá “contos” nos quais nada sucede.
Mas seráo realmente contos? Ou apenas dissertagóes, crónicas, ensaios,
ou trechos de romances?
Sendo difícil, ou mesmo impossível, urna definigao inteiramente
satisfatória, aceitemos como a mais lógica e racional a que os norte­
americanos empregam: “short story”—história curta. Sim, que outra
expressáo melhor dirá do género do que essa? A nao ser que concordemos
com a frase de Mário de Andrade, que encerrava suas discussoes sóbre
o assunto dizendo: “ C ontoé tudo aquilo que o autor chama de conto” .
Mas se é difícil chegarmos a urna fórmula conciliatória sóbre o género
que deu glória a um M aupassant, mais difícil ainda será chegarmos a
urna conclusao sóbre a técnica do conto. Respondendo certa vez a um
jovem que lhe pedirá esclarecimentos sóbre a melhor técnica a empregar,
Maupassant respondeu que basta va arranjar um bom comégo e um bom
fim .

—Só? perguntou o principiante. E no meio, que é que entra?
—Bem ! Ai entra o a rtista !
Toda a questáo, no fundo, está resumida nessa pequeña anedota. Se
há um artista presente ñas páginas que estamos lendo, entáo teremos
um conto, se é o caso de um “conteur” ; um poema, se o autor é um
poeta, ou um romance, se estamos lendo um romancista. Ninguém se poe
a 1er urna história pelo brilho das palavras, pela riqueza do vocabulário.
Nesse caso seria mais eficiente e mais prático folhear um dicionário.
As fórmulas só servem aos mediocres. Os verdadeiros criadores transcendem sempre os limites impostos por esquemas ou regras preestabele* Edgard Cavalheiro é autor de vários livros, entre os quais se destaeam as suas
biografías de Fagundes Vareta, García Lorca e Alvares de Azevedo. Atualmente,
está trabalhando em urna grande obra sóbre Monteiro Lobato, que deverá aparecer
pelos meados do ano, em dois volumes.
No estudo que ora reproduzimos, o escritor paulista apresenta, com a precisáo
que lhe é costumeira, um compreensivo panorama histórico do conto no Brasil,
desde Joaquim Norberto de Sousa e Silva, o iniciador do género, até Marques Rebélo, Orígenes Lessa e Aníbal Machado. O aludido ensaio foi publicado em 1954
pelo Ministério da Educagáo e Cultura, em sua série “Os Cadernos de Cultura”

(74).

14

�cidas. Aliás, aínda sóbre esta questáo de técnica, nada melhor do que
lembrar urna pequeña e admirável história:
“Havia, certa vez, um homen que desejava, a todo custo, ser feiticeiro. Passou meses e meses inclinado sóbre tratados de magia. Por fim
logrou ser admitido na Academia do Grande Arcano. Isso, porém, á
custa de muitos pedidos e de insistentes súplicas, pois as vagas eram
poucas e os candidatos muitos. O curso era rigoroso, mas nosso aprendiz
de feiticeiro estudava com afinco. Admissáo. Primeiro ano. Segundo ano.
O estudante ia sendo promovido de classe. Afinal, chegou o dia da Grande
Iniciagáo, na qual os alumos seriam submetidos á prova suprema do
Rito. Perante a banca examinadora, porém, nosso herói embatucou.
—Mas é incrível! —exclamou o presidente da banca. —O senhor,
um aluno táo aplicado, que fez táo belo curso, agora fracassa! O senhor
nem parece feiticeiro!
—Vossa Exceléncia tem razáo. . .—balbucía o examinado. —Sim, nao
sou feiticeiro. . . .Mas tinha tanta vontade de ser!
—Como?! —exclamam os membros da banca, sobressaltados. Nao é
feiticeiro? —Mas que ousadia! Se o senhor nao é feiticeiro, de que lhe
adiantaria o curso?! . . . ”
*
*
*
Essa fábula ilustra bem o problema do contista em relagáo á técnica
do conto e leva-nos á seguinte pergunta: “Teráo razáo os que afirmam
que nao é possível escrever contos sem se submeter a urnas tantas regras
técnicas, sagradas e imutáveis?” Eis um tema que por si só justificaría
todo um magudo volume. Urna coisa nos parece certa: —únicamente
com técnica, nunca se escreverá bons contos, ao passo que é possível
escrever bons contos mesmo com técnica precaria.
Essa afirmativa mais se reforga ao estudarmos as origens do conto.
Sem nos determos nos tempos imemoriais, ñas inscrigóes e desenhos
encontrados em cavernas de certas regióes da Asia, podemos lembrar
que já nos túmulos egipcios, que datam de mais de 6.000 A.C., encon­
tramos, perfeitamente desenvolvidas, através de hieróglifos, longas
historias de reinados e de poderosas personalidades, com todos os detalhes possíveis.
Com a danga e o canto é o conto a mais antiga forma de arte. Crono­
lógicamente falando, cabe-lhe a primazia como género literário.
Um historiador da nossa literatura escreveu que urna apreciagáo
honesta da evolugáo do conto brasileiro deveria comegar, lógicamente,
por Machado de Assis. Teríamos, neste caso, urna história literária em
que só imperasse a qualidade. Mas todos nós sabemos que as histórias
literarias nao sao escritas désse jeito. H á os precursores. Os abridores
de caminhos. Aquéles que tateiam o terreno, embora sem se realizarem.
15

�Na origem do conto brasileiro nao podemos desprezar as lendas e
narrativas que alguns estudiosos, como Barbosa Rodrigues, Couto e
Basilio de Magalhaés e outros, colheram dos nossos indios. E muito
menos as histórias populares, táo expressivas da alma de um povo, como
as que foram colhidas por Lindolfo Gomes, Silvio Romero, Joáo Ribeiro
e outros.
Entre as lendas e narrativas dos nossos indios, é fácil encontrar
pequeñas obras-primas, que se enquadram perfeitamente nos limites de
um conto. Nao lhes faltam, nunca, um profundo sentimento poético e
largos surtos de imaginagáo. Sao, em geral, histórias repletas de velhos
temores e superstigóes. Os temas giram em torno de um círculo mais ou
menos restrito, e os elementos predominantes sao os astros do céu e os
bichos da térra. O ser humano raramente surge como centro de atengáo.
Quase tódas tém um sentido eminentemente simbólico. Das mais conhecidas sao as que se referem ao jaboti, um grande personagem por sinal.
O jaboti nao é forte, mas é paciente e persistente. Devagar se vai ao
longe, é o seu lema. Éle sabe que a astúcia vale mais do que a fórga. É á
custa de astúcia, ou esperteza, que vence o veado, numa célebre corrida,
ou mata a onga, que estava lambendo os beigos na expectativa de devóra­
lo. É exclusivamente pela astúcia que consegue escapar de urna caixa
herméticamente fechada, em que o tinham aprisionado. Outro animal
muito comum ñas histórias dos indios é a raposa, a mesmíssima raposa
matreira das fábulas de La Fontaine. Mas, ao lado das histórias de
bichos, encontramos deliciosas e poéticas narrativas sóbre a origem da
constelagáo das Pléiades, sóbre a Cobra Grande, o Sete-Estrélo, as
Trés Marias, etc. Como nasceu o mundo, como surgiu o dia da longa
noite, porque o sol brigou com a lúa, enfim, histórias em que falam
temores e superstigóes, em que gente primitiva exterioriza seu espanto
ante os mistérios da vida. Nem tódas essas lendas, fábulas, apólogos,
alegorías ou simples narrativas, podem ser, a rigor, classificadas como
contos para nao falarmos em “bom conto”. A linguagem é tosca, a
técnica práticamente náo existe e, salvo urna ou outra história, o mais
só interessará aos estudiosos.
Fenómeno idéntico observaremos com relagáo aos contos populares.
É verdade que, neste caso, além de encontrarmos urna forma mais defi­
nida e espontánea da arte de narrar, encontraremos também um material
mais rico e variado, rico sobretudo para a compreensáo psicológica de
um povo.
Os estudiosos do assunto já esclareceram que a maioria dos contos
populares do Brasil sáo de importagáo européia. Da África recebemos
alguns. E poucos, pouquíssimos, podem ser considerados de origem in­
16

'

�dígena. Mas, mesmo quando importados, ésses contos sofreram um
processo de adaptagáo e, de urna certa maneira, term inaram como um
reflexo do pensar e do sentir do povo que lhes deu guarida, adquiriram
o seu fundo de verdade, a poesia acessível ao sentimento comum de
tódas as ragas.
Os personagens mais conhecidos dos contos populares no Brasil sao
o Saci-Pereré, a Iara, o Negrinho do Pastoreio, o Lobisomem, a G ata
Borralheira, ou ésse malandro, arteiro e irónico Pedro M alasarte. Todos
ésses ilustres personagens, no entanto, sao de origem anónima, carregam
séculos de popularidade, e pertencem mais aos estudiosos do folclore
nacional do que, própriamente, ao historiador literário. H á, no entanto,
urna categoría de contos populares que até agora nao tem sido estudada
e que, a nosso ver, merece alguma atengáo. Referimo-nos aos escritores
semi-alfabetizados, ésses rudes e prim arios operarios da pena, que, nos
confins do sertáo, ou ñas praias perdidas do litoral, e até mesmo nos
bairros das grandes metrópoles, extravasam no papel os “ causos” que
acontecem ou que a imaginagáo desenfreada lhes dita. E stáo longe de
merecer a classificagáo de “lavores literarios” . Sáo canhestros, m uitas
vézes ilógicos ou absurdos. M as, como transbordam de poesia e, princi­
palmente, como sáo auténticos contos no sentido clássico do vocábulo,
isto é, narrativas que contam realmente coisas!
Mas já é tempo de abordarmos os primeiros contistas, os precursores.
0 nome de Joaquim N orberto de Sousa e Silva surge em primeiro lugar,
pois nao é possível levar a sério Rocha P ita e poucos mais que esporá­
dicamente fizeram ficgáo, má ficgáo. Aliás, N orberto de Sousa e Silva
também é muito fraquinho e só com m uita boa vontade o leitor dos
nossos dias chegará ao fim de qualquer trabalho seu. N o entanto, éle
pode ser considerado o pai do conto brasileiro. O trabalho que lhe garante
ésse título apareceu em 1841, num folheto de 30 e poucas páginas.
Intitulava-se “As Duas Órfás” . Onze anos depois, reuniu ésse trabalho a
trés outros, publicando o volume Romances e Novelas. A palavra conto
nao é empregada, mas tan to “As Duas Órfás” como os outros sáo, a
rigor, contos, isto é, histórias curtas, e podem, perfeitamente, servir
como ponto de partida a quem tragar a evolugáo do conto brasileiro.
Contemporáneo de N orberto, Teixeira e Sousa tam bém escreveu n ar­
rativas curtas, que náo resistem, porém, as exigéncias dos leitores de
hoje. E entre os románticos que, em seguida, vieram agitar o m ar morto
da literatura brasileira, sómente dois ou trés podem ser lidos, atualm ente.
Dois, pelo menos, sáo bons: Alvares de Azevedo— o génio que náo teve
tempo de amadurecer—e Bernardo Guimaráes. De Alvares de Azevedo
temos Noüe na Taverna, que se pode classificar como urna série de
17

�“contos” hábilmente ligados pelo narrador, com o intuito de formar urna
novela ou romance. Náo há, em nossa literatura, nada que se lhe possa
comparar. Noite na Taverna se destaca e se impóe á nossa admiragáo. O
número de imitagóes que provocou, na sua época, é incontável. Fagundes
Yarela, Teodomiro Alves Pereira, Ferreira deMenezes, Antonio Manuel
dos Reis, o próprio Bernardo Guimaráes, todos éles, seguiram o rastro do
menino prodigio e encheram os folhetins dos jornáis da época. Com
excegáo de alguns trabalhos de Bernardo Guimaráes, nada, ou muito
pouco, sobrou dessa literatura. Mas Noite na Taverna ainda hoje pode
ser lido com interésse. O livro se compoe, como disse, de varias histórias,
cada qual mais trágica. Crimes de todos jeitos possíveis ou imaginé veis:
do simples assassinato pela posse de urna mulher até o incesto. De amor
e morte sáo todos os casos narrados. Rapazes que intoxicara mulheres
para poder possuí-las, que levam a desonra aos lares que os acolheram,
que só espalham—na séde do amor e na atragáo da carne—desesperos e
crimes por onde passam. Todos disputam a glória de ter vivido a mais
louca aventura. Em suma, um livro típicamente romántico, fortemente
influenciado por Hoffmann, Byron, etc.
N áo se pode dizer o mesmo dos seus imitadores, como Fagundes
Yarela, que publicou, entre outros trabalhos, Reinos da Glória. Há, no
entanto, urna excegáo: Bernardo Guimaráes. As narrativas déste mineiro
boémio e meio amalucado estáo escritas numa linguagem amena e
agradável, e é fácil destacar alguns trabalhos dignos de atengáo. O
conto “Danga dos Ossos” , por exemplo, é excelente. Trata-se de um caso
de assombragáo hábilmente explorado. O “ conteur” mantém da primeira
á última linha um convincente clima de mistério e terror. H á movimento,
ótimos diálogos e um clímax dos mais inesperados. M as Bernardo
Guimaráes, que possuía urna real vocagáo para o conto, pouco produziu
no género. Fenómeno idéntico se observa com prosadores do porte de
José de Alencar e Joaquim Manuel de Macedo. Escritores fecundos, com
dezenas de obras publicadas, mas com raríssimas incursoes pelos do­
minios do conto. A explicagáo para essa abstinéncia num género táo
acessível reside no fato de que todos ésses escritores estavam, antes de
mais nada, imbuidos do espirito romántico. E o romantismo—pelo
menos o romantismo brasileiro, herdeiro direto de Byron, C hateau­
briand, ou Vítor Hugo—foi essencialmente palavroso, foi principalmente
um movimento poético. Sobrepor o sentimento á razáo, o entusiasmo ao
raciocinio, o subjetivismo ao objetivismo, constituem alguns tragos mais
salientes de um espirito romántico. Acrescente-se a isso a capacidade
para as generalizagóes imaginosas em prejuízo do senso crítico, com total
auséncia de análise. Nunca, em literatura alguma, se empregou tantas
18

�reticéncias e pontos de exclamagáo. E o conto, pela síntese que exige,
pelo poder de concentragáo que requer, náo era, evidentemente, um
género propicio aos románticos. Os poetas preferiam contar suas histórias
em longos poemas ou em massudos romances.
Numa antología feita com algum critério e rigor difícilmente se
incluirla qualquer dos contemporáneos de Alvares de Azevedo. Também
José de Alencar e Joaquim Manuel de Macedo náo seriam lembrados,
pois náo há, na vasta produgáo que deixaram, nenhuma obra-prima,
nada que disso se aproxime. O próprio Machado de Assis dos primeiros
livros—Contos Fluminenses e Histórias da Meia-Noite—está ainda muito
longe de ter atingido a perfeigáo das obras da maturidade. Contos
Fluminenses é de 1870 e reúne histórias publicadas anteriormente no
Jornal das Familias. Como observa Lúcia Miguel-Pereira, o Machado
déste livro e de Histórias da Meia-Noite ainda está muito préso aos
cánones do romantismo, é superficial e fútil. Seus tipos sáo ainda copi­
ados da galeria de manequins románticos: a mulher faceira, a virgem
sentimental, a beleza tentadora e fria, que desperta paixóes sem as
compartilhar, tódas caprichosas, orgulhosas, misteriosas. Os homems
sáo ainda mais estereotipados: o bilontra cínico, o cético afinal conver­
tido ao amor, o apaixonado infeliz. Em torno désses bonecos a fantasia
de Machado borda um tema, fabricando um conto, sem maiores conseqüéncias. O próprio local onde divulgou em primeira máo ésses trabalhos
náo lhe permitiría outra coisa senáo essas amenas histórias de pura
fantasia, sem nenhum fundamento na realidade. Tendo passado do meio
operário para o meio do jornalismo e do teatro, Machado (é sua grande
biógrafa quem nos informa) recusou a pintar tanto um quanto outro.
Desprezou as fontes de observagáo que a existéncia lhe dera. Com a sua
mania de se elevar socialmente, quis escrever para damas da sociedade.
Ora, mesmo a mais completa vocagáo de criador náo pode prescindir da
realidade, ao menos como ponto de partida. Machado quis fazé-lo e o
resultado foi que, a despeito de seu real talento de narrador, seus pri­
meiros livros valem muito pouco. Pouco em relagáo á obra de m aturi­
dade, pois, em confronto com os contemporáneos, já representa algo de
muito superior.
O último livro de contos que Machado de Assis publicou traz a data
de 1906. Contos Fluminenses é de 1870. Sáo trin ta e seis anos de produgáo
ininterrupta. Das histórias alambicadas do Jornal das Familias para as
obras-primas de Papéis Avulsos. Se nos romances, mesmo nos melhores,
as intromissóes do autor, o faz-que-vai-mas-náo-vai do seu estilo ziguezagueante, dáo á narrativa um aspecto indeciso, por vézes cansativo—
no conto, é precisamente o contrario o que podemos observar. Obrigado
19

�a se encolher, a concentrar-se, os trabalhos ganham em coesáo, em re­
sistencia, e o resultado sáo algumas auténticas obras-primas, á altura das
maiores que já se fizeram, em qualquer país de qualquer parte do mundo.
Seus escrúpulos de burilador da forma, sua paixáo pela idéia, exposta
sempre da maneira mais transparente possível, seu horror á retórica,
tudo nesse mulato genial o conduzia para o trabalho de síntese inerente
á arte de um bom contista. Os críticos já observaram que as buhas
mestras da obra de Machado estáo mais definidas nos seus contos do que
nos seus romances. Alguns temas chegam a constituir obsessáo. Volta e
meia ele os retoma, sem no entranto se repetir ou tornar-se cansativo.
O tema da perfeigáo, por exemplo. No romance ele só aparece, e muito
veladamente, na figura da Flora do Esaú e Jacó. Mas, no conto, vamos
encontrá-lo em trabalhos como “ Cantiga de Esponsais” , “Um Homem
Célebre” , “Trio em Lá M enor” , “D. Benedita” , etc. Outro assunto que
muito agrada ao “conteur” é o da relatividade de tódas as coisas. Can­
sado de debater no mistério do destino humano, Machado parecia cruzar
os bragos, meio convicto da inutilidade de todos os gestos e atitudes.
Sáo histórias de um cinismo ora ingenuo, ora malicioso. “A Igreja do
Diabo” é um exemplo muito expressivo dessa tendencia. “ O Alienista”
é outro. Aqui o contista, com o seu frió raciocinio, torna-se implacável.
Se em “A Igreja do Diabo” ele chega á conclusáo de que o Bem e o Mal
sáo equivalentes, em “ O Alienista” a equivaléncia é entre a loucura e a
razáo. A loucura pode muito bem ser a razáo. A razáo pode muito bem
ser a loucura. “Tudo depende do ponto de vista do observador e éste é
essencialmente subjetivo e inverificável” , anota Lúcia Miguel-Pereira.
Mas, Machado é mais do que o cético e frió analista de idéias. O ser
humano também o comove e o atrai com a mesma intensidade. Éle
sabia, com aquela clareza dos génios, que na vida nem tudo é matéria
de puro e simples raciocinio, de séca e decepcionante análise. E escreve,
entáo, algumas obras-primas, cheias de densa e sofrida humanidade, de
arguta e feliz observagáo de aspectos da vida doméstica e mundana, de
maliciosa e irónica compreensáo dos contraditórios sentimentos humanos.
“Máe contra Filho” , “Uns Bragos” , “Missa do Galo” , “Noite de Almi­
rante” , “Capítulo dos Chapéus” , e tantos outros mais, sáo modelos de
bom gósto, exemplos de como se faz um bom conto.
Machado de Assis é o cimo de urna cordilheira. O conto brasileiro até
o seu aparecimento é urna coisa informe e vaga, quase inexistente. Em
Machado há estilo, há técnica, há idéias. E surpreendente o que éle
conseguiu fazer. Náo é grande sómente quando enquadrado dentro da
literatura brasileira. E stá á altura de um M aupassant, de um Tchecov,
de um Pirandello, dos grandes mestres de ontem e de hoje. A surprésa e a
20

�admiragáo crescem ainda mais quando olhamos o que havia ao seu redor.
Muita gente escrevendo contos. Gente talvez demais.
Todo o mundo hoje, observa Araripe Júnior, escreve contos. N áo há
idéia, náo há delirio que se náo tenha julgado transform ável em conto.
Raro é o cronista que náo conver ta a sua crónica num a h isto rieta.. . .
“Quem examinar os livros de contos que circulam pelas livrarias, con­
tinua o autor de Literatura Brasileira, verá que na maior parte náo
passam de comegos de romances abortados, de aspectos físicos ou
moráis deslocados de livros por fazer, marinhas, paisagens ou perfis
dispersos, que estáo m uito longe de realizar o tipo completo dessa espécie
de literatura” .
Inútil, portanto, recensear nomes de autores e títulos de livros. E
mais inútil ainda procurar tendencias e temas. Todos se dizem presos á
escola naturalista, mas o term o pouco ou nada exprime. H á bons e maus
contistas. Com predominancia, está visto, dos maus. Mesmo quando se
trata de um grande rom ancista como Aluízio de Azevedo, ou de um
grande poeta como Bilac, de um crítico como Joáo Ribeiro, ou de um
historiador como o Sr. Alberto Rangel, o que se pode encontrar é o género
na sua forma mais enganadora e menos im portante—a crónica intitulada
erróneamente conto. M uitas vézes nem isso acontece. É o caso de um
Alcides M aia, que estreou excelentemente com um ensaio sóbre M achado
de Assis, e depois enveredou pelo conto regionalista. Com sua linguagem
empolada e complicada, é hoje inteiram ente ilegível. Querem um
exemplo? “Estriando de jalne o barro da parede, urna das flechas lu­
minosas dardejadas pelos rasgoes da quincha resplendia á cabeceira;
outra incidia, reta e fúlgida, sóbre os refegos de camisa, na arqueadura
da espinha; e ainda outra caindo oblíqua á beira das cobertas, acariciava
a máo hirsuta do gaúcho, hirsuta e grande com as falanges compridas
nodulosas e várias manchas azuis negras em destaque na carne m urcha
atijolada” .
O trecho é de Ruinas Vivas, um dos seus livros mais falados, mas
parece extraído de qualquer trabalho do Sr. Coelho N eto, escritor fe­
cundo, dotado de urna grande imaginagáo, mas de difícil acesso, táo
impenetrável como o Sr. Alberto Rangel, autor de Inferno Verde. Ao
contista Medeiros e Albuquerque podemos fazer qualquer espécie de
restrigáo, menos a de ser um espirito confuso. Éle é simples, fluente,
sempre claro e nítido. M as seus contos sáo antes crónicas bem escritas.
Falta-lhe certo calor hum ano; é demasiado lógico, náo tem nenhuma
imaginagáo ou surto poético. O Sr. Garcia Redondo náo é simples, é
simplório. De D ona Júlia Lopes de Almeida náo é difícil salvar urna ou
duas histórias. Q uanto ao Sr. M agalháes de Azeredo, náo creio que isso
21

�seja possível. Ñas mesmas condigóes estáo os Srs. Oscar Lopes, Domício
da Gama, Gonzaga Duque, Tomás Lopes, Rodrigo Otávio, e outros. Para
éstes escritores, Agripino Grieco arranjou urna boa frase: “Viajaram na
literatura de primeira classe com bilhetes de segunda” .
Mas, no amontoado de nomes contemporáneos de Machado, ou vindos
logo depois, salta-nos á frente a curiosa personalidade de A rtur de
Azevedo com seus contos humorísticos. Pode-se discutir o valor da sua
obra. E inegável, porém, que, no ramo que escolheu e cultivou com tanta
graga e espirito, éle foi um mestre. Numa térra e numa época em que, no
setor da literatura, era de bom tom apresentar-se envolto em roupagens
severas ou dramáticas, Artur de Azevedo escreveu páginas que sáo
pequeños primores de jocosidade. Pintor repentista das pequeñas
comédias da burguesía brasileira dos fins do Império e inicios da Re­
pública, nenhum outro o sobrepujou na arte de fixar o aspecto ridículo da
vida íntima da sociedade de entáo, principalmente a de certos círculos
da classe média do Rio de Janeiro. Artur de Azevedo era malicioso, mas
náo sarcástico. Sua ironía náo tenciona ferir; apenas provocar o riso, um
riso franco, amável, bonacheiráo.
Outra grande figura no conto é Joáo do Rio. Seu melhor livro no género
— Dentro da Noite—reúne alguns trabalhos dignos de antología. Sofrendo
a influéncia de Oscar Wilde, de quem aliás foi brilhante tradutor, Joáo
do Rio comprazia-se em pintar, com as cores mais delicadas e finas, os
mais sórdidos aspectos da vida, tudo sacrificando por um belo paradoxo
ou por urna idéia ou imagem elegantemente exposta. Gostava de ressaltar
o lado curioso, irónico e anticonvencional de tódas as coisas, fóssem religióes, almas ou vicios.
De Joáo do Rio, “conteur” eminentemente urbano, passemos a trés
regionalistas, um mineiro, um paulista e um gaúcho. Afonso Arinos,
autor de Pelo Sertao, Valdomiro Silveira, autor de Os Caboclos, e Simóes
Lopes Neto, autor de Contos Gauchescos. Nos contos do primeiro, en­
contraremos, postos em relévo com muito bom gósto literário, tipos e
aspectos da vida do sertáo de Minas. Nos livros de Valdomiro Silveira,
os tipos e cenários sáo do interior paulista, com o linguajar caipira exigindo vocabulário especial no fim do volume. Simóes Lopes Neto focalizou a gente dos pampas, especialmente os fronteirigos. A meu ver, com
superioridade, sóbre Afonso Arinos e Valdomiro Silveira, pois Simóes
Lopes Neto conseguiu, tanto em Contos Gauchescos como em Lendas do
Sul, realizar urna epopéia cíclica, antes contada que escrita, com um tom
narrativo da mais tocante familiaridade. Blau, o vaqueano, é bem o
próprio autor, em toda a sua simplicidade e rusticidade, o genuino tipo
crioulo-rio-grandense, guasca sadio, que, depois de trotar das pousadas
22

�pelas estancias, vem agora contar ao patricio deslumbrado tudo quanto
ficou semeado na longa estrada das suas recordagóes. Blau é Simóes
Lopes Neto, infatigável viajante comercial, percorrendo dias e noites no
lombo de um cavalo as campiñas rio-grandenses, anotando expressoes,
convivendo com os gaúchos nos galpóes, trocando com éles a cuia do chimarráo, ou sesteando sob os umbuzeiros perdidos ñas planicies sem fim.
Todos éstes contistas que agrupei ao redor de M achado de Assis—
simplesmente por imposigáo cronológica-—produziram entre 1890 e 1910.
Muitos só apareceram em livros mais tarde, mas os contos foram di­
vulgados em j ornáis ou revistas literárias nesse período. Afonso Arinos
publicou Pelo Sertao em 1898. A rtur de Azevedo, os Contos Possíveis em
1897. Joáo do Rio estreou em 1906. Júlia Lopes de Almeida, em 1899.
CoelhoNeto, em 1891. De 1894 é o volume Crónicas e Novelas de Olavo
Bilac. Muitos, como os Srs. Coelho N eto ou Alberto Rangel, continuaram
produzindo. Alguns, como os Srs. Viriato Correia ou M agalháes Azeredo,
produzem até hoje. Mas, depois da publicagáo de Papéis Avulsos, de
Machado de Assis, em 1906, o conto passa a ser, com as excegóes de
praxe, vítima predileta de literatos sem assunto. Aliás, o mal náo atinge
sómente o conto. O naturalismo no romance e o parnasianismo na poesia
já tinham dado tudo quanto se podia esperar, eram movimentos em
agonia. A literatura brasileira entrava num período de transigáo, num
período de perigoso conformismo. O livro nacional continuava impresso
em Portugal ou na Franga, em edigoes ridiculas. O escritor mais lido era
o Sr. Coelho Neto ou o Sr. Afránio Peixoto. Faziam urna falsa literatura,
náo só quanto á linguagem mas tam bém , e principalmente, com referéncia aosassuntos, personagens e meio. Sol para éles era astro-rei. M ulher
náo era mulher. E ra flor, anjo da guarda, fada. E n tre as falsas sertanejas
de Afránio, ou os falsos caboclos de Coelho N eto, o leitor nacional náo
hesitava: entregava-se inteiram ente á literatura francesa, com o mais
absoluto desprézo pela produgáo indígena. Nem mesmo Lima Barreto
conseguiu sacudir tal indiferenga.
Essa glória iria caber a José Bento M onteiro Lobato. Depois de ter
passado pela Faculdade de Direito do Largo de Sáo Francisco, de onde
saíra bacharel, Lobato vegetou alguns anos em Areias como prom otor
público. Quando estudante, fizera parte de um grupo boémio e despre­
ocupado, inteiramente voltado para a literatura. Publicara nessa época,
com os mais estranhos pseudónimos, alguns contos. M as o diploma de
bacharel em ciencias jurídicas e sociais, a prom otoria e em seguida a
heranga de urna fazenda desviaram inteiram ente o escritor que havia
néle. Simples desvio, pois, mesmo enterrado na fazenda, cuidava mais de
livros do que das m atas, que em agosto o fogo se encarregava de devorar.
23

�Um dia escreveu um violento libelo contra os queimadores de mato. O
artigo agradou e éle reincidiu pegando novam ente gósto pela coisa.
Enfarado da fazenda, vendeu-a e veio para a Capital. Trazia pronto um
livro que seria urna “bom ba” na pacatez do ambiente. A prim eira cdigáo
de Urupés é de 1918. Em menos de um ano o livro atingía a 4.a tiragem e
doze mil exemplares rodavam de máo em máo, ávidam ente lidos. R ui
Barbosa féz um discurso sóbre o personagem de Lobato, e, naqueles dias,
urna simples referéncia de R ui era qualquer coisa m uito séria.
Urupés saía, assim, do terreno literário para a arena política. D is­
cutido na Cám ara e no Senado, louvado e atacado pela imprensa, anali­
sado em sociedades científicas, o livrinho consumiu toneladas de tin ta e
papel. O leitor brasileiro viu-se, de urna hora para outra, obrigadoa tom ar
conhecimento de um escritor de casa, que lhe contava coisas da térra,
num a linguagem acessível e clara.
Em bora náo ainda inteiram ente liberto da influéncia camiliana, Lobato
procurava aproximar-se da língua falada, dando á sua prosa urna plasticidade em que já se podía vislum brar o “vigo e o desconcérto da té rra ” .
Além disso o contista contava, em verdade, histórias. Trágicas histórias,
sem dúvida. Histórias ñas quais o epílogo sangrento por vézes as ameagava de caírem nos dramalhoes assustadores. M as o bom gósto literário
do “ conteur” , a inocultável vocagáo para o “m étier” , o absoluto dominio
do assunto e da língua, salvavam sempre essas histórias de possíveis
derrapagens para o folhetinesco fácil e espetacular. Urupés incluía doze
contos e o artigo que deu título ao volume, espécie de profissáo de fé do
escritor. O sucesso náo estragou o contista, que continuou produzindo.
M ais tarde éle reuniría tudo em dois volumes: Contos Leves e Contos
Pesados. N áo há dúvida que, entre os contos que vieram depois de
Urupés, encontraremos o melhor déste autor. “O Jardineiro Tim oteo” ,
“ O Espiáo Alemáo” , “22 da M arajó” e outros igualam e, sob certos as­
pectos, superam “ Colchas de R etalhos” , “Boca T o rta ” , “M ata-P au ” .
Com excegáo de “O Engragado A rrependido” , o primeiro livro de Lobato
náo revelou urna facéta muito significativa na personalidade déste escri­
tor—o senso de humor, a vocagáo para a sátira, de que sáo exemplos
muito expressivos trabalhos como “O Espiáo Alemáo” , “ O Plágio” ,
“ O Colocador de Pronomes” e tantos outros mais.
N em tudo será ouro de lei, na obra déste contista. M as, com excegáo de
M achado, nenhum outro, no Brasil, valorizou e enriqueceu ta n to o
género, como éle. M uito lhe deve a literatura brasileira. Urupés, além de
representar urna renovagáo no conto nacional, foi o comégo de um grande
movimento editorial, foi urna preciosa fonte de inspiragáo para dezenas
de escritores, de todos os pontos do país. Á sombra da editora nascida com
ésse livro afortunado, surgiram inúmeros contistas.
24

�É longa a lista: Leo Vaz, Carvalho Ramos, G ustavo Barroso, Godofredo Rangel, Hermán Lima, Gastáo Cruls, Afonso Schmidt, Vicente de
Carvalho, Humberto de Campos, Adelino M agalháes, D arci Azambuja,
etc.
Alguns sómente se realizariam depois da Semana de A rte M oderna.
Outros, como os Srs. Gustavo Barroso, Godofredo Rangel, H erm án
Lima, simplesmente nao tom ariam conhecimento da revolugáo literaria
capitaneada por Oswald e M ário de Andrade. Outros ainda, com o Sr.
Leo Vaz e o próprio Lobato, iriam combater o movimento surgido em
Sáo Paulo, no ano de 1922.
Xao é possível falar pormenorizadamente de todos. É certo que a
obra de “conteur” do Sr. H um berto de Campos náo justificarla m uitas
linhas. Além de pequeña, pouco ou nada acrescenta ao já feito. Com
referencia aos Srs. Gustavo Barroso, Godofredo Rangel, H erm án Lima
e o próprio Leo Vaz—que só publicou Ritinha e Outros Casos, além do
romance 0 Professor Jeremías—tam bém há m uito pouco que dizer.
Escreveram histórias sem muito interésse, historias como há milhares
por ai. Bem diferente é o caso de Hugo de Carvalho Ramos, Gastáo Cruls,
Afonso Schmidt ou Adelino Magalháes. Carvalho Ramos deixou um
único livro— Tropas e Botadas. M orreu m uito mogo, com menos de 28
anos de idade. Náo pode realizar a grande obra que ésse livro anunciava.
Podemos filiá-lo ao regionalismo de Valdomiro Silveira, Afonso Arinos
ou Simóes Lopes Neto. Goiano de nascimento, conhecia a palmo os
sertóes do seu Estado, e, em tódas as páginas que escreveu, o cenário é
sempre o mesmo: a natureza áspera e selvagem do Brasil central. Suas
descrigóes, sempre vigorosas, másculas mesmo, lembram um pouco
Euclides da Cunha, um Euclides menos torturado é verdade, mas com
aquéle mesmo apuro de detalhes, aquéle mesmo farto e original vocabulário. Hugo de Carvalho Ramos era mais romancista do que contista.
Faltava-lhe o senso do anedótico predom inante nos contos. O tem a para
éle quase sempre é simples pretexto para evocagóes, para reconstituigóes
de coisas perdidas no tempo. Isso náo impediu que realizasse duas ou
trés obras-primas.
De certos autores com muitos livros e dezenas de contos, é difícil
destacar éste ou aquéle trabalho. Realizam urna obra homogénea, equili­
brada. Nada genial, mas nada tam bém inteiram ente mediocre. E o caso
de Gastáo Cruls, por exemplo. Tudo néle é intelectualm ente bem equili­
brado e sólidamente construido. Mesmo quando o tem a se torna aluci­
nante, como nos contos “Meu Sósia” e “G. C. P. A .” Senso da medida,
gósto pelo térmo justo e pelo período enxuto, eis algumas características
do autor do “Ao Embalo da R éde” . Já o Sr. Adelino M agalháes—um
nome inteiramente esquecido hoje em dia—deixa-nos a impressáo de um
25

�espirito inquieto, atormentado, algo caótico. Tumulto da Vida, seu livro
mais significativo, é de 1920. No meio da literatura bem comportada da
época, contos, como “Um Prego mais Outro Prego” ou “As 21 Noites de
Paulo Cláudio” , representam, inegávelmente, tentativas de inovagáo. A
novidade nos contos de Afonso Schmidt nao está na linguagem ou na
técnica, e sim no assunto. Preocupado com a situagáo miserável das
classes desfavorecidas da fortuna, procura fazer urna literatura de
combate, cheia de intengoes sociais.
Aliás, o ambiente já estava maduro para grandes transformagoes
literárias e políticas. Náo cabe, nos limites déste apanhado sóbre o conto
brasileiro, urna análise da importancia da Semana de Arte M oderna na
literatura nacional. B asta acentuar que, com os inovadores de 1922, todos
os géneros literários—romance, poesia, ensaio, conto, história, etc.—se
libertaram de urna porgáo de restrigoes e novas clareiras foram abertas.
Talvez ainda seja cedo para se fazer a história désse período. Falta-nos
perspectiva. Mas, se é difícil fazer “história” , náo é difícil apontar os
contistas mais significativos. Acrescentemos, a título de preámbulo, que
todos éles surgem com urna língua viva, bem mais próxima da língua
falada do que seus antecessores. Sáo, também, mais sintéticos, mais bem
humorados, mais audaciosos. E fogem, quase por completo, á velha
técnica—um principio, a história e o fecho de ouro. O utra inovagáo que
iremos encontrar: náo desprezam os assuntos aparentemente banais.
Pelo contrário: o cotidiano, o simples e até entáo desprezado cotidiano,
constitui, para todos, um motivo de permanente atragáo. A vida náo
está só nos fatos incomuns, extraordinários. Náo. Ela também se encontra
nos dramas de todo-o-santo-dia. Tristáo de Ataíde, que foi o grande
crítico do movimento, anotou que urna das tendéncias da literatura que
entáo se comegou a fazer era aquilo que se poderia chamar a valorizagáo
do insignificante. A reagáo do público seria, como é natural, contrária aos
inovadores. Nenhum contista alcangaria, náo digo a glória de um Lobato
■—glória sólida, que resistiu ao tempo—mas a precária popularidade de
tantos que na época absorviam os comentários da crítica bem compor­
tada.
No entanto, nunca o género foi rico e pródigo de surprésas como no
decénio que vai de 1920 a 1930.
Numa crónica deliciosa, escrita em 1927, Alcántara M achado confessava que o que éle mais admira va na “meninada literaria” da época
era “a coragem de afirmar” . A glória dos escritores que tinham vindo
antes, dizia éle, se apoiava no ramerráo, no consagrado, no geralmente
aceito. E ra urna glórial oficial. Os mogos nada conseguiriam se náo
26

�comegasscm aceitando o já existente. “Num meio assim, como tentar
urna renovagáo?”
Porque a coragem de afirmar, continua o cronista, náo se revela
sómente, como muita gente pensa, na xingagáo, na descompostura, na
insoléncia. Dizer na cara já é muito. Mas náo basta. É preciso também
dizer de coragáo, esvaziar-se, despejar-se no papel. Antes de mais nada,
afirmar a sua personalidade acima de tudo e de todos. Fazer urna obra de
nitidez objetiva e subjetiva.
Essa coragem de romper contra tudo e contra todos, essa coragem de
pór-se inteiro na sua obra, quantos a tiveram entre nós? De um, pelo
menos, temos plena certeza. Refiro-me a Mário de Andrade, o grande
Mário. Romancista, poeta, ensaísta, musicógrafo, crítico, cronista, di­
vulgador e agitador de idéias, destruidor de preconceitos e tabus, valendo
sózinho mais do que muitas academias, Mário foi dos nossos poucos
espíritos realmente enciclopédicos. Sua obra de “conteur” é pequeña:
dois livros publicados em vida e um póstumo: Primeiro Andar apareceu
em 1926 e os contos de Belazarte foram divulgados em revistas e j ornáis
em 24, 25 e 26.
Náo é possível falar de Mário, o Accionista, sem referéncias á sua
linguagem. Há muita confusáo em torno das preocupares lingüísticas
do autor de Belazarte. Mas o leitor que percorré-lo pacientemente
notará, logo, que a evolugáo que se processou na sua linguagem é segura
e lógica. Comegando descabeladamente moderno, usou e abusou de caco­
etes, complicando em vez de simplificar. Mas, com o decorrer do tempo,
foi deixando o que havia de for gado e de artificial na sua “maneira” de
escrever, e, nos últimos tempos, sua prosa atingirá tal grau de cristalinidade e pureza, tal plasticidade e sabor, que difícilmente imaginaríamos
escondesse a língua que falamos táo fartos recursos. Ñas crónicas e nos
contos é onde melhor poderemos encontrar o estilista. Trabalhos curtos,
permitiam ao autor mais pacientes corregóes, permitiam-lhe, sobretudo,
dar todos os tons, extrair dos assuntos tudo quanto éles podiam oferecer.
Em alguns contos, principalmente, ésse virtuosismo atinge a grandezas
inesperadas, a efeitos extraordinários. A nota patética quase sempre dá
o tom para que ao redor do tema se desenvolva a orquestragáo, na qual
entram todos os instrumentos—violinos melancólicos, violoncelos
tristonhos, pianos dramáticos, cornetins bufos, violas chorosas, pratos e
fones inquietos. A principio, desnorteará o leitor desabituado ao jeito do
contista, mas éste termina sempre por envolvé-lo gragas á beleza da
melodia pura que salta inesperadamente da balbúrdia de sons. Sirva de
exemplo a história de Nízia Figueira, a do préto Ellis, ou a dos pequeños
27

�piás sofredores. Deixando de lado, porém, o virtuoso da técnica, é preciso
apontar no contista Mário de Andrade o excelente intérprete da comédia
humana. Para focalizá-la, jamais langa máo de recursos melodramáticos
ou grandiloqüentes. Ao contrário, seu tom é sempre outro. Seja para nos
descrever as maiores paixoes ou os maiores dramas, sempre se utiliza de
urna fala mansa e macia, urna fala que comove e convence a gente.
Nisto éle se aproxima—intencionalmente, sem dúvida—dos contadores
de casos, dos férteis e imaginosos contistas populares. Nos seus trabalhos
encontramos, em verdade, aquilo que M aupassant classificava como
“gósto da vida temperado pela arte” . Sim, o artista está sempre presente,
mas em momento algum se desumaniza em prol de um efeito feliz.
Se é difícil, em poucas palavras, falar de Mário de Andrade, mais difícil
é largá-lo. H á sempre tanto o que dizer do homem e do artista que éle
foi! H á sempre tanto que aprender na sua vida e na sua obra! Outros
contistas, no entanto, reclamam nossa atengáo.
Comecemos pelo Sr. Ribeiro Couto. É ste autor, embora bom cronista,
bom poeta e regular romancista, sempre revelou urna tendéncia natural
para o conto. Seu primeiro livro— A Casa do Gato Cimento—apareceu em
1921, ano em que também estreou como poeta.
Pessoal e típico, tanto na maneira de escrever como na de encarar os
aspectos tragicómicos da vida, o senhor Ribeiro Couto conseguiu criar
um género especial de pequeñas histórias sentimentais, histórias ñas quais
a nota realística é sempre suavizada pelo tom poético. Seus quadros da
vida diária, observa Sérgio Milliet, aparentem ente desinteressados,
espalham toda urna complexa série de impressivos dramas humanos.
Escreve com agilidade e graga, qualidades que iremos encontrar, ainda
mais apuradas, em Antonio de A lcántara Machado.
Apesar de algumas incursóes pelos dominios da Critica e da História,
a ficgáo era, indiscutivelmente, o melhor clima para o espirito irónico e
malicioso de Alcántara Machado. Paulista de quatrocentos anos, paulistano do bairro de Santa Cecilia, poucos compreenderam e amaram os
tipos e costumes da cidade como éle. Era, sobretudo, um “conteur”
nato. Se por vézes descamba para a caricatura, jamais a ela se entrega
totalm ente, pois equilibrio e bom gósto sáo qualidades que bem de perto
o distinguem. Carmela e Gaetaninho, mais do que retratos trabalhados,
sáo instantáneos fixados com absoluta nitidez. Convém náo esquecer que
estávamos em plena campanha modernista. Alcántara náo tom ara parte
no movimento, mas aderira aos seus postulados, compreendia e aceitava a
renovagáo que se estava processando. E stá claro que a sua obra de con­
tista aparece na fase inicial com alguns cacoetes e defeitos próprios dos
vanguardeiros. M as a evolugáo do “ conteur” era segura e os trabalhos do
último período—os contos de M ana María-—sáo dos melhores. Frase
28

�curta e séca, imagem precisa e inspirada, vai sempre em linha reta, desprezando paisagens, nao tomando conhecimento senáo do essencial, do
que realmente é imprescindível. E, quando o leitor menos espera, urna
frase corta bruscamente o ritmo trepidante e aparentemente desinteressado em que o autor deslizava. Frase que muitas vézes se resumia numa
única palavra. Urna palavra que era todo um mundo de graga e de es­
pirito. Faltará, talvez, aos contos de Alcántara Machado, maior densidade. Muitas vézes éles pecam por excessivo esquematismo.
Déste defeito náo acusaremos o espléndido Joáo Alphonsus de Guima­
ráes, exemplo típico de um prosador que foi aos poucos se despojando
dos cacoetes próprios do modernismo, para se tornar, no fim da vida, um
dos nossos mais claros e puros estilistas. Em “Galinha Cega” o contista
tivera um désses momentos felizes que de certo modo podem prejudicar
urna carreira literaria. “Galinha Cega” foi divulgado por Terra Roxa e
Outras Térras, em 1926. Reproduzido em dezenas de publicagóes, essa
anedota simples, táo afortunada quanto o sonéto de Raimundo Correia
sóbre as pombas, dá a impressáo de que seu autor nada mais produziu.
É verdade que, tendo reunido em volume “Galinha Cega” e outros traba­
lhos em 1930, sómente onze anos depois voltaria com outro livro de contos
—Pesca da Baleia. Em Pesca da Baleia, que náo é ainda o seu melhor
livro, Joáo Alphonsus apresenta, no entanto, um trabalho que pode, perfeitamente, substituir “Galinha Cega” ñas antologías. Refiro-me a
“Sardanápalo”, impressionante história que Edgar Poe náo hesitaría em
assinar. Aliás, com os mesmos elementos—um homem mórbido e um gato
—o “conteur” norte-americano náo realizou coisa superior. Curioso
assinalar que outro dos melhores contos de Joáo Alphonsus tem, também
como personagem, um animal. Desta vez um paciente e manso burrinho.
Ésse dom de simpatía para com os animáis náo o impede, contudo, de
debrugar-se sóbre os séres humanos, com a mesma intensa e amorosa
compreensáo.
Outro contista que veio do modernismo é o senhor Peregrino Júnior.
Histórias da Amazonia focaliza com muita fidehdade usos e costumes da
Amazonia. Ao contrário de tantos outros, que fizeram do vale imenso o
centro de suas histórias, Peregrino Júnior é simples, desataviado. Embora
conservando tódas as características da língua local, soube evitar qual­
quer empolamento ou preciosismo de linguagem. A fórga ou a intensidade dramática dos episódios que nos apresenta é tirada em linha reta da
originalidade do assunto. Seus personagens guardam sempre o limite
humano que os torna reais e naturais, e seus sofrimentos, por isso mesmo,
sáo sempre plausíveis e aceitáveis. O espanto náo vem dos assuntos nem
dos personagens, e sim do meio, o “inferno verde”, onde a vida se revela
estuante e brutal dentro do seu primitivismo semibárbaro.
29

�Se o Sr. Peregrino Júnior encontra o melhor de si mesmo fixando as­
pectos da vida amazónica, o senhor Marques Rebélo está inteirinho na
cidade de Sáo Sebastiáo do Rio de Janeiro. Salta desde logo á vista do
menos atilado dos leitores a imensa ternura com que éle trata dos
pequeños dramas domésticos, das conversas de namorados nos jardins
dos bairros, dos passeios sentimentais pela Tijuca, dos malandros que
tiram sambas de caixas de fósforos ñas tardes vazias dos cafés.
Sua humanidade é composta de funcionários públicos, de malandros,
de estudantes, de fuzileiros navais, das humildes meninas dos bairros
distantes—costureiras, caixeirinhas, gargonetes. Seu estilo dá, á primeira leitura, impressáo de facilidade, de superficialidade, como se o
autor náo quisesse se aprofundar no assunto. Mas, na verdade, estamos
em presenga de um “virtuose” do conto. Seus dialógos, especialmente,
encerram urna poderosa fórga de expressáo, um mundo de sugestóes.
Marques Rebélo tira o máximo efeito e partido da gíria carioca, urna
gíria saborosa e única. Mas sem cair em perigosos hermetismos, sem
abusar. Náo se prende ás “bolas” do dia, o que seria restringir a durabilidade dos seus contos, muitos déles com enderégo certo para as futuras
histórias literárias.
Com Marques Rebélo encerró a resenha dos contistas que o movi­
mento modernista revelou.
Mas, antes de concluir, resta falar dos que vieram logo depois, dos
que estrearam a partir de 1930, quando outras preocupagóes comegaram
a atrair escritores e poetas do Brasil. Nesse período muita gente boa
apareceu. Alguns trazendo ainda a marca muito viva do modernismo.
Outros, infelizmente, sem terem tomado conhecimento de tal reforma
literária. Outros ainda, procurando novos rumos, insatisfeitos com o já
feito. Destaco um Orígenes Lessa, pela vivacidade de estilo, pelo realismo
descaridoso, pela ironia amarga com que impregna quase todos os seus
trabalhos. Destaco o Sr. Amadeu de Queiroz, um mogo com oitenta anos
de idade por fora e 25 por dentro, dono de urna prosa de urna pureza e
precisáo raramente encontráveis em nossos Accionistas. Náo urna pureza
de gramático, dessas que irritam pelo preciosismo. Mas urna pureza de
quem usa o idioma como instrumento vivo, como meio de expressáo que
atingiu urna cristalinidade impar. Casos de Carimbamba, um livro
modesto, quase desconhecido, encerra páginas de singular beleza. Destaco
o Sr. Luís Jardim, “doublé” de pintor e contista, áspero e forte como as
criaturas e as paisagens que descreve. Sua prosa tem o sabor de fruta do
mato. Encanta pelo pitoresco, é certo, mas se adapta admirávelmente ao
mundo séco e trágico que lhe foi dado reconstituir. Destaco Raquel de
Queiroz, dona de alguns contos cheios de urna estranha poesia, assim
como o Sr. Graciliano Ramos, mais romancista do que contista. Destaco
30

�Telmo Yergara, sutil e tem o retratista da vida simples, de ambientes
domésticos, de cadeiras ñas calgadas. D estaco Rodrigo Meló Franco de
Andrade, que Mário de A ndrade considerava um dos nossos grandes
contistas. Ou ésse admirável G uim aráes Rosa, de Sagarana. M as a lista
é longa. Sáo dezenas e dezenas de nomes. D o Sul. Do Centro. D o N orte.
De tódas as partes surgem contos e contistas. M uitos sáo meros aprendizes de feiticeiros. E stáo ainda fazendo o curso. Alguns no primeiro
ano, outros no segundo ou no terceiro. É possível que no dia do exame
final descubram o engano, o terrível e lam entável engano. N áo eram
feiticeiros. Mas, há, entre as dezenas de rapazes e mogas que publicaram
contos de 30 para cá, alguém que féz todo o curso com distingáo em todas
as cadeiras, e que no dia do exame final abafou a banca. E ra um mestre
disfargado em aprendiz. U m malicioso, inteligente e culto mineiro. O
grande feiticeiro Aníbal M achado.
Sómente há poucos anos Aníbal M achado apareceu em livro, com Vila
Feliz. Até entáo, m antinha-se recalcitrante, desdenhoso das possíveis
glórias de autor. Urna ou outra página divulgada pelas revistas garantialhe, no entanto, urna crescente admiragáo do meio intelectual, que festejava náo só o escritor, mas tam bém o homem, criatura admirável, grande
pelo espirito, grande pelo coragáo. M ais preocupado em estim ular do que
em brilhar, Aníbal M achado vem se dispersando num esbanj am ento de
ternura, toleráncia, compreensáo e bondade.
Sua carreña literaria resume-se em alguns trechos de “Joáo T ern u ra” ,
um ou outro ensaio ou conferéncia, e um punhado de contos. Sáo páginas
de mestre, trabalhadas com um carinho raro neste país de apressados, de
autores com obras completas aos trin ta e poucos anos de idade. Nos
contos, é sem dúvida onde melhor poderemos encontrar Aníbal M achado.
Dos cinco trabalhos reunidos em V ila Feliz, dois pelo menos sáo obrasprimas indiscutíveis: “T ati, a G aróta” e “A M orte da P o rta-E stan d arte” .
Xestes, e nos demais trabalhos de Aníbal M achado, mais do que bons
assuntos, encontramos um bom escritor. U m escritor que alia a um estilo
claro, preciso e lógico, um dom de sim patia, compreensáo e penetragáo
piscológica como temos tido poucos. T udo isso bafejado por um largo
sópro poético, poesia que é sempre urna solugáo adm irável p ara a
complexidade dos sentímentos ou situagoes que analisa. Poesia que enche
as últimas páginas de “Um Acontecimento em Yila Feliz” . Poesia que nos
leva a viver com T ati, a garóta, ou que dá ta n ta densidade á “ M orte da
Porta-Estandarte” . Poesia que faz a Ju an ita de “O Telegram a de A taxerces” continuar bailando a sua danga absurda sóbre os desvarios do pai.
É de caso pensado que encerramos éste apanhado sóbre o conto brasi­
leiro com o nome de Aníbal M achado. E que o autor de V ila Feliz retoma,
neste género üterário, a tradigáo iniciada e elevada táo alto por M achado
31

�de Assis. Estilo, clareza, bom gósto, e, principalm ente, honestidade e
seriedade intelectuais a toda prova.
Em literatura, e naturalm ente que em todas as outras artes, ninguém
tira nada do nada. H á um fio secreto e íntimo a ligar os espíritos do passado aos do presente. Sao raízes de urna mesma árvore, que se prolongam,
e que ontem, como hoje e sem dúvida am anhá, se transíorm aráo em novas
árvores, que por sua vez daráo novos frutos. A selva é a mesma, mas as
árvores sáo diferentes e os frutos nem sempre se equivalem.
O conto brasileiro já possui urna sólida tradigáo. Dos velhos pagés aos
contadores de casos, das tentativas dos rom ánticos ao fenómeno Machado
de Assis, de Lobato a M ário de A ndrade e a Aníbal M achado, é todo um
longo e brilhante caminho percorrido.

32

�NAUFRAGOS, PRISIONEROS Y RENE­
GADOS Y LA CONQUISTA DE
AMERICA
ALBERTO SALAS*

La conquista de América, como toda conquista que procuró convertir
el simple sometimiento de tierras y pueblos en un estado de dominio per­
manente, se puede considerar como una de las mayores empresas que se
han realizado en la historia de la humanidad en lo que concierne a la mez­
cla de culturas y grupos étnicos. Realización de dimensiones tan enormes
que aún ahora no se alcanza a abarcar con facilidad la transformación
cultural que operó en todo el continente sobre la masa de población abori­
gen y sobre el más reducido grupo que constituyeron los conquistadores,
núcleo reducido pero pujante, vencedor y portador de los elementos cardi­
nales que habían de producir las nuevas formas.
La aculturación, en todo orden de cosas, fue mutua y de proceso lento,
aun cuando por parte de los vencedores, en algunos aspectos, fue acele­
rada coercitivamente. El elemento europeo, a su vez, de una manera casi
insensible, hubo de experimentar la acción de factores locales—geográ­
ficos, étnicos y culturales—produciéndose la diversificación inadvertida
de su propia fisonomía, evolucionando el elemento metropolitano, chape­
tón y gachupín hacia el tipo vulgarmente denominado indiano, forma ya
decididamente hispanoamericana.
Factores fundamentales como la religión y la lengua se impusieron con
mayor o menor rapidez, particularmente la primera, sobre todo en su
aspecto formal. La unificación lingüística progresó con variable rapidez
en el mapa americano, observándose el hecho, en muchas regiones—las de
las lenguas generales—que el español aprendiera los idiomas vernáculos
para facilitar su entendimiento con los indígenas, particularmente para
facilitar la predicación. Y si bien es cierto que este mestizaje cultural se
cumplió en lo que respecta a algunos elementos de la cultura en un solo
sentido—la religión, por ejemplo—, en muchos otros la interacción ha
sido mutua, dando origen a formas nuevas, curiosas, imponderables a
veces, o bien caracterizadas como americanas o hispanoamericanas.
* Profesor y escritor argentino. Nació en Buenes Aires en 1915. Entre sus obras se
destaca el libro Las armas de la Conquista. Reproducimos el presente ensayo to­
mándolo de Imago Mundi (Buenos Aires, Año II, Núm. 7, marzo de 1955).

33

�El afán español por lograr la unificación cultural de las nuevas tierras,
incorporando a los indígenas al mundo de su cultura, está amplia e in­
discutiblemente evidenciado por las Leyes de Indias, formalizado en
reales cédulas y órdenes que han tendido de manera pertinaz y constante
a hacer de las Indias un todo homogéneo, bien caracterizado y definido
dentro de una concepción cristiana. No se intentó el simple lineamiento y
formalización de un dominio ejercido por un grupo minoritario sobre una
población aborigen, sino que se procuró la fusión de esos elementos en uno
solo, y para ello se trabajó de manera incansable en un proceso que aún
hoy día está lejos de haber concluido, pero que fue movido poruña con­
cepción profundamente cristiana.
Pero no es nuestra intención, en esta nota, y por ahora, intentar un
enfoque general de la legislación de Indias en este afán de unificación de
los diversos elementos culturales y étnicos ni destacar cómo funcionó todo
esto en la realidad, tan distante a veces de la teoría legal. Lo que deseamos
señalar, por el momento, es que al margen de los lincamientos generales
del proceso de mestización étnico y cultural cumplido en todas aquellas
zonas en que europeos e indígenas entraron en contacto, aun belige­
rante—que era suficiente para un activo intercambio de formas culturales
y de sangres—, hubo algunas circunstancias que sirvieron para acelerar y
hacer más íntimo ese contacto, y que son capaces, de por sí, de informar­
nos de los caracteres más generales de todo el processo de aeulturación.
Del lado indígena el cambio cultural se ha visto facilitado preferente­
mente a través de los individuos que vivieron en la intimidad de los con­
quistadores y de los primeros núcleos españoles establecidos en las nuevas
tierras, de manera muy particular por los naboríes en toda la parte sep­
tentrional de la América española, y por los yanaconas en la meridional.
Las indias de servicio, palabra de amplísima acepción que en algunas
oportunidades admitió especificaciones regionales concretas (china, magacara, etc.), constituyeron un elemento de primer orden en este proceso,
no sólo al dar a los españoles sus hijos mestizos, sino también como fac­
tores de mediación y contacto entre ambas culturas, decisivos en su amal­
gama y formas nuevas, dando origen a lo hispanoamericano y a lo criollo,
que aunque sólo en matices, a veces, se aleja y diferencia de lo español,
victorioso y pujante. Esos elementos han actuado como verdaderas super­
ficies de contacto, con menos violencia y fricción que otras, más pacífi­
camente y también más placenteramente, vale decir, con mayor docencia.
También del lado español existieron factores que actuaron con intensi­
dad en esta unificación, con más frecuencia e intensidad de la que es
habitual suponer. Nos referimos particularmente a los que podríamos
llamar prisioneros y náufragos y a los renegados. Las dos primeras cate­
gorías posiblemente puedan referirse a una sola, a la de los prisioneros, y
34

�no queremos, a pesar de algunos elementos de juicio que en su oportuni­
dad argumentaremos con mayor amplitud, insistir en este aspecto. De­
seamos referirnos tan sólo a aquellos españoles, varones o mujeres, que,
por accidente o por mera acción de guerra, se vieron obligados a convivir
con los indios, ya sea en libertad como en estado de cautividad. Así, por
ejemplo, Staden, el arcabucero alemán apresado por los indios tupinambás, vive real y efectivamente cautivo entre los indios y constante­
mente amenazado por una muerte violenta y el ulterior ritual antropofágico. Alvar Núñez Cabeza de Yaca, un auténtico náufrago, vive
prisionero los primeros tiempos, pero luego, más que prisionero de los
indios, vive prisionero del hambre y de la geografía, vale decir, de la inu­
tilidad de la evasión. Y Núñez de Pineda y Bascuñán, por citar a uno de
los tantos prisioneros conocidos de Chile y de la guerra araucana, aun­
que comienza siendo un verdadero prisionero, vive luego entre los arau­
canos en una relativa libertad y hasta placentera vida. Ambas clases,
simples náufragos o prisioneros, son españoles, varones o mujeres que
viven involuntariamente—o han comenzado a vivir involuntariamente—
entre los indios. Estas dos formas, o una sola si se nos admite la simplifi­
cación, son sumamente numerosas en toda América y en todas sus épo­
cas, casi hasta nuestros días. Los cautiverios han sido breves o larguísi­
mos, según las circunstancias, penosos en grado extremo o llevaderos y
hasta felices, como el ya aludido de Bascuñán. El concepto común y co­
rriente es que la mayor parte de los prisioneros españoles eran ejecutados
por los indios en ceremonias rituales y hasta comidos. Pero es evidente
que si ésta ha sido la suerte de muchos, otros, en cambio, han podido con­
servar su vida y hasta un relativo grado de libertad en su cautiverio.
Estos, precisamente, son los casos que nos han interesado, puesto que al
compartir la vida indígena, a veces de manera prolongada, tuvieron la
posibilidad de adaptarse a nuevos tipos de vida. La situación hizo que el
prisionero se amoldara a la nueva situación, aprendiera la lengua, los
usos y costumbres más generalizados de los indios, e incluso como en el
caso de Alvar Núñez y de tantos otros, aprovechara ciertas dotes natura­
les para convertirse en hechiceros o shamanes, buscando siempre alguna
notoriedad que mejorara su condición social dentro del grupo en que for­
zosamente se alojaba. Los años convertían a estos individuos en verda­
deros indios, que a su vez no dejaban de reaccionar sobre el grupo abo­
rigen, introduciendo sus propios elementos culturales en mayor o menor
grado.1
1 Hacia todo esto tiende, por otra parte, una de las Leyes de Indias (Ley VI, Título
IV, Libro IV) que dispone que los descubridores, viendo que la gente indígena es
doméstica, pueden dejar entre ellos un sacerdote, clérigo o religioso, para que
los doctrine. La disposición lleva implícita la contraparte, vale decir, el aprender
la lengua de los indígenas y conocer sus costumbres.

35

�Huelga todo comentario con respecto de la rápida modificación étnica
de algunas regiones de América, como el Paraguay o la región araucana,
donde Rosales, ya en el siglo X V II, denunciaba la existencia de muchos
guerreros indígenas rubios, que medían sus lanzas con los tercios espa­
ñoles, como consecuencia natural de la cautividad de numerosas mujeres
españolas. La situación del cautivo en la mayor parte de las naciones
indígenas de América no ha sido en verdad envidiable. Pasados los
primeros momentos, si lograban evitar el sacrificio, su estado dentro del
grupo tribal era prácticamente el de un siervo o esclavo que debía de­
sempeñar las tarea más enojosas y pesadas. Si poseía oficio, habilidad
manual y si podía, con el tiempo, convertirse en un guerrero, la situación
cambiaba de manera notable, mejorando su posición dentro de la tribu.
Así aconteció, notoriamente, con Gonzalo Guerrero en el Yucatán, con
Barrientos en Chile, con Ortiz en la Florida. La situación de la mujer, en
cambio, si bien parece no haber corrido el peligro de su sacrificio, honra
merecida sólo por los guerreros, ha soportado, en cambio, la violencia
sexual de los indígenas que parecían vengar así el repetido rapto de las
sabinas cometido por los españoles. Estas mujeres que cayeron en manos
de los indios como joyas preciadas en todas las regiones de América, y que
en Chile durante los siglos XYI y XY II fueron muy numerosas, así como
en la pampa en los siglos X V III y X IX , constituyeron elementos activos
en la transformación étnica y cultural de las parcialidades indígenas. No
conocemos a través de nuestras lecturas ninguna prisionera en poder de
los indios que haya transformado su condición en una situación volun­
taria de reniego, cosa que ha sido bastante frecuente entre los hombres.
Hay sí, algunos casos bien conocidos de mujeres que, heridas en su
orgullo, se negaron, llegado el momento, a reintegrarse a la sociedad
española.
Prisioneros hay que, por circunstancias muy favorables, pudieron con­
vertir su cautiverio en una residencia bastante placentera, como le ocu­
rrió a Bascuñán, que sólo atinó a negarse a lamujerindígena, y que nos ha
dejado en su Cautiverio feliz un hermoso documento que refleja con pre­
cisión la compleja situación de un prisionero español dentro de una par­
cialidad araucana y sus mutuas interacciones. El regreso o la redención
de estos cautivos fue de singular importancia, además, para la Conquista.
Son los hombres que han penetrado los secretos de la tierra, los que cono­
cen a los indígenas, sus costumbres y su lengua mejor que cualquier otro.
Son los intérpretes de casi todas las expediciones, los guías y los media­
dores pacíficos, y son, en definitiva, en el grupo español, los individuos
que más han penetrado los modos de vida aborígenes, los que están en un
filo entre lo español y lo indígena, los primeros que encarnan lo criollo y lo
americano. No en vano Diego Velázquez da instrucciones concretas a
36

�■

Cortés para que rescate los prisioneros que están en el Y u catán , de donde
ha de salir Francisco de A guilar, hom bre decisivo— ju n to con doña
Marina, la versión indígena— en la conquista de la N u ev a E sp añ a. Lo
mismo le ocurrió a G aboto con F rancisco del P u e rto y con E n riq u e M o n ­
tes, a Hernando de Soto con J u a n O rtiz.
En contraste con estas forzosas residencias e n tre los grupos indígenas,
veamos ahora la conducta de los que podem os llam ar, en general, “ re ­
negados” , vale decir hom bres españoles que p or diversas circunstancias
abandonan el grupo al cual pertenecen y se p asan a v iv ir con los indios,
adoptando sus m aneras, usos y costum bres. A decir v erd ad , este problem a
de la evasión social en In d ia s adquiere u n a im p o rtan cia ta n grande, ta l
amplitud y dispersión geográfica, que aq u í sólo podem os asp irar a d ar
una idea somera del mismo.
En todas las épocas se h a n conocido estos renegados, que tam poco
ignoró España d u ra n te sus guerras con los árabes. L a evasión de las
pautas sociales del grupo al cual se pertenece parece u n a línea co n stan te
en el hombre, con m ay o r o m enor intensid ad , u n a m an era de deso­
bediencia que procura abrirse horizontes de m ay o r lib ertad , escapar a
las inhibiciones, a las form as m uy estratificad as y com plejas de la
conducta, a la cual se p ro cu ra evadir, de u n a m an era o de o tra . L a
huida del grupo parece ser la form a extrem a, que no faltó tam p o co en
las Indias del siglo X Y I y que tam poco fa lta en n u estro s días. P a ra
comprender el fenóm eno, por lo m enos en lo que resp ecta a A m érica en
el siglo inicial de su conquista y colonización, ta l vez convenga señalar
que toda la vida y las form as de conducta, así como las posibilidades
económicas que se ofrecían al hom bre español, co n stitu ían ev id en tem en te
una forma de evasión, u n aflojam iento de las p a u ta s sociales im p eran tes
en España, u n a n o tab le m odificación de m uchas norm as, u n cam po
mucho más abierto que el m etropolitano p a ra las em presas de la am b i­
ción, de la fuerza y de la acción. E n u n a p a lab ra, que creem os no equi­
vocarnos si com param os estas tie rra s de entonces con lo que h o y lla­
mamos, o con lo que hem os llam ado h a s ta hace poco fro n teras, sitios
donde se experim enta u n aflojam iento general de las p a u ta s, reem pla­
zadas por u n espíritu de em presa, de acción individual, y p o r valores que
no siempre son los dom inantes en los centros de m ay o r densidad de la
sociedad y de la cu ltura.
El renegado p u d o en sus com ienzos ser sim plem ente u n prisionero o
un náufrago. A lguien que forzosam ente convivió u n cierto tiem p o con
los indios y que acabó p o r encantarse con la v id a de ellos, co n su stan ­
ciándose h a sta donde fue posible. Y cuando llega el m om ento de re in te ­
grarse a su grupo, el reniego se hace evidente. G onzalo G uerrero, u n o de
los com pañeros de A guilar, en el Y u c atá n , es el m ás acabado ejem plo
37

�de esta circunstancia. Cuando Cortés los reclama, Aguilar marcha a su
encuentro, dócil a su cultura, pero Guerrero, hombre de la mar, con­
vertido en jefe de guerra de los indios, que tiene la piel labrada y todos
los adornos correspondientes a su rango, que tiene mujeres indígenas y
prole mestiza, se niega a reintegrarse. Más aún, llegado el momento,
tomó las armas contra los mismos conquistadores españoles, defendiendo
su tierra adoptiva. Aguilar, más adaptado a la vida indígena de lo que
él se atrevió a manifestar, resolvió su regreso. Guerrero, tal vez por
orgullo, tal vez por estar definitivamente ganado por esa vida donde
había conquistado una posición social superior a la que podría tener
entre su propia gente, permaneció entre los indios, inte¿rándose definitiva­
mente a ellos.
La evasión también se ha cumplido de manera enteramente voluntaria,
aunque obligada en cierto modo por otros factores. Negros y blancos
se han quedado entre los indios durante la expedición de Coronado a
las siete ciudades de Cíbola, hartos de luchar y de caminar a la ventura.
Lo mismo ocurrió en la expedición de Soto a la Florida y durante la
navegación del Amazonas por Orellana, en la cual expedición, si no
hubiera sido por algunos hombres de honra, como dice el cronista, otros
que no la tenían se hubieran huido a los indios, buscando, sin dudas,
una vida menos trabajosa y más placentera. Y así fue como, en la mayor
parte de los casos, las tribus, aunque adversarias, se ofrecieron a aquellos
hambrientos y fatigados, a aquellos hombres hartos de luchar, derrotados
por las exigencias implacables de la nueva sociedad que integraban
aquí en las Indias, como un refugio. El hombre que aguantaba, que
soportaba los trabajos con entereza, sin desfallecimientos, que no se
pasaba a los infieles, ése era hombre de honra; el otro, el que se evadía,
era prácticamente un delincuente, un descastado. Falto de honra y de
vergüenza. Y se los castigaba cuando se los sorprendía hasta con la
muerte, como a los sodomitas y antropófagos. Pero las deserciones se
produjeron en todo el mapa americano, desde la pampa hasta la Florida.
De hecho hay un comienzo de reniego en cada hombre que, convi­
viendo con los indios voluntaria o involuntariamente, acepta una prác­
tica de ellos y olvida o desecha algunas de las suyas. Así, Bascuñán
manifiesta un avanzado proceso de evasión al contarnos las numerosas
adopciones que realiza y al hacer la apología de muchos elementos de
la cultura araucana, aunque sólo se trate de la chicha de frutilla, el
baño matinal o la belleza de las indias. Pero es evidente que los factores
placenteros son los que han posibilitado la adaptación de los elementos
europeos a la vida indígena, y de manera muy particular la mujer indí­
gena, que evidentemente gustó del hombre español en la mayor parte
de las comarcas americanas.
38

�Del lado español los náufragos, los prisioneros y los renegados an ­
ticiparon el proceso, lo aceleraron, y sirvieron, como los indígenas que
vivían en estrecho contacto con los españoles—particularm ente las
mujeres indígenas— , como verdaderos puentes entre am bas culturas,
como intérpretes y lenguaraces que fueron. Profundizaron la compren­
sión, hicieron explicables y lógicos m ultitud de hechos y de prácticas
indígenas, tuvieron el secreto de las tierras, de los m itos, de las guacas
y de los tesoros. Son los hom bres y las mujeres que ayudaron a despojar
definitivamente a ese contacto y encuentro de todo sentido de extrañeza,
ubicando las culturas y sus formas diversas en u n plano m eram ente
humano.

39

�RELIGION, POLITICS,
AND THE HIGHER LEARNING
MORTON W H ITE*

religious intellectuals today the most important question, the
question that exercises them most even when it is not asked in this
form, is not “Does God exist?” but rather “Should I be religious?” And
this reformulation has been the source of both liberation and confusión,
particularly in the sphere of higher education, where it has become increasingly fashionable to urge the importance of religious instruction for
the undergraduate. If you adopt the more traditional way of stating the
religious question you cannot avoid asking yourself “What evidence is
there for belief in God?” or “What arguments are there for the existence of God?” and even if you say you have faith, you may be fairly
asked why you have faith. If, however, you defend faith as a policy,
you may be asked to supply evidence for the statement that it is an
advisable policy, and once again you will be involved in a cognitive
argument, that is to say, one in which you claim to know or believe
something and therefore one in which you may be fairly asked to de­
fend your claim or your belief. Now there is no doubt that a large and
increasing number of religious intellectuals do not feel, or at any rate,
do not say, that arguments of either kind are relevant to their religious
beliefs. They do not use traditional proofs of God’s existence and are
not likely to be moved by a request for a justification of faith. What,
then, do they believe? Obviously not the simple, old-fashioned declarative statement of theology, God exists, for then they might feel some
compulsión to give arguments for what is not obvious to everyone. A
reasonable suggestion is that they believe a moral statement which they
are willing to argüe: that one should, or one ought, or that it is good,
to be religious. In other words, the serious question to which they address themselves is the second one we have mentioned.
The educational implications of this transformation of the religious
question are obvious enough. Those who wish to introduce religious
instruction into the undergraduate college and who adopt this more
A mong

* Professor of Philosophy at Harvard University, Mr. White has written The Origin of Dewey’s Instrumentalism and Social Thought in America, and is a frequent
contributor to cultural reviews and philosophical journals in the United States and
England. This article first appeared in Confluence (Harvard University, Volume 3,
No. 4, December 1954) and is here reproduced by special permission of the editors.

40

�recent way of construing religión must now ask themselves just what
they mean by religión. Having abandoned the straightforward and
simple definition of a religious man as one who believes in God and defends his belief, they must set forth an alternative view. The twentieth
century has witnessed a number of eíforts to redefine religión in the
light of this new religious distaste for traditional theology; they vary
from an excessively narrow view of the religious life as a life of feeling
(as opposed to knowing) to one that rightly regards religión as a total
way of life—cognitive, esthetic, affective, moral and even political.
The first alternative is untrue to religión, as I shall try to argüe in this
necessarily brief essay on an enormous subject, while the second, if
acted upon by those who are responsible in these matters, will be un­
true to the aims of undergraduate education. In this respect it is like
instruction in (rather than on) Communism.
i

Of the three analogous questions that may be formulated by using
the words religious, moral, and scientific, “Should I be religious?” is
probably the only one that is significant. Its counterparts “Should I
be moral?” meaning by that “Should I do what is right?” and “Should
I be scientific?” meaning by that “Should I use the devices of experiment, observation, and deduction, when I try to find out something
about the world?” have a prima facie emptiness about them which is
confirmed by philosophical reflection. But “Should I be religious?” is of
an entirely different order. I t is meaningful and momentous, as William
James said. I t is the kind of question that even a clever philosopher
would have difficulty in proving meaningless. But while it is surely not
meaningless, it is not easy to say what it means.
The history of the shift from asking bluntly, without “if’s” and
“but’s,” “Does God exist?” to asking “Should I be religious?” is the
history of the philosophy of religión in our time. George Santayana
is as important a figure in its development as anyone in the twentieth
century. He quotes Bacon’s aphorism “A little philosophy inclineth a
man’s mind to atheism but depth in philosophy bringeth men’s minds
to religión,” and the jump from the word atheism to the word religión
is symbolic of the transformation I have in mind. The point is that
atheism is the belief in the non-existence of God (or the non-belief in
the existence of God), while religión is not identical with theism. But
if depth in philosophy bringeth one to religión, one must go even deeper
to find out what the word religión means.
I do not think the traditional differences over the nature of God are
as great and profound as the more recent philosophical differences about
41

�the nature of religión. Religión has meant all things to all philosophers
and that is one reason why the modern transformation of the religious
question has been confusing as well as liberating. Having escaped the
difficult logic of theologians, religious intellectuals with no taste for
scholastic disputation must now face the perplexing question “What is
religión?” In the nineteenth century it was fashionable to say that one
knew that there was a God but that His nature was mysterious and
unknowable. But plainly one cannot take the analogous way out when
discussing the nature of religión. One cannot say “I know there is religión
but its nature is mysterious.”
The answers to the question “What is religión?” have come trippingly
in the twentieth century. It is a species of poetry (Santayana); it is a
variety of shared experience (Dewey); it is ethical culture; it is insight
into man’s nature. (The last is the view of a group that might be called
“Atheists for Niebuhr.”) In short, being religious, as one might expect,
is not the sort of attribute that one can identify easily by the method
of genus and differentia: it is not immediately susceptible to the analytic
methods that G. E. Moore uses on brotherhood (“To be a brother is to
be a male sibling”), ñor is it easily treated by the powerful definitional
techniques of mathematical logic. What too many philosophers tend to
suppose—wrongly—is that examples of religious behavior have a simple
property in common, that we can easily identify it, and that the dis­
putes of philosophers are differences about the essence or analysis of
what is ordinarily called religión. But granting that this is a simpleminded view of the matter, is there no unity in all of the different aspects upon which different philosophers have seized? Even if none of
their proposed definitions presents “the essence” of the religious life, is
there no idea which they reflect that may help us formúlate a more
complex and therefore more adequate view of religión?
One answer is that they all reveal a desire that underlies a vast amount
of contemporary talk about religión: the desire, not only to avoid identifying religión with belief in one single assertion such as “God exists,”
but to avoid identifying religión with any claim to knowledge that might
have to run the gauntlet of scientific test. (One might be tempted to
except those who identify religión with insight into human nature, and
therefore with something like psychology, but atheists for Niebuhr, like
Niebuhr himself, think of their insight as transcending scientific psy­
chology.) In other words, the various oversimplifications of religión—
whether they make it mean just appreciating poetry, or just living in
community, or just adopting a certain moral code, or just having the
insights of a Kierkegaard, a Dostoevski, or a Pascal—are negatively
motivated. They are dominated by a desire to make religión fill the
42

�void created by the dissolving effects of Science, both physical, as at
Hiroshima, and spiritual. This has been the outcome of the nineteenth
century’s hot war between Science and religión. I t has ended in an uncomfortable cease-fire, and in the creation of a line th a t would sepárate
knowledge from all other human activities. Religión has too often agreed
to accept the role of a non-scientific spiritual grab-bag, or an ideological
know-nothing, while Science has promised to give up its control over
feeling and will.
Several observations are in order. First of all, it is plain th at the various efforts to identify religión with poetry, community, liturgy, or
morality by themselves are as misguided as the identification of religión
with assent to one abstract proposition. Religión is not any one of these
taken by itself. Religión is at least a complex of all of them, and more,
taken together. In W ittgenstein’s phrase, they may all have deep family
resemblances th at distinguish them from Science, but religión is a holy
family composed of all of these concerns rather than any one of them
by itself. Moreover, no seriously religious person can combine the liturgy
of Román Catholicism, the ethics of Judaism, and the Protestant
theory of man. The result would be a spiritual monstrosity. And while
their connections are not logical, like those between the axioms and
theorems of a mathematical system, the elements of religión have organic connections with each other th at make it more difficult to mix
them modishly as we mix different styles of furniture. They make up a
cultural pattern, and therefore cannot be torn apart and reassembled
into homemade jalo pies with Ford engines and Cadillac bodies. They
may die when they are transplanted or when spiritual Burbanks begin
their grafting. Revolutionary and hybrid religions may come into being,
but they become real and moving for ordinary people only after heretics
and reformers have created interesting new spiritual collages with the
remnants of the past and Ítems of the present.
It follows that we must go one step further in our transíormation of
the religious question. If we ask it at all, we should not ask abstractly
“Should I be religious?” but rather “Should I be a Jew?” or “Should I
be a Román Catholic?” or “Should I be a Protestant?” And when we
have asked one of these more specific questions, the further question is
bound to arise: must we not go back to asking, among other things,
whether God exists, as He is conceived by these different religions? I
suggest now that it is not only impossible to ask the question “Should I
be religious?” without specifying a particular religión, but th at we can­
not disengage the purely affective and active elements of th at religión
from its cognitive or putatively cognitive elements. Even if theology be
treated as myth, as Santayana does, it is different from the explicitly
43

�liturgical, poetic, moral, and social aspects of religión even though not
sepárate from them. It is impossible, I suggest, to be a Jew in any serious
way without accepting the Judaic picture of God, or to be a Christian
without forming an image of Christ consonant with Christian ritual
and morality. I must emphasize the fact th at this is not a m atter of
logical impossibility. Clearly we may accept a large part of what is called
Christian ethics without being forced deductively to accept its theological
underpinnings, if only because one does not imply the other as the axioms
of Euclid imply his theorems. T hat is almost obvious. But what is quite
obvious is the fact th at esthetic attitudes toward stained glass and
Gregorian chants are possible in the absence of any great respect for
St. Thomas’ proofs of the existence of God. If you admire the Windows
and the chants you may admire them as elements of the religious culture
that inspires them, but you are not ipso fado a religious man unless you
choose to revise all ordinary conceptions of what religión is. This is no
time to say th at the artist sees the essence of Christianity better than
the priest, or th at we should redefine “religión” as the biologist rede­
fines “fish” to suit our present purposes. T hat is a whale of a joke and
we should avoid pushing it through the eyes of our logical needles.
I t is for the acute anthropologist, the cultural historian, and the
sensitive philosopher to tell us something about these difficult, nonlogical connections between a given theology, its poetry, and its associated customs. Recent philosophers of language have tried to say
something about the connection between factual statements and valué
statements, but illuminating as it is, it is not enough for our purposes.
W hat we need is insight into a connection which is even more unlike
logical implication than the relation between fact and valué, because it
does not bind statements to statements, but statements to feelings,
tastes, customs, attitudes, and action. Whatever it turns out to be on
closer inspection, it underlies those compulsions and impulses which are
uniquely associated with particular theologies, the compulsions th at lead
us to swallow our religions whole.
I suggest, therefore, that the cease-fire proposed by the twentieth
century for the war of the nineteenth, the attem pt to arbitrate the
nineteenth century struggle by granting Science a sphere of influence
over knowledge and religión a sharply separated sphere of influence over
feeling and will, is unworkable and necessarily unstable. For being
religious in the sense of the question “Should I be religious?” involves
commitment on all levels of experience, including one that is cognitive
or taken to be cognitive by the religious man. Far from catering to the
whole man in whose interest the cease-fire is often signed, the compromise
view of religión as a purely emotive, or esthetic, or social affair, en44

�courages the most far-reaching kind of fragmentation. I t is instructively
ironic th a t the one great serious attem pt to distill a non-historical es­
sence of religión, has been purely intellectual in its emphasis. I mean
Deism. The effort of Lord H erbert of Cherbury to extract the core of
all religions by listing its fundamental truths as: “ (1) th a t God exists,
(2) th a t it is a duty to worship Him, (3) th a t the practice of virtue is
the true mode of doing Him honor, (4) th a t man is under the obligation
to repent of his sins, and (5) th a t there will be rewards and punishments
after death,”1 became the tradition of the Enlightenment, the period
which has been attacked so violently by our darker theorists of religión.
And the Enlightenment, as the author who summarizes Lord H erbert’s
view points out, was not as interested in a “searching analysis of the
living religious experience” as our latter-day philosophers of religión
are. I t was highly intellectualistic in its approach to religión and yet it
failed to distill its theoretical essence. Think, therefore, how much more
difficult it will be for those who identify religión with “the living religious
experience,” to propose an analysis of religión in abstraction from the
living experiences of and theological beliefs of Jew or Gentile. In a sense
the newer view of religión merely makes the reverse error of the E n ­
lightenment. I t concentrates on Feeling and Will while the Enlighten­
ment was fixed on the intellect in its attem pt to define religión.

n
I come a t last to the implications of these reflections for higher education. I suggest th a t any educational effort to nourish religious feeling
or to stimulate religious action by trying to present an abstract essence
of religión, conceived as the life of feeling and willing (as opposed to
knowing) must fail. From this I conclude th a t we should not make the
effort in colleges which are not religious institutions, and th a t we become
frankly sectarian in our teaching of religión and therefore limit higher
religious instruction to the divinity schools which are properly devoted
to the study and the propagation of specific religions conceived as total
ways of life, knowledge, emotion, and action.
Plainly, it does not follow th a t we must abandon the effort to help
undergraduates to develop their emotions, to find themselves, to help
them develop habits of practical decisión, and to appreciate humane
valúes. These are certainly admissible concerns of all scholars and can
very easily be the major concern of those who choose to do th a t sort of
thing while they teach Plato and Shakespeare, Dostoevski and Epicurus,
Kant and Pascal. Certainly the history of religión can be adorned with
this kind of feeling if the teacher is willing to do it and able to get across
1 “Deism,” Hastings’ Encyclopedia of Religión and Ethics.

45

�the truth while he does it. But teaching about religión, or communicating moral feeling and esthetic appreciation while one teaches philosophy,
literature, and history, no more constitutes teaching people to be religious
in any ordinary sense of th at word, than teaching about Communism
amounts to propagating it. To teach people to be religious, I repeat, we
must do something which is beyond the function of an undergraduate
college simply because it involves inculcating a total appreciation of
and belief in historical religions treated as the vast, all-embracing structures that they are. But are we prepared to lecture in Judaism 7, Catholicism 8, and Protestantism 9?
My point may be made a little clearer by comparing the teacher of
Feeling and Willing with the teacher of Knowing, and I select as an example of the latter the physics professor as the preeminent teacher of
Knowing in our time. When he is teaching Science to the college student,
as opposed to the history of Science, the physicist must believe or pretend
to believe the theory he teaches, and if he doesn’t believe it, as teachers of
elementary physics might not, at least he must justify his noble pedagogical lie at some point in the young physicist’s scientific education. Newton’s theory may come first without the necessary qualifications, but
when Einstein’s is presented the student should come to see the sense in
which the latter supersedes the former—either by outright refutation or
by absorption as a special case. W hat is the religious parallel to this total
involvement of the physics professor in, say, theory of relativity, or quan­
tum theory? Total involvement in one of the religions, I should think.
But if we are unwilling, as many are not, to teach the undergraduate re­
ligión in this way, because it is not our proper function, can we justify
teaching what might seem like the religious counterpart to courses in the
history and methodology of Science? In other words, are there subjects
that stand in relation to the different religions as general methodology
does to the individual Sciences? There are. For example, there is the his­
tory of religión, comparative religión, anthropology of religión, a course
in the philosophy of religión, or, if a genius is available to teach it, a
course in general religión which will embrace all of these and more synoptically. But will such wholly justifiable courses teach people to be religious
in the way th at concentration in physics should teach people to be physicists? No, and for the same reason th a t courses in general methodology
don’t teach people to be scientists. At best, the course in methodology of
Science gives the interested student an introduction to the spirit of Sci­
ence, but surely nothing that makes him a scientist. He may come to feel
something of what the scientific life is like, but if he has not had serious
contact with some one Science and lived in it for even a short time, no
46

�amount of methodological tourism will make him a scientist or scientifically minded. The parallel in the case of religión is obvious. B ut if it
should be said after all this th a t religious instruction is not supposed to
make people religious, but simply to give them some understanding of the
religious life, that, of course, can be achieved by teaching about religión,
not by teaching students how to feel and act, in a religious way, bu t by
teaching them what they should know about religious feeling, action, and
belief. If, in absorbing this knowledge, students develop deep religious
feelings, it will happen per accidens, as it were, and not as a result of the
concerted efforts of the professors of Feeling and Willing.
If the comparison with Science does not illuminate the m atter, perhaps
an analogy with politics will. Take, for example, the current debate over
whether the colleges should offer courses on Communism as opposed to
courses in Communism. Isn’t this an illuminating parallel to the question
whether we should offer courses in religión rather than on it? The one
great difference—our abhorrence of Communism—is irrelevant to the issue we are considering here. We do not want instruction in Communism
anywhere, but th a t is another m atter. Communism is very cióse to a re­
ligión, with its theology (dialectical materialism), its conception of community (the dictatorship of the proletariat), its m yth and its liturgy (Red
Square, Stalin’s pictures, and Lenin’s Tomb), and its poetry. And if we
should give lessons in Communism we should be going beyond our func­
tion as teachers in a college, just as we should if we should try to give
lessons in Judaism, Catholicism or Protestantism. We who hate Com­
munism and know its defects have an extra argument in the hole, bu t the
card th a t shows is enough and in a sense more powerful for our purposes.
Communism, like all of the traditional religions, should not be propagated in educational institutions which are not fundamentally devoted to
the advancement of Communism, Judaism, Christianity, or Mohammedanism, though all of them should be studied objectively in their many
different aspects. T hat is the fundamental point.
I do not believe th a t the struggle between Russia and the free world
may be glibly identified as a struggle between Christianity and Commu­
nism, or th a t one cannot fight Soviet tyranny effectively without being
religious; but if it were, th a t would merely accentuate the importance of
studying both Communism and traditional religión objectively in the
undergraduate college. In studying religión the student will be studying
something for which he will be sympathetically prepared bu t which he
may not understand; in studying Communism he will be studying some­
thing he may hate but also fail to understand. The function of a teacher
of undergraduates in any institution which is not dominated by re47

�ligious aim s is to stu d y and analyze b o th religión an d C om m unism . I
should n o t be excessively Spinozistic on th e p o in t an d say th a t we m u st
neither laugh ñor cry, b u t only u n d erstan d . W e m ay laugh a b o u t one and
cry ab o u t th e other, b u t our central function is u n d erstan d in g a n d th e
com m unication of th a t understan d in g to our stu d en ts.
I should n o t like to end on a note th a t depends on th e difficult notion
of central function, for colleges are m an-m ade and th e ir functions m ay be
changed by m en, especially m en who can tu rn plow shares in to swords and
electrons in to bom bs. B u t we m ust rem em ber th a t th e colleges an d th e
universities have lived th ro u g h crises before, an d th a t some of th e sev erest blows a t th eir greatness and th e ir usefulness as social in stitu tio n s
have come w hen it seemed necessary to change th e ir function u n d er th e
influence of religious or political passion.

48

�EXHIBICIONES DE ARTE
EN LA UNION PANAMERICANA— 1 9 5 4 -1 9 5 5

Estudio al natural en un manicomio, Dibujo, 1954
José Luis Cuevas, México

�Los Claustros, Oleo, 1953
Antonio Joseph, Haití

Vista de San Antonio de Oriente, Oleo, 1954
J. Antonio Velásquez, Honduras

�wtrrtt

�Naturaleza Muerta en Blanco, Oleo, 1954
Alejandro Obregón, Colombia

Collage
Ivan Serpa, Brasil

�Morningness, Oleo, 1953
Roberto Matta Echaurren, Chile

�Desarrollo, Oleo, 1953
Manuel Rendón, Ecuador

�Quito, Oleo, 1953
Oswaldo Guayasamín, Ecuador

�LO PURO Y LO TENDENCIOSO
EN EL ARTE
GUILLERMO DE TORRE*

Quiero empezar situándome desde el primer momento en el centro del

problema que opone el arte puro al arte tendencioso y llamando la aten­
ción sobre un hecho que muchos habrán observado como actores o testi­
gos. Es el siguiente: con frecuencia, al recorrer exposiciones o abordar en
la conversación temas de arte, nos encontramos con personas que después
de haber visto ciertos cuadros nos interpelan—amable o airadamente, eso
depende de los temperamentos—preguntándonos: ¿quiere usted decirme
qué significa eso, qué pretende representar ese cuadro? Y conste que la
pregunta lo mismo se produce ante una obra de hace ocho siglos que ante
una obra de nuestros días, lo mismo ante un primitivo que ante un no
figurativo, trátese de Giotto o de Klee. Ahora bien, lo curioso es que la
interrogación no deja de formularse siempre ante cualquier expresión de
arte puro y se omite ante cualquier expresión de arte tendencioso. Ad­
vertiré que llamo puras a aquellas obras en que lo sustancialmente ar­
tístico aparece siempre preponderante sea cualquiera el estilo que adopte
para manifestarse. Y llamo impuras o tendenciosas a aquellas otras en que
lo intrínsecamente artístico pasa a segundo plano, tomando la delantera
intenciones anecdóticas, narrativas o proselitistas. En la primera clase de
obras, lo artístico habla por sí mismo; en la segunda, cuando existe, se
vale de medios ajenos a su propia naturaleza. En las obras de arte puro,
como nacidas de una actitud desinteresada y contemplativa ante el
mundo, se revela una realidad interior. En las obras de arte tendencioso,
nacidas de un estímulo externo, sólo acierta a reflejarse habitualmente
una realidad exterior.
¿Por qué sucede así? Como quiera que el problema es muy vasto y
llega en sus raíces a principios generales de la filosofía del arte, tratemos
para simplificarlo, de acotar sólo algunos de sus aspectos, principalmente
el que se refiere a las relaciones entre la obra de arte y la realidad. Sabido
es que hay una propensión fatal, casi invencible, en los ojos humanos a
intentar reconocer en cualquier cuadro o escultura los rasgos antropomór* Conocido crítico y escritor. Nació en Madrid en 1900, pero reside en Buenos Aires
desde hace muchos años. Es asesor literario y secretario de la Editorial Losada. Ha
publicado numerosos volúmenes de ensayos y de crítica. Entre ellos, Literaturas
europeas de vanguardia, La aventura y el orden, Menéndez Pelayo y las dos Españas,
Problemática de la literatura. El artículo que reproducimos apareció en Diálogo
(Buenos Aires, Año 1, Núm. 1, Primavera de 1954).

57

�fíeos, las formas de la naturaleza. Pero ¿acaso no se ha dicho suficiente­
mente que arte y realidad tienen en el fondo muy escasos puntos de con­
tacto, que casi siempre son esencialmente cosas muy distintas? Mas el
caso es que la gente—cierta gente—protesta, reclama y se desasosiega
cuando en las obras de arte no reconoce inmediatamente las formas de su
alrededor. ¿Tiene razón? Veamos de modo equitativo todos los lados de
la cuestión. Lo que se llama—desde Aristóteles—“el placer del recono­
cimiento”, del “volver a ver”, es ciertamente uno de los más fáciles y se­
guros placeres sensibles, sin que esto quiera decir estéticos. La imitación
agrada siempre—leemos en su Poética—y aun los objetos que vemos con
disgusto en la realidad suelen agradarnos en su representación fiel. Pero
ese antiguo concepto, apuntalado luego por el descubrimiento de la pers­
pectiva, y que el Renacimiento hizo suyo, ¿habrá de ser entendido como
una reducción del arte a la traslación aparencial o literal del mundo? No,
porque entonces desaparecería la razón de ser del mismo arte.
Para hacer esto más evidente será necesario dar un rodeo. Sabido es
que nuestro conocimiento del mundo exterior puede engendrarse de dos
maneras: por vía sensorial y por vía mental, por los sentidos o por el en­
tendimiento. Con referencia al mundo de lo plástico parecería ser que ha
prevalecido únicamente la primera manera, es decir, la menos “ar­
tística”. Sólo así se explica que lo que llamaremos el prejuicio representa­
tivo, esto es, el afán de ver en el cuadro, en la obra de arte, un traslado
directo de la realidad viva tan arraigado en los ojos humanos. Pero sen­
tado que la obra de arte y la realidad sensorial, física, son en lo sustantivo
cosas desemejantes, lógico sería que el hombre pidiera al arte imágenes
muy distintas de las que habitualmente encuentra a su alrededor. Y sin
embargo, ¿porqué la gente al entrar en una exposición quiere volver a en­
contrar en los cuadros aquellas mismas imágenes, aquellas mismas cosas
que acaba de dejar en la calle, y se irrita y se enfurece y se llama a engaño
cuando no sucede así? ¿Nunca podrá librarse el ser humano de este pre­
juicio naturalista, de la servidumbre representativa que fatalmente
asigna a la pintura? A la pintura y a la escultura entre las artes del es­
pacio, pero no a la arquitectura, como tampoco a otras artes, tales la
literatura, la música y la danza. ¡Singular limitación! Todo el mundo—se
ha hecho notar ya—estimaría desagradable y aun monstruoso que una
columna imitara a un árbol o la fachada de una casa a un rostro humano;
todo el mundo consideraría muy poco musical que una sinfonía pre­
tendiera describir un episodio doméstico; pero, por el contrario, estima
naturalísimo y aun obligado que un cuadro o una escultura representen
escenas reales. ¿Se ha parado alguna vez la atención suficientemente en
esta paradoja?
58

�Cierto es que hace siglos se viene repitiendo, con pertinacia digna de
mejor causa, esta sentencia: “el arte imita a la naturaleza” . El concepto
del arte como mimesis tiene ilustre abolengo: arranca de Platón. Pero es
que éste partía del supuesto de que la belleza es una Idea y que los obje­
tos sólo pueden ser calificados de bellos en cuanto nos traen una remi­
niscencia de aquélla. Luego para él la pintura, la escultura, la poesía son
artes de imitación en cuanto reflejan no las ideas puras, los arquetipos
ideales, sino las cosas naturales y artificiales que son débil sombra de las
ideas. De este modo Platón vinculaba el arte no a la región alta y racional
del ánimo, sino a su parte sensual. Por su parte, Plotino sostenía que la
belleza de los objetos naturales es sólo una imagen de la hermosura que
reside en la naturaleza, y, a su vez, ésta es reflejo de una idea más alta de
belleza que está en la mente humana, desde donde se extiende a lo natu­
ral. No obstante, el filósofo de las Enéadas agregaba que, por ejemplo, la
belleza de la estatua no está en la piedra o el mármol, sino en las formas
bellas que el artista logró infundirles. Aristóteles, a pesar de considerar el
arte como mimesis, entrevió un arte capaz no de imitar a la naturaleza,
sino de crear la belleza del objeto natural. Luego ya desde los tiempos
helénicos se advirtió que el arte no podía reducirse a copiar o reproducir
mecánicamente las formas naturales. Porque de haber ocurrido tal cosa
la historia del arte y el arte mismo no existirían. Luego ¿no deberá en­
tenderse más bien que el arte debe proceder como procede la naturaleza;
es decir, que debe operar a imagen y semejanza de ésta, creando sobre la
base de una cosa dada otra cosa enteramente distinta? Escribe Jacques
M aritain: “Ars imitatur naturam no significa: el arte imita a la aaturaleza
reproduciéndola, sino: el arte imita a la naturaleza haciendo o imitando
como ella; es decir: ars imitatur naturam in sua operatione”. De la semilla,
por ejemplo, brotan el fruto o el árbol que la contienen, pero que son cosa
distinta. Cuando el hombre—escribió Apollinaire-—quiso inventar un
medio de transporte no imitó las patas del caballo, inventó la rueda. Lue­
go lo natural, y al mismo tiempo lo artístico, es—escribe André Lhote—
“imitar a la naturaleza en sus rasgos creadores y no en sus productos”. O
dicho de otra forma, con palabras de Torres-García, “Un objeto pintado
debe parecerse al modelo como un avión se parece a un pájaro” . Por con­
siguiente, si apuramos los términos, en su última esencia, tendremos—
volviendo a citar a André Lhote—que “la palabra imitación debe ser
tomada en el sentido de transposición y la palabra naturaleza en el de
contenido pictórico de los objetos que componen el universo”.
Cambiemos ahora de plano; veamos el problema no desde el lado del
artista, sino desde el lado del ser humano más general. Cuando éste,
situado ante una obra de arte, quiere partir siempre de la referencia al
59

�mundo natural ¿no será que tiende a encontrar naturalm ente en todo lo
que crea un reflejo de sí mismo? ¿No será que repele instintivam ente lo
gratuito, el “por que sí” , en suma, todo lo que en últim a instancia consti­
tuye el arte, ya que la esencia de éste—verdad que K an t fue el primero en
registrar—no puede adscribirse de modo alguno a los valores contrarios,
los prácticos? Puesto que en la raíz del arte está la actitud contemplativa,
desinteresada, ante el mundo, Bergson señalaba como la cualidad más
sobresaliente del artista el desprendimiento. “ Si ta l desprendim ientoagregaba—fuese completo, si el alm a del a rtista no se adhiriera a la acción
por ninguna de sus percepciones, sería el alm a del artista como jamás ha
conocido ninguna otra el m undo” . “E ste desprendimiento—concluía—-,
esta pureza de percepción implica que sólo a fuerza de idealidad puede
captarse la realidad” . E l a rtista que no pretende representar directa­
m ente su contorno, lo capta mejor que aquel otro que pretende reprodu­
cirlo directam ente. Sin embargo, esta verdad elemental no ha logrado
penetrar aún en muchas cabezas. ¿Por qué? Porque la ineducación esté­
tica que padecemos todavía no ha hecho generalmente aceptados ciertos
conceptos elementales, no ha enseñado a hacer siempre una previa e in­
excusable distinción entre el goce vital y la emoción estética. A este pro­
pósito viene a mi memoria cierta anécdota—-una entre mil—atribuida a
Picasso. E n una ocasión en que se hacía ante él el elogio de un paisaje
pintado con rigor documental, con detallismo minucioso, Picasso inte­
rrum pió: “ Si, en este paisaje hay todo eso que usted me dice: hay árboles,
hay sol, hay unas colinas en perspectiva, etc., pero lo que no hay es
pintura” .
Quiere decirse que sin predominio del elemento plástico, una obra ape­
nas existe. P ara confirmar la prim acía de la plástica pura se h a recordado
muchas veces esta frase de M aurice D enis: “Antes de ser un caballo de
batalla, una m ujer desnuda o cualquier anécdota, u n cuadro es una super­
ficie plana recubierta de colores, armonizados con cierto orden” . Si esto
se tuviera siempre presente, evitaríanse muchas discusiones ociosas.
¿Qué es entonces una obra de arte? ¿Cuándo podremos decir, con rigor
de expresión, en las artes figurativas, que hay verdaderam ente u na cre­
ación artística? E l universo de las formas dadas poco o nada vale artísti­
camente por sí mismo. Vale cuando ha sido reducido a visión personal,
cuando ha sido transcrito, estilizado, es decir, convertido en estilo. Estilo,
entiéndase, cosa distinta de la belleza en muchas ocasiones, puesto que
puede implicar la deformación, a prim era vista no bella. Porque los
objetos, los elementos del mundo natural, aun siendo admirables en sí
mismos como creación sobrenatural, sólo adquieren existencia artística
cuando han sido transcritos a formas y colores, a valores o volúmenes. Uni60

�camente entonces se opera la metamorfosis del mundo natural, que, ahora
sí, podemos llamar arte. Entonces, los objetos desnudos y netos, que ya
están ahí naturalmente, por sí mismos, se convierten—según dice Malraux en su admirable psicología del arte, Les voix du silence— en un
universo plástico autónomo, coherente y particular. Es decir, a la repre­
sentación del mundo con que se satisfacía el arte de otras épocas, sucede,
desde Goya, desde Cézanne, su anexión. “Los pintores hacen de la pintura
la dueña del tema y no ya su esclava”.
Podemos aclarar este punto mediante un claro ejemplo: la evolución
del tema. Piénsese simplemente en la distancia que va desde el motivo
sagrado, desde el tema religioso, casi único, del cuadro a partir de los
cuatrocentistas, hasta el motivo profano instaurado por Velázquez y
luego por los primeros naturalistas; y más tarde, desde estos últimos, con
la espectacular “pintura de historia” y la minuciosa “pintura de género”,
maneras ambas tan características de lo peor del siglo X IX . Piénsese, por
lo que al naturalismo concierne, en la distancia que va desde el motivo
cotidiano, doméstico, tan peculiar de los maestros holandeses, hasta el
motivo “deleznable” que viene a significar el alcaloide del bodegón o de la
naturaleza muerta, reflejado en unas manzanas o en un búcaro. Desde las
Anunciaciones y los Descendimientos, desde los retratos de corte, hasta la
res desollada de Rembrandt, hasta las botas desastradas sobre una silla
de Van Gogh: ¡qué distancia tan enorme la recorrida en el proceso de la
evolución temática! Es el salto desde lo sublime a lo irrisorio, de lo so­
lemne a lo deliberadamente trivial. Y adviértase que no comprendo en
este recorrido la otra etapa, la que se inicia en este siglo con los experi­
mentos no figurativos, puesto que la ausencia deliberada de un motivo
directo—y aun transpuesto—es precisamente una de las condiciones de
tal estética.
Cosa semejante acontece con la pérdida de prestigio del “parecido”,
mejor dicho, con lo que podemos calificar la “superstición del parecido”,
pues ésta es una preocupación que muchas grandes épocas del arte igno­
raron. “Sólo el Occidente—señala Malraux—ha creído que el ‘parecido’
sea un elemento capital del arte. Lo ignoraron Africa y Oceanía; lo
ignoraron o subordinaron las artes precolombinas. Desconocieron tam­
bién el ‘parecido’ las artes de Egipto, Mesopotamia, Bizancio y el Ex­
tremo Oriente”. “Para un bizantino el parecido no era un medio privi­
legiado del arte; suponía contrariamente una desindividualización, un
libertarse de la condición humana en beneficio de lo eterno, y un retrato
tendía más al símbolo que a la ilusión” .
La creciente manumisión que observamos día tras día en la pintura
respecto al mundo de la realidad, ¿cómo debemos interpretarla, qué
quiere decir? Quiere decir, en primer término, algo que se olvida con
61

�mucha frecuencia: que el arte, ante todo, como emanación de la parte más
noble del ser, dirigida a la busca de un Dios o de un absoluto, es sus­
tancialm ente espíritu, es fervor creador. Quiere decir que no hay—ni lo
hubo nunca—un arte realista valedero; que todo realismo (aunque no
esté desfigurado por ninguna intención sectaria, como es el caso del “re­
alismo socialista” a que luego me referiré) cae ya en buena parte fuera del
dominio propio de la realidad. Y h asta en las obras sometidas a tal prin­
cipio, aquello que las ennoblece estéticam ente es, precisamente, la parte
de “irrealidad” en ellas contenida. Valen por la potencia transfiguradora
del mundo real (el cual ya está ahí, se basta a sí mismo y no necesita ser
vertido a otro lenguaje) que el artista logró infundirlas. Transposición,
idealización, filtro, m etam orfosis: ta l es la operación mágica cumplida en
las grandes obras de arte. Sin esta magia las esculturas de las Korai grecoarcaicas no pasarían de ser adornos de vestíbulo, los interiores de
Vermeer de D elft se quedarían en escenas de costumbres, los paisajes del
aduanero Rousseau en láminas de almanaque. Porque, en definitiva, “los
grandes artistas no son los transcriptores del mundo, son sus rivales”—
según condensa M alraux.
Todo ello significa que, al cabo de muchas batallas, la conquista capital
de este último medio siglo es la afirmación de una pintura puramente
plástica, del mismo modo que de una poesía poética y de una música
musical, y, aunque estos últimos géneros aparezcan siempre más mezcla­
dos, de una novela novelesca y de un teatro teatral. E n suma, significa la
reintegración de cada arte a sí mismo, a su propia esencia, a su pureza
radical.
Por ello, si quisiéramos recapitular ahora las argumentaciones expues­
tas, nos encontraríamos con el siguiente balance:
I o. El arte comienza allí donde term ina la imitación. La pintura, por
consiguiente, no tiene necesidad de narrar, se ha libertado de la mera
función representativa. La relativización de la anécdota contribuye a la
autonomía plástica.
2o. E sta autonom ía plástica, esta conquista de la plástica pura se ex­
presa mediante la prim acía del estilo. Y la voluntad de estilo supone a la
vez el primado de la personalidad.
Ahora bien, llegados actualm ente a este punto, aclarados así los térm i­
nos y despejados los horizontes, he aquí que nos encontramos con nuevas
amenazas de desnaturalización del arte, con peligrosas limitaciones y
amenazas de servidumbres. Son las siguientes:
1°. El riesgo representado por el abstraccionismo sistemático, por la no
figuración como único recurso. Es decir, la tendencia no ya a romper con
62

�lo imitativo, sino a destruir el mundo de las formas naturales, supri­
miendo toda referencia real, volando todo puente de enlace y compren­
sión, dejando reducido el cuadro a una pura geometría de formas y co­
lores, sin ningún asidero recognoscible.
2o. El riesgo absolutamente contrario, representado por el retorno in­
solente de lo anecdótico, de lo argumental, pero ahora de un modo tenden­
cioso; es decir, la restauración del realismo más torpe y primario, cargado
además de intenciones extraartísticas, sociales, políticas.
Cada uno de estos riesgos, diametralmente opuestos, podría articu­
larse polémicamente así, de modo interrogativo:
I o. Aceptado que el arte contemporáneo no es en modo alguno trans­
cripción de la realidad, sino estilización y aun metamorfosis, ¿hasta qué
punto puede prescindir radicalmente, en absoluto, de las formas natu­
rales, al menos como punto de partida, so riesgo de convertir la obra en
algo frío, inerte, incomunicable, inhumano, sin espíritu?
2o. Aceptado que en último extremo, pero después de sus valores
formales, la pintura puede tener un contenido, ¿permitiremos que éste sea
socialmente tendencioso y que anule la pura intención estética del conti­
nente, es decir, de la obra en sí misma?
Ambas tendencias—arte no figurativo y realismo socialista, puesto que
tal es el nombre de la segunda—se afrontan y entrechocan actualmente
con violencia brutal, como si ellas dos solas cupieran en el mundo. Sus
respectivos apologistas pretenden que estamos ante un dilema y que de­
bemos elegir. ¿De veras? Yo más bien me atrevería a replicarles que am­
bas tendencias son desnaturalizaciones, que el presunto dilema es un so­
fisma y que la perentoria invitación a elegir entre esas dos corrientes sólo
puede ser aceptada por quienes gustan de los simplismos extremos, y
sobre todo por aquellos que prefieren ser dispensados de la intransferible
facultad de pensar con su cabeza, dejando que otros les resuelvan—o
simulen resolver—sus problemas. Dilema falso—repito—a todas luces
pero cuya absurdidad será más generalmente entendida si lo traducimos a
otro lenguaje, si buscamos su equivalencia políticosocial. Pues pregun­
tarse: “¿abstracción o realismo socialista?” es tan torpe y estéril, conduce
al mismo callejón sin salida que otros desviados planteamientos cotidia­
nos: “¿dictadura o caos?”, “¿capitalismo o esclavitud?”, “¿dirigismo o
anarquía?” , “¿maquinización o vuelta a la rueca?”. ¡Como si la humani­
dad y particularmente el artista—ya que en este plano, que es el nuestro,
situamos concretamente la cuestión—no tuvieran recursos de espíritu y
de ingenio suficientes para superar esas toscas alternativas y encontrar
otras salidas más sutiles, orillando la que precisamente no es una salida,
sino un atolladero . . . !
63

�Enfoquemos aisladamente cada uno de estos peligros que amenazan al
arte, concediendo mayor espacio a combatir el segundo, puesto que es
más grave. En cuanto al primero, el peligro del abstraccionismo sin me­
dida tiene más sencilla y rápida refutación. Por mi parte, creo ser insos­
pechable de parcialismo adverso a tal tendencia. Por lo mismo que he
hecho anteriormente la defensa del arte no naturalista, del arte como
estilización o voluntad de estilo, quizá esté en mejores condiciones que
otros para agregar con toda equidad, sin ningún sectarismo, que la irrea­
lidad absoluta en la obra plástica es una utopía inalcanzable. En efecto,
vaciar el universo de su diversidad de formas propias, vivas, concretas,
es quitarle su esplendor, su vida. Tratar de reemplazar esas formas en el
lienzo por una suerte de lenguaje cifrado, cuya clave apenas es transmi­
sible, supone condenar de rechazo la obra así lograda a una incomunica­
ción casi total, cortar las alas de su mensaje expreso latente. Sin embargo,
no extrememos los reparos. La no objetividad absoluta, cualesquiera que
sean sus avatares—probablemente encontrará su más feliz expresión al
fundirse con la arquitectura—, tendrá siempre mayores razones de exis­
tencia y justificación que la objetividad literal o que el realismo tenden­
cioso.
Por lo demás, los límites extremos del intento no figurativo están en los
límites propios de todo arte; en su colindancia con el mundo de las formas
dadas, cuya metamorfosis es admirable, pero cuya desaparición es inad­
misible. “Un arte—dice Lhote—desprendido de las formas que emanan
de la naturaleza no puede ser viable” . Luego—volviendo a la contraposi­
ción con los supuestos fundamentales del realismo socialista—, limitarse
a transcribir textualmente el mundo—máxime con las anteojeras de un
“ismo” extraartístico—o rechazar absolutamente todas sus formas identificables, ¿acaso no serán hipérboles que se equivalen y, en último término,
no estarán destinadas a destruirse mutua y vengativamente? Más allá
es, sin duda, donde comienzan—donde continúan—todos los caminos de
las artes plásticas.
Vengamos ahora al examen y crítica más detallada del otro riesgo, del
peligro mayor que amenaza la pureza y dignidad del arte, es decir, del
realismo socialista. Ante todo, en sus teorías y después en sus obras.
¿Qué es, qué significa, qué pretende este realismo socialista? Vaya, ante
todo, una definición general del mismo, tomada de uno de sus más acre­
ditados expositores, Andrei Idanov. “El realismo socialista—escribe—
quiere ante todo conocer la vida a fin de poder representarla verídica­
mente en las obras de arte, pero no de una forma escolástica, muerta, no
como realidad objetiva, sino representando la realidad en su desarrollo
revolucionario y tendiendo a la transformación ideológica de los trabaja64

�dores, dentro del espíritu socialista”. Sin embargo, quienes ante tal defi­
nición no se sientan plenamente aleccionados, podrán apelar a las repro­
ducciones que ilustran algunas revistas rusas o sus secuaces de los países
occidentales. Estos cuadros marcan una vuelta imposible al estilo más
sobrepasado de todos, a un tosco y elemental realismo. Las obras soviéti­
cas son el culmen del academicismo y del pompierismo más tremendos,
que paradójicamente quiere disfrazarse de revolucionario. Son, por
ejemplo, pinturas de batallas que evocan y superan los más afligentes
productos del género en el siglo XIX; son escenas campesinas u obreras
dignas de un calendario farmacéutico; son paisajes relamidos equiva­
lentes a los que ciertas “tiendas de arte” elaboran en serie. Por si se
quieren más detalles, daré un resumen de la lista de los temas permitidos
a los pintores que ha hecho pública el Ministro de Cultura en Hungría.
Entre otros, encontramos los siguientes: “Los héroes del trabajo están
sentados en su palco en el teatro”, “Llegada del primer tractor a la al­
dea”, “Una mujer policía ayuda a un niño a atravesar la calzada”, “El
espectáculo de la sala durante el proceso Rajk”, “Los preparativos para
el aniversario de Stalin”, “Los policías detienen en la frontera a un agente
del extranjero”.
De modo que el realismo socialista es un arte que no sólo prescribe un
estilo determinado a los artistas, sino que también les impone concreta­
mente un tema, les dice sin vacilación lo que han de pintar, so riesgo de
ser tachados de “formalistas” o “contrarrevolucionarios”. Si en las artes
plásticas tenemos pocas noticias de tales “amonestaciones”, por el con­
trario, sobreabundan las que se han producido en literatura y en música,
y entre las cuales los casos últimos de Zostchenko, Anna Akmátova y
Shostakovich son ya los más conocidos. Ahora bien, lo curioso es que, a
pesar de tales coerciones y violencias, un escritor polaco, Jerzy Putrament, ose hablar de la “obligación de la libertad creadora”, consistente en
ayudar a la “construcción de la nueva sociedad”. La contradicción en los
términos que esa frase: “obligación de la libertad! creadora”, plantea, va
más allá de todas las audacias que la dialéctica hegeliana pueda permi­
tirse. Pero en su absurdidad es sincera. Ojalá, para mayor claridad, el
realismo socialista empezase también por abandonar ese nombre hipó­
crita y se llamase de una vez realismo dirigido.
En efecto, realismo dirigido: tal es el nombre que debiéramos dar a esa
tendencia, haciéndola así, por otra parte, susceptible de acomodarse a
regímenes parejos, pues si actualmente es acaparado por la U.R.S.S. y
sus satélites, ayer no más fue patrimonio de abolidos totalitarismos y
mañana—temiblemente—podrá ser utilizada por otros. Realismo diri­
gido, desde el momento en que es impuesto con supeditación a estrictos
patrones y límites carcelarios. Si los defensores de esta supuesta estética
65

�manejaran los términos con propiedad y dejaran de someter la historia
artística—y la historia en general—a flagrantes falsificaciones, ésta y no
otra sería la denominación en curso. Y aun más: si fueran enteramente
sinceros y dejasen traslucir sin rebozos sus intenciones últimas, prescindi­
rían de toda ambición extrapolítica, decretando lisa y llanamente la abo­
lición del arte en todos sus territorios propios y anexados.
Porque ha llegado la hora de decirlo con entera claridad: al sistema
marxista-leninista-stalinista-malenkoviano no le interesa poco ni mucho
el arte en cuanto tal arte, como tampoco le interesó al nazismo, al fas­
cismo ni a ningún otro sistema totalitario. Al contrario, ve en cualquiera de
sus expresiones un peligroso elemento de escape subjetivo, de rebelión in­
dividual, donde cada uno—y no sólo el artista—reencuentre “su mundo”,
desplomándose así las columnas de la despersonalización levantadas para
sostener el edificio del Estado absorbente. Saben o intuyen esos doctri­
narios que el arte—como la religión—es el reducto de la subjetividad
pura, es decir, de la rebeldía frente al mundo; y es simultáneamente aquel
punto de comunión en que los hombres se encuentran, sí, mas para clamar
libremente su afán de belleza, de verdad o de absoluto. Luego, si transigen
con él, es en aquello que entienden utilizable, en cuanto pueda contribuir
a la uniformación y al proselitismo. Ya en 1905, antes de la toma del
poder, Lenin exigía que la literatura se transformara en una literatura de
partido, impidiendo que fuese un asunto particular, independiente de la
causa general del proletariado. Y años más tarde, en 1934, una de las con­
clusiones aprobadas en el Congreso de Escritores Soviéticos de Jarkov
estatuía rigurosamente: “Deberá utilizarse la literatura—y el arte—como
un arma de clase”.
¿A qué insistir, por consiguiente, presentándonos, según suele hacerse,
el realismo socialista como una doctrina estética? ¡Qué candidez!—vino
a replicar Jean Cassou en una reunión del Congreso de la Libertad de la
Cultura. Es una doctrina política, más exactamente, una medida poli­
cíaca. Por su parte, el pintor Annenkov, que ha vivido en Rusia, remacha:
“El realismo socialista, invención soviética, sólo revela la ignorante, la
miedosa, la celosa mediocridad de los autócratas del Kremlin, que sufren
un complejo de inferioridad. No es una doctrina ni una ideología: es una
estratagema verbal que oculta el temor de ser ridiculizada” . Disipará las
últimas dudas sobre este punto acudir a los propios textos del marxismo,
particularmente de Lenin, puesto que sigue teniéndoselos por definitivos.
Textos escritos y orales, como por ejemplo estas palabras—no ha mucho
dadas a la publicidad—, dichas a uno de sus antiguos compañeros, el ya
citado pintor Annenkov: “El arte no es más que un atavismo, algo seme­
jante a un coxis intelectual, llamado a desaparecer, en vista de su com­
pleta inutilidad”. ¿Exabrupto momentáneo, improvisación malhumo­
66

�rada? No; puesto que coincide exactamente con otras expresiones escritas
debidamente oficializadas. Sin embargo, como todavía no ha logrado
extirparse ese “coxis”, y mientras esa hora llega, los totalitarios—de
todos los colores—aprovechan el intervalo utilizando el arte a su favor,
como un instrumento más de la planificación del dirigismo social, eco­
nómico e ideológico. “Una ruedecita, un tornillo del gran mecanismo
social revolucionario . .
he ahí la función que Lenin asignaba a la li­
teratura y al arte.
Luego, en definitiva, el reálismo socialista—o realismo dirigido, más
exactamente, según queda aclarado—es una máscara como cualquier
otra (como hubiera podido serlo la opuesta, su “béte noire”, el forma­
lismo, de ser distintas las condiciones histórico-artísticas de aquel país),
elegida por los totalitarios del Este para reducir también el arte a servi­
dumbre. De sus doctrinas y de sus obras examinadas objetivamente se
desprende esta conclusión: para ellos el arte no es otra cosa que un medio
de obrar sobre las masas. Con tal de conseguir esta finalidad, poco les
importa rebajar o adulterar la calidad de la obra, humillar al artista. Todo
queda supeditado a esta misión. ¿Por qué proscriben no ya solamente los
estilos personales, sino hasta los cuadros, esculturas y sinfonías fieles al
elemental principio de estilización? ¿Por qué los cambios de estilo im­
puestos al músico Shostakovich en distintas ocasiones, primer eslabón de
esa cadena de escándalos y coerciones, uno de cuyos últimos episodios es
lo acontecido con el retrato Stalin por Picasso? Porque consideran—juz­
gando a los demás según su propio mediocre rasero—que la comprensión
de tales obras es problemática, su alcance dudoso o nulo. Y lo que pre­
tenden son obras que lleguen fácilmente a todos. Propósito en cierto modo
laudable, a no estar viciado en su raíz por un error capital.
No advierten que el arte no se hace asequible a las masas rebajando su
calidad, sino elevando el nivel mental de aquéllas. La obra de calidad no
llega a las mayorías desnaturalizándola, suprimiendo sus más irreducti­
bles virtudes; llega haciendo de tal suerte (y a un Estado coercitivo no es
de suponer que le falten medios para imponer en sus escuelas la educación
estética y no sólo la “Diamat”, abreviatura de dialéctica materialista)
que éstas sean inteligibles para el gran número. El mal reside precisa­
mente en que la enfermedad de nuestro siglo no es otra—escribe Charles
Morgan en Liberties of the Mind—que el imperio de la fuerza y el número.
Abandonar la educación estética y exaltar dogmáticamente el realismo
elemental y la fotografía en colores al nivel de obras artísticas no es tarea
revolucionaria, sino reaccionaria. Equivale a dar estado oficial al acade­
micismo : ese sucedáneo del arte que desdichadamente existe en todos los
países, pero que en los más evolucionados equivale precisamente al no
67

�arte y suscita las consiguientes burlas. Es, en sum a, la consagración del
mal gu sto : ese m al gusto que en otros medios se disimula de modo vergon­
zante, o tiene—como cierta pseudo-literatura—sus propias vías de de­
sagüe, sin contam inar otras aguas.
M as lo nuevo y singular en el caso del realismo socialista es que un arte
reaccionario pretenda imponerse en función de principios revolucionarios.
Y resulta asimismo nuevo el hecho de que sean los artistas, algunos
artistas, quienes—de buena fe en muchos casos, deslum brados por re­
motos, engañosos espejismos—pongan más empeño en calum niar su arte
y m ancillar sus dones. M uy exactam ente, tendiendo a explicarse ta l fenó­
meno, A lbert Cam us (en L ’homme révolté) habla de la “ conciencia ver­
gonzante” , de la “locura ascética” que posee a ciertos artistas. Escribe:
“Vea la miseria del mundo. ¿Qué hace usted por rem ediarla?”—se le dice
al artista. A esta cínica estafa el artista podría responder: “ ¿ L a miseria del
mundo? N o le agrego nada. ¿Quién, entre ustedes, puede decir lo mismo?”
Y, en efecto, ya va siendo hora de alzarse contra sem ejante im postura; ya
va siendo hora de que el homo politicus deje de ejercer su nefasta influen­
cia, su maléfica im antación, sobre el homo aestheticus. Porque la responsa­
bilidad incuestionable del artista, del intelectual, en modo alguno puede
confundirse con la sumisión, con la com plicidad; y es m uy oportuno pro­
clam ar una y mil veces la dignidad inalienable, la absoluta independencia
del artista.
Viendo la cuestión en perspectiva histórica, escrutando el pasado, se
han preguntado algunos: ¿Acaso los dirigismos en el a rte no han existido
siempre? ¿Acaso en otros tiem pos el a rtista no sirvió de algún modo los
designios de la sociedad y de su tiempo? G abriel M arcel, en u n debate de
París, habló de las “imposiciones rituales” de orden m oral o religioso en
el arte de siglos pasados; otros recordaron que gran núm ero de obras
m aestras fueron suscitadas por encargos. Sí—podemos replicar— , susci­
tadas, promovidas, pero no dictadas, no im puestas. H e ahí la diferencia
capital con lo de ahora. A ntaño, el encargo de u n a com unidad religiosa,
la petición de un rey, de un príncipe o un m agnate, determ inaban cierta­
m ente el tem a de un cuadro, pero no su forma, no su estilo. E l artista se
encontraba con el tem a fijado, pero quedaba en plena franquía para in­
terpretarlo a su guisa, con el estilo propio que le viniera en gana. Ni los
faraones, ni los papas del Renacim iento, no los señores de Florencia, ni
los reyes de E spaña o Francia, ni los m ercaderes de H olanda, ejercieron
la menor influencia coercitiva sobre los pintores de sarcófagos, sobre
G iotto o F ra Angélico, sobre M iguel Angel o Leonardo, sobre Velázquez,
Tiziano o R em brandt. M iguel Angel tra tó de poder a poder con Julio II.
Fué el Pontífice quien debió ir de Rom a a Bolonia para ream istar con el
68

�artista tras un desaire que aquél le había infligido; y Miguel Angel le
impidió que entrara en la Sixtina hasta el momento en que le plugo.
Cierto es que el Greco vió rechazado por Felipe II su “San Mauricio y la
legión tebana”, pero ello no le obligó a cambiar de estilo; y ni aquel rey
todopoderoso ni nadie se hubiera permitido la menor violencia sobre el
artista. Por otra parte, los litigios de Theotocopuli con el cabildo de la
catedral de Toledo fueron por cuestión de onzas, no de estética. Cuando
el capitán Cock y sus oficiales pidieron a Rembrandt sus retratos, el
artista tuvo libertad absoluta para interpretar el encargo a su arbitrio y
entregar algo muy distinto: “La ronda de noche”. Goya, pintor palatino,
no encontró ninguna traba para dar rienda suelta a su visión satírica en
los retratos de corte.
¿Qué porvenir, qué presente esperaría hoy el artista que en un régimen
totalitario se negara a las consignas estatales? La desobediencia, cuando
menos, equivale a la exclusión de la comunidad. No es sólo que se pros­
criban como “formalistas” las manzanas de Cézanne, sino que el modelo
impuesto se centra—o se centraba hasta hace poco—en “unos adorados y
temidos bigotes”, según alguien ha escrito humorísticamente. Suele ale­
garse que Goya, Courbet, Delacroix, Daumier, hicieron voluntariamente
“arte social”, pero se olvida que la grandeza de estos artistas débese a la
pura calidad de su pintura y no a los estímulos políticos o sociales que
movieron en ciertas obras sus pinceles. Para el espectador actual aquéllos
han desaparecido; en cambio, la calidad estética permanece vigente, in­
alterable. “El arte verdadero—escribe Malraux—es siempre un servicio
de una de las partes más nobles del hombre. Frecuentemente, de la más
alta. Cézanne es cristiano, pero ante todo pintor, y sometido a la pintura
por virtudes tan imperiosas como las de Fra Angélico a su fe. Picasso es
comunista, pero ante todo pintor. Que ensaye, pues, pintar un retrato de
Stalin para todas las paredes de Rusia, sin renegarse . . . ”. Y, en efecto,
esta previsión de Malraux se confirmó poco después, con motivo de cierto
retrato de Stalin hecho por Picasso “según lo había sentido” y no según
patrones oficiales, que tanto escándalo causó hace algunos meses, y a
cuyo episodio ya he aludido.
Sentada hasta la saciedad esta autonomía del artista, afirmado rei­
teradamente el valor de lo puro en el arte, encaremos, para finalizar, las
verdaderas perspectivas que ofrece un viejo y nuevo camino, es decir, el
posible renacimiento de un arte religioso. Por lo mismo que esta posibili­
dad preocupa muy seriamente a tantos espíritus de calidad, estamos obli­
gados a ser enteramente sinceros, comenzando por recordar un hecho
obvio. Esto es, que aquello que dio su valor sustantivo al propio arte y al
artista es el primado de la personalidad, del estilo, y esto sobrevino
69

�cuando el arte dejó de ser sagrado. Desde el final del Renacimiento, más
exactamente, desde la gran llamarada del Barroco, el arte se desacralizó,
estuvo regido por lo humano. Termina la armonía medieval, cuyos ritmos
más perdurables repercuten en las estatuas de sus catedrales, y el senti­
miento del más allá, de una comunión con lo sobrenatural, cede ante las
voces de la tierra. El arte cristiano que nace en el Bizancio de la alta
Edad Media, y culmina en la Italia y en la España del Renacimiento, era
un arte espontáneo, libremente sentido y aceptado, puesto que respondía
a un sentimiento unitario, a una creencia gozosamente compartida. Al di­
solverse este sentimiento y esta creencia, al eliminarse lo sagrado en las
civilizaciones modernas, otro sentimiento toma su lugar: la fe en el hom­
bre. Pero he aquí que tres siglos después la rueda de la historia gira una
vez más y aquella fe en lo humano, sentida como un absoluto, se resque­
braja, sacudida por las catástrofes de una infrahumanidad arrolladora,
sin que hasta ahora se advierta un reemplazante. ¿Resurgirá otra vez el
sentimiento de lo sagrado? ¿Podrán favorecerse con esta posible vuelta
ciertos intentos de reanudación del arte religioso esbozados en los últimos
lustros?
Todas las conjeturas son plausibles, pero sin embargo no deberá per­
derse de vista que las circunstancias y la atmósfera no son ya las mismas.
Hablar, por lo tanto, sin más, a estas alturas, de un arte cristiano, no es
contribuir a su auge, es incurrir en el más vulnerable de los equívocos.
“Si queréis hacer obra cristiana—aconsejaba hace ya años, a los artistas,
Jacques Maritain en su Art et Scolastique—, sed cristianos y tratad de
hacer una obra hermosa, traspasada por vuestro corazón, pero no queráis
hacer arte cristiano” . No debe pretenderse, agregaba, la empresa ab­
surda de disociar al artista del cristiano, que deberán formar un solo todo.
“Aplicad solamente el artista al arte—agregaba Maritain—y no separad
vuestro arte de vuestra fe. Pero haced de modo distinto lo que es distinto.
Si hicierais de vuestra estética un artículo de fe, comprometeríais vuestra
fe. Si hicieseis de vuestra fe una regla artística, comprometeríais vuestro
arte”. Y Maritain, con ese liberalismo, con esa clarividencia que es su
más alta virtud intelectual, a la par que cristiana, afirmaba igualmente
que el arte no tolera disminuciones y que el artista no sufre ningún ele­
mento extraño que cohiba su libre expresión. “La obra cristiana—con­
cluía—quiere al artista libre, en tanto que artista”.
Sin duda han sido tan generosos y certeros principios los que han per­
mitido ese reflorecer del arte religioso producido durante los últimos años
en varios países europeos y estimulan análogamente los que ahora se ini­
cian en algunos países de América. Sin duda es esa liberalidad la que ha
permitido la participación de grandes y modernos arquitectos, pintores,
escultores y tapiceros señaladamente en varias iglesias de Suiza y de
70

�Francia—Semsales, Audincourt, Blois, Assy—desde Dom Bellot, Perret,
Le Corbusier, hasta Bouvier y Novarina, desde Severini, Léger, Rouault,
hasta Lurgat, Gleizes, Manessier y tantos otros, sin olvidar la capilla de
Vence, enteramente decorada por Matisse.
De esta suerte, escapando a un absoluto totalitario, los artistas con­
temporáneos reabren el camino para encontrar un absoluto espiritual,
libre. Frente a los Estados que dictan consignas, es admirable, es consola­
dor, la resurrección de una Iglesia que acepta libertades. Ojalá esta línea
no se quiebre y las grandes corrientes del arte vivo encuentren un clima
de expansión junto a los capiteles floridos, bajo los cruceros luminosos. De
tal modo ensanchará su órbita y alcanzará esa especie de comunión co­
lectiva a que, por encima de su radical individualismo, tiende íntima­
mente todo artista verdadero. Justamente si en estos años se habla mucho
de rebelión, no se habla menos de comunión. En última instancia, el arte
es todo lo contrario de un monólogo: es un diálogo plural de vastas re­
sonancias. Pero este diálogo del artista con el mundo—concretamente con
la sociedad, con su tiempo—ha de realizarse libremente, en una atmós­
fera despejada, sin amenazas ni coerciones de ninguna clase, para que
resulte realmente fecundo. El artista es un rebelde, pero—sustancial­
mente, en cuanto artista—es un rebelde metafísico.
Por otra parte, al margen de ortodoxias o heterodoxias, más allá de los
distintos grados de la creencia, es innegable que, en cierto sentido, todo
arte es sagrado y todo artista es religioso. Por algo, aunque profanamente,
se habla de la “religión del arte”, del “espíritu de sacrificio”, de la “voca­
ción invencible”, como valores morales que dan su fisonomía más pura e
inequívoca al artista entre los demás seres. Cierto es que el artista opera
con un mundo de formas sensibles, perecederas, mas con la intención de
perpetuarlas, de fijar para la eternidad el rostro móvil de la belleza.
Quiere trascenderlas y, al mismo tiempo, trascenderse en ellas, alcanzar
un mundo de éxtasis o de perfección incorruptible. He ahí por dónde el
arte como creación espiritual y la religión como anhelo de trascendencia
tienen metas muy próximas, aunque sus caminos y sus lenguajes sean dife­
rentes. Religión—recordémoslo, para finalizar—es etimológicamente re­
ligio, religare, esto es, unir. Y ¿a qué otro fin, en última instancia, tiende
el artista sino a unir, sino a alcanzar una comunión plural, lo más amplia,
libre y libertadora posible, en el cielo de la belleza?

71

�ARTE Y LIBERACION
EMILIO A. ESTIÚ*
M ediante la liberación el hombre intenta sentir su libertad sin trabas y
espera llegar a la dicha por plenitud de sí mismo, es decir, gracias al rebasamiento de los límites que fatalmente se le imponen. Quien haya con­
quistado su espíritu siente repugnancia, en efecto, por todo lo que lo
“reifica”—para emplear la expresión de Gabriel Marcel. El espíritu se
concibe a sí mismo como no-cosa; pero constantemente está amenazado,
y la tentación de claudicar es, a veces, traducción de dolorosa impotencia.
Entonces aspira con fervor a la liberación del mundo de las cosas, para
poder saborear y gozar su libertad.
En la liberación artística es muy visible algo que en los otros planos
(conocimiento, moral, religión) está más encubierto. Me refiero a la di­
ferencia entre liberación y evasión. Diría, parafraseando a Gide, que
evadirse es fácil: lo arduo está en liberarse. En efecto, la evasión consiste
en la ignorancia, voluntaria o inconsciente, de las miserias y angustias de
la vida. En el mejor de los casos, conduce al aislamiento inoperante, a una
torre de marfil exquisita, pero frágil. El menor soplo de la realidad la
destruye, puesto que carece de cimientos. La liberación, en cambio, hunde
sus raíces en los fundamentos sólidos de la vida. No teme mancharse; al
contrario: la amargura de la experiencia hace tanto más urgente y dra­
mática la necesidad de su depuración. Lo vital fecunda y enriquece el
suelo en que cae la semilla del espíritu, y la pujanza de su germinación
depende de la fuerza con que hace estallar la envoltura que la protege y,
al mismo tiempo, inhibe. El formidable poder de resistencia a lo adverso
y hostil está encubierto por la tierna gracia del brote, que depende
siempre de la conjunción existente entre la fertilidad de la tierra y el
vigor latente de la semilla. Es salida al aire libre y entrega a sus ace­
chanzas ; pero el germen no niega lo que lo comprime—suelo, corteza—,
pues la condición de su libertad está en aquello de lo cual se libera.
Este hecho se halla, casi sin excepción, en la base de las vivencias artís­
ticas de todos, creadores y contempladores. Los testimonios son harto
abundantes y brindan un material adecuado al enfoque de ciertas cues* Filósofo y profesor argentino. Nació en La Plata en 1914. Es autor de numerosos
ensayos y estudios de su especialidad. El trabajo que incluimos fue la ponencia
presentada por el autor al Congreso Internacional de Filosofía celebrado en la
Universidad de San Marcos de Lima en 1951. Apareció publicado en la revista
Humanidades (Universidad Nacional de Eva Perón, Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, XXXIV, Sección Filosofía, 1954).

72

�tiones tradicionales del munde estético, vistas a partir del concepto de
liberación.
1. La experiencia

artística de la realidad

El mundo en que vivimos, con sus cosas y utensilios, nos es familiar.
Nos movemos por él como por nuestra propia casa. Tampoco la vida in­
terior nos depara grandes sorpresas: tristezas, alegrías, inquietudes, llegan
y pasan. El soplo del espíritu, por otra parte, es suave y no levanta olas
gigantescas. Sin embargo, de pronto llega el mensaje del artista como un
huracán. Barre con todas esas familiaridades y nos deja absortos ante
cosas que creíamos conocer, y en verdad ignorábamos, y frente a senti­
mientos que creíamos vivir, y en realidad padecíamos con incoloro anoni­
mato.
¿Qué ha pasado, pues? ¿De qué modo el artista ha vivido en el mundo
y se ha experimentado a sí mismo para sorprender el núcleo de las cosas
y, junto con los suyos, nuestros propios secretos? Dicho con una fórmula:
él ve con distinción la misma realidad que nosotros percibimos confusa­
mente. En efecto, las cosas del mundo se nos dan en confusión, porque
están fundidas unas con otras, con-fundidas entre sí. Yo, por ejemplo,
estoy en esta habitación, la cual me remite al edificio, éste a determinada
calle de determinada ciudad, y así in infinitum. Pero si un pintor de genio
me dibujase aquí y ahora, aislaría mi imagen de ese contexto real. El di­
bujo ya no remite a otra cosa, pues constituye un mundo por sí, referido
a sí mismo. También en la vida íntima encontramos idéntica confusión.
Si digo: “estoy triste”, tal estado de tristeza me remite a los motivos que
lo provocaron, y éstos se funden con el todo de mi existencia. Además—y
en ello igualmente se revela la confusión—nunca un sentimiento se da
aislado. No por estar triste dejo de reirme, si tengo ocasión para hacerlo
y soy sincero; pues la vida interior es una estructura compleja, en la que
ningún elemento alcanza supremacía estable sobre los demás. En un per­
sonaje literario, en cambio, se destaca determinado sentimiento, y éste lo
constituye por entero. Todos, en la vida real, dudamos; pero nuestras
dudas están confundidas con un m ar de otras certidumbres, creencias,
esperanzas. Hamlet, por el contrario, personifica la duda; o mejor, ella
se encarna en él. Puede amar, odiar, divertirse, es cierto; pero es el amor,
el odio o la diversión de alguien que se halla socavado por una indecisión
metafísica y radical, y sólo a partir de ésta las demás emociones tienen
sentido. El artista, pues, nos sorprende: nos muestra una realidad más
precisa y auténtica que la que nos es familiar. No es otra, sino la misma;
pero depurada de su confusión. Tal es lo que Gide ha visto muy clara­
mente. Decía: “Al m ostrar en su obra sólo una verdad, el poeta la
73

�exagera. Simplificar es exagerar lo que resta. La obra de arte es una
exageración” . Pero, una vez más, ¿cuál es la experiencia que permite
semejante capacidad de simplificar, exagerar, distinguir?
Creo que se tra ta de una vivencia pura, virginal, personalísima, por la
cual el artista contempla el mundo y las cosas del mundo, incluso él mis­
mo, como si fuese el primero en verlas. Todas las mediaciones, cons­
cientes o inconscientes, se esfuman ante su mirada, que con asombro
descubre el gesto creador que hace surgir la realidad. Es una experiencia
que recomienza con cada artista y en cada obra. Ser artista consiste, nada
más y nada menos, en vivir la realidad con difícil inocencia, como si no estu­
viese modificada, transform ada y encubierta por mil esquemas que la sinte­
tizan y la hacen habitual, al par que habitable. Heidegger tiene un escrito
titulado “E l origen de la obra de a rte ”, y, como siempre ocurre con él,
las palabras significan algo más de lo que a prim era vista parecen decir.
E n efecto, el vocablo Ursprung, origen, tam bién significa—en sentido
literal—salto originario. La obra de arte es, verdaderam ente, u n salto
a lo originario, a lo puro, a lo no habitual y remoto.
Semejante descenso a los principios no es el mero resultado de un don
gratuito. Exige que el artista se atreva a ser él mismo, a vivir su vida;
osadía que sólo se cumple en medio de los mayores renunciamientos.
Digresión.—A p artir de este punto, la reflexión del racionalismo mo­
derno condujo la teoría del arte y la belleza a la Estética, es decir, a una
disciplina filosófica particular. El motivo aparente estaba dado por una
cuestión gnoseológica. D e hecho, existen en el hombre dos fuentes de
conocimiento: los sentidos y la razón que, al parecer, son incomunicables
entre sí. P ara lo que la razón conoce, los sentidos sólo constituyen engaño­
sos y falsos testimonios; para lo que los sentidos aprehenden, en cambio,
la capacidad racional es im potente y está condenada al silencio. E n sín­
tesis: la prim era facultad es inteligible; la segunda, sensible. Ahora bien,
una disciplina tradicional se ocupaba de la teoría del logos; pero faltaba
todavía el tratam iento filosófico, paralelo al de la lógica, del conocimiento
sensible.
Baum garten, como se sabe, intentó llenar ese hueco, y concibió la
estética como gnoseología inferior, como scientia cognitionis sensitivae
(Aesthetica, ed. I. Ch. Kleyb, 1742, § 1, pág. 1). Pero el principio leibniziano de continuidad tenía que aplicarse tam bién aquí; y, entre la to tal
confusión de lo sensible y la distinción de lo racional, entre la oscuridad
del primero y la claridad del segundo—en una palabra: entre la razón y
los sentidos— , debía existir una zona interm edia, así como entre las tinie­
blas nocturnas y la luz del mediodía está la iluminación crepuscular.
B aum garten lo dijo con exactas palabras: “ . .. confusio mater erroris . . .
74

�sed conditio, sine que non, inveniendae veritatis, ubi natura nonfacit saltum
ex óbscuritate in distinctionem. Ex nocte per auroram meridies” (§ 7, pág.
3). “La confusión engendra el error . . . pero es condición indispensable
para la investigación de la verdad, puesto que la naturaleza no da un salto
entre la oscuridad y la distinción. De la noche al mediodía, a través de la
aurora” . Más tarde en “Los artistas” Schiller cantó la belleza con el
mismo espíritu:
Nur durch das Morgentor des Schonen
Drángst du in der Erkenntnis Land.1

Sin embargo, la aurora significa para Baumgarten, e incluso para Schil­
ler, el grado previo a la deseada luminosidad racional: la luz debe re­
emplazar su incierta claridad. El amor de Fedra, por ejemplo, cuando
Racine polariza todos los actos de una mujer a esa pasión que la consume,
deja de ser opaco; pero todavía hay allí mucho de confuso y oscuro. Di­
ferentes disciplinas racionales deben discernir sus diversos aspectos, y la
configuración estética sólo proporciona un material algo más depurado
que el ofrecido por la vida real. El psicólogo tendrá que distinguir esa
pasión de otras; el filósofo, con su tratamiento ético, deberá indagar la
naturaleza de las pasiones en general y establecer el sentido, positivo o
negativo, que cada una de ellas tienen en la vida; el teólogo, finalmente,
debe ponerla en relación con el destino último del hombre. Por tanto, el
amor de Fedra, que, comparado a los amores reales, es claro y distinto,
frente a los conocimientos racionales posee una complejidad de elementos
adversa a la simplicidad que la razón exige.
La aurora de Baumgarten, o el Morgentor de Schiller sólo son imágenes
aceptables, si las aplicamos a un modo de conocer más virginal y primario
de la realidad pero que, por estar en otro plano, es insustituible y no
puede ser “perfeccionado” por ningún otro conocimiento. Tal como he­
mos indicado, la naturaleza da con el arte un salto a lo originario; y la
distancia así salvada traduce lo muy lejos que nos encontramos del radi­
calismo clásico.
2. A cerca

de la naturaleza del objeto estético

¿Qué resulta de la experiencia artística? Con otras palabras: ¿cuál es
la naturaleza del objeto estético? En cierto sentido, como afirmaba Croce,
todos sabemos lo que el arte sea: su naturaleza se nos impone como un
hecho. Por ahora sólo nos interesa considerar que se trata de algo artifi­
cial, configurado por la actividad humana. Desde los antiguos nos llega el
1 Sólo a través de la puerta matinal de lo bello
Penetras en el país del conocimiento.

75

�concepto de “im itación” , que no sólo significa copia de las cosas, sino su
activa re-producción en imagen, es decir su recreación irreal. Aunque la
sem ejanza entre el modelo y su presentación artística hay a sido ocasional­
m ente ponderada en escritos de Platón, otros m uy preciosos textos de
éste y de A ristóteles afirm an la irrealidad del producto estético. La su­
puesta afinidad entre im agen y cosa real, ta n explotada por los natura­
lismos y realismos de to d a laya, sólo es analógica.
Describam os ahora con m ás cuidado este fundam ental descubrimiento
de los antiguos. Si un carpintero fabrica u n a mesa, por ejemplo, ésta será
un utensilio referido o confundido con totalidades cada vez más amplias,
ta l como he dicho antes. E n segundo lugar, tiene individualidad: es esta
mesa y no otra, y por tal carácter se encuentra en u n espacio igualmente
re a l: aquí y no en o tra p a rte ; y, por últim o, subsiste en u n tiem po también
real, susceptible de ser fechado. C uando el hom bre produce cosas, pues,
las coloca en la realidad: son individuales, espaciales, tem porales y ejercen
u n a causalidad que es propia a su naturaleza. U n p a r de zapatos, por
ejemplo, es algo artificial, hecho por el hom bre; pero tiene la realidad pe­
culiar de las cosas. P or su individualidad difiere de otros zapatos; por su
espacialidad y tem poralidad están aquí y ahora, o en o tra parte, y antes
o después; por su causalidad no me son indiferentes: me quedan bien, me
duelen por ser cortos, o me incom odan por grandes. Con otras palabras,
actúan sobre mí, ta l como la lluvia—fenómeno n a tu ra l— cumple su acción
y moja. E n cambio, la lluvia pintada, por su irrealidad, no puede mojar;
y el p ar de zapatos pintados es igualm ente irreal e im potente en cuanto a
su eficacia real. Y no sólo ésta se pierde, sino que tam bién sus relaciones
espaciales son otras. Supongamos que el pin to r lo hay a puesto a determi­
nada distancia de u n a m a n za n a : en el espacio real, puedo trasladar la tela
de un a habitación a otra, de u na ciudad a otra, de u n país a otro. Nada de
eso im porta; los zapatos seguirán estando—en el espacio pictórico—a
idéntica y determ inada distancia de la m anzana. Lo he movido a través
del espacio real; pero el del cuadro es indiferente a esa realidad.
C uando la configuración a rtístic a se desarrolla en el tiempo, su tempo
tam poco coincide con el de la realidad. E l tiem po real se nos da como un
esencial inacabam iento; desde que nacemos h a sta que morimos no vemos
los lím ites entre los cuales se prolonga: uno, el del nacim iento, porque no
lo recordam os; el otro, el de la m uerte, porque lo ignoramos. E l tiempo de
una obra musical, en cambio, tiene lím ites precisos: se extiende desde la
prim era a la últim a n ota y se nos ofrece como to talid ad sucesiva, pero
acabada. Y otro ta n to ocurre con la acción te atral, la novela, el movi­
m iento poético de un poema. Tales m anifestaciones artísticas muestran
la exigencia m etafísica de una unidad que jam ás ofrece el mundo y la vida
real, ta l como Cam us lo h a dicho en L ’homme révolté.
76

�Hasta aquí la descripción del hecho. Entre las interpretaciones de la
realidad del objeto estético mencionaremos dos, tradicionales en la his­
toria de la filosofía: la tesis metafísica y la idealista. Según la primera, a
través de la materia configurada artísticamente, aparecería, brillaría o
resplandecería lo absoluto o, por lo menos, lo esencial; según la segunda,
la idealidad—que por su jerarquía supera todo lo empírico y dado—se
“realizaría”, sin embargo, en el objeto estético. Como la Idea jamás se
puede realizar en el ser, el misterio del arte consiste en que mágicamente
amalgama el ser con lo que no es, o con lo que debe ser. La concepción
metafísica reapareció una y otra vez desde Plotino; la idealista alcanzó su
expresión más alta después de Kant, durante el clasicismo alemán, y en
particular con Goethe, Schiller y Humboldt.
Frente a estas dos corrientes, es posible una tercera: atenerse a la
irrealidad como tal. En este caso, la imagen no remite a otra cosa, sino que
se agota en su aparecer, en su mera y desnuda presencia. De otro modo,
si refiriese a lo absoluto o al deber ser ideal, el objeto estético tendría
significación; pero las imágenes se dan como cosas, como totalidades que
no van más allá de sí mismas. Ya esta falta de referencia a lo otro, prueba
su carácter irreal, puesto que las existencias reales se implican mutua­
mente. Sin embargo, no se puede negar que en la obra de arte hay ele­
mentos materiales: colores, pinceladas en la tela, sonido, mármol; pero
todo eso—para emplear la terminología de Sartre—es analogón de la ima­
gen estética irreal, y no ésta misma.
En apariencia semejante afirmación nos lleva, como en las tesis meta­
físicas e idealistas, a un nuevo dualismo, y parece que el espíritu del con­
templador tendría que desprender del objeto concreto y real una signifi­
cación que no está presente. Tal es lo que ocurriría, en efecto, si la imagen
se realizara en sus manifestaciones materiales; pero no es así en el caso
contrario, es decir, si sigue siendo lo que es: algo aislado de la realidad.
Esta pierde su valor de ta l; desaparece, se esfuma, y exhibe la imagen
irreal como pura presencia. Con feliz fórmula, Sartre dijo, refiriéndose al
arte dramático: “No es el personaje quien se realiza en el actor; es el actor
quien se irrealiza en su personaje”. Parafraseándola en su sentido más
general, podríamos decir: “No es la irrealidad la que se realiza en el arte;
al contrario, en él la realidad se irrealiza”. La obra de arte, nacida por un
acto de liberación del mundo de las cosas, exige que el contemplador se
someta a idéntica renuncia. Es palpable que quien pretenda sentir lo
artístico desde el mundo de la realidad aspira a lo imposible. Pero el acto
creador es generoso y levanta hasta su propia altura al que con humildad
se entrega a su producto.
Digresión.—Desde el punto de vista psicológico, Sartre ha analizado
con indudable penetración la función desrealizadora que cumple la “con77

�ciencia imaginante” , la cual posibilita lo que llamaríamos generosidad de
la liberación. Sin poder entrar ahora en este problema, remito al lector a
su obra L ’imaginaire (París, 1948) y especialmente a su cuarta parte y
conclusión.
Con otra terminología y diferentes intenciones, también Goethe había
negado el carácter significativo del arte. Distinguía entre las producciones
artísticas y espurias, que pretenden ser alegóricas, y las auténticas, que
son simbólicas. En el primer caso, se expresa lo particular (real) por medio
de lo general (irreal)—o sea, se concibe que en el arte la irrealidad se re­
aliza— ; en el segundo, lo universal (irreal) se expone en lo particular
(real)—es decir, la realidad se desrealiza.
Pero donde la concepción del objeto estético como imagen-presencia
alcanza su triunfo más fácil y visible sobre la que le otorga valor significa­
tivo, está en la refutación de ciertos prejuicios, propios de la última. El
más vulgar consiste en este hecho: si el arte remite a otra cosa ausente,
puede y debe ser “explicado” ; y, en efecto, críticos no menos vulgares
satisfacen esa exigencia. Apelan, como es natural, a ideas o sentimientos
realmente vividos, que permiten “entender” el significado de la obra con­
siderada. Por cierto, de ese modo se la mutila y empobrece; pues las
grandes creaciones—con una negación que es amplitud ilimitada de posi­
bilidades y no mezquindad de sustancia—no dicen nada. Algunos ejem­
plos bastarán para mostrar el fracaso de los que aclaran lo presente por
ausencias más o menos arbitrariam ente forjadas. Quizá ninguno sea tan
conocido como el que proporciona una anécdota atribuida a Eric Satie.
(Me apresuro a declarar que el valor de lo anecdótico reside en su poder
ejemplificador; la autenticidad cuenta poco). El músico acababa de ejecu­
ta r ante un grupo de amigos la última de sus obras, que carecía aún de
título. Uno de los oyentes, al parecer Debussy, le reprochó el carácter
impreciso que tenía la forma de su composición, y Satie, sin perder un
momento, escribió sobre la página, todavía sin bautizar, Pieza en forma
de pera. Plabía pues una posibilidad de significación y, por supuesto, no
faltaron críticos que, hechizados por el “sugerente” título, vieran a través
de los sonidos toda clase de cualidades pintadas musicalmente; o que la­
m entaran ciertas incongruencias entre lo que la pieza debía expresar—la
pera—y lo que, en realidad, había conseguido decir . . . . Igualmente ilus­
trativa fue la ingeniosa ocurrencia con que Mallarmé, según contaba
Degas, puso término a los buscadores de significaciones. Ciertos discípu­
los, después de haber escuchado la lectura de un soneto del poeta, se pu­
sieron a “entenderlo” : es la puesta del sol, exclamaba uno; es el triunfo de
la aurora, aseguraba otro. Mallarmé les dijo: “N ada de eso: es mi có­
moda” . (Demás está decirlo: era su cómoda en el mismo sentido con que
78

�la pieza de Satie tenía forma de pera). Y, por último, recordaré la sabia
prudencia con que un joven árabe respondiera a la indiscreta curiosidad
de Gide. Este le oía entonar melodías y dialogar con otros mediante el
canto, pero no entendía las palabras. Cuando le pidió que se las tradujera,
el muchacho le contestó: “Pero no, si no se trata de palabras: es poesía,
simplemente”. Imposible una más justa y concisa diferenciación entre
lo que tiene significado y la presencia propia e inmediata del mundo
poético . . . .
3. A cción y

necesidad del arte

Es indudable que el arte nos afecta, que tenemos la capacidad de sen­
tirlo. Pero ¿qué transformación tienen que sufrir nuestros sentimientos,
que son reales, para adecuarse a la naturaleza irreal de la presencia esté­
tica? ¿Qué acción ejerce ese mundo irreal sobre el alma? Ya Platón se
extrañaba ante la sorprendente naturaleza de la emoción estética. En
efecto, acontecimientos que en la vida real nos repugnan y producen do­
lor, trasladados al plano del arte nos son placenteros. Supongamos que
alguien encuentra una mujer que sostiene en sus brazos a su hijo muerto.
Semejante espectáculo provocará piedad y tristeza: el que lo contempla
hubiese dado mucho, a cambio de no haberlo visto. Sin embargo, ese
mismo hombre haría sacrificios con tal de poder asistir a la misma escena,
trocada en forma artística y, frente a la Pietá de Miguel Angel, sentiría
inmenso placer. Este extraño hecho, cuya irracionalidad a primera vista
sorprende, hizo que Pascal emitiera su conocida condena del arte. “¡Qué
vanidad la de la pintura—exclamaba—: suscita admiración por la seme­
janza de cosas, cuyos originales no se admiran!” El reproche, por cierto,
no se justifica; pero el hecho está señalado con tanta precisión que basta
—como hiciera Delacroix—con sustituir la palabra vanidad por rareza,
para que la frase de Pascal sea meramente descriptiva.
Desde que Aristóteles enunciara la teoría de la catarsis—en verdad,
otro hecho, más que una teoría, puesto que no se puede dudar que en la
experiencia estética hay cierta purificación—sus interpretaciones han sido
tan varias como las mismas concepciones del arte: metafísicas, fisiológicas,
morales. Si prescindimos de ellas, queda como residuo el dato positivo de
que con el arte no se opera una extirpación de los sentimientos, sino una
purificación de los mismos: son y no son los de la vida real. Es decir: en
lugar de vivírselos en la realidad, se los vive en un plano irreal. La dife­
rencia es esencial, pues mientras que la realidad nos oprime, las emociones
estéticas, provocadas desde un mundo de posibilidades, están acompaña­
das por el inequívoco sentimiento de nuestra libertad. En efecto, los
sentimientos realmente vividos nos acosan y asaltan sin nuestro permiso.
79

�D e pronto, por ejem plo, siento tem or, ju stam en te, cuando quisiera estar
m ás seguro de m í mismo, o me a rra stra u n m ovim iento piadoso, cuando
te n d ría la v ital necesidad de no entregarm e a com pasión alguna. La
m ayor p a rte del tiem po estoy forzado, pues, a vivir sentim ientos que si
de m í dependiera jam ás experim entaría o, por lo menos, no los sentiría en
el m om ento inoportuno en que los tengo que padecer. E n cambio, la
emoción a rtístic a es librem ente d ese a d a : la busco y siento del modo y en
el m om ento que quiero. E l m undo del a rte , con sus emociones y senti­
m ientos posibles, lejos de im ponerse a m i lib ertad , depende de ella, ya que
sin m i adhesión y consentim iento se ev ap o raría instantáneam ente. El
placer su i generis provocado por tales sentim ientos depende del hecho que
em ergen en form a d istin ta, desde el fondo oscuro y confuso de las viven­
cias reales, adecuándose a la condición de extram undanidad, propia de las
form as estéticas. L a purificación a rtístic a lleva, pues, la realidad de la
v ida a u n plano posible: conduce desde las cosas a las imágenes-cosas; de
la confusión a la distinción; desde los sentim ientos reales, que nos oprimen
y sofocan, a los estéticos, que librem ente nos llam an desde el m undo de la
posibilidad; nos perm ite p asar— diría S artre— de la conciencia realizante a
la im aginante y con ello del sentim iento pasión al sentim iento acción. La
catarsis es, en el fondo, pasaje del ser a la lib ertad , o sea liberación.
T odo esto nos lleva a responder u n a ú ltim a cuestión. E l hom bre ha
creado y crea arte. ¿P or qué? L a resp u esta surge por sí sola, de lo dicho
an teriorm ente: si el a rte no fuese, el hom bre e sta ría fru strad o en u n as­
pecto esencial de su natu raleza— el de la lib ertad — es decir, d ejaría de ser
él mismo. E n efecto, ser libre consiste, en prim er térm ino, en no depender
de lo otro; en no ser u n a cosa m ás, inm ersa en las im plicaciones y m ú lti­
ples referencias a que están ellas som etidas. L ib ertad es aislam iento, ru p ­
tu ra de la confusión óntica, propia de los entes reales. E n segundo lugar,
lib ertad es estar arro jad o hacia adelante, proyectado a posibilidades; es
exigencia de sobrepasar to d a realidad efectiva, incluso la propia. Con
o tras p alab ras: su raíz está en la v o lu n tad de liberación. P o r su libertad,
pues, el hom bre tiene en su n atu raleza la m ism a e stru c tu ra que la expe­
riencia y los actos de creación artístic a: aísla, desrealiza y busca satisfa­
cerse en el m ovim iento que lo libera de las determ inaciones ónticas de su
ser, cuya necesaria prolongación, por consiguiente, se h alla en el arte.
Pero, adem ás, la lib ertad crea nu estro ser con la su stan cia irreal de la
posibilidad, y el desajuste e n tre am bos m undos— el efectivo y el posible—
produce u n a radical insatisfacción: to d o lo que de m í se realiza q ueda por
detrás de m i proyecto— que siem pre y necesariam ente está ten d id o hacia
adelante. U n proyecto realizado, d ejaría de serlo: se d estru y e como ta l, y
sólo subsiste en cuanto no es. E l a rte , en cam bio, ofrece la 'presencia de u n
80

�mundo posible e irreal, a diferencia del proyecto que nos arroja a lo que
no es; es decir, alo que no puede estar dado en un presente. Su mundo con­
siste de totalidades acabadas; por tanto, se advierte que lo que el hombre
no puede lograr consigo mismo lo consigue en el arte, el cual se manifiesta
así como una necesaria liberación de lo que impide su plena libertad en la
vida real.2
a En otro artículo, “Libertad y liberación” (Revista de Filosofía, Núm. 3, publi­
cada por el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación), me he ocupado de la caracterización general de dichos conceptos.

81

�THE HUMANITIES AND RESEARCH
HOWARD MTJMFOKD JONES*

given me for this talk were so delightfully vague, I am
not quite certain what I can most usefully say. Having been recently
elevated, to the episcopacy as it were, as chairman of the American Council of Learned Societies, it seems to me that what I might talk about is the
general question of the humanities and of scholarship in the humanities
rather than to try to beat my breast about any particular problem of the
humanities at Harvard.
The first difficulty that always appears in the discussion is to know
what one means by “the humanities.” To go to the dictionary and find
that a “humanity” orthe “humanities” refers to some explicationorpresentation of systematic thought about what is primarily human is one of
those definitions that do not define. I for one do not know anything in the
world of knowledge which is not more or less human not even excepting
mathematics.
Practically speaking, in the American system and, I daré say, in West­
ern Europe generally, the humanities are supposed to inelude the higher
study of literature, foreign languages, the fine arts and philosophy. I
would myself add history. With their study is vaguely associated some­
thing called valué judgments. The difficulty about this last approach to
the humanities is, however, that it again fails to define, it merely classifies. The humanities are what is left when you have taken everything out
of the curriculum that isn’t the humanities! That is to say, when you have
subtracted the exact Sciences and the social Sciences, it is hoped that what
you have left is humane. This seems to me a rather desperate definition.
And the term “valué judgment” is, again, one of those phrases that
trouble me a good deai. The humanities rather pride themselves, or at
least have in the past prided themselves, on their capacity to preserve or
produce valué judgments. Aside from the difficulty of knowing what a
valué judgment is, certain objections appear. In the first place, I doubt
that the humanities have any monopoly on valué judgments; and in the
T he

directions

* One of the most distinguished of American literary scholars, the recipient of
numerous academic honors, Mr. Jones has taught at the Universities of Texas,
North Carolina, and Michigan, and is currently located at Harvard. Among the
more recent of his many books are Ideas in America and The Theory of American
Literature. The present article is an address made by Mr. Jones after his election to
the chairmanship of the American Council of Learned Societies. It is reprinted by
special permission from the Newsletter of The Harvard Foundation for Advanced
Study and Research (May 16, 1955).

82

�second place, to assume that valué judgments are inherent in one form of
thinking and therefore may not be found in any other seems to me absurd. The pursuit of truth by a scientist is in itself a kind of valué judg­
ment. It assumes that it is better to live in the light of truth than in the
light of error—and at this point I am prepared to let the matter rest.
Perhaps we get a little closer to the predicament of the humanities if
we go at the problem historically. Historically, the humanities once represented—indeed, they were—the oldest organized academic curricu­
lum. Before the humanities there was, so to speak, nothing except theology. They are still the oldest part of the curriculum, and in all properly
conducted institutions of learning the result is that the humanities have
inherited the oldest and worst buildings and the oldest and worst equipment.
Yet it is relatively true that the humanities were once the equivalent
of the university. Science carne into the picture originally because the
scientist was the protégé of some king, nobleman, or wealthy person who
permitted this eccentric projector to go forward with his peculiar experiments; or, later, in the eighteenth and nineteenth centuries, particular
persons having enough means to do so conducted their own experiments
in their own home laboratories. Ambroise Paré is an instance of the one
sort, and Charles Darwin is a case in point in the second category. When
the Sciences finally got into the academic curriculum, they normally carne
in under the heading of natural philosophy—that is to say, they formed a
branch of one of the great “humanities,” philosophy itself.
What is true of the exact Sciences is true in some degree of the social
Sciences, though the case is less clear. They got into the academic tent
largely because of the dictum of Aristotle that man is a political animal.
Thus the eighteenth century saw without stupefaction the founder of
modera political economy, Adam Smith, writing a book on the theory of
the moral sentiments as a matter of course.
This informal excursión into history has some valué in itself, but it has
valué of a secondary sort as well, I hope. It points to the curious confu­
sión of thought and terminology which haunts the problem of the human­
ities. Are the humanities the same things as the liberal arts? Well, I
always thought so, until, not long ago, talking with the officials of one of
the great foundations, I was reproached because the American Council of
Learned Societies does not represent the practicing artists of our time.
The inference is that the humanities are supposed to inelude the fine arts.
But what are we then to do with that dreadful word, “learned”? There
seems to be no reason to suppose that learning is not as much an end in
itself as puré Science is.
83

�One other preliminary observation: unlike the social Sciences and the
exact Sciences, the humanities have as the principal area in which to place
their producís, the teaching profession. There are very few places outside
of teaching for the humanist to fill. He may occasionally go into library
work, or he may sometimes go into a branch of government, provided he
has no trace of “dangerous thoughts.” But by and large the humanities
exist in the teaching world and are of it.
The results are, I think, three. There is, first, a keen interest in teaching
among humanists. I do not say it is keener there than anywhere else, but
that it exists as a paramount interest is evident from the number of so­
cieties of humanists primarily interesting themselves in teaching. The
College English Association is a case in point. But there is, second, inevitably a general assumption that whatever research work or “scholarship” may be, the primary business of the humanities is teaching, and by
and by this is interpreted to mean that their whole business is teaching,
and that research is a sort of unnecessary luxury. In either event it seems
to follow in the country at large that the humanists don’t especially need
help for research work. New mechanical devices, or personnel help, or new
modes of research may be all right for those pernickety fellows, the exact
scientists or the social scientists, but the humanities get along well enough
without them. The result is sometimes an inexcusable waste of expensive
manpower. A colleague of mine, for example, fearful of overburdening the
one secretary allotted to his department, typed out by himself enough
copies to supply a committee on fellowships with all the data necessary
for judgment on a long list of scholarship applicants. This sort of situation
is, unfortunately, altogether too common among the humanities. It is
like setting a vice-president of a bank to do the work of a filing clerk.
But more particularly and more deeply, I think, damage is done because of a resultant confusión in both the popular and the academic mind
about the humanities. Somehow or other, because the humanists teach,
it is supposed that they do nothing else. They teach English, they teach
foreign languages, they teach the elements of art, they teach rudimentary
philosophy; and it is assumed that they have therefore discharged their
duty if they teach people to read, to write, and to spell; to get through a
few books; or to pass a year or two of French, or Germán, or Latín. And
that is all that humanists do. In the popular mind the humanist is there­
fore made synonymous with the teacher of undergraduates. Teaching is
of course an excellent thing. But the difficulty is that this cuts into the
assumption that the humanities are intellectually independent disci­
plines, branches of learning on a true university basis. I suppose we must
be almost the only country in the world to postpone the rudiments of cer84

�tain subjects to the universities—a postponement that would be impossible anywhere else.
What is it that, intellectually speaking, the humanities are supposed
to contribute to a university? I think they have at least three purposes to
fulfill on an adult level.
In the first place, they do represent learning, and learning is a perfectly
respectable end in itself. Learning may, of course, be nothing more than
organized lore. But even organized lore is as much a purpose as any other
form of organized knowledge, and is so recognized by the Sciences and by
the social Sciences. In the narrower sense of course, learning commonly
connotes organized lore outside of any scientific area. It is an end in itself,
it has been so honored by the world for centuries, and it is, on the whole,
regrettable that we in the United States do not honor it as an end in it­
self, giving it that dignity it should have.
In the second place, as learning, the humanities are primarily our chief
instrument for the preservation and interpretation of the past of mankind. I think the paradox could be defended that the scientist is happily
engaged in destroying the past insofar as he perpetually wants to pass beyond known Science and render it obsolescent, whereas the social scientist
(apart from the historian) is commonly most interested in social change
taking place now and here. It follows, therefore, that the humanities, including history, are charged with this special duty. In the discharge of
this duty they have to use many devices, some of them highly technical
and “dry,” but their technicality and their lack of popular appeal are no
greater than the mysteries and techniques of Science or of economics,
which are not reproved by educators for being mysterious or unintelligible.
The humanities seek to preserve the past, they seek to enrich our
knowledge of the past, and they seek to understand it. Theoretically (and
practically) they also seek to bring us to a better understanding of the
present as a product of the past—to show us how it carne into being.
Inthis country it is something of an occupational disease that the presentation of the past by humanists too often has to take the form of textbooks if it gets published at all, rather than the form of that direct presentation of scholarly interpretation or material common in Europe in the
nineteenth century. This goes back to our obsessive preoccupation with
the humanities as not much more than a problem of pedagogy.
In the third place, I think it is true that the humanities also have something to do with wisdom. Do not misunderstand me. As Emerson remarked a hundred years ago, there is no reason to suppose that librarians
are wiser than other men, and the mere fact that humanists are concerned
85

�with books does not, of itself, make them wiser; it may, in fact, render
them foolish. I do not believe that the humanists per se are wiser than
anybody else. But I do claim that the humanities, by preserving and interpreting great expressions of human experience, great systems of
thought, the lives and achievements of great men, the texts of great
books, the meaning of great works of art, at least make wisdom possible.
This wisdom may of course be misused. For example, Nietzsche was a
Greek scholar who, it may be said, misused his wisdom, whereas Thomas
Jefferson, a lover of Greek art, used the wisdom of Greece more wisely.
But the point is that without these monuments of wisdom neither Nie­
tzsche ñor Jefferson could have been what they were.
What has all this to do with a research program in this or any uni­
versity? We as a nation must realize learning is a noble end, and that the
increase of knowledge in humanistic learning is a normal activity.
In the next place, we have, in other departments, set up devices for
encouraging research or invented instruments for encouraging research,
but we do not believe, or at any rate we do not seem to believe, that any
such encouragement is necessary in the humanities. This is, I think, a
wrong approach.
One of our principal difficulties in America is that scholarly production—the statement of new knowledge or of new wisdom based upon
knowledge—is governed to an embarrassing degree by classroom considerations. If Edmund Gibbon were today to take the manuscript of The
Decline and Fall of the Román Empire to a publisher, he would probably
not get it published. The publishers would say: “This is much too difficult
for a textbook,” and when Gibbon had declined to alter it, they would
ask: “But who is going to buy your book?” The same thing would be true
of many other monuments of humanistic research—for example, John
Addington Symonds’ important six-volume study of the Renaissance.
There are, of course, occasional exceptions, but we are not prepared to
finance humanistic production in this country.
Partly as a result of this, partly as a result of the insistence that all
there is to humanistic learning is its teaching aspect, humanists in this
country have not sufficiently addressed themselves to large questions involving basic research. We are like the American scientists—we are, in
embarrassing degree, living on the accumulations of Europe—on European documentation. When one thinks of the vast and magnificent series
of Migne’s Patrología, or the Monumento Germaniae Histórica, or the publications of the Société des Anciens Textes Frangaises or of the Early
English Text Society, and then looks about him for American equivalents, I do not say there are not occasional like publications, but I do not
find their equivalents in like degree, either in proportion to the wealth of
86

�the country or in the proportion to our opportunities. Let me give you an
example from my own field.
Years ago Moses Coit Taylor, the first important historian of American
literary development, pointed to the need of an Early American Text
Society. That need has never been met. Moreover, our literary classics
are more and more unavailable except those few that appear and reappear
in textbook form. I am again and again embarrassed when foreign scholars come to this country and ask: “How can I put together for my uni­
versity a collection of basic texts in American literature?” They can’t.
Most of the classics are out of print except for a handful of textbook titles. It is virtually impossible to buy the complete works of most Ameri­
can literary men. It is impossible except in very large librarles to find
anything like a complete collection even of novelists as recent as Howells
or James. Yet it is upon the works of writers like these that basic interpretations of the American past must rest.
I should like to present you in conclusión with some interesting figures.
A year or so ago, it was estimated by a careful investigator that an indi­
vidual humanist doing research in this country received a subsidy to the
extent of about $130 a year, whereas a scientist doing research was subsidized for the same period at an average of $1800. Need I point to the
valúes involved? The humanists are inevitably on the defensive; they are
self-conscious, bewildered, and even bitter when they discover that this,
in practical terms, is what the country thinks of the humanities. Surely
this self-consciousness, this bitterness cannot wholly be blamed upon the
humanists themselves; it is caused also by a general lack of comprehension of what the humanities are supposed to be and do.

87

�LA GUITARRA Y LOS NEGROS
F E R N A N D O ORTIZ*

E n E s p a ñ a ya se nom braba la vihuela en plena E dad Media. En el

Libro de Apolonio, del siglo X III , se dice:
“Aquistóse la duenya, fiziéronle lugar,
templó bien la vihuela en un són natural” .

Los españoles de la Conquista, al extenderse por las Indias, desde
fines del siglo X V y durante el X V I, trajeron consigo, además del rabel,
la vihuela, vocablo que era traducción dim inutiva de la viola italiana.
Debió de llegar con Cristóbal Colón. Y a por 1502 en la Española tenía
fam a un vihuelista, al que se refiere F ray Bartolom é de las Casas, quien
cuenta que “a un hombre hobo, de los que vinieron en el viaje del
comendador mayor, que al son de una vihuela hacía su yegua bailar o
hacer corvetas o saltar” . E ste músico quedó en el anónimo; pero la
historia ha recogido el nombre de otro que ganó mucha fam a en Indias y
precisamente en C uba y luego en México como tocador de vihuela. Fue
un ta l Juan Ortiz, que en la cubana villa de T rinidad se unió a la hueste
de H ernán Cortés. Bernal Díaz del Castillo lo cita llamándolo “el músico”
y tam bién dice de él que era “gran tañedor de vigüela y enseñaba a
danzar” .
Y a el cronista Fernández de Oviedo, en su famosa Historia General,
al elogiar las palmas antillanas, alude a la posible construcción de
clavecímbalos y vihuelas con su m adera. Bien se comprende que en estas
islas los españoles y luego sus hijos mestizos pronto debieron de hacer
vihuelas criollas con las m aderas preciosas. E n 1598 había en La Habana
una negra vigüelista que tocaba en la iglesia; lo cual no debe asombrarnos
porque los negros eran entonces los únicos artesanos y músicos en la co­
lonia, y la vihuela era instrum ento de rango alto “ con que levantaban
el espíritu a Dios los hom bres” , según decía F ray Ju an de Luna.
La vihuela era un instrum ento cordófono pulsativo que se tañía punte­
ando sus cuerdas. E n E spaña y sus Indias, al caer el siglo X V I, la vihuela
fue sustituida en lo popular por la guitarra, instrum ento parecido pero
más pequeño y m anual. La guitarra es de origen español y probablemente
* Notable historiador y antropólogo cubano, muy conocido en los círculos científi­
cos por sus estudios acerca de la influencia africana en la cultura del Caribe. Figura
consagrada, ha desempeñado altos cargos en el gobierno, la diplomacia y la Uni­
versidad. Entre sus libros más difundidos figuran Contrapunto cubano del tabaco y
el azúcar y El huracán, su mitología y sus símbolos. Tomamos el presente estudio de
la revista Cuadernos Americanos (México, Año X IV , Núm. 3, mayo-junio de 1955).

88

�moro. Ya en el siglo X I se llama en Francia morache, aludiendo a su
origen moruno. Ya Cervantes en su novela El celoso extremeño recomienda
la guitarra. “El que más a vuestra voz le conviene, dice, es el instru­
mento de la guitarra, por ser el más mañero y menos costoso de los instru­
mentos”. La guitarra española tenía cuatro cuerdas en el siglo XVI;
pero en el siglo XVII adquirió una más, hasta que en los comienzos del
XIX llegó a tener seis.
Como ha escrito el P. Guillermo Furlong: “En todo el continente ame­
ricano llegó la guitarra a ser el instrumento popular por antonomasia, y
muy en especial adquirió esa aceptación general y cordial entre todas las
gentes de esta parte de América, a lo menos desde fines del siglo XVII”.
Ya al caer el siglo XVI tocaba muy mañosamente la guitarra una monja
milagrcsa del Perú, luego canonizada como Santa Rosa de Lima, y en
este siglo reconocida por los católicos como la “Patrona de los guitarris­
tas”. En toda la América Española, evidentemente fue la guitarra el
instrumento preferido por todas las gentes en el curso del siglo XVIII, y
lo mismo se halla en las iglesias y oratorios, según hemos indicado, como
en manos de los negros y mulatos, de los caballeros y de las damas, de
los que alegraban las fiestas familiares y sociales y de los que rondaban
por las calles.
La guitarra en España tiene maneras características de ser tañida, las
cuales concuerdan con el genio musical africano, moruno o negro. La
guitarra morisca se tañía mediante el puntear de sus cuerdas para dar
la melodía junto con el canto. Pero un historiador de la España mora,
El Ispahaní, recuerda que “Isaac el Mosulí en cierta ocasión tocó un
bonitísimo preludio de laúd, de muy complicada y difícil ejecución, en
el que había pulsaciones rasgueadas o batidas”. ¿Y qué clase de pulsa­
ciones son ésas? Dozy nos las explica en su Diccionario: “consisten en
herir con el plectro todas las cuerdas de un golpe y fuertemente. Y como
es imposible poner los dedos de la mano izquierda pisando los trastes
para que todas las cuerdas suenen al unísono, necesariamente habrían de
producirse sonidos distintos simultáneos, los cuales habían de sonar
armónicamente para que causaran buen efecto”.
El rasgueado fue el modo más típico y popular de tocar la españolísima
guitarra. López Chavarri se refiere a unos párrafos de El escudero Marcos
de Obregón. “Venía todas las noches a visitarnos un modesto barbero,
conocido mío, que tenía bonita voz y garganta; traía consigo una guitarra
con que, sentado al umbral de la puerta, cantaba algunas tonadillas a
que yo llevaba un mal contrabajo, pero bien concertado (que no hay dos
voces que si entonan y cantan verdad no parezcan bien), de manera que
con el concierto y la voz del mozo, que era razonable, juntábamos la
89

�vecindad a oír nuestra arm onía” . Y por cierto que la guitarra era em­
pleada en estilo popular, rasgueado (como mejor podía esperarse del
clásico “mocito barbero” ), sin trazas de punteado polifónico, según nos
lo hace ver el autor por medio de un detalle naturalista m uy en armonía
con aquellos cuadros de lisiados alegres y de jocundos picaros, inspiradores
de los cuadros con pedigüeños y hampones que pintarían Ribera, Velázquez y M urillo; el caso es que “el mozuelo tañía siempre la guitarra, no
tanto por m ostrar que lo sabía, como por rascarse con el movimiento las
muñecas de las manos, que tenía llenas de una sarna perruna” . La guitarra
latina que el Arcipreste Juan Ruiz llamó copudo laúd, se tocaba para
acompañamiento por acordes o sea rasgueando su cordaje, modo típica­
mente español, que consiste en rascar rápidam ente las cuerdas con los
cuatro dedos de la mano para producir acordes arpegiados, mientras que
el pulgar hace sonar la base.
H oy día los guitarristas españoles así puntean como rasguean. De uno
u otro modo, la guitarra es instrum ento pulsativo. P untear y rasguear
son formas distintas de pulsación. Rasguear es como una pulsación plural
y colectiva por la cual el músico, con un solo movimiento de su mano,
hace vibrar simultáneamente varias cuerdas en armonía. Rasgueo es casi
percusión, que debió de originarse en el gusto negroide para la música
bailable. E ste rasgueo fue cosa de negros en cuyas manos la guitarra,
acompañando la melodía de las voces, sólo sum inistraba un fondo
rítmico y armónico. Aún hoy día ése es el papel de la guitarra y el contra­
bajo en el jazz, donde su función, como la de la batería, consiste en
proporcionar la pulsación rítm ica fundamental.
Ese rasgueo peculiar es el llamado en América rasgueo criollo. Así lo
describe Carlos Vega: “La técnica común del rasgueo criollo se funda en
un punteo sui generis. E l punteo clásico consiste en la aplicación de la
yema del dedo a la cuerda; producida la tensión, la yema se desliza hasta
la liberación de la cuerda, que entonces entra en vibración. El rasgueo
criollo puede utilizar el punteo clásico por instantes pero generalmente
obtiene el sonido por su especial manera de punteo. Colócase sobre las
cuerdas la mano cerrada, el puño; se aplica a la cuerda, no la yema, sino
su revés, la uña, la prim era falange; y la applicación varía desde el desli­
zamiento pleno, de frente, hasta el de perfil, como si la uña quisiera cortar
la cuerda con su filo. E l término medio es lo corriente: el dedo presiona
la cuerda en línea diagonal. E sta presión se entiende de arriba abajo, es
decir, del cielo al suelo. A veces el dedo ataca tam bién ‘de regreso’, es
decir, del suelo al cielo, y produce otro matiz de sonido . . . . H ay otras
formas de ataque. La mano se cierra rápidam ente y descarga un golpe
seco contra las cuerdas. Chocan las prim eras falanges. E sto es percusión
90

�pura; pero en tales condiciones, adem ás del ruido, el golpe produce cierto
sonido. Existe u n a gam a de golpes, desde el que cae sobre las cuerdas y
las aprieta contra el diapasón h a sta el que apenas las toca, estira y
libera. U n chasquido indescriptible, de cuerdas ahogadas al iniciar su
vibración, se consigue por medio de la percusión suave” .
Isabel Aretz tam bién analiza ese rasgueo criollo: “E n cuanto a la form a
de ejecución, ésta varía sobre todo según se emplee la guitarra como
instrumento acom pañante o como solista: rasgueada o punteada. P ara
el rasgueo la técnica cam bia en ta n to se use la m ano blanda, empleando
todos los dedos, o la m ano tiesa, que se sirve sobre todo del pulgar.
Además, el rasgueo causa diferente efecto auditivo según se inicie desde
la prim era cuerda o desde la sexta y se realice sobre las cuerdas agudas
o las graves, o en form a altern ad a sobre unas y otras, y según se intercalen
acordes golpeados con la m ano cerrada, a los que se d a el nom bre de
‘quedo’. Los rasgueos se usan sobre todo p ara los bailes, como acom pa­
ñamiento de la voz o de otros instrum entos, sea violín, m andolín, flauta
o inclusive o tra gu itarra pero punteada. E sto lo advirtió y a Lynch cuan­
do transcribió las observaciones de don G regorio U garte, de 1875,
quien al h ab lar del gato y su coreografía dice que los guitarreros, ‘p u n te­
ando uno y rasgueando otro, sentados en el suelo a am bos lados de la
pareja contan en coro’. E s decir u n a g u itarra como pulsativa, que d a la
melodía, y la o tra como percusiva, su stitu tiv a del tam b o r como acom­
pañante rítm ico” .
Ju an Liscano observa que en la zona de B arlovento, la región de más
negros de V enezuela, “ el cuatro se toca rasgueado, casi nunca p u n tead o ”
y añade que “ el cuatro nunca acom paña los toques de ta m b o r” . Sin duda,
es ello por influjo afronegro. E l rasgueado es como su stitu tiv o del ta m ­
boreo, innecesario aquél si éste suena. Alejo C arpentier nos da esta
conclusión, refiriéndose al Son de la M a Teodora de C uba, el cual “revela,
en el punto de p a rtid a de la m úsica cubana, u n proceso de tran scu ltu ración destinado a am algam ar m etros, melodías, in stru m en to s hispánicos,
como rem em branzas netas de viejas tradiciones orales africanas. El
negro, situado en la escala m ás b aja de la organización colonial española,
aspiraba a elevarse h a sta el blanco, adaptándose en lo posible al tipo del
arte, de hábitos, de m aneras, que se le ofrecía por modelo. Pero no por
ello olvidaba su instinto de la percusión, transform ando u n a bandola en
un productor de ritm os. Así, en el son cubano, como en la sam ba brasileña,
las guitarras tienen u n a función m ás percutiente que melódica. Los
contrabajistas de orquestas callejeras no usan del arco . . . . Si las coplas
son de herencia española, los rasgueos son de inspiración africana. Los
dos elem entos, puestos en presencia, originan el acento criollo” .
91

�Otro modo español de hacer música con guitarra, concordante con el
africano, era en tiem po de C ervantes el de unir a los sonidos de aquel
cordófono el de las sonajas, tal como hace el músico negro con los del
guayo o con las maracas. “ Las guitarras frecuentem ente se tocan a la
par que las sonajas, especialmente cuando han de acom pañar las danzas.
E n esta comedia se tra ta de acom pañar canto a lo rufo y de jacarandina.
E n la Gran Sultana dos músicos cantan m ientras los acompañan con
guitarras y sonajas. Se lee en Pedro de Urdemales:
“Vuélvanse a repicar esas sonajas,
háganse rajas las guitarras, vaya
otra vez el floreo. . . . ”

E sta expresión “háganse rajas las g u itarras” parece significar que
tocarán hasta romperse, pero en realidad no era así. Se refería a esa
m anera frecuente que se tiene de tocar 1a, guitarra, ocasionalmente en el
frenesí de la danza, percutiendo los ritm os en su caja; como si fuese en
un tam bor.
Sin duda, fue influencia africana si los negros al tocar esos instrumentos
lo hacían por rasgueos o pulsaciones batidas y a veces por percusión
directa e inequívoca. E n cuanto al Brasil, aún se usa ese estilo. En los
cultos caboclos del Brasil, o sean en los afroindios, donde se invocan
deidades llam adas “indias” , los cantos se acom pañan con maracas y
guitarra, que en portugués se dice violeto, usándose ésta como instru­
m ento percusivo. Los ritm os son tam boreados en la guitarra de acuerdo
con los modos del tamboreo.
Así se observa en Chile con m otivo de la danza afroam ericana zamba­
cueca, zamacueca o cueca. “Tam bién la guitarra desgrana sus acordes
perlados, agudas voces, a veces bordoneantes y roncas otras. Hay
suave y persistente disloque rítm ico en sus acordes, y la obstinada regu­
laridad del movimiento de la mano derecha lleva acoplado, en hermosa
simbología, el latir del corazón de todo un pueblo. Sobre su caja un
comedido —hincado en el suelo— , tam borilea, extenuando las bondades
de la noble guitarra” .
E n la novela La novia del hereje o la Inquisición en Lim a, del argentino
Vicente Fidel López, inspirada en el am biente colonial limeño, se inserta
este párrafo descriptivo: “ . . .la bihuela garbosam ente rasgueada sobre
las cuerdas, al mismo tiempo que sobre su caja, lanzaba los excitantes y
animadísimos aires de la zam bacueca” .
E ste procedimiento de tañer la guitarra como si fuese u n instrum ento
percusivo, tam bién se estiló en España, en el teatro de Lope de Rueda,
donde tan to intervinieron los negros y sus descendientes m ulatos. E n
las piezas teatrales de ese au to r y de esa época la música sonaba “detrás
92

�de la m a n ta ” , com o señala C erv an te s en sus com edias y lo confirm a
Agustín de R o ja s en la Loa de la Comedia, h a b lan d o p recisam ente de
Lope de R u e d a :
“T añían una guitarra,
y ésta nunca salía fuera,
sino adentro y en los bancos,
m uy m al tem plada y sin cuerdas” .

Em ilio C otarelo, de quien to m am o s e sta observación, se e x tra ñ a de
que R ojas h a y a escrito “ sin c u erd as” y lo co m en ta diciendo que “ en
fuerza de q u erer A gustín de R o ja s p o n d e ra r los progresos realizados en
su época, no se d etien e en e sta m p a r desatin o s, com o el de ta ñ e r u n a
g u itarra sin c u erd as” . P u e s no h a y ta l desatin o . R o ja s sab ía lo que se
decía. R o jas no escribió que la g u ita rra no tu v iese cu erd as; pues bien
claram ente expresó q u e e ra “ m u y m al te m p la d a ” , y u n a g u ita rra no
puede tem p larse b ien o m al si no tie n e cuerdas. L a g u ita rra a que alu d ía
R ojas te n ía , pues, sus correspondientes cuerdas. L o que R o ja s afirm ab a
era que “ ta ñ ía n u n a g u ita rra ” de dos m a n eras: 1.a “ m u y m al te m p la d a ”
y 2.a “ sin cu erd as” ; es decir sin h acer uso de éstas. “ D e trá s de la m a n ta ”
que h acía de telón, como ho y diríam os, o sea “ a d e n tro y en los b an co s” ,
que era tra s o b a jo del escenario. Allí el m úsico, sin m o strarse al público,
to cab a la g u ita rra ta m b o re an d o en su c aja a estilo d e los negros (el
músico b ien p o d ía ser m oreno o p a rd o ), con lo cual éste im ita b a el ru id o
del ta m b o r y satisfacía el deseo de d a r a su m úsica la m u y a c e n tu a d a
percusión p a ra los ritm o s, que es carac te rístic a del a rte negroide. A esa
m úsica debió de referirse C erv an te s cuando, al p in ta r el te a tro español
p rim itivo, decía: “ E l adorno del te a tro era u n a m a n ta v ieja, tir a d a con
dos cordeles de u n a p a rte a o tra , que h a cía n lo que lla m a n v e stu a rio ,
d e trá s de la cual e sta b a n los m úsicos, c an ta n d o sin g u ita rra alg ú n ro ­
m ance a n tig u o ” . E se ta m b o reo de la g u ita rra lo hem os o b servado
ta m b ién en C u b a con ocasión de “ m úsica b ra v a ” p a ra ru m b a s y otros
bailes. Y es m u y frecu en te en el to q u e del c o n tra b ajo .

93

�MUSICA PRECORTESIANA
SAMUEL MARTÍ*

L a música precortesiana es la Cenicienta de las disciplinas americanistas.
Es el personaje olvidado de nuestro pasado m ientras sus hermanas
lingüísticas y arqueológicas disfrutan del presupuesto y la atención del
público.
Alfonso Caso señala la importancia que tenía la religión en los pueblos
mesoamericanos “interviniendo como causa aun en esas actividades
como los deportes, juegos y la guerra que a nosotros nos parecen ajenos
a sentimientos religiosos” . Caso olvidó decir que el canto, la música y la
danza eran tan esenciales a sus ceremonias religiosas y cívicas como
éstas lo eran a sus actividades cotidianas.
E sto no quiere decir que la música solamente se empleaba en actos
religiosos como muchos creen. E n Sahagún leemos: “H abía gran ruido
en todo el pueblo, por razón de los cantares y del tañer de cada familia”.
También refiere que a los guerreros victoriosos les era permitido beber
y bailar con muchachas entrenadas para esos quehaceres. Landa sugiere
danzas eróticas entre los mayas “en especial uno que llamaban Nanúal,
no muy honesto” . D urán es más explícito asegurando que: “También
había otro baile ta n agudillo y deshonesto que casi tira al baile de esta
sarabanda que nuestros naturales usan con tantos meneos y visajes y
deshonestas monerías que fácilmente se verá ser baile de mujeres des­
honestas y de hombres livianos. Llamábanle cuecuecheuycatl que quiere
decir baile cosquilloso o de comezón” . E l padre G aribay en su valiosa
obra Historia de la literatura náhuatl nos brinda bellas traducciones de
algunos de estos cantos, ta n sugestivos y delicados.
Todos los cronistas del siglo X V I comentan con admiración la habili­
dad y disciplina musical de los nativos. Todos subrayan la facilidad con
que los indígenas aprendían la difícil polifonía religiosa que les enseñaban
los frailes. Torquem ada nos asegura: “ . . .no sólo salieron con el Canto
Llano, mas también con el Canto de Organo: y después unos a otros se
los van enseñando, y ai entre ellos muchos, y mui diestros Cantores, y
M aestros de Capilla. . . finalmente no ai género de música que se use en
la Iglesia de Dios, que los Indios no lo tengan y usen. . . .Una cosa puedo
afirmar con verdad [sfc], que en todos los Reinos de la Christiandad
(fuera de las Indias) no ai ta n ta copia de Flautas, Chirimías, Sacabuches,
Trompetas, Orlos, Atabales como sólo en este Reino de la N ueva Es­
paña. . . . ”
* Músico y folklorista mexicano. Nació en 1908. Fue director de la Orquesta Sin­
fónica de Yucatán. En los últimos años se ha dedicado a estudiar la música preco­
lombiana. El presente trabajo fue publicado originalmente en Cuadernos Ameri­
canos (México, Año X III, Núm. 6, noviembre-diciembre de 1954).

94

�Mendieta en su admirable y muchas veces copiado capítulo sobre la
música en su Historia eclesiástica indiana nos da una descripción de­
tallada que nos permite apreciar el extraordinario desarrollo de la música
precortesiana. Mendieta describe efectos musicales que hoy se conocen
bajo el nombre de tonalidad, modulación, contrapunto, composición,
crescendo, diminuendo, accelerando y rallentando. Algunos de estos
efectos son indicados por primera vez en partituras europeas de principios
del siglo XVII.
Sahagún confirma lo escrito por Mendieta y Motolinía y nos cuenta
con lujo de detalles cómo era costumbre entre los grandes señores aztecas
el ordenar obras originales para sus fiestas y celebraciones particulares,
algo parecido a lo que se acostumbraba en las cortes europeas. Los
mismos señores señalaban el tono o “punto” en que querían las compo­
siciones, así como el carácter de las danzas y melodías y los adornos de
los danzantes. Estas composiciones no eran cantos primitivos sencillos,
sino verdaderos bailables ejecutados por sus propios músicos, cantantes
y bailarines. Por cierto que toda una parte de la obra monumental de
Sahagún está dedicada a describir las fiestas religiosas del año, y en casi
todas se efectuaban cantos y danzas rituales. También entre los objetos
rituales con que se confirmaba la elección de los grandes señores en Tula,
Chichén-Itzá y Monte Albán se encontraban flautas simbólicas o cere­
moniales. Cuatro de estas flautas existen en el Museo Nacional, una
tolteca de hueso con exquisitos esgrafiados donde se representa el tótem
de Mixcóatl, el venado bicéfalo, una maya de la isla de Jaina, otra
mixteca con una campana única de barro “calado” y la temible flautilla
de Tezcatlipoca.
Hace muchos años que se conocen estos datos, sin embargo, todavía
se sigue repitiendo en las escuelas e historias de la música el juicio nada
técnico de Cortés, de que la música autóctona era monótona y muy
aburrida. Hasta un musicólogo tan erudito y famoso como Curt Sachs
se atreve a decir, en su Historia de los instrumentos musicales, que los
instrumentos americanos eran excesivamente primitivos y de origen
asiático y que nuestros aborígenes “permanecieron increíblemente atra­
sados en música, cuando menos en cuanto a la música instrumental”.
Con razón casi todo lo que se ha escrito y dicho sobre la música pre­
cortesiana adolece de especulaciones vagas, entusiasmo romántico-li­
terario o falta de datos precisos.
La investigación de la música aborigen ha sido enfocada sin ninguna
base histórica, cronológica o musical y generalmente desde el punto de
vista de la música europea que es la que se enseña en todos los conserva­
torios y escuelas de América. Aun en México donde funcionan varios
institutos y dependencias indígenas, un conservatorio nacional y la
95

�escuela de música de la Universidad, no existe un curso de música
indígena. Es más, ¡recientemente el único doctor en música existente en
México negó la existencia de la música precortesiana!
La música indígena tiene una tradición añosa y dinámica de alcance
continental. Al igual que la música de otros países surge de la masa del
pueblo y refleja sus creencias, costumbres y medio ambiente y forma
parte de su patrimonio cultural inalienable. La música percusiva y
agresiva del norte y la alegre y sentimental del centro puede parecer
diferente de la música solemne y marcial del sur, pero básicamente todas
siguen los lincamientos de la gran tradición precolombina que las anima.
Al igual que el arte, la música aborigen difiere de los conceptos euro­
peos. El hombre juega un papel insignificante en el drama cotidiano de
la religión y el mito del mundo indígena. Enraizado a la tierra, el nativo
concibe a sus dioses como encarnaciones de las fuerzas de la naturaleza—
crueles, inexorables y despiadadas. En su mente el papel del hombre es
adorarlos y ayudarlos a sostener su poder ofrendándoles sus dones más
preciados—¡su propia sangre y corazón! La función del arte y de la
música no es provocar emoción estética, sino fanatismo religioso, ese
fanatismo que arrastra al hombre hacia la piedra de los sacrificios o a la
hoguera o martirio. Por su naturaleza es arte y música imaginativa y
expresiva.
El indígena no canta o danza para exhibir su destreza o sus emociones.
Tampoco trata de entretener o adular. El indígena canta y danza para
honrar y propiciar a sus deidades ancestrales. Su música es la expresión
de su fe, esperanzas y temores en sus deidades, ya sean en forma pagana
o cristiana. La música no se practica en el espíritu exhibicionista, sub­
jetivo y virtuosístico occidental sino más bien con el fervor impersonal
de la música religiosa europea anterior al siglo X. A los cantares de
carácter íntimo como los de amor y muerte, no se les da ningún valor y
el nativo se rehúsa comentarlos o cantarlos.
La tradición musical aborigen tiene una vitalidad que le permite
asimilar melodías y ritmos exóticos. A esta vitalidad se debe la aparente
paradoja de versiones indígenas de melodías y formas extranjeras. Las
formas y melodías son extrañas pero su carácter e interpretación son
autóctonas. Algunas pascólas yaquis, bolonchones tzotziles y hasta
música zapoteca para el venerable arco musical, están inspiradas en
cantos y danzas europeas y canciones comerciales actuales. Muchos
cantos de los pieles rojas de Norteamérica se refieren a episodios de la
Guerra Mundial, béisbol y la bandera americana.
El mismo fenómeno se observa en los instrumentos. Los laúdes, guita­
rras y violines lacandones, chamulas, otomíes o tarahumaras son casi
idénticos a sus prototipos europeos del siglo XVI, pero es materialmente
96

�imposible e je c u ta r m úsica europea en ellos. E s to se debe a que fueron
construidos p a ra to c a r m úsica a u tó c to n a . E s el m ism o caso de la m anera
peculiar de c a n ta r del in dígena q u e obedece a u n a técnica de efectos
espontáneos, im p resio n an tes, m u y d is tin ta de la europea a base de
agilidad, sonidos agudos y trin o s p a ra lucir la voz y tem p eram en to del
can tan te.
E s e sta esencia o c a rá c te r in dígena q u e debem os in d a g ar al estu d iar
la m úsica indígena y no sus sim ilitudes con la m úsica europea.
L a creencia general de que la m úsica p re co rtesian a solam ente em ­
p leaba la escala p rim itiv a azteca de cinco sonidos se debe a la noción
p rev alen te de que la c u ltu ra azteca, p o r e sta r m ás cerca de nosotros en
tiem po y espacio y ser la m ás conocida, fue la p rin cip al, si no la única
c u ltu ra re p re se n ta tiv a de M esoam érica. D ebem os te n e r p re sen te que los
pueblos que a h o ra conocem os com o aztecas fu ero n descendientes de
trib u s nóm adas, sem isalvajes pro ced en tes del n o rte , q ue llegaron al
altip lan o escasam ente doscientos años a n te s que los europeos.
In sp ira d o s en u n a fe ciega en su su p erio rid ad com o guerreros y sa­
g azm ente dirigidos p o r sus jefes-sacerdotes, los aztecas c o n q u istaro n las
a n tig u a s c u ltu ra s existentes, asim ilando sus conocim ientos, a rte s y
dioses. In sp ira d o s p o r su ferv o r religioso como fu tu ro s dueños del A náhu ac, es obvio y lógico que los sacerdotes m úsicos aztecas co n serv aran
su m úsica tra d icio n al b a sa d a en la p rim itiv a escala p e n tá fo n a que era
fa c to r esencial de su religión y costum bres.
Los aztecas re p re se n ta n solam ente el ú ltim o nivel o cu m b re de u n a
p irám id e fo rm ad a p o r v iejas y bien d esarro llad as c u ltu ra s p ro ced en tes
del su r que tra je ro n sus dioses venerables, sus conocim ientos y u n a rte
y m úsica perfeccionados y de increíble riqueza. Lo cual explica que nos
en co n trem os con u n a escala de seis sonidos en u n a fla u ta m ilen aria del
arcaico y u n a gam a de siete sonidos sim ilar a la escala d ia tó n ic a eu ro p ea
en u n a fla u ta m a y a de la isla de Ja in a , así com o flau tas dobles y trip les,
y h a s ta fla u ta s cuádruples que p ro d u cen acordes d e c u a tro sonidos.
D eb id o al desconocim iento de estos y otros in stru m e n to s q u e ex isten en
la Sala de In s tru m e n ta l P reco rtesian o en el M useo N acio n al, g en eral­
m en te se sigue creyendo que la m úsica indígena tie n e u n c a rá c te r p e rc u ­
sivo y m onótono. N a d a p uede ser m ás erróneo, com o lo p ru e b a n el g ran
n ú m ero y v a rie d a d de flautas, in stru m e n to esen cialm en te m elódico, que
existen en los m useos y colecciones p articu lares. E s to s in stru m e n to s h a n
sido estu d iad o s en m i libro Instrum entos m usicales precortesianos e d ita d o
p o r el In s titu to N acio n al de A ntropología.
A lgunos de estos in stru m e n to s como la fla u ta doble de tip o etru sco , la
fla u ta trip le y la cuádruple, h acen re sa lta r los esfuerzos au d aces y e ru d ito s
de in v estigadores com o C aso, B ern al y Jim énez M o ren o con el fin de
97

�desentrañar el orden y cronología de culturas hasta ahora explicadas con
frases vagas y evasivas y etiquetas convencionales como arcaico, occi­
dente, olmeca y tolteca. ¿Quiénes fueron, cuándo y de dónde vinieron
estos pueblos privilegiados? es la pregunta desafiante del día. Restos de
su arte exquisito aparecen diariamente por toda Mesoamérica y emigran
al extranjero.
Resulta candoroso creer que los músicos y alfareros que crearon y
tocaron instrumentos tan perfeccionados, basados en un conocimiento
profundo de acústica y de las series de armónicos, solamente hayan cono­
cido la gama primaria de cinco sonidos. No solamente emplearon esta
escala sino además otras más desarrolladas de más sonidos, así como un
sistema incipiente de armonía, probablemente parecido al órganum y
discanto europeos del siglo X y la polifonía libre, tradicional de los
conjuntos asiáticos.
Esto salta a la vista al estudiar el raspador gigantesco de Oaxaca con
cuatro series diferentes de ranuras, el uso de trompetas gemelas, los
tambores de tronco de árbol con sonidos afinados, llamados teponaxtle
y tecomopiloa, las flautas, ocarinas y silbatos del mismo tipo pero de
diferentes tamaños y desde luego al escuchar las flautas dobles, triples y
cuádruples que producen acordes de dos, tres y cuatro sonidos.
Confirman los datos que arrojan los instrumentos, las descripciones de
los cronistas, quienes siempre subrayan el carácter colectivo de las
prácticas musicales y la habilidad de los nativos para afinar, modular y
componer música en ciertos “puntos” o tonalidades.
El estudio de la música indígena actual revela importantes caracte­
rísticas de origen precortesiano que pueden resumirse como sigue: In ­
troducciones e interludios rítmicos; preocupación por una afinación
precisa (los músicos siempre vuelven a afinar su instrumento antes de
iniciar un nuevo trozo: recuérdese que los músicos antiguos que desa­
finaban o se equivocaban eran sacrificados); unidad temática; variedad
melódica; uso de formas antifonales y de variaciones; empleo de acentos
en la percusión que no siempre coinciden con el acento rítmico de la
melodía pero que le dan vitalidad y variedad al acompañamiento;
empleo de ritmos combinados pero sin llegar a la sincopación exagerada
y sensual característica de la música afrocubana; ausencia de cadencias—
la melodía ternúna súbitamente o cambia después de un interludio
rítmico; uso de puentes basados en el diminuendo-rallentando y crescendo-accelerando como medios modulatorios (generalmente el raspador
o huehuetl presenta gradualmente el nuevo ritmo o tempo que intro­
duce la melodía); uso del ostinato (repetición de un diseño rítmico);
pedales—repetición del mismo sonido como bajo, y reiteración—y el
empleo de melodías apropiadas que reflejan el carácter y ambiente del
rito, danza o canto.
98

�El impacto emotivo y la belleza de algunas melodías escuchadas en
las fiestas de Semana Santa sólo se pueden apreciar después de días de
procesiones, y muchas desveladas en algún pueblo aislado en la sierra
o el desierto. Con frecuencia se emplean instrum entos o combinaciones
raras de instrum entos, como la llamada “ chirimía” de Guerrero, Puebla,
Oaxaca y otros Estados de la República. E ste instrum ento es similar al
lolkin araucano y consiste de un tubo largo con su cam pana de cuerno
o calabazo en el extremo. Pero su embocadura es de ta l forma, que en
vez de tocarse en la manera acostum brada soplando dentro del tubo, se
toca al contrario, aspirando la columna de aire. Generalmente se toca a
medianoche desde las torres de la iglesia y precisamente en Viernes
Santo. Su sonido es lúgubre e imponente y su tesitura m uy lim itada.
También se emplean resonadores de jicaras de agua, tam bores sordos y
combinaciones de flautas que tocan melodías en diferentes tonalidades
con efectos impresionantes.
E l carácter frívolo y burlón de cualquier canto o danza de carnaval
que son en los que el indígena se siente más libre para expresar sus
sentimientos respecto al europeo, es evidente al oyente más profano.
También hay muchas danzas tradicionales como los tlacoleros, quetzales,
acatlaxqui, tecuanes y negritos que por su colorido, coreografía y dis­
ciplina resultan verdaderos bailables. Sin embargo, raram ente son
acompañados por más de tres o cuatro músicos y lo más común es que
un mismo músico toque la flauta, pito, y u n huehuetl. La exaltación y
fuerza de los conjuntos instrum entales precortesianos son sugeridas por
las elocuentes y dram áticas representaciones musicales en los códices,
vasos ceremoniales y murales de Sta. R ita, H onduras y Bonam pak,
Chiapas.
La música precortesiana puede clasificarse como sigue: M ágica, de
cacería o totém ica; ritual; guerrera; ceremonial, música empleada en
los festivales cívicos y religiosos celebrados durante el año; profana o
secular para fiestas particulares; cortesana, usada en los agasajos públicos
ofrecidos a los grandes señores; humorística, im itando pájaros y otros
animales; cantares religiosos, según Carlos Chávez la expresión más
depurada y elevada de la música indígena; popular o folklórica, y la
erótica.
Urge justipreciar todos los datos e instrum entos relacionados con la
música precortesiana con el fin de iniciar su estudio sobre bases sólidas,
tan to históricas como científicas y musicales. Por patriotism o y prestigio
deben fomentarse las investigaciones musicológicas como factor im­
portantísim o en los estudios antropológicos. La música fue y sigue siendo
una fuerza vital en la vida de la comunidad indígena. La música forma
parte integral de la m anera de ser del indígena y no puede seguirse
ignorando.
99

�PAGES FROM A RIO GRANDE
NOTEROOK
P A U L HORGAN*

born of winter, this river, in th e longest season of coid in the United
States. The source m ountains in the Colorado Rockies are hard and wild.
The air is thin and a t such altitude subject to swift, crystalline changes
of condition which m ay bring blue darkness in m idday, and yield snow
during nine m onths of the year.
P ast m onstrous peaks of ragged lifeless rock, clouds tear and roll
from wall to wall up in the sky. W ind cries there much of th e time, and
when th e atm osphere is overcharged w ith electricity, the cut and fiare
of lightning, the trundle and bounce of thunder after its valley-sharpened crash seem to require new senses, capacities, to be wholly heard.
The river’s course—here as in its whole career—widens and narrows
by turns. W here it is narrow, the slopes are dark, th e stream is shadowed
all day b u t for a little while a t noon, when straig h t fingers of sunlight
reach down through th e forest. T he stream is clear and icy, going rapidly
over polished, brown-speckled stones. T hey rem ind us of something. At
a glance the diam ond w ater going over its stony bed makes th e image of
the fish it carries—the same speckled colors, th e same w atery flicker, the
same half-lights of reflection and golden flecks. In and out of leaf shadow,
protected by the dazzle of moving w ater, th e tro u t in plain sight is safe
because he and his river are so cióse in likeness.
The Rio G rande towns in Colorado— Del N orte, M onte V ista, Ala­
mosa—are pleasant young communities whose life in each place parallels
the railroad tracks for a mile or two. A bout tw enty miles southeast of
Alamosa the first sign of Spanish adobe culture appears in a little village—Los Sauses, w ith houses built of earth, under grand cottonwoods,
on a gentle slope above the river, encircled by fine hills. This scene
made of slow water, bounteous tree, earthen brick and irrigated field is
like a symbolic image of much th a t is to follow as th e river goes south.
I t is the kind of cell of family, prim al w ant and basic sustenance made
visible from which, down-river, grew clusters of kinsmen, and then of
It

is

* Mr. Horgan’s book on the Rio Grande, Great River, has recently won both the
Pulitzer and Bancroft Prizes. The following excerpts from his first working notebooks, tracing the river’s life through the seasons, from the Rocky Mountains to
the Gulf of México, originally appeared in The New York Times Book Review for
May 15, 1955, and are reprinted by special permission of the Times and of the
author.

100

�neighbors, and then of material defendants, and then of parishioners,
and then of descendants, in turn, until a village became a town which
became a city, all originally and even now dependent upon the Rio
Grande for life.
Over the three communities of Taos—the pueblo, the middle commercial town, and the oíd Ranchos—there is a piercing, sweet, inimitable
clarity of light and sky. Sounds carry: meadow larks, mocking birds,
black birds have returned. Over the long plain breathes the wind,
sharply sweet and already warmed, disturbing nothing but the senses.
Space is so great, visión is so plain, air is so clear that human activities
can be seen from afar. Small figures like humanity in Brueghel go about
their tasks. Earthen buildings go up. Carts travel. Winter rubble is
cleared off the fields and out of the acequias. Furrows are seeded. Out
in the sage brush of Taos plain, where the oíd road winds toward the
canyon, tiny newborn lambs take fright and scamper before the gusty
sand devils whipped up by the darting wind. Flocks move more slowly
than cloud shadows. Shepherds sit on a modera culvert and watch what
the road brings. The valor and pity of men and women in their renewed
use of a córner of the earth are as much a part of spring as everything else.
Above Albuquerque begins the lyric grace of the river in its richest
passage of the pastoral life. Where life is fed by water, the landscape
here recalls the opulence and grandeur and occasional vistas of order in
the image of classical country painted by Nicolás Poussin, who left so
many celebrations of grove and meadow, shady leaf and column of light,
reflecting stream and stepped mountain and composed bodies. There is
more than a reminder here, there is a real likeness. It is a likeness of
grace and plenty in the midst of dramatic nature; nourishment in the
desert; bounty summoned by the most ancient of agricultural rites out
of the most inscrutable of antiquities; cool for the heated, slaking for
the parched, food for the hungry, rest for the weary, ease for the eye
blinded in the unimpeded sun.
Up to now, going south, when you looked across the river, you knew
exactly how things were on the other side—just more United States of
America. But at El Paso with the new concept of a boundary between
nations, things are no longer the same on the opposite bank. It is another
country, with another people, and with other ways. Many manners and
customs have remained common to both sides of the Rio Grande since
the time a little over a century ago when the river was not a frontier—
when in fact both its banks and all its courses were Spanish or Mexican.
But in the United States, subject to a more powerful energy in a more
technical society, such survivals remain as exotic, quaint, or commer101

�cially glam orous; while in M éxico th e sam e expressions are sincere and
not self-conscious. F rom E l Paso southeastw ard, every U nited States
tow n has its M exican co u n terp art across th e river. Commerce, appetite
and corruption draw th em together. Language, national boundary and
law keep them a p a rt. T h e river itself is h ard ly a n obstacle any where,
for it can be w aded for m ost of th e year, w hatever else its common uses
m ay be.
Seventy miles below E l Paso, m ountains reach in on b o th sides of the
R io G rande and present to i t another of its m an y o b stad es; b u t the
stream bed passes betw een them and continúes upon its depleted way.
T he river is dying. T he desert finally seems read y to triu m p h over it
and drink o u t of sight th e last crawling trickles of th e flow th a t was
born in th e Colorado Rockies.
A nd so it would, b u t relief and replenishm ent are on th eir w ay from
another m ountain system lying deep in M éxico, w here th e R io Conchos
w ith its m ajor trib u ta ry th e R io San Pedro courses n o rth eastw ard to
join th e Rio G rande a t an a ltitu d e of 2,400 feet a few miles above the
oíd Texas tow n of Presidio. W ith it comes new power for th e river, to
create dram atic, and even m elodram atic, phases of its career, in th e
accom plishm ent of w ater over rock, as d em o n strated b y th e v a st implausibilities of th e earth features of th e Big Bend.
A t Presidio th e replenished river fashions an o th er of those green and
easy valleys which, as a t Alamosa, E spañola, Algodones, A lbuquerque,
Belen and M esilla, lie on ancient fertile fíats of oíd river b o tto m s be­
tw een gravel terraces and outlying m ountains. A fter th e b are and voracious desert in which it nearly died, th e river brings again willows and
cottonw oods, lilac m ountains and a tte n d a n t clouds, blue sky and
em erald green fields and pink sand, w ith a sweetness in th e air m ade
from all these together.
Sum m er is a long season here, after th e harsh, b itte r w ind storm s of
spring, w ith th eir abrasive w hite d ust th a t flies o u t of rocky arroyos to
th e n orth, casting a steel-blue obscurity across th e sun.
Previously th e river has alw ays been accom panied b y m ountains,
near or far; b u t th e y lay generally parallel to its course. N ow in th e B ig
B end th e R iver encounters m ountains in a new and ex trao rd in ary w ay;
for th ey lie, chain after chain of them , directly across its w ay as though
to im pede and d iv ert it and deny it passage to th e sea. B u t th e pulí of
th e sea is stronger th a n rock, and th e river was here before th e m oun­
tains, and as th e y rose, in slowness beyond tim e, it cu t its w ay against
an d through them .
102

�Born in m ountains, and cradled by them , and then opposed by them,
the Rio G rande has always been w ithin sight of them . B u t below the
Big Bend they sta rt to fall away. If you can say so, now as th e river
goes southeastw ard, m ountains are getting lost, like beads of a string
which has broken so the ones a t the end rest sepárate w ithout apparent
connection w ith each other until finally there are no more.
A utum n is the seasonal analogy of age; and now in autum n, and here
approaching th e sea, the river shows its age m ost plainly. In its last
phase w ith less th a n two feet a mile to drop, it flows slowly, making
bend after bend of wide loops. B uilt by the drag of silt the river banks
rise about the surrounding country. Everyw here are signs of former
river beds which finally became too shallow and too elevated to retain
the river in storm time. T he river broke over, m aking new courses. The
older ones grew grass and softened their contours. Everyw here is th e
green growth of semi-tropical climate.
The citrus, palm, garden aspect of the lower valley land begins to
merge east of Brownsville into w hite sand and salt grass, through
which the Rio G rande tw ists from side to side, mild and nearly exhausted. Dunes accompany it and m igrate w ith th e wind. Sometimes
hurricanes formed in th e W est Indies slash inland over the delta. B u t it
is too late for w eather to create much dow nstream change in th e Rio
G rande in its last w andering miles.
There is evidence of m arsh life. T he river banks in places are hardly
an inch or tw o above the flow. W ater fowl atten d —cranes, herons,
geese, ducks, curlews, plover, sandpipers. T he light of th e sky continuously fades and brightens according to sea clouds th a t hardly form
b u t hang low and filmy, as white as th e wilderness of sand on which
they make glistening shadows. Salt marshes and lagoons rest like misted
mirrors among the low hollows bounded by dunes. T he w asted flood
plain is running out w ith th e continent.
Isolated, depleted, heavy w ith suspended soil, th e river widens gradually to a thousand feet and leaves th e dunes between low shelves of
sandy beach littered w ith driftwrood th a t is polished to silver by wind
and sun, or blackened by saturation. Through a waste of sand, m isty
air and silence, in the presence of no hum an concern, having come more
th a n eighteen hundred miles from m ountains nearly three miles high,
th e Rio G rande a t last enters th e Gulf of México and th e sea.

103

�NOTICIAS
Reunión de Mesa Redonda
P atrocinad a por la U n ion P an am eri­
cana y por la U n iversid ad de C alifornia,
se realizó, en la sede de esta in stitu ció n
en L os A ngeles, una R eunión de M esa R e ­
donda para d iscu tir problem as relaciona­
dos con la enseñanza y la in vestigación
de asu ntos latin oam ericanos. A sistieron
seten ta y cinco profesores, en represen ta­
ción de las universidad es más im p or­
ta n te s de la co sta del P acífico. Las d e li­
beraciones se prolongaron del 12 al 14 de
m ayo y , com o resultad o de las m ism as,
se resolvió con stitu ir un consejo regional,
sem ejan te a los y a ex isten tes en otros
lugares de los E stad os U n id os, para p ro­
m over el estu d io de la cu ltura, la h istoria
y la econom ía de A m érica L atin a en las
u niversidad es y colegios de la zona. E l
com ité organizador está presid ido por el
con ocid o antropólogo, cated rático de la
U n iversid ad de C alifornia, D r. R alp h L.
B eals.

Exposiciones de arte
D e n tr o de su program a regular de e x ­
h ib icion es a rtística s, la Sección de A rtes
V isu ales realizó en la galería de la U nión
Panam ericana, desde el 28 de diciem bre
de 1954 al 17 de enero del corriente año, una
exp osición de pin tu ras de niños b ra sile­
ñ os, d iscíp u los del a rtista Iv a n Serpa.
L a selección fu e hecha por el M useo de
A rte M oderno de R io de Janeiro. D e l 18
de enero al 14 de febrero, perm aneció
ab ierta una exposición de óleos del c o ­
lom biano A lejandro Obregón. D e l 16 de
febrero al 15 de m arzo, se exhibió una
m uestra de cuadros y m urales al óleo del
ch ilen o R ob erto M a tta . A lgunos de los
m urales ex p u estos figurarán próxim a­
m en te en la T ercera B ien al de San P ablo.
E l 16 de m arzo se inauguró la exh ibición
del ecuatoriano M anuel R endón, y el 12
de abril, en conm em oración del D ía de las
A m éricas, una m u estra c o lec tiv a de arte
am ericano, en la que estu v iero n repre­

104

sen tad os a rtistas de catorce países. En­
tre ello s, R ufino T am ayo (México),
E m ilio P e tto r u tti (A rgentina), Pedro
F igari (U ru gu ay), A m elia Peláez (Cuba)
y B urle M arx (B r a sil). Las obras expues­
ta s, en tre las cuales figuraban también
escultu ras y cuadros de las escuelas
colon iales de C uzco y Q uito, pertenecen
a la colección del Sr. T hom as J. Watson,
p resid en te de la In tern ation al Business
M achin es C orporation. Clausurada esta
m u estra, se efectu ó , desde el 5 de mayo
al 3 de ju n io, una exposición de acuarelas
y óleos del argentin o Jorge Larco. Final­
m en te, d el 6 de ju n io al 5 de julio, se re­
alizó la exhibición de las obras del pintor
ecu atorian o O sw aldo G uayasam ín.

Conciertos en la Union Panameri­
cana
C orrespondiendo a la segu n da mitad
de la tem p orad a 1954-55, se realizaron en
el Salón de las A m éricas de la U nión Pana­
m ericana los sigu ien tes con ciertos: el 20
de enero, actuó el v io lin ista argentino
Jan T om asow ; el 17 de febrero, el p ia­
n ista n orteam ericano A n th on y D i Bon aven tu ra; el 24 de ese m ism o m es, la
soprana ch ilen a O lga F ariñ a, quien in ­
terpretó canciones populares de Argen­
tin a , C h ile, M éxico y P erú; el 14 de
m arzo, un con ju n to de m ú sica de cámara
in tegrad o por W erner L yw en (violín ),
A na D r ite lle (cello) y el R e v . R u ssell
W oollen (piano), quienes ejecu taron obras
de H eitor V illa-L ob os, A urelio de la
V ega, D om in go S an ta Cruz y W alter
P istó n ; el 22 de m ayo, la soprano ecua­
torian a H ild a O lgisser, con un program a
que in clu ía en su ú ltim a p arte com posi­
ciones latin oam ericanas; el l.° de abril,
la O rquesta T íp ica N acion al de M éxico,
d irigid a por el m aestro M igu el Lerdo de
T ejad a; el 11 de abril, la p ia n ista v en ez o ­
lana Ju d it Jaim es y el 14 del m ism o m es,
en h om enaje al D ía de las A m éricas, la
O rquesta S in fón ica de la F uerza A érea de
los E stad os U n idos.

�AGENTES

AGENTS

Argentina (Subscripción anual $10,00):
Buenos Aires: Eugenio C. Noé, Rioja
2375, Olivos (subscripciones); S .A . E d i­
torial Bell, Calle Campichuelo 553 (ven­
tas).
B olivia (subscripción anual B s. 120):
La P a z: L ibrería Científica L iteraria “ Se­
lecciones” , Avenida Camacho 369, Casilla
972.
BrasiIí (assinatura anual Cr $40,00):
Sáo Paulo, S .P .: Sra. Jeanne Fernandez
Amoral, Largo S. Francisco 181-9°.
Cañada (annual subscription U S $2.00):
Montréal 34, Québec: Periódica, Inc.,
4234 R ué de la Roche.
Colombia (subscripción anual $4,00):
Bogotá: J . Joaquín Castro Márquez,
Agente General de R evistas Extranjeras,
Carrera 8a. N o. 6-67; B arranquilla: L i­
brería N acional L tda., 20 de Julio, San
Juan de Jesús; Bucaramanga, Santander:
Abelardo Cárdenas, L ibrería Iris, Calle
34 N o. 17-36; Cali, V alle: Librería N acio­
nal Limitarla, Carrera 4a N o. 1 2 - 5 9 Ciicuta: L ibrería Zig-Zag, Calle 11 N o.
4—20; M edellín : L ibrería Central, Edificio
San Fernando, Junín N o. 50-58.
Costa R ica (subscripción anual C 11,00):
San José: Carlos Valerín Sáenz y C ía.,
Casa V alerín, F rente al C ostado del
T eatro R aventós.
Cuba (subscripción anual $2,00): La H a­
bana: Carlos M an tici Castro, Virtudes
257-259; Agencia de Publicaciones M adiedo, Presidente Zayas 407.
C hile (subscripción anual $85,00): San­
tiago : L ibrería Ivens, Moneda 822.
E cuador (subscripción anual 27 su cres):
G uayaquil: M uñoz Hnos. y C ía., Boulevard 9 de Octubre 703; Q uito: Muñoz
H nos. y C ía., Sucursal, Venezuela 589 y
Sucre-Esq., Casilla 522.
E l S alvador (subscripción anual
C 4,00): San Salvador: M anuel Navas y
C ía., L a Casa del Libro Barato, la . A ve­
nida Sur N o . 37; Almacén y Librería “E l
S iglo” , Steiner &amp; Schoening, 2a. C alle
Poniente N o. 6.
E spaña (subscripción anual U S $2.00):
M adrid: Librería J . V illegas, Preciados,
33.
F hance (abonnement annuel U S $2.00):
Le V ésinet (S. &amp; O .): Joaquín B aéta, 37,
Ave. Georges Clemenceau.
G uatemala (subscripción anual Q 2,00):
G uatem ala: M iguel A . Guzmán, Librería
“ L a Lectura” , 6a. Avenida Sur N o. 2;

DEPOSITAIRES

Gilberto Morales V ., Agencia General de
Publicaciones, Apartado Postal N o. 84.

H aití (abonnement annuel 15 gourdes):
P ort-au-P rince: Librairie “A la Caravelle”-, B oíte Póstale 111-B.
H onduras (subscripción anual L 4,00):
T egucigalpa: H . T ijerino, Agencia de
Publicaciones “Selecta”-.
M éxico (subscripción anual $13,50):
M éxico, D .F .: Selecciones Distribuidora,
&lt;S.A., Plaza de la R epública N o. 48;
D IM S A , D istribuidora de Im presos, S .A .,
Avenida Mariano Escobedo 218; Nuevo
Laredo, T am p s.: Juan B . Calderón, H otel
Calderón.
N icaragua (subscripción anual 10,00
córdobas): M anagua: Ram iro Ram írez,
Agencia de Publicaciones.
P anamá (subscripción anual B . $2,00):
Panamá: J . Menéndez, Agencia de P u bli­
caciones, Plaza de Arango N o. 3.
V a s josa L xnxi. ’ZjO'ríe \ann u ai subscription $2.00): Ancón: A lbert A . Steer, Steer
Agencies, In c., B ox 5035.
P araguay (subscripción anual G 12,00):
Asunción: Moreno H nos., Casa Am érica,
Independencia N acional 109.
P erú (subscripción anual S /2 0 ,0 0 ):Lima:
Librería Internacional del P erú , B oza 879,
C asilla 1417.
P hilippines (annual subscription US
$2.00): M anila: R afael de Berenguer,
U N IV E R S , P.O. B ox 1427.
P ortugal (assinatura anual U S $2.00):
Lisboa: Alberto A rm ando P ereira, Ave­
nida António A ugusto Aguiar 13.
P uerto R ico (subscripción anual $2.00):
San Juan: M atías Photo Shop, Fortaleza
200 .

R epública D ominicana

(subscripción
anual $2,00): Ciudad T rujillo: Librería
D om inicana, C alle M ercedes 49.

U nited S tates (annual subscription
$2.00): W ashington 6, D . C.: Publications
D ivisión , P an A m erican Union.
U ruguay (subscripción anual $3,80 p s .) :
M ontevideo: Héctor D ’E lía , Oficina de
Representaciones de E ditoriales, 18 de
Julio, 1333.
V enezuela (subscripción anual Bs.
7,00): E n todas sus sucursales del país:
Banco de Venezuela.

�PANORAMA
14
ADVERTENCIA— NOTE TO THE READER— AVISO— A VIS AU LECTEUR

Archibald MacLeish
THE PROPER POSE OF POETRY

Edgard Cavalheiro
EVOLUgAO DO CONTO BRASILEIRO

Alberto Salas
NAUFRAGOS, PRISIONEROS Y RENEGADOS Y LA CONQUISTA DE AMERICA

Morton White
RELIGION, POLITICS, AND THE HIGHER LEARNING

Guillermo de Torre
LO PURO Y LO TENDENCIOSO EN EL ARTE

Emilio A. Estiu
ARTE Y LIBERACION

Howard Mumford Jones
THE HUMANITIES AND RESEARCH

Fernando Ortiz
LA GUITARRA Y LOS NEGROS

Samuel Martí
MUSICA PRECORTESIANA

Paul Horgan
PAGES FROM A RIO GRANDE NOTEBOOK
NOTICIAS

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                  <text>Ejemplares 13 y 14 del volumen 4 de la revista Panorama, publicados en 1955.</text>
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                <text>Vol. 4, no. 14 (1955)</text>
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                <text>MacLeish, Archibald&#13;
Cavalheiro, Edgard&#13;
Salas, Alberto&#13;
White, Morton&#13;
Torre, Guillermo de&#13;
Estiú, Emilio A.&#13;
Mumford Jones, Howard&#13;
Ortiz, Fernando&#13;
Martí, Samuel&#13;
Horgan, Paul</text>
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                    <text>&#13;
BOLETIN DE LA ASOCIACION DE &#13;
ARTE CONCRETO INVENCION&#13;
BUENOS AIRES, &#13;
DICIEMBRE 1946&#13;
PUBLICACION N° 2&#13;
&#13;
TORRES GARCIA CONTRA EL&#13;
ARTE MODERNO&#13;
&#13;
 En estos últimos tiempos, los artistas no-figurativos&#13;
de la Argentina hemos visto ampliado el número de&#13;
nuestros enemigos. Al coro reaccionario se han suma­-&#13;
do nuevas voces. Esta vez provienen del Uruguay y, en&#13;
verdad, que no se destacan, ni por su estilo, ni por su&#13;
contenido, de la de los grandes jerarcas de la reacción&#13;
local.&#13;
 En el “Removedor”, órgano de la Asociación de Ar­-&#13;
te Constructivo, en tres artículos allí aparecidos, “Nues­-&#13;
tro problema de Arte en América” de J. Torres García,&#13;
“Originalidad e Invención” de Sarandy Cabrera y "To-­&#13;
rres García y el arte moderno” de Guido Castillo, se&#13;
intenta un ataque al arte moderno en general y, de&#13;
modo muy especial, a sus tendencias no-figurativas.&#13;
Cabe aclarar, sin embargo, que este ataque ha sido siem­-&#13;
pre una necesidad, porque es bueno que de una vez&#13;
por todas quede en claro “who is who” en el arte&#13;
sudamericano. Es bueno que sea puesto en evidencia&#13;
el verdadero carácter de este pseudo constructivismo&#13;
uruguayo y de ese gran “bluff” que es su fundador&#13;
y propiciador, J. Torres García. Es bueno que este “que-­&#13;
rido Maestro’’ y sus ignorantes discípulos — torpes me-­&#13;
gáfonos de sus silogismos trasnochados— decidan, por&#13;
propia determinación, cortar amarras con el arte abs­-&#13;
tracto, en cuyo compañía, no se sabe por qué inexplica­-&#13;
ble coquetería, gustaron siempre fotografiarse. Pare­-&#13;
cería que no sólo aquí sino también en la otra orilla&#13;
nuestra aparición ha motivado que muchos demago­-&#13;
gos de la modernidad revelen su verdadera naturaleza,&#13;
saltando el cerco del modo más impúdico e inelegante.&#13;
 En el citado artículo, Torres García sostiene que el&#13;
arte no-figurativo — que él llama neo-plasticismo, pre­-&#13;
tendiendo así reducir todos los movimientos de ese ca-­&#13;
rácter a uno de ellos— no se aviene a América, por­-&#13;
que corresponde a pueblos más bien fríos. De este mo-­&#13;
do, con la ayuda del remanido barometrismo de H.&#13;
Taine —arte “ice cream” para uso holandés, arte “allo&#13;
spiedo” para uso meridional— el “Maestro” trata de in­-&#13;
validar e¡ arte no-figurativo en América. Pero si desgra­-&#13;
ciadamente las meditaciones en torno al problema de la&#13;
cultura americana han sido hasta hoy, por la porfiada&#13;
insistencia en un mismo error, casi siempre superficia-­&#13;
les, éstas de Torres García, fraguada a luz de los ma­-&#13;
gros esquemas historiográficos de H. Taine, no lo son&#13;
menos. Con la argumentación pueril de la temperatura&#13;
(?) y del crisol de razas, Torres García busca cohones­-&#13;
tar su eclecticismo complaciente. Y todo esto, claro está,&#13;
en nombre de lo universal, palabra que en él apesta a&#13;
escolasticismo medioeval. Pero donde Torres García se&#13;
pone mejor en evidencia, es cuando nos explica por qué&#13;
él considera manifestaciones de frialdad a las obras no-&#13;
figurativas. “La frialdad —nos dice— viene de la falta&#13;
de sentimiento y emoción. . . no es posible hacer arte de&#13;
un modo racionalista” . Lo que en realidad sucede es que&#13;
Torres García, enmohecido en la estrechez de su espí-­&#13;
ritu colonial, en el polvoriento arcaísmo de las “curiosi­-&#13;
dades americanas” y de los “pastiches” indigenistas, es&#13;
incapaz de apreciar el profundo y emotivo sentido que&#13;
palpita en una superficie blanca, lavable, pintada al du-&#13;
co. Para él todo lo que es estéticamente funcional, lo que&#13;
no necesita del socorro de la sucia cocina de Boudín, de&#13;
los glacis, de los frottages, le huele a heladera, a frigo­-&#13;
rífico. Y de ahí su acción artera contra la memoria de&#13;
Piet Mondrian “la teoría de Mondrian, escribe, ha sido&#13;
estéril; es el fin del arte y la pintura” . Parecería que&#13;
el punto de cita de todos los cuervos del retorno y la&#13;
traición es la memoria de Mondrian. Así, Jean Helion,&#13;
tránsfuga número uno del arte no-figurativo, pretende&#13;
erguirse ahora como el anti-Mondrian para justificar de&#13;
este modo su regreso a la sórdida bahía de la figuración.&#13;
Ante este hecho tan sintomático, declaramos nuestra&#13;
admiración ilimitada por el gran pintor holandés, a&#13;
quien juzgamos el más grande artista de nuestro tiempo.&#13;
Para nosotros, su consecuente e insobornable espíritu&#13;
sistematizador, su vida maravillosa y sin claudicaciones,&#13;
su ausencia absoluta de vanidad, hacen de él el más ele­-&#13;
vado ejemplo de dignidad artística.&#13;
 Después de este intento de relativizar el arte no-figu-&#13;
rativo y de subestimar la obra de Mondrian, Torres&#13;
García pasa a fundamentar lo que él llama enfáticamen-­&#13;
te una nueva expresión artística americana; aunque cui-­&#13;
dándose muy bien de definirla con claridad. Mezclarles un&#13;
suicidio, dice; pero sus obras son la mezcla más absur­-&#13;
da e ilícita que es dable imaginar. Torres García cae&#13;
en la aberración más definitoria de todas las decaden-­&#13;
cias: el eclecticismo. “Hombre sin amor” — tal era la&#13;
definición baudelairiana del ecléctico— , Torres Gar­-&#13;
cía relata como vió en Europa aparecer y extinguirse&#13;
las escuelas y tendencias “sin embarcarse en ninguna de&#13;
ellas” . Y lo cuenta como una de sus más grandes picar­-&#13;
días intelectuales, pues los eclécticos encuentran siempre&#13;
seductor hacerse a la idea de que han engañado a la&#13;
historia, de que están por encima de la contienda, cuan­-&#13;
do, en realidad, están en ella y en la parte mala. Sin&#13;
haber ido a ningún lado, sin haberse hipotecado a na-­&#13;
da, los eclécticos pretenden mostrarnos socarronamen­-&#13;
te su mezquino boleto de vuelta. El arte moderno les&#13;
interesa sólo para ser aprovechado; nunca en sí mismo.&#13;
Pero hay algo que ellos olvidan, y que los pierde; es&#13;
el carácter irreductiblemente antagónico del arte mo­-&#13;
derno (no-representativo) con el tipo de arte que le pre­-&#13;
cedió. ¿Es que acaso es posible creer que el arte no-re-­&#13;
presentativo puede ser aprovechado por el arte represen-­&#13;
tativo? No. La gran aventura del arte no represen­-&#13;
tativo, su más indubitable contribución a la evolución&#13;
artística del hombre, es precisamente la no-representa-&#13;
ción y la batalla por su consecución. Sólo un conocimien­-&#13;
to insuficiente de sus distintas etapas puede llevar a&#13;
creer en ese pretendido aprovechamiento ecléctico. El&#13;
“contructivismo” uruguayo es el ejemplo típico de la&#13;
mezcla ecléctica. En las obras constructivas de Torres&#13;
García, encontramos cubismo (mal cubismo), impresio­-&#13;
nismo, cocina del siglo XIX (sobre todo esto) y simbo­-&#13;
lismo barato (soles, muñecos pictográficos, pescaditos).&#13;
Con todo, alguien podría objetar que Torres García ha&#13;
pintado en alguna época obras "más abstractas”, como&#13;
parecería probarlo su serie de “estructuras”. Pero&#13;
estas “estructuras” ¿son verdaderamente no-repre­-&#13;
sentativas, como se pretende, como pretende él&#13;
mismo? No. Las estructuras de Torres García, aun&#13;
las más “abstractas”, ponen en descubierto una&#13;
comprensión superficial del problema no-representa-­&#13;
tivo. El problema fundamental del arte no-repre­-&#13;
sentativo, ha consistido no solamente en no representar&#13;
objetos cotidianos, sino en la “destrucción del espacio&#13;
representado”, como decía Mondrian. Esto es, no bas­-&#13;
ta no representar objetos fácilmente reconocibles; lo&#13;
que es necesario abolir del cuadro es la ley por la cual&#13;
dos tintas o dos valores determinan la representación&#13;
de un espacio. Torres García se declara contra la pers­-&#13;
pectiva y la tercera dimensión; pero sus “estructuras”&#13;
no expresan, ni por aproximación, un anhelo verdadera­-&#13;
mente planista, en el sentido absoluto, CONCRETO, co­-&#13;
mo lo entienden los no-figurativos. En ellas, es cierto,&#13;
no hay soles, pescaditos, etc., pero hay espacio represen-­&#13;
tado. Y esto por dos cosas: primero, porque usa el cla-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 2&#13;
&#13;
roscuro; segundo, porque cuando se vale de las tintas&#13;
planas no logra superar la modalidad planista de los&#13;
pintores figurativos; es decir, no busca resolver el pro­-&#13;
blema que determina una figura sobre un fondo.&#13;
 Todo esto en cuanto al “arte constructivo” ; pero ¿qué&#13;
decir de lo que Torres García llama “pintura local” ?&#13;
Porque donde mejor se ve la deslealtad de toda su posi­-&#13;
ción es en su teoría dual de las expresiones artísticas.&#13;
El "Maestro” admite, por un lado, la “pintura” (imita­-&#13;
tiva, local); por otro, el “ arte constructivo” (universal).&#13;
Le que en la práctica significa arte naturalista (pom-&#13;
pler y sentimental) para ganar premios y considera­-&#13;
ción burguesa y arte pseudo-moderno para ganar un lu-&#13;
garcito en el cielo.&#13;
 Tanto el “ arte constructivo” como la “ pintura” son&#13;
puestas por Torres García bajo la advocación de la sec-­&#13;
ción áurea. Partiendo del idealismo pitagórico, de la&#13;
mística del número, de una filosofía de hace 2500 años,&#13;
olvidando o ignorando las nuevas conquistas de la cien-­&#13;
cia moderna, Torres García propone así una composición&#13;
basada excesivamente sobre una aritmética y una geo­-&#13;
metría de Escuela Primaria.&#13;
 Pasemos ahora al artículo de Sarandy Cabrera. Al&#13;
presentar el arte no-representativo como movido sola­-&#13;
mente por el deseo de originalidad de quienes lo cul-­&#13;
tivan, Sarandy Cabrera muestra su hilacha [filistea], pues&#13;
coincide con,o que a cualquier hortera se le ocurre de-­&#13;
cir ante manifestaciones modernas de cualquier tenden­-&#13;
cia. Nos asegura asimismo que trabajar en el marco&#13;
irregular es más fácil que hacerlo en el regular; es&#13;
decir, según Sarandy Cabrera, es más fácil trabajar con&#13;
lo desconocido que con lo conocido. Agregando: el mar­-&#13;
co irregular es escapatoria romántica. Olvida Sarandy&#13;
Cabrera que el paso dado por el arte no-representativo&#13;
en el sentido de liberarse de la forma rectangular del&#13;
cuadro, lógica consecuencia del anhelo no-representati,&#13;
vo llevado hasta su último extremo, fué el es­-&#13;
fuerzo hacia una regularidad más profunda. Por&#13;
otra parte, no es posible admitir que románticos a&#13;
ultranza, como Sarandy Cabrera, como todos los “cons-&#13;
tructivistas” uruguayos, que rechazan en nombre de la&#13;
emoción la “frialdad” del arte no-representativo, puedan&#13;
acusar de romanticismo a nadie sin caer en flagrante&#13;
contradicción. “La Invención —nos dice luego— es in­-&#13;
dudablemente uno de los elementos del arte, pero no el&#13;
único. “ Esto ha sido cierto con respecto a todo el arte&#13;
del pasado que fué siempre invención más imitación; pe-­&#13;
ro no hay porque creer que tenga que seguir siendo de&#13;
este modo. La batalla del arte auténticamente moderno&#13;
es, a no dudarlo, la batalla por la invención.&#13;
&#13;
TOMAS MALDONADO&#13;
&#13;
Aclaración.&#13;
 En el N° 6 de la revista “Cabalgata” ha aparecido&#13;
una noticia, atribuible quizás a una fuente de infor­-&#13;
mación malintencionada, en la cual se dice que “Arte&#13;
Concreto Invención “ fué fundada en 1940 por Arden&#13;
Quin y Gyula Kosice. Nos hacemos un deber acla­-&#13;
rar que la Asociación Arte Concreto Invención fué&#13;
fundada en noviembre de 1945, sin el concurso de los&#13;
citados señores. Por otra parte, para esa época, 1940,&#13;
el señor Arden Quin no tenía contacto alguno con&#13;
el Arte Abstracto ni con la pintura (sus primeras&#13;
obras pictóricas son de 1945) y era poeta superea-&#13;
lista; en cuanto al señor Gyula Kosice no tenía con­-&#13;
tacto alguno con el arte en general (sus primeros&#13;
intentos poéticos son los publicados en la revista&#13;
“Arturo” ,1944, y sus pimeros objetos, 1945). Apro-­&#13;
vechamos esta oportunidad para dejar, también, de-­&#13;
bidamente aclarado que nuestro movimiento no guar-­&#13;
da relación alguna con el grupo llamado “Madí”.&#13;
&#13;
INTRODUCCION AL ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
 Reproducimos a continuación algunos fragmentos de&#13;
la conferencia pronunciada por nuestro compañero Ed­-&#13;
gar Bayley el 5 de septiembre de 1946, en el Centro de&#13;
Profesores Diplomados, bajo el título “Introducción al&#13;
Arte Concreto”.&#13;
 Desde las primeras experiencias no-representativas&#13;
cumplidas a través del cubismo, en la pintura, y de&#13;
movimientos afines a esta tendencia, en otras artes, la&#13;
preocupación principal de los artistas constructivos ha&#13;
sido realizar obras en función de valores estrictamente&#13;
estéticos, esto es, ajenas a todo propósito de copia o&#13;
expresión. El ideal ha residido en una obra que, en vez&#13;
de representar un objeto, constituya un todo orgánico,&#13;
que no requiera, para su percepción estética, el concur­-&#13;
so de factores extraños a sus elementos específicos.&#13;
Así, esta percepción o, si ¿se prefiere, comprensión, no&#13;
se produce en virtud de una semejanza de la obra con&#13;
otros objetos sino mediante una experiencia, determi­-&#13;
nada por sus caracteres reales.&#13;
 Esta concepción que, como veremos después, los ar­-&#13;
tistas concretos han llevado a la práctica en una medi­-&#13;
da nunca alcanzada antes, no ha sido admitida por un&#13;
cierto sector de la crítica y del propio público. Ambos&#13;
suelen imputar al arte “ no representativo” un herme­-&#13;
tismo decadente, una ruptura caprichosa con las mejo­-&#13;
res tradiciones artísticas del pasado y un desprecio&#13;
por los valores y las preocupaciones cotidianas del hom­-&#13;
bre. Además, se ha hablado y se sigue hablando de&#13;
una mistificación.&#13;
 Conviene que nos detengamos en estas objeciones,&#13;
porque su análisis ha de permitirnos un mejor esclare-­&#13;
cimiento de los principios sustentados por los artistas&#13;
concretos.&#13;
 Se ha afirmado, decíamos, que el arte no represen­-&#13;
tativo es hermético. Si con esta expresión ha querido&#13;
indicarse que el nuevo arte posee un sentido difícil­-&#13;
mente aprehensible para la mayoría, no se habrá hecho&#13;
más que consignar una circunstancia, que se ha produ­-&#13;
cido, como sabemos, en ocasión de todos los cambios&#13;
de estilo, ocurridos a lo largo de la historia del arte.&#13;
El público, por lo general, no ha comprendido al prin­-&#13;
cipio, pero, como el cambio no era el producto de una&#13;
determinación caprichosa del artista, sino la respuesta&#13;
a profundas urgencias sociales, el nuevo estilo ha ter­-&#13;
minado siempre por imponerse.&#13;
&#13;
 Habrá, por lo tanto, que buscar en otro lado la ex­-&#13;
plicación del fenómeno. Será preciso preguntarse si el&#13;
valor estético depende exclusivamente del acierto re­-&#13;
presentativo, como ha venido pensando un vasto sec­-&#13;
tor del público, o si, por el contrario, lo que determina&#13;
la calidad de una pintura, de un poema o de una pieza&#13;
musical debe buscarse en factores ajenos a la copia, a&#13;
la expresión o al símbolo.&#13;
 Dijimos ya que la creencia popular en el valor esté­-&#13;
tico de la representación ha tenido su origen en el&#13;
Renacimiento o, al menos, que ha resurgido por ese&#13;
entonces con una fuerza, aun vigente en nuestros días.&#13;
 En efecto, desde esa época el arte deja de exaltar el&#13;
ideal de vida feudal para halagar, de más en más, el&#13;
que corresponde a la burguesía naciente. Los temas&#13;
místicos, irreales, son suplantados, con el pretexto de&#13;
una restauración clásica, por figuras copiadas del me­-&#13;
dio ambiente. El arte desciende a la tierra, y la técnica&#13;
representativa llega a una perfección pocas veces lo-­&#13;
grada.&#13;
 En adelante, el individualismo burgués ha de exigir,&#13;
cada vez más, a través de los sucesivos estilos, la ver­-&#13;
sión en la obra de una particularidad, de una diferen­-&#13;
cia, hasta llegar al realismo detallista que expresa y&#13;
define su posición de clase.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 3&#13;
&#13;
 Paralelamente al arte de los grandes maestros se va&#13;
desarrollando un sub-arte, que carece, por cierto, de las&#13;
virtudes del otro, pero que llega más fácilmente al&#13;
pueblo y a la clase social que, durante el siglo XIX, ter­-&#13;
mina por arribar definitivamente a la dirección política&#13;
y económica del Estado.&#13;
 Porque lo que va conformando el gusto de la gene­-&#13;
ralidad de la burguesía y, por reflejo, el de las capas&#13;
populares sometidas a su dominio, no es la aprehensión&#13;
sensible de los valores reales, existentes en las obras&#13;
maestras del arte representativo, sino una estética que,&#13;
para decirlo con palabras recientes de Jean Cassou,&#13;
“va de la pintura italiana a los cromos del calendario,&#13;
todo codificado por los salones oficiales, la Escuela&#13;
de Bellas Artes y el premio de Roma” .&#13;
 Ahora bien, sabemos que para los artistas represen­-&#13;
tativos —me refiero, por supuesto, a los grandes crea­-&#13;
dores del pasado—, el objeto descripto no era a me­-&#13;
nudo otra cosa que un pretexto para el logro de nue­-&#13;
vas composiciones. El paisaje, la figura o el rostro&#13;
humanos, el conjunto de sonidos reconocibles en la vi­-&#13;
da cotidiana, los acontecimientos sociales o las emocio­-&#13;
nes individuales, si bien eran temas representados por&#13;
el artista no constituían la materia de su invención;&#13;
es decir, que el esfuerzo creador no residía en la anéc­-&#13;
dota descripta sino en las cualidades de la nueva es-&#13;
tructura estética.&#13;
 Esto quiere decir que el valor de una obra de arte&#13;
no reside ni ha residido nunca en un significado anec­-&#13;
dótico, sino, por el contrario, en la fuerza y la calidad&#13;
de la invención que la produce, esto es, en su poder&#13;
de novedad o desplazamiento de valores sensibles.&#13;
&#13;
 El gusto ha sido hasta nuestra época una de las&#13;
razones más frecuentemente alegadas para justifi­-&#13;
car o avalar las apreciaciones estéticas. De acuerdo&#13;
a esta concepción se ha hecho del artista un inspirado,&#13;
y se ha creído que en materia de arte todo puede re-&#13;
solverse con una simple apelación al gusto o a los sen­-&#13;
timientos. Pero ¿cómo admitir que el gusto o los sen­-&#13;
timientos basten para determinar un juicio o una ver­&#13;
dad?&#13;
&#13;
 El mero gusto personal (el llamado “ buen gusto” ) o&#13;
los sentimientos (“ los bellos sentimientos” ) si no son&#13;
sometidos previamente a una reflexión crítica, a una&#13;
educación inteligente, en suma, no harán más que re­-&#13;
flejar los errores que, como hemos visto, han venido&#13;
durante tanto tiempo impidiendo a la mayoría la apre­-&#13;
hensión sensible de los valores estéticos.&#13;
 Quiere decir, entonces, que esa exaltación del gusto&#13;
como patrón máximo para las Obras de arte no ha sido,&#13;
en la práctica, más que un modo de poner a resguardo&#13;
de cualquier examen crítico las convenciones corrientes,&#13;
sancionadas por las academias. Ha sido una forma de&#13;
impedir el ejercicio público de esa audacia reflexiva,&#13;
de esa aventura inteligente, que constituye el funda­-&#13;
mente más notable del espíritu humano.&#13;
 Porque la exigencia que se deriva de toda auténtica&#13;
invención del pesado no es la de que sucumbamos bajo&#13;
su influjo, imitando servilmente las formas externas&#13;
que le sirvieron para realizarse; lo que exige de nos-­&#13;
otros todo lo que el hombre ha construido es la misma&#13;
energía y la misma audacia, idéntica fe y poder inven­-&#13;
tivo, que los que hicieron posible su realización en otras&#13;
épocas. Por eso, el principal objetivo de toda estética&#13;
y de todo arte debe ser el de tornar permanentemente&#13;
fecundo el espíritu, liberándolo de la propensión a aca­-&#13;
tar sin examen lo que cuenta con el asentimiento públi­-&#13;
co o la sanción del tiempo.&#13;
 ¡León Degand, el lúcido crítico francés, en un artículo&#13;
publicado poco tiempo atrás bajo el título “ Defensa del&#13;
arte abstracto” , pasa revista a los principales argu-­&#13;
mentos dirigidos contra las tendencias no figurativas.&#13;
Permitidme que, en vista de su extraordinaria claridad,&#13;
transcriba aquí, ligeramente adaptadas al propósito de&#13;
esta charla, algunas de sus ideas:&#13;
&#13;
  Argumento: Todas estas obras concretas se parecen.&#13;
  Respuesta: Es lo que yo pensaba de los negros cuan­-&#13;
do era chico. Infórmese, mire bien, y advertirá dife­-&#13;
rencias.&#13;
&#13;
&#13;
  A: Los artistas concretos son dadaístas retrasados.&#13;
  R: Dada quería ser destructor; los artistas concretos&#13;
entienden hacer obra positiva.&#13;
&#13;
&#13;
A: El arte concreto está contra la naturaleza.&#13;
R: Demuestre usted eso científicamente.&#13;
&#13;
A : El arte concreto es incomprensible.&#13;
R : ¿Es que es necesario deducir de la ceguera de&#13;
los ciegos la inexistencia de la luz?&#13;
&#13;
A: El arte concreto es antidemocrático: está reser­-&#13;
vado a los iniciados.&#13;
R: ¿El idioma francés es antidemocrático porque es&#13;
necesario aprenderlo para comprenderlo?&#13;
&#13;
A: El arte concreto no es humano; es puramente&#13;
cerebral.&#13;
R: ¿Y lo que es cerebral no es humano? Y además,&#13;
use familiarmente una obra concreta, viva con ella, y&#13;
le descubrirá pronto sentimientos: los de la obra y los&#13;
de usted mismo.&#13;
&#13;
A: La naturaleza es un inagotable receptáculo de&#13;
formas; los concretos se privan de ella; la imaginación&#13;
tiene sus límites.&#13;
R: Los músicos no disponen más que de doce notas.&#13;
&#13;
A : El arte concreto no es útil.&#13;
R : Es útil si nos procura placer; el placer conserva&#13;
y estimula nuestro gusto por la vida; y si la vida me­-&#13;
rece ser vivida vale entonces la pena que se luche por&#13;
la justicia.&#13;
&#13;
 Un balance de lo logrado hasta aquí por el invencio-&#13;
nismo nos enfrentaría con la reconfortante ccnclusión&#13;
de que constituye ya uno de los instrumentos más efi­-&#13;
caces para asegurar la fecundidad espiritual del hom­-&#13;
bre. En adelante, poco o nada podrá cumplirse fuera&#13;
de la actitud que deja inaugurada (pienso no solamente&#13;
en lo que queda hecho, sino también —casi diría prin­-&#13;
cipalmente— en las posibilidades que se desprenden de&#13;
las obras, las ideas y las tendencias que lo caracte­-&#13;
rizan).&#13;
 Cuando el invencionismo surgió, a través del empe­-&#13;
ño de algunos artistas aislados, era apenas diferente&#13;
de los movimientos “abstractos” de los últimos tiem­-&#13;
pos; fué en virtud de una audacia sin declinaciones&#13;
unida a una inteligencia siempre despierta que llegó a&#13;
adquirir, paulatinamente, su carácter distintivo; fué por&#13;
esa vía que llegaron sus aportes más substanciales y re­-&#13;
volucionarios. Negación desde un principio, y cada vez&#13;
más, de todo aquello que, so pretexto de una evasión,&#13;
no hacía —no hace— más que reafirmar el encanto del&#13;
“pastiche” ; el misterio, los parques desolados, los sua-&#13;
ves gestos del alma, las palmadas de la desesperación&#13;
(he aquí el cementerio de las largas avenidas), todo tu&#13;
ser secreto respira en mí, el alucinado, el alejado, el&#13;
adepto... Esto, en lo que concierne a la actitud gene­-&#13;
ral y a la poética, pero no era menor la energía de las&#13;
negaciones en el orden plástico: pintor de seres humil­-&#13;
des, seres orgullosos, de señoritas, señoras, pincelada&#13;
de hondo simbolismo, muletas misteriosas, brazos de­-&#13;
formados, el infinito, mucho infinito, el arte moderno&#13;
es cosa superada...&#13;
 Y en la música; ¡cuánto sentimiento sublime! solis­-&#13;
ta, concertista, intérprete genial, algo más moderato,&#13;
maestro, etc., etc.&#13;
 Se conocen los resultados positivos de esta actitud en&#13;
los diversos géneros artísticos, y no voy a volver sobre&#13;
ellos. En todos —digamos solamente— el artista ha re­-&#13;
conquistado sus fueros; ha mantenido y desarrollado el&#13;
espíritu inventivo; ha dado nombre, estado estético, a&#13;
una tendencia que venía obrando sobre la mayoría de&#13;
los auténticos creadores de este siglo (no olvido los in­-&#13;
tentos teóricos anteriores —abstractismo, creacionismo,&#13;
surrealismo, etc.—, pero ¿es imprescindibles detallarlos&#13;
ahora cuando sus aspectos más positivos son afirmados&#13;
por el invencionismo, que ha desechado, por otra parte,&#13;
les que recordaban demasiado el viejo estilo?)&#13;
 Esos resultados constituyen, pues, un dato lo sufi­-&#13;
cientemente importante como para proporcionar al in-&#13;
vencionismo, aun ante los espíritus más reacios, la ca­-&#13;
tegoría de una dirección ideológica contemporánea que&#13;
actúa — cualquiera sea el grado de conciencia que se&#13;
tenga de ello— sobre la producción estética y la men­-&#13;
talidad de los hombres.&#13;
 Que se haya esclarecido, entonces, uno de los facto­-&#13;
res que en mayor medida ha calificado las realizacio­-&#13;
nes del arte contemporáneo no puede sino constituir&#13;
un hecho hondamente promisorio. Pero se objeta —se &#13;
teme, mejor dicho— que de un movimiento de esta cla­-&#13;
se, con una pretensión a tal punto totalizante, no surja&#13;
más que un estímulo provisional, como si aquí se tra-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pág. 4 ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
tara de encontrar “el estremecimiento nuevo” fuera de&#13;
los gritos, de la batalla, los errores y la victoria de la&#13;
plaza pública.&#13;
 La objeción estaría más estrechamente vinculada a&#13;
la poesía y al problema de la actitud vital — no hay&#13;
que olvidar que la nueva estética no puede resultar du­-&#13;
rante mucho tiempo valedera si no se asienta sobre la&#13;
lucha diaria del hombre, si no se integra en el esfuerzo&#13;
social por cambiar la vida y, en suma, si no contempla&#13;
también la necesidad cotidiana, común a todos, de ven-­&#13;
cer cuanto torna opaca y rastrera la existencia.&#13;
 La conciencia que en la pintura permite al invencio-&#13;
nismo poner al descubierto los medios de creación, uti­-&#13;
lizados por el arte representativo, y operar luego una&#13;
crítica y un rechazo de esos medios, no resulta menos&#13;
eficaz en el campo poético. Yo me animaría a decir&#13;
que el invencionismo poético nos aproxima también, co­-&#13;
mo en la plástica, a un momento en que sus valores&#13;
propios quedarán fuera de toda duda. Es decir, que la&#13;
poesía va a lograr la aceptación pública de un terreno&#13;
que le es exclusivo, y esto no ha de ser con desmedro&#13;
de nada de lo que ocurre en la plaza; no va a ser por&#13;
medio de ninguna oposición a la experiencia corriente&#13;
del pueblo, a las frases que expresan esa experiencia.&#13;
 Porque cuando la poesía ha comenzado a independi­-&#13;
zarse del discurso, cuando ha abandonado un poco las&#13;
explicaciones y las justificaciones — demasiados temas&#13;
originales, todavía— ha quedado al descubierto por pri-­&#13;
mera vez el móvil poético y la experiencia que le es&#13;
afín. Pero ha existido el equívoco y se ha hablado de&#13;
pureza al mismo tiempo que de humanismo, sociedad y&#13;
pueblo. El cantar de gesta, por ejemplo, ha servido co-­&#13;
mo argumento para defender, de algún modo, una poe-­&#13;
sía declamatoria cada vez más alejada de la poesía po-­&#13;
pular. Ajena a la función poética, a la experiencia que&#13;
deba nutrir y desarrollar. Extravío. Lo mismo ha ocu­-&#13;
rrido con la línea Villon-Rabelais o Archipreste-Cervan-&#13;
tes. Se hizo de la materia en que se realizaba esa do-­&#13;
nación del espíritu creador, esa fiesta del lenguaje —&#13;
exaltación de la palabra, de la frase del pueblo, pero&#13;
reordenada, reorientada, lanzada de nuevo con un sen­-&#13;
tido aún más vigoroso— el carácter definitorio de la&#13;
literatura. Y, como es lógico, el resultado ha sido casi&#13;
siempre negativo. Unos han creído que bastaba hacer&#13;
folklore para repetir el milagro (las mismas formas mu­-&#13;
sicales o sintáxicas de siglos atrás, nacidas en función&#13;
de la fiesta colectiva, de la exigencia de brillo, de lucha&#13;
y de triunfo de otras épocas, aplicadas a las necesida­-&#13;
des de igual tipo de nuestros días: la invención dema­-&#13;
siado pequeña, la fiesta demasiado corta; y lo que se&#13;
requería era cumplir el juego completamente). Está&#13;
bien decir; Buenos días, camarada, te quiero o a la&#13;
lucha... pero a condición de que sepamos antes que nada&#13;
que todo eso es lenguaje, el material con el que vamos&#13;
a trabajar, con el que tenemos que inventar un poema&#13;
íntegramente. Se puede hablar, como Max Jacob en un&#13;
poema admirable, de “una bandada de palomas sobre&#13;
un manzano”, pero a condición de que, más tarde, se&#13;
hable, como el propio Max, del “comerciante de som-&#13;
breros de ebrios” . . .&#13;
 Sin duda, la tendencia a considerar al artista un in­-&#13;
dividuo aislado, sin conexión con la técnica científica&#13;
y las necesidades sociales, había entrado, con los movi­-&#13;
mientos cubistas y abstractos, en una seria crisis. To­-&#13;
dos comprendían, de algún modo, que las artes aplica­-&#13;
das y las invenciones mecánicas, lejos de limitar el do­-&#13;
minio artístico, lo habían ampliado hasta lo inimagina­-&#13;
ble. “El viejo concepto dualista, que colocaba al ego en&#13;
oposición al universo” (W. Gropius), había sido reem-­&#13;
plazado por un concepto unitario del mundo, según el&#13;
cual, la invención estética, antes que satisfacer el afán&#13;
de diferencia en relación al medio social, debía impli­-&#13;
car una conquista colectiva sobre la Naturaleza. Es de­-&#13;
cir, que se había hecho evidente para el artista, la po­-&#13;
sibilidad de construir realidades que participaran de&#13;
la vida cotidiana, y que constituyeran factores de reno­-&#13;
vación total.&#13;
 Fué en virtud de esta nueva conciencia estética, que&#13;
se organizó, en 1919, el Bauhaus de Weimar, bajo la&#13;
dirección del arquitecto Walter Gropius y con la co­-&#13;
laboración de Klee, Kandinsky, Oskar Schlemmer, Willi&#13;
Baumeister, Lyonel Feininger y Moholy Nagy.&#13;
“El principio orientador del Bauhaus fué, según Gro­-&#13;
pius, la idea de crear una nueva unidad a través de la&#13;
unificación conjunta de muchas artes y movimientos:&#13;
una unidad que tuviera sus bases en el hombre mis­-&#13;
mo…”&#13;
&#13;
 ¡Paralelamente a este cambio en la actitud individual&#13;
del creador, diversos artistas procuraban resolver un&#13;
importante problema pictórico, no contemplado en las&#13;
últimas experiencias.&#13;
 En efecto, los diferentes movimientos no figurativos&#13;
que habían sucedido al cubismo, si bien se habían ca-&#13;
racterizado por una tendencia más marcadamente anti­-&#13;
objetiva, no habían variado el antiguo fondo del cua­-&#13;
dro. Sus composiciones consistían en planos o cuerpos&#13;
aplicados sobre un fondo. Esta circunstancia impedía&#13;
considerar estas composiciones como objetos totalmen-­&#13;
te construidos, ya que las imágenes táctiles, que per-&#13;
sistían en ellas, constituían, de hecho, la representación&#13;
de elementos reales o inventados, que, evidentemente,&#13;
no formaban parte de la realidad de la tela.&#13;
 El grupo de artistas holandeses Stijl, considerando&#13;
estas circunstancias, se propuso lograr una pintura&#13;
más apropiada a la superficie plana de la tela. Es de-­&#13;
cir, una pintura plana en el plano.&#13;
 El movimiento llevó el nombre de neoplasticismo o&#13;
elementarismo, y fué iniciado por Piet Mondrian, Théo&#13;
van Doesburg, Georges Vantongerloo, B. van der Leck,&#13;
Vilmos Huszar, J. J. P. Oud Wils, Van’ Hof, Mies van&#13;
der Rohe, etc., con la adhesión posterior de Rietveld,&#13;
Domela, Vordemberge, Helion, Gorin, etc. Las conclu­-&#13;
siones del movimiento alcanzaron a todas las artes&#13;
plásticas.&#13;
 El fin perseguido no era ya una mera abolición del&#13;
objeto, sino la creación de realidades plásticas, cuyas&#13;
relaciones internas eliminaran toda imagen ilusoria.&#13;
Para conseguir esto, es decir, una pintura totalmente&#13;
ajustada a la forma rectangular y a la superficie plana&#13;
de la tela, los neoplasticistas utilizaron exclusivamente&#13;
la forma plana rectangular en la posición ortogonal, y,&#13;
como elementos esenciales, la línea recta, los colores&#13;
primarios y los "no colores”. De este modo, los que&#13;
variaban eran los colores y las dimensiones de las dis-­&#13;
tintas zonas del cuadro, y no sus formas y orientaciones.&#13;
 Esto quiere decir, que en las obras neoplasticistas&#13;
son las relaciones de línea y de color las únicas pasi­-&#13;
bles de la invención estética, ya que, como se infiere&#13;
de lo dicho, la forma y su orientación en el cuadro son&#13;
impuestas por el carácter rectangular de la tela.&#13;
 Pero si bien es cierto que la posición ortogonal y el&#13;
rectángulo constituyen, para la tela comúnmetne admi­-&#13;
tida, el único modo de asegurar un cierto grado de con-­&#13;
creción y estructura, también es verdad que las posibi­-&#13;
lidades de la invención pictórica se ven así limitadas.&#13;
 Esta contradicción sólo pudo ser superada abando-­&#13;
nando el marco rectangular que es, por otra parte, con-­&#13;
secuencia del concepto pictórico naturalista de “ ven-­&#13;
tana por donde se ve la realidad”. Pero el marco, aun&#13;
cuando revista una forma irregular, deja en pie el pro-­&#13;
blema de la superposición de planos (ilusión óptica) y,&#13;
al mismo tiempo, crea el problema del espacio como&#13;
un nuevo elemento estético. Fué por ello que, después&#13;
de infinitas experiencias, los pintores del movimiento&#13;
de arte concreto-invención llegaron a lo que constituye&#13;
uno de los aportes más revolucionarios de su escuela:&#13;
“la separación en el, espacio de los elementos constitu-­&#13;
tivos de la obra pictórica, sin abandonar su disposición&#13;
coplanaria”.&#13;
&#13;
 En el arte de espacio no ha sido menos ponderable&#13;
el aporte del movimiento. Las masas de volúmenes, que&#13;
persisten aún en las tendencias más abstractas, han&#13;
sido reemplazadas por combinaciones inventadas de di­-&#13;
recciones de profundidad —verdaderos elementos de un&#13;
arte de espacio— que constituyen una belleza nueva.&#13;
&#13;
EDGAR BAYLEY&#13;
&#13;
ASOCIACION DE&#13;
ARTE CONCRETO&#13;
J. E. Uriburu  1170, 1er. piso Capital&#13;
Secretariado:&#13;
M. O. ESPINOSA&#13;
T. M ALDONADO&#13;
R. LOZZA&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 5&#13;
&#13;
Carta abierta a M. Lobato&#13;
&#13;
“El nazismo disponía de la ges­-&#13;
tapo para imponer sus dogmas por&#13;
las violencias, y el modernismo se&#13;
enseñoreó de la crítica de arte del&#13;
mundo entero para imponer sus&#13;
teorías.” “Los críticos filosofaban&#13;
y malabarizaban los principios eso­-&#13;
téricos de la nueva estética, como&#13;
en Alemania, Rosenberg, estatuía&#13;
los principios del nazismo.” (Pá­-&#13;
rrafos que transcribo del artícu­-&#13;
lo de Monteiro Lobato, aparecido&#13;
en “ El Mundo” el 19 de noviem-­&#13;
bre de 1946, exaltando a Quirós&#13;
y contra la pintura moderna.)&#13;
&#13;
Señor Monteiro Lobato:&#13;
&#13;
 En los países desarrollados y cultos del mundo, los&#13;
artistas más modernos, en todas sus manifestaciones&#13;
y en las distintas tendencias estéticas, están aportando&#13;
su esfuerzo a la causa democrática y progresista. Sa-­&#13;
bemos muy bien, pero es necesario acentuarlo, que este&#13;
aporte no reside en la temática, política o moral de la&#13;
obra, sino — y fundamentalmente— en la propia con­-&#13;
cepción estética renovadora.&#13;
 Sabemos también que en los países donde ha impe­-&#13;
rado el nazismo y el fascismo, todo el arte moderno,&#13;
especialmente el más avanzado, ha sido perseguido des-­&#13;
piadadamente. Se le ha anulado para aceptar el más&#13;
servil academismo oficialista.&#13;
 Por ello, es doblemente honroso para mí, hoy, ex­-&#13;
presarme en defensa de todas esas manifestaciones mo-­&#13;
dernas del arte, tan vilipendiadas por Ud. y llamadas&#13;
“CUBISMO, SURREALISMO, CONTORSIONISMO, IMBE-&#13;
CILISMO, etc.” .&#13;
 En mi calidad de miembro de la Asociación de Arte&#13;
Concreto-Invención (movimiento que agrupa a artistas&#13;
invencionistas que practican todas las manifestaciones&#13;
de la creación estética, en el campo más avanzado y&#13;
concreto de investigación y práctica en el arte) podría&#13;
fundamentar mi exposición en base a un concepto es­-&#13;
tético determinado. Pero he preferido hacerlo de ma­-&#13;
nera general y amplia, con la certeza de involucrar en&#13;
ello, igualmente, el pensamiento de las más nuevas y&#13;
las más humanas aspiraciones artísticas de la juventud,&#13;
de los más sagrados y progresistas sentimientos esté-­&#13;
ticos actuales.&#13;
 Habla Ud. con suma ligereza y superficialidad del&#13;
arte moderno, ignorando su fenómeno histórico y hu­-&#13;
mano, y con gran irresponsabilidad lo compara al na­-&#13;
zismo. Un odio profundo al progreso y un hondo re-­&#13;
sentimiento, no lo dudo, guían el sentido de sus pala­-&#13;
bras.&#13;
 No creo que signifique ningún alegato contra el na­-&#13;
zismo y el fascismo considerar al arte moderno en su&#13;
misma órbita, desarrollado y sostenido mediante sus&#13;
mismos sistemas. Con ello no se pretende más que&#13;
honrar a estos movimientos regresivos y de triste his-­&#13;
toria para la humanidad. Sin embargo, a pesar de su&#13;
empeño confusionista, tenemos significativos antece-­&#13;
dentes en el hecho de que Hitler ha llamado, histérica­-&#13;
mente, arte degenerado al cubismo, al surrealismo y&#13;
a todas las tendencias abstractas y modernas; y en&#13;
Italia, luego del prolongado período de dictadura fas-­&#13;
cista, ha quedado castrada toda manifestación verda­-&#13;
deramente renovadora, desarrollada en las primeras&#13;
décadas del siglo e impulsada por factores completa­-&#13;
mente ajenos a la filosofía totalitaria.&#13;
 La clara similitud de sus conceptos con estos hechos&#13;
despreciables han de obedecer, me supongo, a pura&#13;
casualidad.&#13;
 Ni los artistas modernos, ni los críticos que están&#13;
con ese arte y lo difunden (que desgraciadamente, son&#13;
muy pocos) pretenden imponer dictadura de estilos a&#13;
la manera nazi y con los métodos de la gestapo. Des-­&#13;
conocemos, sencillamente, categoría artística alguna a&#13;
aquello que Ud. eleva a la altura simbólica, colosal y&#13;
sacrosanta de la CARIATIDE. No se trata de comba-­&#13;
tir a Quirós, su nuevo ULISES viajero, ni criticar una&#13;
pintura que ni siquiera se reconoce como tal ni resiste&#13;
análisis alguno. El “BUEN GUSTO”, el arte de una&#13;
casta desplazada ya históricamente, no puede consti­-&#13;
tuir la manifestación espiritual viva de un pueblo. Los&#13;
trasnochadores del arte, que van de prisa reviviéndose&#13;
en la melancolía folklorista, los señores del reconoci-­&#13;
miento enguantado; los apóstoles del academismo y&#13;
tantos apóstoles más del retornismo estético, no logra-­&#13;
ron aquilatar la conciencia artística del hombre. Si los&#13;
nazistas hubieran logrado castrar el espíritu de los&#13;
“DEGENERADOS ARTISTAS MODERNOS” (también&#13;
ellos nos llamaron así), tendríamos seguramente, para&#13;
el goce de los hombres un arte como el que Ud. pre-­&#13;
gona.&#13;
 Pero no es de lamentar que, quien ha viajado para&#13;
comer nuestra “BUENA CARNE”, descubra aquí, me­-&#13;
ditando profundamente en una estancia entrerriana, al&#13;
salvador del gran arte, al “TREMENDO VALOR”, al&#13;
Stalingrado contra la pintura moderna, contra “PICAS­-&#13;
SO Y OTROS PRODUCTOS DE LA MISTIFICACION&#13;
DOMINANTE”. No es de lamentarlo porque hay una&#13;
sutil — pero evidente— relación entre una estancia a&#13;
orillas del Paraná, una beatífica meditación “DE CIN­-&#13;
CO AÑOS”, un fracasado aventurero de las letras, co­-&#13;
mo Lazcano Tegui (autor original de la cariátide), la&#13;
pintura oficialista y el churrasco jugoso.&#13;
 Señor Monteiro Lobato: Los problemas del arte no&#13;
son tan abstractos como Ud. pretende. Existe también&#13;
una concepción histórica y dialéctica de análisis y crea-­&#13;
ción. Y este nuevo y objetivo conocimiento de la esté­-&#13;
tica es lo que permite poner de manifiesto los propósi-­&#13;
tos de la provocación confusionista y la tergiversación&#13;
de los hechos.&#13;
En los recobecos de sus cariátides leo un oculto sen-­&#13;
timiento reaccionario. Su sentido simbólico, aplicado&#13;
a una concepción artística actual, significa la máxima&#13;
expresión del retornismo, y a su sombra se cobija el&#13;
hecho más reaccionario, la verdadera manifestación&#13;
caduca y servil de un pseudo-arte. Demás está agre­-&#13;
gar que el fascismo y la reacción gustan de todo eso,&#13;
lo exaltan, y a su vieja sombra tonifican sus espíritus&#13;
hermafroditas mediante la vieja táctica confusionista&#13;
y mistificadora.&#13;
 Todo arte verdadero ha sido siempre moderno. Leo-­&#13;
nardo de Vinci, a quien gusta Ud. citar, ha sido moder­-&#13;
nísimo y poseedor de una gran conciencia; no así el in-­&#13;
significante Zuloaga, con quien tan desacertadamente&#13;
pretende compararlo. Los cubistas, no cabe la menor&#13;
duda, han sido los que han enarbolado esa bandera de&#13;
la gran tradición pictórica, de las “ CARIATIDES”, si&#13;
quisiera utilizar su mala expresión simbólica. Lo han&#13;
sido ellos, en su tiempo, con todo su profundo sentido&#13;
revolucionario y humano, y no los absurdos académi-­&#13;
cos de la imitación y del retornismo.&#13;
 Podemos comprobar que son, precisamente, las fuer-­&#13;
zas renovadoras manifestadas en el arte con un acento,&#13;
diremos, hacia lo inventivo, las que han constituido su&#13;
valor permanente y trascendental, las que han signifi­-&#13;
cado la verdadera práctica humanista del espíritu.&#13;
 Mal ha señalado Ud. el ejemplo de Stalingrado. Ad­-&#13;
quiere un contenido muy extraño y muy confuso en&#13;
sus labios. Para mí. y para la extraordinaria mayoría&#13;
de los hombres de conciencia libre del mundo, Stalin-&#13;
grado significa, además de la cabal derrota del fascis­-&#13;
mo y el nazismo, la salvación del hombre en todos los&#13;
frentes de la vida, y también científicos y estéticos.&#13;
 Al dar término a estas líneas, señor Monteiro Lobato,&#13;
no puedo dejar de vivar toda manifestación artística&#13;
renovadora, como fruto del espíritu libre, progresista&#13;
y juvenil de la humanidad.&#13;
RAUL LOZZA.&#13;
Buenos Aires, noviembre 14 de 1946.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pág. 6 ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
“SOBRE HUMANISMO”&#13;
 La evolución del problema social de la cultura en&#13;
Francia durante estos últimos diez años, de Barbusse&#13;
a H. Mougin, del Ccngreso Internacional por la Defen­-&#13;
sa de la Cultura a la actual Enciclopedia del Renaci­-&#13;
miento francés, constituye, a no dudarlo, una de las&#13;
enseñanzas más fecundas para el pensamiento pro­-&#13;
gresista.&#13;
 En las épocas del apostolado de Barbusse, se creía&#13;
posible una defensa de la cultura sin el concurso de&#13;
los artistas modernos; en el anhelo de entrar a los&#13;
nuevos tiempos con la vertiginosidad que sólo la des­-&#13;
nudez, el desasimiento absoluto, puede conceder, se co­-&#13;
menzó a arrojar por la borda, en razón de que no eran&#13;
estrictamente revolucionarias —claro está; según los&#13;
cánones de Plejanof—. cosas de las cuales no era tác­-&#13;
tico ni justo desprenderse. Jean Richard Bloch fué el&#13;
único que, en el Congreso de 1935, dejó oìr su voz pa­-&#13;
ra hacer notar que existía el problema de los artistas&#13;
que, por múltiples razones trabajan actualmente pa­-&#13;
ra minorías. Era el problema de los artistas modernos.&#13;
Recordó en esa oportunidad su intervención del año&#13;
anterior en el Congreso Pansoviético de Escritores de&#13;
Moscú y en ei cual él “ reivindicaba la igual dignidad&#13;
del escritor que escribe para cien mil lectores y del&#13;
que escribe para quinientos” . “Lo mismo que exis­-&#13;
ten pilotos de línea — decía en el Congreso de&#13;
Moscú— que conducen ro sin méritos n! audacia,&#13;
aparatos de serie, hay, y es necesario que haya in­-&#13;
ventores para ensayar los prototipos en los laboratorios&#13;
y en los campos de experiencia” . Recordó también Bloch&#13;
que de todos ios puntos de la Unión Soviética le lle-&#13;
garon "muestras de caluroso asentimiento” ; “infinidad&#13;
de clubs obreros me participaron su adhesión sin retic-&#13;
encias” . Pero, desgraciadamente como él lo temía,&#13;
fué mejor comprendido en Moscú que en París. Se pa­-&#13;
decía en esos años una verdadera "enfermedad infan­-&#13;
til” en el orden de la cultura. Fué en vano que los ar­-&#13;
tistas abstractos desde "Abstraction-Creation-Art non-&#13;
figuratiff” (1935) 'llamasen la atención que la defensa&#13;
de la cultura debía contener la defensa del arte mo­-&#13;
derno; que el arte abstracto, en particular, “ tiende a la&#13;
destrucción de la ideología individualista y a desarrollar&#13;
en cada individuo, por los conductos y los medios pro-&#13;
pios del arte, la ideología comunista (Hone); "que el&#13;
hombre y el arte han estado siempre en servidumbre&#13;
y que la era nueva ofrecerá el arte a la sociedad” (Van-&#13;
tongerloo). Fué en vano también que Leger, en 1939,&#13;
clámese: “ es necesario que el pueblo comprenda que nos­&#13;
otros “los modernos) estamos con él ("Cahiers d’art”) ” .&#13;
Pero después vino la guerra y la Resistencia, y cuando&#13;
se volvió a levantar el telón. entre los grandes muer­-&#13;
tos en manos de los nazis figuraban los nombres de&#13;
Max Jacob y Saint Paul Roux — de quienes Aragón&#13;
se vió forzado a admitir recientemente que es imposi­-&#13;
ble ser poeta y desconocerlos— y entre los que apare­-&#13;
cían manteniendo bien alta la tradición humanista eu-&#13;
ropea estaban (y están) Tristán Tzará, Paul Eluard,&#13;
Picasso, Jean Lurgat, Jean Cassou, Paulham, todos&#13;
hombres de promoción moderna. Y así, a través de&#13;
estos hechos, es como se ha terminado por comprender&#13;
que no es posible discutir los problemas de la cultura&#13;
con el mismo criterio con que se los encaraba antes de&#13;
1940. En estos últimos años, los artistas modernos, tan&#13;
calumniados, han demostrado en la plaza pública su&#13;
amor al pueblo. Y por esto, hoy, en Francia, se entiende&#13;
que no hay defensa de la cultura sin defensa del arte&#13;
moderno. La vieja táctica de arrojar todo por la borda&#13;
sin pensar que la burguesía puede llenar sus alforjas&#13;
ccn lo arrojado, comienza a ser reemplazada por la&#13;
idea de no permitir que ésta se lleve a la tumba nada&#13;
que de algún modo pueda ser viviente y fecundo.&#13;
Allí está, como ejemplo, el esfuerzo de Mougin por&#13;
despojar al idealismo del trofeo cartesiano, incluyendo&#13;
al maestro de “La Fleche” en la gran línea del pensa­-&#13;
miento progresista francés. Allí también, la incorpora­-&#13;
ción en masa al partido de Thorez de los más combati­-&#13;
vos artistas modernos, que los viejos "slogans” estéti­-&#13;
cos de Plejanov habían mantenido alejados de sus filas,&#13;
pero a quienes ahora se abre las puertas sin reservas&#13;
ni temores.&#13;
 Hace poco, el marxista francés Pierre Naville llama-­&#13;
ba la atención sobre el hecho de que hoy toda filosofía&#13;
tibia se pretende humanista. Es decir, como nadie quie­-&#13;
re ahora quedarse al margen del Hombre, hasta las fi­-&#13;
losofías más reaccionarias se declaran humanistas. Así,&#13;
Sartre asegura que el existencialismo es humanismo,&#13;
porqué, según él, la angustia existencial contiene la&#13;
responsabilidad social. El tomismo, por su parte, por&#13;
boca de nuestro O. P. Derisi, afirma también, y no&#13;
con menos énfasis, su carácter humanista. Es que la&#13;
reacción ha descubierto la puerta falsa de las grandes&#13;
palabras. A los artistas concretos, por ejemplo, se nos&#13;
ha juzgado contrarios al humanismo, pero cabe pre­-&#13;
guntarse ¿desde qué punto de vista? Si por humanis­-&#13;
mo se entiende defensa del arte naturalista y acadé­-&#13;
mico burgués, nosotros, téngase por seguro, no somos&#13;
humanistas. Somos humanistas, en cambio, si el huma­-&#13;
nismo es fervor revolucionario, inclusive en el orden&#13;
de la cultura, y fe en el destino histórico del proleta­-&#13;
riado. Nuestro humanismo no es tampoco el humanis­&#13;
mo complaciente, la "sagésse” burguesa.&#13;
&#13;
 Nuestro arte es humanista porque se basa en una fe&#13;
Ilimitada en la capacidad práctica del hombre. Tam­-&#13;
bién porque es un arte de invención. Y no de inven­-&#13;
ción —como ya lo hemos dicho— en eí sentido de Berg-&#13;
son, Whitehead o Sartre, sino en el revolucionario de&#13;
Marx.&#13;
&#13;
 Humanista es quien juzga al hombre capaz de inven­-&#13;
tar, de revolucionar.&#13;
&#13;
 Sinceramente: nos resistimos a juzgar humanistas a&#13;
quienes son tan pobres de fe en el hombre que lo creen&#13;
condenado a vivir eternamente de la bobería sentimen­-&#13;
tal del arte representativo. Los artistas concretos de­-&#13;
seamos para el espíritu humano un mejor destino.&#13;
&#13;
 Se nos ha dicho que somos cerebrales y por ello des­-&#13;
humanizados. Pero ¿desde cuándo la inteligencia es&#13;
vergüenza para el hombre?&#13;
&#13;
 Se nos ha llamado también decadentes. Pero la ver­-&#13;
dad es que las clases cobardes y en decadencia no se&#13;
expresaron nunca a través de un arte semejante al nues­-&#13;
tro. El verismo y el simbolismo fueron sus formas pre­-&#13;
feridas. Recordemos a Laocoonte y las esculturas de la&#13;
decadencia romana; recordemos a Petronio. Las épocas&#13;
de ascenso, en cambio, fueron constructivas y se apoya­-&#13;
ron sobre la exaltación de los elementos plásticos con­-&#13;
cretos. Recordemos los momentos primitivos de todas&#13;
las grandes culturas.&#13;
 Se ha dicho que somos enemigos del pueblo porque&#13;
el pueblo no entiende nuestras obras.&#13;
 Es verdad que el pueblo “ no entiende” nuestras obras,&#13;
que prefiere la pintura figurativa y, dentro de ella, la&#13;
mala, pero deducir de esta situación (de la cual no so­-&#13;
mos culpables y que padecemos) que somos enemigos&#13;
del pueblo es malignidad o aberración.&#13;
 En el futuro, el pueblo entenderá nuestras obras y&#13;
muchas cosas más complicadas que nuestras obras. Los&#13;
artistas concretos apostamos a ello.&#13;
 Nosotros somos fieles a la consigna leniniana; dar&#13;
lo mejor al pueblo.&#13;
 El arte concreto es lo mejor que nosotros podemos&#13;
ofrecer.&#13;
T. M.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
ARTE CONCRETO Pág. 7&#13;
&#13;
REPRESENTACION E INVENCION&#13;
•&#13;
&#13;
La imagen percibida o representada no agota la&#13;
 realidad del objeto; no hace más que abstraer de&#13;
él una de sus propiedades (la de ser percibido o repre-­&#13;
sentado), pero sin enseñarnos nada sobre la composi-­&#13;
ción de su naturaleza y, menos aún, sobre la multipli-­&#13;
cidad de sus relaciones.&#13;
&#13;
Si todo aquello que puede percibirse o representar­-&#13;
  se existe de algún modo en la realidad, lo cierto es&#13;
que ella no se reduce a ser percibida o representada.&#13;
La conciencia puramente perceptiva, por lo demás,&#13;
 no es principio de praxis renovadora. La práctica&#13;
del hombre no se limita a su experiencia sensible;&#13;
creerlo así sería pretender encerrarlo en el antro in­-&#13;
dividual de que hablaba Bacon. Lo que interesa es&#13;
transformar la realidad, no deformarla.&#13;
&#13;
La representación artística se muestra en el orden&#13;
 más restringido de la práctica, como expresión de&#13;
aquella individualidad que no acierta a resolverse con-­&#13;
cretamente, puesto que carece de los elementos pro-­&#13;
pios de la actividad real.&#13;
&#13;
Ella parte de una interpretación estrecha de la&#13;
 praxis, que consiste en concebir el sujeto en oposi­-&#13;
ción pasiva respecto al mundo. “No concibe la activi­-&#13;
dad humana misma como actividad objetiva — dice&#13;
Marx en una de sus notas críticas a Feuerbach— ; la&#13;
práctica sólo es concebida y fijada por él en su forma&#13;
vil, judaica, fenomenal. De ahí que no comprende la&#13;
actividad revolucionaria práctica.”&#13;
&#13;
El arte representativo expresa cumplidamente los&#13;
 postuladas de un “materialismo” grosero y primi­-&#13;
tivo, totalmente superado por el marxismo.&#13;
&#13;
La técnica representativa se limita a "reflejar” el&#13;
 mundo, ello no implica el conocimiento efectivo del&#13;
mismo; a lo sumo, (frecuentemente) es expresión de&#13;
la conciencia subvertida de aquél.&#13;
&#13;
Como la representación no contiene los elementos&#13;
ae la actividad real, su proceso se resuelve en la&#13;
alienación del objeto. “El hombre que se extraña a la&#13;
naturaleza (el objeto) —dice Feuerbach— se crea un&#13;
modo de ser arbitrariamente subjetivo... porque quie­&#13;
re destruir la necesaria relación con el objeto” . La&#13;
enajenación de este último es el resultado de la dupli­&#13;
cación artificiosa del sujeto por sí mismo (representa­&#13;
ción), concordante con la representación de Dios en&#13;
la psicología religiosa.&#13;
&#13;
La representación si bien procede de la percepción&#13;
de lo real (impronta de los objetos), no retorna&#13;
necesariamente de ¡o subjetivo a lo objetivo, como&#13;
acontece con la actividad concreta, sino que duplica&#13;
la subjetividad, y en el producto de esa duplicación&#13;
pretende ver el objeto.&#13;
&#13;
Ahora bien, como el objeto es el término necesario&#13;
 de la actividad real del sujeto, la alienación de aquél&#13;
expresa la alienación real del sujeto. “La alienación&#13;
dei hombre a su producto entraña la alienación del&#13;
hombre en tanto ser genérico y social, ya que —de&#13;
acuerdo con Marx— lo que define al hombre en tanto&#13;
ser genérico consciente es la producción práctica de&#13;
un mundo objetivo, la transformación de la naturaleza&#13;
inorgánica, aun estando libre de necesidad física.”&#13;
&#13;
El arte representativo entraña la alienación del&#13;
hombre en tanto ser genérico (social) por cuanto es&#13;
la expresión artística de esa alienación.&#13;
&#13;
 No es casual el hecho de que todas las formas his-­&#13;
 tóricas de la alienación (Religión, Estado, Clase)&#13;
se hayan valido del arte representativo para disolver&#13;
en el hombre sus energías sociales.&#13;
&#13;
Marie Alain Couturier, O. P. en su libro “Art et&#13;
Catholisme”, escribe; “ ...el arte cubista, así como&#13;
el arte no representativo, aparte de sus auténticos va­-&#13;
lores, es esencialmente irreligioso: si el arte religioso&#13;
se caracteriza por su referencia al mundo sobrenatu-­&#13;
ral (alienación), ¿cómo este arte que no se refiere más&#13;
que al mundo natural, que guarda en sí todas sus ra­-&#13;
zones de goce (aprehensión), podría ser religioso?”&#13;
&#13;
“El conocimiento va de lo particular abstracto a lo&#13;
universal concreto’', dice Lefebvre. La teoría econó-­&#13;
mica del valor es abstracta; sin embargo, es concreta.&#13;
Un marxista no puede asombrarse de que nuestro arte&#13;
sea abstracto y concreto a la vez. Las teorías más abs-­&#13;
tractas de la física y de las matemáticas destruyeron&#13;
Hiroshima, y de ser desbaratadas las maniobras de las&#13;
fuerzas reaccionarias, esas mismas teorías servirán de&#13;
base a una nueva era de la historia técnica de la hu­-&#13;
manidad.&#13;
&#13;
 Es que, como dijo Engels, el espíritu lleva la maldi­-&#13;
ción de la materia.&#13;
&#13;
No se trata de poner el arte “a tono” con las nuevas&#13;
circunstancias, esto es, de sustituir un tipo de re­-&#13;
presentación por otro, un sistema de símbolos por otro;&#13;
de lo que se trata es de impugnar los fundamentos (ne-­&#13;
cesidades interiores) de la representación y del sim­-&#13;
bolismo; en una palabra, de todo aquello que refracta,&#13;
deforma, la intelección objetiva del mundo real.&#13;
&#13;
La contradicción actual de la pintura representati­-&#13;
 va consiste en que, lo que se exige esencialmente&#13;
es saber pintar, no importa lo que se pinte: manzanas,&#13;
compoteras, seres famélicos, ¿seres de formas rubicun-­&#13;
das e intenso drama interior, etc. Se hace (con frecuen-&#13;
cia) mala pintura con los mejores sentimientos hacia&#13;
la humanidad y recíprocamente. ¿Qué se responde a&#13;
esto?&#13;
&#13;
¿Dónde has visto alguna vez caballos amarillos,&#13;
azules o verdes? — Lo que hay que considerar aquí&#13;
es la pintura. — Entonces ¿para que diablos?...&#13;
&#13;
El hecho artístico puede ser concebido o aprehen­-&#13;
dido haciendo abstracción de aquello que represen­-&#13;
ta; de ahí que la crisis del arte representativo no cons­-&#13;
tituya la crisis del arte, sino tan solo de la representa-&#13;
ción.&#13;
&#13;
El descubrimiento puede ser resultado de un en­-&#13;
cuentro fortuito (teoría de los factores); la inven-­&#13;
ción no puede serlo jamás.&#13;
&#13;
La invención es todo lo contrario de cualquier for­-&#13;
ma o subforma del enajenamiento (homo ludens,&#13;
Pascal).&#13;
&#13;
Inventar es una función de la conciencia práctica.&#13;
&#13;
Esa función no consiste en proyectarse fuera del&#13;
mundo (evasión); ni tampoco en la conciencia que&#13;
se extraña (contemplación). Inventar significa INTRO­-&#13;
DUCIR EN EL MUNDO POR OBRA DEL EXPERI­-&#13;
MENTO Y LA INDUSTRIA lo que no existía hasta ese&#13;
momento.&#13;
&#13;
No se diga que no hemos hecho nada nuevo. El arte&#13;
concreto no cierra la historia del arte; ella tampo­-&#13;
co ha existido para hacer posible en un momento dado el&#13;
arte concreto. Pero si es verdad que el arte progresa&#13;
en el sentido en que lo hacen las sociedades humanas,&#13;
el único camino es el propiciado por el invencionismo.&#13;
A. H.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Pag. 8 ARTE CONCRETO&#13;
&#13;
ENTORNO AL TALLER ESCUELA DE C. MARCOVICH&#13;
&#13;
 “El punto de partida imprescindible debe ser el es­-&#13;
tudio de la realidad objetiva”, así leemos en el primer&#13;
párrafo del manifiesto publicado recientemente por la&#13;
Escuela-taller, dirigida per Cecilia Marcovich. Ahora&#13;
bien, sabemos que la realidad objetiva es independien-­&#13;
te y existe fuera de la conciencia que la conoce. En con­-&#13;
secuencia, “el estudio de la realidad objetiva” deberá&#13;
cumplirse fuera de cualquier influencia o deformación&#13;
subjetiva. Es decir, que deberá existir absoluta identi­-&#13;
dad entre la cosa y el concepto que la conciencia se&#13;
forma de ella. Tal sería el verdadero sentido de ese&#13;
“estudio de la realidad objetiva” que se propugna.&#13;
Pronto veremos, sin embargo, que no es eso lo que&#13;
quiere decirse.&#13;
 Algunas líneas más adelante se expresa: “La sensibi­-&#13;
lidad individual realizará una transposición plástica&#13;
de esa realidad mediante el conocimiento de determi­-&#13;
nadas leyes” . Según esto, no se conforman con el mero&#13;
neto de conocer y pretenden transformar la realidad.&#13;
¡Estupendo! Pero la alegría se disipa cuando vemos&#13;
que nuestros alquimistas no operan sobre la cosa mis­-&#13;
ma, la realidad objetiva, sino sobre los conceptos de&#13;
ella extraídos. Es decir, que actúan subjetivamente so­-&#13;
bre el concepto determinado por la realidad; niegan&#13;
así la realidad objetiva, pero no oponiéndole otra del&#13;
mismo tipo, lo que equivaldría al acto teórico-práctico&#13;
de la invención, sino subordinándola, ilusoriamente, a&#13;
la llamada sensibilidad individual.&#13;
 Leemos más adelante: “Estas leyes a las que se su­-&#13;
jetan todas las grandes épocas del arte no son inven­-&#13;
ciones al margen de la realidad, sino extraídas de ella&#13;
y que pueden ser verificadas constantemente”. ¡Es cla­-&#13;
ro!; hay que darse categoría. Primero dicen que hacen&#13;
“transposición plástica de la realidad mediante el co­-&#13;
nocimiento de determinadas leyes” , y afirman luego&#13;
con desparpajo que esas leyes — las que ellos usan—&#13;
han sido utilizadas en “ todas las grandes épocas del&#13;
arte”. ¡Dichosos aprendices que encontraron la infali­-&#13;
ble e invariable receta ya elaborada!&#13;
Si ellos admitiesen el proceso dialéctico, tendrían&#13;
que aceptar que “todo lo que existe merece perecer”,&#13;
como dice nuestro viejo maestro Engels, pero eso equi­-&#13;
valdría a firmar el acta de defunción de su arte ecléc­-&#13;
tico, aburrido y reaccionario.&#13;
 Las realidades varían en el tiempo, luego las leyes&#13;
elaboradas sobre ellas tendrán que variar, a menos...&#13;
que concibamos metafísicamente esas realidades. Si es&#13;
así ¿en qué queda convertida esa realidad objetiva de&#13;
que dicen partir?&#13;
 Podemos aducir con razón que las leyes, a que obe-­&#13;
decieron los renacentistas, no fueron las mismas que&#13;
las de los barrocos, o las de Bouguereau, o las del im­&#13;
presionismo, o las de Cezanne, o de Picasso, o las de&#13;
los movimientos modernos en general. Se han ido de­-&#13;
terminando nueva leyes para cada nueva sociedad co­-&#13;
mo para cada nueva estética. Pensar de otro modo se­&#13;
ría darle a las leyes por las que se rige el hombre un&#13;
valor metafísico, trascendente.&#13;
 En cuanto a eso de que las leyes, que estos seño­-&#13;
res pretenden seguir, “no son invenciones elaboradas&#13;
al margen de la realidad” corresponde advertirles que&#13;
tal aclaración resulta absolutamente innecesaria, ya que&#13;
un fenómeno de tal naturaleza (una invención elabo­-&#13;
rada al margen de la realidad) no constituiría ni una&#13;
ley ni una invención.&#13;
 Siguen luego varias referencias a la “personalidad”&#13;
y a “la expresión personal”, claros indicios del carác-­&#13;
ter individualista y particularista del arte que preten­-&#13;
den defender, en contradicción con la lucha entablada&#13;
por la política y el pensamiento progresista de nuestro&#13;
siglo. En fin, una vez más, descolocados de la reali­-&#13;
dad actual.&#13;
 Y por último leemos el siguiente párrafo: “Con esta&#13;
orientación, el Taller-escuela sigue el camino trazado&#13;
por la gran tradición plástica (a la cual colocan en&#13;
punto muerto después del cubismo), camino que ha&#13;
sido descubierto y esclarecido después de la revo-­&#13;
lución cubista (que no han comprendido) y que cons­-&#13;
tituye uno de los aportes fundamentales de nuestra&#13;
época a la historia del arte”. ¡Al fin una verclar! pero&#13;
lástima que no sepan tomar del cubismo más que lo&#13;
retornista y lo reaccionario. Y como broche final utili­-&#13;
zan al gran Cezanne, tan manoseado, para solidari­-&#13;
zarlo con la orientación de este Taller-escuela. ¡Hasta&#13;
&#13;
dónde se alargan las manos! Podríamos seguir ¿pero&#13;
qué ha quedado de todos estos principios? Vemos aho­-&#13;
ra que todo ha sido una cortina de humo, descorrida&#13;
la cual, nos encontramos ante una pobre concepción&#13;
idealista y metafísica.&#13;
&#13;
MELE&#13;
&#13;
&#13;
 El filisteismo artístico, que se manifiesta hoy&#13;
bajo los rasgos de la Sra. Marcovich, insiste, una&#13;
vez más, en tergiversar la verdadera naturaleza&#13;
del arte moderno. Aunque esta tergiversación sea&#13;
con frecuencia el producto de la ignorancia o de&#13;
la deshonestidad artística, importa tanto señalar&#13;
explícitamente el error como dilucidar la natura­-&#13;
leza del mismo, por cuanto él implica, además de&#13;
una deformación de la “realidad objetiva” que&#13;
comienza por invocarse, una deformación de la&#13;
conciencia que se pretende servir.&#13;
 El filisteísmo artístico adopta, por lo general,&#13;
dos actitudes frente al arte moderno: la más&#13;
simple de edas consiste en restarle toda capaci-­&#13;
dad humanista al arte abstracto y, en especial,&#13;
al arte no figurativo ; la otra reside en extraer de&#13;
las modernas experiencias artísticas, las combi­-&#13;
naciones que habrá de destinar a su propio uso.&#13;
Esta última constituye y define la vulgar con­&#13;
ciencia semiculta, que, con aires “de estar de vuel-­&#13;
ta”, se expresa en el siguiente aforismo, grato a&#13;
los eclécticos de todas las charcas: “el arte moder­-&#13;
no tiene un lado bueno que hay que aprovechar,&#13;
y un lado malo que hay que desechar”.&#13;
 La “revolución técnica cubista”, con llevar ca­-&#13;
minos muy distintos de los señalados por la se­-&#13;
ñora Marcovich a los obsecuentes mammuths de su&#13;
caverna, ha determinado también, lo que no es&#13;
menos importante, la crisis de todo un sistema&#13;
de arte basado en la diferencia y en la personali-&#13;
lidad gimiente. La señora Marcovich ha enseñado&#13;
y convencido a sus discípulos de que el arte mo-­&#13;
derno concluye con el cubismo. ¡Sea por deshones-­&#13;
tidad docente, por ignorancia, o por desidia in-­&#13;
telectual, ni la señora Marcovich, ni sus discípulos&#13;
de la caverna, se han preocupado por saber más.&#13;
 La metodología artística empleada como “orien-­&#13;
tación'' del taller — caverna no es otra cosa que&#13;
el típico revisionismo reaccionario, ejercido esta&#13;
vez en la interpretación del arte moderno. A&#13;
través de un electicismo ambiguo y reticente&#13;
muy cuidadoso por sobre todo de no ir “en detri­-&#13;
mento de la personalidad” (sic) se ensaya un tor­-&#13;
pe y ridículo manoteo de compromiso con todo lo&#13;
que hay de progresista y revolucionario, al propio&#13;
tiempo que se introduce por la puerta falsa de&#13;
los “valores eternos” , todo lo que merece perecer,&#13;
lo definitivamente caduco y condenado.&#13;
 El matriarcado, la caverna, han sido superados&#13;
como formas históricas por el desarrollo progre­-&#13;
sivo de la humanidad; del mismo modo el hipó-&#13;
crita bizantinismo escolástico que, como método&#13;
pedagógico, pretende erigirse en salvaguardia del&#13;
statu quo artístico, peligrosamente zarandeado&#13;
por las luchas de movimientos y tendencias.&#13;
&#13;
Alfredo HLITO </text>
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Bayley, Edgar&#13;
Lozza, Raúl&#13;
Hlito, Alfredo&#13;
Melé, Juan N.</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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&#13;
y&#13;
&#13;
Línea  &#13;
&#13;
Revista de cultura contemporánea. Artes plásticas. Literatura. Teatro. Cine. Música. Crítica&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Director&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
Comité de Redacción&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
LLINAS DE SANTA CRUZ&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA&#13;
&#13;
ERNESTO B. RODRIGUEZ&#13;
&#13;
OSVALDO SVANASCINI&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
ALBERTO VANASCO&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO&#13;
&#13;
&#13;
Francis Picabia (1878-1953)&#13;
&#13;
&#13;
"EL CRISOL" DE ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
HOMENAJES A&#13;
&#13;
FRANCIS PICABIA Y DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
SUMARIO&#13;
&#13;
TOMÁS MALDONADO: Picabia, gran acreedor.&#13;
&#13;
PICABIA : Reflexiones.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI: A Francis Picabia.&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO : El juego de ajedrez.&#13;
&#13;
OSVALDO SVANESCINI: Paradojas sobre la poesía.&#13;
&#13;
JUAN CARLOS PAZ: Edgar Varese.&#13;
&#13;
DYLAN THOMAS: Poemas.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE: Poemas.&#13;
&#13;
JUAN FILLOY: Silencio responsable.&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA: Buenos Aires y Guibert.&#13;
&#13;
Polémicas. Cine. Libros. Artes Plásticas. Revistas.&#13;
&#13;
&#13;
DICIEMBRE 1953 - ENERO 1954&#13;
&#13;
BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA, GRAN ACREEDOR&#13;
&#13;
por Tomás Maldonado&#13;
&#13;
&#13;
 Francis Picabia, cuya muerte ha ocurrido en París hace unos días, es&#13;
&#13;
el gran acreedor. En sentido estricto. Es decir, alguien a quien todos, hoy&#13;
&#13;
por hoy, debemos algo, sea por acuerdo mutuo, sea por apropiación alevosa.&#13;
&#13;
Es, entonces, lo contrario del “faro” baudelairiano; del hombre que ilumina&#13;
&#13;
o guía en una situación sin luz cualquiera, catacumharia, tempestuosa o alu-­&#13;
&#13;
vional. No está más allá de nosotros; está con nosotros, asistiéndonos, alcan­-&#13;
&#13;
zándonos lo que necesitamos, dejándose robar — por cálculo.&#13;
&#13;
 Al “faro”, sin duda, se lo caracteriza de otro modo. Tiene otros síntomas,&#13;
&#13;
También otro diagnóstico,&#13;
&#13;
Burlón y nada personaje, Picabia, antes que un dador voluntario de&#13;
&#13;
luz (“faro”, héroe, profesor, apóstol), prefirió ser un dador involuntario&#13;
&#13;
de sangre (antimártir: creador en todos los sentidos, aun en el sentido des-­&#13;
&#13;
tructivo). La sangre de Picabia, la dimensión (o tensión) que él ha inaugu-­&#13;
&#13;
rado, es un milagro de fecundidad. La hemoglobina picabiana, aunque pocos&#13;
&#13;
lo sospechen, se ha adueñado de nuestro mundo, de ahí que nuestro mundo&#13;
&#13;
todavía respire y tenga color.&#13;
&#13;
 Si alguna vez la luz logró interesarle no fué nunca con propósito “ilu-&#13;
&#13;
minista”; nunca fué su debilidad ni la “aufklärung” de los profesores ale-­&#13;
&#13;
manes ni la “lucidité” de los juncos impensantes de “Saint Germain des&#13;
&#13;
Prés”. Su propósito, en las pocas ocasiones que la luz pudo tentarlo, fué&#13;
&#13;
encandilar, devolver al ojo — transitoriamente— su ceguera original. Ano-­&#13;
&#13;
nadar primero para reinventar después. El ojo. El universo entero.&#13;
&#13;
Ciertamente, algunos, por ahora, le deben nada más que dinero, trajes&#13;
&#13;
“palm-beach”, automóviles “ Sedan” de ochenta puertas, un crucero en Yacht&#13;
&#13;
por el Caribe o una noche con la más resplandeciente muchacha de París,&#13;
&#13;
Nueva York o Barcelona. Porque Picabia tenía dinero. Y era dadivoso con&#13;
&#13;
sus amigos — también con sus enemigos encubiertos. No obstante, deudores&#13;
&#13;
tan seculares pueden estar tranquilos. Picabia ha muerto. Además, tuvo&#13;
&#13;
demasiadas mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, inteligentes y estúpidas, leales&#13;
&#13;
y brujas. En ocasiones tan poco propicias, ninguna acción judicial podría ser&#13;
&#13;
coordinada con éxito. Por otra parte, la resurrección de Picabia, aunque&#13;
&#13;
deseable, es poco probable. Y aun en el caso que esto ocurra, él nunca&#13;
&#13;
terminará pidiendo cuentas de nada, porque lo que Picabia intentó toda&#13;
&#13;
su vida fué precisamente disolver las cuentas, hacer irreconocible el debe&#13;
&#13;
y el haber. Picabia comprendió desde muy joven la pasmosa fragilidad del&#13;
&#13;
actual sistema monetario; así, llegó a demostrar, con compleja maestría,&#13;
&#13;
que el uso absurdo del dinero (no confundir con el despilfarro o el rasta-&#13;
&#13;
cuerismo) puede ocasionar graves resquebrajamientos en sus mecanismos&#13;
&#13;
circulatorios; invalidar, en poco tiempo, los pacientes esfuerzos de miles&#13;
&#13;
de técnicos por dar a una economía salud, equilibrio y cordura.&#13;
&#13;
 Hay otras deudas. Otros deudores, por lo tanto. Nuevas formas de la&#13;
&#13;
seducción, de lo festivo, de la poesía, del cine, de la moral artística, de&#13;
&#13;
la pintura.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y LA SEDUCCIÓN&#13;
&#13;
&#13;
 Los procedimientos modernos de la seducción amorosa, que hoy son&#13;
&#13;
usufructuados por cualquiera — inconsultamente— son, en su mayoría, de&#13;
&#13;
origen picabiano. Olga escribe: “los seductores más sutiles concuerdan en&#13;
&#13;
considerarlo (a Picabia) excepcional”.&#13;
&#13;
&#13;
LO FESTIVO&#13;
&#13;
&#13;
 En Cannes, Picabia inventó — la palabra, como después veremos, es la&#13;
&#13;
más adecuada — algunas fiestas memorables. Inventar fiestas, y nada menos&#13;
&#13;
(que en Cannes, no suena, por cierto, del mejor modo. Principalmente, sor-­&#13;
&#13;
prende. a primera vista, que sea Picabia — un rebelde— su responsable. En&#13;
&#13;
realidad, es difícil suponer las cosas más frívolas de un organizador (o inven-­&#13;
&#13;
tor) de fiestas en Cannes. En el caso de Picabia, único caso, estas suposicio-­&#13;
&#13;
nes son infundadas. No sólo Mrs. Simpson no fué invitada a sus fiestas — lo&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
2                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
Caoutchouc (1909)&#13;
&#13;
&#13;
que ya es, de por sí, una garantía— , sino que todas las leyes y convenciones&#13;
&#13;
de lo festivo, sobre todo de lo festivo en Cannes, fueron minuciosamente&#13;
&#13;
subvertidas. Ni refinamiento. Ni galantería. Ni preciosismo. Ninguna “cor-&#13;
&#13;
tegiana onesta” reinando. Tampoco reinando ningún calígula de la política,&#13;
&#13;
de das letras, del sexo o del buen gusto. Benozzo Gozzoli, Carpaccio, Leonar-­&#13;
&#13;
do, Rubens y Walteau, organizaron, sin duda, fiestas de extraña belleza.&#13;
&#13;
Su imperfección, con todo, resulta hoy bastante imaginable; rara vez habrán&#13;
&#13;
podido esconder su turbio origen servil o demagógico. Las fiestas de Picabia,&#13;
&#13;
en cambio, realizan lo festivo plenamente, puramente, sin concesiones. Su&#13;
&#13;
procedimiento es el absurdo; su finalidad, la invención de una alegría ruda&#13;
&#13;
y fraternal. Una nueva era de lo festivo.&#13;
&#13;
&#13;
LA POESÍA&#13;
&#13;
&#13;
 “En cuanto al deseo, aconsejaba Epictcto, moralista y esclavo, suprímelo&#13;
&#13;
radicalmente por el momento”. La poesía de Picabia nos propone lo contra-­&#13;
&#13;
rio: la exaltación del deseo. Sólo el deseo — “la voluptuosidad del ser (Jean&#13;
&#13;
van Heeckeren)— puede restituir a la poesía su antigua utilidad comuni­-&#13;
&#13;
cativa. El deseo, más allá de ciertos límites, conduce a lo extraordinario.&#13;
&#13;
El deseo inventa; sólo la cobardía imita. Picabia-poeta, por su fidelidad&#13;
&#13;
a este modo de ver, es un gran poeta de este siglo. Tzara (el mejor Tzara),&#13;
&#13;
Hans Arp), Hugo Rail (el primer Hugo Ball, no el último), van Hoddis,&#13;
&#13;
Schwitters-poeta, son los pocos, tal vez podrían agregarse algunos nombres&#13;
&#13;
más, que están a su mismo nivel.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y EL CINE&#13;
&#13;
&#13;
 “El mejor film de Rene Clair (“Entr’acte”) no es de él", dice Michel&#13;
&#13;
Perrin.&#13;
&#13;
&#13;
LA MORAL ARTÍSTICA&#13;
&#13;
&#13;
 El espectáculo de un espíritu fiel a su particular complexión, es decir,&#13;
&#13;
libre de cualquier compromiso exterior, merece siempre, al principio, juicios&#13;
&#13;
tolerantes y risueños. Es lo diferente, lo inesperado, lo raro, y eso divierte.&#13;
&#13;
No obstante, si la duración del espectáculo se prolonga más de la cuenta,&#13;
&#13;
si su persistencia rebasa los límites que la urbanidad tiene previstos, no&#13;
&#13;
faltan, por supuesto, los que terminan por estimarlo injurioso. Es el caso&#13;
&#13;
de la libertad (o libertades) de Picabia. Sus primeras manifestaciones fueron&#13;
&#13;
acogidas con ánimo jocoso; nadie, al parecer temía las rarezas del descon­-&#13;
&#13;
certante millonario. Más tarde, la actitud, por su ya incómoda insistencia,&#13;
&#13;
comenzó a ser sospechosa. La benignidad de un comienzo trocóse, de pronto,&#13;
&#13;
en irritación general. Todos los que estaban en el “gran juego —hombres&#13;
&#13;
de reputación (buena, claro está, artistas “serios”, críticos y boticarios del&#13;
&#13;
arte, suministradores y administradores de prestigio—; todos se descubrieron&#13;
&#13;
víctimas, burlados y, lo que es peor aún, denunciados. Es que, en Picabia,&#13;
&#13;
el desdén por las complicidades consagratorias no era una táctica. Tampoco&#13;
&#13;
lo era su agresividad. El atacaba por odio, por humor o por convicción.&#13;
&#13;
Nunca por arribismo. Por eso, cuando Picabia, en “391” , denuncia la farsa,&#13;
&#13;
la inepcia y la corrupción de sus contemporáneos ilustres, lo hace sin dete-­&#13;
&#13;
nerse en nada, sin reconocer en su adversario ningún tipo de virtud última&#13;
&#13;
o secreta; ningún punto de apoyo para una posible reconciliación ulterior&#13;
&#13;
— “un almuerzo íntimo para zanjar diferencias y conocerse más”.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: EX PRODIGIO&#13;
&#13;
&#13;
 A los 15 años (1893), Picabia, después de una fugaz [estadía] en el&#13;
&#13;
“atelier Cormon”, se había ya adueñado de la más depurada técnica natu-­&#13;
&#13;
ralista del arte de su época (Cormon, Bouguereau, Meissonier). Fué, en&#13;
&#13;
efecto, un “niño prodigio”, pero no durante mucho tiempo. Dejó de serlo&#13;
&#13;
antes de lo necesario, prematuramente. Muy joven, cuando cualquier otro&#13;
&#13;
hubiera empezado a tomar conciencia de su excepcional condición, Picabia&#13;
&#13;
desertó, pasando, sin remordimientos, a la categoría de ex prodigio. Norbert&#13;
&#13;
Wiener, en su reciente autobiografía, cuyo título es precisamente “Ex Pro-&#13;
&#13;
digy” (Simón and Schuster, New York), señala que el revolucionario es&#13;
&#13;
muy a menudo un ex prodigio. A la luz de esta observación, Picabia ex pro­-&#13;
&#13;
digio y Picabia revolucionario adquieren una insospechada coherencia,&#13;
&#13;
su rebeldía de infancia aparece condicionando su rebeldía de madurez.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LAS “ISLAS CONCRETAS”&#13;
&#13;
&#13;
 Arp ha escrito: “Es él (Picabia) quien ha descubierto las “islas con-­&#13;
&#13;
cretas”, donde los señores abstractos se devoran.” Esto, aunque no hay acuer­-&#13;
&#13;
do total, parece cierto. Picabia, entre 1907 y 1908, sin haberse apartado&#13;
&#13;
todavía del impresionismo, habría realizado los primeros dibujos abstractos&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
El niño carburador (1917)  Yo vuelvo a ver en recuerdo a mi querida Udnie (1913)  Desfile amoroso (1917)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                          3&#13;
&#13;
&#13;
Catch as catch can (1913)&#13;
&#13;
&#13;
conocidos. Además, en su cuadro “Cautchou” , pintado en 1909, los elementos&#13;
&#13;
figurativos son mucho menos discernibles que los usados por Kandinvsky&#13;
&#13;
y Kupka en esa misma época. Sin embargo, la contribución más importante&#13;
&#13;
de Picabia a la pintura contemporánea son sus obras de 1912 a 1918 (Pro­-&#13;
&#13;
cesión en Sevilla, Cultura física. Edtaonisl, Catch as Catch can, Udnie: joven&#13;
&#13;
muchacha americana, Vuelvo a ver en mi recuerdo a mi querida Udnie,&#13;
&#13;
Un raro cuadro sobre la tierra, Los discos, Dedée de América).&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LA CAÍDA COMO DISPONIBILIDAD&#13;
&#13;
 Picabia profesaba la ética de la disponibilidad estética. Artísticamente&#13;
&#13;
era un ansioso. Siempre anhelaba pasar a otra cosa; siempre sospechaba&#13;
&#13;
estar cabalgando sobre el error. “El arte, dice, es el culto del error”. A esta&#13;
&#13;
ansiedad debemos los momentos más altos de Picabia (1907-1925 y 1945-1953),&#13;
&#13;
pero también sus caídas más penosas: sus veinte años intermedios de majas,&#13;
&#13;
bailarines y desnudos del más desesperante academicimo.&#13;
&#13;
 “Picabia parece desear un arte de movilidad’’, aventuraba, no sin reti­-&#13;
&#13;
cencia, Apollinaire en 1913.&#13;
&#13;
&#13;
PlCABIA y EL ARTE&#13;
&#13;
&#13;
 Dadaísta nato, Picabia se sentía inclinado a respetar más a un boxeador&#13;
&#13;
que a un poeta — "prefiero a un boxeador negro que a un estudiante negro,&#13;
&#13;
decía Arthur Cravan, poeta y boxeador. La descalificación rasante del este-­&#13;
&#13;
ticismo e intelectualismo fué uno de los grandes aciertos de “dada”. El&#13;
&#13;
artista, según el siglo pasado: “pobre diablo” fabricante sumiso de objetos&#13;
&#13;
excelsos, debía ser fusilado. Sus muecas apesadumbradas, sus infortunios&#13;
&#13;
(reales o imaginarios) y su inteligencia desierta, no interesaban ya a nadie.&#13;
&#13;
Duchamp, Picabia, Tzara, Vaché y Cravan se propusieron su aniquilamiento.&#13;
&#13;
Y lo lograron. La aparición, empero, de algunos artistas de nuevo tipo&#13;
&#13;
(Brancusi, Arp, Sophie Taueber, Max Ernst, Van Doesburg, Mondrian,&#13;
&#13;
Gabo y Pevsner) advirtió sobre la necesidad de reconocer, de buena o mala&#13;
&#13;
gana, que el artista, como arquetipo humano, no estaba agotado; que el&#13;
&#13;
arte, después de todo, no era una tontería sin vigencia (Vaché, sino el&#13;
&#13;
más importante instrumento de transformación de la vida. Esta nueva po-­&#13;
&#13;
sibilidad fué, en esa época, alrededor de 1920, muy resistida por los pioneros&#13;
&#13;
del dadaísmo. En realidad, se han necesitado treinta años, en el curso de los&#13;
&#13;
cuales los pujantes arquetipos no-artísticos del 900 han demostrado su inefi­-&#13;
&#13;
cacia, para que Picabia, poco tiempo antes de morir, devuelva al arte su&#13;
&#13;
mayor confianza, su única confianza: “En tanto que fenómeno estético, la&#13;
&#13;
existencia es insoportable, pero, por medio del arte, lo extraordinario nos&#13;
&#13;
descansa de la vida, y es esta proyección que nos descansa de nosotros&#13;
&#13;
mismos” .&#13;
&#13;
&#13;
Pintura (1950)&#13;
&#13;
&#13;
REFLEXIONES DE PICABIA&#13;
&#13;
&#13;
Mi pensamiento me dice donde me encuentro, pero no me indica&#13;
hacia donde voy. La ignorancia del porvenir es mi vida, mi vida&#13;
&#13;
que no puede vivir por anticipaciones. Soy el éxito del fracaso.&#13;
&#13;
No deseo ni resultado, ni meta.&#13;
&#13;
 El conocimiento es un viejo error que piensa en su juventud.&#13;
Los descontentos y los débiles hacen la vida más bella.&#13;
Las leyes están contra la excepción, a mí sólo me atrae la excepción.&#13;
El diablo me sigue noche y día porque tiene miedo de estar solo.&#13;
 Muchos artistas consagran el tiempo a su pintura, yo me pregunto&#13;
por qué esas gentes gustan de las malas compañías.&#13;
&#13;
El arte es el culto del error.&#13;
 El amor del odio es el más bello amor.&#13;
 Considerada como fenómeno estético la existencia es insoportable,&#13;
pero gracias al arte, lo extraordinario nos hace descansar de la&#13;
&#13;
vida, y es esta proyección la que nos hace descansar de nosotros&#13;
&#13;
mismos.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
4                                                                                                                       LETRA Y LÍNEA    &#13;
&#13;
&#13;
A FRANCIS PICABIA&#13;
&#13;
por Aldo Pellegrini&#13;
&#13;
&#13;
Dame la moneda de sueño dame un día de asombro ante las máquinas&#13;
&#13;
las ruedas han suprimido al hombre y su tumulto&#13;
&#13;
el ruido corroe el silencio dame la moneda de sueño&#13;
&#13;
para comprar el contrasueño de risa de marsopa&#13;
&#13;
&#13;
Dame la historia en el amanecer del mundo&#13;
&#13;
y la canción de piedra los viernes ya muy tarde&#13;
&#13;
donde el caminador se oculte&#13;
&#13;
allí mismo lo persigues con tu alfiler de nieve&#13;
&#13;
&#13;
Si la sangre no corre brota el estupor de la mirada&#13;
&#13;
los pozos insondables seducen a las vírgenes borrachas&#13;
&#13;
en las grandes usinas tropiezan soles ciegos&#13;
&#13;
y nadie los advierte&#13;
&#13;
&#13;
Nadie advierte&#13;
&#13;
que el tiempo de las sonrisas adormece a los relojes&#13;
&#13;
que sólo el acero piensa y máquinas virginales&#13;
&#13;
derrumban el pasado&#13;
&#13;
&#13;
Máquinas virginales y torbellinos de incienso&#13;
&#13;
ahuyentan el olor de la vida&#13;
&#13;
máquinas hasta el supremo límite&#13;
&#13;
azul y rojo&#13;
&#13;
donde los pasos se detienen&#13;
&#13;
&#13;
Con un gesto calmas la ferocidad del acero&#13;
&#13;
estalla un canto que no se puede detener­&#13;
&#13;
los automóviles giran a tu alrededor con la elegancia de mártires&#13;
&#13;
    hipnotizados&#13;
&#13;
las galerías de hombres se extienden basta la inmovilidad&#13;
&#13;
los torturadores rugen en voz tan baja que no es posible contener la risa&#13;
&#13;
un ruido de pájaros deja su humo de color en las usinas&#13;
&#13;
&#13;
El tiempo de tu sonrisa despierta a los relojes&#13;
&#13;
el tiempo de tu sonrisa acelera a los relojes&#13;
&#13;
lanzaste el canto que no se puede detener&#13;
&#13;
el canto que sacude a los personajes inmóviles&#13;
&#13;
tu aparición ilumina las sombras&#13;
&#13;
en esa noche que agotó los días&#13;
&#13;
dioses de pesadilla&#13;
&#13;
se guían por tu brújula extraña&#13;
&#13;
&#13;
Manejando la química de la aventura&#13;
&#13;
paralizaste el mundo delirante de las máquinas&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la vida&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
y para aliviar el terror de un vacío siniestro&#13;
&#13;
inventaste la máscara bufona del misterio&#13;
&#13;
&#13;
Al destruir se crea al crear se destruye&#13;
&#13;
la lógica de los hombres conduce hacia lo absurdo&#13;
&#13;
la lógica de la vida sucumbe ante lo absurdo&#13;
&#13;
todo lo explica lo absurdo la eternidad nos crea&#13;
&#13;
la vida nos destruye&#13;
&#13;
sólo el humor es eterno&#13;
&#13;
&#13;
Es necesario vivir he ahí tu ejemplo absurdo&#13;
&#13;
vivir rodeado de muertes&#13;
&#13;
de la muerte del viejo del perro del gusano del guerrero del timador&#13;
&#13;
de la muerte del silencioso del prudente del nocturno del solitario&#13;
&#13;
vivir en la travesía de la muerte&#13;
&#13;
donde la alegría de crear y la alegría de destruir&#13;
&#13;
se mezclan en la misma y única alegría&#13;
&#13;
&#13;
Vivir en la delirante vida de las máquinas&#13;
&#13;
con tu canto y color que no se detienen&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la muerte&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
&#13;
Para destruir lo que nos destruye&#13;
&#13;
dame tu moneda de sueño dame&#13;
&#13;
tus largos caminos de humor&#13;
&#13;
a mitad de la ruta&#13;
&#13;
un desconocido preguntará por tu templo de risa.&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO DE AJEDREZ&#13;
&#13;
por Miguel Brascó&#13;
&#13;
&#13;
No existe ninguna cárcel inexpug­-&#13;
&#13;
nable, no al menos las cárceles orga­-&#13;
&#13;
nizadas según el concepto común de&#13;
&#13;
reducir sus precauciones a la coacción&#13;
&#13;
puramente física de los prisioneros.&#13;
&#13;
El alma de los hombres es salvaje­&#13;
&#13;
mente libre y siempre encuentra la&#13;
&#13;
oportunidad de transmitir esa liber­-&#13;
&#13;
tad al cuerpo que la contiene. Habría&#13;
&#13;
que establecer, en todo caso, otro&#13;
&#13;
tipo de prisión: una prisión que no&#13;
&#13;
retenga los cuerpos sino las almas.&#13;
&#13;
&#13;
El coche se sacudía con un crujido de&#13;
&#13;
madera y vidrios, no tanto por la rapidez&#13;
&#13;
de la marcha cuanto por los baches e irre-­&#13;
&#13;
gularidades del camino; por momentos se&#13;
&#13;
inclinaba tan pronunciadamente contra uno&#13;
&#13;
de sus costados que el vuelco parecía in-­&#13;
&#13;
evitable, pero luego recobraba el inestable&#13;
&#13;
equilibrio sin otro desmedro que el de los&#13;
&#13;
tres hombres que viajábamos en su interior.&#13;
&#13;
 El sol de la mediatarde, ya pálido, ponía&#13;
&#13;
un reflejo violáceo sobre las dos ventanillas&#13;
&#13;
del oeste y marcaba con sombras largas y&#13;
&#13;
lánguidas los árboles del territorio. Por cen­-&#13;
&#13;
tésima vez me acomodé sobre el respaldo&#13;
&#13;
tratando de evitar el contacto con la rodilla&#13;
&#13;
del guardián que dormitaba a mi lado. El&#13;
&#13;
otro, sentado enfrente, me miraba fijamente&#13;
&#13;
sin ver, con una expresión a la vez fatigada&#13;
&#13;
y torpe. Cerré los ojos. Afuera se oía el&#13;
&#13;
grito repetido del postillón, y el trote pau­-&#13;
&#13;
sado de los caballos. El fin del viaje estaba&#13;
&#13;
próximo; el vehículo se detuvo primero y&#13;
&#13;
rostros ansiosos se pegaron a los vidrios&#13;
&#13;
escrutando el interior. Casi inconsciente­-&#13;
&#13;
mente oí las palabras cambiadas con el&#13;
&#13;
guardián, sentí una ráfaga de viento fresco&#13;
&#13;
que entraba por la portezuela abierta, mez­-&#13;
&#13;
clada con olor a tabaco fuerte y tierra. El&#13;
&#13;
hombre rió, el coche rodó otra vez sobre&#13;
&#13;
un camino mucho más cuidado y se detuvo&#13;
&#13;
por fin. El guardián sentado enfrente de mí&#13;
&#13;
se incorporó golpeando al otro en las rodi­-&#13;
&#13;
llas con la palma de la mano y descendió.&#13;
&#13;
Yo lo hice detrás sin esperar a que me&#13;
&#13;
invitara, pasando entre las piernas del guar-­&#13;
&#13;
dián dormido.&#13;
&#13;
La casa no alcanzaba a distinguirse desde&#13;
&#13;
allí; tal vez estuviera mucho más lejos&#13;
&#13;
o quizás los árboles la ocultaban desde&#13;
&#13;
aquel costado. Caminamos por el sendero&#13;
&#13;
entre macizos de tulipanes y sórdidas ca-&#13;
&#13;
suchas de madera, sintiendo crujir la arena&#13;
&#13;
bajo las suelas. El hombre caminaba detrás&#13;
&#13;
llevando el atado de ropa que, apresurada-­&#13;
&#13;
mente, me permitieron reunir dos noches&#13;
&#13;
antes, cuando pasaron a buscarme. Reconocí&#13;
&#13;
una vez más que todo estaba perdido. Para&#13;
&#13;
afianzar esta certidumbre allí estaba la casa&#13;
&#13;
con sus ventanales enrejados, el techo de&#13;
&#13;
pizarra gris, con ese aspecto vigoroso que&#13;
&#13;
le daban sus paredes de piedra gótica y la&#13;
&#13;
puerta sombría y metálica entre dos arcos.&#13;
&#13;
A medida que nos acercábamos pude ver&#13;
&#13;
las otras alas de la construcción, extendién­-&#13;
&#13;
dose hacia atrás en dos pisos chatos.&#13;
&#13;
 — Es la casa — consignó el hombre detrás&#13;
&#13;
de mí. Inútilmente y sin quererlo apresuré&#13;
&#13;
el paso.&#13;
&#13;
 Pero cuando la puerta se cerró a mis&#13;
&#13;
espaldas y pisé por primera vez sus losas&#13;
&#13;
húmedas precedido por el guardián, ya ha­-&#13;
&#13;
bía olvidado mis vacilaciones y el pensa-­&#13;
&#13;
miento de la evasión estaba presente en mi&#13;
&#13;
confianza habitual. Mi atención estaba tensa&#13;
&#13;
y lúcida; guardé, detalle por detalle en mi&#13;
&#13;
memoria, la conformación y aspecto de cada&#13;
&#13;
uno de los corredores recorridos.&#13;
&#13;
 Se me fijó toda una sección del edificio&#13;
&#13;
por la cual podía moverme libremente; me&#13;
&#13;
dieron alojamiento en una habitación con&#13;
&#13;
una cama flanqueada por cuatro columnas&#13;
&#13;
pero sin dosel, lo cual le comunicaba una&#13;
&#13;
sensación de cosa incompleta, de precarie-­&#13;
&#13;
dad desagradable. Confieso que me descon-­&#13;
&#13;
certó la aparente inseguridad de las me­-&#13;
&#13;
didas adoptadas por los guardianes para&#13;
&#13;
evitar las evasiones. Este desconcierto y este&#13;
&#13;
descuido fueron precisamente los que me&#13;
&#13;
hicieron extremar mis precauciones. De so­-&#13;
&#13;
bra sabía que mis enemigos tenían sobrado&#13;
&#13;
motivo para evitar en cualquier forma mi&#13;
&#13;
fuga; luego, sin duda, aquella prisión les&#13;
&#13;
merecía una entera confianza.&#13;
&#13;
El primer contacto que me permitieron&#13;
&#13;
con otros prisioneros después de una sema-­&#13;
&#13;
na de rigurosa soledad, confirmaron mis&#13;
&#13;
presunciones. Los interrogué de inmediato&#13;
&#13;
sobre las tentativas de fuga registradas, so­-&#13;
&#13;
bre los planes existentes, las posibilidades&#13;
&#13;
y los peligros, todos los interrogantes que&#13;
&#13;
obsesionaron mi primera semana de reclu­-&#13;
&#13;
sión solitaria. Aquellos hombres movieron&#13;
&#13;
negativamente la cabeza.&#13;
&#13;
 -No piense más en eso —dijeron— . No&#13;
&#13;
alimente inútiles esperanzas. La evasión es&#13;
&#13;
imposible.&#13;
&#13;
Me explicaron que fugas intentadas en&#13;
&#13;
otros tiempos, cuando inclusive el sistema&#13;
&#13;
de la prisión no había alcanzado las per­-&#13;
&#13;
fecciones actuales, había fracasado; en ver­-&#13;
&#13;
dad hablaron de dificultades insalvables,&#13;
&#13;
pero no conseguí que las concretaran.&#13;
&#13;
 Después de aquella primera entrevista,&#13;
&#13;
permanecí dos días sin salir de mi habita-­&#13;
&#13;
ción. El guardián no tuvo inconveniente en&#13;
&#13;
llevarme allí la comida al mediodía y a la&#13;
&#13;
noche. Por la mañana, a través de la alta&#13;
&#13;
ventana entraba el sol dando al aposento&#13;
&#13;
un aspecto casi alegre. El muro era tan&#13;
&#13;
grueso que la ventana parecía excavada&#13;
&#13;
como un túnel y los barrotes casi no al­-&#13;
&#13;
canzaban a tocarse. Un pájaro había hecho&#13;
&#13;
su nido contra esos barrotes. Cuando me&#13;
&#13;
asomé, se produjo un revuelo y el nido&#13;
&#13;
quedó vacío.&#13;
&#13;
 Los dos días de voluntaria soledad fueron&#13;
&#13;
penosos, pero el tercero me encontró ya&#13;
&#13;
tranquilo, acostado de espaldas sobre el&#13;
&#13;
lecho, con las manos cruzadas por debajo&#13;
&#13;
de la nuca. Me entretenía imaginando la&#13;
&#13;
situación embarazosa que habría creado mi&#13;
&#13;
repentina desaparición. Casi me divertía&#13;
&#13;
imaginando a Luis recorriendo a largos&#13;
&#13;
pasos su despacho y mordiéndose nerviosa­&#13;
&#13;
mente el bigote. Pero la ruina de Luis era&#13;
&#13;
la mía propia. Era necesario, pues, poner&#13;
&#13;
toda la inteligencia y la voluntad para es-­&#13;
&#13;
capar de allí lo antes posible.&#13;
&#13;
En la primer comida que compartí con&#13;
&#13;
los otros internados, me mantuve silencio-­&#13;
&#13;
so; intuía que aquellos hombres eran mis&#13;
&#13;
enemigos con tanta intensidad como los car­-&#13;
&#13;
celeros. Estudié con atención cada uno de&#13;
&#13;
los rostros; todos eran burgueses de la clase&#13;
&#13;
alta o aristócratas venidos a menos. Enfren­-&#13;
&#13;
te de mí se sentaba un hombre gordo de&#13;
&#13;
ojos saltones y patillas desordenadas y ca­-&#13;
&#13;
nosas. A su lado un anciano con aspecto&#13;
&#13;
de barón bebía vino continuamente, lim- ­&#13;
&#13;
piándose luego los labios con un pañuelo&#13;
&#13;
de color celeste, más allá otros dos caballe-­&#13;
&#13;
ros ya maduros en cuyos rostros curtidos se&#13;
&#13;
adivinaba al hombre de la tierra o al mi-­&#13;
&#13;
litar, discutían animadamente. Sin prestar&#13;
&#13;
atención a sus palabras y sin que ellos pa-­&#13;
&#13;
recieran preocuparse tampoco de mí, me&#13;
&#13;
dediqué a estudiar a los comensales; des­-&#13;
&#13;
cubrí luego que se discutía sobre un tema&#13;
&#13;
de ajedrez. Soy un buen jugador y con el&#13;
&#13;
ánimo de ganar cuanto antes le amistad de&#13;
&#13;
aquellos hombres, me decidí a intervenir:&#13;
&#13;
 -Esa partida a la que ustedes se refie­-&#13;
&#13;
ren — dije de pronto—, no terminó con&#13;
&#13;
mate de rey y torre sino de una manera&#13;
&#13;
muy diferente. Es posible que la confundan&#13;
&#13;
con otra semejante realizada entre M. y J.&#13;
&#13;
en el mismo torneo.&#13;
&#13;
 Estas palabras me convirtieron de pronto&#13;
&#13;
en el centro de atención de todos.&#13;
&#13;
 — ¿Está seguro? - preguntó el barón lim- ­&#13;
&#13;
piándose los labios con su pañuelo.&#13;
&#13;
—Tuve oportunidad de asistir a ese tor­-&#13;
&#13;
neo de Leipzig y tengo frescas en la me­-&#13;
&#13;
moria estas partidas.&#13;
&#13;
¿Usted asistió al torneo de Leipzig?&#13;
&#13;
-preguntó esta vez el hombre gordo de&#13;
&#13;
las patillas desordenadas, con el tenedor a&#13;
&#13;
medio camino entre el plato y sus labios.&#13;
&#13;
El anciano barón dejó la copa sobre la&#13;
&#13;
mesa.&#13;
&#13;
— Fui suplente del equipo de nuestro&#13;
&#13;
país, pero no tuve oportunidad de inter­-&#13;
&#13;
venir.&#13;
&#13;
Se produjo una escena confusa, tras la&#13;
&#13;
cual fui obligado a decir mi nombre que&#13;
&#13;
algunos avisados creyeron recordar levan­-&#13;
&#13;
tando sus índices en el aire como sancio­-&#13;
&#13;
nando la efectiva realidad de mi existencia.&#13;
&#13;
Me solicitaron detalles que proporcioné con&#13;
&#13;
fidelidad primero y dejándome llevar por&#13;
&#13;
la imaginación después.&#13;
&#13;
Luego de la cena, la conversación conti­-&#13;
&#13;
nuó en el salón basta tarde; allí se nos&#13;
&#13;
reunieron los guardias que se mostraron tan&#13;
&#13;
interesados como mis compañeros en co-­&#13;
&#13;
nocer mis actuaciones en aquel torneo de&#13;
&#13;
Leipzig. Esa noche, me acosté con la certi-­&#13;
&#13;
dumbre de haber avanzado un buen trecho&#13;
&#13;
en el camino de mi liberación.&#13;
&#13;
Y en efecto lo había avanzado. Sí. En&#13;
&#13;
cierta forma, comencé a madurar aquella&#13;
&#13;
misma noche el proyecto de mi evasión.&#13;
&#13;
A la mañana siguiente me despertaron&#13;
&#13;
unos leves golpes en mi puerta. Escuché&#13;
&#13;
luego el juego metálico de la llave en la&#13;
&#13;
cerradura. Se abrió la puerta y en el vane&#13;
&#13;
pude distinguir apenas, con mis ojos soño-&#13;
&#13;
lientos, la figura de un guardián.&#13;
&#13;
— El señor Ferretti desea verlo.&#13;
&#13;
El hombre gordo espiaba por encima del&#13;
&#13;
hombro del guardián. La conversación de&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                                5&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
la víspera le había interesado tanto que&#13;
&#13;
se atrevía ahora a molestarme a esa hora&#13;
&#13;
temprana. No, no era molestia. Le rogué&#13;
&#13;
que se sentara mientras me lavaba y me&#13;
&#13;
vestía un poco. Mientras llenaba con agua&#13;
&#13;
la jofaina, el guardián se retiró.&#13;
&#13;
 — El ajedrez es el juego total — dijo el&#13;
&#13;
hombre gordo juntando el pulgar y el índi­-&#13;
&#13;
ce a la altura de sus labios. Estábamos en&#13;
&#13;
el patio interior donde los prisioneros po­-&#13;
&#13;
dían pasear después del almuerzo. Era un&#13;
&#13;
patio grande rodeado por dos pabellones y&#13;
&#13;
paredes altísimas de piedra gris, cubiertas&#13;
&#13;
de hiedra. En los rincones, entre las lajas&#13;
&#13;
del suelo, crecía la hierba; tres naranjos&#13;
&#13;
proyectaban una mínima sombra. El día era&#13;
&#13;
desapacible y solamente el gordo y yo ha­-&#13;
&#13;
bíamos salido al paseo mientras el resto&#13;
&#13;
permanecía refugiado en el salón.&#13;
&#13;
 — Hay quienes se identifican con la reina,&#13;
&#13;
quienes con la torre. Yo amo el alfil, amo&#13;
&#13;
su astuto golpe diagonal imprevisto, su es-­&#13;
&#13;
tatura elegante coronada por una esfera. La&#13;
&#13;
esfera es la perfección, la totalidad idén­-&#13;
&#13;
tica siempre a sí misma en todos sus pun­-&#13;
&#13;
tos. ¿Con qué piezas se identifica usted?&#13;
&#13;
 Contesté sin entusiasmo, vagamente, que&#13;
&#13;
no prefería ninguna en especial. La conver­-&#13;
&#13;
sación decayó luego y caminamos quince&#13;
&#13;
pasos en silencio.&#13;
&#13;
 — Sin el ajedrez la vida aquí sería im­-&#13;
&#13;
posible —recomenzó el gordo entrecerrando&#13;
&#13;
sus párpados prominentes—. En la casa&#13;
&#13;
existen diez secciones semejantes a la nues-­&#13;
&#13;
tra; cada sección contiene diez prisioneros.&#13;
&#13;
 — ¿Y guardianes?&#13;
&#13;
 — Hay diez.&#13;
&#13;
 —¿Solamente diez?&#13;
&#13;
 — Un equipo.&#13;
&#13;
 — ¿Cómo es eso?&#13;
&#13;
 — Sí. Cada sección constituye un equipo&#13;
&#13;
de ajedrez; cada dos meses la Dirección&#13;
&#13;
organiza un certamen en el que participan&#13;
&#13;
todos. Las semanas entre torneo y torneo&#13;
&#13;
se aplican a discutir, a estudiar y perfec-­&#13;
&#13;
cionar nuevas tácticas de defensa y ataque.&#13;
&#13;
El mejor equipo es, sin duda, el de los&#13;
&#13;
guardianes.&#13;
&#13;
 ¡Solamente diez! El viento me golpeó en&#13;
&#13;
la mejilla. Dos golondrinas cruzaron ver-­&#13;
&#13;
tiginosamente. En una ventana que daba al&#13;
&#13;
patio se veía un hombre, detrás de las&#13;
&#13;
rejas.&#13;
&#13;
 — Si usted ... si usted aceptara integrar&#13;
&#13;
nuestro equipo, tal vez ...&#13;
&#13;
Miraba sin duda las golondrinas fugaces.&#13;
&#13;
 — ...tal vez mejorase nuestra posición&#13;
&#13;
que por ahora es muy comprometida.&#13;
&#13;
 Estábamos frente a la puerta que comu­-&#13;
&#13;
nicaba con el salón. El gordo dió tres golpes&#13;
&#13;
fuertes con los nudillos. Después me miró&#13;
&#13;
con fervor. La puerta se abrió.&#13;
&#13;
 —¿Jugará usted con nosotros? —pregun-­&#13;
&#13;
tó el gordo.&#13;
&#13;
 — Sí. Creo que sí. Por supuesto, sí, jugaré.&#13;
&#13;
 La prisión distaba mucho de ser inexpug­-&#13;
&#13;
nable. Comencé a observar y anotar cada&#13;
&#13;
detalle, cada costumbre. Pero era necesario&#13;
&#13;
no despertar sospechas, entrar en la vida de&#13;
&#13;
todos, ganarse la confianza de los guardias.&#13;
&#13;
El ajedrez era un magnífico pretexto. Fal­-&#13;
&#13;
taba un mes para el próximo torneo cuando&#13;
&#13;
acepté integrar uno de los equipos. Recién&#13;
&#13;
entonces aprecié la pasión con que los&#13;
&#13;
internados tomaban el juego. Leían engo-­&#13;
&#13;
rrosos tratados, discutían interminablemente&#13;
&#13;
las jugadas o improvisaban partidas en&#13;
&#13;
cualquier momento, en los lugares más&#13;
&#13;
inesperados.&#13;
&#13;
 La noticia de que un jugador se había&#13;
&#13;
sumado al equipo de la sección cuatro, se&#13;
&#13;
difundió por los pabellones. Mientras per­-&#13;
&#13;
feccionaba los detalles de mi fuga, entré de&#13;
&#13;
lleno en aquel vértigo de enroques y gam­-&#13;
&#13;
bitos. La disciplina intensiva, la dedicación&#13;
&#13;
casi única, hora tras hora, al tablero de&#13;
&#13;
casillas negras y blancas, no me desagradó.&#13;
&#13;
Era un buen jugador y aquellas semanas de&#13;
&#13;
riguroso estudio me revelaron nuevas y&#13;
&#13;
eficaces combinaciones.&#13;
&#13;
 Al llegar el día del certamen, no defrau-­&#13;
&#13;
dé las esperanzas de mis partidarios, sólo&#13;
&#13;
que éstos no pudieron hallar luego al héroe&#13;
&#13;
de la jornada que llevó a la sección cuarta&#13;
&#13;
al triunfo, porque esa misma noche, pre­-&#13;
&#13;
ciso e inevitable como una jugada más en&#13;
&#13;
mis complejas partidas, logré evadirme de&#13;
&#13;
la prisión y perderme entre las vagueda-&#13;
&#13;
&#13;
LIBRERIA FAUSTO&#13;
&#13;
&#13;
Recientemente inaugurada&#13;
&#13;
Literatura y Arte&#13;
&#13;
Libros nacionales y extranjeros&#13;
&#13;
CORRIENTES 1311&#13;
&#13;
&#13;
WITCOMB&#13;
&#13;
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&#13;
Salones de Arte&#13;
&#13;
FLORIDA 760&#13;
&#13;
&#13;
des de la oscuridad y los bosques que pro­-&#13;
&#13;
longaban los dominios del castillo hacia&#13;
&#13;
el oeste.&#13;
&#13;
Me resulta difícil ahora reconstruir con&#13;
&#13;
exactitud las alternativas de la evasión. Yo&#13;
&#13;
jugaba una doble partida y contra el mismo&#13;
&#13;
adversario. El certamen se había prolongado&#13;
&#13;
por dos días; esperé la noche del segundo,&#13;
&#13;
cuando ya era claro el triunfo de los míos.&#13;
&#13;
Me tocaba entonces enfrentar al más hábil&#13;
&#13;
de los guardianes. Era un hombre todavía&#13;
&#13;
joven, de rostro cetrino y cabellos negros.&#13;
&#13;
Sus manos eran buidas y nerviosas. Tenía&#13;
&#13;
un modo desconcertante de levantar la pie-­&#13;
&#13;
za en el aire, dudar un instante y luego co­-&#13;
&#13;
locarla, certero y terrible, en la casilla pre-­&#13;
&#13;
cisa. Pedí como concesión especial que nos&#13;
&#13;
dejaran solos en el cuarto. El más leve&#13;
&#13;
rumor o movimiento pueden ser suficientes&#13;
&#13;
para perturbar el delicado mecanismo inte-­&#13;
&#13;
lectual de una jugada. Ante este pedido&#13;
&#13;
hubo protestas y negativas: nadie quería&#13;
&#13;
dejar de presenciar aquella silenciosa ba­-&#13;
&#13;
talla final. Pero me mantuve firme y con­&#13;
&#13;
seguí que accedieran a mi deseo. Solos, el&#13;
&#13;
guardián y yo, alumbrados únicamente por&#13;
&#13;
una lámpara, hicimos los primeros movi­-&#13;
&#13;
mientos. Mi juego era lento pero más se­-&#13;
&#13;
guro. Además, me animaba la certeza de&#13;
&#13;
mi otro triunfo. La evasión estaba prepa­-&#13;
&#13;
rada: en cualquier momento de aquella&#13;
&#13;
partida yo podía levantarme y el minucioso&#13;
&#13;
plan comenzaría a cumplirse sin posibles&#13;
&#13;
inconvenientes. Sin embargo dejé pasar los&#13;
&#13;
minutos y me empeñé en lograr una doble&#13;
&#13;
victoria. El silencio era perfecto, apenas&#13;
&#13;
tocado por el golpe sordo de la base afel­-&#13;
&#13;
pada de las piezas contra la madera del&#13;
&#13;
tablero. El plan de juego era estricto. Re­-&#13;
&#13;
sultaba increíble que yo pudiese prever con&#13;
&#13;
tanta seguridad las jugadas más remotas del&#13;
&#13;
adversario, colocar en la posición exacta mis&#13;
&#13;
peones, simular tres ataques diferentes en­&#13;
&#13;
cubriendo la emboscada verdadera del ca­-&#13;
&#13;
ballo. ¡Ah, sí! Mi pieza favorita, podía&#13;
&#13;
decir ahora, era el caballo, tan ágil para&#13;
&#13;
superar el obstáculo de la amurallada torre,&#13;
&#13;
vencer el cerco de peones. La luz vacilaba&#13;
&#13;
reflejándose en el marfil blanco de las&#13;
&#13;
piezas. Me levanté y continué el juego de&#13;
&#13;
pie. El guardián me observó un segundo&#13;
&#13;
con ojos imprecisos y regresó inmediata-­&#13;
&#13;
mente al ámbito del tablero. En dos juga­-&#13;
&#13;
das más, todo había concluido y luego obré&#13;
&#13;
sin vacilaciones: el hombre cayó inconscien-­&#13;
&#13;
te sobre el suelo y cambié mis ropas por&#13;
&#13;
su uniforme de paño gris. El segundo plan,&#13;
&#13;
había comenzado.&#13;
&#13;
 Los detalles posteriores no interesan. Lo&#13;
&#13;
cierto es que logré escapar, corrí por el&#13;
&#13;
campo oscuro de la noche, gané el bosque&#13;
&#13;
cercano al edificio y luego de dos horas&#13;
&#13;
de camino llegué hasta los suburbios de la&#13;
&#13;
ciudad. Conocía la topografía de sus calles;&#13;
&#13;
evité las más concurridas y caminé por las&#13;
&#13;
laterales, solitarias y oscuras a esa hora del&#13;
&#13;
amanecer, basta el hospedaje de Kausky,&#13;
&#13;
donde me permitieron refugiarme hasta tan­-&#13;
&#13;
to Luis diese conmigo. Hice sacar a Kausky&#13;
&#13;
de su dormitorio y le expliqué mi situa­-&#13;
&#13;
ción. No eran épocas para predisponerse&#13;
&#13;
en contra de las autoridades; Kausky lo&#13;
&#13;
sabía tan bien como yo y temí por un&#13;
&#13;
momento que mi antiguo amigo no estu­-&#13;
&#13;
viese dispuesto a ayudarme, pero me equi­-&#13;
&#13;
vocaba. El viejo judío sonrió afectuosamen­-&#13;
&#13;
te y me condujo, escaleras arriba hasta una&#13;
&#13;
pequeña habitación interior. Allí, sentados&#13;
&#13;
uno al lado del otro en la cama de hierros&#13;
&#13;
blancos, le narré lo mejor que pude lo que&#13;
&#13;
había sucedido. Kausky tomó nota del men­-&#13;
&#13;
saje que debía enviar a Luis y salió, reco­-&#13;
&#13;
mendándome que tratase de dominar mi&#13;
&#13;
nerviosidad durmiendo un poco. Luego&#13;
&#13;
quedé solo, esperando.&#13;
&#13;
 Había una sola ventana, pequeña, que&#13;
&#13;
daba a un patio penumbroso y gris. Por&#13;
&#13;
un momento miré a través de los vidrios&#13;
&#13;
polvorientos y después me recosté intentan­-&#13;
&#13;
do dormir o al menos tranquilizarme. Igno­-&#13;
&#13;
raba todavía que era inútil, que no podría&#13;
&#13;
lograrlo.&#13;
&#13;
 Para concluir estas memorias necesitaría&#13;
&#13;
rehacer minuto por minuto aquellos días&#13;
&#13;
desdichados e incoherentes, las horas de tor-&#13;
&#13;
tura tratando de dominar la terrible verdad&#13;
&#13;
que sospechaba, la certidumbre de que la&#13;
&#13;
prisión, finalmente, era inexpugnable. Mi&#13;
&#13;
fuga había encontrado todas las puertas&#13;
&#13;
abiertas, los corredores solitarios, los pues­-&#13;
&#13;
tos de guardia abandonados. Pero en la&#13;
&#13;
soledad de mi habitación de la casa de&#13;
&#13;
Kausky, reconstruyendo los complejísimos y&#13;
&#13;
perfectos momentos de mis partidas, luchan-­&#13;
&#13;
do por pensar en otros temas, fracasando en&#13;
&#13;
mi anhelo de imaginarme en otros lugares,&#13;
&#13;
participando de otras circunstancias, las que&#13;
&#13;
constituían mi vida anterior y en las cuales&#13;
&#13;
nunca más podría empeñarme, comprendí&#13;
&#13;
que ya nada tenía sentido fuera de aquella&#13;
&#13;
otra pasión elegante y silenciosa. Corrí casi&#13;
&#13;
todo el tiempo y golpeé jadeante en la&#13;
&#13;
puerta de la casa.&#13;
&#13;
 Nadie hizo ningún comentario. El señor&#13;
&#13;
Ferretti sonrió, sin embargo.&#13;
&#13;
 — He aquí nuestro huésped —dijo.&#13;
&#13;
Otros presos se acercaron para salu-­&#13;
&#13;
darme.&#13;
&#13;
&#13;
PARADOJA PARA LA POESIA&#13;
&#13;
&#13;
por Osvaldo Svanascini&#13;
&#13;
&#13;
 Los zapatos que deben usarse pa­-&#13;
&#13;
ra hacer poesía tienen a menudo la&#13;
&#13;
dimensión de la sangre que divide&#13;
&#13;
sus propias audiencias. Es posible&#13;
&#13;
que un poema sea un hombre pero&#13;
&#13;
es más factible admitir que es la úni-­&#13;
&#13;
ca autoridad capaz de juzgarnos.&#13;
&#13;
&#13;
 La destrucción, defensa de las ac­-&#13;
&#13;
titudes insólitas o conjugación del&#13;
&#13;
fracaso, son elementos de aporte po-­&#13;
&#13;
sitivo. Por primera vez la belleza no&#13;
&#13;
tiene la posibilidad del afeite. Ahora&#13;
&#13;
es una llaga minuciosamente belige-­&#13;
&#13;
rante. Los momentos del conformis­-&#13;
&#13;
mo con el disconformismo deben re-­&#13;
&#13;
gir los horarios de los ferrocarriles.&#13;
&#13;
He allí una forma de arribar a la&#13;
&#13;
hora.&#13;
&#13;
&#13;
 Hacer poesía con los dedos — Olvi­-&#13;
&#13;
dar los testamentos sin olvidarlos —&#13;
&#13;
Perseguir el vínculo con el tempera­-&#13;
&#13;
mento y engendrar — Ocasionar los&#13;
&#13;
estampidos y los desconciertos a fin&#13;
&#13;
de promover el descubrimiento -— .&#13;
&#13;
Además, la calidad poética, su pro­-&#13;
&#13;
fundidad, son atributos que sola­-&#13;
&#13;
mente el poeta insufla. Quienes gra­-&#13;
&#13;
vitan en la falsa modernidad o en la&#13;
&#13;
retórica insuficiente pueden llegar a&#13;
&#13;
ser buenos libreros.&#13;
&#13;
&#13;
 El ejercicio de la reacción, ese sa­-&#13;
&#13;
berse perder en plena exaltación, es&#13;
&#13;
evidentemente un sistema vital para&#13;
&#13;
integrarse en la poesía nueva. ¿Hasta&#13;
&#13;
dónde habrá que excusar a la poesía&#13;
&#13;
sin compromisos? Hoy- ahora el prin-­&#13;
&#13;
cipio de la poesía tiene que ser com­-&#13;
&#13;
prometido como el hombre. ¿Qué&#13;
&#13;
importancia tiene el arribismo a cos-­&#13;
&#13;
ta de la pérdida de la misma facul­-&#13;
&#13;
tad de saber afrontar la creación in-­&#13;
&#13;
volucrada en el estallido, en la me-­&#13;
&#13;
tamorfosis, en el reencuentro de to­-&#13;
&#13;
do material ignorado?&#13;
&#13;
&#13;
 Y si el hábito es el enemigo de la&#13;
&#13;
poesía convengamos que ésta no pue-­&#13;
&#13;
de ser ese cubo de rompecabezas ca­-&#13;
&#13;
paz de solucionar los menores con­-&#13;
&#13;
tratiempos de un juego. Para crear&#13;
&#13;
los órdenes de la poesía fueron nece­-&#13;
&#13;
sarios tantos desórdenes como los&#13;
&#13;
que a veces tratamos de concretar.&#13;
&#13;
&#13;
 Expresión: eso que a veces idea­-&#13;
&#13;
mos para cazar focas en el fondo de&#13;
&#13;
las hogueras y que ahora se prodi­-&#13;
&#13;
ga en las formas del lenguaje.&#13;
&#13;
&#13;
 Ya no es posible valorizar la opi­-&#13;
&#13;
nión de esos aletargados en relación&#13;
&#13;
a su tiempo, que persisten en una&#13;
&#13;
ignorancia con respecto a la comuni­-&#13;
&#13;
&#13;
NEIRA Y EZCURRA&#13;
&#13;
INGENIEROS AGRÓNOMOS&#13;
&#13;
PARQUES Y JARDINES&#13;
&#13;
TUCUMÁN 348 TE. 31- RETIRO 5735- 5688 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
cación actual. El escritor debe servir&#13;
&#13;
a su tiempo a pesar de los tranvías.&#13;
&#13;
Sin embargo lo más grave de todo&#13;
&#13;
esto es el desconocimiento. ¿Es posi­-&#13;
&#13;
ble, aun, desentenderse de proble­-&#13;
&#13;
mas tan capitales y basta tan verda­-&#13;
&#13;
deros dentro del proceso poético?&#13;
&#13;
¿Es lógico, además, que hablen de&#13;
&#13;
movimientos caducos — refiriéndose&#13;
&#13;
al creacionismo, dadaísmo, surrea­-&#13;
&#13;
lismo, etc.— quienes continúan en&#13;
&#13;
un sospechoso parnaso o ni siquiera&#13;
&#13;
hundieron sus magros pelos en otros&#13;
&#13;
ámbitos que los de su propia y dis­-&#13;
&#13;
cutible inepcia?&#13;
&#13;
&#13;
 Por primera vez el cerebro entra&#13;
&#13;
en la poesía sin descartar a la sangre&#13;
&#13;
y permitiéndole a ésta pilotear el&#13;
&#13;
tronco. El mar nos parece un ele­-&#13;
&#13;
mento movido por palabras como re­-&#13;
&#13;
mos enormes. Pero también la poe-­&#13;
&#13;
sía se compone de otra nueva reali-­&#13;
&#13;
dad, del sueño visto desde una torre,&#13;
&#13;
de los días que estamos soportando,&#13;
&#13;
de la heterodoxia con nosotros mis­-&#13;
&#13;
mos, del grito y la desventura, pero&#13;
&#13;
sobre todo de una necesidad incues-­&#13;
&#13;
tionable de vitalizar las premisas y&#13;
&#13;
la conciencia de nuestra propia fa-­&#13;
&#13;
cultad de existir.&#13;
&#13;
&#13;
 Además de un lápiz los poetas de­-&#13;
&#13;
cadentes usan cierto recato de noche&#13;
&#13;
de boda. Pero la poesía tiene justa­-&#13;
&#13;
mente un desenfado marinero que&#13;
&#13;
necesita alterar las algas y predispo­-&#13;
&#13;
ner a la conjuntivitis. De allí que los&#13;
&#13;
oftalmólogos prefieran atender a los&#13;
&#13;
astigmáticos.&#13;
&#13;
&#13;
 Esta época nos obliga a hacernos&#13;
&#13;
duros, casi tanto como la misma im­-&#13;
&#13;
paciencia: eso hace posible la subsis­-&#13;
&#13;
tencia del poeta. Y la vida cotidiana&#13;
&#13;
tiene durezas elevadas a la categoría&#13;
&#13;
de cáncer. La poesía resulta de ello&#13;
&#13;
facultad de resumen; una agresivi­-&#13;
&#13;
dad movida ante el contraste con el&#13;
&#13;
mundo, una creación de la destruc-­&#13;
&#13;
ción. Y la paradoja devuelve el equi-­&#13;
&#13;
librio. Es el peligro de la electrici­-&#13;
&#13;
dad: y sin embargo usamos la plan-­&#13;
&#13;
cha.&#13;
&#13;
&#13;
 No representar los estados sino la&#13;
&#13;
cosa en sí — Pasión y compromiso:&#13;
&#13;
he allí los indicios para erigir futu­-&#13;
&#13;
ras catedrales — Hacer del mundo&#13;
&#13;
real una hélice para licuar los con-­&#13;
&#13;
vencionalismos -— Influir sobre las&#13;
&#13;
maneras de anticipar los cinco senti-­&#13;
&#13;
dos —- Redimir, redimir los altos ce­-&#13;
&#13;
menterios, los hombres pegados a la&#13;
&#13;
madera gestatoria, las fuentes de lo­-&#13;
&#13;
za que han sostenido a los poemas&#13;
&#13;
del oprobio: La poesía es el único&#13;
&#13;
vicio de la virtud.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
6                                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
LA CONTRIBUCION DE EDGAR VARESE&#13;
&#13;
A LA MUSICA EXPERIMENTAL&#13;
&#13;
por Juan Carlos Paz&#13;
&#13;
&#13;
“Una idea que no es peligrosa no merece en abso-­&#13;
&#13;
luto ser considerada como idea.” — OSCAR WILDE.&#13;
&#13;
&#13;
 El campo experimental, constantemente ampliado en el período de&#13;
&#13;
la música que parte de comienzos del siglo, ha determinado situaciones&#13;
&#13;
especialísimas en los dominios de ese arte, abocando al compositor a in­-&#13;
&#13;
cesantes probaturas y experimentaciones, desde la exposición de las&#13;
&#13;
teorías de Busoni (1907), la implantación del atonalismo (1909), la&#13;
&#13;
politonalidad (1912), el microtonalismo (1920), la técnica de los doce&#13;
&#13;
tonos (1925) y la técnica de la composición atemática (1929), veremos&#13;
&#13;
que el aporte de la faz técnica y experimental ha sido enorme y sin&#13;
&#13;
paralelo alguno en la Historia de la Música.&#13;
&#13;
 Los enemigos de la música actual — entre cultores y plagiarios del&#13;
&#13;
pasado— interpretan naturalmente el hecho como demostración de que&#13;
&#13;
esa música es algo meramente cerebral y, por lo tanto, aportadora de&#13;
&#13;
valores exclusivamente técnicos, ya que los pioneros y los experimenta­-&#13;
&#13;
dores, según afirman, rara o ninguna vez son creadores. Por supuesto que&#13;
&#13;
al sostener tal cosa olvidan a Tartini, Rameau, Juan Sebastián Bach,&#13;
&#13;
entre los antiguos, o a Busoni, Schönberg, Oboúkow, Alois Hába, Julián&#13;
&#13;
Carrillo, entre los contemporáneos. Pero en la música, más que en las&#13;
&#13;
demás artes, es imposible un cambio fundamental sin profundas modifi­-&#13;
&#13;
caciones en la faz técnica; de manera que es posible afirmar que en&#13;
&#13;
realidad no ha existido un creador-músico de importancia decisiva que&#13;
&#13;
no haya sido a la vez un experimentador más o menos directo y efectivo,&#13;
&#13;
así como también un teórico y un incitador. El compositor crea la técnica&#13;
&#13;
indispensable para hacer viable su verbo; por tal razón, una y otro son&#13;
&#13;
inseparables, gracias a lo cual logran obtener la unidad integral.&#13;
&#13;
 Entre los máximos experimentadores actuales en el terreno de los&#13;
&#13;
sonidos no temperados, a la vez que en la poliarmonía, la abolición de&#13;
&#13;
las frases tradicionales, el cultivo intensivo de la disonancia como realidad&#13;
&#13;
musical y de la poliritmia, figura el franco-americano Edgar Várese, “ tra­-&#13;
&#13;
bajador en ritmos, frecuencias e intensidades”. Con una base eminente-­&#13;
&#13;
mente científica, este arquitecto en sonidos, luego de un aprendizaje&#13;
&#13;
rudamente escolástico de cuyos resultados da fe su profundo conocimiento&#13;
&#13;
de los estilos polifónico y contrapuntístico del pasado, se aplicó al estudio&#13;
&#13;
de los principios científicos de la música y durante largo tiempo lia venido&#13;
&#13;
experimentando en instrumentos eléctricos destinados a producir el soni­-&#13;
&#13;
do que se desee, además de reproducir los ya existentes basados en nuestro&#13;
&#13;
convencional sistema temperado. En principio, esta actitud es promisora&#13;
&#13;
y edificante, sobre todo si la comparamos con la postura reaccionaria que&#13;
&#13;
suponen todos los retornos contemporáneos, de Strawinsky a Hindemith.&#13;
&#13;
 Edgar Várese estudió en la Schola Cantorum, de París, con Vincent&#13;
&#13;
D ’Indy, continuando luego el contrapunto con Albcrt Roussel y siguiendo&#13;
&#13;
los cursos de Charles M. Widor en el Conservatoire. Luego de intensa&#13;
&#13;
actividad como director de coros en París y en Berlín, practicó la direc-­&#13;
&#13;
ción de orquesta en Praga, y pasó luego a radicarse en los Estados Unidos,&#13;
&#13;
donde fundó la International Composers Guild y llegó a actuar en forma&#13;
&#13;
continuada como dirigente de masas orquestales y corales.&#13;
&#13;
 Su producción, que no es abundante — Várese no es lo que puede&#13;
&#13;
definirse como un compositor prolífico— , comprende varias obras orques­-&#13;
&#13;
tales: Tres piezas, Rhapsodie romane, Gargantúa, Chansons de jeunes&#13;
&#13;
hommes, Prelude a la fin d’un jour, Les cicles du Nord, Bourgogne Mehr&#13;
&#13;
Licht, Ameriques, Arcana; y para pequeño conjunto instrumental: Hiper-&#13;
&#13;
prism, Octandre, Integrèles, Offrandes. Luego trabajó The one all alone&#13;
&#13;
en colaboración con el poeta y musicólogo cubano Alejo Carpentier, así&#13;
&#13;
como también en La canción de la niña enferma de fiebres. Este compo-­&#13;
&#13;
sitor respetuoso de la tradición, al punto de sostener una perpetua&#13;
&#13;
posición admirativa ante los grandes valores que encierra la producción&#13;
&#13;
de los maestros de todas las épocas, se ha apartado de las rutas seguidas&#13;
&#13;
por sus contemporáneos, así como del cúmulo de escuelas afines y con-­&#13;
&#13;
tradictorias, y ba penetrado valientemente en el terreno experimental,&#13;
&#13;
entendiendo la música, por encima de todo [sentimentalismo] romántico&#13;
&#13;
o realista, o de todo formulismo académico, como un resultado y una&#13;
&#13;
síntesis lograda a base de una organización de sonidos. Busca en su&#13;
&#13;
música los planos, los volúmenes y las masas sonoras a través de un&#13;
&#13;
lenguaje atonal, en cuyo desenvolvimiento la insistencia de ciertas notas&#13;
&#13;
escogidas deliberadamente, a manera de tónicas, constituyen los pivotes&#13;
&#13;
en torno de los cuales gira la acción musical. El interés de sus desarrollos&#13;
&#13;
es mantenido por la oposición de los planos y la movilidad de las pers­-&#13;
&#13;
pectivas sonoras — concepción de la música espacial— , al presentar bajo&#13;
&#13;
diferentes aspectos los esenciales elementos de unidad.&#13;
&#13;
 Para lograr éxito en su concepción de la música construida a base&#13;
&#13;
de planos superpuestos, Várese comienza por declararse insatisfecho, con&#13;
&#13;
plena razón de la estructura actual de la orquesta. No hay que olvidar&#13;
&#13;
que ese organismo sonoro es bastante deforme, ya que en él se agrupan&#13;
&#13;
sin ninguna lógica los instrumentos de sonidos temperados y de sonidos&#13;
&#13;
no temperados; donde los bajos son débiles o insuficientes y los agudos&#13;
&#13;
sin completar; donde la continuidad de los timbres hacia el agudo&#13;
&#13;
o hacia el grave se ve a menudo interrumpida por la limitación del regis­-&#13;
&#13;
tro de los instrumentos; y donde las familias de esos mismos instrumentos&#13;
&#13;
aparecen lamentablemente incompletas (1). Várese propone el empleo de&#13;
&#13;
instrumentos eléctricos capaces de establecer potencia, equilibrio y exten­-&#13;
&#13;
sión — hasta más allá de tres octavas sobre el registro actual de la or­-&#13;
&#13;
questa— y en los que los sonidos se producirían en cualquier frecuencia&#13;
&#13;
e intensidad. Por ejemplo, suele emplear el compositor acordes que com­-&#13;
&#13;
prenden una gran extensión entre el grave y el sobreagudo, y que par­-&#13;
&#13;
tiendo de un pianissimo alcanzan, gracias a una especulación de las dis­-&#13;
&#13;
tancias sabiamente calculada, un gran volumen sonoro en el espacio de&#13;
&#13;
un segundo. Y respecto al aumento en las sonoridades individuales dentro&#13;
&#13;
del conjunto orquestal, Várese ofrece este ejemplo aclaratorio: un ins­-&#13;
&#13;
trumento cualquiera, que tuviera la energía de un watt, podrían producir&#13;
&#13;
millares de ellos con la aplicación de un pequeño aparato eléctrico, de&#13;
&#13;
uso muy simple.&#13;
&#13;
 Muchas de las experiencias y especulaciones de que están colmadas&#13;
&#13;
las partituras de Várese, son impracticables para los decursos actuales de&#13;
&#13;
la orquesta y los límites acústicos a que se nos ha habituado; pero, como&#13;
&#13;
están calculados con rigor científico, es imposible dudar de su resultado&#13;
&#13;
y de que agregando a nuestros sonidos fundamentales series de armónicos&#13;
&#13;
compuestos por las necesidades del discurso musical, se producirían so-­&#13;
&#13;
nidos individuales o combinaciones sonoras inauditas como variedad, no­-&#13;
&#13;
vedad y riqueza de timbres.&#13;
&#13;
 Para compensar en parte la imposibilidad de lograr ciertos resul­-&#13;
&#13;
tados con los medios actuales, a la vez que para experimentar con estos&#13;
&#13;
mismos recursos en terrenos poco explorados aún. Várese ha anticipado&#13;
&#13;
algunos aspectos de sus concepciones respecto de los sonidos no tempe­-&#13;
&#13;
rados, en varias composiciones destinadas a pequeños conjuntos instru-­&#13;
&#13;
mentales. Para lograr esos resultados ha planteado nuevas posibilidades&#13;
&#13;
en el empleo y acoplamiento de numerosos instrumentos de percusión.&#13;
&#13;
Ionisation, por ejemplo, es una obra escrita en su totalidad para esa&#13;
&#13;
clase de instrumentos, de los que emplea 42 diferentes; en Integrèles llega&#13;
&#13;
a reunir 17 instrumentos de batería.&#13;
&#13;
 Cree Várese que la música está aún en la infancia, si nos atenemos&#13;
&#13;
a las perspectivas que la ciencia le ofrece. No hay que olvidar que la&#13;
&#13;
música es un arte que es también ciencia. La música ha entrado en una&#13;
&#13;
nueva faz — ¡era ya tiempo!— que trasciende de las limitaciones que le&#13;
&#13;
imponía nuestro vetusto sistema de escalas basadas en el sistema tem­-&#13;
&#13;
perado, cuya última etapa la constituye la técnica doce-tonal. El politonalismo, el post-impresionismo, las diversas escuelas nacionalistas, la&#13;
&#13;
música social, los retornos al pasado de los neo-clasicistas y neo-román­-&#13;
&#13;
ticos, no son más que prolongaciones harto redundantes de estados sen-­&#13;
&#13;
sibles y mentales ya superados y que se basan en recursos técnicos que&#13;
&#13;
hace casi medio siglo que atraviesan una crisis total, así como el sistema&#13;
&#13;
de escalas que les dió base, las formas llamadas “clásicas” , y la absurda&#13;
&#13;
simetría melódica, especie de “música en verso”, según la aguda defini­-&#13;
&#13;
ción de Krének. Nada de eso tiene ya valor del punto de vista de la&#13;
&#13;
posibilidad.&#13;
&#13;
 El porvenir da siempre razón a los innovadores y la quita a los imi­-&#13;
&#13;
tadores. ¿A qué, pues, la manía suicida de imitar eternamente el pasado&#13;
&#13;
aplicándose a la producción de sonatas dieciochescas, óperas “veristas”,&#13;
&#13;
piezas de un impresionismo extemporáneo, poemas sinfónicos y ballets&#13;
&#13;
plenos de explicaciones literarias y que rehuyen desesperadamente una&#13;
&#13;
nueva problemática? Entre los que desechando por inútiles esas tentati­-&#13;
&#13;
vas impotentes, y avanzando en terreno desconocido conjuntamente a otros&#13;
&#13;
pioneros de la música de nuestro tiempo, como Schönberg, [Hába], Krének,&#13;
&#13;
Webern y quizá algún otro, tiene su puesto Edgar Várese, indiscutible­-&#13;
&#13;
mente; y la punta de lanza que ha hecho penetrar en el terreno de la&#13;
&#13;
posibilidad, ha servido de incitación y ejemplo edificante que va no&#13;
&#13;
puede desdeñarse. Así lo han comprendido algunos jóvenes compositores&#13;
&#13;
de los Estados Unidos que, como William Russell. David Green, John&#13;
&#13;
Cage, Harold G. Davidson, Gerald Strang, marchan a la vanguardia de&#13;
&#13;
las corrientes musicales de América, en lo que a los hallazgos en el terreno&#13;
&#13;
físico del sonido y su aplicación práctica a cargo de recursos totalmente&#13;
&#13;
inéditos se refiera.&#13;
&#13;
 (1) El compositor y teórico mexicano Julián Carrillo, propone, en su por demás&#13;
&#13;
interesante tratado de instrumentación, la creación de escalas de timbres uniformes&#13;
&#13;
que alcanzan un ámbito ininterrumpido de extensión muy superior a la normal. La&#13;
&#13;
realización práctica de bastantes instrumentos que ampliaran el registro de los actuales&#13;
&#13;
hacia el grave y el agudo, daría a nuestra deficiente organización orquestal una suma&#13;
&#13;
de posibilidades inaudita; y a la vez, colmaría los huecos y la falta de homogeneidad&#13;
&#13;
de que adolece.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y  LÍNEA                                                                                                                      7&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
 Dylan Thomas (Swansea, 1914) desempeña hasta 1939 diversos cargos periodísti­-&#13;
&#13;
cos. Rechazado por el ejército, empieza a trabajar para la B.B.C. y para el cine,&#13;
&#13;
adquiriendo reputación como argumentista en ambas tareas. En 1933 gana el Book-prize&#13;
&#13;
con su poema The force that through the green fuse drives the flower que pasaría a&#13;
&#13;
integrar su primer volumen. El 9 de noviembre de 1953 muere en Nueva York, adonde&#13;
&#13;
había llegado para dar una serie de conferencias. La nómina completa de sus obras&#13;
&#13;
incluye: 18 Poems (1934) ; Twenty-five poems (1936) ; The Map of Love (dieciseis&#13;
&#13;
poemas y siete textos, 1939) ; The World I Breathe (1939) ; Portrait of the Artist as&#13;
&#13;
an Young Dog (colección de relatos autobiográficos, 1940) ; Deaths and Entrances&#13;
&#13;
(1946). Collected Poems reúne el total de sus poemas escritos hasta noviembre de&#13;
&#13;
1952. Edith Sitwell, Stephen Spender y Herbert Read han sido descubridores y defen-­&#13;
&#13;
sores de su obra. Sobre Dylan Thomas puede leerse además: “Dylan Thomas: APio­-&#13;
&#13;
neer”, de Francis Scarfe en Anden and After y “ An approach to Dylan Thomas” de&#13;
&#13;
Linden Huddlestone en el Penguin New Writing N° 35.&#13;
&#13;
Un artículo esclarecedor en lo que se refiere a las relaciones de su poesía con&#13;
&#13;
la política, la religión y la tradición poética galesa es el de John L. Sweeney que sirve&#13;
&#13;
de prefacio a Selected Writings publicado por New Directions. Sin embargo, The&#13;
&#13;
Poetry o Dylan Thomas de Henry Treece (poeta, galés y participante del movimiento&#13;
&#13;
Apocalipsis que apadrinara Thomas) sigue siendo, sin lugar a dudas, el estudio más&#13;
&#13;
importante y minucioso sobre la obra del poeta.&#13;
&#13;
 Las traducciones que siguen —hechas con la colaboración de Elena Cruz— no&#13;
&#13;
pretenden ser más que un primer ejercicio de poesía.&#13;
&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
&#13;
AMOR EN EL ASILO&#13;
&#13;
&#13;
Una desconocida ha llegado a compartir mi cuarto&#13;
&#13;
en esta casa no bien de la cabeza.&#13;
&#13;
&#13;
Una muchacha loca como los pájaros&#13;
&#13;
echando los cerrojos de la noche en la puerta,&#13;
&#13;
con sus brazos, sus plumas.&#13;
&#13;
&#13;
Rígida en su asombrado lecho&#13;
&#13;
o paseándose por la pesadilla de su cuarto, libre como los muertos,&#13;
&#13;
ella alucina la casa a prueba de cielos&#13;
&#13;
con nubes que están en el secreto&#13;
&#13;
o navega imaginarios océanos de guardianes.&#13;
&#13;
&#13;
Ha llegado poseída la que admite la luz ilusoria&#13;
&#13;
a través de los sólidos muros.&#13;
&#13;
Poseída por los cielos&#13;
&#13;
duerme en su angosto pesebre,&#13;
&#13;
sin embargo, atraviesa las cenizas&#13;
&#13;
y delira a su gusto sobre el escenario del manicomio&#13;
&#13;
gastado a fondo por mis lágrimas en pena.&#13;
&#13;
&#13;
Y tomado por la luz en sus brazos&#13;
&#13;
al prolongado y costoso fin&#13;
&#13;
tal vez sufra sin falta&#13;
&#13;
la primera visión que incendió las estrellas.&#13;
&#13;
&#13;
DE ESTE LADO DE LA VERDAD&#13;
&#13;
para Llewelyn&#13;
&#13;
&#13;
De este lado de la verdad&#13;
&#13;
no puedes ver, hijo mío,&#13;
&#13;
soberano de tus ojos azules&#13;
&#13;
en la enceguecedora comarca de la juventud,&#13;
&#13;
que bajo el ciclo indiferente&#13;
&#13;
todo está desprendido de culpa e inocencia,&#13;
&#13;
y que antes de que inicies&#13;
&#13;
un gesto de tu corazón o tu cabeza,&#13;
&#13;
ya está amontonado y esparcido&#13;
&#13;
en las tortuosas tinieblas&#13;
&#13;
como el polvo de los muertos.&#13;
&#13;
&#13;
Lo bueno y lo malo, dos maneras&#13;
&#13;
de dirigirte hacia tu muerte&#13;
&#13;
junto al mar hecho trizas,&#13;
&#13;
soberano de tu corazón en tus ciegos días,&#13;
&#13;
soplado como el alienta,&#13;
&#13;
van gritando a través de ti y de mí&#13;
&#13;
y de las almas de todos los hombres&#13;
&#13;
hasta las tinieblas inocentes y las tinieblas culpables,&#13;
&#13;
y la muerte buena y la mala muerte,&#13;
&#13;
y entonces, en el último elemento&#13;
&#13;
vuelan como la sangre de las estrellas,&#13;
&#13;
como las lágrimas del sol,&#13;
&#13;
como semilla lunar, escombro y fuego,&#13;
&#13;
el volador estruendo del cielo, soberano de tus seis años,&#13;
&#13;
y los perversos deseos&#13;
&#13;
bajo el principio de las plantas y animales y pájaros&#13;
&#13;
y del agua y la luz, la tierra y el cielo&#13;
&#13;
están ordenados antes de que te muevas, y todos tus actos y palabras,&#13;
&#13;
cada verdad, cada mentira,&#13;
&#13;
mueren en un inenjuiciable amor.&#13;
&#13;
&#13;
VEINTICUATRO AÑOS&#13;
&#13;
&#13;
Veinticuatro años conmemoran las lágrimas de mis ojos.&#13;
&#13;
(Enterrad a los muertos por temor de que caminen hacia la tumba&#13;
&#13;
en construcción.)&#13;
&#13;
En la arista de la natural entrada&#13;
&#13;
yo me agazapaba como un sastre&#13;
&#13;
que cose una mortaja de viaje a la luz del sol carnívoro.&#13;
&#13;
Vestido para morir, empezó el contoneo sensual,&#13;
&#13;
con mis rojas venas llenas de dinero,&#13;
&#13;
en la dirección última del pueblo elemental&#13;
&#13;
avanzo mientras dure lo que para siempre es.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
8                                                                                                                       LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
drama de ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
(acto 1°)&#13;
&#13;
&#13;
 Nacido en New York en 1915, criado en&#13;
&#13;
Brooklyn, educado en la Universidad de&#13;
&#13;
Michigan, Arthur Miller goza hoy, antes de&#13;
&#13;
los cuarenta, del raro privilegio de ser acla­&#13;
&#13;
mado por los más vastos concursos de “pú-­&#13;
&#13;
blico grueso” al mismo tiempo que es objeto&#13;
&#13;
de codiciadas distinciones por parte de las&#13;
&#13;
más refinadas minorías de “entendidos”.&#13;
&#13;
Suyos son ya, y reiteradamente, el premio&#13;
&#13;
de los Críticos Teatrales de Estados Unidos,&#13;
&#13;
el premio Pulitzer, el premio Antoinette&#13;
&#13;
Perry, por mencionar sólo los más conoci­-&#13;
&#13;
dos. Se lo ha situado junto a O’Neill en la&#13;
&#13;
dramaturgia norteamericana de hoy y no&#13;
&#13;
falta quien lo considere aún de mayor sig­-&#13;
&#13;
nificación y trascendencia en el teatro de&#13;
&#13;
nuestro tiempo.&#13;
&#13;
&#13;
 “El Crisol” — cuyo primer acto ofrecemos&#13;
&#13;
en calidad de primicia absoluta para los&#13;
&#13;
lectores de habla castellana—, fué estrenada&#13;
&#13;
en New York, el 22 de enero del año 1953&#13;
&#13;
y constituyó uno de los motivos de más&#13;
&#13;
viva discusión en aquel medio.&#13;
&#13;
&#13;
 La obra se ajusta estrictamente a un he­-&#13;
&#13;
cho histórico —la “ caza de brujas” en Sa-­&#13;
&#13;
lem, en 1692—, hasta el punto de que nin­-&#13;
&#13;
gún crítico ha podido señalar la más mínima&#13;
&#13;
desviación ni tergiversación, no obstante el&#13;
&#13;
impresionante paralelo que de ella se des­-&#13;
&#13;
prende ante la actual situación política de&#13;
&#13;
aquel país.&#13;
&#13;
&#13;
 Lo cierto es que “El Crisol” revela la&#13;
&#13;
naturaleza esencial de uno de los más ex-­&#13;
&#13;
traños y terribles capítulos de la historia&#13;
&#13;
humana. La publicación de este fragmento&#13;
&#13;
nos ha sido especialmente autorizada por&#13;
&#13;
International Editors Co.&#13;
&#13;
&#13;
ACTO I&#13;
&#13;
(A modo de obertura)&#13;
&#13;
Un pequeño dormitorio en el piso alto&#13;
&#13;
de la casa del Reverendo Samuel Parris, en&#13;
&#13;
Salem, Massachussetts, en la primavera del&#13;
&#13;
año 1692.&#13;
&#13;
A la izquierda, una angosta ventana; a&#13;
&#13;
través de sus paneles cuadriculados fluye&#13;
&#13;
el sol matutino. Aún arde una vela cerca&#13;
&#13;
de la cama, a la derecha. Un arcón, una&#13;
&#13;
silla y una pequeña mesa completan el mo­-&#13;
&#13;
biliario. En el foro, una puerta conduce al&#13;
&#13;
descanso de la escalera que lleva a la planta&#13;
&#13;
baja. En la aseada habitación reina una at­-&#13;
&#13;
mósfera austera. Las vigas del techo están&#13;
&#13;
a la vista y los colores de la madera son&#13;
&#13;
naturales y sin lustre. Al levantarse el te­-&#13;
&#13;
lón, el Reverendo Parris está arrodillado&#13;
&#13;
junto al lecho, en el que yace, inmóvil, su&#13;
&#13;
hija Betty, de diez años. Parris reza y aun­-&#13;
&#13;
que no podemos escuchar sus palabras, per-­&#13;
&#13;
cibimos que es presa de la confusión. Mur­-&#13;
&#13;
mura, luego parece estar a punto de sollo­-&#13;
&#13;
zar; luego solloza y entonces reza de nuevo,&#13;
&#13;
pero su hija no se mueve.&#13;
&#13;
 Se abre la puerta y entra su esclava negra.&#13;
&#13;
Títuba tiene más de cuarenta años. Parris&#13;
&#13;
la trajo de Barbados, donde él había vivido&#13;
&#13;
varios años como comerciante antes de in-­&#13;
&#13;
corporarse a la Iglesia. Títuba entra como&#13;
&#13;
quien ya no soporta la separación de un ser&#13;
&#13;
más querido, pero también muy asustada&#13;
&#13;
pues su instinto de esclava le ha advertido&#13;
&#13;
que, como siempre, las dificultades en esta&#13;
&#13;
casa terminan por caer sobre ella.&#13;
&#13;
&#13;
TÍTUBA (dando ya un paso atrás): ¿Mi&#13;
&#13;
Betty, sanita pronto?&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Fuera de aquí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (retrocediendo hacia la puerta): Mi&#13;
&#13;
Betty no morir...&#13;
&#13;
PARRIS (incorporándose, furioso): ¡Fuera de&#13;
&#13;
mi vista! (Ella ya se ha ido) Fuera de&#13;
&#13;
mi. .. (Es dominado por los sollozos. Los&#13;
&#13;
acalla apretando los dientes; cierra la&#13;
&#13;
puerta y se apoya en ella, exhausto.)&#13;
&#13;
¡Dios mío! ¡Dios, ayúdame! (Temblando&#13;
&#13;
de miedo, murmurando para sí entre so-­&#13;
&#13;
llozos, va hacia el lecho y toma suave­-&#13;
&#13;
mente la mano de Betty.) Betty. Criatura.&#13;
&#13;
Niña querida. ¿Despertarás, abrirás tus&#13;
&#13;
ojos? Betty, pequeña... (Se inclina para&#13;
&#13;
arrodillarse nuevamente, cuando entra su&#13;
&#13;
sobrina, Abigail Williams, de 17 años,&#13;
&#13;
una muchacha de llamativa belleza, huér-­&#13;
&#13;
fana, con una infinita capacidad para la&#13;
&#13;
simulación. Ahora rebosa preocupación,&#13;
&#13;
aprensión y compostura.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío. (El la mira.) Susanna Walcott&#13;
&#13;
viene de lo del doctor Griggs.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Sí? Que entre, que entre.&#13;
&#13;
ABIGAIL (asomándose a la puerta para llamar&#13;
&#13;
a Susanna, que está unos escalones más&#13;
&#13;
abajo): Entra, Susanna. (Entra Susanna&#13;
&#13;
Walcott, una muchacha nerviosa, apresu-­&#13;
&#13;
rada, algo más joven que Abigail.)&#13;
&#13;
PARRIS (ansiosamente): Hija, ¿qué dice el&#13;
&#13;
médico?&#13;
&#13;
SUSANNA (empinándose para ver a Betty&#13;
&#13;
por encima de Parris): Me manda venir&#13;
&#13;
a deciros, Reverendo señor, que para eso&#13;
&#13;
no puede encontrar en sus libros ninguna&#13;
&#13;
medicina.&#13;
&#13;
PARRIS: Debe seguir buscando, entonces.&#13;
&#13;
SUSANNA : Sí, señor; ha estado buscando en&#13;
&#13;
sus libros desde que lo dejasteis, señor.&#13;
&#13;
Pero me manda deciros que podríais bus­-&#13;
&#13;
car vos la causa de esto en algo anti­-&#13;
&#13;
natural.&#13;
&#13;
PARRIS (dilatándosele los ojos): No . . . no.&#13;
&#13;
Nada de causas antinaturales. Dile que he&#13;
&#13;
enviado por el Reverendo Hale, de Bever-&#13;
&#13;
ly y el señor Hale seguramente lo confir­-&#13;
&#13;
mará. Que busque en la Medicina y dese-­&#13;
&#13;
che toda idea de causas antinaturales, que&#13;
&#13;
aquí no las hay.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. El sólo me mandó de­&#13;
&#13;
c iros ... (se vuelve para salir.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: No digas nada de esto en el pue­-&#13;
&#13;
blo. Susanna.&#13;
&#13;
PARRIS: Vé directamente a casa y no hables&#13;
&#13;
de causas antinaturales.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. Rogaré por ella.&#13;
&#13;
(Váse.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío, cunde el rumor de que es&#13;
&#13;
brujería; creo que lo mejor será que&#13;
&#13;
bajéis y lo neguéis vos mismo. La sala&#13;
&#13;
está llena de gente, señor. Yo me quedaré&#13;
&#13;
con ella.&#13;
&#13;
PARRIS(abrumado, se vuelve hacia ella):&#13;
&#13;
¿Y qué he de decirles? ¿Que a mi hija y&#13;
&#13;
a mi sobrina descubrí, bailando como he-­&#13;
&#13;
rejes en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Sí, tío. bailamos. Habréis de de­-&#13;
&#13;
cirles que yo lo confesé. Y seré azotada&#13;
&#13;
si debo serlo. Pero hablan de brujería.&#13;
&#13;
Betty no está embrujada.&#13;
&#13;
PARRIS: Abigail. no puedo presentarme ante&#13;
&#13;
la congregación sabiendo que no te has&#13;
&#13;
franqueado conmigo. ¿Qué habéis hecho&#13;
&#13;
con ella en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Bailamos, tío. Y cuando aparecis­-&#13;
&#13;
teis de entre los arbustos, tan repentina­-&#13;
&#13;
mente, Betty se asustó y se desmayó.&#13;
&#13;
Y eso fué todo.&#13;
&#13;
PARRIS: Hija, siéntate.&#13;
&#13;
ABIGAIL (temblando al sentarse): Yo jamás&#13;
&#13;
le haría daño a Betty. La amo tierna­-&#13;
&#13;
mente.&#13;
&#13;
PARRIS: Atiéndeme, criatura. Tu castigo ven­-&#13;
&#13;
drá a su tiempo. Pero si en el bosque&#13;
&#13;
habéis traficado con espíritus, debo sa­-&#13;
&#13;
berlo ahora, pues sin duda llegarán a sa-­&#13;
&#13;
berlo mis enemigos y con ello me arrui­-&#13;
&#13;
narán.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Pero es que no conjuramos espí­-&#13;
&#13;
ritus. ..&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Entonces por qué desde la media­&#13;
&#13;
noche ella no puede moverse? La chica&#13;
&#13;
no tiene remedio. (Abigail baja la vista.)&#13;
&#13;
Esto saldrá a la luz, forzosamente... mis&#13;
&#13;
enemigos lo pondrán en descubierto. Di-&#13;
&#13;
me qué es lo que habéis hecho allí. ¿Abi-­&#13;
&#13;
gail, te das cuenta de que tengo muchos&#13;
&#13;
enemigos?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Oí decirlo así, tío.&#13;
&#13;
PARRIS: Hay un bando (pie ha jurado arro­-&#13;
&#13;
jarme de mi púlpito. ¿Comprendes esto?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Así lo creo, señor.&#13;
&#13;
PARRIS: Y bien; en medio de semejante&#13;
&#13;
embrollo, mis propios familiares resultan&#13;
&#13;
ser el mismo centro de no sé qué práctica&#13;
&#13;
obscena. En el bosque se hacen barbari­-&#13;
&#13;
dades. ..&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Jugábamos, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (señalando a Betty): ¿A esto le lla­-&#13;
&#13;
mas jugar? (Ella baja la mirada. El supli­-&#13;
&#13;
ca.) Abigail, si sabes algo que pueda&#13;
&#13;
ayudar al médico, por amor de Dios,&#13;
&#13;
dímelo. (Ella calla.) Al sorprenderos, vi&#13;
&#13;
a Tituba agitando sus brazos sobre el&#13;
&#13;
fuego. ¿Por qué hacía eso? Y oí cómo,&#13;
&#13;
de su boca, salía una chillona jerigonza.&#13;
&#13;
¡Se bamboleaba como una bestia estúpida&#13;
&#13;
sobre esa fogata!&#13;
&#13;
ABIGAIL: Siempre canta sus cantos de Bar­-&#13;
&#13;
bados, y nosotras bailamos.&#13;
&#13;
PARRIS: No puedo cerrar los ojos a lo que&#13;
&#13;
vi, Abigali. pues no han de cerrarlos mis&#13;
&#13;
enemigos. Vi un vestido tirado sobre la&#13;
&#13;
hierba.&#13;
&#13;
ABIGAIL (inocentemente): ¿Un vestido?&#13;
&#13;
PARRIS ( . . . e s muy duro decirlo): Sí. un&#13;
&#13;
vestido. ¡Y me pareció ver ... a alguien&#13;
&#13;
desnudo, corriendo entre los árboles!&#13;
&#13;
ABIGAIL( aterrorizada) : ¡Nadie estaba des-­&#13;
&#13;
nudo! ¡Os engañáis, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (con enojo ): ¡Yo lo vi! (Se aleja de&#13;
&#13;
ella. Con resolución): Sé sincera conmigo,&#13;
&#13;
Abigail. Y te imploro, doblégate bajo el&#13;
&#13;
peso de la verdad, pues lo que está en&#13;
&#13;
juego es mi ministerio... mi ministerio&#13;
&#13;
y tal vez la vida de tu prima. Cualquiera&#13;
&#13;
haya sido la enormidad que habéis con­-&#13;
&#13;
sumado, dímelo todo ahora, pues no me&#13;
&#13;
atrevo a presentarme ante ellos, allí aba­-&#13;
&#13;
jo, sin conocer la verdad.&#13;
&#13;
ABIGAIL: No hay nada más. Lo juro, tío.&#13;
&#13;
PARRIS (la observa; luego asiente con la&#13;
&#13;
cabeza, convencido a medias): Abigail, he&#13;
&#13;
luchado aquí durante tres años para que&#13;
&#13;
esta gente testaruda se me someta y ahora,&#13;
&#13;
justamente ahora cuando la parroquia co-­&#13;
&#13;
mienza a dar señales de algún respeto&#13;
&#13;
hacia mí, tú comprometes nada menos que&#13;
&#13;
mi reputación. Te he dado un hogar, cria-­&#13;
&#13;
tura, te be cubierto de rop a s... dame&#13;
&#13;
ahora una honrada respuesta. En el pue­-&#13;
&#13;
blo ... ¿tu nombre es completamente in­-&#13;
&#13;
maculado?&#13;
&#13;
ABIGAIL (con una pizca de resentimiento):&#13;
&#13;
Claro, estoy segura que sí, señor. Mi nom-­&#13;
&#13;
bre no tiene de qué avergonzarse.&#13;
&#13;
PARRIS (concretando): ¿Abigail, aparte de&#13;
&#13;
lo que me has dicho, hay alguna otra cau­-&#13;
&#13;
sa por la que te han despedido del servi­-&#13;
&#13;
cio de la señora Proctor? He oído decir,&#13;
&#13;
y tal como lo dijeron te lo cuento, que&#13;
&#13;
este año ella viene a la iglesia tan raras&#13;
&#13;
veces sólo por no sentarse tan cerca de&#13;
&#13;
algo sucio. ¿Qué querían decir con eso?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Me odia; sin duda, tío, porque no&#13;
&#13;
quise ser su esclava. Es una mujer cruel,&#13;
&#13;
una mujer mentirosa, insensible, llorona,&#13;
&#13;
y yo no quiero trabajar para semejante&#13;
&#13;
mujer.&#13;
&#13;
PARRIS: Tal vez lo sea. Y sin embargo me&#13;
&#13;
ha preocupado que estés fuera de esa casa&#13;
&#13;
desde hace siete meses y que en todo est&#13;
&#13;
tiempo ninguna otra familia haya pedido&#13;
&#13;
tus servicios.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Quieren esclavos, no gente como&#13;
&#13;
yo. Que vayan a buscarlos a Barbados.&#13;
&#13;
¡No me ensuciaré la cara por ninguno de&#13;
&#13;
ellos! (Con mal disimulado resentimiento&#13;
&#13;
hacia él): ¿Me regateas mi cama, tío?&#13;
&#13;
PARRIS: N o . . . no.&#13;
&#13;
ABIGAIL(con arrebato): Tengo buen nom ­-&#13;
&#13;
bre en el pueblo. No permitiré que se&#13;
&#13;
diga que mi nombre está sucio. ¡La se­-&#13;
&#13;
ñora Proctor es una charlatana embus­-&#13;
&#13;
tera! (Entre Ann Putnam. Es una mujer&#13;
&#13;
de cuarenta y cinco años, de alma ator­-&#13;
&#13;
mentada, obsesionada por la muerte, aco-­&#13;
&#13;
sada por los sueños.)&#13;
&#13;
PARRIS (apenas comienza a abrirse la puer­-&#13;
&#13;
ta): N o ... no. No puedo recibir a nadie.&#13;
&#13;
(La ve y en él surge cierta deferencia&#13;
&#13;
aunque sin disipar su ansiedad): Ah, se­-&#13;
&#13;
ñora Putnam. entrad.&#13;
&#13;
ANN ( agitada, con los ojos encendidos): Es&#13;
&#13;
un prodigio, no cabe duda de que os ha&#13;
&#13;
tocado un rayo del Infierno.&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, e s ...&#13;
&#13;
ANN(aludiendo a Betty): ¿Hasta (pié altu­-&#13;
&#13;
ra voló, hasta qué altura?&#13;
&#13;
PARRIS: No. n o . . . no voló ...&#13;
&#13;
ANN (muy satisfecha de ello ): ¡Cómo! ¡Es&#13;
&#13;
seguro que voló! ¡El señor Collins la vió&#13;
&#13;
pasar sobre el granero de Ingersoll. y&#13;
&#13;
descender con la ligereza de un pájaro,&#13;
&#13;
dice!&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, escuchad, ella&#13;
&#13;
no ha ... (Entra Tilomas Putnam, un&#13;
&#13;
duro terrateniente acomodado, cincuen-­&#13;
&#13;
tón.)- Ah, buenos días, señor Putnam.&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡E s una suerte que la cosa haya&#13;
&#13;
brotado, por fin! ¡Es providencial! (Va&#13;
&#13;
directamente hacia el lecho.)&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Qué cosa ha brotado, señor,&#13;
&#13;
q u é ...? (Ann va hacia la cama).&#13;
&#13;
PUTNAM (mirando a Betty): ¿Pero sus ojos&#13;
&#13;
están cerrados! Mira tú, Ann.&#13;
&#13;
ANN: Sí que es extraño. (A Parris): Los&#13;
&#13;
de la nuestra están abiertos.&#13;
&#13;
PARRIS( sobresaltado) : ¿Vuestra Ruth está&#13;
&#13;
enferma?&#13;
&#13;
ANN (con maligna certidumbre): Yo no&#13;
&#13;
diría enferma; el toque del Diablo es&#13;
&#13;
más grave que estar enferma. Es la muer-­&#13;
&#13;
te, sabéis, es la muerte diabólica que se&#13;
&#13;
mete en ellas, con horquilla y con pe­-&#13;
&#13;
zuñas.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Oh, no, por favor! ¿Por qué, qué&#13;
&#13;
es lo que tiene Ruth?&#13;
&#13;
ANN: Tiene lo que se merece...No se&#13;
&#13;
despertó esta mañana, pero sus ojos están&#13;
&#13;
abiertos y camina, y nada oye. nada ve,&#13;
&#13;
y nada puede comer. Su alma está poseída,&#13;
&#13;
seguramente. ( Parris queda paralizado.)&#13;
&#13;
PUTNAM (com o pidiendo más detalles): Di­-&#13;
&#13;
cen que habéis enviado por el Reverendo&#13;
&#13;
Hale, de Beverly...&#13;
&#13;
PARRIS (con menos convicción ahora): Es&#13;
&#13;
sólo una precaución. Posee gran experien-­&#13;
&#13;
cia en todas las artes demoníacas, y yo. ..&#13;
&#13;
ANN: Ya lo creo; y el año pasado encontró&#13;
&#13;
una bruja en Beverly, recordadlo bien.&#13;
&#13;
PARRIS: Vamos, señora Ann, sólo pensaron&#13;
&#13;
que era una bruja, y estoy seguro de que&#13;
&#13;
aquí no hay nada de brujería.&#13;
&#13;
P UTNAM : ¡Nada de brujería! Vamos, señor&#13;
&#13;
Parris, ved que ...&#13;
&#13;
PARRIS: Thomas, Thomas, os ruego, no ha­-&#13;
&#13;
bléis de brujería. Sé que vos no me desea­-&#13;
&#13;
ríais, y vos menos que nadie, Thomas, tan&#13;
&#13;
desastrosa acusación. No podemos pensar&#13;
&#13;
en brujería. A gritos me echarán de Sa­-&#13;
&#13;
lem por semejante corrupción en mi casa.&#13;
&#13;
PUTNAM (en este momento está decidido&#13;
&#13;
a empujar al abismo a Parris, por quien&#13;
&#13;
siente desprecio): Señor Parris, en todas&#13;
&#13;
las disputas aquí habidas he estado de&#13;
&#13;
vuestra parte, y así continuaría; pero no&#13;
&#13;
puedo, si os resistís en esto. Espíritus&#13;
&#13;
dañinos, vengativos, están arrebatando a&#13;
&#13;
estas criaturas.&#13;
&#13;
PARRIS Pero Thomas, no podéis ...&#13;
&#13;
ANN: Reverendo Parris, be dejado bajo tie-­&#13;
&#13;
rra a siete niños sin bautizar. Creedme,&#13;
&#13;
señor, jamás habéis visto nacer niños más&#13;
&#13;
robustos. Y sin embargo, cada uno de&#13;
&#13;
ellos estaba destinado a marchitarse en&#13;
&#13;
mis brazos la misma noche de su naci­-&#13;
&#13;
miento. Yo nada he dicho, pero es mi&#13;
&#13;
corazón el que ha insinuado a voces.&#13;
&#13;
Y ahora, este año, mi Ruth, mi única ...&#13;
&#13;
la veo tornarse extraña: critura taciturna&#13;
&#13;
se ha vuelto este año y se está encogiendo&#13;
&#13;
como si una boca sedienta le sorbiese&#13;
&#13;
hasta la vida. Y entonces pensé en que&#13;
&#13;
viera a vuestra Títuba.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿ ¡A Tituba!? ¿Qué podría Tí­-&#13;
&#13;
tuba..?&#13;
&#13;
ANN: Títuba sabe cómo hablar a los muer­-&#13;
&#13;
tos, señor Parris.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Señora Ann ... es un enorme pe-­&#13;
&#13;
cado invocar a los muertos!&#13;
&#13;
ANN: Mi alma cargue con ello; ¿pero&#13;
&#13;
quién, si no. podría decirnos con certeza&#13;
&#13;
qué persona mató a mis niños?&#13;
&#13;
PARRIS (horrorizado): ¡Mujer!&#13;
&#13;
ANN: ¡Fueron asesinados, señor Parris! ¡Y&#13;
&#13;
tomad nota de esta prueba! ¡Tomad nota!&#13;
&#13;
Anoche, mi Ruth estuvo más cerca que&#13;
&#13;
nunca de sus almitas; lo sé. señor. ¿Pues&#13;
&#13;
cómo es que ha enmudecido ahora, si no&#13;
&#13;
porque algún poder de las tinieblas le ha&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                       9&#13;
&#13;
&#13;
paralizado la boca? ¡Es una señal prodi-&#13;
&#13;
­giosa. señor Parris!&#13;
&#13;
Putnam: ¿No comprendéis, señor? Hay&#13;
&#13;
entre nosotros una bruja asesina, decidida&#13;
&#13;
a mantenerse en las sombras. (Parris se&#13;
&#13;
vuelve hacia Belly evidenciando un terror&#13;
&#13;
frenético creciente.) Dejad que vuestros&#13;
&#13;
enemigos piensen lo que quieran, vos no&#13;
&#13;
lo podéis ignorar.&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Entonces, invocábais es-&#13;
&#13;
­píritus, anoche.&#13;
&#13;
Abigail(en un susurro): Yo no, señor...&#13;
&#13;
Tituba y Ruth.&#13;
&#13;
Parris(se vuelve ahora, con nuevo temor;&#13;
&#13;
va hacia Betty, la observa y luego, con la&#13;
&#13;
mirada fija en el vacío): ¡Oh. Abigail,&#13;
&#13;
qué adecuada retribución a mi generosi­-&#13;
&#13;
dad! Ahora estoy perdido.&#13;
&#13;
Putnam: No estáis perdido. Hacéos fuerte,&#13;
&#13;
ahora. No esperéis a que nadie os acuse.&#13;
&#13;
Declaradlo vos mismo. Habéis descubierto&#13;
&#13;
una brujería…&#13;
&#13;
Parris: ¿En mi casa? ¿En mi casa, Tho-&#13;
&#13;
­mas? Me derribarán con esto. Harán de ello una...&#13;
&#13;
(Entra Mercy Lewis, la sir-&#13;
&#13;
­vienta de los Putnam, una gorda mucha­-&#13;
&#13;
cha de diez y ocho años, taimada y des-&#13;
&#13;
­piadada.)&#13;
&#13;
Mercy: Con vuestro perdón. Sólo quise ver&#13;
&#13;
cómo está Betty.&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo es que no estás en casa?&#13;
&#13;
¿Quién está con Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Vino la abuela. Mejoró algo, creo...&#13;
&#13;
Antes, dió un tremendo estornudo.&#13;
&#13;
Ann: ¡Ah. es un signo de vida!&#13;
&#13;
Mercy: Yo ya no temería, señora Putnam.&#13;
&#13;
Fué un gran estornudo; otro así y estoy&#13;
&#13;
segura que del sacudón le vuelve el juicio.&#13;
&#13;
(Va al lecho a mirar.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Queréis dejarme ahora, Thomas?&#13;
&#13;
Rezaría un momento a solas.&#13;
&#13;
Abigail: Tío. habéis rezado desde media­-&#13;
&#13;
noche. Por qué no bajáis y…&#13;
&#13;
Parris: No... no. (A Putnam): No tengo&#13;
&#13;
respuesta para esa multitud. Esperaré&#13;
&#13;
hasta que llegue Hale. (Invitando a Ann&#13;
&#13;
a salir): Tened a bien, señora Ann…&#13;
&#13;
Putnam: Y bien, señor. ¡Lanzáos contra el&#13;
&#13;
Diablo y el pueblo os bendecirá por ello!&#13;
&#13;
Bajad, habíadles. .. orad con ellos. Están&#13;
&#13;
sedientos de vuestra palabra, señor. Con-&#13;
&#13;
­fío en que oraréis con ellos.&#13;
&#13;
Parris(dominado): Los guiaré en un sal-&#13;
&#13;
­mo, pero nada digáis de brujería por&#13;
&#13;
ahora. No he de discutirlo. La causa es&#13;
&#13;
aun desconocida. He tenido bastantes&#13;
&#13;
disputas desde que llegué. No quiero más.&#13;
&#13;
Ann: Mercy, tú vas a casa a acompañar a&#13;
&#13;
Ruth, ¿me oyes?&#13;
&#13;
Mercy: Sí, señora. (Sale Ann Putnam.)&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Si se lanza a la ventana,&#13;
&#13;
llámame enseguida.&#13;
&#13;
Abigail: Lo haré, tío.&#13;
&#13;
Parris (a Putnam): Hay una fuerza terri­-&#13;
&#13;
ble, hoy, en sus brazos. (Sale con Put-&#13;
&#13;
­nam.)&#13;
&#13;
Abigail (con contenido azoramiento): ¿Qué&#13;
&#13;
tiene Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Es espeluznante, no sé ... desde&#13;
&#13;
anoche parece caminar como una muerta.&#13;
&#13;
Abigail (se vuelve súbitamente y va hacia&#13;
&#13;
Betty; con temor en la voz): ¡Betty!&#13;
&#13;
(Betty no se mueve. La sacude): ¡Acaba&#13;
&#13;
de una vez! ¡Betty! ¡Levántate! (Betty&#13;
&#13;
no se mueve. Mercy se acerca.)&#13;
&#13;
Mercy: ¿Ensayaste golpearla? Yo le di a&#13;
&#13;
Ruth una buena y eso la despertó por un&#13;
&#13;
rato. Ven. déjame a mí.&#13;
&#13;
Abigail (rechazando a Mercy): No, él subi-&#13;
&#13;
­rá en seguida. Escúchame. Si nos interro-&#13;
&#13;
­gan, diles que bailábamos... Eso es todo&#13;
&#13;
lo que yo le dije.&#13;
&#13;
Mercy: Bueno. ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: El sabe que Tituba conjuró a las&#13;
&#13;
hermanas de Ruth a levantarse de la&#13;
&#13;
tumba.&#13;
&#13;
Mercy: ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: Te vió desnuda.&#13;
&#13;
Mercy (batiendo palmas, con una risita&#13;
&#13;
asustada): ¡Jesús! (Entra Marx Warren,&#13;
&#13;
sin aliento. Es una muchacha de diez y&#13;
&#13;
siete años, servil, simple, triste.)&#13;
&#13;
Mary: ¿Qué haremos? ¡El pueblo está en&#13;
&#13;
la calle! ¡Recién llego de la granja; toda&#13;
&#13;
la comarca habla de brujería! ¡Abby. nos&#13;
&#13;
acusarán de brujas!&#13;
&#13;
Mercy (apuntando y mirando a Mary): Ella&#13;
&#13;
piensa confesar, lo sé.&#13;
&#13;
Mary: Tenemos que confesar, Abby ¡Por&#13;
&#13;
brujería ahorcan... ahorcan como en Bos­-&#13;
&#13;
ton hace dos años! ¡Abby, debemos decir&#13;
&#13;
la verdad! Sólo te azotarán por bailar y&#13;
&#13;
las otras cosas.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Oh... nos azotarán!&#13;
&#13;
Mary: Yo no hice nada de eso, Abby. Yo&#13;
&#13;
miraba solamente.&#13;
&#13;
Mercy (yendo amenazadora hacia Mary):&#13;
&#13;
Ah, tú eres especial para mirar, no es&#13;
&#13;
cierto Mary Warren? Para espiar sí que&#13;
&#13;
eres valiente. (Betty, en la cama, se queja.&#13;
&#13;
Abigail se vuelve instantáneamente.)&#13;
&#13;
Abigail: Betty. (Va hacia Betty): Ven, que-&#13;
&#13;
­rida. Betty, despierta ya. Es Abigail. (La&#13;
&#13;
incorpora y la sacude furiosamente):&#13;
&#13;
¡Betty, voy a pegarte! (Betty se queja);&#13;
&#13;
Ahá, parece que mejoras. Hablé con tu&#13;
&#13;
papá y le conté todo. De modo que no&#13;
&#13;
hay nada que....&#13;
&#13;
Betty (asustada de Abigail, salta de la&#13;
&#13;
cama como una luz y pegada de espaldas&#13;
&#13;
a la pared): ¡Quiero a mi mamá!&#13;
&#13;
Abigail (con alarma, mientras se aproxima&#13;
&#13;
cautelosamente a Betty): Betty, ¿qué te&#13;
&#13;
pasa? Tu mamá está muerta y enterrada.&#13;
&#13;
Betty: ¡Quiero volar hacia mamá! ¡Dejad-&#13;
&#13;
­me volar! (Extiende los brazos como para&#13;
&#13;
volar, largándose hacia la ventana por&#13;
&#13;
donde alcanza a pasar una pierna.)&#13;
&#13;
Abigail (ararstrándola lejos de la ventana):&#13;
&#13;
Le conté todo; él ya sabe, ahora ya sabe&#13;
&#13;
todo lo que nosotras…&#13;
&#13;
Betty: Tú bebiste sangre, Abigail. eso no&#13;
&#13;
se lo contaste.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty, no volverás a decir eso!&#13;
&#13;
Nunca, jamás..&#13;
&#13;
Betty: ¡Lo hiciste, lo hiciste! ¡Bebiste un&#13;
&#13;
encantamiento para que muera la mujer&#13;
&#13;
de John Proctor! ¡Sí! ¡Bebiste un encan­-&#13;
&#13;
tamiento para matar a la señora Proctor!&#13;
&#13;
Abigail (la abofetea): ¡Calla! ¡Basta ya!&#13;
&#13;
Betty (desplomándose en el lecho): ¡Ma-&#13;
&#13;
­ma. mamá! (Se deshace en sollozos).&#13;
&#13;
Abigail: Atended. Vosotras todas. Bailába­-&#13;
&#13;
mos. Y Tituba invocó a las hermanas de&#13;
&#13;
Ruth Putnam. Y eso es todo. Y acordáos&#13;
&#13;
de todo esto: que se os escape una pala-&#13;
&#13;
­bra, a cualquiera de vosotras, o la som-&#13;
&#13;
­bra de una palabra acerca de las otras&#13;
&#13;
cosas, y apareceré en lo más negro de una&#13;
&#13;
noche horrible y os ajustaré las cuentas&#13;
&#13;
hasta el escalofrío. ¡Y vosotros sabéis que&#13;
&#13;
yo puedo hacerlo; he visto cómo, sobre&#13;
&#13;
la almohada junto a la mía, los indicios&#13;
&#13;
destrozaban las cabezas de mis pobres pa-&#13;
&#13;
­dres, y he visto algunas otras sangrientas&#13;
&#13;
faenas realizadas en la noche, y puedo&#13;
&#13;
hacer que vosotras os lamentéis de haber&#13;
&#13;
visto siquiera que se puso el sol! (Va&#13;
&#13;
hacia Betty y rudamente la incorpora):&#13;
&#13;
¡Vamos, tú ... siéntate y acaba con esto!&#13;
&#13;
(Pero Betty se desploma en sus brazos&#13;
&#13;
y yace inerte en el lecho.)&#13;
&#13;
Mary (histéricamente asustada): ¡Que le&#13;
&#13;
dió! (Mirando despavorida a Betty):&#13;
&#13;
¡Abby, se va a morir! Conjurar es un&#13;
&#13;
pecado y nosotras…&#13;
&#13;
Abigail (yendo hacia Mary): ¡Mary Wa-&#13;
&#13;
­rren te he dicho que te calles! (Entra&#13;
&#13;
John Proctor. Al verlo, Mary retrocede&#13;
&#13;
asustada).&#13;
&#13;
Mary: ¡Oh! Ya me estoy marchando a&#13;
&#13;
casa, señor Proctor.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Eres boba, Mary Warren? ¿Eres&#13;
&#13;
sorda? ¿Te prohibí dejar la casa, no es&#13;
&#13;
cierto? ¿Para qué te pago? Tengo que&#13;
&#13;
vigilarte más que a mis vacas.&#13;
&#13;
Mary: Sólo vine a ver los grandes aconte­-&#13;
&#13;
cimientos del mundo.&#13;
&#13;
Proctor: Grandes acontecimientos en el&#13;
&#13;
traste voy a darte yo uno de estos días.&#13;
&#13;
¡Vete a casa, mi mujer tiene tarea para&#13;
&#13;
ti! (Ella sale lentamente, tratando de con­-&#13;
&#13;
servar un resto de dignidad.)&#13;
&#13;
Mercy (extrañamente fascinada y a la vez&#13;
&#13;
atemorizada): Es mejor que me vaya.&#13;
&#13;
Debo atender a mi Ruth. Buenos días,&#13;
&#13;
señor Proctor. (Evitando la proximidad&#13;
&#13;
de Proctor, Mercy sale rápidamente. Des­-&#13;
&#13;
de la aparición de Proctor. Abigail ha&#13;
&#13;
permanecido como en puntas de pie, be-­&#13;
&#13;
biendo su figura, con ojos dilatados. El&#13;
&#13;
le echa una mirada y va hacia el lecho de&#13;
&#13;
Betty.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Por Dios! ¡Ya casi había olvi-&#13;
&#13;
­dado lo fuerte que eres, John Proctor!&#13;
&#13;
Proctor (mirando a Abigail con una vaga&#13;
&#13;
sonrisa de inteligencia apenas esbozada en&#13;
&#13;
el rostro): ¿Qué diablura es esta?&#13;
&#13;
Abigail(con una risita nerviosa): Nada;&#13;
&#13;
sólo está medio tonta.&#13;
&#13;
Proctor: Desde la mañana, el camino de&#13;
&#13;
mi casa se ha convertido en una peregri­-&#13;
&#13;
nación de Salem. El pueblo entero habla&#13;
&#13;
de brujería.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Bah, cuentos! (Se le acerca, per-&#13;
&#13;
­suasiva, con un aire confidencial y tra­-&#13;
&#13;
vieso): Anoche estábamos bailando en el&#13;
&#13;
bosque y mi tío nos sorprendió. Ella se&#13;
&#13;
asustó. Eso es todo.&#13;
&#13;
Proctor (ensanchando su sonrisa): Ah,&#13;
&#13;
¿traviesa como siempre, no? (Esperanza-&#13;
&#13;
­da, Abigail deja escapar una risita y se&#13;
&#13;
atreve a acercársele, mirándole febrilmen-&#13;
&#13;
­te en los ojos.) Te meterán en el cepo&#13;
&#13;
antes de que cumplas los veinte. (Hace&#13;
&#13;
ademán de irse pero ella se interpone.)&#13;
&#13;
Abigail: Dime algo, John. Algo tierno. (Suve&#13;
&#13;
hemencia destruye la sonrisa de Proc­-&#13;
&#13;
tor.)&#13;
&#13;
Proctor: No. Abby, no. eso ha terminado.&#13;
&#13;
Abigail (insultante): ¿Cinco millas viajas&#13;
&#13;
tú por ver colar a una tonta? Te co­-&#13;
&#13;
nozco …&#13;
&#13;
Proctor (apartándola con firmeza): Vengo&#13;
&#13;
a ver qué enredo está tramando tu tío&#13;
&#13;
ahora. (Categórico): Quítatelo de la ca­-&#13;
&#13;
beza, Abby.&#13;
&#13;
Abigail (asiéndole una mano antes de que&#13;
&#13;
él la haya soltado): John... me paso las&#13;
&#13;
noches esperándote.&#13;
&#13;
Proctor: Nunca he prometido venir a verte,&#13;
&#13;
Abby.&#13;
&#13;
Abigail(no puede creerle; con cólera cre-&#13;
&#13;
­ciente): ¡Creo tener algo más que pro-&#13;
&#13;
­mesas!&#13;
&#13;
Proctor: Abby, te quitarás eso de la ca­-&#13;
&#13;
beza. No vendré más por ti.&#13;
&#13;
Abigail: Te estás burlando de mí.&#13;
&#13;
Proctor: Tú sabes que no.&#13;
&#13;
Abigail: Lo que sé es cómo me estrechabas&#13;
&#13;
en los fondos de tu casa, y sudabas como&#13;
&#13;
un caballo cada vez que me acercaba. ¿O&#13;
&#13;
es que lo he soñado? Quien me echó fué&#13;
&#13;
ella, no puedes simular que fuiste tú, Te&#13;
&#13;
vi el rostro cuando ella me echó, y me&#13;
&#13;
amabas entonces y me amas ahora.&#13;
&#13;
Proctor: Abby, eso es decir una salvajada.&#13;
&#13;
Abigail: Una salvaje puede decir salvajadas.&#13;
&#13;
Pero no tanta salvajada, creo. Te he visto&#13;
&#13;
desde que ella me echó; te he visto por&#13;
&#13;
las noches.&#13;
&#13;
Proctor: En estos siete meses apenas si he&#13;
&#13;
salido de mi granja.&#13;
&#13;
Abigail: Soy sensible al calor, John, y el&#13;
&#13;
tuyo me ha arrastrado hasta mi ventana&#13;
&#13;
y te he visto mirando hacia arriba, ardien-&#13;
&#13;
­do en tu soledad. ¿Vas a decirme que no&#13;
&#13;
has mirado hacia mi ventana?&#13;
&#13;
Proctor: Puedo haber mirado.&#13;
&#13;
Abigail(ablandándose): Con seguridad,&#13;
&#13;
John. No eres de invernadero. Te conoz-&#13;
&#13;
­co. John. Yo te conozco. (Está llorando.)&#13;
&#13;
Los sueños no me dejan dormir; en cuan­-&#13;
&#13;
to empiezo a soñar me despierto y camino&#13;
&#13;
por la cama como si fuera a encontrarte&#13;
&#13;
viniendo por alguna parte. (Lo abraza&#13;
&#13;
desesperadamente.)&#13;
&#13;
Proctor (apartándola suavemente, con gran&#13;
&#13;
compasión pero firmemente): Niña…&#13;
&#13;
Abigail (en un arranque de ira): ¡Cómo&#13;
&#13;
me llamas niña!&#13;
&#13;
Proctor: Puede que te recuerde con dul­-&#13;
&#13;
zura de cuando en cuando Abby. Pero&#13;
&#13;
me cortaré una mano antes de volver a&#13;
&#13;
tocarte. Bórralo de la mente. Nunca nos&#13;
&#13;
hemos tocado, Abby.&#13;
&#13;
Abigail: Es que sí nos tocamos.&#13;
&#13;
Proctor: Es que no nos tocamos.&#13;
&#13;
Abigail(con amargo enojo): Oh, me admi­-&#13;
&#13;
ra que un hombre tan fuerte pueda per­-&#13;
&#13;
mitir que una esposa tan débil …&#13;
&#13;
Proctor (enojado... como si también se lo&#13;
&#13;
dijese a sí mismo): ¡No dirás nada de&#13;
&#13;
Elizabeth!&#13;
&#13;
Abigail: ¡Ella está ensuciando mi nombre&#13;
&#13;
en el pueblo! ¡Anda diciendo mentiras de&#13;
&#13;
mí! ¡Es una mujer fría y llorona, y tú&#13;
&#13;
te sometes a ella! Deja que te convierta&#13;
&#13;
en…&#13;
&#13;
Proctor (sacudiéndola): ¿Quieres que te&#13;
&#13;
azote? (De abajo llegan voces entonando&#13;
&#13;
un salmo.)&#13;
&#13;
Abigail (entre lágrimas): ¡Quiero a John&#13;
&#13;
Proctor, el que interrumpió mi sueño y&#13;
&#13;
abrió los ojos de mi corazón! Yo no sabía&#13;
&#13;
lo hipócrita que era Salem, ni me&#13;
&#13;
daba cuenta de las mentiras que me enseñaban&#13;
&#13;
todas esas mujeres beatas y sus aliados&#13;
&#13;
esposos. Y ahora pretendes que me arran­-&#13;
&#13;
que esa luz de los ojos. ¡No lo haré, no&#13;
&#13;
puedo! ¡Me amaste, John Proctor, y por&#13;
&#13;
más pecado que sea, aún me amas! (El&#13;
&#13;
se vuelve bruscamente para salir. Ella co­-&#13;
&#13;
rre tras él): ¡John, piedad... ten piedad&#13;
&#13;
de mí! (Al oírse las palabras del salmo&#13;
&#13;
“Yendo hacia Jesús”, Betty se tapa súbi-&#13;
&#13;
­tamente los oídos y se queja en voz alta.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty! (Corre hacia Betty que&#13;
&#13;
ahora está sentada, chillando. Mientras&#13;
&#13;
Abigail trata de bajarle las manos, Proctor&#13;
&#13;
se acerca diciendo “ ¡Betty!”)&#13;
&#13;
Proctor (con creciente nerviosidad): ¿Qué&#13;
&#13;
estás haciendo? ¿Niña, qué te ocurre?&#13;
&#13;
¡No grites así! (El canto se ha detenido&#13;
&#13;
y ahora irrumpe Parris en la habitación.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué ocurrió? ¿Qué le estás ha-&#13;
&#13;
­ciendo? ¡Betty! (Corre hacia el lecho&#13;
&#13;
gritando “¡Betty! ¡Betty!” Entra Ann&#13;
&#13;
Putnam, con curiosidad febril y, tras ella,&#13;
&#13;
Thomas Putnam y Mercy Lewis. Parris,&#13;
&#13;
junto al lecho, palmoteo suavemente el&#13;
&#13;
rostro de Betty, mientras ella gime y tra-&#13;
&#13;
­ta de levantarse.)&#13;
&#13;
Abigail: Os oyó cantar y de pronto se le­-&#13;
&#13;
vantó gritando.&#13;
&#13;
Ann: ¡El salmo, el salmo! ¡No soporta que&#13;
&#13;
se pronuncie el nombre del Señor!&#13;
&#13;
Parris: No, no lo permita Dios. ¡Mercy,&#13;
&#13;
corre a lo del médico! ¡Cuéntale lo&#13;
&#13;
ocurrió aquí! (Mercy Lewis sale co­-&#13;
&#13;
rriendo.)&#13;
&#13;
Ann: ¡Un indicio! ¡Ved en ello un in-&#13;
&#13;
­dicio! (Entra Rebecca Nurse, de setenta&#13;
&#13;
y dos años de edad, de cabellera blanca,&#13;
&#13;
apoyándose en su bastón.)&#13;
&#13;
Putnam: (Señalando a la sollozante Betty):&#13;
&#13;
¡Este es un evidente indicio de brujería&#13;
&#13;
desatada, Rebecca Nurse, un prodigioso&#13;
&#13;
indicio!&#13;
&#13;
Ann: ¡Mi madre me lo dijo! Cuando no&#13;
&#13;
pueden soportar que el nombre del Señor&#13;
&#13;
sea…&#13;
&#13;
Parris(temblando): Rebecca, Rebecca, acu­-&#13;
&#13;
de a ella, estamos perdidos. Repentina-&#13;
&#13;
­mente, no soporta que el nombre del Se­-&#13;
&#13;
ñor sea. .. (Entra Giles Corey, de ochenta&#13;
&#13;
y tres años, musculoso, digno, inquisitivo,&#13;
&#13;
poderoso todavía.)&#13;
&#13;
Rebecca: Hay un enfermo grave aquí, Giles&#13;
&#13;
Corey, haz el favor de guardar silencio,&#13;
&#13;
pues.&#13;
&#13;
Giles: No he dicho una palabra. Ninguno&#13;
&#13;
de los presentes puede acusarme de haber&#13;
&#13;
dicho una palabra. ¿Va a volar otra vez?&#13;
&#13;
Dicen que vuela.&#13;
&#13;
Putnam: ¡Cállale, hombre! (Todo es si-&#13;
&#13;
­lencio. Rebecca cruza la habitación hacia&#13;
&#13;
el lecho; rebosa dulzura. Betty, con los&#13;
&#13;
ojos cerrados, solloza quedamente. Rebec-&#13;
&#13;
­ca simplemente se ha plantado ante la&#13;
&#13;
niña, quien se aquieta gradualmente.)&#13;
&#13;
Ann (atónita): ¿Qué has hecho? (Rebecca,&#13;
&#13;
pensativa, se aleja del lecho y se sienta.)&#13;
&#13;
Parris (maravillado y aliviado): ¿Qué pien­-&#13;
&#13;
sas de esto. Rebecca?&#13;
&#13;
Putnam (ansiosamente): ¿Rebecca Nurse,&#13;
&#13;
irás a ver a mi Ruth y tratarás de des-&#13;
&#13;
­pertarla?&#13;
&#13;
Rebecca(sentada): Creo que despertará a&#13;
&#13;
su tiempo. Por favor, calmáos. Tengo once&#13;
&#13;
hijos y soy veintiséis veces abuela y los&#13;
&#13;
he acompañado a todos en sus temporadas&#13;
&#13;
bobas y cada vez que les agarraba, sus&#13;
&#13;
diabluras dejaban chiquito al mismo De­-&#13;
&#13;
monio. Creo que despertará cuando se&#13;
&#13;
cansé de esto. El alma de una criatura es&#13;
&#13;
como una criatura, nunca podréis alcan-&#13;
&#13;
­zarla corriendo tras ella; hay que que­-&#13;
&#13;
darse quieto y pronto volverá por sí mis-&#13;
&#13;
­ma. en busca de cariño.&#13;
&#13;
Proctor: Sí, Rebecca, ahí está la verdad.&#13;
&#13;
Ann: Rebecca, esto no es ninguna tempo-&#13;
&#13;
­rada boba. Mi Ruth está aturdida, Rebec­-&#13;
&#13;
ca; no puede comer.&#13;
&#13;
Rebecca: Tal vez no esté hambrienta toda­-&#13;
&#13;
vía. (A Parris): Espero que no estéis de­-&#13;
&#13;
cidido a salir en busca de espíritus erran-&#13;
&#13;
tes, señor Parris. He oído anunciarlo&#13;
&#13;
afuera.&#13;
&#13;
Parris: En la parroquia se extiende la&#13;
&#13;
creencia de que el Diablo puede hallarse&#13;
&#13;
entre nosotros y estoy dispuesto a cumplir&#13;
&#13;
con ellos demostrándoles que están equi-&#13;
&#13;
­vocados.&#13;
&#13;
Proctor: Entonces hablad claro y decidles&#13;
&#13;
que están equivocados. Antes de llamar&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
&#13;
&#13;
10                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
a ese ministro a que busque demonios,&#13;
&#13;
habéis consultado con los consejeros?&#13;
&#13;
Parris: ¡No viene a buscar demonios!&#13;
&#13;
Proctor: ¿Entonces, a qué viene?&#13;
&#13;
Putnam : ¡En el pueblo hay niños murién-­&#13;
&#13;
dose, caballero!&#13;
&#13;
Proctor: No veo morirse a ninguno. Esta&#13;
&#13;
comunidad no ha de ser un juguete para&#13;
&#13;
que lo agitéis a vuestro gusto, señor Put-­&#13;
&#13;
nam. (A Parris): Habéis convocado a se­-&#13;
&#13;
sión antes de...&#13;
&#13;
Putnam : ¡Estoy harto de sesiones! ¿Es que&#13;
&#13;
el pobre hombre no puede volver la ca­-&#13;
&#13;
beza sin tener que convocar a sesión?&#13;
&#13;
Proctor: Puede volver la cabeza, pero no&#13;
&#13;
hacia el Infierno.&#13;
&#13;
Rebecca: Te ruego, John, cálmate. (Pausa.&#13;
&#13;
El cede ante ella.) Señor Parris, creo que&#13;
&#13;
lo mejor será que, tan pronto como venga,&#13;
&#13;
mandéis al Reverendo Hale de vuelta.&#13;
&#13;
Esto nos va a traer nuevas disputas en la&#13;
&#13;
comunidad y habíamos quedado en que&#13;
&#13;
este año habría paz. Creo que ahora debe-­&#13;
&#13;
ríamos confiar en el médico y en una&#13;
&#13;
buena plegaria.&#13;
&#13;
Ann: ¡Rebecca, el doctor está desconcer­-&#13;
&#13;
tado!&#13;
&#13;
REBECCA: Entonces, si lo está, acudamos a&#13;
&#13;
Dios. Hay un peligro monstruoso en po-­&#13;
&#13;
nerse a buscar espíritus errantes. Lo te-­&#13;
&#13;
mo, lo temo. Es mejor que busquemos la&#13;
&#13;
culpa en nosotros y que ...&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo hemos de culparnos a&#13;
&#13;
nosotros? Yo soy uno de nueve hijos; la&#13;
&#13;
semilla de los Putnam ha poblado esta&#13;
&#13;
región. Y sin embargo, de ocho criaturas&#13;
&#13;
sólo me queda una ... y esa una se está&#13;
&#13;
marchitando.&#13;
&#13;
Rebecca: Esto no puedo desentrañarlo yo.&#13;
&#13;
Ann (con un creciente dejo de sarcasmo) :&#13;
&#13;
¡En cambio yo debo! ¿Crees que es obra&#13;
&#13;
de Dios el que tú jamás debas perder un&#13;
&#13;
hijo, ni un nieto, y que yo en cambio&#13;
&#13;
deba enterrarlos a todos menos a uno?&#13;
&#13;
En este pueblo hay ruedas moviendo rue-­&#13;
&#13;
das y fuegos nutriendo fuegos.&#13;
&#13;
Putnam (a Parris): Cuando llegue el Re­-&#13;
&#13;
verendo Hale, procederéis a buscar ras­-&#13;
&#13;
tros de brujería en esto.&#13;
&#13;
Proctor (a Putnam): No podéis dar órde­-&#13;
&#13;
nes al señor Parris. En esta comunidad el&#13;
&#13;
voto es por persona y no por hectárea.&#13;
&#13;
Putnam : Nunca os he notado tan preocu­-&#13;
&#13;
pado por esta comunidad, señor Proctor.&#13;
&#13;
No creo haberos visto en nuestras reunio­-&#13;
&#13;
nes sabáticas desde las últimas nevadas.&#13;
&#13;
Proctor: Bastantes preocupaciones tengo&#13;
&#13;
sin viajar cinco millas para escucharle&#13;
&#13;
predicar no más que tormentos infernales&#13;
&#13;
y condenación eterna. Creed en lo que&#13;
&#13;
os digo, señor Parris. Hay muchos otros&#13;
&#13;
que hoy se apartan de la iglesia porque&#13;
&#13;
ya casi nunca mencionáis a Dios.&#13;
&#13;
Parris (excitado): ¡Cómo! ¡Esta es una&#13;
&#13;
acusación muy grave!&#13;
&#13;
Rebecca: Hasta cierto punto es verdad: hay&#13;
&#13;
muchos que no se animan a traer a sus&#13;
&#13;
hijos. ..&#13;
&#13;
Parris : No predico para niños, Rebecca.&#13;
&#13;
No son los niños quienes descuidan sus&#13;
&#13;
obligaciones para con este ministerio.&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Realmente hay quienes las des­-&#13;
&#13;
cuidan?&#13;
&#13;
Parris: Yo diría (pie más de la mitad del&#13;
&#13;
pueblo de Salem...&#13;
&#13;
Putnam (interrumpiendo): Y más que&#13;
&#13;
eso...&#13;
&#13;
Parris: ¿Dónde está mi leña? Mi contrato&#13;
&#13;
estipula que se me provea de toda mi&#13;
&#13;
leña. ¡Desde Noviembre estoy esperando&#13;
&#13;
una astilla, y aún en Noviembre mismo&#13;
&#13;
tuve que andar exhibiendo mis manos&#13;
&#13;
heladas como un mendigo cualquiera!&#13;
&#13;
Giles: Se os asigna seis libras anuales para&#13;
&#13;
comprar vuestra leña, señor Parris.&#13;
&#13;
Parris: Considero esas seis libras como&#13;
&#13;
parte de mi salario. Bastante poco se me&#13;
&#13;
paga sin que gaste seis libras en leña ...&#13;
&#13;
Proctor: Sesenta, más ¡seis para leña ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiéndolo): ¡El salario es&#13;
&#13;
de sesenta y seis libras, señor Proctor!&#13;
&#13;
No soy ningún predicador de campaña con&#13;
&#13;
el librito bajo el brazo; soy diplomado&#13;
&#13;
del colegio de Harvard.&#13;
&#13;
Giles : ¡Así es, y bien versado en arit­-&#13;
&#13;
mética !&#13;
&#13;
Parris: ¡Señor Corey, deberéis buscar mu­-&#13;
&#13;
cho para encontrar un hombre de mi cla-­&#13;
&#13;
se por sesenta libras anuales! No estoy&#13;
&#13;
acostumbrado a esta miseria; abandoné&#13;
&#13;
un buen negocio en Barbados para servir&#13;
&#13;
al Señor. No alcanzo a desentrañarlo:&#13;
&#13;
¿por qué se me persigue aquí? No puedo&#13;
&#13;
proponer nada sin que se produzca un&#13;
&#13;
alboroto de gritos y discusiones. Me he&#13;
&#13;
preguntado a menudo si no estaría el&#13;
&#13;
Diablo en esto; de otro modo no puedo&#13;
&#13;
comprenderos.&#13;
&#13;
Proctor: Señor Parris, sois el primer pá­-&#13;
&#13;
rroco que ha exigido el título de propie­-&#13;
&#13;
dad de esta casa ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiendo): ¡Hombre! ¿Es&#13;
&#13;
que un párroco no merece una casa donde&#13;
&#13;
vivir?&#13;
&#13;
Proctor: En donde vivir, sí. Pero preten-­&#13;
&#13;
der la propiedad es como si fuéseis dueño&#13;
&#13;
de la misma capilla; en la última asam­-&#13;
&#13;
blea a la que acudí hablásteis tanto de&#13;
&#13;
escrituras e hipotecas que creí estar en&#13;
&#13;
un remate.&#13;
&#13;
Parris: ¡Pretendo una prueba de confian­-&#13;
&#13;
za, eso es todo! Soy vuestro tercer pre­-&#13;
&#13;
dicador en siete años. No quiero ser echa­-&#13;
&#13;
do como el gato cada vez que ese sea el&#13;
&#13;
capricho de cualquier mayoría. Vosotros&#13;
&#13;
parecéis no comprender que un ministro&#13;
&#13;
es el representante del Señor en la parro-­&#13;
&#13;
quia; a un ministro no se le ha de per­-&#13;
&#13;
turbar ni contradecir con tanta ligereza. ..&#13;
&#13;
Putnam: ¡Eso es!&#13;
&#13;
Parris : ¡Habrá obediencia, o la Iglesia ar­-&#13;
&#13;
derá como arde el Infierno!&#13;
&#13;
Proctor: ¿E s que no podéis hablar un mi­-&#13;
&#13;
nuto sin que vayamos a parar al Infierno&#13;
&#13;
nuevamente? ¡Estoy harto del infierno!&#13;
&#13;
Parris: No sois vos quien decidirá lo que&#13;
&#13;
os conviene oír.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Creo que puedo decir lo que&#13;
&#13;
pienso!&#13;
&#13;
Parris (furioso): ¿Qué, somos cuáqueros&#13;
&#13;
acaso? Todavía no somos cuáqueros aquí,&#13;
&#13;
señor Proctor. Y podéis decírselo así a&#13;
&#13;
vuestros partidarios.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Mis partidarios!&#13;
&#13;
Parris (por fin se desahoga): En esta igle­-&#13;
&#13;
sia hay un partido. No estoy ciego; hay&#13;
&#13;
un bando y un partido.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Contra vos?&#13;
&#13;
Putnam : ¡Contra él y toda autoridad!&#13;
&#13;
Proctor: ¡Ah ! Si es así, debo encontrarlo&#13;
&#13;
y unirme a él. (Hay conmoción entre los&#13;
&#13;
demás.)&#13;
&#13;
Rebecca: No quiso decir eso.&#13;
&#13;
Putnam : ¡Acaba de decirlo!&#13;
&#13;
Proctor: Lo sostengo solemnemente, Re-­&#13;
&#13;
becca; no me huele bien esta “autoridad”.&#13;
&#13;
Rebecca: No, no puedes quitarle el apoyo&#13;
&#13;
a tu párroco. Tú no eres de esos, John.&#13;
&#13;
Estrecha su mano. Haced las paces.&#13;
&#13;
Proctor: Tengo grano para sembrar y leña&#13;
&#13;
que arrastrar a casa. (Va enojado hacia&#13;
&#13;
la puerta y se vuelve hacia Corey con una&#13;
&#13;
sonrisa): ¿Qué te parece, Giles?, encon-­&#13;
&#13;
tremos ese partido. Dice que hay un&#13;
&#13;
partido.&#13;
&#13;
Giles: John, he cambiado mi opinión sobre&#13;
&#13;
este hombre. Os ruego que me perdonéis,&#13;
&#13;
señor Parris; nunca pensé que en vos&#13;
&#13;
hubiese tanta fortaleza.&#13;
&#13;
Parris (sorprendido): ¡Cómo...gracias,&#13;
&#13;
Giles!&#13;
&#13;
Giles: Esto le hace pensar a uno en cuál&#13;
&#13;
ha sido la dificultad entre nosotros todos&#13;
&#13;
estos años. (A todos): Pensadlo. ¿A qué&#13;
&#13;
se debe que todos andemos demandándo­-&#13;
&#13;
nos los unos a los otros? Pensadlo bien.&#13;
&#13;
Es algo profundo y negro como un pozo.&#13;
&#13;
Este año he comparecido seis veces ante&#13;
&#13;
la justicia...&#13;
&#13;
Proctor (interrumpiéndolo familiarmente,&#13;
&#13;
cordialmente, aunque sabe que con esto&#13;
&#13;
se acerca al límite de la paciencia de Gi- ­&#13;
&#13;
les): ¿Es culpa del Diablo que uno no&#13;
&#13;
pueda decirte buen día sin que lo deman­-&#13;
&#13;
des por calumnia? Estás viejo, Giles, y no&#13;
&#13;
oyes tan bien como antes.&#13;
&#13;
Giles (no puede ser desviado): John Proc­-&#13;
&#13;
tor, hace apenas un mes que cobré cuatro&#13;
&#13;
libras de daños y perjuicios porque decías&#13;
&#13;
que yo quemé el techo de tu casa, y yo. ..&#13;
&#13;
Proctor (riendo): Nunca dije tal cosa, pero&#13;
&#13;
te he pagado por ello, de modo que puedo&#13;
&#13;
llamarte sordo sin que me cueste. Ven,&#13;
&#13;
acompáñame Giles y ayúdame a arrastrar&#13;
&#13;
mi leña a casa.&#13;
&#13;
Putnam: Un momento señor Proctor. ¿qué&#13;
&#13;
leña es esa que arastráis, si puedo pre­-&#13;
&#13;
guntaros?&#13;
&#13;
Proctor: Es mi leña. De mi monte junto&#13;
&#13;
al río.&#13;
&#13;
Putnam : Vamos, nos hemos vuelto locos&#13;
&#13;
este año. ¿Qué anarquía es esta? Ese tre-­&#13;
&#13;
cho está dentro de mis límites, dentro de&#13;
&#13;
mis límites, dentro de mis límites, señor&#13;
&#13;
Proctor.&#13;
&#13;
Proctors ¡De vuestros límites! (indicando&#13;
&#13;
a Rebecca): Le compré ese pedazo al ma-­&#13;
&#13;
rido de la señora Nurse hace cinco meses.&#13;
&#13;
Putnam: El no tenía derecho a venderlo.&#13;
&#13;
Pn e! testamento de mi abuelo dice cla­-&#13;
&#13;
ramente que todo el terreno entre el&#13;
&#13;
río y ...&#13;
&#13;
Proctor: Vuestro abuelo tenía por costum­&#13;
&#13;
bre legar tierras que nunca le pertene­-&#13;
&#13;
cieron. si es que puedo decirlo sin rodeos.&#13;
&#13;
Giles: Esta es la pura verdad; también ha-­&#13;
&#13;
bía cedido mi pradera del norte; pero&#13;
&#13;
sabía que, antes de que alcanzase a firmar&#13;
&#13;
ese testamento, yo le hubiera roto los de­-&#13;
&#13;
dos. Vamos a llevar tu leña a casa. John.&#13;
&#13;
Siento que me vienen unas tremendas&#13;
&#13;
ganas de trabajar.&#13;
&#13;
Putnams ¡Cargad uno solo de mis robles&#13;
&#13;
y tendréis que pelear para arrastrarlo a&#13;
&#13;
casa!&#13;
&#13;
Giles: Está bien, y además venceremos,&#13;
&#13;
Putnam ... este bobo y yo. ¡Vamos! (Se&#13;
&#13;
vuelve a Proctor e inicia la salida.)&#13;
&#13;
Putnam : ¡Tendrás que vértelas con mis&#13;
&#13;
hombres, Corey! ¡Te encajaré una de-­&#13;
&#13;
nuncia! (Entra el Reverendo John Hale,&#13;
&#13;
de Beverly. Aparece abrumado bajo el&#13;
&#13;
peso de media docena de voluminosos&#13;
&#13;
libros.)&#13;
&#13;
Hale: Por favor, alguien que me ayude.&#13;
&#13;
Parris (complacido): Señor Hale...es&#13;
&#13;
bueno veros de nuevo. (Tomando algunos&#13;
&#13;
libros): ¡Oh, qué pesados!&#13;
&#13;
Hale (depositando sus libros): Así deben&#13;
&#13;
ser: tienen todo el peso de la autoridad.&#13;
&#13;
Parris (algo asustado): Ah. venís prepa­-&#13;
&#13;
rado, por lo que veo.&#13;
&#13;
Hale: Tendremos mucho que estudiar, si&#13;
&#13;
se trata de encontrar la pista del Viejo.&#13;
&#13;
(Advirtiendo a Rebecca ): ¿No seréis Re­-&#13;
&#13;
becca Nurse, por ventura?&#13;
&#13;
Rebecca: Lo soy, señor. ¿Me conocéis?&#13;
&#13;
Hale: Es extraño que os reconociera: pero&#13;
&#13;
supongo que será porque vuestro sem­-&#13;
&#13;
blante refleja la bondad de vuestra alma.&#13;
&#13;
En Beverly, todos hemos oído hablar de&#13;
&#13;
vuestra generosidad.&#13;
&#13;
Parris: ¿Conocéis a este caballero? El se-­&#13;
&#13;
ñor Thomas Putnam. Y su buena esposa&#13;
&#13;
Ann.&#13;
&#13;
Hale: ¡Putnam! No esperaba compañía tan&#13;
&#13;
distinguida, señor.&#13;
&#13;
Putnam (complacido): Hoy, esto no parece&#13;
&#13;
sernos muy útil, señor Hale. Confiamos&#13;
&#13;
en vos para que vengáis a casa a salvar&#13;
&#13;
a nuestra hija.&#13;
&#13;
Hale: ¿Vuestra niña también está enferma?&#13;
&#13;
Ann: Su alma, su alma parece haberse vo­-&#13;
&#13;
lado. Duerme, y sin embargo camina...&#13;
&#13;
Putnam: No puede comer.&#13;
&#13;
Hale: ¡No puede comer! (Lo piensa. Lue-&#13;
&#13;
go, a Proctor y Giles Corey): ¿Tenéis&#13;
&#13;
vosotros, hijos enfermos?&#13;
&#13;
Parris: No, no, estos son campesinos. John&#13;
&#13;
Proctor...&#13;
&#13;
Giles Corey : . ..que no cree en brujas.&#13;
&#13;
Proctor (a Hale): Nunca hablé de brujas&#13;
&#13;
en un sentido ni en otro. ¿Vienes, Giles?&#13;
&#13;
Giles : No, no. John, creo que no. Tengo&#13;
&#13;
algunas preguntas especiales que hacerle&#13;
&#13;
a este tipo.&#13;
&#13;
Proctor: He oído decir que sois una per­-&#13;
&#13;
sona sensata, señor Hale. Espero que&#13;
&#13;
dejéis algo de ello en Salém. (Proctor&#13;
&#13;
sale. Hale permanece embarazado un mo­-&#13;
&#13;
mento.)&#13;
&#13;
Parris (rápidamente): ¿Queréis examinar&#13;
&#13;
a mi hija, señor? (Guía a Hale hacia el&#13;
&#13;
lecho.) Trató de saltar por la ventana; la&#13;
&#13;
descubrimos esta mañana en el camino,&#13;
&#13;
agitando los brazos como si fuera a volar.&#13;
&#13;
Hale (entrecerrando los ojos ): Trata de&#13;
&#13;
volar.&#13;
&#13;
Putnam: No puede soportar que se pro­-&#13;
&#13;
nuncie el nombre del Señor; esto es un&#13;
&#13;
indicio de que hay brujería, señor Hale.&#13;
&#13;
Hale (levantando las manos): No, no. Per­-&#13;
&#13;
mitidme que os instruya. No podemos&#13;
&#13;
caer en supersticiones. El Diablo es pre-&#13;
&#13;
ciso; los rastros de su presencia son tan&#13;
&#13;
definidos como la piedra, y debo preve­-&#13;
&#13;
niros que no pondré manos a la obra si&#13;
&#13;
no estáis dispuestos a creerme en caso de&#13;
&#13;
que no la encuentre (por Betty) chamus­-&#13;
&#13;
cada por el fuego del Infierno.&#13;
&#13;
Parris: Está convenido, señor... está con­-&#13;
&#13;
venido ... nos someteremos a vuestro&#13;
&#13;
juicio.&#13;
&#13;
Hale: Bien entonces. (Va hacia el lecho y&#13;
&#13;
observa a Betty. A Parris): Decidme,&#13;
&#13;
¿cuál fué el primer síntoma que advertis­-&#13;
&#13;
teis en este extraño caso?&#13;
&#13;
Parris: Os diré, señor... la descubrí a ella&#13;
&#13;
(indicando a Abigail)...y a mi sobrina y&#13;
&#13;
a diez o doce de las otras muchachas,&#13;
&#13;
bailando en el bosque, anoche.&#13;
&#13;
Hale (sorprendido): ¿Vosotros permitís la&#13;
&#13;
danza?&#13;
&#13;
Parris: No, no, era en secreto...&#13;
&#13;
Ann (incapaz de esperar): La esclava del&#13;
&#13;
señor Parris sabe como conjurar.&#13;
&#13;
Parris (a Ann): No podemos estar seguros&#13;
&#13;
de eso. señora Putnam ...&#13;
&#13;
Ann ( asustada, muy suavemente): Yo lo sé.&#13;
&#13;
señor. Envié a mi hija. .. para que Títuba&#13;
&#13;
le dijera quién mató a sus hermanitas.&#13;
&#13;
Rebecca (horrorizada): ¡Ann! ¿Enviaste a&#13;
&#13;
una niña a invocar muertos?&#13;
&#13;
Ann: ¡Cúlpeme Dios, Rebecca, pero no tú,&#13;
&#13;
no tú! ¡No dejaré que tú me juzgues&#13;
&#13;
más! (A Hale ): ¿Es cosa natural perder&#13;
&#13;
siete hijos antes de que alcancen a vivir&#13;
&#13;
un día?&#13;
&#13;
Parris: ¡Shhh! (Rebecca, muy dolorida,&#13;
&#13;
vuelve el rostro. Hay una pausa.)&#13;
&#13;
Hale : Siete que han muerto al nacer.&#13;
&#13;
Ann (suavemente): Así es. (Su voz se quie­-&#13;
&#13;
bra; lo contempla. Silencio. Hale está&#13;
&#13;
impresionado. Parris lo mira. Hale va ha-­&#13;
&#13;
cia sus libros, abre uno. lo hojea, y luego&#13;
&#13;
lee. Todos esperan ávidamente.)&#13;
&#13;
Parris (en voz baja): ¿Qué libro es ese?&#13;
&#13;
Ann: ¿Qué dice allí, señor?&#13;
&#13;
Hale (con la fruición de quien saborea un&#13;
&#13;
ejercicio intelectual): Aquí está todo el&#13;
&#13;
mundo invisible, atrapado, definido y cal­-&#13;
&#13;
culado. En estos libros está el Diablo&#13;
&#13;
desnudado de todos sus torpes disfraces.&#13;
&#13;
Aquí están todos los espíritus que os son&#13;
&#13;
familiares; vuestros íncubos y súcubos;&#13;
&#13;
vuestras brujas que viajan por tierra, por&#13;
&#13;
aire y por mar; vuestros hechiceros de la&#13;
&#13;
noche y del día. No temáis... lo encon­-&#13;
&#13;
traremos si es que se ha mezclado entre&#13;
&#13;
nosotros, ¡y me propongo destrozarlo por&#13;
&#13;
completo en cuanto muestre la cara! (Va&#13;
&#13;
hacia el lecho.)&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Dañará a la niña, señor?&#13;
&#13;
Hale : No puedo decirlo. Si realmente está&#13;
&#13;
en las garras del Diablo, tal vez haya que&#13;
&#13;
rasgar y arrancar para poder liberarla.&#13;
&#13;
Rebecca: Entonces creo que me iré. Soy de-­&#13;
&#13;
masiado vieja para esto. Se levanta).&#13;
&#13;
Parris (tratando de ser convincente) : ¡Va­-&#13;
&#13;
mos, Rebecca, hoy podemos dar con la&#13;
&#13;
clave de todos nuestros trastornos!&#13;
&#13;
Rebecca: Esperémosle así. Rogaré a Dios&#13;
&#13;
por vos, señor.&#13;
&#13;
Parris (con agitación y resentimiento):&#13;
&#13;
¡Supongo que no quieres decir que aquí&#13;
&#13;
rogamos al Diablo! (Breve pausa.)&#13;
&#13;
Rebecca: Ojalá lo supiera. (Sale; los de-­&#13;
&#13;
más se sienten resentidos por su nota de&#13;
&#13;
superioridad moral.)&#13;
&#13;
Putnam (bruscamente): Venid, señor Hale,&#13;
&#13;
prosigamos. Sentaos aquí.&#13;
&#13;
Giles : Señor Hale, siempre quise pregun-­&#13;
&#13;
tarle a un hombre ilustrado... qué sig­-&#13;
&#13;
nifica la lectura de libros extraños.&#13;
&#13;
Hale : ¿Qué libros?&#13;
&#13;
Giles : No podría decirlo; ella los esconde.&#13;
&#13;
Hale : ¿Quién los esconde?&#13;
&#13;
Giles : Martha, mi mujer. Me he despertado&#13;
&#13;
más de una noche y la be sorprendido&#13;
&#13;
leyendo un libro. ¿Qué opináis vos de&#13;
&#13;
esto?&#13;
&#13;
Hale: Bueno, ésto no es necesariamente...&#13;
&#13;
Giles : Me incomoda. Anoche ... notad es­-&#13;
&#13;
to...lo intentaba y lo intentaba y no&#13;
&#13;
podía decir mis oraciones, y entonces ella&#13;
&#13;
cierra su libro y sale de la casa y de re­-&#13;
&#13;
pente. .. notad esto... ¡de repente puedo&#13;
&#13;
rezar nuevamente!&#13;
&#13;
Hale : Ah, oración interrumpida... es raro.&#13;
&#13;
Hablaré con vos de esto.&#13;
&#13;
Giles: Aclaremos, no digo que ella haya&#13;
&#13;
sido tocada por el Diablo, pero me gus-­&#13;
&#13;
taría saber qué libros lee y por qué los&#13;
&#13;
esconde. A mí no me contesta, ¿sabéis?&#13;
&#13;
Hale: Comprendo; ya lo discutiremos. (A&#13;
&#13;
todos): Ahora escuchadme: si el Diablo&#13;
&#13;
está en ella seréis testigos, en esta habi­-&#13;
&#13;
tación, de algunos portentos indecibles,&#13;
&#13;
conque os ruego que os mantengáis se­-&#13;
&#13;
renos. Señor Putnam, permaneced cerca&#13;
&#13;
por si vuela. Y ahora, Betty querida,&#13;
&#13;
¿quieres sentarte? (Putnam se acerca, lis-&#13;
&#13;
to para ayudar. Hale sienta a Betty, pero&#13;
&#13;
ella yace inerte en sus manos.) Hummm.&#13;
&#13;
(La observa atentamente. Los otros miran&#13;
&#13;
sin aliento.) ¿Me oyes? Soy John Hale,&#13;
&#13;
párroco de Beverly. He venido para ayu­-&#13;
&#13;
darte, querida. ¿Recuerdas a mis dos hiji-&#13;
&#13;
tas. en Beverly? (Ella no se mueve.)&#13;
&#13;
Parris (asustado): ¿Cómo puede ser el&#13;
&#13;
Diablo? ¿Por qué habría de elegir mi&#13;
&#13;
casa? ¡En el pueblo tenemos toda clase&#13;
&#13;
de gente licenciosa!&#13;
&#13;
Hale: ¿De qué le serviría al Diablo ganar&#13;
&#13;
un alma ya corrompida? El Diablo quie­-&#13;
&#13;
re a los mejores y ¿quién mejor que el&#13;
&#13;
ministro mismo?&#13;
&#13;
Giles: Eso es profundo, señor Parris, pro­-&#13;
&#13;
fundo, profundo.&#13;
&#13;
Parris (resueltamente ahora): ¡Betty, res-­&#13;
&#13;
póndele al señor Hale! ¡Betty!&#13;
&#13;
Hale : ¿Alguien te hace mal, niña? No tie­-&#13;
&#13;
ne por qué ser mujer, ¿sabes?, ni hom­-&#13;
&#13;
bre. Tal vez viene a ti un pájaro que es&#13;
&#13;
invisible para los demás... tal vez un&#13;
&#13;
cerdo, un ratón, o una bestia cualquiera.&#13;
&#13;
¿Hay alguna aparición que te incita a&#13;
&#13;
volar? (La niña permanece inerte. En&#13;
&#13;
silencio él vuelve a depositarla sobre la&#13;
&#13;
almohada. Ahora, extendiendo las manos&#13;
&#13;
hacia ella, entona): In nomine Domine&#13;
&#13;
Sabaoth sui filiique ite ad infernos. (Ella&#13;
&#13;
no se mueve. El encara a Abigail, entre­&#13;
&#13;
cerrando los ojos): Abigail. ¿qué era lo&#13;
&#13;
que bailabas con ella en el bosque?&#13;
&#13;
Abigail: Pues... bailes corrientes, eso es&#13;
&#13;
todo.&#13;
&#13;
Parris: Creo que yo debería decir que ...&#13;
&#13;
que vi una marmita sobre la hierba, en&#13;
&#13;
donde estaban bailando.&#13;
&#13;
Abigail : Si eso no era más que sopa.&#13;
&#13;
Hale: ¿Qué clase de sopa había en esa&#13;
&#13;
marmita, Abigail?&#13;
&#13;
Abigail : Nada, eran habas... y lentejas,&#13;
&#13;
creo, y ...&#13;
&#13;
Hale: Señor Parris, ¿no habéis notado&#13;
&#13;
nada vivo en la marmita, no es cierto?&#13;
&#13;
¿Un ratón, por ventura, una araña, un&#13;
&#13;
sapo. . . ?&#13;
&#13;
Parris (temeroso): Yo ... sí creo que algo&#13;
&#13;
se movía ... en la sopa.&#13;
&#13;
Abigail : ¡Eso habrá saltado adentro...&#13;
&#13;
nosotras no lo pusimos!&#13;
&#13;
Hale ( rápidamente) : ¿Qué es lo que saltó&#13;
&#13;
adentro?&#13;
&#13;
Abigail: Nada ... saltó un sapito muy pe­-&#13;
&#13;
queño . . .&#13;
&#13;
Parris: ¡Abby!, ¿¡un sapo!?&#13;
&#13;
Hale ( aferrando a Abigail): Abigail, tu pri­-&#13;
&#13;
ma tal vez se esté muriendo. ¿Convocas­&#13;
&#13;
teis al Diablo, anoche?&#13;
&#13;
Abigail: ¡Yo no lo llamé! Títuba, Títuba...&#13;
&#13;
Parris ( palideciendo) :&#13;
&#13;
¿Ella llamó al&#13;
&#13;
Diablo?&#13;
&#13;
Hale : Me gustaría hablar con Títuba.&#13;
&#13;
Parris: Señora Ann. ¿queréis traerla? (Ann&#13;
&#13;
Putnam sale.)&#13;
&#13;
Hale: ¿Cómo lo llamó?&#13;
&#13;
Abigail : No sé ... hablaba en su idioma de&#13;
&#13;
Barbados.&#13;
&#13;
Hale: ¿Sentiste algo extraño cuando lo lla-&#13;
&#13;
Concluye en la pág. 12&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     11&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
&#13;
EL PUNTO DE PARTIDA&#13;
&#13;
No es necesario insistir en el elogio de la fiebre&#13;
&#13;
En el inútil sufrimiento&#13;
&#13;
 de la inteligencia empeñada en propiciar maneras más tiernas&#13;
&#13;
En algunos desarrollos insensatos del espíritu destinados a controlar los&#13;
&#13;
 juegos entre el prójimo y el límite de las fuerzas&#13;
&#13;
Es tan natural dar una vuelta sobre sí mismo que uno puede detenerse&#13;
&#13;
 una noche para atender a los descubrimientos&#13;
&#13;
No los que coinciden con los móviles de la muerte sino aquellos otros&#13;
&#13;
que proporcionan la buena suerte&#13;
&#13;
Los que ponen la vida al alcance de la mano&#13;
&#13;
Está bien claro&#13;
&#13;
No quiero ver a la naturaleza por la mira de la escopeta&#13;
&#13;
El telescopio está en mis gestos&#13;
&#13;
El lago cabe en la respiración El hombre también&#13;
&#13;
Cuatro sentidos todavía para pervertir a los símbolos menores porque&#13;
&#13;
la divinidad queda indefensa si se consigue hacerla sonreír&#13;
&#13;
Cuando voy hacia la nada voy en lastre&#13;
&#13;
Así me siento más cerca de la eternidad sin funerales al parecer&#13;
&#13;
 imprescindibles&#13;
&#13;
Uno comienza a descubrir que el amor tal como lo profesara era ese&#13;
&#13;
papel incendiario que se quema muy arriba porque carece de&#13;
&#13;
 peso específico&#13;
&#13;
Es más útil ese fuego terrestre que guía a los barcos y a las bombas de&#13;
&#13;
 incendio tan seductoras para la niñez&#13;
&#13;
La tarea es deliciosa Uno rompe las palabras para ver lo que tienen&#13;
&#13;
 dentro y encuentra los hechos fortuitos y restos de civilizaciones&#13;
&#13;
 en contradicción&#13;
&#13;
La raza de un hombre está en sus manos&#13;
&#13;
&#13;
LA TAREA DE LA EXISTENCIA&#13;
&#13;
&#13;
Todos saben que con una sola proeza nadie puede lograr la posesión&#13;
&#13;
 de su víctima&#13;
&#13;
Por eso los que uno llama vosotros proponen el amor sin pérdida de&#13;
&#13;
 tiempo&#13;
&#13;
El hecho consumado&#13;
&#13;
La verdad en el punto de unión entre la soledad y la dispersión de&#13;
&#13;
 las razas&#13;
&#13;
Pero llegada de extremas distancias de fin natural la vida tiene cierto&#13;
&#13;
 derecho a perpetuar los argumentos del universo&#13;
&#13;
&#13;
EL HECHO CONCRETO&#13;
&#13;
El canto es necesario esa combinación entre los elementos&#13;
&#13;
naturales que se rozan entre sí como las manos&#13;
&#13;
de los personajes históricos&#13;
&#13;
El agua arrastra detritus de algunas viejas maneras y&#13;
&#13;
propicia también la experiencia inmediata&#13;
&#13;
La piedra encierra una república una edad en preparación&#13;
&#13;
Sin embargo algo tiene que cambiar para que el mundo tome&#13;
&#13;
 la forma de los cuerpos que lo contienen&#13;
&#13;
Son siempre los deseos los que modifican los libros&#13;
&#13;
 ejemplares y estimulan la mecánica de la clarividencia&#13;
&#13;
 en cuya velocidad se advierte la desaparición de&#13;
&#13;
 los hechos gratuitos&#13;
&#13;
Lo he dicho ya&#13;
&#13;
El cauce comienza con el paso adelante y cualquier bosque&#13;
&#13;
 tiene su lenguaje en libertad&#13;
&#13;
&#13;
SILENCIO RESPONSABLE&#13;
&#13;
por Juan Filloy&#13;
&#13;
Estaba contemplando las grandes avenidas del pen­-&#13;
&#13;
samiento, desde la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
Y el hombre concreto, de recia mandíbula y corazón de&#13;
&#13;
escarcha, me increpó;&#13;
&#13;
&#13;
— Basta ya de sofistería metafórica. De efugios y subterfugios. De&#13;
&#13;
tintamarra y tintirintín. Edifiquemos la poesía sobre cimientos macizos,&#13;
&#13;
hendiendo el humus de la carne. No sobre el humo de estilos afeitados,&#13;
&#13;
sin orín, origen ni originalidad.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque me afeito solo y tengo a menudo la&#13;
&#13;
barba herrumbrada. . .)&#13;
&#13;
&#13;
__ Es necesario engordar la inspiración anemiada por el abuso de&#13;
&#13;
absurdos, alcaloides y aberraciones. Propendamos a que la poesía tenga&#13;
&#13;
músculos. Y se entrene en lo noble. No en la inteligencia pura, sino en el&#13;
&#13;
acto puro. No en el arte puro, sino en la vida pura.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque mis ochenta kilos literarios se enter­-&#13;
&#13;
necen diariamente en algunas flexiones. . . )&#13;
&#13;
&#13;
— ¿Hasta cuándo flameará la poesía sus artificios verbales? Luces de&#13;
&#13;
bengala que encandilan a los bobos. Hilachas aéreas que se disipan al&#13;
&#13;
soplo del fastidio. ¿No ves que hay en el mundo un apetito furioso&#13;
&#13;
certidumbres? Las almas quieren comidas suculentas. Poemas que se&#13;
&#13;
puedan cortar en rodajas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque me alimento con grageas de Cocteau&#13;
&#13;
y píldoras de Joyce, y, sólo de tarde en tarde, pruebo&#13;
&#13;
las tortas fritas de Martín Fierro ...)&#13;
&#13;
&#13;
__ Urge abolir el fanatismo de lo abstracto. La belleza  está en la co-&#13;
&#13;
laboración del ojo que mira el cuadro, del oído que escucha el lied,&#13;
&#13;
de la sensibilidad que capta la emoción del verso.&#13;
&#13;
Se hacen demasiadas&#13;
&#13;
sutilezas estrafalarias. Ni la intuición aprehende ya la esencia larval,&#13;
&#13;
onírica, fantasmagórica de la poesía de hoy.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque ser poeta implica, para mí ser, ser mis-&#13;
&#13;
teriarca y saber espiar con ojo pitagórico la cerradura&#13;
&#13;
del enigma…)&#13;
&#13;
&#13;
— Un arte sin conexión humana no sirve para nada. Globo cautivo&#13;
&#13;
de cierta minoría, es menester cortarle el cable, para  que desaparezca,&#13;
&#13;
o traerlo a tierra para se desinfle. No hay poesía sin eco, resonancia,&#13;
&#13;
memoria. La fatalidad de la poesía snob — sine mobilitatem— está en no&#13;
&#13;
dejar recuerdo.&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
(Callé, porque barbotaba en mí este verso sublime&#13;
&#13;
de la “Macchina lírica” del pioneer futurista: “Stan-tuff&#13;
&#13;
stan-tuff stan-tuffoo stan-tuffoo”...)&#13;
&#13;
&#13;
¿ Y lo nuestro? ¿Por qué extravasamos en formas y conceptos aje­-&#13;
&#13;
nos a nuestra idiosincrasia? Desde el balcón atlántico de Buenos Aires&#13;
&#13;
la mirada huye imantada al exotismo. ¿Acaso el rancho con su lechuza&#13;
&#13;
no es un Parthenon primario con una acróptera de pluma?&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque eludo al trotecito los suburbios del&#13;
&#13;
folk-lore, profiriendo mentalmente:&#13;
&#13;
Bien, digamé Don Isauro:&#13;
&#13;
¿qués mejor aquí en el campo,&#13;
&#13;
montar en pelo un centauro&#13;
&#13;
o ensillado un hipocampo?...)&#13;
&#13;
&#13;
Nadie puede recitar de memoria un poema de Tristán Tzara, ni&#13;
&#13;
reproducir de memoria un diseño de Paul Klee, ni repetir de memoria&#13;
&#13;
tres compases de Schönberg. La fatalidad de este arte up to date, de esta,&#13;
&#13;
poesía vient de paraître, está en que resbala irrefragablemente hacia el&#13;
&#13;
olvido. Por eso el olvido será la mejor y la más sabia de sus críticas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque ante el boycot del producto, conviene&#13;
&#13;
decretar el lock-out de la imaginación creadora ...)&#13;
&#13;
&#13;
Yo anhelo que cada poema tenga su cardiosfera. Que el espíritu&#13;
&#13;
que se condense en él sea ágil, audaz, valiente. Que la pirueta y la boutade&#13;
&#13;
sucumban en su propia estolidez. Y que el arte exilado vuelva a las&#13;
&#13;
profundas realidades de la vida. Desde la erudición clásica o desde el&#13;
&#13;
fuego romántico. ¡De dónde esté! Porque es el único que ha cumplido&#13;
&#13;
dignamente la proeza de embellecer la razón.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque, lo mismo que Kierkegaard, yo sufro&#13;
&#13;
el martirio dle la razón...)&#13;
&#13;
&#13;
El intruso calló también, por fin. Y seguimos con­&#13;
&#13;
templando las grandes avenidas del pensamiento, desde&#13;
&#13;
la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
12                                                                                                                     LETRA y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
BUENOS AIRES Y GUIBERT&#13;
&#13;
&#13;
(A propósito del libro: “Poeta al pie de Buenos Aires”)&#13;
&#13;
por Enrique Molina&#13;
&#13;
&#13;
 Para las perezosas ratas de la crítica re-­&#13;
&#13;
sultará muy superior a su roer de costum­-&#13;
&#13;
bre la envergadura, la extraordinaria fluen-­&#13;
&#13;
cia lírica y el esfuerzo de sostener a lo lar­-&#13;
&#13;
go de más de doscientas páginas —sin de-­&#13;
&#13;
caer un instante— la ardiente arquitectura&#13;
&#13;
de un poema dedicado a Buenos Aires.&#13;
&#13;
Inútil será extraer algún pequeño fragmen-­&#13;
&#13;
to, picotear en los zócalos, arrancar un tro­-&#13;
&#13;
zo de tapiz, arañar una frase. La obra de&#13;
&#13;
Guibert perdurará por la virtud de su ener­-&#13;
&#13;
gía original, por la inviolable sustancia que&#13;
&#13;
ha elaborado. Por lo demás es sintomático&#13;
&#13;
el sospechoso silencio y los desconcertantes&#13;
&#13;
comentarios que han rodeado la aparición&#13;
&#13;
de una obra cuya dignidad y cuya violencia&#13;
&#13;
expresiva divergen totalmente con el sopor&#13;
&#13;
de nuestra atmósfera intelectual. De una&#13;
&#13;
obra que tarde o temprano acabará por im­-&#13;
&#13;
ponerse como lo que es: una obra viviente&#13;
&#13;
y original dentro de la moderna poesía&#13;
&#13;
argentina.&#13;
&#13;
 El solo hecho de proponerse como moti-­&#13;
&#13;
vo de esta epopeya el tema de Buenos Ai-­&#13;
&#13;
res ya es un índice de audacia y de fe, por&#13;
&#13;
su caótica vastedad y la ambiciosa inten­-&#13;
&#13;
ción de pretender fijar, registrar, el conte­-&#13;
&#13;
nido emocional, el tono entrañable con que&#13;
&#13;
la urbe resuena en la eternidad. No se trata&#13;
&#13;
de un largo discurso retórico en el que los&#13;
&#13;
nombres propios crean el decorado, a la&#13;
&#13;
manera del “Canto a Buenos Aires” de Mu-&#13;
&#13;
jica Lainez (especie de vago muestrario de&#13;
&#13;
postales), sino de un diálogo inmenso con&#13;
&#13;
cada uno de los elementos de esa realidad&#13;
&#13;
multiforme de la ciudad. No un retrato,&#13;
&#13;
una visión estática e inmóvil, sino un diá­-&#13;
&#13;
logo agotador, vibrante, con todas sus ma-­&#13;
&#13;
terias y sus seres. Guibert logra captar, por&#13;
&#13;
medio de un instrumento verbal de inagota­-&#13;
&#13;
ble carga poética, el proceso lento, vegetal,&#13;
&#13;
orgánico, de una enorme ciudad creciendo&#13;
&#13;
desde su primera piedra, desde su primera&#13;
&#13;
pisada humana, ampliándose en círculos a&#13;
&#13;
través del tiempo, siguiendo su huella, la&#13;
&#13;
veta invisible de su destino, lo que de ella&#13;
&#13;
perdura como carácter, espíritu, color, con­-&#13;
&#13;
fabulándose con nuestra sangre, edificán­-&#13;
&#13;
dola de nuevo, llama a llama en el corazón&#13;
&#13;
de sus hijos. Guibert no la observa con la&#13;
&#13;
mirada ligera del turista: la escruta con­&#13;
&#13;
fundido con sus materiales, a su vibración,&#13;
&#13;
percibiendo su ser oscuro y centelleante&#13;
&#13;
desde su propio núcleo, desde su más pro­-&#13;
&#13;
funda nebulosa original. Toda la confusa&#13;
&#13;
majestad de ese inmenso organismo que&#13;
&#13;
crece, asentado en los bordes de la llanura,&#13;
&#13;
propagándose en mil direcciones desde su&#13;
&#13;
germen hasta la realidad presente, todas sus&#13;
&#13;
grandes líneas de fuerza convergen, se in-­&#13;
&#13;
terpenetran y se resuelven en ese vasto mo&#13;
&#13;
vimiento sinfónico del poema, cuya babé­-&#13;
&#13;
lica arboladura acaba por ordenar en sus&#13;
&#13;
espirales el latido, el soplo de eternidad y&#13;
&#13;
de violencia que nutre las raíces de su pla-­&#13;
&#13;
netario Buenos Aires.&#13;
&#13;
 La obra de Guibert, viva, experimental,&#13;
&#13;
audaz, de mágica certidumbre, es un foco&#13;
&#13;
de profundas incitaciones y necesariamente&#13;
&#13;
vuelve a plantear el dramático problema de&#13;
&#13;
la expresión, el problema esencial de toda&#13;
&#13;
creación artística, máxime cuando en este&#13;
&#13;
caso el propio tema presupone la necesi-­&#13;
&#13;
dad de un lenguaje poético que al mismo&#13;
&#13;
tiempo debe fluir y ser síntesis de la reali­-&#13;
&#13;
dad espiritual de la ciudad. Todo auténtico&#13;
&#13;
creador está constantemente obligado a&#13;
&#13;
romper los moldes estratificados del len­-&#13;
&#13;
guaje, las formas expresivas a las que el&#13;
&#13;
uso acaba de quitar su poder de comunica-­&#13;
&#13;
ción. Guibert crea así un verbo poético ex­-&#13;
&#13;
traordinariamente dinámico, de gran capa­-&#13;
&#13;
cidad explosiva, por completo original, vir­-&#13;
&#13;
gen, en cuyo haz se concentran a lo largo&#13;
&#13;
de cualquier frase múltiples asociaciones de&#13;
&#13;
índole sensorial, reflejos sentimentales, es­-&#13;
&#13;
tímulos. Se irisa, reverbera, accede a los&#13;
&#13;
planos más hondos de la emoción, articu­-&#13;
&#13;
lándose de manera fulgurante con todo el&#13;
&#13;
contenido del inconsciente. Guibert somete&#13;
&#13;
el idioma a un verdadero proceso de alqui-­&#13;
&#13;
mia. Los giros más populares, los modismos&#13;
&#13;
callejeros son incorporados y transforma­-&#13;
&#13;
dos, expuestos a una nueva luz, cargándose&#13;
&#13;
de un sentido nuevo y fresco en el que dia-­&#13;
&#13;
lectalmente se niega el viejo sentido ya&#13;
&#13;
gastado por el uso y al mismo tiempo se lo&#13;
&#13;
afirma y se le recrea. Esta experiencia que&#13;
&#13;
constituye uno de los puntos capitales de&#13;
&#13;
la obra de Queneau, es llevada por Gui­-&#13;
&#13;
bert a un punto de alta tensión, siempre&#13;
&#13;
lejano de todo tono discursivo.&#13;
&#13;
Cuando basta un campeón del raciona­-&#13;
&#13;
lismo más cerrado, como Julien Benda, lle-­&#13;
&#13;
ga a admitir que: “En cuanto al propósito&#13;
&#13;
de la poesía de ser la vida y no un juicio&#13;
&#13;
sobre la vida, repito que no me detengo en&#13;
&#13;
él, porque me parece su esencia misma”,&#13;
&#13;
habría que admitir, sin temor al error, que&#13;
&#13;
es necesario revisar, de una vez por todas,&#13;
&#13;
los conceptos y los procedimientos del liris­-&#13;
&#13;
mo tradicional. ¿En qué consiste esa pre­-&#13;
&#13;
tensión de la poesía de ser la vida misma?&#13;
&#13;
Sólo en comunicarse del modo en que la&#13;
&#13;
vida se comunica. Si estoy sentado al sol&#13;
&#13;
en una plaza, ese instante no llega a mi&#13;
&#13;
conciencia a través de frases lógicas y con-­&#13;
&#13;
ceptos ordenados según una jerarquía ra­-&#13;
&#13;
cional. Me asalta por los sentidos, múltiple,&#13;
&#13;
unánime, alcanzando a la vez mis nervios y&#13;
&#13;
mis vísceras, todo mi mundo orgánico y&#13;
&#13;
espiritual. Hasta para Benda está fuera de&#13;
&#13;
duda que la poesía debe coincidir con la&#13;
&#13;
vida, “no ser un juicio sobre la vida”. To-­&#13;
&#13;
do el poema de Guibert se mueve en tal&#13;
&#13;
sentido. Sus imágenes, más que visuales son&#13;
&#13;
orgánicas, más que plásticas o intelectuales&#13;
&#13;
son, si pudiera decirse, de naturaleza so-­&#13;
&#13;
mática. Su materia poética no se petrifica&#13;
&#13;
en ningún instante, actúa de manera sinfó-­&#13;
&#13;
nica, fluyente y viva como una llamarada.&#13;
&#13;
Desde el primer instante y todo a lo largo&#13;
&#13;
del poema se dirige más a la sensación y&#13;
&#13;
al sentimiento que a las facultades lúcidas&#13;
&#13;
del intelecto. Crea directamente —no lo&#13;
&#13;
alude— el fuego, el frío, la luz, la angustia,&#13;
&#13;
la noche, la sombra, todos los elementos,&#13;
&#13;
todo el influjo infinito de la vida. De pron­-&#13;
&#13;
to, como una espesa y enorme burbuja, des­-&#13;
&#13;
de el fondo de ese mar de los Sargazos que&#13;
&#13;
es su poema, asciende una oleada de sen­-&#13;
&#13;
saciones de intenso magnetismo poético.&#13;
&#13;
Véase, por ejemplo, el canto trece, de un&#13;
&#13;
poder erótico pocas veces alcanzado en la&#13;
&#13;
literatura. Una verdadera manigua de ape­-&#13;
&#13;
tito y sensualidad que pone al descubierto&#13;
&#13;
el espectáculo secreto y existencial del&#13;
&#13;
amor nocturno, la gran vía láctea carnal&#13;
&#13;
que ilumina la noche de Buenos Aires. En&#13;
&#13;
éste, uno de los más hermosos momentos&#13;
&#13;
del poema, se pone de manifiesto la inten-­&#13;
&#13;
sidad expresiva del lenguaje de Guibert.&#13;
&#13;
Intensidad que se mantiene al definir la&#13;
&#13;
estatura mítica del habitante de la urbe, al&#13;
&#13;
desentrañar el contenido espiritual de su&#13;
&#13;
personalidad difusa pero sensible, incohe-­&#13;
&#13;
rente pero viva, informe pero esencial y a&#13;
&#13;
la que por un juego de alusiones, de innu­-&#13;
&#13;
merables resonancias sentimentales, que po­-&#13;
&#13;
nen al descubierto el fuego central de su&#13;
&#13;
existir. La congoja de la vida deformada,&#13;
&#13;
frustrando, sin escape posible dentro del&#13;
&#13;
monumental decorado de la ciudad, el re­-&#13;
&#13;
petirse de los gestos humanos, cada vez&#13;
&#13;
menos humanos, movidos solamente por las&#13;
&#13;
poleas invisibles de ese monstruoso meca-­&#13;
&#13;
nismo donde el hombre acaba por olvidar&#13;
&#13;
su condición. Buenos Aires se levanta ávi­-&#13;
&#13;
da, feroz, tierna, incesante, compuesta de&#13;
&#13;
los millones de gestos, de los millones de&#13;
&#13;
escenas y relámpagos que pululan por su&#13;
&#13;
pecho de acero. La gran masa sinfónica que&#13;
&#13;
Guibert desencadena disuelve en su impul­-&#13;
&#13;
so todas las esencias de la ciudad. Es una&#13;
&#13;
especie de enorme diamante blando cuyas&#13;
&#13;
facetas ondulan sin cesar en el viento de&#13;
&#13;
la poesía. Su canto deshace la ciudad, la&#13;
&#13;
pulveriza, crea la ciudad, la proyecta al&#13;
&#13;
mito, al fuego.&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
(conclusión)&#13;
&#13;
&#13;
mó? ¿tal vez una repentina brisa hela­-&#13;
&#13;
da? ¿Un temblor bajo la tierra?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No vi a ningún Diablo! (Sacu­-&#13;
&#13;
diendo a Betty): ¡Betty, levántate, Betty!&#13;
&#13;
¡Betty!&#13;
&#13;
HALE: No puedes evadirme, Abigail. ¿Tu&#13;
&#13;
prima bebió la mezcla que había en esa&#13;
&#13;
marmita?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella no bebió nada!&#13;
&#13;
HALE: ¿Bebiste tú?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No, señor!&#13;
&#13;
HALE: ¿Te pidió Títuba que bebieras?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Lo intentó, pero yo rehusé.&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué finges? ¿Te has vendido&#13;
&#13;
a Lucifer?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No me he vendido! ¡Soy una&#13;
&#13;
buena chica! ¡Soy una chica decente!&#13;
&#13;
(Ann Putnam entra con Títuba e instantá­-&#13;
&#13;
neamente Abigail señala a Títuba.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me obligó a hacerlo! ¡La&#13;
&#13;
obligó a Betty a hacerlo!&#13;
&#13;
TÍTUBA (sorprendida y enojada): ¡Abby!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Me hace beber sangre!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡¡Sangre!!&#13;
&#13;
ANN : ¿La sangre de mi hijita?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no, sangre de pollo! ¡Y o dar­-&#13;
&#13;
le sangre de pollo!&#13;
&#13;
HALE : Mujer, ¿has reclutado a estas criatu­-&#13;
&#13;
ras para servir al Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no señor! ¡Y o no tratar con&#13;
&#13;
ningún Diablo!&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué no puede despertar ella?&#13;
&#13;
¿Eres tú quien hace callar a esta criatura?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Yo querer a mi Betty!&#13;
&#13;
HALE: ¿Has desencadenado tu espíritu so­-&#13;
&#13;
bre esta niña, no es cierto? ¿Estás reclu­&#13;
&#13;
tando almas para el Diablo?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me pasa su espíritu en la&#13;
&#13;
iglesia; ella hace que me ría durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Se ha reído a menudo durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Viene a buscarme todas las no­-&#13;
&#13;
ches para que salgamos a beber sangre!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Tú pedir a mí que conjure! Ella&#13;
&#13;
pedir a mí para hacer hechizo...&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No mientas! (a Hale): ¡Ella vie­-&#13;
&#13;
ne mientras duermo; siempre me hace&#13;
&#13;
soñar perversidades!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¿Por qué decir eso, Abby?&#13;
&#13;
ABIGAIL : ¡A veces me despierto y me en­-&#13;
&#13;
cuentro parada ante el portal abierto sin&#13;
&#13;
una prenda encima! Siempre la oigo reír&#13;
&#13;
en mis sueños. La oigo cantar sus cantos&#13;
&#13;
de Barbados y tentarme con...&#13;
&#13;
TÍTUBA : Señor Reverendo, yo nunca ..,&#13;
&#13;
HALE (resueltamente): Títuba, quiero que&#13;
&#13;
despiertes a esta niña.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Señor, yo no tener poder sobre esta&#13;
&#13;
niña.&#13;
&#13;
HALE : ¡Por cierto que sí, y ahora mismo&#13;
&#13;
la dejarás en libertad! ¿Cuándo pactaste&#13;
&#13;
con el Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Yo no pactar con ningún Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Has de confesar, Títuba, o te lle­-&#13;
&#13;
varé afuera y te azotaré hasta la muerte!&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡Esta mujer tiene que ser colga­-&#13;
&#13;
da! ¡Hay que arrestarla y colgarla!&#13;
&#13;
TÍTUBA( aterrorizada. cae de rodillas): ¡No,&#13;
&#13;
no, no colgar a Títuba! Yo, señor, decirle&#13;
&#13;
que no querer trabajar para él.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Al Diablo?&#13;
&#13;
HALE: ¡Lo has visto, pues! (Títuba llora).&#13;
&#13;
Vamos Títuba, yo sé que cuando nos li­-&#13;
&#13;
gamos al Infierno es muy difícil romper&#13;
&#13;
con él. Te ayudaremos a desembarazarte&#13;
&#13;
de él . ..&#13;
&#13;
TÍTUBA (asustada por el procedimiento in-­&#13;
&#13;
minente): Señor Reverendo, yo si creer&#13;
&#13;
que algún otro embrujar estas chicas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Quién?&#13;
&#13;
TÍTUBA: N o sé, señor, pero el Diablo tener&#13;
&#13;
muchas brujas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Muchas, eh? (Es una pista.) Títuba,&#13;
&#13;
mírame a los ojos. Ven, mírame. (Ella&#13;
&#13;
levanta sus ojos hacia él, asustada.) Que-­&#13;
&#13;
rrías ser una buena cristiana, ¿no es&#13;
&#13;
cierto, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, una buena cristiana.&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a estas niñitas?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Oh, sí, señor! ¡No quiero lastimar&#13;
&#13;
niñitas!&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a Dios, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Amo a Dios con todo mi ser.&#13;
&#13;
HALE: Pues bien; en el sagrado nombre de&#13;
&#13;
Dios ...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Bendito sea, bendito sea.. (Se ha­&#13;
&#13;
maca sobre sus rodillas, sollozando ate-&#13;
&#13;
rrorizdaa.)&#13;
&#13;
HALE: Y por Su gloria...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Gloria eterna. Bendito sea ... Ben­-&#13;
&#13;
dito sea Dios ...&#13;
&#13;
HALE: Confiesa, Títuba... confiesa y deja&#13;
&#13;
que la sagrada luz de Dios te ilumine.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Oh, bendito sea el Señor.&#13;
&#13;
HALE: Cuando se te aparece el Diablo ...&#13;
&#13;
¿viene con alguna otra persona? (Ella lo&#13;
&#13;
mira a la cara). ¿Tal vez otra persona&#13;
&#13;
del pueblo? ¿Alguien a quien conoces...?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quién vino con él?&#13;
&#13;
PUTNAM: ¿Sarah Good? ¿Viste alguna vez&#13;
&#13;
a Sarah Good con él? ¿O a Osborn?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Era hombre o mujer quien venía&#13;
&#13;
con él?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Hombre o mujer. Era ... era mujer.&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué mujer? Dijiste una mujer.&#13;
&#13;
¿Qué mujer?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber mucho oscuridad y yo .. .&#13;
&#13;
PARRIS: Podías verlo a él, ¿por qué no po­-&#13;
&#13;
drías verla a ella?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Y...todo el tiempo hablaban; to­-&#13;
&#13;
do el tiempo corrían y seguían...&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quieres decir de Salem? ¿Brujas&#13;
&#13;
de Salem?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, yo creer así... (Hale la&#13;
&#13;
loma de la mano. Ella se sorprende).&#13;
&#13;
HALE: Títuba. No debes tener miedo de de­-&#13;
&#13;
cirnos quiénes son, ¿entiendes? Nosotros&#13;
&#13;
te protegeremos. El Diablo nunca puede&#13;
&#13;
vencer a un ministro. Tú sabes eso, ¿ver­-&#13;
&#13;
dad?&#13;
&#13;
TÍTUBA (besa la mano de H ale): ¡Oh, sí,&#13;
&#13;
señor, yo saber!&#13;
&#13;
HALE: Te has confesado bruja y eso signi­-&#13;
&#13;
fica que deseas ponerte de parte del Cie­-&#13;
&#13;
lo. Y nosotros te bendeciremos, Títuba.&#13;
&#13;
Títuba (profundamente aliviada): ¡Oh!&#13;
&#13;
¡Dios os bendiga a vos, señor Hale!&#13;
&#13;
HALE (con creciente exaltación): Tú eres el&#13;
&#13;
instrumento de Dios puesto en nuestras&#13;
&#13;
manos para descubrir a los enviados del&#13;
&#13;
Diablo que están entre nosotros. Tú eres&#13;
&#13;
la escogida, Tituba, tú eres la elegida para&#13;
&#13;
ayudarnos a limpiar nuestro pueblo. Ha­-&#13;
&#13;
bla, pues, dínos todo, Tituba, vuélvele la&#13;
&#13;
espalda y encárate con Dios...encárate&#13;
&#13;
con Dios, Títuba, y Dios te protegerá.&#13;
&#13;
TÍTUBA ( uniéndose a él): ¡Oh, Dios, prote-­&#13;
&#13;
ge a Títuba!&#13;
&#13;
HALE (dulcemente): ¿Quién se te apareció&#13;
&#13;
con el Diablo? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cuán­-&#13;
&#13;
tos? (Títuba jadea y vuelve a hamacarse&#13;
&#13;
mirando fijamente hacia adelante).&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber cuatro. Haber cuatro.&#13;
&#13;
PARRIS (presionándola): ¿Quiénes? ¿Quié­-&#13;
&#13;
nes? ¡Sus nombres, sus nombres!&#13;
&#13;
TÍTUBA ( explorando de pronto): ¡ Oh, cuán­-&#13;
&#13;
tas veces él pedirme que os matara, Sr.&#13;
&#13;
Parris!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Matarme a mí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (hecha una furia): ¡El dijo, Sr.&#13;
&#13;
Parris morir! ¡Sr. Parris no buena per­-&#13;
&#13;
sona, Sr. Parris hombre malo y no buena&#13;
&#13;
persona y me mandó levantarme de mi&#13;
&#13;
cama y cortaros la garganta! (Los demás&#13;
&#13;
se sobresaltan). Pero yo decirle “¡No!&#13;
&#13;
Yo no odio este hombre. Yo no quiero&#13;
&#13;
matar este hombre.” Pero él dice: “¡Tú&#13;
&#13;
trabajar para mí, Tituba, yo hacerte li­-&#13;
&#13;
bre! ¡Yo te doy lindo vestido, y te llevo&#13;
&#13;
alto por el aire, y tú volar de ¡regreso a&#13;
&#13;
Barbados!” Y yo digo: “¡Tú mientes,&#13;
&#13;
Diablos, tú mientes!” Y entonces él viene&#13;
&#13;
una noche tormentosa y decir: “¡Mira!&#13;
&#13;
Tengo gente blanca que me pertenece.” Y&#13;
&#13;
yo mirar... y allí estaba la señora Good.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Sarah G ood!&#13;
&#13;
TÍTUBA (Hamacándose y llorando): Sí, se­-&#13;
&#13;
ñor, y la señora Osborn.&#13;
&#13;
ANN: ¡Yo lo sabía! La Osborn fué mi par­-&#13;
&#13;
tera tres veces. Te lo había pedido,&#13;
&#13;
Thomas, ¿no es cierto? le pedí que no&#13;
&#13;
llamara a la Osborn porque le tenía mie­-&#13;
&#13;
do. Mis pequeños siempre se consumían&#13;
&#13;
en sus manos.&#13;
&#13;
HALE: Cobra valor. Debes darnos todos sus&#13;
&#13;
nombres. ¿Cómo puedes soportar el su-­&#13;
&#13;
frimiento de esta criatura? Mírala, Títu­-&#13;
&#13;
ba. ( Señala a Betty, en el lecho.) Con­&#13;
&#13;
templa su divina inocencia; su alma es&#13;
&#13;
tan tierna; debemos protegerla, Títuba;&#13;
&#13;
el Diablo anda suelto y la oprime como&#13;
&#13;
la bestia oprime la carne de la inocente&#13;
&#13;
oveja. Dios te bendecirá por tu ayuda.&#13;
&#13;
(Abigail se levanta, como inspirada, y&#13;
&#13;
grita.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Quiero confesar! (Todos se vuel­-&#13;
&#13;
ven hacia ella, sobrecogidos. Ella está en&#13;
&#13;
éxtasis, como rodeada de una aureola.)&#13;
&#13;
¡Quiero la luz de Dios, quiero el dulce&#13;
&#13;
amor de Jesús! Yo bailé para el Dia­-&#13;
&#13;
blo ; yo lo v i; yo escribí en su libro;&#13;
&#13;
ya vuelvo a Jesús; yo beso su mano. ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Sarah Good cón el Diablo! ¡Yo vi&#13;
&#13;
a la señora Osborn con el Diablo! ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Bridget Mishop con el Diablo!&#13;
&#13;
(Mientras habla, Betty se levanta de la&#13;
&#13;
cama, los ojos afiebrados, y se une al&#13;
&#13;
cántico.)&#13;
&#13;
BETTY (igualmente con la mirada extravia­-&#13;
&#13;
da): ¡Yo vi a George Jacobs con el Dia­-&#13;
&#13;
blo! ¡Yo vi a la señora Howe con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Habla! (Corre a abrazar a Betty)&#13;
&#13;
¡Está hablando!&#13;
&#13;
HALE: ¡Gloria a Dios! ¡Por fin se ha roto,&#13;
&#13;
están libres!&#13;
&#13;
BETTY (gritando histéricamente y con gran&#13;
&#13;
alivio): ¡Y o vi a Martha Bellows con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Sibber con el&#13;
&#13;
Diablo! (Se va produciendo un gran jú­-&#13;
&#13;
bilo.)&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡El alguacil, voy a llamar al al-­&#13;
&#13;
guacil! (Parris está gritando una plega­&#13;
&#13;
ria de gracias.)&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a Alice Barrow con el Dia-­&#13;
&#13;
blo! (Comienza a caer el telón.)&#13;
&#13;
HALE ( mientras sale Putnam): ¡Que el al­-&#13;
&#13;
guacil traiga grillos!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Hawkins con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a la señora Bibber con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Y o vi a la señora Booth con el&#13;
&#13;
Diablo! (Sobre sus gritos extasiados, cae&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
&#13;
TELÓN )&#13;
&#13;
&#13;
Traducción de Jacobo y Mario Muchnik.&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     13&#13;
&#13;
&#13;
ARTES PLASTICAS&#13;
&#13;
CORRESPONDENCIA&#13;
&#13;
 Con referencia a una nota aparecida en&#13;
&#13;
el N° 2 de LETRA Y LINEA titulada “Tres&#13;
&#13;
abstractos y un crítico” recibimos una car-­&#13;
&#13;
ta de Julio Payró, que publicamos con la&#13;
&#13;
respuesta correspondiente.&#13;
&#13;
&#13;
Buenos Aires, diciembre 18 de 1953.&#13;
&#13;
Aldo Pellegrini:&#13;
&#13;
 No se necesita ni se demuestra ninguna&#13;
&#13;
aptitud especial — ¡al contrario!— burlán-­&#13;
&#13;
dose de mi prosa y mis ideas. Cualquiera&#13;
&#13;
puede hacerlo. En cambio, nadie — y menos&#13;
&#13;
que nadie un crítico bisoño— puede, hones-­&#13;
&#13;
tamente y en conocimiento de causa, poner&#13;
&#13;
en tela de juicio mi información. Cuando&#13;
&#13;
menciono un hecho, tengo modo de probar­&#13;
&#13;
lo o de citar mis fuentes. Entérese de cuanto&#13;
&#13;
sigue:&#13;
&#13;
1) En su primera autobiografía, escrita en&#13;
&#13;
alemán en 1910 y publicada en 1912, Vassily&#13;
&#13;
Kandinsky incluyó reproducciones de algu­-&#13;
&#13;
nos de sus cuadros, que ya entonces calificó&#13;
&#13;
de Gegenstandlos, vale decir de no objeti­-&#13;
&#13;
vos. En 1911, en su libro “Uber das Geistige&#13;
&#13;
in der Kunst”, publicado por la Editorial&#13;
&#13;
Piper, el mismo artista sentaba las bases&#13;
&#13;
teóricas de un arte no-objetivo y utilizaba&#13;
&#13;
el término cuya paternidad atribuye usted&#13;
&#13;
a Rodchenko. Si Alfred H. Barr, historiador&#13;
&#13;
a quien admiro, dijera como usted, se equi-­&#13;
&#13;
vocaría tanto como los “modestos manuales&#13;
&#13;
de divulgación” en que ciertos escritores&#13;
&#13;
parecen realizar sus buceos más hondos.&#13;
&#13;
Mas dudo de que Barr cometa ese error:&#13;
&#13;
en todo caso, no lo comete en el catálogo&#13;
&#13;
del Museo de Arte Moderno de Nueva York,&#13;
&#13;
edición del año 1942, en que dice tan sólo&#13;
&#13;
lo siguiente: “El término (no objetivo) fué&#13;
&#13;
probablemente empleado por primera vez&#13;
&#13;
en Moscú por Alejandro Rodchenko”. Por&#13;
&#13;
mi parte, y sobre la base de la información&#13;
&#13;
que precede, manifiesto que Rodchenko&#13;
&#13;
puede haber adoptado el término de cuño&#13;
&#13;
kandinskiano después de leer la segunda&#13;
&#13;
edición de la autobiografía de Kandinsky,&#13;
&#13;
que se publicó en idioma ruso en 1918.&#13;
&#13;
2) La no-objetividad no nació en la Ar-­&#13;
&#13;
gentina con el grupo de Maldonado, Lidy&#13;
&#13;
Prati y Arden Quinn. Ellos tuvieron aquí&#13;
&#13;
sus predecesores, entre los cuales cabe citar&#13;
&#13;
a Pettoruti y Juan Del Prete. Alrededor de&#13;
&#13;
1940, Batlle Planas, Sergio de Castro y otros&#13;
&#13;
pintores nacionales o residentes en el país&#13;
&#13;
habían hecho sus primeras armas en el arte&#13;
&#13;
de la no-objetividad. No es materia de in­-&#13;
&#13;
formación sino de apreciación individual&#13;
&#13;
que usted no considere digno del nombre&#13;
&#13;
de “No-objetivo” el tipo de pintura que&#13;
&#13;
algunos practicaron en la Argentina antes&#13;
&#13;
de “Arturo” . Y, en última instancia, la ex­-&#13;
&#13;
presión “hacia 1940” que empleé en el texto&#13;
&#13;
que motiva su comentario, no excluiría la&#13;
&#13;
fecha pura usted fatídica de febrero de 1944.&#13;
&#13;
Julio E. Payró&#13;
&#13;
&#13;
Julio Payró:&#13;
&#13;
Me entero del contenido de su carta y digo:&#13;
&#13;
 El libro de Kandinsky que según el con­-&#13;
&#13;
texto de su carta usted habría consultado,&#13;
&#13;
es imposible que lo haya leído, ni siquiera&#13;
&#13;
hojeado. Aunque personalmente me atraen&#13;
&#13;
los hechos imposibles, debo reconocer que,&#13;
&#13;
por lo menos hasta el presente, no puede&#13;
&#13;
leerse un libro inexistente. La obra que&#13;
&#13;
usted designa curiosamente como “primera&#13;
&#13;
autobiografía”, escrita en alemán en 1910 y&#13;
&#13;
publicada en 1912, ni fue escrita ni apare-­&#13;
&#13;
ció nunca en tales fechas, por lo tanto no&#13;
&#13;
ha podido usted consultar un libro con&#13;
&#13;
esas características. La única autobiografía&#13;
&#13;
que existe (ni primera ni segunda) es la&#13;
&#13;
que publicó en Berlín en 1913 las edicio­-&#13;
&#13;
nes DER STURM con el título Rückblicke.&#13;
&#13;
Esta obra fue traducida al ruso por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky y publicada en 1918 con el título&#13;
&#13;
Stupein equivalente exacto del título ale­-&#13;
&#13;
mán. Estos libros sí existen porque, aunque&#13;
&#13;
no figuran en mi poder, los he tenido en&#13;
&#13;
mis manos y los he hojeado, en París, en&#13;
&#13;
casa de la viuda del artista: Nina Kan­-&#13;
&#13;
dinsky.&#13;
&#13;
El error en que usted incurre depende&#13;
&#13;
de la falta absoluta de seriedad de la úni-­&#13;
&#13;
ca obra que ha consultado. No resulta difí-­&#13;
&#13;
cil descubrir esa única fuente suya de in­-&#13;
&#13;
formación, pues es por todos los admirado-­&#13;
&#13;
res de Kandinsky bien conocido el volu­-&#13;
&#13;
men publicado por Hilla Rebay con motivo&#13;
&#13;
de la exposición In Memoriam realizada en&#13;
&#13;
1945 en el Museo de Arte No-objetivo de&#13;
&#13;
Nueva York. Es de todos conocido por la&#13;
&#13;
insolvencia intelectual y falta de seriedad&#13;
&#13;
de dicha persona la cual, en el breve es­-&#13;
&#13;
pacio de una página y media, comete varios&#13;
&#13;
errores groseros de información. Es precisa-­&#13;
&#13;
mente para neutralizar esos errores que Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky (así me lo declaró) ha esta-&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER: "Sugerencias arcaicas"&#13;
&#13;
&#13;
blecido una rigurosa bio-bibliografía per­-&#13;
&#13;
fectamente sistematizada por fechas y que&#13;
&#13;
ha aparecido in extenso en el volumen&#13;
&#13;
organizado por Max Bill como homenaje a&#13;
&#13;
Kandinsky (publicado en 1951 por Maeght&#13;
&#13;
de París). La misma bio-bibliografía (más&#13;
&#13;
resumida) apareció en el pequeño volumen&#13;
&#13;
sobre Kandinsky (Editions de Beaune, 1950,&#13;
&#13;
París) que ha circulado profusamente en&#13;
&#13;
Buenos Aires, en la revista Art d’aujourd’&#13;
&#13;
hui (N° 6, enero de 1950, dedicado a Kan­-&#13;
&#13;
dinsky) en manos de todos los aficionados,&#13;
&#13;
en el libro editado por Skira: “De Picasso&#13;
&#13;
au Surréalisme” (1950) y en la revista ita­-&#13;
&#13;
liana Forma (N° 2, 1950), editada en Roma.&#13;
&#13;
Todas estas bio-bibliografías sistematizadas&#13;
&#13;
han sido redactadas personalmente por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky y no teniendo los textos origi­-&#13;
&#13;
nales en la mano son las únicas fuentes&#13;
&#13;
irreprochables hasta la fecha.&#13;
&#13;
 Pero volvamos a su fuente de informa­-&#13;
&#13;
ción: dice Hilla Rebay en la pág. 91 de&#13;
&#13;
esa publicación: Some non objective pain-&#13;
&#13;
tings reproduced in his first Auto biography&#13;
&#13;
(written 1910 in Germán, published 1912)&#13;
&#13;
he called “Gegenstandslos” or literally&#13;
&#13;
translated “object without” ... (Algunas&#13;
&#13;
pinturas no objetivas reproducidas en su&#13;
&#13;
primera Autobiografía —escrita en alemán&#13;
&#13;
en 1910, publicada en 1912— las llamó&#13;
&#13;
“Gegenstandslos” o traducido literalmente&#13;
&#13;
“sin objeto” ...)&#13;
&#13;
Es visible la coincidencia casi literal con&#13;
&#13;
la mención en su carta, y como ninguna otra&#13;
&#13;
persona en el mundo ha dicho tales cosas,&#13;
&#13;
salvo Hilla Rebay y después usted, no es&#13;
&#13;
aventurado pensar que la fuente de infor­-&#13;
&#13;
mación por usted utilizada es ésa. Ahora&#13;
&#13;
bien, sospecho que de haber usted leído&#13;
&#13;
unas líneas más adelante en la misma nota&#13;
&#13;
de Hilla Rebay le hubieran entrado inten-­&#13;
&#13;
sas dudas sobre la seriedad de la autora.&#13;
&#13;
En efecto, tres párrafos más allá del arriba&#13;
&#13;
citado (pág. 92) dice lo siguiente: Also a&#13;
&#13;
Kandinsky Album appeared in a “Der&#13;
&#13;
Sturm” (The Tempest) publication with his&#13;
&#13;
first autobiography written in 1912 and edi-&#13;
&#13;
ted in 1913. (También un álbum Kandinsky&#13;
&#13;
apareció en una publicación “Der Sturm’&#13;
&#13;
(La Tempestad) con su primera autobio­-&#13;
&#13;
grafía escrita en 1912 y editada en 1913.)&#13;
&#13;
Quiere decir que con el escaso intervalo&#13;
&#13;
de unas líneas la misma obra de Kandinsky&#13;
&#13;
ha sido escrita y publicada en dos fechas&#13;
&#13;
distintas. Es el caso más formidable no&#13;
&#13;
sólo de insolvencia total sino de olvido ins-­&#13;
&#13;
tantáneo y confusión mental que pueda dal­&#13;
&#13;
la palabra escrita. Esa es la “seria” fuente&#13;
&#13;
de información que usted ha utilizado.&#13;
&#13;
Ante todo destaquemos claramente que&#13;
&#13;
la discusión se establece sobre la prioridad&#13;
&#13;
en el uso de la denominación no-objetivo&#13;
&#13;
como equivalente de abstracto, porque sim­-&#13;
&#13;
ples teorizaciones en torno a la no impor­-&#13;
&#13;
tancia del objeto en pintura se remontan ya&#13;
&#13;
a Platón, y en los tiempos modernos exis­-&#13;
&#13;
ten desde Baudelaire, los impresionistas,&#13;
&#13;
Denis, Apollinaire, los cubistas, etc. y es­&#13;
&#13;
pecialmente Worringer que, sin duda nin­-&#13;
&#13;
guna, inspiró a Kandinsky.&#13;
&#13;
 Aclarado bien esto, si recurrimos ahora&#13;
&#13;
al texto de la autobiografía de Kandinsky&#13;
&#13;
(nos referimos a la única existente, la pu-­&#13;
&#13;
blicada en 1913) utilizando la traducción&#13;
&#13;
francesa de Gabrielle Buffet-Picabia (Ed.&#13;
&#13;
René Drouin. París. 1916) revisada por Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky, observamos que no men­-&#13;
&#13;
ciona para nada el término “no-objetivo” .&#13;
&#13;
Tampoco aparece en ningún momento en la&#13;
&#13;
traducción hecha de la versión rusa por&#13;
&#13;
Boris Berg y publicada en el volumen In&#13;
&#13;
Memoriam que usted posee. Ambas versio­-&#13;
&#13;
nes son prácticamente coincidentes.&#13;
&#13;
Tampoco se menciona el término no-&#13;
&#13;
objetivo en su libro “ De lo espiritual en el&#13;
&#13;
arte” según la traducción inglesa más re-­&#13;
&#13;
ciente (Concerning the Spiritual in Art.&#13;
&#13;
Ed. Wittenborn, Schultz. New York, 1947)&#13;
&#13;
única autorizada y controlada por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky.&#13;
&#13;
Y ahora entremos a analizar las razo-­&#13;
&#13;
nes que sin duda movieron a Hilla Rebay&#13;
&#13;
para adjudicar la paternidad del término&#13;
&#13;
“no-objetivo” a la suprema autoridad de&#13;
&#13;
Kandinsky. El nombre de Museo de Arte&#13;
&#13;
No-objetivo con que se bautizó la desigual&#13;
&#13;
colección abstracta creada en torno al gran&#13;
&#13;
número de obras de Kandinsky que poseía&#13;
&#13;
la Fundación Solomon R. Guggenheim, le­-&#13;
&#13;
vantó un sin número de críticas debido a&#13;
&#13;
la ambigüedad del término, mala traduc­-&#13;
&#13;
ción de la palabra alemana Gegenstandslos&#13;
&#13;
(literalmente “sin objeto”). Para resumir&#13;
&#13;
las críticas démosle la palabra a Albers&#13;
&#13;
quien, al hacer un análisis de las nomen­-&#13;
&#13;
claturas propuestas dice (American Abstract&#13;
&#13;
Artists. New York, 1946) : “El más im­-&#13;
&#13;
propio de todos los adjetivos aplicados al&#13;
&#13;
arte es el de “no-objetivo”. Aparece de&#13;
&#13;
entrada como una versión incorrecta de la&#13;
&#13;
palabra alemana “ gegenstandlos” que signi­-&#13;
&#13;
fica en su traducción estricta: “sin objeto” .&#13;
&#13;
Pero “no-objetivo” implica más claramente&#13;
&#13;
“sin objetivo” tanto como “subjetivo”. Ta-­&#13;
&#13;
les implicaciones no sólo crean una confu-­&#13;
&#13;
sión de sentido sino que son directamente&#13;
&#13;
erróneas. Creo que no es necesario seguir&#13;
&#13;
discutiéndolas’.&#13;
&#13;
 Hilla Rebay en su desesperación por bus­-&#13;
&#13;
car antecedentes a la palabra no-objetivo&#13;
&#13;
llega (en uno de los pequeños catálogos del&#13;
&#13;
Museo) a atribuirle el origen a un maes­-&#13;
&#13;
tro chino de la dinastía Tang en el año 600.&#13;
&#13;
Al margen de esto y para definir la per­-&#13;
&#13;
sonalidad de esta señora destaquemos otra&#13;
&#13;
de sus “genialidades”: la de querer colocar&#13;
&#13;
solapadamente la obra de Bauer, mediocre&#13;
&#13;
imitador de Kandinsky, por encima de la&#13;
&#13;
de éste.&#13;
&#13;
 Abandonando los problemas particulares&#13;
&#13;
de Hilla Rebay, puede asegurarse que nin­-&#13;
&#13;
guno de los comentaristas ha visto la in­-&#13;
&#13;
tención de Kandinsky de designar al arte&#13;
&#13;
llamado abstracto como no-objetivo en sus&#13;
&#13;
primeras obras. Desde el primer libro sobre&#13;
&#13;
el artistas publicado por Hugo Zehder (Ru-&#13;
&#13;
dolf Kaemmerer Verlag. Dresden, 1920) pa-­&#13;
&#13;
sando por los libros colectivos de Debrun-&#13;
&#13;
ner (Wir enldecken Kandisky. Ed. Origo.&#13;
&#13;
Zúrich, sin fecha) y el reciente de Max&#13;
&#13;
Bill: Kandinsky (Maeght. París 1951), así&#13;
&#13;
como los numerosos ensayos de Grohmann,&#13;
&#13;
Seuphor, C. Giedion Welcker, Marcel Ar-&#13;
&#13;
land, Feininger, etc., nadie ni siquiera su­-&#13;
&#13;
giere que Kandinsky haya tenido intención&#13;
&#13;
de designar desde sus primeras obras la&#13;
&#13;
pintura abstracta como no objetiva. Toda&#13;
&#13;
esta bibliografía la pongo a su disposición.&#13;
&#13;
Durante mucho tiempo, cuando se refería&#13;
&#13;
a su pintura Kandinsky la llamaba abstrac-­&#13;
&#13;
ta (cosa que puede comprobar leyendo la&#13;
&#13;
primera carta a Hilla Rebay que se publica&#13;
&#13;
en el catálogo que usted tiene entre ma­-&#13;
&#13;
nos) hasta que por primera vez en 1937,&#13;
&#13;
en una carta dirigida a Madame Irmgard&#13;
&#13;
Burchard (citada por Peter Thoene: Mo-&#13;
&#13;
dern German Art. Penguin Books Limi­-&#13;
&#13;
ted. London. 1938, pág. 76) decide llamarla&#13;
&#13;
concreta. Tal designación es motivo del&#13;
&#13;
artículo “Arte concreto” publicado por&#13;
&#13;
Kandinsky en la revista “XX° siècle (1938.&#13;
&#13;
N° 2).&#13;
&#13;
Es cierto que Kandinsky estaba cada vez&#13;
&#13;
menos satisfecho con el término abstracto&#13;
&#13;
que implicaba una referencia a la realidad&#13;
&#13;
natural y en sus cartas del período de&#13;
&#13;
París (1934 en adelante) llega a utilizar&#13;
&#13;
indiferentemente los términos entonces en&#13;
&#13;
uso de abstracto, no figurativo y aún no&#13;
&#13;
objetivo (ya circulando ampliamente en&#13;
&#13;
Alemania).&#13;
&#13;
 Volviendo ahora al origen de la desig­-&#13;
&#13;
nación no objetivo no queda ninguna duda&#13;
&#13;
que fué Rodchenko el primero en usarla&#13;
&#13;
con carácter de nomenclatura. En el libro&#13;
&#13;
de Alfred H. Barr (jr): Cubism and&#13;
&#13;
Abstract Art (The Museum of Modern Art.&#13;
&#13;
New York, 1936) se menciona por prime-­&#13;
&#13;
ra vez la palabra no-objetivo en la página&#13;
&#13;
126, donde dice literalmente: “Malevich&#13;
&#13;
fué el centro de un amplio círculo de&#13;
&#13;
jóvenes artistas, algunos de las cuales bajo&#13;
&#13;
la dirección de Alejandro Rodchenko for-­&#13;
&#13;
maron un grupo cismático que se designó&#13;
&#13;
a sí mismo no-objetivista. Desde 1914 hizo&#13;
&#13;
Rodchenko composiciones geométricas usan­-&#13;
&#13;
do exclusivamente compás y regla” .&#13;
&#13;
Cómo se ve Rodchenko inicia un pro­-&#13;
&#13;
cedimiento de ejecución que más adelante&#13;
&#13;
debía culminar en lo que Van Doesburg&#13;
&#13;
llamaría arte concreto. Justamente la deno­-&#13;
&#13;
minación no-objetivo designaba un tipo de&#13;
&#13;
pintura que era exactamente lo opuesto de&#13;
&#13;
la que hacía entonces Kandinsky. La mane-­&#13;
&#13;
ra de éste la denominaban los críticos de la&#13;
&#13;
época expresionismo abstracto. La base teó-­&#13;
&#13;
rica formalista de Malevich y sus discí­-&#13;
&#13;
pulos y la orientación puramente geomé­-&#13;
&#13;
trica de la pintura rusa se oponía a la con­-&#13;
&#13;
cepción espiritualista y a las formas orgáni­&#13;
&#13;
cas (procedentes de la abstracción expresiva&#13;
&#13;
de formas naturales) utilizadas por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky. Fué en realidad éste el que sufrió&#13;
&#13;
el influjo en la escuela rusa (afirmado por&#13;
&#13;
Barr, pág. 68 de la obra citada), derivando&#13;
&#13;
gradualmente su pintura hacia una con­-&#13;
&#13;
cepción geométrica (período de Kandins-­&#13;
&#13;
ky al que se suele llamar constructivista o&#13;
&#13;
no-objetivo) que tuvo su completo des­-&#13;
&#13;
arrollo durante su estada en la Baubaus.&#13;
&#13;
De lo dicho se deduce que los términos&#13;
&#13;
arte abstracto y arte no-objetivo resultaron&#13;
&#13;
en sus orígenes no sinónimos sino opuestos&#13;
&#13;
y en esta forma lo siguieron usando los&#13;
&#13;
artistas de la primera hora, como por ejem­-&#13;
&#13;
plo Moholy-Nagy, hasta época muy recien­-&#13;
&#13;
te; en su libro “ Vision in Motion” (Paul&#13;
&#13;
Theobald. Chicago, 1947) dice en la pág.&#13;
&#13;
141 (nota marginal) : “hay una tendencia a&#13;
&#13;
reunir bajo el rótulo de abstracta la pin­-&#13;
&#13;
tura que parte de la naturaleza y bajo el&#13;
&#13;
rótulo de no-objetiva toda aquella en la&#13;
&#13;
que no existen rastros de punto de parti­-&#13;
&#13;
da natural” .&#13;
&#13;
Si alguien inspiró a Rodchenko la de­&#13;
&#13;
nominación por él utilizada no hay duda&#13;
&#13;
ninguna que ese fué su maestro Malevich.&#13;
&#13;
En 1927 se publica en la serie de libros&#13;
&#13;
de la Bauhaus ( N° 11) la traducción de&#13;
&#13;
los escritos de ese artista con el título “Die&#13;
&#13;
gegenstandslose Welt” (El mundo no-obje-&#13;
&#13;
tivo). El libro, que tuvo gran difusión,&#13;
&#13;
como todos los de la Bauhaus, inicia la&#13;
&#13;
boga que tuvo en Alemania la designación&#13;
&#13;
en cuestión. Allí dice Malevich (citado por&#13;
&#13;
Barr) : “En 1913 en mi desesperada lucha&#13;
&#13;
por liberar al arte de la carga del mundo&#13;
&#13;
objetivo me reduje a la forma del cua­-&#13;
&#13;
drado y exhibí una pintura que no era&#13;
&#13;
más que un cuadrado negro sobre fondo&#13;
&#13;
blanco. No era un cuadrado vacío lo que&#13;
&#13;
había exhibido sino la experiencia de la&#13;
&#13;
no-objetividad”. La fecha que da Barr co-­&#13;
&#13;
mo comienzo del grupo no-objetivo de&#13;
&#13;
Rodchenko es la de 1915; otros autores&#13;
&#13;
dan 1914 (en mi nota hablaba yo de 1918,&#13;
&#13;
que corresponde más bien al período de&#13;
&#13;
culminación del grupo de no-objetivistas,&#13;
&#13;
que al año siguiente se fusionaría con el&#13;
&#13;
de los constructivistas).&#13;
&#13;
2) El no querer considerar a los pintores&#13;
&#13;
que usted menciona (excluyo el caso de&#13;
&#13;
Del Prele, único precursor real) como abs­-&#13;
&#13;
tractos no es un caso de apreciación indi­-&#13;
&#13;
vidual sino el respeto por una perfecta y&#13;
&#13;
precisa convención idiomática que establece&#13;
&#13;
el hecho de las nomenclaturas en cualquier&#13;
&#13;
especialidad. Mediante esas convenciones&#13;
&#13;
bien determinadas se entienden perfecta­-&#13;
&#13;
mente todos los que hablan utilizando una&#13;
&#13;
terminología especializada. Pero todavía&#13;
&#13;
&#13;
EDICIONES de&#13;
&#13;
LOSANGE&#13;
&#13;
BOLSA DE COMERCIO&#13;
&#13;
Oficina N° 213&#13;
&#13;
&#13;
PUBLICACIONES&#13;
&#13;
PERIODICAS&#13;
&#13;
TEATRALES&#13;
&#13;
GEORGES NEVEUX:&#13;
&#13;
Demanda contra Desconocido ................................. $ 10 .—&#13;
&#13;
El más reciente de los grandes éxitos de la escena europea.&#13;
&#13;
FEDERICO GARCIA LORCA:&#13;
&#13;
Títeres de Cachiporra ............................................ $ 8.—&#13;
&#13;
Inédita en Buenos Aires.&#13;
&#13;
GEORG BÜCHNER:&#13;
&#13;
Woyzeck ...................................................................... $ 8.—&#13;
&#13;
Texto original de la obra estrenada en el teatro&#13;
&#13;
Colón en 1952.&#13;
&#13;
HEINRICH VON KLEIST :&#13;
&#13;
El Príncipe de Homburgo ...................................... $ 10 .—&#13;
&#13;
&#13;
DISTRIBUYEN:&#13;
&#13;
TEATRO&#13;
&#13;
COE PLA - ENTRE RIOS 1256&#13;
&#13;
BAJEL&#13;
&#13;
-&#13;
&#13;
MAIPU 356&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                   14&#13;
&#13;
&#13;
más precisa que la expresión abstracto es&#13;
&#13;
la de no-objetivo que usted utiliza y que&#13;
&#13;
más arriba hemos visto significar una pin­-&#13;
&#13;
tura que prescinde totalmente de todo pun-­&#13;
&#13;
to de partida natural. En esas condiciones&#13;
&#13;
considerar a Pettorutti como no-objetivo es&#13;
&#13;
imposible, y clasificarlo como abstracto&#13;
&#13;
equivaldrá a considerar a toda la pintura&#13;
&#13;
universal en las mismas condiciones, por&#13;
&#13;
el hecho elemental y ya ampliamente estu­-&#13;
&#13;
diado por Worringer, de que todo artista,&#13;
&#13;
en cualquier época, al recrear la realidad&#13;
&#13;
utiliza en mayor o menor escala elementos&#13;
&#13;
de abstracción. ¿Por qué no considerarlo&#13;
&#13;
simplemente como cubista o neocubista de­&#13;
&#13;
signación que es la que le corresponde exac­-&#13;
&#13;
tamente?&#13;
&#13;
 Por otra parte hasta los diccionarios co­-&#13;
&#13;
munes ya nos dan definiciones bastante&#13;
&#13;
precisas de todos estos términos.&#13;
&#13;
Finalmente dos palabras sobre la expre­-&#13;
&#13;
sión “crítico bisoño” que me toca personal­-&#13;
&#13;
mente: me niego rotundamente a aceptar&#13;
&#13;
la designación de crítico, tan manoseada&#13;
&#13;
por incapaces e improvisados. En cuanto a&#13;
&#13;
bisoño, no es extraño (dada su “seriedad’&#13;
&#13;
informativa) que entre otras cosas usted&#13;
&#13;
ignore que desde hace muchos años (desde&#13;
&#13;
1928) me ha preocupado el estudio y difu-­&#13;
&#13;
sión de los problemas de la pintura moder­-&#13;
&#13;
na (cosa que conocen perfectamente los&#13;
&#13;
aficionados y artistas que se interesan por&#13;
&#13;
las nuevas corrientes en el arte.)&#13;
&#13;
 De todos modos le ofrezco generosamente&#13;
&#13;
estas informaciones por si alguna de ellas&#13;
&#13;
puede serle útil para remozar su vetenaría.&#13;
&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER&#13;
&#13;
&#13;
 Resuelto en la ejecución, con un tempe-­&#13;
&#13;
ramento desbordante, conjugador de gamas&#13;
&#13;
violentas, de colores mordientes que a ve­-&#13;
&#13;
ces rodean zonas de suave lirismo, cons­-&#13;
&#13;
tructor de formas simples pero incisivas,&#13;
&#13;
encarnando más en el trazo subitáneo que&#13;
&#13;
en la línea demorada o reflexiva, Bruno&#13;
&#13;
Venier va creando una obra de perfiles pro-­&#13;
&#13;
pios y, lo que es más importante, abierta&#13;
&#13;
a la posibilidad de nuevos encuentros. En&#13;
&#13;
la muestra realizada en noviembre en la&#13;
&#13;
galería Plástica vuelve a reconocerse en él&#13;
&#13;
esa virtud de organizador eufórico de la&#13;
&#13;
superficie, esa condición de “catador” de&#13;
&#13;
calidades, al cual le basta un tema elemen-­&#13;
&#13;
tal para suscitar las espléndidas reverbera­-&#13;
&#13;
ciones de sus dones plásticos. La experien­-&#13;
&#13;
cia “fauve” y la experiencia cubista crean&#13;
&#13;
una singular combinación en la pintura de&#13;
&#13;
Venier. Es bien visible en muchas de sus&#13;
&#13;
obras la realización de un fondo planimé­-&#13;
&#13;
tricamente concebido, con colores sensible­&#13;
&#13;
mente relacionados, sobre el cual el artista&#13;
&#13;
proyecta una caligrafía nerviosa, compleja&#13;
&#13;
a veces, con el negro o un valor acorde&#13;
&#13;
como dominante. Por eso a veces el pen-­&#13;
&#13;
samiento y la pasión parecen pugnar entre&#13;
&#13;
sí en sus cuadros buscando la supremacía.&#13;
&#13;
Venier por lo general concede más a la se-­&#13;
&#13;
gunda perdiendo, entonces, en valor analí­-&#13;
&#13;
tico lo que gana en potencia expresiva. Pero&#13;
&#13;
cuando este artista —uno de los más repre­&#13;
&#13;
sentativos de la nueva pintura argentina—&#13;
&#13;
logra concertar, en viviente equilibrio esas&#13;
&#13;
dos formas de su ver plástico nos da obras&#13;
&#13;
de una rara madurez. Así en esta exposición&#13;
&#13;
de Plástica nos detuvieron obras alentadas&#13;
&#13;
por una extraña poesía, como en sus noc­-&#13;
&#13;
turnos, o animadas por una imaginería tí­-&#13;
&#13;
pica, como en sus máscaras. Pero lírico o&#13;
&#13;
patético, violento o tierno, complicado o&#13;
&#13;
complejo, Venier deja siempre claramente&#13;
&#13;
manifestada su condición neta de pintor,&#13;
&#13;
de artista que ama primaria y esencialmen-­&#13;
&#13;
te los elementos de su arte y que supedita&#13;
&#13;
siempre a estos cualquier otro requeri­-&#13;
&#13;
miento forastero.&#13;
&#13;
&#13;
Ernesto B. Rodríguez&#13;
&#13;
&#13;
MARIO DARIO GRANDI&#13;
&#13;
&#13;
 Hace ya largo tiempo —casi una década&#13;
&#13;
cuando nos ocupamos por primera vez del&#13;
&#13;
arte de Grandi en el memorable periódico&#13;
&#13;
“Correo Literario” —que supo generosa-&#13;
&#13;
­mente abrir sus páginas a la presentación&#13;
&#13;
de nuevos valores—señalamos su devoción&#13;
&#13;
fiel e insobornable por esa materia tenue&#13;
&#13;
que es el pastel y a la cual él sabía sacar&#13;
&#13;
un partido insospechado. Seguro, pulcro has-&#13;
&#13;
ta lo minucioso, hacía surgir sus figuras&#13;
&#13;
displicentes o melancólicas —algo relacio-&#13;
&#13;
­nadas con el espíritu y las formas de Mo-&#13;
&#13;
digliani— dentro de una atmósfera de pai­-&#13;
&#13;
saje suburbano. Ese mundo de un intimismo&#13;
&#13;
característico —que Grandi reflejaba poé-&#13;
&#13;
ti­camente más que construía en sus cuadros,&#13;
&#13;
a través de un dibujo ceñido pero sin vi-&#13;
&#13;
­bración—aparece ahora con su vieja tónica&#13;
&#13;
espiritual pero encarnando en una materia&#13;
&#13;
de tramas más enérgicas, donde los acentos&#13;
&#13;
de color y de forma reviven, a veces, cierta&#13;
&#13;
voluntad expresionista. En efecto, Grandi&#13;
&#13;
ha variado notablemente su alfabeto plásti­-&#13;
&#13;
co, y de cuidadoso proyector de imágenes,&#13;
&#13;
del detallismo original a que se entregaba&#13;
&#13;
su mano, punteando con el pastel o la tiza&#13;
&#13;
delicadas calidades, llega ahora a la amplia&#13;
&#13;
visión de color y al trazo sintético y enér-&#13;
&#13;
­gico, buscando una mayor economía de ma-&#13;
&#13;
­teria en sus representaciones. Y si bien&#13;
&#13;
—técnicamente hablando— testimonios hay&#13;
&#13;
en esta muestra que se asoman a su labor&#13;
&#13;
de ayer (ejemplo sus dos “desnudos” ), el&#13;
&#13;
resto de sus obras hablan un lenguaje más&#13;
&#13;
desgarrado, más vehemente, venido de ese&#13;
&#13;
nivel donde los elementos de la pintura&#13;
&#13;
fermentan y hay que cazarlos con cierta&#13;
&#13;
peligrosidad. Obras como “Mujer tejiendo”,&#13;
&#13;
“Guitarrero” , “Muchacho con flores” y “Re-&#13;
&#13;
­quiebro” cabalizan de manera ejemplar lo&#13;
&#13;
antedicho, y testimonian, también, de qué&#13;
&#13;
manera Grandi logra conservar por encima&#13;
&#13;
de la transformación material su antigua&#13;
&#13;
línea expresiva, el tono fundamental de su&#13;
&#13;
 mundo interior.&#13;
&#13;
E. B. R.&#13;
&#13;
&#13;
FOTOGRAMAS DE SIGRID VON&#13;
&#13;
SCHWEINITZ (Galería Galatea)&#13;
&#13;
&#13;
Más aún que la fotografía, el fotograma&#13;
&#13;
se sitúa cómodamente en los dominios del&#13;
&#13;
arte. Los fotogramas expuestos en Galatea&#13;
&#13;
alcanzan la categoría de verdaderos cuadros&#13;
&#13;
en blanco y negro. La luz constituye en&#13;
&#13;
ellos el elemento dominante, el instrumen-&#13;
&#13;
­to utilizado por el artista, que controla me­-&#13;
&#13;
diante el uso de intensidades variables de&#13;
&#13;
luz, el tiempo de exposición y los trucos&#13;
&#13;
de revelado. Se trabaja de ese modo con&#13;
&#13;
un azar sabiamente controlado.&#13;
&#13;
 De los objetos utilizados para impresio-&#13;
&#13;
­nar la placa sensible se aprovechan sólo&#13;
&#13;
sus masas y su comportamiento frente a la&#13;
&#13;
luz en cuanto a las cualidades de absorción&#13;
&#13;
o transparencia. Así obtiene las áreas o for-&#13;
&#13;
mas que entrarán en la composición del&#13;
&#13;
fotograma o contribuirán a crear las mo­-&#13;
&#13;
dalidades de textura.&#13;
&#13;
 El resultado ha sido, en el caso de Sigrid&#13;
&#13;
von Schweinitz, realmente sorprendente.&#13;
&#13;
Manejando con destreza una técnica de es-&#13;
&#13;
­casas posibilidades aparentes, obtiene una&#13;
&#13;
composición equilibrada, organiza activos&#13;
&#13;
ritmos de formas y logra las más extraordi­-&#13;
&#13;
narias calidades de grises y efectos de tex-&#13;
&#13;
­tura que pueda dar la técnica pictórica en&#13;
&#13;
blanco y negro más depurada.&#13;
&#13;
 Se trata de una exposición excepcional&#13;
&#13;
que nos ha revelado la amplitud de posi-&#13;
&#13;
­bilidades en una técnica que parecía ha-&#13;
&#13;
­berse agotado con las obras de los dos&#13;
&#13;
grandes maestros y creadores del género:&#13;
&#13;
Man Ray y Moholy-Nagy.&#13;
&#13;
A. P.&#13;
&#13;
&#13;
CINE&#13;
&#13;
&#13;
LAS CHICAS DE PLAZA ESPAÑA&#13;
&#13;
&#13;
 "El neorrealismo ha muerto”, proclaman&#13;
&#13;
categóricamente los críticos europeos. Ellos&#13;
&#13;
tienen mejores elementos de juicio para opi­-&#13;
&#13;
nar pues han visto mucho más que nosotros.&#13;
&#13;
Si bien desconocemos grandes películas co-­&#13;
&#13;
mo “La terra trema”, “Bellisima”, “Miraco-&#13;
&#13;
lo a Milano” , “El camino de la esperanza”,&#13;
&#13;
que corresponden a fechas diversas y abar-­&#13;
&#13;
can los distintos períodos que atraviesa esta&#13;
&#13;
modalidad, también ignoramos por suerte,&#13;
&#13;
gran cantidad de obras mediocres que ge-­&#13;
&#13;
neralmente no cruzan las fronteras.&#13;
&#13;
La influencia de este tipo de películas&#13;
&#13;
fáciles es considerable en Italia y el públi­-&#13;
&#13;
co parece inclinarse al entretenimiento ino-­&#13;
&#13;
cuo, luego de la sacudida tremenda de la&#13;
&#13;
postguerra, que permitió a auténticos talen­-&#13;
&#13;
tos expresarse libremente y apoyarse en la&#13;
&#13;
candente realidad sin cortapisas ni conven­-&#13;
&#13;
ciones de ninguna clase. A la inclinación&#13;
&#13;
de la industria a satisfacer los bajos niveles&#13;
&#13;
de otrora se sumó acierta desorientación en&#13;
&#13;
los principales creadores. El momento épi­-&#13;
&#13;
co había pasado, y era difícil realizar obras&#13;
&#13;
importantes y estimular la inspiración con&#13;
&#13;
las realidades cotidianas. Algunos elegieron&#13;
&#13;
la vía escapista como Rosellini; otros co­-&#13;
&#13;
mo De Sica y Zavattini, evolucionaron hacia&#13;
&#13;
formas más profundas, buscando expresar&#13;
&#13;
en los más pequeños sucesos su complejidad&#13;
&#13;
vital mediante el análisis exhaustivo de&#13;
&#13;
toda sus implicaciones. Puede esperarse mu­-&#13;
&#13;
cho aún de los geniales creadores de “Um-&#13;
&#13;
berto D”. Por último hubo realizadores de&#13;
&#13;
innegable talento que conservaron una téc­-&#13;
&#13;
nica documental pero limitaron su visión a&#13;
&#13;
la faz superficial, pintoresca, de la realidad.&#13;
&#13;
Entre éstos se encuentra Emmer. En su&#13;
&#13;
primera obra de largo metraje (anterior­-&#13;
&#13;
mente había filmado documentales de arte&#13;
&#13;
con Enrico Gras) “Un domingo de vera­-&#13;
&#13;
no”, la visión era tan ágil, veloz y hábil­-&#13;
&#13;
mente compuesta que trascendía y ocultaba&#13;
&#13;
exitosamente la superficialidad interna. En&#13;
&#13;
“París es siempre París” , y la que comen-­&#13;
&#13;
tamos, ha disminuido (especialmente en esta&#13;
&#13;
última) la calidad formal y se ha puesto de&#13;
&#13;
relieve su trivialidad. Esta trivialidad es&#13;
&#13;
particularmente notable en “Las chichas de&#13;
&#13;
Plaza España”, donde los sucesos son mí­-&#13;
&#13;
nimos en sí y en el tratamiento. Lo que&#13;
&#13;
salva al neorrealismo es que toma hechos&#13;
&#13;
comunes pero los analiza con una concep­-&#13;
&#13;
ción no convencional, apartándose de la&#13;
&#13;
historieta trillada y del pintoresquismo po­-&#13;
&#13;
pular. En cambio, las historias paralelas de&#13;
&#13;
esta película quedan encuadradas en una&#13;
&#13;
básica falta de interés, agravadas por los&#13;
&#13;
lugares comunes de la sensiblería. No debe&#13;
&#13;
confundirse sencillez, con elementalismo.&#13;
&#13;
El tratamiento cinematográfico es análo­-&#13;
&#13;
go al de las obras anteriores: historias pa-­&#13;
&#13;
ralelas, búsqueda de la simultaneidad con&#13;
&#13;
rápidos cambios de escena y acción, sin&#13;
&#13;
fundidos u otra puntuación que interrumpa&#13;
&#13;
la rapidez necesaria para que el ritmo no&#13;
&#13;
decaiga. Debe señalarse que si se conservan&#13;
&#13;
en parte las cualidades de Emmer para lle­-&#13;
&#13;
var ágilmente las distintas acciones, éstas&#13;
&#13;
languidecen frecuentemente, interrumpidas&#13;
&#13;
por diálogos abundantes. La esencial bana-­&#13;
&#13;
lidad de las situaciones —agravadas por la&#13;
&#13;
presencia de un personaje-relator, abso­-&#13;
&#13;
lutamente innecesario, y que inicia y termi­-&#13;
&#13;
na la obra con consideraciones sumamente&#13;
&#13;
cursis— se agrega a un defecto imperdona-­&#13;
&#13;
ble en este tipo de entretenimiento: es bas­-&#13;
&#13;
tante aburrida.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
SU PRIMER MILLON&#13;
&#13;
 Los estudios Ealing, cuya dirección artís-­&#13;
&#13;
tica ejerce Sir Michael Balcon, han evitado&#13;
&#13;
en sus producciones el ruinoso camino in-­&#13;
&#13;
dicado por Rank a las otras compañías. En&#13;
&#13;
lugar de competir —inútilmente— con Hol-­&#13;
&#13;
lywood, en estrellas, grandes presupuestos y&#13;
&#13;
equivalente grandilocuencia huera, se pre­-&#13;
&#13;
firió aumentar la calidad sin realizar gran­-&#13;
&#13;
des gastos materiales, enfocando ambientes&#13;
&#13;
y asuntos típicamente ingleses pero sin caer&#13;
&#13;
en un localismo barato; además, gracias a&#13;
&#13;
un grupo homogéneo de libretistas y direc­-&#13;
&#13;
tores talentosos y con suficiente libertad&#13;
&#13;
individual de expresión, como T. E. B. Clar-&#13;
&#13;
ke, Cavalcanti, Thorold Dickinson, Harry&#13;
&#13;
Watt, Charles Frend, Robert Hamer, Ma-&#13;
&#13;
ckendrick, Crichton y otros, pudo crearse&#13;
&#13;
un estilo característico, que debe mucho a&#13;
&#13;
la magnífica escuela documental encabezada&#13;
&#13;
por Grierson.&#13;
&#13;
 Esta excelente película (1) cuya comici-&#13;
&#13;
dad alcanza niveles cercanos a la genialidad&#13;
&#13;
puede considerarse como un ejemplo bri­-&#13;
&#13;
llante de la características citadas. El argu-­&#13;
&#13;
mentista Clarke, cuya fórmula es según&#13;
&#13;
Lambert, “lo normal ultrajado por lo no&#13;
&#13;
familiar” ha concebido la obra en términos&#13;
&#13;
dinámicamente cinematográficos. La fanta-­&#13;
&#13;
sía, el aire vertiginoso de farsa impreso a&#13;
&#13;
las peripecias paradójicas del fiel emplea­-&#13;
&#13;
do de banco (que roba lingotes de oro y&#13;
&#13;
en combinación con un original fabricante&#13;
&#13;
de recuerdos turísticos, los lleva a París de&#13;
&#13;
contrabando convertidos en forma insospe-­&#13;
&#13;
chable), se combina con extraordinaria&#13;
&#13;
frescura e inagotable invención de situa­-&#13;
&#13;
ciones a una sátira mordaz e ingeniosa y un&#13;
&#13;
realismo de tipos y ambientes cuyo localis-­&#13;
&#13;
mo tan lleno de matices logra sin embargo&#13;
&#13;
 (1) La considerable severidad de los juicios emi-­&#13;
&#13;
tidos en los comentarios de las películas tratadas&#13;
&#13;
más arriba no impide que aquéllas hayan sido ele- ­&#13;
&#13;
gidas por un criterio estrictamente cualitativo: es&#13;
&#13;
decir, las consideramos superiores a las demás exhi-­&#13;
&#13;
bidas. En este caso los elogios son mayores y las&#13;
&#13;
tachas mínimas. Por lo tanto puede suponerse en&#13;
&#13;
qué nivel es colocada.&#13;
&#13;
&#13;
Ultimos éxitos de&#13;
&#13;
GRANDES NOVELISTAS&#13;
&#13;
FLECHA EN EL AZUL&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ARTHUR KOESTLER&#13;
&#13;
Como casi todos los libros de Koestler, tiene éste un incom­-&#13;
&#13;
parable valor autobiográfico, testimonio de un hombre del si­-&#13;
&#13;
glo xx, llevado y traído por las tormentas que son signo de&#13;
&#13;
nuestro tiempo&#13;
&#13;
&#13;
................................................................................................. $24..—&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
CARLO CÓCCIOLI&#13;
&#13;
El juego del amor, el desencuentro irremediable de las almas,&#13;
&#13;
la angustia y la impotencia que conducen a la soledad; la re­-&#13;
&#13;
beldía o la aceptación del propio destino, son temas que com-­&#13;
&#13;
ponen la trama de esta nueva novela del autor de El cielo y la&#13;
&#13;
tierra ................................................................................................. $ 18.—&#13;
&#13;
&#13;
LA  INVITADA&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
SIMONE DE BEAUVOIR&#13;
&#13;
Como lo ha reconocido la crítica universal, Simone de Beauvoir&#13;
&#13;
no ha superado aún su eximia creación de La invitada . .  $28.—&#13;
&#13;
&#13;
LA NIEVE ESTA DE DUELO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
HENRI TROYAT&#13;
&#13;
Novela que coloca al autor en la más alta jerarquía de las&#13;
&#13;
letras francesas. Gran Premio literario de Mónaco.......... $16.—&#13;
&#13;
&#13;
MISA SIN NOMBRE&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ERNST WIECHERT&#13;
&#13;
Ante los escombros de su patria en ruinas, el poeta y escritor&#13;
&#13;
alemán Ernst Wiechert, recientemente fallecido, escribió este&#13;
&#13;
libro como testimonio de una época trágica, de cuyos tonos&#13;
&#13;
sombríos hizo surgir, sin embargo, un canto de serenidad y&#13;
&#13;
esperanza .......................................................................$25.—&#13;
&#13;
&#13;
EMECÉ EDITORES, S.A.&#13;
&#13;
SAN MARTIN 427 - T.E. 32-1695 - BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                         15&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
esa calidad tan rara que lo hace apreciable&#13;
&#13;
en todas partes.&#13;
&#13;
 La delirante fantasía aliada a. la inten-&#13;
&#13;
cionada sátira de costumbres producen al&#13;
&#13;
dejar de ser antagónicas un fascinante im-&#13;
&#13;
pacto de convicción, donde la verdad hu-&#13;
&#13;
mana está enriquecida anímicamente por la&#13;
&#13;
libertad y la gracia.&#13;
&#13;
La conducción de este asunto por Charles&#13;
&#13;
Crichton demuestra una maestría tan flúida&#13;
&#13;
como llena de matices. Ciertas secuencias,&#13;
&#13;
como la de la torre Eiffel o la extraordina-­&#13;
&#13;
ria persecusión de la exposición policial son&#13;
&#13;
memorables y merecen recordarse como&#13;
&#13;
ejemplos de habilísimo manejo de las posi­-&#13;
&#13;
bilidades de cámara y montaje. El humor&#13;
&#13;
es la característica saliente y la más llama-­&#13;
&#13;
tiva de este film. No nos engañemos pen-­&#13;
&#13;
sando que es por ello una obra “menor”;&#13;
&#13;
lo cómico puede ser artísticamente un ejer­-&#13;
&#13;
cicio que sobrepasa el simple entreteni­-&#13;
&#13;
miento para llegar a ser una expresión ex­-&#13;
&#13;
tremadamente pura de la libertad del espí­-&#13;
&#13;
ritu creador. En este sentido, “The Laven-&#13;
&#13;
der Hill Mob” debe considerarse un film&#13;
&#13;
importante y el de mayor calidad en el lap-­&#13;
&#13;
so que abarca nuestra crónica.&#13;
&#13;
 La interpretación, tan brillante como el&#13;
&#13;
resto de la película, destaca la labor, tan&#13;
&#13;
sutil y memorable como la de "Los ocho&#13;
&#13;
sentenciados”, de Alec Guinness. Es indis­-&#13;
&#13;
cutiblemente un gran actor, del género más&#13;
&#13;
apropiado a las virtudes de concisión y pro-­&#13;
&#13;
fundidad de matices que la imagen cinema­-&#13;
&#13;
tográfica necesita.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
&#13;
RETABLOS DE NAVIDAD Y DE&#13;
&#13;
LA PASION (Editorial "Raigal")&#13;
&#13;
por Eduardo González Lanuza&#13;
&#13;
 “Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión”, de Eduardo González Lanuza,&#13;
&#13;
es un libro bien manufacturado.&#13;
&#13;
 Admito que el elogio parece de&#13;
&#13;
cajón, y como de compromiso, pero&#13;
&#13;
en verdad no abundan las ediciones&#13;
&#13;
correctamente presentadas, que ma-­&#13;
&#13;
nifiesten una preocupación por el li­-&#13;
&#13;
bro en lo que tiene de adminículo&#13;
&#13;
para uso diario.&#13;
&#13;
 La perfección de la técnica bene­-&#13;
&#13;
ficia al lava-ropas (al cepillo de dien-­&#13;
&#13;
tes, al limpiauñas, al limpiaoídos, al&#13;
&#13;
limpiaparabrisas). Raramente al li­-&#13;
&#13;
bro, que suele cumplir también una&#13;
&#13;
tarea higiénica, y no de las menos&#13;
&#13;
importantes.&#13;
&#13;
 No es éste el caso de “Retablos de&#13;
&#13;
Navidad y de la Pasión”. (Quiero de­&#13;
&#13;
cir que sí lo beneficia la perfección&#13;
&#13;
de la técnica).&#13;
&#13;
Ante todo, “Retablos de Navidad&#13;
&#13;
y de la Pasión” se baila muy lejos de&#13;
&#13;
ser un mamotreto. Es un libro de&#13;
&#13;
buen tamaño, cómodo, manuable, que&#13;
&#13;
cabe en un bolsillo o en cualquier&#13;
&#13;
otro hueco similar. Sin embargo, no&#13;
&#13;
lo infecta esa barnizada vulgaridad&#13;
&#13;
de los “Pocket Books”.&#13;
&#13;
 Además, todo el mundo sabe que&#13;
&#13;
los “pockets” se deshojan a la pri-­&#13;
&#13;
mera lectura. Y este libro está bien&#13;
&#13;
cosido.&#13;
&#13;
“Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión” viene impreso con pulcritud.&#13;
&#13;
Casi diríamos, con extrema pulcritud.&#13;
&#13;
No hablemos de la tipografía. Desta­-&#13;
&#13;
quemos, más bien, los blancos y los&#13;
&#13;
márgenes. Hay en ellos un derroche&#13;
&#13;
de sutileza y de equilibrio, una per­-&#13;
&#13;
fección casi irónica — valga nuestra&#13;
&#13;
osadía interpretativa—, y a ratos,&#13;
&#13;
hasta emocionante.&#13;
&#13;
 El papel demuestra también a las&#13;
&#13;
claras el celo con que se ha cuidado&#13;
&#13;
la fabricación de este libro. Es papel&#13;
&#13;
blanco —la elegancia suele hallarse&#13;
&#13;
en el propósito de no desentonar, de&#13;
&#13;
no innovar porque sí— , pero, no obs-­&#13;
&#13;
tante, cualquiera puede darse cuenta&#13;
&#13;
de que es buen papel. Excelente pa­-&#13;
&#13;
pel. Si se nos permite la pondera-­&#13;
&#13;
ción, nos atreveremos a afirmar que&#13;
&#13;
es un papel digno.&#13;
&#13;
Pero es en la cubierta donde halla­-&#13;
&#13;
mos la suma de belleza. ¡Esa cubierta&#13;
&#13;
de color ligeramente cremoso, impre-­&#13;
&#13;
sa a dos tintas, y ornada con una sim-­&#13;
&#13;
bólica viñeta! Allí todo es orden, me­-&#13;
&#13;
sura y deleite. El tono exacto de la&#13;
&#13;
tinta verde, la distribución de los tí­-&#13;
&#13;
tulos, hasta el guión tiernamente&#13;
&#13;
ondulado que vibra y aletea entre&#13;
&#13;
“Editorial Raigal” y “Buenos Aires” .&#13;
&#13;
Un primor.&#13;
&#13;
 Mas no nos extendamos en la con­-&#13;
&#13;
sideración de los atributos físicos,&#13;
&#13;
aunque todavía podríamos alabar&#13;
&#13;
la contracubierta, con un perfecto&#13;
&#13;
“ $ 6-m/arg.” a un centímetro y&#13;
&#13;
medio del borde inferior derecho.&#13;
&#13;
No abundemos en el elogio de lo&#13;
&#13;
adjetivo. Es preciso guardar las pro­-&#13;
&#13;
porciones. Vayamos a la pulpa, a lo&#13;
&#13;
sustancial, a la noble materia que&#13;
&#13;
yace bajo la forma. El mismo Gonzá­-&#13;
&#13;
lez Lanuza nos ofrece una honda&#13;
&#13;
adivinación de sentido:&#13;
&#13;
¿Contábais con lo absurdo? No contábais&#13;
&#13;
¿verdad que no? ¡Varones prudentísimos!&#13;
&#13;
 Agradezcamos a Editorial “ Raigal”&#13;
&#13;
este libro, y su preocupación por&#13;
&#13;
“ofrecer a los lectores de nuestra len­-&#13;
&#13;
gua lo más representativo e intere­-&#13;
&#13;
sante de la lírica actual”, como dice&#13;
&#13;
la solapa.&#13;
&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO.&#13;
&#13;
&#13;
SEXTO.—  J. R. Wilcock (Selección EMECÉ&#13;
&#13;
de obras contemporáneas).&#13;
&#13;
&#13;
 En “Sexto”, J. R. Wilcock no se confor­-&#13;
&#13;
ma con adherir a una ex-poética, envilecida&#13;
&#13;
por la repetición infinita de las fórmulas&#13;
&#13;
más agotadas. Se empeña en poner algo de&#13;
&#13;
su propia cosecha, y aporta un mal gusto&#13;
&#13;
deprimente, una cursilera a todo vapor. Y&#13;
&#13;
junto con la gimnasia tradicional, practica&#13;
&#13;
la parodia, la glosa o el refrito de cuanto&#13;
&#13;
le acude a la memoria.&#13;
&#13;
 En el primer instante, se sospecha que&#13;
&#13;
quizás todo el libro pretenda ser una bro­-&#13;
&#13;
ma (por otra parte, chata, y desprovista de&#13;
&#13;
ingenio) pero luego se ve que Wilcock&#13;
&#13;
habla en serio. Paradójicamente, logra en­-&#13;
&#13;
tonces arrancarnos algunas carcajadas. Mé-­&#13;
&#13;
rito involuntario, pero que no sería justo&#13;
&#13;
negarle. He aquí, por ejemplo, un trozo es­-&#13;
&#13;
cogido :&#13;
&#13;
¡Y se besaban en la boca, audaces!&#13;
&#13;
¡Junto a mis libros, junto a mi retrato&#13;
&#13;
celebraban su erótico contrato,&#13;
&#13;
tal vez desnudos, y tal vez locuaces!&#13;
&#13;
Quiero irme por cerúleas galerías&#13;
&#13;
en un barco, entre ríos constelados,&#13;
&#13;
quiero alejarme de esos depravados,&#13;
&#13;
hundirme en grutas húmedas y umbrías;&#13;
&#13;
&#13;
 Y así en cada página. Imposible citar. E&#13;
&#13;
inútil: nunca nos pondríamos de acuerdo&#13;
&#13;
sobre cual es el poema, la estrofa, el verso,&#13;
&#13;
el adjetivo más wilcoekiano de este libro.&#13;
&#13;
Queda, sin embargo, una esperanza: la&#13;
&#13;
de que J. R. Wilcock medite y adopte&#13;
&#13;
como norma de conducta un renglón que&#13;
&#13;
figura en la página 27 de “Sexto” :&#13;
&#13;
 “Esta es la última vez, la última vez.”&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
LA PATRIA ELEMENTAL.— Por César&#13;
&#13;
Rosales.&#13;
&#13;
&#13;
“La Patria Elemental” es un libro des­-&#13;
&#13;
concertante. En cuanto uno levanta la tapa,&#13;
&#13;
salen en tropel las Euménides, Orfeo, Eurí-&#13;
&#13;
dice, Jano, Castor y Pólux, la Tebaida y el&#13;
&#13;
Aqueronte, un montón de gente antigua,&#13;
&#13;
mal acomodada en las estrechas habitacio­-&#13;
&#13;
nes de nuestros días. Están hacinados en&#13;
&#13;
las 10 estrofas del primer poema, “Canto&#13;
&#13;
a la noche”, y aunque fueran 10 estrofas de&#13;
&#13;
6 x 6, con balcón a la calle, no cabrían&#13;
&#13;
tantos inquilinos.&#13;
&#13;
 Además, el Aqueronte salpica todo. Y ya&#13;
&#13;
se sabe como reacciona la Tebaida cuando&#13;
&#13;
le embarran los pisos recién encerados.&#13;
&#13;
Ubicado cerca del famoso río, el poema&#13;
&#13;
que sigue coloca a "Las Bañistas” en situa­-&#13;
&#13;
ción de privilegio. Lógicamente cuando uno&#13;
&#13;
menos se lo espera, sale Afrodita del agua.&#13;
&#13;
Y a poco andar, la Armonía, que también&#13;
&#13;
estaba refrescándose.&#13;
&#13;
 Luego, a través de 126 páginas, nos topa­-&#13;
&#13;
mos con silfos, hados, piélagos, lámparas&#13;
&#13;
votivas, marmóreas columnas, purpúreos ce-­&#13;
&#13;
lajes, un río de azogue flúido, un helecho&#13;
&#13;
vestido de aljófar matutino, un gato dis­-&#13;
&#13;
frazado de pequeña pantera, cenefas y guir­-&#13;
&#13;
naldas de rosas y amatistas, etc.&#13;
&#13;
 Está Vulcano, está el Erebo, está el Le-&#13;
&#13;
teo, está Némesis.&#13;
&#13;
 Hay un pastor. ¿Qué porta? Un cayado.&#13;
&#13;
¿De qué está vestido? De estameña. ¿Dón- ­&#13;
&#13;
de se sienta? En un poyo de piedra. ¿Qué&#13;
&#13;
cuida? Un hato. ¿Por dónde anda el hato?&#13;
&#13;
Por los alcores. ¿Dónde recogen el hato?&#13;
&#13;
en un aprisco. ¿Qué se oye a lo lejos? Una&#13;
&#13;
esquila.&#13;
&#13;
 “La Patria Elemental” es un libro descon-­&#13;
&#13;
certante porque, ademas de todo eso, trae&#13;
&#13;
la mención Copyright by Editorial Raigal,&#13;
&#13;
Buenos Aires, 1953.&#13;
&#13;
 1953 quiere decir ahora, y nos dan un&#13;
&#13;
libro de antes. El mismo autor lo confiesa:&#13;
&#13;
De un mundo antiguo vengo,&#13;
&#13;
de un país donde el mirto sagrado&#13;
&#13;
y el laurel&#13;
&#13;
entrelazan pletóricos sus ramas&#13;
&#13;
 Más que de un mundo antiguo. Rosales&#13;
&#13;
parece venir de un mundo mitológico.&#13;
&#13;
Y hasta el pobre Polifemo, con su terrible&#13;
&#13;
dolor de cabeza, se ve obligado a acom­-&#13;
&#13;
pañarlo :&#13;
&#13;
es un ojo&#13;
&#13;
sin párpado que mira con cólera y&#13;
&#13;
espanto,&#13;
&#13;
ígneo aún y sangrante como el ojo&#13;
&#13;
que perdió Polifemo.&#13;
&#13;
 Ojo ígneo, sangrante, colérico y espanta-­&#13;
&#13;
do. Ojo de corrector de pruebas de “La&#13;
&#13;
Patria Elemental”.&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
POETA AL PIE DE BUENOS AIRES.—&#13;
&#13;
Por Fernando Guibert (Santiago Rueda,&#13;
&#13;
editor, 1953) (1) .&#13;
&#13;
 Se nos advierte solapadamente que este&#13;
&#13;
poema alargado a través de doscientas pá-­&#13;
&#13;
ginas de jugueteos formales “está llamado&#13;
&#13;
a ser el que represente el germen épico de&#13;
&#13;
la nueva altamente inspirada poesía argen-­&#13;
&#13;
tina”. Las inmediatas menciones a The was-­&#13;
&#13;
te Land y la Spoon River Anthology, orgu-&#13;
&#13;
llosamente anteceden la declaración de&#13;
&#13;
que “tal vez sea éste y no otro el Poeta que&#13;
&#13;
hemos estado largo tiempo esperando” (sic).&#13;
&#13;
Curiosas afirmaciones. El propuesto germen&#13;
&#13;
de la nueva altamente inspirada poesía ar-­&#13;
&#13;
gentina carece precisamente de toda inspi­-&#13;
&#13;
ración. Su autor se coloca por cierto al pie&#13;
&#13;
de Buenos Aires, tan al pie y no a la cabe­-&#13;
&#13;
za, tan a ras de suelo y no en la altura, que&#13;
&#13;
su trabajo de cuatro años (1949-1953) de&#13;
&#13;
cuartillas minuciosas, se ha limitado a agru­-&#13;
&#13;
par detalles sin selección y sin método, más&#13;
&#13;
abigarrado aún que el mismo abigarrado&#13;
&#13;
vivir, faltando en esa lista de detalles cu­-&#13;
&#13;
riosos la unión íntima, la intuición verte-­&#13;
&#13;
brada y delimitada del mundo o de cierto&#13;
&#13;
aspecto del mundo, que constituye la poesía.&#13;
&#13;
 El amor un poco tenebroso que el poeta&#13;
&#13;
siente por Buenos Aires, no ha sido lo&#13;
&#13;
suficientemente intenso como para organi­-&#13;
&#13;
zar su desperdigada colección de experien-­&#13;
&#13;
cias porteñas ni para evitarle insistir en ese&#13;
&#13;
concepto traspapelado y romántico del poe-­&#13;
&#13;
ta abrumado ante la polifacética ciudadana&#13;
&#13;
—que se soporta hasta el Lorca neoyorkino&#13;
&#13;
inclusive— expuesto con la ya caduca téc-­&#13;
&#13;
nica del simultaneísmo y agravada por el&#13;
&#13;
abuso de recursos meramente fonéticos y&#13;
&#13;
formales , como el constante del adjetivo-&#13;
&#13;
sustantivo del tipo de sonoro-sonando, de&#13;
&#13;
granado-granadero, la máquina-mecánica, la&#13;
&#13;
gente-gentecilla y las figuritas-figurines que&#13;
&#13;
fastidian la lectura desde el principio.&#13;
&#13;
Con muy buenas intenciones, Fernando&#13;
&#13;
Guibert trata de colocarse en la línea de&#13;
&#13;
la gran poesía, renunciando a las desmedra-­&#13;
&#13;
das ediciones de poemas varios sobre pro­-&#13;
&#13;
blemas exclusivamente personales del au­-&#13;
&#13;
tor. Claro que para las grandes travesías&#13;
&#13;
es necesario dominar todas las técnicas de&#13;
&#13;
la navegación celeste, a riesgo, en caso con­&#13;
&#13;
trario, de caer e incendiarse, como en el&#13;
&#13;
de este libro que constituye — según la&#13;
&#13;
promisoria faja del editor— “la revelación&#13;
&#13;
poética que hemos estado esperando” y se-­&#13;
&#13;
gún la fatigosa conclusión del lector, que&#13;
&#13;
con empeño y paciencia logra concluir su&#13;
&#13;
tautológica fluencia, un poema demasiado&#13;
&#13;
extenso, interesante a veces, pero que poco&#13;
&#13;
tiene que ver con la poesía y nada absoluta­-&#13;
&#13;
mente con la poesía argentina de vanguar­-&#13;
&#13;
dia.&#13;
&#13;
M. B.&#13;
&#13;
(1) Ver en pág. 12 el enfoque de Molina so­-&#13;
&#13;
bre el mismo libro.&#13;
&#13;
&#13;
REVISTAS&#13;
&#13;
El hábito no hace al monje&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
Cuando la poesía cambia de traje&#13;
&#13;
pero no de paño&#13;
&#13;
Consideraciones sobre el "Panorama de la&#13;
&#13;
poesía argentina moderna publicado por&#13;
&#13;
POESIA BUENOS AIRES N° 13 y 14&#13;
&#13;
Una información sobre el desarrollo de&#13;
&#13;
las modernas tendencias poéticas en la Ar­-&#13;
&#13;
gentina se ha ido haciendo cada vez más&#13;
&#13;
indispensable. La poesía de vanguardia,&#13;
&#13;
como fenómeno de conjunto, ha contado&#13;
&#13;
siempre con la más profunda y silenciosa&#13;
&#13;
simpatía de los órganos de publicación que&#13;
&#13;
a sí mismos se califican de culturales. Por&#13;
&#13;
esa razón el proyecto de POESIA BUENOS&#13;
&#13;
AIRES basado en el compromiso de una&#13;
&#13;
absoluta objetividad y encarado con la idea&#13;
&#13;
de una mera exposición lo más agotadora&#13;
&#13;
posible, contó desde el comienzo con el&#13;
&#13;
apoyo de todos los sectores modernos. El&#13;
&#13;
resultado de esa empresa (cuyas dificultades&#13;
&#13;
no dejamos de ver) no parece compensar el&#13;
&#13;
esfuerzo realizado y quizás hubiera sido&#13;
&#13;
preferible dejar todavía la difícil tarea por&#13;
&#13;
hacer.&#13;
&#13;
La obra lleva una introducción que trata&#13;
&#13;
de aclarar, el criterio utilizado en la selec-­&#13;
&#13;
ción. Allí se explica cuales son las condi­-&#13;
&#13;
ciones negativas y positivas que permiten&#13;
&#13;
considerar a un poeta como de espíritu nue-­&#13;
&#13;
vo. Aquí se entra en una serie de conside­-&#13;
&#13;
raciones tan terriblemente confusas y con­-&#13;
&#13;
tradictorias que vale la pena detenerse en&#13;
&#13;
ellas porque servirán para dar la clave de&#13;
&#13;
todo el contenido del número. Dice, por&#13;
&#13;
ejemplo: “Queremos no reconocer dentro&#13;
&#13;
de los límites de la poesía a los siguientes&#13;
&#13;
supuestos” y entre esos supuestos mencio-&#13;
&#13;
na “el de la invalidez, la angustia sin sali­-&#13;
&#13;
da, la miseria espiritual del hombre, tema&#13;
&#13;
que se origina sea en un superficial con­-&#13;
&#13;
tacto con el existencialismo, sea en la in­-&#13;
&#13;
fluencia de poetas del tedio y el refina­-&#13;
&#13;
miento burgués (Baudelaire, Rilke, Eliot,&#13;
&#13;
etc.)” . Hay que confesar que esta extraña&#13;
&#13;
declaración deja estupefacto no sólo por las&#13;
&#13;
contradicciones que encierra (la angustia sin&#13;
&#13;
salida, ¿podría ser poética si el contacto&#13;
&#13;
con el existencialismo fuera profundo?) por&#13;
&#13;
la vaguedad y falta de precisión de los&#13;
&#13;
&#13;
JERARQUIA EN LIBROS&#13;
&#13;
LA PRODUCCION NOVA DEL&#13;
&#13;
AÑO 1953 SE CARACTERIZA&#13;
&#13;
POR SU CALIDAD&#13;
&#13;
Historia del humanismo por el doc­-&#13;
&#13;
tor G. Tofanin de la Universidad&#13;
&#13;
de Nápoles; un volumen encuader­-&#13;
&#13;
nado ........................................... $ 98.—&#13;
&#13;
Historia de la historiografía moderna,&#13;
&#13;
por  Ed. Fueter, de la Universidad de&#13;
&#13;
Zurich. 2 volúmenes .............. $ 90.—&#13;
&#13;
La vida social de los niños, por&#13;
&#13;
Roger Cousinet, profesor de la Sor-&#13;
&#13;
bona ........................................... $ 14 .—&#13;
&#13;
El jardín de infantes de orientación&#13;
&#13;
psicoanalítica, por la educadora ale­-&#13;
&#13;
mana Nelly Wolffheim ............ $ 14 .—&#13;
&#13;
La educación en un mundo dividido,&#13;
&#13;
por James Bryant Conant. presidente&#13;
&#13;
de la Universidad de Harvard.&#13;
&#13;
$ 32 .—&#13;
&#13;
Educación comparada, por Nicholas&#13;
&#13;
Hans, de la Universidad de Londres.&#13;
&#13;
$ 42 .—&#13;
&#13;
Psicoanálisis de la exaltación, por el&#13;
&#13;
Dr. Bertram D. Lewin .......... $ 34 .—&#13;
&#13;
Temas de Bibliografía y cultura ve-­&#13;
&#13;
nezolanas, por el Dr. P. Grases&#13;
&#13;
$ 30 .—&#13;
&#13;
Epítome de culturología, por el Dr.&#13;
&#13;
J. Imbelloni. del Museo Etnográfico&#13;
&#13;
de Buenos Aires ...................... $ 45 .—&#13;
&#13;
El análisis literario,, Introducción me­-&#13;
&#13;
todológica a una estilística integral,&#13;
&#13;
por el Dr. R. H. Castagnino . . $26.—&#13;
&#13;
Tratado de las pasiones, por el Dr.&#13;
&#13;
Enrique Mouchet .................... $ 28.—&#13;
&#13;
Solicite catálogos y el&#13;
&#13;
boletín informativo&#13;
&#13;
EDITORIAL NOVA&#13;
&#13;
PERU 613 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
16                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
términos empleados (¿qué sentido da a&#13;
&#13;
“miseria espiritual”, expresión muy usada&#13;
&#13;
por los surrealistas en forma evidentemente&#13;
&#13;
distinta?) sino —y muy especialmente—&#13;
&#13;
por el alto nivel aclaratorio que alcanzan&#13;
&#13;
los ejemplos. Baudelaire, iniciador de la&#13;
&#13;
revuelta poética contra el espíritu burgués&#13;
&#13;
resulta ahora el más acabado representante&#13;
&#13;
de ese espíritu. Sólo una epidérmica apre­-&#13;
&#13;
ciación del tema del Spleen es responsable&#13;
&#13;
de tal interpretación. Faltaría agregar en­-&#13;
&#13;
tonces, como representantes de la espiritua-­&#13;
&#13;
lidad burguesa a los continuadores de la&#13;
&#13;
obra de Baudelaire: Rimbaud. Lautréamont,&#13;
&#13;
Kafka, Artaud. Todos ellos (de quienes los&#13;
&#13;
verdaderos poetas contemporáneos se sien­-&#13;
&#13;
ten continuadores) realizan —según el men­-&#13;
&#13;
tado prólogo— una “escritura de suciedad,&#13;
&#13;
de postración, de caos, de patología, que&#13;
&#13;
nada tiene que ver con el sólido —y a veces&#13;
&#13;
irónico— estoicismo, que sería cuando me­-&#13;
&#13;
nos la traducción poética de un mal se­-&#13;
&#13;
mejante, si es que realmente fuera experi-­&#13;
&#13;
mentado por el poeta”. La lectura de este&#13;
&#13;
párrafo, al que no queda sino suponer un&#13;
&#13;
oculto contenido “a veces irónico”, tiene&#13;
&#13;
la ventaja de colocar directamente en pleno&#13;
&#13;
caos al desprevenido lector. Como no se&#13;
&#13;
aclara el significado que se da a la expre-­&#13;
&#13;
sión estoicismo, tendremos que recurrir a&#13;
&#13;
suposiciones partiendo de lo que normal­-&#13;
&#13;
mente y sin ironía se considera como estoi­-&#13;
&#13;
cismo. ¿Podrá tratarse de una especie de&#13;
&#13;
gandhismo poético? En ese caso cabe espe-­&#13;
&#13;
rar un sistema de huelga de hambre de la&#13;
&#13;
poesía. Quizás la cosa podría resolverse más&#13;
&#13;
fácilmente con un tipo de máquina neumá­-&#13;
&#13;
tica que hiciera el vacío perfecto en el poe­-&#13;
&#13;
ma, librándolo de cualquier rastro de con­-&#13;
&#13;
tenido. La vacuidad poética eliminaría todo&#13;
&#13;
lo patológico, todo lo que ha existido siem-­&#13;
&#13;
pre de rebelión, de insatisfacción y también&#13;
&#13;
de exaltación en la poesía auténtica.&#13;
&#13;
 Ahora bien, el modo de compaginar ese&#13;
&#13;
“estoicismo a veces irónico” con el discon­-&#13;
&#13;
formismo — que se defiende en el mismo&#13;
&#13;
&#13;
FILOSOFIA Y&#13;
&#13;
PSICOLOGIA&#13;
&#13;
ACTUALES&#13;
&#13;
Kurt Kofka: Principios de psi­-&#13;
&#13;
cología de la forma. La obra&#13;
&#13;
fundamental del más importan­-&#13;
&#13;
te representante de la Gestalt.&#13;
&#13;
Encuadernada, 900 pág. con&#13;
&#13;
ilustraciones.................. $ 120.—&#13;
&#13;
C. G. Young: Transformaciones&#13;
&#13;
y símbolos de la Libido. Uu&#13;
&#13;
nuevo método de interpretación&#13;
&#13;
de los sueños, fantasías y pro-­&#13;
&#13;
ducciones imaginativas del ser&#13;
&#13;
humano. Un volumen de 444&#13;
&#13;
páginas, 60 ilustraciones fuera&#13;
&#13;
de texto ........................... $ 65 . —&#13;
&#13;
Karel Horney: La personalidad&#13;
&#13;
neurótica de nuestro tiempo (2da.&#13;
&#13;
edición). Una nueva visión de&#13;
&#13;
los conflictos psíquicos en la&#13;
&#13;
vida social de nuestra época. Un&#13;
&#13;
volumen de 320 pág. . . . $ 34.—&#13;
&#13;
N . Abbagnano: Existencialismo&#13;
&#13;
positivo ................................$ 10.—&#13;
&#13;
Bertrand Russell: Misticismo y&#13;
&#13;
lógica. Un volumen de 227 pá­-&#13;
&#13;
ginas ...................................... $ 30.—&#13;
&#13;
John Dewey: El hombre y sus&#13;
&#13;
problemas. Un volumen de 388&#13;
&#13;
páginas ............................... $ 48.—&#13;
&#13;
&#13;
Editorial PAIDOS&#13;
&#13;
Cabildo 1547  T. E. 76-2440&#13;
&#13;
Buenos Aires&#13;
&#13;
&#13;
PRECIO DEL EJEMPLAR $ 3.—&#13;
&#13;
Casilla de Correo 5289&#13;
&#13;
Registro de la propiedad&#13;
&#13;
intelectual en trámite&#13;
&#13;
Correo Argentino&#13;
&#13;
Central B&#13;
&#13;
FRANQUICIA POSTAL N° 5092&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
prólogo pocas líneas antes— es cosa que&#13;
&#13;
pertenece al caos del lector.&#13;
&#13;
 En el final de dicha introducción llega&#13;
&#13;
a aceptarse una poesía de tono popular&#13;
&#13;
siempre que signifique “una intimidad real&#13;
&#13;
de lengua, cultura y espíritu con el pueblo”&#13;
&#13;
y como ejemplos se mencionan a Píndaro,&#13;
&#13;
Juan Ruiz, Villon, Carlos de la Púa. Es&#13;
&#13;
evidente que se hace allí una confusión&#13;
&#13;
entre el poeta culto que utiliza temas vi­-&#13;
&#13;
tales o cotidianos con el versificador popu-­&#13;
&#13;
lachero. No puede compararse a Píndaro,&#13;
&#13;
cantor de príncipes y héroes, poeta el más&#13;
&#13;
profundo, difícil y refinado de la lírica grie­-&#13;
&#13;
ga (cosa fácil de averiguar con la simple&#13;
&#13;
lectura del prólogo de Ignacio Montes de&#13;
&#13;
Oca a su traducción española de Píndaro)&#13;
&#13;
con un poeta de lenguaje popular.&#13;
&#13;
 Del Arcipreste de Hita puede decirse algo&#13;
&#13;
parecido: poeta que expresa lo vital con&#13;
&#13;
un lenguaje y una calidad muy por encima&#13;
&#13;
de su tiempo y cuyo instrumento poético&#13;
&#13;
está dado por una base cultural no fre-­&#13;
&#13;
cuente en esa época (basta leer la conocida&#13;
&#13;
“Historia de la literatura española” de Fitz-&#13;
&#13;
maurice Kelly si se quiere recurrir a una&#13;
&#13;
opinión autorizada). Y qué decir de Villon,&#13;
&#13;
extraordinario precursor de Baudelaire y&#13;
&#13;
Rimbaud, sacudido por la doble angustia&#13;
&#13;
del deseo y de la muerte.&#13;
&#13;
 De generalizarse ese propuesto sistema&#13;
&#13;
de atribuir carácter folklórico a los can­-&#13;
&#13;
tores de lo cotidiano, hoy habría que con­-&#13;
&#13;
siderar a Faulkner un representante de la&#13;
&#13;
literatura popular. Y conste aquí mi pro­-&#13;
&#13;
fundo respeto por el auténtico folklore, el&#13;
&#13;
producto de una cultura creada por el pue­-&#13;
&#13;
blo y que realmente expresa y condensa&#13;
&#13;
las aspiraciones y los deseos de un grupo&#13;
&#13;
humano. Pero hay tanta diferencia entre la&#13;
&#13;
verdadera literatura folklórica y la litera­-&#13;
&#13;
tura populachera como entre el poeta mo-&#13;
&#13;
dernoide y el poeta moderno.&#13;
&#13;
 Lo que en realidad parece surgir de dicho&#13;
&#13;
prólogo es una posición puramente literaria&#13;
&#13;
y antivital. Justamente esa mera actitud&#13;
&#13;
literaria que aparentemente sus autores com­-&#13;
&#13;
baten. Es como si se diera vuelta a un viejo&#13;
&#13;
traje para adaptarlo a la moda: el paño&#13;
&#13;
sigue siendo el mismo. Se trata siempre de&#13;
&#13;
una poesía académica o no académica que&#13;
&#13;
se deleita en un puro juego verbal sin&#13;
&#13;
consecuencias: literatura de entretenimiento&#13;
&#13;
para salones más o menos refinados, que&#13;
&#13;
prescinde completamente de la conmoción&#13;
&#13;
o el choque.&#13;
&#13;
 Tal actitud explica la total incomprensión&#13;
&#13;
que revelan los comentarios dedicados más&#13;
&#13;
adelante a la poesía surrealista. Se encara&#13;
&#13;
el dadaísmo-surrealismo (conjunción abso­-&#13;
&#13;
lutamente inseparable) al modo de los pro-­&#13;
&#13;
fesores de literatura: como una escuela&#13;
&#13;
literaria más. Se habla así de una “retórica&#13;
&#13;
surrealista” sin notar la incongruencia de&#13;
&#13;
tal expresión, ya que desde el momento en&#13;
&#13;
que se hace retórica, la poesía deja de ser&#13;
&#13;
surrealista. Justamente ese tipo de retórica&#13;
&#13;
seudosurrealista es la que utilizan actual­-&#13;
&#13;
mente muchos poetas en todas partes del&#13;
&#13;
mundo (inclusive aquí). La diferencia está&#13;
&#13;
en que estos últimos en lugar de recurrir&#13;
&#13;
al automatismo (impulso de origen vital)&#13;
&#13;
utilizan un mecanicismo (recurso retórico).&#13;
&#13;
Así se sustituye por ejemplo en la frase “el&#13;
&#13;
perro mueve la cola” la palabra perro por&#13;
&#13;
cualquier otra, digamos: “pisapapel” y de&#13;
&#13;
este modo se obtiene una especie de sor­-&#13;
&#13;
presa primaria de tipo carnavalesco con la&#13;
&#13;
que cualquiera puede darse aire de poeta&#13;
&#13;
moderno. La facilidad atrae y así pueden&#13;
&#13;
verse pulular legiones alrededor de la miel&#13;
&#13;
de un supuesto surrealismo (si se suprime&#13;
&#13;
este nombre comprometedor la sorpresa re­-&#13;
&#13;
sulta mayor). Por tal camino se logra una&#13;
&#13;
beatitud que puede pasar sin dificultad por&#13;
&#13;
optimismo.&#13;
&#13;
 El surrealismo (¿será inútil repetirlo por&#13;
&#13;
millonésima vez?) significa ante todo el&#13;
&#13;
compromiso con una ideología y una con­-&#13;
&#13;
cepción del mundo total. En este sentido,&#13;
&#13;
la poesía (en el concepto vaticinador y con­-&#13;
&#13;
vulsivo de los poetas primitivos) es sólo el&#13;
&#13;
medio de expresión inmediato e integral de&#13;
&#13;
esta actitud frente al mundo. De cualquier&#13;
&#13;
modo, la técnica de creación, aún siendo&#13;
&#13;
auténtica, resulta lo accesorio en el surrea­-&#13;
&#13;
lismo. Lo importante son los contenidos que&#13;
&#13;
se vuelcan a través de ella.&#13;
&#13;
 Pero si nos dirigimos a la poesía moderna&#13;
&#13;
en su sentido más amplio, es expresión de&#13;
&#13;
la libertad del hombre. Poesía y libertad&#13;
&#13;
son intercambiables. Ningún tipo de consig­-&#13;
&#13;
na puede encadenar a la poesía y menos&#13;
&#13;
la consigna del estoicismo porque sí, ya que&#13;
&#13;
la esencia de lo poético está en la rebelión&#13;
&#13;
y la exaltación, y en cuanto a la ironía&#13;
&#13;
(elemento superficialmente intelectual, bur­-&#13;
&#13;
gués y antipoético) se sustituye con el hu­-&#13;
&#13;
mor (elemento de raíz vital).&#13;
&#13;
¿Cómo es posible confundir el disconfor­-&#13;
&#13;
mismo o la insatisfacción, impulso que co-­&#13;
&#13;
loca al poeta en la vanguardia de todas&#13;
&#13;
las transformaciones, con el tedio burgués?&#13;
&#13;
¿No parece más característico del espíritu&#13;
&#13;
burgués el conformismo, el optimismo fácil,&#13;
&#13;
la satisfacción por el ornato intrascendente,&#13;
&#13;
el estoicismo a veces irónico?&#13;
&#13;
 Con tan confusos puntos de partida no&#13;
&#13;
puede extrañar que todo el panorama, la&#13;
&#13;
clasificación, las “notas orientadoras” de&#13;
&#13;
amplia precisión desorientadora, los ejem­-&#13;
&#13;
plos elegidos de modo que no aclaren nada,&#13;
&#13;
todo contribuye a hacer de ese intento una&#13;
&#13;
obra confusa, contradictoria, incomprensible&#13;
&#13;
(en cuya ilegibilidad colabora la utilización&#13;
&#13;
de una jerga de grupo y la multiplicación&#13;
&#13;
de reticencias). Lo único claro es que les&#13;
&#13;
ha sido imposible a los realizadores del&#13;
&#13;
número mantener la objetividad que indu­-&#13;
&#13;
dablemente se propusieron al intentar la&#13;
&#13;
obra.&#13;
&#13;
 En cuanto a los poemas, el número de&#13;
&#13;
autores elegidos (¿50 poetas modernos en&#13;
&#13;
la Argentina?) puede dar idea de la ca­-&#13;
&#13;
lidad. Muchos de los poemas parecen el&#13;
&#13;
resultado de una broma de mal gusto. Son&#13;
&#13;
pocos los poetas que tienen por lo menos&#13;
&#13;
una personalidad definida y exceptuando a&#13;
&#13;
estos, por el “ espíritu nuevo” dominan las&#13;
&#13;
sombras de René Char, bastante menguada,&#13;
&#13;
y a veces Eluard. Habría que destacar entre&#13;
&#13;
los más jóvenes y menos conocidos a Ma-&#13;
&#13;
dariaga, con un tono realmente personal,&#13;
&#13;
cuya ubicación lógica estaría entre los poe­-&#13;
&#13;
tas surrealistas y a Alonso cuyo poema&#13;
&#13;
“Muchacha de las islas Canarias” aunque&#13;
&#13;
muy eluardiano tiene verdadera calidad.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI.&#13;
&#13;
&#13;
SUR Y LA LITERATURA ITALIANA&#13;
&#13;
 Idéntico destino vincula a dos literaturas&#13;
&#13;
de las que marchan a la zaga del pensa­-&#13;
&#13;
miento y la ficción en Europa: la española&#13;
&#13;
y la italiana. Ambas viven del recuerdo del&#13;
&#13;
esplendor pasado. La primera del Siglo de&#13;
&#13;
Oro, la segunda del Renacimiento. Estos&#13;
&#13;
estupendos antecedentes que debieran ser-­&#13;
&#13;
virles de catapulta y de brújula, consiguen&#13;
&#13;
en cambio maniatarlos, tornarlos nostálgicos,&#13;
&#13;
anacrónicos, afectados y reaccionarios co­-&#13;
&#13;
mo los viejos aristócratas empedernidos que&#13;
&#13;
se niegan a acusar el paso del tiempo y las&#13;
&#13;
diferencias reales que ese mismo tiempo&#13;
&#13;
impone. No nos toca aquí agotar las po­-&#13;
&#13;
sibles relaciones de este paralelo. La lite-­&#13;
&#13;
ratura italiana constituye nuestro objetivo.&#13;
&#13;
Y esto debido al número especial que Sur&#13;
&#13;
acaba de dedicarle. Puesto a salvo el es­-&#13;
&#13;
fuerzo editorial y la dedicación responsable&#13;
&#13;
que esta selección supone, preferimos in­-&#13;
&#13;
tentar un somero análisis de los valores es-­&#13;
&#13;
pecíficos que informan las letras peninsu­-&#13;
&#13;
lares y reducir nuestro elogio al sello edi­-&#13;
&#13;
torial que con intención antológica los&#13;
&#13;
reúne, al reconocimiento del esfuerzo ya&#13;
&#13;
mencionado. En consecuencia, trataremos de&#13;
&#13;
censurar o justificar la limitada gravitación&#13;
&#13;
de los autores italianos en el ámbito de&#13;
&#13;
la poesía y la literatura contemporáneas.&#13;
&#13;
 Nutridos por el esteticismo de Croce, la&#13;
&#13;
grandielocuencia y el decadentismo de&#13;
&#13;
D’Annunzio, el realismo naturalista del si­-&#13;
&#13;
glo pasado, la nefasta dirección de más de&#13;
&#13;
veinte años de fascismo, y el ciego afán&#13;
&#13;
tradicionalista del que casi todos aparecen&#13;
&#13;
contagiados, no sorprende demasiado descu­-&#13;
&#13;
brir el retraso de las letras italianas con&#13;
&#13;
respecto a las posiciones más osadas y clari­-&#13;
&#13;
videntes que asume la poesía y la literatura&#13;
&#13;
de vanguardia.&#13;
&#13;
 Giovanni Papini y el irracionalismo por&#13;
&#13;
un lado, y Marinetti con el futurismo que&#13;
&#13;
tanto iba a influenciar con su dinámica&#13;
&#13;
agresiva sobre los posteriores movimientos&#13;
&#13;
de vanguardia en Europa por el otro, no&#13;
&#13;
alcanzaron a limpiar, ni siquiera a sacudir&#13;
&#13;
el agua estancada en la que continúan hun-­&#13;
&#13;
diéndose la literatura y las artes peninsu­-&#13;
&#13;
lares. Recorriendo las páginas del número&#13;
&#13;
especial de Sur es fácil comprobar lo que&#13;
&#13;
hasta aquí hemos afirmado. No sólo lo ad-­&#13;
&#13;
miten de una u otra manera los ensayistas&#13;
&#13;
cuyos trabajos figuran en la revista, sino&#13;
&#13;
que también lo traducen y mucho más cla­-&#13;
&#13;
ramente, los fragmentos, los poemas o los&#13;
&#13;
relatos que componen el frondoso material&#13;
&#13;
antológico. Están presente la mayoría de&#13;
&#13;
los autores más importantes de los últimos&#13;
&#13;
cincuenta aoñs, muchos de ellos viejos co­-&#13;
&#13;
nocidos nuestros traducidos y difundidos&#13;
&#13;
profusamente por editoriales y publicacio­-&#13;
&#13;
nes locales.&#13;
&#13;
 Montale, ni Quasimodo, ni siquiera el&#13;
&#13;
mismo Ungaretti cuyo talento y calidad&#13;
&#13;
poéticas resultan indiscutibles, llegan, entre&#13;
&#13;
los ya consagrados, a deslumbrar totalmen-­&#13;
&#13;
te; y en cuanto a los representantes de las&#13;
&#13;
nuevas promociones, ninguno de ellos acusa&#13;
&#13;
un verdadero deseo de romper los límites&#13;
&#13;
de una tradición que se revela incapaz de&#13;
&#13;
propiciar la operación poética profunda­-&#13;
&#13;
mente renovadora o la ruptura indispen­-&#13;
&#13;
sable con un mundo que se empeña en&#13;
&#13;
deformar y esclavizar la naturaleza y el&#13;
&#13;
sentimiento del hombre. Quizás lo más dig-­&#13;
&#13;
no de destacar sean los ensayos o los pa­-&#13;
&#13;
noramas mediante los cuales se trata de&#13;
&#13;
situar objetiva y sinceramente la verdadera&#13;
&#13;
dimensión del trabajo de creación en sus&#13;
&#13;
múltiples aspectos en esa Italia decepcio-­&#13;
&#13;
nante sometida a las clásicas maneras de&#13;
&#13;
expresión.&#13;
&#13;
 La sociología convencional, la literatura&#13;
&#13;
de “opinión”, preferentemente política, el&#13;
&#13;
ESPEJO DEL MUNDO&#13;
&#13;
&#13;
Se parecen: En el bastón y en la falta de&#13;
&#13;
títulos para optar a un premio literario. Se&#13;
&#13;
diferencian: En que Churchill ya lo tiene,&#13;
&#13;
pese a todo.&#13;
&#13;
&#13;
Premio Nobel y bastones&#13;
&#13;
 No hay nada que envicie más que el mal&#13;
&#13;
ejemplo. Alentado por el otorgamiento del&#13;
&#13;
premio Nobel de Literatura del último año&#13;
&#13;
al fumador de cigarros, empeñoso pintor,&#13;
&#13;
célebre político conservador y periodista&#13;
&#13;
inglés vastamente conocido como Winston&#13;
&#13;
Churchill, nuestro imponderable Ricardo&#13;
&#13;
Rojas admite que ha llegado la oportunidad&#13;
&#13;
de proponer su melancólica celebridad sud­-&#13;
&#13;
americana a los efectos de que a él también&#13;
&#13;
le llegue el halago de la gloria sueca lite­-&#13;
&#13;
rariamente internacional.&#13;
&#13;
 Se murmura por allí que Ricardo Rojas&#13;
&#13;
merece la distinción antedicha y consecuen­-&#13;
&#13;
tes admiradores recogen adhesiones desti­-&#13;
&#13;
nadas a promover su nombre hacia Esto-&#13;
&#13;
colmo.&#13;
&#13;
Por razones explicables, Manuel Gálvez&#13;
&#13;
no está de acuerdo con esta precandidatura&#13;
&#13;
para la cual él mismo ha sido varias veces&#13;
&#13;
rechazado. Resulta difícil creer ya en el&#13;
&#13;
premio Nobel, otorgado a escritores de mé­&#13;
&#13;
rito muy desparejo, que unas veces hace&#13;
&#13;
justicia, e inmediatamente recae sobre las&#13;
&#13;
ineptitudes literarias. Pero descreídos y&#13;
&#13;
todo, nos preguntamos. ¿Qué ollantay pue-­&#13;
&#13;
de alegar nuestro anacrónico compatriota&#13;
&#13;
para justificar su melena y el prestigio que&#13;
&#13;
tiene por allí de padre de nuestra litera­-&#13;
&#13;
tura? ¿Sus románticas postulaciones sobre&#13;
&#13;
la Eurindia? ¿Su incalificable historia de&#13;
&#13;
las letras argentinas? ¿O sus ripiosos so­-&#13;
&#13;
netos alojados ad efectum gloriam en los&#13;
&#13;
suplementos de la Nación?&#13;
&#13;
&#13;
Juegos Florales en la S.A.D.E.&#13;
&#13;
Consecuente con su línea de buen hu­-&#13;
&#13;
mor, la S.A.D.E. ha organizado con el nom­-&#13;
&#13;
bre de “Fiesta de la Poesía” un espectácu­-&#13;
&#13;
lo inolvidable. Las conferencias y los poe­-&#13;
&#13;
mas recitados han rivalizado entre sí por&#13;
&#13;
su agudo sentido de lo cómico. Esa falta de&#13;
&#13;
respeto por la poesía es una verdadera de-­&#13;
&#13;
mostración de libertad de espíritu que me­-&#13;
&#13;
rece los más cálidos elogios. Esperamos de&#13;
&#13;
la S.A.D.E. la repetición de espectáculos se­-&#13;
&#13;
mejantes que ponen una nota de sana e&#13;
&#13;
incontenible alegría en la vida sin acciden­-&#13;
&#13;
tes de nuestro mundo intelectual.&#13;
&#13;
&#13;
lirismo al uso, el hermetismo escapista, de-­&#13;
&#13;
formada herencia del simbolismo; la psi­-&#13;
&#13;
cología elemental, la ausencia de espíritu&#13;
&#13;
innovador y de audacia verdaderamente&#13;
&#13;
revolucionaria, constituyen las limitaciones&#13;
&#13;
que, sumadas a las ya citadas anteriormen­-&#13;
&#13;
te (realismo narrativo, servilismo hacia las&#13;
&#13;
viejas maneras, nostalgia de un antiguos es-­&#13;
&#13;
plendor ya remoto, cierta exuberancia es­-&#13;
&#13;
tilística, patrioterismo, etc.), descalifican a&#13;
&#13;
la poesía y la literatura italiana para figurar&#13;
&#13;
en el lugar de privilegio que todos desea-­&#13;
&#13;
mos para ella.&#13;
&#13;
 Si el espacio lo permitiera sería posible&#13;
&#13;
poner a salvo el mérito de algunas firmas&#13;
&#13;
que integran la selección. Riccardo Baccheli&#13;
&#13;
con “La verdad sobre el pavoroso caso del&#13;
&#13;
Mary Bonfield”, tenso relato en el que se&#13;
&#13;
mezclan afortunadamente el humor y el ho­-&#13;
&#13;
rror, por ejemplo; y algunos otros trabajos&#13;
&#13;
que no pueden ser citados sin comentarios&#13;
&#13;
justificatorios más extensos, no bastan, sin&#13;
&#13;
embargo, para salvar una muestra que en&#13;
&#13;
su conjunto da el tono exacto de una lite­-&#13;
&#13;
ratura que está situada a apreciable distancia&#13;
&#13;
de toda verdadera peripecia actual y de toda&#13;
&#13;
lucidez salvadora.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
�</text>
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                  <text>Ejemplar 3 de la revista Letra y Línea, publicado en 1954.</text>
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                <text>Letra y Línea : revista de cultura contemporánea, artes plásticas, literatura, teatro, cine, música, crítica</text>
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                <text>Maldonado, Tomás&#13;
Picabia&#13;
Pellegrini, Aldo&#13;
Brascó, Miguel&#13;
Svanascini, Osvaldo&#13;
Paz, Juan Carlos&#13;
Thomas, Dylan&#13;
Latorre, Carlos&#13;
Filloy, Juan&#13;
Molina, Enrique</text>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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